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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 02:18:58 -0700 |
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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: La Montálvez + +Author: José María de Pereda + +Release Date: June 16, 2008 [EBook #25812] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA MONTÁLVEZ *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + + + + + +La Montálvez + +José María de Pereda + + + + +PARTE I + + + + +I + + +Pulcro y rollizo; suave y risueño, y, al mismo tiempo, solemne y +espetado; vulgar obscuro de meollo; rico, huérfano y libre; sin nervios +ni hieles en el cuerpo, ni señal de polvo de las aulas en la ropa; +vicioso a la chita callando; enamorado de su estampa, de su _talento_, +de su _elocuencia_, y especialmente de los timbres de su linaje, y +dejándose correr, con todas estas ventajas, a lo largo de la vida en lo +más substancioso de ella, sin otros fines que el regalo de la querida +persona, con la satisfacción de todos los apetitos, pero sin prefacios +de grandes desvelos, ni epílogos de incómodas harturas... eso era el +caballero marqués de Montálvez (título con polillas, de puro rancio); +eso era en los tiempos de su mocedad; y así fue tirando el pobre, sin +visible quebranto en la salud, aunque con muchos y muy gordos en el +caudal, hasta que le apuntaron la calvicie en el cogote y la pata de +gallo en los ojos. Entonces se decidió a casarse; y contra lo que era de +esperar de sus devociones y pujos aristocráticos, partió su blasonado +lecho con la hija única de un rico ex contratista de carreteras y +suministros, rozagante y frescachona, eso sí, pero no tan hermosa, +seguramente, como él la pintaba, quizás en su empeño de justificar con +la ley irresistible de una pasión desinteresada, una caída desde lo más +alto de las cumbres de su vanidad. + +El _mundo_, del cual era el marqués uno de los más brillantes +sustentáculos, lo vela muy de otro modo; pero el recién casado no paraba +mientes en ello, o fingía no pararlas. Lo cierto es que la hija del rico +ex contratista hacía a maravilla el papel de marquesa; que el marqués +alimentó no poco la extenuada corriente de sus caudales con el copioso +manantial del bolsón de su suegro; que éste parecía muy complacido +viendo cómo lucían sus prodigalidades en la flamante jerarquía de su +hija; que la encopetada sociedad de la corte, a pesar de sus escrúpulos +y reparos de estirpe, propalados de oreja en oreja a escondidas de los +despellejados, abría de par en par a éstos las puertas de sus salones, y +que no eran las galas, ni el esplendor, ni el natural donaire de la +advenediza, lo que menos se aplaudía en ellos. + +Cerca de dos años llevaba de consumado este matrimonio, y aún no daba +señales de lo que el marqués anhelaba con un ansia y un afán tan poco +disimulados, que más de una vez dieron motivo a los ingeniosos epigramas +de la gente encopetada, los cuales caían después, sin saberse cómo, en +medio de la vía pública, donde los recogían estudiantes, gacetilleros y +otras gentes nocivas, que los propalaban y esparcían por toda la +capital, y aun fuera de ella. Es muy singular el don que tiene Madrid, +con ser tan grande en comparación con una aldea, para vulgarizar tipos, +acreditar frases y poner motes. + +Lo que el marqués deseaba con tan descomedidas ansias, era un hijo +varón; pero llegaron a pasar tres años, y lo deseado no venía. Al +cumplirse los cuatro hubo grandes barruntos de algo. Pero ¿qué sería? Y +esto se preguntaba a cada instante el buen marqués, y esto le +preguntaban a cada hora sus amigos y conocidos; y por adivinarlo, +aceptaba y rechazaba, según que se ajustaran o no a sus deseos, cuantos +síntomas y fenómenos internos y externos acepta como artículos de fe la +observación del vulgo, cuando la marquesa dio a luz una hembra. + +Dudo mucho que se reciba con peor talante a un huésped desconocido que +se mete a las dos de la mañana en casa de su prójimo, robándole el sueño +y alborotándole el hogar, que a la recién nacida en el de sus padres, en +cuanto el doctor proclamó, en voz desfallecida y con gesto de terciana, +el sexo que la había tocado en suerte. + +Bautizáronla con un poco de fausto, por el _qué dirán_, pero a +regañadientes; pusiéronla, como un castigo, el nombre de Verónica, entre +el barón de Castañares y la condesa viuda de Picos Pardos, que fueron +sus padrinos de mala gana; y por esto, y por el nombre, y por el chasco +y por todo lo imaginable, la fábrica de epigramas funcionó sin descanso +y la pusieron el aún mal desengrasado pellejito lo mismo que si la +inocente criatura hubiera sido causa voluntaria de aquellas caritativas +expansiones del ingenió maleante de los aristocráticos amigos de su +casa. + +La entregaron inmediatamente al pecho mercenario de una nodriza; y por +la razón o el pretexto de que su madre no había quedado para atender a +los cuidados molestísimos de su crianza, se acordó que la nodriza se la +llevara a su aldea, en el riñón de la Alcarria. + +Y allá la llevaron, con mucha _impedimenta_, eso sí, de pañales, y +mantillas, y gorros y cuanto había que apetecer en tales casos, y un +infolio de advertencias, prescripciones, avisos, encargos y hasta +amenazas, sin contar el dinero que a puñados les metieron en el bolsillo +a la nodriza y al zángano de su marido, que las había de acompañar en +el viaje. Esto era duro, durísimo, decía el marqués, para unos padres +tan blandos de corazón como ellos; pero el estado de la marquesa, tan +delicado en su convalecencia, y el temperamento de la niña, que era por +todo extremo _linfático_, según dictamen, casi en profecía, del doctor, +el cual temperamento hacia indispensable para ella el aire y la libertad +del campo, les obligaban a echarla de casa. + +Y la echaron, así como suena, a los quince días de haber nacido en ella, +vírgenes sus tiernas carnecillas de esas vivificantes impresiones de que +no carecen los hijos del más haraposo menestral: las dulces caricias, +los besos amorosos y el blando y providente manoseo de una madre. + +Diez y ocho meses bien cumplidos estuvo en la Alcarria; y refería +después la nodriza que, en las pocas veces que en ese tiempo fue el +señor marqués a ver a su hija, se le caía la baba de gusto al +contemplarla rodando por los suelos, medio desnuda, entre cerdos y +rocines, tan valiente y risotona, y tan sucia y curtida de pellejo, como +si fuera aquél su elemento natural y propio. + +Cuando la volvieron a Madrid, viva y sana por un milagro de Dios, +alborotó la casa a berridos. Y no podía suceder otra cosa delante de +aquellos espejos relucientes, entre aquellas colgaduras ostentosas, +lacayos de luengos levitones y señoras muy emperejiladas, con lo arisca +y cerril que ella iba de la aldea. Con su padre se las arreglaba tal +cual; pero en cuanto su madre intentaba tomarla en brazos, más bien por +tema ya que por cariño, se retorcía como alimaña en cepo. Le daban miedo +hasta el centelleo de sus pendientes de diamantes y el olor de todos +sus menjurjes y perfumerías; y acaso, acaso, algo que su instinto +infantil vela en el yerto lucir de sus ojos y en el forzado sonreír de +su boca, que no era la golosina que arrastra a los niños a pegar sus +frescos labios en la faz regocijada de su madre. + +Muy otra debió de parecer a la desabrida marquesa su hija cuando ésta +estrenó las primeras galas del hatillo que apresuradamente la hicieron +al llegar a Madrid, porque se dejó oprimir entre sus brazos sin +protesta, y hasta besar con estruendo en la mejilla. + +«Aquel beso»--dicen los _Apuntes_ a este propósito--«fue el primero que +recibí de los maternos labios: le recuerdo como si le hubiera recibido +ayer; y esto debe consistir en que mi naturaleza estaba ávida de aquel +tributo que no se le pagaba, y la fuerza de la sensación, desconocida +hasta entonces, aguzó el instinto que ya columbraba los albores de la +inteligencia, y estampó el suceso, para no borrarse nunca, en las tablas +vírgenes de la memoria.» + +A todo esto, y desde la vuelta de su nodriza al pueblo, la habían puesto +al cuidado de una niñera, que la sacaba a orearse por el Retiro tres o +cuatro veces a la semana, y dormía a su lado en una de las habitaciones +más apartadas de la de su madre, con el piadoso fin de que no la turbara +el sueño por la noche. Y eso que desde aquel beso, y por virtud también +de las ponderaciones que de la hermosura y gracias de la hija hacían +delante de ella las amigas de la madre, parecía que ésta la iba cobrando +cierta inclinación, que no disimulaba. Pero comenzó por entonces la +marquesa a sentir muy certeros e incómodos anuncios de otro heredero, y +esto la causaba grandes preocupaciones y molestias y «la quitaba el +gusto para todo». + +Al abuelo, que estaba chocho con su nietecilla, le llevaba el diablo con +estas cosas: apostrofaba a la hija por su frialdad, y predicaba al yerno +por su injustificable indiferencia; pero el uno y la otra se encogían de +hombros por toda respuesta, y no revivía el extinguido fuego de amor a +la hija, que había chisporroteado un instante después del primer besó de +la madre. ¿Quién sabe el rumbo que hubiera tomado el astro de los +destinos de la niña sin los prosaicos inconvenientes en que fundaba la +marquesa su nuevo alejamiento de ella, y el acontecimiento que sobrevino +poco después? + +El acontecimiento fue nada menos que la llegada al mundo del anhelado +varón. Todo fue júbilo entonces y locura y desconcierto en la casa, de +la cual pudiera decirse, sin gran exageración esta vez, que fue echada +por la ventana. Se revolvió medio Madrid para el bautizo; medio Madrid, +que le comió al marqués, digo, al abuelo, medio costado; se consiguió +elegir los padrinos entre lo más cogolludo de la nobleza, y se le +pusieron al flamante heredero todos los nombres de los grandes reyes, de +los mayores santos del cielo, de todos los conquistadores célebres, y de +los más gloriosos poetas y artistas de la tierra. Entre tanto, el recién +nacido, más que criatura humana, parecía un ratón en salmuera: ni era +mucho más grande, ni más rollizo, ni más pulcro, ni mejor encarado. +Nació gimiendo; entre gruñidos y pataleos recibió el agua del bautismo, +y gruñendo volvió a casa y continuó, sin cesar, muchos días, comiéndose +los puños apretados y perneando rabioso, como sapo clavado en estaca, +mientras la pacífica y rozagante Verónica, olvidada de su familia en el +último confín del hogar, no se moría de hambre porque la niñera cuidaba, +de propio impulso, de esos y otros menesteres. + +Desde aquellos días se echó en la casa de los marqueses de Montálvez una +raya por debajo de lo vivido hasta allí, y se abrió una vida nueva, cuyo +centro, cuyo eje, era el recién nacido heredero de los títulos y +preeminencias de su padre; por lo que la pobre Verónica, elemento +principalísimo de la _vida vieja_, quedó entre lo más alto y olvidado de +la raya para arriba, como trasto inútil en obscuro desván. + +No puede negarse que el _medio ambiente_, tan traído y tan llevado ahora +por la gente de mi oficio, influye mucho en la condición moral y hasta +en el desarrollo físico de los caracteres y de las naturalezas; pero no +es menos cierto que las hay de tal fibra, que, con ambiente y sin +ambiente, echan impávidas por la calle de en medio, y por ella siguen +sin torcerse ni extraviarse, aunque las ladren canes y las tiren +vestiglos de la ropa. + +Prueba de ello es que cuando Verónica llegó a la edad de los celos y de +las envidias, y tuvo razón bastante para distinguir los halagos de las +durezas, no echó de menos los extremados mimos que se le prodigaban a +todas horas a su hermano, criatura de lo más encanijado, llorón y +cascarrabias que hubo venido nunca al mundo. La tenían sin cuidado los +tumultos que se armaban a cada instante en la casa porque el angelito no +comía, o se descalabraba, o tosía ronco, o se retorcía cárdeno y +pataleaba con un dolor de tripas; las ponderaciones que de su imaginada +hermosura se hacían delante de ella a parientes y amigos, que se +guardaban muy bien de afirmar lo contrario, y hasta los injustos +vituperios que se la enderezaban porque con sus juegos le quitaba el +sueño, o no discurría cosa con gracia para entretenerle y alegrarle. La +niñera no tenía otra obligación que la de mirar por ella y acompañarla +incesantemente; la quería de todo corazón, y era esclava de sus menores +caprichos; hacíanla estrenar un vestido cada semana, y no se ponía tasa +a sus antojos de juguetes. Con todas estas ventajas, hasta bendecía el +alejamiento a que se la condenaba en su propio hogar, porque, al fin y +al cabo, le procuraba una independencia de la cual sacaba ella mucho +partido para vivir a su gusto; y si hubiera conocido el placer de la +venganza, la hubiera hallado bien cumplida en los testimonios de cordial +amor que recibía de las _visitas_ y de los amigos de la casa, a +escondidas, por supuesto, de todas las gentes de ella. + +Su abuelo persistía en el honrado propósito de arreglar más a justicia +estas cosas, que le repugnaban; pero su esfuerzo alcanzaba a poco. Por +de pronto, cada día se alejaban más de la casa de su yerno, porque cada +vez le eran más insoportables «las majaderías y sandeces» que observaba +en ella. Su naturaleza tosca, y los resabios adquiridos en los tratos y +contratos en que había pasado lo mejor de la vida, le hacían +incompatible con los hábitos aparatosos y refinadamente vanos y +teatrales de sus hijos; y como, además, era hombre sin retóricas, +desengañado y de muy poca correa, el menor reparo a sus crudos alegatos +le quitaba las ganas de exponer el segundo. Su misma nieta, objeto +exclusivo de los desvelos del pobre hombre, dudaba muchas veces si tenía +en él un protector cariñoso o un enemigo más de quien temer +contrariedades y desabrimientos. + +--Pero, vamos a ver--decía el ex contratista a su hija cuando más +desatinados eran los extremos que ésta y su marido hacían en honor del +hijo varón--, ¿a qué vienen esas majaderías? Y ya que las hagáis, ¿por +qué pecáis por el extremo contrario con Verónica, que es una niña como +unas perlas? ¿Por qué detestáis a la una tanto como queréis al otro? + +Negaba la marquesa que ni ella ni su marido dejasen de querer bien a su +hija, y hasta citaba en testimonio de ello el regalo en que la +mantenían. + +--Es verdad--replicaba el abuelo--: atestáis de juguetes su escondite y +de vestidos su ropero, como se echan mendrugos a los perros en su +garita, para que no molesten con sus ladridos ni estorben con su +presencia, y acaso, acaso, porque los vean gordos y lozanos los vecinos. +Pero de aquí, de aquí (y se golpeaba sobre el corazón), de eso que +alimenta el alma y hace buena sangre a los niños, ¿qué dais a la +infeliz? Pues mira, y no lo olvides: hija que se acostumbra a vivir +entre la esquivez y el desamor de sus padres, si sale mujer honrada es +por un milagro de Dios. + +Protestó contra el supuesto la marquesa, e insistió en que, desde que la +niña había nacido, se la amaba _cuanto se la debía amar_. + +--Justamente--repuso su abuelo--, porque ni entonces, ni ahora, ni +nunca, habéis podido tragarla; y no la habéis podido tragar, porque lo +que se quería en esta casa no era familia por el ansia natural de +tenerla, ansia que sienten hasta los irracionales, sino un heredero +varón en quien vincular los relumbrones aristocráticos de tu marido, +como si importara seis maravedís que se perdiera la casta directa de ese +mentecato; y como a Dios no se le engaña, después de probaros la +voluntad y la mala entraña con la hija que os dio, sin merecerla, os ha +castigado en el varón que apetecíais..., porque ese niño ha de ser, está +siendo ya, vuestro castigo. + +Con esto, dio media vuelta la marquesa y no pareció su padre en mucho +tiempo por aquella casa. + +Y así fueron corriendo los años, y llegó Verónica a contar diez bien +cumplidos. Tenía una salud de bronce, y crecía y se redondeaba que era +una bendición de Dios: los amigos de la familia la comían a besos los +carrillos, y la decían verdaderas atrocidades mientras la volteaban en +el aire, o la echaban una zancadilla en un corredor o en mitad de la +escalera, siempre, por supuesto, a escondidas de sus padres y, sobre +todo, de su hermano, que cada día era más ruin y más inaguantable, por +envidioso y desabrido. + +Como «había proyectos sobre ella», al decir de su madre, interinamente +la pusieron maestros de primeras letras y de música, con los cuales +aprendió a leer mal, a hacer palotes muy torcidos y a solfear +desastrosamente, por culpa, según dictamen del maestro, que era un +italiano famélico, de su mal oído. Esto, y el Catecismo de punta a cabo, +y una oración para cada acto de los más ordinarios de su vida, es decir, +para acostarse, para levantarse, para ir a comer, para salir a paseo, +etc., etc., y otras para cuando tronaba, pasaba el Viático por la calle, +ventaba muy recio, y así sucesivamente, enseñadas por su sirvienta, que +era una guipuzcoana muy devota, y tuvo la abnegación de no reclamar para +sí las alabanzas que el cura de la parroquia, que preparó a la niña para +la primera confesión, dedicó al celo cristiano de su madre, era cuanto +Verónica sabía en artes liberales y en letras divinas y humanas, a la +edad de once años y algunos meses de pico. + +Al cumplir los doce se le revelaron los proyectos que había sobre ella, +los cuales se reducían a enviarla a Francia a _terminar_ su educación en +un colegio de los más afamados de París. No supo la niña, por de pronto, +si la noticia la alegró o la produjo el efecto contrario. No le agradaba +por lo que de colegio, es decir, de encierro y sujeción había en el +asunto; pero, en cambio, le deleitaba por tratarse de ver el mundo, +aunque de refilón y con trabas; de ir a París, de vivir en París, de +respirar el aire de París, de comer, en fin, y vestir y soñar en París, +nombre con el cual estaban atascados sus oídos y su cabeza, porque en su +casa no se hablaba comúnmente de otro asunto, ni entre las gentes que la +frecuentaban, ni en las casas que frecuentaba ella. París era lo mejor +de la tierra, y lo de París no tenía igual en el mundo, y al uso de +París se vestía, y se andaba, y se comía, y hasta se hablaba con agravio +de la lengua de Cervantes... y de la de Molière. + +Y a París la llevaron en esta situación de ánimo, sin alegría y sin +penas, no contando las lágrimas que la arrancó del fondo del corazón el +desconsolado llorar de la niñera, en cuyos besos de despedida, +ardorosos, resonantes y mezclados con el llanto de sus ojos, sentía +palpitar el alma entera de la noble guipuzcoana. El desconsuelo de +aquella honrada mujer y el recuerdo de la cariñosa abnegación que la +debla, eran el único vínculo con que la hija de los marqueses de +Montálvez se sentía ligada a la casa paterna a medida que iba alejándose +de ella por el camino de Francia. No era suya la culpa. Su corazón no +podía dar otro fruto que el de las semillas que se habían depositado en +él. + + + + +II + + +Bien poco trabajo le costó hacerse a la vida y costumbres de colegiala. +Parte de esta fortuna se la debía a las condiciones de su carácter +acomodadizo y placentero; algo al no muy estimulante recuerdo de su +perdida libertad, y el reto a la feliz circunstancia de no haberse visto +un solo día verdaderamente aislada en aquel hervidero de chicuelas de +todas castas, edades, temperamentos y naciones. La fuerza de la +atracción, por imperio de la necesidad, arrastra, en tales casos, lo que +flota indeciso y como al azar, hacia su centro apetecido. Por eso, no +bien hubo llegado al colegio, cuando ya conocía de vista a todas las +españolas que había en él; en seguida formó entre las de su edad; luego +dio la preferencia a las madrileñas, y acabó por intimar con las que, de +éstas, pertenecían a su jerarquía social. + +Así conoció a Leticia Espinosa y a Sagrario Miralta, vástagos ambas de +la más encumbrada aristocracia española, las cuales habían entrado en el +colegio un año antes que ella. Leticia, contra lo que su nombre +declaraba, era una morena triste, o, mejor dicho, serena y algo fría, +como esos días de otoño, de poco sol, de que tanto gustan los espíritus +contemplativos y melancólicos. Tenía hermosos ojos y muy correctas +facciones; y sin dejar de ser animosa para todo, faltaba casi siempre en +sus actos y en sus dichos el color de la sinceridad, lo cual se +atribula, más que a un vicio de su carácter, a que rara vez la animaba +el calor del entusiasmo. + +Sagrario era una rubia inquieta y bulliciosa, ávida de impresiones, de +aire, de luz... y de golosinas. Fisgona impenitente, no había castigo +que la curase de la pasión de arrimar, ora el ojo, ora el oído, a todas +las rendijas y cerraduras de los aposentos; y, a creerla por su palabra, +¡qué cosas veía y escuchaba en aquellos vedados interiores! Su manía, +casi criminal, eran las _zangolotinas_, como llamaba a las mayores, +algunas de ellas vestidas ya de largo y con un pie en el estribo para +tomar la vuelta a sus hogares. A éstas las perseguía con una tenacidad y +un instinto de perro de caza. Espiaba sus actos, escuchaba sus dichos, +asaltaba sus dormitorios, revolvía sus equipajes, les abría los cajones, +se enteraba de sus cartas y les robaba las novelas que después +devoraban las otras..., porque tenían novelas y algunas profanidades +más, que eran contrabando allí; y, no conformándose con esto sólo, +relataba historias desvergonzadas ¡y hacía unos comentarios! A mi ver, +todo era una mala pasión de despecho, porque se recataban de ella y de +las de su grupo en sus entretenimientos y conversaciones. + +Lo que sigue es, palabra por palabra, de la mano que escribió los +_Apuntes_: + +«Si entrara en los reducidos términos de mi paciencia el propósito de +describir mi vida de colegiala con todos sus pelos y señales, larga +sería aquí la lista de los lances curiosos en que intervine yo, por las +intemperancias incorregibles de Sagrario y por la entereza glacial de +Leticia; pero no van por ahí las corrientes que me empujan en este +instante; y si menciono los nombres y principales rasgos de carácter de +estas dos compañeras, omitiendo los de tantas otras, es porque conservé +esas dos amistades durante toda mi vida mundana, y no influyeron poco en +la calidad de ella, lo mismo bajo el cascarón de crisálida en el +colegio, que cuando volé a mis anchas por el mundo con las alas de +mariposa. + +»También habría mucho que hablar sobre el tema de la educación de las +jóvenes de mi pelaje, si por _educarlas bien_ se entiende, como debería +entenderse, la manera de hacer de ellas _buenas_ hijas y mejores madres. +Desde luego afirmo que estos hermosos fines no han de lograrse en +ciertos colegios ni en parte alguna donde la _distinguida_ y mal +acostumbrada educanda viva «a uso de tropa». De este modo se aprende +todo, si se aprende algo, como el soldado la táctica y las leyes +penales: maquinalmente y a la fuerza; y no se toma amor, sino miedo y +repugnancia, a las tareas y al _cuartel_ mismo, con sus largos y +desnudos pasadizos, sus enfilados dormitorios, sus lechos de contrata, +sus vigilantes antipáticos y su refectorio mal oliente. Llega a ser +insoportable el patio de altos muros, con los juegos de siempre y los +cánticos de todos los días, y el pasear en hileras, y el comer en +comunidad, y el recogerse y el levantarse a unas mismas horas y con el +mismo forzado silencio. Fatiga el ánimo la contemplación incesante de +unos mismos colores, de unas mismas caras, de unos mismos cuerpos, de +unos mismos uniformes, y, sobre todo, de aquel blasón de la casa, de +aquella cifra sempiterna reproducida en los muros, en los libros, en las +ropas y en los platos. Abruma el peso de la monotonía según van pasando +los meses y los años en esta vida reglamentada, y el demonio de la +indisciplina y de la rebelión llega a poseer a las colegialas de pies a +cabeza. Entonces se piensa con fruición hasta en las peripecias, en los +horrores de un incendio repentino de la casa; en la enfermedad del +profesor de Geografía, o en la prisión de la directora por mandato del +Gobierno...; en fin, en todo lo que pueda ser causa de que se altere y +descomponga, de cualquier modo, la máquina de aquel reló de piezas +humanas. + +»Por eso la colegiala más querida de sus compañeras es la más indócil y +revoltosa y holgazana, la que más depresivos motes pone a las _madres_, +y más perturbaciones acarrea en el gobierno interior de la casa. + +»A mí me enseñaron muchas cosas en libros, con la aguja, de palabra, +por escrito y hasta por señas y a toque de violín; pero sobre todas las +enseñanzas obligatorias en aquel colegio, prevalecieron las del mal +ejemplo de mis compañeras, más avispadas que yo, o más cargadas de +malicias y de años. Nunca me faltaron libros profanos, ni noticias +estimulantes de los placeres del mundo; y con este acopio y el que hice +por mí misma durante la relativa libertad que se me concedía cuando fui +_de las mayores_, viendo las cosas mundanas de tarde en tarde y a +deshora y con el rabillo del ojo, y contando diez y siete años muy +cumplidos, se dio por terminada mi educación en aquel afamado colegio +francés. + +»Del cual salí diez meses después que mis inseparables amigas Leticia y +Sagrario, muy ducha en bailar, en hacer reverencias, en modular la voz, +en manejar el abanico y la cola del vestido de baile, en esgrimir los +ojos y la sonrisa, según los casos, los sexos y las edades, y en el +ceremonial decorativo y escénico de las prácticas religiosas; tal cual +en lengua francesa, materialmente al rape en obras de costura y +principios de economía doméstica, y casi, casi, en el idioma nativo; y +sobre todo esto, y por razón de los contrabandos del colegio y de las +incompletas ideas adquiridas en conciliábulos clandestinos, y la propia +observación hecha a medias con trabas y sobresaltos, y quizás también +por obra de mi temperamento o de mi carácter, franco y expansivo, un +ansia, que rayaba en voracidad, de ver el mundo por dentro, de conocerle +a fondo, de saborearle a mis anchas, sin los velos y cortapisas que a +las puertas de él me habían, hasta entonces, despertado los apetitos. + +»Esto es todo lo que llevaba aprendido al volver a mi casa, cinco años +después de haber salido de ella, sin contar la persuasión íntima de que, +mientras no se invente cosa mejor que lo conocido, la educación menos +peligrosa y más esmerada de una niña será aquella en que más se deje +sentir la intervención amorosa de su madre, si, por su dicha, tiene +madre, y madre _buena_.» + + + + +III + + +Como el tiempo no pasa sin mudar la faz de las cosas, cuando volvió a su +patrio hogar la colegiala no dejó de hallar en él cambios y mudanzas que +la sorprendieron. Su madre tenía «achaques», y achaques graves, según +ella decía, apostándoselas al médico, que no mostraba gran empeño en +contradecirla. Estos achaques no la impedían frecuentar los salones de +«su mundo», ni la obligaban a tachar un solo renglón de su larga lista +de compromisos sociales, ni se revelaban, _a cierta distancia_, en su +cara frescachona ni en su apostura garbosa y elegante; pero es indudable +que los tenía, y muy hondos; achaques de matrona presumida, bien +sufridos y mejor tapados con heroicos esfuerzos de la voluntad y buen +acopio de sonrisas y menjurjes. + +No fue esto un hallazgo, en todo el rigor de la palabra, para su hija, +que ya barruntaba algo de ello por las últimas cartas de la marquesa y +la propia observación en las dos visitas que la había hecho en el +colegio. Harto más se admiró al convencerse de que la inusitada dulzura +con que su madre la había tratado en París, y que ella tomó por disfraz +de añejas y naturales esquiveces, antes crecía que se agriaba en las +intimidades de la vida doméstica; y todavía fue mayor su asombro cuando +supo, por testimonios fidedignos, que la modificación genial de la +marquesa, en lo referente a este grave punto, databa de la misma fecha +que los achaques. ¿Cómo lo que de ordinario sirve para exacerbar los +humores y despertar las impertinencias, y hace inaguantables a las +gentes que son desabridas por naturaleza, había producido en aquel +_ejemplar_ el efecto contrario? No podía averiguarlo Verónica. Lo +importante para ella era el hecho, y el hecho bien a la vista estaba. + +Otro suceso que fue completa novedad para la colegiala: su hermano tenía +achaques también; es decir, nuevos, muchos, demasiados achaques; pero en +este infeliz se cumplía rigurosamente la ley común: se le reflejaban +claramente en el espíritu los que le desorganizaban y consumían el +cuerpo. Era éste raquítico, sarmentoso y descuajaringado. Cada pieza de +él estaba mal avenida con la inmediata: las piernas se negaban a +sostener el tronco; el tronco forcejeaba por desprenderse de la cabeza, +y los brazos andaban de acá para allá sin saber a qué arrimarse, porque +en todas partes estorbaban y de todas partes se caían. El espíritu era +digna joya de tal estuche: quebradizo, avinagrado y herrumbroso. Daba +compasión contemplar aquel ser que parecía un castigo providencial de +ciertas injusticias y flaquezas de sus padres. Más que un niño +enfermizo, era un enano decrépito. Por razón de su miserable naturaleza, +nada se le había enseñado; así es que, contando ya más de quince años, +no sabía deletrear. Por el contrario, se le había dejado en completa +libertad de hacer todo cuanto le diera la gana; pero tan hastiado estaba +de ser libre y de campar por sus caprichos, de romper, de manchar, de +alborotar y de dar tormento impunemente a cuanto respiraba y se movía en +su derredor, que ya solamente se entretenía con las contrariedades y las +resistencias, por hallar el placer de vencerlas y de atropellarlas. Y +había que presentárselas, o fingir que se le presentaban, para darle +gusto y sacarle por un instante del mortal desfallecimiento en que caía +en cuanto le faltaba el aguijón de un apetito que pusiera en actividad +el cordaje de su desconcertada máquina. + +Es verosímil que la contemplación continua de este desconsolador +espectáculo tuviera gran parte en los cambios geniales de la marquesa; +y, sin embargo, no concordaban tampoco las manifestaciones de ésta con +la tristeza y gravedad del motivo, aun sin tener en cuenta los extremos +de locura a que la condujo el nacimiento de aquel hijo tan deseado. +Cierto que continuaba siendo esclava de sus antojos; pero no con la +abnegación incansable de antes. Aquella esclavitud no era ya amoroso +entretenimiento, sino carga abrumadora, cruz de enorme peso. Llevábala +con paciencia, pero no sin cansancio. ¿Consistiría esto en que sus +propios males la hacían más insensible para los ajenos, o en que, +robándole los alientos del espíritu, agostaban el campo de sus ilusiones +y vanidades, e imprimían nuevo y más sosegado ritmo a los impulsos de su +corazón? Pero, en este caso, ¿por qué no se cumplía la ley con igual +rigor en lo tocante a las pompas del mundo? ¿Por qué continuaba +pagándose de ellas con el mismo fervor del primer día? Posible era +también que el convencimiento que necesariamente tendría de que para la +enfermedad de su hijo no había humano remedio, le quitara, con la +esperanza de conservarle, las fuerzas para sufrirle; pero, en este caso, +¿qué pensar de la calidad de aquel extraño sentimiento que se manifestó +en la casa, haciendo a todos los moradores de ella siervos pacientísimos +de la tiranía del presunto heredero de los títulos de su padre? + +Lo cierto era que el enfermo se moría poco a poco; que su madre, aunque +lo sabía muy bien, no daba muestras de apurarse por ello, y que ya no +era Verónica quien pagaba, como en otros tiempos, todos los vidrios +rotos de la casa. + +Por lo tocante al marqués, tampoco se preocupaba gran cosa con el estado +mísero de aquel su retoño, cuyo nacimiento tantas extravagancias y +sandeces le había hecho cometer. Bastante más le quitaban el sueño otros +cuidados. Habíase dado con pasión a la política; y mientras arreglaba +ciertos comprobantes, de muy mal arreglo, para que le nombraran senador, +perseguía, con escasa fortuna, una credencial de diputado cunero. No +salía del salón de Conferencias, ni de la tertulia del ministro de la +Gobernación. En casa paraba poco, pero hablaba mucho, y siempre de su +pleito; no a la manera llana y familiar de otros tiempos, sino en estilo +declamatorio y rimbombante, y tomando pretexto de todo para ensayar +papeles de tribuno. Comíale el prurito de la solemnidad y de las grandes +frases, y más de una vez le arrastraron sus obsesiones parlamentarias al +extremo de replicar a su mujer en un diálogo prosaico sobre temas de +cocina, con un «¡Su señoría se equivoca!» que, por lo campanudo y +resonante, hubieran envidiado los más famosos adalides del Congreso. + +No eran de fácil arreglo los susodichos comprobantes para lograr la +senaduría, porque las rentas propias, vueltos los manantiales al bajo +nivel en que estaban antes de fomentarlos su suegro con el copioso +caudal de sus talegas, no llegaban hasta donde la ley quería. Y ésta fue +otra de las novedades con que se halló la colegiala al volver a su casa. +De la cual novedad llegó a enterarse por los comentarios de su padre a +cada batacazo del expediente, que no salía de un atolladero sino para +caer en otro más hondo. Si esta merma procedía de los banquetes y otras +parecidas _travesuras_ con que el marqués trataba de hacerse visible, y +hasta _ministrable_, entre los hombres políticos de mayor talla, o de +las enormes sumas que le costaba a la marquesa sostener el esplendor de +su jerarquía a la altura en que le había colocado de recién casada, o de +lo uno y de lo otro, que era lo más seguro, no cayó la hija en la +tentación de averiguarlo. Bastábale saber que el lujo y la abundancia +rodaban por aquellos suelos lo mismo que antes, y que su abuelo, hecho +una ruina ya, aunque de mala gana y refunfuñando, acudía siempre a las +llamadas de la hija en sus continuos apuros. + +¿Ni cómo pararse ella en reflexiones de mayor substancia? ¡Ella, que +siempre había sido allí la _puerca cenicienta_! ¡Ella, que llegaba del +colegio con la cabeza llena de fantasías tentadoras y el pecho atestado +de mortificantes deseos, y en todo cuanto la rodeaba veía recursos para +satisfacerlos, alas con que mecerse en los sonados espacios, llaves de +hechizos con que abrirlas doradas puertas que guardaban los descifrados +enigmas de su curiosidad insaciable! + +Ocupaba un hermoso gabinete que se la había dispuesto ex profeso. Era +como la leyenda, en colores y substancias, de su fresca juventud, con +los obligados atributos de inocencias, candores y misterios pudorosos. +El arte y el cariño parecían haber trabajado con empeño en aquel nido +fantástico. Tan elocuente y expresivo estaba todo allí, que casi se +ruborizaba de sí propia la jovenzuela al desnudarse para meterse en el +cándido y esponjado lecho. ¡Lo que influye en los juicios y sentimientos +humanos el relumbrón del aparato escénico!... + +Su madre no se hartaba de palparla, unas veces vestida, otras medio +desnuda; de medirla con ávidos ojos, de verla andar, y, aunque seca de +palabra siempre, de prodigar, a su manera, elogios a su precoz +desarrollo físico y moral, a la redondez de su cuello, a la tersura de +su garganta, a la expresión maliciosa de sus ojos, a la frescura de su +boca, a la esbeltez de su talle y a todas y a cada una de sus prendas +esculturales. Era mucho más exigente con la modista para sus vestidos +que para los propios, y la frase que más la halagaba en boca de sus +amigos, era la que envolvía un piropo para su hija. Llevábala a muchas +partes consigo, y se afanaba y desvivía para hacer cuanto antes, con la +debida solemnidad, su presentación en «el mundo». + +El marqués no estaba menos admirado que su hija de esta transformación +de sentimientos de su mujer. ¿En qué consistía? ¿Por qué, a medida que +iba resignándose sin esfuerzo a quedarse sin el hijo, antes preferido, +se aficionaba tanto a la hija, despreciada y aborrecida ayer? + +«Dios me lo perdone--dicen en este pasaje los _Apuntes_--, si en el +supuesto me engaño, porque bien pudiera ser causa de mi juicio el +recuerdo de lo pasado; de aquel desdén, que rayaba en antipatía, con que +empapó mi corazón, en una edad en que arraigan las impresiones para el +resto de la vida; pero yo no vi nunca en las nuevas atenciones de mi +madre uno solo de esos reflejos que llegan al alma y hacen latir al +_unísono_ dos corazones. Si me amaba, no sabía expresarlo, o yo era +incapaz de sentirlo. Esta es la verdad. Y si sus actos no eran +determinados por el amor, había que suponerlos hijos de otro sentimiento +bien distinto. Autoriza a creerlo así el hecho de que todos los consejos +que entonces me dio se dirigían a hacerme mujer elegante y distinguida; +ni uno solo a hacerme honrada. A pesar de ello, no considero esta falta +gravísima como signo de perversidad del alma. Esta falta y otras como +ella, son, en determinadas gentes, obra de ciertas deficiencias, a veces +constitutivas, a veces impuestas por la educación; falsas ideas que se +adquieren de las cosas, por el modo erróneo de considerarlas. El +corazón, al cabo, es una máquina que tiene en la cabeza el tornillo +regulador de sus impulsos.» + +Como su abuelo salía ya poco de casa, cuando no podía ir a la de sus +hijos, iba la nieta a visitarle. ¡Cuánto la agradecía estas visitas el +pobre viejo! + +--Es triste--la decía--vivir solo a esta edad y lleno de achaques. Todo +el año es invierno para uno; todos los celajes obscuros; todas las +esperanzas negras, ¡muy negras! Tú, que asomas ahora, hija mía, por las +puertas de la vida, y porque, comparándolo con lo poco que llevas +andado, se te figura que es interminable el camino que te falta por +andar, no te dejes seducir de esta ilusión. Porque es una ilusión, nada +más que una ilusión: créeme a mí. La vida es breve, muy breve; y si se +comienza andando muy de prisa, se va por la posta. Cuando quieras +fijarte en ello, tendrás la cabeza blanca y la cara llena de arrugas; y +de allí ya no se retrocede ni con la fuerza de la desesperación: al +contrario, cuanto mayor sea el empeño, más irresistible es el empuje del +tiempo, que no para jamás. Para que las canas y las arrugas no te +sorprendan ni te espanten, no hay más que un remedio: andar con pies de +plomo en la juventud, y acopiar algo de lo que fructifica durante ella, +para que nos anime y conforte en las tristezas y soledades de la vejez. +De todos estos acopios, ninguno tan importante ni eficaz como el de una +conciencia tranquila. ¡Si tú supieras el valor que tiene este consejo +por ser mío!... Dígote todas estas cosas siempre que te veo, y aunque sé +que te aburren, porque no hay en tu casa quien te las diga. Tu padre... +¡valiente padre está el tuyo! Tu madre... no quiero decirte ahora lo que +pienso de tu madre. Por de pronto, Dios ha castigado sus injusticias +contigo, haciendo aborrecible cruz para ella lo que con tan locos +extremos puso sobre su cabeza y aun por encima de todas las leyes +divinas y humanas... Por supuesto, que ese hijo se le muere, y se le +muere muy pronto, y ella lo sabe y se queda tan fresca. ¿Puedes tú +explicar este contrasentido? Yo podría si quisiera; pero no quiero, +porque, al fin y al cabo, no estoy tan limpio como debiera estarlo, de +la culpa de los estúpidos extremos de tus padres al nacer tu infeliz +hermano. ¡Ah, si yo hubiera tenido entonces un poco más de carácter y no +me hubiera dejado vencer de ciertas debilidades!... En fin, ya no tiene +remedio. Lo mejor es que tu madre te mira ya con buenos ojos... ¡Pues +podía no! ¡Caramba, cómo te vas redondeando, y qué guapísima estás! +Vaya, que da gusto mirarte. ¡Chica más precoz y más...! Mira, cuando +entras por esas puertas, parece que asoma la primavera y que cantan los +pajaritos en esta casa. ¡Si me sabrán a gloria tus visitas! ¡Dios te lo +pague, hija mía! + +Y cuando llegaba aquí lloraba el pobre anciano, daba a su nieta un +sonoro beso en la frente; y después, casi siempre la hacía un regalo. +Ella le entretenía hasta hacerle reír con el relato de sus travesuras de +colegiala, o con el de los recursos a que apelaba para templar la +iracundia de su hermano, cada vez que, por obra de caridad, se acercaba +a él; y así llegaba la hora de marcharse. Dábale el abuelo otro beso, +recomendándola de nuevo que no echara en olvido sus advertencias; y +entonces cala ella en la cuenta de que, a pesar de lo sanas que eran, +por un oído le entraban y por otro le salían. + +En una de estas ocasiones, o porque el abuelo se espontaneara algo más, +o porque fueran más vivas las tentaciones de la curiosidad de su nieta, +díjole ésta en crudo: + +--Quiero saber lo que usted piensa de esas cosas de mamá. ¿Por qué me +trataba antes tan mal, y me contempla y mima tanto ahora? + +El abuelo, como quien se desprende de algo que molesta, respondió al +punto y sin titubear: + +--Primeramente, tu madre está deseando que se le muera el hijo, porque +la da demasiado que hacer y cada día le ve más enclenque, más feo y más +_imposible_; y ella no soporta hijos así ni para eso. + +--Corriente; pero bien podía hallar insoportable a mi hermano, y no +quererme a mí tampoco. + +--A ti, chiquilla, no te quiere ni pizca... lo que se llama _querer_ +cuando se trata de otra clase de madres. Lo que hay es que la haces +falta: a su edad y con sus males, ya no puede esperar hijo más de su +gusto, como cuando nació tu hermano; y como eres hermosa y expansiva y +discreta, y prometes mucho para brillar en la carrera que ella está +terminando, ve en ti, con la supuesta obligación de acompañarte, un +hermoso pretexto para no retirarse del mundo cuando más enamorada está +de él. En fin, que te necesita para pantalla de sus incurables +vanidades; y, como cosa suya, cuanto más hermosa sea la pantalla, mayor +es su deseo de lucirla. Si fueras fea y tonta, antes se retiraría ella +del mundo que presentarse contigo en él. Por algo así desea que tu +hermano se las líe cuanto antes. + +--Triste sería eso, abuelito, si usted no se equivocara. + +--Pues te aseguro que no me equivoco. + +--Sin embargo, papá no está en el mismo caso que mamá, por lo que a mí +toca, y tampoco quiere a mi hermano como le quería. + +--Tu papá es un majadero a quien nunca le cupieron en la cabeza dos +ideas juntas. Desde que dejó de pensar en su hijo; en cuanto se +convenció de que no le servía para representar dignamente el papel de +_príncipe heredero_ de su augusta dinastía, se enamoró de los papelones +de político; y mientras esa farsa le preocupe, no se le dará un rábano +ya porque, con el hijo espirante, se os lleven los demonios en una noche +a ti y a tu madre..., sobre todo, si me llevan a mí también. + +Aquí la nieta paralizó la lengua del desengañado abuelo, que tales cosas +decía, dándole, de pronto, un beso en cada mejilla, y despidiéndose +luego de él con una zalamería, de expresión tan confusa, que le dejó +dudando si era un embuste de su incredulidad despreocupada, o el +disimulo de una pesadumbre. + + + + +IV + + +Sagrario y Leticia, con un año de práctica en el mundo que aún no +conocía su amiga, eran como los pilotos que la enseñaban a cada +instante, con el dedo sobre los planos, cuanto le importaba saber de +aquellas regiones colmadas de visibles encantos y de tentadores +misterios. Ni ella se hartaba de preguntarlas, ni sus amigas se cansaban +de responderla; pues si era muy grande la curiosidad de la una, mayor +era el apego de las otras al papel de profesoras. ¡Con qué gravedad tan +cómica le desempeñaban algunas veces, y qué mezclados solían andar en +sus dictámenes el candor y la malicia! De aquellas cosas que eran el +tema de sus conversaciones, todavía no conocía Verónica más que lo que +había podido columbrar acompañando a su madre, no muchas veces, al +paseo, al teatro, o a tal cual visita o reunión de confianza, si no con +la librea de colegiala precisamente, con todas sus rozaduras frescas +sobre el cuerpo, y todas las cortedades, fingimientos y desentonos a que +obliga ese desairado carácter de crepúsculo invernizo: lo que se ve y se +sabe de un espectáculo, mirando por los resquicios de la puerta y oyendo +los rumores, del concurso, o leyendo mal y de prisa los contradictorios +relatos de los obligados cronistas; parvidades y probaduras que sólo +sirven para estimular y enardecer los apetitos. Sagrario y Leticia, en +cambio, habían traspuesto los umbrales, y eran ya espectadoras _de +adentro_; más que espectadoras, figuras principales de la gran comedia: +les era permitido, una vez en escena, disponer libremente de los +recursos propios para aspirar hasta al dominio de ella; mirar a los +hombres cara a cara; provocar sus lícitos atrevimientos; poner a prueba +la calidad y el temple de sus armas; luchar impertérritas y vencer +valerosas, o sucumbir apasionadas, que este es el fin, más o menos +remoto y a sabiendas, de todos los femeniles empeños en lo mejor de la +vida, y a ese solo paradero se va por donde las mujeres andan, cargado +el cuerpo de lujo y el alma de tempestades...; en fin, tocar y palpar +las realidades de los sueños de la colegiala y de sus entusiasmos de +recién llegada a las puertas del mundo. + +Bien sabían las maestras con qué ansias aguardaba la neófita a que se +las abrieran; y por saberlo tanto, se complacían en aguijonear sus +impaciencias extremando el color de sus pinturas. + +Todo cuanto se prometía, física y moralmente, en las niñas Leticia y +Sagrario, quedó sobradamente cumplido en estas dos jovenzuelas. Leticia +era una morena gallarda, correcta, sobria, _expresiva_ y dura, así de +formas como de palabra; temible en el manejo de ciertos recursos +externos, que en una gran parte de las mujeres resultan inofensivos +accesorios, y en otras tantas no pasan de simples detalles decorativos +de su belleza. Estas cosas, puestas en juego por Leticia, a pesar de sus +pocos años, eran todo lo que había que ver. Con tal destreza las +concordaba, que del diabólico conjunto resultaba un arma tremenda, algo +que llevaba la muerte en sus acometidas y era, al propio tiempo, escudo +impenetrable. Cuanto más se la estudiaba, menos se la conocía y mayor +era el empeño de conocerla. ¿Era frialdad de espíritu o fortaleza de +razón, la causa determinante de aquella su inalterable serenidad en +todos los actos ostensibles de su vida? ¿Era leal en sus amistades, +noble en sus inclinaciones, sincera en sus informes, honrada en sus +impulsos? Todo se podía creer y de todo se podía dudar, porque todo +cabía en ella en opinión de todas sus amigas. Entre los hombres +discordaban mucho los pareceres: según las ocasiones y las +circunstancias. En lo que convenían unos y otras era en que Leticia +había nacido con el «don de gentes», y en que no era cosa llana predecir +hasta dónde podía llegar la «mujer de mundo» formada sobre la base de +una joven de aquel carácter y de aquella singular naturaleza. + +¡Sagrario!..., el ruido, la inquietud, la intemperancia, la vehemencia, +la sinceridad, la pasión; el día y la noche, la risa y el llanto. La +curiosidad seguía devorándola, y la avidez de impresiones la consumía. +No había asomo de juicio en aquella cabeza rubia que parecía el capricho +de un pintor lascivo, ni tacha que poner a la hechicera envoltura de +aquel temperamento tempestuoso. + +--Va verás, ya verás--decía Leticia, andando Verónica en vísperas de +echarse al mundo--, ya verás como ese cacareado león no es tan fiero +como nos le pintan. Algo impone de pronto su mirada, y cierto respetillo +infunden sus bramidos; pero con un poco de serenidad y otro tanto de +cierta mafia que no ha de faltarte a ti, se le pasa la mano por el lomo +y hasta se le pone bozal y se le liman las uñas, como a un falderillo de +tres al cuarto. + +--Lo mejor es--añadió Sagrario revolviendo un huracán con su abanico--, +no tenerle pizca de miedo, aunque ponga en las nubes sus rugidos y te +saquen tiras de pellejo sus zarpadas. Así hay lucha, y el triunfo +resulta más sabroso. ¿Qué creerás tú que es lo más malo de esta bestia +de mil caras? Las mujeres, ¡pásmate! Ahí están los rencores, las +envidias y el veneno. Ésas, ésas son las que necesitan látigo y hierro +candente: todas, y cada cual por su estilo, son peores. ¡Pero los +hombres!: mansos, humildísimos borregos que se gobiernan con un hilo de +estambre... No me dé Dios mayores enemigos. + +--Según y como se los trate--se atrevió la novicia a replicar a +Sagrario, mientras Leticia se sonreía maliciosamente. + +--No hay más que un modo de tratarlos, que yo sepa--repuso la rubia con +admirable sinceridad--: bien... Pero el caso es que aplicas este mismo +procedimiento, generoso y cortés, a las mujeres, y te resulta el efecto +contrario; y cuanto mejor te portas con ellas, menos te quieren y más lo +disimulan. ¡Si lo sé yo! + +--¡Lo sabe! ¡Qué exageraciones!--exclamó aquí Leticia, no sé si por +contener a Sagrario, o por irritar más sus intemperancias geniales. + +--¡Exageraciones!--replicó la rubia imitando la voz y los ademanes de su +amiga--. ¿Por qué? ¿Porque digo lo mismo que estás tú pensando? + +--Pero, alma de Dios--repuso la otra--, si aún no hemos cumplido los +veinte años, y no hace uno que andamos por el mundo, ¿cómo hemos de +conocerle con tantos pelos y señales? ¿Qué sabes tú todavía cuál es +bueno ni cuál es malo, tratándose de hombres y de mujeres? + +--¡Mucho, muchísimo!--exclamó Sagrario en un arranque de cómica +solemnidad--. Y dejemos a un lado los hombres, por ahora, que son unos +infelices que no se meten con nadie; ¡pero las mujeres!... ¿Piensas que +soy sorda? ¿Tiénesme por ciega? ¿Lo eres tú, por si acaso? ¿Y tantos +años se necesitan, andando entre ellas, para observar cuándo sus besos +son de judas, y puñaladas sus sonrisas?... Mira, _Beronic_ (la llamaban +todos así, en francés, como la habían llamado en el colegio, por quitar +el saborcillo sainetesco que teñía su nombre pronunciado en español), y +no te lo digo por meterte miedo, sino por todo lo contrario: porque +sepas que, providencialmente y porque no aburran por llanos los salones, +hay esas escabrosidades en ellos; lo que pasa es esto... y tenlo +presente para que no te acongoje al otro día la sorpresa del hallazgo: +por llegar, te comerán todas con los ojos; algunas te llenarán los oídos +de lisonjas; otras, la cara de besos; tú estarás ruborosa, algo trabada +con los estorbos de los elegantes arreos que nunca has arrastrado, y el +flamear de los honores con que te reciben en el gran mundo los veteranos +de él; pues porque te turbas, porque te trabas, y, sobre todo, porque +estás hermosa, te morderán las que te besan, las que te adulan y las que +te miran: las unas con la lengua, las otras con los ojos; y si no fueras +bonita, te morderían lo mismo por todos estos pecados y por el de ser +fea... ¿Te sonríes, Leticia?... ¡Qué pieza eres! Pues mira, ni siquiera +le pido a _Beronic_ las albricias del descubrimiento, porque esas cosas +las he leído infinitas veces en libros de escarmentados. Lo que he hecho +yo es comprobar el caso sobre el terreno, como ha de comprobarle esta +novicia, por torpe que sea de oído y de mirada, siempre que haga la +observación con un poco de malicia. ¡Pues si llegas a _tener ángel_ para +los hombres, y dan éstos en acudir a tu lado!... De risco que sean tus +carnes, han de sentir la mordedura de la más blanda de boca. + +Leticia soltó aquí la carcajada. + +--¿A que te sangran a ti todavía las cicatrices?--le dijo Sagrario, +encarándose valientemente con ella. + +--¡Si no me río por eso, extremosa! + +--Pues ¿por qué te ríes, prudente? + +--Porque, en tu afán de abrir los ojos a ésta, vas a concluir por +hacerle aborrecible aquello mismo que tratamos de hacerle amable... y +que tanto nos gusta a nosotras. + +--¡Bah!..., ese no es caso de risa. + +--¿Lo dudas? + +--Es que no lo creo. Te ríes de mis despreocupaciones, como tú llamas a +esta claridad que yo gasto, lo mismo en hechos que en dichos. ¡Como tú +prefieres el sistema contrario!... Pues mira, yo no me río del tuyo, que +te lleva al mismo fin que el mío: cuestión de temperamento y de gustos. +Por eso no le predico a ésta las ventajas de tal o cual camino para ir a +donde nosotras vamos: lo mejor es dejar a cada cual que marche por donde +más llano lo vea. + +--Estamos conformes--dijo Leticia con gran formalidad, probablemente +forzada--. Pero sea o no caso de risa lo del cuadro que pintabas, es lo +cierto que tanto puedes recargarle de color, que llegue ésta a mirarle +con miedo. + +--Por eso mismo--replicó Sagrario, golpeando a la aludida en un hombro +con el abanico cerrado--, he comenzado por advertirla que se lo cuento +para evitarle la sorpresa del hallazgo de ello; porque ha de saltarle a +los ojos, más tarde o más temprano, eso que yo tengo por uno de los +bocadillos más sabrosos de la mesa de nuestro mundo... ¡Caramba, y qué +bien salió este parrafejo! ¿Si iré para literata sin notarlo?... Con +franqueza, _Beronic_..., y perdona tú, Leticia, si hallas algo +_shocking_ la despreocupación: después del placer de ser codiciada de +los hombres de buen gusto, no hay otro que más halague mi vanidad que el +ser envidiada y aborrecida de las mujeres elegantes. + +Con esta explosión de las ingenuidades de Sagrario, cuatro mordiscos de +la lima sorda de Leticia, y media docena de comentarios de la neófita, +no tan cortos de alcance como pudieron creer sus amigas, tomándolos en +toda su apariencia, terminó aquella entrevista, que no la enseñó mucho +más de lo que ella sabía o sospechaba. + + + + +V + + +Llegó, al fin, y por sus pasos contados, la tan esperada noche de mi +exhibición solemne. No conservo en la memoria los detalles minuciosos de +aquel acontecimiento, tan señalado en la vida de las mujeres de mi +alcurnia y de mis hábitos, porque, como todas las realidades muy +soñadas, ésta no me pareció de la magnitud en que me la habían forjado +las quimeras de la imaginación. + +»Recuerdo que precedieron a la fiesta largas horas de punzante +inquietud, de ávida contemplación de mis flamantes y simbólicos arreos +de batalla, tendidos sobre lechos, sillones y cojines: desde el menudo +zapato de raso, hasta las flores de la cabeza, pasando por un océano de +sedas, encajes, plumas y crespones; todo aéreo, todo casto, todo +_simple_, como pedían y piden los estatutos de la _Orden_ para una +doncella de mi edad y condiciones, a quien no le es lícito, _todavía_, +albergar malicias en su cabeza ni torpes sentimientos en el corazón; +otras horas, no tan largas, en lo más recóndito de mi gabinete, entre +menjurjes, abluciones y atildaduras de tocador. En seguida, la ímproba y +conmovedora tarea de vestirme todos los dispersos perifollos: allí mi +madre, allí la doncella, allí la modista; yo, como un maniquí, rodeada +de luces y de espejos. El vestido, sin mangas y casi sin cuerpo, +dejábame las carnes, de cintura arriba, medio a la intemperie. Sentía yo +la impresión del aire tibio, más que en ellas, en algo tan profundo y +delicado, que, tras de golpearme las sienes, me obligaba a cerrar los +ojos y a tirar del escote del vestido hacia arriba, y de las mangas +hacia abajo; procedían en sentido inverso la modista y la doncella; +sonreíase mi madre; quejábame yo de que era mucho lo descubierto; +replicábanme, que, por lo mismo, y por ser bueno, había que lucirlo; +atrevime a mirarlo más despacio, y resigneme al fin, porque quizás +estuvieran ellas en lo cierto, amén de que lo imperioso del mandato +quitaba todo pretexto a mis escrúpulos. + +»Ya estaba armada de punta en blanco: nuevas combinaciones de luces y de +espejos para verme a mi gusto por todas partes, y ensayar actitudes, +movimientos y sonrisas, y sorprender a hurtadillas la grata impresión +de todo ello en las caras de las tres espectadoras. + +»En el salón inmediato aguardaba mi abuelo, que, en honor mío, había +hecho aquella noche «la calaverada» de ir a admirarme «vestida de +pecadora». Al verme aparecer, se quedó como asombrado. Pensé yo que se +escandalizaba, y me cubrí el seno con el abanico. Me dijo a su modo +muchas cosas, que tan pronto me sonaban a ponderaciones entusiásticas, +como a lamentos de pesadumbre. Atajele el discurso poniéndole mi frente +junto a su boca para que me diera un beso, y le pagué con otro resonante +en la rugosa mejilla, y unos cuantos embustes cariñosos, de cuyo efecto +mágico sobre el corazón del pobre hombre estaba yo bien segura. + +»En esto, y mientras mi madre acababa de vestirse y de adornarse, +dijéronme que mi hermano deseaba verme. + +»Acudí a su cuarto. Estaba en la cama, descoyuntado entre mantas y +almohadones. Por verme entrar, me llenó de improperios; detúveme dudando +junto a la puerta, y esto fue mi fortuna, porque con la última +desvergüenza me arrojó la palmatoria, que se estrelló contra el espejo +de un lavabo, a media vara de la cola de mi vestido. + +»Volvime al lado de mi abuelo, entre asustada y risueña; y tras largo, +interminable rato de esperar a pie firme, por no ajar la tersura de mis +faldas, llegó mi madre con el aspecto y el andar de una matrona romana, +ocultando la cruz de sus achaques y los estragos de la edad con el +engaño de un cielo de fulgurante pedrería sobre otro caudal de sedas y +artificios. + +»Mi padre andaba aquella noche ciegamente empeñado en sus caballerías +senatoriales; y con harto sentimiento mío, no recibí los alientos de su +aplauso en aquella mi primera salida a correr las aventuras por las +encrucijadas del gran mundo. + +»Recuerdo también la impresión que recibí al hollar por primera vez, y +con pie inseguro, la espesa alfombra del salón de la fiesta. Fue aquello +como una oleada de luz esplendorosa, de rumores confusos, de miradas +punzantes, de sonrisas burlonas, de colores fantásticos y de aromas +narcóticos, que se desplomó de pronto sobre mí agobiándome el espíritu y +deslumbrándome los ojos. Aprensiones de mi inexperta fantasía, que +exageraba enormemente el relieve de mi figura y el espacio y el término +que ocupaba en aquel cuadro. + +»Pasó todo como el amago de un vértigo, por obra de un esfuerzo de mi +voluntad y del auxilio discreto y oportuno de Leticia y de Sagrario. +Logré hacerme a la fiereza del león, y atrevime en seguida a afrontar +los lances del peligro. + +»Para esta empresa contaba con un arma, en cuyo manejo era yo muy +diestra, sin que nadie me le hubiera enseñado: el falso rubor de novicia +en aquel pomposo ceremonial mundano. Nada como ese recurso para ver sin +ser vista y ponerse en situación de aceptar lo cómodo y agradable, y +desechar lo molesto, sin pecar de imprudente en lo primero, ni de torpe +o de vana en lo segundo. Me salió bien la cuenta. Al amparo de la +ficción, detrás de mi broquel de niña candorosa, mis malicias de mujer +precoz escudriñaban todo el campo de batalla y conocían hasta las +intenciones del enemigo, sin que el tiroteo de su obligado tributo de +lisonjas y de galanterías me causara el más leve daño con las que de +ellas eran necias o impertinentes. + +»La exención absoluta del pesado deber de tomar en cuenta sandeces y +majaderías, no tiene precio en casos tales, con la doble ventaja de que, +a título de niña inexperta y ruborosa, la más trivial ocurrencia suena +en sus labios a ingenioso concepto, y toda claridad, por amarga y cruda +que resulte, queda triunfante y sin réplica. + +»Y muy poco más conservo en la memoria de los lances y sucesos de esta +aventura, cuyo único mérito para formar capítulo aparte, consiste en +haber sido muy deseada, y la primera entre las de mi vida mundana; muy +poco más, y eso en tropel confuso; verbigracia: la peste de los salones +de entonces, y de ahora, y de siempre; esas criaturas sin sal ni +pimienta, insípidas e incoloras, y, estaba por decir, sin sexo ni edad, +estúpidamente esclavas de los preceptos de la moda en el vestir, en el +moverse y en el hablar; más que niños y mucho menos que hombres, con la +insubstancialidad y la ignorancia de los unos, y los atrevimientos y los +peores vicios de los otros; ridículos y feos, asaltándome sin tregua ni +respiro, devorando con ojos estrellados los repliegues de mi escote, y +exponiendo, como mérito sobresaliente para aspirar a mi conquista, el +arrastre de las _rr_ de sus impertinencias y el hablar a tropezones la +lengua de Castilla, sólo porque sabían que yo me había educado en +Francia; las obligadas galanterías de los buenos mozos, por lo común, +más nutridas de malas intenciones que de agudezas; los enrevesados +conceptos de los galanes presumidos y cortos de genio; las protectoras +sonrisas y las _paternales_ franquezas de los personajes maduros, a +quienes la edad y la fama autorizan para todo, hasta para ser +descomedidos y groseros; los cumplidos extremosos, las ponderaciones de +rúbrica y las forzadas protestas de cariño de viejas retocadas, de +madres envidiosas y de jovenzuelas casquivanas como yo; el vértigo de la +danza casi incesante, en brazos de unos y de otros; los sueños +voluptuosos, o la tortura insufrible, según los casos; más tarde, la +agonía de la curiosidad, y la vista y el oído cansados por saberse de +memoria las figuras, los colores y el rumor del cuadro, cuya luz se va +velando por la evaporación del concurso y el polvillo tenue de suelos, +galas y afeites, y cuya atmósfera espesa, tibia y saturada de perfumes, +repugna a los pulmones y al estómago; después, el quebrantamiento del +cuerpo, escozor en los ojos, mucho peso en los párpados, cierto deseo de +bostezar... y, al cabo, la vuelta a casa, arrebujada en pieles y casi +tiritando en el fondo del carruaje; los elegantes arreos de la fiesta, +lacios y marchitos, arrojados con desdén en los sillones del dormitorio; +y, por último, el meterme en la cama con la impresión de un escalofrío; +el cerrar los ojos y el sentir en el cerebro las caras, los colores, los +sonidos, las alfombras, los espejos, las bujías, los lacayos, toda la +casa, toda la fiesta hecha un revoltijo, una pelota, aporreándome los +oídos y las sienes: la memoria embrollada, el corazón entumecido, la +inteligencia embotada para todo discurso; y persiguiéndome y asediándome +entre tan cerrada obscuridad, la extraña persuasión, clara como la luz +del día, de que nadie me había puesto aquella noche tantos defectos ni +me había rebajado tanto en la escala de las elegantes, de las discretas +y de las hermosas, como mi amiga Sagrario. + + + + +VI + + +El goce libre y frecuente de estas fiestas y otras semejantes, me enseñó +bien pronto que, o no había en el mundo naturalezas de acero para salir +sin mella de los combates más rudos, o a mí me había tocado en suerte +una de las mejor templadas. Efectivamente: era yo, a pesar de mis pocos +años, mucho más serena y menos impresionable entre la baraúnda del +comercio galante, de lo que me había imaginado antes de conocer de cerca +esas cosas. Aunque no era incombustible por completo, tenía todas las +posibles ventajas para jugar con el fuego sin consumirse estúpidamente +en él. De lo cual me alegré sobremanera, porque no es la vida de las +mujeres «de mundo» tira tan larga, que no importe, ir cediendo a cada +paso jirones de ella.» + +Mientras se fue dando cuenta de este hallazgo, ocurrieron en su familia +muy señalados acontecimientos. El primero fue la muerte de su hermano. +El tema de los caprichos de esta infeliz criatura había llegado a lo +inverosímil, como su existencia entre el enjambre de enfermedades que la +consumían. Antojáronsele cerezas frescas en el mes de Diciembre, y no +cabiendo en lo humano adquirirlas así a ningún precio, ni +falsificarlas, como se había hecho con tantas otras cosas falsificables +en idénticos casos, creció con el obstáculo la fuerza de su empeño, +llegó la corajina al paroxismo; y aquel hilillo tenue de vida, a tan +duras penas conservado, se quebró de pronto como el de una tela de +araña, sin un sonido ni una vibración. + +Este suceso, como si se contara con él, ya que no fuera deseado, no +arrancó una lágrima siquiera en la familia. Produjo cierta tristeza que +parecía nacida del corazón, por lo que toca al marqués y a su mujer. En +cuanto a la hija, la dio demasiado en qué pensar la nueva jerarquía en +que volvía a colocarla la muerte de su hermano. Por decreto de ella, +dejaba de ser simple y desdeñada segundona, y recobraba sus +prerrogativas de primogénita y única heredera de los títulos y bienes de +la casa, condición de gran monta para ella, desde que sabía, por propia +observación, lo que vale y lo que cuesta la vida doméstica y social de +las mujeres de su alcurnia. No era de temer ya la sorpresa de un nuevo +varón que de la noche a la mañana volviera a despojarla de sus +recobradas preeminencias; pero es indudable que las hubiera dado mayor +importancia, y por muy distinto motivo que entonces, si el suceso que se +las restituía hubiera ocurrido en aquellos tiempos en que las +inexplicables injusticias de su madre la tenían relegada a los últimos +rincones de la casa. Miseriucas del corazón humano. + +Por lo demás, ocurrió lo de costumbre en tales ocasiones: varios días de +duelo, más o menos cordial; visitas de _íntimos_ a todas horas del día y +de la noche; cumplimientos falsos de amigos cumplimenteros; tertulias +reducidísimas y taciturnas, los primeros días, que fueron poco a poco +animándose y creciendo; un luto reducido al _mínimum_ de lo que permiten +las cláusulas de lo regulado para tales ocasiones; transformación +radical del gabinete mortuorio, por renovación de muebles y decorado, +etcétera, etc... y a las tres semanas, desaparición completa de toda +huella material del breve y doloroso tránsito de aquel desdichado ser +por las asperezas de la vida, y absoluto olvido de su nombre en las +conversaciones y en la memoria de los vivos. + +En el alivio andaban de su luto, harto aliviado desde el primer día, +cuando el abuelo, que en virtud de su avanzada edad y de sus incurables +padecimientos, había consentido en cambiar su soledad por la compañía de +sus hijos, llamando a la nieta a su gabinete una mañana, la dijo con voz +entrecortada y sepulcral: + +--Me muero, sin remedio, antes del mediodía. Adviértelo en tu casa del +modo menos estrepitoso que puedas, y hazme el favor de mandar que venga +un cura para confesarme... y por si no tengo tiempo para advertírtelo +después..., escúchame ahora unos instantes... A pesar de las sangrías +espantosas hechas a mi bolsillo por tu madre, todavía os dejo una gran +fortuna, como veréis por el testamento cerrado, cuya copia hallaréis en +mi pupitre. Convencido de que tan pronto como echen la zarpa a ese +caudal, la insensatez de tu padre y la loca vanidad de tu madre han de +despilfarrarlo en cuatro días, he procurado dejar a salvo, en beneficio +tuyo, cuanto la absurda ley vigente me permite... Pero si he de decirte +lo que siento, no fío de tu cordura mucho más que de la de tus padres. +La única ventaja que les sacas es que tienes mejor entendimiento que +ellos. Lo que llevas visto de ese mundo que tanto os seduce, te habrá +enseñado a conocer lo que vale el dinero para andar por él triunfando, y +lo que importa a los mundanos no arruinarse. Esto es lo que quiero que +no olvides y encomiendo a tu buen entendimiento, para que hagas, por +egoísmo siquiera, lo que no me atrevo a esperar de tu virtud... Porque, +hija mía, yo te quiero mucho, muchísimo, mucho más de lo que puedes +imaginarte; pero con todo lo que te quiero, en lo tocante a pompas y +chapucerías mundanas, ya te lo he dicho, no fío gran cosa de la veta que +sacas, ni del aire que llevas por el camino que sigues... Perdona la +franqueza, que a ella me obligan el amor que te tengo y el trance en que +me hallo... Y ahora, un beso... ¡el último, hija mía! ¡Y que Dios haga +el milagro de infundir con él, en lo más hondo de tu corazón, los +sentimientos que llenan el mío en este instante! + +Jamás habían vertido los ojos de la joven lágrimas tan cordiales ni tan +copiosas como las que entonces corrieron a lo largo de sus mejillas, ni +su pecho se había sentido agitado por tan hondas impresiones como las +que la dominaban mientras el amoroso anciano estampaba en su frente, +inclinada hasta tocar su boca, un beso trémulo, convulsivo, frío como la +losa de un sepulcro. + +Y todo sucedió como él lo había dispuesto y vaticinado: se confesé a las +once, comulgó a las once y media, y se murió antes de las doce. + +¡Cuánto lloró Verónica aquel día, y al siguiente, y con qué fervor rezó +por el alma del muerto, y con qué sinceridad prometió a su memoria +grabar en el corazón sus últimas advertencias, y ajustar a ellas todos +los actos de su vida! + +Tardó mucho en acostumbrarse a contemplar con ojos enjutos y corazón +tranquilo, la soledad y el silencio de aquel gabinete en que tantas +caricias y tan repetidos testimonios de entrañable amor había recibido +del doliente octogenario. De todo lo cual se deduce que quería de veras +a su abuelo. + +La marquesa, cuyos males la impedían entregarse por entero a los rigores +de la pesadumbre que le correspondía por la muerte de su padre, se +asombraba de las lágrimas y de las tristezas de su hija, y la conjuraba, +en frase dura y seca casi siempre, a que se volviera a lo suyo, +«dejándose de gazmoñerías sentimentales, que ya chocaban a las gentes». + +--¡Dichosa ella!--solía decir el marqués, interviniendo en el caso +algunas veces, mientras se paseaba por el gabinete, con las manos en los +bolsillos, las cejas y los labios contraídos, la cabeza humillada y los +ojos chispeantes, derramando la mirada, que quería ser triste, por los +dibujos de la alfombra--. ¡Dichosa ella, que está en la edad de las +grandes impresiones, y puede llorar para desahogo del corazón oprimido! +Llora, llora, hija mía; que con las lágrimas se honra a los muertos y se +cumple con las leyes de Dios y de la Naturaleza. ¡Ay de nosotros, que, +sintiendo tanto como tú, no podemos llorar! + +Y en esto miraba con el rabillo del ojo a su mujer, que le respondía con +un gesto de aire colado. + +La herencia fue pingüe de veras. Cortijos en Andalucía, dehesas en +Extremadura, casas en Madrid, papel del Estado, acciones del Banco de +España..., de todo había mucho y bueno, libre y desempeñado. + +Un día se hizo el recuento, y resultó que las rentas de este caudal +pasaban de cuarenta mil duros. Con ellos, y lo que quedaba de los bienes +del marqués y de la dote de la marquesa, se podía calcular la renta en +un millón de reales. Verónica había sido mejorada en tercio y quinto, y +esta mejora estaba asegurada, entre el cuerpo de bienes, con cuantas +ligaduras eran de apetecer, según la sabia y cariñosa previsión de su +abuelo. + +Muy pocas horas después de hecho este cálculo, fue cuando a la marquesa +se le ocurrió caer en la cuenta de que con la muerte de su padre y de su +hijo, aquella casa que habitaba tanto tiempo hacía, en la calle de +Hortaleza, le parecía un cementerio sombrío: veía a las «queridas +prendas» de su corazón, doloridas y agonizando, en cada rincón, en cada +mueble y a cada instante; su espíritu, tan combatido por los males del +cuerpo y por las tristezas del alma, no estaba para grandes pruebas, y +le era indispensable «salir de allí... a cualquiera parte». + +El marqués, que «estaba en todo», como él decía, asintió inmediatamente +al reparo de su mujer; y como comprendía muy bien «la situación de las +cosas», añadió que era de urgente necesidad tomar otra casa de mejores +horizontes, de más luz, de más aire, más capaz y más alegre. Debía +pensarse hasta en un _hotel_ en Recoletos o la Castellana; pero sólo +pensarse por entonces. Entre tanto... + +Entre tanto, se alquiló un vastísimo principal en la calle de Alcalá, +por la miseria de tres mil duros al año; y como no era cosa de ir a +habitarle tal como lo habían dejado los últimos inquilinos, ni de +trasladar a él los muebles de la calle de Hortaleza, tan llenos de +tristes recuerdos, y tan pasados de moda los más de ellos, hubo +necesidad de hacer obra en la nueva casa y de encargar el necesario y +conveniente ajuar para ella. En lo tocante a la obra, una vez acordada, +o hacerla útil, o no hacerla. Cada inquilino tiene sus necesidades y sus +gustos, y los de la marquesa eran distintos en todo, por las trazas, de +los de las gentes que habían precedido a su familia en la casa de la +calle de Alcalá. En la cual había muchos gabinetes con un solo salón; y +precisamente necesitaba ella, por razón de aire y de holgura, tan +indispensables para su salud, muchos salones y pocos gabinetes, comedor +amplísimo y vestíbulos desahogados. A este fin, no quedó un tabique en +pie; se encargó el plano de la nueva obra a un arquitecto; y como en el +piso había tela en que cortar, todo se hizo al gusto de la marquesa, que +halló en estos entretenimientos ocasión de invertir las largas e +insípidas horas que traen consigo la esclavitud y la tristeza de un luto +rigoroso, como el que la familia vestía entonces. + +Aplaudían los amigos de la casa el gusto y la esplendidez de la +marquesa, a quien atribuían exclusivamente la dirección de todo aquello, +mientras la interrogaban con un gesto, por no atreverse a ser más +explícitos con la lengua, al recorrer una verdadera serie de salones +fastuosamente decorados. Respondía ella con otro gesto que, cuando +menos, significaba que había comprendido la pregunta; y algo parecido le +ocurría a su marido con los _hombres políticos_, que casi le formaban un +cortejo diariamente desde lo de la herencia, y poco más o menos le +sucedía a la hija con sus amigas; sólo que éstas eran más claras en el +preguntar, y ella menos encogida en el responder, por lo mismo que +estaba bien persuadida del destino de aquellos despilfarros, desde que +su madre apuntó en la calle de Hortaleza la necesidad de vivir en casa +de mayor calibre. + +Al fin se terminaron las obras y el luto; invadieron la nueva casa +mueblistas y tapiceros; llenáronse suelos, paredes y techos de ricas +alfombras, de espejos colosales, de cuadros y tapices valiosísimos, de +arañas estupendas y de muebles caprichosos; llovieron esculturas y +monigotes por todos los rincones y tableros de mesas y veladores; +atestáronse de primorosas y artísticas vajillas los aparadores del +comedor, que era un bosque de roble tallado y un bazar de porcelanas, +bronces y cristalería, tapizado de cuero cordobés; no quedó cortinón de +vestíbulo ni de puerta de tránsito sin su correspondiente escudo +nobiliario; y cuando ya estuvo todo en su punto y sazón, y la +servidumbre arreglada a las exigencias del nuevo domicilio, y cada +criado en su puesto y convenientemente vestido, y la cocina humeando, +con su _jefe_ bien enmandilado y mejor retribuido, con su traílla de +marmitones y ayudantes, en un lujoso landó, arrastrado por dos briosos +alazanes ingleses, y conducido por un cochero colosal, envuelto el +cuerpo en un océano de paño gris, y media cara y los hombros en otro mar +de pieles erizadas, guantes por el estilo y alto sombrero con cucarda +por coronamiento de esta silueta de oso polar, llevando a su izquierda, +como su reflejo en más reducidas proporciones, el correspondiente +lacayo, se trasladó la familia al flamante albergue, dejando en el otro +lo poco que quedaba de los ya casi borrados recuerdos que habían sido la +disculpa de la mudanza, y hasta el polvo de las suelas del calzado. + +Todo este boato, con el apéndice de otro a su consonancia en cuadras y +cocheras, costó mucho más de cincuenta mil duros; y me consta que por no +haber tanto dinero disponible en casa, se vendieron papeles que lo +valían, prefiriendo el marqués sacar esta primera cucharada del ollón de +la herencia, a someterse a la tiranía de la usura, y sobre todo, al +bochorno de inaugurar con una deuda aquella nueva y esplendente fase de +su vida social. + + + + +VII + + +Y aconteció muy luego lo que a la vista estaba desde que la marquesa +apuntó la idea de dejar la casa, relativamente modesta, de la calle de +Hortaleza; y fue de este modo: el marqués insinuó _compromisos_ de +banquete a sus amigos políticos; la marquesa invocó _deberes_ +ineludibles de responder a súplicas de sus amigas, dando a aquellos +hermosos salones su verdadero destino; es decir, estrenándolos con un +baile que, sin gran esfuerzo, haría raya entre las fiestas del «gran +mundo» madrileño, habidas y por haber; reforzó el primero sus razones de +preferencia, sin negar la gravedad de los compromisos de su mujer, +exponiendo deudas de gratitud con los personajes que, para entretener +sus apetitos senatoriales, acababan de ofrecerle un distrito vacante en +Ciudad Real, para diputado a Cortes; insistió la marquesa en su empeño a +favor del baile, sin negar el compromiso del banquete; replicó el +marqués, llevando la contraria, hasta con textos de Maquiavelo y de +Bismarck; y, por último, terció Verónica, que se hallaba presente en la +porfía, proponiendo que se diera una fiesta que tuviera de todo: una +recepción, por lo más alto, en la cual anduviera el rumbo del comedor al +nivel del brillo de los salones. + +Y así se hizo quince días después. + +No es cosa averiguada enteramente si la fiesta causó en la _opinión +pública_ todo el efecto que la marquesa había soñado; pero no tiene duda +que concurrieron a su casa aquella noche muchas y muy distinguidas +gentes; que bailaron mucho y que devoraron mucho más; que hubo +hiperbólicas ponderaciones, en variedad de tonos y estilos, para la casa +y para sus moradores, por el buen gusto, por la riqueza, por lo de los +salones y por lo del comedor; que al día siguiente soltaron en los +papeles públicos los cronistas obligados de fiestas como aquélla, toda +la melaza de su trompetería de hojaldre, para declarar, _urbi et orbi_, +que los marqueses de Montálvez eran los más ricos, los más distinguidos, +los más amables marqueses de la cristiandad y sus islas adyacentes, y su +hija, la joven más bella, más _espiritual_ y más elegante que se había +visto ni se vería en los fastos de la humanidad distinguida, es decir, +del «buen tono»; en virtud de todo lo cual, aquel baile debía repetirse +para gloria de la casa, ejemplo de otras por el estilo, y recreo de la +encopetada sociedad madrileña; y finalmente, que se contaron por miles +los duros que costó aquel elegante jolgorio, y que el marqués tuvo +necesidad de meter, por segunda vez, la cuchara en la olla grande para +pagarlos, por los consabidos temores a la usura y las propias +repugnancias a las deudas. + +El cual marqués llamó a capítulo de familia para reflexionar, para +discutir, para resolver (todos estos términos usó) acerca de aquel +cariñoso vocerío de los papeles, y sobre más de otros tantos memoriales +enderezados al mismo fin, que en la intimidad de la conversación le +_elevaban_ en los pasillos del Congreso, en los corredores del teatro y +en las encrucijadas del Retiro, las eminencias de la política, los +Cresos de la banca y las lumbreras de la literatura, con quienes él se +codeaba a cada instante; a la cual lista añadió su mujer inmediatamente +otra tan larga, más o menos auténtica, de solicitantes de la flor y nata +del mundo elegante; lista que reforzó la hija con un imaginario, pero +verosímil, catálogo de pretensiones idénticas, arrancadas del ancho +círculo de sus amigas y aduladores. + +Ciertamente que (en opinión del marqués, el cual, con olímpica +solemnidad, hizo un detenido resumen de estas circunstancias) el éxito +excepcional de la reciente fiesta, las condiciones singulares de la +casa, la respetabilidad de los timbres de familia, más brillantes y +esplendorosos desde la herencia del «inolvidable anciano»; su (del +preopinante) cada día más señalada significación en el agitado campo de +la política española; la evidente y poderosa necesidad de aliviar los +dolores físicos de la marquesa con esparcimientos racionales, a la vez +que enérgicos, del espíritu; la edad de su hija, sus prendas personales, +sus conveniencias de hoy, su porvenir... todo, todo, absolutamente todo, +justificaba el persistente clamoreo, se imponía al criterio vulgar de +las gentes precavidas y juiciosas, y exigía de ellos un «generoso +esfuerzo, por encima de toda reflexión egoísta, de todo razonamiento +matemático». + +La marquesa y su hija fueron del parecer del marqués, y hasta se +creyeron conmovidas con los períodos más elocuentes de su discurso; +razón por la que se decretaron las instancias «como se pedía...» y un +poquito más, en cortés y debida correspondencia. ¡Ni más ni menos que si +el marqués y la marquesa creyeran que en aquel acto cedían sorprendidos +por la fuerza de las circunstancias, y no al aceptado y bien consentido +imperio de sus nativas vanidades! ¡Como si su hija, tan opuesta por +temperamento a todo linaje de fingimientos y disimulos, no supiera que +antes de insinuarse la pretensión en las pocas personas que la +manifestaron, ya tenía, cada uno de los tres, resuelto el caso en la +mente! + +Hubo, pues, andando los días, y no muchos, un baile en la casa, tan +brillante y tan celebrado como el anterior; pero no a título de «otro +baile más», sino como el primero de una larga y ostentosa serie de +ellos. Y colocado ya el asunto en esta pendiente, y rodando las cosas +por su propio peso, un día, a fin de entretener mejor los largos +intervalos entre fiesta y fiesta, los amables y agradecidos marqueses de +Montálvez hicieron saber a sus _íntimos_ que todos los jueves _se +quedaban en casa_. + +Y se quedaron en ella todos los jueves, conforme a lo prometido. + +A los bailes concurría _todo Madrid_, lo más cogolludo y rechispeante de +la aristocracia, de la banca, de la política, de las artes y de las +letras. Aquellos salones deslumbrantes de luz, saturados de perfumes, +henchidos de bellezas cargadas de lujo y de pasiones; el incesante +crujir de las telas; el ondular de las colas, arrastradas sobre los +aterciopelados tapices; el rumor de las conversaciones, el centelleo de +las joyas, los suaves acordes de la invisible orquesta, y el flujo y +reflujo de la muchedumbre, verdadero mar de colores y sonidos derramado +por aquellos ámbitos esplendentes, ora en impetuoso torbellino agitado +por los huracanes de la danza, ora en sosegado vaivén durante los +intermedios; toda aquella magnificencia, en suma, toda aquella +pomposidad babilónica, ejercía sobre el espíritu cierta impresión de +borrachera, que disculpaba, en lo humano, el éxtasis en que el marqués +admiraba el espectáculo, la pasión con que la marquesa _hacía los +honores_ de él, y la voluptuosidad con que la hija se dejaba mecer sobre +el oleaje de aquella tempestad de deleites. + +Después de bailar se cenaba; y las concupiscencias de Lúculo emulaban el +fausto de Nabucodonosor. + +La concurrencia de los jueves se componía de un poco de todo lo de las +grandes fiestas, y no se admitían presentados; «amigos de confianza» que +_hacían_ política y administración y ejército, y hasta el amor, y +discreteaban, según las edades, los caracteres y los sexos; algo de +tresillo, mucha murmuración al calor de la chimenea, música a ratos, +alguna vez lecturas, y, en ocasiones, baile. Por conclusión, té con +pastas. + +Muchos de estos amigos comían en la casa cada lunes y cada sábado, +porque también figuraba este renglón en el programa de los usos +elegantes y distinguidos de la familia. + +Sumando con ellos las _recíprocas_ a que ésta tenía notorio derecho, y +no se le escatimaban ciertamente; su turno en _el Real_; su _día de +moda_ en _el Español_ y en otros teatros más; las indispensables +exhibiciones en carruaje abierto; las tareas _distinguidamente_ devotas +y benéficas de la marquesa, que a la sazón era presidenta y directora de +no sé cuántas congregaciones cristianas, particularmente la de las +_Madres ejemplares_, fundada por ella, y la de _Doncellas humildes y +temerosas de Dios_, a la que pertenecía la hija, y por eso concurría a +sus asambleas cada miércoles y comulgaba dos veces cada mes en las +Calatravas; y, por último, sus excursiones veraniegas por todo lo más +distinguido y más caro de las regiones europeas a estos esparcimientos +destinadas por la moda, ¿qué extraño es que no le quedara una sola hora, +un solo minuto para vivir _en familia_, para mirar _por dentro_ las +prosaicas mecánicas de la vida normal, para traer a las mientes las +cuerdas advertencias del olvidado abuelo..., para contemplar, siquiera, +desde el punto de la pendiente rápida en que se hallaba, el necesario e +inevitable paradero, término fatal y merecido remate de tan locos +despilfarros? + +Y lo peor era que el principal y mal forjado pretexto de ellos, cada día +los desacreditaba más; porque las dolencias de la marquesa parecían +crecer a medida que eran mayores y más caras las distracciones con que +las combatía. Pensaba la infeliz que, devorando sus quejidos y tapando +con sonrisas forzadas la expresión de sus tristezas, y con drogas y +menjurjes el color de la agonía y las arrugas de los años y de las +zarpadas de la enfermedad, ni ésta avanzaba ni las gentes la velan; sin +caer, o mejor dicho, no queriendo caer en la cuenta de que aquellos +esfuerzos del ánimo, con aquel vivir sin sosiego, eran a sus males lo +que el combustible a la hoguera: cebo que los alimentaba y los +embravecía. Porque la vanidad, el demonio de las mujeres «de mundo», la +poseía de pies a cabeza; y por eso, solamente era devota y benéfica en +cuanto sus actos pudieran lucir en honra y gloria de sus humos de +aristócrata acaudalada, y se dejaba arrastrar sin resistirse hacia las +fauces del monstruo que la fascinaba, como el borracho contumaz hacia el +lento suplicio de la taberna. + +Mejores frutos pensaba haber sacado el marqués de la vida aparatosa que +traía; porque, al cabo, ya que no la senaduría, que tanto le halagaba, +había logrado la limosna de un asiento ministerial en los escaños del +Congreso; y, sin embargo, cotejando el valor de su conquista, reducido, +en substancia, a la gloria dudosa de haber pronunciado un discurso de +dos horas mortales sobre la langosta de la Mancha, que no escucharon +más que los taquígrafos y unos cuantos babiecas inexpertos de las +tribunas; al trabajo imponderable y continuo de atormentar +subsecretarios y directores, recomendándoles las querellas de todo +linaje de pretendientes desvalidos, con el único fin de acreditar sus +influencias; al oneroso vicio de solemnizar con un té a «sus amigos +políticos» cada discurso del Presidente del Consejo, o cada batalla +ganada por el Ministerio a las revoltosas oposiciones; a no tener hora +ni punto de sosiego, por estar pendiente de sus deberes de padre de la +patria y creerse obligado a tomar por lo serio y a sentir en su +ministerial epidermis cuantas cuchufletas y alegatos contra la situación +leyera en la prensa oposicionista, y la leía de cabo a rabo, y a algunas +cosas más por el estilo; cotejándolo todo, repito, con lo que le había +costado en desaires, en paciencia... y en banquetes, la ganancia no +resultaba del todo apetecible para un ambicioso de los más usuales. +Pero, al fin y al cabo, gozaba de veras el pobre hombre, era dichoso por +completo; y tan absorto le traían las preocupaciones del oficio y los +deberes y solaces de su vida doméstica y social, que hasta había perdido +enteramente aquel su hidalgo aborrecimiento a las deudas y a la usura, y +ni siquiera reparaba cómo este mal demonio de los ricos desatentados le +iba hincando las unas en lo más vivo, en lo más hondo, en el mismo +corazón de la «olla grande». + + + + +VIII + + +En este método de vida, y sin pensar en abandonarle, porque no conocía +otro más divertido, cumplió Verónica los veintidós años. Decían los +cronistas de salones por escrito, y de palabra el enjambre de aduladores +que cenaban en su casa y la perseguían en las ajenas, que era, por +entonces, el dechado de todas las perfecciones escultóricas y el +conjunto de todos los donaires del ingenio. Sin ser la cosa para tanta +ponderación, es innegable que la madre naturaleza no la había escaseado +los dones que más seducen y alucinan a los hombres de escogidos gustos, +y más provocan las rivalidades y antipatías entre las mujeres que +carecen de ellos, o no los poseen en tan alto grado. De ambos efectos +tuvo copiosas pruebas. + +Pero la tachaban, con pesadumbre los unos y con visible delectación las +otras, de descorazonada y mordaz; y creo que tampoco estaban en lo justo +los hombres ni las mujeres que tal afirmaban. No le faltaba corazón en +el sentido en que lo entendían aquellas gentes. Lo que ocurría, a mi +entender, era que hasta entonces no había hallado cosa de su gusto en +que emplearle, ni sentido seria tentación ni punzante deseo de trocar la +divertida y risueña libertad que gozaba, por la relativa opresión de la +cadena de flores, pero al fin cadena, con que se estimulan ciertas +concupiscencias femeniles al cambiar de estado en aquella edad y en la +esfera social en que ella vivía. Tan atestados tenía los oídos de +lisonjas, tan repetido llegó a ser el tema _amoroso_ con que la +asediaron galanes de todas las imaginables cataduras, que ya consideraba +el caso como una rutina obligada en los usos de la buena sociedad; le +sonaban aquellos arrullos como un ruido más de los ruidos del mundo, y +pasaban con éstos sobre ella como el aire sobre las rocas. + +No es esto decir que todo le fuera lo mismo y que no hubiera en el ancho +círculo de sus relaciones sociales algo en que detener la imaginación y +con que apacentar los deseos, ni, por tanto, me atrevo a afirmar que no +hubiera sido otra su conducta bajo el imperio de otras leyes de moral +enteramente distintas de las que rigen en las cultas sociedades +europeas; pero, aceptando el cargo _en derecho constituido_, como dicen +los jurisconsultos, y pareciéndole, para juego, muy insubstancial el de +los amoríos _a turno_, su cabeza, contra lo que se refiere de los +ímpetus de la edad y de las rebeldías de la carne, se imponía sin gran +esfuerzo a toda esa caterva de impulsos pasajeros, tan mal llamados, por +falta de experiencia o por sobra de malicia, «arranques del corazón». + +Dueña, pues, de sí misma y con sereno juicio; alegre por carácter, +cortés por educación, y tomando a broma los galanteos y a diversión las +flaquezas de los demás, no es extraño que en sus procedimientos, en su +conducta y en su lenguaje, abundaran más las notas de color alegre, si +vale el símil, que los tonos severos de las naturalezas profundamente +sensibles y reflexivas. A esto se llamaba mordacidad, con bien poco +fundamento, a mi juicio. + +Lo que no tiene duda es que por entonces gozó de mucha celebridad en el +«gran mundo» madrileño; o, hablando más adecuadamente, estuvo _de moda_ +en él. Se atrevió a enmendar la plana a las reinantes, así en el vestir +y aderezarse, como en el andar; formaron escuela sus atrevimientos, y +hubo peinados, y abanicos, y hasta actitudes con su nombre; +ambicionábanse sus saludos y sonrisas en la calle y en los espectáculos, +entre los hombres y los mocosos _distinguidos_, casi tanto como los del +_Tato_ o los de la Alboni; rayáronle el afrancesado _Beronic_ con que +desde su salida del colegio la habían confirmado sus amigas, por horror +justificable al sainetesco nombre con que fue castigada en la pila, y la +llamaron todos, en papeles y corrillos, para colmo de su gloria y sello +de legítima calidad, _Nica Montálvez_. + +En las grandes fiestas de su casa, o en otras semejantes fuera de ella, +era donde los donaires de su ingenio y la pimienta de su natural +desenfado se derramaban en mayor abundancia y lucían en todo su +ponderado alcance. Estaba allí como el pájaro en la selva, cantaba +donde, cuando y lo mejor que le parecía, porque la misma multitud le +servía de escondite, y su obligada agitación disculpaba sus incesantes +vuelos de rama en rama; y como los hombres tontos son los ecos de estas +_soledades_, siempre había flotando sobre los rumores del concurso +alguna melodía de sus cánticos, llevada de boca en boca, con la mejor +intención del mundo, pero con el afán y la rapidez con que se propagan +de ordinario todos los falsos testimonios. Parecía cosa convenida que +todos sus actos habían de ser originales y todas sus palabras agudezas. + +Otra bien distinta era su conducta en la intimidad de las tertulias de +su casa. Y, sin embargo, estaba allí más a gusto y en su elemento que en +todas partes, con ser el círculo tan estrecho y tan limitados los +pasatiempos. Porque, contra lo que publicaba la fama, y aun contra +mucho de lo que ella misma juzgaba de su propio carácter, había en el +fondo de éste, cuando se trataba de recrear un poco el espíritu, cierta +oculta preferencia por el examen íntimo de las cosas, entre éste y el +conocimiento de ellas por medio de las impresiones súbitas, como si la +cautivara más el detalle que el conjunto. + +De todas maneras, llegó a haber motivos muy considerables para que, aun +sin contar con aquella su natural inclinación, consagrara más hondo, +interés a sus reuniones de confianza, que a las ruidosas solemnidades +del «gran mundo». + +Componíanse aquéllas, como ya se ha dicho, de un poco de todo lo de +éstas, y no era en conjunto tan escaso que no diera para satisfacer los +gustos y las aficiones de los tertuliantes. Los había de una tenacidad +de hierro para el tresillo, apegados a la mesa como la ostra al peñasco. +Por lo común, eran gentes desabridas y regañonas; y en sus peleas contra +las veleidades de la baraja, siempre llevaban la parte más cruda unas +cuantas viejas aristócratas, como si el ochavo que allí disputaban +encarnizadamente alcanzara a tapar los descubiertos y trampas en que +vivían, por culpa de sus despilfarros y disipaciones. + +De estas _partidas_, que en ocasiones parecían de bandoleros, había +varias, y estaban siempre a matar con la gente joven que hablaba recio y +se movía mucho en las inmediaciones; la cual gente, capitaneada por la +revoltosa Sagrario, más alborotaba en el salón, cuanto más fuerte +protestaban contra el alboroto los tresillistas del gabinete. En otro +frontero a él, donde la marquesa permanecía más de continuo, +arrellanada en un sillón junto a la chimenea, se reunían los íntimos del +marqués, desde luego, y poco a poco los aburridos de las demás +secciones, que acudían al calorcillo de los debates que sustentaban los +personajes de la política, y a la golosina del chiste, más o menos +culto, de algunas damas de _mucha correa_, y de otros tantos galanes de +_buena sombra_. + +Como _Nica_ lo pudiera remediar, no salía de allí; y no por el chiste, +precisamente, ni mucho menos por los discursos políticos, sino porque +había, en lo que pudiera llamarse núcleo de esa tertulia, algo que tenía +su lado pintoresco y su lado interesante para una observadora como ella. + +El primero que llegaba siempre a aquel lugar de preferencia, era el +señor don Mauricio Ibáñez, hombre de _cierta edad_, de mucho pelo +castaño y sin canas, anchas patillas y poca frente, mucha ceja, labios +gruesos, largos dientes y muy blancos, nariz cuadrada y ojos de asombro +continuo, buen color, poca estatura, elevado pecho, brazos largos y +manos enormes con dedos descomunales. Era banquero muy rico, y parecía +querer darlo a entender en su persona cargándola de oro y pedrería, de +paños finísimos y de holandas impalpables; y además, caballero gran cruz +de Carlos III, y capaz de pesar en oro al ministro que le diera el +derecho de poner sobre el escudo de armas que ya usaba en sus tarjetas, +siquiera la más modesta de las coronas nobiliarias. Tenía este prurito y +el de hablar bien y formalmente de todas las cosas. Había sido dos o +tres veces diputado por un distrito de la provincia de Cáceres, de la +cual era nativo él. Sin embargo, nunca pudo «romper a hablar» a su +gusto, aunque había quedado bastante satisfecho de sus tentativas: dos +preguntas breves al ministro de la Gobernación, sobre otros tantos +expedientes detenidos en aquel centro, y una presentación a las Cortes +de una exposición de varios ganaderos de su distrito, que solicitaban no +sé qué franquicias o privilegios para los exportadores de reses cebadas. +Llamaba él hablar a su gusto, ser afluente, verboso; «porque--decía--no +es la palabra lo que a mí me falta, pues que todas las que oigo en boca +de los demás me suenan a conocidas, sino otra cosa en que no puedo dar +de pronto. Que se me dice, a lo mejor, pongo por caso, que esto es +blanco... y que tal y demás, y que a mí me parece negro; pues con decir +esto solo, ya se me acabó la cuerda, y no hallo el modo de seguir por +esa ruta, como siguen otros, diciendo que arriba y que abajo... y que +tal y demás». + +Aun sin el ejemplo que él ponía, se echaba de ver bien pronto que lo que +le faltaba al reluciente don Mauricio, eran ideas para construir y +exornar sus malogrados discursos. + +Para «romper a hablar», se iba inflando poco a poco, como el pavo antes +de hacer las gárgaras; y, entonces, el hombre, que ya era «de por sí», +corto de cuello, daba en el pecho con la barbilla y en las orejas con +los hombros. Era tardo de palabra, y de voz áspera y recia; y mientras +las emitía, muy acentuadas y con cierto repicoteo de pronunciación, se +tiraba dulcemente de una patilla con los dedos de la mano del mismo +lado, apiñados, tiesos y algo temblorosos, como si por allí buscara el +chorro de verbosidad, que no salía por ninguna parte, y daba a sus ojos +asombradizos una expresión tan rara, que podía dudarse si pedía con +ellos misericordia o reclamaba un aplauso. + +La primera vez que hablé en casa del marqués, fue tomando punto de no sé +qué suceso parlamentario de aquellos días, y se mostró muy indignado con +«_los meeroodeadooores_ del campo de la política, peste de los tiempos +_aztuales_..., y tal y demás». Después se fue viendo que llamaba +merodeador al lucero del alba, y que sin el apoyo de la otra muletilla, +era hombre al suelo en cuanto «rompía a hablar». + +Sin embargo de todo lo cual, mareaba a los ministros de Hacienda, y se +pintaba solo para sacar buena raja de los más duros de veta; a lo que se +debía que el marqués le distinguiera con singularísima estimación, y +hasta le admirara; porque es de saberse que el tal marqués, desde que +era diputado a Cortes, se había dedicado con afán ansioso a los negocios +lucrativos que «le saltaran al paso», y en el señor de Ibáñez tenía un +ojeador expertísimo, un consejero de gran competencia, y, en ocasiones, +un socio desinteresado.--Lo peor era que los únicos negocios que le +salían mal al banquero eran los en que tomaba parte su amigo. + +En las tertulias de éste, indefectiblemente llevaba la contraria en +todas las peroraciones de don Mauricio, Gonzalo Quiroga, primogénito de +los condes de Camposeco. Este mozo tenía un frontispicio poco simpático, +y además era gangoso. Se había educado en Inglaterra, y había viajado +mucho por Europa, con largas detenciones en París, en Baden-Baden, Monte +Carlo y otros sitios no menos famosos de _recreo_. De todas estas +excursiones y paradas había sacado copiosos frutos, como lo acreditaban +sus vicios dominantes, sellado alguno de ellos en la cara con _hondas +cicatrices_, y en el cráneo con una calva precoz. Su barba era lacia, y +su cuello muy largo, con nuez y costurones; tenía boqueras, los párpados +tiernos, y un hombro algo más elevado que el otro. Era alto y flaco y +pasaba por elegante, a pesar de todos sus defectos físicos. Lo cierto es +que tenía gran desenvoltura y desparpajo para moverse dentro de los +desairados arreos de sociedad, y para meter la cuchara en todos los +corrillos. Aunque no era tonto, le faltaba mucho para tener un buen +entendimiento; pero no conocía la vergüenza; y con esto y con el trato +continuo de las gentes de su mundo, tenía lo suficiente para vivir en él +como el pez en el agua. Era, en suma, un completo _perdido, de buen +tono_. + +Pues con esa alhaja estaba concertado el casamiento de Sagrario. +Cálculos de familia, al decir de los bien enterados, desde que los +novios eran así de tamañicos. Por lo visto, no tenían prisa para +realizar el proyecto; y entre tanto, iban juntos a muchas partes, pero +se trataban muy poco, por exceso de confianza entre ambos; así es que, +más que novios en vísperas de casarse, parecían un matrimonio +desavenido. + +La razón de llevar siempre la contraria Gonzalo Quiroga a don Mauricio +Ibáñez, no era otra que el gustazo de ver cómo se inflaba y contraía y +trasudaba el banquero en cada contradicción, y cómo _meeroodeaaba_ +inútilmente en el camino de su pobre retórica, para urdir una réplica +con que confundir al importuno a quien ya temía de lumbre, o para salir +siquiera medio airoso del atolladero, delante de los contertulios, que +habían dado en tomar aquellas _engarras_ como la más divertida de las +comedias. + +Se había observado que en los apuros de más angustia, o en los arranques +de mayor empuje, don Mauricio buscaba con los ojos a Verónica, como las +plantas sombrías se alargan hacia el sol que necesitan; y en topando con +ella, parecía decirla en el primer caso: «¿Peero ve usted qué teema el +de este chico?» Y en el segundo: «Me paarece que ésta no tiene vuueelta. +¿No piensa usted lo miismo?». + +A Gonzalo le hacía mucha gracia este resabio de su contrincante; y una +noche, mientras se ahogaba el pobre hombre «meeroodeeando» a obscuras en +el huero caletre media docena de palabras al acaso, acercose el otro con +gran sosiego a Verónica, y, en el tono menos gangoso que pudo, le dijo +al oído con mucha formalidad: + +--No te alarmes, chica; pero es indudable que ese sujeto tiene planes +siniestros _contra_ ti. + +Precisamente en una de las pocas ocasiones en que la despreocupada joven +no estaba atenta a los discursus del banquero, que la divertían +sobremanera. Prefería, por el momento, la conversación de Pepe Guzmán, +pájaro de mayor cuenta que su amigo Gonzalo. El tal Guzmán, aunque de +segunda rama, era también vástago aristocrático: de la ilustre cepa de +los Valdejones. Pasaba ya bastante de los treinta, era de hermosa y +distinguida estampa, independiente, libre como el aire, y rico. No +abusaba, aparentemente, de ninguna de estas ventajas. Por el contrario, +parecía hombre de muy racionales inclinaciones, y bien regido. Había +estudiado media carrera de Derecho, algo de Medicina, otro tanto de +Mecánica, y hasta desflorado la Teología y los sistemas filosóficos de +Kant, de Krausse... y de Santo Tomás; se sabía de memoria a Maquiavelo, +a Fr. Luis de Granada, a Shakespeare, a Fourrier, a Santa Teresa y a +Cervantes. En todo picaba y nada le satisfacía, fuera de las grandes +obras de imaginación. Quizás con la espuela y el freno de la necesidad, +hubiera brillado en algo de lo mucho que intentaba conocer por +invencible curiosidad, pues talento y discreción tenía para ello; pero +le faltaba paciencia, porque le sobraban la libertad y el dinero, y de +aquí sus veleidades y aquellas ensaladas científico-filosóficoliterarias +de que se atiborraba la cabeza. Viajaba a menudo y gastaba grandes sumas +en objetos de arte. Los cuadros buenos le entusiasmaban, pero los +bronces de mérito le enloquecían. Tenía el buen gusto de no invertir un +ochavo en libros viejos, ni en vargueños apolillados; prefería las obras +contemporáneas, si eran buenas, y, lo que es más raro, las leía y las +saboreaba. Cosa más rara aún: en igualdad de méritos, estaba por las +españolas antes que por las extranjeras, y no incurría jamás en la +vulgaridad cursi de decir que no podían vivir en España los hombres +cultos. Se referían de él grandes hazañas galantes, y podrían ser +ciertas; pero no era su boca quien lo confirmara, ni con un gesto. +Finalmente, era hombre de alegre carácter, aunque poco hablador, pero +muy al caso, particularmente con las mujeres. Tenía el don de +entretenerlas sin apelar al lugar común de la lisonja ni al formulario +oficial del «joven travieso, distinguido y elegante». Calificábanle por +ello de indomesticable y de _frío_ muchas damas; pero es lo cierto que +hasta las más remilgadas se pagaban mucho de sus atenciones... Y no sigo +con la lista de sus prendas de carácter, porque, a pesar de tomarlas +una a una de los _Apuntes_ que tengo a la vista, va a resultarme un mozo +cortado por el sobado patrón del _mata-corazones_ de comedia; y esto que +aquí se narra podrá ser malo, pero es la pura verdad. + +Digo, pues, que este Pepe Guzmán entretenía aquella noche a Nica +Montálvez cuando se acercó a ella su amigo Gonzalo Quiroga con la +consabida embajada, y añado, para decirlo pronto, puesto que ha de +saberse más tarde o más temprano, que el tal Guzmán era aquel _algo_ que +Verónica exceptuaba de los molestos arrullos amorosos que pasaban sobre +ella, sin sentirlos, como el viento sobre las rocas; aquel «_algo_ en +que detener la imaginación y con que apacentar los deseos, que existía +en el ancho círculo de sus relaciones sociales». Y es de saberse también +que, a aquellas fechas, aún no se habían cruzado los primeros fuegos de +la batalla entre la dama y el galán. Conocíanse mutuamente las +intenciones de batallar, exploraba cada cual el terreno de su enemigo, y +hasta le provocaba con ingeniosas estratagemas; pero de aquí no pasaba; +y, a mi entender, en el misterio de estas precauciones, en el problema +de esta actitud recelosa, estribaba el mayor interés de los +beligerantes. Ni ella ni él parecían tener prisa para resolver el punto +dudoso. Podía ser el caso un pasatiempo; pero desde luego era un +pasatiempo entretenidísimo, con la rara virtud de no gastarse con el +uso. + +Tal vez era el «lado interesante» que, «para una observadora como +Verónica, había en las reuniones íntimas de su casa». Del «lado +pintoresco» era la principal figura el banquero don Mauricio, con todas +sus cosas y con todas sus _malas_ intenciones, en las cuales había leído +ella mucho antes de que se las anunciara al oído el gangoso Gonzalo +Quiroga. Por cierto que estas intenciones, o «planes siniestros», como +decía el novio de Sagrario, la hacían suma gracia también. + +Casi tanto como a Leticia, que no perdía ocasión de apuntarla, con la +mirada o con un gesto expresivo, cada memorial que el banquero la +enviaba con los ojos en sus grandes apuros oratorios. De este celo por +los _intereses_ de don Mauricio, murmurábase bastante. Afirmábase que +Leticia fomentaba las intenciones del banquero, y que se hallaba +dispuesta a barrerle el camino de ellas de cuantos obstáculos estuvieran +al alcance de su escoba... Hay que advertir aquí que Leticia, la +hermosa, fría e impenetrable Leticia, llevaba ya un año de casada con el +general Ponce de Lerma, conde de Peñas Pardas, hombre más que +cincuentón, y feo, diputado sempiterno, conspirador incansable de +pasillos y antesalas contra todos los ministros de la Guerra, con la +santa intención, jamás lograda, de llegar él a serlo una vez siquiera; +amigo desleal de todos los Gobiernos; veterano de todas las cuarteladas +de treinta años a aquella parte, para ganarse honradamente desde las +charreteras de capitán hasta los dos entorchados que tenía; agiotista +insaciable; asociado detrás de la cortina, durante la guerra, a otros +especuladores que daban tocino podrido a las tropas de África, +procurándose así inverosímiles ganancias que fueron ancha y sólida base +de su enorme caudal, adquirido después en idénticas y tan honradas +especulaciones; y, por último, de valor y capacidad «supuestos», porque +jamás tuvo ocasión de acreditarlos en el campo de batalla, ni siquiera +en los cuarteles; todo, incluso los ascensos, se lo fueron dando hecho +y arregladito los suyos apenas salido él del escondite, en seguida de +triunfar la cuartelada. Hasta el título nobiliario se ganó de parecido +modo, cuando ya era general, por haber corrido en aquellos desfiladeros, +siendo alférez..., delante de una partida carlista, en la primera guerra +civil. + +Pues con este hombre se había casado Leticia, después de convencerse (en +opinión de sus amigas) de que no había en el horno de sus especiales +hechizos, fuego bastante para fundir el hielo de Pepe Guzmán, que la +distinguió por algún tiempo con sus cultas y amenas «frialdades». + +Con estos dos hechos se explicaba la conducta de Leticia con el +banquero. Le quería para Verónica, con el piadoso fin de que no tuviera +ésta marido más lucido que ella; y se miraba mucho en el capítulo de las +zumbas a la interesada, porque, hasta la fecha, era el caso de la +generala harto más _mordible_ que el de su amiga. + + + + +IX + + +Así las cosas y andando los días, una noche, en casa de Verónica, tomó a +ésta del brazo Sagrario; llevósela a un rinconcito lejos de la gente; y +allí, sentadas las dos en sendos sillones de rica tapicería, dijo la +vehemente rubia a su amiga, entre mustia y alegre, pero con más carga +de lo primero que de lo segundo: + +--¡Por fin!... + +--Por fin... ¿qué?--preguntole la otra con cara de pascua, al ver lo +indefinible de la de su amiga. + +--Que se decidió... _eso_. + +--Y ¿cuál es _eso_? + +--¡Jesús, y qué torpe estás hoy de entendederas! ¿Qué ha de ser _eso_ +más que... lo de Gonzalo? + +--¡Lo de Gonzalo! Y ¿qué le pasa a Gonzalo, hija mía? + +--¡Caramba con la chica ésta!... Que me caso con él. ¿Lo entiendes +ahora? + +--Sí que lo entiendo; pero no es noticia para mí. ¿Cuántos siglos hace +que estáis... en eso? + +--¡Dale, la muy taimada!... ¿No te he dicho que, por fin, se de-ci-dió +ya? ¿Lo quieres más claro? + +--¿Quieres decir que os vais a casar en seguida? + +--Eso mismo. + +--¡Acabaras! + +Aquí un ratito de silencio. Cierta inquietud en Sagrario. Miradas +investigadoras en su amiga, envueltas en sonrisas maliciosas. Recios, +secos e intermitentes charrasqueos del abanico de la novia. Al fin +volvió a hablar la primera, y dijo a la segunda, sin borrar de su cara +la expresión maliciosa: + +--¿Y para contarme esto solo me has traído tan acá y tan a escondidas, +cuando podías haberlo publicado a gritos en medio de la tertulia..., y +de seguro lo publicarán mañana los periódicos en sus crónicas de +salones? + +--Para esto solo--respondió Sagrario, sonriendo también--, y para lo que +de ello se cae por su propio peso. + +--Lo suponía: un poco de comentario; pero como te quedaste tan +callada... + +--Pensaba yo que a ti te tocaba empezar. + +--Claro, ¡como no hay todavía franqueza entre nosotras, y tú eres una +joven tan corta de genio!... ¿O es que piensas tomar el papel de casada +por lo serio y comienzas ya a hacer provisiones de formalidad?... Lo +cierto es que te desconozco esta noche... + +--Ya ves tú..., el lance, al fin y al cabo, si no es serio, es nuevo +para mí; y al verme tan cerca de él... + +--Con franqueza, Sagrario; ese lance ¿te duele o te gusta? + +--Ni me gusta ni me duele; le tomo como me le presentan: amasado y +cocido. Me dicen «ahora»; pues ahora. + +--¿De modo que tú no has contribuido a él... ni con la inclinación? + +--Absolutamente, y bien lo sabes tú; ni ¿por qué había de contribuir con +eso?, ni, aunque quisiera, ¿cómo podría? Ya ves qué ganga... ¡Gonzalo! + +--¿Qué? + +--¡Qué estampa de galán! con todos los vicios del catálogo... + +--Entonces, ¿por qué le aceptas? + +--Y a mí ¿qué más me da? Dicen que las mujeres de nuestra alcurnia deben +casarse, a cierta edad, con hombres de determinadas condiciones: la casa +Miralta cree que no puede entroncar con otra que la de Camposeco, y ésta +juzga que vino al mundo para fundirse con la de Miralta; yo soy lo +primogénita de una, y Gonzalo es el único heredero de las grandezas y +caudales de la otra; se acuerda entre ambas familias que Gonzalo y yo +nos casemos... «para que se cumplan las profecías»: no se admiten +consultas, ni protestas, ni reparos, porque, como «ellos» dicen, lo +principal es que se haga el matrimonio, «_lo demás_ no importa tres +cominos»; a esta idea nos vamos haciendo, y a este papel nos vamos +acomodando poco a poco el galán y la dama de esta comedia de la _buena +sociedad_... hasta que llega la hora del desenlace, nos echan la +bendición, se baja la cortina... y cada comediante o vivir como Dios le +dé a entender. Esto, después de bien mirado, es hasta cómodo. ¿No te +parece a ti lo mismo, Nica? + +Y Nica dijo que sí, pero sin dejar de sonreírse. En seguida preguntó a +su amiga: + +Pero ¿no puede ocurrir que la dama de esa comedia tenga, al llegar ese +desenlace, el corazón interesado por otro galán de los de la sala? + +¡Yo lo creo!..., ¡y a quién se lo preguntas!--respondió Sagrario en un +arranque de sinceridad de los suyos. + +--Pues, entonces... + +--Entonces ¿qué? + +--Más claro: tú no amas a Gonzalo + +--_Naturalmente_. + +--¿Y no preferirías para marido al hombre a quien amaras? + +--Ponlo en presente: a quien _amo_. + +--Lo pongo: a quien _amas_. + +--Corriente... Pues te respondo que quizás no. + +--¿Que no? + +--Que no... ¿Te asombras? Pues no hay motivo para ello. Yo tengo acá mi +teoría sobre el caso; y no es así, al aire y como se quiera, sino +fundada en la observación y en el propio sentir. De pronto te parecerá +un lugar común de la manoseada sátira contra el matrimonio, porque algo +así se ha dicho en esas rutinas desacreditadas; pero es cosecha de mi +caletre, créelo. Te la expondré en forma de máxima, como _hacemos_ +siempre los sabios para acreditar vulgaridades: «si quieres conservar el +amor que sientas por un hombre, con todo lo que de este amor se sigue y +se desprende, no te cases con él». + +--¡Cáspita! + +--Así como suena, hija mía. Parece duro y un si es no es atrevido; pero +es la pura verdad. Y si no, tiende un poquito la vista sobre todo lo que +conoces en derredor de ti: es un semillero de comprobantes de mi modo de +pensar sobre el caso. Otra máxima: «el amor se alimenta de deseos, de +privaciones y de contrariedades; dale todo cuanto pida, sin cortapisas y +a pasto, y cátale muerto en dos días; y muerto por hartazgo de prosa, +que es, de todos los hartazgos, el más abominable. + +Sonreíase otra vez la amiga de Sagrario al oír cómo ésta se despachaba, +vuelta ya al pleno dominio de su carácter, y replicola: + +--Eso dependerá de la calidad del amor... me parece a mí. + +--No hay más que una calidad de amor--repuso con ademán resuelto +Sagrario--, y el amor tonto, que no reza con nosotras. + +--Y suponiendo que tú tengas razón--preguntó Verónica a su amiga, de +cuyas palabras parecía estar pendiente, sin duda por la gracia que le +hacían--, ¿es lícito eso? + +Revolvió aquí un poco en el sillón el lindo cuerpo la interrogada, y, +después de vacilar un instante, respondió con gran desparpajo a su +amiga: + +--Verdaderamente que no me he puesto nunca a mirar el caso por ese lado; +pero muy ilícito no debe de ser, cuando tanto se usa. + +--¿Qué es lo que tanto se usa, Sagrario? + +--¡Caramba!, pues el vivir con el marido y el gozar con el amante... Me +parece que cosa más corriente... + +Después de estas palabras, fue Verónica quien se quedó un brevísimo rato +algo suspensa; en seguida, sin dejar de mirar con marcada fijeza a su +amiga, la dijo: + +--¿Y qué piensa Gonzalo de esa teoría tuya?... Porque supongo que se lo +habrás dado a conocer... + +A lo que respondió Sagrario con igual frescura que si el asunto no +rezara con ella: + +--¡Yo lo creo que lo conoce! Pero ¿qué se le importa a él? ¡Gracias a +Dios, no tiene por qué callar! ¿No sé yo la vida que ha hecho, la que +hace y la que hará? ¡Ni más ni menos que la mía! ¡Para él estaba! +Además, ¿qué pone por su parte en este fregado? Sus lacras, sus +deformidades y sus vicios. ¿Puede, en buena justicia, y _aunque +pudiera_, aspirar al pleno y singular dominio y usufructo de esta mi +«lozana y exuberante juventud», como dijo de ella nuestro poeta +_Aljófar_ en su anteúltimo sahumerio? ¡Oh!, sobre estas materias, ni él +ni yo podemos llamarnos nunca a engaño, por muy recio que truene. +Estamos los dos bien enterados, bien prevenidos y bien conformes. Y +¡cómo no estarlo! Nuestro casamiento es lo que menos importa aquí, por +lo tocante a las inclinaciones y propósitos de cada uno. Nos lo hemos +dicho muchas veces, y ayer hicimos un esmerado resumen de todas las +anteriores advertencias y prevenciones: «nos casamos por razón de +Estado, como si dijéramos; habrá de común entre los dos el hogar, los +bienes y el ceremonial que es propio de la jerarquía en que se nos +coloca. Fuera de esto, cada cual se atenga a lo suyo, guarde su alma en +su almario y haga de su vida lo que mejor le parezca..., por supuesto, +respetando siempre las buenas formas y las conveniencias sociales...», +porque a esto, bien lo sabes tú, _Beronic_, no se debe faltar jamás... +Conque ya ves. + +--¿Y tan conformes los dos?--dijo la otra, mirando a Sagrario con los +ojos un poco fruncidos, mientras se abanicaba lentamente y se recostaba +contra el respaldo del sillón. + +--Tan conformes--repitió la novia. + +--¡No es poca fortuna!--añadió su amiga sin cambiar de postura--; sobre +todo, para ti. + +--Y para él ¿por qué no? + +--Porque como en Gonzalo no hay grandes prendas que admirar, ni bellezas +que apetecer, se comprende sin dificultad que tú te avengas sin gran +esfuerzo a ese convenio; pero que él se resigne a no ser dueño y señor +absoluto de una mujer tan hermosa como tú, siendo esta mujer la suya +propia, me parece una abnegación... inverosímil. + +Aquí se sonrió Sagrario, contó con los ojos y con el pulgar y el índice +de su mano izquierda las varillas de su abanico abierto; y sin cesar en +este entretenimiento ni mirar derechamente a su interlocutora, la +replicó con acento de indiferencia: + +--Después de todo, ¿qué más le da? + +--¡Pues me gusta!... + +--Lo dicho, Nica--añadió Sagrario animándose un poco más--; y si te +parece mucho así, pongamos _casi, casi_. + +--No lo entiendo, hija--respondió Verónica con visibles muestras de +curiosidad, y otras tantas de sus intenciones de tirar de la desjuiciada +lengua de Sagrario--. Si no lo pones más claro, como si callaras. + +Volvió la rubia a contar el varillaje de su abanico; cerrole de pronto +con estrépito; incorporose de un salto; rodeó con sus brazos el cuello +de su miga, y la dijo al oído un secreto. + +--¡Pobrecillo!--exclamó la otra, en cuanto Sagrario volvió a sentarse, +abriendo el abanico con las dos manos y poniéndose también a contar el +varillaje con los ojos un tantico cobardes. + +--Como lo oyes--dijo la otra algo lisonjeada con el éxito de su +confidencia. + +--Y tú ¿de qué lo sabes?--preguntó Verónica atreviéndose poco a poco. + +--De que me lo ha confirmado él con la mayor desvergüenza. + +--¡Confirmado! ¿Luego ya lo sabías? + +--Por Leticia, a quien se lo dijeron amigos íntimos de Gonzalo. + +Volvió a contar las varillas de su abanico Verónica; calló también +Sagrario, mirando el paisaje del suyo; y dijo a poco rato la primera, +acaso por mudar de conversación, quizás porque realmente deseaba ver a +su amiga apurar la materia a que se referían sus palabras: + +--Volvamos un momento al caso aquel de tu teoría sobre... + +--¡Hola!... ¿Si te habrá caído en gracia? + +--Se me ocurre un reparo que ponerte. + +--¿Acaso nacido de lo que acabamos de tratar? + +--Precisamente de ello..., pero de su casta es. + +--Pues venga el reparo. + +--Si el matrimonio es la mortaja del amor, como has venido a decirme en +substancia, y han dicho antes que tú muchos _calaveras_ que se han +casado en seguida, ¿por qué te casas en la forma que lo haces? + +Quedose un poco suspensa la interpelada, como si no entendiera bien el +alcance de la pregunta, y dijo a la interrogante: + +--Si concretaras el caso un poquito más... + +--Concrétole--repuso la otra; y añadió--: si lo que interesa es +conservar el amor que sientes, por hoy, y este amor es de más hondas +raíces que el de ayer... y el de anteayer, porque no tienen cuenta los +que te he conocido... + +--Gracias. + +--Es justicia. + +--Como te parezca... Adelante. + +--Si lo que te interesa, digo, es conservar ese amor con todos sus +encantos, ¿por qué te casas sin maldita la necesidad? Conságrate a él +con vida y alma... + +--¿Soltera? + +--Soltera. + +--¡Bah! Entonces no me has entendido; porque ése es precisamente el amor +tonto que yo exceptué; y el amor de que yo trato, es amor de más +substancia, de más... en fin, que no es amor para doncellas. + +Pareciole demasiado crudo el concepto a Verónica, a juzgar por la cara +que puso, y dijo, con miedo de escuchar algo peor: + +--De manera que, para complemento de la teoría, es también de necesidad +_algo_ de matrimonio. + +--Indispensable, Nica. ¡Como que es... la _patente de corso_! + +--¡Jesús, qué chica ésta!--exclamó Verónica, verdaderamente asombrada. + +--¿Ahora te desayunas--la preguntó Sagrario con desenvuelta frescura--, +y con remilgos de beata te me vienes? Pues ¿qué ha hecho Leticia, entre +otros cien ejemplos que pudiera citarte, sino buscar la patente esa, o +aceptarla con gusto, por lo menos? + +--Leticia no dice esas cosas... + +--No; pero las hace. ¡Te aseguro, y bien lo sabes tú, que se aprovecha +de la patente como el corsario de más hígados! + +Vuelta Verónica a lo suyo y siguiendo en cuanto podía el tono de su +amiga, atreviese a replicarla: + +--Se me ocurre otro reparo que hacer, no a tu teoría precisamente, sino +al modo que has tenido de ponerla en práctica: la patente que adquieras +en tu matrimonio, de nada ha de servirte. + +--¿Por qué? + +--Si es cierto lo que me has contado al oído... + +--Te dije que casi, casi: recuérdalo...; y entre ello, por poco que sea, +y el extremo que tú pensabas, cabe perfectamente la gran vida que puede +darse una mujer de tan buen gusto como yo. + +--¿Y con esas teorías, y con esos... hígados--dijo Verónica levantándose +y dando a su amiga unos golpecitos en cada mejilla con el abanico +cerrado--, te me andabas con melindres al comenzar a hablarme de tu +casamiento, como una colegialilla ruborosa? + +--Pues, créeme--respondió Sagrario, levantándose también--: así y todo, +me costaba empezar. Pero necesitaba este desahoguillo en vísperas de +trance tan nuevo. Aunque una está tranquila de conciencia, gusta recibir +los alientos de tan buenas amigas como tú. + +--¡Valiente pieza estás!--respondió ésta riéndosele muy cerquita de la +cara. + +--Pues te voy a pagar el piropo con un gran consejo--repuso Sagrario, +deteniendo a su amiga, que ya había echado a andar--: no te cases con +Pepe Guzmán, aunque, por milagro de Dios, lo pretenda él; pero si don +Mauricio _el Solemne_, pide tu mano, acéptale. + + + + +X + + +Aquella noche durmió Verónica bastante mal, porque le dio mucho en que +entretenerse el recuerdo de su conversación con Sagrario. Aunque ésta la +tenía acostumbrada a sus genialidades, que no eran siempre de color de +rosa, jamás había oído de sus labios palabras tan crudas ni pensamientos +tan atrevidos. Y no era el escándalo de estas _sinceridades_ lo que la +mortificaba al acordarse de ellas, pues estaba curada de ciertos +espantos y había en su naturaleza, relativamente fría, y si no fría, +serena y bien equilibrada, aguante para mucho más; sino la coincidencia +inesperada del fruto de sus largas y minuciosas investigaciones por el +organismo, digámoslo así, del medio ambiente en que respiraba y se +movía, con las _teorías_ expuestas por Sagrario. Una cosa es el juicio +callado que formamos por el esfuerzo único de la propia observación, y +otra muy distinta ese mismo juicio cuando le vemos confirmado a voces +por los demás. Sin ser un verdadero hallazgo entonces, parécenos de +doblada consistencia; y esto le presta cierto color de novedad. + +Después de andar divagando por estos espacios con las alas de su +imaginación, de amiga en amiga, de conocida en conocida, pesando y +midiendo los actos y las palabras, la vida y milagros de cada una de +ellas, y cuando vio que sí, entre tantas, eran muy contadas las que +tenían el desparpajo de Sagrario para descubrir los repliegues de la +conciencia y los escondrijos del corazón, eran todavía menos las que no +cabían en los moldes trazados por la desenvuelta rubia, pensó en el +consejo que ésta le había dado por despedida. ¡Demonio con el consejo! +Cierto que no podía darse otro más acomodado a la manera de pensar de la +consejera, y, sobre todo, por lo tocante a don Mauricio _el Solemne_, +como ésta le llamaba; pero ¿a qué traer a colación a Pepe Guzmán? ¿Qué +había visto en él Sagrario para aconsejarla a ella que no le aceptara +por marido «aunque, _por milagro de Dios_, lo pretendiera»? Por supuesto +que esta condicional la usó Sagrario teniendo en cuenta la fama de +incasable que gozaba el aludido, no porque la considerara a ella indigna +de aquel otro heroísmo de este Guzmán. ¿Cómo había de saber, la muy +curiosa y entrometida, lo que ignoraba sobre el caso la misma +interesada? Al fin y a la postre, ¿qué había pasado entre Pepe Guzmán y +ella? Nada en substancia. Que, por entonces, era Verónica la que merecía +las preferencias corteses del incombustible caballero; que hablaban a +menudo; que la conversación de él le parecía muy amena y entretenida a +ella, y que, según ella podía juzgar, no le desagradaba la suya al otro; +que de esta mancomunidad de complacencias, había ido naciendo como +cierto propósito de variar de tema en las conversaciones, y de meter la +sonda de la curiosidad en las espesuras del alma y en las profundidades +del pensamiento; que se andaba tiempo hacía en preparativos de ello, más +o menos ingeniosos, y que todo esto y mucho más podía hacerse entre un +hombre tan desapasionado como Guzmán, y una mujer tan despreocupada como +ella, sin que el amor interviniera para nada en el juego... ¡Amor! +Guzmán, según fama, era incapaz de sentirle por ninguna mujer. Era así +su naturaleza. En cuanto a ella, Verónica, ¿en qué había de fundarle? +Reconocía que era hermoso de cuerpo, noble de alma, y culto y rico de +inteligencia; que levantaba muchos codos por encima de los galantes +frívolos, de los mozos simples y de los viejos verdes que más abundaban +a su alrededor; que sentía una lícita y honda complacencia en verse +objeto de sus codiciadas atenciones; que le ola con gusto y que se +apartaba de él con cierta pena; que después de cada entrevista le duraba +su recuerdo largas horas; que se preparaba para la inmediata con mayores +precauciones que las de costumbre en parecidos casos, y, por último, que +haría cualquier sacrificio por vencerle en el duelo medio empeñado entre +ambos, es decir, por arrancarle el secreto de sus intenciones, la +primera gota..., vamos, la señal de que el hielo se fundía al calor +del... _interés_ que ella le inspiraba; pero ¿no puede sentirse y +desearse e intentarse todo esto sin amor? ¿No bastaba el móvil de la +curiosidad para que lo sintiera, lo deseara y lo intentara una mujer +como ella? ¡Oh!, el amor presenta síntomas bien diferentes de éstos; se +nota en algo más profundo y más sensible que la memoria y el discurso; +se siente en lo más vivo del corazón, y el de ella no era, hasta la +fecha, más que una víscera que funcionaba con la inalterable regularidad +de un cronómetro. + +Discurriendo por esta senda, llegó a topar con el sueño, que la venció +tras breve lucha; tan breve, que con serlo mucho más el nombre de +_Pepe_, se le quedó éste a la hermosa entre los húmedos labios, por +falta de tiempo para acabar de pronunciarle; de manera que del acto +aquel, medio inconsciente, más que palabra vino a resultar un beso... + +Pero volvamos ahora a Sagrario. Su casamiento no tardó en celebrarse más +que el tiempo puramente indispensable para los preparativos de él, +hechos por la posta a fuerza de oro. ¡Y qué preparativos, Santo Dios! En +los periódicos elegantes no cabían las listas de tantas y tantas ropas, +de tantas alhajas, de tantos muebles, de tantos caprichos de arte, +comprado esto, regalado lo otro, tanto en París, cuanto en Viena; +aquello, de Florencia; de Londres, lo de más allá; de Bruselas, los +encajes; del mismísimo Japón y del propio Sevres, las porcelanas; de +Bohemia, la cristalería de color; de puro rocío cuajado, la de mesa; lo +que costaba el traje de novia, blanco como los ampos de la nieve; lo que +podría comprarse, para avío de dos docenas de familias mal acomodadas, +con lo que valían las joyas y el _trousseau_ que regalaba el novio, sin +contar con otro tan lucido que acababa de recibir «la hermosa +_prometida_», como regalo de sus padres... Todo lo fisgoneaban, todo lo +sabían y todo lo conocían por adentro y por afuera, por arriba y por +abajo, los diligentes revisteros, y de todo escribían sin tregua ni +descanso, sin calo ni medida, mojando la áurea pluma en «ámbar desleído» +y sahumando el papel con nubes olorosas de mirra y algalia del Oriente. +Así trascendía ello, que mareaba. Del «lecho nupcial», tesoro +inapreciable de maderas, bronces, lienzos, sedas, y brocados, y del +simbólico _boudoir_, obra de hadas, que no de mortales, ¡Cristo mío, qué +cosas se escribieron!... En fin, hasta para los carruajes ingleses, y +para los caballos que habían de arrastrarlos, y para los levitones +peludos de los cocheros que habían de conducirlos, hubo jarabe en las +plumas, y sahumerios en los incensarios de aquellos ingenios de +guardarropía. + +Tras esto, que duró muchos días y fue el pasto sabroso de todas las +mujeres y de todos los hombres frívolos de la corte, llegó la hora +suprema; y vuelta a empezar los pobres chicos con nuevos catálogos de +indumentaria, de piropos inverosímiles y de sensiblerías y finezas +cursis: que si la novia así o del otro modo; que si pálida, que si +pensativa; que si, con sus cabellos rubios y sus atavíos blancos, +parecía una joya de oro entre copos de nieve; que si el Patriarca, que +si los padrinos, que si las amigas, que si quince duques, y veinte +marqueses, y treinta condes, y no sé cuántos destitulados, de comitiva; +y si la fila de coches llegaba desde tal a cual parte, y si hubo entre +ellos uno de palacio con las correspondientes damas; y quien, en el +momento crítico, «vertió lágrimas furtivas»; quien se desmayó, o quien +parecía arrobada en el más dulce de los éxtasis... ¡Hasta del novio se +dijo que era «un varón, honra, prez _y esperanza_ de su preclaro +linaje»! + +Después, el espléndido banquete en los estupendos comedores de la casa +de la «hermosa desposada»; y aquello fue la de vámonos. De lo que allí +hubo, con ser tanto lo que se dijo, fue mucho más lo que se devoró. +_Aljófar_, el tierno poeta de los salones, que de eso vivía y de otras +fechorías semejantes, enronquecido de cantar la hermosura y las +pomposidades de la novia en los periódicos elegantes, con un hartazgo +para ocho días y bien atiborrado de Champagne, sin soltar la copa de la +zurda desenvainó un soneto con la diestra; Y conmovido y mojando la +pestaña antes de leerle, acometió de nuevo «a la hechicera reina de la +fiesta» (con todas estas asonancias), y la puso hecha un tapiz +chinesco, con grandes aplausos del ilustre concurso, que le reputaba por +el más grande de los poetas coetáneos, y con arroyos del «llanto» que +sabía verter el propio vate a cada estrofa, el cual llanto apagaba con +tragos del espumoso néctar: casi como el pegotón aquel de marras, + +«Llorando sin cesar lo que sorbía, Y sorbiendo a la vez lo que lloraba». + +Por conclusión de estos y otros lances que no caben en papeles, los +preparativos del viaje de los novios; las despedidas, el lagrimeo, los +síncopes; lances todos ellos que habían de ser tema para el rudo trabajo +de tres días de los complacidos y galantes revisteros, y de un +epitalamio inconmensurable del mimado poeta, obra de empuje y +substancia, como concebida entre los horrores de la digestión de lo del +banquete, digestión de _boa constrictor_, por la duración y la dosis, ya +que no por la calidad de la metralla engullida. + +Y con tanto charlar estos gacetilleros y poetas, no dijeron una palabra +de don Mauricio _el Solemne_, sino para citar su nombre entre los más +«conspicuos» concurrentes; nada de sus ahogos al _meeroodeear_ +materiales para un brindis, al primer taponazo del Champagne; nada de +sus moribundas miradas a la «_picante beldad_, ilusión consoladora de +los espléndidos marqueses de Montálvez»; nada de ciertas _finezas +metafóricas_ que el deslumbrante banquero logró deslizar al oído de la +elegante dama, como tímido recuerdo de sus anteriores memoriales. + +Nada pescaron tampoco aquellos linces de pluma, del ingenioso y breve +diálogo sostenido entre Pepe Guzmán y su predilecta amiga, formando la +más gallarda y distinguida pareja que podía imaginarse; en el cual +diálogo se parafraseó, con toda la discreción y gracia posibles, y no +sacado a plaza por la interlocutora, sino por el sagaz interlocutor, el +tema aquel que Sagrario confió al oído de su amiga; y se insinuaron, +quizá en virtud del calor y motivo de la fiesta, las primeras estocadas +del consabido duelo pendiente entre estos dos expertos espadachines de +la intriga galante. + +Tampoco tuvo en la prensa todo el éxito que mereció la casi augusta +solemnidad con que el buen marqués de Montálvez desempeñó su papel en la +fiesta, particularmente durante el breve rato que conversó _aparte_ con +el presidente del Consejo de Ministros, y cuando, después de estrecharle +reverentemente la mano le dijo algunas palabras al oído el Capitán +general de Madrid, vestido de gran uniforme. ¡Oh, qué actitudes y qué +mímica las suyas en aquellas dos singularísimas ocasiones! ¡Qué bofetón +más sonoro para «los hombres de Gobierno» que todavía le regateaban la +credencial de senador! ¿Dónde hallarían ellos para ese cargo otro viejo +más distinguido, más _serio_, más limpio, más planchado, más opulento, +ni más adaptable por su tipo al grave ceremonial del «alto Cuerpo +Colegislador»? + +En fin, por callarse cosas importantes los cronistas de la solemnidad, +ni siquiera mencionaron al general Ponce de Lerma, hombre grosero, que, +en menos de dos horas, riñó tres veces con el ministro de la Guerra, y +dio de puntapiés a un lacayo en un vestíbulo, porque al pasar, cargado +de despojos de la mesa, le manchó el frac con una salsa amarilla, +mientras su mujer (la del general) departía, en animado e interesante +diálogo, con el subsecretario de Gobernación, gran mozo, candidato a +ministro para la primera crisis, soltero y de gran prestigio entre las +damas elegantes. Era como la sombra de Leticia, desde que Pepe Guzmán se +había decidido a ser la de Verónica... + +Cierto que todas estas cosas mejor eran para calladas que para +dichas..., casi tanto como las otras que se dijeron y se cantaron en +prosa y en verso; pero los oficios, o ejercerlos a conciencia, o no +ejercerlos... En virtud de lo cual hago yo aquí punto redondo, antes que +al impaciente lector le parezca larga esta digresión, que nada quita ni +pone al interés de la presente historia. + + + + +XI + + +A todo esto, el invierno se había acabado; los salones se cerraban; las +tertulias se deshacían; en el _Real_ había terminado su temporada la +compañía de celebridades italianas, cuyos gorgoritos había pagado la +gente rica con sumas increíbles, y las que querían aparentar que también +lo eran, con el fondo del baúl, las rebañaduras de la despensa y con +algo más sagrado que no se recobra jamás una vez que se ha vendido; y +«el mundo elegante», sin salones, sin tertulias y sin _Real_, +dispersábase errabundo y como desorientado, a tomar el sol, como los +simples mortales, por las encrucijadas del Retiro y los amplios +arrecifes del Prado y de la Fuente Castellana; paréntesis de hastío en +la alegre vida de las gentonas pudientes, que sólo había de durar el +tiempo preciso para que el calorcillo primaveral templara el ambiente +serrano y se bebiera las charcas del camino por donde habían de ir +desfilando aquéllas en busca de sus costosas, pero entonadas, +residencias de verano. + +La familia que más lo necesitaba, al decir de ella misma; la que saldría +la primera de todas de Madrid, era la de nuestro amigo el marqués de +Montálvez. _Lo_ de la marquesa se iba agravando por momentos, hasta el +punto de poner en mucha alarma a su marido y a su hija. Había serias +discrepancias entre los doctores más sonados de Madrid sobre si aquellos +dolores lentos, profundos y angustiosos, eran simplemente neurálgicos o +reumáticos, o acusaban la presencia de un cáncer inextirpable, por lo +cual era de suma urgencia que la enferma saliera a tomar estas aguas, +aquellos aires y los gases de más allá; y como lo uno estaba en el +Pirineo francés, y lo otro en Suiza, y en Alemania y en los confines del +mundo lo restante, y, además, era de rigor una detenida consulta con las +celebridades médicas de París, la expedición resultaba larga, doblemente +por las precauciones y comodidades que exigía el estado lamentable de la +marquesa, cuyo médico de cabecera, un hombrecillo ya viejo y de gran +experiencia, que la quería mucho, porque casi la había visto nacer, la +aconsejaba que tuviera juicio, pues ya estaba en edad de ello; que se +quedara quietecita en su casa, limpiándola antes de ruidos y de +bambolla; que se acostara tempranito y se levantara tarde; que se curara +de la maña inocente de disimular sus vanidades con exigencias de la +necesidad, y que no tentara a Dios metiéndose en aventuras como la que +iba a acometer, porque ese era precisamente el camino más breve que +podía elegir para irse por la posta al otro mundo. ¡Como si callara! Se +trazó el itinerario, se dispuso y se comenzó el arreglo de la +impedimenta, ¡que ya tenía que ver!, y hasta se fijó día para la salida +de Madrid. + +Algunos antes llamó el marqués a su despacho a Simón, el hombre de su +confianza, su administrador general e intendente. Dos palabras sobre +este personaje: + +Era manchego, y estaba al servicio del marqués desde algunos años antes +que éste se casara. Empezó de _groom_, con su chaquetilla listada de +menudos y apretados botones, sus botas de montar y su gorra de librea. +Después fue lacayo, y luego criado exclusivamente; más tarde, ayuda de +cámara, y, por último, administrador de lo de adentro y de lo de afuera; +porque era listo como una pimienta, previsor y complaciente hasta lo +increíble, y en breve tiempo aprendió lo que no sabía para el delicado +cargo que le iba a confiar el marqués. Llegó a pintar la letra y a sacar +en el aire las cuentas más complicadas. Si bien lo hacía en la +administración de los mermados bienes del marqués soltero, mejor lo hizo +con ellos y los puntales del marqués recién casado, y muchísimo mejor +con el diluvio de caudales que inundó la casa a la muerte del ex +contratista de carreteras y suministros. Era mozo que se crecía con los +obstáculos. El marqués le admiraba y se dormía en la confianza que tenía +en él, y hasta la marquesa le distinguía con inusitados testimonios de +su aprecio. Tanto, que cuando el administrador insinuó sus deseos de +casarse con la doncella más mimadita de la casa, no solamente lo +aplaudió aquella señora, sino que dotó rumbosamente a la novia y fue su +madrina de casamiento. El marqués no estimaba tanto al espabilado Simón +por su destreza en el desempeño del cargo que ejercía, como por el +talento singular que mostraba para oírle y atenderle, para _pescarle_ +los detalles más finos de sus peroraciones a destajo, y hasta para +moverle a extenderlas y elevarlas. Como que llegó a tomarle como piedra +de toque de la ley de su elocuencia, ensayando con él, bajo el disfraz +de motivos de tres al cuarto, por salvar las convenientes distancias +jerárquicas, entonaciones, actitudes y arranques que pensaba ostentar, +en toda su verdadera aplicación y pompa, en el teatro de sus hazañas +políticas. + +En la ocasión en que aparece en el despacho del marqués, aún no había +cumplido el medio siglo. Era delgado, de mediana estatura, de ojos +pequeños y alegres, ligeramente moreno, de cara larga y algo afilada, no +mucha frente, y corto y espeso el pelo gris de su cabeza. Vestía un +traje obscuro, muy modesto y muy limpio, y tenía toda la barba afeitada. +Nada más insignificante que aquel hombre, a la simple vista: parecía un +mozo de café. A la sazón, iban sus negocios particulares en próspera +fortuna. Su mujer era una hormiguita, que traficaba en todo lo +imaginable; y él, con los sueldos ahorrados, otros gajes lícitos de su +empleo, y el óbolo de su hacendosa compañera, podía destinar un +capitalito _modesto_ a préstamos sin usura, pero bien garantidos. Y así +iba tirando el pobre y adquiriendo una finquita hoy, y mañana unas +acciones del Banco de España «por una casualidad», y al otro día una +hipoteca «de lance». Nada, que había que quererle y admirarle, en cuanto +se le oía hablar de estas cosas que le pasaban a él. + +Y basta del sirviente; no vayamos a pecar de descortesía con su +aristocrático señor, que nos espera en su despacho. El despacho del +marqués era regularmente amplio, _severamente vestido, severamente +puesto y severamente_ alumbrado por la dulce y severa luz del Norte. +Maderas de raíz de nogal con filetes negros, y cuero cordobés con +grandes clavos de níkel; armarios llenos de libros regularmente grandes, +lujosa y severamente encuadernados; cortinones de color de café con rica +y severa pasamanería; alfombra persa de severos colores; coronas de +marqués en cada paño y en cada mueble; algunos cuadros al óleo, de tan +severo gusto, que costaba trabajo descifrar el asunto de ellos debajo de +la _pátina_ que los obscurecía..., y así sucesivamente. Entre tanto, ni +una hilacha por los suelos, ni un mueble fuera de su sitio, ni un papel +ni un cachivache desarreglado encima de la mesa-ministro, detrás de la +cual se arrellanaba el marqués en un sillón de una severidad de líneas +intachable. + +Verdaderamente valía mucho más la urna que el santo. Bien mirado, en +ropas menores, digámoslo así, el marqués estaba ya hecho una ruina. Sin +los retoques y aparatosos arreos con que se presentaba en público; +envuelto el cuerpo en holgada bata de cachemira; cubierta la amplísima +calva con un gorro griego; descuidados los blancos mechones de pelo +lacio que sobresalían por debajo del gorro y por encima de las orejas; +sin afeitar todavía, y mal tapadas las arrugas del pescuezo por el +cuello escotado de su camisa de dormir, ¡cuán diferente era aquel +marqués del marqués del salón de Conferencias del Congreso, y de sus +propios salones de recibir, y de todos los salones de la aristocrática +comunión a que pertenecía! Digo en cuanto a su físico; porque en lo +tocante a lo demás, el hombre averiado y caduco del rincón doméstico, +era el mismo personaje ostentoso de la vía pública y de los grandes +salones. Refiérome a la prosopopeya y a la solemnidad. + +Bien sabido se lo tenía el avisado Simón, y por eso le hizo la misma +reverencia al entrar en su despacho y verle solo allí, que si le hallara +acompañado del Presidente de las Cortes. + +Dejole el marqués que se doblara cuanto podía dar de sí su elástico y +bien educado espinazo, y le dijo, cuando le vio casi derecho y tan cerca +como lo permitía el debido respeto: + +--Necesito, Simón, para dentro de cuatro días, diez mil duros +disponibles en poder de mi banquero de París. + +--Con permiso de Vuecencia--respondió el apoderado, mansa y +respetuosamente--, no es el plazo tan desahogado como convendría para +una cantidad de esa consideración. + +--En plazos más cortos has sabido facilitarme sumas mayores--le replicó +el marqués, en tono suave, pero con visos de exigente. + +--Es la pura verdad, señor--observó Simón, entendiendo bien el acento +de su amo--, que he tenido esa honra muchas veces; y por lo mismo, me he +creído obligado a hacer a Vuecencia, con el respeto debido, esa ligera +indicación... Porque, si Vuecencia me lo permite, me atreveré a +manifestarle que ciertos caminos, cuanto más se pisan y se frecuentan, +más intransitables se ponen. + +--Todo lo que tú quieras, Simón, todo lo que tú quieras; pero no se +trata ahora de esas cosas, sino de hacer lo que té he dicho en el plazo +que te he marcado. + +--Vuecencia será servido en ese mandato como en todos lo que se digne +manifestarme; pero creo, salvo el mejor parecer de Vuecencia, que es de +alguna necesidad poner en su conocimiento las dificultades que hay que +vencer para dar ahora cumplimiento a los deseos naturalísimos de +Vuecencia. + +--No veo esa necesidad, Simón. ¿Dónde está ella? O se puede, o no se +puede: has dicho que sí... Pues huelgan los comentarios. + +--Pero, con permiso de Vuecencia, supongo yo que esas dificultades que +hoy pueden vencerse, a costa de grandes esfuerzos, en un caso idéntico +sean invencibles mañana. + +--¿Y qué? + +--Que en un extremo así, convendría estar al tanto de ciertos +antecedentes, para no extrañar... + +--¡Para no extrañar!... + +--Para no atribuir a falta de celo en el administrador (pongo por caso, +con el respeto debido) lo que es obra de... vamos, de la marcha +natural..., supongamos, de la cosa misma. + +--Pues no te entiendo, Simón. + +--Recordará Vuecencia que en varias ocasiones he solicitado el honor de +que me permitiera explicarle, manifestarle..., vamos, ponerle a la vista +el estado verdadero... de las cosas, como quien dice. + +--Cierto. ¿Y qué? + +--Que Vuecencia ha tenido siempre la bondad de desatender mis ruegos. + +--En lo que te he dado, Simón, la mayor prueba que puedo darte de mi +absoluta confianza en la administración de mis caudales. + +--Precisamente, señor, del deseo de corresponder dignamente a la +inmerecida honra que me dispensa Vuecencia en esa prueba, nace el empeño +de enterarle... + +--¡De enterarme!... ¿Y de qué, buen Simón? ¿De que no van mis negocios +en próspera fortuna? ¿De que este cortijo, y la otra casa, y tales +acciones no valen lo que valían, porque los arrendamientos, y el +inquilinato, y el estado general de los negocios, y el aspecto alarmante +de la política así lo disponen?... ¿No es esto? ¿Ves cómo yo penetro con +una sola mirada hasta el interior de las cosas, y vivo en perfecto +conocimiento de ellas, sin que nadie se tome, el trabajo de pesarlas y +de medirlas delante de mí? ¿Y qué le vamos a hacer si el cuadro no es +tan risueño como tú y yo deseáramos? Pues paciencia, Simón, paciencia, y +aguardemos días mejores, que ya vendrán. Felizmente, mi caudal no es de +apariencia: es sólido y es abundante, a Dios gracias, y da para todo; +quiero decir, para aguardar los vivificantes calores del estío, bien a +cubierto de los mortíferos hielos invernales. + +--Si no he comprendido mal el símil de Vuecencia, ese es precisamente el +punto en que tengo la desgracia de discrepar de su sabio parecer. + +--¿A ver cómo? + +--Vuecencia sabe que sus caudales no son los que eran algunos años hace; +que han disminuido..., que... + +--Adelante, Simón. + +--Pero desconoce el detalle, el estado en que se encuentra lo que queda +de ellos; porque, si se me permite manifestarlo, los gastos de la casa y +las quiebras habidas en ciertos negocios no han guardado la debida +proporción con la merma de los haberes. El hacer dinero en ciertas +ocasiones, cuesta más caro que en lo ordinario; y esta carestía se +aumenta según que las necesidades se van haciendo más visibles y más +frecuentes..., porque bien sabe Vuecencia que la usura es desconfiada, y +hay que satisfacerla, y..., vamos, que abusa más de lo que debiera. Así +sucede que va Vuecencia a tapar un agujero, y para taparle se forma +otro; y tapa éste, y resulta otro más grande; y, tapa aquí y destapa +allá, piérdese algo el buen tino, y al menor descuido salta una criba +entera, que, créalo Vuecencia, no es la mejor capa para esperar un +hombre, abrigado con ella, los calores del verano; sobre todo, si dan en +apretar mucho, como aquí sucede, los fríos del invierno. + +--No basta la buena intención que a ti te guía, mi fiel Simón, para +fallar, con el acierto debido, pleitos de determinada naturaleza... + +--Es la pura verdad, señor; pero cuando los números hablan... Si donde +hay veinte disponibles se gastan cuarenta, resulta una falta de otros +veinte. + +--Si no te conociera, pensaría que llevabas tu atrevimiento hasta el +extremo de intentar ponerme a ración... + +--¡Señor!... + +--¡No te sobresaltes, que ya hice la merecida salvedad; pero no insistas +en ese tema, porque las necesidades domésticas y sociales de una familia +tan conspicua como la mía, y las de un hombre como yo, no pueden +sujetarse al régimen admitido para el común de las gentes, ni al +criterio de un sencillo y honrado administrador como tú!... + +--Las palabras y los deseos de Vuecencia--dijo aquí el aludido, +plegándose casi en dos mitades iguales--son órdenes y enseñanzas para +este su humilde servidor; pero como, por lo mismo, le debo toda la +verdad de lo poco que se me alcanza, quisiera advertir a Vuecencia, con +el debido respeto, que no me refería tanto a lo que pudiera llamarse +_gastos de representación_ de esta ilustre familia, cuyo necesario +esplendor eso y mucho más reclama, cuanto a otros independientes de +ellos, y que no son los que menos agujeros han abierto en la criba a que +tuve el honor de referirme antes. + +--¿A qué otros gastos te refieres? + +--A los grandes desembolsos que le han costado a Vuecencia los negocios +que ha emprendido en compañía de don Mauricio Ibáñez... + +--¡Bah!..., gajes del oficio, Simón: hay que estar a las duras y a las +maduras. + +--Cierto; pero a Vuecencia siempre le han tocado las duras. + +--También a él... + +--Pero ese es su oficio; aquí cae y allí se levanta: de eso vive; al +paso que Vuecencia... + +--¿Otro consejito, Simón? + +--¡Dios me libre de la tentación de cometer ese nuevo pecado! Sólo que +pensaba yo que en ese punto, bien cabía, sin ofensa de los respetos que +debo, una indicación... + +--Y ¿cuál es? + +--Que sería más de sentir que el dinero perdido por Vuecencia, como +socio del banquero en determinados casos, el que pudiera perder en la +misma compañía, de muy distinta manera. + +--¿Qué quieres decirme, Simón? + +--Que estoy muy bien enterado de que en el señor don Mauricio no es oro +todo lo que reluce. + +--¿Estás en tu juicio? ¡El banquero de más crédito de todos los +banqueros de España! ¡El hombre que abarca los negocios más vastos y +complicados; que manda en el Ministerio de Hacienda como en su propia +casa! + +--Pues ese que manda en el Ministerio de Hacienda (¡y así va ella!) no +tiene los asuntos tan limpios y desembarazados como creen las gentes y +deseara él. + +--¿Cómo puede ser eso?... + +--Será, con permiso de Vuecencia, porque el diablo reclame lo suyo, o +por otra causa; pero ello es. Y cómo el que se ahoga se agarra a lo +primero que alcanza con las manos, y Vuecencia tiene poca práctica para +esos fregados, porque ha nacido para cosas más altas y más nobles..., +cumplo con un deber, hasta de conciencia, dándole respetuosamente este +aviso. + +--Tú has pisado hoy malas yerbas, Simón... Ya hablaremos oportunamente +de esas y otras cosas, con la necesaria tranquilidad. Ahora cumple el +encargo que te he dado, y nada más. Cabalmente me hallas hoy en la peor +de las condiciones para ocuparme en negocios que me obliguen a fatigar +la cabeza con discursos ni con preocupaciones. + +--¿Se encuentra mal Vuecencia? + +--No muy bien: he sentido un fuerte desvanecimiento al levantarme... y +anoche había sentido otro al acostarme. + +--Debilidades del estómago... + +--Eso creo yo... Pero resérvalo, de todos modos. No he querido decir +nada a la marquesa, por no alarmarla. ¡Ah, los frutos del ambiente de +esa condenada casa de locos ambiciosos e intrigantes! ¿Qué han de sacar +de ella los hombres desinteresados y conciliadores como yo, sino grandes +desencantos y trastornos cerebrales? ¡No sabes con qué ansia aguardo el +momento de salir a respirar aires libres y más sanos, fuera de la +atmósfera candente en que nos abrasamos aquí los desdichados a quienes +el patriotismo obliga a encadenar hasta sus afectos más íntimos al +presidio de los negocios del Estado!... Tienes mi permiso para +retirarte, Simón... ¡Ah!, se me olvidaba..., y vaya la noticia por lo +que has de gozarte en ella, no porque yo le dé la menor importancia, ni +deje de considerar el suceso como un tardío acto de desagravio, por +parte del desagradecido Gobierno: lo de mi senaduría es cosa acordada, +al fin. + +--Reciba Vuecencia por anticipado la más humilde, pero la más cordial de +las felicitaciones. + +--Esas, para la patria, Simón, que tan necesitada está de reparaciones +de esa índole, aunque te suene el reparo a vanagloria. De todas suertes, +gracias por la cariñosa enhorabuena... y Dios te guarde. + + + + +XII + + +En ningún capítulo de los _Apuntes_ que me sirven de guía en este relato +hay mayores despilfarros inútiles de tiempo y de imaginación, que en el +que la redactora da cuenta del viaje proyectado algunos renglones más +atrás. Es, en su mayor parte, un verdadero artículo de Revista, +escrito, por una observadora tan impresionable como inexperta, a través +de sus debilidades de sexo y de sus preocupaciones demasiado +_subjetivas_. Échase de ver desde luego en tan prolija tarea, que en las +últimas entrevistas de Verónica con Pepe Guzmán, el empeñado duelo no +pasó de un nuevo cambio de estocadas, como si cada combatiente pusiera +mayor ahínco en defenderse que en herir, desde que por primera vez +cruzaron los aceros en la boda de Sagrario. Pesa, mide y compara, con +escrupulosidad de alquimista, cada gesto y cada frase del receloso +galán; asómale la impaciencia a cada momento en los puntos de su pluma; +traslúcesele el desasosiego a cada instante; danle motivo todo lugar y +cualquier suceso para recordar al invulnerable y discurrir sobre estas +cosas, y aun protesta de que en tan invencible y tenaz empeño no entra +para nada el interés amoroso; que todo es obra de la curiosidad, tan +vehemente y disculpable en las mujeres en casos tales, y que su corazón +continúa siendo víscera simplemente, sin un latido ni una sensación de +más ni de menos que lo regular y ordinario. Podrá ser aprensión mía; +pero es la verdad que leyendo estas largas disertaciones, se me vienen a +la memoria los niños que se tapan los ojos para no ser vistos. + +La primera etapa de los expedicionarios fue París, según costumbre, y la +estancia allí, la más larga de todas las del viaje. Consultó la enferma +con las eminencias del «arte de curar», y ninguna de ellas dejó de +prometerla un pronto y radical alivio... ni de aconsejar a su familia +que la volvieran cuanto antes a su casa, porque quietud, sosiego y +«auras domésticas», era lo que principalmente requería la incurable +enfermedad de aquella señora... En fin, lo que la había aconsejado en +Madrid su médico de cabecera. Pero declara ya su hija terminantemente +que su madre no viajaba con la esperanza de curarse, sino con el +propósito de divertirse así; y añade que este reparo se opuso al +dictamen, tan bien expuesto y mejor cobrado, de las eminencias; que +éstas le aceptaron por suyo reverentemente, y que se le ofrecieron a la +marquesa bien diluido en un risueño plan de correrías por los balnearios +y sitios de recreo más elegantes y aristocráticos de Europa (igual a lo +acordado por las eminencias de Madrid después de haber conocido los +deseos de la enferma), y que se determinó que fuera Interlacken, donde +nunca había estado, la segunda etapa de la recreativa expedición. +Verónica hubiera preferido otro rumbo: Vichy, por ejemplo; y no porque +Pepe Guzmán se hubiera despedido para aquellas aguas, que tomaba todos +los años para curar ciertos desarreglos de su estómago, puesto que la +había dado su palabra de encontrarse con ella «donde menos lo pensara», +sino porque... «cada cual tiene sus gustos». + +Pero si dejó de ver en el Pirineo francés a su amigo tan estimado, en el +corazón de la Suiza se halló con otro que no valía menos, según la fama, +si se pesaban ambos en oro. Porque allí estaba don Mauricio _el +Solemne_, una semana hacía, a curarse sus achaques nerviosos con +aquellas duchas de hielo derretido. Este pretexto alegó, al menos, para +explicar al marqués su estancia inesperada allí: inesperada, porque de +todo había hablado a su ilustre amigo al despedirse de él en Madrid, +menos de que padeciera tales achaques, ni de que intentara curarlos de +aquel modo ni en aquel sitio. Cierto que no estaba el banquero en el +pleno goce de su natural imperturbabilidad cuando estas cosas decía, +como no lo había estado cuando se halló de improviso en el mismo hotel +que habitaba, con la presencia de sus egregios amigos; que a este mismo +«fenooómeeno» se agarró él como prueba de la existencia de la +enfermedad, y que afirmó que la había cogido repentinamente una noche, +muy pocas antes, en lo alto de la calle de Alcalá, hablando, +desabrigado, con el ministro de Hacienda. Pero tan mal le iba con el +tratamiento aquel, en mal hora aconsejado por su médico de cabecera, que +tenía resuelta su marcha a París en el mismo día, no obstante el nuevo y +poderoso _atraaztivo_ que tenían para él aquellos lugares «desde que los +honraban tan excelentes y tan _inolvidables_ amigos». Esto de +«inolvidables» se lo espetó a Verónica en un memorial de mirada triste, +con el correspondiente tirón de patilla; el cual memorial fue contestado +con una sonrisa... de las de Verónica, la cual sonrisa debió sentarle al +_recurrente_ como si le afeitaran en seco. + +Y como lo dijo lo hizo, Salió _en posta_ de Interlacken aquel mismo día, +sin aguardar a sentarse a la mesa; y detrás de él y con el mismo rumbo, +una dama solitaria, de gran porte y «cierta traza», que había llegado +con el banquero mismo, y comía a su lado, y a su lado habitaba en el +hotel; es decir, tabique en medio. + +--¡Y pensará el simplón que no le he sorprendido el +contrabando!--díjose, muy _aparte_, el marqués, cuando se enteró de +todos estos tejemanejes--. ¡A mí con esas disculpas de colegial! ¡Al que +ha sido cocinero antes que fraile! ¡Semejante majaderote! ¡Como si +tuviera el lance nada de particular, o nos interesara a nosotros cosa +alguna! + +Y no se habló más de este suceso en la familia del marqués, ni había +para qué tampoco. + +Escaseaba mucho todavía la gente de lustre en aquel sitio; y con esto y +con no sentarle bien el clima a la marquesa, condújosela a otro más de +su gusto. Y no digo a cuál, porque si fuera a seguirla paso a paso en el +camino de aquellos sus antojos de rica vanidosa, incurriría yo en el +mismo defecto que he tachado en el correspondiente capítulo de los +_Apuntes_. + +Mas por grandes que sean mis propósitos de reducirme todo lo posible en +mi tarea, no he de omitir la mención siquiera de lo que más halagaba y +seducía los apetitos del marqués durante su peregrinación por tantos y +tan culminantes lugares: las celebridades políticas de todos los Estados +europeos, que veraneaban dispersas, y con las cuales se topaba acá y +allá, con sus respectivos cortejos de admiradores y de parásitos; los +estadistas de segunda categoría, harto más ceremoniosos y teatrales que +los de primera: los unos haciendo vida aparte y dejándose sentir, como +el sol, desde muy lejos, o entre nubes; los otros, invadiéndolo todo con +su pompa de relumbrón, presidiendo las mesas, los bailes, las jiras y +hasta las salas de duchas o de inhalaciones... o la ruleta; pero los +otros y los unos asediados por legiones de babiecas y por el espionaje +de los _reporters_, para apuntar lo que dicen, lo que piensan, lo que +comen, si se bañan, si se ríen, si meditan, si se enfadan, o si tosen o +estornudan, y estamparlo como noticias de sensación en los periódicos de +mayor renombre, con las más peregrinas conjeturas sobre el influjo del +suceso en la política internacional. Y a los casinos llegaban estos y +otros cien periódicos más de todas las naciones, y en todos ellos +danzaban las noticias y las conjeturas, con otras semejantes y nuevos +comentarios de propia cosecha, anunciando entrevistas, desentrañando +frases, prediciendo resultados y dejando muy tirante la curiosidad de +los lectores con la promesa de nuevos acontecimientos para el día +siguiente. + +Y el marqués devoraba estos periódicos, y contemplaba en éxtasis a +aquellos hombres que tanto les daban que decir; y se comparaba con +ellos, y no se vela más bajo, ni menos ostentoso, ni menos solemne, ni +menos «honorable»: ninguno tomaba tan en serio como él eso de «los +organismos políticos», «las energías de la patria», «el sentimiento +público», «la alteza y respetabilidad de los cuerpos colegisladores» y +otras cosas tales; ninguno le ganaba en desinterés, ni en celo, ni en +instinto político, y pocos, muy pocos, llegarían a aventajarle en el +modo y manera de utilizar con honra propia y decoro del sistema «la +tribuna del Parlamento». Esto era «obvio, de toda notoriedad e +inconcuso», y, sin embargo, su nombre no aparecía jamás entre aquellos +otros, tan traídos y tan llevados, ni había un papanatas que le +siguiera, ni un mal periodista que le preguntara su parecer sobre la +política del Czar y las últimas circulares de nuestro ministro de +Estado. Citábasele alguna vez entre los bañistas más distinguidos, +recién llegados; cortejaban a su hija algunos insípidos gomosos, porque +era guapa y afamada de rica, y pare usted de contar. Pero ¿qué diablos +valía todo esto para un hombre de su estirpe, de sus nobles ambiciones +y..., sí, señor, de su significación e importancia, por donde quiera que +se le considerase? Caprichos, veleidades de la fortuna, del «hado» +quizás..., porque el marqués estaba persuadido de que a los «hombres +públicos» los forman las circunstancias, un momento de la vida, un +«choque fortuito», de la piedra contra el acero, que hacía brotar la luz +de repente. Así entendía el «hado» el buen marqués. + +Entre tanto, lejos de desalentarse en su empresa, cada día buscaba con +mayor empeño ese instante, ese fortuito choque, y no perdía ocasión de +arrimarse a los privilegiados para hombrearse con ellos y meter la +cuchara en sus conversaciones. Y así pasaba el tiempo en las etapas de +su viaje, y aun en todos sus viajes de veraneo, si no satisfecho de los +resultados obtenidos, porque el choque no se verificaba ni la luz se +producía, consolado, al menos, con la ilusión de que las gentes, +viéndole tan bien acompañado, le tomarían por lo que no era, es decir, +por lo que deseaba ser. + +Corriendo los días y rodando los expedicionarios, tan pronto en un +puerto de mar como en una _estación_ de secano, arrastrándose más que +caminando la marquesa, a quien apenas bastaba una semana de reposo por +cada hora de jornada, ninguno de los tres recogía el fruto sazonado de +sus ilusiones: el padre, por lo que se ha visto; la madre, por lo que +fácilmente se adivina, por enormes que sean las dosis de vanidad y de +tonta presunción de que la supongamos henchida, y la hija, porque a +medida que el tiempo pasaba sin que se cumpliera la promesa que en +Madrid había hecho Pepe Guzmán de encontrarse con ella «donde menos lo +pensara», crecían sus impaciencias «por el natural e insignificante +deseo de salirse con la suya»; y la suya era que no se encontraría en +parte alguna de su expedición veraniega con Pepe Guzmán; y no +encontrándose con él, estaba autorizada para decirle, en broma, por +supuesto, en cuanto le viera en Madrid: «¡valiente palabra es la palabra +de usted!» Y con esta sola preocupación, se pagaba bien poco de todo lo +que hallaba al paso; de preparar el éxito de sus exhibiciones en playas, +alamedas y espectáculos, y mucho menos del tributo ofrecido a su belleza +por la turba de tenorios contrahechos que a eso van a los «centros +elegantes», y aun por otros admiradores de más seso y mejor arte. + +En Baden-Baden halló el rastro de su amiga Sagrario, que andaba +recorriendo el mundo en su viaje de novia. Había dejado allí fama de +hermosa, de elegante, y, sobre todo, de desenvuelta. Se hablaba mucho, +muchísimo, de _sus hechicerías_, entre los hombres, y de su «provocativo +_sans façon_», entre las mujeres. Cuando tenía el sitio hecho un volcán +de intrigas, de deseos, de cálculos y de murmuraciones, desapareció +repentinamente con su marido, porque éste, que no salía de la ruleta, +perdió en una noche cuarenta mil duros, sobre otros veinte mil que tenía +perdidos ya; y no se había casado ella con Gonzalo Quiroga para eso, +sino para cosa muy diferente. Esto se decía y se propalaba por aquellos +ámbitos henchidos de la fragancia de todas las pasiones, buenas y malas, +pero muy elegantes, y de nada se asombró la recién llegada madrileña, +porque lo uno lo consideraba verosímil y hasta necesario, y de lo otro +sabía que era la pura verdad. + +Sucesos hartos más graves la aguardaban en Spá. Por de pronto, se +encontró allí con amigos de su mayor intimidad; como que eran Leticia, +su marido y el subsecretario de Gobernación; y ya se supondrá que no +cuento este hallazgo entre los sucesos graves a que me he referido, +aunque alguna gravedad revestía la altivez del continente de la primera, +frente a la actitud algo airada y como rencorosa del tercero; pero más +grave fue una estocada que este funcionario español atizó, en la +madrugada del día siguiente, a un príncipe ruso bruñido a la francesa, +que campaba en el sitio por su riqueza, por su boato y hasta por su +estampa original y castiza. Tampoco fue lo grave la estocada porque +pusiera en riesgo de muerte al príncipe ruso, pues no llegó tan adentro +«la acerada punta», sino por el ruido que hizo y lo que dio que hablar a +las gentes, y que temer a la impávida Leticia, y que hacer a la misma +Verónica para ayudar a su amiga a convencer al subsecretario de que +ciertos sucesos, aunque se vean con los ojos y se palpen con las manos, +no son lo que aparentan, sino quimeras de la imaginación ofuscada. + +Pero lo más original y lo verdaderamente grave del suceso, mirado a +cierta distancia, fue que el general Ponce, es decir, el marido de +Leticia, apadrinó al subsecretario en su duelo con el ruso; en honor de +la verdad, no porque llevara el apadrinado su frescura al extremo de +solicitar del otro un favor tan señalado, sino porque el arisco +veterano, al saber de qué se trataba, por rumores llegados hasta él, +«como amigo, como soldado y como español», no quiso que nadie se +anticipara a prestar ese servicio a su ilustre compatriota. No hay para +qué advertir que este detalle sonó en la colonia elegante y desocupada +mucho más recio que la estocada y los motivos de ella. En cuanto al +general, cumplido su deber de amistad, de soldado y de español, y +altamente satisfecho de su conducta, se volvió a sus reales, es decir, a +pasarse todo el día y parte de la noche con un periodista madrileño, +desollando al ministro de la Guerra y proporcionando la metralla con que +el primero le fusilaba, un día sí y otro no, desde las columnas de su +periódico. Ni más vela, ni en otra cosa pensaba, ni de otros jugos se +nutría la fibra de su naturaleza. + +Pensó Verónica, como lo hubiera pensado cualquier otra mujer de honrado +temple, que después de aquel ruidoso acontecimiento su amiga abandonaría +a Spá con cualquier pretexto; pero no la conocía bastante, con creer +conocerla muy a fondo. En el de Leticia existían alientos para resistir +aquel empuje y mucho más. + +--Mi fuga--dijo a su amiga, hablando con ella de estas cosas--sería la +confirmación de los rumores. Otra mujer en mi caso, aun pensando esto +mismo que yo pienso, huiría por no atreverse a quedárse; pero a mí no me +espanta la fiera, y ya verás cómo la domino. + +Y nunca se la había visto en público tan serena, tan elegante, tan +hermosa, ni tan envidiada, como se la vio después del «grave suceso», ni +se había mostrado delante de la gente tan expresiva ni tan afable con el +subsecretario de Gobernación, ni tan atenta y cortés con el príncipe +ruso, que, por cierto, no tardó tres días en largarse de allí. + +No tuvo Verónica motivos para dolerse de la resolución tomada por su +amiga, pues su compañía y su serenidad la sirvieron de mucho en el +verdaderamente «grave suceso» que aconteció en breve, seguido de otro +tan grave como él. Y fue que hallándose departiendo el marqués y el +general, momentos antes de sentarse a la mesa, y paseándose a lo largo +del salón contiguo al comedor, y estando la porfía en lo más candente, +es decir, sosteniendo el segundo que todas las desventuras de España +procedían de la incapacidad y de los desaciertos del ministro de la +Guerra y de todos sus antecesores, y templando el primero sus crudezas +con reposadas y campanudas reflexiones sobre el necesario «concurso de +las fuerzas vitales del país» y «el engranaje de la máquina +gubernamental», de pronto le faltó la palabra precisa; valiose de otra +menos propia y muy mal pronunciada; esparciese sobre el sonrosado color +de su rostro un tinte lívido; lanzó un áspero quejido por su boca, que +se torcía por momentos, y reviré los ojos; y a no haberle recibido el +general entre sus brazos, hubiera dado el pobre marqués con su oronda +humanidad en el santo suelo. + +Lo que allí sucedería después, no hay para qué referirlo. Conducido a su +habitación y puesta en movimiento media casa, sometiósele al tratamiento +que la ciencia tiene menos desacreditado para esos lances, y se esperó +el resultado de él y el de la primera consulta que celebró un rebaño de +doctores que fueron acudiendo alrededor del paciente, los más de ellos +sin que nadie los llamara. Tras una hora de encierro en el cuarto +inmediato al del enfermo, a quien rodeaban su familia gemebunda y +cuantos españoles hubo en las inmediaciones, fueron apareciendo uno a +uno los doctores, en larga y solemne procesión; cediéronles los profanos +el sitio en derredor del lecho; tomó la palabra el menos joven y más +estirado de los médicos; dijo que estaban perfectamente de acuerdo todos +los profesores allí reunidos, lo mismo sobre el pronóstico que sobre el +diagnóstico de la enfermedad que aquejaba al señor marqués; que +aprobaban lo que hasta entonces habían dispuesto los dignísimos +compañeros que se les habían anticipado en el honor de prestar los +primeros auxilios al ilustre paciente; que volverían a reunirse dentro +de dos horas, y que buen ánimo, entre tanto, para conllevar la +inevitable pesadumbre por lo ocurrido...; con lo cual, y una ceremoniosa +inflexión de cuello y de espinazo, salió de la estancia seguido de sus +comprofesores, lo mismo que habían entrado, uno a uno y con la +respectiva inflexión de cuello y de espinazo, graves, muy graves todos, +y a cual más atildado y taciturno. + +Afortunadamente, lo del marqués no fue tanto como parecía. Rehízose un +poco su naturaleza a las pocas horas; al amanecer conoció a su familia y +a sus amigos; articuló algunas palabras; movió los miembros, antes +paralizados, y al mediodía del siguiente pronosticó el senado de +doctores, en su tercera consulta, que, sin una complicación inesperada, +el ilustre enfermo entraría muy pronto en una franca y satisfactoria +convalecencia. + +Ya las nubes de la tristeza se rasgaban y difundían hasta +transparentarse en aquella mansión, poco antes de lágrimas y +sobresaltos, cuando la marquesa, que se había quedado en la cama aquel +día para restaurar un poco las fuerzas de su trastornada máquina, +puestas en los límites de la extenuación con los recientes sustos y el +anterior ajetreo de su larga peregrinación, sintió de pronto tales +espasmos, convulsiones y desfallecimientos, que pensó que su vida +terminaba en aquel trance, y lo mismo pensaron su atribulada hija y las +gentes que con ella acudieron a socorrerla. Por consiguiente, nuevos +apresuramientos, nueva irrupción de doctores, nuevas consultas y nueva +serie de larguísimas horas de angustias y sobresaltos para la pobre +joven, que, en aquella apuradísima situación en que se veía, se juró a +sí propia emprender la vuelta a Madrid por el camino más corto, tan +luego como los enfermos se hallaran en condiciones de ponerse en viaje, +si Dios no había decretado que le hicieran al otro mundo sin salir de la +cama. + +Pero también se resolvió en el mejor de los sentidos la crisis alarmante +de la marquesa; sólo que, al paso que el restablecimiento de su marido +llevaba trazas de ser completo y sin dejar el menor rastro de la +enfermedad vencida, el de ella caminaba paso a paso, y mal seguros, con +muchos tropezones y algunas caídas. Al fin, llovía sobre mojado, y en +cada nuevo embate de la enfermedad se llevaba ésta mayor tajada entre +las uñas. + +Durante la convalecencia de los dos enfermos, Leticia y Verónica, como +si quisieran resarcirse de los afanes y tristezas que habían sufrido +juntas como dos hermanas, mejor que como dos amigas, hablaron mucho, de +muchísimas cosas: de todo menos del príncipe ruso y de su duelo con el +subsecretario de Gobernación, y de Pepe Guzmán, que no asomaba por +ningún sendero a cumplir la palabra empeñada con Verónica. Entre tanto, +el tal subsecretario, el general y el periodista español, no se +apartaban un punto del marqués, que ya _estaba en voz_ nuevamente y +comenzaba a hacer pinitos parlamentarios. Estaba muy satisfecho del +interés que se habían tomado por su salud el canciller de acá, el +embajador de allá, un ministro del kedive de Egipto y cien eminencias +más que veraneaban por allí. Esto le confortaba y le reconstituía. + +Y hablando, hablando Leticia y su amiga, sacó la primera a relucir a don +Mauricio _el Solemne_. + +--Poco antes de llegar tú--dijo a Verónica--, se presentó aquí de +improviso; se encontró con nosotros al día siguiente; y como si le +hubiera contrariado el encuentro, aquella misma tarde salió para París. + +--¿Solo?--preguntó sonriendo Verónica. + +--Solo--respondió sonriendo también su amiga--. Porque por más que se +afirmó entre los maldicientes lo contrario, yo creo que nada tenía que +ver con él una dama muy aparatosa, de cierto pelaje, que le siguió muy +de cerca al marcharse, lo mismo que le había seguido al llegar. + +--¿Alta y rubia?--volvió a preguntar Verónica, recordando quizás las +señas de la de Interlacken. + +--Morena y baja--respondió Leticia. + +--¡Qué voracidad de hombre!--pensó la otra sin pedir ni dar más +explicaciones. + +Con los equipajes hechos, los convalecientes medio embanastados; en fin, +casi con el pie en el estribo ya para volver a Madrid los tres +expedicionarios de nuestra historia, dijo Leticia a su amiga al +despedirse de ella: + +--Sé que el banquero don Mauricio bebe los vientos por ti... ¿No te +gusta que te lo diga?... Lo siento, y perdona; pero escucha. Es un +_tipo_, bien a la vista está; pero tiene prendas que no puede ni debe +desconocer una mujer como tú. Por tanto, como buena amiga y porque te +quiero mucho, te aconsejo que si pide tu mano, no se la niegues. + +--Gracias--respondió la aconsejada, pagando con un beso en cada mejilla +de la consejera otros dos que ésta le había estampado en las suyas, con +las últimas palabras del consejo, como si hubiera querido pintárselas +allí para que no las olvidara. + +¡También Leticia! ¿Era aquello una burla o una pesadilla? El mismo +consejo que Sagrario, menos en lo referente a Pepe Guzmán. ¿Por qué esta +omisión? ¿Fue por ignorancia o por malicia? ¡Ah!, ¡de qué buena gana la +hubiera hecho ella entonces, y aun antes de entonces, por curiosidad, se +entiende, nada más que por curiosidad, una pregunta! «Vamos, Leticia, +con toda franqueza..., como si te confesaras conmigo, ¿hasta qué punto +llegaron tus _amistades_ con _él_?...» Porque era mucho lo que, de algún +tiempo a aquella parte, la mortificaba esta sencilla _curiosidad_. + + + + +XIII + + +La marquesa llegó a Madrid hecha una lástima; pero el marqués, como si +nada le hubiera pasado. Algo claudicaba del lado derecho, reparándole +bien, y se le torcía la boca al sonreírse, y un tanto desmemoriado se +encontraba en lo tocante a fechas y nombres propios; pero este levísimo +rastro de su pasado accidente se borraría muy pronto, como se habían ido +borrando otras huellas, harto más hondas, del propio mal. + +De muy distinto modo lo veía su hija, que, aun sin lo advertido por los +doctores de Spá, tenía en su buen entendimiento la luz necesaria para no +engañarse; y con esto, y con la evidencia de que el estado de su madre +era gravísimo, también; con las tristes deducciones que le resultaban de +estas innegables premisas; la relativa soledad en que se encontraba en +Madrid, a donde los apuntados sucesos la habían obligado a volver antes +de lo calculado, y, por consiguiente, hallándose todavía rodando fuera +de la patria todos los amigos de «su mundo»; la negrura de los espacios +a que la condujeron sus cavilaciones pertinaces, y, ¿por qué negarlo?, +hasta la ausencia del único hombre de fuste que en aquel caso pudiera +ser para ella un prudente consejero, y cuanto en este hilo de su +discurso fue ensartando la mano de Satanás, porque otra más honrada no +podía complacerse en hacer un rosario tan largo y de tan fríos +desalientos, llegó a apoderarse de la infeliz una verdadera melancolía; +siendo muy de notar que antes se le aumentaba que se le disminuía con +los cálculos risueños y los propósitos mundanos, que eran los temas +exclusivos de la conversación de los convalecientes con ella. La cual +tiene abnegación bastante para declarar sin rebozo en este pasaje de sus +_Apuntes_, que intervenía muy poco o nada su corazón de hija en la +manifestación de aquel fenómeno. No la impresionaban las ilusiones de +sus padres por el contraste que formaban con su certeza de que era muy +breve el espacio que las separaba de la sepultura de los ilusos, puesto +que no era el dolor de perderlos lo que sentía en sus temores de +quedarse huérfana a la hora menos pensada. El fenómeno era producto de +un trastorno nervioso, de un estado histérico, sometido al influjo de un +orden de sentimientos muy distintos: los enumerados ya, y un recelo +pavoroso de lo desconocido. Su afecto de hija no profundizaba más que lo +que da de sí el hábito de vivir en comunidad, no muy íntima, con otras +personas. Muy poco y bien triste le parece esto a ella misma; pero +tranquiliza su conciencia con la cuerda reflexión de que lo extraño +hubiera sido lo contrario, con una educación como la que había recibido +y unos ejemplos como los que le habían dado en su propia casa. + +Veamos qué cálculos y propósitos eran los que preocupaban a los +marqueses en los momentos en que todo el tiempo de que disponían debiera +parecerles corto para liquidar sus largas cuentas con Dios. Los de la +marquesa se enderezaban a dar a sus salones, en el próximo invierno, el +último barniz de que carecían para brillar entre los más esplendorosos +de la corte: quería construir un elegante teatro doméstico, en el cual +las damas y los galanes más distinguidos de la aristocracia +representasen lo selecto del repertorio... francés, en lengua francesa +por de contado. Esto era el colmo, por entonces, y aun creo que lo es +por ahora, del rumbo y de la distinción de los salones del _buen tono_ +madrileño. El intento, si se realizaba, costaría un sentido; pero ¿qué +tenía que ver ella con ese prosaico y vulgar detalle? ¿No era rica? ¿No +daban sus caudales para todo? ¿No era el intento noble y, amén de noble, +impuesto por la ley inexorable... «de las cosas»? Pues habría teatro +doméstico, y lindo y elegante, como el mejor de su especie; y para +lograrlo así y lo más pronto posible, conferenciaba a menudo con el +mismo arquitecto que le había trazado y dirigido las obras de su casa, y +con su hija para la formación, digámoslo así, de la _troupe_ +aristocrática que había de _debutar_ en él, a más tardar en la próxima +noche de Año Nuevo. Y bien sabido se tenían Verónica y su padre que los +intentos de la marquesa no podían traducirse en broma jamás. Siempre +fueron órdenes sus lacónicas frases, y leyes inapelables sus deseos. +Esto, en buena salud; ¡qué no sucedería cuando las molestias de la +enfermedad la obligaban a ser más antojadiza y exigente? + +En cuanto a los planes de su marido, casi está por demás advertir que no +salían del trillado campo de sus anhelos senatoriales. Cierto que le +constaba con toda evidencia que su senaduría era una de las de la +hornada que de un momento a otro lanzaría el Gobierno a los estantes de +la _Gaceta_; y sobre este importante preliminar, por tantos años +perseguido, nada tenía ya que temer; pero no se trataba de eso, sino de +algo que debía seguir inmediatamente al acontecimiento, como el +estampido a la expansión de la pólvora inflamada en un arma de fuego. +¿Cómo le celebraría él, cuándo y en dónde? ¿A qué y con quiénes le +obligaba esa distinción, que no por ser justa y merecida y aun algo +tardía, dejaba de haber sido piedra de toque de muchas y buenas +amistades... y de asombrosos temples de paciencia? + +Esto le preocupaba, y a este tema se redujeron sus conversaciones +familiares por muchos días. Al fin resolvió, sin que nadie se le +opusiera, que daría un banquete _de circunstancias_ en su propia casa, +tan pronto como los ausentes personajes volvieran a Madrid y entrara en +sus ordinarios quicios la vida política y social de la corte; y que en +ese banquete pronunciaría él un discurso, en el cual «quedara bien +definida su significación al lado del Gobierno de Su Majestad», y puesta +bien de relieve, con la autoridad de su ejemplo y la elocuencia de su +palabra, «la necesidad de robustecer el prestigio de los poderes +públicos con el concurso de todas las fuerzas vivas de todos los hombres +independientes y desapasionados del país, tan trabajado y maltrecho por +obra de todo linaje de mezquinas intrigas y de pasiones bastardas». + +Tal había de ser el tema de su _acto político_; y en desenvolverle, +pulirle y entonarle debidamente, creyendo como artículo de fe que había +de tener «inmenso alcance y altísima resonancia», se pasaba el buen +marqués las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio, +como el otro loco (y perdone su ilustre y bien acreditada fama la +comparación) con los libros de caballerías. + +Es de advertir, asimismo, que el banquete, no sólo había de celebrarse +en su propia casa, sino también disponerse y servirse con elementos y +accesorios de la casa misma; condición sabiamente acordada por el +marqués, que, contando con que no faltarían los obligados sahumerios de +la prensa al _menú_ y al aparato de la mesa, no quería ceder a un +fondista, aunque se llamara Lhardy, ni ese rayo de esplendor que +también cabía en el nimbo de su cabeza casi augusta. + +Ello es que pasando días y semanas; estando perjeñado el discurso y a +medio digerir; puestos en ejecución los planes de la marquesa y los +planos de su arquitecto, y por los suelos algunos tabiques de la casa; +en Madrid casi todos los encopetados _touristas_ veraniegos; cada hombre +político en su sitio; Verónica no tan aburrida ni nerviosa como a su +llegada; Pepe Guzmán bien perdonado de su falta, en virtud de razones +bien expuestas y mejor recibidas; la marquesa incapacitada de moverse de +un sillón en cuanto la sacaban, con trabajos, de su lecho, y el marqués +con su credencial de senador entre las manos, llegó el mes de octubre, y +con él la ebullición de la vida madrileña, quiero decir, la de la gente +de dinero y lustre en los campos colindantes de los placeres y de la +política; y llegando el mes de octubre, que era el que esperaba el +marqués con grandes ansias, dio por bien digerido su discurso, y +consagró todo el muy escaso que le quedaba sano a disponer el programa +de la fiesta. + +Dejemos por cosa innecesaria la historia de este parto laborioso, y +pasemos de un salto, que el lector dará con gusto, por lo que le abrevia +el camino, a los linderos del comedor de nuestro personaje, desde donde +podemos contemplar, sin ser vistos, el cuadro resultante de tantas, tan +profundas y tan conmovedoras cavilaciones, con lo demás que se siguió +como fin y remate de la fiesta. + +Como el banquete era político, aunque de otro modo le calificara el +marqués por pura modestia, no se dio asiento en él a las señoras. +Pasaban de cincuenta los comensales del otro sexo, rigorosamente +vestidos de sociedad, lo mismo que los criados que les servían los +manjares y los vinos, y figuraban entre los primeros las tres cuartas +partes de los ministros, incluso el presidente; los de ambos «cuerpos +colegisladores»; varios diputados de empuje, con grupito; la flor y nata +de los ancianos del senado; el Capitán general y el Gobernador civil de +Madrid..., y así sucesivamente; porque una cosa es que todos estos y +otros personajes estimaran al anfitrión en lo que verdaderamente valía, +y otra muy diferente los rumbosos festivales que sabía disponer en su +casa para prestigio de ella y regalo de sus amigos. Como de los más +estimados, inútil es advertir que no se quedaron sin cubierto aquella +noche ni Pepe Guzmán ni el banquero don Mauricio. + +Al tratar la prensa periódica al día siguiente de este suceso, grandes +cosas dijo de la magnificencia del cuadro, tal como aparecía en conjunto +a la vista del recién llegado observador, y grandes despilfarros de +incienso dedicó al buen gusto y a la riqueza de la ilustre familia; pero +preciso es confesar que por aquella vez, si los «órganos de la opinión +pública» pecaron de entrometidos y de aduladores, en manera alguna de +inexactos, como no fuera por quedarse cortos en sus reseñas y +ponderaciones. Fue aquel, en efecto, un alarde felicísimo de saber hacer +esas cosas por todo lo alto. Era el comedor lo que se llama «un ascua de +oro»; expresiva metáfora en que cabe cuanto el lector pueda imaginarse +en profusión de luces sobre lámparas y candelabros de ricos y variados +metales, vajillas estupendas, cristalería de inverosímil nitidez y +ligereza, vasos de porcelanas valiosísimas cargados de raras flores; en +fin, lo mejor entre lo más caro del profuso acopio de que se dio cuenta +en otro lugar de este relato, y lo adquirido después a peso de oro, +destacándose sobre fondos obscuros, salpicados de brillantes toques +metálicos, e interrumpidos en cada puerta por los desmayados paños de +las pesadas y ricas colgaduras. + +Bien poseído estaba el marqués de la suntuosidad del aparato escénico, +así como de la intachable corrección con que iban sirviéndose a sus +comensales los prodigios de su cocinero y los tesoros de su bodega; y +por estarlo tanto, andaba más atento a inquirir si ese mismo sentimiento +se traslucía en los gestos de sus comensales o en las palabras sueltas +del incesante rumor que henchía la estancia, que a responder +atinadamente a las frases con que algún colateral, creyendo acertar +mejor así, intentaba llevar su atención al asunto ocasional del +banquete. + +Desde muy temprano había sentido él síntomas premonitorios de estas +emociones. Inusitadas desconfianzas en su servidumbre, recelos +injustificables hasta de la habilidad de su envidiado cocinero, le +traían sin punto de reposo de un lado para otro y de acá para allá; +mortificaba a su familia con consultas impertinentes y con advertencias +pueriles, y aturdía a su ayuda de cámara pidiéndole prendas de vestir +que tenía a la vista o entre las manos. Jamás había incurrido en estas +vulgaridades de tendero rico el señor marqués, ni su familia le había +visto tan polilla ni tan desmañado. A ratos se encerraba en su despacho +y ensayaba a toda voz desde el sillón de su mesa, con la salvadera en la +mano, los párrafos culminantes de su discurso. Le salía tal cual; pero +le costaba mucho trabajo estamparle bien en la memoria. A la hora de +vestirse, la emoción crecía, la memoria se le embrollaba más, y los +nervios, vibrantes y desconcertados, no le permitían ejecutar obra +alguna con acierto, ni cortar lo más sencillo por donde señalaba. Pero +¿qué había de sucederle con el trajín de tantas horas y las +preocupaciones de tantos días, que le habían puesto la cabeza como una +zambomba en ejercicio? + +¡Cosa rara!: fueron menores sus desconciertos y más llevaderas sus +impresiones, en las proximidades del momento crítico, del instante que +más le deslumbraba a él cuando le consideraba desde lejos; y en cuanto +se sentó a la mesa del festín, era ya dueño absoluto de sus nervios, de +su memoria y de toda su ordinaria y olímpica serenidad. Algo de esto +pasa con todo linaje de peligros: parecen más imponentes cuando se +piensa en ellos, que cuando se arrostran. El hecho es que el señor +marqués, aunque muy débil de fuerzas físicas, entró en la batalla con +ánimo sereno y marcial talante. + +Ya hemos visto cómo se iba portando en ella. Pero faltaba el lance, el +episodio decisivo. También llegó, al sonar el primer taponazo del +Champagne. El presidente del Consejo de ministros, que ocupaba el +asiento frontero al del anfitrión, se puso de pie y con una copa en la +diestra, rebosando de espuma. Comenzaban los brindis. + +Aquí fue donde la naturaleza deleznable del marqués sintió ciertas +sacudidas eléctricas que le produjeron inevitables alucinaciones y +desfallecimientos. Eran de esperarse. ¿Qué cosas le diría aquel +«prócer, gigante de la palabra y de la política?» No fueron grandes ni +muchas, ciertamente: cuatro frases de cajón enderezadas a ensalzar los +merecimientos (que no enumeré) del ilustre anfitrión, para el cargo con +que el Gobierno, por un acto de estricta justicia, le había +recompensado; otras tantas de felicitación al Gobierno mismo por este +rasgo de cordura y de integridad de principios y una ligera alusión a la +robusta vitalidad del Gabinete, indignamente presidido por el +preopinante, merced a «su política salvadora» y, «ante todo y sobre +todo, a la ilimitada confianza con que correspondía a sus sacrificios y +desvelos la Corona». + +Sin cesar la indispensable salva de aplausos, se alzó el ministro de la +Gobernación. Dijo casi lo mismo que su presidente, pero con más sal y +pimienta. De ésta dedicó la mayor parte a las impaciencias del partido +que se juzgaba heredero inmediato del Poder. Era harto incisivo y mordaz +Su Excelencia; y por eso sus flagelantes alusiones al enemigo mortal +fueron recibidas con coros de carcajadas y con tempestades de aplausos. + +Creyó el Capitán general que era él a quien le tocaba remachar el clavo +con que el ministro de la Gobernación había fijado en la picota de sus +ironías al insidioso partido «que no reparaba en medios para lograr sus +impopulares fines», y se levantó casi airado, y, sin casi, marcial y +decidido, a declarar (olvidándose completamente del motivo fundamental +del banquete y de la presencia del rumboso obsequiante) que, mientras a +su autoridad estuviera encomendada la conservación del orden público en +su distrito, ¡ay del insensato que alzara en él siquiera un dedo para +alterarle! ¡Ay del temerario que se echara a la calle «con bastardos +planes» y los manifestara con una sola palabra, con un gesto siquiera! + +Lo cual obligó al ministro de la Guerra después de consagrar cuatro +piropos de cortesía al estupefacto anfitrión, a «fijar el alcance de las +patrióticas declaraciones, del Capitán general, añadiendo, por su parte, +que con un ejército tan leal y disciplinado como el invencible ejército +español, particularmente desde que estaba bajo su cuidado y vigilancia, +nada tenían que temer los poderes públicos, aun cuando hubiera partidos +(que no los había dentro de la legalidad) «capaces de pensar en locas +aventuras». + +Pero estaba allí el general Ponce de Lerma, conde de Peñas Pardas, y no +podía dejar sin réplica las declaraciones del ministro, aunque con las +salvedades a que le obligaban el motivo y la ocasión del _acto_ de Su +Excelencia. Bien estaba el intento de mantener el orden a todo trance, y +mucho mejor la confianza manifestada en la lealtad «jamás desmentida» +del ejército, base y garantía de la paz y del sosiego públicos, no +obstante el eterno trabajo empleado para corromperle por los que +intentan hacer de él instrumento de sus «bastardas y descomedidas +ambiciones»; pero había que tener en cuenta, ¡muy en cuenta!, que, en +determinadas ocasiones, un celo excesivo, imprudente, sólo conducía a +exacerbar las impaciencias y a despertar propósitos aún dormidos. En +fin, que no bastaban las buenas intenciones si no iban acompañadas de +una gran prudencia, de un juicio bien reposado y, sobre todo, de la más +completa idoneidad para el alto cargo que se desempeñaba. En cuanto a +que el ejército nunca hubiera estado mejor organizado ni regido que en +aquella ocasión, «lo negaba en absoluto»... + +Aquí terció el presidente del Consejo para encauzar, con el prestigio de +su investidura y la habilidad de su palabra experta, el asunto de las +peroraciones, algo desbordado por los irreflexivos entusiasmos de los +unos y por los descomedimientos apuntados, síntomas de otros más graves, +del implacable enemigo de todos los ministros de la Guerra. Lo que allí +se dijera había de trascender muy lejos, que para eso había periodistas +a la mesa; y era de necesidad, por tanto, que las palabras salieran +pesadas y medidas de la boca de los oradores. + +Pero aunque la intervención del presidente fue cortés y comedida, el +general no quiso añadir una frase más, en bien ni en mal, a las que +había pronunciado, y se sentó de pronto con los bigotes erizados y +enseñando los dientes, como un mastín después de haber llevado una +paliza. + +Borraron la impresión de este incidente los atildados e insubstanciales +brindis que le siguieron de los presidentes de ambas Cámaras. Los dos +graves señores, ajustándose estrictamente al carácter y al motivo +palmario de la fiesta, consagraron lo principal de sus discursos a mayor +honra y gloria del festejante, y lo accesorio, vago e incoloro, a la +política. Esto acabó de fijar el camino indicado por el presidente del +Consejo para los discursos de los comensales. + +Siguiéronle rigurosamente los pocos estómagos agradecidos que hablaron +después, hombres de corta talla política y de escasa significación +literaria; y ya se daba por terminada la serie, preparándose griegos y +troyanos a escuchar con la boca abierta la última, la más solemne de las +palabras, la que estaba obligado y dispuesto a pronunciar el héroe de la +fiesta, en cuyo aspecto se reflejaban harto claramente las hondas +impresiones que le combatían el espíritu en aquel trance de prueba, +cuando se levantó don Mauricio Ibáñez. Llevaba su correspondiente bomba +bien cargada, y estaba decidido a lanzarla en medio del concurso, con el +mismo derecho que el más obligado de los concurrentes: que fuera la +última de todas, corriente, y ya eso se lo había aconsejado su modestia; +pero dejar de lanzarla, ¿qué se diría de él? Representaba allí el +dinero, es decir, la fuerza de las fuerzas y la _energía_ de «las +_energías_ del país», y su voz, expresión sincera de su adhesión +incondicional al Gobierno, y de su amistad intensísima e imperecedera a +la familia del «prócer generoso» que le escuchaba, debía resonar también +en aquellos ámbitos. Así lo pensaba el banquero, aunque lo dijo de otro +modo con una copa en la diestra, y la zurda en la patilla de este lado. +Estuvo menos infeliz que de costumbre en el «meerooodeo» de recursos +oratorios para llenar su cometido. Sólo dos veces sacó a plaza a los +meeroodeadoores, y no llegaron a tres las en que necesitó agarrarse a su +muletilla para terminar un período. En el sahumerio a «la familia del +prócer», se elevó hasta lo épico; tanto, que no acertaba a bajarse. Pero +bajó, aunque maltrecho y desvanecido; y sentose, con aplauso de todos +los circunstantes. + +Y llegó el instante que esperaba el marqués, buen rato hacía, con +nerviosa ansiedad. Notaba sin extrañeza el pobre hombre que se le +reproducían los fenómenos internos que había sentido por la mañana, con +el concurso de otros que le eran enteramente desconocidos; y digo sin +extrañeza, porque todo aquel revoltijo de sensaciones y de desconciertos +le parecía poco, como obra de la extraordinaria situación en que se +hallaba colocado. Contaba con algo por el estilo al disponer el programa +del festín, y aun en los comienzos de éste anduvieron bastante ajustados +a la palpable realidad sus cálculos de tantos días; pero el vuelo +inesperado que tomaron las peroraciones de tantos y tan ilustres +comensales; aquel mezclarse los panegíricos de sus virtudes cívicas y +políticas, de sus altísimos merecimientos personales, con las cuestiones +más candentes de la actual gobernación del Estado, en boca de los +hombres que tenían en sus manos los destinos de la patria; aquel cielo +de esplendores y de gloria; aquella radiante apoteosis a que se le +elevaba de pronto y por tales gentes; todo aquello, que levantaba cien +codos por encima de sus cálculos, aunque no de sus «nobles ambiciones», +era más que suficiente para dar al traste con la serenidad de un +estoico, cuanto más con la de un hombre como él, tan trabajado por «los +acontecimientos» y hasta por los achaques y los años. Pero en una +naturaleza como la suya, estas impresiones, estos desconciertos, no +acusaban un estado patológico de los que minan y destruyen, sino un +aspecto del espíritu, de los que nutren y vivifican. + +Así discurría el «honorable marqués», en el momento de levantarse para +«ejecutar el _acto_», que le estaba encomendado, no sólo por su propia +iniciativa, sino por la situación en que le habían puesto los discursos +de los demás; y sino así precisamente, porque le bullían las ideas en el +cerebro con marcada incoherencia, con la intención de discurrir de la +misma manera, cuando menos. Notó al incorporarse que le flaqueaban las +piernas y que su mano torpe sostenía mal la copa que maquinalmente había +empuñado; lo cual no era de extrañar tampoco, porque, con el calor de la +sala, sentía la cabeza atolondrada y el pecho muy oprimido. Rehízose en +virtud de un gran esfuerzo de la voluntad, y logró colocarse en actitud +conveniente, y hasta dar a su persona el aire ceremonioso y teatral que +le era propio en idénticas situaciones; pero al decir la primera +palabra, notó con espanto que se le había olvidado por entero su +discurso, lo mismo que si se le hubieran borrado con una esponja en la +memoria. ¡Cosa más rara aún!: no encontró estampado en ella más recuerdo +que el de la huida del banquero de Interlacken, con la rubia que le +seguía de cerca; y de ese asunto iba a hablar, y de él hubiera hablado +inmediatamente, por una perversión instantánea de su juicio, como si esa +fuera la única idea que quedara en el mundo y para ventilarla se hubiera +congregado tanta gente en su casa, a no hallar en la lengua insuperables +dificultades de expresión. + +Esta novedad le causó tal alarma, que produjo en todo su organismo un +gran sacudimiento, despertósele con él, por un instante, la +inteligencia; vio a su luz la extensión y gravedad del apuro, y +crecieron con ello sus congojas. Observó que aumentaba la angustia de su +pecho, como si se le oprimieran verdugos con ligaduras de acero; que +«allá dentro» se formaba algo, como burbuja enorme, que se transformaba +en oleada de sudor frío, que intentaba subir, y subía; y pasar por el +istmo de la garganta, forcejeando allí para conseguirlo, porque no +cabía..., y pasaba también, pero sin cesar de pasar; que subía otro +tramo, y al llegar a los oídos silbaba y hervía y aporreaba; y que +subiendo, subiendo, se precipitaba con el estruendo y la fuerza de un +desbordado torrente, en las profundidades del cráneo... + +Entonces, los que contemplaban al marqués, esperando sus primeras +palabras, viéronle inclinar la cabeza hacia atrás, soltar la copa que +empuñaba su mano trémula, y, exhalando un alarido salvaje, desplomarse +en el suelo, sobre el cual rebotó su colodrillo pelado y reluciente, sin +que nadie hubiera podido recibirle entre sus brazos, porque entre los +primeros síntomas del acceso, tan fáciles de confundir con los de una +grande emoción, y la caída, no transcurrió mucho más tiempo que el que +transcurre entre el fulgor que deslumbra desde el seno de la nube, y el +rayo que mata. + + + + +XIV + + +Si el marqués pudo darse cuenta de que se moría cuando se estaba +muriendo de veras, y si, penetrado de esta idea, se conceptuaba +relativamente dichoso, porque le sorprendía la muerte en la más alta y +esplendorosa ocasión de todas las ocasiones de su larga y aprovechada +vida (muerte de guerrero ilustre, sobre el campo de batalla y bajo una +balumba de gloriosos laureles), cosas son muy difíciles de averiguar; +pero que si, después de muerto, se le hubiera permitido recobrar la vida +para contemplar la despedida que le hicieron sus deudos y amigos, otra +explosión de su vanidad hubiera vuelto a quitársela de repente, desde +luego puede afirmarse, conociendo, como conocimos nosotros, aquella +naturaleza que se nutría de oropeles y se emborrachaba con relumbrones. +¡Tales y tantos fueron los que se consagraron a honrar su memoria entre +los vivos! + +No cupo mayor pompa en el escenario en que se representan esas farsas en +honor de las notabilidades de alquimia, y todo se hizo ajustado al más +solemne y ostentoso ceremonial: la exposición del cadáver en la _capilla +ardiente_, entre largos blandones y negras colgaduras de tosca bayeta; +el triste clamóreo de la prensa periódica rindiendo «el último tributo +de justicia al _prócer_ insigne, al varón íntegro, al padre amoroso, al +ciudadano ejemplar, al celoso representante de la patria, al protector +generoso de las artes y de las letras, al orador de honrada palabra», +etc., etc., y haciendo la pintura de su muerte inesperada, con +descripciones minuciosas de lugares y accesorios, y con glosas y +comentarios de los elogios que momentos antes del triste suceso habían +dedicado al aún vivo personaje los hombres más «conspicuos» de la +política, de las armas, de las letras y de la banca; el simbólico +catafalco, cargado de emblemas y atributos, tocando casi en las bóvedas +del templo, entre una hoguera de luces sobre ricos y enormes +candelabros; las naves atestadas de «mundo»: allí los vistosos uniformes +de las más altas jerarquías políticas y militares; allí la severa +etiqueta civil, las gentes de la aristocracia y de los «salones +elegantes», y allí, en fin, en apretados grupos, las matronas del «gran +mundo» ricamente ataviadas de negro, con la mirada repartida entre el +devocionario y la concurrencia, agitando maquinalmente los abanicos +mientras, desde el coro, llenaba de resonantes armonías los ámbitos de +la iglesia, la mejor capilla de Madrid. + +El entierro no había sido menos ostentoso. Detrás del carro fúnebre, +teatral y ridículo artefacto, también el duelo, a pie, salpicado de +grandes uniformes; después, la interminable fila de carruajes, con casi +otras tantas libreas diferentes, desde las de los «cuerpos +colegisladores», hasta la de don Mauricio _el Solemne_; y, por último, a +uno y otro lado de la fila, otras filas más espesas y compactas de +curiosos desocupados, y en todos los balcones de la carrera más +espectadores y espectadoras en apiñados racimos. + +En el Senado, la obligada declaración de «profundó sentimiento», tras un +pomposo elogio de los méritos y virtudes del difunto, hecho por el +presidente. En el Congreso de Diputados, poco menos; y tomando motivo de +estos _actos_, nuevos ditirambos de la prensa periódica al «llorado +prócer». Por último, su retrato en la primera plana de _La Ilustración_, +con la correspondiente biografía un poco más adentro... y una elegía +elegantemente triste del poeta _Aljófar_. + +Tenía razón el buen marqués, creyendo que «a los _hombres públicos_ los +forman las circunstancias, _el hado_, un momento de la vida». Lo malo +para él fue que ese momento no le llegó hasta la hora de su muerte. +Pero del mal el menos: sí vivió sin levantar un punto sobre la talla de +los hombres vulgares, por morir a tiempo logró asociar a las vanidades +de su familia el esfuerzo de _la cosa pública_, para merecer los honores +póstumos tributados a los grandes hombres. + +Por eso dije al principio que si el marqués hubiera resucitado para ver +esto, hubiera vuelto a morirse de una explosión de vanidad satisfecha; y +añado ahora, que sin que alcanzara a evitarlo la reflexión (si por +ventura se la hacía, aunque bien a la vista estaba el hecho) de que +entre las grandes conquistas de su muerte no había una sola lágrima con +que humedecer la efímera hojarasca de su tumba. + +No hay para qué hablar del fúnebre aparato escénico a que obligaba, de +puertas adentro, la mal fingida pesadumbre de la familia. Lo que importa +para nuestro sencillo relato es saber que el ajetreo, más que la pena, +agravó por unos días la enfermedad de la marquesa, y que, pasado el +novenario y vuelta la vida a regularizarse, aunque dentro del nuevo +orden de cosas, los tertulianos de confianza quedaron reducidos, en +número, a los más íntimos de entre los íntimos, por expreso deseo de la +viuda, que debía quitar toda ocasión de profanar la santidad de sus +tristezas con recreos demasiado alegres... mientras no los autorizara la +costumbre; pero que, entre tanto, no quería verse sola. + +Entre los electos quedaron todos nuestros conocidos de la antigua +tertulia. En las primeras noches no se trataron en la reducidísima +asamblea congregada en el gabinete de la dolorida viuda, otros asuntos +que los que tuvieran alguna relación, por remota que fuese, con «el +inolvidable suceso»; verbigracia, su resonancia en la opinión pública; +este dicho o el otro comentario, en son de alabanza, por supuesto; los +funerales, el entierro, la estadística de los concurrentes, de los +carruajes y de las libreas; los pésames oficiales recibidos... ¡hasta de +Palacio!, los telegramas, las cartas, las tarjetas, los recados; cuántos +y cuántas, de quiénes y de dónde; las visitas, en cuerpo y alma, de este +Grande y de aquel senador, del ministro X y del general Z, de la duquesa +H y de la princesa J..., y así hasta el infinito; pues como «todo +Madrid» anduvo metido en el ajo, según resultó de la cuenta, ya hubo +paño en que cortar para entretenimiento de la viuda y no desagrado de la +hija; en modo alguno por honrar más la memoria del muerto, que les tenía +sin cuidado, sino porque con todo ello se halagaba la vanidad de su +familia, en lo cual estaban perfectamente acordes ésta y los +tertulianos, aunque no lo declaraban por derecho. + +Cuando se agotaron estos temas por cansancio, y porque se agotaron +también muy pronto afuera y adentro los motivos que les daban color de +actualidad, es decir, cuando la persona y la muerte y los pomposos +funerales del marqués se borraron, para siempre, de la memoria de los +vivos, la tertulia fue invadiendo poco a poco el terreno mundano; y +saqueando en él una noticia ahora y un escandalillo después, repartíase +todo como pan bendito entre los tertulianos, que hincaban los dientes en +la respectiva tajada, con el aguzado apetito de quien no le ha +satisfecho en quince días. La primera vez que se habló allí de +impresiones y aventuras del reciente veraneo, tuvo Verónica la +curiosidad de preguntar en crudo al banquero que cómo le habían sentado +las aguas de Interlacken para su dolencia, «cogida de repente en lo +alto de la calle de Alcalá». El hombre se puso verde y amarillo con la +pregunta; y ya se tiraba de la patilla para sacar la respuesta, cuando +Leticia acabó de atolondrarle afirmando muy seria que los aires de Spá +le habían sentado mucho mejor que aquellas aguas. + +Oír el general Ponce nombrar a Spá y no traer a cuento el desafío del +subsecretario con el príncipe ruso, era cosa imposible. Como que ese y +el de Peñas Pardas eran los únicos _encuentros_ en que se había hallado +en toda su vida. Describió el lance con gran lujo de pormenores; y +júzguese de la impresión que causarla en la tertulia el relato de un +suceso que era popularísimo en Madrid, con todos sus precedentes y +motivos. Leticia aguantó el golpe con la serenidad de una estatua de +piedra, con gran asombro del banquero, que se gozaba en el castigo que +hallaba su injustificada mordacidad con él, en la imprudente alusión de +su propio marido. + +En cuanto a Verónica, ofendido y todo por ella don Mauricio, no pudo +éste menos de admirar la destreza con que estuvo _al quite_ de aquella +feroz embestida del general, y sacó del angustioso apuro a su mujer, +llevando la conversación a otro terreno. En el cual se mencionaron los +sesenta mil duros perdidos en Baden-Baden por Gonzalo Quiroga, y los +_triunfos_ de Sagrario en las mismas _aguas_, y se discurrió largamente +sobre lo que acontecería después al elegante matrimonio, cuyo paradero +se ignoraba a la sazón, aunque se sabía que había estado también en +Constantinopla por exigencia terminante de Sagrario. + +De este aire y de este corte fueron los asuntos que ocuparon a los +contadísimos tertulianos de la marquesa durante muchas noches; y como +éstos eran pocos y rara vez asistían juntos, porque había que atender a +todo, y los modos de entretenerse allí tan limitados, el tedio llegó a +invadirlos y tuvo la marquesa que templar un tantico la rigidez de su +programa fúnebre, echando otra leva entre sus íntimos y tolerando en +casa ciertos recreos de poca baraúnda. + +En esto del tedio, hay algo que advertir por lo que toca al banquero, +por de pronto. No se divertía don Mauricio gran cosa que digamos; pero +de aquella misma insubstancialidad de conversaciones, de aquella +pequeñez de concurrencia, sacaba él atrevimientos y familiaridades de +que estaba muy necesitado para contrarrestar los invencibles titubeos de +su naturaleza. El haber sido testigo presencial de la muerte del +marqués, y hasta «la casualidad» de haberle «precedido», inmediatamente +«en el uso de la palabra», le proporcionaron motivos para entretener +largamente a aquellas señoras con minuciosos pormenores sobre el +lamentable acontecimiento, cuando no se hablaba en la casa de otro +asunto. Esto solo le envalentonó mucho y le despejó el camino por donde +fue aproximándose poco a poco al trato casi familiar con la viuda y con +su hija. Pensaba que tenía una gran «misión de consuelo» y hasta de +amparo que cumplir allí, desde que vio el buen éxito de sus fúnebres +narraciones, y ya se movía con desembarazo delante de Verónica, hablaba +con ella sin que se le atravesaran las palabras en el gaznate, y +dedicaba largos ratos a conversar con la marquesa en voz baja y, al +parecer, en la mayor intimidad. Por este lado, pues, el banquero no +tenía motivos para lamentarse de la insipidez de la tertulia. + +Harto más arraigado estaba e invencible parecía el tedio de Verónica. +Desde la muerte de su padre, o mejor dicho, desde que pasaron con los +primeros días siguientes a ella los estrépitos del ceremonial del duelo +y los trámites minuciosos de la preparación de los lutos, que le +tuvieron cautiva la atención, había vuelto a caer en aquellas tristezas +que le asaltaron de pronto al volver de su viaje de verano. Las causas, +según su propio discurso, eran las mismas de entonces, en lo +_fundamental_ del fenómeno; pero, según mi desapasionado entender y con +los autos a la vista, puede haber un error muy considerable en aquel +diagnóstico, por lo que toca a las _fuentes mediatas_ de la enfermedad. +En la primera invasión de ella declaraba la enferma que podía haber +contribuido mucho a su alivio la presencia del único hombre de fuste y +de consejo que conocía entre los amigos de su casa. En la recaída tiene +a este hombre a su lado, que se afana por entretenerla, que la aconseja +bien y lleva sus miramientos y delicadezas al extremo de olvidar, o de +aparentar que olvida, que hay entre ambos un duelo galante convenido y +aun comenzado. Nunca la conversación de Guzmán ha sido tan varia, ni se +le ha visto tan decidido a utilizar las provisiones de su memoria de +artista y los recursos de su juicio de filósofo práctico, para que no +decaiga el interés de sus relatos y comentos... Porque es indudable que +Pepe Guzmán está convencido, o parece estarlo, de que las preocupaciones +y tristezas de Verónica tienen el arraigo en el pasado suceso, en el +temor de otro semejante y en algo que se relaciona inmediatamente con +todo esto, que es lo mismo que la propia enferma acepta como fundamento +y origen de su enfermedad; y sin embargo, y mientras él la habla y en +tanto discurre por aquellas alturas, ella, con una impaciencia y un +disgusto que disfraza con síntomas de su desconcierto nervioso, va +pasando: «¡no es eso!..., ¡no es eso!» Y cuando él se despide, muy +ufano, ella se queda más contrariada; no porque vuelve a verse sola, +sino porque tampoco _entonces_ se la ha hablado de _algo_ de que +_debiera_ hablársela; «porque Pepe Guzmán tiene que convencerse de que +en la situación de ánimo en que ella se encuentra, no pueden interesarla +relaciones de casos _extraños_, por bien hechas que estén». Y Pepe +Guzmán suele responder a estas anhelaciones faltando dos y tres noches +seguidas a la tertulia. + +Con lo cual se exacerban los males de Verónica, que tienen su asiento en +la desarreglada máquina nerviosa, y _recuerda_, es decir, vuelve a +pensar que hay entre ambos un grave asunto pendiente, del que parece +haberse olvidado _él_, o lo que es peor, que trata de olvidarse; y +entonces juzga que su conducta es muy poco galante, quizás desleal, si +bien se mira. Hay en el caso hasta señales de menosprecio y desdén hacia +ella, y esto, esto solo, es lo que la desazona, en el estado de +irritabilidad en que se halla por un capricho de su naturaleza. Que se +reanude el litigio, que se ventile entre los dos, o que no se ventile +por completo; pero que se ponga en tramitación de nuevo, y eso esparcirá +muchos de sus nublados y dará alguna entonación al cordaje destemplado +de su máquina... Todo eso la debe el desertor, hasta por obra de +misericordia. ¿Llegará a pagárselo? Y si no se lo paga por buenas, ¿debe +reclamárselo ella... _de cierto modo_? ¿Autoriza esta conducta la +importancia de lo tramitado hasta allí? Y en caso negativo, ¿no se +encuentra ella en condiciones excepcionales que justificarían eso y +mucho más?... Se miraba al espejo, y veía las huellas de sus extrañas +melancolías en la palidez de su rostro, destacándose con doblada +intensidad sobre el fondo negro mate de su luto rigoroso; y como nadie +la oía, se confesaba a sí propia que valía más así, con su palidez +interesante, sin haber perdido la corrección y turgencia de sus formas, +que con la peste de salud y bienestar que se reflejaba antes en su cara. +Esto no podía desconocerlo Pepe Guzmán, que era hombre de buen gusto. +Además, a una mujer agobiada, como ella, por las tristezas, le era +sumamente fácil ir eslabonando, en la larga cadena de sus +preocupaciones, esbozados sentimientos de todas castas; apuntar +insinuaciones, conmover hasta con el acento y la actitud... Pero ¿no +resultaría esto ridículamente sentimental, impropio de una mujer de su +carácter y de sus precedentes, y no produciría, por tanto, el efecto +contrario al que se buscaba? ¡Tendría que ver un resultado así! +¡Cabalmente era Pepe Guzmán el hombre cortado para tomar en serio esas +farsas de los galanteos románticos del año treinta y siete! + +Pero algo había que hacer, si _el otro_ no lo hacía espontáneamente; +porque _aquello_ no podía quedar así, en la situación de ánimo en que +ella se encontraba. Antes lo necesitaba para satisfacción de su femenil +curiosidad; entonces le era indispensable para curarse de aquella +inquietud nerviosa que no admitía otra medicina y era un simple fenómeno +de su ridícula enfermedad. + +Tales son los hechos que arrojan los autos, en virtud de los cuales bien +cabe deducir, como antes afirmé, sin gran temor de equivocarse, que se +pudo engañar la enferma en el diagnóstico de su recaída, hasta el punto +de ver las cosas enteramente al revés de como pasaban. + +Y continúo ahora diciendo que Pepe Guzmán volvía a la tertulia tan fino, +tan cortés, tan elegante y tan buen mozo como siempre; tan atento, +deferente y cariñoso con Verónica; pero que del litigio pendiente con +ella, ni una palabra; y que Verónica, en quien se aumentaban las +impaciencias con las dificultades, llena de heroicos propósitos de +tirarle de la lengua cuanto más él la escondía, nunca hallaba ocasión de +practicarlos, por sus invencibles temores a salirse de la raya. + +Así fueron corriendo los días y las semanas y aun los meses; llegó a +ajustarse la tertulia, aunque siempre de confianza, a otro ceremonial +menos insípido, y casi bastó para ello la vuelta de Sagrario, que traía +impresiones que relatar, hasta de entrevistas con el Gran Turco, +mientras su marido, más gangoso que nunca, y alicorto y desvaído, como +gallo desplumado, apenas daba señales de lo poco que antes fue, para +sacar algunas veces de sus centros al solemne don Mauricio, que no se +desconcertaba allí tan fácilmente como solía; jugaban ya las cotorronas +al tresillo, y, con excepción de la música y del baile, se hacía allí a +todo lo del año pasado entre los íntimos, siendo la enfermedad gravísima +de la marquesa obstáculo que no estorbaba para nada, porque, de puro +sabido, nadie reparaba en él. + +Una noche, conversando Pepe Guzmán con su amiga, y cuando ya ésta +comenzaba a curarse de sus impaciencias mortificantes con la cuerda +reflexión de que no hay tesoro que merezca este nombre si cuesta +adquirirle más de lo que vale, con la serenidad y el aplomo de quien +cumple así lo establecido en un programa, hizo él malicioso y experto +galán punto redondo en los temas vagos que hasta allí le habían servido +desde algunos meses antes para entretener las displicencias de Verónica, +y la condujo de repente al terreno que tanto ambicionaba ella; quiero +decir, volviendo al símil tan repetido, que la retó de nuevo y que hasta +se puso en guardia. + +La retada sintió entonces una fuerte sacudida en lo más hondo y sensible +de su pecho, y algo como reacción de todo su organismo físico y moral; +chispeáronle los ojos, asomó la sonrisa a sus labios, y con la decisión +de un valiente avezado a jugarse la vida en esos lances, aceptó el reto +sin excusa y ocupó su terreno sin tardanza. Llegaron a cruzarse los +aceros; pero en el instante en que parecía que iba a empeñarse la lucha +con todo encarnizamiento, suspendió Pepe Guzmán sus acometidas, miró el +reló, tendió la diestra a Verónica, puesto en actitud de marcharse, y la +dijo con singular expresión de acento y de mirada: + +--Tenemos que hablar de estas cosas muy despacio. Hasta mañana. + +Y se marchó, tan fino, tan elegante y tan «correcto» como había entrado. + + + + +XV + + +En aquella memorable noche, ¡con qué lentitud corrieron para mí las +primeras horas de ella! Desde la muerte de mi padre me acompañaban a la +mesa dos solteronas, primas de él, y no muy sobradas de recursos, aunque +sí de bambolla: los parientes más cercanos que me quedaban por la rama +paterna, pues por la materna los había tan próximos y más abundantes, +según mis noticias, aunque yo no los conocí jamás, porque, también según +informes oficiosos, hubo invencible empeño en ello de parte de quien +tenía el deber de empeñarse en lo contrario. Pues comiendo conmigo +aquella noche las dos parientas mencionadas, estuve a pique de cometer +con ellas los mayores desatinos. Me sabía de memoria su fealdad, sus +presunciones y bambollas, su incurable fisgoneo, y estaba bien avezada a +sus bachilleradas y pegoterías, sin que nada de ello influyera +desfavorablemente en el sentimiento, de compasión más que de otra cosa, +que las pobres señoras me inspiraban; pero en aquella ocasión me +pareció, su fealdad insoportable, me repugnaba el buen apetito con que +comían, y me causaban escalofríos y convulsiones su voz, sus palabras y +sus ademanes. Sin poderlo evitar, las remedaba con mis gestos; y para +contradecirlas, que era en todo cuanto hablaban, remedaba también sus +voces con la mía. Las hubiera tirado con los platos de muy buena gana, y +no me diera por satisfecha sin arrojarlas a escobazos del comedor. + +»¡Y todo ello porque comían muy despacio, y hablaban mientras comían y +mientras descansaban entre servicio y servicio, creyendo las pobrecillas +que cuanto más hablaran y más comieran, mejor se acomodaban a mis +deseos; y a mí se me figuraba que por comer y por hablar ellas tanto, no +corrían las horas lo que debían correr, y correrían indudablemente en +cuanto cesaran aquella masticación inacabable y aquella charla +insufrible! + +»Consigno estas puerilidades para dar una idea de la tensión en que se +hallaba «mi curiosidad» desde que Pepe Guzmán, dejándome la noche antes +a media miel, se había despedido de mí «hasta mañana» para «hablar muy +despacio de _esas cosas_» ¡Y qué natural y sin trastienda me parecía a +mí aquel ansia por ver en qué paraba la porfía galante que yo tenía +empeñada (y era la primera en toda mi vida) con el hombre de más +prestigio entre las damas de aquel tiempo! + +»Terminó la comida en menos de tres cuartos de hora, aunque yo hubiera +jurado cosa bien diferente, y continuó la noche, a pesar de ello, +andando, para mí, a paso de carreta. + +Encerreme en el tocador, por segunda vez en pocas horas, y pasé largo +tiempo (que de esto sólo hubiera jurado yo que se trataba) consultando +con el espejo las innumerables combinaciones de _toilette_ que se me +ocurrían con los escasos elementos que me prestaba el luto, algo +aliviado, que aún vestía. ¡Cosa más singular! Cuanto más combinaciones +inventaba, más semejanzas iba hallando con las cataduras de mis tías. +Concluí por reírme de mis alucinaciones estrambóticas; salí del tocador, +y ayudé, sin ser hora todavía para ello, a arrastrar a mi madre en su +sillón hasta el saloncillo en que recibíamos las visitas. + +»Al fin, comenzaron allegar algunas de ellas: las viejas del tresillo; +después, los hombres que les hacían la partida; luego, la condesa viuda +de Picos Pardos, mi madrina, ¡gran charlatana!; en seguida, _Aljófar_, +«nuestro poeta», que ya nos tenía ensordecidos de oírle plañir elegías a +la muerte de mi padre, y cansados de atacarle el estómago de pastas y +_amontillado_; Leticia, con su marido... y el subsecretario de +Gobernación; Luzán de los Airones, caballero de la más preclara nobleza, +pero simple de remache; Sagrario, con un hermoso turco recién llegado a +la Legación de Constantinopla, al cual se permitió presentamos, +contraviniendo a las órdenes de mi madre, con la disculpa de que aquella +noche no era de tertulia _casera_, sino una de las tres semanales en que +_se recibía_, «con más o menos descaro»; tras esta pareja, otras gentes +más o menos simpáticas... En fin, todos menos _él_..., ¡hasta don +Mauricio Ibáñez, con una cantera de pedrería sobre su cuerpo, +reluciente, bruñido, acicalado e insinuante, como nunca le había visto +yo! De puro cumplido, le faltó muy poco para besar la mano a mi madre, +como los paladines de teatro. Conmigo fue un caramelo tierno. + +»Mientras la tertulia se rebullía sin orden ni concierto, yo andaba de +acá para allá, poco dispuesta a entretenerme con frivolidades de +corrillo o cumplimientos resobados. En una de estas evoluciones de +zigzag, introdújeme en el gabinete frontero, abierto de par en par, y +púseme a desarreglar cachivaches y muñecos que estaban bien colocados. +En esta ocupación me entretenía, cuando se me aproximó el banquero +ofreciéndome su ayuda. Le di las gracias con la menor sequedad que pude, +y me pidió la merced de un cuarto de hora para escucharle lo que tenía +que decirme. Me hizo estremecer la súplica. Yo debía barruntar algo por +el estilo en cuanto vi llegar al hombre a la tertulia tan cargado de +joyas y de alientos; pero no lo barrunté. El asalto ocurrió junto a la +chimenea del gabinete; es decir, a la vista de la mayor parte de los +tertulianos, y frente a frente del sillón de mi madre. + +»--Pues hable usted--le dije, apoyándome en el borde de la meseta de la +chimenea para quitarle a él hasta la tentación de sentarse. + +»Y «rompió a hablar» el hombre, a su manera, entre bascas y trasudores, +gemidos y apoyaturas; y habló así (a medir el tiempo con mis +impaciencias, más de dos horas), según el reló inmediato, los diez +minutos bien corridos de su instancia. Sin embargo, todo lo que dijo no +fue más que el prólogo de lo que pensaba decirme. Y de lo dicho deduje +que tenía un caudal «atroz», y una suerte _báaarbara_ para los negocios, +por lo cual esperaba acrecentar sus caudales hasta lo _absuuurdo_; que +no era el mismo hombre «tope a toope» con una dama como yo, que «cara a +caara» con el ministro de Hacienda «para plantear un asunto de sus +especulaciones... y tal y demás», y hacerse plaza y lugar entre los más +respetados en aquellas regiones y las circunvecinas, porque no todas las +gentes servían para todo; que si le faltaban prendas para brillar entre +las damas tanto como campaba en el «mundo financiero», no era esa una +razón para que él renunciase al propósito, bien honrado, de que lucieran +en gloria y bienestar de una mujer de su agrado, «de estas prendas y las +otras... y tal y demás», los esplendores de sus caudales; y que si no, +¿para qué los quería? Porque él podía ser ambicioso, pero no tanto como +hombre de sano corazón y de nobles miras. + +»Todo esto le comprendí; todo esto deduje de sus intrincados períodos, +y todo ello me dio bien claro a entender a dónde pensaba ir a parar por +aquel camino. ¡Eso sólo me faltaba! ¡Y en qué ocasión venía! ¡Estar +soñando con néctar de los dioses, y despertar con aquella melaza entre +los labios! + +»Yo no sabía qué hacer ni qué decir. Le felicité por sus caudales y por +sus honrados pensamientos, y traté de que no pasara de allí el asunto, +aparentando creer que aquello era todo lo que el banquero tenía que +decirme... Ocurrióseme también la idea de abreviar el suplicio dándome +por entendida de la _instancia_ y plantando en seco al exponente; pero +¿podía ser yo tan descortés con un hombre que no me había dado motivos +para ello? ¿Y no me exponía también a que él me diera una lección, hasta +de prudencia, afirmando que yo me curaba en sana salud, porque jamás +había soñado con temeridades como la supuesta por mí? No tuve más +remedio que resignarme a oírlo todo, cuando, deteniéndome en una de mis +acometidas para marcharme, me dijo, casi lloroso de puro dulzón y +suplicante: + +»--Falta la segunda y última parte de mi pretensión, o, mejor dicho, la +pretensión enteera. Le juro a usted que se la expondré en cuaaatro +palabras. + +»Y me la espetó, el condenado, en muy pocas más... ¡La misma con que yo +contaba! + +»En aquel instante vi entrar a Pepe Guzmán en el saloncillo. Este rudo +contraste acabó de desconcertar la máquina de mis nervios. Claro que yo +tenía que responder que _no_ a las terminantes pretensiones del +banquero; pero debía, siquiera, mostrarme deferente con sus buenas +intenciones; darle la píldora, eso sí, pero no sin dorársela un poco, y +para ello se necesitaba tiempo y serenidad, y hasta buen humor, y todo +esto me faltaba a mí: el tiempo, porque me urgía para asuntos más de mi +agrado; y la serenidad y el buen humor, porque no era posible poseerlos +en una situación como la mía después de haber recibido a quemarropa un +disparo como aquel. Adopté, pues, un temperamento mixto: el cumplido +ramplón, las _generales_ del _Manual de la joven pudorosa y bien +educada_, suponiendo que exista... «Me sorprendía la pretensión..., +carecía de precedentes..., hasta de merecimientos... El asunto era +gravísimo... aun para expuesto de aquel modo, cuanto más para tratado a +la ligera... A mí me iba bien con la vida que traía..., no había pensado +en abandonarla tan pronto... y, en fin, que ya se presentaría ocasión +más oportuna para hablarle yo del caso, con toda libertad y con mayor +franqueza...» + +»Con lo cual y una forzada sonrisa, el correspondiente ademán y la +disculpa de que me llamaban desde la sala, escapeme del gabinete sin +estudiar con los ojos la impresión que mis respuestas habían causado en +las profundidades del banquero. + +»Al pasar, noté que conversaban, en correcto francés, junto al piano +cerrado, Leticia y el hermoso turco; y en los pocos instantes que me +detuve con ellos, se acercó Sagrario a nuestra amiga, cuyo tipo +_componía_ admirablemente con el castizo oriental, para decirla en +castellano: + +»--Te recomiendo mucho que le trates como a cosa mía; pero no abuses. + +»¡Qué presentes tengo hasta las pequeñeces de aquella noche! + +»Pepe Guzmán me salió al encuentro con la misma serenidad y aparente +indiferencia que si no hubiera entre nosotros _lance_ alguno pendiente. +¡Y a mí me temblaba la mano al sentir el contacto de la suya! Hubiera +jurado en aquel instante que me daba miedo su compañía. Tal era mi +ofuscación, que ya comenzaba a darme un poco en qué pensar; y no es +extraño enteramente: al fin y al cabo, aquel _lance_ era el único +_aceptado_ por mí en todos los días de mi vida. + + * * * * * + +»¿Cómo empezó la escena? Hay que advertir que, con los preliminares +orillados ya, quedaba en ella muy poco asunto que ventilar: digo mal, +quedaban pocos trámites que seguir, porque el asunto, entero y +verdadero, estaba contenido en lo que faltaba por esclarecer. +Traduciéndole al lenguaje llano de la verdad, sin metafísicas ni +sentimentalismos; considerándole fría y prosaicamente _desde afuera_, se +trataba de que Pepe Guzmán me declarara que todos los elementos que él +creía necesitar para que se fundieran los convenidos hielos de sus +desilusiones, se reunían en mí, y de declararle yo, a mi vez, que en él +se hallaban las prendas que me obligarían a renunciar a mi propósito, +tan bien seguido hasta entonces, de no tomar en serio los galanteos. +Todo ello, expuesto así tan desnudo, resulta cursi, y hasta el detenerme +yo a declarar que lo es, pues por sabido debiera callarse; pero de algún +modo ha de saberse que otros toques, más cursis aún para referidos, como +lo de las condiciones que necesitaba él en una mujer para salir de su +escondite, y lo de las prendas de que había de estar adornado un hombre +para que yo me decidiera a quererle, etc., etc., ya se habían dado en el +cuadro con toda la premeditación y hasta el ensañamiento y la alevosía +que caben en un galán muy listo y escarmentado, y en una dama no tonta y +menos dispuesta a perder el tiempo en juegos insulsos. + +»Y a tal extremo llevo yo estos mis temores a lo cursi, que aun contando +con que cualquiera que estos _Apuntes_ les tendrá su alma en su almario +y sabrá dar a las cosas la necesaria luz y el apetecido temple, renuncio +a reproducir el diálogo literalmente, tal como lo conservo en la +memoria. Precisamente comenzó la escena por ahí; es decir, por +manifestarme Pepe Guzmán su convencimiento de que el lenguaje, como +expresión de afectos íntimos y delicados, que tienen su principal +incentivo en el fulgor de una mirada o en el contacto sutil de dos +epidermis, estaba todavía sin hacer; tanto, que, en su concepto, hablar +de lo que íbamos a hablar nosotros con los términos usuales del +diccionario vulgar, era como empeñarse en tejer hilillos del rocío con +palitroques sin pulir. Me pareció algo extremada la comparación, pero +también muy al caso; y por lo que en ella me correspondía, se la +agradecí de todo corazón. Por de pronto, nos dieron motivo estas y otras +sutilezas semejantes para entrar en materia por caminos poco trillados +por el vulgo de los que platican de amores; y este nuevo encanto tuvo +para mí aquella escena memorable. + +»Pero ¡qué diestro era el maldito en esta clase de empeños!, y yo, a +pesar de mi fama de insensible y de mi reputación de traviesa, ¡cómo me +dejaba conducir por donde él quería llevarme! Al principio su misma +frescura me desalentaba algún tanto, porque llegué a temer que en aquel +combate _a muerte_ no hubiera más ardimientos que los míos, y que +terminara por ir a clavarme yo, como una tonta, en la punta de su +espada; pero bien luego observé que me engañaba, cuando vi reflejada en +sus ojos, en su voz, en cada uno de sus ademanes, la elocuencia +fascinadora del lenguaje que no se habla ni se escribe, pero que se deja +leer y penetrar hasta lo más hondo de su sentido. Jamás había visto a +Pepe Guzmán así, ni, por consiguiente, tenido ocasión de estimar la +fuerza arrolladora que cabía en este nuevo aspecto de su trato conmigo. +Halleme, pues, desprevenida e indefensa en aquel inesperado trance de +prueba; perdí mi poca serenidad, y pareciéndome que el castillo no se +desmoronaba tan aprisa como lo querían mis desatinadas impaciencias, yo +misma puse mis manos en él, y me atreví a arrancar sus sillares, uno a +uno, hasta dejarle arrasado. El trabajo fue rudo, pero la conquista más +señalada. Los recios muros, que parecían inexpugnables, estaban +convertidos en escombros, el hielo proverbial se había fundido. + +»El conquistado paladín, al verme dueña y señora de su última trinchera, +reclamó el derecho de tomar el desquite en la que me restaba de las +mías, y reconocísele yo de buena gana. Comenzó el asalto; pero no +necesitó grandes esfuerzos, porque bien pronto me declaré rendida. + +»Entonces...,¡oh!, entonces, si mintió en lo que me dijo, no hay verdad +que valga lo que aquellas mentiras. Si todo era una comedia, ¡qué bien +la representaba! Pero, fuéralo o no para él, para mí era una hermosa +realidad de la vida la parte que desempeñaba yo en la escena con todo mi +corazón. + +»Y ¿a dónde íbamos los dos por la florida senda en que acabábamos de +encontramos como dos pastores de un idilio algo realista? Ni él me lo +había dicho, ni yo se lo había preguntado, ni, en honor de la verdad y +de la buena casta de mi ardoroso sentimiento, por no decir amor, se me +ocurrió semejante pregunta. En determinadas situaciones, nacidas de +circunstancias y precedentes como los que habían creado la nuestra, no +se discurre como en los trances ordinarios de la vida. Se aceptan a +ciegas para no retroceder... El paradero, Dios le sabe. + + * * * * * + +»Cuando hubo salido de nuestra casa el último de los tertulianos, me +llamó mi madre a su habitación. Estaba ya acostada gran rato hacía. + +»--Siéntate--me dijo en cuanto me tuvo delante--, y cierra esa puerta, +porque tenemos que hablar despacio sobre cosas que no deben ser oídas. + +»Extrañome la advertencia; pero cerré la puerta y me senté sin decir una +palabra. + +»--¿Sabes--me preguntó en seguida--, cómo ha quedado nuestro caudal a la +muerte de tu padre? + +«No lo sabía a punto fijo, aunque sospechaba que no debía de haber +quedado muy floreciente, y así se lo manifesté a mi madre. + +»--Pues no te equivocas--añadió--, aunque es difícil que adivines hasta +qué punto llegan las mermas de lo que habla, y el desbarajuste de lo que +nos queda. Una semana ha necesitado Simón..., mejor dicho, he necesitado +yo, para que él me ponga al corriente de todas esas cosas en que estoy +obligada a entender desde que falta tu padre. ¡Qué despilfarros, hija +mía, y qué barullos!... Lo que Simón dice: «aquí no se ha tratado más +que de pedirle dinero; grandes sumas, cada vez más grandes, sin pararse +a considerar que no siempre lo hay disponible, y que cuando no lo hay +así, el adquirido de prisa cuesta muy caro; y de este modo se van +eslabonando unas trampas con otras... hasta que se llega al punto a que +se ha llegado en esta casa». No vayas a creerte, hija mía, por esto que +te digo, que estemos a pique de salir a pedir el pan que hemos de comer +mañana; pero lo cierto es que el estado de nuestra fortuna es, +relativamente, muy grave; que llegará a serlo mucho más si no se le pone +luego el remedio que necesita, y que hay que decidirse a ponérsele, sin +la menor tardanza. + +»A mí se me ocurrían muchas cosas que decir a propósito de estas +juiciosas ideas de mi madre, que parecía no acordarse de que habían sido +sus enormes despilfarros la causa principal del desastre de que se +lamentaba. Pero seguí callando y oyendo, hasta ver en qué paraban sus +reflexiones y sus planes. + +»--Simón--continuó diciendo--, no sé si es todo lo leal y sencillo que +parece, o si de nuestro río revuelto ha logrado sacar las buenas +ganancias que se le ven, y otras mayores que, según dicen, están +ocultas; por de pronto, me consta que a tu padre le daba buenos +consejos, y que él no quería tomarlos en consideración: tenía el pobre +bastante bambolla, y esto le perdía. En dándole dinero abundante para +satisfacerla, ya todo le era igual... Pero vamos al caso: sea Simón lo +que fuere y valiendo lo que vale como inteligente administrador, no +basta él para lo que hay que hacer aquí; porque ese milagro no ha de +hacerse sólo con inteligencia, sino también con buenos puntales y con +cierto interés... En una palabra, hija mía: en esta casa se necesita un +hombre, rico, muy rico, que reemplace, no a Simón, sino a tu padre, en +la dirección de ella... ¿Me comprendes bien? + +»Creí comprender algo, que no me molestaba ciertamente, porque no estaba +reñido con el recuerdo que llenaba mi memoria e informaba entonces todos +mis pensamientos; pero, por si me equivocaba, respondí a mi madre que +no. Pareció algo contrariada con la respuesta, y añadió: + +»--Es necesario que te persuadas de que todo esto que te digo y lo que +aún he de decirte, y los cuidados que me preocupan, no tienen más objeto +que tu bien. Si de mí sola se tratara, muy distinto sería mi modo de +pensar... Es tan poco lo que me resta de vida, que, por escasos que sean +mis caudales, ha de sobrarme lo más de ellos... porque tengo el +convencimiento, hija mía, de que he de vivir muy poco tiempo, ¡muy +poco!, mucho menos de lo que tú te figuras..., y por lo mismo, me afano +tanto hoy; porque si me muriera yo dejando las cosas en el estado en que +se hallan, seria muy desdichado tu porvenir. El legado de tu abuelo no +alcanza a cubrir tus necesidades en el pie en que estás educada y has +vivido hasta aquí; y en cuanto a lo restante de nuestros bienes, tan +embrollado hoy, ¿cómo estaría mañana en manos de una mujer sin +experiencia y sin amparo? Porque tú, muerta yo, te quedarás sola..., +enteramente sola; y esto, aun con mucho dinero y grandes rentas, es muy +triste... En una palabra, hija mía, y para cansarte menos, ese hombre +que se necesita aquí, inteligente y rico, no ha de ser un administrador, +ni un asociado como otro cualquiera, sino tu marido. ¿Me entiendes +ahora? + +«Era lo mismo que yo había sospechado antes; y como no salía con ello de +mis dudas, dije a mi madre que continuara explicándose, si es que tenía +más que advertirme, como me lo iba temiendo yo; y añadió entonces: + +»--Tengo ese hombre inteligente y rico que tanta falta te hace. + +»Desde luego aposté en mis adentros a que no era el único que yo +aceptaría, y hasta supuse quién podría ser el que me proponía mi madre. + +»--No hace aún dos horas que me ha pedido tu mano--continuó aquélla, +viendo que yo nada decía. + +»Don Mauricio--apunté sin temor de equivocarme. + +»El mismo--repuso mi madre. + +»No me dio algo allí, porque, después de mi entrevista con el +pretendiente, ya no podía admirarme nada que fuera de la especie de lo +que le había oído a él; pero en la acogida que habían merecido a mi +madre sus pretensiones, no dejaba de haber motivo para sorprenderme, y +así se lo manifesté a ella. + +»--Contaba con eso--me replicó--, porque desde luego supuse que sería +una ofuscación suya lo de los grandes alientos que, según me dijo, le +habías dado en tu respuesta; pero también contaba y cuento con tu buen +juicio, con tu serenidad... y con el aprecio que has de hacer, por lo +mismo, del consejo de tu madre, que no puede desear para ti sino lo +mejor... + +»Aquí comencé yo a tomar la cosa por lo serio, y se entabló una porfía, +muy tenaz por mi parte; la cual atajó mi madre diciéndome con desusada +dulzura: + +»--Todo eso será verdad, y más que me cuentes; pero ¿y qué? ¿Serías la +primera mujer joven y hermosa, y aun noble y rica, casada con un Creso +feo... y hasta vicioso... y hasta ridículo, si quieres? De esto se ve +todos los días, porque hay muchos motivos y grandes razones para que se +vea... Quiero concederte todavía más: quiero suponer que tuvieras el +corazón interesado por un joven hermoso, discreto, noble..., en fin, lo +contrario enteramente de don Mauricio; y no quiero suponerlo, sino +creerlo, porque así es la verdad, o yo no tengo ojos en la cara; +supongo, pues, digo mal, creo que tienes el corazón interesado por un +hombre así..., por Pepe Guzmán, en una palabra... Pues mejor que mejor +para mis planes, y para tus conveniencias por consiguiente. + +»Aquí me asombré ya mucho más que antes. Conociolo mi madre, y continuó +así: + +»--Te lo repito y te lo demuestro. Los hombres como Pepe Guzmán, no +sirven para lo que tiene que servir aquí tu marido; y aunque sirvieran, +no querrían, porque los ejemplares de esa casta... no se enamoran para +casarse. + +»Me ofendió el dicho como debe ofender un bofetón. + +»--Eres una novicia todavía--añadió mi madre al notarlo--, aunque te +juzgas y te juzgan los que no te conocen tanto como yo, llena de +malicias y de experiencia. Yo soy vieja ya, y tengo de todo eso mucho +más que tú para estas cosas del mundo. No se enamoran para casarse los +hombres como Pepe Guzmán; y te añado que aun cuando éste quisiera ser +contigo una excepción de la regla, tú no deberías consentirlo. + +»--¿Por qué?--exclamé sin poderme contener. + +»--Por... varias razones--respondió mi madre muy serena y bajando más la +voz--. Y vamos a tratar este punto con toda franqueza, porque en él se +encierra toda la cuestión. Por de pronto, los hombres de cierta +pasta..., como la de _ese_, son una calamidad para maridos de las +mujeres a quienes han amado solteras: la razón es que los hábitos +adquiridos en el mundo en que han vivido los hace incompatibles con lo +que se llama, muy fundadamente, «prosa de la vida conyugal». Comienzan +por desencantarse y por aburrirse, y acaban por desviarse... Es ley +infalible: la cabra tira al monte... Y lo que digo del hombre de esas +condiciones, es aplicable a la mujer... de las tuyas. ¿Amas a Pepe +Guzmán? Pues ten por seguro que dejarías de amarle si te casaras con él. + +»--Pero, Señor--pensé aturdida al oír esto--, ¡también mi madre!... +Porque esta es la teoría de Sagrario... y la de Leticia, o yo no estoy +en mis cabales... ¿Es que hay algún mal espíritu encargado de conducirme +a donde yo no quiero ir? + +»--¿Te asombras?--preguntome mi madre, conociendo lo que me pasaba--. +Acaso no me haya explicado bien; porque en mis intenciones no hay motivo +para ello. Si te hubiera puesto el ejemplo de tus dos amigas más +íntimas, y de tantas otras que conozco y que conoces lo mismo que yo; si +te hubiera dicho: «te conviene para marido el hombre que te he +propuesto, por lo mismo que es raro y tiene vicios y mala fama; o lo que +es igual, todo lo que necesita por pretexto una mujer de mundo para +lograr de casada, con _cierto derecho_, lo que no le es lícito a una +soltera»; si hubiera pretendido yo que aceptaras al banquero antipático +para sostén y pantalla de debilidades y caídas con los galanes de tu +gusto; si fueran estas mis intenciones al decirte lo que te he dicho, +tendrías razón para sorprenderte; pero se trata de cosa muy distinta y +más honrada. Don Mauricio es hombre _del día_; entiende sus +conveniencias, y por ello respetaría las tuyas..., porque tú no habías +de pretender nada que no fuera _usual y admitido_ entre las mujeres de +tu rango; y como no le amas ni puedes amarle, no hay que temer en ti los +desencantos ni las terribles consecuencias que éstos traen en los +matrimonios por amor. Por añadidura, serás libre y considerada, y +tendrás quien guarde y prospere tu hacienda, y te mantenga en la +abundancia que necesitas para vivir sin contrariedades ni privaciones. +Esto quiero para ti; esto puedo proporcionarte, y con esto te brindo... +¿A qué respetos falto, ni a quién ofendo con ello? + +» ¡A qué respetos faltaba!..., ¡a quién ofendía con ello! ¡Y a mi se me +amontonaban en tropel las respuestas que estaban reclamando aquellas +preguntas inconcebibles en labios tales; corolarios artificiosos, o, +cuando menos, muy mal deducidos de unas teorías repugnantes a mi +naturaleza de mujer de honradas inclinaciones y a mis sentimientos de +enamorada! Y pude dominar mi indignación, por respeto a las intenciones +de mi madre, que no eran, que no podían ser las que cualquiera tendría +derecho a leer en la letra descarnada de sus precedentes advertencias, +encomios y recomendaciones; cualquiera menos yo, que conocía hasta qué +punto cegaban a aquella señora las pompas y vanidades del mundo, y con +qué facilidad transigía con los riesgos más graves, si la costumbre los +autorizaba y si sus planes de bambolla los pedían. «¡Dinero, dinero a +todo trance, y mundo esplendoroso en que lucirle! «Este venía a ser, en +substancia, el objeto, el fin, la aspiración única, y hasta la religión +de mi madre, y por eso, creyendo de buena fe que en ello trabajaba por +mi felicidad, al ofrecerme por marido a don Mauricio, intentaba, con +tan poca prudencia, desvanecer los escrúpulos que yo tuviera para +aceptarle. + +»Respondí, pues, lo menos que pude; pero aun así, estuve dura con ella. + +»Continuó la entrevista un buen rato todavía, hasta que me dijo: + +»--No puedo más, hija mía. El hablar me fatiga mucho, como ves, y las +molestias y los dolores se me agravan. Estoy hecha una ruina..., vivo de +milagro, no hay que darle vueltas... Dejémoslo aquí por hoy; y ahora, +recógete... y medita; pero con serenidad, con todo tu discernimiento. +Pésalo y mídelo todo bien... y ya verás cómo, al fin y al cabo, vamos a +estar de acuerdo. + +»¡Qué horas las de aquella noche, Dios mío! ¡Y yo que, muy pocas antes, +esperaba encontrar en ellas los más regalados sueños de mi vida! + +»¡Que pesara..., que midiera!... Y ¿en qué otra cosa que en pesar y en +medir lo que mi madre quería, podía yo emplear aquellos siglos de +tinieblas en la tortura de mi lecho? + +»No es para descrita, por su complicación y colorido de pesadilla, mi +batalla mental; pero merece apuntarse el hecho de que cuando las +primeras claridades del alba vinieron a orientarme en el antro y a +desvanecer las últimas visiones de mi enardecida fantasía, sobre el +montón de ruinas a que en ella habían quedado reducidos los abigarrados +ejércitos de fantasmas, comencé yo a levantar los cimientos de otro plan +que pensaba poner en obra muy en breve. + +»¡Que Dios le libre a un hombre de bien de que se ponga en tela de +juicio su derecho a la camisa que lleve puesta; porque con eso solo, +está en muy grave apuro de perderla! + + + + +XVI + + +Se sorprendió mucho mi madre cuando entré en su habitación a saludarla. +Contaba con hallarme en el temple en que me había despedido de ella la +noche antes, y me veía tranquila y sosegada, como si nada me hubiera +pasado. + +»--¿Has dormido bien?--me preguntó. + +»--Muy bien--respondí tan ufana como si fuera verdad. + +»--Luego no has meditado... + +»--Ha sobrado tiempo para todo. + +»--¡Yo he pasado muy mala noche! + +»--Y debía ser cierto, porque parecía un cadáver; pero, así y todo, dudo +que su noche fuera más mala que la mía. Díjela que lo sentía en el alma, +y me preguntó, sonriendo a la fuerza: + +»--Y ¿qué has resuelto? + +»--Esperar. + +»--¿A qué? + +»--A lo que resulte del plan que yo también he formado. + +»--¡Has formado un plan? + +»--¡Yo lo creo! Y ¿por qué no había de formarle? + +»--Efectivamente:¿por qué no habías de formarle? Y ¿va a ser obra larga? + +»--Pienso que sea muy breve. + +»--Más valdrá así. + +»Muy poco más que esto hablamos entonces. Antes de almorzar, envié, bajo +sobre cerrado, una tarjeta a Pepe Guzmán, con el ruego de que no faltara +por la noche a mi casa. Este trámite era del programa formado por mí. Un +detalle que recuerdo bien: al escribir en la tarjeta lo poco que +necesitaba, anduve tanteando fórmulas hasta encontrar una en que no se +diera tratamiento alguno a mi _amigo_. ¡Y de qué buena gana le hubiera +tuteado! Pero la noche antes había quedado nuestra _amistad_ en el punto +en que el _tú_, aunque se impone ya, todavía asoma con mucha timidez a +los labios. + +»Durante el día me hizo mi madre muchas insinuaciones acerca de la +naturaleza de mis planes; raterías que se caían de inocente, para +tirarme de la lengua. ¡A buena parte venía! + +»Como las horas se me hacían eternas en casa, salí en carruaje con una +de mis tías, mientras la otra se quedaba acompañando a mi madre, no sé +cuántas veces, a comprar cosas que no necesitaba y a visitar iglesias en +que ni rezaba ni leía. Y lo cierto es que mejor estaban mis negocios +para encomendados a Dios, que para otra cosa. Pero andaban, a la sazón, +mis pensamientos tan a flor de tierra, que no se me ocurrió elevar una +súplica al único juez que podía fallar _en justicia_ el pleito que me +desvelada. + +»En estas idas y venidas, cuidaba mucho de no encontrarme con gentes +conocidas, o de fingir que no las había visto, si el encuentro era +inevitable. ¡Y cuántas de ellas vi! Parecía que el diablo se empeñaba en +ponérmelas delante y que se había encarnado en mi tía; porque, como si +no me acompañara para otra cosa, no cesaba de apuntármelas con el dedo, +ni de exclamar: «¡Mira Fulano!» «¡Mira Menganita!...» «Casa-Vieja te +saluda...» «Agur, Ramiro». ¡La hubiera arrojado por la ventanilla de muy +buena gana! + +»Llegó la hora de comer, y comí tan poco como la víspera, porque aunque +los motivos eran diferentes, la mortificación de las impaciencias que me +desganaban era la misma un día que otro. También me encerré en mi +tocador en cuanto me levanté de la mesa: igual que el día antes; pero +esta vez no fue para estudiar en el espejo afeites ni aliños que me +embellecieran, sino para afirmarme en mis ya bien firmes propósitos, +dando un repaso mental a lo que me tocaba hacer y decir para +cumplimiento de la más delicada e interesante cláusula de mis planes. + +»En fin, y viniendo a lo que importa, a la hora acostumbrada llegó Pepe +Guzmán a mi casa. Como no era noche de tertulia, había en ella muy poca +gente; y yo, sin pararme a considerar si faltaba o no a «las +conveniencias», y atenta sólo a lo que me interesaba, le conduje al +gabinete mismo en que el banquero «se me había declarado»; elegí un +sitio en él donde pudiéramos hablar sin servir de espectáculo a la gente +del saloncillo; senteme allí, y roguele a él, con una mirada y un +golpecito con la mano en el sillón inmediato, que se sentara también. +Sentose; clavó en los míos sus ojos, dulces y elocuentes, como si en +ellos quisiera mostrarme estampado todavía el idilio de la noche +anterior..., y me encontré sin ánimos para decir la primera palabra. +Todas las fuerzas con que contaba para llevar a cabo mis proyectos, me +habían faltado de repente. Sentí vibrar y conmoverse dentro de mi algo +que era como la luz y el estímulo de la vida, y mis flaquezas de mujer +hicieron una de las suyas, llenándome los ojos de lágrimas y el pecho de +sollozos, que a duras penas logré sofocar. + +»Viéndome así Pepe Guzmán, tomó una de mis manos entre las suyas; y +envolviéndome en una mirada, que fue para mí lo que el rayo de sol para +un cuerpo aterido, díjome con expresión y acento de cariñosa ironía, +disimulo evidente de otras impresiones muy distintas: + +»--Aquí pasa algo muy grave, por las señas de esas lágrimas después de +tu recado de esta mañana... Veamos lo que es...; se entiende, si me es +lícito saberlo. + +»Rehíceme casi en el acto, por empeñarme en ello, antojándoseme que +tenía algo de ridícula aquella crisis histérica; volví a recobrar la +resolución perdida; y retirando mi mano de las de Guzmán, con el +pretexto de necesitarla para enjugarme los ojos, dueña ya de mi +serenidad, enterele de todo lo que ocurría..., de todo no, puesto que +omití lo del parecer de mi madre sobre los casamientos por amor. + +»--Mientras hablaba, iba observando yo el efecto de mis palabras en el +atento escuchante.--También este trámite estaba apuntado en el +programa.--Ni un músculo se contrajo en todo su cuerpo, ni el menor +gesto alteró la expresión serena de su semblante. Como si se tratara de +una historia del otro mundo. + +»La que yo le relataba, no podía tener en mis labios más que un objeto +solo: el de dársela a conocer como una desventura mía, necesitada del +dictamen sesudo y de los consuelos cariñosos y _desinteresados_ de «un +buen amigo». Mi derecho no alcanzaba a más..., ni siquiera a disminuir +un poco los motivos que yo tenía para sentir allá dentro, muy adentró, +el frío de aquella inalterable serenidad, por más que este detalle fuera +suceso previsto como _posible_ en mi programa. + +»Después que se enteré de todo, me preguntó, sin abandonar su expresión +de irónica afabilidad: + +»--Y ¿por qué te has apresurado tanto a informarme de ello? + +»--Porque es caso de urgencia--respondí--, y necesito un consejo. + +»--¿Precisamente el mío? + +»--Precisamente el tuyo (¡con qué gusto usaba ya este pronombre!); pero +el tuyo sólo, entiéndase. + +»--¿Por pura curiosidad? + +»--Para seguirle al pie de la letra..., a ojos cerrados, sea cual fuere. +Lo he jurado así. + +»--¡Pobrecilla, y con qué decisión me lo dice! + +»--Como todo cuanto te he dicho y prometido. + +»--Mira que si me arguyes de ese modo, vas a hacerme perder la cordura +que necesito para que el consejo sea digno de quien me le pide. + +»--Pues venga pronto el consejo..., porque no respondo de mí. + +»Omito, en obsequio a la brevedad, la _ortografía_ que usábamos mi +interlocutor y yo para este lenguaje hablado. De la intención de lo +escrito aquí en determinados pasajes, se desprende con harta facilidad. + +»Vuelta a _enjuiciarse_ la escena, continuó de este modo Guzmán: + +»--Según me has dicho, es grande el empeño de la marquesa... + +»--Hasta el entusiasmo. + +»--Y tú, por tu parte, sin contar con extraños auxiliares, ¿no has +hallado en la repugnancia que la idea de ese casamiento pueda +producirte, fuerza de convencimiento y resolución bastantes para +resistir? + +»--Repugnancia y convencimiento, y fuerza y decisión para resistir tuve, +y todo lo empleé inútilmente. + +»--No lo entiendo, tratándose de en carácter como el tuyo. + +»--Pues con todo eso y algo más, que no es de este momento y me llega +muy al alma, me di a cavilar anoche..., ¡qué horas aquéllas, Virgen +santa!..., y cavilando sin cesar, y pensando y midiendo, como quería mi +madre..., ¡que Dios te libre, de la tentación de pensar _demasiado_, +cuando necesites decidirte pronto y a tu gusto! Yo ya no sé a qué +atenerme sobre ciertas cosas; qué se entiende por bueno ni qué por malo; +si el error está en mi modo de ver, o en la manera de conducirse los +demás; si soy yo la mala cuando pienso que obro bien, o si son ellos los +buenos cuando me parecen una canalla; cuál es lo noble ni cuál es lo +vil. Decídelo tú, que ves mejor en esas confusiones que a mi me ofuscan; +y lo que decidas, eso haré. Ya sabes que lo he jurado. + +--Aplaudo esos alientos--me dijo Guzmán entonces, sonriendo, pero no tan +impávido como aparentaba--, porque, o yo me equivoco mucho, o has de +necesitarlos muy pronto. Y vamos ahora al consejo. Un enamorado de estos +de la turba multa, digámoslo así, de _pensamientos levantados y +cristianos procederes_, al oír a su dama llorar cuitas como las que tú +me has confiado, y al pedirle ella el consejo que tú me has pedido, +tocaría el cielo con las manos; la negaría hasta el derecho de dudar en +tal conflicto, porque entre la exigencia del _tirano_ y los mandatos del +amor, nunca vacilan los que bien aman, y acabaría la escena por +decidirse _ella_ a arrostrar el hambre, las mazmorras y aun la muerte, +antes que consentir en _ser de otro_, y por jurarla _él_, viéndola tan +firme y tan constante, que con los dientes sabría arrancar los clavos +mismos de las puertas que la encerraran. Pero en nuestro mundo, hija +mía, pasan las cosas de muy distinto modo que en el mundo de aquellos +inocentes: hay otros móviles y otros fines, otras luces y otros +horizontes; y tú y yo, si bien nos miramos, en nada nos parecemos a los +enamorados de mi ejemplo... En virtud de lo cual (que yo te explanaré, +si lo deseas), y en vista de lo que arrojan los autos de tu pleito, es +mi parecer, hijo de mi larga observación en ese linaje de conflictos, y +muy principalmente del interés que tengo en tu felicidad, tan eslabonada +con la mía, que te avengas a los deseos de tu madre y aceptes la rica +mano que te ofrece don Mauricio. + +»¡Esto si que no estaba previsto en mi programa! Que Guzmán no me +abriera las puertas de su casa al saber lo que me ocurría, previsto como +_posible_ lo tenía yo; pero que él mismo me empujara hacia la casa del +banquero, eso ya no cupo en mis presunciones. Pues bueno: con este +desencanto y todo, que me dolió como una puñalada en el corazón, no +sentí esas sublevaciones de la «dignidad ofendida», que tanto juegan en +las pasiones de teatro. Sería así la calidad del hechizo con que me +había fascinado aquel hombre; sería un milagro de la fe con que le oía, +o un contagio de la peste que respiraba..., yo no sé lo que sería; pero +así sucedió, y así lo confieso, aunque se tenga el caso por absurdo... +¡Absurdo! ¡Como si hubiera algo con lógica en los enredos de la farsa de +nuestra vida! + +»Conoció el desengañado consejero la honda impresión que produjo su +descarnado consejo, y acudió solícito a templarla, a intentarlo, mejor +dicho, con una detenida exposición de razonamientos que me es imposible +reproducir aquí al pie de la letra, por falta de memoria para tanta +minuciosidad; pero cuya substancia, que recuerdo bien, y no debe +omitirse en este pasaje de la historia de mi vida, era la siguiente: + +»Si el matrimonio no fuera más que una carga de sacrificios y un +palenque de proezas, donde un caballero demostrara a cada instante la +firmeza del amor que sentía por su dama, él, Pepe Guzmán, por remate de +nuestro idilio de la víspera, con lo que acababa de contarle yo o sin +ello, se hubiera apresurado a implorar de mí el mismo favor que con tan +rendidas ansias había implorado el banquero para sí. Pero no había que +olvidar quién era yo y quién era Pepe Guzmán; en qué _medio_ nos +habíamos formado; a qué costumbres estábamos hechos; qué mecanismo era +el de nuestro mundo, y por qué leyes se regía. Y teniendo esto presente, +ni él ni yo podíamos desconocer que había en aquella patriarcal unión, +por las condiciones esenciales de ella, un riesgo gravísimo en que +indefectiblemente habíamos de caer nosotros. Si tomábamos el trance por +lo serio, con todo su formulario de procedimientos ejemplares y +virtuosos, el hastío era inevitable. Si por huir de él faltábamos a +aquellas santas reglas de los _perfectos casados_, y conveníamos en que +cada cual campase por sus gustos e inclinaciones, apuntarían entre +nosotros las desconfianzas y las discordias, y con ellas los resabios +groseros de la _bestia_, que, aunque se tapan y se doman, no se extirpan +con la educación de la inteligencia. En ambos casos, el desprestigio de +un cónyuge a los ojos del otro, y, por consiguiente, el desamor y la +antipatía, cosa de muy mal gusto; y nosotros, nacidos para caer de muy +alto en la locura de escalar el cielo, no debíamos morir de aquella +prosaica y terrena enfermedad. + +»Muy bien dicha me pareció la parrafada, pero muy poco conveniente para +mí, que era la mosca de estos ditirambos de la araña. Aun acomodándome a +ciegas a los propósitos que se transparentaban en la disertación; aun +dando por bueno y por _elevado_ (¡que no era poco dar!) todo lo que por +elevado y por bueno daba él, ¿cómo se compaginaban aquellas +sublimidades que me predicaba, con la prosa del banquero, que me ofrecía +como una necesidad? No le apuró gran cosa el reparo...; verdad es que, +quizás por llamar mi atención hacia otra parte más risueña, puso, como +introito de su réplica, la extensa genealogía de su amor, con +entretenidos comentarios sobre las diferencias esenciales entre el modo +de nacer y desarrollarse la _pasión_ que le había vencido, y los +agradables _entretenimientos_ que hasta entonces habían sido la única +necesidad de su corazón; y como si hubiera adivinado mis «curiosidades» +y se anticipara a satisfacer mis deseos, él mismo trajo a la colada +algunas historias que a mí me interesaba conocer _en toda su verdad_: +pecadillos sin malicia las más de ellas; rumores sin fundamento serio +las restantes, como _lo_ de Leticia, por ejemplo... Pues le creí, así +como suena..., ¡yo, que tantas veces me había reído del candor de otras +mujeres en casos parecidos!... Si no hay que darle vueltas: el corazón +humano, «que nunca se engaña», es un odre henchido de equivocaciones en +cuanto se apasiona un poco. + +»Con esto, cuando llegó la ocasión de replicar a mi reparo, ya estaba yo +mejor dispuesta a comulgar con ruedas de molino. ¡Bien lo sabía él! +Despachose a su gusto derrochando primores de sofistería apasionada, +esbozando proyectos, suavizando asperezas, dulcificando amargores..., en +suma, exponiendo y sustentando, pero con nuevas _razones_ y los más +peregrinos vislumbres, la sempiterna _teoría_..., la de Sagrario, la de +Leticia, la de mi propia madre; la que, desde la noche anterior, +_sentía_ yo en el aire que respiraba y en los rumores que oía. Sólo +faltaba que me la repitiera _él_, y ya me la había repetido, sin que +tampoco al oírla yo brotar de sus labios, trémulos por la pasión, +saltaran a mi rostro «las lavas del volcán de mi dignidad ofendida». El +mal espíritu me ataba de pies y manos para que fueran inútiles mis +instintivas, resistencias. + +»--¿Esa es tu última palabra?--pregunté, por conclusión, a Pepe +Guzmán--. ¿Te ratificas en ella? ¿Estás bien seguro de que el consejo +que me has dado es el que yo debo seguir? + +»--Es mi última palabra--me respondió con la mayor entereza--; en ella +me ratifico, y estoy seguro de que el consejo que te he dado es el que +nos conviene que sigas. + +»--Pues yo voy a cumplir mi juramento de seguirle _al pie de la +letra_--, dije levantándome de pronto y sin saber si lo que sentía +dentro del pecho entonces era el impulso de la decisión que me +arrastraba, o el latir de un corazón dilacerado. + +»Con la vehemencia con que se toman siempre las grandes resoluciones que +pueden fracasar si se meditan mucho, entré en el saloncillo y busqué a +don Mauricio, que con otras personas estaba haciendo la tertulia a mi +madre en el gabinete frontero al en que yo había conversado con Pepe +Guzmán. Me curaba muy poco de que pudiera llevar en la cara las huellas +de la tempestad que aún no se había calmado dentro de mí; me era +indiferente que mi casi encierro con aquél hubiera o no chocado a los +demás tertulianos..., ¡pues podían venírseme con melindres de beata los +que me estaban enseñando a pactar con el demonio para venderle la +conciencia! Yo no veía más que los fantasmas de mi pesadilla, y, por el +momento, a aquel hombre ridículo que acompañaba a mi madre. ¡Cielo +santo! _Por allí_ tenía que pasar yo para llegar a donde mi destino me +arrastraba; y pasar por allí, por aquel, hombre, aunque no fuera más que +_pasar de largo_, era, para una mujer de mi estómago, ir al patio de una +cárcel, a la picota, a los cubiles del circo..., a las fieras mismas. + +»Llamele aparte en la primera ocasión de ello que tuve, y le cité para +el día siguiente, después del almuerzo. Lo inusitado de la cita y de la +hora, movió en alto grado su curiosidad. Intentó satisfacer siquiera una +parte de ella, echándome memoriales de un dulzor empalagoso; pero no me +di por entendida. + +»Al despedir más tarde a Pepe Guzmán, le encargué mucho que no faltara +la noche siguiente, para darle cuenta minuciosa del cumplimiento de uno +de los trámites más importantes de mi plan. + +»Por último, al retirarse mi madre a su habitación, la advertí lo de la +cita al banquero. Preguntome ansiosa que para qué, y me excusé de +complacerla, recordándola nuestro convenio de no descubrirla mi plan +hasta que estuviera ejecutado. En hablando a solas con el banquero, lo +estaría... en lo que a ella le interesaba. Algo que llevaba yo bien a la +vista en mi actitud, y, sobre todo, en mi cara, debió de darla a +entender hacia qué lado me inclinaba en el asunto que tanto me había +recomendado ella, porque no insistió en la pregunta y se despidió de mí +muy afectuosa. + +»En seguida me encerré yo en mi dormitorio... a velar, a padecer, a +aturdirme con el pensamiento volteando entre las ondas de la tempestad +que ya no me cabía en la cabeza. + + + + +XVII + + +Según lo convenido con mi madre, al otro día, en cuanto el banquero +llegó, salí yo sola a recibirle. En la penumbra del salón, donde +aguardaba, parecía el hombre una noche de verano: de tal modo relucían y +titilaban sobre él verdaderas constelaciones de pedrería, hasta con su +_caminito de Santiago_; que bien podía desempeñar este papel allí la +enorme leontina de oro entretejido que trepaba por el hemisferio de su +estómago. Además, apestaba el salón a _patchouli_ y a pomada de geranio. +No sé qué cara me puso, aunque me lo imagino, ni recuerdo en qué +términos me saludé, ni las palabras con que yo le respondí. Sólo tengo +presente lo que pasé después, estando los dos sentados, frente a frente, +aunque con cerca de dos varas de alfombra de por medio; y lo que pasó +dio principio en la siguiente forma, palabra más o menos: + +»--Anteanoche--le dije, sin pararme a disimular la repugnancia con que +abordaba aquel asunto--me insinuó usted ciertos propósitos... + +»--Tuve, en efecto, esa dicha--me interrumpió, bastante desentonado por +las emociones que debía de sentir en aquel instante. + +»--Poco después acudió usted con las mismas cuitas a mi madre, sin +aguardar a que yo le respondiera, como se lo tenía prometido. + +»--No creí que se estoorbaran lo uno y lo otro. + +»--Mal creído. Pero, en fin, ya está hecho. Y ahora, asómbrese usted: he +resuelto despachar su pretensión... favorablemente. + +»Es imposible pintar aquí las cosas que hizo y las _finezas_ que me +enderezó mi pretendiente, al oírme hablar en aquellos términos. Le faltó +muy poco para darme las gracias de rodillas. + +»--Todavía no--le dije conteniéndole--. Hay que deslindar antes los +campos, y poner cada cosa en su sitio y a la necesaria claridad. Para +ello, yo le hablaré a usted con toda la que piden las circunstancias, y +usted no será menos explícito conmigo, en la inteligencia de que, +siéndole o no, lo que aquí establezcamos ha de ser en adelante la ley de +nuestra vida común. + +»--Leyes son siempre para mí hasta los menoores deseos de usted. ¿Qué +mayor dicha, qué mayor...? + +»--Muchas gracias, y óigame ahora: usted es hombre que tiene vicios, no +muy buena fama, y ya pasó de mozo algunos años hace... No se moleste +usted en hacerme reparos, porque es perfectamente demostrable todo esto +que afirmo. + +»--Siga usted. + +»--Sigo, y continúo afirmando que un hombre con todos esos contrapesos, +por poco entendimiento que tenga, no puede creerse merecedor del cariño +ni de la lealtad de una mujer como yo. + +»--Repare usted que, sin hacer las debidas salvedades... y tal y demás, +resuulta eso..., ¿cómo lo diré?, un poco... vamos... exxxtremaaado. + +»--Resultará lo que usted quiera; pero hay que oírlo. Por consiguiente, +al pedir usted mi mano, no espera, no puede esperar, que le dé con ella +ese cariño, ni las llaves de mi corazón, ni el derecho de preguntarme +siquiera por lo que yo tenga encerrado en él. + +»--Lo que yo pido--díjome aquí el banquero, con una serenidad y un +aplomo que no dejó de sorprenderme en él--, lo único a que aspiro, y +usted no podrá negarme, porque no tengo yo la culpa de que no sea la +envoooltura digna del tribuuto que la he tendido a usted con alma y +vida... y tal y demás, es que lo pooco o muucho que me conceda sea de +buena voluntad; porque, bien mirado el caaso, yo no he puesto a naaadie +un puñal en el pecho para que se acepte lo que he ofrecido a caambio... +de lo que usted quiera darme... y tal y demás. + +»--Cierto; pero la misma gravedad de ese... caso, y el singular aspecto +que presenta para mí, y hasta las mutuas conveniencias, no lo dude +usted, me obligan a ser desengañada, sin temor de pecar de dura, con un +hombre que con tan poco se conforma en negocio de tan grande entidad... +En substancia, y para concluir, señor don Mauricio: yo acepto su mano de +usted, con la terminante condición de que he de tener en usted la menor +cantidad posible... de marido, con todos los privilegios e inmunidades +que de este hecho se desprendan en beneficio de la libertad e +independencia compatibles con el rango que ocupo en la sociedad, y con +mis gustos e inclinaciones. + +»Creí sorprender una sonrisa extraña en los resecos labios de mi +pretendiente; el cual, y mientras se tiraba de la patilla derecha con +mayor suavidad de la que podía esperarse de su naturaleza _espasmódica_, +me dijo: + +»--Y en virtud de esa condición tan... tan _adsooluuta_ y exxteeensa, +¿no me sería permitido añadirla, antes de aceptarla, siquiera una +salvedad..., pedir ciertas garaaantías?... + +»--Doy, y no es poco, la de mi buena educación. ¿Le satisface a usted? + +»--Como la mejor escritura púuublica--me respondió tendiéndome la +manaza, que no rechacé porque fingí tomar el suceso como señal de +despedida, y aproveché tan buena coyuntura para levantarme y dar por +terminada la conferencia. + +»--Para lo que falta que hacer--dije entonces--, entiéndase usted con mi +madre..., que siente mucho no poder recibirle hoy. + +»--De manera--preguntome él, muy cerca ya de la puerta del salón, +poniéndose otra vez tierno y pegajoso--, que esto es ya cosa resueelta? + +»--Enteramente resuelta. + +--Y... ¿para cuáaando..., si no peco de...? + +»--Para mañana, si fuera posible. Y sírvale a usted de gobierno, por lo +que pueda importarle. + +»No oí lo que me dijo en demostración de su contento, porque mientras un +criado que había acudido a mi llamada le entregaba en el vestíbulo el +sombrero y el bastón, yo buscaba, retrocediendo por el estrado, el +camino del gabinete de mi madre, para darla cuenta del definitivo +resultado de mis planes. + +»Asombrose al conocerle, y no era para menos; pero le aplaudió de buena +gana. Llevábamos aún medio aliviado el luto por mi padre, y la rogué que +no fuera esto un estorbo para aplazar las bodas. Otro motivo de asombro +para mi madre. + +»Sin detenerme a sacarla de él con explicaciones que no eran del caso... +ni muy fáciles de dar, salí del gabinete y me encerré en el mío... ¡a +batallar de nuevo contra vestigios y fantasmas!... ¡Ociosas y bien +excusadas mortificaciones!... + +»Sagrario, Leticia, mi madre, Pepe Guzmán, todos mis «dulces enemigos» +estaban complacidos ya. Ya estaba extendida mi respectiva _patente de +corso_. De un momento a otro me la pondrían en la mano, y comenzaría a +verse con qué «hígados» contaba yo para servirme de ella. Porque, si no +era para esto, ¿para qué me la daban? Pepe Guzmán, en quien menos debía +desconfiar yo, podría engañarme en cuanto a la sinceridad de su +_exposición de motivos_; pero no en cuanto a la intención práctica de su +consejo. Si éste no tenía el alcance que yo pensaba, era preciso +convenir en que a mi consejero le faltaba el sentido común; y cabía +dudar del corazón de aquel hombre, pero no de su gran entendimiento. +Volví a poner toda la luz de mi discurso sobre esta mancha de su +conducta conmigo; deseaba conocerla en toda su extensión para +«indignarme» contra él: desesperado recurso de náufrago entre las bascas +de su agonía; extender los desfallecidos brazos en busca de un asidero +que no han de hallar; gastar las últimas fuerzas en inútiles tentativas, +para hundirse primero. Eso me pasaba a mí: cuanto más me agitaba, más me +hundía; cuanto más examinaba la mancha, menor la encontraba. Con el +trabajo que empleaba en engrandecerla, acabé por borrarla... Y ¿por qué +no? ¿Qué quitaba ni qué ponía en la intensidad de la _pasión_ de Pepe +Guzmán, un _detalle_ de más o de menos sobre el modo de _legalizarla_ +ante las gentes? No había que confundir los impulsos del corazón con las +rutinas sociales. Si lo _principal_ era entre nosotros conservar vivo el +_fuego sacro_, yo no tenía por qué escandalizarme de que él necesitara, +para alimentar el que había en su corazón, ritos y procedimientos +distintos de los que yo hubiera preferido. + +»¡Ay, si llegaran a caer estos papeles en manos de una mujer de espíritu +cristiano, que no olvide que voy pintando a la luz de aquellos negros +días, y discurriendo al tenor de las leyes por que me gobernaba +entonces! + +»Pero ¡qué misterioso engranaje!, ¡qué mecanismo tan singular el de la +máquina de las ideas! ¡De qué modo tan extraño se eslabonan en el +cerebro las negras con las blancas, las tristes con las risueñas, las +fúnebres con las cómicas! A mí se me ocurrió de pronto, entre la +lobreguez de mis cavilaciones, que nuestro poeta _Aljófar_, cuando +supiera lo que iba a suceder en breve, compondría una nueva variante +(allá para sus adentros, porque al público no se atrevería a +ofrecérsela) sobre la socorrida metáfora de _la flor y la babosa_. Yo +sería la flor, por supuesto; flor nacida para «lucir sus colores y +derramar sus aromas junto al enamorado clavel...» Y a propósito: ¿no se +le había ocurrido a éste, quiero decir, a Pepe Guzmán, la misma o +parecida comparación poética, con todas sus consecuencias realistas? +Cierto que el banquero sería la menor cantidad posible de babosa; pero, +al cabo, sería babosa, con su diente asqueroso y su estela repulsiva...; +¡Vaya si se le habría ocurrido! Y, ocurriéndosele, ¿qué habría pensado +de esos rastros que las babosas dejan sobre las flores si no se madruga +a recogerlas?... ¡Oh, qué diabólica idea se enredó con esta otra, de +repente, y penetró en mi discurso, como ladrón artero en casa mal +cerrada! ¡Cómo se revolvía entre las demás, y rebuscaba los escondrijos +para saquearme el repuesto y hacerse dueña y señora de mi juicio!... Y +¡qué recio voceaba, allá dentro, muy adentro!... Y ¡qué afanes los míos +para acallar sus voces, como si temiera que las ondas del aire las +llevaran hasta _él_! ¡Desdichada de mí si las oía, o el diablo le +inspiraba igual idea! + + * * * * * + +»Por la noche hablé con Pepe Guzmán, según lo convenido entre los dos. +Le di cuenta de lo acordado con el banquero y con mi madre; y como mi +resolución era más poderosa que mis fuerzas, los desfallecimientos de +éstas se reflejaban demasiado en el ritmo de mis palabras y hasta en el +color de mi rostro. Estimó mis torturas, ponderó mi heroísmo, ensalzó mi +_lealtad_; pero no se compadeció de mí en aquellos decisivos instantes, +en los cuales aún era posible imprimir nuevos rumbos a mi destino, +cuando no lo intentó siquiera. Lejos de ello, y para mantenerme en los +que él mismo me había trazado, desplegó nuevas pompas de su singular +dialéctica, y encendió nuevas llamas con las cuales le costó bien escaso +trabajo quemar los pobres restos de las alas con que aún pretendía yo +volar por los espacios de mi deseo. + +»Aquí debía darse por terminada nuestra entrevista; la última, por +decreto de «el bien parecer», y hasta por conveniencia mía. En adelante, +por lo menos hasta que la amarga copa se apurara, nos trataríamos como +«buenos amigos» delante de las gentes... y nada más. De esto comencé a +hablarle, cuando el demonio puso en sus labios una frase que me pareció +el primer eslabón de la cadena a cuyo extremo había de salir engarzada +la infernal idea; aquella que tanto me atormentaba en mi cerebro por el +solo temor de que cupiera en el de mi _enemigo_. + +»Y salió, ¡Virgen María! ¡Qué momento aquel! Ciega, insensible para +cuanto me rodeaba, sólo veía y oía lo que pasaba dentro de mí. El +corazón, fuera de sus quicios, me aporreaba el pecho, y sus golpes me +parecían llamadas de medroso desamparado; sentíalos repercutir en lo más +profundo de mi cabeza, y llamaradas de fiebre subían a caldearme las +mejillas; estremecíanse todas las fibras de mi cuerpo, y veladuras +fantásticas iban turbando la clara luz de mis ojos, al compás de los +latidos del corazón. + +»Nada pensé, nada dije, nada respondí. Toda la noción que me quedó de mi +propia existencia, la invertí en recoger de aquella escombrera a que +instantáneamente habían quedado reducidas vida y alma, los alientos +necesarios para apartarme de allí. Y eso hice a duras penas. + +»Pasé un día, dos y tres, sin pensar en nada, a fuerza de pensar mucho +que no me interesaba, para no caer en las fauces de los pensamientos que +temía. Durante aquella batalla, y hecho ya público el proyecto de mis +bodas, al suplicio de ella se añadió el más insoportable de consolarme +del forzoso alejamiento de Pepe Guzmán, con las _tiernas finezas_ del +banquero, señor _legal_ de mis preferencias y atenciones, y las +incisivas enhorabuenas de mis amigos y conocidos. Todo esto era superior +a mis fuerzas. Pedí, rogué a mi madre que, si no había modo de vivir en +nuestra casa sin la tiranía de aquellos testigos de mi tortura, +anticipara todavía más el suceso que era la causa fundamental de ella. Y +mi madre no comprendía cómo buscaba yo el remedio contra las hieles de +una pócima sin fin, apresurándome a beberla; pero yo sí lo comprendía. + +»Entre tanto, iba agotándose el caudal de pensamientos que cabían en mi +cabeza, y a cuyo amparo acudía para defenderme del que tanto me +espantaba y más me perseguía cuanto mayores eran mis mortificaciones... +y más largas las ausencias de Guzmán. ¡Tal despilfarro hacía yo de +ellos, sobre todo en las largas horas de mis desvelos! Ya no sabía en +qué pensar, y entregaba el discurso a lo primero que se me entraba por +las mientes. + +»Una noche, por remate de la larga cadena de ideas incongruentes que +había estado arrastrando, di en una bien extraña ocurrencia: la de hacer +una imaginaria excursión por los interiores entenebrecidos de mi propia +casa. ¡Qué grande era para la poca gente que la habitábamos! Además de +grande, estaba muy mal ocupada por nosotras. Entre el dormitorio de mi +madre y el mío, había dos salones, un pasadizo y mi cuarto de tocador. +Mi madre se recogía antes que nadie, y quedaba al cuidado de una antigua +sirvienta, vieja ya, muy fiel, pero muy dormilona. Cerca de mí, en un +cuartito contiguo al tocador por un lado, y por otro al vestíbulo de +ingreso a la casa, dormía mi doncella, muchacha muy leal, muy cariñosa, +capaz de arrojarse por mí por el balcón a la calle; pero alegrilla de +ojos y demasiado _lista_. El resto de la servidumbre ocupaba un +sotabanco que mi padre había alquilado con este objeto, en su horror +instintivo al tufo y al desaseo de la plebe. De manera que para dos +parejas de mujeres tan separadas una de otra, aquella casa, durante las +altas horas de las noches de invierno, en las que escasean los ruidos +de la calle, con la espesura de las alfombras en el suelo y la +abundancia de macizos cortinones que apagaban el rumor de las pisadas y +hasta el sonido de la voz, era un completo páramo con su muda e +imponente soledad. Un hombre mal intencionado podía ocultarse muy +fácilmente... en el cuarto de mi doncella, por ejemplo, en el instante +de disolverse la tertulia, cuando es menos notado cualquier movimiento y +menos extraña la presencia de una persona; salir de su escondrijo en +hora conveniente; hacer lo que se había propuesto, y aguardar en otro +escondite a que los criados bajaran del sotabanco, abrieran las puertas, +después de abierta la de la calle, y largarse a ella muy tranquilo. +¡Pues si la doncella estuviera de acuerdo con el ladrón!... ¡Qué +espanto! Era precisó tratar de que durmiera abajo un criado, y, sobre +todo, de aproximar mucho más mi dormitorio al de mi madre. Las cuatro +mujeres reunidas sabríamos defendernos mejor de cualquier peligro... +¡Gran miedo pasé aquella noche! + +»Pero ¿hasta dónde alcanzaban las raíces de estas ideas? ¿De dónde +vendrían las semillas que las produjeron? Porque en el mundo moral, lo +mismo que en el físico, nada nace de la nada, y cada cosa engendra su +semejante. + +»Aquellas preguntas y esta reflexión me hice entonces también, y sin +respuesta se quedaron, quizás por ignorancia, o acaso por repugnarme +ahondar en la materia con el análisis. + +»Lo primero que al otro día me dijo mi madre fue que si persistía yo en +mis deseos de que se anticipara la boda, estaba en su mano complacerme. +Respondila que sí, cerrándome el camino a toda reflexión. Por la noche +estuvo Guzmán en mi casa. ¡Qué daño me hacían sus estudiados y +convenidos alejamientos de mí! Al despedirse, deslizó en mi mano un +papel en muchos dobleces, que yo guardé con ansiedad de avaro, para +entretener lo más triste de mis incurables desvelos, con el regalo de su +contenido, fuera el que fuese, aunque casi le adivinaba. + +»Llegó la hora, y desplegué la carta temblándome las manos. Era muy +extensa, y estaba escrita en un papel muy tenue y con la letra muy +apretada. Comencé a leerla, y al punto di con lo que yo más me temía...: +la idea, ¡la diabólica idea! Allí estaba, saltándome a los ojos como +chispa de volcán. Toda la carta no era otra cosa que el aliño +estimulante en que venía preparada. ¡Qué astucia de Satanás! Rompí el +papel en cien pedazos..., ¡como si con este pobre recurso borrara su +contenido de mi memoria, y la voz del que le había estampado allí no +resonara en mis oídos, ni el fulgor de su mirada penetrase por mis ojos +hasta el fondo del corazón! + +»El incendio se produjo otra vez; pero las fuerzas de mi discurso para +huir de él por las callejuelas de extraños pensamientos estaban agotadas +ya. Resolvime a contemplar el peligro cara a cara y a defenderme de él +en mi última trinchera..., es decir, a poner el caso _en tela de +juicio_. + +»Valiéndome de un símil harto viejo, pero que me es aquí muy necesario +para hacerme comprender más fácilmente, en aquella suprema ocasión me +encontraba sobre el borde de un precipicio, sola, sin alientos para +retroceder y comenzando a sentirme dominada por el vértigo de los +abismos. Todos cuantos en el mundo tenían obligación de socorrerme, me +habían empujado para colocarme allí: nada podía esperar de ellos; a lo +lejos, sólo veía curiosos que se asombraban de mis resistencias y se +reían de mis vacilaciones; abajo, en el fondo del precipicio, la +algazara de las mujeres que me habían precedido en la caída; en derredor +de mí, envolviéndome, asfixiándome como anillos de serpiente, una +atmósfera de insanos elementos, narcótica, enervante; sobre la +atmósfera, sobre mí, sobre el mundo entero, allá en lo Alto, donde debía +de existir un código de moral como yo le presentía cuando me dejaba +gobernar por mis propios instintos, inclinados a lo menos corrompido, ya +que no a lo más honrado..., nada tampoco que viniera en mi auxilio... El +Dios que a mí me habían hecho conocer en mi casa era «un caballero +anciano, de muy buena sociedad»; algo serio por razón de su jerarquía, +pero muy fino, muy complaciente y de una moral muy elástica; dispuesto +siempre a incomodarse con la gente de poco más o menos, pero incapaz de +_faltar_ en lo más mínimo a las señoras del _gran mundo_ que le +_honraban_ confesándole de vez en cuando y en los ratitos que las +dejaban libres sus devaneos de hembras «eximias» del género humano...; +un señor, en fin, por el estilo de mi difunto padre, aunque quizás no +tan elocuente ni de tan distinguido porte como él... ¡Y nadie ni nada +más a donde volver los ojos! + +»Y, entretanto, al aceptar las reflexiones de mi madre y el consejo de +Pepe Guzmán, ¿no había suscrito yo, implícitamente, un contrato de +deslealtades y perjurios por el resto de mi vida? Y la que estaba +resuelta a lo más, ¿por qué se detenía ante lo menos? + +»Sobre estos ejes rodó todavía largo rato la desquiciada máquina de mi +discurso..., hasta dar conmigo y con él en las negras profundidades del +abismo. + +»¡Oh, qué sola, qué triste y qué desamparada me vi! + + * * * * * + +»Veinticuatro horas después se realizaba en mi casa, por primera vez, lo +más temeroso de mi imaginaria excursión por los interiores de ella; sólo +que no era un ladrón de caudales el hombre que se escondía por la noche +en el cuarto contiguo al de mi doncella y se escapaba al amanecer.» + + + + +PARTE II + + + + +I + + +Este era un _Círculo_ o sociedad que había en Madrid por entonces (creo +que ya no hay de esas cosas allí), en el cual círculo sólo tenían +ingreso los aspirantes que pudieran acompañar a su instancia una +ejecutoria de sangre azul, y, a ser posible, una buena garantía de +responsabilidad pecuniaria; porque con ser de gran monta los gastos +reglamentarios de cada socio, llegaban hasta lo incalculable los +_imprevistos_. Como que se trataba allí de matar los interminables ocios +de la vida entre los hombres del blasón y del dinero..., ¡que ya es +matar! + +Ocupaba la sociedad una gran casa, de suelo a cielo, en una gran calle +de lo mejor entre lo más caro de la villa y corte; y en la gran casa +había grandes cocinas, grandes cuadras y grandes cocheras, con muchos y +muy lujosos carruajes, abajo; y grandes salones de conversación, de +juegos lícitos y de lectura; grandes salas para otros usos, hasta sala +de esgrima, y grandes comedores y cuartos de tocador y gabinetes para +vestirse, para escribir y para jugar a lo que no debía verse, arriba; y +lo de arriba y lo de abajo, y lo de acá y lo de acullá, con todo el +lustre de decorado y servidumbre que la _institución_ y sus destinos +requerían. + +Claro está que una cosa de tal índole no podía ser bautizada a la +española: por eso se llamaba _Sport-Club_, nombre que, tras de ser +inglés, dejaba traslucir ciertas aficiones de la gente de adentro a un +espectáculo que no se concibe en España más que en caricatura. Lo mismo +que si en Londres estableciera la «alta sociedad inglesa, un _Club_ con +el nombre de _Círculo taurófilo_, o de aficionados al toreo, para que me +entiendan mejor los que no tienen muy hecho el oído a estas jergas +grecolatinas. En fin, bien o mal bautizado, ello es que había en aquel +entonces en Madrid ese _Sport-Club_, y que, a juzgar por lo que en él se +contenía y pasaba, era como la casa de todos los que no la tenían, o no +querían tenerla, o la frecuentaban muy poco. Por el _Club_ iban sus +socios a todas partes, y de cualquier parte que vinieran daban en el +Club. Lo que hacen los simples mortales con el propio domicilio. + +Comenzando a contar por los balcones de la fachada principal, que eran +otros tantos «coches parados» a ciertas horas de la tarde, en aquel +edificio había estimulantes para todos los gustos de los concurrentes +desocupados: revistas verbales de paseos, salones y espectáculos..., se +entiende, de lo tocante a las hermosas damas de «su mundo» que se +hubiesen exhibido en ellos; murmuraciones subsiguientes con ampollas; +lecturas breves, bien ilustradas y muy picantes; _El Fígaro_ de París, +con sus crónicas escandalosas del _demi-monde_, por _Gacela_; la esgrima +del florete, de la espada o del sable, no como ejercicio higiénico, sino +como artículo de posible necesidad entre gentes que vivían a dos pasos +del _campo del honor_; para el que fuera inclinado a los placeres del +estómago, el _restaurant_: los licores, los vinos exquisitos, las pastas +más regaladas..., cuanto se pidiera por la boca; para los temperamentos +profundamente enervados por la holganza regalona, el juego; si no +entretenían bastante el tresillo o el _ecarté_, el _monte_ o el +_bacarrat_ o el _treinta y cuarenta_; si abundaba el dinero en casa, +para que la emoción resultase, se apuntaba fuerte; y si no lo había y +apuraban los compromisos, fuerte también para salir de ellos cuanto +antes, o acabar de hundirse en la ruina; en efectivo, si lo había a +mano; o en cosa que lo representase, si quedaba crédito bastante, en +opinión de aquellos caballeros que se agrupaban allí para desplumarse +mutuamente con todas las reglas y cortesías del oficio; para el gomoso +enamorado o el hombre presumido, si tenían en poco la librea de la +sociedad para ponerse en pública exhibición, estaría a la puerta de la +casa y en hora conveniente el exótico cuartago con el blasón de familia +en cada metal de sus arreos, en el cual bucéfalo cabalgaría el elegante +para dirigirse al Retiro, medir aquella pista a zancadas unas cuantas +veces, y desfilar al anochecer por la Castellana a medio galope de +podenco; y lo que digo del caballo acontecía con el coche. + +Más tarde, y después de comer en el _Club_ y de vestirse allí también, +al teatro más de su gusto, con el billete de abono de la misma sociedad, +o a los salones de su preferencia, o a lo uno y a lo otro, porque para +todo daban las noches y las costumbres de su mundo. Después de los +salones y del teatro, al _Club_, otra vez indefectiblemente: a cenar, si +había ganas, o a tomar un piscolabis, si no las había, y a «cambiar sus +impresiones», que no faltaría con quién. Allí estarían ya, dejando +escapar las suyas, recientemente adquiridas, el mozuelo imberbe, más +cargado de vicios que de años, y el viejo disipado centelleando +lascivias y torpezas por sus ojuelos lacrimosos, y mascullando +obscenidades entre los pedruscos de su dentadura postiza. Desde allí, +¡vaya usted a saber a dónde irían aquellos caballeros hasta las tres de +la tarde, hora en que reaparecían un momento en la vía pública... para +volver otra vez al _Sport-Club_, a observar, a murmurar, a comer, a +jugar, a vestirse, etc., etc.! Y los más de ellos eran casados o «hijos +de familia». + +Amén de estos recreos al pormenor, y los que no se puntualizan aquí, +porque no hay para qué puntualizarlos, la sociedad tenía otros en común, +como ciertas algaradas de estruendo, ora en el Hipódromo en los días de +carreras, ora en la del Prado y de la Castellana, disfrazados los socios +de canes lanudos, y amontonados y latiendo en sus perreras, en las +tardes de Carnaval. Esto era el colmo de lo _chic_, de lo _pschut_ y de +lo _becarre_. + +Andando el tiempo, no pudo el _Club_ con la carga de sus gastos, y le +fue necesario barrenar sus estatutos para atraerse la ayuda de la +aristocracia de las talegas, siempre que ésta supiera competir con la de +adentro, cuando menos en saber gastarlas y lucirlas. A montones +parecieron los aspirantes. Podrá faltarles abolengo conocido a las +notabilidades de esta especie; pero vicios y afición a exornarlos con +todos los recursos del dinero... ¡a buena parte iban con la cláusula los +de la pata del Cid! + +Lo que nunca se ha puesto en claro es de qué enfermedad vino a morir el +_Sport-Club_, cuando con este ingreso de ricos despilfarradores parecía +haber asegurado su existencia por largos años. Porque el _Sport-Club_ de +que yo voy hablando dejó de existir hace mucho tiempo. Y es bueno que +conste así. + +Pues bien: en el _Sport-Club_, a las dos de la mañana, y en una sala de +las más concurridas a aquellas horas en que duermen y reposan las gentes +ordinarias que todavía conservan los resabios del trabajo y del hogar, +departían afectuosamente, arrimados a una mesa, Manolo Casa-Vieja y Paco +Ballesteros, después de haber tomado chocolate a la _vainilla_ el uno, y +el otro buena ración de biftec con media botella de Burdeos. Ballesteros +era recién llegado a Madrid: se había encontrado aquella noche con su +antiguo amigo Casa-Vieja en el teatro Real, y se habían venido juntos al +_Sport_, del cual era socio el último, y lo había sido el primero antes +de su salida de España. + +Andarían allá, ten con ten, en edad: de treinta y dos a treinta y cinco. +Casa-Vieja era blanco, de pelo castaño y lacio, de mirar displicente; no +feo, pero muy marchito de cara, en la cual descollaba un gran bigote, +desmayado también, y del color del escaso pelo de la cabeza. El cuerpo, +bien conformado y correctísimamente vestido, por el modo de caer en la +silla y el ritmo de todos sus movimientos, acusaba la propia dejadez +reflejada en los ojos y en el gesto. Parecía, en suma, y lo era en +verdad, lo que se llama un _hombre gastado_ fuera de sazón. + +Su amigo Ballesteros era lo contrario en lo físico y en lo moral, sin +ser menos perdido: moreno lavado, de barba recia muy recortada, y negra +como los ojos y el pelo; vivo de mirada y de frase, suelto y expresivo +de ademanes, y bien trazado de contornos. + +Formaban ambos un contraste completo. Casa-Vieja hablaba casi todo lo +que tenía que hablar, que era lo menos que podía, con el sombrero sobre +la sien izquierda, la mejilla derecha en la mano del mismo lado, el +codo correspondiente sobre el velador, el enorme puro, con sortija, en +la boca, cuando no en la otra mano, y la mirada errabunda y desdeñosa, +sin interés ni codicia por nada. Ballesteros hablaba con los dos +antebrazos sobre la mesa, y con los ojos clavados en el medio perfil de +la cara de su amigo. + +--Figúrate--llegó a decir aquél a éste--si tendré ansia de saber cosas +de mi tierra y de mis gentes. ¡Once años bien cumplidos fuera de la +patria, con pocas noticias de ella, y ésas vagas y a retazos, que es +peor que no saber nada! Luego, con el arrastrado oficio que uno trae y +la vida que uno se busca para ir tirando con él sin morirse de +pesadumbre..., ya ves tú, se borra muy pronto de la memoria todo lo que +no cala muy adentro. Por desgracia tuya y fortuna mía, eres la primera +crónica que pesco a mano desde mi llegada a Madrid; porque no miento si +te juro que me largué al Real con el polvo del camino, después de +cumplir con la dispersa familia con dos apretones de manos y tres +abrazos a escape. + +--¡Crónica yo!--respondió Casa-Vieja, quitándose el cigarro de la boca +para sacudirle la ceniza--. Si la quieres negra... Aquí no se gasta otra +cosa. Pero, ante todo, vamos a ver, ¿qué demonios has hecho tú por ahí +fuera, sin maldita la necesidad la mayor parte del tiempo? Porque la +madre patria ha podido pasarse muy bien sin tus servicios +diplomáticos..., llamémoslos así. + +--Y yo mucho mejor sin ella, Manolo: créeme. Pues me cogió la gorda, la +de Septiembre, en Londres. Vino el Gobierno provisional, y conseguí, es +decir, me consiguieron aquí que se me revalidara la credencial de +agregado, trasladándome a París..., ¡miel sobre hojuelas!, y allí serví +al nuevo orden de cosas con la misma lealtad y el propio celo con que +había servido al anterior. De París fui a Lisboa, y en Lisboa juré a don +Amadeo, y le serví con igual celo y la propia lealtad que a todo lo +precedente..., hasta que se proclamó la República. + +--Y dimitiste, como buen aristócrata. + +--Pues ahí verás tú: _me dimitió_ ella, como era de esperar, siendo yo +de los que se mudan la camisa todos los días. Sin embargo, hubo por acá +tentativas de reválida, que no colaron. Ya ves que soy franco. Hasta que +llegó la restauración y volvimos con ella a nuestros destinos todos los +leales. + +--Conformes, hasta en eso de la lealtad; pero entre la proclamación de +la República y el estampido de Sagunto pasó tiempo sobrado para que te +dieras una vuelta por tus lares. + +--¿A qué, Manolito de mi alma? ¡Me iba tan bien por ahí afuera! Eso sí: +todos los días me despertaba con los mejores propósitos. «Hay que volver +a la patria, a la querida patria», me decía yo muy a menudo; «al suelo +nativo», que dicen los cultos. Pero ¡buena estaba la querida patria +entonces para que volvieran a su regazo hijos de tan blando corazón como +yo!... Porque tú no puedes figurarte lo que a mí me afligen estas +inacabables desventuras de nuestra hidalga tierra, «la tierra +proverbial de los caballeros», como siguen afirmando los españoles +_seriamente_ cultos. Por otra parte, la familia no me tiraba gran cosa +que digamos... Bien sabes tú la vida que traía mi ilustre padre. Mis +hermanas estaban casadas, y mi hermano Ramiro gastando el último soplo +de vida en endosar honradamente sus deudas a sus colaterales, y en +despabilar a la última de las mujeres que a tal extremo le habían +llevado en lo mejor de la vida. + +Añade a todo esto que, al largarse de España don Amadeo, triunfaba yo de +las esquiveces de una _princesa_ polaca que había conocido en París, +¡obra magistral de la naturaleza... y del arte! Tuve que volver con ella +a la gran capital, al «cerebro de Europa». Allí, tres meses de +invernada. Después fuimos a Florencia, y a Roma, y a Berlín... y a los +quintos infiernos... y hasta que nos cansamos de viajar juntos, y nos +separamos. Buena ocasión aquella para tornar a los patrios lares, con un +poco de ánimo para ello; pero ocurrió entonces lo de la austriaca... + +--¿Cuál de la austriaca? + +--Ciertos disgustos pasajeros con un... _magyar_ de guardarropía; tres +meses de largos viajes con ella..., y así sucesivamente, hasta la +restauración. + +--¿Con la misma austriaca? + +--Y con otras... por el estilo. + +--¡Gran vida! + +--Pero muy cara, créelo. Me ha derretido un costado y la mitad del otro. +Ahora me doy al ahorro, haciendo la vida del hombre bueno. Vivo, hasta +nuevo traslado, en Viena, como un tudesco ejemplar; ya ves, hasta me +resuelvo a tornar a la patria querida con una licencia de dos meses... y +el propósito de que me asciendan a primer secretario... _Et voi-là +tout_. Y ahora que conoces mi historia, venga algo de la tuya. Te +casaste, ¿verdad? + +--¡Uffff!... + +--Y ¿qué es de tu mujer? + +--Por ahí anda. + +--Poco entusiasmado te veo. + +--Todo lo que cabe en justicia... No congeniamos..., como era de +esperar. Ella tenía sus resabios de casta, y yo los míos; y como no me +gusta incomodarme, poco a poco y con cierta diplomacia nos fuimos +restituyendo mutuamente la querida libertad, hasta hacer cada uno la +vida que más le agrada. + +--¿Tienes hijos? + +--Sí, _tuve_... dos o tres: tres fijamente. + +--Es decir, ¿que se te han muerto? + +--No he dicho tal: viven los ángeles de Dios, pero con su madre. + +--¿Luego no hacéis vida común? + +--Hasta cierto punto: bajo el mismo techo, pero con distintas horas y +diferentes costumbres. Quise decirte que los chicos están al cuidado de +su madre y sin apego maldito a mí. + +--Y eso ¿no te produce celos de padre amoroso? + +--¿Para qué ni por qué? Antes, me alegro de ello, porque me exime de +toda responsabilidad en lo que ha de suceder mañana. + +--¿Qué temes que suceda mañana? + +--No temo, sino que doy por hecho que esos pedacitos de mi corazón, de +todas maneras han de salir unos perdidos, como tú y como yo. No puede +dar otra cosa el terreno... + +--Oye un instante; ese que entra, ¿no es, Monteoscuro? + +--El mismo señor duque. + +--Y ¿qué se hace ahora? + +--Lo de costumbre: gastarse las rentas alegremente. En este momento +histórico se las chupa una ribeteadora, que de seguro da en todo quince +y raya a tus princesas, por hermosas, elegantes y despilfarradoras que +puedan ser. Últimamente le ha sacado a tenazas un _chateau_ en Bélgica. +Es una sanguijuela que se pasa de fina. + +--¿Y su mujer? + +--Pues su mujer acepta heroicamente las situaciones como se las +presentan, y le venga como el diablo le da a entender. Lo peor para ella +es que se va envejeciendo demasiado, y esta fatal circunstancia le dobla +las dificultades, porque carga sobre la infeliz la mayor parte del +trabajo. + +--Y a propósito de estas cosas, ¿qué ha sido de nuestro contemporáneo +Sierra-Calva? + +--¡Valiente estúpido! + +--Lo fue siempre, bien me acuerdo. + +--Pues así acabó. + +--¿Ha muerto? + +--Valiérale más. Se casó, siendo una criatura, con una huérfana +insípida, educada entre monjas. + +--Me acuerdo también de ello... Decían que era muy rica. + +--Y lo decían con razón. ¡Pues esa fue la madre del borrego! Un +casamiento de conveniencia... para él, que ya tenía una mina de oro +solamente en lo heredado de su padre. Al año de casado murió su madre. +Otro platal a la hucha. Nunca podrás formarte idea de las barbaridades a +que se entregó al verse dueño de tanto dinero y de una mujer que no +sabía más que rezar y afligirse por los desenfrenos de su marido..., +porque fue un cerdo, créeme; un glotón soez de todos los vicios. Tuvo, a +los dos años, un hijo medio podrido, que no vivió más que el tiempo +necesario para heredar a su madre. Pues hoy Sierra-Calva no tiene que +comer si no se lo prestan los amigos. + +--Pero ¿en qué lo ha gastado tan pronto? + +--Ya te lo he dicho: en barbaridades, en mujeres de desecho, en +mamarrachadas de habanero cursi, en francachelas con toreros de invierno +y chulas de la peor especie..., en todo lo más bajo y soez que puedas +imaginarte... y en jugar. Aquí, aquí, solamente aquí, en este augusto +templo que hemos erigido los varones de la sangre azul para dar culto a +ciertas nobles necesidades de nuestras refinadas costumbres, le +limpiaron un caudal. + +--Según eso, ¿continúa en la casa la afición? + +--Y para continuar. Aquí no se hace otra cosa, y se despluma en un credo +al lucero del alba. No sé qué demonio de escoba misteriosa hay en estos +ámbitos para el dinero. En cuanto entras en ellos con _guita_, te la +barren, a pocos deseos que traigas de probar fortuna. Créete que, en +buena ley, esto debía arder por los cuatro costados. + +--¿Por qué lo frecuentas, si tan malo te parece? + +--Porque no sé otra cosa; porque somos así todos los que aquí venimos. + +--¡Ay, Manolo! Todavía no sabéis vivir en España los hombres del «gran +mundo»; tomáis ciertas cosas demasiado a pechos, y hay en vosotros +exceso de rutina. + +--Te equivocas; nosotros sabríamos _vivir al pelo_, como los más listos +de _allá fuera_; lo que hay es que nos falta teatro para tantos vicios +como tenemos. Esto es poco y angosto todavía; y si has de moverte dentro +de ello, tienes que pasar cien veces por un mismo sitio y codearte a +cada paso con unas mismas personas. + +--Dime otra cosa...: debe de haber mucha gente tronada de la nuestra, +con ese vivir en perpetuo despilfarro, sin apego a ninguna ocupación +seria... + +¡«Mucha gente tronada»!... Toda la que bulle y anda en el ajo de +nuestras aventuras; y si hay alguna excepción entre ella, es por un +milagro de Dios. Aquí todo el mundo gasta mucho más de lo que puede. Y +¡ay del que se quede rezagado por cansancio, o por deseo de no ser tan +mentecato en esta puja de locas disipaciones! Le arrollan..., o le +silban, que es peor. Y es natural, ¡qué diablo! Quien debía dar la nota +dulce y armónica en este desconcierto de malas pasiones, es la mujer; y +bien sabes tú qué agallas tiene la _nuestra_. Por eso ya no hay familia +sino entre las gentes obscuras y de poco más o menos. + +--A propósito de hembras denodadas y valerosas: estando yo en Bruselas, +_en comisión del servicio_, llegó allí Sagrario Miralta. No hacía dos +años aún que se había casado. ¡Qué moza, Manolo! ¡Y qué intención... y +qué arte!... En ocho días no dejó un flamenco en su sano juicio. Casi +hubo que echarla de allí por obra de caridad y cuestión de orden público +No acabó de confesármelo ella; pero me consta que se llevó la palma de +sus preferencias un potentado y hermosísimo albanés, con zaragitelles y +todo. Iba (no el albanés, sino Sagrario) acompañada de su marido, que +volvía de Spá. ¡Cómo estaba el infeliz! Había que cogerle con tenazas. +¿A quién demonios se le ocurre unir a julio con febrero? Ese casamiento +no debía valer. Fortuna que Gonzalo parecía entonces bien provisto de +correa para llevar en santa calma todo lo que acontecía. ¿Qué es de +ellos? + +--Sagrario, como decía el otro, _sigue continuando_; y si me apuras un +poco, más hermosa que cuando tú la viste en Bruselas, a pesar de los +años que van corridos; y en cuanto a Gonzalo, hace ya larga fecha que +tuvo la buena ocurrencia de morirse. + +--¡Se murió!... + +--Después de inficionar a Archena y de beberse medio Panticosa. Nada le +alcanzó. Pues figúrate lo que será su mujer, viuda, libre, rica y casi +jamona, sabiendo lo que era de casada. + +--¿Sigue dando juego?... ¿Se crece al castigo, como decís los +aficionados? + +--¡Horrores, Paco..., verdaderos horrores! + +--¿Y su amiga Leticia? + +--Viuda también, y tal para cual. Sólo que ésta, con ser tan voraz y +antojadiza como la otra, es más discreta y disimulada. + +--¿Y de qué murió su marido? + +--De un balazo. + +--¡Demonio! + +--Y por la espalda. Nada más merecido. Estuvo en el fregado del sesenta +y seis, la cuartelada de San Gil, con el honrado intento de ganarse el +tercer entorchado y la cartera de Guerra...; por de contado, detrás de +la cortina, como siempre... y fuera de su casa y bien disfrazado. +Después del fracaso de la intentona, y andando ya O'Donnell barriendo +las calles de Madrid a metrallazos, no creyéndose bastante seguro en su +escondite, salió en busca de otro, con su disfraz de carbonero; y en +este viaje le alcanzó una peladilla y le tendió boca abajo. Por +disposición testamentaria, hecha pocos días antes a ruegos de su mujer, +hereda ésta su enorme fortuna; y no quiero decirte qué vida se estará +dando con ella y con lo mucho que ya tenía propio. Pues con ser tanto en +conjunto, aseguran que no le alcanza, ¡y que se mete en cada lío, y +manipula cada enjuague!... También hay quien dice que es avara, y que lo +de los apuros es un pretexto para disculpar los enjuagues y los líos, +que ya son famosos en Madrid. ¡Vaya usted a averiguar lo cierto en ese +arcano viviente con puntas de Mesalina! + +--Leticia y Sagrario, las inseparables amigas, me traen el recuerdo de +otra amiga de las dos, que me gustaba a mi mucho, por cierto: + +Nica Montálvez, la hija del estúpido marqués... + +--Reventó de vanidad en un banquete. + +--¿Quién? ¿La hija? + +--El padre. + +--Ya lo sabía yo, con algo más que no me han explicado bien o se me ha +olvidado. ¿Qué le pasó a la hija? + +--Esa es una historia de fondos tan indecentes y criminales como las +otras; pero menos antipática por lo que toca a la protagonista. Esta +criatura fue de lo más honrado de la clase, dicho sea sin ofensa de +nadie, y nació para buena, y aun creo que lo habría sido, a no caer +entre un padre tonto y una madre sin educación y sin entrañas, y una +caterva de pillos y de bribones. Era moza de talento y afamada de +insensible con los hombres que la galanteaban. Por lo menos, tenía el +buen gusto de reírse de todos ellos sin hacer maldito el caso de +ninguno. Sospecho que tú puedes certificar, por la parte que te +alcanzó... + +--Certificó. + +--Hasta que dio con un mozo que le pareció muy otra cosa que todos los +demás, y se rompió el hielo. El mozo era Pepe Guzmán. Otra prueba de su +buen gusto. Cuando más en punto estaba el idilio, se presentó el traidor +de la comedia: un banquero estúpido y feo y más ladrón que Brunelo, con +dos avaricias insaciables: la del dinero y la de los blasones. Ambas +cosas debían de abundar en casa de Nica Montálvez, sobre todo desde la +muerte de su abuelo, un traficante muy listo que dejó al imbécil de su +yerno una renta de cincuenta mil duros. El susodicho traidor, que aunque +robaba al Estado por el ministerio de Hacienda, no lograba desembrollar +la suya, porque lo que es obra del diablo no tiene compostura por +ninguna parte, empezando por engolosinar al marqués en los negocios, +para tantearle la bolsa (que estaba ya menos repleta de lo que el pícaro +creía), acabó por deslumbrar a la marquesa metiéndole por los ojos cada +diamante como un puño y cada leontina como un cable, y echando por la +bocaza, a todas horas, espantos de millonadas. En seguida se alió con +ella para que le ayudara a conquistar la mano de su hija. Y la conquistó +al cabo, ¡pásmate! Pudo consistir en la fuerza del empuje de los dos +aliados, en debilidad o terror de la víctima, o en encogimiento, por +cálculo, de Pepe Guzmán... o en las tres cosas juntas; pero la verdad es +que el banquero se salió con la suya, aunque un poco _tarde_, y +aceptando unas condiciones, impuestas por la interesada, de padre y muy +señor mío. Se celebró la boda fríamente y sin viaje de novios, y +comenzaron las catástrofes. La marquesa, como si sólo aguardara a tener +por yerno, a don Mauricio Ibáñez, se murió a los pocos días de ser su +suegra. Entonces cayó el banquero sobre el caudal hereditario con ansias +de buitre en ayunas, y vio y palpó que sólo quedaban ruinas de lo que él +había soñado filón inagotable de onzas acuñadas. A todo esto, vivía como +un extraño en casa de su mujer, la cual, con una premeditación que +delataba el consejo y la ayuda de Guzmán, tomando por pretexto una de +las impuestas condiciones y ciertos autógrafos del banquero, testimonios +irrecusables de los enredos de éste con una pingona de tres al cuarto, +al día siguiente al de la boda, es decir, a la primera y única noche de +novios, «ahora--le dijo, con las pruebas del enredillo en la mano--hasta +el valle de Josafat. Usted a un extremo de la casa y yo al otro, y como +si nunca nos hubiéramos visto». Cuentan que el banquero pudo haber +replicado algo muy contundente para la conciencia de Nica; pero, o no lo +respondió, o no lo supo, o su mujer hizo muy poco caso de la réplica; +porque el hecho es que la decisión de Nica se cumplió en todas sus +partes. Nadie los vio juntos nunca. Cada cual tenía sus negocios y sus +horas. + +Entre tanto, Pepe Guzmán continuaba siendo amigo de la casa y +visitándola de vez en cuando. ¡Y pásmate ahora otra vez!: a los ocho +meses de casada, tuvo la hermosa Nica Montálvez una niña como unas +perlas. Entonces andaba viajando Guzmán; y se cuenta que al volver a +Madrid, teniendo ya la niña cerca de un año, en la primera visita que +hizo Pepe a su amiga, le colocó ésta delante de un espejo y puso al lado +de su cara la cara de la niña. Asómbrate ahora por tercera vez: las dos +caras se parecían como un huevo grande a un huevo chico. + +--Si el caso pide asombro, creo yo que el asombrado debió ser Guzmán. + +--Pues aseguran que no se asombró cosa maldita. + +--¡Y querías que me asombrara yo! Quien debió llegar hasta el éxtasis +del asombro fue el padre.... quiero decir, el marido de la madre. + +--Ese no podía asombrarse de nada desde que había aceptado las +estupendas condiciones matrimoniales que le impuso la novia, y veía +pagado el timo que pensó dar en aquella casa, con otro tan morrocotudo +que le había dado a él la difunta marquesa. No solamente estaba su +caudal mermado en lo más jugoso y medio en quiebra el resto, sino en +manos de un administrador que se pasaba de listo y de aprovechado. De +modo que no fueron de gran resistencia los puntales que pudo sacar de +allí el banquero para sostener la balumba de sus trapisondas de +agiotista. Por único consuelo se daba como un desesperado a la +borrachera de su segunda ambición, y tenía la corona de marqués hasta en +los faldones de la camisa; pero el afán de sostener este nuevo lustre de +clase, así como su crédito en la Bolsa, le costaba enormes dispendios +que le hundían en mayores abismos. + +Así fue tirando hasta que triunfó la revolución de septiembre. Entonces +sonó, o creyó él oír que sonaba muy recio, la trompeta de su mala fama; +era cobarde, como todos los de su ralea; Madrid estaba sin gobierno y +con todas las pasiones buenas y malas en mitad del arroyo; apoderose de +él un pánico invencible, y de la noche a la mañana se escapó de aquí, +dejando sus negocios en quiebra y hechos un bardal. A duras penas logró +después su mujer salvar del concurso sus bienes dotales y cuanto en +buena ley podía y debía salvar. Fue a parar a donde van todos los +pícaros gordos que huyen de la justicia de su patria: a los Estados +Unidos; y allí murió dos años después, de un torozón que le evitó ser +_linchado_, y cuando comenzaba a recoger el fruto de una empresa que +había fundado en compañía de otros dos estafadores a la alta escuela. + +--¿De manera que también Nica Montálvez está viuda? + +--También viuda y también muy guapa. + +--¿Y continúa bajo la protección del amigo Guzmán? + +--Protección... algo lejana, sí, porque hay motivos para ello. En esa +mujer hay, indudablemente, un fondo honrado y decente; pero al cabo es +hembra, hija de su madre y curada por ésta, aunque a la fuerza, de +ciertos escrúpulos. Por de pronto, es manirrota para el dinero, y +mayores son las ansias que siente de gastarlo, cuanto más negras las +dificultades que la pinta Simón, el sempiterno mayordomo de la casa. Al +principio andaba por ella Pepe Guzmán anticipándose _delicadamente_ a +las grandes crisis; pero llegó a parecerle un tantico pesada la +_delicadeza_, y se dedicó a viajar más a menudo y más largamente que +antes. Estas ausencias pusieron a Nica en gravísimos apuros en muy +señaladas ocasiones. En Madrid... y en el mundo entero hay quien sabe +explotar a maravilla esta clase de conflictos; y la marquesa de +Montálvez, que estaba obligada a mirar por el patrimonio de su hija y +sabía muy bien cuán cerca estaba de _cero_ la temperatura amorosa de +Guzmán, no teniendo para qué pararse en barras de menos con amigos y +protectores que la habían enseñado a saltar sobre lo más, hizo alguna +vez lo que tantas otras mujeres: dejarse explotar por los explotadores +de conflictos económicos, lo más _decorosamente_ posible; quiero decir, +quitando la odiosidad de lo útil con el pretexto de lo _agradable_. ¿Me +comprendes? + +--¡Pues digo!... ¿Y estás seguro tú de que sean ciertas esas +explotaciones... _decorosas_? + +--Segurísimo; así como de que han sido muy contadas. + +--¿Dónde está, pues, ese fondo «honrado y decente, que la concedías +antes? + +--Donde debe estar. Ponme una santa rodeada de perdidas y de bribones; +persíganla sin tregua ni descanso con ejemplos y sofismas; denle el +veneno hasta en el aire que respire.... y la misma santa caerá, cuanto +más una criatura de la cepa de esa infeliz. + +--Concedido... por un momento. ¿Lo sabe Pepe Guzmán? + +--Lo sabe, y no se extraña de ello... ni debe extrañarse, puesto que él +la preparó para esas caídas y para otras que lógicamente han de +seguirlas, sin un milagro de Dios. Hasta ahora no es Nica Montálvez, en +ese particular, una mujer viciosa; pero llegará a serlo, por educación, +como sus amigas lo son y lo han sido por naturaleza. Lo que hace Guzmán +es alejarse de ella cuanto puede, pero sin perderla de vista. + +--¿Luego algo le queda todavía en el fondo del corazón? + +--Por ella, nada absolutamente; pero le queda, a no dudar, por la niña. + +--¿De modo que la niña vive aún? + +Y es la criatura más angelical, de alma y de cuerpo, que pueda haber +sobre la tierra..., y al mismo tiempo el mejor testimonio de que existe +en su madre ese fondo de honradez en que no te atreves a creer tú. Cómo +y lo que la marquesa quiere a esa niña; la escrupulosidad que pone en su +incesante cuidado de que no manche sus alitas de ángel ni un átomo del +polvo de las impurezas de aquella casa; de que tenga a su madre por la +más amorosa y honrada de todas las madres, y de que no sepa cómo se +vive en el mundo a que nació destinada, es imposible que puedas +imaginártelo. Se necesita tener un alma de oro para sentir estas +delicadezas en medio de tantos vicios... Y basta de crónica, amigo Paco, +que ya me has hecho hablar en una hora mucho más de lo que he hablado en +todo el año. Créete que me he hecho muy avaro de palabras, desde que he +caído en la cuenta de que no las merecen la mayor parte de los hombres a +quienes trato. ¡Dichoso tú si piensas todavía de otro modo! + +Diciendo esto, se iba incorporando Casa-Vieja y levantándose de su +asiento. En seguida pidió su abrigo. + +--Ahora...--añadió perezosamente. + +--¿A casita?--le interrumpió con socarronería su amigo. + +--A terminar mi ronda, si no te opones. Después... el demonio dirá, si +es que el demonio no tiene a mengua el meterse en nuestros fregados. + +--Pues yo me quedo para ir a las tres y media al ministerio de Estado, +donde me ha dado cita el ministro. + +--Hasta la vista, entonces, y bien venido. + +--Hasta la vista, Manolo, y bien hallado. + + + + +II + + +Todos los informes dados por Manolo Casa-Vieja a su amigo Paco +Ballesteros sobre lo ocurrido a los personajes de nuestro relato, desde +que los despedimos en el último capítulo de la primera parte de él, eran +la pura verdad. En los _Apuntes_ autógrafos que me sirven de guía, +constan también, aunque en otra forma menos interesante, por descolorida +y difusa; razón por la cual, y por el sabroso aderezo que llevan en el +diálogo de los dos amigos, le he reproducido al pie de la letra, con +preferencia al otro texto, para llenar un requisito que había de +llenarse más temprano o más tarde, y es bien que se haya llenado donde +se llenó, porque esa luz de más tendremos para llegar más fácilmente a +donde vamos... + +Por de pronto, a casa de nuestra amiga la marquesa de Montálvez, que ya +no es la indigesta, doliente y envejecida matrona de antes ni vive en el +suntuoso principal de la calle de Alcalá, donde tantas veces penetramos +el lector y yo: ahora se trata de su hija, la cual, si ha perdido mucho +en frescura con el cambio de vida y el roce de los años, ha ganado otros +atractivos no menos poderosos con la vigorosa acentuación de sus formas, +que ha modificado su belleza, pero sin destruirla, y vive en la calle +del Barquillo, desde la fuga del banquero, en otro principal bastante +más barato y más pequeño, o mejor dicho, bastante menos caro y menos +grande que el de la calle de Alcalá. No hay dentro de aquél el lujo +llamativo y hasta charro que hubo dentro de éste; pero, en cambio, hay +mayor elegancia y mejor gusto, sin que falte nada de cuanto debe haber, +así en cantidad como en estilo, en la morada de una mujer de los vuelos +de nuestra heroína. + +La cual ha vuelto a adquirir la expresión risueña, el mirar malicioso y +el _picante_ gracejo de sus mejores días, señales evidentes de que su +espíritu ha recobrado también la serenidad y el vigoroso temple que +pasajeras vicisitudes le habían hecho perder; y es la verdad, así como +lo es también que esta reconstitución moral irradia sobre el físico de +la marquesa ciertas luces de estival hermosura, que justifican bien el +elogio que de ella nos hizo Manolo Casa-Vieja; es, en suma, y como diría +un distinguido _barbián_ del _Sport-Club_, «una gran mujer que comienza +a _ajamonarse_, pero sin el menor síntoma de embastecerse». + +Aunque con menos estruendo que en la calle de Alcalá, vivía en grande en +la del Barquillo. _Se quedaba en casa_ una vez por semana, y otras dos +comían con ella algunos amigos. Más de tarde en tarde, y alternando con +las de Sagrario y de Leticia, espléndidas _soirées_ en sus salones; +turnos en el _Real y días de moda_ en otros teatros, como en tiempos de +su madre; y viajes de verano, como entonces, aunque con mayor libertad y +mejor aprovechado todo; completa y bien adiestrada servidumbre, dos +carruajes _serios_ (landó y berlina) y uno _de fantasía_, con dos +troncos de _media sangre_; y a este tenor la mesa y el arreo. Un dato +que el lector apreciará como mejor le parezca: conserva a su servicio la +misma doncella que dormía en el cuarto contiguo a su tocador, en la casa +de la calle de Alcalá, aquella noche que se menciona en el último +párrafo de la primera parte de esta verídica historia. + +En opinión de su mayordomo, tampoco el presupuesto de gastos de la +marquesa cabía en el de sus ingresos, aunque los primeros estuvieran +reducidos a menos de la mitad de los del tiempo de su padre, porque +también habían disminuido los segundos en más de otro tanto; pero o se +era o no se era una gran dama de las principalísimas de la corte, o se +vivía o no se vivía a la altura de las demás _congéneres_; pues adelante +con los gastos, que ni siquiera era de buen tono eso de apurarse por +dinero una mujer de su clase y de su estampa. Además, ella no sabía otra +cosa. Eso la habían enseñado, en eso había nacido y en eso tenía que +morir. Mirar por la hacienda de vez en cuando; sondar sus llagas, y +hasta ver por dónde se la puede hincar el diente sin producir otras +nuevas ni enconar las antiguas, menos mal, y eso ya lo hacía ella por la +cuenta que le tenía; pero reducirse, pero obscurecerse, pero arrumbarse +cuando era viuda, cuando era libre, a lo mejor de la vida, cuando su +estrella, cuando su sino o el mismo Lucifer encarnado en las gentes que +debieron defenderla y ampararla, la habían arrancado del fondo de su +alma, con horribles dolores, el sentimiento del bien, la noción de lo +justo y de lo honrado, la conciencia entera..., hasta la idea de Dios, +¡qué locura! En último caso, por donde fueran _otras_, iría ella; y lo +que otras hicieran, lo haría ella también. Todo menos detenerse. + +Tal era la conducta, tales eran los pensamientos y tales los propósitos +de la mujer mundana (en el mejor sentido del vocablo). Ahora vengan aquí +todos los fisiólogos de la tierra, y hasta esos otros señores que han +dado de poco acá en la flor de empeñarse en convencernos de que los que +matan y los que roban, todos los criminales, en fin, son unos pobres +locos irresponsables ante las leyes divinas y humanas, porque loco es +igualmente el vate que crea y canta, y hasta, por la regla, lo soy yo +también mientras me entretengo en emborronar estas hojas; vengan aquí, +repito, los unos y los otros señores, y díganme, en presencia del +_ejemplar_ exhibido, cómo pueden en una sola pieza una mujer de su +temple y una madre como la que a ver vamos. + +Ya nos dijo Manolo Casa-Vieja que era de admirar «cómo y lo que quería» +a su hija la marquesa de Montálvez; y era de admirar, en efecto. Desde +que la vio en el mundo, desde que la tuvo en sus brazos, su primer +pensamiento fue el que asaltaría a un infeliz menesteroso metido hasta +la cintura en una charca infecta, y a quien le cayera de pronto entre +las manos el pan de toda su vida, en un tesoro envuelto en armiños: +«Señor, ¿en dónde pondré yo esto para que ni se corrompa ni se me +manche?» Ese fue el pensamiento de la marquesa entonces, y ese continuó +siendo después a todas horas y todos los días; porque la charca de sus +aprensiones no tenía límites, y más se ensanchaba a sus ojos cuanto más +andaba por ella y más iba creciendo su hija. ¿Dónde ponerla para que no +se la corrompieran o se la mancharan? Y miraba con espanto a su propio +hogar, que le parecía lo más cenagoso y lo más profundo de la charca; y +todo se le ocurría, menos el fácil recurso de cerrar sus puertas a la +peste de afuera, purificarse ella misma arrojando de su cerebro la +podredumbre de sus ideas y trocarlas por otras más dignas de aquel +purísimo sentimiento que la naturaleza había infundida en su corazón. + +Y este es el fenómeno que yo sometería al examen de los susodichos +señores, tan dados a compaginar contrasentidos y desembrollar +monstruosidades. + +En cuanto la niña comenzó a dar claras señales de que ya alboreaba en +los limbos de su cabecita la luz de la inteligencia, su misma madre, +trayendo a la memoria lo que casi tenía olvidado por desuso, o +adquiriéndolo con prolijos afanes donde lo había, la enseñaba a rezar +las primeras oraciones que balbuce la infancia en los crepúsculos del +sueño, iluminada la mente candorosa con la visión plácida y celeste de +la Virgen Purísima y del Ángel de la Guarda. No fiándose de nadie, y +mucho menos de su doncella, a costa de imponderables indagaciones y +pesquisas adquirió una niñera por el estilo de la que ella había tenido, +y a esta niñera encomendó el cuidado incesante de su hija. Ambas habían +de vivir en casa, apartadas de todo trato y comercio con la servidumbre +de ella, y de todo roce con el ceremonial mundano que en ella se seguía. +Y es de advertir que cuando de tarde en tarde visitaba Pepe Guzmán a la +marquesa, lejos de tachar por extremado aquel celo de la madre, se le +estimulaba con preguntas y advertencias que no suelen hacer los hombres +corridos, por el bien del primer rapazuelo con quien topan. También se +preocupaba mucho el despreocupado galán con los lodazales y las charcas. + +--Es cosa peregrina--le dijo la marquesa en una de estas ocasiones--ver +al lobo pidiendo que se encierren las ovejas. + +--Pues ya ves que se dan casos--respondió Guzmán. + +--Sí, en casos de hartura..., como el de un lobo que yo conozco. + +--Lo cual no es exacto.... y bien lo sabes tú. + +--Séalo o no, siempre será para mí muy de lamentar que no le tocara a la +madre tan buen consejero como el que le ha caído en suerte a la hija. + +--Pues mira, y a propósito de buenos consejos: no dejes de sacarla de +aquí en cuanto tenga edad para ello. Tienes la casa demasiado llena de +lobos..., empezando por ti, para que pueda vivir en ella sin dar con +alguno esa inocente corderilla. Créeme: estos aires no son los mejores +para hacer sangre honrada a los niños. + +--¡Ah, si yo pudiera hacer correr los años a mi gusto! + +--Pero en tu mano está purificar los aires, que es lo mismo. + +--¡Tunante! + +--¿Por qué me lo llamas? + +--Porque lo eres..., con algo más que no quiero llamarte ahora, porque +te lo está llamando la conciencia con mejor derecho. + +--¡Injusta! Y ahora, en castigo de tus durezas, mándala venir para que +yo la dé un beso. + +--¿De lobo? + +--Corriente; pero con el corazón entre los labios. + +--¡Que no pudiera acabar yo de aborrecerte! + +Y vino la niña. Luz se llamaba, y jamás hubo nombre mejor colocado. Todo +era luz en aquella criatura: un rayo de sol de primavera sobre un vaso +de cristal lleno de rosas y azucenas; luz de las glorias de Murillo, +henchidas de ángeles con cabelleras de oro y blancas alitas +transparentes; luz irradiaban sus ojos azules; luz sus mejillas +nacaradas; luz sus rizadas guedejas rubias; luz los húmedos corales de +sus labios sonrientes; luz las mutiladas palabras de su fresca boca; luz +el argentino timbre de su voz infantil; y una aureola de luz del +amanecer de un día de mayo era la indescriptible expresión de angélica +inocencia, de dulce ingenuidad que resultaba del conjunto de todas las +perfecciones de aquella cabeza, colocada sobre un cuerpecito que parecía +delineado por las hadas de los cuentos orientales. + +Guzmán se quedó extático delante de la hermosa criatura: devorábala con +los ojos como si no se atreviera a tocarla. Al fin, la tomó en sus +brazos; separó después los dorados rizos que caían sobre su frente, y +estampó en ella un beso en que debió tomar el corazón mayor parte que +los labios, por lo que fue de sonoro, de _apretado_... y de repetido. +Después pidió a Luz que le besara a él; y Luz, buscando lo más despejado +de barbas en la mejilla más cercana a su boca, besó allí una, dos y +hasta tres veces, y hasta mil hubiera besado sin satisfacer todavía el +deseo del cortesano Guzmán, que más que de ello tenía entonces, por su +cara dulzona y zarandeando la niña en el aire, de padrazo ramplón del +vulgo pedestre. Por último, lejos de soltar a Luz, corrió a ponerse con +ella delante de un espejo. La marquesa, que sin decir una palabra, +aunque expresando un libro entero con los ojos, había estado muy atenta +a la escena de los besos, en cuanto vio lo que estaba haciendo Guzmán, +le quitó la niña de sus brazos; llamó a la niñera y se la entregó para +que la sacara de allí. Tanto miedo tenía a una imprudencia de su amigo. + +Cuando estuvo a solas con él, le dijo: + +--De lo que tú buscabas en el espejo, va quedando ya muy poco, y me +alegro. + +--Te equivocas también en eso: queda todo lo que cabe entre lo divino y +lo humano, entre el cielo y la tierra. ¡Qué criatura, Nica! Dios debe de +habértela dado, o para tu gloria, o para tu castigo. Cuida de elegir a +tiempo y lo mejor. + +--¡Miren el diablo metido a fraile! + +--Hasta en el diablo cabe un buen consejo. + +--¡Pregúntamelo a mí, consejero diabólico! Pero cuando a mí me tuesten +por ese pecado, ¿qué será de tu pellejo? + +--Dime tú, entre tanto, ¿por qué te alegrabas de que fuera borrándose +aquella supuesta _semejanza_? + +--Porque en cuanto desaparezca del todo, me será más fácil aborrecerte. + +--Y ¿por qué deseas aborrecerme? + +--Porque es de necesidad que yo te aborrezca. + +--No será por el estorbo que te hago. + +--Pero sobra con el daño que me has hecho. + +--Es mayor el beneficio que me debes, si sabes utilizarle. Con que, en +buena justicia, no puedes aborrecerme, aunque llegues a olvidarme. + +--¡Eso sí que no es tan fácil, embustero, como lo ha sido para ti! + +--¡Ojalá tuvieras razón! + +--Pero no será el milagro obra mía. + +--Y en este ejemplo, ¿qué más da el tronco que la rama? Todo es árbol. + +No solían profundizar mucho más que esto las breves conversaciones entre +la marquesa y Guzmán, en las pocas visitas que éste la hacía. Jamás le +había dirigido ella un cargo serio y formal, con tantos motivos como +tenía para hacérsele, ni él la había dado las menores señales de estar +arrepentido, ni de creerse culpable siquiera: al principio, por entereza +y altivez de la una, y por malicias y conveniencias del otro; después, +porque caídas las cosas del lado a que se habían inclinado entonces, ¡y +caídas tan abajo!, el uno y la otra tenían grandes motivos para no +volver los ojos hacia atrás, y frescura sobrada para tratar el caso +medio en broma, cuando el caso llegaba por si sólo a clavárseles en la +lengua. + +Es muy difícil de presumir qué conducta hubiera seguido Guzmán con la +marquesa si, al verse ésta viuda y libre, se hubiera contenido en los +límites que parecían trazarle sus honrados antecedentes, aquel amor +nobilísimo y extremado que sentía por su hija, y el sentimiento que la +movía a defenderla de la peste de su propia casa. Pero está fuera de +duda que sus desatinados vuelos por el ancho espacio de su recién +adquirida libertad, y aquellas «muy contadas», pero nuevas fragilidades +de que hablaba Casa-Vieja a su amigo Ballesteros, desencantaron de tal +modo a Guzmán, que sin el vínculo (también mencionado por el displicente +orador del _Sport-Club_) que le dejaba ligado por el corazón a la +marquesa, hubiera llegado muy pronto hasta olvidarse de ella. + +Por eso se trataban en la _tessitura_ que hemos visto. Quizás quedaba en +ella mayor cantidad de chispas de aquel _fuego sacro_ de otros tiempos, +que en él, en quien sólo había un puñado de cenizas calientes; pero en +los dos era el mismo el propósito de no intimar gran cosa en el trato, +no solamente porque así convenía a los fines pudibundos de la madre en +cuanto se relacionaba con la hija, sino por recíproco impulso de las +respectivas conciencias, a cual más remordida y desencantada. Guzmán iba +allí a lo que hemos visto, y nada más; y eso porque sentía en su alma +cierto extraño apetito que no se calmaba sino con aquel sencillo manjar, +que él pagaba, no siéndole permitidos mayores lujos, con los más caros y +caprichosos juguetes que hallaba en Madrid o en cualquiera parte del +mundo por donde anduviera. + +Tomando pretexto del ardiente amor de la marquesa a su hija, solía en +ocasión oportuna extender sus discretas advertencias al capítulo de los +gastos ruinosos. + +--Eres una manirrota--la decía--, como toda tu casta, y vas a dejar a tu +hija en la miseria, después de quererla tanto, o te falta juicio, o te +sobra amor. Elige. + +--Me falta juicio--respondió la marquesa. + +--Pues recóbrale. + +--Que me le devuelva quien me enseñó a perderle. No te canses en +predicarme, porque por donde quiera que tomes el punto, estás +desautorizado para ello. + +--Déjate de cuchufletas, y atente a lo que te importa. El gastar más de +lo que se tiene, obliga a malvender lo que queda..., y algo más que no +se recobra con nada. Yo no tengo derecho para aconsejarte que te pongas +a ración, porque de lo tuyo gastas; pero sí para recomendarte que no te +dejes robar de usureros y de cómplices suyos, que quizás comen de tu +pan. Esto se consigue siempre que se quiere. + +Respondía ella que todo se arreglaría del mejor modo posible; y con otra +cuchufleta, más o menos punzante para su amigo, daba por terminada su +conversación con él. + +--Entretanto, iba creciendo la niña, y con ello los sobresaltos de la +madre; porque, a mayor inteligencia, correspondían mayores riesgos en +aquel semillero de peligros. A Sagrario y a Leticia las temía de lumbre; +y cada vez que una de ellas sentaba a Luz sobre sus rodillas para +besarla, resonaban los besos en sus oídos como el chapoteo de las ondas +cenagosas, y hasta veía la tersa y pura frente de la niña salpicada del +fango de la charca. + +Cuando Luz llegó a tener siete años, su madre no pudo esperar más. ¡Eran +tan precoces la inteligencia y el juicio en aquella criatura! Había que +decidirse a sacarla de casa. ¿A dónde? Bien pensado lo tenía ella. A un +colegio..., que no fuera colegio precisamente, donde se la guardaran, +por de pronto, durante el día, y la enseñaran lo que ella dispusiera, +más por entretenimiento que por cultivo; donde hallara un cariño y unos +cuidados y unas compañías que sustituyeran, en todo lo posible, el amor +y el amparo de su madre, y, sobre todo, donde no corriera los riesgos +que la amenazaban en su propio hogar. + +Pero ¿querría la niña? ¿Podría, aunque quisiera, aclimatarse a aquel +extraño modo de vivir? + +Por de pronto, quiso, sin revelar esfuerzos de voluntad ni violencias +del espíritu; y buscando entonces su madre con perseverancia, halló +cuanto creía necesitar, y bien cerca de su casa. Parecíale que se +quedaba sin corazón cuando llegó la hora de salir de ella con su hija, +por más que sólo debían estar separadas, por algún tiempo, durante el +día; pero no era esto lo que la apenaba, sino la idea de lo extraño, de +lo desconocido para la pobre Luz, que jamás había volado fuera del nido +materno sin la sombra y el amparo de las alas de su madre. Y ¿qué valía +este sacrificio comparado con los que tendría que hacer después? +¡Adelante, y con los ojos cerrados, que para otras empresas mayores y +más negras los había cerrado también! + +Todo cuanto tenía que prevenir y encarecer sobre el carácter y +necesidades de la educanda, se lo había prevenido y encarecido ya cien +veces a la señora bajo cuya dirección, amparo y vigilancia iba a ponerse +Luz. Pues todavía, después de entregársela, la llamó aparte para decirla +una vez más: + +--No me la atosiguen, no la atareen demasiado. Pocos libros, poca +gramática por ahora..., es mejor el Catecismo, pero bien explicado..., +hasta que conozca a Dios, al verdadero Dios, al Dios de los pobres; al +Dios que los riñe, los castiga y los premia según sus leyes inmortales, +que no se mudan ni se corrompen como las leyes del Dios de ciertos +personajes. Que no sepa aquí en qué mundo ha nacido, ni cómo es ese +mundo, ni qué vida hacen las gentes en él. Búsquenla para amigas y +compañeras las niñas más humildes de nacimiento y de carácter; no para +que ella se crezca a su lado, sino para que sufra el contagio de sus +pensamientos y de sus obras, hasta que las imite y las iguale. Todo lo +demás lo hará ella por sí sola, porque es incapaz de obra mala ni de +torpe pensamiento... Pero puede morirse... ¡Dios misericordioso, lo que +me duele hasta suponerlo!..., o, cuando menos, puede enfermar, si su +naturaleza de ángel no encuentra aquí lo que necesita para vivir +risueña... Pues bien: el jugo, el rocío de esa azucena, es el amor, el +cariño siquiera. ¡Que no le falte un solo momento! + +Y cariño y amor tuvo Luz en aquella casa, y vida tan acomodada a sus +inclinaciones, y amistades y compañías tan de su gusto, perfectamente +ajustado a los deseos de la marquesa, que, mucho antes de lo que ésta +pensaba, logró que se quedara en el colegio como educanda interna. Ella +la visitaba casi todos los días, y eran muy contados los en que la +sacaba para comer en casa, pero solas las dos a la mesa. + +Cuando Luz vivía a su lado, tenía que llevarla consigo en sus viajes de +veraneo, por no saber dónde dejarla más segura. Pero esta atadura +cortaba sus vuelos de peregrina elegante, y dejaba su paladar de +cortesana a media miel. Ahora sería muy distinto el caso. Con el seguro +refugio de su hija, era ella más libre para ese y otros menesteres de su +vida; y mañana, cuando Luz necesitara otro refugio más lejano y por +largo tiempo, lo sería más aún. + +Apunto estas reflexiones, porque son las primeras que la marquesa se +hizo en cuanto dejó de padecer con el recelo de que su hija no llegara a +aclimatarse a la vida de colegiala. Cotéjense estos pensamientos de +madre cariñosa con aquellos otros de mujer desjuiciada; considérese que +son dos eslabones gemelos de una misma cadena de ideas, y vuelvan a +venir aquí los fisiólogos de marras para apuntar este nuevo fenómeno en +su libro de curiosidades psicológicas. + +Y como lo pensó lo hizo la marquesa durante los tres años, bien +corridos, que pasó su hija en aquel colegio de Madrid. Recorrió medio +mundo, sin más trabas ni cortapisas que las instintivas repugnancias de +su naturaleza, que no era del temple de la de Sagrario. + +En sus últimas excursiones a Francia había buscado mucho, y hallado al +fin, en una de sus ciudades, más nombradas, otro refugio donde guardar +su tesoro por largo tiempo, cuando le sacara del escondite de Madrid. + +Esta ocasión se iba acercando por instantes. Luz había cumplido ya los +diez años, y necesitaba completar su educación... y alejarse mucho de su +casa, hasta que, determinado y bien definido su carácter, y en completo +desarrollo su inteligencia, cultivada en sano terreno, hallara en sí +misma la posible fortaleza para luchar contra el enemigo que la +aguardaba en el mundo de su madre. Porque ésta, lejos de curarse de sus +aprensiones, cada día las agrandaba en su imaginación. En Luz, por raro +y singular capricho de la naturaleza, se iban desenvolviendo a un mismo +tiempo las bellezas del cuerpo y las del alma: todo crecía en ella con +prodigioso equilibrio, sin descomponerse ni desfigurarse. La marquesa +no podía considerarlo sin admiración, pero tampoco sin miedo. ¿Hasta +dónde podía llegar aquella criatura? ¡Qué flor, y en qué terreno! + +Acordada hasta la fecha del viaje con la niña a Francia, la marquesa, +por una sucesión de pensamientos muy lógica, volvió su consideración al +estado de su hacienda. Había que resolverse a mirar por ella con mayor +detenimiento que hasta allí. Las advertencias de Guzmán sobre este caso +le parecían muy atendibles. Hablaría con él y se acomodaría a sus +dictámenes. + +Llegada muy pronto esta ocasión, Guzmán insistió en que el mayordomo +sempiterno era la mayor sanguijuela que había en casa. + +--¿Cómo se explican entonces sus resistencias a proporcionarme +_extraordinarios_ cuando se los pido? + +--Creyendo que esas resistencias son la capa con que se encubre para +hacer su juego a mansalva. Ponderando mucho las dificultades, se +justifican las innecesarias hipotecas, que han sido vuestra ruina y la +de todos los perdularios. Para obtener cuatro en el momento, se hipoteca +una cosa que vale doce o diez y seis. Llega el vencimiento; no hay con +qué pagar lo prestado (lo cual sucede siempre que quieren los +mayordomos, con la disculpa de los dispendios de sus señores), y se +vende la hipoteca al desbarate. Esto es lo que se buscaba. Ya tiene el +prestamista una finquita que vale doce o diez y seis, por poco más de +cuatro; la cual finquita se distribuye después, en partes +proporcionales, entre el que preparó el negocio y el que le _remató_; +es decir, entre el mayordomo y el usurero...; más claro: entre Simón y +su cómplice. + +--Pero se le descubrirla el juego hecho así, por la prenda misma. + +--No hay tal. Simón tomará su parte en dinero, para invertirlo en lo que +mejor le parezca... Por eso es hoy más rico que tú. + +--Pero un ladrón, si eso fuera cierto. + +--¡Psch!; no sé yo hasta qué punto _obliga_ a serlo la ocasión en que se +le está poniendo en esta casa tantos Años hace. Sea lo que fuere, y ya +que no te resignas a no gastar más que tus rentas, ni te sea fácil +desprenderte por ahora de ese hombre, a cuya mano estás hecha, es +indispensable, ante todo, que sepas lo que tienes y lo que debes; y +después, que cuando necesites dinero, te le dé un prestamista honrado, +entendiéndote con él directamente y con la garantía de tu crédito. + +--¿Y hay prestamistas honrados? + +--Pocos, y yo conozco uno de ellos. + +--Pues venga ese. + +Guzmán sacó de su cartera una tarjeta; escribió con lápiz al respaldo de +ella el nombre y las señas del domicilio del sujeto, y se la entregó a +su amiga, diciéndola: + +--Ahí está. + +La marquesa leyó: «Don Santiago Núñez. Imperial, 15, 2º, derecha». +Después dijo a su amigo: + +--Está bien. Pues ahora voy a comenzar... por el principio. Las cosas, o +hacerlas bien, o no hacerlas. + +Y mandó llamar a Simón. + +Se marchó Guzmán, y entró a muy poco rato el mayordomo. + + + + +III + + +Así estaban las cosas, con un pasito más que luego conoceremos, al +invitar yo en los comienzos del capítulo precedente al lector amable y +pío, a que me acompañara al nuevo domicilio de la marquesa de Montálvez. +Reprodúzcole aquí la invitación; y puesto que no la desaira, vamos +adentro con todas las cortesías y comedimientos del caso. + +Hela aquí, bien iluminada por la luz directa de la calle, aunque +templada por la interposición de vidrieras y cortinajes entreabiertos, +en el instante de atravesar el saloncillo que separa su gabinete de la +elegante pieza que le sirve de despacho. A ver si hay castellana de +leyenda que mejor arrastre la fimbria de su vestido; ni que con más +lindo ni mejor calzado pie hunda más gallardamente el espeso vellón de +una alfombra; ni cuerpo en que mejor caiga una bata de paño de seda gris +con encajes de Bruselas; ni curvas de más valiente trazo para lucir las +hechuras de una prenda semejante; ni cabeza más airosa sobre cuello +mejor colocado. + +El despacho era una monada, por lo pequeño y lo primoroso. Parecía el +interior del estuche de una joya. Oro, blanco, rosa y azul. No había más +colores allí. Azul y oro, en el tapizado de las paredes; oro y blanco, +en los muebles de menuda talla, estilo Luis XVI, y rosa, blanco y azul, +en alfombras y colgaduras. + +En la penumbra del cortinón medio recogido de la puerta de escape hacia +el interior de la casa, aguardaba una persona, a la cual mandó entrar la +marquesa un momento después de sentarse en el precioso sillón de su mesa +de escribir. La persona que aguardaba en la penumbra del cortinón, +manoseando suavemente un rollo de papeles, era Simón, que no se dobló en +dos mitades al acercarse a su señora, como se doblaba al ponerse delante +del difunto marqués, ni se notaron en su cara ni en su voz los reflejos +y las inflexiones de entonces. Los tiempos habían cambiado y las +circunstancias también; y lo que halagaba mucho ciertas debilidades del +padre, no lo aceptaba, por instintivas resistencias, la hija. Simón lo +sabía sin que nadie se lo hubiera dicho, y lo había tomado muy en +cuenta para ajustar su conducta a los nuevos gustos. En lo demás, el +mayordomo, fuera de las canas que habían acabado de blanquearle la +cabeza, y cierto sello de contrariedad mal disimulada que se pintaba en +su fisonomía, era el hombre de siempre, hasta con la misma ropa. + +--La señora marquesa--dijo con voz segura, pero mansa y reverentemente, +cuando se le autorizó para hablar--está servida en el encargo que se +dignó encomendarme antes de ayer. + +En esto, desarrollaba los papeles que traía en la mano, y volvía a +arrollarlos en sentido inverso para que _perdieran el vicio_: eran unos +cuantos pliegos en folio, metidos bajo una carpeta bien rotulada. En +seguida puso el cuadernillo en manos de su señora. + +--¿Está aquí todo lo que yo he pedido?--preguntó la marquesa volviendo +la primera hoja. + +--Todo--respondió el mayordomo, inclinando el busto sobre el papel y +apuntando a la página con la diestra, medio extendido el brazo, siempre +a cierta distancia respetuosa--. En el primer pliego hallará la señora +marquesa la lista de todas las propiedades y valores de su pertenencia. +(La marquesa volvió otra hoja.) En el segundo papel consta, por +separado, cuáles de esas propiedades están libres y cuáles no, y qué +gravamen pesa sobre cada una de las que no lo están. (Otra hoja vuelta +por la señora.) En el tercer pliego verá la señora marquesa un estado +comprensivo de la situación actual de los bienes libres, en producto, +con algunas observaciones para la debida inteligencia. (Nueva hoja +vuelta por la marquesa.) En el folio siguiente está bien especificado, y +partida por partida, el número de cargas que pesan sobre los bienes +hipotecados, su importe anual y vencimiento de la correspondiente +hipoteca. (La marquesa volvió el quinto folio.) Y, por último, en la +hoja restante, una sencilla comparación de lo que se debe, con los +productos líquidos de lo que hay; y al pie, la diferencia a favor de la +señora marquesa. Ajustándome a su expreso mandato, lo he puesto así, +cosa por cosa y en papel separado cada una. Me alegraré de haber +acertado. + +--En efecto--dijo la marquesa--, está todo como yo lo mandé. Puede +ocurrir hacer uso de algo de ello, y no hay necesidad de que nadie se +entere de lo restante...¡qué tiene que ver! En substancia, y sin meterme +ahora a sondar estas llagas de mi hacienda, que ya se hará también, +resulta de este triste expediente que mis rentas hoy, reales y +efectivas, no pasan de... doscientos sesenta... + +--De trece mil duros mal contados--interrumpió Simón, sabiendo que el +duro era la unidad monetaria que usaba la marquesa en sus cálculos y +_libramientos_. + +--¿Y con esta miseria hay que vivir y recobrar lo hipotecado, si no me +resigno a perderlo? + +--Es seguro, por triste que parezca. + +--¡Bien se ha robado en esta casa, Simón, desde la muerte de mi pobre +abuelo! + +Simón aguantó esta acometida al pecho, con la imperturbabilidad de un +soldado ruso; y como si el golpe nada tuviera que ver con él, dijo a su +señora compungiendo bastante la voz: + +--¡Cuántas veces previne al difunto señor marqués y a la también ya +difunta señora marquesa, que cierto sistema de gastos llevaba los +caudales a las manos de los usureros, y que caer en estas manos era +punto menos que caer en una lumbre!... Después, quisiera yo que +recordara la señora lo que costó la irremediable desgracia de su +igualmente finado esposo: allí quedó mucho entre los escombros, y casi +otro tanto en poder de la justicia, que no deja de ser fuerte de manos +para agarrarse al dinero. También espero de la señora marquesa el favor +de no haber olvidado algunas indicaciones que oportunamente me he +atrevido a hacerla, en cumplimiento de mi honrado deber... De modo, y +salvo el merecido respeto, que a este caudal todos han sido a rozarle +(valga la comparación, si no ofende) y nadie a reponerle; y así, como +sabe muy bien la señora marquesa, hasta las peñas se acaban. + +La marquesa miraba de hito en hito a Simón mientras éste iba hablando; +pero en Simón caían aquellas miradas, que no eran de miel, como chispas +de pedernal en un montón de nieve. En seguida le dijo: + +--Insisto en que se ha robado mucho en esta casa; mucho más de lo que se +ha gastado en ella..., y hasta sé cómo se ha robado... + +--Perdone la señora marquesa que, como administrador... + +--El administrador, para cumplir con su deber, no ha hecho bastante con +administrar... a su modo, sino que ha debido impedir que otros roben a +sus amos..., a los que le daban de comer..., a los que le han hecho +rico..., más rico que yo. + +--¡Señora!... + +--Lo dicho, señor administrador..., y dejemos aquí este punto escabroso, +por ahora; que, entre los dos, no es a mí a quien más conviene que no +pase adelante la porfía. + +--Siempre acatando humildemente los mandatos de mis señores y dueños; +pero, salvo el respetable parecer de la señora marquesa, quisiera yo..., +me atrevería yo, mejor dicho, a suplicarla que se dignara tener en +cuenta que cuando a un hombre, ya encanecido, le abonan treinta y ocho +años, bien largos, de incesantes, aunque modestos servicios en una sola +casa como me abonan a mí, se puede disculpar..., creo que es de +necesidad y de justicia, que este hombre se muestre lastimado de +cualquier expresión... + +--¿Le han dolido a usted algunas de las mías? + +--Si la señora marquesa me lo permite, le responderé que sí. + +--Pues me alegro; y si el dolor es tal que no puede resistirle sin el +remedio que pretende y yo no le he de proporcionar, queda usted libre, +desde este instante, de ponerse en situación más independiente y segura. +¿Me comprende usted? + +--Paréceme que he penetrado la idea; y por lo mismo, quiero decir, por +el alcance que tiene, me atrevo a recelar que es la señora marquesa la +que no me ha comprendido a mí... No quise llegar tan allá... + +--Pues como si hubiera querido, o para cuando llegue..., y sin llegar, +valga lo dicho, téngalo en cuenta y acabemos. + +--Ordene la señora marquesa..., menos que se despoje a este viejo +edificio de sus hiedras. + +--¡También sentimental y culto! Pues me gusta la imagen, vea usted; +aunque yo quizás la hubiera presentado al revés, por parecerme así más +verdadera... Abreviando, señor administrador: lo que ordeno es que desde +mañana, desde hoy mismo, no ha de haber en mi casa otro dueño de mi +hacienda que yo. Usted continuará administrándola como hasta aquí, pero +nada más que administrándola. ¿Comprende usted lo que esto quiere decir? +Las cuentas, bien justificadas, cada tres meses; y para lo restante, +quiero decir, para lo imprevisto, para lo extraordinario que pueda +ocurrir, yo sola y como mejor me parezca. + +--¡Oh!, si treinta años hace se hubiera tomado en esta casa tan sabia +determinación, ¡qué ahorro de sinsabores para el leal administrador! + +--¡Y qué ahorros para mí!... Pero ya no tiene remedio, y más vale tarde +que nunca. A otra cosa. ¿Qué dinero tiene usted disponible? + +--¿Para cuándo? + +--Para dentro de seis u ocho días. + +--Lo más indispensable para los gastos ordinarios de la señora +marquesa..., si alcanza. + +--Está bien. ¿Queda usted enterado de todo cuanto le he advertido? + +--Perfectamente, señora marquesa. + +--Pues hemos concluido. + +Y con esto y un ademán muy expresivo, hizo entender al _sensible_ +mayordomo que estaba de más allí. El cual mayordomo salió del despacho +por la puerta de escape, casi andando hacia atrás, y sin que a la vista +más sutil le fuera posible leer en su cara enjuta la impresión que le +habían causado más adentro las palabras Y la determinación de su ama y +señora. + +Ésta, en cuanto se quedó sola, escribió una carta en un papel muy majo, +muy recortadito en forma apaisada, muy perfumado y con la +correspondiente corona por membrete; la metió en un sobre por el estilo, +cerrole y copió en él lo mismo que había escrito con lápiz Pepe Guzmán +dos días antes al dorso de su tarjeta. Llamó y acudió en seguida un +criadito muy guapo y muy bien embutido en su media librea. Le entregó la +carta y le dijo: + +--Inmediatamente... y que aguardo la respuesta. + +Que tardó una hora larga en llegar; porque el señor don Santiago Núñez +estaba con un ataque reumático hacía una semana, y, aunque ya se +levantaba, no podía salir a la calle: gracias que arrastrando, +arrastrando, lograba llegar desde el dormitorio a su despacho. La +rodilla, la pícara rodilla derecha, que no acababa de jugar los goznes +como la otra, tenía toda la culpa. Pero si la señora marquesa tenía +algún asunto apremiante que tratar con él, allí le encontraría a su +disposición, a todas las horas del día y de la noche, la persona a quien +la misma señora marquesa tuviera la dignación de encomendar el +encargo..., porque él se creería muy honrado y satisfecho en servir a la +señora marquesa, que tan recomendada le había sido por el señor de +Guzmán... Y todo esto y todo aquello y algo más, se creyó obligado don +Santiago Núñez a decírselo a la señora marquesa, y se lo dijo en una +carta escrita a pulso y con reglero..., porque «a todo señor, todo +honor». + +Y la marquesa, aunque algo contrariada por la noticia, sin apurarse gran +cosa por la dificultad, arrojó la carta sobre el escritorio; volvió a +llamar, acudió el mismo criadito de antes, y le dijo levantándose: + +--La berlina en seguida. + +Mientras se la preparaban, volvió a su gabinete y llamó a su doncella +para que la vistiera para salir. + + + + +IV + + +El era nativo de la provincia de Burgos, no se sabe a ciencia cierta si +de Huermecos o de Castrojeriz, duda que importa bien poco en esta +historia que vamos relatando; no tenía su padre, labrador honrado a +carta cabal, muchos bienes, y sólo pudo darle larga escuela en la mejor +del pueblo, y una tintura de segundas letras por mano de un clérigo que +no sabía mucho más. El chico no era un lince, pero tampoco lo contrario; +y como no pecaba de robusto, y lo aprendido hasta allí era demasiado +para un labrador y muy poco para buscarse la vida con ello, se adoptó en +consejo de familia un término prudente entre los dos extremos, contando +con la natural condición placentera y bondadosa del muchacho y con +algunas buenas amistades de su padre. En fin, que se logró colocarle de +mozo de mostrador en una droguería de Madrid, con poco sueldo por +entonces, pero bien hospedado y mantenido en la propia casa de su dueño. + +Allí, con su buen carácter, mucha paciencia y grande aplicación, fue +haciéndose lugar y acrecentando su peculio, gastando menos según iba +ganando más; hasta que a los quince años de droguero y a los veintiocho +de edad, creyéndose bastante rico y por otros motivos que se sabrán, su +amo le cedió la droguería con unas condiciones que, sin dejar de ser +buenas para el cedente, eran un filón de plata para el ahorrativo e +inteligente castellano. + +Entonces fue cuando éste se casó con Ramona Pacheco. Nada mejor acordado +ni más merecido. Era como la cosecha sazonada de una larga labor de +honrados pensamientos. Ramona Pacheco era una sobrina lejana que su +principal había recogido huérfana y casi niña, y hembra bien singular +ciertamente. No era fea, y lo parecía; era más joven que Santiago, el +droguerillo, y representaba diez años más que él; estaba bien metida en +carnes, y aparentaba lo contrario; tenía excelente corazón y el alma en +su correspondiente almario, y parecía una estatua de pedernal. Y todo +consistía en que era de una rigidez, de una tenacidad de pensamientos y +propósitos, y de una casta de moral tan extremadas y enteras, que la +iban llevando poco a poco toda la vida _hacia adentro_; y allí la +guardaba como el avaro su tesoro, y, también como el avaro, sospechaba +de todo lo que en torno suyo se movía. Por eso su cara, más que reflejo +de lo mucho y excelente que había detrás de ella, era simplemente una +losa puesta de intento allí para taparlo, con dos ametralladoras por +ojos para defenderlo, y una boca que sólo se abría para dar el abasto de +la metralla de los ojos. Y éstos eran negros y bien rasgados, y la boca +muy bonita. + +Ocurría, además, que Ramona tenía una afición desesperada a hacer media, +y sólo haciendo media se entretenía, en cuanto no quedaba en la casa un +suelo que bruñir, ni un átomo de polvo sobre un mueble, ni un trasto +fuera de su sitio, ni un descosido sin coser, ni cosa alguna que +trajinar, para los cuales menesteres era una pólvora por la actividad y +un asombro por la limpieza. En estas ocasiones era algo más expresiva de +palabra y de gesto; pero con los muebles y las ropas y los cachivaches +de la cocina, porque no quedaban a su gusto, o porque se lucía en algo +de ello su trabajo, o pensando en la criada, o en el amo, o en _el +otro_, que, a su juicio, rompían o manchaban. Para hacer media se +sentaba junto a las cortinillas de las vidrieras del balcón, en una +silla baja, tiesa, muy tiesa, y con la mirada fija en el tejemaneje de +las manos, que parecían un argadillo. Así se pasaba horas enteras, si no +tenía otra cosa más precisa en que ocuparse. Que la hablaran entonces, +que la preguntaran por algo que estuviera cerca de ella; que entrara o +que saliera alguien: una mirada rápida hacia el objeto o hacia la +persona, y vuelta a clavarla en el incesante moverse de las agujas, y lo +menos posible de palabras para responder. + +Es indudable que este hábito de trabajar así, de abstraerse en la +contemplación de su obra, de mirarla incesantemente, con la cabeza +erguida y los ojos bajos, acentuó en gran manera la natural rigidez de +su continente. + +Era preciso vivir mucho tiempo a su lado para convencerse de que no era +fea ni mala ni insoportable; y averiguado esto, se iba cayendo poco a +poco en la cuenta de que era todo lo contrario, y hasta una alhaja para +mujer de un marido de pocas necesidades intelectuales y mucho apego a la +vida honrada y laboriosa de puertas adentro. Y esto le pasó a Santiago +cuando ya le cabían en la mollera pensamientos de cierto linaje. El +primer paso le costó lo indecible; pero le dio como un valiente, y se +conformó con que Ramona tomara en cuenta la insinuación sin mostrarse +agraviada. Pero le advirtió que no insistiera mientras ella no lo +autorizara de algún modo bien explícito. Tres años pasó Santiago sin +saber a qué atenerse y temiendo siempre lo peor. Yo creo que todo ese +tiempo necesitó Ramona para estudiar a fondo las malicias de Santiago y +el terreno a que éste pretendía conducirla. Un día le dijo que +continuara hablándole _de aquello_ de que había comenzado a hablarla. +¡Como si hubiera sido la víspera! Y Santiago, que, «por casualidad», no +pensaba en otra cosa, tomó el punto donde le había dejado entonces, y +continuó hablando de ello, con cuantas amplificaciones y distingos le +parecieron del caso y bien acomodados a la rectitud y santidad de sus +miras. Fue bien recibida la instancia, y hasta bien hablada la +respuesta; súpolo el tío de Ramona, gustole el intento de su +pretendiente, y aun le hizo saber que su sobrina contaba con una buena +dote que le daría él, lo cual no desagradó a Santiago, hasta por lo +mismo que lo ignoraba; y con la sola condición de que éste, y «por el +bien parecer», cambiara de domicilio hasta que el casamiento se +efectuara, quedó arreglado y convenido para muy luego. Hay razones para +creer que la idea de este suceso movió al viejo droguero a traspasar a +Santiago su droguería mucho antes de lo que tenía pensado; tanto más, +cuanto que se sabe que su dependiente apuntó cierto escrúpulo que tenía +de casarse sin estar _arraigado_ completamente a su gusto, con la +advertencia de que esto del arraigo no lo estimaba él en una riqueza, +que no merecía, sino que algo como..., verbigracia: una droguería bien +montada que fuera de su propiedad absoluta, para lo cual no daban sus +ahorros por entonces. + +Celebrado el casamiento y hecho en regla el traspaso de la droguería, el +viejo droguero cedió hasta la habitación a sus sobrinos, y se largó a su +tierra, en la Rioja, a disfrutar las primeras vacaciones que había +logrado en su vida, perfectamente libre y descuidado. Si no le engañaba +el pensamiento, por allá se quedaría hasta dejar los huesos en el +terruño nativo; si le engañaba, volvería a Madrid cuando mejor le +pareciera, o gastaría en ir y venir el poco tiempo que le restaba de +vida. + +Pocas veces se ha casado una mujer con menos conocimiento práctico del +mundo que Ramona Pacheco. Cuando era niña, en su pueblo (el mismo de su +tío), ya estaba cansada de _saber_ que la gente de Madrid se componía de +políticos relajados, de generales facinerosos, de señoronas perdidas, de +señoras a medio perder, de vividores sin vergüenza y de un populacho +soez, asesino y ladrón. Y fue a caer en Madrid sin haber echado de su +meollo una sola de estas ideas. ¡Ella, que era creyente a puño cerrado, +honesta y honrada hasta la manía, y testaruda y tenaz en sus obras y +pensamientos, por carácter y por educación! Mandarla pisar las calles de +la corte, era, en su concepto, como decirla: «Métete en esa leonera; +arrójate en esa lumbre». Se necesitaron heroicos esfuerzos de su tío y +de las personas a quienes éste encomendó la ardua tarea de educarla +hasta donde fuera posible, para que afinara, nada más que para que +afinara, aquellas sus escabrosas ideas. Llegó a conceder excepciones: la +posibilidad de algo bueno entre tantísimo malo; pero ¡fuera usted a +sacar la anguila del saco de culebras! Y escondía la mano por horror +instintivo; quiero decir que, sin una indispensable necesidad, no ponía +los pies en la calle. En tal estado de experiencia se casó. + +Y comenzó a tener hijos. Y tuvo el segundo y perdió el primero; y tuvo +el tercero y perdió el segundo, y así sucesivamente hasta el octavo. +Esto acabó de agriar su carácter, la acartonó sin tiempo y empalideció +sus carnes hasta la lividez; quiso templar sus amarguras maternales con +algún entretenimiento que se las distrajera, y se encenagó en el vicio +de hacer calceta. Llegó a hacer una cada día, sin faltar a sus deberes +de mujer hacendosa; y esta gran manifestación de su genio calcetero, +casi casi la envaneció. Se le había cansado mucho la vista con los +disgustos y las tareas, y también había perdido la mitad del pelo, por +lo cual usaba anteojos mientras trabajaba, y cofia a todas las horas del +día. Los anteojos eran de gruesa armadura blanca, con cristales +redondos, y la cofia, de tul negro con cintas moradas. ¡Era cuanto había +que ver doña Ramona haciendo media, desde que necesitaba anteojos y +papalina! + +Pero ni la pasión por la media, ni el orgullo de hacer una cada día, +alcanzaron arrancarla de sus tristes meditaciones en el silencio y la +soledad de su casa, y se atrevió a pretender de su marido que la +pusieran una silla en un rincón de la droguería, detrás del mostrador y +junto al atril que allí había para los apuntes provisionales (pues el +escritorio estaba en la trastienda, con luces a un patio). Don Santiago +se alegró de aquel atrevimiento de su mujer, y la dispuso el trono como +para una reina; lo mejor que se pudo con lo que había a mano: una silla +de Vitoria sobre un felpudo casi nuevo. + +Y este trono ocupó doña Ramona desde el día siguiente; y allí la vieron +con admiración los marchantes, rígido y empinado el cuerpo vestido de +obscuro, casi negro; medio cubierta la cabeza con su cofia; las cejas +enarcadas; los sombríos ojos clavados, por detrás de los cristales de +las gafas, en las manos de piel lívida, como la de la cara; la calceta y +las agujas entre los dedos, y sin otras señales de estar viva que el +movimiento vertiginoso de las manos y tal cual mirada zurda que lanzaba +por encima de los anteojos, bajando un poco la cabeza, cuando alguien +entraba o salía, o mientras tiraba con la diestra del hilo que terminaba +en un grueso ovillo que andaba rodando, tan pronto sobre el mostrador +como encima del felpudo, o hecho una maraña entre las uñas de un gato, +debajo de la silla. Doña Ramona la ocupaba todos los días, dos horas +antes de comer y tres antes de cenar. En su casa se comía a la antigua +española. + +En esta salida, al cabo de veinticinco años de escondite, se puso doña +Ramona, por primera vez en su vida, en contacto y roce con el mundo. El +mundo eran para ella las gentes que pasaban por la calle, las que +entraban en la tienda, y el rumor que se oía más a lo lejos, como +bramido de ondas agitadas que arrojaban aquellas espumas hasta allí. +Todo era el mismo mar, agua de la misma fuente. No había olvidado las +advertencias de su tío y de sus maestros; pero, sin agravio de ellas, +bien podía suponer que cada marchante fuera un pillo, y un ladrón +disfrazado cada transeúnte. ¿Traían en la frente alguna señal que +demostrara lo contrario? Pues, en la duda, cara de perro a todo bicho +viviente. + +En poco tiempo, y aunque parecía que en nada se fijaba, llegó a ponerse +al corriente de aquel laberinto de cajones rotulados, a hacer el oído a +los enrevesados términos del ramo, y a conocer cada droga por su nombre +y con sus precios. Entonces, cuando la concurrencia era mucha y no +alcanzaba la gente de mostrador adentro a servirla al punto, se alzaba +ella poco a poco de su silla y despachaba también, con una mano sobre lo +pedido, como garra de león sobre la carne palpitante, cuando hay quien +le mire, y en la otra la calceta, hasta que veía en el mostrador, y bien +contado con los ojos, el dinero que valía la droga aprisionada. Si +después de verla el parroquiano la quería más cara o más barata, o +prefería otra equivalente más de su gusto, hasta dos veces lo llevaba +doña Ramona con paciencia, pero a la tercera, recogiendo la droga que +nunca había soltado por completo de su diestra, contestaba secamente y +volviendo la espalda: «No lo hay», aunque estuviera llena de ello la +droguería. Algún comprador _erudito_ la puso por entonces la _Esfinge_, +y con este mote se quedó en el barrio. + +Al contrario de su mujer era don Santiago. Éste se pasaba el día dando +vueltas por la tienda, tan pronto dentro como fuera del mostrador, +poniéndose y poniendo a sus dependientes en incesante comercio de gustos +y de palabras con los compradores, a la mitad de los cuales tuteaba: a +los unos, porque los conocía, y a los otros, porque _debía_ conocerlos +al cabo de tantos años de vender allí. Era un pobre hombre, bueno como +el pan, campechano y complaciente hasta lo inverosímil. Tenía sus penas +allá dentro, como su mujer; pero mejores lentes para observar los +sucesos de la vida. + +Doña Ramona tuvo el noveno hijo; y como tampoco falló la costumbre esta +vez, en seguida perdió el octavo. Y todavía llega a tener el décimo; y +también la acechaba entonces la suerte negra, y le mató el noveno. Este +golpe dejó a la pobre señora para no llevar otro sin sucumbir. Era mujer +de gran espíritu y arraigada fe. Dios le daba los hijos y Dios se los +quitaba. Disponía de lo suyo. Pero su naturaleza era de carne mortal, y +sus hijos pedazos de sus entrañas, y tenía que dolerle mucho allí cuando +se las desgarraban fibra a fibra. Dios no pedía cuentas de estas +tribulaciones a sus criaturas. + +Desde aquellos días se entenebrecieron más sus ideas sobre las gentes y +las cosas del mundo, y le parecieron lo más abominable de él las mujeres +casadas de más alegre y más lujosa vida. ¿No habrían perdido tres +hijos..., dos, cuando menos; uno siquiera? Pues ¿dónde estaban las +señales de su pesadumbre? No podían ser buenas madres las que olvidaban +a sus hijos muertos. Y con esto y con aquellas alucinaciones que nunca +logró echar por completo de su cabeza, acabó por cobrar aborrecimiento a +las señoronas sin haber visto una sola en todos los días de su vida. + +Mientras tanto, había muerto también el ex droguero; y con lo mucho que +les dejó, lo que representaba la droguería y lo que en ella habían +ganado los sobrinos del difunto, al perder el hijo noveno eran ricos, +pero muy ricos. + +--Y ¿para qué?--exclamaba el pobre don Santiago, devorándose las +lágrimas y paseando maquinalmente alrededor de su cuarto, con las manos +en los bolsillos del pantalón, y el gorro de panilla azul caído sobre el +entrecejo. + +--Sí..., ¿para qué?--repetía desde su silla con voz de sepulcro doña +Ramona, que, si ya no se llamara la _Esfinge_, hubiera habido que +llamárselo desde entonces, al verla tiesa, pálida, inmóvil y misteriosa, +clavada en su asiento como escultura egipcia en su pedestal. + +El marido y la mujer miraban ya con desaliento las prosperidades de la +tienda, que parecían una burla de su desgracia. ¡Tanto dinero para un +hijo solo..., contando con que Dios no se le llevara también! ¡Y aquella +casa, tan triste y tan llena de cadáveres; con aquel olor a drogas, que +ya les parecía el tufo de la muerte, el olor de los cadáveres de sus +hijos insepultos! Al cabo tomaron aversión a la droguería y a la casa, y +resolvieron abandonar ésta y hacer con aquélla lo que antes había hecho +el viejo droguero: traspasarla a un buen dependiente, que no faltaba +tampoco entonces. El resto del pingüe capital estaba bien colocado en +fincas y valores _sanos_. Quedaba un pico flotante, y ese le +aprovecharía don Santiago para ciertos negocios sencillos que le +entretuvieran sin atarearle; verbigracia, descuentos de pagarés con +buenas firmas, y algún préstamo sin usura ni abuso que se le pareciera. +Porque a don Santiago se le harían las horas eternas con un hijo solo y +sin negocios que le preocuparan. No sabía otra cosa. + +Quedaba también un bolsón bien repleto y que nunca se desocupaba, aunque +se hacía mucho uso de él, a disposición exclusiva de la Esfinge, para +sus obras de caridad, que eran muchas y muy ignoradas; pero yo sé que la +merecían especiales preferencias las madres sin amparo y los hambrientos +de levita, que son los dos aspectos más horribles de la miseria de las +ciudades; y también me consta que ninguna dádiva estimaba en tanto la +señora de don Santiago como la de un par de medias de las que ella +hacía. ¡Cómo las ponderaba y se las encarecía al pobre a quien se las +regalaba!, ¡ella, que sacaba del bolsón la mano llena y cerrada, para +ignorar lo que valía la limosna! Porque en el bolsón andaba revuelta la +plata con el oro. + +Se hizo el traspaso de la droguería, y en seguida la mudanza de los +trastos de la habitación a otra de la calle Imperial (15, segundo, +derecha). Allí comenzó don Santiago Núñez a funcionar, por +entretenimiento, en sus proyectadas especulaciones; y allí, en su propio +despacho instaló la Esfinge su pedestal, para hacer media sin parar las +manos, acompañar a su marido y distraerse un poco más, observando de +reojo lo que en la estancia acontecía. + +Así fue corriendo el tiempo, y, con él, calmándose la pesadumbre del +marido y haciéndose la mujer a la carga de las suyas. Ya no había que +contar con el undécimo retoño, y el décimo iba creciendo y esponjándose +que daba gusto, y era bueno y listo y hermoso como si Dios se hubiera +complacido en reunir en este solo hijo cuantas prendas simpáticas cabían +dispersas en los anteriores. Este pensamiento, con el arraigo que +tomaban todos en la mente de doña Ramona, fue un gran confortante para +su espíritu. + +Pero, en cambio, en la escuela del nuevo tráfico de su marido; con lo +que allí observó; con lo que fue aprendiendo, con este indicio y aquella +declaración terminante, sobre la índole de ciertos apuros y las causas +productoras de ciertas necesidades en determinadas personas y +jerarquías, ¡cómo le engordaron en el meollo las nunca desvanecidas +ideas que tenía de las gentes de Madrid! Ya no podía negársele que había +mujeres que derrochaban tesoros para vivir entre lujos y +deshonestidades; «mujeronas empingorotadas» que escandalizaban al mundo +y se burlaban de la ley de Dios; mujerzuelas de más abajo que arruinaban +a sus maridos por el vicio de ser tan escandalosas y desarregladas como +las de más arriba; hombres que perdían a una carta en un instante la +hacienda de todos sus hijos..., ¡y casi siempre la bambolla y la +lujuria, de más cerca o de más lejos, danzando en los enjuagues del +dinero y en las angustias del plazo! Y esto en su casa, donde el interés +no era rosca que asfixiaba al deudor; donde había prórrogas para los +apuros, y eran los préstamos favores de amigo más que negocios de +prestamista inexorable. ¡Qué no sucedería, qué llagas no se verían al +descubierto en los antros de la usura, a donde se acude en los grandes +ahogos, y se pactan, a trueque de salir de ellos, los mayores saqueos y +pillajes? Y aquel hijo que ella tenía llegaría a ser un hombre, y a +saber que era rico, muy rico, y tal vez a envanecerse, y de seguro a +rozarse con la peste tramposa y desvergonzada que todo lo corrompía; y, +sin embargo, no quería ella hacer de su hijo un ignorante droguero, +porque valía para mucho más y debía serlo. ¡Qué pulso, qué tino, qué +vigilancia había que tener con él para que el diablo no le conquistara! + +Y como si viera al diablo en cada prójimo, había hecho un verdadero +exorcismo de su cara. + +Tenían serias y largas discusiones don Santiago y su mujer sobre el +punto referente a la educación de su hijo. ¿Por dónde comenzarían para +no equivocarse? Y después, ¿le _harían_ abogado, médico, ingeniero, +cura, ministro, general, emperador..., pontífice?... Porque los alientos +de los padres alcanzaban a todo eso, o poco menos, y los merecimientos +que suponían en el hijo, a mucho más. + +Por de pronto, le matricularon en San Isidro; y después, curso tras +curso y con regular aplicación y bastante aprovechamiento, llegó el +estudiante a las vísperas del bachillerato al cumplir los catorce años +de edad. Tenía entonces su padre cincuenta y cinco, y su madre..., +¿quién era capaz de saberlo, ni para qué cansarse en averiguarlo? La +Esfinge lo parecía ya de verdad; y cuando se llega a ese estado de +petrificación y de dureza, se vive una eternidad, y no se cuenta por +años, sino por siglos, como para los monumentos de los Faraones. + +Hacia aquellas fechas (no las de los Faraones) fue cuando don Santiago +Núñez escribió a la marquesa de Montálvez la carta cuya substancia +conocemos. + +Hablando del suceso largamente, llegó a decir la Esfinge: + +--Otra nueva trapisonda tenemos. Basta con oler la carta para +convencerse de ello. Todas esas mujeronas huelen a lo mismo. + +Y don Santiago se reía como unas castañuelas, porque era así. Estaba +embutido en su sillón, con la pierna derecha entrapajada por la rodilla +y descansando sobre una banqueta. + +Buena ocasión era esta para describir el físico del droguero, y en ese +deber estaba yo, y a cumplir con él iba ahora mismo; pero me obligan a +renunciar a esa tarea las mismas condiciones del sujeto: no hay por +dónde tomarle para que resulte pintoresco, porque era la misma +insignificancia el bueno de don Santiago Núñez. + +Estando en aquellos comentarios ya largo rato hacía el matrimonio, +hízose anunciar la marquesa; y poco después entró, llenando el despacho +de fragancia, de crujidos de seda cara, y de esa luz especial que +irradian, en las moradas tristes y descoloridas, las mujeres hermosas y +elegantes. + +La Esfinge no se movió de su pedestal ni dejó de hacer calceta; y sólo +dio señales de vida para responder a la ceremoniosa cortesía de la +marquesa con un gesto no difícil de traducir en palabras para los que +estaban avezados a leer en aquel arranciado pergamino. El gesto quería +decir: + +--¡Pufff!... ¡Qué Peste! + + + + +V + + + * * * * * + +Y como don Santiago no podía levantarse de su asiento sin gran trabajo, +no hubo allí quien presentara una silla a la marquesa, la cual se sentó, +muy campechana (porque afortunadamente era mujer de gran correa para +esos lances), en la que, entre excusas y hasta cabriolas, le ofreció el +aturdido reumático desde su potro de tortura. + +--¡Oh, señora marquesa!--decía don Santiago, tambaleándose entre el +escritorio y el sillón--: si yo hubiera sabido..., si pudiera presumir +que esta casa había de ser honrada por usted y no por otra persona de su +confianza, yo me habría prevenido, habría esperado, y en la sala, como +es de... + +--Gracias, gracias, señor de Núñez--respondía atajándole la gran dama, +entre sonrisas picarescas--; no tiene usted por qué lamentarse: lo +conozco todo; me pongo en todos los casos. + +--La rodilla, señora, esta pícara rodilla que no me permite levantarme +de pronto, ni andar sin muchísimas dificultades--añadía don Santiago, +que todo le parecía débil para excusa de su falta--, y hasta la poca +salud de mi esposa (y señalaba hacia ella), que también la impide... + +--Nadie ha incurrido aquí en falta más que yo--repuso la marquesa, +mirando tan pronto muy risueña hacia el reumático, como con asombro +hacia su mujer, que no chistaba--; yo, que he venido a molestar a +ustedes sin tener esos inconvenientes en cuenta... + +--¡Molestarnos usted, señora marquesa! ¿Cuándo más honrados ni más...? + +--Me parece--apuntó aquí la Esfinge con su voz de fantasma--que sin +tanto cumplimiento nos entenderíamos mejor y mucho antes. + +La marquesa cayó en un nuevo asombro al oír la voz de aquella estatua; y +si hubiera sabido con qué mote se la conocía, quizás habría tomado la +cosa más en serio, creyéndose transportada a los tiempos fabulosos. + +--Tiene razón esta señora--atreviose a decir la dama, sin apartar sus +ojos de ella--. Dejémonos de cumplidos y hablemos del asunto que me trae +aquí. + +--Estoy a las órdenes de la señora marquesa--dijo don Santiago Núñez +haciendo una cortesía. + +Pero la marquesa no empezaba a hablar, ni concluía de mirar a la +Esfinge. Era indudable que la presencia de ésta la contrariaba tanto +como la sorprendía. + +Conociolo bien pronto doña Ramona, y enderezó a la otra estas palabras, +acompañadas de dos saetazos por encima de sus anteojos: + +--Yo no estorbo aquí, señora; téngalo usted entendido. Entre mi marido y +yo, como no hay pecados, tampoco hay secretos. Somos un alma en dos +cuerpos, por la gracia de Dios. + +--Mil enhorabuenas--respondió la marquesa entre burlona y picada--por +esa felicidad; pero crea usted que no era la cosa para tanto. Verá usted +cómo, aunque pecadora, me atrevo a confesar aquí el motivo de mi visita, +y sin escándalo de nadie. + +Don Santiago estaba en ascuas con las crudezas de su mujer, y no sabía +cómo disculparlas sin provocar otras más incisivas. Al mismo tiempo, la +marquesa, desde que conocía a la Esfinge, ardía en curiosidad de saber +de dónde procedían las intimidades de Guzmán con aquella singular +familia; pues estaba segura de que a su amigo le sobraba siempre el +dinero, y no podían ser necesidades de esta clase los motivos del +conocimiento. Hizo en el acto, y como introducción a su particular +negocio, la pregunta a don Santiago, y le respondió éste, alegrándose en +el alma de que se distrajera por allí el otro tiroteo: + +--¡Ah!, el _Condesito_, como yo le llamo..., porque aunque el conde es +su tío, mucho más merece serlo él, hasta por la estampa: ¡guapo mozo! +Pues la estimación con que nos honra el señor de Guzmán viene de lejos: +nada menos que de su padre con mi principal y tío de mi señora, al cual +hizo muchos y muy grandes favores en los tiempos en que comenzaba a +vivir por su propia cuenta. Un hermano de nuestro tío había sido muchos +años empleado en la casa de los señores de Guzmán..., y de aquí nació lo +otro. No era ingrato el favorecido; sabía, además, hacer buen uso de los +favores; y con todo ello, la estima del favorecedor llegó hasta una +buena amistad, como entre iguales: vea usted, señora marquesa, ¡como +entre iguales! Y esta buena amistad del padre la continuó el hijo, don +José Celestino Guzmán, el actual _Condesito_. Como se quedó huérfano +siendo un muchacho, y llegó a ser mozo independiente y libre con un +caudalazo atroz, se aconsejaba muy a menudo de mi principal para la +colocación de sobrantes y otros asuntos por este orden. Andaba yo muy +cerca de ellos en esos casos; y como los dos me estimaban en más de lo +que yo valía, obligábanme de vez en cuando a meter mi cuchara en la +conversación. Tuve la suerte de acertar casi siempre; y ya lo mismo le +daba a don Pepito Guzmán encontrarse en la droguería con el principal +que con el dependiente, cuando de higos a brevas iba por allá con los +motivos de costumbre. Retirose nuestro tío, y se murió bien pronto, y +continué yo mereciendo todas las atenciones y hasta la amistad que él +había merecido del señor de Guzmán. Muy de tarde en tarde nos vemos, +porque son muy distintos los mundos por donde andamos, y él es ya hombre +que no necesita para nada los consejos de nadie, y aun puede dárselos +sobre todas las cosas a medio Madrid; pero nos honra con una buena +amistad, que nosotros le pagamos como se debe. Anteayer me pasó una +esquelita diciéndome que usted quizá me necesitaría para tratar de un +asunto de intereses conmigo, y que procurara servirla lo mejor que +pudiera y como si se tratara de él mismo. ¡Figúrese usted, señora +marquesa, si aunque no sea más que por este solo motivo y sin contar lo +que usted por sí propia se merece, estaré yo dispuesto a servirla en +cuanto esté al alcance de mis posibles! + +--¡Gracias mil, señor de Núñez--respondió en seguida la _señorona_, +visiblemente complacida con el candoroso ofrecimiento de aquel pobre +hombre, y acaso, acaso, y quizá más, con la espontánea recomendación de +su amigo--. Y ahora, sin nuevas digresiones que nos distraigan y le +roben a usted el tiempo y a su excelente señora la paciencia, allá va la +historia en pocas palabras: Ha habido en mi familia un gran caudal; pero +cuando llegó a mis manos ya no lo era tanto. Despilfarros y vicisitudes +lo quisieron así. Poseo, sin embargo, lo suficiente para vivir con +holgura en la esfera en que he nacido y me han educado; pero no tengo la +virtud del ahorro ni otras virtudes que acrecientan los caudales. Antes, +soy un poco abierta de mano, y no peco de previsora. Con estos defectos, +no es de extrañar que algunas veces resulten desproporciones entre las +salidas y los ingresos, como dicen ustedes los hombres de negocios. En +estos casos, hay que resignarse al contratiempo o conjurarle de +cualquier modo, si la necesidad lo exige. A mí me lo ha exigido varias +veces, y siempre me han costado muy caros los conjuros; porque, según me +afirman, no debí hacerlos nunca por intermediarios. Me he convencido de +que esto es verdad, y estoy resuelta a cambiar de sistema, recorriendo +esos trámites por mí misma cuando sean de necesidad. Por si llegaran a +serlo de un momento a otro..., y antes de pasar más adelante, quiero +advertirle a usted que le doy todos estos pormenores para anticiparme a +sus deseos y evitarle el trabajo de inquirirlos, y porque sería una +inocentada el empeño de esconderlos cuando no resulta desdoro en +confesarlos. + +El ex droguero escuchaba con la boca abierta a la hermosa y elegante +dama, cuyos donaires y gracejo le tenían cautivo; mientras, la Esfinge +la miraba de reojo y a hurtadillas, por no tener a mano lanzón de mayor +fuerza para pasarla de parte a parte. La marquesa se enteraba de todo y +se deleitaba grandemente con ello. Sin dar tiempo a que don Santiago +apuntara las corteses rectificaciones que ya la sagaz interlocutora le +había leído entre los labios, continuó así, tras una breve pausa: + +--Por si llegara ese caso, repito, de un momento a otro, deseo y +necesito saber, señor don Santiago, qué condiciones impone usted para un +anticipo a las personas de reconocida responsabilidad, como yo; +responsabilidad, se entiende, en inmuebles, como ustedes dicen también, +y de cuya existencia, libre y desempeñada, se puede certificar cuando +sea necesario. + +Lanzó entonces la Esfinge una mirada de acero a su marido (que ya +contaba con ella), como diciéndole: «Mucho ojo con esta víbora»; y +respondió el buen hombre, después de prepararse mucho con algún +carraspeo y tres cambios de postura en el sillón: + +--Mire usted, señora marquesa: en primer lugar, yo no soy un +prestamista... por oficio, ¿me entiende usted?... Corriente. Tengo un +piquillo suelto que dedico a descuentos lícitos, quiero decir, sin +explotar ahogos ni conflictos de nadie..., servicio por servicio, ni más +ni menos. Que ocurre entretanto algo de lo que usted desea: me entero de +la calidad del apuro; resulta honrado, puedo sacar de él a la persona; y +a la buena de Dios y como entre caballeros, «toma lo que apeteces, y +venga el resguardo», con las cláusulas que se establezcan y por un +interés que no pasará del seis aunque me ahorquen. Que llega el +vencimiento y no hay con qué recoger el testimonio de la deuda. ¿Hay +razones que lo justifiquen? ¿El apuro es honrado también? Pues, señor, +no he de llevar al pobre hombre a la cárcel, ni le he de malvender la +hacienda para cobrarme. O hay buena fe, o no la hay. ¿La hay? Se da una +prórroga de dos, de tres meses... o más, si se necesita. El hombre +respira, y yo no me ahogo; él se beneficia, y yo no me perjudico. ¿No +fuera pecado mortal obrar de otro modo? Pues, señor, lo que yo digo: si +el dinero no ha de servir más que para irle amontonando, o para sacar la +entraña a mi vecino, vaya a la porra ese metal, que nunca debe ser +metralla para nadie. ¿Se va usted enterando, señora marquesa? + +Aquí era la marquesa la cautivada, porque cautiva la tenía la noblota +ingenuidad del hombrecillo. Juraría entonces que aquella era la primera +vez que veía de cerca un corazón de oro. ¡Y en qué cuerpo le hallaba, y +de qué retórica se servía! + +--¡Siga usted, siga usted!--le dijo la marquesa radiente de curiosidad, +y bien sabe Dios que sin pizca de interés por lo que personalmente le +alcanzaba en el desusado prospecto de aquel singularísimo _prestamista_. + +--En segundo lugar--continuó don Santiago--, yo no puedo establecer esas +condiciones generales por que usted me pregunta, porque, como ya he +tenido el honor de manifestarla, el capital que dedico a las operaciones +de préstamos es de poca importancia, al paso que son incalculables las +atenciones que necesitaría cubrir si no las limitara al tenor de los +casos. De modo que según sea lo que se solicita y quien lo solicita, así +lo doy o lo niego; y si lo doy, con arreglo a las bases que se +establecen entonces de común acuerdo, y según las circunstancias, pero +del seis no se pasa nunca, como también he tenido el honor de indicar +antes; y esta es la única condición que puede estipularse de antemano. + +Por lo demás, y si sólo se mirara el beneficio material, a sacar el +redaño al prójimo, crea usted, señora marquesa, que no habría tenaza +mejor que el oficio de prestamista sin entrañas. Me he convencido de +ello con la experiencia de estas vecindades suyas. ¡Es un espanto lo que +sabría usted si contaran estas cuatro paredes la mitad de lo que han +visto y oído! Porque aquí se han llorado lástimas de todos los colores, +y se han descubierto fregados que tumban de espaldas. ¡Y siempre por el +lujo, por el juego y por todos los vicios más abominables! ¡Qué agonías +tan congojosas y tan complicadas, y qué pasar por todo las infelices +gentes, si yo hubiera sido capaz de aceptarlo por el ansia de recoger +onzas de oro mañana, sembrando ochavos morunos de presente! Porque eso +hace la usura con los desdichados que se ahogan en apuros. De algunos de +ellos me he condolido; y por evitar que otros los robaran, casi me he +dejado robar yo a ojos vistas. Pero a los más les he enviado enhoramala, +porque no merecían caer en manos de un hombre de bien. Y ¡qué porte el +suyo! ¡Qué caballeros tan de punta en blanco!... ¡Y qué señoronas de +primer lustre! Y saldrán a la calle con un palmo de hocico y +atropellando a la gente menuda, cuando ellos merecían un grillete, y +ellas la Galera de Alcalá... Yo sé todas estas cosas al pormenor, porque +la misma resistencia mía a servirlos los forzaba a exponer sus miserias +sin disfraces, para moverme mejor. ¡A buena parte venían! + +En la marquesa se notaban, durante esta parte del relato del buen Núñez, +las mismas señales de curiosidad que durante la anterior, pero no tantas +de complacencia; y quizás tenía algún parentesco con las causas de esta +diferencia, el motivo que la obligó a interrumpir al relatante, aunque +muy afable y risueña, en la siguiente forma: + +--De manera que si no me precede a mí la recomendación de nuestro amigo +el señor Guzmán, Dios sabe a qué presidio destina usted mis +pretensiones, después de oír lo que con tanta franqueza le he declarado +hace un instante. + +Atarugose un poco don Santiago con la observación de la marquesa, y miró +hacia su mujer, la cual le socorrió con una ojeada que quería +significar: «¡Ahí le duele a la bribona!... ¡Duro en ella!» Por fortuna, +no era tan áspero de veta el uno como la otra, y esto libró allí a la +elegante dama de que la pusieran entre los dos para pelar. Lejos de +ello, don Santiago, temiendo haberse corrido demasiado allá en sus +palabras, y reparando por primera vez en que había, aunque remota, +alguna semejanza entre los casos maldecidos por él y el caso de la +marquesa, se apresuró a responder: + +--Nada hay en el relato de usted, mi distinguida y respetable señora, +que merezca esa pena tan dura. Gastar en ocasiones un poco más de lo que +se puede, no es una virtud, ciertamente; pero tampoco un horror de esos +horrores de que yo hablaba. Las cosas en su punto. Conviene distinguir, +y es de justicia que se distinga. La recomendación del señor de Guzmán +nos ha abreviado el camino, sin duda alguna; pero le aseguro a usted que +sin ella hubiéramos llegado también al punto a donde desea llegar la +señora marquesa, y le aguarda para recibir sus órdenes este su inútil +servidor. + +--Acepto de todo corazón la excusa, señor Núñez--respondió la dama con +una sonrisa que confirmaba la sinceridad de lo que decía--, hasta como +modelo de excusas corteses y delicadas... + +La Esfinge cortó aquí los cumplidos con el espadón de su palabra de +hierro, y lanzó a su marido otra ojeada con la que le pedía estrecha +cuenta de aquellas sus debilidades. La marquesa se dio por entendida con +un movimiento de cabeza dirigido a la mujer, tan lleno de donaire como +de mala intención, y dijo, volviéndose hacia don Santiago, que estaba en +ascuas con las genialidades de aquélla: + +--¿Me permite usted que concretemos un poco más el punto de mis +pretensiones para que nos entendamos mejor? + +--Repito a la señora marquesa que estoy enteramente a sus órdenes. + +--Figúrese usted que yo necesitara dentro de ocho días..., mañana..., +hoy mismo, una cantidad determinada... + +--¿Cuánto? Porque, como he tenido el honor de advertir hace un momento a +la señora marquesa... + +--Por lo mismo que no lo he olvidado, iba a fijar la cantidad cuanto +usted me ha interrumpido. Pongámosla en números redondos: tres mil +duros. + +--Puedo con ellos, y los tendría usted. + +--¿Garantías? + +--La firma de la señora marquesa, y nada más, con el plazo que desee y +el interés que ella marque, si le parece mucho el seis por ciento. + +--¿Y si me viera yo precisada, más adelante, a acudir a usted con +idéntico motivo que hoy? + +--En ese caso, señora marquesa, sucedería, sobre poco más o menos, lo +mismo que está sucediendo ahora. + +--¿Y si continuaran mis visitas a esta casa por no cesar los motivos? + +--Ya sabe la señora marquesa que, sin la enfermedad que me impide salir +de aquí, la hubiera ahorrado yo la molestia de visitarme. + +--Muchas gracias, señor Núñez; pero es igual para mi ejemplo que yo le +visite a usted, o que usted me visite a mí. + +--Concedido. + +--¿Y bien? + +--En castellano claro y por derecho, señora marquesa, pues creo haber +penetrado la intención de usted al hacerme esas preguntas: yo no la he +de malvender a usted jamás sus propiedades: en primer lugar, porque no +la considero capaz de abusar de mi buena fe hasta el punto de +arrastrarme a aquel extremo, y después, porque, aunque lo fuera, tampoco +lo conseguiría. + +--¿Por qué? + +--Porque abusando, abusando... En fin, señora marquesa, ya he tenido el +honor de manifestar a usted hasta dónde me interesan las necesidades del +prójimo, y desde dónde comienzan a parecerme abominables, y cuál es mi +modo de proceder en cada uno de los casos. + +--Pues bien, señor Núñez--dijo entonces la dama con inequívoca +lealtad--, he querido estirar el ejemplo hasta este límite, porque en +eso mismo con que otra dama, por un falso pundonor, se ofendería, hallo +yo un goce que jamás he saboreado. + +--No me lo explico. + +--Ni es fácil, porque entre ustedes, quiero decir, entre las gentes de +su condición de usted, lo que yo he encontrado aquí no es un hallazgo. + +--Si usted se explicara más, señora marquesa... + +--No hay para qué, señor don Santiago. Yo me entiendo bien, y esto sobra +para mí. Para usted, bástele la seguridad de que no he de encomendar a +la justicia el trabajo de liquidar las cuentas entre ambos. Podré ser +gastadora, pero no desagradecida. + +La Esfinge la miró entonces con ojos de curiosidad. Parecía sentir +temores de hallar algo bueno en aquella mujer. De pronto la preguntó: + +--¿Ha perdido usted algún hijo? + +Como si estas palabras fueran un rayo que la marquesa hubiera visto +sobre la cabeza de Luz, contestó estremeciéndose toda: + +--¡Ni Dios lo permita! + +--Parece que duele ahí--repuso la Esfinge, bajando otra vez la mirada a +su calceta--, y sólo con el supuesto. ¿Cómo será el dolor cuando los +hijos se mueran de veras! + +--¿Le ha sentido usted, a lo que veo?--se atrevió a decir la marquesa, +medio aturdida bajo el peso de aquel inesperado incidente promovido por +tan extraño ser. + +--Nueve veces, señora--respondió tétrica, sepulcralmente, la Esfinge--; +nueve... ¡nueve mil puñaladas! Para las últimas, no había en el corazón +un sitio sin una herida ensangrentada. + +Ya no le parecía a la marquesa tan fea ni tan extraña aquella mujer. La +carga de tales y de tantos dolores lo justificaba todo a sus ojos. +Volviolos de pronto a don Santiago, sin atreverse a hacer a ninguno de +los dos un a pregunta que se le escapaba de los labios; y como si la +hubiera leído allí, dijo el pobre hombre: + +--Nos queda un hijo solo... Eso sí: vale, por bueno y por gallardo, los +nueve que le han precedido, por mucho que éstos valieran; pero por lo +mismo que es solo y vale tanto, ¡qué miedos tan horribles de perderle! + +--O de que se _pierda_, ¿no es verdad?--añadió aquí la marquesa, con un +vigor de acento y de mirada que sorprendieron a la Esfinge misma. + +--¿Cuántos tiene usted?--la preguntó ésta. + +--También uno solo... Una hija. + +--Pues no eche usted en olvido--continuó la mujer sombría--que el honor +de las hijas depende del buen ejemplo de las madres. + +Don Santiago acudió rápidamente a suavizar el efecto que esta nueva +aspereza de su terrible mujer pudiera haber causado (y causádole había +muy hondo) en la marquesa, dando otro giro al diálogo. + +--Pero aún es usted muy joven--expuso con la mejor de las intenciones y +el más desastroso de los éxitos. + +--Después de haberse casi solemnizado un contrato entre los dos, no +debía usted ignorar que... soy viuda. + +Esto tuvo que responder la dama, con iguales repugnancias que si +descubriera con ello toda la urdimbre de aquel tejido de enormidades que +se llamó su casamiento, con sus cenagosos y consiguientes antecedentes. + +--¡Bestia de mí!--exclamó el sencillo burgalés, dándose con las dos +manos en la frente--. ¡Pues no me había olvidado?... Perdone usted, +señora marquesa, esta distracción, que, bien mirada, no es de extrañar. +En oyendo hablar de hijos, ya está todo en mi cabeza patas arriba. + +«¡Viuda y con ese pelaje y la vida que trae!...», dijo en sus adentros +la Esfinge (que no había caído tampoco en lo olvidado por su marido, y +no estaba tan obligada como él a recordarlo), y enviando el dicho a la +marquesa en una mirada fulminante. + +La marquesa había perdido el tino ya. No salía de un bochorno sin verse +presa de otro mayor. Pensaba haber dado de improviso en la charca de sus +pesadillas, y que aquel empecatado matrimonio se deleitaba en +zambullirla en lo más hediondo de ella. Y era de admirar que el caso, +con tanto como le dolía, no la indignaba contra nadie. ¿Por qué echar la +culpa a quien no la tenía? La culpa estaba en ella, en ella sola, y el +peso de esa culpa era lo que la turbaba y remordía. En aquel instante +hubiera trocado su belleza, su juventud, sus galas y los encantos de su +mundo, por la fealdad y la tristeza y la soledad de la Esfinge, si con +todo esto le daba también el sosiego de su conciencia. Porque era una +triste gracia que una señorona como ella lo pudiera todo, menos hablar +de cosas tan triviales delante de un matrimonio de drogueros, sin +caérsele la cara de vergüenza. + +Por salir cuanto antes de esta mortificación, se levantó rápidamente de +su asiento, y dijo con aire de querer echar el asunto hacia otra parte: + +--Es harto triste esta materia, que a ustedes les trae muy amargos +recuerdos y a mí muy negros temores. Dejémoslo aquí, si les parece; y +pues que no me sobra el tiempo tampoco, tenga el señor don Santiago la +bondad de decirme en qué quedamos de nuestro negocio. + +--Pues en lo dicho, señora marquesa, si usted no dispone otras bases más +a su gusto. + +--Yo acepto cuantas usted estime por buenas y equitativas. + +--Pues el día en que usted necesite el dinero, me pasa una esquelita por +persona de su confianza, diciendo cuánto y por qué tiempo; le envío yo +la suma en efectivo con el documento para que tenga usted la bondad de +firmarle; me le devuelve después... y santas pascuas. No necesita usted +incomodarse. + +--Es usted un hombre incomparable, señor don Santiago; y yo nunca pagaré +bastante a nuestro amigo el señor Guzmán el favor de habérmele dado a +conocer. + +--No haga la señora marquesa, a fuerza de elogios, que tenga yo que +echarlos a mala parte. Estoy acostumbrado a mucho menos. + +--Pues no le dan a usted lo que merece; y le juro que no le digo más que +lo que siento. Deme ahora su mano por despedida... Gracias. Y perdone si +se la oprimo tan de veras, porque nunca se ha creído tan honrada la de +esta su buena amiga. + +En seguida, y mientras quedaba el droguero como fascinado, con los ojos +muy abiertos y la mano en el aire, volviose hacia la Esfinge; la hizo +una elegante reverencia; y, sin acabar de enderezar el talle, salió por +donde había entrado, acompañada de unos cuantos campanillazos que se +oyeron, en virtud de otros tantos tirones que dio a un cordón la Esfinge +desde su asiento, para que abrieran la puerta de la escalera; de un sin +fin de excusas del complaciente Núñez, y de estas pocas palabras entre +dientes, con que la droguera contestó al saludo. + +--...serrrvir a usted. + +En cuanto se quedaron solos don Santiago y su mujer, se levantó ésta y +abrió las vidrieras del balcón. + +--¿Qué haces, alma de Dios?--preguntola el pobre hombre, a quien +asustaban entonces los aires colados. + +--Purificar esto. ¿No hueles la peste? + +--Tienes grandes virtudes, Ramona--la dijo su marido cubriendo la +rodilla enferma con el faldón del gabán--; pero en ciertas debilidades, +eres incorregible... y tremenda. + + + + +VI + + + * * * * * + +Resabios de mis buenos tiempos de doncella pudorosa; algo que queda +todavía en el fondo, entre las cenizas. Pues no pensaba yo que fuera +tanto como para brotar al primer choque. Y ello es poco, pero molesto +cuando aparece. Ya se irá apagando también..., porque señales de lo +contrario no deben de ser. ¡A buen tiempo!... Sin embargo, no me +resignaría a que ese pobre hombre me apuntara en su libro verde con +suficientes motivos. ¡Vea usted cómo puede haber un grano de arena que +cierre el paso a una mujer que nunca se ha detenido delante de una +montaña!... Es raro eso... Pero ¡qué criatura aquélla! Yo he visto algo +semejante en el teatro saliendo por escotillón, envuelto en un +sudario... Un espectro. Eso es ella, con su misma lividez y con la misma +voz y el mismo miedo que infunde. Y ¡qué ojos los suyos! Me parecía que +con la mirada me iba sacando todas las ignominias de mi vida para +arrojármelas al rostro entre maldiciones. Y el caso es que este temor me +tenía sobresaltada. De este ser no me habló Pepe Guzmán. Y será capaz de +decirme, cuando yo se le mencione a él, que es un saco de virtudes; y +acaso tenga razón... ¿Cómo habrán podido amalgamarse dos naturalezas tan +opuestas entre sí, como la del espectro y la de su marido, para formar +un matrimonio ejemplar?... Porque yo vi señales de que aquél lo es. Otro +caso raro... para mí, que no sé leer más que en un libro... Lo que no +ofrece duda es que hasta en las personas que se creen más despreocupadas +hay un fondo sensible que llega a lo romántico... Yo lo había observado +en el público que se convierte en fiera en la plaza de toros, y se +enternece en el teatro con las dulcedumbres de una comedia _ejemplar_. +Hoy lo he experimentado en mi propia. A poco más que me apuren, me +confieso de todas mis culpas delante de don Santiago Núñez, y arrojo mis +arreos mundano! a los pies de su mujer... Y ahora casi me asombro de +aquella flaqueza. ¡Qué contrastes tan raros!... ¿Cuándo estará en lo +suyo la pícara condición humana? Porque tampoco tiene duda que somos +masa dispuesta para todo; y hasta el espectro debe de ser de la misma +opinión, cuando me dijo que «el honor de las hijas depende del buen +ejemplo de las madres». Me parece que fue esto lo que me dijo. Lo +recuerdo bien, porque me dolió muy adentro... Otro caso raro: somos del +mismo parecer el espectro y yo en lo tocante a la educación de los +hijos; nos espantan igualmente los temores de sus extravíos, y usamos +procederes diametralmente opuestos en el modo de vivir. Sin embargo, me +parece que aquí la lógica está con ella más que conmigo... y Dios +también... Pero ¿no se ha convenido en que somos «barro frágil», y en +que a la edad y a las circunstancias (¡pícaras circunstancias!) hay que +darles lo que les pertenece, y dispensarlas por lo que se llevan de más? +Pues he ahí mi caso. Yo vivo como vivo y soy lo que soy, porque no puedo +ni debo vivir ni ser de otra manera. Por este lado me arrastran las +«circunstancias» y las inclinaciones, obra de ellas; y por este lado me +dejo arrastrar... hasta donde me lleven. Nada de ello impide que yo +reconozca las ventajas que tienen otros caminos sobre este camino mío: +bien a la vista está que no cabe punto de comparación entre una madre +como yo y otra madre de esas que pueden hablar delante de un matrimonio +honrado, sin sonrojarse, de los secretos de su hogar, y ofrecerse a sus +propias hijas por modelo de conducta. Yo no puedo hacer nada de esto, y +bien sabe Dios las angustias que me ha costado hoy en casa del espectro, +y las que me cuesta en la mía a cada hora, desde que vino mi hija a +ella..., pero ¿qué remedio tiene? El barro y las circunstancias lo piden +así... y adelante con la vida hasta que no se pueda con ella. Por +fortuna, o por desgracia, no voy sola por estos derroteros.» + +Así discurría, sobre poco más o menos, la marquesa de Montálvez dos +horas después de salir de casa de don Santiago Núñez, mientras se +desnudaba... para vestirse otra vez con mejores galas, antes de +sentarse a la mesa, porque aquella noche le correspondía el turno en _el +Real_, cuya temporada había de concluir pronto; con lo que se declara +que había empezado ya la primavera, húmeda y desapacible, por más señas. + +Apunto este detalle, porque sólo aguardaba la marquesa a que el tiempo +_sentara_ para emprender el viaje a Francia con su hija. Todo lo tenía +dispuesto y preparado ya para marchar a cualquier hora, y Luz esperaba +el recado en su colegio. No debía volver a casa ya sino para entrar por +una puerta y salir por otra, como suele decirse. + +La marquesa había elegido esa estación del año, porque se prestaba mejor +que otra a sus intentos. + +No había motivo racional ya para dejar a Luz en Madrid un verano entero, +ni su madre podía resignarse a pasarle en la calle del Barquillo, ni +tampoco a viajar con el estorbo peligroso de su hija; y como a ésta lo +mismo le importaba entrar en el nuevo colegio con la primavera que con +el otoño, la marquesa había preferido la primavera, de la cual pensaba +hacer algo como prólogo de su excursión de verano; excursión _planeada_ +hasta la nimiedad, durante el invierno, con Leticia y con Sagrario, que +habían de representar grandes papeles en ella. + +Y llegó el día esperado; y la marquesa recogió su tesoro del escondite +de Madrid, y le trasladó al otro escondite que le tenía preparado en +Francia. Y al guardián de allí, casi los mismos encarecimientos y +advertencias que al guardián de acá. No era ya prudente ni posible +sostener a Luz en completa ignorancia de su categoría social; pero, en +cambio, convenía redoblar el empeño para que desconociera los usos y más +salientes costumbres de la _clase_. Que se habituara a considerarlos +sometidos a las reglas generales de la ordinaria vida social; y de este +modo, cuando no pudiera evitarse que los conociera, por sí misma, sería +obra fácil convencerla de que todo lo malo que la sorprendía por +inesperado, era excepción de la regla; y con esto bastaba, por de +pronto. Las demás advertencias, ya lo he dicho, como en Madrid: pocas +retóricas, buena moral, escogidas amistades, «el Dios de los pobres» y +un buen equilibrio entre la salud del cuerpo y la del alma. Otra +variante que se me olvidaba: no fue tan penosa la despedida de la madre +en Francia como lo había sido en Madrid, después de encerrar a su hija. +Cuatro años de separación la habían ido acostumbrando a vivir lejos de +ella con sosiego. + +Cumplido este importante negocio, a París con la doncella, con la de +marras. Un mes pasó allí. ¿Qué hizo? Contra su costumbre, está poco +explícita la marquesa en este pasaje de sus _Apuntes_: acaso porque la +materia no daba de sí para cosa mejor; quizás por todo lo contrario. De +todas maneras, es de extrañar este laconismo de nuestra heroína, que +sabe entretener la pluma en asuntos bien insignificantes, y no se muerde +la lengua cuando tiene que declarar faltas enormes. Pero en materia de +escrúpulos, ¡hay tantas rarezas incomprensibles! + +Quien pudiera sacarnos de la duda era su doncella; pero ni la conozco, +ni existe, que yo sepa, la historia de su vida y milagros. + +Lo único que hace saber terminantemente la marquesa, es que al acabarse +mayo llegó Sagrario a París, según lo convenido entre ambas; que pasaron +juntas quince días en aquella capital, «bien disfrutados» (textual), y +que se fueron después a Viena para reunirse con Leticia, según lo +convenido también. + +Y vean ustedes otra prueba que yo creo tener de que lo de París no sería +cosa mayor, por lo mismo que se lo callaba la marquesa, en la +despreocupación con que da cuenta, aunque no minuciosa, de todas las +restantes aventuras de su viaje desde que se reunieron las tres amigas +en la capital de Austria. Allí se pertrecharon, como quien dice, de +nuevos alientos y propósitos, y de allí salieron para hacer una +verdadera _razzia_ por todo lo más cogolludo de la Europa elegante, unas +veces juntas, otras separadas, según «las circunstancias y las +necesidades»; pero siempre en cabal inteligencia, como divisiones +aguerridas y bien disciplinadas de un mismo ejército. ¿Por qué fue Viena +el punto de partida, y no París, verbigracia? ¿Por qué se reunieron las +tres aventureras en aquella ciudad austriaca y no en esta francesa? La +marquesa culpa de esta singularidad, que no la desagradó, a la +caprichosa y siempre impenetrable Leticia. + +El hecho es que de allí salieron, como pudieron haber salido de otro +punto cualquiera, y que nunca como entonces pudo decirse con mayores +visos de verdad, que por donde iban no dejaban _títere con cabeza_. Y yo +creo que esto debe entenderse, siquiera en la mayor parte de las +ocasiones, en el mejor de los sentidos; quiero decir, en él menos +candente de cuantos quepan en la malicia del lector. Porque, según +parece, hubo grandes estragos donde no son de temer los de cierto +género. Los machuchos cancilleres, los estirados diplomáticos, los +ministros _desposeídos_, los grandes agitadores expatriados, todo lo más +alto, en fin, y lo más serio de las notabilidades europeas que +_abrevaba_ en lo selecto de las aguas de nuestro continente, sintió, en +más o en menos, el influjo diabólico del paso de los tres astros +errantes; y es sabido que si no volvieron a Madrid con una reata de +celebridades de tal calibre por tiro de su carro triunfal, fue porque no +se les puso en el moño la ocurrencia. + +De la índole de estos estragos deduzco yo que sólo se trataba, por las +causantes, de una ostentación o alarde de travesura, nada increíble en +tres mujeres hermosas, sin el freno del escrúpulo y en lo mejor de la +vida. + +En Ems, ya muy avanzado el verano, se halló la marquesa con Pepe Guzmán. +No le gustó el hallazgo cosa maldita. + +--A mi paso por Francia--la dijo sin preámbulos--he visto a Luz. + +--¡La has visto?--exclamó la marquesa sin poder disimular la impresión +desagradable que éste súbito recuerdo de su hija la produjo en la +conciencia. + +--La he visto, sí. ¡Qué hermosa, qué angelical está!... Me preguntó si +sabía por dónde andabas; si estarías ya en Madrid; si te vería pronto +yo... + +--Y tú ¿qué la respondiste? + +--Yo la respondí..., no lo recuerdo exactamente, porque estaba oyendo +desde allí el ruido de tus ligerezas imperdonables, y temía que Luz le +oyera también... + +--¿Es cierto que le has oído? + +--¿Pues de qué le conocería, si no? + +--¡Qué temeridades, Dios mío! ¿Por qué hará _una_ estas cosas!--exclamó +entonces la dama sinceramente espantada de su propia labor. De pronto se +trocó su espanto en ira, y lanzó a la faz de su amigo estas frases: + +--¡Y pensar que yo no había nacido para eso!, ¡que estoy en ello porque +a ello me han arrastrado contra mi voluntad, y que la única persona que +me pide cuentas de mi caída sea la que más fuerte me empujó para caer! + +--¿Eso es un cargo para mí? + +--Es un cargo para ti, porque no puede ser otra cosa cada grito que me +arranca esta herida hecha por tu mano, y que no acaba nunca de +cicatrizarse. + +--¡Ay de ti y de tu hija inocente el día en que esa herida no te duela! + +--¿Qué quieres decirme, consejero de Satanás? + +--Que no cabe avenencia entre tus inquietudes de madre cariñosa y tus... +locuras de mujer mundana; y que tienes que decidirte pronto por lo +mejor, en la inteligencia de que ambas cosas dentro de ti no han de +tardar en producir el mismo fruto que si te decidieras por lo más malo. + +--¿Qué fruto? + +--El que más temes, Nica.... y el que acaso mereces por castigo. + +--¡Por castigo!... ¡Y me lo dices con una frescura como si tú no le +merecieras más ejemplar todavía! + +--¿Quién sabe si le estoy sufriendo ya! + +--¡Tú! + +--¿Crees posible que suceda lo que temo sin que resultemos castigados +los dos? + +--¡Siempre egoísta!... Vete, déjame en paz, y que suceda lo que Dios +quiera. + +--Esto significa que te espanta la verdad, y me alegro de ello. + +--Di que me repugna en tus labios, y estarás en lo justo. + +--Pero, al fin, siempre será verdad, y conviene que la reconozcas de vez +en cuando. + + * * * * * + +Y este fue el único tropiezo que halló la marquesa de Montálvez aquel +verano en el ancho, florido y dilatado campo de sus travesuras y +regocijos de buen tono. + +En París se separó de sus dos amigas; hizo una visita a Luz en su +refugio, y gran acopio en ella de excelentes propósitos de enmienda, que +se le entibiaron mucho con los aires del amino hacia su casa; y entró en +Madrid, en septiembre, tan tranquila y sosegada como si no hubiera roto +un plato durante el verano ni en todos los días de su vida. + + + + +VII + + +Desde aquí comienza un período que fue el más escabroso, si no el más +largo, de los varios que tuvo la vida mundana de la marquesa de +Montálvez. Según ella misma lo declara, tan escabroso fue, que él solo +la daría para un libro entero, si se propusiera referir tan enorme +catálogo de _cosas_. Pero da por sentado que el público madrileño conoce +las más salientes de ellas y presume las restantes; y a esto se atiene +para considerar ocioso un trabajo más desleído, porque valor y +resolución la sobran para echar a la calle todas esas barreduras de su +conciencia. + +Yo podría suplir las omisiones, porque me es bien conocida la materia; +pero esta conducta no sería galante ni acertada, por contravenir a aquel +prudente acuerdo y caer en el peligro, que también teme la marquesa, de +que resulte plato de estímulos insanos lo que debe resultar muy otra +cosa. Aténgome, pues, al texto de los _Apuntes_, confirmación exactísima +de los rumores de la fama, y aun eso sólo he de darlo en extracto para +llegar cuanto antes a la narración de otros sucesos harto más dignos de +la atención de los lectores. + +Se cansó muy pronto de las fiestas caras y ruidosas que daba en su casa. +En su temple de _jamona fresca_, con su aprovechada experiencia, su buen +gusto y claro ingenio, necesitaba algo de más jugo, de más substancia +que aquella insípida y continua exposición de mujeres frívolas y de +hombres mentecatos, cargados de perifollos; fiestas en las que, tras de +costarla un sentido, todos se divertían menos ella. En fin, que echó la +gente a la calle y dio por terminadas las reuniones de fausto en sus +salones. + +Para llevar a cabo sus nuevos planes, eligió lo que había de +aprovechable entre lo arrojado de su casa y lo que conocía de lo de +fuera; después autorizó a los escogidos para que escogieran a su vez, +sin pararse en pelillos de linaje: podían espigar en varios campos, en +todos los que se dieran ingenios bien educados, desde la presidencia del +Consejo de ministros, hasta el humilde rincón de la obscura gacetilla. +Que no se reparara en edades ni en estampas: viejos y mozos, altos y +bajos; todo servía, con tal de no carecer de ingenio ni de desparpajo; +_tupé_, que dicen otros. Para todos habría que hacer allí. + +De mujeres (éstas eran de elección suya exclusivamente), pocas y malas; +quiero decir, de buen pico y mejores tragaderas. + +Y así se fue haciendo. + +Cuando le anunciaban un presentado, preguntaba ella al presentante: + +--¿Vale? + +Respondíanla que sí. + +--Pues que venga. + +Y _valer_, en aquellas ocasiones, significaba ser cualquier cosa, menos +hombre indigestamente grave, corto de genio, feo sin gracia, ignorante +sin osadía, galán ruboroso..., y así por el estilo; porque allí, hasta +el saber macizo y serio había de derramarse en dosis muy concentradas y +con mucha sal y pimienta: todo menos la pesadez y la petulancia. Y +_valiendo_, todo era lícito con tal de estar _bien hecho_; la grosería +en las formas estaba igualmente proscrita. En el pensamiento, no tanto. + +Dicen los que lo conocieron, que _aquello_ tuvo que oír... y que ver; y +lo llamo _aquello_, porque no sé qué nombre darlo. La marquesa, por +llamarlo de algún modo, lo llamaba _tés íntimos_; pero es lo cierto que +aunque todas las noches del invierno, ya muy cerca de la madrugada, +había ese _té_ en su casa, _aquello_ no tenía horas fijas ni aspectos +determinados, y chisporroteaba de mil modos: entre pocos, entre muchos, +en tertulia plena, con media docena de _ellos_ convidados a comer, o con +otros tantos al humor de la chimenea a cualquier hora de la tarde. Más +que té, era al modo de sierpe de muchas cabezas que alcanzaba con la +punta de la cola a muchas cosas y a muchas partes..., hasta las casas de +Leticia y de Sagrario. Porque estas dos criaturas de tan buen estómago, +en cuanto lo cataron en la de la marquesa pidieron el turno +correspondiente; y no era cosa de que las desairaran aquellos hombres +tan corteses y campechanos de suyo. + +Como en estas reuniones de imponderable confianza se vivía en perpetuo +comercio de malas intenciones, de malicias y de travesuras de lenguaje, +el natural ingenio de la marquesa adquirió gran desarrollo, y su bien +acreditado humorismo se empapó en nuevos y más _picantes_ jugos. Llegó a +tener _frases felices_ y a pintarse sola para crucificar en una +semblanza a un prójimo desventurado, o para hacer en otro marca +indeleble con un dicho que repetía después _todo Madrid_. De aquella +fábrica salieron tantos y tantos que aún continúan siendo famosos entre +las gentes encogolladas, vagabundos de levita y estudiantes +desaplicados. + +Por entonces comenzó a llamársela _la Montálvez_, llaneza que acreditaba +su bien adquirida popularidad, como en otro tiempo la había acreditado, +entre la juventud de rechupete, otra llaneza, algo más fina y culta: +_Nica Montálvez_. Lo cierto es que Madrid se llenó de _cosas_ de _la +Montálvez_, y que hasta las que rodaban por tertulias y cafés sin madre +conocida, se le atribuían a ella. Privilegio de las popularidades bien +fundadas. + +Su casa, por las gentes que la frecuentaban, llegó a ser registro exacto +de los secretos pecaminosos, hazañas y picardías de _todo Madrid_: allí +se conocía la clave de los misterios, chicos y grandes, de la política +fullera, y el hilo de muchas marañas inexplicables de la Hacienda +pública; había palancas para remover obstáculos que las gentes _legas_ +conceptuaban irremovibles, y el don de muchos prodigios de fortuna en +todas las carreras del Estado, que dejan atónito y confuso al vulgo +sencillote. + +Los maldicientes que se creían mejor informados, referían de _las tres +Gracias_ verdaderas enormidades en los corrillos del público voraz. _Las +tres Gracias_, y por añadidura _en conserva_, eran las tres _viudas +verdes_: en una palabra, _la Montálvez_ y sus dos amigas Leticia y +Sagrario. De cada una de ellas se contaban anécdotas que ardían; +caprichos libidinosos que traían su filiación de la Roma corrompida de +los Césares. + +No niega fundamento la Montálvez a estos rumores, pero se sacude +violentamente de ciertos _hechos_; y quiere que conste que todos los +comprobables de aquel calibre pertenecen a Leticia y a Sagrario. La +misma salvedad hace con respecto a los _dichos_. De éstos, unos eran +referentes a personas y otros a cosas; unos, al modo de dictámenes; +otros, al de motes y semblanzas; los había cruelmente ingeniosos, y los +había también indecentes. Se atribuye gran parte de los primeros; pero +rechaza hasta con asco la propiedad de los segundos. + +Y la creo, no solamente por el valor con que se acusa de otras cosas +bien graves, sino porque había en su naturaleza un componente pudoroso +que la impedía ser grosera: y hasta como pecadora, lo fue sin el aguijón +del apetito; y por eso quiere que se la tache por _lujo de pecar_, pero +no por _lujosa en el pecado_. Lo primero no edifica, seguramente; pero +tampoco degrada ni corrompe tanto como lo segundo. + +Por ese lado se explica también que, entre las tres cómplices de estas +fechorías, fuera ella la que se cansó primero, o, mejor dicho, la única +que se cansó; porque las otras dos no se cansaron pizca: al contrario, +deshecha la mancomunidad que sostenía a las tres en cierto orden de +equilibrio, cayeron Sagrario y Leticia, por su propio peso, despeñadas +hasta lo más hondo, aunque cada cual a su manera: Sagrario fue siempre +la mujer de los caprichos estrepitosos; Leticia el modelo de las +caprichosas solapadas y de las amigas temibles. Se la atribuían hasta +perfidias de tan mala casta, que rayaban en crueldades. Serían o no +serían ciertas: la marquesa cree que sí, porque tuvo grandes y +especiales motivos para no dudarlo. + +Como tampoco duda, antes confirma terminantemente, lo que ya sabíamos +por Manolo Casa-Vieja: que era muy avara; pero, según la marquesa, avara +de la peor especie: tenía el vicio del trapicheo, y media docena de +_comadres_ negociando de su cuenta, por las casas de vecindad, sus +vestidos de desecho y hasta los trastos de la cocina. En este bajo +comercio era tramposa y desleal; y se desvivía y aguzaba el ingenio por +el gusto de robar media peseta a una chula en un dije de similor. +Creíase que eran muy mal adquiridas muchas cosas de mérito que se +admiraban en su casa, particularmente obras de arte; y maravillaba el +lujo de raterías que se daba por empleado para apoderarse de ellas. ¡Y +esta mujer tenía un caudal enorme y era espléndida en sus gastos! Hay +muchas almas de alquimia que tienen roñas así. + +Volviendo a la marquesa, digo que ese azaroso tramo de su vida pecadora +duró seis años. + +Guzmán, que era por entonces un señor bastante gordo y entrecano, pero +siempre de _gran ver_, iba poco, muy poco, por la casa de su amiga; y +cuando iba, era para reprenderla. + +--Te empeñas en que te oiga--la dijo más de una vez--, y al fin te oirá. +Y aunque no llegue a oírte, por el rastro que va dejando aquí la vida +que haces, tendrá que conocerla. + +--Es el último estruendo de ella--respondía la pecadora sonriendo--. No +lo dudes: estoy preparándome para ser juiciosa. + +De tarde en cuando desaparecía por una temporadita para visitar a Luz. +Dos veces la trajo a Madrid durante aquellos seis años, pero por muy +pocos días; y entonces fue su casa un modelo de sosiego y de buen orden. +Se la presentaba a sus amigas menos temibles, y la llevaba consigo a +algunos sitios de recreo. + +Entre la primera y la segunda venida a España dio Luz un _estirón_ que +sorprendió mucho a su madre. La encontró hecha una mozuela que _se +salía_ de sus angostos hábitos de colegiala. Se lo hicieron notar +también sus amigas de Madrid; y la dijeron que era un pecado mortal no +vestirla ya «de señorita» y no sacarla del encierro donde no parecía +bien. + +La marquesa comprendía demasiado que sus amigos tenían razón; pero ella +las tenía también muy respetables para echar por otros caminos +diferentes; y por eso llevó a Luz a Francia otra vez, donde nunca había +estado como verdadera colegiala. + +Desde este viaje es cuando apareció la Montálvez notablemente +transformada. + +Con disculpas bien buscadas, fue disolviendo sus _tés íntimos_ y sus +tertulias _verdes_, y escatimando su asistencia a las de sus amigas. No +por ello se hizo huraña ni melancólica; pero si muy escogida en las +personas para el trato continuo, y muy sobria en los recreos de puertas +afuera. + +Rebasaba ya bastante de los cuarenta años: había dado de repente el +_bajón_ de que no se libra bicho viviente, por mucho que se emperejile y +se _defienda_; y a este fracaso se atribuyó la retirada, creyendo que la +Montálvez se apresuraba a dejar el mundo antes que el mundo la dejara a +ella. + +No era cierta la suposición ni bien fundado el motivo. A la marquesa le +quedaba todavía un otoño muy agradable que explotar, si hubiera querido +apurar las cosechas hasta la vendimia inclusive. Contaba aún con muchos, +con muchísimos golosos; porque más varios que las estaciones de la vida +son los gustos de los hombres viciosos y desarreglados. Dijéranlo, si +no, sus compañeras de glorias y fatigas mundanas, Sagrario y Leticia: +más invernizas y deshojadas que ella iban poniéndose, miradas a buena +luz, y aún triunfaban y lucían y se consideraban a lo mejor del camino, +soñando, porque volvían la espalda al invierno que las espantaba, que +corrían hacia la primavera. + +No se fundaba, pues, la resolución de la Montálvez en aquel fracaso de +su belleza, aun que coincidió con él. + +Ya se sabe que no estaba formada del peor de los barros posibles; que no +entraba el vicio como verdadera necesidad en su naturaleza, y que, +aunque la divertía ser viciosa, no la _llenaba_. Desde que nació su +hija, luchaban en ella dos pasiones que se aborrecían como el perro y +el gato, una buena y otra mala: la de madre escrupulosa y amante, y la +de mujer de mundo, alegre y despreocupada. Mientras la hija estuvo en +edad de vivir escondida, la madre pudo entregarse de lleno a sus +placeres mundanos; pero llegada la hora de traer a Luz a su lado, tenía +que decidirse por el gato o por el perro; y esa hora llegó, y la madre +escrupulosa triunfó sin lucha de la mujer liviana. Cierto que Luz estuvo +en el escondrijo dos años más de lo justo; cierto que el momento de +decidirse la madre ocurrió en aquella crisis de su edad y después de un +hartazgo de desórdenes que bien pudiera tomarse por el hartazgo de +Marta; cierto es igualmente que en estas _coincidencias_ hay base +sobrada, tomando las cosas en su primer aspecto, para la suposición de +las gentes; pero es la pura verdad también lo que yo afirmo con el +testimonio de la marquesa misma, y a esta opinión hay que atenerse. + +Puede haber quien pregunte: «Y si el momento de decidirse hubiera +ocurrido cuando tenía la marquesa seis años menos, ¿por cuál de las dos +pasiones se habría decidido?» + +Paréceme la pregunta un exceso de curiosidad y un lujo de mala fe; pero +conste que yo me inclino a lo más favorable para aquella dama, cuyo +desmedido amor a su hija daba para ello y otro tanto más. + +Volviendo a lo que importa y dejándonos de escarbar tan adentro, porque, +si a eso fuéramos, sabe Dios qué cosas se hallarían en el alma de muchos +que creen tenerla como los ampos de la nieve, digo que la transformación +de la marquesa después de llevar a Francia por última vez a su hija fue +tan de veras, que no se contentó con deshacer sus tertulias y despejar +la casa de gentes nocivas a la buena moral, sino que, en cuanto la puso +en orden, se consagró a orearla y a limpiarla de todo rastro de +impurezas. Hasta de sus propios resabios trataba de sacudirse, se le +figuraba que de sus fechorías más recientes le quedaban algunos en el +estilo, y temía que por aquellas espumas se descubrieran, las pasadas +tempestades. ¡Mujer más singular! + +Estos preparativos duraron cerca de dos años, y aun con este paréntesis +no se creía bastante alejada de sus últimas locuras para no temer que, +cuando menos lo pensara, se le prendiera alguna en el vestido. + +Durante este tiempo hizo una visita a Luz. ¡Cómo iba completándose +aquella criatura! ¡Con qué amor iba la naturaleza formando a la mujer +sobre la armadura de la niña! + +A Guzmán le gustaba mucho ver a la marquesa tan afanada en aquel esmero +de policía doméstica. + +--¿Te parece bastante?--solía preguntarle ella. + +--Todavía no--respondíala él. + +Y en eso estaban. + +Un día, después de hacerle ella la misma pregunta, se quedó Guzmán +pensando mucho la respuesta. + +--Voy sospechando--le dijo la marquesa--que nunca te ha de parecer esta +casa bastante purificada. + +--¿Por qué? + +--Porque eres hombre de buen olfato; y mientras estés tú en ella, +siempre has de hallar tufo de peste. Es el único que anda ya por aquí... +en cuanto tú vienes. + +Sonriose Guzmán y respondió, poniéndose el sombrero para marcharse: + +--Puede que tengas razón... Vete, vete cuanto antes por ella. + +Y muy pocos días después salió de Madrid la marquesa para traer de +Francia a su hija. + + + + +VIII + + +Luz tenía diez y ocho años cuando su madre se decidió a sacarla para +siempre de su escondrijo. A ésta le remordía algo la conciencia, por +parecerle demasiado larga la prisión; a la prisionera le daba lo mismo +irse que quedarse, si es que no prefería aquella vida de invernadero en +que se había desarrollado, a las intemperies de un mundo que desconocía. + +Grandes fueron los temores y sobresaltos de la marquesa, como ya se +dijo, cuando por primera vez tomó en sus brazos a su hija; pero fueron +mucho más grandes al trasponer las puertas de su encierro con ella, ya +mujer, y mujer que parecía modelada en la mente de un escultor +enamorado. Tan singular era su belleza. De niña la conocimos recibiendo +las caricias de Guzmán; y también sabe el lector, bajo la fe de nuestra +palabra, que tres años después todo había crecido en ella con prodigioso +equilibrio: lo físico y lo moral, las perfecciones del cuerpo y las del +alma. Pues a los diez y ocho era eso mismo, en las debidas proporciones. + +Vida de invernadero hemos llamado a la suya, y es la verdad en casi todo +el rigor de la frase: como lo es también que marquesa, atenta sólo a +lograr determinados fines, acertó sin proponérselo, dando a aquella +excepcional naturaleza el único medio en que podía desenvolverse sin +deformarse. No a todas las plantas conviene el cultivo al aire libre y a +cielo abierto. En lo humano, era Luz una de estas plantas. No es de +extrañar que al salir de su estufa sintiera la impresión de otro +ambiente más frío, y que esta impresión no le fuera agradable. + +Hay que decir algo sobre la realidad envuelta en estos simbolismos de +jardinería, para que el lector no extravíe su juicio sobre el carácter +que debe conocer a fondo entre la hojarasca de las imágenes. Hablábamos +del mundo al cual iba Luz a salir de pronto y por primera vez, y casi +aseguraba yo que esta salida no era muy de su gusto, o, cuando menos, +que no la necesitaba...--Y, entre paréntesis, quiero que valga este +ejemplo, que es el que hallo más a mano, por otros cien que pudieran +citarse para pintar el modo de ser de la hija de la marquesa de +Montálvez en la ocasión de que se trata.--Por razones que se conocen, la +habían dicho cómo era el mundo que a ella le convenía imaginar, no el +que en realidad le estaba destinado: un mundo que no era bueno, aunque +no tan malo como el que le ocultaban; pero, al cabo, era un mundo +práctico, con sus hombres y sus mujeres, y sus cuestas abajo y sus +cuestas arriba; el mismo que ella veía por los resquicios de su +encierro, y en las historias que aprendía para instruirse, y en los +pocos libros de imaginación que se le daban para entretenerse. Y todo +esto sería verdad, pero le gustaba muy poco; no porque adoleciera de +sensiblerías románticas, sino por razones bien opuestas: por obra de +aquel equilibrio prodigioso que existía entre todos los elementos que la +constituían, de cuerpo y de alma. + +En aquel conjunto todo era paz, armonía y sosiego, y cabía el +sentimiento de todo; pero no la pasión por nada sin el concurso de un +agente perturbador que rompiera el equilibrio; el cual agente había de +venir de afuera, porque dentro no había lugar para él. En otra criatura +formada de distinto barro, el cultivo artificial o de invernadero, como +hemos llamado al de Luz, hubiera producido contrarios efectos, porque en +lo común de la naturaleza humana, las veladuras sobre los ojos son +alicientes de los deseos y despertadores de la curiosidad; pero en una +pasta tan dúctil y placentera como la de aquella niña, el artificio de +su educación moral contribuyó grandemente a la perfección casi mecánica +de la mujer; mecánica en cuanto a la estructura, digámoslo así, a la +trabazón de las piezas componentes de su ser moral, no en cuanto a las +funciones del conjunto, que éstas ya dependían de la pasta fundamental, +del temple nobilísimo del alma, obra de un Artífice más alto. + +Quiero decir, antes que nos extraviemos entre sutiles metafísicas, que +aún me parecen más inextricables que los laberintos de la botánica, que +Luz, con su equilibrio de agentes íntimos, no era un reló que _andaba +bien_, ni una soñadora que bebía vinagre y suspiraba por «el reposo de +la tumba», sino una mujer de carne y hueso, con muy pocas ambiciones y +muy apaciguados deseos; porque había en los ojos de su imaginación unas +lentes que le presentaban los objetos exteriores con un colorido +sumamente dulce y a una luz suave y tranquila, como la de un crepúsculo +de otoño. Habituada a este modo de ver, no es de extrañar que la +repugnaran los colores vivos y todo linaje de desentonos y de +aberraciones, lo mismo en el orden físico que en el orden moral. Y así +era lo cierto. Esto no impedía que Luz estuviera dispuesta a tomar lo +que la dieran; pero, autorizada para elegir, muy pocas veces se +decidiría al gusto de las mujeres de su edad. + +Apurando el ejemplo que tenemos entre manos, he de añadir que esto del +mundo del que tanto se la hablaba y que ella hubiera adivinado aunque +nada le hubieran dicho, porque la humana naturaleza es una parlanchina +que todo lo descubre, y, más o menos recio, habla a la imaginación, +aunque se la pongan candados en la lengua y se la confine a las +soledades de un desierto; que esto del mundo, repito, la dio bastante +que pensar desde que traspuso las fronteras de la niñez y entró con +paso más firme y con doblados alientos de vida y con mayores fuerzas de +visión, en los términos de la juventud. + +¿De qué la servía, si no todo, la mayor parte del mundo que iba +columbrando, y además le descubrían en libros y en advertencias de +palabra?... De maldita de Dios la cosa para las especiales ambiciones +que la dominaban y las cortas necesidades que sentía. Sí a ella la +hubieran dicho: «Forma uno a tu gusto y para tu exclusivo recreo, donde +vivas en cuanto salgas de aquí», ¡qué cosa tan distinta de lo que le +esperaba hubiera construido! + +Por de pronto, nada de multitudes humanas, ni de ruidos incómodos, ni de +hacinamientos de casas formando calles sombrías y angostas; nada de +ceremoniales mentirosos para cultivar amistades que no se necesitan +entre personas que no se pueden ver; ni de espectáculos públicos, en los +cuales se exhiben las gentes embanastadas de medio abajo, y en +ringleras, como muñecos de escaparate; nada de sonrisas forzadas, ni de +saludos maquinales, ni de corsés muy apretados; nada, en fin, de ese +cúmulo de esclavitudes y de molestias en que viven las gentes «bien +educadas», cuando se dice de ellas que hacen una _vida regalona_. Luz se +hubiera contentado con muchísimo menos: con un pedacito del mundo, +precisamente de la parte de él más desdeñada de las gentes mundanas; +algo así como cuadro de primavera campestre: praderas rozagantes, +copudos robles, matas de rosales, senderos blandos y retorcidos entre +los árboles y los rosales y las praderas; un sol cernido a través de las +espesuras; fuertes contrastes de luz y sombra; rumor de brisas en el +follaje y de aguas fugitivas entre márgenes de madreselvas y laureles +bravíos; pájaros cantadores, y en lo alto, pero no lejos del río, sobre +una base de roca blanquecina medio envuelta entre carrascas, hiedras y +escaramujos, una casita, no como la choza rústica y grosera de los +idilios, no tanto: podía ser un _chalet_ muy cómodo y muy lindo, hasta +con su salita de estudio y un buen piano en ella, y un terradillo desde +el cual se descubriera una gran parte del panorama y se entrara en +tentaciones de recorrer lo que no se veía... + +La segunda vez que se asomó Luz con los ojos de su imaginación a esta +azotea (porque este cuadro primaveral no fue obra de un acaso ni +contemplado un día solamente), descubrió, ¡extraño suceso!, al alcance +perfecto de su vista, junto a un árbol de los más próximos al río, una +_figura_ que ella no había puesto allí. Se atrevía a jurarlo. Era la de +un hombre en lo más verde y lozano de la juventud: gallardo de cuerpo y +hermoso de cara; poco bigote todavía, pero muy negro, como los ojos y +como el pelo, suelto y abundante; muy bien ataviado, pero no compuesto. + +¿Debía Luz borrar aquella figura del cuadro, solamente por no ser obra +suya? Fueran cuales fuesen su procedencia y su destino, el detalle +inesperado _componía_ muy bien donde estaba; y _componiendo_ bien, no +debía borrarse. Además, aquellos fondos, aunque bellos, eran demasiado +para una mujer sola. Podía llegar a sentirse allí hasta el miedo, porque +la soledad es imponente, por hermosa que sea; y aunque no se llegue al +miedo, las impresiones recibidas en la contemplación de lo bello no se +completan si no son comunicadas con alguien; y hasta se daba el caso +entonces de que aquel mancebo, por la expresión de su mirada intensa, la +dulzura de su sonrisa y lo varonil de su persona, parecía la +encarnación del sentimiento, de la bondad y de la fortaleza; como que +metida ya Luz de plano en estas fantasías hasta se le antojó (salvando +la irreverencia que creía cometer en la comparación) que el tal mancebo +podía pasar, donde estaba, por algo así como arcángel guardador del +misterioso paraíso. ¡Si _compondría_ bien la figurita en el punto del +cuadro en que había aparecido «de repente»! + +A la tercera vez que se asomó Luz a la azotea, también vio al mancebo en +el mismo sitio; pero ya no se contentaba, para dar entretenimiento a sus +miradas, con el lujo de la naturaleza que le envolvía; también la miraba +a ella, a Luz, y aun con mejores ojos que a las bellezas inanimadas del +paraíso; y como el mancebo era, en opinión de Luz, «el sentimiento de la +bondad y la fortaleza», y hasta «el arcángel guardador» de todo aquello, +que ya era «de los dos», Luz bajó del terrado, sin miedo y sin +escrúpulos, y el mancebo la salió al encuentro; y ella apoyó su brazo en +el brazo que le presentó él, y se fueron juntos por el sendero adelante; +y mientras andaban así, a Luz le parecía más radiante la del sol y que +eran más olorosas las flores y más blandos los senderos; los ruidos más +armoniosos, el ambiente más saludable y los pajarillos más alegres. +Después, en la soledad de su casita, todo lo hallaba más cómodo y +risueño; y al poner sus manos sobre el teclado del piano, le arrancaba +del fondo notas de una vibración como jamás había arrancado de aquellas +fibras de acero. + +Pues bien: algo así, con este cuadro primaveral por base, podía ser la +vida de una mujer como Luz, si la dijeran: «Escoge un mundo a tu gusto +para ti sola, o para los dos a lo sumo». No pediría ella otra cosa. Y, +sin embargo, se guardaría muy bien de descubrir estos deseos en medio de +las realidades de su vida, porque estaba cierta de que habían de ser +calificados de locura. + +Pero, locura o no, soñó largo tiempo con el cuadro, no sé, ni ella lo +supo, si despierta o dormida; y de tanto soñar con él, llegó a salir del +colegio con grandes dudas de si aquellos fondos de la naturaleza y aquel +mancebo guardador del paraíso de sus sueños, que tan conocidos le eran +ya, los había visto ella en alguna parte. + +No sé si el lector habrá comprendido bien todo cuanto llevo dicho, o si +yo no habré sabido explicarme, para llegar a conocer el fondo del +carácter de Luz; pero seguro estoy de que, por muy mal que me haya +salido la tarea, se puede sacar de ella todo lo que se necesita para +convenir conmigo en que la marquesa de Montálvez no tenía motivos para +alarmarse al presentar en el mundo a su hija, hecha una mujer, por el +lado de sus pensamientos y naturales inclinaciones. Y no se alarmaba por +lo tocante a este lado. Pero por el otro, es decir, por el de su +belleza, ¿cómo evitar los riesgos que temía? ¿Qué más daba que ella se +fuera sola hacia el cenagal, o que el cenagal la buscara a ella, si lo +importante era que el uno y la otra se pusieran en contacto inmediato? +Pensar en recluirla de nuevo, teníalo hasta por inhumano, además de +ridículo. Era de necesidad, no solamente «echarla al mundo», sino +también lucirla en él. Y en este caso, ¿cómo impedir que aquella +gentileza de Venus púdica, o mejor dicho, aquella realizada idealidad de +virgen cristiana, atrajera sobre sí todas las voracidades de los +hombres descorazonados y todos los venenos de las mujeres envidiosas, y +que fuera esta lepra inficionando poco a poco a la inocente? ¿Cómo +evitar, cuando menos, que con el continuado roce con tantas y tan +diversas intenciones se destruyera el artificio y quedaran de manifiesto +a los ojos de Luz las negras realidades que la marquesa le escondía +hasta dentro de su misma casa? + +Los temores de la madre no podían ser más fundados; pero había que +cerrar los ojos y seguir adelante. Y adelante fue. + +Luz hizo su entrada en el mundo con la serenidad de quien nada teme en +una región que no le interesa. Todo cuanto iba viendo le parecía natural +y corriente, porque cuando allí lo ponían, allí debería de estar. Tomaba +las cosas en el valor que a sus ojos tenían, y a ese precio las pagaba; +y como le sobraba en discreción mucho más de lo que le faltaba en +experiencia, siempre salía muy airosa en estos tratos de su forzado +comercio con las frivolidades mundanas. + +A más de por hermosa en el grado especial en que lo era, por la historia +que tenía, fue su aparición en los salones mucho más notada que otras +semejantes: la mordieron las envidiosas con la saña de las grandes +ocasiones; la compadecieron a gritos las pecadoras en secreto; los +hombres la tuvieron quince días _sobre el tapete_ en sus debates +_naturalistas_, y los revisteros de salones soltaron toda la trompetería +más sonora de sus órganos, en honra y gloria de la recién llegada al +único mundo en que, según ellos, se podía vivir debajo de la luna. +_Aljófar_, que todavía cantaba porque aún tenía estómago insaciable que +se lo exigía, entonó en letras de molde una _silva_ de media vara, en +que hubo más juegos de luz que en un «cuadro disolvente». Ni de las +murmuraciones a escondidas ni de las alabanzas en público, tuvo noticias +Luz; porque las primeras no se oían, y cuidó mucho su madre de ocultar +las segundas con el sabio propósito de que desconociera su hija, +mientras esto fuera posible, aquella mala costumbre de poner a las +gentes en ridículo queriendo hacerlas un favor. + +Tomando por pretexto las pocas aficiones de la novicia a los estruendos +mundanos, la marquesa se guardaba muy bien de empujarla hacia ellos; +antes, la mantenía discretamente en sus inclinaciones al sosiego, y +hasta las explotaba en cuanto la convenía para sus fines particulares. + +Por ejemplo: Luz seguía fuera del colegio las prácticas cristianas a que +se había acostumbrado en él. Iba a la iglesia a menudo y tenía sus rezos +en casa. Pues a todos estos actos piadosos la acompañaba su madre. Algo +la mordían sus amigas, y con gran donaire se sacudía ella de las zumbas; +pero seguía yendo a la iglesia y rezando con su hija, muy a su placer. + +Con todo esto y lo que ya se ha dicho en el capítulo precedente sobre +oreos y desinfecciones, que continuaban en la necesaria medida, la casa +de la marquesa, sin dejar ésta de ser la dama de distinguido y ameno +trato, no era conocida ya. Aquellos profanados interiores de la +Montálvez habían adquirido el honrado aspecto de un _hogar de familia_. + +Algo retrasadas andaban estas medidas de regeneración; pero nunca es +demasiado tarde para abrir a Dios la puerta de casa, después de haber +barrido de ella al demonio. + +Guzmán, que era ya Excelentísimo señor don José Celestino, senador del +reino, columna del partido conservador, consejero de Estado, embajador +probable, ministro posible y todo lo que quisiera, si lo quería con gran +empeño, pasaba la pena negra desde que Luz había llegado a Madrid. +Temblaba por ella, y a su lado se hubiera puesto para ampararla de día y +de noche contra los peligros en que veía el tesoro de candor que se +encerraba en aquel estuche primoroso; pero no alcanzaban sus derechos a +donde llegaban sus impulsos. Era harto sabida en Madrid la leyenda de la +_semejanza_, con todos sus antecedentes, y hubiera sido una profanación +inicua someter aquel ángel a nuevas comparaciones y nuevos comentarios +del público mordaz. Por eso se creía más obligado a alejarse de ella +cuanto mayores eran sus deseos de acercarse. La admiraba y la protegía a +_prudente_ distancia; pero esta prudencia se parecía demasiado en sus +tramites al desvío de un extraño, y él no podía conformarse con tan +poco. + +Ya sabemos que había vuelto a frecuentar la casa de la marquesa desde +que se andaba en ella a escobazos con el diablo. En una de sus visitas, +estando ya la desterrada joven en Madrid, halló a su amiga muy alarmada. +Luz sabía desde muy niña que su madre era viuda, y de quién lo era y +desde cuándo; pero en lo que jamás había dado, dio en las primeras +conversaciones que tuvo con su madre, recién llegadas las dos de +Francia: en pedirla noticias y pormenores íntimos de «su padre». +¡Figúrese el lector en qué aprietos no se vería la aristocrática viuda +de don Mauricio Ibáñez para salir limpia y sin manchar a nadie, de aquel +nuevo lodazal en que la arrojaba de pronto el natural deseo de su hija! +Salió bastante mejor que hubiera salido otra pecadora con menos ingenio +y serenidad que ella; pero salió muy dolorida y alarmada. + +Refirió el caso a Guzmán, muy en voz baja y después de registrar hasta +los rincones, temiendo que la oyeran, y también culpó a su amigo de este +nuevo fruto de su vida de iniquidades y contubernios. + +--No es ya hora--la dijo Guzmán--de liquidar esas cuentas tan +envejecidas. Tomemos el caso como una advertencia más del celo que se +necesita aquí para que no descubra Luz lo que jamás debe serle conocido, +y eso nos baste, que no es poco en gracia de Dios. El bien de tu hija +debe ser el móvil de todos tus actos y pensamientos. Yo te ayudaré con +los míos, en cuanto me sea posible y lícito, a la distancia a que me +hallo de vosotras. Olvido absoluto de todo lo demás..., hasta en sueños, +si dable nos fuera; y desde este instante no se pronuncie una sola +palabra entre nosotros que no pueda ser oída de Luz sin asombro de su +ignorancia y de su inocencia; porque fuera caso peregrino que lo que +tratas de ocultarla entre las desenvolturas de las gentes extrañas, se +lo descubrieran en su propio hogar tus mismas imprudencias. + +A la marquesa le pareció muy cuerdo el dictamen de Guzmán, y desde aquel +día se acabó entre ambos el tratamiento llano de sus intimidades; quedó +proscrita toda alusión a lo pasado, y no fue en la casa de Luz ni fuera +de ella el antiguo amante de la hermosa Nica Montálvez, más que un amigo +muy afectuoso y atento de la ajamonada viuda del arruinado banquero don +Mauricio Ibáñez. + + + + +IX + + +La marquesa había dicho a su médico que probablemente necesitaría tomar, +durante el verano que se acercaba, algunas aguas sulfurosas y quizás +también algunos baños de mar; pero «caserito todo ello, y a lo pobre». +Quería dar a entender que en puntos de poco ruido aristocrático y en +España. En seguida expuso las razones en que se fundaba para creer de +necesidad lo que decía (fundamentos que bien pudieran haber sido +inventados por ella). El amable doctor, después de escucharla +atentamente, la respondió muy risueño que estaba enteramente conforme +con su parecer. Entonces añadió la marquesa que ella sabía de una +provincia española donde se hallaban ambos remedios, y a muy corta +distancia el uno del otro. + +--Pues a esa provincia--repuso el complaciente médico--. Tome usted muy +poco de lo sulfuroso y cuanto pueda resistir de lo del mar; y si Luz no +tiene miedo a las olas, que se columpie en ellas también siempre que le +dé la gana, pues hasta en naturalezas tan saludables como la suya +sientan esos tónicos a maravilla. + +Y por estas razones, con alguna más que ella conocería, y que bien +pueden sospecharse sabiendo su nuevo modo de pensar sobre las vanidades +de su mundo, se hallaba la marquesa de Montálvez con su hija, en el +rigor de aquel verano, tomando los baños de mar en una de las playas más +hermosas, aunque no la más nombrada, de la Península. + +Se encontraba muy bien allí. La concurrencia era abundante, pero no de +_primer lustre_. Precisamente lo que la marquesa quería. Gentes de buen +pelaje: de tierra adentro las más, pero sin llegar a Madrid. Como no +había etiquetas, aunque si mucha presunción, entre los bañistas, la +marquesa vivía entre ellos con la mayor holgura, casi en traje +doméstico; y no suprimía el casi, porque no se tomara su desaliño a +desdén de gran señora. El aire de la playa, el rumor de las olas, la +inquietud de la mar, el abrupto perfil de la costa, las puestas del sol +entre celajes de fuego y sumergiéndose el astro y apagando su luz poco a +poco en lo último de aquellas aguas sin fin... Cien veces lo había +tenido delante de los ojos en otras playas de Europa, y no lo había +visto hasta entonces. ¡Qué saludable y qué hermoso le parecía! + +Creían hacerla un gran favor aquellos corteses bañistas cuando la +invitaban a las fiestas con que entretenían los ocios de la temporada; y +no podían imaginarse hasta qué extremo la molestaban poniéndola en el +deber de aceptarlo todo. ¡Fiestas a ella, que venía huyendo de las que +le habían envejecido el espíritu a lo mejor de la vida! + +Pero no se trataba de ella sola: se trataba de Luz, a quien indirecta, +pero principalmente, iban enderezadas las invitaciones, y era muy justo +no desairarlas, así por la buena intención de los invitantes, como por +lo inofensivo de lo brindado. Podía la hermosa novicia hasta saturarse +de ello sin temor de daño alguno. + +Lo peor era que Luz no lo apetecía mucho más que su madre. Habían hecho +que lo tomara casi en aborrecimiento las intemperancias galantes de +aquellos donceles que la miraban, que la seguían y que la requebraban +implacables, y de aquellas damas que buscaban su trato incesantemente +para alabarla cuando hablaban con ella, para ponerla defectos las más, +en cuanto se alejaban un poco, y para imitarla todas, al fin, hasta en +el modo de andar. + +Pero lo que su madre le decía: «estás aquí, y en la edad de divertirte, +y tienes hasta que hacer que te diviertes con lo que aquí se divierten +los demás». Y Luz lo aceptaba todo con el mejor de los deseos, y en +todas partes aparentaba divertirse mucho, aunque en realidad se +divirtiera muy pocas veces. Sin embargo, tampoco se aburría; y quiero +que conste este dato para que no se confunda con el melindre indigesto +lo que era hasta abnegación de una naturaleza sobria y delicada de +gustos. + +La marquesa, por vecindades en la mesa redonda del hotel en que se +hospedaba, había trabado amistad con una señora de _buen aire_, la cual +señora tenía dos hijas muy guapas: la una y las otras eran, además, muy +discretas y muy distinguidas de porte. Tampoco eran de Madrid--condición +muy del gusto de la marquesa--; pero sin ser de Madrid se puede ser +guapo, y hasta listo y elegante. El caso es que si las dos señoras +_simpatizaron_ entre sí, las chicas de la una se entendieron con Luz y +Luz con ellas, como si toda la vida hubieran andado juntas y en paz. En +muy pocos días llegó a haber entre ambas familias toda la intimidad que +cabe en los tratos de esta especie. La marquesa, particularmente, estaba +como niño con zapatos nuevos con la amistad de aquella señora, que era +afable sin fingimientos, y buena sin doblez. Nunca se había visto en +otra la gran dama; y este sencillo y honrado placer se le debía a la +mujer de un magistrado cesante. ¡Y ella se había pasado la vida +pagándolos a precios exorbitantes en las grandes cúspides sociales, sin +adquirir uno solo que no la dejara rastros de amargura y de +remordimientos! + +Luz y sus dos amigas paseaban juntas muy a menudo, juntas se bañaban y +juntas asistían a bailes, jiras y conciertos. Las del magistrado habían +visto y aprendido más cosas de la vida que ella, y la entretenían mucho +con sus relatos de sucesos (_limpios_, se entiende) recogidos siguiendo +a su padre de la Ceca a la Meca, por azares de su destino. Luz, en +cambio, nada por el estilo podía contarlas; porque hasta de su mundo, al +cual era recién llegada, sabía mucho menos que ellas, aunque sólo le +conocían de oídas. + +Y hablando, hablando, llegaron las confianzas al último límite, y +resultó que la mayor de las dos hermanas estaba ya para casarse, y muy +enamorada. _Él_ era un joven muy guapo, recién graduado de doctor en +Medicina; rubio, con toda la barba, pero muy recortada, lo mismo que el +pelo; muy alegre por carácter, y muy cariñoso: _a ella_ la quería +_atrozmente_. A la hora menos pensada se presentaría por allí: se lo +tenía prometido. En la última carta, que era de Madrid, la anunciaba una +gran sorpresa. Debía de ser su llegada. Ya tenían puesta la casita, muy +mona, en la mejor de las calles de la ciudad. Él era buen músico y algo +pintor, y ella tocaba regularmente el piano. Habían comprado uno nuevo, +vertical: como mueble, muy elegante. + +Luz oía todas estas cosas con gran atención, y no negaba que el novio de +su amiga fuera muy guapo, con su barba rubia y su pelo recortado; pero a +ella le gustaban más los hombres de pelo negro y abundante y con bigote +solo, y no largo ni muy espeso. Bien estaría la casita de los novios; +pero no tanto cómo el chalet que ella tenía en lo alto de «su mundo»; y +en cuanto al piano, por superior que fuera, ¿a que no sonaba tan bien +como el suyo, cuando se ponía a tocarle después de dar un paseo por las +tortuosas veredas de su paraíso, con «el arcángel» que se le custodiaba? + +Por supuesto que Luz no decía nada de esto a sus amigas, ¡quién se lo +mandara!, pero lo iba pensando y hasta lo creía. ¿Y qué mal había en +ello? + +Aquella noche había baile en el gran salón que uno de los hoteles tenía +destinado a esa clase de fiestas. Las tres amigas, seguidas a corta +distancia de las dos madres, se dirigían a él, algo más peripuestas de +lo que habían pensado por la mañana, porque a última hora se supo que +acababa de llegar un gran contingente de bañistas de buen humor, que no +faltarían al baile. No era bastante motivo este para emperejilarse más +las mujeres que asistían a otros tales muy bien vestidas; pero la idea +nació de la novia del doctor de barba rubia; y hay motivos para creer +que tomó por pretexto la asistencia de gente desconocida al salón, para +presentarse en él bien engalanada, sospechando que su novio le había de +dar allí la anunciada sorpresa. Por lo mismo que ya no bailaba más que +con él, quería, si sus sospechas se realizaban, hacerle en aquella +ocasión los honores en toda regla. + +Y fue verdad que hubo gente nueva en el baile, y bastante, y de muy buen +porte; y también se confirmaron las sospechas de la hija mayor del +magistrado cesante: allí se le apareció de golpe su novio, tal como ella +le había descrito, con la barba y el pelo rubios y recortados, alegre y +cariñoso, a juzgar por las muestras del momento. Comenzaron en seguida +las presentaciones y los mutuos cumplimientos; tocose luego a bailar, y +con este motivo la novia se colgó del brazo que el novio la ofrecía y, +se largaron juntitos por el salón adelante. + +Luz (que se excusaba de bailar siempre que podía) estaba sentada +entonces, y desde su asiento seguía con la mirada a los novios, +asociando, sin poderlo remediar, a algunos pormenores de aquel suceso +otros detalles semejantes de sus imaginaciones _paradisiacas_. En aquel +encuentro y en aquel paseo, ¿no había un extraordinario parecido con los +encuentros que ella tenía y con los paseos que se daba bien a menudo en +las arboledas de su retiro? Cierto que los fondos eran muy distintos +entre sí; pero las figuras... También en las figuras, en las de _ellos_, +encontraba grandes diferencias. Este era rubio y poco esbelto, al paso +que _el otro_... + +Y al llegar aquí la candorosa Luz con sus comparaciones mentales, se +quedó abismada en el mayor de los asombros... junto a la puerta de +entrada al salón, en el mismo sitio donde ella tenía puesta la mirada, +casi rozándose con el novio de su amiga, que pasaba por allí en aquel +momento, acababa de aparecer... _el otro_, el mancebo de sus +imaginaciones; la _figura_ de su cuadro, con su gallardía de continente; +con su pelo negro, suelto y abundante; sus rasgados ojos tan negros como +el pelo y el sedoso bigote; su boca risueña y su mirar dulce y profundo. +¿De dónde venía? ¿A qué iba allí?... No cabía duda: venía de su +paraíso... y en busca de ella. ¿De qué otra parte podía venir, ni qué +otra cosa, sino a ella, podía buscar en el salón con aquel modo de mirar +tan _suyo_?... Ya la había encontrado. ¡La misma sonrisa de _allá_; la +misma expresión de ansias bien satisfechas, en los ojos; el mismo andar +que cuando iba hacia la roca blanquecina medio envuelta entre carrascas, +hiedras y escaramujos! Si Luz hubiera estado entonces sola en su azotea, +habría bajado de ella en seguida para salirle al encuentro; pero no +estaba sola, ni en la azotea, y esperó a que llegara él. + +Y llegó, y la invitó a bailar; y Luz, sin dudar un solo instante, se +levantó de su asiento, enlazó su brazo con el brazo que le ofrecía el +mancebo, y se fue con él por el salón adelante... ¡Lo mismo que cuando +se iban por los tortuosos y blandos senderos de su mundo! + +No bailaron..., ¡qué habían de bailar? + +Lo que Luz no recordaba bien era el timbre de la voz de su acompañante +de _allá_; pero en cuanto oyó hablar al otro de carne y hueso, exclamó +para sí con nuevo asombro: «¡El mismo!» + +Este _otro_ la dijo que había ido a buscarla allí, porque una corazonada +le había declarado que allí la encontraría. Luz no se atrevió a +preguntarle dónde se habían conocido los dos, ni qué era lo que le movía +a buscarla con tanto empeño; y él la enardeció todavía más los deseos, +declarando que la conocía mucho, ¡muchísimo! Jurara que de toda la vida, +aunque la había visto muy pocas veces, y sólo sabía de ella que se +llamaba Luz. + +¡Y Luz, en cambio, con haberle _tratado_ tanto, ignoraba todavía cómo se +llamaba él!... Se atrevió a preguntárselo. + +--Me llamo Ángel--respondió el mozo. + +¡Ángel! Por _arcángel_ le había tomado ella muchas veces al contemplarle +en su imaginado paraíso guardándole las puertas. ¿Qué venía a suponer +esa leve discrepancia de jerarquías? Siempre resultaba el mismo +«guardián». + +Pero ¿dónde la había conocido? Eso es lo que ella quería saber para +acabar de orientarse en aquel laberinto de coincidencias tan de su +agrado. Y al fin lo supo también. Ángel la había visto con admiración +desde lejos, entre otros que también la admiraban. Por lo que les oyó +decir, averiguó que se llamaba Luz, nada más que Luz. ¿Y no era eso +bastante? No volvió a verla en el mundo de la realidad, por más que la +buscó; pero se forjó él otro mundo a su capricho, en el cual la veía a +todas horas; porque aquel mundo era _para los dos solos_, Y viéndola +allí y admirándola sin cesar, le parecía que volaba el tiempo que había +de correr hasta que la encontrara _de veras_; porque este encuentro +había de ocurrir _necesariamente_. Lo creía con ciega fe. Dios no +infunde en el corazón humano sentimientos tan dulces, tan puros y tan +hondos como los que había infundido en el suyo, para que se conviertan +en semillas de negros y dolorosos desencantos. Por eso se habían +realizado allí sus esperanzas de encontrarla. El sitio era lo de menos, +porque en alguno de la tierra había de ser. Como creía llevar los +pensamientos en los ojos, y entre estos pensamientos estaba hecha a +vivir la Luz de sus ilusiones, no se asombró de que la Luz de la +realidad los leyera en las miradas con que la buscaba por el salón, ni +de que no temiera acercarse a ellos para vivir también un rato entre tan +buenos amigos. Esta era la verdad; y si no se la decía, ¿para qué había +ido él allí? + +Lo mismo opinaba Luz. ¿De qué había de hablarla a ella aquel hombre sino +de esas cosas y en aquellos términos?... Pero ¿cómo sería el mundo que +él también se había forjado a su capricho? Casi se atrevía a jurar que +era muy semejante a su paraíso. La duda la impacientaba bastante, y se +decidió a salir de ella preguntándolo. + +--Ese mundo--respondió el mancebo--se concibe mejor que se pinta, como +todo lo que se siente por anhelos del alma. Desde luego no es un mundo +de cal y canto como el que han ido construyendo los hombres para nido +de sus vanidades dispendiosas y malsanas; es un compuesto de primores de +la naturaleza en su más dulce reposo: auras de Mayo, rosas, follaje, +pájaros..., ¡qué sé yo!, y, sobre todo ello, y para alumbrarlo, +vivificarlo y embellecerlo, la Luz de mis ilusiones, del hada de +aquellos encantados jardines. + +--¡Los conozco!--exclamó aquí la joven sin poderse contener; y añadió a +la pintura, a grandes rasgos, de los jardines del otro, algunos detalles +de los del suyo. + +--¡Eso mismo!--dijo el pintor idealista; y en el acto preguntó a Luz que +de qué los conocía; y Luz tuvo que responder que también ella había +vivido mucho tiempo en un mundo de aquella traza. + +--¿Sola?--la interrogó entonces el confidente, con fogosa vehemencia. + +Y a esta pregunta no pudo responder Luz de pronto, porque le dejó sin +ánimos para ello una sensación que hubiera creído de miedo, a no +parecerle tan agradable. + +--Sola..., sola no--llegó a decir, bajando los hermosos ojos y con las +mejillas muy sonrosadas--: con _él_. + +Y de aquí no pasó ya la pobre chica. Verdad es que el otro no porfió +mucho para que pasara, respetando aquellas pudorosas resistencias que lo +impedían. + +Ni ¿para qué pasar? ¿No era preferible la elocuente actitud de la +interrogada, a la más terminante de las frases? + +Luz, siguiendo la conversación y no hallando en su memoria un motivo +real y verdadero de donde derivar el enlace lógico de tantas y tan +singulares coincidencias, convino con su amigo, al volver éste sobre lo +ya tratado, en que cuando Dios infundía ciertos sentimientos en un +corazón, bien podía infundirlos iguales en otro, si entraba en sus +designios que ambos corazones se encontraran, por apartados que +estuvieran, para formar uno solo... + +No podía darse mayor conformidad de pensamientos entre Luz y su amigo, +ni realidad más parecida a la hermosa ilusión forjada en dos cerebros +juveniles. ¿A qué pedir más por entonces? + +Lo peor era que las gentes se regían allí, en el salón del baile, por +leyes muy distintas de las del mundo ideal de los dos enamorados; y era +ya preciso que ella volviera a sentarse y que se separaran, después. + +Y se separaron, tan pronto como Luz se sentó donde antes había estado +sentada, entre su madre y su amiga sin novio. La que le tenía continuaba +paseando todavía con él. + +Con serle tan conocido a Luz cuanto la rodeaba, todo le parecía nuevo, +por más hermoso: hasta el piano le sonaba mejor. ¡Lo mismo que le +sucedía en la casita de la azotea después de pasear con él por las +veredas blandas y retorcidas de su edén! + +Ángel, después de dejarla sentada, había desaparecido del salón. La +marquesa, que no le había perdido de vista un solo momento, deseaba +saber quién era; y ni se lo pudieron decir sus amigas ni la misma _Luz_, +a quienes se lo preguntó. _Luz_ sólo sabía que era _él_, y esto no debía +respondérselo a su madre; la cual, por lo mismo que lo había sospechado +por lo que había visto y lo que estaba observando en el arrobamiento y +turbación de su hija, tenía mayor empeño en saber algo más; y repitió la +pregunta al novio de la hija de su amiga cuando pasó cerca de ella. + +Según este declarante, el sujeto en cuestión era madrileño, muy rico, +abogado por lujo, y se llamaba Ángel, Ángel Sánchez, o Pérez, o +López..., un apellido así, de los más llanos y corrientes. Sabía esto +porque habían venido juntos desde Madrid, por casualidad. Parecíale un +joven sumamente despejado y discreto..., y no sabía otra cosa de él, ni +buena ni mala. + + + + +X + + +Ángel desapareció del salón del baile aquella noche, pero no de la +playa. Al otro día se dejó ver instalado en el mismo hotel en que vivía +la marquesa. Habló con Luz en el comedor y en el jardín, y dondequiera +que le fue posible y le pareció lícito, y Luz se le presentó a su madre +a título de _amigo_ suyo, como «_el mejor_ de sus amigos». Así le +calificó. + +Se necesitaba tener los ojos muy poco avezados a estudiar fisonomías, +escasa luz detrás de ellos, menos mundo y demasiada carga de malicias, +para recibir mal a un presentado de aquel corte; y como a la marquesa le +sobraban mundo, luces, experiencia, buen gusto y hasta _motivos +especiales_, «el mejor amigo» de su hija fue recibido por ella muy +cortés y cariñosamente. + +A los pocos días Ángel era también «el mejor amigo de la casa», y el +compañero inseparable de Luz y sus amigas en corrillos, fiestas y +paseos. No podían pasar las cosas de otro modo con un carácter como el +del «guardián del paraíso» de Luz. + +«Era un conjunto--escribe la marquesa--de enterezas y formalidades de +hombre, de sinceridades de niño y de entusiasmos de artista, envuelto en +un cendal de los más nobles y honrados pensamientos; pensamientos que se +le leían, aunque callara, como si su cerebro fuera urna de transparente +y limpio cristal. Era imposible no franquear todas las puertas de la +casa a un huésped como aquél, que llevaba todo su caudal de sentimientos +y de ideas a la vista y sin cerrojos.» + +Ya conocía la madre el génesis novelesco de la _amistad_ de su hija con +él, y había hecho suma gracia a sus malicias de mujer de larga historia; +y le conocía porque Luz, que se había arriesgado a declararla lo más, +no tenía para qué ocultarla lo menos. Por cierto que se vio la pobre en +grandes apuros para pasar con el idilio entre las sonrisas cáusticas de +su madre, siguiendo el fantástico camino por donde habían llegado las +cosas al punto en que se hallaban. + +Pero, idilio o no, el desenlace era un hecho positivo y de una realidad +bien simpática para la marquesa, hasta aquellos momentos. En adelante ya +vería, según fuera descubriéndose lo mucho que aún ignoraba. Luz le +había presentado el mancebo con su nombre y apellido; pero como éste le +había sonado poco a fuerza de parecerle vulgar, ya se había olvidado de +él, hasta por costumbre de llamar al presentado por su nombre de pila, +que tan bien le cuadraba. Y esto era muy poco saber todavía. + +Las amigas de Luz y el novio de la mayor, desde la noche del baile se +bebían los vientos olfateando noticias del _aparecido_ en el salón, por +supuesto que con la mejor de las intenciones; pero nada averiguaban de +fundamento, aunque por la playa corrían ya las versiones más estupendas +y contradictorias acerca de la procedencia y vicisitudes del novio de +Luz; que por esto solo, es decir, por ser el novio de la bañista más +hermosa y más visible de cuantas por allí se exhibían, tenía el triste +privilegio de atraer sobre sí todos los rigores de la curiosidad +desocupada. + +Entretanto, _él_ y _ella_ habían ido trocando poco a poco las tintas +ideales de sus alegorías, y buscando la comunicación de sus mutuos +sentimientos por otros carriles más humanos, aunque menos pintorescos; +se amaban a la manera de los mortales del mundo sublunar que se aman de +veras, sin afirmarlo a cada instante, pero sin vacilaciones ni recelos, +ni ansiedades locas ni exigencias ridículas. Luz hallaba menos cargado +de poesía este cuadro de la realidad que el otro de su fantasía; pero, +en cambio, le parecía más substancioso, y por ello no se lamentaba del +trueque. Verdad es que Ángel sabía mantenerla en tan buena conformidad +pintándola a menudo, y para lo porvenir, hasta panoramas enteros, que no +por desenvolverse en el prosaico mundo «de cal y canto», dejaban de ser +llamativos para la venturosa pareja que había de habitar en ellos. + +Cuando la marquesa comenzaba a echar de menos los pormenores que Luz no +podía darla sobre la procedencia del «mejor amigo» de ambas, se anticipó +el interesado mismo, en una ocasión bien elegida, cuando vino muy a +pelo, a sacarla de su apuro, relatándola con noble, sencilla y hasta +elegante ingenuidad, su filiación entera y verdadera. + +Esto ocurrió una tarde, en la intimidad de una conversación habida en el +mirador del gabinete de la marquesa entre ésta, su hija y el relatante, +al blando rumor de las ondas que venían a morir, deshaciéndose en ancha +faja de espumas, sobre la playa inmediata. He aquí la substancia de su +relato: + +Ángel era el menor de varios hermanos suyos, a quienes no llegó a +conocer, porque murieron siendo muy niños. El temor de que también él se +muriera, fue causa de que le guardaran sus padres como oro en paño. +Cualquier otro en su lugar se hubiera perdido con lo que se hizo con él +por el afán de conservarle. A él le salvó su naturaleza, francamente +refractaria a vivir bajo fanales. Nunca fue niño mimoso ni asombradizo, +aunque sí muy avaro del calor del hogar y de la familia. No llegó a +perdulario, ni con cien leguas; pero rompió muchos zapatos jugando en +las plazuelas con otros camaradas; se descalabró bastantes veces, y no +volvía a casa, de retorno de la escuela o del paseo, con la ropa más +limpia ni más entera que la de cualquier otro muchacho de _buenas_ +agallas. Lo que nunca hizo fue negar en casa lo que había hecho en la +calle, ni quejarse contra nada ni contra nadie por sucesos de que él +solo tenía la culpa. Esta sinceridad le valió nuevas largas de quien +tenía derecho para atarle corto; pero él no las quiso, es decir, no usó +de ellas, porque le bastaba con las que ya tenía para expansión +necesaria de las fuerzas de su temperamento. Cumplió bastante bien con +sus deberes escolares. No descolló gran cosa entre sus condiscípulos de +primeras y segundas letras, pero tampoco fue de los últimos. Se creía +muy en su puesto estando donde estaba, y por eso jamás tuvo celos de los +que le precedían, ni miró con desdén a los que iban detrás. + +Cuando llegó el momento de elegir una carrera, hubo grandes porfías en +su casa. Todo parecía poco para él, y él, entretanto, tenía bien +limitadas las ambiciones sobre este particular; no sólo porque era cosa +convenida que no necesitaba la carrera para vivir a expensas de ella, +sino porque no quería echar sobre su cabeza mayor carga de la que +pudiera sufrir con desahogo. Fue siempre un enigma indescifrable para él +la convenida claridad de las matemáticas. Excusado era enderezarle por +este camino. Aun suponiendo que hubiera sido capaz (que no lo fue) de +penetrar los alambicados y abstrusos conceptos de la metafísica, +reputaba por perfectamente inútil en la práctica de la vida toda esa +jerga filosófica que ha tenido siglos enteros en perpetua disputa a la +mitad del mundo sabio, sin que haya quedado más fruto positivo y +tangible de tan larga y encarnizada batalla que un rimero de infolios en +latín, que van royendo poco a poco los ratones y las polillas. No tenía +estómago bastante fuerte ni entrañas del temple necesario para médico, +amén de que, como carrera de lujo, la de Medicina le parecía la menos a +propósito de todas las carreras. Y así, por este sistema de exclusión, +llegó a demostrar a su padre que él no podía ser otra cosa que +jurisconsulto, la carrera en que caben todos, los grandes y los +pequeños, los listos y los tontos, y los que se buscan el título como +puerta para salir a todos los campos de las humanas ambiciones, que no +eran pocas a la fecha. + +Y se hizo abogado en unos cuantos años de estudiar regularmente y de +asistir a cátedra con bastante puntualidad, sin pedir, por iniciativa +propia, más vacaciones que las de reglamento, ni perorar en los motines +universitarios, ni fomentar huelgas ni manifestaciones escolares de +ninguna especie, aunque obligado a servir de comparsa en las que le +tocaron en suerte. + +Siendo abogado a los veintidós años, ya no supo qué hacerse, y por hacer +algo tuvo serias tentaciones de abrir su correspondiente estudio; pero +no cayó en ellas, en primer lugar, porque con los aires de un largo +viaje que hizo por entonces para acabar de convencerse de que en el +mundo hay algo más que Madrid y sus afueras (lo cual no quieren creer +todavía algunos madrileños), se le modificaron mucho las ideas sobre el +bufete de letrado; y, en segundo lugar, porque ya le chisporroteaban en +la mente ciertos reflejos de otras regiones más altas y serenas que las +del foro; reflejos que, con el roce y continuo trato de personas +avezadas a vivir en ellas, llegaron a ser clara luz con la cual +descubrió nuevos mundos que le despertaban grandes apetitos en su +fantasía, y en los cuales eran desconocidos los procuradores y el papel +sellado. + +Felizmente, conservaba Ángel en toda su pureza la buena pasta de sus +primeros años. Continuaba conformándose con lo que en buena ley le +correspondía, y teniendo por precepto de ella el volverse a su puesto, +muy tranquilo, después de malogrársele su intento de valer un poco más, +bien convencido de que no todos los viandantes servían para todos los +senderos. De otro modo, no hubiera ganado para sustos, contrariedades y +descalabros; porque el mozo, en este particular, siempre fue curioso y +decidido. + +Antojósele que «también él» era poeta, porque era sensible y veía claro +en el espacio de las ideas. Allí estaban, y suyas podían ser como de +cualquier otro. Decidiose, y se apoderó de unas cuantas que mejor le +parecieron. Trabajo inútil. Lo que tan hermoso se le antojó disperso y +revoloteando en los cielos de su fantasía, entre manos profanas no era +más que un puñado de cosas descoloradas y deformes. Le faltaba el arte +con que vestirlas para que fueran la expresión exacta de lo concebido en +la mente, y esto no era ser poeta. + +Ya siendo estudiante se había creído capaz de ser pintor, porque +_sentía_ y amaba a la naturaleza, y tributaba admiración y hasta +_saboreaba_ las obras de los grandes maestros. Además, la herramienta de +este oficio le parecía de mayores recursos y más entretenida que la +pluma. Otro desengaño. ¡Siempre la idea desfigurada y confusa entre la +obscuridad de un arte deficiente! La misma dificultad con los colores +que con las palabras. Cuanto más trabajaba para dar relieve a las formas +de su pensamiento, más le desvanecía y le ahogaba entre la balumba de +las frases huecas o de los colores resobados. Esto no era ser artista. + +Otro en su lugar no se habría dado por vencido en estas luchas, y +hubiera inundado de coplas y de monigotes a España entera, para +ofrecernos en cada disgusto un testimonio de que él era tan poeta y tan +pintor como los mejores, o de que si no lo era todavía, lo iría siendo +poco a poco; pero Ángel, para honra suya y tranquilidad de los españoles +incautos, aprovechó las caídas para estimar el valor de lo que a él le +estaba vedado, y empleó las fuerzas que otro hubiera gastado en odiar a +los que eran lo que él no podía ser, en admirarlos quieta y +sosegadamente, porque sabían expresar las más altas ideas con los +procedimientos más sencillos. Y esto era ser poeta y ser artista. + +Antes que en pintor, había querido picar en músico; y en este intento, +aunque no llegó a dominar el arte, sacó mejores frutos que en los otros: +tenía paciencia, mucha _maña_ y buen gusto, y el piano era un almacén de +sonidos _hechos_. De este modo, si no creaba, cuando menos se divertía +extrayendo del depósito las notas, concertadas por el orden que se le +señalaba en un papel. Llegó a ser un regular pianista. + +Después de su fracaso de poeta, quedábale el recurso de la prosa, que +parece ser _el prado del concejo_ para todos los aficionados a retozar +en los campos acotados de las letras, y aun de las artes, las +_pedestres_ inclusive. Ángel no llevaba a tal extremo sus aprensiones, +porque esto no cabía en un mozo de tan buen sentido; pero muy cerca le +andaba cuando consideraba el caso desde lejos. Por de pronto, creía que +sin las trabas del metro y de la rima, el ropaje de la idea era mucho +más fácil de cortar. En la prosa, el arte, si arte se necesitaba para +manejarla bien, era llanote y campechano; las pruebas abundaban, al +decir de las gentes, de que en España bastaba querer para convertirse un +zapatero en _literato distinguido_; y esto no sería del todo exacto por +lo tocante a los zapateros; pero podía serlo por lo tocante a él, que +había cultivado la inteligencia, conocía bastante bien la lengua en que +pensaba, y hasta sabía distinguir los libros escritos con arte de los +_emplantillados_ por zapateros. + +Y se atrevió con una novela, cuyo asunto vela _bastante claro_ en su +cabeza. Cuestión de coger aquellos personajes, decir _cómo_ eran, dónde +vivían y de qué modo; de qué pie cojeaba cada uno, y moverlos de acá +para allá, lo mismo que se mueven las gentes en el mundo, al compás de +sus necesidades y según lo pidan sus virtudes o sus pasiones. Nada más +sencillo ni hacedero. No se lo parecería tanto sí se tratara en la +novela de cosas del otro jueves: de laberintos de sucesos, de lances +inesperados, de sorpresas deslumbradoras y espantables, obra para la +cual se exige una fuerza inventiva de todos los demonios, y hasta un +acopio de auxiliares mecánicos que no se hallan ni se construyen en los +talleres de un novelista cualquiera. + +La armazón de la novela de Ángel era la siguiente: un comerciante muy +rico tenía una mujer muy guapa, la cual mujer era, además, ligera de +cascos. De este matrimonio nació una hija que llegó a ser moza, sin que, +su madre se recatara de ella todo lo que debía para entregarse a sus +liviandades, que iban de mal en peor y al cabo llegaron a matar de +pesadumbre y de vergüenza al pobre comerciante. A la hija la pretendió +un abogadete poco aprensivo; la pretendida le quiso y llegó a casarse +con él; al poco tiempo de casada la galanteó un coronel muy guapo: a +ella le gustaba mucho el coronel, que era mejor mozo que su marido; y +porque le gustaba y estaba muy hecha a considerar, en el ejemplo de su +madre, que el ser mujer casada no impide enamorarse de _otro más_, +aceptó los galanteos del coronel, el cual desorejó en un duelo al +abogado ofendido, por habérsele quejado éste de la ofensa. Cuando se +cansó del coronel, amó a un ingeniero civil, y después del ingeniero a +un periodista, y así sucesivamente hasta un torero de fama; porque el +público llevaba una cuenta minuciosa de todas esas prodigalidades +amorosas, aunque la pródiga pensaba que nadie se las veía. Con este caso +bien podía darse a entender, sin declararlo con la pluma, que, sin un +milagro de Dios, de madre mala no puede nacer hija buena, porque aun sin +contar con lo que influye en las inclinaciones de las segundas el mal +ejemplo de las primeras, hay quien cree que los vicios se heredan como +las escrófulas y la tisis. Pero la esposa del abogado tuvo también una +hija, y ésta hija era guapa y parecía muy buena. Por de pronto, se había +educado de muy distinta manera que su madre: lejos de ella y del ruido +de los escándalos. De esta chica se enamoraba un forastero, ignorante +de todo lo que pasaba y había pasado en aquella familia; el forastero +era guapo mozo, muy honrado y sumamente noble y sencillo de carácter, +por todo lo cual la chica llegaba a quererle con todo su corazón... Y +aquí entraba la dificultad que había sumido al autor en grandes dudas. +¿Qué hacía con la pareja de enamorados? ¿Conservaba al novio en su +ignorancia y los casaba, exponiéndole por toda su vida a la +conmiseración ultrajante del público, que estaba en autos, cuando no a +más graves peligros si la cabra tiraba al monte a lo mejor? ¿Le enteraba +de todo? Y en este caso, ¿qué hacía el pobre muchacho después de poner +en horrible lucha a su corazón con sus naturales repugnancias? +¿Renunciaba a la hija, que era buena, por los pecados que había cometido +su madre? Y en caso afirmativo, ¿disculpaba su resolución con la verdad? +procediendo así, ¿qué hacia _ella_? ¿Le culpaba a él, o culpaba a su +madre? ¿La mataban el dolor y la vergüenza, o se resignaba y vivía? No +había lucha ni vacilaciones en el novio después de descubrir lo que +ignoraba, y entraba _con todas_, porque su amor le cegaba: ¿era su +papel, en este supuesto, más airoso que el de casado en la ignorancia de +lo que ahora conocía? ¿Salía buena su mujer, o salía mala? ¿Cuál era lo +más natural, lo más humano, lo verdadero, teniendo en cuenta que su obra +no había de ser un libro de _tesis_, sino la exposición amena de algunos +sucesos arrancados de la realidad de la vida? + +Dejando estas dudas sin aclarar por de pronto, y muy confiado en que la +fuerza misma de las cosas al tratar de ellas le daría resueltas las +dificultades, comenzó a escribir la novela... ¡Otra sorpresa más y un +nuevo desengaño! Con saberse todo el Diccionario de la Lengua y conocer +al dedillo personas y lugares, los retratos y pinturas de ellos, más +que cuadros de color, le resultaban _inventarios_ de escribano. También +allí hacia falta el arte, y mucho arte; porque hasta que lo tocó con las +manos no pudo convencerse de que lo más sencillo y trivial a la simple +vista, lo que estamos contemplando a todas horas, porque vivimos entre +ello, es lo más difícil de pintar en un libro. + +Entonces arrojó la pluma pecadora y se curó de toda tentación de meterla +en donde no la llamaran; pero, en cambio, fue desde aquel momento un +devoto, hasta lo místico, del arte en todas sus verdaderas +manifestaciones, sin temores ni barruntos de que pudiera incurrir jamás +en el feo vicio de profanarle con atrevimientos de _aficionado_, y con +la lícita vanidad de ser el único español que, pudiendo, no había +molestado a la _paciencia pública_ con una sola «_muestra_ de su +menguado ingenio». + +Yo no sé si parecerá bien a los lectores de cierta contextura, que un +mozo como Ángel les fuera con aquellas puerilidades y estas retóricas a +dos señoronas de Madrid que estaban pasando una temporada en una playa +de baños, y entretenidas en ver desde el mirador de una fonda cómo +rompían las olas del mar, allí cerca; pero, poniéndome en el peor de los +casos, quiero que consideren aquellos caballeros que de todo se puede +hablar con señoras, por aburridas que estén, hasta del _teorema de +Sturm_, que es la materia más desabrida que yo conozco; porque el +peligro de cansar al prójimo no está en lo que se le cuente, sino en el +modo de contárselo, y puedo certificar que el relato de Ángel, por lo +fresco, por lo natural, ingenuo y desenfadado, fue oído por las damas +sin desperdiciar punto ni coma. Por otra parte, ¿de qué había de hablar +en aquella ocasión un mozo sin historia, a dos mujeres que estaban +interesadas en conocer hasta su modo de dormir? + +¡Vaya si les iba cautivando la atención! Tenía que leer la cara de la +marquesa, particularmente cuando el relatante expuso el plan de su +malograda novela y apuntó las dudas que le asaltaron en lo más +interesante. No parecía sino que se había ideado para ella ¡Qué demonio +de chico, por dónde había ido a tomar el punto; y de qué manera tan +fácil podía llegar a ser un hecho la ficción aquella, sin haberse +escrito todavía, y a resolverse en su casa, por la marcha fatal de los +sucesos, la dificultad que no había acertado a resolver él en sus +especulaciones imaginativas! ¡Tendría que ver eso! + +Luz, aunque nada temía por este lado, no por ello se interesaba menos +que su madre en los relatos de Ángel. Veíale entre ellos adelantar +rápidamente en su ya comenzada metamorfosis de ente ideal en hombre vivo +y efectivo, y no la desilusionaba pizca la realidad que se iba +descubriendo. + +Siguiendo el mozo su historia, dijo que entre sus tentativas de poeta y +de novelista fue cuando conoció a Luz, al salir ésta un domingo de las +Calatravas. Se metió en el carruaje que la aguardaba en frente, y +desapareció calle abajo. Ángel sólo tuvo tiempo para admirarla y para +saber su nombre. Le oyó pronunciar en un corrillo de desocupados que la +conocían. Otra vez la vio en un teatro, al cual había él llegado a +última hora. Ninguna de las pocas personas a quienes pudo preguntar +sabían quién era. Esto no debía extrañar a la marquesa. Su mundo estaba +muy lejos del mundo de Ángel, y los amigos de éste eran muy contados, +porque muy pocos eran también los que se avenían a su manera +_provinciana_ de vivir en la corte. + +Y no volvió a ver a Luz; pero lejos de borrársele su imagen en la +memoria, más se ahondaban sus trazos cada día al calor del pensamiento, +que no se apartaba de ella un solo instante. Llegó a creer que en aquel +señorío que el recuerdo de Luz había hecho de su corazón y de su +fantasía, había algo de inspiración sobrehumana. Aceptolo así; y con +ando a esta idea todos los entusiasmos que cabían en su alma virgen, +llegó a convertirla en culto fervoroso y apasionado. Esto podría tener +sus puntas de romántico y sus lados de inocente; pero así era la verdad, +y verdad muy agradable para él. Tenía ciega fe en que había de hallar a +Luz algún día, y en que, después de hallada, no había de desconocerle. Y +salió a buscarla, sin impaciencias, por aquel camino que eligió a la +casualidad. Apenas llegó, oyó hablar de ella y hasta supo cuál era su +linaje. No se desanimó al conocerle, ni dudó que aquella Luz de que +hablaban pudiera ser otra Luz que _ella_. Y así sucedió. + +Lo demás no tenía para qué referirlo, porque ya lo sabía Luz... y su +madre también. + +A estos informes particularísimos de su persona añadió algunos otros que +pudieran llamarse _de familia_. + +Su padre era un bendito de Dios, y su madre otra que tal, en el fondo, +pero algo más áspera y sombría en las formas. El uno y la otra no vivían +ya sino por él y para él. No querían que se contagiara de la vida que +ellos hacían, modesta y retirada; les gustaba que fuera más _corriente_ +y algo mundano, y al mismo tiempo temían verle muy metido en el mundo +por los peligros que soñaban en él, particularmente su madre, que era +demasiado recelosa y aprensiva. Ángel procuraba acomodarse a este tira y +afloja a que querían someterle, y lo conseguía sin gran esfuerzo, porque +tenía todo lo suficiente para sus necesidades mundanas, escogiendo entre +lo mucho lícito y honrado que en el mundo había. + +Por aquellos temores, más llevaderos en el padre que en la madre, +ansiaban los dos porque el hijo tropezara pronto con su _media naranja_. +Solamente viéndole casado, y _bien_ casado, se atreverían a conceptuarle +seguro. + +Y aquí se calló el relatante, porque ya no tenía más que decir, a su +juicioso entender. Sin embargo, la marquesa echaba de menos un detalle +de gran monta allí; detalle que si Ángel no le había omitido, ella le +había olvidado ya. En la duda, le preguntó con dulcísima afabilidad: + +--¿Cómo dijo usted--porque soy muy flaca de memoria para nombres--que se +llamaba su padre? + +Y Ángel, que tampoco se acordaba si lo había dicho o no, y temiendo en +este último caso que se atribuyera la omisión a un motivo que no cabía +en la nobleza de su alma, aceptó con gusto la fórmula que le dio en su +pregunta la marquesa, para responder cuanto podía venir allí muy al +caso, sin que se tomara en mal sentido la respuesta: + +--Santiago Núñez, antiguo droguero de la calle de la Cruz, y hoy +dedicado a negocios de pasatiempo, en la calle Imperial, 15, segundo, +derecha, que es la casa de ustedes, con permiso de mi padre, que no +desautorizará mi ofrecimiento. + + + + +XI + + +Un mozo rico, muy guapo, de alma noble, de claro y bien cultivado +entendimiento, sin gota de sangre azul en las venas y sin trato ni +conexiones de ninguna especie con el «gran mundo», era cuanto, puesta a +soñar, hubiera soñado _la Montálvez_ para novio de su hija. Y este novio +existía de verdad, y amaba a Luz, y Luz estaba enamorada de él. + +Hasta aquí el asunto iba rodando sobre carriles de seda y oro. Pero +Ángel, el autor de aquella novela nonata, en la cual se hilaba tan +delgado a propósito de las hijas buenas de madres malas, resultaba, a +última hora, pedazo de las entrañas de aquel _espectro_ que parecía no +tenerlas para las madres pecadoras, y que la marquesa no podía olvidar, +con no haberle visto más que una vez; y con este _resultando_ y aquellas +dudas novelescas del mozo, ya el asunto cambiaba de aspecto y de +marcha, y hasta cabía pensar en que descarrilara, si el diablo se metía +por medio con una de las suyas. Por de pronto, solamente al diablo se le +podía haber ocurrido la idea de que tantas y tan buenas prendas +estuvieran reunidas en un hijo de aquel otro demonio, y que este hijo se +le hubiera metido a ella por las puertas, y hasta en lo más hondo del +corazón de Luz. ¿Por qué no le había parido otra madre más humana? Y +¿cómo se concebía que pudiera nacer tan hermosa rama de tan feo tronco? +Caprichos de la naturaleza. + +A todo esto, la marquesa estaba ya, de vuelta de sus baños, en su casa +de Madrid; la cual casa frecuentaba mucho Ángel, porque para eso le +había sido ofrecida por la amable señora. ¡Y qué bien se acomodaba el +mozo a aquellos ambientes refinados que tan nuevos eran para él! Verdad +que, fuera del aparato escénico que ya nos es conocido, no había en las +costumbres de la casa de Luz la menor singularidad que pudiera +extrañarle ni aturdirle. + +La mayor parte de las noches la madre y la hija se las pasaban sin salir +y eran contadísimas las personas que las visitaban: señores mayores, muy +sosegados y juiciosos, y muy atentos y muy amables con él. Algunas +señoras por el estilo andaban por allí de vez en cuando, y, más de tarde +en tarde, dos, como de la edad de la marquesa, jamonas tan de _buen ver_ +todavía como ella. La una era rubia, condesa viuda de Camposeco; pero la +marquesa siempre la llamaba por su nombre de pila: Sagrario. Gastaba muy +buen humor, y solía decirle cuchufletas; lo mismo que a los demás. La +otra, también viuda y también titulada, aunque por derecho propio, +marquesa de Espinosa, y también llamada por la de Montálvez por su +nombre de pila, Leticia, era muy distinta de Sagrario: menos +estrepitosa, más seria y, quizá, mejor tipo. Tenía unos ojos negros y +escrutadores que punzaban al mirar, correctísimas facciones, algo +morena, y muy esbelta todavía. Observaba mucho y hablaba poco; pero esto +poco resultaba esculpido. Con él, con Ángel, estaba sumamente amable, y +cuando no le hallaba hablando con Luz, le llamaba para que se sentara a +su lado. Le hacía muchas preguntas sobre su modo de vivir, sobre el +origen de su enamoramiento y sobre el de Luz, y parecía interesarse +profundamente por los dos, y con este motivo le daba consejos, y muy +juiciosos; a veces, hasta le floreaba todo cuanto cabía en una señora +tan discreta y tan... últimamente mostraba gran empeño en que fuera de +vez en cuando por su casa. No le pesaría. Había en ella buenos cuadros, +bronces de mérito, encuadernaciones y grabados que merecían verse por un +hombre de tan nobles aficiones y de tan buen gusto como él; sólo que +Ángel, aunque muy reconocido a tan inmerecidas deferencias, no se +atrevía a abusar de ellas ni juzgaba que debía hacerlo _por entonces_. +Temía adquirir nuevos compromisos de sociedad, cuando su trato con la +marquesa de Montálvez era todo cuanto podía soportar sin trastorno +considerable del método de vida que se hacia en su casa. Más adelante ya +sería otra cosa... y hasta conveniente para él. ¿Quién dudaba que era +provechosa la amistad bien cultivada de una persona tan distinguida, +discreta e influyente como aquella señora? + +Además, o era aprensión suya, o la marquesa de Montálvez no ponía tan +buena cara a estas dos amigas como a otras que también la acompañaban a +ratos; y por si el recelo era fundado, trataba de intimar lo menos que +podía con ellas, y jamás hablaba a la marquesa de las confianzas y +deferencias con que Leticia le distinguía. + +También era visita de la marquesa el señor don José Celestino de Guzmán, +el amigo de su padre... y de él, salvas las debidas distancias. ¡Con qué +gusto le vio aparecer allí una noche! ¿Y quién se _lo_ había contado? +Porque el señor de Guzmán _lo_ sabía _todo_, a juzgar por algunas cosas +que le dijo entonces, y otras varias que le fue diciendo después. +Preguntole una noche, sonriendo, si _lo_ sabían en su casa, y Ángel le +dijo que no. Otra vez, y también muy risueño, le preguntó si creía que +podría servirle de _algo_... para allanarle el camino, por ejemplo; y +Ángel, sin detenerse a poner en claro de qué camino se trataba, +apresurose a responder que sí; pero a su _tiempo_, si fuera necesario: +por de pronto, quería ser él quien diera la sorpresa a su familia, y +contaba con que la sorpresa fuera grata. + +Con ser Guzmán el que menos andaba por allí, en opinión de Ángel era el +mejor recibido de todos los visitantes de la casa, particularmente de +Luz. ¡Cómo le quería... y cómo la mimaba él!... Lo mismo que hija y +padre. ¡Y qué bien le sentaba al señor de Guzmán el papel de padre de +una hija como aquella! ¡Si, por una rara casualidad, hasta se +parecían... y mucho! Según le refirió la marquesa, a Luz la había +conocido y tratado él desde que era muy niña. Por eso se querían tanto. +Lo que era una compasión, a juicio de Ángel, que siendo viuda la +marquesa y soltero su amigo, no hubieran tenido la ocurrencia de +casarse. Formarían una excelente pareja... + +Pero ¿de dónde habían sacado las personas que Ángel trataba fuera de +allí, que las gentes del «gran mundo» eran unas tales y unas cuales? ¿De +dónde lo había sacado su madre, que las tenía siempre entre cejas? A +juzgar por lo que iba observando él en aquella muestra, ¿qué mayor +llaneza, qué mayor afabilidad en el trato, ni qué mayor sencillez de +costumbres? Cuidado que en aquella casa hasta se rezaba bien a menudo. +Varias veces había llegado él en ocasión de estar la madre y la hija en +el oratorio; porque hasta oratorio tenía la casa de la marquesa de +Montálvez... ¡Ah!, si las personas mal informadas, si su aprensiva madre +pudieran ver lo que él iba viendo tan despacio y tan desapasionadamente, +¡qué diversos serían sus juicios sobre aquel delicado particular! + +Muchas veces estuvo a punto de hablar con ella de estas cosas; pero +siempre había concluido por considerarlo fuera de sazón _todavía_. Por +eso ni su padre ni su madre estaban al tanto de lo que pasaba. +Sospechaban que _había algo_, porque Ángel era muy _otro_ de lo que fue, +por el desarreglo de sus horas, por sus arrobamientos y preocupaciones y +hasta por el modo de vestir; pero nada más. Echábanle saetillas bien +intencionadas en la mesa y en los ratitos de conversación que había a +menudo entre los tres; pero la buena parte iban con indirectas ¿No le +veían risueño, no le veían gozoso y no estaban siempre hurgándole para +que saliera en busca de su _media naranja_? Pues si de estar buscándola +ya se trataba, como ellos iban sospechando, y le veían lúcido, sano y +contento, ¿qué más necesitaban saber por de pronto? Ya se andaría lo que +faltaba por andar; ya les daría la sorpresa de las sorpresas cuando +fuera la hora de dársela... + +Pero ¿por qué lado la tomarían entonces? Estaba seguro de haber oído +hablar más de una vez en su casa de la marquesa de Montálvez, no +recordaba si para bien o si para mal, ni con qué motivo, porque no se +fijaba nunca en el tema de las conversaciones que no le interesaban +probablemente sería para mal, porque, para bien, jamás tomaba en boca su +madre el nombre de ninguna señorona. Manías sin importancia de la pobre +mujer. + +Entretanto, que continuara aquella casi muda porfía que aguzaba los +apetitos de la curiosidad de los cariñosos viejos con lima de mayores +dientes cada día (y ya duraba cerca de cuatro meses la labor +destructora), y que le dejaran apurar hasta la última gota de la miel de +sus amores castos, la cual le brindaba nuevas dulzuras a cada momento. + +Porque Ángel, artista de corazón y con el pecho atestado de impresiones +vírgenes y profundas, estaba maravillado de ver cómo aquella flor +purísima iba desplegando sus hojas al calor del nuevo sol, y absorbiendo +con avidez la luz y el ambiente del desconocido mundo, a medida que se +ensanchaba y crecía sobre su tallo oscilante. + +Estas metáforas eran de Ángel. Luz era la flor; el amor de Ángel, es +decir, Ángel entero y verdadero, el sol que la esponjaba; y el ambiente +y la luz, los cuadros de humana realidad con que él iba despertando a la +cándida soñadora de paraísos alegóricos. + +Ya habían concluido entre los dos los temas de aquel colorido +fantástico: se habían bajado a la tierra de los mortales; y era de +admirar el relieve y la vida que había adquirido la belleza de Luz con +este cambio de residencia y de clima. Hasta se sonreía cuando Ángel +evocaba aquellas imágenes idílicas para compararlas con las realidades +presentes. + +--Y has de concluir por borrarlas de tu memoria--la dijo una vez el +entusiasmado mozo. + +--¡Eso no!--respondió Luz con gran vehemencia--. ¡Cómo he de olvidar yo +que _por allí vinimos_? + +Y Ángel no acertó a responder con palabras, ni se atrevió a sustituirlas +con el único medio, sobrado terrenal, que se le ocurría, de beberse la +respuesta de Luz para refrescar sus ideas. + +Así fueron corriendo estos trámites, que parecían no tener fin, porque +en un alma como la de Luz siempre hallan tesoros nuevos corazones tan +honrados y tan novicios como el de Ángel; pero si no se columbraba el +fin, había que salir a buscarle; y Ángel dio los primeros pasos con esos +rumbos, bien resuelto a no detenerse en el camino. Lo que él entendía +por su deber, que acaso fuera una necesidad mal comprendida, le imponía +esta resolución. + +Luz no se desorientó tampoco en el nuevo terreno a que la llevó la +consulta de Ángel. No llegaba su inocencia al extremo de ignorar a dónde +se iba por donde ellos andaban con un mismo impulso y una sola +voluntad. ¿Pensaba él que ya era hora de poner fin a aquella placentera +jornada de su viaje y de emprender otra nueva y más agradable todavía? +Pues bien pensado estaría. Todo era creíble para Luz, menos que Ángel y +ella no fueran una misma cosa, con un mismo corazón y un mismo +pensamiento; que lo que les estaba pasando a los dos no fuera lo que +debía pasar, ni que hubiera en el mundo suceso ni contrariedad +destinados a impedirlo. ¿Quién, ni qué se resiste contra el ambiente que +se respira y el sol que alumbra? Pues como el sol y el ambiente eran +para ella la vida y el amor de Ángel: elementos naturales y necesarios +de su propia existencia. + +Y esto se lo contaba ella a él a su modo; pero tan sencilla y +desembarazadamente como si el ocultárselo le fuera tan imposible como +dejar de verle cuando le estaba mirando. Con lo que Ángel acabó de +perder los estribos, y se fue poco después, despidiéndose con desusado +acento «hasta mañana», dejándola el corazón entero en una frase, y +llevándose la energía de los grandes héroes en un propósito. + +Recién llegada Luz de su expedición de verano, se había hecho retratar a +gusto de Ángel: de cuerpo entero y con un vestido de falda bien plegada, +sin pabellones, frunces ni embutidos en ninguna parte; la caída natural +de los paños, y el cuerpo ajustado y descubierto; la cabeza sin más +adorno que una flor, y el pelo sin artificios piramidales, ni greñas de +estúpido ganapán sobre la hermosa frente; la actitud sencilla y la +mirada fija en _él_. Esto le pareció un poco difícil de conseguir a Luz +no estando presente Ángel; pero Ángel, que ya contaba con la dificultad, +tenía bien estudiado el modo de vencerla, y de vencerla al tenor de sus +deseos. «Para retratarte así, la encargó, vuélvete con la imaginación a +tu paraíso, y mírame desde la azotea de tu _chalet_». Y eso hizo Luz, de +muy buena gana; y por eso resultó su cara en el retrato con la expresión +de la de una virgen ideal de las Catacumbas, en sus arrobamientos +celestiales. + +Ángel llevaba siempre consigo y sobre el corazón un retrato de estos; y +en contemplarle en la soledad de su cuarto se le iban las horas muertas: +de modo que, con las que invertía en conversar con el original, casi se +le pasaba el día sin separarse de Luz... y la noche también, porque en +cuanto se dormía el bendito de Dios, ya estaba soñando con ella. + +Pues bien; en la virtud de este retrato confiaba grandemente el hijo de +don Santiago Núñez para facilitar sus primeras exploraciones en el ánimo +de su madre. + + + + +XII + + +Sobre este apreciable matrimonio apenas se veía la huella del tiempo +corrido desde que el lector le conoció, con motivo de una visita que le +hizo la marquesa de Montálvez. Un poco más enjuto y encanecido don +Santiago, y menos entregada a su vicio calcetero la indestructible y +petrificada doña Ramona. En todo lo restante, lo mismo que siempre: los +mismos entretenimientos, las mismas costumbres y hasta los mismos +muebles en el despacho del antiguo droguero... y las mismas alternativas +reumáticas, aunque algo más acentuadas de gotosas cada vez, en la misma +simpática persona; en el cual despacho acababan de desayunarse marido y +mujer en el momento en que vuelvo a poner al lector en su presencia. + +La noche antes había llegado Ángel a casa más desasosegado y distraído +que de costumbre: cenó poco, habló menos y sin venir al caso; tan pronto +sonreía como se le nublaba el gesto y se estremecía todo... Y así se fue +a la cama. + +De eso estaban hablando cabalmente su padre y su madre todavía, cuando +se les presentó Ángel muy risueño, pero no muy tranquilo, a juzgar por +ciertas señales. El tal mozo era la alegría de la casa, y no hay para +qué decir cómo fue recibida allí su sonrisa, después de los extraños +celajes de la noche anterior. Pero extraña era también, en las +costumbres domésticas de Ángel, la visita al despacho de su padre a +aquellas horas; y en ello convinieron don Santiago y su mujer con una +mirada que cambiaron entre los dos, y que al propio tiempo quería decir: +«¿qué diablos le pasará a este chico?» + +Y el chico comenzó a dar cuenta de lo que le pasaba, poniendo en manos +de su madre después de estamparla un beso en la frente, como lo tenía +por costumbre, y de recibir otro en cada mejilla, el retrato de Luz. + +--Vea usted eso--dijo con voz temblorosa y sonriendo al entregárselo. + +La Esfinge tomó la tarjeta, púsola a conveniente luz, y clavó en el +retrato la vista a través de sus anteojos, con una fijeza tan +inalterable y dura, que Ángel hubiera jurado que le hacía daño en el +pecho y que por eso latía su corazón tan desacompasadamente. + +Don Santiago, vencido por la impaciencia, levantose del sillón, y por +encima del hombro de su mujer se puso a contemplar también el retrato. Y +así se estuvieron un par de minutos sin decir palabra: la Esfinge, con +su ceño indescifrable; su marido, con la boca desplegada y los ojos muy +abiertos, y Ángel mirando al uno y a la otra, temblándole las piernas y +con el corazón dale que dale. + +Al fin se movió doña Ramona para alejar un poco más la fotografía; y, +sin dejar de contemplarla, exclamó con un entusiasmo que no era de +esperar en ella: + +--¡Dios mío, qué criatura más angelical! + +--¡De verdad es primorosa!--dijo don Santiago cogiendo la tarjeta y +acercándose al balcón para examinar el retrato más a su gusto. + +--¡Y qué humildemente vestida y peinada está!--añadió la Esfinge al +soltar de su mano la tarjeta. + +--¡Y qué dulzura de semblante y qué mirar de Niño-Dios!--dijo don +Santiago desde el hueco donde estaba embutido ya. + +Ángel sintió en su pecho cuatro porrazos seguidos y tremendos, uno por +cada exclamación, que le retumbaron en la cabeza. Pero aquellos golpes +no le dolían ni le incomodaban. + +--Corriente--dijo en seguida su madre, mirando al extasiado mozo, y como +si respondiera a las palabras de él cuando la entregó el retrato--; y +¿qué significa... _esto_? + +Entonces Ángel se sentó a su lado; y con muchas zalamerías, convirtiendo +con gracia y con habilidad el tema de la _media naranja_, tan repetido +en su casa, en disculpa y germen de todo lo sucedido después, comenzó la +historia de ello; pero desde muy atrás: desde el punto y hora en que +conoció a Luz a la puerta de las Calatravas, callándose discretamente +apellidos y seriales para que no saliera lo tapado antes del momento en +que debía salir. + +Ya estaban los padres de Ángel enterados de casi todo lo que deseaban +saber: por qué trasnochaba; por qué se vestía con tanto esmero; por qué +andaba como desvaído a veces, y a veces hecho un cascabel, y hasta +sabían por qué había llegado a casa la noche antes tan atolondrado y +nervioso. Y no sólo lo sabían, sino que lo aprobaron y aun lo +aplaudieron. + +Corriente; pero ¿a qué puertas había ido a llamar Ángel? ¿Quién era +ella? + +Y Ángel, que no tenía motivos racionales para callarlo ya, lo dijo hasta +con entusiasmo. + +La Esfinge dejó caer de sus manos la media que había cogido para +entretenerse mientras hablaba Ángel, y don Santiago, que, aunque, vuelto +a su sillón, todavía lanzaba ojeadas al retrato de Luz colocado sobre la +mesa, volvió la mirada, mirada de angustia y desconsuelo, hacia su +mujer, cuyo rostro daba frío, pero frío de tumbas y de subterráneos. + +--¡Hijo mío!--exclamó llevándose las manos de esqueleto entrelazadas +hasta cerca de su boca--, si lo que nos has descubierto es la verdad; si +la quieres como nos aseguras, más te valiera no haber nacido; y ya que +naciste, más nos valiera a todos que te hubieras muerto sin penas, a la +edad en que se llevó Dios a tus hermanos. + +Ángel pensó entonces que la luz del sol se apagaba para él, y que la +tierra se hundía bajo sus plantas. Contaba con que su madre había de +poner tachas a Luz tan pronto como conociera de qué tronco procedía, +porque las tachas de este linaje eran la manía de la obcecada señora; +pero en aquellas palabras, en aquella actitud, en la angustia bien +visible de su padre, había mucho más que un resabio que se vence con la +reflexión y la fuerza del cariño: había escollos infranqueables, simas +negras en que ya se vela precipitado el pobre chico con la carga +dulcísima de sus primaverales ilusiones. El instinto de la vida, porque +lo contrario era su muerte, le dio alientos para asomar los ojos al +abismo y medir con la mirada su verdadera profundidad. Pidió a su madre +la razón de sus palabras, tan preñadas de obstáculos desconocidos para +él, y su madre, más justiciera que compasiva, ahondó el abismo clavando +a la marquesa de Montálvez en la picota de su indignación y +acribillándola allí con una granizada de crueles vituperios. + +Quedábale al hijo el pobre recurso de atenuar la gravedad de los cargos +con la supuesta propensión de su madre a pensar mal de ciertas señoras, +y eso trató de hacer; y como también contaba con el amparo de su padre, +a él volvió los ojos suplicantes, mientras hablaba lo poco que se le +ocurría. + +Y el padre, aunque no estaba menos angustiado que su hijo, también tuvo +una nueva puerta que cerrarle y un nuevo clavo que hundir en su corazón. + +--No, no es eso que tu crees, hijo mío. ¡Ojalá lo fuera! Tu madre, +desgraciadamente, no habla ahora sin muy graves fundamentos. Yo no iré, +sin embargo, en ciertas cosas, tan lejos como va ella; pero estamos +enteramente conformes en cuanto a lo principal, que es muy grave; tanto, +que necesitas conocerlo, y lo vas a conocer sin tardanza, por mucho que +te duela oírlo y a mí me aflija el contártelo. + +Y aquí comenzó el buen hombre a referir cosas que dejaban espantado al +pobre mozo, no sólo por lo que de espantable llevaban las cosas en sí +mismas, sino también por oírlo de unos labios de los cuales había +esperado él, no heridas nuevas, sino bálsamo para curar las que le +habían hecho las palabras de su madre. + +--Pero esas noticias--dijo con voz poco segura Ángel, resuelto a +defender uno a uno todos los portillos de su arruinada fortaleza--, +pueden ser inexactas..., lo serán indudablemente. Yo sé cómo se vive en +casa de esa señora: allí no hay rasgos ni vestigios de esas enormidades +que usted me ha referido; se hace una vida sosegada y metódica, una +verdadera vida de familia..., se reza. + +--Sí--clamó entonces la voz lúgubre de la Esfinge--: también el diablo, +harto de carne, se metió a fraile; pero diablo fue siempre. + +--Se rezará, no lo dudo--dijo don Santiago interrumpiendo a su mujer--, +y se hará la vida ejemplar que tú has visto, hijo mío; pero lo hecho, +hecho está, y la obra del demonio a la vista queda para escándalo de las +gentes honradas, aunque la pecadora se vuelva a Dios cuando ya no sirve +para el mundo. Con todo, entiéndelo bien, yo no te culpo ni te acrimino: +eres mozo sin experiencia, y te enamoraste a los primeros pasos que +diste fuera de tu hogar: no es extraño que hayas sido y todavía seas +ciego y sordo, y que no veas ni oigas lo que tanto suena y has tenido +delante de los ojos. Yo también dudé al principio, porque conocía a esa +señora..., la conocí aquí mismo, ahí donde estás tú sentado; y aunque la +vi derrochadora, no la creí capaz de otros pecados más feos. Tuve varios +negocios con ella, y éstos me obligaron a visitarla en su casa muchas +veces; y en su casa andaba una víbora de las que muerden el seno que las +ha dado calor: un mayordomo que, según informes que después adquirí, +había perdido la confianza de su señora, con grandes motivos para ello. +Este mayordomo, nada conforme con que la marquesa tratara directamente +conmigo negocios que antes arreglaba él a su gusto con usureros, para +estafarla entre todos, fingiendo llorarme lástimas de ella como para +interesarme más, pero con bien contrarias intenciones, me fue imponiendo +minuciosamente de los percances más gordos de su azarosa vida. Ya era +administrador y mayordomo de la casa cuando nació la marquesa: ¡figúrate +si, estaría bien enterado! Sin embargo, me resistía a creerle; pero como +me importaba salir de dudas, por la índole misma de los negocios que +traíamos entre manos esa señora y yo, acudí a otras fuentes; y bien +pronto me convencí de que el pícaro administrador todavía se había +quedado corto en sus informes. Tan sonada era en Madrid la fama de la +marquesa, que todos los informantes se extrañaban de que no la conociera +yo. ¿Qué había de conocer metido en estos rincones, tan apartados del +bullicio de las gentonas como del otro mundo! Lo del banquero, lo sabía; +es decir, sabía que era un bribón y que se había largado de la noche a +la mañana temiendo que le desollaran vivo en la Puerta del Sol; pero +¿qué me importaba a mí si era casado o soltero, ni cómo recordar el +título con que se pavoneaba últimamente, si es que alguna vez le oí +pronunciar, que lo dudo? En cuanto a lo del señor de Guzmán, ¿cómo +sospecharlo siquiera? Una vez me la recomendó como persona de +responsabilidad y amiga suya; pero ¿qué había en esto de particular ni +de sospechoso, sobre todo después de haber observado que los informes +eran exactos, porque la marquesa ha ido cumpliendo fielmente todos sus +compromisos conmigo? ¿Qué me tocaba a mí hacer, aun después de +descubierto el potaje, sino mostrarme ignorante con la marquesa y seguir +tratando con ella siempre que lo ha necesitado, por respeto al señor de +Guzmán, a quien tampoco he dicho una palabra? Tu madre y yo hemos +hablado muchas veces aquí de esos fregados; pero no eran asunto que +debía quitarme el sueño, ni cosa de llamarte a ti para que te fueras +enterando... ¡Ojalá lo hubiéramos hecho!... Y he aquí, hijo mío, por qué +no te culpo de lo que te pasa, y las razones que tengo para apoyar a tu +madre en lo que te ha dicho. + +El pobre Ángel tenía la cabeza hecha un laberinto de fuego y de visiones +diabólicas; pero entre todo y sobre todo lo que se revolvía y abrasaba, +alzábase flotante y como la esperanza de un celestial consuelo, la +imagen de Luz; de Luz, que no estaba, que no podía estar manchada con el +fango de aquel lodazal en que había nacido. ¿Qué justicia, qué ley +autorizaría la infamia de castigar en un ángel las culpas de una mujer +pecadora! + +Y en este sentido y con toda la energía de su alma dolorida, habló a su +padre, porque nada esperaba de la inclemente rigidez de su madre. + +Don Santiago, más compasivo, le respondió, descubriendo en su voz y en +sus miradas la honda pesadumbre que le afligía: + +--Yo tampoco soy de los que creen que los vicios se heredan como las +enfermedades, ni de los que tienen por justo que paguen los hijos +inocentes las faltas cometidas por sus padres; pero se dan casos a +menudo en que se teme lo peor, como si fuera lo probable, y la necesidad +se impone con su fuerza de consideraciones y respetos humanos, y obliga +a proceder ajustándose más a las leyes del mundo que a los mandatos del +corazón. Porque así somos, hijo mío, y por nuestra culpa..., porque +nuestras son las leyes que nos amarran a los escrúpulos de los demás. +Cierto que las hacemos y las promulgamos con el piadoso fin de molestar +al prójimo; pero hechas quedan y a las barbas nos saltan en cuanto los +delincuentes somos nosotros. Y nada más justo. + +--Bien está eso--interrumpió Ángel, que no podía con el martirio de sus +impaciencias--; pero en el caso mío... + +--A él iba sin parar--contestó su padre, saliéndole al encuentro--. El +caso tuyo... + +--El caso tuyo--dijo la tremenda voz de la Esfinge, haciendo callar a la +de su marido--es de los que reclaman todo el valor que cabe en el +corazón de un mozo de vergüenza para irle olvidando, porque no tienen +otro remedio. + +--El caso tuyo--insistió don Santiago, queriendo atenuar el efecto +causado en el hijo por las durezas de la madre--, no es para resuelto en +cuatro palabras en un momento de fiebre como la que te abrasa ahora, +hijo mío, de pies a cabeza: es para meditado en frío y con calma..., +cómo le has de meditar tú seguramente, tomando los puntos donde deben +tomarse: no en las alturas de la pasión, sino abajo, abajo en este +pícaro suelo que se pisa, y entre la gente con quien uno se codea en +cuanto sale de casa. + +--Pero ¿cómo!, ¿cómo!--preguntó Ángel, anhelando llegar cuanto antes a +lo desembarazado y concreto. + +--A eso vamos, hijo, a eso vamos--le repitió suavemente su padre--. +Déjate de andar a vueltas con lo de que si el mundo es justo o es +injusto en esto o en lo otro; o si las madres pecadoras por aquí, y si +las hijas inocentes por allá, y considera lisa y llanamente lo que a ti +te pasa. Hay una joven que no tiene pero en lo tocante a ella misma: es +muy guapa, muy recogida, muy bien educada..., una santa de Dios, vamos. +De esta joven te enamoras tú, y ella se enamora de ti. Deseáis casaros, +y resulta, en primer lugar, que no es hija de su padre..., quiero +decir... + +--Tiene derecho perfecto al apellido que usa. + +--Por la ley, pero no por la naturaleza; y esto lo sabe todo Madrid, el +Madrid que bulle en lo alto, y habla recio y escribe, y es oído y leído, +y murmura y desuella al sursumcorda, y da y quita reputaciones a su +antojo. La madre que hizo esa fechoría tuvo por marido, es decir, por +padre legal de la novia, a un estafador, huido de su patria después por +temor a la justicia; y esto lo sabe también ese Madrid que murmura y +alborota; la misma mujer, que fue desleal, infiel, antes de casada, +continuó siendo esposa adúltera; y cuando enviudó, no tuvo el diablo por +dónde desecharla. Y eso también es público en el Madrid que hace y +deshace reputaciones... ¿Te vas enterando? + +--Adelante--dijo el pobre mozo con heroica resolución, medio tragado ya +por la boca del negro abismo. + +--Pues bueno--añadió su padre espantado de que tuviera que ser él quien +le empujara para arrojarle hasta el fondo--: a pesar de todos estos +inconvenientes, te decides a casarte porque Luz es una santa, según +hemos convenido. Luz, por hermosa y por hija de su madre, es muy visible +en el mundo, en el Madrid que murmura y despelleja, y te la tomas del +brazo para entrar con ella en ese paraíso que habéis soñado los dos... +Mira, Ángel, será injusto, será inicuo, todo lo que tú quieras; pero es +la pura verdad que ese Madrid maldiciente y sinvergüenza; ese Madrid que +acaso tiene la culpa de que la marquesa de Montálvez no sea una mujer +sin tacha, arroja sobre su hija, y como regalo de boda, todos los +escándalos de la madre, y, por consiguiente, sobre su marido, sobre ti, +que eres un hombre de bien (y, por serlo, vas por donde vas y con quien +vas), todos los sambenitos de tu mujer, entre algazara y chacota. Ahora +bien: por grande que sea tu obcecación; por hermoso que se te pinte en +los ojos lo que hay del lado de allá de la puerta, ¿te atreverás a +entrar por ella con tal fardo de ignominias a la espalda? Esto es lo que +has de meditar, hijo mío, con la cabeza fría y el corazón sosegado. + +Ángel no quiso oír más ni añadir una palabra. ¡Tan honda y tan negra le +iba pareciendo la sima! La Esfinge, implacable, trató de ennegrecerla y +ahondarla todavía más. Su marido se lo impidió con una mirada que tuvo +toda la fuerza de un discurso para su corazón de madre. Ángel se levantó +aturdido y mudo para retirarse de allí, y al mismo tiempo extendió el +brazo para recoger el retrato de Luz, que estaba sobre la mesa. + +--Tómale, hijo mío--le dijo su padre adivinándole la intención y +apoderándose de la tarjeta antes que él--. Pero aguarda un poco. (Don +Santiago volvió a contemplar el retrato.) Sí..., ¡clavada!... Bien decía +yo antes para mí: «¿a quién que yo conozco se parece esta cara?» +¡Claro!, ¿a quién había de parecerse?... ¡Si me asombra que por este +rastro, y sabiendo lo que ya sabía, no hubiera yo dado en el quid antes +que tú me le descubrieras!... + +--Esos parecidos--dijo la Esfinge--son el sello que pone la mano de Dios +en las obras del demonio, como esa desdichada criatura, para aviso de +las gentes honradas... + +--¡Mujer!... + +--Para que duela lo digo, Santiago, para que duela..., porque esa clase +de heridas no se curan con bálsamos dulces: se curan a fuego, entre +martirios como el que estoy padeciendo yo viendo al hijo de mis +entrañas, al regalo de mis ojos, entre las uñas de Satanás. ¿Merecía él +ese destino? ¿Le hemos criado tú y yo para eso? + +--No, mujer, no--díjola don Santiago en santa calma--; pero a un solo +fin se puede ir por diversos caminos... Déjame por donde voy ahora, que +yo sé que no voy mal y que he de llegar antes y mejor que por donde tú +quieres que vaya. + +Luego, volviéndose a Ángel, que continuaba mudo y cada vez más aturdido, +dijole entregándole el retrato: + +--Tómale, hijo, ya que le deseas..., como es natural; pero procura no +tenerle delante cuando medites sobre lo que te he dicho, para resolver +lo que te conviene. + +Ángel recogió la tarjeta, y salió, con ella en la mano, del despacho de +su padre; y es cosa averiguada que en cuanto se vio solo y encerrado en +su gabinete, desahogó las fatigas de su pecho regando con lágrimas +ardientes y devorando a besos resonantes aquella imagen fidelísima de la +más hechicera «obra del demonio». + + + + +XIII + + +Y mientras besaba el retrato y le mojaba con lágrimas, el pobre chico +pensaba..., ¿en qué había de pensar sino en la desdichada semejanza de +su conflicto con el conflicto de la novela que había intentado escribir +él? ¿Quién le hubiera dicho cuando se perdía en la maraña de aquella +ficción; cuando exponía las dificultades a la marquesa (que debieron de +saberla a rejalgar), y a la inocente Luz, que le oía embelesada; cuando, +¡mil veces necio, y estúpido y mentecato!, apuraba la materia delante de +ellas, por la pueril vanidad de encarecer el valor de la obra de su +ingenio, que había de ser él, el propio Ángel Núñez, vivo y efectivo, +quien tuviera que resolver el problema, no como novelista, sino como +persona comprometida en un lance verdadero, exactamente igual al lance +de su novela? + +¡Resolver el conflicto! Pero, después de bien mirado el caso, ¿dónde +estaba el conflicto? El conflicto existe cuando el ánimo no ve salida +clara para la angustia que le acongoja; pero en el caso de él no cabían +dudas ni vacilaciones, porque había una puerta franca y expedita, nada +más que una, una sola: la única que podía haber. ¿Cómo no vio el torpe +novelista lo que tan palpable debió estar delante de sus ojos? _Ella_ y +nada más que _ella_, con _ella_ y para _ella_ por todos los días de la +vida. Eso era el deber, eso el honor y eso la felicidad. + +Y Ángel, discurriendo de esta suerte, beso va y lágrima viene sobre el +retrato de Luz. Así pasó muy largo rato y desahogó lo más negro y lo más +amargo, de sus penas. Eran las primeras que tenía en su vida, y además +muy dolorosas y profundas. Hay que hacer justicia al pobre chico. + +Cuando se halló más desahogado y tranquilo, guardó el retrato donde +solía y comenzó a pasear a lo largo de su gabinete y a reflexionar como +su padre deseaba, «con la cabeza fría y el corazón sosegado». Porque +Ángel se consideraba ya en aquellos instantes con el juicio y la sangre +en su ordinario nivel. + +Después de orear un poquito más todavía el meollo por este procedimiento +de exploraciones generales alrededor del abismo, que ya no le asustaba +tanto como antes: + +--Veamos ahora--se dijo--las cosas a su verdadera luz, y ajustemos la +cuenta partida por partida y como deben ajustarse todas las cuentas en +casos de mucho apuro, como este. En primer lugar, los informes que le +han dado a mi padre sobre la marquesa, pueden muy bien no ser exactos: +no lo son; desde luego lo afirmo; y lo afirmo porque la verdad se +desfigura, y siempre en mal sentido, a medida que va pasando de boca en +boca. Eran, pues, ya exagerados los informes cuando mi padre los +adquirió. Mi padre me los transmitió a mí bajo una mala impresión y +teniendo gran interés en que me causaran el peor efecto posible; luego +es indudable que mi padre exageró mucho y por su propia cuenta lo que +había recibido muy exagerado ya. Esto es la evidencia misma. + +Pero resulta de estos mismos informes que hay un milagro entre los +muchos que le cuelgan a la marquesa, en el cual no caben ni el más ni el +menos, porque, por su propia índole, tiene que verse y que sonar lo +mismo a todas luces y en todas las bocas: el lío de la semejanza de Luz +y del amigo de su madre; es decir, la causa de este parecido con todas +sus concausas y accidentes. ¿Es verdad lo que sobre todo ello se +asegura? ¿Cómo se prueba que lo sea, ni con qué derecho se intenta +probarlo? ¿Adónde iríamos a parar si bastara un indicio como ese, que +puede ser obra de la casualidad, para que sea meritorio poner en pleito +el honor de un matrimonio y de toda una familia? Puede, por +consiguiente, en justicia y en conciencia, negarse el hecho nefando, y +yo le niego. + +Otra mácula que ya está más a la vista y no puede negarse: que el padre +legal de Luz fue un banquero tramposo que huyó de Madrid por temor de +que le despellejaran en la calle. ¡Válgame Dios con los pudibundos y +asombradizos! ¡No parece sino que el señor don Mauricio Ibáñez ha sido +el único ricacho tramposo y estafador! ¿Pues no hemos convenido, tiempo +hace, y cansado estoy de oírlo y de leerlo, con ser tan mozo como soy, +en que andan por esas calles de Dios docenas de acaudalados personajes +con títulos y condecoraciones, influyentes poderosos, que debieran estar +en presidio arrastrando una cadena? ¿No se citan sus nombres y se les +apunta con el dedo, y, sin embargo, viven y triunfan y hasta regatean el +saludo a los hombres de bien, porque se consideran a mayor altura que +ellos, en virtud de que así se lo hace creer, con sus acatamientos, e +incensadas, el mismo público que desde lejos y en voz baja los condena a +presidio con grillete? Y estos ladrones consentidos y acatados, ¿no +tienen mujer con historia negra, e hijas con parecidos extraños? Y estas +hijas, sin ser santas ni servir ninguna de ellas para descalzar a mi +inocente Luz, ¿no se ven bien codiciadas de los guapos mozos, y a +sabiendas, y no se casan sin que las gentes se escandalicen ni se junte +el cielo con la tierra? Pues mi caso y el de Luz no llegaría, ni con +cien leguas, al menos cenagoso de estos casos. + +Las restantes máculas de la marquesa, ¿por qué no han de ser, no ya +exageraciones, sino imposturas de las gentes? ¿No acaba mi padre de +afirmar, con el piadoso fin de intimidarme, que hay un Madrid que hace y +deshace famas y reputaciones? Y ¿qué sabe el inexperto señor si en el +presente caso se ha deshecho con calumnias lo que estaba bien hecho con +virtudes? Si tan notorios han sido los pecados de la marquesa, ¿cómo no +he dado yo con algún rastro de ellos en su casa? ¿Cómo la frecuentan +personas tan distinguidas y juiciosas, y se juzgan muy honradas con el +trato y la amistad de la abominable pecadora? No tienen, pues, estos +hechos todo el fundamento que necesitan para ser creídos; pueden +negarse..., los niego en absoluto. + +Y ahora veamos el supuesto conflicto mío por otra cara. Cierto que, +decidido yo a casarme por cálculo y a sangre fría, al echarme a la calle +en busca de mujer, no hubiera trepado a las alturas del «gran mundo», ni +elegido entre las que tienen madres de las que pueda decirse lo que se +dice de la madre de Luz; pero aquí han pasado las cosas muy de otro +modo: yo no he salido de mi casa para olfatear una novia por esas calles +de Dios. Luz y yo nos encontramos por obra de una casualidad, o porque +estaba decretado así...; creo que fue porque estaba decretado. El hecho +es que nos encontramos, que nos comprendimos y que nos amamos, y que +Luz, que me había deslumbrado por hermosa, acabó de enloquecerme por +buena, por inocente..., por santa. Resulta ahora que esta Luz sin tacha +es hija de una madre llena de pecados, y que aunque la hija los ignora y +es incapaz de cometer otros semejantes, yo debo renunciar a ella por los +que su madre ha cometido. Ésta es la teoría de mi padre, fundada en una +ley que, según parece, rige en el mundo entre las gentes que se creen +honradas. + +Pues supongamos que yo llego a considerarme obligado también a acatarla, +y que, en virtud de ello, me decido a apartarme de Luz y a romper todo +trato con ella, precisamente cuando está aguardando a que yo le señale +la hora de estrechar todavía más el que tenemos. Para poner en práctica +esta resolución, se necesita, o que comience yo por no volverla a ver +desde ahora, o que invente un pretexto rebuscado, o que la descubra +toda la verdad. Con lo primero, la daría una puñalada a obscuras y a +traición; con lo último, se moriría de espanto y de vergüenza. De todas +suertes la mataba. Pero, aunque no la matase, ¿no sería cualquiera de +estos procederes míos cien veces más vil y más odioso que todos los +pecados juntos de la marquesa, suponiéndolos ciertos y comprobados? ¡Y +mi padre, tan honrado y tan bueno, no lo ve así! ¿En quién estará la +ceguera?... En él, en él solo, que no ha meditado el caso «en frío y con +calma», como quiere que yo lo medite y como, ya lo estoy meditando... +También él le meditará así, y entonces estaremos de acuerdo los dos. +¿Pues no hemos de estarlo! Mi madre seguirá en sus trece y tocará el +cielo con las manos; pero es mi madre, y todo su corazón le parece poco +para quererme; es buena y compasiva en el fondo; jamás ha puesto a +prueba el arraigo de esas repugnancias que son su manía; le pondrá +ahora, porque se trata, de mí, y verá claro y se convencerá..., ¿pues no +ha de convencerse!... Y no habrá conflicto, porque no puede haberle; y +las cosas irán como y por donde iban ayer, que es como y por donde deben +ir. + +En esto oyó que se hablaba recio en el despacho de su padre. Entreabrió +la puerta de su gabinete y escuchó. Su madre quería llevar las cosas a +sangre y fuego; tenía a pecado imperdonable las blanduras y +contemplaciones de su marido. «Cortar, cortar por lo sano, antes que la +gangrena lo inficione todo.» Don Santiago la recordaba su obligación de +ser clemente con su hijo, sin dejar por eso de ser madre celosa y justa: +llevando las resistencias tan a punta de lanza, hasta podía enfermar el +pobre chico con la batalla que traía en la cabeza. + +Se sonrió un poco Ángel oyendo esto, porque consideró lo ridículo que +estaría él si las circunstancias le obligaran a hacer el papel de niño +mimoso contrariado. Al mismo tiempo cerró la puerta, porque aquellas +durezas de su madre, mal de su grado, ahondaban demasiado en el abismo +que él tenía ya a medio llenar. + +Volvió a pasear por su cuarto y a meditar, pero sobre otro tema +diferente.--¿Qué le tocaba hacer a él por de pronto? Porque, aun +suponiendo que la gran dificultad se resolviera a su gusto, esa labor no +era de pocos días, y Ángel había dejado su negocio con Luz pendiente de +una decisión que debía comunicarla al otro día, que ya era _hoy_ para +él. Fue demasiado optimista en medio de su fiebre amorosa, no previendo +algo siquiera de lo que estaba ocurriéndole; pero, ocurrido ya, ¿qué +podría decirle a Luz sin que ella le leyera sus disgustos en la cara, ni +presumiera tropiezos que la indujeran a descubrir otros mayores? No +había que pensar en acercarse a ella mientras los horizontes de sus +ideas no se despejaran algo más. Necesitaba irse acostumbrando a verlo +_posible_ para darlo por _hecho_, y con esto solo ya tenía lo sobrado +para estar sereno. Cuestión de aquel día, quizás del siguiente..., +porque era mucho lo que confiaba en su padre. Entre tanto, disculparía +su ausencia de casa de Luz advirtiéndola que estaba ligeramente enfermo, +muy constipado: esa era la disculpa usual y corriente para todos los que +deben y no quieren o no pueden ir a alguna parte. + +Mas no le bastaba con esto: sus cálculos estaban bien formados; pero +eran cálculos al fin, que podían fallar, contra tantas probabilidades +de que no fallaran: su situación, por consiguiente, era grave, +gravísima; y lo probaba, además, aquella tirantez de espíritu en que él +vivía, aquella opresión de su pecho, aquel nudo de su garganta que le +parecía el manantial de donde fluían las lágrimas que le brotaban de los +ojos en cuanto los ponía en la imagen de Luz, o el pensamiento en que +pudiera perderla para siempre; y por ser tan grave la situación, no era +para arrostrada por él, a solas con su inexperiencia y cargado de +pesadumbres. Necesitaba auxilios y consejos. Pero ¿dónde hallarlos? Sus +pocos amigos eran tan inexpertos como él, además de que él no había de +profanar tan santas penas confiándolas a chicuelos presuntuosos. Se +acordó de Guzmán, que ya estaba en autos; pero después de lo que había +sabido, ¿con qué cara iba él a aquel señor con tales coplas! Porque +Ángel, al hablar de su pleito, tenía que exponerle con todos sus pelos y +señales, y hasta se prometía, jugando bien este recodo, ganar informes +exactos sobre la conducta pasada de la marquesa. De modo que su +confidente, tras de conocerla mucho, no debía estar ligado a ella por +vínculos que quitaran prestigio a sus dictámenes ni los hicieran +sospechosos. + +Y he aquí el camino por donde Ángel fue a parar con el pensamiento a +Leticia. Leticia, en opinión de Ángel, era «una gran señora», de mucho +entendimiento, y amiga y contemporánea de la marquesa; se interesaba +vivamente por la suerte de Luz, y parecía quererle mucho; a él, a Ángel, +no se diga..., hasta vergüenza le daba no haber correspondido, con una +triste visita siquiera, al cariñoso empeño con que ella se las pedía +cada vez y donde quiera que le encontraba... Cabalmente la víspera, +yendo él por la Carrera de San jerónimo hacia el Prado, subía ella en +carruaje. Pues se detuvo cuando Ángel la saludó, y hablaron allí largo +rato... y sobre Luz la mayor parte del tiempo, por saber ella lo que +este tema le gustaba a él. De modo que tenía muchísima razón la buena +señora cuando, al despedirse y después de haberle ofrecido de nuevo su +casa, le llamó, con una sonrisita y un ademán muy maliciosos, +«¡ingrato!» ¿Quién, pues, como Leticia, para oírle con cariño, +informarle sin pasión y aconsejarle con acierto? + +En estas y otras tales, ya llegó la hora de comer, y Ángel tuvo que +sentarse a la mesa. Comió poco y no habló nada, porque tampoco le +hablaron a él. Por la tardé se vistió con gran esmero, y salió decidido +a visitar a la amable señora para confiarla sus cuitas. + +Y andando, andando, cuanto más andaba más remolón se iba haciendo; +porque según oreaba los propósitos con el aire de la calle, menos +cuerdos le parecían. No era tan urgente el caso que no le diera un +respiro de veinticuatro horas; y en veinticuatro horas podía cambiar de +aspecto un conflicto como el suyo, y hacer inútil la consulta que él iba +a hacer: y había una noche entera y larga de por medio; y una noche así +daba para todo: para que le hablaran en su casa o para hablar él a los +demás; y si nada de esto sucedía, para engolfarse en un mar de +pensamientos un hombre que no duerme. + +No hizo la visita, y la aplazó para el día siguiente, si la conceptuaba +necesaria. Al anochecer mandó a Luz dos carillas de renglones llenos de +dulzuras, para enterarla de que estaba constipado. + +Después se fue a casa. En la cual nada ocurrió para bien ni para mal de +su pleito: nada le dijeron; nada dijo tampoco. ¿A quién le tocaba sacar +la conversación, y quién huía más de ella? + +A la hora acostumbrada se acostó; pensó un poco en lo que Luz pensaría +de su constipado, y, ¡cosa rara!, se durmió como un bendito... hasta el +amanecer. + +El despertar fue terrible, ¡eso sí!... Todo lo ganado antes del sueño en +una batalla de muchas horas contra las negras ideas, se pierde en un +instante al despertar. Esto lo saben todos los hombres que han tenido +tempestades en la cabeza. Ángel, que era uno de éstos, se halló entre +sus manos las ruinas del edificio que había construido con amargos +sudores antes de dormirse. En reconstruirle se le pasó la mañana. Y +gracias que lo consiguió; porque no todos lo consiguen. + +A la hora de comer, tampoco adelantó un paso su negocio; y en ciertas +situaciones de la vida, no adelantar equivale a retroceder. Había que +hacer la visita. + +A media tarde se vistió, aún con mayores atildaduras que el día antes. + +¡A casa de su buena amiga sin parar! + + + + +XIV + + +Llegó sereno, llamó con brío, preguntó lo que es de costumbre; y sin +aguardar la respuesta, para ganar tiempo y economizar trámites, dio su +nombre y apellido antes que se los pidieran. Como si sonaran allí a muy +conocidos, abriéronle la puerta de par en par; rogáronle que entrara; le +condujeron a un salón que estaba enfrente, y le pidieron el favor de que +aguardara unos instantes. + +El tal salón era un completo museo de riquezas de buen gusto; pero Ángel +no tenía los suyos en disposición de entretenerse contemplando aquellas +pompas de la vanidad mundana. Miraba sin ver lo que tenía delante de los +ojos, y sólo estaba atento a los minutos que corrían sin que saliera la +señora cuyos pareceres iba buscando él allí; porque hasta temía que con +una larga espera en tan extraño lugar se le fueran entibiando los +propósitos y acobardando los bríos. + +Y minuto tras minuto, corrió más de media hora hasta que llegó, no +Leticia, sino una doncella para rogar al guapo mozo que la siguiera a +donde su señora tendría el gusto de recibirle. + +Siguiola Ángel muy complacido en que de cualquier modo se pusiera +término a sus impaciencias; y atravesando salas y pasadizos, +detuviéronse ante una puerta medio oculta entre, los paños de un doble +cortinaje, quiero decir uno por dentro y otro por fuera. Recogió más +una de las mitades de éste la doncella, y apareció Leticia haciendo lo +mismo por la parte de adentro. Avanzó Ángel, muy cortés, entre las +elegantes angosturas del boquete, y en cuanto pasó al otro lado se +corrieron de nuevo las cortinas, y hasta oyó que se cerraba la puerta. + +Se quedó muy sorprendido delante de Leticia: parecía una sultana; y esta +idea se la sugirió al gallardo visitante, no tan sólo el tipo de la +visitada, que adquiría mayor acento oriental con la caprichosa y rica +bata que vestía y el estilo de todos sus restantes ornamentos, sino +también el lugar en que se hallaba: un salón con anchos divanes, grandes +cojines, maderas olorosas, alfombras turcas, cueros marroquíes, espejos +venecianos, bronces desnudos, tibores japoneses y ¡qué sé yo! Aquello +era un harén preparado al gusto europeo: sólo faltaban los pebeteros y +las pipas de largos tubos de seda; y así y todo, trascendía el aposento, +a molicie africana. + +Leticia condujo a uno de los divanes al sorprendido mancebo, que también +tenía mucho de oriental entonces con lo lánguido y ojeroso que le habían +dejado sus pesadumbres, y se sentó a su lado. Casualidad sería; pero al +sentarse quedó fuera de la fimbria de su bata medio piececito +primorosamente calzado con una babucha de raso, muy escotada, sobre una +media de seda azul con rayas blancas. + +Hubo en seguida lo de «yo no debía recibirle a usted, porque es usted un +ingrato», y lo de «usted me estima en mucho más de lo que yo merezco»; +«usted no viene aquí por tal y cual cosa»; «pues sepa usted que no he +venido sino por esto y por lo otro»; «que sí», «que no», etcétera, etc.; +porque, _mutatis mutandis_, en estos preludios de visita siempre se dice +lo mismo y no se adelanta un paso, por más que muden los tiempos y se +ilustren los actores. Pero, en fin, hablando, hablando, Ángel sorteó con +habilidad los estorbos de la introducción, y llegó lo antes que pudo al +tema de sus angustias. + +Tardó bastante, pero lo expuso bien, sin ocultar un ápice de cuanto +sabía. De todo habló, unas veces conmovido y otras veces animoso, pero +siempre con buen arte; y Leticia, mientras le estaba oyendo, parecía +devorarle con los ojos. Tanto le interesaba la relación. + +--Y bien--le dijo, muy cariñosa, cuando ésta fue acabada--, ¿qué me toca +hacer a mí en ese triste proceso? ¿De qué modo puedo yo tener la suerte +de hacer algo por la causa de usted? + +--Por de pronto--respondió Ángel--, diciéndome (porque usted debe +saberlo, o no lo sabe nadie) qué hay de cierto en lo que se refiere de +la marquesa de Montálvez; si es o no tan... pecadora como se la pinta. + +Leticia bajó algo la cabeza, sin dejar de sonreírse, y se rascó un +poquitín la sien derecha con un dedo, muy mono por cierto. Después se +enderezó; y mirando valientemente a los ojos mismos, grandes, negros y +melancólicos, de su interlocutor, respondiole: + +--En eso de rumores públicos, ¡es tan difícil saber a qué atenerse! ¡Se +abusa tanto de ellos!... A Cristo le crucificaron, conque figúrese +usted. + +Y Ángel tuvo que sonreírse, porque a ello le obligaron esta salida y la +singular expresión de que fue acompañada. + +--No es broma, aunque lo parezca--añadió Leticia--. Las gentes son así: +por natural inclinación, muy malas; y el resobado símil de la bola de +nieve, es la pura verdad a cada hora del día. No afirmaré que mi amiga +sea una santa; ¿quién lo es ya hoy, tal y como van las cosas en el +mundo! Pero entre no ser santa y lo que de ella se dice... El caso de +Guzmán, por ejemplo..., ¿en qué le fundan? En amistades íntimas del +tiempo de las mocedades de los dos, ¡como si Guzmán no hubiera sido +antes amigo de otras mujeres!, y en cierta semejanza de fisonomía, que +yo no veo, entre Luz y él, y que, aunque exista, nada resuelve... Luz se +parece a Guzmán por una casualidad, como pudo parecerse al Nuncio. ¿Y +también en este caso íbamos a suponer...? ¡Pues decente estaría! En fin, +que lo de Guzmán puede ser y puede no ser. Yo creo que no lo es. Lo de +su marido... ¿Le eligió ella, por ventura? ¿No se le impusieron? Y ¿en +qué se diferencia ese pobre hombre, tan difamado, de otros muchos +ladrones muy respetables que yo conozco? Pues únicamente en que fue más +torpe que éstos en el oficio de robar. De modo que, a juzgar por lo que +se ve en estos y otros varios ejemplos que citar pudiera, la opinión +pública sólo castiga a los grandes bribones cuando no saben serlo. ¡Y a +este tribunal sin conciencia ha de someter usted los honrados consejos +de la suya? + +--Pues eso mismo pienso yo--exclamó Ángel, enardecido con aquel +dictamen tan favorable a su causa. + +--Y piensa usted como un sabio--añadió Leticia--y, además, como un +valiente; porque valor se necesita para seguir pensando bien entre +gentes que piensan y obran tan mal. + +--Y de todo lo restante que se refiere de la marquesa--dijo el +impresionable mozo, más impaciente por llegar a donde deseaba cuanto más +llano le ponía el camino su amable interlocutora--, ¿puede presumirse +también...? + +--¿Que tiene escasos fundamentos de verdad? + +--Eso mismo... + +--Con grandísimas razones. ¿Quién lo ha visto? ¿Quién puede certificar +de ello?... Mire usted: la mayor parte de _lo que se dice_ en ese +sentido, procede de aspirantes desairados; el resto lo inventan los que +ni para ese triste papel sirven. Los afortunados, cuando los hay, se +guardan muy bien de decirlo; porque si los hubiera, lo publicaran, +serían unos majaderos; y la marquesa tiene sobrado buen gusto para que, +resuelta a perderse, se dejara caer en tales manos. + +--Eso me parece a mí también. + +--Y eso es lo que debe parecerle a usted, porque es de sentido común. +Así sucede tan a menudo que de ciertas mujeres pecadoras todo se cuenta +menos la verdad... Porque hay mujeres pecadoras, ¡y muy pecadoras, amigo +mío! + +--¿Quién lo duda! + +--Y las hay de todos los linajes: por pasión, por temperamento, por +lujo, por moda..., hasta por necesidad; pero ninguna es tan necia que +publique sus propios pecados por el gusto de dar cebo a las lenguas +maldicientes, y la menos aprensiva trata, por egoísmo de viciosa, de no +quitar al pecado el incentivo del secreto. De igual modo tienen que +proceder sus cómplices; porque si la misma causa no les indujera a ello, +les obligaría, como ya le dije a usted, la necesidad de ser reservados +si querían ser favorecidos. También esto es de sentido común. Hay +excepciones en la regla, como en todas las demás; pero las excepciones +solas no dan bastante materia, en el caso de mi amiga, para formar un +proceso tan voluminoso como el que el público le ha formado a ella..., y +a otras amigas suyas también. De modo que, por el precepto establecido, +si en la vida de la marquesa de Montálvez hay pecados de esa especie, o +son muy pocos, o no los conoce el público. + +--¿Y eso es lo que debo creer?--preguntó Ángel con el ansia de todos los +que temen que no sea bastante cierto lo que se les asegura. + +--Pues ¿para qué se lo estoy contando?--respondiole Leticia riéndose muy +de veras.--¿O piensa usted que me divierto en engañarle? + +--¡Eso no!--repuso el vehemente mozo, temiendo haber dicho una +impertinencia--, porque es usted demasiado buena para hallar gusto en +tales entretenimientos. + +--Gracias por la fineza. + +--Lo digo como lo siento,... y, si no, ¿cómo la hablara yo de estas +cosas? + +--Es la verdad. Pues adelante. + +Ya estaba resuelto aquel punto, y muy a satisfacción del interesado. +Faltaba otro de mayor entidad para él; porque el primero le daba apoyos +en que fundar buenas esperanzas, pero no le sacaba del atolladero en que +se veía, y de esto era necesario tratar inmediatamente. + +Mientras en su casa se llegaba a juzgar a la marquesa de Montálvez con +el mismo criterio bondadoso con que ellos dos acababan de juzgarla, ¡que +ya era esperar!, ¿qué hacía el novio de Luz? ¿Continuar acatarrado? +¿Visitarla como antes? Y en este caso, ¿la hablaba o no del punto que +quedó pendiente la última vez que se habían visto? Y si la hablaba de +él, ¿qué la decía? ¿Con qué mentiras la engallaba? + +Estos y otros parecidos fueron los nuevos puntos sometidos por Ángel al +dictamen de su experta amiga. + +La cual, después de enterada, tomó de pronto una actitud enteramente +distinta de las que había tomado hasta entonces; se acercó más a su +embelesado interlocutor, y eso que ya estaban bien juntos, y le habló +así: + +--Vamos a ver eso con mucha serenidad. Lo primero que hay que hacer aquí +es ponerle a usted en el peor de los casos; quiero decir, en el que +llama usted peor. + +--¿Y usted no? + +--Allá veremos. No hay modo de convencer a sus padres de usted de que la +marquesa de Montálvez no sea la mujer más perdida y más escandalosa del +mundo, o se convencen de que es una señora como otra cualquiera; pero se +empeñan en que basta su mala fama para que usted no deba casarse, y no +se case, con su hija, lo cual es lo mismo para usted. De todos modos se +oponen, y hasta le amenazan con las iras del cielo si no son obedecidos +en sus píos y honrados mandatos, y usted, que es buen hijo y, aunque +otra cosa piensa ahora, algo temeroso de la opinión pública, se encoge y +tiembla y padece, porque no tiene resolución para atropellar los +obstáculos devolviendo tesón por tesón y amenaza por amenaza... ¿No es +esto? + +--Cabalmente. + +--Y usted padece, tiembla y se encoge, porque en la batalla se juega a +Luz, que es hermosa y dulce y hasta santa, según dicen, y no se resigna +usted a perder ese tesoro... Vamos a ver, ¿y qué que se pierda? + +--¡Señora!... + +--Lo dicho: ¿y qué que se pierda? Es usted muy joven todavía, y por eso +ignora lo que influye el punto de vista en el conocimiento de las cosas. +El amor de Luz es el primero que usted siente, y cree imposible hasta la +vida si ese amor se le malogra. Todos los hombres creen y sienten lo +mismo la primera vez que se enamoran; pero después, andando los años, +van cambiando de parecer, y el obstáculo que de novicios se les antojó +desventura sin ejemplo, ya con muchas barbas, le consideran como una +dádiva de su buena suerte. No lo dude usted: hay algo de inhumano en eso +de amarrar a un mozo que comienza a vivir al macizo carro del +matrimonio, y decirle: «tira, y anda por ese camino áspero y obscuro que +tienes delante, y por donde jamás has andado», porque se cree que el +amor lo suple todo, y esto es una lamentable equivocación. En primer +lugar, el amor del alma se confunde muy a menudo con los antojos del +cuerpo; pero, aunque no se confunda, el amor, o lo que sea, se acaba +luego, porque no duran más los incentivos que le producen; o si se +conservan, pierden el encanto por la costumbre de verlos; el resultado +es el mismo; lo que se llama amor, desaparece, y la venda se cae; y +entonces, cuando los ojos contemplan asombrados lo muchísimo desconocido +que tienen delante, la codicia de ello inflama los apetitos, y el hombre +más sesudo y morigerado olvida sus deberes y se hace un glotón de cuanto +ve. Es decir, cae, y de mala manera, que es mucho peor que caer..., +porque también los vicios tienen su estética... ¿Se sorprende usted de +lo que digo?... Pues está usted en la obligación de resignarse, porque +yo no me comprometí a halagar sus ilusiones, sino a darle mi parecer +después de examinar el punto por todas sus caras. Ahora estamos en la +fea... Ya le veremos por otra mejor, si es que la tiene. + +Ángel estaba, en efecto, sorprendido, y aun admirado, de ver por dónde +tomaba la cuestión su consejera, y hasta de la cara que ésta ponía +cuando le hablaba, que no era cara de susto, ciertamente: ¿adónde +diablos iría a parar por aquellos caminos, tan distantes de los deseos +del enamorado mozo? Ya se vería. Y comenzó a verlo en el acto, porque en +el acto le dijo Leticia, después de contemplarle en silencio unos +instantes, y como substancia y producto lógico de sus apuntadas +reflexiones: + +--Creo, pues, que no se halla usted en edad ni en condiciones de +casarse. + +El aludido brincó sobre el diván, y, sin poder contenerse, dijo con +marcado disgusto: + +--¡Pero eso es peor aún que defender la causa de mis contrarios!... + +--Esto es defender lealmente la causa de usted--respondió Leticia con +acento y mirar blandos y cariñosos--. Y si no, a la prueba... Pero +déjeme usted concluir sin enfadarse. Contando con que usted, si no me lo +dice, piensa, por sellarme la boca, que sin casarse con Luz, porque la +ama, no comprende la vida, me anticipo yo a sostener que un amor, +aunque sea como el de usted, se cura con otro... Esto, como regla +general; pero concretándome al caso presente..., ¡usted, tan joven, +tan... (no quiero que me llame lisonjera) tan bien dispuesto para el +mundo, rico, independiente, con tan larga y risueña vida por delante!... + +Aquí empezó Ángel a sentirse incómodo y desasosegado. Quiso interrumpir +a Leticia sin acabar de comprenderla todavía; pero Leticia le contuvo +con un ademán enérgico y estas nuevas palabras: + +--¡Usted, repito, con todas esas ventajas, llorar como una desventura el +recelo de que se le malogren unos intentos como los que le preocupan! Yo +doy hasta por indiscutible que el amor de Luz sea el más hechicero de +todos los amores... de la misma clase; pero--y con esto vuelvo a lo que +quedó pendiente--¿sabe usted todavía lo que son otros amores? ¿Sabe +usted que no son los más sabrosos los que más lo parecen a la simple +vista? + +Ángel llegó a sentir latidos en las sienes y a cobrar cierto miedo al +hablar incisivo y al mirar fulgurante de Leticia; la cual, como si se +envalentonara con los encogimientos de su interlocutor, se tiró más a +fondo, de esta suerte: + +--Usted no sabe aún que los amores, como otras muchas cosas, se mejoran +con la salsa de la experiencia; quiero decir que para un paladar de buen +gusto, son más sabrosos los más experimentados... + +Y como al decir esto Leticia, su voz, su mirada, sus ademanes y el +agitado ondular de su alto seno revelaran una emoción y un fuego que no +pedía el punto que se había comenzado a tratar allí, Ángel receló ya de +todo..., hasta de la bata y de las babuchas de Leticia; del motivo de su +tardanza en recibirle, y de la ocurrencia de recibirle entre el aparato +moruno de aquella estancia misteriosa; y dejándose llevar de tan malos +pensamientos, también sospechó de los que pudo tener aquella dama para +insistir un día y otro en que él la visitara a menudo, y aun entrevió +los motivos de que la marquesa de Montálvez no tratara a aquella amiga +con la afabilidad que a otras suyas... ¿Quién sabe hasta dónde fueron a +parar las sospechas del ingenuo mozo en brevísimos instantes! + +Lo cierto es que los escozores le llegaron tan al alma, que, sin poder +contenerse, se alzó del diván. Entonces Leticia, leyéndole en la actitud +lo que le estaba pasando por dentro, quiso salvar su ociosa imprudencia, +si es que la había cometido, que yo no lo sé, cambiando súbitamente de +aspecto y diciéndole con la mayor serenidad y sin levantarse: + +--¡Si no hemos concluido todavía! + +A lo que respondió el otro con voz glacial: + +--Ya lo veo; pero como el punto que usted toca no es el que yo deseaba +ventilar... Sin duda, me ha comprendido usted mal, o yo no he sabido +explicarme bien. De cualquier modo, mil perdones por el tiempo que la he +robado, y mil gracias por sus bondades. + +Hízola una fría reverencia y se fue, estremecido de espanto al +considerar que quizás había arrojado todo el rico tesoro de sus cuitas +en un hediondo basurero. + +Leticia le siguió con la vista; y si el pobre mozo hubiera vuelto la +suya entonces, más grandes habrían sido sus terrores al leer lo que +expresaban los ojos y el continente de su afectuosa consejera. + + + + +XV + + +Desde que la Marquesa de Montálvez era juiciosa y administraba sus +caudales por sí misma, tenía un regaladísimo placer en encerrarse en su +despacho, hojear sus libros de cuentas, tomar notas, calcular gastos e +ingresos, apuntar cantidades en dos columnas, sumarlas, restar una suma +de otra, y ver al fin que, sin privarse de nada de lo necesario, le +resultaban sobrantes para imprevistos, después de destinar un buen +puñado para amortizar censos procedentes de su mala vida pasada. «Es +preciso verme, pensaba algunas veces la marquesa riéndose de sí propia, +aquí, y en el oratorio rezando con mi hija, para creerlo. ¡Vaya si _he +dado vuelta_ y soy mujer arregladita y hacendosa! ¡Si hasta me creo +capaz de llegar a ser mística y avara! Explíquese usted estos +arrechuchos de la vida, o estos misterios del corazón humano, como diría +_Aljófar_, que, aunque desdentado y ronco, todavía canta y engulle.» + +Y volvía a sonreírse, y continuaba haciendo cálculos y sumando +guarismos. + +En eso se entretenía y casi del mismo modo pensaba la mañana siguiente +al día en que ocurrió lo que se refiere en el capítulo anterior. + +Después que despachó su tarea, se dio a pensar en su hija, que en +aquellos momentos estaba en su tocador. Luz andaba algo preocupada con +la indisposición de Ángel: cosas de chicuelas enamoradas.--La marquesa +ignoraba lo del grave punto que había quedado pendiente la antevíspera +entre los dos interesados. De otro modo, quizás hubiera dado mayor +importancia a las preocupaciones de Luz, mejor dicho, a la ausencia de +Ángel; porque en Luz no cabían recelos de cierta especie.--Si ella (la +marquesa) estaba satisfechísima del novio que le había tocado en suerte +a su hija, Guzmán no lo estaba menos; pero entrambos temían, porque si +siempre se teme cuando se desea, en aquel caso estaban más en su punto +los temores por motivos que el lector, conoce bien. Y ¿qué hacer? ¿Hay +negocio en la vida que no esté sujeto al vaivén de las contrariedades y +de la fortuna? Y, sin embargo, muchos se logran como fueron calculados. +¿Por qué no había de ser uno de ellos el negocio de Luz? + +Dándolo por hecho, como lo daba casi siempre, la marquesa puso su +consideración en el cuadro venturoso de la vida de aquella pareja +incomparable, lejos, muy lejos, todo lo más lejos que ella pudiera, de +la peste del «gran mundo». Luz le detestaba, y Ángel no le conocía. No +cabía temor de que se necesitaran esfuerzos para apartarlos de él; y en +apartándose, el ejemplo de los demás impulsaría hacia lo bueno al que de +los dos tuviera la desdicha de sentir tentaciones de no serlo. La vida +de familia, el ambiente del hogar, el apego a los hijos, la atención +esclava del detalle doméstico, y Dios en el corazón más que en la +lengua... Este era todo el saber, toda la ciencia que daba por fruto en +los matrimonios hombres útiles y mujeres honradas. Y ellos seguirían +esa, misma ley, y serían dichosos, y ella lo vería; y si algún día los +vientos de la maldad llevaban hasta los oídos de Luz el ruido de los +pecados de la madre, o no los daría crédito la hija, o si se le daba, ya +habría en su corazón la necesaria fortaleza para perdonarla después de +llorarlos. Pero no irían nunca tan allá esos aires de muerte, porque no +abundaban las almas de Lucifer capaces de conducirlos. Por de pronto, +las cosas iban del mejor modo posible, y la marquesa reconocía que Dios +era demasiado bueno con ella dándola lo que la daba por fin y remate de +una vida como la suya. + +Lo que sucedió poco después, va a referirlo la marquesa misma: + +«Se abrió rápidamente la puerta de escape, y apareció Luz delante de mí, +de la manera más extraña: el pelo destrenzado y flotante sobre la +espalda, y recogido lo demás en ancho lazo sobre cada sien; el blanco +peinador mal ceñido a su cuerpo; entre las manos, convulsas, un papel, y +la cara..., ¡oh!, el espanto, la ira, el dolor, la sorpresa, el +desconsuelo... todo esto se podía leer en su cara transfigurada, y en su +actitud resuelta e indecisa al mismo tiempo. + +»Me quedé estupefacta al verla así, y ella permaneció un instante sin +acertar a pronunciar una sílaba y mirándome con la agonía en los ojos. + +»De pronto díjome con voz muy desconcertada, pero con gran energía: + +»--Ya sé por qué no ha vuelto desde entonces... + +»--Y ¿qué es lo que sabes, hija mía?--preguntela con el alma suspensa. + +»--¡Todo..., todo! Pero es una cosa enorme... que yo no quisiera +creer..., que no la creo--respondió estremeciéndose; y en seguida, con +un timbre de voz indefinible, porque me sonaba a todo lo siniestro, +desde la maldición hasta el quejido, preguntome, con sus ojos anhelantes +fijos en los míos asombrados--: Dime, madre, ¿es verdad que tú eres... +mala? + +»--¡Mala yo, hija de mi vida!--exclamé bajo la sensación de un +escalofrío mortal--. Pues ¿no me conoces todavía? ¿No sabes lo que te +quiero..., cómo te trato?... + +»--¡No es eso, no, lo que yo te pregunto!--añadió con una entereza y una +decisión que me aterraron--: te pregunto si es verdad que eres mala, +pero mala... de otro modo..., ¡mala mujer! + +«¡Ciega yo, torpe mil veces, que, con pensar tanto en ello a todas +horas, no sospeché de qué se trataba entonces hasta que sonaron en mi +oído estas tremendas palabras! + +»Dicen que dos grandes poetas han apurado todos los horrores que caben +en la imaginación para pintar los tormentos que padecen los condenados +en el infierno. Es imposible que entre tantos suplicios imaginados haya +uno solo comparable al que yo padecí en aquel terrible instante. +Espantábame el siniestro resonar de aquella afrentosa pregunta en una +boca tan casta; pero aún me atormentaba más la vergüenza de merecerla. + +»No sé si por eludir la contestación con una evasiva, tregua ilusoria de +un condenado a muerte delante ya del patíbulo, o porque así lo pedía el +tumulto de mis ideas, dejando a la pobre niña en las garras de sus dudas +mortales, atrevime a preguntarla, aparentando un valor que no tenía: + +»--¿Quién te ha dicho eso? + +»--Esta carta--me respondió, entregándome el papel que traía en la mano. + +»--¿Cuándo la has recibido y de quién es? + +»--No tiene firma ni fecha, y la he recibido poco antes de entrar aquí. +Me la trajeron de su parte; de parte de _él_... + +»--Justo, para que, como cosa suya, cayera en tus manos y no en las +mías. ¿Y tú crees que sea obra de Ángel? + +»--Ángel podía llegar a olvidarme, pero no a herirme de este modo. + +»¡Y todo este diálogo, con mucho más que no hay para qué reproducir, le +sostenía yo para ir alejando el instante de fijar la vista en el papel, +que me abrasaba las manos! Fuera de quien fuera, ¿qué más daba, si era +la delación de mis delitos al juez que más me intimidaba en el mundo! + +»Al fin, puse mis ojos en la carta, y tuve alientos para enterarme de +todo su contenido. ¡Qué infamia! ¡Y yo dudaba poco antes que hubiera +almas bastante viles para cometerlas tan grandes como aquella! + +»La letra estaba desfigurada; pero así y todo, yo veía en aquellos +renglones contrahechos, sobre la fina superficie del papel, un cierto +tufo diabólico, un rastro que me delataba una mano conocida que no +acababa yo de descubrir. + +»Pero allí constaba todo, ¡todo! ¡Y con qué astucia más infernal! El +móvil de la carta parecía ser un hermoso sentimiento de cariño a los dos +enamorados. Luz podía estar inquieta por las ausencias no explicadas de +Ángel; podía hasta desconfiar de su lealtad; y por eso y porque se +suponía a Luz enterada de la historia de su madre, se la hacia saber lo +que le pasaba al pobre chico. Sus padres me conocían al pormenor, ya +hacía tiempo; y al hablarles el hijo de sus propósitos de casamiento con +Luz, le habían presentado como obstáculos insuperables..., y aquí +empezaba la lista minuciosa de todos mis pecados, reales y supuestos; +con un lujo de colorido sobre sus calidades y resonancia, que no había +más que pedir. El oprobio de mi casamiento _se escapaba del papel_. +Donde más se podía escandalizar la inocencia y el candor de la hija, +allí se hundía el trazo para afrentar más a la madre. Y esta sarta de +iniquidades se hacía para venir a parar a que, no siendo el asunto tan +grave como a Ángel se le antojaba, muy pronto se vencería el estorbo, +reflexionando los padres que faltas como las mías eran demasiado +corrientes y toleradas en el mundo, para que se opusieran como +impedimento a la felicidad de dos enamorados tan dignos de ser felices. + +»Todo esto leí; de todo esto me enteré, gastando en ello todas las +fuerzas de mi voluntad. Pero era preciso hablar, responder de algún modo +a aquellos cargos terribles; y para esta empresa ya no tuve alientos. +Luz, entretanto, continuaba pidiéndome una respuesta con los ojos. ¡No +los apartaba de mí! Estaba trémula, convulsa, la desdichada. + +»¡Cómo ciega y aturde el peso de una conciencia cargada de iniquidades! +Yo, la mujer desenvuelta, fría y despreocupada de los salones; la dama +de los grandes recursos para la intriga; la afamada _humorista de las +ocurrencias felices_, ni siquiera di en el sencillo intento de deshacer +con una negativa terminante aquella tempestad de desdichas que bramaba +sobre mi cabeza..., porque me hubiera bastado eso solo para conseguirlo: +después me he convencido de ello pensándolo con serenidad. Pero +entonces, en las pocas preguntas y en la actitud indescriptible de mi +hija, yo no sé qué oí, qué vi de extraño, de sobrenatural, como si +fuera el rayo de la justicia de Dios que comenzara a castigarme. + +»Y me aterré más todavía; y cuando Luz, pareciéndole siglos los +instantes que yo tardaba en responderla, me dijo, con la voz de su +angustia desesperada: «¡Habla, aunque sea para acabarme de matar!, yo +enmudecí y bajé la cabeza, cerrando los ojos. Quería ocultarme en +aquella ilusoria obscuridad, ya que el suelo no se abría bajo mis pies +para devorarme. Oí entonces sollozos y quejidos: la agonía de un alma. +¡Desventurada! ¡Cuánto perdía con aquel silencio mío, que era la +declaración de los escándalos de su madre! + +»El remordimiento, el dolor de herirla tan hondo y en tantos sitios a la +vez, produjo en mí una súbita reacción. Ardíame la sangre que momentos +antes era hielo desleído; zumbábanme las sienes, y el corazón no me +cabía en el pecho; abrí otra vez los ojos, y tuve que cerrarlos de +repente, porque los sentí deslumbrados por las mismas llamas infernales +que me abrasaban el rostro. Un ciego impulso de mi amor de madre me +arrastró hacia Luz con los brazos extendidos; pero otro impulso más +fuerte de la conciencia me detuvo allí... No me atrevía a abrazarla, +porque abrazarla era poner en contacto su inmaculada pureza con las +escorias inmundas que imaginaba yo ver salir a borbotones de mi pecho. +En tan negro desamparo, elevé mi pensamiento hacia Dios; y tampoco +hallé el consuelo que buscaba, porque no tuve fuerzas para llegar a tan +alto en tan mala compañía. La conciencia de mis culpas me cerraba todos +los caminos que yo intentaba seguir mendigando un instante de sosiego. +¡Como si le mereciera! Entonces, en el paroxismo de mi desconsuelo, sin +mirar a Luz, sin ver si quedaba viva o muerta, huí de su lado y corrí a +esconderme, con el peso de todos los tormentos en el alma y sin el +consuelo de una lágrima en los ojos. + +»No sé cuanto tiempo permanecí en mi gabinete aturdida bajo aquel +torbellino de pensamientos desquiciados y de visiones febriles, porque +no hay medida para los huracanes del espíritu. El infeliz que los +padece siente los estragos, pero no estima las horas. Y eso me pasó a +mí. + +»Cuando el cansancio de tan ruda batalla prestó un poco de sosiego a mi +discurso, comprendí que, con haber pensado tanto, no había pensado en +nada útil, y que era preciso pensar en algo, buscar una puerta para +salir de aquel antro sombrío, si es que el antro tenía salida que no +fuera para conducirme a otro más tenebroso. + +»Y discurrí, y fatigué la enardecida máquina de mis ideas..., todo para +la pobre víctima de mis enormes faltas: yo, su verdugo, no tenía derecho +ni a disculparme para moverla a que me las perdonara. ¡Pero era tan +estrecho el círculo en que se revolvían mis pensamientos por la +naturaleza misma de las cosas meditadas!, ¡había un enlace tan íntimo +entre lo que era irremediable y lo que podía tener algún remedio! Al +fin, la necesidad, la obligación de hacer algo, me sugirió una idea que +ya había entrevisto yo flotando a ratos en el oleaje de la pasada +tempestad. No era todo lo que se necesitaba en una obscuridad como la +mía; pero era algo, era un proyecto, una salida, un camino, el único +camino que veía, y me decidí a seguirle sin perder un solo instante. + +»Llamé, pedí el carruaje y comencé a vestirme para salir... ¡No me +atreví a preguntar por mi hija, y no la echaba de la memoria un solo +instante! ¿Qué haría, la desdichada, desde que yo la había dejado en el +suplicio de su honda pesadumbre y sin alientos para llorar! Quería +verla, necesitaba verla, porque su dolor me atormentaba más que los +míos; pero me faltaba valor para ello: temía agravar sus angustias con +mi presencia..., y temía, hasta el espanto, leer mi desprestigio en sus +ojos. Quien haya tenido hijas buenas y enamoradas de su madre, que diga +si hay puñal que más hondo hiera, ni azote que más afrente que la mirada +que yo temía. + +»Me vestí muy pronto y salí de puntillas hasta el gabinete de Luz, que +no distaba mucho del mío. La puerta no estaba bien cerrada y había un +resquicio entre las dos hojas. Miré por él, latiéndome el corazón y +temblándome todo el cuerpo; y la vi, allá en el fondo y en el mismo +desaliño en que yo la había dejado en mi despacho, recostada en un +sillón; el rostro, descolorido; los ojos, enrojecidos y secos; la +mirada, perdida en el cúmulo de los pensamientos; la expresión, de honda +tristeza, y las manos, abandonadas sobre el regazo. ¡Qué dolor!... ¡y +qué corazón había elegido para anidar! ¡Y todo aquel estrago era obra +mía; de mis maldades, de mis escándalos! + +»Esta idea me hirió como un rayo: sentí la sacudida en el pecho, y una +oleada de lágrimas inundó mis ojos: ¡el primer beneficio que me otorgaba +el duelo implacable de aquel día! Porque no oyera Luz mis sollozos, +intenté cerrar la puerta; pero notó su débil rechinar y volvió la cara. +Por si me había visto, me resolví a entrar, dispuesta a todo. De +cualquier manera, yo no podía vivir así. + +»No se mostró sorprendida al verme, ni me miró con dureza. Esto solo me +dio un gran consuelo y fuerzas bastantes para atreverme a sentarme a su +lado; pero no supe qué decirla. Temblaba yo como una hoja de otoño +próxima a caer de la rama sin jugos. + +»Estando en estas indecisiones, reparó ella en mí traje, y me preguntó +con voz algo empañada y muy débil: + +»--¿Vas a salir? + +»--Sí, hija mía--respondí. + +»--¿Adónde? + +»--Muy cerca..., para un asunto que nos interesa..., que te interesa a +ti, sobre todo. + +»Se encogió de hombros y volvió la cara hacia el balcón. La silla que yo +ocupaba era más alta de asiento que su butaca: de modo que su cabeza +quedaba algo más baja que la mía. Siempre que yo me separaba de Luz con +cualquier motivo, nos dábamos un beso... ¡Qué hambre tenía yo del beso +de aquel día! No atreviéndome a pedírsele ni pudiéndome resignar a irme +sin él, quise robarle con una astucia, a la cual se prestaba la +diferencia de alturas de nuestros asientos. Me fui deslizando del mío +poco a poco, y bajando, bajando, hasta verme de rodillas delante de +ella. ¡Aquel era mi puesto!, ¡así debía estar yo, y más abajo todavía, y +pisoteada por sus pies! Fingí hacer lo que hacía para observar más a mi +gusto su cara. + +»--Estás casi en ayunas--la dije--, y necesitas tomar algo que te +conforte... ¿Quieres que almorcemos antes de salir yo?..., porque ya es +hora. + +»--Estoy muy bien--me respondió impasible.--No necesito nada, sino +quietud... y silencio. + +»--De manera que yo he venido a molestarte... Perdóname por la buena +intención que tuve... Como voy a salir..., me dejé llevar de la +costumbre: ya sabes cuál es... + +»Y la miraba a través del velo de la mantilla que me había echado sobre +la cara. + +»--No me molestas--me dijo sin acercar la suya tanto como yo quería. + +»--Pero tampoco me necesitas, ¿no es cierto?--repliqué devorándola con +los ojos. + +»--Y ¿sé yo--respondiome sacudida por una gran emoción--qué es lo que +deseo ni qué es lo que necesito; qué es lo que menos me daña ni lo que +más me conviene!... ¡Si todo me parece ahora del mismo sabor! + +»Acudí presurosa a contener aquel torrente de dolor que se desbordaba, +con los pocos recursos de que podía disponer. + +»--Cierto, cierto--la dije, acariciando una de sus manos, que había +cogido entre las mías--, y yo soy una imprudente, una egoísta, +preguntando esas cosas... Ya vendrá tiempo de tratarlas como se debe; y +para que llegue cuanto antes, voy a salir en seguida... Porque ya te +dije que iba a salir..., ¿lo has olvidado? + +»--No. + +»En esto avisaron que el coche aguardaba. + +»Ya lo oyes--la dije, acercando más todavía mi cara a la, suya--, y si +he de volver pronto... Conque ánimo, que Dios, aunque aprieta, nunca +ahoga... En cuanto vuelva, dentro de una hora lo más, te informaré de +todo lo que me haya ocurrido... Será bueno para ti..., para las dos, no +lo dudes. Entre tanto, dejaré advertido que te den una sopita clara..., +un caldo siquiera..., porque no puedes estar así... ¡Ea!, adiós, hija +mía... + +»Pero yo no me incorporaba ni alejaba mi cara de la suya. + +»--Adiós--me dijo, al fin, estampando un beso, frío y maquinal, en mi +frente. + +»Pero así y todo, me pareció aquel beso un regalo celestial; hízome la +impresión de un rocío benéfico en la sequedad de mis amarguras; y +dejándome llevar de los impulsos del corazón, tomé la cara de Luz entre +mis manos y se la cubrí de besos y de lágrimas. No pensé ya en que +pudiera mancharla el rastro de mis liviandades. El llanto de mis +remordimientos lo lavaría todo; y, además, yo necesitaba aquello para +vivir. + +»Salí en seguida con mayores alientos y mejores esperanzas; hice a mi +doncella los encargos que juzgué convenientes para atender al cuidado de +Luz, y bajé al portal. El aire, el sol, el ruido y el movimiento de la +calle me produjeron una impresión tristísima. Parecíame que el velo de +mi mantilla no era bastante tupido para evitar que las gentes leyeran en +mi cara lo que me estaba pasando. + +»Al entrar en la berlina, dije al lacayo en el momento de ir a cerrar la +portezuela: + +»--Imperial, 15.» + + + + +XVI + + +Mientras rodaba el coche se me iba ocurriendo que podía no ser verdad +que las ausencias de Ángel de mi casa consistieran en lo que decía el +anónimo; mas como para aclarar la duda se necesitaba un trámite, no +corto, y no andaban mis asuntos para prodigar el tiempo en lujos de +preliminares, y si lo del anónimo no era la pura verdad, podría serlo, +lo sería a la hora menos pensada, lo que yo iba a hacer hecho estaría, y +eso tendríamos adelantado. ¡El anónimo!... Pero ¡de quién era la mano +que le había escrito? No podía dar en ello por más que cavilaba, y casi +casi la estaba viendo delante de los ojos. + +»Detúvose el coche y bajé. Sólo otra vez en mi vida había estado yo en +aquella casa, ¡y en qué situación de ánimo tan diferente! Subí la +angosta y larga escalera sin tomar un respiro, y llamé. + +»Esta vez fui recibida en la sala, pieza triste y pobre, sin otro lujo +que el aseo, el cual relucía hasta en los damascos descoloridos de los +muebles. Apareció el matrimonio a los pocos momentos de estar yo +aguardando. La mujer era el mismo espectro de la otra vez, pero sin la +calceta, aunque no por eso me pareció menos terrible. Dispuso con un +ademán de los suyos que me sentara en el centro del sofá, y senteme +allí. Delante del sofá, a sus dos extremos y mirándose frente a frente, +había dos butacas. La mujer se sentó en la una y el marido en la otra. +Colocados así los tres, el espectro estaba a mi derecha. + +»El bueno de don Santiago había estado muy afable y cortés conmigo... y +también un poco desconcertado al saludarme. Su mujer fue la de siempre y +lo que yo esperaba que fuera en aquella ocasión; pero ni me alentaba lo +uno, ni me intimidaba lo otro. En la enormidad de mi cuita, no debía +reparar yo en pequeñeces de más o de menos. + +»Sin detenerme en excusas ociosas ni en preámbulos atenuantes, referí +lo del anónimo y hasta le relaté casi al pie de la letra, y pregunté en +seguida si era cierto que entre ellos (mis dos oyentes) y su hijo +hubiera pasado lo que en el papel se declaraba. La mujer respondió al +punto, seca y muy acentuadamente, que sí; el marido, cuando me volví +hacia él, humilló un poco la cabeza, pero no dijo que no. + +»Ya sabía a qué atenerme con toda certidumbre; y a continuar iba en mi +empresa, fundada sobre esta base, cuando se me anticipó el espectro para +decirme: + +»--Ya supondrá usted que en esta casa, donde con tanta lealtad se habla +y se procede, no hay nadie que sea capaz de cometer tales felonías... + +»--No había necesidad de esa advertencia, señora--la dije de todo +corazón. + +»--Es que cómo la carta, según usted ha referido, fue entregada de parte +de mi hijo... + +»--Razón de más para creer que no era obra suya, puesto que no la +firmaba. + +»--Eso mismo pienso yo--dijo don Santiago, y eso solo debiera bastar +como prueba decisiva, si hubiera alguien capaz de atribuirle... + +»--Señor don Santiago--le interrumpí--, todas esas salvedades están +fuera de su lugar... + +»--Pero es extraño--dijo su mujer--, ¡muy extraño!, que una cosa tratada +aquí, a puertas cerradas, entre nosotros solos, hace dos o tres días, se +sepa a estas horas donde se sabe. ¿Cómo ha podido saberse?... + +»--¡Oh, por el amor de Dios!--repliqué fatigada con aquella ociosa +digresión--, no se preocupen ustedes ahora con eso... Ya se sabrá +todo..., y si no se sabe, ¡qué importa! No es eso lo que a mí me duele +ni por lo que he venido. + +»Calláronse entonces; y como los vi dispuestos a escucharme, díjeles al +punto, palabra más o menos: + +»--Hay en el anónimo ese un alcance más hondo que el que se ve, tomado +el papel en la sencillez de su contenido. Parece la obra de un amigo +indiscreto, y es un puñal envenenado que ha producido en mi casa dos +heridas mortales. Para eso fue escrito, y como puñal le esgrimió, la +mano alevosa. De una de las dos heridas no hay para qué tratar: es la +mía; quizás la merezco, y poco importa. Pero de la otra, que es la de mi +hija inocente... ¡Dios bendito!... Yo no sé si habrá en el mundo remedio +que alcance a cicatrizarla: sospecho que no; pero sé de algo que puede +combatir el veneno y amortiguar los dolores; y con esto, aunque mal, ya +se vive... Pues ese bálsamo milagroso está aquí, en una palabra, en una +mirada, en un latido del corazón de ustedes; y yo vengo a preguntarles: +¿a costa de qué sacrificios, de qué humillaciones, de qué penitencias, +le puedo adquirir para que viva la desventurada Luz? + +»--No me respondieron una palabra. Don Santiago me había oído sin +apartar de mí sus ojos compasivos; pero su mujer era una roca. + +»Convencida de ello, abandoné por inútiles los toques al sentimiento de +aquella inexorable criatura, y acometí de frente la empresa llamando a +las cosas por sus nombres. Lo que pretendía, lo que yo suplicaba era que +no se pusieran obstáculos a los proyectos acordados entre Ángel y mi +hija. + +»--Quisiera yo que la señora marquesa considerara--dijo al oírme don +Santiago, en tono muy afable--que cuando se tratan en familia asuntos +como el que nuestro hijo vino a tratar con nosotros, no debe extrañarse +que los padres, mirando por el bienestar y por... + +»--¡Si yo no me extraño de nada de eso, amigo mío! Ustedes han hecho muy +bien en lo que hicieron, pensando que lo que hacían era lo mejor; pero +entonces ignoraban... + +»--Mi hijo--interrumpiome la implacable madre--nos ha oído cuanto +necesita saber en este caso, y a ello se atendrá, como nosotros también +nos atendremos. + +»--Pero su hijo de usted ignora--díjela yo--lo que sucede en mi casa, y +no sospecha todo lo que puede suceder. + +»--Mi hijo--insistió con voz tremenda el espectro--no tiene obligación +de saber esas cosas, ni sus padres la tienen tampoco: lo que saben los +padres y el hijo, porque son bautizados y no han renegado nunca de +serlo, es que hay que bajar la cabeza cuando pasan las iras del cielo, +como pasan ahora para castigo de usted. Quien la hizo, que la pague. +Resígnese y sufra, y no pretenda que la ayude nadie a enmendar los +decretos de Dios. + +»--¡Mujer, mujer!--exclamó aquí el bueno del marido--, ¡caridad +siquiera! + +»--¡Oh!, déjela usted decir, que no me duele por lo que de ello me toca: +eso y más merezco. «Quien la hizo, que la pague»: ha dicho muy bien esta +señora; nada más justo. Yo la hice: yo acepto el castigo sin protesta, +para pagar todo lo que debo; pero por lo mismo que esta es la ley, me +parece que la infringen los que castigan en una hija inocente, como la +mía, los pecados de una madre como la suya. Vengan sobre mi cabeza todas +las iras del cielo, toda la indignación y todo el menosprecio de +ustedes; pero déjenme que implore un poco de misericordia para la +desdichada, que no ha cometido otro pecado que el haber nacido de mí. + +»Aquella mujer no se ablandaba: quizás no me comprendía; acaso no daba +más valor a mis instancias que el que tiene cualquier otro fracaso de +casamiento _ventajoso_. Por si no me equivocaba, conté la historia de +Luz desde que tuvo uso de razón, desde el día en que vino al mundo; su +carácter, su inocencia; mis incesantes afanes porque la conservara, +porque no supiera jamás entre qué inmundicias había caído..., en fin, +porque no se pareciera a su madre ni tomara en su ejemplo la menor +disculpa para no ser buena, si algún día se obraba milagro de que aquel +corazón tan puro llegara a corromperse: de todo esto hablé; y después de +hablar de ello, hablé de sus extrañas fantasías, origen de unos amores +que, por nacer como nacieron, parecían providenciales; de mi súbito +cambio de costumbres, de mis esperanzas..., de mi soñada felicidad, que +sólo consistía en que jamás turbara la de Luz el ruido de los escándalos +de su madre. Ya no era posible evitar esto, porque la infamia se había +consumado; pero ¿por qué al dolor de esta puñalada se había de añadir +otro más hondo todavía? ¿No era sobrada crueldad herirla, para que +también se pretendiera matarla? ¿En qué me rebelaba yo contra las iras +del cielo, que castigaban mis pecados, pidiendo la vida de la inocente? + +»Pues tampoco labró toda esta triste y larga plegaria en el corazón de +aquella mujer. Según ella, la justicia divina, cuando se dejaba sentir, +hería en lo más sensible. Por eso me había herido a mi donde tanto me +dolía. Sería cierto; pero ni aun así creía yo faltar a ninguna ley +divina ni humana implorando lo que imploraba al precio de sufrir yo sola +todas las amarguras decretadas para las dos. + +»Don Santiago no desplegó sus labios, porque harto tenía que hacer con +ocultar de mí las impresiones que le estaban dominando. + +»--Yo no pido a Ángel--concluí--porque es bueno, porque es hermoso, ni +porque es rico: le pido, le imploro, porque ama a Luz y es la vida de mi +hija, que le merece. + +»--Y yo no se lo negaría a usted--respondíame el espectro--si Luz fuera +pobre, fea y necia; él la quería, bendijérasela Dios, con tal de que +fuera honrada. Pero se la niego, se la negamos... porque su madre no lo +es. + +»--Lo sé ya, señora--repliquéla--, y en eso estábamos al principio; pero +llegando a donde he llegado yo con mis explicaciones y mis súplicas, la +pregunto a usted ahora, y a usted, mi buen amigo don Santiago: a cambio +de ese gran beneficio, ¿qué reclaman ustedes de mí?, ¿qué testimonios +desean para creer que si escandalicé como mujer deshonesta, puedo +edificar como arrepentida?, ¿qué martirios, qué humillaciones?... +Díganmelo: yo lo haré todo..., todo, sin repugnancia, con la sonrisa en +la boca y besando el azote que me castigue. + +»La mujer se callaba. El marido me dijo, si no recuerdo mal, algo como +esto, y muy conmovido: + +»--Señora mía, yo la compadezco a usted con todo mi corazón; yo no dudo +de la sinceridad de cuanto nos dice; yo la creo a usted capaz de todo +lo que promete, y la aseguro que haría los imposibles por poner las +cosas en donde debían estar, si las cosas esas tuvieran remedio a la +hora presente; pero con estos mis buenos deseos, que son los de mi +mujer, créame, aunque no lo parezca así... + +»--Tu mujer--saltó ésta--nunca se ha mordido la lengua para decir lo que +siente, si lo que siente va con la ley de Dios, como sucede ahora; y lo +dicho, dicho queda, porque no se opone a esa ley; pero aunque se +opusiera, también el mundo tiene sus leyes, bien o mal hechas, y hay que +respetarlas... + +»--¡Ahí está!--dijo con gran viveza don Santiago--: a eso iba yo a parar +cuando tú me interrumpiste. El mundo tiene sus leyes: en el mundo +vivimos; él nos ha formado a su modo, señora marquesa..., y por esas +leyes..., en fin, póngase usted en nuestro caso. + +»--¡Ah!--exclamé yo entonces--, ¡si usted se viera en el mío!.. Pero +también acepto esas leyes que me son tan desfavorables en esta triste +querella. ¿Qué teme usted del mundo en el caso implorado por mí?: ¿que +caiga sobre Ángel la ignominia de la madre de su mujer? También para +estas tempestades hay conjuros. ¡Yo me arrastraré como penitente donde +me han visto triunfar como pecadora!, ¡yo confesaré a voces mis pecados +donde quiera que haya gentes honradas que me oigan!... ¿Qué más puedo +hacer? Jesús no pidió tanta penitencia a la cortesana arrepentida, y +había escandalizado más que yo. + +»Se miraron uno a otro, y díjome después don Santiago muy conmovido: + +»Ni nosotros, pobres pecadores, le pediríamos a usted, _llegado el +caso_, todo lo que nos ofrece... Aquí hay caridad, señora, gracias a +Dios, aunque haya miramientos también, ¡y muchos miramientos!, que +respetar, sin que se falte por eso a la ley divina...; pero ¿sabe +usted, sabemos nosotros, si asintiendo a lo que usted desea y pide, y es +muy natural que lo pida y lo desee, se avendría también nuestro hijo, +con lo cual no contamos? + +»--Pues ¿no hemos convenido--repuse--en que lo que se afirma en el +anónimo es cierto en todas sus partes? + +»El buen hombre contestó que sí. + +»--Y ¿no se afirma en él que el único obstáculo que encuentra Ángel para +el logro de sus ardientes deseos, es la oposición de sus padres? Porque +de no contar con esto yo, no les hubiera molestado a ustedes con lo que +les he dicho. + +»--Es verdad, es verdad--respondió el bendito--: fue un reparo el mío +sin fundamento; pero de buena fe. Desgraciadamente para nuestros +propósitos..., quiero decir, para los de sus padres, la decisión de +Ángel en ese punto es a prueba de inconvenientes: es firme como una +muralla. Lo cierto no hay para qué ocultarlo, ni es justo que se oculte. + +»¡Cosa rara! Su mujer no hizo el más leve reparo, ni con la palabra, ni +con el gesto, ni con un ademán a esta declaración de su marido; +declaración que podía tomarse por una señal de triunfo para mí, aun por +una persona menos interesada en él que yo. + +»Temiendo perder lo ganado, pero resuelta a que quedara donde fuera +fructificando bien, no insistí en que llegáramos a un acuerdo +terminante, aunque hablé un buen rato todavía y con no mala fortuna; +pues o me engañaban mucho las señales, o el espectro se iba humanizando +poco a poco. + +»Ángel, presente allí, quizás hubiera logrado que yo me llevara hecho lo +que, en opinión mía, quedaba en buen camino de hacerse; pero ni se +presentó, ni me pareció muy cuerdo preguntar por él entonces. + +»En resumen: al concluirse aquella batalla, en que gasté las pocas +fuerzas que me había dejado la tremenda fatiga de mi casa, me pareció +que el bueno de don Santiago Núñez, más que un enemigo, era ya un aliado +mío, y que en la dureza de la mujer quedaba una mela por donde, si su +hijo sabía golpearla, llegaría hasta el corazón. + +»Al despedirme, el marido me estrechó con efusión la mano entre las dos +suyas. No me atreví a tendérsela en seguida a la mujer; pero, en cambio, +¡qué asombro!, me tendió ella la suya. No se la besé, porque no lo +juzgara sospechoso por excesivo; pero mis ojos, mal enjutos todavía, +volvieron a llenarse de lágrimas. + +»En el momento de salir, me advirtió don Santiago que su hijo no había +vuelto aún a casa, pero que no tardaría, porque era ya la hora de comer +para ellos; le rogué que no le ocultaran que había estado yo allí, y +comencé a bajar la escalera. + +»Al llegar a la meseta del entresuelo, me encontré con Ángel, que subía. +Dios, aunque me castigaba, no me dejaba todavía de su mano. + +»Antes que él saliera de la admiración de verme allí, y eso que lo +sospechaba por el carruaje que aguardaba en la calle, comencé yo a darle +cuenta, en voz muy baja y con el mayor laconismo que pude, de todo lo +que le interesaba saber sobre lo que ocurría en mi casa y en la suya. +¡Pobre chico! ¡Qué rato le di y qué horas le preparé! «Pero ¿por dónde +se supo? ¿Qué mano ha escrito eso?» La misma pregunta que arriba; la +misma que me hacía yo. ¿Y quién podía indagarlo mejor que él? + +»De pronto se dio una palmada en la frente, y en seguida me refirió, con +muy curiosos pormenores, una visita que había hecho el día antes a +Leticia. + +»--¡Esa es la mano!--dije sin titubear--. De ella es el rastro que yo +veía sobre el papel. No andando suelto por la tierra Satanás, sólo en +Leticia, contrariada y ofendida, cabe una felonía como esa. ¡Qué +desalmada! + +»El fracaso de sus proyectos en aquella visita, dejándole desamparado y +con su secreto descubierto en lugar tan sospechoso, le había movido a +pedir el auxilio y el consejo de Guzmán. Tres veces en pocas horas había +estado en su casa, y se volvía a la suya sin hallarle. + +»Díjele que se pasara muy pronto por la mía, donde era más necesario que +en ninguna otra, y nos separamos despidiéndonos «hasta luego». + +»¡Guzmán!..., la única criatura de cuantas hollaban la tierra, que me +parecía más criminal que yo!, ¡el hombre que merecía, en buena ley, que +llovieran sobre él solo todas las amarguras que habían entristecido mi +hogar! Porque él era la fuente, el origen y el único causante de todas +mis desdichas; el demonio sagaz que había socavado mi fortaleza, para +arrojarme después hecha jirones al lodazal de las gentes corrompidas. ¡Y +con saber esto, y con no poder amarle ya, todavía no lograba +aborrecerle! Otro de mis castigos. + +»Pensando así, llegué a mi casa una hora más tarde de lo que había +calculado. Felizmente, no creía haber perdido el tiempo. Llevaba +siquiera una gran esperanza con que alentar, en parte, los abatidos +ánimos de Luz. + +»Levantarlos por completo, era tan imposible como borrar con un soplo de +la memoria de las gentes la mala fama de su madre. + + + + +XVII + + +No me sorprendió la noticia que me dieron al entrar en mi casa: la +estaba temiendo desde que salí de ella. Los martirios del alma de la +pobre Luz se habían dejado sentir también en su cuerpo. La hallé tendida +sobre la cama, y con la habitación medio a obscuras. Le molestaban la +claridad y los ruidos; sentía dolorida la cabeza, y una impresión muy +desagradable en todas las coyunturas. La toqué la frente, y la tenía +ardorosa; en cambio, las manos estaban muy frías. Respondía a mis +preguntas con pocas palabras y sin abrir los ojos. Contaba yo con algún +trastorno físico después de la borrasca moral; pero no tan grande como +el que me anunciaban aquellos síntomas, si es que no los abultaba la +triste luz que ennegrecía ya todas las cosas en mi imaginación. + +«Intenté sondear sus ánimos, informándola poco a poco y a mi gusto de lo +que había hecho fuera de casa, y exagerándola bastante el éxito de mi +visita. No dio señales de que le interesaran las noticias. Después le +anuncié la venida de Ángel, dentro de muy pocas horas..., de minutos, +mejor dicho. Entonces abrió los ojos y me miró. Decidiome esta buena +señal a ir más lejos en mis tentativas, y la dije que él había estado +real y positivamente enfermo; que por eso no había venido, y no por lo +que decía el anónimo..., y ya iba a añadir que, como mentía en eso el +inicuo papel, también mentía en la mayor parte de lo demás que +declaraba, cuando noté que Luz se cubría la cara con las manos y se +oprimía con fuerza los ojos, como si detrás de ellos comenzaran a +batallar otra vez sus mal apaciguados pensamientos. Me indicó por señas +que callara. + +»¿Qué era aquello, Dios mío! ¿Qué noche había caído de repente sobre +aquel risueño día primaveral, tan profunda y tenebrosa, que ni el mismo +sol era capaz de rasgar sus densos crespones! ¿Habría perdido yo el +tiempo? ¿Serían igualmente mortales entrambas puñaladas? + +»De cualquier modo, no era aquella la mejor ocasión de averiguarlo. Por +de pronto, urgía mucho que Luz se acostara de veras; y eso la propuse, y +eso hizo. Después, sin advertírselo a ella, porque se hubiera resistido, +mandé que avisaran al médico. + +»Entretanto, y por todo alimento en aquella mañana memorable, tomé yo +dos sorbos de caldo. + +»Llegó el doctor y vio a Luz. No encontró en ella ningún síntoma de +consideración: todo el mal se reducía a una ligera destemplanza, que se +curaría con las ropas de la cama y los mimos de su madre. Pero le +extrañaba mucho que no concordaran con la benignidad de los síntomas +orgánicos las manifestaciones morales: hallaba demasiado abatida de +espíritu a la enferma, que era de suyo animosa y expansiva. + +»Esto me lo dijo al despedirse en el vestíbulo; y como sabía o +sospechaba lo de los amores de Luz, preguntome, sonriendo +maliciosamente, si la enfermita había tenido algún disgustillo estando +sana. Respondile que sí, sonriéndome también muy a la fuerza, y entonces +me dijo: + +»--Pues con ese dato, adivine usted cuáles son la medicina y el médico +que han de curar esa enfermedad. + +»Sonreíme, y en esto apareció Ángel, que acababa de entrar. + +»Antes que se nos acercara para saludarnos, me dijo el doctor al oído: + +»--De este medicamento de le usted a la enferma buenas dosis y a +menudo. + +»¡Pobre hombre! ¡Qué lejos estaba de conocer la naturaleza de la peste +que había invadido mi casa! + +»Como yo me lo temía, bien poco o nada se dejaron ver en Luz los buenos +efectos del remedio tan encarecido por el doctor. La primera impresión, +algo más viva y agradable; pero en seguida, el mismo desaliento y el +mismo tinte dolorido y melancólico en la voz y en las miradas delante de +Ángel que de mí. + +»Por la noche vino Guzmán. Nada sabía de lo ocurrido. Le enteré de +ello, gozándome en la esperanza, lo confieso, de darle ese tormento que +sufrir. Y le sufrió; pero ¡con qué entereza de espíritu! Yo no sé de qué +hubiera sido capaz si el cúmulo de desventuras que se cernía sobre +nosotros hubiera tenido vida y formas que destruir. + +»Quiso ver a Luz inmediatamente, y yo no me opuse con gran empeño, +porque me convenía estudiarla en aquella prueba delante del hombre con +quien, según ella sabía ya por el anónimo, se la atribuían tan íntimas +conexiones. Debía ser este pecado el que más la espantaba de todos los +míos. + +«Entró hablándola en el tono regocijado y cariñoso que de ordinario +usaba con ella; y bastó a la pobre niña conocer su luz, para lanzar un +grito y estremecerse como si la hubiera sacudido una corriente +eléctrica. Vivía la infeliz indudablemente bajo el peso de una idea +terrorífica, que se embravecía con el recuerdo o la presencia de +determinadas cosas y personas. Se negó a responder una palabra, y las +únicas que pronunciaron sus labios fueron para suplicarnos que la +dejáramos sola, porque la soledad y el silencio eran lo que más descanso +la daba. Y yo sabía que «estar sola» quería decir entonces que se +quitara de allí Guzmán; y sabía lo que dolía eso, porque lo había +padecido yo pocas horas antes; y por saberlo, me complacía, me gozaba en +las torturas de él; porque yo no podía dudar, ni toda su fortaleza +alcanzaba a disimularlo, que las repugnancias de Luz le estaban hiriendo +en lo más vivo, en lo único sensible que le quedaba bajo su corteza +mundana y empedernida. Debiendo tanto como debía, justo era que pagara +algo de ello. + +»Salimos; y con el pretexto de no apartarme de donde tanta falta hacia a +cada momento, se despidió de mi sin mencionar lo ocurrido, ni hacer un +solo comentario sobre lo que poco antes le había referido yo. + +»Volvió más tarde el médico, y se convenció por el estado de la enferma, +que era el mismo de algunas horas atrás, de que su recomendada medicina +no había producido milagros. + +»--Pues ella los irá haciendo poco a poco. Entretanto, que den a la +enferma, cada tres horas, una cucharada de esto que voy a disponer. + +»Y dispuso un antiespasmódico, por disponer algo. + +»También volvió Ángel; pero esta vez no vio a Luz, porque me había +rogado, después de marcharse Guzmán, que no dejara entrar a nadie en su +cuarto, _fuera quien fuese_. + +»El resto de la noche lo pasamos solas las dos y sin separarnos: ella en +su lecho; yo a la cabecera, sentada en un sillón; ella durmiendo a +ratos, entre pesadillas y delirios, y yo contando las lentas horas, +minuto a minuto, a la luz mortecina y verdosa del opaco fanal de la +lamparilla, y viendo con los ojos de la triste imaginación desfilar en +largas y silenciosas procesiones los fantasmas de todas las locuras y +liviandades de mi vida pasada, y los de las crueles amarguras que el +cielo me tenía reservadas por castigo. + +»Al otro día, es decir, al acabarse aquella eterna noche, Luz estaba más +tranquila; y si la fiebre no había desaparecido por completo, debía de +estar apunto de desaparecer. Este alivio me ofrecía una buena coyuntura, +que yo pensé aprovechar, si el médico no se oponía, para mover a Luz a +que se explicara conmigo. ¡Me consumía el ansia de romper los diques de +aquel dolor mudo, y verle desbordarse en palabras, aunque el torrente me +arrollara a mi! + +»En cuanto el médico, horas después, confirmó aquel risueño parecer mío +con el suyo más autorizado, le consulté sobre los propósitos que tenía. +Los encontró muy cuerdos. + +»--Es hasta de necesidad--me dijo--despejar los nublados de esa +cabecita; poner en buen orden sus ideas y no consentir que vuelva a +llenarse de ellas el depósito. Que piense; pero que piense hacia fuera y +con las puertas del cerebro de par en par. Esto nadie lo ha de conseguir +más que usted. Lo restante, hasta dejar las cosas como estaban anteayer, +lo hará luego, sin grandes dificultades, _el otro doctor_. + +»No esperé un momento más. Volvime al lado de Luz, y llegué muy a +tiempo, porque la hallé tratando de incorporarse en la cama. Mientras la +ayudaba yo y la arreglaba las almohadas para que se recostara sobre +ellas, se cruzaron algunas palabras entre nosotras. Después me dijo que +se encontraba muy bien así: no se le desvanecía la cabeza ni le +molestaba la luz. De aquí tomé yo pie para comenzar lo que intentaba. +Díjela que aún se sentiría mucho mejor si descargaba la imaginación del +peso de sus tristes pensamientos, comunicándolos conmigo; que las penas +calladas ahondaban demasiado en el corazón, y mucho más en el suyo, que +las sentía por primera vez... ¡El mismo gesto de repugnancia! ¡La misma +resistencia muda! Entonces la asedié con mayor empeño: insistí, +supliqué, lloré..., y conseguí que ella llorara también. Comenzaban los +diques a quebrantarse, y esta era una buena señal. + +»Mientras lloraba, con la frente apoyada sobre mi pecho, yo la hablaba +dulcemente al oído, y el corazón me iba diciendo que las durezas se +ablandaban y que el torrente se desbordaría. Para facilitarle la labor, +traté de destruir los obstáculos de mayor bulto. Díjela que era muy +natural que siendo yo la causa de sus dolores, y por unos motivos tan +escabrosos, se resistiera ella a comunicarme lo que sentía; porque esto, +en su inexperiencia, no lo creía posible sin lastimarme. ¡Qué equivocada +estaba! Lo que a mí me lastimaba, hasta acongojarme, era su silencio +melancólico. Que me hablara, aunque fuera para maldecirme, pues nunca +llegarían sus maldiciones a expresar tanto y tan negro como lo que leía +yo en lo que no me quería decir. Pero suponiendo, contra todo lo que +debía creerse, que hubiera grandes motivos para que conmigo fuera tan +tenaz en su reserva, y confesando que no tenía derecho alguno para que +me mirara con blandos ojos, ¿por qué se mostraba tan triste, desalentada +y taciturna delante de Ángel como de mí? Que fuera inclemente conmigo, +se comprendía; ¡pero con él!... + +»Al fin, se rompieron los diques, y habló; pero como estaba muy débil y +no se hallaban todavía en completo reposo sus ideas, el trabajo de +responderme, en asunto tan complejo, era para la pobre demasiado penoso. +Para aliviársele y cansarla menos, la fui yo concretando cada punto y +dándole en cada pregunta que la hacía la fórmula de la respuesta. Así +nos entendimos, y llegué yo a ver hasta el fondo de aquel puro y +cristalino lago, tan agitado y revuelto todavía por las iras de la +reciente tempestad. + +»¡Aborrecer ella a Ángel cuando más en el alma le tenía! No la +contrariaba su presencia por desamor, sino por un sentimiento bien +diferente: temía verse contemplada por él a distinta luz que antes, y la +espantaba la idea de no valer a sus ojos todo lo que había valido hasta +entonces. Quería verle, deseaba verle, y verle sin cesar; pero de modo +que él no la viera a ella. Cierto que todo lo ocurrido, con ser tanto y +tan enorme, no le había apartado de sus propósitos; que se mostraba leal +y cariñoso y resuelto a pelear contra todo linaje de obstáculos que se +atravesaran en el camino que los dos se habían trazado en horas bien +risueñas; pero esto podía ser, sería indudablemente, abnegación en él, +compasión que ella le inspirase, sacrificio de muchos respetos, y +sacrificios bien dolorosos acaso; y este recelo la afligía mucho más que +el verle alejado de ella. + +»Hícela yo notar que sus temores no tenían fundamento. Era una niña sin +experiencia y sin malicias: ¿qué sabía ella de las cosas del mundo para +estimar el valor de ciertos momentos del ánimo, subordinados al influjo +de unas leyes que tampoco conocía? Aún no habíamos hablado entre las +dos, sosegadamente, del suceso que a aquella situación nos había traído; +todavía estaba por aclarar qué había de falso y qué de cierto en el +contenido del infame papel, y cuál fuera la verdadera importancia de lo +último a los ojos de un público avezado a no asombrarse de faltas mucho +mayores... + +»¡Si lo sabía!... Luz no había visto el mundo, ciertamente, y había sido +educada muy lejos de él; pero en todos los libros y en todas las bocas +había aprendido las mismas reglas para conocerle; en todos sus +escondites la habían enseñado a estimar el bien con la pintura +abominable del mal; y así, para realzar a sus ojos el mérito de la mujer +honrada, se habían valido del retrato de la que no lo era. Por estas +enseñanzas sabía, y no podía dudarse, que de todas las mujeres malas era +la peor la madre desjuiciada y deshonesta, porque sus escándalos dañaban +también a sus hijos, de los cuales apartaban los suyos las madres +honradas, como se aparta el fruto sano del sospechoso. Pudo ella dudar +si esta ley se cumplía entre las gentes con todo rigor; pero bastábale +ser honrada y tener sentido común para comprender que la ley no carecía +de fundamentos, y que no se obraba contra justicia aplicándola al pie de +la letra. + +»Con este modo de pensar, y teniendo a su madre por la más perfecta de +las mujeres, ¿de qué modo sino con un torbellino de dolor y de vergüenza +pudieron caer sobre ella las revelaciones del papel anónimo? Y con lo +que ya sabía, aunque Ángel llevara su abnegación al último extremo, +¿cómo ni para qué aceptar su sacrificio, con el recelo de ver en cada +sonrisa suya un disimulo de sus temores a la rechifla de las gentes? + +»Por eso daba por muerta la mejor de sus ilusiones; pero sin que dejara +de vivir en su corazón el sentimiento de que había nacido. + +»Esta es la substancia de lo que tuve que oír, o mejor dicho, de lo que +yo misma fui extrayendo, frase a frase, del cúmulo de pensamientos que +se revolvían en su cabeza. + +»¡Grandes pudieron ser mis faltas, pero bien caras las iba pagando! + +»No por lo que me dolía el castigo, sino por aliviar a Luz del que +padecía por mí, díjela, con mal forjada entereza: + +»--Y ¿sabes tú todavía si es cierto lo que se asegura en el anónimo? + +»Pero ella me respondió, con una prontitud y un vigor que me +sorprendieron: + +»--Y si no es cierto, ¿por qué no me lo dijiste cuando te lo pregunté +tantas veces, con el alma entre los labios? Pero entonces bajaste la +cabeza... y huiste; y yo creí lo peor, porque no podía creer otra cosa; +y el daño quedó hecho así. Ahora, cuando menos tengo que dudar, sí me +afirmas lo contrario; y una duda no es bastante remedio para curar una +herida tan grande. + +»¿Qué había de replicar yo a este nuevo latigazo de la justicia de +Dios! Balbucí algunas palabras de disculpa..., para acabar pidiendo a +Luz, entre lágrimas, que no me aborreciera. + +»--¡Aborrecerte!--exclamó la infeliz, enjugando mis ojos con sus +besos--, ¡siendo mi madre, y con lo que has llorado!... + +»No tenía derecho a pedir, más, cuando me daba lo que yo no merecía. + +»Después de esta escena, volvió Luz a caer en sus tristezas. Los nuevos +pensamientos no se le acumulaban tanto en la cabeza, porque no era tan +reservada conmigo como antes; pero allá le quedaban los gérmenes que +los producían, y esto era lo peligroso. + +»Ángel me ayudaba heroicamente a combatir el mal; pero eran inútiles +nuestros esfuerzos. Contemplándole, chispeaba el amor en los ojos de +Luz; oyéndole hablar enamorado, el fulgor desaparecía tras un velo de +negras tristezas. Se la atormentaba con lo que creíamos infundirla +alientos, y había que desistir de la empresa. ¡Cómo nos descorazonaba +esto! + +»Pero, aunque poco, al fin hablaba, y removía y oreaba las ideas; y +aquella terrorífica que antes la perseguía sin sosiego, ya no la +martirizaba tanto. + +»Sólo delante de Guzmán se despertaba y embravecía; y no me maravillaba, +después de haberme confirmado la infeliz lo que recelaba yo: aquel +pecado mío era, a los ojos de su pudor de hija, el más abominable de +todos los del vergonzoso catálogo. + +»A todo esto, los días pasaban, la fiebre era imperceptible, y, sin +embargo, la enferma, lejos de mejorar, se iba aniquilando poco a poco. +El médico se impacientaba ya, porque no sabía a qué atenerse, y me +miraba a mí y yo le miraba a él. Los dos teníamos las mismas dudas, +¡ay!, y los mismos temores. + +»La casa comenzaba a tomar ese aspecto fúnebre y sombrío de las grandes +tristezas del hogar. Se vivía medio a obscuras, se hablaba bajo y se +andaba de puntillas. El rechinar de una puerta parecía un gemido mal +disimulado; cada mueble un ataúd; cada lienzo un sudario. + +»Me había aislado de todas mis amistades: sólo se abrían mis puertas al +desconsolado Ángel, al médico y a Guzmán..., que continuaba padeciendo +el martirio de no poder contemplar a Luz sino de lejos y escondido de +ella. + +»Pues en tan señaladas circunstancias recibí un recado de Leticia, +preguntando «con vivo interés» por el estado de la enferma. ¿Era cinismo +de la infame, o un disfraz de su vileza? Yo entendí lo primero, y bajo +esta impresión la respondí. No vino el segundo recado de su parte, y eso +me convenció de que fue la respuesta muy merecida. + +»Y pasaron tres días más; y Luz, que hasta entonces había vivido con +ánimos prestados, comenzó a animarme a mí y a sonreírme..., ¡ella, que +ni para sonreírse tenía ya fuerza! ¿Cómo entender aquella crisis, Dios +mío! ¿Iluminaban otros soles más alegres sus días? ¿Se iniciaba una +reacción dichosa en su extraña enfermedad? + +»Sí, todo esto era cierto; pero de muy distinto modo que lo entendía yo. +No acudía a donde nosotros intentábamos llevarla para curar sus males: +pretendía que nosotros subiéramos con ella a las alturas desde donde se +había puesto a contemplarlos. ¡Le parecían desde allí tan llevaderos!. +¡Qué engaños tan enormes los de la vista humana cuando no se levanta del +polvo de la tierra! + +»Esta y otras reflexiones análogas me fueron dando la medida del estado +de su espíritu. Lo que faltaba de ella hasta la exactitud, me la dio al +otro día la enferma diciéndome que deseaba «hablar con su confesor». +¡Temió la inocente que me pareciera demasiado oírla decir que «quería +confesarse»! + +»--Y vino el confesor poco después. ¡La nota triste que faltaba en el +cuadro de mis tribulaciones! + +»Sin salir el cura de la habitación de Luz, llegó el médico. Le dije lo +que ocurría, y me contestó con un ademán y un gesto que, a mi entender, +significaba: «no está de más». + +»Ahogándome el llanto, le pregunté muy por lo bajo: + +»--Pero ¿qué es lo que la mata? + +»¡Como si yo no lo presumiera! + +»Tampoco respondió derechamente a esta pregunta. Se sentó, y quiso que +me sentara yo a su lado. En seguida, por entretenerme o por consolarme, +comenzó a hablarme de la vida de ciertas flores..., el cuento de +siempre: unas hojas, muy frescas ayer, que hoy se contraen y marchitan +de repente; un tallo muy erguido que se encorva de pronto bajo el peso +de la flor..., y una ráfaga insana que la tocó al pasar, o un insectillo +impalpable que mordió la raíz. Qué ráfaga o qué insecto había pasado por +mi casa, no lo sabía él... + +»¡Pero lo sabía yo! + +»Estando en estas, salió el cura muy ufano y satisfecho. ¡Me dio la +enhorabuena!... ¡Dios sabe bien por qué no se la agradecí! Quedó en +volver a menudo, «porque aquello no había sido más que una preparación +para otro acto más solemne»; y se fue el bendito señor. + +»--Luz, cuando el médico y yo entramos en su cuarto, irradiaba la +alegría por toda su faz de querube. La palidez era la única huella que +había estampado allí la ráfaga de que hablaba el doctor. Comprendí que +en boca del confesor estaba muy en su punto la enhorabuena que me había +dado momentos antes; pero vistas y estimadas las cosas con ojos humanos, +a mí me acongojaba aquella alegría, que me estaba pareciendo el himno +triunfal de las vírgenes dispuestas a la muerte. Era dichosa, +ciertamente, sonriendo entre dolores; era bien envidiable su destino; +pero yo me quedaba sin ella en el mundo, y era su madre..., y moría por +mi causa..., mejor dicho..., ¡Dios poderoso!, ¡la mataba yo! + +»Nada tuvo que hacer allí el médico. Delante de ella, infundiéndonos +ánimo, parecíamos nosotros los enfermos. + +»Al despedirse el doctor de mí, le pregunté qué juicio formaba del +estado de la enferma. Movió la cabeza tristemente. + +»--Con un espíritu doliente--me dijo--dentro de un cuerpo sano, como +antes, había para temer y para esperar; pero en el caso inverso de +ahora, cuando el cuerpo se muere a escape, sólo queda que temer, porque +el contenido se va con el continente. + +»Lo mismo pensaba yo, aunque sin tantas palabras y con mayores +angustias. + +»Preguntole después cuánto a durar aquella vida, y diome a entender +harto claro, que podía concluirse a la hora menos pensada. + +«»Secándome el llanto para entrar mintiendo en la habitación de Luz me +alcanzó Ángel, recién informado por el doctor de las tristes novedades +que ocurrían. Confirméselas sólo con mirarle, y se precipitó desolado +en el gabinete. Luz le dijo, en cuanto le vio, contemplándole con la +cara envuelta en una celeste sonrisa: + +»--Créeme: vale más que lo que habíamos pensado, _lo que va a suceder +pronto_. Me duele dejarte, porque tú tampoco estás aquí en tu sitio; +pero ya nos hallaremos donde debemos hallarnos, y esto me consuela. + +»El pobre chico sollozaba; y para ocultar los verdaderos motivos, echaba +a Luz la culpa de todo. Luz se sonreía más entonces. Cogiole una mano +entre las suyas, y le dijo, con un timbre de voz que era un cántico +melodioso: + +»--No me pesa que me llores, y llórame también _cuando suceda_, pero +llórame porque me envidies, no porque me compadezcas. Te aseguro que es +gran beneficio del cielo el sacarnos de aquí cuanto antes. + +»Y lo sentía como lo afirmaba..., y yo, ¿yo si que le envidiaba aquella +conciencia pura y tranquila en que se reflejaba su ardiente fe, como el +sol en un espejo! + +»También en aquella escena, que fue larga, parecíamos Ángel y yo los +enfermos, y Luz la enfermera. + +»No puedo darme ahora cuenta exacta de todo lo que ocurrió en el resto +de aquel día y durante la noche que le siguió; no sé si Ángel fue y vino +varias veces o si no se movió de allí, porque tengo una idea de que +faltó muy pocos instantes de mi casa hasta cerca de la madrugada; +recuerdo vagamente también que estuvo Guzmán al anochecer, y el efecto +terrible que le hizo la noticia que yo le di por entrar; que vio a Luz y +que la habló, y que Luz tuvo también para él sonrisas y dulzuras de +consuelo; que se apartó de ella a duras penas cuando entró el cura +nuevamente para confesarla; que salió con los ojos enrojecidos y el +pecho rebosando de sollozos; que, mientras el confesor cumplía su +triste cometido, Sagrario, forzando todas las consignas de la puerta, +entró hasta donde yo me hallaba recogida para llorar a solas, y se +abalanzó sobre mí, hecha un mar de lágrimas; que se aumentó el raudal de +las mías al verme delante de aquel cómplice y testigo de mis maldades; +que cuando el cura se me acercó para darme otra enhorabuena y advertirme +que de acuerdo con la enferma, se la daría el Viático al día siguiente +para que le recibiera con la debida solemnidad, _puesto que no corría +prisa_, Sagrario voló hasta la cama de Luz, de donde me costó gran +trabajo separarla; y que con espantarse tanto como se espantó de la +infamia de Leticia cuando yo la enteré de ella, se espantó todavía más +de que yo no viera en sus estragos otra cosa que el castigo de mis +culpas; tampoco recuerdo en qué paré esta corta entrevista con aquella +loca de buen fondo, ni cuándo se marchó, ni cuándo se fue Guzmán, ni qué +me dijo, ni lo que te dijo Luz al despedirle. Creo que volvió por allí +dos o tres veces durante la noche, y que no quise ceder a nadie, ni al +mismo Guzmán, ni al pobre Ángel, que tan encarecidamente me lo rogaba, +el consuelo de pasar aquella más sentada a la cabecera. Fue larga, muy +larga la noche, esto lo recuerdo bien; pero no tanto el pormenor de lo +que hice y sentí durante ella. Algo debí de pensar, considerando cómo la +pobre Luz se destruía al primer choque de su inocencia con las maldades +del mundo, en si fui o no fui discreta al cultivar a la sombra una +planta destinada a vivir al aire libre, para venir a parar a que no +estaba lo malo en esconder más o menos a una hija para que viera o no +viera ciertas cosas, sino en que una madre tenga faltas que no puedan +ser confesadas a voces; porque pensar en esto y llorar mucho mientras la +pobre enferma dormitaba, aún sin tan grandes motivos, había sido mi +ocupación en las veladas anteriores; también recuerdo confusamente la +hora en que Ángel se despidió para volver por la mañana, y algo como +impresión pavorosa que entonces sentí, sin saber por qué, al considerar +que me quedaba sola junto a aquel lecho, que me parecía una tumba... + +»Pero lo que sé para no olvidarlo jamás, y por eso me ha borrado el +recuerdo de todo lo que se grabó poco antes que ello en la memoria, es +que cuando reemplazó a los trémulos y mortecinos resplandores de la +lamparilla el primer rayo de sol de aquel día primaveral; cuando se +despertaban las flores y los pájaros; y toda la naturaleza se alborozaba +y sonreía, despertaba también Luz de un sueño que me había parecido +tranquilo, pálida como la cera, y recorriendo con sus grandes ojos +asombrados toda la estancia. + +»--¿Qué te sucede, hija mía?--preguntela incorporándome de un salto y +cogiéndole, con las mías, una de sus manos, fría, ¡muy fría! + +»--¡Es cosa, muy singular!--me dijo tornando a su postura supina y +fijando su mirada en un punto imaginario del pabellón de su cama. + +»--Había vuelto a mis jardines..., aquel paraíso de que yo te hablé..., +donde nos conocimos Ángel y yo... Me paseaba por sus senderos +retorcidos, y Ángel no parecía..., y yo le esperaba. En esto, el sol se +obscureció de repente, y comenzó a enturbiarse aquel río tan +cristalino..., y a crecer, a crecer... turbio, ¡muy turbio!, y cubrió +los arbustos de las orillas; y siguió enturbiándose, enturbiándose, y +creciendo y creciendo; y llegó a las praderas más bajas, y seguía +enturbiándose y creciendo todavía. Entonces tuve yo gran miedo donde +estaba, y llamé a Ángel muchas veces..., y Ángel no vino. Subí a lugar +más alto; y al ver que las aguas también subían, corrí, de altura en +altura, hasta refugiarme en el chalet. Salí a la azotea, y vi con +asombro que las aguas lo habían invadido todo, ¡todo cuanto alcanzaba la +vista! Temblé de espanto al contemplar aquella desolación y verme tan +sola allí... A poco rato volvieron a bajar las aguas poco a poco..., +turbias, ¡siempre turbias!..., hasta encauzarse otra vez entre las +orillas del río... Pero lo que ellas habían inundado, todo lo que se +descubría con los ojos, era un lodazal tristísimo, sin praderas sin +flores y sin senderos... Sólo el chalet en lo más elevado... + +»--¡Eso es un sueño, amor mío!--la dije para sacarla del sobresalto en +que la veía--; un sueño como cualquier otro, que pasó ya. + +»--Es que no ha pasado--me respondió, sin apartar la vista del punto en +que la había fijado antes, y con voz mucho más débil--, ¡y esto es lo +asombroso! Yo creo que estoy despierta ahora, y, sin embargo, me +encuentro en el mismo sitio y sobre el mismo lodazal... + +»--¡Luz!..., ¡hija mía!--la grité entonces para distraerla de aquella +visión que la fascinaba. + +»--¿Y cómo salir de aquí!--prosiguió, sin apariencias de oírme--; ¿por +dónde, si esto no tiene límites, ni un palmo de tierra firme y limpia en +que sentar el pie!... ¡Dios mío!... ¡Dios mío! ¡Ah!..., ¡ya me oye!... +De allá arriba, de lo alto, de lo más alto del cielo, baja una figura +con alas blancas, como la túnica que viste, y los cabellos rubios +flotando en el espacio... Y vuela hacia acá... Y va acercándose a mí... +Ya oigo el suave rumor de las alas al batir el aire... Se acerca más..., +me sonríe y me tiende una mano..., la tomo con otra mía... y me suspende +y me saca de la azotea... y volando, volando, me conduce sobre la +ciénaga sin fin... ¿A dónde? + +»--¡Luz! ¡Luz!--volví a gritar, aterrada ya con aquella fijeza de mirada +y el frío marmóreo de sus manos--. ¡Vuelve a mí los ojos! ¡Mírame!..., +¡estoy aquí, a tu lado! + +»Pero ella, sin dar señales de atender a mis llamadas, prosiguió +diciendo con una voz débil, muy débil, pero dulce y argentina, como el +sonido de las arpas eólicas: + +»--¡Qué alto me eleva!... ¡Y todavía más alto!... ¡Tan alto, que ya no +te veo, madre mía! ¿Me oyes?... ¡Dile a Ángel que le espero!... +¡También te espero a ti!... ¿Me ves?... Es imposible, porque he llegado +muy arriba... ¡Y aun me elevo más!..., ¡más alto todavía!... ¡Qué región +de soles!... ¡Cuánta luz! + +»Y con esta palabra se apagó su voz, como la última nota de un suspiro. +Sentí que se estremecía ligeramente su mano entre las mías; observé en +sus labios una ligera contracción, que me pareció el acento de una nueva +sonrisa; y un instante después inclinó su cara hacia mí, y hundió la +cabeza entre los rizos de oro que le formaban una aureola esparcidos +sobre la almohada. + +»--¡Luz! ¡Luz!, ¡vida mía!--llamé de nuevo con las angustias de todos +los espantos en la garganta, acercando mi boca a su oído--. ¡Mira a tu +madre!..., ¡dile que la oyes..., que la ves!... + +»¡Dios misericordioso! ¡Aquellos ojos, que aún me miraban, ya no veían; +aquella boca que me sonreía, ya no respiraba; y aquel hermoso cuerpo, +que parecía dormido en un sueño de amores, no era más que la yerta y +abandonada envoltura de un alma angelical que había volado a su patria +celeste! + + * * * * * + +»Todo cuanto sucedió en la tierra desde aquel momento infausto, ya no +tuvo nombre ni valor alguno para mí. Nada de ello era mío: sólo me +pertenecían las sangrientas y mortales llagas de mi corazón y las +torturas de mi conciencia. + +»La vida que me restaba no tenía otro destino que arrastrar la cruz que +merecía; y a arrastrarla con valor consagré todas las fuerzas de mi +espíritu. + +»Y arrastrándola voy: a cuestas la llevo, ¿qué importa a nadie por +dónde? Toda la tierra es Calvario para quien está dispuesto a sufrir +dolores y afrentas. + +»A ese fin van, y obra son de los impulsos de un alma atormentada y +contrita estos apuntes que escribo para lanzarlos al mundo. No creería +nunca bastante barrida de gusanos la conciencia, sin entregar los +escándalos de mi vida a la abominación de todas las mujeres honradas.» + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La Montálvez, by José María de Pereda + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA MONTÁLVEZ *** + +***** This file should be named 25812-8.txt or 25812-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/5/8/1/25812/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: La Montálvez + +Author: José María de Pereda + +Release Date: June 16, 2008 [EBook #25812] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA MONTÁLVEZ *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> +<h1>La Montálvez</h1> + +<h2>José María de Pereda</h2> + + +<ul class="box"> +<li><a href="#Parte_I"><b>PARTE I</b></a> +<ul> +<li><a href="#I"><b>I, </b></a> +<a href="#II"><b>II, </b></a> +<a href="#III"><b>III, </b></a> +<a href="#IV"><b>IV, </b></a> +<a href="#V"><b>V, </b></a> +<a href="#VI"><b>VI, </b></a> +<a href="#VII"><b>VII, </b></a> +<a href="#VIII"><b>VIII, </b></a> +<a href="#IX"><b>IX, </b></a> +<a href="#X"><b>X, </b></a> +<a href="#XI"><b>XI, </b></a> +<a href="#XII"><b>XII, </b></a> +<a href="#XIII"><b>XIII, </b></a> +<a href="#XIV"><b>XIV, </b></a> +<a href="#XV"><b>XV, </b></a> +<a href="#XVI"><b>XVI, </b></a> +<a href="#XVII"><b>XVII</b></a></li> +</ul> +</li> +<li><a href="#Parte_II"><b>PARTE II</b></a> +<ul> +<li><a href="#Ia"><b>I, </b></a> +<a href="#IIa"><b>II, </b></a> +<a href="#IIIa"><b>III, </b></a> +<a href="#IVa"><b>IV, </b></a> +<a href="#Va"><b>V, </b></a> +<a href="#VIa"><b>VI, </b></a> +<a href="#VIIa"><b>VII, </b></a> +<a href="#VIIIa"><b>VIII, </b></a> +<a href="#IXa"><b>IX, </b></a> +<a href="#Xa"><b>X, </b></a> +<a href="#XIa"><b>XI, </b></a> +<a href="#XIIa"><b>XII, </b></a> +<a href="#XIIIa"><b>XIII, </b></a> +<a href="#XIVa"><b>XIV, </b></a> +<a href="#XVa"><b>XV, </b></a> +<a href="#XVIa"><b>XVI, </b></a> +<a href="#XVIIa"><b>XVII</b></a></li> +</ul></li> +</ul> + + +<hr /> +<h2><a name="Parte_I" id="Parte_I"></a>Parte I</h2> +<hr /> + +<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3> + + +<p>Pulcro y rollizo; suave y risueño, y, al mismo tiempo, solemne y +espetado; vulgar obscuro de meollo; rico, huérfano y libre; sin nervios +ni hieles en el cuerpo, ni señal de polvo de las aulas en la ropa; +vicioso a la chita callando; enamorado de su estampa, de su <i>talento</i>, +de su <i>elocuencia</i>, y especialmente de los timbres de su linaje, y +dejándose correr, con todas estas ventajas, a lo largo de la vida en lo +más substancioso de ella, sin otros fines que el regalo de la querida +persona, con la satisfacción de todos los apetitos, pero sin prefacios +de grandes desvelos, ni epílogos de incómodas harturas... eso era el +caballero marqués de Montálvez (título con polillas, de puro rancio); +eso era en los tiempos de su mocedad; y así fue tirando el pobre, sin +visible quebranto en la salud, aunque con muchos y muy gordos en el +caudal, hasta que le apuntaron la calvicie en el cogote y la pata de +gallo en los ojos. Entonces se decidió a casarse; y contra lo que era de +esperar de sus devociones y pujos aristocráticos, partió su blasonado +lecho con la hija única de un rico ex contratista de carreteras y +suministros, rozagante y frescachona, eso sí, pero no tan hermosa, +seguramente, como él la pintaba, quizás en su empeño de justificar con +la ley irresistible de una pasión desinteresada, una caída desde lo más +alto de las cumbres de su vanidad.</p> + +<p>El <i>mundo</i>, del cual era el marqués uno de los más brillantes +sustentáculos, lo vela muy de otro modo; pero el recién casado no paraba +mientes en ello, o fingía no pararlas. Lo cierto es que la hija del rico +ex contratista hacía a maravilla el papel de marquesa; que el marqués +alimentó no poco la extenuada corriente de sus caudales con el copioso +manantial del bolsón de su suegro; que éste parecía muy complacido +viendo cómo lucían sus prodigalidades en la flamante jerarquía de su +hija; que la encopetada sociedad de la corte, a pesar de sus escrúpulos +y reparos de estirpe, propalados de oreja en oreja a escondidas de los +despellejados, abría de par en par a éstos las puertas de sus salones, y +que no eran las galas, ni el esplendor, ni el natural donaire de la +advenediza, lo que menos se aplaudía en ellos.</p> + +<p>Cerca de dos años llevaba de consumado este matrimonio, y aún no daba +señales de lo que el marqués anhelaba con un ansia y un afán tan poco +disimulados, que más de una vez dieron motivo a los ingeniosos epigramas +de la gente encopetada, los cuales caían después, sin saberse cómo, en +medio de la vía pública, donde los recogían estudiantes, gacetilleros y +otras gentes nocivas, que los propalaban y esparcían por toda la +capital, y aun fuera de ella. Es muy singular el don que tiene Madrid, +con ser tan grande en comparación con una aldea, para vulgarizar tipos, +acreditar frases y poner motes.</p> + +<p>Lo que el marqués deseaba con tan descomedidas ansias, era un hijo +varón; pero llegaron a pasar tres años, y lo deseado no venía. Al +cumplirse los cuatro hubo grandes barruntos de algo. Pero ¿qué sería? Y +esto se preguntaba a cada instante el buen marqués, y esto le +preguntaban a cada hora sus amigos y conocidos; y por adivinarlo, +aceptaba y rechazaba, según que se ajustaran o no a sus deseos, cuantos +síntomas y fenómenos internos y externos acepta como artículos de fe la +observación del vulgo, cuando la marquesa dio a luz una hembra.</p> + +<p>Dudo mucho que se reciba con peor talante a un huésped desconocido que +se mete a las dos de la mañana en casa de su prójimo, robándole el sueño +y alborotándole el hogar, que a la recién nacida en el de sus padres, en +cuanto el doctor proclamó, en voz desfallecida y con gesto de terciana, +el sexo que la había tocado en suerte.</p> + +<p>Bautizáronla con un poco de fausto, por el <i>qué dirán</i>, pero a +regañadientes; pusiéronla, como un castigo, el nombre de Verónica, entre +el barón de Castañares y la condesa viuda de Picos Pardos, que fueron +sus padrinos de mala gana; y por esto, y por el nombre, y por el chasco +y por todo lo imaginable, la fábrica de epigramas funcionó sin descanso +y la pusieron el aún mal desengrasado pellejito lo mismo que si la +inocente criatura hubiera sido causa voluntaria de aquellas caritativas +expansiones del ingenió maleante de los aristocráticos amigos de su +casa.</p> + +<p>La entregaron inmediatamente al pecho mercenario de una nodriza; y por +la razón o el pretexto de que su madre no había quedado para atender a +los cuidados molestísimos de su crianza, se acordó que la nodriza se la +llevara a su aldea, en el riñón de la Alcarria.</p> + +<p>Y allá la llevaron, con mucha <i>impedimenta</i>, eso sí, de pañales, y +mantillas, y gorros y cuanto había que apetecer en tales casos, y un +infolio de advertencias, prescripciones, avisos, encargos y hasta +amenazas, sin contar el dinero que a puñados les metieron en el bolsillo +a la nodriza y al zángano de su marido, que las había de acompañar en +el viaje. Esto era duro, durísimo, decía el marqués, para unos padres +tan blandos de corazón como ellos; pero el estado de la marquesa, tan +delicado en su convalecencia, y el temperamento de la niña, que era por +todo extremo <i>linfático</i>, según dictamen, casi en profecía, del doctor, +el cual temperamento hacia indispensable para ella el aire y la libertad +del campo, les obligaban a echarla de casa.</p> + +<p>Y la echaron, así como suena, a los quince días de haber nacido en ella, +vírgenes sus tiernas carnecillas de esas vivificantes impresiones de que +no carecen los hijos del más haraposo menestral: las dulces caricias, +los besos amorosos y el blando y providente manoseo de una madre.</p> + +<p>Diez y ocho meses bien cumplidos estuvo en la Alcarria; y refería +después la nodriza que, en las pocas veces que en ese tiempo fue el +señor marqués a ver a su hija, se le caía la baba de gusto al +contemplarla rodando por los suelos, medio desnuda, entre cerdos y +rocines, tan valiente y risotona, y tan sucia y curtida de pellejo, como +si fuera aquél su elemento natural y propio.</p> + +<p>Cuando la volvieron a Madrid, viva y sana por un milagro de Dios, +alborotó la casa a berridos. Y no podía suceder otra cosa delante de +aquellos espejos relucientes, entre aquellas colgaduras ostentosas, +lacayos de luengos levitones y señoras muy emperejiladas, con lo arisca +y cerril que ella iba de la aldea. Con su padre se las arreglaba tal +cual; pero en cuanto su madre intentaba tomarla en brazos, más bien por +tema ya que por cariño, se retorcía como alimaña en cepo. Le daban miedo +hasta el centelleo de sus pendientes de diamantes y el olor de todos +sus menjurjes y perfumerías; y acaso, acaso, algo que su instinto +infantil vela en el yerto lucir de sus ojos y en el forzado sonreír de +su boca, que no era la golosina que arrastra a los niños a pegar sus +frescos labios en la faz regocijada de su madre.</p> + +<p>Muy otra debió de parecer a la desabrida marquesa su hija cuando ésta +estrenó las primeras galas del hatillo que apresuradamente la hicieron +al llegar a Madrid, porque se dejó oprimir entre sus brazos sin +protesta, y hasta besar con estruendo en la mejilla.</p> + +<p>«Aquel beso»—dicen los <i>Apuntes</i> a este propósito—«fue el primero que +recibí de los maternos labios: le recuerdo como si le hubiera recibido +ayer; y esto debe consistir en que mi naturaleza estaba ávida de aquel +tributo que no se le pagaba, y la fuerza de la sensación, desconocida +hasta entonces, aguzó el instinto que ya columbraba los albores de la +inteligencia, y estampó el suceso, para no borrarse nunca, en las tablas +vírgenes de la memoria.»</p> + +<p>A todo esto, y desde la vuelta de su nodriza al pueblo, la habían puesto +al cuidado de una niñera, que la sacaba a orearse por el Retiro tres o +cuatro veces a la semana, y dormía a su lado en una de las habitaciones +más apartadas de la de su madre, con el piadoso fin de que no la turbara +el sueño por la noche. Y eso que desde aquel beso, y por virtud también +de las ponderaciones que de la hermosura y gracias de la hija hacían +delante de ella las amigas de la madre, parecía que ésta la iba cobrando +cierta inclinación, que no disimulaba. Pero comenzó por entonces la +marquesa a sentir muy certeros e incómodos anuncios de otro heredero, y +esto la causaba grandes preocupaciones y molestias y «la quitaba el +gusto para todo».</p> + +<p>Al abuelo, que estaba chocho con su nietecilla, le llevaba el diablo con +estas cosas: apostrofaba a la hija por su frialdad, y predicaba al yerno +por su injustificable indiferencia; pero el uno y la otra se encogían de +hombros por toda respuesta, y no revivía el extinguido fuego de amor a +la hija, que había chisporroteado un instante después del primer besó de +la madre. ¿Quién sabe el rumbo que hubiera tomado el astro de los +destinos de la niña sin los prosaicos inconvenientes en que fundaba la +marquesa su nuevo alejamiento de ella, y el acontecimiento que sobrevino +poco después?</p> + +<p>El acontecimiento fue nada menos que la llegada al mundo del anhelado +varón. Todo fue júbilo entonces y locura y desconcierto en la casa, de +la cual pudiera decirse, sin gran exageración esta vez, que fue echada +por la ventana. Se revolvió medio Madrid para el bautizo; medio Madrid, +que le comió al marqués, digo, al abuelo, medio costado; se consiguió +elegir los padrinos entre lo más cogolludo de la nobleza, y se le +pusieron al flamante heredero todos los nombres de los grandes reyes, de +los mayores santos del cielo, de todos los conquistadores célebres, y de +los más gloriosos poetas y artistas de la tierra. Entre tanto, el recién +nacido, más que criatura humana, parecía un ratón en salmuera: ni era +mucho más grande, ni más rollizo, ni más pulcro, ni mejor encarado. +Nació gimiendo; entre gruñidos y pataleos recibió el agua del bautismo, +y gruñendo volvió a casa y continuó, sin cesar, muchos días, comiéndose +los puños apretados y perneando rabioso, como sapo clavado en estaca, +mientras la pacífica y rozagante Verónica, olvidada de su familia en el +último confín del hogar, no se moría de hambre porque la niñera cuidaba, +de propio impulso, de esos y otros menesteres.</p> + +<p>Desde aquellos días se echó en la casa de los marqueses de Montálvez una +raya por debajo de lo vivido hasta allí, y se abrió una vida nueva, cuyo +centro, cuyo eje, era el recién nacido heredero de los títulos y +preeminencias de su padre; por lo que la pobre Verónica, elemento +principalísimo de la <i>vida vieja</i>, quedó entre lo más alto y olvidado de +la raya para arriba, como trasto inútil en obscuro desván.</p> + +<p>No puede negarse que el <i>medio ambiente</i>, tan traído y tan llevado ahora +por la gente de mi oficio, influye mucho en la condición moral y hasta +en el desarrollo físico de los caracteres y de las naturalezas; pero no +es menos cierto que las hay de tal fibra, que, con ambiente y sin +ambiente, echan impávidas por la calle de en medio, y por ella siguen +sin torcerse ni extraviarse, aunque las ladren canes y las tiren +vestiglos de la ropa.</p> + +<p>Prueba de ello es que cuando Verónica llegó a la edad de los celos y de +las envidias, y tuvo razón bastante para distinguir los halagos de las +durezas, no echó de menos los extremados mimos que se le prodigaban a +todas horas a su hermano, criatura de lo más encanijado, llorón y +cascarrabias que hubo venido nunca al mundo. La tenían sin cuidado los +tumultos que se armaban a cada instante en la casa porque el angelito no +comía, o se descalabraba, o tosía ronco, o se retorcía cárdeno y +pataleaba con un dolor de tripas; las ponderaciones que de su imaginada +hermosura se hacían delante de ella a parientes y amigos, que se +guardaban muy bien de afirmar lo contrario, y hasta los injustos +vituperios que se la enderezaban porque con sus juegos le quitaba el +sueño, o no discurría cosa con gracia para entretenerle y alegrarle. La +niñera no tenía otra obligación que la de mirar por ella y acompañarla +incesantemente; la quería de todo corazón, y era esclava de sus menores +caprichos; hacíanla estrenar un vestido cada semana, y no se ponía tasa +a sus antojos de juguetes. Con todas estas ventajas, hasta bendecía el +alejamiento a que se la condenaba en su propio hogar, porque, al fin y +al cabo, le procuraba una independencia de la cual sacaba ella mucho +partido para vivir a su gusto; y si hubiera conocido el placer de la +venganza, la hubiera hallado bien cumplida en los testimonios de cordial +amor que recibía de las <i>visitas</i> y de los amigos de la casa, a +escondidas, por supuesto, de todas las gentes de ella.</p> + +<p>Su abuelo persistía en el honrado propósito de arreglar más a justicia +estas cosas, que le repugnaban; pero su esfuerzo alcanzaba a poco. Por +de pronto, cada día se alejaban más de la casa de su yerno, porque cada +vez le eran más insoportables «las majaderías y sandeces» que observaba +en ella. Su naturaleza tosca, y los resabios adquiridos en los tratos y +contratos en que había pasado lo mejor de la vida, le hacían +incompatible con los hábitos aparatosos y refinadamente vanos y +teatrales de sus hijos; y como, además, era hombre sin retóricas, +desengañado y de muy poca correa, el menor reparo a sus crudos alegatos +le quitaba las ganas de exponer el segundo. Su misma nieta, objeto +exclusivo de los desvelos del pobre hombre, dudaba muchas veces si tenía +en él un protector cariñoso o un enemigo más de quien temer +contrariedades y desabrimientos.</p> + +<p>—Pero, vamos a ver—decía el ex contratista a su hija cuando más +desatinados eran los extremos que ésta y su marido hacían en honor del +hijo varón—, ¿a qué vienen esas majaderías? Y ya que las hagáis, ¿por +qué pecáis por el extremo contrario con Verónica, que es una niña como +unas perlas? ¿Por qué detestáis a la una tanto como queréis al otro?</p> + +<p>Negaba la marquesa que ni ella ni su marido dejasen de querer bien a su +hija, y hasta citaba en testimonio de ello el regalo en que la +mantenían.</p> + +<p>—Es verdad—replicaba el abuelo—: atestáis de juguetes su escondite y +de vestidos su ropero, como se echan mendrugos a los perros en su +garita, para que no molesten con sus ladridos ni estorben con su +presencia, y acaso, acaso, porque los vean gordos y lozanos los vecinos. +Pero de aquí, de aquí (y se golpeaba sobre el corazón), de eso que +alimenta el alma y hace buena sangre a los niños, ¿qué dais a la +infeliz? Pues mira, y no lo olvides: hija que se acostumbra a vivir +entre la esquivez y el desamor de sus padres, si sale mujer honrada es +por un milagro de Dios.</p> + +<p>Protestó contra el supuesto la marquesa, e insistió en que, desde que la +niña había nacido, se la amaba <i>cuanto se la debía amar</i>.</p> + +<p>—Justamente—repuso su abuelo—, porque ni entonces, ni ahora, ni +nunca, habéis podido tragarla; y no la habéis podido tragar, porque lo +que se quería en esta casa no era familia por el ansia natural de +tenerla, ansia que sienten hasta los irracionales, sino un heredero +varón en quien vincular los relumbrones aristocráticos de tu marido, +como si importara seis maravedís que se perdiera la casta directa de ese +mentecato; y como a Dios no se le engaña, después de probaros la +voluntad y la mala entraña con la hija que os dio, sin merecerla, os ha +castigado en el varón que apetecíais..., porque ese niño ha de ser, está +siendo ya, vuestro castigo.</p> + +<p>Con esto, dio media vuelta la marquesa y no pareció su padre en mucho +tiempo por aquella casa.</p> + +<p>Y así fueron corriendo los años, y llegó Verónica a contar diez bien +cumplidos. Tenía una salud de bronce, y crecía y se redondeaba que era +una bendición de Dios: los amigos de la familia la comían a besos los +carrillos, y la decían verdaderas atrocidades mientras la volteaban en +el aire, o la echaban una zancadilla en un corredor o en mitad de la +escalera, siempre, por supuesto, a escondidas de sus padres y, sobre +todo, de su hermano, que cada día era más ruin y más inaguantable, por +envidioso y desabrido.</p> + +<p>Como «había proyectos sobre ella», al decir de su madre, interinamente +la pusieron maestros de primeras letras y de música, con los cuales +aprendió a leer mal, a hacer palotes muy torcidos y a solfear +desastrosamente, por culpa, según dictamen del maestro, que era un +italiano famélico, de su mal oído. Esto, y el Catecismo de punta a cabo, +y una oración para cada acto de los más ordinarios de su vida, es decir, +para acostarse, para levantarse, para ir a comer, para salir a paseo, +etc., etc., y otras para cuando tronaba, pasaba el Viático por la calle, +ventaba muy recio, y así sucesivamente, enseñadas por su sirvienta, que +era una guipuzcoana muy devota, y tuvo la abnegación de no reclamar para +sí las alabanzas que el cura de la parroquia, que preparó a la niña para +la primera confesión, dedicó al celo cristiano de su madre, era cuanto +Verónica sabía en artes liberales y en letras divinas y humanas, a la +edad de once años y algunos meses de pico.</p> + +<p>Al cumplir los doce se le revelaron los proyectos que había sobre ella, +los cuales se reducían a enviarla a Francia a <i>terminar</i> su educación en +un colegio de los más afamados de París. No supo la niña, por de pronto, +si la noticia la alegró o la produjo el efecto contrario. No le agradaba +por lo que de colegio, es decir, de encierro y sujeción había en el +asunto; pero, en cambio, le deleitaba por tratarse de ver el mundo, +aunque de refilón y con trabas; de ir a París, de vivir en París, de +respirar el aire de París, de comer, en fin, y vestir y soñar en París, +nombre con el cual estaban atascados sus oídos y su cabeza, porque en su +casa no se hablaba comúnmente de otro asunto, ni entre las gentes que la +frecuentaban, ni en las casas que frecuentaba ella. París era lo mejor +de la tierra, y lo de París no tenía igual en el mundo, y al uso de +París se vestía, y se andaba, y se comía, y hasta se hablaba con agravio +de la lengua de Cervantes... y de la de Molière.</p> + +<p>Y a París la llevaron en esta situación de ánimo, sin alegría y sin +penas, no contando las lágrimas que la arrancó del fondo del corazón el +desconsolado llorar de la niñera, en cuyos besos de despedida, +ardorosos, resonantes y mezclados con el llanto de sus ojos, sentía +palpitar el alma entera de la noble guipuzcoana. El desconsuelo de +aquella honrada mujer y el recuerdo de la cariñosa abnegación que la +debla, eran el único vínculo con que la hija de los marqueses de +Montálvez se sentía ligada a la casa paterna a medida que iba alejándose +de ella por el camino de Francia. No era suya la culpa. Su corazón no +podía dar otro fruto que el de las semillas que se habían depositado en +él.</p> + + + +<h3><a name="II" id="II"></a>II</h3> + + +<p>Bien poco trabajo le costó hacerse a la vida y costumbres de colegiala. +Parte de esta fortuna se la debía a las condiciones de su carácter +acomodadizo y placentero; algo al no muy estimulante recuerdo de su +perdida libertad, y el reto a la feliz circunstancia de no haberse visto +un solo día verdaderamente aislada en aquel hervidero de chicuelas de +todas castas, edades, temperamentos y naciones. La fuerza de la +atracción, por imperio de la necesidad, arrastra, en tales casos, lo que +flota indeciso y como al azar, hacia su centro apetecido. Por eso, no +bien hubo llegado al colegio, cuando ya conocía de vista a todas las +españolas que había en él; en seguida formó entre las de su edad; luego +dio la preferencia a las madrileñas, y acabó por intimar con las que, de +éstas, pertenecían a su jerarquía social.</p> + +<p>Así conoció a Leticia Espinosa y a Sagrario Miralta, vástagos ambas de +la más encumbrada aristocracia española, las cuales habían entrado en el +colegio un año antes que ella. Leticia, contra lo que su nombre +declaraba, era una morena triste, o, mejor dicho, serena y algo fría, +como esos días de otoño, de poco sol, de que tanto gustan los espíritus +contemplativos y melancólicos. Tenía hermosos ojos y muy correctas +facciones; y sin dejar de ser animosa para todo, faltaba casi siempre en +sus actos y en sus dichos el color de la sinceridad, lo cual se +atribula, más que a un vicio de su carácter, a que rara vez la animaba +el calor del entusiasmo.</p> + +<p>Sagrario era una rubia inquieta y bulliciosa, ávida de impresiones, de +aire, de luz... y de golosinas. Fisgona impenitente, no había castigo +que la curase de la pasión de arrimar, ora el ojo, ora el oído, a todas +las rendijas y cerraduras de los aposentos; y, a creerla por su palabra, +¡qué cosas veía y escuchaba en aquellos vedados interiores! Su manía, +casi criminal, eran las <i>zangolotinas</i>, como llamaba a las mayores, +algunas de ellas vestidas ya de largo y con un pie en el estribo para +tomar la vuelta a sus hogares. A éstas las perseguía con una tenacidad y +un instinto de perro de caza. Espiaba sus actos, escuchaba sus dichos, +asaltaba sus dormitorios, revolvía sus equipajes, les abría los cajones, +se enteraba de sus cartas y les robaba las novelas que después +devoraban las otras..., porque tenían novelas y algunas profanidades +más, que eran contrabando allí; y, no conformándose con esto sólo, +relataba historias desvergonzadas ¡y hacía unos comentarios! A mi ver, +todo era una mala pasión de despecho, porque se recataban de ella y de +las de su grupo en sus entretenimientos y conversaciones.</p> + +<p>Lo que sigue es, palabra por palabra, de la mano que escribió los +<i>Apuntes</i>:</p> + +<p>«Si entrara en los reducidos términos de mi paciencia el propósito de +describir mi vida de colegiala con todos sus pelos y señales, larga +sería aquí la lista de los lances curiosos en que intervine yo, por las +intemperancias incorregibles de Sagrario y por la entereza glacial de +Leticia; pero no van por ahí las corrientes que me empujan en este +instante; y si menciono los nombres y principales rasgos de carácter de +estas dos compañeras, omitiendo los de tantas otras, es porque conservé +esas dos amistades durante toda mi vida mundana, y no influyeron poco en +la calidad de ella, lo mismo bajo el cascarón de crisálida en el +colegio, que cuando volé a mis anchas por el mundo con las alas de +mariposa.</p> + +<p>»También habría mucho que hablar sobre el tema de la educación de las +jóvenes de mi pelaje, si por <i>educarlas bien</i> se entiende, como debería +entenderse, la manera de hacer de ellas <i>buenas</i> hijas y mejores madres. +Desde luego afirmo que estos hermosos fines no han de lograrse en +ciertos colegios ni en parte alguna donde la <i>distinguida</i> y mal +acostumbrada educanda viva «a uso de tropa». De este modo se aprende +todo, si se aprende algo, como el soldado la táctica y las leyes +penales: maquinalmente y a la fuerza; y no se toma amor, sino miedo y +repugnancia, a las tareas y al <i>cuartel</i> mismo, con sus largos y +desnudos pasadizos, sus enfilados dormitorios, sus lechos de contrata, +sus vigilantes antipáticos y su refectorio mal oliente. Llega a ser +insoportable el patio de altos muros, con los juegos de siempre y los +cánticos de todos los días, y el pasear en hileras, y el comer en +comunidad, y el recogerse y el levantarse a unas mismas horas y con el +mismo forzado silencio. Fatiga el ánimo la contemplación incesante de +unos mismos colores, de unas mismas caras, de unos mismos cuerpos, de +unos mismos uniformes, y, sobre todo, de aquel blasón de la casa, de +aquella cifra sempiterna reproducida en los muros, en los libros, en las +ropas y en los platos. Abruma el peso de la monotonía según van pasando +los meses y los años en esta vida reglamentada, y el demonio de la +indisciplina y de la rebelión llega a poseer a las colegialas de pies a +cabeza. Entonces se piensa con fruición hasta en las peripecias, en los +horrores de un incendio repentino de la casa; en la enfermedad del +profesor de Geografía, o en la prisión de la directora por mandato del +Gobierno...; en fin, en todo lo que pueda ser causa de que se altere y +descomponga, de cualquier modo, la máquina de aquel reló de piezas +humanas.</p> + +<p>»Por eso la colegiala más querida de sus compañeras es la más indócil y +revoltosa y holgazana, la que más depresivos motes pone a las <i>madres</i>, +y más perturbaciones acarrea en el gobierno interior de la casa.</p> + +<p>»A mí me enseñaron muchas cosas en libros, con la aguja, de palabra, +por escrito y hasta por señas y a toque de violín; pero sobre todas las +enseñanzas obligatorias en aquel colegio, prevalecieron las del mal +ejemplo de mis compañeras, más avispadas que yo, o más cargadas de +malicias y de años. Nunca me faltaron libros profanos, ni noticias +estimulantes de los placeres del mundo; y con este acopio y el que hice +por mí misma durante la relativa libertad que se me concedía cuando fui +<i>de las mayores</i>, viendo las cosas mundanas de tarde en tarde y a +deshora y con el rabillo del ojo, y contando diez y siete años muy +cumplidos, se dio por terminada mi educación en aquel afamado colegio +francés.</p> + +<p>»Del cual salí diez meses después que mis inseparables amigas Leticia y +Sagrario, muy ducha en bailar, en hacer reverencias, en modular la voz, +en manejar el abanico y la cola del vestido de baile, en esgrimir los +ojos y la sonrisa, según los casos, los sexos y las edades, y en el +ceremonial decorativo y escénico de las prácticas religiosas; tal cual +en lengua francesa, materialmente al rape en obras de costura y +principios de economía doméstica, y casi, casi, en el idioma nativo; y +sobre todo esto, y por razón de los contrabandos del colegio y de las +incompletas ideas adquiridas en conciliábulos clandestinos, y la propia +observación hecha a medias con trabas y sobresaltos, y quizás también +por obra de mi temperamento o de mi carácter, franco y expansivo, un +ansia, que rayaba en voracidad, de ver el mundo por dentro, de conocerle +a fondo, de saborearle a mis anchas, sin los velos y cortapisas que a +las puertas de él me habían, hasta entonces, despertado los apetitos.</p> + +<p>»Esto es todo lo que llevaba aprendido al volver a mi casa, cinco años +después de haber salido de ella, sin contar la persuasión íntima de que, +mientras no se invente cosa mejor que lo conocido, la educación menos +peligrosa y más esmerada de una niña será aquella en que más se deje +sentir la intervención amorosa de su madre, si, por su dicha, tiene +madre, y madre <i>buena</i>.»</p> + + + +<h3><a name="III" id="III"></a>III</h3> + + +<p>Como el tiempo no pasa sin mudar la faz de las cosas, cuando volvió a su +patrio hogar la colegiala no dejó de hallar en él cambios y mudanzas que +la sorprendieron. Su madre tenía «achaques», y achaques graves, según +ella decía, apostándoselas al médico, que no mostraba gran empeño en +contradecirla. Estos achaques no la impedían frecuentar los salones de +«su mundo», ni la obligaban a tachar un solo renglón de su larga lista +de compromisos sociales, ni se revelaban, <i>a cierta distancia</i>, en su +cara frescachona ni en su apostura garbosa y elegante; pero es indudable +que los tenía, y muy hondos; achaques de matrona presumida, bien +sufridos y mejor tapados con heroicos esfuerzos de la voluntad y buen +acopio de sonrisas y menjurjes.</p> + +<p>No fue esto un hallazgo, en todo el rigor de la palabra, para su hija, +que ya barruntaba algo de ello por las últimas cartas de la marquesa y +la propia observación en las dos visitas que la había hecho en el +colegio. Harto más se admiró al convencerse de que la inusitada dulzura +con que su madre la había tratado en París, y que ella tomó por disfraz +de añejas y naturales esquiveces, antes crecía que se agriaba en las +intimidades de la vida doméstica; y todavía fue mayor su asombro cuando +supo, por testimonios fidedignos, que la modificación genial de la +marquesa, en lo referente a este grave punto, databa de la misma fecha +que los achaques. ¿Cómo lo que de ordinario sirve para exacerbar los +humores y despertar las impertinencias, y hace inaguantables a las +gentes que son desabridas por naturaleza, había producido en aquel +<i>ejemplar</i> el efecto contrario? No podía averiguarlo Verónica. Lo +importante para ella era el hecho, y el hecho bien a la vista estaba.</p> + +<p>Otro suceso que fue completa novedad para la colegiala: su hermano tenía +achaques también; es decir, nuevos, muchos, demasiados achaques; pero en +este infeliz se cumplía rigurosamente la ley común: se le reflejaban +claramente en el espíritu los que le desorganizaban y consumían el +cuerpo. Era éste raquítico, sarmentoso y descuajaringado. Cada pieza de +él estaba mal avenida con la inmediata: las piernas se negaban a +sostener el tronco; el tronco forcejeaba por desprenderse de la cabeza, +y los brazos andaban de acá para allá sin saber a qué arrimarse, porque +en todas partes estorbaban y de todas partes se caían. El espíritu era +digna joya de tal estuche: quebradizo, avinagrado y herrumbroso. Daba +compasión contemplar aquel ser que parecía un castigo providencial de +ciertas injusticias y flaquezas de sus padres. Más que un niño +enfermizo, era un enano decrépito. Por razón de su miserable naturaleza, +nada se le había enseñado; así es que, contando ya más de quince años, +no sabía deletrear. Por el contrario, se le había dejado en completa +libertad de hacer todo cuanto le diera la gana; pero tan hastiado estaba +de ser libre y de campar por sus caprichos, de romper, de manchar, de +alborotar y de dar tormento impunemente a cuanto respiraba y se movía en +su derredor, que ya solamente se entretenía con las contrariedades y las +resistencias, por hallar el placer de vencerlas y de atropellarlas. Y +había que presentárselas, o fingir que se le presentaban, para darle +gusto y sacarle por un instante del mortal desfallecimiento en que caía +en cuanto le faltaba el aguijón de un apetito que pusiera en actividad +el cordaje de su desconcertada máquina.</p> + +<p>Es verosímil que la contemplación continua de este desconsolador +espectáculo tuviera gran parte en los cambios geniales de la marquesa; +y, sin embargo, no concordaban tampoco las manifestaciones de ésta con +la tristeza y gravedad del motivo, aun sin tener en cuenta los extremos +de locura a que la condujo el nacimiento de aquel hijo tan deseado. +Cierto que continuaba siendo esclava de sus antojos; pero no con la +abnegación incansable de antes. Aquella esclavitud no era ya amoroso +entretenimiento, sino carga abrumadora, cruz de enorme peso. Llevábala +con paciencia, pero no sin cansancio. ¿Consistiría esto en que sus +propios males la hacían más insensible para los ajenos, o en que, +robándole los alientos del espíritu, agostaban el campo de sus ilusiones +y vanidades, e imprimían nuevo y más sosegado ritmo a los impulsos de su +corazón? Pero, en este caso, ¿por qué no se cumplía la ley con igual +rigor en lo tocante a las pompas del mundo? ¿Por qué continuaba +pagándose de ellas con el mismo fervor del primer día? Posible era +también que el convencimiento que necesariamente tendría de que para la +enfermedad de su hijo no había humano remedio, le quitara, con la +esperanza de conservarle, las fuerzas para sufrirle; pero, en este caso, +¿qué pensar de la calidad de aquel extraño sentimiento que se manifestó +en la casa, haciendo a todos los moradores de ella siervos pacientísimos +de la tiranía del presunto heredero de los títulos de su padre?</p> + +<p>Lo cierto era que el enfermo se moría poco a poco; que su madre, aunque +lo sabía muy bien, no daba muestras de apurarse por ello, y que ya no +era Verónica quien pagaba, como en otros tiempos, todos los vidrios +rotos de la casa.</p> + +<p>Por lo tocante al marqués, tampoco se preocupaba gran cosa con el estado +mísero de aquel su retoño, cuyo nacimiento tantas extravagancias y +sandeces le había hecho cometer. Bastante más le quitaban el sueño otros +cuidados. Habíase dado con pasión a la política; y mientras arreglaba +ciertos comprobantes, de muy mal arreglo, para que le nombraran senador, +perseguía, con escasa fortuna, una credencial de diputado cunero. No +salía del salón de Conferencias, ni de la tertulia del ministro de la +Gobernación. En casa paraba poco, pero hablaba mucho, y siempre de su +pleito; no a la manera llana y familiar de otros tiempos, sino en estilo +declamatorio y rimbombante, y tomando pretexto de todo para ensayar +papeles de tribuno. Comíale el prurito de la solemnidad y de las grandes +frases, y más de una vez le arrastraron sus obsesiones parlamentarias al +extremo de replicar a su mujer en un diálogo prosaico sobre temas de +cocina, con un «¡Su señoría se equivoca!» que, por lo campanudo y +resonante, hubieran envidiado los más famosos adalides del Congreso.</p> + +<p>No eran de fácil arreglo los susodichos comprobantes para lograr la +senaduría, porque las rentas propias, vueltos los manantiales al bajo +nivel en que estaban antes de fomentarlos su suegro con el copioso +caudal de sus talegas, no llegaban hasta donde la ley quería. Y ésta fue +otra de las novedades con que se halló la colegiala al volver a su casa. +De la cual novedad llegó a enterarse por los comentarios de su padre a +cada batacazo del expediente, que no salía de un atolladero sino para +caer en otro más hondo. Si esta merma procedía de los banquetes y otras +parecidas <i>travesuras</i> con que el marqués trataba de hacerse visible, y +hasta <i>ministrable</i>, entre los hombres políticos de mayor talla, o de +las enormes sumas que le costaba a la marquesa sostener el esplendor de +su jerarquía a la altura en que le había colocado de recién casada, o de +lo uno y de lo otro, que era lo más seguro, no cayó la hija en la +tentación de averiguarlo. Bastábale saber que el lujo y la abundancia +rodaban por aquellos suelos lo mismo que antes, y que su abuelo, hecho +una ruina ya, aunque de mala gana y refunfuñando, acudía siempre a las +llamadas de la hija en sus continuos apuros.</p> + +<p>¿Ni cómo pararse ella en reflexiones de mayor substancia? ¡Ella, que +siempre había sido allí la <i>puerca cenicienta</i>! ¡Ella, que llegaba del +colegio con la cabeza llena de fantasías tentadoras y el pecho atestado +de mortificantes deseos, y en todo cuanto la rodeaba veía recursos para +satisfacerlos, alas con que mecerse en los sonados espacios, llaves de +hechizos con que abrirlas doradas puertas que guardaban los descifrados +enigmas de su curiosidad insaciable!</p> + +<p>Ocupaba un hermoso gabinete que se la había dispuesto ex profeso. Era +como la leyenda, en colores y substancias, de su fresca juventud, con +los obligados atributos de inocencias, candores y misterios pudorosos. +El arte y el cariño parecían haber trabajado con empeño en aquel nido +fantástico. Tan elocuente y expresivo estaba todo allí, que casi se +ruborizaba de sí propia la jovenzuela al desnudarse para meterse en el +cándido y esponjado lecho. ¡Lo que influye en los juicios y sentimientos +humanos el relumbrón del aparato escénico!...</p> + +<p>Su madre no se hartaba de palparla, unas veces vestida, otras medio +desnuda; de medirla con ávidos ojos, de verla andar, y, aunque seca de +palabra siempre, de prodigar, a su manera, elogios a su precoz +desarrollo físico y moral, a la redondez de su cuello, a la tersura de +su garganta, a la expresión maliciosa de sus ojos, a la frescura de su +boca, a la esbeltez de su talle y a todas y a cada una de sus prendas +esculturales. Era mucho más exigente con la modista para sus vestidos +que para los propios, y la frase que más la halagaba en boca de sus +amigos, era la que envolvía un piropo para su hija. Llevábala a muchas +partes consigo, y se afanaba y desvivía para hacer cuanto antes, con la +debida solemnidad, su presentación en «el mundo».</p> + +<p>El marqués no estaba menos admirado que su hija de esta transformación +de sentimientos de su mujer. ¿En qué consistía? ¿Por qué, a medida que +iba resignándose sin esfuerzo a quedarse sin el hijo, antes preferido, +se aficionaba tanto a la hija, despreciada y aborrecida ayer?</p> + +<p>«Dios me lo perdone—dicen en este pasaje los <i>Apuntes</i>—, si en el +supuesto me engaño, porque bien pudiera ser causa de mi juicio el +recuerdo de lo pasado; de aquel desdén, que rayaba en antipatía, con que +empapó mi corazón, en una edad en que arraigan las impresiones para el +resto de la vida; pero yo no vi nunca en las nuevas atenciones de mi +madre uno solo de esos reflejos que llegan al alma y hacen latir al +<i>unísono</i> dos corazones. Si me amaba, no sabía expresarlo, o yo era +incapaz de sentirlo. Esta es la verdad. Y si sus actos no eran +determinados por el amor, había que suponerlos hijos de otro sentimiento +bien distinto. Autoriza a creerlo así el hecho de que todos los consejos +que entonces me dio se dirigían a hacerme mujer elegante y distinguida; +ni uno solo a hacerme honrada. A pesar de ello, no considero esta falta +gravísima como signo de perversidad del alma. Esta falta y otras como +ella, son, en determinadas gentes, obra de ciertas deficiencias, a veces +constitutivas, a veces impuestas por la educación; falsas ideas que se +adquieren de las cosas, por el modo erróneo de considerarlas. El +corazón, al cabo, es una máquina que tiene en la cabeza el tornillo +regulador de sus impulsos.»</p> + +<p>Como su abuelo salía ya poco de casa, cuando no podía ir a la de sus +hijos, iba la nieta a visitarle. ¡Cuánto la agradecía estas visitas el +pobre viejo!</p> + +<p>—Es triste—la decía—vivir solo a esta edad y lleno de achaques. Todo +el año es invierno para uno; todos los celajes obscuros; todas las +esperanzas negras, ¡muy negras! Tú, que asomas ahora, hija mía, por las +puertas de la vida, y porque, comparándolo con lo poco que llevas +andado, se te figura que es interminable el camino que te falta por +andar, no te dejes seducir de esta ilusión. Porque es una ilusión, nada +más que una ilusión: créeme a mí. La vida es breve, muy breve; y si se +comienza andando muy de prisa, se va por la posta. Cuando quieras +fijarte en ello, tendrás la cabeza blanca y la cara llena de arrugas; y +de allí ya no se retrocede ni con la fuerza de la desesperación: al +contrario, cuanto mayor sea el empeño, más irresistible es el empuje del +tiempo, que no para jamás. Para que las canas y las arrugas no te +sorprendan ni te espanten, no hay más que un remedio: andar con pies de +plomo en la juventud, y acopiar algo de lo que fructifica durante ella, +para que nos anime y conforte en las tristezas y soledades de la vejez. +De todos estos acopios, ninguno tan importante ni eficaz como el de una +conciencia tranquila. ¡Si tú supieras el valor que tiene este consejo +por ser mío!... Dígote todas estas cosas siempre que te veo, y aunque sé +que te aburren, porque no hay en tu casa quien te las diga. Tu padre... +¡valiente padre está el tuyo! Tu madre... no quiero decirte ahora lo que +pienso de tu madre. Por de pronto, Dios ha castigado sus injusticias +contigo, haciendo aborrecible cruz para ella lo que con tan locos +extremos puso sobre su cabeza y aun por encima de todas las leyes +divinas y humanas... Por supuesto, que ese hijo se le muere, y se le +muere muy pronto, y ella lo sabe y se queda tan fresca. ¿Puedes tú +explicar este contrasentido? Yo podría si quisiera; pero no quiero, +porque, al fin y al cabo, no estoy tan limpio como debiera estarlo, de +la culpa de los estúpidos extremos de tus padres al nacer tu infeliz +hermano. ¡Ah, si yo hubiera tenido entonces un poco más de carácter y no +me hubiera dejado vencer de ciertas debilidades!... En fin, ya no tiene +remedio. Lo mejor es que tu madre te mira ya con buenos ojos... ¡Pues +podía no! ¡Caramba, cómo te vas redondeando, y qué guapísima estás! +Vaya, que da gusto mirarte. ¡Chica más precoz y más...! Mira, cuando +entras por esas puertas, parece que asoma la primavera y que cantan los +pajaritos en esta casa. ¡Si me sabrán a gloria tus visitas! ¡Dios te lo +pague, hija mía!</p> + +<p>Y cuando llegaba aquí lloraba el pobre anciano, daba a su nieta un +sonoro beso en la frente; y después, casi siempre la hacía un regalo. +Ella le entretenía hasta hacerle reír con el relato de sus travesuras de +colegiala, o con el de los recursos a que apelaba para templar la +iracundia de su hermano, cada vez que, por obra de caridad, se acercaba +a él; y así llegaba la hora de marcharse. Dábale el abuelo otro beso, +recomendándola de nuevo que no echara en olvido sus advertencias; y +entonces cala ella en la cuenta de que, a pesar de lo sanas que eran, +por un oído le entraban y por otro le salían.</p> + +<p>En una de estas ocasiones, o porque el abuelo se espontaneara algo más, +o porque fueran más vivas las tentaciones de la curiosidad de su nieta, +díjole ésta en crudo:</p> + +<p>—Quiero saber lo que usted piensa de esas cosas de mamá. ¿Por qué me +trataba antes tan mal, y me contempla y mima tanto ahora?</p> + +<p>El abuelo, como quien se desprende de algo que molesta, respondió al +punto y sin titubear:</p> + +<p>—Primeramente, tu madre está deseando que se le muera el hijo, porque +la da demasiado que hacer y cada día le ve más enclenque, más feo y más +<i>imposible</i>; y ella no soporta hijos así ni para eso.</p> + +<p>—Corriente; pero bien podía hallar insoportable a mi hermano, y no +quererme a mí tampoco.</p> + +<p>—A ti, chiquilla, no te quiere ni pizca... lo que se llama <i>querer</i> +cuando se trata de otra clase de madres. Lo que hay es que la haces +falta: a su edad y con sus males, ya no puede esperar hijo más de su +gusto, como cuando nació tu hermano; y como eres hermosa y expansiva y +discreta, y prometes mucho para brillar en la carrera que ella está +terminando, ve en ti, con la supuesta obligación de acompañarte, un +hermoso pretexto para no retirarse del mundo cuando más enamorada está +de él. En fin, que te necesita para pantalla de sus incurables +vanidades; y, como cosa suya, cuanto más hermosa sea la pantalla, mayor +es su deseo de lucirla. Si fueras fea y tonta, antes se retiraría ella +del mundo que presentarse contigo en él. Por algo así desea que tu +hermano se las líe cuanto antes.</p> + +<p>—Triste sería eso, abuelito, si usted no se equivocara.</p> + +<p>—Pues te aseguro que no me equivoco.</p> + +<p>—Sin embargo, papá no está en el mismo caso que mamá, por lo que a mí +toca, y tampoco quiere a mi hermano como le quería.</p> + +<p>—Tu papá es un majadero a quien nunca le cupieron en la cabeza dos +ideas juntas. Desde que dejó de pensar en su hijo; en cuanto se +convenció de que no le servía para representar dignamente el papel de +<i>príncipe heredero</i> de su augusta dinastía, se enamoró de los papelones +de político; y mientras esa farsa le preocupe, no se le dará un rábano +ya porque, con el hijo espirante, se os lleven los demonios en una noche +a ti y a tu madre..., sobre todo, si me llevan a mí también.</p> + +<p>Aquí la nieta paralizó la lengua del desengañado abuelo, que tales cosas +decía, dándole, de pronto, un beso en cada mejilla, y despidiéndose +luego de él con una zalamería, de expresión tan confusa, que le dejó +dudando si era un embuste de su incredulidad despreocupada, o el +disimulo de una pesadumbre.</p> + + + +<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV</h3> + + +<p>Sagrario y Leticia, con un año de práctica en el mundo que aún no +conocía su amiga, eran como los pilotos que la enseñaban a cada +instante, con el dedo sobre los planos, cuanto le importaba saber de +aquellas regiones colmadas de visibles encantos y de tentadores +misterios. Ni ella se hartaba de preguntarlas, ni sus amigas se cansaban +de responderla; pues si era muy grande la curiosidad de la una, mayor +era el apego de las otras al papel de profesoras. ¡Con qué gravedad tan +cómica le desempeñaban algunas veces, y qué mezclados solían andar en +sus dictámenes el candor y la malicia! De aquellas cosas que eran el +tema de sus conversaciones, todavía no conocía Verónica más que lo que +había podido columbrar acompañando a su madre, no muchas veces, al +paseo, al teatro, o a tal cual visita o reunión de confianza, si no con +la librea de colegiala precisamente, con todas sus rozaduras frescas +sobre el cuerpo, y todas las cortedades, fingimientos y desentonos a que +obliga ese desairado carácter de crepúsculo invernizo: lo que se ve y se +sabe de un espectáculo, mirando por los resquicios de la puerta y oyendo +los rumores, del concurso, o leyendo mal y de prisa los contradictorios +relatos de los obligados cronistas; parvidades y probaduras que sólo +sirven para estimular y enardecer los apetitos. Sagrario y Leticia, en +cambio, habían traspuesto los umbrales, y eran ya espectadoras <i>de +adentro</i>; más que espectadoras, figuras principales de la gran comedia: +les era permitido, una vez en escena, disponer libremente de los +recursos propios para aspirar hasta al dominio de ella; mirar a los +hombres cara a cara; provocar sus lícitos atrevimientos; poner a prueba +la calidad y el temple de sus armas; luchar impertérritas y vencer +valerosas, o sucumbir apasionadas, que este es el fin, más o menos +remoto y a sabiendas, de todos los femeniles empeños en lo mejor de la +vida, y a ese solo paradero se va por donde las mujeres andan, cargado +el cuerpo de lujo y el alma de tempestades...; en fin, tocar y palpar +las realidades de los sueños de la colegiala y de sus entusiasmos de +recién llegada a las puertas del mundo.</p> + +<p>Bien sabían las maestras con qué ansias aguardaba la neófita a que se +las abrieran; y por saberlo tanto, se complacían en aguijonear sus +impaciencias extremando el color de sus pinturas.</p> + +<p>Todo cuanto se prometía, física y moralmente, en las niñas Leticia y +Sagrario, quedó sobradamente cumplido en estas dos jovenzuelas. Leticia +era una morena gallarda, correcta, sobria, <i>expresiva</i> y dura, así de +formas como de palabra; temible en el manejo de ciertos recursos +externos, que en una gran parte de las mujeres resultan inofensivos +accesorios, y en otras tantas no pasan de simples detalles decorativos +de su belleza. Estas cosas, puestas en juego por Leticia, a pesar de sus +pocos años, eran todo lo que había que ver. Con tal destreza las +concordaba, que del diabólico conjunto resultaba un arma tremenda, algo +que llevaba la muerte en sus acometidas y era, al propio tiempo, escudo +impenetrable. Cuanto más se la estudiaba, menos se la conocía y mayor +era el empeño de conocerla. ¿Era frialdad de espíritu o fortaleza de +razón, la causa determinante de aquella su inalterable serenidad en +todos los actos ostensibles de su vida? ¿Era leal en sus amistades, +noble en sus inclinaciones, sincera en sus informes, honrada en sus +impulsos? Todo se podía creer y de todo se podía dudar, porque todo +cabía en ella en opinión de todas sus amigas. Entre los hombres +discordaban mucho los pareceres: según las ocasiones y las +circunstancias. En lo que convenían unos y otras era en que Leticia +había nacido con el «don de gentes», y en que no era cosa llana predecir +hasta dónde podía llegar la «mujer de mundo» formada sobre la base de +una joven de aquel carácter y de aquella singular naturaleza.</p> + +<p>¡Sagrario!..., el ruido, la inquietud, la intemperancia, la vehemencia, +la sinceridad, la pasión; el día y la noche, la risa y el llanto. La +curiosidad seguía devorándola, y la avidez de impresiones la consumía. +No había asomo de juicio en aquella cabeza rubia que parecía el capricho +de un pintor lascivo, ni tacha que poner a la hechicera envoltura de +aquel temperamento tempestuoso.</p> + +<p>—Va verás, ya verás—decía Leticia, andando Verónica en vísperas de +echarse al mundo—, ya verás como ese cacareado león no es tan fiero +como nos le pintan. Algo impone de pronto su mirada, y cierto respetillo +infunden sus bramidos; pero con un poco de serenidad y otro tanto de +cierta mafia que no ha de faltarte a ti, se le pasa la mano por el lomo +y hasta se le pone bozal y se le liman las uñas, como a un falderillo de +tres al cuarto.</p> + +<p>—Lo mejor es—añadió Sagrario revolviendo un huracán con su abanico—, +no tenerle pizca de miedo, aunque ponga en las nubes sus rugidos y te +saquen tiras de pellejo sus zarpadas. Así hay lucha, y el triunfo +resulta más sabroso. ¿Qué creerás tú que es lo más malo de esta bestia +de mil caras? Las mujeres, ¡pásmate! Ahí están los rencores, las +envidias y el veneno. Ésas, ésas son las que necesitan látigo y hierro +candente: todas, y cada cual por su estilo, son peores. ¡Pero los +hombres!: mansos, humildísimos borregos que se gobiernan con un hilo de +estambre... No me dé Dios mayores enemigos.</p> + +<p>—Según y como se los trate—se atrevió la novicia a replicar a +Sagrario, mientras Leticia se sonreía maliciosamente.</p> + +<p>—No hay más que un modo de tratarlos, que yo sepa—repuso la rubia con +admirable sinceridad—: bien... Pero el caso es que aplicas este mismo +procedimiento, generoso y cortés, a las mujeres, y te resulta el efecto +contrario; y cuanto mejor te portas con ellas, menos te quieren y más lo +disimulan. ¡Si lo sé yo!</p> + +<p>—¡Lo sabe! ¡Qué exageraciones!—exclamó aquí Leticia, no sé si por +contener a Sagrario, o por irritar más sus intemperancias geniales.</p> + +<p>—¡Exageraciones!—replicó la rubia imitando la voz y los ademanes de su +amiga—. ¿Por qué? ¿Porque digo lo mismo que estás tú pensando?</p> + +<p>—Pero, alma de Dios—repuso la otra—, si aún no hemos cumplido los +veinte años, y no hace uno que andamos por el mundo, ¿cómo hemos de +conocerle con tantos pelos y señales? ¿Qué sabes tú todavía cuál es +bueno ni cuál es malo, tratándose de hombres y de mujeres?</p> + +<p>—¡Mucho, muchísimo!—exclamó Sagrario en un arranque de cómica +solemnidad—. Y dejemos a un lado los hombres, por ahora, que son unos +infelices que no se meten con nadie; ¡pero las mujeres!... ¿Piensas que +soy sorda? ¿Tiénesme por ciega? ¿Lo eres tú, por si acaso? ¿Y tantos +años se necesitan, andando entre ellas, para observar cuándo sus besos +son de judas, y puñaladas sus sonrisas?... Mira, <i>Beronic</i> (la llamaban +todos así, en francés, como la habían llamado en el colegio, por quitar +el saborcillo sainetesco que teñía su nombre pronunciado en español), y +no te lo digo por meterte miedo, sino por todo lo contrario: porque +sepas que, providencialmente y porque no aburran por llanos los salones, +hay esas escabrosidades en ellos; lo que pasa es esto... y tenlo +presente para que no te acongoje al otro día la sorpresa del hallazgo: +por llegar, te comerán todas con los ojos; algunas te llenarán los oídos +de lisonjas; otras, la cara de besos; tú estarás ruborosa, algo trabada +con los estorbos de los elegantes arreos que nunca has arrastrado, y el +flamear de los honores con que te reciben en el gran mundo los veteranos +de él; pues porque te turbas, porque te trabas, y, sobre todo, porque +estás hermosa, te morderán las que te besan, las que te adulan y las que +te miran: las unas con la lengua, las otras con los ojos; y si no fueras +bonita, te morderían lo mismo por todos estos pecados y por el de ser +fea... ¿Te sonríes, Leticia?... ¡Qué pieza eres! Pues mira, ni siquiera +le pido a <i>Beronic</i> las albricias del descubrimiento, porque esas cosas +las he leído infinitas veces en libros de escarmentados. Lo que he hecho +yo es comprobar el caso sobre el terreno, como ha de comprobarle esta +novicia, por torpe que sea de oído y de mirada, siempre que haga la +observación con un poco de malicia. ¡Pues si llegas a <i>tener ángel</i> para +los hombres, y dan éstos en acudir a tu lado!... De risco que sean tus +carnes, han de sentir la mordedura de la más blanda de boca.</p> + +<p>Leticia soltó aquí la carcajada.</p> + +<p>—¿A que te sangran a ti todavía las cicatrices?—le dijo Sagrario, +encarándose valientemente con ella.</p> + +<p>—¡Si no me río por eso, extremosa!</p> + +<p>—Pues ¿por qué te ríes, prudente?</p> + +<p>—Porque, en tu afán de abrir los ojos a ésta, vas a concluir por +hacerle aborrecible aquello mismo que tratamos de hacerle amable... y +que tanto nos gusta a nosotras.</p> + +<p>—¡Bah!..., ese no es caso de risa.</p> + +<p>—¿Lo dudas?</p> + +<p>—Es que no lo creo. Te ríes de mis despreocupaciones, como tú llamas a +esta claridad que yo gasto, lo mismo en hechos que en dichos. ¡Como tú +prefieres el sistema contrario!... Pues mira, yo no me río del tuyo, que +te lleva al mismo fin que el mío: cuestión de temperamento y de gustos. +Por eso no le predico a ésta las ventajas de tal o cual camino para ir a +donde nosotras vamos: lo mejor es dejar a cada cual que marche por donde +más llano lo vea.</p> + +<p>—Estamos conformes—dijo Leticia con gran formalidad, probablemente +forzada—. Pero sea o no caso de risa lo del cuadro que pintabas, es lo +cierto que tanto puedes recargarle de color, que llegue ésta a mirarle +con miedo.</p> + +<p>—Por eso mismo—replicó Sagrario, golpeando a la aludida en un hombro +con el abanico cerrado—, he comenzado por advertirla que se lo cuento +para evitarle la sorpresa del hallazgo de ello; porque ha de saltarle a +los ojos, más tarde o más temprano, eso que yo tengo por uno de los +bocadillos más sabrosos de la mesa de nuestro mundo... ¡Caramba, y qué +bien salió este parrafejo! ¿Si iré para literata sin notarlo?... Con +franqueza, <i>Beronic</i>..., y perdona tú, Leticia, si hallas algo +<i>shocking</i> la despreocupación: después del placer de ser codiciada de +los hombres de buen gusto, no hay otro que más halague mi vanidad que el +ser envidiada y aborrecida de las mujeres elegantes.</p> + +<p>Con esta explosión de las ingenuidades de Sagrario, cuatro mordiscos de +la lima sorda de Leticia, y media docena de comentarios de la neófita, +no tan cortos de alcance como pudieron creer sus amigas, tomándolos en +toda su apariencia, terminó aquella entrevista, que no la enseñó mucho +más de lo que ella sabía o sospechaba.</p> + + + +<h3><a name="V" id="V"></a>V</h3> + + +<p>Llegó, al fin, y por sus pasos contados, la tan esperada noche de mi +exhibición solemne. No conservo en la memoria los detalles minuciosos de +aquel acontecimiento, tan señalado en la vida de las mujeres de mi +alcurnia y de mis hábitos, porque, como todas las realidades muy +soñadas, ésta no me pareció de la magnitud en que me la habían forjado +las quimeras de la imaginación.</p> + +<p>»Recuerdo que precedieron a la fiesta largas horas de punzante +inquietud, de ávida contemplación de mis flamantes y simbólicos arreos +de batalla, tendidos sobre lechos, sillones y cojines: desde el menudo +zapato de raso, hasta las flores de la cabeza, pasando por un océano de +sedas, encajes, plumas y crespones; todo aéreo, todo casto, todo +<i>simple</i>, como pedían y piden los estatutos de la <i>Orden</i> para una +doncella de mi edad y condiciones, a quien no le es lícito, <i>todavía</i>, +albergar malicias en su cabeza ni torpes sentimientos en el corazón; +otras horas, no tan largas, en lo más recóndito de mi gabinete, entre +menjurjes, abluciones y atildaduras de tocador. En seguida, la ímproba y +conmovedora tarea de vestirme todos los dispersos perifollos: allí mi +madre, allí la doncella, allí la modista; yo, como un maniquí, rodeada +de luces y de espejos. El vestido, sin mangas y casi sin cuerpo, +dejábame las carnes, de cintura arriba, medio a la intemperie. Sentía yo +la impresión del aire tibio, más que en ellas, en algo tan profundo y +delicado, que, tras de golpearme las sienes, me obligaba a cerrar los +ojos y a tirar del escote del vestido hacia arriba, y de las mangas +hacia abajo; procedían en sentido inverso la modista y la doncella; +sonreíase mi madre; quejábame yo de que era mucho lo descubierto; +replicábanme, que, por lo mismo, y por ser bueno, había que lucirlo; +atrevime a mirarlo más despacio, y resigneme al fin, porque quizás +estuvieran ellas en lo cierto, amén de que lo imperioso del mandato +quitaba todo pretexto a mis escrúpulos.</p> + +<p>»Ya estaba armada de punta en blanco: nuevas combinaciones de luces y de +espejos para verme a mi gusto por todas partes, y ensayar actitudes, +movimientos y sonrisas, y sorprender a hurtadillas la grata impresión +de todo ello en las caras de las tres espectadoras.</p> + +<p>»En el salón inmediato aguardaba mi abuelo, que, en honor mío, había +hecho aquella noche «la calaverada» de ir a admirarme «vestida de +pecadora». Al verme aparecer, se quedó como asombrado. Pensé yo que se +escandalizaba, y me cubrí el seno con el abanico. Me dijo a su modo +muchas cosas, que tan pronto me sonaban a ponderaciones entusiásticas, +como a lamentos de pesadumbre. Atajele el discurso poniéndole mi frente +junto a su boca para que me diera un beso, y le pagué con otro resonante +en la rugosa mejilla, y unos cuantos embustes cariñosos, de cuyo efecto +mágico sobre el corazón del pobre hombre estaba yo bien segura.</p> + +<p>»En esto, y mientras mi madre acababa de vestirse y de adornarse, +dijéronme que mi hermano deseaba verme.</p> + +<p>»Acudí a su cuarto. Estaba en la cama, descoyuntado entre mantas y +almohadones. Por verme entrar, me llenó de improperios; detúveme dudando +junto a la puerta, y esto fue mi fortuna, porque con la última +desvergüenza me arrojó la palmatoria, que se estrelló contra el espejo +de un lavabo, a media vara de la cola de mi vestido.</p> + +<p>»Volvime al lado de mi abuelo, entre asustada y risueña; y tras largo, +interminable rato de esperar a pie firme, por no ajar la tersura de mis +faldas, llegó mi madre con el aspecto y el andar de una matrona romana, +ocultando la cruz de sus achaques y los estragos de la edad con el +engaño de un cielo de fulgurante pedrería sobre otro caudal de sedas y +artificios.</p> + +<p>»Mi padre andaba aquella noche ciegamente empeñado en sus caballerías +senatoriales; y con harto sentimiento mío, no recibí los alientos de su +aplauso en aquella mi primera salida a correr las aventuras por las +encrucijadas del gran mundo.</p> + +<p>»Recuerdo también la impresión que recibí al hollar por primera vez, y +con pie inseguro, la espesa alfombra del salón de la fiesta. Fue aquello +como una oleada de luz esplendorosa, de rumores confusos, de miradas +punzantes, de sonrisas burlonas, de colores fantásticos y de aromas +narcóticos, que se desplomó de pronto sobre mí agobiándome el espíritu y +deslumbrándome los ojos. Aprensiones de mi inexperta fantasía, que +exageraba enormemente el relieve de mi figura y el espacio y el término +que ocupaba en aquel cuadro.</p> + +<p>»Pasó todo como el amago de un vértigo, por obra de un esfuerzo de mi +voluntad y del auxilio discreto y oportuno de Leticia y de Sagrario. +Logré hacerme a la fiereza del león, y atrevime en seguida a afrontar +los lances del peligro.</p> + +<p>»Para esta empresa contaba con un arma, en cuyo manejo era yo muy +diestra, sin que nadie me le hubiera enseñado: el falso rubor de novicia +en aquel pomposo ceremonial mundano. Nada como ese recurso para ver sin +ser vista y ponerse en situación de aceptar lo cómodo y agradable, y +desechar lo molesto, sin pecar de imprudente en lo primero, ni de torpe +o de vana en lo segundo. Me salió bien la cuenta. Al amparo de la +ficción, detrás de mi broquel de niña candorosa, mis malicias de mujer +precoz escudriñaban todo el campo de batalla y conocían hasta las +intenciones del enemigo, sin que el tiroteo de su obligado tributo de +lisonjas y de galanterías me causara el más leve daño con las que de +ellas eran necias o impertinentes.</p> + +<p>»La exención absoluta del pesado deber de tomar en cuenta sandeces y +majaderías, no tiene precio en casos tales, con la doble ventaja de que, +a título de niña inexperta y ruborosa, la más trivial ocurrencia suena +en sus labios a ingenioso concepto, y toda claridad, por amarga y cruda +que resulte, queda triunfante y sin réplica.</p> + +<p>»Y muy poco más conservo en la memoria de los lances y sucesos de esta +aventura, cuyo único mérito para formar capítulo aparte, consiste en +haber sido muy deseada, y la primera entre las de mi vida mundana; muy +poco más, y eso en tropel confuso; verbigracia: la peste de los salones +de entonces, y de ahora, y de siempre; esas criaturas sin sal ni +pimienta, insípidas e incoloras, y, estaba por decir, sin sexo ni edad, +estúpidamente esclavas de los preceptos de la moda en el vestir, en el +moverse y en el hablar; más que niños y mucho menos que hombres, con la +insubstancialidad y la ignorancia de los unos, y los atrevimientos y los +peores vicios de los otros; ridículos y feos, asaltándome sin tregua ni +respiro, devorando con ojos estrellados los repliegues de mi escote, y +exponiendo, como mérito sobresaliente para aspirar a mi conquista, el +arrastre de las <i>rr</i> de sus impertinencias y el hablar a tropezones la +lengua de Castilla, sólo porque sabían que yo me había educado en +Francia; las obligadas galanterías de los buenos mozos, por lo común, +más nutridas de malas intenciones que de agudezas; los enrevesados +conceptos de los galanes presumidos y cortos de genio; las protectoras +sonrisas y las <i>paternales</i> franquezas de los personajes maduros, a +quienes la edad y la fama autorizan para todo, hasta para ser +descomedidos y groseros; los cumplidos extremosos, las ponderaciones de +rúbrica y las forzadas protestas de cariño de viejas retocadas, de +madres envidiosas y de jovenzuelas casquivanas como yo; el vértigo de la +danza casi incesante, en brazos de unos y de otros; los sueños +voluptuosos, o la tortura insufrible, según los casos; más tarde, la +agonía de la curiosidad, y la vista y el oído cansados por saberse de +memoria las figuras, los colores y el rumor del cuadro, cuya luz se va +velando por la evaporación del concurso y el polvillo tenue de suelos, +galas y afeites, y cuya atmósfera espesa, tibia y saturada de perfumes, +repugna a los pulmones y al estómago; después, el quebrantamiento del +cuerpo, escozor en los ojos, mucho peso en los párpados, cierto deseo de +bostezar... y, al cabo, la vuelta a casa, arrebujada en pieles y casi +tiritando en el fondo del carruaje; los elegantes arreos de la fiesta, +lacios y marchitos, arrojados con desdén en los sillones del dormitorio; +y, por último, el meterme en la cama con la impresión de un escalofrío; +el cerrar los ojos y el sentir en el cerebro las caras, los colores, los +sonidos, las alfombras, los espejos, las bujías, los lacayos, toda la +casa, toda la fiesta hecha un revoltijo, una pelota, aporreándome los +oídos y las sienes: la memoria embrollada, el corazón entumecido, la +inteligencia embotada para todo discurso; y persiguiéndome y asediándome +entre tan cerrada obscuridad, la extraña persuasión, clara como la luz +del día, de que nadie me había puesto aquella noche tantos defectos ni +me había rebajado tanto en la escala de las elegantes, de las discretas +y de las hermosas, como mi amiga Sagrario.</p> + + + +<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI</h3> + + +<p>El goce libre y frecuente de estas fiestas y otras semejantes, me enseñó +bien pronto que, o no había en el mundo naturalezas de acero para salir +sin mella de los combates más rudos, o a mí me había tocado en suerte +una de las mejor templadas. Efectivamente: era yo, a pesar de mis pocos +años, mucho más serena y menos impresionable entre la baraúnda del +comercio galante, de lo que me había imaginado antes de conocer de cerca +esas cosas. Aunque no era incombustible por completo, tenía todas las +posibles ventajas para jugar con el fuego sin consumirse estúpidamente +en él. De lo cual me alegré sobremanera, porque no es la vida de las +mujeres «de mundo» tira tan larga, que no importe, ir cediendo a cada +paso jirones de ella.»</p> + +<p>Mientras se fue dando cuenta de este hallazgo, ocurrieron en su familia +muy señalados acontecimientos. El primero fue la muerte de su hermano. +El tema de los caprichos de esta infeliz criatura había llegado a lo +inverosímil, como su existencia entre el enjambre de enfermedades que la +consumían. Antojáronsele cerezas frescas en el mes de Diciembre, y no +cabiendo en lo humano adquirirlas así a ningún precio, ni +falsificarlas, como se había hecho con tantas otras cosas falsificables +en idénticos casos, creció con el obstáculo la fuerza de su empeño, +llegó la corajina al paroxismo; y aquel hilillo tenue de vida, a tan +duras penas conservado, se quebró de pronto como el de una tela de +araña, sin un sonido ni una vibración.</p> + +<p>Este suceso, como si se contara con él, ya que no fuera deseado, no +arrancó una lágrima siquiera en la familia. Produjo cierta tristeza que +parecía nacida del corazón, por lo que toca al marqués y a su mujer. En +cuanto a la hija, la dio demasiado en qué pensar la nueva jerarquía en +que volvía a colocarla la muerte de su hermano. Por decreto de ella, +dejaba de ser simple y desdeñada segundona, y recobraba sus +prerrogativas de primogénita y única heredera de los títulos y bienes de +la casa, condición de gran monta para ella, desde que sabía, por propia +observación, lo que vale y lo que cuesta la vida doméstica y social de +las mujeres de su alcurnia. No era de temer ya la sorpresa de un nuevo +varón que de la noche a la mañana volviera a despojarla de sus +recobradas preeminencias; pero es indudable que las hubiera dado mayor +importancia, y por muy distinto motivo que entonces, si el suceso que se +las restituía hubiera ocurrido en aquellos tiempos en que las +inexplicables injusticias de su madre la tenían relegada a los últimos +rincones de la casa. Miseriucas del corazón humano.</p> + +<p>Por lo demás, ocurrió lo de costumbre en tales ocasiones: varios días de +duelo, más o menos cordial; visitas de <i>íntimos</i> a todas horas del día y +de la noche; cumplimientos falsos de amigos cumplimenteros; tertulias +reducidísimas y taciturnas, los primeros días, que fueron poco a poco +animándose y creciendo; un luto reducido al <i>mínimum</i> de lo que permiten +las cláusulas de lo regulado para tales ocasiones; transformación +radical del gabinete mortuorio, por renovación de muebles y decorado, +etcétera, etc... y a las tres semanas, desaparición completa de toda +huella material del breve y doloroso tránsito de aquel desdichado ser +por las asperezas de la vida, y absoluto olvido de su nombre en las +conversaciones y en la memoria de los vivos.</p> + +<p>En el alivio andaban de su luto, harto aliviado desde el primer día, +cuando el abuelo, que en virtud de su avanzada edad y de sus incurables +padecimientos, había consentido en cambiar su soledad por la compañía de +sus hijos, llamando a la nieta a su gabinete una mañana, la dijo con voz +entrecortada y sepulcral:</p> + +<p>—Me muero, sin remedio, antes del mediodía. Adviértelo en tu casa del +modo menos estrepitoso que puedas, y hazme el favor de mandar que venga +un cura para confesarme... y por si no tengo tiempo para advertírtelo +después..., escúchame ahora unos instantes... A pesar de las sangrías +espantosas hechas a mi bolsillo por tu madre, todavía os dejo una gran +fortuna, como veréis por el testamento cerrado, cuya copia hallaréis en +mi pupitre. Convencido de que tan pronto como echen la zarpa a ese +caudal, la insensatez de tu padre y la loca vanidad de tu madre han de +despilfarrarlo en cuatro días, he procurado dejar a salvo, en beneficio +tuyo, cuanto la absurda ley vigente me permite... Pero si he de decirte +lo que siento, no fío de tu cordura mucho más que de la de tus padres. +La única ventaja que les sacas es que tienes mejor entendimiento que +ellos. Lo que llevas visto de ese mundo que tanto os seduce, te habrá +enseñado a conocer lo que vale el dinero para andar por él triunfando, y +lo que importa a los mundanos no arruinarse. Esto es lo que quiero que +no olvides y encomiendo a tu buen entendimiento, para que hagas, por +egoísmo siquiera, lo que no me atrevo a esperar de tu virtud... Porque, +hija mía, yo te quiero mucho, muchísimo, mucho más de lo que puedes +imaginarte; pero con todo lo que te quiero, en lo tocante a pompas y +chapucerías mundanas, ya te lo he dicho, no fío gran cosa de la veta que +sacas, ni del aire que llevas por el camino que sigues... Perdona la +franqueza, que a ella me obligan el amor que te tengo y el trance en que +me hallo... Y ahora, un beso... ¡el último, hija mía! ¡Y que Dios haga +el milagro de infundir con él, en lo más hondo de tu corazón, los +sentimientos que llenan el mío en este instante!</p> + +<p>Jamás habían vertido los ojos de la joven lágrimas tan cordiales ni tan +copiosas como las que entonces corrieron a lo largo de sus mejillas, ni +su pecho se había sentido agitado por tan hondas impresiones como las +que la dominaban mientras el amoroso anciano estampaba en su frente, +inclinada hasta tocar su boca, un beso trémulo, convulsivo, frío como la +losa de un sepulcro.</p> + +<p>Y todo sucedió como él lo había dispuesto y vaticinado: se confesé a las +once, comulgó a las once y media, y se murió antes de las doce.</p> + +<p>¡Cuánto lloró Verónica aquel día, y al siguiente, y con qué fervor rezó +por el alma del muerto, y con qué sinceridad prometió a su memoria +grabar en el corazón sus últimas advertencias, y ajustar a ellas todos +los actos de su vida!</p> + +<p>Tardó mucho en acostumbrarse a contemplar con ojos enjutos y corazón +tranquilo, la soledad y el silencio de aquel gabinete en que tantas +caricias y tan repetidos testimonios de entrañable amor había recibido +del doliente octogenario. De todo lo cual se deduce que quería de veras +a su abuelo.</p> + +<p>La marquesa, cuyos males la impedían entregarse por entero a los rigores +de la pesadumbre que le correspondía por la muerte de su padre, se +asombraba de las lágrimas y de las tristezas de su hija, y la conjuraba, +en frase dura y seca casi siempre, a que se volviera a lo suyo, +«dejándose de gazmoñerías sentimentales, que ya chocaban a las gentes».</p> + +<p>—¡Dichosa ella!—solía decir el marqués, interviniendo en el caso +algunas veces, mientras se paseaba por el gabinete, con las manos en los +bolsillos, las cejas y los labios contraídos, la cabeza humillada y los +ojos chispeantes, derramando la mirada, que quería ser triste, por los +dibujos de la alfombra—. ¡Dichosa ella, que está en la edad de las +grandes impresiones, y puede llorar para desahogo del corazón oprimido! +Llora, llora, hija mía; que con las lágrimas se honra a los muertos y se +cumple con las leyes de Dios y de la Naturaleza. ¡Ay de nosotros, que, +sintiendo tanto como tú, no podemos llorar!</p> + +<p>Y en esto miraba con el rabillo del ojo a su mujer, que le respondía con +un gesto de aire colado.</p> + +<p>La herencia fue pingüe de veras. Cortijos en Andalucía, dehesas en +Extremadura, casas en Madrid, papel del Estado, acciones del Banco de +España..., de todo había mucho y bueno, libre y desempeñado.</p> + +<p>Un día se hizo el recuento, y resultó que las rentas de este caudal +pasaban de cuarenta mil duros. Con ellos, y lo que quedaba de los bienes +del marqués y de la dote de la marquesa, se podía calcular la renta en +un millón de reales. Verónica había sido mejorada en tercio y quinto, y +esta mejora estaba asegurada, entre el cuerpo de bienes, con cuantas +ligaduras eran de apetecer, según la sabia y cariñosa previsión de su +abuelo.</p> + +<p>Muy pocas horas después de hecho este cálculo, fue cuando a la marquesa +se le ocurrió caer en la cuenta de que con la muerte de su padre y de su +hijo, aquella casa que habitaba tanto tiempo hacía, en la calle de +Hortaleza, le parecía un cementerio sombrío: veía a las «queridas +prendas» de su corazón, doloridas y agonizando, en cada rincón, en cada +mueble y a cada instante; su espíritu, tan combatido por los males del +cuerpo y por las tristezas del alma, no estaba para grandes pruebas, y +le era indispensable «salir de allí... a cualquiera parte».</p> + +<p>El marqués, que «estaba en todo», como él decía, asintió inmediatamente +al reparo de su mujer; y como comprendía muy bien «la situación de las +cosas», añadió que era de urgente necesidad tomar otra casa de mejores +horizontes, de más luz, de más aire, más capaz y más alegre. Debía +pensarse hasta en un <i>hotel</i> en Recoletos o la Castellana; pero sólo +pensarse por entonces. Entre tanto...</p> + +<p>Entre tanto, se alquiló un vastísimo principal en la calle de Alcalá, +por la miseria de tres mil duros al año; y como no era cosa de ir a +habitarle tal como lo habían dejado los últimos inquilinos, ni de +trasladar a él los muebles de la calle de Hortaleza, tan llenos de +tristes recuerdos, y tan pasados de moda los más de ellos, hubo +necesidad de hacer obra en la nueva casa y de encargar el necesario y +conveniente ajuar para ella. En lo tocante a la obra, una vez acordada, +o hacerla útil, o no hacerla. Cada inquilino tiene sus necesidades y sus +gustos, y los de la marquesa eran distintos en todo, por las trazas, de +los de las gentes que habían precedido a su familia en la casa de la +calle de Alcalá. En la cual había muchos gabinetes con un solo salón; y +precisamente necesitaba ella, por razón de aire y de holgura, tan +indispensables para su salud, muchos salones y pocos gabinetes, comedor +amplísimo y vestíbulos desahogados. A este fin, no quedó un tabique en +pie; se encargó el plano de la nueva obra a un arquitecto; y como en el +piso había tela en que cortar, todo se hizo al gusto de la marquesa, que +halló en estos entretenimientos ocasión de invertir las largas e +insípidas horas que traen consigo la esclavitud y la tristeza de un luto +rigoroso, como el que la familia vestía entonces.</p> + +<p>Aplaudían los amigos de la casa el gusto y la esplendidez de la +marquesa, a quien atribuían exclusivamente la dirección de todo aquello, +mientras la interrogaban con un gesto, por no atreverse a ser más +explícitos con la lengua, al recorrer una verdadera serie de salones +fastuosamente decorados. Respondía ella con otro gesto que, cuando +menos, significaba que había comprendido la pregunta; y algo parecido le +ocurría a su marido con los <i>hombres políticos</i>, que casi le formaban un +cortejo diariamente desde lo de la herencia, y poco más o menos le +sucedía a la hija con sus amigas; sólo que éstas eran más claras en el +preguntar, y ella menos encogida en el responder, por lo mismo que +estaba bien persuadida del destino de aquellos despilfarros, desde que +su madre apuntó en la calle de Hortaleza la necesidad de vivir en casa +de mayor calibre.</p> + +<p>Al fin se terminaron las obras y el luto; invadieron la nueva casa +mueblistas y tapiceros; llenáronse suelos, paredes y techos de ricas +alfombras, de espejos colosales, de cuadros y tapices valiosísimos, de +arañas estupendas y de muebles caprichosos; llovieron esculturas y +monigotes por todos los rincones y tableros de mesas y veladores; +atestáronse de primorosas y artísticas vajillas los aparadores del +comedor, que era un bosque de roble tallado y un bazar de porcelanas, +bronces y cristalería, tapizado de cuero cordobés; no quedó cortinón de +vestíbulo ni de puerta de tránsito sin su correspondiente escudo +nobiliario; y cuando ya estuvo todo en su punto y sazón, y la +servidumbre arreglada a las exigencias del nuevo domicilio, y cada +criado en su puesto y convenientemente vestido, y la cocina humeando, +con su <i>jefe</i> bien enmandilado y mejor retribuido, con su traílla de +marmitones y ayudantes, en un lujoso landó, arrastrado por dos briosos +alazanes ingleses, y conducido por un cochero colosal, envuelto el +cuerpo en un océano de paño gris, y media cara y los hombros en otro mar +de pieles erizadas, guantes por el estilo y alto sombrero con cucarda +por coronamiento de esta silueta de oso polar, llevando a su izquierda, +como su reflejo en más reducidas proporciones, el correspondiente +lacayo, se trasladó la familia al flamante albergue, dejando en el otro +lo poco que quedaba de los ya casi borrados recuerdos que habían sido la +disculpa de la mudanza, y hasta el polvo de las suelas del calzado.</p> + +<p>Todo este boato, con el apéndice de otro a su consonancia en cuadras y +cocheras, costó mucho más de cincuenta mil duros; y me consta que por no +haber tanto dinero disponible en casa, se vendieron papeles que lo +valían, prefiriendo el marqués sacar esta primera cucharada del ollón de +la herencia, a someterse a la tiranía de la usura, y sobre todo, al +bochorno de inaugurar con una deuda aquella nueva y esplendente fase de +su vida social.</p> + + + +<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3> + + +<p>Y aconteció muy luego lo que a la vista estaba desde que la marquesa +apuntó la idea de dejar la casa, relativamente modesta, de la calle de +Hortaleza; y fue de este modo: el marqués insinuó <i>compromisos</i> de +banquete a sus amigos políticos; la marquesa invocó <i>deberes</i> +ineludibles de responder a súplicas de sus amigas, dando a aquellos +hermosos salones su verdadero destino; es decir, estrenándolos con un +baile que, sin gran esfuerzo, haría raya entre las fiestas del «gran +mundo» madrileño, habidas y por haber; reforzó el primero sus razones de +preferencia, sin negar la gravedad de los compromisos de su mujer, +exponiendo deudas de gratitud con los personajes que, para entretener +sus apetitos senatoriales, acababan de ofrecerle un distrito vacante en +Ciudad Real, para diputado a Cortes; insistió la marquesa en su empeño a +favor del baile, sin negar el compromiso del banquete; replicó el +marqués, llevando la contraria, hasta con textos de Maquiavelo y de +Bismarck; y, por último, terció Verónica, que se hallaba presente en la +porfía, proponiendo que se diera una fiesta que tuviera de todo: una +recepción, por lo más alto, en la cual anduviera el rumbo del comedor al +nivel del brillo de los salones.</p> + +<p>Y así se hizo quince días después.</p> + +<p>No es cosa averiguada enteramente si la fiesta causó en la <i>opinión +pública</i> todo el efecto que la marquesa había soñado; pero no tiene duda +que concurrieron a su casa aquella noche muchas y muy distinguidas +gentes; que bailaron mucho y que devoraron mucho más; que hubo +hiperbólicas ponderaciones, en variedad de tonos y estilos, para la casa +y para sus moradores, por el buen gusto, por la riqueza, por lo de los +salones y por lo del comedor; que al día siguiente soltaron en los +papeles públicos los cronistas obligados de fiestas como aquélla, toda +la melaza de su trompetería de hojaldre, para declarar, <i>urbi et orbi</i>, +que los marqueses de Montálvez eran los más ricos, los más distinguidos, +los más amables marqueses de la cristiandad y sus islas adyacentes, y su +hija, la joven más bella, más <i>espiritual</i> y más elegante que se había +visto ni se vería en los fastos de la humanidad distinguida, es decir, +del «buen tono»; en virtud de todo lo cual, aquel baile debía repetirse +para gloria de la casa, ejemplo de otras por el estilo, y recreo de la +encopetada sociedad madrileña; y finalmente, que se contaron por miles +los duros que costó aquel elegante jolgorio, y que el marqués tuvo +necesidad de meter, por segunda vez, la cuchara en la olla grande para +pagarlos, por los consabidos temores a la usura y las propias +repugnancias a las deudas.</p> + +<p>El cual marqués llamó a capítulo de familia para reflexionar, para +discutir, para resolver (todos estos términos usó) acerca de aquel +cariñoso vocerío de los papeles, y sobre más de otros tantos memoriales +enderezados al mismo fin, que en la intimidad de la conversación le +<i>elevaban</i> en los pasillos del Congreso, en los corredores del teatro y +en las encrucijadas del Retiro, las eminencias de la política, los +Cresos de la banca y las lumbreras de la literatura, con quienes él se +codeaba a cada instante; a la cual lista añadió su mujer inmediatamente +otra tan larga, más o menos auténtica, de solicitantes de la flor y nata +del mundo elegante; lista que reforzó la hija con un imaginario, pero +verosímil, catálogo de pretensiones idénticas, arrancadas del ancho +círculo de sus amigas y aduladores.</p> + +<p>Ciertamente que (en opinión del marqués, el cual, con olímpica +solemnidad, hizo un detenido resumen de estas circunstancias) el éxito +excepcional de la reciente fiesta, las condiciones singulares de la +casa, la respetabilidad de los timbres de familia, más brillantes y +esplendorosos desde la herencia del «inolvidable anciano»; su (del +preopinante) cada día más señalada significación en el agitado campo de +la política española; la evidente y poderosa necesidad de aliviar los +dolores físicos de la marquesa con esparcimientos racionales, a la vez +que enérgicos, del espíritu; la edad de su hija, sus prendas personales, +sus conveniencias de hoy, su porvenir... todo, todo, absolutamente todo, +justificaba el persistente clamoreo, se imponía al criterio vulgar de +las gentes precavidas y juiciosas, y exigía de ellos un «generoso +esfuerzo, por encima de toda reflexión egoísta, de todo razonamiento +matemático».</p> + +<p>La marquesa y su hija fueron del parecer del marqués, y hasta se +creyeron conmovidas con los períodos más elocuentes de su discurso; +razón por la que se decretaron las instancias «como se pedía...» y un +poquito más, en cortés y debida correspondencia. ¡Ni más ni menos que si +el marqués y la marquesa creyeran que en aquel acto cedían sorprendidos +por la fuerza de las circunstancias, y no al aceptado y bien consentido +imperio de sus nativas vanidades! ¡Como si su hija, tan opuesta por +temperamento a todo linaje de fingimientos y disimulos, no supiera que +antes de insinuarse la pretensión en las pocas personas que la +manifestaron, ya tenía, cada uno de los tres, resuelto el caso en la +mente!</p> + +<p>Hubo, pues, andando los días, y no muchos, un baile en la casa, tan +brillante y tan celebrado como el anterior; pero no a título de «otro +baile más», sino como el primero de una larga y ostentosa serie de +ellos. Y colocado ya el asunto en esta pendiente, y rodando las cosas +por su propio peso, un día, a fin de entretener mejor los largos +intervalos entre fiesta y fiesta, los amables y agradecidos marqueses de +Montálvez hicieron saber a sus <i>íntimos</i> que todos los jueves <i>se +quedaban en casa</i>.</p> + +<p>Y se quedaron en ella todos los jueves, conforme a lo prometido.</p> + +<p>A los bailes concurría <i>todo Madrid</i>, lo más cogolludo y rechispeante de +la aristocracia, de la banca, de la política, de las artes y de las +letras. Aquellos salones deslumbrantes de luz, saturados de perfumes, +henchidos de bellezas cargadas de lujo y de pasiones; el incesante +crujir de las telas; el ondular de las colas, arrastradas sobre los +aterciopelados tapices; el rumor de las conversaciones, el centelleo de +las joyas, los suaves acordes de la invisible orquesta, y el flujo y +reflujo de la muchedumbre, verdadero mar de colores y sonidos derramado +por aquellos ámbitos esplendentes, ora en impetuoso torbellino agitado +por los huracanes de la danza, ora en sosegado vaivén durante los +intermedios; toda aquella magnificencia, en suma, toda aquella +pomposidad babilónica, ejercía sobre el espíritu cierta impresión de +borrachera, que disculpaba, en lo humano, el éxtasis en que el marqués +admiraba el espectáculo, la pasión con que la marquesa <i>hacía los +honores</i> de él, y la voluptuosidad con que la hija se dejaba mecer sobre +el oleaje de aquella tempestad de deleites.</p> + +<p>Después de bailar se cenaba; y las concupiscencias de Lúculo emulaban el +fausto de Nabucodonosor.</p> + +<p>La concurrencia de los jueves se componía de un poco de todo lo de las +grandes fiestas, y no se admitían presentados; «amigos de confianza» que +<i>hacían</i> política y administración y ejército, y hasta el amor, y +discreteaban, según las edades, los caracteres y los sexos; algo de +tresillo, mucha murmuración al calor de la chimenea, música a ratos, +alguna vez lecturas, y, en ocasiones, baile. Por conclusión, té con +pastas.</p> + +<p>Muchos de estos amigos comían en la casa cada lunes y cada sábado, +porque también figuraba este renglón en el programa de los usos +elegantes y distinguidos de la familia.</p> + +<p>Sumando con ellos las <i>recíprocas</i> a que ésta tenía notorio derecho, y +no se le escatimaban ciertamente; su turno en <i>el Real</i>; su <i>día de +moda</i> en <i>el Español</i> y en otros teatros más; las indispensables +exhibiciones en carruaje abierto; las tareas <i>distinguidamente</i> devotas +y benéficas de la marquesa, que a la sazón era presidenta y directora de +no sé cuántas congregaciones cristianas, particularmente la de las +<i>Madres ejemplares</i>, fundada por ella, y la de <i>Doncellas humildes y +temerosas de Dios</i>, a la que pertenecía la hija, y por eso concurría a +sus asambleas cada miércoles y comulgaba dos veces cada mes en las +Calatravas; y, por último, sus excursiones veraniegas por todo lo más +distinguido y más caro de las regiones europeas a estos esparcimientos +destinadas por la moda, ¿qué extraño es que no le quedara una sola hora, +un solo minuto para vivir <i>en familia</i>, para mirar <i>por dentro</i> las +prosaicas mecánicas de la vida normal, para traer a las mientes las +cuerdas advertencias del olvidado abuelo..., para contemplar, siquiera, +desde el punto de la pendiente rápida en que se hallaba, el necesario e +inevitable paradero, término fatal y merecido remate de tan locos +despilfarros?</p> + +<p>Y lo peor era que el principal y mal forjado pretexto de ellos, cada día +los desacreditaba más; porque las dolencias de la marquesa parecían +crecer a medida que eran mayores y más caras las distracciones con que +las combatía. Pensaba la infeliz que, devorando sus quejidos y tapando +con sonrisas forzadas la expresión de sus tristezas, y con drogas y +menjurjes el color de la agonía y las arrugas de los años y de las +zarpadas de la enfermedad, ni ésta avanzaba ni las gentes la velan; sin +caer, o mejor dicho, no queriendo caer en la cuenta de que aquellos +esfuerzos del ánimo, con aquel vivir sin sosiego, eran a sus males lo +que el combustible a la hoguera: cebo que los alimentaba y los +embravecía. Porque la vanidad, el demonio de las mujeres «de mundo», la +poseía de pies a cabeza; y por eso, solamente era devota y benéfica en +cuanto sus actos pudieran lucir en honra y gloria de sus humos de +aristócrata acaudalada, y se dejaba arrastrar sin resistirse hacia las +fauces del monstruo que la fascinaba, como el borracho contumaz hacia el +lento suplicio de la taberna.</p> + +<p>Mejores frutos pensaba haber sacado el marqués de la vida aparatosa que +traía; porque, al cabo, ya que no la senaduría, que tanto le halagaba, +había logrado la limosna de un asiento ministerial en los escaños del +Congreso; y, sin embargo, cotejando el valor de su conquista, reducido, +en substancia, a la gloria dudosa de haber pronunciado un discurso de +dos horas mortales sobre la langosta de la Mancha, que no escucharon +más que los taquígrafos y unos cuantos babiecas inexpertos de las +tribunas; al trabajo imponderable y continuo de atormentar +subsecretarios y directores, recomendándoles las querellas de todo +linaje de pretendientes desvalidos, con el único fin de acreditar sus +influencias; al oneroso vicio de solemnizar con un té a «sus amigos +políticos» cada discurso del Presidente del Consejo, o cada batalla +ganada por el Ministerio a las revoltosas oposiciones; a no tener hora +ni punto de sosiego, por estar pendiente de sus deberes de padre de la +patria y creerse obligado a tomar por lo serio y a sentir en su +ministerial epidermis cuantas cuchufletas y alegatos contra la situación +leyera en la prensa oposicionista, y la leía de cabo a rabo, y a algunas +cosas más por el estilo; cotejándolo todo, repito, con lo que le había +costado en desaires, en paciencia... y en banquetes, la ganancia no +resultaba del todo apetecible para un ambicioso de los más usuales. +Pero, al fin y al cabo, gozaba de veras el pobre hombre, era dichoso por +completo; y tan absorto le traían las preocupaciones del oficio y los +deberes y solaces de su vida doméstica y social, que hasta había perdido +enteramente aquel su hidalgo aborrecimiento a las deudas y a la usura, y +ni siquiera reparaba cómo este mal demonio de los ricos desatentados le +iba hincando las unas en lo más vivo, en lo más hondo, en el mismo +corazón de la «olla grande».</p> + + + +<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h3> + + +<p>En este método de vida, y sin pensar en abandonarle, porque no conocía +otro más divertido, cumplió Verónica los veintidós años. Decían los +cronistas de salones por escrito, y de palabra el enjambre de aduladores +que cenaban en su casa y la perseguían en las ajenas, que era, por +entonces, el dechado de todas las perfecciones escultóricas y el +conjunto de todos los donaires del ingenio. Sin ser la cosa para tanta +ponderación, es innegable que la madre naturaleza no la había escaseado +los dones que más seducen y alucinan a los hombres de escogidos gustos, +y más provocan las rivalidades y antipatías entre las mujeres que +carecen de ellos, o no los poseen en tan alto grado. De ambos efectos +tuvo copiosas pruebas.</p> + +<p>Pero la tachaban, con pesadumbre los unos y con visible delectación las +otras, de descorazonada y mordaz; y creo que tampoco estaban en lo justo +los hombres ni las mujeres que tal afirmaban. No le faltaba corazón en +el sentido en que lo entendían aquellas gentes. Lo que ocurría, a mi +entender, era que hasta entonces no había hallado cosa de su gusto en +que emplearle, ni sentido seria tentación ni punzante deseo de trocar la +divertida y risueña libertad que gozaba, por la relativa opresión de la +cadena de flores, pero al fin cadena, con que se estimulan ciertas +concupiscencias femeniles al cambiar de estado en aquella edad y en la +esfera social en que ella vivía. Tan atestados tenía los oídos de +lisonjas, tan repetido llegó a ser el tema <i>amoroso</i> con que la +asediaron galanes de todas las imaginables cataduras, que ya consideraba +el caso como una rutina obligada en los usos de la buena sociedad; le +sonaban aquellos arrullos como un ruido más de los ruidos del mundo, y +pasaban con éstos sobre ella como el aire sobre las rocas.</p> + +<p>No es esto decir que todo le fuera lo mismo y que no hubiera en el ancho +círculo de sus relaciones sociales algo en que detener la imaginación y +con que apacentar los deseos, ni, por tanto, me atrevo a afirmar que no +hubiera sido otra su conducta bajo el imperio de otras leyes de moral +enteramente distintas de las que rigen en las cultas sociedades +europeas; pero, aceptando el cargo <i>en derecho constituido</i>, como dicen +los jurisconsultos, y pareciéndole, para juego, muy insubstancial el de +los amoríos <i>a turno</i>, su cabeza, contra lo que se refiere de los +ímpetus de la edad y de las rebeldías de la carne, se imponía sin gran +esfuerzo a toda esa caterva de impulsos pasajeros, tan mal llamados, por +falta de experiencia o por sobra de malicia, «arranques del corazón».</p> + +<p>Dueña, pues, de sí misma y con sereno juicio; alegre por carácter, +cortés por educación, y tomando a broma los galanteos y a diversión las +flaquezas de los demás, no es extraño que en sus procedimientos, en su +conducta y en su lenguaje, abundaran más las notas de color alegre, si +vale el símil, que los tonos severos de las naturalezas profundamente +sensibles y reflexivas. A esto se llamaba mordacidad, con bien poco +fundamento, a mi juicio.</p> + +<p>Lo que no tiene duda es que por entonces gozó de mucha celebridad en el +«gran mundo» madrileño; o, hablando más adecuadamente, estuvo <i>de moda</i> +en él. Se atrevió a enmendar la plana a las reinantes, así en el vestir +y aderezarse, como en el andar; formaron escuela sus atrevimientos, y +hubo peinados, y abanicos, y hasta actitudes con su nombre; +ambicionábanse sus saludos y sonrisas en la calle y en los espectáculos, +entre los hombres y los mocosos <i>distinguidos</i>, casi tanto como los del +<i>Tato</i> o los de la Alboni; rayáronle el afrancesado <i>Beronic</i> con que +desde su salida del colegio la habían confirmado sus amigas, por horror +justificable al sainetesco nombre con que fue castigada en la pila, y la +llamaron todos, en papeles y corrillos, para colmo de su gloria y sello +de legítima calidad, <i>Nica Montálvez</i>.</p> + +<p>En las grandes fiestas de su casa, o en otras semejantes fuera de ella, +era donde los donaires de su ingenio y la pimienta de su natural +desenfado se derramaban en mayor abundancia y lucían en todo su +ponderado alcance. Estaba allí como el pájaro en la selva, cantaba +donde, cuando y lo mejor que le parecía, porque la misma multitud le +servía de escondite, y su obligada agitación disculpaba sus incesantes +vuelos de rama en rama; y como los hombres tontos son los ecos de estas +<i>soledades</i>, siempre había flotando sobre los rumores del concurso +alguna melodía de sus cánticos, llevada de boca en boca, con la mejor +intención del mundo, pero con el afán y la rapidez con que se propagan +de ordinario todos los falsos testimonios. Parecía cosa convenida que +todos sus actos habían de ser originales y todas sus palabras agudezas.</p> + +<p>Otra bien distinta era su conducta en la intimidad de las tertulias de +su casa. Y, sin embargo, estaba allí más a gusto y en su elemento que en +todas partes, con ser el círculo tan estrecho y tan limitados los +pasatiempos. Porque, contra lo que publicaba la fama, y aun contra +mucho de lo que ella misma juzgaba de su propio carácter, había en el +fondo de éste, cuando se trataba de recrear un poco el espíritu, cierta +oculta preferencia por el examen íntimo de las cosas, entre éste y el +conocimiento de ellas por medio de las impresiones súbitas, como si la +cautivara más el detalle que el conjunto.</p> + +<p>De todas maneras, llegó a haber motivos muy considerables para que, aun +sin contar con aquella su natural inclinación, consagrara más hondo, +interés a sus reuniones de confianza, que a las ruidosas solemnidades +del «gran mundo».</p> + +<p>Componíanse aquéllas, como ya se ha dicho, de un poco de todo lo de +éstas, y no era en conjunto tan escaso que no diera para satisfacer los +gustos y las aficiones de los tertuliantes. Los había de una tenacidad +de hierro para el tresillo, apegados a la mesa como la ostra al peñasco. +Por lo común, eran gentes desabridas y regañonas; y en sus peleas contra +las veleidades de la baraja, siempre llevaban la parte más cruda unas +cuantas viejas aristócratas, como si el ochavo que allí disputaban +encarnizadamente alcanzara a tapar los descubiertos y trampas en que +vivían, por culpa de sus despilfarros y disipaciones.</p> + +<p>De estas <i>partidas</i>, que en ocasiones parecían de bandoleros, había +varias, y estaban siempre a matar con la gente joven que hablaba recio y +se movía mucho en las inmediaciones; la cual gente, capitaneada por la +revoltosa Sagrario, más alborotaba en el salón, cuanto más fuerte +protestaban contra el alboroto los tresillistas del gabinete. En otro +frontero a él, donde la marquesa permanecía más de continuo, +arrellanada en un sillón junto a la chimenea, se reunían los íntimos del +marqués, desde luego, y poco a poco los aburridos de las demás +secciones, que acudían al calorcillo de los debates que sustentaban los +personajes de la política, y a la golosina del chiste, más o menos +culto, de algunas damas de <i>mucha correa</i>, y de otros tantos galanes de +<i>buena sombra</i>.</p> + +<p>Como <i>Nica</i> lo pudiera remediar, no salía de allí; y no por el chiste, +precisamente, ni mucho menos por los discursos políticos, sino porque +había, en lo que pudiera llamarse núcleo de esa tertulia, algo que tenía +su lado pintoresco y su lado interesante para una observadora como ella.</p> + +<p>El primero que llegaba siempre a aquel lugar de preferencia, era el +señor don Mauricio Ibáñez, hombre de <i>cierta edad</i>, de mucho pelo +castaño y sin canas, anchas patillas y poca frente, mucha ceja, labios +gruesos, largos dientes y muy blancos, nariz cuadrada y ojos de asombro +continuo, buen color, poca estatura, elevado pecho, brazos largos y +manos enormes con dedos descomunales. Era banquero muy rico, y parecía +querer darlo a entender en su persona cargándola de oro y pedrería, de +paños finísimos y de holandas impalpables; y además, caballero gran cruz +de Carlos III, y capaz de pesar en oro al ministro que le diera el +derecho de poner sobre el escudo de armas que ya usaba en sus tarjetas, +siquiera la más modesta de las coronas nobiliarias. Tenía este prurito y +el de hablar bien y formalmente de todas las cosas. Había sido dos o +tres veces diputado por un distrito de la provincia de Cáceres, de la +cual era nativo él. Sin embargo, nunca pudo «romper a hablar» a su +gusto, aunque había quedado bastante satisfecho de sus tentativas: dos +preguntas breves al ministro de la Gobernación, sobre otros tantos +expedientes detenidos en aquel centro, y una presentación a las Cortes +de una exposición de varios ganaderos de su distrito, que solicitaban no +sé qué franquicias o privilegios para los exportadores de reses cebadas. +Llamaba él hablar a su gusto, ser afluente, verboso; «porque—decía—no +es la palabra lo que a mí me falta, pues que todas las que oigo en boca +de los demás me suenan a conocidas, sino otra cosa en que no puedo dar +de pronto. Que se me dice, a lo mejor, pongo por caso, que esto es +blanco... y que tal y demás, y que a mí me parece negro; pues con decir +esto solo, ya se me acabó la cuerda, y no hallo el modo de seguir por +esa ruta, como siguen otros, diciendo que arriba y que abajo... y que +tal y demás».</p> + +<p>Aun sin el ejemplo que él ponía, se echaba de ver bien pronto que lo que +le faltaba al reluciente don Mauricio, eran ideas para construir y +exornar sus malogrados discursos.</p> + +<p>Para «romper a hablar», se iba inflando poco a poco, como el pavo antes +de hacer las gárgaras; y, entonces, el hombre, que ya era «de por sí», +corto de cuello, daba en el pecho con la barbilla y en las orejas con +los hombros. Era tardo de palabra, y de voz áspera y recia; y mientras +las emitía, muy acentuadas y con cierto repicoteo de pronunciación, se +tiraba dulcemente de una patilla con los dedos de la mano del mismo +lado, apiñados, tiesos y algo temblorosos, como si por allí buscara el +chorro de verbosidad, que no salía por ninguna parte, y daba a sus ojos +asombradizos una expresión tan rara, que podía dudarse si pedía con +ellos misericordia o reclamaba un aplauso.</p> + +<p>La primera vez que hablé en casa del marqués, fue tomando punto de no sé +qué suceso parlamentario de aquellos días, y se mostró muy indignado con +«<i>los meeroodeadooores</i> del campo de la política, peste de los tiempos +<i>aztuales</i>..., y tal y demás». Después se fue viendo que llamaba +merodeador al lucero del alba, y que sin el apoyo de la otra muletilla, +era hombre al suelo en cuanto «rompía a hablar».</p> + +<p>Sin embargo de todo lo cual, mareaba a los ministros de Hacienda, y se +pintaba solo para sacar buena raja de los más duros de veta; a lo que se +debía que el marqués le distinguiera con singularísima estimación, y +hasta le admirara; porque es de saberse que el tal marqués, desde que +era diputado a Cortes, se había dedicado con afán ansioso a los negocios +lucrativos que «le saltaran al paso», y en el señor de Ibáñez tenía un +ojeador expertísimo, un consejero de gran competencia, y, en ocasiones, +un socio desinteresado.—Lo peor era que los únicos negocios que le +salían mal al banquero eran los en que tomaba parte su amigo.</p> + +<p>En las tertulias de éste, indefectiblemente llevaba la contraria en +todas las peroraciones de don Mauricio, Gonzalo Quiroga, primogénito de +los condes de Camposeco. Este mozo tenía un frontispicio poco simpático, +y además era gangoso. Se había educado en Inglaterra, y había viajado +mucho por Europa, con largas detenciones en París, en Baden-Baden, Monte +Carlo y otros sitios no menos famosos de <i>recreo</i>. De todas estas +excursiones y paradas había sacado copiosos frutos, como lo acreditaban +sus vicios dominantes, sellado alguno de ellos en la cara con <i>hondas +cicatrices</i>, y en el cráneo con una calva precoz. Su barba era lacia, y +su cuello muy largo, con nuez y costurones; tenía boqueras, los párpados +tiernos, y un hombro algo más elevado que el otro. Era alto y flaco y +pasaba por elegante, a pesar de todos sus defectos físicos. Lo cierto es +que tenía gran desenvoltura y desparpajo para moverse dentro de los +desairados arreos de sociedad, y para meter la cuchara en todos los +corrillos. Aunque no era tonto, le faltaba mucho para tener un buen +entendimiento; pero no conocía la vergüenza; y con esto y con el trato +continuo de las gentes de su mundo, tenía lo suficiente para vivir en él +como el pez en el agua. Era, en suma, un completo <i>perdido, de buen +tono</i>.</p> + +<p>Pues con esa alhaja estaba concertado el casamiento de Sagrario. +Cálculos de familia, al decir de los bien enterados, desde que los +novios eran así de tamañicos. Por lo visto, no tenían prisa para +realizar el proyecto; y entre tanto, iban juntos a muchas partes, pero +se trataban muy poco, por exceso de confianza entre ambos; así es que, +más que novios en vísperas de casarse, parecían un matrimonio +desavenido.</p> + +<p>La razón de llevar siempre la contraria Gonzalo Quiroga a don Mauricio +Ibáñez, no era otra que el gustazo de ver cómo se inflaba y contraía y +trasudaba el banquero en cada contradicción, y cómo <i>meeroodeaaba</i> +inútilmente en el camino de su pobre retórica, para urdir una réplica +con que confundir al importuno a quien ya temía de lumbre, o para salir +siquiera medio airoso del atolladero, delante de los contertulios, que +habían dado en tomar aquellas <i>engarras</i> como la más divertida de las +comedias.</p> + +<p>Se había observado que en los apuros de más angustia, o en los arranques +de mayor empuje, don Mauricio buscaba con los ojos a Verónica, como las +plantas sombrías se alargan hacia el sol que necesitan; y en topando con +ella, parecía decirla en el primer caso: «¿Peero ve usted qué teema el +de este chico?» Y en el segundo: «Me paarece que ésta no tiene vuueelta. +¿No piensa usted lo miismo?».</p> + +<p>A Gonzalo le hacía mucha gracia este resabio de su contrincante; y una +noche, mientras se ahogaba el pobre hombre «meeroodeeando» a obscuras en +el huero caletre media docena de palabras al acaso, acercose el otro con +gran sosiego a Verónica, y, en el tono menos gangoso que pudo, le dijo +al oído con mucha formalidad:</p> + +<p>—No te alarmes, chica; pero es indudable que ese sujeto tiene planes +siniestros <i>contra</i> ti.</p> + +<p>Precisamente en una de las pocas ocasiones en que la despreocupada joven +no estaba atenta a los discursus del banquero, que la divertían +sobremanera. Prefería, por el momento, la conversación de Pepe Guzmán, +pájaro de mayor cuenta que su amigo Gonzalo. El tal Guzmán, aunque de +segunda rama, era también vástago aristocrático: de la ilustre cepa de +los Valdejones. Pasaba ya bastante de los treinta, era de hermosa y +distinguida estampa, independiente, libre como el aire, y rico. No +abusaba, aparentemente, de ninguna de estas ventajas. Por el contrario, +parecía hombre de muy racionales inclinaciones, y bien regido. Había +estudiado media carrera de Derecho, algo de Medicina, otro tanto de +Mecánica, y hasta desflorado la Teología y los sistemas filosóficos de +Kant, de Krausse... y de Santo Tomás; se sabía de memoria a Maquiavelo, +a Fr. Luis de Granada, a Shakespeare, a Fourrier, a Santa Teresa y a +Cervantes. En todo picaba y nada le satisfacía, fuera de las grandes +obras de imaginación. Quizás con la espuela y el freno de la necesidad, +hubiera brillado en algo de lo mucho que intentaba conocer por +invencible curiosidad, pues talento y discreción tenía para ello; pero +le faltaba paciencia, porque le sobraban la libertad y el dinero, y de +aquí sus veleidades y aquellas ensaladas científico-filosóficoliterarias +de que se atiborraba la cabeza. Viajaba a menudo y gastaba grandes sumas +en objetos de arte. Los cuadros buenos le entusiasmaban, pero los +bronces de mérito le enloquecían. Tenía el buen gusto de no invertir un +ochavo en libros viejos, ni en vargueños apolillados; prefería las obras +contemporáneas, si eran buenas, y, lo que es más raro, las leía y las +saboreaba. Cosa más rara aún: en igualdad de méritos, estaba por las +españolas antes que por las extranjeras, y no incurría jamás en la +vulgaridad cursi de decir que no podían vivir en España los hombres +cultos. Se referían de él grandes hazañas galantes, y podrían ser +ciertas; pero no era su boca quien lo confirmara, ni con un gesto. +Finalmente, era hombre de alegre carácter, aunque poco hablador, pero +muy al caso, particularmente con las mujeres. Tenía el don de +entretenerlas sin apelar al lugar común de la lisonja ni al formulario +oficial del «joven travieso, distinguido y elegante». Calificábanle por +ello de indomesticable y de <i>frío</i> muchas damas; pero es lo cierto que +hasta las más remilgadas se pagaban mucho de sus atenciones... Y no sigo +con la lista de sus prendas de carácter, porque, a pesar de tomarlas +una a una de los <i>Apuntes</i> que tengo a la vista, va a resultarme un mozo +cortado por el sobado patrón del <i>mata-corazones</i> de comedia; y esto que +aquí se narra podrá ser malo, pero es la pura verdad.</p> + +<p>Digo, pues, que este Pepe Guzmán entretenía aquella noche a Nica +Montálvez cuando se acercó a ella su amigo Gonzalo Quiroga con la +consabida embajada, y añado, para decirlo pronto, puesto que ha de +saberse más tarde o más temprano, que el tal Guzmán era aquel <i>algo</i> que +Verónica exceptuaba de los molestos arrullos amorosos que pasaban sobre +ella, sin sentirlos, como el viento sobre las rocas; aquel «<i>algo</i> en +que detener la imaginación y con que apacentar los deseos, que existía +en el ancho círculo de sus relaciones sociales». Y es de saberse también +que, a aquellas fechas, aún no se habían cruzado los primeros fuegos de +la batalla entre la dama y el galán. Conocíanse mutuamente las +intenciones de batallar, exploraba cada cual el terreno de su enemigo, y +hasta le provocaba con ingeniosas estratagemas; pero de aquí no pasaba; +y, a mi entender, en el misterio de estas precauciones, en el problema +de esta actitud recelosa, estribaba el mayor interés de los +beligerantes. Ni ella ni él parecían tener prisa para resolver el punto +dudoso. Podía ser el caso un pasatiempo; pero desde luego era un +pasatiempo entretenidísimo, con la rara virtud de no gastarse con el +uso.</p> + +<p>Tal vez era el «lado interesante» que, «para una observadora como +Verónica, había en las reuniones íntimas de su casa». Del «lado +pintoresco» era la principal figura el banquero don Mauricio, con todas +sus cosas y con todas sus <i>malas</i> intenciones, en las cuales había leído +ella mucho antes de que se las anunciara al oído el gangoso Gonzalo +Quiroga. Por cierto que estas intenciones, o «planes siniestros», como +decía el novio de Sagrario, la hacían suma gracia también.</p> + +<p>Casi tanto como a Leticia, que no perdía ocasión de apuntarla, con la +mirada o con un gesto expresivo, cada memorial que el banquero la +enviaba con los ojos en sus grandes apuros oratorios. De este celo por +los <i>intereses</i> de don Mauricio, murmurábase bastante. Afirmábase que +Leticia fomentaba las intenciones del banquero, y que se hallaba +dispuesta a barrerle el camino de ellas de cuantos obstáculos estuvieran +al alcance de su escoba... Hay que advertir aquí que Leticia, la +hermosa, fría e impenetrable Leticia, llevaba ya un año de casada con el +general Ponce de Lerma, conde de Peñas Pardas, hombre más que +cincuentón, y feo, diputado sempiterno, conspirador incansable de +pasillos y antesalas contra todos los ministros de la Guerra, con la +santa intención, jamás lograda, de llegar él a serlo una vez siquiera; +amigo desleal de todos los Gobiernos; veterano de todas las cuarteladas +de treinta años a aquella parte, para ganarse honradamente desde las +charreteras de capitán hasta los dos entorchados que tenía; agiotista +insaciable; asociado detrás de la cortina, durante la guerra, a otros +especuladores que daban tocino podrido a las tropas de África, +procurándose así inverosímiles ganancias que fueron ancha y sólida base +de su enorme caudal, adquirido después en idénticas y tan honradas +especulaciones; y, por último, de valor y capacidad «supuestos», porque +jamás tuvo ocasión de acreditarlos en el campo de batalla, ni siquiera +en los cuarteles; todo, incluso los ascensos, se lo fueron dando hecho +y arregladito los suyos apenas salido él del escondite, en seguida de +triunfar la cuartelada. Hasta el título nobiliario se ganó de parecido +modo, cuando ya era general, por haber corrido en aquellos desfiladeros, +siendo alférez..., delante de una partida carlista, en la primera guerra +civil.</p> + +<p>Pues con este hombre se había casado Leticia, después de convencerse (en +opinión de sus amigas) de que no había en el horno de sus especiales +hechizos, fuego bastante para fundir el hielo de Pepe Guzmán, que la +distinguió por algún tiempo con sus cultas y amenas «frialdades».</p> + +<p>Con estos dos hechos se explicaba la conducta de Leticia con el +banquero. Le quería para Verónica, con el piadoso fin de que no tuviera +ésta marido más lucido que ella; y se miraba mucho en el capítulo de las +zumbas a la interesada, porque, hasta la fecha, era el caso de la +generala harto más <i>mordible</i> que el de su amiga.</p> + + + +<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX</h3> + + +<p>Así las cosas y andando los días, una noche, en casa de Verónica, tomó a +ésta del brazo Sagrario; llevósela a un rinconcito lejos de la gente; y +allí, sentadas las dos en sendos sillones de rica tapicería, dijo la +vehemente rubia a su amiga, entre mustia y alegre, pero con más carga +de lo primero que de lo segundo:</p> + +<p>—¡Por fin!...</p> + +<p>—Por fin... ¿qué?—preguntole la otra con cara de pascua, al ver lo +indefinible de la de su amiga.</p> + +<p>—Que se decidió... <i>eso</i>.</p> + +<p>—Y ¿cuál es <i>eso</i>?</p> + +<p>—¡Jesús, y qué torpe estás hoy de entendederas! ¿Qué ha de ser <i>eso</i> +más que... lo de Gonzalo?</p> + +<p>—¡Lo de Gonzalo! Y ¿qué le pasa a Gonzalo, hija mía?</p> + +<p>—¡Caramba con la chica ésta!... Que me caso con él. ¿Lo entiendes +ahora?</p> + +<p>—Sí que lo entiendo; pero no es noticia para mí. ¿Cuántos siglos hace +que estáis... en eso?</p> + +<p>—¡Dale, la muy taimada!... ¿No te he dicho que, por fin, se de-ci-dió +ya? ¿Lo quieres más claro?</p> + +<p>—¿Quieres decir que os vais a casar en seguida?</p> + +<p>—Eso mismo.</p> + +<p>—¡Acabaras!</p> + +<p>Aquí un ratito de silencio. Cierta inquietud en Sagrario. Miradas +investigadoras en su amiga, envueltas en sonrisas maliciosas. Recios, +secos e intermitentes charrasqueos del abanico de la novia. Al fin +volvió a hablar la primera, y dijo a la segunda, sin borrar de su cara +la expresión maliciosa:</p> + +<p>—¿Y para contarme esto solo me has traído tan acá y tan a escondidas, +cuando podías haberlo publicado a gritos en medio de la tertulia..., y +de seguro lo publicarán mañana los periódicos en sus crónicas de +salones?</p> + +<p>—Para esto solo—respondió Sagrario, sonriendo también—, y para lo que +de ello se cae por su propio peso.</p> + +<p>—Lo suponía: un poco de comentario; pero como te quedaste tan +callada...</p> + +<p>—Pensaba yo que a ti te tocaba empezar.</p> + +<p>—Claro, ¡como no hay todavía franqueza entre nosotras, y tú eres una +joven tan corta de genio!... ¿O es que piensas tomar el papel de casada +por lo serio y comienzas ya a hacer provisiones de formalidad?... Lo +cierto es que te desconozco esta noche...</p> + +<p>—Ya ves tú..., el lance, al fin y al cabo, si no es serio, es nuevo +para mí; y al verme tan cerca de él...</p> + +<p>—Con franqueza, Sagrario; ese lance ¿te duele o te gusta?</p> + +<p>—Ni me gusta ni me duele; le tomo como me le presentan: amasado y +cocido. Me dicen «ahora»; pues ahora.</p> + +<p>—¿De modo que tú no has contribuido a él... ni con la inclinación?</p> + +<p>—Absolutamente, y bien lo sabes tú; ni ¿por qué había de contribuir con +eso?, ni, aunque quisiera, ¿cómo podría? Ya ves qué ganga... ¡Gonzalo!</p> + +<p>—¿Qué?</p> + +<p>—¡Qué estampa de galán! con todos los vicios del catálogo...</p> + +<p>—Entonces, ¿por qué le aceptas?</p> + +<p>—Y a mí ¿qué más me da? Dicen que las mujeres de nuestra alcurnia deben +casarse, a cierta edad, con hombres de determinadas condiciones: la casa +Miralta cree que no puede entroncar con otra que la de Camposeco, y ésta +juzga que vino al mundo para fundirse con la de Miralta; yo soy lo +primogénita de una, y Gonzalo es el único heredero de las grandezas y +caudales de la otra; se acuerda entre ambas familias que Gonzalo y yo +nos casemos... «para que se cumplan las profecías»: no se admiten +consultas, ni protestas, ni reparos, porque, como «ellos» dicen, lo +principal es que se haga el matrimonio, «<i>lo demás</i> no importa tres +cominos»; a esta idea nos vamos haciendo, y a este papel nos vamos +acomodando poco a poco el galán y la dama de esta comedia de la <i>buena +sociedad</i>... hasta que llega la hora del desenlace, nos echan la +bendición, se baja la cortina... y cada comediante o vivir como Dios le +dé a entender. Esto, después de bien mirado, es hasta cómodo. ¿No te +parece a ti lo mismo, Nica?</p> + +<p>Y Nica dijo que sí, pero sin dejar de sonreírse. En seguida preguntó a +su amiga:</p> + +<p>Pero ¿no puede ocurrir que la dama de esa comedia tenga, al llegar ese +desenlace, el corazón interesado por otro galán de los de la sala?</p> + +<p>¡Yo lo creo!..., ¡y a quién se lo preguntas!—respondió Sagrario en un +arranque de sinceridad de los suyos.</p> + +<p>—Pues, entonces...</p> + +<p>—Entonces ¿qué?</p> + +<p>—Más claro: tú no amas a Gonzalo</p> + +<p>—<i>Naturalmente</i>.</p> + +<p>—¿Y no preferirías para marido al hombre a quien amaras?</p> + +<p>—Ponlo en presente: a quien <i>amo</i>.</p> + +<p>—Lo pongo: a quien <i>amas</i>.</p> + +<p>—Corriente... Pues te respondo que quizás no.</p> + +<p>—¿Que no?</p> + +<p>—Que no... ¿Te asombras? Pues no hay motivo para ello. Yo tengo acá mi +teoría sobre el caso; y no es así, al aire y como se quiera, sino +fundada en la observación y en el propio sentir. De pronto te parecerá +un lugar común de la manoseada sátira contra el matrimonio, porque algo +así se ha dicho en esas rutinas desacreditadas; pero es cosecha de mi +caletre, créelo. Te la expondré en forma de máxima, como <i>hacemos</i> +siempre los sabios para acreditar vulgaridades: «si quieres conservar el +amor que sientas por un hombre, con todo lo que de este amor se sigue y +se desprende, no te cases con él».</p> + +<p>—¡Cáspita!</p> + +<p>—Así como suena, hija mía. Parece duro y un si es no es atrevido; pero +es la pura verdad. Y si no, tiende un poquito la vista sobre todo lo que +conoces en derredor de ti: es un semillero de comprobantes de mi modo de +pensar sobre el caso. Otra máxima: «el amor se alimenta de deseos, de +privaciones y de contrariedades; dale todo cuanto pida, sin cortapisas y +a pasto, y cátale muerto en dos días; y muerto por hartazgo de prosa, +que es, de todos los hartazgos, el más abominable.</p> + +<p>Sonreíase otra vez la amiga de Sagrario al oír cómo ésta se despachaba, +vuelta ya al pleno dominio de su carácter, y replicola:</p> + +<p>—Eso dependerá de la calidad del amor... me parece a mí.</p> + +<p>—No hay más que una calidad de amor—repuso con ademán resuelto +Sagrario—, y el amor tonto, que no reza con nosotras.</p> + +<p>—Y suponiendo que tú tengas razón—preguntó Verónica a su amiga, de +cuyas palabras parecía estar pendiente, sin duda por la gracia que le +hacían—, ¿es lícito eso?</p> + +<p>Revolvió aquí un poco en el sillón el lindo cuerpo la interrogada, y, +después de vacilar un instante, respondió con gran desparpajo a su +amiga:</p> + +<p>—Verdaderamente que no me he puesto nunca a mirar el caso por ese lado; +pero muy ilícito no debe de ser, cuando tanto se usa.</p> + +<p>—¿Qué es lo que tanto se usa, Sagrario?</p> + +<p>—¡Caramba!, pues el vivir con el marido y el gozar con el amante... Me +parece que cosa más corriente...</p> + +<p>Después de estas palabras, fue Verónica quien se quedó un brevísimo rato +algo suspensa; en seguida, sin dejar de mirar con marcada fijeza a su +amiga, la dijo:</p> + +<p>—¿Y qué piensa Gonzalo de esa teoría tuya?... Porque supongo que se lo +habrás dado a conocer...</p> + +<p>A lo que respondió Sagrario con igual frescura que si el asunto no +rezara con ella:</p> + +<p>—¡Yo lo creo que lo conoce! Pero ¿qué se le importa a él? ¡Gracias a +Dios, no tiene por qué callar! ¿No sé yo la vida que ha hecho, la que +hace y la que hará? ¡Ni más ni menos que la mía! ¡Para él estaba! +Además, ¿qué pone por su parte en este fregado? Sus lacras, sus +deformidades y sus vicios. ¿Puede, en buena justicia, y <i>aunque +pudiera</i>, aspirar al pleno y singular dominio y usufructo de esta mi +«lozana y exuberante juventud», como dijo de ella nuestro poeta +<i>Aljófar</i> en su anteúltimo sahumerio? ¡Oh!, sobre estas materias, ni él +ni yo podemos llamarnos nunca a engaño, por muy recio que truene. +Estamos los dos bien enterados, bien prevenidos y bien conformes. Y +¡cómo no estarlo! Nuestro casamiento es lo que menos importa aquí, por +lo tocante a las inclinaciones y propósitos de cada uno. Nos lo hemos +dicho muchas veces, y ayer hicimos un esmerado resumen de todas las +anteriores advertencias y prevenciones: «nos casamos por razón de +Estado, como si dijéramos; habrá de común entre los dos el hogar, los +bienes y el ceremonial que es propio de la jerarquía en que se nos +coloca. Fuera de esto, cada cual se atenga a lo suyo, guarde su alma en +su almario y haga de su vida lo que mejor le parezca..., por supuesto, +respetando siempre las buenas formas y las conveniencias sociales...», +porque a esto, bien lo sabes tú, <i>Beronic</i>, no se debe faltar jamás... +Conque ya ves.</p> + +<p>—¿Y tan conformes los dos?—dijo la otra, mirando a Sagrario con los +ojos un poco fruncidos, mientras se abanicaba lentamente y se recostaba +contra el respaldo del sillón.</p> + +<p>—Tan conformes—repitió la novia.</p> + +<p>—¡No es poca fortuna!—añadió su amiga sin cambiar de postura—; sobre +todo, para ti.</p> + +<p>—Y para él ¿por qué no?</p> + +<p>—Porque como en Gonzalo no hay grandes prendas que admirar, ni bellezas +que apetecer, se comprende sin dificultad que tú te avengas sin gran +esfuerzo a ese convenio; pero que él se resigne a no ser dueño y señor +absoluto de una mujer tan hermosa como tú, siendo esta mujer la suya +propia, me parece una abnegación... inverosímil.</p> + +<p>Aquí se sonrió Sagrario, contó con los ojos y con el pulgar y el índice +de su mano izquierda las varillas de su abanico abierto; y sin cesar en +este entretenimiento ni mirar derechamente a su interlocutora, la +replicó con acento de indiferencia:</p> + +<p>—Después de todo, ¿qué más le da?</p> + +<p>—¡Pues me gusta!...</p> + +<p>—Lo dicho, Nica—añadió Sagrario animándose un poco más—; y si te +parece mucho así, pongamos <i>casi, casi</i>.</p> + +<p>—No lo entiendo, hija—respondió Verónica con visibles muestras de +curiosidad, y otras tantas de sus intenciones de tirar de la desjuiciada +lengua de Sagrario—. Si no lo pones más claro, como si callaras.</p> + +<p>Volvió la rubia a contar el varillaje de su abanico; cerrole de pronto +con estrépito; incorporose de un salto; rodeó con sus brazos el cuello +de su miga, y la dijo al oído un secreto.</p> + +<p>—¡Pobrecillo!—exclamó la otra, en cuanto Sagrario volvió a sentarse, +abriendo el abanico con las dos manos y poniéndose también a contar el +varillaje con los ojos un tantico cobardes.</p> + +<p>—Como lo oyes—dijo la otra algo lisonjeada con el éxito de su +confidencia.</p> + +<p>—Y tú ¿de qué lo sabes?—preguntó Verónica atreviéndose poco a poco.</p> + +<p>—De que me lo ha confirmado él con la mayor desvergüenza.</p> + +<p>—¡Confirmado! ¿Luego ya lo sabías?</p> + +<p>—Por Leticia, a quien se lo dijeron amigos íntimos de Gonzalo.</p> + +<p>Volvió a contar las varillas de su abanico Verónica; calló también +Sagrario, mirando el paisaje del suyo; y dijo a poco rato la primera, +acaso por mudar de conversación, quizás porque realmente deseaba ver a +su amiga apurar la materia a que se referían sus palabras:</p> + +<p>—Volvamos un momento al caso aquel de tu teoría sobre...</p> + +<p>—¡Hola!... ¿Si te habrá caído en gracia?</p> + +<p>—Se me ocurre un reparo que ponerte.</p> + +<p>—¿Acaso nacido de lo que acabamos de tratar?</p> + +<p>—Precisamente de ello..., pero de su casta es.</p> + +<p>—Pues venga el reparo.</p> + +<p>—Si el matrimonio es la mortaja del amor, como has venido a decirme en +substancia, y han dicho antes que tú muchos <i>calaveras</i> que se han +casado en seguida, ¿por qué te casas en la forma que lo haces?</p> + +<p>Quedose un poco suspensa la interpelada, como si no entendiera bien el +alcance de la pregunta, y dijo a la interrogante:</p> + +<p>—Si concretaras el caso un poquito más...</p> + +<p>—Concrétole—repuso la otra; y añadió—: si lo que interesa es +conservar el amor que sientes, por hoy, y este amor es de más hondas +raíces que el de ayer... y el de anteayer, porque no tienen cuenta los +que te he conocido...</p> + +<p>—Gracias.</p> + +<p>—Es justicia.</p> + +<p>—Como te parezca... Adelante.</p> + +<p>—Si lo que te interesa, digo, es conservar ese amor con todos sus +encantos, ¿por qué te casas sin maldita la necesidad? Conságrate a él +con vida y alma...</p> + +<p>—¿Soltera?</p> + +<p>—Soltera.</p> + +<p>—¡Bah! Entonces no me has entendido; porque ése es precisamente el amor +tonto que yo exceptué; y el amor de que yo trato, es amor de más +substancia, de más... en fin, que no es amor para doncellas.</p> + +<p>Pareciole demasiado crudo el concepto a Verónica, a juzgar por la cara +que puso, y dijo, con miedo de escuchar algo peor:</p> + +<p>—De manera que, para complemento de la teoría, es también de necesidad +<i>algo</i> de matrimonio.</p> + +<p>—Indispensable, Nica. ¡Como que es... la <i>patente de corso</i>!</p> + +<p>—¡Jesús, qué chica ésta!—exclamó Verónica, verdaderamente asombrada.</p> + +<p>—¿Ahora te desayunas—la preguntó Sagrario con desenvuelta frescura—, +y con remilgos de beata te me vienes? Pues ¿qué ha hecho Leticia, entre +otros cien ejemplos que pudiera citarte, sino buscar la patente esa, o +aceptarla con gusto, por lo menos?</p> + +<p>—Leticia no dice esas cosas...</p> + +<p>—No; pero las hace. ¡Te aseguro, y bien lo sabes tú, que se aprovecha +de la patente como el corsario de más hígados!</p> + +<p>Vuelta Verónica a lo suyo y siguiendo en cuanto podía el tono de su +amiga, atreviese a replicarla:</p> + +<p>—Se me ocurre otro reparo que hacer, no a tu teoría precisamente, sino +al modo que has tenido de ponerla en práctica: la patente que adquieras +en tu matrimonio, de nada ha de servirte.</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—Si es cierto lo que me has contado al oído...</p> + +<p>—Te dije que casi, casi: recuérdalo...; y entre ello, por poco que sea, +y el extremo que tú pensabas, cabe perfectamente la gran vida que puede +darse una mujer de tan buen gusto como yo.</p> + +<p>—¿Y con esas teorías, y con esos... hígados—dijo Verónica levantándose +y dando a su amiga unos golpecitos en cada mejilla con el abanico +cerrado—, te me andabas con melindres al comenzar a hablarme de tu +casamiento, como una colegialilla ruborosa?</p> + +<p>—Pues, créeme—respondió Sagrario, levantándose también—: así y todo, +me costaba empezar. Pero necesitaba este desahoguillo en vísperas de +trance tan nuevo. Aunque una está tranquila de conciencia, gusta recibir +los alientos de tan buenas amigas como tú.</p> + +<p>—¡Valiente pieza estás!—respondió ésta riéndosele muy cerquita de la +cara.</p> + +<p>—Pues te voy a pagar el piropo con un gran consejo—repuso Sagrario, +deteniendo a su amiga, que ya había echado a andar—: no te cases con +Pepe Guzmán, aunque, por milagro de Dios, lo pretenda él; pero si don +Mauricio <i>el Solemne</i>, pide tu mano, acéptale.</p> + + + +<h3><a name="X" id="X"></a>X</h3> + + +<p>Aquella noche durmió Verónica bastante mal, porque le dio mucho en que +entretenerse el recuerdo de su conversación con Sagrario. Aunque ésta la +tenía acostumbrada a sus genialidades, que no eran siempre de color de +rosa, jamás había oído de sus labios palabras tan crudas ni pensamientos +tan atrevidos. Y no era el escándalo de estas <i>sinceridades</i> lo que la +mortificaba al acordarse de ellas, pues estaba curada de ciertos +espantos y había en su naturaleza, relativamente fría, y si no fría, +serena y bien equilibrada, aguante para mucho más; sino la coincidencia +inesperada del fruto de sus largas y minuciosas investigaciones por el +organismo, digámoslo así, del medio ambiente en que respiraba y se +movía, con las <i>teorías</i> expuestas por Sagrario. Una cosa es el juicio +callado que formamos por el esfuerzo único de la propia observación, y +otra muy distinta ese mismo juicio cuando le vemos confirmado a voces +por los demás. Sin ser un verdadero hallazgo entonces, parécenos de +doblada consistencia; y esto le presta cierto color de novedad.</p> + +<p>Después de andar divagando por estos espacios con las alas de su +imaginación, de amiga en amiga, de conocida en conocida, pesando y +midiendo los actos y las palabras, la vida y milagros de cada una de +ellas, y cuando vio que sí, entre tantas, eran muy contadas las que +tenían el desparpajo de Sagrario para descubrir los repliegues de la +conciencia y los escondrijos del corazón, eran todavía menos las que no +cabían en los moldes trazados por la desenvuelta rubia, pensó en el +consejo que ésta le había dado por despedida. ¡Demonio con el consejo! +Cierto que no podía darse otro más acomodado a la manera de pensar de la +consejera, y, sobre todo, por lo tocante a don Mauricio <i>el Solemne</i>, +como ésta le llamaba; pero ¿a qué traer a colación a Pepe Guzmán? ¿Qué +había visto en él Sagrario para aconsejarla a ella que no le aceptara +por marido «aunque, <i>por milagro de Dios</i>, lo pretendiera»? Por supuesto +que esta condicional la usó Sagrario teniendo en cuenta la fama de +incasable que gozaba el aludido, no porque la considerara a ella indigna +de aquel otro heroísmo de este Guzmán. ¿Cómo había de saber, la muy +curiosa y entrometida, lo que ignoraba sobre el caso la misma +interesada? Al fin y a la postre, ¿qué había pasado entre Pepe Guzmán y +ella? Nada en substancia. Que, por entonces, era Verónica la que merecía +las preferencias corteses del incombustible caballero; que hablaban a +menudo; que la conversación de él le parecía muy amena y entretenida a +ella, y que, según ella podía juzgar, no le desagradaba la suya al otro; +que de esta mancomunidad de complacencias, había ido naciendo como +cierto propósito de variar de tema en las conversaciones, y de meter la +sonda de la curiosidad en las espesuras del alma y en las profundidades +del pensamiento; que se andaba tiempo hacía en preparativos de ello, más +o menos ingeniosos, y que todo esto y mucho más podía hacerse entre un +hombre tan desapasionado como Guzmán, y una mujer tan despreocupada como +ella, sin que el amor interviniera para nada en el juego... ¡Amor! +Guzmán, según fama, era incapaz de sentirle por ninguna mujer. Era así +su naturaleza. En cuanto a ella, Verónica, ¿en qué había de fundarle? +Reconocía que era hermoso de cuerpo, noble de alma, y culto y rico de +inteligencia; que levantaba muchos codos por encima de los galantes +frívolos, de los mozos simples y de los viejos verdes que más abundaban +a su alrededor; que sentía una lícita y honda complacencia en verse +objeto de sus codiciadas atenciones; que le ola con gusto y que se +apartaba de él con cierta pena; que después de cada entrevista le duraba +su recuerdo largas horas; que se preparaba para la inmediata con mayores +precauciones que las de costumbre en parecidos casos, y, por último, que +haría cualquier sacrificio por vencerle en el duelo medio empeñado entre +ambos, es decir, por arrancarle el secreto de sus intenciones, la +primera gota..., vamos, la señal de que el hielo se fundía al calor +del... <i>interés</i> que ella le inspiraba; pero ¿no puede sentirse y +desearse e intentarse todo esto sin amor? ¿No bastaba el móvil de la +curiosidad para que lo sintiera, lo deseara y lo intentara una mujer +como ella? ¡Oh!, el amor presenta síntomas bien diferentes de éstos; se +nota en algo más profundo y más sensible que la memoria y el discurso; +se siente en lo más vivo del corazón, y el de ella no era, hasta la +fecha, más que una víscera que funcionaba con la inalterable regularidad +de un cronómetro.</p> + +<p>Discurriendo por esta senda, llegó a topar con el sueño, que la venció +tras breve lucha; tan breve, que con serlo mucho más el nombre de +<i>Pepe</i>, se le quedó éste a la hermosa entre los húmedos labios, por +falta de tiempo para acabar de pronunciarle; de manera que del acto +aquel, medio inconsciente, más que palabra vino a resultar un beso...</p> + +<p>Pero volvamos ahora a Sagrario. Su casamiento no tardó en celebrarse más +que el tiempo puramente indispensable para los preparativos de él, +hechos por la posta a fuerza de oro. ¡Y qué preparativos, Santo Dios! En +los periódicos elegantes no cabían las listas de tantas y tantas ropas, +de tantas alhajas, de tantos muebles, de tantos caprichos de arte, +comprado esto, regalado lo otro, tanto en París, cuanto en Viena; +aquello, de Florencia; de Londres, lo de más allá; de Bruselas, los +encajes; del mismísimo Japón y del propio Sevres, las porcelanas; de +Bohemia, la cristalería de color; de puro rocío cuajado, la de mesa; lo +que costaba el traje de novia, blanco como los ampos de la nieve; lo que +podría comprarse, para avío de dos docenas de familias mal acomodadas, +con lo que valían las joyas y el <i>trousseau</i> que regalaba el novio, sin +contar con otro tan lucido que acababa de recibir «la hermosa +<i>prometida</i>», como regalo de sus padres... Todo lo fisgoneaban, todo lo +sabían y todo lo conocían por adentro y por afuera, por arriba y por +abajo, los diligentes revisteros, y de todo escribían sin tregua ni +descanso, sin calo ni medida, mojando la áurea pluma en «ámbar desleído» +y sahumando el papel con nubes olorosas de mirra y algalia del Oriente. +Así trascendía ello, que mareaba. Del «lecho nupcial», tesoro +inapreciable de maderas, bronces, lienzos, sedas, y brocados, y del +simbólico <i>boudoir</i>, obra de hadas, que no de mortales, ¡Cristo mío, qué +cosas se escribieron!... En fin, hasta para los carruajes ingleses, y +para los caballos que habían de arrastrarlos, y para los levitones +peludos de los cocheros que habían de conducirlos, hubo jarabe en las +plumas, y sahumerios en los incensarios de aquellos ingenios de +guardarropía.</p> + +<p>Tras esto, que duró muchos días y fue el pasto sabroso de todas las +mujeres y de todos los hombres frívolos de la corte, llegó la hora +suprema; y vuelta a empezar los pobres chicos con nuevos catálogos de +indumentaria, de piropos inverosímiles y de sensiblerías y finezas +cursis: que si la novia así o del otro modo; que si pálida, que si +pensativa; que si, con sus cabellos rubios y sus atavíos blancos, +parecía una joya de oro entre copos de nieve; que si el Patriarca, que +si los padrinos, que si las amigas, que si quince duques, y veinte +marqueses, y treinta condes, y no sé cuántos destitulados, de comitiva; +y si la fila de coches llegaba desde tal a cual parte, y si hubo entre +ellos uno de palacio con las correspondientes damas; y quien, en el +momento crítico, «vertió lágrimas furtivas»; quien se desmayó, o quien +parecía arrobada en el más dulce de los éxtasis... ¡Hasta del novio se +dijo que era «un varón, honra, prez <i>y esperanza</i> de su preclaro +linaje»!</p> + +<p>Después, el espléndido banquete en los estupendos comedores de la casa +de la «hermosa desposada»; y aquello fue la de vámonos. De lo que allí +hubo, con ser tanto lo que se dijo, fue mucho más lo que se devoró. +<i>Aljófar</i>, el tierno poeta de los salones, que de eso vivía y de otras +fechorías semejantes, enronquecido de cantar la hermosura y las +pomposidades de la novia en los periódicos elegantes, con un hartazgo +para ocho días y bien atiborrado de Champagne, sin soltar la copa de la +zurda desenvainó un soneto con la diestra; Y conmovido y mojando la +pestaña antes de leerle, acometió de nuevo «a la hechicera reina de la +fiesta» (con todas estas asonancias), y la puso hecha un tapiz +chinesco, con grandes aplausos del ilustre concurso, que le reputaba por +el más grande de los poetas coetáneos, y con arroyos del «llanto» que +sabía verter el propio vate a cada estrofa, el cual llanto apagaba con +tragos del espumoso néctar: casi como el pegotón aquel de marras,</p> + +<p>«Llorando sin cesar lo que sorbía, Y sorbiendo a la vez lo que lloraba».</p> + +<p>Por conclusión de estos y otros lances que no caben en papeles, los +preparativos del viaje de los novios; las despedidas, el lagrimeo, los +síncopes; lances todos ellos que habían de ser tema para el rudo trabajo +de tres días de los complacidos y galantes revisteros, y de un +epitalamio inconmensurable del mimado poeta, obra de empuje y +substancia, como concebida entre los horrores de la digestión de lo del +banquete, digestión de <i>boa constrictor</i>, por la duración y la dosis, ya +que no por la calidad de la metralla engullida.</p> + +<p>Y con tanto charlar estos gacetilleros y poetas, no dijeron una palabra +de don Mauricio <i>el Solemne</i>, sino para citar su nombre entre los más +«conspicuos» concurrentes; nada de sus ahogos al <i>meeroodeear</i> +materiales para un brindis, al primer taponazo del Champagne; nada de +sus moribundas miradas a la «<i>picante beldad</i>, ilusión consoladora de +los espléndidos marqueses de Montálvez»; nada de ciertas <i>finezas +metafóricas</i> que el deslumbrante banquero logró deslizar al oído de la +elegante dama, como tímido recuerdo de sus anteriores memoriales.</p> + +<p>Nada pescaron tampoco aquellos linces de pluma, del ingenioso y breve +diálogo sostenido entre Pepe Guzmán y su predilecta amiga, formando la +más gallarda y distinguida pareja que podía imaginarse; en el cual +diálogo se parafraseó, con toda la discreción y gracia posibles, y no +sacado a plaza por la interlocutora, sino por el sagaz interlocutor, el +tema aquel que Sagrario confió al oído de su amiga; y se insinuaron, +quizá en virtud del calor y motivo de la fiesta, las primeras estocadas +del consabido duelo pendiente entre estos dos expertos espadachines de +la intriga galante.</p> + +<p>Tampoco tuvo en la prensa todo el éxito que mereció la casi augusta +solemnidad con que el buen marqués de Montálvez desempeñó su papel en la +fiesta, particularmente durante el breve rato que conversó <i>aparte</i> con +el presidente del Consejo de Ministros, y cuando, después de estrecharle +reverentemente la mano le dijo algunas palabras al oído el Capitán +general de Madrid, vestido de gran uniforme. ¡Oh, qué actitudes y qué +mímica las suyas en aquellas dos singularísimas ocasiones! ¡Qué bofetón +más sonoro para «los hombres de Gobierno» que todavía le regateaban la +credencial de senador! ¿Dónde hallarían ellos para ese cargo otro viejo +más distinguido, más <i>serio</i>, más limpio, más planchado, más opulento, +ni más adaptable por su tipo al grave ceremonial del «alto Cuerpo +Colegislador»?</p> + +<p>En fin, por callarse cosas importantes los cronistas de la solemnidad, +ni siquiera mencionaron al general Ponce de Lerma, hombre grosero, que, +en menos de dos horas, riñó tres veces con el ministro de la Guerra, y +dio de puntapiés a un lacayo en un vestíbulo, porque al pasar, cargado +de despojos de la mesa, le manchó el frac con una salsa amarilla, +mientras su mujer (la del general) departía, en animado e interesante +diálogo, con el subsecretario de Gobernación, gran mozo, candidato a +ministro para la primera crisis, soltero y de gran prestigio entre las +damas elegantes. Era como la sombra de Leticia, desde que Pepe Guzmán se +había decidido a ser la de Verónica...</p> + +<p>Cierto que todas estas cosas mejor eran para calladas que para +dichas..., casi tanto como las otras que se dijeron y se cantaron en +prosa y en verso; pero los oficios, o ejercerlos a conciencia, o no +ejercerlos... En virtud de lo cual hago yo aquí punto redondo, antes que +al impaciente lector le parezca larga esta digresión, que nada quita ni +pone al interés de la presente historia.</p> + + + +<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI</h3> + + +<p>A todo esto, el invierno se había acabado; los salones se cerraban; las +tertulias se deshacían; en el <i>Real</i> había terminado su temporada la +compañía de celebridades italianas, cuyos gorgoritos había pagado la +gente rica con sumas increíbles, y las que querían aparentar que también +lo eran, con el fondo del baúl, las rebañaduras de la despensa y con +algo más sagrado que no se recobra jamás una vez que se ha vendido; y +«el mundo elegante», sin salones, sin tertulias y sin <i>Real</i>, +dispersábase errabundo y como desorientado, a tomar el sol, como los +simples mortales, por las encrucijadas del Retiro y los amplios +arrecifes del Prado y de la Fuente Castellana; paréntesis de hastío en +la alegre vida de las gentonas pudientes, que sólo había de durar el +tiempo preciso para que el calorcillo primaveral templara el ambiente +serrano y se bebiera las charcas del camino por donde habían de ir +desfilando aquéllas en busca de sus costosas, pero entonadas, +residencias de verano.</p> + +<p>La familia que más lo necesitaba, al decir de ella misma; la que saldría +la primera de todas de Madrid, era la de nuestro amigo el marqués de +Montálvez. <i>Lo</i> de la marquesa se iba agravando por momentos, hasta el +punto de poner en mucha alarma a su marido y a su hija. Había serias +discrepancias entre los doctores más sonados de Madrid sobre si aquellos +dolores lentos, profundos y angustiosos, eran simplemente neurálgicos o +reumáticos, o acusaban la presencia de un cáncer inextirpable, por lo +cual era de suma urgencia que la enferma saliera a tomar estas aguas, +aquellos aires y los gases de más allá; y como lo uno estaba en el +Pirineo francés, y lo otro en Suiza, y en Alemania y en los confines del +mundo lo restante, y, además, era de rigor una detenida consulta con las +celebridades médicas de París, la expedición resultaba larga, doblemente +por las precauciones y comodidades que exigía el estado lamentable de la +marquesa, cuyo médico de cabecera, un hombrecillo ya viejo y de gran +experiencia, que la quería mucho, porque casi la había visto nacer, la +aconsejaba que tuviera juicio, pues ya estaba en edad de ello; que se +quedara quietecita en su casa, limpiándola antes de ruidos y de +bambolla; que se acostara tempranito y se levantara tarde; que se curara +de la maña inocente de disimular sus vanidades con exigencias de la +necesidad, y que no tentara a Dios metiéndose en aventuras como la que +iba a acometer, porque ese era precisamente el camino más breve que +podía elegir para irse por la posta al otro mundo. ¡Como si callara! Se +trazó el itinerario, se dispuso y se comenzó el arreglo de la +impedimenta, ¡que ya tenía que ver!, y hasta se fijó día para la salida +de Madrid.</p> + +<p>Algunos antes llamó el marqués a su despacho a Simón, el hombre de su +confianza, su administrador general e intendente. Dos palabras sobre +este personaje:</p> + +<p>Era manchego, y estaba al servicio del marqués desde algunos años antes +que éste se casara. Empezó de <i>groom</i>, con su chaquetilla listada de +menudos y apretados botones, sus botas de montar y su gorra de librea. +Después fue lacayo, y luego criado exclusivamente; más tarde, ayuda de +cámara, y, por último, administrador de lo de adentro y de lo de afuera; +porque era listo como una pimienta, previsor y complaciente hasta lo +increíble, y en breve tiempo aprendió lo que no sabía para el delicado +cargo que le iba a confiar el marqués. Llegó a pintar la letra y a sacar +en el aire las cuentas más complicadas. Si bien lo hacía en la +administración de los mermados bienes del marqués soltero, mejor lo hizo +con ellos y los puntales del marqués recién casado, y muchísimo mejor +con el diluvio de caudales que inundó la casa a la muerte del ex +contratista de carreteras y suministros. Era mozo que se crecía con los +obstáculos. El marqués le admiraba y se dormía en la confianza que tenía +en él, y hasta la marquesa le distinguía con inusitados testimonios de +su aprecio. Tanto, que cuando el administrador insinuó sus deseos de +casarse con la doncella más mimadita de la casa, no solamente lo +aplaudió aquella señora, sino que dotó rumbosamente a la novia y fue su +madrina de casamiento. El marqués no estimaba tanto al espabilado Simón +por su destreza en el desempeño del cargo que ejercía, como por el +talento singular que mostraba para oírle y atenderle, para <i>pescarle</i> +los detalles más finos de sus peroraciones a destajo, y hasta para +moverle a extenderlas y elevarlas. Como que llegó a tomarle como piedra +de toque de la ley de su elocuencia, ensayando con él, bajo el disfraz +de motivos de tres al cuarto, por salvar las convenientes distancias +jerárquicas, entonaciones, actitudes y arranques que pensaba ostentar, +en toda su verdadera aplicación y pompa, en el teatro de sus hazañas +políticas.</p> + +<p>En la ocasión en que aparece en el despacho del marqués, aún no había +cumplido el medio siglo. Era delgado, de mediana estatura, de ojos +pequeños y alegres, ligeramente moreno, de cara larga y algo afilada, no +mucha frente, y corto y espeso el pelo gris de su cabeza. Vestía un +traje obscuro, muy modesto y muy limpio, y tenía toda la barba afeitada. +Nada más insignificante que aquel hombre, a la simple vista: parecía un +mozo de café. A la sazón, iban sus negocios particulares en próspera +fortuna. Su mujer era una hormiguita, que traficaba en todo lo +imaginable; y él, con los sueldos ahorrados, otros gajes lícitos de su +empleo, y el óbolo de su hacendosa compañera, podía destinar un +capitalito <i>modesto</i> a préstamos sin usura, pero bien garantidos. Y así +iba tirando el pobre y adquiriendo una finquita hoy, y mañana unas +acciones del Banco de España «por una casualidad», y al otro día una +hipoteca «de lance». Nada, que había que quererle y admirarle, en cuanto +se le oía hablar de estas cosas que le pasaban a él.</p> + +<p>Y basta del sirviente; no vayamos a pecar de descortesía con su +aristocrático señor, que nos espera en su despacho. El despacho del +marqués era regularmente amplio, <i>severamente vestido, severamente +puesto y severamente</i> alumbrado por la dulce y severa luz del Norte. +Maderas de raíz de nogal con filetes negros, y cuero cordobés con +grandes clavos de níkel; armarios llenos de libros regularmente grandes, +lujosa y severamente encuadernados; cortinones de color de café con rica +y severa pasamanería; alfombra persa de severos colores; coronas de +marqués en cada paño y en cada mueble; algunos cuadros al óleo, de tan +severo gusto, que costaba trabajo descifrar el asunto de ellos debajo de +la <i>pátina</i> que los obscurecía..., y así sucesivamente. Entre tanto, ni +una hilacha por los suelos, ni un mueble fuera de su sitio, ni un papel +ni un cachivache desarreglado encima de la mesa-ministro, detrás de la +cual se arrellanaba el marqués en un sillón de una severidad de líneas +intachable.</p> + +<p>Verdaderamente valía mucho más la urna que el santo. Bien mirado, en +ropas menores, digámoslo así, el marqués estaba ya hecho una ruina. Sin +los retoques y aparatosos arreos con que se presentaba en público; +envuelto el cuerpo en holgada bata de cachemira; cubierta la amplísima +calva con un gorro griego; descuidados los blancos mechones de pelo +lacio que sobresalían por debajo del gorro y por encima de las orejas; +sin afeitar todavía, y mal tapadas las arrugas del pescuezo por el +cuello escotado de su camisa de dormir, ¡cuán diferente era aquel +marqués del marqués del salón de Conferencias del Congreso, y de sus +propios salones de recibir, y de todos los salones de la aristocrática +comunión a que pertenecía! Digo en cuanto a su físico; porque en lo +tocante a lo demás, el hombre averiado y caduco del rincón doméstico, +era el mismo personaje ostentoso de la vía pública y de los grandes +salones. Refiérome a la prosopopeya y a la solemnidad.</p> + +<p>Bien sabido se lo tenía el avisado Simón, y por eso le hizo la misma +reverencia al entrar en su despacho y verle solo allí, que si le hallara +acompañado del Presidente de las Cortes.</p> + +<p>Dejole el marqués que se doblara cuanto podía dar de sí su elástico y +bien educado espinazo, y le dijo, cuando le vio casi derecho y tan cerca +como lo permitía el debido respeto:</p> + +<p>—Necesito, Simón, para dentro de cuatro días, diez mil duros +disponibles en poder de mi banquero de París.</p> + +<p>—Con permiso de Vuecencia—respondió el apoderado, mansa y +respetuosamente—, no es el plazo tan desahogado como convendría para +una cantidad de esa consideración.</p> + +<p>—En plazos más cortos has sabido facilitarme sumas mayores—le replicó +el marqués, en tono suave, pero con visos de exigente.</p> + +<p>—Es la pura verdad, señor—observó Simón, entendiendo bien el acento +de su amo—, que he tenido esa honra muchas veces; y por lo mismo, me he +creído obligado a hacer a Vuecencia, con el respeto debido, esa ligera +indicación... Porque, si Vuecencia me lo permite, me atreveré a +manifestarle que ciertos caminos, cuanto más se pisan y se frecuentan, +más intransitables se ponen.</p> + +<p>—Todo lo que tú quieras, Simón, todo lo que tú quieras; pero no se +trata ahora de esas cosas, sino de hacer lo que té he dicho en el plazo +que te he marcado.</p> + +<p>—Vuecencia será servido en ese mandato como en todos lo que se digne +manifestarme; pero creo, salvo el mejor parecer de Vuecencia, que es de +alguna necesidad poner en su conocimiento las dificultades que hay que +vencer para dar ahora cumplimiento a los deseos naturalísimos de +Vuecencia.</p> + +<p>—No veo esa necesidad, Simón. ¿Dónde está ella? O se puede, o no se +puede: has dicho que sí... Pues huelgan los comentarios.</p> + +<p>—Pero, con permiso de Vuecencia, supongo yo que esas dificultades que +hoy pueden vencerse, a costa de grandes esfuerzos, en un caso idéntico +sean invencibles mañana.</p> + +<p>—¿Y qué?</p> + +<p>—Que en un extremo así, convendría estar al tanto de ciertos +antecedentes, para no extrañar...</p> + +<p>—¡Para no extrañar!...</p> + +<p>—Para no atribuir a falta de celo en el administrador (pongo por caso, +con el respeto debido) lo que es obra de... vamos, de la marcha +natural..., supongamos, de la cosa misma.</p> + +<p>—Pues no te entiendo, Simón.</p> + +<p>—Recordará Vuecencia que en varias ocasiones he solicitado el honor de +que me permitiera explicarle, manifestarle..., vamos, ponerle a la vista +el estado verdadero... de las cosas, como quien dice.</p> + +<p>—Cierto. ¿Y qué?</p> + +<p>—Que Vuecencia ha tenido siempre la bondad de desatender mis ruegos.</p> + +<p>—En lo que te he dado, Simón, la mayor prueba que puedo darte de mi +absoluta confianza en la administración de mis caudales.</p> + +<p>—Precisamente, señor, del deseo de corresponder dignamente a la +inmerecida honra que me dispensa Vuecencia en esa prueba, nace el empeño +de enterarle...</p> + +<p>—¡De enterarme!... ¿Y de qué, buen Simón? ¿De que no van mis negocios +en próspera fortuna? ¿De que este cortijo, y la otra casa, y tales +acciones no valen lo que valían, porque los arrendamientos, y el +inquilinato, y el estado general de los negocios, y el aspecto alarmante +de la política así lo disponen?... ¿No es esto? ¿Ves cómo yo penetro con +una sola mirada hasta el interior de las cosas, y vivo en perfecto +conocimiento de ellas, sin que nadie se tome, el trabajo de pesarlas y +de medirlas delante de mí? ¿Y qué le vamos a hacer si el cuadro no es +tan risueño como tú y yo deseáramos? Pues paciencia, Simón, paciencia, y +aguardemos días mejores, que ya vendrán. Felizmente, mi caudal no es de +apariencia: es sólido y es abundante, a Dios gracias, y da para todo; +quiero decir, para aguardar los vivificantes calores del estío, bien a +cubierto de los mortíferos hielos invernales.</p> + +<p>—Si no he comprendido mal el símil de Vuecencia, ese es precisamente el +punto en que tengo la desgracia de discrepar de su sabio parecer.</p> + +<p>—¿A ver cómo?</p> + +<p>—Vuecencia sabe que sus caudales no son los que eran algunos años hace; +que han disminuido..., que...</p> + +<p>—Adelante, Simón.</p> + +<p>—Pero desconoce el detalle, el estado en que se encuentra lo que queda +de ellos; porque, si se me permite manifestarlo, los gastos de la casa y +las quiebras habidas en ciertos negocios no han guardado la debida +proporción con la merma de los haberes. El hacer dinero en ciertas +ocasiones, cuesta más caro que en lo ordinario; y esta carestía se +aumenta según que las necesidades se van haciendo más visibles y más +frecuentes..., porque bien sabe Vuecencia que la usura es desconfiada, y +hay que satisfacerla, y..., vamos, que abusa más de lo que debiera. Así +sucede que va Vuecencia a tapar un agujero, y para taparle se forma +otro; y tapa éste, y resulta otro más grande; y, tapa aquí y destapa +allá, piérdese algo el buen tino, y al menor descuido salta una criba +entera, que, créalo Vuecencia, no es la mejor capa para esperar un +hombre, abrigado con ella, los calores del verano; sobre todo, si dan en +apretar mucho, como aquí sucede, los fríos del invierno.</p> + +<p>—No basta la buena intención que a ti te guía, mi fiel Simón, para +fallar, con el acierto debido, pleitos de determinada naturaleza...</p> + +<p>—Es la pura verdad, señor; pero cuando los números hablan... Si donde +hay veinte disponibles se gastan cuarenta, resulta una falta de otros +veinte.</p> + +<p>—Si no te conociera, pensaría que llevabas tu atrevimiento hasta el +extremo de intentar ponerme a ración...</p> + +<p>—¡Señor!...</p> + +<p>—¡No te sobresaltes, que ya hice la merecida salvedad; pero no insistas +en ese tema, porque las necesidades domésticas y sociales de una familia +tan conspicua como la mía, y las de un hombre como yo, no pueden +sujetarse al régimen admitido para el común de las gentes, ni al +criterio de un sencillo y honrado administrador como tú!...</p> + +<p>—Las palabras y los deseos de Vuecencia—dijo aquí el aludido, +plegándose casi en dos mitades iguales—son órdenes y enseñanzas para +este su humilde servidor; pero como, por lo mismo, le debo toda la +verdad de lo poco que se me alcanza, quisiera advertir a Vuecencia, con +el debido respeto, que no me refería tanto a lo que pudiera llamarse +<i>gastos de representación</i> de esta ilustre familia, cuyo necesario +esplendor eso y mucho más reclama, cuanto a otros independientes de +ellos, y que no son los que menos agujeros han abierto en la criba a que +tuve el honor de referirme antes.</p> + +<p>—¿A qué otros gastos te refieres?</p> + +<p>—A los grandes desembolsos que le han costado a Vuecencia los negocios +que ha emprendido en compañía de don Mauricio Ibáñez...</p> + +<p>—¡Bah!..., gajes del oficio, Simón: hay que estar a las duras y a las +maduras.</p> + +<p>—Cierto; pero a Vuecencia siempre le han tocado las duras.</p> + +<p>—También a él...</p> + +<p>—Pero ese es su oficio; aquí cae y allí se levanta: de eso vive; al +paso que Vuecencia...</p> + +<p>—¿Otro consejito, Simón?</p> + +<p>—¡Dios me libre de la tentación de cometer ese nuevo pecado! Sólo que +pensaba yo que en ese punto, bien cabía, sin ofensa de los respetos que +debo, una indicación...</p> + +<p>—Y ¿cuál es?</p> + +<p>—Que sería más de sentir que el dinero perdido por Vuecencia, como +socio del banquero en determinados casos, el que pudiera perder en la +misma compañía, de muy distinta manera.</p> + +<p>—¿Qué quieres decirme, Simón?</p> + +<p>—Que estoy muy bien enterado de que en el señor don Mauricio no es oro +todo lo que reluce.</p> + +<p>—¿Estás en tu juicio? ¡El banquero de más crédito de todos los +banqueros de España! ¡El hombre que abarca los negocios más vastos y +complicados; que manda en el Ministerio de Hacienda como en su propia +casa!</p> + +<p>—Pues ese que manda en el Ministerio de Hacienda (¡y así va ella!) no +tiene los asuntos tan limpios y desembarazados como creen las gentes y +deseara él.</p> + +<p>—¿Cómo puede ser eso?...</p> + +<p>—Será, con permiso de Vuecencia, porque el diablo reclame lo suyo, o +por otra causa; pero ello es. Y cómo el que se ahoga se agarra a lo +primero que alcanza con las manos, y Vuecencia tiene poca práctica para +esos fregados, porque ha nacido para cosas más altas y más nobles..., +cumplo con un deber, hasta de conciencia, dándole respetuosamente este +aviso.</p> + +<p>—Tú has pisado hoy malas yerbas, Simón... Ya hablaremos oportunamente +de esas y otras cosas, con la necesaria tranquilidad. Ahora cumple el +encargo que te he dado, y nada más. Cabalmente me hallas hoy en la peor +de las condiciones para ocuparme en negocios que me obliguen a fatigar +la cabeza con discursos ni con preocupaciones.</p> + +<p>—¿Se encuentra mal Vuecencia?</p> + +<p>—No muy bien: he sentido un fuerte desvanecimiento al levantarme... y +anoche había sentido otro al acostarme.</p> + +<p>—Debilidades del estómago...</p> + +<p>—Eso creo yo... Pero resérvalo, de todos modos. No he querido decir +nada a la marquesa, por no alarmarla. ¡Ah, los frutos del ambiente de +esa condenada casa de locos ambiciosos e intrigantes! ¿Qué han de sacar +de ella los hombres desinteresados y conciliadores como yo, sino grandes +desencantos y trastornos cerebrales? ¡No sabes con qué ansia aguardo el +momento de salir a respirar aires libres y más sanos, fuera de la +atmósfera candente en que nos abrasamos aquí los desdichados a quienes +el patriotismo obliga a encadenar hasta sus afectos más íntimos al +presidio de los negocios del Estado!... Tienes mi permiso para +retirarte, Simón... ¡Ah!, se me olvidaba..., y vaya la noticia por lo +que has de gozarte en ella, no porque yo le dé la menor importancia, ni +deje de considerar el suceso como un tardío acto de desagravio, por +parte del desagradecido Gobierno: lo de mi senaduría es cosa acordada, +al fin.</p> + +<p>—Reciba Vuecencia por anticipado la más humilde, pero la más cordial de +las felicitaciones.</p> + +<p>—Esas, para la patria, Simón, que tan necesitada está de reparaciones +de esa índole, aunque te suene el reparo a vanagloria. De todas suertes, +gracias por la cariñosa enhorabuena... y Dios te guarde.</p> + + + +<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII</h3> + + +<p>En ningún capítulo de los <i>Apuntes</i> que me sirven de guía en este relato +hay mayores despilfarros inútiles de tiempo y de imaginación, que en el +que la redactora da cuenta del viaje proyectado algunos renglones más +atrás. Es, en su mayor parte, un verdadero artículo de Revista, +escrito, por una observadora tan impresionable como inexperta, a través +de sus debilidades de sexo y de sus preocupaciones demasiado +<i>subjetivas</i>. Échase de ver desde luego en tan prolija tarea, que en las +últimas entrevistas de Verónica con Pepe Guzmán, el empeñado duelo no +pasó de un nuevo cambio de estocadas, como si cada combatiente pusiera +mayor ahínco en defenderse que en herir, desde que por primera vez +cruzaron los aceros en la boda de Sagrario. Pesa, mide y compara, con +escrupulosidad de alquimista, cada gesto y cada frase del receloso +galán; asómale la impaciencia a cada momento en los puntos de su pluma; +traslúcesele el desasosiego a cada instante; danle motivo todo lugar y +cualquier suceso para recordar al invulnerable y discurrir sobre estas +cosas, y aun protesta de que en tan invencible y tenaz empeño no entra +para nada el interés amoroso; que todo es obra de la curiosidad, tan +vehemente y disculpable en las mujeres en casos tales, y que su corazón +continúa siendo víscera simplemente, sin un latido ni una sensación de +más ni de menos que lo regular y ordinario. Podrá ser aprensión mía; +pero es la verdad que leyendo estas largas disertaciones, se me vienen a +la memoria los niños que se tapan los ojos para no ser vistos.</p> + +<p>La primera etapa de los expedicionarios fue París, según costumbre, y la +estancia allí, la más larga de todas las del viaje. Consultó la enferma +con las eminencias del «arte de curar», y ninguna de ellas dejó de +prometerla un pronto y radical alivio... ni de aconsejar a su familia +que la volvieran cuanto antes a su casa, porque quietud, sosiego y +«auras domésticas», era lo que principalmente requería la incurable +enfermedad de aquella señora... En fin, lo que la había aconsejado en +Madrid su médico de cabecera. Pero declara ya su hija terminantemente +que su madre no viajaba con la esperanza de curarse, sino con el +propósito de divertirse así; y añade que este reparo se opuso al +dictamen, tan bien expuesto y mejor cobrado, de las eminencias; que +éstas le aceptaron por suyo reverentemente, y que se le ofrecieron a la +marquesa bien diluido en un risueño plan de correrías por los balnearios +y sitios de recreo más elegantes y aristocráticos de Europa (igual a lo +acordado por las eminencias de Madrid después de haber conocido los +deseos de la enferma), y que se determinó que fuera Interlacken, donde +nunca había estado, la segunda etapa de la recreativa expedición. +Verónica hubiera preferido otro rumbo: Vichy, por ejemplo; y no porque +Pepe Guzmán se hubiera despedido para aquellas aguas, que tomaba todos +los años para curar ciertos desarreglos de su estómago, puesto que la +había dado su palabra de encontrarse con ella «donde menos lo pensara», +sino porque... «cada cual tiene sus gustos».</p> + +<p>Pero si dejó de ver en el Pirineo francés a su amigo tan estimado, en el +corazón de la Suiza se halló con otro que no valía menos, según la fama, +si se pesaban ambos en oro. Porque allí estaba don Mauricio <i>el +Solemne</i>, una semana hacía, a curarse sus achaques nerviosos con +aquellas duchas de hielo derretido. Este pretexto alegó, al menos, para +explicar al marqués su estancia inesperada allí: inesperada, porque de +todo había hablado a su ilustre amigo al despedirse de él en Madrid, +menos de que padeciera tales achaques, ni de que intentara curarlos de +aquel modo ni en aquel sitio. Cierto que no estaba el banquero en el +pleno goce de su natural imperturbabilidad cuando estas cosas decía, +como no lo había estado cuando se halló de improviso en el mismo hotel +que habitaba, con la presencia de sus egregios amigos; que a este mismo +«fenooómeeno» se agarró él como prueba de la existencia de la +enfermedad, y que afirmó que la había cogido repentinamente una noche, +muy pocas antes, en lo alto de la calle de Alcalá, hablando, +desabrigado, con el ministro de Hacienda. Pero tan mal le iba con el +tratamiento aquel, en mal hora aconsejado por su médico de cabecera, que +tenía resuelta su marcha a París en el mismo día, no obstante el nuevo y +poderoso <i>atraaztivo</i> que tenían para él aquellos lugares «desde que los +honraban tan excelentes y tan <i>inolvidables</i> amigos». Esto de +«inolvidables» se lo espetó a Verónica en un memorial de mirada triste, +con el correspondiente tirón de patilla; el cual memorial fue contestado +con una sonrisa... de las de Verónica, la cual sonrisa debió sentarle al +<i>recurrente</i> como si le afeitaran en seco.</p> + +<p>Y como lo dijo lo hizo, Salió <i>en posta</i> de Interlacken aquel mismo día, +sin aguardar a sentarse a la mesa; y detrás de él y con el mismo rumbo, +una dama solitaria, de gran porte y «cierta traza», que había llegado +con el banquero mismo, y comía a su lado, y a su lado habitaba en el +hotel; es decir, tabique en medio.</p> + +<p>—¡Y pensará el simplón que no le he sorprendido el +contrabando!—díjose, muy <i>aparte</i>, el marqués, cuando se enteró de +todos estos tejemanejes—. ¡A mí con esas disculpas de colegial! ¡Al que +ha sido cocinero antes que fraile! ¡Semejante majaderote! ¡Como si +tuviera el lance nada de particular, o nos interesara a nosotros cosa +alguna!</p> + +<p>Y no se habló más de este suceso en la familia del marqués, ni había +para qué tampoco.</p> + +<p>Escaseaba mucho todavía la gente de lustre en aquel sitio; y con esto y +con no sentarle bien el clima a la marquesa, condújosela a otro más de +su gusto. Y no digo a cuál, porque si fuera a seguirla paso a paso en el +camino de aquellos sus antojos de rica vanidosa, incurriría yo en el +mismo defecto que he tachado en el correspondiente capítulo de los +<i>Apuntes</i>.</p> + +<p>Mas por grandes que sean mis propósitos de reducirme todo lo posible en +mi tarea, no he de omitir la mención siquiera de lo que más halagaba y +seducía los apetitos del marqués durante su peregrinación por tantos y +tan culminantes lugares: las celebridades políticas de todos los Estados +europeos, que veraneaban dispersas, y con las cuales se topaba acá y +allá, con sus respectivos cortejos de admiradores y de parásitos; los +estadistas de segunda categoría, harto más ceremoniosos y teatrales que +los de primera: los unos haciendo vida aparte y dejándose sentir, como +el sol, desde muy lejos, o entre nubes; los otros, invadiéndolo todo con +su pompa de relumbrón, presidiendo las mesas, los bailes, las jiras y +hasta las salas de duchas o de inhalaciones... o la ruleta; pero los +otros y los unos asediados por legiones de babiecas y por el espionaje +de los <i>reporters</i>, para apuntar lo que dicen, lo que piensan, lo que +comen, si se bañan, si se ríen, si meditan, si se enfadan, o si tosen o +estornudan, y estamparlo como noticias de sensación en los periódicos de +mayor renombre, con las más peregrinas conjeturas sobre el influjo del +suceso en la política internacional. Y a los casinos llegaban estos y +otros cien periódicos más de todas las naciones, y en todos ellos +danzaban las noticias y las conjeturas, con otras semejantes y nuevos +comentarios de propia cosecha, anunciando entrevistas, desentrañando +frases, prediciendo resultados y dejando muy tirante la curiosidad de +los lectores con la promesa de nuevos acontecimientos para el día +siguiente.</p> + +<p>Y el marqués devoraba estos periódicos, y contemplaba en éxtasis a +aquellos hombres que tanto les daban que decir; y se comparaba con +ellos, y no se vela más bajo, ni menos ostentoso, ni menos solemne, ni +menos «honorable»: ninguno tomaba tan en serio como él eso de «los +organismos políticos», «las energías de la patria», «el sentimiento +público», «la alteza y respetabilidad de los cuerpos colegisladores» y +otras cosas tales; ninguno le ganaba en desinterés, ni en celo, ni en +instinto político, y pocos, muy pocos, llegarían a aventajarle en el +modo y manera de utilizar con honra propia y decoro del sistema «la +tribuna del Parlamento». Esto era «obvio, de toda notoriedad e +inconcuso», y, sin embargo, su nombre no aparecía jamás entre aquellos +otros, tan traídos y tan llevados, ni había un papanatas que le +siguiera, ni un mal periodista que le preguntara su parecer sobre la +política del Czar y las últimas circulares de nuestro ministro de +Estado. Citábasele alguna vez entre los bañistas más distinguidos, +recién llegados; cortejaban a su hija algunos insípidos gomosos, porque +era guapa y afamada de rica, y pare usted de contar. Pero ¿qué diablos +valía todo esto para un hombre de su estirpe, de sus nobles ambiciones +y..., sí, señor, de su significación e importancia, por donde quiera que +se le considerase? Caprichos, veleidades de la fortuna, del «hado» +quizás..., porque el marqués estaba persuadido de que a los «hombres +públicos» los forman las circunstancias, un momento de la vida, un +«choque fortuito», de la piedra contra el acero, que hacía brotar la luz +de repente. Así entendía el «hado» el buen marqués.</p> + +<p>Entre tanto, lejos de desalentarse en su empresa, cada día buscaba con +mayor empeño ese instante, ese fortuito choque, y no perdía ocasión de +arrimarse a los privilegiados para hombrearse con ellos y meter la +cuchara en sus conversaciones. Y así pasaba el tiempo en las etapas de +su viaje, y aun en todos sus viajes de veraneo, si no satisfecho de los +resultados obtenidos, porque el choque no se verificaba ni la luz se +producía, consolado, al menos, con la ilusión de que las gentes, +viéndole tan bien acompañado, le tomarían por lo que no era, es decir, +por lo que deseaba ser.</p> + +<p>Corriendo los días y rodando los expedicionarios, tan pronto en un +puerto de mar como en una <i>estación</i> de secano, arrastrándose más que +caminando la marquesa, a quien apenas bastaba una semana de reposo por +cada hora de jornada, ninguno de los tres recogía el fruto sazonado de +sus ilusiones: el padre, por lo que se ha visto; la madre, por lo que +fácilmente se adivina, por enormes que sean las dosis de vanidad y de +tonta presunción de que la supongamos henchida, y la hija, porque a +medida que el tiempo pasaba sin que se cumpliera la promesa que en +Madrid había hecho Pepe Guzmán de encontrarse con ella «donde menos lo +pensara», crecían sus impaciencias «por el natural e insignificante +deseo de salirse con la suya»; y la suya era que no se encontraría en +parte alguna de su expedición veraniega con Pepe Guzmán; y no +encontrándose con él, estaba autorizada para decirle, en broma, por +supuesto, en cuanto le viera en Madrid: «¡valiente palabra es la palabra +de usted!» Y con esta sola preocupación, se pagaba bien poco de todo lo +que hallaba al paso; de preparar el éxito de sus exhibiciones en playas, +alamedas y espectáculos, y mucho menos del tributo ofrecido a su belleza +por la turba de tenorios contrahechos que a eso van a los «centros +elegantes», y aun por otros admiradores de más seso y mejor arte.</p> + +<p>En Baden-Baden halló el rastro de su amiga Sagrario, que andaba +recorriendo el mundo en su viaje de novia. Había dejado allí fama de +hermosa, de elegante, y, sobre todo, de desenvuelta. Se hablaba mucho, +muchísimo, de <i>sus hechicerías</i>, entre los hombres, y de su «provocativo +<i>sans façon</i>», entre las mujeres. Cuando tenía el sitio hecho un volcán +de intrigas, de deseos, de cálculos y de murmuraciones, desapareció +repentinamente con su marido, porque éste, que no salía de la ruleta, +perdió en una noche cuarenta mil duros, sobre otros veinte mil que tenía +perdidos ya; y no se había casado ella con Gonzalo Quiroga para eso, +sino para cosa muy diferente. Esto se decía y se propalaba por aquellos +ámbitos henchidos de la fragancia de todas las pasiones, buenas y malas, +pero muy elegantes, y de nada se asombró la recién llegada madrileña, +porque lo uno lo consideraba verosímil y hasta necesario, y de lo otro +sabía que era la pura verdad.</p> + +<p>Sucesos hartos más graves la aguardaban en Spá. Por de pronto, se +encontró allí con amigos de su mayor intimidad; como que eran Leticia, +su marido y el subsecretario de Gobernación; y ya se supondrá que no +cuento este hallazgo entre los sucesos graves a que me he referido, +aunque alguna gravedad revestía la altivez del continente de la primera, +frente a la actitud algo airada y como rencorosa del tercero; pero más +grave fue una estocada que este funcionario español atizó, en la +madrugada del día siguiente, a un príncipe ruso bruñido a la francesa, +que campaba en el sitio por su riqueza, por su boato y hasta por su +estampa original y castiza. Tampoco fue lo grave la estocada porque +pusiera en riesgo de muerte al príncipe ruso, pues no llegó tan adentro +«la acerada punta», sino por el ruido que hizo y lo que dio que hablar a +las gentes, y que temer a la impávida Leticia, y que hacer a la misma +Verónica para ayudar a su amiga a convencer al subsecretario de que +ciertos sucesos, aunque se vean con los ojos y se palpen con las manos, +no son lo que aparentan, sino quimeras de la imaginación ofuscada.</p> + +<p>Pero lo más original y lo verdaderamente grave del suceso, mirado a +cierta distancia, fue que el general Ponce, es decir, el marido de +Leticia, apadrinó al subsecretario en su duelo con el ruso; en honor de +la verdad, no porque llevara el apadrinado su frescura al extremo de +solicitar del otro un favor tan señalado, sino porque el arisco +veterano, al saber de qué se trataba, por rumores llegados hasta él, +«como amigo, como soldado y como español», no quiso que nadie se +anticipara a prestar ese servicio a su ilustre compatriota. No hay para +qué advertir que este detalle sonó en la colonia elegante y desocupada +mucho más recio que la estocada y los motivos de ella. En cuanto al +general, cumplido su deber de amistad, de soldado y de español, y +altamente satisfecho de su conducta, se volvió a sus reales, es decir, a +pasarse todo el día y parte de la noche con un periodista madrileño, +desollando al ministro de la Guerra y proporcionando la metralla con que +el primero le fusilaba, un día sí y otro no, desde las columnas de su +periódico. Ni más vela, ni en otra cosa pensaba, ni de otros jugos se +nutría la fibra de su naturaleza.</p> + +<p>Pensó Verónica, como lo hubiera pensado cualquier otra mujer de honrado +temple, que después de aquel ruidoso acontecimiento su amiga abandonaría +a Spá con cualquier pretexto; pero no la conocía bastante, con creer +conocerla muy a fondo. En el de Leticia existían alientos para resistir +aquel empuje y mucho más.</p> + +<p>—Mi fuga—dijo a su amiga, hablando con ella de estas cosas—sería la +confirmación de los rumores. Otra mujer en mi caso, aun pensando esto +mismo que yo pienso, huiría por no atreverse a quedárse; pero a mí no me +espanta la fiera, y ya verás cómo la domino.</p> + +<p>Y nunca se la había visto en público tan serena, tan elegante, tan +hermosa, ni tan envidiada, como se la vio después del «grave suceso», ni +se había mostrado delante de la gente tan expresiva ni tan afable con el +subsecretario de Gobernación, ni tan atenta y cortés con el príncipe +ruso, que, por cierto, no tardó tres días en largarse de allí.</p> + +<p>No tuvo Verónica motivos para dolerse de la resolución tomada por su +amiga, pues su compañía y su serenidad la sirvieron de mucho en el +verdaderamente «grave suceso» que aconteció en breve, seguido de otro +tan grave como él. Y fue que hallándose departiendo el marqués y el +general, momentos antes de sentarse a la mesa, y paseándose a lo largo +del salón contiguo al comedor, y estando la porfía en lo más candente, +es decir, sosteniendo el segundo que todas las desventuras de España +procedían de la incapacidad y de los desaciertos del ministro de la +Guerra y de todos sus antecesores, y templando el primero sus crudezas +con reposadas y campanudas reflexiones sobre el necesario «concurso de +las fuerzas vitales del país» y «el engranaje de la máquina +gubernamental», de pronto le faltó la palabra precisa; valiose de otra +menos propia y muy mal pronunciada; esparciese sobre el sonrosado color +de su rostro un tinte lívido; lanzó un áspero quejido por su boca, que +se torcía por momentos, y reviré los ojos; y a no haberle recibido el +general entre sus brazos, hubiera dado el pobre marqués con su oronda +humanidad en el santo suelo.</p> + +<p>Lo que allí sucedería después, no hay para qué referirlo. Conducido a su +habitación y puesta en movimiento media casa, sometiósele al tratamiento +que la ciencia tiene menos desacreditado para esos lances, y se esperó +el resultado de él y el de la primera consulta que celebró un rebaño de +doctores que fueron acudiendo alrededor del paciente, los más de ellos +sin que nadie los llamara. Tras una hora de encierro en el cuarto +inmediato al del enfermo, a quien rodeaban su familia gemebunda y +cuantos españoles hubo en las inmediaciones, fueron apareciendo uno a +uno los doctores, en larga y solemne procesión; cediéronles los profanos +el sitio en derredor del lecho; tomó la palabra el menos joven y más +estirado de los médicos; dijo que estaban perfectamente de acuerdo todos +los profesores allí reunidos, lo mismo sobre el pronóstico que sobre el +diagnóstico de la enfermedad que aquejaba al señor marqués; que +aprobaban lo que hasta entonces habían dispuesto los dignísimos +compañeros que se les habían anticipado en el honor de prestar los +primeros auxilios al ilustre paciente; que volverían a reunirse dentro +de dos horas, y que buen ánimo, entre tanto, para conllevar la +inevitable pesadumbre por lo ocurrido...; con lo cual, y una ceremoniosa +inflexión de cuello y de espinazo, salió de la estancia seguido de sus +comprofesores, lo mismo que habían entrado, uno a uno y con la +respectiva inflexión de cuello y de espinazo, graves, muy graves todos, +y a cual más atildado y taciturno.</p> + +<p>Afortunadamente, lo del marqués no fue tanto como parecía. Rehízose un +poco su naturaleza a las pocas horas; al amanecer conoció a su familia y +a sus amigos; articuló algunas palabras; movió los miembros, antes +paralizados, y al mediodía del siguiente pronosticó el senado de +doctores, en su tercera consulta, que, sin una complicación inesperada, +el ilustre enfermo entraría muy pronto en una franca y satisfactoria +convalecencia.</p> + +<p>Ya las nubes de la tristeza se rasgaban y difundían hasta +transparentarse en aquella mansión, poco antes de lágrimas y +sobresaltos, cuando la marquesa, que se había quedado en la cama aquel +día para restaurar un poco las fuerzas de su trastornada máquina, +puestas en los límites de la extenuación con los recientes sustos y el +anterior ajetreo de su larga peregrinación, sintió de pronto tales +espasmos, convulsiones y desfallecimientos, que pensó que su vida +terminaba en aquel trance, y lo mismo pensaron su atribulada hija y las +gentes que con ella acudieron a socorrerla. Por consiguiente, nuevos +apresuramientos, nueva irrupción de doctores, nuevas consultas y nueva +serie de larguísimas horas de angustias y sobresaltos para la pobre +joven, que, en aquella apuradísima situación en que se veía, se juró a +sí propia emprender la vuelta a Madrid por el camino más corto, tan +luego como los enfermos se hallaran en condiciones de ponerse en viaje, +si Dios no había decretado que le hicieran al otro mundo sin salir de la +cama.</p> + +<p>Pero también se resolvió en el mejor de los sentidos la crisis alarmante +de la marquesa; sólo que, al paso que el restablecimiento de su marido +llevaba trazas de ser completo y sin dejar el menor rastro de la +enfermedad vencida, el de ella caminaba paso a paso, y mal seguros, con +muchos tropezones y algunas caídas. Al fin, llovía sobre mojado, y en +cada nuevo embate de la enfermedad se llevaba ésta mayor tajada entre +las uñas.</p> + +<p>Durante la convalecencia de los dos enfermos, Leticia y Verónica, como +si quisieran resarcirse de los afanes y tristezas que habían sufrido +juntas como dos hermanas, mejor que como dos amigas, hablaron mucho, de +muchísimas cosas: de todo menos del príncipe ruso y de su duelo con el +subsecretario de Gobernación, y de Pepe Guzmán, que no asomaba por +ningún sendero a cumplir la palabra empeñada con Verónica. Entre tanto, +el tal subsecretario, el general y el periodista español, no se +apartaban un punto del marqués, que ya <i>estaba en voz</i> nuevamente y +comenzaba a hacer pinitos parlamentarios. Estaba muy satisfecho del +interés que se habían tomado por su salud el canciller de acá, el +embajador de allá, un ministro del kedive de Egipto y cien eminencias +más que veraneaban por allí. Esto le confortaba y le reconstituía.</p> + +<p>Y hablando, hablando Leticia y su amiga, sacó la primera a relucir a don +Mauricio <i>el Solemne</i>.</p> + +<p>—Poco antes de llegar tú—dijo a Verónica—, se presentó aquí de +improviso; se encontró con nosotros al día siguiente; y como si le +hubiera contrariado el encuentro, aquella misma tarde salió para París.</p> + +<p>—¿Solo?—preguntó sonriendo Verónica.</p> + +<p>—Solo—respondió sonriendo también su amiga—. Porque por más que se +afirmó entre los maldicientes lo contrario, yo creo que nada tenía que +ver con él una dama muy aparatosa, de cierto pelaje, que le siguió muy +de cerca al marcharse, lo mismo que le había seguido al llegar.</p> + +<p>—¿Alta y rubia?—volvió a preguntar Verónica, recordando quizás las +señas de la de Interlacken.</p> + +<p>—Morena y baja—respondió Leticia.</p> + +<p>—¡Qué voracidad de hombre!—pensó la otra sin pedir ni dar más +explicaciones.</p> + +<p>Con los equipajes hechos, los convalecientes medio embanastados; en fin, +casi con el pie en el estribo ya para volver a Madrid los tres +expedicionarios de nuestra historia, dijo Leticia a su amiga al +despedirse de ella:</p> + +<p>—Sé que el banquero don Mauricio bebe los vientos por ti... ¿No te +gusta que te lo diga?... Lo siento, y perdona; pero escucha. Es un +<i>tipo</i>, bien a la vista está; pero tiene prendas que no puede ni debe +desconocer una mujer como tú. Por tanto, como buena amiga y porque te +quiero mucho, te aconsejo que si pide tu mano, no se la niegues.</p> + +<p>—Gracias—respondió la aconsejada, pagando con un beso en cada mejilla +de la consejera otros dos que ésta le había estampado en las suyas, con +las últimas palabras del consejo, como si hubiera querido pintárselas +allí para que no las olvidara.</p> + +<p>¡También Leticia! ¿Era aquello una burla o una pesadilla? El mismo +consejo que Sagrario, menos en lo referente a Pepe Guzmán. ¿Por qué esta +omisión? ¿Fue por ignorancia o por malicia? ¡Ah!, ¡de qué buena gana la +hubiera hecho ella entonces, y aun antes de entonces, por curiosidad, se +entiende, nada más que por curiosidad, una pregunta! «Vamos, Leticia, +con toda franqueza..., como si te confesaras conmigo, ¿hasta qué punto +llegaron tus <i>amistades</i> con <i>él</i>?...» Porque era mucho lo que, de algún +tiempo a aquella parte, la mortificaba esta sencilla <i>curiosidad</i>.</p> + + + +<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h3> + + +<p>La marquesa llegó a Madrid hecha una lástima; pero el marqués, como si +nada le hubiera pasado. Algo claudicaba del lado derecho, reparándole +bien, y se le torcía la boca al sonreírse, y un tanto desmemoriado se +encontraba en lo tocante a fechas y nombres propios; pero este levísimo +rastro de su pasado accidente se borraría muy pronto, como se habían ido +borrando otras huellas, harto más hondas, del propio mal.</p> + +<p>De muy distinto modo lo veía su hija, que, aun sin lo advertido por los +doctores de Spá, tenía en su buen entendimiento la luz necesaria para no +engañarse; y con esto, y con la evidencia de que el estado de su madre +era gravísimo, también; con las tristes deducciones que le resultaban de +estas innegables premisas; la relativa soledad en que se encontraba en +Madrid, a donde los apuntados sucesos la habían obligado a volver antes +de lo calculado, y, por consiguiente, hallándose todavía rodando fuera +de la patria todos los amigos de «su mundo»; la negrura de los espacios +a que la condujeron sus cavilaciones pertinaces, y, ¿por qué negarlo?, +hasta la ausencia del único hombre de fuste que en aquel caso pudiera +ser para ella un prudente consejero, y cuanto en este hilo de su +discurso fue ensartando la mano de Satanás, porque otra más honrada no +podía complacerse en hacer un rosario tan largo y de tan fríos +desalientos, llegó a apoderarse de la infeliz una verdadera melancolía; +siendo muy de notar que antes se le aumentaba que se le disminuía con +los cálculos risueños y los propósitos mundanos, que eran los temas +exclusivos de la conversación de los convalecientes con ella. La cual +tiene abnegación bastante para declarar sin rebozo en este pasaje de sus +<i>Apuntes</i>, que intervenía muy poco o nada su corazón de hija en la +manifestación de aquel fenómeno. No la impresionaban las ilusiones de +sus padres por el contraste que formaban con su certeza de que era muy +breve el espacio que las separaba de la sepultura de los ilusos, puesto +que no era el dolor de perderlos lo que sentía en sus temores de +quedarse huérfana a la hora menos pensada. El fenómeno era producto de +un trastorno nervioso, de un estado histérico, sometido al influjo de un +orden de sentimientos muy distintos: los enumerados ya, y un recelo +pavoroso de lo desconocido. Su afecto de hija no profundizaba más que lo +que da de sí el hábito de vivir en comunidad, no muy íntima, con otras +personas. Muy poco y bien triste le parece esto a ella misma; pero +tranquiliza su conciencia con la cuerda reflexión de que lo extraño +hubiera sido lo contrario, con una educación como la que había recibido +y unos ejemplos como los que le habían dado en su propia casa.</p> + +<p>Veamos qué cálculos y propósitos eran los que preocupaban a los +marqueses en los momentos en que todo el tiempo de que disponían debiera +parecerles corto para liquidar sus largas cuentas con Dios. Los de la +marquesa se enderezaban a dar a sus salones, en el próximo invierno, el +último barniz de que carecían para brillar entre los más esplendorosos +de la corte: quería construir un elegante teatro doméstico, en el cual +las damas y los galanes más distinguidos de la aristocracia +representasen lo selecto del repertorio... francés, en lengua francesa +por de contado. Esto era el colmo, por entonces, y aun creo que lo es +por ahora, del rumbo y de la distinción de los salones del <i>buen tono</i> +madrileño. El intento, si se realizaba, costaría un sentido; pero ¿qué +tenía que ver ella con ese prosaico y vulgar detalle? ¿No era rica? ¿No +daban sus caudales para todo? ¿No era el intento noble y, amén de noble, +impuesto por la ley inexorable... «de las cosas»? Pues habría teatro +doméstico, y lindo y elegante, como el mejor de su especie; y para +lograrlo así y lo más pronto posible, conferenciaba a menudo con el +mismo arquitecto que le había trazado y dirigido las obras de su casa, y +con su hija para la formación, digámoslo así, de la <i>troupe</i> +aristocrática que había de <i>debutar</i> en él, a más tardar en la próxima +noche de Año Nuevo. Y bien sabido se tenían Verónica y su padre que los +intentos de la marquesa no podían traducirse en broma jamás. Siempre +fueron órdenes sus lacónicas frases, y leyes inapelables sus deseos. +Esto, en buena salud; ¡qué no sucedería cuando las molestias de la +enfermedad la obligaban a ser más antojadiza y exigente?</p> + +<p>En cuanto a los planes de su marido, casi está por demás advertir que no +salían del trillado campo de sus anhelos senatoriales. Cierto que le +constaba con toda evidencia que su senaduría era una de las de la +hornada que de un momento a otro lanzaría el Gobierno a los estantes de +la <i>Gaceta</i>; y sobre este importante preliminar, por tantos años +perseguido, nada tenía ya que temer; pero no se trataba de eso, sino de +algo que debía seguir inmediatamente al acontecimiento, como el +estampido a la expansión de la pólvora inflamada en un arma de fuego. +¿Cómo le celebraría él, cuándo y en dónde? ¿A qué y con quiénes le +obligaba esa distinción, que no por ser justa y merecida y aun algo +tardía, dejaba de haber sido piedra de toque de muchas y buenas +amistades... y de asombrosos temples de paciencia?</p> + +<p>Esto le preocupaba, y a este tema se redujeron sus conversaciones +familiares por muchos días. Al fin resolvió, sin que nadie se le +opusiera, que daría un banquete <i>de circunstancias</i> en su propia casa, +tan pronto como los ausentes personajes volvieran a Madrid y entrara en +sus ordinarios quicios la vida política y social de la corte; y que en +ese banquete pronunciaría él un discurso, en el cual «quedara bien +definida su significación al lado del Gobierno de Su Majestad», y puesta +bien de relieve, con la autoridad de su ejemplo y la elocuencia de su +palabra, «la necesidad de robustecer el prestigio de los poderes +públicos con el concurso de todas las fuerzas vivas de todos los hombres +independientes y desapasionados del país, tan trabajado y maltrecho por +obra de todo linaje de mezquinas intrigas y de pasiones bastardas».</p> + +<p>Tal había de ser el tema de su <i>acto político</i>; y en desenvolverle, +pulirle y entonarle debidamente, creyendo como artículo de fe que había +de tener «inmenso alcance y altísima resonancia», se pasaba el buen +marqués las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio, +como el otro loco (y perdone su ilustre y bien acreditada fama la +comparación) con los libros de caballerías.</p> + +<p>Es de advertir, asimismo, que el banquete, no sólo había de celebrarse +en su propia casa, sino también disponerse y servirse con elementos y +accesorios de la casa misma; condición sabiamente acordada por el +marqués, que, contando con que no faltarían los obligados sahumerios de +la prensa al <i>menú</i> y al aparato de la mesa, no quería ceder a un +fondista, aunque se llamara Lhardy, ni ese rayo de esplendor que +también cabía en el nimbo de su cabeza casi augusta.</p> + +<p>Ello es que pasando días y semanas; estando perjeñado el discurso y a +medio digerir; puestos en ejecución los planes de la marquesa y los +planos de su arquitecto, y por los suelos algunos tabiques de la casa; +en Madrid casi todos los encopetados <i>touristas</i> veraniegos; cada hombre +político en su sitio; Verónica no tan aburrida ni nerviosa como a su +llegada; Pepe Guzmán bien perdonado de su falta, en virtud de razones +bien expuestas y mejor recibidas; la marquesa incapacitada de moverse de +un sillón en cuanto la sacaban, con trabajos, de su lecho, y el marqués +con su credencial de senador entre las manos, llegó el mes de octubre, y +con él la ebullición de la vida madrileña, quiero decir, la de la gente +de dinero y lustre en los campos colindantes de los placeres y de la +política; y llegando el mes de octubre, que era el que esperaba el +marqués con grandes ansias, dio por bien digerido su discurso, y +consagró todo el muy escaso que le quedaba sano a disponer el programa +de la fiesta.</p> + +<p>Dejemos por cosa innecesaria la historia de este parto laborioso, y +pasemos de un salto, que el lector dará con gusto, por lo que le abrevia +el camino, a los linderos del comedor de nuestro personaje, desde donde +podemos contemplar, sin ser vistos, el cuadro resultante de tantas, tan +profundas y tan conmovedoras cavilaciones, con lo demás que se siguió +como fin y remate de la fiesta.</p> + +<p>Como el banquete era político, aunque de otro modo le calificara el +marqués por pura modestia, no se dio asiento en él a las señoras. +Pasaban de cincuenta los comensales del otro sexo, rigorosamente +vestidos de sociedad, lo mismo que los criados que les servían los +manjares y los vinos, y figuraban entre los primeros las tres cuartas +partes de los ministros, incluso el presidente; los de ambos «cuerpos +colegisladores»; varios diputados de empuje, con grupito; la flor y nata +de los ancianos del senado; el Capitán general y el Gobernador civil de +Madrid..., y así sucesivamente; porque una cosa es que todos estos y +otros personajes estimaran al anfitrión en lo que verdaderamente valía, +y otra muy diferente los rumbosos festivales que sabía disponer en su +casa para prestigio de ella y regalo de sus amigos. Como de los más +estimados, inútil es advertir que no se quedaron sin cubierto aquella +noche ni Pepe Guzmán ni el banquero don Mauricio.</p> + +<p>Al tratar la prensa periódica al día siguiente de este suceso, grandes +cosas dijo de la magnificencia del cuadro, tal como aparecía en conjunto +a la vista del recién llegado observador, y grandes despilfarros de +incienso dedicó al buen gusto y a la riqueza de la ilustre familia; pero +preciso es confesar que por aquella vez, si los «órganos de la opinión +pública» pecaron de entrometidos y de aduladores, en manera alguna de +inexactos, como no fuera por quedarse cortos en sus reseñas y +ponderaciones. Fue aquel, en efecto, un alarde felicísimo de saber hacer +esas cosas por todo lo alto. Era el comedor lo que se llama «un ascua de +oro»; expresiva metáfora en que cabe cuanto el lector pueda imaginarse +en profusión de luces sobre lámparas y candelabros de ricos y variados +metales, vajillas estupendas, cristalería de inverosímil nitidez y +ligereza, vasos de porcelanas valiosísimas cargados de raras flores; en +fin, lo mejor entre lo más caro del profuso acopio de que se dio cuenta +en otro lugar de este relato, y lo adquirido después a peso de oro, +destacándose sobre fondos obscuros, salpicados de brillantes toques +metálicos, e interrumpidos en cada puerta por los desmayados paños de +las pesadas y ricas colgaduras.</p> + +<p>Bien poseído estaba el marqués de la suntuosidad del aparato escénico, +así como de la intachable corrección con que iban sirviéndose a sus +comensales los prodigios de su cocinero y los tesoros de su bodega; y +por estarlo tanto, andaba más atento a inquirir si ese mismo sentimiento +se traslucía en los gestos de sus comensales o en las palabras sueltas +del incesante rumor que henchía la estancia, que a responder +atinadamente a las frases con que algún colateral, creyendo acertar +mejor así, intentaba llevar su atención al asunto ocasional del +banquete.</p> + +<p>Desde muy temprano había sentido él síntomas premonitorios de estas +emociones. Inusitadas desconfianzas en su servidumbre, recelos +injustificables hasta de la habilidad de su envidiado cocinero, le +traían sin punto de reposo de un lado para otro y de acá para allá; +mortificaba a su familia con consultas impertinentes y con advertencias +pueriles, y aturdía a su ayuda de cámara pidiéndole prendas de vestir +que tenía a la vista o entre las manos. Jamás había incurrido en estas +vulgaridades de tendero rico el señor marqués, ni su familia le había +visto tan polilla ni tan desmañado. A ratos se encerraba en su despacho +y ensayaba a toda voz desde el sillón de su mesa, con la salvadera en la +mano, los párrafos culminantes de su discurso. Le salía tal cual; pero +le costaba mucho trabajo estamparle bien en la memoria. A la hora de +vestirse, la emoción crecía, la memoria se le embrollaba más, y los +nervios, vibrantes y desconcertados, no le permitían ejecutar obra +alguna con acierto, ni cortar lo más sencillo por donde señalaba. Pero +¿qué había de sucederle con el trajín de tantas horas y las +preocupaciones de tantos días, que le habían puesto la cabeza como una +zambomba en ejercicio?</p> + +<p>¡Cosa rara!: fueron menores sus desconciertos y más llevaderas sus +impresiones, en las proximidades del momento crítico, del instante que +más le deslumbraba a él cuando le consideraba desde lejos; y en cuanto +se sentó a la mesa del festín, era ya dueño absoluto de sus nervios, de +su memoria y de toda su ordinaria y olímpica serenidad. Algo de esto +pasa con todo linaje de peligros: parecen más imponentes cuando se +piensa en ellos, que cuando se arrostran. El hecho es que el señor +marqués, aunque muy débil de fuerzas físicas, entró en la batalla con +ánimo sereno y marcial talante.</p> + +<p>Ya hemos visto cómo se iba portando en ella. Pero faltaba el lance, el +episodio decisivo. También llegó, al sonar el primer taponazo del +Champagne. El presidente del Consejo de ministros, que ocupaba el +asiento frontero al del anfitrión, se puso de pie y con una copa en la +diestra, rebosando de espuma. Comenzaban los brindis.</p> + +<p>Aquí fue donde la naturaleza deleznable del marqués sintió ciertas +sacudidas eléctricas que le produjeron inevitables alucinaciones y +desfallecimientos. Eran de esperarse. ¿Qué cosas le diría aquel +«prócer, gigante de la palabra y de la política?» No fueron grandes ni +muchas, ciertamente: cuatro frases de cajón enderezadas a ensalzar los +merecimientos (que no enumeré) del ilustre anfitrión, para el cargo con +que el Gobierno, por un acto de estricta justicia, le había +recompensado; otras tantas de felicitación al Gobierno mismo por este +rasgo de cordura y de integridad de principios y una ligera alusión a la +robusta vitalidad del Gabinete, indignamente presidido por el +preopinante, merced a «su política salvadora» y, «ante todo y sobre +todo, a la ilimitada confianza con que correspondía a sus sacrificios y +desvelos la Corona».</p> + +<p>Sin cesar la indispensable salva de aplausos, se alzó el ministro de la +Gobernación. Dijo casi lo mismo que su presidente, pero con más sal y +pimienta. De ésta dedicó la mayor parte a las impaciencias del partido +que se juzgaba heredero inmediato del Poder. Era harto incisivo y mordaz +Su Excelencia; y por eso sus flagelantes alusiones al enemigo mortal +fueron recibidas con coros de carcajadas y con tempestades de aplausos.</p> + +<p>Creyó el Capitán general que era él a quien le tocaba remachar el clavo +con que el ministro de la Gobernación había fijado en la picota de sus +ironías al insidioso partido «que no reparaba en medios para lograr sus +impopulares fines», y se levantó casi airado, y, sin casi, marcial y +decidido, a declarar (olvidándose completamente del motivo fundamental +del banquete y de la presencia del rumboso obsequiante) que, mientras a +su autoridad estuviera encomendada la conservación del orden público en +su distrito, ¡ay del insensato que alzara en él siquiera un dedo para +alterarle! ¡Ay del temerario que se echara a la calle «con bastardos +planes» y los manifestara con una sola palabra, con un gesto siquiera!</p> + +<p>Lo cual obligó al ministro de la Guerra después de consagrar cuatro +piropos de cortesía al estupefacto anfitrión, a «fijar el alcance de las +patrióticas declaraciones, del Capitán general, añadiendo, por su parte, +que con un ejército tan leal y disciplinado como el invencible ejército +español, particularmente desde que estaba bajo su cuidado y vigilancia, +nada tenían que temer los poderes públicos, aun cuando hubiera partidos +(que no los había dentro de la legalidad) «capaces de pensar en locas +aventuras».</p> + +<p>Pero estaba allí el general Ponce de Lerma, conde de Peñas Pardas, y no +podía dejar sin réplica las declaraciones del ministro, aunque con las +salvedades a que le obligaban el motivo y la ocasión del <i>acto</i> de Su +Excelencia. Bien estaba el intento de mantener el orden a todo trance, y +mucho mejor la confianza manifestada en la lealtad «jamás desmentida» +del ejército, base y garantía de la paz y del sosiego públicos, no +obstante el eterno trabajo empleado para corromperle por los que +intentan hacer de él instrumento de sus «bastardas y descomedidas +ambiciones»; pero había que tener en cuenta, ¡muy en cuenta!, que, en +determinadas ocasiones, un celo excesivo, imprudente, sólo conducía a +exacerbar las impaciencias y a despertar propósitos aún dormidos. En +fin, que no bastaban las buenas intenciones si no iban acompañadas de +una gran prudencia, de un juicio bien reposado y, sobre todo, de la más +completa idoneidad para el alto cargo que se desempeñaba. En cuanto a +que el ejército nunca hubiera estado mejor organizado ni regido que en +aquella ocasión, «lo negaba en absoluto»...</p> + +<p>Aquí terció el presidente del Consejo para encauzar, con el prestigio de +su investidura y la habilidad de su palabra experta, el asunto de las +peroraciones, algo desbordado por los irreflexivos entusiasmos de los +unos y por los descomedimientos apuntados, síntomas de otros más graves, +del implacable enemigo de todos los ministros de la Guerra. Lo que allí +se dijera había de trascender muy lejos, que para eso había periodistas +a la mesa; y era de necesidad, por tanto, que las palabras salieran +pesadas y medidas de la boca de los oradores.</p> + +<p>Pero aunque la intervención del presidente fue cortés y comedida, el +general no quiso añadir una frase más, en bien ni en mal, a las que +había pronunciado, y se sentó de pronto con los bigotes erizados y +enseñando los dientes, como un mastín después de haber llevado una +paliza.</p> + +<p>Borraron la impresión de este incidente los atildados e insubstanciales +brindis que le siguieron de los presidentes de ambas Cámaras. Los dos +graves señores, ajustándose estrictamente al carácter y al motivo +palmario de la fiesta, consagraron lo principal de sus discursos a mayor +honra y gloria del festejante, y lo accesorio, vago e incoloro, a la +política. Esto acabó de fijar el camino indicado por el presidente del +Consejo para los discursos de los comensales.</p> + +<p>Siguiéronle rigurosamente los pocos estómagos agradecidos que hablaron +después, hombres de corta talla política y de escasa significación +literaria; y ya se daba por terminada la serie, preparándose griegos y +troyanos a escuchar con la boca abierta la última, la más solemne de las +palabras, la que estaba obligado y dispuesto a pronunciar el héroe de la +fiesta, en cuyo aspecto se reflejaban harto claramente las hondas +impresiones que le combatían el espíritu en aquel trance de prueba, +cuando se levantó don Mauricio Ibáñez. Llevaba su correspondiente bomba +bien cargada, y estaba decidido a lanzarla en medio del concurso, con el +mismo derecho que el más obligado de los concurrentes: que fuera la +última de todas, corriente, y ya eso se lo había aconsejado su modestia; +pero dejar de lanzarla, ¿qué se diría de él? Representaba allí el +dinero, es decir, la fuerza de las fuerzas y la <i>energía</i> de «las +<i>energías</i> del país», y su voz, expresión sincera de su adhesión +incondicional al Gobierno, y de su amistad intensísima e imperecedera a +la familia del «prócer generoso» que le escuchaba, debía resonar también +en aquellos ámbitos. Así lo pensaba el banquero, aunque lo dijo de otro +modo con una copa en la diestra, y la zurda en la patilla de este lado. +Estuvo menos infeliz que de costumbre en el «meerooodeo» de recursos +oratorios para llenar su cometido. Sólo dos veces sacó a plaza a los +meeroodeadoores, y no llegaron a tres las en que necesitó agarrarse a su +muletilla para terminar un período. En el sahumerio a «la familia del +prócer», se elevó hasta lo épico; tanto, que no acertaba a bajarse. Pero +bajó, aunque maltrecho y desvanecido; y sentose, con aplauso de todos +los circunstantes.</p> + +<p>Y llegó el instante que esperaba el marqués, buen rato hacía, con +nerviosa ansiedad. Notaba sin extrañeza el pobre hombre que se le +reproducían los fenómenos internos que había sentido por la mañana, con +el concurso de otros que le eran enteramente desconocidos; y digo sin +extrañeza, porque todo aquel revoltijo de sensaciones y de desconciertos +le parecía poco, como obra de la extraordinaria situación en que se +hallaba colocado. Contaba con algo por el estilo al disponer el programa +del festín, y aun en los comienzos de éste anduvieron bastante ajustados +a la palpable realidad sus cálculos de tantos días; pero el vuelo +inesperado que tomaron las peroraciones de tantos y tan ilustres +comensales; aquel mezclarse los panegíricos de sus virtudes cívicas y +políticas, de sus altísimos merecimientos personales, con las cuestiones +más candentes de la actual gobernación del Estado, en boca de los +hombres que tenían en sus manos los destinos de la patria; aquel cielo +de esplendores y de gloria; aquella radiante apoteosis a que se le +elevaba de pronto y por tales gentes; todo aquello, que levantaba cien +codos por encima de sus cálculos, aunque no de sus «nobles ambiciones», +era más que suficiente para dar al traste con la serenidad de un +estoico, cuanto más con la de un hombre como él, tan trabajado por «los +acontecimientos» y hasta por los achaques y los años. Pero en una +naturaleza como la suya, estas impresiones, estos desconciertos, no +acusaban un estado patológico de los que minan y destruyen, sino un +aspecto del espíritu, de los que nutren y vivifican.</p> + +<p>Así discurría el «honorable marqués», en el momento de levantarse para +«ejecutar el <i>acto</i>», que le estaba encomendado, no sólo por su propia +iniciativa, sino por la situación en que le habían puesto los discursos +de los demás; y sino así precisamente, porque le bullían las ideas en el +cerebro con marcada incoherencia, con la intención de discurrir de la +misma manera, cuando menos. Notó al incorporarse que le flaqueaban las +piernas y que su mano torpe sostenía mal la copa que maquinalmente había +empuñado; lo cual no era de extrañar tampoco, porque, con el calor de la +sala, sentía la cabeza atolondrada y el pecho muy oprimido. Rehízose en +virtud de un gran esfuerzo de la voluntad, y logró colocarse en actitud +conveniente, y hasta dar a su persona el aire ceremonioso y teatral que +le era propio en idénticas situaciones; pero al decir la primera +palabra, notó con espanto que se le había olvidado por entero su +discurso, lo mismo que si se le hubieran borrado con una esponja en la +memoria. ¡Cosa más rara aún!: no encontró estampado en ella más recuerdo +que el de la huida del banquero de Interlacken, con la rubia que le +seguía de cerca; y de ese asunto iba a hablar, y de él hubiera hablado +inmediatamente, por una perversión instantánea de su juicio, como si esa +fuera la única idea que quedara en el mundo y para ventilarla se hubiera +congregado tanta gente en su casa, a no hallar en la lengua insuperables +dificultades de expresión.</p> + +<p>Esta novedad le causó tal alarma, que produjo en todo su organismo un +gran sacudimiento, despertósele con él, por un instante, la +inteligencia; vio a su luz la extensión y gravedad del apuro, y +crecieron con ello sus congojas. Observó que aumentaba la angustia de su +pecho, como si se le oprimieran verdugos con ligaduras de acero; que +«allá dentro» se formaba algo, como burbuja enorme, que se transformaba +en oleada de sudor frío, que intentaba subir, y subía; y pasar por el +istmo de la garganta, forcejeando allí para conseguirlo, porque no +cabía..., y pasaba también, pero sin cesar de pasar; que subía otro +tramo, y al llegar a los oídos silbaba y hervía y aporreaba; y que +subiendo, subiendo, se precipitaba con el estruendo y la fuerza de un +desbordado torrente, en las profundidades del cráneo...</p> + +<p>Entonces, los que contemplaban al marqués, esperando sus primeras +palabras, viéronle inclinar la cabeza hacia atrás, soltar la copa que +empuñaba su mano trémula, y, exhalando un alarido salvaje, desplomarse +en el suelo, sobre el cual rebotó su colodrillo pelado y reluciente, sin +que nadie hubiera podido recibirle entre sus brazos, porque entre los +primeros síntomas del acceso, tan fáciles de confundir con los de una +grande emoción, y la caída, no transcurrió mucho más tiempo que el que +transcurre entre el fulgor que deslumbra desde el seno de la nube, y el +rayo que mata.</p> + + + +<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h3> + + +<p>Si el marqués pudo darse cuenta de que se moría cuando se estaba +muriendo de veras, y si, penetrado de esta idea, se conceptuaba +relativamente dichoso, porque le sorprendía la muerte en la más alta y +esplendorosa ocasión de todas las ocasiones de su larga y aprovechada +vida (muerte de guerrero ilustre, sobre el campo de batalla y bajo una +balumba de gloriosos laureles), cosas son muy difíciles de averiguar; +pero que si, después de muerto, se le hubiera permitido recobrar la vida +para contemplar la despedida que le hicieron sus deudos y amigos, otra +explosión de su vanidad hubiera vuelto a quitársela de repente, desde +luego puede afirmarse, conociendo, como conocimos nosotros, aquella +naturaleza que se nutría de oropeles y se emborrachaba con relumbrones. +¡Tales y tantos fueron los que se consagraron a honrar su memoria entre +los vivos!</p> + +<p>No cupo mayor pompa en el escenario en que se representan esas farsas en +honor de las notabilidades de alquimia, y todo se hizo ajustado al más +solemne y ostentoso ceremonial: la exposición del cadáver en la <i>capilla +ardiente</i>, entre largos blandones y negras colgaduras de tosca bayeta; +el triste clamóreo de la prensa periódica rindiendo «el último tributo +de justicia al <i>prócer</i> insigne, al varón íntegro, al padre amoroso, al +ciudadano ejemplar, al celoso representante de la patria, al protector +generoso de las artes y de las letras, al orador de honrada palabra», +etc., etc., y haciendo la pintura de su muerte inesperada, con +descripciones minuciosas de lugares y accesorios, y con glosas y +comentarios de los elogios que momentos antes del triste suceso habían +dedicado al aún vivo personaje los hombres más «conspicuos» de la +política, de las armas, de las letras y de la banca; el simbólico +catafalco, cargado de emblemas y atributos, tocando casi en las bóvedas +del templo, entre una hoguera de luces sobre ricos y enormes +candelabros; las naves atestadas de «mundo»: allí los vistosos uniformes +de las más altas jerarquías políticas y militares; allí la severa +etiqueta civil, las gentes de la aristocracia y de los «salones +elegantes», y allí, en fin, en apretados grupos, las matronas del «gran +mundo» ricamente ataviadas de negro, con la mirada repartida entre el +devocionario y la concurrencia, agitando maquinalmente los abanicos +mientras, desde el coro, llenaba de resonantes armonías los ámbitos de +la iglesia, la mejor capilla de Madrid.</p> + +<p>El entierro no había sido menos ostentoso. Detrás del carro fúnebre, +teatral y ridículo artefacto, también el duelo, a pie, salpicado de +grandes uniformes; después, la interminable fila de carruajes, con casi +otras tantas libreas diferentes, desde las de los «cuerpos +colegisladores», hasta la de don Mauricio <i>el Solemne</i>; y, por último, a +uno y otro lado de la fila, otras filas más espesas y compactas de +curiosos desocupados, y en todos los balcones de la carrera más +espectadores y espectadoras en apiñados racimos.</p> + +<p>En el Senado, la obligada declaración de «profundó sentimiento», tras un +pomposo elogio de los méritos y virtudes del difunto, hecho por el +presidente. En el Congreso de Diputados, poco menos; y tomando motivo de +estos <i>actos</i>, nuevos ditirambos de la prensa periódica al «llorado +prócer». Por último, su retrato en la primera plana de <i>La Ilustración</i>, +con la correspondiente biografía un poco más adentro... y una elegía +elegantemente triste del poeta <i>Aljófar</i>.</p> + +<p>Tenía razón el buen marqués, creyendo que «a los <i>hombres públicos</i> los +forman las circunstancias, <i>el hado</i>, un momento de la vida». Lo malo +para él fue que ese momento no le llegó hasta la hora de su muerte. +Pero del mal el menos: sí vivió sin levantar un punto sobre la talla de +los hombres vulgares, por morir a tiempo logró asociar a las vanidades +de su familia el esfuerzo de <i>la cosa pública</i>, para merecer los honores +póstumos tributados a los grandes hombres.</p> + +<p>Por eso dije al principio que si el marqués hubiera resucitado para ver +esto, hubiera vuelto a morirse de una explosión de vanidad satisfecha; y +añado ahora, que sin que alcanzara a evitarlo la reflexión (si por +ventura se la hacía, aunque bien a la vista estaba el hecho) de que +entre las grandes conquistas de su muerte no había una sola lágrima con +que humedecer la efímera hojarasca de su tumba.</p> + +<p>No hay para qué hablar del fúnebre aparato escénico a que obligaba, de +puertas adentro, la mal fingida pesadumbre de la familia. Lo que importa +para nuestro sencillo relato es saber que el ajetreo, más que la pena, +agravó por unos días la enfermedad de la marquesa, y que, pasado el +novenario y vuelta la vida a regularizarse, aunque dentro del nuevo +orden de cosas, los tertulianos de confianza quedaron reducidos, en +número, a los más íntimos de entre los íntimos, por expreso deseo de la +viuda, que debía quitar toda ocasión de profanar la santidad de sus +tristezas con recreos demasiado alegres... mientras no los autorizara la +costumbre; pero que, entre tanto, no quería verse sola.</p> + +<p>Entre los electos quedaron todos nuestros conocidos de la antigua +tertulia. En las primeras noches no se trataron en la reducidísima +asamblea congregada en el gabinete de la dolorida viuda, otros asuntos +que los que tuvieran alguna relación, por remota que fuese, con «el +inolvidable suceso»; verbigracia, su resonancia en la opinión pública; +este dicho o el otro comentario, en son de alabanza, por supuesto; los +funerales, el entierro, la estadística de los concurrentes, de los +carruajes y de las libreas; los pésames oficiales recibidos... ¡hasta de +Palacio!, los telegramas, las cartas, las tarjetas, los recados; cuántos +y cuántas, de quiénes y de dónde; las visitas, en cuerpo y alma, de este +Grande y de aquel senador, del ministro X y del general Z, de la duquesa +H y de la princesa J..., y así hasta el infinito; pues como «todo +Madrid» anduvo metido en el ajo, según resultó de la cuenta, ya hubo +paño en que cortar para entretenimiento de la viuda y no desagrado de la +hija; en modo alguno por honrar más la memoria del muerto, que les tenía +sin cuidado, sino porque con todo ello se halagaba la vanidad de su +familia, en lo cual estaban perfectamente acordes ésta y los +tertulianos, aunque no lo declaraban por derecho.</p> + +<p>Cuando se agotaron estos temas por cansancio, y porque se agotaron +también muy pronto afuera y adentro los motivos que les daban color de +actualidad, es decir, cuando la persona y la muerte y los pomposos +funerales del marqués se borraron, para siempre, de la memoria de los +vivos, la tertulia fue invadiendo poco a poco el terreno mundano; y +saqueando en él una noticia ahora y un escandalillo después, repartíase +todo como pan bendito entre los tertulianos, que hincaban los dientes en +la respectiva tajada, con el aguzado apetito de quien no le ha +satisfecho en quince días. La primera vez que se habló allí de +impresiones y aventuras del reciente veraneo, tuvo Verónica la +curiosidad de preguntar en crudo al banquero que cómo le habían sentado +las aguas de Interlacken para su dolencia, «cogida de repente en lo +alto de la calle de Alcalá». El hombre se puso verde y amarillo con la +pregunta; y ya se tiraba de la patilla para sacar la respuesta, cuando +Leticia acabó de atolondrarle afirmando muy seria que los aires de Spá +le habían sentado mucho mejor que aquellas aguas.</p> + +<p>Oír el general Ponce nombrar a Spá y no traer a cuento el desafío del +subsecretario con el príncipe ruso, era cosa imposible. Como que ese y +el de Peñas Pardas eran los únicos <i>encuentros</i> en que se había hallado +en toda su vida. Describió el lance con gran lujo de pormenores; y +júzguese de la impresión que causarla en la tertulia el relato de un +suceso que era popularísimo en Madrid, con todos sus precedentes y +motivos. Leticia aguantó el golpe con la serenidad de una estatua de +piedra, con gran asombro del banquero, que se gozaba en el castigo que +hallaba su injustificada mordacidad con él, en la imprudente alusión de +su propio marido.</p> + +<p>En cuanto a Verónica, ofendido y todo por ella don Mauricio, no pudo +éste menos de admirar la destreza con que estuvo <i>al quite</i> de aquella +feroz embestida del general, y sacó del angustioso apuro a su mujer, +llevando la conversación a otro terreno. En el cual se mencionaron los +sesenta mil duros perdidos en Baden-Baden por Gonzalo Quiroga, y los +<i>triunfos</i> de Sagrario en las mismas <i>aguas</i>, y se discurrió largamente +sobre lo que acontecería después al elegante matrimonio, cuyo paradero +se ignoraba a la sazón, aunque se sabía que había estado también en +Constantinopla por exigencia terminante de Sagrario.</p> + +<p>De este aire y de este corte fueron los asuntos que ocuparon a los +contadísimos tertulianos de la marquesa durante muchas noches; y como +éstos eran pocos y rara vez asistían juntos, porque había que atender a +todo, y los modos de entretenerse allí tan limitados, el tedio llegó a +invadirlos y tuvo la marquesa que templar un tantico la rigidez de su +programa fúnebre, echando otra leva entre sus íntimos y tolerando en +casa ciertos recreos de poca baraúnda.</p> + +<p>En esto del tedio, hay algo que advertir por lo que toca al banquero, +por de pronto. No se divertía don Mauricio gran cosa que digamos; pero +de aquella misma insubstancialidad de conversaciones, de aquella +pequeñez de concurrencia, sacaba él atrevimientos y familiaridades de +que estaba muy necesitado para contrarrestar los invencibles titubeos de +su naturaleza. El haber sido testigo presencial de la muerte del +marqués, y hasta «la casualidad» de haberle «precedido», inmediatamente +«en el uso de la palabra», le proporcionaron motivos para entretener +largamente a aquellas señoras con minuciosos pormenores sobre el +lamentable acontecimiento, cuando no se hablaba en la casa de otro +asunto. Esto solo le envalentonó mucho y le despejó el camino por donde +fue aproximándose poco a poco al trato casi familiar con la viuda y con +su hija. Pensaba que tenía una gran «misión de consuelo» y hasta de +amparo que cumplir allí, desde que vio el buen éxito de sus fúnebres +narraciones, y ya se movía con desembarazo delante de Verónica, hablaba +con ella sin que se le atravesaran las palabras en el gaznate, y +dedicaba largos ratos a conversar con la marquesa en voz baja y, al +parecer, en la mayor intimidad. Por este lado, pues, el banquero no +tenía motivos para lamentarse de la insipidez de la tertulia.</p> + +<p>Harto más arraigado estaba e invencible parecía el tedio de Verónica. +Desde la muerte de su padre, o mejor dicho, desde que pasaron con los +primeros días siguientes a ella los estrépitos del ceremonial del duelo +y los trámites minuciosos de la preparación de los lutos, que le +tuvieron cautiva la atención, había vuelto a caer en aquellas tristezas +que le asaltaron de pronto al volver de su viaje de verano. Las causas, +según su propio discurso, eran las mismas de entonces, en lo +<i>fundamental</i> del fenómeno; pero, según mi desapasionado entender y con +los autos a la vista, puede haber un error muy considerable en aquel +diagnóstico, por lo que toca a las <i>fuentes mediatas</i> de la enfermedad. +En la primera invasión de ella declaraba la enferma que podía haber +contribuido mucho a su alivio la presencia del único hombre de fuste y +de consejo que conocía entre los amigos de su casa. En la recaída tiene +a este hombre a su lado, que se afana por entretenerla, que la aconseja +bien y lleva sus miramientos y delicadezas al extremo de olvidar, o de +aparentar que olvida, que hay entre ambos un duelo galante convenido y +aun comenzado. Nunca la conversación de Guzmán ha sido tan varia, ni se +le ha visto tan decidido a utilizar las provisiones de su memoria de +artista y los recursos de su juicio de filósofo práctico, para que no +decaiga el interés de sus relatos y comentos... Porque es indudable que +Pepe Guzmán está convencido, o parece estarlo, de que las preocupaciones +y tristezas de Verónica tienen el arraigo en el pasado suceso, en el +temor de otro semejante y en algo que se relaciona inmediatamente con +todo esto, que es lo mismo que la propia enferma acepta como fundamento +y origen de su enfermedad; y sin embargo, y mientras él la habla y en +tanto discurre por aquellas alturas, ella, con una impaciencia y un +disgusto que disfraza con síntomas de su desconcierto nervioso, va +pasando: «¡no es eso!..., ¡no es eso!» Y cuando él se despide, muy +ufano, ella se queda más contrariada; no porque vuelve a verse sola, +sino porque tampoco <i>entonces</i> se la ha hablado de <i>algo</i> de que +<i>debiera</i> hablársela; «porque Pepe Guzmán tiene que convencerse de que +en la situación de ánimo en que ella se encuentra, no pueden interesarla +relaciones de casos <i>extraños</i>, por bien hechas que estén». Y Pepe +Guzmán suele responder a estas anhelaciones faltando dos y tres noches +seguidas a la tertulia.</p> + +<p>Con lo cual se exacerban los males de Verónica, que tienen su asiento en +la desarreglada máquina nerviosa, y <i>recuerda</i>, es decir, vuelve a +pensar que hay entre ambos un grave asunto pendiente, del que parece +haberse olvidado <i>él</i>, o lo que es peor, que trata de olvidarse; y +entonces juzga que su conducta es muy poco galante, quizás desleal, si +bien se mira. Hay en el caso hasta señales de menosprecio y desdén hacia +ella, y esto, esto solo, es lo que la desazona, en el estado de +irritabilidad en que se halla por un capricho de su naturaleza. Que se +reanude el litigio, que se ventile entre los dos, o que no se ventile +por completo; pero que se ponga en tramitación de nuevo, y eso esparcirá +muchos de sus nublados y dará alguna entonación al cordaje destemplado +de su máquina... Todo eso la debe el desertor, hasta por obra de +misericordia. ¿Llegará a pagárselo? Y si no se lo paga por buenas, ¿debe +reclamárselo ella... <i>de cierto modo</i>? ¿Autoriza esta conducta la +importancia de lo tramitado hasta allí? Y en caso negativo, ¿no se +encuentra ella en condiciones excepcionales que justificarían eso y +mucho más?... Se miraba al espejo, y veía las huellas de sus extrañas +melancolías en la palidez de su rostro, destacándose con doblada +intensidad sobre el fondo negro mate de su luto rigoroso; y como nadie +la oía, se confesaba a sí propia que valía más así, con su palidez +interesante, sin haber perdido la corrección y turgencia de sus formas, +que con la peste de salud y bienestar que se reflejaba antes en su cara. +Esto no podía desconocerlo Pepe Guzmán, que era hombre de buen gusto. +Además, a una mujer agobiada, como ella, por las tristezas, le era +sumamente fácil ir eslabonando, en la larga cadena de sus +preocupaciones, esbozados sentimientos de todas castas; apuntar +insinuaciones, conmover hasta con el acento y la actitud... Pero ¿no +resultaría esto ridículamente sentimental, impropio de una mujer de su +carácter y de sus precedentes, y no produciría, por tanto, el efecto +contrario al que se buscaba? ¡Tendría que ver un resultado así! +¡Cabalmente era Pepe Guzmán el hombre cortado para tomar en serio esas +farsas de los galanteos románticos del año treinta y siete!</p> + +<p>Pero algo había que hacer, si <i>el otro</i> no lo hacía espontáneamente; +porque <i>aquello</i> no podía quedar así, en la situación de ánimo en que +ella se encontraba. Antes lo necesitaba para satisfacción de su femenil +curiosidad; entonces le era indispensable para curarse de aquella +inquietud nerviosa que no admitía otra medicina y era un simple fenómeno +de su ridícula enfermedad.</p> + +<p>Tales son los hechos que arrojan los autos, en virtud de los cuales bien +cabe deducir, como antes afirmé, sin gran temor de equivocarse, que se +pudo engañar la enferma en el diagnóstico de su recaída, hasta el punto +de ver las cosas enteramente al revés de como pasaban.</p> + +<p>Y continúo ahora diciendo que Pepe Guzmán volvía a la tertulia tan fino, +tan cortés, tan elegante y tan buen mozo como siempre; tan atento, +deferente y cariñoso con Verónica; pero que del litigio pendiente con +ella, ni una palabra; y que Verónica, en quien se aumentaban las +impaciencias con las dificultades, llena de heroicos propósitos de +tirarle de la lengua cuanto más él la escondía, nunca hallaba ocasión de +practicarlos, por sus invencibles temores a salirse de la raya.</p> + +<p>Así fueron corriendo los días y las semanas y aun los meses; llegó a +ajustarse la tertulia, aunque siempre de confianza, a otro ceremonial +menos insípido, y casi bastó para ello la vuelta de Sagrario, que traía +impresiones que relatar, hasta de entrevistas con el Gran Turco, +mientras su marido, más gangoso que nunca, y alicorto y desvaído, como +gallo desplumado, apenas daba señales de lo poco que antes fue, para +sacar algunas veces de sus centros al solemne don Mauricio, que no se +desconcertaba allí tan fácilmente como solía; jugaban ya las cotorronas +al tresillo, y, con excepción de la música y del baile, se hacía allí a +todo lo del año pasado entre los íntimos, siendo la enfermedad gravísima +de la marquesa obstáculo que no estorbaba para nada, porque, de puro +sabido, nadie reparaba en él.</p> + +<p>Una noche, conversando Pepe Guzmán con su amiga, y cuando ya ésta +comenzaba a curarse de sus impaciencias mortificantes con la cuerda +reflexión de que no hay tesoro que merezca este nombre si cuesta +adquirirle más de lo que vale, con la serenidad y el aplomo de quien +cumple así lo establecido en un programa, hizo él malicioso y experto +galán punto redondo en los temas vagos que hasta allí le habían servido +desde algunos meses antes para entretener las displicencias de Verónica, +y la condujo de repente al terreno que tanto ambicionaba ella; quiero +decir, volviendo al símil tan repetido, que la retó de nuevo y que hasta +se puso en guardia.</p> + +<p>La retada sintió entonces una fuerte sacudida en lo más hondo y sensible +de su pecho, y algo como reacción de todo su organismo físico y moral; +chispeáronle los ojos, asomó la sonrisa a sus labios, y con la decisión +de un valiente avezado a jugarse la vida en esos lances, aceptó el reto +sin excusa y ocupó su terreno sin tardanza. Llegaron a cruzarse los +aceros; pero en el instante en que parecía que iba a empeñarse la lucha +con todo encarnizamiento, suspendió Pepe Guzmán sus acometidas, miró el +reló, tendió la diestra a Verónica, puesto en actitud de marcharse, y la +dijo con singular expresión de acento y de mirada:</p> + +<p>—Tenemos que hablar de estas cosas muy despacio. Hasta mañana.</p> + +<p>Y se marchó, tan fino, tan elegante y tan «correcto» como había entrado.</p> + + + +<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV</h3> + + +<p>En aquella memorable noche, ¡con qué lentitud corrieron para mí las +primeras horas de ella! Desde la muerte de mi padre me acompañaban a la +mesa dos solteronas, primas de él, y no muy sobradas de recursos, aunque +sí de bambolla: los parientes más cercanos que me quedaban por la rama +paterna, pues por la materna los había tan próximos y más abundantes, +según mis noticias, aunque yo no los conocí jamás, porque, también según +informes oficiosos, hubo invencible empeño en ello de parte de quien +tenía el deber de empeñarse en lo contrario. Pues comiendo conmigo +aquella noche las dos parientas mencionadas, estuve a pique de cometer +con ellas los mayores desatinos. Me sabía de memoria su fealdad, sus +presunciones y bambollas, su incurable fisgoneo, y estaba bien avezada a +sus bachilleradas y pegoterías, sin que nada de ello influyera +desfavorablemente en el sentimiento, de compasión más que de otra cosa, +que las pobres señoras me inspiraban; pero en aquella ocasión me +pareció, su fealdad insoportable, me repugnaba el buen apetito con que +comían, y me causaban escalofríos y convulsiones su voz, sus palabras y +sus ademanes. Sin poderlo evitar, las remedaba con mis gestos; y para +contradecirlas, que era en todo cuanto hablaban, remedaba también sus +voces con la mía. Las hubiera tirado con los platos de muy buena gana, y +no me diera por satisfecha sin arrojarlas a escobazos del comedor.</p> + +<p>»¡Y todo ello porque comían muy despacio, y hablaban mientras comían y +mientras descansaban entre servicio y servicio, creyendo las pobrecillas +que cuanto más hablaran y más comieran, mejor se acomodaban a mis +deseos; y a mí se me figuraba que por comer y por hablar ellas tanto, no +corrían las horas lo que debían correr, y correrían indudablemente en +cuanto cesaran aquella masticación inacabable y aquella charla +insufrible!</p> + +<p>»Consigno estas puerilidades para dar una idea de la tensión en que se +hallaba «mi curiosidad» desde que Pepe Guzmán, dejándome la noche antes +a media miel, se había despedido de mí «hasta mañana» para «hablar muy +despacio de <i>esas cosas</i>» ¡Y qué natural y sin trastienda me parecía a +mí aquel ansia por ver en qué paraba la porfía galante que yo tenía +empeñada (y era la primera en toda mi vida) con el hombre de más +prestigio entre las damas de aquel tiempo!</p> + +<p>»Terminó la comida en menos de tres cuartos de hora, aunque yo hubiera +jurado cosa bien diferente, y continuó la noche, a pesar de ello, +andando, para mí, a paso de carreta.</p> + +<p>Encerreme en el tocador, por segunda vez en pocas horas, y pasé largo +tiempo (que de esto sólo hubiera jurado yo que se trataba) consultando +con el espejo las innumerables combinaciones de <i>toilette</i> que se me +ocurrían con los escasos elementos que me prestaba el luto, algo +aliviado, que aún vestía. ¡Cosa más singular! Cuanto más combinaciones +inventaba, más semejanzas iba hallando con las cataduras de mis tías. +Concluí por reírme de mis alucinaciones estrambóticas; salí del tocador, +y ayudé, sin ser hora todavía para ello, a arrastrar a mi madre en su +sillón hasta el saloncillo en que recibíamos las visitas.</p> + +<p>»Al fin, comenzaron allegar algunas de ellas: las viejas del tresillo; +después, los hombres que les hacían la partida; luego, la condesa viuda +de Picos Pardos, mi madrina, ¡gran charlatana!; en seguida, <i>Aljófar</i>, +«nuestro poeta», que ya nos tenía ensordecidos de oírle plañir elegías a +la muerte de mi padre, y cansados de atacarle el estómago de pastas y +<i>amontillado</i>; Leticia, con su marido... y el subsecretario de +Gobernación; Luzán de los Airones, caballero de la más preclara nobleza, +pero simple de remache; Sagrario, con un hermoso turco recién llegado a +la Legación de Constantinopla, al cual se permitió presentamos, +contraviniendo a las órdenes de mi madre, con la disculpa de que aquella +noche no era de tertulia <i>casera</i>, sino una de las tres semanales en que +<i>se recibía</i>, «con más o menos descaro»; tras esta pareja, otras gentes +más o menos simpáticas... En fin, todos menos <i>él</i>..., ¡hasta don +Mauricio Ibáñez, con una cantera de pedrería sobre su cuerpo, +reluciente, bruñido, acicalado e insinuante, como nunca le había visto +yo! De puro cumplido, le faltó muy poco para besar la mano a mi madre, +como los paladines de teatro. Conmigo fue un caramelo tierno.</p> + +<p>»Mientras la tertulia se rebullía sin orden ni concierto, yo andaba de +acá para allá, poco dispuesta a entretenerme con frivolidades de +corrillo o cumplimientos resobados. En una de estas evoluciones de +zigzag, introdújeme en el gabinete frontero, abierto de par en par, y +púseme a desarreglar cachivaches y muñecos que estaban bien colocados. +En esta ocupación me entretenía, cuando se me aproximó el banquero +ofreciéndome su ayuda. Le di las gracias con la menor sequedad que pude, +y me pidió la merced de un cuarto de hora para escucharle lo que tenía +que decirme. Me hizo estremecer la súplica. Yo debía barruntar algo por +el estilo en cuanto vi llegar al hombre a la tertulia tan cargado de +joyas y de alientos; pero no lo barrunté. El asalto ocurrió junto a la +chimenea del gabinete; es decir, a la vista de la mayor parte de los +tertulianos, y frente a frente del sillón de mi madre.</p> + +<p>»—Pues hable usted—le dije, apoyándome en el borde de la meseta de la +chimenea para quitarle a él hasta la tentación de sentarse.</p> + +<p>»Y «rompió a hablar» el hombre, a su manera, entre bascas y trasudores, +gemidos y apoyaturas; y habló así (a medir el tiempo con mis +impaciencias, más de dos horas), según el reló inmediato, los diez +minutos bien corridos de su instancia. Sin embargo, todo lo que dijo no +fue más que el prólogo de lo que pensaba decirme. Y de lo dicho deduje +que tenía un caudal «atroz», y una suerte <i>báaarbara</i> para los negocios, +por lo cual esperaba acrecentar sus caudales hasta lo <i>absuuurdo</i>; que +no era el mismo hombre «tope a toope» con una dama como yo, que «cara a +caara» con el ministro de Hacienda «para plantear un asunto de sus +especulaciones... y tal y demás», y hacerse plaza y lugar entre los más +respetados en aquellas regiones y las circunvecinas, porque no todas las +gentes servían para todo; que si le faltaban prendas para brillar entre +las damas tanto como campaba en el «mundo financiero», no era esa una +razón para que él renunciase al propósito, bien honrado, de que lucieran +en gloria y bienestar de una mujer de su agrado, «de estas prendas y las +otras... y tal y demás», los esplendores de sus caudales; y que si no, +¿para qué los quería? Porque él podía ser ambicioso, pero no tanto como +hombre de sano corazón y de nobles miras.</p> + +<p>»Todo esto le comprendí; todo esto deduje de sus intrincados períodos, +y todo ello me dio bien claro a entender a dónde pensaba ir a parar por +aquel camino. ¡Eso sólo me faltaba! ¡Y en qué ocasión venía! ¡Estar +soñando con néctar de los dioses, y despertar con aquella melaza entre +los labios!</p> + +<p>»Yo no sabía qué hacer ni qué decir. Le felicité por sus caudales y por +sus honrados pensamientos, y traté de que no pasara de allí el asunto, +aparentando creer que aquello era todo lo que el banquero tenía que +decirme... Ocurrióseme también la idea de abreviar el suplicio dándome +por entendida de la <i>instancia</i> y plantando en seco al exponente; pero +¿podía ser yo tan descortés con un hombre que no me había dado motivos +para ello? ¿Y no me exponía también a que él me diera una lección, hasta +de prudencia, afirmando que yo me curaba en sana salud, porque jamás +había soñado con temeridades como la supuesta por mí? No tuve más +remedio que resignarme a oírlo todo, cuando, deteniéndome en una de mis +acometidas para marcharme, me dijo, casi lloroso de puro dulzón y +suplicante:</p> + +<p>»—Falta la segunda y última parte de mi pretensión, o, mejor dicho, la +pretensión enteera. Le juro a usted que se la expondré en cuaaatro +palabras.</p> + +<p>»Y me la espetó, el condenado, en muy pocas más... ¡La misma con que yo +contaba!</p> + +<p>»En aquel instante vi entrar a Pepe Guzmán en el saloncillo. Este rudo +contraste acabó de desconcertar la máquina de mis nervios. Claro que yo +tenía que responder que <i>no</i> a las terminantes pretensiones del +banquero; pero debía, siquiera, mostrarme deferente con sus buenas +intenciones; darle la píldora, eso sí, pero no sin dorársela un poco, y +para ello se necesitaba tiempo y serenidad, y hasta buen humor, y todo +esto me faltaba a mí: el tiempo, porque me urgía para asuntos más de mi +agrado; y la serenidad y el buen humor, porque no era posible poseerlos +en una situación como la mía después de haber recibido a quemarropa un +disparo como aquel. Adopté, pues, un temperamento mixto: el cumplido +ramplón, las <i>generales</i> del <i>Manual de la joven pudorosa y bien +educada</i>, suponiendo que exista... «Me sorprendía la pretensión..., +carecía de precedentes..., hasta de merecimientos... El asunto era +gravísimo... aun para expuesto de aquel modo, cuanto más para tratado a +la ligera... A mí me iba bien con la vida que traía..., no había pensado +en abandonarla tan pronto... y, en fin, que ya se presentaría ocasión +más oportuna para hablarle yo del caso, con toda libertad y con mayor +franqueza...»</p> + +<p>»Con lo cual y una forzada sonrisa, el correspondiente ademán y la +disculpa de que me llamaban desde la sala, escapeme del gabinete sin +estudiar con los ojos la impresión que mis respuestas habían causado en +las profundidades del banquero.</p> + +<p>»Al pasar, noté que conversaban, en correcto francés, junto al piano +cerrado, Leticia y el hermoso turco; y en los pocos instantes que me +detuve con ellos, se acercó Sagrario a nuestra amiga, cuyo tipo +<i>componía</i> admirablemente con el castizo oriental, para decirla en +castellano:</p> + +<p>»—Te recomiendo mucho que le trates como a cosa mía; pero no abuses.</p> + +<p>»¡Qué presentes tengo hasta las pequeñeces de aquella noche!</p> + +<p>»Pepe Guzmán me salió al encuentro con la misma serenidad y aparente +indiferencia que si no hubiera entre nosotros <i>lance</i> alguno pendiente. +¡Y a mí me temblaba la mano al sentir el contacto de la suya! Hubiera +jurado en aquel instante que me daba miedo su compañía. Tal era mi +ofuscación, que ya comenzaba a darme un poco en qué pensar; y no es +extraño enteramente: al fin y al cabo, aquel <i>lance</i> era el único +<i>aceptado</i> por mí en todos los días de mi vida.</p> + +<p class="c">*</p> + +<p>»¿Cómo empezó la escena? Hay que advertir que, con los preliminares +orillados ya, quedaba en ella muy poco asunto que ventilar: digo mal, +quedaban pocos trámites que seguir, porque el asunto, entero y +verdadero, estaba contenido en lo que faltaba por esclarecer. +Traduciéndole al lenguaje llano de la verdad, sin metafísicas ni +sentimentalismos; considerándole fría y prosaicamente <i>desde afuera</i>, se +trataba de que Pepe Guzmán me declarara que todos los elementos que él +creía necesitar para que se fundieran los convenidos hielos de sus +desilusiones, se reunían en mí, y de declararle yo, a mi vez, que en él +se hallaban las prendas que me obligarían a renunciar a mi propósito, +tan bien seguido hasta entonces, de no tomar en serio los galanteos. +Todo ello, expuesto así tan desnudo, resulta cursi, y hasta el detenerme +yo a declarar que lo es, pues por sabido debiera callarse; pero de algún +modo ha de saberse que otros toques, más cursis aún para referidos, como +lo de las condiciones que necesitaba él en una mujer para salir de su +escondite, y lo de las prendas de que había de estar adornado un hombre +para que yo me decidiera a quererle, etc., etc., ya se habían dado en el +cuadro con toda la premeditación y hasta el ensañamiento y la alevosía +que caben en un galán muy listo y escarmentado, y en una dama no tonta y +menos dispuesta a perder el tiempo en juegos insulsos.</p> + +<p>»Y a tal extremo llevo yo estos mis temores a lo cursi, que aun contando +con que cualquiera que estos <i>Apuntes</i> les tendrá su alma en su almario +y sabrá dar a las cosas la necesaria luz y el apetecido temple, renuncio +a reproducir el diálogo literalmente, tal como lo conservo en la +memoria. Precisamente comenzó la escena por ahí; es decir, por +manifestarme Pepe Guzmán su convencimiento de que el lenguaje, como +expresión de afectos íntimos y delicados, que tienen su principal +incentivo en el fulgor de una mirada o en el contacto sutil de dos +epidermis, estaba todavía sin hacer; tanto, que, en su concepto, hablar +de lo que íbamos a hablar nosotros con los términos usuales del +diccionario vulgar, era como empeñarse en tejer hilillos del rocío con +palitroques sin pulir. Me pareció algo extremada la comparación, pero +también muy al caso; y por lo que en ella me correspondía, se la +agradecí de todo corazón. Por de pronto, nos dieron motivo estas y otras +sutilezas semejantes para entrar en materia por caminos poco trillados +por el vulgo de los que platican de amores; y este nuevo encanto tuvo +para mí aquella escena memorable.</p> + +<p>»Pero ¡qué diestro era el maldito en esta clase de empeños!, y yo, a +pesar de mi fama de insensible y de mi reputación de traviesa, ¡cómo me +dejaba conducir por donde él quería llevarme! Al principio su misma +frescura me desalentaba algún tanto, porque llegué a temer que en aquel +combate <i>a muerte</i> no hubiera más ardimientos que los míos, y que +terminara por ir a clavarme yo, como una tonta, en la punta de su +espada; pero bien luego observé que me engañaba, cuando vi reflejada en +sus ojos, en su voz, en cada uno de sus ademanes, la elocuencia +fascinadora del lenguaje que no se habla ni se escribe, pero que se deja +leer y penetrar hasta lo más hondo de su sentido. Jamás había visto a +Pepe Guzmán así, ni, por consiguiente, tenido ocasión de estimar la +fuerza arrolladora que cabía en este nuevo aspecto de su trato conmigo. +Halleme, pues, desprevenida e indefensa en aquel inesperado trance de +prueba; perdí mi poca serenidad, y pareciéndome que el castillo no se +desmoronaba tan aprisa como lo querían mis desatinadas impaciencias, yo +misma puse mis manos en él, y me atreví a arrancar sus sillares, uno a +uno, hasta dejarle arrasado. El trabajo fue rudo, pero la conquista más +señalada. Los recios muros, que parecían inexpugnables, estaban +convertidos en escombros, el hielo proverbial se había fundido.</p> + +<p>»El conquistado paladín, al verme dueña y señora de su última trinchera, +reclamó el derecho de tomar el desquite en la que me restaba de las +mías, y reconocísele yo de buena gana. Comenzó el asalto; pero no +necesitó grandes esfuerzos, porque bien pronto me declaré rendida.</p> + +<p>»Entonces...,¡oh!, entonces, si mintió en lo que me dijo, no hay verdad +que valga lo que aquellas mentiras. Si todo era una comedia, ¡qué bien +la representaba! Pero, fuéralo o no para él, para mí era una hermosa +realidad de la vida la parte que desempeñaba yo en la escena con todo mi +corazón.</p> + +<p>»Y ¿a dónde íbamos los dos por la florida senda en que acabábamos de +encontramos como dos pastores de un idilio algo realista? Ni él me lo +había dicho, ni yo se lo había preguntado, ni, en honor de la verdad y +de la buena casta de mi ardoroso sentimiento, por no decir amor, se me +ocurrió semejante pregunta. En determinadas situaciones, nacidas de +circunstancias y precedentes como los que habían creado la nuestra, no +se discurre como en los trances ordinarios de la vida. Se aceptan a +ciegas para no retroceder... El paradero, Dios le sabe.</p> + +<p class="c">*</p> + +<p>»Cuando hubo salido de nuestra casa el último de los tertulianos, me +llamó mi madre a su habitación. Estaba ya acostada gran rato hacía.</p> + +<p>»—Siéntate—me dijo en cuanto me tuvo delante—, y cierra esa puerta, +porque tenemos que hablar despacio sobre cosas que no deben ser oídas.</p> + +<p>»Extrañome la advertencia; pero cerré la puerta y me senté sin decir una +palabra.</p> + +<p>»—¿Sabes—me preguntó en seguida—, cómo ha quedado nuestro caudal a la +muerte de tu padre?</p> + +<p>«No lo sabía a punto fijo, aunque sospechaba que no debía de haber +quedado muy floreciente, y así se lo manifesté a mi madre.</p> + +<p>»—Pues no te equivocas—añadió—, aunque es difícil que adivines hasta +qué punto llegan las mermas de lo que habla, y el desbarajuste de lo que +nos queda. Una semana ha necesitado Simón..., mejor dicho, he necesitado +yo, para que él me ponga al corriente de todas esas cosas en que estoy +obligada a entender desde que falta tu padre. ¡Qué despilfarros, hija +mía, y qué barullos!... Lo que Simón dice: «aquí no se ha tratado más +que de pedirle dinero; grandes sumas, cada vez más grandes, sin pararse +a considerar que no siempre lo hay disponible, y que cuando no lo hay +así, el adquirido de prisa cuesta muy caro; y de este modo se van +eslabonando unas trampas con otras... hasta que se llega al punto a que +se ha llegado en esta casa». No vayas a creerte, hija mía, por esto que +te digo, que estemos a pique de salir a pedir el pan que hemos de comer +mañana; pero lo cierto es que el estado de nuestra fortuna es, +relativamente, muy grave; que llegará a serlo mucho más si no se le pone +luego el remedio que necesita, y que hay que decidirse a ponérsele, sin +la menor tardanza.</p> + +<p>»A mí se me ocurrían muchas cosas que decir a propósito de estas +juiciosas ideas de mi madre, que parecía no acordarse de que habían sido +sus enormes despilfarros la causa principal del desastre de que se +lamentaba. Pero seguí callando y oyendo, hasta ver en qué paraban sus +reflexiones y sus planes.</p> + +<p>»—Simón—continuó diciendo—, no sé si es todo lo leal y sencillo que +parece, o si de nuestro río revuelto ha logrado sacar las buenas +ganancias que se le ven, y otras mayores que, según dicen, están +ocultas; por de pronto, me consta que a tu padre le daba buenos +consejos, y que él no quería tomarlos en consideración: tenía el pobre +bastante bambolla, y esto le perdía. En dándole dinero abundante para +satisfacerla, ya todo le era igual... Pero vamos al caso: sea Simón lo +que fuere y valiendo lo que vale como inteligente administrador, no +basta él para lo que hay que hacer aquí; porque ese milagro no ha de +hacerse sólo con inteligencia, sino también con buenos puntales y con +cierto interés... En una palabra, hija mía: en esta casa se necesita un +hombre, rico, muy rico, que reemplace, no a Simón, sino a tu padre, en +la dirección de ella... ¿Me comprendes bien?</p> + +<p>»Creí comprender algo, que no me molestaba ciertamente, porque no estaba +reñido con el recuerdo que llenaba mi memoria e informaba entonces todos +mis pensamientos; pero, por si me equivocaba, respondí a mi madre que +no. Pareció algo contrariada con la respuesta, y añadió:</p> + +<p>»—Es necesario que te persuadas de que todo esto que te digo y lo que +aún he de decirte, y los cuidados que me preocupan, no tienen más objeto +que tu bien. Si de mí sola se tratara, muy distinto sería mi modo de +pensar... Es tan poco lo que me resta de vida, que, por escasos que sean +mis caudales, ha de sobrarme lo más de ellos... porque tengo el +convencimiento, hija mía, de que he de vivir muy poco tiempo, ¡muy +poco!, mucho menos de lo que tú te figuras..., y por lo mismo, me afano +tanto hoy; porque si me muriera yo dejando las cosas en el estado en que +se hallan, seria muy desdichado tu porvenir. El legado de tu abuelo no +alcanza a cubrir tus necesidades en el pie en que estás educada y has +vivido hasta aquí; y en cuanto a lo restante de nuestros bienes, tan +embrollado hoy, ¿cómo estaría mañana en manos de una mujer sin +experiencia y sin amparo? Porque tú, muerta yo, te quedarás sola..., +enteramente sola; y esto, aun con mucho dinero y grandes rentas, es muy +triste... En una palabra, hija mía, y para cansarte menos, ese hombre +que se necesita aquí, inteligente y rico, no ha de ser un administrador, +ni un asociado como otro cualquiera, sino tu marido. ¿Me entiendes +ahora?</p> + +<p>«Era lo mismo que yo había sospechado antes; y como no salía con ello de +mis dudas, dije a mi madre que continuara explicándose, si es que tenía +más que advertirme, como me lo iba temiendo yo; y añadió entonces:</p> + +<p>»—Tengo ese hombre inteligente y rico que tanta falta te hace.</p> + +<p>»Desde luego aposté en mis adentros a que no era el único que yo +aceptaría, y hasta supuse quién podría ser el que me proponía mi madre.</p> + +<p>»—No hace aún dos horas que me ha pedido tu mano—continuó aquélla, +viendo que yo nada decía.</p> + +<p>»Don Mauricio—apunté sin temor de equivocarme.</p> + +<p>»El mismo—repuso mi madre.</p> + +<p>»No me dio algo allí, porque, después de mi entrevista con el +pretendiente, ya no podía admirarme nada que fuera de la especie de lo +que le había oído a él; pero en la acogida que habían merecido a mi +madre sus pretensiones, no dejaba de haber motivo para sorprenderme, y +así se lo manifesté a ella.</p> + +<p>»—Contaba con eso—me replicó—, porque desde luego supuse que sería +una ofuscación suya lo de los grandes alientos que, según me dijo, le +habías dado en tu respuesta; pero también contaba y cuento con tu buen +juicio, con tu serenidad... y con el aprecio que has de hacer, por lo +mismo, del consejo de tu madre, que no puede desear para ti sino lo +mejor...</p> + +<p>»Aquí comencé yo a tomar la cosa por lo serio, y se entabló una porfía, +muy tenaz por mi parte; la cual atajó mi madre diciéndome con desusada +dulzura:</p> + +<p>»—Todo eso será verdad, y más que me cuentes; pero ¿y qué? ¿Serías la +primera mujer joven y hermosa, y aun noble y rica, casada con un Creso +feo... y hasta vicioso... y hasta ridículo, si quieres? De esto se ve +todos los días, porque hay muchos motivos y grandes razones para que se +vea... Quiero concederte todavía más: quiero suponer que tuvieras el +corazón interesado por un joven hermoso, discreto, noble..., en fin, lo +contrario enteramente de don Mauricio; y no quiero suponerlo, sino +creerlo, porque así es la verdad, o yo no tengo ojos en la cara; +supongo, pues, digo mal, creo que tienes el corazón interesado por un +hombre así..., por Pepe Guzmán, en una palabra... Pues mejor que mejor +para mis planes, y para tus conveniencias por consiguiente.</p> + +<p>»Aquí me asombré ya mucho más que antes. Conociolo mi madre, y continuó +así:</p> + +<p>»—Te lo repito y te lo demuestro. Los hombres como Pepe Guzmán, no +sirven para lo que tiene que servir aquí tu marido; y aunque sirvieran, +no querrían, porque los ejemplares de esa casta... no se enamoran para +casarse.</p> + +<p>»Me ofendió el dicho como debe ofender un bofetón.</p> + +<p>»—Eres una novicia todavía—añadió mi madre al notarlo—, aunque te +juzgas y te juzgan los que no te conocen tanto como yo, llena de +malicias y de experiencia. Yo soy vieja ya, y tengo de todo eso mucho +más que tú para estas cosas del mundo. No se enamoran para casarse los +hombres como Pepe Guzmán; y te añado que aun cuando éste quisiera ser +contigo una excepción de la regla, tú no deberías consentirlo.</p> + +<p>»—¿Por qué?—exclamé sin poderme contener.</p> + +<p>»—Por... varias razones—respondió mi madre muy serena y bajando más la +voz—. Y vamos a tratar este punto con toda franqueza, porque en él se +encierra toda la cuestión. Por de pronto, los hombres de cierta +pasta..., como la de <i>ese</i>, son una calamidad para maridos de las +mujeres a quienes han amado solteras: la razón es que los hábitos +adquiridos en el mundo en que han vivido los hace incompatibles con lo +que se llama, muy fundadamente, «prosa de la vida conyugal». Comienzan +por desencantarse y por aburrirse, y acaban por desviarse... Es ley +infalible: la cabra tira al monte... Y lo que digo del hombre de esas +condiciones, es aplicable a la mujer... de las tuyas. ¿Amas a Pepe +Guzmán? Pues ten por seguro que dejarías de amarle si te casaras con él.</p> + +<p>»—Pero, Señor—pensé aturdida al oír esto—, ¡también mi madre!... +Porque esta es la teoría de Sagrario... y la de Leticia, o yo no estoy +en mis cabales... ¿Es que hay algún mal espíritu encargado de conducirme +a donde yo no quiero ir?</p> + +<p>»—¿Te asombras?—preguntome mi madre, conociendo lo que me pasaba—. +Acaso no me haya explicado bien; porque en mis intenciones no hay motivo +para ello. Si te hubiera puesto el ejemplo de tus dos amigas más +íntimas, y de tantas otras que conozco y que conoces lo mismo que yo; si +te hubiera dicho: «te conviene para marido el hombre que te he +propuesto, por lo mismo que es raro y tiene vicios y mala fama; o lo que +es igual, todo lo que necesita por pretexto una mujer de mundo para +lograr de casada, con <i>cierto derecho</i>, lo que no le es lícito a una +soltera»; si hubiera pretendido yo que aceptaras al banquero antipático +para sostén y pantalla de debilidades y caídas con los galanes de tu +gusto; si fueran estas mis intenciones al decirte lo que te he dicho, +tendrías razón para sorprenderte; pero se trata de cosa muy distinta y +más honrada. Don Mauricio es hombre <i>del día</i>; entiende sus +conveniencias, y por ello respetaría las tuyas..., porque tú no habías +de pretender nada que no fuera <i>usual y admitido</i> entre las mujeres de +tu rango; y como no le amas ni puedes amarle, no hay que temer en ti los +desencantos ni las terribles consecuencias que éstos traen en los +matrimonios por amor. Por añadidura, serás libre y considerada, y +tendrás quien guarde y prospere tu hacienda, y te mantenga en la +abundancia que necesitas para vivir sin contrariedades ni privaciones. +Esto quiero para ti; esto puedo proporcionarte, y con esto te brindo... +¿A qué respetos falto, ni a quién ofendo con ello?</p> + +<p>» ¡A qué respetos faltaba!..., ¡a quién ofendía con ello! ¡Y a mi se me +amontonaban en tropel las respuestas que estaban reclamando aquellas +preguntas inconcebibles en labios tales; corolarios artificiosos, o, +cuando menos, muy mal deducidos de unas teorías repugnantes a mi +naturaleza de mujer de honradas inclinaciones y a mis sentimientos de +enamorada! Y pude dominar mi indignación, por respeto a las intenciones +de mi madre, que no eran, que no podían ser las que cualquiera tendría +derecho a leer en la letra descarnada de sus precedentes advertencias, +encomios y recomendaciones; cualquiera menos yo, que conocía hasta qué +punto cegaban a aquella señora las pompas y vanidades del mundo, y con +qué facilidad transigía con los riesgos más graves, si la costumbre los +autorizaba y si sus planes de bambolla los pedían. «¡Dinero, dinero a +todo trance, y mundo esplendoroso en que lucirle! «Este venía a ser, en +substancia, el objeto, el fin, la aspiración única, y hasta la religión +de mi madre, y por eso, creyendo de buena fe que en ello trabajaba por +mi felicidad, al ofrecerme por marido a don Mauricio, intentaba, con +tan poca prudencia, desvanecer los escrúpulos que yo tuviera para +aceptarle.</p> + +<p>»Respondí, pues, lo menos que pude; pero aun así, estuve dura con ella.</p> + +<p>»Continuó la entrevista un buen rato todavía, hasta que me dijo:</p> + +<p>»—No puedo más, hija mía. El hablar me fatiga mucho, como ves, y las +molestias y los dolores se me agravan. Estoy hecha una ruina..., vivo de +milagro, no hay que darle vueltas... Dejémoslo aquí por hoy; y ahora, +recógete... y medita; pero con serenidad, con todo tu discernimiento. +Pésalo y mídelo todo bien... y ya verás cómo, al fin y al cabo, vamos a +estar de acuerdo.</p> + +<p>»¡Qué horas las de aquella noche, Dios mío! ¡Y yo que, muy pocas antes, +esperaba encontrar en ellas los más regalados sueños de mi vida!</p> + +<p>»¡Que pesara..., que midiera!... Y ¿en qué otra cosa que en pesar y en +medir lo que mi madre quería, podía yo emplear aquellos siglos de +tinieblas en la tortura de mi lecho?</p> + +<p>»No es para descrita, por su complicación y colorido de pesadilla, mi +batalla mental; pero merece apuntarse el hecho de que cuando las +primeras claridades del alba vinieron a orientarme en el antro y a +desvanecer las últimas visiones de mi enardecida fantasía, sobre el +montón de ruinas a que en ella habían quedado reducidos los abigarrados +ejércitos de fantasmas, comencé yo a levantar los cimientos de otro plan +que pensaba poner en obra muy en breve.</p> + +<p>»¡Que Dios le libre a un hombre de bien de que se ponga en tela de +juicio su derecho a la camisa que lleve puesta; porque con eso solo, +está en muy grave apuro de perderla!</p> + + + +<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI</h3> + + +<p>Se sorprendió mucho mi madre cuando entré en su habitación a saludarla. +Contaba con hallarme en el temple en que me había despedido de ella la +noche antes, y me veía tranquila y sosegada, como si nada me hubiera +pasado.</p> + +<p>»—¿Has dormido bien?—me preguntó.</p> + +<p>»—Muy bien—respondí tan ufana como si fuera verdad.</p> + +<p>»—Luego no has meditado...</p> + +<p>»—Ha sobrado tiempo para todo.</p> + +<p>»—¡Yo he pasado muy mala noche!</p> + +<p>»—Y debía ser cierto, porque parecía un cadáver; pero, así y todo, dudo +que su noche fuera más mala que la mía. Díjela que lo sentía en el alma, +y me preguntó, sonriendo a la fuerza:</p> + +<p>»—Y ¿qué has resuelto?</p> + +<p>»—Esperar.</p> + +<p>»—¿A qué?</p> + +<p>»—A lo que resulte del plan que yo también he formado.</p> + +<p>»—¡Has formado un plan?</p> + +<p>»—¡Yo lo creo! Y ¿por qué no había de formarle?</p> + +<p>»—Efectivamente:¿por qué no habías de formarle? Y ¿va a ser obra larga?</p> + +<p>»—Pienso que sea muy breve.</p> + +<p>»—Más valdrá así.</p> + +<p>»Muy poco más que esto hablamos entonces. Antes de almorzar, envié, bajo +sobre cerrado, una tarjeta a Pepe Guzmán, con el ruego de que no faltara +por la noche a mi casa. Este trámite era del programa formado por mí. Un +detalle que recuerdo bien: al escribir en la tarjeta lo poco que +necesitaba, anduve tanteando fórmulas hasta encontrar una en que no se +diera tratamiento alguno a mi <i>amigo</i>. ¡Y de qué buena gana le hubiera +tuteado! Pero la noche antes había quedado nuestra <i>amistad</i> en el punto +en que el <i>tú</i>, aunque se impone ya, todavía asoma con mucha timidez a +los labios.</p> + +<p>»Durante el día me hizo mi madre muchas insinuaciones acerca de la +naturaleza de mis planes; raterías que se caían de inocente, para +tirarme de la lengua. ¡A buena parte venía!</p> + +<p>»Como las horas se me hacían eternas en casa, salí en carruaje con una +de mis tías, mientras la otra se quedaba acompañando a mi madre, no sé +cuántas veces, a comprar cosas que no necesitaba y a visitar iglesias en +que ni rezaba ni leía. Y lo cierto es que mejor estaban mis negocios +para encomendados a Dios, que para otra cosa. Pero andaban, a la sazón, +mis pensamientos tan a flor de tierra, que no se me ocurrió elevar una +súplica al único juez que podía fallar <i>en justicia</i> el pleito que me +desvelada.</p> + +<p>»En estas idas y venidas, cuidaba mucho de no encontrarme con gentes +conocidas, o de fingir que no las había visto, si el encuentro era +inevitable. ¡Y cuántas de ellas vi! Parecía que el diablo se empeñaba en +ponérmelas delante y que se había encarnado en mi tía; porque, como si +no me acompañara para otra cosa, no cesaba de apuntármelas con el dedo, +ni de exclamar: «¡Mira Fulano!» «¡Mira Menganita!...» «Casa-Vieja te +saluda...» «Agur, Ramiro». ¡La hubiera arrojado por la ventanilla de muy +buena gana!</p> + +<p>»Llegó la hora de comer, y comí tan poco como la víspera, porque aunque +los motivos eran diferentes, la mortificación de las impaciencias que me +desganaban era la misma un día que otro. También me encerré en mi +tocador en cuanto me levanté de la mesa: igual que el día antes; pero +esta vez no fue para estudiar en el espejo afeites ni aliños que me +embellecieran, sino para afirmarme en mis ya bien firmes propósitos, +dando un repaso mental a lo que me tocaba hacer y decir para +cumplimiento de la más delicada e interesante cláusula de mis planes.</p> + +<p>»En fin, y viniendo a lo que importa, a la hora acostumbrada llegó Pepe +Guzmán a mi casa. Como no era noche de tertulia, había en ella muy poca +gente; y yo, sin pararme a considerar si faltaba o no a «las +conveniencias», y atenta sólo a lo que me interesaba, le conduje al +gabinete mismo en que el banquero «se me había declarado»; elegí un +sitio en él donde pudiéramos hablar sin servir de espectáculo a la gente +del saloncillo; senteme allí, y roguele a él, con una mirada y un +golpecito con la mano en el sillón inmediato, que se sentara también. +Sentose; clavó en los míos sus ojos, dulces y elocuentes, como si en +ellos quisiera mostrarme estampado todavía el idilio de la noche +anterior..., y me encontré sin ánimos para decir la primera palabra. +Todas las fuerzas con que contaba para llevar a cabo mis proyectos, me +habían faltado de repente. Sentí vibrar y conmoverse dentro de mi algo +que era como la luz y el estímulo de la vida, y mis flaquezas de mujer +hicieron una de las suyas, llenándome los ojos de lágrimas y el pecho de +sollozos, que a duras penas logré sofocar.</p> + +<p>»Viéndome así Pepe Guzmán, tomó una de mis manos entre las suyas; y +envolviéndome en una mirada, que fue para mí lo que el rayo de sol para +un cuerpo aterido, díjome con expresión y acento de cariñosa ironía, +disimulo evidente de otras impresiones muy distintas:</p> + +<p>»—Aquí pasa algo muy grave, por las señas de esas lágrimas después de +tu recado de esta mañana... Veamos lo que es...; se entiende, si me es +lícito saberlo.</p> + +<p>»Rehíceme casi en el acto, por empeñarme en ello, antojándoseme que +tenía algo de ridícula aquella crisis histérica; volví a recobrar la +resolución perdida; y retirando mi mano de las de Guzmán, con el +pretexto de necesitarla para enjugarme los ojos, dueña ya de mi +serenidad, enterele de todo lo que ocurría..., de todo no, puesto que +omití lo del parecer de mi madre sobre los casamientos por amor.</p> + +<p>»—Mientras hablaba, iba observando yo el efecto de mis palabras en el +atento escuchante.—También este trámite estaba apuntado en el +programa.—Ni un músculo se contrajo en todo su cuerpo, ni el menor +gesto alteró la expresión serena de su semblante. Como si se tratara de +una historia del otro mundo.</p> + +<p>»La que yo le relataba, no podía tener en mis labios más que un objeto +solo: el de dársela a conocer como una desventura mía, necesitada del +dictamen sesudo y de los consuelos cariñosos y <i>desinteresados</i> de «un +buen amigo». Mi derecho no alcanzaba a más..., ni siquiera a disminuir +un poco los motivos que yo tenía para sentir allá dentro, muy adentró, +el frío de aquella inalterable serenidad, por más que este detalle fuera +suceso previsto como <i>posible</i> en mi programa.</p> + +<p>»Después que se enteré de todo, me preguntó, sin abandonar su expresión +de irónica afabilidad:</p> + +<p>»—Y ¿por qué te has apresurado tanto a informarme de ello?</p> + +<p>»—Porque es caso de urgencia—respondí—, y necesito un consejo.</p> + +<p>»—¿Precisamente el mío?</p> + +<p>»—Precisamente el tuyo (¡con qué gusto usaba ya este pronombre!); pero +el tuyo sólo, entiéndase.</p> + +<p>»—¿Por pura curiosidad?</p> + +<p>»—Para seguirle al pie de la letra..., a ojos cerrados, sea cual fuere. +Lo he jurado así.</p> + +<p>»—¡Pobrecilla, y con qué decisión me lo dice!</p> + +<p>»—Como todo cuanto te he dicho y prometido.</p> + +<p>»—Mira que si me arguyes de ese modo, vas a hacerme perder la cordura +que necesito para que el consejo sea digno de quien me le pide.</p> + +<p>»—Pues venga pronto el consejo..., porque no respondo de mí.</p> + +<p>»Omito, en obsequio a la brevedad, la <i>ortografía</i> que usábamos mi +interlocutor y yo para este lenguaje hablado. De la intención de lo +escrito aquí en determinados pasajes, se desprende con harta facilidad.</p> + +<p>»Vuelta a <i>enjuiciarse</i> la escena, continuó de este modo Guzmán:</p> + +<p>»—Según me has dicho, es grande el empeño de la marquesa...</p> + +<p>»—Hasta el entusiasmo.</p> + +<p>»—Y tú, por tu parte, sin contar con extraños auxiliares, ¿no has +hallado en la repugnancia que la idea de ese casamiento pueda +producirte, fuerza de convencimiento y resolución bastantes para +resistir?</p> + +<p>»—Repugnancia y convencimiento, y fuerza y decisión para resistir tuve, +y todo lo empleé inútilmente.</p> + +<p>»—No lo entiendo, tratándose de en carácter como el tuyo.</p> + +<p>»—Pues con todo eso y algo más, que no es de este momento y me llega +muy al alma, me di a cavilar anoche..., ¡qué horas aquéllas, Virgen +santa!..., y cavilando sin cesar, y pensando y midiendo, como quería mi +madre..., ¡que Dios te libre, de la tentación de pensar <i>demasiado</i>, +cuando necesites decidirte pronto y a tu gusto! Yo ya no sé a qué +atenerme sobre ciertas cosas; qué se entiende por bueno ni qué por malo; +si el error está en mi modo de ver, o en la manera de conducirse los +demás; si soy yo la mala cuando pienso que obro bien, o si son ellos los +buenos cuando me parecen una canalla; cuál es lo noble ni cuál es lo +vil. Decídelo tú, que ves mejor en esas confusiones que a mi me ofuscan; +y lo que decidas, eso haré. Ya sabes que lo he jurado.</p> + +<p>—Aplaudo esos alientos—me dijo Guzmán entonces, sonriendo, pero no tan +impávido como aparentaba—, porque, o yo me equivoco mucho, o has de +necesitarlos muy pronto. Y vamos ahora al consejo. Un enamorado de estos +de la turba multa, digámoslo así, de <i>pensamientos levantados y +cristianos procederes</i>, al oír a su dama llorar cuitas como las que tú +me has confiado, y al pedirle ella el consejo que tú me has pedido, +tocaría el cielo con las manos; la negaría hasta el derecho de dudar en +tal conflicto, porque entre la exigencia del <i>tirano</i> y los mandatos del +amor, nunca vacilan los que bien aman, y acabaría la escena por +decidirse <i>ella</i> a arrostrar el hambre, las mazmorras y aun la muerte, +antes que consentir en <i>ser de otro</i>, y por jurarla <i>él</i>, viéndola tan +firme y tan constante, que con los dientes sabría arrancar los clavos +mismos de las puertas que la encerraran. Pero en nuestro mundo, hija +mía, pasan las cosas de muy distinto modo que en el mundo de aquellos +inocentes: hay otros móviles y otros fines, otras luces y otros +horizontes; y tú y yo, si bien nos miramos, en nada nos parecemos a los +enamorados de mi ejemplo... En virtud de lo cual (que yo te explanaré, +si lo deseas), y en vista de lo que arrojan los autos de tu pleito, es +mi parecer, hijo de mi larga observación en ese linaje de conflictos, y +muy principalmente del interés que tengo en tu felicidad, tan eslabonada +con la mía, que te avengas a los deseos de tu madre y aceptes la rica +mano que te ofrece don Mauricio.</p> + +<p>»¡Esto si que no estaba previsto en mi programa! Que Guzmán no me +abriera las puertas de su casa al saber lo que me ocurría, previsto como +<i>posible</i> lo tenía yo; pero que él mismo me empujara hacia la casa del +banquero, eso ya no cupo en mis presunciones. Pues bueno: con este +desencanto y todo, que me dolió como una puñalada en el corazón, no +sentí esas sublevaciones de la «dignidad ofendida», que tanto juegan en +las pasiones de teatro. Sería así la calidad del hechizo con que me +había fascinado aquel hombre; sería un milagro de la fe con que le oía, +o un contagio de la peste que respiraba..., yo no sé lo que sería; pero +así sucedió, y así lo confieso, aunque se tenga el caso por absurdo... +¡Absurdo! ¡Como si hubiera algo con lógica en los enredos de la farsa de +nuestra vida!</p> + +<p>»Conoció el desengañado consejero la honda impresión que produjo su +descarnado consejo, y acudió solícito a templarla, a intentarlo, mejor +dicho, con una detenida exposición de razonamientos que me es imposible +reproducir aquí al pie de la letra, por falta de memoria para tanta +minuciosidad; pero cuya substancia, que recuerdo bien, y no debe +omitirse en este pasaje de la historia de mi vida, era la siguiente:</p> + +<p>»Si el matrimonio no fuera más que una carga de sacrificios y un +palenque de proezas, donde un caballero demostrara a cada instante la +firmeza del amor que sentía por su dama, él, Pepe Guzmán, por remate de +nuestro idilio de la víspera, con lo que acababa de contarle yo o sin +ello, se hubiera apresurado a implorar de mí el mismo favor que con tan +rendidas ansias había implorado el banquero para sí. Pero no había que +olvidar quién era yo y quién era Pepe Guzmán; en qué <i>medio</i> nos +habíamos formado; a qué costumbres estábamos hechos; qué mecanismo era +el de nuestro mundo, y por qué leyes se regía. Y teniendo esto presente, +ni él ni yo podíamos desconocer que había en aquella patriarcal unión, +por las condiciones esenciales de ella, un riesgo gravísimo en que +indefectiblemente habíamos de caer nosotros. Si tomábamos el trance por +lo serio, con todo su formulario de procedimientos ejemplares y +virtuosos, el hastío era inevitable. Si por huir de él faltábamos a +aquellas santas reglas de los <i>perfectos casados</i>, y conveníamos en que +cada cual campase por sus gustos e inclinaciones, apuntarían entre +nosotros las desconfianzas y las discordias, y con ellas los resabios +groseros de la <i>bestia</i>, que, aunque se tapan y se doman, no se extirpan +con la educación de la inteligencia. En ambos casos, el desprestigio de +un cónyuge a los ojos del otro, y, por consiguiente, el desamor y la +antipatía, cosa de muy mal gusto; y nosotros, nacidos para caer de muy +alto en la locura de escalar el cielo, no debíamos morir de aquella +prosaica y terrena enfermedad.</p> + +<p>»Muy bien dicha me pareció la parrafada, pero muy poco conveniente para +mí, que era la mosca de estos ditirambos de la araña. Aun acomodándome a +ciegas a los propósitos que se transparentaban en la disertación; aun +dando por bueno y por <i>elevado</i> (¡que no era poco dar!) todo lo que por +elevado y por bueno daba él, ¿cómo se compaginaban aquellas +sublimidades que me predicaba, con la prosa del banquero, que me ofrecía +como una necesidad? No le apuró gran cosa el reparo...; verdad es que, +quizás por llamar mi atención hacia otra parte más risueña, puso, como +introito de su réplica, la extensa genealogía de su amor, con +entretenidos comentarios sobre las diferencias esenciales entre el modo +de nacer y desarrollarse la <i>pasión</i> que le había vencido, y los +agradables <i>entretenimientos</i> que hasta entonces habían sido la única +necesidad de su corazón; y como si hubiera adivinado mis «curiosidades» +y se anticipara a satisfacer mis deseos, él mismo trajo a la colada +algunas historias que a mí me interesaba conocer <i>en toda su verdad</i>: +pecadillos sin malicia las más de ellas; rumores sin fundamento serio +las restantes, como <i>lo</i> de Leticia, por ejemplo... Pues le creí, así +como suena..., ¡yo, que tantas veces me había reído del candor de otras +mujeres en casos parecidos!... Si no hay que darle vueltas: el corazón +humano, «que nunca se engaña», es un odre henchido de equivocaciones en +cuanto se apasiona un poco.</p> + +<p>»Con esto, cuando llegó la ocasión de replicar a mi reparo, ya estaba yo +mejor dispuesta a comulgar con ruedas de molino. ¡Bien lo sabía él! +Despachose a su gusto derrochando primores de sofistería apasionada, +esbozando proyectos, suavizando asperezas, dulcificando amargores..., en +suma, exponiendo y sustentando, pero con nuevas <i>razones</i> y los más +peregrinos vislumbres, la sempiterna <i>teoría</i>..., la de Sagrario, la de +Leticia, la de mi propia madre; la que, desde la noche anterior, +<i>sentía</i> yo en el aire que respiraba y en los rumores que oía. Sólo +faltaba que me la repitiera <i>él</i>, y ya me la había repetido, sin que +tampoco al oírla yo brotar de sus labios, trémulos por la pasión, +saltaran a mi rostro «las lavas del volcán de mi dignidad ofendida». El +mal espíritu me ataba de pies y manos para que fueran inútiles mis +instintivas, resistencias.</p> + +<p>»—¿Esa es tu última palabra?—pregunté, por conclusión, a Pepe +Guzmán—. ¿Te ratificas en ella? ¿Estás bien seguro de que el consejo +que me has dado es el que yo debo seguir?</p> + +<p>»—Es mi última palabra—me respondió con la mayor entereza—; en ella +me ratifico, y estoy seguro de que el consejo que te he dado es el que +nos conviene que sigas.</p> + +<p>»—Pues yo voy a cumplir mi juramento de seguirle <i>al pie de la +letra</i>—, dije levantándome de pronto y sin saber si lo que sentía +dentro del pecho entonces era el impulso de la decisión que me +arrastraba, o el latir de un corazón dilacerado.</p> + +<p>»Con la vehemencia con que se toman siempre las grandes resoluciones que +pueden fracasar si se meditan mucho, entré en el saloncillo y busqué a +don Mauricio, que con otras personas estaba haciendo la tertulia a mi +madre en el gabinete frontero al en que yo había conversado con Pepe +Guzmán. Me curaba muy poco de que pudiera llevar en la cara las huellas +de la tempestad que aún no se había calmado dentro de mí; me era +indiferente que mi casi encierro con aquél hubiera o no chocado a los +demás tertulianos..., ¡pues podían venírseme con melindres de beata los +que me estaban enseñando a pactar con el demonio para venderle la +conciencia! Yo no veía más que los fantasmas de mi pesadilla, y, por el +momento, a aquel hombre ridículo que acompañaba a mi madre. ¡Cielo +santo! <i>Por allí</i> tenía que pasar yo para llegar a donde mi destino me +arrastraba; y pasar por allí, por aquel, hombre, aunque no fuera más que +<i>pasar de largo</i>, era, para una mujer de mi estómago, ir al patio de una +cárcel, a la picota, a los cubiles del circo..., a las fieras mismas.</p> + +<p>»Llamele aparte en la primera ocasión de ello que tuve, y le cité para +el día siguiente, después del almuerzo. Lo inusitado de la cita y de la +hora, movió en alto grado su curiosidad. Intentó satisfacer siquiera una +parte de ella, echándome memoriales de un dulzor empalagoso; pero no me +di por entendida.</p> + +<p>»Al despedir más tarde a Pepe Guzmán, le encargué mucho que no faltara +la noche siguiente, para darle cuenta minuciosa del cumplimiento de uno +de los trámites más importantes de mi plan.</p> + +<p>»Por último, al retirarse mi madre a su habitación, la advertí lo de la +cita al banquero. Preguntome ansiosa que para qué, y me excusé de +complacerla, recordándola nuestro convenio de no descubrirla mi plan +hasta que estuviera ejecutado. En hablando a solas con el banquero, lo +estaría... en lo que a ella le interesaba. Algo que llevaba yo bien a la +vista en mi actitud, y, sobre todo, en mi cara, debió de darla a +entender hacia qué lado me inclinaba en el asunto que tanto me había +recomendado ella, porque no insistió en la pregunta y se despidió de mí +muy afectuosa.</p> + +<p>»En seguida me encerré yo en mi dormitorio... a velar, a padecer, a +aturdirme con el pensamiento volteando entre las ondas de la tempestad +que ya no me cabía en la cabeza.</p> + + + +<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII</h3> + + +<p>Según lo convenido con mi madre, al otro día, en cuanto el banquero +llegó, salí yo sola a recibirle. En la penumbra del salón, donde +aguardaba, parecía el hombre una noche de verano: de tal modo relucían y +titilaban sobre él verdaderas constelaciones de pedrería, hasta con su +<i>caminito de Santiago</i>; que bien podía desempeñar este papel allí la +enorme leontina de oro entretejido que trepaba por el hemisferio de su +estómago. Además, apestaba el salón a <i>patchouli</i> y a pomada de geranio. +No sé qué cara me puso, aunque me lo imagino, ni recuerdo en qué +términos me saludé, ni las palabras con que yo le respondí. Sólo tengo +presente lo que pasé después, estando los dos sentados, frente a frente, +aunque con cerca de dos varas de alfombra de por medio; y lo que pasó +dio principio en la siguiente forma, palabra más o menos:</p> + +<p>»—Anteanoche—le dije, sin pararme a disimular la repugnancia con que +abordaba aquel asunto—me insinuó usted ciertos propósitos...</p> + +<p>»—Tuve, en efecto, esa dicha—me interrumpió, bastante desentonado por +las emociones que debía de sentir en aquel instante.</p> + +<p>»—Poco después acudió usted con las mismas cuitas a mi madre, sin +aguardar a que yo le respondiera, como se lo tenía prometido.</p> + +<p>»—No creí que se estoorbaran lo uno y lo otro.</p> + +<p>»—Mal creído. Pero, en fin, ya está hecho. Y ahora, asómbrese usted: he +resuelto despachar su pretensión... favorablemente.</p> + +<p>»Es imposible pintar aquí las cosas que hizo y las <i>finezas</i> que me +enderezó mi pretendiente, al oírme hablar en aquellos términos. Le faltó +muy poco para darme las gracias de rodillas.</p> + +<p>»—Todavía no—le dije conteniéndole—. Hay que deslindar antes los +campos, y poner cada cosa en su sitio y a la necesaria claridad. Para +ello, yo le hablaré a usted con toda la que piden las circunstancias, y +usted no será menos explícito conmigo, en la inteligencia de que, +siéndole o no, lo que aquí establezcamos ha de ser en adelante la ley de +nuestra vida común.</p> + +<p>»—Leyes son siempre para mí hasta los menoores deseos de usted. ¿Qué +mayor dicha, qué mayor...?</p> + +<p>»—Muchas gracias, y óigame ahora: usted es hombre que tiene vicios, no +muy buena fama, y ya pasó de mozo algunos años hace... No se moleste +usted en hacerme reparos, porque es perfectamente demostrable todo esto +que afirmo.</p> + +<p>»—Siga usted.</p> + +<p>»—Sigo, y continúo afirmando que un hombre con todos esos contrapesos, +por poco entendimiento que tenga, no puede creerse merecedor del cariño +ni de la lealtad de una mujer como yo.</p> + +<p>»—Repare usted que, sin hacer las debidas salvedades... y tal y demás, +resuulta eso..., ¿cómo lo diré?, un poco... vamos... exxxtremaaado.</p> + +<p>»—Resultará lo que usted quiera; pero hay que oírlo. Por consiguiente, +al pedir usted mi mano, no espera, no puede esperar, que le dé con ella +ese cariño, ni las llaves de mi corazón, ni el derecho de preguntarme +siquiera por lo que yo tenga encerrado en él.</p> + +<p>»—Lo que yo pido—díjome aquí el banquero, con una serenidad y un +aplomo que no dejó de sorprenderme en él—, lo único a que aspiro, y +usted no podrá negarme, porque no tengo yo la culpa de que no sea la +envoooltura digna del tribuuto que la he tendido a usted con alma y +vida... y tal y demás, es que lo pooco o muucho que me conceda sea de +buena voluntad; porque, bien mirado el caaso, yo no he puesto a naaadie +un puñal en el pecho para que se acepte lo que he ofrecido a caambio... +de lo que usted quiera darme... y tal y demás.</p> + +<p>»—Cierto; pero la misma gravedad de ese... caso, y el singular aspecto +que presenta para mí, y hasta las mutuas conveniencias, no lo dude +usted, me obligan a ser desengañada, sin temor de pecar de dura, con un +hombre que con tan poco se conforma en negocio de tan grande entidad... +En substancia, y para concluir, señor don Mauricio: yo acepto su mano de +usted, con la terminante condición de que he de tener en usted la menor +cantidad posible... de marido, con todos los privilegios e inmunidades +que de este hecho se desprendan en beneficio de la libertad e +independencia compatibles con el rango que ocupo en la sociedad, y con +mis gustos e inclinaciones.</p> + +<p>»Creí sorprender una sonrisa extraña en los resecos labios de mi +pretendiente; el cual, y mientras se tiraba de la patilla derecha con +mayor suavidad de la que podía esperarse de su naturaleza <i>espasmódica</i>, +me dijo:</p> + +<p>»—Y en virtud de esa condición tan... tan <i>adsooluuta</i> y exxteeensa, +¿no me sería permitido añadirla, antes de aceptarla, siquiera una +salvedad..., pedir ciertas garaaantías?...</p> + +<p>»—Doy, y no es poco, la de mi buena educación. ¿Le satisface a usted?</p> + +<p>»—Como la mejor escritura púuublica—me respondió tendiéndome la +manaza, que no rechacé porque fingí tomar el suceso como señal de +despedida, y aproveché tan buena coyuntura para levantarme y dar por +terminada la conferencia.</p> + +<p>»—Para lo que falta que hacer—dije entonces—, entiéndase usted con mi +madre..., que siente mucho no poder recibirle hoy.</p> + +<p>»—De manera—preguntome él, muy cerca ya de la puerta del salón, +poniéndose otra vez tierno y pegajoso—, que esto es ya cosa resueelta?</p> + +<p>»—Enteramente resuelta.</p> + +<p>—Y... ¿para cuáaando..., si no peco de...?</p> + +<p>»—Para mañana, si fuera posible. Y sírvale a usted de gobierno, por lo +que pueda importarle.</p> + +<p>»No oí lo que me dijo en demostración de su contento, porque mientras un +criado que había acudido a mi llamada le entregaba en el vestíbulo el +sombrero y el bastón, yo buscaba, retrocediendo por el estrado, el +camino del gabinete de mi madre, para darla cuenta del definitivo +resultado de mis planes.</p> + +<p>»Asombrose al conocerle, y no era para menos; pero le aplaudió de buena +gana. Llevábamos aún medio aliviado el luto por mi padre, y la rogué que +no fuera esto un estorbo para aplazar las bodas. Otro motivo de asombro +para mi madre.</p> + +<p>»Sin detenerme a sacarla de él con explicaciones que no eran del caso... +ni muy fáciles de dar, salí del gabinete y me encerré en el mío... ¡a +batallar de nuevo contra vestigios y fantasmas!... ¡Ociosas y bien +excusadas mortificaciones!...</p> + +<p>»Sagrario, Leticia, mi madre, Pepe Guzmán, todos mis «dulces enemigos» +estaban complacidos ya. Ya estaba extendida mi respectiva <i>patente de +corso</i>. De un momento a otro me la pondrían en la mano, y comenzaría a +verse con qué «hígados» contaba yo para servirme de ella. Porque, si no +era para esto, ¿para qué me la daban? Pepe Guzmán, en quien menos debía +desconfiar yo, podría engañarme en cuanto a la sinceridad de su +<i>exposición de motivos</i>; pero no en cuanto a la intención práctica de su +consejo. Si éste no tenía el alcance que yo pensaba, era preciso +convenir en que a mi consejero le faltaba el sentido común; y cabía +dudar del corazón de aquel hombre, pero no de su gran entendimiento. +Volví a poner toda la luz de mi discurso sobre esta mancha de su +conducta conmigo; deseaba conocerla en toda su extensión para +«indignarme» contra él: desesperado recurso de náufrago entre las bascas +de su agonía; extender los desfallecidos brazos en busca de un asidero +que no han de hallar; gastar las últimas fuerzas en inútiles tentativas, +para hundirse primero. Eso me pasaba a mí: cuanto más me agitaba, más me +hundía; cuanto más examinaba la mancha, menor la encontraba. Con el +trabajo que empleaba en engrandecerla, acabé por borrarla... Y ¿por qué +no? ¿Qué quitaba ni qué ponía en la intensidad de la <i>pasión</i> de Pepe +Guzmán, un <i>detalle</i> de más o de menos sobre el modo de <i>legalizarla</i> +ante las gentes? No había que confundir los impulsos del corazón con las +rutinas sociales. Si lo <i>principal</i> era entre nosotros conservar vivo el +<i>fuego sacro</i>, yo no tenía por qué escandalizarme de que él necesitara, +para alimentar el que había en su corazón, ritos y procedimientos +distintos de los que yo hubiera preferido.</p> + +<p>»¡Ay, si llegaran a caer estos papeles en manos de una mujer de espíritu +cristiano, que no olvide que voy pintando a la luz de aquellos negros +días, y discurriendo al tenor de las leyes por que me gobernaba +entonces!</p> + +<p>»Pero ¡qué misterioso engranaje!, ¡qué mecanismo tan singular el de la +máquina de las ideas! ¡De qué modo tan extraño se eslabonan en el +cerebro las negras con las blancas, las tristes con las risueñas, las +fúnebres con las cómicas! A mí se me ocurrió de pronto, entre la +lobreguez de mis cavilaciones, que nuestro poeta <i>Aljófar</i>, cuando +supiera lo que iba a suceder en breve, compondría una nueva variante +(allá para sus adentros, porque al público no se atrevería a +ofrecérsela) sobre la socorrida metáfora de <i>la flor y la babosa</i>. Yo +sería la flor, por supuesto; flor nacida para «lucir sus colores y +derramar sus aromas junto al enamorado clavel...» Y a propósito: ¿no se +le había ocurrido a éste, quiero decir, a Pepe Guzmán, la misma o +parecida comparación poética, con todas sus consecuencias realistas? +Cierto que el banquero sería la menor cantidad posible de babosa; pero, +al cabo, sería babosa, con su diente asqueroso y su estela repulsiva...; +¡Vaya si se le habría ocurrido! Y, ocurriéndosele, ¿qué habría pensado +de esos rastros que las babosas dejan sobre las flores si no se madruga +a recogerlas?... ¡Oh, qué diabólica idea se enredó con esta otra, de +repente, y penetró en mi discurso, como ladrón artero en casa mal +cerrada! ¡Cómo se revolvía entre las demás, y rebuscaba los escondrijos +para saquearme el repuesto y hacerse dueña y señora de mi juicio!... Y +¡qué recio voceaba, allá dentro, muy adentro!... Y ¡qué afanes los míos +para acallar sus voces, como si temiera que las ondas del aire las +llevaran hasta <i>él</i>! ¡Desdichada de mí si las oía, o el diablo le +inspiraba igual idea!</p> + +<p class="c">*</p> + +<p>»Por la noche hablé con Pepe Guzmán, según lo convenido entre los dos. +Le di cuenta de lo acordado con el banquero y con mi madre; y como mi +resolución era más poderosa que mis fuerzas, los desfallecimientos de +éstas se reflejaban demasiado en el ritmo de mis palabras y hasta en el +color de mi rostro. Estimó mis torturas, ponderó mi heroísmo, ensalzó mi +<i>lealtad</i>; pero no se compadeció de mí en aquellos decisivos instantes, +en los cuales aún era posible imprimir nuevos rumbos a mi destino, +cuando no lo intentó siquiera. Lejos de ello, y para mantenerme en los +que él mismo me había trazado, desplegó nuevas pompas de su singular +dialéctica, y encendió nuevas llamas con las cuales le costó bien escaso +trabajo quemar los pobres restos de las alas con que aún pretendía yo +volar por los espacios de mi deseo.</p> + +<p>»Aquí debía darse por terminada nuestra entrevista; la última, por +decreto de «el bien parecer», y hasta por conveniencia mía. En adelante, +por lo menos hasta que la amarga copa se apurara, nos trataríamos como +«buenos amigos» delante de las gentes... y nada más. De esto comencé a +hablarle, cuando el demonio puso en sus labios una frase que me pareció +el primer eslabón de la cadena a cuyo extremo había de salir engarzada +la infernal idea; aquella que tanto me atormentaba en mi cerebro por el +solo temor de que cupiera en el de mi <i>enemigo</i>.</p> + +<p>»Y salió, ¡Virgen María! ¡Qué momento aquel! Ciega, insensible para +cuanto me rodeaba, sólo veía y oía lo que pasaba dentro de mí. El +corazón, fuera de sus quicios, me aporreaba el pecho, y sus golpes me +parecían llamadas de medroso desamparado; sentíalos repercutir en lo más +profundo de mi cabeza, y llamaradas de fiebre subían a caldearme las +mejillas; estremecíanse todas las fibras de mi cuerpo, y veladuras +fantásticas iban turbando la clara luz de mis ojos, al compás de los +latidos del corazón.</p> + +<p>»Nada pensé, nada dije, nada respondí. Toda la noción que me quedó de mi +propia existencia, la invertí en recoger de aquella escombrera a que +instantáneamente habían quedado reducidas vida y alma, los alientos +necesarios para apartarme de allí. Y eso hice a duras penas.</p> + +<p>»Pasé un día, dos y tres, sin pensar en nada, a fuerza de pensar mucho +que no me interesaba, para no caer en las fauces de los pensamientos que +temía. Durante aquella batalla, y hecho ya público el proyecto de mis +bodas, al suplicio de ella se añadió el más insoportable de consolarme +del forzoso alejamiento de Pepe Guzmán, con las <i>tiernas finezas</i> del +banquero, señor <i>legal</i> de mis preferencias y atenciones, y las +incisivas enhorabuenas de mis amigos y conocidos. Todo esto era superior +a mis fuerzas. Pedí, rogué a mi madre que, si no había modo de vivir en +nuestra casa sin la tiranía de aquellos testigos de mi tortura, +anticipara todavía más el suceso que era la causa fundamental de ella. Y +mi madre no comprendía cómo buscaba yo el remedio contra las hieles de +una pócima sin fin, apresurándome a beberla; pero yo sí lo comprendía.</p> + +<p>»Entre tanto, iba agotándose el caudal de pensamientos que cabían en mi +cabeza, y a cuyo amparo acudía para defenderme del que tanto me +espantaba y más me perseguía cuanto mayores eran mis mortificaciones... +y más largas las ausencias de Guzmán. ¡Tal despilfarro hacía yo de +ellos, sobre todo en las largas horas de mis desvelos! Ya no sabía en +qué pensar, y entregaba el discurso a lo primero que se me entraba por +las mientes.</p> + +<p>»Una noche, por remate de la larga cadena de ideas incongruentes que +había estado arrastrando, di en una bien extraña ocurrencia: la de hacer +una imaginaria excursión por los interiores entenebrecidos de mi propia +casa. ¡Qué grande era para la poca gente que la habitábamos! Además de +grande, estaba muy mal ocupada por nosotras. Entre el dormitorio de mi +madre y el mío, había dos salones, un pasadizo y mi cuarto de tocador. +Mi madre se recogía antes que nadie, y quedaba al cuidado de una antigua +sirvienta, vieja ya, muy fiel, pero muy dormilona. Cerca de mí, en un +cuartito contiguo al tocador por un lado, y por otro al vestíbulo de +ingreso a la casa, dormía mi doncella, muchacha muy leal, muy cariñosa, +capaz de arrojarse por mí por el balcón a la calle; pero alegrilla de +ojos y demasiado <i>lista</i>. El resto de la servidumbre ocupaba un +sotabanco que mi padre había alquilado con este objeto, en su horror +instintivo al tufo y al desaseo de la plebe. De manera que para dos +parejas de mujeres tan separadas una de otra, aquella casa, durante las +altas horas de las noches de invierno, en las que escasean los ruidos +de la calle, con la espesura de las alfombras en el suelo y la +abundancia de macizos cortinones que apagaban el rumor de las pisadas y +hasta el sonido de la voz, era un completo páramo con su muda e +imponente soledad. Un hombre mal intencionado podía ocultarse muy +fácilmente... en el cuarto de mi doncella, por ejemplo, en el instante +de disolverse la tertulia, cuando es menos notado cualquier movimiento y +menos extraña la presencia de una persona; salir de su escondrijo en +hora conveniente; hacer lo que se había propuesto, y aguardar en otro +escondite a que los criados bajaran del sotabanco, abrieran las puertas, +después de abierta la de la calle, y largarse a ella muy tranquilo. +¡Pues si la doncella estuviera de acuerdo con el ladrón!... ¡Qué +espanto! Era precisó tratar de que durmiera abajo un criado, y, sobre +todo, de aproximar mucho más mi dormitorio al de mi madre. Las cuatro +mujeres reunidas sabríamos defendernos mejor de cualquier peligro... +¡Gran miedo pasé aquella noche!</p> + +<p>»Pero ¿hasta dónde alcanzaban las raíces de estas ideas? ¿De dónde +vendrían las semillas que las produjeron? Porque en el mundo moral, lo +mismo que en el físico, nada nace de la nada, y cada cosa engendra su +semejante.</p> + +<p>»Aquellas preguntas y esta reflexión me hice entonces también, y sin +respuesta se quedaron, quizás por ignorancia, o acaso por repugnarme +ahondar en la materia con el análisis.</p> + +<p>»Lo primero que al otro día me dijo mi madre fue que si persistía yo en +mis deseos de que se anticipara la boda, estaba en su mano complacerme. +Respondila que sí, cerrándome el camino a toda reflexión. Por la noche +estuvo Guzmán en mi casa. ¡Qué daño me hacían sus estudiados y +convenidos alejamientos de mí! Al despedirse, deslizó en mi mano un +papel en muchos dobleces, que yo guardé con ansiedad de avaro, para +entretener lo más triste de mis incurables desvelos, con el regalo de su +contenido, fuera el que fuese, aunque casi le adivinaba.</p> + +<p>»Llegó la hora, y desplegué la carta temblándome las manos. Era muy +extensa, y estaba escrita en un papel muy tenue y con la letra muy +apretada. Comencé a leerla, y al punto di con lo que yo más me temía...: +la idea, ¡la diabólica idea! Allí estaba, saltándome a los ojos como +chispa de volcán. Toda la carta no era otra cosa que el aliño +estimulante en que venía preparada. ¡Qué astucia de Satanás! Rompí el +papel en cien pedazos..., ¡como si con este pobre recurso borrara su +contenido de mi memoria, y la voz del que le había estampado allí no +resonara en mis oídos, ni el fulgor de su mirada penetrase por mis ojos +hasta el fondo del corazón!</p> + +<p>»El incendio se produjo otra vez; pero las fuerzas de mi discurso para +huir de él por las callejuelas de extraños pensamientos estaban agotadas +ya. Resolvime a contemplar el peligro cara a cara y a defenderme de él +en mi última trinchera..., es decir, a poner el caso <i>en tela de +juicio</i>.</p> + +<p>»Valiéndome de un símil harto viejo, pero que me es aquí muy necesario +para hacerme comprender más fácilmente, en aquella suprema ocasión me +encontraba sobre el borde de un precipicio, sola, sin alientos para +retroceder y comenzando a sentirme dominada por el vértigo de los +abismos. Todos cuantos en el mundo tenían obligación de socorrerme, me +habían empujado para colocarme allí: nada podía esperar de ellos; a lo +lejos, sólo veía curiosos que se asombraban de mis resistencias y se +reían de mis vacilaciones; abajo, en el fondo del precipicio, la +algazara de las mujeres que me habían precedido en la caída; en derredor +de mí, envolviéndome, asfixiándome como anillos de serpiente, una +atmósfera de insanos elementos, narcótica, enervante; sobre la +atmósfera, sobre mí, sobre el mundo entero, allá en lo Alto, donde debía +de existir un código de moral como yo le presentía cuando me dejaba +gobernar por mis propios instintos, inclinados a lo menos corrompido, ya +que no a lo más honrado..., nada tampoco que viniera en mi auxilio... El +Dios que a mí me habían hecho conocer en mi casa era «un caballero +anciano, de muy buena sociedad»; algo serio por razón de su jerarquía, +pero muy fino, muy complaciente y de una moral muy elástica; dispuesto +siempre a incomodarse con la gente de poco más o menos, pero incapaz de +<i>faltar</i> en lo más mínimo a las señoras del <i>gran mundo</i> que le +<i>honraban</i> confesándole de vez en cuando y en los ratitos que las +dejaban libres sus devaneos de hembras «eximias» del género humano...; +un señor, en fin, por el estilo de mi difunto padre, aunque quizás no +tan elocuente ni de tan distinguido porte como él... ¡Y nadie ni nada +más a donde volver los ojos!</p> + +<p>»Y, entretanto, al aceptar las reflexiones de mi madre y el consejo de +Pepe Guzmán, ¿no había suscrito yo, implícitamente, un contrato de +deslealtades y perjurios por el resto de mi vida? Y la que estaba +resuelta a lo más, ¿por qué se detenía ante lo menos?</p> + +<p>»Sobre estos ejes rodó todavía largo rato la desquiciada máquina de mi +discurso..., hasta dar conmigo y con él en las negras profundidades del +abismo.</p> + +<p>»¡Oh, qué sola, qué triste y qué desamparada me vi!</p> + +<p class="c">*</p> + +<p>»Veinticuatro horas después se realizaba en mi casa, por primera vez, lo +más temeroso de mi imaginaria excursión por los interiores de ella; sólo +que no era un ladrón de caudales el hombre que se escondía por la noche +en el cuarto contiguo al de mi doncella y se escapaba al amanecer.»</p> + + + +<hr /> +<h2><a name="Parte_II" id="Parte_II"></a>Parte II</h2> +<hr /> + +<h3><a name="Ia" id="Ia"></a>I</h3> + + +<p>Este era un <i>Círculo</i> o sociedad que había en Madrid por entonces (creo +que ya no hay de esas cosas allí), en el cual círculo sólo tenían +ingreso los aspirantes que pudieran acompañar a su instancia una +ejecutoria de sangre azul, y, a ser posible, una buena garantía de +responsabilidad pecuniaria; porque con ser de gran monta los gastos +reglamentarios de cada socio, llegaban hasta lo incalculable los +<i>imprevistos</i>. Como que se trataba allí de matar los interminables ocios +de la vida entre los hombres del blasón y del dinero..., ¡que ya es +matar!</p> + +<p>Ocupaba la sociedad una gran casa, de suelo a cielo, en una gran calle +de lo mejor entre lo más caro de la villa y corte; y en la gran casa +había grandes cocinas, grandes cuadras y grandes cocheras, con muchos y +muy lujosos carruajes, abajo; y grandes salones de conversación, de +juegos lícitos y de lectura; grandes salas para otros usos, hasta sala +de esgrima, y grandes comedores y cuartos de tocador y gabinetes para +vestirse, para escribir y para jugar a lo que no debía verse, arriba; y +lo de arriba y lo de abajo, y lo de acá y lo de acullá, con todo el +lustre de decorado y servidumbre que la <i>institución</i> y sus destinos +requerían.</p> + +<p>Claro está que una cosa de tal índole no podía ser bautizada a la +española: por eso se llamaba <i>Sport-Club</i>, nombre que, tras de ser +inglés, dejaba traslucir ciertas aficiones de la gente de adentro a un +espectáculo que no se concibe en España más que en caricatura. Lo mismo +que si en Londres estableciera la «alta sociedad inglesa, un <i>Club</i> con +el nombre de <i>Círculo taurófilo</i>, o de aficionados al toreo, para que me +entiendan mejor los que no tienen muy hecho el oído a estas jergas +grecolatinas. En fin, bien o mal bautizado, ello es que había en aquel +entonces en Madrid ese <i>Sport-Club</i>, y que, a juzgar por lo que en él se +contenía y pasaba, era como la casa de todos los que no la tenían, o no +querían tenerla, o la frecuentaban muy poco. Por el <i>Club</i> iban sus +socios a todas partes, y de cualquier parte que vinieran daban en el +Club. Lo que hacen los simples mortales con el propio domicilio.</p> + +<p>Comenzando a contar por los balcones de la fachada principal, que eran +otros tantos «coches parados» a ciertas horas de la tarde, en aquel +edificio había estimulantes para todos los gustos de los concurrentes +desocupados: revistas verbales de paseos, salones y espectáculos..., se +entiende, de lo tocante a las hermosas damas de «su mundo» que se +hubiesen exhibido en ellos; murmuraciones subsiguientes con ampollas; +lecturas breves, bien ilustradas y muy picantes; <i>El Fígaro</i> de París, +con sus crónicas escandalosas del <i>demi-monde</i>, por <i>Gacela</i>; la esgrima +del florete, de la espada o del sable, no como ejercicio higiénico, sino +como artículo de posible necesidad entre gentes que vivían a dos pasos +del <i>campo del honor</i>; para el que fuera inclinado a los placeres del +estómago, el <i>restaurant</i>: los licores, los vinos exquisitos, las pastas +más regaladas..., cuanto se pidiera por la boca; para los temperamentos +profundamente enervados por la holganza regalona, el juego; si no +entretenían bastante el tresillo o el <i>ecarté</i>, el <i>monte</i> o el +<i>bacarrat</i> o el <i>treinta y cuarenta</i>; si abundaba el dinero en casa, +para que la emoción resultase, se apuntaba fuerte; y si no lo había y +apuraban los compromisos, fuerte también para salir de ellos cuanto +antes, o acabar de hundirse en la ruina; en efectivo, si lo había a +mano; o en cosa que lo representase, si quedaba crédito bastante, en +opinión de aquellos caballeros que se agrupaban allí para desplumarse +mutuamente con todas las reglas y cortesías del oficio; para el gomoso +enamorado o el hombre presumido, si tenían en poco la librea de la +sociedad para ponerse en pública exhibición, estaría a la puerta de la +casa y en hora conveniente el exótico cuartago con el blasón de familia +en cada metal de sus arreos, en el cual bucéfalo cabalgaría el elegante +para dirigirse al Retiro, medir aquella pista a zancadas unas cuantas +veces, y desfilar al anochecer por la Castellana a medio galope de +podenco; y lo que digo del caballo acontecía con el coche.</p> + +<p>Más tarde, y después de comer en el <i>Club</i> y de vestirse allí también, +al teatro más de su gusto, con el billete de abono de la misma sociedad, +o a los salones de su preferencia, o a lo uno y a lo otro, porque para +todo daban las noches y las costumbres de su mundo. Después de los +salones y del teatro, al <i>Club</i>, otra vez indefectiblemente: a cenar, si +había ganas, o a tomar un piscolabis, si no las había, y a «cambiar sus +impresiones», que no faltaría con quién. Allí estarían ya, dejando +escapar las suyas, recientemente adquiridas, el mozuelo imberbe, más +cargado de vicios que de años, y el viejo disipado centelleando +lascivias y torpezas por sus ojuelos lacrimosos, y mascullando +obscenidades entre los pedruscos de su dentadura postiza. Desde allí, +¡vaya usted a saber a dónde irían aquellos caballeros hasta las tres de +la tarde, hora en que reaparecían un momento en la vía pública... para +volver otra vez al <i>Sport-Club</i>, a observar, a murmurar, a comer, a +jugar, a vestirse, etc., etc.! Y los más de ellos eran casados o «hijos +de familia».</p> + +<p>Amén de estos recreos al pormenor, y los que no se puntualizan aquí, +porque no hay para qué puntualizarlos, la sociedad tenía otros en común, +como ciertas algaradas de estruendo, ora en el Hipódromo en los días de +carreras, ora en la del Prado y de la Castellana, disfrazados los socios +de canes lanudos, y amontonados y latiendo en sus perreras, en las +tardes de Carnaval. Esto era el colmo de lo <i>chic</i>, de lo <i>pschut</i> y de +lo <i>becarre</i>.</p> + +<p>Andando el tiempo, no pudo el <i>Club</i> con la carga de sus gastos, y le +fue necesario barrenar sus estatutos para atraerse la ayuda de la +aristocracia de las talegas, siempre que ésta supiera competir con la de +adentro, cuando menos en saber gastarlas y lucirlas. A montones +parecieron los aspirantes. Podrá faltarles abolengo conocido a las +notabilidades de esta especie; pero vicios y afición a exornarlos con +todos los recursos del dinero... ¡a buena parte iban con la cláusula los +de la pata del Cid!</p> + +<p>Lo que nunca se ha puesto en claro es de qué enfermedad vino a morir el +<i>Sport-Club</i>, cuando con este ingreso de ricos despilfarradores parecía +haber asegurado su existencia por largos años. Porque el <i>Sport-Club</i> de +que yo voy hablando dejó de existir hace mucho tiempo. Y es bueno que +conste así.</p> + +<p>Pues bien: en el <i>Sport-Club</i>, a las dos de la mañana, y en una sala de +las más concurridas a aquellas horas en que duermen y reposan las gentes +ordinarias que todavía conservan los resabios del trabajo y del hogar, +departían afectuosamente, arrimados a una mesa, Manolo Casa-Vieja y Paco +Ballesteros, después de haber tomado chocolate a la <i>vainilla</i> el uno, y +el otro buena ración de biftec con media botella de Burdeos. Ballesteros +era recién llegado a Madrid: se había encontrado aquella noche con su +antiguo amigo Casa-Vieja en el teatro Real, y se habían venido juntos al +<i>Sport</i>, del cual era socio el último, y lo había sido el primero antes +de su salida de España.</p> + +<p>Andarían allá, ten con ten, en edad: de treinta y dos a treinta y cinco. +Casa-Vieja era blanco, de pelo castaño y lacio, de mirar displicente; no +feo, pero muy marchito de cara, en la cual descollaba un gran bigote, +desmayado también, y del color del escaso pelo de la cabeza. El cuerpo, +bien conformado y correctísimamente vestido, por el modo de caer en la +silla y el ritmo de todos sus movimientos, acusaba la propia dejadez +reflejada en los ojos y en el gesto. Parecía, en suma, y lo era en +verdad, lo que se llama un <i>hombre gastado</i> fuera de sazón.</p> + +<p>Su amigo Ballesteros era lo contrario en lo físico y en lo moral, sin +ser menos perdido: moreno lavado, de barba recia muy recortada, y negra +como los ojos y el pelo; vivo de mirada y de frase, suelto y expresivo +de ademanes, y bien trazado de contornos.</p> + +<p>Formaban ambos un contraste completo. Casa-Vieja hablaba casi todo lo +que tenía que hablar, que era lo menos que podía, con el sombrero sobre +la sien izquierda, la mejilla derecha en la mano del mismo lado, el +codo correspondiente sobre el velador, el enorme puro, con sortija, en +la boca, cuando no en la otra mano, y la mirada errabunda y desdeñosa, +sin interés ni codicia por nada. Ballesteros hablaba con los dos +antebrazos sobre la mesa, y con los ojos clavados en el medio perfil de +la cara de su amigo.</p> + +<p>—Figúrate—llegó a decir aquél a éste—si tendré ansia de saber cosas +de mi tierra y de mis gentes. ¡Once años bien cumplidos fuera de la +patria, con pocas noticias de ella, y ésas vagas y a retazos, que es +peor que no saber nada! Luego, con el arrastrado oficio que uno trae y +la vida que uno se busca para ir tirando con él sin morirse de +pesadumbre..., ya ves tú, se borra muy pronto de la memoria todo lo que +no cala muy adentro. Por desgracia tuya y fortuna mía, eres la primera +crónica que pesco a mano desde mi llegada a Madrid; porque no miento si +te juro que me largué al Real con el polvo del camino, después de +cumplir con la dispersa familia con dos apretones de manos y tres +abrazos a escape.</p> + +<p>—¡Crónica yo!—respondió Casa-Vieja, quitándose el cigarro de la boca +para sacudirle la ceniza—. Si la quieres negra... Aquí no se gasta otra +cosa. Pero, ante todo, vamos a ver, ¿qué demonios has hecho tú por ahí +fuera, sin maldita la necesidad la mayor parte del tiempo? Porque la +madre patria ha podido pasarse muy bien sin tus servicios +diplomáticos..., llamémoslos así.</p> + +<p>—Y yo mucho mejor sin ella, Manolo: créeme. Pues me cogió la gorda, la +de Septiembre, en Londres. Vino el Gobierno provisional, y conseguí, es +decir, me consiguieron aquí que se me revalidara la credencial de +agregado, trasladándome a París..., ¡miel sobre hojuelas!, y allí serví +al nuevo orden de cosas con la misma lealtad y el propio celo con que +había servido al anterior. De París fui a Lisboa, y en Lisboa juré a don +Amadeo, y le serví con igual celo y la propia lealtad que a todo lo +precedente..., hasta que se proclamó la República.</p> + +<p>—Y dimitiste, como buen aristócrata.</p> + +<p>—Pues ahí verás tú: <i>me dimitió</i> ella, como era de esperar, siendo yo +de los que se mudan la camisa todos los días. Sin embargo, hubo por acá +tentativas de reválida, que no colaron. Ya ves que soy franco. Hasta que +llegó la restauración y volvimos con ella a nuestros destinos todos los +leales.</p> + +<p>—Conformes, hasta en eso de la lealtad; pero entre la proclamación de +la República y el estampido de Sagunto pasó tiempo sobrado para que te +dieras una vuelta por tus lares.</p> + +<p>—¿A qué, Manolito de mi alma? ¡Me iba tan bien por ahí afuera! Eso sí: +todos los días me despertaba con los mejores propósitos. «Hay que volver +a la patria, a la querida patria», me decía yo muy a menudo; «al suelo +nativo», que dicen los cultos. Pero ¡buena estaba la querida patria +entonces para que volvieran a su regazo hijos de tan blando corazón como +yo!... Porque tú no puedes figurarte lo que a mí me afligen estas +inacabables desventuras de nuestra hidalga tierra, «la tierra +proverbial de los caballeros», como siguen afirmando los españoles +<i>seriamente</i> cultos. Por otra parte, la familia no me tiraba gran cosa +que digamos... Bien sabes tú la vida que traía mi ilustre padre. Mis +hermanas estaban casadas, y mi hermano Ramiro gastando el último soplo +de vida en endosar honradamente sus deudas a sus colaterales, y en +despabilar a la última de las mujeres que a tal extremo le habían +llevado en lo mejor de la vida.</p> + +<p>Añade a todo esto que, al largarse de España don Amadeo, triunfaba yo de +las esquiveces de una <i>princesa</i> polaca que había conocido en París, +¡obra magistral de la naturaleza... y del arte! Tuve que volver con ella +a la gran capital, al «cerebro de Europa». Allí, tres meses de +invernada. Después fuimos a Florencia, y a Roma, y a Berlín... y a los +quintos infiernos... y hasta que nos cansamos de viajar juntos, y nos +separamos. Buena ocasión aquella para tornar a los patrios lares, con un +poco de ánimo para ello; pero ocurrió entonces lo de la austriaca...</p> + +<p>—¿Cuál de la austriaca?</p> + +<p>—Ciertos disgustos pasajeros con un... <i>magyar</i> de guardarropía; tres +meses de largos viajes con ella..., y así sucesivamente, hasta la +restauración.</p> + +<p>—¿Con la misma austriaca?</p> + +<p>—Y con otras... por el estilo.</p> + +<p>—¡Gran vida!</p> + +<p>—Pero muy cara, créelo. Me ha derretido un costado y la mitad del otro. +Ahora me doy al ahorro, haciendo la vida del hombre bueno. Vivo, hasta +nuevo traslado, en Viena, como un tudesco ejemplar; ya ves, hasta me +resuelvo a tornar a la patria querida con una licencia de dos meses... y +el propósito de que me asciendan a primer secretario... <i>Et voi-là +tout</i>. Y ahora que conoces mi historia, venga algo de la tuya. Te +casaste, ¿verdad?</p> + +<p>—¡Uffff!...</p> + +<p>—Y ¿qué es de tu mujer?</p> + +<p>—Por ahí anda.</p> + +<p>—Poco entusiasmado te veo.</p> + +<p>—Todo lo que cabe en justicia... No congeniamos..., como era de +esperar. Ella tenía sus resabios de casta, y yo los míos; y como no me +gusta incomodarme, poco a poco y con cierta diplomacia nos fuimos +restituyendo mutuamente la querida libertad, hasta hacer cada uno la +vida que más le agrada.</p> + +<p>—¿Tienes hijos?</p> + +<p>—Sí, <i>tuve</i>... dos o tres: tres fijamente.</p> + +<p>—Es decir, ¿que se te han muerto?</p> + +<p>—No he dicho tal: viven los ángeles de Dios, pero con su madre.</p> + +<p>—¿Luego no hacéis vida común?</p> + +<p>—Hasta cierto punto: bajo el mismo techo, pero con distintas horas y +diferentes costumbres. Quise decirte que los chicos están al cuidado de +su madre y sin apego maldito a mí.</p> + +<p>—Y eso ¿no te produce celos de padre amoroso?</p> + +<p>—¿Para qué ni por qué? Antes, me alegro de ello, porque me exime de +toda responsabilidad en lo que ha de suceder mañana.</p> + +<p>—¿Qué temes que suceda mañana?</p> + +<p>—No temo, sino que doy por hecho que esos pedacitos de mi corazón, de +todas maneras han de salir unos perdidos, como tú y como yo. No puede +dar otra cosa el terreno...</p> + +<p>—Oye un instante; ese que entra, ¿no es, Monteoscuro?</p> + +<p>—El mismo señor duque.</p> + +<p>—Y ¿qué se hace ahora?</p> + +<p>—Lo de costumbre: gastarse las rentas alegremente. En este momento +histórico se las chupa una ribeteadora, que de seguro da en todo quince +y raya a tus princesas, por hermosas, elegantes y despilfarradoras que +puedan ser. Últimamente le ha sacado a tenazas un <i>chateau</i> en Bélgica. +Es una sanguijuela que se pasa de fina.</p> + +<p>—¿Y su mujer?</p> + +<p>—Pues su mujer acepta heroicamente las situaciones como se las +presentan, y le venga como el diablo le da a entender. Lo peor para ella +es que se va envejeciendo demasiado, y esta fatal circunstancia le dobla +las dificultades, porque carga sobre la infeliz la mayor parte del +trabajo.</p> + +<p>—Y a propósito de estas cosas, ¿qué ha sido de nuestro contemporáneo +Sierra-Calva?</p> + +<p>—¡Valiente estúpido!</p> + +<p>—Lo fue siempre, bien me acuerdo.</p> + +<p>—Pues así acabó.</p> + +<p>—¿Ha muerto?</p> + +<p>—Valiérale más. Se casó, siendo una criatura, con una huérfana +insípida, educada entre monjas.</p> + +<p>—Me acuerdo también de ello... Decían que era muy rica.</p> + +<p>—Y lo decían con razón. ¡Pues esa fue la madre del borrego! Un +casamiento de conveniencia... para él, que ya tenía una mina de oro +solamente en lo heredado de su padre. Al año de casado murió su madre. +Otro platal a la hucha. Nunca podrás formarte idea de las barbaridades a +que se entregó al verse dueño de tanto dinero y de una mujer que no +sabía más que rezar y afligirse por los desenfrenos de su marido..., +porque fue un cerdo, créeme; un glotón soez de todos los vicios. Tuvo, a +los dos años, un hijo medio podrido, que no vivió más que el tiempo +necesario para heredar a su madre. Pues hoy Sierra-Calva no tiene que +comer si no se lo prestan los amigos.</p> + +<p>—Pero ¿en qué lo ha gastado tan pronto?</p> + +<p>—Ya te lo he dicho: en barbaridades, en mujeres de desecho, en +mamarrachadas de habanero cursi, en francachelas con toreros de invierno +y chulas de la peor especie..., en todo lo más bajo y soez que puedas +imaginarte... y en jugar. Aquí, aquí, solamente aquí, en este augusto +templo que hemos erigido los varones de la sangre azul para dar culto a +ciertas nobles necesidades de nuestras refinadas costumbres, le +limpiaron un caudal.</p> + +<p>—Según eso, ¿continúa en la casa la afición?</p> + +<p>—Y para continuar. Aquí no se hace otra cosa, y se despluma en un credo +al lucero del alba. No sé qué demonio de escoba misteriosa hay en estos +ámbitos para el dinero. En cuanto entras en ellos con <i>guita</i>, te la +barren, a pocos deseos que traigas de probar fortuna. Créete que, en +buena ley, esto debía arder por los cuatro costados.</p> + +<p>—¿Por qué lo frecuentas, si tan malo te parece?</p> + +<p>—Porque no sé otra cosa; porque somos así todos los que aquí venimos.</p> + +<p>—¡Ay, Manolo! Todavía no sabéis vivir en España los hombres del «gran +mundo»; tomáis ciertas cosas demasiado a pechos, y hay en vosotros +exceso de rutina.</p> + +<p>—Te equivocas; nosotros sabríamos <i>vivir al pelo</i>, como los más listos +de <i>allá fuera</i>; lo que hay es que nos falta teatro para tantos vicios +como tenemos. Esto es poco y angosto todavía; y si has de moverte dentro +de ello, tienes que pasar cien veces por un mismo sitio y codearte a +cada paso con unas mismas personas.</p> + +<p>—Dime otra cosa...: debe de haber mucha gente tronada de la nuestra, +con ese vivir en perpetuo despilfarro, sin apego a ninguna ocupación +seria...</p> + +<p>¡«Mucha gente tronada»!... Toda la que bulle y anda en el ajo de +nuestras aventuras; y si hay alguna excepción entre ella, es por un +milagro de Dios. Aquí todo el mundo gasta mucho más de lo que puede. Y +¡ay del que se quede rezagado por cansancio, o por deseo de no ser tan +mentecato en esta puja de locas disipaciones! Le arrollan..., o le +silban, que es peor. Y es natural, ¡qué diablo! Quien debía dar la nota +dulce y armónica en este desconcierto de malas pasiones, es la mujer; y +bien sabes tú qué agallas tiene la <i>nuestra</i>. Por eso ya no hay familia +sino entre las gentes obscuras y de poco más o menos.</p> + +<p>—A propósito de hembras denodadas y valerosas: estando yo en Bruselas, +<i>en comisión del servicio</i>, llegó allí Sagrario Miralta. No hacía dos +años aún que se había casado. ¡Qué moza, Manolo! ¡Y qué intención... y +qué arte!... En ocho días no dejó un flamenco en su sano juicio. Casi +hubo que echarla de allí por obra de caridad y cuestión de orden público +No acabó de confesármelo ella; pero me consta que se llevó la palma de +sus preferencias un potentado y hermosísimo albanés, con zaragitelles y +todo. Iba (no el albanés, sino Sagrario) acompañada de su marido, que +volvía de Spá. ¡Cómo estaba el infeliz! Había que cogerle con tenazas. +¿A quién demonios se le ocurre unir a julio con febrero? Ese casamiento +no debía valer. Fortuna que Gonzalo parecía entonces bien provisto de +correa para llevar en santa calma todo lo que acontecía. ¿Qué es de +ellos?</p> + +<p>—Sagrario, como decía el otro, <i>sigue continuando</i>; y si me apuras un +poco, más hermosa que cuando tú la viste en Bruselas, a pesar de los +años que van corridos; y en cuanto a Gonzalo, hace ya larga fecha que +tuvo la buena ocurrencia de morirse.</p> + +<p>—¡Se murió!...</p> + +<p>—Después de inficionar a Archena y de beberse medio Panticosa. Nada le +alcanzó. Pues figúrate lo que será su mujer, viuda, libre, rica y casi +jamona, sabiendo lo que era de casada.</p> + +<p>—¿Sigue dando juego?... ¿Se crece al castigo, como decís los +aficionados?</p> + +<p>—¡Horrores, Paco..., verdaderos horrores!</p> + +<p>—¿Y su amiga Leticia?</p> + +<p>—Viuda también, y tal para cual. Sólo que ésta, con ser tan voraz y +antojadiza como la otra, es más discreta y disimulada.</p> + +<p>—¿Y de qué murió su marido?</p> + +<p>—De un balazo.</p> + +<p>—¡Demonio!</p> + +<p>—Y por la espalda. Nada más merecido. Estuvo en el fregado del sesenta +y seis, la cuartelada de San Gil, con el honrado intento de ganarse el +tercer entorchado y la cartera de Guerra...; por de contado, detrás de +la cortina, como siempre... y fuera de su casa y bien disfrazado. +Después del fracaso de la intentona, y andando ya O'Donnell barriendo +las calles de Madrid a metrallazos, no creyéndose bastante seguro en su +escondite, salió en busca de otro, con su disfraz de carbonero; y en +este viaje le alcanzó una peladilla y le tendió boca abajo. Por +disposición testamentaria, hecha pocos días antes a ruegos de su mujer, +hereda ésta su enorme fortuna; y no quiero decirte qué vida se estará +dando con ella y con lo mucho que ya tenía propio. Pues con ser tanto en +conjunto, aseguran que no le alcanza, ¡y que se mete en cada lío, y +manipula cada enjuague!... También hay quien dice que es avara, y que lo +de los apuros es un pretexto para disculpar los enjuagues y los líos, +que ya son famosos en Madrid. ¡Vaya usted a averiguar lo cierto en ese +arcano viviente con puntas de Mesalina!</p> + +<p>—Leticia y Sagrario, las inseparables amigas, me traen el recuerdo de +otra amiga de las dos, que me gustaba a mi mucho, por cierto:</p> + +<p>Nica Montálvez, la hija del estúpido marqués...</p> + +<p>—Reventó de vanidad en un banquete.</p> + +<p>—¿Quién? ¿La hija?</p> + +<p>—El padre.</p> + +<p>—Ya lo sabía yo, con algo más que no me han explicado bien o se me ha +olvidado. ¿Qué le pasó a la hija?</p> + +<p>—Esa es una historia de fondos tan indecentes y criminales como las +otras; pero menos antipática por lo que toca a la protagonista. Esta +criatura fue de lo más honrado de la clase, dicho sea sin ofensa de +nadie, y nació para buena, y aun creo que lo habría sido, a no caer +entre un padre tonto y una madre sin educación y sin entrañas, y una +caterva de pillos y de bribones. Era moza de talento y afamada de +insensible con los hombres que la galanteaban. Por lo menos, tenía el +buen gusto de reírse de todos ellos sin hacer maldito el caso de +ninguno. Sospecho que tú puedes certificar, por la parte que te +alcanzó...</p> + +<p>—Certificó.</p> + +<p>—Hasta que dio con un mozo que le pareció muy otra cosa que todos los +demás, y se rompió el hielo. El mozo era Pepe Guzmán. Otra prueba de su +buen gusto. Cuando más en punto estaba el idilio, se presentó el traidor +de la comedia: un banquero estúpido y feo y más ladrón que Brunelo, con +dos avaricias insaciables: la del dinero y la de los blasones. Ambas +cosas debían de abundar en casa de Nica Montálvez, sobre todo desde la +muerte de su abuelo, un traficante muy listo que dejó al imbécil de su +yerno una renta de cincuenta mil duros. El susodicho traidor, que aunque +robaba al Estado por el ministerio de Hacienda, no lograba desembrollar +la suya, porque lo que es obra del diablo no tiene compostura por +ninguna parte, empezando por engolosinar al marqués en los negocios, +para tantearle la bolsa (que estaba ya menos repleta de lo que el pícaro +creía), acabó por deslumbrar a la marquesa metiéndole por los ojos cada +diamante como un puño y cada leontina como un cable, y echando por la +bocaza, a todas horas, espantos de millonadas. En seguida se alió con +ella para que le ayudara a conquistar la mano de su hija. Y la conquistó +al cabo, ¡pásmate! Pudo consistir en la fuerza del empuje de los dos +aliados, en debilidad o terror de la víctima, o en encogimiento, por +cálculo, de Pepe Guzmán... o en las tres cosas juntas; pero la verdad es +que el banquero se salió con la suya, aunque un poco <i>tarde</i>, y +aceptando unas condiciones, impuestas por la interesada, de padre y muy +señor mío. Se celebró la boda fríamente y sin viaje de novios, y +comenzaron las catástrofes. La marquesa, como si sólo aguardara a tener +por yerno, a don Mauricio Ibáñez, se murió a los pocos días de ser su +suegra. Entonces cayó el banquero sobre el caudal hereditario con ansias +de buitre en ayunas, y vio y palpó que sólo quedaban ruinas de lo que él +había soñado filón inagotable de onzas acuñadas. A todo esto, vivía como +un extraño en casa de su mujer, la cual, con una premeditación que +delataba el consejo y la ayuda de Guzmán, tomando por pretexto una de +las impuestas condiciones y ciertos autógrafos del banquero, testimonios +irrecusables de los enredos de éste con una pingona de tres al cuarto, +al día siguiente al de la boda, es decir, a la primera y única noche de +novios, «ahora—le dijo, con las pruebas del enredillo en la mano—hasta +el valle de Josafat. Usted a un extremo de la casa y yo al otro, y como +si nunca nos hubiéramos visto». Cuentan que el banquero pudo haber +replicado algo muy contundente para la conciencia de Nica; pero, o no lo +respondió, o no lo supo, o su mujer hizo muy poco caso de la réplica; +porque el hecho es que la decisión de Nica se cumplió en todas sus +partes. Nadie los vio juntos nunca. Cada cual tenía sus negocios y sus +horas.</p> + +<p>Entre tanto, Pepe Guzmán continuaba siendo amigo de la casa y +visitándola de vez en cuando. ¡Y pásmate ahora otra vez!: a los ocho +meses de casada, tuvo la hermosa Nica Montálvez una niña como unas +perlas. Entonces andaba viajando Guzmán; y se cuenta que al volver a +Madrid, teniendo ya la niña cerca de un año, en la primera visita que +hizo Pepe a su amiga, le colocó ésta delante de un espejo y puso al lado +de su cara la cara de la niña. Asómbrate ahora por tercera vez: las dos +caras se parecían como un huevo grande a un huevo chico.</p> + +<p>—Si el caso pide asombro, creo yo que el asombrado debió ser Guzmán.</p> + +<p>—Pues aseguran que no se asombró cosa maldita.</p> + +<p>—¡Y querías que me asombrara yo! Quien debió llegar hasta el éxtasis +del asombro fue el padre.... quiero decir, el marido de la madre.</p> + +<p>—Ese no podía asombrarse de nada desde que había aceptado las +estupendas condiciones matrimoniales que le impuso la novia, y veía +pagado el timo que pensó dar en aquella casa, con otro tan morrocotudo +que le había dado a él la difunta marquesa. No solamente estaba su +caudal mermado en lo más jugoso y medio en quiebra el resto, sino en +manos de un administrador que se pasaba de listo y de aprovechado. De +modo que no fueron de gran resistencia los puntales que pudo sacar de +allí el banquero para sostener la balumba de sus trapisondas de +agiotista. Por único consuelo se daba como un desesperado a la +borrachera de su segunda ambición, y tenía la corona de marqués hasta en +los faldones de la camisa; pero el afán de sostener este nuevo lustre de +clase, así como su crédito en la Bolsa, le costaba enormes dispendios +que le hundían en mayores abismos.</p> + +<p>Así fue tirando hasta que triunfó la revolución de septiembre. Entonces +sonó, o creyó él oír que sonaba muy recio, la trompeta de su mala fama; +era cobarde, como todos los de su ralea; Madrid estaba sin gobierno y +con todas las pasiones buenas y malas en mitad del arroyo; apoderose de +él un pánico invencible, y de la noche a la mañana se escapó de aquí, +dejando sus negocios en quiebra y hechos un bardal. A duras penas logró +después su mujer salvar del concurso sus bienes dotales y cuanto en +buena ley podía y debía salvar. Fue a parar a donde van todos los +pícaros gordos que huyen de la justicia de su patria: a los Estados +Unidos; y allí murió dos años después, de un torozón que le evitó ser +<i>linchado</i>, y cuando comenzaba a recoger el fruto de una empresa que +había fundado en compañía de otros dos estafadores a la alta escuela.</p> + +<p>—¿De manera que también Nica Montálvez está viuda?</p> + +<p>—También viuda y también muy guapa.</p> + +<p>—¿Y continúa bajo la protección del amigo Guzmán?</p> + +<p>—Protección... algo lejana, sí, porque hay motivos para ello. En esa +mujer hay, indudablemente, un fondo honrado y decente; pero al cabo es +hembra, hija de su madre y curada por ésta, aunque a la fuerza, de +ciertos escrúpulos. Por de pronto, es manirrota para el dinero, y +mayores son las ansias que siente de gastarlo, cuanto más negras las +dificultades que la pinta Simón, el sempiterno mayordomo de la casa. Al +principio andaba por ella Pepe Guzmán anticipándose <i>delicadamente</i> a +las grandes crisis; pero llegó a parecerle un tantico pesada la +<i>delicadeza</i>, y se dedicó a viajar más a menudo y más largamente que +antes. Estas ausencias pusieron a Nica en gravísimos apuros en muy +señaladas ocasiones. En Madrid... y en el mundo entero hay quien sabe +explotar a maravilla esta clase de conflictos; y la marquesa de +Montálvez, que estaba obligada a mirar por el patrimonio de su hija y +sabía muy bien cuán cerca estaba de <i>cero</i> la temperatura amorosa de +Guzmán, no teniendo para qué pararse en barras de menos con amigos y +protectores que la habían enseñado a saltar sobre lo más, hizo alguna +vez lo que tantas otras mujeres: dejarse explotar por los explotadores +de conflictos económicos, lo más <i>decorosamente</i> posible; quiero decir, +quitando la odiosidad de lo útil con el pretexto de lo <i>agradable</i>. ¿Me +comprendes?</p> + +<p>—¡Pues digo!... ¿Y estás seguro tú de que sean ciertas esas +explotaciones... <i>decorosas</i>?</p> + +<p>—Segurísimo; así como de que han sido muy contadas.</p> + +<p>—¿Dónde está, pues, ese fondo «honrado y decente, que la concedías +antes?</p> + +<p>—Donde debe estar. Ponme una santa rodeada de perdidas y de bribones; +persíganla sin tregua ni descanso con ejemplos y sofismas; denle el +veneno hasta en el aire que respire.... y la misma santa caerá, cuanto +más una criatura de la cepa de esa infeliz.</p> + +<p>—Concedido... por un momento. ¿Lo sabe Pepe Guzmán?</p> + +<p>—Lo sabe, y no se extraña de ello... ni debe extrañarse, puesto que él +la preparó para esas caídas y para otras que lógicamente han de +seguirlas, sin un milagro de Dios. Hasta ahora no es Nica Montálvez, en +ese particular, una mujer viciosa; pero llegará a serlo, por educación, +como sus amigas lo son y lo han sido por naturaleza. Lo que hace Guzmán +es alejarse de ella cuanto puede, pero sin perderla de vista.</p> + +<p>—¿Luego algo le queda todavía en el fondo del corazón?</p> + +<p>—Por ella, nada absolutamente; pero le queda, a no dudar, por la niña.</p> + +<p>—¿De modo que la niña vive aún?</p> + +<p>Y es la criatura más angelical, de alma y de cuerpo, que pueda haber +sobre la tierra..., y al mismo tiempo el mejor testimonio de que existe +en su madre ese fondo de honradez en que no te atreves a creer tú. Cómo +y lo que la marquesa quiere a esa niña; la escrupulosidad que pone en su +incesante cuidado de que no manche sus alitas de ángel ni un átomo del +polvo de las impurezas de aquella casa; de que tenga a su madre por la +más amorosa y honrada de todas las madres, y de que no sepa cómo se +vive en el mundo a que nació destinada, es imposible que puedas +imaginártelo. Se necesita tener un alma de oro para sentir estas +delicadezas en medio de tantos vicios... Y basta de crónica, amigo Paco, +que ya me has hecho hablar en una hora mucho más de lo que he hablado en +todo el año. Créete que me he hecho muy avaro de palabras, desde que he +caído en la cuenta de que no las merecen la mayor parte de los hombres a +quienes trato. ¡Dichoso tú si piensas todavía de otro modo!</p> + +<p>Diciendo esto, se iba incorporando Casa-Vieja y levantándose de su +asiento. En seguida pidió su abrigo.</p> + +<p>—Ahora...—añadió perezosamente.</p> + +<p>—¿A casita?—le interrumpió con socarronería su amigo.</p> + +<p>—A terminar mi ronda, si no te opones. Después... el demonio dirá, si +es que el demonio no tiene a mengua el meterse en nuestros fregados.</p> + +<p>—Pues yo me quedo para ir a las tres y media al ministerio de Estado, +donde me ha dado cita el ministro.</p> + +<p>—Hasta la vista, entonces, y bien venido.</p> + +<p>—Hasta la vista, Manolo, y bien hallado.</p> + + + +<h3><a name="IIa" id="IIa"></a>II</h3> + + +<p>Todos los informes dados por Manolo Casa-Vieja a su amigo Paco +Ballesteros sobre lo ocurrido a los personajes de nuestro relato, desde +que los despedimos en el último capítulo de la primera parte de él, eran +la pura verdad. En los <i>Apuntes</i> autógrafos que me sirven de guía, +constan también, aunque en otra forma menos interesante, por descolorida +y difusa; razón por la cual, y por el sabroso aderezo que llevan en el +diálogo de los dos amigos, le he reproducido al pie de la letra, con +preferencia al otro texto, para llenar un requisito que había de +llenarse más temprano o más tarde, y es bien que se haya llenado donde +se llenó, porque esa luz de más tendremos para llegar más fácilmente a +donde vamos...</p> + +<p>Por de pronto, a casa de nuestra amiga la marquesa de Montálvez, que ya +no es la indigesta, doliente y envejecida matrona de antes ni vive en el +suntuoso principal de la calle de Alcalá, donde tantas veces penetramos +el lector y yo: ahora se trata de su hija, la cual, si ha perdido mucho +en frescura con el cambio de vida y el roce de los años, ha ganado otros +atractivos no menos poderosos con la vigorosa acentuación de sus formas, +que ha modificado su belleza, pero sin destruirla, y vive en la calle +del Barquillo, desde la fuga del banquero, en otro principal bastante +más barato y más pequeño, o mejor dicho, bastante menos caro y menos +grande que el de la calle de Alcalá. No hay dentro de aquél el lujo +llamativo y hasta charro que hubo dentro de éste; pero, en cambio, hay +mayor elegancia y mejor gusto, sin que falte nada de cuanto debe haber, +así en cantidad como en estilo, en la morada de una mujer de los vuelos +de nuestra heroína.</p> + +<p>La cual ha vuelto a adquirir la expresión risueña, el mirar malicioso y +el <i>picante</i> gracejo de sus mejores días, señales evidentes de que su +espíritu ha recobrado también la serenidad y el vigoroso temple que +pasajeras vicisitudes le habían hecho perder; y es la verdad, así como +lo es también que esta reconstitución moral irradia sobre el físico de +la marquesa ciertas luces de estival hermosura, que justifican bien el +elogio que de ella nos hizo Manolo Casa-Vieja; es, en suma, y como diría +un distinguido <i>barbián</i> del <i>Sport-Club</i>, «una gran mujer que comienza +a <i>ajamonarse</i>, pero sin el menor síntoma de embastecerse».</p> + +<p>Aunque con menos estruendo que en la calle de Alcalá, vivía en grande en +la del Barquillo. <i>Se quedaba en casa</i> una vez por semana, y otras dos +comían con ella algunos amigos. Más de tarde en tarde, y alternando con +las de Sagrario y de Leticia, espléndidas <i>soirées</i> en sus salones; +turnos en el <i>Real y días de moda</i> en otros teatros, como en tiempos de +su madre; y viajes de verano, como entonces, aunque con mayor libertad y +mejor aprovechado todo; completa y bien adiestrada servidumbre, dos +carruajes <i>serios</i> (landó y berlina) y uno <i>de fantasía</i>, con dos +troncos de <i>media sangre</i>; y a este tenor la mesa y el arreo. Un dato +que el lector apreciará como mejor le parezca: conserva a su servicio la +misma doncella que dormía en el cuarto contiguo a su tocador, en la casa +de la calle de Alcalá, aquella noche que se menciona en el último +párrafo de la primera parte de esta verídica historia.</p> + +<p>En opinión de su mayordomo, tampoco el presupuesto de gastos de la +marquesa cabía en el de sus ingresos, aunque los primeros estuvieran +reducidos a menos de la mitad de los del tiempo de su padre, porque +también habían disminuido los segundos en más de otro tanto; pero o se +era o no se era una gran dama de las principalísimas de la corte, o se +vivía o no se vivía a la altura de las demás <i>congéneres</i>; pues adelante +con los gastos, que ni siquiera era de buen tono eso de apurarse por +dinero una mujer de su clase y de su estampa. Además, ella no sabía otra +cosa. Eso la habían enseñado, en eso había nacido y en eso tenía que +morir. Mirar por la hacienda de vez en cuando; sondar sus llagas, y +hasta ver por dónde se la puede hincar el diente sin producir otras +nuevas ni enconar las antiguas, menos mal, y eso ya lo hacía ella por la +cuenta que le tenía; pero reducirse, pero obscurecerse, pero arrumbarse +cuando era viuda, cuando era libre, a lo mejor de la vida, cuando su +estrella, cuando su sino o el mismo Lucifer encarnado en las gentes que +debieron defenderla y ampararla, la habían arrancado del fondo de su +alma, con horribles dolores, el sentimiento del bien, la noción de lo +justo y de lo honrado, la conciencia entera..., hasta la idea de Dios, +¡qué locura! En último caso, por donde fueran <i>otras</i>, iría ella; y lo +que otras hicieran, lo haría ella también. Todo menos detenerse.</p> + +<p>Tal era la conducta, tales eran los pensamientos y tales los propósitos +de la mujer mundana (en el mejor sentido del vocablo). Ahora vengan aquí +todos los fisiólogos de la tierra, y hasta esos otros señores que han +dado de poco acá en la flor de empeñarse en convencernos de que los que +matan y los que roban, todos los criminales, en fin, son unos pobres +locos irresponsables ante las leyes divinas y humanas, porque loco es +igualmente el vate que crea y canta, y hasta, por la regla, lo soy yo +también mientras me entretengo en emborronar estas hojas; vengan aquí, +repito, los unos y los otros señores, y díganme, en presencia del +<i>ejemplar</i> exhibido, cómo pueden en una sola pieza una mujer de su +temple y una madre como la que a ver vamos.</p> + +<p>Ya nos dijo Manolo Casa-Vieja que era de admirar «cómo y lo que quería» +a su hija la marquesa de Montálvez; y era de admirar, en efecto. Desde +que la vio en el mundo, desde que la tuvo en sus brazos, su primer +pensamiento fue el que asaltaría a un infeliz menesteroso metido hasta +la cintura en una charca infecta, y a quien le cayera de pronto entre +las manos el pan de toda su vida, en un tesoro envuelto en armiños: +«Señor, ¿en dónde pondré yo esto para que ni se corrompa ni se me +manche?» Ese fue el pensamiento de la marquesa entonces, y ese continuó +siendo después a todas horas y todos los días; porque la charca de sus +aprensiones no tenía límites, y más se ensanchaba a sus ojos cuanto más +andaba por ella y más iba creciendo su hija. ¿Dónde ponerla para que no +se la corrompieran o se la mancharan? Y miraba con espanto a su propio +hogar, que le parecía lo más cenagoso y lo más profundo de la charca; y +todo se le ocurría, menos el fácil recurso de cerrar sus puertas a la +peste de afuera, purificarse ella misma arrojando de su cerebro la +podredumbre de sus ideas y trocarlas por otras más dignas de aquel +purísimo sentimiento que la naturaleza había infundida en su corazón.</p> + +<p>Y este es el fenómeno que yo sometería al examen de los susodichos +señores, tan dados a compaginar contrasentidos y desembrollar +monstruosidades.</p> + +<p>En cuanto la niña comenzó a dar claras señales de que ya alboreaba en +los limbos de su cabecita la luz de la inteligencia, su misma madre, +trayendo a la memoria lo que casi tenía olvidado por desuso, o +adquiriéndolo con prolijos afanes donde lo había, la enseñaba a rezar +las primeras oraciones que balbuce la infancia en los crepúsculos del +sueño, iluminada la mente candorosa con la visión plácida y celeste de +la Virgen Purísima y del Ángel de la Guarda. No fiándose de nadie, y +mucho menos de su doncella, a costa de imponderables indagaciones y +pesquisas adquirió una niñera por el estilo de la que ella había tenido, +y a esta niñera encomendó el cuidado incesante de su hija. Ambas habían +de vivir en casa, apartadas de todo trato y comercio con la servidumbre +de ella, y de todo roce con el ceremonial mundano que en ella se seguía. +Y es de advertir que cuando de tarde en tarde visitaba Pepe Guzmán a la +marquesa, lejos de tachar por extremado aquel celo de la madre, se le +estimulaba con preguntas y advertencias que no suelen hacer los hombres +corridos, por el bien del primer rapazuelo con quien topan. También se +preocupaba mucho el despreocupado galán con los lodazales y las charcas.</p> + +<p>—Es cosa peregrina—le dijo la marquesa en una de estas ocasiones—ver +al lobo pidiendo que se encierren las ovejas.</p> + +<p>—Pues ya ves que se dan casos—respondió Guzmán.</p> + +<p>—Sí, en casos de hartura..., como el de un lobo que yo conozco.</p> + +<p>—Lo cual no es exacto.... y bien lo sabes tú.</p> + +<p>—Séalo o no, siempre será para mí muy de lamentar que no le tocara a la +madre tan buen consejero como el que le ha caído en suerte a la hija.</p> + +<p>—Pues mira, y a propósito de buenos consejos: no dejes de sacarla de +aquí en cuanto tenga edad para ello. Tienes la casa demasiado llena de +lobos..., empezando por ti, para que pueda vivir en ella sin dar con +alguno esa inocente corderilla. Créeme: estos aires no son los mejores +para hacer sangre honrada a los niños.</p> + +<p>—¡Ah, si yo pudiera hacer correr los años a mi gusto!</p> + +<p>—Pero en tu mano está purificar los aires, que es lo mismo.</p> + +<p>—¡Tunante!</p> + +<p>—¿Por qué me lo llamas?</p> + +<p>—Porque lo eres..., con algo más que no quiero llamarte ahora, porque +te lo está llamando la conciencia con mejor derecho.</p> + +<p>—¡Injusta! Y ahora, en castigo de tus durezas, mándala venir para que +yo la dé un beso.</p> + +<p>—¿De lobo?</p> + +<p>—Corriente; pero con el corazón entre los labios.</p> + +<p>—¡Que no pudiera acabar yo de aborrecerte!</p> + +<p>Y vino la niña. Luz se llamaba, y jamás hubo nombre mejor colocado. Todo +era luz en aquella criatura: un rayo de sol de primavera sobre un vaso +de cristal lleno de rosas y azucenas; luz de las glorias de Murillo, +henchidas de ángeles con cabelleras de oro y blancas alitas +transparentes; luz irradiaban sus ojos azules; luz sus mejillas +nacaradas; luz sus rizadas guedejas rubias; luz los húmedos corales de +sus labios sonrientes; luz las mutiladas palabras de su fresca boca; luz +el argentino timbre de su voz infantil; y una aureola de luz del +amanecer de un día de mayo era la indescriptible expresión de angélica +inocencia, de dulce ingenuidad que resultaba del conjunto de todas las +perfecciones de aquella cabeza, colocada sobre un cuerpecito que parecía +delineado por las hadas de los cuentos orientales.</p> + +<p>Guzmán se quedó extático delante de la hermosa criatura: devorábala con +los ojos como si no se atreviera a tocarla. Al fin, la tomó en sus +brazos; separó después los dorados rizos que caían sobre su frente, y +estampó en ella un beso en que debió tomar el corazón mayor parte que +los labios, por lo que fue de sonoro, de <i>apretado</i>... y de repetido. +Después pidió a Luz que le besara a él; y Luz, buscando lo más despejado +de barbas en la mejilla más cercana a su boca, besó allí una, dos y +hasta tres veces, y hasta mil hubiera besado sin satisfacer todavía el +deseo del cortesano Guzmán, que más que de ello tenía entonces, por su +cara dulzona y zarandeando la niña en el aire, de padrazo ramplón del +vulgo pedestre. Por último, lejos de soltar a Luz, corrió a ponerse con +ella delante de un espejo. La marquesa, que sin decir una palabra, +aunque expresando un libro entero con los ojos, había estado muy atenta +a la escena de los besos, en cuanto vio lo que estaba haciendo Guzmán, +le quitó la niña de sus brazos; llamó a la niñera y se la entregó para +que la sacara de allí. Tanto miedo tenía a una imprudencia de su amigo.</p> + +<p>Cuando estuvo a solas con él, le dijo:</p> + +<p>—De lo que tú buscabas en el espejo, va quedando ya muy poco, y me +alegro.</p> + +<p>—Te equivocas también en eso: queda todo lo que cabe entre lo divino y +lo humano, entre el cielo y la tierra. ¡Qué criatura, Nica! Dios debe de +habértela dado, o para tu gloria, o para tu castigo. Cuida de elegir a +tiempo y lo mejor.</p> + +<p>—¡Miren el diablo metido a fraile!</p> + +<p>—Hasta en el diablo cabe un buen consejo.</p> + +<p>—¡Pregúntamelo a mí, consejero diabólico! Pero cuando a mí me tuesten +por ese pecado, ¿qué será de tu pellejo?</p> + +<p>—Dime tú, entre tanto, ¿por qué te alegrabas de que fuera borrándose +aquella supuesta <i>semejanza</i>?</p> + +<p>—Porque en cuanto desaparezca del todo, me será más fácil aborrecerte.</p> + +<p>—Y ¿por qué deseas aborrecerme?</p> + +<p>—Porque es de necesidad que yo te aborrezca.</p> + +<p>—No será por el estorbo que te hago.</p> + +<p>—Pero sobra con el daño que me has hecho.</p> + +<p>—Es mayor el beneficio que me debes, si sabes utilizarle. Con que, en +buena justicia, no puedes aborrecerme, aunque llegues a olvidarme.</p> + +<p>—¡Eso sí que no es tan fácil, embustero, como lo ha sido para ti!</p> + +<p>—¡Ojalá tuvieras razón!</p> + +<p>—Pero no será el milagro obra mía.</p> + +<p>—Y en este ejemplo, ¿qué más da el tronco que la rama? Todo es árbol.</p> + +<p>No solían profundizar mucho más que esto las breves conversaciones entre +la marquesa y Guzmán, en las pocas visitas que éste la hacía. Jamás le +había dirigido ella un cargo serio y formal, con tantos motivos como +tenía para hacérsele, ni él la había dado las menores señales de estar +arrepentido, ni de creerse culpable siquiera: al principio, por entereza +y altivez de la una, y por malicias y conveniencias del otro; después, +porque caídas las cosas del lado a que se habían inclinado entonces, ¡y +caídas tan abajo!, el uno y la otra tenían grandes motivos para no +volver los ojos hacia atrás, y frescura sobrada para tratar el caso +medio en broma, cuando el caso llegaba por si sólo a clavárseles en la +lengua.</p> + +<p>Es muy difícil de presumir qué conducta hubiera seguido Guzmán con la +marquesa si, al verse ésta viuda y libre, se hubiera contenido en los +límites que parecían trazarle sus honrados antecedentes, aquel amor +nobilísimo y extremado que sentía por su hija, y el sentimiento que la +movía a defenderla de la peste de su propia casa. Pero está fuera de +duda que sus desatinados vuelos por el ancho espacio de su recién +adquirida libertad, y aquellas «muy contadas», pero nuevas fragilidades +de que hablaba Casa-Vieja a su amigo Ballesteros, desencantaron de tal +modo a Guzmán, que sin el vínculo (también mencionado por el displicente +orador del <i>Sport-Club</i>) que le dejaba ligado por el corazón a la +marquesa, hubiera llegado muy pronto hasta olvidarse de ella.</p> + +<p>Por eso se trataban en la <i>tessitura</i> que hemos visto. Quizás quedaba en +ella mayor cantidad de chispas de aquel <i>fuego sacro</i> de otros tiempos, +que en él, en quien sólo había un puñado de cenizas calientes; pero en +los dos era el mismo el propósito de no intimar gran cosa en el trato, +no solamente porque así convenía a los fines pudibundos de la madre en +cuanto se relacionaba con la hija, sino por recíproco impulso de las +respectivas conciencias, a cual más remordida y desencantada. Guzmán iba +allí a lo que hemos visto, y nada más; y eso porque sentía en su alma +cierto extraño apetito que no se calmaba sino con aquel sencillo manjar, +que él pagaba, no siéndole permitidos mayores lujos, con los más caros y +caprichosos juguetes que hallaba en Madrid o en cualquiera parte del +mundo por donde anduviera.</p> + +<p>Tomando pretexto del ardiente amor de la marquesa a su hija, solía en +ocasión oportuna extender sus discretas advertencias al capítulo de los +gastos ruinosos.</p> + +<p>—Eres una manirrota—la decía—, como toda tu casta, y vas a dejar a tu +hija en la miseria, después de quererla tanto, o te falta juicio, o te +sobra amor. Elige.</p> + +<p>—Me falta juicio—respondió la marquesa.</p> + +<p>—Pues recóbrale.</p> + +<p>—Que me le devuelva quien me enseñó a perderle. No te canses en +predicarme, porque por donde quiera que tomes el punto, estás +desautorizado para ello.</p> + +<p>—Déjate de cuchufletas, y atente a lo que te importa. El gastar más de +lo que se tiene, obliga a malvender lo que queda..., y algo más que no +se recobra con nada. Yo no tengo derecho para aconsejarte que te pongas +a ración, porque de lo tuyo gastas; pero sí para recomendarte que no te +dejes robar de usureros y de cómplices suyos, que quizás comen de tu +pan. Esto se consigue siempre que se quiere.</p> + +<p>Respondía ella que todo se arreglaría del mejor modo posible; y con otra +cuchufleta, más o menos punzante para su amigo, daba por terminada su +conversación con él.</p> + +<p>—Entretanto, iba creciendo la niña, y con ello los sobresaltos de la +madre; porque, a mayor inteligencia, correspondían mayores riesgos en +aquel semillero de peligros. A Sagrario y a Leticia las temía de lumbre; +y cada vez que una de ellas sentaba a Luz sobre sus rodillas para +besarla, resonaban los besos en sus oídos como el chapoteo de las ondas +cenagosas, y hasta veía la tersa y pura frente de la niña salpicada del +fango de la charca.</p> + +<p>Cuando Luz llegó a tener siete años, su madre no pudo esperar más. ¡Eran +tan precoces la inteligencia y el juicio en aquella criatura! Había que +decidirse a sacarla de casa. ¿A dónde? Bien pensado lo tenía ella. A un +colegio..., que no fuera colegio precisamente, donde se la guardaran, +por de pronto, durante el día, y la enseñaran lo que ella dispusiera, +más por entretenimiento que por cultivo; donde hallara un cariño y unos +cuidados y unas compañías que sustituyeran, en todo lo posible, el amor +y el amparo de su madre, y, sobre todo, donde no corriera los riesgos +que la amenazaban en su propio hogar.</p> + +<p>Pero ¿querría la niña? ¿Podría, aunque quisiera, aclimatarse a aquel +extraño modo de vivir?</p> + +<p>Por de pronto, quiso, sin revelar esfuerzos de voluntad ni violencias +del espíritu; y buscando entonces su madre con perseverancia, halló +cuanto creía necesitar, y bien cerca de su casa. Parecíale que se +quedaba sin corazón cuando llegó la hora de salir de ella con su hija, +por más que sólo debían estar separadas, por algún tiempo, durante el +día; pero no era esto lo que la apenaba, sino la idea de lo extraño, de +lo desconocido para la pobre Luz, que jamás había volado fuera del nido +materno sin la sombra y el amparo de las alas de su madre. Y ¿qué valía +este sacrificio comparado con los que tendría que hacer después? +¡Adelante, y con los ojos cerrados, que para otras empresas mayores y +más negras los había cerrado también!</p> + +<p>Todo cuanto tenía que prevenir y encarecer sobre el carácter y +necesidades de la educanda, se lo había prevenido y encarecido ya cien +veces a la señora bajo cuya dirección, amparo y vigilancia iba a ponerse +Luz. Pues todavía, después de entregársela, la llamó aparte para decirla +una vez más:</p> + +<p>—No me la atosiguen, no la atareen demasiado. Pocos libros, poca +gramática por ahora..., es mejor el Catecismo, pero bien explicado..., +hasta que conozca a Dios, al verdadero Dios, al Dios de los pobres; al +Dios que los riñe, los castiga y los premia según sus leyes inmortales, +que no se mudan ni se corrompen como las leyes del Dios de ciertos +personajes. Que no sepa aquí en qué mundo ha nacido, ni cómo es ese +mundo, ni qué vida hacen las gentes en él. Búsquenla para amigas y +compañeras las niñas más humildes de nacimiento y de carácter; no para +que ella se crezca a su lado, sino para que sufra el contagio de sus +pensamientos y de sus obras, hasta que las imite y las iguale. Todo lo +demás lo hará ella por sí sola, porque es incapaz de obra mala ni de +torpe pensamiento... Pero puede morirse... ¡Dios misericordioso, lo que +me duele hasta suponerlo!..., o, cuando menos, puede enfermar, si su +naturaleza de ángel no encuentra aquí lo que necesita para vivir +risueña... Pues bien: el jugo, el rocío de esa azucena, es el amor, el +cariño siquiera. ¡Que no le falte un solo momento!</p> + +<p>Y cariño y amor tuvo Luz en aquella casa, y vida tan acomodada a sus +inclinaciones, y amistades y compañías tan de su gusto, perfectamente +ajustado a los deseos de la marquesa, que, mucho antes de lo que ésta +pensaba, logró que se quedara en el colegio como educanda interna. Ella +la visitaba casi todos los días, y eran muy contados los en que la +sacaba para comer en casa, pero solas las dos a la mesa.</p> + +<p>Cuando Luz vivía a su lado, tenía que llevarla consigo en sus viajes de +veraneo, por no saber dónde dejarla más segura. Pero esta atadura +cortaba sus vuelos de peregrina elegante, y dejaba su paladar de +cortesana a media miel. Ahora sería muy distinto el caso. Con el seguro +refugio de su hija, era ella más libre para ese y otros menesteres de su +vida; y mañana, cuando Luz necesitara otro refugio más lejano y por +largo tiempo, lo sería más aún.</p> + +<p>Apunto estas reflexiones, porque son las primeras que la marquesa se +hizo en cuanto dejó de padecer con el recelo de que su hija no llegara a +aclimatarse a la vida de colegiala. Cotéjense estos pensamientos de +madre cariñosa con aquellos otros de mujer desjuiciada; considérese que +son dos eslabones gemelos de una misma cadena de ideas, y vuelvan a +venir aquí los fisiólogos de marras para apuntar este nuevo fenómeno en +su libro de curiosidades psicológicas.</p> + +<p>Y como lo pensó lo hizo la marquesa durante los tres años, bien +corridos, que pasó su hija en aquel colegio de Madrid. Recorrió medio +mundo, sin más trabas ni cortapisas que las instintivas repugnancias de +su naturaleza, que no era del temple de la de Sagrario.</p> + +<p>En sus últimas excursiones a Francia había buscado mucho, y hallado al +fin, en una de sus ciudades, más nombradas, otro refugio donde guardar +su tesoro por largo tiempo, cuando le sacara del escondite de Madrid.</p> + +<p>Esta ocasión se iba acercando por instantes. Luz había cumplido ya los +diez años, y necesitaba completar su educación... y alejarse mucho de su +casa, hasta que, determinado y bien definido su carácter, y en completo +desarrollo su inteligencia, cultivada en sano terreno, hallara en sí +misma la posible fortaleza para luchar contra el enemigo que la +aguardaba en el mundo de su madre. Porque ésta, lejos de curarse de sus +aprensiones, cada día las agrandaba en su imaginación. En Luz, por raro +y singular capricho de la naturaleza, se iban desenvolviendo a un mismo +tiempo las bellezas del cuerpo y las del alma: todo crecía en ella con +prodigioso equilibrio, sin descomponerse ni desfigurarse. La marquesa +no podía considerarlo sin admiración, pero tampoco sin miedo. ¿Hasta +dónde podía llegar aquella criatura? ¡Qué flor, y en qué terreno!</p> + +<p>Acordada hasta la fecha del viaje con la niña a Francia, la marquesa, +por una sucesión de pensamientos muy lógica, volvió su consideración al +estado de su hacienda. Había que resolverse a mirar por ella con mayor +detenimiento que hasta allí. Las advertencias de Guzmán sobre este caso +le parecían muy atendibles. Hablaría con él y se acomodaría a sus +dictámenes.</p> + +<p>Llegada muy pronto esta ocasión, Guzmán insistió en que el mayordomo +sempiterno era la mayor sanguijuela que había en casa.</p> + +<p>—¿Cómo se explican entonces sus resistencias a proporcionarme +<i>extraordinarios</i> cuando se los pido?</p> + +<p>—Creyendo que esas resistencias son la capa con que se encubre para +hacer su juego a mansalva. Ponderando mucho las dificultades, se +justifican las innecesarias hipotecas, que han sido vuestra ruina y la +de todos los perdularios. Para obtener cuatro en el momento, se hipoteca +una cosa que vale doce o diez y seis. Llega el vencimiento; no hay con +qué pagar lo prestado (lo cual sucede siempre que quieren los +mayordomos, con la disculpa de los dispendios de sus señores), y se +vende la hipoteca al desbarate. Esto es lo que se buscaba. Ya tiene el +prestamista una finquita que vale doce o diez y seis, por poco más de +cuatro; la cual finquita se distribuye después, en partes +proporcionales, entre el que preparó el negocio y el que le <i>remató</i>; +es decir, entre el mayordomo y el usurero...; más claro: entre Simón y +su cómplice.</p> + +<p>—Pero se le descubrirla el juego hecho así, por la prenda misma.</p> + +<p>—No hay tal. Simón tomará su parte en dinero, para invertirlo en lo que +mejor le parezca... Por eso es hoy más rico que tú.</p> + +<p>—Pero un ladrón, si eso fuera cierto.</p> + +<p>—¡Psch!; no sé yo hasta qué punto <i>obliga</i> a serlo la ocasión en que se +le está poniendo en esta casa tantos Años hace. Sea lo que fuere, y ya +que no te resignas a no gastar más que tus rentas, ni te sea fácil +desprenderte por ahora de ese hombre, a cuya mano estás hecha, es +indispensable, ante todo, que sepas lo que tienes y lo que debes; y +después, que cuando necesites dinero, te le dé un prestamista honrado, +entendiéndote con él directamente y con la garantía de tu crédito.</p> + +<p>—¿Y hay prestamistas honrados?</p> + +<p>—Pocos, y yo conozco uno de ellos.</p> + +<p>—Pues venga ese.</p> + +<p>Guzmán sacó de su cartera una tarjeta; escribió con lápiz al respaldo de +ella el nombre y las señas del domicilio del sujeto, y se la entregó a +su amiga, diciéndola:</p> + +<p>—Ahí está.</p> + +<p>La marquesa leyó: «Don Santiago Núñez. Imperial, 15, 2º, derecha». +Después dijo a su amigo:</p> + +<p>—Está bien. Pues ahora voy a comenzar... por el principio. Las cosas, o +hacerlas bien, o no hacerlas.</p> + +<p>Y mandó llamar a Simón.</p> + +<p>Se marchó Guzmán, y entró a muy poco rato el mayordomo.</p> + + + +<h3><a name="IIIa" id="IIIa"></a>III</h3> + + +<p>Así estaban las cosas, con un pasito más que luego conoceremos, al +invitar yo en los comienzos del capítulo precedente al lector amable y +pío, a que me acompañara al nuevo domicilio de la marquesa de Montálvez. +Reprodúzcole aquí la invitación; y puesto que no la desaira, vamos +adentro con todas las cortesías y comedimientos del caso.</p> + +<p>Hela aquí, bien iluminada por la luz directa de la calle, aunque +templada por la interposición de vidrieras y cortinajes entreabiertos, +en el instante de atravesar el saloncillo que separa su gabinete de la +elegante pieza que le sirve de despacho. A ver si hay castellana de +leyenda que mejor arrastre la fimbria de su vestido; ni que con más +lindo ni mejor calzado pie hunda más gallardamente el espeso vellón de +una alfombra; ni cuerpo en que mejor caiga una bata de paño de seda gris +con encajes de Bruselas; ni curvas de más valiente trazo para lucir las +hechuras de una prenda semejante; ni cabeza más airosa sobre cuello +mejor colocado.</p> + +<p>El despacho era una monada, por lo pequeño y lo primoroso. Parecía el +interior del estuche de una joya. Oro, blanco, rosa y azul. No había más +colores allí. Azul y oro, en el tapizado de las paredes; oro y blanco, +en los muebles de menuda talla, estilo Luis XVI, y rosa, blanco y azul, +en alfombras y colgaduras.</p> + +<p>En la penumbra del cortinón medio recogido de la puerta de escape hacia +el interior de la casa, aguardaba una persona, a la cual mandó entrar la +marquesa un momento después de sentarse en el precioso sillón de su mesa +de escribir. La persona que aguardaba en la penumbra del cortinón, +manoseando suavemente un rollo de papeles, era Simón, que no se dobló en +dos mitades al acercarse a su señora, como se doblaba al ponerse delante +del difunto marqués, ni se notaron en su cara ni en su voz los reflejos +y las inflexiones de entonces. Los tiempos habían cambiado y las +circunstancias también; y lo que halagaba mucho ciertas debilidades del +padre, no lo aceptaba, por instintivas resistencias, la hija. Simón lo +sabía sin que nadie se lo hubiera dicho, y lo había tomado muy en +cuenta para ajustar su conducta a los nuevos gustos. En lo demás, el +mayordomo, fuera de las canas que habían acabado de blanquearle la +cabeza, y cierto sello de contrariedad mal disimulada que se pintaba en +su fisonomía, era el hombre de siempre, hasta con la misma ropa.</p> + +<p>—La señora marquesa—dijo con voz segura, pero mansa y reverentemente, +cuando se le autorizó para hablar—está servida en el encargo que se +dignó encomendarme antes de ayer.</p> + +<p>En esto, desarrollaba los papeles que traía en la mano, y volvía a +arrollarlos en sentido inverso para que <i>perdieran el vicio</i>: eran unos +cuantos pliegos en folio, metidos bajo una carpeta bien rotulada. En +seguida puso el cuadernillo en manos de su señora.</p> + +<p>—¿Está aquí todo lo que yo he pedido?—preguntó la marquesa volviendo +la primera hoja.</p> + +<p>—Todo—respondió el mayordomo, inclinando el busto sobre el papel y +apuntando a la página con la diestra, medio extendido el brazo, siempre +a cierta distancia respetuosa—. En el primer pliego hallará la señora +marquesa la lista de todas las propiedades y valores de su pertenencia. +(La marquesa volvió otra hoja.) En el segundo papel consta, por +separado, cuáles de esas propiedades están libres y cuáles no, y qué +gravamen pesa sobre cada una de las que no lo están. (Otra hoja vuelta +por la señora.) En el tercer pliego verá la señora marquesa un estado +comprensivo de la situación actual de los bienes libres, en producto, +con algunas observaciones para la debida inteligencia. (Nueva hoja +vuelta por la marquesa.) En el folio siguiente está bien especificado, y +partida por partida, el número de cargas que pesan sobre los bienes +hipotecados, su importe anual y vencimiento de la correspondiente +hipoteca. (La marquesa volvió el quinto folio.) Y, por último, en la +hoja restante, una sencilla comparación de lo que se debe, con los +productos líquidos de lo que hay; y al pie, la diferencia a favor de la +señora marquesa. Ajustándome a su expreso mandato, lo he puesto así, +cosa por cosa y en papel separado cada una. Me alegraré de haber +acertado.</p> + +<p>—En efecto—dijo la marquesa—, está todo como yo lo mandé. Puede +ocurrir hacer uso de algo de ello, y no hay necesidad de que nadie se +entere de lo restante...¡qué tiene que ver! En substancia, y sin meterme +ahora a sondar estas llagas de mi hacienda, que ya se hará también, +resulta de este triste expediente que mis rentas hoy, reales y +efectivas, no pasan de... doscientos sesenta...</p> + +<p>—De trece mil duros mal contados—interrumpió Simón, sabiendo que el +duro era la unidad monetaria que usaba la marquesa en sus cálculos y +<i>libramientos</i>.</p> + +<p>—¿Y con esta miseria hay que vivir y recobrar lo hipotecado, si no me +resigno a perderlo?</p> + +<p>—Es seguro, por triste que parezca.</p> + +<p>—¡Bien se ha robado en esta casa, Simón, desde la muerte de mi pobre +abuelo!</p> + +<p>Simón aguantó esta acometida al pecho, con la imperturbabilidad de un +soldado ruso; y como si el golpe nada tuviera que ver con él, dijo a su +señora compungiendo bastante la voz:</p> + +<p>—¡Cuántas veces previne al difunto señor marqués y a la también ya +difunta señora marquesa, que cierto sistema de gastos llevaba los +caudales a las manos de los usureros, y que caer en estas manos era +punto menos que caer en una lumbre!... Después, quisiera yo que +recordara la señora lo que costó la irremediable desgracia de su +igualmente finado esposo: allí quedó mucho entre los escombros, y casi +otro tanto en poder de la justicia, que no deja de ser fuerte de manos +para agarrarse al dinero. También espero de la señora marquesa el favor +de no haber olvidado algunas indicaciones que oportunamente me he +atrevido a hacerla, en cumplimiento de mi honrado deber... De modo, y +salvo el merecido respeto, que a este caudal todos han sido a rozarle +(valga la comparación, si no ofende) y nadie a reponerle; y así, como +sabe muy bien la señora marquesa, hasta las peñas se acaban.</p> + +<p>La marquesa miraba de hito en hito a Simón mientras éste iba hablando; +pero en Simón caían aquellas miradas, que no eran de miel, como chispas +de pedernal en un montón de nieve. En seguida le dijo:</p> + +<p>—Insisto en que se ha robado mucho en esta casa; mucho más de lo que se +ha gastado en ella..., y hasta sé cómo se ha robado...</p> + +<p>—Perdone la señora marquesa que, como administrador...</p> + +<p>—El administrador, para cumplir con su deber, no ha hecho bastante con +administrar... a su modo, sino que ha debido impedir que otros roben a +sus amos..., a los que le daban de comer..., a los que le han hecho +rico..., más rico que yo.</p> + +<p>—¡Señora!...</p> + +<p>—Lo dicho, señor administrador..., y dejemos aquí este punto escabroso, +por ahora; que, entre los dos, no es a mí a quien más conviene que no +pase adelante la porfía.</p> + +<p>—Siempre acatando humildemente los mandatos de mis señores y dueños; +pero, salvo el respetable parecer de la señora marquesa, quisiera yo..., +me atrevería yo, mejor dicho, a suplicarla que se dignara tener en +cuenta que cuando a un hombre, ya encanecido, le abonan treinta y ocho +años, bien largos, de incesantes, aunque modestos servicios en una sola +casa como me abonan a mí, se puede disculpar..., creo que es de +necesidad y de justicia, que este hombre se muestre lastimado de +cualquier expresión...</p> + +<p>—¿Le han dolido a usted algunas de las mías?</p> + +<p>—Si la señora marquesa me lo permite, le responderé que sí.</p> + +<p>—Pues me alegro; y si el dolor es tal que no puede resistirle sin el +remedio que pretende y yo no le he de proporcionar, queda usted libre, +desde este instante, de ponerse en situación más independiente y segura. +¿Me comprende usted?</p> + +<p>—Paréceme que he penetrado la idea; y por lo mismo, quiero decir, por +el alcance que tiene, me atrevo a recelar que es la señora marquesa la +que no me ha comprendido a mí... No quise llegar tan allá...</p> + +<p>—Pues como si hubiera querido, o para cuando llegue..., y sin llegar, +valga lo dicho, téngalo en cuenta y acabemos.</p> + +<p>—Ordene la señora marquesa..., menos que se despoje a este viejo +edificio de sus hiedras.</p> + +<p>—¡También sentimental y culto! Pues me gusta la imagen, vea usted; +aunque yo quizás la hubiera presentado al revés, por parecerme así más +verdadera... Abreviando, señor administrador: lo que ordeno es que desde +mañana, desde hoy mismo, no ha de haber en mi casa otro dueño de mi +hacienda que yo. Usted continuará administrándola como hasta aquí, pero +nada más que administrándola. ¿Comprende usted lo que esto quiere decir? +Las cuentas, bien justificadas, cada tres meses; y para lo restante, +quiero decir, para lo imprevisto, para lo extraordinario que pueda +ocurrir, yo sola y como mejor me parezca.</p> + +<p>—¡Oh!, si treinta años hace se hubiera tomado en esta casa tan sabia +determinación, ¡qué ahorro de sinsabores para el leal administrador!</p> + +<p>—¡Y qué ahorros para mí!... Pero ya no tiene remedio, y más vale tarde +que nunca. A otra cosa. ¿Qué dinero tiene usted disponible?</p> + +<p>—¿Para cuándo?</p> + +<p>—Para dentro de seis u ocho días.</p> + +<p>—Lo más indispensable para los gastos ordinarios de la señora +marquesa..., si alcanza.</p> + +<p>—Está bien. ¿Queda usted enterado de todo cuanto le he advertido?</p> + +<p>—Perfectamente, señora marquesa.</p> + +<p>—Pues hemos concluido.</p> + +<p>Y con esto y un ademán muy expresivo, hizo entender al <i>sensible</i> +mayordomo que estaba de más allí. El cual mayordomo salió del despacho +por la puerta de escape, casi andando hacia atrás, y sin que a la vista +más sutil le fuera posible leer en su cara enjuta la impresión que le +habían causado más adentro las palabras Y la determinación de su ama y +señora.</p> + +<p>Ésta, en cuanto se quedó sola, escribió una carta en un papel muy majo, +muy recortadito en forma apaisada, muy perfumado y con la +correspondiente corona por membrete; la metió en un sobre por el estilo, +cerrole y copió en él lo mismo que había escrito con lápiz Pepe Guzmán +dos días antes al dorso de su tarjeta. Llamó y acudió en seguida un +criadito muy guapo y muy bien embutido en su media librea. Le entregó la +carta y le dijo:</p> + +<p>—Inmediatamente... y que aguardo la respuesta.</p> + +<p>Que tardó una hora larga en llegar; porque el señor don Santiago Núñez +estaba con un ataque reumático hacía una semana, y, aunque ya se +levantaba, no podía salir a la calle: gracias que arrastrando, +arrastrando, lograba llegar desde el dormitorio a su despacho. La +rodilla, la pícara rodilla derecha, que no acababa de jugar los goznes +como la otra, tenía toda la culpa. Pero si la señora marquesa tenía +algún asunto apremiante que tratar con él, allí le encontraría a su +disposición, a todas las horas del día y de la noche, la persona a quien +la misma señora marquesa tuviera la dignación de encomendar el +encargo..., porque él se creería muy honrado y satisfecho en servir a la +señora marquesa, que tan recomendada le había sido por el señor de +Guzmán... Y todo esto y todo aquello y algo más, se creyó obligado don +Santiago Núñez a decírselo a la señora marquesa, y se lo dijo en una +carta escrita a pulso y con reglero..., porque «a todo señor, todo +honor».</p> + +<p>Y la marquesa, aunque algo contrariada por la noticia, sin apurarse gran +cosa por la dificultad, arrojó la carta sobre el escritorio; volvió a +llamar, acudió el mismo criadito de antes, y le dijo levantándose:</p> + +<p>—La berlina en seguida.</p> + +<p>Mientras se la preparaban, volvió a su gabinete y llamó a su doncella +para que la vistiera para salir.</p> + + + +<h3><a name="IVa" id="IVa"></a>IV</h3> + + +<p>El era nativo de la provincia de Burgos, no se sabe a ciencia cierta si +de Huermecos o de Castrojeriz, duda que importa bien poco en esta +historia que vamos relatando; no tenía su padre, labrador honrado a +carta cabal, muchos bienes, y sólo pudo darle larga escuela en la mejor +del pueblo, y una tintura de segundas letras por mano de un clérigo que +no sabía mucho más. El chico no era un lince, pero tampoco lo contrario; +y como no pecaba de robusto, y lo aprendido hasta allí era demasiado +para un labrador y muy poco para buscarse la vida con ello, se adoptó en +consejo de familia un término prudente entre los dos extremos, contando +con la natural condición placentera y bondadosa del muchacho y con +algunas buenas amistades de su padre. En fin, que se logró colocarle de +mozo de mostrador en una droguería de Madrid, con poco sueldo por +entonces, pero bien hospedado y mantenido en la propia casa de su dueño.</p> + +<p>Allí, con su buen carácter, mucha paciencia y grande aplicación, fue +haciéndose lugar y acrecentando su peculio, gastando menos según iba +ganando más; hasta que a los quince años de droguero y a los veintiocho +de edad, creyéndose bastante rico y por otros motivos que se sabrán, su +amo le cedió la droguería con unas condiciones que, sin dejar de ser +buenas para el cedente, eran un filón de plata para el ahorrativo e +inteligente castellano.</p> + +<p>Entonces fue cuando éste se casó con Ramona Pacheco. Nada mejor acordado +ni más merecido. Era como la cosecha sazonada de una larga labor de +honrados pensamientos. Ramona Pacheco era una sobrina lejana que su +principal había recogido huérfana y casi niña, y hembra bien singular +ciertamente. No era fea, y lo parecía; era más joven que Santiago, el +droguerillo, y representaba diez años más que él; estaba bien metida en +carnes, y aparentaba lo contrario; tenía excelente corazón y el alma en +su correspondiente almario, y parecía una estatua de pedernal. Y todo +consistía en que era de una rigidez, de una tenacidad de pensamientos y +propósitos, y de una casta de moral tan extremadas y enteras, que la +iban llevando poco a poco toda la vida <i>hacia adentro</i>; y allí la +guardaba como el avaro su tesoro, y, también como el avaro, sospechaba +de todo lo que en torno suyo se movía. Por eso su cara, más que reflejo +de lo mucho y excelente que había detrás de ella, era simplemente una +losa puesta de intento allí para taparlo, con dos ametralladoras por +ojos para defenderlo, y una boca que sólo se abría para dar el abasto de +la metralla de los ojos. Y éstos eran negros y bien rasgados, y la boca +muy bonita.</p> + +<p>Ocurría, además, que Ramona tenía una afición desesperada a hacer media, +y sólo haciendo media se entretenía, en cuanto no quedaba en la casa un +suelo que bruñir, ni un átomo de polvo sobre un mueble, ni un trasto +fuera de su sitio, ni un descosido sin coser, ni cosa alguna que +trajinar, para los cuales menesteres era una pólvora por la actividad y +un asombro por la limpieza. En estas ocasiones era algo más expresiva de +palabra y de gesto; pero con los muebles y las ropas y los cachivaches +de la cocina, porque no quedaban a su gusto, o porque se lucía en algo +de ello su trabajo, o pensando en la criada, o en el amo, o en <i>el +otro</i>, que, a su juicio, rompían o manchaban. Para hacer media se +sentaba junto a las cortinillas de las vidrieras del balcón, en una +silla baja, tiesa, muy tiesa, y con la mirada fija en el tejemaneje de +las manos, que parecían un argadillo. Así se pasaba horas enteras, si no +tenía otra cosa más precisa en que ocuparse. Que la hablaran entonces, +que la preguntaran por algo que estuviera cerca de ella; que entrara o +que saliera alguien: una mirada rápida hacia el objeto o hacia la +persona, y vuelta a clavarla en el incesante moverse de las agujas, y lo +menos posible de palabras para responder.</p> + +<p>Es indudable que este hábito de trabajar así, de abstraerse en la +contemplación de su obra, de mirarla incesantemente, con la cabeza +erguida y los ojos bajos, acentuó en gran manera la natural rigidez de +su continente.</p> + +<p>Era preciso vivir mucho tiempo a su lado para convencerse de que no era +fea ni mala ni insoportable; y averiguado esto, se iba cayendo poco a +poco en la cuenta de que era todo lo contrario, y hasta una alhaja para +mujer de un marido de pocas necesidades intelectuales y mucho apego a la +vida honrada y laboriosa de puertas adentro. Y esto le pasó a Santiago +cuando ya le cabían en la mollera pensamientos de cierto linaje. El +primer paso le costó lo indecible; pero le dio como un valiente, y se +conformó con que Ramona tomara en cuenta la insinuación sin mostrarse +agraviada. Pero le advirtió que no insistiera mientras ella no lo +autorizara de algún modo bien explícito. Tres años pasó Santiago sin +saber a qué atenerse y temiendo siempre lo peor. Yo creo que todo ese +tiempo necesitó Ramona para estudiar a fondo las malicias de Santiago y +el terreno a que éste pretendía conducirla. Un día le dijo que +continuara hablándole <i>de aquello</i> de que había comenzado a hablarla. +¡Como si hubiera sido la víspera! Y Santiago, que, «por casualidad», no +pensaba en otra cosa, tomó el punto donde le había dejado entonces, y +continuó hablando de ello, con cuantas amplificaciones y distingos le +parecieron del caso y bien acomodados a la rectitud y santidad de sus +miras. Fue bien recibida la instancia, y hasta bien hablada la +respuesta; súpolo el tío de Ramona, gustole el intento de su +pretendiente, y aun le hizo saber que su sobrina contaba con una buena +dote que le daría él, lo cual no desagradó a Santiago, hasta por lo +mismo que lo ignoraba; y con la sola condición de que éste, y «por el +bien parecer», cambiara de domicilio hasta que el casamiento se +efectuara, quedó arreglado y convenido para muy luego. Hay razones para +creer que la idea de este suceso movió al viejo droguero a traspasar a +Santiago su droguería mucho antes de lo que tenía pensado; tanto más, +cuanto que se sabe que su dependiente apuntó cierto escrúpulo que tenía +de casarse sin estar <i>arraigado</i> completamente a su gusto, con la +advertencia de que esto del arraigo no lo estimaba él en una riqueza, +que no merecía, sino que algo como..., verbigracia: una droguería bien +montada que fuera de su propiedad absoluta, para lo cual no daban sus +ahorros por entonces.</p> + +<p>Celebrado el casamiento y hecho en regla el traspaso de la droguería, el +viejo droguero cedió hasta la habitación a sus sobrinos, y se largó a su +tierra, en la Rioja, a disfrutar las primeras vacaciones que había +logrado en su vida, perfectamente libre y descuidado. Si no le engañaba +el pensamiento, por allá se quedaría hasta dejar los huesos en el +terruño nativo; si le engañaba, volvería a Madrid cuando mejor le +pareciera, o gastaría en ir y venir el poco tiempo que le restaba de +vida.</p> + +<p>Pocas veces se ha casado una mujer con menos conocimiento práctico del +mundo que Ramona Pacheco. Cuando era niña, en su pueblo (el mismo de su +tío), ya estaba cansada de <i>saber</i> que la gente de Madrid se componía de +políticos relajados, de generales facinerosos, de señoronas perdidas, de +señoras a medio perder, de vividores sin vergüenza y de un populacho +soez, asesino y ladrón. Y fue a caer en Madrid sin haber echado de su +meollo una sola de estas ideas. ¡Ella, que era creyente a puño cerrado, +honesta y honrada hasta la manía, y testaruda y tenaz en sus obras y +pensamientos, por carácter y por educación! Mandarla pisar las calles de +la corte, era, en su concepto, como decirla: «Métete en esa leonera; +arrójate en esa lumbre». Se necesitaron heroicos esfuerzos de su tío y +de las personas a quienes éste encomendó la ardua tarea de educarla +hasta donde fuera posible, para que afinara, nada más que para que +afinara, aquellas sus escabrosas ideas. Llegó a conceder excepciones: la +posibilidad de algo bueno entre tantísimo malo; pero ¡fuera usted a +sacar la anguila del saco de culebras! Y escondía la mano por horror +instintivo; quiero decir que, sin una indispensable necesidad, no ponía +los pies en la calle. En tal estado de experiencia se casó.</p> + +<p>Y comenzó a tener hijos. Y tuvo el segundo y perdió el primero; y tuvo +el tercero y perdió el segundo, y así sucesivamente hasta el octavo. +Esto acabó de agriar su carácter, la acartonó sin tiempo y empalideció +sus carnes hasta la lividez; quiso templar sus amarguras maternales con +algún entretenimiento que se las distrajera, y se encenagó en el vicio +de hacer calceta. Llegó a hacer una cada día, sin faltar a sus deberes +de mujer hacendosa; y esta gran manifestación de su genio calcetero, +casi casi la envaneció. Se le había cansado mucho la vista con los +disgustos y las tareas, y también había perdido la mitad del pelo, por +lo cual usaba anteojos mientras trabajaba, y cofia a todas las horas del +día. Los anteojos eran de gruesa armadura blanca, con cristales +redondos, y la cofia, de tul negro con cintas moradas. ¡Era cuanto había +que ver doña Ramona haciendo media, desde que necesitaba anteojos y +papalina!</p> + +<p>Pero ni la pasión por la media, ni el orgullo de hacer una cada día, +alcanzaron arrancarla de sus tristes meditaciones en el silencio y la +soledad de su casa, y se atrevió a pretender de su marido que la +pusieran una silla en un rincón de la droguería, detrás del mostrador y +junto al atril que allí había para los apuntes provisionales (pues el +escritorio estaba en la trastienda, con luces a un patio). Don Santiago +se alegró de aquel atrevimiento de su mujer, y la dispuso el trono como +para una reina; lo mejor que se pudo con lo que había a mano: una silla +de Vitoria sobre un felpudo casi nuevo.</p> + +<p>Y este trono ocupó doña Ramona desde el día siguiente; y allí la vieron +con admiración los marchantes, rígido y empinado el cuerpo vestido de +obscuro, casi negro; medio cubierta la cabeza con su cofia; las cejas +enarcadas; los sombríos ojos clavados, por detrás de los cristales de +las gafas, en las manos de piel lívida, como la de la cara; la calceta y +las agujas entre los dedos, y sin otras señales de estar viva que el +movimiento vertiginoso de las manos y tal cual mirada zurda que lanzaba +por encima de los anteojos, bajando un poco la cabeza, cuando alguien +entraba o salía, o mientras tiraba con la diestra del hilo que terminaba +en un grueso ovillo que andaba rodando, tan pronto sobre el mostrador +como encima del felpudo, o hecho una maraña entre las uñas de un gato, +debajo de la silla. Doña Ramona la ocupaba todos los días, dos horas +antes de comer y tres antes de cenar. En su casa se comía a la antigua +española.</p> + +<p>En esta salida, al cabo de veinticinco años de escondite, se puso doña +Ramona, por primera vez en su vida, en contacto y roce con el mundo. El +mundo eran para ella las gentes que pasaban por la calle, las que +entraban en la tienda, y el rumor que se oía más a lo lejos, como +bramido de ondas agitadas que arrojaban aquellas espumas hasta allí. +Todo era el mismo mar, agua de la misma fuente. No había olvidado las +advertencias de su tío y de sus maestros; pero, sin agravio de ellas, +bien podía suponer que cada marchante fuera un pillo, y un ladrón +disfrazado cada transeúnte. ¿Traían en la frente alguna señal que +demostrara lo contrario? Pues, en la duda, cara de perro a todo bicho +viviente.</p> + +<p>En poco tiempo, y aunque parecía que en nada se fijaba, llegó a ponerse +al corriente de aquel laberinto de cajones rotulados, a hacer el oído a +los enrevesados términos del ramo, y a conocer cada droga por su nombre +y con sus precios. Entonces, cuando la concurrencia era mucha y no +alcanzaba la gente de mostrador adentro a servirla al punto, se alzaba +ella poco a poco de su silla y despachaba también, con una mano sobre lo +pedido, como garra de león sobre la carne palpitante, cuando hay quien +le mire, y en la otra la calceta, hasta que veía en el mostrador, y bien +contado con los ojos, el dinero que valía la droga aprisionada. Si +después de verla el parroquiano la quería más cara o más barata, o +prefería otra equivalente más de su gusto, hasta dos veces lo llevaba +doña Ramona con paciencia, pero a la tercera, recogiendo la droga que +nunca había soltado por completo de su diestra, contestaba secamente y +volviendo la espalda: «No lo hay», aunque estuviera llena de ello la +droguería. Algún comprador <i>erudito</i> la puso por entonces la <i>Esfinge</i>, +y con este mote se quedó en el barrio.</p> + +<p>Al contrario de su mujer era don Santiago. Éste se pasaba el día dando +vueltas por la tienda, tan pronto dentro como fuera del mostrador, +poniéndose y poniendo a sus dependientes en incesante comercio de gustos +y de palabras con los compradores, a la mitad de los cuales tuteaba: a +los unos, porque los conocía, y a los otros, porque <i>debía</i> conocerlos +al cabo de tantos años de vender allí. Era un pobre hombre, bueno como +el pan, campechano y complaciente hasta lo inverosímil. Tenía sus penas +allá dentro, como su mujer; pero mejores lentes para observar los +sucesos de la vida.</p> + +<p>Doña Ramona tuvo el noveno hijo; y como tampoco falló la costumbre esta +vez, en seguida perdió el octavo. Y todavía llega a tener el décimo; y +también la acechaba entonces la suerte negra, y le mató el noveno. Este +golpe dejó a la pobre señora para no llevar otro sin sucumbir. Era mujer +de gran espíritu y arraigada fe. Dios le daba los hijos y Dios se los +quitaba. Disponía de lo suyo. Pero su naturaleza era de carne mortal, y +sus hijos pedazos de sus entrañas, y tenía que dolerle mucho allí cuando +se las desgarraban fibra a fibra. Dios no pedía cuentas de estas +tribulaciones a sus criaturas.</p> + +<p>Desde aquellos días se entenebrecieron más sus ideas sobre las gentes y +las cosas del mundo, y le parecieron lo más abominable de él las mujeres +casadas de más alegre y más lujosa vida. ¿No habrían perdido tres +hijos..., dos, cuando menos; uno siquiera? Pues ¿dónde estaban las +señales de su pesadumbre? No podían ser buenas madres las que olvidaban +a sus hijos muertos. Y con esto y con aquellas alucinaciones que nunca +logró echar por completo de su cabeza, acabó por cobrar aborrecimiento a +las señoronas sin haber visto una sola en todos los días de su vida.</p> + +<p>Mientras tanto, había muerto también el ex droguero; y con lo mucho que +les dejó, lo que representaba la droguería y lo que en ella habían +ganado los sobrinos del difunto, al perder el hijo noveno eran ricos, +pero muy ricos.</p> + +<p>—Y ¿para qué?—exclamaba el pobre don Santiago, devorándose las +lágrimas y paseando maquinalmente alrededor de su cuarto, con las manos +en los bolsillos del pantalón, y el gorro de panilla azul caído sobre el +entrecejo.</p> + +<p>—Sí..., ¿para qué?—repetía desde su silla con voz de sepulcro doña +Ramona, que, si ya no se llamara la <i>Esfinge</i>, hubiera habido que +llamárselo desde entonces, al verla tiesa, pálida, inmóvil y misteriosa, +clavada en su asiento como escultura egipcia en su pedestal.</p> + +<p>El marido y la mujer miraban ya con desaliento las prosperidades de la +tienda, que parecían una burla de su desgracia. ¡Tanto dinero para un +hijo solo..., contando con que Dios no se le llevara también! ¡Y aquella +casa, tan triste y tan llena de cadáveres; con aquel olor a drogas, que +ya les parecía el tufo de la muerte, el olor de los cadáveres de sus +hijos insepultos! Al cabo tomaron aversión a la droguería y a la casa, y +resolvieron abandonar ésta y hacer con aquélla lo que antes había hecho +el viejo droguero: traspasarla a un buen dependiente, que no faltaba +tampoco entonces. El resto del pingüe capital estaba bien colocado en +fincas y valores <i>sanos</i>. Quedaba un pico flotante, y ese le +aprovecharía don Santiago para ciertos negocios sencillos que le +entretuvieran sin atarearle; verbigracia, descuentos de pagarés con +buenas firmas, y algún préstamo sin usura ni abuso que se le pareciera. +Porque a don Santiago se le harían las horas eternas con un hijo solo y +sin negocios que le preocuparan. No sabía otra cosa.</p> + +<p>Quedaba también un bolsón bien repleto y que nunca se desocupaba, aunque +se hacía mucho uso de él, a disposición exclusiva de la Esfinge, para +sus obras de caridad, que eran muchas y muy ignoradas; pero yo sé que la +merecían especiales preferencias las madres sin amparo y los hambrientos +de levita, que son los dos aspectos más horribles de la miseria de las +ciudades; y también me consta que ninguna dádiva estimaba en tanto la +señora de don Santiago como la de un par de medias de las que ella +hacía. ¡Cómo las ponderaba y se las encarecía al pobre a quien se las +regalaba!, ¡ella, que sacaba del bolsón la mano llena y cerrada, para +ignorar lo que valía la limosna! Porque en el bolsón andaba revuelta la +plata con el oro.</p> + +<p>Se hizo el traspaso de la droguería, y en seguida la mudanza de los +trastos de la habitación a otra de la calle Imperial (15, segundo, +derecha). Allí comenzó don Santiago Núñez a funcionar, por +entretenimiento, en sus proyectadas especulaciones; y allí, en su propio +despacho instaló la Esfinge su pedestal, para hacer media sin parar las +manos, acompañar a su marido y distraerse un poco más, observando de +reojo lo que en la estancia acontecía.</p> + +<p>Así fue corriendo el tiempo, y, con él, calmándose la pesadumbre del +marido y haciéndose la mujer a la carga de las suyas. Ya no había que +contar con el undécimo retoño, y el décimo iba creciendo y esponjándose +que daba gusto, y era bueno y listo y hermoso como si Dios se hubiera +complacido en reunir en este solo hijo cuantas prendas simpáticas cabían +dispersas en los anteriores. Este pensamiento, con el arraigo que +tomaban todos en la mente de doña Ramona, fue un gran confortante para +su espíritu.</p> + +<p>Pero, en cambio, en la escuela del nuevo tráfico de su marido; con lo +que allí observó; con lo que fue aprendiendo, con este indicio y aquella +declaración terminante, sobre la índole de ciertos apuros y las causas +productoras de ciertas necesidades en determinadas personas y +jerarquías, ¡cómo le engordaron en el meollo las nunca desvanecidas +ideas que tenía de las gentes de Madrid! Ya no podía negársele que había +mujeres que derrochaban tesoros para vivir entre lujos y +deshonestidades; «mujeronas empingorotadas» que escandalizaban al mundo +y se burlaban de la ley de Dios; mujerzuelas de más abajo que arruinaban +a sus maridos por el vicio de ser tan escandalosas y desarregladas como +las de más arriba; hombres que perdían a una carta en un instante la +hacienda de todos sus hijos..., ¡y casi siempre la bambolla y la +lujuria, de más cerca o de más lejos, danzando en los enjuagues del +dinero y en las angustias del plazo! Y esto en su casa, donde el interés +no era rosca que asfixiaba al deudor; donde había prórrogas para los +apuros, y eran los préstamos favores de amigo más que negocios de +prestamista inexorable. ¡Qué no sucedería, qué llagas no se verían al +descubierto en los antros de la usura, a donde se acude en los grandes +ahogos, y se pactan, a trueque de salir de ellos, los mayores saqueos y +pillajes? Y aquel hijo que ella tenía llegaría a ser un hombre, y a +saber que era rico, muy rico, y tal vez a envanecerse, y de seguro a +rozarse con la peste tramposa y desvergonzada que todo lo corrompía; y, +sin embargo, no quería ella hacer de su hijo un ignorante droguero, +porque valía para mucho más y debía serlo. ¡Qué pulso, qué tino, qué +vigilancia había que tener con él para que el diablo no le conquistara!</p> + +<p>Y como si viera al diablo en cada prójimo, había hecho un verdadero +exorcismo de su cara.</p> + +<p>Tenían serias y largas discusiones don Santiago y su mujer sobre el +punto referente a la educación de su hijo. ¿Por dónde comenzarían para +no equivocarse? Y después, ¿le <i>harían</i> abogado, médico, ingeniero, +cura, ministro, general, emperador..., pontífice?... Porque los alientos +de los padres alcanzaban a todo eso, o poco menos, y los merecimientos +que suponían en el hijo, a mucho más.</p> + +<p>Por de pronto, le matricularon en San Isidro; y después, curso tras +curso y con regular aplicación y bastante aprovechamiento, llegó el +estudiante a las vísperas del bachillerato al cumplir los catorce años +de edad. Tenía entonces su padre cincuenta y cinco, y su madre..., +¿quién era capaz de saberlo, ni para qué cansarse en averiguarlo? La +Esfinge lo parecía ya de verdad; y cuando se llega a ese estado de +petrificación y de dureza, se vive una eternidad, y no se cuenta por +años, sino por siglos, como para los monumentos de los Faraones.</p> + +<p>Hacia aquellas fechas (no las de los Faraones) fue cuando don Santiago +Núñez escribió a la marquesa de Montálvez la carta cuya substancia +conocemos.</p> + +<p>Hablando del suceso largamente, llegó a decir la Esfinge:</p> + +<p>—Otra nueva trapisonda tenemos. Basta con oler la carta para +convencerse de ello. Todas esas mujeronas huelen a lo mismo.</p> + +<p>Y don Santiago se reía como unas castañuelas, porque era así. Estaba +embutido en su sillón, con la pierna derecha entrapajada por la rodilla +y descansando sobre una banqueta.</p> + +<p>Buena ocasión era esta para describir el físico del droguero, y en ese +deber estaba yo, y a cumplir con él iba ahora mismo; pero me obligan a +renunciar a esa tarea las mismas condiciones del sujeto: no hay por +dónde tomarle para que resulte pintoresco, porque era la misma +insignificancia el bueno de don Santiago Núñez.</p> + +<p>Estando en aquellos comentarios ya largo rato hacía el matrimonio, +hízose anunciar la marquesa; y poco después entró, llenando el despacho +de fragancia, de crujidos de seda cara, y de esa luz especial que +irradian, en las moradas tristes y descoloridas, las mujeres hermosas y +elegantes.</p> + +<p>La Esfinge no se movió de su pedestal ni dejó de hacer calceta; y sólo +dio señales de vida para responder a la ceremoniosa cortesía de la +marquesa con un gesto no difícil de traducir en palabras para los que +estaban avezados a leer en aquel arranciado pergamino. El gesto quería +decir:</p> + +<p>—¡Pufff!... ¡Qué Peste!</p> + + + +<h3><a name="Va" id="Va"></a>V</h3> + + +<p class="c">* * * * * * * * * * *</p> + +<p>Y como don Santiago no podía levantarse de su asiento sin gran trabajo, +no hubo allí quien presentara una silla a la marquesa, la cual se sentó, +muy campechana (porque afortunadamente era mujer de gran correa para +esos lances), en la que, entre excusas y hasta cabriolas, le ofreció el +aturdido reumático desde su potro de tortura.</p> + +<p>—¡Oh, señora marquesa!—decía don Santiago, tambaleándose entre el +escritorio y el sillón—: si yo hubiera sabido..., si pudiera presumir +que esta casa había de ser honrada por usted y no por otra persona de su +confianza, yo me habría prevenido, habría esperado, y en la sala, como +es de...</p> + +<p>—Gracias, gracias, señor de Núñez—respondía atajándole la gran dama, +entre sonrisas picarescas—; no tiene usted por qué lamentarse: lo +conozco todo; me pongo en todos los casos.</p> + +<p>—La rodilla, señora, esta pícara rodilla que no me permite levantarme +de pronto, ni andar sin muchísimas dificultades—añadía don Santiago, +que todo le parecía débil para excusa de su falta—, y hasta la poca +salud de mi esposa (y señalaba hacia ella), que también la impide...</p> + +<p>—Nadie ha incurrido aquí en falta más que yo—repuso la marquesa, +mirando tan pronto muy risueña hacia el reumático, como con asombro +hacia su mujer, que no chistaba—; yo, que he venido a molestar a +ustedes sin tener esos inconvenientes en cuenta...</p> + +<p>—¡Molestarnos usted, señora marquesa! ¿Cuándo más honrados ni más...?</p> + +<p>—Me parece—apuntó aquí la Esfinge con su voz de fantasma—que sin +tanto cumplimiento nos entenderíamos mejor y mucho antes.</p> + +<p>La marquesa cayó en un nuevo asombro al oír la voz de aquella estatua; y +si hubiera sabido con qué mote se la conocía, quizás habría tomado la +cosa más en serio, creyéndose transportada a los tiempos fabulosos.</p> + +<p>—Tiene razón esta señora—atreviose a decir la dama, sin apartar sus +ojos de ella—. Dejémonos de cumplidos y hablemos del asunto que me trae +aquí.</p> + +<p>—Estoy a las órdenes de la señora marquesa—dijo don Santiago Núñez +haciendo una cortesía.</p> + +<p>Pero la marquesa no empezaba a hablar, ni concluía de mirar a la +Esfinge. Era indudable que la presencia de ésta la contrariaba tanto +como la sorprendía.</p> + +<p>Conociolo bien pronto doña Ramona, y enderezó a la otra estas palabras, +acompañadas de dos saetazos por encima de sus anteojos:</p> + +<p>—Yo no estorbo aquí, señora; téngalo usted entendido. Entre mi marido y +yo, como no hay pecados, tampoco hay secretos. Somos un alma en dos +cuerpos, por la gracia de Dios.</p> + +<p>—Mil enhorabuenas—respondió la marquesa entre burlona y picada—por +esa felicidad; pero crea usted que no era la cosa para tanto. Verá usted +cómo, aunque pecadora, me atrevo a confesar aquí el motivo de mi visita, +y sin escándalo de nadie.</p> + +<p>Don Santiago estaba en ascuas con las crudezas de su mujer, y no sabía +cómo disculparlas sin provocar otras más incisivas. Al mismo tiempo, la +marquesa, desde que conocía a la Esfinge, ardía en curiosidad de saber +de dónde procedían las intimidades de Guzmán con aquella singular +familia; pues estaba segura de que a su amigo le sobraba siempre el +dinero, y no podían ser necesidades de esta clase los motivos del +conocimiento. Hizo en el acto, y como introducción a su particular +negocio, la pregunta a don Santiago, y le respondió éste, alegrándose en +el alma de que se distrajera por allí el otro tiroteo:</p> + +<p>—¡Ah!, el <i>Condesito</i>, como yo le llamo..., porque aunque el conde es +su tío, mucho más merece serlo él, hasta por la estampa: ¡guapo mozo! +Pues la estimación con que nos honra el señor de Guzmán viene de lejos: +nada menos que de su padre con mi principal y tío de mi señora, al cual +hizo muchos y muy grandes favores en los tiempos en que comenzaba a +vivir por su propia cuenta. Un hermano de nuestro tío había sido muchos +años empleado en la casa de los señores de Guzmán..., y de aquí nació lo +otro. No era ingrato el favorecido; sabía, además, hacer buen uso de los +favores; y con todo ello, la estima del favorecedor llegó hasta una +buena amistad, como entre iguales: vea usted, señora marquesa, ¡como +entre iguales! Y esta buena amistad del padre la continuó el hijo, don +José Celestino Guzmán, el actual <i>Condesito</i>. Como se quedó huérfano +siendo un muchacho, y llegó a ser mozo independiente y libre con un +caudalazo atroz, se aconsejaba muy a menudo de mi principal para la +colocación de sobrantes y otros asuntos por este orden. Andaba yo muy +cerca de ellos en esos casos; y como los dos me estimaban en más de lo +que yo valía, obligábanme de vez en cuando a meter mi cuchara en la +conversación. Tuve la suerte de acertar casi siempre; y ya lo mismo le +daba a don Pepito Guzmán encontrarse en la droguería con el principal +que con el dependiente, cuando de higos a brevas iba por allá con los +motivos de costumbre. Retirose nuestro tío, y se murió bien pronto, y +continué yo mereciendo todas las atenciones y hasta la amistad que él +había merecido del señor de Guzmán. Muy de tarde en tarde nos vemos, +porque son muy distintos los mundos por donde andamos, y él es ya hombre +que no necesita para nada los consejos de nadie, y aun puede dárselos +sobre todas las cosas a medio Madrid; pero nos honra con una buena +amistad, que nosotros le pagamos como se debe. Anteayer me pasó una +esquelita diciéndome que usted quizá me necesitaría para tratar de un +asunto de intereses conmigo, y que procurara servirla lo mejor que +pudiera y como si se tratara de él mismo. ¡Figúrese usted, señora +marquesa, si aunque no sea más que por este solo motivo y sin contar lo +que usted por sí propia se merece, estaré yo dispuesto a servirla en +cuanto esté al alcance de mis posibles!</p> + +<p>—¡Gracias mil, señor de Núñez—respondió en seguida la <i>señorona</i>, +visiblemente complacida con el candoroso ofrecimiento de aquel pobre +hombre, y acaso, acaso, y quizá más, con la espontánea recomendación de +su amigo—. Y ahora, sin nuevas digresiones que nos distraigan y le +roben a usted el tiempo y a su excelente señora la paciencia, allá va la +historia en pocas palabras: Ha habido en mi familia un gran caudal; pero +cuando llegó a mis manos ya no lo era tanto. Despilfarros y vicisitudes +lo quisieron así. Poseo, sin embargo, lo suficiente para vivir con +holgura en la esfera en que he nacido y me han educado; pero no tengo la +virtud del ahorro ni otras virtudes que acrecientan los caudales. Antes, +soy un poco abierta de mano, y no peco de previsora. Con estos defectos, +no es de extrañar que algunas veces resulten desproporciones entre las +salidas y los ingresos, como dicen ustedes los hombres de negocios. En +estos casos, hay que resignarse al contratiempo o conjurarle de +cualquier modo, si la necesidad lo exige. A mí me lo ha exigido varias +veces, y siempre me han costado muy caros los conjuros; porque, según me +afirman, no debí hacerlos nunca por intermediarios. Me he convencido de +que esto es verdad, y estoy resuelta a cambiar de sistema, recorriendo +esos trámites por mí misma cuando sean de necesidad. Por si llegaran a +serlo de un momento a otro..., y antes de pasar más adelante, quiero +advertirle a usted que le doy todos estos pormenores para anticiparme a +sus deseos y evitarle el trabajo de inquirirlos, y porque sería una +inocentada el empeño de esconderlos cuando no resulta desdoro en +confesarlos.</p> + +<p>El ex droguero escuchaba con la boca abierta a la hermosa y elegante +dama, cuyos donaires y gracejo le tenían cautivo; mientras, la Esfinge +la miraba de reojo y a hurtadillas, por no tener a mano lanzón de mayor +fuerza para pasarla de parte a parte. La marquesa se enteraba de todo y +se deleitaba grandemente con ello. Sin dar tiempo a que don Santiago +apuntara las corteses rectificaciones que ya la sagaz interlocutora le +había leído entre los labios, continuó así, tras una breve pausa:</p> + +<p>—Por si llegara ese caso, repito, de un momento a otro, deseo y +necesito saber, señor don Santiago, qué condiciones impone usted para un +anticipo a las personas de reconocida responsabilidad, como yo; +responsabilidad, se entiende, en inmuebles, como ustedes dicen también, +y de cuya existencia, libre y desempeñada, se puede certificar cuando +sea necesario.</p> + +<p>Lanzó entonces la Esfinge una mirada de acero a su marido (que ya +contaba con ella), como diciéndole: «Mucho ojo con esta víbora»; y +respondió el buen hombre, después de prepararse mucho con algún +carraspeo y tres cambios de postura en el sillón:</p> + +<p>—Mire usted, señora marquesa: en primer lugar, yo no soy un +prestamista... por oficio, ¿me entiende usted?... Corriente. Tengo un +piquillo suelto que dedico a descuentos lícitos, quiero decir, sin +explotar ahogos ni conflictos de nadie..., servicio por servicio, ni más +ni menos. Que ocurre entretanto algo de lo que usted desea: me entero de +la calidad del apuro; resulta honrado, puedo sacar de él a la persona; y +a la buena de Dios y como entre caballeros, «toma lo que apeteces, y +venga el resguardo», con las cláusulas que se establezcan y por un +interés que no pasará del seis aunque me ahorquen. Que llega el +vencimiento y no hay con qué recoger el testimonio de la deuda. ¿Hay +razones que lo justifiquen? ¿El apuro es honrado también? Pues, señor, +no he de llevar al pobre hombre a la cárcel, ni le he de malvender la +hacienda para cobrarme. O hay buena fe, o no la hay. ¿La hay? Se da una +prórroga de dos, de tres meses... o más, si se necesita. El hombre +respira, y yo no me ahogo; él se beneficia, y yo no me perjudico. ¿No +fuera pecado mortal obrar de otro modo? Pues, señor, lo que yo digo: si +el dinero no ha de servir más que para irle amontonando, o para sacar la +entraña a mi vecino, vaya a la porra ese metal, que nunca debe ser +metralla para nadie. ¿Se va usted enterando, señora marquesa?</p> + +<p>Aquí era la marquesa la cautivada, porque cautiva la tenía la noblota +ingenuidad del hombrecillo. Juraría entonces que aquella era la primera +vez que veía de cerca un corazón de oro. ¡Y en qué cuerpo le hallaba, y +de qué retórica se servía!</p> + +<p>—¡Siga usted, siga usted!—le dijo la marquesa radiente de curiosidad, +y bien sabe Dios que sin pizca de interés por lo que personalmente le +alcanzaba en el desusado prospecto de aquel singularísimo <i>prestamista</i>.</p> + +<p>—En segundo lugar—continuó don Santiago—, yo no puedo establecer esas +condiciones generales por que usted me pregunta, porque, como ya he +tenido el honor de manifestarla, el capital que dedico a las operaciones +de préstamos es de poca importancia, al paso que son incalculables las +atenciones que necesitaría cubrir si no las limitara al tenor de los +casos. De modo que según sea lo que se solicita y quien lo solicita, así +lo doy o lo niego; y si lo doy, con arreglo a las bases que se +establecen entonces de común acuerdo, y según las circunstancias, pero +del seis no se pasa nunca, como también he tenido el honor de indicar +antes; y esta es la única condición que puede estipularse de antemano.</p> + +<p>Por lo demás, y si sólo se mirara el beneficio material, a sacar el +redaño al prójimo, crea usted, señora marquesa, que no habría tenaza +mejor que el oficio de prestamista sin entrañas. Me he convencido de +ello con la experiencia de estas vecindades suyas. ¡Es un espanto lo que +sabría usted si contaran estas cuatro paredes la mitad de lo que han +visto y oído! Porque aquí se han llorado lástimas de todos los colores, +y se han descubierto fregados que tumban de espaldas. ¡Y siempre por el +lujo, por el juego y por todos los vicios más abominables! ¡Qué agonías +tan congojosas y tan complicadas, y qué pasar por todo las infelices +gentes, si yo hubiera sido capaz de aceptarlo por el ansia de recoger +onzas de oro mañana, sembrando ochavos morunos de presente! Porque eso +hace la usura con los desdichados que se ahogan en apuros. De algunos de +ellos me he condolido; y por evitar que otros los robaran, casi me he +dejado robar yo a ojos vistas. Pero a los más les he enviado enhoramala, +porque no merecían caer en manos de un hombre de bien. Y ¡qué porte el +suyo! ¡Qué caballeros tan de punta en blanco!... ¡Y qué señoronas de +primer lustre! Y saldrán a la calle con un palmo de hocico y +atropellando a la gente menuda, cuando ellos merecían un grillete, y +ellas la Galera de Alcalá... Yo sé todas estas cosas al pormenor, porque +la misma resistencia mía a servirlos los forzaba a exponer sus miserias +sin disfraces, para moverme mejor. ¡A buena parte venían!</p> + +<p>En la marquesa se notaban, durante esta parte del relato del buen Núñez, +las mismas señales de curiosidad que durante la anterior, pero no tantas +de complacencia; y quizás tenía algún parentesco con las causas de esta +diferencia, el motivo que la obligó a interrumpir al relatante, aunque +muy afable y risueña, en la siguiente forma:</p> + +<p>—De manera que si no me precede a mí la recomendación de nuestro amigo +el señor Guzmán, Dios sabe a qué presidio destina usted mis +pretensiones, después de oír lo que con tanta franqueza le he declarado +hace un instante.</p> + +<p>Atarugose un poco don Santiago con la observación de la marquesa, y miró +hacia su mujer, la cual le socorrió con una ojeada que quería +significar: «¡Ahí le duele a la bribona!... ¡Duro en ella!» Por fortuna, +no era tan áspero de veta el uno como la otra, y esto libró allí a la +elegante dama de que la pusieran entre los dos para pelar. Lejos de +ello, don Santiago, temiendo haberse corrido demasiado allá en sus +palabras, y reparando por primera vez en que había, aunque remota, +alguna semejanza entre los casos maldecidos por él y el caso de la +marquesa, se apresuró a responder:</p> + +<p>—Nada hay en el relato de usted, mi distinguida y respetable señora, +que merezca esa pena tan dura. Gastar en ocasiones un poco más de lo que +se puede, no es una virtud, ciertamente; pero tampoco un horror de esos +horrores de que yo hablaba. Las cosas en su punto. Conviene distinguir, +y es de justicia que se distinga. La recomendación del señor de Guzmán +nos ha abreviado el camino, sin duda alguna; pero le aseguro a usted que +sin ella hubiéramos llegado también al punto a donde desea llegar la +señora marquesa, y le aguarda para recibir sus órdenes este su inútil +servidor.</p> + +<p>—Acepto de todo corazón la excusa, señor Núñez—respondió la dama con +una sonrisa que confirmaba la sinceridad de lo que decía—, hasta como +modelo de excusas corteses y delicadas...</p> + +<p>La Esfinge cortó aquí los cumplidos con el espadón de su palabra de +hierro, y lanzó a su marido otra ojeada con la que le pedía estrecha +cuenta de aquellas sus debilidades. La marquesa se dio por entendida con +un movimiento de cabeza dirigido a la mujer, tan lleno de donaire como +de mala intención, y dijo, volviéndose hacia don Santiago, que estaba en +ascuas con las genialidades de aquélla:</p> + +<p>—¿Me permite usted que concretemos un poco más el punto de mis +pretensiones para que nos entendamos mejor?</p> + +<p>—Repito a la señora marquesa que estoy enteramente a sus órdenes.</p> + +<p>—Figúrese usted que yo necesitara dentro de ocho días..., mañana..., +hoy mismo, una cantidad determinada...</p> + +<p>—¿Cuánto? Porque, como he tenido el honor de advertir hace un momento a +la señora marquesa...</p> + +<p>—Por lo mismo que no lo he olvidado, iba a fijar la cantidad cuanto +usted me ha interrumpido. Pongámosla en números redondos: tres mil +duros.</p> + +<p>—Puedo con ellos, y los tendría usted.</p> + +<p>—¿Garantías?</p> + +<p>—La firma de la señora marquesa, y nada más, con el plazo que desee y +el interés que ella marque, si le parece mucho el seis por ciento.</p> + +<p>—¿Y si me viera yo precisada, más adelante, a acudir a usted con +idéntico motivo que hoy?</p> + +<p>—En ese caso, señora marquesa, sucedería, sobre poco más o menos, lo +mismo que está sucediendo ahora.</p> + +<p>—¿Y si continuaran mis visitas a esta casa por no cesar los motivos?</p> + +<p>—Ya sabe la señora marquesa que, sin la enfermedad que me impide salir +de aquí, la hubiera ahorrado yo la molestia de visitarme.</p> + +<p>—Muchas gracias, señor Núñez; pero es igual para mi ejemplo que yo le +visite a usted, o que usted me visite a mí.</p> + +<p>—Concedido.</p> + +<p>—¿Y bien?</p> + +<p>—En castellano claro y por derecho, señora marquesa, pues creo haber +penetrado la intención de usted al hacerme esas preguntas: yo no la he +de malvender a usted jamás sus propiedades: en primer lugar, porque no +la considero capaz de abusar de mi buena fe hasta el punto de +arrastrarme a aquel extremo, y después, porque, aunque lo fuera, tampoco +lo conseguiría.</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—Porque abusando, abusando... En fin, señora marquesa, ya he tenido el +honor de manifestar a usted hasta dónde me interesan las necesidades del +prójimo, y desde dónde comienzan a parecerme abominables, y cuál es mi +modo de proceder en cada uno de los casos.</p> + +<p>—Pues bien, señor Núñez—dijo entonces la dama con inequívoca +lealtad—, he querido estirar el ejemplo hasta este límite, porque en +eso mismo con que otra dama, por un falso pundonor, se ofendería, hallo +yo un goce que jamás he saboreado.</p> + +<p>—No me lo explico.</p> + +<p>—Ni es fácil, porque entre ustedes, quiero decir, entre las gentes de +su condición de usted, lo que yo he encontrado aquí no es un hallazgo.</p> + +<p>—Si usted se explicara más, señora marquesa...</p> + +<p>—No hay para qué, señor don Santiago. Yo me entiendo bien, y esto sobra +para mí. Para usted, bástele la seguridad de que no he de encomendar a +la justicia el trabajo de liquidar las cuentas entre ambos. Podré ser +gastadora, pero no desagradecida.</p> + +<p>La Esfinge la miró entonces con ojos de curiosidad. Parecía sentir +temores de hallar algo bueno en aquella mujer. De pronto la preguntó:</p> + +<p>—¿Ha perdido usted algún hijo?</p> + +<p>Como si estas palabras fueran un rayo que la marquesa hubiera visto +sobre la cabeza de Luz, contestó estremeciéndose toda:</p> + +<p>—¡Ni Dios lo permita!</p> + +<p>—Parece que duele ahí—repuso la Esfinge, bajando otra vez la mirada a +su calceta—, y sólo con el supuesto. ¿Cómo será el dolor cuando los +hijos se mueran de veras!</p> + +<p>—¿Le ha sentido usted, a lo que veo?—se atrevió a decir la marquesa, +medio aturdida bajo el peso de aquel inesperado incidente promovido por +tan extraño ser.</p> + +<p>—Nueve veces, señora—respondió tétrica, sepulcralmente, la Esfinge—; +nueve... ¡nueve mil puñaladas! Para las últimas, no había en el corazón +un sitio sin una herida ensangrentada.</p> + +<p>Ya no le parecía a la marquesa tan fea ni tan extraña aquella mujer. La +carga de tales y de tantos dolores lo justificaba todo a sus ojos. +Volviolos de pronto a don Santiago, sin atreverse a hacer a ninguno de +los dos un a pregunta que se le escapaba de los labios; y como si la +hubiera leído allí, dijo el pobre hombre:</p> + +<p>—Nos queda un hijo solo... Eso sí: vale, por bueno y por gallardo, los +nueve que le han precedido, por mucho que éstos valieran; pero por lo +mismo que es solo y vale tanto, ¡qué miedos tan horribles de perderle!</p> + +<p>—O de que se <i>pierda</i>, ¿no es verdad?—añadió aquí la marquesa, con un +vigor de acento y de mirada que sorprendieron a la Esfinge misma.</p> + +<p>—¿Cuántos tiene usted?—la preguntó ésta.</p> + +<p>—También uno solo... Una hija.</p> + +<p>—Pues no eche usted en olvido—continuó la mujer sombría—que el honor +de las hijas depende del buen ejemplo de las madres.</p> + +<p>Don Santiago acudió rápidamente a suavizar el efecto que esta nueva +aspereza de su terrible mujer pudiera haber causado (y causádole había +muy hondo) en la marquesa, dando otro giro al diálogo.</p> + +<p>—Pero aún es usted muy joven—expuso con la mejor de las intenciones y +el más desastroso de los éxitos.</p> + +<p>—Después de haberse casi solemnizado un contrato entre los dos, no +debía usted ignorar que... soy viuda.</p> + +<p>Esto tuvo que responder la dama, con iguales repugnancias que si +descubriera con ello toda la urdimbre de aquel tejido de enormidades que +se llamó su casamiento, con sus cenagosos y consiguientes antecedentes.</p> + +<p>—¡Bestia de mí!—exclamó el sencillo burgalés, dándose con las dos +manos en la frente—. ¡Pues no me había olvidado?... Perdone usted, +señora marquesa, esta distracción, que, bien mirada, no es de extrañar. +En oyendo hablar de hijos, ya está todo en mi cabeza patas arriba.</p> + +<p>«¡Viuda y con ese pelaje y la vida que trae!...», dijo en sus adentros +la Esfinge (que no había caído tampoco en lo olvidado por su marido, y +no estaba tan obligada como él a recordarlo), y enviando el dicho a la +marquesa en una mirada fulminante.</p> + +<p>La marquesa había perdido el tino ya. No salía de un bochorno sin verse +presa de otro mayor. Pensaba haber dado de improviso en la charca de sus +pesadillas, y que aquel empecatado matrimonio se deleitaba en +zambullirla en lo más hediondo de ella. Y era de admirar que el caso, +con tanto como le dolía, no la indignaba contra nadie. ¿Por qué echar la +culpa a quien no la tenía? La culpa estaba en ella, en ella sola, y el +peso de esa culpa era lo que la turbaba y remordía. En aquel instante +hubiera trocado su belleza, su juventud, sus galas y los encantos de su +mundo, por la fealdad y la tristeza y la soledad de la Esfinge, si con +todo esto le daba también el sosiego de su conciencia. Porque era una +triste gracia que una señorona como ella lo pudiera todo, menos hablar +de cosas tan triviales delante de un matrimonio de drogueros, sin +caérsele la cara de vergüenza.</p> + +<p>Por salir cuanto antes de esta mortificación, se levantó rápidamente de +su asiento, y dijo con aire de querer echar el asunto hacia otra parte:</p> + +<p>—Es harto triste esta materia, que a ustedes les trae muy amargos +recuerdos y a mí muy negros temores. Dejémoslo aquí, si les parece; y +pues que no me sobra el tiempo tampoco, tenga el señor don Santiago la +bondad de decirme en qué quedamos de nuestro negocio.</p> + +<p>—Pues en lo dicho, señora marquesa, si usted no dispone otras bases más +a su gusto.</p> + +<p>—Yo acepto cuantas usted estime por buenas y equitativas.</p> + +<p>—Pues el día en que usted necesite el dinero, me pasa una esquelita por +persona de su confianza, diciendo cuánto y por qué tiempo; le envío yo +la suma en efectivo con el documento para que tenga usted la bondad de +firmarle; me le devuelve después... y santas pascuas. No necesita usted +incomodarse.</p> + +<p>—Es usted un hombre incomparable, señor don Santiago; y yo nunca pagaré +bastante a nuestro amigo el señor Guzmán el favor de habérmele dado a +conocer.</p> + +<p>—No haga la señora marquesa, a fuerza de elogios, que tenga yo que +echarlos a mala parte. Estoy acostumbrado a mucho menos.</p> + +<p>—Pues no le dan a usted lo que merece; y le juro que no le digo más que +lo que siento. Deme ahora su mano por despedida... Gracias. Y perdone si +se la oprimo tan de veras, porque nunca se ha creído tan honrada la de +esta su buena amiga.</p> + +<p>En seguida, y mientras quedaba el droguero como fascinado, con los ojos +muy abiertos y la mano en el aire, volviose hacia la Esfinge; la hizo +una elegante reverencia; y, sin acabar de enderezar el talle, salió por +donde había entrado, acompañada de unos cuantos campanillazos que se +oyeron, en virtud de otros tantos tirones que dio a un cordón la Esfinge +desde su asiento, para que abrieran la puerta de la escalera; de un sin +fin de excusas del complaciente Núñez, y de estas pocas palabras entre +dientes, con que la droguera contestó al saludo.</p> + +<p>—...serrrvir a usted.</p> + +<p>En cuanto se quedaron solos don Santiago y su mujer, se levantó ésta y +abrió las vidrieras del balcón.</p> + +<p>—¿Qué haces, alma de Dios?—preguntola el pobre hombre, a quien +asustaban entonces los aires colados.</p> + +<p>—Purificar esto. ¿No hueles la peste?</p> + +<p>—Tienes grandes virtudes, Ramona—la dijo su marido cubriendo la +rodilla enferma con el faldón del gabán—; pero en ciertas debilidades, +eres incorregible... y tremenda.</p> + + + +<h3><a name="VIa" id="VIa"></a>VI</h3> + + +<p class="c">* * * * * * * * * * *</p> + +<p>Resabios de mis buenos tiempos de doncella pudorosa; algo que queda +todavía en el fondo, entre las cenizas. Pues no pensaba yo que fuera +tanto como para brotar al primer choque. Y ello es poco, pero molesto +cuando aparece. Ya se irá apagando también..., porque señales de lo +contrario no deben de ser. ¡A buen tiempo!... Sin embargo, no me +resignaría a que ese pobre hombre me apuntara en su libro verde con +suficientes motivos. ¡Vea usted cómo puede haber un grano de arena que +cierre el paso a una mujer que nunca se ha detenido delante de una +montaña!... Es raro eso... Pero ¡qué criatura aquélla! Yo he visto algo +semejante en el teatro saliendo por escotillón, envuelto en un +sudario... Un espectro. Eso es ella, con su misma lividez y con la misma +voz y el mismo miedo que infunde. Y ¡qué ojos los suyos! Me parecía que +con la mirada me iba sacando todas las ignominias de mi vida para +arrojármelas al rostro entre maldiciones. Y el caso es que este temor me +tenía sobresaltada. De este ser no me habló Pepe Guzmán. Y será capaz de +decirme, cuando yo se le mencione a él, que es un saco de virtudes; y +acaso tenga razón... ¿Cómo habrán podido amalgamarse dos naturalezas tan +opuestas entre sí, como la del espectro y la de su marido, para formar +un matrimonio ejemplar?... Porque yo vi señales de que aquél lo es. Otro +caso raro... para mí, que no sé leer más que en un libro... Lo que no +ofrece duda es que hasta en las personas que se creen más despreocupadas +hay un fondo sensible que llega a lo romántico... Yo lo había observado +en el público que se convierte en fiera en la plaza de toros, y se +enternece en el teatro con las dulcedumbres de una comedia <i>ejemplar</i>. +Hoy lo he experimentado en mi propia. A poco más que me apuren, me +confieso de todas mis culpas delante de don Santiago Núñez, y arrojo mis +arreos mundano! a los pies de su mujer... Y ahora casi me asombro de +aquella flaqueza. ¡Qué contrastes tan raros!... ¿Cuándo estará en lo +suyo la pícara condición humana? Porque tampoco tiene duda que somos +masa dispuesta para todo; y hasta el espectro debe de ser de la misma +opinión, cuando me dijo que «el honor de las hijas depende del buen +ejemplo de las madres». Me parece que fue esto lo que me dijo. Lo +recuerdo bien, porque me dolió muy adentro... Otro caso raro: somos del +mismo parecer el espectro y yo en lo tocante a la educación de los +hijos; nos espantan igualmente los temores de sus extravíos, y usamos +procederes diametralmente opuestos en el modo de vivir. Sin embargo, me +parece que aquí la lógica está con ella más que conmigo... y Dios +también... Pero ¿no se ha convenido en que somos «barro frágil», y en +que a la edad y a las circunstancias (¡pícaras circunstancias!) hay que +darles lo que les pertenece, y dispensarlas por lo que se llevan de más? +Pues he ahí mi caso. Yo vivo como vivo y soy lo que soy, porque no puedo +ni debo vivir ni ser de otra manera. Por este lado me arrastran las +«circunstancias» y las inclinaciones, obra de ellas; y por este lado me +dejo arrastrar... hasta donde me lleven. Nada de ello impide que yo +reconozca las ventajas que tienen otros caminos sobre este camino mío: +bien a la vista está que no cabe punto de comparación entre una madre +como yo y otra madre de esas que pueden hablar delante de un matrimonio +honrado, sin sonrojarse, de los secretos de su hogar, y ofrecerse a sus +propias hijas por modelo de conducta. Yo no puedo hacer nada de esto, y +bien sabe Dios las angustias que me ha costado hoy en casa del espectro, +y las que me cuesta en la mía a cada hora, desde que vino mi hija a +ella..., pero ¿qué remedio tiene? El barro y las circunstancias lo piden +así... y adelante con la vida hasta que no se pueda con ella. Por +fortuna, o por desgracia, no voy sola por estos derroteros.»</p> + +<p>Así discurría, sobre poco más o menos, la marquesa de Montálvez dos +horas después de salir de casa de don Santiago Núñez, mientras se +desnudaba... para vestirse otra vez con mejores galas, antes de +sentarse a la mesa, porque aquella noche le correspondía el turno en <i>el +Real</i>, cuya temporada había de concluir pronto; con lo que se declara +que había empezado ya la primavera, húmeda y desapacible, por más señas.</p> + +<p>Apunto este detalle, porque sólo aguardaba la marquesa a que el tiempo +<i>sentara</i> para emprender el viaje a Francia con su hija. Todo lo tenía +dispuesto y preparado ya para marchar a cualquier hora, y Luz esperaba +el recado en su colegio. No debía volver a casa ya sino para entrar por +una puerta y salir por otra, como suele decirse.</p> + +<p>La marquesa había elegido esa estación del año, porque se prestaba mejor +que otra a sus intentos.</p> + +<p>No había motivo racional ya para dejar a Luz en Madrid un verano entero, +ni su madre podía resignarse a pasarle en la calle del Barquillo, ni +tampoco a viajar con el estorbo peligroso de su hija; y como a ésta lo +mismo le importaba entrar en el nuevo colegio con la primavera que con +el otoño, la marquesa había preferido la primavera, de la cual pensaba +hacer algo como prólogo de su excursión de verano; excursión <i>planeada</i> +hasta la nimiedad, durante el invierno, con Leticia y con Sagrario, que +habían de representar grandes papeles en ella.</p> + +<p>Y llegó el día esperado; y la marquesa recogió su tesoro del escondite +de Madrid, y le trasladó al otro escondite que le tenía preparado en +Francia. Y al guardián de allí, casi los mismos encarecimientos y +advertencias que al guardián de acá. No era ya prudente ni posible +sostener a Luz en completa ignorancia de su categoría social; pero, en +cambio, convenía redoblar el empeño para que desconociera los usos y más +salientes costumbres de la <i>clase</i>. Que se habituara a considerarlos +sometidos a las reglas generales de la ordinaria vida social; y de este +modo, cuando no pudiera evitarse que los conociera, por sí misma, sería +obra fácil convencerla de que todo lo malo que la sorprendía por +inesperado, era excepción de la regla; y con esto bastaba, por de +pronto. Las demás advertencias, ya lo he dicho, como en Madrid: pocas +retóricas, buena moral, escogidas amistades, «el Dios de los pobres» y +un buen equilibrio entre la salud del cuerpo y la del alma. Otra +variante que se me olvidaba: no fue tan penosa la despedida de la madre +en Francia como lo había sido en Madrid, después de encerrar a su hija. +Cuatro años de separación la habían ido acostumbrando a vivir lejos de +ella con sosiego.</p> + +<p>Cumplido este importante negocio, a París con la doncella, con la de +marras. Un mes pasó allí. ¿Qué hizo? Contra su costumbre, está poco +explícita la marquesa en este pasaje de sus <i>Apuntes</i>: acaso porque la +materia no daba de sí para cosa mejor; quizás por todo lo contrario. De +todas maneras, es de extrañar este laconismo de nuestra heroína, que +sabe entretener la pluma en asuntos bien insignificantes, y no se muerde +la lengua cuando tiene que declarar faltas enormes. Pero en materia de +escrúpulos, ¡hay tantas rarezas incomprensibles!</p> + +<p>Quien pudiera sacarnos de la duda era su doncella; pero ni la conozco, +ni existe, que yo sepa, la historia de su vida y milagros.</p> + +<p>Lo único que hace saber terminantemente la marquesa, es que al acabarse +mayo llegó Sagrario a París, según lo convenido entre ambas; que pasaron +juntas quince días en aquella capital, «bien disfrutados» (textual), y +que se fueron después a Viena para reunirse con Leticia, según lo +convenido también.</p> + +<p>Y vean ustedes otra prueba que yo creo tener de que lo de París no sería +cosa mayor, por lo mismo que se lo callaba la marquesa, en la +despreocupación con que da cuenta, aunque no minuciosa, de todas las +restantes aventuras de su viaje desde que se reunieron las tres amigas +en la capital de Austria. Allí se pertrecharon, como quien dice, de +nuevos alientos y propósitos, y de allí salieron para hacer una +verdadera <i>razzia</i> por todo lo más cogolludo de la Europa elegante, unas +veces juntas, otras separadas, según «las circunstancias y las +necesidades»; pero siempre en cabal inteligencia, como divisiones +aguerridas y bien disciplinadas de un mismo ejército. ¿Por qué fue Viena +el punto de partida, y no París, verbigracia? ¿Por qué se reunieron las +tres aventureras en aquella ciudad austriaca y no en esta francesa? La +marquesa culpa de esta singularidad, que no la desagradó, a la +caprichosa y siempre impenetrable Leticia.</p> + +<p>El hecho es que de allí salieron, como pudieron haber salido de otro +punto cualquiera, y que nunca como entonces pudo decirse con mayores +visos de verdad, que por donde iban no dejaban <i>títere con cabeza</i>. Y yo +creo que esto debe entenderse, siquiera en la mayor parte de las +ocasiones, en el mejor de los sentidos; quiero decir, en él menos +candente de cuantos quepan en la malicia del lector. Porque, según +parece, hubo grandes estragos donde no son de temer los de cierto +género. Los machuchos cancilleres, los estirados diplomáticos, los +ministros <i>desposeídos</i>, los grandes agitadores expatriados, todo lo más +alto, en fin, y lo más serio de las notabilidades europeas que +<i>abrevaba</i> en lo selecto de las aguas de nuestro continente, sintió, en +más o en menos, el influjo diabólico del paso de los tres astros +errantes; y es sabido que si no volvieron a Madrid con una reata de +celebridades de tal calibre por tiro de su carro triunfal, fue porque no +se les puso en el moño la ocurrencia.</p> + +<p>De la índole de estos estragos deduzco yo que sólo se trataba, por las +causantes, de una ostentación o alarde de travesura, nada increíble en +tres mujeres hermosas, sin el freno del escrúpulo y en lo mejor de la +vida.</p> + +<p>En Ems, ya muy avanzado el verano, se halló la marquesa con Pepe Guzmán. +No le gustó el hallazgo cosa maldita.</p> + +<p>—A mi paso por Francia—la dijo sin preámbulos—he visto a Luz.</p> + +<p>—¡La has visto?—exclamó la marquesa sin poder disimular la impresión +desagradable que éste súbito recuerdo de su hija la produjo en la +conciencia.</p> + +<p>—La he visto, sí. ¡Qué hermosa, qué angelical está!... Me preguntó si +sabía por dónde andabas; si estarías ya en Madrid; si te vería pronto +yo...</p> + +<p>—Y tú ¿qué la respondiste?</p> + +<p>—Yo la respondí..., no lo recuerdo exactamente, porque estaba oyendo +desde allí el ruido de tus ligerezas imperdonables, y temía que Luz le +oyera también...</p> + +<p>—¿Es cierto que le has oído?</p> + +<p>—¿Pues de qué le conocería, si no?</p> + +<p>—¡Qué temeridades, Dios mío! ¿Por qué hará <i>una</i> estas cosas!—exclamó +entonces la dama sinceramente espantada de su propia labor. De pronto se +trocó su espanto en ira, y lanzó a la faz de su amigo estas frases:</p> + +<p>—¡Y pensar que yo no había nacido para eso!, ¡que estoy en ello porque +a ello me han arrastrado contra mi voluntad, y que la única persona que +me pide cuentas de mi caída sea la que más fuerte me empujó para caer!</p> + +<p>—¿Eso es un cargo para mí?</p> + +<p>—Es un cargo para ti, porque no puede ser otra cosa cada grito que me +arranca esta herida hecha por tu mano, y que no acaba nunca de +cicatrizarse.</p> + +<p>—¡Ay de ti y de tu hija inocente el día en que esa herida no te duela!</p> + +<p>—¿Qué quieres decirme, consejero de Satanás?</p> + +<p>—Que no cabe avenencia entre tus inquietudes de madre cariñosa y tus... +locuras de mujer mundana; y que tienes que decidirte pronto por lo +mejor, en la inteligencia de que ambas cosas dentro de ti no han de +tardar en producir el mismo fruto que si te decidieras por lo más malo.</p> + +<p>—¿Qué fruto?</p> + +<p>—El que más temes, Nica.... y el que acaso mereces por castigo.</p> + +<p>—¡Por castigo!... ¡Y me lo dices con una frescura como si tú no le +merecieras más ejemplar todavía!</p> + +<p>—¿Quién sabe si le estoy sufriendo ya!</p> + +<p>—¡Tú!</p> + +<p>—¿Crees posible que suceda lo que temo sin que resultemos castigados +los dos?</p> + +<p>—¡Siempre egoísta!... Vete, déjame en paz, y que suceda lo que Dios +quiera.</p> + +<p>—Esto significa que te espanta la verdad, y me alegro de ello.</p> + +<p>—Di que me repugna en tus labios, y estarás en lo justo.</p> + +<p>—Pero, al fin, siempre será verdad, y conviene que la reconozcas de vez +en cuando.</p> + +<p class="c">*</p> + +<p>Y este fue el único tropiezo que halló la marquesa de Montálvez aquel +verano en el ancho, florido y dilatado campo de sus travesuras y +regocijos de buen tono.</p> + +<p>En París se separó de sus dos amigas; hizo una visita a Luz en su +refugio, y gran acopio en ella de excelentes propósitos de enmienda, que +se le entibiaron mucho con los aires del amino hacia su casa; y entró en +Madrid, en septiembre, tan tranquila y sosegada como si no hubiera roto +un plato durante el verano ni en todos los días de su vida.</p> + + + +<h3><a name="VIIa" id="VIIa"></a>VII</h3> + + +<p>Desde aquí comienza un período que fue el más escabroso, si no el más +largo, de los varios que tuvo la vida mundana de la marquesa de +Montálvez. Según ella misma lo declara, tan escabroso fue, que él solo +la daría para un libro entero, si se propusiera referir tan enorme +catálogo de <i>cosas</i>. Pero da por sentado que el público madrileño conoce +las más salientes de ellas y presume las restantes; y a esto se atiene +para considerar ocioso un trabajo más desleído, porque valor y +resolución la sobran para echar a la calle todas esas barreduras de su +conciencia.</p> + +<p>Yo podría suplir las omisiones, porque me es bien conocida la materia; +pero esta conducta no sería galante ni acertada, por contravenir a aquel +prudente acuerdo y caer en el peligro, que también teme la marquesa, de +que resulte plato de estímulos insanos lo que debe resultar muy otra +cosa. Aténgome, pues, al texto de los <i>Apuntes</i>, confirmación exactísima +de los rumores de la fama, y aun eso sólo he de darlo en extracto para +llegar cuanto antes a la narración de otros sucesos harto más dignos de +la atención de los lectores.</p> + +<p>Se cansó muy pronto de las fiestas caras y ruidosas que daba en su casa. +En su temple de <i>jamona fresca</i>, con su aprovechada experiencia, su buen +gusto y claro ingenio, necesitaba algo de más jugo, de más substancia +que aquella insípida y continua exposición de mujeres frívolas y de +hombres mentecatos, cargados de perifollos; fiestas en las que, tras de +costarla un sentido, todos se divertían menos ella. En fin, que echó la +gente a la calle y dio por terminadas las reuniones de fausto en sus +salones.</p> + +<p>Para llevar a cabo sus nuevos planes, eligió lo que había de +aprovechable entre lo arrojado de su casa y lo que conocía de lo de +fuera; después autorizó a los escogidos para que escogieran a su vez, +sin pararse en pelillos de linaje: podían espigar en varios campos, en +todos los que se dieran ingenios bien educados, desde la presidencia del +Consejo de ministros, hasta el humilde rincón de la obscura gacetilla. +Que no se reparara en edades ni en estampas: viejos y mozos, altos y +bajos; todo servía, con tal de no carecer de ingenio ni de desparpajo; +<i>tupé</i>, que dicen otros. Para todos habría que hacer allí.</p> + +<p>De mujeres (éstas eran de elección suya exclusivamente), pocas y malas; +quiero decir, de buen pico y mejores tragaderas.</p> + +<p>Y así se fue haciendo.</p> + +<p>Cuando le anunciaban un presentado, preguntaba ella al presentante:</p> + +<p>—¿Vale?</p> + +<p>Respondíanla que sí.</p> + +<p>—Pues que venga.</p> + +<p>Y <i>valer</i>, en aquellas ocasiones, significaba ser cualquier cosa, menos +hombre indigestamente grave, corto de genio, feo sin gracia, ignorante +sin osadía, galán ruboroso..., y así por el estilo; porque allí, hasta +el saber macizo y serio había de derramarse en dosis muy concentradas y +con mucha sal y pimienta: todo menos la pesadez y la petulancia. Y +<i>valiendo</i>, todo era lícito con tal de estar <i>bien hecho</i>; la grosería +en las formas estaba igualmente proscrita. En el pensamiento, no tanto.</p> + +<p>Dicen los que lo conocieron, que <i>aquello</i> tuvo que oír... y que ver; y +lo llamo <i>aquello</i>, porque no sé qué nombre darlo. La marquesa, por +llamarlo de algún modo, lo llamaba <i>tés íntimos</i>; pero es lo cierto que +aunque todas las noches del invierno, ya muy cerca de la madrugada, +había ese <i>té</i> en su casa, <i>aquello</i> no tenía horas fijas ni aspectos +determinados, y chisporroteaba de mil modos: entre pocos, entre muchos, +en tertulia plena, con media docena de <i>ellos</i> convidados a comer, o con +otros tantos al humor de la chimenea a cualquier hora de la tarde. Más +que té, era al modo de sierpe de muchas cabezas que alcanzaba con la +punta de la cola a muchas cosas y a muchas partes..., hasta las casas de +Leticia y de Sagrario. Porque estas dos criaturas de tan buen estómago, +en cuanto lo cataron en la de la marquesa pidieron el turno +correspondiente; y no era cosa de que las desairaran aquellos hombres +tan corteses y campechanos de suyo.</p> + +<p>Como en estas reuniones de imponderable confianza se vivía en perpetuo +comercio de malas intenciones, de malicias y de travesuras de lenguaje, +el natural ingenio de la marquesa adquirió gran desarrollo, y su bien +acreditado humorismo se empapó en nuevos y más <i>picantes</i> jugos. Llegó a +tener <i>frases felices</i> y a pintarse sola para crucificar en una +semblanza a un prójimo desventurado, o para hacer en otro marca +indeleble con un dicho que repetía después <i>todo Madrid</i>. De aquella +fábrica salieron tantos y tantos que aún continúan siendo famosos entre +las gentes encogolladas, vagabundos de levita y estudiantes +desaplicados.</p> + +<p>Por entonces comenzó a llamársela <i>la Montálvez</i>, llaneza que acreditaba +su bien adquirida popularidad, como en otro tiempo la había acreditado, +entre la juventud de rechupete, otra llaneza, algo más fina y culta: +<i>Nica Montálvez</i>. Lo cierto es que Madrid se llenó de <i>cosas</i> de <i>la +Montálvez</i>, y que hasta las que rodaban por tertulias y cafés sin madre +conocida, se le atribuían a ella. Privilegio de las popularidades bien +fundadas.</p> + +<p>Su casa, por las gentes que la frecuentaban, llegó a ser registro exacto +de los secretos pecaminosos, hazañas y picardías de <i>todo Madrid</i>: allí +se conocía la clave de los misterios, chicos y grandes, de la política +fullera, y el hilo de muchas marañas inexplicables de la Hacienda +pública; había palancas para remover obstáculos que las gentes <i>legas</i> +conceptuaban irremovibles, y el don de muchos prodigios de fortuna en +todas las carreras del Estado, que dejan atónito y confuso al vulgo +sencillote.</p> + +<p>Los maldicientes que se creían mejor informados, referían de <i>las tres +Gracias</i> verdaderas enormidades en los corrillos del público voraz. <i>Las +tres Gracias</i>, y por añadidura <i>en conserva</i>, eran las tres <i>viudas +verdes</i>: en una palabra, <i>la Montálvez</i> y sus dos amigas Leticia y +Sagrario. De cada una de ellas se contaban anécdotas que ardían; +caprichos libidinosos que traían su filiación de la Roma corrompida de +los Césares.</p> + +<p>No niega fundamento la Montálvez a estos rumores, pero se sacude +violentamente de ciertos <i>hechos</i>; y quiere que conste que todos los +comprobables de aquel calibre pertenecen a Leticia y a Sagrario. La +misma salvedad hace con respecto a los <i>dichos</i>. De éstos, unos eran +referentes a personas y otros a cosas; unos, al modo de dictámenes; +otros, al de motes y semblanzas; los había cruelmente ingeniosos, y los +había también indecentes. Se atribuye gran parte de los primeros; pero +rechaza hasta con asco la propiedad de los segundos.</p> + +<p>Y la creo, no solamente por el valor con que se acusa de otras cosas +bien graves, sino porque había en su naturaleza un componente pudoroso +que la impedía ser grosera: y hasta como pecadora, lo fue sin el aguijón +del apetito; y por eso quiere que se la tache por <i>lujo de pecar</i>, pero +no por <i>lujosa en el pecado</i>. Lo primero no edifica, seguramente; pero +tampoco degrada ni corrompe tanto como lo segundo.</p> + +<p>Por ese lado se explica también que, entre las tres cómplices de estas +fechorías, fuera ella la que se cansó primero, o, mejor dicho, la única +que se cansó; porque las otras dos no se cansaron pizca: al contrario, +deshecha la mancomunidad que sostenía a las tres en cierto orden de +equilibrio, cayeron Sagrario y Leticia, por su propio peso, despeñadas +hasta lo más hondo, aunque cada cual a su manera: Sagrario fue siempre +la mujer de los caprichos estrepitosos; Leticia el modelo de las +caprichosas solapadas y de las amigas temibles. Se la atribuían hasta +perfidias de tan mala casta, que rayaban en crueldades. Serían o no +serían ciertas: la marquesa cree que sí, porque tuvo grandes y +especiales motivos para no dudarlo.</p> + +<p>Como tampoco duda, antes confirma terminantemente, lo que ya sabíamos +por Manolo Casa-Vieja: que era muy avara; pero, según la marquesa, avara +de la peor especie: tenía el vicio del trapicheo, y media docena de +<i>comadres</i> negociando de su cuenta, por las casas de vecindad, sus +vestidos de desecho y hasta los trastos de la cocina. En este bajo +comercio era tramposa y desleal; y se desvivía y aguzaba el ingenio por +el gusto de robar media peseta a una chula en un dije de similor. +Creíase que eran muy mal adquiridas muchas cosas de mérito que se +admiraban en su casa, particularmente obras de arte; y maravillaba el +lujo de raterías que se daba por empleado para apoderarse de ellas. ¡Y +esta mujer tenía un caudal enorme y era espléndida en sus gastos! Hay +muchas almas de alquimia que tienen roñas así.</p> + +<p>Volviendo a la marquesa, digo que ese azaroso tramo de su vida pecadora +duró seis años.</p> + +<p>Guzmán, que era por entonces un señor bastante gordo y entrecano, pero +siempre de <i>gran ver</i>, iba poco, muy poco, por la casa de su amiga; y +cuando iba, era para reprenderla.</p> + +<p>—Te empeñas en que te oiga—la dijo más de una vez—, y al fin te oirá. +Y aunque no llegue a oírte, por el rastro que va dejando aquí la vida +que haces, tendrá que conocerla.</p> + +<p>—Es el último estruendo de ella—respondía la pecadora sonriendo—. No +lo dudes: estoy preparándome para ser juiciosa.</p> + +<p>De tarde en cuando desaparecía por una temporadita para visitar a Luz. +Dos veces la trajo a Madrid durante aquellos seis años, pero por muy +pocos días; y entonces fue su casa un modelo de sosiego y de buen orden. +Se la presentaba a sus amigas menos temibles, y la llevaba consigo a +algunos sitios de recreo.</p> + +<p>Entre la primera y la segunda venida a España dio Luz un <i>estirón</i> que +sorprendió mucho a su madre. La encontró hecha una mozuela que <i>se +salía</i> de sus angostos hábitos de colegiala. Se lo hicieron notar +también sus amigas de Madrid; y la dijeron que era un pecado mortal no +vestirla ya «de señorita» y no sacarla del encierro donde no parecía +bien.</p> + +<p>La marquesa comprendía demasiado que sus amigos tenían razón; pero ella +las tenía también muy respetables para echar por otros caminos +diferentes; y por eso llevó a Luz a Francia otra vez, donde nunca había +estado como verdadera colegiala.</p> + +<p>Desde este viaje es cuando apareció la Montálvez notablemente +transformada.</p> + +<p>Con disculpas bien buscadas, fue disolviendo sus <i>tés íntimos</i> y sus +tertulias <i>verdes</i>, y escatimando su asistencia a las de sus amigas. No +por ello se hizo huraña ni melancólica; pero si muy escogida en las +personas para el trato continuo, y muy sobria en los recreos de puertas +afuera.</p> + +<p>Rebasaba ya bastante de los cuarenta años: había dado de repente el +<i>bajón</i> de que no se libra bicho viviente, por mucho que se emperejile y +se <i>defienda</i>; y a este fracaso se atribuyó la retirada, creyendo que la +Montálvez se apresuraba a dejar el mundo antes que el mundo la dejara a +ella.</p> + +<p>No era cierta la suposición ni bien fundado el motivo. A la marquesa le +quedaba todavía un otoño muy agradable que explotar, si hubiera querido +apurar las cosechas hasta la vendimia inclusive. Contaba aún con muchos, +con muchísimos golosos; porque más varios que las estaciones de la vida +son los gustos de los hombres viciosos y desarreglados. Dijéranlo, si +no, sus compañeras de glorias y fatigas mundanas, Sagrario y Leticia: +más invernizas y deshojadas que ella iban poniéndose, miradas a buena +luz, y aún triunfaban y lucían y se consideraban a lo mejor del camino, +soñando, porque volvían la espalda al invierno que las espantaba, que +corrían hacia la primavera.</p> + +<p>No se fundaba, pues, la resolución de la Montálvez en aquel fracaso de +su belleza, aun que coincidió con él.</p> + +<p>Ya se sabe que no estaba formada del peor de los barros posibles; que no +entraba el vicio como verdadera necesidad en su naturaleza, y que, +aunque la divertía ser viciosa, no la <i>llenaba</i>. Desde que nació su +hija, luchaban en ella dos pasiones que se aborrecían como el perro y +el gato, una buena y otra mala: la de madre escrupulosa y amante, y la +de mujer de mundo, alegre y despreocupada. Mientras la hija estuvo en +edad de vivir escondida, la madre pudo entregarse de lleno a sus +placeres mundanos; pero llegada la hora de traer a Luz a su lado, tenía +que decidirse por el gato o por el perro; y esa hora llegó, y la madre +escrupulosa triunfó sin lucha de la mujer liviana. Cierto que Luz estuvo +en el escondrijo dos años más de lo justo; cierto que el momento de +decidirse la madre ocurrió en aquella crisis de su edad y después de un +hartazgo de desórdenes que bien pudiera tomarse por el hartazgo de +Marta; cierto es igualmente que en estas <i>coincidencias</i> hay base +sobrada, tomando las cosas en su primer aspecto, para la suposición de +las gentes; pero es la pura verdad también lo que yo afirmo con el +testimonio de la marquesa misma, y a esta opinión hay que atenerse.</p> + +<p>Puede haber quien pregunte: «Y si el momento de decidirse hubiera +ocurrido cuando tenía la marquesa seis años menos, ¿por cuál de las dos +pasiones se habría decidido?»</p> + +<p>Paréceme la pregunta un exceso de curiosidad y un lujo de mala fe; pero +conste que yo me inclino a lo más favorable para aquella dama, cuyo +desmedido amor a su hija daba para ello y otro tanto más.</p> + +<p>Volviendo a lo que importa y dejándonos de escarbar tan adentro, porque, +si a eso fuéramos, sabe Dios qué cosas se hallarían en el alma de muchos +que creen tenerla como los ampos de la nieve, digo que la transformación +de la marquesa después de llevar a Francia por última vez a su hija fue +tan de veras, que no se contentó con deshacer sus tertulias y despejar +la casa de gentes nocivas a la buena moral, sino que, en cuanto la puso +en orden, se consagró a orearla y a limpiarla de todo rastro de +impurezas. Hasta de sus propios resabios trataba de sacudirse, se le +figuraba que de sus fechorías más recientes le quedaban algunos en el +estilo, y temía que por aquellas espumas se descubrieran, las pasadas +tempestades. ¡Mujer más singular!</p> + +<p>Estos preparativos duraron cerca de dos años, y aun con este paréntesis +no se creía bastante alejada de sus últimas locuras para no temer que, +cuando menos lo pensara, se le prendiera alguna en el vestido.</p> + +<p>Durante este tiempo hizo una visita a Luz. ¡Cómo iba completándose +aquella criatura! ¡Con qué amor iba la naturaleza formando a la mujer +sobre la armadura de la niña!</p> + +<p>A Guzmán le gustaba mucho ver a la marquesa tan afanada en aquel esmero +de policía doméstica.</p> + +<p>—¿Te parece bastante?—solía preguntarle ella.</p> + +<p>—Todavía no—respondíala él.</p> + +<p>Y en eso estaban.</p> + +<p>Un día, después de hacerle ella la misma pregunta, se quedó Guzmán +pensando mucho la respuesta.</p> + +<p>—Voy sospechando—le dijo la marquesa—que nunca te ha de parecer esta +casa bastante purificada.</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—Porque eres hombre de buen olfato; y mientras estés tú en ella, +siempre has de hallar tufo de peste. Es el único que anda ya por aquí... +en cuanto tú vienes.</p> + +<p>Sonriose Guzmán y respondió, poniéndose el sombrero para marcharse:</p> + +<p>—Puede que tengas razón... Vete, vete cuanto antes por ella.</p> + +<p>Y muy pocos días después salió de Madrid la marquesa para traer de +Francia a su hija.</p> + + + +<h3><a name="VIIIa" id="VIIIa"></a>VIII</h3> + + +<p>Luz tenía diez y ocho años cuando su madre se decidió a sacarla para +siempre de su escondrijo. A ésta le remordía algo la conciencia, por +parecerle demasiado larga la prisión; a la prisionera le daba lo mismo +irse que quedarse, si es que no prefería aquella vida de invernadero en +que se había desarrollado, a las intemperies de un mundo que desconocía.</p> + +<p>Grandes fueron los temores y sobresaltos de la marquesa, como ya se +dijo, cuando por primera vez tomó en sus brazos a su hija; pero fueron +mucho más grandes al trasponer las puertas de su encierro con ella, ya +mujer, y mujer que parecía modelada en la mente de un escultor +enamorado. Tan singular era su belleza. De niña la conocimos recibiendo +las caricias de Guzmán; y también sabe el lector, bajo la fe de nuestra +palabra, que tres años después todo había crecido en ella con prodigioso +equilibrio: lo físico y lo moral, las perfecciones del cuerpo y las del +alma. Pues a los diez y ocho era eso mismo, en las debidas proporciones.</p> + +<p>Vida de invernadero hemos llamado a la suya, y es la verdad en casi todo +el rigor de la frase: como lo es también que marquesa, atenta sólo a +lograr determinados fines, acertó sin proponérselo, dando a aquella +excepcional naturaleza el único medio en que podía desenvolverse sin +deformarse. No a todas las plantas conviene el cultivo al aire libre y a +cielo abierto. En lo humano, era Luz una de estas plantas. No es de +extrañar que al salir de su estufa sintiera la impresión de otro +ambiente más frío, y que esta impresión no le fuera agradable.</p> + +<p>Hay que decir algo sobre la realidad envuelta en estos simbolismos de +jardinería, para que el lector no extravíe su juicio sobre el carácter +que debe conocer a fondo entre la hojarasca de las imágenes. Hablábamos +del mundo al cual iba Luz a salir de pronto y por primera vez, y casi +aseguraba yo que esta salida no era muy de su gusto, o, cuando menos, +que no la necesitaba...—Y, entre paréntesis, quiero que valga este +ejemplo, que es el que hallo más a mano, por otros cien que pudieran +citarse para pintar el modo de ser de la hija de la marquesa de +Montálvez en la ocasión de que se trata.—Por razones que se conocen, la +habían dicho cómo era el mundo que a ella le convenía imaginar, no el +que en realidad le estaba destinado: un mundo que no era bueno, aunque +no tan malo como el que le ocultaban; pero, al cabo, era un mundo +práctico, con sus hombres y sus mujeres, y sus cuestas abajo y sus +cuestas arriba; el mismo que ella veía por los resquicios de su +encierro, y en las historias que aprendía para instruirse, y en los +pocos libros de imaginación que se le daban para entretenerse. Y todo +esto sería verdad, pero le gustaba muy poco; no porque adoleciera de +sensiblerías románticas, sino por razones bien opuestas: por obra de +aquel equilibrio prodigioso que existía entre todos los elementos que la +constituían, de cuerpo y de alma.</p> + +<p>En aquel conjunto todo era paz, armonía y sosiego, y cabía el +sentimiento de todo; pero no la pasión por nada sin el concurso de un +agente perturbador que rompiera el equilibrio; el cual agente había de +venir de afuera, porque dentro no había lugar para él. En otra criatura +formada de distinto barro, el cultivo artificial o de invernadero, como +hemos llamado al de Luz, hubiera producido contrarios efectos, porque en +lo común de la naturaleza humana, las veladuras sobre los ojos son +alicientes de los deseos y despertadores de la curiosidad; pero en una +pasta tan dúctil y placentera como la de aquella niña, el artificio de +su educación moral contribuyó grandemente a la perfección casi mecánica +de la mujer; mecánica en cuanto a la estructura, digámoslo así, a la +trabazón de las piezas componentes de su ser moral, no en cuanto a las +funciones del conjunto, que éstas ya dependían de la pasta fundamental, +del temple nobilísimo del alma, obra de un Artífice más alto.</p> + +<p>Quiero decir, antes que nos extraviemos entre sutiles metafísicas, que +aún me parecen más inextricables que los laberintos de la botánica, que +Luz, con su equilibrio de agentes íntimos, no era un reló que <i>andaba +bien</i>, ni una soñadora que bebía vinagre y suspiraba por «el reposo de +la tumba», sino una mujer de carne y hueso, con muy pocas ambiciones y +muy apaciguados deseos; porque había en los ojos de su imaginación unas +lentes que le presentaban los objetos exteriores con un colorido +sumamente dulce y a una luz suave y tranquila, como la de un crepúsculo +de otoño. Habituada a este modo de ver, no es de extrañar que la +repugnaran los colores vivos y todo linaje de desentonos y de +aberraciones, lo mismo en el orden físico que en el orden moral. Y así +era lo cierto. Esto no impedía que Luz estuviera dispuesta a tomar lo +que la dieran; pero, autorizada para elegir, muy pocas veces se +decidiría al gusto de las mujeres de su edad.</p> + +<p>Apurando el ejemplo que tenemos entre manos, he de añadir que esto del +mundo del que tanto se la hablaba y que ella hubiera adivinado aunque +nada le hubieran dicho, porque la humana naturaleza es una parlanchina +que todo lo descubre, y, más o menos recio, habla a la imaginación, +aunque se la pongan candados en la lengua y se la confine a las +soledades de un desierto; que esto del mundo, repito, la dio bastante +que pensar desde que traspuso las fronteras de la niñez y entró con +paso más firme y con doblados alientos de vida y con mayores fuerzas de +visión, en los términos de la juventud.</p> + +<p>¿De qué la servía, si no todo, la mayor parte del mundo que iba +columbrando, y además le descubrían en libros y en advertencias de +palabra?... De maldita de Dios la cosa para las especiales ambiciones +que la dominaban y las cortas necesidades que sentía. Sí a ella la +hubieran dicho: «Forma uno a tu gusto y para tu exclusivo recreo, donde +vivas en cuanto salgas de aquí», ¡qué cosa tan distinta de lo que le +esperaba hubiera construido!</p> + +<p>Por de pronto, nada de multitudes humanas, ni de ruidos incómodos, ni de +hacinamientos de casas formando calles sombrías y angostas; nada de +ceremoniales mentirosos para cultivar amistades que no se necesitan +entre personas que no se pueden ver; ni de espectáculos públicos, en los +cuales se exhiben las gentes embanastadas de medio abajo, y en +ringleras, como muñecos de escaparate; nada de sonrisas forzadas, ni de +saludos maquinales, ni de corsés muy apretados; nada, en fin, de ese +cúmulo de esclavitudes y de molestias en que viven las gentes «bien +educadas», cuando se dice de ellas que hacen una <i>vida regalona</i>. Luz se +hubiera contentado con muchísimo menos: con un pedacito del mundo, +precisamente de la parte de él más desdeñada de las gentes mundanas; +algo así como cuadro de primavera campestre: praderas rozagantes, +copudos robles, matas de rosales, senderos blandos y retorcidos entre +los árboles y los rosales y las praderas; un sol cernido a través de las +espesuras; fuertes contrastes de luz y sombra; rumor de brisas en el +follaje y de aguas fugitivas entre márgenes de madreselvas y laureles +bravíos; pájaros cantadores, y en lo alto, pero no lejos del río, sobre +una base de roca blanquecina medio envuelta entre carrascas, hiedras y +escaramujos, una casita, no como la choza rústica y grosera de los +idilios, no tanto: podía ser un <i>chalet</i> muy cómodo y muy lindo, hasta +con su salita de estudio y un buen piano en ella, y un terradillo desde +el cual se descubriera una gran parte del panorama y se entrara en +tentaciones de recorrer lo que no se veía...</p> + +<p>La segunda vez que se asomó Luz con los ojos de su imaginación a esta +azotea (porque este cuadro primaveral no fue obra de un acaso ni +contemplado un día solamente), descubrió, ¡extraño suceso!, al alcance +perfecto de su vista, junto a un árbol de los más próximos al río, una +<i>figura</i> que ella no había puesto allí. Se atrevía a jurarlo. Era la de +un hombre en lo más verde y lozano de la juventud: gallardo de cuerpo y +hermoso de cara; poco bigote todavía, pero muy negro, como los ojos y +como el pelo, suelto y abundante; muy bien ataviado, pero no compuesto.</p> + +<p>¿Debía Luz borrar aquella figura del cuadro, solamente por no ser obra +suya? Fueran cuales fuesen su procedencia y su destino, el detalle +inesperado <i>componía</i> muy bien donde estaba; y <i>componiendo</i> bien, no +debía borrarse. Además, aquellos fondos, aunque bellos, eran demasiado +para una mujer sola. Podía llegar a sentirse allí hasta el miedo, porque +la soledad es imponente, por hermosa que sea; y aunque no se llegue al +miedo, las impresiones recibidas en la contemplación de lo bello no se +completan si no son comunicadas con alguien; y hasta se daba el caso +entonces de que aquel mancebo, por la expresión de su mirada intensa, la +dulzura de su sonrisa y lo varonil de su persona, parecía la +encarnación del sentimiento, de la bondad y de la fortaleza; como que +metida ya Luz de plano en estas fantasías hasta se le antojó (salvando +la irreverencia que creía cometer en la comparación) que el tal mancebo +podía pasar, donde estaba, por algo así como arcángel guardador del +misterioso paraíso. ¡Si <i>compondría</i> bien la figurita en el punto del +cuadro en que había aparecido «de repente»!</p> + +<p>A la tercera vez que se asomó Luz a la azotea, también vio al mancebo en +el mismo sitio; pero ya no se contentaba, para dar entretenimiento a sus +miradas, con el lujo de la naturaleza que le envolvía; también la miraba +a ella, a Luz, y aun con mejores ojos que a las bellezas inanimadas del +paraíso; y como el mancebo era, en opinión de Luz, «el sentimiento de la +bondad y la fortaleza», y hasta «el arcángel guardador» de todo aquello, +que ya era «de los dos», Luz bajó del terrado, sin miedo y sin +escrúpulos, y el mancebo la salió al encuentro; y ella apoyó su brazo en +el brazo que le presentó él, y se fueron juntos por el sendero adelante; +y mientras andaban así, a Luz le parecía más radiante la del sol y que +eran más olorosas las flores y más blandos los senderos; los ruidos más +armoniosos, el ambiente más saludable y los pajarillos más alegres. +Después, en la soledad de su casita, todo lo hallaba más cómodo y +risueño; y al poner sus manos sobre el teclado del piano, le arrancaba +del fondo notas de una vibración como jamás había arrancado de aquellas +fibras de acero.</p> + +<p>Pues bien: algo así, con este cuadro primaveral por base, podía ser la +vida de una mujer como Luz, si la dijeran: «Escoge un mundo a tu gusto +para ti sola, o para los dos a lo sumo». No pediría ella otra cosa. Y, +sin embargo, se guardaría muy bien de descubrir estos deseos en medio de +las realidades de su vida, porque estaba cierta de que habían de ser +calificados de locura.</p> + +<p>Pero, locura o no, soñó largo tiempo con el cuadro, no sé, ni ella lo +supo, si despierta o dormida; y de tanto soñar con él, llegó a salir del +colegio con grandes dudas de si aquellos fondos de la naturaleza y aquel +mancebo guardador del paraíso de sus sueños, que tan conocidos le eran +ya, los había visto ella en alguna parte.</p> + +<p>No sé si el lector habrá comprendido bien todo cuanto llevo dicho, o si +yo no habré sabido explicarme, para llegar a conocer el fondo del +carácter de Luz; pero seguro estoy de que, por muy mal que me haya +salido la tarea, se puede sacar de ella todo lo que se necesita para +convenir conmigo en que la marquesa de Montálvez no tenía motivos para +alarmarse al presentar en el mundo a su hija, hecha una mujer, por el +lado de sus pensamientos y naturales inclinaciones. Y no se alarmaba por +lo tocante a este lado. Pero por el otro, es decir, por el de su +belleza, ¿cómo evitar los riesgos que temía? ¿Qué más daba que ella se +fuera sola hacia el cenagal, o que el cenagal la buscara a ella, si lo +importante era que el uno y la otra se pusieran en contacto inmediato? +Pensar en recluirla de nuevo, teníalo hasta por inhumano, además de +ridículo. Era de necesidad, no solamente «echarla al mundo», sino +también lucirla en él. Y en este caso, ¿cómo impedir que aquella +gentileza de Venus púdica, o mejor dicho, aquella realizada idealidad de +virgen cristiana, atrajera sobre sí todas las voracidades de los +hombres descorazonados y todos los venenos de las mujeres envidiosas, y +que fuera esta lepra inficionando poco a poco a la inocente? ¿Cómo +evitar, cuando menos, que con el continuado roce con tantas y tan +diversas intenciones se destruyera el artificio y quedaran de manifiesto +a los ojos de Luz las negras realidades que la marquesa le escondía +hasta dentro de su misma casa?</p> + +<p>Los temores de la madre no podían ser más fundados; pero había que +cerrar los ojos y seguir adelante. Y adelante fue.</p> + +<p>Luz hizo su entrada en el mundo con la serenidad de quien nada teme en +una región que no le interesa. Todo cuanto iba viendo le parecía natural +y corriente, porque cuando allí lo ponían, allí debería de estar. Tomaba +las cosas en el valor que a sus ojos tenían, y a ese precio las pagaba; +y como le sobraba en discreción mucho más de lo que le faltaba en +experiencia, siempre salía muy airosa en estos tratos de su forzado +comercio con las frivolidades mundanas.</p> + +<p>A más de por hermosa en el grado especial en que lo era, por la historia +que tenía, fue su aparición en los salones mucho más notada que otras +semejantes: la mordieron las envidiosas con la saña de las grandes +ocasiones; la compadecieron a gritos las pecadoras en secreto; los +hombres la tuvieron quince días <i>sobre el tapete</i> en sus debates +<i>naturalistas</i>, y los revisteros de salones soltaron toda la trompetería +más sonora de sus órganos, en honra y gloria de la recién llegada al +único mundo en que, según ellos, se podía vivir debajo de la luna. +<i>Aljófar</i>, que todavía cantaba porque aún tenía estómago insaciable que +se lo exigía, entonó en letras de molde una <i>silva</i> de media vara, en +que hubo más juegos de luz que en un «cuadro disolvente». Ni de las +murmuraciones a escondidas ni de las alabanzas en público, tuvo noticias +Luz; porque las primeras no se oían, y cuidó mucho su madre de ocultar +las segundas con el sabio propósito de que desconociera su hija, +mientras esto fuera posible, aquella mala costumbre de poner a las +gentes en ridículo queriendo hacerlas un favor.</p> + +<p>Tomando por pretexto las pocas aficiones de la novicia a los estruendos +mundanos, la marquesa se guardaba muy bien de empujarla hacia ellos; +antes, la mantenía discretamente en sus inclinaciones al sosiego, y +hasta las explotaba en cuanto la convenía para sus fines particulares.</p> + +<p>Por ejemplo: Luz seguía fuera del colegio las prácticas cristianas a que +se había acostumbrado en él. Iba a la iglesia a menudo y tenía sus rezos +en casa. Pues a todos estos actos piadosos la acompañaba su madre. Algo +la mordían sus amigas, y con gran donaire se sacudía ella de las zumbas; +pero seguía yendo a la iglesia y rezando con su hija, muy a su placer.</p> + +<p>Con todo esto y lo que ya se ha dicho en el capítulo precedente sobre +oreos y desinfecciones, que continuaban en la necesaria medida, la casa +de la marquesa, sin dejar ésta de ser la dama de distinguido y ameno +trato, no era conocida ya. Aquellos profanados interiores de la +Montálvez habían adquirido el honrado aspecto de un <i>hogar de familia</i>.</p> + +<p>Algo retrasadas andaban estas medidas de regeneración; pero nunca es +demasiado tarde para abrir a Dios la puerta de casa, después de haber +barrido de ella al demonio.</p> + +<p>Guzmán, que era ya Excelentísimo señor don José Celestino, senador del +reino, columna del partido conservador, consejero de Estado, embajador +probable, ministro posible y todo lo que quisiera, si lo quería con gran +empeño, pasaba la pena negra desde que Luz había llegado a Madrid. +Temblaba por ella, y a su lado se hubiera puesto para ampararla de día y +de noche contra los peligros en que veía el tesoro de candor que se +encerraba en aquel estuche primoroso; pero no alcanzaban sus derechos a +donde llegaban sus impulsos. Era harto sabida en Madrid la leyenda de la +<i>semejanza</i>, con todos sus antecedentes, y hubiera sido una profanación +inicua someter aquel ángel a nuevas comparaciones y nuevos comentarios +del público mordaz. Por eso se creía más obligado a alejarse de ella +cuanto mayores eran sus deseos de acercarse. La admiraba y la protegía a +<i>prudente</i> distancia; pero esta prudencia se parecía demasiado en sus +tramites al desvío de un extraño, y él no podía conformarse con tan +poco.</p> + +<p>Ya sabemos que había vuelto a frecuentar la casa de la marquesa desde +que se andaba en ella a escobazos con el diablo. En una de sus visitas, +estando ya la desterrada joven en Madrid, halló a su amiga muy alarmada. +Luz sabía desde muy niña que su madre era viuda, y de quién lo era y +desde cuándo; pero en lo que jamás había dado, dio en las primeras +conversaciones que tuvo con su madre, recién llegadas las dos de +Francia: en pedirla noticias y pormenores íntimos de «su padre». +¡Figúrese el lector en qué aprietos no se vería la aristocrática viuda +de don Mauricio Ibáñez para salir limpia y sin manchar a nadie, de aquel +nuevo lodazal en que la arrojaba de pronto el natural deseo de su hija! +Salió bastante mejor que hubiera salido otra pecadora con menos ingenio +y serenidad que ella; pero salió muy dolorida y alarmada.</p> + +<p>Refirió el caso a Guzmán, muy en voz baja y después de registrar hasta +los rincones, temiendo que la oyeran, y también culpó a su amigo de este +nuevo fruto de su vida de iniquidades y contubernios.</p> + +<p>—No es ya hora—la dijo Guzmán—de liquidar esas cuentas tan +envejecidas. Tomemos el caso como una advertencia más del celo que se +necesita aquí para que no descubra Luz lo que jamás debe serle conocido, +y eso nos baste, que no es poco en gracia de Dios. El bien de tu hija +debe ser el móvil de todos tus actos y pensamientos. Yo te ayudaré con +los míos, en cuanto me sea posible y lícito, a la distancia a que me +hallo de vosotras. Olvido absoluto de todo lo demás..., hasta en sueños, +si dable nos fuera; y desde este instante no se pronuncie una sola +palabra entre nosotros que no pueda ser oída de Luz sin asombro de su +ignorancia y de su inocencia; porque fuera caso peregrino que lo que +tratas de ocultarla entre las desenvolturas de las gentes extrañas, se +lo descubrieran en su propio hogar tus mismas imprudencias.</p> + +<p>A la marquesa le pareció muy cuerdo el dictamen de Guzmán, y desde aquel +día se acabó entre ambos el tratamiento llano de sus intimidades; quedó +proscrita toda alusión a lo pasado, y no fue en la casa de Luz ni fuera +de ella el antiguo amante de la hermosa Nica Montálvez, más que un amigo +muy afectuoso y atento de la ajamonada viuda del arruinado banquero don +Mauricio Ibáñez.</p> + + + +<h3><a name="IXa" id="IXa"></a>IX</h3> + + +<p>La marquesa había dicho a su médico que probablemente necesitaría tomar, +durante el verano que se acercaba, algunas aguas sulfurosas y quizás +también algunos baños de mar; pero «caserito todo ello, y a lo pobre». +Quería dar a entender que en puntos de poco ruido aristocrático y en +España. En seguida expuso las razones en que se fundaba para creer de +necesidad lo que decía (fundamentos que bien pudieran haber sido +inventados por ella). El amable doctor, después de escucharla +atentamente, la respondió muy risueño que estaba enteramente conforme +con su parecer. Entonces añadió la marquesa que ella sabía de una +provincia española donde se hallaban ambos remedios, y a muy corta +distancia el uno del otro.</p> + +<p>—Pues a esa provincia—repuso el complaciente médico—. Tome usted muy +poco de lo sulfuroso y cuanto pueda resistir de lo del mar; y si Luz no +tiene miedo a las olas, que se columpie en ellas también siempre que le +dé la gana, pues hasta en naturalezas tan saludables como la suya +sientan esos tónicos a maravilla.</p> + +<p>Y por estas razones, con alguna más que ella conocería, y que bien +pueden sospecharse sabiendo su nuevo modo de pensar sobre las vanidades +de su mundo, se hallaba la marquesa de Montálvez con su hija, en el +rigor de aquel verano, tomando los baños de mar en una de las playas más +hermosas, aunque no la más nombrada, de la Península.</p> + +<p>Se encontraba muy bien allí. La concurrencia era abundante, pero no de +<i>primer lustre</i>. Precisamente lo que la marquesa quería. Gentes de buen +pelaje: de tierra adentro las más, pero sin llegar a Madrid. Como no +había etiquetas, aunque si mucha presunción, entre los bañistas, la +marquesa vivía entre ellos con la mayor holgura, casi en traje +doméstico; y no suprimía el casi, porque no se tomara su desaliño a +desdén de gran señora. El aire de la playa, el rumor de las olas, la +inquietud de la mar, el abrupto perfil de la costa, las puestas del sol +entre celajes de fuego y sumergiéndose el astro y apagando su luz poco a +poco en lo último de aquellas aguas sin fin... Cien veces lo había +tenido delante de los ojos en otras playas de Europa, y no lo había +visto hasta entonces. ¡Qué saludable y qué hermoso le parecía!</p> + +<p>Creían hacerla un gran favor aquellos corteses bañistas cuando la +invitaban a las fiestas con que entretenían los ocios de la temporada; y +no podían imaginarse hasta qué extremo la molestaban poniéndola en el +deber de aceptarlo todo. ¡Fiestas a ella, que venía huyendo de las que +le habían envejecido el espíritu a lo mejor de la vida!</p> + +<p>Pero no se trataba de ella sola: se trataba de Luz, a quien indirecta, +pero principalmente, iban enderezadas las invitaciones, y era muy justo +no desairarlas, así por la buena intención de los invitantes, como por +lo inofensivo de lo brindado. Podía la hermosa novicia hasta saturarse +de ello sin temor de daño alguno.</p> + +<p>Lo peor era que Luz no lo apetecía mucho más que su madre. Habían hecho +que lo tomara casi en aborrecimiento las intemperancias galantes de +aquellos donceles que la miraban, que la seguían y que la requebraban +implacables, y de aquellas damas que buscaban su trato incesantemente +para alabarla cuando hablaban con ella, para ponerla defectos las más, +en cuanto se alejaban un poco, y para imitarla todas, al fin, hasta en +el modo de andar.</p> + +<p>Pero lo que su madre le decía: «estás aquí, y en la edad de divertirte, +y tienes hasta que hacer que te diviertes con lo que aquí se divierten +los demás». Y Luz lo aceptaba todo con el mejor de los deseos, y en +todas partes aparentaba divertirse mucho, aunque en realidad se +divirtiera muy pocas veces. Sin embargo, tampoco se aburría; y quiero +que conste este dato para que no se confunda con el melindre indigesto +lo que era hasta abnegación de una naturaleza sobria y delicada de +gustos.</p> + +<p>La marquesa, por vecindades en la mesa redonda del hotel en que se +hospedaba, había trabado amistad con una señora de <i>buen aire</i>, la cual +señora tenía dos hijas muy guapas: la una y las otras eran, además, muy +discretas y muy distinguidas de porte. Tampoco eran de Madrid—condición +muy del gusto de la marquesa—; pero sin ser de Madrid se puede ser +guapo, y hasta listo y elegante. El caso es que si las dos señoras +<i>simpatizaron</i> entre sí, las chicas de la una se entendieron con Luz y +Luz con ellas, como si toda la vida hubieran andado juntas y en paz. En +muy pocos días llegó a haber entre ambas familias toda la intimidad que +cabe en los tratos de esta especie. La marquesa, particularmente, estaba +como niño con zapatos nuevos con la amistad de aquella señora, que era +afable sin fingimientos, y buena sin doblez. Nunca se había visto en +otra la gran dama; y este sencillo y honrado placer se le debía a la +mujer de un magistrado cesante. ¡Y ella se había pasado la vida +pagándolos a precios exorbitantes en las grandes cúspides sociales, sin +adquirir uno solo que no la dejara rastros de amargura y de +remordimientos!</p> + +<p>Luz y sus dos amigas paseaban juntas muy a menudo, juntas se bañaban y +juntas asistían a bailes, jiras y conciertos. Las del magistrado habían +visto y aprendido más cosas de la vida que ella, y la entretenían mucho +con sus relatos de sucesos (<i>limpios</i>, se entiende) recogidos siguiendo +a su padre de la Ceca a la Meca, por azares de su destino. Luz, en +cambio, nada por el estilo podía contarlas; porque hasta de su mundo, al +cual era recién llegada, sabía mucho menos que ellas, aunque sólo le +conocían de oídas.</p> + +<p>Y hablando, hablando, llegaron las confianzas al último límite, y +resultó que la mayor de las dos hermanas estaba ya para casarse, y muy +enamorada. <i>Él</i> era un joven muy guapo, recién graduado de doctor en +Medicina; rubio, con toda la barba, pero muy recortada, lo mismo que el +pelo; muy alegre por carácter, y muy cariñoso: <i>a ella</i> la quería +<i>atrozmente</i>. A la hora menos pensada se presentaría por allí: se lo +tenía prometido. En la última carta, que era de Madrid, la anunciaba una +gran sorpresa. Debía de ser su llegada. Ya tenían puesta la casita, muy +mona, en la mejor de las calles de la ciudad. Él era buen músico y algo +pintor, y ella tocaba regularmente el piano. Habían comprado uno nuevo, +vertical: como mueble, muy elegante.</p> + +<p>Luz oía todas estas cosas con gran atención, y no negaba que el novio de +su amiga fuera muy guapo, con su barba rubia y su pelo recortado; pero a +ella le gustaban más los hombres de pelo negro y abundante y con bigote +solo, y no largo ni muy espeso. Bien estaría la casita de los novios; +pero no tanto cómo el chalet que ella tenía en lo alto de «su mundo»; y +en cuanto al piano, por superior que fuera, ¿a que no sonaba tan bien +como el suyo, cuando se ponía a tocarle después de dar un paseo por las +tortuosas veredas de su paraíso, con «el arcángel» que se le custodiaba?</p> + +<p>Por supuesto que Luz no decía nada de esto a sus amigas, ¡quién se lo +mandara!, pero lo iba pensando y hasta lo creía. ¿Y qué mal había en +ello?</p> + +<p>Aquella noche había baile en el gran salón que uno de los hoteles tenía +destinado a esa clase de fiestas. Las tres amigas, seguidas a corta +distancia de las dos madres, se dirigían a él, algo más peripuestas de +lo que habían pensado por la mañana, porque a última hora se supo que +acababa de llegar un gran contingente de bañistas de buen humor, que no +faltarían al baile. No era bastante motivo este para emperejilarse más +las mujeres que asistían a otros tales muy bien vestidas; pero la idea +nació de la novia del doctor de barba rubia; y hay motivos para creer +que tomó por pretexto la asistencia de gente desconocida al salón, para +presentarse en él bien engalanada, sospechando que su novio le había de +dar allí la anunciada sorpresa. Por lo mismo que ya no bailaba más que +con él, quería, si sus sospechas se realizaban, hacerle en aquella +ocasión los honores en toda regla.</p> + +<p>Y fue verdad que hubo gente nueva en el baile, y bastante, y de muy buen +porte; y también se confirmaron las sospechas de la hija mayor del +magistrado cesante: allí se le apareció de golpe su novio, tal como ella +le había descrito, con la barba y el pelo rubios y recortados, alegre y +cariñoso, a juzgar por las muestras del momento. Comenzaron en seguida +las presentaciones y los mutuos cumplimientos; tocose luego a bailar, y +con este motivo la novia se colgó del brazo que el novio la ofrecía y, +se largaron juntitos por el salón adelante.</p> + +<p>Luz (que se excusaba de bailar siempre que podía) estaba sentada +entonces, y desde su asiento seguía con la mirada a los novios, +asociando, sin poderlo remediar, a algunos pormenores de aquel suceso +otros detalles semejantes de sus imaginaciones <i>paradisiacas</i>. En aquel +encuentro y en aquel paseo, ¿no había un extraordinario parecido con los +encuentros que ella tenía y con los paseos que se daba bien a menudo en +las arboledas de su retiro? Cierto que los fondos eran muy distintos +entre sí; pero las figuras... También en las figuras, en las de <i>ellos</i>, +encontraba grandes diferencias. Este era rubio y poco esbelto, al paso +que <i>el otro</i>...</p> + +<p>Y al llegar aquí la candorosa Luz con sus comparaciones mentales, se +quedó abismada en el mayor de los asombros... junto a la puerta de +entrada al salón, en el mismo sitio donde ella tenía puesta la mirada, +casi rozándose con el novio de su amiga, que pasaba por allí en aquel +momento, acababa de aparecer... <i>el otro</i>, el mancebo de sus +imaginaciones; la <i>figura</i> de su cuadro, con su gallardía de continente; +con su pelo negro, suelto y abundante; sus rasgados ojos tan negros como +el pelo y el sedoso bigote; su boca risueña y su mirar dulce y profundo. +¿De dónde venía? ¿A qué iba allí?... No cabía duda: venía de su +paraíso... y en busca de ella. ¿De qué otra parte podía venir, ni qué +otra cosa, sino a ella, podía buscar en el salón con aquel modo de mirar +tan <i>suyo</i>?... Ya la había encontrado. ¡La misma sonrisa de <i>allá</i>; la +misma expresión de ansias bien satisfechas, en los ojos; el mismo andar +que cuando iba hacia la roca blanquecina medio envuelta entre carrascas, +hiedras y escaramujos! Si Luz hubiera estado entonces sola en su azotea, +habría bajado de ella en seguida para salirle al encuentro; pero no +estaba sola, ni en la azotea, y esperó a que llegara él.</p> + +<p>Y llegó, y la invitó a bailar; y Luz, sin dudar un solo instante, se +levantó de su asiento, enlazó su brazo con el brazo que le ofrecía el +mancebo, y se fue con él por el salón adelante... ¡Lo mismo que cuando +se iban por los tortuosos y blandos senderos de su mundo!</p> + +<p>No bailaron..., ¡qué habían de bailar?</p> + +<p>Lo que Luz no recordaba bien era el timbre de la voz de su acompañante +de <i>allá</i>; pero en cuanto oyó hablar al otro de carne y hueso, exclamó +para sí con nuevo asombro: «¡El mismo!»</p> + +<p>Este <i>otro</i> la dijo que había ido a buscarla allí, porque una corazonada +le había declarado que allí la encontraría. Luz no se atrevió a +preguntarle dónde se habían conocido los dos, ni qué era lo que le movía +a buscarla con tanto empeño; y él la enardeció todavía más los deseos, +declarando que la conocía mucho, ¡muchísimo! Jurara que de toda la vida, +aunque la había visto muy pocas veces, y sólo sabía de ella que se +llamaba Luz.</p> + +<p>¡Y Luz, en cambio, con haberle <i>tratado</i> tanto, ignoraba todavía cómo se +llamaba él!... Se atrevió a preguntárselo.</p> + +<p>—Me llamo Ángel—respondió el mozo.</p> + +<p>¡Ángel! Por <i>arcángel</i> le había tomado ella muchas veces al contemplarle +en su imaginado paraíso guardándole las puertas. ¿Qué venía a suponer +esa leve discrepancia de jerarquías? Siempre resultaba el mismo +«guardián».</p> + +<p>Pero ¿dónde la había conocido? Eso es lo que ella quería saber para +acabar de orientarse en aquel laberinto de coincidencias tan de su +agrado. Y al fin lo supo también. Ángel la había visto con admiración +desde lejos, entre otros que también la admiraban. Por lo que les oyó +decir, averiguó que se llamaba Luz, nada más que Luz. ¿Y no era eso +bastante? No volvió a verla en el mundo de la realidad, por más que la +buscó; pero se forjó él otro mundo a su capricho, en el cual la veía a +todas horas; porque aquel mundo era <i>para los dos solos</i>, Y viéndola +allí y admirándola sin cesar, le parecía que volaba el tiempo que había +de correr hasta que la encontrara <i>de veras</i>; porque este encuentro +había de ocurrir <i>necesariamente</i>. Lo creía con ciega fe. Dios no +infunde en el corazón humano sentimientos tan dulces, tan puros y tan +hondos como los que había infundido en el suyo, para que se conviertan +en semillas de negros y dolorosos desencantos. Por eso se habían +realizado allí sus esperanzas de encontrarla. El sitio era lo de menos, +porque en alguno de la tierra había de ser. Como creía llevar los +pensamientos en los ojos, y entre estos pensamientos estaba hecha a +vivir la Luz de sus ilusiones, no se asombró de que la Luz de la +realidad los leyera en las miradas con que la buscaba por el salón, ni +de que no temiera acercarse a ellos para vivir también un rato entre tan +buenos amigos. Esta era la verdad; y si no se la decía, ¿para qué había +ido él allí?</p> + +<p>Lo mismo opinaba Luz. ¿De qué había de hablarla a ella aquel hombre sino +de esas cosas y en aquellos términos?... Pero ¿cómo sería el mundo que +él también se había forjado a su capricho? Casi se atrevía a jurar que +era muy semejante a su paraíso. La duda la impacientaba bastante, y se +decidió a salir de ella preguntándolo.</p> + +<p>—Ese mundo—respondió el mancebo—se concibe mejor que se pinta, como +todo lo que se siente por anhelos del alma. Desde luego no es un mundo +de cal y canto como el que han ido construyendo los hombres para nido +de sus vanidades dispendiosas y malsanas; es un compuesto de primores de +la naturaleza en su más dulce reposo: auras de Mayo, rosas, follaje, +pájaros..., ¡qué sé yo!, y, sobre todo ello, y para alumbrarlo, +vivificarlo y embellecerlo, la Luz de mis ilusiones, del hada de +aquellos encantados jardines.</p> + +<p>—¡Los conozco!—exclamó aquí la joven sin poderse contener; y añadió a +la pintura, a grandes rasgos, de los jardines del otro, algunos detalles +de los del suyo.</p> + +<p>—¡Eso mismo!—dijo el pintor idealista; y en el acto preguntó a Luz que +de qué los conocía; y Luz tuvo que responder que también ella había +vivido mucho tiempo en un mundo de aquella traza.</p> + +<p>—¿Sola?—la interrogó entonces el confidente, con fogosa vehemencia.</p> + +<p>Y a esta pregunta no pudo responder Luz de pronto, porque le dejó sin +ánimos para ello una sensación que hubiera creído de miedo, a no +parecerle tan agradable.</p> + +<p>—Sola..., sola no—llegó a decir, bajando los hermosos ojos y con las +mejillas muy sonrosadas—: con <i>él</i>.</p> + +<p>Y de aquí no pasó ya la pobre chica. Verdad es que el otro no porfió +mucho para que pasara, respetando aquellas pudorosas resistencias que lo +impedían.</p> + +<p>Ni ¿para qué pasar? ¿No era preferible la elocuente actitud de la +interrogada, a la más terminante de las frases?</p> + +<p>Luz, siguiendo la conversación y no hallando en su memoria un motivo +real y verdadero de donde derivar el enlace lógico de tantas y tan +singulares coincidencias, convino con su amigo, al volver éste sobre lo +ya tratado, en que cuando Dios infundía ciertos sentimientos en un +corazón, bien podía infundirlos iguales en otro, si entraba en sus +designios que ambos corazones se encontraran, por apartados que +estuvieran, para formar uno solo...</p> + +<p>No podía darse mayor conformidad de pensamientos entre Luz y su amigo, +ni realidad más parecida a la hermosa ilusión forjada en dos cerebros +juveniles. ¿A qué pedir más por entonces?</p> + +<p>Lo peor era que las gentes se regían allí, en el salón del baile, por +leyes muy distintas de las del mundo ideal de los dos enamorados; y era +ya preciso que ella volviera a sentarse y que se separaran, después.</p> + +<p>Y se separaron, tan pronto como Luz se sentó donde antes había estado +sentada, entre su madre y su amiga sin novio. La que le tenía continuaba +paseando todavía con él.</p> + +<p>Con serle tan conocido a Luz cuanto la rodeaba, todo le parecía nuevo, +por más hermoso: hasta el piano le sonaba mejor. ¡Lo mismo que le +sucedía en la casita de la azotea después de pasear con él por las +veredas blandas y retorcidas de su edén!</p> + +<p>Ángel, después de dejarla sentada, había desaparecido del salón. La +marquesa, que no le había perdido de vista un solo momento, deseaba +saber quién era; y ni se lo pudieron decir sus amigas ni la misma <i>Luz</i>, +a quienes se lo preguntó. <i>Luz</i> sólo sabía que era <i>él</i>, y esto no debía +respondérselo a su madre; la cual, por lo mismo que lo había sospechado +por lo que había visto y lo que estaba observando en el arrobamiento y +turbación de su hija, tenía mayor empeño en saber algo más; y repitió la +pregunta al novio de la hija de su amiga cuando pasó cerca de ella.</p> + +<p>Según este declarante, el sujeto en cuestión era madrileño, muy rico, +abogado por lujo, y se llamaba Ángel, Ángel Sánchez, o Pérez, o +López..., un apellido así, de los más llanos y corrientes. Sabía esto +porque habían venido juntos desde Madrid, por casualidad. Parecíale un +joven sumamente despejado y discreto..., y no sabía otra cosa de él, ni +buena ni mala.</p> + + + +<h3><a name="Xa" id="Xa"></a>X</h3> + + +<p>Ángel desapareció del salón del baile aquella noche, pero no de la +playa. Al otro día se dejó ver instalado en el mismo hotel en que vivía +la marquesa. Habló con Luz en el comedor y en el jardín, y dondequiera +que le fue posible y le pareció lícito, y Luz se le presentó a su madre +a título de <i>amigo</i> suyo, como «<i>el mejor</i> de sus amigos». Así le +calificó.</p> + +<p>Se necesitaba tener los ojos muy poco avezados a estudiar fisonomías, +escasa luz detrás de ellos, menos mundo y demasiada carga de malicias, +para recibir mal a un presentado de aquel corte; y como a la marquesa le +sobraban mundo, luces, experiencia, buen gusto y hasta <i>motivos +especiales</i>, «el mejor amigo» de su hija fue recibido por ella muy +cortés y cariñosamente.</p> + +<p>A los pocos días Ángel era también «el mejor amigo de la casa», y el +compañero inseparable de Luz y sus amigas en corrillos, fiestas y +paseos. No podían pasar las cosas de otro modo con un carácter como el +del «guardián del paraíso» de Luz.</p> + +<p>«Era un conjunto—escribe la marquesa—de enterezas y formalidades de +hombre, de sinceridades de niño y de entusiasmos de artista, envuelto en +un cendal de los más nobles y honrados pensamientos; pensamientos que se +le leían, aunque callara, como si su cerebro fuera urna de transparente +y limpio cristal. Era imposible no franquear todas las puertas de la +casa a un huésped como aquél, que llevaba todo su caudal de sentimientos +y de ideas a la vista y sin cerrojos.»</p> + +<p>Ya conocía la madre el génesis novelesco de la <i>amistad</i> de su hija con +él, y había hecho suma gracia a sus malicias de mujer de larga historia; +y le conocía porque Luz, que se había arriesgado a declararla lo más, +no tenía para qué ocultarla lo menos. Por cierto que se vio la pobre en +grandes apuros para pasar con el idilio entre las sonrisas cáusticas de +su madre, siguiendo el fantástico camino por donde habían llegado las +cosas al punto en que se hallaban.</p> + +<p>Pero, idilio o no, el desenlace era un hecho positivo y de una realidad +bien simpática para la marquesa, hasta aquellos momentos. En adelante ya +vería, según fuera descubriéndose lo mucho que aún ignoraba. Luz le +había presentado el mancebo con su nombre y apellido; pero como éste le +había sonado poco a fuerza de parecerle vulgar, ya se había olvidado de +él, hasta por costumbre de llamar al presentado por su nombre de pila, +que tan bien le cuadraba. Y esto era muy poco saber todavía.</p> + +<p>Las amigas de Luz y el novio de la mayor, desde la noche del baile se +bebían los vientos olfateando noticias del <i>aparecido</i> en el salón, por +supuesto que con la mejor de las intenciones; pero nada averiguaban de +fundamento, aunque por la playa corrían ya las versiones más estupendas +y contradictorias acerca de la procedencia y vicisitudes del novio de +Luz; que por esto solo, es decir, por ser el novio de la bañista más +hermosa y más visible de cuantas por allí se exhibían, tenía el triste +privilegio de atraer sobre sí todos los rigores de la curiosidad +desocupada.</p> + +<p>Entretanto, <i>él</i> y <i>ella</i> habían ido trocando poco a poco las tintas +ideales de sus alegorías, y buscando la comunicación de sus mutuos +sentimientos por otros carriles más humanos, aunque menos pintorescos; +se amaban a la manera de los mortales del mundo sublunar que se aman de +veras, sin afirmarlo a cada instante, pero sin vacilaciones ni recelos, +ni ansiedades locas ni exigencias ridículas. Luz hallaba menos cargado +de poesía este cuadro de la realidad que el otro de su fantasía; pero, +en cambio, le parecía más substancioso, y por ello no se lamentaba del +trueque. Verdad es que Ángel sabía mantenerla en tan buena conformidad +pintándola a menudo, y para lo porvenir, hasta panoramas enteros, que no +por desenvolverse en el prosaico mundo «de cal y canto», dejaban de ser +llamativos para la venturosa pareja que había de habitar en ellos.</p> + +<p>Cuando la marquesa comenzaba a echar de menos los pormenores que Luz no +podía darla sobre la procedencia del «mejor amigo» de ambas, se anticipó +el interesado mismo, en una ocasión bien elegida, cuando vino muy a +pelo, a sacarla de su apuro, relatándola con noble, sencilla y hasta +elegante ingenuidad, su filiación entera y verdadera.</p> + +<p>Esto ocurrió una tarde, en la intimidad de una conversación habida en el +mirador del gabinete de la marquesa entre ésta, su hija y el relatante, +al blando rumor de las ondas que venían a morir, deshaciéndose en ancha +faja de espumas, sobre la playa inmediata. He aquí la substancia de su +relato:</p> + +<p>Ángel era el menor de varios hermanos suyos, a quienes no llegó a +conocer, porque murieron siendo muy niños. El temor de que también él se +muriera, fue causa de que le guardaran sus padres como oro en paño. +Cualquier otro en su lugar se hubiera perdido con lo que se hizo con él +por el afán de conservarle. A él le salvó su naturaleza, francamente +refractaria a vivir bajo fanales. Nunca fue niño mimoso ni asombradizo, +aunque sí muy avaro del calor del hogar y de la familia. No llegó a +perdulario, ni con cien leguas; pero rompió muchos zapatos jugando en +las plazuelas con otros camaradas; se descalabró bastantes veces, y no +volvía a casa, de retorno de la escuela o del paseo, con la ropa más +limpia ni más entera que la de cualquier otro muchacho de <i>buenas</i> +agallas. Lo que nunca hizo fue negar en casa lo que había hecho en la +calle, ni quejarse contra nada ni contra nadie por sucesos de que él +solo tenía la culpa. Esta sinceridad le valió nuevas largas de quien +tenía derecho para atarle corto; pero él no las quiso, es decir, no usó +de ellas, porque le bastaba con las que ya tenía para expansión +necesaria de las fuerzas de su temperamento. Cumplió bastante bien con +sus deberes escolares. No descolló gran cosa entre sus condiscípulos de +primeras y segundas letras, pero tampoco fue de los últimos. Se creía +muy en su puesto estando donde estaba, y por eso jamás tuvo celos de los +que le precedían, ni miró con desdén a los que iban detrás.</p> + +<p>Cuando llegó el momento de elegir una carrera, hubo grandes porfías en +su casa. Todo parecía poco para él, y él, entretanto, tenía bien +limitadas las ambiciones sobre este particular; no sólo porque era cosa +convenida que no necesitaba la carrera para vivir a expensas de ella, +sino porque no quería echar sobre su cabeza mayor carga de la que +pudiera sufrir con desahogo. Fue siempre un enigma indescifrable para él +la convenida claridad de las matemáticas. Excusado era enderezarle por +este camino. Aun suponiendo que hubiera sido capaz (que no lo fue) de +penetrar los alambicados y abstrusos conceptos de la metafísica, +reputaba por perfectamente inútil en la práctica de la vida toda esa +jerga filosófica que ha tenido siglos enteros en perpetua disputa a la +mitad del mundo sabio, sin que haya quedado más fruto positivo y +tangible de tan larga y encarnizada batalla que un rimero de infolios en +latín, que van royendo poco a poco los ratones y las polillas. No tenía +estómago bastante fuerte ni entrañas del temple necesario para médico, +amén de que, como carrera de lujo, la de Medicina le parecía la menos a +propósito de todas las carreras. Y así, por este sistema de exclusión, +llegó a demostrar a su padre que él no podía ser otra cosa que +jurisconsulto, la carrera en que caben todos, los grandes y los +pequeños, los listos y los tontos, y los que se buscan el título como +puerta para salir a todos los campos de las humanas ambiciones, que no +eran pocas a la fecha.</p> + +<p>Y se hizo abogado en unos cuantos años de estudiar regularmente y de +asistir a cátedra con bastante puntualidad, sin pedir, por iniciativa +propia, más vacaciones que las de reglamento, ni perorar en los motines +universitarios, ni fomentar huelgas ni manifestaciones escolares de +ninguna especie, aunque obligado a servir de comparsa en las que le +tocaron en suerte.</p> + +<p>Siendo abogado a los veintidós años, ya no supo qué hacerse, y por hacer +algo tuvo serias tentaciones de abrir su correspondiente estudio; pero +no cayó en ellas, en primer lugar, porque con los aires de un largo +viaje que hizo por entonces para acabar de convencerse de que en el +mundo hay algo más que Madrid y sus afueras (lo cual no quieren creer +todavía algunos madrileños), se le modificaron mucho las ideas sobre el +bufete de letrado; y, en segundo lugar, porque ya le chisporroteaban en +la mente ciertos reflejos de otras regiones más altas y serenas que las +del foro; reflejos que, con el roce y continuo trato de personas +avezadas a vivir en ellas, llegaron a ser clara luz con la cual +descubrió nuevos mundos que le despertaban grandes apetitos en su +fantasía, y en los cuales eran desconocidos los procuradores y el papel +sellado.</p> + +<p>Felizmente, conservaba Ángel en toda su pureza la buena pasta de sus +primeros años. Continuaba conformándose con lo que en buena ley le +correspondía, y teniendo por precepto de ella el volverse a su puesto, +muy tranquilo, después de malogrársele su intento de valer un poco más, +bien convencido de que no todos los viandantes servían para todos los +senderos. De otro modo, no hubiera ganado para sustos, contrariedades y +descalabros; porque el mozo, en este particular, siempre fue curioso y +decidido.</p> + +<p>Antojósele que «también él» era poeta, porque era sensible y veía claro +en el espacio de las ideas. Allí estaban, y suyas podían ser como de +cualquier otro. Decidiose, y se apoderó de unas cuantas que mejor le +parecieron. Trabajo inútil. Lo que tan hermoso se le antojó disperso y +revoloteando en los cielos de su fantasía, entre manos profanas no era +más que un puñado de cosas descoloradas y deformes. Le faltaba el arte +con que vestirlas para que fueran la expresión exacta de lo concebido en +la mente, y esto no era ser poeta.</p> + +<p>Ya siendo estudiante se había creído capaz de ser pintor, porque +<i>sentía</i> y amaba a la naturaleza, y tributaba admiración y hasta +<i>saboreaba</i> las obras de los grandes maestros. Además, la herramienta de +este oficio le parecía de mayores recursos y más entretenida que la +pluma. Otro desengaño. ¡Siempre la idea desfigurada y confusa entre la +obscuridad de un arte deficiente! La misma dificultad con los colores +que con las palabras. Cuanto más trabajaba para dar relieve a las formas +de su pensamiento, más le desvanecía y le ahogaba entre la balumba de +las frases huecas o de los colores resobados. Esto no era ser artista.</p> + +<p>Otro en su lugar no se habría dado por vencido en estas luchas, y +hubiera inundado de coplas y de monigotes a España entera, para +ofrecernos en cada disgusto un testimonio de que él era tan poeta y tan +pintor como los mejores, o de que si no lo era todavía, lo iría siendo +poco a poco; pero Ángel, para honra suya y tranquilidad de los españoles +incautos, aprovechó las caídas para estimar el valor de lo que a él le +estaba vedado, y empleó las fuerzas que otro hubiera gastado en odiar a +los que eran lo que él no podía ser, en admirarlos quieta y +sosegadamente, porque sabían expresar las más altas ideas con los +procedimientos más sencillos. Y esto era ser poeta y ser artista.</p> + +<p>Antes que en pintor, había querido picar en músico; y en este intento, +aunque no llegó a dominar el arte, sacó mejores frutos que en los otros: +tenía paciencia, mucha <i>maña</i> y buen gusto, y el piano era un almacén de +sonidos <i>hechos</i>. De este modo, si no creaba, cuando menos se divertía +extrayendo del depósito las notas, concertadas por el orden que se le +señalaba en un papel. Llegó a ser un regular pianista.</p> + +<p>Después de su fracaso de poeta, quedábale el recurso de la prosa, que +parece ser <i>el prado del concejo</i> para todos los aficionados a retozar +en los campos acotados de las letras, y aun de las artes, las +<i>pedestres</i> inclusive. Ángel no llevaba a tal extremo sus aprensiones, +porque esto no cabía en un mozo de tan buen sentido; pero muy cerca le +andaba cuando consideraba el caso desde lejos. Por de pronto, creía que +sin las trabas del metro y de la rima, el ropaje de la idea era mucho +más fácil de cortar. En la prosa, el arte, si arte se necesitaba para +manejarla bien, era llanote y campechano; las pruebas abundaban, al +decir de las gentes, de que en España bastaba querer para convertirse un +zapatero en <i>literato distinguido</i>; y esto no sería del todo exacto por +lo tocante a los zapateros; pero podía serlo por lo tocante a él, que +había cultivado la inteligencia, conocía bastante bien la lengua en que +pensaba, y hasta sabía distinguir los libros escritos con arte de los +<i>emplantillados</i> por zapateros.</p> + +<p>Y se atrevió con una novela, cuyo asunto vela <i>bastante claro</i> en su +cabeza. Cuestión de coger aquellos personajes, decir <i>cómo</i> eran, dónde +vivían y de qué modo; de qué pie cojeaba cada uno, y moverlos de acá +para allá, lo mismo que se mueven las gentes en el mundo, al compás de +sus necesidades y según lo pidan sus virtudes o sus pasiones. Nada más +sencillo ni hacedero. No se lo parecería tanto sí se tratara en la +novela de cosas del otro jueves: de laberintos de sucesos, de lances +inesperados, de sorpresas deslumbradoras y espantables, obra para la +cual se exige una fuerza inventiva de todos los demonios, y hasta un +acopio de auxiliares mecánicos que no se hallan ni se construyen en los +talleres de un novelista cualquiera.</p> + +<p>La armazón de la novela de Ángel era la siguiente: un comerciante muy +rico tenía una mujer muy guapa, la cual mujer era, además, ligera de +cascos. De este matrimonio nació una hija que llegó a ser moza, sin que, +su madre se recatara de ella todo lo que debía para entregarse a sus +liviandades, que iban de mal en peor y al cabo llegaron a matar de +pesadumbre y de vergüenza al pobre comerciante. A la hija la pretendió +un abogadete poco aprensivo; la pretendida le quiso y llegó a casarse +con él; al poco tiempo de casada la galanteó un coronel muy guapo: a +ella le gustaba mucho el coronel, que era mejor mozo que su marido; y +porque le gustaba y estaba muy hecha a considerar, en el ejemplo de su +madre, que el ser mujer casada no impide enamorarse de <i>otro más</i>, +aceptó los galanteos del coronel, el cual desorejó en un duelo al +abogado ofendido, por habérsele quejado éste de la ofensa. Cuando se +cansó del coronel, amó a un ingeniero civil, y después del ingeniero a +un periodista, y así sucesivamente hasta un torero de fama; porque el +público llevaba una cuenta minuciosa de todas esas prodigalidades +amorosas, aunque la pródiga pensaba que nadie se las veía. Con este caso +bien podía darse a entender, sin declararlo con la pluma, que, sin un +milagro de Dios, de madre mala no puede nacer hija buena, porque aun sin +contar con lo que influye en las inclinaciones de las segundas el mal +ejemplo de las primeras, hay quien cree que los vicios se heredan como +las escrófulas y la tisis. Pero la esposa del abogado tuvo también una +hija, y ésta hija era guapa y parecía muy buena. Por de pronto, se había +educado de muy distinta manera que su madre: lejos de ella y del ruido +de los escándalos. De esta chica se enamoraba un forastero, ignorante +de todo lo que pasaba y había pasado en aquella familia; el forastero +era guapo mozo, muy honrado y sumamente noble y sencillo de carácter, +por todo lo cual la chica llegaba a quererle con todo su corazón... Y +aquí entraba la dificultad que había sumido al autor en grandes dudas. +¿Qué hacía con la pareja de enamorados? ¿Conservaba al novio en su +ignorancia y los casaba, exponiéndole por toda su vida a la +conmiseración ultrajante del público, que estaba en autos, cuando no a +más graves peligros si la cabra tiraba al monte a lo mejor? ¿Le enteraba +de todo? Y en este caso, ¿qué hacía el pobre muchacho después de poner +en horrible lucha a su corazón con sus naturales repugnancias? +¿Renunciaba a la hija, que era buena, por los pecados que había cometido +su madre? Y en caso afirmativo, ¿disculpaba su resolución con la verdad? +procediendo así, ¿qué hacia <i>ella</i>? ¿Le culpaba a él, o culpaba a su +madre? ¿La mataban el dolor y la vergüenza, o se resignaba y vivía? No +había lucha ni vacilaciones en el novio después de descubrir lo que +ignoraba, y entraba <i>con todas</i>, porque su amor le cegaba: ¿era su +papel, en este supuesto, más airoso que el de casado en la ignorancia de +lo que ahora conocía? ¿Salía buena su mujer, o salía mala? ¿Cuál era lo +más natural, lo más humano, lo verdadero, teniendo en cuenta que su obra +no había de ser un libro de <i>tesis</i>, sino la exposición amena de algunos +sucesos arrancados de la realidad de la vida?</p> + +<p>Dejando estas dudas sin aclarar por de pronto, y muy confiado en que la +fuerza misma de las cosas al tratar de ellas le daría resueltas las +dificultades, comenzó a escribir la novela... ¡Otra sorpresa más y un +nuevo desengaño! Con saberse todo el Diccionario de la Lengua y conocer +al dedillo personas y lugares, los retratos y pinturas de ellos, más +que cuadros de color, le resultaban <i>inventarios</i> de escribano. También +allí hacia falta el arte, y mucho arte; porque hasta que lo tocó con las +manos no pudo convencerse de que lo más sencillo y trivial a la simple +vista, lo que estamos contemplando a todas horas, porque vivimos entre +ello, es lo más difícil de pintar en un libro.</p> + +<p>Entonces arrojó la pluma pecadora y se curó de toda tentación de meterla +en donde no la llamaran; pero, en cambio, fue desde aquel momento un +devoto, hasta lo místico, del arte en todas sus verdaderas +manifestaciones, sin temores ni barruntos de que pudiera incurrir jamás +en el feo vicio de profanarle con atrevimientos de <i>aficionado</i>, y con +la lícita vanidad de ser el único español que, pudiendo, no había +molestado a la <i>paciencia pública</i> con una sola «<i>muestra</i> de su +menguado ingenio».</p> + +<p>Yo no sé si parecerá bien a los lectores de cierta contextura, que un +mozo como Ángel les fuera con aquellas puerilidades y estas retóricas a +dos señoronas de Madrid que estaban pasando una temporada en una playa +de baños, y entretenidas en ver desde el mirador de una fonda cómo +rompían las olas del mar, allí cerca; pero, poniéndome en el peor de los +casos, quiero que consideren aquellos caballeros que de todo se puede +hablar con señoras, por aburridas que estén, hasta del <i>teorema de +Sturm</i>, que es la materia más desabrida que yo conozco; porque el +peligro de cansar al prójimo no está en lo que se le cuente, sino en el +modo de contárselo, y puedo certificar que el relato de Ángel, por lo +fresco, por lo natural, ingenuo y desenfadado, fue oído por las damas +sin desperdiciar punto ni coma. Por otra parte, ¿de qué había de hablar +en aquella ocasión un mozo sin historia, a dos mujeres que estaban +interesadas en conocer hasta su modo de dormir?</p> + +<p>¡Vaya si les iba cautivando la atención! Tenía que leer la cara de la +marquesa, particularmente cuando el relatante expuso el plan de su +malograda novela y apuntó las dudas que le asaltaron en lo más +interesante. No parecía sino que se había ideado para ella ¡Qué demonio +de chico, por dónde había ido a tomar el punto; y de qué manera tan +fácil podía llegar a ser un hecho la ficción aquella, sin haberse +escrito todavía, y a resolverse en su casa, por la marcha fatal de los +sucesos, la dificultad que no había acertado a resolver él en sus +especulaciones imaginativas! ¡Tendría que ver eso!</p> + +<p>Luz, aunque nada temía por este lado, no por ello se interesaba menos +que su madre en los relatos de Ángel. Veíale entre ellos adelantar +rápidamente en su ya comenzada metamorfosis de ente ideal en hombre vivo +y efectivo, y no la desilusionaba pizca la realidad que se iba +descubriendo.</p> + +<p>Siguiendo el mozo su historia, dijo que entre sus tentativas de poeta y +de novelista fue cuando conoció a Luz, al salir ésta un domingo de las +Calatravas. Se metió en el carruaje que la aguardaba en frente, y +desapareció calle abajo. Ángel sólo tuvo tiempo para admirarla y para +saber su nombre. Le oyó pronunciar en un corrillo de desocupados que la +conocían. Otra vez la vio en un teatro, al cual había él llegado a +última hora. Ninguna de las pocas personas a quienes pudo preguntar +sabían quién era. Esto no debía extrañar a la marquesa. Su mundo estaba +muy lejos del mundo de Ángel, y los amigos de éste eran muy contados, +porque muy pocos eran también los que se avenían a su manera +<i>provinciana</i> de vivir en la corte.</p> + +<p>Y no volvió a ver a Luz; pero lejos de borrársele su imagen en la +memoria, más se ahondaban sus trazos cada día al calor del pensamiento, +que no se apartaba de ella un solo instante. Llegó a creer que en aquel +señorío que el recuerdo de Luz había hecho de su corazón y de su +fantasía, había algo de inspiración sobrehumana. Aceptolo así; y con +ando a esta idea todos los entusiasmos que cabían en su alma virgen, +llegó a convertirla en culto fervoroso y apasionado. Esto podría tener +sus puntas de romántico y sus lados de inocente; pero así era la verdad, +y verdad muy agradable para él. Tenía ciega fe en que había de hallar a +Luz algún día, y en que, después de hallada, no había de desconocerle. Y +salió a buscarla, sin impaciencias, por aquel camino que eligió a la +casualidad. Apenas llegó, oyó hablar de ella y hasta supo cuál era su +linaje. No se desanimó al conocerle, ni dudó que aquella Luz de que +hablaban pudiera ser otra Luz que <i>ella</i>. Y así sucedió.</p> + +<p>Lo demás no tenía para qué referirlo, porque ya lo sabía Luz... y su +madre también.</p> + +<p>A estos informes particularísimos de su persona añadió algunos otros que +pudieran llamarse <i>de familia</i>.</p> + +<p>Su padre era un bendito de Dios, y su madre otra que tal, en el fondo, +pero algo más áspera y sombría en las formas. El uno y la otra no vivían +ya sino por él y para él. No querían que se contagiara de la vida que +ellos hacían, modesta y retirada; les gustaba que fuera más <i>corriente</i> +y algo mundano, y al mismo tiempo temían verle muy metido en el mundo +por los peligros que soñaban en él, particularmente su madre, que era +demasiado recelosa y aprensiva. Ángel procuraba acomodarse a este tira y +afloja a que querían someterle, y lo conseguía sin gran esfuerzo, porque +tenía todo lo suficiente para sus necesidades mundanas, escogiendo entre +lo mucho lícito y honrado que en el mundo había.</p> + +<p>Por aquellos temores, más llevaderos en el padre que en la madre, +ansiaban los dos porque el hijo tropezara pronto con su <i>media naranja</i>. +Solamente viéndole casado, y <i>bien</i> casado, se atreverían a conceptuarle +seguro.</p> + +<p>Y aquí se calló el relatante, porque ya no tenía más que decir, a su +juicioso entender. Sin embargo, la marquesa echaba de menos un detalle +de gran monta allí; detalle que si Ángel no le había omitido, ella le +había olvidado ya. En la duda, le preguntó con dulcísima afabilidad:</p> + +<p>—¿Cómo dijo usted—porque soy muy flaca de memoria para nombres—que se +llamaba su padre?</p> + +<p>Y Ángel, que tampoco se acordaba si lo había dicho o no, y temiendo en +este último caso que se atribuyera la omisión a un motivo que no cabía +en la nobleza de su alma, aceptó con gusto la fórmula que le dio en su +pregunta la marquesa, para responder cuanto podía venir allí muy al +caso, sin que se tomara en mal sentido la respuesta:</p> + +<p>—Santiago Núñez, antiguo droguero de la calle de la Cruz, y hoy +dedicado a negocios de pasatiempo, en la calle Imperial, 15, segundo, +derecha, que es la casa de ustedes, con permiso de mi padre, que no +desautorizará mi ofrecimiento.</p> + + + +<h3><a name="XIa" id="XIa"></a>XI</h3> + + +<p>Un mozo rico, muy guapo, de alma noble, de claro y bien cultivado +entendimiento, sin gota de sangre azul en las venas y sin trato ni +conexiones de ninguna especie con el «gran mundo», era cuanto, puesta a +soñar, hubiera soñado <i>la Montálvez</i> para novio de su hija. Y este novio +existía de verdad, y amaba a Luz, y Luz estaba enamorada de él.</p> + +<p>Hasta aquí el asunto iba rodando sobre carriles de seda y oro. Pero +Ángel, el autor de aquella novela nonata, en la cual se hilaba tan +delgado a propósito de las hijas buenas de madres malas, resultaba, a +última hora, pedazo de las entrañas de aquel <i>espectro</i> que parecía no +tenerlas para las madres pecadoras, y que la marquesa no podía olvidar, +con no haberle visto más que una vez; y con este <i>resultando</i> y aquellas +dudas novelescas del mozo, ya el asunto cambiaba de aspecto y de +marcha, y hasta cabía pensar en que descarrilara, si el diablo se metía +por medio con una de las suyas. Por de pronto, solamente al diablo se le +podía haber ocurrido la idea de que tantas y tan buenas prendas +estuvieran reunidas en un hijo de aquel otro demonio, y que este hijo se +le hubiera metido a ella por las puertas, y hasta en lo más hondo del +corazón de Luz. ¿Por qué no le había parido otra madre más humana? Y +¿cómo se concebía que pudiera nacer tan hermosa rama de tan feo tronco? +Caprichos de la naturaleza.</p> + +<p>A todo esto, la marquesa estaba ya, de vuelta de sus baños, en su casa +de Madrid; la cual casa frecuentaba mucho Ángel, porque para eso le +había sido ofrecida por la amable señora. ¡Y qué bien se acomodaba el +mozo a aquellos ambientes refinados que tan nuevos eran para él! Verdad +que, fuera del aparato escénico que ya nos es conocido, no había en las +costumbres de la casa de Luz la menor singularidad que pudiera +extrañarle ni aturdirle.</p> + +<p>La mayor parte de las noches la madre y la hija se las pasaban sin salir +y eran contadísimas las personas que las visitaban: señores mayores, muy +sosegados y juiciosos, y muy atentos y muy amables con él. Algunas +señoras por el estilo andaban por allí de vez en cuando, y, más de tarde +en tarde, dos, como de la edad de la marquesa, jamonas tan de <i>buen ver</i> +todavía como ella. La una era rubia, condesa viuda de Camposeco; pero la +marquesa siempre la llamaba por su nombre de pila: Sagrario. Gastaba muy +buen humor, y solía decirle cuchufletas; lo mismo que a los demás. La +otra, también viuda y también titulada, aunque por derecho propio, +marquesa de Espinosa, y también llamada por la de Montálvez por su +nombre de pila, Leticia, era muy distinta de Sagrario: menos +estrepitosa, más seria y, quizá, mejor tipo. Tenía unos ojos negros y +escrutadores que punzaban al mirar, correctísimas facciones, algo +morena, y muy esbelta todavía. Observaba mucho y hablaba poco; pero esto +poco resultaba esculpido. Con él, con Ángel, estaba sumamente amable, y +cuando no le hallaba hablando con Luz, le llamaba para que se sentara a +su lado. Le hacía muchas preguntas sobre su modo de vivir, sobre el +origen de su enamoramiento y sobre el de Luz, y parecía interesarse +profundamente por los dos, y con este motivo le daba consejos, y muy +juiciosos; a veces, hasta le floreaba todo cuanto cabía en una señora +tan discreta y tan... últimamente mostraba gran empeño en que fuera de +vez en cuando por su casa. No le pesaría. Había en ella buenos cuadros, +bronces de mérito, encuadernaciones y grabados que merecían verse por un +hombre de tan nobles aficiones y de tan buen gusto como él; sólo que +Ángel, aunque muy reconocido a tan inmerecidas deferencias, no se +atrevía a abusar de ellas ni juzgaba que debía hacerlo <i>por entonces</i>. +Temía adquirir nuevos compromisos de sociedad, cuando su trato con la +marquesa de Montálvez era todo cuanto podía soportar sin trastorno +considerable del método de vida que se hacia en su casa. Más adelante ya +sería otra cosa... y hasta conveniente para él. ¿Quién dudaba que era +provechosa la amistad bien cultivada de una persona tan distinguida, +discreta e influyente como aquella señora?</p> + +<p>Además, o era aprensión suya, o la marquesa de Montálvez no ponía tan +buena cara a estas dos amigas como a otras que también la acompañaban a +ratos; y por si el recelo era fundado, trataba de intimar lo menos que +podía con ellas, y jamás hablaba a la marquesa de las confianzas y +deferencias con que Leticia le distinguía.</p> + +<p>También era visita de la marquesa el señor don José Celestino de Guzmán, +el amigo de su padre... y de él, salvas las debidas distancias. ¡Con qué +gusto le vio aparecer allí una noche! ¿Y quién se <i>lo</i> había contado? +Porque el señor de Guzmán <i>lo</i> sabía <i>todo</i>, a juzgar por algunas cosas +que le dijo entonces, y otras varias que le fue diciendo después. +Preguntole una noche, sonriendo, si <i>lo</i> sabían en su casa, y Ángel le +dijo que no. Otra vez, y también muy risueño, le preguntó si creía que +podría servirle de <i>algo</i>... para allanarle el camino, por ejemplo; y +Ángel, sin detenerse a poner en claro de qué camino se trataba, +apresurose a responder que sí; pero a su <i>tiempo</i>, si fuera necesario: +por de pronto, quería ser él quien diera la sorpresa a su familia, y +contaba con que la sorpresa fuera grata.</p> + +<p>Con ser Guzmán el que menos andaba por allí, en opinión de Ángel era el +mejor recibido de todos los visitantes de la casa, particularmente de +Luz. ¡Cómo le quería... y cómo la mimaba él!... Lo mismo que hija y +padre. ¡Y qué bien le sentaba al señor de Guzmán el papel de padre de +una hija como aquella! ¡Si, por una rara casualidad, hasta se +parecían... y mucho! Según le refirió la marquesa, a Luz la había +conocido y tratado él desde que era muy niña. Por eso se querían tanto. +Lo que era una compasión, a juicio de Ángel, que siendo viuda la +marquesa y soltero su amigo, no hubieran tenido la ocurrencia de +casarse. Formarían una excelente pareja...</p> + +<p>Pero ¿de dónde habían sacado las personas que Ángel trataba fuera de +allí, que las gentes del «gran mundo» eran unas tales y unas cuales? ¿De +dónde lo había sacado su madre, que las tenía siempre entre cejas? A +juzgar por lo que iba observando él en aquella muestra, ¿qué mayor +llaneza, qué mayor afabilidad en el trato, ni qué mayor sencillez de +costumbres? Cuidado que en aquella casa hasta se rezaba bien a menudo. +Varias veces había llegado él en ocasión de estar la madre y la hija en +el oratorio; porque hasta oratorio tenía la casa de la marquesa de +Montálvez... ¡Ah!, si las personas mal informadas, si su aprensiva madre +pudieran ver lo que él iba viendo tan despacio y tan desapasionadamente, +¡qué diversos serían sus juicios sobre aquel delicado particular!</p> + +<p>Muchas veces estuvo a punto de hablar con ella de estas cosas; pero +siempre había concluido por considerarlo fuera de sazón <i>todavía</i>. Por +eso ni su padre ni su madre estaban al tanto de lo que pasaba. +Sospechaban que <i>había algo</i>, porque Ángel era muy <i>otro</i> de lo que fue, +por el desarreglo de sus horas, por sus arrobamientos y preocupaciones y +hasta por el modo de vestir; pero nada más. Echábanle saetillas bien +intencionadas en la mesa y en los ratitos de conversación que había a +menudo entre los tres; pero la buena parte iban con indirectas ¿No le +veían risueño, no le veían gozoso y no estaban siempre hurgándole para +que saliera en busca de su <i>media naranja</i>? Pues si de estar buscándola +ya se trataba, como ellos iban sospechando, y le veían lúcido, sano y +contento, ¿qué más necesitaban saber por de pronto? Ya se andaría lo que +faltaba por andar; ya les daría la sorpresa de las sorpresas cuando +fuera la hora de dársela...</p> + +<p>Pero ¿por qué lado la tomarían entonces? Estaba seguro de haber oído +hablar más de una vez en su casa de la marquesa de Montálvez, no +recordaba si para bien o si para mal, ni con qué motivo, porque no se +fijaba nunca en el tema de las conversaciones que no le interesaban +probablemente sería para mal, porque, para bien, jamás tomaba en boca su +madre el nombre de ninguna señorona. Manías sin importancia de la pobre +mujer.</p> + +<p>Entretanto, que continuara aquella casi muda porfía que aguzaba los +apetitos de la curiosidad de los cariñosos viejos con lima de mayores +dientes cada día (y ya duraba cerca de cuatro meses la labor +destructora), y que le dejaran apurar hasta la última gota de la miel de +sus amores castos, la cual le brindaba nuevas dulzuras a cada momento.</p> + +<p>Porque Ángel, artista de corazón y con el pecho atestado de impresiones +vírgenes y profundas, estaba maravillado de ver cómo aquella flor +purísima iba desplegando sus hojas al calor del nuevo sol, y absorbiendo +con avidez la luz y el ambiente del desconocido mundo, a medida que se +ensanchaba y crecía sobre su tallo oscilante.</p> + +<p>Estas metáforas eran de Ángel. Luz era la flor; el amor de Ángel, es +decir, Ángel entero y verdadero, el sol que la esponjaba; y el ambiente +y la luz, los cuadros de humana realidad con que él iba despertando a la +cándida soñadora de paraísos alegóricos.</p> + +<p>Ya habían concluido entre los dos los temas de aquel colorido +fantástico: se habían bajado a la tierra de los mortales; y era de +admirar el relieve y la vida que había adquirido la belleza de Luz con +este cambio de residencia y de clima. Hasta se sonreía cuando Ángel +evocaba aquellas imágenes idílicas para compararlas con las realidades +presentes.</p> + +<p>—Y has de concluir por borrarlas de tu memoria—la dijo una vez el +entusiasmado mozo.</p> + +<p>—¡Eso no!—respondió Luz con gran vehemencia—. ¡Cómo he de olvidar yo +que <i>por allí vinimos</i>?</p> + +<p>Y Ángel no acertó a responder con palabras, ni se atrevió a sustituirlas +con el único medio, sobrado terrenal, que se le ocurría, de beberse la +respuesta de Luz para refrescar sus ideas.</p> + +<p>Así fueron corriendo estos trámites, que parecían no tener fin, porque +en un alma como la de Luz siempre hallan tesoros nuevos corazones tan +honrados y tan novicios como el de Ángel; pero si no se columbraba el +fin, había que salir a buscarle; y Ángel dio los primeros pasos con esos +rumbos, bien resuelto a no detenerse en el camino. Lo que él entendía +por su deber, que acaso fuera una necesidad mal comprendida, le imponía +esta resolución.</p> + +<p>Luz no se desorientó tampoco en el nuevo terreno a que la llevó la +consulta de Ángel. No llegaba su inocencia al extremo de ignorar a dónde +se iba por donde ellos andaban con un mismo impulso y una sola +voluntad. ¿Pensaba él que ya era hora de poner fin a aquella placentera +jornada de su viaje y de emprender otra nueva y más agradable todavía? +Pues bien pensado estaría. Todo era creíble para Luz, menos que Ángel y +ella no fueran una misma cosa, con un mismo corazón y un mismo +pensamiento; que lo que les estaba pasando a los dos no fuera lo que +debía pasar, ni que hubiera en el mundo suceso ni contrariedad +destinados a impedirlo. ¿Quién, ni qué se resiste contra el ambiente que +se respira y el sol que alumbra? Pues como el sol y el ambiente eran +para ella la vida y el amor de Ángel: elementos naturales y necesarios +de su propia existencia.</p> + +<p>Y esto se lo contaba ella a él a su modo; pero tan sencilla y +desembarazadamente como si el ocultárselo le fuera tan imposible como +dejar de verle cuando le estaba mirando. Con lo que Ángel acabó de +perder los estribos, y se fue poco después, despidiéndose con desusado +acento «hasta mañana», dejándola el corazón entero en una frase, y +llevándose la energía de los grandes héroes en un propósito.</p> + +<p>Recién llegada Luz de su expedición de verano, se había hecho retratar a +gusto de Ángel: de cuerpo entero y con un vestido de falda bien plegada, +sin pabellones, frunces ni embutidos en ninguna parte; la caída natural +de los paños, y el cuerpo ajustado y descubierto; la cabeza sin más +adorno que una flor, y el pelo sin artificios piramidales, ni greñas de +estúpido ganapán sobre la hermosa frente; la actitud sencilla y la +mirada fija en <i>él</i>. Esto le pareció un poco difícil de conseguir a Luz +no estando presente Ángel; pero Ángel, que ya contaba con la dificultad, +tenía bien estudiado el modo de vencerla, y de vencerla al tenor de sus +deseos. «Para retratarte así, la encargó, vuélvete con la imaginación a +tu paraíso, y mírame desde la azotea de tu <i>chalet</i>». Y eso hizo Luz, de +muy buena gana; y por eso resultó su cara en el retrato con la expresión +de la de una virgen ideal de las Catacumbas, en sus arrobamientos +celestiales.</p> + +<p>Ángel llevaba siempre consigo y sobre el corazón un retrato de estos; y +en contemplarle en la soledad de su cuarto se le iban las horas muertas: +de modo que, con las que invertía en conversar con el original, casi se +le pasaba el día sin separarse de Luz... y la noche también, porque en +cuanto se dormía el bendito de Dios, ya estaba soñando con ella.</p> + +<p>Pues bien; en la virtud de este retrato confiaba grandemente el hijo de +don Santiago Núñez para facilitar sus primeras exploraciones en el ánimo +de su madre.</p> + + + +<h3><a name="XIIa" id="XIIa"></a>XII</h3> + + +<p>Sobre este apreciable matrimonio apenas se veía la huella del tiempo +corrido desde que el lector le conoció, con motivo de una visita que le +hizo la marquesa de Montálvez. Un poco más enjuto y encanecido don +Santiago, y menos entregada a su vicio calcetero la indestructible y +petrificada doña Ramona. En todo lo restante, lo mismo que siempre: los +mismos entretenimientos, las mismas costumbres y hasta los mismos +muebles en el despacho del antiguo droguero... y las mismas alternativas +reumáticas, aunque algo más acentuadas de gotosas cada vez, en la misma +simpática persona; en el cual despacho acababan de desayunarse marido y +mujer en el momento en que vuelvo a poner al lector en su presencia.</p> + +<p>La noche antes había llegado Ángel a casa más desasosegado y distraído +que de costumbre: cenó poco, habló menos y sin venir al caso; tan pronto +sonreía como se le nublaba el gesto y se estremecía todo... Y así se fue +a la cama.</p> + +<p>De eso estaban hablando cabalmente su padre y su madre todavía, cuando +se les presentó Ángel muy risueño, pero no muy tranquilo, a juzgar por +ciertas señales. El tal mozo era la alegría de la casa, y no hay para +qué decir cómo fue recibida allí su sonrisa, después de los extraños +celajes de la noche anterior. Pero extraña era también, en las +costumbres domésticas de Ángel, la visita al despacho de su padre a +aquellas horas; y en ello convinieron don Santiago y su mujer con una +mirada que cambiaron entre los dos, y que al propio tiempo quería decir: +«¿qué diablos le pasará a este chico?»</p> + +<p>Y el chico comenzó a dar cuenta de lo que le pasaba, poniendo en manos +de su madre después de estamparla un beso en la frente, como lo tenía +por costumbre, y de recibir otro en cada mejilla, el retrato de Luz.</p> + +<p>—Vea usted eso—dijo con voz temblorosa y sonriendo al entregárselo.</p> + +<p>La Esfinge tomó la tarjeta, púsola a conveniente luz, y clavó en el +retrato la vista a través de sus anteojos, con una fijeza tan +inalterable y dura, que Ángel hubiera jurado que le hacía daño en el +pecho y que por eso latía su corazón tan desacompasadamente.</p> + +<p>Don Santiago, vencido por la impaciencia, levantose del sillón, y por +encima del hombro de su mujer se puso a contemplar también el retrato. Y +así se estuvieron un par de minutos sin decir palabra: la Esfinge, con +su ceño indescifrable; su marido, con la boca desplegada y los ojos muy +abiertos, y Ángel mirando al uno y a la otra, temblándole las piernas y +con el corazón dale que dale.</p> + +<p>Al fin se movió doña Ramona para alejar un poco más la fotografía; y, +sin dejar de contemplarla, exclamó con un entusiasmo que no era de +esperar en ella:</p> + +<p>—¡Dios mío, qué criatura más angelical!</p> + +<p>—¡De verdad es primorosa!—dijo don Santiago cogiendo la tarjeta y +acercándose al balcón para examinar el retrato más a su gusto.</p> + +<p>—¡Y qué humildemente vestida y peinada está!—añadió la Esfinge al +soltar de su mano la tarjeta.</p> + +<p>—¡Y qué dulzura de semblante y qué mirar de Niño-Dios!—dijo don +Santiago desde el hueco donde estaba embutido ya.</p> + +<p>Ángel sintió en su pecho cuatro porrazos seguidos y tremendos, uno por +cada exclamación, que le retumbaron en la cabeza. Pero aquellos golpes +no le dolían ni le incomodaban.</p> + +<p>—Corriente—dijo en seguida su madre, mirando al extasiado mozo, y como +si respondiera a las palabras de él cuando la entregó el retrato—; y +¿qué significa... <i>esto</i>?</p> + +<p>Entonces Ángel se sentó a su lado; y con muchas zalamerías, convirtiendo +con gracia y con habilidad el tema de la <i>media naranja</i>, tan repetido +en su casa, en disculpa y germen de todo lo sucedido después, comenzó la +historia de ello; pero desde muy atrás: desde el punto y hora en que +conoció a Luz a la puerta de las Calatravas, callándose discretamente +apellidos y seriales para que no saliera lo tapado antes del momento en +que debía salir.</p> + +<p>Ya estaban los padres de Ángel enterados de casi todo lo que deseaban +saber: por qué trasnochaba; por qué se vestía con tanto esmero; por qué +andaba como desvaído a veces, y a veces hecho un cascabel, y hasta +sabían por qué había llegado a casa la noche antes tan atolondrado y +nervioso. Y no sólo lo sabían, sino que lo aprobaron y aun lo +aplaudieron.</p> + +<p>Corriente; pero ¿a qué puertas había ido a llamar Ángel? ¿Quién era +ella?</p> + +<p>Y Ángel, que no tenía motivos racionales para callarlo ya, lo dijo hasta +con entusiasmo.</p> + +<p>La Esfinge dejó caer de sus manos la media que había cogido para +entretenerse mientras hablaba Ángel, y don Santiago, que, aunque, vuelto +a su sillón, todavía lanzaba ojeadas al retrato de Luz colocado sobre la +mesa, volvió la mirada, mirada de angustia y desconsuelo, hacia su +mujer, cuyo rostro daba frío, pero frío de tumbas y de subterráneos.</p> + +<p>—¡Hijo mío!—exclamó llevándose las manos de esqueleto entrelazadas +hasta cerca de su boca—, si lo que nos has descubierto es la verdad; si +la quieres como nos aseguras, más te valiera no haber nacido; y ya que +naciste, más nos valiera a todos que te hubieras muerto sin penas, a la +edad en que se llevó Dios a tus hermanos.</p> + +<p>Ángel pensó entonces que la luz del sol se apagaba para él, y que la +tierra se hundía bajo sus plantas. Contaba con que su madre había de +poner tachas a Luz tan pronto como conociera de qué tronco procedía, +porque las tachas de este linaje eran la manía de la obcecada señora; +pero en aquellas palabras, en aquella actitud, en la angustia bien +visible de su padre, había mucho más que un resabio que se vence con la +reflexión y la fuerza del cariño: había escollos infranqueables, simas +negras en que ya se vela precipitado el pobre chico con la carga +dulcísima de sus primaverales ilusiones. El instinto de la vida, porque +lo contrario era su muerte, le dio alientos para asomar los ojos al +abismo y medir con la mirada su verdadera profundidad. Pidió a su madre +la razón de sus palabras, tan preñadas de obstáculos desconocidos para +él, y su madre, más justiciera que compasiva, ahondó el abismo clavando +a la marquesa de Montálvez en la picota de su indignación y +acribillándola allí con una granizada de crueles vituperios.</p> + +<p>Quedábale al hijo el pobre recurso de atenuar la gravedad de los cargos +con la supuesta propensión de su madre a pensar mal de ciertas señoras, +y eso trató de hacer; y como también contaba con el amparo de su padre, +a él volvió los ojos suplicantes, mientras hablaba lo poco que se le +ocurría.</p> + +<p>Y el padre, aunque no estaba menos angustiado que su hijo, también tuvo +una nueva puerta que cerrarle y un nuevo clavo que hundir en su corazón.</p> + +<p>—No, no es eso que tu crees, hijo mío. ¡Ojalá lo fuera! Tu madre, +desgraciadamente, no habla ahora sin muy graves fundamentos. Yo no iré, +sin embargo, en ciertas cosas, tan lejos como va ella; pero estamos +enteramente conformes en cuanto a lo principal, que es muy grave; tanto, +que necesitas conocerlo, y lo vas a conocer sin tardanza, por mucho que +te duela oírlo y a mí me aflija el contártelo.</p> + +<p>Y aquí comenzó el buen hombre a referir cosas que dejaban espantado al +pobre mozo, no sólo por lo que de espantable llevaban las cosas en sí +mismas, sino también por oírlo de unos labios de los cuales había +esperado él, no heridas nuevas, sino bálsamo para curar las que le +habían hecho las palabras de su madre.</p> + +<p>—Pero esas noticias—dijo con voz poco segura Ángel, resuelto a +defender uno a uno todos los portillos de su arruinada fortaleza—, +pueden ser inexactas..., lo serán indudablemente. Yo sé cómo se vive en +casa de esa señora: allí no hay rasgos ni vestigios de esas enormidades +que usted me ha referido; se hace una vida sosegada y metódica, una +verdadera vida de familia..., se reza.</p> + +<p>—Sí—clamó entonces la voz lúgubre de la Esfinge—: también el diablo, +harto de carne, se metió a fraile; pero diablo fue siempre.</p> + +<p>—Se rezará, no lo dudo—dijo don Santiago interrumpiendo a su mujer—, +y se hará la vida ejemplar que tú has visto, hijo mío; pero lo hecho, +hecho está, y la obra del demonio a la vista queda para escándalo de las +gentes honradas, aunque la pecadora se vuelva a Dios cuando ya no sirve +para el mundo. Con todo, entiéndelo bien, yo no te culpo ni te acrimino: +eres mozo sin experiencia, y te enamoraste a los primeros pasos que +diste fuera de tu hogar: no es extraño que hayas sido y todavía seas +ciego y sordo, y que no veas ni oigas lo que tanto suena y has tenido +delante de los ojos. Yo también dudé al principio, porque conocía a esa +señora..., la conocí aquí mismo, ahí donde estás tú sentado; y aunque la +vi derrochadora, no la creí capaz de otros pecados más feos. Tuve varios +negocios con ella, y éstos me obligaron a visitarla en su casa muchas +veces; y en su casa andaba una víbora de las que muerden el seno que las +ha dado calor: un mayordomo que, según informes que después adquirí, +había perdido la confianza de su señora, con grandes motivos para ello. +Este mayordomo, nada conforme con que la marquesa tratara directamente +conmigo negocios que antes arreglaba él a su gusto con usureros, para +estafarla entre todos, fingiendo llorarme lástimas de ella como para +interesarme más, pero con bien contrarias intenciones, me fue imponiendo +minuciosamente de los percances más gordos de su azarosa vida. Ya era +administrador y mayordomo de la casa cuando nació la marquesa: ¡figúrate +si, estaría bien enterado! Sin embargo, me resistía a creerle; pero como +me importaba salir de dudas, por la índole misma de los negocios que +traíamos entre manos esa señora y yo, acudí a otras fuentes; y bien +pronto me convencí de que el pícaro administrador todavía se había +quedado corto en sus informes. Tan sonada era en Madrid la fama de la +marquesa, que todos los informantes se extrañaban de que no la conociera +yo. ¿Qué había de conocer metido en estos rincones, tan apartados del +bullicio de las gentonas como del otro mundo! Lo del banquero, lo sabía; +es decir, sabía que era un bribón y que se había largado de la noche a +la mañana temiendo que le desollaran vivo en la Puerta del Sol; pero +¿qué me importaba a mí si era casado o soltero, ni cómo recordar el +título con que se pavoneaba últimamente, si es que alguna vez le oí +pronunciar, que lo dudo? En cuanto a lo del señor de Guzmán, ¿cómo +sospecharlo siquiera? Una vez me la recomendó como persona de +responsabilidad y amiga suya; pero ¿qué había en esto de particular ni +de sospechoso, sobre todo después de haber observado que los informes +eran exactos, porque la marquesa ha ido cumpliendo fielmente todos sus +compromisos conmigo? ¿Qué me tocaba a mí hacer, aun después de +descubierto el potaje, sino mostrarme ignorante con la marquesa y seguir +tratando con ella siempre que lo ha necesitado, por respeto al señor de +Guzmán, a quien tampoco he dicho una palabra? Tu madre y yo hemos +hablado muchas veces aquí de esos fregados; pero no eran asunto que +debía quitarme el sueño, ni cosa de llamarte a ti para que te fueras +enterando... ¡Ojalá lo hubiéramos hecho!... Y he aquí, hijo mío, por qué +no te culpo de lo que te pasa, y las razones que tengo para apoyar a tu +madre en lo que te ha dicho.</p> + +<p>El pobre Ángel tenía la cabeza hecha un laberinto de fuego y de visiones +diabólicas; pero entre todo y sobre todo lo que se revolvía y abrasaba, +alzábase flotante y como la esperanza de un celestial consuelo, la +imagen de Luz; de Luz, que no estaba, que no podía estar manchada con el +fango de aquel lodazal en que había nacido. ¿Qué justicia, qué ley +autorizaría la infamia de castigar en un ángel las culpas de una mujer +pecadora!</p> + +<p>Y en este sentido y con toda la energía de su alma dolorida, habló a su +padre, porque nada esperaba de la inclemente rigidez de su madre.</p> + +<p>Don Santiago, más compasivo, le respondió, descubriendo en su voz y en +sus miradas la honda pesadumbre que le afligía:</p> + +<p>—Yo tampoco soy de los que creen que los vicios se heredan como las +enfermedades, ni de los que tienen por justo que paguen los hijos +inocentes las faltas cometidas por sus padres; pero se dan casos a +menudo en que se teme lo peor, como si fuera lo probable, y la necesidad +se impone con su fuerza de consideraciones y respetos humanos, y obliga +a proceder ajustándose más a las leyes del mundo que a los mandatos del +corazón. Porque así somos, hijo mío, y por nuestra culpa..., porque +nuestras son las leyes que nos amarran a los escrúpulos de los demás. +Cierto que las hacemos y las promulgamos con el piadoso fin de molestar +al prójimo; pero hechas quedan y a las barbas nos saltan en cuanto los +delincuentes somos nosotros. Y nada más justo.</p> + +<p>—Bien está eso—interrumpió Ángel, que no podía con el martirio de sus +impaciencias—; pero en el caso mío...</p> + +<p>—A él iba sin parar—contestó su padre, saliéndole al encuentro—. El +caso tuyo...</p> + +<p>—El caso tuyo—dijo la tremenda voz de la Esfinge, haciendo callar a la +de su marido—es de los que reclaman todo el valor que cabe en el +corazón de un mozo de vergüenza para irle olvidando, porque no tienen +otro remedio.</p> + +<p>—El caso tuyo—insistió don Santiago, queriendo atenuar el efecto +causado en el hijo por las durezas de la madre—, no es para resuelto en +cuatro palabras en un momento de fiebre como la que te abrasa ahora, +hijo mío, de pies a cabeza: es para meditado en frío y con calma..., +cómo le has de meditar tú seguramente, tomando los puntos donde deben +tomarse: no en las alturas de la pasión, sino abajo, abajo en este +pícaro suelo que se pisa, y entre la gente con quien uno se codea en +cuanto sale de casa.</p> + +<p>—Pero ¿cómo!, ¿cómo!—preguntó Ángel, anhelando llegar cuanto antes a +lo desembarazado y concreto.</p> + +<p>—A eso vamos, hijo, a eso vamos—le repitió suavemente su padre—. +Déjate de andar a vueltas con lo de que si el mundo es justo o es +injusto en esto o en lo otro; o si las madres pecadoras por aquí, y si +las hijas inocentes por allá, y considera lisa y llanamente lo que a ti +te pasa. Hay una joven que no tiene pero en lo tocante a ella misma: es +muy guapa, muy recogida, muy bien educada..., una santa de Dios, vamos. +De esta joven te enamoras tú, y ella se enamora de ti. Deseáis casaros, +y resulta, en primer lugar, que no es hija de su padre..., quiero +decir...</p> + +<p>—Tiene derecho perfecto al apellido que usa.</p> + +<p>—Por la ley, pero no por la naturaleza; y esto lo sabe todo Madrid, el +Madrid que bulle en lo alto, y habla recio y escribe, y es oído y leído, +y murmura y desuella al sursumcorda, y da y quita reputaciones a su +antojo. La madre que hizo esa fechoría tuvo por marido, es decir, por +padre legal de la novia, a un estafador, huido de su patria después por +temor a la justicia; y esto lo sabe también ese Madrid que murmura y +alborota; la misma mujer, que fue desleal, infiel, antes de casada, +continuó siendo esposa adúltera; y cuando enviudó, no tuvo el diablo por +dónde desecharla. Y eso también es público en el Madrid que hace y +deshace reputaciones... ¿Te vas enterando?</p> + +<p>—Adelante—dijo el pobre mozo con heroica resolución, medio tragado ya +por la boca del negro abismo.</p> + +<p>—Pues bueno—añadió su padre espantado de que tuviera que ser él quien +le empujara para arrojarle hasta el fondo—: a pesar de todos estos +inconvenientes, te decides a casarte porque Luz es una santa, según +hemos convenido. Luz, por hermosa y por hija de su madre, es muy visible +en el mundo, en el Madrid que murmura y despelleja, y te la tomas del +brazo para entrar con ella en ese paraíso que habéis soñado los dos... +Mira, Ángel, será injusto, será inicuo, todo lo que tú quieras; pero es +la pura verdad que ese Madrid maldiciente y sinvergüenza; ese Madrid que +acaso tiene la culpa de que la marquesa de Montálvez no sea una mujer +sin tacha, arroja sobre su hija, y como regalo de boda, todos los +escándalos de la madre, y, por consiguiente, sobre su marido, sobre ti, +que eres un hombre de bien (y, por serlo, vas por donde vas y con quien +vas), todos los sambenitos de tu mujer, entre algazara y chacota. Ahora +bien: por grande que sea tu obcecación; por hermoso que se te pinte en +los ojos lo que hay del lado de allá de la puerta, ¿te atreverás a +entrar por ella con tal fardo de ignominias a la espalda? Esto es lo que +has de meditar, hijo mío, con la cabeza fría y el corazón sosegado.</p> + +<p>Ángel no quiso oír más ni añadir una palabra. ¡Tan honda y tan negra le +iba pareciendo la sima! La Esfinge, implacable, trató de ennegrecerla y +ahondarla todavía más. Su marido se lo impidió con una mirada que tuvo +toda la fuerza de un discurso para su corazón de madre. Ángel se levantó +aturdido y mudo para retirarse de allí, y al mismo tiempo extendió el +brazo para recoger el retrato de Luz, que estaba sobre la mesa.</p> + +<p>—Tómale, hijo mío—le dijo su padre adivinándole la intención y +apoderándose de la tarjeta antes que él—. Pero aguarda un poco. (Don +Santiago volvió a contemplar el retrato.) Sí..., ¡clavada!... Bien decía +yo antes para mí: «¿a quién que yo conozco se parece esta cara?» +¡Claro!, ¿a quién había de parecerse?... ¡Si me asombra que por este +rastro, y sabiendo lo que ya sabía, no hubiera yo dado en el quid antes +que tú me le descubrieras!...</p> + +<p>—Esos parecidos—dijo la Esfinge—son el sello que pone la mano de Dios +en las obras del demonio, como esa desdichada criatura, para aviso de +las gentes honradas...</p> + +<p>—¡Mujer!...</p> + +<p>—Para que duela lo digo, Santiago, para que duela..., porque esa clase +de heridas no se curan con bálsamos dulces: se curan a fuego, entre +martirios como el que estoy padeciendo yo viendo al hijo de mis +entrañas, al regalo de mis ojos, entre las uñas de Satanás. ¿Merecía él +ese destino? ¿Le hemos criado tú y yo para eso?</p> + +<p>—No, mujer, no—díjola don Santiago en santa calma—; pero a un solo +fin se puede ir por diversos caminos... Déjame por donde voy ahora, que +yo sé que no voy mal y que he de llegar antes y mejor que por donde tú +quieres que vaya.</p> + +<p>Luego, volviéndose a Ángel, que continuaba mudo y cada vez más aturdido, +dijole entregándole el retrato:</p> + +<p>—Tómale, hijo, ya que le deseas..., como es natural; pero procura no +tenerle delante cuando medites sobre lo que te he dicho, para resolver +lo que te conviene.</p> + +<p>Ángel recogió la tarjeta, y salió, con ella en la mano, del despacho de +su padre; y es cosa averiguada que en cuanto se vio solo y encerrado en +su gabinete, desahogó las fatigas de su pecho regando con lágrimas +ardientes y devorando a besos resonantes aquella imagen fidelísima de la +más hechicera «obra del demonio».</p> + + + +<h3><a name="XIIIa" id="XIIIa"></a>XIII</h3> + + +<p>Y mientras besaba el retrato y le mojaba con lágrimas, el pobre chico +pensaba..., ¿en qué había de pensar sino en la desdichada semejanza de +su conflicto con el conflicto de la novela que había intentado escribir +él? ¿Quién le hubiera dicho cuando se perdía en la maraña de aquella +ficción; cuando exponía las dificultades a la marquesa (que debieron de +saberla a rejalgar), y a la inocente Luz, que le oía embelesada; cuando, +¡mil veces necio, y estúpido y mentecato!, apuraba la materia delante de +ellas, por la pueril vanidad de encarecer el valor de la obra de su +ingenio, que había de ser él, el propio Ángel Núñez, vivo y efectivo, +quien tuviera que resolver el problema, no como novelista, sino como +persona comprometida en un lance verdadero, exactamente igual al lance +de su novela?</p> + +<p>¡Resolver el conflicto! Pero, después de bien mirado el caso, ¿dónde +estaba el conflicto? El conflicto existe cuando el ánimo no ve salida +clara para la angustia que le acongoja; pero en el caso de él no cabían +dudas ni vacilaciones, porque había una puerta franca y expedita, nada +más que una, una sola: la única que podía haber. ¿Cómo no vio el torpe +novelista lo que tan palpable debió estar delante de sus ojos? <i>Ella</i> y +nada más que <i>ella</i>, con <i>ella</i> y para <i>ella</i> por todos los días de la +vida. Eso era el deber, eso el honor y eso la felicidad.</p> + +<p>Y Ángel, discurriendo de esta suerte, beso va y lágrima viene sobre el +retrato de Luz. Así pasó muy largo rato y desahogó lo más negro y lo más +amargo, de sus penas. Eran las primeras que tenía en su vida, y además +muy dolorosas y profundas. Hay que hacer justicia al pobre chico.</p> + +<p>Cuando se halló más desahogado y tranquilo, guardó el retrato donde +solía y comenzó a pasear a lo largo de su gabinete y a reflexionar como +su padre deseaba, «con la cabeza fría y el corazón sosegado». Porque +Ángel se consideraba ya en aquellos instantes con el juicio y la sangre +en su ordinario nivel.</p> + +<p>Después de orear un poquito más todavía el meollo por este procedimiento +de exploraciones generales alrededor del abismo, que ya no le asustaba +tanto como antes:</p> + +<p>—Veamos ahora—se dijo—las cosas a su verdadera luz, y ajustemos la +cuenta partida por partida y como deben ajustarse todas las cuentas en +casos de mucho apuro, como este. En primer lugar, los informes que le +han dado a mi padre sobre la marquesa, pueden muy bien no ser exactos: +no lo son; desde luego lo afirmo; y lo afirmo porque la verdad se +desfigura, y siempre en mal sentido, a medida que va pasando de boca en +boca. Eran, pues, ya exagerados los informes cuando mi padre los +adquirió. Mi padre me los transmitió a mí bajo una mala impresión y +teniendo gran interés en que me causaran el peor efecto posible; luego +es indudable que mi padre exageró mucho y por su propia cuenta lo que +había recibido muy exagerado ya. Esto es la evidencia misma.</p> + +<p>Pero resulta de estos mismos informes que hay un milagro entre los +muchos que le cuelgan a la marquesa, en el cual no caben ni el más ni el +menos, porque, por su propia índole, tiene que verse y que sonar lo +mismo a todas luces y en todas las bocas: el lío de la semejanza de Luz +y del amigo de su madre; es decir, la causa de este parecido con todas +sus concausas y accidentes. ¿Es verdad lo que sobre todo ello se +asegura? ¿Cómo se prueba que lo sea, ni con qué derecho se intenta +probarlo? ¿Adónde iríamos a parar si bastara un indicio como ese, que +puede ser obra de la casualidad, para que sea meritorio poner en pleito +el honor de un matrimonio y de toda una familia? Puede, por +consiguiente, en justicia y en conciencia, negarse el hecho nefando, y +yo le niego.</p> + +<p>Otra mácula que ya está más a la vista y no puede negarse: que el padre +legal de Luz fue un banquero tramposo que huyó de Madrid por temor de +que le despellejaran en la calle. ¡Válgame Dios con los pudibundos y +asombradizos! ¡No parece sino que el señor don Mauricio Ibáñez ha sido +el único ricacho tramposo y estafador! ¿Pues no hemos convenido, tiempo +hace, y cansado estoy de oírlo y de leerlo, con ser tan mozo como soy, +en que andan por esas calles de Dios docenas de acaudalados personajes +con títulos y condecoraciones, influyentes poderosos, que debieran estar +en presidio arrastrando una cadena? ¿No se citan sus nombres y se les +apunta con el dedo, y, sin embargo, viven y triunfan y hasta regatean el +saludo a los hombres de bien, porque se consideran a mayor altura que +ellos, en virtud de que así se lo hace creer, con sus acatamientos, e +incensadas, el mismo público que desde lejos y en voz baja los condena a +presidio con grillete? Y estos ladrones consentidos y acatados, ¿no +tienen mujer con historia negra, e hijas con parecidos extraños? Y estas +hijas, sin ser santas ni servir ninguna de ellas para descalzar a mi +inocente Luz, ¿no se ven bien codiciadas de los guapos mozos, y a +sabiendas, y no se casan sin que las gentes se escandalicen ni se junte +el cielo con la tierra? Pues mi caso y el de Luz no llegaría, ni con +cien leguas, al menos cenagoso de estos casos.</p> + +<p>Las restantes máculas de la marquesa, ¿por qué no han de ser, no ya +exageraciones, sino imposturas de las gentes? ¿No acaba mi padre de +afirmar, con el piadoso fin de intimidarme, que hay un Madrid que hace y +deshace famas y reputaciones? Y ¿qué sabe el inexperto señor si en el +presente caso se ha deshecho con calumnias lo que estaba bien hecho con +virtudes? Si tan notorios han sido los pecados de la marquesa, ¿cómo no +he dado yo con algún rastro de ellos en su casa? ¿Cómo la frecuentan +personas tan distinguidas y juiciosas, y se juzgan muy honradas con el +trato y la amistad de la abominable pecadora? No tienen, pues, estos +hechos todo el fundamento que necesitan para ser creídos; pueden +negarse..., los niego en absoluto.</p> + +<p>Y ahora veamos el supuesto conflicto mío por otra cara. Cierto que, +decidido yo a casarme por cálculo y a sangre fría, al echarme a la calle +en busca de mujer, no hubiera trepado a las alturas del «gran mundo», ni +elegido entre las que tienen madres de las que pueda decirse lo que se +dice de la madre de Luz; pero aquí han pasado las cosas muy de otro +modo: yo no he salido de mi casa para olfatear una novia por esas calles +de Dios. Luz y yo nos encontramos por obra de una casualidad, o porque +estaba decretado así...; creo que fue porque estaba decretado. El hecho +es que nos encontramos, que nos comprendimos y que nos amamos, y que +Luz, que me había deslumbrado por hermosa, acabó de enloquecerme por +buena, por inocente..., por santa. Resulta ahora que esta Luz sin tacha +es hija de una madre llena de pecados, y que aunque la hija los ignora y +es incapaz de cometer otros semejantes, yo debo renunciar a ella por los +que su madre ha cometido. Ésta es la teoría de mi padre, fundada en una +ley que, según parece, rige en el mundo entre las gentes que se creen +honradas.</p> + +<p>Pues supongamos que yo llego a considerarme obligado también a acatarla, +y que, en virtud de ello, me decido a apartarme de Luz y a romper todo +trato con ella, precisamente cuando está aguardando a que yo le señale +la hora de estrechar todavía más el que tenemos. Para poner en práctica +esta resolución, se necesita, o que comience yo por no volverla a ver +desde ahora, o que invente un pretexto rebuscado, o que la descubra +toda la verdad. Con lo primero, la daría una puñalada a obscuras y a +traición; con lo último, se moriría de espanto y de vergüenza. De todas +suertes la mataba. Pero, aunque no la matase, ¿no sería cualquiera de +estos procederes míos cien veces más vil y más odioso que todos los +pecados juntos de la marquesa, suponiéndolos ciertos y comprobados? ¡Y +mi padre, tan honrado y tan bueno, no lo ve así! ¿En quién estará la +ceguera?... En él, en él solo, que no ha meditado el caso «en frío y con +calma», como quiere que yo lo medite y como, ya lo estoy meditando... +También él le meditará así, y entonces estaremos de acuerdo los dos. +¿Pues no hemos de estarlo! Mi madre seguirá en sus trece y tocará el +cielo con las manos; pero es mi madre, y todo su corazón le parece poco +para quererme; es buena y compasiva en el fondo; jamás ha puesto a +prueba el arraigo de esas repugnancias que son su manía; le pondrá +ahora, porque se trata, de mí, y verá claro y se convencerá..., ¿pues no +ha de convencerse!... Y no habrá conflicto, porque no puede haberle; y +las cosas irán como y por donde iban ayer, que es como y por donde deben +ir.</p> + +<p>En esto oyó que se hablaba recio en el despacho de su padre. Entreabrió +la puerta de su gabinete y escuchó. Su madre quería llevar las cosas a +sangre y fuego; tenía a pecado imperdonable las blanduras y +contemplaciones de su marido. «Cortar, cortar por lo sano, antes que la +gangrena lo inficione todo.» Don Santiago la recordaba su obligación de +ser clemente con su hijo, sin dejar por eso de ser madre celosa y justa: +llevando las resistencias tan a punta de lanza, hasta podía enfermar el +pobre chico con la batalla que traía en la cabeza.</p> + +<p>Se sonrió un poco Ángel oyendo esto, porque consideró lo ridículo que +estaría él si las circunstancias le obligaran a hacer el papel de niño +mimoso contrariado. Al mismo tiempo cerró la puerta, porque aquellas +durezas de su madre, mal de su grado, ahondaban demasiado en el abismo +que él tenía ya a medio llenar.</p> + +<p>Volvió a pasear por su cuarto y a meditar, pero sobre otro tema +diferente.—¿Qué le tocaba hacer a él por de pronto? Porque, aun +suponiendo que la gran dificultad se resolviera a su gusto, esa labor no +era de pocos días, y Ángel había dejado su negocio con Luz pendiente de +una decisión que debía comunicarla al otro día, que ya era <i>hoy</i> para +él. Fue demasiado optimista en medio de su fiebre amorosa, no previendo +algo siquiera de lo que estaba ocurriéndole; pero, ocurrido ya, ¿qué +podría decirle a Luz sin que ella le leyera sus disgustos en la cara, ni +presumiera tropiezos que la indujeran a descubrir otros mayores? No +había que pensar en acercarse a ella mientras los horizontes de sus +ideas no se despejaran algo más. Necesitaba irse acostumbrando a verlo +<i>posible</i> para darlo por <i>hecho</i>, y con esto solo ya tenía lo sobrado +para estar sereno. Cuestión de aquel día, quizás del siguiente..., +porque era mucho lo que confiaba en su padre. Entre tanto, disculparía +su ausencia de casa de Luz advirtiéndola que estaba ligeramente enfermo, +muy constipado: esa era la disculpa usual y corriente para todos los que +deben y no quieren o no pueden ir a alguna parte.</p> + +<p>Mas no le bastaba con esto: sus cálculos estaban bien formados; pero +eran cálculos al fin, que podían fallar, contra tantas probabilidades +de que no fallaran: su situación, por consiguiente, era grave, +gravísima; y lo probaba, además, aquella tirantez de espíritu en que él +vivía, aquella opresión de su pecho, aquel nudo de su garganta que le +parecía el manantial de donde fluían las lágrimas que le brotaban de los +ojos en cuanto los ponía en la imagen de Luz, o el pensamiento en que +pudiera perderla para siempre; y por ser tan grave la situación, no era +para arrostrada por él, a solas con su inexperiencia y cargado de +pesadumbres. Necesitaba auxilios y consejos. Pero ¿dónde hallarlos? Sus +pocos amigos eran tan inexpertos como él, además de que él no había de +profanar tan santas penas confiándolas a chicuelos presuntuosos. Se +acordó de Guzmán, que ya estaba en autos; pero después de lo que había +sabido, ¿con qué cara iba él a aquel señor con tales coplas! Porque +Ángel, al hablar de su pleito, tenía que exponerle con todos sus pelos y +señales, y hasta se prometía, jugando bien este recodo, ganar informes +exactos sobre la conducta pasada de la marquesa. De modo que su +confidente, tras de conocerla mucho, no debía estar ligado a ella por +vínculos que quitaran prestigio a sus dictámenes ni los hicieran +sospechosos.</p> + +<p>Y he aquí el camino por donde Ángel fue a parar con el pensamiento a +Leticia. Leticia, en opinión de Ángel, era «una gran señora», de mucho +entendimiento, y amiga y contemporánea de la marquesa; se interesaba +vivamente por la suerte de Luz, y parecía quererle mucho; a él, a Ángel, +no se diga..., hasta vergüenza le daba no haber correspondido, con una +triste visita siquiera, al cariñoso empeño con que ella se las pedía +cada vez y donde quiera que le encontraba... Cabalmente la víspera, +yendo él por la Carrera de San jerónimo hacia el Prado, subía ella en +carruaje. Pues se detuvo cuando Ángel la saludó, y hablaron allí largo +rato... y sobre Luz la mayor parte del tiempo, por saber ella lo que +este tema le gustaba a él. De modo que tenía muchísima razón la buena +señora cuando, al despedirse y después de haberle ofrecido de nuevo su +casa, le llamó, con una sonrisita y un ademán muy maliciosos, +«¡ingrato!» ¿Quién, pues, como Leticia, para oírle con cariño, +informarle sin pasión y aconsejarle con acierto?</p> + +<p>En estas y otras tales, ya llegó la hora de comer, y Ángel tuvo que +sentarse a la mesa. Comió poco y no habló nada, porque tampoco le +hablaron a él. Por la tardé se vistió con gran esmero, y salió decidido +a visitar a la amable señora para confiarla sus cuitas.</p> + +<p>Y andando, andando, cuanto más andaba más remolón se iba haciendo; +porque según oreaba los propósitos con el aire de la calle, menos +cuerdos le parecían. No era tan urgente el caso que no le diera un +respiro de veinticuatro horas; y en veinticuatro horas podía cambiar de +aspecto un conflicto como el suyo, y hacer inútil la consulta que él iba +a hacer: y había una noche entera y larga de por medio; y una noche así +daba para todo: para que le hablaran en su casa o para hablar él a los +demás; y si nada de esto sucedía, para engolfarse en un mar de +pensamientos un hombre que no duerme.</p> + +<p>No hizo la visita, y la aplazó para el día siguiente, si la conceptuaba +necesaria. Al anochecer mandó a Luz dos carillas de renglones llenos de +dulzuras, para enterarla de que estaba constipado.</p> + +<p>Después se fue a casa. En la cual nada ocurrió para bien ni para mal de +su pleito: nada le dijeron; nada dijo tampoco. ¿A quién le tocaba sacar +la conversación, y quién huía más de ella?</p> + +<p>A la hora acostumbrada se acostó; pensó un poco en lo que Luz pensaría +de su constipado, y, ¡cosa rara!, se durmió como un bendito... hasta el +amanecer.</p> + +<p>El despertar fue terrible, ¡eso sí!... Todo lo ganado antes del sueño en +una batalla de muchas horas contra las negras ideas, se pierde en un +instante al despertar. Esto lo saben todos los hombres que han tenido +tempestades en la cabeza. Ángel, que era uno de éstos, se halló entre +sus manos las ruinas del edificio que había construido con amargos +sudores antes de dormirse. En reconstruirle se le pasó la mañana. Y +gracias que lo consiguió; porque no todos lo consiguen.</p> + +<p>A la hora de comer, tampoco adelantó un paso su negocio; y en ciertas +situaciones de la vida, no adelantar equivale a retroceder. Había que +hacer la visita.</p> + +<p>A media tarde se vistió, aún con mayores atildaduras que el día antes.</p> + +<p>¡A casa de su buena amiga sin parar!</p> + + + +<h3><a name="XIVa" id="XIVa"></a>XIV</h3> + + +<p>Llegó sereno, llamó con brío, preguntó lo que es de costumbre; y sin +aguardar la respuesta, para ganar tiempo y economizar trámites, dio su +nombre y apellido antes que se los pidieran. Como si sonaran allí a muy +conocidos, abriéronle la puerta de par en par; rogáronle que entrara; le +condujeron a un salón que estaba enfrente, y le pidieron el favor de que +aguardara unos instantes.</p> + +<p>El tal salón era un completo museo de riquezas de buen gusto; pero Ángel +no tenía los suyos en disposición de entretenerse contemplando aquellas +pompas de la vanidad mundana. Miraba sin ver lo que tenía delante de los +ojos, y sólo estaba atento a los minutos que corrían sin que saliera la +señora cuyos pareceres iba buscando él allí; porque hasta temía que con +una larga espera en tan extraño lugar se le fueran entibiando los +propósitos y acobardando los bríos.</p> + +<p>Y minuto tras minuto, corrió más de media hora hasta que llegó, no +Leticia, sino una doncella para rogar al guapo mozo que la siguiera a +donde su señora tendría el gusto de recibirle.</p> + +<p>Siguiola Ángel muy complacido en que de cualquier modo se pusiera +término a sus impaciencias; y atravesando salas y pasadizos, +detuviéronse ante una puerta medio oculta entre, los paños de un doble +cortinaje, quiero decir uno por dentro y otro por fuera. Recogió más +una de las mitades de éste la doncella, y apareció Leticia haciendo lo +mismo por la parte de adentro. Avanzó Ángel, muy cortés, entre las +elegantes angosturas del boquete, y en cuanto pasó al otro lado se +corrieron de nuevo las cortinas, y hasta oyó que se cerraba la puerta.</p> + +<p>Se quedó muy sorprendido delante de Leticia: parecía una sultana; y esta +idea se la sugirió al gallardo visitante, no tan sólo el tipo de la +visitada, que adquiría mayor acento oriental con la caprichosa y rica +bata que vestía y el estilo de todos sus restantes ornamentos, sino +también el lugar en que se hallaba: un salón con anchos divanes, grandes +cojines, maderas olorosas, alfombras turcas, cueros marroquíes, espejos +venecianos, bronces desnudos, tibores japoneses y ¡qué sé yo! Aquello +era un harén preparado al gusto europeo: sólo faltaban los pebeteros y +las pipas de largos tubos de seda; y así y todo, trascendía el aposento, +a molicie africana.</p> + +<p>Leticia condujo a uno de los divanes al sorprendido mancebo, que también +tenía mucho de oriental entonces con lo lánguido y ojeroso que le habían +dejado sus pesadumbres, y se sentó a su lado. Casualidad sería; pero al +sentarse quedó fuera de la fimbria de su bata medio piececito +primorosamente calzado con una babucha de raso, muy escotada, sobre una +media de seda azul con rayas blancas.</p> + +<p>Hubo en seguida lo de «yo no debía recibirle a usted, porque es usted un +ingrato», y lo de «usted me estima en mucho más de lo que yo merezco»; +«usted no viene aquí por tal y cual cosa»; «pues sepa usted que no he +venido sino por esto y por lo otro»; «que sí», «que no», etcétera, etc.; +porque, <i>mutatis mutandis</i>, en estos preludios de visita siempre se dice +lo mismo y no se adelanta un paso, por más que muden los tiempos y se +ilustren los actores. Pero, en fin, hablando, hablando, Ángel sorteó con +habilidad los estorbos de la introducción, y llegó lo antes que pudo al +tema de sus angustias.</p> + +<p>Tardó bastante, pero lo expuso bien, sin ocultar un ápice de cuanto +sabía. De todo habló, unas veces conmovido y otras veces animoso, pero +siempre con buen arte; y Leticia, mientras le estaba oyendo, parecía +devorarle con los ojos. Tanto le interesaba la relación.</p> + +<p>—Y bien—le dijo, muy cariñosa, cuando ésta fue acabada—, ¿qué me toca +hacer a mí en ese triste proceso? ¿De qué modo puedo yo tener la suerte +de hacer algo por la causa de usted?</p> + +<p>—Por de pronto—respondió Ángel—, diciéndome (porque usted debe +saberlo, o no lo sabe nadie) qué hay de cierto en lo que se refiere de +la marquesa de Montálvez; si es o no tan... pecadora como se la pinta.</p> + +<p>Leticia bajó algo la cabeza, sin dejar de sonreírse, y se rascó un +poquitín la sien derecha con un dedo, muy mono por cierto. Después se +enderezó; y mirando valientemente a los ojos mismos, grandes, negros y +melancólicos, de su interlocutor, respondiole:</p> + +<p>—En eso de rumores públicos, ¡es tan difícil saber a qué atenerse! ¡Se +abusa tanto de ellos!... A Cristo le crucificaron, conque figúrese +usted.</p> + +<p>Y Ángel tuvo que sonreírse, porque a ello le obligaron esta salida y la +singular expresión de que fue acompañada.</p> + +<p>—No es broma, aunque lo parezca—añadió Leticia—. Las gentes son así: +por natural inclinación, muy malas; y el resobado símil de la bola de +nieve, es la pura verdad a cada hora del día. No afirmaré que mi amiga +sea una santa; ¿quién lo es ya hoy, tal y como van las cosas en el +mundo! Pero entre no ser santa y lo que de ella se dice... El caso de +Guzmán, por ejemplo..., ¿en qué le fundan? En amistades íntimas del +tiempo de las mocedades de los dos, ¡como si Guzmán no hubiera sido +antes amigo de otras mujeres!, y en cierta semejanza de fisonomía, que +yo no veo, entre Luz y él, y que, aunque exista, nada resuelve... Luz se +parece a Guzmán por una casualidad, como pudo parecerse al Nuncio. ¿Y +también en este caso íbamos a suponer...? ¡Pues decente estaría! En fin, +que lo de Guzmán puede ser y puede no ser. Yo creo que no lo es. Lo de +su marido... ¿Le eligió ella, por ventura? ¿No se le impusieron? Y ¿en +qué se diferencia ese pobre hombre, tan difamado, de otros muchos +ladrones muy respetables que yo conozco? Pues únicamente en que fue más +torpe que éstos en el oficio de robar. De modo que, a juzgar por lo que +se ve en estos y otros varios ejemplos que citar pudiera, la opinión +pública sólo castiga a los grandes bribones cuando no saben serlo. ¡Y a +este tribunal sin conciencia ha de someter usted los honrados consejos +de la suya?</p> + +<p>—Pues eso mismo pienso yo—exclamó Ángel, enardecido con aquel +dictamen tan favorable a su causa.</p> + +<p>—Y piensa usted como un sabio—añadió Leticia—y, además, como un +valiente; porque valor se necesita para seguir pensando bien entre +gentes que piensan y obran tan mal.</p> + +<p>—Y de todo lo restante que se refiere de la marquesa—dijo el +impresionable mozo, más impaciente por llegar a donde deseaba cuanto más +llano le ponía el camino su amable interlocutora—, ¿puede presumirse +también...?</p> + +<p>—¿Que tiene escasos fundamentos de verdad?</p> + +<p>—Eso mismo...</p> + +<p>—Con grandísimas razones. ¿Quién lo ha visto? ¿Quién puede certificar +de ello?... Mire usted: la mayor parte de <i>lo que se dice</i> en ese +sentido, procede de aspirantes desairados; el resto lo inventan los que +ni para ese triste papel sirven. Los afortunados, cuando los hay, se +guardan muy bien de decirlo; porque si los hubiera, lo publicaran, +serían unos majaderos; y la marquesa tiene sobrado buen gusto para que, +resuelta a perderse, se dejara caer en tales manos.</p> + +<p>—Eso me parece a mí también.</p> + +<p>—Y eso es lo que debe parecerle a usted, porque es de sentido común. +Así sucede tan a menudo que de ciertas mujeres pecadoras todo se cuenta +menos la verdad... Porque hay mujeres pecadoras, ¡y muy pecadoras, amigo +mío!</p> + +<p>—¿Quién lo duda!</p> + +<p>—Y las hay de todos los linajes: por pasión, por temperamento, por +lujo, por moda..., hasta por necesidad; pero ninguna es tan necia que +publique sus propios pecados por el gusto de dar cebo a las lenguas +maldicientes, y la menos aprensiva trata, por egoísmo de viciosa, de no +quitar al pecado el incentivo del secreto. De igual modo tienen que +proceder sus cómplices; porque si la misma causa no les indujera a ello, +les obligaría, como ya le dije a usted, la necesidad de ser reservados +si querían ser favorecidos. También esto es de sentido común. Hay +excepciones en la regla, como en todas las demás; pero las excepciones +solas no dan bastante materia, en el caso de mi amiga, para formar un +proceso tan voluminoso como el que el público le ha formado a ella..., y +a otras amigas suyas también. De modo que, por el precepto establecido, +si en la vida de la marquesa de Montálvez hay pecados de esa especie, o +son muy pocos, o no los conoce el público.</p> + +<p>—¿Y eso es lo que debo creer?—preguntó Ángel con el ansia de todos los +que temen que no sea bastante cierto lo que se les asegura.</p> + +<p>—Pues ¿para qué se lo estoy contando?—respondiole Leticia riéndose muy +de veras.—¿O piensa usted que me divierto en engañarle?</p> + +<p>—¡Eso no!—repuso el vehemente mozo, temiendo haber dicho una +impertinencia—, porque es usted demasiado buena para hallar gusto en +tales entretenimientos.</p> + +<p>—Gracias por la fineza.</p> + +<p>—Lo digo como lo siento,... y, si no, ¿cómo la hablara yo de estas +cosas?</p> + +<p>—Es la verdad. Pues adelante.</p> + +<p>Ya estaba resuelto aquel punto, y muy a satisfacción del interesado. +Faltaba otro de mayor entidad para él; porque el primero le daba apoyos +en que fundar buenas esperanzas, pero no le sacaba del atolladero en que +se veía, y de esto era necesario tratar inmediatamente.</p> + +<p>Mientras en su casa se llegaba a juzgar a la marquesa de Montálvez con +el mismo criterio bondadoso con que ellos dos acababan de juzgarla, ¡que +ya era esperar!, ¿qué hacía el novio de Luz? ¿Continuar acatarrado? +¿Visitarla como antes? Y en este caso, ¿la hablaba o no del punto que +quedó pendiente la última vez que se habían visto? Y si la hablaba de +él, ¿qué la decía? ¿Con qué mentiras la engallaba?</p> + +<p>Estos y otros parecidos fueron los nuevos puntos sometidos por Ángel al +dictamen de su experta amiga.</p> + +<p>La cual, después de enterada, tomó de pronto una actitud enteramente +distinta de las que había tomado hasta entonces; se acercó más a su +embelesado interlocutor, y eso que ya estaban bien juntos, y le habló +así:</p> + +<p>—Vamos a ver eso con mucha serenidad. Lo primero que hay que hacer aquí +es ponerle a usted en el peor de los casos; quiero decir, en el que +llama usted peor.</p> + +<p>—¿Y usted no?</p> + +<p>—Allá veremos. No hay modo de convencer a sus padres de usted de que la +marquesa de Montálvez no sea la mujer más perdida y más escandalosa del +mundo, o se convencen de que es una señora como otra cualquiera; pero se +empeñan en que basta su mala fama para que usted no deba casarse, y no +se case, con su hija, lo cual es lo mismo para usted. De todos modos se +oponen, y hasta le amenazan con las iras del cielo si no son obedecidos +en sus píos y honrados mandatos, y usted, que es buen hijo y, aunque +otra cosa piensa ahora, algo temeroso de la opinión pública, se encoge y +tiembla y padece, porque no tiene resolución para atropellar los +obstáculos devolviendo tesón por tesón y amenaza por amenaza... ¿No es +esto?</p> + +<p>—Cabalmente.</p> + +<p>—Y usted padece, tiembla y se encoge, porque en la batalla se juega a +Luz, que es hermosa y dulce y hasta santa, según dicen, y no se resigna +usted a perder ese tesoro... Vamos a ver, ¿y qué que se pierda?</p> + +<p>—¡Señora!...</p> + +<p>—Lo dicho: ¿y qué que se pierda? Es usted muy joven todavía, y por eso +ignora lo que influye el punto de vista en el conocimiento de las cosas. +El amor de Luz es el primero que usted siente, y cree imposible hasta la +vida si ese amor se le malogra. Todos los hombres creen y sienten lo +mismo la primera vez que se enamoran; pero después, andando los años, +van cambiando de parecer, y el obstáculo que de novicios se les antojó +desventura sin ejemplo, ya con muchas barbas, le consideran como una +dádiva de su buena suerte. No lo dude usted: hay algo de inhumano en eso +de amarrar a un mozo que comienza a vivir al macizo carro del +matrimonio, y decirle: «tira, y anda por ese camino áspero y obscuro que +tienes delante, y por donde jamás has andado», porque se cree que el +amor lo suple todo, y esto es una lamentable equivocación. En primer +lugar, el amor del alma se confunde muy a menudo con los antojos del +cuerpo; pero, aunque no se confunda, el amor, o lo que sea, se acaba +luego, porque no duran más los incentivos que le producen; o si se +conservan, pierden el encanto por la costumbre de verlos; el resultado +es el mismo; lo que se llama amor, desaparece, y la venda se cae; y +entonces, cuando los ojos contemplan asombrados lo muchísimo desconocido +que tienen delante, la codicia de ello inflama los apetitos, y el hombre +más sesudo y morigerado olvida sus deberes y se hace un glotón de cuanto +ve. Es decir, cae, y de mala manera, que es mucho peor que caer..., +porque también los vicios tienen su estética... ¿Se sorprende usted de +lo que digo?... Pues está usted en la obligación de resignarse, porque +yo no me comprometí a halagar sus ilusiones, sino a darle mi parecer +después de examinar el punto por todas sus caras. Ahora estamos en la +fea... Ya le veremos por otra mejor, si es que la tiene.</p> + +<p>Ángel estaba, en efecto, sorprendido, y aun admirado, de ver por dónde +tomaba la cuestión su consejera, y hasta de la cara que ésta ponía +cuando le hablaba, que no era cara de susto, ciertamente: ¿adónde +diablos iría a parar por aquellos caminos, tan distantes de los deseos +del enamorado mozo? Ya se vería. Y comenzó a verlo en el acto, porque en +el acto le dijo Leticia, después de contemplarle en silencio unos +instantes, y como substancia y producto lógico de sus apuntadas +reflexiones:</p> + +<p>—Creo, pues, que no se halla usted en edad ni en condiciones de +casarse.</p> + +<p>El aludido brincó sobre el diván, y, sin poder contenerse, dijo con +marcado disgusto:</p> + +<p>—¡Pero eso es peor aún que defender la causa de mis contrarios!...</p> + +<p>—Esto es defender lealmente la causa de usted—respondió Leticia con +acento y mirar blandos y cariñosos—. Y si no, a la prueba... Pero +déjeme usted concluir sin enfadarse. Contando con que usted, si no me lo +dice, piensa, por sellarme la boca, que sin casarse con Luz, porque la +ama, no comprende la vida, me anticipo yo a sostener que un amor, +aunque sea como el de usted, se cura con otro... Esto, como regla +general; pero concretándome al caso presente..., ¡usted, tan joven, +tan... (no quiero que me llame lisonjera) tan bien dispuesto para el +mundo, rico, independiente, con tan larga y risueña vida por delante!...</p> + +<p>Aquí empezó Ángel a sentirse incómodo y desasosegado. Quiso interrumpir +a Leticia sin acabar de comprenderla todavía; pero Leticia le contuvo +con un ademán enérgico y estas nuevas palabras:</p> + +<p>—¡Usted, repito, con todas esas ventajas, llorar como una desventura el +recelo de que se le malogren unos intentos como los que le preocupan! Yo +doy hasta por indiscutible que el amor de Luz sea el más hechicero de +todos los amores... de la misma clase; pero—y con esto vuelvo a lo que +quedó pendiente—¿sabe usted todavía lo que son otros amores? ¿Sabe +usted que no son los más sabrosos los que más lo parecen a la simple +vista?</p> + +<p>Ángel llegó a sentir latidos en las sienes y a cobrar cierto miedo al +hablar incisivo y al mirar fulgurante de Leticia; la cual, como si se +envalentonara con los encogimientos de su interlocutor, se tiró más a +fondo, de esta suerte:</p> + +<p>—Usted no sabe aún que los amores, como otras muchas cosas, se mejoran +con la salsa de la experiencia; quiero decir que para un paladar de buen +gusto, son más sabrosos los más experimentados...</p> + +<p>Y como al decir esto Leticia, su voz, su mirada, sus ademanes y el +agitado ondular de su alto seno revelaran una emoción y un fuego que no +pedía el punto que se había comenzado a tratar allí, Ángel receló ya de +todo..., hasta de la bata y de las babuchas de Leticia; del motivo de su +tardanza en recibirle, y de la ocurrencia de recibirle entre el aparato +moruno de aquella estancia misteriosa; y dejándose llevar de tan malos +pensamientos, también sospechó de los que pudo tener aquella dama para +insistir un día y otro en que él la visitara a menudo, y aun entrevió +los motivos de que la marquesa de Montálvez no tratara a aquella amiga +con la afabilidad que a otras suyas... ¿Quién sabe hasta dónde fueron a +parar las sospechas del ingenuo mozo en brevísimos instantes!</p> + +<p>Lo cierto es que los escozores le llegaron tan al alma, que, sin poder +contenerse, se alzó del diván. Entonces Leticia, leyéndole en la actitud +lo que le estaba pasando por dentro, quiso salvar su ociosa imprudencia, +si es que la había cometido, que yo no lo sé, cambiando súbitamente de +aspecto y diciéndole con la mayor serenidad y sin levantarse:</p> + +<p>—¡Si no hemos concluido todavía!</p> + +<p>A lo que respondió el otro con voz glacial:</p> + +<p>—Ya lo veo; pero como el punto que usted toca no es el que yo deseaba +ventilar... Sin duda, me ha comprendido usted mal, o yo no he sabido +explicarme bien. De cualquier modo, mil perdones por el tiempo que la he +robado, y mil gracias por sus bondades.</p> + +<p>Hízola una fría reverencia y se fue, estremecido de espanto al +considerar que quizás había arrojado todo el rico tesoro de sus cuitas +en un hediondo basurero.</p> + +<p>Leticia le siguió con la vista; y si el pobre mozo hubiera vuelto la +suya entonces, más grandes habrían sido sus terrores al leer lo que +expresaban los ojos y el continente de su afectuosa consejera.</p> + + + +<h3><a name="XVa" id="XVa"></a>XV</h3> + + +<p>Desde que la Marquesa de Montálvez era juiciosa y administraba sus +caudales por sí misma, tenía un regaladísimo placer en encerrarse en su +despacho, hojear sus libros de cuentas, tomar notas, calcular gastos e +ingresos, apuntar cantidades en dos columnas, sumarlas, restar una suma +de otra, y ver al fin que, sin privarse de nada de lo necesario, le +resultaban sobrantes para imprevistos, después de destinar un buen +puñado para amortizar censos procedentes de su mala vida pasada. «Es +preciso verme, pensaba algunas veces la marquesa riéndose de sí propia, +aquí, y en el oratorio rezando con mi hija, para creerlo. ¡Vaya si <i>he +dado vuelta</i> y soy mujer arregladita y hacendosa! ¡Si hasta me creo +capaz de llegar a ser mística y avara! Explíquese usted estos +arrechuchos de la vida, o estos misterios del corazón humano, como diría +<i>Aljófar</i>, que, aunque desdentado y ronco, todavía canta y engulle.»</p> + +<p>Y volvía a sonreírse, y continuaba haciendo cálculos y sumando +guarismos.</p> + +<p>En eso se entretenía y casi del mismo modo pensaba la mañana siguiente +al día en que ocurrió lo que se refiere en el capítulo anterior.</p> + +<p>Después que despachó su tarea, se dio a pensar en su hija, que en +aquellos momentos estaba en su tocador. Luz andaba algo preocupada con +la indisposición de Ángel: cosas de chicuelas enamoradas.—La marquesa +ignoraba lo del grave punto que había quedado pendiente la antevíspera +entre los dos interesados. De otro modo, quizás hubiera dado mayor +importancia a las preocupaciones de Luz, mejor dicho, a la ausencia de +Ángel; porque en Luz no cabían recelos de cierta especie.—Si ella (la +marquesa) estaba satisfechísima del novio que le había tocado en suerte +a su hija, Guzmán no lo estaba menos; pero entrambos temían, porque si +siempre se teme cuando se desea, en aquel caso estaban más en su punto +los temores por motivos que el lector, conoce bien. Y ¿qué hacer? ¿Hay +negocio en la vida que no esté sujeto al vaivén de las contrariedades y +de la fortuna? Y, sin embargo, muchos se logran como fueron calculados. +¿Por qué no había de ser uno de ellos el negocio de Luz?</p> + +<p>Dándolo por hecho, como lo daba casi siempre, la marquesa puso su +consideración en el cuadro venturoso de la vida de aquella pareja +incomparable, lejos, muy lejos, todo lo más lejos que ella pudiera, de +la peste del «gran mundo». Luz le detestaba, y Ángel no le conocía. No +cabía temor de que se necesitaran esfuerzos para apartarlos de él; y en +apartándose, el ejemplo de los demás impulsaría hacia lo bueno al que de +los dos tuviera la desdicha de sentir tentaciones de no serlo. La vida +de familia, el ambiente del hogar, el apego a los hijos, la atención +esclava del detalle doméstico, y Dios en el corazón más que en la +lengua... Este era todo el saber, toda la ciencia que daba por fruto en +los matrimonios hombres útiles y mujeres honradas. Y ellos seguirían +esa, misma ley, y serían dichosos, y ella lo vería; y si algún día los +vientos de la maldad llevaban hasta los oídos de Luz el ruido de los +pecados de la madre, o no los daría crédito la hija, o si se le daba, ya +habría en su corazón la necesaria fortaleza para perdonarla después de +llorarlos. Pero no irían nunca tan allá esos aires de muerte, porque no +abundaban las almas de Lucifer capaces de conducirlos. Por de pronto, +las cosas iban del mejor modo posible, y la marquesa reconocía que Dios +era demasiado bueno con ella dándola lo que la daba por fin y remate de +una vida como la suya.</p> + +<p>Lo que sucedió poco después, va a referirlo la marquesa misma:</p> + +<p>«Se abrió rápidamente la puerta de escape, y apareció Luz delante de mí, +de la manera más extraña: el pelo destrenzado y flotante sobre la +espalda, y recogido lo demás en ancho lazo sobre cada sien; el blanco +peinador mal ceñido a su cuerpo; entre las manos, convulsas, un papel, y +la cara..., ¡oh!, el espanto, la ira, el dolor, la sorpresa, el +desconsuelo... todo esto se podía leer en su cara transfigurada, y en su +actitud resuelta e indecisa al mismo tiempo.</p> + +<p>»Me quedé estupefacta al verla así, y ella permaneció un instante sin +acertar a pronunciar una sílaba y mirándome con la agonía en los ojos.</p> + +<p>»De pronto díjome con voz muy desconcertada, pero con gran energía:</p> + +<p>»—Ya sé por qué no ha vuelto desde entonces...</p> + +<p>»—Y ¿qué es lo que sabes, hija mía?—preguntela con el alma suspensa.</p> + +<p>»—¡Todo..., todo! Pero es una cosa enorme... que yo no quisiera +creer..., que no la creo—respondió estremeciéndose; y en seguida, con +un timbre de voz indefinible, porque me sonaba a todo lo siniestro, +desde la maldición hasta el quejido, preguntome, con sus ojos anhelantes +fijos en los míos asombrados—: Dime, madre, ¿es verdad que tú eres... +mala?</p> + +<p>»—¡Mala yo, hija de mi vida!—exclamé bajo la sensación de un +escalofrío mortal—. Pues ¿no me conoces todavía? ¿No sabes lo que te +quiero..., cómo te trato?...</p> + +<p>»—¡No es eso, no, lo que yo te pregunto!—añadió con una entereza y una +decisión que me aterraron—: te pregunto si es verdad que eres mala, +pero mala... de otro modo..., ¡mala mujer!</p> + +<p>«¡Ciega yo, torpe mil veces, que, con pensar tanto en ello a todas +horas, no sospeché de qué se trataba entonces hasta que sonaron en mi +oído estas tremendas palabras!</p> + +<p>»Dicen que dos grandes poetas han apurado todos los horrores que caben +en la imaginación para pintar los tormentos que padecen los condenados +en el infierno. Es imposible que entre tantos suplicios imaginados haya +uno solo comparable al que yo padecí en aquel terrible instante. +Espantábame el siniestro resonar de aquella afrentosa pregunta en una +boca tan casta; pero aún me atormentaba más la vergüenza de merecerla.</p> + +<p>»No sé si por eludir la contestación con una evasiva, tregua ilusoria de +un condenado a muerte delante ya del patíbulo, o porque así lo pedía el +tumulto de mis ideas, dejando a la pobre niña en las garras de sus dudas +mortales, atrevime a preguntarla, aparentando un valor que no tenía:</p> + +<p>»—¿Quién te ha dicho eso?</p> + +<p>»—Esta carta—me respondió, entregándome el papel que traía en la mano.</p> + +<p>»—¿Cuándo la has recibido y de quién es?</p> + +<p>»—No tiene firma ni fecha, y la he recibido poco antes de entrar aquí. +Me la trajeron de su parte; de parte de <i>él</i>...</p> + +<p>»—Justo, para que, como cosa suya, cayera en tus manos y no en las +mías. ¿Y tú crees que sea obra de Ángel?</p> + +<p>»—Ángel podía llegar a olvidarme, pero no a herirme de este modo.</p> + +<p>»¡Y todo este diálogo, con mucho más que no hay para qué reproducir, le +sostenía yo para ir alejando el instante de fijar la vista en el papel, +que me abrasaba las manos! Fuera de quien fuera, ¿qué más daba, si era +la delación de mis delitos al juez que más me intimidaba en el mundo!</p> + +<p>»Al fin, puse mis ojos en la carta, y tuve alientos para enterarme de +todo su contenido. ¡Qué infamia! ¡Y yo dudaba poco antes que hubiera +almas bastante viles para cometerlas tan grandes como aquella!</p> + +<p>»La letra estaba desfigurada; pero así y todo, yo veía en aquellos +renglones contrahechos, sobre la fina superficie del papel, un cierto +tufo diabólico, un rastro que me delataba una mano conocida que no +acababa yo de descubrir.</p> + +<p>»Pero allí constaba todo, ¡todo! ¡Y con qué astucia más infernal! El +móvil de la carta parecía ser un hermoso sentimiento de cariño a los dos +enamorados. Luz podía estar inquieta por las ausencias no explicadas de +Ángel; podía hasta desconfiar de su lealtad; y por eso y porque se +suponía a Luz enterada de la historia de su madre, se la hacia saber lo +que le pasaba al pobre chico. Sus padres me conocían al pormenor, ya +hacía tiempo; y al hablarles el hijo de sus propósitos de casamiento con +Luz, le habían presentado como obstáculos insuperables..., y aquí +empezaba la lista minuciosa de todos mis pecados, reales y supuestos; +con un lujo de colorido sobre sus calidades y resonancia, que no había +más que pedir. El oprobio de mi casamiento <i>se escapaba del papel</i>. +Donde más se podía escandalizar la inocencia y el candor de la hija, +allí se hundía el trazo para afrentar más a la madre. Y esta sarta de +iniquidades se hacía para venir a parar a que, no siendo el asunto tan +grave como a Ángel se le antojaba, muy pronto se vencería el estorbo, +reflexionando los padres que faltas como las mías eran demasiado +corrientes y toleradas en el mundo, para que se opusieran como +impedimento a la felicidad de dos enamorados tan dignos de ser felices.</p> + +<p>»Todo esto leí; de todo esto me enteré, gastando en ello todas las +fuerzas de mi voluntad. Pero era preciso hablar, responder de algún modo +a aquellos cargos terribles; y para esta empresa ya no tuve alientos. +Luz, entretanto, continuaba pidiéndome una respuesta con los ojos. ¡No +los apartaba de mí! Estaba trémula, convulsa, la desdichada.</p> + +<p>»¡Cómo ciega y aturde el peso de una conciencia cargada de iniquidades! +Yo, la mujer desenvuelta, fría y despreocupada de los salones; la dama +de los grandes recursos para la intriga; la afamada <i>humorista de las +ocurrencias felices</i>, ni siquiera di en el sencillo intento de deshacer +con una negativa terminante aquella tempestad de desdichas que bramaba +sobre mi cabeza..., porque me hubiera bastado eso solo para conseguirlo: +después me he convencido de ello pensándolo con serenidad. Pero +entonces, en las pocas preguntas y en la actitud indescriptible de mi +hija, yo no sé qué oí, qué vi de extraño, de sobrenatural, como si +fuera el rayo de la justicia de Dios que comenzara a castigarme.</p> + +<p>»Y me aterré más todavía; y cuando Luz, pareciéndole siglos los +instantes que yo tardaba en responderla, me dijo, con la voz de su +angustia desesperada: «¡Habla, aunque sea para acabarme de matar!, yo +enmudecí y bajé la cabeza, cerrando los ojos. Quería ocultarme en +aquella ilusoria obscuridad, ya que el suelo no se abría bajo mis pies +para devorarme. Oí entonces sollozos y quejidos: la agonía de un alma. +¡Desventurada! ¡Cuánto perdía con aquel silencio mío, que era la +declaración de los escándalos de su madre!</p> + +<p>»El remordimiento, el dolor de herirla tan hondo y en tantos sitios a la +vez, produjo en mí una súbita reacción. Ardíame la sangre que momentos +antes era hielo desleído; zumbábanme las sienes, y el corazón no me +cabía en el pecho; abrí otra vez los ojos, y tuve que cerrarlos de +repente, porque los sentí deslumbrados por las mismas llamas infernales +que me abrasaban el rostro. Un ciego impulso de mi amor de madre me +arrastró hacia Luz con los brazos extendidos; pero otro impulso más +fuerte de la conciencia me detuvo allí... No me atrevía a abrazarla, +porque abrazarla era poner en contacto su inmaculada pureza con las +escorias inmundas que imaginaba yo ver salir a borbotones de mi pecho. +En tan negro desamparo, elevé mi pensamiento hacia Dios; y tampoco +hallé el consuelo que buscaba, porque no tuve fuerzas para llegar a tan +alto en tan mala compañía. La conciencia de mis culpas me cerraba todos +los caminos que yo intentaba seguir mendigando un instante de sosiego. +¡Como si le mereciera! Entonces, en el paroxismo de mi desconsuelo, sin +mirar a Luz, sin ver si quedaba viva o muerta, huí de su lado y corrí a +esconderme, con el peso de todos los tormentos en el alma y sin el +consuelo de una lágrima en los ojos.</p> + +<p>»No sé cuanto tiempo permanecí en mi gabinete aturdida bajo aquel +torbellino de pensamientos desquiciados y de visiones febriles, porque +no hay medida para los huracanes del espíritu. El infeliz que los +padece siente los estragos, pero no estima las horas. Y eso me pasó a +mí.</p> + +<p>»Cuando el cansancio de tan ruda batalla prestó un poco de sosiego a mi +discurso, comprendí que, con haber pensado tanto, no había pensado en +nada útil, y que era preciso pensar en algo, buscar una puerta para +salir de aquel antro sombrío, si es que el antro tenía salida que no +fuera para conducirme a otro más tenebroso.</p> + +<p>»Y discurrí, y fatigué la enardecida máquina de mis ideas..., todo para +la pobre víctima de mis enormes faltas: yo, su verdugo, no tenía derecho +ni a disculparme para moverla a que me las perdonara. ¡Pero era tan +estrecho el círculo en que se revolvían mis pensamientos por la +naturaleza misma de las cosas meditadas!, ¡había un enlace tan íntimo +entre lo que era irremediable y lo que podía tener algún remedio! Al +fin, la necesidad, la obligación de hacer algo, me sugirió una idea que +ya había entrevisto yo flotando a ratos en el oleaje de la pasada +tempestad. No era todo lo que se necesitaba en una obscuridad como la +mía; pero era algo, era un proyecto, una salida, un camino, el único +camino que veía, y me decidí a seguirle sin perder un solo instante.</p> + +<p>»Llamé, pedí el carruaje y comencé a vestirme para salir... ¡No me +atreví a preguntar por mi hija, y no la echaba de la memoria un solo +instante! ¿Qué haría, la desdichada, desde que yo la había dejado en el +suplicio de su honda pesadumbre y sin alientos para llorar! Quería +verla, necesitaba verla, porque su dolor me atormentaba más que los +míos; pero me faltaba valor para ello: temía agravar sus angustias con +mi presencia..., y temía, hasta el espanto, leer mi desprestigio en sus +ojos. Quien haya tenido hijas buenas y enamoradas de su madre, que diga +si hay puñal que más hondo hiera, ni azote que más afrente que la mirada +que yo temía.</p> + +<p>»Me vestí muy pronto y salí de puntillas hasta el gabinete de Luz, que +no distaba mucho del mío. La puerta no estaba bien cerrada y había un +resquicio entre las dos hojas. Miré por él, latiéndome el corazón y +temblándome todo el cuerpo; y la vi, allá en el fondo y en el mismo +desaliño en que yo la había dejado en mi despacho, recostada en un +sillón; el rostro, descolorido; los ojos, enrojecidos y secos; la +mirada, perdida en el cúmulo de los pensamientos; la expresión, de honda +tristeza, y las manos, abandonadas sobre el regazo. ¡Qué dolor!... ¡y +qué corazón había elegido para anidar! ¡Y todo aquel estrago era obra +mía; de mis maldades, de mis escándalos!</p> + +<p>»Esta idea me hirió como un rayo: sentí la sacudida en el pecho, y una +oleada de lágrimas inundó mis ojos: ¡el primer beneficio que me otorgaba +el duelo implacable de aquel día! Porque no oyera Luz mis sollozos, +intenté cerrar la puerta; pero notó su débil rechinar y volvió la cara. +Por si me había visto, me resolví a entrar, dispuesta a todo. De +cualquier manera, yo no podía vivir así.</p> + +<p>»No se mostró sorprendida al verme, ni me miró con dureza. Esto solo me +dio un gran consuelo y fuerzas bastantes para atreverme a sentarme a su +lado; pero no supe qué decirla. Temblaba yo como una hoja de otoño +próxima a caer de la rama sin jugos.</p> + +<p>»Estando en estas indecisiones, reparó ella en mí traje, y me preguntó +con voz algo empañada y muy débil:</p> + +<p>»—¿Vas a salir?</p> + +<p>»—Sí, hija mía—respondí.</p> + +<p>»—¿Adónde?</p> + +<p>»—Muy cerca..., para un asunto que nos interesa..., que te interesa a +ti, sobre todo.</p> + +<p>»Se encogió de hombros y volvió la cara hacia el balcón. La silla que yo +ocupaba era más alta de asiento que su butaca: de modo que su cabeza +quedaba algo más baja que la mía. Siempre que yo me separaba de Luz con +cualquier motivo, nos dábamos un beso... ¡Qué hambre tenía yo del beso +de aquel día! No atreviéndome a pedírsele ni pudiéndome resignar a irme +sin él, quise robarle con una astucia, a la cual se prestaba la +diferencia de alturas de nuestros asientos. Me fui deslizando del mío +poco a poco, y bajando, bajando, hasta verme de rodillas delante de +ella. ¡Aquel era mi puesto!, ¡así debía estar yo, y más abajo todavía, y +pisoteada por sus pies! Fingí hacer lo que hacía para observar más a mi +gusto su cara.</p> + +<p>»—Estás casi en ayunas—la dije—, y necesitas tomar algo que te +conforte... ¿Quieres que almorcemos antes de salir yo?..., porque ya es +hora.</p> + +<p>»—Estoy muy bien—me respondió impasible.—No necesito nada, sino +quietud... y silencio.</p> + +<p>»—De manera que yo he venido a molestarte... Perdóname por la buena +intención que tuve... Como voy a salir..., me dejé llevar de la +costumbre: ya sabes cuál es...</p> + +<p>»Y la miraba a través del velo de la mantilla que me había echado sobre +la cara.</p> + +<p>»—No me molestas—me dijo sin acercar la suya tanto como yo quería.</p> + +<p>»—Pero tampoco me necesitas, ¿no es cierto?—repliqué devorándola con +los ojos.</p> + +<p>»—Y ¿sé yo—respondiome sacudida por una gran emoción—qué es lo que +deseo ni qué es lo que necesito; qué es lo que menos me daña ni lo que +más me conviene!... ¡Si todo me parece ahora del mismo sabor!</p> + +<p>»Acudí presurosa a contener aquel torrente de dolor que se desbordaba, +con los pocos recursos de que podía disponer.</p> + +<p>»—Cierto, cierto—la dije, acariciando una de sus manos, que había +cogido entre las mías—, y yo soy una imprudente, una egoísta, +preguntando esas cosas... Ya vendrá tiempo de tratarlas como se debe; y +para que llegue cuanto antes, voy a salir en seguida... Porque ya te +dije que iba a salir..., ¿lo has olvidado?</p> + +<p>»—No.</p> + +<p>»En esto avisaron que el coche aguardaba.</p> + +<p>»Ya lo oyes—la dije, acercando más todavía mi cara a la, suya—, y si +he de volver pronto... Conque ánimo, que Dios, aunque aprieta, nunca +ahoga... En cuanto vuelva, dentro de una hora lo más, te informaré de +todo lo que me haya ocurrido... Será bueno para ti..., para las dos, no +lo dudes. Entre tanto, dejaré advertido que te den una sopita clara..., +un caldo siquiera..., porque no puedes estar así... ¡Ea!, adiós, hija +mía...</p> + +<p>»Pero yo no me incorporaba ni alejaba mi cara de la suya.</p> + +<p>»—Adiós—me dijo, al fin, estampando un beso, frío y maquinal, en mi +frente.</p> + +<p>»Pero así y todo, me pareció aquel beso un regalo celestial; hízome la +impresión de un rocío benéfico en la sequedad de mis amarguras; y +dejándome llevar de los impulsos del corazón, tomé la cara de Luz entre +mis manos y se la cubrí de besos y de lágrimas. No pensé ya en que +pudiera mancharla el rastro de mis liviandades. El llanto de mis +remordimientos lo lavaría todo; y, además, yo necesitaba aquello para +vivir.</p> + +<p>»Salí en seguida con mayores alientos y mejores esperanzas; hice a mi +doncella los encargos que juzgué convenientes para atender al cuidado de +Luz, y bajé al portal. El aire, el sol, el ruido y el movimiento de la +calle me produjeron una impresión tristísima. Parecíame que el velo de +mi mantilla no era bastante tupido para evitar que las gentes leyeran en +mi cara lo que me estaba pasando.</p> + +<p>»Al entrar en la berlina, dije al lacayo en el momento de ir a cerrar la +portezuela:</p> + +<p>»—Imperial, 15.»</p> + + + +<h3><a name="XVIa" id="XVIa"></a>XVI</h3> + + +<p>Mientras rodaba el coche se me iba ocurriendo que podía no ser verdad +que las ausencias de Ángel de mi casa consistieran en lo que decía el +anónimo; mas como para aclarar la duda se necesitaba un trámite, no +corto, y no andaban mis asuntos para prodigar el tiempo en lujos de +preliminares, y si lo del anónimo no era la pura verdad, podría serlo, +lo sería a la hora menos pensada, lo que yo iba a hacer hecho estaría, y +eso tendríamos adelantado. ¡El anónimo!... Pero ¡de quién era la mano +que le había escrito? No podía dar en ello por más que cavilaba, y casi +casi la estaba viendo delante de los ojos.</p> + +<p>»Detúvose el coche y bajé. Sólo otra vez en mi vida había estado yo en +aquella casa, ¡y en qué situación de ánimo tan diferente! Subí la +angosta y larga escalera sin tomar un respiro, y llamé.</p> + +<p>»Esta vez fui recibida en la sala, pieza triste y pobre, sin otro lujo +que el aseo, el cual relucía hasta en los damascos descoloridos de los +muebles. Apareció el matrimonio a los pocos momentos de estar yo +aguardando. La mujer era el mismo espectro de la otra vez, pero sin la +calceta, aunque no por eso me pareció menos terrible. Dispuso con un +ademán de los suyos que me sentara en el centro del sofá, y senteme +allí. Delante del sofá, a sus dos extremos y mirándose frente a frente, +había dos butacas. La mujer se sentó en la una y el marido en la otra. +Colocados así los tres, el espectro estaba a mi derecha.</p> + +<p>»El bueno de don Santiago había estado muy afable y cortés conmigo... y +también un poco desconcertado al saludarme. Su mujer fue la de siempre y +lo que yo esperaba que fuera en aquella ocasión; pero ni me alentaba lo +uno, ni me intimidaba lo otro. En la enormidad de mi cuita, no debía +reparar yo en pequeñeces de más o de menos.</p> + +<p>»Sin detenerme en excusas ociosas ni en preámbulos atenuantes, referí +lo del anónimo y hasta le relaté casi al pie de la letra, y pregunté en +seguida si era cierto que entre ellos (mis dos oyentes) y su hijo +hubiera pasado lo que en el papel se declaraba. La mujer respondió al +punto, seca y muy acentuadamente, que sí; el marido, cuando me volví +hacia él, humilló un poco la cabeza, pero no dijo que no.</p> + +<p>»Ya sabía a qué atenerme con toda certidumbre; y a continuar iba en mi +empresa, fundada sobre esta base, cuando se me anticipó el espectro para +decirme:</p> + +<p>»—Ya supondrá usted que en esta casa, donde con tanta lealtad se habla +y se procede, no hay nadie que sea capaz de cometer tales felonías...</p> + +<p>»—No había necesidad de esa advertencia, señora—la dije de todo +corazón.</p> + +<p>»—Es que cómo la carta, según usted ha referido, fue entregada de parte +de mi hijo...</p> + +<p>»—Razón de más para creer que no era obra suya, puesto que no la +firmaba.</p> + +<p>»—Eso mismo pienso yo—dijo don Santiago, y eso solo debiera bastar +como prueba decisiva, si hubiera alguien capaz de atribuirle...</p> + +<p>»—Señor don Santiago—le interrumpí—, todas esas salvedades están +fuera de su lugar...</p> + +<p>»—Pero es extraño—dijo su mujer—, ¡muy extraño!, que una cosa tratada +aquí, a puertas cerradas, entre nosotros solos, hace dos o tres días, se +sepa a estas horas donde se sabe. ¿Cómo ha podido saberse?...</p> + +<p>»—¡Oh, por el amor de Dios!—repliqué fatigada con aquella ociosa +digresión—, no se preocupen ustedes ahora con eso... Ya se sabrá +todo..., y si no se sabe, ¡qué importa! No es eso lo que a mí me duele +ni por lo que he venido.</p> + +<p>»Calláronse entonces; y como los vi dispuestos a escucharme, díjeles al +punto, palabra más o menos:</p> + +<p>»—Hay en el anónimo ese un alcance más hondo que el que se ve, tomado +el papel en la sencillez de su contenido. Parece la obra de un amigo +indiscreto, y es un puñal envenenado que ha producido en mi casa dos +heridas mortales. Para eso fue escrito, y como puñal le esgrimió, la +mano alevosa. De una de las dos heridas no hay para qué tratar: es la +mía; quizás la merezco, y poco importa. Pero de la otra, que es la de mi +hija inocente... ¡Dios bendito!... Yo no sé si habrá en el mundo remedio +que alcance a cicatrizarla: sospecho que no; pero sé de algo que puede +combatir el veneno y amortiguar los dolores; y con esto, aunque mal, ya +se vive... Pues ese bálsamo milagroso está aquí, en una palabra, en una +mirada, en un latido del corazón de ustedes; y yo vengo a preguntarles: +¿a costa de qué sacrificios, de qué humillaciones, de qué penitencias, +le puedo adquirir para que viva la desventurada Luz?</p> + +<p>»—No me respondieron una palabra. Don Santiago me había oído sin +apartar de mí sus ojos compasivos; pero su mujer era una roca.</p> + +<p>»Convencida de ello, abandoné por inútiles los toques al sentimiento de +aquella inexorable criatura, y acometí de frente la empresa llamando a +las cosas por sus nombres. Lo que pretendía, lo que yo suplicaba era que +no se pusieran obstáculos a los proyectos acordados entre Ángel y mi +hija.</p> + +<p>»—Quisiera yo que la señora marquesa considerara—dijo al oírme don +Santiago, en tono muy afable—que cuando se tratan en familia asuntos +como el que nuestro hijo vino a tratar con nosotros, no debe extrañarse +que los padres, mirando por el bienestar y por...</p> + +<p>»—¡Si yo no me extraño de nada de eso, amigo mío! Ustedes han hecho muy +bien en lo que hicieron, pensando que lo que hacían era lo mejor; pero +entonces ignoraban...</p> + +<p>»—Mi hijo—interrumpiome la implacable madre—nos ha oído cuanto +necesita saber en este caso, y a ello se atendrá, como nosotros también +nos atendremos.</p> + +<p>»—Pero su hijo de usted ignora—díjela yo—lo que sucede en mi casa, y +no sospecha todo lo que puede suceder.</p> + +<p>»—Mi hijo—insistió con voz tremenda el espectro—no tiene obligación +de saber esas cosas, ni sus padres la tienen tampoco: lo que saben los +padres y el hijo, porque son bautizados y no han renegado nunca de +serlo, es que hay que bajar la cabeza cuando pasan las iras del cielo, +como pasan ahora para castigo de usted. Quien la hizo, que la pague. +Resígnese y sufra, y no pretenda que la ayude nadie a enmendar los +decretos de Dios.</p> + +<p>»—¡Mujer, mujer!—exclamó aquí el bueno del marido—, ¡caridad +siquiera!</p> + +<p>»—¡Oh!, déjela usted decir, que no me duele por lo que de ello me toca: +eso y más merezco. «Quien la hizo, que la pague»: ha dicho muy bien esta +señora; nada más justo. Yo la hice: yo acepto el castigo sin protesta, +para pagar todo lo que debo; pero por lo mismo que esta es la ley, me +parece que la infringen los que castigan en una hija inocente, como la +mía, los pecados de una madre como la suya. Vengan sobre mi cabeza todas +las iras del cielo, toda la indignación y todo el menosprecio de +ustedes; pero déjenme que implore un poco de misericordia para la +desdichada, que no ha cometido otro pecado que el haber nacido de mí.</p> + +<p>»Aquella mujer no se ablandaba: quizás no me comprendía; acaso no daba +más valor a mis instancias que el que tiene cualquier otro fracaso de +casamiento <i>ventajoso</i>. Por si no me equivocaba, conté la historia de +Luz desde que tuvo uso de razón, desde el día en que vino al mundo; su +carácter, su inocencia; mis incesantes afanes porque la conservara, +porque no supiera jamás entre qué inmundicias había caído..., en fin, +porque no se pareciera a su madre ni tomara en su ejemplo la menor +disculpa para no ser buena, si algún día se obraba milagro de que aquel +corazón tan puro llegara a corromperse: de todo esto hablé; y después de +hablar de ello, hablé de sus extrañas fantasías, origen de unos amores +que, por nacer como nacieron, parecían providenciales; de mi súbito +cambio de costumbres, de mis esperanzas..., de mi soñada felicidad, que +sólo consistía en que jamás turbara la de Luz el ruido de los escándalos +de su madre. Ya no era posible evitar esto, porque la infamia se había +consumado; pero ¿por qué al dolor de esta puñalada se había de añadir +otro más hondo todavía? ¿No era sobrada crueldad herirla, para que +también se pretendiera matarla? ¿En qué me rebelaba yo contra las iras +del cielo, que castigaban mis pecados, pidiendo la vida de la inocente?</p> + +<p>»Pues tampoco labró toda esta triste y larga plegaria en el corazón de +aquella mujer. Según ella, la justicia divina, cuando se dejaba sentir, +hería en lo más sensible. Por eso me había herido a mi donde tanto me +dolía. Sería cierto; pero ni aun así creía yo faltar a ninguna ley +divina ni humana implorando lo que imploraba al precio de sufrir yo sola +todas las amarguras decretadas para las dos.</p> + +<p>»Don Santiago no desplegó sus labios, porque harto tenía que hacer con +ocultar de mí las impresiones que le estaban dominando.</p> + +<p>»—Yo no pido a Ángel—concluí—porque es bueno, porque es hermoso, ni +porque es rico: le pido, le imploro, porque ama a Luz y es la vida de mi +hija, que le merece.</p> + +<p>»—Y yo no se lo negaría a usted—respondíame el espectro—si Luz fuera +pobre, fea y necia; él la quería, bendijérasela Dios, con tal de que +fuera honrada. Pero se la niego, se la negamos... porque su madre no lo +es.</p> + +<p>»—Lo sé ya, señora—repliquéla—, y en eso estábamos al principio; pero +llegando a donde he llegado yo con mis explicaciones y mis súplicas, la +pregunto a usted ahora, y a usted, mi buen amigo don Santiago: a cambio +de ese gran beneficio, ¿qué reclaman ustedes de mí?, ¿qué testimonios +desean para creer que si escandalicé como mujer deshonesta, puedo +edificar como arrepentida?, ¿qué martirios, qué humillaciones?... +Díganmelo: yo lo haré todo..., todo, sin repugnancia, con la sonrisa en +la boca y besando el azote que me castigue.</p> + +<p>»La mujer se callaba. El marido me dijo, si no recuerdo mal, algo como +esto, y muy conmovido:</p> + +<p>»—Señora mía, yo la compadezco a usted con todo mi corazón; yo no dudo +de la sinceridad de cuanto nos dice; yo la creo a usted capaz de todo +lo que promete, y la aseguro que haría los imposibles por poner las +cosas en donde debían estar, si las cosas esas tuvieran remedio a la +hora presente; pero con estos mis buenos deseos, que son los de mi +mujer, créame, aunque no lo parezca así...</p> + +<p>»—Tu mujer—saltó ésta—nunca se ha mordido la lengua para decir lo que +siente, si lo que siente va con la ley de Dios, como sucede ahora; y lo +dicho, dicho queda, porque no se opone a esa ley; pero aunque se +opusiera, también el mundo tiene sus leyes, bien o mal hechas, y hay que +respetarlas...</p> + +<p>»—¡Ahí está!—dijo con gran viveza don Santiago—: a eso iba yo a parar +cuando tú me interrumpiste. El mundo tiene sus leyes: en el mundo +vivimos; él nos ha formado a su modo, señora marquesa..., y por esas +leyes..., en fin, póngase usted en nuestro caso.</p> + +<p>»—¡Ah!—exclamé yo entonces—, ¡si usted se viera en el mío!.. Pero +también acepto esas leyes que me son tan desfavorables en esta triste +querella. ¿Qué teme usted del mundo en el caso implorado por mí?: ¿que +caiga sobre Ángel la ignominia de la madre de su mujer? También para +estas tempestades hay conjuros. ¡Yo me arrastraré como penitente donde +me han visto triunfar como pecadora!, ¡yo confesaré a voces mis pecados +donde quiera que haya gentes honradas que me oigan!... ¿Qué más puedo +hacer? Jesús no pidió tanta penitencia a la cortesana arrepentida, y +había escandalizado más que yo.</p> + +<p>»Se miraron uno a otro, y díjome después don Santiago muy conmovido:</p> + +<p>»Ni nosotros, pobres pecadores, le pediríamos a usted, <i>llegado el +caso</i>, todo lo que nos ofrece... Aquí hay caridad, señora, gracias a +Dios, aunque haya miramientos también, ¡y muchos miramientos!, que +respetar, sin que se falte por eso a la ley divina...; pero ¿sabe +usted, sabemos nosotros, si asintiendo a lo que usted desea y pide, y es +muy natural que lo pida y lo desee, se avendría también nuestro hijo, +con lo cual no contamos?</p> + +<p>»—Pues ¿no hemos convenido—repuse—en que lo que se afirma en el +anónimo es cierto en todas sus partes?</p> + +<p>»El buen hombre contestó que sí.</p> + +<p>»—Y ¿no se afirma en él que el único obstáculo que encuentra Ángel para +el logro de sus ardientes deseos, es la oposición de sus padres? Porque +de no contar con esto yo, no les hubiera molestado a ustedes con lo que +les he dicho.</p> + +<p>»—Es verdad, es verdad—respondió el bendito—: fue un reparo el mío +sin fundamento; pero de buena fe. Desgraciadamente para nuestros +propósitos..., quiero decir, para los de sus padres, la decisión de +Ángel en ese punto es a prueba de inconvenientes: es firme como una +muralla. Lo cierto no hay para qué ocultarlo, ni es justo que se oculte.</p> + +<p>»¡Cosa rara! Su mujer no hizo el más leve reparo, ni con la palabra, ni +con el gesto, ni con un ademán a esta declaración de su marido; +declaración que podía tomarse por una señal de triunfo para mí, aun por +una persona menos interesada en él que yo.</p> + +<p>»Temiendo perder lo ganado, pero resuelta a que quedara donde fuera +fructificando bien, no insistí en que llegáramos a un acuerdo +terminante, aunque hablé un buen rato todavía y con no mala fortuna; +pues o me engañaban mucho las señales, o el espectro se iba humanizando +poco a poco.</p> + +<p>»Ángel, presente allí, quizás hubiera logrado que yo me llevara hecho lo +que, en opinión mía, quedaba en buen camino de hacerse; pero ni se +presentó, ni me pareció muy cuerdo preguntar por él entonces.</p> + +<p>»En resumen: al concluirse aquella batalla, en que gasté las pocas +fuerzas que me había dejado la tremenda fatiga de mi casa, me pareció +que el bueno de don Santiago Núñez, más que un enemigo, era ya un aliado +mío, y que en la dureza de la mujer quedaba una mela por donde, si su +hijo sabía golpearla, llegaría hasta el corazón.</p> + +<p>»Al despedirme, el marido me estrechó con efusión la mano entre las dos +suyas. No me atreví a tendérsela en seguida a la mujer; pero, en cambio, +¡qué asombro!, me tendió ella la suya. No se la besé, porque no lo +juzgara sospechoso por excesivo; pero mis ojos, mal enjutos todavía, +volvieron a llenarse de lágrimas.</p> + +<p>»En el momento de salir, me advirtió don Santiago que su hijo no había +vuelto aún a casa, pero que no tardaría, porque era ya la hora de comer +para ellos; le rogué que no le ocultaran que había estado yo allí, y +comencé a bajar la escalera.</p> + +<p>»Al llegar a la meseta del entresuelo, me encontré con Ángel, que subía. +Dios, aunque me castigaba, no me dejaba todavía de su mano.</p> + +<p>»Antes que él saliera de la admiración de verme allí, y eso que lo +sospechaba por el carruaje que aguardaba en la calle, comencé yo a darle +cuenta, en voz muy baja y con el mayor laconismo que pude, de todo lo +que le interesaba saber sobre lo que ocurría en mi casa y en la suya. +¡Pobre chico! ¡Qué rato le di y qué horas le preparé! «Pero ¿por dónde +se supo? ¿Qué mano ha escrito eso?» La misma pregunta que arriba; la +misma que me hacía yo. ¿Y quién podía indagarlo mejor que él?</p> + +<p>»De pronto se dio una palmada en la frente, y en seguida me refirió, con +muy curiosos pormenores, una visita que había hecho el día antes a +Leticia.</p> + +<p>»—¡Esa es la mano!—dije sin titubear—. De ella es el rastro que yo +veía sobre el papel. No andando suelto por la tierra Satanás, sólo en +Leticia, contrariada y ofendida, cabe una felonía como esa. ¡Qué +desalmada!</p> + +<p>»El fracaso de sus proyectos en aquella visita, dejándole desamparado y +con su secreto descubierto en lugar tan sospechoso, le había movido a +pedir el auxilio y el consejo de Guzmán. Tres veces en pocas horas había +estado en su casa, y se volvía a la suya sin hallarle.</p> + +<p>»Díjele que se pasara muy pronto por la mía, donde era más necesario que +en ninguna otra, y nos separamos despidiéndonos «hasta luego».</p> + +<p>»¡Guzmán!..., la única criatura de cuantas hollaban la tierra, que me +parecía más criminal que yo!, ¡el hombre que merecía, en buena ley, que +llovieran sobre él solo todas las amarguras que habían entristecido mi +hogar! Porque él era la fuente, el origen y el único causante de todas +mis desdichas; el demonio sagaz que había socavado mi fortaleza, para +arrojarme después hecha jirones al lodazal de las gentes corrompidas. ¡Y +con saber esto, y con no poder amarle ya, todavía no lograba +aborrecerle! Otro de mis castigos.</p> + +<p>»Pensando así, llegué a mi casa una hora más tarde de lo que había +calculado. Felizmente, no creía haber perdido el tiempo. Llevaba +siquiera una gran esperanza con que alentar, en parte, los abatidos +ánimos de Luz.</p> + +<p>»Levantarlos por completo, era tan imposible como borrar con un soplo de +la memoria de las gentes la mala fama de su madre.</p> + + + +<h3><a name="XVIIa" id="XVIIa"></a>XVII</h3> + + +<p>No me sorprendió la noticia que me dieron al entrar en mi casa: la +estaba temiendo desde que salí de ella. Los martirios del alma de la +pobre Luz se habían dejado sentir también en su cuerpo. La hallé tendida +sobre la cama, y con la habitación medio a obscuras. Le molestaban la +claridad y los ruidos; sentía dolorida la cabeza, y una impresión muy +desagradable en todas las coyunturas. La toqué la frente, y la tenía +ardorosa; en cambio, las manos estaban muy frías. Respondía a mis +preguntas con pocas palabras y sin abrir los ojos. Contaba yo con algún +trastorno físico después de la borrasca moral; pero no tan grande como +el que me anunciaban aquellos síntomas, si es que no los abultaba la +triste luz que ennegrecía ya todas las cosas en mi imaginación.</p> + +<p>«Intenté sondear sus ánimos, informándola poco a poco y a mi gusto de lo +que había hecho fuera de casa, y exagerándola bastante el éxito de mi +visita. No dio señales de que le interesaran las noticias. Después le +anuncié la venida de Ángel, dentro de muy pocas horas..., de minutos, +mejor dicho. Entonces abrió los ojos y me miró. Decidiome esta buena +señal a ir más lejos en mis tentativas, y la dije que él había estado +real y positivamente enfermo; que por eso no había venido, y no por lo +que decía el anónimo..., y ya iba a añadir que, como mentía en eso el +inicuo papel, también mentía en la mayor parte de lo demás que +declaraba, cuando noté que Luz se cubría la cara con las manos y se +oprimía con fuerza los ojos, como si detrás de ellos comenzaran a +batallar otra vez sus mal apaciguados pensamientos. Me indicó por señas +que callara.</p> + +<p>»¿Qué era aquello, Dios mío! ¿Qué noche había caído de repente sobre +aquel risueño día primaveral, tan profunda y tenebrosa, que ni el mismo +sol era capaz de rasgar sus densos crespones! ¿Habría perdido yo el +tiempo? ¿Serían igualmente mortales entrambas puñaladas?</p> + +<p>»De cualquier modo, no era aquella la mejor ocasión de averiguarlo. Por +de pronto, urgía mucho que Luz se acostara de veras; y eso la propuse, y +eso hizo. Después, sin advertírselo a ella, porque se hubiera resistido, +mandé que avisaran al médico.</p> + +<p>»Entretanto, y por todo alimento en aquella mañana memorable, tomé yo +dos sorbos de caldo.</p> + +<p>»Llegó el doctor y vio a Luz. No encontró en ella ningún síntoma de +consideración: todo el mal se reducía a una ligera destemplanza, que se +curaría con las ropas de la cama y los mimos de su madre. Pero le +extrañaba mucho que no concordaran con la benignidad de los síntomas +orgánicos las manifestaciones morales: hallaba demasiado abatida de +espíritu a la enferma, que era de suyo animosa y expansiva.</p> + +<p>»Esto me lo dijo al despedirse en el vestíbulo; y como sabía o +sospechaba lo de los amores de Luz, preguntome, sonriendo +maliciosamente, si la enfermita había tenido algún disgustillo estando +sana. Respondile que sí, sonriéndome también muy a la fuerza, y entonces +me dijo:</p> + +<p>»—Pues con ese dato, adivine usted cuáles son la medicina y el médico +que han de curar esa enfermedad.</p> + +<p>»Sonreíme, y en esto apareció Ángel, que acababa de entrar.</p> + +<p>»Antes que se nos acercara para saludarnos, me dijo el doctor al oído:</p> + +<p>»—De este medicamento de le usted a la enferma buenas dosis y a +menudo.</p> + +<p>»¡Pobre hombre! ¡Qué lejos estaba de conocer la naturaleza de la peste +que había invadido mi casa!</p> + +<p>»Como yo me lo temía, bien poco o nada se dejaron ver en Luz los buenos +efectos del remedio tan encarecido por el doctor. La primera impresión, +algo más viva y agradable; pero en seguida, el mismo desaliento y el +mismo tinte dolorido y melancólico en la voz y en las miradas delante de +Ángel que de mí.</p> + +<p>»Por la noche vino Guzmán. Nada sabía de lo ocurrido. Le enteré de +ello, gozándome en la esperanza, lo confieso, de darle ese tormento que +sufrir. Y le sufrió; pero ¡con qué entereza de espíritu! Yo no sé de qué +hubiera sido capaz si el cúmulo de desventuras que se cernía sobre +nosotros hubiera tenido vida y formas que destruir.</p> + +<p>»Quiso ver a Luz inmediatamente, y yo no me opuse con gran empeño, +porque me convenía estudiarla en aquella prueba delante del hombre con +quien, según ella sabía ya por el anónimo, se la atribuían tan íntimas +conexiones. Debía ser este pecado el que más la espantaba de todos los +míos.</p> + +<p>«Entró hablándola en el tono regocijado y cariñoso que de ordinario +usaba con ella; y bastó a la pobre niña conocer su luz, para lanzar un +grito y estremecerse como si la hubiera sacudido una corriente +eléctrica. Vivía la infeliz indudablemente bajo el peso de una idea +terrorífica, que se embravecía con el recuerdo o la presencia de +determinadas cosas y personas. Se negó a responder una palabra, y las +únicas que pronunciaron sus labios fueron para suplicarnos que la +dejáramos sola, porque la soledad y el silencio eran lo que más descanso +la daba. Y yo sabía que «estar sola» quería decir entonces que se +quitara de allí Guzmán; y sabía lo que dolía eso, porque lo había +padecido yo pocas horas antes; y por saberlo, me complacía, me gozaba en +las torturas de él; porque yo no podía dudar, ni toda su fortaleza +alcanzaba a disimularlo, que las repugnancias de Luz le estaban hiriendo +en lo más vivo, en lo único sensible que le quedaba bajo su corteza +mundana y empedernida. Debiendo tanto como debía, justo era que pagara +algo de ello.</p> + +<p>»Salimos; y con el pretexto de no apartarme de donde tanta falta hacia a +cada momento, se despidió de mi sin mencionar lo ocurrido, ni hacer un +solo comentario sobre lo que poco antes le había referido yo.</p> + +<p>»Volvió más tarde el médico, y se convenció por el estado de la enferma, +que era el mismo de algunas horas atrás, de que su recomendada medicina +no había producido milagros.</p> + +<p>»—Pues ella los irá haciendo poco a poco. Entretanto, que den a la +enferma, cada tres horas, una cucharada de esto que voy a disponer.</p> + +<p>»Y dispuso un antiespasmódico, por disponer algo.</p> + +<p>»También volvió Ángel; pero esta vez no vio a Luz, porque me había +rogado, después de marcharse Guzmán, que no dejara entrar a nadie en su +cuarto, <i>fuera quien fuese</i>.</p> + +<p>»El resto de la noche lo pasamos solas las dos y sin separarnos: ella en +su lecho; yo a la cabecera, sentada en un sillón; ella durmiendo a +ratos, entre pesadillas y delirios, y yo contando las lentas horas, +minuto a minuto, a la luz mortecina y verdosa del opaco fanal de la +lamparilla, y viendo con los ojos de la triste imaginación desfilar en +largas y silenciosas procesiones los fantasmas de todas las locuras y +liviandades de mi vida pasada, y los de las crueles amarguras que el +cielo me tenía reservadas por castigo.</p> + +<p>»Al otro día, es decir, al acabarse aquella eterna noche, Luz estaba más +tranquila; y si la fiebre no había desaparecido por completo, debía de +estar apunto de desaparecer. Este alivio me ofrecía una buena coyuntura, +que yo pensé aprovechar, si el médico no se oponía, para mover a Luz a +que se explicara conmigo. ¡Me consumía el ansia de romper los diques de +aquel dolor mudo, y verle desbordarse en palabras, aunque el torrente me +arrollara a mi!</p> + +<p>»En cuanto el médico, horas después, confirmó aquel risueño parecer mío +con el suyo más autorizado, le consulté sobre los propósitos que tenía. +Los encontró muy cuerdos.</p> + +<p>»—Es hasta de necesidad—me dijo—despejar los nublados de esa +cabecita; poner en buen orden sus ideas y no consentir que vuelva a +llenarse de ellas el depósito. Que piense; pero que piense hacia fuera y +con las puertas del cerebro de par en par. Esto nadie lo ha de conseguir +más que usted. Lo restante, hasta dejar las cosas como estaban anteayer, +lo hará luego, sin grandes dificultades, <i>el otro doctor</i>.</p> + +<p>»No esperé un momento más. Volvime al lado de Luz, y llegué muy a +tiempo, porque la hallé tratando de incorporarse en la cama. Mientras la +ayudaba yo y la arreglaba las almohadas para que se recostara sobre +ellas, se cruzaron algunas palabras entre nosotras. Después me dijo que +se encontraba muy bien así: no se le desvanecía la cabeza ni le +molestaba la luz. De aquí tomé yo pie para comenzar lo que intentaba. +Díjela que aún se sentiría mucho mejor si descargaba la imaginación del +peso de sus tristes pensamientos, comunicándolos conmigo; que las penas +calladas ahondaban demasiado en el corazón, y mucho más en el suyo, que +las sentía por primera vez... ¡El mismo gesto de repugnancia! ¡La misma +resistencia muda! Entonces la asedié con mayor empeño: insistí, +supliqué, lloré..., y conseguí que ella llorara también. Comenzaban los +diques a quebrantarse, y esta era una buena señal.</p> + +<p>»Mientras lloraba, con la frente apoyada sobre mi pecho, yo la hablaba +dulcemente al oído, y el corazón me iba diciendo que las durezas se +ablandaban y que el torrente se desbordaría. Para facilitarle la labor, +traté de destruir los obstáculos de mayor bulto. Díjela que era muy +natural que siendo yo la causa de sus dolores, y por unos motivos tan +escabrosos, se resistiera ella a comunicarme lo que sentía; porque esto, +en su inexperiencia, no lo creía posible sin lastimarme. ¡Qué equivocada +estaba! Lo que a mí me lastimaba, hasta acongojarme, era su silencio +melancólico. Que me hablara, aunque fuera para maldecirme, pues nunca +llegarían sus maldiciones a expresar tanto y tan negro como lo que leía +yo en lo que no me quería decir. Pero suponiendo, contra todo lo que +debía creerse, que hubiera grandes motivos para que conmigo fuera tan +tenaz en su reserva, y confesando que no tenía derecho alguno para que +me mirara con blandos ojos, ¿por qué se mostraba tan triste, desalentada +y taciturna delante de Ángel como de mí? Que fuera inclemente conmigo, +se comprendía; ¡pero con él!...</p> + +<p>»Al fin, se rompieron los diques, y habló; pero como estaba muy débil y +no se hallaban todavía en completo reposo sus ideas, el trabajo de +responderme, en asunto tan complejo, era para la pobre demasiado penoso. +Para aliviársele y cansarla menos, la fui yo concretando cada punto y +dándole en cada pregunta que la hacía la fórmula de la respuesta. Así +nos entendimos, y llegué yo a ver hasta el fondo de aquel puro y +cristalino lago, tan agitado y revuelto todavía por las iras de la +reciente tempestad.</p> + +<p>»¡Aborrecer ella a Ángel cuando más en el alma le tenía! No la +contrariaba su presencia por desamor, sino por un sentimiento bien +diferente: temía verse contemplada por él a distinta luz que antes, y la +espantaba la idea de no valer a sus ojos todo lo que había valido hasta +entonces. Quería verle, deseaba verle, y verle sin cesar; pero de modo +que él no la viera a ella. Cierto que todo lo ocurrido, con ser tanto y +tan enorme, no le había apartado de sus propósitos; que se mostraba leal +y cariñoso y resuelto a pelear contra todo linaje de obstáculos que se +atravesaran en el camino que los dos se habían trazado en horas bien +risueñas; pero esto podía ser, sería indudablemente, abnegación en él, +compasión que ella le inspirase, sacrificio de muchos respetos, y +sacrificios bien dolorosos acaso; y este recelo la afligía mucho más que +el verle alejado de ella.</p> + +<p>»Hícela yo notar que sus temores no tenían fundamento. Era una niña sin +experiencia y sin malicias: ¿qué sabía ella de las cosas del mundo para +estimar el valor de ciertos momentos del ánimo, subordinados al influjo +de unas leyes que tampoco conocía? Aún no habíamos hablado entre las +dos, sosegadamente, del suceso que a aquella situación nos había traído; +todavía estaba por aclarar qué había de falso y qué de cierto en el +contenido del infame papel, y cuál fuera la verdadera importancia de lo +último a los ojos de un público avezado a no asombrarse de faltas mucho +mayores...</p> + +<p>»¡Si lo sabía!... Luz no había visto el mundo, ciertamente, y había sido +educada muy lejos de él; pero en todos los libros y en todas las bocas +había aprendido las mismas reglas para conocerle; en todos sus +escondites la habían enseñado a estimar el bien con la pintura +abominable del mal; y así, para realzar a sus ojos el mérito de la mujer +honrada, se habían valido del retrato de la que no lo era. Por estas +enseñanzas sabía, y no podía dudarse, que de todas las mujeres malas era +la peor la madre desjuiciada y deshonesta, porque sus escándalos dañaban +también a sus hijos, de los cuales apartaban los suyos las madres +honradas, como se aparta el fruto sano del sospechoso. Pudo ella dudar +si esta ley se cumplía entre las gentes con todo rigor; pero bastábale +ser honrada y tener sentido común para comprender que la ley no carecía +de fundamentos, y que no se obraba contra justicia aplicándola al pie de +la letra.</p> + +<p>»Con este modo de pensar, y teniendo a su madre por la más perfecta de +las mujeres, ¿de qué modo sino con un torbellino de dolor y de vergüenza +pudieron caer sobre ella las revelaciones del papel anónimo? Y con lo +que ya sabía, aunque Ángel llevara su abnegación al último extremo, +¿cómo ni para qué aceptar su sacrificio, con el recelo de ver en cada +sonrisa suya un disimulo de sus temores a la rechifla de las gentes?</p> + +<p>»Por eso daba por muerta la mejor de sus ilusiones; pero sin que dejara +de vivir en su corazón el sentimiento de que había nacido.</p> + +<p>»Esta es la substancia de lo que tuve que oír, o mejor dicho, de lo que +yo misma fui extrayendo, frase a frase, del cúmulo de pensamientos que +se revolvían en su cabeza.</p> + +<p>»¡Grandes pudieron ser mis faltas, pero bien caras las iba pagando!</p> + +<p>»No por lo que me dolía el castigo, sino por aliviar a Luz del que +padecía por mí, díjela, con mal forjada entereza:</p> + +<p>»—Y ¿sabes tú todavía si es cierto lo que se asegura en el anónimo?</p> + +<p>»Pero ella me respondió, con una prontitud y un vigor que me +sorprendieron:</p> + +<p>»—Y si no es cierto, ¿por qué no me lo dijiste cuando te lo pregunté +tantas veces, con el alma entre los labios? Pero entonces bajaste la +cabeza... y huiste; y yo creí lo peor, porque no podía creer otra cosa; +y el daño quedó hecho así. Ahora, cuando menos tengo que dudar, sí me +afirmas lo contrario; y una duda no es bastante remedio para curar una +herida tan grande.</p> + +<p>»¿Qué había de replicar yo a este nuevo latigazo de la justicia de +Dios! Balbucí algunas palabras de disculpa..., para acabar pidiendo a +Luz, entre lágrimas, que no me aborreciera.</p> + +<p>»—¡Aborrecerte!—exclamó la infeliz, enjugando mis ojos con sus +besos—, ¡siendo mi madre, y con lo que has llorado!...</p> + +<p>»No tenía derecho a pedir, más, cuando me daba lo que yo no merecía.</p> + +<p>»Después de esta escena, volvió Luz a caer en sus tristezas. Los nuevos +pensamientos no se le acumulaban tanto en la cabeza, porque no era tan +reservada conmigo como antes; pero allá le quedaban los gérmenes que +los producían, y esto era lo peligroso.</p> + +<p>»Ángel me ayudaba heroicamente a combatir el mal; pero eran inútiles +nuestros esfuerzos. Contemplándole, chispeaba el amor en los ojos de +Luz; oyéndole hablar enamorado, el fulgor desaparecía tras un velo de +negras tristezas. Se la atormentaba con lo que creíamos infundirla +alientos, y había que desistir de la empresa. ¡Cómo nos descorazonaba +esto!</p> + +<p>»Pero, aunque poco, al fin hablaba, y removía y oreaba las ideas; y +aquella terrorífica que antes la perseguía sin sosiego, ya no la +martirizaba tanto.</p> + +<p>»Sólo delante de Guzmán se despertaba y embravecía; y no me maravillaba, +después de haberme confirmado la infeliz lo que recelaba yo: aquel +pecado mío era, a los ojos de su pudor de hija, el más abominable de +todos los del vergonzoso catálogo.</p> + +<p>»A todo esto, los días pasaban, la fiebre era imperceptible, y, sin +embargo, la enferma, lejos de mejorar, se iba aniquilando poco a poco. +El médico se impacientaba ya, porque no sabía a qué atenerse, y me +miraba a mí y yo le miraba a él. Los dos teníamos las mismas dudas, +¡ay!, y los mismos temores.</p> + +<p>»La casa comenzaba a tomar ese aspecto fúnebre y sombrío de las grandes +tristezas del hogar. Se vivía medio a obscuras, se hablaba bajo y se +andaba de puntillas. El rechinar de una puerta parecía un gemido mal +disimulado; cada mueble un ataúd; cada lienzo un sudario.</p> + +<p>»Me había aislado de todas mis amistades: sólo se abrían mis puertas al +desconsolado Ángel, al médico y a Guzmán..., que continuaba padeciendo +el martirio de no poder contemplar a Luz sino de lejos y escondido de +ella.</p> + +<p>»Pues en tan señaladas circunstancias recibí un recado de Leticia, +preguntando «con vivo interés» por el estado de la enferma. ¿Era cinismo +de la infame, o un disfraz de su vileza? Yo entendí lo primero, y bajo +esta impresión la respondí. No vino el segundo recado de su parte, y eso +me convenció de que fue la respuesta muy merecida.</p> + +<p>»Y pasaron tres días más; y Luz, que hasta entonces había vivido con +ánimos prestados, comenzó a animarme a mí y a sonreírme..., ¡ella, que +ni para sonreírse tenía ya fuerza! ¿Cómo entender aquella crisis, Dios +mío! ¿Iluminaban otros soles más alegres sus días? ¿Se iniciaba una +reacción dichosa en su extraña enfermedad?</p> + +<p>»Sí, todo esto era cierto; pero de muy distinto modo que lo entendía yo. +No acudía a donde nosotros intentábamos llevarla para curar sus males: +pretendía que nosotros subiéramos con ella a las alturas desde donde se +había puesto a contemplarlos. ¡Le parecían desde allí tan llevaderos!. +¡Qué engaños tan enormes los de la vista humana cuando no se levanta del +polvo de la tierra!</p> + +<p>»Esta y otras reflexiones análogas me fueron dando la medida del estado +de su espíritu. Lo que faltaba de ella hasta la exactitud, me la dio al +otro día la enferma diciéndome que deseaba «hablar con su confesor». +¡Temió la inocente que me pareciera demasiado oírla decir que «quería +confesarse»!</p> + +<p>»—Y vino el confesor poco después. ¡La nota triste que faltaba en el +cuadro de mis tribulaciones!</p> + +<p>»Sin salir el cura de la habitación de Luz, llegó el médico. Le dije lo +que ocurría, y me contestó con un ademán y un gesto que, a mi entender, +significaba: «no está de más».</p> + +<p>»Ahogándome el llanto, le pregunté muy por lo bajo:</p> + +<p>»—Pero ¿qué es lo que la mata?</p> + +<p>»¡Como si yo no lo presumiera!</p> + +<p>»Tampoco respondió derechamente a esta pregunta. Se sentó, y quiso que +me sentara yo a su lado. En seguida, por entretenerme o por consolarme, +comenzó a hablarme de la vida de ciertas flores..., el cuento de +siempre: unas hojas, muy frescas ayer, que hoy se contraen y marchitan +de repente; un tallo muy erguido que se encorva de pronto bajo el peso +de la flor..., y una ráfaga insana que la tocó al pasar, o un insectillo +impalpable que mordió la raíz. Qué ráfaga o qué insecto había pasado por +mi casa, no lo sabía él...</p> + +<p>»¡Pero lo sabía yo!</p> + +<p>»Estando en estas, salió el cura muy ufano y satisfecho. ¡Me dio la +enhorabuena!... ¡Dios sabe bien por qué no se la agradecí! Quedó en +volver a menudo, «porque aquello no había sido más que una preparación +para otro acto más solemne»; y se fue el bendito señor.</p> + +<p>»—Luz, cuando el médico y yo entramos en su cuarto, irradiaba la +alegría por toda su faz de querube. La palidez era la única huella que +había estampado allí la ráfaga de que hablaba el doctor. Comprendí que +en boca del confesor estaba muy en su punto la enhorabuena que me había +dado momentos antes; pero vistas y estimadas las cosas con ojos humanos, +a mí me acongojaba aquella alegría, que me estaba pareciendo el himno +triunfal de las vírgenes dispuestas a la muerte. Era dichosa, +ciertamente, sonriendo entre dolores; era bien envidiable su destino; +pero yo me quedaba sin ella en el mundo, y era su madre..., y moría por +mi causa..., mejor dicho..., ¡Dios poderoso!, ¡la mataba yo!</p> + +<p>»Nada tuvo que hacer allí el médico. Delante de ella, infundiéndonos +ánimo, parecíamos nosotros los enfermos.</p> + +<p>»Al despedirse el doctor de mí, le pregunté qué juicio formaba del +estado de la enferma. Movió la cabeza tristemente.</p> + +<p>»—Con un espíritu doliente—me dijo—dentro de un cuerpo sano, como +antes, había para temer y para esperar; pero en el caso inverso de +ahora, cuando el cuerpo se muere a escape, sólo queda que temer, porque +el contenido se va con el continente.</p> + +<p>»Lo mismo pensaba yo, aunque sin tantas palabras y con mayores +angustias.</p> + +<p>»Preguntole después cuánto a durar aquella vida, y diome a entender +harto claro, que podía concluirse a la hora menos pensada.</p> + +<p>«»Secándome el llanto para entrar mintiendo en la habitación de Luz me +alcanzó Ángel, recién informado por el doctor de las tristes novedades +que ocurrían. Confirméselas sólo con mirarle, y se precipitó desolado +en el gabinete. Luz le dijo, en cuanto le vio, contemplándole con la +cara envuelta en una celeste sonrisa:</p> + +<p>»—Créeme: vale más que lo que habíamos pensado, <i>lo que va a suceder +pronto</i>. Me duele dejarte, porque tú tampoco estás aquí en tu sitio; +pero ya nos hallaremos donde debemos hallarnos, y esto me consuela.</p> + +<p>»El pobre chico sollozaba; y para ocultar los verdaderos motivos, echaba +a Luz la culpa de todo. Luz se sonreía más entonces. Cogiole una mano +entre las suyas, y le dijo, con un timbre de voz que era un cántico +melodioso:</p> + +<p>»—No me pesa que me llores, y llórame también <i>cuando suceda</i>, pero +llórame porque me envidies, no porque me compadezcas. Te aseguro que es +gran beneficio del cielo el sacarnos de aquí cuanto antes.</p> + +<p>»Y lo sentía como lo afirmaba..., y yo, ¿yo si que le envidiaba aquella +conciencia pura y tranquila en que se reflejaba su ardiente fe, como el +sol en un espejo!</p> + +<p>»También en aquella escena, que fue larga, parecíamos Ángel y yo los +enfermos, y Luz la enfermera.</p> + +<p>»No puedo darme ahora cuenta exacta de todo lo que ocurrió en el resto +de aquel día y durante la noche que le siguió; no sé si Ángel fue y vino +varias veces o si no se movió de allí, porque tengo una idea de que +faltó muy pocos instantes de mi casa hasta cerca de la madrugada; +recuerdo vagamente también que estuvo Guzmán al anochecer, y el efecto +terrible que le hizo la noticia que yo le di por entrar; que vio a Luz y +que la habló, y que Luz tuvo también para él sonrisas y dulzuras de +consuelo; que se apartó de ella a duras penas cuando entró el cura +nuevamente para confesarla; que salió con los ojos enrojecidos y el +pecho rebosando de sollozos; que, mientras el confesor cumplía su +triste cometido, Sagrario, forzando todas las consignas de la puerta, +entró hasta donde yo me hallaba recogida para llorar a solas, y se +abalanzó sobre mí, hecha un mar de lágrimas; que se aumentó el raudal de +las mías al verme delante de aquel cómplice y testigo de mis maldades; +que cuando el cura se me acercó para darme otra enhorabuena y advertirme +que de acuerdo con la enferma, se la daría el Viático al día siguiente +para que le recibiera con la debida solemnidad, <i>puesto que no corría +prisa</i>, Sagrario voló hasta la cama de Luz, de donde me costó gran +trabajo separarla; y que con espantarse tanto como se espantó de la +infamia de Leticia cuando yo la enteré de ella, se espantó todavía más +de que yo no viera en sus estragos otra cosa que el castigo de mis +culpas; tampoco recuerdo en qué paré esta corta entrevista con aquella +loca de buen fondo, ni cuándo se marchó, ni cuándo se fue Guzmán, ni qué +me dijo, ni lo que te dijo Luz al despedirle. Creo que volvió por allí +dos o tres veces durante la noche, y que no quise ceder a nadie, ni al +mismo Guzmán, ni al pobre Ángel, que tan encarecidamente me lo rogaba, +el consuelo de pasar aquella más sentada a la cabecera. Fue larga, muy +larga la noche, esto lo recuerdo bien; pero no tanto el pormenor de lo +que hice y sentí durante ella. Algo debí de pensar, considerando cómo la +pobre Luz se destruía al primer choque de su inocencia con las maldades +del mundo, en si fui o no fui discreta al cultivar a la sombra una +planta destinada a vivir al aire libre, para venir a parar a que no +estaba lo malo en esconder más o menos a una hija para que viera o no +viera ciertas cosas, sino en que una madre tenga faltas que no puedan +ser confesadas a voces; porque pensar en esto y llorar mucho mientras la +pobre enferma dormitaba, aún sin tan grandes motivos, había sido mi +ocupación en las veladas anteriores; también recuerdo confusamente la +hora en que Ángel se despidió para volver por la mañana, y algo como +impresión pavorosa que entonces sentí, sin saber por qué, al considerar +que me quedaba sola junto a aquel lecho, que me parecía una tumba...</p> + +<p>»Pero lo que sé para no olvidarlo jamás, y por eso me ha borrado el +recuerdo de todo lo que se grabó poco antes que ello en la memoria, es +que cuando reemplazó a los trémulos y mortecinos resplandores de la +lamparilla el primer rayo de sol de aquel día primaveral; cuando se +despertaban las flores y los pájaros; y toda la naturaleza se alborozaba +y sonreía, despertaba también Luz de un sueño que me había parecido +tranquilo, pálida como la cera, y recorriendo con sus grandes ojos +asombrados toda la estancia.</p> + +<p>»—¿Qué te sucede, hija mía?—preguntela incorporándome de un salto y +cogiéndole, con las mías, una de sus manos, fría, ¡muy fría!</p> + +<p>»—¡Es cosa, muy singular!—me dijo tornando a su postura supina y +fijando su mirada en un punto imaginario del pabellón de su cama.</p> + +<p>»—Había vuelto a mis jardines..., aquel paraíso de que yo te hablé..., +donde nos conocimos Ángel y yo... Me paseaba por sus senderos +retorcidos, y Ángel no parecía..., y yo le esperaba. En esto, el sol se +obscureció de repente, y comenzó a enturbiarse aquel río tan +cristalino..., y a crecer, a crecer... turbio, ¡muy turbio!, y cubrió +los arbustos de las orillas; y siguió enturbiándose, enturbiándose, y +creciendo y creciendo; y llegó a las praderas más bajas, y seguía +enturbiándose y creciendo todavía. Entonces tuve yo gran miedo donde +estaba, y llamé a Ángel muchas veces..., y Ángel no vino. Subí a lugar +más alto; y al ver que las aguas también subían, corrí, de altura en +altura, hasta refugiarme en el chalet. Salí a la azotea, y vi con +asombro que las aguas lo habían invadido todo, ¡todo cuanto alcanzaba la +vista! Temblé de espanto al contemplar aquella desolación y verme tan +sola allí... A poco rato volvieron a bajar las aguas poco a poco..., +turbias, ¡siempre turbias!..., hasta encauzarse otra vez entre las +orillas del río... Pero lo que ellas habían inundado, todo lo que se +descubría con los ojos, era un lodazal tristísimo, sin praderas sin +flores y sin senderos... Sólo el chalet en lo más elevado...</p> + +<p>»—¡Eso es un sueño, amor mío!—la dije para sacarla del sobresalto en +que la veía—; un sueño como cualquier otro, que pasó ya.</p> + +<p>»—Es que no ha pasado—me respondió, sin apartar la vista del punto en +que la había fijado antes, y con voz mucho más débil—, ¡y esto es lo +asombroso! Yo creo que estoy despierta ahora, y, sin embargo, me +encuentro en el mismo sitio y sobre el mismo lodazal...</p> + +<p>»—¡Luz!..., ¡hija mía!—la grité entonces para distraerla de aquella +visión que la fascinaba.</p> + +<p>»—¿Y cómo salir de aquí!—prosiguió, sin apariencias de oírme—; ¿por +dónde, si esto no tiene límites, ni un palmo de tierra firme y limpia en +que sentar el pie!... ¡Dios mío!... ¡Dios mío! ¡Ah!..., ¡ya me oye!... +De allá arriba, de lo alto, de lo más alto del cielo, baja una figura +con alas blancas, como la túnica que viste, y los cabellos rubios +flotando en el espacio... Y vuela hacia acá... Y va acercándose a mí... +Ya oigo el suave rumor de las alas al batir el aire... Se acerca más..., +me sonríe y me tiende una mano..., la tomo con otra mía... y me suspende +y me saca de la azotea... y volando, volando, me conduce sobre la +ciénaga sin fin... ¿A dónde?</p> + +<p>»—¡Luz! ¡Luz!—volví a gritar, aterrada ya con aquella fijeza de mirada +y el frío marmóreo de sus manos—. ¡Vuelve a mí los ojos! ¡Mírame!..., +¡estoy aquí, a tu lado!</p> + +<p>»Pero ella, sin dar señales de atender a mis llamadas, prosiguió +diciendo con una voz débil, muy débil, pero dulce y argentina, como el +sonido de las arpas eólicas:</p> + +<p>»—¡Qué alto me eleva!... ¡Y todavía más alto!... ¡Tan alto, que ya no +te veo, madre mía! ¿Me oyes?... ¡Dile a Ángel que le espero!... +¡También te espero a ti!... ¿Me ves?... Es imposible, porque he llegado +muy arriba... ¡Y aun me elevo más!..., ¡más alto todavía!... ¡Qué región +de soles!... ¡Cuánta luz!</p> + +<p>»Y con esta palabra se apagó su voz, como la última nota de un suspiro. +Sentí que se estremecía ligeramente su mano entre las mías; observé en +sus labios una ligera contracción, que me pareció el acento de una nueva +sonrisa; y un instante después inclinó su cara hacia mí, y hundió la +cabeza entre los rizos de oro que le formaban una aureola esparcidos +sobre la almohada.</p> + +<p>»—¡Luz! ¡Luz!, ¡vida mía!—llamé de nuevo con las angustias de todos +los espantos en la garganta, acercando mi boca a su oído—. ¡Mira a tu +madre!..., ¡dile que la oyes..., que la ves!...</p> + +<p>»¡Dios misericordioso! ¡Aquellos ojos, que aún me miraban, ya no veían; +aquella boca que me sonreía, ya no respiraba; y aquel hermoso cuerpo, +que parecía dormido en un sueño de amores, no era más que la yerta y +abandonada envoltura de un alma angelical que había volado a su patria +celeste!</p> + +<p class="c">*</p> + +<p>»Todo cuanto sucedió en la tierra desde aquel momento infausto, ya no +tuvo nombre ni valor alguno para mí. Nada de ello era mío: sólo me +pertenecían las sangrientas y mortales llagas de mi corazón y las +torturas de mi conciencia.</p> + +<p>»La vida que me restaba no tenía otro destino que arrastrar la cruz que +merecía; y a arrastrarla con valor consagré todas las fuerzas de mi +espíritu.</p> + +<p>»Y arrastrándola voy: a cuestas la llevo, ¿qué importa a nadie por +dónde? Toda la tierra es Calvario para quien está dispuesto a sufrir +dolores y afrentas.</p> + +<p>»A ese fin van, y obra son de los impulsos de un alma atormentada y +contrita estos apuntes que escribo para lanzarlos al mundo. No creería +nunca bastante barrida de gusanos la conciencia, sin entregar los +escándalos de mi vida a la abominación de todas las mujeres honradas.»</p> + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La Montálvez, by José María de Pereda + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA MONTÁLVEZ *** + +***** This file should be named 25812-h.htm or 25812-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/5/8/1/25812/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + https://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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