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+The Project Gutenberg EBook of La Montálvez, by José María de Pereda
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: La Montálvez
+
+Author: José María de Pereda
+
+Release Date: June 16, 2008 [EBook #25812]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA MONTÁLVEZ ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
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+
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+
+La Montálvez
+
+José María de Pereda
+
+
+
+
+PARTE I
+
+
+
+
+I
+
+
+Pulcro y rollizo; suave y risueño, y, al mismo tiempo, solemne y
+espetado; vulgar obscuro de meollo; rico, huérfano y libre; sin nervios
+ni hieles en el cuerpo, ni señal de polvo de las aulas en la ropa;
+vicioso a la chita callando; enamorado de su estampa, de su _talento_,
+de su _elocuencia_, y especialmente de los timbres de su linaje, y
+dejándose correr, con todas estas ventajas, a lo largo de la vida en lo
+más substancioso de ella, sin otros fines que el regalo de la querida
+persona, con la satisfacción de todos los apetitos, pero sin prefacios
+de grandes desvelos, ni epílogos de incómodas harturas... eso era el
+caballero marqués de Montálvez (título con polillas, de puro rancio);
+eso era en los tiempos de su mocedad; y así fue tirando el pobre, sin
+visible quebranto en la salud, aunque con muchos y muy gordos en el
+caudal, hasta que le apuntaron la calvicie en el cogote y la pata de
+gallo en los ojos. Entonces se decidió a casarse; y contra lo que era de
+esperar de sus devociones y pujos aristocráticos, partió su blasonado
+lecho con la hija única de un rico ex contratista de carreteras y
+suministros, rozagante y frescachona, eso sí, pero no tan hermosa,
+seguramente, como él la pintaba, quizás en su empeño de justificar con
+la ley irresistible de una pasión desinteresada, una caída desde lo más
+alto de las cumbres de su vanidad.
+
+El _mundo_, del cual era el marqués uno de los más brillantes
+sustentáculos, lo vela muy de otro modo; pero el recién casado no paraba
+mientes en ello, o fingía no pararlas. Lo cierto es que la hija del rico
+ex contratista hacía a maravilla el papel de marquesa; que el marqués
+alimentó no poco la extenuada corriente de sus caudales con el copioso
+manantial del bolsón de su suegro; que éste parecía muy complacido
+viendo cómo lucían sus prodigalidades en la flamante jerarquía de su
+hija; que la encopetada sociedad de la corte, a pesar de sus escrúpulos
+y reparos de estirpe, propalados de oreja en oreja a escondidas de los
+despellejados, abría de par en par a éstos las puertas de sus salones, y
+que no eran las galas, ni el esplendor, ni el natural donaire de la
+advenediza, lo que menos se aplaudía en ellos.
+
+Cerca de dos años llevaba de consumado este matrimonio, y aún no daba
+señales de lo que el marqués anhelaba con un ansia y un afán tan poco
+disimulados, que más de una vez dieron motivo a los ingeniosos epigramas
+de la gente encopetada, los cuales caían después, sin saberse cómo, en
+medio de la vía pública, donde los recogían estudiantes, gacetilleros y
+otras gentes nocivas, que los propalaban y esparcían por toda la
+capital, y aun fuera de ella. Es muy singular el don que tiene Madrid,
+con ser tan grande en comparación con una aldea, para vulgarizar tipos,
+acreditar frases y poner motes.
+
+Lo que el marqués deseaba con tan descomedidas ansias, era un hijo
+varón; pero llegaron a pasar tres años, y lo deseado no venía. Al
+cumplirse los cuatro hubo grandes barruntos de algo. Pero ¿qué sería? Y
+esto se preguntaba a cada instante el buen marqués, y esto le
+preguntaban a cada hora sus amigos y conocidos; y por adivinarlo,
+aceptaba y rechazaba, según que se ajustaran o no a sus deseos, cuantos
+síntomas y fenómenos internos y externos acepta como artículos de fe la
+observación del vulgo, cuando la marquesa dio a luz una hembra.
+
+Dudo mucho que se reciba con peor talante a un huésped desconocido que
+se mete a las dos de la mañana en casa de su prójimo, robándole el sueño
+y alborotándole el hogar, que a la recién nacida en el de sus padres, en
+cuanto el doctor proclamó, en voz desfallecida y con gesto de terciana,
+el sexo que la había tocado en suerte.
+
+Bautizáronla con un poco de fausto, por el _qué dirán_, pero a
+regañadientes; pusiéronla, como un castigo, el nombre de Verónica, entre
+el barón de Castañares y la condesa viuda de Picos Pardos, que fueron
+sus padrinos de mala gana; y por esto, y por el nombre, y por el chasco
+y por todo lo imaginable, la fábrica de epigramas funcionó sin descanso
+y la pusieron el aún mal desengrasado pellejito lo mismo que si la
+inocente criatura hubiera sido causa voluntaria de aquellas caritativas
+expansiones del ingenió maleante de los aristocráticos amigos de su
+casa.
+
+La entregaron inmediatamente al pecho mercenario de una nodriza; y por
+la razón o el pretexto de que su madre no había quedado para atender a
+los cuidados molestísimos de su crianza, se acordó que la nodriza se la
+llevara a su aldea, en el riñón de la Alcarria.
+
+Y allá la llevaron, con mucha _impedimenta_, eso sí, de pañales, y
+mantillas, y gorros y cuanto había que apetecer en tales casos, y un
+infolio de advertencias, prescripciones, avisos, encargos y hasta
+amenazas, sin contar el dinero que a puñados les metieron en el bolsillo
+a la nodriza y al zángano de su marido, que las había de acompañar en
+el viaje. Esto era duro, durísimo, decía el marqués, para unos padres
+tan blandos de corazón como ellos; pero el estado de la marquesa, tan
+delicado en su convalecencia, y el temperamento de la niña, que era por
+todo extremo _linfático_, según dictamen, casi en profecía, del doctor,
+el cual temperamento hacia indispensable para ella el aire y la libertad
+del campo, les obligaban a echarla de casa.
+
+Y la echaron, así como suena, a los quince días de haber nacido en ella,
+vírgenes sus tiernas carnecillas de esas vivificantes impresiones de que
+no carecen los hijos del más haraposo menestral: las dulces caricias,
+los besos amorosos y el blando y providente manoseo de una madre.
+
+Diez y ocho meses bien cumplidos estuvo en la Alcarria; y refería
+después la nodriza que, en las pocas veces que en ese tiempo fue el
+señor marqués a ver a su hija, se le caía la baba de gusto al
+contemplarla rodando por los suelos, medio desnuda, entre cerdos y
+rocines, tan valiente y risotona, y tan sucia y curtida de pellejo, como
+si fuera aquél su elemento natural y propio.
+
+Cuando la volvieron a Madrid, viva y sana por un milagro de Dios,
+alborotó la casa a berridos. Y no podía suceder otra cosa delante de
+aquellos espejos relucientes, entre aquellas colgaduras ostentosas,
+lacayos de luengos levitones y señoras muy emperejiladas, con lo arisca
+y cerril que ella iba de la aldea. Con su padre se las arreglaba tal
+cual; pero en cuanto su madre intentaba tomarla en brazos, más bien por
+tema ya que por cariño, se retorcía como alimaña en cepo. Le daban miedo
+hasta el centelleo de sus pendientes de diamantes y el olor de todos
+sus menjurjes y perfumerías; y acaso, acaso, algo que su instinto
+infantil vela en el yerto lucir de sus ojos y en el forzado sonreír de
+su boca, que no era la golosina que arrastra a los niños a pegar sus
+frescos labios en la faz regocijada de su madre.
+
+Muy otra debió de parecer a la desabrida marquesa su hija cuando ésta
+estrenó las primeras galas del hatillo que apresuradamente la hicieron
+al llegar a Madrid, porque se dejó oprimir entre sus brazos sin
+protesta, y hasta besar con estruendo en la mejilla.
+
+«Aquel beso»--dicen los _Apuntes_ a este propósito--«fue el primero que
+recibí de los maternos labios: le recuerdo como si le hubiera recibido
+ayer; y esto debe consistir en que mi naturaleza estaba ávida de aquel
+tributo que no se le pagaba, y la fuerza de la sensación, desconocida
+hasta entonces, aguzó el instinto que ya columbraba los albores de la
+inteligencia, y estampó el suceso, para no borrarse nunca, en las tablas
+vírgenes de la memoria.»
+
+A todo esto, y desde la vuelta de su nodriza al pueblo, la habían puesto
+al cuidado de una niñera, que la sacaba a orearse por el Retiro tres o
+cuatro veces a la semana, y dormía a su lado en una de las habitaciones
+más apartadas de la de su madre, con el piadoso fin de que no la turbara
+el sueño por la noche. Y eso que desde aquel beso, y por virtud también
+de las ponderaciones que de la hermosura y gracias de la hija hacían
+delante de ella las amigas de la madre, parecía que ésta la iba cobrando
+cierta inclinación, que no disimulaba. Pero comenzó por entonces la
+marquesa a sentir muy certeros e incómodos anuncios de otro heredero, y
+esto la causaba grandes preocupaciones y molestias y «la quitaba el
+gusto para todo».
+
+Al abuelo, que estaba chocho con su nietecilla, le llevaba el diablo con
+estas cosas: apostrofaba a la hija por su frialdad, y predicaba al yerno
+por su injustificable indiferencia; pero el uno y la otra se encogían de
+hombros por toda respuesta, y no revivía el extinguido fuego de amor a
+la hija, que había chisporroteado un instante después del primer besó de
+la madre. ¿Quién sabe el rumbo que hubiera tomado el astro de los
+destinos de la niña sin los prosaicos inconvenientes en que fundaba la
+marquesa su nuevo alejamiento de ella, y el acontecimiento que sobrevino
+poco después?
+
+El acontecimiento fue nada menos que la llegada al mundo del anhelado
+varón. Todo fue júbilo entonces y locura y desconcierto en la casa, de
+la cual pudiera decirse, sin gran exageración esta vez, que fue echada
+por la ventana. Se revolvió medio Madrid para el bautizo; medio Madrid,
+que le comió al marqués, digo, al abuelo, medio costado; se consiguió
+elegir los padrinos entre lo más cogolludo de la nobleza, y se le
+pusieron al flamante heredero todos los nombres de los grandes reyes, de
+los mayores santos del cielo, de todos los conquistadores célebres, y de
+los más gloriosos poetas y artistas de la tierra. Entre tanto, el recién
+nacido, más que criatura humana, parecía un ratón en salmuera: ni era
+mucho más grande, ni más rollizo, ni más pulcro, ni mejor encarado.
+Nació gimiendo; entre gruñidos y pataleos recibió el agua del bautismo,
+y gruñendo volvió a casa y continuó, sin cesar, muchos días, comiéndose
+los puños apretados y perneando rabioso, como sapo clavado en estaca,
+mientras la pacífica y rozagante Verónica, olvidada de su familia en el
+último confín del hogar, no se moría de hambre porque la niñera cuidaba,
+de propio impulso, de esos y otros menesteres.
+
+Desde aquellos días se echó en la casa de los marqueses de Montálvez una
+raya por debajo de lo vivido hasta allí, y se abrió una vida nueva, cuyo
+centro, cuyo eje, era el recién nacido heredero de los títulos y
+preeminencias de su padre; por lo que la pobre Verónica, elemento
+principalísimo de la _vida vieja_, quedó entre lo más alto y olvidado de
+la raya para arriba, como trasto inútil en obscuro desván.
+
+No puede negarse que el _medio ambiente_, tan traído y tan llevado ahora
+por la gente de mi oficio, influye mucho en la condición moral y hasta
+en el desarrollo físico de los caracteres y de las naturalezas; pero no
+es menos cierto que las hay de tal fibra, que, con ambiente y sin
+ambiente, echan impávidas por la calle de en medio, y por ella siguen
+sin torcerse ni extraviarse, aunque las ladren canes y las tiren
+vestiglos de la ropa.
+
+Prueba de ello es que cuando Verónica llegó a la edad de los celos y de
+las envidias, y tuvo razón bastante para distinguir los halagos de las
+durezas, no echó de menos los extremados mimos que se le prodigaban a
+todas horas a su hermano, criatura de lo más encanijado, llorón y
+cascarrabias que hubo venido nunca al mundo. La tenían sin cuidado los
+tumultos que se armaban a cada instante en la casa porque el angelito no
+comía, o se descalabraba, o tosía ronco, o se retorcía cárdeno y
+pataleaba con un dolor de tripas; las ponderaciones que de su imaginada
+hermosura se hacían delante de ella a parientes y amigos, que se
+guardaban muy bien de afirmar lo contrario, y hasta los injustos
+vituperios que se la enderezaban porque con sus juegos le quitaba el
+sueño, o no discurría cosa con gracia para entretenerle y alegrarle. La
+niñera no tenía otra obligación que la de mirar por ella y acompañarla
+incesantemente; la quería de todo corazón, y era esclava de sus menores
+caprichos; hacíanla estrenar un vestido cada semana, y no se ponía tasa
+a sus antojos de juguetes. Con todas estas ventajas, hasta bendecía el
+alejamiento a que se la condenaba en su propio hogar, porque, al fin y
+al cabo, le procuraba una independencia de la cual sacaba ella mucho
+partido para vivir a su gusto; y si hubiera conocido el placer de la
+venganza, la hubiera hallado bien cumplida en los testimonios de cordial
+amor que recibía de las _visitas_ y de los amigos de la casa, a
+escondidas, por supuesto, de todas las gentes de ella.
+
+Su abuelo persistía en el honrado propósito de arreglar más a justicia
+estas cosas, que le repugnaban; pero su esfuerzo alcanzaba a poco. Por
+de pronto, cada día se alejaban más de la casa de su yerno, porque cada
+vez le eran más insoportables «las majaderías y sandeces» que observaba
+en ella. Su naturaleza tosca, y los resabios adquiridos en los tratos y
+contratos en que había pasado lo mejor de la vida, le hacían
+incompatible con los hábitos aparatosos y refinadamente vanos y
+teatrales de sus hijos; y como, además, era hombre sin retóricas,
+desengañado y de muy poca correa, el menor reparo a sus crudos alegatos
+le quitaba las ganas de exponer el segundo. Su misma nieta, objeto
+exclusivo de los desvelos del pobre hombre, dudaba muchas veces si tenía
+en él un protector cariñoso o un enemigo más de quien temer
+contrariedades y desabrimientos.
+
+--Pero, vamos a ver--decía el ex contratista a su hija cuando más
+desatinados eran los extremos que ésta y su marido hacían en honor del
+hijo varón--, ¿a qué vienen esas majaderías? Y ya que las hagáis, ¿por
+qué pecáis por el extremo contrario con Verónica, que es una niña como
+unas perlas? ¿Por qué detestáis a la una tanto como queréis al otro?
+
+Negaba la marquesa que ni ella ni su marido dejasen de querer bien a su
+hija, y hasta citaba en testimonio de ello el regalo en que la
+mantenían.
+
+--Es verdad--replicaba el abuelo--: atestáis de juguetes su escondite y
+de vestidos su ropero, como se echan mendrugos a los perros en su
+garita, para que no molesten con sus ladridos ni estorben con su
+presencia, y acaso, acaso, porque los vean gordos y lozanos los vecinos.
+Pero de aquí, de aquí (y se golpeaba sobre el corazón), de eso que
+alimenta el alma y hace buena sangre a los niños, ¿qué dais a la
+infeliz? Pues mira, y no lo olvides: hija que se acostumbra a vivir
+entre la esquivez y el desamor de sus padres, si sale mujer honrada es
+por un milagro de Dios.
+
+Protestó contra el supuesto la marquesa, e insistió en que, desde que la
+niña había nacido, se la amaba _cuanto se la debía amar_.
+
+--Justamente--repuso su abuelo--, porque ni entonces, ni ahora, ni
+nunca, habéis podido tragarla; y no la habéis podido tragar, porque lo
+que se quería en esta casa no era familia por el ansia natural de
+tenerla, ansia que sienten hasta los irracionales, sino un heredero
+varón en quien vincular los relumbrones aristocráticos de tu marido,
+como si importara seis maravedís que se perdiera la casta directa de ese
+mentecato; y como a Dios no se le engaña, después de probaros la
+voluntad y la mala entraña con la hija que os dio, sin merecerla, os ha
+castigado en el varón que apetecíais..., porque ese niño ha de ser, está
+siendo ya, vuestro castigo.
+
+Con esto, dio media vuelta la marquesa y no pareció su padre en mucho
+tiempo por aquella casa.
+
+Y así fueron corriendo los años, y llegó Verónica a contar diez bien
+cumplidos. Tenía una salud de bronce, y crecía y se redondeaba que era
+una bendición de Dios: los amigos de la familia la comían a besos los
+carrillos, y la decían verdaderas atrocidades mientras la volteaban en
+el aire, o la echaban una zancadilla en un corredor o en mitad de la
+escalera, siempre, por supuesto, a escondidas de sus padres y, sobre
+todo, de su hermano, que cada día era más ruin y más inaguantable, por
+envidioso y desabrido.
+
+Como «había proyectos sobre ella», al decir de su madre, interinamente
+la pusieron maestros de primeras letras y de música, con los cuales
+aprendió a leer mal, a hacer palotes muy torcidos y a solfear
+desastrosamente, por culpa, según dictamen del maestro, que era un
+italiano famélico, de su mal oído. Esto, y el Catecismo de punta a cabo,
+y una oración para cada acto de los más ordinarios de su vida, es decir,
+para acostarse, para levantarse, para ir a comer, para salir a paseo,
+etc., etc., y otras para cuando tronaba, pasaba el Viático por la calle,
+ventaba muy recio, y así sucesivamente, enseñadas por su sirvienta, que
+era una guipuzcoana muy devota, y tuvo la abnegación de no reclamar para
+sí las alabanzas que el cura de la parroquia, que preparó a la niña para
+la primera confesión, dedicó al celo cristiano de su madre, era cuanto
+Verónica sabía en artes liberales y en letras divinas y humanas, a la
+edad de once años y algunos meses de pico.
+
+Al cumplir los doce se le revelaron los proyectos que había sobre ella,
+los cuales se reducían a enviarla a Francia a _terminar_ su educación en
+un colegio de los más afamados de París. No supo la niña, por de pronto,
+si la noticia la alegró o la produjo el efecto contrario. No le agradaba
+por lo que de colegio, es decir, de encierro y sujeción había en el
+asunto; pero, en cambio, le deleitaba por tratarse de ver el mundo,
+aunque de refilón y con trabas; de ir a París, de vivir en París, de
+respirar el aire de París, de comer, en fin, y vestir y soñar en París,
+nombre con el cual estaban atascados sus oídos y su cabeza, porque en su
+casa no se hablaba comúnmente de otro asunto, ni entre las gentes que la
+frecuentaban, ni en las casas que frecuentaba ella. París era lo mejor
+de la tierra, y lo de París no tenía igual en el mundo, y al uso de
+París se vestía, y se andaba, y se comía, y hasta se hablaba con agravio
+de la lengua de Cervantes... y de la de Molière.
+
+Y a París la llevaron en esta situación de ánimo, sin alegría y sin
+penas, no contando las lágrimas que la arrancó del fondo del corazón el
+desconsolado llorar de la niñera, en cuyos besos de despedida,
+ardorosos, resonantes y mezclados con el llanto de sus ojos, sentía
+palpitar el alma entera de la noble guipuzcoana. El desconsuelo de
+aquella honrada mujer y el recuerdo de la cariñosa abnegación que la
+debla, eran el único vínculo con que la hija de los marqueses de
+Montálvez se sentía ligada a la casa paterna a medida que iba alejándose
+de ella por el camino de Francia. No era suya la culpa. Su corazón no
+podía dar otro fruto que el de las semillas que se habían depositado en
+él.
+
+
+
+
+II
+
+
+Bien poco trabajo le costó hacerse a la vida y costumbres de colegiala.
+Parte de esta fortuna se la debía a las condiciones de su carácter
+acomodadizo y placentero; algo al no muy estimulante recuerdo de su
+perdida libertad, y el reto a la feliz circunstancia de no haberse visto
+un solo día verdaderamente aislada en aquel hervidero de chicuelas de
+todas castas, edades, temperamentos y naciones. La fuerza de la
+atracción, por imperio de la necesidad, arrastra, en tales casos, lo que
+flota indeciso y como al azar, hacia su centro apetecido. Por eso, no
+bien hubo llegado al colegio, cuando ya conocía de vista a todas las
+españolas que había en él; en seguida formó entre las de su edad; luego
+dio la preferencia a las madrileñas, y acabó por intimar con las que, de
+éstas, pertenecían a su jerarquía social.
+
+Así conoció a Leticia Espinosa y a Sagrario Miralta, vástagos ambas de
+la más encumbrada aristocracia española, las cuales habían entrado en el
+colegio un año antes que ella. Leticia, contra lo que su nombre
+declaraba, era una morena triste, o, mejor dicho, serena y algo fría,
+como esos días de otoño, de poco sol, de que tanto gustan los espíritus
+contemplativos y melancólicos. Tenía hermosos ojos y muy correctas
+facciones; y sin dejar de ser animosa para todo, faltaba casi siempre en
+sus actos y en sus dichos el color de la sinceridad, lo cual se
+atribula, más que a un vicio de su carácter, a que rara vez la animaba
+el calor del entusiasmo.
+
+Sagrario era una rubia inquieta y bulliciosa, ávida de impresiones, de
+aire, de luz... y de golosinas. Fisgona impenitente, no había castigo
+que la curase de la pasión de arrimar, ora el ojo, ora el oído, a todas
+las rendijas y cerraduras de los aposentos; y, a creerla por su palabra,
+¡qué cosas veía y escuchaba en aquellos vedados interiores! Su manía,
+casi criminal, eran las _zangolotinas_, como llamaba a las mayores,
+algunas de ellas vestidas ya de largo y con un pie en el estribo para
+tomar la vuelta a sus hogares. A éstas las perseguía con una tenacidad y
+un instinto de perro de caza. Espiaba sus actos, escuchaba sus dichos,
+asaltaba sus dormitorios, revolvía sus equipajes, les abría los cajones,
+se enteraba de sus cartas y les robaba las novelas que después
+devoraban las otras..., porque tenían novelas y algunas profanidades
+más, que eran contrabando allí; y, no conformándose con esto sólo,
+relataba historias desvergonzadas ¡y hacía unos comentarios! A mi ver,
+todo era una mala pasión de despecho, porque se recataban de ella y de
+las de su grupo en sus entretenimientos y conversaciones.
+
+Lo que sigue es, palabra por palabra, de la mano que escribió los
+_Apuntes_:
+
+«Si entrara en los reducidos términos de mi paciencia el propósito de
+describir mi vida de colegiala con todos sus pelos y señales, larga
+sería aquí la lista de los lances curiosos en que intervine yo, por las
+intemperancias incorregibles de Sagrario y por la entereza glacial de
+Leticia; pero no van por ahí las corrientes que me empujan en este
+instante; y si menciono los nombres y principales rasgos de carácter de
+estas dos compañeras, omitiendo los de tantas otras, es porque conservé
+esas dos amistades durante toda mi vida mundana, y no influyeron poco en
+la calidad de ella, lo mismo bajo el cascarón de crisálida en el
+colegio, que cuando volé a mis anchas por el mundo con las alas de
+mariposa.
+
+»También habría mucho que hablar sobre el tema de la educación de las
+jóvenes de mi pelaje, si por _educarlas bien_ se entiende, como debería
+entenderse, la manera de hacer de ellas _buenas_ hijas y mejores madres.
+Desde luego afirmo que estos hermosos fines no han de lograrse en
+ciertos colegios ni en parte alguna donde la _distinguida_ y mal
+acostumbrada educanda viva «a uso de tropa». De este modo se aprende
+todo, si se aprende algo, como el soldado la táctica y las leyes
+penales: maquinalmente y a la fuerza; y no se toma amor, sino miedo y
+repugnancia, a las tareas y al _cuartel_ mismo, con sus largos y
+desnudos pasadizos, sus enfilados dormitorios, sus lechos de contrata,
+sus vigilantes antipáticos y su refectorio mal oliente. Llega a ser
+insoportable el patio de altos muros, con los juegos de siempre y los
+cánticos de todos los días, y el pasear en hileras, y el comer en
+comunidad, y el recogerse y el levantarse a unas mismas horas y con el
+mismo forzado silencio. Fatiga el ánimo la contemplación incesante de
+unos mismos colores, de unas mismas caras, de unos mismos cuerpos, de
+unos mismos uniformes, y, sobre todo, de aquel blasón de la casa, de
+aquella cifra sempiterna reproducida en los muros, en los libros, en las
+ropas y en los platos. Abruma el peso de la monotonía según van pasando
+los meses y los años en esta vida reglamentada, y el demonio de la
+indisciplina y de la rebelión llega a poseer a las colegialas de pies a
+cabeza. Entonces se piensa con fruición hasta en las peripecias, en los
+horrores de un incendio repentino de la casa; en la enfermedad del
+profesor de Geografía, o en la prisión de la directora por mandato del
+Gobierno...; en fin, en todo lo que pueda ser causa de que se altere y
+descomponga, de cualquier modo, la máquina de aquel reló de piezas
+humanas.
+
+»Por eso la colegiala más querida de sus compañeras es la más indócil y
+revoltosa y holgazana, la que más depresivos motes pone a las _madres_,
+y más perturbaciones acarrea en el gobierno interior de la casa.
+
+»A mí me enseñaron muchas cosas en libros, con la aguja, de palabra,
+por escrito y hasta por señas y a toque de violín; pero sobre todas las
+enseñanzas obligatorias en aquel colegio, prevalecieron las del mal
+ejemplo de mis compañeras, más avispadas que yo, o más cargadas de
+malicias y de años. Nunca me faltaron libros profanos, ni noticias
+estimulantes de los placeres del mundo; y con este acopio y el que hice
+por mí misma durante la relativa libertad que se me concedía cuando fui
+_de las mayores_, viendo las cosas mundanas de tarde en tarde y a
+deshora y con el rabillo del ojo, y contando diez y siete años muy
+cumplidos, se dio por terminada mi educación en aquel afamado colegio
+francés.
+
+»Del cual salí diez meses después que mis inseparables amigas Leticia y
+Sagrario, muy ducha en bailar, en hacer reverencias, en modular la voz,
+en manejar el abanico y la cola del vestido de baile, en esgrimir los
+ojos y la sonrisa, según los casos, los sexos y las edades, y en el
+ceremonial decorativo y escénico de las prácticas religiosas; tal cual
+en lengua francesa, materialmente al rape en obras de costura y
+principios de economía doméstica, y casi, casi, en el idioma nativo; y
+sobre todo esto, y por razón de los contrabandos del colegio y de las
+incompletas ideas adquiridas en conciliábulos clandestinos, y la propia
+observación hecha a medias con trabas y sobresaltos, y quizás también
+por obra de mi temperamento o de mi carácter, franco y expansivo, un
+ansia, que rayaba en voracidad, de ver el mundo por dentro, de conocerle
+a fondo, de saborearle a mis anchas, sin los velos y cortapisas que a
+las puertas de él me habían, hasta entonces, despertado los apetitos.
+
+»Esto es todo lo que llevaba aprendido al volver a mi casa, cinco años
+después de haber salido de ella, sin contar la persuasión íntima de que,
+mientras no se invente cosa mejor que lo conocido, la educación menos
+peligrosa y más esmerada de una niña será aquella en que más se deje
+sentir la intervención amorosa de su madre, si, por su dicha, tiene
+madre, y madre _buena_.»
+
+
+
+
+III
+
+
+Como el tiempo no pasa sin mudar la faz de las cosas, cuando volvió a su
+patrio hogar la colegiala no dejó de hallar en él cambios y mudanzas que
+la sorprendieron. Su madre tenía «achaques», y achaques graves, según
+ella decía, apostándoselas al médico, que no mostraba gran empeño en
+contradecirla. Estos achaques no la impedían frecuentar los salones de
+«su mundo», ni la obligaban a tachar un solo renglón de su larga lista
+de compromisos sociales, ni se revelaban, _a cierta distancia_, en su
+cara frescachona ni en su apostura garbosa y elegante; pero es indudable
+que los tenía, y muy hondos; achaques de matrona presumida, bien
+sufridos y mejor tapados con heroicos esfuerzos de la voluntad y buen
+acopio de sonrisas y menjurjes.
+
+No fue esto un hallazgo, en todo el rigor de la palabra, para su hija,
+que ya barruntaba algo de ello por las últimas cartas de la marquesa y
+la propia observación en las dos visitas que la había hecho en el
+colegio. Harto más se admiró al convencerse de que la inusitada dulzura
+con que su madre la había tratado en París, y que ella tomó por disfraz
+de añejas y naturales esquiveces, antes crecía que se agriaba en las
+intimidades de la vida doméstica; y todavía fue mayor su asombro cuando
+supo, por testimonios fidedignos, que la modificación genial de la
+marquesa, en lo referente a este grave punto, databa de la misma fecha
+que los achaques. ¿Cómo lo que de ordinario sirve para exacerbar los
+humores y despertar las impertinencias, y hace inaguantables a las
+gentes que son desabridas por naturaleza, había producido en aquel
+_ejemplar_ el efecto contrario? No podía averiguarlo Verónica. Lo
+importante para ella era el hecho, y el hecho bien a la vista estaba.
+
+Otro suceso que fue completa novedad para la colegiala: su hermano tenía
+achaques también; es decir, nuevos, muchos, demasiados achaques; pero en
+este infeliz se cumplía rigurosamente la ley común: se le reflejaban
+claramente en el espíritu los que le desorganizaban y consumían el
+cuerpo. Era éste raquítico, sarmentoso y descuajaringado. Cada pieza de
+él estaba mal avenida con la inmediata: las piernas se negaban a
+sostener el tronco; el tronco forcejeaba por desprenderse de la cabeza,
+y los brazos andaban de acá para allá sin saber a qué arrimarse, porque
+en todas partes estorbaban y de todas partes se caían. El espíritu era
+digna joya de tal estuche: quebradizo, avinagrado y herrumbroso. Daba
+compasión contemplar aquel ser que parecía un castigo providencial de
+ciertas injusticias y flaquezas de sus padres. Más que un niño
+enfermizo, era un enano decrépito. Por razón de su miserable naturaleza,
+nada se le había enseñado; así es que, contando ya más de quince años,
+no sabía deletrear. Por el contrario, se le había dejado en completa
+libertad de hacer todo cuanto le diera la gana; pero tan hastiado estaba
+de ser libre y de campar por sus caprichos, de romper, de manchar, de
+alborotar y de dar tormento impunemente a cuanto respiraba y se movía en
+su derredor, que ya solamente se entretenía con las contrariedades y las
+resistencias, por hallar el placer de vencerlas y de atropellarlas. Y
+había que presentárselas, o fingir que se le presentaban, para darle
+gusto y sacarle por un instante del mortal desfallecimiento en que caía
+en cuanto le faltaba el aguijón de un apetito que pusiera en actividad
+el cordaje de su desconcertada máquina.
+
+Es verosímil que la contemplación continua de este desconsolador
+espectáculo tuviera gran parte en los cambios geniales de la marquesa;
+y, sin embargo, no concordaban tampoco las manifestaciones de ésta con
+la tristeza y gravedad del motivo, aun sin tener en cuenta los extremos
+de locura a que la condujo el nacimiento de aquel hijo tan deseado.
+Cierto que continuaba siendo esclava de sus antojos; pero no con la
+abnegación incansable de antes. Aquella esclavitud no era ya amoroso
+entretenimiento, sino carga abrumadora, cruz de enorme peso. Llevábala
+con paciencia, pero no sin cansancio. ¿Consistiría esto en que sus
+propios males la hacían más insensible para los ajenos, o en que,
+robándole los alientos del espíritu, agostaban el campo de sus ilusiones
+y vanidades, e imprimían nuevo y más sosegado ritmo a los impulsos de su
+corazón? Pero, en este caso, ¿por qué no se cumplía la ley con igual
+rigor en lo tocante a las pompas del mundo? ¿Por qué continuaba
+pagándose de ellas con el mismo fervor del primer día? Posible era
+también que el convencimiento que necesariamente tendría de que para la
+enfermedad de su hijo no había humano remedio, le quitara, con la
+esperanza de conservarle, las fuerzas para sufrirle; pero, en este caso,
+¿qué pensar de la calidad de aquel extraño sentimiento que se manifestó
+en la casa, haciendo a todos los moradores de ella siervos pacientísimos
+de la tiranía del presunto heredero de los títulos de su padre?
+
+Lo cierto era que el enfermo se moría poco a poco; que su madre, aunque
+lo sabía muy bien, no daba muestras de apurarse por ello, y que ya no
+era Verónica quien pagaba, como en otros tiempos, todos los vidrios
+rotos de la casa.
+
+Por lo tocante al marqués, tampoco se preocupaba gran cosa con el estado
+mísero de aquel su retoño, cuyo nacimiento tantas extravagancias y
+sandeces le había hecho cometer. Bastante más le quitaban el sueño otros
+cuidados. Habíase dado con pasión a la política; y mientras arreglaba
+ciertos comprobantes, de muy mal arreglo, para que le nombraran senador,
+perseguía, con escasa fortuna, una credencial de diputado cunero. No
+salía del salón de Conferencias, ni de la tertulia del ministro de la
+Gobernación. En casa paraba poco, pero hablaba mucho, y siempre de su
+pleito; no a la manera llana y familiar de otros tiempos, sino en estilo
+declamatorio y rimbombante, y tomando pretexto de todo para ensayar
+papeles de tribuno. Comíale el prurito de la solemnidad y de las grandes
+frases, y más de una vez le arrastraron sus obsesiones parlamentarias al
+extremo de replicar a su mujer en un diálogo prosaico sobre temas de
+cocina, con un «¡Su señoría se equivoca!» que, por lo campanudo y
+resonante, hubieran envidiado los más famosos adalides del Congreso.
+
+No eran de fácil arreglo los susodichos comprobantes para lograr la
+senaduría, porque las rentas propias, vueltos los manantiales al bajo
+nivel en que estaban antes de fomentarlos su suegro con el copioso
+caudal de sus talegas, no llegaban hasta donde la ley quería. Y ésta fue
+otra de las novedades con que se halló la colegiala al volver a su casa.
+De la cual novedad llegó a enterarse por los comentarios de su padre a
+cada batacazo del expediente, que no salía de un atolladero sino para
+caer en otro más hondo. Si esta merma procedía de los banquetes y otras
+parecidas _travesuras_ con que el marqués trataba de hacerse visible, y
+hasta _ministrable_, entre los hombres políticos de mayor talla, o de
+las enormes sumas que le costaba a la marquesa sostener el esplendor de
+su jerarquía a la altura en que le había colocado de recién casada, o de
+lo uno y de lo otro, que era lo más seguro, no cayó la hija en la
+tentación de averiguarlo. Bastábale saber que el lujo y la abundancia
+rodaban por aquellos suelos lo mismo que antes, y que su abuelo, hecho
+una ruina ya, aunque de mala gana y refunfuñando, acudía siempre a las
+llamadas de la hija en sus continuos apuros.
+
+¿Ni cómo pararse ella en reflexiones de mayor substancia? ¡Ella, que
+siempre había sido allí la _puerca cenicienta_! ¡Ella, que llegaba del
+colegio con la cabeza llena de fantasías tentadoras y el pecho atestado
+de mortificantes deseos, y en todo cuanto la rodeaba veía recursos para
+satisfacerlos, alas con que mecerse en los sonados espacios, llaves de
+hechizos con que abrirlas doradas puertas que guardaban los descifrados
+enigmas de su curiosidad insaciable!
+
+Ocupaba un hermoso gabinete que se la había dispuesto ex profeso. Era
+como la leyenda, en colores y substancias, de su fresca juventud, con
+los obligados atributos de inocencias, candores y misterios pudorosos.
+El arte y el cariño parecían haber trabajado con empeño en aquel nido
+fantástico. Tan elocuente y expresivo estaba todo allí, que casi se
+ruborizaba de sí propia la jovenzuela al desnudarse para meterse en el
+cándido y esponjado lecho. ¡Lo que influye en los juicios y sentimientos
+humanos el relumbrón del aparato escénico!...
+
+Su madre no se hartaba de palparla, unas veces vestida, otras medio
+desnuda; de medirla con ávidos ojos, de verla andar, y, aunque seca de
+palabra siempre, de prodigar, a su manera, elogios a su precoz
+desarrollo físico y moral, a la redondez de su cuello, a la tersura de
+su garganta, a la expresión maliciosa de sus ojos, a la frescura de su
+boca, a la esbeltez de su talle y a todas y a cada una de sus prendas
+esculturales. Era mucho más exigente con la modista para sus vestidos
+que para los propios, y la frase que más la halagaba en boca de sus
+amigos, era la que envolvía un piropo para su hija. Llevábala a muchas
+partes consigo, y se afanaba y desvivía para hacer cuanto antes, con la
+debida solemnidad, su presentación en «el mundo».
+
+El marqués no estaba menos admirado que su hija de esta transformación
+de sentimientos de su mujer. ¿En qué consistía? ¿Por qué, a medida que
+iba resignándose sin esfuerzo a quedarse sin el hijo, antes preferido,
+se aficionaba tanto a la hija, despreciada y aborrecida ayer?
+
+«Dios me lo perdone--dicen en este pasaje los _Apuntes_--, si en el
+supuesto me engaño, porque bien pudiera ser causa de mi juicio el
+recuerdo de lo pasado; de aquel desdén, que rayaba en antipatía, con que
+empapó mi corazón, en una edad en que arraigan las impresiones para el
+resto de la vida; pero yo no vi nunca en las nuevas atenciones de mi
+madre uno solo de esos reflejos que llegan al alma y hacen latir al
+_unísono_ dos corazones. Si me amaba, no sabía expresarlo, o yo era
+incapaz de sentirlo. Esta es la verdad. Y si sus actos no eran
+determinados por el amor, había que suponerlos hijos de otro sentimiento
+bien distinto. Autoriza a creerlo así el hecho de que todos los consejos
+que entonces me dio se dirigían a hacerme mujer elegante y distinguida;
+ni uno solo a hacerme honrada. A pesar de ello, no considero esta falta
+gravísima como signo de perversidad del alma. Esta falta y otras como
+ella, son, en determinadas gentes, obra de ciertas deficiencias, a veces
+constitutivas, a veces impuestas por la educación; falsas ideas que se
+adquieren de las cosas, por el modo erróneo de considerarlas. El
+corazón, al cabo, es una máquina que tiene en la cabeza el tornillo
+regulador de sus impulsos.»
+
+Como su abuelo salía ya poco de casa, cuando no podía ir a la de sus
+hijos, iba la nieta a visitarle. ¡Cuánto la agradecía estas visitas el
+pobre viejo!
+
+--Es triste--la decía--vivir solo a esta edad y lleno de achaques. Todo
+el año es invierno para uno; todos los celajes obscuros; todas las
+esperanzas negras, ¡muy negras! Tú, que asomas ahora, hija mía, por las
+puertas de la vida, y porque, comparándolo con lo poco que llevas
+andado, se te figura que es interminable el camino que te falta por
+andar, no te dejes seducir de esta ilusión. Porque es una ilusión, nada
+más que una ilusión: créeme a mí. La vida es breve, muy breve; y si se
+comienza andando muy de prisa, se va por la posta. Cuando quieras
+fijarte en ello, tendrás la cabeza blanca y la cara llena de arrugas; y
+de allí ya no se retrocede ni con la fuerza de la desesperación: al
+contrario, cuanto mayor sea el empeño, más irresistible es el empuje del
+tiempo, que no para jamás. Para que las canas y las arrugas no te
+sorprendan ni te espanten, no hay más que un remedio: andar con pies de
+plomo en la juventud, y acopiar algo de lo que fructifica durante ella,
+para que nos anime y conforte en las tristezas y soledades de la vejez.
+De todos estos acopios, ninguno tan importante ni eficaz como el de una
+conciencia tranquila. ¡Si tú supieras el valor que tiene este consejo
+por ser mío!... Dígote todas estas cosas siempre que te veo, y aunque sé
+que te aburren, porque no hay en tu casa quien te las diga. Tu padre...
+¡valiente padre está el tuyo! Tu madre... no quiero decirte ahora lo que
+pienso de tu madre. Por de pronto, Dios ha castigado sus injusticias
+contigo, haciendo aborrecible cruz para ella lo que con tan locos
+extremos puso sobre su cabeza y aun por encima de todas las leyes
+divinas y humanas... Por supuesto, que ese hijo se le muere, y se le
+muere muy pronto, y ella lo sabe y se queda tan fresca. ¿Puedes tú
+explicar este contrasentido? Yo podría si quisiera; pero no quiero,
+porque, al fin y al cabo, no estoy tan limpio como debiera estarlo, de
+la culpa de los estúpidos extremos de tus padres al nacer tu infeliz
+hermano. ¡Ah, si yo hubiera tenido entonces un poco más de carácter y no
+me hubiera dejado vencer de ciertas debilidades!... En fin, ya no tiene
+remedio. Lo mejor es que tu madre te mira ya con buenos ojos... ¡Pues
+podía no! ¡Caramba, cómo te vas redondeando, y qué guapísima estás!
+Vaya, que da gusto mirarte. ¡Chica más precoz y más...! Mira, cuando
+entras por esas puertas, parece que asoma la primavera y que cantan los
+pajaritos en esta casa. ¡Si me sabrán a gloria tus visitas! ¡Dios te lo
+pague, hija mía!
+
+Y cuando llegaba aquí lloraba el pobre anciano, daba a su nieta un
+sonoro beso en la frente; y después, casi siempre la hacía un regalo.
+Ella le entretenía hasta hacerle reír con el relato de sus travesuras de
+colegiala, o con el de los recursos a que apelaba para templar la
+iracundia de su hermano, cada vez que, por obra de caridad, se acercaba
+a él; y así llegaba la hora de marcharse. Dábale el abuelo otro beso,
+recomendándola de nuevo que no echara en olvido sus advertencias; y
+entonces cala ella en la cuenta de que, a pesar de lo sanas que eran,
+por un oído le entraban y por otro le salían.
+
+En una de estas ocasiones, o porque el abuelo se espontaneara algo más,
+o porque fueran más vivas las tentaciones de la curiosidad de su nieta,
+díjole ésta en crudo:
+
+--Quiero saber lo que usted piensa de esas cosas de mamá. ¿Por qué me
+trataba antes tan mal, y me contempla y mima tanto ahora?
+
+El abuelo, como quien se desprende de algo que molesta, respondió al
+punto y sin titubear:
+
+--Primeramente, tu madre está deseando que se le muera el hijo, porque
+la da demasiado que hacer y cada día le ve más enclenque, más feo y más
+_imposible_; y ella no soporta hijos así ni para eso.
+
+--Corriente; pero bien podía hallar insoportable a mi hermano, y no
+quererme a mí tampoco.
+
+--A ti, chiquilla, no te quiere ni pizca... lo que se llama _querer_
+cuando se trata de otra clase de madres. Lo que hay es que la haces
+falta: a su edad y con sus males, ya no puede esperar hijo más de su
+gusto, como cuando nació tu hermano; y como eres hermosa y expansiva y
+discreta, y prometes mucho para brillar en la carrera que ella está
+terminando, ve en ti, con la supuesta obligación de acompañarte, un
+hermoso pretexto para no retirarse del mundo cuando más enamorada está
+de él. En fin, que te necesita para pantalla de sus incurables
+vanidades; y, como cosa suya, cuanto más hermosa sea la pantalla, mayor
+es su deseo de lucirla. Si fueras fea y tonta, antes se retiraría ella
+del mundo que presentarse contigo en él. Por algo así desea que tu
+hermano se las líe cuanto antes.
+
+--Triste sería eso, abuelito, si usted no se equivocara.
+
+--Pues te aseguro que no me equivoco.
+
+--Sin embargo, papá no está en el mismo caso que mamá, por lo que a mí
+toca, y tampoco quiere a mi hermano como le quería.
+
+--Tu papá es un majadero a quien nunca le cupieron en la cabeza dos
+ideas juntas. Desde que dejó de pensar en su hijo; en cuanto se
+convenció de que no le servía para representar dignamente el papel de
+_príncipe heredero_ de su augusta dinastía, se enamoró de los papelones
+de político; y mientras esa farsa le preocupe, no se le dará un rábano
+ya porque, con el hijo espirante, se os lleven los demonios en una noche
+a ti y a tu madre..., sobre todo, si me llevan a mí también.
+
+Aquí la nieta paralizó la lengua del desengañado abuelo, que tales cosas
+decía, dándole, de pronto, un beso en cada mejilla, y despidiéndose
+luego de él con una zalamería, de expresión tan confusa, que le dejó
+dudando si era un embuste de su incredulidad despreocupada, o el
+disimulo de una pesadumbre.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Sagrario y Leticia, con un año de práctica en el mundo que aún no
+conocía su amiga, eran como los pilotos que la enseñaban a cada
+instante, con el dedo sobre los planos, cuanto le importaba saber de
+aquellas regiones colmadas de visibles encantos y de tentadores
+misterios. Ni ella se hartaba de preguntarlas, ni sus amigas se cansaban
+de responderla; pues si era muy grande la curiosidad de la una, mayor
+era el apego de las otras al papel de profesoras. ¡Con qué gravedad tan
+cómica le desempeñaban algunas veces, y qué mezclados solían andar en
+sus dictámenes el candor y la malicia! De aquellas cosas que eran el
+tema de sus conversaciones, todavía no conocía Verónica más que lo que
+había podido columbrar acompañando a su madre, no muchas veces, al
+paseo, al teatro, o a tal cual visita o reunión de confianza, si no con
+la librea de colegiala precisamente, con todas sus rozaduras frescas
+sobre el cuerpo, y todas las cortedades, fingimientos y desentonos a que
+obliga ese desairado carácter de crepúsculo invernizo: lo que se ve y se
+sabe de un espectáculo, mirando por los resquicios de la puerta y oyendo
+los rumores, del concurso, o leyendo mal y de prisa los contradictorios
+relatos de los obligados cronistas; parvidades y probaduras que sólo
+sirven para estimular y enardecer los apetitos. Sagrario y Leticia, en
+cambio, habían traspuesto los umbrales, y eran ya espectadoras _de
+adentro_; más que espectadoras, figuras principales de la gran comedia:
+les era permitido, una vez en escena, disponer libremente de los
+recursos propios para aspirar hasta al dominio de ella; mirar a los
+hombres cara a cara; provocar sus lícitos atrevimientos; poner a prueba
+la calidad y el temple de sus armas; luchar impertérritas y vencer
+valerosas, o sucumbir apasionadas, que este es el fin, más o menos
+remoto y a sabiendas, de todos los femeniles empeños en lo mejor de la
+vida, y a ese solo paradero se va por donde las mujeres andan, cargado
+el cuerpo de lujo y el alma de tempestades...; en fin, tocar y palpar
+las realidades de los sueños de la colegiala y de sus entusiasmos de
+recién llegada a las puertas del mundo.
+
+Bien sabían las maestras con qué ansias aguardaba la neófita a que se
+las abrieran; y por saberlo tanto, se complacían en aguijonear sus
+impaciencias extremando el color de sus pinturas.
+
+Todo cuanto se prometía, física y moralmente, en las niñas Leticia y
+Sagrario, quedó sobradamente cumplido en estas dos jovenzuelas. Leticia
+era una morena gallarda, correcta, sobria, _expresiva_ y dura, así de
+formas como de palabra; temible en el manejo de ciertos recursos
+externos, que en una gran parte de las mujeres resultan inofensivos
+accesorios, y en otras tantas no pasan de simples detalles decorativos
+de su belleza. Estas cosas, puestas en juego por Leticia, a pesar de sus
+pocos años, eran todo lo que había que ver. Con tal destreza las
+concordaba, que del diabólico conjunto resultaba un arma tremenda, algo
+que llevaba la muerte en sus acometidas y era, al propio tiempo, escudo
+impenetrable. Cuanto más se la estudiaba, menos se la conocía y mayor
+era el empeño de conocerla. ¿Era frialdad de espíritu o fortaleza de
+razón, la causa determinante de aquella su inalterable serenidad en
+todos los actos ostensibles de su vida? ¿Era leal en sus amistades,
+noble en sus inclinaciones, sincera en sus informes, honrada en sus
+impulsos? Todo se podía creer y de todo se podía dudar, porque todo
+cabía en ella en opinión de todas sus amigas. Entre los hombres
+discordaban mucho los pareceres: según las ocasiones y las
+circunstancias. En lo que convenían unos y otras era en que Leticia
+había nacido con el «don de gentes», y en que no era cosa llana predecir
+hasta dónde podía llegar la «mujer de mundo» formada sobre la base de
+una joven de aquel carácter y de aquella singular naturaleza.
+
+¡Sagrario!..., el ruido, la inquietud, la intemperancia, la vehemencia,
+la sinceridad, la pasión; el día y la noche, la risa y el llanto. La
+curiosidad seguía devorándola, y la avidez de impresiones la consumía.
+No había asomo de juicio en aquella cabeza rubia que parecía el capricho
+de un pintor lascivo, ni tacha que poner a la hechicera envoltura de
+aquel temperamento tempestuoso.
+
+--Va verás, ya verás--decía Leticia, andando Verónica en vísperas de
+echarse al mundo--, ya verás como ese cacareado león no es tan fiero
+como nos le pintan. Algo impone de pronto su mirada, y cierto respetillo
+infunden sus bramidos; pero con un poco de serenidad y otro tanto de
+cierta mafia que no ha de faltarte a ti, se le pasa la mano por el lomo
+y hasta se le pone bozal y se le liman las uñas, como a un falderillo de
+tres al cuarto.
+
+--Lo mejor es--añadió Sagrario revolviendo un huracán con su abanico--,
+no tenerle pizca de miedo, aunque ponga en las nubes sus rugidos y te
+saquen tiras de pellejo sus zarpadas. Así hay lucha, y el triunfo
+resulta más sabroso. ¿Qué creerás tú que es lo más malo de esta bestia
+de mil caras? Las mujeres, ¡pásmate! Ahí están los rencores, las
+envidias y el veneno. Ésas, ésas son las que necesitan látigo y hierro
+candente: todas, y cada cual por su estilo, son peores. ¡Pero los
+hombres!: mansos, humildísimos borregos que se gobiernan con un hilo de
+estambre... No me dé Dios mayores enemigos.
+
+--Según y como se los trate--se atrevió la novicia a replicar a
+Sagrario, mientras Leticia se sonreía maliciosamente.
+
+--No hay más que un modo de tratarlos, que yo sepa--repuso la rubia con
+admirable sinceridad--: bien... Pero el caso es que aplicas este mismo
+procedimiento, generoso y cortés, a las mujeres, y te resulta el efecto
+contrario; y cuanto mejor te portas con ellas, menos te quieren y más lo
+disimulan. ¡Si lo sé yo!
+
+--¡Lo sabe! ¡Qué exageraciones!--exclamó aquí Leticia, no sé si por
+contener a Sagrario, o por irritar más sus intemperancias geniales.
+
+--¡Exageraciones!--replicó la rubia imitando la voz y los ademanes de su
+amiga--. ¿Por qué? ¿Porque digo lo mismo que estás tú pensando?
+
+--Pero, alma de Dios--repuso la otra--, si aún no hemos cumplido los
+veinte años, y no hace uno que andamos por el mundo, ¿cómo hemos de
+conocerle con tantos pelos y señales? ¿Qué sabes tú todavía cuál es
+bueno ni cuál es malo, tratándose de hombres y de mujeres?
+
+--¡Mucho, muchísimo!--exclamó Sagrario en un arranque de cómica
+solemnidad--. Y dejemos a un lado los hombres, por ahora, que son unos
+infelices que no se meten con nadie; ¡pero las mujeres!... ¿Piensas que
+soy sorda? ¿Tiénesme por ciega? ¿Lo eres tú, por si acaso? ¿Y tantos
+años se necesitan, andando entre ellas, para observar cuándo sus besos
+son de judas, y puñaladas sus sonrisas?... Mira, _Beronic_ (la llamaban
+todos así, en francés, como la habían llamado en el colegio, por quitar
+el saborcillo sainetesco que teñía su nombre pronunciado en español), y
+no te lo digo por meterte miedo, sino por todo lo contrario: porque
+sepas que, providencialmente y porque no aburran por llanos los salones,
+hay esas escabrosidades en ellos; lo que pasa es esto... y tenlo
+presente para que no te acongoje al otro día la sorpresa del hallazgo:
+por llegar, te comerán todas con los ojos; algunas te llenarán los oídos
+de lisonjas; otras, la cara de besos; tú estarás ruborosa, algo trabada
+con los estorbos de los elegantes arreos que nunca has arrastrado, y el
+flamear de los honores con que te reciben en el gran mundo los veteranos
+de él; pues porque te turbas, porque te trabas, y, sobre todo, porque
+estás hermosa, te morderán las que te besan, las que te adulan y las que
+te miran: las unas con la lengua, las otras con los ojos; y si no fueras
+bonita, te morderían lo mismo por todos estos pecados y por el de ser
+fea... ¿Te sonríes, Leticia?... ¡Qué pieza eres! Pues mira, ni siquiera
+le pido a _Beronic_ las albricias del descubrimiento, porque esas cosas
+las he leído infinitas veces en libros de escarmentados. Lo que he hecho
+yo es comprobar el caso sobre el terreno, como ha de comprobarle esta
+novicia, por torpe que sea de oído y de mirada, siempre que haga la
+observación con un poco de malicia. ¡Pues si llegas a _tener ángel_ para
+los hombres, y dan éstos en acudir a tu lado!... De risco que sean tus
+carnes, han de sentir la mordedura de la más blanda de boca.
+
+Leticia soltó aquí la carcajada.
+
+--¿A que te sangran a ti todavía las cicatrices?--le dijo Sagrario,
+encarándose valientemente con ella.
+
+--¡Si no me río por eso, extremosa!
+
+--Pues ¿por qué te ríes, prudente?
+
+--Porque, en tu afán de abrir los ojos a ésta, vas a concluir por
+hacerle aborrecible aquello mismo que tratamos de hacerle amable... y
+que tanto nos gusta a nosotras.
+
+--¡Bah!..., ese no es caso de risa.
+
+--¿Lo dudas?
+
+--Es que no lo creo. Te ríes de mis despreocupaciones, como tú llamas a
+esta claridad que yo gasto, lo mismo en hechos que en dichos. ¡Como tú
+prefieres el sistema contrario!... Pues mira, yo no me río del tuyo, que
+te lleva al mismo fin que el mío: cuestión de temperamento y de gustos.
+Por eso no le predico a ésta las ventajas de tal o cual camino para ir a
+donde nosotras vamos: lo mejor es dejar a cada cual que marche por donde
+más llano lo vea.
+
+--Estamos conformes--dijo Leticia con gran formalidad, probablemente
+forzada--. Pero sea o no caso de risa lo del cuadro que pintabas, es lo
+cierto que tanto puedes recargarle de color, que llegue ésta a mirarle
+con miedo.
+
+--Por eso mismo--replicó Sagrario, golpeando a la aludida en un hombro
+con el abanico cerrado--, he comenzado por advertirla que se lo cuento
+para evitarle la sorpresa del hallazgo de ello; porque ha de saltarle a
+los ojos, más tarde o más temprano, eso que yo tengo por uno de los
+bocadillos más sabrosos de la mesa de nuestro mundo... ¡Caramba, y qué
+bien salió este parrafejo! ¿Si iré para literata sin notarlo?... Con
+franqueza, _Beronic_..., y perdona tú, Leticia, si hallas algo
+_shocking_ la despreocupación: después del placer de ser codiciada de
+los hombres de buen gusto, no hay otro que más halague mi vanidad que el
+ser envidiada y aborrecida de las mujeres elegantes.
+
+Con esta explosión de las ingenuidades de Sagrario, cuatro mordiscos de
+la lima sorda de Leticia, y media docena de comentarios de la neófita,
+no tan cortos de alcance como pudieron creer sus amigas, tomándolos en
+toda su apariencia, terminó aquella entrevista, que no la enseñó mucho
+más de lo que ella sabía o sospechaba.
+
+
+
+
+V
+
+
+Llegó, al fin, y por sus pasos contados, la tan esperada noche de mi
+exhibición solemne. No conservo en la memoria los detalles minuciosos de
+aquel acontecimiento, tan señalado en la vida de las mujeres de mi
+alcurnia y de mis hábitos, porque, como todas las realidades muy
+soñadas, ésta no me pareció de la magnitud en que me la habían forjado
+las quimeras de la imaginación.
+
+»Recuerdo que precedieron a la fiesta largas horas de punzante
+inquietud, de ávida contemplación de mis flamantes y simbólicos arreos
+de batalla, tendidos sobre lechos, sillones y cojines: desde el menudo
+zapato de raso, hasta las flores de la cabeza, pasando por un océano de
+sedas, encajes, plumas y crespones; todo aéreo, todo casto, todo
+_simple_, como pedían y piden los estatutos de la _Orden_ para una
+doncella de mi edad y condiciones, a quien no le es lícito, _todavía_,
+albergar malicias en su cabeza ni torpes sentimientos en el corazón;
+otras horas, no tan largas, en lo más recóndito de mi gabinete, entre
+menjurjes, abluciones y atildaduras de tocador. En seguida, la ímproba y
+conmovedora tarea de vestirme todos los dispersos perifollos: allí mi
+madre, allí la doncella, allí la modista; yo, como un maniquí, rodeada
+de luces y de espejos. El vestido, sin mangas y casi sin cuerpo,
+dejábame las carnes, de cintura arriba, medio a la intemperie. Sentía yo
+la impresión del aire tibio, más que en ellas, en algo tan profundo y
+delicado, que, tras de golpearme las sienes, me obligaba a cerrar los
+ojos y a tirar del escote del vestido hacia arriba, y de las mangas
+hacia abajo; procedían en sentido inverso la modista y la doncella;
+sonreíase mi madre; quejábame yo de que era mucho lo descubierto;
+replicábanme, que, por lo mismo, y por ser bueno, había que lucirlo;
+atrevime a mirarlo más despacio, y resigneme al fin, porque quizás
+estuvieran ellas en lo cierto, amén de que lo imperioso del mandato
+quitaba todo pretexto a mis escrúpulos.
+
+»Ya estaba armada de punta en blanco: nuevas combinaciones de luces y de
+espejos para verme a mi gusto por todas partes, y ensayar actitudes,
+movimientos y sonrisas, y sorprender a hurtadillas la grata impresión
+de todo ello en las caras de las tres espectadoras.
+
+»En el salón inmediato aguardaba mi abuelo, que, en honor mío, había
+hecho aquella noche «la calaverada» de ir a admirarme «vestida de
+pecadora». Al verme aparecer, se quedó como asombrado. Pensé yo que se
+escandalizaba, y me cubrí el seno con el abanico. Me dijo a su modo
+muchas cosas, que tan pronto me sonaban a ponderaciones entusiásticas,
+como a lamentos de pesadumbre. Atajele el discurso poniéndole mi frente
+junto a su boca para que me diera un beso, y le pagué con otro resonante
+en la rugosa mejilla, y unos cuantos embustes cariñosos, de cuyo efecto
+mágico sobre el corazón del pobre hombre estaba yo bien segura.
+
+»En esto, y mientras mi madre acababa de vestirse y de adornarse,
+dijéronme que mi hermano deseaba verme.
+
+»Acudí a su cuarto. Estaba en la cama, descoyuntado entre mantas y
+almohadones. Por verme entrar, me llenó de improperios; detúveme dudando
+junto a la puerta, y esto fue mi fortuna, porque con la última
+desvergüenza me arrojó la palmatoria, que se estrelló contra el espejo
+de un lavabo, a media vara de la cola de mi vestido.
+
+»Volvime al lado de mi abuelo, entre asustada y risueña; y tras largo,
+interminable rato de esperar a pie firme, por no ajar la tersura de mis
+faldas, llegó mi madre con el aspecto y el andar de una matrona romana,
+ocultando la cruz de sus achaques y los estragos de la edad con el
+engaño de un cielo de fulgurante pedrería sobre otro caudal de sedas y
+artificios.
+
+»Mi padre andaba aquella noche ciegamente empeñado en sus caballerías
+senatoriales; y con harto sentimiento mío, no recibí los alientos de su
+aplauso en aquella mi primera salida a correr las aventuras por las
+encrucijadas del gran mundo.
+
+»Recuerdo también la impresión que recibí al hollar por primera vez, y
+con pie inseguro, la espesa alfombra del salón de la fiesta. Fue aquello
+como una oleada de luz esplendorosa, de rumores confusos, de miradas
+punzantes, de sonrisas burlonas, de colores fantásticos y de aromas
+narcóticos, que se desplomó de pronto sobre mí agobiándome el espíritu y
+deslumbrándome los ojos. Aprensiones de mi inexperta fantasía, que
+exageraba enormemente el relieve de mi figura y el espacio y el término
+que ocupaba en aquel cuadro.
+
+»Pasó todo como el amago de un vértigo, por obra de un esfuerzo de mi
+voluntad y del auxilio discreto y oportuno de Leticia y de Sagrario.
+Logré hacerme a la fiereza del león, y atrevime en seguida a afrontar
+los lances del peligro.
+
+»Para esta empresa contaba con un arma, en cuyo manejo era yo muy
+diestra, sin que nadie me le hubiera enseñado: el falso rubor de novicia
+en aquel pomposo ceremonial mundano. Nada como ese recurso para ver sin
+ser vista y ponerse en situación de aceptar lo cómodo y agradable, y
+desechar lo molesto, sin pecar de imprudente en lo primero, ni de torpe
+o de vana en lo segundo. Me salió bien la cuenta. Al amparo de la
+ficción, detrás de mi broquel de niña candorosa, mis malicias de mujer
+precoz escudriñaban todo el campo de batalla y conocían hasta las
+intenciones del enemigo, sin que el tiroteo de su obligado tributo de
+lisonjas y de galanterías me causara el más leve daño con las que de
+ellas eran necias o impertinentes.
+
+»La exención absoluta del pesado deber de tomar en cuenta sandeces y
+majaderías, no tiene precio en casos tales, con la doble ventaja de que,
+a título de niña inexperta y ruborosa, la más trivial ocurrencia suena
+en sus labios a ingenioso concepto, y toda claridad, por amarga y cruda
+que resulte, queda triunfante y sin réplica.
+
+»Y muy poco más conservo en la memoria de los lances y sucesos de esta
+aventura, cuyo único mérito para formar capítulo aparte, consiste en
+haber sido muy deseada, y la primera entre las de mi vida mundana; muy
+poco más, y eso en tropel confuso; verbigracia: la peste de los salones
+de entonces, y de ahora, y de siempre; esas criaturas sin sal ni
+pimienta, insípidas e incoloras, y, estaba por decir, sin sexo ni edad,
+estúpidamente esclavas de los preceptos de la moda en el vestir, en el
+moverse y en el hablar; más que niños y mucho menos que hombres, con la
+insubstancialidad y la ignorancia de los unos, y los atrevimientos y los
+peores vicios de los otros; ridículos y feos, asaltándome sin tregua ni
+respiro, devorando con ojos estrellados los repliegues de mi escote, y
+exponiendo, como mérito sobresaliente para aspirar a mi conquista, el
+arrastre de las _rr_ de sus impertinencias y el hablar a tropezones la
+lengua de Castilla, sólo porque sabían que yo me había educado en
+Francia; las obligadas galanterías de los buenos mozos, por lo común,
+más nutridas de malas intenciones que de agudezas; los enrevesados
+conceptos de los galanes presumidos y cortos de genio; las protectoras
+sonrisas y las _paternales_ franquezas de los personajes maduros, a
+quienes la edad y la fama autorizan para todo, hasta para ser
+descomedidos y groseros; los cumplidos extremosos, las ponderaciones de
+rúbrica y las forzadas protestas de cariño de viejas retocadas, de
+madres envidiosas y de jovenzuelas casquivanas como yo; el vértigo de la
+danza casi incesante, en brazos de unos y de otros; los sueños
+voluptuosos, o la tortura insufrible, según los casos; más tarde, la
+agonía de la curiosidad, y la vista y el oído cansados por saberse de
+memoria las figuras, los colores y el rumor del cuadro, cuya luz se va
+velando por la evaporación del concurso y el polvillo tenue de suelos,
+galas y afeites, y cuya atmósfera espesa, tibia y saturada de perfumes,
+repugna a los pulmones y al estómago; después, el quebrantamiento del
+cuerpo, escozor en los ojos, mucho peso en los párpados, cierto deseo de
+bostezar... y, al cabo, la vuelta a casa, arrebujada en pieles y casi
+tiritando en el fondo del carruaje; los elegantes arreos de la fiesta,
+lacios y marchitos, arrojados con desdén en los sillones del dormitorio;
+y, por último, el meterme en la cama con la impresión de un escalofrío;
+el cerrar los ojos y el sentir en el cerebro las caras, los colores, los
+sonidos, las alfombras, los espejos, las bujías, los lacayos, toda la
+casa, toda la fiesta hecha un revoltijo, una pelota, aporreándome los
+oídos y las sienes: la memoria embrollada, el corazón entumecido, la
+inteligencia embotada para todo discurso; y persiguiéndome y asediándome
+entre tan cerrada obscuridad, la extraña persuasión, clara como la luz
+del día, de que nadie me había puesto aquella noche tantos defectos ni
+me había rebajado tanto en la escala de las elegantes, de las discretas
+y de las hermosas, como mi amiga Sagrario.
+
+
+
+
+VI
+
+
+El goce libre y frecuente de estas fiestas y otras semejantes, me enseñó
+bien pronto que, o no había en el mundo naturalezas de acero para salir
+sin mella de los combates más rudos, o a mí me había tocado en suerte
+una de las mejor templadas. Efectivamente: era yo, a pesar de mis pocos
+años, mucho más serena y menos impresionable entre la baraúnda del
+comercio galante, de lo que me había imaginado antes de conocer de cerca
+esas cosas. Aunque no era incombustible por completo, tenía todas las
+posibles ventajas para jugar con el fuego sin consumirse estúpidamente
+en él. De lo cual me alegré sobremanera, porque no es la vida de las
+mujeres «de mundo» tira tan larga, que no importe, ir cediendo a cada
+paso jirones de ella.»
+
+Mientras se fue dando cuenta de este hallazgo, ocurrieron en su familia
+muy señalados acontecimientos. El primero fue la muerte de su hermano.
+El tema de los caprichos de esta infeliz criatura había llegado a lo
+inverosímil, como su existencia entre el enjambre de enfermedades que la
+consumían. Antojáronsele cerezas frescas en el mes de Diciembre, y no
+cabiendo en lo humano adquirirlas así a ningún precio, ni
+falsificarlas, como se había hecho con tantas otras cosas falsificables
+en idénticos casos, creció con el obstáculo la fuerza de su empeño,
+llegó la corajina al paroxismo; y aquel hilillo tenue de vida, a tan
+duras penas conservado, se quebró de pronto como el de una tela de
+araña, sin un sonido ni una vibración.
+
+Este suceso, como si se contara con él, ya que no fuera deseado, no
+arrancó una lágrima siquiera en la familia. Produjo cierta tristeza que
+parecía nacida del corazón, por lo que toca al marqués y a su mujer. En
+cuanto a la hija, la dio demasiado en qué pensar la nueva jerarquía en
+que volvía a colocarla la muerte de su hermano. Por decreto de ella,
+dejaba de ser simple y desdeñada segundona, y recobraba sus
+prerrogativas de primogénita y única heredera de los títulos y bienes de
+la casa, condición de gran monta para ella, desde que sabía, por propia
+observación, lo que vale y lo que cuesta la vida doméstica y social de
+las mujeres de su alcurnia. No era de temer ya la sorpresa de un nuevo
+varón que de la noche a la mañana volviera a despojarla de sus
+recobradas preeminencias; pero es indudable que las hubiera dado mayor
+importancia, y por muy distinto motivo que entonces, si el suceso que se
+las restituía hubiera ocurrido en aquellos tiempos en que las
+inexplicables injusticias de su madre la tenían relegada a los últimos
+rincones de la casa. Miseriucas del corazón humano.
+
+Por lo demás, ocurrió lo de costumbre en tales ocasiones: varios días de
+duelo, más o menos cordial; visitas de _íntimos_ a todas horas del día y
+de la noche; cumplimientos falsos de amigos cumplimenteros; tertulias
+reducidísimas y taciturnas, los primeros días, que fueron poco a poco
+animándose y creciendo; un luto reducido al _mínimum_ de lo que permiten
+las cláusulas de lo regulado para tales ocasiones; transformación
+radical del gabinete mortuorio, por renovación de muebles y decorado,
+etcétera, etc... y a las tres semanas, desaparición completa de toda
+huella material del breve y doloroso tránsito de aquel desdichado ser
+por las asperezas de la vida, y absoluto olvido de su nombre en las
+conversaciones y en la memoria de los vivos.
+
+En el alivio andaban de su luto, harto aliviado desde el primer día,
+cuando el abuelo, que en virtud de su avanzada edad y de sus incurables
+padecimientos, había consentido en cambiar su soledad por la compañía de
+sus hijos, llamando a la nieta a su gabinete una mañana, la dijo con voz
+entrecortada y sepulcral:
+
+--Me muero, sin remedio, antes del mediodía. Adviértelo en tu casa del
+modo menos estrepitoso que puedas, y hazme el favor de mandar que venga
+un cura para confesarme... y por si no tengo tiempo para advertírtelo
+después..., escúchame ahora unos instantes... A pesar de las sangrías
+espantosas hechas a mi bolsillo por tu madre, todavía os dejo una gran
+fortuna, como veréis por el testamento cerrado, cuya copia hallaréis en
+mi pupitre. Convencido de que tan pronto como echen la zarpa a ese
+caudal, la insensatez de tu padre y la loca vanidad de tu madre han de
+despilfarrarlo en cuatro días, he procurado dejar a salvo, en beneficio
+tuyo, cuanto la absurda ley vigente me permite... Pero si he de decirte
+lo que siento, no fío de tu cordura mucho más que de la de tus padres.
+La única ventaja que les sacas es que tienes mejor entendimiento que
+ellos. Lo que llevas visto de ese mundo que tanto os seduce, te habrá
+enseñado a conocer lo que vale el dinero para andar por él triunfando, y
+lo que importa a los mundanos no arruinarse. Esto es lo que quiero que
+no olvides y encomiendo a tu buen entendimiento, para que hagas, por
+egoísmo siquiera, lo que no me atrevo a esperar de tu virtud... Porque,
+hija mía, yo te quiero mucho, muchísimo, mucho más de lo que puedes
+imaginarte; pero con todo lo que te quiero, en lo tocante a pompas y
+chapucerías mundanas, ya te lo he dicho, no fío gran cosa de la veta que
+sacas, ni del aire que llevas por el camino que sigues... Perdona la
+franqueza, que a ella me obligan el amor que te tengo y el trance en que
+me hallo... Y ahora, un beso... ¡el último, hija mía! ¡Y que Dios haga
+el milagro de infundir con él, en lo más hondo de tu corazón, los
+sentimientos que llenan el mío en este instante!
+
+Jamás habían vertido los ojos de la joven lágrimas tan cordiales ni tan
+copiosas como las que entonces corrieron a lo largo de sus mejillas, ni
+su pecho se había sentido agitado por tan hondas impresiones como las
+que la dominaban mientras el amoroso anciano estampaba en su frente,
+inclinada hasta tocar su boca, un beso trémulo, convulsivo, frío como la
+losa de un sepulcro.
+
+Y todo sucedió como él lo había dispuesto y vaticinado: se confesé a las
+once, comulgó a las once y media, y se murió antes de las doce.
+
+¡Cuánto lloró Verónica aquel día, y al siguiente, y con qué fervor rezó
+por el alma del muerto, y con qué sinceridad prometió a su memoria
+grabar en el corazón sus últimas advertencias, y ajustar a ellas todos
+los actos de su vida!
+
+Tardó mucho en acostumbrarse a contemplar con ojos enjutos y corazón
+tranquilo, la soledad y el silencio de aquel gabinete en que tantas
+caricias y tan repetidos testimonios de entrañable amor había recibido
+del doliente octogenario. De todo lo cual se deduce que quería de veras
+a su abuelo.
+
+La marquesa, cuyos males la impedían entregarse por entero a los rigores
+de la pesadumbre que le correspondía por la muerte de su padre, se
+asombraba de las lágrimas y de las tristezas de su hija, y la conjuraba,
+en frase dura y seca casi siempre, a que se volviera a lo suyo,
+«dejándose de gazmoñerías sentimentales, que ya chocaban a las gentes».
+
+--¡Dichosa ella!--solía decir el marqués, interviniendo en el caso
+algunas veces, mientras se paseaba por el gabinete, con las manos en los
+bolsillos, las cejas y los labios contraídos, la cabeza humillada y los
+ojos chispeantes, derramando la mirada, que quería ser triste, por los
+dibujos de la alfombra--. ¡Dichosa ella, que está en la edad de las
+grandes impresiones, y puede llorar para desahogo del corazón oprimido!
+Llora, llora, hija mía; que con las lágrimas se honra a los muertos y se
+cumple con las leyes de Dios y de la Naturaleza. ¡Ay de nosotros, que,
+sintiendo tanto como tú, no podemos llorar!
+
+Y en esto miraba con el rabillo del ojo a su mujer, que le respondía con
+un gesto de aire colado.
+
+La herencia fue pingüe de veras. Cortijos en Andalucía, dehesas en
+Extremadura, casas en Madrid, papel del Estado, acciones del Banco de
+España..., de todo había mucho y bueno, libre y desempeñado.
+
+Un día se hizo el recuento, y resultó que las rentas de este caudal
+pasaban de cuarenta mil duros. Con ellos, y lo que quedaba de los bienes
+del marqués y de la dote de la marquesa, se podía calcular la renta en
+un millón de reales. Verónica había sido mejorada en tercio y quinto, y
+esta mejora estaba asegurada, entre el cuerpo de bienes, con cuantas
+ligaduras eran de apetecer, según la sabia y cariñosa previsión de su
+abuelo.
+
+Muy pocas horas después de hecho este cálculo, fue cuando a la marquesa
+se le ocurrió caer en la cuenta de que con la muerte de su padre y de su
+hijo, aquella casa que habitaba tanto tiempo hacía, en la calle de
+Hortaleza, le parecía un cementerio sombrío: veía a las «queridas
+prendas» de su corazón, doloridas y agonizando, en cada rincón, en cada
+mueble y a cada instante; su espíritu, tan combatido por los males del
+cuerpo y por las tristezas del alma, no estaba para grandes pruebas, y
+le era indispensable «salir de allí... a cualquiera parte».
+
+El marqués, que «estaba en todo», como él decía, asintió inmediatamente
+al reparo de su mujer; y como comprendía muy bien «la situación de las
+cosas», añadió que era de urgente necesidad tomar otra casa de mejores
+horizontes, de más luz, de más aire, más capaz y más alegre. Debía
+pensarse hasta en un _hotel_ en Recoletos o la Castellana; pero sólo
+pensarse por entonces. Entre tanto...
+
+Entre tanto, se alquiló un vastísimo principal en la calle de Alcalá,
+por la miseria de tres mil duros al año; y como no era cosa de ir a
+habitarle tal como lo habían dejado los últimos inquilinos, ni de
+trasladar a él los muebles de la calle de Hortaleza, tan llenos de
+tristes recuerdos, y tan pasados de moda los más de ellos, hubo
+necesidad de hacer obra en la nueva casa y de encargar el necesario y
+conveniente ajuar para ella. En lo tocante a la obra, una vez acordada,
+o hacerla útil, o no hacerla. Cada inquilino tiene sus necesidades y sus
+gustos, y los de la marquesa eran distintos en todo, por las trazas, de
+los de las gentes que habían precedido a su familia en la casa de la
+calle de Alcalá. En la cual había muchos gabinetes con un solo salón; y
+precisamente necesitaba ella, por razón de aire y de holgura, tan
+indispensables para su salud, muchos salones y pocos gabinetes, comedor
+amplísimo y vestíbulos desahogados. A este fin, no quedó un tabique en
+pie; se encargó el plano de la nueva obra a un arquitecto; y como en el
+piso había tela en que cortar, todo se hizo al gusto de la marquesa, que
+halló en estos entretenimientos ocasión de invertir las largas e
+insípidas horas que traen consigo la esclavitud y la tristeza de un luto
+rigoroso, como el que la familia vestía entonces.
+
+Aplaudían los amigos de la casa el gusto y la esplendidez de la
+marquesa, a quien atribuían exclusivamente la dirección de todo aquello,
+mientras la interrogaban con un gesto, por no atreverse a ser más
+explícitos con la lengua, al recorrer una verdadera serie de salones
+fastuosamente decorados. Respondía ella con otro gesto que, cuando
+menos, significaba que había comprendido la pregunta; y algo parecido le
+ocurría a su marido con los _hombres políticos_, que casi le formaban un
+cortejo diariamente desde lo de la herencia, y poco más o menos le
+sucedía a la hija con sus amigas; sólo que éstas eran más claras en el
+preguntar, y ella menos encogida en el responder, por lo mismo que
+estaba bien persuadida del destino de aquellos despilfarros, desde que
+su madre apuntó en la calle de Hortaleza la necesidad de vivir en casa
+de mayor calibre.
+
+Al fin se terminaron las obras y el luto; invadieron la nueva casa
+mueblistas y tapiceros; llenáronse suelos, paredes y techos de ricas
+alfombras, de espejos colosales, de cuadros y tapices valiosísimos, de
+arañas estupendas y de muebles caprichosos; llovieron esculturas y
+monigotes por todos los rincones y tableros de mesas y veladores;
+atestáronse de primorosas y artísticas vajillas los aparadores del
+comedor, que era un bosque de roble tallado y un bazar de porcelanas,
+bronces y cristalería, tapizado de cuero cordobés; no quedó cortinón de
+vestíbulo ni de puerta de tránsito sin su correspondiente escudo
+nobiliario; y cuando ya estuvo todo en su punto y sazón, y la
+servidumbre arreglada a las exigencias del nuevo domicilio, y cada
+criado en su puesto y convenientemente vestido, y la cocina humeando,
+con su _jefe_ bien enmandilado y mejor retribuido, con su traílla de
+marmitones y ayudantes, en un lujoso landó, arrastrado por dos briosos
+alazanes ingleses, y conducido por un cochero colosal, envuelto el
+cuerpo en un océano de paño gris, y media cara y los hombros en otro mar
+de pieles erizadas, guantes por el estilo y alto sombrero con cucarda
+por coronamiento de esta silueta de oso polar, llevando a su izquierda,
+como su reflejo en más reducidas proporciones, el correspondiente
+lacayo, se trasladó la familia al flamante albergue, dejando en el otro
+lo poco que quedaba de los ya casi borrados recuerdos que habían sido la
+disculpa de la mudanza, y hasta el polvo de las suelas del calzado.
+
+Todo este boato, con el apéndice de otro a su consonancia en cuadras y
+cocheras, costó mucho más de cincuenta mil duros; y me consta que por no
+haber tanto dinero disponible en casa, se vendieron papeles que lo
+valían, prefiriendo el marqués sacar esta primera cucharada del ollón de
+la herencia, a someterse a la tiranía de la usura, y sobre todo, al
+bochorno de inaugurar con una deuda aquella nueva y esplendente fase de
+su vida social.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Y aconteció muy luego lo que a la vista estaba desde que la marquesa
+apuntó la idea de dejar la casa, relativamente modesta, de la calle de
+Hortaleza; y fue de este modo: el marqués insinuó _compromisos_ de
+banquete a sus amigos políticos; la marquesa invocó _deberes_
+ineludibles de responder a súplicas de sus amigas, dando a aquellos
+hermosos salones su verdadero destino; es decir, estrenándolos con un
+baile que, sin gran esfuerzo, haría raya entre las fiestas del «gran
+mundo» madrileño, habidas y por haber; reforzó el primero sus razones de
+preferencia, sin negar la gravedad de los compromisos de su mujer,
+exponiendo deudas de gratitud con los personajes que, para entretener
+sus apetitos senatoriales, acababan de ofrecerle un distrito vacante en
+Ciudad Real, para diputado a Cortes; insistió la marquesa en su empeño a
+favor del baile, sin negar el compromiso del banquete; replicó el
+marqués, llevando la contraria, hasta con textos de Maquiavelo y de
+Bismarck; y, por último, terció Verónica, que se hallaba presente en la
+porfía, proponiendo que se diera una fiesta que tuviera de todo: una
+recepción, por lo más alto, en la cual anduviera el rumbo del comedor al
+nivel del brillo de los salones.
+
+Y así se hizo quince días después.
+
+No es cosa averiguada enteramente si la fiesta causó en la _opinión
+pública_ todo el efecto que la marquesa había soñado; pero no tiene duda
+que concurrieron a su casa aquella noche muchas y muy distinguidas
+gentes; que bailaron mucho y que devoraron mucho más; que hubo
+hiperbólicas ponderaciones, en variedad de tonos y estilos, para la casa
+y para sus moradores, por el buen gusto, por la riqueza, por lo de los
+salones y por lo del comedor; que al día siguiente soltaron en los
+papeles públicos los cronistas obligados de fiestas como aquélla, toda
+la melaza de su trompetería de hojaldre, para declarar, _urbi et orbi_,
+que los marqueses de Montálvez eran los más ricos, los más distinguidos,
+los más amables marqueses de la cristiandad y sus islas adyacentes, y su
+hija, la joven más bella, más _espiritual_ y más elegante que se había
+visto ni se vería en los fastos de la humanidad distinguida, es decir,
+del «buen tono»; en virtud de todo lo cual, aquel baile debía repetirse
+para gloria de la casa, ejemplo de otras por el estilo, y recreo de la
+encopetada sociedad madrileña; y finalmente, que se contaron por miles
+los duros que costó aquel elegante jolgorio, y que el marqués tuvo
+necesidad de meter, por segunda vez, la cuchara en la olla grande para
+pagarlos, por los consabidos temores a la usura y las propias
+repugnancias a las deudas.
+
+El cual marqués llamó a capítulo de familia para reflexionar, para
+discutir, para resolver (todos estos términos usó) acerca de aquel
+cariñoso vocerío de los papeles, y sobre más de otros tantos memoriales
+enderezados al mismo fin, que en la intimidad de la conversación le
+_elevaban_ en los pasillos del Congreso, en los corredores del teatro y
+en las encrucijadas del Retiro, las eminencias de la política, los
+Cresos de la banca y las lumbreras de la literatura, con quienes él se
+codeaba a cada instante; a la cual lista añadió su mujer inmediatamente
+otra tan larga, más o menos auténtica, de solicitantes de la flor y nata
+del mundo elegante; lista que reforzó la hija con un imaginario, pero
+verosímil, catálogo de pretensiones idénticas, arrancadas del ancho
+círculo de sus amigas y aduladores.
+
+Ciertamente que (en opinión del marqués, el cual, con olímpica
+solemnidad, hizo un detenido resumen de estas circunstancias) el éxito
+excepcional de la reciente fiesta, las condiciones singulares de la
+casa, la respetabilidad de los timbres de familia, más brillantes y
+esplendorosos desde la herencia del «inolvidable anciano»; su (del
+preopinante) cada día más señalada significación en el agitado campo de
+la política española; la evidente y poderosa necesidad de aliviar los
+dolores físicos de la marquesa con esparcimientos racionales, a la vez
+que enérgicos, del espíritu; la edad de su hija, sus prendas personales,
+sus conveniencias de hoy, su porvenir... todo, todo, absolutamente todo,
+justificaba el persistente clamoreo, se imponía al criterio vulgar de
+las gentes precavidas y juiciosas, y exigía de ellos un «generoso
+esfuerzo, por encima de toda reflexión egoísta, de todo razonamiento
+matemático».
+
+La marquesa y su hija fueron del parecer del marqués, y hasta se
+creyeron conmovidas con los períodos más elocuentes de su discurso;
+razón por la que se decretaron las instancias «como se pedía...» y un
+poquito más, en cortés y debida correspondencia. ¡Ni más ni menos que si
+el marqués y la marquesa creyeran que en aquel acto cedían sorprendidos
+por la fuerza de las circunstancias, y no al aceptado y bien consentido
+imperio de sus nativas vanidades! ¡Como si su hija, tan opuesta por
+temperamento a todo linaje de fingimientos y disimulos, no supiera que
+antes de insinuarse la pretensión en las pocas personas que la
+manifestaron, ya tenía, cada uno de los tres, resuelto el caso en la
+mente!
+
+Hubo, pues, andando los días, y no muchos, un baile en la casa, tan
+brillante y tan celebrado como el anterior; pero no a título de «otro
+baile más», sino como el primero de una larga y ostentosa serie de
+ellos. Y colocado ya el asunto en esta pendiente, y rodando las cosas
+por su propio peso, un día, a fin de entretener mejor los largos
+intervalos entre fiesta y fiesta, los amables y agradecidos marqueses de
+Montálvez hicieron saber a sus _íntimos_ que todos los jueves _se
+quedaban en casa_.
+
+Y se quedaron en ella todos los jueves, conforme a lo prometido.
+
+A los bailes concurría _todo Madrid_, lo más cogolludo y rechispeante de
+la aristocracia, de la banca, de la política, de las artes y de las
+letras. Aquellos salones deslumbrantes de luz, saturados de perfumes,
+henchidos de bellezas cargadas de lujo y de pasiones; el incesante
+crujir de las telas; el ondular de las colas, arrastradas sobre los
+aterciopelados tapices; el rumor de las conversaciones, el centelleo de
+las joyas, los suaves acordes de la invisible orquesta, y el flujo y
+reflujo de la muchedumbre, verdadero mar de colores y sonidos derramado
+por aquellos ámbitos esplendentes, ora en impetuoso torbellino agitado
+por los huracanes de la danza, ora en sosegado vaivén durante los
+intermedios; toda aquella magnificencia, en suma, toda aquella
+pomposidad babilónica, ejercía sobre el espíritu cierta impresión de
+borrachera, que disculpaba, en lo humano, el éxtasis en que el marqués
+admiraba el espectáculo, la pasión con que la marquesa _hacía los
+honores_ de él, y la voluptuosidad con que la hija se dejaba mecer sobre
+el oleaje de aquella tempestad de deleites.
+
+Después de bailar se cenaba; y las concupiscencias de Lúculo emulaban el
+fausto de Nabucodonosor.
+
+La concurrencia de los jueves se componía de un poco de todo lo de las
+grandes fiestas, y no se admitían presentados; «amigos de confianza» que
+_hacían_ política y administración y ejército, y hasta el amor, y
+discreteaban, según las edades, los caracteres y los sexos; algo de
+tresillo, mucha murmuración al calor de la chimenea, música a ratos,
+alguna vez lecturas, y, en ocasiones, baile. Por conclusión, té con
+pastas.
+
+Muchos de estos amigos comían en la casa cada lunes y cada sábado,
+porque también figuraba este renglón en el programa de los usos
+elegantes y distinguidos de la familia.
+
+Sumando con ellos las _recíprocas_ a que ésta tenía notorio derecho, y
+no se le escatimaban ciertamente; su turno en _el Real_; su _día de
+moda_ en _el Español_ y en otros teatros más; las indispensables
+exhibiciones en carruaje abierto; las tareas _distinguidamente_ devotas
+y benéficas de la marquesa, que a la sazón era presidenta y directora de
+no sé cuántas congregaciones cristianas, particularmente la de las
+_Madres ejemplares_, fundada por ella, y la de _Doncellas humildes y
+temerosas de Dios_, a la que pertenecía la hija, y por eso concurría a
+sus asambleas cada miércoles y comulgaba dos veces cada mes en las
+Calatravas; y, por último, sus excursiones veraniegas por todo lo más
+distinguido y más caro de las regiones europeas a estos esparcimientos
+destinadas por la moda, ¿qué extraño es que no le quedara una sola hora,
+un solo minuto para vivir _en familia_, para mirar _por dentro_ las
+prosaicas mecánicas de la vida normal, para traer a las mientes las
+cuerdas advertencias del olvidado abuelo..., para contemplar, siquiera,
+desde el punto de la pendiente rápida en que se hallaba, el necesario e
+inevitable paradero, término fatal y merecido remate de tan locos
+despilfarros?
+
+Y lo peor era que el principal y mal forjado pretexto de ellos, cada día
+los desacreditaba más; porque las dolencias de la marquesa parecían
+crecer a medida que eran mayores y más caras las distracciones con que
+las combatía. Pensaba la infeliz que, devorando sus quejidos y tapando
+con sonrisas forzadas la expresión de sus tristezas, y con drogas y
+menjurjes el color de la agonía y las arrugas de los años y de las
+zarpadas de la enfermedad, ni ésta avanzaba ni las gentes la velan; sin
+caer, o mejor dicho, no queriendo caer en la cuenta de que aquellos
+esfuerzos del ánimo, con aquel vivir sin sosiego, eran a sus males lo
+que el combustible a la hoguera: cebo que los alimentaba y los
+embravecía. Porque la vanidad, el demonio de las mujeres «de mundo», la
+poseía de pies a cabeza; y por eso, solamente era devota y benéfica en
+cuanto sus actos pudieran lucir en honra y gloria de sus humos de
+aristócrata acaudalada, y se dejaba arrastrar sin resistirse hacia las
+fauces del monstruo que la fascinaba, como el borracho contumaz hacia el
+lento suplicio de la taberna.
+
+Mejores frutos pensaba haber sacado el marqués de la vida aparatosa que
+traía; porque, al cabo, ya que no la senaduría, que tanto le halagaba,
+había logrado la limosna de un asiento ministerial en los escaños del
+Congreso; y, sin embargo, cotejando el valor de su conquista, reducido,
+en substancia, a la gloria dudosa de haber pronunciado un discurso de
+dos horas mortales sobre la langosta de la Mancha, que no escucharon
+más que los taquígrafos y unos cuantos babiecas inexpertos de las
+tribunas; al trabajo imponderable y continuo de atormentar
+subsecretarios y directores, recomendándoles las querellas de todo
+linaje de pretendientes desvalidos, con el único fin de acreditar sus
+influencias; al oneroso vicio de solemnizar con un té a «sus amigos
+políticos» cada discurso del Presidente del Consejo, o cada batalla
+ganada por el Ministerio a las revoltosas oposiciones; a no tener hora
+ni punto de sosiego, por estar pendiente de sus deberes de padre de la
+patria y creerse obligado a tomar por lo serio y a sentir en su
+ministerial epidermis cuantas cuchufletas y alegatos contra la situación
+leyera en la prensa oposicionista, y la leía de cabo a rabo, y a algunas
+cosas más por el estilo; cotejándolo todo, repito, con lo que le había
+costado en desaires, en paciencia... y en banquetes, la ganancia no
+resultaba del todo apetecible para un ambicioso de los más usuales.
+Pero, al fin y al cabo, gozaba de veras el pobre hombre, era dichoso por
+completo; y tan absorto le traían las preocupaciones del oficio y los
+deberes y solaces de su vida doméstica y social, que hasta había perdido
+enteramente aquel su hidalgo aborrecimiento a las deudas y a la usura, y
+ni siquiera reparaba cómo este mal demonio de los ricos desatentados le
+iba hincando las unas en lo más vivo, en lo más hondo, en el mismo
+corazón de la «olla grande».
+
+
+
+
+VIII
+
+
+En este método de vida, y sin pensar en abandonarle, porque no conocía
+otro más divertido, cumplió Verónica los veintidós años. Decían los
+cronistas de salones por escrito, y de palabra el enjambre de aduladores
+que cenaban en su casa y la perseguían en las ajenas, que era, por
+entonces, el dechado de todas las perfecciones escultóricas y el
+conjunto de todos los donaires del ingenio. Sin ser la cosa para tanta
+ponderación, es innegable que la madre naturaleza no la había escaseado
+los dones que más seducen y alucinan a los hombres de escogidos gustos,
+y más provocan las rivalidades y antipatías entre las mujeres que
+carecen de ellos, o no los poseen en tan alto grado. De ambos efectos
+tuvo copiosas pruebas.
+
+Pero la tachaban, con pesadumbre los unos y con visible delectación las
+otras, de descorazonada y mordaz; y creo que tampoco estaban en lo justo
+los hombres ni las mujeres que tal afirmaban. No le faltaba corazón en
+el sentido en que lo entendían aquellas gentes. Lo que ocurría, a mi
+entender, era que hasta entonces no había hallado cosa de su gusto en
+que emplearle, ni sentido seria tentación ni punzante deseo de trocar la
+divertida y risueña libertad que gozaba, por la relativa opresión de la
+cadena de flores, pero al fin cadena, con que se estimulan ciertas
+concupiscencias femeniles al cambiar de estado en aquella edad y en la
+esfera social en que ella vivía. Tan atestados tenía los oídos de
+lisonjas, tan repetido llegó a ser el tema _amoroso_ con que la
+asediaron galanes de todas las imaginables cataduras, que ya consideraba
+el caso como una rutina obligada en los usos de la buena sociedad; le
+sonaban aquellos arrullos como un ruido más de los ruidos del mundo, y
+pasaban con éstos sobre ella como el aire sobre las rocas.
+
+No es esto decir que todo le fuera lo mismo y que no hubiera en el ancho
+círculo de sus relaciones sociales algo en que detener la imaginación y
+con que apacentar los deseos, ni, por tanto, me atrevo a afirmar que no
+hubiera sido otra su conducta bajo el imperio de otras leyes de moral
+enteramente distintas de las que rigen en las cultas sociedades
+europeas; pero, aceptando el cargo _en derecho constituido_, como dicen
+los jurisconsultos, y pareciéndole, para juego, muy insubstancial el de
+los amoríos _a turno_, su cabeza, contra lo que se refiere de los
+ímpetus de la edad y de las rebeldías de la carne, se imponía sin gran
+esfuerzo a toda esa caterva de impulsos pasajeros, tan mal llamados, por
+falta de experiencia o por sobra de malicia, «arranques del corazón».
+
+Dueña, pues, de sí misma y con sereno juicio; alegre por carácter,
+cortés por educación, y tomando a broma los galanteos y a diversión las
+flaquezas de los demás, no es extraño que en sus procedimientos, en su
+conducta y en su lenguaje, abundaran más las notas de color alegre, si
+vale el símil, que los tonos severos de las naturalezas profundamente
+sensibles y reflexivas. A esto se llamaba mordacidad, con bien poco
+fundamento, a mi juicio.
+
+Lo que no tiene duda es que por entonces gozó de mucha celebridad en el
+«gran mundo» madrileño; o, hablando más adecuadamente, estuvo _de moda_
+en él. Se atrevió a enmendar la plana a las reinantes, así en el vestir
+y aderezarse, como en el andar; formaron escuela sus atrevimientos, y
+hubo peinados, y abanicos, y hasta actitudes con su nombre;
+ambicionábanse sus saludos y sonrisas en la calle y en los espectáculos,
+entre los hombres y los mocosos _distinguidos_, casi tanto como los del
+_Tato_ o los de la Alboni; rayáronle el afrancesado _Beronic_ con que
+desde su salida del colegio la habían confirmado sus amigas, por horror
+justificable al sainetesco nombre con que fue castigada en la pila, y la
+llamaron todos, en papeles y corrillos, para colmo de su gloria y sello
+de legítima calidad, _Nica Montálvez_.
+
+En las grandes fiestas de su casa, o en otras semejantes fuera de ella,
+era donde los donaires de su ingenio y la pimienta de su natural
+desenfado se derramaban en mayor abundancia y lucían en todo su
+ponderado alcance. Estaba allí como el pájaro en la selva, cantaba
+donde, cuando y lo mejor que le parecía, porque la misma multitud le
+servía de escondite, y su obligada agitación disculpaba sus incesantes
+vuelos de rama en rama; y como los hombres tontos son los ecos de estas
+_soledades_, siempre había flotando sobre los rumores del concurso
+alguna melodía de sus cánticos, llevada de boca en boca, con la mejor
+intención del mundo, pero con el afán y la rapidez con que se propagan
+de ordinario todos los falsos testimonios. Parecía cosa convenida que
+todos sus actos habían de ser originales y todas sus palabras agudezas.
+
+Otra bien distinta era su conducta en la intimidad de las tertulias de
+su casa. Y, sin embargo, estaba allí más a gusto y en su elemento que en
+todas partes, con ser el círculo tan estrecho y tan limitados los
+pasatiempos. Porque, contra lo que publicaba la fama, y aun contra
+mucho de lo que ella misma juzgaba de su propio carácter, había en el
+fondo de éste, cuando se trataba de recrear un poco el espíritu, cierta
+oculta preferencia por el examen íntimo de las cosas, entre éste y el
+conocimiento de ellas por medio de las impresiones súbitas, como si la
+cautivara más el detalle que el conjunto.
+
+De todas maneras, llegó a haber motivos muy considerables para que, aun
+sin contar con aquella su natural inclinación, consagrara más hondo,
+interés a sus reuniones de confianza, que a las ruidosas solemnidades
+del «gran mundo».
+
+Componíanse aquéllas, como ya se ha dicho, de un poco de todo lo de
+éstas, y no era en conjunto tan escaso que no diera para satisfacer los
+gustos y las aficiones de los tertuliantes. Los había de una tenacidad
+de hierro para el tresillo, apegados a la mesa como la ostra al peñasco.
+Por lo común, eran gentes desabridas y regañonas; y en sus peleas contra
+las veleidades de la baraja, siempre llevaban la parte más cruda unas
+cuantas viejas aristócratas, como si el ochavo que allí disputaban
+encarnizadamente alcanzara a tapar los descubiertos y trampas en que
+vivían, por culpa de sus despilfarros y disipaciones.
+
+De estas _partidas_, que en ocasiones parecían de bandoleros, había
+varias, y estaban siempre a matar con la gente joven que hablaba recio y
+se movía mucho en las inmediaciones; la cual gente, capitaneada por la
+revoltosa Sagrario, más alborotaba en el salón, cuanto más fuerte
+protestaban contra el alboroto los tresillistas del gabinete. En otro
+frontero a él, donde la marquesa permanecía más de continuo,
+arrellanada en un sillón junto a la chimenea, se reunían los íntimos del
+marqués, desde luego, y poco a poco los aburridos de las demás
+secciones, que acudían al calorcillo de los debates que sustentaban los
+personajes de la política, y a la golosina del chiste, más o menos
+culto, de algunas damas de _mucha correa_, y de otros tantos galanes de
+_buena sombra_.
+
+Como _Nica_ lo pudiera remediar, no salía de allí; y no por el chiste,
+precisamente, ni mucho menos por los discursos políticos, sino porque
+había, en lo que pudiera llamarse núcleo de esa tertulia, algo que tenía
+su lado pintoresco y su lado interesante para una observadora como ella.
+
+El primero que llegaba siempre a aquel lugar de preferencia, era el
+señor don Mauricio Ibáñez, hombre de _cierta edad_, de mucho pelo
+castaño y sin canas, anchas patillas y poca frente, mucha ceja, labios
+gruesos, largos dientes y muy blancos, nariz cuadrada y ojos de asombro
+continuo, buen color, poca estatura, elevado pecho, brazos largos y
+manos enormes con dedos descomunales. Era banquero muy rico, y parecía
+querer darlo a entender en su persona cargándola de oro y pedrería, de
+paños finísimos y de holandas impalpables; y además, caballero gran cruz
+de Carlos III, y capaz de pesar en oro al ministro que le diera el
+derecho de poner sobre el escudo de armas que ya usaba en sus tarjetas,
+siquiera la más modesta de las coronas nobiliarias. Tenía este prurito y
+el de hablar bien y formalmente de todas las cosas. Había sido dos o
+tres veces diputado por un distrito de la provincia de Cáceres, de la
+cual era nativo él. Sin embargo, nunca pudo «romper a hablar» a su
+gusto, aunque había quedado bastante satisfecho de sus tentativas: dos
+preguntas breves al ministro de la Gobernación, sobre otros tantos
+expedientes detenidos en aquel centro, y una presentación a las Cortes
+de una exposición de varios ganaderos de su distrito, que solicitaban no
+sé qué franquicias o privilegios para los exportadores de reses cebadas.
+Llamaba él hablar a su gusto, ser afluente, verboso; «porque--decía--no
+es la palabra lo que a mí me falta, pues que todas las que oigo en boca
+de los demás me suenan a conocidas, sino otra cosa en que no puedo dar
+de pronto. Que se me dice, a lo mejor, pongo por caso, que esto es
+blanco... y que tal y demás, y que a mí me parece negro; pues con decir
+esto solo, ya se me acabó la cuerda, y no hallo el modo de seguir por
+esa ruta, como siguen otros, diciendo que arriba y que abajo... y que
+tal y demás».
+
+Aun sin el ejemplo que él ponía, se echaba de ver bien pronto que lo que
+le faltaba al reluciente don Mauricio, eran ideas para construir y
+exornar sus malogrados discursos.
+
+Para «romper a hablar», se iba inflando poco a poco, como el pavo antes
+de hacer las gárgaras; y, entonces, el hombre, que ya era «de por sí»,
+corto de cuello, daba en el pecho con la barbilla y en las orejas con
+los hombros. Era tardo de palabra, y de voz áspera y recia; y mientras
+las emitía, muy acentuadas y con cierto repicoteo de pronunciación, se
+tiraba dulcemente de una patilla con los dedos de la mano del mismo
+lado, apiñados, tiesos y algo temblorosos, como si por allí buscara el
+chorro de verbosidad, que no salía por ninguna parte, y daba a sus ojos
+asombradizos una expresión tan rara, que podía dudarse si pedía con
+ellos misericordia o reclamaba un aplauso.
+
+La primera vez que hablé en casa del marqués, fue tomando punto de no sé
+qué suceso parlamentario de aquellos días, y se mostró muy indignado con
+«_los meeroodeadooores_ del campo de la política, peste de los tiempos
+_aztuales_..., y tal y demás». Después se fue viendo que llamaba
+merodeador al lucero del alba, y que sin el apoyo de la otra muletilla,
+era hombre al suelo en cuanto «rompía a hablar».
+
+Sin embargo de todo lo cual, mareaba a los ministros de Hacienda, y se
+pintaba solo para sacar buena raja de los más duros de veta; a lo que se
+debía que el marqués le distinguiera con singularísima estimación, y
+hasta le admirara; porque es de saberse que el tal marqués, desde que
+era diputado a Cortes, se había dedicado con afán ansioso a los negocios
+lucrativos que «le saltaran al paso», y en el señor de Ibáñez tenía un
+ojeador expertísimo, un consejero de gran competencia, y, en ocasiones,
+un socio desinteresado.--Lo peor era que los únicos negocios que le
+salían mal al banquero eran los en que tomaba parte su amigo.
+
+En las tertulias de éste, indefectiblemente llevaba la contraria en
+todas las peroraciones de don Mauricio, Gonzalo Quiroga, primogénito de
+los condes de Camposeco. Este mozo tenía un frontispicio poco simpático,
+y además era gangoso. Se había educado en Inglaterra, y había viajado
+mucho por Europa, con largas detenciones en París, en Baden-Baden, Monte
+Carlo y otros sitios no menos famosos de _recreo_. De todas estas
+excursiones y paradas había sacado copiosos frutos, como lo acreditaban
+sus vicios dominantes, sellado alguno de ellos en la cara con _hondas
+cicatrices_, y en el cráneo con una calva precoz. Su barba era lacia, y
+su cuello muy largo, con nuez y costurones; tenía boqueras, los párpados
+tiernos, y un hombro algo más elevado que el otro. Era alto y flaco y
+pasaba por elegante, a pesar de todos sus defectos físicos. Lo cierto es
+que tenía gran desenvoltura y desparpajo para moverse dentro de los
+desairados arreos de sociedad, y para meter la cuchara en todos los
+corrillos. Aunque no era tonto, le faltaba mucho para tener un buen
+entendimiento; pero no conocía la vergüenza; y con esto y con el trato
+continuo de las gentes de su mundo, tenía lo suficiente para vivir en él
+como el pez en el agua. Era, en suma, un completo _perdido, de buen
+tono_.
+
+Pues con esa alhaja estaba concertado el casamiento de Sagrario.
+Cálculos de familia, al decir de los bien enterados, desde que los
+novios eran así de tamañicos. Por lo visto, no tenían prisa para
+realizar el proyecto; y entre tanto, iban juntos a muchas partes, pero
+se trataban muy poco, por exceso de confianza entre ambos; así es que,
+más que novios en vísperas de casarse, parecían un matrimonio
+desavenido.
+
+La razón de llevar siempre la contraria Gonzalo Quiroga a don Mauricio
+Ibáñez, no era otra que el gustazo de ver cómo se inflaba y contraía y
+trasudaba el banquero en cada contradicción, y cómo _meeroodeaaba_
+inútilmente en el camino de su pobre retórica, para urdir una réplica
+con que confundir al importuno a quien ya temía de lumbre, o para salir
+siquiera medio airoso del atolladero, delante de los contertulios, que
+habían dado en tomar aquellas _engarras_ como la más divertida de las
+comedias.
+
+Se había observado que en los apuros de más angustia, o en los arranques
+de mayor empuje, don Mauricio buscaba con los ojos a Verónica, como las
+plantas sombrías se alargan hacia el sol que necesitan; y en topando con
+ella, parecía decirla en el primer caso: «¿Peero ve usted qué teema el
+de este chico?» Y en el segundo: «Me paarece que ésta no tiene vuueelta.
+¿No piensa usted lo miismo?».
+
+A Gonzalo le hacía mucha gracia este resabio de su contrincante; y una
+noche, mientras se ahogaba el pobre hombre «meeroodeeando» a obscuras en
+el huero caletre media docena de palabras al acaso, acercose el otro con
+gran sosiego a Verónica, y, en el tono menos gangoso que pudo, le dijo
+al oído con mucha formalidad:
+
+--No te alarmes, chica; pero es indudable que ese sujeto tiene planes
+siniestros _contra_ ti.
+
+Precisamente en una de las pocas ocasiones en que la despreocupada joven
+no estaba atenta a los discursus del banquero, que la divertían
+sobremanera. Prefería, por el momento, la conversación de Pepe Guzmán,
+pájaro de mayor cuenta que su amigo Gonzalo. El tal Guzmán, aunque de
+segunda rama, era también vástago aristocrático: de la ilustre cepa de
+los Valdejones. Pasaba ya bastante de los treinta, era de hermosa y
+distinguida estampa, independiente, libre como el aire, y rico. No
+abusaba, aparentemente, de ninguna de estas ventajas. Por el contrario,
+parecía hombre de muy racionales inclinaciones, y bien regido. Había
+estudiado media carrera de Derecho, algo de Medicina, otro tanto de
+Mecánica, y hasta desflorado la Teología y los sistemas filosóficos de
+Kant, de Krausse... y de Santo Tomás; se sabía de memoria a Maquiavelo,
+a Fr. Luis de Granada, a Shakespeare, a Fourrier, a Santa Teresa y a
+Cervantes. En todo picaba y nada le satisfacía, fuera de las grandes
+obras de imaginación. Quizás con la espuela y el freno de la necesidad,
+hubiera brillado en algo de lo mucho que intentaba conocer por
+invencible curiosidad, pues talento y discreción tenía para ello; pero
+le faltaba paciencia, porque le sobraban la libertad y el dinero, y de
+aquí sus veleidades y aquellas ensaladas científico-filosóficoliterarias
+de que se atiborraba la cabeza. Viajaba a menudo y gastaba grandes sumas
+en objetos de arte. Los cuadros buenos le entusiasmaban, pero los
+bronces de mérito le enloquecían. Tenía el buen gusto de no invertir un
+ochavo en libros viejos, ni en vargueños apolillados; prefería las obras
+contemporáneas, si eran buenas, y, lo que es más raro, las leía y las
+saboreaba. Cosa más rara aún: en igualdad de méritos, estaba por las
+españolas antes que por las extranjeras, y no incurría jamás en la
+vulgaridad cursi de decir que no podían vivir en España los hombres
+cultos. Se referían de él grandes hazañas galantes, y podrían ser
+ciertas; pero no era su boca quien lo confirmara, ni con un gesto.
+Finalmente, era hombre de alegre carácter, aunque poco hablador, pero
+muy al caso, particularmente con las mujeres. Tenía el don de
+entretenerlas sin apelar al lugar común de la lisonja ni al formulario
+oficial del «joven travieso, distinguido y elegante». Calificábanle por
+ello de indomesticable y de _frío_ muchas damas; pero es lo cierto que
+hasta las más remilgadas se pagaban mucho de sus atenciones... Y no sigo
+con la lista de sus prendas de carácter, porque, a pesar de tomarlas
+una a una de los _Apuntes_ que tengo a la vista, va a resultarme un mozo
+cortado por el sobado patrón del _mata-corazones_ de comedia; y esto que
+aquí se narra podrá ser malo, pero es la pura verdad.
+
+Digo, pues, que este Pepe Guzmán entretenía aquella noche a Nica
+Montálvez cuando se acercó a ella su amigo Gonzalo Quiroga con la
+consabida embajada, y añado, para decirlo pronto, puesto que ha de
+saberse más tarde o más temprano, que el tal Guzmán era aquel _algo_ que
+Verónica exceptuaba de los molestos arrullos amorosos que pasaban sobre
+ella, sin sentirlos, como el viento sobre las rocas; aquel «_algo_ en
+que detener la imaginación y con que apacentar los deseos, que existía
+en el ancho círculo de sus relaciones sociales». Y es de saberse también
+que, a aquellas fechas, aún no se habían cruzado los primeros fuegos de
+la batalla entre la dama y el galán. Conocíanse mutuamente las
+intenciones de batallar, exploraba cada cual el terreno de su enemigo, y
+hasta le provocaba con ingeniosas estratagemas; pero de aquí no pasaba;
+y, a mi entender, en el misterio de estas precauciones, en el problema
+de esta actitud recelosa, estribaba el mayor interés de los
+beligerantes. Ni ella ni él parecían tener prisa para resolver el punto
+dudoso. Podía ser el caso un pasatiempo; pero desde luego era un
+pasatiempo entretenidísimo, con la rara virtud de no gastarse con el
+uso.
+
+Tal vez era el «lado interesante» que, «para una observadora como
+Verónica, había en las reuniones íntimas de su casa». Del «lado
+pintoresco» era la principal figura el banquero don Mauricio, con todas
+sus cosas y con todas sus _malas_ intenciones, en las cuales había leído
+ella mucho antes de que se las anunciara al oído el gangoso Gonzalo
+Quiroga. Por cierto que estas intenciones, o «planes siniestros», como
+decía el novio de Sagrario, la hacían suma gracia también.
+
+Casi tanto como a Leticia, que no perdía ocasión de apuntarla, con la
+mirada o con un gesto expresivo, cada memorial que el banquero la
+enviaba con los ojos en sus grandes apuros oratorios. De este celo por
+los _intereses_ de don Mauricio, murmurábase bastante. Afirmábase que
+Leticia fomentaba las intenciones del banquero, y que se hallaba
+dispuesta a barrerle el camino de ellas de cuantos obstáculos estuvieran
+al alcance de su escoba... Hay que advertir aquí que Leticia, la
+hermosa, fría e impenetrable Leticia, llevaba ya un año de casada con el
+general Ponce de Lerma, conde de Peñas Pardas, hombre más que
+cincuentón, y feo, diputado sempiterno, conspirador incansable de
+pasillos y antesalas contra todos los ministros de la Guerra, con la
+santa intención, jamás lograda, de llegar él a serlo una vez siquiera;
+amigo desleal de todos los Gobiernos; veterano de todas las cuarteladas
+de treinta años a aquella parte, para ganarse honradamente desde las
+charreteras de capitán hasta los dos entorchados que tenía; agiotista
+insaciable; asociado detrás de la cortina, durante la guerra, a otros
+especuladores que daban tocino podrido a las tropas de África,
+procurándose así inverosímiles ganancias que fueron ancha y sólida base
+de su enorme caudal, adquirido después en idénticas y tan honradas
+especulaciones; y, por último, de valor y capacidad «supuestos», porque
+jamás tuvo ocasión de acreditarlos en el campo de batalla, ni siquiera
+en los cuarteles; todo, incluso los ascensos, se lo fueron dando hecho
+y arregladito los suyos apenas salido él del escondite, en seguida de
+triunfar la cuartelada. Hasta el título nobiliario se ganó de parecido
+modo, cuando ya era general, por haber corrido en aquellos desfiladeros,
+siendo alférez..., delante de una partida carlista, en la primera guerra
+civil.
+
+Pues con este hombre se había casado Leticia, después de convencerse (en
+opinión de sus amigas) de que no había en el horno de sus especiales
+hechizos, fuego bastante para fundir el hielo de Pepe Guzmán, que la
+distinguió por algún tiempo con sus cultas y amenas «frialdades».
+
+Con estos dos hechos se explicaba la conducta de Leticia con el
+banquero. Le quería para Verónica, con el piadoso fin de que no tuviera
+ésta marido más lucido que ella; y se miraba mucho en el capítulo de las
+zumbas a la interesada, porque, hasta la fecha, era el caso de la
+generala harto más _mordible_ que el de su amiga.
+
+
+
+
+IX
+
+
+Así las cosas y andando los días, una noche, en casa de Verónica, tomó a
+ésta del brazo Sagrario; llevósela a un rinconcito lejos de la gente; y
+allí, sentadas las dos en sendos sillones de rica tapicería, dijo la
+vehemente rubia a su amiga, entre mustia y alegre, pero con más carga
+de lo primero que de lo segundo:
+
+--¡Por fin!...
+
+--Por fin... ¿qué?--preguntole la otra con cara de pascua, al ver lo
+indefinible de la de su amiga.
+
+--Que se decidió... _eso_.
+
+--Y ¿cuál es _eso_?
+
+--¡Jesús, y qué torpe estás hoy de entendederas! ¿Qué ha de ser _eso_
+más que... lo de Gonzalo?
+
+--¡Lo de Gonzalo! Y ¿qué le pasa a Gonzalo, hija mía?
+
+--¡Caramba con la chica ésta!... Que me caso con él. ¿Lo entiendes
+ahora?
+
+--Sí que lo entiendo; pero no es noticia para mí. ¿Cuántos siglos hace
+que estáis... en eso?
+
+--¡Dale, la muy taimada!... ¿No te he dicho que, por fin, se de-ci-dió
+ya? ¿Lo quieres más claro?
+
+--¿Quieres decir que os vais a casar en seguida?
+
+--Eso mismo.
+
+--¡Acabaras!
+
+Aquí un ratito de silencio. Cierta inquietud en Sagrario. Miradas
+investigadoras en su amiga, envueltas en sonrisas maliciosas. Recios,
+secos e intermitentes charrasqueos del abanico de la novia. Al fin
+volvió a hablar la primera, y dijo a la segunda, sin borrar de su cara
+la expresión maliciosa:
+
+--¿Y para contarme esto solo me has traído tan acá y tan a escondidas,
+cuando podías haberlo publicado a gritos en medio de la tertulia..., y
+de seguro lo publicarán mañana los periódicos en sus crónicas de
+salones?
+
+--Para esto solo--respondió Sagrario, sonriendo también--, y para lo que
+de ello se cae por su propio peso.
+
+--Lo suponía: un poco de comentario; pero como te quedaste tan
+callada...
+
+--Pensaba yo que a ti te tocaba empezar.
+
+--Claro, ¡como no hay todavía franqueza entre nosotras, y tú eres una
+joven tan corta de genio!... ¿O es que piensas tomar el papel de casada
+por lo serio y comienzas ya a hacer provisiones de formalidad?... Lo
+cierto es que te desconozco esta noche...
+
+--Ya ves tú..., el lance, al fin y al cabo, si no es serio, es nuevo
+para mí; y al verme tan cerca de él...
+
+--Con franqueza, Sagrario; ese lance ¿te duele o te gusta?
+
+--Ni me gusta ni me duele; le tomo como me le presentan: amasado y
+cocido. Me dicen «ahora»; pues ahora.
+
+--¿De modo que tú no has contribuido a él... ni con la inclinación?
+
+--Absolutamente, y bien lo sabes tú; ni ¿por qué había de contribuir con
+eso?, ni, aunque quisiera, ¿cómo podría? Ya ves qué ganga... ¡Gonzalo!
+
+--¿Qué?
+
+--¡Qué estampa de galán! con todos los vicios del catálogo...
+
+--Entonces, ¿por qué le aceptas?
+
+--Y a mí ¿qué más me da? Dicen que las mujeres de nuestra alcurnia deben
+casarse, a cierta edad, con hombres de determinadas condiciones: la casa
+Miralta cree que no puede entroncar con otra que la de Camposeco, y ésta
+juzga que vino al mundo para fundirse con la de Miralta; yo soy lo
+primogénita de una, y Gonzalo es el único heredero de las grandezas y
+caudales de la otra; se acuerda entre ambas familias que Gonzalo y yo
+nos casemos... «para que se cumplan las profecías»: no se admiten
+consultas, ni protestas, ni reparos, porque, como «ellos» dicen, lo
+principal es que se haga el matrimonio, «_lo demás_ no importa tres
+cominos»; a esta idea nos vamos haciendo, y a este papel nos vamos
+acomodando poco a poco el galán y la dama de esta comedia de la _buena
+sociedad_... hasta que llega la hora del desenlace, nos echan la
+bendición, se baja la cortina... y cada comediante o vivir como Dios le
+dé a entender. Esto, después de bien mirado, es hasta cómodo. ¿No te
+parece a ti lo mismo, Nica?
+
+Y Nica dijo que sí, pero sin dejar de sonreírse. En seguida preguntó a
+su amiga:
+
+Pero ¿no puede ocurrir que la dama de esa comedia tenga, al llegar ese
+desenlace, el corazón interesado por otro galán de los de la sala?
+
+¡Yo lo creo!..., ¡y a quién se lo preguntas!--respondió Sagrario en un
+arranque de sinceridad de los suyos.
+
+--Pues, entonces...
+
+--Entonces ¿qué?
+
+--Más claro: tú no amas a Gonzalo
+
+--_Naturalmente_.
+
+--¿Y no preferirías para marido al hombre a quien amaras?
+
+--Ponlo en presente: a quien _amo_.
+
+--Lo pongo: a quien _amas_.
+
+--Corriente... Pues te respondo que quizás no.
+
+--¿Que no?
+
+--Que no... ¿Te asombras? Pues no hay motivo para ello. Yo tengo acá mi
+teoría sobre el caso; y no es así, al aire y como se quiera, sino
+fundada en la observación y en el propio sentir. De pronto te parecerá
+un lugar común de la manoseada sátira contra el matrimonio, porque algo
+así se ha dicho en esas rutinas desacreditadas; pero es cosecha de mi
+caletre, créelo. Te la expondré en forma de máxima, como _hacemos_
+siempre los sabios para acreditar vulgaridades: «si quieres conservar el
+amor que sientas por un hombre, con todo lo que de este amor se sigue y
+se desprende, no te cases con él».
+
+--¡Cáspita!
+
+--Así como suena, hija mía. Parece duro y un si es no es atrevido; pero
+es la pura verdad. Y si no, tiende un poquito la vista sobre todo lo que
+conoces en derredor de ti: es un semillero de comprobantes de mi modo de
+pensar sobre el caso. Otra máxima: «el amor se alimenta de deseos, de
+privaciones y de contrariedades; dale todo cuanto pida, sin cortapisas y
+a pasto, y cátale muerto en dos días; y muerto por hartazgo de prosa,
+que es, de todos los hartazgos, el más abominable.
+
+Sonreíase otra vez la amiga de Sagrario al oír cómo ésta se despachaba,
+vuelta ya al pleno dominio de su carácter, y replicola:
+
+--Eso dependerá de la calidad del amor... me parece a mí.
+
+--No hay más que una calidad de amor--repuso con ademán resuelto
+Sagrario--, y el amor tonto, que no reza con nosotras.
+
+--Y suponiendo que tú tengas razón--preguntó Verónica a su amiga, de
+cuyas palabras parecía estar pendiente, sin duda por la gracia que le
+hacían--, ¿es lícito eso?
+
+Revolvió aquí un poco en el sillón el lindo cuerpo la interrogada, y,
+después de vacilar un instante, respondió con gran desparpajo a su
+amiga:
+
+--Verdaderamente que no me he puesto nunca a mirar el caso por ese lado;
+pero muy ilícito no debe de ser, cuando tanto se usa.
+
+--¿Qué es lo que tanto se usa, Sagrario?
+
+--¡Caramba!, pues el vivir con el marido y el gozar con el amante... Me
+parece que cosa más corriente...
+
+Después de estas palabras, fue Verónica quien se quedó un brevísimo rato
+algo suspensa; en seguida, sin dejar de mirar con marcada fijeza a su
+amiga, la dijo:
+
+--¿Y qué piensa Gonzalo de esa teoría tuya?... Porque supongo que se lo
+habrás dado a conocer...
+
+A lo que respondió Sagrario con igual frescura que si el asunto no
+rezara con ella:
+
+--¡Yo lo creo que lo conoce! Pero ¿qué se le importa a él? ¡Gracias a
+Dios, no tiene por qué callar! ¿No sé yo la vida que ha hecho, la que
+hace y la que hará? ¡Ni más ni menos que la mía! ¡Para él estaba!
+Además, ¿qué pone por su parte en este fregado? Sus lacras, sus
+deformidades y sus vicios. ¿Puede, en buena justicia, y _aunque
+pudiera_, aspirar al pleno y singular dominio y usufructo de esta mi
+«lozana y exuberante juventud», como dijo de ella nuestro poeta
+_Aljófar_ en su anteúltimo sahumerio? ¡Oh!, sobre estas materias, ni él
+ni yo podemos llamarnos nunca a engaño, por muy recio que truene.
+Estamos los dos bien enterados, bien prevenidos y bien conformes. Y
+¡cómo no estarlo! Nuestro casamiento es lo que menos importa aquí, por
+lo tocante a las inclinaciones y propósitos de cada uno. Nos lo hemos
+dicho muchas veces, y ayer hicimos un esmerado resumen de todas las
+anteriores advertencias y prevenciones: «nos casamos por razón de
+Estado, como si dijéramos; habrá de común entre los dos el hogar, los
+bienes y el ceremonial que es propio de la jerarquía en que se nos
+coloca. Fuera de esto, cada cual se atenga a lo suyo, guarde su alma en
+su almario y haga de su vida lo que mejor le parezca..., por supuesto,
+respetando siempre las buenas formas y las conveniencias sociales...»,
+porque a esto, bien lo sabes tú, _Beronic_, no se debe faltar jamás...
+Conque ya ves.
+
+--¿Y tan conformes los dos?--dijo la otra, mirando a Sagrario con los
+ojos un poco fruncidos, mientras se abanicaba lentamente y se recostaba
+contra el respaldo del sillón.
+
+--Tan conformes--repitió la novia.
+
+--¡No es poca fortuna!--añadió su amiga sin cambiar de postura--; sobre
+todo, para ti.
+
+--Y para él ¿por qué no?
+
+--Porque como en Gonzalo no hay grandes prendas que admirar, ni bellezas
+que apetecer, se comprende sin dificultad que tú te avengas sin gran
+esfuerzo a ese convenio; pero que él se resigne a no ser dueño y señor
+absoluto de una mujer tan hermosa como tú, siendo esta mujer la suya
+propia, me parece una abnegación... inverosímil.
+
+Aquí se sonrió Sagrario, contó con los ojos y con el pulgar y el índice
+de su mano izquierda las varillas de su abanico abierto; y sin cesar en
+este entretenimiento ni mirar derechamente a su interlocutora, la
+replicó con acento de indiferencia:
+
+--Después de todo, ¿qué más le da?
+
+--¡Pues me gusta!...
+
+--Lo dicho, Nica--añadió Sagrario animándose un poco más--; y si te
+parece mucho así, pongamos _casi, casi_.
+
+--No lo entiendo, hija--respondió Verónica con visibles muestras de
+curiosidad, y otras tantas de sus intenciones de tirar de la desjuiciada
+lengua de Sagrario--. Si no lo pones más claro, como si callaras.
+
+Volvió la rubia a contar el varillaje de su abanico; cerrole de pronto
+con estrépito; incorporose de un salto; rodeó con sus brazos el cuello
+de su miga, y la dijo al oído un secreto.
+
+--¡Pobrecillo!--exclamó la otra, en cuanto Sagrario volvió a sentarse,
+abriendo el abanico con las dos manos y poniéndose también a contar el
+varillaje con los ojos un tantico cobardes.
+
+--Como lo oyes--dijo la otra algo lisonjeada con el éxito de su
+confidencia.
+
+--Y tú ¿de qué lo sabes?--preguntó Verónica atreviéndose poco a poco.
+
+--De que me lo ha confirmado él con la mayor desvergüenza.
+
+--¡Confirmado! ¿Luego ya lo sabías?
+
+--Por Leticia, a quien se lo dijeron amigos íntimos de Gonzalo.
+
+Volvió a contar las varillas de su abanico Verónica; calló también
+Sagrario, mirando el paisaje del suyo; y dijo a poco rato la primera,
+acaso por mudar de conversación, quizás porque realmente deseaba ver a
+su amiga apurar la materia a que se referían sus palabras:
+
+--Volvamos un momento al caso aquel de tu teoría sobre...
+
+--¡Hola!... ¿Si te habrá caído en gracia?
+
+--Se me ocurre un reparo que ponerte.
+
+--¿Acaso nacido de lo que acabamos de tratar?
+
+--Precisamente de ello..., pero de su casta es.
+
+--Pues venga el reparo.
+
+--Si el matrimonio es la mortaja del amor, como has venido a decirme en
+substancia, y han dicho antes que tú muchos _calaveras_ que se han
+casado en seguida, ¿por qué te casas en la forma que lo haces?
+
+Quedose un poco suspensa la interpelada, como si no entendiera bien el
+alcance de la pregunta, y dijo a la interrogante:
+
+--Si concretaras el caso un poquito más...
+
+--Concrétole--repuso la otra; y añadió--: si lo que interesa es
+conservar el amor que sientes, por hoy, y este amor es de más hondas
+raíces que el de ayer... y el de anteayer, porque no tienen cuenta los
+que te he conocido...
+
+--Gracias.
+
+--Es justicia.
+
+--Como te parezca... Adelante.
+
+--Si lo que te interesa, digo, es conservar ese amor con todos sus
+encantos, ¿por qué te casas sin maldita la necesidad? Conságrate a él
+con vida y alma...
+
+--¿Soltera?
+
+--Soltera.
+
+--¡Bah! Entonces no me has entendido; porque ése es precisamente el amor
+tonto que yo exceptué; y el amor de que yo trato, es amor de más
+substancia, de más... en fin, que no es amor para doncellas.
+
+Pareciole demasiado crudo el concepto a Verónica, a juzgar por la cara
+que puso, y dijo, con miedo de escuchar algo peor:
+
+--De manera que, para complemento de la teoría, es también de necesidad
+_algo_ de matrimonio.
+
+--Indispensable, Nica. ¡Como que es... la _patente de corso_!
+
+--¡Jesús, qué chica ésta!--exclamó Verónica, verdaderamente asombrada.
+
+--¿Ahora te desayunas--la preguntó Sagrario con desenvuelta frescura--,
+y con remilgos de beata te me vienes? Pues ¿qué ha hecho Leticia, entre
+otros cien ejemplos que pudiera citarte, sino buscar la patente esa, o
+aceptarla con gusto, por lo menos?
+
+--Leticia no dice esas cosas...
+
+--No; pero las hace. ¡Te aseguro, y bien lo sabes tú, que se aprovecha
+de la patente como el corsario de más hígados!
+
+Vuelta Verónica a lo suyo y siguiendo en cuanto podía el tono de su
+amiga, atreviese a replicarla:
+
+--Se me ocurre otro reparo que hacer, no a tu teoría precisamente, sino
+al modo que has tenido de ponerla en práctica: la patente que adquieras
+en tu matrimonio, de nada ha de servirte.
+
+--¿Por qué?
+
+--Si es cierto lo que me has contado al oído...
+
+--Te dije que casi, casi: recuérdalo...; y entre ello, por poco que sea,
+y el extremo que tú pensabas, cabe perfectamente la gran vida que puede
+darse una mujer de tan buen gusto como yo.
+
+--¿Y con esas teorías, y con esos... hígados--dijo Verónica levantándose
+y dando a su amiga unos golpecitos en cada mejilla con el abanico
+cerrado--, te me andabas con melindres al comenzar a hablarme de tu
+casamiento, como una colegialilla ruborosa?
+
+--Pues, créeme--respondió Sagrario, levantándose también--: así y todo,
+me costaba empezar. Pero necesitaba este desahoguillo en vísperas de
+trance tan nuevo. Aunque una está tranquila de conciencia, gusta recibir
+los alientos de tan buenas amigas como tú.
+
+--¡Valiente pieza estás!--respondió ésta riéndosele muy cerquita de la
+cara.
+
+--Pues te voy a pagar el piropo con un gran consejo--repuso Sagrario,
+deteniendo a su amiga, que ya había echado a andar--: no te cases con
+Pepe Guzmán, aunque, por milagro de Dios, lo pretenda él; pero si don
+Mauricio _el Solemne_, pide tu mano, acéptale.
+
+
+
+
+X
+
+
+Aquella noche durmió Verónica bastante mal, porque le dio mucho en que
+entretenerse el recuerdo de su conversación con Sagrario. Aunque ésta la
+tenía acostumbrada a sus genialidades, que no eran siempre de color de
+rosa, jamás había oído de sus labios palabras tan crudas ni pensamientos
+tan atrevidos. Y no era el escándalo de estas _sinceridades_ lo que la
+mortificaba al acordarse de ellas, pues estaba curada de ciertos
+espantos y había en su naturaleza, relativamente fría, y si no fría,
+serena y bien equilibrada, aguante para mucho más; sino la coincidencia
+inesperada del fruto de sus largas y minuciosas investigaciones por el
+organismo, digámoslo así, del medio ambiente en que respiraba y se
+movía, con las _teorías_ expuestas por Sagrario. Una cosa es el juicio
+callado que formamos por el esfuerzo único de la propia observación, y
+otra muy distinta ese mismo juicio cuando le vemos confirmado a voces
+por los demás. Sin ser un verdadero hallazgo entonces, parécenos de
+doblada consistencia; y esto le presta cierto color de novedad.
+
+Después de andar divagando por estos espacios con las alas de su
+imaginación, de amiga en amiga, de conocida en conocida, pesando y
+midiendo los actos y las palabras, la vida y milagros de cada una de
+ellas, y cuando vio que sí, entre tantas, eran muy contadas las que
+tenían el desparpajo de Sagrario para descubrir los repliegues de la
+conciencia y los escondrijos del corazón, eran todavía menos las que no
+cabían en los moldes trazados por la desenvuelta rubia, pensó en el
+consejo que ésta le había dado por despedida. ¡Demonio con el consejo!
+Cierto que no podía darse otro más acomodado a la manera de pensar de la
+consejera, y, sobre todo, por lo tocante a don Mauricio _el Solemne_,
+como ésta le llamaba; pero ¿a qué traer a colación a Pepe Guzmán? ¿Qué
+había visto en él Sagrario para aconsejarla a ella que no le aceptara
+por marido «aunque, _por milagro de Dios_, lo pretendiera»? Por supuesto
+que esta condicional la usó Sagrario teniendo en cuenta la fama de
+incasable que gozaba el aludido, no porque la considerara a ella indigna
+de aquel otro heroísmo de este Guzmán. ¿Cómo había de saber, la muy
+curiosa y entrometida, lo que ignoraba sobre el caso la misma
+interesada? Al fin y a la postre, ¿qué había pasado entre Pepe Guzmán y
+ella? Nada en substancia. Que, por entonces, era Verónica la que merecía
+las preferencias corteses del incombustible caballero; que hablaban a
+menudo; que la conversación de él le parecía muy amena y entretenida a
+ella, y que, según ella podía juzgar, no le desagradaba la suya al otro;
+que de esta mancomunidad de complacencias, había ido naciendo como
+cierto propósito de variar de tema en las conversaciones, y de meter la
+sonda de la curiosidad en las espesuras del alma y en las profundidades
+del pensamiento; que se andaba tiempo hacía en preparativos de ello, más
+o menos ingeniosos, y que todo esto y mucho más podía hacerse entre un
+hombre tan desapasionado como Guzmán, y una mujer tan despreocupada como
+ella, sin que el amor interviniera para nada en el juego... ¡Amor!
+Guzmán, según fama, era incapaz de sentirle por ninguna mujer. Era así
+su naturaleza. En cuanto a ella, Verónica, ¿en qué había de fundarle?
+Reconocía que era hermoso de cuerpo, noble de alma, y culto y rico de
+inteligencia; que levantaba muchos codos por encima de los galantes
+frívolos, de los mozos simples y de los viejos verdes que más abundaban
+a su alrededor; que sentía una lícita y honda complacencia en verse
+objeto de sus codiciadas atenciones; que le ola con gusto y que se
+apartaba de él con cierta pena; que después de cada entrevista le duraba
+su recuerdo largas horas; que se preparaba para la inmediata con mayores
+precauciones que las de costumbre en parecidos casos, y, por último, que
+haría cualquier sacrificio por vencerle en el duelo medio empeñado entre
+ambos, es decir, por arrancarle el secreto de sus intenciones, la
+primera gota..., vamos, la señal de que el hielo se fundía al calor
+del... _interés_ que ella le inspiraba; pero ¿no puede sentirse y
+desearse e intentarse todo esto sin amor? ¿No bastaba el móvil de la
+curiosidad para que lo sintiera, lo deseara y lo intentara una mujer
+como ella? ¡Oh!, el amor presenta síntomas bien diferentes de éstos; se
+nota en algo más profundo y más sensible que la memoria y el discurso;
+se siente en lo más vivo del corazón, y el de ella no era, hasta la
+fecha, más que una víscera que funcionaba con la inalterable regularidad
+de un cronómetro.
+
+Discurriendo por esta senda, llegó a topar con el sueño, que la venció
+tras breve lucha; tan breve, que con serlo mucho más el nombre de
+_Pepe_, se le quedó éste a la hermosa entre los húmedos labios, por
+falta de tiempo para acabar de pronunciarle; de manera que del acto
+aquel, medio inconsciente, más que palabra vino a resultar un beso...
+
+Pero volvamos ahora a Sagrario. Su casamiento no tardó en celebrarse más
+que el tiempo puramente indispensable para los preparativos de él,
+hechos por la posta a fuerza de oro. ¡Y qué preparativos, Santo Dios! En
+los periódicos elegantes no cabían las listas de tantas y tantas ropas,
+de tantas alhajas, de tantos muebles, de tantos caprichos de arte,
+comprado esto, regalado lo otro, tanto en París, cuanto en Viena;
+aquello, de Florencia; de Londres, lo de más allá; de Bruselas, los
+encajes; del mismísimo Japón y del propio Sevres, las porcelanas; de
+Bohemia, la cristalería de color; de puro rocío cuajado, la de mesa; lo
+que costaba el traje de novia, blanco como los ampos de la nieve; lo que
+podría comprarse, para avío de dos docenas de familias mal acomodadas,
+con lo que valían las joyas y el _trousseau_ que regalaba el novio, sin
+contar con otro tan lucido que acababa de recibir «la hermosa
+_prometida_», como regalo de sus padres... Todo lo fisgoneaban, todo lo
+sabían y todo lo conocían por adentro y por afuera, por arriba y por
+abajo, los diligentes revisteros, y de todo escribían sin tregua ni
+descanso, sin calo ni medida, mojando la áurea pluma en «ámbar desleído»
+y sahumando el papel con nubes olorosas de mirra y algalia del Oriente.
+Así trascendía ello, que mareaba. Del «lecho nupcial», tesoro
+inapreciable de maderas, bronces, lienzos, sedas, y brocados, y del
+simbólico _boudoir_, obra de hadas, que no de mortales, ¡Cristo mío, qué
+cosas se escribieron!... En fin, hasta para los carruajes ingleses, y
+para los caballos que habían de arrastrarlos, y para los levitones
+peludos de los cocheros que habían de conducirlos, hubo jarabe en las
+plumas, y sahumerios en los incensarios de aquellos ingenios de
+guardarropía.
+
+Tras esto, que duró muchos días y fue el pasto sabroso de todas las
+mujeres y de todos los hombres frívolos de la corte, llegó la hora
+suprema; y vuelta a empezar los pobres chicos con nuevos catálogos de
+indumentaria, de piropos inverosímiles y de sensiblerías y finezas
+cursis: que si la novia así o del otro modo; que si pálida, que si
+pensativa; que si, con sus cabellos rubios y sus atavíos blancos,
+parecía una joya de oro entre copos de nieve; que si el Patriarca, que
+si los padrinos, que si las amigas, que si quince duques, y veinte
+marqueses, y treinta condes, y no sé cuántos destitulados, de comitiva;
+y si la fila de coches llegaba desde tal a cual parte, y si hubo entre
+ellos uno de palacio con las correspondientes damas; y quien, en el
+momento crítico, «vertió lágrimas furtivas»; quien se desmayó, o quien
+parecía arrobada en el más dulce de los éxtasis... ¡Hasta del novio se
+dijo que era «un varón, honra, prez _y esperanza_ de su preclaro
+linaje»!
+
+Después, el espléndido banquete en los estupendos comedores de la casa
+de la «hermosa desposada»; y aquello fue la de vámonos. De lo que allí
+hubo, con ser tanto lo que se dijo, fue mucho más lo que se devoró.
+_Aljófar_, el tierno poeta de los salones, que de eso vivía y de otras
+fechorías semejantes, enronquecido de cantar la hermosura y las
+pomposidades de la novia en los periódicos elegantes, con un hartazgo
+para ocho días y bien atiborrado de Champagne, sin soltar la copa de la
+zurda desenvainó un soneto con la diestra; Y conmovido y mojando la
+pestaña antes de leerle, acometió de nuevo «a la hechicera reina de la
+fiesta» (con todas estas asonancias), y la puso hecha un tapiz
+chinesco, con grandes aplausos del ilustre concurso, que le reputaba por
+el más grande de los poetas coetáneos, y con arroyos del «llanto» que
+sabía verter el propio vate a cada estrofa, el cual llanto apagaba con
+tragos del espumoso néctar: casi como el pegotón aquel de marras,
+
+«Llorando sin cesar lo que sorbía, Y sorbiendo a la vez lo que lloraba».
+
+Por conclusión de estos y otros lances que no caben en papeles, los
+preparativos del viaje de los novios; las despedidas, el lagrimeo, los
+síncopes; lances todos ellos que habían de ser tema para el rudo trabajo
+de tres días de los complacidos y galantes revisteros, y de un
+epitalamio inconmensurable del mimado poeta, obra de empuje y
+substancia, como concebida entre los horrores de la digestión de lo del
+banquete, digestión de _boa constrictor_, por la duración y la dosis, ya
+que no por la calidad de la metralla engullida.
+
+Y con tanto charlar estos gacetilleros y poetas, no dijeron una palabra
+de don Mauricio _el Solemne_, sino para citar su nombre entre los más
+«conspicuos» concurrentes; nada de sus ahogos al _meeroodeear_
+materiales para un brindis, al primer taponazo del Champagne; nada de
+sus moribundas miradas a la «_picante beldad_, ilusión consoladora de
+los espléndidos marqueses de Montálvez»; nada de ciertas _finezas
+metafóricas_ que el deslumbrante banquero logró deslizar al oído de la
+elegante dama, como tímido recuerdo de sus anteriores memoriales.
+
+Nada pescaron tampoco aquellos linces de pluma, del ingenioso y breve
+diálogo sostenido entre Pepe Guzmán y su predilecta amiga, formando la
+más gallarda y distinguida pareja que podía imaginarse; en el cual
+diálogo se parafraseó, con toda la discreción y gracia posibles, y no
+sacado a plaza por la interlocutora, sino por el sagaz interlocutor, el
+tema aquel que Sagrario confió al oído de su amiga; y se insinuaron,
+quizá en virtud del calor y motivo de la fiesta, las primeras estocadas
+del consabido duelo pendiente entre estos dos expertos espadachines de
+la intriga galante.
+
+Tampoco tuvo en la prensa todo el éxito que mereció la casi augusta
+solemnidad con que el buen marqués de Montálvez desempeñó su papel en la
+fiesta, particularmente durante el breve rato que conversó _aparte_ con
+el presidente del Consejo de Ministros, y cuando, después de estrecharle
+reverentemente la mano le dijo algunas palabras al oído el Capitán
+general de Madrid, vestido de gran uniforme. ¡Oh, qué actitudes y qué
+mímica las suyas en aquellas dos singularísimas ocasiones! ¡Qué bofetón
+más sonoro para «los hombres de Gobierno» que todavía le regateaban la
+credencial de senador! ¿Dónde hallarían ellos para ese cargo otro viejo
+más distinguido, más _serio_, más limpio, más planchado, más opulento,
+ni más adaptable por su tipo al grave ceremonial del «alto Cuerpo
+Colegislador»?
+
+En fin, por callarse cosas importantes los cronistas de la solemnidad,
+ni siquiera mencionaron al general Ponce de Lerma, hombre grosero, que,
+en menos de dos horas, riñó tres veces con el ministro de la Guerra, y
+dio de puntapiés a un lacayo en un vestíbulo, porque al pasar, cargado
+de despojos de la mesa, le manchó el frac con una salsa amarilla,
+mientras su mujer (la del general) departía, en animado e interesante
+diálogo, con el subsecretario de Gobernación, gran mozo, candidato a
+ministro para la primera crisis, soltero y de gran prestigio entre las
+damas elegantes. Era como la sombra de Leticia, desde que Pepe Guzmán se
+había decidido a ser la de Verónica...
+
+Cierto que todas estas cosas mejor eran para calladas que para
+dichas..., casi tanto como las otras que se dijeron y se cantaron en
+prosa y en verso; pero los oficios, o ejercerlos a conciencia, o no
+ejercerlos... En virtud de lo cual hago yo aquí punto redondo, antes que
+al impaciente lector le parezca larga esta digresión, que nada quita ni
+pone al interés de la presente historia.
+
+
+
+
+XI
+
+
+A todo esto, el invierno se había acabado; los salones se cerraban; las
+tertulias se deshacían; en el _Real_ había terminado su temporada la
+compañía de celebridades italianas, cuyos gorgoritos había pagado la
+gente rica con sumas increíbles, y las que querían aparentar que también
+lo eran, con el fondo del baúl, las rebañaduras de la despensa y con
+algo más sagrado que no se recobra jamás una vez que se ha vendido; y
+«el mundo elegante», sin salones, sin tertulias y sin _Real_,
+dispersábase errabundo y como desorientado, a tomar el sol, como los
+simples mortales, por las encrucijadas del Retiro y los amplios
+arrecifes del Prado y de la Fuente Castellana; paréntesis de hastío en
+la alegre vida de las gentonas pudientes, que sólo había de durar el
+tiempo preciso para que el calorcillo primaveral templara el ambiente
+serrano y se bebiera las charcas del camino por donde habían de ir
+desfilando aquéllas en busca de sus costosas, pero entonadas,
+residencias de verano.
+
+La familia que más lo necesitaba, al decir de ella misma; la que saldría
+la primera de todas de Madrid, era la de nuestro amigo el marqués de
+Montálvez. _Lo_ de la marquesa se iba agravando por momentos, hasta el
+punto de poner en mucha alarma a su marido y a su hija. Había serias
+discrepancias entre los doctores más sonados de Madrid sobre si aquellos
+dolores lentos, profundos y angustiosos, eran simplemente neurálgicos o
+reumáticos, o acusaban la presencia de un cáncer inextirpable, por lo
+cual era de suma urgencia que la enferma saliera a tomar estas aguas,
+aquellos aires y los gases de más allá; y como lo uno estaba en el
+Pirineo francés, y lo otro en Suiza, y en Alemania y en los confines del
+mundo lo restante, y, además, era de rigor una detenida consulta con las
+celebridades médicas de París, la expedición resultaba larga, doblemente
+por las precauciones y comodidades que exigía el estado lamentable de la
+marquesa, cuyo médico de cabecera, un hombrecillo ya viejo y de gran
+experiencia, que la quería mucho, porque casi la había visto nacer, la
+aconsejaba que tuviera juicio, pues ya estaba en edad de ello; que se
+quedara quietecita en su casa, limpiándola antes de ruidos y de
+bambolla; que se acostara tempranito y se levantara tarde; que se curara
+de la maña inocente de disimular sus vanidades con exigencias de la
+necesidad, y que no tentara a Dios metiéndose en aventuras como la que
+iba a acometer, porque ese era precisamente el camino más breve que
+podía elegir para irse por la posta al otro mundo. ¡Como si callara! Se
+trazó el itinerario, se dispuso y se comenzó el arreglo de la
+impedimenta, ¡que ya tenía que ver!, y hasta se fijó día para la salida
+de Madrid.
+
+Algunos antes llamó el marqués a su despacho a Simón, el hombre de su
+confianza, su administrador general e intendente. Dos palabras sobre
+este personaje:
+
+Era manchego, y estaba al servicio del marqués desde algunos años antes
+que éste se casara. Empezó de _groom_, con su chaquetilla listada de
+menudos y apretados botones, sus botas de montar y su gorra de librea.
+Después fue lacayo, y luego criado exclusivamente; más tarde, ayuda de
+cámara, y, por último, administrador de lo de adentro y de lo de afuera;
+porque era listo como una pimienta, previsor y complaciente hasta lo
+increíble, y en breve tiempo aprendió lo que no sabía para el delicado
+cargo que le iba a confiar el marqués. Llegó a pintar la letra y a sacar
+en el aire las cuentas más complicadas. Si bien lo hacía en la
+administración de los mermados bienes del marqués soltero, mejor lo hizo
+con ellos y los puntales del marqués recién casado, y muchísimo mejor
+con el diluvio de caudales que inundó la casa a la muerte del ex
+contratista de carreteras y suministros. Era mozo que se crecía con los
+obstáculos. El marqués le admiraba y se dormía en la confianza que tenía
+en él, y hasta la marquesa le distinguía con inusitados testimonios de
+su aprecio. Tanto, que cuando el administrador insinuó sus deseos de
+casarse con la doncella más mimadita de la casa, no solamente lo
+aplaudió aquella señora, sino que dotó rumbosamente a la novia y fue su
+madrina de casamiento. El marqués no estimaba tanto al espabilado Simón
+por su destreza en el desempeño del cargo que ejercía, como por el
+talento singular que mostraba para oírle y atenderle, para _pescarle_
+los detalles más finos de sus peroraciones a destajo, y hasta para
+moverle a extenderlas y elevarlas. Como que llegó a tomarle como piedra
+de toque de la ley de su elocuencia, ensayando con él, bajo el disfraz
+de motivos de tres al cuarto, por salvar las convenientes distancias
+jerárquicas, entonaciones, actitudes y arranques que pensaba ostentar,
+en toda su verdadera aplicación y pompa, en el teatro de sus hazañas
+políticas.
+
+En la ocasión en que aparece en el despacho del marqués, aún no había
+cumplido el medio siglo. Era delgado, de mediana estatura, de ojos
+pequeños y alegres, ligeramente moreno, de cara larga y algo afilada, no
+mucha frente, y corto y espeso el pelo gris de su cabeza. Vestía un
+traje obscuro, muy modesto y muy limpio, y tenía toda la barba afeitada.
+Nada más insignificante que aquel hombre, a la simple vista: parecía un
+mozo de café. A la sazón, iban sus negocios particulares en próspera
+fortuna. Su mujer era una hormiguita, que traficaba en todo lo
+imaginable; y él, con los sueldos ahorrados, otros gajes lícitos de su
+empleo, y el óbolo de su hacendosa compañera, podía destinar un
+capitalito _modesto_ a préstamos sin usura, pero bien garantidos. Y así
+iba tirando el pobre y adquiriendo una finquita hoy, y mañana unas
+acciones del Banco de España «por una casualidad», y al otro día una
+hipoteca «de lance». Nada, que había que quererle y admirarle, en cuanto
+se le oía hablar de estas cosas que le pasaban a él.
+
+Y basta del sirviente; no vayamos a pecar de descortesía con su
+aristocrático señor, que nos espera en su despacho. El despacho del
+marqués era regularmente amplio, _severamente vestido, severamente
+puesto y severamente_ alumbrado por la dulce y severa luz del Norte.
+Maderas de raíz de nogal con filetes negros, y cuero cordobés con
+grandes clavos de níkel; armarios llenos de libros regularmente grandes,
+lujosa y severamente encuadernados; cortinones de color de café con rica
+y severa pasamanería; alfombra persa de severos colores; coronas de
+marqués en cada paño y en cada mueble; algunos cuadros al óleo, de tan
+severo gusto, que costaba trabajo descifrar el asunto de ellos debajo de
+la _pátina_ que los obscurecía..., y así sucesivamente. Entre tanto, ni
+una hilacha por los suelos, ni un mueble fuera de su sitio, ni un papel
+ni un cachivache desarreglado encima de la mesa-ministro, detrás de la
+cual se arrellanaba el marqués en un sillón de una severidad de líneas
+intachable.
+
+Verdaderamente valía mucho más la urna que el santo. Bien mirado, en
+ropas menores, digámoslo así, el marqués estaba ya hecho una ruina. Sin
+los retoques y aparatosos arreos con que se presentaba en público;
+envuelto el cuerpo en holgada bata de cachemira; cubierta la amplísima
+calva con un gorro griego; descuidados los blancos mechones de pelo
+lacio que sobresalían por debajo del gorro y por encima de las orejas;
+sin afeitar todavía, y mal tapadas las arrugas del pescuezo por el
+cuello escotado de su camisa de dormir, ¡cuán diferente era aquel
+marqués del marqués del salón de Conferencias del Congreso, y de sus
+propios salones de recibir, y de todos los salones de la aristocrática
+comunión a que pertenecía! Digo en cuanto a su físico; porque en lo
+tocante a lo demás, el hombre averiado y caduco del rincón doméstico,
+era el mismo personaje ostentoso de la vía pública y de los grandes
+salones. Refiérome a la prosopopeya y a la solemnidad.
+
+Bien sabido se lo tenía el avisado Simón, y por eso le hizo la misma
+reverencia al entrar en su despacho y verle solo allí, que si le hallara
+acompañado del Presidente de las Cortes.
+
+Dejole el marqués que se doblara cuanto podía dar de sí su elástico y
+bien educado espinazo, y le dijo, cuando le vio casi derecho y tan cerca
+como lo permitía el debido respeto:
+
+--Necesito, Simón, para dentro de cuatro días, diez mil duros
+disponibles en poder de mi banquero de París.
+
+--Con permiso de Vuecencia--respondió el apoderado, mansa y
+respetuosamente--, no es el plazo tan desahogado como convendría para
+una cantidad de esa consideración.
+
+--En plazos más cortos has sabido facilitarme sumas mayores--le replicó
+el marqués, en tono suave, pero con visos de exigente.
+
+--Es la pura verdad, señor--observó Simón, entendiendo bien el acento
+de su amo--, que he tenido esa honra muchas veces; y por lo mismo, me he
+creído obligado a hacer a Vuecencia, con el respeto debido, esa ligera
+indicación... Porque, si Vuecencia me lo permite, me atreveré a
+manifestarle que ciertos caminos, cuanto más se pisan y se frecuentan,
+más intransitables se ponen.
+
+--Todo lo que tú quieras, Simón, todo lo que tú quieras; pero no se
+trata ahora de esas cosas, sino de hacer lo que té he dicho en el plazo
+que te he marcado.
+
+--Vuecencia será servido en ese mandato como en todos lo que se digne
+manifestarme; pero creo, salvo el mejor parecer de Vuecencia, que es de
+alguna necesidad poner en su conocimiento las dificultades que hay que
+vencer para dar ahora cumplimiento a los deseos naturalísimos de
+Vuecencia.
+
+--No veo esa necesidad, Simón. ¿Dónde está ella? O se puede, o no se
+puede: has dicho que sí... Pues huelgan los comentarios.
+
+--Pero, con permiso de Vuecencia, supongo yo que esas dificultades que
+hoy pueden vencerse, a costa de grandes esfuerzos, en un caso idéntico
+sean invencibles mañana.
+
+--¿Y qué?
+
+--Que en un extremo así, convendría estar al tanto de ciertos
+antecedentes, para no extrañar...
+
+--¡Para no extrañar!...
+
+--Para no atribuir a falta de celo en el administrador (pongo por caso,
+con el respeto debido) lo que es obra de... vamos, de la marcha
+natural..., supongamos, de la cosa misma.
+
+--Pues no te entiendo, Simón.
+
+--Recordará Vuecencia que en varias ocasiones he solicitado el honor de
+que me permitiera explicarle, manifestarle..., vamos, ponerle a la vista
+el estado verdadero... de las cosas, como quien dice.
+
+--Cierto. ¿Y qué?
+
+--Que Vuecencia ha tenido siempre la bondad de desatender mis ruegos.
+
+--En lo que te he dado, Simón, la mayor prueba que puedo darte de mi
+absoluta confianza en la administración de mis caudales.
+
+--Precisamente, señor, del deseo de corresponder dignamente a la
+inmerecida honra que me dispensa Vuecencia en esa prueba, nace el empeño
+de enterarle...
+
+--¡De enterarme!... ¿Y de qué, buen Simón? ¿De que no van mis negocios
+en próspera fortuna? ¿De que este cortijo, y la otra casa, y tales
+acciones no valen lo que valían, porque los arrendamientos, y el
+inquilinato, y el estado general de los negocios, y el aspecto alarmante
+de la política así lo disponen?... ¿No es esto? ¿Ves cómo yo penetro con
+una sola mirada hasta el interior de las cosas, y vivo en perfecto
+conocimiento de ellas, sin que nadie se tome, el trabajo de pesarlas y
+de medirlas delante de mí? ¿Y qué le vamos a hacer si el cuadro no es
+tan risueño como tú y yo deseáramos? Pues paciencia, Simón, paciencia, y
+aguardemos días mejores, que ya vendrán. Felizmente, mi caudal no es de
+apariencia: es sólido y es abundante, a Dios gracias, y da para todo;
+quiero decir, para aguardar los vivificantes calores del estío, bien a
+cubierto de los mortíferos hielos invernales.
+
+--Si no he comprendido mal el símil de Vuecencia, ese es precisamente el
+punto en que tengo la desgracia de discrepar de su sabio parecer.
+
+--¿A ver cómo?
+
+--Vuecencia sabe que sus caudales no son los que eran algunos años hace;
+que han disminuido..., que...
+
+--Adelante, Simón.
+
+--Pero desconoce el detalle, el estado en que se encuentra lo que queda
+de ellos; porque, si se me permite manifestarlo, los gastos de la casa y
+las quiebras habidas en ciertos negocios no han guardado la debida
+proporción con la merma de los haberes. El hacer dinero en ciertas
+ocasiones, cuesta más caro que en lo ordinario; y esta carestía se
+aumenta según que las necesidades se van haciendo más visibles y más
+frecuentes..., porque bien sabe Vuecencia que la usura es desconfiada, y
+hay que satisfacerla, y..., vamos, que abusa más de lo que debiera. Así
+sucede que va Vuecencia a tapar un agujero, y para taparle se forma
+otro; y tapa éste, y resulta otro más grande; y, tapa aquí y destapa
+allá, piérdese algo el buen tino, y al menor descuido salta una criba
+entera, que, créalo Vuecencia, no es la mejor capa para esperar un
+hombre, abrigado con ella, los calores del verano; sobre todo, si dan en
+apretar mucho, como aquí sucede, los fríos del invierno.
+
+--No basta la buena intención que a ti te guía, mi fiel Simón, para
+fallar, con el acierto debido, pleitos de determinada naturaleza...
+
+--Es la pura verdad, señor; pero cuando los números hablan... Si donde
+hay veinte disponibles se gastan cuarenta, resulta una falta de otros
+veinte.
+
+--Si no te conociera, pensaría que llevabas tu atrevimiento hasta el
+extremo de intentar ponerme a ración...
+
+--¡Señor!...
+
+--¡No te sobresaltes, que ya hice la merecida salvedad; pero no insistas
+en ese tema, porque las necesidades domésticas y sociales de una familia
+tan conspicua como la mía, y las de un hombre como yo, no pueden
+sujetarse al régimen admitido para el común de las gentes, ni al
+criterio de un sencillo y honrado administrador como tú!...
+
+--Las palabras y los deseos de Vuecencia--dijo aquí el aludido,
+plegándose casi en dos mitades iguales--son órdenes y enseñanzas para
+este su humilde servidor; pero como, por lo mismo, le debo toda la
+verdad de lo poco que se me alcanza, quisiera advertir a Vuecencia, con
+el debido respeto, que no me refería tanto a lo que pudiera llamarse
+_gastos de representación_ de esta ilustre familia, cuyo necesario
+esplendor eso y mucho más reclama, cuanto a otros independientes de
+ellos, y que no son los que menos agujeros han abierto en la criba a que
+tuve el honor de referirme antes.
+
+--¿A qué otros gastos te refieres?
+
+--A los grandes desembolsos que le han costado a Vuecencia los negocios
+que ha emprendido en compañía de don Mauricio Ibáñez...
+
+--¡Bah!..., gajes del oficio, Simón: hay que estar a las duras y a las
+maduras.
+
+--Cierto; pero a Vuecencia siempre le han tocado las duras.
+
+--También a él...
+
+--Pero ese es su oficio; aquí cae y allí se levanta: de eso vive; al
+paso que Vuecencia...
+
+--¿Otro consejito, Simón?
+
+--¡Dios me libre de la tentación de cometer ese nuevo pecado! Sólo que
+pensaba yo que en ese punto, bien cabía, sin ofensa de los respetos que
+debo, una indicación...
+
+--Y ¿cuál es?
+
+--Que sería más de sentir que el dinero perdido por Vuecencia, como
+socio del banquero en determinados casos, el que pudiera perder en la
+misma compañía, de muy distinta manera.
+
+--¿Qué quieres decirme, Simón?
+
+--Que estoy muy bien enterado de que en el señor don Mauricio no es oro
+todo lo que reluce.
+
+--¿Estás en tu juicio? ¡El banquero de más crédito de todos los
+banqueros de España! ¡El hombre que abarca los negocios más vastos y
+complicados; que manda en el Ministerio de Hacienda como en su propia
+casa!
+
+--Pues ese que manda en el Ministerio de Hacienda (¡y así va ella!) no
+tiene los asuntos tan limpios y desembarazados como creen las gentes y
+deseara él.
+
+--¿Cómo puede ser eso?...
+
+--Será, con permiso de Vuecencia, porque el diablo reclame lo suyo, o
+por otra causa; pero ello es. Y cómo el que se ahoga se agarra a lo
+primero que alcanza con las manos, y Vuecencia tiene poca práctica para
+esos fregados, porque ha nacido para cosas más altas y más nobles...,
+cumplo con un deber, hasta de conciencia, dándole respetuosamente este
+aviso.
+
+--Tú has pisado hoy malas yerbas, Simón... Ya hablaremos oportunamente
+de esas y otras cosas, con la necesaria tranquilidad. Ahora cumple el
+encargo que te he dado, y nada más. Cabalmente me hallas hoy en la peor
+de las condiciones para ocuparme en negocios que me obliguen a fatigar
+la cabeza con discursos ni con preocupaciones.
+
+--¿Se encuentra mal Vuecencia?
+
+--No muy bien: he sentido un fuerte desvanecimiento al levantarme... y
+anoche había sentido otro al acostarme.
+
+--Debilidades del estómago...
+
+--Eso creo yo... Pero resérvalo, de todos modos. No he querido decir
+nada a la marquesa, por no alarmarla. ¡Ah, los frutos del ambiente de
+esa condenada casa de locos ambiciosos e intrigantes! ¿Qué han de sacar
+de ella los hombres desinteresados y conciliadores como yo, sino grandes
+desencantos y trastornos cerebrales? ¡No sabes con qué ansia aguardo el
+momento de salir a respirar aires libres y más sanos, fuera de la
+atmósfera candente en que nos abrasamos aquí los desdichados a quienes
+el patriotismo obliga a encadenar hasta sus afectos más íntimos al
+presidio de los negocios del Estado!... Tienes mi permiso para
+retirarte, Simón... ¡Ah!, se me olvidaba..., y vaya la noticia por lo
+que has de gozarte en ella, no porque yo le dé la menor importancia, ni
+deje de considerar el suceso como un tardío acto de desagravio, por
+parte del desagradecido Gobierno: lo de mi senaduría es cosa acordada,
+al fin.
+
+--Reciba Vuecencia por anticipado la más humilde, pero la más cordial de
+las felicitaciones.
+
+--Esas, para la patria, Simón, que tan necesitada está de reparaciones
+de esa índole, aunque te suene el reparo a vanagloria. De todas suertes,
+gracias por la cariñosa enhorabuena... y Dios te guarde.
+
+
+
+
+XII
+
+
+En ningún capítulo de los _Apuntes_ que me sirven de guía en este relato
+hay mayores despilfarros inútiles de tiempo y de imaginación, que en el
+que la redactora da cuenta del viaje proyectado algunos renglones más
+atrás. Es, en su mayor parte, un verdadero artículo de Revista,
+escrito, por una observadora tan impresionable como inexperta, a través
+de sus debilidades de sexo y de sus preocupaciones demasiado
+_subjetivas_. Échase de ver desde luego en tan prolija tarea, que en las
+últimas entrevistas de Verónica con Pepe Guzmán, el empeñado duelo no
+pasó de un nuevo cambio de estocadas, como si cada combatiente pusiera
+mayor ahínco en defenderse que en herir, desde que por primera vez
+cruzaron los aceros en la boda de Sagrario. Pesa, mide y compara, con
+escrupulosidad de alquimista, cada gesto y cada frase del receloso
+galán; asómale la impaciencia a cada momento en los puntos de su pluma;
+traslúcesele el desasosiego a cada instante; danle motivo todo lugar y
+cualquier suceso para recordar al invulnerable y discurrir sobre estas
+cosas, y aun protesta de que en tan invencible y tenaz empeño no entra
+para nada el interés amoroso; que todo es obra de la curiosidad, tan
+vehemente y disculpable en las mujeres en casos tales, y que su corazón
+continúa siendo víscera simplemente, sin un latido ni una sensación de
+más ni de menos que lo regular y ordinario. Podrá ser aprensión mía;
+pero es la verdad que leyendo estas largas disertaciones, se me vienen a
+la memoria los niños que se tapan los ojos para no ser vistos.
+
+La primera etapa de los expedicionarios fue París, según costumbre, y la
+estancia allí, la más larga de todas las del viaje. Consultó la enferma
+con las eminencias del «arte de curar», y ninguna de ellas dejó de
+prometerla un pronto y radical alivio... ni de aconsejar a su familia
+que la volvieran cuanto antes a su casa, porque quietud, sosiego y
+«auras domésticas», era lo que principalmente requería la incurable
+enfermedad de aquella señora... En fin, lo que la había aconsejado en
+Madrid su médico de cabecera. Pero declara ya su hija terminantemente
+que su madre no viajaba con la esperanza de curarse, sino con el
+propósito de divertirse así; y añade que este reparo se opuso al
+dictamen, tan bien expuesto y mejor cobrado, de las eminencias; que
+éstas le aceptaron por suyo reverentemente, y que se le ofrecieron a la
+marquesa bien diluido en un risueño plan de correrías por los balnearios
+y sitios de recreo más elegantes y aristocráticos de Europa (igual a lo
+acordado por las eminencias de Madrid después de haber conocido los
+deseos de la enferma), y que se determinó que fuera Interlacken, donde
+nunca había estado, la segunda etapa de la recreativa expedición.
+Verónica hubiera preferido otro rumbo: Vichy, por ejemplo; y no porque
+Pepe Guzmán se hubiera despedido para aquellas aguas, que tomaba todos
+los años para curar ciertos desarreglos de su estómago, puesto que la
+había dado su palabra de encontrarse con ella «donde menos lo pensara»,
+sino porque... «cada cual tiene sus gustos».
+
+Pero si dejó de ver en el Pirineo francés a su amigo tan estimado, en el
+corazón de la Suiza se halló con otro que no valía menos, según la fama,
+si se pesaban ambos en oro. Porque allí estaba don Mauricio _el
+Solemne_, una semana hacía, a curarse sus achaques nerviosos con
+aquellas duchas de hielo derretido. Este pretexto alegó, al menos, para
+explicar al marqués su estancia inesperada allí: inesperada, porque de
+todo había hablado a su ilustre amigo al despedirse de él en Madrid,
+menos de que padeciera tales achaques, ni de que intentara curarlos de
+aquel modo ni en aquel sitio. Cierto que no estaba el banquero en el
+pleno goce de su natural imperturbabilidad cuando estas cosas decía,
+como no lo había estado cuando se halló de improviso en el mismo hotel
+que habitaba, con la presencia de sus egregios amigos; que a este mismo
+«fenooómeeno» se agarró él como prueba de la existencia de la
+enfermedad, y que afirmó que la había cogido repentinamente una noche,
+muy pocas antes, en lo alto de la calle de Alcalá, hablando,
+desabrigado, con el ministro de Hacienda. Pero tan mal le iba con el
+tratamiento aquel, en mal hora aconsejado por su médico de cabecera, que
+tenía resuelta su marcha a París en el mismo día, no obstante el nuevo y
+poderoso _atraaztivo_ que tenían para él aquellos lugares «desde que los
+honraban tan excelentes y tan _inolvidables_ amigos». Esto de
+«inolvidables» se lo espetó a Verónica en un memorial de mirada triste,
+con el correspondiente tirón de patilla; el cual memorial fue contestado
+con una sonrisa... de las de Verónica, la cual sonrisa debió sentarle al
+_recurrente_ como si le afeitaran en seco.
+
+Y como lo dijo lo hizo, Salió _en posta_ de Interlacken aquel mismo día,
+sin aguardar a sentarse a la mesa; y detrás de él y con el mismo rumbo,
+una dama solitaria, de gran porte y «cierta traza», que había llegado
+con el banquero mismo, y comía a su lado, y a su lado habitaba en el
+hotel; es decir, tabique en medio.
+
+--¡Y pensará el simplón que no le he sorprendido el
+contrabando!--díjose, muy _aparte_, el marqués, cuando se enteró de
+todos estos tejemanejes--. ¡A mí con esas disculpas de colegial! ¡Al que
+ha sido cocinero antes que fraile! ¡Semejante majaderote! ¡Como si
+tuviera el lance nada de particular, o nos interesara a nosotros cosa
+alguna!
+
+Y no se habló más de este suceso en la familia del marqués, ni había
+para qué tampoco.
+
+Escaseaba mucho todavía la gente de lustre en aquel sitio; y con esto y
+con no sentarle bien el clima a la marquesa, condújosela a otro más de
+su gusto. Y no digo a cuál, porque si fuera a seguirla paso a paso en el
+camino de aquellos sus antojos de rica vanidosa, incurriría yo en el
+mismo defecto que he tachado en el correspondiente capítulo de los
+_Apuntes_.
+
+Mas por grandes que sean mis propósitos de reducirme todo lo posible en
+mi tarea, no he de omitir la mención siquiera de lo que más halagaba y
+seducía los apetitos del marqués durante su peregrinación por tantos y
+tan culminantes lugares: las celebridades políticas de todos los Estados
+europeos, que veraneaban dispersas, y con las cuales se topaba acá y
+allá, con sus respectivos cortejos de admiradores y de parásitos; los
+estadistas de segunda categoría, harto más ceremoniosos y teatrales que
+los de primera: los unos haciendo vida aparte y dejándose sentir, como
+el sol, desde muy lejos, o entre nubes; los otros, invadiéndolo todo con
+su pompa de relumbrón, presidiendo las mesas, los bailes, las jiras y
+hasta las salas de duchas o de inhalaciones... o la ruleta; pero los
+otros y los unos asediados por legiones de babiecas y por el espionaje
+de los _reporters_, para apuntar lo que dicen, lo que piensan, lo que
+comen, si se bañan, si se ríen, si meditan, si se enfadan, o si tosen o
+estornudan, y estamparlo como noticias de sensación en los periódicos de
+mayor renombre, con las más peregrinas conjeturas sobre el influjo del
+suceso en la política internacional. Y a los casinos llegaban estos y
+otros cien periódicos más de todas las naciones, y en todos ellos
+danzaban las noticias y las conjeturas, con otras semejantes y nuevos
+comentarios de propia cosecha, anunciando entrevistas, desentrañando
+frases, prediciendo resultados y dejando muy tirante la curiosidad de
+los lectores con la promesa de nuevos acontecimientos para el día
+siguiente.
+
+Y el marqués devoraba estos periódicos, y contemplaba en éxtasis a
+aquellos hombres que tanto les daban que decir; y se comparaba con
+ellos, y no se vela más bajo, ni menos ostentoso, ni menos solemne, ni
+menos «honorable»: ninguno tomaba tan en serio como él eso de «los
+organismos políticos», «las energías de la patria», «el sentimiento
+público», «la alteza y respetabilidad de los cuerpos colegisladores» y
+otras cosas tales; ninguno le ganaba en desinterés, ni en celo, ni en
+instinto político, y pocos, muy pocos, llegarían a aventajarle en el
+modo y manera de utilizar con honra propia y decoro del sistema «la
+tribuna del Parlamento». Esto era «obvio, de toda notoriedad e
+inconcuso», y, sin embargo, su nombre no aparecía jamás entre aquellos
+otros, tan traídos y tan llevados, ni había un papanatas que le
+siguiera, ni un mal periodista que le preguntara su parecer sobre la
+política del Czar y las últimas circulares de nuestro ministro de
+Estado. Citábasele alguna vez entre los bañistas más distinguidos,
+recién llegados; cortejaban a su hija algunos insípidos gomosos, porque
+era guapa y afamada de rica, y pare usted de contar. Pero ¿qué diablos
+valía todo esto para un hombre de su estirpe, de sus nobles ambiciones
+y..., sí, señor, de su significación e importancia, por donde quiera que
+se le considerase? Caprichos, veleidades de la fortuna, del «hado»
+quizás..., porque el marqués estaba persuadido de que a los «hombres
+públicos» los forman las circunstancias, un momento de la vida, un
+«choque fortuito», de la piedra contra el acero, que hacía brotar la luz
+de repente. Así entendía el «hado» el buen marqués.
+
+Entre tanto, lejos de desalentarse en su empresa, cada día buscaba con
+mayor empeño ese instante, ese fortuito choque, y no perdía ocasión de
+arrimarse a los privilegiados para hombrearse con ellos y meter la
+cuchara en sus conversaciones. Y así pasaba el tiempo en las etapas de
+su viaje, y aun en todos sus viajes de veraneo, si no satisfecho de los
+resultados obtenidos, porque el choque no se verificaba ni la luz se
+producía, consolado, al menos, con la ilusión de que las gentes,
+viéndole tan bien acompañado, le tomarían por lo que no era, es decir,
+por lo que deseaba ser.
+
+Corriendo los días y rodando los expedicionarios, tan pronto en un
+puerto de mar como en una _estación_ de secano, arrastrándose más que
+caminando la marquesa, a quien apenas bastaba una semana de reposo por
+cada hora de jornada, ninguno de los tres recogía el fruto sazonado de
+sus ilusiones: el padre, por lo que se ha visto; la madre, por lo que
+fácilmente se adivina, por enormes que sean las dosis de vanidad y de
+tonta presunción de que la supongamos henchida, y la hija, porque a
+medida que el tiempo pasaba sin que se cumpliera la promesa que en
+Madrid había hecho Pepe Guzmán de encontrarse con ella «donde menos lo
+pensara», crecían sus impaciencias «por el natural e insignificante
+deseo de salirse con la suya»; y la suya era que no se encontraría en
+parte alguna de su expedición veraniega con Pepe Guzmán; y no
+encontrándose con él, estaba autorizada para decirle, en broma, por
+supuesto, en cuanto le viera en Madrid: «¡valiente palabra es la palabra
+de usted!» Y con esta sola preocupación, se pagaba bien poco de todo lo
+que hallaba al paso; de preparar el éxito de sus exhibiciones en playas,
+alamedas y espectáculos, y mucho menos del tributo ofrecido a su belleza
+por la turba de tenorios contrahechos que a eso van a los «centros
+elegantes», y aun por otros admiradores de más seso y mejor arte.
+
+En Baden-Baden halló el rastro de su amiga Sagrario, que andaba
+recorriendo el mundo en su viaje de novia. Había dejado allí fama de
+hermosa, de elegante, y, sobre todo, de desenvuelta. Se hablaba mucho,
+muchísimo, de _sus hechicerías_, entre los hombres, y de su «provocativo
+_sans façon_», entre las mujeres. Cuando tenía el sitio hecho un volcán
+de intrigas, de deseos, de cálculos y de murmuraciones, desapareció
+repentinamente con su marido, porque éste, que no salía de la ruleta,
+perdió en una noche cuarenta mil duros, sobre otros veinte mil que tenía
+perdidos ya; y no se había casado ella con Gonzalo Quiroga para eso,
+sino para cosa muy diferente. Esto se decía y se propalaba por aquellos
+ámbitos henchidos de la fragancia de todas las pasiones, buenas y malas,
+pero muy elegantes, y de nada se asombró la recién llegada madrileña,
+porque lo uno lo consideraba verosímil y hasta necesario, y de lo otro
+sabía que era la pura verdad.
+
+Sucesos hartos más graves la aguardaban en Spá. Por de pronto, se
+encontró allí con amigos de su mayor intimidad; como que eran Leticia,
+su marido y el subsecretario de Gobernación; y ya se supondrá que no
+cuento este hallazgo entre los sucesos graves a que me he referido,
+aunque alguna gravedad revestía la altivez del continente de la primera,
+frente a la actitud algo airada y como rencorosa del tercero; pero más
+grave fue una estocada que este funcionario español atizó, en la
+madrugada del día siguiente, a un príncipe ruso bruñido a la francesa,
+que campaba en el sitio por su riqueza, por su boato y hasta por su
+estampa original y castiza. Tampoco fue lo grave la estocada porque
+pusiera en riesgo de muerte al príncipe ruso, pues no llegó tan adentro
+«la acerada punta», sino por el ruido que hizo y lo que dio que hablar a
+las gentes, y que temer a la impávida Leticia, y que hacer a la misma
+Verónica para ayudar a su amiga a convencer al subsecretario de que
+ciertos sucesos, aunque se vean con los ojos y se palpen con las manos,
+no son lo que aparentan, sino quimeras de la imaginación ofuscada.
+
+Pero lo más original y lo verdaderamente grave del suceso, mirado a
+cierta distancia, fue que el general Ponce, es decir, el marido de
+Leticia, apadrinó al subsecretario en su duelo con el ruso; en honor de
+la verdad, no porque llevara el apadrinado su frescura al extremo de
+solicitar del otro un favor tan señalado, sino porque el arisco
+veterano, al saber de qué se trataba, por rumores llegados hasta él,
+«como amigo, como soldado y como español», no quiso que nadie se
+anticipara a prestar ese servicio a su ilustre compatriota. No hay para
+qué advertir que este detalle sonó en la colonia elegante y desocupada
+mucho más recio que la estocada y los motivos de ella. En cuanto al
+general, cumplido su deber de amistad, de soldado y de español, y
+altamente satisfecho de su conducta, se volvió a sus reales, es decir, a
+pasarse todo el día y parte de la noche con un periodista madrileño,
+desollando al ministro de la Guerra y proporcionando la metralla con que
+el primero le fusilaba, un día sí y otro no, desde las columnas de su
+periódico. Ni más vela, ni en otra cosa pensaba, ni de otros jugos se
+nutría la fibra de su naturaleza.
+
+Pensó Verónica, como lo hubiera pensado cualquier otra mujer de honrado
+temple, que después de aquel ruidoso acontecimiento su amiga abandonaría
+a Spá con cualquier pretexto; pero no la conocía bastante, con creer
+conocerla muy a fondo. En el de Leticia existían alientos para resistir
+aquel empuje y mucho más.
+
+--Mi fuga--dijo a su amiga, hablando con ella de estas cosas--sería la
+confirmación de los rumores. Otra mujer en mi caso, aun pensando esto
+mismo que yo pienso, huiría por no atreverse a quedárse; pero a mí no me
+espanta la fiera, y ya verás cómo la domino.
+
+Y nunca se la había visto en público tan serena, tan elegante, tan
+hermosa, ni tan envidiada, como se la vio después del «grave suceso», ni
+se había mostrado delante de la gente tan expresiva ni tan afable con el
+subsecretario de Gobernación, ni tan atenta y cortés con el príncipe
+ruso, que, por cierto, no tardó tres días en largarse de allí.
+
+No tuvo Verónica motivos para dolerse de la resolución tomada por su
+amiga, pues su compañía y su serenidad la sirvieron de mucho en el
+verdaderamente «grave suceso» que aconteció en breve, seguido de otro
+tan grave como él. Y fue que hallándose departiendo el marqués y el
+general, momentos antes de sentarse a la mesa, y paseándose a lo largo
+del salón contiguo al comedor, y estando la porfía en lo más candente,
+es decir, sosteniendo el segundo que todas las desventuras de España
+procedían de la incapacidad y de los desaciertos del ministro de la
+Guerra y de todos sus antecesores, y templando el primero sus crudezas
+con reposadas y campanudas reflexiones sobre el necesario «concurso de
+las fuerzas vitales del país» y «el engranaje de la máquina
+gubernamental», de pronto le faltó la palabra precisa; valiose de otra
+menos propia y muy mal pronunciada; esparciese sobre el sonrosado color
+de su rostro un tinte lívido; lanzó un áspero quejido por su boca, que
+se torcía por momentos, y reviré los ojos; y a no haberle recibido el
+general entre sus brazos, hubiera dado el pobre marqués con su oronda
+humanidad en el santo suelo.
+
+Lo que allí sucedería después, no hay para qué referirlo. Conducido a su
+habitación y puesta en movimiento media casa, sometiósele al tratamiento
+que la ciencia tiene menos desacreditado para esos lances, y se esperó
+el resultado de él y el de la primera consulta que celebró un rebaño de
+doctores que fueron acudiendo alrededor del paciente, los más de ellos
+sin que nadie los llamara. Tras una hora de encierro en el cuarto
+inmediato al del enfermo, a quien rodeaban su familia gemebunda y
+cuantos españoles hubo en las inmediaciones, fueron apareciendo uno a
+uno los doctores, en larga y solemne procesión; cediéronles los profanos
+el sitio en derredor del lecho; tomó la palabra el menos joven y más
+estirado de los médicos; dijo que estaban perfectamente de acuerdo todos
+los profesores allí reunidos, lo mismo sobre el pronóstico que sobre el
+diagnóstico de la enfermedad que aquejaba al señor marqués; que
+aprobaban lo que hasta entonces habían dispuesto los dignísimos
+compañeros que se les habían anticipado en el honor de prestar los
+primeros auxilios al ilustre paciente; que volverían a reunirse dentro
+de dos horas, y que buen ánimo, entre tanto, para conllevar la
+inevitable pesadumbre por lo ocurrido...; con lo cual, y una ceremoniosa
+inflexión de cuello y de espinazo, salió de la estancia seguido de sus
+comprofesores, lo mismo que habían entrado, uno a uno y con la
+respectiva inflexión de cuello y de espinazo, graves, muy graves todos,
+y a cual más atildado y taciturno.
+
+Afortunadamente, lo del marqués no fue tanto como parecía. Rehízose un
+poco su naturaleza a las pocas horas; al amanecer conoció a su familia y
+a sus amigos; articuló algunas palabras; movió los miembros, antes
+paralizados, y al mediodía del siguiente pronosticó el senado de
+doctores, en su tercera consulta, que, sin una complicación inesperada,
+el ilustre enfermo entraría muy pronto en una franca y satisfactoria
+convalecencia.
+
+Ya las nubes de la tristeza se rasgaban y difundían hasta
+transparentarse en aquella mansión, poco antes de lágrimas y
+sobresaltos, cuando la marquesa, que se había quedado en la cama aquel
+día para restaurar un poco las fuerzas de su trastornada máquina,
+puestas en los límites de la extenuación con los recientes sustos y el
+anterior ajetreo de su larga peregrinación, sintió de pronto tales
+espasmos, convulsiones y desfallecimientos, que pensó que su vida
+terminaba en aquel trance, y lo mismo pensaron su atribulada hija y las
+gentes que con ella acudieron a socorrerla. Por consiguiente, nuevos
+apresuramientos, nueva irrupción de doctores, nuevas consultas y nueva
+serie de larguísimas horas de angustias y sobresaltos para la pobre
+joven, que, en aquella apuradísima situación en que se veía, se juró a
+sí propia emprender la vuelta a Madrid por el camino más corto, tan
+luego como los enfermos se hallaran en condiciones de ponerse en viaje,
+si Dios no había decretado que le hicieran al otro mundo sin salir de la
+cama.
+
+Pero también se resolvió en el mejor de los sentidos la crisis alarmante
+de la marquesa; sólo que, al paso que el restablecimiento de su marido
+llevaba trazas de ser completo y sin dejar el menor rastro de la
+enfermedad vencida, el de ella caminaba paso a paso, y mal seguros, con
+muchos tropezones y algunas caídas. Al fin, llovía sobre mojado, y en
+cada nuevo embate de la enfermedad se llevaba ésta mayor tajada entre
+las uñas.
+
+Durante la convalecencia de los dos enfermos, Leticia y Verónica, como
+si quisieran resarcirse de los afanes y tristezas que habían sufrido
+juntas como dos hermanas, mejor que como dos amigas, hablaron mucho, de
+muchísimas cosas: de todo menos del príncipe ruso y de su duelo con el
+subsecretario de Gobernación, y de Pepe Guzmán, que no asomaba por
+ningún sendero a cumplir la palabra empeñada con Verónica. Entre tanto,
+el tal subsecretario, el general y el periodista español, no se
+apartaban un punto del marqués, que ya _estaba en voz_ nuevamente y
+comenzaba a hacer pinitos parlamentarios. Estaba muy satisfecho del
+interés que se habían tomado por su salud el canciller de acá, el
+embajador de allá, un ministro del kedive de Egipto y cien eminencias
+más que veraneaban por allí. Esto le confortaba y le reconstituía.
+
+Y hablando, hablando Leticia y su amiga, sacó la primera a relucir a don
+Mauricio _el Solemne_.
+
+--Poco antes de llegar tú--dijo a Verónica--, se presentó aquí de
+improviso; se encontró con nosotros al día siguiente; y como si le
+hubiera contrariado el encuentro, aquella misma tarde salió para París.
+
+--¿Solo?--preguntó sonriendo Verónica.
+
+--Solo--respondió sonriendo también su amiga--. Porque por más que se
+afirmó entre los maldicientes lo contrario, yo creo que nada tenía que
+ver con él una dama muy aparatosa, de cierto pelaje, que le siguió muy
+de cerca al marcharse, lo mismo que le había seguido al llegar.
+
+--¿Alta y rubia?--volvió a preguntar Verónica, recordando quizás las
+señas de la de Interlacken.
+
+--Morena y baja--respondió Leticia.
+
+--¡Qué voracidad de hombre!--pensó la otra sin pedir ni dar más
+explicaciones.
+
+Con los equipajes hechos, los convalecientes medio embanastados; en fin,
+casi con el pie en el estribo ya para volver a Madrid los tres
+expedicionarios de nuestra historia, dijo Leticia a su amiga al
+despedirse de ella:
+
+--Sé que el banquero don Mauricio bebe los vientos por ti... ¿No te
+gusta que te lo diga?... Lo siento, y perdona; pero escucha. Es un
+_tipo_, bien a la vista está; pero tiene prendas que no puede ni debe
+desconocer una mujer como tú. Por tanto, como buena amiga y porque te
+quiero mucho, te aconsejo que si pide tu mano, no se la niegues.
+
+--Gracias--respondió la aconsejada, pagando con un beso en cada mejilla
+de la consejera otros dos que ésta le había estampado en las suyas, con
+las últimas palabras del consejo, como si hubiera querido pintárselas
+allí para que no las olvidara.
+
+¡También Leticia! ¿Era aquello una burla o una pesadilla? El mismo
+consejo que Sagrario, menos en lo referente a Pepe Guzmán. ¿Por qué esta
+omisión? ¿Fue por ignorancia o por malicia? ¡Ah!, ¡de qué buena gana la
+hubiera hecho ella entonces, y aun antes de entonces, por curiosidad, se
+entiende, nada más que por curiosidad, una pregunta! «Vamos, Leticia,
+con toda franqueza..., como si te confesaras conmigo, ¿hasta qué punto
+llegaron tus _amistades_ con _él_?...» Porque era mucho lo que, de algún
+tiempo a aquella parte, la mortificaba esta sencilla _curiosidad_.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+La marquesa llegó a Madrid hecha una lástima; pero el marqués, como si
+nada le hubiera pasado. Algo claudicaba del lado derecho, reparándole
+bien, y se le torcía la boca al sonreírse, y un tanto desmemoriado se
+encontraba en lo tocante a fechas y nombres propios; pero este levísimo
+rastro de su pasado accidente se borraría muy pronto, como se habían ido
+borrando otras huellas, harto más hondas, del propio mal.
+
+De muy distinto modo lo veía su hija, que, aun sin lo advertido por los
+doctores de Spá, tenía en su buen entendimiento la luz necesaria para no
+engañarse; y con esto, y con la evidencia de que el estado de su madre
+era gravísimo, también; con las tristes deducciones que le resultaban de
+estas innegables premisas; la relativa soledad en que se encontraba en
+Madrid, a donde los apuntados sucesos la habían obligado a volver antes
+de lo calculado, y, por consiguiente, hallándose todavía rodando fuera
+de la patria todos los amigos de «su mundo»; la negrura de los espacios
+a que la condujeron sus cavilaciones pertinaces, y, ¿por qué negarlo?,
+hasta la ausencia del único hombre de fuste que en aquel caso pudiera
+ser para ella un prudente consejero, y cuanto en este hilo de su
+discurso fue ensartando la mano de Satanás, porque otra más honrada no
+podía complacerse en hacer un rosario tan largo y de tan fríos
+desalientos, llegó a apoderarse de la infeliz una verdadera melancolía;
+siendo muy de notar que antes se le aumentaba que se le disminuía con
+los cálculos risueños y los propósitos mundanos, que eran los temas
+exclusivos de la conversación de los convalecientes con ella. La cual
+tiene abnegación bastante para declarar sin rebozo en este pasaje de sus
+_Apuntes_, que intervenía muy poco o nada su corazón de hija en la
+manifestación de aquel fenómeno. No la impresionaban las ilusiones de
+sus padres por el contraste que formaban con su certeza de que era muy
+breve el espacio que las separaba de la sepultura de los ilusos, puesto
+que no era el dolor de perderlos lo que sentía en sus temores de
+quedarse huérfana a la hora menos pensada. El fenómeno era producto de
+un trastorno nervioso, de un estado histérico, sometido al influjo de un
+orden de sentimientos muy distintos: los enumerados ya, y un recelo
+pavoroso de lo desconocido. Su afecto de hija no profundizaba más que lo
+que da de sí el hábito de vivir en comunidad, no muy íntima, con otras
+personas. Muy poco y bien triste le parece esto a ella misma; pero
+tranquiliza su conciencia con la cuerda reflexión de que lo extraño
+hubiera sido lo contrario, con una educación como la que había recibido
+y unos ejemplos como los que le habían dado en su propia casa.
+
+Veamos qué cálculos y propósitos eran los que preocupaban a los
+marqueses en los momentos en que todo el tiempo de que disponían debiera
+parecerles corto para liquidar sus largas cuentas con Dios. Los de la
+marquesa se enderezaban a dar a sus salones, en el próximo invierno, el
+último barniz de que carecían para brillar entre los más esplendorosos
+de la corte: quería construir un elegante teatro doméstico, en el cual
+las damas y los galanes más distinguidos de la aristocracia
+representasen lo selecto del repertorio... francés, en lengua francesa
+por de contado. Esto era el colmo, por entonces, y aun creo que lo es
+por ahora, del rumbo y de la distinción de los salones del _buen tono_
+madrileño. El intento, si se realizaba, costaría un sentido; pero ¿qué
+tenía que ver ella con ese prosaico y vulgar detalle? ¿No era rica? ¿No
+daban sus caudales para todo? ¿No era el intento noble y, amén de noble,
+impuesto por la ley inexorable... «de las cosas»? Pues habría teatro
+doméstico, y lindo y elegante, como el mejor de su especie; y para
+lograrlo así y lo más pronto posible, conferenciaba a menudo con el
+mismo arquitecto que le había trazado y dirigido las obras de su casa, y
+con su hija para la formación, digámoslo así, de la _troupe_
+aristocrática que había de _debutar_ en él, a más tardar en la próxima
+noche de Año Nuevo. Y bien sabido se tenían Verónica y su padre que los
+intentos de la marquesa no podían traducirse en broma jamás. Siempre
+fueron órdenes sus lacónicas frases, y leyes inapelables sus deseos.
+Esto, en buena salud; ¡qué no sucedería cuando las molestias de la
+enfermedad la obligaban a ser más antojadiza y exigente?
+
+En cuanto a los planes de su marido, casi está por demás advertir que no
+salían del trillado campo de sus anhelos senatoriales. Cierto que le
+constaba con toda evidencia que su senaduría era una de las de la
+hornada que de un momento a otro lanzaría el Gobierno a los estantes de
+la _Gaceta_; y sobre este importante preliminar, por tantos años
+perseguido, nada tenía ya que temer; pero no se trataba de eso, sino de
+algo que debía seguir inmediatamente al acontecimiento, como el
+estampido a la expansión de la pólvora inflamada en un arma de fuego.
+¿Cómo le celebraría él, cuándo y en dónde? ¿A qué y con quiénes le
+obligaba esa distinción, que no por ser justa y merecida y aun algo
+tardía, dejaba de haber sido piedra de toque de muchas y buenas
+amistades... y de asombrosos temples de paciencia?
+
+Esto le preocupaba, y a este tema se redujeron sus conversaciones
+familiares por muchos días. Al fin resolvió, sin que nadie se le
+opusiera, que daría un banquete _de circunstancias_ en su propia casa,
+tan pronto como los ausentes personajes volvieran a Madrid y entrara en
+sus ordinarios quicios la vida política y social de la corte; y que en
+ese banquete pronunciaría él un discurso, en el cual «quedara bien
+definida su significación al lado del Gobierno de Su Majestad», y puesta
+bien de relieve, con la autoridad de su ejemplo y la elocuencia de su
+palabra, «la necesidad de robustecer el prestigio de los poderes
+públicos con el concurso de todas las fuerzas vivas de todos los hombres
+independientes y desapasionados del país, tan trabajado y maltrecho por
+obra de todo linaje de mezquinas intrigas y de pasiones bastardas».
+
+Tal había de ser el tema de su _acto político_; y en desenvolverle,
+pulirle y entonarle debidamente, creyendo como artículo de fe que había
+de tener «inmenso alcance y altísima resonancia», se pasaba el buen
+marqués las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio,
+como el otro loco (y perdone su ilustre y bien acreditada fama la
+comparación) con los libros de caballerías.
+
+Es de advertir, asimismo, que el banquete, no sólo había de celebrarse
+en su propia casa, sino también disponerse y servirse con elementos y
+accesorios de la casa misma; condición sabiamente acordada por el
+marqués, que, contando con que no faltarían los obligados sahumerios de
+la prensa al _menú_ y al aparato de la mesa, no quería ceder a un
+fondista, aunque se llamara Lhardy, ni ese rayo de esplendor que
+también cabía en el nimbo de su cabeza casi augusta.
+
+Ello es que pasando días y semanas; estando perjeñado el discurso y a
+medio digerir; puestos en ejecución los planes de la marquesa y los
+planos de su arquitecto, y por los suelos algunos tabiques de la casa;
+en Madrid casi todos los encopetados _touristas_ veraniegos; cada hombre
+político en su sitio; Verónica no tan aburrida ni nerviosa como a su
+llegada; Pepe Guzmán bien perdonado de su falta, en virtud de razones
+bien expuestas y mejor recibidas; la marquesa incapacitada de moverse de
+un sillón en cuanto la sacaban, con trabajos, de su lecho, y el marqués
+con su credencial de senador entre las manos, llegó el mes de octubre, y
+con él la ebullición de la vida madrileña, quiero decir, la de la gente
+de dinero y lustre en los campos colindantes de los placeres y de la
+política; y llegando el mes de octubre, que era el que esperaba el
+marqués con grandes ansias, dio por bien digerido su discurso, y
+consagró todo el muy escaso que le quedaba sano a disponer el programa
+de la fiesta.
+
+Dejemos por cosa innecesaria la historia de este parto laborioso, y
+pasemos de un salto, que el lector dará con gusto, por lo que le abrevia
+el camino, a los linderos del comedor de nuestro personaje, desde donde
+podemos contemplar, sin ser vistos, el cuadro resultante de tantas, tan
+profundas y tan conmovedoras cavilaciones, con lo demás que se siguió
+como fin y remate de la fiesta.
+
+Como el banquete era político, aunque de otro modo le calificara el
+marqués por pura modestia, no se dio asiento en él a las señoras.
+Pasaban de cincuenta los comensales del otro sexo, rigorosamente
+vestidos de sociedad, lo mismo que los criados que les servían los
+manjares y los vinos, y figuraban entre los primeros las tres cuartas
+partes de los ministros, incluso el presidente; los de ambos «cuerpos
+colegisladores»; varios diputados de empuje, con grupito; la flor y nata
+de los ancianos del senado; el Capitán general y el Gobernador civil de
+Madrid..., y así sucesivamente; porque una cosa es que todos estos y
+otros personajes estimaran al anfitrión en lo que verdaderamente valía,
+y otra muy diferente los rumbosos festivales que sabía disponer en su
+casa para prestigio de ella y regalo de sus amigos. Como de los más
+estimados, inútil es advertir que no se quedaron sin cubierto aquella
+noche ni Pepe Guzmán ni el banquero don Mauricio.
+
+Al tratar la prensa periódica al día siguiente de este suceso, grandes
+cosas dijo de la magnificencia del cuadro, tal como aparecía en conjunto
+a la vista del recién llegado observador, y grandes despilfarros de
+incienso dedicó al buen gusto y a la riqueza de la ilustre familia; pero
+preciso es confesar que por aquella vez, si los «órganos de la opinión
+pública» pecaron de entrometidos y de aduladores, en manera alguna de
+inexactos, como no fuera por quedarse cortos en sus reseñas y
+ponderaciones. Fue aquel, en efecto, un alarde felicísimo de saber hacer
+esas cosas por todo lo alto. Era el comedor lo que se llama «un ascua de
+oro»; expresiva metáfora en que cabe cuanto el lector pueda imaginarse
+en profusión de luces sobre lámparas y candelabros de ricos y variados
+metales, vajillas estupendas, cristalería de inverosímil nitidez y
+ligereza, vasos de porcelanas valiosísimas cargados de raras flores; en
+fin, lo mejor entre lo más caro del profuso acopio de que se dio cuenta
+en otro lugar de este relato, y lo adquirido después a peso de oro,
+destacándose sobre fondos obscuros, salpicados de brillantes toques
+metálicos, e interrumpidos en cada puerta por los desmayados paños de
+las pesadas y ricas colgaduras.
+
+Bien poseído estaba el marqués de la suntuosidad del aparato escénico,
+así como de la intachable corrección con que iban sirviéndose a sus
+comensales los prodigios de su cocinero y los tesoros de su bodega; y
+por estarlo tanto, andaba más atento a inquirir si ese mismo sentimiento
+se traslucía en los gestos de sus comensales o en las palabras sueltas
+del incesante rumor que henchía la estancia, que a responder
+atinadamente a las frases con que algún colateral, creyendo acertar
+mejor así, intentaba llevar su atención al asunto ocasional del
+banquete.
+
+Desde muy temprano había sentido él síntomas premonitorios de estas
+emociones. Inusitadas desconfianzas en su servidumbre, recelos
+injustificables hasta de la habilidad de su envidiado cocinero, le
+traían sin punto de reposo de un lado para otro y de acá para allá;
+mortificaba a su familia con consultas impertinentes y con advertencias
+pueriles, y aturdía a su ayuda de cámara pidiéndole prendas de vestir
+que tenía a la vista o entre las manos. Jamás había incurrido en estas
+vulgaridades de tendero rico el señor marqués, ni su familia le había
+visto tan polilla ni tan desmañado. A ratos se encerraba en su despacho
+y ensayaba a toda voz desde el sillón de su mesa, con la salvadera en la
+mano, los párrafos culminantes de su discurso. Le salía tal cual; pero
+le costaba mucho trabajo estamparle bien en la memoria. A la hora de
+vestirse, la emoción crecía, la memoria se le embrollaba más, y los
+nervios, vibrantes y desconcertados, no le permitían ejecutar obra
+alguna con acierto, ni cortar lo más sencillo por donde señalaba. Pero
+¿qué había de sucederle con el trajín de tantas horas y las
+preocupaciones de tantos días, que le habían puesto la cabeza como una
+zambomba en ejercicio?
+
+¡Cosa rara!: fueron menores sus desconciertos y más llevaderas sus
+impresiones, en las proximidades del momento crítico, del instante que
+más le deslumbraba a él cuando le consideraba desde lejos; y en cuanto
+se sentó a la mesa del festín, era ya dueño absoluto de sus nervios, de
+su memoria y de toda su ordinaria y olímpica serenidad. Algo de esto
+pasa con todo linaje de peligros: parecen más imponentes cuando se
+piensa en ellos, que cuando se arrostran. El hecho es que el señor
+marqués, aunque muy débil de fuerzas físicas, entró en la batalla con
+ánimo sereno y marcial talante.
+
+Ya hemos visto cómo se iba portando en ella. Pero faltaba el lance, el
+episodio decisivo. También llegó, al sonar el primer taponazo del
+Champagne. El presidente del Consejo de ministros, que ocupaba el
+asiento frontero al del anfitrión, se puso de pie y con una copa en la
+diestra, rebosando de espuma. Comenzaban los brindis.
+
+Aquí fue donde la naturaleza deleznable del marqués sintió ciertas
+sacudidas eléctricas que le produjeron inevitables alucinaciones y
+desfallecimientos. Eran de esperarse. ¿Qué cosas le diría aquel
+«prócer, gigante de la palabra y de la política?» No fueron grandes ni
+muchas, ciertamente: cuatro frases de cajón enderezadas a ensalzar los
+merecimientos (que no enumeré) del ilustre anfitrión, para el cargo con
+que el Gobierno, por un acto de estricta justicia, le había
+recompensado; otras tantas de felicitación al Gobierno mismo por este
+rasgo de cordura y de integridad de principios y una ligera alusión a la
+robusta vitalidad del Gabinete, indignamente presidido por el
+preopinante, merced a «su política salvadora» y, «ante todo y sobre
+todo, a la ilimitada confianza con que correspondía a sus sacrificios y
+desvelos la Corona».
+
+Sin cesar la indispensable salva de aplausos, se alzó el ministro de la
+Gobernación. Dijo casi lo mismo que su presidente, pero con más sal y
+pimienta. De ésta dedicó la mayor parte a las impaciencias del partido
+que se juzgaba heredero inmediato del Poder. Era harto incisivo y mordaz
+Su Excelencia; y por eso sus flagelantes alusiones al enemigo mortal
+fueron recibidas con coros de carcajadas y con tempestades de aplausos.
+
+Creyó el Capitán general que era él a quien le tocaba remachar el clavo
+con que el ministro de la Gobernación había fijado en la picota de sus
+ironías al insidioso partido «que no reparaba en medios para lograr sus
+impopulares fines», y se levantó casi airado, y, sin casi, marcial y
+decidido, a declarar (olvidándose completamente del motivo fundamental
+del banquete y de la presencia del rumboso obsequiante) que, mientras a
+su autoridad estuviera encomendada la conservación del orden público en
+su distrito, ¡ay del insensato que alzara en él siquiera un dedo para
+alterarle! ¡Ay del temerario que se echara a la calle «con bastardos
+planes» y los manifestara con una sola palabra, con un gesto siquiera!
+
+Lo cual obligó al ministro de la Guerra después de consagrar cuatro
+piropos de cortesía al estupefacto anfitrión, a «fijar el alcance de las
+patrióticas declaraciones, del Capitán general, añadiendo, por su parte,
+que con un ejército tan leal y disciplinado como el invencible ejército
+español, particularmente desde que estaba bajo su cuidado y vigilancia,
+nada tenían que temer los poderes públicos, aun cuando hubiera partidos
+(que no los había dentro de la legalidad) «capaces de pensar en locas
+aventuras».
+
+Pero estaba allí el general Ponce de Lerma, conde de Peñas Pardas, y no
+podía dejar sin réplica las declaraciones del ministro, aunque con las
+salvedades a que le obligaban el motivo y la ocasión del _acto_ de Su
+Excelencia. Bien estaba el intento de mantener el orden a todo trance, y
+mucho mejor la confianza manifestada en la lealtad «jamás desmentida»
+del ejército, base y garantía de la paz y del sosiego públicos, no
+obstante el eterno trabajo empleado para corromperle por los que
+intentan hacer de él instrumento de sus «bastardas y descomedidas
+ambiciones»; pero había que tener en cuenta, ¡muy en cuenta!, que, en
+determinadas ocasiones, un celo excesivo, imprudente, sólo conducía a
+exacerbar las impaciencias y a despertar propósitos aún dormidos. En
+fin, que no bastaban las buenas intenciones si no iban acompañadas de
+una gran prudencia, de un juicio bien reposado y, sobre todo, de la más
+completa idoneidad para el alto cargo que se desempeñaba. En cuanto a
+que el ejército nunca hubiera estado mejor organizado ni regido que en
+aquella ocasión, «lo negaba en absoluto»...
+
+Aquí terció el presidente del Consejo para encauzar, con el prestigio de
+su investidura y la habilidad de su palabra experta, el asunto de las
+peroraciones, algo desbordado por los irreflexivos entusiasmos de los
+unos y por los descomedimientos apuntados, síntomas de otros más graves,
+del implacable enemigo de todos los ministros de la Guerra. Lo que allí
+se dijera había de trascender muy lejos, que para eso había periodistas
+a la mesa; y era de necesidad, por tanto, que las palabras salieran
+pesadas y medidas de la boca de los oradores.
+
+Pero aunque la intervención del presidente fue cortés y comedida, el
+general no quiso añadir una frase más, en bien ni en mal, a las que
+había pronunciado, y se sentó de pronto con los bigotes erizados y
+enseñando los dientes, como un mastín después de haber llevado una
+paliza.
+
+Borraron la impresión de este incidente los atildados e insubstanciales
+brindis que le siguieron de los presidentes de ambas Cámaras. Los dos
+graves señores, ajustándose estrictamente al carácter y al motivo
+palmario de la fiesta, consagraron lo principal de sus discursos a mayor
+honra y gloria del festejante, y lo accesorio, vago e incoloro, a la
+política. Esto acabó de fijar el camino indicado por el presidente del
+Consejo para los discursos de los comensales.
+
+Siguiéronle rigurosamente los pocos estómagos agradecidos que hablaron
+después, hombres de corta talla política y de escasa significación
+literaria; y ya se daba por terminada la serie, preparándose griegos y
+troyanos a escuchar con la boca abierta la última, la más solemne de las
+palabras, la que estaba obligado y dispuesto a pronunciar el héroe de la
+fiesta, en cuyo aspecto se reflejaban harto claramente las hondas
+impresiones que le combatían el espíritu en aquel trance de prueba,
+cuando se levantó don Mauricio Ibáñez. Llevaba su correspondiente bomba
+bien cargada, y estaba decidido a lanzarla en medio del concurso, con el
+mismo derecho que el más obligado de los concurrentes: que fuera la
+última de todas, corriente, y ya eso se lo había aconsejado su modestia;
+pero dejar de lanzarla, ¿qué se diría de él? Representaba allí el
+dinero, es decir, la fuerza de las fuerzas y la _energía_ de «las
+_energías_ del país», y su voz, expresión sincera de su adhesión
+incondicional al Gobierno, y de su amistad intensísima e imperecedera a
+la familia del «prócer generoso» que le escuchaba, debía resonar también
+en aquellos ámbitos. Así lo pensaba el banquero, aunque lo dijo de otro
+modo con una copa en la diestra, y la zurda en la patilla de este lado.
+Estuvo menos infeliz que de costumbre en el «meerooodeo» de recursos
+oratorios para llenar su cometido. Sólo dos veces sacó a plaza a los
+meeroodeadoores, y no llegaron a tres las en que necesitó agarrarse a su
+muletilla para terminar un período. En el sahumerio a «la familia del
+prócer», se elevó hasta lo épico; tanto, que no acertaba a bajarse. Pero
+bajó, aunque maltrecho y desvanecido; y sentose, con aplauso de todos
+los circunstantes.
+
+Y llegó el instante que esperaba el marqués, buen rato hacía, con
+nerviosa ansiedad. Notaba sin extrañeza el pobre hombre que se le
+reproducían los fenómenos internos que había sentido por la mañana, con
+el concurso de otros que le eran enteramente desconocidos; y digo sin
+extrañeza, porque todo aquel revoltijo de sensaciones y de desconciertos
+le parecía poco, como obra de la extraordinaria situación en que se
+hallaba colocado. Contaba con algo por el estilo al disponer el programa
+del festín, y aun en los comienzos de éste anduvieron bastante ajustados
+a la palpable realidad sus cálculos de tantos días; pero el vuelo
+inesperado que tomaron las peroraciones de tantos y tan ilustres
+comensales; aquel mezclarse los panegíricos de sus virtudes cívicas y
+políticas, de sus altísimos merecimientos personales, con las cuestiones
+más candentes de la actual gobernación del Estado, en boca de los
+hombres que tenían en sus manos los destinos de la patria; aquel cielo
+de esplendores y de gloria; aquella radiante apoteosis a que se le
+elevaba de pronto y por tales gentes; todo aquello, que levantaba cien
+codos por encima de sus cálculos, aunque no de sus «nobles ambiciones»,
+era más que suficiente para dar al traste con la serenidad de un
+estoico, cuanto más con la de un hombre como él, tan trabajado por «los
+acontecimientos» y hasta por los achaques y los años. Pero en una
+naturaleza como la suya, estas impresiones, estos desconciertos, no
+acusaban un estado patológico de los que minan y destruyen, sino un
+aspecto del espíritu, de los que nutren y vivifican.
+
+Así discurría el «honorable marqués», en el momento de levantarse para
+«ejecutar el _acto_», que le estaba encomendado, no sólo por su propia
+iniciativa, sino por la situación en que le habían puesto los discursos
+de los demás; y sino así precisamente, porque le bullían las ideas en el
+cerebro con marcada incoherencia, con la intención de discurrir de la
+misma manera, cuando menos. Notó al incorporarse que le flaqueaban las
+piernas y que su mano torpe sostenía mal la copa que maquinalmente había
+empuñado; lo cual no era de extrañar tampoco, porque, con el calor de la
+sala, sentía la cabeza atolondrada y el pecho muy oprimido. Rehízose en
+virtud de un gran esfuerzo de la voluntad, y logró colocarse en actitud
+conveniente, y hasta dar a su persona el aire ceremonioso y teatral que
+le era propio en idénticas situaciones; pero al decir la primera
+palabra, notó con espanto que se le había olvidado por entero su
+discurso, lo mismo que si se le hubieran borrado con una esponja en la
+memoria. ¡Cosa más rara aún!: no encontró estampado en ella más recuerdo
+que el de la huida del banquero de Interlacken, con la rubia que le
+seguía de cerca; y de ese asunto iba a hablar, y de él hubiera hablado
+inmediatamente, por una perversión instantánea de su juicio, como si esa
+fuera la única idea que quedara en el mundo y para ventilarla se hubiera
+congregado tanta gente en su casa, a no hallar en la lengua insuperables
+dificultades de expresión.
+
+Esta novedad le causó tal alarma, que produjo en todo su organismo un
+gran sacudimiento, despertósele con él, por un instante, la
+inteligencia; vio a su luz la extensión y gravedad del apuro, y
+crecieron con ello sus congojas. Observó que aumentaba la angustia de su
+pecho, como si se le oprimieran verdugos con ligaduras de acero; que
+«allá dentro» se formaba algo, como burbuja enorme, que se transformaba
+en oleada de sudor frío, que intentaba subir, y subía; y pasar por el
+istmo de la garganta, forcejeando allí para conseguirlo, porque no
+cabía..., y pasaba también, pero sin cesar de pasar; que subía otro
+tramo, y al llegar a los oídos silbaba y hervía y aporreaba; y que
+subiendo, subiendo, se precipitaba con el estruendo y la fuerza de un
+desbordado torrente, en las profundidades del cráneo...
+
+Entonces, los que contemplaban al marqués, esperando sus primeras
+palabras, viéronle inclinar la cabeza hacia atrás, soltar la copa que
+empuñaba su mano trémula, y, exhalando un alarido salvaje, desplomarse
+en el suelo, sobre el cual rebotó su colodrillo pelado y reluciente, sin
+que nadie hubiera podido recibirle entre sus brazos, porque entre los
+primeros síntomas del acceso, tan fáciles de confundir con los de una
+grande emoción, y la caída, no transcurrió mucho más tiempo que el que
+transcurre entre el fulgor que deslumbra desde el seno de la nube, y el
+rayo que mata.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+Si el marqués pudo darse cuenta de que se moría cuando se estaba
+muriendo de veras, y si, penetrado de esta idea, se conceptuaba
+relativamente dichoso, porque le sorprendía la muerte en la más alta y
+esplendorosa ocasión de todas las ocasiones de su larga y aprovechada
+vida (muerte de guerrero ilustre, sobre el campo de batalla y bajo una
+balumba de gloriosos laureles), cosas son muy difíciles de averiguar;
+pero que si, después de muerto, se le hubiera permitido recobrar la vida
+para contemplar la despedida que le hicieron sus deudos y amigos, otra
+explosión de su vanidad hubiera vuelto a quitársela de repente, desde
+luego puede afirmarse, conociendo, como conocimos nosotros, aquella
+naturaleza que se nutría de oropeles y se emborrachaba con relumbrones.
+¡Tales y tantos fueron los que se consagraron a honrar su memoria entre
+los vivos!
+
+No cupo mayor pompa en el escenario en que se representan esas farsas en
+honor de las notabilidades de alquimia, y todo se hizo ajustado al más
+solemne y ostentoso ceremonial: la exposición del cadáver en la _capilla
+ardiente_, entre largos blandones y negras colgaduras de tosca bayeta;
+el triste clamóreo de la prensa periódica rindiendo «el último tributo
+de justicia al _prócer_ insigne, al varón íntegro, al padre amoroso, al
+ciudadano ejemplar, al celoso representante de la patria, al protector
+generoso de las artes y de las letras, al orador de honrada palabra»,
+etc., etc., y haciendo la pintura de su muerte inesperada, con
+descripciones minuciosas de lugares y accesorios, y con glosas y
+comentarios de los elogios que momentos antes del triste suceso habían
+dedicado al aún vivo personaje los hombres más «conspicuos» de la
+política, de las armas, de las letras y de la banca; el simbólico
+catafalco, cargado de emblemas y atributos, tocando casi en las bóvedas
+del templo, entre una hoguera de luces sobre ricos y enormes
+candelabros; las naves atestadas de «mundo»: allí los vistosos uniformes
+de las más altas jerarquías políticas y militares; allí la severa
+etiqueta civil, las gentes de la aristocracia y de los «salones
+elegantes», y allí, en fin, en apretados grupos, las matronas del «gran
+mundo» ricamente ataviadas de negro, con la mirada repartida entre el
+devocionario y la concurrencia, agitando maquinalmente los abanicos
+mientras, desde el coro, llenaba de resonantes armonías los ámbitos de
+la iglesia, la mejor capilla de Madrid.
+
+El entierro no había sido menos ostentoso. Detrás del carro fúnebre,
+teatral y ridículo artefacto, también el duelo, a pie, salpicado de
+grandes uniformes; después, la interminable fila de carruajes, con casi
+otras tantas libreas diferentes, desde las de los «cuerpos
+colegisladores», hasta la de don Mauricio _el Solemne_; y, por último, a
+uno y otro lado de la fila, otras filas más espesas y compactas de
+curiosos desocupados, y en todos los balcones de la carrera más
+espectadores y espectadoras en apiñados racimos.
+
+En el Senado, la obligada declaración de «profundó sentimiento», tras un
+pomposo elogio de los méritos y virtudes del difunto, hecho por el
+presidente. En el Congreso de Diputados, poco menos; y tomando motivo de
+estos _actos_, nuevos ditirambos de la prensa periódica al «llorado
+prócer». Por último, su retrato en la primera plana de _La Ilustración_,
+con la correspondiente biografía un poco más adentro... y una elegía
+elegantemente triste del poeta _Aljófar_.
+
+Tenía razón el buen marqués, creyendo que «a los _hombres públicos_ los
+forman las circunstancias, _el hado_, un momento de la vida». Lo malo
+para él fue que ese momento no le llegó hasta la hora de su muerte.
+Pero del mal el menos: sí vivió sin levantar un punto sobre la talla de
+los hombres vulgares, por morir a tiempo logró asociar a las vanidades
+de su familia el esfuerzo de _la cosa pública_, para merecer los honores
+póstumos tributados a los grandes hombres.
+
+Por eso dije al principio que si el marqués hubiera resucitado para ver
+esto, hubiera vuelto a morirse de una explosión de vanidad satisfecha; y
+añado ahora, que sin que alcanzara a evitarlo la reflexión (si por
+ventura se la hacía, aunque bien a la vista estaba el hecho) de que
+entre las grandes conquistas de su muerte no había una sola lágrima con
+que humedecer la efímera hojarasca de su tumba.
+
+No hay para qué hablar del fúnebre aparato escénico a que obligaba, de
+puertas adentro, la mal fingida pesadumbre de la familia. Lo que importa
+para nuestro sencillo relato es saber que el ajetreo, más que la pena,
+agravó por unos días la enfermedad de la marquesa, y que, pasado el
+novenario y vuelta la vida a regularizarse, aunque dentro del nuevo
+orden de cosas, los tertulianos de confianza quedaron reducidos, en
+número, a los más íntimos de entre los íntimos, por expreso deseo de la
+viuda, que debía quitar toda ocasión de profanar la santidad de sus
+tristezas con recreos demasiado alegres... mientras no los autorizara la
+costumbre; pero que, entre tanto, no quería verse sola.
+
+Entre los electos quedaron todos nuestros conocidos de la antigua
+tertulia. En las primeras noches no se trataron en la reducidísima
+asamblea congregada en el gabinete de la dolorida viuda, otros asuntos
+que los que tuvieran alguna relación, por remota que fuese, con «el
+inolvidable suceso»; verbigracia, su resonancia en la opinión pública;
+este dicho o el otro comentario, en son de alabanza, por supuesto; los
+funerales, el entierro, la estadística de los concurrentes, de los
+carruajes y de las libreas; los pésames oficiales recibidos... ¡hasta de
+Palacio!, los telegramas, las cartas, las tarjetas, los recados; cuántos
+y cuántas, de quiénes y de dónde; las visitas, en cuerpo y alma, de este
+Grande y de aquel senador, del ministro X y del general Z, de la duquesa
+H y de la princesa J..., y así hasta el infinito; pues como «todo
+Madrid» anduvo metido en el ajo, según resultó de la cuenta, ya hubo
+paño en que cortar para entretenimiento de la viuda y no desagrado de la
+hija; en modo alguno por honrar más la memoria del muerto, que les tenía
+sin cuidado, sino porque con todo ello se halagaba la vanidad de su
+familia, en lo cual estaban perfectamente acordes ésta y los
+tertulianos, aunque no lo declaraban por derecho.
+
+Cuando se agotaron estos temas por cansancio, y porque se agotaron
+también muy pronto afuera y adentro los motivos que les daban color de
+actualidad, es decir, cuando la persona y la muerte y los pomposos
+funerales del marqués se borraron, para siempre, de la memoria de los
+vivos, la tertulia fue invadiendo poco a poco el terreno mundano; y
+saqueando en él una noticia ahora y un escandalillo después, repartíase
+todo como pan bendito entre los tertulianos, que hincaban los dientes en
+la respectiva tajada, con el aguzado apetito de quien no le ha
+satisfecho en quince días. La primera vez que se habló allí de
+impresiones y aventuras del reciente veraneo, tuvo Verónica la
+curiosidad de preguntar en crudo al banquero que cómo le habían sentado
+las aguas de Interlacken para su dolencia, «cogida de repente en lo
+alto de la calle de Alcalá». El hombre se puso verde y amarillo con la
+pregunta; y ya se tiraba de la patilla para sacar la respuesta, cuando
+Leticia acabó de atolondrarle afirmando muy seria que los aires de Spá
+le habían sentado mucho mejor que aquellas aguas.
+
+Oír el general Ponce nombrar a Spá y no traer a cuento el desafío del
+subsecretario con el príncipe ruso, era cosa imposible. Como que ese y
+el de Peñas Pardas eran los únicos _encuentros_ en que se había hallado
+en toda su vida. Describió el lance con gran lujo de pormenores; y
+júzguese de la impresión que causarla en la tertulia el relato de un
+suceso que era popularísimo en Madrid, con todos sus precedentes y
+motivos. Leticia aguantó el golpe con la serenidad de una estatua de
+piedra, con gran asombro del banquero, que se gozaba en el castigo que
+hallaba su injustificada mordacidad con él, en la imprudente alusión de
+su propio marido.
+
+En cuanto a Verónica, ofendido y todo por ella don Mauricio, no pudo
+éste menos de admirar la destreza con que estuvo _al quite_ de aquella
+feroz embestida del general, y sacó del angustioso apuro a su mujer,
+llevando la conversación a otro terreno. En el cual se mencionaron los
+sesenta mil duros perdidos en Baden-Baden por Gonzalo Quiroga, y los
+_triunfos_ de Sagrario en las mismas _aguas_, y se discurrió largamente
+sobre lo que acontecería después al elegante matrimonio, cuyo paradero
+se ignoraba a la sazón, aunque se sabía que había estado también en
+Constantinopla por exigencia terminante de Sagrario.
+
+De este aire y de este corte fueron los asuntos que ocuparon a los
+contadísimos tertulianos de la marquesa durante muchas noches; y como
+éstos eran pocos y rara vez asistían juntos, porque había que atender a
+todo, y los modos de entretenerse allí tan limitados, el tedio llegó a
+invadirlos y tuvo la marquesa que templar un tantico la rigidez de su
+programa fúnebre, echando otra leva entre sus íntimos y tolerando en
+casa ciertos recreos de poca baraúnda.
+
+En esto del tedio, hay algo que advertir por lo que toca al banquero,
+por de pronto. No se divertía don Mauricio gran cosa que digamos; pero
+de aquella misma insubstancialidad de conversaciones, de aquella
+pequeñez de concurrencia, sacaba él atrevimientos y familiaridades de
+que estaba muy necesitado para contrarrestar los invencibles titubeos de
+su naturaleza. El haber sido testigo presencial de la muerte del
+marqués, y hasta «la casualidad» de haberle «precedido», inmediatamente
+«en el uso de la palabra», le proporcionaron motivos para entretener
+largamente a aquellas señoras con minuciosos pormenores sobre el
+lamentable acontecimiento, cuando no se hablaba en la casa de otro
+asunto. Esto solo le envalentonó mucho y le despejó el camino por donde
+fue aproximándose poco a poco al trato casi familiar con la viuda y con
+su hija. Pensaba que tenía una gran «misión de consuelo» y hasta de
+amparo que cumplir allí, desde que vio el buen éxito de sus fúnebres
+narraciones, y ya se movía con desembarazo delante de Verónica, hablaba
+con ella sin que se le atravesaran las palabras en el gaznate, y
+dedicaba largos ratos a conversar con la marquesa en voz baja y, al
+parecer, en la mayor intimidad. Por este lado, pues, el banquero no
+tenía motivos para lamentarse de la insipidez de la tertulia.
+
+Harto más arraigado estaba e invencible parecía el tedio de Verónica.
+Desde la muerte de su padre, o mejor dicho, desde que pasaron con los
+primeros días siguientes a ella los estrépitos del ceremonial del duelo
+y los trámites minuciosos de la preparación de los lutos, que le
+tuvieron cautiva la atención, había vuelto a caer en aquellas tristezas
+que le asaltaron de pronto al volver de su viaje de verano. Las causas,
+según su propio discurso, eran las mismas de entonces, en lo
+_fundamental_ del fenómeno; pero, según mi desapasionado entender y con
+los autos a la vista, puede haber un error muy considerable en aquel
+diagnóstico, por lo que toca a las _fuentes mediatas_ de la enfermedad.
+En la primera invasión de ella declaraba la enferma que podía haber
+contribuido mucho a su alivio la presencia del único hombre de fuste y
+de consejo que conocía entre los amigos de su casa. En la recaída tiene
+a este hombre a su lado, que se afana por entretenerla, que la aconseja
+bien y lleva sus miramientos y delicadezas al extremo de olvidar, o de
+aparentar que olvida, que hay entre ambos un duelo galante convenido y
+aun comenzado. Nunca la conversación de Guzmán ha sido tan varia, ni se
+le ha visto tan decidido a utilizar las provisiones de su memoria de
+artista y los recursos de su juicio de filósofo práctico, para que no
+decaiga el interés de sus relatos y comentos... Porque es indudable que
+Pepe Guzmán está convencido, o parece estarlo, de que las preocupaciones
+y tristezas de Verónica tienen el arraigo en el pasado suceso, en el
+temor de otro semejante y en algo que se relaciona inmediatamente con
+todo esto, que es lo mismo que la propia enferma acepta como fundamento
+y origen de su enfermedad; y sin embargo, y mientras él la habla y en
+tanto discurre por aquellas alturas, ella, con una impaciencia y un
+disgusto que disfraza con síntomas de su desconcierto nervioso, va
+pasando: «¡no es eso!..., ¡no es eso!» Y cuando él se despide, muy
+ufano, ella se queda más contrariada; no porque vuelve a verse sola,
+sino porque tampoco _entonces_ se la ha hablado de _algo_ de que
+_debiera_ hablársela; «porque Pepe Guzmán tiene que convencerse de que
+en la situación de ánimo en que ella se encuentra, no pueden interesarla
+relaciones de casos _extraños_, por bien hechas que estén». Y Pepe
+Guzmán suele responder a estas anhelaciones faltando dos y tres noches
+seguidas a la tertulia.
+
+Con lo cual se exacerban los males de Verónica, que tienen su asiento en
+la desarreglada máquina nerviosa, y _recuerda_, es decir, vuelve a
+pensar que hay entre ambos un grave asunto pendiente, del que parece
+haberse olvidado _él_, o lo que es peor, que trata de olvidarse; y
+entonces juzga que su conducta es muy poco galante, quizás desleal, si
+bien se mira. Hay en el caso hasta señales de menosprecio y desdén hacia
+ella, y esto, esto solo, es lo que la desazona, en el estado de
+irritabilidad en que se halla por un capricho de su naturaleza. Que se
+reanude el litigio, que se ventile entre los dos, o que no se ventile
+por completo; pero que se ponga en tramitación de nuevo, y eso esparcirá
+muchos de sus nublados y dará alguna entonación al cordaje destemplado
+de su máquina... Todo eso la debe el desertor, hasta por obra de
+misericordia. ¿Llegará a pagárselo? Y si no se lo paga por buenas, ¿debe
+reclamárselo ella... _de cierto modo_? ¿Autoriza esta conducta la
+importancia de lo tramitado hasta allí? Y en caso negativo, ¿no se
+encuentra ella en condiciones excepcionales que justificarían eso y
+mucho más?... Se miraba al espejo, y veía las huellas de sus extrañas
+melancolías en la palidez de su rostro, destacándose con doblada
+intensidad sobre el fondo negro mate de su luto rigoroso; y como nadie
+la oía, se confesaba a sí propia que valía más así, con su palidez
+interesante, sin haber perdido la corrección y turgencia de sus formas,
+que con la peste de salud y bienestar que se reflejaba antes en su cara.
+Esto no podía desconocerlo Pepe Guzmán, que era hombre de buen gusto.
+Además, a una mujer agobiada, como ella, por las tristezas, le era
+sumamente fácil ir eslabonando, en la larga cadena de sus
+preocupaciones, esbozados sentimientos de todas castas; apuntar
+insinuaciones, conmover hasta con el acento y la actitud... Pero ¿no
+resultaría esto ridículamente sentimental, impropio de una mujer de su
+carácter y de sus precedentes, y no produciría, por tanto, el efecto
+contrario al que se buscaba? ¡Tendría que ver un resultado así!
+¡Cabalmente era Pepe Guzmán el hombre cortado para tomar en serio esas
+farsas de los galanteos románticos del año treinta y siete!
+
+Pero algo había que hacer, si _el otro_ no lo hacía espontáneamente;
+porque _aquello_ no podía quedar así, en la situación de ánimo en que
+ella se encontraba. Antes lo necesitaba para satisfacción de su femenil
+curiosidad; entonces le era indispensable para curarse de aquella
+inquietud nerviosa que no admitía otra medicina y era un simple fenómeno
+de su ridícula enfermedad.
+
+Tales son los hechos que arrojan los autos, en virtud de los cuales bien
+cabe deducir, como antes afirmé, sin gran temor de equivocarse, que se
+pudo engañar la enferma en el diagnóstico de su recaída, hasta el punto
+de ver las cosas enteramente al revés de como pasaban.
+
+Y continúo ahora diciendo que Pepe Guzmán volvía a la tertulia tan fino,
+tan cortés, tan elegante y tan buen mozo como siempre; tan atento,
+deferente y cariñoso con Verónica; pero que del litigio pendiente con
+ella, ni una palabra; y que Verónica, en quien se aumentaban las
+impaciencias con las dificultades, llena de heroicos propósitos de
+tirarle de la lengua cuanto más él la escondía, nunca hallaba ocasión de
+practicarlos, por sus invencibles temores a salirse de la raya.
+
+Así fueron corriendo los días y las semanas y aun los meses; llegó a
+ajustarse la tertulia, aunque siempre de confianza, a otro ceremonial
+menos insípido, y casi bastó para ello la vuelta de Sagrario, que traía
+impresiones que relatar, hasta de entrevistas con el Gran Turco,
+mientras su marido, más gangoso que nunca, y alicorto y desvaído, como
+gallo desplumado, apenas daba señales de lo poco que antes fue, para
+sacar algunas veces de sus centros al solemne don Mauricio, que no se
+desconcertaba allí tan fácilmente como solía; jugaban ya las cotorronas
+al tresillo, y, con excepción de la música y del baile, se hacía allí a
+todo lo del año pasado entre los íntimos, siendo la enfermedad gravísima
+de la marquesa obstáculo que no estorbaba para nada, porque, de puro
+sabido, nadie reparaba en él.
+
+Una noche, conversando Pepe Guzmán con su amiga, y cuando ya ésta
+comenzaba a curarse de sus impaciencias mortificantes con la cuerda
+reflexión de que no hay tesoro que merezca este nombre si cuesta
+adquirirle más de lo que vale, con la serenidad y el aplomo de quien
+cumple así lo establecido en un programa, hizo él malicioso y experto
+galán punto redondo en los temas vagos que hasta allí le habían servido
+desde algunos meses antes para entretener las displicencias de Verónica,
+y la condujo de repente al terreno que tanto ambicionaba ella; quiero
+decir, volviendo al símil tan repetido, que la retó de nuevo y que hasta
+se puso en guardia.
+
+La retada sintió entonces una fuerte sacudida en lo más hondo y sensible
+de su pecho, y algo como reacción de todo su organismo físico y moral;
+chispeáronle los ojos, asomó la sonrisa a sus labios, y con la decisión
+de un valiente avezado a jugarse la vida en esos lances, aceptó el reto
+sin excusa y ocupó su terreno sin tardanza. Llegaron a cruzarse los
+aceros; pero en el instante en que parecía que iba a empeñarse la lucha
+con todo encarnizamiento, suspendió Pepe Guzmán sus acometidas, miró el
+reló, tendió la diestra a Verónica, puesto en actitud de marcharse, y la
+dijo con singular expresión de acento y de mirada:
+
+--Tenemos que hablar de estas cosas muy despacio. Hasta mañana.
+
+Y se marchó, tan fino, tan elegante y tan «correcto» como había entrado.
+
+
+
+
+XV
+
+
+En aquella memorable noche, ¡con qué lentitud corrieron para mí las
+primeras horas de ella! Desde la muerte de mi padre me acompañaban a la
+mesa dos solteronas, primas de él, y no muy sobradas de recursos, aunque
+sí de bambolla: los parientes más cercanos que me quedaban por la rama
+paterna, pues por la materna los había tan próximos y más abundantes,
+según mis noticias, aunque yo no los conocí jamás, porque, también según
+informes oficiosos, hubo invencible empeño en ello de parte de quien
+tenía el deber de empeñarse en lo contrario. Pues comiendo conmigo
+aquella noche las dos parientas mencionadas, estuve a pique de cometer
+con ellas los mayores desatinos. Me sabía de memoria su fealdad, sus
+presunciones y bambollas, su incurable fisgoneo, y estaba bien avezada a
+sus bachilleradas y pegoterías, sin que nada de ello influyera
+desfavorablemente en el sentimiento, de compasión más que de otra cosa,
+que las pobres señoras me inspiraban; pero en aquella ocasión me
+pareció, su fealdad insoportable, me repugnaba el buen apetito con que
+comían, y me causaban escalofríos y convulsiones su voz, sus palabras y
+sus ademanes. Sin poderlo evitar, las remedaba con mis gestos; y para
+contradecirlas, que era en todo cuanto hablaban, remedaba también sus
+voces con la mía. Las hubiera tirado con los platos de muy buena gana, y
+no me diera por satisfecha sin arrojarlas a escobazos del comedor.
+
+»¡Y todo ello porque comían muy despacio, y hablaban mientras comían y
+mientras descansaban entre servicio y servicio, creyendo las pobrecillas
+que cuanto más hablaran y más comieran, mejor se acomodaban a mis
+deseos; y a mí se me figuraba que por comer y por hablar ellas tanto, no
+corrían las horas lo que debían correr, y correrían indudablemente en
+cuanto cesaran aquella masticación inacabable y aquella charla
+insufrible!
+
+»Consigno estas puerilidades para dar una idea de la tensión en que se
+hallaba «mi curiosidad» desde que Pepe Guzmán, dejándome la noche antes
+a media miel, se había despedido de mí «hasta mañana» para «hablar muy
+despacio de _esas cosas_» ¡Y qué natural y sin trastienda me parecía a
+mí aquel ansia por ver en qué paraba la porfía galante que yo tenía
+empeñada (y era la primera en toda mi vida) con el hombre de más
+prestigio entre las damas de aquel tiempo!
+
+»Terminó la comida en menos de tres cuartos de hora, aunque yo hubiera
+jurado cosa bien diferente, y continuó la noche, a pesar de ello,
+andando, para mí, a paso de carreta.
+
+Encerreme en el tocador, por segunda vez en pocas horas, y pasé largo
+tiempo (que de esto sólo hubiera jurado yo que se trataba) consultando
+con el espejo las innumerables combinaciones de _toilette_ que se me
+ocurrían con los escasos elementos que me prestaba el luto, algo
+aliviado, que aún vestía. ¡Cosa más singular! Cuanto más combinaciones
+inventaba, más semejanzas iba hallando con las cataduras de mis tías.
+Concluí por reírme de mis alucinaciones estrambóticas; salí del tocador,
+y ayudé, sin ser hora todavía para ello, a arrastrar a mi madre en su
+sillón hasta el saloncillo en que recibíamos las visitas.
+
+»Al fin, comenzaron allegar algunas de ellas: las viejas del tresillo;
+después, los hombres que les hacían la partida; luego, la condesa viuda
+de Picos Pardos, mi madrina, ¡gran charlatana!; en seguida, _Aljófar_,
+«nuestro poeta», que ya nos tenía ensordecidos de oírle plañir elegías a
+la muerte de mi padre, y cansados de atacarle el estómago de pastas y
+_amontillado_; Leticia, con su marido... y el subsecretario de
+Gobernación; Luzán de los Airones, caballero de la más preclara nobleza,
+pero simple de remache; Sagrario, con un hermoso turco recién llegado a
+la Legación de Constantinopla, al cual se permitió presentamos,
+contraviniendo a las órdenes de mi madre, con la disculpa de que aquella
+noche no era de tertulia _casera_, sino una de las tres semanales en que
+_se recibía_, «con más o menos descaro»; tras esta pareja, otras gentes
+más o menos simpáticas... En fin, todos menos _él_..., ¡hasta don
+Mauricio Ibáñez, con una cantera de pedrería sobre su cuerpo,
+reluciente, bruñido, acicalado e insinuante, como nunca le había visto
+yo! De puro cumplido, le faltó muy poco para besar la mano a mi madre,
+como los paladines de teatro. Conmigo fue un caramelo tierno.
+
+»Mientras la tertulia se rebullía sin orden ni concierto, yo andaba de
+acá para allá, poco dispuesta a entretenerme con frivolidades de
+corrillo o cumplimientos resobados. En una de estas evoluciones de
+zigzag, introdújeme en el gabinete frontero, abierto de par en par, y
+púseme a desarreglar cachivaches y muñecos que estaban bien colocados.
+En esta ocupación me entretenía, cuando se me aproximó el banquero
+ofreciéndome su ayuda. Le di las gracias con la menor sequedad que pude,
+y me pidió la merced de un cuarto de hora para escucharle lo que tenía
+que decirme. Me hizo estremecer la súplica. Yo debía barruntar algo por
+el estilo en cuanto vi llegar al hombre a la tertulia tan cargado de
+joyas y de alientos; pero no lo barrunté. El asalto ocurrió junto a la
+chimenea del gabinete; es decir, a la vista de la mayor parte de los
+tertulianos, y frente a frente del sillón de mi madre.
+
+»--Pues hable usted--le dije, apoyándome en el borde de la meseta de la
+chimenea para quitarle a él hasta la tentación de sentarse.
+
+»Y «rompió a hablar» el hombre, a su manera, entre bascas y trasudores,
+gemidos y apoyaturas; y habló así (a medir el tiempo con mis
+impaciencias, más de dos horas), según el reló inmediato, los diez
+minutos bien corridos de su instancia. Sin embargo, todo lo que dijo no
+fue más que el prólogo de lo que pensaba decirme. Y de lo dicho deduje
+que tenía un caudal «atroz», y una suerte _báaarbara_ para los negocios,
+por lo cual esperaba acrecentar sus caudales hasta lo _absuuurdo_; que
+no era el mismo hombre «tope a toope» con una dama como yo, que «cara a
+caara» con el ministro de Hacienda «para plantear un asunto de sus
+especulaciones... y tal y demás», y hacerse plaza y lugar entre los más
+respetados en aquellas regiones y las circunvecinas, porque no todas las
+gentes servían para todo; que si le faltaban prendas para brillar entre
+las damas tanto como campaba en el «mundo financiero», no era esa una
+razón para que él renunciase al propósito, bien honrado, de que lucieran
+en gloria y bienestar de una mujer de su agrado, «de estas prendas y las
+otras... y tal y demás», los esplendores de sus caudales; y que si no,
+¿para qué los quería? Porque él podía ser ambicioso, pero no tanto como
+hombre de sano corazón y de nobles miras.
+
+»Todo esto le comprendí; todo esto deduje de sus intrincados períodos,
+y todo ello me dio bien claro a entender a dónde pensaba ir a parar por
+aquel camino. ¡Eso sólo me faltaba! ¡Y en qué ocasión venía! ¡Estar
+soñando con néctar de los dioses, y despertar con aquella melaza entre
+los labios!
+
+»Yo no sabía qué hacer ni qué decir. Le felicité por sus caudales y por
+sus honrados pensamientos, y traté de que no pasara de allí el asunto,
+aparentando creer que aquello era todo lo que el banquero tenía que
+decirme... Ocurrióseme también la idea de abreviar el suplicio dándome
+por entendida de la _instancia_ y plantando en seco al exponente; pero
+¿podía ser yo tan descortés con un hombre que no me había dado motivos
+para ello? ¿Y no me exponía también a que él me diera una lección, hasta
+de prudencia, afirmando que yo me curaba en sana salud, porque jamás
+había soñado con temeridades como la supuesta por mí? No tuve más
+remedio que resignarme a oírlo todo, cuando, deteniéndome en una de mis
+acometidas para marcharme, me dijo, casi lloroso de puro dulzón y
+suplicante:
+
+»--Falta la segunda y última parte de mi pretensión, o, mejor dicho, la
+pretensión enteera. Le juro a usted que se la expondré en cuaaatro
+palabras.
+
+»Y me la espetó, el condenado, en muy pocas más... ¡La misma con que yo
+contaba!
+
+»En aquel instante vi entrar a Pepe Guzmán en el saloncillo. Este rudo
+contraste acabó de desconcertar la máquina de mis nervios. Claro que yo
+tenía que responder que _no_ a las terminantes pretensiones del
+banquero; pero debía, siquiera, mostrarme deferente con sus buenas
+intenciones; darle la píldora, eso sí, pero no sin dorársela un poco, y
+para ello se necesitaba tiempo y serenidad, y hasta buen humor, y todo
+esto me faltaba a mí: el tiempo, porque me urgía para asuntos más de mi
+agrado; y la serenidad y el buen humor, porque no era posible poseerlos
+en una situación como la mía después de haber recibido a quemarropa un
+disparo como aquel. Adopté, pues, un temperamento mixto: el cumplido
+ramplón, las _generales_ del _Manual de la joven pudorosa y bien
+educada_, suponiendo que exista... «Me sorprendía la pretensión...,
+carecía de precedentes..., hasta de merecimientos... El asunto era
+gravísimo... aun para expuesto de aquel modo, cuanto más para tratado a
+la ligera... A mí me iba bien con la vida que traía..., no había pensado
+en abandonarla tan pronto... y, en fin, que ya se presentaría ocasión
+más oportuna para hablarle yo del caso, con toda libertad y con mayor
+franqueza...»
+
+»Con lo cual y una forzada sonrisa, el correspondiente ademán y la
+disculpa de que me llamaban desde la sala, escapeme del gabinete sin
+estudiar con los ojos la impresión que mis respuestas habían causado en
+las profundidades del banquero.
+
+»Al pasar, noté que conversaban, en correcto francés, junto al piano
+cerrado, Leticia y el hermoso turco; y en los pocos instantes que me
+detuve con ellos, se acercó Sagrario a nuestra amiga, cuyo tipo
+_componía_ admirablemente con el castizo oriental, para decirla en
+castellano:
+
+»--Te recomiendo mucho que le trates como a cosa mía; pero no abuses.
+
+»¡Qué presentes tengo hasta las pequeñeces de aquella noche!
+
+»Pepe Guzmán me salió al encuentro con la misma serenidad y aparente
+indiferencia que si no hubiera entre nosotros _lance_ alguno pendiente.
+¡Y a mí me temblaba la mano al sentir el contacto de la suya! Hubiera
+jurado en aquel instante que me daba miedo su compañía. Tal era mi
+ofuscación, que ya comenzaba a darme un poco en qué pensar; y no es
+extraño enteramente: al fin y al cabo, aquel _lance_ era el único
+_aceptado_ por mí en todos los días de mi vida.
+
+ * * * * *
+
+»¿Cómo empezó la escena? Hay que advertir que, con los preliminares
+orillados ya, quedaba en ella muy poco asunto que ventilar: digo mal,
+quedaban pocos trámites que seguir, porque el asunto, entero y
+verdadero, estaba contenido en lo que faltaba por esclarecer.
+Traduciéndole al lenguaje llano de la verdad, sin metafísicas ni
+sentimentalismos; considerándole fría y prosaicamente _desde afuera_, se
+trataba de que Pepe Guzmán me declarara que todos los elementos que él
+creía necesitar para que se fundieran los convenidos hielos de sus
+desilusiones, se reunían en mí, y de declararle yo, a mi vez, que en él
+se hallaban las prendas que me obligarían a renunciar a mi propósito,
+tan bien seguido hasta entonces, de no tomar en serio los galanteos.
+Todo ello, expuesto así tan desnudo, resulta cursi, y hasta el detenerme
+yo a declarar que lo es, pues por sabido debiera callarse; pero de algún
+modo ha de saberse que otros toques, más cursis aún para referidos, como
+lo de las condiciones que necesitaba él en una mujer para salir de su
+escondite, y lo de las prendas de que había de estar adornado un hombre
+para que yo me decidiera a quererle, etc., etc., ya se habían dado en el
+cuadro con toda la premeditación y hasta el ensañamiento y la alevosía
+que caben en un galán muy listo y escarmentado, y en una dama no tonta y
+menos dispuesta a perder el tiempo en juegos insulsos.
+
+»Y a tal extremo llevo yo estos mis temores a lo cursi, que aun contando
+con que cualquiera que estos _Apuntes_ les tendrá su alma en su almario
+y sabrá dar a las cosas la necesaria luz y el apetecido temple, renuncio
+a reproducir el diálogo literalmente, tal como lo conservo en la
+memoria. Precisamente comenzó la escena por ahí; es decir, por
+manifestarme Pepe Guzmán su convencimiento de que el lenguaje, como
+expresión de afectos íntimos y delicados, que tienen su principal
+incentivo en el fulgor de una mirada o en el contacto sutil de dos
+epidermis, estaba todavía sin hacer; tanto, que, en su concepto, hablar
+de lo que íbamos a hablar nosotros con los términos usuales del
+diccionario vulgar, era como empeñarse en tejer hilillos del rocío con
+palitroques sin pulir. Me pareció algo extremada la comparación, pero
+también muy al caso; y por lo que en ella me correspondía, se la
+agradecí de todo corazón. Por de pronto, nos dieron motivo estas y otras
+sutilezas semejantes para entrar en materia por caminos poco trillados
+por el vulgo de los que platican de amores; y este nuevo encanto tuvo
+para mí aquella escena memorable.
+
+»Pero ¡qué diestro era el maldito en esta clase de empeños!, y yo, a
+pesar de mi fama de insensible y de mi reputación de traviesa, ¡cómo me
+dejaba conducir por donde él quería llevarme! Al principio su misma
+frescura me desalentaba algún tanto, porque llegué a temer que en aquel
+combate _a muerte_ no hubiera más ardimientos que los míos, y que
+terminara por ir a clavarme yo, como una tonta, en la punta de su
+espada; pero bien luego observé que me engañaba, cuando vi reflejada en
+sus ojos, en su voz, en cada uno de sus ademanes, la elocuencia
+fascinadora del lenguaje que no se habla ni se escribe, pero que se deja
+leer y penetrar hasta lo más hondo de su sentido. Jamás había visto a
+Pepe Guzmán así, ni, por consiguiente, tenido ocasión de estimar la
+fuerza arrolladora que cabía en este nuevo aspecto de su trato conmigo.
+Halleme, pues, desprevenida e indefensa en aquel inesperado trance de
+prueba; perdí mi poca serenidad, y pareciéndome que el castillo no se
+desmoronaba tan aprisa como lo querían mis desatinadas impaciencias, yo
+misma puse mis manos en él, y me atreví a arrancar sus sillares, uno a
+uno, hasta dejarle arrasado. El trabajo fue rudo, pero la conquista más
+señalada. Los recios muros, que parecían inexpugnables, estaban
+convertidos en escombros, el hielo proverbial se había fundido.
+
+»El conquistado paladín, al verme dueña y señora de su última trinchera,
+reclamó el derecho de tomar el desquite en la que me restaba de las
+mías, y reconocísele yo de buena gana. Comenzó el asalto; pero no
+necesitó grandes esfuerzos, porque bien pronto me declaré rendida.
+
+»Entonces...,¡oh!, entonces, si mintió en lo que me dijo, no hay verdad
+que valga lo que aquellas mentiras. Si todo era una comedia, ¡qué bien
+la representaba! Pero, fuéralo o no para él, para mí era una hermosa
+realidad de la vida la parte que desempeñaba yo en la escena con todo mi
+corazón.
+
+»Y ¿a dónde íbamos los dos por la florida senda en que acabábamos de
+encontramos como dos pastores de un idilio algo realista? Ni él me lo
+había dicho, ni yo se lo había preguntado, ni, en honor de la verdad y
+de la buena casta de mi ardoroso sentimiento, por no decir amor, se me
+ocurrió semejante pregunta. En determinadas situaciones, nacidas de
+circunstancias y precedentes como los que habían creado la nuestra, no
+se discurre como en los trances ordinarios de la vida. Se aceptan a
+ciegas para no retroceder... El paradero, Dios le sabe.
+
+ * * * * *
+
+»Cuando hubo salido de nuestra casa el último de los tertulianos, me
+llamó mi madre a su habitación. Estaba ya acostada gran rato hacía.
+
+»--Siéntate--me dijo en cuanto me tuvo delante--, y cierra esa puerta,
+porque tenemos que hablar despacio sobre cosas que no deben ser oídas.
+
+»Extrañome la advertencia; pero cerré la puerta y me senté sin decir una
+palabra.
+
+»--¿Sabes--me preguntó en seguida--, cómo ha quedado nuestro caudal a la
+muerte de tu padre?
+
+«No lo sabía a punto fijo, aunque sospechaba que no debía de haber
+quedado muy floreciente, y así se lo manifesté a mi madre.
+
+»--Pues no te equivocas--añadió--, aunque es difícil que adivines hasta
+qué punto llegan las mermas de lo que habla, y el desbarajuste de lo que
+nos queda. Una semana ha necesitado Simón..., mejor dicho, he necesitado
+yo, para que él me ponga al corriente de todas esas cosas en que estoy
+obligada a entender desde que falta tu padre. ¡Qué despilfarros, hija
+mía, y qué barullos!... Lo que Simón dice: «aquí no se ha tratado más
+que de pedirle dinero; grandes sumas, cada vez más grandes, sin pararse
+a considerar que no siempre lo hay disponible, y que cuando no lo hay
+así, el adquirido de prisa cuesta muy caro; y de este modo se van
+eslabonando unas trampas con otras... hasta que se llega al punto a que
+se ha llegado en esta casa». No vayas a creerte, hija mía, por esto que
+te digo, que estemos a pique de salir a pedir el pan que hemos de comer
+mañana; pero lo cierto es que el estado de nuestra fortuna es,
+relativamente, muy grave; que llegará a serlo mucho más si no se le pone
+luego el remedio que necesita, y que hay que decidirse a ponérsele, sin
+la menor tardanza.
+
+»A mí se me ocurrían muchas cosas que decir a propósito de estas
+juiciosas ideas de mi madre, que parecía no acordarse de que habían sido
+sus enormes despilfarros la causa principal del desastre de que se
+lamentaba. Pero seguí callando y oyendo, hasta ver en qué paraban sus
+reflexiones y sus planes.
+
+»--Simón--continuó diciendo--, no sé si es todo lo leal y sencillo que
+parece, o si de nuestro río revuelto ha logrado sacar las buenas
+ganancias que se le ven, y otras mayores que, según dicen, están
+ocultas; por de pronto, me consta que a tu padre le daba buenos
+consejos, y que él no quería tomarlos en consideración: tenía el pobre
+bastante bambolla, y esto le perdía. En dándole dinero abundante para
+satisfacerla, ya todo le era igual... Pero vamos al caso: sea Simón lo
+que fuere y valiendo lo que vale como inteligente administrador, no
+basta él para lo que hay que hacer aquí; porque ese milagro no ha de
+hacerse sólo con inteligencia, sino también con buenos puntales y con
+cierto interés... En una palabra, hija mía: en esta casa se necesita un
+hombre, rico, muy rico, que reemplace, no a Simón, sino a tu padre, en
+la dirección de ella... ¿Me comprendes bien?
+
+»Creí comprender algo, que no me molestaba ciertamente, porque no estaba
+reñido con el recuerdo que llenaba mi memoria e informaba entonces todos
+mis pensamientos; pero, por si me equivocaba, respondí a mi madre que
+no. Pareció algo contrariada con la respuesta, y añadió:
+
+»--Es necesario que te persuadas de que todo esto que te digo y lo que
+aún he de decirte, y los cuidados que me preocupan, no tienen más objeto
+que tu bien. Si de mí sola se tratara, muy distinto sería mi modo de
+pensar... Es tan poco lo que me resta de vida, que, por escasos que sean
+mis caudales, ha de sobrarme lo más de ellos... porque tengo el
+convencimiento, hija mía, de que he de vivir muy poco tiempo, ¡muy
+poco!, mucho menos de lo que tú te figuras..., y por lo mismo, me afano
+tanto hoy; porque si me muriera yo dejando las cosas en el estado en que
+se hallan, seria muy desdichado tu porvenir. El legado de tu abuelo no
+alcanza a cubrir tus necesidades en el pie en que estás educada y has
+vivido hasta aquí; y en cuanto a lo restante de nuestros bienes, tan
+embrollado hoy, ¿cómo estaría mañana en manos de una mujer sin
+experiencia y sin amparo? Porque tú, muerta yo, te quedarás sola...,
+enteramente sola; y esto, aun con mucho dinero y grandes rentas, es muy
+triste... En una palabra, hija mía, y para cansarte menos, ese hombre
+que se necesita aquí, inteligente y rico, no ha de ser un administrador,
+ni un asociado como otro cualquiera, sino tu marido. ¿Me entiendes
+ahora?
+
+«Era lo mismo que yo había sospechado antes; y como no salía con ello de
+mis dudas, dije a mi madre que continuara explicándose, si es que tenía
+más que advertirme, como me lo iba temiendo yo; y añadió entonces:
+
+»--Tengo ese hombre inteligente y rico que tanta falta te hace.
+
+»Desde luego aposté en mis adentros a que no era el único que yo
+aceptaría, y hasta supuse quién podría ser el que me proponía mi madre.
+
+»--No hace aún dos horas que me ha pedido tu mano--continuó aquélla,
+viendo que yo nada decía.
+
+»Don Mauricio--apunté sin temor de equivocarme.
+
+»El mismo--repuso mi madre.
+
+»No me dio algo allí, porque, después de mi entrevista con el
+pretendiente, ya no podía admirarme nada que fuera de la especie de lo
+que le había oído a él; pero en la acogida que habían merecido a mi
+madre sus pretensiones, no dejaba de haber motivo para sorprenderme, y
+así se lo manifesté a ella.
+
+»--Contaba con eso--me replicó--, porque desde luego supuse que sería
+una ofuscación suya lo de los grandes alientos que, según me dijo, le
+habías dado en tu respuesta; pero también contaba y cuento con tu buen
+juicio, con tu serenidad... y con el aprecio que has de hacer, por lo
+mismo, del consejo de tu madre, que no puede desear para ti sino lo
+mejor...
+
+»Aquí comencé yo a tomar la cosa por lo serio, y se entabló una porfía,
+muy tenaz por mi parte; la cual atajó mi madre diciéndome con desusada
+dulzura:
+
+»--Todo eso será verdad, y más que me cuentes; pero ¿y qué? ¿Serías la
+primera mujer joven y hermosa, y aun noble y rica, casada con un Creso
+feo... y hasta vicioso... y hasta ridículo, si quieres? De esto se ve
+todos los días, porque hay muchos motivos y grandes razones para que se
+vea... Quiero concederte todavía más: quiero suponer que tuvieras el
+corazón interesado por un joven hermoso, discreto, noble..., en fin, lo
+contrario enteramente de don Mauricio; y no quiero suponerlo, sino
+creerlo, porque así es la verdad, o yo no tengo ojos en la cara;
+supongo, pues, digo mal, creo que tienes el corazón interesado por un
+hombre así..., por Pepe Guzmán, en una palabra... Pues mejor que mejor
+para mis planes, y para tus conveniencias por consiguiente.
+
+»Aquí me asombré ya mucho más que antes. Conociolo mi madre, y continuó
+así:
+
+»--Te lo repito y te lo demuestro. Los hombres como Pepe Guzmán, no
+sirven para lo que tiene que servir aquí tu marido; y aunque sirvieran,
+no querrían, porque los ejemplares de esa casta... no se enamoran para
+casarse.
+
+»Me ofendió el dicho como debe ofender un bofetón.
+
+»--Eres una novicia todavía--añadió mi madre al notarlo--, aunque te
+juzgas y te juzgan los que no te conocen tanto como yo, llena de
+malicias y de experiencia. Yo soy vieja ya, y tengo de todo eso mucho
+más que tú para estas cosas del mundo. No se enamoran para casarse los
+hombres como Pepe Guzmán; y te añado que aun cuando éste quisiera ser
+contigo una excepción de la regla, tú no deberías consentirlo.
+
+»--¿Por qué?--exclamé sin poderme contener.
+
+»--Por... varias razones--respondió mi madre muy serena y bajando más la
+voz--. Y vamos a tratar este punto con toda franqueza, porque en él se
+encierra toda la cuestión. Por de pronto, los hombres de cierta
+pasta..., como la de _ese_, son una calamidad para maridos de las
+mujeres a quienes han amado solteras: la razón es que los hábitos
+adquiridos en el mundo en que han vivido los hace incompatibles con lo
+que se llama, muy fundadamente, «prosa de la vida conyugal». Comienzan
+por desencantarse y por aburrirse, y acaban por desviarse... Es ley
+infalible: la cabra tira al monte... Y lo que digo del hombre de esas
+condiciones, es aplicable a la mujer... de las tuyas. ¿Amas a Pepe
+Guzmán? Pues ten por seguro que dejarías de amarle si te casaras con él.
+
+»--Pero, Señor--pensé aturdida al oír esto--, ¡también mi madre!...
+Porque esta es la teoría de Sagrario... y la de Leticia, o yo no estoy
+en mis cabales... ¿Es que hay algún mal espíritu encargado de conducirme
+a donde yo no quiero ir?
+
+»--¿Te asombras?--preguntome mi madre, conociendo lo que me pasaba--.
+Acaso no me haya explicado bien; porque en mis intenciones no hay motivo
+para ello. Si te hubiera puesto el ejemplo de tus dos amigas más
+íntimas, y de tantas otras que conozco y que conoces lo mismo que yo; si
+te hubiera dicho: «te conviene para marido el hombre que te he
+propuesto, por lo mismo que es raro y tiene vicios y mala fama; o lo que
+es igual, todo lo que necesita por pretexto una mujer de mundo para
+lograr de casada, con _cierto derecho_, lo que no le es lícito a una
+soltera»; si hubiera pretendido yo que aceptaras al banquero antipático
+para sostén y pantalla de debilidades y caídas con los galanes de tu
+gusto; si fueran estas mis intenciones al decirte lo que te he dicho,
+tendrías razón para sorprenderte; pero se trata de cosa muy distinta y
+más honrada. Don Mauricio es hombre _del día_; entiende sus
+conveniencias, y por ello respetaría las tuyas..., porque tú no habías
+de pretender nada que no fuera _usual y admitido_ entre las mujeres de
+tu rango; y como no le amas ni puedes amarle, no hay que temer en ti los
+desencantos ni las terribles consecuencias que éstos traen en los
+matrimonios por amor. Por añadidura, serás libre y considerada, y
+tendrás quien guarde y prospere tu hacienda, y te mantenga en la
+abundancia que necesitas para vivir sin contrariedades ni privaciones.
+Esto quiero para ti; esto puedo proporcionarte, y con esto te brindo...
+¿A qué respetos falto, ni a quién ofendo con ello?
+
+» ¡A qué respetos faltaba!..., ¡a quién ofendía con ello! ¡Y a mi se me
+amontonaban en tropel las respuestas que estaban reclamando aquellas
+preguntas inconcebibles en labios tales; corolarios artificiosos, o,
+cuando menos, muy mal deducidos de unas teorías repugnantes a mi
+naturaleza de mujer de honradas inclinaciones y a mis sentimientos de
+enamorada! Y pude dominar mi indignación, por respeto a las intenciones
+de mi madre, que no eran, que no podían ser las que cualquiera tendría
+derecho a leer en la letra descarnada de sus precedentes advertencias,
+encomios y recomendaciones; cualquiera menos yo, que conocía hasta qué
+punto cegaban a aquella señora las pompas y vanidades del mundo, y con
+qué facilidad transigía con los riesgos más graves, si la costumbre los
+autorizaba y si sus planes de bambolla los pedían. «¡Dinero, dinero a
+todo trance, y mundo esplendoroso en que lucirle! «Este venía a ser, en
+substancia, el objeto, el fin, la aspiración única, y hasta la religión
+de mi madre, y por eso, creyendo de buena fe que en ello trabajaba por
+mi felicidad, al ofrecerme por marido a don Mauricio, intentaba, con
+tan poca prudencia, desvanecer los escrúpulos que yo tuviera para
+aceptarle.
+
+»Respondí, pues, lo menos que pude; pero aun así, estuve dura con ella.
+
+»Continuó la entrevista un buen rato todavía, hasta que me dijo:
+
+»--No puedo más, hija mía. El hablar me fatiga mucho, como ves, y las
+molestias y los dolores se me agravan. Estoy hecha una ruina..., vivo de
+milagro, no hay que darle vueltas... Dejémoslo aquí por hoy; y ahora,
+recógete... y medita; pero con serenidad, con todo tu discernimiento.
+Pésalo y mídelo todo bien... y ya verás cómo, al fin y al cabo, vamos a
+estar de acuerdo.
+
+»¡Qué horas las de aquella noche, Dios mío! ¡Y yo que, muy pocas antes,
+esperaba encontrar en ellas los más regalados sueños de mi vida!
+
+»¡Que pesara..., que midiera!... Y ¿en qué otra cosa que en pesar y en
+medir lo que mi madre quería, podía yo emplear aquellos siglos de
+tinieblas en la tortura de mi lecho?
+
+»No es para descrita, por su complicación y colorido de pesadilla, mi
+batalla mental; pero merece apuntarse el hecho de que cuando las
+primeras claridades del alba vinieron a orientarme en el antro y a
+desvanecer las últimas visiones de mi enardecida fantasía, sobre el
+montón de ruinas a que en ella habían quedado reducidos los abigarrados
+ejércitos de fantasmas, comencé yo a levantar los cimientos de otro plan
+que pensaba poner en obra muy en breve.
+
+»¡Que Dios le libre a un hombre de bien de que se ponga en tela de
+juicio su derecho a la camisa que lleve puesta; porque con eso solo,
+está en muy grave apuro de perderla!
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Se sorprendió mucho mi madre cuando entré en su habitación a saludarla.
+Contaba con hallarme en el temple en que me había despedido de ella la
+noche antes, y me veía tranquila y sosegada, como si nada me hubiera
+pasado.
+
+»--¿Has dormido bien?--me preguntó.
+
+»--Muy bien--respondí tan ufana como si fuera verdad.
+
+»--Luego no has meditado...
+
+»--Ha sobrado tiempo para todo.
+
+»--¡Yo he pasado muy mala noche!
+
+»--Y debía ser cierto, porque parecía un cadáver; pero, así y todo, dudo
+que su noche fuera más mala que la mía. Díjela que lo sentía en el alma,
+y me preguntó, sonriendo a la fuerza:
+
+»--Y ¿qué has resuelto?
+
+»--Esperar.
+
+»--¿A qué?
+
+»--A lo que resulte del plan que yo también he formado.
+
+»--¡Has formado un plan?
+
+»--¡Yo lo creo! Y ¿por qué no había de formarle?
+
+»--Efectivamente:¿por qué no habías de formarle? Y ¿va a ser obra larga?
+
+»--Pienso que sea muy breve.
+
+»--Más valdrá así.
+
+»Muy poco más que esto hablamos entonces. Antes de almorzar, envié, bajo
+sobre cerrado, una tarjeta a Pepe Guzmán, con el ruego de que no faltara
+por la noche a mi casa. Este trámite era del programa formado por mí. Un
+detalle que recuerdo bien: al escribir en la tarjeta lo poco que
+necesitaba, anduve tanteando fórmulas hasta encontrar una en que no se
+diera tratamiento alguno a mi _amigo_. ¡Y de qué buena gana le hubiera
+tuteado! Pero la noche antes había quedado nuestra _amistad_ en el punto
+en que el _tú_, aunque se impone ya, todavía asoma con mucha timidez a
+los labios.
+
+»Durante el día me hizo mi madre muchas insinuaciones acerca de la
+naturaleza de mis planes; raterías que se caían de inocente, para
+tirarme de la lengua. ¡A buena parte venía!
+
+»Como las horas se me hacían eternas en casa, salí en carruaje con una
+de mis tías, mientras la otra se quedaba acompañando a mi madre, no sé
+cuántas veces, a comprar cosas que no necesitaba y a visitar iglesias en
+que ni rezaba ni leía. Y lo cierto es que mejor estaban mis negocios
+para encomendados a Dios, que para otra cosa. Pero andaban, a la sazón,
+mis pensamientos tan a flor de tierra, que no se me ocurrió elevar una
+súplica al único juez que podía fallar _en justicia_ el pleito que me
+desvelada.
+
+»En estas idas y venidas, cuidaba mucho de no encontrarme con gentes
+conocidas, o de fingir que no las había visto, si el encuentro era
+inevitable. ¡Y cuántas de ellas vi! Parecía que el diablo se empeñaba en
+ponérmelas delante y que se había encarnado en mi tía; porque, como si
+no me acompañara para otra cosa, no cesaba de apuntármelas con el dedo,
+ni de exclamar: «¡Mira Fulano!» «¡Mira Menganita!...» «Casa-Vieja te
+saluda...» «Agur, Ramiro». ¡La hubiera arrojado por la ventanilla de muy
+buena gana!
+
+»Llegó la hora de comer, y comí tan poco como la víspera, porque aunque
+los motivos eran diferentes, la mortificación de las impaciencias que me
+desganaban era la misma un día que otro. También me encerré en mi
+tocador en cuanto me levanté de la mesa: igual que el día antes; pero
+esta vez no fue para estudiar en el espejo afeites ni aliños que me
+embellecieran, sino para afirmarme en mis ya bien firmes propósitos,
+dando un repaso mental a lo que me tocaba hacer y decir para
+cumplimiento de la más delicada e interesante cláusula de mis planes.
+
+»En fin, y viniendo a lo que importa, a la hora acostumbrada llegó Pepe
+Guzmán a mi casa. Como no era noche de tertulia, había en ella muy poca
+gente; y yo, sin pararme a considerar si faltaba o no a «las
+conveniencias», y atenta sólo a lo que me interesaba, le conduje al
+gabinete mismo en que el banquero «se me había declarado»; elegí un
+sitio en él donde pudiéramos hablar sin servir de espectáculo a la gente
+del saloncillo; senteme allí, y roguele a él, con una mirada y un
+golpecito con la mano en el sillón inmediato, que se sentara también.
+Sentose; clavó en los míos sus ojos, dulces y elocuentes, como si en
+ellos quisiera mostrarme estampado todavía el idilio de la noche
+anterior..., y me encontré sin ánimos para decir la primera palabra.
+Todas las fuerzas con que contaba para llevar a cabo mis proyectos, me
+habían faltado de repente. Sentí vibrar y conmoverse dentro de mi algo
+que era como la luz y el estímulo de la vida, y mis flaquezas de mujer
+hicieron una de las suyas, llenándome los ojos de lágrimas y el pecho de
+sollozos, que a duras penas logré sofocar.
+
+»Viéndome así Pepe Guzmán, tomó una de mis manos entre las suyas; y
+envolviéndome en una mirada, que fue para mí lo que el rayo de sol para
+un cuerpo aterido, díjome con expresión y acento de cariñosa ironía,
+disimulo evidente de otras impresiones muy distintas:
+
+»--Aquí pasa algo muy grave, por las señas de esas lágrimas después de
+tu recado de esta mañana... Veamos lo que es...; se entiende, si me es
+lícito saberlo.
+
+»Rehíceme casi en el acto, por empeñarme en ello, antojándoseme que
+tenía algo de ridícula aquella crisis histérica; volví a recobrar la
+resolución perdida; y retirando mi mano de las de Guzmán, con el
+pretexto de necesitarla para enjugarme los ojos, dueña ya de mi
+serenidad, enterele de todo lo que ocurría..., de todo no, puesto que
+omití lo del parecer de mi madre sobre los casamientos por amor.
+
+»--Mientras hablaba, iba observando yo el efecto de mis palabras en el
+atento escuchante.--También este trámite estaba apuntado en el
+programa.--Ni un músculo se contrajo en todo su cuerpo, ni el menor
+gesto alteró la expresión serena de su semblante. Como si se tratara de
+una historia del otro mundo.
+
+»La que yo le relataba, no podía tener en mis labios más que un objeto
+solo: el de dársela a conocer como una desventura mía, necesitada del
+dictamen sesudo y de los consuelos cariñosos y _desinteresados_ de «un
+buen amigo». Mi derecho no alcanzaba a más..., ni siquiera a disminuir
+un poco los motivos que yo tenía para sentir allá dentro, muy adentró,
+el frío de aquella inalterable serenidad, por más que este detalle fuera
+suceso previsto como _posible_ en mi programa.
+
+»Después que se enteré de todo, me preguntó, sin abandonar su expresión
+de irónica afabilidad:
+
+»--Y ¿por qué te has apresurado tanto a informarme de ello?
+
+»--Porque es caso de urgencia--respondí--, y necesito un consejo.
+
+»--¿Precisamente el mío?
+
+»--Precisamente el tuyo (¡con qué gusto usaba ya este pronombre!); pero
+el tuyo sólo, entiéndase.
+
+»--¿Por pura curiosidad?
+
+»--Para seguirle al pie de la letra..., a ojos cerrados, sea cual fuere.
+Lo he jurado así.
+
+»--¡Pobrecilla, y con qué decisión me lo dice!
+
+»--Como todo cuanto te he dicho y prometido.
+
+»--Mira que si me arguyes de ese modo, vas a hacerme perder la cordura
+que necesito para que el consejo sea digno de quien me le pide.
+
+»--Pues venga pronto el consejo..., porque no respondo de mí.
+
+»Omito, en obsequio a la brevedad, la _ortografía_ que usábamos mi
+interlocutor y yo para este lenguaje hablado. De la intención de lo
+escrito aquí en determinados pasajes, se desprende con harta facilidad.
+
+»Vuelta a _enjuiciarse_ la escena, continuó de este modo Guzmán:
+
+»--Según me has dicho, es grande el empeño de la marquesa...
+
+»--Hasta el entusiasmo.
+
+»--Y tú, por tu parte, sin contar con extraños auxiliares, ¿no has
+hallado en la repugnancia que la idea de ese casamiento pueda
+producirte, fuerza de convencimiento y resolución bastantes para
+resistir?
+
+»--Repugnancia y convencimiento, y fuerza y decisión para resistir tuve,
+y todo lo empleé inútilmente.
+
+»--No lo entiendo, tratándose de en carácter como el tuyo.
+
+»--Pues con todo eso y algo más, que no es de este momento y me llega
+muy al alma, me di a cavilar anoche..., ¡qué horas aquéllas, Virgen
+santa!..., y cavilando sin cesar, y pensando y midiendo, como quería mi
+madre..., ¡que Dios te libre, de la tentación de pensar _demasiado_,
+cuando necesites decidirte pronto y a tu gusto! Yo ya no sé a qué
+atenerme sobre ciertas cosas; qué se entiende por bueno ni qué por malo;
+si el error está en mi modo de ver, o en la manera de conducirse los
+demás; si soy yo la mala cuando pienso que obro bien, o si son ellos los
+buenos cuando me parecen una canalla; cuál es lo noble ni cuál es lo
+vil. Decídelo tú, que ves mejor en esas confusiones que a mi me ofuscan;
+y lo que decidas, eso haré. Ya sabes que lo he jurado.
+
+--Aplaudo esos alientos--me dijo Guzmán entonces, sonriendo, pero no tan
+impávido como aparentaba--, porque, o yo me equivoco mucho, o has de
+necesitarlos muy pronto. Y vamos ahora al consejo. Un enamorado de estos
+de la turba multa, digámoslo así, de _pensamientos levantados y
+cristianos procederes_, al oír a su dama llorar cuitas como las que tú
+me has confiado, y al pedirle ella el consejo que tú me has pedido,
+tocaría el cielo con las manos; la negaría hasta el derecho de dudar en
+tal conflicto, porque entre la exigencia del _tirano_ y los mandatos del
+amor, nunca vacilan los que bien aman, y acabaría la escena por
+decidirse _ella_ a arrostrar el hambre, las mazmorras y aun la muerte,
+antes que consentir en _ser de otro_, y por jurarla _él_, viéndola tan
+firme y tan constante, que con los dientes sabría arrancar los clavos
+mismos de las puertas que la encerraran. Pero en nuestro mundo, hija
+mía, pasan las cosas de muy distinto modo que en el mundo de aquellos
+inocentes: hay otros móviles y otros fines, otras luces y otros
+horizontes; y tú y yo, si bien nos miramos, en nada nos parecemos a los
+enamorados de mi ejemplo... En virtud de lo cual (que yo te explanaré,
+si lo deseas), y en vista de lo que arrojan los autos de tu pleito, es
+mi parecer, hijo de mi larga observación en ese linaje de conflictos, y
+muy principalmente del interés que tengo en tu felicidad, tan eslabonada
+con la mía, que te avengas a los deseos de tu madre y aceptes la rica
+mano que te ofrece don Mauricio.
+
+»¡Esto si que no estaba previsto en mi programa! Que Guzmán no me
+abriera las puertas de su casa al saber lo que me ocurría, previsto como
+_posible_ lo tenía yo; pero que él mismo me empujara hacia la casa del
+banquero, eso ya no cupo en mis presunciones. Pues bueno: con este
+desencanto y todo, que me dolió como una puñalada en el corazón, no
+sentí esas sublevaciones de la «dignidad ofendida», que tanto juegan en
+las pasiones de teatro. Sería así la calidad del hechizo con que me
+había fascinado aquel hombre; sería un milagro de la fe con que le oía,
+o un contagio de la peste que respiraba..., yo no sé lo que sería; pero
+así sucedió, y así lo confieso, aunque se tenga el caso por absurdo...
+¡Absurdo! ¡Como si hubiera algo con lógica en los enredos de la farsa de
+nuestra vida!
+
+»Conoció el desengañado consejero la honda impresión que produjo su
+descarnado consejo, y acudió solícito a templarla, a intentarlo, mejor
+dicho, con una detenida exposición de razonamientos que me es imposible
+reproducir aquí al pie de la letra, por falta de memoria para tanta
+minuciosidad; pero cuya substancia, que recuerdo bien, y no debe
+omitirse en este pasaje de la historia de mi vida, era la siguiente:
+
+»Si el matrimonio no fuera más que una carga de sacrificios y un
+palenque de proezas, donde un caballero demostrara a cada instante la
+firmeza del amor que sentía por su dama, él, Pepe Guzmán, por remate de
+nuestro idilio de la víspera, con lo que acababa de contarle yo o sin
+ello, se hubiera apresurado a implorar de mí el mismo favor que con tan
+rendidas ansias había implorado el banquero para sí. Pero no había que
+olvidar quién era yo y quién era Pepe Guzmán; en qué _medio_ nos
+habíamos formado; a qué costumbres estábamos hechos; qué mecanismo era
+el de nuestro mundo, y por qué leyes se regía. Y teniendo esto presente,
+ni él ni yo podíamos desconocer que había en aquella patriarcal unión,
+por las condiciones esenciales de ella, un riesgo gravísimo en que
+indefectiblemente habíamos de caer nosotros. Si tomábamos el trance por
+lo serio, con todo su formulario de procedimientos ejemplares y
+virtuosos, el hastío era inevitable. Si por huir de él faltábamos a
+aquellas santas reglas de los _perfectos casados_, y conveníamos en que
+cada cual campase por sus gustos e inclinaciones, apuntarían entre
+nosotros las desconfianzas y las discordias, y con ellas los resabios
+groseros de la _bestia_, que, aunque se tapan y se doman, no se extirpan
+con la educación de la inteligencia. En ambos casos, el desprestigio de
+un cónyuge a los ojos del otro, y, por consiguiente, el desamor y la
+antipatía, cosa de muy mal gusto; y nosotros, nacidos para caer de muy
+alto en la locura de escalar el cielo, no debíamos morir de aquella
+prosaica y terrena enfermedad.
+
+»Muy bien dicha me pareció la parrafada, pero muy poco conveniente para
+mí, que era la mosca de estos ditirambos de la araña. Aun acomodándome a
+ciegas a los propósitos que se transparentaban en la disertación; aun
+dando por bueno y por _elevado_ (¡que no era poco dar!) todo lo que por
+elevado y por bueno daba él, ¿cómo se compaginaban aquellas
+sublimidades que me predicaba, con la prosa del banquero, que me ofrecía
+como una necesidad? No le apuró gran cosa el reparo...; verdad es que,
+quizás por llamar mi atención hacia otra parte más risueña, puso, como
+introito de su réplica, la extensa genealogía de su amor, con
+entretenidos comentarios sobre las diferencias esenciales entre el modo
+de nacer y desarrollarse la _pasión_ que le había vencido, y los
+agradables _entretenimientos_ que hasta entonces habían sido la única
+necesidad de su corazón; y como si hubiera adivinado mis «curiosidades»
+y se anticipara a satisfacer mis deseos, él mismo trajo a la colada
+algunas historias que a mí me interesaba conocer _en toda su verdad_:
+pecadillos sin malicia las más de ellas; rumores sin fundamento serio
+las restantes, como _lo_ de Leticia, por ejemplo... Pues le creí, así
+como suena..., ¡yo, que tantas veces me había reído del candor de otras
+mujeres en casos parecidos!... Si no hay que darle vueltas: el corazón
+humano, «que nunca se engaña», es un odre henchido de equivocaciones en
+cuanto se apasiona un poco.
+
+»Con esto, cuando llegó la ocasión de replicar a mi reparo, ya estaba yo
+mejor dispuesta a comulgar con ruedas de molino. ¡Bien lo sabía él!
+Despachose a su gusto derrochando primores de sofistería apasionada,
+esbozando proyectos, suavizando asperezas, dulcificando amargores..., en
+suma, exponiendo y sustentando, pero con nuevas _razones_ y los más
+peregrinos vislumbres, la sempiterna _teoría_..., la de Sagrario, la de
+Leticia, la de mi propia madre; la que, desde la noche anterior,
+_sentía_ yo en el aire que respiraba y en los rumores que oía. Sólo
+faltaba que me la repitiera _él_, y ya me la había repetido, sin que
+tampoco al oírla yo brotar de sus labios, trémulos por la pasión,
+saltaran a mi rostro «las lavas del volcán de mi dignidad ofendida». El
+mal espíritu me ataba de pies y manos para que fueran inútiles mis
+instintivas, resistencias.
+
+»--¿Esa es tu última palabra?--pregunté, por conclusión, a Pepe
+Guzmán--. ¿Te ratificas en ella? ¿Estás bien seguro de que el consejo
+que me has dado es el que yo debo seguir?
+
+»--Es mi última palabra--me respondió con la mayor entereza--; en ella
+me ratifico, y estoy seguro de que el consejo que te he dado es el que
+nos conviene que sigas.
+
+»--Pues yo voy a cumplir mi juramento de seguirle _al pie de la
+letra_--, dije levantándome de pronto y sin saber si lo que sentía
+dentro del pecho entonces era el impulso de la decisión que me
+arrastraba, o el latir de un corazón dilacerado.
+
+»Con la vehemencia con que se toman siempre las grandes resoluciones que
+pueden fracasar si se meditan mucho, entré en el saloncillo y busqué a
+don Mauricio, que con otras personas estaba haciendo la tertulia a mi
+madre en el gabinete frontero al en que yo había conversado con Pepe
+Guzmán. Me curaba muy poco de que pudiera llevar en la cara las huellas
+de la tempestad que aún no se había calmado dentro de mí; me era
+indiferente que mi casi encierro con aquél hubiera o no chocado a los
+demás tertulianos..., ¡pues podían venírseme con melindres de beata los
+que me estaban enseñando a pactar con el demonio para venderle la
+conciencia! Yo no veía más que los fantasmas de mi pesadilla, y, por el
+momento, a aquel hombre ridículo que acompañaba a mi madre. ¡Cielo
+santo! _Por allí_ tenía que pasar yo para llegar a donde mi destino me
+arrastraba; y pasar por allí, por aquel, hombre, aunque no fuera más que
+_pasar de largo_, era, para una mujer de mi estómago, ir al patio de una
+cárcel, a la picota, a los cubiles del circo..., a las fieras mismas.
+
+»Llamele aparte en la primera ocasión de ello que tuve, y le cité para
+el día siguiente, después del almuerzo. Lo inusitado de la cita y de la
+hora, movió en alto grado su curiosidad. Intentó satisfacer siquiera una
+parte de ella, echándome memoriales de un dulzor empalagoso; pero no me
+di por entendida.
+
+»Al despedir más tarde a Pepe Guzmán, le encargué mucho que no faltara
+la noche siguiente, para darle cuenta minuciosa del cumplimiento de uno
+de los trámites más importantes de mi plan.
+
+»Por último, al retirarse mi madre a su habitación, la advertí lo de la
+cita al banquero. Preguntome ansiosa que para qué, y me excusé de
+complacerla, recordándola nuestro convenio de no descubrirla mi plan
+hasta que estuviera ejecutado. En hablando a solas con el banquero, lo
+estaría... en lo que a ella le interesaba. Algo que llevaba yo bien a la
+vista en mi actitud, y, sobre todo, en mi cara, debió de darla a
+entender hacia qué lado me inclinaba en el asunto que tanto me había
+recomendado ella, porque no insistió en la pregunta y se despidió de mí
+muy afectuosa.
+
+»En seguida me encerré yo en mi dormitorio... a velar, a padecer, a
+aturdirme con el pensamiento volteando entre las ondas de la tempestad
+que ya no me cabía en la cabeza.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Según lo convenido con mi madre, al otro día, en cuanto el banquero
+llegó, salí yo sola a recibirle. En la penumbra del salón, donde
+aguardaba, parecía el hombre una noche de verano: de tal modo relucían y
+titilaban sobre él verdaderas constelaciones de pedrería, hasta con su
+_caminito de Santiago_; que bien podía desempeñar este papel allí la
+enorme leontina de oro entretejido que trepaba por el hemisferio de su
+estómago. Además, apestaba el salón a _patchouli_ y a pomada de geranio.
+No sé qué cara me puso, aunque me lo imagino, ni recuerdo en qué
+términos me saludé, ni las palabras con que yo le respondí. Sólo tengo
+presente lo que pasé después, estando los dos sentados, frente a frente,
+aunque con cerca de dos varas de alfombra de por medio; y lo que pasó
+dio principio en la siguiente forma, palabra más o menos:
+
+»--Anteanoche--le dije, sin pararme a disimular la repugnancia con que
+abordaba aquel asunto--me insinuó usted ciertos propósitos...
+
+»--Tuve, en efecto, esa dicha--me interrumpió, bastante desentonado por
+las emociones que debía de sentir en aquel instante.
+
+»--Poco después acudió usted con las mismas cuitas a mi madre, sin
+aguardar a que yo le respondiera, como se lo tenía prometido.
+
+»--No creí que se estoorbaran lo uno y lo otro.
+
+»--Mal creído. Pero, en fin, ya está hecho. Y ahora, asómbrese usted: he
+resuelto despachar su pretensión... favorablemente.
+
+»Es imposible pintar aquí las cosas que hizo y las _finezas_ que me
+enderezó mi pretendiente, al oírme hablar en aquellos términos. Le faltó
+muy poco para darme las gracias de rodillas.
+
+»--Todavía no--le dije conteniéndole--. Hay que deslindar antes los
+campos, y poner cada cosa en su sitio y a la necesaria claridad. Para
+ello, yo le hablaré a usted con toda la que piden las circunstancias, y
+usted no será menos explícito conmigo, en la inteligencia de que,
+siéndole o no, lo que aquí establezcamos ha de ser en adelante la ley de
+nuestra vida común.
+
+»--Leyes son siempre para mí hasta los menoores deseos de usted. ¿Qué
+mayor dicha, qué mayor...?
+
+»--Muchas gracias, y óigame ahora: usted es hombre que tiene vicios, no
+muy buena fama, y ya pasó de mozo algunos años hace... No se moleste
+usted en hacerme reparos, porque es perfectamente demostrable todo esto
+que afirmo.
+
+»--Siga usted.
+
+»--Sigo, y continúo afirmando que un hombre con todos esos contrapesos,
+por poco entendimiento que tenga, no puede creerse merecedor del cariño
+ni de la lealtad de una mujer como yo.
+
+»--Repare usted que, sin hacer las debidas salvedades... y tal y demás,
+resuulta eso..., ¿cómo lo diré?, un poco... vamos... exxxtremaaado.
+
+»--Resultará lo que usted quiera; pero hay que oírlo. Por consiguiente,
+al pedir usted mi mano, no espera, no puede esperar, que le dé con ella
+ese cariño, ni las llaves de mi corazón, ni el derecho de preguntarme
+siquiera por lo que yo tenga encerrado en él.
+
+»--Lo que yo pido--díjome aquí el banquero, con una serenidad y un
+aplomo que no dejó de sorprenderme en él--, lo único a que aspiro, y
+usted no podrá negarme, porque no tengo yo la culpa de que no sea la
+envoooltura digna del tribuuto que la he tendido a usted con alma y
+vida... y tal y demás, es que lo pooco o muucho que me conceda sea de
+buena voluntad; porque, bien mirado el caaso, yo no he puesto a naaadie
+un puñal en el pecho para que se acepte lo que he ofrecido a caambio...
+de lo que usted quiera darme... y tal y demás.
+
+»--Cierto; pero la misma gravedad de ese... caso, y el singular aspecto
+que presenta para mí, y hasta las mutuas conveniencias, no lo dude
+usted, me obligan a ser desengañada, sin temor de pecar de dura, con un
+hombre que con tan poco se conforma en negocio de tan grande entidad...
+En substancia, y para concluir, señor don Mauricio: yo acepto su mano de
+usted, con la terminante condición de que he de tener en usted la menor
+cantidad posible... de marido, con todos los privilegios e inmunidades
+que de este hecho se desprendan en beneficio de la libertad e
+independencia compatibles con el rango que ocupo en la sociedad, y con
+mis gustos e inclinaciones.
+
+»Creí sorprender una sonrisa extraña en los resecos labios de mi
+pretendiente; el cual, y mientras se tiraba de la patilla derecha con
+mayor suavidad de la que podía esperarse de su naturaleza _espasmódica_,
+me dijo:
+
+»--Y en virtud de esa condición tan... tan _adsooluuta_ y exxteeensa,
+¿no me sería permitido añadirla, antes de aceptarla, siquiera una
+salvedad..., pedir ciertas garaaantías?...
+
+»--Doy, y no es poco, la de mi buena educación. ¿Le satisface a usted?
+
+»--Como la mejor escritura púuublica--me respondió tendiéndome la
+manaza, que no rechacé porque fingí tomar el suceso como señal de
+despedida, y aproveché tan buena coyuntura para levantarme y dar por
+terminada la conferencia.
+
+»--Para lo que falta que hacer--dije entonces--, entiéndase usted con mi
+madre..., que siente mucho no poder recibirle hoy.
+
+»--De manera--preguntome él, muy cerca ya de la puerta del salón,
+poniéndose otra vez tierno y pegajoso--, que esto es ya cosa resueelta?
+
+»--Enteramente resuelta.
+
+--Y... ¿para cuáaando..., si no peco de...?
+
+»--Para mañana, si fuera posible. Y sírvale a usted de gobierno, por lo
+que pueda importarle.
+
+»No oí lo que me dijo en demostración de su contento, porque mientras un
+criado que había acudido a mi llamada le entregaba en el vestíbulo el
+sombrero y el bastón, yo buscaba, retrocediendo por el estrado, el
+camino del gabinete de mi madre, para darla cuenta del definitivo
+resultado de mis planes.
+
+»Asombrose al conocerle, y no era para menos; pero le aplaudió de buena
+gana. Llevábamos aún medio aliviado el luto por mi padre, y la rogué que
+no fuera esto un estorbo para aplazar las bodas. Otro motivo de asombro
+para mi madre.
+
+»Sin detenerme a sacarla de él con explicaciones que no eran del caso...
+ni muy fáciles de dar, salí del gabinete y me encerré en el mío... ¡a
+batallar de nuevo contra vestigios y fantasmas!... ¡Ociosas y bien
+excusadas mortificaciones!...
+
+»Sagrario, Leticia, mi madre, Pepe Guzmán, todos mis «dulces enemigos»
+estaban complacidos ya. Ya estaba extendida mi respectiva _patente de
+corso_. De un momento a otro me la pondrían en la mano, y comenzaría a
+verse con qué «hígados» contaba yo para servirme de ella. Porque, si no
+era para esto, ¿para qué me la daban? Pepe Guzmán, en quien menos debía
+desconfiar yo, podría engañarme en cuanto a la sinceridad de su
+_exposición de motivos_; pero no en cuanto a la intención práctica de su
+consejo. Si éste no tenía el alcance que yo pensaba, era preciso
+convenir en que a mi consejero le faltaba el sentido común; y cabía
+dudar del corazón de aquel hombre, pero no de su gran entendimiento.
+Volví a poner toda la luz de mi discurso sobre esta mancha de su
+conducta conmigo; deseaba conocerla en toda su extensión para
+«indignarme» contra él: desesperado recurso de náufrago entre las bascas
+de su agonía; extender los desfallecidos brazos en busca de un asidero
+que no han de hallar; gastar las últimas fuerzas en inútiles tentativas,
+para hundirse primero. Eso me pasaba a mí: cuanto más me agitaba, más me
+hundía; cuanto más examinaba la mancha, menor la encontraba. Con el
+trabajo que empleaba en engrandecerla, acabé por borrarla... Y ¿por qué
+no? ¿Qué quitaba ni qué ponía en la intensidad de la _pasión_ de Pepe
+Guzmán, un _detalle_ de más o de menos sobre el modo de _legalizarla_
+ante las gentes? No había que confundir los impulsos del corazón con las
+rutinas sociales. Si lo _principal_ era entre nosotros conservar vivo el
+_fuego sacro_, yo no tenía por qué escandalizarme de que él necesitara,
+para alimentar el que había en su corazón, ritos y procedimientos
+distintos de los que yo hubiera preferido.
+
+»¡Ay, si llegaran a caer estos papeles en manos de una mujer de espíritu
+cristiano, que no olvide que voy pintando a la luz de aquellos negros
+días, y discurriendo al tenor de las leyes por que me gobernaba
+entonces!
+
+»Pero ¡qué misterioso engranaje!, ¡qué mecanismo tan singular el de la
+máquina de las ideas! ¡De qué modo tan extraño se eslabonan en el
+cerebro las negras con las blancas, las tristes con las risueñas, las
+fúnebres con las cómicas! A mí se me ocurrió de pronto, entre la
+lobreguez de mis cavilaciones, que nuestro poeta _Aljófar_, cuando
+supiera lo que iba a suceder en breve, compondría una nueva variante
+(allá para sus adentros, porque al público no se atrevería a
+ofrecérsela) sobre la socorrida metáfora de _la flor y la babosa_. Yo
+sería la flor, por supuesto; flor nacida para «lucir sus colores y
+derramar sus aromas junto al enamorado clavel...» Y a propósito: ¿no se
+le había ocurrido a éste, quiero decir, a Pepe Guzmán, la misma o
+parecida comparación poética, con todas sus consecuencias realistas?
+Cierto que el banquero sería la menor cantidad posible de babosa; pero,
+al cabo, sería babosa, con su diente asqueroso y su estela repulsiva...;
+¡Vaya si se le habría ocurrido! Y, ocurriéndosele, ¿qué habría pensado
+de esos rastros que las babosas dejan sobre las flores si no se madruga
+a recogerlas?... ¡Oh, qué diabólica idea se enredó con esta otra, de
+repente, y penetró en mi discurso, como ladrón artero en casa mal
+cerrada! ¡Cómo se revolvía entre las demás, y rebuscaba los escondrijos
+para saquearme el repuesto y hacerse dueña y señora de mi juicio!... Y
+¡qué recio voceaba, allá dentro, muy adentro!... Y ¡qué afanes los míos
+para acallar sus voces, como si temiera que las ondas del aire las
+llevaran hasta _él_! ¡Desdichada de mí si las oía, o el diablo le
+inspiraba igual idea!
+
+ * * * * *
+
+»Por la noche hablé con Pepe Guzmán, según lo convenido entre los dos.
+Le di cuenta de lo acordado con el banquero y con mi madre; y como mi
+resolución era más poderosa que mis fuerzas, los desfallecimientos de
+éstas se reflejaban demasiado en el ritmo de mis palabras y hasta en el
+color de mi rostro. Estimó mis torturas, ponderó mi heroísmo, ensalzó mi
+_lealtad_; pero no se compadeció de mí en aquellos decisivos instantes,
+en los cuales aún era posible imprimir nuevos rumbos a mi destino,
+cuando no lo intentó siquiera. Lejos de ello, y para mantenerme en los
+que él mismo me había trazado, desplegó nuevas pompas de su singular
+dialéctica, y encendió nuevas llamas con las cuales le costó bien escaso
+trabajo quemar los pobres restos de las alas con que aún pretendía yo
+volar por los espacios de mi deseo.
+
+»Aquí debía darse por terminada nuestra entrevista; la última, por
+decreto de «el bien parecer», y hasta por conveniencia mía. En adelante,
+por lo menos hasta que la amarga copa se apurara, nos trataríamos como
+«buenos amigos» delante de las gentes... y nada más. De esto comencé a
+hablarle, cuando el demonio puso en sus labios una frase que me pareció
+el primer eslabón de la cadena a cuyo extremo había de salir engarzada
+la infernal idea; aquella que tanto me atormentaba en mi cerebro por el
+solo temor de que cupiera en el de mi _enemigo_.
+
+»Y salió, ¡Virgen María! ¡Qué momento aquel! Ciega, insensible para
+cuanto me rodeaba, sólo veía y oía lo que pasaba dentro de mí. El
+corazón, fuera de sus quicios, me aporreaba el pecho, y sus golpes me
+parecían llamadas de medroso desamparado; sentíalos repercutir en lo más
+profundo de mi cabeza, y llamaradas de fiebre subían a caldearme las
+mejillas; estremecíanse todas las fibras de mi cuerpo, y veladuras
+fantásticas iban turbando la clara luz de mis ojos, al compás de los
+latidos del corazón.
+
+»Nada pensé, nada dije, nada respondí. Toda la noción que me quedó de mi
+propia existencia, la invertí en recoger de aquella escombrera a que
+instantáneamente habían quedado reducidas vida y alma, los alientos
+necesarios para apartarme de allí. Y eso hice a duras penas.
+
+»Pasé un día, dos y tres, sin pensar en nada, a fuerza de pensar mucho
+que no me interesaba, para no caer en las fauces de los pensamientos que
+temía. Durante aquella batalla, y hecho ya público el proyecto de mis
+bodas, al suplicio de ella se añadió el más insoportable de consolarme
+del forzoso alejamiento de Pepe Guzmán, con las _tiernas finezas_ del
+banquero, señor _legal_ de mis preferencias y atenciones, y las
+incisivas enhorabuenas de mis amigos y conocidos. Todo esto era superior
+a mis fuerzas. Pedí, rogué a mi madre que, si no había modo de vivir en
+nuestra casa sin la tiranía de aquellos testigos de mi tortura,
+anticipara todavía más el suceso que era la causa fundamental de ella. Y
+mi madre no comprendía cómo buscaba yo el remedio contra las hieles de
+una pócima sin fin, apresurándome a beberla; pero yo sí lo comprendía.
+
+»Entre tanto, iba agotándose el caudal de pensamientos que cabían en mi
+cabeza, y a cuyo amparo acudía para defenderme del que tanto me
+espantaba y más me perseguía cuanto mayores eran mis mortificaciones...
+y más largas las ausencias de Guzmán. ¡Tal despilfarro hacía yo de
+ellos, sobre todo en las largas horas de mis desvelos! Ya no sabía en
+qué pensar, y entregaba el discurso a lo primero que se me entraba por
+las mientes.
+
+»Una noche, por remate de la larga cadena de ideas incongruentes que
+había estado arrastrando, di en una bien extraña ocurrencia: la de hacer
+una imaginaria excursión por los interiores entenebrecidos de mi propia
+casa. ¡Qué grande era para la poca gente que la habitábamos! Además de
+grande, estaba muy mal ocupada por nosotras. Entre el dormitorio de mi
+madre y el mío, había dos salones, un pasadizo y mi cuarto de tocador.
+Mi madre se recogía antes que nadie, y quedaba al cuidado de una antigua
+sirvienta, vieja ya, muy fiel, pero muy dormilona. Cerca de mí, en un
+cuartito contiguo al tocador por un lado, y por otro al vestíbulo de
+ingreso a la casa, dormía mi doncella, muchacha muy leal, muy cariñosa,
+capaz de arrojarse por mí por el balcón a la calle; pero alegrilla de
+ojos y demasiado _lista_. El resto de la servidumbre ocupaba un
+sotabanco que mi padre había alquilado con este objeto, en su horror
+instintivo al tufo y al desaseo de la plebe. De manera que para dos
+parejas de mujeres tan separadas una de otra, aquella casa, durante las
+altas horas de las noches de invierno, en las que escasean los ruidos
+de la calle, con la espesura de las alfombras en el suelo y la
+abundancia de macizos cortinones que apagaban el rumor de las pisadas y
+hasta el sonido de la voz, era un completo páramo con su muda e
+imponente soledad. Un hombre mal intencionado podía ocultarse muy
+fácilmente... en el cuarto de mi doncella, por ejemplo, en el instante
+de disolverse la tertulia, cuando es menos notado cualquier movimiento y
+menos extraña la presencia de una persona; salir de su escondrijo en
+hora conveniente; hacer lo que se había propuesto, y aguardar en otro
+escondite a que los criados bajaran del sotabanco, abrieran las puertas,
+después de abierta la de la calle, y largarse a ella muy tranquilo.
+¡Pues si la doncella estuviera de acuerdo con el ladrón!... ¡Qué
+espanto! Era precisó tratar de que durmiera abajo un criado, y, sobre
+todo, de aproximar mucho más mi dormitorio al de mi madre. Las cuatro
+mujeres reunidas sabríamos defendernos mejor de cualquier peligro...
+¡Gran miedo pasé aquella noche!
+
+»Pero ¿hasta dónde alcanzaban las raíces de estas ideas? ¿De dónde
+vendrían las semillas que las produjeron? Porque en el mundo moral, lo
+mismo que en el físico, nada nace de la nada, y cada cosa engendra su
+semejante.
+
+»Aquellas preguntas y esta reflexión me hice entonces también, y sin
+respuesta se quedaron, quizás por ignorancia, o acaso por repugnarme
+ahondar en la materia con el análisis.
+
+»Lo primero que al otro día me dijo mi madre fue que si persistía yo en
+mis deseos de que se anticipara la boda, estaba en su mano complacerme.
+Respondila que sí, cerrándome el camino a toda reflexión. Por la noche
+estuvo Guzmán en mi casa. ¡Qué daño me hacían sus estudiados y
+convenidos alejamientos de mí! Al despedirse, deslizó en mi mano un
+papel en muchos dobleces, que yo guardé con ansiedad de avaro, para
+entretener lo más triste de mis incurables desvelos, con el regalo de su
+contenido, fuera el que fuese, aunque casi le adivinaba.
+
+»Llegó la hora, y desplegué la carta temblándome las manos. Era muy
+extensa, y estaba escrita en un papel muy tenue y con la letra muy
+apretada. Comencé a leerla, y al punto di con lo que yo más me temía...:
+la idea, ¡la diabólica idea! Allí estaba, saltándome a los ojos como
+chispa de volcán. Toda la carta no era otra cosa que el aliño
+estimulante en que venía preparada. ¡Qué astucia de Satanás! Rompí el
+papel en cien pedazos..., ¡como si con este pobre recurso borrara su
+contenido de mi memoria, y la voz del que le había estampado allí no
+resonara en mis oídos, ni el fulgor de su mirada penetrase por mis ojos
+hasta el fondo del corazón!
+
+»El incendio se produjo otra vez; pero las fuerzas de mi discurso para
+huir de él por las callejuelas de extraños pensamientos estaban agotadas
+ya. Resolvime a contemplar el peligro cara a cara y a defenderme de él
+en mi última trinchera..., es decir, a poner el caso _en tela de
+juicio_.
+
+»Valiéndome de un símil harto viejo, pero que me es aquí muy necesario
+para hacerme comprender más fácilmente, en aquella suprema ocasión me
+encontraba sobre el borde de un precipicio, sola, sin alientos para
+retroceder y comenzando a sentirme dominada por el vértigo de los
+abismos. Todos cuantos en el mundo tenían obligación de socorrerme, me
+habían empujado para colocarme allí: nada podía esperar de ellos; a lo
+lejos, sólo veía curiosos que se asombraban de mis resistencias y se
+reían de mis vacilaciones; abajo, en el fondo del precipicio, la
+algazara de las mujeres que me habían precedido en la caída; en derredor
+de mí, envolviéndome, asfixiándome como anillos de serpiente, una
+atmósfera de insanos elementos, narcótica, enervante; sobre la
+atmósfera, sobre mí, sobre el mundo entero, allá en lo Alto, donde debía
+de existir un código de moral como yo le presentía cuando me dejaba
+gobernar por mis propios instintos, inclinados a lo menos corrompido, ya
+que no a lo más honrado..., nada tampoco que viniera en mi auxilio... El
+Dios que a mí me habían hecho conocer en mi casa era «un caballero
+anciano, de muy buena sociedad»; algo serio por razón de su jerarquía,
+pero muy fino, muy complaciente y de una moral muy elástica; dispuesto
+siempre a incomodarse con la gente de poco más o menos, pero incapaz de
+_faltar_ en lo más mínimo a las señoras del _gran mundo_ que le
+_honraban_ confesándole de vez en cuando y en los ratitos que las
+dejaban libres sus devaneos de hembras «eximias» del género humano...;
+un señor, en fin, por el estilo de mi difunto padre, aunque quizás no
+tan elocuente ni de tan distinguido porte como él... ¡Y nadie ni nada
+más a donde volver los ojos!
+
+»Y, entretanto, al aceptar las reflexiones de mi madre y el consejo de
+Pepe Guzmán, ¿no había suscrito yo, implícitamente, un contrato de
+deslealtades y perjurios por el resto de mi vida? Y la que estaba
+resuelta a lo más, ¿por qué se detenía ante lo menos?
+
+»Sobre estos ejes rodó todavía largo rato la desquiciada máquina de mi
+discurso..., hasta dar conmigo y con él en las negras profundidades del
+abismo.
+
+»¡Oh, qué sola, qué triste y qué desamparada me vi!
+
+ * * * * *
+
+»Veinticuatro horas después se realizaba en mi casa, por primera vez, lo
+más temeroso de mi imaginaria excursión por los interiores de ella; sólo
+que no era un ladrón de caudales el hombre que se escondía por la noche
+en el cuarto contiguo al de mi doncella y se escapaba al amanecer.»
+
+
+
+
+PARTE II
+
+
+
+
+I
+
+
+Este era un _Círculo_ o sociedad que había en Madrid por entonces (creo
+que ya no hay de esas cosas allí), en el cual círculo sólo tenían
+ingreso los aspirantes que pudieran acompañar a su instancia una
+ejecutoria de sangre azul, y, a ser posible, una buena garantía de
+responsabilidad pecuniaria; porque con ser de gran monta los gastos
+reglamentarios de cada socio, llegaban hasta lo incalculable los
+_imprevistos_. Como que se trataba allí de matar los interminables ocios
+de la vida entre los hombres del blasón y del dinero..., ¡que ya es
+matar!
+
+Ocupaba la sociedad una gran casa, de suelo a cielo, en una gran calle
+de lo mejor entre lo más caro de la villa y corte; y en la gran casa
+había grandes cocinas, grandes cuadras y grandes cocheras, con muchos y
+muy lujosos carruajes, abajo; y grandes salones de conversación, de
+juegos lícitos y de lectura; grandes salas para otros usos, hasta sala
+de esgrima, y grandes comedores y cuartos de tocador y gabinetes para
+vestirse, para escribir y para jugar a lo que no debía verse, arriba; y
+lo de arriba y lo de abajo, y lo de acá y lo de acullá, con todo el
+lustre de decorado y servidumbre que la _institución_ y sus destinos
+requerían.
+
+Claro está que una cosa de tal índole no podía ser bautizada a la
+española: por eso se llamaba _Sport-Club_, nombre que, tras de ser
+inglés, dejaba traslucir ciertas aficiones de la gente de adentro a un
+espectáculo que no se concibe en España más que en caricatura. Lo mismo
+que si en Londres estableciera la «alta sociedad inglesa, un _Club_ con
+el nombre de _Círculo taurófilo_, o de aficionados al toreo, para que me
+entiendan mejor los que no tienen muy hecho el oído a estas jergas
+grecolatinas. En fin, bien o mal bautizado, ello es que había en aquel
+entonces en Madrid ese _Sport-Club_, y que, a juzgar por lo que en él se
+contenía y pasaba, era como la casa de todos los que no la tenían, o no
+querían tenerla, o la frecuentaban muy poco. Por el _Club_ iban sus
+socios a todas partes, y de cualquier parte que vinieran daban en el
+Club. Lo que hacen los simples mortales con el propio domicilio.
+
+Comenzando a contar por los balcones de la fachada principal, que eran
+otros tantos «coches parados» a ciertas horas de la tarde, en aquel
+edificio había estimulantes para todos los gustos de los concurrentes
+desocupados: revistas verbales de paseos, salones y espectáculos..., se
+entiende, de lo tocante a las hermosas damas de «su mundo» que se
+hubiesen exhibido en ellos; murmuraciones subsiguientes con ampollas;
+lecturas breves, bien ilustradas y muy picantes; _El Fígaro_ de París,
+con sus crónicas escandalosas del _demi-monde_, por _Gacela_; la esgrima
+del florete, de la espada o del sable, no como ejercicio higiénico, sino
+como artículo de posible necesidad entre gentes que vivían a dos pasos
+del _campo del honor_; para el que fuera inclinado a los placeres del
+estómago, el _restaurant_: los licores, los vinos exquisitos, las pastas
+más regaladas..., cuanto se pidiera por la boca; para los temperamentos
+profundamente enervados por la holganza regalona, el juego; si no
+entretenían bastante el tresillo o el _ecarté_, el _monte_ o el
+_bacarrat_ o el _treinta y cuarenta_; si abundaba el dinero en casa,
+para que la emoción resultase, se apuntaba fuerte; y si no lo había y
+apuraban los compromisos, fuerte también para salir de ellos cuanto
+antes, o acabar de hundirse en la ruina; en efectivo, si lo había a
+mano; o en cosa que lo representase, si quedaba crédito bastante, en
+opinión de aquellos caballeros que se agrupaban allí para desplumarse
+mutuamente con todas las reglas y cortesías del oficio; para el gomoso
+enamorado o el hombre presumido, si tenían en poco la librea de la
+sociedad para ponerse en pública exhibición, estaría a la puerta de la
+casa y en hora conveniente el exótico cuartago con el blasón de familia
+en cada metal de sus arreos, en el cual bucéfalo cabalgaría el elegante
+para dirigirse al Retiro, medir aquella pista a zancadas unas cuantas
+veces, y desfilar al anochecer por la Castellana a medio galope de
+podenco; y lo que digo del caballo acontecía con el coche.
+
+Más tarde, y después de comer en el _Club_ y de vestirse allí también,
+al teatro más de su gusto, con el billete de abono de la misma sociedad,
+o a los salones de su preferencia, o a lo uno y a lo otro, porque para
+todo daban las noches y las costumbres de su mundo. Después de los
+salones y del teatro, al _Club_, otra vez indefectiblemente: a cenar, si
+había ganas, o a tomar un piscolabis, si no las había, y a «cambiar sus
+impresiones», que no faltaría con quién. Allí estarían ya, dejando
+escapar las suyas, recientemente adquiridas, el mozuelo imberbe, más
+cargado de vicios que de años, y el viejo disipado centelleando
+lascivias y torpezas por sus ojuelos lacrimosos, y mascullando
+obscenidades entre los pedruscos de su dentadura postiza. Desde allí,
+¡vaya usted a saber a dónde irían aquellos caballeros hasta las tres de
+la tarde, hora en que reaparecían un momento en la vía pública... para
+volver otra vez al _Sport-Club_, a observar, a murmurar, a comer, a
+jugar, a vestirse, etc., etc.! Y los más de ellos eran casados o «hijos
+de familia».
+
+Amén de estos recreos al pormenor, y los que no se puntualizan aquí,
+porque no hay para qué puntualizarlos, la sociedad tenía otros en común,
+como ciertas algaradas de estruendo, ora en el Hipódromo en los días de
+carreras, ora en la del Prado y de la Castellana, disfrazados los socios
+de canes lanudos, y amontonados y latiendo en sus perreras, en las
+tardes de Carnaval. Esto era el colmo de lo _chic_, de lo _pschut_ y de
+lo _becarre_.
+
+Andando el tiempo, no pudo el _Club_ con la carga de sus gastos, y le
+fue necesario barrenar sus estatutos para atraerse la ayuda de la
+aristocracia de las talegas, siempre que ésta supiera competir con la de
+adentro, cuando menos en saber gastarlas y lucirlas. A montones
+parecieron los aspirantes. Podrá faltarles abolengo conocido a las
+notabilidades de esta especie; pero vicios y afición a exornarlos con
+todos los recursos del dinero... ¡a buena parte iban con la cláusula los
+de la pata del Cid!
+
+Lo que nunca se ha puesto en claro es de qué enfermedad vino a morir el
+_Sport-Club_, cuando con este ingreso de ricos despilfarradores parecía
+haber asegurado su existencia por largos años. Porque el _Sport-Club_ de
+que yo voy hablando dejó de existir hace mucho tiempo. Y es bueno que
+conste así.
+
+Pues bien: en el _Sport-Club_, a las dos de la mañana, y en una sala de
+las más concurridas a aquellas horas en que duermen y reposan las gentes
+ordinarias que todavía conservan los resabios del trabajo y del hogar,
+departían afectuosamente, arrimados a una mesa, Manolo Casa-Vieja y Paco
+Ballesteros, después de haber tomado chocolate a la _vainilla_ el uno, y
+el otro buena ración de biftec con media botella de Burdeos. Ballesteros
+era recién llegado a Madrid: se había encontrado aquella noche con su
+antiguo amigo Casa-Vieja en el teatro Real, y se habían venido juntos al
+_Sport_, del cual era socio el último, y lo había sido el primero antes
+de su salida de España.
+
+Andarían allá, ten con ten, en edad: de treinta y dos a treinta y cinco.
+Casa-Vieja era blanco, de pelo castaño y lacio, de mirar displicente; no
+feo, pero muy marchito de cara, en la cual descollaba un gran bigote,
+desmayado también, y del color del escaso pelo de la cabeza. El cuerpo,
+bien conformado y correctísimamente vestido, por el modo de caer en la
+silla y el ritmo de todos sus movimientos, acusaba la propia dejadez
+reflejada en los ojos y en el gesto. Parecía, en suma, y lo era en
+verdad, lo que se llama un _hombre gastado_ fuera de sazón.
+
+Su amigo Ballesteros era lo contrario en lo físico y en lo moral, sin
+ser menos perdido: moreno lavado, de barba recia muy recortada, y negra
+como los ojos y el pelo; vivo de mirada y de frase, suelto y expresivo
+de ademanes, y bien trazado de contornos.
+
+Formaban ambos un contraste completo. Casa-Vieja hablaba casi todo lo
+que tenía que hablar, que era lo menos que podía, con el sombrero sobre
+la sien izquierda, la mejilla derecha en la mano del mismo lado, el
+codo correspondiente sobre el velador, el enorme puro, con sortija, en
+la boca, cuando no en la otra mano, y la mirada errabunda y desdeñosa,
+sin interés ni codicia por nada. Ballesteros hablaba con los dos
+antebrazos sobre la mesa, y con los ojos clavados en el medio perfil de
+la cara de su amigo.
+
+--Figúrate--llegó a decir aquél a éste--si tendré ansia de saber cosas
+de mi tierra y de mis gentes. ¡Once años bien cumplidos fuera de la
+patria, con pocas noticias de ella, y ésas vagas y a retazos, que es
+peor que no saber nada! Luego, con el arrastrado oficio que uno trae y
+la vida que uno se busca para ir tirando con él sin morirse de
+pesadumbre..., ya ves tú, se borra muy pronto de la memoria todo lo que
+no cala muy adentro. Por desgracia tuya y fortuna mía, eres la primera
+crónica que pesco a mano desde mi llegada a Madrid; porque no miento si
+te juro que me largué al Real con el polvo del camino, después de
+cumplir con la dispersa familia con dos apretones de manos y tres
+abrazos a escape.
+
+--¡Crónica yo!--respondió Casa-Vieja, quitándose el cigarro de la boca
+para sacudirle la ceniza--. Si la quieres negra... Aquí no se gasta otra
+cosa. Pero, ante todo, vamos a ver, ¿qué demonios has hecho tú por ahí
+fuera, sin maldita la necesidad la mayor parte del tiempo? Porque la
+madre patria ha podido pasarse muy bien sin tus servicios
+diplomáticos..., llamémoslos así.
+
+--Y yo mucho mejor sin ella, Manolo: créeme. Pues me cogió la gorda, la
+de Septiembre, en Londres. Vino el Gobierno provisional, y conseguí, es
+decir, me consiguieron aquí que se me revalidara la credencial de
+agregado, trasladándome a París..., ¡miel sobre hojuelas!, y allí serví
+al nuevo orden de cosas con la misma lealtad y el propio celo con que
+había servido al anterior. De París fui a Lisboa, y en Lisboa juré a don
+Amadeo, y le serví con igual celo y la propia lealtad que a todo lo
+precedente..., hasta que se proclamó la República.
+
+--Y dimitiste, como buen aristócrata.
+
+--Pues ahí verás tú: _me dimitió_ ella, como era de esperar, siendo yo
+de los que se mudan la camisa todos los días. Sin embargo, hubo por acá
+tentativas de reválida, que no colaron. Ya ves que soy franco. Hasta que
+llegó la restauración y volvimos con ella a nuestros destinos todos los
+leales.
+
+--Conformes, hasta en eso de la lealtad; pero entre la proclamación de
+la República y el estampido de Sagunto pasó tiempo sobrado para que te
+dieras una vuelta por tus lares.
+
+--¿A qué, Manolito de mi alma? ¡Me iba tan bien por ahí afuera! Eso sí:
+todos los días me despertaba con los mejores propósitos. «Hay que volver
+a la patria, a la querida patria», me decía yo muy a menudo; «al suelo
+nativo», que dicen los cultos. Pero ¡buena estaba la querida patria
+entonces para que volvieran a su regazo hijos de tan blando corazón como
+yo!... Porque tú no puedes figurarte lo que a mí me afligen estas
+inacabables desventuras de nuestra hidalga tierra, «la tierra
+proverbial de los caballeros», como siguen afirmando los españoles
+_seriamente_ cultos. Por otra parte, la familia no me tiraba gran cosa
+que digamos... Bien sabes tú la vida que traía mi ilustre padre. Mis
+hermanas estaban casadas, y mi hermano Ramiro gastando el último soplo
+de vida en endosar honradamente sus deudas a sus colaterales, y en
+despabilar a la última de las mujeres que a tal extremo le habían
+llevado en lo mejor de la vida.
+
+Añade a todo esto que, al largarse de España don Amadeo, triunfaba yo de
+las esquiveces de una _princesa_ polaca que había conocido en París,
+¡obra magistral de la naturaleza... y del arte! Tuve que volver con ella
+a la gran capital, al «cerebro de Europa». Allí, tres meses de
+invernada. Después fuimos a Florencia, y a Roma, y a Berlín... y a los
+quintos infiernos... y hasta que nos cansamos de viajar juntos, y nos
+separamos. Buena ocasión aquella para tornar a los patrios lares, con un
+poco de ánimo para ello; pero ocurrió entonces lo de la austriaca...
+
+--¿Cuál de la austriaca?
+
+--Ciertos disgustos pasajeros con un... _magyar_ de guardarropía; tres
+meses de largos viajes con ella..., y así sucesivamente, hasta la
+restauración.
+
+--¿Con la misma austriaca?
+
+--Y con otras... por el estilo.
+
+--¡Gran vida!
+
+--Pero muy cara, créelo. Me ha derretido un costado y la mitad del otro.
+Ahora me doy al ahorro, haciendo la vida del hombre bueno. Vivo, hasta
+nuevo traslado, en Viena, como un tudesco ejemplar; ya ves, hasta me
+resuelvo a tornar a la patria querida con una licencia de dos meses... y
+el propósito de que me asciendan a primer secretario... _Et voi-là
+tout_. Y ahora que conoces mi historia, venga algo de la tuya. Te
+casaste, ¿verdad?
+
+--¡Uffff!...
+
+--Y ¿qué es de tu mujer?
+
+--Por ahí anda.
+
+--Poco entusiasmado te veo.
+
+--Todo lo que cabe en justicia... No congeniamos..., como era de
+esperar. Ella tenía sus resabios de casta, y yo los míos; y como no me
+gusta incomodarme, poco a poco y con cierta diplomacia nos fuimos
+restituyendo mutuamente la querida libertad, hasta hacer cada uno la
+vida que más le agrada.
+
+--¿Tienes hijos?
+
+--Sí, _tuve_... dos o tres: tres fijamente.
+
+--Es decir, ¿que se te han muerto?
+
+--No he dicho tal: viven los ángeles de Dios, pero con su madre.
+
+--¿Luego no hacéis vida común?
+
+--Hasta cierto punto: bajo el mismo techo, pero con distintas horas y
+diferentes costumbres. Quise decirte que los chicos están al cuidado de
+su madre y sin apego maldito a mí.
+
+--Y eso ¿no te produce celos de padre amoroso?
+
+--¿Para qué ni por qué? Antes, me alegro de ello, porque me exime de
+toda responsabilidad en lo que ha de suceder mañana.
+
+--¿Qué temes que suceda mañana?
+
+--No temo, sino que doy por hecho que esos pedacitos de mi corazón, de
+todas maneras han de salir unos perdidos, como tú y como yo. No puede
+dar otra cosa el terreno...
+
+--Oye un instante; ese que entra, ¿no es, Monteoscuro?
+
+--El mismo señor duque.
+
+--Y ¿qué se hace ahora?
+
+--Lo de costumbre: gastarse las rentas alegremente. En este momento
+histórico se las chupa una ribeteadora, que de seguro da en todo quince
+y raya a tus princesas, por hermosas, elegantes y despilfarradoras que
+puedan ser. Últimamente le ha sacado a tenazas un _chateau_ en Bélgica.
+Es una sanguijuela que se pasa de fina.
+
+--¿Y su mujer?
+
+--Pues su mujer acepta heroicamente las situaciones como se las
+presentan, y le venga como el diablo le da a entender. Lo peor para ella
+es que se va envejeciendo demasiado, y esta fatal circunstancia le dobla
+las dificultades, porque carga sobre la infeliz la mayor parte del
+trabajo.
+
+--Y a propósito de estas cosas, ¿qué ha sido de nuestro contemporáneo
+Sierra-Calva?
+
+--¡Valiente estúpido!
+
+--Lo fue siempre, bien me acuerdo.
+
+--Pues así acabó.
+
+--¿Ha muerto?
+
+--Valiérale más. Se casó, siendo una criatura, con una huérfana
+insípida, educada entre monjas.
+
+--Me acuerdo también de ello... Decían que era muy rica.
+
+--Y lo decían con razón. ¡Pues esa fue la madre del borrego! Un
+casamiento de conveniencia... para él, que ya tenía una mina de oro
+solamente en lo heredado de su padre. Al año de casado murió su madre.
+Otro platal a la hucha. Nunca podrás formarte idea de las barbaridades a
+que se entregó al verse dueño de tanto dinero y de una mujer que no
+sabía más que rezar y afligirse por los desenfrenos de su marido...,
+porque fue un cerdo, créeme; un glotón soez de todos los vicios. Tuvo, a
+los dos años, un hijo medio podrido, que no vivió más que el tiempo
+necesario para heredar a su madre. Pues hoy Sierra-Calva no tiene que
+comer si no se lo prestan los amigos.
+
+--Pero ¿en qué lo ha gastado tan pronto?
+
+--Ya te lo he dicho: en barbaridades, en mujeres de desecho, en
+mamarrachadas de habanero cursi, en francachelas con toreros de invierno
+y chulas de la peor especie..., en todo lo más bajo y soez que puedas
+imaginarte... y en jugar. Aquí, aquí, solamente aquí, en este augusto
+templo que hemos erigido los varones de la sangre azul para dar culto a
+ciertas nobles necesidades de nuestras refinadas costumbres, le
+limpiaron un caudal.
+
+--Según eso, ¿continúa en la casa la afición?
+
+--Y para continuar. Aquí no se hace otra cosa, y se despluma en un credo
+al lucero del alba. No sé qué demonio de escoba misteriosa hay en estos
+ámbitos para el dinero. En cuanto entras en ellos con _guita_, te la
+barren, a pocos deseos que traigas de probar fortuna. Créete que, en
+buena ley, esto debía arder por los cuatro costados.
+
+--¿Por qué lo frecuentas, si tan malo te parece?
+
+--Porque no sé otra cosa; porque somos así todos los que aquí venimos.
+
+--¡Ay, Manolo! Todavía no sabéis vivir en España los hombres del «gran
+mundo»; tomáis ciertas cosas demasiado a pechos, y hay en vosotros
+exceso de rutina.
+
+--Te equivocas; nosotros sabríamos _vivir al pelo_, como los más listos
+de _allá fuera_; lo que hay es que nos falta teatro para tantos vicios
+como tenemos. Esto es poco y angosto todavía; y si has de moverte dentro
+de ello, tienes que pasar cien veces por un mismo sitio y codearte a
+cada paso con unas mismas personas.
+
+--Dime otra cosa...: debe de haber mucha gente tronada de la nuestra,
+con ese vivir en perpetuo despilfarro, sin apego a ninguna ocupación
+seria...
+
+¡«Mucha gente tronada»!... Toda la que bulle y anda en el ajo de
+nuestras aventuras; y si hay alguna excepción entre ella, es por un
+milagro de Dios. Aquí todo el mundo gasta mucho más de lo que puede. Y
+¡ay del que se quede rezagado por cansancio, o por deseo de no ser tan
+mentecato en esta puja de locas disipaciones! Le arrollan..., o le
+silban, que es peor. Y es natural, ¡qué diablo! Quien debía dar la nota
+dulce y armónica en este desconcierto de malas pasiones, es la mujer; y
+bien sabes tú qué agallas tiene la _nuestra_. Por eso ya no hay familia
+sino entre las gentes obscuras y de poco más o menos.
+
+--A propósito de hembras denodadas y valerosas: estando yo en Bruselas,
+_en comisión del servicio_, llegó allí Sagrario Miralta. No hacía dos
+años aún que se había casado. ¡Qué moza, Manolo! ¡Y qué intención... y
+qué arte!... En ocho días no dejó un flamenco en su sano juicio. Casi
+hubo que echarla de allí por obra de caridad y cuestión de orden público
+No acabó de confesármelo ella; pero me consta que se llevó la palma de
+sus preferencias un potentado y hermosísimo albanés, con zaragitelles y
+todo. Iba (no el albanés, sino Sagrario) acompañada de su marido, que
+volvía de Spá. ¡Cómo estaba el infeliz! Había que cogerle con tenazas.
+¿A quién demonios se le ocurre unir a julio con febrero? Ese casamiento
+no debía valer. Fortuna que Gonzalo parecía entonces bien provisto de
+correa para llevar en santa calma todo lo que acontecía. ¿Qué es de
+ellos?
+
+--Sagrario, como decía el otro, _sigue continuando_; y si me apuras un
+poco, más hermosa que cuando tú la viste en Bruselas, a pesar de los
+años que van corridos; y en cuanto a Gonzalo, hace ya larga fecha que
+tuvo la buena ocurrencia de morirse.
+
+--¡Se murió!...
+
+--Después de inficionar a Archena y de beberse medio Panticosa. Nada le
+alcanzó. Pues figúrate lo que será su mujer, viuda, libre, rica y casi
+jamona, sabiendo lo que era de casada.
+
+--¿Sigue dando juego?... ¿Se crece al castigo, como decís los
+aficionados?
+
+--¡Horrores, Paco..., verdaderos horrores!
+
+--¿Y su amiga Leticia?
+
+--Viuda también, y tal para cual. Sólo que ésta, con ser tan voraz y
+antojadiza como la otra, es más discreta y disimulada.
+
+--¿Y de qué murió su marido?
+
+--De un balazo.
+
+--¡Demonio!
+
+--Y por la espalda. Nada más merecido. Estuvo en el fregado del sesenta
+y seis, la cuartelada de San Gil, con el honrado intento de ganarse el
+tercer entorchado y la cartera de Guerra...; por de contado, detrás de
+la cortina, como siempre... y fuera de su casa y bien disfrazado.
+Después del fracaso de la intentona, y andando ya O'Donnell barriendo
+las calles de Madrid a metrallazos, no creyéndose bastante seguro en su
+escondite, salió en busca de otro, con su disfraz de carbonero; y en
+este viaje le alcanzó una peladilla y le tendió boca abajo. Por
+disposición testamentaria, hecha pocos días antes a ruegos de su mujer,
+hereda ésta su enorme fortuna; y no quiero decirte qué vida se estará
+dando con ella y con lo mucho que ya tenía propio. Pues con ser tanto en
+conjunto, aseguran que no le alcanza, ¡y que se mete en cada lío, y
+manipula cada enjuague!... También hay quien dice que es avara, y que lo
+de los apuros es un pretexto para disculpar los enjuagues y los líos,
+que ya son famosos en Madrid. ¡Vaya usted a averiguar lo cierto en ese
+arcano viviente con puntas de Mesalina!
+
+--Leticia y Sagrario, las inseparables amigas, me traen el recuerdo de
+otra amiga de las dos, que me gustaba a mi mucho, por cierto:
+
+Nica Montálvez, la hija del estúpido marqués...
+
+--Reventó de vanidad en un banquete.
+
+--¿Quién? ¿La hija?
+
+--El padre.
+
+--Ya lo sabía yo, con algo más que no me han explicado bien o se me ha
+olvidado. ¿Qué le pasó a la hija?
+
+--Esa es una historia de fondos tan indecentes y criminales como las
+otras; pero menos antipática por lo que toca a la protagonista. Esta
+criatura fue de lo más honrado de la clase, dicho sea sin ofensa de
+nadie, y nació para buena, y aun creo que lo habría sido, a no caer
+entre un padre tonto y una madre sin educación y sin entrañas, y una
+caterva de pillos y de bribones. Era moza de talento y afamada de
+insensible con los hombres que la galanteaban. Por lo menos, tenía el
+buen gusto de reírse de todos ellos sin hacer maldito el caso de
+ninguno. Sospecho que tú puedes certificar, por la parte que te
+alcanzó...
+
+--Certificó.
+
+--Hasta que dio con un mozo que le pareció muy otra cosa que todos los
+demás, y se rompió el hielo. El mozo era Pepe Guzmán. Otra prueba de su
+buen gusto. Cuando más en punto estaba el idilio, se presentó el traidor
+de la comedia: un banquero estúpido y feo y más ladrón que Brunelo, con
+dos avaricias insaciables: la del dinero y la de los blasones. Ambas
+cosas debían de abundar en casa de Nica Montálvez, sobre todo desde la
+muerte de su abuelo, un traficante muy listo que dejó al imbécil de su
+yerno una renta de cincuenta mil duros. El susodicho traidor, que aunque
+robaba al Estado por el ministerio de Hacienda, no lograba desembrollar
+la suya, porque lo que es obra del diablo no tiene compostura por
+ninguna parte, empezando por engolosinar al marqués en los negocios,
+para tantearle la bolsa (que estaba ya menos repleta de lo que el pícaro
+creía), acabó por deslumbrar a la marquesa metiéndole por los ojos cada
+diamante como un puño y cada leontina como un cable, y echando por la
+bocaza, a todas horas, espantos de millonadas. En seguida se alió con
+ella para que le ayudara a conquistar la mano de su hija. Y la conquistó
+al cabo, ¡pásmate! Pudo consistir en la fuerza del empuje de los dos
+aliados, en debilidad o terror de la víctima, o en encogimiento, por
+cálculo, de Pepe Guzmán... o en las tres cosas juntas; pero la verdad es
+que el banquero se salió con la suya, aunque un poco _tarde_, y
+aceptando unas condiciones, impuestas por la interesada, de padre y muy
+señor mío. Se celebró la boda fríamente y sin viaje de novios, y
+comenzaron las catástrofes. La marquesa, como si sólo aguardara a tener
+por yerno, a don Mauricio Ibáñez, se murió a los pocos días de ser su
+suegra. Entonces cayó el banquero sobre el caudal hereditario con ansias
+de buitre en ayunas, y vio y palpó que sólo quedaban ruinas de lo que él
+había soñado filón inagotable de onzas acuñadas. A todo esto, vivía como
+un extraño en casa de su mujer, la cual, con una premeditación que
+delataba el consejo y la ayuda de Guzmán, tomando por pretexto una de
+las impuestas condiciones y ciertos autógrafos del banquero, testimonios
+irrecusables de los enredos de éste con una pingona de tres al cuarto,
+al día siguiente al de la boda, es decir, a la primera y única noche de
+novios, «ahora--le dijo, con las pruebas del enredillo en la mano--hasta
+el valle de Josafat. Usted a un extremo de la casa y yo al otro, y como
+si nunca nos hubiéramos visto». Cuentan que el banquero pudo haber
+replicado algo muy contundente para la conciencia de Nica; pero, o no lo
+respondió, o no lo supo, o su mujer hizo muy poco caso de la réplica;
+porque el hecho es que la decisión de Nica se cumplió en todas sus
+partes. Nadie los vio juntos nunca. Cada cual tenía sus negocios y sus
+horas.
+
+Entre tanto, Pepe Guzmán continuaba siendo amigo de la casa y
+visitándola de vez en cuando. ¡Y pásmate ahora otra vez!: a los ocho
+meses de casada, tuvo la hermosa Nica Montálvez una niña como unas
+perlas. Entonces andaba viajando Guzmán; y se cuenta que al volver a
+Madrid, teniendo ya la niña cerca de un año, en la primera visita que
+hizo Pepe a su amiga, le colocó ésta delante de un espejo y puso al lado
+de su cara la cara de la niña. Asómbrate ahora por tercera vez: las dos
+caras se parecían como un huevo grande a un huevo chico.
+
+--Si el caso pide asombro, creo yo que el asombrado debió ser Guzmán.
+
+--Pues aseguran que no se asombró cosa maldita.
+
+--¡Y querías que me asombrara yo! Quien debió llegar hasta el éxtasis
+del asombro fue el padre.... quiero decir, el marido de la madre.
+
+--Ese no podía asombrarse de nada desde que había aceptado las
+estupendas condiciones matrimoniales que le impuso la novia, y veía
+pagado el timo que pensó dar en aquella casa, con otro tan morrocotudo
+que le había dado a él la difunta marquesa. No solamente estaba su
+caudal mermado en lo más jugoso y medio en quiebra el resto, sino en
+manos de un administrador que se pasaba de listo y de aprovechado. De
+modo que no fueron de gran resistencia los puntales que pudo sacar de
+allí el banquero para sostener la balumba de sus trapisondas de
+agiotista. Por único consuelo se daba como un desesperado a la
+borrachera de su segunda ambición, y tenía la corona de marqués hasta en
+los faldones de la camisa; pero el afán de sostener este nuevo lustre de
+clase, así como su crédito en la Bolsa, le costaba enormes dispendios
+que le hundían en mayores abismos.
+
+Así fue tirando hasta que triunfó la revolución de septiembre. Entonces
+sonó, o creyó él oír que sonaba muy recio, la trompeta de su mala fama;
+era cobarde, como todos los de su ralea; Madrid estaba sin gobierno y
+con todas las pasiones buenas y malas en mitad del arroyo; apoderose de
+él un pánico invencible, y de la noche a la mañana se escapó de aquí,
+dejando sus negocios en quiebra y hechos un bardal. A duras penas logró
+después su mujer salvar del concurso sus bienes dotales y cuanto en
+buena ley podía y debía salvar. Fue a parar a donde van todos los
+pícaros gordos que huyen de la justicia de su patria: a los Estados
+Unidos; y allí murió dos años después, de un torozón que le evitó ser
+_linchado_, y cuando comenzaba a recoger el fruto de una empresa que
+había fundado en compañía de otros dos estafadores a la alta escuela.
+
+--¿De manera que también Nica Montálvez está viuda?
+
+--También viuda y también muy guapa.
+
+--¿Y continúa bajo la protección del amigo Guzmán?
+
+--Protección... algo lejana, sí, porque hay motivos para ello. En esa
+mujer hay, indudablemente, un fondo honrado y decente; pero al cabo es
+hembra, hija de su madre y curada por ésta, aunque a la fuerza, de
+ciertos escrúpulos. Por de pronto, es manirrota para el dinero, y
+mayores son las ansias que siente de gastarlo, cuanto más negras las
+dificultades que la pinta Simón, el sempiterno mayordomo de la casa. Al
+principio andaba por ella Pepe Guzmán anticipándose _delicadamente_ a
+las grandes crisis; pero llegó a parecerle un tantico pesada la
+_delicadeza_, y se dedicó a viajar más a menudo y más largamente que
+antes. Estas ausencias pusieron a Nica en gravísimos apuros en muy
+señaladas ocasiones. En Madrid... y en el mundo entero hay quien sabe
+explotar a maravilla esta clase de conflictos; y la marquesa de
+Montálvez, que estaba obligada a mirar por el patrimonio de su hija y
+sabía muy bien cuán cerca estaba de _cero_ la temperatura amorosa de
+Guzmán, no teniendo para qué pararse en barras de menos con amigos y
+protectores que la habían enseñado a saltar sobre lo más, hizo alguna
+vez lo que tantas otras mujeres: dejarse explotar por los explotadores
+de conflictos económicos, lo más _decorosamente_ posible; quiero decir,
+quitando la odiosidad de lo útil con el pretexto de lo _agradable_. ¿Me
+comprendes?
+
+--¡Pues digo!... ¿Y estás seguro tú de que sean ciertas esas
+explotaciones... _decorosas_?
+
+--Segurísimo; así como de que han sido muy contadas.
+
+--¿Dónde está, pues, ese fondo «honrado y decente, que la concedías
+antes?
+
+--Donde debe estar. Ponme una santa rodeada de perdidas y de bribones;
+persíganla sin tregua ni descanso con ejemplos y sofismas; denle el
+veneno hasta en el aire que respire.... y la misma santa caerá, cuanto
+más una criatura de la cepa de esa infeliz.
+
+--Concedido... por un momento. ¿Lo sabe Pepe Guzmán?
+
+--Lo sabe, y no se extraña de ello... ni debe extrañarse, puesto que él
+la preparó para esas caídas y para otras que lógicamente han de
+seguirlas, sin un milagro de Dios. Hasta ahora no es Nica Montálvez, en
+ese particular, una mujer viciosa; pero llegará a serlo, por educación,
+como sus amigas lo son y lo han sido por naturaleza. Lo que hace Guzmán
+es alejarse de ella cuanto puede, pero sin perderla de vista.
+
+--¿Luego algo le queda todavía en el fondo del corazón?
+
+--Por ella, nada absolutamente; pero le queda, a no dudar, por la niña.
+
+--¿De modo que la niña vive aún?
+
+Y es la criatura más angelical, de alma y de cuerpo, que pueda haber
+sobre la tierra..., y al mismo tiempo el mejor testimonio de que existe
+en su madre ese fondo de honradez en que no te atreves a creer tú. Cómo
+y lo que la marquesa quiere a esa niña; la escrupulosidad que pone en su
+incesante cuidado de que no manche sus alitas de ángel ni un átomo del
+polvo de las impurezas de aquella casa; de que tenga a su madre por la
+más amorosa y honrada de todas las madres, y de que no sepa cómo se
+vive en el mundo a que nació destinada, es imposible que puedas
+imaginártelo. Se necesita tener un alma de oro para sentir estas
+delicadezas en medio de tantos vicios... Y basta de crónica, amigo Paco,
+que ya me has hecho hablar en una hora mucho más de lo que he hablado en
+todo el año. Créete que me he hecho muy avaro de palabras, desde que he
+caído en la cuenta de que no las merecen la mayor parte de los hombres a
+quienes trato. ¡Dichoso tú si piensas todavía de otro modo!
+
+Diciendo esto, se iba incorporando Casa-Vieja y levantándose de su
+asiento. En seguida pidió su abrigo.
+
+--Ahora...--añadió perezosamente.
+
+--¿A casita?--le interrumpió con socarronería su amigo.
+
+--A terminar mi ronda, si no te opones. Después... el demonio dirá, si
+es que el demonio no tiene a mengua el meterse en nuestros fregados.
+
+--Pues yo me quedo para ir a las tres y media al ministerio de Estado,
+donde me ha dado cita el ministro.
+
+--Hasta la vista, entonces, y bien venido.
+
+--Hasta la vista, Manolo, y bien hallado.
+
+
+
+
+II
+
+
+Todos los informes dados por Manolo Casa-Vieja a su amigo Paco
+Ballesteros sobre lo ocurrido a los personajes de nuestro relato, desde
+que los despedimos en el último capítulo de la primera parte de él, eran
+la pura verdad. En los _Apuntes_ autógrafos que me sirven de guía,
+constan también, aunque en otra forma menos interesante, por descolorida
+y difusa; razón por la cual, y por el sabroso aderezo que llevan en el
+diálogo de los dos amigos, le he reproducido al pie de la letra, con
+preferencia al otro texto, para llenar un requisito que había de
+llenarse más temprano o más tarde, y es bien que se haya llenado donde
+se llenó, porque esa luz de más tendremos para llegar más fácilmente a
+donde vamos...
+
+Por de pronto, a casa de nuestra amiga la marquesa de Montálvez, que ya
+no es la indigesta, doliente y envejecida matrona de antes ni vive en el
+suntuoso principal de la calle de Alcalá, donde tantas veces penetramos
+el lector y yo: ahora se trata de su hija, la cual, si ha perdido mucho
+en frescura con el cambio de vida y el roce de los años, ha ganado otros
+atractivos no menos poderosos con la vigorosa acentuación de sus formas,
+que ha modificado su belleza, pero sin destruirla, y vive en la calle
+del Barquillo, desde la fuga del banquero, en otro principal bastante
+más barato y más pequeño, o mejor dicho, bastante menos caro y menos
+grande que el de la calle de Alcalá. No hay dentro de aquél el lujo
+llamativo y hasta charro que hubo dentro de éste; pero, en cambio, hay
+mayor elegancia y mejor gusto, sin que falte nada de cuanto debe haber,
+así en cantidad como en estilo, en la morada de una mujer de los vuelos
+de nuestra heroína.
+
+La cual ha vuelto a adquirir la expresión risueña, el mirar malicioso y
+el _picante_ gracejo de sus mejores días, señales evidentes de que su
+espíritu ha recobrado también la serenidad y el vigoroso temple que
+pasajeras vicisitudes le habían hecho perder; y es la verdad, así como
+lo es también que esta reconstitución moral irradia sobre el físico de
+la marquesa ciertas luces de estival hermosura, que justifican bien el
+elogio que de ella nos hizo Manolo Casa-Vieja; es, en suma, y como diría
+un distinguido _barbián_ del _Sport-Club_, «una gran mujer que comienza
+a _ajamonarse_, pero sin el menor síntoma de embastecerse».
+
+Aunque con menos estruendo que en la calle de Alcalá, vivía en grande en
+la del Barquillo. _Se quedaba en casa_ una vez por semana, y otras dos
+comían con ella algunos amigos. Más de tarde en tarde, y alternando con
+las de Sagrario y de Leticia, espléndidas _soirées_ en sus salones;
+turnos en el _Real y días de moda_ en otros teatros, como en tiempos de
+su madre; y viajes de verano, como entonces, aunque con mayor libertad y
+mejor aprovechado todo; completa y bien adiestrada servidumbre, dos
+carruajes _serios_ (landó y berlina) y uno _de fantasía_, con dos
+troncos de _media sangre_; y a este tenor la mesa y el arreo. Un dato
+que el lector apreciará como mejor le parezca: conserva a su servicio la
+misma doncella que dormía en el cuarto contiguo a su tocador, en la casa
+de la calle de Alcalá, aquella noche que se menciona en el último
+párrafo de la primera parte de esta verídica historia.
+
+En opinión de su mayordomo, tampoco el presupuesto de gastos de la
+marquesa cabía en el de sus ingresos, aunque los primeros estuvieran
+reducidos a menos de la mitad de los del tiempo de su padre, porque
+también habían disminuido los segundos en más de otro tanto; pero o se
+era o no se era una gran dama de las principalísimas de la corte, o se
+vivía o no se vivía a la altura de las demás _congéneres_; pues adelante
+con los gastos, que ni siquiera era de buen tono eso de apurarse por
+dinero una mujer de su clase y de su estampa. Además, ella no sabía otra
+cosa. Eso la habían enseñado, en eso había nacido y en eso tenía que
+morir. Mirar por la hacienda de vez en cuando; sondar sus llagas, y
+hasta ver por dónde se la puede hincar el diente sin producir otras
+nuevas ni enconar las antiguas, menos mal, y eso ya lo hacía ella por la
+cuenta que le tenía; pero reducirse, pero obscurecerse, pero arrumbarse
+cuando era viuda, cuando era libre, a lo mejor de la vida, cuando su
+estrella, cuando su sino o el mismo Lucifer encarnado en las gentes que
+debieron defenderla y ampararla, la habían arrancado del fondo de su
+alma, con horribles dolores, el sentimiento del bien, la noción de lo
+justo y de lo honrado, la conciencia entera..., hasta la idea de Dios,
+¡qué locura! En último caso, por donde fueran _otras_, iría ella; y lo
+que otras hicieran, lo haría ella también. Todo menos detenerse.
+
+Tal era la conducta, tales eran los pensamientos y tales los propósitos
+de la mujer mundana (en el mejor sentido del vocablo). Ahora vengan aquí
+todos los fisiólogos de la tierra, y hasta esos otros señores que han
+dado de poco acá en la flor de empeñarse en convencernos de que los que
+matan y los que roban, todos los criminales, en fin, son unos pobres
+locos irresponsables ante las leyes divinas y humanas, porque loco es
+igualmente el vate que crea y canta, y hasta, por la regla, lo soy yo
+también mientras me entretengo en emborronar estas hojas; vengan aquí,
+repito, los unos y los otros señores, y díganme, en presencia del
+_ejemplar_ exhibido, cómo pueden en una sola pieza una mujer de su
+temple y una madre como la que a ver vamos.
+
+Ya nos dijo Manolo Casa-Vieja que era de admirar «cómo y lo que quería»
+a su hija la marquesa de Montálvez; y era de admirar, en efecto. Desde
+que la vio en el mundo, desde que la tuvo en sus brazos, su primer
+pensamiento fue el que asaltaría a un infeliz menesteroso metido hasta
+la cintura en una charca infecta, y a quien le cayera de pronto entre
+las manos el pan de toda su vida, en un tesoro envuelto en armiños:
+«Señor, ¿en dónde pondré yo esto para que ni se corrompa ni se me
+manche?» Ese fue el pensamiento de la marquesa entonces, y ese continuó
+siendo después a todas horas y todos los días; porque la charca de sus
+aprensiones no tenía límites, y más se ensanchaba a sus ojos cuanto más
+andaba por ella y más iba creciendo su hija. ¿Dónde ponerla para que no
+se la corrompieran o se la mancharan? Y miraba con espanto a su propio
+hogar, que le parecía lo más cenagoso y lo más profundo de la charca; y
+todo se le ocurría, menos el fácil recurso de cerrar sus puertas a la
+peste de afuera, purificarse ella misma arrojando de su cerebro la
+podredumbre de sus ideas y trocarlas por otras más dignas de aquel
+purísimo sentimiento que la naturaleza había infundida en su corazón.
+
+Y este es el fenómeno que yo sometería al examen de los susodichos
+señores, tan dados a compaginar contrasentidos y desembrollar
+monstruosidades.
+
+En cuanto la niña comenzó a dar claras señales de que ya alboreaba en
+los limbos de su cabecita la luz de la inteligencia, su misma madre,
+trayendo a la memoria lo que casi tenía olvidado por desuso, o
+adquiriéndolo con prolijos afanes donde lo había, la enseñaba a rezar
+las primeras oraciones que balbuce la infancia en los crepúsculos del
+sueño, iluminada la mente candorosa con la visión plácida y celeste de
+la Virgen Purísima y del Ángel de la Guarda. No fiándose de nadie, y
+mucho menos de su doncella, a costa de imponderables indagaciones y
+pesquisas adquirió una niñera por el estilo de la que ella había tenido,
+y a esta niñera encomendó el cuidado incesante de su hija. Ambas habían
+de vivir en casa, apartadas de todo trato y comercio con la servidumbre
+de ella, y de todo roce con el ceremonial mundano que en ella se seguía.
+Y es de advertir que cuando de tarde en tarde visitaba Pepe Guzmán a la
+marquesa, lejos de tachar por extremado aquel celo de la madre, se le
+estimulaba con preguntas y advertencias que no suelen hacer los hombres
+corridos, por el bien del primer rapazuelo con quien topan. También se
+preocupaba mucho el despreocupado galán con los lodazales y las charcas.
+
+--Es cosa peregrina--le dijo la marquesa en una de estas ocasiones--ver
+al lobo pidiendo que se encierren las ovejas.
+
+--Pues ya ves que se dan casos--respondió Guzmán.
+
+--Sí, en casos de hartura..., como el de un lobo que yo conozco.
+
+--Lo cual no es exacto.... y bien lo sabes tú.
+
+--Séalo o no, siempre será para mí muy de lamentar que no le tocara a la
+madre tan buen consejero como el que le ha caído en suerte a la hija.
+
+--Pues mira, y a propósito de buenos consejos: no dejes de sacarla de
+aquí en cuanto tenga edad para ello. Tienes la casa demasiado llena de
+lobos..., empezando por ti, para que pueda vivir en ella sin dar con
+alguno esa inocente corderilla. Créeme: estos aires no son los mejores
+para hacer sangre honrada a los niños.
+
+--¡Ah, si yo pudiera hacer correr los años a mi gusto!
+
+--Pero en tu mano está purificar los aires, que es lo mismo.
+
+--¡Tunante!
+
+--¿Por qué me lo llamas?
+
+--Porque lo eres..., con algo más que no quiero llamarte ahora, porque
+te lo está llamando la conciencia con mejor derecho.
+
+--¡Injusta! Y ahora, en castigo de tus durezas, mándala venir para que
+yo la dé un beso.
+
+--¿De lobo?
+
+--Corriente; pero con el corazón entre los labios.
+
+--¡Que no pudiera acabar yo de aborrecerte!
+
+Y vino la niña. Luz se llamaba, y jamás hubo nombre mejor colocado. Todo
+era luz en aquella criatura: un rayo de sol de primavera sobre un vaso
+de cristal lleno de rosas y azucenas; luz de las glorias de Murillo,
+henchidas de ángeles con cabelleras de oro y blancas alitas
+transparentes; luz irradiaban sus ojos azules; luz sus mejillas
+nacaradas; luz sus rizadas guedejas rubias; luz los húmedos corales de
+sus labios sonrientes; luz las mutiladas palabras de su fresca boca; luz
+el argentino timbre de su voz infantil; y una aureola de luz del
+amanecer de un día de mayo era la indescriptible expresión de angélica
+inocencia, de dulce ingenuidad que resultaba del conjunto de todas las
+perfecciones de aquella cabeza, colocada sobre un cuerpecito que parecía
+delineado por las hadas de los cuentos orientales.
+
+Guzmán se quedó extático delante de la hermosa criatura: devorábala con
+los ojos como si no se atreviera a tocarla. Al fin, la tomó en sus
+brazos; separó después los dorados rizos que caían sobre su frente, y
+estampó en ella un beso en que debió tomar el corazón mayor parte que
+los labios, por lo que fue de sonoro, de _apretado_... y de repetido.
+Después pidió a Luz que le besara a él; y Luz, buscando lo más despejado
+de barbas en la mejilla más cercana a su boca, besó allí una, dos y
+hasta tres veces, y hasta mil hubiera besado sin satisfacer todavía el
+deseo del cortesano Guzmán, que más que de ello tenía entonces, por su
+cara dulzona y zarandeando la niña en el aire, de padrazo ramplón del
+vulgo pedestre. Por último, lejos de soltar a Luz, corrió a ponerse con
+ella delante de un espejo. La marquesa, que sin decir una palabra,
+aunque expresando un libro entero con los ojos, había estado muy atenta
+a la escena de los besos, en cuanto vio lo que estaba haciendo Guzmán,
+le quitó la niña de sus brazos; llamó a la niñera y se la entregó para
+que la sacara de allí. Tanto miedo tenía a una imprudencia de su amigo.
+
+Cuando estuvo a solas con él, le dijo:
+
+--De lo que tú buscabas en el espejo, va quedando ya muy poco, y me
+alegro.
+
+--Te equivocas también en eso: queda todo lo que cabe entre lo divino y
+lo humano, entre el cielo y la tierra. ¡Qué criatura, Nica! Dios debe de
+habértela dado, o para tu gloria, o para tu castigo. Cuida de elegir a
+tiempo y lo mejor.
+
+--¡Miren el diablo metido a fraile!
+
+--Hasta en el diablo cabe un buen consejo.
+
+--¡Pregúntamelo a mí, consejero diabólico! Pero cuando a mí me tuesten
+por ese pecado, ¿qué será de tu pellejo?
+
+--Dime tú, entre tanto, ¿por qué te alegrabas de que fuera borrándose
+aquella supuesta _semejanza_?
+
+--Porque en cuanto desaparezca del todo, me será más fácil aborrecerte.
+
+--Y ¿por qué deseas aborrecerme?
+
+--Porque es de necesidad que yo te aborrezca.
+
+--No será por el estorbo que te hago.
+
+--Pero sobra con el daño que me has hecho.
+
+--Es mayor el beneficio que me debes, si sabes utilizarle. Con que, en
+buena justicia, no puedes aborrecerme, aunque llegues a olvidarme.
+
+--¡Eso sí que no es tan fácil, embustero, como lo ha sido para ti!
+
+--¡Ojalá tuvieras razón!
+
+--Pero no será el milagro obra mía.
+
+--Y en este ejemplo, ¿qué más da el tronco que la rama? Todo es árbol.
+
+No solían profundizar mucho más que esto las breves conversaciones entre
+la marquesa y Guzmán, en las pocas visitas que éste la hacía. Jamás le
+había dirigido ella un cargo serio y formal, con tantos motivos como
+tenía para hacérsele, ni él la había dado las menores señales de estar
+arrepentido, ni de creerse culpable siquiera: al principio, por entereza
+y altivez de la una, y por malicias y conveniencias del otro; después,
+porque caídas las cosas del lado a que se habían inclinado entonces, ¡y
+caídas tan abajo!, el uno y la otra tenían grandes motivos para no
+volver los ojos hacia atrás, y frescura sobrada para tratar el caso
+medio en broma, cuando el caso llegaba por si sólo a clavárseles en la
+lengua.
+
+Es muy difícil de presumir qué conducta hubiera seguido Guzmán con la
+marquesa si, al verse ésta viuda y libre, se hubiera contenido en los
+límites que parecían trazarle sus honrados antecedentes, aquel amor
+nobilísimo y extremado que sentía por su hija, y el sentimiento que la
+movía a defenderla de la peste de su propia casa. Pero está fuera de
+duda que sus desatinados vuelos por el ancho espacio de su recién
+adquirida libertad, y aquellas «muy contadas», pero nuevas fragilidades
+de que hablaba Casa-Vieja a su amigo Ballesteros, desencantaron de tal
+modo a Guzmán, que sin el vínculo (también mencionado por el displicente
+orador del _Sport-Club_) que le dejaba ligado por el corazón a la
+marquesa, hubiera llegado muy pronto hasta olvidarse de ella.
+
+Por eso se trataban en la _tessitura_ que hemos visto. Quizás quedaba en
+ella mayor cantidad de chispas de aquel _fuego sacro_ de otros tiempos,
+que en él, en quien sólo había un puñado de cenizas calientes; pero en
+los dos era el mismo el propósito de no intimar gran cosa en el trato,
+no solamente porque así convenía a los fines pudibundos de la madre en
+cuanto se relacionaba con la hija, sino por recíproco impulso de las
+respectivas conciencias, a cual más remordida y desencantada. Guzmán iba
+allí a lo que hemos visto, y nada más; y eso porque sentía en su alma
+cierto extraño apetito que no se calmaba sino con aquel sencillo manjar,
+que él pagaba, no siéndole permitidos mayores lujos, con los más caros y
+caprichosos juguetes que hallaba en Madrid o en cualquiera parte del
+mundo por donde anduviera.
+
+Tomando pretexto del ardiente amor de la marquesa a su hija, solía en
+ocasión oportuna extender sus discretas advertencias al capítulo de los
+gastos ruinosos.
+
+--Eres una manirrota--la decía--, como toda tu casta, y vas a dejar a tu
+hija en la miseria, después de quererla tanto, o te falta juicio, o te
+sobra amor. Elige.
+
+--Me falta juicio--respondió la marquesa.
+
+--Pues recóbrale.
+
+--Que me le devuelva quien me enseñó a perderle. No te canses en
+predicarme, porque por donde quiera que tomes el punto, estás
+desautorizado para ello.
+
+--Déjate de cuchufletas, y atente a lo que te importa. El gastar más de
+lo que se tiene, obliga a malvender lo que queda..., y algo más que no
+se recobra con nada. Yo no tengo derecho para aconsejarte que te pongas
+a ración, porque de lo tuyo gastas; pero sí para recomendarte que no te
+dejes robar de usureros y de cómplices suyos, que quizás comen de tu
+pan. Esto se consigue siempre que se quiere.
+
+Respondía ella que todo se arreglaría del mejor modo posible; y con otra
+cuchufleta, más o menos punzante para su amigo, daba por terminada su
+conversación con él.
+
+--Entretanto, iba creciendo la niña, y con ello los sobresaltos de la
+madre; porque, a mayor inteligencia, correspondían mayores riesgos en
+aquel semillero de peligros. A Sagrario y a Leticia las temía de lumbre;
+y cada vez que una de ellas sentaba a Luz sobre sus rodillas para
+besarla, resonaban los besos en sus oídos como el chapoteo de las ondas
+cenagosas, y hasta veía la tersa y pura frente de la niña salpicada del
+fango de la charca.
+
+Cuando Luz llegó a tener siete años, su madre no pudo esperar más. ¡Eran
+tan precoces la inteligencia y el juicio en aquella criatura! Había que
+decidirse a sacarla de casa. ¿A dónde? Bien pensado lo tenía ella. A un
+colegio..., que no fuera colegio precisamente, donde se la guardaran,
+por de pronto, durante el día, y la enseñaran lo que ella dispusiera,
+más por entretenimiento que por cultivo; donde hallara un cariño y unos
+cuidados y unas compañías que sustituyeran, en todo lo posible, el amor
+y el amparo de su madre, y, sobre todo, donde no corriera los riesgos
+que la amenazaban en su propio hogar.
+
+Pero ¿querría la niña? ¿Podría, aunque quisiera, aclimatarse a aquel
+extraño modo de vivir?
+
+Por de pronto, quiso, sin revelar esfuerzos de voluntad ni violencias
+del espíritu; y buscando entonces su madre con perseverancia, halló
+cuanto creía necesitar, y bien cerca de su casa. Parecíale que se
+quedaba sin corazón cuando llegó la hora de salir de ella con su hija,
+por más que sólo debían estar separadas, por algún tiempo, durante el
+día; pero no era esto lo que la apenaba, sino la idea de lo extraño, de
+lo desconocido para la pobre Luz, que jamás había volado fuera del nido
+materno sin la sombra y el amparo de las alas de su madre. Y ¿qué valía
+este sacrificio comparado con los que tendría que hacer después?
+¡Adelante, y con los ojos cerrados, que para otras empresas mayores y
+más negras los había cerrado también!
+
+Todo cuanto tenía que prevenir y encarecer sobre el carácter y
+necesidades de la educanda, se lo había prevenido y encarecido ya cien
+veces a la señora bajo cuya dirección, amparo y vigilancia iba a ponerse
+Luz. Pues todavía, después de entregársela, la llamó aparte para decirla
+una vez más:
+
+--No me la atosiguen, no la atareen demasiado. Pocos libros, poca
+gramática por ahora..., es mejor el Catecismo, pero bien explicado...,
+hasta que conozca a Dios, al verdadero Dios, al Dios de los pobres; al
+Dios que los riñe, los castiga y los premia según sus leyes inmortales,
+que no se mudan ni se corrompen como las leyes del Dios de ciertos
+personajes. Que no sepa aquí en qué mundo ha nacido, ni cómo es ese
+mundo, ni qué vida hacen las gentes en él. Búsquenla para amigas y
+compañeras las niñas más humildes de nacimiento y de carácter; no para
+que ella se crezca a su lado, sino para que sufra el contagio de sus
+pensamientos y de sus obras, hasta que las imite y las iguale. Todo lo
+demás lo hará ella por sí sola, porque es incapaz de obra mala ni de
+torpe pensamiento... Pero puede morirse... ¡Dios misericordioso, lo que
+me duele hasta suponerlo!..., o, cuando menos, puede enfermar, si su
+naturaleza de ángel no encuentra aquí lo que necesita para vivir
+risueña... Pues bien: el jugo, el rocío de esa azucena, es el amor, el
+cariño siquiera. ¡Que no le falte un solo momento!
+
+Y cariño y amor tuvo Luz en aquella casa, y vida tan acomodada a sus
+inclinaciones, y amistades y compañías tan de su gusto, perfectamente
+ajustado a los deseos de la marquesa, que, mucho antes de lo que ésta
+pensaba, logró que se quedara en el colegio como educanda interna. Ella
+la visitaba casi todos los días, y eran muy contados los en que la
+sacaba para comer en casa, pero solas las dos a la mesa.
+
+Cuando Luz vivía a su lado, tenía que llevarla consigo en sus viajes de
+veraneo, por no saber dónde dejarla más segura. Pero esta atadura
+cortaba sus vuelos de peregrina elegante, y dejaba su paladar de
+cortesana a media miel. Ahora sería muy distinto el caso. Con el seguro
+refugio de su hija, era ella más libre para ese y otros menesteres de su
+vida; y mañana, cuando Luz necesitara otro refugio más lejano y por
+largo tiempo, lo sería más aún.
+
+Apunto estas reflexiones, porque son las primeras que la marquesa se
+hizo en cuanto dejó de padecer con el recelo de que su hija no llegara a
+aclimatarse a la vida de colegiala. Cotéjense estos pensamientos de
+madre cariñosa con aquellos otros de mujer desjuiciada; considérese que
+son dos eslabones gemelos de una misma cadena de ideas, y vuelvan a
+venir aquí los fisiólogos de marras para apuntar este nuevo fenómeno en
+su libro de curiosidades psicológicas.
+
+Y como lo pensó lo hizo la marquesa durante los tres años, bien
+corridos, que pasó su hija en aquel colegio de Madrid. Recorrió medio
+mundo, sin más trabas ni cortapisas que las instintivas repugnancias de
+su naturaleza, que no era del temple de la de Sagrario.
+
+En sus últimas excursiones a Francia había buscado mucho, y hallado al
+fin, en una de sus ciudades, más nombradas, otro refugio donde guardar
+su tesoro por largo tiempo, cuando le sacara del escondite de Madrid.
+
+Esta ocasión se iba acercando por instantes. Luz había cumplido ya los
+diez años, y necesitaba completar su educación... y alejarse mucho de su
+casa, hasta que, determinado y bien definido su carácter, y en completo
+desarrollo su inteligencia, cultivada en sano terreno, hallara en sí
+misma la posible fortaleza para luchar contra el enemigo que la
+aguardaba en el mundo de su madre. Porque ésta, lejos de curarse de sus
+aprensiones, cada día las agrandaba en su imaginación. En Luz, por raro
+y singular capricho de la naturaleza, se iban desenvolviendo a un mismo
+tiempo las bellezas del cuerpo y las del alma: todo crecía en ella con
+prodigioso equilibrio, sin descomponerse ni desfigurarse. La marquesa
+no podía considerarlo sin admiración, pero tampoco sin miedo. ¿Hasta
+dónde podía llegar aquella criatura? ¡Qué flor, y en qué terreno!
+
+Acordada hasta la fecha del viaje con la niña a Francia, la marquesa,
+por una sucesión de pensamientos muy lógica, volvió su consideración al
+estado de su hacienda. Había que resolverse a mirar por ella con mayor
+detenimiento que hasta allí. Las advertencias de Guzmán sobre este caso
+le parecían muy atendibles. Hablaría con él y se acomodaría a sus
+dictámenes.
+
+Llegada muy pronto esta ocasión, Guzmán insistió en que el mayordomo
+sempiterno era la mayor sanguijuela que había en casa.
+
+--¿Cómo se explican entonces sus resistencias a proporcionarme
+_extraordinarios_ cuando se los pido?
+
+--Creyendo que esas resistencias son la capa con que se encubre para
+hacer su juego a mansalva. Ponderando mucho las dificultades, se
+justifican las innecesarias hipotecas, que han sido vuestra ruina y la
+de todos los perdularios. Para obtener cuatro en el momento, se hipoteca
+una cosa que vale doce o diez y seis. Llega el vencimiento; no hay con
+qué pagar lo prestado (lo cual sucede siempre que quieren los
+mayordomos, con la disculpa de los dispendios de sus señores), y se
+vende la hipoteca al desbarate. Esto es lo que se buscaba. Ya tiene el
+prestamista una finquita que vale doce o diez y seis, por poco más de
+cuatro; la cual finquita se distribuye después, en partes
+proporcionales, entre el que preparó el negocio y el que le _remató_;
+es decir, entre el mayordomo y el usurero...; más claro: entre Simón y
+su cómplice.
+
+--Pero se le descubrirla el juego hecho así, por la prenda misma.
+
+--No hay tal. Simón tomará su parte en dinero, para invertirlo en lo que
+mejor le parezca... Por eso es hoy más rico que tú.
+
+--Pero un ladrón, si eso fuera cierto.
+
+--¡Psch!; no sé yo hasta qué punto _obliga_ a serlo la ocasión en que se
+le está poniendo en esta casa tantos Años hace. Sea lo que fuere, y ya
+que no te resignas a no gastar más que tus rentas, ni te sea fácil
+desprenderte por ahora de ese hombre, a cuya mano estás hecha, es
+indispensable, ante todo, que sepas lo que tienes y lo que debes; y
+después, que cuando necesites dinero, te le dé un prestamista honrado,
+entendiéndote con él directamente y con la garantía de tu crédito.
+
+--¿Y hay prestamistas honrados?
+
+--Pocos, y yo conozco uno de ellos.
+
+--Pues venga ese.
+
+Guzmán sacó de su cartera una tarjeta; escribió con lápiz al respaldo de
+ella el nombre y las señas del domicilio del sujeto, y se la entregó a
+su amiga, diciéndola:
+
+--Ahí está.
+
+La marquesa leyó: «Don Santiago Núñez. Imperial, 15, 2º, derecha».
+Después dijo a su amigo:
+
+--Está bien. Pues ahora voy a comenzar... por el principio. Las cosas, o
+hacerlas bien, o no hacerlas.
+
+Y mandó llamar a Simón.
+
+Se marchó Guzmán, y entró a muy poco rato el mayordomo.
+
+
+
+
+III
+
+
+Así estaban las cosas, con un pasito más que luego conoceremos, al
+invitar yo en los comienzos del capítulo precedente al lector amable y
+pío, a que me acompañara al nuevo domicilio de la marquesa de Montálvez.
+Reprodúzcole aquí la invitación; y puesto que no la desaira, vamos
+adentro con todas las cortesías y comedimientos del caso.
+
+Hela aquí, bien iluminada por la luz directa de la calle, aunque
+templada por la interposición de vidrieras y cortinajes entreabiertos,
+en el instante de atravesar el saloncillo que separa su gabinete de la
+elegante pieza que le sirve de despacho. A ver si hay castellana de
+leyenda que mejor arrastre la fimbria de su vestido; ni que con más
+lindo ni mejor calzado pie hunda más gallardamente el espeso vellón de
+una alfombra; ni cuerpo en que mejor caiga una bata de paño de seda gris
+con encajes de Bruselas; ni curvas de más valiente trazo para lucir las
+hechuras de una prenda semejante; ni cabeza más airosa sobre cuello
+mejor colocado.
+
+El despacho era una monada, por lo pequeño y lo primoroso. Parecía el
+interior del estuche de una joya. Oro, blanco, rosa y azul. No había más
+colores allí. Azul y oro, en el tapizado de las paredes; oro y blanco,
+en los muebles de menuda talla, estilo Luis XVI, y rosa, blanco y azul,
+en alfombras y colgaduras.
+
+En la penumbra del cortinón medio recogido de la puerta de escape hacia
+el interior de la casa, aguardaba una persona, a la cual mandó entrar la
+marquesa un momento después de sentarse en el precioso sillón de su mesa
+de escribir. La persona que aguardaba en la penumbra del cortinón,
+manoseando suavemente un rollo de papeles, era Simón, que no se dobló en
+dos mitades al acercarse a su señora, como se doblaba al ponerse delante
+del difunto marqués, ni se notaron en su cara ni en su voz los reflejos
+y las inflexiones de entonces. Los tiempos habían cambiado y las
+circunstancias también; y lo que halagaba mucho ciertas debilidades del
+padre, no lo aceptaba, por instintivas resistencias, la hija. Simón lo
+sabía sin que nadie se lo hubiera dicho, y lo había tomado muy en
+cuenta para ajustar su conducta a los nuevos gustos. En lo demás, el
+mayordomo, fuera de las canas que habían acabado de blanquearle la
+cabeza, y cierto sello de contrariedad mal disimulada que se pintaba en
+su fisonomía, era el hombre de siempre, hasta con la misma ropa.
+
+--La señora marquesa--dijo con voz segura, pero mansa y reverentemente,
+cuando se le autorizó para hablar--está servida en el encargo que se
+dignó encomendarme antes de ayer.
+
+En esto, desarrollaba los papeles que traía en la mano, y volvía a
+arrollarlos en sentido inverso para que _perdieran el vicio_: eran unos
+cuantos pliegos en folio, metidos bajo una carpeta bien rotulada. En
+seguida puso el cuadernillo en manos de su señora.
+
+--¿Está aquí todo lo que yo he pedido?--preguntó la marquesa volviendo
+la primera hoja.
+
+--Todo--respondió el mayordomo, inclinando el busto sobre el papel y
+apuntando a la página con la diestra, medio extendido el brazo, siempre
+a cierta distancia respetuosa--. En el primer pliego hallará la señora
+marquesa la lista de todas las propiedades y valores de su pertenencia.
+(La marquesa volvió otra hoja.) En el segundo papel consta, por
+separado, cuáles de esas propiedades están libres y cuáles no, y qué
+gravamen pesa sobre cada una de las que no lo están. (Otra hoja vuelta
+por la señora.) En el tercer pliego verá la señora marquesa un estado
+comprensivo de la situación actual de los bienes libres, en producto,
+con algunas observaciones para la debida inteligencia. (Nueva hoja
+vuelta por la marquesa.) En el folio siguiente está bien especificado, y
+partida por partida, el número de cargas que pesan sobre los bienes
+hipotecados, su importe anual y vencimiento de la correspondiente
+hipoteca. (La marquesa volvió el quinto folio.) Y, por último, en la
+hoja restante, una sencilla comparación de lo que se debe, con los
+productos líquidos de lo que hay; y al pie, la diferencia a favor de la
+señora marquesa. Ajustándome a su expreso mandato, lo he puesto así,
+cosa por cosa y en papel separado cada una. Me alegraré de haber
+acertado.
+
+--En efecto--dijo la marquesa--, está todo como yo lo mandé. Puede
+ocurrir hacer uso de algo de ello, y no hay necesidad de que nadie se
+entere de lo restante...¡qué tiene que ver! En substancia, y sin meterme
+ahora a sondar estas llagas de mi hacienda, que ya se hará también,
+resulta de este triste expediente que mis rentas hoy, reales y
+efectivas, no pasan de... doscientos sesenta...
+
+--De trece mil duros mal contados--interrumpió Simón, sabiendo que el
+duro era la unidad monetaria que usaba la marquesa en sus cálculos y
+_libramientos_.
+
+--¿Y con esta miseria hay que vivir y recobrar lo hipotecado, si no me
+resigno a perderlo?
+
+--Es seguro, por triste que parezca.
+
+--¡Bien se ha robado en esta casa, Simón, desde la muerte de mi pobre
+abuelo!
+
+Simón aguantó esta acometida al pecho, con la imperturbabilidad de un
+soldado ruso; y como si el golpe nada tuviera que ver con él, dijo a su
+señora compungiendo bastante la voz:
+
+--¡Cuántas veces previne al difunto señor marqués y a la también ya
+difunta señora marquesa, que cierto sistema de gastos llevaba los
+caudales a las manos de los usureros, y que caer en estas manos era
+punto menos que caer en una lumbre!... Después, quisiera yo que
+recordara la señora lo que costó la irremediable desgracia de su
+igualmente finado esposo: allí quedó mucho entre los escombros, y casi
+otro tanto en poder de la justicia, que no deja de ser fuerte de manos
+para agarrarse al dinero. También espero de la señora marquesa el favor
+de no haber olvidado algunas indicaciones que oportunamente me he
+atrevido a hacerla, en cumplimiento de mi honrado deber... De modo, y
+salvo el merecido respeto, que a este caudal todos han sido a rozarle
+(valga la comparación, si no ofende) y nadie a reponerle; y así, como
+sabe muy bien la señora marquesa, hasta las peñas se acaban.
+
+La marquesa miraba de hito en hito a Simón mientras éste iba hablando;
+pero en Simón caían aquellas miradas, que no eran de miel, como chispas
+de pedernal en un montón de nieve. En seguida le dijo:
+
+--Insisto en que se ha robado mucho en esta casa; mucho más de lo que se
+ha gastado en ella..., y hasta sé cómo se ha robado...
+
+--Perdone la señora marquesa que, como administrador...
+
+--El administrador, para cumplir con su deber, no ha hecho bastante con
+administrar... a su modo, sino que ha debido impedir que otros roben a
+sus amos..., a los que le daban de comer..., a los que le han hecho
+rico..., más rico que yo.
+
+--¡Señora!...
+
+--Lo dicho, señor administrador..., y dejemos aquí este punto escabroso,
+por ahora; que, entre los dos, no es a mí a quien más conviene que no
+pase adelante la porfía.
+
+--Siempre acatando humildemente los mandatos de mis señores y dueños;
+pero, salvo el respetable parecer de la señora marquesa, quisiera yo...,
+me atrevería yo, mejor dicho, a suplicarla que se dignara tener en
+cuenta que cuando a un hombre, ya encanecido, le abonan treinta y ocho
+años, bien largos, de incesantes, aunque modestos servicios en una sola
+casa como me abonan a mí, se puede disculpar..., creo que es de
+necesidad y de justicia, que este hombre se muestre lastimado de
+cualquier expresión...
+
+--¿Le han dolido a usted algunas de las mías?
+
+--Si la señora marquesa me lo permite, le responderé que sí.
+
+--Pues me alegro; y si el dolor es tal que no puede resistirle sin el
+remedio que pretende y yo no le he de proporcionar, queda usted libre,
+desde este instante, de ponerse en situación más independiente y segura.
+¿Me comprende usted?
+
+--Paréceme que he penetrado la idea; y por lo mismo, quiero decir, por
+el alcance que tiene, me atrevo a recelar que es la señora marquesa la
+que no me ha comprendido a mí... No quise llegar tan allá...
+
+--Pues como si hubiera querido, o para cuando llegue..., y sin llegar,
+valga lo dicho, téngalo en cuenta y acabemos.
+
+--Ordene la señora marquesa..., menos que se despoje a este viejo
+edificio de sus hiedras.
+
+--¡También sentimental y culto! Pues me gusta la imagen, vea usted;
+aunque yo quizás la hubiera presentado al revés, por parecerme así más
+verdadera... Abreviando, señor administrador: lo que ordeno es que desde
+mañana, desde hoy mismo, no ha de haber en mi casa otro dueño de mi
+hacienda que yo. Usted continuará administrándola como hasta aquí, pero
+nada más que administrándola. ¿Comprende usted lo que esto quiere decir?
+Las cuentas, bien justificadas, cada tres meses; y para lo restante,
+quiero decir, para lo imprevisto, para lo extraordinario que pueda
+ocurrir, yo sola y como mejor me parezca.
+
+--¡Oh!, si treinta años hace se hubiera tomado en esta casa tan sabia
+determinación, ¡qué ahorro de sinsabores para el leal administrador!
+
+--¡Y qué ahorros para mí!... Pero ya no tiene remedio, y más vale tarde
+que nunca. A otra cosa. ¿Qué dinero tiene usted disponible?
+
+--¿Para cuándo?
+
+--Para dentro de seis u ocho días.
+
+--Lo más indispensable para los gastos ordinarios de la señora
+marquesa..., si alcanza.
+
+--Está bien. ¿Queda usted enterado de todo cuanto le he advertido?
+
+--Perfectamente, señora marquesa.
+
+--Pues hemos concluido.
+
+Y con esto y un ademán muy expresivo, hizo entender al _sensible_
+mayordomo que estaba de más allí. El cual mayordomo salió del despacho
+por la puerta de escape, casi andando hacia atrás, y sin que a la vista
+más sutil le fuera posible leer en su cara enjuta la impresión que le
+habían causado más adentro las palabras Y la determinación de su ama y
+señora.
+
+Ésta, en cuanto se quedó sola, escribió una carta en un papel muy majo,
+muy recortadito en forma apaisada, muy perfumado y con la
+correspondiente corona por membrete; la metió en un sobre por el estilo,
+cerrole y copió en él lo mismo que había escrito con lápiz Pepe Guzmán
+dos días antes al dorso de su tarjeta. Llamó y acudió en seguida un
+criadito muy guapo y muy bien embutido en su media librea. Le entregó la
+carta y le dijo:
+
+--Inmediatamente... y que aguardo la respuesta.
+
+Que tardó una hora larga en llegar; porque el señor don Santiago Núñez
+estaba con un ataque reumático hacía una semana, y, aunque ya se
+levantaba, no podía salir a la calle: gracias que arrastrando,
+arrastrando, lograba llegar desde el dormitorio a su despacho. La
+rodilla, la pícara rodilla derecha, que no acababa de jugar los goznes
+como la otra, tenía toda la culpa. Pero si la señora marquesa tenía
+algún asunto apremiante que tratar con él, allí le encontraría a su
+disposición, a todas las horas del día y de la noche, la persona a quien
+la misma señora marquesa tuviera la dignación de encomendar el
+encargo..., porque él se creería muy honrado y satisfecho en servir a la
+señora marquesa, que tan recomendada le había sido por el señor de
+Guzmán... Y todo esto y todo aquello y algo más, se creyó obligado don
+Santiago Núñez a decírselo a la señora marquesa, y se lo dijo en una
+carta escrita a pulso y con reglero..., porque «a todo señor, todo
+honor».
+
+Y la marquesa, aunque algo contrariada por la noticia, sin apurarse gran
+cosa por la dificultad, arrojó la carta sobre el escritorio; volvió a
+llamar, acudió el mismo criadito de antes, y le dijo levantándose:
+
+--La berlina en seguida.
+
+Mientras se la preparaban, volvió a su gabinete y llamó a su doncella
+para que la vistiera para salir.
+
+
+
+
+IV
+
+
+El era nativo de la provincia de Burgos, no se sabe a ciencia cierta si
+de Huermecos o de Castrojeriz, duda que importa bien poco en esta
+historia que vamos relatando; no tenía su padre, labrador honrado a
+carta cabal, muchos bienes, y sólo pudo darle larga escuela en la mejor
+del pueblo, y una tintura de segundas letras por mano de un clérigo que
+no sabía mucho más. El chico no era un lince, pero tampoco lo contrario;
+y como no pecaba de robusto, y lo aprendido hasta allí era demasiado
+para un labrador y muy poco para buscarse la vida con ello, se adoptó en
+consejo de familia un término prudente entre los dos extremos, contando
+con la natural condición placentera y bondadosa del muchacho y con
+algunas buenas amistades de su padre. En fin, que se logró colocarle de
+mozo de mostrador en una droguería de Madrid, con poco sueldo por
+entonces, pero bien hospedado y mantenido en la propia casa de su dueño.
+
+Allí, con su buen carácter, mucha paciencia y grande aplicación, fue
+haciéndose lugar y acrecentando su peculio, gastando menos según iba
+ganando más; hasta que a los quince años de droguero y a los veintiocho
+de edad, creyéndose bastante rico y por otros motivos que se sabrán, su
+amo le cedió la droguería con unas condiciones que, sin dejar de ser
+buenas para el cedente, eran un filón de plata para el ahorrativo e
+inteligente castellano.
+
+Entonces fue cuando éste se casó con Ramona Pacheco. Nada mejor acordado
+ni más merecido. Era como la cosecha sazonada de una larga labor de
+honrados pensamientos. Ramona Pacheco era una sobrina lejana que su
+principal había recogido huérfana y casi niña, y hembra bien singular
+ciertamente. No era fea, y lo parecía; era más joven que Santiago, el
+droguerillo, y representaba diez años más que él; estaba bien metida en
+carnes, y aparentaba lo contrario; tenía excelente corazón y el alma en
+su correspondiente almario, y parecía una estatua de pedernal. Y todo
+consistía en que era de una rigidez, de una tenacidad de pensamientos y
+propósitos, y de una casta de moral tan extremadas y enteras, que la
+iban llevando poco a poco toda la vida _hacia adentro_; y allí la
+guardaba como el avaro su tesoro, y, también como el avaro, sospechaba
+de todo lo que en torno suyo se movía. Por eso su cara, más que reflejo
+de lo mucho y excelente que había detrás de ella, era simplemente una
+losa puesta de intento allí para taparlo, con dos ametralladoras por
+ojos para defenderlo, y una boca que sólo se abría para dar el abasto de
+la metralla de los ojos. Y éstos eran negros y bien rasgados, y la boca
+muy bonita.
+
+Ocurría, además, que Ramona tenía una afición desesperada a hacer media,
+y sólo haciendo media se entretenía, en cuanto no quedaba en la casa un
+suelo que bruñir, ni un átomo de polvo sobre un mueble, ni un trasto
+fuera de su sitio, ni un descosido sin coser, ni cosa alguna que
+trajinar, para los cuales menesteres era una pólvora por la actividad y
+un asombro por la limpieza. En estas ocasiones era algo más expresiva de
+palabra y de gesto; pero con los muebles y las ropas y los cachivaches
+de la cocina, porque no quedaban a su gusto, o porque se lucía en algo
+de ello su trabajo, o pensando en la criada, o en el amo, o en _el
+otro_, que, a su juicio, rompían o manchaban. Para hacer media se
+sentaba junto a las cortinillas de las vidrieras del balcón, en una
+silla baja, tiesa, muy tiesa, y con la mirada fija en el tejemaneje de
+las manos, que parecían un argadillo. Así se pasaba horas enteras, si no
+tenía otra cosa más precisa en que ocuparse. Que la hablaran entonces,
+que la preguntaran por algo que estuviera cerca de ella; que entrara o
+que saliera alguien: una mirada rápida hacia el objeto o hacia la
+persona, y vuelta a clavarla en el incesante moverse de las agujas, y lo
+menos posible de palabras para responder.
+
+Es indudable que este hábito de trabajar así, de abstraerse en la
+contemplación de su obra, de mirarla incesantemente, con la cabeza
+erguida y los ojos bajos, acentuó en gran manera la natural rigidez de
+su continente.
+
+Era preciso vivir mucho tiempo a su lado para convencerse de que no era
+fea ni mala ni insoportable; y averiguado esto, se iba cayendo poco a
+poco en la cuenta de que era todo lo contrario, y hasta una alhaja para
+mujer de un marido de pocas necesidades intelectuales y mucho apego a la
+vida honrada y laboriosa de puertas adentro. Y esto le pasó a Santiago
+cuando ya le cabían en la mollera pensamientos de cierto linaje. El
+primer paso le costó lo indecible; pero le dio como un valiente, y se
+conformó con que Ramona tomara en cuenta la insinuación sin mostrarse
+agraviada. Pero le advirtió que no insistiera mientras ella no lo
+autorizara de algún modo bien explícito. Tres años pasó Santiago sin
+saber a qué atenerse y temiendo siempre lo peor. Yo creo que todo ese
+tiempo necesitó Ramona para estudiar a fondo las malicias de Santiago y
+el terreno a que éste pretendía conducirla. Un día le dijo que
+continuara hablándole _de aquello_ de que había comenzado a hablarla.
+¡Como si hubiera sido la víspera! Y Santiago, que, «por casualidad», no
+pensaba en otra cosa, tomó el punto donde le había dejado entonces, y
+continuó hablando de ello, con cuantas amplificaciones y distingos le
+parecieron del caso y bien acomodados a la rectitud y santidad de sus
+miras. Fue bien recibida la instancia, y hasta bien hablada la
+respuesta; súpolo el tío de Ramona, gustole el intento de su
+pretendiente, y aun le hizo saber que su sobrina contaba con una buena
+dote que le daría él, lo cual no desagradó a Santiago, hasta por lo
+mismo que lo ignoraba; y con la sola condición de que éste, y «por el
+bien parecer», cambiara de domicilio hasta que el casamiento se
+efectuara, quedó arreglado y convenido para muy luego. Hay razones para
+creer que la idea de este suceso movió al viejo droguero a traspasar a
+Santiago su droguería mucho antes de lo que tenía pensado; tanto más,
+cuanto que se sabe que su dependiente apuntó cierto escrúpulo que tenía
+de casarse sin estar _arraigado_ completamente a su gusto, con la
+advertencia de que esto del arraigo no lo estimaba él en una riqueza,
+que no merecía, sino que algo como..., verbigracia: una droguería bien
+montada que fuera de su propiedad absoluta, para lo cual no daban sus
+ahorros por entonces.
+
+Celebrado el casamiento y hecho en regla el traspaso de la droguería, el
+viejo droguero cedió hasta la habitación a sus sobrinos, y se largó a su
+tierra, en la Rioja, a disfrutar las primeras vacaciones que había
+logrado en su vida, perfectamente libre y descuidado. Si no le engañaba
+el pensamiento, por allá se quedaría hasta dejar los huesos en el
+terruño nativo; si le engañaba, volvería a Madrid cuando mejor le
+pareciera, o gastaría en ir y venir el poco tiempo que le restaba de
+vida.
+
+Pocas veces se ha casado una mujer con menos conocimiento práctico del
+mundo que Ramona Pacheco. Cuando era niña, en su pueblo (el mismo de su
+tío), ya estaba cansada de _saber_ que la gente de Madrid se componía de
+políticos relajados, de generales facinerosos, de señoronas perdidas, de
+señoras a medio perder, de vividores sin vergüenza y de un populacho
+soez, asesino y ladrón. Y fue a caer en Madrid sin haber echado de su
+meollo una sola de estas ideas. ¡Ella, que era creyente a puño cerrado,
+honesta y honrada hasta la manía, y testaruda y tenaz en sus obras y
+pensamientos, por carácter y por educación! Mandarla pisar las calles de
+la corte, era, en su concepto, como decirla: «Métete en esa leonera;
+arrójate en esa lumbre». Se necesitaron heroicos esfuerzos de su tío y
+de las personas a quienes éste encomendó la ardua tarea de educarla
+hasta donde fuera posible, para que afinara, nada más que para que
+afinara, aquellas sus escabrosas ideas. Llegó a conceder excepciones: la
+posibilidad de algo bueno entre tantísimo malo; pero ¡fuera usted a
+sacar la anguila del saco de culebras! Y escondía la mano por horror
+instintivo; quiero decir que, sin una indispensable necesidad, no ponía
+los pies en la calle. En tal estado de experiencia se casó.
+
+Y comenzó a tener hijos. Y tuvo el segundo y perdió el primero; y tuvo
+el tercero y perdió el segundo, y así sucesivamente hasta el octavo.
+Esto acabó de agriar su carácter, la acartonó sin tiempo y empalideció
+sus carnes hasta la lividez; quiso templar sus amarguras maternales con
+algún entretenimiento que se las distrajera, y se encenagó en el vicio
+de hacer calceta. Llegó a hacer una cada día, sin faltar a sus deberes
+de mujer hacendosa; y esta gran manifestación de su genio calcetero,
+casi casi la envaneció. Se le había cansado mucho la vista con los
+disgustos y las tareas, y también había perdido la mitad del pelo, por
+lo cual usaba anteojos mientras trabajaba, y cofia a todas las horas del
+día. Los anteojos eran de gruesa armadura blanca, con cristales
+redondos, y la cofia, de tul negro con cintas moradas. ¡Era cuanto había
+que ver doña Ramona haciendo media, desde que necesitaba anteojos y
+papalina!
+
+Pero ni la pasión por la media, ni el orgullo de hacer una cada día,
+alcanzaron arrancarla de sus tristes meditaciones en el silencio y la
+soledad de su casa, y se atrevió a pretender de su marido que la
+pusieran una silla en un rincón de la droguería, detrás del mostrador y
+junto al atril que allí había para los apuntes provisionales (pues el
+escritorio estaba en la trastienda, con luces a un patio). Don Santiago
+se alegró de aquel atrevimiento de su mujer, y la dispuso el trono como
+para una reina; lo mejor que se pudo con lo que había a mano: una silla
+de Vitoria sobre un felpudo casi nuevo.
+
+Y este trono ocupó doña Ramona desde el día siguiente; y allí la vieron
+con admiración los marchantes, rígido y empinado el cuerpo vestido de
+obscuro, casi negro; medio cubierta la cabeza con su cofia; las cejas
+enarcadas; los sombríos ojos clavados, por detrás de los cristales de
+las gafas, en las manos de piel lívida, como la de la cara; la calceta y
+las agujas entre los dedos, y sin otras señales de estar viva que el
+movimiento vertiginoso de las manos y tal cual mirada zurda que lanzaba
+por encima de los anteojos, bajando un poco la cabeza, cuando alguien
+entraba o salía, o mientras tiraba con la diestra del hilo que terminaba
+en un grueso ovillo que andaba rodando, tan pronto sobre el mostrador
+como encima del felpudo, o hecho una maraña entre las uñas de un gato,
+debajo de la silla. Doña Ramona la ocupaba todos los días, dos horas
+antes de comer y tres antes de cenar. En su casa se comía a la antigua
+española.
+
+En esta salida, al cabo de veinticinco años de escondite, se puso doña
+Ramona, por primera vez en su vida, en contacto y roce con el mundo. El
+mundo eran para ella las gentes que pasaban por la calle, las que
+entraban en la tienda, y el rumor que se oía más a lo lejos, como
+bramido de ondas agitadas que arrojaban aquellas espumas hasta allí.
+Todo era el mismo mar, agua de la misma fuente. No había olvidado las
+advertencias de su tío y de sus maestros; pero, sin agravio de ellas,
+bien podía suponer que cada marchante fuera un pillo, y un ladrón
+disfrazado cada transeúnte. ¿Traían en la frente alguna señal que
+demostrara lo contrario? Pues, en la duda, cara de perro a todo bicho
+viviente.
+
+En poco tiempo, y aunque parecía que en nada se fijaba, llegó a ponerse
+al corriente de aquel laberinto de cajones rotulados, a hacer el oído a
+los enrevesados términos del ramo, y a conocer cada droga por su nombre
+y con sus precios. Entonces, cuando la concurrencia era mucha y no
+alcanzaba la gente de mostrador adentro a servirla al punto, se alzaba
+ella poco a poco de su silla y despachaba también, con una mano sobre lo
+pedido, como garra de león sobre la carne palpitante, cuando hay quien
+le mire, y en la otra la calceta, hasta que veía en el mostrador, y bien
+contado con los ojos, el dinero que valía la droga aprisionada. Si
+después de verla el parroquiano la quería más cara o más barata, o
+prefería otra equivalente más de su gusto, hasta dos veces lo llevaba
+doña Ramona con paciencia, pero a la tercera, recogiendo la droga que
+nunca había soltado por completo de su diestra, contestaba secamente y
+volviendo la espalda: «No lo hay», aunque estuviera llena de ello la
+droguería. Algún comprador _erudito_ la puso por entonces la _Esfinge_,
+y con este mote se quedó en el barrio.
+
+Al contrario de su mujer era don Santiago. Éste se pasaba el día dando
+vueltas por la tienda, tan pronto dentro como fuera del mostrador,
+poniéndose y poniendo a sus dependientes en incesante comercio de gustos
+y de palabras con los compradores, a la mitad de los cuales tuteaba: a
+los unos, porque los conocía, y a los otros, porque _debía_ conocerlos
+al cabo de tantos años de vender allí. Era un pobre hombre, bueno como
+el pan, campechano y complaciente hasta lo inverosímil. Tenía sus penas
+allá dentro, como su mujer; pero mejores lentes para observar los
+sucesos de la vida.
+
+Doña Ramona tuvo el noveno hijo; y como tampoco falló la costumbre esta
+vez, en seguida perdió el octavo. Y todavía llega a tener el décimo; y
+también la acechaba entonces la suerte negra, y le mató el noveno. Este
+golpe dejó a la pobre señora para no llevar otro sin sucumbir. Era mujer
+de gran espíritu y arraigada fe. Dios le daba los hijos y Dios se los
+quitaba. Disponía de lo suyo. Pero su naturaleza era de carne mortal, y
+sus hijos pedazos de sus entrañas, y tenía que dolerle mucho allí cuando
+se las desgarraban fibra a fibra. Dios no pedía cuentas de estas
+tribulaciones a sus criaturas.
+
+Desde aquellos días se entenebrecieron más sus ideas sobre las gentes y
+las cosas del mundo, y le parecieron lo más abominable de él las mujeres
+casadas de más alegre y más lujosa vida. ¿No habrían perdido tres
+hijos..., dos, cuando menos; uno siquiera? Pues ¿dónde estaban las
+señales de su pesadumbre? No podían ser buenas madres las que olvidaban
+a sus hijos muertos. Y con esto y con aquellas alucinaciones que nunca
+logró echar por completo de su cabeza, acabó por cobrar aborrecimiento a
+las señoronas sin haber visto una sola en todos los días de su vida.
+
+Mientras tanto, había muerto también el ex droguero; y con lo mucho que
+les dejó, lo que representaba la droguería y lo que en ella habían
+ganado los sobrinos del difunto, al perder el hijo noveno eran ricos,
+pero muy ricos.
+
+--Y ¿para qué?--exclamaba el pobre don Santiago, devorándose las
+lágrimas y paseando maquinalmente alrededor de su cuarto, con las manos
+en los bolsillos del pantalón, y el gorro de panilla azul caído sobre el
+entrecejo.
+
+--Sí..., ¿para qué?--repetía desde su silla con voz de sepulcro doña
+Ramona, que, si ya no se llamara la _Esfinge_, hubiera habido que
+llamárselo desde entonces, al verla tiesa, pálida, inmóvil y misteriosa,
+clavada en su asiento como escultura egipcia en su pedestal.
+
+El marido y la mujer miraban ya con desaliento las prosperidades de la
+tienda, que parecían una burla de su desgracia. ¡Tanto dinero para un
+hijo solo..., contando con que Dios no se le llevara también! ¡Y aquella
+casa, tan triste y tan llena de cadáveres; con aquel olor a drogas, que
+ya les parecía el tufo de la muerte, el olor de los cadáveres de sus
+hijos insepultos! Al cabo tomaron aversión a la droguería y a la casa, y
+resolvieron abandonar ésta y hacer con aquélla lo que antes había hecho
+el viejo droguero: traspasarla a un buen dependiente, que no faltaba
+tampoco entonces. El resto del pingüe capital estaba bien colocado en
+fincas y valores _sanos_. Quedaba un pico flotante, y ese le
+aprovecharía don Santiago para ciertos negocios sencillos que le
+entretuvieran sin atarearle; verbigracia, descuentos de pagarés con
+buenas firmas, y algún préstamo sin usura ni abuso que se le pareciera.
+Porque a don Santiago se le harían las horas eternas con un hijo solo y
+sin negocios que le preocuparan. No sabía otra cosa.
+
+Quedaba también un bolsón bien repleto y que nunca se desocupaba, aunque
+se hacía mucho uso de él, a disposición exclusiva de la Esfinge, para
+sus obras de caridad, que eran muchas y muy ignoradas; pero yo sé que la
+merecían especiales preferencias las madres sin amparo y los hambrientos
+de levita, que son los dos aspectos más horribles de la miseria de las
+ciudades; y también me consta que ninguna dádiva estimaba en tanto la
+señora de don Santiago como la de un par de medias de las que ella
+hacía. ¡Cómo las ponderaba y se las encarecía al pobre a quien se las
+regalaba!, ¡ella, que sacaba del bolsón la mano llena y cerrada, para
+ignorar lo que valía la limosna! Porque en el bolsón andaba revuelta la
+plata con el oro.
+
+Se hizo el traspaso de la droguería, y en seguida la mudanza de los
+trastos de la habitación a otra de la calle Imperial (15, segundo,
+derecha). Allí comenzó don Santiago Núñez a funcionar, por
+entretenimiento, en sus proyectadas especulaciones; y allí, en su propio
+despacho instaló la Esfinge su pedestal, para hacer media sin parar las
+manos, acompañar a su marido y distraerse un poco más, observando de
+reojo lo que en la estancia acontecía.
+
+Así fue corriendo el tiempo, y, con él, calmándose la pesadumbre del
+marido y haciéndose la mujer a la carga de las suyas. Ya no había que
+contar con el undécimo retoño, y el décimo iba creciendo y esponjándose
+que daba gusto, y era bueno y listo y hermoso como si Dios se hubiera
+complacido en reunir en este solo hijo cuantas prendas simpáticas cabían
+dispersas en los anteriores. Este pensamiento, con el arraigo que
+tomaban todos en la mente de doña Ramona, fue un gran confortante para
+su espíritu.
+
+Pero, en cambio, en la escuela del nuevo tráfico de su marido; con lo
+que allí observó; con lo que fue aprendiendo, con este indicio y aquella
+declaración terminante, sobre la índole de ciertos apuros y las causas
+productoras de ciertas necesidades en determinadas personas y
+jerarquías, ¡cómo le engordaron en el meollo las nunca desvanecidas
+ideas que tenía de las gentes de Madrid! Ya no podía negársele que había
+mujeres que derrochaban tesoros para vivir entre lujos y
+deshonestidades; «mujeronas empingorotadas» que escandalizaban al mundo
+y se burlaban de la ley de Dios; mujerzuelas de más abajo que arruinaban
+a sus maridos por el vicio de ser tan escandalosas y desarregladas como
+las de más arriba; hombres que perdían a una carta en un instante la
+hacienda de todos sus hijos..., ¡y casi siempre la bambolla y la
+lujuria, de más cerca o de más lejos, danzando en los enjuagues del
+dinero y en las angustias del plazo! Y esto en su casa, donde el interés
+no era rosca que asfixiaba al deudor; donde había prórrogas para los
+apuros, y eran los préstamos favores de amigo más que negocios de
+prestamista inexorable. ¡Qué no sucedería, qué llagas no se verían al
+descubierto en los antros de la usura, a donde se acude en los grandes
+ahogos, y se pactan, a trueque de salir de ellos, los mayores saqueos y
+pillajes? Y aquel hijo que ella tenía llegaría a ser un hombre, y a
+saber que era rico, muy rico, y tal vez a envanecerse, y de seguro a
+rozarse con la peste tramposa y desvergonzada que todo lo corrompía; y,
+sin embargo, no quería ella hacer de su hijo un ignorante droguero,
+porque valía para mucho más y debía serlo. ¡Qué pulso, qué tino, qué
+vigilancia había que tener con él para que el diablo no le conquistara!
+
+Y como si viera al diablo en cada prójimo, había hecho un verdadero
+exorcismo de su cara.
+
+Tenían serias y largas discusiones don Santiago y su mujer sobre el
+punto referente a la educación de su hijo. ¿Por dónde comenzarían para
+no equivocarse? Y después, ¿le _harían_ abogado, médico, ingeniero,
+cura, ministro, general, emperador..., pontífice?... Porque los alientos
+de los padres alcanzaban a todo eso, o poco menos, y los merecimientos
+que suponían en el hijo, a mucho más.
+
+Por de pronto, le matricularon en San Isidro; y después, curso tras
+curso y con regular aplicación y bastante aprovechamiento, llegó el
+estudiante a las vísperas del bachillerato al cumplir los catorce años
+de edad. Tenía entonces su padre cincuenta y cinco, y su madre...,
+¿quién era capaz de saberlo, ni para qué cansarse en averiguarlo? La
+Esfinge lo parecía ya de verdad; y cuando se llega a ese estado de
+petrificación y de dureza, se vive una eternidad, y no se cuenta por
+años, sino por siglos, como para los monumentos de los Faraones.
+
+Hacia aquellas fechas (no las de los Faraones) fue cuando don Santiago
+Núñez escribió a la marquesa de Montálvez la carta cuya substancia
+conocemos.
+
+Hablando del suceso largamente, llegó a decir la Esfinge:
+
+--Otra nueva trapisonda tenemos. Basta con oler la carta para
+convencerse de ello. Todas esas mujeronas huelen a lo mismo.
+
+Y don Santiago se reía como unas castañuelas, porque era así. Estaba
+embutido en su sillón, con la pierna derecha entrapajada por la rodilla
+y descansando sobre una banqueta.
+
+Buena ocasión era esta para describir el físico del droguero, y en ese
+deber estaba yo, y a cumplir con él iba ahora mismo; pero me obligan a
+renunciar a esa tarea las mismas condiciones del sujeto: no hay por
+dónde tomarle para que resulte pintoresco, porque era la misma
+insignificancia el bueno de don Santiago Núñez.
+
+Estando en aquellos comentarios ya largo rato hacía el matrimonio,
+hízose anunciar la marquesa; y poco después entró, llenando el despacho
+de fragancia, de crujidos de seda cara, y de esa luz especial que
+irradian, en las moradas tristes y descoloridas, las mujeres hermosas y
+elegantes.
+
+La Esfinge no se movió de su pedestal ni dejó de hacer calceta; y sólo
+dio señales de vida para responder a la ceremoniosa cortesía de la
+marquesa con un gesto no difícil de traducir en palabras para los que
+estaban avezados a leer en aquel arranciado pergamino. El gesto quería
+decir:
+
+--¡Pufff!... ¡Qué Peste!
+
+
+
+
+V
+
+
+ * * * * *
+
+Y como don Santiago no podía levantarse de su asiento sin gran trabajo,
+no hubo allí quien presentara una silla a la marquesa, la cual se sentó,
+muy campechana (porque afortunadamente era mujer de gran correa para
+esos lances), en la que, entre excusas y hasta cabriolas, le ofreció el
+aturdido reumático desde su potro de tortura.
+
+--¡Oh, señora marquesa!--decía don Santiago, tambaleándose entre el
+escritorio y el sillón--: si yo hubiera sabido..., si pudiera presumir
+que esta casa había de ser honrada por usted y no por otra persona de su
+confianza, yo me habría prevenido, habría esperado, y en la sala, como
+es de...
+
+--Gracias, gracias, señor de Núñez--respondía atajándole la gran dama,
+entre sonrisas picarescas--; no tiene usted por qué lamentarse: lo
+conozco todo; me pongo en todos los casos.
+
+--La rodilla, señora, esta pícara rodilla que no me permite levantarme
+de pronto, ni andar sin muchísimas dificultades--añadía don Santiago,
+que todo le parecía débil para excusa de su falta--, y hasta la poca
+salud de mi esposa (y señalaba hacia ella), que también la impide...
+
+--Nadie ha incurrido aquí en falta más que yo--repuso la marquesa,
+mirando tan pronto muy risueña hacia el reumático, como con asombro
+hacia su mujer, que no chistaba--; yo, que he venido a molestar a
+ustedes sin tener esos inconvenientes en cuenta...
+
+--¡Molestarnos usted, señora marquesa! ¿Cuándo más honrados ni más...?
+
+--Me parece--apuntó aquí la Esfinge con su voz de fantasma--que sin
+tanto cumplimiento nos entenderíamos mejor y mucho antes.
+
+La marquesa cayó en un nuevo asombro al oír la voz de aquella estatua; y
+si hubiera sabido con qué mote se la conocía, quizás habría tomado la
+cosa más en serio, creyéndose transportada a los tiempos fabulosos.
+
+--Tiene razón esta señora--atreviose a decir la dama, sin apartar sus
+ojos de ella--. Dejémonos de cumplidos y hablemos del asunto que me trae
+aquí.
+
+--Estoy a las órdenes de la señora marquesa--dijo don Santiago Núñez
+haciendo una cortesía.
+
+Pero la marquesa no empezaba a hablar, ni concluía de mirar a la
+Esfinge. Era indudable que la presencia de ésta la contrariaba tanto
+como la sorprendía.
+
+Conociolo bien pronto doña Ramona, y enderezó a la otra estas palabras,
+acompañadas de dos saetazos por encima de sus anteojos:
+
+--Yo no estorbo aquí, señora; téngalo usted entendido. Entre mi marido y
+yo, como no hay pecados, tampoco hay secretos. Somos un alma en dos
+cuerpos, por la gracia de Dios.
+
+--Mil enhorabuenas--respondió la marquesa entre burlona y picada--por
+esa felicidad; pero crea usted que no era la cosa para tanto. Verá usted
+cómo, aunque pecadora, me atrevo a confesar aquí el motivo de mi visita,
+y sin escándalo de nadie.
+
+Don Santiago estaba en ascuas con las crudezas de su mujer, y no sabía
+cómo disculparlas sin provocar otras más incisivas. Al mismo tiempo, la
+marquesa, desde que conocía a la Esfinge, ardía en curiosidad de saber
+de dónde procedían las intimidades de Guzmán con aquella singular
+familia; pues estaba segura de que a su amigo le sobraba siempre el
+dinero, y no podían ser necesidades de esta clase los motivos del
+conocimiento. Hizo en el acto, y como introducción a su particular
+negocio, la pregunta a don Santiago, y le respondió éste, alegrándose en
+el alma de que se distrajera por allí el otro tiroteo:
+
+--¡Ah!, el _Condesito_, como yo le llamo..., porque aunque el conde es
+su tío, mucho más merece serlo él, hasta por la estampa: ¡guapo mozo!
+Pues la estimación con que nos honra el señor de Guzmán viene de lejos:
+nada menos que de su padre con mi principal y tío de mi señora, al cual
+hizo muchos y muy grandes favores en los tiempos en que comenzaba a
+vivir por su propia cuenta. Un hermano de nuestro tío había sido muchos
+años empleado en la casa de los señores de Guzmán..., y de aquí nació lo
+otro. No era ingrato el favorecido; sabía, además, hacer buen uso de los
+favores; y con todo ello, la estima del favorecedor llegó hasta una
+buena amistad, como entre iguales: vea usted, señora marquesa, ¡como
+entre iguales! Y esta buena amistad del padre la continuó el hijo, don
+José Celestino Guzmán, el actual _Condesito_. Como se quedó huérfano
+siendo un muchacho, y llegó a ser mozo independiente y libre con un
+caudalazo atroz, se aconsejaba muy a menudo de mi principal para la
+colocación de sobrantes y otros asuntos por este orden. Andaba yo muy
+cerca de ellos en esos casos; y como los dos me estimaban en más de lo
+que yo valía, obligábanme de vez en cuando a meter mi cuchara en la
+conversación. Tuve la suerte de acertar casi siempre; y ya lo mismo le
+daba a don Pepito Guzmán encontrarse en la droguería con el principal
+que con el dependiente, cuando de higos a brevas iba por allá con los
+motivos de costumbre. Retirose nuestro tío, y se murió bien pronto, y
+continué yo mereciendo todas las atenciones y hasta la amistad que él
+había merecido del señor de Guzmán. Muy de tarde en tarde nos vemos,
+porque son muy distintos los mundos por donde andamos, y él es ya hombre
+que no necesita para nada los consejos de nadie, y aun puede dárselos
+sobre todas las cosas a medio Madrid; pero nos honra con una buena
+amistad, que nosotros le pagamos como se debe. Anteayer me pasó una
+esquelita diciéndome que usted quizá me necesitaría para tratar de un
+asunto de intereses conmigo, y que procurara servirla lo mejor que
+pudiera y como si se tratara de él mismo. ¡Figúrese usted, señora
+marquesa, si aunque no sea más que por este solo motivo y sin contar lo
+que usted por sí propia se merece, estaré yo dispuesto a servirla en
+cuanto esté al alcance de mis posibles!
+
+--¡Gracias mil, señor de Núñez--respondió en seguida la _señorona_,
+visiblemente complacida con el candoroso ofrecimiento de aquel pobre
+hombre, y acaso, acaso, y quizá más, con la espontánea recomendación de
+su amigo--. Y ahora, sin nuevas digresiones que nos distraigan y le
+roben a usted el tiempo y a su excelente señora la paciencia, allá va la
+historia en pocas palabras: Ha habido en mi familia un gran caudal; pero
+cuando llegó a mis manos ya no lo era tanto. Despilfarros y vicisitudes
+lo quisieron así. Poseo, sin embargo, lo suficiente para vivir con
+holgura en la esfera en que he nacido y me han educado; pero no tengo la
+virtud del ahorro ni otras virtudes que acrecientan los caudales. Antes,
+soy un poco abierta de mano, y no peco de previsora. Con estos defectos,
+no es de extrañar que algunas veces resulten desproporciones entre las
+salidas y los ingresos, como dicen ustedes los hombres de negocios. En
+estos casos, hay que resignarse al contratiempo o conjurarle de
+cualquier modo, si la necesidad lo exige. A mí me lo ha exigido varias
+veces, y siempre me han costado muy caros los conjuros; porque, según me
+afirman, no debí hacerlos nunca por intermediarios. Me he convencido de
+que esto es verdad, y estoy resuelta a cambiar de sistema, recorriendo
+esos trámites por mí misma cuando sean de necesidad. Por si llegaran a
+serlo de un momento a otro..., y antes de pasar más adelante, quiero
+advertirle a usted que le doy todos estos pormenores para anticiparme a
+sus deseos y evitarle el trabajo de inquirirlos, y porque sería una
+inocentada el empeño de esconderlos cuando no resulta desdoro en
+confesarlos.
+
+El ex droguero escuchaba con la boca abierta a la hermosa y elegante
+dama, cuyos donaires y gracejo le tenían cautivo; mientras, la Esfinge
+la miraba de reojo y a hurtadillas, por no tener a mano lanzón de mayor
+fuerza para pasarla de parte a parte. La marquesa se enteraba de todo y
+se deleitaba grandemente con ello. Sin dar tiempo a que don Santiago
+apuntara las corteses rectificaciones que ya la sagaz interlocutora le
+había leído entre los labios, continuó así, tras una breve pausa:
+
+--Por si llegara ese caso, repito, de un momento a otro, deseo y
+necesito saber, señor don Santiago, qué condiciones impone usted para un
+anticipo a las personas de reconocida responsabilidad, como yo;
+responsabilidad, se entiende, en inmuebles, como ustedes dicen también,
+y de cuya existencia, libre y desempeñada, se puede certificar cuando
+sea necesario.
+
+Lanzó entonces la Esfinge una mirada de acero a su marido (que ya
+contaba con ella), como diciéndole: «Mucho ojo con esta víbora»; y
+respondió el buen hombre, después de prepararse mucho con algún
+carraspeo y tres cambios de postura en el sillón:
+
+--Mire usted, señora marquesa: en primer lugar, yo no soy un
+prestamista... por oficio, ¿me entiende usted?... Corriente. Tengo un
+piquillo suelto que dedico a descuentos lícitos, quiero decir, sin
+explotar ahogos ni conflictos de nadie..., servicio por servicio, ni más
+ni menos. Que ocurre entretanto algo de lo que usted desea: me entero de
+la calidad del apuro; resulta honrado, puedo sacar de él a la persona; y
+a la buena de Dios y como entre caballeros, «toma lo que apeteces, y
+venga el resguardo», con las cláusulas que se establezcan y por un
+interés que no pasará del seis aunque me ahorquen. Que llega el
+vencimiento y no hay con qué recoger el testimonio de la deuda. ¿Hay
+razones que lo justifiquen? ¿El apuro es honrado también? Pues, señor,
+no he de llevar al pobre hombre a la cárcel, ni le he de malvender la
+hacienda para cobrarme. O hay buena fe, o no la hay. ¿La hay? Se da una
+prórroga de dos, de tres meses... o más, si se necesita. El hombre
+respira, y yo no me ahogo; él se beneficia, y yo no me perjudico. ¿No
+fuera pecado mortal obrar de otro modo? Pues, señor, lo que yo digo: si
+el dinero no ha de servir más que para irle amontonando, o para sacar la
+entraña a mi vecino, vaya a la porra ese metal, que nunca debe ser
+metralla para nadie. ¿Se va usted enterando, señora marquesa?
+
+Aquí era la marquesa la cautivada, porque cautiva la tenía la noblota
+ingenuidad del hombrecillo. Juraría entonces que aquella era la primera
+vez que veía de cerca un corazón de oro. ¡Y en qué cuerpo le hallaba, y
+de qué retórica se servía!
+
+--¡Siga usted, siga usted!--le dijo la marquesa radiente de curiosidad,
+y bien sabe Dios que sin pizca de interés por lo que personalmente le
+alcanzaba en el desusado prospecto de aquel singularísimo _prestamista_.
+
+--En segundo lugar--continuó don Santiago--, yo no puedo establecer esas
+condiciones generales por que usted me pregunta, porque, como ya he
+tenido el honor de manifestarla, el capital que dedico a las operaciones
+de préstamos es de poca importancia, al paso que son incalculables las
+atenciones que necesitaría cubrir si no las limitara al tenor de los
+casos. De modo que según sea lo que se solicita y quien lo solicita, así
+lo doy o lo niego; y si lo doy, con arreglo a las bases que se
+establecen entonces de común acuerdo, y según las circunstancias, pero
+del seis no se pasa nunca, como también he tenido el honor de indicar
+antes; y esta es la única condición que puede estipularse de antemano.
+
+Por lo demás, y si sólo se mirara el beneficio material, a sacar el
+redaño al prójimo, crea usted, señora marquesa, que no habría tenaza
+mejor que el oficio de prestamista sin entrañas. Me he convencido de
+ello con la experiencia de estas vecindades suyas. ¡Es un espanto lo que
+sabría usted si contaran estas cuatro paredes la mitad de lo que han
+visto y oído! Porque aquí se han llorado lástimas de todos los colores,
+y se han descubierto fregados que tumban de espaldas. ¡Y siempre por el
+lujo, por el juego y por todos los vicios más abominables! ¡Qué agonías
+tan congojosas y tan complicadas, y qué pasar por todo las infelices
+gentes, si yo hubiera sido capaz de aceptarlo por el ansia de recoger
+onzas de oro mañana, sembrando ochavos morunos de presente! Porque eso
+hace la usura con los desdichados que se ahogan en apuros. De algunos de
+ellos me he condolido; y por evitar que otros los robaran, casi me he
+dejado robar yo a ojos vistas. Pero a los más les he enviado enhoramala,
+porque no merecían caer en manos de un hombre de bien. Y ¡qué porte el
+suyo! ¡Qué caballeros tan de punta en blanco!... ¡Y qué señoronas de
+primer lustre! Y saldrán a la calle con un palmo de hocico y
+atropellando a la gente menuda, cuando ellos merecían un grillete, y
+ellas la Galera de Alcalá... Yo sé todas estas cosas al pormenor, porque
+la misma resistencia mía a servirlos los forzaba a exponer sus miserias
+sin disfraces, para moverme mejor. ¡A buena parte venían!
+
+En la marquesa se notaban, durante esta parte del relato del buen Núñez,
+las mismas señales de curiosidad que durante la anterior, pero no tantas
+de complacencia; y quizás tenía algún parentesco con las causas de esta
+diferencia, el motivo que la obligó a interrumpir al relatante, aunque
+muy afable y risueña, en la siguiente forma:
+
+--De manera que si no me precede a mí la recomendación de nuestro amigo
+el señor Guzmán, Dios sabe a qué presidio destina usted mis
+pretensiones, después de oír lo que con tanta franqueza le he declarado
+hace un instante.
+
+Atarugose un poco don Santiago con la observación de la marquesa, y miró
+hacia su mujer, la cual le socorrió con una ojeada que quería
+significar: «¡Ahí le duele a la bribona!... ¡Duro en ella!» Por fortuna,
+no era tan áspero de veta el uno como la otra, y esto libró allí a la
+elegante dama de que la pusieran entre los dos para pelar. Lejos de
+ello, don Santiago, temiendo haberse corrido demasiado allá en sus
+palabras, y reparando por primera vez en que había, aunque remota,
+alguna semejanza entre los casos maldecidos por él y el caso de la
+marquesa, se apresuró a responder:
+
+--Nada hay en el relato de usted, mi distinguida y respetable señora,
+que merezca esa pena tan dura. Gastar en ocasiones un poco más de lo que
+se puede, no es una virtud, ciertamente; pero tampoco un horror de esos
+horrores de que yo hablaba. Las cosas en su punto. Conviene distinguir,
+y es de justicia que se distinga. La recomendación del señor de Guzmán
+nos ha abreviado el camino, sin duda alguna; pero le aseguro a usted que
+sin ella hubiéramos llegado también al punto a donde desea llegar la
+señora marquesa, y le aguarda para recibir sus órdenes este su inútil
+servidor.
+
+--Acepto de todo corazón la excusa, señor Núñez--respondió la dama con
+una sonrisa que confirmaba la sinceridad de lo que decía--, hasta como
+modelo de excusas corteses y delicadas...
+
+La Esfinge cortó aquí los cumplidos con el espadón de su palabra de
+hierro, y lanzó a su marido otra ojeada con la que le pedía estrecha
+cuenta de aquellas sus debilidades. La marquesa se dio por entendida con
+un movimiento de cabeza dirigido a la mujer, tan lleno de donaire como
+de mala intención, y dijo, volviéndose hacia don Santiago, que estaba en
+ascuas con las genialidades de aquélla:
+
+--¿Me permite usted que concretemos un poco más el punto de mis
+pretensiones para que nos entendamos mejor?
+
+--Repito a la señora marquesa que estoy enteramente a sus órdenes.
+
+--Figúrese usted que yo necesitara dentro de ocho días..., mañana...,
+hoy mismo, una cantidad determinada...
+
+--¿Cuánto? Porque, como he tenido el honor de advertir hace un momento a
+la señora marquesa...
+
+--Por lo mismo que no lo he olvidado, iba a fijar la cantidad cuanto
+usted me ha interrumpido. Pongámosla en números redondos: tres mil
+duros.
+
+--Puedo con ellos, y los tendría usted.
+
+--¿Garantías?
+
+--La firma de la señora marquesa, y nada más, con el plazo que desee y
+el interés que ella marque, si le parece mucho el seis por ciento.
+
+--¿Y si me viera yo precisada, más adelante, a acudir a usted con
+idéntico motivo que hoy?
+
+--En ese caso, señora marquesa, sucedería, sobre poco más o menos, lo
+mismo que está sucediendo ahora.
+
+--¿Y si continuaran mis visitas a esta casa por no cesar los motivos?
+
+--Ya sabe la señora marquesa que, sin la enfermedad que me impide salir
+de aquí, la hubiera ahorrado yo la molestia de visitarme.
+
+--Muchas gracias, señor Núñez; pero es igual para mi ejemplo que yo le
+visite a usted, o que usted me visite a mí.
+
+--Concedido.
+
+--¿Y bien?
+
+--En castellano claro y por derecho, señora marquesa, pues creo haber
+penetrado la intención de usted al hacerme esas preguntas: yo no la he
+de malvender a usted jamás sus propiedades: en primer lugar, porque no
+la considero capaz de abusar de mi buena fe hasta el punto de
+arrastrarme a aquel extremo, y después, porque, aunque lo fuera, tampoco
+lo conseguiría.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque abusando, abusando... En fin, señora marquesa, ya he tenido el
+honor de manifestar a usted hasta dónde me interesan las necesidades del
+prójimo, y desde dónde comienzan a parecerme abominables, y cuál es mi
+modo de proceder en cada uno de los casos.
+
+--Pues bien, señor Núñez--dijo entonces la dama con inequívoca
+lealtad--, he querido estirar el ejemplo hasta este límite, porque en
+eso mismo con que otra dama, por un falso pundonor, se ofendería, hallo
+yo un goce que jamás he saboreado.
+
+--No me lo explico.
+
+--Ni es fácil, porque entre ustedes, quiero decir, entre las gentes de
+su condición de usted, lo que yo he encontrado aquí no es un hallazgo.
+
+--Si usted se explicara más, señora marquesa...
+
+--No hay para qué, señor don Santiago. Yo me entiendo bien, y esto sobra
+para mí. Para usted, bástele la seguridad de que no he de encomendar a
+la justicia el trabajo de liquidar las cuentas entre ambos. Podré ser
+gastadora, pero no desagradecida.
+
+La Esfinge la miró entonces con ojos de curiosidad. Parecía sentir
+temores de hallar algo bueno en aquella mujer. De pronto la preguntó:
+
+--¿Ha perdido usted algún hijo?
+
+Como si estas palabras fueran un rayo que la marquesa hubiera visto
+sobre la cabeza de Luz, contestó estremeciéndose toda:
+
+--¡Ni Dios lo permita!
+
+--Parece que duele ahí--repuso la Esfinge, bajando otra vez la mirada a
+su calceta--, y sólo con el supuesto. ¿Cómo será el dolor cuando los
+hijos se mueran de veras!
+
+--¿Le ha sentido usted, a lo que veo?--se atrevió a decir la marquesa,
+medio aturdida bajo el peso de aquel inesperado incidente promovido por
+tan extraño ser.
+
+--Nueve veces, señora--respondió tétrica, sepulcralmente, la Esfinge--;
+nueve... ¡nueve mil puñaladas! Para las últimas, no había en el corazón
+un sitio sin una herida ensangrentada.
+
+Ya no le parecía a la marquesa tan fea ni tan extraña aquella mujer. La
+carga de tales y de tantos dolores lo justificaba todo a sus ojos.
+Volviolos de pronto a don Santiago, sin atreverse a hacer a ninguno de
+los dos un a pregunta que se le escapaba de los labios; y como si la
+hubiera leído allí, dijo el pobre hombre:
+
+--Nos queda un hijo solo... Eso sí: vale, por bueno y por gallardo, los
+nueve que le han precedido, por mucho que éstos valieran; pero por lo
+mismo que es solo y vale tanto, ¡qué miedos tan horribles de perderle!
+
+--O de que se _pierda_, ¿no es verdad?--añadió aquí la marquesa, con un
+vigor de acento y de mirada que sorprendieron a la Esfinge misma.
+
+--¿Cuántos tiene usted?--la preguntó ésta.
+
+--También uno solo... Una hija.
+
+--Pues no eche usted en olvido--continuó la mujer sombría--que el honor
+de las hijas depende del buen ejemplo de las madres.
+
+Don Santiago acudió rápidamente a suavizar el efecto que esta nueva
+aspereza de su terrible mujer pudiera haber causado (y causádole había
+muy hondo) en la marquesa, dando otro giro al diálogo.
+
+--Pero aún es usted muy joven--expuso con la mejor de las intenciones y
+el más desastroso de los éxitos.
+
+--Después de haberse casi solemnizado un contrato entre los dos, no
+debía usted ignorar que... soy viuda.
+
+Esto tuvo que responder la dama, con iguales repugnancias que si
+descubriera con ello toda la urdimbre de aquel tejido de enormidades que
+se llamó su casamiento, con sus cenagosos y consiguientes antecedentes.
+
+--¡Bestia de mí!--exclamó el sencillo burgalés, dándose con las dos
+manos en la frente--. ¡Pues no me había olvidado?... Perdone usted,
+señora marquesa, esta distracción, que, bien mirada, no es de extrañar.
+En oyendo hablar de hijos, ya está todo en mi cabeza patas arriba.
+
+«¡Viuda y con ese pelaje y la vida que trae!...», dijo en sus adentros
+la Esfinge (que no había caído tampoco en lo olvidado por su marido, y
+no estaba tan obligada como él a recordarlo), y enviando el dicho a la
+marquesa en una mirada fulminante.
+
+La marquesa había perdido el tino ya. No salía de un bochorno sin verse
+presa de otro mayor. Pensaba haber dado de improviso en la charca de sus
+pesadillas, y que aquel empecatado matrimonio se deleitaba en
+zambullirla en lo más hediondo de ella. Y era de admirar que el caso,
+con tanto como le dolía, no la indignaba contra nadie. ¿Por qué echar la
+culpa a quien no la tenía? La culpa estaba en ella, en ella sola, y el
+peso de esa culpa era lo que la turbaba y remordía. En aquel instante
+hubiera trocado su belleza, su juventud, sus galas y los encantos de su
+mundo, por la fealdad y la tristeza y la soledad de la Esfinge, si con
+todo esto le daba también el sosiego de su conciencia. Porque era una
+triste gracia que una señorona como ella lo pudiera todo, menos hablar
+de cosas tan triviales delante de un matrimonio de drogueros, sin
+caérsele la cara de vergüenza.
+
+Por salir cuanto antes de esta mortificación, se levantó rápidamente de
+su asiento, y dijo con aire de querer echar el asunto hacia otra parte:
+
+--Es harto triste esta materia, que a ustedes les trae muy amargos
+recuerdos y a mí muy negros temores. Dejémoslo aquí, si les parece; y
+pues que no me sobra el tiempo tampoco, tenga el señor don Santiago la
+bondad de decirme en qué quedamos de nuestro negocio.
+
+--Pues en lo dicho, señora marquesa, si usted no dispone otras bases más
+a su gusto.
+
+--Yo acepto cuantas usted estime por buenas y equitativas.
+
+--Pues el día en que usted necesite el dinero, me pasa una esquelita por
+persona de su confianza, diciendo cuánto y por qué tiempo; le envío yo
+la suma en efectivo con el documento para que tenga usted la bondad de
+firmarle; me le devuelve después... y santas pascuas. No necesita usted
+incomodarse.
+
+--Es usted un hombre incomparable, señor don Santiago; y yo nunca pagaré
+bastante a nuestro amigo el señor Guzmán el favor de habérmele dado a
+conocer.
+
+--No haga la señora marquesa, a fuerza de elogios, que tenga yo que
+echarlos a mala parte. Estoy acostumbrado a mucho menos.
+
+--Pues no le dan a usted lo que merece; y le juro que no le digo más que
+lo que siento. Deme ahora su mano por despedida... Gracias. Y perdone si
+se la oprimo tan de veras, porque nunca se ha creído tan honrada la de
+esta su buena amiga.
+
+En seguida, y mientras quedaba el droguero como fascinado, con los ojos
+muy abiertos y la mano en el aire, volviose hacia la Esfinge; la hizo
+una elegante reverencia; y, sin acabar de enderezar el talle, salió por
+donde había entrado, acompañada de unos cuantos campanillazos que se
+oyeron, en virtud de otros tantos tirones que dio a un cordón la Esfinge
+desde su asiento, para que abrieran la puerta de la escalera; de un sin
+fin de excusas del complaciente Núñez, y de estas pocas palabras entre
+dientes, con que la droguera contestó al saludo.
+
+--...serrrvir a usted.
+
+En cuanto se quedaron solos don Santiago y su mujer, se levantó ésta y
+abrió las vidrieras del balcón.
+
+--¿Qué haces, alma de Dios?--preguntola el pobre hombre, a quien
+asustaban entonces los aires colados.
+
+--Purificar esto. ¿No hueles la peste?
+
+--Tienes grandes virtudes, Ramona--la dijo su marido cubriendo la
+rodilla enferma con el faldón del gabán--; pero en ciertas debilidades,
+eres incorregible... y tremenda.
+
+
+
+
+VI
+
+
+ * * * * *
+
+Resabios de mis buenos tiempos de doncella pudorosa; algo que queda
+todavía en el fondo, entre las cenizas. Pues no pensaba yo que fuera
+tanto como para brotar al primer choque. Y ello es poco, pero molesto
+cuando aparece. Ya se irá apagando también..., porque señales de lo
+contrario no deben de ser. ¡A buen tiempo!... Sin embargo, no me
+resignaría a que ese pobre hombre me apuntara en su libro verde con
+suficientes motivos. ¡Vea usted cómo puede haber un grano de arena que
+cierre el paso a una mujer que nunca se ha detenido delante de una
+montaña!... Es raro eso... Pero ¡qué criatura aquélla! Yo he visto algo
+semejante en el teatro saliendo por escotillón, envuelto en un
+sudario... Un espectro. Eso es ella, con su misma lividez y con la misma
+voz y el mismo miedo que infunde. Y ¡qué ojos los suyos! Me parecía que
+con la mirada me iba sacando todas las ignominias de mi vida para
+arrojármelas al rostro entre maldiciones. Y el caso es que este temor me
+tenía sobresaltada. De este ser no me habló Pepe Guzmán. Y será capaz de
+decirme, cuando yo se le mencione a él, que es un saco de virtudes; y
+acaso tenga razón... ¿Cómo habrán podido amalgamarse dos naturalezas tan
+opuestas entre sí, como la del espectro y la de su marido, para formar
+un matrimonio ejemplar?... Porque yo vi señales de que aquél lo es. Otro
+caso raro... para mí, que no sé leer más que en un libro... Lo que no
+ofrece duda es que hasta en las personas que se creen más despreocupadas
+hay un fondo sensible que llega a lo romántico... Yo lo había observado
+en el público que se convierte en fiera en la plaza de toros, y se
+enternece en el teatro con las dulcedumbres de una comedia _ejemplar_.
+Hoy lo he experimentado en mi propia. A poco más que me apuren, me
+confieso de todas mis culpas delante de don Santiago Núñez, y arrojo mis
+arreos mundano! a los pies de su mujer... Y ahora casi me asombro de
+aquella flaqueza. ¡Qué contrastes tan raros!... ¿Cuándo estará en lo
+suyo la pícara condición humana? Porque tampoco tiene duda que somos
+masa dispuesta para todo; y hasta el espectro debe de ser de la misma
+opinión, cuando me dijo que «el honor de las hijas depende del buen
+ejemplo de las madres». Me parece que fue esto lo que me dijo. Lo
+recuerdo bien, porque me dolió muy adentro... Otro caso raro: somos del
+mismo parecer el espectro y yo en lo tocante a la educación de los
+hijos; nos espantan igualmente los temores de sus extravíos, y usamos
+procederes diametralmente opuestos en el modo de vivir. Sin embargo, me
+parece que aquí la lógica está con ella más que conmigo... y Dios
+también... Pero ¿no se ha convenido en que somos «barro frágil», y en
+que a la edad y a las circunstancias (¡pícaras circunstancias!) hay que
+darles lo que les pertenece, y dispensarlas por lo que se llevan de más?
+Pues he ahí mi caso. Yo vivo como vivo y soy lo que soy, porque no puedo
+ni debo vivir ni ser de otra manera. Por este lado me arrastran las
+«circunstancias» y las inclinaciones, obra de ellas; y por este lado me
+dejo arrastrar... hasta donde me lleven. Nada de ello impide que yo
+reconozca las ventajas que tienen otros caminos sobre este camino mío:
+bien a la vista está que no cabe punto de comparación entre una madre
+como yo y otra madre de esas que pueden hablar delante de un matrimonio
+honrado, sin sonrojarse, de los secretos de su hogar, y ofrecerse a sus
+propias hijas por modelo de conducta. Yo no puedo hacer nada de esto, y
+bien sabe Dios las angustias que me ha costado hoy en casa del espectro,
+y las que me cuesta en la mía a cada hora, desde que vino mi hija a
+ella..., pero ¿qué remedio tiene? El barro y las circunstancias lo piden
+así... y adelante con la vida hasta que no se pueda con ella. Por
+fortuna, o por desgracia, no voy sola por estos derroteros.»
+
+Así discurría, sobre poco más o menos, la marquesa de Montálvez dos
+horas después de salir de casa de don Santiago Núñez, mientras se
+desnudaba... para vestirse otra vez con mejores galas, antes de
+sentarse a la mesa, porque aquella noche le correspondía el turno en _el
+Real_, cuya temporada había de concluir pronto; con lo que se declara
+que había empezado ya la primavera, húmeda y desapacible, por más señas.
+
+Apunto este detalle, porque sólo aguardaba la marquesa a que el tiempo
+_sentara_ para emprender el viaje a Francia con su hija. Todo lo tenía
+dispuesto y preparado ya para marchar a cualquier hora, y Luz esperaba
+el recado en su colegio. No debía volver a casa ya sino para entrar por
+una puerta y salir por otra, como suele decirse.
+
+La marquesa había elegido esa estación del año, porque se prestaba mejor
+que otra a sus intentos.
+
+No había motivo racional ya para dejar a Luz en Madrid un verano entero,
+ni su madre podía resignarse a pasarle en la calle del Barquillo, ni
+tampoco a viajar con el estorbo peligroso de su hija; y como a ésta lo
+mismo le importaba entrar en el nuevo colegio con la primavera que con
+el otoño, la marquesa había preferido la primavera, de la cual pensaba
+hacer algo como prólogo de su excursión de verano; excursión _planeada_
+hasta la nimiedad, durante el invierno, con Leticia y con Sagrario, que
+habían de representar grandes papeles en ella.
+
+Y llegó el día esperado; y la marquesa recogió su tesoro del escondite
+de Madrid, y le trasladó al otro escondite que le tenía preparado en
+Francia. Y al guardián de allí, casi los mismos encarecimientos y
+advertencias que al guardián de acá. No era ya prudente ni posible
+sostener a Luz en completa ignorancia de su categoría social; pero, en
+cambio, convenía redoblar el empeño para que desconociera los usos y más
+salientes costumbres de la _clase_. Que se habituara a considerarlos
+sometidos a las reglas generales de la ordinaria vida social; y de este
+modo, cuando no pudiera evitarse que los conociera, por sí misma, sería
+obra fácil convencerla de que todo lo malo que la sorprendía por
+inesperado, era excepción de la regla; y con esto bastaba, por de
+pronto. Las demás advertencias, ya lo he dicho, como en Madrid: pocas
+retóricas, buena moral, escogidas amistades, «el Dios de los pobres» y
+un buen equilibrio entre la salud del cuerpo y la del alma. Otra
+variante que se me olvidaba: no fue tan penosa la despedida de la madre
+en Francia como lo había sido en Madrid, después de encerrar a su hija.
+Cuatro años de separación la habían ido acostumbrando a vivir lejos de
+ella con sosiego.
+
+Cumplido este importante negocio, a París con la doncella, con la de
+marras. Un mes pasó allí. ¿Qué hizo? Contra su costumbre, está poco
+explícita la marquesa en este pasaje de sus _Apuntes_: acaso porque la
+materia no daba de sí para cosa mejor; quizás por todo lo contrario. De
+todas maneras, es de extrañar este laconismo de nuestra heroína, que
+sabe entretener la pluma en asuntos bien insignificantes, y no se muerde
+la lengua cuando tiene que declarar faltas enormes. Pero en materia de
+escrúpulos, ¡hay tantas rarezas incomprensibles!
+
+Quien pudiera sacarnos de la duda era su doncella; pero ni la conozco,
+ni existe, que yo sepa, la historia de su vida y milagros.
+
+Lo único que hace saber terminantemente la marquesa, es que al acabarse
+mayo llegó Sagrario a París, según lo convenido entre ambas; que pasaron
+juntas quince días en aquella capital, «bien disfrutados» (textual), y
+que se fueron después a Viena para reunirse con Leticia, según lo
+convenido también.
+
+Y vean ustedes otra prueba que yo creo tener de que lo de París no sería
+cosa mayor, por lo mismo que se lo callaba la marquesa, en la
+despreocupación con que da cuenta, aunque no minuciosa, de todas las
+restantes aventuras de su viaje desde que se reunieron las tres amigas
+en la capital de Austria. Allí se pertrecharon, como quien dice, de
+nuevos alientos y propósitos, y de allí salieron para hacer una
+verdadera _razzia_ por todo lo más cogolludo de la Europa elegante, unas
+veces juntas, otras separadas, según «las circunstancias y las
+necesidades»; pero siempre en cabal inteligencia, como divisiones
+aguerridas y bien disciplinadas de un mismo ejército. ¿Por qué fue Viena
+el punto de partida, y no París, verbigracia? ¿Por qué se reunieron las
+tres aventureras en aquella ciudad austriaca y no en esta francesa? La
+marquesa culpa de esta singularidad, que no la desagradó, a la
+caprichosa y siempre impenetrable Leticia.
+
+El hecho es que de allí salieron, como pudieron haber salido de otro
+punto cualquiera, y que nunca como entonces pudo decirse con mayores
+visos de verdad, que por donde iban no dejaban _títere con cabeza_. Y yo
+creo que esto debe entenderse, siquiera en la mayor parte de las
+ocasiones, en el mejor de los sentidos; quiero decir, en él menos
+candente de cuantos quepan en la malicia del lector. Porque, según
+parece, hubo grandes estragos donde no son de temer los de cierto
+género. Los machuchos cancilleres, los estirados diplomáticos, los
+ministros _desposeídos_, los grandes agitadores expatriados, todo lo más
+alto, en fin, y lo más serio de las notabilidades europeas que
+_abrevaba_ en lo selecto de las aguas de nuestro continente, sintió, en
+más o en menos, el influjo diabólico del paso de los tres astros
+errantes; y es sabido que si no volvieron a Madrid con una reata de
+celebridades de tal calibre por tiro de su carro triunfal, fue porque no
+se les puso en el moño la ocurrencia.
+
+De la índole de estos estragos deduzco yo que sólo se trataba, por las
+causantes, de una ostentación o alarde de travesura, nada increíble en
+tres mujeres hermosas, sin el freno del escrúpulo y en lo mejor de la
+vida.
+
+En Ems, ya muy avanzado el verano, se halló la marquesa con Pepe Guzmán.
+No le gustó el hallazgo cosa maldita.
+
+--A mi paso por Francia--la dijo sin preámbulos--he visto a Luz.
+
+--¡La has visto?--exclamó la marquesa sin poder disimular la impresión
+desagradable que éste súbito recuerdo de su hija la produjo en la
+conciencia.
+
+--La he visto, sí. ¡Qué hermosa, qué angelical está!... Me preguntó si
+sabía por dónde andabas; si estarías ya en Madrid; si te vería pronto
+yo...
+
+--Y tú ¿qué la respondiste?
+
+--Yo la respondí..., no lo recuerdo exactamente, porque estaba oyendo
+desde allí el ruido de tus ligerezas imperdonables, y temía que Luz le
+oyera también...
+
+--¿Es cierto que le has oído?
+
+--¿Pues de qué le conocería, si no?
+
+--¡Qué temeridades, Dios mío! ¿Por qué hará _una_ estas cosas!--exclamó
+entonces la dama sinceramente espantada de su propia labor. De pronto se
+trocó su espanto en ira, y lanzó a la faz de su amigo estas frases:
+
+--¡Y pensar que yo no había nacido para eso!, ¡que estoy en ello porque
+a ello me han arrastrado contra mi voluntad, y que la única persona que
+me pide cuentas de mi caída sea la que más fuerte me empujó para caer!
+
+--¿Eso es un cargo para mí?
+
+--Es un cargo para ti, porque no puede ser otra cosa cada grito que me
+arranca esta herida hecha por tu mano, y que no acaba nunca de
+cicatrizarse.
+
+--¡Ay de ti y de tu hija inocente el día en que esa herida no te duela!
+
+--¿Qué quieres decirme, consejero de Satanás?
+
+--Que no cabe avenencia entre tus inquietudes de madre cariñosa y tus...
+locuras de mujer mundana; y que tienes que decidirte pronto por lo
+mejor, en la inteligencia de que ambas cosas dentro de ti no han de
+tardar en producir el mismo fruto que si te decidieras por lo más malo.
+
+--¿Qué fruto?
+
+--El que más temes, Nica.... y el que acaso mereces por castigo.
+
+--¡Por castigo!... ¡Y me lo dices con una frescura como si tú no le
+merecieras más ejemplar todavía!
+
+--¿Quién sabe si le estoy sufriendo ya!
+
+--¡Tú!
+
+--¿Crees posible que suceda lo que temo sin que resultemos castigados
+los dos?
+
+--¡Siempre egoísta!... Vete, déjame en paz, y que suceda lo que Dios
+quiera.
+
+--Esto significa que te espanta la verdad, y me alegro de ello.
+
+--Di que me repugna en tus labios, y estarás en lo justo.
+
+--Pero, al fin, siempre será verdad, y conviene que la reconozcas de vez
+en cuando.
+
+ * * * * *
+
+Y este fue el único tropiezo que halló la marquesa de Montálvez aquel
+verano en el ancho, florido y dilatado campo de sus travesuras y
+regocijos de buen tono.
+
+En París se separó de sus dos amigas; hizo una visita a Luz en su
+refugio, y gran acopio en ella de excelentes propósitos de enmienda, que
+se le entibiaron mucho con los aires del amino hacia su casa; y entró en
+Madrid, en septiembre, tan tranquila y sosegada como si no hubiera roto
+un plato durante el verano ni en todos los días de su vida.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Desde aquí comienza un período que fue el más escabroso, si no el más
+largo, de los varios que tuvo la vida mundana de la marquesa de
+Montálvez. Según ella misma lo declara, tan escabroso fue, que él solo
+la daría para un libro entero, si se propusiera referir tan enorme
+catálogo de _cosas_. Pero da por sentado que el público madrileño conoce
+las más salientes de ellas y presume las restantes; y a esto se atiene
+para considerar ocioso un trabajo más desleído, porque valor y
+resolución la sobran para echar a la calle todas esas barreduras de su
+conciencia.
+
+Yo podría suplir las omisiones, porque me es bien conocida la materia;
+pero esta conducta no sería galante ni acertada, por contravenir a aquel
+prudente acuerdo y caer en el peligro, que también teme la marquesa, de
+que resulte plato de estímulos insanos lo que debe resultar muy otra
+cosa. Aténgome, pues, al texto de los _Apuntes_, confirmación exactísima
+de los rumores de la fama, y aun eso sólo he de darlo en extracto para
+llegar cuanto antes a la narración de otros sucesos harto más dignos de
+la atención de los lectores.
+
+Se cansó muy pronto de las fiestas caras y ruidosas que daba en su casa.
+En su temple de _jamona fresca_, con su aprovechada experiencia, su buen
+gusto y claro ingenio, necesitaba algo de más jugo, de más substancia
+que aquella insípida y continua exposición de mujeres frívolas y de
+hombres mentecatos, cargados de perifollos; fiestas en las que, tras de
+costarla un sentido, todos se divertían menos ella. En fin, que echó la
+gente a la calle y dio por terminadas las reuniones de fausto en sus
+salones.
+
+Para llevar a cabo sus nuevos planes, eligió lo que había de
+aprovechable entre lo arrojado de su casa y lo que conocía de lo de
+fuera; después autorizó a los escogidos para que escogieran a su vez,
+sin pararse en pelillos de linaje: podían espigar en varios campos, en
+todos los que se dieran ingenios bien educados, desde la presidencia del
+Consejo de ministros, hasta el humilde rincón de la obscura gacetilla.
+Que no se reparara en edades ni en estampas: viejos y mozos, altos y
+bajos; todo servía, con tal de no carecer de ingenio ni de desparpajo;
+_tupé_, que dicen otros. Para todos habría que hacer allí.
+
+De mujeres (éstas eran de elección suya exclusivamente), pocas y malas;
+quiero decir, de buen pico y mejores tragaderas.
+
+Y así se fue haciendo.
+
+Cuando le anunciaban un presentado, preguntaba ella al presentante:
+
+--¿Vale?
+
+Respondíanla que sí.
+
+--Pues que venga.
+
+Y _valer_, en aquellas ocasiones, significaba ser cualquier cosa, menos
+hombre indigestamente grave, corto de genio, feo sin gracia, ignorante
+sin osadía, galán ruboroso..., y así por el estilo; porque allí, hasta
+el saber macizo y serio había de derramarse en dosis muy concentradas y
+con mucha sal y pimienta: todo menos la pesadez y la petulancia. Y
+_valiendo_, todo era lícito con tal de estar _bien hecho_; la grosería
+en las formas estaba igualmente proscrita. En el pensamiento, no tanto.
+
+Dicen los que lo conocieron, que _aquello_ tuvo que oír... y que ver; y
+lo llamo _aquello_, porque no sé qué nombre darlo. La marquesa, por
+llamarlo de algún modo, lo llamaba _tés íntimos_; pero es lo cierto que
+aunque todas las noches del invierno, ya muy cerca de la madrugada,
+había ese _té_ en su casa, _aquello_ no tenía horas fijas ni aspectos
+determinados, y chisporroteaba de mil modos: entre pocos, entre muchos,
+en tertulia plena, con media docena de _ellos_ convidados a comer, o con
+otros tantos al humor de la chimenea a cualquier hora de la tarde. Más
+que té, era al modo de sierpe de muchas cabezas que alcanzaba con la
+punta de la cola a muchas cosas y a muchas partes..., hasta las casas de
+Leticia y de Sagrario. Porque estas dos criaturas de tan buen estómago,
+en cuanto lo cataron en la de la marquesa pidieron el turno
+correspondiente; y no era cosa de que las desairaran aquellos hombres
+tan corteses y campechanos de suyo.
+
+Como en estas reuniones de imponderable confianza se vivía en perpetuo
+comercio de malas intenciones, de malicias y de travesuras de lenguaje,
+el natural ingenio de la marquesa adquirió gran desarrollo, y su bien
+acreditado humorismo se empapó en nuevos y más _picantes_ jugos. Llegó a
+tener _frases felices_ y a pintarse sola para crucificar en una
+semblanza a un prójimo desventurado, o para hacer en otro marca
+indeleble con un dicho que repetía después _todo Madrid_. De aquella
+fábrica salieron tantos y tantos que aún continúan siendo famosos entre
+las gentes encogolladas, vagabundos de levita y estudiantes
+desaplicados.
+
+Por entonces comenzó a llamársela _la Montálvez_, llaneza que acreditaba
+su bien adquirida popularidad, como en otro tiempo la había acreditado,
+entre la juventud de rechupete, otra llaneza, algo más fina y culta:
+_Nica Montálvez_. Lo cierto es que Madrid se llenó de _cosas_ de _la
+Montálvez_, y que hasta las que rodaban por tertulias y cafés sin madre
+conocida, se le atribuían a ella. Privilegio de las popularidades bien
+fundadas.
+
+Su casa, por las gentes que la frecuentaban, llegó a ser registro exacto
+de los secretos pecaminosos, hazañas y picardías de _todo Madrid_: allí
+se conocía la clave de los misterios, chicos y grandes, de la política
+fullera, y el hilo de muchas marañas inexplicables de la Hacienda
+pública; había palancas para remover obstáculos que las gentes _legas_
+conceptuaban irremovibles, y el don de muchos prodigios de fortuna en
+todas las carreras del Estado, que dejan atónito y confuso al vulgo
+sencillote.
+
+Los maldicientes que se creían mejor informados, referían de _las tres
+Gracias_ verdaderas enormidades en los corrillos del público voraz. _Las
+tres Gracias_, y por añadidura _en conserva_, eran las tres _viudas
+verdes_: en una palabra, _la Montálvez_ y sus dos amigas Leticia y
+Sagrario. De cada una de ellas se contaban anécdotas que ardían;
+caprichos libidinosos que traían su filiación de la Roma corrompida de
+los Césares.
+
+No niega fundamento la Montálvez a estos rumores, pero se sacude
+violentamente de ciertos _hechos_; y quiere que conste que todos los
+comprobables de aquel calibre pertenecen a Leticia y a Sagrario. La
+misma salvedad hace con respecto a los _dichos_. De éstos, unos eran
+referentes a personas y otros a cosas; unos, al modo de dictámenes;
+otros, al de motes y semblanzas; los había cruelmente ingeniosos, y los
+había también indecentes. Se atribuye gran parte de los primeros; pero
+rechaza hasta con asco la propiedad de los segundos.
+
+Y la creo, no solamente por el valor con que se acusa de otras cosas
+bien graves, sino porque había en su naturaleza un componente pudoroso
+que la impedía ser grosera: y hasta como pecadora, lo fue sin el aguijón
+del apetito; y por eso quiere que se la tache por _lujo de pecar_, pero
+no por _lujosa en el pecado_. Lo primero no edifica, seguramente; pero
+tampoco degrada ni corrompe tanto como lo segundo.
+
+Por ese lado se explica también que, entre las tres cómplices de estas
+fechorías, fuera ella la que se cansó primero, o, mejor dicho, la única
+que se cansó; porque las otras dos no se cansaron pizca: al contrario,
+deshecha la mancomunidad que sostenía a las tres en cierto orden de
+equilibrio, cayeron Sagrario y Leticia, por su propio peso, despeñadas
+hasta lo más hondo, aunque cada cual a su manera: Sagrario fue siempre
+la mujer de los caprichos estrepitosos; Leticia el modelo de las
+caprichosas solapadas y de las amigas temibles. Se la atribuían hasta
+perfidias de tan mala casta, que rayaban en crueldades. Serían o no
+serían ciertas: la marquesa cree que sí, porque tuvo grandes y
+especiales motivos para no dudarlo.
+
+Como tampoco duda, antes confirma terminantemente, lo que ya sabíamos
+por Manolo Casa-Vieja: que era muy avara; pero, según la marquesa, avara
+de la peor especie: tenía el vicio del trapicheo, y media docena de
+_comadres_ negociando de su cuenta, por las casas de vecindad, sus
+vestidos de desecho y hasta los trastos de la cocina. En este bajo
+comercio era tramposa y desleal; y se desvivía y aguzaba el ingenio por
+el gusto de robar media peseta a una chula en un dije de similor.
+Creíase que eran muy mal adquiridas muchas cosas de mérito que se
+admiraban en su casa, particularmente obras de arte; y maravillaba el
+lujo de raterías que se daba por empleado para apoderarse de ellas. ¡Y
+esta mujer tenía un caudal enorme y era espléndida en sus gastos! Hay
+muchas almas de alquimia que tienen roñas así.
+
+Volviendo a la marquesa, digo que ese azaroso tramo de su vida pecadora
+duró seis años.
+
+Guzmán, que era por entonces un señor bastante gordo y entrecano, pero
+siempre de _gran ver_, iba poco, muy poco, por la casa de su amiga; y
+cuando iba, era para reprenderla.
+
+--Te empeñas en que te oiga--la dijo más de una vez--, y al fin te oirá.
+Y aunque no llegue a oírte, por el rastro que va dejando aquí la vida
+que haces, tendrá que conocerla.
+
+--Es el último estruendo de ella--respondía la pecadora sonriendo--. No
+lo dudes: estoy preparándome para ser juiciosa.
+
+De tarde en cuando desaparecía por una temporadita para visitar a Luz.
+Dos veces la trajo a Madrid durante aquellos seis años, pero por muy
+pocos días; y entonces fue su casa un modelo de sosiego y de buen orden.
+Se la presentaba a sus amigas menos temibles, y la llevaba consigo a
+algunos sitios de recreo.
+
+Entre la primera y la segunda venida a España dio Luz un _estirón_ que
+sorprendió mucho a su madre. La encontró hecha una mozuela que _se
+salía_ de sus angostos hábitos de colegiala. Se lo hicieron notar
+también sus amigas de Madrid; y la dijeron que era un pecado mortal no
+vestirla ya «de señorita» y no sacarla del encierro donde no parecía
+bien.
+
+La marquesa comprendía demasiado que sus amigos tenían razón; pero ella
+las tenía también muy respetables para echar por otros caminos
+diferentes; y por eso llevó a Luz a Francia otra vez, donde nunca había
+estado como verdadera colegiala.
+
+Desde este viaje es cuando apareció la Montálvez notablemente
+transformada.
+
+Con disculpas bien buscadas, fue disolviendo sus _tés íntimos_ y sus
+tertulias _verdes_, y escatimando su asistencia a las de sus amigas. No
+por ello se hizo huraña ni melancólica; pero si muy escogida en las
+personas para el trato continuo, y muy sobria en los recreos de puertas
+afuera.
+
+Rebasaba ya bastante de los cuarenta años: había dado de repente el
+_bajón_ de que no se libra bicho viviente, por mucho que se emperejile y
+se _defienda_; y a este fracaso se atribuyó la retirada, creyendo que la
+Montálvez se apresuraba a dejar el mundo antes que el mundo la dejara a
+ella.
+
+No era cierta la suposición ni bien fundado el motivo. A la marquesa le
+quedaba todavía un otoño muy agradable que explotar, si hubiera querido
+apurar las cosechas hasta la vendimia inclusive. Contaba aún con muchos,
+con muchísimos golosos; porque más varios que las estaciones de la vida
+son los gustos de los hombres viciosos y desarreglados. Dijéranlo, si
+no, sus compañeras de glorias y fatigas mundanas, Sagrario y Leticia:
+más invernizas y deshojadas que ella iban poniéndose, miradas a buena
+luz, y aún triunfaban y lucían y se consideraban a lo mejor del camino,
+soñando, porque volvían la espalda al invierno que las espantaba, que
+corrían hacia la primavera.
+
+No se fundaba, pues, la resolución de la Montálvez en aquel fracaso de
+su belleza, aun que coincidió con él.
+
+Ya se sabe que no estaba formada del peor de los barros posibles; que no
+entraba el vicio como verdadera necesidad en su naturaleza, y que,
+aunque la divertía ser viciosa, no la _llenaba_. Desde que nació su
+hija, luchaban en ella dos pasiones que se aborrecían como el perro y
+el gato, una buena y otra mala: la de madre escrupulosa y amante, y la
+de mujer de mundo, alegre y despreocupada. Mientras la hija estuvo en
+edad de vivir escondida, la madre pudo entregarse de lleno a sus
+placeres mundanos; pero llegada la hora de traer a Luz a su lado, tenía
+que decidirse por el gato o por el perro; y esa hora llegó, y la madre
+escrupulosa triunfó sin lucha de la mujer liviana. Cierto que Luz estuvo
+en el escondrijo dos años más de lo justo; cierto que el momento de
+decidirse la madre ocurrió en aquella crisis de su edad y después de un
+hartazgo de desórdenes que bien pudiera tomarse por el hartazgo de
+Marta; cierto es igualmente que en estas _coincidencias_ hay base
+sobrada, tomando las cosas en su primer aspecto, para la suposición de
+las gentes; pero es la pura verdad también lo que yo afirmo con el
+testimonio de la marquesa misma, y a esta opinión hay que atenerse.
+
+Puede haber quien pregunte: «Y si el momento de decidirse hubiera
+ocurrido cuando tenía la marquesa seis años menos, ¿por cuál de las dos
+pasiones se habría decidido?»
+
+Paréceme la pregunta un exceso de curiosidad y un lujo de mala fe; pero
+conste que yo me inclino a lo más favorable para aquella dama, cuyo
+desmedido amor a su hija daba para ello y otro tanto más.
+
+Volviendo a lo que importa y dejándonos de escarbar tan adentro, porque,
+si a eso fuéramos, sabe Dios qué cosas se hallarían en el alma de muchos
+que creen tenerla como los ampos de la nieve, digo que la transformación
+de la marquesa después de llevar a Francia por última vez a su hija fue
+tan de veras, que no se contentó con deshacer sus tertulias y despejar
+la casa de gentes nocivas a la buena moral, sino que, en cuanto la puso
+en orden, se consagró a orearla y a limpiarla de todo rastro de
+impurezas. Hasta de sus propios resabios trataba de sacudirse, se le
+figuraba que de sus fechorías más recientes le quedaban algunos en el
+estilo, y temía que por aquellas espumas se descubrieran, las pasadas
+tempestades. ¡Mujer más singular!
+
+Estos preparativos duraron cerca de dos años, y aun con este paréntesis
+no se creía bastante alejada de sus últimas locuras para no temer que,
+cuando menos lo pensara, se le prendiera alguna en el vestido.
+
+Durante este tiempo hizo una visita a Luz. ¡Cómo iba completándose
+aquella criatura! ¡Con qué amor iba la naturaleza formando a la mujer
+sobre la armadura de la niña!
+
+A Guzmán le gustaba mucho ver a la marquesa tan afanada en aquel esmero
+de policía doméstica.
+
+--¿Te parece bastante?--solía preguntarle ella.
+
+--Todavía no--respondíala él.
+
+Y en eso estaban.
+
+Un día, después de hacerle ella la misma pregunta, se quedó Guzmán
+pensando mucho la respuesta.
+
+--Voy sospechando--le dijo la marquesa--que nunca te ha de parecer esta
+casa bastante purificada.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque eres hombre de buen olfato; y mientras estés tú en ella,
+siempre has de hallar tufo de peste. Es el único que anda ya por aquí...
+en cuanto tú vienes.
+
+Sonriose Guzmán y respondió, poniéndose el sombrero para marcharse:
+
+--Puede que tengas razón... Vete, vete cuanto antes por ella.
+
+Y muy pocos días después salió de Madrid la marquesa para traer de
+Francia a su hija.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Luz tenía diez y ocho años cuando su madre se decidió a sacarla para
+siempre de su escondrijo. A ésta le remordía algo la conciencia, por
+parecerle demasiado larga la prisión; a la prisionera le daba lo mismo
+irse que quedarse, si es que no prefería aquella vida de invernadero en
+que se había desarrollado, a las intemperies de un mundo que desconocía.
+
+Grandes fueron los temores y sobresaltos de la marquesa, como ya se
+dijo, cuando por primera vez tomó en sus brazos a su hija; pero fueron
+mucho más grandes al trasponer las puertas de su encierro con ella, ya
+mujer, y mujer que parecía modelada en la mente de un escultor
+enamorado. Tan singular era su belleza. De niña la conocimos recibiendo
+las caricias de Guzmán; y también sabe el lector, bajo la fe de nuestra
+palabra, que tres años después todo había crecido en ella con prodigioso
+equilibrio: lo físico y lo moral, las perfecciones del cuerpo y las del
+alma. Pues a los diez y ocho era eso mismo, en las debidas proporciones.
+
+Vida de invernadero hemos llamado a la suya, y es la verdad en casi todo
+el rigor de la frase: como lo es también que marquesa, atenta sólo a
+lograr determinados fines, acertó sin proponérselo, dando a aquella
+excepcional naturaleza el único medio en que podía desenvolverse sin
+deformarse. No a todas las plantas conviene el cultivo al aire libre y a
+cielo abierto. En lo humano, era Luz una de estas plantas. No es de
+extrañar que al salir de su estufa sintiera la impresión de otro
+ambiente más frío, y que esta impresión no le fuera agradable.
+
+Hay que decir algo sobre la realidad envuelta en estos simbolismos de
+jardinería, para que el lector no extravíe su juicio sobre el carácter
+que debe conocer a fondo entre la hojarasca de las imágenes. Hablábamos
+del mundo al cual iba Luz a salir de pronto y por primera vez, y casi
+aseguraba yo que esta salida no era muy de su gusto, o, cuando menos,
+que no la necesitaba...--Y, entre paréntesis, quiero que valga este
+ejemplo, que es el que hallo más a mano, por otros cien que pudieran
+citarse para pintar el modo de ser de la hija de la marquesa de
+Montálvez en la ocasión de que se trata.--Por razones que se conocen, la
+habían dicho cómo era el mundo que a ella le convenía imaginar, no el
+que en realidad le estaba destinado: un mundo que no era bueno, aunque
+no tan malo como el que le ocultaban; pero, al cabo, era un mundo
+práctico, con sus hombres y sus mujeres, y sus cuestas abajo y sus
+cuestas arriba; el mismo que ella veía por los resquicios de su
+encierro, y en las historias que aprendía para instruirse, y en los
+pocos libros de imaginación que se le daban para entretenerse. Y todo
+esto sería verdad, pero le gustaba muy poco; no porque adoleciera de
+sensiblerías románticas, sino por razones bien opuestas: por obra de
+aquel equilibrio prodigioso que existía entre todos los elementos que la
+constituían, de cuerpo y de alma.
+
+En aquel conjunto todo era paz, armonía y sosiego, y cabía el
+sentimiento de todo; pero no la pasión por nada sin el concurso de un
+agente perturbador que rompiera el equilibrio; el cual agente había de
+venir de afuera, porque dentro no había lugar para él. En otra criatura
+formada de distinto barro, el cultivo artificial o de invernadero, como
+hemos llamado al de Luz, hubiera producido contrarios efectos, porque en
+lo común de la naturaleza humana, las veladuras sobre los ojos son
+alicientes de los deseos y despertadores de la curiosidad; pero en una
+pasta tan dúctil y placentera como la de aquella niña, el artificio de
+su educación moral contribuyó grandemente a la perfección casi mecánica
+de la mujer; mecánica en cuanto a la estructura, digámoslo así, a la
+trabazón de las piezas componentes de su ser moral, no en cuanto a las
+funciones del conjunto, que éstas ya dependían de la pasta fundamental,
+del temple nobilísimo del alma, obra de un Artífice más alto.
+
+Quiero decir, antes que nos extraviemos entre sutiles metafísicas, que
+aún me parecen más inextricables que los laberintos de la botánica, que
+Luz, con su equilibrio de agentes íntimos, no era un reló que _andaba
+bien_, ni una soñadora que bebía vinagre y suspiraba por «el reposo de
+la tumba», sino una mujer de carne y hueso, con muy pocas ambiciones y
+muy apaciguados deseos; porque había en los ojos de su imaginación unas
+lentes que le presentaban los objetos exteriores con un colorido
+sumamente dulce y a una luz suave y tranquila, como la de un crepúsculo
+de otoño. Habituada a este modo de ver, no es de extrañar que la
+repugnaran los colores vivos y todo linaje de desentonos y de
+aberraciones, lo mismo en el orden físico que en el orden moral. Y así
+era lo cierto. Esto no impedía que Luz estuviera dispuesta a tomar lo
+que la dieran; pero, autorizada para elegir, muy pocas veces se
+decidiría al gusto de las mujeres de su edad.
+
+Apurando el ejemplo que tenemos entre manos, he de añadir que esto del
+mundo del que tanto se la hablaba y que ella hubiera adivinado aunque
+nada le hubieran dicho, porque la humana naturaleza es una parlanchina
+que todo lo descubre, y, más o menos recio, habla a la imaginación,
+aunque se la pongan candados en la lengua y se la confine a las
+soledades de un desierto; que esto del mundo, repito, la dio bastante
+que pensar desde que traspuso las fronteras de la niñez y entró con
+paso más firme y con doblados alientos de vida y con mayores fuerzas de
+visión, en los términos de la juventud.
+
+¿De qué la servía, si no todo, la mayor parte del mundo que iba
+columbrando, y además le descubrían en libros y en advertencias de
+palabra?... De maldita de Dios la cosa para las especiales ambiciones
+que la dominaban y las cortas necesidades que sentía. Sí a ella la
+hubieran dicho: «Forma uno a tu gusto y para tu exclusivo recreo, donde
+vivas en cuanto salgas de aquí», ¡qué cosa tan distinta de lo que le
+esperaba hubiera construido!
+
+Por de pronto, nada de multitudes humanas, ni de ruidos incómodos, ni de
+hacinamientos de casas formando calles sombrías y angostas; nada de
+ceremoniales mentirosos para cultivar amistades que no se necesitan
+entre personas que no se pueden ver; ni de espectáculos públicos, en los
+cuales se exhiben las gentes embanastadas de medio abajo, y en
+ringleras, como muñecos de escaparate; nada de sonrisas forzadas, ni de
+saludos maquinales, ni de corsés muy apretados; nada, en fin, de ese
+cúmulo de esclavitudes y de molestias en que viven las gentes «bien
+educadas», cuando se dice de ellas que hacen una _vida regalona_. Luz se
+hubiera contentado con muchísimo menos: con un pedacito del mundo,
+precisamente de la parte de él más desdeñada de las gentes mundanas;
+algo así como cuadro de primavera campestre: praderas rozagantes,
+copudos robles, matas de rosales, senderos blandos y retorcidos entre
+los árboles y los rosales y las praderas; un sol cernido a través de las
+espesuras; fuertes contrastes de luz y sombra; rumor de brisas en el
+follaje y de aguas fugitivas entre márgenes de madreselvas y laureles
+bravíos; pájaros cantadores, y en lo alto, pero no lejos del río, sobre
+una base de roca blanquecina medio envuelta entre carrascas, hiedras y
+escaramujos, una casita, no como la choza rústica y grosera de los
+idilios, no tanto: podía ser un _chalet_ muy cómodo y muy lindo, hasta
+con su salita de estudio y un buen piano en ella, y un terradillo desde
+el cual se descubriera una gran parte del panorama y se entrara en
+tentaciones de recorrer lo que no se veía...
+
+La segunda vez que se asomó Luz con los ojos de su imaginación a esta
+azotea (porque este cuadro primaveral no fue obra de un acaso ni
+contemplado un día solamente), descubrió, ¡extraño suceso!, al alcance
+perfecto de su vista, junto a un árbol de los más próximos al río, una
+_figura_ que ella no había puesto allí. Se atrevía a jurarlo. Era la de
+un hombre en lo más verde y lozano de la juventud: gallardo de cuerpo y
+hermoso de cara; poco bigote todavía, pero muy negro, como los ojos y
+como el pelo, suelto y abundante; muy bien ataviado, pero no compuesto.
+
+¿Debía Luz borrar aquella figura del cuadro, solamente por no ser obra
+suya? Fueran cuales fuesen su procedencia y su destino, el detalle
+inesperado _componía_ muy bien donde estaba; y _componiendo_ bien, no
+debía borrarse. Además, aquellos fondos, aunque bellos, eran demasiado
+para una mujer sola. Podía llegar a sentirse allí hasta el miedo, porque
+la soledad es imponente, por hermosa que sea; y aunque no se llegue al
+miedo, las impresiones recibidas en la contemplación de lo bello no se
+completan si no son comunicadas con alguien; y hasta se daba el caso
+entonces de que aquel mancebo, por la expresión de su mirada intensa, la
+dulzura de su sonrisa y lo varonil de su persona, parecía la
+encarnación del sentimiento, de la bondad y de la fortaleza; como que
+metida ya Luz de plano en estas fantasías hasta se le antojó (salvando
+la irreverencia que creía cometer en la comparación) que el tal mancebo
+podía pasar, donde estaba, por algo así como arcángel guardador del
+misterioso paraíso. ¡Si _compondría_ bien la figurita en el punto del
+cuadro en que había aparecido «de repente»!
+
+A la tercera vez que se asomó Luz a la azotea, también vio al mancebo en
+el mismo sitio; pero ya no se contentaba, para dar entretenimiento a sus
+miradas, con el lujo de la naturaleza que le envolvía; también la miraba
+a ella, a Luz, y aun con mejores ojos que a las bellezas inanimadas del
+paraíso; y como el mancebo era, en opinión de Luz, «el sentimiento de la
+bondad y la fortaleza», y hasta «el arcángel guardador» de todo aquello,
+que ya era «de los dos», Luz bajó del terrado, sin miedo y sin
+escrúpulos, y el mancebo la salió al encuentro; y ella apoyó su brazo en
+el brazo que le presentó él, y se fueron juntos por el sendero adelante;
+y mientras andaban así, a Luz le parecía más radiante la del sol y que
+eran más olorosas las flores y más blandos los senderos; los ruidos más
+armoniosos, el ambiente más saludable y los pajarillos más alegres.
+Después, en la soledad de su casita, todo lo hallaba más cómodo y
+risueño; y al poner sus manos sobre el teclado del piano, le arrancaba
+del fondo notas de una vibración como jamás había arrancado de aquellas
+fibras de acero.
+
+Pues bien: algo así, con este cuadro primaveral por base, podía ser la
+vida de una mujer como Luz, si la dijeran: «Escoge un mundo a tu gusto
+para ti sola, o para los dos a lo sumo». No pediría ella otra cosa. Y,
+sin embargo, se guardaría muy bien de descubrir estos deseos en medio de
+las realidades de su vida, porque estaba cierta de que habían de ser
+calificados de locura.
+
+Pero, locura o no, soñó largo tiempo con el cuadro, no sé, ni ella lo
+supo, si despierta o dormida; y de tanto soñar con él, llegó a salir del
+colegio con grandes dudas de si aquellos fondos de la naturaleza y aquel
+mancebo guardador del paraíso de sus sueños, que tan conocidos le eran
+ya, los había visto ella en alguna parte.
+
+No sé si el lector habrá comprendido bien todo cuanto llevo dicho, o si
+yo no habré sabido explicarme, para llegar a conocer el fondo del
+carácter de Luz; pero seguro estoy de que, por muy mal que me haya
+salido la tarea, se puede sacar de ella todo lo que se necesita para
+convenir conmigo en que la marquesa de Montálvez no tenía motivos para
+alarmarse al presentar en el mundo a su hija, hecha una mujer, por el
+lado de sus pensamientos y naturales inclinaciones. Y no se alarmaba por
+lo tocante a este lado. Pero por el otro, es decir, por el de su
+belleza, ¿cómo evitar los riesgos que temía? ¿Qué más daba que ella se
+fuera sola hacia el cenagal, o que el cenagal la buscara a ella, si lo
+importante era que el uno y la otra se pusieran en contacto inmediato?
+Pensar en recluirla de nuevo, teníalo hasta por inhumano, además de
+ridículo. Era de necesidad, no solamente «echarla al mundo», sino
+también lucirla en él. Y en este caso, ¿cómo impedir que aquella
+gentileza de Venus púdica, o mejor dicho, aquella realizada idealidad de
+virgen cristiana, atrajera sobre sí todas las voracidades de los
+hombres descorazonados y todos los venenos de las mujeres envidiosas, y
+que fuera esta lepra inficionando poco a poco a la inocente? ¿Cómo
+evitar, cuando menos, que con el continuado roce con tantas y tan
+diversas intenciones se destruyera el artificio y quedaran de manifiesto
+a los ojos de Luz las negras realidades que la marquesa le escondía
+hasta dentro de su misma casa?
+
+Los temores de la madre no podían ser más fundados; pero había que
+cerrar los ojos y seguir adelante. Y adelante fue.
+
+Luz hizo su entrada en el mundo con la serenidad de quien nada teme en
+una región que no le interesa. Todo cuanto iba viendo le parecía natural
+y corriente, porque cuando allí lo ponían, allí debería de estar. Tomaba
+las cosas en el valor que a sus ojos tenían, y a ese precio las pagaba;
+y como le sobraba en discreción mucho más de lo que le faltaba en
+experiencia, siempre salía muy airosa en estos tratos de su forzado
+comercio con las frivolidades mundanas.
+
+A más de por hermosa en el grado especial en que lo era, por la historia
+que tenía, fue su aparición en los salones mucho más notada que otras
+semejantes: la mordieron las envidiosas con la saña de las grandes
+ocasiones; la compadecieron a gritos las pecadoras en secreto; los
+hombres la tuvieron quince días _sobre el tapete_ en sus debates
+_naturalistas_, y los revisteros de salones soltaron toda la trompetería
+más sonora de sus órganos, en honra y gloria de la recién llegada al
+único mundo en que, según ellos, se podía vivir debajo de la luna.
+_Aljófar_, que todavía cantaba porque aún tenía estómago insaciable que
+se lo exigía, entonó en letras de molde una _silva_ de media vara, en
+que hubo más juegos de luz que en un «cuadro disolvente». Ni de las
+murmuraciones a escondidas ni de las alabanzas en público, tuvo noticias
+Luz; porque las primeras no se oían, y cuidó mucho su madre de ocultar
+las segundas con el sabio propósito de que desconociera su hija,
+mientras esto fuera posible, aquella mala costumbre de poner a las
+gentes en ridículo queriendo hacerlas un favor.
+
+Tomando por pretexto las pocas aficiones de la novicia a los estruendos
+mundanos, la marquesa se guardaba muy bien de empujarla hacia ellos;
+antes, la mantenía discretamente en sus inclinaciones al sosiego, y
+hasta las explotaba en cuanto la convenía para sus fines particulares.
+
+Por ejemplo: Luz seguía fuera del colegio las prácticas cristianas a que
+se había acostumbrado en él. Iba a la iglesia a menudo y tenía sus rezos
+en casa. Pues a todos estos actos piadosos la acompañaba su madre. Algo
+la mordían sus amigas, y con gran donaire se sacudía ella de las zumbas;
+pero seguía yendo a la iglesia y rezando con su hija, muy a su placer.
+
+Con todo esto y lo que ya se ha dicho en el capítulo precedente sobre
+oreos y desinfecciones, que continuaban en la necesaria medida, la casa
+de la marquesa, sin dejar ésta de ser la dama de distinguido y ameno
+trato, no era conocida ya. Aquellos profanados interiores de la
+Montálvez habían adquirido el honrado aspecto de un _hogar de familia_.
+
+Algo retrasadas andaban estas medidas de regeneración; pero nunca es
+demasiado tarde para abrir a Dios la puerta de casa, después de haber
+barrido de ella al demonio.
+
+Guzmán, que era ya Excelentísimo señor don José Celestino, senador del
+reino, columna del partido conservador, consejero de Estado, embajador
+probable, ministro posible y todo lo que quisiera, si lo quería con gran
+empeño, pasaba la pena negra desde que Luz había llegado a Madrid.
+Temblaba por ella, y a su lado se hubiera puesto para ampararla de día y
+de noche contra los peligros en que veía el tesoro de candor que se
+encerraba en aquel estuche primoroso; pero no alcanzaban sus derechos a
+donde llegaban sus impulsos. Era harto sabida en Madrid la leyenda de la
+_semejanza_, con todos sus antecedentes, y hubiera sido una profanación
+inicua someter aquel ángel a nuevas comparaciones y nuevos comentarios
+del público mordaz. Por eso se creía más obligado a alejarse de ella
+cuanto mayores eran sus deseos de acercarse. La admiraba y la protegía a
+_prudente_ distancia; pero esta prudencia se parecía demasiado en sus
+tramites al desvío de un extraño, y él no podía conformarse con tan
+poco.
+
+Ya sabemos que había vuelto a frecuentar la casa de la marquesa desde
+que se andaba en ella a escobazos con el diablo. En una de sus visitas,
+estando ya la desterrada joven en Madrid, halló a su amiga muy alarmada.
+Luz sabía desde muy niña que su madre era viuda, y de quién lo era y
+desde cuándo; pero en lo que jamás había dado, dio en las primeras
+conversaciones que tuvo con su madre, recién llegadas las dos de
+Francia: en pedirla noticias y pormenores íntimos de «su padre».
+¡Figúrese el lector en qué aprietos no se vería la aristocrática viuda
+de don Mauricio Ibáñez para salir limpia y sin manchar a nadie, de aquel
+nuevo lodazal en que la arrojaba de pronto el natural deseo de su hija!
+Salió bastante mejor que hubiera salido otra pecadora con menos ingenio
+y serenidad que ella; pero salió muy dolorida y alarmada.
+
+Refirió el caso a Guzmán, muy en voz baja y después de registrar hasta
+los rincones, temiendo que la oyeran, y también culpó a su amigo de este
+nuevo fruto de su vida de iniquidades y contubernios.
+
+--No es ya hora--la dijo Guzmán--de liquidar esas cuentas tan
+envejecidas. Tomemos el caso como una advertencia más del celo que se
+necesita aquí para que no descubra Luz lo que jamás debe serle conocido,
+y eso nos baste, que no es poco en gracia de Dios. El bien de tu hija
+debe ser el móvil de todos tus actos y pensamientos. Yo te ayudaré con
+los míos, en cuanto me sea posible y lícito, a la distancia a que me
+hallo de vosotras. Olvido absoluto de todo lo demás..., hasta en sueños,
+si dable nos fuera; y desde este instante no se pronuncie una sola
+palabra entre nosotros que no pueda ser oída de Luz sin asombro de su
+ignorancia y de su inocencia; porque fuera caso peregrino que lo que
+tratas de ocultarla entre las desenvolturas de las gentes extrañas, se
+lo descubrieran en su propio hogar tus mismas imprudencias.
+
+A la marquesa le pareció muy cuerdo el dictamen de Guzmán, y desde aquel
+día se acabó entre ambos el tratamiento llano de sus intimidades; quedó
+proscrita toda alusión a lo pasado, y no fue en la casa de Luz ni fuera
+de ella el antiguo amante de la hermosa Nica Montálvez, más que un amigo
+muy afectuoso y atento de la ajamonada viuda del arruinado banquero don
+Mauricio Ibáñez.
+
+
+
+
+IX
+
+
+La marquesa había dicho a su médico que probablemente necesitaría tomar,
+durante el verano que se acercaba, algunas aguas sulfurosas y quizás
+también algunos baños de mar; pero «caserito todo ello, y a lo pobre».
+Quería dar a entender que en puntos de poco ruido aristocrático y en
+España. En seguida expuso las razones en que se fundaba para creer de
+necesidad lo que decía (fundamentos que bien pudieran haber sido
+inventados por ella). El amable doctor, después de escucharla
+atentamente, la respondió muy risueño que estaba enteramente conforme
+con su parecer. Entonces añadió la marquesa que ella sabía de una
+provincia española donde se hallaban ambos remedios, y a muy corta
+distancia el uno del otro.
+
+--Pues a esa provincia--repuso el complaciente médico--. Tome usted muy
+poco de lo sulfuroso y cuanto pueda resistir de lo del mar; y si Luz no
+tiene miedo a las olas, que se columpie en ellas también siempre que le
+dé la gana, pues hasta en naturalezas tan saludables como la suya
+sientan esos tónicos a maravilla.
+
+Y por estas razones, con alguna más que ella conocería, y que bien
+pueden sospecharse sabiendo su nuevo modo de pensar sobre las vanidades
+de su mundo, se hallaba la marquesa de Montálvez con su hija, en el
+rigor de aquel verano, tomando los baños de mar en una de las playas más
+hermosas, aunque no la más nombrada, de la Península.
+
+Se encontraba muy bien allí. La concurrencia era abundante, pero no de
+_primer lustre_. Precisamente lo que la marquesa quería. Gentes de buen
+pelaje: de tierra adentro las más, pero sin llegar a Madrid. Como no
+había etiquetas, aunque si mucha presunción, entre los bañistas, la
+marquesa vivía entre ellos con la mayor holgura, casi en traje
+doméstico; y no suprimía el casi, porque no se tomara su desaliño a
+desdén de gran señora. El aire de la playa, el rumor de las olas, la
+inquietud de la mar, el abrupto perfil de la costa, las puestas del sol
+entre celajes de fuego y sumergiéndose el astro y apagando su luz poco a
+poco en lo último de aquellas aguas sin fin... Cien veces lo había
+tenido delante de los ojos en otras playas de Europa, y no lo había
+visto hasta entonces. ¡Qué saludable y qué hermoso le parecía!
+
+Creían hacerla un gran favor aquellos corteses bañistas cuando la
+invitaban a las fiestas con que entretenían los ocios de la temporada; y
+no podían imaginarse hasta qué extremo la molestaban poniéndola en el
+deber de aceptarlo todo. ¡Fiestas a ella, que venía huyendo de las que
+le habían envejecido el espíritu a lo mejor de la vida!
+
+Pero no se trataba de ella sola: se trataba de Luz, a quien indirecta,
+pero principalmente, iban enderezadas las invitaciones, y era muy justo
+no desairarlas, así por la buena intención de los invitantes, como por
+lo inofensivo de lo brindado. Podía la hermosa novicia hasta saturarse
+de ello sin temor de daño alguno.
+
+Lo peor era que Luz no lo apetecía mucho más que su madre. Habían hecho
+que lo tomara casi en aborrecimiento las intemperancias galantes de
+aquellos donceles que la miraban, que la seguían y que la requebraban
+implacables, y de aquellas damas que buscaban su trato incesantemente
+para alabarla cuando hablaban con ella, para ponerla defectos las más,
+en cuanto se alejaban un poco, y para imitarla todas, al fin, hasta en
+el modo de andar.
+
+Pero lo que su madre le decía: «estás aquí, y en la edad de divertirte,
+y tienes hasta que hacer que te diviertes con lo que aquí se divierten
+los demás». Y Luz lo aceptaba todo con el mejor de los deseos, y en
+todas partes aparentaba divertirse mucho, aunque en realidad se
+divirtiera muy pocas veces. Sin embargo, tampoco se aburría; y quiero
+que conste este dato para que no se confunda con el melindre indigesto
+lo que era hasta abnegación de una naturaleza sobria y delicada de
+gustos.
+
+La marquesa, por vecindades en la mesa redonda del hotel en que se
+hospedaba, había trabado amistad con una señora de _buen aire_, la cual
+señora tenía dos hijas muy guapas: la una y las otras eran, además, muy
+discretas y muy distinguidas de porte. Tampoco eran de Madrid--condición
+muy del gusto de la marquesa--; pero sin ser de Madrid se puede ser
+guapo, y hasta listo y elegante. El caso es que si las dos señoras
+_simpatizaron_ entre sí, las chicas de la una se entendieron con Luz y
+Luz con ellas, como si toda la vida hubieran andado juntas y en paz. En
+muy pocos días llegó a haber entre ambas familias toda la intimidad que
+cabe en los tratos de esta especie. La marquesa, particularmente, estaba
+como niño con zapatos nuevos con la amistad de aquella señora, que era
+afable sin fingimientos, y buena sin doblez. Nunca se había visto en
+otra la gran dama; y este sencillo y honrado placer se le debía a la
+mujer de un magistrado cesante. ¡Y ella se había pasado la vida
+pagándolos a precios exorbitantes en las grandes cúspides sociales, sin
+adquirir uno solo que no la dejara rastros de amargura y de
+remordimientos!
+
+Luz y sus dos amigas paseaban juntas muy a menudo, juntas se bañaban y
+juntas asistían a bailes, jiras y conciertos. Las del magistrado habían
+visto y aprendido más cosas de la vida que ella, y la entretenían mucho
+con sus relatos de sucesos (_limpios_, se entiende) recogidos siguiendo
+a su padre de la Ceca a la Meca, por azares de su destino. Luz, en
+cambio, nada por el estilo podía contarlas; porque hasta de su mundo, al
+cual era recién llegada, sabía mucho menos que ellas, aunque sólo le
+conocían de oídas.
+
+Y hablando, hablando, llegaron las confianzas al último límite, y
+resultó que la mayor de las dos hermanas estaba ya para casarse, y muy
+enamorada. _Él_ era un joven muy guapo, recién graduado de doctor en
+Medicina; rubio, con toda la barba, pero muy recortada, lo mismo que el
+pelo; muy alegre por carácter, y muy cariñoso: _a ella_ la quería
+_atrozmente_. A la hora menos pensada se presentaría por allí: se lo
+tenía prometido. En la última carta, que era de Madrid, la anunciaba una
+gran sorpresa. Debía de ser su llegada. Ya tenían puesta la casita, muy
+mona, en la mejor de las calles de la ciudad. Él era buen músico y algo
+pintor, y ella tocaba regularmente el piano. Habían comprado uno nuevo,
+vertical: como mueble, muy elegante.
+
+Luz oía todas estas cosas con gran atención, y no negaba que el novio de
+su amiga fuera muy guapo, con su barba rubia y su pelo recortado; pero a
+ella le gustaban más los hombres de pelo negro y abundante y con bigote
+solo, y no largo ni muy espeso. Bien estaría la casita de los novios;
+pero no tanto cómo el chalet que ella tenía en lo alto de «su mundo»; y
+en cuanto al piano, por superior que fuera, ¿a que no sonaba tan bien
+como el suyo, cuando se ponía a tocarle después de dar un paseo por las
+tortuosas veredas de su paraíso, con «el arcángel» que se le custodiaba?
+
+Por supuesto que Luz no decía nada de esto a sus amigas, ¡quién se lo
+mandara!, pero lo iba pensando y hasta lo creía. ¿Y qué mal había en
+ello?
+
+Aquella noche había baile en el gran salón que uno de los hoteles tenía
+destinado a esa clase de fiestas. Las tres amigas, seguidas a corta
+distancia de las dos madres, se dirigían a él, algo más peripuestas de
+lo que habían pensado por la mañana, porque a última hora se supo que
+acababa de llegar un gran contingente de bañistas de buen humor, que no
+faltarían al baile. No era bastante motivo este para emperejilarse más
+las mujeres que asistían a otros tales muy bien vestidas; pero la idea
+nació de la novia del doctor de barba rubia; y hay motivos para creer
+que tomó por pretexto la asistencia de gente desconocida al salón, para
+presentarse en él bien engalanada, sospechando que su novio le había de
+dar allí la anunciada sorpresa. Por lo mismo que ya no bailaba más que
+con él, quería, si sus sospechas se realizaban, hacerle en aquella
+ocasión los honores en toda regla.
+
+Y fue verdad que hubo gente nueva en el baile, y bastante, y de muy buen
+porte; y también se confirmaron las sospechas de la hija mayor del
+magistrado cesante: allí se le apareció de golpe su novio, tal como ella
+le había descrito, con la barba y el pelo rubios y recortados, alegre y
+cariñoso, a juzgar por las muestras del momento. Comenzaron en seguida
+las presentaciones y los mutuos cumplimientos; tocose luego a bailar, y
+con este motivo la novia se colgó del brazo que el novio la ofrecía y,
+se largaron juntitos por el salón adelante.
+
+Luz (que se excusaba de bailar siempre que podía) estaba sentada
+entonces, y desde su asiento seguía con la mirada a los novios,
+asociando, sin poderlo remediar, a algunos pormenores de aquel suceso
+otros detalles semejantes de sus imaginaciones _paradisiacas_. En aquel
+encuentro y en aquel paseo, ¿no había un extraordinario parecido con los
+encuentros que ella tenía y con los paseos que se daba bien a menudo en
+las arboledas de su retiro? Cierto que los fondos eran muy distintos
+entre sí; pero las figuras... También en las figuras, en las de _ellos_,
+encontraba grandes diferencias. Este era rubio y poco esbelto, al paso
+que _el otro_...
+
+Y al llegar aquí la candorosa Luz con sus comparaciones mentales, se
+quedó abismada en el mayor de los asombros... junto a la puerta de
+entrada al salón, en el mismo sitio donde ella tenía puesta la mirada,
+casi rozándose con el novio de su amiga, que pasaba por allí en aquel
+momento, acababa de aparecer... _el otro_, el mancebo de sus
+imaginaciones; la _figura_ de su cuadro, con su gallardía de continente;
+con su pelo negro, suelto y abundante; sus rasgados ojos tan negros como
+el pelo y el sedoso bigote; su boca risueña y su mirar dulce y profundo.
+¿De dónde venía? ¿A qué iba allí?... No cabía duda: venía de su
+paraíso... y en busca de ella. ¿De qué otra parte podía venir, ni qué
+otra cosa, sino a ella, podía buscar en el salón con aquel modo de mirar
+tan _suyo_?... Ya la había encontrado. ¡La misma sonrisa de _allá_; la
+misma expresión de ansias bien satisfechas, en los ojos; el mismo andar
+que cuando iba hacia la roca blanquecina medio envuelta entre carrascas,
+hiedras y escaramujos! Si Luz hubiera estado entonces sola en su azotea,
+habría bajado de ella en seguida para salirle al encuentro; pero no
+estaba sola, ni en la azotea, y esperó a que llegara él.
+
+Y llegó, y la invitó a bailar; y Luz, sin dudar un solo instante, se
+levantó de su asiento, enlazó su brazo con el brazo que le ofrecía el
+mancebo, y se fue con él por el salón adelante... ¡Lo mismo que cuando
+se iban por los tortuosos y blandos senderos de su mundo!
+
+No bailaron..., ¡qué habían de bailar?
+
+Lo que Luz no recordaba bien era el timbre de la voz de su acompañante
+de _allá_; pero en cuanto oyó hablar al otro de carne y hueso, exclamó
+para sí con nuevo asombro: «¡El mismo!»
+
+Este _otro_ la dijo que había ido a buscarla allí, porque una corazonada
+le había declarado que allí la encontraría. Luz no se atrevió a
+preguntarle dónde se habían conocido los dos, ni qué era lo que le movía
+a buscarla con tanto empeño; y él la enardeció todavía más los deseos,
+declarando que la conocía mucho, ¡muchísimo! Jurara que de toda la vida,
+aunque la había visto muy pocas veces, y sólo sabía de ella que se
+llamaba Luz.
+
+¡Y Luz, en cambio, con haberle _tratado_ tanto, ignoraba todavía cómo se
+llamaba él!... Se atrevió a preguntárselo.
+
+--Me llamo Ángel--respondió el mozo.
+
+¡Ángel! Por _arcángel_ le había tomado ella muchas veces al contemplarle
+en su imaginado paraíso guardándole las puertas. ¿Qué venía a suponer
+esa leve discrepancia de jerarquías? Siempre resultaba el mismo
+«guardián».
+
+Pero ¿dónde la había conocido? Eso es lo que ella quería saber para
+acabar de orientarse en aquel laberinto de coincidencias tan de su
+agrado. Y al fin lo supo también. Ángel la había visto con admiración
+desde lejos, entre otros que también la admiraban. Por lo que les oyó
+decir, averiguó que se llamaba Luz, nada más que Luz. ¿Y no era eso
+bastante? No volvió a verla en el mundo de la realidad, por más que la
+buscó; pero se forjó él otro mundo a su capricho, en el cual la veía a
+todas horas; porque aquel mundo era _para los dos solos_, Y viéndola
+allí y admirándola sin cesar, le parecía que volaba el tiempo que había
+de correr hasta que la encontrara _de veras_; porque este encuentro
+había de ocurrir _necesariamente_. Lo creía con ciega fe. Dios no
+infunde en el corazón humano sentimientos tan dulces, tan puros y tan
+hondos como los que había infundido en el suyo, para que se conviertan
+en semillas de negros y dolorosos desencantos. Por eso se habían
+realizado allí sus esperanzas de encontrarla. El sitio era lo de menos,
+porque en alguno de la tierra había de ser. Como creía llevar los
+pensamientos en los ojos, y entre estos pensamientos estaba hecha a
+vivir la Luz de sus ilusiones, no se asombró de que la Luz de la
+realidad los leyera en las miradas con que la buscaba por el salón, ni
+de que no temiera acercarse a ellos para vivir también un rato entre tan
+buenos amigos. Esta era la verdad; y si no se la decía, ¿para qué había
+ido él allí?
+
+Lo mismo opinaba Luz. ¿De qué había de hablarla a ella aquel hombre sino
+de esas cosas y en aquellos términos?... Pero ¿cómo sería el mundo que
+él también se había forjado a su capricho? Casi se atrevía a jurar que
+era muy semejante a su paraíso. La duda la impacientaba bastante, y se
+decidió a salir de ella preguntándolo.
+
+--Ese mundo--respondió el mancebo--se concibe mejor que se pinta, como
+todo lo que se siente por anhelos del alma. Desde luego no es un mundo
+de cal y canto como el que han ido construyendo los hombres para nido
+de sus vanidades dispendiosas y malsanas; es un compuesto de primores de
+la naturaleza en su más dulce reposo: auras de Mayo, rosas, follaje,
+pájaros..., ¡qué sé yo!, y, sobre todo ello, y para alumbrarlo,
+vivificarlo y embellecerlo, la Luz de mis ilusiones, del hada de
+aquellos encantados jardines.
+
+--¡Los conozco!--exclamó aquí la joven sin poderse contener; y añadió a
+la pintura, a grandes rasgos, de los jardines del otro, algunos detalles
+de los del suyo.
+
+--¡Eso mismo!--dijo el pintor idealista; y en el acto preguntó a Luz que
+de qué los conocía; y Luz tuvo que responder que también ella había
+vivido mucho tiempo en un mundo de aquella traza.
+
+--¿Sola?--la interrogó entonces el confidente, con fogosa vehemencia.
+
+Y a esta pregunta no pudo responder Luz de pronto, porque le dejó sin
+ánimos para ello una sensación que hubiera creído de miedo, a no
+parecerle tan agradable.
+
+--Sola..., sola no--llegó a decir, bajando los hermosos ojos y con las
+mejillas muy sonrosadas--: con _él_.
+
+Y de aquí no pasó ya la pobre chica. Verdad es que el otro no porfió
+mucho para que pasara, respetando aquellas pudorosas resistencias que lo
+impedían.
+
+Ni ¿para qué pasar? ¿No era preferible la elocuente actitud de la
+interrogada, a la más terminante de las frases?
+
+Luz, siguiendo la conversación y no hallando en su memoria un motivo
+real y verdadero de donde derivar el enlace lógico de tantas y tan
+singulares coincidencias, convino con su amigo, al volver éste sobre lo
+ya tratado, en que cuando Dios infundía ciertos sentimientos en un
+corazón, bien podía infundirlos iguales en otro, si entraba en sus
+designios que ambos corazones se encontraran, por apartados que
+estuvieran, para formar uno solo...
+
+No podía darse mayor conformidad de pensamientos entre Luz y su amigo,
+ni realidad más parecida a la hermosa ilusión forjada en dos cerebros
+juveniles. ¿A qué pedir más por entonces?
+
+Lo peor era que las gentes se regían allí, en el salón del baile, por
+leyes muy distintas de las del mundo ideal de los dos enamorados; y era
+ya preciso que ella volviera a sentarse y que se separaran, después.
+
+Y se separaron, tan pronto como Luz se sentó donde antes había estado
+sentada, entre su madre y su amiga sin novio. La que le tenía continuaba
+paseando todavía con él.
+
+Con serle tan conocido a Luz cuanto la rodeaba, todo le parecía nuevo,
+por más hermoso: hasta el piano le sonaba mejor. ¡Lo mismo que le
+sucedía en la casita de la azotea después de pasear con él por las
+veredas blandas y retorcidas de su edén!
+
+Ángel, después de dejarla sentada, había desaparecido del salón. La
+marquesa, que no le había perdido de vista un solo momento, deseaba
+saber quién era; y ni se lo pudieron decir sus amigas ni la misma _Luz_,
+a quienes se lo preguntó. _Luz_ sólo sabía que era _él_, y esto no debía
+respondérselo a su madre; la cual, por lo mismo que lo había sospechado
+por lo que había visto y lo que estaba observando en el arrobamiento y
+turbación de su hija, tenía mayor empeño en saber algo más; y repitió la
+pregunta al novio de la hija de su amiga cuando pasó cerca de ella.
+
+Según este declarante, el sujeto en cuestión era madrileño, muy rico,
+abogado por lujo, y se llamaba Ángel, Ángel Sánchez, o Pérez, o
+López..., un apellido así, de los más llanos y corrientes. Sabía esto
+porque habían venido juntos desde Madrid, por casualidad. Parecíale un
+joven sumamente despejado y discreto..., y no sabía otra cosa de él, ni
+buena ni mala.
+
+
+
+
+X
+
+
+Ángel desapareció del salón del baile aquella noche, pero no de la
+playa. Al otro día se dejó ver instalado en el mismo hotel en que vivía
+la marquesa. Habló con Luz en el comedor y en el jardín, y dondequiera
+que le fue posible y le pareció lícito, y Luz se le presentó a su madre
+a título de _amigo_ suyo, como «_el mejor_ de sus amigos». Así le
+calificó.
+
+Se necesitaba tener los ojos muy poco avezados a estudiar fisonomías,
+escasa luz detrás de ellos, menos mundo y demasiada carga de malicias,
+para recibir mal a un presentado de aquel corte; y como a la marquesa le
+sobraban mundo, luces, experiencia, buen gusto y hasta _motivos
+especiales_, «el mejor amigo» de su hija fue recibido por ella muy
+cortés y cariñosamente.
+
+A los pocos días Ángel era también «el mejor amigo de la casa», y el
+compañero inseparable de Luz y sus amigas en corrillos, fiestas y
+paseos. No podían pasar las cosas de otro modo con un carácter como el
+del «guardián del paraíso» de Luz.
+
+«Era un conjunto--escribe la marquesa--de enterezas y formalidades de
+hombre, de sinceridades de niño y de entusiasmos de artista, envuelto en
+un cendal de los más nobles y honrados pensamientos; pensamientos que se
+le leían, aunque callara, como si su cerebro fuera urna de transparente
+y limpio cristal. Era imposible no franquear todas las puertas de la
+casa a un huésped como aquél, que llevaba todo su caudal de sentimientos
+y de ideas a la vista y sin cerrojos.»
+
+Ya conocía la madre el génesis novelesco de la _amistad_ de su hija con
+él, y había hecho suma gracia a sus malicias de mujer de larga historia;
+y le conocía porque Luz, que se había arriesgado a declararla lo más,
+no tenía para qué ocultarla lo menos. Por cierto que se vio la pobre en
+grandes apuros para pasar con el idilio entre las sonrisas cáusticas de
+su madre, siguiendo el fantástico camino por donde habían llegado las
+cosas al punto en que se hallaban.
+
+Pero, idilio o no, el desenlace era un hecho positivo y de una realidad
+bien simpática para la marquesa, hasta aquellos momentos. En adelante ya
+vería, según fuera descubriéndose lo mucho que aún ignoraba. Luz le
+había presentado el mancebo con su nombre y apellido; pero como éste le
+había sonado poco a fuerza de parecerle vulgar, ya se había olvidado de
+él, hasta por costumbre de llamar al presentado por su nombre de pila,
+que tan bien le cuadraba. Y esto era muy poco saber todavía.
+
+Las amigas de Luz y el novio de la mayor, desde la noche del baile se
+bebían los vientos olfateando noticias del _aparecido_ en el salón, por
+supuesto que con la mejor de las intenciones; pero nada averiguaban de
+fundamento, aunque por la playa corrían ya las versiones más estupendas
+y contradictorias acerca de la procedencia y vicisitudes del novio de
+Luz; que por esto solo, es decir, por ser el novio de la bañista más
+hermosa y más visible de cuantas por allí se exhibían, tenía el triste
+privilegio de atraer sobre sí todos los rigores de la curiosidad
+desocupada.
+
+Entretanto, _él_ y _ella_ habían ido trocando poco a poco las tintas
+ideales de sus alegorías, y buscando la comunicación de sus mutuos
+sentimientos por otros carriles más humanos, aunque menos pintorescos;
+se amaban a la manera de los mortales del mundo sublunar que se aman de
+veras, sin afirmarlo a cada instante, pero sin vacilaciones ni recelos,
+ni ansiedades locas ni exigencias ridículas. Luz hallaba menos cargado
+de poesía este cuadro de la realidad que el otro de su fantasía; pero,
+en cambio, le parecía más substancioso, y por ello no se lamentaba del
+trueque. Verdad es que Ángel sabía mantenerla en tan buena conformidad
+pintándola a menudo, y para lo porvenir, hasta panoramas enteros, que no
+por desenvolverse en el prosaico mundo «de cal y canto», dejaban de ser
+llamativos para la venturosa pareja que había de habitar en ellos.
+
+Cuando la marquesa comenzaba a echar de menos los pormenores que Luz no
+podía darla sobre la procedencia del «mejor amigo» de ambas, se anticipó
+el interesado mismo, en una ocasión bien elegida, cuando vino muy a
+pelo, a sacarla de su apuro, relatándola con noble, sencilla y hasta
+elegante ingenuidad, su filiación entera y verdadera.
+
+Esto ocurrió una tarde, en la intimidad de una conversación habida en el
+mirador del gabinete de la marquesa entre ésta, su hija y el relatante,
+al blando rumor de las ondas que venían a morir, deshaciéndose en ancha
+faja de espumas, sobre la playa inmediata. He aquí la substancia de su
+relato:
+
+Ángel era el menor de varios hermanos suyos, a quienes no llegó a
+conocer, porque murieron siendo muy niños. El temor de que también él se
+muriera, fue causa de que le guardaran sus padres como oro en paño.
+Cualquier otro en su lugar se hubiera perdido con lo que se hizo con él
+por el afán de conservarle. A él le salvó su naturaleza, francamente
+refractaria a vivir bajo fanales. Nunca fue niño mimoso ni asombradizo,
+aunque sí muy avaro del calor del hogar y de la familia. No llegó a
+perdulario, ni con cien leguas; pero rompió muchos zapatos jugando en
+las plazuelas con otros camaradas; se descalabró bastantes veces, y no
+volvía a casa, de retorno de la escuela o del paseo, con la ropa más
+limpia ni más entera que la de cualquier otro muchacho de _buenas_
+agallas. Lo que nunca hizo fue negar en casa lo que había hecho en la
+calle, ni quejarse contra nada ni contra nadie por sucesos de que él
+solo tenía la culpa. Esta sinceridad le valió nuevas largas de quien
+tenía derecho para atarle corto; pero él no las quiso, es decir, no usó
+de ellas, porque le bastaba con las que ya tenía para expansión
+necesaria de las fuerzas de su temperamento. Cumplió bastante bien con
+sus deberes escolares. No descolló gran cosa entre sus condiscípulos de
+primeras y segundas letras, pero tampoco fue de los últimos. Se creía
+muy en su puesto estando donde estaba, y por eso jamás tuvo celos de los
+que le precedían, ni miró con desdén a los que iban detrás.
+
+Cuando llegó el momento de elegir una carrera, hubo grandes porfías en
+su casa. Todo parecía poco para él, y él, entretanto, tenía bien
+limitadas las ambiciones sobre este particular; no sólo porque era cosa
+convenida que no necesitaba la carrera para vivir a expensas de ella,
+sino porque no quería echar sobre su cabeza mayor carga de la que
+pudiera sufrir con desahogo. Fue siempre un enigma indescifrable para él
+la convenida claridad de las matemáticas. Excusado era enderezarle por
+este camino. Aun suponiendo que hubiera sido capaz (que no lo fue) de
+penetrar los alambicados y abstrusos conceptos de la metafísica,
+reputaba por perfectamente inútil en la práctica de la vida toda esa
+jerga filosófica que ha tenido siglos enteros en perpetua disputa a la
+mitad del mundo sabio, sin que haya quedado más fruto positivo y
+tangible de tan larga y encarnizada batalla que un rimero de infolios en
+latín, que van royendo poco a poco los ratones y las polillas. No tenía
+estómago bastante fuerte ni entrañas del temple necesario para médico,
+amén de que, como carrera de lujo, la de Medicina le parecía la menos a
+propósito de todas las carreras. Y así, por este sistema de exclusión,
+llegó a demostrar a su padre que él no podía ser otra cosa que
+jurisconsulto, la carrera en que caben todos, los grandes y los
+pequeños, los listos y los tontos, y los que se buscan el título como
+puerta para salir a todos los campos de las humanas ambiciones, que no
+eran pocas a la fecha.
+
+Y se hizo abogado en unos cuantos años de estudiar regularmente y de
+asistir a cátedra con bastante puntualidad, sin pedir, por iniciativa
+propia, más vacaciones que las de reglamento, ni perorar en los motines
+universitarios, ni fomentar huelgas ni manifestaciones escolares de
+ninguna especie, aunque obligado a servir de comparsa en las que le
+tocaron en suerte.
+
+Siendo abogado a los veintidós años, ya no supo qué hacerse, y por hacer
+algo tuvo serias tentaciones de abrir su correspondiente estudio; pero
+no cayó en ellas, en primer lugar, porque con los aires de un largo
+viaje que hizo por entonces para acabar de convencerse de que en el
+mundo hay algo más que Madrid y sus afueras (lo cual no quieren creer
+todavía algunos madrileños), se le modificaron mucho las ideas sobre el
+bufete de letrado; y, en segundo lugar, porque ya le chisporroteaban en
+la mente ciertos reflejos de otras regiones más altas y serenas que las
+del foro; reflejos que, con el roce y continuo trato de personas
+avezadas a vivir en ellas, llegaron a ser clara luz con la cual
+descubrió nuevos mundos que le despertaban grandes apetitos en su
+fantasía, y en los cuales eran desconocidos los procuradores y el papel
+sellado.
+
+Felizmente, conservaba Ángel en toda su pureza la buena pasta de sus
+primeros años. Continuaba conformándose con lo que en buena ley le
+correspondía, y teniendo por precepto de ella el volverse a su puesto,
+muy tranquilo, después de malogrársele su intento de valer un poco más,
+bien convencido de que no todos los viandantes servían para todos los
+senderos. De otro modo, no hubiera ganado para sustos, contrariedades y
+descalabros; porque el mozo, en este particular, siempre fue curioso y
+decidido.
+
+Antojósele que «también él» era poeta, porque era sensible y veía claro
+en el espacio de las ideas. Allí estaban, y suyas podían ser como de
+cualquier otro. Decidiose, y se apoderó de unas cuantas que mejor le
+parecieron. Trabajo inútil. Lo que tan hermoso se le antojó disperso y
+revoloteando en los cielos de su fantasía, entre manos profanas no era
+más que un puñado de cosas descoloradas y deformes. Le faltaba el arte
+con que vestirlas para que fueran la expresión exacta de lo concebido en
+la mente, y esto no era ser poeta.
+
+Ya siendo estudiante se había creído capaz de ser pintor, porque
+_sentía_ y amaba a la naturaleza, y tributaba admiración y hasta
+_saboreaba_ las obras de los grandes maestros. Además, la herramienta de
+este oficio le parecía de mayores recursos y más entretenida que la
+pluma. Otro desengaño. ¡Siempre la idea desfigurada y confusa entre la
+obscuridad de un arte deficiente! La misma dificultad con los colores
+que con las palabras. Cuanto más trabajaba para dar relieve a las formas
+de su pensamiento, más le desvanecía y le ahogaba entre la balumba de
+las frases huecas o de los colores resobados. Esto no era ser artista.
+
+Otro en su lugar no se habría dado por vencido en estas luchas, y
+hubiera inundado de coplas y de monigotes a España entera, para
+ofrecernos en cada disgusto un testimonio de que él era tan poeta y tan
+pintor como los mejores, o de que si no lo era todavía, lo iría siendo
+poco a poco; pero Ángel, para honra suya y tranquilidad de los españoles
+incautos, aprovechó las caídas para estimar el valor de lo que a él le
+estaba vedado, y empleó las fuerzas que otro hubiera gastado en odiar a
+los que eran lo que él no podía ser, en admirarlos quieta y
+sosegadamente, porque sabían expresar las más altas ideas con los
+procedimientos más sencillos. Y esto era ser poeta y ser artista.
+
+Antes que en pintor, había querido picar en músico; y en este intento,
+aunque no llegó a dominar el arte, sacó mejores frutos que en los otros:
+tenía paciencia, mucha _maña_ y buen gusto, y el piano era un almacén de
+sonidos _hechos_. De este modo, si no creaba, cuando menos se divertía
+extrayendo del depósito las notas, concertadas por el orden que se le
+señalaba en un papel. Llegó a ser un regular pianista.
+
+Después de su fracaso de poeta, quedábale el recurso de la prosa, que
+parece ser _el prado del concejo_ para todos los aficionados a retozar
+en los campos acotados de las letras, y aun de las artes, las
+_pedestres_ inclusive. Ángel no llevaba a tal extremo sus aprensiones,
+porque esto no cabía en un mozo de tan buen sentido; pero muy cerca le
+andaba cuando consideraba el caso desde lejos. Por de pronto, creía que
+sin las trabas del metro y de la rima, el ropaje de la idea era mucho
+más fácil de cortar. En la prosa, el arte, si arte se necesitaba para
+manejarla bien, era llanote y campechano; las pruebas abundaban, al
+decir de las gentes, de que en España bastaba querer para convertirse un
+zapatero en _literato distinguido_; y esto no sería del todo exacto por
+lo tocante a los zapateros; pero podía serlo por lo tocante a él, que
+había cultivado la inteligencia, conocía bastante bien la lengua en que
+pensaba, y hasta sabía distinguir los libros escritos con arte de los
+_emplantillados_ por zapateros.
+
+Y se atrevió con una novela, cuyo asunto vela _bastante claro_ en su
+cabeza. Cuestión de coger aquellos personajes, decir _cómo_ eran, dónde
+vivían y de qué modo; de qué pie cojeaba cada uno, y moverlos de acá
+para allá, lo mismo que se mueven las gentes en el mundo, al compás de
+sus necesidades y según lo pidan sus virtudes o sus pasiones. Nada más
+sencillo ni hacedero. No se lo parecería tanto sí se tratara en la
+novela de cosas del otro jueves: de laberintos de sucesos, de lances
+inesperados, de sorpresas deslumbradoras y espantables, obra para la
+cual se exige una fuerza inventiva de todos los demonios, y hasta un
+acopio de auxiliares mecánicos que no se hallan ni se construyen en los
+talleres de un novelista cualquiera.
+
+La armazón de la novela de Ángel era la siguiente: un comerciante muy
+rico tenía una mujer muy guapa, la cual mujer era, además, ligera de
+cascos. De este matrimonio nació una hija que llegó a ser moza, sin que,
+su madre se recatara de ella todo lo que debía para entregarse a sus
+liviandades, que iban de mal en peor y al cabo llegaron a matar de
+pesadumbre y de vergüenza al pobre comerciante. A la hija la pretendió
+un abogadete poco aprensivo; la pretendida le quiso y llegó a casarse
+con él; al poco tiempo de casada la galanteó un coronel muy guapo: a
+ella le gustaba mucho el coronel, que era mejor mozo que su marido; y
+porque le gustaba y estaba muy hecha a considerar, en el ejemplo de su
+madre, que el ser mujer casada no impide enamorarse de _otro más_,
+aceptó los galanteos del coronel, el cual desorejó en un duelo al
+abogado ofendido, por habérsele quejado éste de la ofensa. Cuando se
+cansó del coronel, amó a un ingeniero civil, y después del ingeniero a
+un periodista, y así sucesivamente hasta un torero de fama; porque el
+público llevaba una cuenta minuciosa de todas esas prodigalidades
+amorosas, aunque la pródiga pensaba que nadie se las veía. Con este caso
+bien podía darse a entender, sin declararlo con la pluma, que, sin un
+milagro de Dios, de madre mala no puede nacer hija buena, porque aun sin
+contar con lo que influye en las inclinaciones de las segundas el mal
+ejemplo de las primeras, hay quien cree que los vicios se heredan como
+las escrófulas y la tisis. Pero la esposa del abogado tuvo también una
+hija, y ésta hija era guapa y parecía muy buena. Por de pronto, se había
+educado de muy distinta manera que su madre: lejos de ella y del ruido
+de los escándalos. De esta chica se enamoraba un forastero, ignorante
+de todo lo que pasaba y había pasado en aquella familia; el forastero
+era guapo mozo, muy honrado y sumamente noble y sencillo de carácter,
+por todo lo cual la chica llegaba a quererle con todo su corazón... Y
+aquí entraba la dificultad que había sumido al autor en grandes dudas.
+¿Qué hacía con la pareja de enamorados? ¿Conservaba al novio en su
+ignorancia y los casaba, exponiéndole por toda su vida a la
+conmiseración ultrajante del público, que estaba en autos, cuando no a
+más graves peligros si la cabra tiraba al monte a lo mejor? ¿Le enteraba
+de todo? Y en este caso, ¿qué hacía el pobre muchacho después de poner
+en horrible lucha a su corazón con sus naturales repugnancias?
+¿Renunciaba a la hija, que era buena, por los pecados que había cometido
+su madre? Y en caso afirmativo, ¿disculpaba su resolución con la verdad?
+procediendo así, ¿qué hacia _ella_? ¿Le culpaba a él, o culpaba a su
+madre? ¿La mataban el dolor y la vergüenza, o se resignaba y vivía? No
+había lucha ni vacilaciones en el novio después de descubrir lo que
+ignoraba, y entraba _con todas_, porque su amor le cegaba: ¿era su
+papel, en este supuesto, más airoso que el de casado en la ignorancia de
+lo que ahora conocía? ¿Salía buena su mujer, o salía mala? ¿Cuál era lo
+más natural, lo más humano, lo verdadero, teniendo en cuenta que su obra
+no había de ser un libro de _tesis_, sino la exposición amena de algunos
+sucesos arrancados de la realidad de la vida?
+
+Dejando estas dudas sin aclarar por de pronto, y muy confiado en que la
+fuerza misma de las cosas al tratar de ellas le daría resueltas las
+dificultades, comenzó a escribir la novela... ¡Otra sorpresa más y un
+nuevo desengaño! Con saberse todo el Diccionario de la Lengua y conocer
+al dedillo personas y lugares, los retratos y pinturas de ellos, más
+que cuadros de color, le resultaban _inventarios_ de escribano. También
+allí hacia falta el arte, y mucho arte; porque hasta que lo tocó con las
+manos no pudo convencerse de que lo más sencillo y trivial a la simple
+vista, lo que estamos contemplando a todas horas, porque vivimos entre
+ello, es lo más difícil de pintar en un libro.
+
+Entonces arrojó la pluma pecadora y se curó de toda tentación de meterla
+en donde no la llamaran; pero, en cambio, fue desde aquel momento un
+devoto, hasta lo místico, del arte en todas sus verdaderas
+manifestaciones, sin temores ni barruntos de que pudiera incurrir jamás
+en el feo vicio de profanarle con atrevimientos de _aficionado_, y con
+la lícita vanidad de ser el único español que, pudiendo, no había
+molestado a la _paciencia pública_ con una sola «_muestra_ de su
+menguado ingenio».
+
+Yo no sé si parecerá bien a los lectores de cierta contextura, que un
+mozo como Ángel les fuera con aquellas puerilidades y estas retóricas a
+dos señoronas de Madrid que estaban pasando una temporada en una playa
+de baños, y entretenidas en ver desde el mirador de una fonda cómo
+rompían las olas del mar, allí cerca; pero, poniéndome en el peor de los
+casos, quiero que consideren aquellos caballeros que de todo se puede
+hablar con señoras, por aburridas que estén, hasta del _teorema de
+Sturm_, que es la materia más desabrida que yo conozco; porque el
+peligro de cansar al prójimo no está en lo que se le cuente, sino en el
+modo de contárselo, y puedo certificar que el relato de Ángel, por lo
+fresco, por lo natural, ingenuo y desenfadado, fue oído por las damas
+sin desperdiciar punto ni coma. Por otra parte, ¿de qué había de hablar
+en aquella ocasión un mozo sin historia, a dos mujeres que estaban
+interesadas en conocer hasta su modo de dormir?
+
+¡Vaya si les iba cautivando la atención! Tenía que leer la cara de la
+marquesa, particularmente cuando el relatante expuso el plan de su
+malograda novela y apuntó las dudas que le asaltaron en lo más
+interesante. No parecía sino que se había ideado para ella ¡Qué demonio
+de chico, por dónde había ido a tomar el punto; y de qué manera tan
+fácil podía llegar a ser un hecho la ficción aquella, sin haberse
+escrito todavía, y a resolverse en su casa, por la marcha fatal de los
+sucesos, la dificultad que no había acertado a resolver él en sus
+especulaciones imaginativas! ¡Tendría que ver eso!
+
+Luz, aunque nada temía por este lado, no por ello se interesaba menos
+que su madre en los relatos de Ángel. Veíale entre ellos adelantar
+rápidamente en su ya comenzada metamorfosis de ente ideal en hombre vivo
+y efectivo, y no la desilusionaba pizca la realidad que se iba
+descubriendo.
+
+Siguiendo el mozo su historia, dijo que entre sus tentativas de poeta y
+de novelista fue cuando conoció a Luz, al salir ésta un domingo de las
+Calatravas. Se metió en el carruaje que la aguardaba en frente, y
+desapareció calle abajo. Ángel sólo tuvo tiempo para admirarla y para
+saber su nombre. Le oyó pronunciar en un corrillo de desocupados que la
+conocían. Otra vez la vio en un teatro, al cual había él llegado a
+última hora. Ninguna de las pocas personas a quienes pudo preguntar
+sabían quién era. Esto no debía extrañar a la marquesa. Su mundo estaba
+muy lejos del mundo de Ángel, y los amigos de éste eran muy contados,
+porque muy pocos eran también los que se avenían a su manera
+_provinciana_ de vivir en la corte.
+
+Y no volvió a ver a Luz; pero lejos de borrársele su imagen en la
+memoria, más se ahondaban sus trazos cada día al calor del pensamiento,
+que no se apartaba de ella un solo instante. Llegó a creer que en aquel
+señorío que el recuerdo de Luz había hecho de su corazón y de su
+fantasía, había algo de inspiración sobrehumana. Aceptolo así; y con
+ando a esta idea todos los entusiasmos que cabían en su alma virgen,
+llegó a convertirla en culto fervoroso y apasionado. Esto podría tener
+sus puntas de romántico y sus lados de inocente; pero así era la verdad,
+y verdad muy agradable para él. Tenía ciega fe en que había de hallar a
+Luz algún día, y en que, después de hallada, no había de desconocerle. Y
+salió a buscarla, sin impaciencias, por aquel camino que eligió a la
+casualidad. Apenas llegó, oyó hablar de ella y hasta supo cuál era su
+linaje. No se desanimó al conocerle, ni dudó que aquella Luz de que
+hablaban pudiera ser otra Luz que _ella_. Y así sucedió.
+
+Lo demás no tenía para qué referirlo, porque ya lo sabía Luz... y su
+madre también.
+
+A estos informes particularísimos de su persona añadió algunos otros que
+pudieran llamarse _de familia_.
+
+Su padre era un bendito de Dios, y su madre otra que tal, en el fondo,
+pero algo más áspera y sombría en las formas. El uno y la otra no vivían
+ya sino por él y para él. No querían que se contagiara de la vida que
+ellos hacían, modesta y retirada; les gustaba que fuera más _corriente_
+y algo mundano, y al mismo tiempo temían verle muy metido en el mundo
+por los peligros que soñaban en él, particularmente su madre, que era
+demasiado recelosa y aprensiva. Ángel procuraba acomodarse a este tira y
+afloja a que querían someterle, y lo conseguía sin gran esfuerzo, porque
+tenía todo lo suficiente para sus necesidades mundanas, escogiendo entre
+lo mucho lícito y honrado que en el mundo había.
+
+Por aquellos temores, más llevaderos en el padre que en la madre,
+ansiaban los dos porque el hijo tropezara pronto con su _media naranja_.
+Solamente viéndole casado, y _bien_ casado, se atreverían a conceptuarle
+seguro.
+
+Y aquí se calló el relatante, porque ya no tenía más que decir, a su
+juicioso entender. Sin embargo, la marquesa echaba de menos un detalle
+de gran monta allí; detalle que si Ángel no le había omitido, ella le
+había olvidado ya. En la duda, le preguntó con dulcísima afabilidad:
+
+--¿Cómo dijo usted--porque soy muy flaca de memoria para nombres--que se
+llamaba su padre?
+
+Y Ángel, que tampoco se acordaba si lo había dicho o no, y temiendo en
+este último caso que se atribuyera la omisión a un motivo que no cabía
+en la nobleza de su alma, aceptó con gusto la fórmula que le dio en su
+pregunta la marquesa, para responder cuanto podía venir allí muy al
+caso, sin que se tomara en mal sentido la respuesta:
+
+--Santiago Núñez, antiguo droguero de la calle de la Cruz, y hoy
+dedicado a negocios de pasatiempo, en la calle Imperial, 15, segundo,
+derecha, que es la casa de ustedes, con permiso de mi padre, que no
+desautorizará mi ofrecimiento.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Un mozo rico, muy guapo, de alma noble, de claro y bien cultivado
+entendimiento, sin gota de sangre azul en las venas y sin trato ni
+conexiones de ninguna especie con el «gran mundo», era cuanto, puesta a
+soñar, hubiera soñado _la Montálvez_ para novio de su hija. Y este novio
+existía de verdad, y amaba a Luz, y Luz estaba enamorada de él.
+
+Hasta aquí el asunto iba rodando sobre carriles de seda y oro. Pero
+Ángel, el autor de aquella novela nonata, en la cual se hilaba tan
+delgado a propósito de las hijas buenas de madres malas, resultaba, a
+última hora, pedazo de las entrañas de aquel _espectro_ que parecía no
+tenerlas para las madres pecadoras, y que la marquesa no podía olvidar,
+con no haberle visto más que una vez; y con este _resultando_ y aquellas
+dudas novelescas del mozo, ya el asunto cambiaba de aspecto y de
+marcha, y hasta cabía pensar en que descarrilara, si el diablo se metía
+por medio con una de las suyas. Por de pronto, solamente al diablo se le
+podía haber ocurrido la idea de que tantas y tan buenas prendas
+estuvieran reunidas en un hijo de aquel otro demonio, y que este hijo se
+le hubiera metido a ella por las puertas, y hasta en lo más hondo del
+corazón de Luz. ¿Por qué no le había parido otra madre más humana? Y
+¿cómo se concebía que pudiera nacer tan hermosa rama de tan feo tronco?
+Caprichos de la naturaleza.
+
+A todo esto, la marquesa estaba ya, de vuelta de sus baños, en su casa
+de Madrid; la cual casa frecuentaba mucho Ángel, porque para eso le
+había sido ofrecida por la amable señora. ¡Y qué bien se acomodaba el
+mozo a aquellos ambientes refinados que tan nuevos eran para él! Verdad
+que, fuera del aparato escénico que ya nos es conocido, no había en las
+costumbres de la casa de Luz la menor singularidad que pudiera
+extrañarle ni aturdirle.
+
+La mayor parte de las noches la madre y la hija se las pasaban sin salir
+y eran contadísimas las personas que las visitaban: señores mayores, muy
+sosegados y juiciosos, y muy atentos y muy amables con él. Algunas
+señoras por el estilo andaban por allí de vez en cuando, y, más de tarde
+en tarde, dos, como de la edad de la marquesa, jamonas tan de _buen ver_
+todavía como ella. La una era rubia, condesa viuda de Camposeco; pero la
+marquesa siempre la llamaba por su nombre de pila: Sagrario. Gastaba muy
+buen humor, y solía decirle cuchufletas; lo mismo que a los demás. La
+otra, también viuda y también titulada, aunque por derecho propio,
+marquesa de Espinosa, y también llamada por la de Montálvez por su
+nombre de pila, Leticia, era muy distinta de Sagrario: menos
+estrepitosa, más seria y, quizá, mejor tipo. Tenía unos ojos negros y
+escrutadores que punzaban al mirar, correctísimas facciones, algo
+morena, y muy esbelta todavía. Observaba mucho y hablaba poco; pero esto
+poco resultaba esculpido. Con él, con Ángel, estaba sumamente amable, y
+cuando no le hallaba hablando con Luz, le llamaba para que se sentara a
+su lado. Le hacía muchas preguntas sobre su modo de vivir, sobre el
+origen de su enamoramiento y sobre el de Luz, y parecía interesarse
+profundamente por los dos, y con este motivo le daba consejos, y muy
+juiciosos; a veces, hasta le floreaba todo cuanto cabía en una señora
+tan discreta y tan... últimamente mostraba gran empeño en que fuera de
+vez en cuando por su casa. No le pesaría. Había en ella buenos cuadros,
+bronces de mérito, encuadernaciones y grabados que merecían verse por un
+hombre de tan nobles aficiones y de tan buen gusto como él; sólo que
+Ángel, aunque muy reconocido a tan inmerecidas deferencias, no se
+atrevía a abusar de ellas ni juzgaba que debía hacerlo _por entonces_.
+Temía adquirir nuevos compromisos de sociedad, cuando su trato con la
+marquesa de Montálvez era todo cuanto podía soportar sin trastorno
+considerable del método de vida que se hacia en su casa. Más adelante ya
+sería otra cosa... y hasta conveniente para él. ¿Quién dudaba que era
+provechosa la amistad bien cultivada de una persona tan distinguida,
+discreta e influyente como aquella señora?
+
+Además, o era aprensión suya, o la marquesa de Montálvez no ponía tan
+buena cara a estas dos amigas como a otras que también la acompañaban a
+ratos; y por si el recelo era fundado, trataba de intimar lo menos que
+podía con ellas, y jamás hablaba a la marquesa de las confianzas y
+deferencias con que Leticia le distinguía.
+
+También era visita de la marquesa el señor don José Celestino de Guzmán,
+el amigo de su padre... y de él, salvas las debidas distancias. ¡Con qué
+gusto le vio aparecer allí una noche! ¿Y quién se _lo_ había contado?
+Porque el señor de Guzmán _lo_ sabía _todo_, a juzgar por algunas cosas
+que le dijo entonces, y otras varias que le fue diciendo después.
+Preguntole una noche, sonriendo, si _lo_ sabían en su casa, y Ángel le
+dijo que no. Otra vez, y también muy risueño, le preguntó si creía que
+podría servirle de _algo_... para allanarle el camino, por ejemplo; y
+Ángel, sin detenerse a poner en claro de qué camino se trataba,
+apresurose a responder que sí; pero a su _tiempo_, si fuera necesario:
+por de pronto, quería ser él quien diera la sorpresa a su familia, y
+contaba con que la sorpresa fuera grata.
+
+Con ser Guzmán el que menos andaba por allí, en opinión de Ángel era el
+mejor recibido de todos los visitantes de la casa, particularmente de
+Luz. ¡Cómo le quería... y cómo la mimaba él!... Lo mismo que hija y
+padre. ¡Y qué bien le sentaba al señor de Guzmán el papel de padre de
+una hija como aquella! ¡Si, por una rara casualidad, hasta se
+parecían... y mucho! Según le refirió la marquesa, a Luz la había
+conocido y tratado él desde que era muy niña. Por eso se querían tanto.
+Lo que era una compasión, a juicio de Ángel, que siendo viuda la
+marquesa y soltero su amigo, no hubieran tenido la ocurrencia de
+casarse. Formarían una excelente pareja...
+
+Pero ¿de dónde habían sacado las personas que Ángel trataba fuera de
+allí, que las gentes del «gran mundo» eran unas tales y unas cuales? ¿De
+dónde lo había sacado su madre, que las tenía siempre entre cejas? A
+juzgar por lo que iba observando él en aquella muestra, ¿qué mayor
+llaneza, qué mayor afabilidad en el trato, ni qué mayor sencillez de
+costumbres? Cuidado que en aquella casa hasta se rezaba bien a menudo.
+Varias veces había llegado él en ocasión de estar la madre y la hija en
+el oratorio; porque hasta oratorio tenía la casa de la marquesa de
+Montálvez... ¡Ah!, si las personas mal informadas, si su aprensiva madre
+pudieran ver lo que él iba viendo tan despacio y tan desapasionadamente,
+¡qué diversos serían sus juicios sobre aquel delicado particular!
+
+Muchas veces estuvo a punto de hablar con ella de estas cosas; pero
+siempre había concluido por considerarlo fuera de sazón _todavía_. Por
+eso ni su padre ni su madre estaban al tanto de lo que pasaba.
+Sospechaban que _había algo_, porque Ángel era muy _otro_ de lo que fue,
+por el desarreglo de sus horas, por sus arrobamientos y preocupaciones y
+hasta por el modo de vestir; pero nada más. Echábanle saetillas bien
+intencionadas en la mesa y en los ratitos de conversación que había a
+menudo entre los tres; pero la buena parte iban con indirectas ¿No le
+veían risueño, no le veían gozoso y no estaban siempre hurgándole para
+que saliera en busca de su _media naranja_? Pues si de estar buscándola
+ya se trataba, como ellos iban sospechando, y le veían lúcido, sano y
+contento, ¿qué más necesitaban saber por de pronto? Ya se andaría lo que
+faltaba por andar; ya les daría la sorpresa de las sorpresas cuando
+fuera la hora de dársela...
+
+Pero ¿por qué lado la tomarían entonces? Estaba seguro de haber oído
+hablar más de una vez en su casa de la marquesa de Montálvez, no
+recordaba si para bien o si para mal, ni con qué motivo, porque no se
+fijaba nunca en el tema de las conversaciones que no le interesaban
+probablemente sería para mal, porque, para bien, jamás tomaba en boca su
+madre el nombre de ninguna señorona. Manías sin importancia de la pobre
+mujer.
+
+Entretanto, que continuara aquella casi muda porfía que aguzaba los
+apetitos de la curiosidad de los cariñosos viejos con lima de mayores
+dientes cada día (y ya duraba cerca de cuatro meses la labor
+destructora), y que le dejaran apurar hasta la última gota de la miel de
+sus amores castos, la cual le brindaba nuevas dulzuras a cada momento.
+
+Porque Ángel, artista de corazón y con el pecho atestado de impresiones
+vírgenes y profundas, estaba maravillado de ver cómo aquella flor
+purísima iba desplegando sus hojas al calor del nuevo sol, y absorbiendo
+con avidez la luz y el ambiente del desconocido mundo, a medida que se
+ensanchaba y crecía sobre su tallo oscilante.
+
+Estas metáforas eran de Ángel. Luz era la flor; el amor de Ángel, es
+decir, Ángel entero y verdadero, el sol que la esponjaba; y el ambiente
+y la luz, los cuadros de humana realidad con que él iba despertando a la
+cándida soñadora de paraísos alegóricos.
+
+Ya habían concluido entre los dos los temas de aquel colorido
+fantástico: se habían bajado a la tierra de los mortales; y era de
+admirar el relieve y la vida que había adquirido la belleza de Luz con
+este cambio de residencia y de clima. Hasta se sonreía cuando Ángel
+evocaba aquellas imágenes idílicas para compararlas con las realidades
+presentes.
+
+--Y has de concluir por borrarlas de tu memoria--la dijo una vez el
+entusiasmado mozo.
+
+--¡Eso no!--respondió Luz con gran vehemencia--. ¡Cómo he de olvidar yo
+que _por allí vinimos_?
+
+Y Ángel no acertó a responder con palabras, ni se atrevió a sustituirlas
+con el único medio, sobrado terrenal, que se le ocurría, de beberse la
+respuesta de Luz para refrescar sus ideas.
+
+Así fueron corriendo estos trámites, que parecían no tener fin, porque
+en un alma como la de Luz siempre hallan tesoros nuevos corazones tan
+honrados y tan novicios como el de Ángel; pero si no se columbraba el
+fin, había que salir a buscarle; y Ángel dio los primeros pasos con esos
+rumbos, bien resuelto a no detenerse en el camino. Lo que él entendía
+por su deber, que acaso fuera una necesidad mal comprendida, le imponía
+esta resolución.
+
+Luz no se desorientó tampoco en el nuevo terreno a que la llevó la
+consulta de Ángel. No llegaba su inocencia al extremo de ignorar a dónde
+se iba por donde ellos andaban con un mismo impulso y una sola
+voluntad. ¿Pensaba él que ya era hora de poner fin a aquella placentera
+jornada de su viaje y de emprender otra nueva y más agradable todavía?
+Pues bien pensado estaría. Todo era creíble para Luz, menos que Ángel y
+ella no fueran una misma cosa, con un mismo corazón y un mismo
+pensamiento; que lo que les estaba pasando a los dos no fuera lo que
+debía pasar, ni que hubiera en el mundo suceso ni contrariedad
+destinados a impedirlo. ¿Quién, ni qué se resiste contra el ambiente que
+se respira y el sol que alumbra? Pues como el sol y el ambiente eran
+para ella la vida y el amor de Ángel: elementos naturales y necesarios
+de su propia existencia.
+
+Y esto se lo contaba ella a él a su modo; pero tan sencilla y
+desembarazadamente como si el ocultárselo le fuera tan imposible como
+dejar de verle cuando le estaba mirando. Con lo que Ángel acabó de
+perder los estribos, y se fue poco después, despidiéndose con desusado
+acento «hasta mañana», dejándola el corazón entero en una frase, y
+llevándose la energía de los grandes héroes en un propósito.
+
+Recién llegada Luz de su expedición de verano, se había hecho retratar a
+gusto de Ángel: de cuerpo entero y con un vestido de falda bien plegada,
+sin pabellones, frunces ni embutidos en ninguna parte; la caída natural
+de los paños, y el cuerpo ajustado y descubierto; la cabeza sin más
+adorno que una flor, y el pelo sin artificios piramidales, ni greñas de
+estúpido ganapán sobre la hermosa frente; la actitud sencilla y la
+mirada fija en _él_. Esto le pareció un poco difícil de conseguir a Luz
+no estando presente Ángel; pero Ángel, que ya contaba con la dificultad,
+tenía bien estudiado el modo de vencerla, y de vencerla al tenor de sus
+deseos. «Para retratarte así, la encargó, vuélvete con la imaginación a
+tu paraíso, y mírame desde la azotea de tu _chalet_». Y eso hizo Luz, de
+muy buena gana; y por eso resultó su cara en el retrato con la expresión
+de la de una virgen ideal de las Catacumbas, en sus arrobamientos
+celestiales.
+
+Ángel llevaba siempre consigo y sobre el corazón un retrato de estos; y
+en contemplarle en la soledad de su cuarto se le iban las horas muertas:
+de modo que, con las que invertía en conversar con el original, casi se
+le pasaba el día sin separarse de Luz... y la noche también, porque en
+cuanto se dormía el bendito de Dios, ya estaba soñando con ella.
+
+Pues bien; en la virtud de este retrato confiaba grandemente el hijo de
+don Santiago Núñez para facilitar sus primeras exploraciones en el ánimo
+de su madre.
+
+
+
+
+XII
+
+
+Sobre este apreciable matrimonio apenas se veía la huella del tiempo
+corrido desde que el lector le conoció, con motivo de una visita que le
+hizo la marquesa de Montálvez. Un poco más enjuto y encanecido don
+Santiago, y menos entregada a su vicio calcetero la indestructible y
+petrificada doña Ramona. En todo lo restante, lo mismo que siempre: los
+mismos entretenimientos, las mismas costumbres y hasta los mismos
+muebles en el despacho del antiguo droguero... y las mismas alternativas
+reumáticas, aunque algo más acentuadas de gotosas cada vez, en la misma
+simpática persona; en el cual despacho acababan de desayunarse marido y
+mujer en el momento en que vuelvo a poner al lector en su presencia.
+
+La noche antes había llegado Ángel a casa más desasosegado y distraído
+que de costumbre: cenó poco, habló menos y sin venir al caso; tan pronto
+sonreía como se le nublaba el gesto y se estremecía todo... Y así se fue
+a la cama.
+
+De eso estaban hablando cabalmente su padre y su madre todavía, cuando
+se les presentó Ángel muy risueño, pero no muy tranquilo, a juzgar por
+ciertas señales. El tal mozo era la alegría de la casa, y no hay para
+qué decir cómo fue recibida allí su sonrisa, después de los extraños
+celajes de la noche anterior. Pero extraña era también, en las
+costumbres domésticas de Ángel, la visita al despacho de su padre a
+aquellas horas; y en ello convinieron don Santiago y su mujer con una
+mirada que cambiaron entre los dos, y que al propio tiempo quería decir:
+«¿qué diablos le pasará a este chico?»
+
+Y el chico comenzó a dar cuenta de lo que le pasaba, poniendo en manos
+de su madre después de estamparla un beso en la frente, como lo tenía
+por costumbre, y de recibir otro en cada mejilla, el retrato de Luz.
+
+--Vea usted eso--dijo con voz temblorosa y sonriendo al entregárselo.
+
+La Esfinge tomó la tarjeta, púsola a conveniente luz, y clavó en el
+retrato la vista a través de sus anteojos, con una fijeza tan
+inalterable y dura, que Ángel hubiera jurado que le hacía daño en el
+pecho y que por eso latía su corazón tan desacompasadamente.
+
+Don Santiago, vencido por la impaciencia, levantose del sillón, y por
+encima del hombro de su mujer se puso a contemplar también el retrato. Y
+así se estuvieron un par de minutos sin decir palabra: la Esfinge, con
+su ceño indescifrable; su marido, con la boca desplegada y los ojos muy
+abiertos, y Ángel mirando al uno y a la otra, temblándole las piernas y
+con el corazón dale que dale.
+
+Al fin se movió doña Ramona para alejar un poco más la fotografía; y,
+sin dejar de contemplarla, exclamó con un entusiasmo que no era de
+esperar en ella:
+
+--¡Dios mío, qué criatura más angelical!
+
+--¡De verdad es primorosa!--dijo don Santiago cogiendo la tarjeta y
+acercándose al balcón para examinar el retrato más a su gusto.
+
+--¡Y qué humildemente vestida y peinada está!--añadió la Esfinge al
+soltar de su mano la tarjeta.
+
+--¡Y qué dulzura de semblante y qué mirar de Niño-Dios!--dijo don
+Santiago desde el hueco donde estaba embutido ya.
+
+Ángel sintió en su pecho cuatro porrazos seguidos y tremendos, uno por
+cada exclamación, que le retumbaron en la cabeza. Pero aquellos golpes
+no le dolían ni le incomodaban.
+
+--Corriente--dijo en seguida su madre, mirando al extasiado mozo, y como
+si respondiera a las palabras de él cuando la entregó el retrato--; y
+¿qué significa... _esto_?
+
+Entonces Ángel se sentó a su lado; y con muchas zalamerías, convirtiendo
+con gracia y con habilidad el tema de la _media naranja_, tan repetido
+en su casa, en disculpa y germen de todo lo sucedido después, comenzó la
+historia de ello; pero desde muy atrás: desde el punto y hora en que
+conoció a Luz a la puerta de las Calatravas, callándose discretamente
+apellidos y seriales para que no saliera lo tapado antes del momento en
+que debía salir.
+
+Ya estaban los padres de Ángel enterados de casi todo lo que deseaban
+saber: por qué trasnochaba; por qué se vestía con tanto esmero; por qué
+andaba como desvaído a veces, y a veces hecho un cascabel, y hasta
+sabían por qué había llegado a casa la noche antes tan atolondrado y
+nervioso. Y no sólo lo sabían, sino que lo aprobaron y aun lo
+aplaudieron.
+
+Corriente; pero ¿a qué puertas había ido a llamar Ángel? ¿Quién era
+ella?
+
+Y Ángel, que no tenía motivos racionales para callarlo ya, lo dijo hasta
+con entusiasmo.
+
+La Esfinge dejó caer de sus manos la media que había cogido para
+entretenerse mientras hablaba Ángel, y don Santiago, que, aunque, vuelto
+a su sillón, todavía lanzaba ojeadas al retrato de Luz colocado sobre la
+mesa, volvió la mirada, mirada de angustia y desconsuelo, hacia su
+mujer, cuyo rostro daba frío, pero frío de tumbas y de subterráneos.
+
+--¡Hijo mío!--exclamó llevándose las manos de esqueleto entrelazadas
+hasta cerca de su boca--, si lo que nos has descubierto es la verdad; si
+la quieres como nos aseguras, más te valiera no haber nacido; y ya que
+naciste, más nos valiera a todos que te hubieras muerto sin penas, a la
+edad en que se llevó Dios a tus hermanos.
+
+Ángel pensó entonces que la luz del sol se apagaba para él, y que la
+tierra se hundía bajo sus plantas. Contaba con que su madre había de
+poner tachas a Luz tan pronto como conociera de qué tronco procedía,
+porque las tachas de este linaje eran la manía de la obcecada señora;
+pero en aquellas palabras, en aquella actitud, en la angustia bien
+visible de su padre, había mucho más que un resabio que se vence con la
+reflexión y la fuerza del cariño: había escollos infranqueables, simas
+negras en que ya se vela precipitado el pobre chico con la carga
+dulcísima de sus primaverales ilusiones. El instinto de la vida, porque
+lo contrario era su muerte, le dio alientos para asomar los ojos al
+abismo y medir con la mirada su verdadera profundidad. Pidió a su madre
+la razón de sus palabras, tan preñadas de obstáculos desconocidos para
+él, y su madre, más justiciera que compasiva, ahondó el abismo clavando
+a la marquesa de Montálvez en la picota de su indignación y
+acribillándola allí con una granizada de crueles vituperios.
+
+Quedábale al hijo el pobre recurso de atenuar la gravedad de los cargos
+con la supuesta propensión de su madre a pensar mal de ciertas señoras,
+y eso trató de hacer; y como también contaba con el amparo de su padre,
+a él volvió los ojos suplicantes, mientras hablaba lo poco que se le
+ocurría.
+
+Y el padre, aunque no estaba menos angustiado que su hijo, también tuvo
+una nueva puerta que cerrarle y un nuevo clavo que hundir en su corazón.
+
+--No, no es eso que tu crees, hijo mío. ¡Ojalá lo fuera! Tu madre,
+desgraciadamente, no habla ahora sin muy graves fundamentos. Yo no iré,
+sin embargo, en ciertas cosas, tan lejos como va ella; pero estamos
+enteramente conformes en cuanto a lo principal, que es muy grave; tanto,
+que necesitas conocerlo, y lo vas a conocer sin tardanza, por mucho que
+te duela oírlo y a mí me aflija el contártelo.
+
+Y aquí comenzó el buen hombre a referir cosas que dejaban espantado al
+pobre mozo, no sólo por lo que de espantable llevaban las cosas en sí
+mismas, sino también por oírlo de unos labios de los cuales había
+esperado él, no heridas nuevas, sino bálsamo para curar las que le
+habían hecho las palabras de su madre.
+
+--Pero esas noticias--dijo con voz poco segura Ángel, resuelto a
+defender uno a uno todos los portillos de su arruinada fortaleza--,
+pueden ser inexactas..., lo serán indudablemente. Yo sé cómo se vive en
+casa de esa señora: allí no hay rasgos ni vestigios de esas enormidades
+que usted me ha referido; se hace una vida sosegada y metódica, una
+verdadera vida de familia..., se reza.
+
+--Sí--clamó entonces la voz lúgubre de la Esfinge--: también el diablo,
+harto de carne, se metió a fraile; pero diablo fue siempre.
+
+--Se rezará, no lo dudo--dijo don Santiago interrumpiendo a su mujer--,
+y se hará la vida ejemplar que tú has visto, hijo mío; pero lo hecho,
+hecho está, y la obra del demonio a la vista queda para escándalo de las
+gentes honradas, aunque la pecadora se vuelva a Dios cuando ya no sirve
+para el mundo. Con todo, entiéndelo bien, yo no te culpo ni te acrimino:
+eres mozo sin experiencia, y te enamoraste a los primeros pasos que
+diste fuera de tu hogar: no es extraño que hayas sido y todavía seas
+ciego y sordo, y que no veas ni oigas lo que tanto suena y has tenido
+delante de los ojos. Yo también dudé al principio, porque conocía a esa
+señora..., la conocí aquí mismo, ahí donde estás tú sentado; y aunque la
+vi derrochadora, no la creí capaz de otros pecados más feos. Tuve varios
+negocios con ella, y éstos me obligaron a visitarla en su casa muchas
+veces; y en su casa andaba una víbora de las que muerden el seno que las
+ha dado calor: un mayordomo que, según informes que después adquirí,
+había perdido la confianza de su señora, con grandes motivos para ello.
+Este mayordomo, nada conforme con que la marquesa tratara directamente
+conmigo negocios que antes arreglaba él a su gusto con usureros, para
+estafarla entre todos, fingiendo llorarme lástimas de ella como para
+interesarme más, pero con bien contrarias intenciones, me fue imponiendo
+minuciosamente de los percances más gordos de su azarosa vida. Ya era
+administrador y mayordomo de la casa cuando nació la marquesa: ¡figúrate
+si, estaría bien enterado! Sin embargo, me resistía a creerle; pero como
+me importaba salir de dudas, por la índole misma de los negocios que
+traíamos entre manos esa señora y yo, acudí a otras fuentes; y bien
+pronto me convencí de que el pícaro administrador todavía se había
+quedado corto en sus informes. Tan sonada era en Madrid la fama de la
+marquesa, que todos los informantes se extrañaban de que no la conociera
+yo. ¿Qué había de conocer metido en estos rincones, tan apartados del
+bullicio de las gentonas como del otro mundo! Lo del banquero, lo sabía;
+es decir, sabía que era un bribón y que se había largado de la noche a
+la mañana temiendo que le desollaran vivo en la Puerta del Sol; pero
+¿qué me importaba a mí si era casado o soltero, ni cómo recordar el
+título con que se pavoneaba últimamente, si es que alguna vez le oí
+pronunciar, que lo dudo? En cuanto a lo del señor de Guzmán, ¿cómo
+sospecharlo siquiera? Una vez me la recomendó como persona de
+responsabilidad y amiga suya; pero ¿qué había en esto de particular ni
+de sospechoso, sobre todo después de haber observado que los informes
+eran exactos, porque la marquesa ha ido cumpliendo fielmente todos sus
+compromisos conmigo? ¿Qué me tocaba a mí hacer, aun después de
+descubierto el potaje, sino mostrarme ignorante con la marquesa y seguir
+tratando con ella siempre que lo ha necesitado, por respeto al señor de
+Guzmán, a quien tampoco he dicho una palabra? Tu madre y yo hemos
+hablado muchas veces aquí de esos fregados; pero no eran asunto que
+debía quitarme el sueño, ni cosa de llamarte a ti para que te fueras
+enterando... ¡Ojalá lo hubiéramos hecho!... Y he aquí, hijo mío, por qué
+no te culpo de lo que te pasa, y las razones que tengo para apoyar a tu
+madre en lo que te ha dicho.
+
+El pobre Ángel tenía la cabeza hecha un laberinto de fuego y de visiones
+diabólicas; pero entre todo y sobre todo lo que se revolvía y abrasaba,
+alzábase flotante y como la esperanza de un celestial consuelo, la
+imagen de Luz; de Luz, que no estaba, que no podía estar manchada con el
+fango de aquel lodazal en que había nacido. ¿Qué justicia, qué ley
+autorizaría la infamia de castigar en un ángel las culpas de una mujer
+pecadora!
+
+Y en este sentido y con toda la energía de su alma dolorida, habló a su
+padre, porque nada esperaba de la inclemente rigidez de su madre.
+
+Don Santiago, más compasivo, le respondió, descubriendo en su voz y en
+sus miradas la honda pesadumbre que le afligía:
+
+--Yo tampoco soy de los que creen que los vicios se heredan como las
+enfermedades, ni de los que tienen por justo que paguen los hijos
+inocentes las faltas cometidas por sus padres; pero se dan casos a
+menudo en que se teme lo peor, como si fuera lo probable, y la necesidad
+se impone con su fuerza de consideraciones y respetos humanos, y obliga
+a proceder ajustándose más a las leyes del mundo que a los mandatos del
+corazón. Porque así somos, hijo mío, y por nuestra culpa..., porque
+nuestras son las leyes que nos amarran a los escrúpulos de los demás.
+Cierto que las hacemos y las promulgamos con el piadoso fin de molestar
+al prójimo; pero hechas quedan y a las barbas nos saltan en cuanto los
+delincuentes somos nosotros. Y nada más justo.
+
+--Bien está eso--interrumpió Ángel, que no podía con el martirio de sus
+impaciencias--; pero en el caso mío...
+
+--A él iba sin parar--contestó su padre, saliéndole al encuentro--. El
+caso tuyo...
+
+--El caso tuyo--dijo la tremenda voz de la Esfinge, haciendo callar a la
+de su marido--es de los que reclaman todo el valor que cabe en el
+corazón de un mozo de vergüenza para irle olvidando, porque no tienen
+otro remedio.
+
+--El caso tuyo--insistió don Santiago, queriendo atenuar el efecto
+causado en el hijo por las durezas de la madre--, no es para resuelto en
+cuatro palabras en un momento de fiebre como la que te abrasa ahora,
+hijo mío, de pies a cabeza: es para meditado en frío y con calma...,
+cómo le has de meditar tú seguramente, tomando los puntos donde deben
+tomarse: no en las alturas de la pasión, sino abajo, abajo en este
+pícaro suelo que se pisa, y entre la gente con quien uno se codea en
+cuanto sale de casa.
+
+--Pero ¿cómo!, ¿cómo!--preguntó Ángel, anhelando llegar cuanto antes a
+lo desembarazado y concreto.
+
+--A eso vamos, hijo, a eso vamos--le repitió suavemente su padre--.
+Déjate de andar a vueltas con lo de que si el mundo es justo o es
+injusto en esto o en lo otro; o si las madres pecadoras por aquí, y si
+las hijas inocentes por allá, y considera lisa y llanamente lo que a ti
+te pasa. Hay una joven que no tiene pero en lo tocante a ella misma: es
+muy guapa, muy recogida, muy bien educada..., una santa de Dios, vamos.
+De esta joven te enamoras tú, y ella se enamora de ti. Deseáis casaros,
+y resulta, en primer lugar, que no es hija de su padre..., quiero
+decir...
+
+--Tiene derecho perfecto al apellido que usa.
+
+--Por la ley, pero no por la naturaleza; y esto lo sabe todo Madrid, el
+Madrid que bulle en lo alto, y habla recio y escribe, y es oído y leído,
+y murmura y desuella al sursumcorda, y da y quita reputaciones a su
+antojo. La madre que hizo esa fechoría tuvo por marido, es decir, por
+padre legal de la novia, a un estafador, huido de su patria después por
+temor a la justicia; y esto lo sabe también ese Madrid que murmura y
+alborota; la misma mujer, que fue desleal, infiel, antes de casada,
+continuó siendo esposa adúltera; y cuando enviudó, no tuvo el diablo por
+dónde desecharla. Y eso también es público en el Madrid que hace y
+deshace reputaciones... ¿Te vas enterando?
+
+--Adelante--dijo el pobre mozo con heroica resolución, medio tragado ya
+por la boca del negro abismo.
+
+--Pues bueno--añadió su padre espantado de que tuviera que ser él quien
+le empujara para arrojarle hasta el fondo--: a pesar de todos estos
+inconvenientes, te decides a casarte porque Luz es una santa, según
+hemos convenido. Luz, por hermosa y por hija de su madre, es muy visible
+en el mundo, en el Madrid que murmura y despelleja, y te la tomas del
+brazo para entrar con ella en ese paraíso que habéis soñado los dos...
+Mira, Ángel, será injusto, será inicuo, todo lo que tú quieras; pero es
+la pura verdad que ese Madrid maldiciente y sinvergüenza; ese Madrid que
+acaso tiene la culpa de que la marquesa de Montálvez no sea una mujer
+sin tacha, arroja sobre su hija, y como regalo de boda, todos los
+escándalos de la madre, y, por consiguiente, sobre su marido, sobre ti,
+que eres un hombre de bien (y, por serlo, vas por donde vas y con quien
+vas), todos los sambenitos de tu mujer, entre algazara y chacota. Ahora
+bien: por grande que sea tu obcecación; por hermoso que se te pinte en
+los ojos lo que hay del lado de allá de la puerta, ¿te atreverás a
+entrar por ella con tal fardo de ignominias a la espalda? Esto es lo que
+has de meditar, hijo mío, con la cabeza fría y el corazón sosegado.
+
+Ángel no quiso oír más ni añadir una palabra. ¡Tan honda y tan negra le
+iba pareciendo la sima! La Esfinge, implacable, trató de ennegrecerla y
+ahondarla todavía más. Su marido se lo impidió con una mirada que tuvo
+toda la fuerza de un discurso para su corazón de madre. Ángel se levantó
+aturdido y mudo para retirarse de allí, y al mismo tiempo extendió el
+brazo para recoger el retrato de Luz, que estaba sobre la mesa.
+
+--Tómale, hijo mío--le dijo su padre adivinándole la intención y
+apoderándose de la tarjeta antes que él--. Pero aguarda un poco. (Don
+Santiago volvió a contemplar el retrato.) Sí..., ¡clavada!... Bien decía
+yo antes para mí: «¿a quién que yo conozco se parece esta cara?»
+¡Claro!, ¿a quién había de parecerse?... ¡Si me asombra que por este
+rastro, y sabiendo lo que ya sabía, no hubiera yo dado en el quid antes
+que tú me le descubrieras!...
+
+--Esos parecidos--dijo la Esfinge--son el sello que pone la mano de Dios
+en las obras del demonio, como esa desdichada criatura, para aviso de
+las gentes honradas...
+
+--¡Mujer!...
+
+--Para que duela lo digo, Santiago, para que duela..., porque esa clase
+de heridas no se curan con bálsamos dulces: se curan a fuego, entre
+martirios como el que estoy padeciendo yo viendo al hijo de mis
+entrañas, al regalo de mis ojos, entre las uñas de Satanás. ¿Merecía él
+ese destino? ¿Le hemos criado tú y yo para eso?
+
+--No, mujer, no--díjola don Santiago en santa calma--; pero a un solo
+fin se puede ir por diversos caminos... Déjame por donde voy ahora, que
+yo sé que no voy mal y que he de llegar antes y mejor que por donde tú
+quieres que vaya.
+
+Luego, volviéndose a Ángel, que continuaba mudo y cada vez más aturdido,
+dijole entregándole el retrato:
+
+--Tómale, hijo, ya que le deseas..., como es natural; pero procura no
+tenerle delante cuando medites sobre lo que te he dicho, para resolver
+lo que te conviene.
+
+Ángel recogió la tarjeta, y salió, con ella en la mano, del despacho de
+su padre; y es cosa averiguada que en cuanto se vio solo y encerrado en
+su gabinete, desahogó las fatigas de su pecho regando con lágrimas
+ardientes y devorando a besos resonantes aquella imagen fidelísima de la
+más hechicera «obra del demonio».
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Y mientras besaba el retrato y le mojaba con lágrimas, el pobre chico
+pensaba..., ¿en qué había de pensar sino en la desdichada semejanza de
+su conflicto con el conflicto de la novela que había intentado escribir
+él? ¿Quién le hubiera dicho cuando se perdía en la maraña de aquella
+ficción; cuando exponía las dificultades a la marquesa (que debieron de
+saberla a rejalgar), y a la inocente Luz, que le oía embelesada; cuando,
+¡mil veces necio, y estúpido y mentecato!, apuraba la materia delante de
+ellas, por la pueril vanidad de encarecer el valor de la obra de su
+ingenio, que había de ser él, el propio Ángel Núñez, vivo y efectivo,
+quien tuviera que resolver el problema, no como novelista, sino como
+persona comprometida en un lance verdadero, exactamente igual al lance
+de su novela?
+
+¡Resolver el conflicto! Pero, después de bien mirado el caso, ¿dónde
+estaba el conflicto? El conflicto existe cuando el ánimo no ve salida
+clara para la angustia que le acongoja; pero en el caso de él no cabían
+dudas ni vacilaciones, porque había una puerta franca y expedita, nada
+más que una, una sola: la única que podía haber. ¿Cómo no vio el torpe
+novelista lo que tan palpable debió estar delante de sus ojos? _Ella_ y
+nada más que _ella_, con _ella_ y para _ella_ por todos los días de la
+vida. Eso era el deber, eso el honor y eso la felicidad.
+
+Y Ángel, discurriendo de esta suerte, beso va y lágrima viene sobre el
+retrato de Luz. Así pasó muy largo rato y desahogó lo más negro y lo más
+amargo, de sus penas. Eran las primeras que tenía en su vida, y además
+muy dolorosas y profundas. Hay que hacer justicia al pobre chico.
+
+Cuando se halló más desahogado y tranquilo, guardó el retrato donde
+solía y comenzó a pasear a lo largo de su gabinete y a reflexionar como
+su padre deseaba, «con la cabeza fría y el corazón sosegado». Porque
+Ángel se consideraba ya en aquellos instantes con el juicio y la sangre
+en su ordinario nivel.
+
+Después de orear un poquito más todavía el meollo por este procedimiento
+de exploraciones generales alrededor del abismo, que ya no le asustaba
+tanto como antes:
+
+--Veamos ahora--se dijo--las cosas a su verdadera luz, y ajustemos la
+cuenta partida por partida y como deben ajustarse todas las cuentas en
+casos de mucho apuro, como este. En primer lugar, los informes que le
+han dado a mi padre sobre la marquesa, pueden muy bien no ser exactos:
+no lo son; desde luego lo afirmo; y lo afirmo porque la verdad se
+desfigura, y siempre en mal sentido, a medida que va pasando de boca en
+boca. Eran, pues, ya exagerados los informes cuando mi padre los
+adquirió. Mi padre me los transmitió a mí bajo una mala impresión y
+teniendo gran interés en que me causaran el peor efecto posible; luego
+es indudable que mi padre exageró mucho y por su propia cuenta lo que
+había recibido muy exagerado ya. Esto es la evidencia misma.
+
+Pero resulta de estos mismos informes que hay un milagro entre los
+muchos que le cuelgan a la marquesa, en el cual no caben ni el más ni el
+menos, porque, por su propia índole, tiene que verse y que sonar lo
+mismo a todas luces y en todas las bocas: el lío de la semejanza de Luz
+y del amigo de su madre; es decir, la causa de este parecido con todas
+sus concausas y accidentes. ¿Es verdad lo que sobre todo ello se
+asegura? ¿Cómo se prueba que lo sea, ni con qué derecho se intenta
+probarlo? ¿Adónde iríamos a parar si bastara un indicio como ese, que
+puede ser obra de la casualidad, para que sea meritorio poner en pleito
+el honor de un matrimonio y de toda una familia? Puede, por
+consiguiente, en justicia y en conciencia, negarse el hecho nefando, y
+yo le niego.
+
+Otra mácula que ya está más a la vista y no puede negarse: que el padre
+legal de Luz fue un banquero tramposo que huyó de Madrid por temor de
+que le despellejaran en la calle. ¡Válgame Dios con los pudibundos y
+asombradizos! ¡No parece sino que el señor don Mauricio Ibáñez ha sido
+el único ricacho tramposo y estafador! ¿Pues no hemos convenido, tiempo
+hace, y cansado estoy de oírlo y de leerlo, con ser tan mozo como soy,
+en que andan por esas calles de Dios docenas de acaudalados personajes
+con títulos y condecoraciones, influyentes poderosos, que debieran estar
+en presidio arrastrando una cadena? ¿No se citan sus nombres y se les
+apunta con el dedo, y, sin embargo, viven y triunfan y hasta regatean el
+saludo a los hombres de bien, porque se consideran a mayor altura que
+ellos, en virtud de que así se lo hace creer, con sus acatamientos, e
+incensadas, el mismo público que desde lejos y en voz baja los condena a
+presidio con grillete? Y estos ladrones consentidos y acatados, ¿no
+tienen mujer con historia negra, e hijas con parecidos extraños? Y estas
+hijas, sin ser santas ni servir ninguna de ellas para descalzar a mi
+inocente Luz, ¿no se ven bien codiciadas de los guapos mozos, y a
+sabiendas, y no se casan sin que las gentes se escandalicen ni se junte
+el cielo con la tierra? Pues mi caso y el de Luz no llegaría, ni con
+cien leguas, al menos cenagoso de estos casos.
+
+Las restantes máculas de la marquesa, ¿por qué no han de ser, no ya
+exageraciones, sino imposturas de las gentes? ¿No acaba mi padre de
+afirmar, con el piadoso fin de intimidarme, que hay un Madrid que hace y
+deshace famas y reputaciones? Y ¿qué sabe el inexperto señor si en el
+presente caso se ha deshecho con calumnias lo que estaba bien hecho con
+virtudes? Si tan notorios han sido los pecados de la marquesa, ¿cómo no
+he dado yo con algún rastro de ellos en su casa? ¿Cómo la frecuentan
+personas tan distinguidas y juiciosas, y se juzgan muy honradas con el
+trato y la amistad de la abominable pecadora? No tienen, pues, estos
+hechos todo el fundamento que necesitan para ser creídos; pueden
+negarse..., los niego en absoluto.
+
+Y ahora veamos el supuesto conflicto mío por otra cara. Cierto que,
+decidido yo a casarme por cálculo y a sangre fría, al echarme a la calle
+en busca de mujer, no hubiera trepado a las alturas del «gran mundo», ni
+elegido entre las que tienen madres de las que pueda decirse lo que se
+dice de la madre de Luz; pero aquí han pasado las cosas muy de otro
+modo: yo no he salido de mi casa para olfatear una novia por esas calles
+de Dios. Luz y yo nos encontramos por obra de una casualidad, o porque
+estaba decretado así...; creo que fue porque estaba decretado. El hecho
+es que nos encontramos, que nos comprendimos y que nos amamos, y que
+Luz, que me había deslumbrado por hermosa, acabó de enloquecerme por
+buena, por inocente..., por santa. Resulta ahora que esta Luz sin tacha
+es hija de una madre llena de pecados, y que aunque la hija los ignora y
+es incapaz de cometer otros semejantes, yo debo renunciar a ella por los
+que su madre ha cometido. Ésta es la teoría de mi padre, fundada en una
+ley que, según parece, rige en el mundo entre las gentes que se creen
+honradas.
+
+Pues supongamos que yo llego a considerarme obligado también a acatarla,
+y que, en virtud de ello, me decido a apartarme de Luz y a romper todo
+trato con ella, precisamente cuando está aguardando a que yo le señale
+la hora de estrechar todavía más el que tenemos. Para poner en práctica
+esta resolución, se necesita, o que comience yo por no volverla a ver
+desde ahora, o que invente un pretexto rebuscado, o que la descubra
+toda la verdad. Con lo primero, la daría una puñalada a obscuras y a
+traición; con lo último, se moriría de espanto y de vergüenza. De todas
+suertes la mataba. Pero, aunque no la matase, ¿no sería cualquiera de
+estos procederes míos cien veces más vil y más odioso que todos los
+pecados juntos de la marquesa, suponiéndolos ciertos y comprobados? ¡Y
+mi padre, tan honrado y tan bueno, no lo ve así! ¿En quién estará la
+ceguera?... En él, en él solo, que no ha meditado el caso «en frío y con
+calma», como quiere que yo lo medite y como, ya lo estoy meditando...
+También él le meditará así, y entonces estaremos de acuerdo los dos.
+¿Pues no hemos de estarlo! Mi madre seguirá en sus trece y tocará el
+cielo con las manos; pero es mi madre, y todo su corazón le parece poco
+para quererme; es buena y compasiva en el fondo; jamás ha puesto a
+prueba el arraigo de esas repugnancias que son su manía; le pondrá
+ahora, porque se trata, de mí, y verá claro y se convencerá..., ¿pues no
+ha de convencerse!... Y no habrá conflicto, porque no puede haberle; y
+las cosas irán como y por donde iban ayer, que es como y por donde deben
+ir.
+
+En esto oyó que se hablaba recio en el despacho de su padre. Entreabrió
+la puerta de su gabinete y escuchó. Su madre quería llevar las cosas a
+sangre y fuego; tenía a pecado imperdonable las blanduras y
+contemplaciones de su marido. «Cortar, cortar por lo sano, antes que la
+gangrena lo inficione todo.» Don Santiago la recordaba su obligación de
+ser clemente con su hijo, sin dejar por eso de ser madre celosa y justa:
+llevando las resistencias tan a punta de lanza, hasta podía enfermar el
+pobre chico con la batalla que traía en la cabeza.
+
+Se sonrió un poco Ángel oyendo esto, porque consideró lo ridículo que
+estaría él si las circunstancias le obligaran a hacer el papel de niño
+mimoso contrariado. Al mismo tiempo cerró la puerta, porque aquellas
+durezas de su madre, mal de su grado, ahondaban demasiado en el abismo
+que él tenía ya a medio llenar.
+
+Volvió a pasear por su cuarto y a meditar, pero sobre otro tema
+diferente.--¿Qué le tocaba hacer a él por de pronto? Porque, aun
+suponiendo que la gran dificultad se resolviera a su gusto, esa labor no
+era de pocos días, y Ángel había dejado su negocio con Luz pendiente de
+una decisión que debía comunicarla al otro día, que ya era _hoy_ para
+él. Fue demasiado optimista en medio de su fiebre amorosa, no previendo
+algo siquiera de lo que estaba ocurriéndole; pero, ocurrido ya, ¿qué
+podría decirle a Luz sin que ella le leyera sus disgustos en la cara, ni
+presumiera tropiezos que la indujeran a descubrir otros mayores? No
+había que pensar en acercarse a ella mientras los horizontes de sus
+ideas no se despejaran algo más. Necesitaba irse acostumbrando a verlo
+_posible_ para darlo por _hecho_, y con esto solo ya tenía lo sobrado
+para estar sereno. Cuestión de aquel día, quizás del siguiente...,
+porque era mucho lo que confiaba en su padre. Entre tanto, disculparía
+su ausencia de casa de Luz advirtiéndola que estaba ligeramente enfermo,
+muy constipado: esa era la disculpa usual y corriente para todos los que
+deben y no quieren o no pueden ir a alguna parte.
+
+Mas no le bastaba con esto: sus cálculos estaban bien formados; pero
+eran cálculos al fin, que podían fallar, contra tantas probabilidades
+de que no fallaran: su situación, por consiguiente, era grave,
+gravísima; y lo probaba, además, aquella tirantez de espíritu en que él
+vivía, aquella opresión de su pecho, aquel nudo de su garganta que le
+parecía el manantial de donde fluían las lágrimas que le brotaban de los
+ojos en cuanto los ponía en la imagen de Luz, o el pensamiento en que
+pudiera perderla para siempre; y por ser tan grave la situación, no era
+para arrostrada por él, a solas con su inexperiencia y cargado de
+pesadumbres. Necesitaba auxilios y consejos. Pero ¿dónde hallarlos? Sus
+pocos amigos eran tan inexpertos como él, además de que él no había de
+profanar tan santas penas confiándolas a chicuelos presuntuosos. Se
+acordó de Guzmán, que ya estaba en autos; pero después de lo que había
+sabido, ¿con qué cara iba él a aquel señor con tales coplas! Porque
+Ángel, al hablar de su pleito, tenía que exponerle con todos sus pelos y
+señales, y hasta se prometía, jugando bien este recodo, ganar informes
+exactos sobre la conducta pasada de la marquesa. De modo que su
+confidente, tras de conocerla mucho, no debía estar ligado a ella por
+vínculos que quitaran prestigio a sus dictámenes ni los hicieran
+sospechosos.
+
+Y he aquí el camino por donde Ángel fue a parar con el pensamiento a
+Leticia. Leticia, en opinión de Ángel, era «una gran señora», de mucho
+entendimiento, y amiga y contemporánea de la marquesa; se interesaba
+vivamente por la suerte de Luz, y parecía quererle mucho; a él, a Ángel,
+no se diga..., hasta vergüenza le daba no haber correspondido, con una
+triste visita siquiera, al cariñoso empeño con que ella se las pedía
+cada vez y donde quiera que le encontraba... Cabalmente la víspera,
+yendo él por la Carrera de San jerónimo hacia el Prado, subía ella en
+carruaje. Pues se detuvo cuando Ángel la saludó, y hablaron allí largo
+rato... y sobre Luz la mayor parte del tiempo, por saber ella lo que
+este tema le gustaba a él. De modo que tenía muchísima razón la buena
+señora cuando, al despedirse y después de haberle ofrecido de nuevo su
+casa, le llamó, con una sonrisita y un ademán muy maliciosos,
+«¡ingrato!» ¿Quién, pues, como Leticia, para oírle con cariño,
+informarle sin pasión y aconsejarle con acierto?
+
+En estas y otras tales, ya llegó la hora de comer, y Ángel tuvo que
+sentarse a la mesa. Comió poco y no habló nada, porque tampoco le
+hablaron a él. Por la tardé se vistió con gran esmero, y salió decidido
+a visitar a la amable señora para confiarla sus cuitas.
+
+Y andando, andando, cuanto más andaba más remolón se iba haciendo;
+porque según oreaba los propósitos con el aire de la calle, menos
+cuerdos le parecían. No era tan urgente el caso que no le diera un
+respiro de veinticuatro horas; y en veinticuatro horas podía cambiar de
+aspecto un conflicto como el suyo, y hacer inútil la consulta que él iba
+a hacer: y había una noche entera y larga de por medio; y una noche así
+daba para todo: para que le hablaran en su casa o para hablar él a los
+demás; y si nada de esto sucedía, para engolfarse en un mar de
+pensamientos un hombre que no duerme.
+
+No hizo la visita, y la aplazó para el día siguiente, si la conceptuaba
+necesaria. Al anochecer mandó a Luz dos carillas de renglones llenos de
+dulzuras, para enterarla de que estaba constipado.
+
+Después se fue a casa. En la cual nada ocurrió para bien ni para mal de
+su pleito: nada le dijeron; nada dijo tampoco. ¿A quién le tocaba sacar
+la conversación, y quién huía más de ella?
+
+A la hora acostumbrada se acostó; pensó un poco en lo que Luz pensaría
+de su constipado, y, ¡cosa rara!, se durmió como un bendito... hasta el
+amanecer.
+
+El despertar fue terrible, ¡eso sí!... Todo lo ganado antes del sueño en
+una batalla de muchas horas contra las negras ideas, se pierde en un
+instante al despertar. Esto lo saben todos los hombres que han tenido
+tempestades en la cabeza. Ángel, que era uno de éstos, se halló entre
+sus manos las ruinas del edificio que había construido con amargos
+sudores antes de dormirse. En reconstruirle se le pasó la mañana. Y
+gracias que lo consiguió; porque no todos lo consiguen.
+
+A la hora de comer, tampoco adelantó un paso su negocio; y en ciertas
+situaciones de la vida, no adelantar equivale a retroceder. Había que
+hacer la visita.
+
+A media tarde se vistió, aún con mayores atildaduras que el día antes.
+
+¡A casa de su buena amiga sin parar!
+
+
+
+
+XIV
+
+
+Llegó sereno, llamó con brío, preguntó lo que es de costumbre; y sin
+aguardar la respuesta, para ganar tiempo y economizar trámites, dio su
+nombre y apellido antes que se los pidieran. Como si sonaran allí a muy
+conocidos, abriéronle la puerta de par en par; rogáronle que entrara; le
+condujeron a un salón que estaba enfrente, y le pidieron el favor de que
+aguardara unos instantes.
+
+El tal salón era un completo museo de riquezas de buen gusto; pero Ángel
+no tenía los suyos en disposición de entretenerse contemplando aquellas
+pompas de la vanidad mundana. Miraba sin ver lo que tenía delante de los
+ojos, y sólo estaba atento a los minutos que corrían sin que saliera la
+señora cuyos pareceres iba buscando él allí; porque hasta temía que con
+una larga espera en tan extraño lugar se le fueran entibiando los
+propósitos y acobardando los bríos.
+
+Y minuto tras minuto, corrió más de media hora hasta que llegó, no
+Leticia, sino una doncella para rogar al guapo mozo que la siguiera a
+donde su señora tendría el gusto de recibirle.
+
+Siguiola Ángel muy complacido en que de cualquier modo se pusiera
+término a sus impaciencias; y atravesando salas y pasadizos,
+detuviéronse ante una puerta medio oculta entre, los paños de un doble
+cortinaje, quiero decir uno por dentro y otro por fuera. Recogió más
+una de las mitades de éste la doncella, y apareció Leticia haciendo lo
+mismo por la parte de adentro. Avanzó Ángel, muy cortés, entre las
+elegantes angosturas del boquete, y en cuanto pasó al otro lado se
+corrieron de nuevo las cortinas, y hasta oyó que se cerraba la puerta.
+
+Se quedó muy sorprendido delante de Leticia: parecía una sultana; y esta
+idea se la sugirió al gallardo visitante, no tan sólo el tipo de la
+visitada, que adquiría mayor acento oriental con la caprichosa y rica
+bata que vestía y el estilo de todos sus restantes ornamentos, sino
+también el lugar en que se hallaba: un salón con anchos divanes, grandes
+cojines, maderas olorosas, alfombras turcas, cueros marroquíes, espejos
+venecianos, bronces desnudos, tibores japoneses y ¡qué sé yo! Aquello
+era un harén preparado al gusto europeo: sólo faltaban los pebeteros y
+las pipas de largos tubos de seda; y así y todo, trascendía el aposento,
+a molicie africana.
+
+Leticia condujo a uno de los divanes al sorprendido mancebo, que también
+tenía mucho de oriental entonces con lo lánguido y ojeroso que le habían
+dejado sus pesadumbres, y se sentó a su lado. Casualidad sería; pero al
+sentarse quedó fuera de la fimbria de su bata medio piececito
+primorosamente calzado con una babucha de raso, muy escotada, sobre una
+media de seda azul con rayas blancas.
+
+Hubo en seguida lo de «yo no debía recibirle a usted, porque es usted un
+ingrato», y lo de «usted me estima en mucho más de lo que yo merezco»;
+«usted no viene aquí por tal y cual cosa»; «pues sepa usted que no he
+venido sino por esto y por lo otro»; «que sí», «que no», etcétera, etc.;
+porque, _mutatis mutandis_, en estos preludios de visita siempre se dice
+lo mismo y no se adelanta un paso, por más que muden los tiempos y se
+ilustren los actores. Pero, en fin, hablando, hablando, Ángel sorteó con
+habilidad los estorbos de la introducción, y llegó lo antes que pudo al
+tema de sus angustias.
+
+Tardó bastante, pero lo expuso bien, sin ocultar un ápice de cuanto
+sabía. De todo habló, unas veces conmovido y otras veces animoso, pero
+siempre con buen arte; y Leticia, mientras le estaba oyendo, parecía
+devorarle con los ojos. Tanto le interesaba la relación.
+
+--Y bien--le dijo, muy cariñosa, cuando ésta fue acabada--, ¿qué me toca
+hacer a mí en ese triste proceso? ¿De qué modo puedo yo tener la suerte
+de hacer algo por la causa de usted?
+
+--Por de pronto--respondió Ángel--, diciéndome (porque usted debe
+saberlo, o no lo sabe nadie) qué hay de cierto en lo que se refiere de
+la marquesa de Montálvez; si es o no tan... pecadora como se la pinta.
+
+Leticia bajó algo la cabeza, sin dejar de sonreírse, y se rascó un
+poquitín la sien derecha con un dedo, muy mono por cierto. Después se
+enderezó; y mirando valientemente a los ojos mismos, grandes, negros y
+melancólicos, de su interlocutor, respondiole:
+
+--En eso de rumores públicos, ¡es tan difícil saber a qué atenerse! ¡Se
+abusa tanto de ellos!... A Cristo le crucificaron, conque figúrese
+usted.
+
+Y Ángel tuvo que sonreírse, porque a ello le obligaron esta salida y la
+singular expresión de que fue acompañada.
+
+--No es broma, aunque lo parezca--añadió Leticia--. Las gentes son así:
+por natural inclinación, muy malas; y el resobado símil de la bola de
+nieve, es la pura verdad a cada hora del día. No afirmaré que mi amiga
+sea una santa; ¿quién lo es ya hoy, tal y como van las cosas en el
+mundo! Pero entre no ser santa y lo que de ella se dice... El caso de
+Guzmán, por ejemplo..., ¿en qué le fundan? En amistades íntimas del
+tiempo de las mocedades de los dos, ¡como si Guzmán no hubiera sido
+antes amigo de otras mujeres!, y en cierta semejanza de fisonomía, que
+yo no veo, entre Luz y él, y que, aunque exista, nada resuelve... Luz se
+parece a Guzmán por una casualidad, como pudo parecerse al Nuncio. ¿Y
+también en este caso íbamos a suponer...? ¡Pues decente estaría! En fin,
+que lo de Guzmán puede ser y puede no ser. Yo creo que no lo es. Lo de
+su marido... ¿Le eligió ella, por ventura? ¿No se le impusieron? Y ¿en
+qué se diferencia ese pobre hombre, tan difamado, de otros muchos
+ladrones muy respetables que yo conozco? Pues únicamente en que fue más
+torpe que éstos en el oficio de robar. De modo que, a juzgar por lo que
+se ve en estos y otros varios ejemplos que citar pudiera, la opinión
+pública sólo castiga a los grandes bribones cuando no saben serlo. ¡Y a
+este tribunal sin conciencia ha de someter usted los honrados consejos
+de la suya?
+
+--Pues eso mismo pienso yo--exclamó Ángel, enardecido con aquel
+dictamen tan favorable a su causa.
+
+--Y piensa usted como un sabio--añadió Leticia--y, además, como un
+valiente; porque valor se necesita para seguir pensando bien entre
+gentes que piensan y obran tan mal.
+
+--Y de todo lo restante que se refiere de la marquesa--dijo el
+impresionable mozo, más impaciente por llegar a donde deseaba cuanto más
+llano le ponía el camino su amable interlocutora--, ¿puede presumirse
+también...?
+
+--¿Que tiene escasos fundamentos de verdad?
+
+--Eso mismo...
+
+--Con grandísimas razones. ¿Quién lo ha visto? ¿Quién puede certificar
+de ello?... Mire usted: la mayor parte de _lo que se dice_ en ese
+sentido, procede de aspirantes desairados; el resto lo inventan los que
+ni para ese triste papel sirven. Los afortunados, cuando los hay, se
+guardan muy bien de decirlo; porque si los hubiera, lo publicaran,
+serían unos majaderos; y la marquesa tiene sobrado buen gusto para que,
+resuelta a perderse, se dejara caer en tales manos.
+
+--Eso me parece a mí también.
+
+--Y eso es lo que debe parecerle a usted, porque es de sentido común.
+Así sucede tan a menudo que de ciertas mujeres pecadoras todo se cuenta
+menos la verdad... Porque hay mujeres pecadoras, ¡y muy pecadoras, amigo
+mío!
+
+--¿Quién lo duda!
+
+--Y las hay de todos los linajes: por pasión, por temperamento, por
+lujo, por moda..., hasta por necesidad; pero ninguna es tan necia que
+publique sus propios pecados por el gusto de dar cebo a las lenguas
+maldicientes, y la menos aprensiva trata, por egoísmo de viciosa, de no
+quitar al pecado el incentivo del secreto. De igual modo tienen que
+proceder sus cómplices; porque si la misma causa no les indujera a ello,
+les obligaría, como ya le dije a usted, la necesidad de ser reservados
+si querían ser favorecidos. También esto es de sentido común. Hay
+excepciones en la regla, como en todas las demás; pero las excepciones
+solas no dan bastante materia, en el caso de mi amiga, para formar un
+proceso tan voluminoso como el que el público le ha formado a ella..., y
+a otras amigas suyas también. De modo que, por el precepto establecido,
+si en la vida de la marquesa de Montálvez hay pecados de esa especie, o
+son muy pocos, o no los conoce el público.
+
+--¿Y eso es lo que debo creer?--preguntó Ángel con el ansia de todos los
+que temen que no sea bastante cierto lo que se les asegura.
+
+--Pues ¿para qué se lo estoy contando?--respondiole Leticia riéndose muy
+de veras.--¿O piensa usted que me divierto en engañarle?
+
+--¡Eso no!--repuso el vehemente mozo, temiendo haber dicho una
+impertinencia--, porque es usted demasiado buena para hallar gusto en
+tales entretenimientos.
+
+--Gracias por la fineza.
+
+--Lo digo como lo siento,... y, si no, ¿cómo la hablara yo de estas
+cosas?
+
+--Es la verdad. Pues adelante.
+
+Ya estaba resuelto aquel punto, y muy a satisfacción del interesado.
+Faltaba otro de mayor entidad para él; porque el primero le daba apoyos
+en que fundar buenas esperanzas, pero no le sacaba del atolladero en que
+se veía, y de esto era necesario tratar inmediatamente.
+
+Mientras en su casa se llegaba a juzgar a la marquesa de Montálvez con
+el mismo criterio bondadoso con que ellos dos acababan de juzgarla, ¡que
+ya era esperar!, ¿qué hacía el novio de Luz? ¿Continuar acatarrado?
+¿Visitarla como antes? Y en este caso, ¿la hablaba o no del punto que
+quedó pendiente la última vez que se habían visto? Y si la hablaba de
+él, ¿qué la decía? ¿Con qué mentiras la engallaba?
+
+Estos y otros parecidos fueron los nuevos puntos sometidos por Ángel al
+dictamen de su experta amiga.
+
+La cual, después de enterada, tomó de pronto una actitud enteramente
+distinta de las que había tomado hasta entonces; se acercó más a su
+embelesado interlocutor, y eso que ya estaban bien juntos, y le habló
+así:
+
+--Vamos a ver eso con mucha serenidad. Lo primero que hay que hacer aquí
+es ponerle a usted en el peor de los casos; quiero decir, en el que
+llama usted peor.
+
+--¿Y usted no?
+
+--Allá veremos. No hay modo de convencer a sus padres de usted de que la
+marquesa de Montálvez no sea la mujer más perdida y más escandalosa del
+mundo, o se convencen de que es una señora como otra cualquiera; pero se
+empeñan en que basta su mala fama para que usted no deba casarse, y no
+se case, con su hija, lo cual es lo mismo para usted. De todos modos se
+oponen, y hasta le amenazan con las iras del cielo si no son obedecidos
+en sus píos y honrados mandatos, y usted, que es buen hijo y, aunque
+otra cosa piensa ahora, algo temeroso de la opinión pública, se encoge y
+tiembla y padece, porque no tiene resolución para atropellar los
+obstáculos devolviendo tesón por tesón y amenaza por amenaza... ¿No es
+esto?
+
+--Cabalmente.
+
+--Y usted padece, tiembla y se encoge, porque en la batalla se juega a
+Luz, que es hermosa y dulce y hasta santa, según dicen, y no se resigna
+usted a perder ese tesoro... Vamos a ver, ¿y qué que se pierda?
+
+--¡Señora!...
+
+--Lo dicho: ¿y qué que se pierda? Es usted muy joven todavía, y por eso
+ignora lo que influye el punto de vista en el conocimiento de las cosas.
+El amor de Luz es el primero que usted siente, y cree imposible hasta la
+vida si ese amor se le malogra. Todos los hombres creen y sienten lo
+mismo la primera vez que se enamoran; pero después, andando los años,
+van cambiando de parecer, y el obstáculo que de novicios se les antojó
+desventura sin ejemplo, ya con muchas barbas, le consideran como una
+dádiva de su buena suerte. No lo dude usted: hay algo de inhumano en eso
+de amarrar a un mozo que comienza a vivir al macizo carro del
+matrimonio, y decirle: «tira, y anda por ese camino áspero y obscuro que
+tienes delante, y por donde jamás has andado», porque se cree que el
+amor lo suple todo, y esto es una lamentable equivocación. En primer
+lugar, el amor del alma se confunde muy a menudo con los antojos del
+cuerpo; pero, aunque no se confunda, el amor, o lo que sea, se acaba
+luego, porque no duran más los incentivos que le producen; o si se
+conservan, pierden el encanto por la costumbre de verlos; el resultado
+es el mismo; lo que se llama amor, desaparece, y la venda se cae; y
+entonces, cuando los ojos contemplan asombrados lo muchísimo desconocido
+que tienen delante, la codicia de ello inflama los apetitos, y el hombre
+más sesudo y morigerado olvida sus deberes y se hace un glotón de cuanto
+ve. Es decir, cae, y de mala manera, que es mucho peor que caer...,
+porque también los vicios tienen su estética... ¿Se sorprende usted de
+lo que digo?... Pues está usted en la obligación de resignarse, porque
+yo no me comprometí a halagar sus ilusiones, sino a darle mi parecer
+después de examinar el punto por todas sus caras. Ahora estamos en la
+fea... Ya le veremos por otra mejor, si es que la tiene.
+
+Ángel estaba, en efecto, sorprendido, y aun admirado, de ver por dónde
+tomaba la cuestión su consejera, y hasta de la cara que ésta ponía
+cuando le hablaba, que no era cara de susto, ciertamente: ¿adónde
+diablos iría a parar por aquellos caminos, tan distantes de los deseos
+del enamorado mozo? Ya se vería. Y comenzó a verlo en el acto, porque en
+el acto le dijo Leticia, después de contemplarle en silencio unos
+instantes, y como substancia y producto lógico de sus apuntadas
+reflexiones:
+
+--Creo, pues, que no se halla usted en edad ni en condiciones de
+casarse.
+
+El aludido brincó sobre el diván, y, sin poder contenerse, dijo con
+marcado disgusto:
+
+--¡Pero eso es peor aún que defender la causa de mis contrarios!...
+
+--Esto es defender lealmente la causa de usted--respondió Leticia con
+acento y mirar blandos y cariñosos--. Y si no, a la prueba... Pero
+déjeme usted concluir sin enfadarse. Contando con que usted, si no me lo
+dice, piensa, por sellarme la boca, que sin casarse con Luz, porque la
+ama, no comprende la vida, me anticipo yo a sostener que un amor,
+aunque sea como el de usted, se cura con otro... Esto, como regla
+general; pero concretándome al caso presente..., ¡usted, tan joven,
+tan... (no quiero que me llame lisonjera) tan bien dispuesto para el
+mundo, rico, independiente, con tan larga y risueña vida por delante!...
+
+Aquí empezó Ángel a sentirse incómodo y desasosegado. Quiso interrumpir
+a Leticia sin acabar de comprenderla todavía; pero Leticia le contuvo
+con un ademán enérgico y estas nuevas palabras:
+
+--¡Usted, repito, con todas esas ventajas, llorar como una desventura el
+recelo de que se le malogren unos intentos como los que le preocupan! Yo
+doy hasta por indiscutible que el amor de Luz sea el más hechicero de
+todos los amores... de la misma clase; pero--y con esto vuelvo a lo que
+quedó pendiente--¿sabe usted todavía lo que son otros amores? ¿Sabe
+usted que no son los más sabrosos los que más lo parecen a la simple
+vista?
+
+Ángel llegó a sentir latidos en las sienes y a cobrar cierto miedo al
+hablar incisivo y al mirar fulgurante de Leticia; la cual, como si se
+envalentonara con los encogimientos de su interlocutor, se tiró más a
+fondo, de esta suerte:
+
+--Usted no sabe aún que los amores, como otras muchas cosas, se mejoran
+con la salsa de la experiencia; quiero decir que para un paladar de buen
+gusto, son más sabrosos los más experimentados...
+
+Y como al decir esto Leticia, su voz, su mirada, sus ademanes y el
+agitado ondular de su alto seno revelaran una emoción y un fuego que no
+pedía el punto que se había comenzado a tratar allí, Ángel receló ya de
+todo..., hasta de la bata y de las babuchas de Leticia; del motivo de su
+tardanza en recibirle, y de la ocurrencia de recibirle entre el aparato
+moruno de aquella estancia misteriosa; y dejándose llevar de tan malos
+pensamientos, también sospechó de los que pudo tener aquella dama para
+insistir un día y otro en que él la visitara a menudo, y aun entrevió
+los motivos de que la marquesa de Montálvez no tratara a aquella amiga
+con la afabilidad que a otras suyas... ¿Quién sabe hasta dónde fueron a
+parar las sospechas del ingenuo mozo en brevísimos instantes!
+
+Lo cierto es que los escozores le llegaron tan al alma, que, sin poder
+contenerse, se alzó del diván. Entonces Leticia, leyéndole en la actitud
+lo que le estaba pasando por dentro, quiso salvar su ociosa imprudencia,
+si es que la había cometido, que yo no lo sé, cambiando súbitamente de
+aspecto y diciéndole con la mayor serenidad y sin levantarse:
+
+--¡Si no hemos concluido todavía!
+
+A lo que respondió el otro con voz glacial:
+
+--Ya lo veo; pero como el punto que usted toca no es el que yo deseaba
+ventilar... Sin duda, me ha comprendido usted mal, o yo no he sabido
+explicarme bien. De cualquier modo, mil perdones por el tiempo que la he
+robado, y mil gracias por sus bondades.
+
+Hízola una fría reverencia y se fue, estremecido de espanto al
+considerar que quizás había arrojado todo el rico tesoro de sus cuitas
+en un hediondo basurero.
+
+Leticia le siguió con la vista; y si el pobre mozo hubiera vuelto la
+suya entonces, más grandes habrían sido sus terrores al leer lo que
+expresaban los ojos y el continente de su afectuosa consejera.
+
+
+
+
+XV
+
+
+Desde que la Marquesa de Montálvez era juiciosa y administraba sus
+caudales por sí misma, tenía un regaladísimo placer en encerrarse en su
+despacho, hojear sus libros de cuentas, tomar notas, calcular gastos e
+ingresos, apuntar cantidades en dos columnas, sumarlas, restar una suma
+de otra, y ver al fin que, sin privarse de nada de lo necesario, le
+resultaban sobrantes para imprevistos, después de destinar un buen
+puñado para amortizar censos procedentes de su mala vida pasada. «Es
+preciso verme, pensaba algunas veces la marquesa riéndose de sí propia,
+aquí, y en el oratorio rezando con mi hija, para creerlo. ¡Vaya si _he
+dado vuelta_ y soy mujer arregladita y hacendosa! ¡Si hasta me creo
+capaz de llegar a ser mística y avara! Explíquese usted estos
+arrechuchos de la vida, o estos misterios del corazón humano, como diría
+_Aljófar_, que, aunque desdentado y ronco, todavía canta y engulle.»
+
+Y volvía a sonreírse, y continuaba haciendo cálculos y sumando
+guarismos.
+
+En eso se entretenía y casi del mismo modo pensaba la mañana siguiente
+al día en que ocurrió lo que se refiere en el capítulo anterior.
+
+Después que despachó su tarea, se dio a pensar en su hija, que en
+aquellos momentos estaba en su tocador. Luz andaba algo preocupada con
+la indisposición de Ángel: cosas de chicuelas enamoradas.--La marquesa
+ignoraba lo del grave punto que había quedado pendiente la antevíspera
+entre los dos interesados. De otro modo, quizás hubiera dado mayor
+importancia a las preocupaciones de Luz, mejor dicho, a la ausencia de
+Ángel; porque en Luz no cabían recelos de cierta especie.--Si ella (la
+marquesa) estaba satisfechísima del novio que le había tocado en suerte
+a su hija, Guzmán no lo estaba menos; pero entrambos temían, porque si
+siempre se teme cuando se desea, en aquel caso estaban más en su punto
+los temores por motivos que el lector, conoce bien. Y ¿qué hacer? ¿Hay
+negocio en la vida que no esté sujeto al vaivén de las contrariedades y
+de la fortuna? Y, sin embargo, muchos se logran como fueron calculados.
+¿Por qué no había de ser uno de ellos el negocio de Luz?
+
+Dándolo por hecho, como lo daba casi siempre, la marquesa puso su
+consideración en el cuadro venturoso de la vida de aquella pareja
+incomparable, lejos, muy lejos, todo lo más lejos que ella pudiera, de
+la peste del «gran mundo». Luz le detestaba, y Ángel no le conocía. No
+cabía temor de que se necesitaran esfuerzos para apartarlos de él; y en
+apartándose, el ejemplo de los demás impulsaría hacia lo bueno al que de
+los dos tuviera la desdicha de sentir tentaciones de no serlo. La vida
+de familia, el ambiente del hogar, el apego a los hijos, la atención
+esclava del detalle doméstico, y Dios en el corazón más que en la
+lengua... Este era todo el saber, toda la ciencia que daba por fruto en
+los matrimonios hombres útiles y mujeres honradas. Y ellos seguirían
+esa, misma ley, y serían dichosos, y ella lo vería; y si algún día los
+vientos de la maldad llevaban hasta los oídos de Luz el ruido de los
+pecados de la madre, o no los daría crédito la hija, o si se le daba, ya
+habría en su corazón la necesaria fortaleza para perdonarla después de
+llorarlos. Pero no irían nunca tan allá esos aires de muerte, porque no
+abundaban las almas de Lucifer capaces de conducirlos. Por de pronto,
+las cosas iban del mejor modo posible, y la marquesa reconocía que Dios
+era demasiado bueno con ella dándola lo que la daba por fin y remate de
+una vida como la suya.
+
+Lo que sucedió poco después, va a referirlo la marquesa misma:
+
+«Se abrió rápidamente la puerta de escape, y apareció Luz delante de mí,
+de la manera más extraña: el pelo destrenzado y flotante sobre la
+espalda, y recogido lo demás en ancho lazo sobre cada sien; el blanco
+peinador mal ceñido a su cuerpo; entre las manos, convulsas, un papel, y
+la cara..., ¡oh!, el espanto, la ira, el dolor, la sorpresa, el
+desconsuelo... todo esto se podía leer en su cara transfigurada, y en su
+actitud resuelta e indecisa al mismo tiempo.
+
+»Me quedé estupefacta al verla así, y ella permaneció un instante sin
+acertar a pronunciar una sílaba y mirándome con la agonía en los ojos.
+
+»De pronto díjome con voz muy desconcertada, pero con gran energía:
+
+»--Ya sé por qué no ha vuelto desde entonces...
+
+»--Y ¿qué es lo que sabes, hija mía?--preguntela con el alma suspensa.
+
+»--¡Todo..., todo! Pero es una cosa enorme... que yo no quisiera
+creer..., que no la creo--respondió estremeciéndose; y en seguida, con
+un timbre de voz indefinible, porque me sonaba a todo lo siniestro,
+desde la maldición hasta el quejido, preguntome, con sus ojos anhelantes
+fijos en los míos asombrados--: Dime, madre, ¿es verdad que tú eres...
+mala?
+
+»--¡Mala yo, hija de mi vida!--exclamé bajo la sensación de un
+escalofrío mortal--. Pues ¿no me conoces todavía? ¿No sabes lo que te
+quiero..., cómo te trato?...
+
+»--¡No es eso, no, lo que yo te pregunto!--añadió con una entereza y una
+decisión que me aterraron--: te pregunto si es verdad que eres mala,
+pero mala... de otro modo..., ¡mala mujer!
+
+«¡Ciega yo, torpe mil veces, que, con pensar tanto en ello a todas
+horas, no sospeché de qué se trataba entonces hasta que sonaron en mi
+oído estas tremendas palabras!
+
+»Dicen que dos grandes poetas han apurado todos los horrores que caben
+en la imaginación para pintar los tormentos que padecen los condenados
+en el infierno. Es imposible que entre tantos suplicios imaginados haya
+uno solo comparable al que yo padecí en aquel terrible instante.
+Espantábame el siniestro resonar de aquella afrentosa pregunta en una
+boca tan casta; pero aún me atormentaba más la vergüenza de merecerla.
+
+»No sé si por eludir la contestación con una evasiva, tregua ilusoria de
+un condenado a muerte delante ya del patíbulo, o porque así lo pedía el
+tumulto de mis ideas, dejando a la pobre niña en las garras de sus dudas
+mortales, atrevime a preguntarla, aparentando un valor que no tenía:
+
+»--¿Quién te ha dicho eso?
+
+»--Esta carta--me respondió, entregándome el papel que traía en la mano.
+
+»--¿Cuándo la has recibido y de quién es?
+
+»--No tiene firma ni fecha, y la he recibido poco antes de entrar aquí.
+Me la trajeron de su parte; de parte de _él_...
+
+»--Justo, para que, como cosa suya, cayera en tus manos y no en las
+mías. ¿Y tú crees que sea obra de Ángel?
+
+»--Ángel podía llegar a olvidarme, pero no a herirme de este modo.
+
+»¡Y todo este diálogo, con mucho más que no hay para qué reproducir, le
+sostenía yo para ir alejando el instante de fijar la vista en el papel,
+que me abrasaba las manos! Fuera de quien fuera, ¿qué más daba, si era
+la delación de mis delitos al juez que más me intimidaba en el mundo!
+
+»Al fin, puse mis ojos en la carta, y tuve alientos para enterarme de
+todo su contenido. ¡Qué infamia! ¡Y yo dudaba poco antes que hubiera
+almas bastante viles para cometerlas tan grandes como aquella!
+
+»La letra estaba desfigurada; pero así y todo, yo veía en aquellos
+renglones contrahechos, sobre la fina superficie del papel, un cierto
+tufo diabólico, un rastro que me delataba una mano conocida que no
+acababa yo de descubrir.
+
+»Pero allí constaba todo, ¡todo! ¡Y con qué astucia más infernal! El
+móvil de la carta parecía ser un hermoso sentimiento de cariño a los dos
+enamorados. Luz podía estar inquieta por las ausencias no explicadas de
+Ángel; podía hasta desconfiar de su lealtad; y por eso y porque se
+suponía a Luz enterada de la historia de su madre, se la hacia saber lo
+que le pasaba al pobre chico. Sus padres me conocían al pormenor, ya
+hacía tiempo; y al hablarles el hijo de sus propósitos de casamiento con
+Luz, le habían presentado como obstáculos insuperables..., y aquí
+empezaba la lista minuciosa de todos mis pecados, reales y supuestos;
+con un lujo de colorido sobre sus calidades y resonancia, que no había
+más que pedir. El oprobio de mi casamiento _se escapaba del papel_.
+Donde más se podía escandalizar la inocencia y el candor de la hija,
+allí se hundía el trazo para afrentar más a la madre. Y esta sarta de
+iniquidades se hacía para venir a parar a que, no siendo el asunto tan
+grave como a Ángel se le antojaba, muy pronto se vencería el estorbo,
+reflexionando los padres que faltas como las mías eran demasiado
+corrientes y toleradas en el mundo, para que se opusieran como
+impedimento a la felicidad de dos enamorados tan dignos de ser felices.
+
+»Todo esto leí; de todo esto me enteré, gastando en ello todas las
+fuerzas de mi voluntad. Pero era preciso hablar, responder de algún modo
+a aquellos cargos terribles; y para esta empresa ya no tuve alientos.
+Luz, entretanto, continuaba pidiéndome una respuesta con los ojos. ¡No
+los apartaba de mí! Estaba trémula, convulsa, la desdichada.
+
+»¡Cómo ciega y aturde el peso de una conciencia cargada de iniquidades!
+Yo, la mujer desenvuelta, fría y despreocupada de los salones; la dama
+de los grandes recursos para la intriga; la afamada _humorista de las
+ocurrencias felices_, ni siquiera di en el sencillo intento de deshacer
+con una negativa terminante aquella tempestad de desdichas que bramaba
+sobre mi cabeza..., porque me hubiera bastado eso solo para conseguirlo:
+después me he convencido de ello pensándolo con serenidad. Pero
+entonces, en las pocas preguntas y en la actitud indescriptible de mi
+hija, yo no sé qué oí, qué vi de extraño, de sobrenatural, como si
+fuera el rayo de la justicia de Dios que comenzara a castigarme.
+
+»Y me aterré más todavía; y cuando Luz, pareciéndole siglos los
+instantes que yo tardaba en responderla, me dijo, con la voz de su
+angustia desesperada: «¡Habla, aunque sea para acabarme de matar!, yo
+enmudecí y bajé la cabeza, cerrando los ojos. Quería ocultarme en
+aquella ilusoria obscuridad, ya que el suelo no se abría bajo mis pies
+para devorarme. Oí entonces sollozos y quejidos: la agonía de un alma.
+¡Desventurada! ¡Cuánto perdía con aquel silencio mío, que era la
+declaración de los escándalos de su madre!
+
+»El remordimiento, el dolor de herirla tan hondo y en tantos sitios a la
+vez, produjo en mí una súbita reacción. Ardíame la sangre que momentos
+antes era hielo desleído; zumbábanme las sienes, y el corazón no me
+cabía en el pecho; abrí otra vez los ojos, y tuve que cerrarlos de
+repente, porque los sentí deslumbrados por las mismas llamas infernales
+que me abrasaban el rostro. Un ciego impulso de mi amor de madre me
+arrastró hacia Luz con los brazos extendidos; pero otro impulso más
+fuerte de la conciencia me detuvo allí... No me atrevía a abrazarla,
+porque abrazarla era poner en contacto su inmaculada pureza con las
+escorias inmundas que imaginaba yo ver salir a borbotones de mi pecho.
+En tan negro desamparo, elevé mi pensamiento hacia Dios; y tampoco
+hallé el consuelo que buscaba, porque no tuve fuerzas para llegar a tan
+alto en tan mala compañía. La conciencia de mis culpas me cerraba todos
+los caminos que yo intentaba seguir mendigando un instante de sosiego.
+¡Como si le mereciera! Entonces, en el paroxismo de mi desconsuelo, sin
+mirar a Luz, sin ver si quedaba viva o muerta, huí de su lado y corrí a
+esconderme, con el peso de todos los tormentos en el alma y sin el
+consuelo de una lágrima en los ojos.
+
+»No sé cuanto tiempo permanecí en mi gabinete aturdida bajo aquel
+torbellino de pensamientos desquiciados y de visiones febriles, porque
+no hay medida para los huracanes del espíritu. El infeliz que los
+padece siente los estragos, pero no estima las horas. Y eso me pasó a
+mí.
+
+»Cuando el cansancio de tan ruda batalla prestó un poco de sosiego a mi
+discurso, comprendí que, con haber pensado tanto, no había pensado en
+nada útil, y que era preciso pensar en algo, buscar una puerta para
+salir de aquel antro sombrío, si es que el antro tenía salida que no
+fuera para conducirme a otro más tenebroso.
+
+»Y discurrí, y fatigué la enardecida máquina de mis ideas..., todo para
+la pobre víctima de mis enormes faltas: yo, su verdugo, no tenía derecho
+ni a disculparme para moverla a que me las perdonara. ¡Pero era tan
+estrecho el círculo en que se revolvían mis pensamientos por la
+naturaleza misma de las cosas meditadas!, ¡había un enlace tan íntimo
+entre lo que era irremediable y lo que podía tener algún remedio! Al
+fin, la necesidad, la obligación de hacer algo, me sugirió una idea que
+ya había entrevisto yo flotando a ratos en el oleaje de la pasada
+tempestad. No era todo lo que se necesitaba en una obscuridad como la
+mía; pero era algo, era un proyecto, una salida, un camino, el único
+camino que veía, y me decidí a seguirle sin perder un solo instante.
+
+»Llamé, pedí el carruaje y comencé a vestirme para salir... ¡No me
+atreví a preguntar por mi hija, y no la echaba de la memoria un solo
+instante! ¿Qué haría, la desdichada, desde que yo la había dejado en el
+suplicio de su honda pesadumbre y sin alientos para llorar! Quería
+verla, necesitaba verla, porque su dolor me atormentaba más que los
+míos; pero me faltaba valor para ello: temía agravar sus angustias con
+mi presencia..., y temía, hasta el espanto, leer mi desprestigio en sus
+ojos. Quien haya tenido hijas buenas y enamoradas de su madre, que diga
+si hay puñal que más hondo hiera, ni azote que más afrente que la mirada
+que yo temía.
+
+»Me vestí muy pronto y salí de puntillas hasta el gabinete de Luz, que
+no distaba mucho del mío. La puerta no estaba bien cerrada y había un
+resquicio entre las dos hojas. Miré por él, latiéndome el corazón y
+temblándome todo el cuerpo; y la vi, allá en el fondo y en el mismo
+desaliño en que yo la había dejado en mi despacho, recostada en un
+sillón; el rostro, descolorido; los ojos, enrojecidos y secos; la
+mirada, perdida en el cúmulo de los pensamientos; la expresión, de honda
+tristeza, y las manos, abandonadas sobre el regazo. ¡Qué dolor!... ¡y
+qué corazón había elegido para anidar! ¡Y todo aquel estrago era obra
+mía; de mis maldades, de mis escándalos!
+
+»Esta idea me hirió como un rayo: sentí la sacudida en el pecho, y una
+oleada de lágrimas inundó mis ojos: ¡el primer beneficio que me otorgaba
+el duelo implacable de aquel día! Porque no oyera Luz mis sollozos,
+intenté cerrar la puerta; pero notó su débil rechinar y volvió la cara.
+Por si me había visto, me resolví a entrar, dispuesta a todo. De
+cualquier manera, yo no podía vivir así.
+
+»No se mostró sorprendida al verme, ni me miró con dureza. Esto solo me
+dio un gran consuelo y fuerzas bastantes para atreverme a sentarme a su
+lado; pero no supe qué decirla. Temblaba yo como una hoja de otoño
+próxima a caer de la rama sin jugos.
+
+»Estando en estas indecisiones, reparó ella en mí traje, y me preguntó
+con voz algo empañada y muy débil:
+
+»--¿Vas a salir?
+
+»--Sí, hija mía--respondí.
+
+»--¿Adónde?
+
+»--Muy cerca..., para un asunto que nos interesa..., que te interesa a
+ti, sobre todo.
+
+»Se encogió de hombros y volvió la cara hacia el balcón. La silla que yo
+ocupaba era más alta de asiento que su butaca: de modo que su cabeza
+quedaba algo más baja que la mía. Siempre que yo me separaba de Luz con
+cualquier motivo, nos dábamos un beso... ¡Qué hambre tenía yo del beso
+de aquel día! No atreviéndome a pedírsele ni pudiéndome resignar a irme
+sin él, quise robarle con una astucia, a la cual se prestaba la
+diferencia de alturas de nuestros asientos. Me fui deslizando del mío
+poco a poco, y bajando, bajando, hasta verme de rodillas delante de
+ella. ¡Aquel era mi puesto!, ¡así debía estar yo, y más abajo todavía, y
+pisoteada por sus pies! Fingí hacer lo que hacía para observar más a mi
+gusto su cara.
+
+»--Estás casi en ayunas--la dije--, y necesitas tomar algo que te
+conforte... ¿Quieres que almorcemos antes de salir yo?..., porque ya es
+hora.
+
+»--Estoy muy bien--me respondió impasible.--No necesito nada, sino
+quietud... y silencio.
+
+»--De manera que yo he venido a molestarte... Perdóname por la buena
+intención que tuve... Como voy a salir..., me dejé llevar de la
+costumbre: ya sabes cuál es...
+
+»Y la miraba a través del velo de la mantilla que me había echado sobre
+la cara.
+
+»--No me molestas--me dijo sin acercar la suya tanto como yo quería.
+
+»--Pero tampoco me necesitas, ¿no es cierto?--repliqué devorándola con
+los ojos.
+
+»--Y ¿sé yo--respondiome sacudida por una gran emoción--qué es lo que
+deseo ni qué es lo que necesito; qué es lo que menos me daña ni lo que
+más me conviene!... ¡Si todo me parece ahora del mismo sabor!
+
+»Acudí presurosa a contener aquel torrente de dolor que se desbordaba,
+con los pocos recursos de que podía disponer.
+
+»--Cierto, cierto--la dije, acariciando una de sus manos, que había
+cogido entre las mías--, y yo soy una imprudente, una egoísta,
+preguntando esas cosas... Ya vendrá tiempo de tratarlas como se debe; y
+para que llegue cuanto antes, voy a salir en seguida... Porque ya te
+dije que iba a salir..., ¿lo has olvidado?
+
+»--No.
+
+»En esto avisaron que el coche aguardaba.
+
+»Ya lo oyes--la dije, acercando más todavía mi cara a la, suya--, y si
+he de volver pronto... Conque ánimo, que Dios, aunque aprieta, nunca
+ahoga... En cuanto vuelva, dentro de una hora lo más, te informaré de
+todo lo que me haya ocurrido... Será bueno para ti..., para las dos, no
+lo dudes. Entre tanto, dejaré advertido que te den una sopita clara...,
+un caldo siquiera..., porque no puedes estar así... ¡Ea!, adiós, hija
+mía...
+
+»Pero yo no me incorporaba ni alejaba mi cara de la suya.
+
+»--Adiós--me dijo, al fin, estampando un beso, frío y maquinal, en mi
+frente.
+
+»Pero así y todo, me pareció aquel beso un regalo celestial; hízome la
+impresión de un rocío benéfico en la sequedad de mis amarguras; y
+dejándome llevar de los impulsos del corazón, tomé la cara de Luz entre
+mis manos y se la cubrí de besos y de lágrimas. No pensé ya en que
+pudiera mancharla el rastro de mis liviandades. El llanto de mis
+remordimientos lo lavaría todo; y, además, yo necesitaba aquello para
+vivir.
+
+»Salí en seguida con mayores alientos y mejores esperanzas; hice a mi
+doncella los encargos que juzgué convenientes para atender al cuidado de
+Luz, y bajé al portal. El aire, el sol, el ruido y el movimiento de la
+calle me produjeron una impresión tristísima. Parecíame que el velo de
+mi mantilla no era bastante tupido para evitar que las gentes leyeran en
+mi cara lo que me estaba pasando.
+
+»Al entrar en la berlina, dije al lacayo en el momento de ir a cerrar la
+portezuela:
+
+»--Imperial, 15.»
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Mientras rodaba el coche se me iba ocurriendo que podía no ser verdad
+que las ausencias de Ángel de mi casa consistieran en lo que decía el
+anónimo; mas como para aclarar la duda se necesitaba un trámite, no
+corto, y no andaban mis asuntos para prodigar el tiempo en lujos de
+preliminares, y si lo del anónimo no era la pura verdad, podría serlo,
+lo sería a la hora menos pensada, lo que yo iba a hacer hecho estaría, y
+eso tendríamos adelantado. ¡El anónimo!... Pero ¡de quién era la mano
+que le había escrito? No podía dar en ello por más que cavilaba, y casi
+casi la estaba viendo delante de los ojos.
+
+»Detúvose el coche y bajé. Sólo otra vez en mi vida había estado yo en
+aquella casa, ¡y en qué situación de ánimo tan diferente! Subí la
+angosta y larga escalera sin tomar un respiro, y llamé.
+
+»Esta vez fui recibida en la sala, pieza triste y pobre, sin otro lujo
+que el aseo, el cual relucía hasta en los damascos descoloridos de los
+muebles. Apareció el matrimonio a los pocos momentos de estar yo
+aguardando. La mujer era el mismo espectro de la otra vez, pero sin la
+calceta, aunque no por eso me pareció menos terrible. Dispuso con un
+ademán de los suyos que me sentara en el centro del sofá, y senteme
+allí. Delante del sofá, a sus dos extremos y mirándose frente a frente,
+había dos butacas. La mujer se sentó en la una y el marido en la otra.
+Colocados así los tres, el espectro estaba a mi derecha.
+
+»El bueno de don Santiago había estado muy afable y cortés conmigo... y
+también un poco desconcertado al saludarme. Su mujer fue la de siempre y
+lo que yo esperaba que fuera en aquella ocasión; pero ni me alentaba lo
+uno, ni me intimidaba lo otro. En la enormidad de mi cuita, no debía
+reparar yo en pequeñeces de más o de menos.
+
+»Sin detenerme en excusas ociosas ni en preámbulos atenuantes, referí
+lo del anónimo y hasta le relaté casi al pie de la letra, y pregunté en
+seguida si era cierto que entre ellos (mis dos oyentes) y su hijo
+hubiera pasado lo que en el papel se declaraba. La mujer respondió al
+punto, seca y muy acentuadamente, que sí; el marido, cuando me volví
+hacia él, humilló un poco la cabeza, pero no dijo que no.
+
+»Ya sabía a qué atenerme con toda certidumbre; y a continuar iba en mi
+empresa, fundada sobre esta base, cuando se me anticipó el espectro para
+decirme:
+
+»--Ya supondrá usted que en esta casa, donde con tanta lealtad se habla
+y se procede, no hay nadie que sea capaz de cometer tales felonías...
+
+»--No había necesidad de esa advertencia, señora--la dije de todo
+corazón.
+
+»--Es que cómo la carta, según usted ha referido, fue entregada de parte
+de mi hijo...
+
+»--Razón de más para creer que no era obra suya, puesto que no la
+firmaba.
+
+»--Eso mismo pienso yo--dijo don Santiago, y eso solo debiera bastar
+como prueba decisiva, si hubiera alguien capaz de atribuirle...
+
+»--Señor don Santiago--le interrumpí--, todas esas salvedades están
+fuera de su lugar...
+
+»--Pero es extraño--dijo su mujer--, ¡muy extraño!, que una cosa tratada
+aquí, a puertas cerradas, entre nosotros solos, hace dos o tres días, se
+sepa a estas horas donde se sabe. ¿Cómo ha podido saberse?...
+
+»--¡Oh, por el amor de Dios!--repliqué fatigada con aquella ociosa
+digresión--, no se preocupen ustedes ahora con eso... Ya se sabrá
+todo..., y si no se sabe, ¡qué importa! No es eso lo que a mí me duele
+ni por lo que he venido.
+
+»Calláronse entonces; y como los vi dispuestos a escucharme, díjeles al
+punto, palabra más o menos:
+
+»--Hay en el anónimo ese un alcance más hondo que el que se ve, tomado
+el papel en la sencillez de su contenido. Parece la obra de un amigo
+indiscreto, y es un puñal envenenado que ha producido en mi casa dos
+heridas mortales. Para eso fue escrito, y como puñal le esgrimió, la
+mano alevosa. De una de las dos heridas no hay para qué tratar: es la
+mía; quizás la merezco, y poco importa. Pero de la otra, que es la de mi
+hija inocente... ¡Dios bendito!... Yo no sé si habrá en el mundo remedio
+que alcance a cicatrizarla: sospecho que no; pero sé de algo que puede
+combatir el veneno y amortiguar los dolores; y con esto, aunque mal, ya
+se vive... Pues ese bálsamo milagroso está aquí, en una palabra, en una
+mirada, en un latido del corazón de ustedes; y yo vengo a preguntarles:
+¿a costa de qué sacrificios, de qué humillaciones, de qué penitencias,
+le puedo adquirir para que viva la desventurada Luz?
+
+»--No me respondieron una palabra. Don Santiago me había oído sin
+apartar de mí sus ojos compasivos; pero su mujer era una roca.
+
+»Convencida de ello, abandoné por inútiles los toques al sentimiento de
+aquella inexorable criatura, y acometí de frente la empresa llamando a
+las cosas por sus nombres. Lo que pretendía, lo que yo suplicaba era que
+no se pusieran obstáculos a los proyectos acordados entre Ángel y mi
+hija.
+
+»--Quisiera yo que la señora marquesa considerara--dijo al oírme don
+Santiago, en tono muy afable--que cuando se tratan en familia asuntos
+como el que nuestro hijo vino a tratar con nosotros, no debe extrañarse
+que los padres, mirando por el bienestar y por...
+
+»--¡Si yo no me extraño de nada de eso, amigo mío! Ustedes han hecho muy
+bien en lo que hicieron, pensando que lo que hacían era lo mejor; pero
+entonces ignoraban...
+
+»--Mi hijo--interrumpiome la implacable madre--nos ha oído cuanto
+necesita saber en este caso, y a ello se atendrá, como nosotros también
+nos atendremos.
+
+»--Pero su hijo de usted ignora--díjela yo--lo que sucede en mi casa, y
+no sospecha todo lo que puede suceder.
+
+»--Mi hijo--insistió con voz tremenda el espectro--no tiene obligación
+de saber esas cosas, ni sus padres la tienen tampoco: lo que saben los
+padres y el hijo, porque son bautizados y no han renegado nunca de
+serlo, es que hay que bajar la cabeza cuando pasan las iras del cielo,
+como pasan ahora para castigo de usted. Quien la hizo, que la pague.
+Resígnese y sufra, y no pretenda que la ayude nadie a enmendar los
+decretos de Dios.
+
+»--¡Mujer, mujer!--exclamó aquí el bueno del marido--, ¡caridad
+siquiera!
+
+»--¡Oh!, déjela usted decir, que no me duele por lo que de ello me toca:
+eso y más merezco. «Quien la hizo, que la pague»: ha dicho muy bien esta
+señora; nada más justo. Yo la hice: yo acepto el castigo sin protesta,
+para pagar todo lo que debo; pero por lo mismo que esta es la ley, me
+parece que la infringen los que castigan en una hija inocente, como la
+mía, los pecados de una madre como la suya. Vengan sobre mi cabeza todas
+las iras del cielo, toda la indignación y todo el menosprecio de
+ustedes; pero déjenme que implore un poco de misericordia para la
+desdichada, que no ha cometido otro pecado que el haber nacido de mí.
+
+»Aquella mujer no se ablandaba: quizás no me comprendía; acaso no daba
+más valor a mis instancias que el que tiene cualquier otro fracaso de
+casamiento _ventajoso_. Por si no me equivocaba, conté la historia de
+Luz desde que tuvo uso de razón, desde el día en que vino al mundo; su
+carácter, su inocencia; mis incesantes afanes porque la conservara,
+porque no supiera jamás entre qué inmundicias había caído..., en fin,
+porque no se pareciera a su madre ni tomara en su ejemplo la menor
+disculpa para no ser buena, si algún día se obraba milagro de que aquel
+corazón tan puro llegara a corromperse: de todo esto hablé; y después de
+hablar de ello, hablé de sus extrañas fantasías, origen de unos amores
+que, por nacer como nacieron, parecían providenciales; de mi súbito
+cambio de costumbres, de mis esperanzas..., de mi soñada felicidad, que
+sólo consistía en que jamás turbara la de Luz el ruido de los escándalos
+de su madre. Ya no era posible evitar esto, porque la infamia se había
+consumado; pero ¿por qué al dolor de esta puñalada se había de añadir
+otro más hondo todavía? ¿No era sobrada crueldad herirla, para que
+también se pretendiera matarla? ¿En qué me rebelaba yo contra las iras
+del cielo, que castigaban mis pecados, pidiendo la vida de la inocente?
+
+»Pues tampoco labró toda esta triste y larga plegaria en el corazón de
+aquella mujer. Según ella, la justicia divina, cuando se dejaba sentir,
+hería en lo más sensible. Por eso me había herido a mi donde tanto me
+dolía. Sería cierto; pero ni aun así creía yo faltar a ninguna ley
+divina ni humana implorando lo que imploraba al precio de sufrir yo sola
+todas las amarguras decretadas para las dos.
+
+»Don Santiago no desplegó sus labios, porque harto tenía que hacer con
+ocultar de mí las impresiones que le estaban dominando.
+
+»--Yo no pido a Ángel--concluí--porque es bueno, porque es hermoso, ni
+porque es rico: le pido, le imploro, porque ama a Luz y es la vida de mi
+hija, que le merece.
+
+»--Y yo no se lo negaría a usted--respondíame el espectro--si Luz fuera
+pobre, fea y necia; él la quería, bendijérasela Dios, con tal de que
+fuera honrada. Pero se la niego, se la negamos... porque su madre no lo
+es.
+
+»--Lo sé ya, señora--repliquéla--, y en eso estábamos al principio; pero
+llegando a donde he llegado yo con mis explicaciones y mis súplicas, la
+pregunto a usted ahora, y a usted, mi buen amigo don Santiago: a cambio
+de ese gran beneficio, ¿qué reclaman ustedes de mí?, ¿qué testimonios
+desean para creer que si escandalicé como mujer deshonesta, puedo
+edificar como arrepentida?, ¿qué martirios, qué humillaciones?...
+Díganmelo: yo lo haré todo..., todo, sin repugnancia, con la sonrisa en
+la boca y besando el azote que me castigue.
+
+»La mujer se callaba. El marido me dijo, si no recuerdo mal, algo como
+esto, y muy conmovido:
+
+»--Señora mía, yo la compadezco a usted con todo mi corazón; yo no dudo
+de la sinceridad de cuanto nos dice; yo la creo a usted capaz de todo
+lo que promete, y la aseguro que haría los imposibles por poner las
+cosas en donde debían estar, si las cosas esas tuvieran remedio a la
+hora presente; pero con estos mis buenos deseos, que son los de mi
+mujer, créame, aunque no lo parezca así...
+
+»--Tu mujer--saltó ésta--nunca se ha mordido la lengua para decir lo que
+siente, si lo que siente va con la ley de Dios, como sucede ahora; y lo
+dicho, dicho queda, porque no se opone a esa ley; pero aunque se
+opusiera, también el mundo tiene sus leyes, bien o mal hechas, y hay que
+respetarlas...
+
+»--¡Ahí está!--dijo con gran viveza don Santiago--: a eso iba yo a parar
+cuando tú me interrumpiste. El mundo tiene sus leyes: en el mundo
+vivimos; él nos ha formado a su modo, señora marquesa..., y por esas
+leyes..., en fin, póngase usted en nuestro caso.
+
+»--¡Ah!--exclamé yo entonces--, ¡si usted se viera en el mío!.. Pero
+también acepto esas leyes que me son tan desfavorables en esta triste
+querella. ¿Qué teme usted del mundo en el caso implorado por mí?: ¿que
+caiga sobre Ángel la ignominia de la madre de su mujer? También para
+estas tempestades hay conjuros. ¡Yo me arrastraré como penitente donde
+me han visto triunfar como pecadora!, ¡yo confesaré a voces mis pecados
+donde quiera que haya gentes honradas que me oigan!... ¿Qué más puedo
+hacer? Jesús no pidió tanta penitencia a la cortesana arrepentida, y
+había escandalizado más que yo.
+
+»Se miraron uno a otro, y díjome después don Santiago muy conmovido:
+
+»Ni nosotros, pobres pecadores, le pediríamos a usted, _llegado el
+caso_, todo lo que nos ofrece... Aquí hay caridad, señora, gracias a
+Dios, aunque haya miramientos también, ¡y muchos miramientos!, que
+respetar, sin que se falte por eso a la ley divina...; pero ¿sabe
+usted, sabemos nosotros, si asintiendo a lo que usted desea y pide, y es
+muy natural que lo pida y lo desee, se avendría también nuestro hijo,
+con lo cual no contamos?
+
+»--Pues ¿no hemos convenido--repuse--en que lo que se afirma en el
+anónimo es cierto en todas sus partes?
+
+»El buen hombre contestó que sí.
+
+»--Y ¿no se afirma en él que el único obstáculo que encuentra Ángel para
+el logro de sus ardientes deseos, es la oposición de sus padres? Porque
+de no contar con esto yo, no les hubiera molestado a ustedes con lo que
+les he dicho.
+
+»--Es verdad, es verdad--respondió el bendito--: fue un reparo el mío
+sin fundamento; pero de buena fe. Desgraciadamente para nuestros
+propósitos..., quiero decir, para los de sus padres, la decisión de
+Ángel en ese punto es a prueba de inconvenientes: es firme como una
+muralla. Lo cierto no hay para qué ocultarlo, ni es justo que se oculte.
+
+»¡Cosa rara! Su mujer no hizo el más leve reparo, ni con la palabra, ni
+con el gesto, ni con un ademán a esta declaración de su marido;
+declaración que podía tomarse por una señal de triunfo para mí, aun por
+una persona menos interesada en él que yo.
+
+»Temiendo perder lo ganado, pero resuelta a que quedara donde fuera
+fructificando bien, no insistí en que llegáramos a un acuerdo
+terminante, aunque hablé un buen rato todavía y con no mala fortuna;
+pues o me engañaban mucho las señales, o el espectro se iba humanizando
+poco a poco.
+
+»Ángel, presente allí, quizás hubiera logrado que yo me llevara hecho lo
+que, en opinión mía, quedaba en buen camino de hacerse; pero ni se
+presentó, ni me pareció muy cuerdo preguntar por él entonces.
+
+»En resumen: al concluirse aquella batalla, en que gasté las pocas
+fuerzas que me había dejado la tremenda fatiga de mi casa, me pareció
+que el bueno de don Santiago Núñez, más que un enemigo, era ya un aliado
+mío, y que en la dureza de la mujer quedaba una mela por donde, si su
+hijo sabía golpearla, llegaría hasta el corazón.
+
+»Al despedirme, el marido me estrechó con efusión la mano entre las dos
+suyas. No me atreví a tendérsela en seguida a la mujer; pero, en cambio,
+¡qué asombro!, me tendió ella la suya. No se la besé, porque no lo
+juzgara sospechoso por excesivo; pero mis ojos, mal enjutos todavía,
+volvieron a llenarse de lágrimas.
+
+»En el momento de salir, me advirtió don Santiago que su hijo no había
+vuelto aún a casa, pero que no tardaría, porque era ya la hora de comer
+para ellos; le rogué que no le ocultaran que había estado yo allí, y
+comencé a bajar la escalera.
+
+»Al llegar a la meseta del entresuelo, me encontré con Ángel, que subía.
+Dios, aunque me castigaba, no me dejaba todavía de su mano.
+
+»Antes que él saliera de la admiración de verme allí, y eso que lo
+sospechaba por el carruaje que aguardaba en la calle, comencé yo a darle
+cuenta, en voz muy baja y con el mayor laconismo que pude, de todo lo
+que le interesaba saber sobre lo que ocurría en mi casa y en la suya.
+¡Pobre chico! ¡Qué rato le di y qué horas le preparé! «Pero ¿por dónde
+se supo? ¿Qué mano ha escrito eso?» La misma pregunta que arriba; la
+misma que me hacía yo. ¿Y quién podía indagarlo mejor que él?
+
+»De pronto se dio una palmada en la frente, y en seguida me refirió, con
+muy curiosos pormenores, una visita que había hecho el día antes a
+Leticia.
+
+»--¡Esa es la mano!--dije sin titubear--. De ella es el rastro que yo
+veía sobre el papel. No andando suelto por la tierra Satanás, sólo en
+Leticia, contrariada y ofendida, cabe una felonía como esa. ¡Qué
+desalmada!
+
+»El fracaso de sus proyectos en aquella visita, dejándole desamparado y
+con su secreto descubierto en lugar tan sospechoso, le había movido a
+pedir el auxilio y el consejo de Guzmán. Tres veces en pocas horas había
+estado en su casa, y se volvía a la suya sin hallarle.
+
+»Díjele que se pasara muy pronto por la mía, donde era más necesario que
+en ninguna otra, y nos separamos despidiéndonos «hasta luego».
+
+»¡Guzmán!..., la única criatura de cuantas hollaban la tierra, que me
+parecía más criminal que yo!, ¡el hombre que merecía, en buena ley, que
+llovieran sobre él solo todas las amarguras que habían entristecido mi
+hogar! Porque él era la fuente, el origen y el único causante de todas
+mis desdichas; el demonio sagaz que había socavado mi fortaleza, para
+arrojarme después hecha jirones al lodazal de las gentes corrompidas. ¡Y
+con saber esto, y con no poder amarle ya, todavía no lograba
+aborrecerle! Otro de mis castigos.
+
+»Pensando así, llegué a mi casa una hora más tarde de lo que había
+calculado. Felizmente, no creía haber perdido el tiempo. Llevaba
+siquiera una gran esperanza con que alentar, en parte, los abatidos
+ánimos de Luz.
+
+»Levantarlos por completo, era tan imposible como borrar con un soplo de
+la memoria de las gentes la mala fama de su madre.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+No me sorprendió la noticia que me dieron al entrar en mi casa: la
+estaba temiendo desde que salí de ella. Los martirios del alma de la
+pobre Luz se habían dejado sentir también en su cuerpo. La hallé tendida
+sobre la cama, y con la habitación medio a obscuras. Le molestaban la
+claridad y los ruidos; sentía dolorida la cabeza, y una impresión muy
+desagradable en todas las coyunturas. La toqué la frente, y la tenía
+ardorosa; en cambio, las manos estaban muy frías. Respondía a mis
+preguntas con pocas palabras y sin abrir los ojos. Contaba yo con algún
+trastorno físico después de la borrasca moral; pero no tan grande como
+el que me anunciaban aquellos síntomas, si es que no los abultaba la
+triste luz que ennegrecía ya todas las cosas en mi imaginación.
+
+«Intenté sondear sus ánimos, informándola poco a poco y a mi gusto de lo
+que había hecho fuera de casa, y exagerándola bastante el éxito de mi
+visita. No dio señales de que le interesaran las noticias. Después le
+anuncié la venida de Ángel, dentro de muy pocas horas..., de minutos,
+mejor dicho. Entonces abrió los ojos y me miró. Decidiome esta buena
+señal a ir más lejos en mis tentativas, y la dije que él había estado
+real y positivamente enfermo; que por eso no había venido, y no por lo
+que decía el anónimo..., y ya iba a añadir que, como mentía en eso el
+inicuo papel, también mentía en la mayor parte de lo demás que
+declaraba, cuando noté que Luz se cubría la cara con las manos y se
+oprimía con fuerza los ojos, como si detrás de ellos comenzaran a
+batallar otra vez sus mal apaciguados pensamientos. Me indicó por señas
+que callara.
+
+»¿Qué era aquello, Dios mío! ¿Qué noche había caído de repente sobre
+aquel risueño día primaveral, tan profunda y tenebrosa, que ni el mismo
+sol era capaz de rasgar sus densos crespones! ¿Habría perdido yo el
+tiempo? ¿Serían igualmente mortales entrambas puñaladas?
+
+»De cualquier modo, no era aquella la mejor ocasión de averiguarlo. Por
+de pronto, urgía mucho que Luz se acostara de veras; y eso la propuse, y
+eso hizo. Después, sin advertírselo a ella, porque se hubiera resistido,
+mandé que avisaran al médico.
+
+»Entretanto, y por todo alimento en aquella mañana memorable, tomé yo
+dos sorbos de caldo.
+
+»Llegó el doctor y vio a Luz. No encontró en ella ningún síntoma de
+consideración: todo el mal se reducía a una ligera destemplanza, que se
+curaría con las ropas de la cama y los mimos de su madre. Pero le
+extrañaba mucho que no concordaran con la benignidad de los síntomas
+orgánicos las manifestaciones morales: hallaba demasiado abatida de
+espíritu a la enferma, que era de suyo animosa y expansiva.
+
+»Esto me lo dijo al despedirse en el vestíbulo; y como sabía o
+sospechaba lo de los amores de Luz, preguntome, sonriendo
+maliciosamente, si la enfermita había tenido algún disgustillo estando
+sana. Respondile que sí, sonriéndome también muy a la fuerza, y entonces
+me dijo:
+
+»--Pues con ese dato, adivine usted cuáles son la medicina y el médico
+que han de curar esa enfermedad.
+
+»Sonreíme, y en esto apareció Ángel, que acababa de entrar.
+
+»Antes que se nos acercara para saludarnos, me dijo el doctor al oído:
+
+»--De este medicamento de le usted a la enferma buenas dosis y a
+menudo.
+
+»¡Pobre hombre! ¡Qué lejos estaba de conocer la naturaleza de la peste
+que había invadido mi casa!
+
+»Como yo me lo temía, bien poco o nada se dejaron ver en Luz los buenos
+efectos del remedio tan encarecido por el doctor. La primera impresión,
+algo más viva y agradable; pero en seguida, el mismo desaliento y el
+mismo tinte dolorido y melancólico en la voz y en las miradas delante de
+Ángel que de mí.
+
+»Por la noche vino Guzmán. Nada sabía de lo ocurrido. Le enteré de
+ello, gozándome en la esperanza, lo confieso, de darle ese tormento que
+sufrir. Y le sufrió; pero ¡con qué entereza de espíritu! Yo no sé de qué
+hubiera sido capaz si el cúmulo de desventuras que se cernía sobre
+nosotros hubiera tenido vida y formas que destruir.
+
+»Quiso ver a Luz inmediatamente, y yo no me opuse con gran empeño,
+porque me convenía estudiarla en aquella prueba delante del hombre con
+quien, según ella sabía ya por el anónimo, se la atribuían tan íntimas
+conexiones. Debía ser este pecado el que más la espantaba de todos los
+míos.
+
+«Entró hablándola en el tono regocijado y cariñoso que de ordinario
+usaba con ella; y bastó a la pobre niña conocer su luz, para lanzar un
+grito y estremecerse como si la hubiera sacudido una corriente
+eléctrica. Vivía la infeliz indudablemente bajo el peso de una idea
+terrorífica, que se embravecía con el recuerdo o la presencia de
+determinadas cosas y personas. Se negó a responder una palabra, y las
+únicas que pronunciaron sus labios fueron para suplicarnos que la
+dejáramos sola, porque la soledad y el silencio eran lo que más descanso
+la daba. Y yo sabía que «estar sola» quería decir entonces que se
+quitara de allí Guzmán; y sabía lo que dolía eso, porque lo había
+padecido yo pocas horas antes; y por saberlo, me complacía, me gozaba en
+las torturas de él; porque yo no podía dudar, ni toda su fortaleza
+alcanzaba a disimularlo, que las repugnancias de Luz le estaban hiriendo
+en lo más vivo, en lo único sensible que le quedaba bajo su corteza
+mundana y empedernida. Debiendo tanto como debía, justo era que pagara
+algo de ello.
+
+»Salimos; y con el pretexto de no apartarme de donde tanta falta hacia a
+cada momento, se despidió de mi sin mencionar lo ocurrido, ni hacer un
+solo comentario sobre lo que poco antes le había referido yo.
+
+»Volvió más tarde el médico, y se convenció por el estado de la enferma,
+que era el mismo de algunas horas atrás, de que su recomendada medicina
+no había producido milagros.
+
+»--Pues ella los irá haciendo poco a poco. Entretanto, que den a la
+enferma, cada tres horas, una cucharada de esto que voy a disponer.
+
+»Y dispuso un antiespasmódico, por disponer algo.
+
+»También volvió Ángel; pero esta vez no vio a Luz, porque me había
+rogado, después de marcharse Guzmán, que no dejara entrar a nadie en su
+cuarto, _fuera quien fuese_.
+
+»El resto de la noche lo pasamos solas las dos y sin separarnos: ella en
+su lecho; yo a la cabecera, sentada en un sillón; ella durmiendo a
+ratos, entre pesadillas y delirios, y yo contando las lentas horas,
+minuto a minuto, a la luz mortecina y verdosa del opaco fanal de la
+lamparilla, y viendo con los ojos de la triste imaginación desfilar en
+largas y silenciosas procesiones los fantasmas de todas las locuras y
+liviandades de mi vida pasada, y los de las crueles amarguras que el
+cielo me tenía reservadas por castigo.
+
+»Al otro día, es decir, al acabarse aquella eterna noche, Luz estaba más
+tranquila; y si la fiebre no había desaparecido por completo, debía de
+estar apunto de desaparecer. Este alivio me ofrecía una buena coyuntura,
+que yo pensé aprovechar, si el médico no se oponía, para mover a Luz a
+que se explicara conmigo. ¡Me consumía el ansia de romper los diques de
+aquel dolor mudo, y verle desbordarse en palabras, aunque el torrente me
+arrollara a mi!
+
+»En cuanto el médico, horas después, confirmó aquel risueño parecer mío
+con el suyo más autorizado, le consulté sobre los propósitos que tenía.
+Los encontró muy cuerdos.
+
+»--Es hasta de necesidad--me dijo--despejar los nublados de esa
+cabecita; poner en buen orden sus ideas y no consentir que vuelva a
+llenarse de ellas el depósito. Que piense; pero que piense hacia fuera y
+con las puertas del cerebro de par en par. Esto nadie lo ha de conseguir
+más que usted. Lo restante, hasta dejar las cosas como estaban anteayer,
+lo hará luego, sin grandes dificultades, _el otro doctor_.
+
+»No esperé un momento más. Volvime al lado de Luz, y llegué muy a
+tiempo, porque la hallé tratando de incorporarse en la cama. Mientras la
+ayudaba yo y la arreglaba las almohadas para que se recostara sobre
+ellas, se cruzaron algunas palabras entre nosotras. Después me dijo que
+se encontraba muy bien así: no se le desvanecía la cabeza ni le
+molestaba la luz. De aquí tomé yo pie para comenzar lo que intentaba.
+Díjela que aún se sentiría mucho mejor si descargaba la imaginación del
+peso de sus tristes pensamientos, comunicándolos conmigo; que las penas
+calladas ahondaban demasiado en el corazón, y mucho más en el suyo, que
+las sentía por primera vez... ¡El mismo gesto de repugnancia! ¡La misma
+resistencia muda! Entonces la asedié con mayor empeño: insistí,
+supliqué, lloré..., y conseguí que ella llorara también. Comenzaban los
+diques a quebrantarse, y esta era una buena señal.
+
+»Mientras lloraba, con la frente apoyada sobre mi pecho, yo la hablaba
+dulcemente al oído, y el corazón me iba diciendo que las durezas se
+ablandaban y que el torrente se desbordaría. Para facilitarle la labor,
+traté de destruir los obstáculos de mayor bulto. Díjela que era muy
+natural que siendo yo la causa de sus dolores, y por unos motivos tan
+escabrosos, se resistiera ella a comunicarme lo que sentía; porque esto,
+en su inexperiencia, no lo creía posible sin lastimarme. ¡Qué equivocada
+estaba! Lo que a mí me lastimaba, hasta acongojarme, era su silencio
+melancólico. Que me hablara, aunque fuera para maldecirme, pues nunca
+llegarían sus maldiciones a expresar tanto y tan negro como lo que leía
+yo en lo que no me quería decir. Pero suponiendo, contra todo lo que
+debía creerse, que hubiera grandes motivos para que conmigo fuera tan
+tenaz en su reserva, y confesando que no tenía derecho alguno para que
+me mirara con blandos ojos, ¿por qué se mostraba tan triste, desalentada
+y taciturna delante de Ángel como de mí? Que fuera inclemente conmigo,
+se comprendía; ¡pero con él!...
+
+»Al fin, se rompieron los diques, y habló; pero como estaba muy débil y
+no se hallaban todavía en completo reposo sus ideas, el trabajo de
+responderme, en asunto tan complejo, era para la pobre demasiado penoso.
+Para aliviársele y cansarla menos, la fui yo concretando cada punto y
+dándole en cada pregunta que la hacía la fórmula de la respuesta. Así
+nos entendimos, y llegué yo a ver hasta el fondo de aquel puro y
+cristalino lago, tan agitado y revuelto todavía por las iras de la
+reciente tempestad.
+
+»¡Aborrecer ella a Ángel cuando más en el alma le tenía! No la
+contrariaba su presencia por desamor, sino por un sentimiento bien
+diferente: temía verse contemplada por él a distinta luz que antes, y la
+espantaba la idea de no valer a sus ojos todo lo que había valido hasta
+entonces. Quería verle, deseaba verle, y verle sin cesar; pero de modo
+que él no la viera a ella. Cierto que todo lo ocurrido, con ser tanto y
+tan enorme, no le había apartado de sus propósitos; que se mostraba leal
+y cariñoso y resuelto a pelear contra todo linaje de obstáculos que se
+atravesaran en el camino que los dos se habían trazado en horas bien
+risueñas; pero esto podía ser, sería indudablemente, abnegación en él,
+compasión que ella le inspirase, sacrificio de muchos respetos, y
+sacrificios bien dolorosos acaso; y este recelo la afligía mucho más que
+el verle alejado de ella.
+
+»Hícela yo notar que sus temores no tenían fundamento. Era una niña sin
+experiencia y sin malicias: ¿qué sabía ella de las cosas del mundo para
+estimar el valor de ciertos momentos del ánimo, subordinados al influjo
+de unas leyes que tampoco conocía? Aún no habíamos hablado entre las
+dos, sosegadamente, del suceso que a aquella situación nos había traído;
+todavía estaba por aclarar qué había de falso y qué de cierto en el
+contenido del infame papel, y cuál fuera la verdadera importancia de lo
+último a los ojos de un público avezado a no asombrarse de faltas mucho
+mayores...
+
+»¡Si lo sabía!... Luz no había visto el mundo, ciertamente, y había sido
+educada muy lejos de él; pero en todos los libros y en todas las bocas
+había aprendido las mismas reglas para conocerle; en todos sus
+escondites la habían enseñado a estimar el bien con la pintura
+abominable del mal; y así, para realzar a sus ojos el mérito de la mujer
+honrada, se habían valido del retrato de la que no lo era. Por estas
+enseñanzas sabía, y no podía dudarse, que de todas las mujeres malas era
+la peor la madre desjuiciada y deshonesta, porque sus escándalos dañaban
+también a sus hijos, de los cuales apartaban los suyos las madres
+honradas, como se aparta el fruto sano del sospechoso. Pudo ella dudar
+si esta ley se cumplía entre las gentes con todo rigor; pero bastábale
+ser honrada y tener sentido común para comprender que la ley no carecía
+de fundamentos, y que no se obraba contra justicia aplicándola al pie de
+la letra.
+
+»Con este modo de pensar, y teniendo a su madre por la más perfecta de
+las mujeres, ¿de qué modo sino con un torbellino de dolor y de vergüenza
+pudieron caer sobre ella las revelaciones del papel anónimo? Y con lo
+que ya sabía, aunque Ángel llevara su abnegación al último extremo,
+¿cómo ni para qué aceptar su sacrificio, con el recelo de ver en cada
+sonrisa suya un disimulo de sus temores a la rechifla de las gentes?
+
+»Por eso daba por muerta la mejor de sus ilusiones; pero sin que dejara
+de vivir en su corazón el sentimiento de que había nacido.
+
+»Esta es la substancia de lo que tuve que oír, o mejor dicho, de lo que
+yo misma fui extrayendo, frase a frase, del cúmulo de pensamientos que
+se revolvían en su cabeza.
+
+»¡Grandes pudieron ser mis faltas, pero bien caras las iba pagando!
+
+»No por lo que me dolía el castigo, sino por aliviar a Luz del que
+padecía por mí, díjela, con mal forjada entereza:
+
+»--Y ¿sabes tú todavía si es cierto lo que se asegura en el anónimo?
+
+»Pero ella me respondió, con una prontitud y un vigor que me
+sorprendieron:
+
+»--Y si no es cierto, ¿por qué no me lo dijiste cuando te lo pregunté
+tantas veces, con el alma entre los labios? Pero entonces bajaste la
+cabeza... y huiste; y yo creí lo peor, porque no podía creer otra cosa;
+y el daño quedó hecho así. Ahora, cuando menos tengo que dudar, sí me
+afirmas lo contrario; y una duda no es bastante remedio para curar una
+herida tan grande.
+
+»¿Qué había de replicar yo a este nuevo latigazo de la justicia de
+Dios! Balbucí algunas palabras de disculpa..., para acabar pidiendo a
+Luz, entre lágrimas, que no me aborreciera.
+
+»--¡Aborrecerte!--exclamó la infeliz, enjugando mis ojos con sus
+besos--, ¡siendo mi madre, y con lo que has llorado!...
+
+»No tenía derecho a pedir, más, cuando me daba lo que yo no merecía.
+
+»Después de esta escena, volvió Luz a caer en sus tristezas. Los nuevos
+pensamientos no se le acumulaban tanto en la cabeza, porque no era tan
+reservada conmigo como antes; pero allá le quedaban los gérmenes que
+los producían, y esto era lo peligroso.
+
+»Ángel me ayudaba heroicamente a combatir el mal; pero eran inútiles
+nuestros esfuerzos. Contemplándole, chispeaba el amor en los ojos de
+Luz; oyéndole hablar enamorado, el fulgor desaparecía tras un velo de
+negras tristezas. Se la atormentaba con lo que creíamos infundirla
+alientos, y había que desistir de la empresa. ¡Cómo nos descorazonaba
+esto!
+
+»Pero, aunque poco, al fin hablaba, y removía y oreaba las ideas; y
+aquella terrorífica que antes la perseguía sin sosiego, ya no la
+martirizaba tanto.
+
+»Sólo delante de Guzmán se despertaba y embravecía; y no me maravillaba,
+después de haberme confirmado la infeliz lo que recelaba yo: aquel
+pecado mío era, a los ojos de su pudor de hija, el más abominable de
+todos los del vergonzoso catálogo.
+
+»A todo esto, los días pasaban, la fiebre era imperceptible, y, sin
+embargo, la enferma, lejos de mejorar, se iba aniquilando poco a poco.
+El médico se impacientaba ya, porque no sabía a qué atenerse, y me
+miraba a mí y yo le miraba a él. Los dos teníamos las mismas dudas,
+¡ay!, y los mismos temores.
+
+»La casa comenzaba a tomar ese aspecto fúnebre y sombrío de las grandes
+tristezas del hogar. Se vivía medio a obscuras, se hablaba bajo y se
+andaba de puntillas. El rechinar de una puerta parecía un gemido mal
+disimulado; cada mueble un ataúd; cada lienzo un sudario.
+
+»Me había aislado de todas mis amistades: sólo se abrían mis puertas al
+desconsolado Ángel, al médico y a Guzmán..., que continuaba padeciendo
+el martirio de no poder contemplar a Luz sino de lejos y escondido de
+ella.
+
+»Pues en tan señaladas circunstancias recibí un recado de Leticia,
+preguntando «con vivo interés» por el estado de la enferma. ¿Era cinismo
+de la infame, o un disfraz de su vileza? Yo entendí lo primero, y bajo
+esta impresión la respondí. No vino el segundo recado de su parte, y eso
+me convenció de que fue la respuesta muy merecida.
+
+»Y pasaron tres días más; y Luz, que hasta entonces había vivido con
+ánimos prestados, comenzó a animarme a mí y a sonreírme..., ¡ella, que
+ni para sonreírse tenía ya fuerza! ¿Cómo entender aquella crisis, Dios
+mío! ¿Iluminaban otros soles más alegres sus días? ¿Se iniciaba una
+reacción dichosa en su extraña enfermedad?
+
+»Sí, todo esto era cierto; pero de muy distinto modo que lo entendía yo.
+No acudía a donde nosotros intentábamos llevarla para curar sus males:
+pretendía que nosotros subiéramos con ella a las alturas desde donde se
+había puesto a contemplarlos. ¡Le parecían desde allí tan llevaderos!.
+¡Qué engaños tan enormes los de la vista humana cuando no se levanta del
+polvo de la tierra!
+
+»Esta y otras reflexiones análogas me fueron dando la medida del estado
+de su espíritu. Lo que faltaba de ella hasta la exactitud, me la dio al
+otro día la enferma diciéndome que deseaba «hablar con su confesor».
+¡Temió la inocente que me pareciera demasiado oírla decir que «quería
+confesarse»!
+
+»--Y vino el confesor poco después. ¡La nota triste que faltaba en el
+cuadro de mis tribulaciones!
+
+»Sin salir el cura de la habitación de Luz, llegó el médico. Le dije lo
+que ocurría, y me contestó con un ademán y un gesto que, a mi entender,
+significaba: «no está de más».
+
+»Ahogándome el llanto, le pregunté muy por lo bajo:
+
+»--Pero ¿qué es lo que la mata?
+
+»¡Como si yo no lo presumiera!
+
+»Tampoco respondió derechamente a esta pregunta. Se sentó, y quiso que
+me sentara yo a su lado. En seguida, por entretenerme o por consolarme,
+comenzó a hablarme de la vida de ciertas flores..., el cuento de
+siempre: unas hojas, muy frescas ayer, que hoy se contraen y marchitan
+de repente; un tallo muy erguido que se encorva de pronto bajo el peso
+de la flor..., y una ráfaga insana que la tocó al pasar, o un insectillo
+impalpable que mordió la raíz. Qué ráfaga o qué insecto había pasado por
+mi casa, no lo sabía él...
+
+»¡Pero lo sabía yo!
+
+»Estando en estas, salió el cura muy ufano y satisfecho. ¡Me dio la
+enhorabuena!... ¡Dios sabe bien por qué no se la agradecí! Quedó en
+volver a menudo, «porque aquello no había sido más que una preparación
+para otro acto más solemne»; y se fue el bendito señor.
+
+»--Luz, cuando el médico y yo entramos en su cuarto, irradiaba la
+alegría por toda su faz de querube. La palidez era la única huella que
+había estampado allí la ráfaga de que hablaba el doctor. Comprendí que
+en boca del confesor estaba muy en su punto la enhorabuena que me había
+dado momentos antes; pero vistas y estimadas las cosas con ojos humanos,
+a mí me acongojaba aquella alegría, que me estaba pareciendo el himno
+triunfal de las vírgenes dispuestas a la muerte. Era dichosa,
+ciertamente, sonriendo entre dolores; era bien envidiable su destino;
+pero yo me quedaba sin ella en el mundo, y era su madre..., y moría por
+mi causa..., mejor dicho..., ¡Dios poderoso!, ¡la mataba yo!
+
+»Nada tuvo que hacer allí el médico. Delante de ella, infundiéndonos
+ánimo, parecíamos nosotros los enfermos.
+
+»Al despedirse el doctor de mí, le pregunté qué juicio formaba del
+estado de la enferma. Movió la cabeza tristemente.
+
+»--Con un espíritu doliente--me dijo--dentro de un cuerpo sano, como
+antes, había para temer y para esperar; pero en el caso inverso de
+ahora, cuando el cuerpo se muere a escape, sólo queda que temer, porque
+el contenido se va con el continente.
+
+»Lo mismo pensaba yo, aunque sin tantas palabras y con mayores
+angustias.
+
+»Preguntole después cuánto a durar aquella vida, y diome a entender
+harto claro, que podía concluirse a la hora menos pensada.
+
+«»Secándome el llanto para entrar mintiendo en la habitación de Luz me
+alcanzó Ángel, recién informado por el doctor de las tristes novedades
+que ocurrían. Confirméselas sólo con mirarle, y se precipitó desolado
+en el gabinete. Luz le dijo, en cuanto le vio, contemplándole con la
+cara envuelta en una celeste sonrisa:
+
+»--Créeme: vale más que lo que habíamos pensado, _lo que va a suceder
+pronto_. Me duele dejarte, porque tú tampoco estás aquí en tu sitio;
+pero ya nos hallaremos donde debemos hallarnos, y esto me consuela.
+
+»El pobre chico sollozaba; y para ocultar los verdaderos motivos, echaba
+a Luz la culpa de todo. Luz se sonreía más entonces. Cogiole una mano
+entre las suyas, y le dijo, con un timbre de voz que era un cántico
+melodioso:
+
+»--No me pesa que me llores, y llórame también _cuando suceda_, pero
+llórame porque me envidies, no porque me compadezcas. Te aseguro que es
+gran beneficio del cielo el sacarnos de aquí cuanto antes.
+
+»Y lo sentía como lo afirmaba..., y yo, ¿yo si que le envidiaba aquella
+conciencia pura y tranquila en que se reflejaba su ardiente fe, como el
+sol en un espejo!
+
+»También en aquella escena, que fue larga, parecíamos Ángel y yo los
+enfermos, y Luz la enfermera.
+
+»No puedo darme ahora cuenta exacta de todo lo que ocurrió en el resto
+de aquel día y durante la noche que le siguió; no sé si Ángel fue y vino
+varias veces o si no se movió de allí, porque tengo una idea de que
+faltó muy pocos instantes de mi casa hasta cerca de la madrugada;
+recuerdo vagamente también que estuvo Guzmán al anochecer, y el efecto
+terrible que le hizo la noticia que yo le di por entrar; que vio a Luz y
+que la habló, y que Luz tuvo también para él sonrisas y dulzuras de
+consuelo; que se apartó de ella a duras penas cuando entró el cura
+nuevamente para confesarla; que salió con los ojos enrojecidos y el
+pecho rebosando de sollozos; que, mientras el confesor cumplía su
+triste cometido, Sagrario, forzando todas las consignas de la puerta,
+entró hasta donde yo me hallaba recogida para llorar a solas, y se
+abalanzó sobre mí, hecha un mar de lágrimas; que se aumentó el raudal de
+las mías al verme delante de aquel cómplice y testigo de mis maldades;
+que cuando el cura se me acercó para darme otra enhorabuena y advertirme
+que de acuerdo con la enferma, se la daría el Viático al día siguiente
+para que le recibiera con la debida solemnidad, _puesto que no corría
+prisa_, Sagrario voló hasta la cama de Luz, de donde me costó gran
+trabajo separarla; y que con espantarse tanto como se espantó de la
+infamia de Leticia cuando yo la enteré de ella, se espantó todavía más
+de que yo no viera en sus estragos otra cosa que el castigo de mis
+culpas; tampoco recuerdo en qué paré esta corta entrevista con aquella
+loca de buen fondo, ni cuándo se marchó, ni cuándo se fue Guzmán, ni qué
+me dijo, ni lo que te dijo Luz al despedirle. Creo que volvió por allí
+dos o tres veces durante la noche, y que no quise ceder a nadie, ni al
+mismo Guzmán, ni al pobre Ángel, que tan encarecidamente me lo rogaba,
+el consuelo de pasar aquella más sentada a la cabecera. Fue larga, muy
+larga la noche, esto lo recuerdo bien; pero no tanto el pormenor de lo
+que hice y sentí durante ella. Algo debí de pensar, considerando cómo la
+pobre Luz se destruía al primer choque de su inocencia con las maldades
+del mundo, en si fui o no fui discreta al cultivar a la sombra una
+planta destinada a vivir al aire libre, para venir a parar a que no
+estaba lo malo en esconder más o menos a una hija para que viera o no
+viera ciertas cosas, sino en que una madre tenga faltas que no puedan
+ser confesadas a voces; porque pensar en esto y llorar mucho mientras la
+pobre enferma dormitaba, aún sin tan grandes motivos, había sido mi
+ocupación en las veladas anteriores; también recuerdo confusamente la
+hora en que Ángel se despidió para volver por la mañana, y algo como
+impresión pavorosa que entonces sentí, sin saber por qué, al considerar
+que me quedaba sola junto a aquel lecho, que me parecía una tumba...
+
+»Pero lo que sé para no olvidarlo jamás, y por eso me ha borrado el
+recuerdo de todo lo que se grabó poco antes que ello en la memoria, es
+que cuando reemplazó a los trémulos y mortecinos resplandores de la
+lamparilla el primer rayo de sol de aquel día primaveral; cuando se
+despertaban las flores y los pájaros; y toda la naturaleza se alborozaba
+y sonreía, despertaba también Luz de un sueño que me había parecido
+tranquilo, pálida como la cera, y recorriendo con sus grandes ojos
+asombrados toda la estancia.
+
+»--¿Qué te sucede, hija mía?--preguntela incorporándome de un salto y
+cogiéndole, con las mías, una de sus manos, fría, ¡muy fría!
+
+»--¡Es cosa, muy singular!--me dijo tornando a su postura supina y
+fijando su mirada en un punto imaginario del pabellón de su cama.
+
+»--Había vuelto a mis jardines..., aquel paraíso de que yo te hablé...,
+donde nos conocimos Ángel y yo... Me paseaba por sus senderos
+retorcidos, y Ángel no parecía..., y yo le esperaba. En esto, el sol se
+obscureció de repente, y comenzó a enturbiarse aquel río tan
+cristalino..., y a crecer, a crecer... turbio, ¡muy turbio!, y cubrió
+los arbustos de las orillas; y siguió enturbiándose, enturbiándose, y
+creciendo y creciendo; y llegó a las praderas más bajas, y seguía
+enturbiándose y creciendo todavía. Entonces tuve yo gran miedo donde
+estaba, y llamé a Ángel muchas veces..., y Ángel no vino. Subí a lugar
+más alto; y al ver que las aguas también subían, corrí, de altura en
+altura, hasta refugiarme en el chalet. Salí a la azotea, y vi con
+asombro que las aguas lo habían invadido todo, ¡todo cuanto alcanzaba la
+vista! Temblé de espanto al contemplar aquella desolación y verme tan
+sola allí... A poco rato volvieron a bajar las aguas poco a poco...,
+turbias, ¡siempre turbias!..., hasta encauzarse otra vez entre las
+orillas del río... Pero lo que ellas habían inundado, todo lo que se
+descubría con los ojos, era un lodazal tristísimo, sin praderas sin
+flores y sin senderos... Sólo el chalet en lo más elevado...
+
+»--¡Eso es un sueño, amor mío!--la dije para sacarla del sobresalto en
+que la veía--; un sueño como cualquier otro, que pasó ya.
+
+»--Es que no ha pasado--me respondió, sin apartar la vista del punto en
+que la había fijado antes, y con voz mucho más débil--, ¡y esto es lo
+asombroso! Yo creo que estoy despierta ahora, y, sin embargo, me
+encuentro en el mismo sitio y sobre el mismo lodazal...
+
+»--¡Luz!..., ¡hija mía!--la grité entonces para distraerla de aquella
+visión que la fascinaba.
+
+»--¿Y cómo salir de aquí!--prosiguió, sin apariencias de oírme--; ¿por
+dónde, si esto no tiene límites, ni un palmo de tierra firme y limpia en
+que sentar el pie!... ¡Dios mío!... ¡Dios mío! ¡Ah!..., ¡ya me oye!...
+De allá arriba, de lo alto, de lo más alto del cielo, baja una figura
+con alas blancas, como la túnica que viste, y los cabellos rubios
+flotando en el espacio... Y vuela hacia acá... Y va acercándose a mí...
+Ya oigo el suave rumor de las alas al batir el aire... Se acerca más...,
+me sonríe y me tiende una mano..., la tomo con otra mía... y me suspende
+y me saca de la azotea... y volando, volando, me conduce sobre la
+ciénaga sin fin... ¿A dónde?
+
+»--¡Luz! ¡Luz!--volví a gritar, aterrada ya con aquella fijeza de mirada
+y el frío marmóreo de sus manos--. ¡Vuelve a mí los ojos! ¡Mírame!...,
+¡estoy aquí, a tu lado!
+
+»Pero ella, sin dar señales de atender a mis llamadas, prosiguió
+diciendo con una voz débil, muy débil, pero dulce y argentina, como el
+sonido de las arpas eólicas:
+
+»--¡Qué alto me eleva!... ¡Y todavía más alto!... ¡Tan alto, que ya no
+te veo, madre mía! ¿Me oyes?... ¡Dile a Ángel que le espero!...
+¡También te espero a ti!... ¿Me ves?... Es imposible, porque he llegado
+muy arriba... ¡Y aun me elevo más!..., ¡más alto todavía!... ¡Qué región
+de soles!... ¡Cuánta luz!
+
+»Y con esta palabra se apagó su voz, como la última nota de un suspiro.
+Sentí que se estremecía ligeramente su mano entre las mías; observé en
+sus labios una ligera contracción, que me pareció el acento de una nueva
+sonrisa; y un instante después inclinó su cara hacia mí, y hundió la
+cabeza entre los rizos de oro que le formaban una aureola esparcidos
+sobre la almohada.
+
+»--¡Luz! ¡Luz!, ¡vida mía!--llamé de nuevo con las angustias de todos
+los espantos en la garganta, acercando mi boca a su oído--. ¡Mira a tu
+madre!..., ¡dile que la oyes..., que la ves!...
+
+»¡Dios misericordioso! ¡Aquellos ojos, que aún me miraban, ya no veían;
+aquella boca que me sonreía, ya no respiraba; y aquel hermoso cuerpo,
+que parecía dormido en un sueño de amores, no era más que la yerta y
+abandonada envoltura de un alma angelical que había volado a su patria
+celeste!
+
+ * * * * *
+
+»Todo cuanto sucedió en la tierra desde aquel momento infausto, ya no
+tuvo nombre ni valor alguno para mí. Nada de ello era mío: sólo me
+pertenecían las sangrientas y mortales llagas de mi corazón y las
+torturas de mi conciencia.
+
+»La vida que me restaba no tenía otro destino que arrastrar la cruz que
+merecía; y a arrastrarla con valor consagré todas las fuerzas de mi
+espíritu.
+
+»Y arrastrándola voy: a cuestas la llevo, ¿qué importa a nadie por
+dónde? Toda la tierra es Calvario para quien está dispuesto a sufrir
+dolores y afrentas.
+
+»A ese fin van, y obra son de los impulsos de un alma atormentada y
+contrita estos apuntes que escribo para lanzarlos al mundo. No creería
+nunca bastante barrida de gusanos la conciencia, sin entregar los
+escándalos de mi vida a la abominación de todas las mujeres honradas.»
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La Montálvez, by José María de Pereda
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA MONTÁLVEZ ***
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+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
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+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
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+The Project Gutenberg EBook of La Montálvez, by José María de Pereda
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: La Montálvez
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+Author: José María de Pereda
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+Release Date: June 16, 2008 [EBook #25812]
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+<li><a href="#Parte_I"><b>PARTE I</b></a>
+<ul>
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+<li><a href="#Parte_II"><b>PARTE II</b></a>
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+</ul>
+
+
+<hr />
+<h2><a name="Parte_I" id="Parte_I"></a>Parte I</h2>
+<hr />
+
+<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3>
+
+
+<p>Pulcro y rollizo; suave y risue&ntilde;o, y, al mismo tiempo, solemne y
+espetado; vulgar obscuro de meollo; rico, hu&eacute;rfano y libre; sin nervios
+ni hieles en el cuerpo, ni se&ntilde;al de polvo de las aulas en la ropa;
+vicioso a la chita callando; enamorado de su estampa, de su <i>talento</i>,
+de su <i>elocuencia</i>, y especialmente de los timbres de su linaje, y
+dej&aacute;ndose correr, con todas estas ventajas, a lo largo de la vida en lo
+m&aacute;s substancioso de ella, sin otros fines que el regalo de la querida
+persona, con la satisfacci&oacute;n de todos los apetitos, pero sin prefacios
+de grandes desvelos, ni ep&iacute;logos de inc&oacute;modas harturas... eso era el
+caballero marqu&eacute;s de Mont&aacute;lvez (t&iacute;tulo con polillas, de puro rancio);
+eso era en los tiempos de su mocedad; y as&iacute; fue tirando el pobre, sin
+visible quebranto en la salud, aunque con muchos y muy gordos en el
+caudal, hasta que le apuntaron la calvicie en el cogote y la pata de
+gallo en los ojos. Entonces se decidi&oacute; a casarse; y contra lo que era de
+esperar de sus devociones y pujos aristocr&aacute;ticos, parti&oacute; su blasonado
+lecho con la hija &uacute;nica de un rico ex contratista de carreteras y
+suministros, rozagante y frescachona, eso s&iacute;, pero no tan hermosa,
+seguramente, como &eacute;l la pintaba, quiz&aacute;s en su empe&ntilde;o de justificar con
+la ley irresistible de una pasi&oacute;n desinteresada, una ca&iacute;da desde lo m&aacute;s
+alto de las cumbres de su vanidad.</p>
+
+<p>El <i>mundo</i>, del cual era el marqu&eacute;s uno de los m&aacute;s brillantes
+sustent&aacute;culos, lo vela muy de otro modo; pero el reci&eacute;n casado no paraba
+mientes en ello, o fing&iacute;a no pararlas. Lo cierto es que la hija del rico
+ex contratista hac&iacute;a a maravilla el papel de marquesa; que el marqu&eacute;s
+aliment&oacute; no poco la extenuada corriente de sus caudales con el copioso
+manantial del bols&oacute;n de su suegro; que &eacute;ste parec&iacute;a muy complacido
+viendo c&oacute;mo luc&iacute;an sus prodigalidades en la flamante jerarqu&iacute;a de su
+hija; que la encopetada sociedad de la corte, a pesar de sus escr&uacute;pulos
+y reparos de estirpe, propalados de oreja en oreja a escondidas de los
+despellejados, abr&iacute;a de par en par a &eacute;stos las puertas de sus salones, y
+que no eran las galas, ni el esplendor, ni el natural donaire de la
+advenediza, lo que menos se aplaud&iacute;a en ellos.</p>
+
+<p>Cerca de dos a&ntilde;os llevaba de consumado este matrimonio, y a&uacute;n no daba
+se&ntilde;ales de lo que el marqu&eacute;s anhelaba con un ansia y un af&aacute;n tan poco
+disimulados, que m&aacute;s de una vez dieron motivo a los ingeniosos epigramas
+de la gente encopetada, los cuales ca&iacute;an despu&eacute;s, sin saberse c&oacute;mo, en
+medio de la v&iacute;a p&uacute;blica, donde los recog&iacute;an estudiantes, gacetilleros y
+otras gentes nocivas, que los propalaban y esparc&iacute;an por toda la
+capital, y aun fuera de ella. Es muy singular el don que tiene Madrid,
+con ser tan grande en comparaci&oacute;n con una aldea, para vulgarizar tipos,
+acreditar frases y poner motes.</p>
+
+<p>Lo que el marqu&eacute;s deseaba con tan descomedidas ansias, era un hijo
+var&oacute;n; pero llegaron a pasar tres a&ntilde;os, y lo deseado no ven&iacute;a. Al
+cumplirse los cuatro hubo grandes barruntos de algo. Pero &iquest;qu&eacute; ser&iacute;a? Y
+esto se preguntaba a cada instante el buen marqu&eacute;s, y esto le
+preguntaban a cada hora sus amigos y conocidos; y por adivinarlo,
+aceptaba y rechazaba, seg&uacute;n que se ajustaran o no a sus deseos, cuantos
+s&iacute;ntomas y fen&oacute;menos internos y externos acepta como art&iacute;culos de fe la
+observaci&oacute;n del vulgo, cuando la marquesa dio a luz una hembra.</p>
+
+<p>Dudo mucho que se reciba con peor talante a un hu&eacute;sped desconocido que
+se mete a las dos de la ma&ntilde;ana en casa de su pr&oacute;jimo, rob&aacute;ndole el sue&ntilde;o
+y alborot&aacute;ndole el hogar, que a la reci&eacute;n nacida en el de sus padres, en
+cuanto el doctor proclam&oacute;, en voz desfallecida y con gesto de terciana,
+el sexo que la hab&iacute;a tocado en suerte.</p>
+
+<p>Bautiz&aacute;ronla con un poco de fausto, por el <i>qu&eacute; dir&aacute;n</i>, pero a
+rega&ntilde;adientes; pusi&eacute;ronla, como un castigo, el nombre de Ver&oacute;nica, entre
+el bar&oacute;n de Casta&ntilde;ares y la condesa viuda de Picos Pardos, que fueron
+sus padrinos de mala gana; y por esto, y por el nombre, y por el chasco
+y por todo lo imaginable, la f&aacute;brica de epigramas funcion&oacute; sin descanso
+y la pusieron el a&uacute;n mal desengrasado pellejito lo mismo que si la
+inocente criatura hubiera sido causa voluntaria de aquellas caritativas
+expansiones del ingeni&oacute; maleante de los aristocr&aacute;ticos amigos de su
+casa.</p>
+
+<p>La entregaron inmediatamente al pecho mercenario de una nodriza; y por
+la raz&oacute;n o el pretexto de que su madre no hab&iacute;a quedado para atender a
+los cuidados molest&iacute;simos de su crianza, se acord&oacute; que la nodriza se la
+llevara a su aldea, en el ri&ntilde;&oacute;n de la Alcarria.</p>
+
+<p>Y all&aacute; la llevaron, con mucha <i>impedimenta</i>, eso s&iacute;, de pa&ntilde;ales, y
+mantillas, y gorros y cuanto hab&iacute;a que apetecer en tales casos, y un
+infolio de advertencias, prescripciones, avisos, encargos y hasta
+amenazas, sin contar el dinero que a pu&ntilde;ados les metieron en el bolsillo
+a la nodriza y al z&aacute;ngano de su marido, que las hab&iacute;a de acompa&ntilde;ar en
+el viaje. Esto era duro, dur&iacute;simo, dec&iacute;a el marqu&eacute;s, para unos padres
+tan blandos de coraz&oacute;n como ellos; pero el estado de la marquesa, tan
+delicado en su convalecencia, y el temperamento de la ni&ntilde;a, que era por
+todo extremo <i>linf&aacute;tico</i>, seg&uacute;n dictamen, casi en profec&iacute;a, del doctor,
+el cual temperamento hacia indispensable para ella el aire y la libertad
+del campo, les obligaban a echarla de casa.</p>
+
+<p>Y la echaron, as&iacute; como suena, a los quince d&iacute;as de haber nacido en ella,
+v&iacute;rgenes sus tiernas carnecillas de esas vivificantes impresiones de que
+no carecen los hijos del m&aacute;s haraposo menestral: las dulces caricias,
+los besos amorosos y el blando y providente manoseo de una madre.</p>
+
+<p>Diez y ocho meses bien cumplidos estuvo en la Alcarria; y refer&iacute;a
+despu&eacute;s la nodriza que, en las pocas veces que en ese tiempo fue el
+se&ntilde;or marqu&eacute;s a ver a su hija, se le ca&iacute;a la baba de gusto al
+contemplarla rodando por los suelos, medio desnuda, entre cerdos y
+rocines, tan valiente y risotona, y tan sucia y curtida de pellejo, como
+si fuera aqu&eacute;l su elemento natural y propio.</p>
+
+<p>Cuando la volvieron a Madrid, viva y sana por un milagro de Dios,
+alborot&oacute; la casa a berridos. Y no pod&iacute;a suceder otra cosa delante de
+aquellos espejos relucientes, entre aquellas colgaduras ostentosas,
+lacayos de luengos levitones y se&ntilde;oras muy emperejiladas, con lo arisca
+y cerril que ella iba de la aldea. Con su padre se las arreglaba tal
+cual; pero en cuanto su madre intentaba tomarla en brazos, m&aacute;s bien por
+tema ya que por cari&ntilde;o, se retorc&iacute;a como alima&ntilde;a en cepo. Le daban miedo
+hasta el centelleo de sus pendientes de diamantes y el olor de todos
+sus menjurjes y perfumer&iacute;as; y acaso, acaso, algo que su instinto
+infantil vela en el yerto lucir de sus ojos y en el forzado sonre&iacute;r de
+su boca, que no era la golosina que arrastra a los ni&ntilde;os a pegar sus
+frescos labios en la faz regocijada de su madre.</p>
+
+<p>Muy otra debi&oacute; de parecer a la desabrida marquesa su hija cuando &eacute;sta
+estren&oacute; las primeras galas del hatillo que apresuradamente la hicieron
+al llegar a Madrid, porque se dej&oacute; oprimir entre sus brazos sin
+protesta, y hasta besar con estruendo en la mejilla.</p>
+
+<p>&laquo;Aquel beso&raquo;&mdash;dicen los <i>Apuntes</i> a este prop&oacute;sito&mdash;&laquo;fue el primero que
+recib&iacute; de los maternos labios: le recuerdo como si le hubiera recibido
+ayer; y esto debe consistir en que mi naturaleza estaba &aacute;vida de aquel
+tributo que no se le pagaba, y la fuerza de la sensaci&oacute;n, desconocida
+hasta entonces, aguz&oacute; el instinto que ya columbraba los albores de la
+inteligencia, y estamp&oacute; el suceso, para no borrarse nunca, en las tablas
+v&iacute;rgenes de la memoria.&raquo;</p>
+
+<p>A todo esto, y desde la vuelta de su nodriza al pueblo, la hab&iacute;an puesto
+al cuidado de una ni&ntilde;era, que la sacaba a orearse por el Retiro tres o
+cuatro veces a la semana, y dorm&iacute;a a su lado en una de las habitaciones
+m&aacute;s apartadas de la de su madre, con el piadoso fin de que no la turbara
+el sue&ntilde;o por la noche. Y eso que desde aquel beso, y por virtud tambi&eacute;n
+de las ponderaciones que de la hermosura y gracias de la hija hac&iacute;an
+delante de ella las amigas de la madre, parec&iacute;a que &eacute;sta la iba cobrando
+cierta inclinaci&oacute;n, que no disimulaba. Pero comenz&oacute; por entonces la
+marquesa a sentir muy certeros e inc&oacute;modos anuncios de otro heredero, y
+esto la causaba grandes preocupaciones y molestias y &laquo;la quitaba el
+gusto para todo&raquo;.</p>
+
+<p>Al abuelo, que estaba chocho con su nietecilla, le llevaba el diablo con
+estas cosas: apostrofaba a la hija por su frialdad, y predicaba al yerno
+por su injustificable indiferencia; pero el uno y la otra se encog&iacute;an de
+hombros por toda respuesta, y no reviv&iacute;a el extinguido fuego de amor a
+la hija, que hab&iacute;a chisporroteado un instante despu&eacute;s del primer bes&oacute; de
+la madre. &iquest;Qui&eacute;n sabe el rumbo que hubiera tomado el astro de los
+destinos de la ni&ntilde;a sin los prosaicos inconvenientes en que fundaba la
+marquesa su nuevo alejamiento de ella, y el acontecimiento que sobrevino
+poco despu&eacute;s?</p>
+
+<p>El acontecimiento fue nada menos que la llegada al mundo del anhelado
+var&oacute;n. Todo fue j&uacute;bilo entonces y locura y desconcierto en la casa, de
+la cual pudiera decirse, sin gran exageraci&oacute;n esta vez, que fue echada
+por la ventana. Se revolvi&oacute; medio Madrid para el bautizo; medio Madrid,
+que le comi&oacute; al marqu&eacute;s, digo, al abuelo, medio costado; se consigui&oacute;
+elegir los padrinos entre lo m&aacute;s cogolludo de la nobleza, y se le
+pusieron al flamante heredero todos los nombres de los grandes reyes, de
+los mayores santos del cielo, de todos los conquistadores c&eacute;lebres, y de
+los m&aacute;s gloriosos poetas y artistas de la tierra. Entre tanto, el reci&eacute;n
+nacido, m&aacute;s que criatura humana, parec&iacute;a un rat&oacute;n en salmuera: ni era
+mucho m&aacute;s grande, ni m&aacute;s rollizo, ni m&aacute;s pulcro, ni mejor encarado.
+Naci&oacute; gimiendo; entre gru&ntilde;idos y pataleos recibi&oacute; el agua del bautismo,
+y gru&ntilde;endo volvi&oacute; a casa y continu&oacute;, sin cesar, muchos d&iacute;as, comi&eacute;ndose
+los pu&ntilde;os apretados y perneando rabioso, como sapo clavado en estaca,
+mientras la pac&iacute;fica y rozagante Ver&oacute;nica, olvidada de su familia en el
+&uacute;ltimo conf&iacute;n del hogar, no se mor&iacute;a de hambre porque la ni&ntilde;era cuidaba,
+de propio impulso, de esos y otros menesteres.</p>
+
+<p>Desde aquellos d&iacute;as se ech&oacute; en la casa de los marqueses de Mont&aacute;lvez una
+raya por debajo de lo vivido hasta all&iacute;, y se abri&oacute; una vida nueva, cuyo
+centro, cuyo eje, era el reci&eacute;n nacido heredero de los t&iacute;tulos y
+preeminencias de su padre; por lo que la pobre Ver&oacute;nica, elemento
+principal&iacute;simo de la <i>vida vieja</i>, qued&oacute; entre lo m&aacute;s alto y olvidado de
+la raya para arriba, como trasto in&uacute;til en obscuro desv&aacute;n.</p>
+
+<p>No puede negarse que el <i>medio ambiente</i>, tan tra&iacute;do y tan llevado ahora
+por la gente de mi oficio, influye mucho en la condici&oacute;n moral y hasta
+en el desarrollo f&iacute;sico de los caracteres y de las naturalezas; pero no
+es menos cierto que las hay de tal fibra, que, con ambiente y sin
+ambiente, echan imp&aacute;vidas por la calle de en medio, y por ella siguen
+sin torcerse ni extraviarse, aunque las ladren canes y las tiren
+vestiglos de la ropa.</p>
+
+<p>Prueba de ello es que cuando Ver&oacute;nica lleg&oacute; a la edad de los celos y de
+las envidias, y tuvo raz&oacute;n bastante para distinguir los halagos de las
+durezas, no ech&oacute; de menos los extremados mimos que se le prodigaban a
+todas horas a su hermano, criatura de lo m&aacute;s encanijado, llor&oacute;n y
+cascarrabias que hubo venido nunca al mundo. La ten&iacute;an sin cuidado los
+tumultos que se armaban a cada instante en la casa porque el angelito no
+com&iacute;a, o se descalabraba, o tos&iacute;a ronco, o se retorc&iacute;a c&aacute;rdeno y
+pataleaba con un dolor de tripas; las ponderaciones que de su imaginada
+hermosura se hac&iacute;an delante de ella a parientes y amigos, que se
+guardaban muy bien de afirmar lo contrario, y hasta los injustos
+vituperios que se la enderezaban porque con sus juegos le quitaba el
+sue&ntilde;o, o no discurr&iacute;a cosa con gracia para entretenerle y alegrarle. La
+ni&ntilde;era no ten&iacute;a otra obligaci&oacute;n que la de mirar por ella y acompa&ntilde;arla
+incesantemente; la quer&iacute;a de todo coraz&oacute;n, y era esclava de sus menores
+caprichos; hac&iacute;anla estrenar un vestido cada semana, y no se pon&iacute;a tasa
+a sus antojos de juguetes. Con todas estas ventajas, hasta bendec&iacute;a el
+alejamiento a que se la condenaba en su propio hogar, porque, al fin y
+al cabo, le procuraba una independencia de la cual sacaba ella mucho
+partido para vivir a su gusto; y si hubiera conocido el placer de la
+venganza, la hubiera hallado bien cumplida en los testimonios de cordial
+amor que recib&iacute;a de las <i>visitas</i> y de los amigos de la casa, a
+escondidas, por supuesto, de todas las gentes de ella.</p>
+
+<p>Su abuelo persist&iacute;a en el honrado prop&oacute;sito de arreglar m&aacute;s a justicia
+estas cosas, que le repugnaban; pero su esfuerzo alcanzaba a poco. Por
+de pronto, cada d&iacute;a se alejaban m&aacute;s de la casa de su yerno, porque cada
+vez le eran m&aacute;s insoportables &laquo;las majader&iacute;as y sandeces&raquo; que observaba
+en ella. Su naturaleza tosca, y los resabios adquiridos en los tratos y
+contratos en que hab&iacute;a pasado lo mejor de la vida, le hac&iacute;an
+incompatible con los h&aacute;bitos aparatosos y refinadamente vanos y
+teatrales de sus hijos; y como, adem&aacute;s, era hombre sin ret&oacute;ricas,
+desenga&ntilde;ado y de muy poca correa, el menor reparo a sus crudos alegatos
+le quitaba las ganas de exponer el segundo. Su misma nieta, objeto
+exclusivo de los desvelos del pobre hombre, dudaba muchas veces si ten&iacute;a
+en &eacute;l un protector cari&ntilde;oso o un enemigo m&aacute;s de quien temer
+contrariedades y desabrimientos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, vamos a ver&mdash;dec&iacute;a el ex contratista a su hija cuando m&aacute;s
+desatinados eran los extremos que &eacute;sta y su marido hac&iacute;an en honor del
+hijo var&oacute;n&mdash;, &iquest;a qu&eacute; vienen esas majader&iacute;as? Y ya que las hag&aacute;is, &iquest;por
+qu&eacute; pec&aacute;is por el extremo contrario con Ver&oacute;nica, que es una ni&ntilde;a como
+unas perlas? &iquest;Por qu&eacute; detest&aacute;is a la una tanto como quer&eacute;is al otro?</p>
+
+<p>Negaba la marquesa que ni ella ni su marido dejasen de querer bien a su
+hija, y hasta citaba en testimonio de ello el regalo en que la
+manten&iacute;an.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;replicaba el abuelo&mdash;: atest&aacute;is de juguetes su escondite y
+de vestidos su ropero, como se echan mendrugos a los perros en su
+garita, para que no molesten con sus ladridos ni estorben con su
+presencia, y acaso, acaso, porque los vean gordos y lozanos los vecinos.
+Pero de aqu&iacute;, de aqu&iacute; (y se golpeaba sobre el coraz&oacute;n), de eso que
+alimenta el alma y hace buena sangre a los ni&ntilde;os, &iquest;qu&eacute; dais a la
+infeliz? Pues mira, y no lo olvides: hija que se acostumbra a vivir
+entre la esquivez y el desamor de sus padres, si sale mujer honrada es
+por un milagro de Dios.</p>
+
+<p>Protest&oacute; contra el supuesto la marquesa, e insisti&oacute; en que, desde que la
+ni&ntilde;a hab&iacute;a nacido, se la amaba <i>cuanto se la deb&iacute;a amar</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Justamente&mdash;repuso su abuelo&mdash;, porque ni entonces, ni ahora, ni
+nunca, hab&eacute;is podido tragarla; y no la hab&eacute;is podido tragar, porque lo
+que se quer&iacute;a en esta casa no era familia por el ansia natural de
+tenerla, ansia que sienten hasta los irracionales, sino un heredero
+var&oacute;n en quien vincular los relumbrones aristocr&aacute;ticos de tu marido,
+como si importara seis maraved&iacute;s que se perdiera la casta directa de ese
+mentecato; y como a Dios no se le enga&ntilde;a, despu&eacute;s de probaros la
+voluntad y la mala entra&ntilde;a con la hija que os dio, sin merecerla, os ha
+castigado en el var&oacute;n que apetec&iacute;ais..., porque ese ni&ntilde;o ha de ser, est&aacute;
+siendo ya, vuestro castigo.</p>
+
+<p>Con esto, dio media vuelta la marquesa y no pareci&oacute; su padre en mucho
+tiempo por aquella casa.</p>
+
+<p>Y as&iacute; fueron corriendo los a&ntilde;os, y lleg&oacute; Ver&oacute;nica a contar diez bien
+cumplidos. Ten&iacute;a una salud de bronce, y crec&iacute;a y se redondeaba que era
+una bendici&oacute;n de Dios: los amigos de la familia la com&iacute;an a besos los
+carrillos, y la dec&iacute;an verdaderas atrocidades mientras la volteaban en
+el aire, o la echaban una zancadilla en un corredor o en mitad de la
+escalera, siempre, por supuesto, a escondidas de sus padres y, sobre
+todo, de su hermano, que cada d&iacute;a era m&aacute;s ruin y m&aacute;s inaguantable, por
+envidioso y desabrido.</p>
+
+<p>Como &laquo;hab&iacute;a proyectos sobre ella&raquo;, al decir de su madre, interinamente
+la pusieron maestros de primeras letras y de m&uacute;sica, con los cuales
+aprendi&oacute; a leer mal, a hacer palotes muy torcidos y a solfear
+desastrosamente, por culpa, seg&uacute;n dictamen del maestro, que era un
+italiano fam&eacute;lico, de su mal o&iacute;do. Esto, y el Catecismo de punta a cabo,
+y una oraci&oacute;n para cada acto de los m&aacute;s ordinarios de su vida, es decir,
+para acostarse, para levantarse, para ir a comer, para salir a paseo,
+etc., etc., y otras para cuando tronaba, pasaba el Vi&aacute;tico por la calle,
+ventaba muy recio, y as&iacute; sucesivamente, ense&ntilde;adas por su sirvienta, que
+era una guipuzcoana muy devota, y tuvo la abnegaci&oacute;n de no reclamar para
+s&iacute; las alabanzas que el cura de la parroquia, que prepar&oacute; a la ni&ntilde;a para
+la primera confesi&oacute;n, dedic&oacute; al celo cristiano de su madre, era cuanto
+Ver&oacute;nica sab&iacute;a en artes liberales y en letras divinas y humanas, a la
+edad de once a&ntilde;os y algunos meses de pico.</p>
+
+<p>Al cumplir los doce se le revelaron los proyectos que hab&iacute;a sobre ella,
+los cuales se reduc&iacute;an a enviarla a Francia a <i>terminar</i> su educaci&oacute;n en
+un colegio de los m&aacute;s afamados de Par&iacute;s. No supo la ni&ntilde;a, por de pronto,
+si la noticia la alegr&oacute; o la produjo el efecto contrario. No le agradaba
+por lo que de colegio, es decir, de encierro y sujeci&oacute;n hab&iacute;a en el
+asunto; pero, en cambio, le deleitaba por tratarse de ver el mundo,
+aunque de refil&oacute;n y con trabas; de ir a Par&iacute;s, de vivir en Par&iacute;s, de
+respirar el aire de Par&iacute;s, de comer, en fin, y vestir y so&ntilde;ar en Par&iacute;s,
+nombre con el cual estaban atascados sus o&iacute;dos y su cabeza, porque en su
+casa no se hablaba com&uacute;nmente de otro asunto, ni entre las gentes que la
+frecuentaban, ni en las casas que frecuentaba ella. Par&iacute;s era lo mejor
+de la tierra, y lo de Par&iacute;s no ten&iacute;a igual en el mundo, y al uso de
+Par&iacute;s se vest&iacute;a, y se andaba, y se com&iacute;a, y hasta se hablaba con agravio
+de la lengua de Cervantes... y de la de Moli&egrave;re.</p>
+
+<p>Y a Par&iacute;s la llevaron en esta situaci&oacute;n de &aacute;nimo, sin alegr&iacute;a y sin
+penas, no contando las l&aacute;grimas que la arranc&oacute; del fondo del coraz&oacute;n el
+desconsolado llorar de la ni&ntilde;era, en cuyos besos de despedida,
+ardorosos, resonantes y mezclados con el llanto de sus ojos, sent&iacute;a
+palpitar el alma entera de la noble guipuzcoana. El desconsuelo de
+aquella honrada mujer y el recuerdo de la cari&ntilde;osa abnegaci&oacute;n que la
+debla, eran el &uacute;nico v&iacute;nculo con que la hija de los marqueses de
+Mont&aacute;lvez se sent&iacute;a ligada a la casa paterna a medida que iba alej&aacute;ndose
+de ella por el camino de Francia. No era suya la culpa. Su coraz&oacute;n no
+pod&iacute;a dar otro fruto que el de las semillas que se hab&iacute;an depositado en
+&eacute;l.</p>
+
+
+
+<h3><a name="II" id="II"></a>II</h3>
+
+
+<p>Bien poco trabajo le cost&oacute; hacerse a la vida y costumbres de colegiala.
+Parte de esta fortuna se la deb&iacute;a a las condiciones de su car&aacute;cter
+acomodadizo y placentero; algo al no muy estimulante recuerdo de su
+perdida libertad, y el reto a la feliz circunstancia de no haberse visto
+un solo d&iacute;a verdaderamente aislada en aquel hervidero de chicuelas de
+todas castas, edades, temperamentos y naciones. La fuerza de la
+atracci&oacute;n, por imperio de la necesidad, arrastra, en tales casos, lo que
+flota indeciso y como al azar, hacia su centro apetecido. Por eso, no
+bien hubo llegado al colegio, cuando ya conoc&iacute;a de vista a todas las
+espa&ntilde;olas que hab&iacute;a en &eacute;l; en seguida form&oacute; entre las de su edad; luego
+dio la preferencia a las madrile&ntilde;as, y acab&oacute; por intimar con las que, de
+&eacute;stas, pertenec&iacute;an a su jerarqu&iacute;a social.</p>
+
+<p>As&iacute; conoci&oacute; a Leticia Espinosa y a Sagrario Miralta, v&aacute;stagos ambas de
+la m&aacute;s encumbrada aristocracia espa&ntilde;ola, las cuales hab&iacute;an entrado en el
+colegio un a&ntilde;o antes que ella. Leticia, contra lo que su nombre
+declaraba, era una morena triste, o, mejor dicho, serena y algo fr&iacute;a,
+como esos d&iacute;as de oto&ntilde;o, de poco sol, de que tanto gustan los esp&iacute;ritus
+contemplativos y melanc&oacute;licos. Ten&iacute;a hermosos ojos y muy correctas
+facciones; y sin dejar de ser animosa para todo, faltaba casi siempre en
+sus actos y en sus dichos el color de la sinceridad, lo cual se
+atribula, m&aacute;s que a un vicio de su car&aacute;cter, a que rara vez la animaba
+el calor del entusiasmo.</p>
+
+<p>Sagrario era una rubia inquieta y bulliciosa, &aacute;vida de impresiones, de
+aire, de luz... y de golosinas. Fisgona impenitente, no hab&iacute;a castigo
+que la curase de la pasi&oacute;n de arrimar, ora el ojo, ora el o&iacute;do, a todas
+las rendijas y cerraduras de los aposentos; y, a creerla por su palabra,
+&iexcl;qu&eacute; cosas ve&iacute;a y escuchaba en aquellos vedados interiores! Su man&iacute;a,
+casi criminal, eran las <i>zangolotinas</i>, como llamaba a las mayores,
+algunas de ellas vestidas ya de largo y con un pie en el estribo para
+tomar la vuelta a sus hogares. A &eacute;stas las persegu&iacute;a con una tenacidad y
+un instinto de perro de caza. Espiaba sus actos, escuchaba sus dichos,
+asaltaba sus dormitorios, revolv&iacute;a sus equipajes, les abr&iacute;a los cajones,
+se enteraba de sus cartas y les robaba las novelas que despu&eacute;s
+devoraban las otras..., porque ten&iacute;an novelas y algunas profanidades
+m&aacute;s, que eran contrabando all&iacute;; y, no conform&aacute;ndose con esto s&oacute;lo,
+relataba historias desvergonzadas &iexcl;y hac&iacute;a unos comentarios! A mi ver,
+todo era una mala pasi&oacute;n de despecho, porque se recataban de ella y de
+las de su grupo en sus entretenimientos y conversaciones.</p>
+
+<p>Lo que sigue es, palabra por palabra, de la mano que escribi&oacute; los
+<i>Apuntes</i>:</p>
+
+<p>&laquo;Si entrara en los reducidos t&eacute;rminos de mi paciencia el prop&oacute;sito de
+describir mi vida de colegiala con todos sus pelos y se&ntilde;ales, larga
+ser&iacute;a aqu&iacute; la lista de los lances curiosos en que intervine yo, por las
+intemperancias incorregibles de Sagrario y por la entereza glacial de
+Leticia; pero no van por ah&iacute; las corrientes que me empujan en este
+instante; y si menciono los nombres y principales rasgos de car&aacute;cter de
+estas dos compa&ntilde;eras, omitiendo los de tantas otras, es porque conserv&eacute;
+esas dos amistades durante toda mi vida mundana, y no influyeron poco en
+la calidad de ella, lo mismo bajo el cascar&oacute;n de cris&aacute;lida en el
+colegio, que cuando vol&eacute; a mis anchas por el mundo con las alas de
+mariposa.</p>
+
+<p>&raquo;Tambi&eacute;n habr&iacute;a mucho que hablar sobre el tema de la educaci&oacute;n de las
+j&oacute;venes de mi pelaje, si por <i>educarlas bien</i> se entiende, como deber&iacute;a
+entenderse, la manera de hacer de ellas <i>buenas</i> hijas y mejores madres.
+Desde luego afirmo que estos hermosos fines no han de lograrse en
+ciertos colegios ni en parte alguna donde la <i>distinguida</i> y mal
+acostumbrada educanda viva &laquo;a uso de tropa&raquo;. De este modo se aprende
+todo, si se aprende algo, como el soldado la t&aacute;ctica y las leyes
+penales: maquinalmente y a la fuerza; y no se toma amor, sino miedo y
+repugnancia, a las tareas y al <i>cuartel</i> mismo, con sus largos y
+desnudos pasadizos, sus enfilados dormitorios, sus lechos de contrata,
+sus vigilantes antip&aacute;ticos y su refectorio mal oliente. Llega a ser
+insoportable el patio de altos muros, con los juegos de siempre y los
+c&aacute;nticos de todos los d&iacute;as, y el pasear en hileras, y el comer en
+comunidad, y el recogerse y el levantarse a unas mismas horas y con el
+mismo forzado silencio. Fatiga el &aacute;nimo la contemplaci&oacute;n incesante de
+unos mismos colores, de unas mismas caras, de unos mismos cuerpos, de
+unos mismos uniformes, y, sobre todo, de aquel blas&oacute;n de la casa, de
+aquella cifra sempiterna reproducida en los muros, en los libros, en las
+ropas y en los platos. Abruma el peso de la monoton&iacute;a seg&uacute;n van pasando
+los meses y los a&ntilde;os en esta vida reglamentada, y el demonio de la
+indisciplina y de la rebeli&oacute;n llega a poseer a las colegialas de pies a
+cabeza. Entonces se piensa con fruici&oacute;n hasta en las peripecias, en los
+horrores de un incendio repentino de la casa; en la enfermedad del
+profesor de Geograf&iacute;a, o en la prisi&oacute;n de la directora por mandato del
+Gobierno...; en fin, en todo lo que pueda ser causa de que se altere y
+descomponga, de cualquier modo, la m&aacute;quina de aquel rel&oacute; de piezas
+humanas.</p>
+
+<p>&raquo;Por eso la colegiala m&aacute;s querida de sus compa&ntilde;eras es la m&aacute;s ind&oacute;cil y
+revoltosa y holgazana, la que m&aacute;s depresivos motes pone a las <i>madres</i>,
+y m&aacute;s perturbaciones acarrea en el gobierno interior de la casa.</p>
+
+<p>&raquo;A m&iacute; me ense&ntilde;aron muchas cosas en libros, con la aguja, de palabra,
+por escrito y hasta por se&ntilde;as y a toque de viol&iacute;n; pero sobre todas las
+ense&ntilde;anzas obligatorias en aquel colegio, prevalecieron las del mal
+ejemplo de mis compa&ntilde;eras, m&aacute;s avispadas que yo, o m&aacute;s cargadas de
+malicias y de a&ntilde;os. Nunca me faltaron libros profanos, ni noticias
+estimulantes de los placeres del mundo; y con este acopio y el que hice
+por m&iacute; misma durante la relativa libertad que se me conced&iacute;a cuando fui
+<i>de las mayores</i>, viendo las cosas mundanas de tarde en tarde y a
+deshora y con el rabillo del ojo, y contando diez y siete a&ntilde;os muy
+cumplidos, se dio por terminada mi educaci&oacute;n en aquel afamado colegio
+franc&eacute;s.</p>
+
+<p>&raquo;Del cual sal&iacute; diez meses despu&eacute;s que mis inseparables amigas Leticia y
+Sagrario, muy ducha en bailar, en hacer reverencias, en modular la voz,
+en manejar el abanico y la cola del vestido de baile, en esgrimir los
+ojos y la sonrisa, seg&uacute;n los casos, los sexos y las edades, y en el
+ceremonial decorativo y esc&eacute;nico de las pr&aacute;cticas religiosas; tal cual
+en lengua francesa, materialmente al rape en obras de costura y
+principios de econom&iacute;a dom&eacute;stica, y casi, casi, en el idioma nativo; y
+sobre todo esto, y por raz&oacute;n de los contrabandos del colegio y de las
+incompletas ideas adquiridas en concili&aacute;bulos clandestinos, y la propia
+observaci&oacute;n hecha a medias con trabas y sobresaltos, y quiz&aacute;s tambi&eacute;n
+por obra de mi temperamento o de mi car&aacute;cter, franco y expansivo, un
+ansia, que rayaba en voracidad, de ver el mundo por dentro, de conocerle
+a fondo, de saborearle a mis anchas, sin los velos y cortapisas que a
+las puertas de &eacute;l me hab&iacute;an, hasta entonces, despertado los apetitos.</p>
+
+<p>&raquo;Esto es todo lo que llevaba aprendido al volver a mi casa, cinco a&ntilde;os
+despu&eacute;s de haber salido de ella, sin contar la persuasi&oacute;n &iacute;ntima de que,
+mientras no se invente cosa mejor que lo conocido, la educaci&oacute;n menos
+peligrosa y m&aacute;s esmerada de una ni&ntilde;a ser&aacute; aquella en que m&aacute;s se deje
+sentir la intervenci&oacute;n amorosa de su madre, si, por su dicha, tiene
+madre, y madre <i>buena</i>.&raquo;</p>
+
+
+
+<h3><a name="III" id="III"></a>III</h3>
+
+
+<p>Como el tiempo no pasa sin mudar la faz de las cosas, cuando volvi&oacute; a su
+patrio hogar la colegiala no dej&oacute; de hallar en &eacute;l cambios y mudanzas que
+la sorprendieron. Su madre ten&iacute;a &laquo;achaques&raquo;, y achaques graves, seg&uacute;n
+ella dec&iacute;a, apost&aacute;ndoselas al m&eacute;dico, que no mostraba gran empe&ntilde;o en
+contradecirla. Estos achaques no la imped&iacute;an frecuentar los salones de
+&laquo;su mundo&raquo;, ni la obligaban a tachar un solo rengl&oacute;n de su larga lista
+de compromisos sociales, ni se revelaban, <i>a cierta distancia</i>, en su
+cara frescachona ni en su apostura garbosa y elegante; pero es indudable
+que los ten&iacute;a, y muy hondos; achaques de matrona presumida, bien
+sufridos y mejor tapados con heroicos esfuerzos de la voluntad y buen
+acopio de sonrisas y menjurjes.</p>
+
+<p>No fue esto un hallazgo, en todo el rigor de la palabra, para su hija,
+que ya barruntaba algo de ello por las &uacute;ltimas cartas de la marquesa y
+la propia observaci&oacute;n en las dos visitas que la hab&iacute;a hecho en el
+colegio. Harto m&aacute;s se admir&oacute; al convencerse de que la inusitada dulzura
+con que su madre la hab&iacute;a tratado en Par&iacute;s, y que ella tom&oacute; por disfraz
+de a&ntilde;ejas y naturales esquiveces, antes crec&iacute;a que se agriaba en las
+intimidades de la vida dom&eacute;stica; y todav&iacute;a fue mayor su asombro cuando
+supo, por testimonios fidedignos, que la modificaci&oacute;n genial de la
+marquesa, en lo referente a este grave punto, databa de la misma fecha
+que los achaques. &iquest;C&oacute;mo lo que de ordinario sirve para exacerbar los
+humores y despertar las impertinencias, y hace inaguantables a las
+gentes que son desabridas por naturaleza, hab&iacute;a producido en aquel
+<i>ejemplar</i> el efecto contrario? No pod&iacute;a averiguarlo Ver&oacute;nica. Lo
+importante para ella era el hecho, y el hecho bien a la vista estaba.</p>
+
+<p>Otro suceso que fue completa novedad para la colegiala: su hermano ten&iacute;a
+achaques tambi&eacute;n; es decir, nuevos, muchos, demasiados achaques; pero en
+este infeliz se cumpl&iacute;a rigurosamente la ley com&uacute;n: se le reflejaban
+claramente en el esp&iacute;ritu los que le desorganizaban y consum&iacute;an el
+cuerpo. Era &eacute;ste raqu&iacute;tico, sarmentoso y descuajaringado. Cada pieza de
+&eacute;l estaba mal avenida con la inmediata: las piernas se negaban a
+sostener el tronco; el tronco forcejeaba por desprenderse de la cabeza,
+y los brazos andaban de ac&aacute; para all&aacute; sin saber a qu&eacute; arrimarse, porque
+en todas partes estorbaban y de todas partes se ca&iacute;an. El esp&iacute;ritu era
+digna joya de tal estuche: quebradizo, avinagrado y herrumbroso. Daba
+compasi&oacute;n contemplar aquel ser que parec&iacute;a un castigo providencial de
+ciertas injusticias y flaquezas de sus padres. M&aacute;s que un ni&ntilde;o
+enfermizo, era un enano decr&eacute;pito. Por raz&oacute;n de su miserable naturaleza,
+nada se le hab&iacute;a ense&ntilde;ado; as&iacute; es que, contando ya m&aacute;s de quince a&ntilde;os,
+no sab&iacute;a deletrear. Por el contrario, se le hab&iacute;a dejado en completa
+libertad de hacer todo cuanto le diera la gana; pero tan hastiado estaba
+de ser libre y de campar por sus caprichos, de romper, de manchar, de
+alborotar y de dar tormento impunemente a cuanto respiraba y se mov&iacute;a en
+su derredor, que ya solamente se entreten&iacute;a con las contrariedades y las
+resistencias, por hallar el placer de vencerlas y de atropellarlas. Y
+hab&iacute;a que present&aacute;rselas, o fingir que se le presentaban, para darle
+gusto y sacarle por un instante del mortal desfallecimiento en que ca&iacute;a
+en cuanto le faltaba el aguij&oacute;n de un apetito que pusiera en actividad
+el cordaje de su desconcertada m&aacute;quina.</p>
+
+<p>Es veros&iacute;mil que la contemplaci&oacute;n continua de este desconsolador
+espect&aacute;culo tuviera gran parte en los cambios geniales de la marquesa;
+y, sin embargo, no concordaban tampoco las manifestaciones de &eacute;sta con
+la tristeza y gravedad del motivo, aun sin tener en cuenta los extremos
+de locura a que la condujo el nacimiento de aquel hijo tan deseado.
+Cierto que continuaba siendo esclava de sus antojos; pero no con la
+abnegaci&oacute;n incansable de antes. Aquella esclavitud no era ya amoroso
+entretenimiento, sino carga abrumadora, cruz de enorme peso. Llev&aacute;bala
+con paciencia, pero no sin cansancio. &iquest;Consistir&iacute;a esto en que sus
+propios males la hac&iacute;an m&aacute;s insensible para los ajenos, o en que,
+rob&aacute;ndole los alientos del esp&iacute;ritu, agostaban el campo de sus ilusiones
+y vanidades, e imprim&iacute;an nuevo y m&aacute;s sosegado ritmo a los impulsos de su
+coraz&oacute;n? Pero, en este caso, &iquest;por qu&eacute; no se cumpl&iacute;a la ley con igual
+rigor en lo tocante a las pompas del mundo? &iquest;Por qu&eacute; continuaba
+pag&aacute;ndose de ellas con el mismo fervor del primer d&iacute;a? Posible era
+tambi&eacute;n que el convencimiento que necesariamente tendr&iacute;a de que para la
+enfermedad de su hijo no hab&iacute;a humano remedio, le quitara, con la
+esperanza de conservarle, las fuerzas para sufrirle; pero, en este caso,
+&iquest;qu&eacute; pensar de la calidad de aquel extra&ntilde;o sentimiento que se manifest&oacute;
+en la casa, haciendo a todos los moradores de ella siervos pacient&iacute;simos
+de la tiran&iacute;a del presunto heredero de los t&iacute;tulos de su padre?</p>
+
+<p>Lo cierto era que el enfermo se mor&iacute;a poco a poco; que su madre, aunque
+lo sab&iacute;a muy bien, no daba muestras de apurarse por ello, y que ya no
+era Ver&oacute;nica quien pagaba, como en otros tiempos, todos los vidrios
+rotos de la casa.</p>
+
+<p>Por lo tocante al marqu&eacute;s, tampoco se preocupaba gran cosa con el estado
+m&iacute;sero de aquel su reto&ntilde;o, cuyo nacimiento tantas extravagancias y
+sandeces le hab&iacute;a hecho cometer. Bastante m&aacute;s le quitaban el sue&ntilde;o otros
+cuidados. Hab&iacute;ase dado con pasi&oacute;n a la pol&iacute;tica; y mientras arreglaba
+ciertos comprobantes, de muy mal arreglo, para que le nombraran senador,
+persegu&iacute;a, con escasa fortuna, una credencial de diputado cunero. No
+sal&iacute;a del sal&oacute;n de Conferencias, ni de la tertulia del ministro de la
+Gobernaci&oacute;n. En casa paraba poco, pero hablaba mucho, y siempre de su
+pleito; no a la manera llana y familiar de otros tiempos, sino en estilo
+declamatorio y rimbombante, y tomando pretexto de todo para ensayar
+papeles de tribuno. Com&iacute;ale el prurito de la solemnidad y de las grandes
+frases, y m&aacute;s de una vez le arrastraron sus obsesiones parlamentarias al
+extremo de replicar a su mujer en un di&aacute;logo prosaico sobre temas de
+cocina, con un &laquo;&iexcl;Su se&ntilde;or&iacute;a se equivoca!&raquo; que, por lo campanudo y
+resonante, hubieran envidiado los m&aacute;s famosos adalides del Congreso.</p>
+
+<p>No eran de f&aacute;cil arreglo los susodichos comprobantes para lograr la
+senadur&iacute;a, porque las rentas propias, vueltos los manantiales al bajo
+nivel en que estaban antes de fomentarlos su suegro con el copioso
+caudal de sus talegas, no llegaban hasta donde la ley quer&iacute;a. Y &eacute;sta fue
+otra de las novedades con que se hall&oacute; la colegiala al volver a su casa.
+De la cual novedad lleg&oacute; a enterarse por los comentarios de su padre a
+cada batacazo del expediente, que no sal&iacute;a de un atolladero sino para
+caer en otro m&aacute;s hondo. Si esta merma proced&iacute;a de los banquetes y otras
+parecidas <i>travesuras</i> con que el marqu&eacute;s trataba de hacerse visible, y
+hasta <i>ministrable</i>, entre los hombres pol&iacute;ticos de mayor talla, o de
+las enormes sumas que le costaba a la marquesa sostener el esplendor de
+su jerarqu&iacute;a a la altura en que le hab&iacute;a colocado de reci&eacute;n casada, o de
+lo uno y de lo otro, que era lo m&aacute;s seguro, no cay&oacute; la hija en la
+tentaci&oacute;n de averiguarlo. Bast&aacute;bale saber que el lujo y la abundancia
+rodaban por aquellos suelos lo mismo que antes, y que su abuelo, hecho
+una ruina ya, aunque de mala gana y refunfu&ntilde;ando, acud&iacute;a siempre a las
+llamadas de la hija en sus continuos apuros.</p>
+
+<p>&iquest;Ni c&oacute;mo pararse ella en reflexiones de mayor substancia? &iexcl;Ella, que
+siempre hab&iacute;a sido all&iacute; la <i>puerca cenicienta</i>! &iexcl;Ella, que llegaba del
+colegio con la cabeza llena de fantas&iacute;as tentadoras y el pecho atestado
+de mortificantes deseos, y en todo cuanto la rodeaba ve&iacute;a recursos para
+satisfacerlos, alas con que mecerse en los sonados espacios, llaves de
+hechizos con que abrirlas doradas puertas que guardaban los descifrados
+enigmas de su curiosidad insaciable!</p>
+
+<p>Ocupaba un hermoso gabinete que se la hab&iacute;a dispuesto ex profeso. Era
+como la leyenda, en colores y substancias, de su fresca juventud, con
+los obligados atributos de inocencias, candores y misterios pudorosos.
+El arte y el cari&ntilde;o parec&iacute;an haber trabajado con empe&ntilde;o en aquel nido
+fant&aacute;stico. Tan elocuente y expresivo estaba todo all&iacute;, que casi se
+ruborizaba de s&iacute; propia la jovenzuela al desnudarse para meterse en el
+c&aacute;ndido y esponjado lecho. &iexcl;Lo que influye en los juicios y sentimientos
+humanos el relumbr&oacute;n del aparato esc&eacute;nico!...</p>
+
+<p>Su madre no se hartaba de palparla, unas veces vestida, otras medio
+desnuda; de medirla con &aacute;vidos ojos, de verla andar, y, aunque seca de
+palabra siempre, de prodigar, a su manera, elogios a su precoz
+desarrollo f&iacute;sico y moral, a la redondez de su cuello, a la tersura de
+su garganta, a la expresi&oacute;n maliciosa de sus ojos, a la frescura de su
+boca, a la esbeltez de su talle y a todas y a cada una de sus prendas
+esculturales. Era mucho m&aacute;s exigente con la modista para sus vestidos
+que para los propios, y la frase que m&aacute;s la halagaba en boca de sus
+amigos, era la que envolv&iacute;a un piropo para su hija. Llev&aacute;bala a muchas
+partes consigo, y se afanaba y desviv&iacute;a para hacer cuanto antes, con la
+debida solemnidad, su presentaci&oacute;n en &laquo;el mundo&raquo;.</p>
+
+<p>El marqu&eacute;s no estaba menos admirado que su hija de esta transformaci&oacute;n
+de sentimientos de su mujer. &iquest;En qu&eacute; consist&iacute;a? &iquest;Por qu&eacute;, a medida que
+iba resign&aacute;ndose sin esfuerzo a quedarse sin el hijo, antes preferido,
+se aficionaba tanto a la hija, despreciada y aborrecida ayer?</p>
+
+<p>&laquo;Dios me lo perdone&mdash;dicen en este pasaje los <i>Apuntes</i>&mdash;, si en el
+supuesto me enga&ntilde;o, porque bien pudiera ser causa de mi juicio el
+recuerdo de lo pasado; de aquel desd&eacute;n, que rayaba en antipat&iacute;a, con que
+empap&oacute; mi coraz&oacute;n, en una edad en que arraigan las impresiones para el
+resto de la vida; pero yo no vi nunca en las nuevas atenciones de mi
+madre uno solo de esos reflejos que llegan al alma y hacen latir al
+<i>un&iacute;sono</i> dos corazones. Si me amaba, no sab&iacute;a expresarlo, o yo era
+incapaz de sentirlo. Esta es la verdad. Y si sus actos no eran
+determinados por el amor, hab&iacute;a que suponerlos hijos de otro sentimiento
+bien distinto. Autoriza a creerlo as&iacute; el hecho de que todos los consejos
+que entonces me dio se dirig&iacute;an a hacerme mujer elegante y distinguida;
+ni uno solo a hacerme honrada. A pesar de ello, no considero esta falta
+grav&iacute;sima como signo de perversidad del alma. Esta falta y otras como
+ella, son, en determinadas gentes, obra de ciertas deficiencias, a veces
+constitutivas, a veces impuestas por la educaci&oacute;n; falsas ideas que se
+adquieren de las cosas, por el modo err&oacute;neo de considerarlas. El
+coraz&oacute;n, al cabo, es una m&aacute;quina que tiene en la cabeza el tornillo
+regulador de sus impulsos.&raquo;</p>
+
+<p>Como su abuelo sal&iacute;a ya poco de casa, cuando no pod&iacute;a ir a la de sus
+hijos, iba la nieta a visitarle. &iexcl;Cu&aacute;nto la agradec&iacute;a estas visitas el
+pobre viejo!</p>
+
+<p>&mdash;Es triste&mdash;la dec&iacute;a&mdash;vivir solo a esta edad y lleno de achaques. Todo
+el a&ntilde;o es invierno para uno; todos los celajes obscuros; todas las
+esperanzas negras, &iexcl;muy negras! T&uacute;, que asomas ahora, hija m&iacute;a, por las
+puertas de la vida, y porque, compar&aacute;ndolo con lo poco que llevas
+andado, se te figura que es interminable el camino que te falta por
+andar, no te dejes seducir de esta ilusi&oacute;n. Porque es una ilusi&oacute;n, nada
+m&aacute;s que una ilusi&oacute;n: cr&eacute;eme a m&iacute;. La vida es breve, muy breve; y si se
+comienza andando muy de prisa, se va por la posta. Cuando quieras
+fijarte en ello, tendr&aacute;s la cabeza blanca y la cara llena de arrugas; y
+de all&iacute; ya no se retrocede ni con la fuerza de la desesperaci&oacute;n: al
+contrario, cuanto mayor sea el empe&ntilde;o, m&aacute;s irresistible es el empuje del
+tiempo, que no para jam&aacute;s. Para que las canas y las arrugas no te
+sorprendan ni te espanten, no hay m&aacute;s que un remedio: andar con pies de
+plomo en la juventud, y acopiar algo de lo que fructifica durante ella,
+para que nos anime y conforte en las tristezas y soledades de la vejez.
+De todos estos acopios, ninguno tan importante ni eficaz como el de una
+conciencia tranquila. &iexcl;Si t&uacute; supieras el valor que tiene este consejo
+por ser m&iacute;o!... D&iacute;gote todas estas cosas siempre que te veo, y aunque s&eacute;
+que te aburren, porque no hay en tu casa quien te las diga. Tu padre...
+&iexcl;valiente padre est&aacute; el tuyo! Tu madre... no quiero decirte ahora lo que
+pienso de tu madre. Por de pronto, Dios ha castigado sus injusticias
+contigo, haciendo aborrecible cruz para ella lo que con tan locos
+extremos puso sobre su cabeza y aun por encima de todas las leyes
+divinas y humanas... Por supuesto, que ese hijo se le muere, y se le
+muere muy pronto, y ella lo sabe y se queda tan fresca. &iquest;Puedes t&uacute;
+explicar este contrasentido? Yo podr&iacute;a si quisiera; pero no quiero,
+porque, al fin y al cabo, no estoy tan limpio como debiera estarlo, de
+la culpa de los est&uacute;pidos extremos de tus padres al nacer tu infeliz
+hermano. &iexcl;Ah, si yo hubiera tenido entonces un poco m&aacute;s de car&aacute;cter y no
+me hubiera dejado vencer de ciertas debilidades!... En fin, ya no tiene
+remedio. Lo mejor es que tu madre te mira ya con buenos ojos... &iexcl;Pues
+pod&iacute;a no! &iexcl;Caramba, c&oacute;mo te vas redondeando, y qu&eacute; guap&iacute;sima est&aacute;s!
+Vaya, que da gusto mirarte. &iexcl;Chica m&aacute;s precoz y m&aacute;s...! Mira, cuando
+entras por esas puertas, parece que asoma la primavera y que cantan los
+pajaritos en esta casa. &iexcl;Si me sabr&aacute;n a gloria tus visitas! &iexcl;Dios te lo
+pague, hija m&iacute;a!</p>
+
+<p>Y cuando llegaba aqu&iacute; lloraba el pobre anciano, daba a su nieta un
+sonoro beso en la frente; y despu&eacute;s, casi siempre la hac&iacute;a un regalo.
+Ella le entreten&iacute;a hasta hacerle re&iacute;r con el relato de sus travesuras de
+colegiala, o con el de los recursos a que apelaba para templar la
+iracundia de su hermano, cada vez que, por obra de caridad, se acercaba
+a &eacute;l; y as&iacute; llegaba la hora de marcharse. D&aacute;bale el abuelo otro beso,
+recomend&aacute;ndola de nuevo que no echara en olvido sus advertencias; y
+entonces cala ella en la cuenta de que, a pesar de lo sanas que eran,
+por un o&iacute;do le entraban y por otro le sal&iacute;an.</p>
+
+<p>En una de estas ocasiones, o porque el abuelo se espontaneara algo m&aacute;s,
+o porque fueran m&aacute;s vivas las tentaciones de la curiosidad de su nieta,
+d&iacute;jole &eacute;sta en crudo:</p>
+
+<p>&mdash;Quiero saber lo que usted piensa de esas cosas de mam&aacute;. &iquest;Por qu&eacute; me
+trataba antes tan mal, y me contempla y mima tanto ahora?</p>
+
+<p>El abuelo, como quien se desprende de algo que molesta, respondi&oacute; al
+punto y sin titubear:</p>
+
+<p>&mdash;Primeramente, tu madre est&aacute; deseando que se le muera el hijo, porque
+la da demasiado que hacer y cada d&iacute;a le ve m&aacute;s enclenque, m&aacute;s feo y m&aacute;s
+<i>imposible</i>; y ella no soporta hijos as&iacute; ni para eso.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente; pero bien pod&iacute;a hallar insoportable a mi hermano, y no
+quererme a m&iacute; tampoco.</p>
+
+<p>&mdash;A ti, chiquilla, no te quiere ni pizca... lo que se llama <i>querer</i>
+cuando se trata de otra clase de madres. Lo que hay es que la haces
+falta: a su edad y con sus males, ya no puede esperar hijo m&aacute;s de su
+gusto, como cuando naci&oacute; tu hermano; y como eres hermosa y expansiva y
+discreta, y prometes mucho para brillar en la carrera que ella est&aacute;
+terminando, ve en ti, con la supuesta obligaci&oacute;n de acompa&ntilde;arte, un
+hermoso pretexto para no retirarse del mundo cuando m&aacute;s enamorada est&aacute;
+de &eacute;l. En fin, que te necesita para pantalla de sus incurables
+vanidades; y, como cosa suya, cuanto m&aacute;s hermosa sea la pantalla, mayor
+es su deseo de lucirla. Si fueras fea y tonta, antes se retirar&iacute;a ella
+del mundo que presentarse contigo en &eacute;l. Por algo as&iacute; desea que tu
+hermano se las l&iacute;e cuanto antes.</p>
+
+<p>&mdash;Triste ser&iacute;a eso, abuelito, si usted no se equivocara.</p>
+
+<p>&mdash;Pues te aseguro que no me equivoco.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, pap&aacute; no est&aacute; en el mismo caso que mam&aacute;, por lo que a m&iacute;
+toca, y tampoco quiere a mi hermano como le quer&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Tu pap&aacute; es un majadero a quien nunca le cupieron en la cabeza dos
+ideas juntas. Desde que dej&oacute; de pensar en su hijo; en cuanto se
+convenci&oacute; de que no le serv&iacute;a para representar dignamente el papel de
+<i>pr&iacute;ncipe heredero</i> de su augusta dinast&iacute;a, se enamor&oacute; de los papelones
+de pol&iacute;tico; y mientras esa farsa le preocupe, no se le dar&aacute; un r&aacute;bano
+ya porque, con el hijo espirante, se os lleven los demonios en una noche
+a ti y a tu madre..., sobre todo, si me llevan a m&iacute; tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; la nieta paraliz&oacute; la lengua del desenga&ntilde;ado abuelo, que tales cosas
+dec&iacute;a, d&aacute;ndole, de pronto, un beso en cada mejilla, y despidi&eacute;ndose
+luego de &eacute;l con una zalamer&iacute;a, de expresi&oacute;n tan confusa, que le dej&oacute;
+dudando si era un embuste de su incredulidad despreocupada, o el
+disimulo de una pesadumbre.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV</h3>
+
+
+<p>Sagrario y Leticia, con un a&ntilde;o de pr&aacute;ctica en el mundo que a&uacute;n no
+conoc&iacute;a su amiga, eran como los pilotos que la ense&ntilde;aban a cada
+instante, con el dedo sobre los planos, cuanto le importaba saber de
+aquellas regiones colmadas de visibles encantos y de tentadores
+misterios. Ni ella se hartaba de preguntarlas, ni sus amigas se cansaban
+de responderla; pues si era muy grande la curiosidad de la una, mayor
+era el apego de las otras al papel de profesoras. &iexcl;Con qu&eacute; gravedad tan
+c&oacute;mica le desempe&ntilde;aban algunas veces, y qu&eacute; mezclados sol&iacute;an andar en
+sus dict&aacute;menes el candor y la malicia! De aquellas cosas que eran el
+tema de sus conversaciones, todav&iacute;a no conoc&iacute;a Ver&oacute;nica m&aacute;s que lo que
+hab&iacute;a podido columbrar acompa&ntilde;ando a su madre, no muchas veces, al
+paseo, al teatro, o a tal cual visita o reuni&oacute;n de confianza, si no con
+la librea de colegiala precisamente, con todas sus rozaduras frescas
+sobre el cuerpo, y todas las cortedades, fingimientos y desentonos a que
+obliga ese desairado car&aacute;cter de crep&uacute;sculo invernizo: lo que se ve y se
+sabe de un espect&aacute;culo, mirando por los resquicios de la puerta y oyendo
+los rumores, del concurso, o leyendo mal y de prisa los contradictorios
+relatos de los obligados cronistas; parvidades y probaduras que s&oacute;lo
+sirven para estimular y enardecer los apetitos. Sagrario y Leticia, en
+cambio, hab&iacute;an traspuesto los umbrales, y eran ya espectadoras <i>de
+adentro</i>; m&aacute;s que espectadoras, figuras principales de la gran comedia:
+les era permitido, una vez en escena, disponer libremente de los
+recursos propios para aspirar hasta al dominio de ella; mirar a los
+hombres cara a cara; provocar sus l&iacute;citos atrevimientos; poner a prueba
+la calidad y el temple de sus armas; luchar impert&eacute;rritas y vencer
+valerosas, o sucumbir apasionadas, que este es el fin, m&aacute;s o menos
+remoto y a sabiendas, de todos los femeniles empe&ntilde;os en lo mejor de la
+vida, y a ese solo paradero se va por donde las mujeres andan, cargado
+el cuerpo de lujo y el alma de tempestades...; en fin, tocar y palpar
+las realidades de los sue&ntilde;os de la colegiala y de sus entusiasmos de
+reci&eacute;n llegada a las puertas del mundo.</p>
+
+<p>Bien sab&iacute;an las maestras con qu&eacute; ansias aguardaba la ne&oacute;fita a que se
+las abrieran; y por saberlo tanto, se complac&iacute;an en aguijonear sus
+impaciencias extremando el color de sus pinturas.</p>
+
+<p>Todo cuanto se promet&iacute;a, f&iacute;sica y moralmente, en las ni&ntilde;as Leticia y
+Sagrario, qued&oacute; sobradamente cumplido en estas dos jovenzuelas. Leticia
+era una morena gallarda, correcta, sobria, <i>expresiva</i> y dura, as&iacute; de
+formas como de palabra; temible en el manejo de ciertos recursos
+externos, que en una gran parte de las mujeres resultan inofensivos
+accesorios, y en otras tantas no pasan de simples detalles decorativos
+de su belleza. Estas cosas, puestas en juego por Leticia, a pesar de sus
+pocos a&ntilde;os, eran todo lo que hab&iacute;a que ver. Con tal destreza las
+concordaba, que del diab&oacute;lico conjunto resultaba un arma tremenda, algo
+que llevaba la muerte en sus acometidas y era, al propio tiempo, escudo
+impenetrable. Cuanto m&aacute;s se la estudiaba, menos se la conoc&iacute;a y mayor
+era el empe&ntilde;o de conocerla. &iquest;Era frialdad de esp&iacute;ritu o fortaleza de
+raz&oacute;n, la causa determinante de aquella su inalterable serenidad en
+todos los actos ostensibles de su vida? &iquest;Era leal en sus amistades,
+noble en sus inclinaciones, sincera en sus informes, honrada en sus
+impulsos? Todo se pod&iacute;a creer y de todo se pod&iacute;a dudar, porque todo
+cab&iacute;a en ella en opini&oacute;n de todas sus amigas. Entre los hombres
+discordaban mucho los pareceres: seg&uacute;n las ocasiones y las
+circunstancias. En lo que conven&iacute;an unos y otras era en que Leticia
+hab&iacute;a nacido con el &laquo;don de gentes&raquo;, y en que no era cosa llana predecir
+hasta d&oacute;nde pod&iacute;a llegar la &laquo;mujer de mundo&raquo; formada sobre la base de
+una joven de aquel car&aacute;cter y de aquella singular naturaleza.</p>
+
+<p>&iexcl;Sagrario!..., el ruido, la inquietud, la intemperancia, la vehemencia,
+la sinceridad, la pasi&oacute;n; el d&iacute;a y la noche, la risa y el llanto. La
+curiosidad segu&iacute;a devor&aacute;ndola, y la avidez de impresiones la consum&iacute;a.
+No hab&iacute;a asomo de juicio en aquella cabeza rubia que parec&iacute;a el capricho
+de un pintor lascivo, ni tacha que poner a la hechicera envoltura de
+aquel temperamento tempestuoso.</p>
+
+<p>&mdash;Va ver&aacute;s, ya ver&aacute;s&mdash;dec&iacute;a Leticia, andando Ver&oacute;nica en v&iacute;speras de
+echarse al mundo&mdash;, ya ver&aacute;s como ese cacareado le&oacute;n no es tan fiero
+como nos le pintan. Algo impone de pronto su mirada, y cierto respetillo
+infunden sus bramidos; pero con un poco de serenidad y otro tanto de
+cierta mafia que no ha de faltarte a ti, se le pasa la mano por el lomo
+y hasta se le pone bozal y se le liman las u&ntilde;as, como a un falderillo de
+tres al cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mejor es&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Sagrario revolviendo un hurac&aacute;n con su abanico&mdash;,
+no tenerle pizca de miedo, aunque ponga en las nubes sus rugidos y te
+saquen tiras de pellejo sus zarpadas. As&iacute; hay lucha, y el triunfo
+resulta m&aacute;s sabroso. &iquest;Qu&eacute; creer&aacute;s t&uacute; que es lo m&aacute;s malo de esta bestia
+de mil caras? Las mujeres, &iexcl;p&aacute;smate! Ah&iacute; est&aacute;n los rencores, las
+envidias y el veneno. &Eacute;sas, &eacute;sas son las que necesitan l&aacute;tigo y hierro
+candente: todas, y cada cual por su estilo, son peores. &iexcl;Pero los
+hombres!: mansos, humild&iacute;simos borregos que se gobiernan con un hilo de
+estambre... No me d&eacute; Dios mayores enemigos.</p>
+
+<p>&mdash;Seg&uacute;n y como se los trate&mdash;se atrevi&oacute; la novicia a replicar a
+Sagrario, mientras Leticia se sonre&iacute;a maliciosamente.</p>
+
+<p>&mdash;No hay m&aacute;s que un modo de tratarlos, que yo sepa&mdash;repuso la rubia con
+admirable sinceridad&mdash;: bien... Pero el caso es que aplicas este mismo
+procedimiento, generoso y cort&eacute;s, a las mujeres, y te resulta el efecto
+contrario; y cuanto mejor te portas con ellas, menos te quieren y m&aacute;s lo
+disimulan. &iexcl;Si lo s&eacute; yo!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo sabe! &iexcl;Qu&eacute; exageraciones!&mdash;exclam&oacute; aqu&iacute; Leticia, no s&eacute; si por
+contener a Sagrario, o por irritar m&aacute;s sus intemperancias geniales.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Exageraciones!&mdash;replic&oacute; la rubia imitando la voz y los ademanes de su
+amiga&mdash;. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Porque digo lo mismo que est&aacute;s t&uacute; pensando?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, alma de Dios&mdash;repuso la otra&mdash;, si a&uacute;n no hemos cumplido los
+veinte a&ntilde;os, y no hace uno que andamos por el mundo, &iquest;c&oacute;mo hemos de
+conocerle con tantos pelos y se&ntilde;ales? &iquest;Qu&eacute; sabes t&uacute; todav&iacute;a cu&aacute;l es
+bueno ni cu&aacute;l es malo, trat&aacute;ndose de hombres y de mujeres?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mucho, much&iacute;simo!&mdash;exclam&oacute; Sagrario en un arranque de c&oacute;mica
+solemnidad&mdash;. Y dejemos a un lado los hombres, por ahora, que son unos
+infelices que no se meten con nadie; &iexcl;pero las mujeres!... &iquest;Piensas que
+soy sorda? &iquest;Ti&eacute;nesme por ciega? &iquest;Lo eres t&uacute;, por si acaso? &iquest;Y tantos
+a&ntilde;os se necesitan, andando entre ellas, para observar cu&aacute;ndo sus besos
+son de judas, y pu&ntilde;aladas sus sonrisas?... Mira, <i>Beronic</i> (la llamaban
+todos as&iacute;, en franc&eacute;s, como la hab&iacute;an llamado en el colegio, por quitar
+el saborcillo sainetesco que te&ntilde;&iacute;a su nombre pronunciado en espa&ntilde;ol), y
+no te lo digo por meterte miedo, sino por todo lo contrario: porque
+sepas que, providencialmente y porque no aburran por llanos los salones,
+hay esas escabrosidades en ellos; lo que pasa es esto... y tenlo
+presente para que no te acongoje al otro d&iacute;a la sorpresa del hallazgo:
+por llegar, te comer&aacute;n todas con los ojos; algunas te llenar&aacute;n los o&iacute;dos
+de lisonjas; otras, la cara de besos; t&uacute; estar&aacute;s ruborosa, algo trabada
+con los estorbos de los elegantes arreos que nunca has arrastrado, y el
+flamear de los honores con que te reciben en el gran mundo los veteranos
+de &eacute;l; pues porque te turbas, porque te trabas, y, sobre todo, porque
+est&aacute;s hermosa, te morder&aacute;n las que te besan, las que te adulan y las que
+te miran: las unas con la lengua, las otras con los ojos; y si no fueras
+bonita, te morder&iacute;an lo mismo por todos estos pecados y por el de ser
+fea... &iquest;Te sonr&iacute;es, Leticia?... &iexcl;Qu&eacute; pieza eres! Pues mira, ni siquiera
+le pido a <i>Beronic</i> las albricias del descubrimiento, porque esas cosas
+las he le&iacute;do infinitas veces en libros de escarmentados. Lo que he hecho
+yo es comprobar el caso sobre el terreno, como ha de comprobarle esta
+novicia, por torpe que sea de o&iacute;do y de mirada, siempre que haga la
+observaci&oacute;n con un poco de malicia. &iexcl;Pues si llegas a <i>tener &aacute;ngel</i> para
+los hombres, y dan &eacute;stos en acudir a tu lado!... De risco que sean tus
+carnes, han de sentir la mordedura de la m&aacute;s blanda de boca.</p>
+
+<p>Leticia solt&oacute; aqu&iacute; la carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que te sangran a ti todav&iacute;a las cicatrices?&mdash;le dijo Sagrario,
+encar&aacute;ndose valientemente con ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si no me r&iacute;o por eso, extremosa!</p>
+
+<p>&mdash;Pues &iquest;por qu&eacute; te r&iacute;es, prudente?</p>
+
+<p>&mdash;Porque, en tu af&aacute;n de abrir los ojos a &eacute;sta, vas a concluir por
+hacerle aborrecible aquello mismo que tratamos de hacerle amable... y
+que tanto nos gusta a nosotras.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!..., ese no es caso de risa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo dudas?</p>
+
+<p>&mdash;Es que no lo creo. Te r&iacute;es de mis despreocupaciones, como t&uacute; llamas a
+esta claridad que yo gasto, lo mismo en hechos que en dichos. &iexcl;Como t&uacute;
+prefieres el sistema contrario!... Pues mira, yo no me r&iacute;o del tuyo, que
+te lleva al mismo fin que el m&iacute;o: cuesti&oacute;n de temperamento y de gustos.
+Por eso no le predico a &eacute;sta las ventajas de tal o cual camino para ir a
+donde nosotras vamos: lo mejor es dejar a cada cual que marche por donde
+m&aacute;s llano lo vea.</p>
+
+<p>&mdash;Estamos conformes&mdash;dijo Leticia con gran formalidad, probablemente
+forzada&mdash;. Pero sea o no caso de risa lo del cuadro que pintabas, es lo
+cierto que tanto puedes recargarle de color, que llegue &eacute;sta a mirarle
+con miedo.</p>
+
+<p>&mdash;Por eso mismo&mdash;replic&oacute; Sagrario, golpeando a la aludida en un hombro
+con el abanico cerrado&mdash;, he comenzado por advertirla que se lo cuento
+para evitarle la sorpresa del hallazgo de ello; porque ha de saltarle a
+los ojos, m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano, eso que yo tengo por uno de los
+bocadillos m&aacute;s sabrosos de la mesa de nuestro mundo... &iexcl;Caramba, y qu&eacute;
+bien sali&oacute; este parrafejo! &iquest;Si ir&eacute; para literata sin notarlo?... Con
+franqueza, <i>Beronic</i>..., y perdona t&uacute;, Leticia, si hallas algo
+<i>shocking</i> la despreocupaci&oacute;n: despu&eacute;s del placer de ser codiciada de
+los hombres de buen gusto, no hay otro que m&aacute;s halague mi vanidad que el
+ser envidiada y aborrecida de las mujeres elegantes.</p>
+
+<p>Con esta explosi&oacute;n de las ingenuidades de Sagrario, cuatro mordiscos de
+la lima sorda de Leticia, y media docena de comentarios de la ne&oacute;fita,
+no tan cortos de alcance como pudieron creer sus amigas, tom&aacute;ndolos en
+toda su apariencia, termin&oacute; aquella entrevista, que no la ense&ntilde;&oacute; mucho
+m&aacute;s de lo que ella sab&iacute;a o sospechaba.</p>
+
+
+
+<h3><a name="V" id="V"></a>V</h3>
+
+
+<p>Lleg&oacute;, al fin, y por sus pasos contados, la tan esperada noche de mi
+exhibici&oacute;n solemne. No conservo en la memoria los detalles minuciosos de
+aquel acontecimiento, tan se&ntilde;alado en la vida de las mujeres de mi
+alcurnia y de mis h&aacute;bitos, porque, como todas las realidades muy
+so&ntilde;adas, &eacute;sta no me pareci&oacute; de la magnitud en que me la hab&iacute;an forjado
+las quimeras de la imaginaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&raquo;Recuerdo que precedieron a la fiesta largas horas de punzante
+inquietud, de &aacute;vida contemplaci&oacute;n de mis flamantes y simb&oacute;licos arreos
+de batalla, tendidos sobre lechos, sillones y cojines: desde el menudo
+zapato de raso, hasta las flores de la cabeza, pasando por un oc&eacute;ano de
+sedas, encajes, plumas y crespones; todo a&eacute;reo, todo casto, todo
+<i>simple</i>, como ped&iacute;an y piden los estatutos de la <i>Orden</i> para una
+doncella de mi edad y condiciones, a quien no le es l&iacute;cito, <i>todav&iacute;a</i>,
+albergar malicias en su cabeza ni torpes sentimientos en el coraz&oacute;n;
+otras horas, no tan largas, en lo m&aacute;s rec&oacute;ndito de mi gabinete, entre
+menjurjes, abluciones y atildaduras de tocador. En seguida, la &iacute;mproba y
+conmovedora tarea de vestirme todos los dispersos perifollos: all&iacute; mi
+madre, all&iacute; la doncella, all&iacute; la modista; yo, como un maniqu&iacute;, rodeada
+de luces y de espejos. El vestido, sin mangas y casi sin cuerpo,
+dej&aacute;bame las carnes, de cintura arriba, medio a la intemperie. Sent&iacute;a yo
+la impresi&oacute;n del aire tibio, m&aacute;s que en ellas, en algo tan profundo y
+delicado, que, tras de golpearme las sienes, me obligaba a cerrar los
+ojos y a tirar del escote del vestido hacia arriba, y de las mangas
+hacia abajo; proced&iacute;an en sentido inverso la modista y la doncella;
+sonre&iacute;ase mi madre; quej&aacute;bame yo de que era mucho lo descubierto;
+replic&aacute;banme, que, por lo mismo, y por ser bueno, hab&iacute;a que lucirlo;
+atrevime a mirarlo m&aacute;s despacio, y resigneme al fin, porque quiz&aacute;s
+estuvieran ellas en lo cierto, am&eacute;n de que lo imperioso del mandato
+quitaba todo pretexto a mis escr&uacute;pulos.</p>
+
+<p>&raquo;Ya estaba armada de punta en blanco: nuevas combinaciones de luces y de
+espejos para verme a mi gusto por todas partes, y ensayar actitudes,
+movimientos y sonrisas, y sorprender a hurtadillas la grata impresi&oacute;n
+de todo ello en las caras de las tres espectadoras.</p>
+
+<p>&raquo;En el sal&oacute;n inmediato aguardaba mi abuelo, que, en honor m&iacute;o, hab&iacute;a
+hecho aquella noche &laquo;la calaverada&raquo; de ir a admirarme &laquo;vestida de
+pecadora&raquo;. Al verme aparecer, se qued&oacute; como asombrado. Pens&eacute; yo que se
+escandalizaba, y me cubr&iacute; el seno con el abanico. Me dijo a su modo
+muchas cosas, que tan pronto me sonaban a ponderaciones entusi&aacute;sticas,
+como a lamentos de pesadumbre. Atajele el discurso poni&eacute;ndole mi frente
+junto a su boca para que me diera un beso, y le pagu&eacute; con otro resonante
+en la rugosa mejilla, y unos cuantos embustes cari&ntilde;osos, de cuyo efecto
+m&aacute;gico sobre el coraz&oacute;n del pobre hombre estaba yo bien segura.</p>
+
+<p>&raquo;En esto, y mientras mi madre acababa de vestirse y de adornarse,
+dij&eacute;ronme que mi hermano deseaba verme.</p>
+
+<p>&raquo;Acud&iacute; a su cuarto. Estaba en la cama, descoyuntado entre mantas y
+almohadones. Por verme entrar, me llen&oacute; de improperios; det&uacute;veme dudando
+junto a la puerta, y esto fue mi fortuna, porque con la &uacute;ltima
+desverg&uuml;enza me arroj&oacute; la palmatoria, que se estrell&oacute; contra el espejo
+de un lavabo, a media vara de la cola de mi vestido.</p>
+
+<p>&raquo;Volvime al lado de mi abuelo, entre asustada y risue&ntilde;a; y tras largo,
+interminable rato de esperar a pie firme, por no ajar la tersura de mis
+faldas, lleg&oacute; mi madre con el aspecto y el andar de una matrona romana,
+ocultando la cruz de sus achaques y los estragos de la edad con el
+enga&ntilde;o de un cielo de fulgurante pedrer&iacute;a sobre otro caudal de sedas y
+artificios.</p>
+
+<p>&raquo;Mi padre andaba aquella noche ciegamente empe&ntilde;ado en sus caballer&iacute;as
+senatoriales; y con harto sentimiento m&iacute;o, no recib&iacute; los alientos de su
+aplauso en aquella mi primera salida a correr las aventuras por las
+encrucijadas del gran mundo.</p>
+
+<p>&raquo;Recuerdo tambi&eacute;n la impresi&oacute;n que recib&iacute; al hollar por primera vez, y
+con pie inseguro, la espesa alfombra del sal&oacute;n de la fiesta. Fue aquello
+como una oleada de luz esplendorosa, de rumores confusos, de miradas
+punzantes, de sonrisas burlonas, de colores fant&aacute;sticos y de aromas
+narc&oacute;ticos, que se desplom&oacute; de pronto sobre m&iacute; agobi&aacute;ndome el esp&iacute;ritu y
+deslumbr&aacute;ndome los ojos. Aprensiones de mi inexperta fantas&iacute;a, que
+exageraba enormemente el relieve de mi figura y el espacio y el t&eacute;rmino
+que ocupaba en aquel cuadro.</p>
+
+<p>&raquo;Pas&oacute; todo como el amago de un v&eacute;rtigo, por obra de un esfuerzo de mi
+voluntad y del auxilio discreto y oportuno de Leticia y de Sagrario.
+Logr&eacute; hacerme a la fiereza del le&oacute;n, y atrevime en seguida a afrontar
+los lances del peligro.</p>
+
+<p>&raquo;Para esta empresa contaba con un arma, en cuyo manejo era yo muy
+diestra, sin que nadie me le hubiera ense&ntilde;ado: el falso rubor de novicia
+en aquel pomposo ceremonial mundano. Nada como ese recurso para ver sin
+ser vista y ponerse en situaci&oacute;n de aceptar lo c&oacute;modo y agradable, y
+desechar lo molesto, sin pecar de imprudente en lo primero, ni de torpe
+o de vana en lo segundo. Me sali&oacute; bien la cuenta. Al amparo de la
+ficci&oacute;n, detr&aacute;s de mi broquel de ni&ntilde;a candorosa, mis malicias de mujer
+precoz escudri&ntilde;aban todo el campo de batalla y conoc&iacute;an hasta las
+intenciones del enemigo, sin que el tiroteo de su obligado tributo de
+lisonjas y de galanter&iacute;as me causara el m&aacute;s leve da&ntilde;o con las que de
+ellas eran necias o impertinentes.</p>
+
+<p>&raquo;La exenci&oacute;n absoluta del pesado deber de tomar en cuenta sandeces y
+majader&iacute;as, no tiene precio en casos tales, con la doble ventaja de que,
+a t&iacute;tulo de ni&ntilde;a inexperta y ruborosa, la m&aacute;s trivial ocurrencia suena
+en sus labios a ingenioso concepto, y toda claridad, por amarga y cruda
+que resulte, queda triunfante y sin r&eacute;plica.</p>
+
+<p>&raquo;Y muy poco m&aacute;s conservo en la memoria de los lances y sucesos de esta
+aventura, cuyo &uacute;nico m&eacute;rito para formar cap&iacute;tulo aparte, consiste en
+haber sido muy deseada, y la primera entre las de mi vida mundana; muy
+poco m&aacute;s, y eso en tropel confuso; verbigracia: la peste de los salones
+de entonces, y de ahora, y de siempre; esas criaturas sin sal ni
+pimienta, ins&iacute;pidas e incoloras, y, estaba por decir, sin sexo ni edad,
+est&uacute;pidamente esclavas de los preceptos de la moda en el vestir, en el
+moverse y en el hablar; m&aacute;s que ni&ntilde;os y mucho menos que hombres, con la
+insubstancialidad y la ignorancia de los unos, y los atrevimientos y los
+peores vicios de los otros; rid&iacute;culos y feos, asalt&aacute;ndome sin tregua ni
+respiro, devorando con ojos estrellados los repliegues de mi escote, y
+exponiendo, como m&eacute;rito sobresaliente para aspirar a mi conquista, el
+arrastre de las <i>rr</i> de sus impertinencias y el hablar a tropezones la
+lengua de Castilla, s&oacute;lo porque sab&iacute;an que yo me hab&iacute;a educado en
+Francia; las obligadas galanter&iacute;as de los buenos mozos, por lo com&uacute;n,
+m&aacute;s nutridas de malas intenciones que de agudezas; los enrevesados
+conceptos de los galanes presumidos y cortos de genio; las protectoras
+sonrisas y las <i>paternales</i> franquezas de los personajes maduros, a
+quienes la edad y la fama autorizan para todo, hasta para ser
+descomedidos y groseros; los cumplidos extremosos, las ponderaciones de
+r&uacute;brica y las forzadas protestas de cari&ntilde;o de viejas retocadas, de
+madres envidiosas y de jovenzuelas casquivanas como yo; el v&eacute;rtigo de la
+danza casi incesante, en brazos de unos y de otros; los sue&ntilde;os
+voluptuosos, o la tortura insufrible, seg&uacute;n los casos; m&aacute;s tarde, la
+agon&iacute;a de la curiosidad, y la vista y el o&iacute;do cansados por saberse de
+memoria las figuras, los colores y el rumor del cuadro, cuya luz se va
+velando por la evaporaci&oacute;n del concurso y el polvillo tenue de suelos,
+galas y afeites, y cuya atm&oacute;sfera espesa, tibia y saturada de perfumes,
+repugna a los pulmones y al est&oacute;mago; despu&eacute;s, el quebrantamiento del
+cuerpo, escozor en los ojos, mucho peso en los p&aacute;rpados, cierto deseo de
+bostezar... y, al cabo, la vuelta a casa, arrebujada en pieles y casi
+tiritando en el fondo del carruaje; los elegantes arreos de la fiesta,
+lacios y marchitos, arrojados con desd&eacute;n en los sillones del dormitorio;
+y, por &uacute;ltimo, el meterme en la cama con la impresi&oacute;n de un escalofr&iacute;o;
+el cerrar los ojos y el sentir en el cerebro las caras, los colores, los
+sonidos, las alfombras, los espejos, las buj&iacute;as, los lacayos, toda la
+casa, toda la fiesta hecha un revoltijo, una pelota, aporre&aacute;ndome los
+o&iacute;dos y las sienes: la memoria embrollada, el coraz&oacute;n entumecido, la
+inteligencia embotada para todo discurso; y persigui&eacute;ndome y asedi&aacute;ndome
+entre tan cerrada obscuridad, la extra&ntilde;a persuasi&oacute;n, clara como la luz
+del d&iacute;a, de que nadie me hab&iacute;a puesto aquella noche tantos defectos ni
+me hab&iacute;a rebajado tanto en la escala de las elegantes, de las discretas
+y de las hermosas, como mi amiga Sagrario.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI</h3>
+
+
+<p>El goce libre y frecuente de estas fiestas y otras semejantes, me ense&ntilde;&oacute;
+bien pronto que, o no hab&iacute;a en el mundo naturalezas de acero para salir
+sin mella de los combates m&aacute;s rudos, o a m&iacute; me hab&iacute;a tocado en suerte
+una de las mejor templadas. Efectivamente: era yo, a pesar de mis pocos
+a&ntilde;os, mucho m&aacute;s serena y menos impresionable entre la bara&uacute;nda del
+comercio galante, de lo que me hab&iacute;a imaginado antes de conocer de cerca
+esas cosas. Aunque no era incombustible por completo, ten&iacute;a todas las
+posibles ventajas para jugar con el fuego sin consumirse est&uacute;pidamente
+en &eacute;l. De lo cual me alegr&eacute; sobremanera, porque no es la vida de las
+mujeres &laquo;de mundo&raquo; tira tan larga, que no importe, ir cediendo a cada
+paso jirones de ella.&raquo;</p>
+
+<p>Mientras se fue dando cuenta de este hallazgo, ocurrieron en su familia
+muy se&ntilde;alados acontecimientos. El primero fue la muerte de su hermano.
+El tema de los caprichos de esta infeliz criatura hab&iacute;a llegado a lo
+inveros&iacute;mil, como su existencia entre el enjambre de enfermedades que la
+consum&iacute;an. Antoj&aacute;ronsele cerezas frescas en el mes de Diciembre, y no
+cabiendo en lo humano adquirirlas as&iacute; a ning&uacute;n precio, ni
+falsificarlas, como se hab&iacute;a hecho con tantas otras cosas falsificables
+en id&eacute;nticos casos, creci&oacute; con el obst&aacute;culo la fuerza de su empe&ntilde;o,
+lleg&oacute; la corajina al paroxismo; y aquel hilillo tenue de vida, a tan
+duras penas conservado, se quebr&oacute; de pronto como el de una tela de
+ara&ntilde;a, sin un sonido ni una vibraci&oacute;n.</p>
+
+<p>Este suceso, como si se contara con &eacute;l, ya que no fuera deseado, no
+arranc&oacute; una l&aacute;grima siquiera en la familia. Produjo cierta tristeza que
+parec&iacute;a nacida del coraz&oacute;n, por lo que toca al marqu&eacute;s y a su mujer. En
+cuanto a la hija, la dio demasiado en qu&eacute; pensar la nueva jerarqu&iacute;a en
+que volv&iacute;a a colocarla la muerte de su hermano. Por decreto de ella,
+dejaba de ser simple y desde&ntilde;ada segundona, y recobraba sus
+prerrogativas de primog&eacute;nita y &uacute;nica heredera de los t&iacute;tulos y bienes de
+la casa, condici&oacute;n de gran monta para ella, desde que sab&iacute;a, por propia
+observaci&oacute;n, lo que vale y lo que cuesta la vida dom&eacute;stica y social de
+las mujeres de su alcurnia. No era de temer ya la sorpresa de un nuevo
+var&oacute;n que de la noche a la ma&ntilde;ana volviera a despojarla de sus
+recobradas preeminencias; pero es indudable que las hubiera dado mayor
+importancia, y por muy distinto motivo que entonces, si el suceso que se
+las restitu&iacute;a hubiera ocurrido en aquellos tiempos en que las
+inexplicables injusticias de su madre la ten&iacute;an relegada a los &uacute;ltimos
+rincones de la casa. Miseriucas del coraz&oacute;n humano.</p>
+
+<p>Por lo dem&aacute;s, ocurri&oacute; lo de costumbre en tales ocasiones: varios d&iacute;as de
+duelo, m&aacute;s o menos cordial; visitas de <i>&iacute;ntimos</i> a todas horas del d&iacute;a y
+de la noche; cumplimientos falsos de amigos cumplimenteros; tertulias
+reducid&iacute;simas y taciturnas, los primeros d&iacute;as, que fueron poco a poco
+anim&aacute;ndose y creciendo; un luto reducido al <i>m&iacute;nimum</i> de lo que permiten
+las cl&aacute;usulas de lo regulado para tales ocasiones; transformaci&oacute;n
+radical del gabinete mortuorio, por renovaci&oacute;n de muebles y decorado,
+etc&eacute;tera, etc... y a las tres semanas, desaparici&oacute;n completa de toda
+huella material del breve y doloroso tr&aacute;nsito de aquel desdichado ser
+por las asperezas de la vida, y absoluto olvido de su nombre en las
+conversaciones y en la memoria de los vivos.</p>
+
+<p>En el alivio andaban de su luto, harto aliviado desde el primer d&iacute;a,
+cuando el abuelo, que en virtud de su avanzada edad y de sus incurables
+padecimientos, hab&iacute;a consentido en cambiar su soledad por la compa&ntilde;&iacute;a de
+sus hijos, llamando a la nieta a su gabinete una ma&ntilde;ana, la dijo con voz
+entrecortada y sepulcral:</p>
+
+<p>&mdash;Me muero, sin remedio, antes del mediod&iacute;a. Advi&eacute;rtelo en tu casa del
+modo menos estrepitoso que puedas, y hazme el favor de mandar que venga
+un cura para confesarme... y por si no tengo tiempo para advert&iacute;rtelo
+despu&eacute;s..., esc&uacute;chame ahora unos instantes... A pesar de las sangr&iacute;as
+espantosas hechas a mi bolsillo por tu madre, todav&iacute;a os dejo una gran
+fortuna, como ver&eacute;is por el testamento cerrado, cuya copia hallar&eacute;is en
+mi pupitre. Convencido de que tan pronto como echen la zarpa a ese
+caudal, la insensatez de tu padre y la loca vanidad de tu madre han de
+despilfarrarlo en cuatro d&iacute;as, he procurado dejar a salvo, en beneficio
+tuyo, cuanto la absurda ley vigente me permite... Pero si he de decirte
+lo que siento, no f&iacute;o de tu cordura mucho m&aacute;s que de la de tus padres.
+La &uacute;nica ventaja que les sacas es que tienes mejor entendimiento que
+ellos. Lo que llevas visto de ese mundo que tanto os seduce, te habr&aacute;
+ense&ntilde;ado a conocer lo que vale el dinero para andar por &eacute;l triunfando, y
+lo que importa a los mundanos no arruinarse. Esto es lo que quiero que
+no olvides y encomiendo a tu buen entendimiento, para que hagas, por
+ego&iacute;smo siquiera, lo que no me atrevo a esperar de tu virtud... Porque,
+hija m&iacute;a, yo te quiero mucho, much&iacute;simo, mucho m&aacute;s de lo que puedes
+imaginarte; pero con todo lo que te quiero, en lo tocante a pompas y
+chapucer&iacute;as mundanas, ya te lo he dicho, no f&iacute;o gran cosa de la veta que
+sacas, ni del aire que llevas por el camino que sigues... Perdona la
+franqueza, que a ella me obligan el amor que te tengo y el trance en que
+me hallo... Y ahora, un beso... &iexcl;el &uacute;ltimo, hija m&iacute;a! &iexcl;Y que Dios haga
+el milagro de infundir con &eacute;l, en lo m&aacute;s hondo de tu coraz&oacute;n, los
+sentimientos que llenan el m&iacute;o en este instante!</p>
+
+<p>Jam&aacute;s hab&iacute;an vertido los ojos de la joven l&aacute;grimas tan cordiales ni tan
+copiosas como las que entonces corrieron a lo largo de sus mejillas, ni
+su pecho se hab&iacute;a sentido agitado por tan hondas impresiones como las
+que la dominaban mientras el amoroso anciano estampaba en su frente,
+inclinada hasta tocar su boca, un beso tr&eacute;mulo, convulsivo, fr&iacute;o como la
+losa de un sepulcro.</p>
+
+<p>Y todo sucedi&oacute; como &eacute;l lo hab&iacute;a dispuesto y vaticinado: se confes&eacute; a las
+once, comulg&oacute; a las once y media, y se muri&oacute; antes de las doce.</p>
+
+<p>&iexcl;Cu&aacute;nto llor&oacute; Ver&oacute;nica aquel d&iacute;a, y al siguiente, y con qu&eacute; fervor rez&oacute;
+por el alma del muerto, y con qu&eacute; sinceridad prometi&oacute; a su memoria
+grabar en el coraz&oacute;n sus &uacute;ltimas advertencias, y ajustar a ellas todos
+los actos de su vida!</p>
+
+<p>Tard&oacute; mucho en acostumbrarse a contemplar con ojos enjutos y coraz&oacute;n
+tranquilo, la soledad y el silencio de aquel gabinete en que tantas
+caricias y tan repetidos testimonios de entra&ntilde;able amor hab&iacute;a recibido
+del doliente octogenario. De todo lo cual se deduce que quer&iacute;a de veras
+a su abuelo.</p>
+
+<p>La marquesa, cuyos males la imped&iacute;an entregarse por entero a los rigores
+de la pesadumbre que le correspond&iacute;a por la muerte de su padre, se
+asombraba de las l&aacute;grimas y de las tristezas de su hija, y la conjuraba,
+en frase dura y seca casi siempre, a que se volviera a lo suyo,
+&laquo;dej&aacute;ndose de gazmo&ntilde;er&iacute;as sentimentales, que ya chocaban a las gentes&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dichosa ella!&mdash;sol&iacute;a decir el marqu&eacute;s, interviniendo en el caso
+algunas veces, mientras se paseaba por el gabinete, con las manos en los
+bolsillos, las cejas y los labios contra&iacute;dos, la cabeza humillada y los
+ojos chispeantes, derramando la mirada, que quer&iacute;a ser triste, por los
+dibujos de la alfombra&mdash;. &iexcl;Dichosa ella, que est&aacute; en la edad de las
+grandes impresiones, y puede llorar para desahogo del coraz&oacute;n oprimido!
+Llora, llora, hija m&iacute;a; que con las l&aacute;grimas se honra a los muertos y se
+cumple con las leyes de Dios y de la Naturaleza. &iexcl;Ay de nosotros, que,
+sintiendo tanto como t&uacute;, no podemos llorar!</p>
+
+<p>Y en esto miraba con el rabillo del ojo a su mujer, que le respond&iacute;a con
+un gesto de aire colado.</p>
+
+<p>La herencia fue ping&uuml;e de veras. Cortijos en Andaluc&iacute;a, dehesas en
+Extremadura, casas en Madrid, papel del Estado, acciones del Banco de
+Espa&ntilde;a..., de todo hab&iacute;a mucho y bueno, libre y desempe&ntilde;ado.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a se hizo el recuento, y result&oacute; que las rentas de este caudal
+pasaban de cuarenta mil duros. Con ellos, y lo que quedaba de los bienes
+del marqu&eacute;s y de la dote de la marquesa, se pod&iacute;a calcular la renta en
+un mill&oacute;n de reales. Ver&oacute;nica hab&iacute;a sido mejorada en tercio y quinto, y
+esta mejora estaba asegurada, entre el cuerpo de bienes, con cuantas
+ligaduras eran de apetecer, seg&uacute;n la sabia y cari&ntilde;osa previsi&oacute;n de su
+abuelo.</p>
+
+<p>Muy pocas horas despu&eacute;s de hecho este c&aacute;lculo, fue cuando a la marquesa
+se le ocurri&oacute; caer en la cuenta de que con la muerte de su padre y de su
+hijo, aquella casa que habitaba tanto tiempo hac&iacute;a, en la calle de
+Hortaleza, le parec&iacute;a un cementerio sombr&iacute;o: ve&iacute;a a las &laquo;queridas
+prendas&raquo; de su coraz&oacute;n, doloridas y agonizando, en cada rinc&oacute;n, en cada
+mueble y a cada instante; su esp&iacute;ritu, tan combatido por los males del
+cuerpo y por las tristezas del alma, no estaba para grandes pruebas, y
+le era indispensable &laquo;salir de all&iacute;... a cualquiera parte&raquo;.</p>
+
+<p>El marqu&eacute;s, que &laquo;estaba en todo&raquo;, como &eacute;l dec&iacute;a, asinti&oacute; inmediatamente
+al reparo de su mujer; y como comprend&iacute;a muy bien &laquo;la situaci&oacute;n de las
+cosas&raquo;, a&ntilde;adi&oacute; que era de urgente necesidad tomar otra casa de mejores
+horizontes, de m&aacute;s luz, de m&aacute;s aire, m&aacute;s capaz y m&aacute;s alegre. Deb&iacute;a
+pensarse hasta en un <i>hotel</i> en Recoletos o la Castellana; pero s&oacute;lo
+pensarse por entonces. Entre tanto...</p>
+
+<p>Entre tanto, se alquil&oacute; un vast&iacute;simo principal en la calle de Alcal&aacute;,
+por la miseria de tres mil duros al a&ntilde;o; y como no era cosa de ir a
+habitarle tal como lo hab&iacute;an dejado los &uacute;ltimos inquilinos, ni de
+trasladar a &eacute;l los muebles de la calle de Hortaleza, tan llenos de
+tristes recuerdos, y tan pasados de moda los m&aacute;s de ellos, hubo
+necesidad de hacer obra en la nueva casa y de encargar el necesario y
+conveniente ajuar para ella. En lo tocante a la obra, una vez acordada,
+o hacerla &uacute;til, o no hacerla. Cada inquilino tiene sus necesidades y sus
+gustos, y los de la marquesa eran distintos en todo, por las trazas, de
+los de las gentes que hab&iacute;an precedido a su familia en la casa de la
+calle de Alcal&aacute;. En la cual hab&iacute;a muchos gabinetes con un solo sal&oacute;n; y
+precisamente necesitaba ella, por raz&oacute;n de aire y de holgura, tan
+indispensables para su salud, muchos salones y pocos gabinetes, comedor
+ampl&iacute;simo y vest&iacute;bulos desahogados. A este fin, no qued&oacute; un tabique en
+pie; se encarg&oacute; el plano de la nueva obra a un arquitecto; y como en el
+piso hab&iacute;a tela en que cortar, todo se hizo al gusto de la marquesa, que
+hall&oacute; en estos entretenimientos ocasi&oacute;n de invertir las largas e
+ins&iacute;pidas horas que traen consigo la esclavitud y la tristeza de un luto
+rigoroso, como el que la familia vest&iacute;a entonces.</p>
+
+<p>Aplaud&iacute;an los amigos de la casa el gusto y la esplendidez de la
+marquesa, a quien atribu&iacute;an exclusivamente la direcci&oacute;n de todo aquello,
+mientras la interrogaban con un gesto, por no atreverse a ser m&aacute;s
+expl&iacute;citos con la lengua, al recorrer una verdadera serie de salones
+fastuosamente decorados. Respond&iacute;a ella con otro gesto que, cuando
+menos, significaba que hab&iacute;a comprendido la pregunta; y algo parecido le
+ocurr&iacute;a a su marido con los <i>hombres pol&iacute;ticos</i>, que casi le formaban un
+cortejo diariamente desde lo de la herencia, y poco m&aacute;s o menos le
+suced&iacute;a a la hija con sus amigas; s&oacute;lo que &eacute;stas eran m&aacute;s claras en el
+preguntar, y ella menos encogida en el responder, por lo mismo que
+estaba bien persuadida del destino de aquellos despilfarros, desde que
+su madre apunt&oacute; en la calle de Hortaleza la necesidad de vivir en casa
+de mayor calibre.</p>
+
+<p>Al fin se terminaron las obras y el luto; invadieron la nueva casa
+mueblistas y tapiceros; llen&aacute;ronse suelos, paredes y techos de ricas
+alfombras, de espejos colosales, de cuadros y tapices valios&iacute;simos, de
+ara&ntilde;as estupendas y de muebles caprichosos; llovieron esculturas y
+monigotes por todos los rincones y tableros de mesas y veladores;
+atest&aacute;ronse de primorosas y art&iacute;sticas vajillas los aparadores del
+comedor, que era un bosque de roble tallado y un bazar de porcelanas,
+bronces y cristaler&iacute;a, tapizado de cuero cordob&eacute;s; no qued&oacute; cortin&oacute;n de
+vest&iacute;bulo ni de puerta de tr&aacute;nsito sin su correspondiente escudo
+nobiliario; y cuando ya estuvo todo en su punto y saz&oacute;n, y la
+servidumbre arreglada a las exigencias del nuevo domicilio, y cada
+criado en su puesto y convenientemente vestido, y la cocina humeando,
+con su <i>jefe</i> bien enmandilado y mejor retribuido, con su tra&iacute;lla de
+marmitones y ayudantes, en un lujoso land&oacute;, arrastrado por dos briosos
+alazanes ingleses, y conducido por un cochero colosal, envuelto el
+cuerpo en un oc&eacute;ano de pa&ntilde;o gris, y media cara y los hombros en otro mar
+de pieles erizadas, guantes por el estilo y alto sombrero con cucarda
+por coronamiento de esta silueta de oso polar, llevando a su izquierda,
+como su reflejo en m&aacute;s reducidas proporciones, el correspondiente
+lacayo, se traslad&oacute; la familia al flamante albergue, dejando en el otro
+lo poco que quedaba de los ya casi borrados recuerdos que hab&iacute;an sido la
+disculpa de la mudanza, y hasta el polvo de las suelas del calzado.</p>
+
+<p>Todo este boato, con el ap&eacute;ndice de otro a su consonancia en cuadras y
+cocheras, cost&oacute; mucho m&aacute;s de cincuenta mil duros; y me consta que por no
+haber tanto dinero disponible en casa, se vendieron papeles que lo
+val&iacute;an, prefiriendo el marqu&eacute;s sacar esta primera cucharada del oll&oacute;n de
+la herencia, a someterse a la tiran&iacute;a de la usura, y sobre todo, al
+bochorno de inaugurar con una deuda aquella nueva y esplendente fase de
+su vida social.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3>
+
+
+<p>Y aconteci&oacute; muy luego lo que a la vista estaba desde que la marquesa
+apunt&oacute; la idea de dejar la casa, relativamente modesta, de la calle de
+Hortaleza; y fue de este modo: el marqu&eacute;s insinu&oacute; <i>compromisos</i> de
+banquete a sus amigos pol&iacute;ticos; la marquesa invoc&oacute; <i>deberes</i>
+ineludibles de responder a s&uacute;plicas de sus amigas, dando a aquellos
+hermosos salones su verdadero destino; es decir, estren&aacute;ndolos con un
+baile que, sin gran esfuerzo, har&iacute;a raya entre las fiestas del &laquo;gran
+mundo&raquo; madrile&ntilde;o, habidas y por haber; reforz&oacute; el primero sus razones de
+preferencia, sin negar la gravedad de los compromisos de su mujer,
+exponiendo deudas de gratitud con los personajes que, para entretener
+sus apetitos senatoriales, acababan de ofrecerle un distrito vacante en
+Ciudad Real, para diputado a Cortes; insisti&oacute; la marquesa en su empe&ntilde;o a
+favor del baile, sin negar el compromiso del banquete; replic&oacute; el
+marqu&eacute;s, llevando la contraria, hasta con textos de Maquiavelo y de
+Bismarck; y, por &uacute;ltimo, terci&oacute; Ver&oacute;nica, que se hallaba presente en la
+porf&iacute;a, proponiendo que se diera una fiesta que tuviera de todo: una
+recepci&oacute;n, por lo m&aacute;s alto, en la cual anduviera el rumbo del comedor al
+nivel del brillo de los salones.</p>
+
+<p>Y as&iacute; se hizo quince d&iacute;as despu&eacute;s.</p>
+
+<p>No es cosa averiguada enteramente si la fiesta caus&oacute; en la <i>opini&oacute;n
+p&uacute;blica</i> todo el efecto que la marquesa hab&iacute;a so&ntilde;ado; pero no tiene duda
+que concurrieron a su casa aquella noche muchas y muy distinguidas
+gentes; que bailaron mucho y que devoraron mucho m&aacute;s; que hubo
+hiperb&oacute;licas ponderaciones, en variedad de tonos y estilos, para la casa
+y para sus moradores, por el buen gusto, por la riqueza, por lo de los
+salones y por lo del comedor; que al d&iacute;a siguiente soltaron en los
+papeles p&uacute;blicos los cronistas obligados de fiestas como aqu&eacute;lla, toda
+la melaza de su trompeter&iacute;a de hojaldre, para declarar, <i>urbi et orbi</i>,
+que los marqueses de Mont&aacute;lvez eran los m&aacute;s ricos, los m&aacute;s distinguidos,
+los m&aacute;s amables marqueses de la cristiandad y sus islas adyacentes, y su
+hija, la joven m&aacute;s bella, m&aacute;s <i>espiritual</i> y m&aacute;s elegante que se hab&iacute;a
+visto ni se ver&iacute;a en los fastos de la humanidad distinguida, es decir,
+del &laquo;buen tono&raquo;; en virtud de todo lo cual, aquel baile deb&iacute;a repetirse
+para gloria de la casa, ejemplo de otras por el estilo, y recreo de la
+encopetada sociedad madrile&ntilde;a; y finalmente, que se contaron por miles
+los duros que cost&oacute; aquel elegante jolgorio, y que el marqu&eacute;s tuvo
+necesidad de meter, por segunda vez, la cuchara en la olla grande para
+pagarlos, por los consabidos temores a la usura y las propias
+repugnancias a las deudas.</p>
+
+<p>El cual marqu&eacute;s llam&oacute; a cap&iacute;tulo de familia para reflexionar, para
+discutir, para resolver (todos estos t&eacute;rminos us&oacute;) acerca de aquel
+cari&ntilde;oso vocer&iacute;o de los papeles, y sobre m&aacute;s de otros tantos memoriales
+enderezados al mismo fin, que en la intimidad de la conversaci&oacute;n le
+<i>elevaban</i> en los pasillos del Congreso, en los corredores del teatro y
+en las encrucijadas del Retiro, las eminencias de la pol&iacute;tica, los
+Cresos de la banca y las lumbreras de la literatura, con quienes &eacute;l se
+codeaba a cada instante; a la cual lista a&ntilde;adi&oacute; su mujer inmediatamente
+otra tan larga, m&aacute;s o menos aut&eacute;ntica, de solicitantes de la flor y nata
+del mundo elegante; lista que reforz&oacute; la hija con un imaginario, pero
+veros&iacute;mil, cat&aacute;logo de pretensiones id&eacute;nticas, arrancadas del ancho
+c&iacute;rculo de sus amigas y aduladores.</p>
+
+<p>Ciertamente que (en opini&oacute;n del marqu&eacute;s, el cual, con ol&iacute;mpica
+solemnidad, hizo un detenido resumen de estas circunstancias) el &eacute;xito
+excepcional de la reciente fiesta, las condiciones singulares de la
+casa, la respetabilidad de los timbres de familia, m&aacute;s brillantes y
+esplendorosos desde la herencia del &laquo;inolvidable anciano&raquo;; su (del
+preopinante) cada d&iacute;a m&aacute;s se&ntilde;alada significaci&oacute;n en el agitado campo de
+la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola; la evidente y poderosa necesidad de aliviar los
+dolores f&iacute;sicos de la marquesa con esparcimientos racionales, a la vez
+que en&eacute;rgicos, del esp&iacute;ritu; la edad de su hija, sus prendas personales,
+sus conveniencias de hoy, su porvenir... todo, todo, absolutamente todo,
+justificaba el persistente clamoreo, se impon&iacute;a al criterio vulgar de
+las gentes precavidas y juiciosas, y exig&iacute;a de ellos un &laquo;generoso
+esfuerzo, por encima de toda reflexi&oacute;n ego&iacute;sta, de todo razonamiento
+matem&aacute;tico&raquo;.</p>
+
+<p>La marquesa y su hija fueron del parecer del marqu&eacute;s, y hasta se
+creyeron conmovidas con los per&iacute;odos m&aacute;s elocuentes de su discurso;
+raz&oacute;n por la que se decretaron las instancias &laquo;como se ped&iacute;a...&raquo; y un
+poquito m&aacute;s, en cort&eacute;s y debida correspondencia. &iexcl;Ni m&aacute;s ni menos que si
+el marqu&eacute;s y la marquesa creyeran que en aquel acto ced&iacute;an sorprendidos
+por la fuerza de las circunstancias, y no al aceptado y bien consentido
+imperio de sus nativas vanidades! &iexcl;Como si su hija, tan opuesta por
+temperamento a todo linaje de fingimientos y disimulos, no supiera que
+antes de insinuarse la pretensi&oacute;n en las pocas personas que la
+manifestaron, ya ten&iacute;a, cada uno de los tres, resuelto el caso en la
+mente!</p>
+
+<p>Hubo, pues, andando los d&iacute;as, y no muchos, un baile en la casa, tan
+brillante y tan celebrado como el anterior; pero no a t&iacute;tulo de &laquo;otro
+baile m&aacute;s&raquo;, sino como el primero de una larga y ostentosa serie de
+ellos. Y colocado ya el asunto en esta pendiente, y rodando las cosas
+por su propio peso, un d&iacute;a, a fin de entretener mejor los largos
+intervalos entre fiesta y fiesta, los amables y agradecidos marqueses de
+Mont&aacute;lvez hicieron saber a sus <i>&iacute;ntimos</i> que todos los jueves <i>se
+quedaban en casa</i>.</p>
+
+<p>Y se quedaron en ella todos los jueves, conforme a lo prometido.</p>
+
+<p>A los bailes concurr&iacute;a <i>todo Madrid</i>, lo m&aacute;s cogolludo y rechispeante de
+la aristocracia, de la banca, de la pol&iacute;tica, de las artes y de las
+letras. Aquellos salones deslumbrantes de luz, saturados de perfumes,
+henchidos de bellezas cargadas de lujo y de pasiones; el incesante
+crujir de las telas; el ondular de las colas, arrastradas sobre los
+aterciopelados tapices; el rumor de las conversaciones, el centelleo de
+las joyas, los suaves acordes de la invisible orquesta, y el flujo y
+reflujo de la muchedumbre, verdadero mar de colores y sonidos derramado
+por aquellos &aacute;mbitos esplendentes, ora en impetuoso torbellino agitado
+por los huracanes de la danza, ora en sosegado vaiv&eacute;n durante los
+intermedios; toda aquella magnificencia, en suma, toda aquella
+pomposidad babil&oacute;nica, ejerc&iacute;a sobre el esp&iacute;ritu cierta impresi&oacute;n de
+borrachera, que disculpaba, en lo humano, el &eacute;xtasis en que el marqu&eacute;s
+admiraba el espect&aacute;culo, la pasi&oacute;n con que la marquesa <i>hac&iacute;a los
+honores</i> de &eacute;l, y la voluptuosidad con que la hija se dejaba mecer sobre
+el oleaje de aquella tempestad de deleites.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de bailar se cenaba; y las concupiscencias de L&uacute;culo emulaban el
+fausto de Nabucodonosor.</p>
+
+<p>La concurrencia de los jueves se compon&iacute;a de un poco de todo lo de las
+grandes fiestas, y no se admit&iacute;an presentados; &laquo;amigos de confianza&raquo; que
+<i>hac&iacute;an</i> pol&iacute;tica y administraci&oacute;n y ej&eacute;rcito, y hasta el amor, y
+discreteaban, seg&uacute;n las edades, los caracteres y los sexos; algo de
+tresillo, mucha murmuraci&oacute;n al calor de la chimenea, m&uacute;sica a ratos,
+alguna vez lecturas, y, en ocasiones, baile. Por conclusi&oacute;n, t&eacute; con
+pastas.</p>
+
+<p>Muchos de estos amigos com&iacute;an en la casa cada lunes y cada s&aacute;bado,
+porque tambi&eacute;n figuraba este rengl&oacute;n en el programa de los usos
+elegantes y distinguidos de la familia.</p>
+
+<p>Sumando con ellos las <i>rec&iacute;procas</i> a que &eacute;sta ten&iacute;a notorio derecho, y
+no se le escatimaban ciertamente; su turno en <i>el Real</i>; su <i>d&iacute;a de
+moda</i> en <i>el Espa&ntilde;ol</i> y en otros teatros m&aacute;s; las indispensables
+exhibiciones en carruaje abierto; las tareas <i>distinguidamente</i> devotas
+y ben&eacute;ficas de la marquesa, que a la saz&oacute;n era presidenta y directora de
+no s&eacute; cu&aacute;ntas congregaciones cristianas, particularmente la de las
+<i>Madres ejemplares</i>, fundada por ella, y la de <i>Doncellas humildes y
+temerosas de Dios</i>, a la que pertenec&iacute;a la hija, y por eso concurr&iacute;a a
+sus asambleas cada mi&eacute;rcoles y comulgaba dos veces cada mes en las
+Calatravas; y, por &uacute;ltimo, sus excursiones veraniegas por todo lo m&aacute;s
+distinguido y m&aacute;s caro de las regiones europeas a estos esparcimientos
+destinadas por la moda, &iquest;qu&eacute; extra&ntilde;o es que no le quedara una sola hora,
+un solo minuto para vivir <i>en familia</i>, para mirar <i>por dentro</i> las
+prosaicas mec&aacute;nicas de la vida normal, para traer a las mientes las
+cuerdas advertencias del olvidado abuelo..., para contemplar, siquiera,
+desde el punto de la pendiente r&aacute;pida en que se hallaba, el necesario e
+inevitable paradero, t&eacute;rmino fatal y merecido remate de tan locos
+despilfarros?</p>
+
+<p>Y lo peor era que el principal y mal forjado pretexto de ellos, cada d&iacute;a
+los desacreditaba m&aacute;s; porque las dolencias de la marquesa parec&iacute;an
+crecer a medida que eran mayores y m&aacute;s caras las distracciones con que
+las combat&iacute;a. Pensaba la infeliz que, devorando sus quejidos y tapando
+con sonrisas forzadas la expresi&oacute;n de sus tristezas, y con drogas y
+menjurjes el color de la agon&iacute;a y las arrugas de los a&ntilde;os y de las
+zarpadas de la enfermedad, ni &eacute;sta avanzaba ni las gentes la velan; sin
+caer, o mejor dicho, no queriendo caer en la cuenta de que aquellos
+esfuerzos del &aacute;nimo, con aquel vivir sin sosiego, eran a sus males lo
+que el combustible a la hoguera: cebo que los alimentaba y los
+embravec&iacute;a. Porque la vanidad, el demonio de las mujeres &laquo;de mundo&raquo;, la
+pose&iacute;a de pies a cabeza; y por eso, solamente era devota y ben&eacute;fica en
+cuanto sus actos pudieran lucir en honra y gloria de sus humos de
+arist&oacute;crata acaudalada, y se dejaba arrastrar sin resistirse hacia las
+fauces del monstruo que la fascinaba, como el borracho contumaz hacia el
+lento suplicio de la taberna.</p>
+
+<p>Mejores frutos pensaba haber sacado el marqu&eacute;s de la vida aparatosa que
+tra&iacute;a; porque, al cabo, ya que no la senadur&iacute;a, que tanto le halagaba,
+hab&iacute;a logrado la limosna de un asiento ministerial en los esca&ntilde;os del
+Congreso; y, sin embargo, cotejando el valor de su conquista, reducido,
+en substancia, a la gloria dudosa de haber pronunciado un discurso de
+dos horas mortales sobre la langosta de la Mancha, que no escucharon
+m&aacute;s que los taqu&iacute;grafos y unos cuantos babiecas inexpertos de las
+tribunas; al trabajo imponderable y continuo de atormentar
+subsecretarios y directores, recomend&aacute;ndoles las querellas de todo
+linaje de pretendientes desvalidos, con el &uacute;nico fin de acreditar sus
+influencias; al oneroso vicio de solemnizar con un t&eacute; a &laquo;sus amigos
+pol&iacute;ticos&raquo; cada discurso del Presidente del Consejo, o cada batalla
+ganada por el Ministerio a las revoltosas oposiciones; a no tener hora
+ni punto de sosiego, por estar pendiente de sus deberes de padre de la
+patria y creerse obligado a tomar por lo serio y a sentir en su
+ministerial epidermis cuantas cuchufletas y alegatos contra la situaci&oacute;n
+leyera en la prensa oposicionista, y la le&iacute;a de cabo a rabo, y a algunas
+cosas m&aacute;s por el estilo; cotej&aacute;ndolo todo, repito, con lo que le hab&iacute;a
+costado en desaires, en paciencia... y en banquetes, la ganancia no
+resultaba del todo apetecible para un ambicioso de los m&aacute;s usuales.
+Pero, al fin y al cabo, gozaba de veras el pobre hombre, era dichoso por
+completo; y tan absorto le tra&iacute;an las preocupaciones del oficio y los
+deberes y solaces de su vida dom&eacute;stica y social, que hasta hab&iacute;a perdido
+enteramente aquel su hidalgo aborrecimiento a las deudas y a la usura, y
+ni siquiera reparaba c&oacute;mo este mal demonio de los ricos desatentados le
+iba hincando las unas en lo m&aacute;s vivo, en lo m&aacute;s hondo, en el mismo
+coraz&oacute;n de la &laquo;olla grande&raquo;.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h3>
+
+
+<p>En este m&eacute;todo de vida, y sin pensar en abandonarle, porque no conoc&iacute;a
+otro m&aacute;s divertido, cumpli&oacute; Ver&oacute;nica los veintid&oacute;s a&ntilde;os. Dec&iacute;an los
+cronistas de salones por escrito, y de palabra el enjambre de aduladores
+que cenaban en su casa y la persegu&iacute;an en las ajenas, que era, por
+entonces, el dechado de todas las perfecciones escult&oacute;ricas y el
+conjunto de todos los donaires del ingenio. Sin ser la cosa para tanta
+ponderaci&oacute;n, es innegable que la madre naturaleza no la hab&iacute;a escaseado
+los dones que m&aacute;s seducen y alucinan a los hombres de escogidos gustos,
+y m&aacute;s provocan las rivalidades y antipat&iacute;as entre las mujeres que
+carecen de ellos, o no los poseen en tan alto grado. De ambos efectos
+tuvo copiosas pruebas.</p>
+
+<p>Pero la tachaban, con pesadumbre los unos y con visible delectaci&oacute;n las
+otras, de descorazonada y mordaz; y creo que tampoco estaban en lo justo
+los hombres ni las mujeres que tal afirmaban. No le faltaba coraz&oacute;n en
+el sentido en que lo entend&iacute;an aquellas gentes. Lo que ocurr&iacute;a, a mi
+entender, era que hasta entonces no hab&iacute;a hallado cosa de su gusto en
+que emplearle, ni sentido seria tentaci&oacute;n ni punzante deseo de trocar la
+divertida y risue&ntilde;a libertad que gozaba, por la relativa opresi&oacute;n de la
+cadena de flores, pero al fin cadena, con que se estimulan ciertas
+concupiscencias femeniles al cambiar de estado en aquella edad y en la
+esfera social en que ella viv&iacute;a. Tan atestados ten&iacute;a los o&iacute;dos de
+lisonjas, tan repetido lleg&oacute; a ser el tema <i>amoroso</i> con que la
+asediaron galanes de todas las imaginables cataduras, que ya consideraba
+el caso como una rutina obligada en los usos de la buena sociedad; le
+sonaban aquellos arrullos como un ruido m&aacute;s de los ruidos del mundo, y
+pasaban con &eacute;stos sobre ella como el aire sobre las rocas.</p>
+
+<p>No es esto decir que todo le fuera lo mismo y que no hubiera en el ancho
+c&iacute;rculo de sus relaciones sociales algo en que detener la imaginaci&oacute;n y
+con que apacentar los deseos, ni, por tanto, me atrevo a afirmar que no
+hubiera sido otra su conducta bajo el imperio de otras leyes de moral
+enteramente distintas de las que rigen en las cultas sociedades
+europeas; pero, aceptando el cargo <i>en derecho constituido</i>, como dicen
+los jurisconsultos, y pareci&eacute;ndole, para juego, muy insubstancial el de
+los amor&iacute;os <i>a turno</i>, su cabeza, contra lo que se refiere de los
+&iacute;mpetus de la edad y de las rebeld&iacute;as de la carne, se impon&iacute;a sin gran
+esfuerzo a toda esa caterva de impulsos pasajeros, tan mal llamados, por
+falta de experiencia o por sobra de malicia, &laquo;arranques del coraz&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Due&ntilde;a, pues, de s&iacute; misma y con sereno juicio; alegre por car&aacute;cter,
+cort&eacute;s por educaci&oacute;n, y tomando a broma los galanteos y a diversi&oacute;n las
+flaquezas de los dem&aacute;s, no es extra&ntilde;o que en sus procedimientos, en su
+conducta y en su lenguaje, abundaran m&aacute;s las notas de color alegre, si
+vale el s&iacute;mil, que los tonos severos de las naturalezas profundamente
+sensibles y reflexivas. A esto se llamaba mordacidad, con bien poco
+fundamento, a mi juicio.</p>
+
+<p>Lo que no tiene duda es que por entonces goz&oacute; de mucha celebridad en el
+&laquo;gran mundo&raquo; madrile&ntilde;o; o, hablando m&aacute;s adecuadamente, estuvo <i>de moda</i>
+en &eacute;l. Se atrevi&oacute; a enmendar la plana a las reinantes, as&iacute; en el vestir
+y aderezarse, como en el andar; formaron escuela sus atrevimientos, y
+hubo peinados, y abanicos, y hasta actitudes con su nombre;
+ambicion&aacute;banse sus saludos y sonrisas en la calle y en los espect&aacute;culos,
+entre los hombres y los mocosos <i>distinguidos</i>, casi tanto como los del
+<i>Tato</i> o los de la Alboni; ray&aacute;ronle el afrancesado <i>Beronic</i> con que
+desde su salida del colegio la hab&iacute;an confirmado sus amigas, por horror
+justificable al sainetesco nombre con que fue castigada en la pila, y la
+llamaron todos, en papeles y corrillos, para colmo de su gloria y sello
+de leg&iacute;tima calidad, <i>Nica Mont&aacute;lvez</i>.</p>
+
+<p>En las grandes fiestas de su casa, o en otras semejantes fuera de ella,
+era donde los donaires de su ingenio y la pimienta de su natural
+desenfado se derramaban en mayor abundancia y luc&iacute;an en todo su
+ponderado alcance. Estaba all&iacute; como el p&aacute;jaro en la selva, cantaba
+donde, cuando y lo mejor que le parec&iacute;a, porque la misma multitud le
+serv&iacute;a de escondite, y su obligada agitaci&oacute;n disculpaba sus incesantes
+vuelos de rama en rama; y como los hombres tontos son los ecos de estas
+<i>soledades</i>, siempre hab&iacute;a flotando sobre los rumores del concurso
+alguna melod&iacute;a de sus c&aacute;nticos, llevada de boca en boca, con la mejor
+intenci&oacute;n del mundo, pero con el af&aacute;n y la rapidez con que se propagan
+de ordinario todos los falsos testimonios. Parec&iacute;a cosa convenida que
+todos sus actos hab&iacute;an de ser originales y todas sus palabras agudezas.</p>
+
+<p>Otra bien distinta era su conducta en la intimidad de las tertulias de
+su casa. Y, sin embargo, estaba all&iacute; m&aacute;s a gusto y en su elemento que en
+todas partes, con ser el c&iacute;rculo tan estrecho y tan limitados los
+pasatiempos. Porque, contra lo que publicaba la fama, y aun contra
+mucho de lo que ella misma juzgaba de su propio car&aacute;cter, hab&iacute;a en el
+fondo de &eacute;ste, cuando se trataba de recrear un poco el esp&iacute;ritu, cierta
+oculta preferencia por el examen &iacute;ntimo de las cosas, entre &eacute;ste y el
+conocimiento de ellas por medio de las impresiones s&uacute;bitas, como si la
+cautivara m&aacute;s el detalle que el conjunto.</p>
+
+<p>De todas maneras, lleg&oacute; a haber motivos muy considerables para que, aun
+sin contar con aquella su natural inclinaci&oacute;n, consagrara m&aacute;s hondo,
+inter&eacute;s a sus reuniones de confianza, que a las ruidosas solemnidades
+del &laquo;gran mundo&raquo;.</p>
+
+<p>Compon&iacute;anse aqu&eacute;llas, como ya se ha dicho, de un poco de todo lo de
+&eacute;stas, y no era en conjunto tan escaso que no diera para satisfacer los
+gustos y las aficiones de los tertuliantes. Los hab&iacute;a de una tenacidad
+de hierro para el tresillo, apegados a la mesa como la ostra al pe&ntilde;asco.
+Por lo com&uacute;n, eran gentes desabridas y rega&ntilde;onas; y en sus peleas contra
+las veleidades de la baraja, siempre llevaban la parte m&aacute;s cruda unas
+cuantas viejas arist&oacute;cratas, como si el ochavo que all&iacute; disputaban
+encarnizadamente alcanzara a tapar los descubiertos y trampas en que
+viv&iacute;an, por culpa de sus despilfarros y disipaciones.</p>
+
+<p>De estas <i>partidas</i>, que en ocasiones parec&iacute;an de bandoleros, hab&iacute;a
+varias, y estaban siempre a matar con la gente joven que hablaba recio y
+se mov&iacute;a mucho en las inmediaciones; la cual gente, capitaneada por la
+revoltosa Sagrario, m&aacute;s alborotaba en el sal&oacute;n, cuanto m&aacute;s fuerte
+protestaban contra el alboroto los tresillistas del gabinete. En otro
+frontero a &eacute;l, donde la marquesa permanec&iacute;a m&aacute;s de continuo,
+arrellanada en un sill&oacute;n junto a la chimenea, se reun&iacute;an los &iacute;ntimos del
+marqu&eacute;s, desde luego, y poco a poco los aburridos de las dem&aacute;s
+secciones, que acud&iacute;an al calorcillo de los debates que sustentaban los
+personajes de la pol&iacute;tica, y a la golosina del chiste, m&aacute;s o menos
+culto, de algunas damas de <i>mucha correa</i>, y de otros tantos galanes de
+<i>buena sombra</i>.</p>
+
+<p>Como <i>Nica</i> lo pudiera remediar, no sal&iacute;a de all&iacute;; y no por el chiste,
+precisamente, ni mucho menos por los discursos pol&iacute;ticos, sino porque
+hab&iacute;a, en lo que pudiera llamarse n&uacute;cleo de esa tertulia, algo que ten&iacute;a
+su lado pintoresco y su lado interesante para una observadora como ella.</p>
+
+<p>El primero que llegaba siempre a aquel lugar de preferencia, era el
+se&ntilde;or don Mauricio Ib&aacute;&ntilde;ez, hombre de <i>cierta edad</i>, de mucho pelo
+casta&ntilde;o y sin canas, anchas patillas y poca frente, mucha ceja, labios
+gruesos, largos dientes y muy blancos, nariz cuadrada y ojos de asombro
+continuo, buen color, poca estatura, elevado pecho, brazos largos y
+manos enormes con dedos descomunales. Era banquero muy rico, y parec&iacute;a
+querer darlo a entender en su persona carg&aacute;ndola de oro y pedrer&iacute;a, de
+pa&ntilde;os fin&iacute;simos y de holandas impalpables; y adem&aacute;s, caballero gran cruz
+de Carlos III, y capaz de pesar en oro al ministro que le diera el
+derecho de poner sobre el escudo de armas que ya usaba en sus tarjetas,
+siquiera la m&aacute;s modesta de las coronas nobiliarias. Ten&iacute;a este prurito y
+el de hablar bien y formalmente de todas las cosas. Hab&iacute;a sido dos o
+tres veces diputado por un distrito de la provincia de C&aacute;ceres, de la
+cual era nativo &eacute;l. Sin embargo, nunca pudo &laquo;romper a hablar&raquo; a su
+gusto, aunque hab&iacute;a quedado bastante satisfecho de sus tentativas: dos
+preguntas breves al ministro de la Gobernaci&oacute;n, sobre otros tantos
+expedientes detenidos en aquel centro, y una presentaci&oacute;n a las Cortes
+de una exposici&oacute;n de varios ganaderos de su distrito, que solicitaban no
+s&eacute; qu&eacute; franquicias o privilegios para los exportadores de reses cebadas.
+Llamaba &eacute;l hablar a su gusto, ser afluente, verboso; &laquo;porque&mdash;dec&iacute;a&mdash;no
+es la palabra lo que a m&iacute; me falta, pues que todas las que oigo en boca
+de los dem&aacute;s me suenan a conocidas, sino otra cosa en que no puedo dar
+de pronto. Que se me dice, a lo mejor, pongo por caso, que esto es
+blanco... y que tal y dem&aacute;s, y que a m&iacute; me parece negro; pues con decir
+esto solo, ya se me acab&oacute; la cuerda, y no hallo el modo de seguir por
+esa ruta, como siguen otros, diciendo que arriba y que abajo... y que
+tal y dem&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Aun sin el ejemplo que &eacute;l pon&iacute;a, se echaba de ver bien pronto que lo que
+le faltaba al reluciente don Mauricio, eran ideas para construir y
+exornar sus malogrados discursos.</p>
+
+<p>Para &laquo;romper a hablar&raquo;, se iba inflando poco a poco, como el pavo antes
+de hacer las g&aacute;rgaras; y, entonces, el hombre, que ya era &laquo;de por s&iacute;&raquo;,
+corto de cuello, daba en el pecho con la barbilla y en las orejas con
+los hombros. Era tardo de palabra, y de voz &aacute;spera y recia; y mientras
+las emit&iacute;a, muy acentuadas y con cierto repicoteo de pronunciaci&oacute;n, se
+tiraba dulcemente de una patilla con los dedos de la mano del mismo
+lado, api&ntilde;ados, tiesos y algo temblorosos, como si por all&iacute; buscara el
+chorro de verbosidad, que no sal&iacute;a por ninguna parte, y daba a sus ojos
+asombradizos una expresi&oacute;n tan rara, que pod&iacute;a dudarse si ped&iacute;a con
+ellos misericordia o reclamaba un aplauso.</p>
+
+<p>La primera vez que habl&eacute; en casa del marqu&eacute;s, fue tomando punto de no s&eacute;
+qu&eacute; suceso parlamentario de aquellos d&iacute;as, y se mostr&oacute; muy indignado con
+&laquo;<i>los meeroodeadooores</i> del campo de la pol&iacute;tica, peste de los tiempos
+<i>aztuales</i>..., y tal y dem&aacute;s&raquo;. Despu&eacute;s se fue viendo que llamaba
+merodeador al lucero del alba, y que sin el apoyo de la otra muletilla,
+era hombre al suelo en cuanto &laquo;romp&iacute;a a hablar&raquo;.</p>
+
+<p>Sin embargo de todo lo cual, mareaba a los ministros de Hacienda, y se
+pintaba solo para sacar buena raja de los m&aacute;s duros de veta; a lo que se
+deb&iacute;a que el marqu&eacute;s le distinguiera con singular&iacute;sima estimaci&oacute;n, y
+hasta le admirara; porque es de saberse que el tal marqu&eacute;s, desde que
+era diputado a Cortes, se hab&iacute;a dedicado con af&aacute;n ansioso a los negocios
+lucrativos que &laquo;le saltaran al paso&raquo;, y en el se&ntilde;or de Ib&aacute;&ntilde;ez ten&iacute;a un
+ojeador expert&iacute;simo, un consejero de gran competencia, y, en ocasiones,
+un socio desinteresado.&mdash;Lo peor era que los &uacute;nicos negocios que le
+sal&iacute;an mal al banquero eran los en que tomaba parte su amigo.</p>
+
+<p>En las tertulias de &eacute;ste, indefectiblemente llevaba la contraria en
+todas las peroraciones de don Mauricio, Gonzalo Quiroga, primog&eacute;nito de
+los condes de Camposeco. Este mozo ten&iacute;a un frontispicio poco simp&aacute;tico,
+y adem&aacute;s era gangoso. Se hab&iacute;a educado en Inglaterra, y hab&iacute;a viajado
+mucho por Europa, con largas detenciones en Par&iacute;s, en Baden-Baden, Monte
+Carlo y otros sitios no menos famosos de <i>recreo</i>. De todas estas
+excursiones y paradas hab&iacute;a sacado copiosos frutos, como lo acreditaban
+sus vicios dominantes, sellado alguno de ellos en la cara con <i>hondas
+cicatrices</i>, y en el cr&aacute;neo con una calva precoz. Su barba era lacia, y
+su cuello muy largo, con nuez y costurones; ten&iacute;a boqueras, los p&aacute;rpados
+tiernos, y un hombro algo m&aacute;s elevado que el otro. Era alto y flaco y
+pasaba por elegante, a pesar de todos sus defectos f&iacute;sicos. Lo cierto es
+que ten&iacute;a gran desenvoltura y desparpajo para moverse dentro de los
+desairados arreos de sociedad, y para meter la cuchara en todos los
+corrillos. Aunque no era tonto, le faltaba mucho para tener un buen
+entendimiento; pero no conoc&iacute;a la verg&uuml;enza; y con esto y con el trato
+continuo de las gentes de su mundo, ten&iacute;a lo suficiente para vivir en &eacute;l
+como el pez en el agua. Era, en suma, un completo <i>perdido, de buen
+tono</i>.</p>
+
+<p>Pues con esa alhaja estaba concertado el casamiento de Sagrario.
+C&aacute;lculos de familia, al decir de los bien enterados, desde que los
+novios eran as&iacute; de tama&ntilde;icos. Por lo visto, no ten&iacute;an prisa para
+realizar el proyecto; y entre tanto, iban juntos a muchas partes, pero
+se trataban muy poco, por exceso de confianza entre ambos; as&iacute; es que,
+m&aacute;s que novios en v&iacute;speras de casarse, parec&iacute;an un matrimonio
+desavenido.</p>
+
+<p>La raz&oacute;n de llevar siempre la contraria Gonzalo Quiroga a don Mauricio
+Ib&aacute;&ntilde;ez, no era otra que el gustazo de ver c&oacute;mo se inflaba y contra&iacute;a y
+trasudaba el banquero en cada contradicci&oacute;n, y c&oacute;mo <i>meeroodeaaba</i>
+in&uacute;tilmente en el camino de su pobre ret&oacute;rica, para urdir una r&eacute;plica
+con que confundir al importuno a quien ya tem&iacute;a de lumbre, o para salir
+siquiera medio airoso del atolladero, delante de los contertulios, que
+hab&iacute;an dado en tomar aquellas <i>engarras</i> como la m&aacute;s divertida de las
+comedias.</p>
+
+<p>Se hab&iacute;a observado que en los apuros de m&aacute;s angustia, o en los arranques
+de mayor empuje, don Mauricio buscaba con los ojos a Ver&oacute;nica, como las
+plantas sombr&iacute;as se alargan hacia el sol que necesitan; y en topando con
+ella, parec&iacute;a decirla en el primer caso: &laquo;&iquest;Peero ve usted qu&eacute; teema el
+de este chico?&raquo; Y en el segundo: &laquo;Me paarece que &eacute;sta no tiene vuueelta.
+&iquest;No piensa usted lo miismo?&raquo;.</p>
+
+<p>A Gonzalo le hac&iacute;a mucha gracia este resabio de su contrincante; y una
+noche, mientras se ahogaba el pobre hombre &laquo;meeroodeeando&raquo; a obscuras en
+el huero caletre media docena de palabras al acaso, acercose el otro con
+gran sosiego a Ver&oacute;nica, y, en el tono menos gangoso que pudo, le dijo
+al o&iacute;do con mucha formalidad:</p>
+
+<p>&mdash;No te alarmes, chica; pero es indudable que ese sujeto tiene planes
+siniestros <i>contra</i> ti.</p>
+
+<p>Precisamente en una de las pocas ocasiones en que la despreocupada joven
+no estaba atenta a los discursus del banquero, que la divert&iacute;an
+sobremanera. Prefer&iacute;a, por el momento, la conversaci&oacute;n de Pepe Guzm&aacute;n,
+p&aacute;jaro de mayor cuenta que su amigo Gonzalo. El tal Guzm&aacute;n, aunque de
+segunda rama, era tambi&eacute;n v&aacute;stago aristocr&aacute;tico: de la ilustre cepa de
+los Valdejones. Pasaba ya bastante de los treinta, era de hermosa y
+distinguida estampa, independiente, libre como el aire, y rico. No
+abusaba, aparentemente, de ninguna de estas ventajas. Por el contrario,
+parec&iacute;a hombre de muy racionales inclinaciones, y bien regido. Hab&iacute;a
+estudiado media carrera de Derecho, algo de Medicina, otro tanto de
+Mec&aacute;nica, y hasta desflorado la Teolog&iacute;a y los sistemas filos&oacute;ficos de
+Kant, de Krausse... y de Santo Tom&aacute;s; se sab&iacute;a de memoria a Maquiavelo,
+a Fr. Luis de Granada, a Shakespeare, a Fourrier, a Santa Teresa y a
+Cervantes. En todo picaba y nada le satisfac&iacute;a, fuera de las grandes
+obras de imaginaci&oacute;n. Quiz&aacute;s con la espuela y el freno de la necesidad,
+hubiera brillado en algo de lo mucho que intentaba conocer por
+invencible curiosidad, pues talento y discreci&oacute;n ten&iacute;a para ello; pero
+le faltaba paciencia, porque le sobraban la libertad y el dinero, y de
+aqu&iacute; sus veleidades y aquellas ensaladas cient&iacute;fico-filos&oacute;ficoliterarias
+de que se atiborraba la cabeza. Viajaba a menudo y gastaba grandes sumas
+en objetos de arte. Los cuadros buenos le entusiasmaban, pero los
+bronces de m&eacute;rito le enloquec&iacute;an. Ten&iacute;a el buen gusto de no invertir un
+ochavo en libros viejos, ni en vargue&ntilde;os apolillados; prefer&iacute;a las obras
+contempor&aacute;neas, si eran buenas, y, lo que es m&aacute;s raro, las le&iacute;a y las
+saboreaba. Cosa m&aacute;s rara a&uacute;n: en igualdad de m&eacute;ritos, estaba por las
+espa&ntilde;olas antes que por las extranjeras, y no incurr&iacute;a jam&aacute;s en la
+vulgaridad cursi de decir que no pod&iacute;an vivir en Espa&ntilde;a los hombres
+cultos. Se refer&iacute;an de &eacute;l grandes haza&ntilde;as galantes, y podr&iacute;an ser
+ciertas; pero no era su boca quien lo confirmara, ni con un gesto.
+Finalmente, era hombre de alegre car&aacute;cter, aunque poco hablador, pero
+muy al caso, particularmente con las mujeres. Ten&iacute;a el don de
+entretenerlas sin apelar al lugar com&uacute;n de la lisonja ni al formulario
+oficial del &laquo;joven travieso, distinguido y elegante&raquo;. Calific&aacute;banle por
+ello de indomesticable y de <i>fr&iacute;o</i> muchas damas; pero es lo cierto que
+hasta las m&aacute;s remilgadas se pagaban mucho de sus atenciones... Y no sigo
+con la lista de sus prendas de car&aacute;cter, porque, a pesar de tomarlas
+una a una de los <i>Apuntes</i> que tengo a la vista, va a resultarme un mozo
+cortado por el sobado patr&oacute;n del <i>mata-corazones</i> de comedia; y esto que
+aqu&iacute; se narra podr&aacute; ser malo, pero es la pura verdad.</p>
+
+<p>Digo, pues, que este Pepe Guzm&aacute;n entreten&iacute;a aquella noche a Nica
+Mont&aacute;lvez cuando se acerc&oacute; a ella su amigo Gonzalo Quiroga con la
+consabida embajada, y a&ntilde;ado, para decirlo pronto, puesto que ha de
+saberse m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano, que el tal Guzm&aacute;n era aquel <i>algo</i> que
+Ver&oacute;nica exceptuaba de los molestos arrullos amorosos que pasaban sobre
+ella, sin sentirlos, como el viento sobre las rocas; aquel &laquo;<i>algo</i> en
+que detener la imaginaci&oacute;n y con que apacentar los deseos, que exist&iacute;a
+en el ancho c&iacute;rculo de sus relaciones sociales&raquo;. Y es de saberse tambi&eacute;n
+que, a aquellas fechas, a&uacute;n no se hab&iacute;an cruzado los primeros fuegos de
+la batalla entre la dama y el gal&aacute;n. Conoc&iacute;anse mutuamente las
+intenciones de batallar, exploraba cada cual el terreno de su enemigo, y
+hasta le provocaba con ingeniosas estratagemas; pero de aqu&iacute; no pasaba;
+y, a mi entender, en el misterio de estas precauciones, en el problema
+de esta actitud recelosa, estribaba el mayor inter&eacute;s de los
+beligerantes. Ni ella ni &eacute;l parec&iacute;an tener prisa para resolver el punto
+dudoso. Pod&iacute;a ser el caso un pasatiempo; pero desde luego era un
+pasatiempo entretenid&iacute;simo, con la rara virtud de no gastarse con el
+uso.</p>
+
+<p>Tal vez era el &laquo;lado interesante&raquo; que, &laquo;para una observadora como
+Ver&oacute;nica, hab&iacute;a en las reuniones &iacute;ntimas de su casa&raquo;. Del &laquo;lado
+pintoresco&raquo; era la principal figura el banquero don Mauricio, con todas
+sus cosas y con todas sus <i>malas</i> intenciones, en las cuales hab&iacute;a le&iacute;do
+ella mucho antes de que se las anunciara al o&iacute;do el gangoso Gonzalo
+Quiroga. Por cierto que estas intenciones, o &laquo;planes siniestros&raquo;, como
+dec&iacute;a el novio de Sagrario, la hac&iacute;an suma gracia tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Casi tanto como a Leticia, que no perd&iacute;a ocasi&oacute;n de apuntarla, con la
+mirada o con un gesto expresivo, cada memorial que el banquero la
+enviaba con los ojos en sus grandes apuros oratorios. De este celo por
+los <i>intereses</i> de don Mauricio, murmur&aacute;base bastante. Afirm&aacute;base que
+Leticia fomentaba las intenciones del banquero, y que se hallaba
+dispuesta a barrerle el camino de ellas de cuantos obst&aacute;culos estuvieran
+al alcance de su escoba... Hay que advertir aqu&iacute; que Leticia, la
+hermosa, fr&iacute;a e impenetrable Leticia, llevaba ya un a&ntilde;o de casada con el
+general Ponce de Lerma, conde de Pe&ntilde;as Pardas, hombre m&aacute;s que
+cincuent&oacute;n, y feo, diputado sempiterno, conspirador incansable de
+pasillos y antesalas contra todos los ministros de la Guerra, con la
+santa intenci&oacute;n, jam&aacute;s lograda, de llegar &eacute;l a serlo una vez siquiera;
+amigo desleal de todos los Gobiernos; veterano de todas las cuarteladas
+de treinta a&ntilde;os a aquella parte, para ganarse honradamente desde las
+charreteras de capit&aacute;n hasta los dos entorchados que ten&iacute;a; agiotista
+insaciable; asociado detr&aacute;s de la cortina, durante la guerra, a otros
+especuladores que daban tocino podrido a las tropas de &Aacute;frica,
+procur&aacute;ndose as&iacute; inveros&iacute;miles ganancias que fueron ancha y s&oacute;lida base
+de su enorme caudal, adquirido despu&eacute;s en id&eacute;nticas y tan honradas
+especulaciones; y, por &uacute;ltimo, de valor y capacidad &laquo;supuestos&raquo;, porque
+jam&aacute;s tuvo ocasi&oacute;n de acreditarlos en el campo de batalla, ni siquiera
+en los cuarteles; todo, incluso los ascensos, se lo fueron dando hecho
+y arregladito los suyos apenas salido &eacute;l del escondite, en seguida de
+triunfar la cuartelada. Hasta el t&iacute;tulo nobiliario se gan&oacute; de parecido
+modo, cuando ya era general, por haber corrido en aquellos desfiladeros,
+siendo alf&eacute;rez..., delante de una partida carlista, en la primera guerra
+civil.</p>
+
+<p>Pues con este hombre se hab&iacute;a casado Leticia, despu&eacute;s de convencerse (en
+opini&oacute;n de sus amigas) de que no hab&iacute;a en el horno de sus especiales
+hechizos, fuego bastante para fundir el hielo de Pepe Guzm&aacute;n, que la
+distingui&oacute; por alg&uacute;n tiempo con sus cultas y amenas &laquo;frialdades&raquo;.</p>
+
+<p>Con estos dos hechos se explicaba la conducta de Leticia con el
+banquero. Le quer&iacute;a para Ver&oacute;nica, con el piadoso fin de que no tuviera
+&eacute;sta marido m&aacute;s lucido que ella; y se miraba mucho en el cap&iacute;tulo de las
+zumbas a la interesada, porque, hasta la fecha, era el caso de la
+generala harto m&aacute;s <i>mordible</i> que el de su amiga.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX</h3>
+
+
+<p>As&iacute; las cosas y andando los d&iacute;as, una noche, en casa de Ver&oacute;nica, tom&oacute; a
+&eacute;sta del brazo Sagrario; llev&oacute;sela a un rinconcito lejos de la gente; y
+all&iacute;, sentadas las dos en sendos sillones de rica tapicer&iacute;a, dijo la
+vehemente rubia a su amiga, entre mustia y alegre, pero con m&aacute;s carga
+de lo primero que de lo segundo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por fin!...</p>
+
+<p>&mdash;Por fin... &iquest;qu&eacute;?&mdash;preguntole la otra con cara de pascua, al ver lo
+indefinible de la de su amiga.</p>
+
+<p>&mdash;Que se decidi&oacute;... <i>eso</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Y &iquest;cu&aacute;l es <i>eso</i>?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, y qu&eacute; torpe est&aacute;s hoy de entendederas! &iquest;Qu&eacute; ha de ser <i>eso</i>
+m&aacute;s que... lo de Gonzalo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo de Gonzalo! Y &iquest;qu&eacute; le pasa a Gonzalo, hija m&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Caramba con la chica &eacute;sta!... Que me caso con &eacute;l. &iquest;Lo entiendes
+ahora?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que lo entiendo; pero no es noticia para m&iacute;. &iquest;Cu&aacute;ntos siglos hace
+que est&aacute;is... en eso?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dale, la muy taimada!... &iquest;No te he dicho que, por fin, se de-ci-di&oacute;
+ya? &iquest;Lo quieres m&aacute;s claro?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres decir que os vais a casar en seguida?</p>
+
+<p>&mdash;Eso mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Acabaras!</p>
+
+<p>Aqu&iacute; un ratito de silencio. Cierta inquietud en Sagrario. Miradas
+investigadoras en su amiga, envueltas en sonrisas maliciosas. Recios,
+secos e intermitentes charrasqueos del abanico de la novia. Al fin
+volvi&oacute; a hablar la primera, y dijo a la segunda, sin borrar de su cara
+la expresi&oacute;n maliciosa:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y para contarme esto solo me has tra&iacute;do tan ac&aacute; y tan a escondidas,
+cuando pod&iacute;as haberlo publicado a gritos en medio de la tertulia..., y
+de seguro lo publicar&aacute;n ma&ntilde;ana los peri&oacute;dicos en sus cr&oacute;nicas de
+salones?</p>
+
+<p>&mdash;Para esto solo&mdash;respondi&oacute; Sagrario, sonriendo tambi&eacute;n&mdash;, y para lo que
+de ello se cae por su propio peso.</p>
+
+<p>&mdash;Lo supon&iacute;a: un poco de comentario; pero como te quedaste tan
+callada...</p>
+
+<p>&mdash;Pensaba yo que a ti te tocaba empezar.</p>
+
+<p>&mdash;Claro, &iexcl;como no hay todav&iacute;a franqueza entre nosotras, y t&uacute; eres una
+joven tan corta de genio!... &iquest;O es que piensas tomar el papel de casada
+por lo serio y comienzas ya a hacer provisiones de formalidad?... Lo
+cierto es que te desconozco esta noche...</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves t&uacute;..., el lance, al fin y al cabo, si no es serio, es nuevo
+para m&iacute;; y al verme tan cerca de &eacute;l...</p>
+
+<p>&mdash;Con franqueza, Sagrario; ese lance &iquest;te duele o te gusta?</p>
+
+<p>&mdash;Ni me gusta ni me duele; le tomo como me le presentan: amasado y
+cocido. Me dicen &laquo;ahora&raquo;; pues ahora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De modo que t&uacute; no has contribuido a &eacute;l... ni con la inclinaci&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Absolutamente, y bien lo sabes t&uacute;; ni &iquest;por qu&eacute; hab&iacute;a de contribuir con
+eso?, ni, aunque quisiera, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a? Ya ves qu&eacute; ganga... &iexcl;Gonzalo!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; estampa de gal&aacute;n! con todos los vicios del cat&aacute;logo...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, &iquest;por qu&eacute; le aceptas?</p>
+
+<p>&mdash;Y a m&iacute; &iquest;qu&eacute; m&aacute;s me da? Dicen que las mujeres de nuestra alcurnia deben
+casarse, a cierta edad, con hombres de determinadas condiciones: la casa
+Miralta cree que no puede entroncar con otra que la de Camposeco, y &eacute;sta
+juzga que vino al mundo para fundirse con la de Miralta; yo soy lo
+primog&eacute;nita de una, y Gonzalo es el &uacute;nico heredero de las grandezas y
+caudales de la otra; se acuerda entre ambas familias que Gonzalo y yo
+nos casemos... &laquo;para que se cumplan las profec&iacute;as&raquo;: no se admiten
+consultas, ni protestas, ni reparos, porque, como &laquo;ellos&raquo; dicen, lo
+principal es que se haga el matrimonio, &laquo;<i>lo dem&aacute;s</i> no importa tres
+cominos&raquo;; a esta idea nos vamos haciendo, y a este papel nos vamos
+acomodando poco a poco el gal&aacute;n y la dama de esta comedia de la <i>buena
+sociedad</i>... hasta que llega la hora del desenlace, nos echan la
+bendici&oacute;n, se baja la cortina... y cada comediante o vivir como Dios le
+d&eacute; a entender. Esto, despu&eacute;s de bien mirado, es hasta c&oacute;modo. &iquest;No te
+parece a ti lo mismo, Nica?</p>
+
+<p>Y Nica dijo que s&iacute;, pero sin dejar de sonre&iacute;rse. En seguida pregunt&oacute; a
+su amiga:</p>
+
+<p>Pero &iquest;no puede ocurrir que la dama de esa comedia tenga, al llegar ese
+desenlace, el coraz&oacute;n interesado por otro gal&aacute;n de los de la sala?</p>
+
+<p>&iexcl;Yo lo creo!..., &iexcl;y a qui&eacute;n se lo preguntas!&mdash;respondi&oacute; Sagrario en un
+arranque de sinceridad de los suyos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, entonces...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces &iquest;qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s claro: t&uacute; no amas a Gonzalo</p>
+
+<p>&mdash;<i>Naturalmente</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no preferir&iacute;as para marido al hombre a quien amaras?</p>
+
+<p>&mdash;Ponlo en presente: a quien <i>amo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Lo pongo: a quien <i>amas</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente... Pues te respondo que quiz&aacute;s no.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que no?</p>
+
+<p>&mdash;Que no... &iquest;Te asombras? Pues no hay motivo para ello. Yo tengo ac&aacute; mi
+teor&iacute;a sobre el caso; y no es as&iacute;, al aire y como se quiera, sino
+fundada en la observaci&oacute;n y en el propio sentir. De pronto te parecer&aacute;
+un lugar com&uacute;n de la manoseada s&aacute;tira contra el matrimonio, porque algo
+as&iacute; se ha dicho en esas rutinas desacreditadas; pero es cosecha de mi
+caletre, cr&eacute;elo. Te la expondr&eacute; en forma de m&aacute;xima, como <i>hacemos</i>
+siempre los sabios para acreditar vulgaridades: &laquo;si quieres conservar el
+amor que sientas por un hombre, con todo lo que de este amor se sigue y
+se desprende, no te cases con &eacute;l&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&aacute;spita!</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; como suena, hija m&iacute;a. Parece duro y un si es no es atrevido; pero
+es la pura verdad. Y si no, tiende un poquito la vista sobre todo lo que
+conoces en derredor de ti: es un semillero de comprobantes de mi modo de
+pensar sobre el caso. Otra m&aacute;xima: &laquo;el amor se alimenta de deseos, de
+privaciones y de contrariedades; dale todo cuanto pida, sin cortapisas y
+a pasto, y c&aacute;tale muerto en dos d&iacute;as; y muerto por hartazgo de prosa,
+que es, de todos los hartazgos, el m&aacute;s abominable.</p>
+
+<p>Sonre&iacute;ase otra vez la amiga de Sagrario al o&iacute;r c&oacute;mo &eacute;sta se despachaba,
+vuelta ya al pleno dominio de su car&aacute;cter, y replicola:</p>
+
+<p>&mdash;Eso depender&aacute; de la calidad del amor... me parece a m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No hay m&aacute;s que una calidad de amor&mdash;repuso con adem&aacute;n resuelto
+Sagrario&mdash;, y el amor tonto, que no reza con nosotras.</p>
+
+<p>&mdash;Y suponiendo que t&uacute; tengas raz&oacute;n&mdash;pregunt&oacute; Ver&oacute;nica a su amiga, de
+cuyas palabras parec&iacute;a estar pendiente, sin duda por la gracia que le
+hac&iacute;an&mdash;, &iquest;es l&iacute;cito eso?</p>
+
+<p>Revolvi&oacute; aqu&iacute; un poco en el sill&oacute;n el lindo cuerpo la interrogada, y,
+despu&eacute;s de vacilar un instante, respondi&oacute; con gran desparpajo a su
+amiga:</p>
+
+<p>&mdash;Verdaderamente que no me he puesto nunca a mirar el caso por ese lado;
+pero muy il&iacute;cito no debe de ser, cuando tanto se usa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es lo que tanto se usa, Sagrario?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Caramba!, pues el vivir con el marido y el gozar con el amante... Me
+parece que cosa m&aacute;s corriente...</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de estas palabras, fue Ver&oacute;nica quien se qued&oacute; un brev&iacute;simo rato
+algo suspensa; en seguida, sin dejar de mirar con marcada fijeza a su
+amiga, la dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; piensa Gonzalo de esa teor&iacute;a tuya?... Porque supongo que se lo
+habr&aacute;s dado a conocer...</p>
+
+<p>A lo que respondi&oacute; Sagrario con igual frescura que si el asunto no
+rezara con ella:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo lo creo que lo conoce! Pero &iquest;qu&eacute; se le importa a &eacute;l? &iexcl;Gracias a
+Dios, no tiene por qu&eacute; callar! &iquest;No s&eacute; yo la vida que ha hecho, la que
+hace y la que har&aacute;? &iexcl;Ni m&aacute;s ni menos que la m&iacute;a! &iexcl;Para &eacute;l estaba!
+Adem&aacute;s, &iquest;qu&eacute; pone por su parte en este fregado? Sus lacras, sus
+deformidades y sus vicios. &iquest;Puede, en buena justicia, y <i>aunque
+pudiera</i>, aspirar al pleno y singular dominio y usufructo de esta mi
+&laquo;lozana y exuberante juventud&raquo;, como dijo de ella nuestro poeta
+<i>Alj&oacute;far</i> en su ante&uacute;ltimo sahumerio? &iexcl;Oh!, sobre estas materias, ni &eacute;l
+ni yo podemos llamarnos nunca a enga&ntilde;o, por muy recio que truene.
+Estamos los dos bien enterados, bien prevenidos y bien conformes. Y
+&iexcl;c&oacute;mo no estarlo! Nuestro casamiento es lo que menos importa aqu&iacute;, por
+lo tocante a las inclinaciones y prop&oacute;sitos de cada uno. Nos lo hemos
+dicho muchas veces, y ayer hicimos un esmerado resumen de todas las
+anteriores advertencias y prevenciones: &laquo;nos casamos por raz&oacute;n de
+Estado, como si dij&eacute;ramos; habr&aacute; de com&uacute;n entre los dos el hogar, los
+bienes y el ceremonial que es propio de la jerarqu&iacute;a en que se nos
+coloca. Fuera de esto, cada cual se atenga a lo suyo, guarde su alma en
+su almario y haga de su vida lo que mejor le parezca..., por supuesto,
+respetando siempre las buenas formas y las conveniencias sociales...&raquo;,
+porque a esto, bien lo sabes t&uacute;, <i>Beronic</i>, no se debe faltar jam&aacute;s...
+Conque ya ves.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y tan conformes los dos?&mdash;dijo la otra, mirando a Sagrario con los
+ojos un poco fruncidos, mientras se abanicaba lentamente y se recostaba
+contra el respaldo del sill&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Tan conformes&mdash;repiti&oacute; la novia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No es poca fortuna!&mdash;a&ntilde;adi&oacute; su amiga sin cambiar de postura&mdash;; sobre
+todo, para ti.</p>
+
+<p>&mdash;Y para &eacute;l &iquest;por qu&eacute; no?</p>
+
+<p>&mdash;Porque como en Gonzalo no hay grandes prendas que admirar, ni bellezas
+que apetecer, se comprende sin dificultad que t&uacute; te avengas sin gran
+esfuerzo a ese convenio; pero que &eacute;l se resigne a no ser due&ntilde;o y se&ntilde;or
+absoluto de una mujer tan hermosa como t&uacute;, siendo esta mujer la suya
+propia, me parece una abnegaci&oacute;n... inveros&iacute;mil.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; se sonri&oacute; Sagrario, cont&oacute; con los ojos y con el pulgar y el &iacute;ndice
+de su mano izquierda las varillas de su abanico abierto; y sin cesar en
+este entretenimiento ni mirar derechamente a su interlocutora, la
+replic&oacute; con acento de indiferencia:</p>
+
+<p>&mdash;Despu&eacute;s de todo, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s le da?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues me gusta!...</p>
+
+<p>&mdash;Lo dicho, Nica&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Sagrario anim&aacute;ndose un poco m&aacute;s&mdash;; y si te
+parece mucho as&iacute;, pongamos <i>casi, casi</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No lo entiendo, hija&mdash;respondi&oacute; Ver&oacute;nica con visibles muestras de
+curiosidad, y otras tantas de sus intenciones de tirar de la desjuiciada
+lengua de Sagrario&mdash;. Si no lo pones m&aacute;s claro, como si callaras.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; la rubia a contar el varillaje de su abanico; cerrole de pronto
+con estr&eacute;pito; incorporose de un salto; rode&oacute; con sus brazos el cuello
+de su miga, y la dijo al o&iacute;do un secreto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobrecillo!&mdash;exclam&oacute; la otra, en cuanto Sagrario volvi&oacute; a sentarse,
+abriendo el abanico con las dos manos y poni&eacute;ndose tambi&eacute;n a contar el
+varillaje con los ojos un tantico cobardes.</p>
+
+<p>&mdash;Como lo oyes&mdash;dijo la otra algo lisonjeada con el &eacute;xito de su
+confidencia.</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute; &iquest;de qu&eacute; lo sabes?&mdash;pregunt&oacute; Ver&oacute;nica atrevi&eacute;ndose poco a poco.</p>
+
+<p>&mdash;De que me lo ha confirmado &eacute;l con la mayor desverg&uuml;enza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Confirmado! &iquest;Luego ya lo sab&iacute;as?</p>
+
+<p>&mdash;Por Leticia, a quien se lo dijeron amigos &iacute;ntimos de Gonzalo.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a contar las varillas de su abanico Ver&oacute;nica; call&oacute; tambi&eacute;n
+Sagrario, mirando el paisaje del suyo; y dijo a poco rato la primera,
+acaso por mudar de conversaci&oacute;n, quiz&aacute;s porque realmente deseaba ver a
+su amiga apurar la materia a que se refer&iacute;an sus palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Volvamos un momento al caso aquel de tu teor&iacute;a sobre...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola!... &iquest;Si te habr&aacute; ca&iacute;do en gracia?</p>
+
+<p>&mdash;Se me ocurre un reparo que ponerte.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Acaso nacido de lo que acabamos de tratar?</p>
+
+<p>&mdash;Precisamente de ello..., pero de su casta es.</p>
+
+<p>&mdash;Pues venga el reparo.</p>
+
+<p>&mdash;Si el matrimonio es la mortaja del amor, como has venido a decirme en
+substancia, y han dicho antes que t&uacute; muchos <i>calaveras</i> que se han
+casado en seguida, &iquest;por qu&eacute; te casas en la forma que lo haces?</p>
+
+<p>Quedose un poco suspensa la interpelada, como si no entendiera bien el
+alcance de la pregunta, y dijo a la interrogante:</p>
+
+<p>&mdash;Si concretaras el caso un poquito m&aacute;s...</p>
+
+<p>&mdash;Concr&eacute;tole&mdash;repuso la otra; y a&ntilde;adi&oacute;&mdash;: si lo que interesa es
+conservar el amor que sientes, por hoy, y este amor es de m&aacute;s hondas
+ra&iacute;ces que el de ayer... y el de anteayer, porque no tienen cuenta los
+que te he conocido...</p>
+
+<p>&mdash;Gracias.</p>
+
+<p>&mdash;Es justicia.</p>
+
+<p>&mdash;Como te parezca... Adelante.</p>
+
+<p>&mdash;Si lo que te interesa, digo, es conservar ese amor con todos sus
+encantos, &iquest;por qu&eacute; te casas sin maldita la necesidad? Cons&aacute;grate a &eacute;l
+con vida y alma...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Soltera?</p>
+
+<p>&mdash;Soltera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! Entonces no me has entendido; porque &eacute;se es precisamente el amor
+tonto que yo exceptu&eacute;; y el amor de que yo trato, es amor de m&aacute;s
+substancia, de m&aacute;s... en fin, que no es amor para doncellas.</p>
+
+<p>Pareciole demasiado crudo el concepto a Ver&oacute;nica, a juzgar por la cara
+que puso, y dijo, con miedo de escuchar algo peor:</p>
+
+<p>&mdash;De manera que, para complemento de la teor&iacute;a, es tambi&eacute;n de necesidad
+<i>algo</i> de matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;Indispensable, Nica. &iexcl;Como que es... la <i>patente de corso</i>!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; chica &eacute;sta!&mdash;exclam&oacute; Ver&oacute;nica, verdaderamente asombrada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ahora te desayunas&mdash;la pregunt&oacute; Sagrario con desenvuelta frescura&mdash;,
+y con remilgos de beata te me vienes? Pues &iquest;qu&eacute; ha hecho Leticia, entre
+otros cien ejemplos que pudiera citarte, sino buscar la patente esa, o
+aceptarla con gusto, por lo menos?</p>
+
+<p>&mdash;Leticia no dice esas cosas...</p>
+
+<p>&mdash;No; pero las hace. &iexcl;Te aseguro, y bien lo sabes t&uacute;, que se aprovecha
+de la patente como el corsario de m&aacute;s h&iacute;gados!</p>
+
+<p>Vuelta Ver&oacute;nica a lo suyo y siguiendo en cuanto pod&iacute;a el tono de su
+amiga, atreviese a replicarla:</p>
+
+<p>&mdash;Se me ocurre otro reparo que hacer, no a tu teor&iacute;a precisamente, sino
+al modo que has tenido de ponerla en pr&aacute;ctica: la patente que adquieras
+en tu matrimonio, de nada ha de servirte.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Si es cierto lo que me has contado al o&iacute;do...</p>
+
+<p>&mdash;Te dije que casi, casi: recu&eacute;rdalo...; y entre ello, por poco que sea,
+y el extremo que t&uacute; pensabas, cabe perfectamente la gran vida que puede
+darse una mujer de tan buen gusto como yo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y con esas teor&iacute;as, y con esos... h&iacute;gados&mdash;dijo Ver&oacute;nica levant&aacute;ndose
+y dando a su amiga unos golpecitos en cada mejilla con el abanico
+cerrado&mdash;, te me andabas con melindres al comenzar a hablarme de tu
+casamiento, como una colegialilla ruborosa?</p>
+
+<p>&mdash;Pues, cr&eacute;eme&mdash;respondi&oacute; Sagrario, levant&aacute;ndose tambi&eacute;n&mdash;: as&iacute; y todo,
+me costaba empezar. Pero necesitaba este desahoguillo en v&iacute;speras de
+trance tan nuevo. Aunque una est&aacute; tranquila de conciencia, gusta recibir
+los alientos de tan buenas amigas como t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Valiente pieza est&aacute;s!&mdash;respondi&oacute; &eacute;sta ri&eacute;ndosele muy cerquita de la
+cara.</p>
+
+<p>&mdash;Pues te voy a pagar el piropo con un gran consejo&mdash;repuso Sagrario,
+deteniendo a su amiga, que ya hab&iacute;a echado a andar&mdash;: no te cases con
+Pepe Guzm&aacute;n, aunque, por milagro de Dios, lo pretenda &eacute;l; pero si don
+Mauricio <i>el Solemne</i>, pide tu mano, ac&eacute;ptale.</p>
+
+
+
+<h3><a name="X" id="X"></a>X</h3>
+
+
+<p>Aquella noche durmi&oacute; Ver&oacute;nica bastante mal, porque le dio mucho en que
+entretenerse el recuerdo de su conversaci&oacute;n con Sagrario. Aunque &eacute;sta la
+ten&iacute;a acostumbrada a sus genialidades, que no eran siempre de color de
+rosa, jam&aacute;s hab&iacute;a o&iacute;do de sus labios palabras tan crudas ni pensamientos
+tan atrevidos. Y no era el esc&aacute;ndalo de estas <i>sinceridades</i> lo que la
+mortificaba al acordarse de ellas, pues estaba curada de ciertos
+espantos y hab&iacute;a en su naturaleza, relativamente fr&iacute;a, y si no fr&iacute;a,
+serena y bien equilibrada, aguante para mucho m&aacute;s; sino la coincidencia
+inesperada del fruto de sus largas y minuciosas investigaciones por el
+organismo, dig&aacute;moslo as&iacute;, del medio ambiente en que respiraba y se
+mov&iacute;a, con las <i>teor&iacute;as</i> expuestas por Sagrario. Una cosa es el juicio
+callado que formamos por el esfuerzo &uacute;nico de la propia observaci&oacute;n, y
+otra muy distinta ese mismo juicio cuando le vemos confirmado a voces
+por los dem&aacute;s. Sin ser un verdadero hallazgo entonces, par&eacute;cenos de
+doblada consistencia; y esto le presta cierto color de novedad.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de andar divagando por estos espacios con las alas de su
+imaginaci&oacute;n, de amiga en amiga, de conocida en conocida, pesando y
+midiendo los actos y las palabras, la vida y milagros de cada una de
+ellas, y cuando vio que s&iacute;, entre tantas, eran muy contadas las que
+ten&iacute;an el desparpajo de Sagrario para descubrir los repliegues de la
+conciencia y los escondrijos del coraz&oacute;n, eran todav&iacute;a menos las que no
+cab&iacute;an en los moldes trazados por la desenvuelta rubia, pens&oacute; en el
+consejo que &eacute;sta le hab&iacute;a dado por despedida. &iexcl;Demonio con el consejo!
+Cierto que no pod&iacute;a darse otro m&aacute;s acomodado a la manera de pensar de la
+consejera, y, sobre todo, por lo tocante a don Mauricio <i>el Solemne</i>,
+como &eacute;sta le llamaba; pero &iquest;a qu&eacute; traer a colaci&oacute;n a Pepe Guzm&aacute;n? &iquest;Qu&eacute;
+hab&iacute;a visto en &eacute;l Sagrario para aconsejarla a ella que no le aceptara
+por marido &laquo;aunque, <i>por milagro de Dios</i>, lo pretendiera&raquo;? Por supuesto
+que esta condicional la us&oacute; Sagrario teniendo en cuenta la fama de
+incasable que gozaba el aludido, no porque la considerara a ella indigna
+de aquel otro hero&iacute;smo de este Guzm&aacute;n. &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;a de saber, la muy
+curiosa y entrometida, lo que ignoraba sobre el caso la misma
+interesada? Al fin y a la postre, &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a pasado entre Pepe Guzm&aacute;n y
+ella? Nada en substancia. Que, por entonces, era Ver&oacute;nica la que merec&iacute;a
+las preferencias corteses del incombustible caballero; que hablaban a
+menudo; que la conversaci&oacute;n de &eacute;l le parec&iacute;a muy amena y entretenida a
+ella, y que, seg&uacute;n ella pod&iacute;a juzgar, no le desagradaba la suya al otro;
+que de esta mancomunidad de complacencias, hab&iacute;a ido naciendo como
+cierto prop&oacute;sito de variar de tema en las conversaciones, y de meter la
+sonda de la curiosidad en las espesuras del alma y en las profundidades
+del pensamiento; que se andaba tiempo hac&iacute;a en preparativos de ello, m&aacute;s
+o menos ingeniosos, y que todo esto y mucho m&aacute;s pod&iacute;a hacerse entre un
+hombre tan desapasionado como Guzm&aacute;n, y una mujer tan despreocupada como
+ella, sin que el amor interviniera para nada en el juego... &iexcl;Amor!
+Guzm&aacute;n, seg&uacute;n fama, era incapaz de sentirle por ninguna mujer. Era as&iacute;
+su naturaleza. En cuanto a ella, Ver&oacute;nica, &iquest;en qu&eacute; hab&iacute;a de fundarle?
+Reconoc&iacute;a que era hermoso de cuerpo, noble de alma, y culto y rico de
+inteligencia; que levantaba muchos codos por encima de los galantes
+fr&iacute;volos, de los mozos simples y de los viejos verdes que m&aacute;s abundaban
+a su alrededor; que sent&iacute;a una l&iacute;cita y honda complacencia en verse
+objeto de sus codiciadas atenciones; que le ola con gusto y que se
+apartaba de &eacute;l con cierta pena; que despu&eacute;s de cada entrevista le duraba
+su recuerdo largas horas; que se preparaba para la inmediata con mayores
+precauciones que las de costumbre en parecidos casos, y, por &uacute;ltimo, que
+har&iacute;a cualquier sacrificio por vencerle en el duelo medio empe&ntilde;ado entre
+ambos, es decir, por arrancarle el secreto de sus intenciones, la
+primera gota..., vamos, la se&ntilde;al de que el hielo se fund&iacute;a al calor
+del... <i>inter&eacute;s</i> que ella le inspiraba; pero &iquest;no puede sentirse y
+desearse e intentarse todo esto sin amor? &iquest;No bastaba el m&oacute;vil de la
+curiosidad para que lo sintiera, lo deseara y lo intentara una mujer
+como ella? &iexcl;Oh!, el amor presenta s&iacute;ntomas bien diferentes de &eacute;stos; se
+nota en algo m&aacute;s profundo y m&aacute;s sensible que la memoria y el discurso;
+se siente en lo m&aacute;s vivo del coraz&oacute;n, y el de ella no era, hasta la
+fecha, m&aacute;s que una v&iacute;scera que funcionaba con la inalterable regularidad
+de un cron&oacute;metro.</p>
+
+<p>Discurriendo por esta senda, lleg&oacute; a topar con el sue&ntilde;o, que la venci&oacute;
+tras breve lucha; tan breve, que con serlo mucho m&aacute;s el nombre de
+<i>Pepe</i>, se le qued&oacute; &eacute;ste a la hermosa entre los h&uacute;medos labios, por
+falta de tiempo para acabar de pronunciarle; de manera que del acto
+aquel, medio inconsciente, m&aacute;s que palabra vino a resultar un beso...</p>
+
+<p>Pero volvamos ahora a Sagrario. Su casamiento no tard&oacute; en celebrarse m&aacute;s
+que el tiempo puramente indispensable para los preparativos de &eacute;l,
+hechos por la posta a fuerza de oro. &iexcl;Y qu&eacute; preparativos, Santo Dios! En
+los peri&oacute;dicos elegantes no cab&iacute;an las listas de tantas y tantas ropas,
+de tantas alhajas, de tantos muebles, de tantos caprichos de arte,
+comprado esto, regalado lo otro, tanto en Par&iacute;s, cuanto en Viena;
+aquello, de Florencia; de Londres, lo de m&aacute;s all&aacute;; de Bruselas, los
+encajes; del mism&iacute;simo Jap&oacute;n y del propio Sevres, las porcelanas; de
+Bohemia, la cristaler&iacute;a de color; de puro roc&iacute;o cuajado, la de mesa; lo
+que costaba el traje de novia, blanco como los ampos de la nieve; lo que
+podr&iacute;a comprarse, para av&iacute;o de dos docenas de familias mal acomodadas,
+con lo que val&iacute;an las joyas y el <i>trousseau</i> que regalaba el novio, sin
+contar con otro tan lucido que acababa de recibir &laquo;la hermosa
+<i>prometida</i>&raquo;, como regalo de sus padres... Todo lo fisgoneaban, todo lo
+sab&iacute;an y todo lo conoc&iacute;an por adentro y por afuera, por arriba y por
+abajo, los diligentes revisteros, y de todo escrib&iacute;an sin tregua ni
+descanso, sin calo ni medida, mojando la &aacute;urea pluma en &laquo;&aacute;mbar desle&iacute;do&raquo;
+y sahumando el papel con nubes olorosas de mirra y algalia del Oriente.
+As&iacute; trascend&iacute;a ello, que mareaba. Del &laquo;lecho nupcial&raquo;, tesoro
+inapreciable de maderas, bronces, lienzos, sedas, y brocados, y del
+simb&oacute;lico <i>boudoir</i>, obra de hadas, que no de mortales, &iexcl;Cristo m&iacute;o, qu&eacute;
+cosas se escribieron!... En fin, hasta para los carruajes ingleses, y
+para los caballos que hab&iacute;an de arrastrarlos, y para los levitones
+peludos de los cocheros que hab&iacute;an de conducirlos, hubo jarabe en las
+plumas, y sahumerios en los incensarios de aquellos ingenios de
+guardarrop&iacute;a.</p>
+
+<p>Tras esto, que dur&oacute; muchos d&iacute;as y fue el pasto sabroso de todas las
+mujeres y de todos los hombres fr&iacute;volos de la corte, lleg&oacute; la hora
+suprema; y vuelta a empezar los pobres chicos con nuevos cat&aacute;logos de
+indumentaria, de piropos inveros&iacute;miles y de sensibler&iacute;as y finezas
+cursis: que si la novia as&iacute; o del otro modo; que si p&aacute;lida, que si
+pensativa; que si, con sus cabellos rubios y sus atav&iacute;os blancos,
+parec&iacute;a una joya de oro entre copos de nieve; que si el Patriarca, que
+si los padrinos, que si las amigas, que si quince duques, y veinte
+marqueses, y treinta condes, y no s&eacute; cu&aacute;ntos destitulados, de comitiva;
+y si la fila de coches llegaba desde tal a cual parte, y si hubo entre
+ellos uno de palacio con las correspondientes damas; y quien, en el
+momento cr&iacute;tico, &laquo;verti&oacute; l&aacute;grimas furtivas&raquo;; quien se desmay&oacute;, o quien
+parec&iacute;a arrobada en el m&aacute;s dulce de los &eacute;xtasis... &iexcl;Hasta del novio se
+dijo que era &laquo;un var&oacute;n, honra, prez <i>y esperanza</i> de su preclaro
+linaje&raquo;!</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, el espl&eacute;ndido banquete en los estupendos comedores de la casa
+de la &laquo;hermosa desposada&raquo;; y aquello fue la de v&aacute;monos. De lo que all&iacute;
+hubo, con ser tanto lo que se dijo, fue mucho m&aacute;s lo que se devor&oacute;.
+<i>Alj&oacute;far</i>, el tierno poeta de los salones, que de eso viv&iacute;a y de otras
+fechor&iacute;as semejantes, enronquecido de cantar la hermosura y las
+pomposidades de la novia en los peri&oacute;dicos elegantes, con un hartazgo
+para ocho d&iacute;as y bien atiborrado de Champagne, sin soltar la copa de la
+zurda desenvain&oacute; un soneto con la diestra; Y conmovido y mojando la
+pesta&ntilde;a antes de leerle, acometi&oacute; de nuevo &laquo;a la hechicera reina de la
+fiesta&raquo; (con todas estas asonancias), y la puso hecha un tapiz
+chinesco, con grandes aplausos del ilustre concurso, que le reputaba por
+el m&aacute;s grande de los poetas coet&aacute;neos, y con arroyos del &laquo;llanto&raquo; que
+sab&iacute;a verter el propio vate a cada estrofa, el cual llanto apagaba con
+tragos del espumoso n&eacute;ctar: casi como el pegot&oacute;n aquel de marras,</p>
+
+<p>&laquo;Llorando sin cesar lo que sorb&iacute;a, Y sorbiendo a la vez lo que lloraba&raquo;.</p>
+
+<p>Por conclusi&oacute;n de estos y otros lances que no caben en papeles, los
+preparativos del viaje de los novios; las despedidas, el lagrimeo, los
+s&iacute;ncopes; lances todos ellos que hab&iacute;an de ser tema para el rudo trabajo
+de tres d&iacute;as de los complacidos y galantes revisteros, y de un
+epitalamio inconmensurable del mimado poeta, obra de empuje y
+substancia, como concebida entre los horrores de la digesti&oacute;n de lo del
+banquete, digesti&oacute;n de <i>boa constrictor</i>, por la duraci&oacute;n y la dosis, ya
+que no por la calidad de la metralla engullida.</p>
+
+<p>Y con tanto charlar estos gacetilleros y poetas, no dijeron una palabra
+de don Mauricio <i>el Solemne</i>, sino para citar su nombre entre los m&aacute;s
+&laquo;conspicuos&raquo; concurrentes; nada de sus ahogos al <i>meeroodeear</i>
+materiales para un brindis, al primer taponazo del Champagne; nada de
+sus moribundas miradas a la &laquo;<i>picante beldad</i>, ilusi&oacute;n consoladora de
+los espl&eacute;ndidos marqueses de Mont&aacute;lvez&raquo;; nada de ciertas <i>finezas
+metaf&oacute;ricas</i> que el deslumbrante banquero logr&oacute; deslizar al o&iacute;do de la
+elegante dama, como t&iacute;mido recuerdo de sus anteriores memoriales.</p>
+
+<p>Nada pescaron tampoco aquellos linces de pluma, del ingenioso y breve
+di&aacute;logo sostenido entre Pepe Guzm&aacute;n y su predilecta amiga, formando la
+m&aacute;s gallarda y distinguida pareja que pod&iacute;a imaginarse; en el cual
+di&aacute;logo se parafrase&oacute;, con toda la discreci&oacute;n y gracia posibles, y no
+sacado a plaza por la interlocutora, sino por el sagaz interlocutor, el
+tema aquel que Sagrario confi&oacute; al o&iacute;do de su amiga; y se insinuaron,
+quiz&aacute; en virtud del calor y motivo de la fiesta, las primeras estocadas
+del consabido duelo pendiente entre estos dos expertos espadachines de
+la intriga galante.</p>
+
+<p>Tampoco tuvo en la prensa todo el &eacute;xito que mereci&oacute; la casi augusta
+solemnidad con que el buen marqu&eacute;s de Mont&aacute;lvez desempe&ntilde;&oacute; su papel en la
+fiesta, particularmente durante el breve rato que convers&oacute; <i>aparte</i> con
+el presidente del Consejo de Ministros, y cuando, despu&eacute;s de estrecharle
+reverentemente la mano le dijo algunas palabras al o&iacute;do el Capit&aacute;n
+general de Madrid, vestido de gran uniforme. &iexcl;Oh, qu&eacute; actitudes y qu&eacute;
+m&iacute;mica las suyas en aquellas dos singular&iacute;simas ocasiones! &iexcl;Qu&eacute; bofet&oacute;n
+m&aacute;s sonoro para &laquo;los hombres de Gobierno&raquo; que todav&iacute;a le regateaban la
+credencial de senador! &iquest;D&oacute;nde hallar&iacute;an ellos para ese cargo otro viejo
+m&aacute;s distinguido, m&aacute;s <i>serio</i>, m&aacute;s limpio, m&aacute;s planchado, m&aacute;s opulento,
+ni m&aacute;s adaptable por su tipo al grave ceremonial del &laquo;alto Cuerpo
+Colegislador&raquo;?</p>
+
+<p>En fin, por callarse cosas importantes los cronistas de la solemnidad,
+ni siquiera mencionaron al general Ponce de Lerma, hombre grosero, que,
+en menos de dos horas, ri&ntilde;&oacute; tres veces con el ministro de la Guerra, y
+dio de puntapi&eacute;s a un lacayo en un vest&iacute;bulo, porque al pasar, cargado
+de despojos de la mesa, le manch&oacute; el frac con una salsa amarilla,
+mientras su mujer (la del general) depart&iacute;a, en animado e interesante
+di&aacute;logo, con el subsecretario de Gobernaci&oacute;n, gran mozo, candidato a
+ministro para la primera crisis, soltero y de gran prestigio entre las
+damas elegantes. Era como la sombra de Leticia, desde que Pepe Guzm&aacute;n se
+hab&iacute;a decidido a ser la de Ver&oacute;nica...</p>
+
+<p>Cierto que todas estas cosas mejor eran para calladas que para
+dichas..., casi tanto como las otras que se dijeron y se cantaron en
+prosa y en verso; pero los oficios, o ejercerlos a conciencia, o no
+ejercerlos... En virtud de lo cual hago yo aqu&iacute; punto redondo, antes que
+al impaciente lector le parezca larga esta digresi&oacute;n, que nada quita ni
+pone al inter&eacute;s de la presente historia.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI</h3>
+
+
+<p>A todo esto, el invierno se hab&iacute;a acabado; los salones se cerraban; las
+tertulias se deshac&iacute;an; en el <i>Real</i> hab&iacute;a terminado su temporada la
+compa&ntilde;&iacute;a de celebridades italianas, cuyos gorgoritos hab&iacute;a pagado la
+gente rica con sumas incre&iacute;bles, y las que quer&iacute;an aparentar que tambi&eacute;n
+lo eran, con el fondo del ba&uacute;l, las reba&ntilde;aduras de la despensa y con
+algo m&aacute;s sagrado que no se recobra jam&aacute;s una vez que se ha vendido; y
+&laquo;el mundo elegante&raquo;, sin salones, sin tertulias y sin <i>Real</i>,
+dispers&aacute;base errabundo y como desorientado, a tomar el sol, como los
+simples mortales, por las encrucijadas del Retiro y los amplios
+arrecifes del Prado y de la Fuente Castellana; par&eacute;ntesis de hast&iacute;o en
+la alegre vida de las gentonas pudientes, que s&oacute;lo hab&iacute;a de durar el
+tiempo preciso para que el calorcillo primaveral templara el ambiente
+serrano y se bebiera las charcas del camino por donde hab&iacute;an de ir
+desfilando aqu&eacute;llas en busca de sus costosas, pero entonadas,
+residencias de verano.</p>
+
+<p>La familia que m&aacute;s lo necesitaba, al decir de ella misma; la que saldr&iacute;a
+la primera de todas de Madrid, era la de nuestro amigo el marqu&eacute;s de
+Mont&aacute;lvez. <i>Lo</i> de la marquesa se iba agravando por momentos, hasta el
+punto de poner en mucha alarma a su marido y a su hija. Hab&iacute;a serias
+discrepancias entre los doctores m&aacute;s sonados de Madrid sobre si aquellos
+dolores lentos, profundos y angustiosos, eran simplemente neur&aacute;lgicos o
+reum&aacute;ticos, o acusaban la presencia de un c&aacute;ncer inextirpable, por lo
+cual era de suma urgencia que la enferma saliera a tomar estas aguas,
+aquellos aires y los gases de m&aacute;s all&aacute;; y como lo uno estaba en el
+Pirineo franc&eacute;s, y lo otro en Suiza, y en Alemania y en los confines del
+mundo lo restante, y, adem&aacute;s, era de rigor una detenida consulta con las
+celebridades m&eacute;dicas de Par&iacute;s, la expedici&oacute;n resultaba larga, doblemente
+por las precauciones y comodidades que exig&iacute;a el estado lamentable de la
+marquesa, cuyo m&eacute;dico de cabecera, un hombrecillo ya viejo y de gran
+experiencia, que la quer&iacute;a mucho, porque casi la hab&iacute;a visto nacer, la
+aconsejaba que tuviera juicio, pues ya estaba en edad de ello; que se
+quedara quietecita en su casa, limpi&aacute;ndola antes de ruidos y de
+bambolla; que se acostara tempranito y se levantara tarde; que se curara
+de la ma&ntilde;a inocente de disimular sus vanidades con exigencias de la
+necesidad, y que no tentara a Dios meti&eacute;ndose en aventuras como la que
+iba a acometer, porque ese era precisamente el camino m&aacute;s breve que
+pod&iacute;a elegir para irse por la posta al otro mundo. &iexcl;Como si callara! Se
+traz&oacute; el itinerario, se dispuso y se comenz&oacute; el arreglo de la
+impedimenta, &iexcl;que ya ten&iacute;a que ver!, y hasta se fij&oacute; d&iacute;a para la salida
+de Madrid.</p>
+
+<p>Algunos antes llam&oacute; el marqu&eacute;s a su despacho a Sim&oacute;n, el hombre de su
+confianza, su administrador general e intendente. Dos palabras sobre
+este personaje:</p>
+
+<p>Era manchego, y estaba al servicio del marqu&eacute;s desde algunos a&ntilde;os antes
+que &eacute;ste se casara. Empez&oacute; de <i>groom</i>, con su chaquetilla listada de
+menudos y apretados botones, sus botas de montar y su gorra de librea.
+Despu&eacute;s fue lacayo, y luego criado exclusivamente; m&aacute;s tarde, ayuda de
+c&aacute;mara, y, por &uacute;ltimo, administrador de lo de adentro y de lo de afuera;
+porque era listo como una pimienta, previsor y complaciente hasta lo
+incre&iacute;ble, y en breve tiempo aprendi&oacute; lo que no sab&iacute;a para el delicado
+cargo que le iba a confiar el marqu&eacute;s. Lleg&oacute; a pintar la letra y a sacar
+en el aire las cuentas m&aacute;s complicadas. Si bien lo hac&iacute;a en la
+administraci&oacute;n de los mermados bienes del marqu&eacute;s soltero, mejor lo hizo
+con ellos y los puntales del marqu&eacute;s reci&eacute;n casado, y much&iacute;simo mejor
+con el diluvio de caudales que inund&oacute; la casa a la muerte del ex
+contratista de carreteras y suministros. Era mozo que se crec&iacute;a con los
+obst&aacute;culos. El marqu&eacute;s le admiraba y se dorm&iacute;a en la confianza que ten&iacute;a
+en &eacute;l, y hasta la marquesa le distingu&iacute;a con inusitados testimonios de
+su aprecio. Tanto, que cuando el administrador insinu&oacute; sus deseos de
+casarse con la doncella m&aacute;s mimadita de la casa, no solamente lo
+aplaudi&oacute; aquella se&ntilde;ora, sino que dot&oacute; rumbosamente a la novia y fue su
+madrina de casamiento. El marqu&eacute;s no estimaba tanto al espabilado Sim&oacute;n
+por su destreza en el desempe&ntilde;o del cargo que ejerc&iacute;a, como por el
+talento singular que mostraba para o&iacute;rle y atenderle, para <i>pescarle</i>
+los detalles m&aacute;s finos de sus peroraciones a destajo, y hasta para
+moverle a extenderlas y elevarlas. Como que lleg&oacute; a tomarle como piedra
+de toque de la ley de su elocuencia, ensayando con &eacute;l, bajo el disfraz
+de motivos de tres al cuarto, por salvar las convenientes distancias
+jer&aacute;rquicas, entonaciones, actitudes y arranques que pensaba ostentar,
+en toda su verdadera aplicaci&oacute;n y pompa, en el teatro de sus haza&ntilde;as
+pol&iacute;ticas.</p>
+
+<p>En la ocasi&oacute;n en que aparece en el despacho del marqu&eacute;s, a&uacute;n no hab&iacute;a
+cumplido el medio siglo. Era delgado, de mediana estatura, de ojos
+peque&ntilde;os y alegres, ligeramente moreno, de cara larga y algo afilada, no
+mucha frente, y corto y espeso el pelo gris de su cabeza. Vest&iacute;a un
+traje obscuro, muy modesto y muy limpio, y ten&iacute;a toda la barba afeitada.
+Nada m&aacute;s insignificante que aquel hombre, a la simple vista: parec&iacute;a un
+mozo de caf&eacute;. A la saz&oacute;n, iban sus negocios particulares en pr&oacute;spera
+fortuna. Su mujer era una hormiguita, que traficaba en todo lo
+imaginable; y &eacute;l, con los sueldos ahorrados, otros gajes l&iacute;citos de su
+empleo, y el &oacute;bolo de su hacendosa compa&ntilde;era, pod&iacute;a destinar un
+capitalito <i>modesto</i> a pr&eacute;stamos sin usura, pero bien garantidos. Y as&iacute;
+iba tirando el pobre y adquiriendo una finquita hoy, y ma&ntilde;ana unas
+acciones del Banco de Espa&ntilde;a &laquo;por una casualidad&raquo;, y al otro d&iacute;a una
+hipoteca &laquo;de lance&raquo;. Nada, que hab&iacute;a que quererle y admirarle, en cuanto
+se le o&iacute;a hablar de estas cosas que le pasaban a &eacute;l.</p>
+
+<p>Y basta del sirviente; no vayamos a pecar de descortes&iacute;a con su
+aristocr&aacute;tico se&ntilde;or, que nos espera en su despacho. El despacho del
+marqu&eacute;s era regularmente amplio, <i>severamente vestido, severamente
+puesto y severamente</i> alumbrado por la dulce y severa luz del Norte.
+Maderas de ra&iacute;z de nogal con filetes negros, y cuero cordob&eacute;s con
+grandes clavos de n&iacute;kel; armarios llenos de libros regularmente grandes,
+lujosa y severamente encuadernados; cortinones de color de caf&eacute; con rica
+y severa pasamaner&iacute;a; alfombra persa de severos colores; coronas de
+marqu&eacute;s en cada pa&ntilde;o y en cada mueble; algunos cuadros al &oacute;leo, de tan
+severo gusto, que costaba trabajo descifrar el asunto de ellos debajo de
+la <i>p&aacute;tina</i> que los obscurec&iacute;a..., y as&iacute; sucesivamente. Entre tanto, ni
+una hilacha por los suelos, ni un mueble fuera de su sitio, ni un papel
+ni un cachivache desarreglado encima de la mesa-ministro, detr&aacute;s de la
+cual se arrellanaba el marqu&eacute;s en un sill&oacute;n de una severidad de l&iacute;neas
+intachable.</p>
+
+<p>Verdaderamente val&iacute;a mucho m&aacute;s la urna que el santo. Bien mirado, en
+ropas menores, dig&aacute;moslo as&iacute;, el marqu&eacute;s estaba ya hecho una ruina. Sin
+los retoques y aparatosos arreos con que se presentaba en p&uacute;blico;
+envuelto el cuerpo en holgada bata de cachemira; cubierta la ampl&iacute;sima
+calva con un gorro griego; descuidados los blancos mechones de pelo
+lacio que sobresal&iacute;an por debajo del gorro y por encima de las orejas;
+sin afeitar todav&iacute;a, y mal tapadas las arrugas del pescuezo por el
+cuello escotado de su camisa de dormir, &iexcl;cu&aacute;n diferente era aquel
+marqu&eacute;s del marqu&eacute;s del sal&oacute;n de Conferencias del Congreso, y de sus
+propios salones de recibir, y de todos los salones de la aristocr&aacute;tica
+comuni&oacute;n a que pertenec&iacute;a! Digo en cuanto a su f&iacute;sico; porque en lo
+tocante a lo dem&aacute;s, el hombre averiado y caduco del rinc&oacute;n dom&eacute;stico,
+era el mismo personaje ostentoso de la v&iacute;a p&uacute;blica y de los grandes
+salones. Refi&eacute;rome a la prosopopeya y a la solemnidad.</p>
+
+<p>Bien sabido se lo ten&iacute;a el avisado Sim&oacute;n, y por eso le hizo la misma
+reverencia al entrar en su despacho y verle solo all&iacute;, que si le hallara
+acompa&ntilde;ado del Presidente de las Cortes.</p>
+
+<p>Dejole el marqu&eacute;s que se doblara cuanto pod&iacute;a dar de s&iacute; su el&aacute;stico y
+bien educado espinazo, y le dijo, cuando le vio casi derecho y tan cerca
+como lo permit&iacute;a el debido respeto:</p>
+
+<p>&mdash;Necesito, Sim&oacute;n, para dentro de cuatro d&iacute;as, diez mil duros
+disponibles en poder de mi banquero de Par&iacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Con permiso de Vuecencia&mdash;respondi&oacute; el apoderado, mansa y
+respetuosamente&mdash;, no es el plazo tan desahogado como convendr&iacute;a para
+una cantidad de esa consideraci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;En plazos m&aacute;s cortos has sabido facilitarme sumas mayores&mdash;le replic&oacute;
+el marqu&eacute;s, en tono suave, pero con visos de exigente.</p>
+
+<p>&mdash;Es la pura verdad, se&ntilde;or&mdash;observ&oacute; Sim&oacute;n, entendiendo bien el acento
+de su amo&mdash;, que he tenido esa honra muchas veces; y por lo mismo, me he
+cre&iacute;do obligado a hacer a Vuecencia, con el respeto debido, esa ligera
+indicaci&oacute;n... Porque, si Vuecencia me lo permite, me atrever&eacute; a
+manifestarle que ciertos caminos, cuanto m&aacute;s se pisan y se frecuentan,
+m&aacute;s intransitables se ponen.</p>
+
+<p>&mdash;Todo lo que t&uacute; quieras, Sim&oacute;n, todo lo que t&uacute; quieras; pero no se
+trata ahora de esas cosas, sino de hacer lo que t&eacute; he dicho en el plazo
+que te he marcado.</p>
+
+<p>&mdash;Vuecencia ser&aacute; servido en ese mandato como en todos lo que se digne
+manifestarme; pero creo, salvo el mejor parecer de Vuecencia, que es de
+alguna necesidad poner en su conocimiento las dificultades que hay que
+vencer para dar ahora cumplimiento a los deseos natural&iacute;simos de
+Vuecencia.</p>
+
+<p>&mdash;No veo esa necesidad, Sim&oacute;n. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; ella? O se puede, o no se
+puede: has dicho que s&iacute;... Pues huelgan los comentarios.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, con permiso de Vuecencia, supongo yo que esas dificultades que
+hoy pueden vencerse, a costa de grandes esfuerzos, en un caso id&eacute;ntico
+sean invencibles ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Que en un extremo as&iacute;, convendr&iacute;a estar al tanto de ciertos
+antecedentes, para no extra&ntilde;ar...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Para no extra&ntilde;ar!...</p>
+
+<p>&mdash;Para no atribuir a falta de celo en el administrador (pongo por caso,
+con el respeto debido) lo que es obra de... vamos, de la marcha
+natural..., supongamos, de la cosa misma.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no te entiendo, Sim&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Recordar&aacute; Vuecencia que en varias ocasiones he solicitado el honor de
+que me permitiera explicarle, manifestarle..., vamos, ponerle a la vista
+el estado verdadero... de las cosas, como quien dice.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto. &iquest;Y qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Que Vuecencia ha tenido siempre la bondad de desatender mis ruegos.</p>
+
+<p>&mdash;En lo que te he dado, Sim&oacute;n, la mayor prueba que puedo darte de mi
+absoluta confianza en la administraci&oacute;n de mis caudales.</p>
+
+<p>&mdash;Precisamente, se&ntilde;or, del deseo de corresponder dignamente a la
+inmerecida honra que me dispensa Vuecencia en esa prueba, nace el empe&ntilde;o
+de enterarle...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;De enterarme!... &iquest;Y de qu&eacute;, buen Sim&oacute;n? &iquest;De que no van mis negocios
+en pr&oacute;spera fortuna? &iquest;De que este cortijo, y la otra casa, y tales
+acciones no valen lo que val&iacute;an, porque los arrendamientos, y el
+inquilinato, y el estado general de los negocios, y el aspecto alarmante
+de la pol&iacute;tica as&iacute; lo disponen?... &iquest;No es esto? &iquest;Ves c&oacute;mo yo penetro con
+una sola mirada hasta el interior de las cosas, y vivo en perfecto
+conocimiento de ellas, sin que nadie se tome, el trabajo de pesarlas y
+de medirlas delante de m&iacute;? &iquest;Y qu&eacute; le vamos a hacer si el cuadro no es
+tan risue&ntilde;o como t&uacute; y yo dese&aacute;ramos? Pues paciencia, Sim&oacute;n, paciencia, y
+aguardemos d&iacute;as mejores, que ya vendr&aacute;n. Felizmente, mi caudal no es de
+apariencia: es s&oacute;lido y es abundante, a Dios gracias, y da para todo;
+quiero decir, para aguardar los vivificantes calores del est&iacute;o, bien a
+cubierto de los mort&iacute;feros hielos invernales.</p>
+
+<p>&mdash;Si no he comprendido mal el s&iacute;mil de Vuecencia, ese es precisamente el
+punto en que tengo la desgracia de discrepar de su sabio parecer.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A ver c&oacute;mo?</p>
+
+<p>&mdash;Vuecencia sabe que sus caudales no son los que eran algunos a&ntilde;os hace;
+que han disminuido..., que...</p>
+
+<p>&mdash;Adelante, Sim&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pero desconoce el detalle, el estado en que se encuentra lo que queda
+de ellos; porque, si se me permite manifestarlo, los gastos de la casa y
+las quiebras habidas en ciertos negocios no han guardado la debida
+proporci&oacute;n con la merma de los haberes. El hacer dinero en ciertas
+ocasiones, cuesta m&aacute;s caro que en lo ordinario; y esta carest&iacute;a se
+aumenta seg&uacute;n que las necesidades se van haciendo m&aacute;s visibles y m&aacute;s
+frecuentes..., porque bien sabe Vuecencia que la usura es desconfiada, y
+hay que satisfacerla, y..., vamos, que abusa m&aacute;s de lo que debiera. As&iacute;
+sucede que va Vuecencia a tapar un agujero, y para taparle se forma
+otro; y tapa &eacute;ste, y resulta otro m&aacute;s grande; y, tapa aqu&iacute; y destapa
+all&aacute;, pi&eacute;rdese algo el buen tino, y al menor descuido salta una criba
+entera, que, cr&eacute;alo Vuecencia, no es la mejor capa para esperar un
+hombre, abrigado con ella, los calores del verano; sobre todo, si dan en
+apretar mucho, como aqu&iacute; sucede, los fr&iacute;os del invierno.</p>
+
+<p>&mdash;No basta la buena intenci&oacute;n que a ti te gu&iacute;a, mi fiel Sim&oacute;n, para
+fallar, con el acierto debido, pleitos de determinada naturaleza...</p>
+
+<p>&mdash;Es la pura verdad, se&ntilde;or; pero cuando los n&uacute;meros hablan... Si donde
+hay veinte disponibles se gastan cuarenta, resulta una falta de otros
+veinte.</p>
+
+<p>&mdash;Si no te conociera, pensar&iacute;a que llevabas tu atrevimiento hasta el
+extremo de intentar ponerme a raci&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No te sobresaltes, que ya hice la merecida salvedad; pero no insistas
+en ese tema, porque las necesidades dom&eacute;sticas y sociales de una familia
+tan conspicua como la m&iacute;a, y las de un hombre como yo, no pueden
+sujetarse al r&eacute;gimen admitido para el com&uacute;n de las gentes, ni al
+criterio de un sencillo y honrado administrador como t&uacute;!...</p>
+
+<p>&mdash;Las palabras y los deseos de Vuecencia&mdash;dijo aqu&iacute; el aludido,
+pleg&aacute;ndose casi en dos mitades iguales&mdash;son &oacute;rdenes y ense&ntilde;anzas para
+este su humilde servidor; pero como, por lo mismo, le debo toda la
+verdad de lo poco que se me alcanza, quisiera advertir a Vuecencia, con
+el debido respeto, que no me refer&iacute;a tanto a lo que pudiera llamarse
+<i>gastos de representaci&oacute;n</i> de esta ilustre familia, cuyo necesario
+esplendor eso y mucho m&aacute;s reclama, cuanto a otros independientes de
+ellos, y que no son los que menos agujeros han abierto en la criba a que
+tuve el honor de referirme antes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute; otros gastos te refieres?</p>
+
+<p>&mdash;A los grandes desembolsos que le han costado a Vuecencia los negocios
+que ha emprendido en compa&ntilde;&iacute;a de don Mauricio Ib&aacute;&ntilde;ez...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!..., gajes del oficio, Sim&oacute;n: hay que estar a las duras y a las
+maduras.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto; pero a Vuecencia siempre le han tocado las duras.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n a &eacute;l...</p>
+
+<p>&mdash;Pero ese es su oficio; aqu&iacute; cae y all&iacute; se levanta: de eso vive; al
+paso que Vuecencia...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Otro consejito, Sim&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios me libre de la tentaci&oacute;n de cometer ese nuevo pecado! S&oacute;lo que
+pensaba yo que en ese punto, bien cab&iacute;a, sin ofensa de los respetos que
+debo, una indicaci&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Y &iquest;cu&aacute;l es?</p>
+
+<p>&mdash;Que ser&iacute;a m&aacute;s de sentir que el dinero perdido por Vuecencia, como
+socio del banquero en determinados casos, el que pudiera perder en la
+misma compa&ntilde;&iacute;a, de muy distinta manera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres decirme, Sim&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Que estoy muy bien enterado de que en el se&ntilde;or don Mauricio no es oro
+todo lo que reluce.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s en tu juicio? &iexcl;El banquero de m&aacute;s cr&eacute;dito de todos los
+banqueros de Espa&ntilde;a! &iexcl;El hombre que abarca los negocios m&aacute;s vastos y
+complicados; que manda en el Ministerio de Hacienda como en su propia
+casa!</p>
+
+<p>&mdash;Pues ese que manda en el Ministerio de Hacienda (&iexcl;y as&iacute; va ella!) no
+tiene los asuntos tan limpios y desembarazados como creen las gentes y
+deseara &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo puede ser eso?...</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute;, con permiso de Vuecencia, porque el diablo reclame lo suyo, o
+por otra causa; pero ello es. Y c&oacute;mo el que se ahoga se agarra a lo
+primero que alcanza con las manos, y Vuecencia tiene poca pr&aacute;ctica para
+esos fregados, porque ha nacido para cosas m&aacute;s altas y m&aacute;s nobles...,
+cumplo con un deber, hasta de conciencia, d&aacute;ndole respetuosamente este
+aviso.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; has pisado hoy malas yerbas, Sim&oacute;n... Ya hablaremos oportunamente
+de esas y otras cosas, con la necesaria tranquilidad. Ahora cumple el
+encargo que te he dado, y nada m&aacute;s. Cabalmente me hallas hoy en la peor
+de las condiciones para ocuparme en negocios que me obliguen a fatigar
+la cabeza con discursos ni con preocupaciones.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se encuentra mal Vuecencia?</p>
+
+<p>&mdash;No muy bien: he sentido un fuerte desvanecimiento al levantarme... y
+anoche hab&iacute;a sentido otro al acostarme.</p>
+
+<p>&mdash;Debilidades del est&oacute;mago...</p>
+
+<p>&mdash;Eso creo yo... Pero res&eacute;rvalo, de todos modos. No he querido decir
+nada a la marquesa, por no alarmarla. &iexcl;Ah, los frutos del ambiente de
+esa condenada casa de locos ambiciosos e intrigantes! &iquest;Qu&eacute; han de sacar
+de ella los hombres desinteresados y conciliadores como yo, sino grandes
+desencantos y trastornos cerebrales? &iexcl;No sabes con qu&eacute; ansia aguardo el
+momento de salir a respirar aires libres y m&aacute;s sanos, fuera de la
+atm&oacute;sfera candente en que nos abrasamos aqu&iacute; los desdichados a quienes
+el patriotismo obliga a encadenar hasta sus afectos m&aacute;s &iacute;ntimos al
+presidio de los negocios del Estado!... Tienes mi permiso para
+retirarte, Sim&oacute;n... &iexcl;Ah!, se me olvidaba..., y vaya la noticia por lo
+que has de gozarte en ella, no porque yo le d&eacute; la menor importancia, ni
+deje de considerar el suceso como un tard&iacute;o acto de desagravio, por
+parte del desagradecido Gobierno: lo de mi senadur&iacute;a es cosa acordada,
+al fin.</p>
+
+<p>&mdash;Reciba Vuecencia por anticipado la m&aacute;s humilde, pero la m&aacute;s cordial de
+las felicitaciones.</p>
+
+<p>&mdash;Esas, para la patria, Sim&oacute;n, que tan necesitada est&aacute; de reparaciones
+de esa &iacute;ndole, aunque te suene el reparo a vanagloria. De todas suertes,
+gracias por la cari&ntilde;osa enhorabuena... y Dios te guarde.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII</h3>
+
+
+<p>En ning&uacute;n cap&iacute;tulo de los <i>Apuntes</i> que me sirven de gu&iacute;a en este relato
+hay mayores despilfarros in&uacute;tiles de tiempo y de imaginaci&oacute;n, que en el
+que la redactora da cuenta del viaje proyectado algunos renglones m&aacute;s
+atr&aacute;s. Es, en su mayor parte, un verdadero art&iacute;culo de Revista,
+escrito, por una observadora tan impresionable como inexperta, a trav&eacute;s
+de sus debilidades de sexo y de sus preocupaciones demasiado
+<i>subjetivas</i>. &Eacute;chase de ver desde luego en tan prolija tarea, que en las
+&uacute;ltimas entrevistas de Ver&oacute;nica con Pepe Guzm&aacute;n, el empe&ntilde;ado duelo no
+pas&oacute; de un nuevo cambio de estocadas, como si cada combatiente pusiera
+mayor ah&iacute;nco en defenderse que en herir, desde que por primera vez
+cruzaron los aceros en la boda de Sagrario. Pesa, mide y compara, con
+escrupulosidad de alquimista, cada gesto y cada frase del receloso
+gal&aacute;n; as&oacute;male la impaciencia a cada momento en los puntos de su pluma;
+trasl&uacute;cesele el desasosiego a cada instante; danle motivo todo lugar y
+cualquier suceso para recordar al invulnerable y discurrir sobre estas
+cosas, y aun protesta de que en tan invencible y tenaz empe&ntilde;o no entra
+para nada el inter&eacute;s amoroso; que todo es obra de la curiosidad, tan
+vehemente y disculpable en las mujeres en casos tales, y que su coraz&oacute;n
+contin&uacute;a siendo v&iacute;scera simplemente, sin un latido ni una sensaci&oacute;n de
+m&aacute;s ni de menos que lo regular y ordinario. Podr&aacute; ser aprensi&oacute;n m&iacute;a;
+pero es la verdad que leyendo estas largas disertaciones, se me vienen a
+la memoria los ni&ntilde;os que se tapan los ojos para no ser vistos.</p>
+
+<p>La primera etapa de los expedicionarios fue Par&iacute;s, seg&uacute;n costumbre, y la
+estancia all&iacute;, la m&aacute;s larga de todas las del viaje. Consult&oacute; la enferma
+con las eminencias del &laquo;arte de curar&raquo;, y ninguna de ellas dej&oacute; de
+prometerla un pronto y radical alivio... ni de aconsejar a su familia
+que la volvieran cuanto antes a su casa, porque quietud, sosiego y
+&laquo;auras dom&eacute;sticas&raquo;, era lo que principalmente requer&iacute;a la incurable
+enfermedad de aquella se&ntilde;ora... En fin, lo que la hab&iacute;a aconsejado en
+Madrid su m&eacute;dico de cabecera. Pero declara ya su hija terminantemente
+que su madre no viajaba con la esperanza de curarse, sino con el
+prop&oacute;sito de divertirse as&iacute;; y a&ntilde;ade que este reparo se opuso al
+dictamen, tan bien expuesto y mejor cobrado, de las eminencias; que
+&eacute;stas le aceptaron por suyo reverentemente, y que se le ofrecieron a la
+marquesa bien diluido en un risue&ntilde;o plan de correr&iacute;as por los balnearios
+y sitios de recreo m&aacute;s elegantes y aristocr&aacute;ticos de Europa (igual a lo
+acordado por las eminencias de Madrid despu&eacute;s de haber conocido los
+deseos de la enferma), y que se determin&oacute; que fuera Interlacken, donde
+nunca hab&iacute;a estado, la segunda etapa de la recreativa expedici&oacute;n.
+Ver&oacute;nica hubiera preferido otro rumbo: Vichy, por ejemplo; y no porque
+Pepe Guzm&aacute;n se hubiera despedido para aquellas aguas, que tomaba todos
+los a&ntilde;os para curar ciertos desarreglos de su est&oacute;mago, puesto que la
+hab&iacute;a dado su palabra de encontrarse con ella &laquo;donde menos lo pensara&raquo;,
+sino porque... &laquo;cada cual tiene sus gustos&raquo;.</p>
+
+<p>Pero si dej&oacute; de ver en el Pirineo franc&eacute;s a su amigo tan estimado, en el
+coraz&oacute;n de la Suiza se hall&oacute; con otro que no val&iacute;a menos, seg&uacute;n la fama,
+si se pesaban ambos en oro. Porque all&iacute; estaba don Mauricio <i>el
+Solemne</i>, una semana hac&iacute;a, a curarse sus achaques nerviosos con
+aquellas duchas de hielo derretido. Este pretexto aleg&oacute;, al menos, para
+explicar al marqu&eacute;s su estancia inesperada all&iacute;: inesperada, porque de
+todo hab&iacute;a hablado a su ilustre amigo al despedirse de &eacute;l en Madrid,
+menos de que padeciera tales achaques, ni de que intentara curarlos de
+aquel modo ni en aquel sitio. Cierto que no estaba el banquero en el
+pleno goce de su natural imperturbabilidad cuando estas cosas dec&iacute;a,
+como no lo hab&iacute;a estado cuando se hall&oacute; de improviso en el mismo hotel
+que habitaba, con la presencia de sus egregios amigos; que a este mismo
+&laquo;fenoo&oacute;meeno&raquo; se agarr&oacute; &eacute;l como prueba de la existencia de la
+enfermedad, y que afirm&oacute; que la hab&iacute;a cogido repentinamente una noche,
+muy pocas antes, en lo alto de la calle de Alcal&aacute;, hablando,
+desabrigado, con el ministro de Hacienda. Pero tan mal le iba con el
+tratamiento aquel, en mal hora aconsejado por su m&eacute;dico de cabecera, que
+ten&iacute;a resuelta su marcha a Par&iacute;s en el mismo d&iacute;a, no obstante el nuevo y
+poderoso <i>atraaztivo</i> que ten&iacute;an para &eacute;l aquellos lugares &laquo;desde que los
+honraban tan excelentes y tan <i>inolvidables</i> amigos&raquo;. Esto de
+&laquo;inolvidables&raquo; se lo espet&oacute; a Ver&oacute;nica en un memorial de mirada triste,
+con el correspondiente tir&oacute;n de patilla; el cual memorial fue contestado
+con una sonrisa... de las de Ver&oacute;nica, la cual sonrisa debi&oacute; sentarle al
+<i>recurrente</i> como si le afeitaran en seco.</p>
+
+<p>Y como lo dijo lo hizo, Sali&oacute; <i>en posta</i> de Interlacken aquel mismo d&iacute;a,
+sin aguardar a sentarse a la mesa; y detr&aacute;s de &eacute;l y con el mismo rumbo,
+una dama solitaria, de gran porte y &laquo;cierta traza&raquo;, que hab&iacute;a llegado
+con el banquero mismo, y com&iacute;a a su lado, y a su lado habitaba en el
+hotel; es decir, tabique en medio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y pensar&aacute; el simpl&oacute;n que no le he sorprendido el
+contrabando!&mdash;d&iacute;jose, muy <i>aparte</i>, el marqu&eacute;s, cuando se enter&oacute; de
+todos estos tejemanejes&mdash;. &iexcl;A m&iacute; con esas disculpas de colegial! &iexcl;Al que
+ha sido cocinero antes que fraile! &iexcl;Semejante majaderote! &iexcl;Como si
+tuviera el lance nada de particular, o nos interesara a nosotros cosa
+alguna!</p>
+
+<p>Y no se habl&oacute; m&aacute;s de este suceso en la familia del marqu&eacute;s, ni hab&iacute;a
+para qu&eacute; tampoco.</p>
+
+<p>Escaseaba mucho todav&iacute;a la gente de lustre en aquel sitio; y con esto y
+con no sentarle bien el clima a la marquesa, cond&uacute;josela a otro m&aacute;s de
+su gusto. Y no digo a cu&aacute;l, porque si fuera a seguirla paso a paso en el
+camino de aquellos sus antojos de rica vanidosa, incurrir&iacute;a yo en el
+mismo defecto que he tachado en el correspondiente cap&iacute;tulo de los
+<i>Apuntes</i>.</p>
+
+<p>Mas por grandes que sean mis prop&oacute;sitos de reducirme todo lo posible en
+mi tarea, no he de omitir la menci&oacute;n siquiera de lo que m&aacute;s halagaba y
+seduc&iacute;a los apetitos del marqu&eacute;s durante su peregrinaci&oacute;n por tantos y
+tan culminantes lugares: las celebridades pol&iacute;ticas de todos los Estados
+europeos, que veraneaban dispersas, y con las cuales se topaba ac&aacute; y
+all&aacute;, con sus respectivos cortejos de admiradores y de par&aacute;sitos; los
+estadistas de segunda categor&iacute;a, harto m&aacute;s ceremoniosos y teatrales que
+los de primera: los unos haciendo vida aparte y dej&aacute;ndose sentir, como
+el sol, desde muy lejos, o entre nubes; los otros, invadi&eacute;ndolo todo con
+su pompa de relumbr&oacute;n, presidiendo las mesas, los bailes, las jiras y
+hasta las salas de duchas o de inhalaciones... o la ruleta; pero los
+otros y los unos asediados por legiones de babiecas y por el espionaje
+de los <i>reporters</i>, para apuntar lo que dicen, lo que piensan, lo que
+comen, si se ba&ntilde;an, si se r&iacute;en, si meditan, si se enfadan, o si tosen o
+estornudan, y estamparlo como noticias de sensaci&oacute;n en los peri&oacute;dicos de
+mayor renombre, con las m&aacute;s peregrinas conjeturas sobre el influjo del
+suceso en la pol&iacute;tica internacional. Y a los casinos llegaban estos y
+otros cien peri&oacute;dicos m&aacute;s de todas las naciones, y en todos ellos
+danzaban las noticias y las conjeturas, con otras semejantes y nuevos
+comentarios de propia cosecha, anunciando entrevistas, desentra&ntilde;ando
+frases, prediciendo resultados y dejando muy tirante la curiosidad de
+los lectores con la promesa de nuevos acontecimientos para el d&iacute;a
+siguiente.</p>
+
+<p>Y el marqu&eacute;s devoraba estos peri&oacute;dicos, y contemplaba en &eacute;xtasis a
+aquellos hombres que tanto les daban que decir; y se comparaba con
+ellos, y no se vela m&aacute;s bajo, ni menos ostentoso, ni menos solemne, ni
+menos &laquo;honorable&raquo;: ninguno tomaba tan en serio como &eacute;l eso de &laquo;los
+organismos pol&iacute;ticos&raquo;, &laquo;las energ&iacute;as de la patria&raquo;, &laquo;el sentimiento
+p&uacute;blico&raquo;, &laquo;la alteza y respetabilidad de los cuerpos colegisladores&raquo; y
+otras cosas tales; ninguno le ganaba en desinter&eacute;s, ni en celo, ni en
+instinto pol&iacute;tico, y pocos, muy pocos, llegar&iacute;an a aventajarle en el
+modo y manera de utilizar con honra propia y decoro del sistema &laquo;la
+tribuna del Parlamento&raquo;. Esto era &laquo;obvio, de toda notoriedad e
+inconcuso&raquo;, y, sin embargo, su nombre no aparec&iacute;a jam&aacute;s entre aquellos
+otros, tan tra&iacute;dos y tan llevados, ni hab&iacute;a un papanatas que le
+siguiera, ni un mal periodista que le preguntara su parecer sobre la
+pol&iacute;tica del Czar y las &uacute;ltimas circulares de nuestro ministro de
+Estado. Cit&aacute;basele alguna vez entre los ba&ntilde;istas m&aacute;s distinguidos,
+reci&eacute;n llegados; cortejaban a su hija algunos ins&iacute;pidos gomosos, porque
+era guapa y afamada de rica, y pare usted de contar. Pero &iquest;qu&eacute; diablos
+val&iacute;a todo esto para un hombre de su estirpe, de sus nobles ambiciones
+y..., s&iacute;, se&ntilde;or, de su significaci&oacute;n e importancia, por donde quiera que
+se le considerase? Caprichos, veleidades de la fortuna, del &laquo;hado&raquo;
+quiz&aacute;s..., porque el marqu&eacute;s estaba persuadido de que a los &laquo;hombres
+p&uacute;blicos&raquo; los forman las circunstancias, un momento de la vida, un
+&laquo;choque fortuito&raquo;, de la piedra contra el acero, que hac&iacute;a brotar la luz
+de repente. As&iacute; entend&iacute;a el &laquo;hado&raquo; el buen marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>Entre tanto, lejos de desalentarse en su empresa, cada d&iacute;a buscaba con
+mayor empe&ntilde;o ese instante, ese fortuito choque, y no perd&iacute;a ocasi&oacute;n de
+arrimarse a los privilegiados para hombrearse con ellos y meter la
+cuchara en sus conversaciones. Y as&iacute; pasaba el tiempo en las etapas de
+su viaje, y aun en todos sus viajes de veraneo, si no satisfecho de los
+resultados obtenidos, porque el choque no se verificaba ni la luz se
+produc&iacute;a, consolado, al menos, con la ilusi&oacute;n de que las gentes,
+vi&eacute;ndole tan bien acompa&ntilde;ado, le tomar&iacute;an por lo que no era, es decir,
+por lo que deseaba ser.</p>
+
+<p>Corriendo los d&iacute;as y rodando los expedicionarios, tan pronto en un
+puerto de mar como en una <i>estaci&oacute;n</i> de secano, arrastr&aacute;ndose m&aacute;s que
+caminando la marquesa, a quien apenas bastaba una semana de reposo por
+cada hora de jornada, ninguno de los tres recog&iacute;a el fruto sazonado de
+sus ilusiones: el padre, por lo que se ha visto; la madre, por lo que
+f&aacute;cilmente se adivina, por enormes que sean las dosis de vanidad y de
+tonta presunci&oacute;n de que la supongamos henchida, y la hija, porque a
+medida que el tiempo pasaba sin que se cumpliera la promesa que en
+Madrid hab&iacute;a hecho Pepe Guzm&aacute;n de encontrarse con ella &laquo;donde menos lo
+pensara&raquo;, crec&iacute;an sus impaciencias &laquo;por el natural e insignificante
+deseo de salirse con la suya&raquo;; y la suya era que no se encontrar&iacute;a en
+parte alguna de su expedici&oacute;n veraniega con Pepe Guzm&aacute;n; y no
+encontr&aacute;ndose con &eacute;l, estaba autorizada para decirle, en broma, por
+supuesto, en cuanto le viera en Madrid: &laquo;&iexcl;valiente palabra es la palabra
+de usted!&raquo; Y con esta sola preocupaci&oacute;n, se pagaba bien poco de todo lo
+que hallaba al paso; de preparar el &eacute;xito de sus exhibiciones en playas,
+alamedas y espect&aacute;culos, y mucho menos del tributo ofrecido a su belleza
+por la turba de tenorios contrahechos que a eso van a los &laquo;centros
+elegantes&raquo;, y aun por otros admiradores de m&aacute;s seso y mejor arte.</p>
+
+<p>En Baden-Baden hall&oacute; el rastro de su amiga Sagrario, que andaba
+recorriendo el mundo en su viaje de novia. Hab&iacute;a dejado all&iacute; fama de
+hermosa, de elegante, y, sobre todo, de desenvuelta. Se hablaba mucho,
+much&iacute;simo, de <i>sus hechicer&iacute;as</i>, entre los hombres, y de su &laquo;provocativo
+<i>sans fa&ccedil;on</i>&raquo;, entre las mujeres. Cuando ten&iacute;a el sitio hecho un volc&aacute;n
+de intrigas, de deseos, de c&aacute;lculos y de murmuraciones, desapareci&oacute;
+repentinamente con su marido, porque &eacute;ste, que no sal&iacute;a de la ruleta,
+perdi&oacute; en una noche cuarenta mil duros, sobre otros veinte mil que ten&iacute;a
+perdidos ya; y no se hab&iacute;a casado ella con Gonzalo Quiroga para eso,
+sino para cosa muy diferente. Esto se dec&iacute;a y se propalaba por aquellos
+&aacute;mbitos henchidos de la fragancia de todas las pasiones, buenas y malas,
+pero muy elegantes, y de nada se asombr&oacute; la reci&eacute;n llegada madrile&ntilde;a,
+porque lo uno lo consideraba veros&iacute;mil y hasta necesario, y de lo otro
+sab&iacute;a que era la pura verdad.</p>
+
+<p>Sucesos hartos m&aacute;s graves la aguardaban en Sp&aacute;. Por de pronto, se
+encontr&oacute; all&iacute; con amigos de su mayor intimidad; como que eran Leticia,
+su marido y el subsecretario de Gobernaci&oacute;n; y ya se supondr&aacute; que no
+cuento este hallazgo entre los sucesos graves a que me he referido,
+aunque alguna gravedad revest&iacute;a la altivez del continente de la primera,
+frente a la actitud algo airada y como rencorosa del tercero; pero m&aacute;s
+grave fue una estocada que este funcionario espa&ntilde;ol atiz&oacute;, en la
+madrugada del d&iacute;a siguiente, a un pr&iacute;ncipe ruso bru&ntilde;ido a la francesa,
+que campaba en el sitio por su riqueza, por su boato y hasta por su
+estampa original y castiza. Tampoco fue lo grave la estocada porque
+pusiera en riesgo de muerte al pr&iacute;ncipe ruso, pues no lleg&oacute; tan adentro
+&laquo;la acerada punta&raquo;, sino por el ruido que hizo y lo que dio que hablar a
+las gentes, y que temer a la imp&aacute;vida Leticia, y que hacer a la misma
+Ver&oacute;nica para ayudar a su amiga a convencer al subsecretario de que
+ciertos sucesos, aunque se vean con los ojos y se palpen con las manos,
+no son lo que aparentan, sino quimeras de la imaginaci&oacute;n ofuscada.</p>
+
+<p>Pero lo m&aacute;s original y lo verdaderamente grave del suceso, mirado a
+cierta distancia, fue que el general Ponce, es decir, el marido de
+Leticia, apadrin&oacute; al subsecretario en su duelo con el ruso; en honor de
+la verdad, no porque llevara el apadrinado su frescura al extremo de
+solicitar del otro un favor tan se&ntilde;alado, sino porque el arisco
+veterano, al saber de qu&eacute; se trataba, por rumores llegados hasta &eacute;l,
+&laquo;como amigo, como soldado y como espa&ntilde;ol&raquo;, no quiso que nadie se
+anticipara a prestar ese servicio a su ilustre compatriota. No hay para
+qu&eacute; advertir que este detalle son&oacute; en la colonia elegante y desocupada
+mucho m&aacute;s recio que la estocada y los motivos de ella. En cuanto al
+general, cumplido su deber de amistad, de soldado y de espa&ntilde;ol, y
+altamente satisfecho de su conducta, se volvi&oacute; a sus reales, es decir, a
+pasarse todo el d&iacute;a y parte de la noche con un periodista madrile&ntilde;o,
+desollando al ministro de la Guerra y proporcionando la metralla con que
+el primero le fusilaba, un d&iacute;a s&iacute; y otro no, desde las columnas de su
+peri&oacute;dico. Ni m&aacute;s vela, ni en otra cosa pensaba, ni de otros jugos se
+nutr&iacute;a la fibra de su naturaleza.</p>
+
+<p>Pens&oacute; Ver&oacute;nica, como lo hubiera pensado cualquier otra mujer de honrado
+temple, que despu&eacute;s de aquel ruidoso acontecimiento su amiga abandonar&iacute;a
+a Sp&aacute; con cualquier pretexto; pero no la conoc&iacute;a bastante, con creer
+conocerla muy a fondo. En el de Leticia exist&iacute;an alientos para resistir
+aquel empuje y mucho m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Mi fuga&mdash;dijo a su amiga, hablando con ella de estas cosas&mdash;ser&iacute;a la
+confirmaci&oacute;n de los rumores. Otra mujer en mi caso, aun pensando esto
+mismo que yo pienso, huir&iacute;a por no atreverse a qued&aacute;rse; pero a m&iacute; no me
+espanta la fiera, y ya ver&aacute;s c&oacute;mo la domino.</p>
+
+<p>Y nunca se la hab&iacute;a visto en p&uacute;blico tan serena, tan elegante, tan
+hermosa, ni tan envidiada, como se la vio despu&eacute;s del &laquo;grave suceso&raquo;, ni
+se hab&iacute;a mostrado delante de la gente tan expresiva ni tan afable con el
+subsecretario de Gobernaci&oacute;n, ni tan atenta y cort&eacute;s con el pr&iacute;ncipe
+ruso, que, por cierto, no tard&oacute; tres d&iacute;as en largarse de all&iacute;.</p>
+
+<p>No tuvo Ver&oacute;nica motivos para dolerse de la resoluci&oacute;n tomada por su
+amiga, pues su compa&ntilde;&iacute;a y su serenidad la sirvieron de mucho en el
+verdaderamente &laquo;grave suceso&raquo; que aconteci&oacute; en breve, seguido de otro
+tan grave como &eacute;l. Y fue que hall&aacute;ndose departiendo el marqu&eacute;s y el
+general, momentos antes de sentarse a la mesa, y pase&aacute;ndose a lo largo
+del sal&oacute;n contiguo al comedor, y estando la porf&iacute;a en lo m&aacute;s candente,
+es decir, sosteniendo el segundo que todas las desventuras de Espa&ntilde;a
+proced&iacute;an de la incapacidad y de los desaciertos del ministro de la
+Guerra y de todos sus antecesores, y templando el primero sus crudezas
+con reposadas y campanudas reflexiones sobre el necesario &laquo;concurso de
+las fuerzas vitales del pa&iacute;s&raquo; y &laquo;el engranaje de la m&aacute;quina
+gubernamental&raquo;, de pronto le falt&oacute; la palabra precisa; valiose de otra
+menos propia y muy mal pronunciada; esparciese sobre el sonrosado color
+de su rostro un tinte l&iacute;vido; lanz&oacute; un &aacute;spero quejido por su boca, que
+se torc&iacute;a por momentos, y revir&eacute; los ojos; y a no haberle recibido el
+general entre sus brazos, hubiera dado el pobre marqu&eacute;s con su oronda
+humanidad en el santo suelo.</p>
+
+<p>Lo que all&iacute; suceder&iacute;a despu&eacute;s, no hay para qu&eacute; referirlo. Conducido a su
+habitaci&oacute;n y puesta en movimiento media casa, someti&oacute;sele al tratamiento
+que la ciencia tiene menos desacreditado para esos lances, y se esper&oacute;
+el resultado de &eacute;l y el de la primera consulta que celebr&oacute; un reba&ntilde;o de
+doctores que fueron acudiendo alrededor del paciente, los m&aacute;s de ellos
+sin que nadie los llamara. Tras una hora de encierro en el cuarto
+inmediato al del enfermo, a quien rodeaban su familia gemebunda y
+cuantos espa&ntilde;oles hubo en las inmediaciones, fueron apareciendo uno a
+uno los doctores, en larga y solemne procesi&oacute;n; cedi&eacute;ronles los profanos
+el sitio en derredor del lecho; tom&oacute; la palabra el menos joven y m&aacute;s
+estirado de los m&eacute;dicos; dijo que estaban perfectamente de acuerdo todos
+los profesores all&iacute; reunidos, lo mismo sobre el pron&oacute;stico que sobre el
+diagn&oacute;stico de la enfermedad que aquejaba al se&ntilde;or marqu&eacute;s; que
+aprobaban lo que hasta entonces hab&iacute;an dispuesto los dign&iacute;simos
+compa&ntilde;eros que se les hab&iacute;an anticipado en el honor de prestar los
+primeros auxilios al ilustre paciente; que volver&iacute;an a reunirse dentro
+de dos horas, y que buen &aacute;nimo, entre tanto, para conllevar la
+inevitable pesadumbre por lo ocurrido...; con lo cual, y una ceremoniosa
+inflexi&oacute;n de cuello y de espinazo, sali&oacute; de la estancia seguido de sus
+comprofesores, lo mismo que hab&iacute;an entrado, uno a uno y con la
+respectiva inflexi&oacute;n de cuello y de espinazo, graves, muy graves todos,
+y a cual m&aacute;s atildado y taciturno.</p>
+
+<p>Afortunadamente, lo del marqu&eacute;s no fue tanto como parec&iacute;a. Reh&iacute;zose un
+poco su naturaleza a las pocas horas; al amanecer conoci&oacute; a su familia y
+a sus amigos; articul&oacute; algunas palabras; movi&oacute; los miembros, antes
+paralizados, y al mediod&iacute;a del siguiente pronostic&oacute; el senado de
+doctores, en su tercera consulta, que, sin una complicaci&oacute;n inesperada,
+el ilustre enfermo entrar&iacute;a muy pronto en una franca y satisfactoria
+convalecencia.</p>
+
+<p>Ya las nubes de la tristeza se rasgaban y difund&iacute;an hasta
+transparentarse en aquella mansi&oacute;n, poco antes de l&aacute;grimas y
+sobresaltos, cuando la marquesa, que se hab&iacute;a quedado en la cama aquel
+d&iacute;a para restaurar un poco las fuerzas de su trastornada m&aacute;quina,
+puestas en los l&iacute;mites de la extenuaci&oacute;n con los recientes sustos y el
+anterior ajetreo de su larga peregrinaci&oacute;n, sinti&oacute; de pronto tales
+espasmos, convulsiones y desfallecimientos, que pens&oacute; que su vida
+terminaba en aquel trance, y lo mismo pensaron su atribulada hija y las
+gentes que con ella acudieron a socorrerla. Por consiguiente, nuevos
+apresuramientos, nueva irrupci&oacute;n de doctores, nuevas consultas y nueva
+serie de largu&iacute;simas horas de angustias y sobresaltos para la pobre
+joven, que, en aquella apurad&iacute;sima situaci&oacute;n en que se ve&iacute;a, se jur&oacute; a
+s&iacute; propia emprender la vuelta a Madrid por el camino m&aacute;s corto, tan
+luego como los enfermos se hallaran en condiciones de ponerse en viaje,
+si Dios no hab&iacute;a decretado que le hicieran al otro mundo sin salir de la
+cama.</p>
+
+<p>Pero tambi&eacute;n se resolvi&oacute; en el mejor de los sentidos la crisis alarmante
+de la marquesa; s&oacute;lo que, al paso que el restablecimiento de su marido
+llevaba trazas de ser completo y sin dejar el menor rastro de la
+enfermedad vencida, el de ella caminaba paso a paso, y mal seguros, con
+muchos tropezones y algunas ca&iacute;das. Al fin, llov&iacute;a sobre mojado, y en
+cada nuevo embate de la enfermedad se llevaba &eacute;sta mayor tajada entre
+las u&ntilde;as.</p>
+
+<p>Durante la convalecencia de los dos enfermos, Leticia y Ver&oacute;nica, como
+si quisieran resarcirse de los afanes y tristezas que hab&iacute;an sufrido
+juntas como dos hermanas, mejor que como dos amigas, hablaron mucho, de
+much&iacute;simas cosas: de todo menos del pr&iacute;ncipe ruso y de su duelo con el
+subsecretario de Gobernaci&oacute;n, y de Pepe Guzm&aacute;n, que no asomaba por
+ning&uacute;n sendero a cumplir la palabra empe&ntilde;ada con Ver&oacute;nica. Entre tanto,
+el tal subsecretario, el general y el periodista espa&ntilde;ol, no se
+apartaban un punto del marqu&eacute;s, que ya <i>estaba en voz</i> nuevamente y
+comenzaba a hacer pinitos parlamentarios. Estaba muy satisfecho del
+inter&eacute;s que se hab&iacute;an tomado por su salud el canciller de ac&aacute;, el
+embajador de all&aacute;, un ministro del kedive de Egipto y cien eminencias
+m&aacute;s que veraneaban por all&iacute;. Esto le confortaba y le reconstitu&iacute;a.</p>
+
+<p>Y hablando, hablando Leticia y su amiga, sac&oacute; la primera a relucir a don
+Mauricio <i>el Solemne</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Poco antes de llegar t&uacute;&mdash;dijo a Ver&oacute;nica&mdash;, se present&oacute; aqu&iacute; de
+improviso; se encontr&oacute; con nosotros al d&iacute;a siguiente; y como si le
+hubiera contrariado el encuentro, aquella misma tarde sali&oacute; para Par&iacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Solo?&mdash;pregunt&oacute; sonriendo Ver&oacute;nica.</p>
+
+<p>&mdash;Solo&mdash;respondi&oacute; sonriendo tambi&eacute;n su amiga&mdash;. Porque por m&aacute;s que se
+afirm&oacute; entre los maldicientes lo contrario, yo creo que nada ten&iacute;a que
+ver con &eacute;l una dama muy aparatosa, de cierto pelaje, que le sigui&oacute; muy
+de cerca al marcharse, lo mismo que le hab&iacute;a seguido al llegar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Alta y rubia?&mdash;volvi&oacute; a preguntar Ver&oacute;nica, recordando quiz&aacute;s las
+se&ntilde;as de la de Interlacken.</p>
+
+<p>&mdash;Morena y baja&mdash;respondi&oacute; Leticia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; voracidad de hombre!&mdash;pens&oacute; la otra sin pedir ni dar m&aacute;s
+explicaciones.</p>
+
+<p>Con los equipajes hechos, los convalecientes medio embanastados; en fin,
+casi con el pie en el estribo ya para volver a Madrid los tres
+expedicionarios de nuestra historia, dijo Leticia a su amiga al
+despedirse de ella:</p>
+
+<p>&mdash;S&eacute; que el banquero don Mauricio bebe los vientos por ti... &iquest;No te
+gusta que te lo diga?... Lo siento, y perdona; pero escucha. Es un
+<i>tipo</i>, bien a la vista est&aacute;; pero tiene prendas que no puede ni debe
+desconocer una mujer como t&uacute;. Por tanto, como buena amiga y porque te
+quiero mucho, te aconsejo que si pide tu mano, no se la niegues.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias&mdash;respondi&oacute; la aconsejada, pagando con un beso en cada mejilla
+de la consejera otros dos que &eacute;sta le hab&iacute;a estampado en las suyas, con
+las &uacute;ltimas palabras del consejo, como si hubiera querido pint&aacute;rselas
+all&iacute; para que no las olvidara.</p>
+
+<p>&iexcl;Tambi&eacute;n Leticia! &iquest;Era aquello una burla o una pesadilla? El mismo
+consejo que Sagrario, menos en lo referente a Pepe Guzm&aacute;n. &iquest;Por qu&eacute; esta
+omisi&oacute;n? &iquest;Fue por ignorancia o por malicia? &iexcl;Ah!, &iexcl;de qu&eacute; buena gana la
+hubiera hecho ella entonces, y aun antes de entonces, por curiosidad, se
+entiende, nada m&aacute;s que por curiosidad, una pregunta! &laquo;Vamos, Leticia,
+con toda franqueza..., como si te confesaras conmigo, &iquest;hasta qu&eacute; punto
+llegaron tus <i>amistades</i> con <i>&eacute;l</i>?...&raquo; Porque era mucho lo que, de alg&uacute;n
+tiempo a aquella parte, la mortificaba esta sencilla <i>curiosidad</i>.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h3>
+
+
+<p>La marquesa lleg&oacute; a Madrid hecha una l&aacute;stima; pero el marqu&eacute;s, como si
+nada le hubiera pasado. Algo claudicaba del lado derecho, repar&aacute;ndole
+bien, y se le torc&iacute;a la boca al sonre&iacute;rse, y un tanto desmemoriado se
+encontraba en lo tocante a fechas y nombres propios; pero este lev&iacute;simo
+rastro de su pasado accidente se borrar&iacute;a muy pronto, como se hab&iacute;an ido
+borrando otras huellas, harto m&aacute;s hondas, del propio mal.</p>
+
+<p>De muy distinto modo lo ve&iacute;a su hija, que, aun sin lo advertido por los
+doctores de Sp&aacute;, ten&iacute;a en su buen entendimiento la luz necesaria para no
+enga&ntilde;arse; y con esto, y con la evidencia de que el estado de su madre
+era grav&iacute;simo, tambi&eacute;n; con las tristes deducciones que le resultaban de
+estas innegables premisas; la relativa soledad en que se encontraba en
+Madrid, a donde los apuntados sucesos la hab&iacute;an obligado a volver antes
+de lo calculado, y, por consiguiente, hall&aacute;ndose todav&iacute;a rodando fuera
+de la patria todos los amigos de &laquo;su mundo&raquo;; la negrura de los espacios
+a que la condujeron sus cavilaciones pertinaces, y, &iquest;por qu&eacute; negarlo?,
+hasta la ausencia del &uacute;nico hombre de fuste que en aquel caso pudiera
+ser para ella un prudente consejero, y cuanto en este hilo de su
+discurso fue ensartando la mano de Satan&aacute;s, porque otra m&aacute;s honrada no
+pod&iacute;a complacerse en hacer un rosario tan largo y de tan fr&iacute;os
+desalientos, lleg&oacute; a apoderarse de la infeliz una verdadera melancol&iacute;a;
+siendo muy de notar que antes se le aumentaba que se le disminu&iacute;a con
+los c&aacute;lculos risue&ntilde;os y los prop&oacute;sitos mundanos, que eran los temas
+exclusivos de la conversaci&oacute;n de los convalecientes con ella. La cual
+tiene abnegaci&oacute;n bastante para declarar sin rebozo en este pasaje de sus
+<i>Apuntes</i>, que interven&iacute;a muy poco o nada su coraz&oacute;n de hija en la
+manifestaci&oacute;n de aquel fen&oacute;meno. No la impresionaban las ilusiones de
+sus padres por el contraste que formaban con su certeza de que era muy
+breve el espacio que las separaba de la sepultura de los ilusos, puesto
+que no era el dolor de perderlos lo que sent&iacute;a en sus temores de
+quedarse hu&eacute;rfana a la hora menos pensada. El fen&oacute;meno era producto de
+un trastorno nervioso, de un estado hist&eacute;rico, sometido al influjo de un
+orden de sentimientos muy distintos: los enumerados ya, y un recelo
+pavoroso de lo desconocido. Su afecto de hija no profundizaba m&aacute;s que lo
+que da de s&iacute; el h&aacute;bito de vivir en comunidad, no muy &iacute;ntima, con otras
+personas. Muy poco y bien triste le parece esto a ella misma; pero
+tranquiliza su conciencia con la cuerda reflexi&oacute;n de que lo extra&ntilde;o
+hubiera sido lo contrario, con una educaci&oacute;n como la que hab&iacute;a recibido
+y unos ejemplos como los que le hab&iacute;an dado en su propia casa.</p>
+
+<p>Veamos qu&eacute; c&aacute;lculos y prop&oacute;sitos eran los que preocupaban a los
+marqueses en los momentos en que todo el tiempo de que dispon&iacute;an debiera
+parecerles corto para liquidar sus largas cuentas con Dios. Los de la
+marquesa se enderezaban a dar a sus salones, en el pr&oacute;ximo invierno, el
+&uacute;ltimo barniz de que carec&iacute;an para brillar entre los m&aacute;s esplendorosos
+de la corte: quer&iacute;a construir un elegante teatro dom&eacute;stico, en el cual
+las damas y los galanes m&aacute;s distinguidos de la aristocracia
+representasen lo selecto del repertorio... franc&eacute;s, en lengua francesa
+por de contado. Esto era el colmo, por entonces, y aun creo que lo es
+por ahora, del rumbo y de la distinci&oacute;n de los salones del <i>buen tono</i>
+madrile&ntilde;o. El intento, si se realizaba, costar&iacute;a un sentido; pero &iquest;qu&eacute;
+ten&iacute;a que ver ella con ese prosaico y vulgar detalle? &iquest;No era rica? &iquest;No
+daban sus caudales para todo? &iquest;No era el intento noble y, am&eacute;n de noble,
+impuesto por la ley inexorable... &laquo;de las cosas&raquo;? Pues habr&iacute;a teatro
+dom&eacute;stico, y lindo y elegante, como el mejor de su especie; y para
+lograrlo as&iacute; y lo m&aacute;s pronto posible, conferenciaba a menudo con el
+mismo arquitecto que le hab&iacute;a trazado y dirigido las obras de su casa, y
+con su hija para la formaci&oacute;n, dig&aacute;moslo as&iacute;, de la <i>troupe</i>
+aristocr&aacute;tica que hab&iacute;a de <i>debutar</i> en &eacute;l, a m&aacute;s tardar en la pr&oacute;xima
+noche de A&ntilde;o Nuevo. Y bien sabido se ten&iacute;an Ver&oacute;nica y su padre que los
+intentos de la marquesa no pod&iacute;an traducirse en broma jam&aacute;s. Siempre
+fueron &oacute;rdenes sus lac&oacute;nicas frases, y leyes inapelables sus deseos.
+Esto, en buena salud; &iexcl;qu&eacute; no suceder&iacute;a cuando las molestias de la
+enfermedad la obligaban a ser m&aacute;s antojadiza y exigente?</p>
+
+<p>En cuanto a los planes de su marido, casi est&aacute; por dem&aacute;s advertir que no
+sal&iacute;an del trillado campo de sus anhelos senatoriales. Cierto que le
+constaba con toda evidencia que su senadur&iacute;a era una de las de la
+hornada que de un momento a otro lanzar&iacute;a el Gobierno a los estantes de
+la <i>Gaceta</i>; y sobre este importante preliminar, por tantos a&ntilde;os
+perseguido, nada ten&iacute;a ya que temer; pero no se trataba de eso, sino de
+algo que deb&iacute;a seguir inmediatamente al acontecimiento, como el
+estampido a la expansi&oacute;n de la p&oacute;lvora inflamada en un arma de fuego.
+&iquest;C&oacute;mo le celebrar&iacute;a &eacute;l, cu&aacute;ndo y en d&oacute;nde? &iquest;A qu&eacute; y con qui&eacute;nes le
+obligaba esa distinci&oacute;n, que no por ser justa y merecida y aun algo
+tard&iacute;a, dejaba de haber sido piedra de toque de muchas y buenas
+amistades... y de asombrosos temples de paciencia?</p>
+
+<p>Esto le preocupaba, y a este tema se redujeron sus conversaciones
+familiares por muchos d&iacute;as. Al fin resolvi&oacute;, sin que nadie se le
+opusiera, que dar&iacute;a un banquete <i>de circunstancias</i> en su propia casa,
+tan pronto como los ausentes personajes volvieran a Madrid y entrara en
+sus ordinarios quicios la vida pol&iacute;tica y social de la corte; y que en
+ese banquete pronunciar&iacute;a &eacute;l un discurso, en el cual &laquo;quedara bien
+definida su significaci&oacute;n al lado del Gobierno de Su Majestad&raquo;, y puesta
+bien de relieve, con la autoridad de su ejemplo y la elocuencia de su
+palabra, &laquo;la necesidad de robustecer el prestigio de los poderes
+p&uacute;blicos con el concurso de todas las fuerzas vivas de todos los hombres
+independientes y desapasionados del pa&iacute;s, tan trabajado y maltrecho por
+obra de todo linaje de mezquinas intrigas y de pasiones bastardas&raquo;.</p>
+
+<p>Tal hab&iacute;a de ser el tema de su <i>acto pol&iacute;tico</i>; y en desenvolverle,
+pulirle y entonarle debidamente, creyendo como art&iacute;culo de fe que hab&iacute;a
+de tener &laquo;inmenso alcance y alt&iacute;sima resonancia&raquo;, se pasaba el buen
+marqu&eacute;s las noches de claro en claro y los d&iacute;as de turbio en turbio,
+como el otro loco (y perdone su ilustre y bien acreditada fama la
+comparaci&oacute;n) con los libros de caballer&iacute;as.</p>
+
+<p>Es de advertir, asimismo, que el banquete, no s&oacute;lo hab&iacute;a de celebrarse
+en su propia casa, sino tambi&eacute;n disponerse y servirse con elementos y
+accesorios de la casa misma; condici&oacute;n sabiamente acordada por el
+marqu&eacute;s, que, contando con que no faltar&iacute;an los obligados sahumerios de
+la prensa al <i>men&uacute;</i> y al aparato de la mesa, no quer&iacute;a ceder a un
+fondista, aunque se llamara Lhardy, ni ese rayo de esplendor que
+tambi&eacute;n cab&iacute;a en el nimbo de su cabeza casi augusta.</p>
+
+<p>Ello es que pasando d&iacute;as y semanas; estando perje&ntilde;ado el discurso y a
+medio digerir; puestos en ejecuci&oacute;n los planes de la marquesa y los
+planos de su arquitecto, y por los suelos algunos tabiques de la casa;
+en Madrid casi todos los encopetados <i>touristas</i> veraniegos; cada hombre
+pol&iacute;tico en su sitio; Ver&oacute;nica no tan aburrida ni nerviosa como a su
+llegada; Pepe Guzm&aacute;n bien perdonado de su falta, en virtud de razones
+bien expuestas y mejor recibidas; la marquesa incapacitada de moverse de
+un sill&oacute;n en cuanto la sacaban, con trabajos, de su lecho, y el marqu&eacute;s
+con su credencial de senador entre las manos, lleg&oacute; el mes de octubre, y
+con &eacute;l la ebullici&oacute;n de la vida madrile&ntilde;a, quiero decir, la de la gente
+de dinero y lustre en los campos colindantes de los placeres y de la
+pol&iacute;tica; y llegando el mes de octubre, que era el que esperaba el
+marqu&eacute;s con grandes ansias, dio por bien digerido su discurso, y
+consagr&oacute; todo el muy escaso que le quedaba sano a disponer el programa
+de la fiesta.</p>
+
+<p>Dejemos por cosa innecesaria la historia de este parto laborioso, y
+pasemos de un salto, que el lector dar&aacute; con gusto, por lo que le abrevia
+el camino, a los linderos del comedor de nuestro personaje, desde donde
+podemos contemplar, sin ser vistos, el cuadro resultante de tantas, tan
+profundas y tan conmovedoras cavilaciones, con lo dem&aacute;s que se sigui&oacute;
+como fin y remate de la fiesta.</p>
+
+<p>Como el banquete era pol&iacute;tico, aunque de otro modo le calificara el
+marqu&eacute;s por pura modestia, no se dio asiento en &eacute;l a las se&ntilde;oras.
+Pasaban de cincuenta los comensales del otro sexo, rigorosamente
+vestidos de sociedad, lo mismo que los criados que les serv&iacute;an los
+manjares y los vinos, y figuraban entre los primeros las tres cuartas
+partes de los ministros, incluso el presidente; los de ambos &laquo;cuerpos
+colegisladores&raquo;; varios diputados de empuje, con grupito; la flor y nata
+de los ancianos del senado; el Capit&aacute;n general y el Gobernador civil de
+Madrid..., y as&iacute; sucesivamente; porque una cosa es que todos estos y
+otros personajes estimaran al anfitri&oacute;n en lo que verdaderamente val&iacute;a,
+y otra muy diferente los rumbosos festivales que sab&iacute;a disponer en su
+casa para prestigio de ella y regalo de sus amigos. Como de los m&aacute;s
+estimados, in&uacute;til es advertir que no se quedaron sin cubierto aquella
+noche ni Pepe Guzm&aacute;n ni el banquero don Mauricio.</p>
+
+<p>Al tratar la prensa peri&oacute;dica al d&iacute;a siguiente de este suceso, grandes
+cosas dijo de la magnificencia del cuadro, tal como aparec&iacute;a en conjunto
+a la vista del reci&eacute;n llegado observador, y grandes despilfarros de
+incienso dedic&oacute; al buen gusto y a la riqueza de la ilustre familia; pero
+preciso es confesar que por aquella vez, si los &laquo;&oacute;rganos de la opini&oacute;n
+p&uacute;blica&raquo; pecaron de entrometidos y de aduladores, en manera alguna de
+inexactos, como no fuera por quedarse cortos en sus rese&ntilde;as y
+ponderaciones. Fue aquel, en efecto, un alarde felic&iacute;simo de saber hacer
+esas cosas por todo lo alto. Era el comedor lo que se llama &laquo;un ascua de
+oro&raquo;; expresiva met&aacute;fora en que cabe cuanto el lector pueda imaginarse
+en profusi&oacute;n de luces sobre l&aacute;mparas y candelabros de ricos y variados
+metales, vajillas estupendas, cristaler&iacute;a de inveros&iacute;mil nitidez y
+ligereza, vasos de porcelanas valios&iacute;simas cargados de raras flores; en
+fin, lo mejor entre lo m&aacute;s caro del profuso acopio de que se dio cuenta
+en otro lugar de este relato, y lo adquirido despu&eacute;s a peso de oro,
+destac&aacute;ndose sobre fondos obscuros, salpicados de brillantes toques
+met&aacute;licos, e interrumpidos en cada puerta por los desmayados pa&ntilde;os de
+las pesadas y ricas colgaduras.</p>
+
+<p>Bien pose&iacute;do estaba el marqu&eacute;s de la suntuosidad del aparato esc&eacute;nico,
+as&iacute; como de la intachable correcci&oacute;n con que iban sirvi&eacute;ndose a sus
+comensales los prodigios de su cocinero y los tesoros de su bodega; y
+por estarlo tanto, andaba m&aacute;s atento a inquirir si ese mismo sentimiento
+se trasluc&iacute;a en los gestos de sus comensales o en las palabras sueltas
+del incesante rumor que hench&iacute;a la estancia, que a responder
+atinadamente a las frases con que alg&uacute;n colateral, creyendo acertar
+mejor as&iacute;, intentaba llevar su atenci&oacute;n al asunto ocasional del
+banquete.</p>
+
+<p>Desde muy temprano hab&iacute;a sentido &eacute;l s&iacute;ntomas premonitorios de estas
+emociones. Inusitadas desconfianzas en su servidumbre, recelos
+injustificables hasta de la habilidad de su envidiado cocinero, le
+tra&iacute;an sin punto de reposo de un lado para otro y de ac&aacute; para all&aacute;;
+mortificaba a su familia con consultas impertinentes y con advertencias
+pueriles, y aturd&iacute;a a su ayuda de c&aacute;mara pidi&eacute;ndole prendas de vestir
+que ten&iacute;a a la vista o entre las manos. Jam&aacute;s hab&iacute;a incurrido en estas
+vulgaridades de tendero rico el se&ntilde;or marqu&eacute;s, ni su familia le hab&iacute;a
+visto tan polilla ni tan desma&ntilde;ado. A ratos se encerraba en su despacho
+y ensayaba a toda voz desde el sill&oacute;n de su mesa, con la salvadera en la
+mano, los p&aacute;rrafos culminantes de su discurso. Le sal&iacute;a tal cual; pero
+le costaba mucho trabajo estamparle bien en la memoria. A la hora de
+vestirse, la emoci&oacute;n crec&iacute;a, la memoria se le embrollaba m&aacute;s, y los
+nervios, vibrantes y desconcertados, no le permit&iacute;an ejecutar obra
+alguna con acierto, ni cortar lo m&aacute;s sencillo por donde se&ntilde;alaba. Pero
+&iquest;qu&eacute; hab&iacute;a de sucederle con el traj&iacute;n de tantas horas y las
+preocupaciones de tantos d&iacute;as, que le hab&iacute;an puesto la cabeza como una
+zambomba en ejercicio?</p>
+
+<p>&iexcl;Cosa rara!: fueron menores sus desconciertos y m&aacute;s llevaderas sus
+impresiones, en las proximidades del momento cr&iacute;tico, del instante que
+m&aacute;s le deslumbraba a &eacute;l cuando le consideraba desde lejos; y en cuanto
+se sent&oacute; a la mesa del fest&iacute;n, era ya due&ntilde;o absoluto de sus nervios, de
+su memoria y de toda su ordinaria y ol&iacute;mpica serenidad. Algo de esto
+pasa con todo linaje de peligros: parecen m&aacute;s imponentes cuando se
+piensa en ellos, que cuando se arrostran. El hecho es que el se&ntilde;or
+marqu&eacute;s, aunque muy d&eacute;bil de fuerzas f&iacute;sicas, entr&oacute; en la batalla con
+&aacute;nimo sereno y marcial talante.</p>
+
+<p>Ya hemos visto c&oacute;mo se iba portando en ella. Pero faltaba el lance, el
+episodio decisivo. Tambi&eacute;n lleg&oacute;, al sonar el primer taponazo del
+Champagne. El presidente del Consejo de ministros, que ocupaba el
+asiento frontero al del anfitri&oacute;n, se puso de pie y con una copa en la
+diestra, rebosando de espuma. Comenzaban los brindis.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; fue donde la naturaleza deleznable del marqu&eacute;s sinti&oacute; ciertas
+sacudidas el&eacute;ctricas que le produjeron inevitables alucinaciones y
+desfallecimientos. Eran de esperarse. &iquest;Qu&eacute; cosas le dir&iacute;a aquel
+&laquo;pr&oacute;cer, gigante de la palabra y de la pol&iacute;tica?&raquo; No fueron grandes ni
+muchas, ciertamente: cuatro frases de caj&oacute;n enderezadas a ensalzar los
+merecimientos (que no enumer&eacute;) del ilustre anfitri&oacute;n, para el cargo con
+que el Gobierno, por un acto de estricta justicia, le hab&iacute;a
+recompensado; otras tantas de felicitaci&oacute;n al Gobierno mismo por este
+rasgo de cordura y de integridad de principios y una ligera alusi&oacute;n a la
+robusta vitalidad del Gabinete, indignamente presidido por el
+preopinante, merced a &laquo;su pol&iacute;tica salvadora&raquo; y, &laquo;ante todo y sobre
+todo, a la ilimitada confianza con que correspond&iacute;a a sus sacrificios y
+desvelos la Corona&raquo;.</p>
+
+<p>Sin cesar la indispensable salva de aplausos, se alz&oacute; el ministro de la
+Gobernaci&oacute;n. Dijo casi lo mismo que su presidente, pero con m&aacute;s sal y
+pimienta. De &eacute;sta dedic&oacute; la mayor parte a las impaciencias del partido
+que se juzgaba heredero inmediato del Poder. Era harto incisivo y mordaz
+Su Excelencia; y por eso sus flagelantes alusiones al enemigo mortal
+fueron recibidas con coros de carcajadas y con tempestades de aplausos.</p>
+
+<p>Crey&oacute; el Capit&aacute;n general que era &eacute;l a quien le tocaba remachar el clavo
+con que el ministro de la Gobernaci&oacute;n hab&iacute;a fijado en la picota de sus
+iron&iacute;as al insidioso partido &laquo;que no reparaba en medios para lograr sus
+impopulares fines&raquo;, y se levant&oacute; casi airado, y, sin casi, marcial y
+decidido, a declarar (olvid&aacute;ndose completamente del motivo fundamental
+del banquete y de la presencia del rumboso obsequiante) que, mientras a
+su autoridad estuviera encomendada la conservaci&oacute;n del orden p&uacute;blico en
+su distrito, &iexcl;ay del insensato que alzara en &eacute;l siquiera un dedo para
+alterarle! &iexcl;Ay del temerario que se echara a la calle &laquo;con bastardos
+planes&raquo; y los manifestara con una sola palabra, con un gesto siquiera!</p>
+
+<p>Lo cual oblig&oacute; al ministro de la Guerra despu&eacute;s de consagrar cuatro
+piropos de cortes&iacute;a al estupefacto anfitri&oacute;n, a &laquo;fijar el alcance de las
+patri&oacute;ticas declaraciones, del Capit&aacute;n general, a&ntilde;adiendo, por su parte,
+que con un ej&eacute;rcito tan leal y disciplinado como el invencible ej&eacute;rcito
+espa&ntilde;ol, particularmente desde que estaba bajo su cuidado y vigilancia,
+nada ten&iacute;an que temer los poderes p&uacute;blicos, aun cuando hubiera partidos
+(que no los hab&iacute;a dentro de la legalidad) &laquo;capaces de pensar en locas
+aventuras&raquo;.</p>
+
+<p>Pero estaba all&iacute; el general Ponce de Lerma, conde de Pe&ntilde;as Pardas, y no
+pod&iacute;a dejar sin r&eacute;plica las declaraciones del ministro, aunque con las
+salvedades a que le obligaban el motivo y la ocasi&oacute;n del <i>acto</i> de Su
+Excelencia. Bien estaba el intento de mantener el orden a todo trance, y
+mucho mejor la confianza manifestada en la lealtad &laquo;jam&aacute;s desmentida&raquo;
+del ej&eacute;rcito, base y garant&iacute;a de la paz y del sosiego p&uacute;blicos, no
+obstante el eterno trabajo empleado para corromperle por los que
+intentan hacer de &eacute;l instrumento de sus &laquo;bastardas y descomedidas
+ambiciones&raquo;; pero hab&iacute;a que tener en cuenta, &iexcl;muy en cuenta!, que, en
+determinadas ocasiones, un celo excesivo, imprudente, s&oacute;lo conduc&iacute;a a
+exacerbar las impaciencias y a despertar prop&oacute;sitos a&uacute;n dormidos. En
+fin, que no bastaban las buenas intenciones si no iban acompa&ntilde;adas de
+una gran prudencia, de un juicio bien reposado y, sobre todo, de la m&aacute;s
+completa idoneidad para el alto cargo que se desempe&ntilde;aba. En cuanto a
+que el ej&eacute;rcito nunca hubiera estado mejor organizado ni regido que en
+aquella ocasi&oacute;n, &laquo;lo negaba en absoluto&raquo;...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; terci&oacute; el presidente del Consejo para encauzar, con el prestigio de
+su investidura y la habilidad de su palabra experta, el asunto de las
+peroraciones, algo desbordado por los irreflexivos entusiasmos de los
+unos y por los descomedimientos apuntados, s&iacute;ntomas de otros m&aacute;s graves,
+del implacable enemigo de todos los ministros de la Guerra. Lo que all&iacute;
+se dijera hab&iacute;a de trascender muy lejos, que para eso hab&iacute;a periodistas
+a la mesa; y era de necesidad, por tanto, que las palabras salieran
+pesadas y medidas de la boca de los oradores.</p>
+
+<p>Pero aunque la intervenci&oacute;n del presidente fue cort&eacute;s y comedida, el
+general no quiso a&ntilde;adir una frase m&aacute;s, en bien ni en mal, a las que
+hab&iacute;a pronunciado, y se sent&oacute; de pronto con los bigotes erizados y
+ense&ntilde;ando los dientes, como un mast&iacute;n despu&eacute;s de haber llevado una
+paliza.</p>
+
+<p>Borraron la impresi&oacute;n de este incidente los atildados e insubstanciales
+brindis que le siguieron de los presidentes de ambas C&aacute;maras. Los dos
+graves se&ntilde;ores, ajust&aacute;ndose estrictamente al car&aacute;cter y al motivo
+palmario de la fiesta, consagraron lo principal de sus discursos a mayor
+honra y gloria del festejante, y lo accesorio, vago e incoloro, a la
+pol&iacute;tica. Esto acab&oacute; de fijar el camino indicado por el presidente del
+Consejo para los discursos de los comensales.</p>
+
+<p>Sigui&eacute;ronle rigurosamente los pocos est&oacute;magos agradecidos que hablaron
+despu&eacute;s, hombres de corta talla pol&iacute;tica y de escasa significaci&oacute;n
+literaria; y ya se daba por terminada la serie, prepar&aacute;ndose griegos y
+troyanos a escuchar con la boca abierta la &uacute;ltima, la m&aacute;s solemne de las
+palabras, la que estaba obligado y dispuesto a pronunciar el h&eacute;roe de la
+fiesta, en cuyo aspecto se reflejaban harto claramente las hondas
+impresiones que le combat&iacute;an el esp&iacute;ritu en aquel trance de prueba,
+cuando se levant&oacute; don Mauricio Ib&aacute;&ntilde;ez. Llevaba su correspondiente bomba
+bien cargada, y estaba decidido a lanzarla en medio del concurso, con el
+mismo derecho que el m&aacute;s obligado de los concurrentes: que fuera la
+&uacute;ltima de todas, corriente, y ya eso se lo hab&iacute;a aconsejado su modestia;
+pero dejar de lanzarla, &iquest;qu&eacute; se dir&iacute;a de &eacute;l? Representaba all&iacute; el
+dinero, es decir, la fuerza de las fuerzas y la <i>energ&iacute;a</i> de &laquo;las
+<i>energ&iacute;as</i> del pa&iacute;s&raquo;, y su voz, expresi&oacute;n sincera de su adhesi&oacute;n
+incondicional al Gobierno, y de su amistad intens&iacute;sima e imperecedera a
+la familia del &laquo;pr&oacute;cer generoso&raquo; que le escuchaba, deb&iacute;a resonar tambi&eacute;n
+en aquellos &aacute;mbitos. As&iacute; lo pensaba el banquero, aunque lo dijo de otro
+modo con una copa en la diestra, y la zurda en la patilla de este lado.
+Estuvo menos infeliz que de costumbre en el &laquo;meerooodeo&raquo; de recursos
+oratorios para llenar su cometido. S&oacute;lo dos veces sac&oacute; a plaza a los
+meeroodeadoores, y no llegaron a tres las en que necesit&oacute; agarrarse a su
+muletilla para terminar un per&iacute;odo. En el sahumerio a &laquo;la familia del
+pr&oacute;cer&raquo;, se elev&oacute; hasta lo &eacute;pico; tanto, que no acertaba a bajarse. Pero
+baj&oacute;, aunque maltrecho y desvanecido; y sentose, con aplauso de todos
+los circunstantes.</p>
+
+<p>Y lleg&oacute; el instante que esperaba el marqu&eacute;s, buen rato hac&iacute;a, con
+nerviosa ansiedad. Notaba sin extra&ntilde;eza el pobre hombre que se le
+reproduc&iacute;an los fen&oacute;menos internos que hab&iacute;a sentido por la ma&ntilde;ana, con
+el concurso de otros que le eran enteramente desconocidos; y digo sin
+extra&ntilde;eza, porque todo aquel revoltijo de sensaciones y de desconciertos
+le parec&iacute;a poco, como obra de la extraordinaria situaci&oacute;n en que se
+hallaba colocado. Contaba con algo por el estilo al disponer el programa
+del fest&iacute;n, y aun en los comienzos de &eacute;ste anduvieron bastante ajustados
+a la palpable realidad sus c&aacute;lculos de tantos d&iacute;as; pero el vuelo
+inesperado que tomaron las peroraciones de tantos y tan ilustres
+comensales; aquel mezclarse los paneg&iacute;ricos de sus virtudes c&iacute;vicas y
+pol&iacute;ticas, de sus alt&iacute;simos merecimientos personales, con las cuestiones
+m&aacute;s candentes de la actual gobernaci&oacute;n del Estado, en boca de los
+hombres que ten&iacute;an en sus manos los destinos de la patria; aquel cielo
+de esplendores y de gloria; aquella radiante apoteosis a que se le
+elevaba de pronto y por tales gentes; todo aquello, que levantaba cien
+codos por encima de sus c&aacute;lculos, aunque no de sus &laquo;nobles ambiciones&raquo;,
+era m&aacute;s que suficiente para dar al traste con la serenidad de un
+estoico, cuanto m&aacute;s con la de un hombre como &eacute;l, tan trabajado por &laquo;los
+acontecimientos&raquo; y hasta por los achaques y los a&ntilde;os. Pero en una
+naturaleza como la suya, estas impresiones, estos desconciertos, no
+acusaban un estado patol&oacute;gico de los que minan y destruyen, sino un
+aspecto del esp&iacute;ritu, de los que nutren y vivifican.</p>
+
+<p>As&iacute; discurr&iacute;a el &laquo;honorable marqu&eacute;s&raquo;, en el momento de levantarse para
+&laquo;ejecutar el <i>acto</i>&raquo;, que le estaba encomendado, no s&oacute;lo por su propia
+iniciativa, sino por la situaci&oacute;n en que le hab&iacute;an puesto los discursos
+de los dem&aacute;s; y sino as&iacute; precisamente, porque le bull&iacute;an las ideas en el
+cerebro con marcada incoherencia, con la intenci&oacute;n de discurrir de la
+misma manera, cuando menos. Not&oacute; al incorporarse que le flaqueaban las
+piernas y que su mano torpe sosten&iacute;a mal la copa que maquinalmente hab&iacute;a
+empu&ntilde;ado; lo cual no era de extra&ntilde;ar tampoco, porque, con el calor de la
+sala, sent&iacute;a la cabeza atolondrada y el pecho muy oprimido. Reh&iacute;zose en
+virtud de un gran esfuerzo de la voluntad, y logr&oacute; colocarse en actitud
+conveniente, y hasta dar a su persona el aire ceremonioso y teatral que
+le era propio en id&eacute;nticas situaciones; pero al decir la primera
+palabra, not&oacute; con espanto que se le hab&iacute;a olvidado por entero su
+discurso, lo mismo que si se le hubieran borrado con una esponja en la
+memoria. &iexcl;Cosa m&aacute;s rara a&uacute;n!: no encontr&oacute; estampado en ella m&aacute;s recuerdo
+que el de la huida del banquero de Interlacken, con la rubia que le
+segu&iacute;a de cerca; y de ese asunto iba a hablar, y de &eacute;l hubiera hablado
+inmediatamente, por una perversi&oacute;n instant&aacute;nea de su juicio, como si esa
+fuera la &uacute;nica idea que quedara en el mundo y para ventilarla se hubiera
+congregado tanta gente en su casa, a no hallar en la lengua insuperables
+dificultades de expresi&oacute;n.</p>
+
+<p>Esta novedad le caus&oacute; tal alarma, que produjo en todo su organismo un
+gran sacudimiento, despert&oacute;sele con &eacute;l, por un instante, la
+inteligencia; vio a su luz la extensi&oacute;n y gravedad del apuro, y
+crecieron con ello sus congojas. Observ&oacute; que aumentaba la angustia de su
+pecho, como si se le oprimieran verdugos con ligaduras de acero; que
+&laquo;all&aacute; dentro&raquo; se formaba algo, como burbuja enorme, que se transformaba
+en oleada de sudor fr&iacute;o, que intentaba subir, y sub&iacute;a; y pasar por el
+istmo de la garganta, forcejeando all&iacute; para conseguirlo, porque no
+cab&iacute;a..., y pasaba tambi&eacute;n, pero sin cesar de pasar; que sub&iacute;a otro
+tramo, y al llegar a los o&iacute;dos silbaba y herv&iacute;a y aporreaba; y que
+subiendo, subiendo, se precipitaba con el estruendo y la fuerza de un
+desbordado torrente, en las profundidades del cr&aacute;neo...</p>
+
+<p>Entonces, los que contemplaban al marqu&eacute;s, esperando sus primeras
+palabras, vi&eacute;ronle inclinar la cabeza hacia atr&aacute;s, soltar la copa que
+empu&ntilde;aba su mano tr&eacute;mula, y, exhalando un alarido salvaje, desplomarse
+en el suelo, sobre el cual rebot&oacute; su colodrillo pelado y reluciente, sin
+que nadie hubiera podido recibirle entre sus brazos, porque entre los
+primeros s&iacute;ntomas del acceso, tan f&aacute;ciles de confundir con los de una
+grande emoci&oacute;n, y la ca&iacute;da, no transcurri&oacute; mucho m&aacute;s tiempo que el que
+transcurre entre el fulgor que deslumbra desde el seno de la nube, y el
+rayo que mata.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h3>
+
+
+<p>Si el marqu&eacute;s pudo darse cuenta de que se mor&iacute;a cuando se estaba
+muriendo de veras, y si, penetrado de esta idea, se conceptuaba
+relativamente dichoso, porque le sorprend&iacute;a la muerte en la m&aacute;s alta y
+esplendorosa ocasi&oacute;n de todas las ocasiones de su larga y aprovechada
+vida (muerte de guerrero ilustre, sobre el campo de batalla y bajo una
+balumba de gloriosos laureles), cosas son muy dif&iacute;ciles de averiguar;
+pero que si, despu&eacute;s de muerto, se le hubiera permitido recobrar la vida
+para contemplar la despedida que le hicieron sus deudos y amigos, otra
+explosi&oacute;n de su vanidad hubiera vuelto a quit&aacute;rsela de repente, desde
+luego puede afirmarse, conociendo, como conocimos nosotros, aquella
+naturaleza que se nutr&iacute;a de oropeles y se emborrachaba con relumbrones.
+&iexcl;Tales y tantos fueron los que se consagraron a honrar su memoria entre
+los vivos!</p>
+
+<p>No cupo mayor pompa en el escenario en que se representan esas farsas en
+honor de las notabilidades de alquimia, y todo se hizo ajustado al m&aacute;s
+solemne y ostentoso ceremonial: la exposici&oacute;n del cad&aacute;ver en la <i>capilla
+ardiente</i>, entre largos blandones y negras colgaduras de tosca bayeta;
+el triste clam&oacute;reo de la prensa peri&oacute;dica rindiendo &laquo;el &uacute;ltimo tributo
+de justicia al <i>pr&oacute;cer</i> insigne, al var&oacute;n &iacute;ntegro, al padre amoroso, al
+ciudadano ejemplar, al celoso representante de la patria, al protector
+generoso de las artes y de las letras, al orador de honrada palabra&raquo;,
+etc., etc., y haciendo la pintura de su muerte inesperada, con
+descripciones minuciosas de lugares y accesorios, y con glosas y
+comentarios de los elogios que momentos antes del triste suceso hab&iacute;an
+dedicado al a&uacute;n vivo personaje los hombres m&aacute;s &laquo;conspicuos&raquo; de la
+pol&iacute;tica, de las armas, de las letras y de la banca; el simb&oacute;lico
+catafalco, cargado de emblemas y atributos, tocando casi en las b&oacute;vedas
+del templo, entre una hoguera de luces sobre ricos y enormes
+candelabros; las naves atestadas de &laquo;mundo&raquo;: all&iacute; los vistosos uniformes
+de las m&aacute;s altas jerarqu&iacute;as pol&iacute;ticas y militares; all&iacute; la severa
+etiqueta civil, las gentes de la aristocracia y de los &laquo;salones
+elegantes&raquo;, y all&iacute;, en fin, en apretados grupos, las matronas del &laquo;gran
+mundo&raquo; ricamente ataviadas de negro, con la mirada repartida entre el
+devocionario y la concurrencia, agitando maquinalmente los abanicos
+mientras, desde el coro, llenaba de resonantes armon&iacute;as los &aacute;mbitos de
+la iglesia, la mejor capilla de Madrid.</p>
+
+<p>El entierro no hab&iacute;a sido menos ostentoso. Detr&aacute;s del carro f&uacute;nebre,
+teatral y rid&iacute;culo artefacto, tambi&eacute;n el duelo, a pie, salpicado de
+grandes uniformes; despu&eacute;s, la interminable fila de carruajes, con casi
+otras tantas libreas diferentes, desde las de los &laquo;cuerpos
+colegisladores&raquo;, hasta la de don Mauricio <i>el Solemne</i>; y, por &uacute;ltimo, a
+uno y otro lado de la fila, otras filas m&aacute;s espesas y compactas de
+curiosos desocupados, y en todos los balcones de la carrera m&aacute;s
+espectadores y espectadoras en api&ntilde;ados racimos.</p>
+
+<p>En el Senado, la obligada declaraci&oacute;n de &laquo;profund&oacute; sentimiento&raquo;, tras un
+pomposo elogio de los m&eacute;ritos y virtudes del difunto, hecho por el
+presidente. En el Congreso de Diputados, poco menos; y tomando motivo de
+estos <i>actos</i>, nuevos ditirambos de la prensa peri&oacute;dica al &laquo;llorado
+pr&oacute;cer&raquo;. Por &uacute;ltimo, su retrato en la primera plana de <i>La Ilustraci&oacute;n</i>,
+con la correspondiente biograf&iacute;a un poco m&aacute;s adentro... y una eleg&iacute;a
+elegantemente triste del poeta <i>Alj&oacute;far</i>.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a raz&oacute;n el buen marqu&eacute;s, creyendo que &laquo;a los <i>hombres p&uacute;blicos</i> los
+forman las circunstancias, <i>el hado</i>, un momento de la vida&raquo;. Lo malo
+para &eacute;l fue que ese momento no le lleg&oacute; hasta la hora de su muerte.
+Pero del mal el menos: s&iacute; vivi&oacute; sin levantar un punto sobre la talla de
+los hombres vulgares, por morir a tiempo logr&oacute; asociar a las vanidades
+de su familia el esfuerzo de <i>la cosa p&uacute;blica</i>, para merecer los honores
+p&oacute;stumos tributados a los grandes hombres.</p>
+
+<p>Por eso dije al principio que si el marqu&eacute;s hubiera resucitado para ver
+esto, hubiera vuelto a morirse de una explosi&oacute;n de vanidad satisfecha; y
+a&ntilde;ado ahora, que sin que alcanzara a evitarlo la reflexi&oacute;n (si por
+ventura se la hac&iacute;a, aunque bien a la vista estaba el hecho) de que
+entre las grandes conquistas de su muerte no hab&iacute;a una sola l&aacute;grima con
+que humedecer la ef&iacute;mera hojarasca de su tumba.</p>
+
+<p>No hay para qu&eacute; hablar del f&uacute;nebre aparato esc&eacute;nico a que obligaba, de
+puertas adentro, la mal fingida pesadumbre de la familia. Lo que importa
+para nuestro sencillo relato es saber que el ajetreo, m&aacute;s que la pena,
+agrav&oacute; por unos d&iacute;as la enfermedad de la marquesa, y que, pasado el
+novenario y vuelta la vida a regularizarse, aunque dentro del nuevo
+orden de cosas, los tertulianos de confianza quedaron reducidos, en
+n&uacute;mero, a los m&aacute;s &iacute;ntimos de entre los &iacute;ntimos, por expreso deseo de la
+viuda, que deb&iacute;a quitar toda ocasi&oacute;n de profanar la santidad de sus
+tristezas con recreos demasiado alegres... mientras no los autorizara la
+costumbre; pero que, entre tanto, no quer&iacute;a verse sola.</p>
+
+<p>Entre los electos quedaron todos nuestros conocidos de la antigua
+tertulia. En las primeras noches no se trataron en la reducid&iacute;sima
+asamblea congregada en el gabinete de la dolorida viuda, otros asuntos
+que los que tuvieran alguna relaci&oacute;n, por remota que fuese, con &laquo;el
+inolvidable suceso&raquo;; verbigracia, su resonancia en la opini&oacute;n p&uacute;blica;
+este dicho o el otro comentario, en son de alabanza, por supuesto; los
+funerales, el entierro, la estad&iacute;stica de los concurrentes, de los
+carruajes y de las libreas; los p&eacute;sames oficiales recibidos... &iexcl;hasta de
+Palacio!, los telegramas, las cartas, las tarjetas, los recados; cu&aacute;ntos
+y cu&aacute;ntas, de qui&eacute;nes y de d&oacute;nde; las visitas, en cuerpo y alma, de este
+Grande y de aquel senador, del ministro X y del general Z, de la duquesa
+H y de la princesa J..., y as&iacute; hasta el infinito; pues como &laquo;todo
+Madrid&raquo; anduvo metido en el ajo, seg&uacute;n result&oacute; de la cuenta, ya hubo
+pa&ntilde;o en que cortar para entretenimiento de la viuda y no desagrado de la
+hija; en modo alguno por honrar m&aacute;s la memoria del muerto, que les ten&iacute;a
+sin cuidado, sino porque con todo ello se halagaba la vanidad de su
+familia, en lo cual estaban perfectamente acordes &eacute;sta y los
+tertulianos, aunque no lo declaraban por derecho.</p>
+
+<p>Cuando se agotaron estos temas por cansancio, y porque se agotaron
+tambi&eacute;n muy pronto afuera y adentro los motivos que les daban color de
+actualidad, es decir, cuando la persona y la muerte y los pomposos
+funerales del marqu&eacute;s se borraron, para siempre, de la memoria de los
+vivos, la tertulia fue invadiendo poco a poco el terreno mundano; y
+saqueando en &eacute;l una noticia ahora y un escandalillo despu&eacute;s, repart&iacute;ase
+todo como pan bendito entre los tertulianos, que hincaban los dientes en
+la respectiva tajada, con el aguzado apetito de quien no le ha
+satisfecho en quince d&iacute;as. La primera vez que se habl&oacute; all&iacute; de
+impresiones y aventuras del reciente veraneo, tuvo Ver&oacute;nica la
+curiosidad de preguntar en crudo al banquero que c&oacute;mo le hab&iacute;an sentado
+las aguas de Interlacken para su dolencia, &laquo;cogida de repente en lo
+alto de la calle de Alcal&aacute;&raquo;. El hombre se puso verde y amarillo con la
+pregunta; y ya se tiraba de la patilla para sacar la respuesta, cuando
+Leticia acab&oacute; de atolondrarle afirmando muy seria que los aires de Sp&aacute;
+le hab&iacute;an sentado mucho mejor que aquellas aguas.</p>
+
+<p>O&iacute;r el general Ponce nombrar a Sp&aacute; y no traer a cuento el desaf&iacute;o del
+subsecretario con el pr&iacute;ncipe ruso, era cosa imposible. Como que ese y
+el de Pe&ntilde;as Pardas eran los &uacute;nicos <i>encuentros</i> en que se hab&iacute;a hallado
+en toda su vida. Describi&oacute; el lance con gran lujo de pormenores; y
+j&uacute;zguese de la impresi&oacute;n que causarla en la tertulia el relato de un
+suceso que era popular&iacute;simo en Madrid, con todos sus precedentes y
+motivos. Leticia aguant&oacute; el golpe con la serenidad de una estatua de
+piedra, con gran asombro del banquero, que se gozaba en el castigo que
+hallaba su injustificada mordacidad con &eacute;l, en la imprudente alusi&oacute;n de
+su propio marido.</p>
+
+<p>En cuanto a Ver&oacute;nica, ofendido y todo por ella don Mauricio, no pudo
+&eacute;ste menos de admirar la destreza con que estuvo <i>al quite</i> de aquella
+feroz embestida del general, y sac&oacute; del angustioso apuro a su mujer,
+llevando la conversaci&oacute;n a otro terreno. En el cual se mencionaron los
+sesenta mil duros perdidos en Baden-Baden por Gonzalo Quiroga, y los
+<i>triunfos</i> de Sagrario en las mismas <i>aguas</i>, y se discurri&oacute; largamente
+sobre lo que acontecer&iacute;a despu&eacute;s al elegante matrimonio, cuyo paradero
+se ignoraba a la saz&oacute;n, aunque se sab&iacute;a que hab&iacute;a estado tambi&eacute;n en
+Constantinopla por exigencia terminante de Sagrario.</p>
+
+<p>De este aire y de este corte fueron los asuntos que ocuparon a los
+contad&iacute;simos tertulianos de la marquesa durante muchas noches; y como
+&eacute;stos eran pocos y rara vez asist&iacute;an juntos, porque hab&iacute;a que atender a
+todo, y los modos de entretenerse all&iacute; tan limitados, el tedio lleg&oacute; a
+invadirlos y tuvo la marquesa que templar un tantico la rigidez de su
+programa f&uacute;nebre, echando otra leva entre sus &iacute;ntimos y tolerando en
+casa ciertos recreos de poca bara&uacute;nda.</p>
+
+<p>En esto del tedio, hay algo que advertir por lo que toca al banquero,
+por de pronto. No se divert&iacute;a don Mauricio gran cosa que digamos; pero
+de aquella misma insubstancialidad de conversaciones, de aquella
+peque&ntilde;ez de concurrencia, sacaba &eacute;l atrevimientos y familiaridades de
+que estaba muy necesitado para contrarrestar los invencibles titubeos de
+su naturaleza. El haber sido testigo presencial de la muerte del
+marqu&eacute;s, y hasta &laquo;la casualidad&raquo; de haberle &laquo;precedido&raquo;, inmediatamente
+&laquo;en el uso de la palabra&raquo;, le proporcionaron motivos para entretener
+largamente a aquellas se&ntilde;oras con minuciosos pormenores sobre el
+lamentable acontecimiento, cuando no se hablaba en la casa de otro
+asunto. Esto solo le envalenton&oacute; mucho y le despej&oacute; el camino por donde
+fue aproxim&aacute;ndose poco a poco al trato casi familiar con la viuda y con
+su hija. Pensaba que ten&iacute;a una gran &laquo;misi&oacute;n de consuelo&raquo; y hasta de
+amparo que cumplir all&iacute;, desde que vio el buen &eacute;xito de sus f&uacute;nebres
+narraciones, y ya se mov&iacute;a con desembarazo delante de Ver&oacute;nica, hablaba
+con ella sin que se le atravesaran las palabras en el gaznate, y
+dedicaba largos ratos a conversar con la marquesa en voz baja y, al
+parecer, en la mayor intimidad. Por este lado, pues, el banquero no
+ten&iacute;a motivos para lamentarse de la insipidez de la tertulia.</p>
+
+<p>Harto m&aacute;s arraigado estaba e invencible parec&iacute;a el tedio de Ver&oacute;nica.
+Desde la muerte de su padre, o mejor dicho, desde que pasaron con los
+primeros d&iacute;as siguientes a ella los estr&eacute;pitos del ceremonial del duelo
+y los tr&aacute;mites minuciosos de la preparaci&oacute;n de los lutos, que le
+tuvieron cautiva la atenci&oacute;n, hab&iacute;a vuelto a caer en aquellas tristezas
+que le asaltaron de pronto al volver de su viaje de verano. Las causas,
+seg&uacute;n su propio discurso, eran las mismas de entonces, en lo
+<i>fundamental</i> del fen&oacute;meno; pero, seg&uacute;n mi desapasionado entender y con
+los autos a la vista, puede haber un error muy considerable en aquel
+diagn&oacute;stico, por lo que toca a las <i>fuentes mediatas</i> de la enfermedad.
+En la primera invasi&oacute;n de ella declaraba la enferma que pod&iacute;a haber
+contribuido mucho a su alivio la presencia del &uacute;nico hombre de fuste y
+de consejo que conoc&iacute;a entre los amigos de su casa. En la reca&iacute;da tiene
+a este hombre a su lado, que se afana por entretenerla, que la aconseja
+bien y lleva sus miramientos y delicadezas al extremo de olvidar, o de
+aparentar que olvida, que hay entre ambos un duelo galante convenido y
+aun comenzado. Nunca la conversaci&oacute;n de Guzm&aacute;n ha sido tan varia, ni se
+le ha visto tan decidido a utilizar las provisiones de su memoria de
+artista y los recursos de su juicio de fil&oacute;sofo pr&aacute;ctico, para que no
+decaiga el inter&eacute;s de sus relatos y comentos... Porque es indudable que
+Pepe Guzm&aacute;n est&aacute; convencido, o parece estarlo, de que las preocupaciones
+y tristezas de Ver&oacute;nica tienen el arraigo en el pasado suceso, en el
+temor de otro semejante y en algo que se relaciona inmediatamente con
+todo esto, que es lo mismo que la propia enferma acepta como fundamento
+y origen de su enfermedad; y sin embargo, y mientras &eacute;l la habla y en
+tanto discurre por aquellas alturas, ella, con una impaciencia y un
+disgusto que disfraza con s&iacute;ntomas de su desconcierto nervioso, va
+pasando: &laquo;&iexcl;no es eso!..., &iexcl;no es eso!&raquo; Y cuando &eacute;l se despide, muy
+ufano, ella se queda m&aacute;s contrariada; no porque vuelve a verse sola,
+sino porque tampoco <i>entonces</i> se la ha hablado de <i>algo</i> de que
+<i>debiera</i> habl&aacute;rsela; &laquo;porque Pepe Guzm&aacute;n tiene que convencerse de que
+en la situaci&oacute;n de &aacute;nimo en que ella se encuentra, no pueden interesarla
+relaciones de casos <i>extra&ntilde;os</i>, por bien hechas que est&eacute;n&raquo;. Y Pepe
+Guzm&aacute;n suele responder a estas anhelaciones faltando dos y tres noches
+seguidas a la tertulia.</p>
+
+<p>Con lo cual se exacerban los males de Ver&oacute;nica, que tienen su asiento en
+la desarreglada m&aacute;quina nerviosa, y <i>recuerda</i>, es decir, vuelve a
+pensar que hay entre ambos un grave asunto pendiente, del que parece
+haberse olvidado <i>&eacute;l</i>, o lo que es peor, que trata de olvidarse; y
+entonces juzga que su conducta es muy poco galante, quiz&aacute;s desleal, si
+bien se mira. Hay en el caso hasta se&ntilde;ales de menosprecio y desd&eacute;n hacia
+ella, y esto, esto solo, es lo que la desazona, en el estado de
+irritabilidad en que se halla por un capricho de su naturaleza. Que se
+reanude el litigio, que se ventile entre los dos, o que no se ventile
+por completo; pero que se ponga en tramitaci&oacute;n de nuevo, y eso esparcir&aacute;
+muchos de sus nublados y dar&aacute; alguna entonaci&oacute;n al cordaje destemplado
+de su m&aacute;quina... Todo eso la debe el desertor, hasta por obra de
+misericordia. &iquest;Llegar&aacute; a pag&aacute;rselo? Y si no se lo paga por buenas, &iquest;debe
+reclam&aacute;rselo ella... <i>de cierto modo</i>? &iquest;Autoriza esta conducta la
+importancia de lo tramitado hasta all&iacute;? Y en caso negativo, &iquest;no se
+encuentra ella en condiciones excepcionales que justificar&iacute;an eso y
+mucho m&aacute;s?... Se miraba al espejo, y ve&iacute;a las huellas de sus extra&ntilde;as
+melancol&iacute;as en la palidez de su rostro, destac&aacute;ndose con doblada
+intensidad sobre el fondo negro mate de su luto rigoroso; y como nadie
+la o&iacute;a, se confesaba a s&iacute; propia que val&iacute;a m&aacute;s as&iacute;, con su palidez
+interesante, sin haber perdido la correcci&oacute;n y turgencia de sus formas,
+que con la peste de salud y bienestar que se reflejaba antes en su cara.
+Esto no pod&iacute;a desconocerlo Pepe Guzm&aacute;n, que era hombre de buen gusto.
+Adem&aacute;s, a una mujer agobiada, como ella, por las tristezas, le era
+sumamente f&aacute;cil ir eslabonando, en la larga cadena de sus
+preocupaciones, esbozados sentimientos de todas castas; apuntar
+insinuaciones, conmover hasta con el acento y la actitud... Pero &iquest;no
+resultar&iacute;a esto rid&iacute;culamente sentimental, impropio de una mujer de su
+car&aacute;cter y de sus precedentes, y no producir&iacute;a, por tanto, el efecto
+contrario al que se buscaba? &iexcl;Tendr&iacute;a que ver un resultado as&iacute;!
+&iexcl;Cabalmente era Pepe Guzm&aacute;n el hombre cortado para tomar en serio esas
+farsas de los galanteos rom&aacute;nticos del a&ntilde;o treinta y siete!</p>
+
+<p>Pero algo hab&iacute;a que hacer, si <i>el otro</i> no lo hac&iacute;a espont&aacute;neamente;
+porque <i>aquello</i> no pod&iacute;a quedar as&iacute;, en la situaci&oacute;n de &aacute;nimo en que
+ella se encontraba. Antes lo necesitaba para satisfacci&oacute;n de su femenil
+curiosidad; entonces le era indispensable para curarse de aquella
+inquietud nerviosa que no admit&iacute;a otra medicina y era un simple fen&oacute;meno
+de su rid&iacute;cula enfermedad.</p>
+
+<p>Tales son los hechos que arrojan los autos, en virtud de los cuales bien
+cabe deducir, como antes afirm&eacute;, sin gran temor de equivocarse, que se
+pudo enga&ntilde;ar la enferma en el diagn&oacute;stico de su reca&iacute;da, hasta el punto
+de ver las cosas enteramente al rev&eacute;s de como pasaban.</p>
+
+<p>Y contin&uacute;o ahora diciendo que Pepe Guzm&aacute;n volv&iacute;a a la tertulia tan fino,
+tan cort&eacute;s, tan elegante y tan buen mozo como siempre; tan atento,
+deferente y cari&ntilde;oso con Ver&oacute;nica; pero que del litigio pendiente con
+ella, ni una palabra; y que Ver&oacute;nica, en quien se aumentaban las
+impaciencias con las dificultades, llena de heroicos prop&oacute;sitos de
+tirarle de la lengua cuanto m&aacute;s &eacute;l la escond&iacute;a, nunca hallaba ocasi&oacute;n de
+practicarlos, por sus invencibles temores a salirse de la raya.</p>
+
+<p>As&iacute; fueron corriendo los d&iacute;as y las semanas y aun los meses; lleg&oacute; a
+ajustarse la tertulia, aunque siempre de confianza, a otro ceremonial
+menos ins&iacute;pido, y casi bast&oacute; para ello la vuelta de Sagrario, que tra&iacute;a
+impresiones que relatar, hasta de entrevistas con el Gran Turco,
+mientras su marido, m&aacute;s gangoso que nunca, y alicorto y desva&iacute;do, como
+gallo desplumado, apenas daba se&ntilde;ales de lo poco que antes fue, para
+sacar algunas veces de sus centros al solemne don Mauricio, que no se
+desconcertaba all&iacute; tan f&aacute;cilmente como sol&iacute;a; jugaban ya las cotorronas
+al tresillo, y, con excepci&oacute;n de la m&uacute;sica y del baile, se hac&iacute;a all&iacute; a
+todo lo del a&ntilde;o pasado entre los &iacute;ntimos, siendo la enfermedad grav&iacute;sima
+de la marquesa obst&aacute;culo que no estorbaba para nada, porque, de puro
+sabido, nadie reparaba en &eacute;l.</p>
+
+<p>Una noche, conversando Pepe Guzm&aacute;n con su amiga, y cuando ya &eacute;sta
+comenzaba a curarse de sus impaciencias mortificantes con la cuerda
+reflexi&oacute;n de que no hay tesoro que merezca este nombre si cuesta
+adquirirle m&aacute;s de lo que vale, con la serenidad y el aplomo de quien
+cumple as&iacute; lo establecido en un programa, hizo &eacute;l malicioso y experto
+gal&aacute;n punto redondo en los temas vagos que hasta all&iacute; le hab&iacute;an servido
+desde algunos meses antes para entretener las displicencias de Ver&oacute;nica,
+y la condujo de repente al terreno que tanto ambicionaba ella; quiero
+decir, volviendo al s&iacute;mil tan repetido, que la ret&oacute; de nuevo y que hasta
+se puso en guardia.</p>
+
+<p>La retada sinti&oacute; entonces una fuerte sacudida en lo m&aacute;s hondo y sensible
+de su pecho, y algo como reacci&oacute;n de todo su organismo f&iacute;sico y moral;
+chispe&aacute;ronle los ojos, asom&oacute; la sonrisa a sus labios, y con la decisi&oacute;n
+de un valiente avezado a jugarse la vida en esos lances, acept&oacute; el reto
+sin excusa y ocup&oacute; su terreno sin tardanza. Llegaron a cruzarse los
+aceros; pero en el instante en que parec&iacute;a que iba a empe&ntilde;arse la lucha
+con todo encarnizamiento, suspendi&oacute; Pepe Guzm&aacute;n sus acometidas, mir&oacute; el
+rel&oacute;, tendi&oacute; la diestra a Ver&oacute;nica, puesto en actitud de marcharse, y la
+dijo con singular expresi&oacute;n de acento y de mirada:</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos que hablar de estas cosas muy despacio. Hasta ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>Y se march&oacute;, tan fino, tan elegante y tan &laquo;correcto&raquo; como hab&iacute;a entrado.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV</h3>
+
+
+<p>En aquella memorable noche, &iexcl;con qu&eacute; lentitud corrieron para m&iacute; las
+primeras horas de ella! Desde la muerte de mi padre me acompa&ntilde;aban a la
+mesa dos solteronas, primas de &eacute;l, y no muy sobradas de recursos, aunque
+s&iacute; de bambolla: los parientes m&aacute;s cercanos que me quedaban por la rama
+paterna, pues por la materna los hab&iacute;a tan pr&oacute;ximos y m&aacute;s abundantes,
+seg&uacute;n mis noticias, aunque yo no los conoc&iacute; jam&aacute;s, porque, tambi&eacute;n seg&uacute;n
+informes oficiosos, hubo invencible empe&ntilde;o en ello de parte de quien
+ten&iacute;a el deber de empe&ntilde;arse en lo contrario. Pues comiendo conmigo
+aquella noche las dos parientas mencionadas, estuve a pique de cometer
+con ellas los mayores desatinos. Me sab&iacute;a de memoria su fealdad, sus
+presunciones y bambollas, su incurable fisgoneo, y estaba bien avezada a
+sus bachilleradas y pegoter&iacute;as, sin que nada de ello influyera
+desfavorablemente en el sentimiento, de compasi&oacute;n m&aacute;s que de otra cosa,
+que las pobres se&ntilde;oras me inspiraban; pero en aquella ocasi&oacute;n me
+pareci&oacute;, su fealdad insoportable, me repugnaba el buen apetito con que
+com&iacute;an, y me causaban escalofr&iacute;os y convulsiones su voz, sus palabras y
+sus ademanes. Sin poderlo evitar, las remedaba con mis gestos; y para
+contradecirlas, que era en todo cuanto hablaban, remedaba tambi&eacute;n sus
+voces con la m&iacute;a. Las hubiera tirado con los platos de muy buena gana, y
+no me diera por satisfecha sin arrojarlas a escobazos del comedor.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Y todo ello porque com&iacute;an muy despacio, y hablaban mientras com&iacute;an y
+mientras descansaban entre servicio y servicio, creyendo las pobrecillas
+que cuanto m&aacute;s hablaran y m&aacute;s comieran, mejor se acomodaban a mis
+deseos; y a m&iacute; se me figuraba que por comer y por hablar ellas tanto, no
+corr&iacute;an las horas lo que deb&iacute;an correr, y correr&iacute;an indudablemente en
+cuanto cesaran aquella masticaci&oacute;n inacabable y aquella charla
+insufrible!</p>
+
+<p>&raquo;Consigno estas puerilidades para dar una idea de la tensi&oacute;n en que se
+hallaba &laquo;mi curiosidad&raquo; desde que Pepe Guzm&aacute;n, dej&aacute;ndome la noche antes
+a media miel, se hab&iacute;a despedido de m&iacute; &laquo;hasta ma&ntilde;ana&raquo; para &laquo;hablar muy
+despacio de <i>esas cosas</i>&raquo; &iexcl;Y qu&eacute; natural y sin trastienda me parec&iacute;a a
+m&iacute; aquel ansia por ver en qu&eacute; paraba la porf&iacute;a galante que yo ten&iacute;a
+empe&ntilde;ada (y era la primera en toda mi vida) con el hombre de m&aacute;s
+prestigio entre las damas de aquel tiempo!</p>
+
+<p>&raquo;Termin&oacute; la comida en menos de tres cuartos de hora, aunque yo hubiera
+jurado cosa bien diferente, y continu&oacute; la noche, a pesar de ello,
+andando, para m&iacute;, a paso de carreta.</p>
+
+<p>Encerreme en el tocador, por segunda vez en pocas horas, y pas&eacute; largo
+tiempo (que de esto s&oacute;lo hubiera jurado yo que se trataba) consultando
+con el espejo las innumerables combinaciones de <i>toilette</i> que se me
+ocurr&iacute;an con los escasos elementos que me prestaba el luto, algo
+aliviado, que a&uacute;n vest&iacute;a. &iexcl;Cosa m&aacute;s singular! Cuanto m&aacute;s combinaciones
+inventaba, m&aacute;s semejanzas iba hallando con las cataduras de mis t&iacute;as.
+Conclu&iacute; por re&iacute;rme de mis alucinaciones estramb&oacute;ticas; sal&iacute; del tocador,
+y ayud&eacute;, sin ser hora todav&iacute;a para ello, a arrastrar a mi madre en su
+sill&oacute;n hasta el saloncillo en que recib&iacute;amos las visitas.</p>
+
+<p>&raquo;Al fin, comenzaron allegar algunas de ellas: las viejas del tresillo;
+despu&eacute;s, los hombres que les hac&iacute;an la partida; luego, la condesa viuda
+de Picos Pardos, mi madrina, &iexcl;gran charlatana!; en seguida, <i>Alj&oacute;far</i>,
+&laquo;nuestro poeta&raquo;, que ya nos ten&iacute;a ensordecidos de o&iacute;rle pla&ntilde;ir eleg&iacute;as a
+la muerte de mi padre, y cansados de atacarle el est&oacute;mago de pastas y
+<i>amontillado</i>; Leticia, con su marido... y el subsecretario de
+Gobernaci&oacute;n; Luz&aacute;n de los Airones, caballero de la m&aacute;s preclara nobleza,
+pero simple de remache; Sagrario, con un hermoso turco reci&eacute;n llegado a
+la Legaci&oacute;n de Constantinopla, al cual se permiti&oacute; presentamos,
+contraviniendo a las &oacute;rdenes de mi madre, con la disculpa de que aquella
+noche no era de tertulia <i>casera</i>, sino una de las tres semanales en que
+<i>se recib&iacute;a</i>, &laquo;con m&aacute;s o menos descaro&raquo;; tras esta pareja, otras gentes
+m&aacute;s o menos simp&aacute;ticas... En fin, todos menos <i>&eacute;l</i>..., &iexcl;hasta don
+Mauricio Ib&aacute;&ntilde;ez, con una cantera de pedrer&iacute;a sobre su cuerpo,
+reluciente, bru&ntilde;ido, acicalado e insinuante, como nunca le hab&iacute;a visto
+yo! De puro cumplido, le falt&oacute; muy poco para besar la mano a mi madre,
+como los paladines de teatro. Conmigo fue un caramelo tierno.</p>
+
+<p>&raquo;Mientras la tertulia se rebull&iacute;a sin orden ni concierto, yo andaba de
+ac&aacute; para all&aacute;, poco dispuesta a entretenerme con frivolidades de
+corrillo o cumplimientos resobados. En una de estas evoluciones de
+zigzag, introd&uacute;jeme en el gabinete frontero, abierto de par en par, y
+p&uacute;seme a desarreglar cachivaches y mu&ntilde;ecos que estaban bien colocados.
+En esta ocupaci&oacute;n me entreten&iacute;a, cuando se me aproxim&oacute; el banquero
+ofreci&eacute;ndome su ayuda. Le di las gracias con la menor sequedad que pude,
+y me pidi&oacute; la merced de un cuarto de hora para escucharle lo que ten&iacute;a
+que decirme. Me hizo estremecer la s&uacute;plica. Yo deb&iacute;a barruntar algo por
+el estilo en cuanto vi llegar al hombre a la tertulia tan cargado de
+joyas y de alientos; pero no lo barrunt&eacute;. El asalto ocurri&oacute; junto a la
+chimenea del gabinete; es decir, a la vista de la mayor parte de los
+tertulianos, y frente a frente del sill&oacute;n de mi madre.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pues hable usted&mdash;le dije, apoy&aacute;ndome en el borde de la meseta de la
+chimenea para quitarle a &eacute;l hasta la tentaci&oacute;n de sentarse.</p>
+
+<p>&raquo;Y &laquo;rompi&oacute; a hablar&raquo; el hombre, a su manera, entre bascas y trasudores,
+gemidos y apoyaturas; y habl&oacute; as&iacute; (a medir el tiempo con mis
+impaciencias, m&aacute;s de dos horas), seg&uacute;n el rel&oacute; inmediato, los diez
+minutos bien corridos de su instancia. Sin embargo, todo lo que dijo no
+fue m&aacute;s que el pr&oacute;logo de lo que pensaba decirme. Y de lo dicho deduje
+que ten&iacute;a un caudal &laquo;atroz&raquo;, y una suerte <i>b&aacute;aarbara</i> para los negocios,
+por lo cual esperaba acrecentar sus caudales hasta lo <i>absuuurdo</i>; que
+no era el mismo hombre &laquo;tope a toope&raquo; con una dama como yo, que &laquo;cara a
+caara&raquo; con el ministro de Hacienda &laquo;para plantear un asunto de sus
+especulaciones... y tal y dem&aacute;s&raquo;, y hacerse plaza y lugar entre los m&aacute;s
+respetados en aquellas regiones y las circunvecinas, porque no todas las
+gentes serv&iacute;an para todo; que si le faltaban prendas para brillar entre
+las damas tanto como campaba en el &laquo;mundo financiero&raquo;, no era esa una
+raz&oacute;n para que &eacute;l renunciase al prop&oacute;sito, bien honrado, de que lucieran
+en gloria y bienestar de una mujer de su agrado, &laquo;de estas prendas y las
+otras... y tal y dem&aacute;s&raquo;, los esplendores de sus caudales; y que si no,
+&iquest;para qu&eacute; los quer&iacute;a? Porque &eacute;l pod&iacute;a ser ambicioso, pero no tanto como
+hombre de sano coraz&oacute;n y de nobles miras.</p>
+
+<p>&raquo;Todo esto le comprend&iacute;; todo esto deduje de sus intrincados per&iacute;odos,
+y todo ello me dio bien claro a entender a d&oacute;nde pensaba ir a parar por
+aquel camino. &iexcl;Eso s&oacute;lo me faltaba! &iexcl;Y en qu&eacute; ocasi&oacute;n ven&iacute;a! &iexcl;Estar
+so&ntilde;ando con n&eacute;ctar de los dioses, y despertar con aquella melaza entre
+los labios!</p>
+
+<p>&raquo;Yo no sab&iacute;a qu&eacute; hacer ni qu&eacute; decir. Le felicit&eacute; por sus caudales y por
+sus honrados pensamientos, y trat&eacute; de que no pasara de all&iacute; el asunto,
+aparentando creer que aquello era todo lo que el banquero ten&iacute;a que
+decirme... Ocurri&oacute;seme tambi&eacute;n la idea de abreviar el suplicio d&aacute;ndome
+por entendida de la <i>instancia</i> y plantando en seco al exponente; pero
+&iquest;pod&iacute;a ser yo tan descort&eacute;s con un hombre que no me hab&iacute;a dado motivos
+para ello? &iquest;Y no me expon&iacute;a tambi&eacute;n a que &eacute;l me diera una lecci&oacute;n, hasta
+de prudencia, afirmando que yo me curaba en sana salud, porque jam&aacute;s
+hab&iacute;a so&ntilde;ado con temeridades como la supuesta por m&iacute;? No tuve m&aacute;s
+remedio que resignarme a o&iacute;rlo todo, cuando, deteni&eacute;ndome en una de mis
+acometidas para marcharme, me dijo, casi lloroso de puro dulz&oacute;n y
+suplicante:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Falta la segunda y &uacute;ltima parte de mi pretensi&oacute;n, o, mejor dicho, la
+pretensi&oacute;n enteera. Le juro a usted que se la expondr&eacute; en cuaaatro
+palabras.</p>
+
+<p>&raquo;Y me la espet&oacute;, el condenado, en muy pocas m&aacute;s... &iexcl;La misma con que yo
+contaba!</p>
+
+<p>&raquo;En aquel instante vi entrar a Pepe Guzm&aacute;n en el saloncillo. Este rudo
+contraste acab&oacute; de desconcertar la m&aacute;quina de mis nervios. Claro que yo
+ten&iacute;a que responder que <i>no</i> a las terminantes pretensiones del
+banquero; pero deb&iacute;a, siquiera, mostrarme deferente con sus buenas
+intenciones; darle la p&iacute;ldora, eso s&iacute;, pero no sin dor&aacute;rsela un poco, y
+para ello se necesitaba tiempo y serenidad, y hasta buen humor, y todo
+esto me faltaba a m&iacute;: el tiempo, porque me urg&iacute;a para asuntos m&aacute;s de mi
+agrado; y la serenidad y el buen humor, porque no era posible poseerlos
+en una situaci&oacute;n como la m&iacute;a despu&eacute;s de haber recibido a quemarropa un
+disparo como aquel. Adopt&eacute;, pues, un temperamento mixto: el cumplido
+rampl&oacute;n, las <i>generales</i> del <i>Manual de la joven pudorosa y bien
+educada</i>, suponiendo que exista... &laquo;Me sorprend&iacute;a la pretensi&oacute;n...,
+carec&iacute;a de precedentes..., hasta de merecimientos... El asunto era
+grav&iacute;simo... aun para expuesto de aquel modo, cuanto m&aacute;s para tratado a
+la ligera... A m&iacute; me iba bien con la vida que tra&iacute;a..., no hab&iacute;a pensado
+en abandonarla tan pronto... y, en fin, que ya se presentar&iacute;a ocasi&oacute;n
+m&aacute;s oportuna para hablarle yo del caso, con toda libertad y con mayor
+franqueza...&raquo;</p>
+
+<p>&raquo;Con lo cual y una forzada sonrisa, el correspondiente adem&aacute;n y la
+disculpa de que me llamaban desde la sala, escapeme del gabinete sin
+estudiar con los ojos la impresi&oacute;n que mis respuestas hab&iacute;an causado en
+las profundidades del banquero.</p>
+
+<p>&raquo;Al pasar, not&eacute; que conversaban, en correcto franc&eacute;s, junto al piano
+cerrado, Leticia y el hermoso turco; y en los pocos instantes que me
+detuve con ellos, se acerc&oacute; Sagrario a nuestra amiga, cuyo tipo
+<i>compon&iacute;a</i> admirablemente con el castizo oriental, para decirla en
+castellano:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Te recomiendo mucho que le trates como a cosa m&iacute;a; pero no abuses.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Qu&eacute; presentes tengo hasta las peque&ntilde;eces de aquella noche!</p>
+
+<p>&raquo;Pepe Guzm&aacute;n me sali&oacute; al encuentro con la misma serenidad y aparente
+indiferencia que si no hubiera entre nosotros <i>lance</i> alguno pendiente.
+&iexcl;Y a m&iacute; me temblaba la mano al sentir el contacto de la suya! Hubiera
+jurado en aquel instante que me daba miedo su compa&ntilde;&iacute;a. Tal era mi
+ofuscaci&oacute;n, que ya comenzaba a darme un poco en qu&eacute; pensar; y no es
+extra&ntilde;o enteramente: al fin y al cabo, aquel <i>lance</i> era el &uacute;nico
+<i>aceptado</i> por m&iacute; en todos los d&iacute;as de mi vida.</p>
+
+<p class="c">*</p>
+
+<p>&raquo;&iquest;C&oacute;mo empez&oacute; la escena? Hay que advertir que, con los preliminares
+orillados ya, quedaba en ella muy poco asunto que ventilar: digo mal,
+quedaban pocos tr&aacute;mites que seguir, porque el asunto, entero y
+verdadero, estaba contenido en lo que faltaba por esclarecer.
+Traduci&eacute;ndole al lenguaje llano de la verdad, sin metaf&iacute;sicas ni
+sentimentalismos; consider&aacute;ndole fr&iacute;a y prosaicamente <i>desde afuera</i>, se
+trataba de que Pepe Guzm&aacute;n me declarara que todos los elementos que &eacute;l
+cre&iacute;a necesitar para que se fundieran los convenidos hielos de sus
+desilusiones, se reun&iacute;an en m&iacute;, y de declararle yo, a mi vez, que en &eacute;l
+se hallaban las prendas que me obligar&iacute;an a renunciar a mi prop&oacute;sito,
+tan bien seguido hasta entonces, de no tomar en serio los galanteos.
+Todo ello, expuesto as&iacute; tan desnudo, resulta cursi, y hasta el detenerme
+yo a declarar que lo es, pues por sabido debiera callarse; pero de alg&uacute;n
+modo ha de saberse que otros toques, m&aacute;s cursis a&uacute;n para referidos, como
+lo de las condiciones que necesitaba &eacute;l en una mujer para salir de su
+escondite, y lo de las prendas de que hab&iacute;a de estar adornado un hombre
+para que yo me decidiera a quererle, etc., etc., ya se hab&iacute;an dado en el
+cuadro con toda la premeditaci&oacute;n y hasta el ensa&ntilde;amiento y la alevos&iacute;a
+que caben en un gal&aacute;n muy listo y escarmentado, y en una dama no tonta y
+menos dispuesta a perder el tiempo en juegos insulsos.</p>
+
+<p>&raquo;Y a tal extremo llevo yo estos mis temores a lo cursi, que aun contando
+con que cualquiera que estos <i>Apuntes</i> les tendr&aacute; su alma en su almario
+y sabr&aacute; dar a las cosas la necesaria luz y el apetecido temple, renuncio
+a reproducir el di&aacute;logo literalmente, tal como lo conservo en la
+memoria. Precisamente comenz&oacute; la escena por ah&iacute;; es decir, por
+manifestarme Pepe Guzm&aacute;n su convencimiento de que el lenguaje, como
+expresi&oacute;n de afectos &iacute;ntimos y delicados, que tienen su principal
+incentivo en el fulgor de una mirada o en el contacto sutil de dos
+epidermis, estaba todav&iacute;a sin hacer; tanto, que, en su concepto, hablar
+de lo que &iacute;bamos a hablar nosotros con los t&eacute;rminos usuales del
+diccionario vulgar, era como empe&ntilde;arse en tejer hilillos del roc&iacute;o con
+palitroques sin pulir. Me pareci&oacute; algo extremada la comparaci&oacute;n, pero
+tambi&eacute;n muy al caso; y por lo que en ella me correspond&iacute;a, se la
+agradec&iacute; de todo coraz&oacute;n. Por de pronto, nos dieron motivo estas y otras
+sutilezas semejantes para entrar en materia por caminos poco trillados
+por el vulgo de los que platican de amores; y este nuevo encanto tuvo
+para m&iacute; aquella escena memorable.</p>
+
+<p>&raquo;Pero &iexcl;qu&eacute; diestro era el maldito en esta clase de empe&ntilde;os!, y yo, a
+pesar de mi fama de insensible y de mi reputaci&oacute;n de traviesa, &iexcl;c&oacute;mo me
+dejaba conducir por donde &eacute;l quer&iacute;a llevarme! Al principio su misma
+frescura me desalentaba alg&uacute;n tanto, porque llegu&eacute; a temer que en aquel
+combate <i>a muerte</i> no hubiera m&aacute;s ardimientos que los m&iacute;os, y que
+terminara por ir a clavarme yo, como una tonta, en la punta de su
+espada; pero bien luego observ&eacute; que me enga&ntilde;aba, cuando vi reflejada en
+sus ojos, en su voz, en cada uno de sus ademanes, la elocuencia
+fascinadora del lenguaje que no se habla ni se escribe, pero que se deja
+leer y penetrar hasta lo m&aacute;s hondo de su sentido. Jam&aacute;s hab&iacute;a visto a
+Pepe Guzm&aacute;n as&iacute;, ni, por consiguiente, tenido ocasi&oacute;n de estimar la
+fuerza arrolladora que cab&iacute;a en este nuevo aspecto de su trato conmigo.
+Halleme, pues, desprevenida e indefensa en aquel inesperado trance de
+prueba; perd&iacute; mi poca serenidad, y pareci&eacute;ndome que el castillo no se
+desmoronaba tan aprisa como lo quer&iacute;an mis desatinadas impaciencias, yo
+misma puse mis manos en &eacute;l, y me atrev&iacute; a arrancar sus sillares, uno a
+uno, hasta dejarle arrasado. El trabajo fue rudo, pero la conquista m&aacute;s
+se&ntilde;alada. Los recios muros, que parec&iacute;an inexpugnables, estaban
+convertidos en escombros, el hielo proverbial se hab&iacute;a fundido.</p>
+
+<p>&raquo;El conquistado palad&iacute;n, al verme due&ntilde;a y se&ntilde;ora de su &uacute;ltima trinchera,
+reclam&oacute; el derecho de tomar el desquite en la que me restaba de las
+m&iacute;as, y reconoc&iacute;sele yo de buena gana. Comenz&oacute; el asalto; pero no
+necesit&oacute; grandes esfuerzos, porque bien pronto me declar&eacute; rendida.</p>
+
+<p>&raquo;Entonces...,&iexcl;oh!, entonces, si minti&oacute; en lo que me dijo, no hay verdad
+que valga lo que aquellas mentiras. Si todo era una comedia, &iexcl;qu&eacute; bien
+la representaba! Pero, fu&eacute;ralo o no para &eacute;l, para m&iacute; era una hermosa
+realidad de la vida la parte que desempe&ntilde;aba yo en la escena con todo mi
+coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&raquo;Y &iquest;a d&oacute;nde &iacute;bamos los dos por la florida senda en que acab&aacute;bamos de
+encontramos como dos pastores de un idilio algo realista? Ni &eacute;l me lo
+hab&iacute;a dicho, ni yo se lo hab&iacute;a preguntado, ni, en honor de la verdad y
+de la buena casta de mi ardoroso sentimiento, por no decir amor, se me
+ocurri&oacute; semejante pregunta. En determinadas situaciones, nacidas de
+circunstancias y precedentes como los que hab&iacute;an creado la nuestra, no
+se discurre como en los trances ordinarios de la vida. Se aceptan a
+ciegas para no retroceder... El paradero, Dios le sabe.</p>
+
+<p class="c">*</p>
+
+<p>&raquo;Cuando hubo salido de nuestra casa el &uacute;ltimo de los tertulianos, me
+llam&oacute; mi madre a su habitaci&oacute;n. Estaba ya acostada gran rato hac&iacute;a.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Si&eacute;ntate&mdash;me dijo en cuanto me tuvo delante&mdash;, y cierra esa puerta,
+porque tenemos que hablar despacio sobre cosas que no deben ser o&iacute;das.</p>
+
+<p>&raquo;Extra&ntilde;ome la advertencia; pero cerr&eacute; la puerta y me sent&eacute; sin decir una
+palabra.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Sabes&mdash;me pregunt&oacute; en seguida&mdash;, c&oacute;mo ha quedado nuestro caudal a la
+muerte de tu padre?</p>
+
+<p>&laquo;No lo sab&iacute;a a punto fijo, aunque sospechaba que no deb&iacute;a de haber
+quedado muy floreciente, y as&iacute; se lo manifest&eacute; a mi madre.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pues no te equivocas&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;, aunque es dif&iacute;cil que adivines hasta
+qu&eacute; punto llegan las mermas de lo que habla, y el desbarajuste de lo que
+nos queda. Una semana ha necesitado Sim&oacute;n..., mejor dicho, he necesitado
+yo, para que &eacute;l me ponga al corriente de todas esas cosas en que estoy
+obligada a entender desde que falta tu padre. &iexcl;Qu&eacute; despilfarros, hija
+m&iacute;a, y qu&eacute; barullos!... Lo que Sim&oacute;n dice: &laquo;aqu&iacute; no se ha tratado m&aacute;s
+que de pedirle dinero; grandes sumas, cada vez m&aacute;s grandes, sin pararse
+a considerar que no siempre lo hay disponible, y que cuando no lo hay
+as&iacute;, el adquirido de prisa cuesta muy caro; y de este modo se van
+eslabonando unas trampas con otras... hasta que se llega al punto a que
+se ha llegado en esta casa&raquo;. No vayas a creerte, hija m&iacute;a, por esto que
+te digo, que estemos a pique de salir a pedir el pan que hemos de comer
+ma&ntilde;ana; pero lo cierto es que el estado de nuestra fortuna es,
+relativamente, muy grave; que llegar&aacute; a serlo mucho m&aacute;s si no se le pone
+luego el remedio que necesita, y que hay que decidirse a pon&eacute;rsele, sin
+la menor tardanza.</p>
+
+<p>&raquo;A m&iacute; se me ocurr&iacute;an muchas cosas que decir a prop&oacute;sito de estas
+juiciosas ideas de mi madre, que parec&iacute;a no acordarse de que hab&iacute;an sido
+sus enormes despilfarros la causa principal del desastre de que se
+lamentaba. Pero segu&iacute; callando y oyendo, hasta ver en qu&eacute; paraban sus
+reflexiones y sus planes.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Sim&oacute;n&mdash;continu&oacute; diciendo&mdash;, no s&eacute; si es todo lo leal y sencillo que
+parece, o si de nuestro r&iacute;o revuelto ha logrado sacar las buenas
+ganancias que se le ven, y otras mayores que, seg&uacute;n dicen, est&aacute;n
+ocultas; por de pronto, me consta que a tu padre le daba buenos
+consejos, y que &eacute;l no quer&iacute;a tomarlos en consideraci&oacute;n: ten&iacute;a el pobre
+bastante bambolla, y esto le perd&iacute;a. En d&aacute;ndole dinero abundante para
+satisfacerla, ya todo le era igual... Pero vamos al caso: sea Sim&oacute;n lo
+que fuere y valiendo lo que vale como inteligente administrador, no
+basta &eacute;l para lo que hay que hacer aqu&iacute;; porque ese milagro no ha de
+hacerse s&oacute;lo con inteligencia, sino tambi&eacute;n con buenos puntales y con
+cierto inter&eacute;s... En una palabra, hija m&iacute;a: en esta casa se necesita un
+hombre, rico, muy rico, que reemplace, no a Sim&oacute;n, sino a tu padre, en
+la direcci&oacute;n de ella... &iquest;Me comprendes bien?</p>
+
+<p>&raquo;Cre&iacute; comprender algo, que no me molestaba ciertamente, porque no estaba
+re&ntilde;ido con el recuerdo que llenaba mi memoria e informaba entonces todos
+mis pensamientos; pero, por si me equivocaba, respond&iacute; a mi madre que
+no. Pareci&oacute; algo contrariada con la respuesta, y a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Es necesario que te persuadas de que todo esto que te digo y lo que
+a&uacute;n he de decirte, y los cuidados que me preocupan, no tienen m&aacute;s objeto
+que tu bien. Si de m&iacute; sola se tratara, muy distinto ser&iacute;a mi modo de
+pensar... Es tan poco lo que me resta de vida, que, por escasos que sean
+mis caudales, ha de sobrarme lo m&aacute;s de ellos... porque tengo el
+convencimiento, hija m&iacute;a, de que he de vivir muy poco tiempo, &iexcl;muy
+poco!, mucho menos de lo que t&uacute; te figuras..., y por lo mismo, me afano
+tanto hoy; porque si me muriera yo dejando las cosas en el estado en que
+se hallan, seria muy desdichado tu porvenir. El legado de tu abuelo no
+alcanza a cubrir tus necesidades en el pie en que est&aacute;s educada y has
+vivido hasta aqu&iacute;; y en cuanto a lo restante de nuestros bienes, tan
+embrollado hoy, &iquest;c&oacute;mo estar&iacute;a ma&ntilde;ana en manos de una mujer sin
+experiencia y sin amparo? Porque t&uacute;, muerta yo, te quedar&aacute;s sola...,
+enteramente sola; y esto, aun con mucho dinero y grandes rentas, es muy
+triste... En una palabra, hija m&iacute;a, y para cansarte menos, ese hombre
+que se necesita aqu&iacute;, inteligente y rico, no ha de ser un administrador,
+ni un asociado como otro cualquiera, sino tu marido. &iquest;Me entiendes
+ahora?</p>
+
+<p>&laquo;Era lo mismo que yo hab&iacute;a sospechado antes; y como no sal&iacute;a con ello de
+mis dudas, dije a mi madre que continuara explic&aacute;ndose, si es que ten&iacute;a
+m&aacute;s que advertirme, como me lo iba temiendo yo; y a&ntilde;adi&oacute; entonces:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Tengo ese hombre inteligente y rico que tanta falta te hace.</p>
+
+<p>&raquo;Desde luego apost&eacute; en mis adentros a que no era el &uacute;nico que yo
+aceptar&iacute;a, y hasta supuse qui&eacute;n podr&iacute;a ser el que me propon&iacute;a mi madre.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;No hace a&uacute;n dos horas que me ha pedido tu mano&mdash;continu&oacute; aqu&eacute;lla,
+viendo que yo nada dec&iacute;a.</p>
+
+<p>&raquo;Don Mauricio&mdash;apunt&eacute; sin temor de equivocarme.</p>
+
+<p>&raquo;El mismo&mdash;repuso mi madre.</p>
+
+<p>&raquo;No me dio algo all&iacute;, porque, despu&eacute;s de mi entrevista con el
+pretendiente, ya no pod&iacute;a admirarme nada que fuera de la especie de lo
+que le hab&iacute;a o&iacute;do a &eacute;l; pero en la acogida que hab&iacute;an merecido a mi
+madre sus pretensiones, no dejaba de haber motivo para sorprenderme, y
+as&iacute; se lo manifest&eacute; a ella.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Contaba con eso&mdash;me replic&oacute;&mdash;, porque desde luego supuse que ser&iacute;a
+una ofuscaci&oacute;n suya lo de los grandes alientos que, seg&uacute;n me dijo, le
+hab&iacute;as dado en tu respuesta; pero tambi&eacute;n contaba y cuento con tu buen
+juicio, con tu serenidad... y con el aprecio que has de hacer, por lo
+mismo, del consejo de tu madre, que no puede desear para ti sino lo
+mejor...</p>
+
+<p>&raquo;Aqu&iacute; comenc&eacute; yo a tomar la cosa por lo serio, y se entabl&oacute; una porf&iacute;a,
+muy tenaz por mi parte; la cual ataj&oacute; mi madre dici&eacute;ndome con desusada
+dulzura:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Todo eso ser&aacute; verdad, y m&aacute;s que me cuentes; pero &iquest;y qu&eacute;? &iquest;Ser&iacute;as la
+primera mujer joven y hermosa, y aun noble y rica, casada con un Creso
+feo... y hasta vicioso... y hasta rid&iacute;culo, si quieres? De esto se ve
+todos los d&iacute;as, porque hay muchos motivos y grandes razones para que se
+vea... Quiero concederte todav&iacute;a m&aacute;s: quiero suponer que tuvieras el
+coraz&oacute;n interesado por un joven hermoso, discreto, noble..., en fin, lo
+contrario enteramente de don Mauricio; y no quiero suponerlo, sino
+creerlo, porque as&iacute; es la verdad, o yo no tengo ojos en la cara;
+supongo, pues, digo mal, creo que tienes el coraz&oacute;n interesado por un
+hombre as&iacute;..., por Pepe Guzm&aacute;n, en una palabra... Pues mejor que mejor
+para mis planes, y para tus conveniencias por consiguiente.</p>
+
+<p>&raquo;Aqu&iacute; me asombr&eacute; ya mucho m&aacute;s que antes. Conociolo mi madre, y continu&oacute;
+as&iacute;:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Te lo repito y te lo demuestro. Los hombres como Pepe Guzm&aacute;n, no
+sirven para lo que tiene que servir aqu&iacute; tu marido; y aunque sirvieran,
+no querr&iacute;an, porque los ejemplares de esa casta... no se enamoran para
+casarse.</p>
+
+<p>&raquo;Me ofendi&oacute; el dicho como debe ofender un bofet&oacute;n.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Eres una novicia todav&iacute;a&mdash;a&ntilde;adi&oacute; mi madre al notarlo&mdash;, aunque te
+juzgas y te juzgan los que no te conocen tanto como yo, llena de
+malicias y de experiencia. Yo soy vieja ya, y tengo de todo eso mucho
+m&aacute;s que t&uacute; para estas cosas del mundo. No se enamoran para casarse los
+hombres como Pepe Guzm&aacute;n; y te a&ntilde;ado que aun cuando &eacute;ste quisiera ser
+contigo una excepci&oacute;n de la regla, t&uacute; no deber&iacute;as consentirlo.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?&mdash;exclam&eacute; sin poderme contener.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Por... varias razones&mdash;respondi&oacute; mi madre muy serena y bajando m&aacute;s la
+voz&mdash;. Y vamos a tratar este punto con toda franqueza, porque en &eacute;l se
+encierra toda la cuesti&oacute;n. Por de pronto, los hombres de cierta
+pasta..., como la de <i>ese</i>, son una calamidad para maridos de las
+mujeres a quienes han amado solteras: la raz&oacute;n es que los h&aacute;bitos
+adquiridos en el mundo en que han vivido los hace incompatibles con lo
+que se llama, muy fundadamente, &laquo;prosa de la vida conyugal&raquo;. Comienzan
+por desencantarse y por aburrirse, y acaban por desviarse... Es ley
+infalible: la cabra tira al monte... Y lo que digo del hombre de esas
+condiciones, es aplicable a la mujer... de las tuyas. &iquest;Amas a Pepe
+Guzm&aacute;n? Pues ten por seguro que dejar&iacute;as de amarle si te casaras con &eacute;l.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pero, Se&ntilde;or&mdash;pens&eacute; aturdida al o&iacute;r esto&mdash;, &iexcl;tambi&eacute;n mi madre!...
+Porque esta es la teor&iacute;a de Sagrario... y la de Leticia, o yo no estoy
+en mis cabales... &iquest;Es que hay alg&uacute;n mal esp&iacute;ritu encargado de conducirme
+a donde yo no quiero ir?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Te asombras?&mdash;preguntome mi madre, conociendo lo que me pasaba&mdash;.
+Acaso no me haya explicado bien; porque en mis intenciones no hay motivo
+para ello. Si te hubiera puesto el ejemplo de tus dos amigas m&aacute;s
+&iacute;ntimas, y de tantas otras que conozco y que conoces lo mismo que yo; si
+te hubiera dicho: &laquo;te conviene para marido el hombre que te he
+propuesto, por lo mismo que es raro y tiene vicios y mala fama; o lo que
+es igual, todo lo que necesita por pretexto una mujer de mundo para
+lograr de casada, con <i>cierto derecho</i>, lo que no le es l&iacute;cito a una
+soltera&raquo;; si hubiera pretendido yo que aceptaras al banquero antip&aacute;tico
+para sost&eacute;n y pantalla de debilidades y ca&iacute;das con los galanes de tu
+gusto; si fueran estas mis intenciones al decirte lo que te he dicho,
+tendr&iacute;as raz&oacute;n para sorprenderte; pero se trata de cosa muy distinta y
+m&aacute;s honrada. Don Mauricio es hombre <i>del d&iacute;a</i>; entiende sus
+conveniencias, y por ello respetar&iacute;a las tuyas..., porque t&uacute; no hab&iacute;as
+de pretender nada que no fuera <i>usual y admitido</i> entre las mujeres de
+tu rango; y como no le amas ni puedes amarle, no hay que temer en ti los
+desencantos ni las terribles consecuencias que &eacute;stos traen en los
+matrimonios por amor. Por a&ntilde;adidura, ser&aacute;s libre y considerada, y
+tendr&aacute;s quien guarde y prospere tu hacienda, y te mantenga en la
+abundancia que necesitas para vivir sin contrariedades ni privaciones.
+Esto quiero para ti; esto puedo proporcionarte, y con esto te brindo...
+&iquest;A qu&eacute; respetos falto, ni a qui&eacute;n ofendo con ello?</p>
+
+<p>&raquo; &iexcl;A qu&eacute; respetos faltaba!..., &iexcl;a qui&eacute;n ofend&iacute;a con ello! &iexcl;Y a mi se me
+amontonaban en tropel las respuestas que estaban reclamando aquellas
+preguntas inconcebibles en labios tales; corolarios artificiosos, o,
+cuando menos, muy mal deducidos de unas teor&iacute;as repugnantes a mi
+naturaleza de mujer de honradas inclinaciones y a mis sentimientos de
+enamorada! Y pude dominar mi indignaci&oacute;n, por respeto a las intenciones
+de mi madre, que no eran, que no pod&iacute;an ser las que cualquiera tendr&iacute;a
+derecho a leer en la letra descarnada de sus precedentes advertencias,
+encomios y recomendaciones; cualquiera menos yo, que conoc&iacute;a hasta qu&eacute;
+punto cegaban a aquella se&ntilde;ora las pompas y vanidades del mundo, y con
+qu&eacute; facilidad transig&iacute;a con los riesgos m&aacute;s graves, si la costumbre los
+autorizaba y si sus planes de bambolla los ped&iacute;an. &laquo;&iexcl;Dinero, dinero a
+todo trance, y mundo esplendoroso en que lucirle! &laquo;Este ven&iacute;a a ser, en
+substancia, el objeto, el fin, la aspiraci&oacute;n &uacute;nica, y hasta la religi&oacute;n
+de mi madre, y por eso, creyendo de buena fe que en ello trabajaba por
+mi felicidad, al ofrecerme por marido a don Mauricio, intentaba, con
+tan poca prudencia, desvanecer los escr&uacute;pulos que yo tuviera para
+aceptarle.</p>
+
+<p>&raquo;Respond&iacute;, pues, lo menos que pude; pero aun as&iacute;, estuve dura con ella.</p>
+
+<p>&raquo;Continu&oacute; la entrevista un buen rato todav&iacute;a, hasta que me dijo:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;No puedo m&aacute;s, hija m&iacute;a. El hablar me fatiga mucho, como ves, y las
+molestias y los dolores se me agravan. Estoy hecha una ruina..., vivo de
+milagro, no hay que darle vueltas... Dej&eacute;moslo aqu&iacute; por hoy; y ahora,
+rec&oacute;gete... y medita; pero con serenidad, con todo tu discernimiento.
+P&eacute;salo y m&iacute;delo todo bien... y ya ver&aacute;s c&oacute;mo, al fin y al cabo, vamos a
+estar de acuerdo.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Qu&eacute; horas las de aquella noche, Dios m&iacute;o! &iexcl;Y yo que, muy pocas antes,
+esperaba encontrar en ellas los m&aacute;s regalados sue&ntilde;os de mi vida!</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Que pesara..., que midiera!... Y &iquest;en qu&eacute; otra cosa que en pesar y en
+medir lo que mi madre quer&iacute;a, pod&iacute;a yo emplear aquellos siglos de
+tinieblas en la tortura de mi lecho?</p>
+
+<p>&raquo;No es para descrita, por su complicaci&oacute;n y colorido de pesadilla, mi
+batalla mental; pero merece apuntarse el hecho de que cuando las
+primeras claridades del alba vinieron a orientarme en el antro y a
+desvanecer las &uacute;ltimas visiones de mi enardecida fantas&iacute;a, sobre el
+mont&oacute;n de ruinas a que en ella hab&iacute;an quedado reducidos los abigarrados
+ej&eacute;rcitos de fantasmas, comenc&eacute; yo a levantar los cimientos de otro plan
+que pensaba poner en obra muy en breve.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Que Dios le libre a un hombre de bien de que se ponga en tela de
+juicio su derecho a la camisa que lleve puesta; porque con eso solo,
+est&aacute; en muy grave apuro de perderla!</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI</h3>
+
+
+<p>Se sorprendi&oacute; mucho mi madre cuando entr&eacute; en su habitaci&oacute;n a saludarla.
+Contaba con hallarme en el temple en que me hab&iacute;a despedido de ella la
+noche antes, y me ve&iacute;a tranquila y sosegada, como si nada me hubiera
+pasado.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Has dormido bien?&mdash;me pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Muy bien&mdash;respond&iacute; tan ufana como si fuera verdad.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Luego no has meditado...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Ha sobrado tiempo para todo.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Yo he pasado muy mala noche!</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y deb&iacute;a ser cierto, porque parec&iacute;a un cad&aacute;ver; pero, as&iacute; y todo, dudo
+que su noche fuera m&aacute;s mala que la m&iacute;a. D&iacute;jela que lo sent&iacute;a en el alma,
+y me pregunt&oacute;, sonriendo a la fuerza:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y &iquest;qu&eacute; has resuelto?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Esperar.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;A qu&eacute;?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;A lo que resulte del plan que yo tambi&eacute;n he formado.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Has formado un plan?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Yo lo creo! Y &iquest;por qu&eacute; no hab&iacute;a de formarle?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Efectivamente:&iquest;por qu&eacute; no hab&iacute;as de formarle? Y &iquest;va a ser obra larga?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pienso que sea muy breve.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;M&aacute;s valdr&aacute; as&iacute;.</p>
+
+<p>&raquo;Muy poco m&aacute;s que esto hablamos entonces. Antes de almorzar, envi&eacute;, bajo
+sobre cerrado, una tarjeta a Pepe Guzm&aacute;n, con el ruego de que no faltara
+por la noche a mi casa. Este tr&aacute;mite era del programa formado por m&iacute;. Un
+detalle que recuerdo bien: al escribir en la tarjeta lo poco que
+necesitaba, anduve tanteando f&oacute;rmulas hasta encontrar una en que no se
+diera tratamiento alguno a mi <i>amigo</i>. &iexcl;Y de qu&eacute; buena gana le hubiera
+tuteado! Pero la noche antes hab&iacute;a quedado nuestra <i>amistad</i> en el punto
+en que el <i>t&uacute;</i>, aunque se impone ya, todav&iacute;a asoma con mucha timidez a
+los labios.</p>
+
+<p>&raquo;Durante el d&iacute;a me hizo mi madre muchas insinuaciones acerca de la
+naturaleza de mis planes; rater&iacute;as que se ca&iacute;an de inocente, para
+tirarme de la lengua. &iexcl;A buena parte ven&iacute;a!</p>
+
+<p>&raquo;Como las horas se me hac&iacute;an eternas en casa, sal&iacute; en carruaje con una
+de mis t&iacute;as, mientras la otra se quedaba acompa&ntilde;ando a mi madre, no s&eacute;
+cu&aacute;ntas veces, a comprar cosas que no necesitaba y a visitar iglesias en
+que ni rezaba ni le&iacute;a. Y lo cierto es que mejor estaban mis negocios
+para encomendados a Dios, que para otra cosa. Pero andaban, a la saz&oacute;n,
+mis pensamientos tan a flor de tierra, que no se me ocurri&oacute; elevar una
+s&uacute;plica al &uacute;nico juez que pod&iacute;a fallar <i>en justicia</i> el pleito que me
+desvelada.</p>
+
+<p>&raquo;En estas idas y venidas, cuidaba mucho de no encontrarme con gentes
+conocidas, o de fingir que no las hab&iacute;a visto, si el encuentro era
+inevitable. &iexcl;Y cu&aacute;ntas de ellas vi! Parec&iacute;a que el diablo se empe&ntilde;aba en
+pon&eacute;rmelas delante y que se hab&iacute;a encarnado en mi t&iacute;a; porque, como si
+no me acompa&ntilde;ara para otra cosa, no cesaba de apunt&aacute;rmelas con el dedo,
+ni de exclamar: &laquo;&iexcl;Mira Fulano!&raquo; &laquo;&iexcl;Mira Menganita!...&raquo; &laquo;Casa-Vieja te
+saluda...&raquo; &laquo;Agur, Ramiro&raquo;. &iexcl;La hubiera arrojado por la ventanilla de muy
+buena gana!</p>
+
+<p>&raquo;Lleg&oacute; la hora de comer, y com&iacute; tan poco como la v&iacute;spera, porque aunque
+los motivos eran diferentes, la mortificaci&oacute;n de las impaciencias que me
+desganaban era la misma un d&iacute;a que otro. Tambi&eacute;n me encerr&eacute; en mi
+tocador en cuanto me levant&eacute; de la mesa: igual que el d&iacute;a antes; pero
+esta vez no fue para estudiar en el espejo afeites ni ali&ntilde;os que me
+embellecieran, sino para afirmarme en mis ya bien firmes prop&oacute;sitos,
+dando un repaso mental a lo que me tocaba hacer y decir para
+cumplimiento de la m&aacute;s delicada e interesante cl&aacute;usula de mis planes.</p>
+
+<p>&raquo;En fin, y viniendo a lo que importa, a la hora acostumbrada lleg&oacute; Pepe
+Guzm&aacute;n a mi casa. Como no era noche de tertulia, hab&iacute;a en ella muy poca
+gente; y yo, sin pararme a considerar si faltaba o no a &laquo;las
+conveniencias&raquo;, y atenta s&oacute;lo a lo que me interesaba, le conduje al
+gabinete mismo en que el banquero &laquo;se me hab&iacute;a declarado&raquo;; eleg&iacute; un
+sitio en &eacute;l donde pudi&eacute;ramos hablar sin servir de espect&aacute;culo a la gente
+del saloncillo; senteme all&iacute;, y roguele a &eacute;l, con una mirada y un
+golpecito con la mano en el sill&oacute;n inmediato, que se sentara tambi&eacute;n.
+Sentose; clav&oacute; en los m&iacute;os sus ojos, dulces y elocuentes, como si en
+ellos quisiera mostrarme estampado todav&iacute;a el idilio de la noche
+anterior..., y me encontr&eacute; sin &aacute;nimos para decir la primera palabra.
+Todas las fuerzas con que contaba para llevar a cabo mis proyectos, me
+hab&iacute;an faltado de repente. Sent&iacute; vibrar y conmoverse dentro de mi algo
+que era como la luz y el est&iacute;mulo de la vida, y mis flaquezas de mujer
+hicieron una de las suyas, llen&aacute;ndome los ojos de l&aacute;grimas y el pecho de
+sollozos, que a duras penas logr&eacute; sofocar.</p>
+
+<p>&raquo;Vi&eacute;ndome as&iacute; Pepe Guzm&aacute;n, tom&oacute; una de mis manos entre las suyas; y
+envolvi&eacute;ndome en una mirada, que fue para m&iacute; lo que el rayo de sol para
+un cuerpo aterido, d&iacute;jome con expresi&oacute;n y acento de cari&ntilde;osa iron&iacute;a,
+disimulo evidente de otras impresiones muy distintas:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Aqu&iacute; pasa algo muy grave, por las se&ntilde;as de esas l&aacute;grimas despu&eacute;s de
+tu recado de esta ma&ntilde;ana... Veamos lo que es...; se entiende, si me es
+l&iacute;cito saberlo.</p>
+
+<p>&raquo;Reh&iacute;ceme casi en el acto, por empe&ntilde;arme en ello, antoj&aacute;ndoseme que
+ten&iacute;a algo de rid&iacute;cula aquella crisis hist&eacute;rica; volv&iacute; a recobrar la
+resoluci&oacute;n perdida; y retirando mi mano de las de Guzm&aacute;n, con el
+pretexto de necesitarla para enjugarme los ojos, due&ntilde;a ya de mi
+serenidad, enterele de todo lo que ocurr&iacute;a..., de todo no, puesto que
+omit&iacute; lo del parecer de mi madre sobre los casamientos por amor.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Mientras hablaba, iba observando yo el efecto de mis palabras en el
+atento escuchante.&mdash;Tambi&eacute;n este tr&aacute;mite estaba apuntado en el
+programa.&mdash;Ni un m&uacute;sculo se contrajo en todo su cuerpo, ni el menor
+gesto alter&oacute; la expresi&oacute;n serena de su semblante. Como si se tratara de
+una historia del otro mundo.</p>
+
+<p>&raquo;La que yo le relataba, no pod&iacute;a tener en mis labios m&aacute;s que un objeto
+solo: el de d&aacute;rsela a conocer como una desventura m&iacute;a, necesitada del
+dictamen sesudo y de los consuelos cari&ntilde;osos y <i>desinteresados</i> de &laquo;un
+buen amigo&raquo;. Mi derecho no alcanzaba a m&aacute;s..., ni siquiera a disminuir
+un poco los motivos que yo ten&iacute;a para sentir all&aacute; dentro, muy adentr&oacute;,
+el fr&iacute;o de aquella inalterable serenidad, por m&aacute;s que este detalle fuera
+suceso previsto como <i>posible</i> en mi programa.</p>
+
+<p>&raquo;Despu&eacute;s que se enter&eacute; de todo, me pregunt&oacute;, sin abandonar su expresi&oacute;n
+de ir&oacute;nica afabilidad:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y &iquest;por qu&eacute; te has apresurado tanto a informarme de ello?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Porque es caso de urgencia&mdash;respond&iacute;&mdash;, y necesito un consejo.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Precisamente el m&iacute;o?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Precisamente el tuyo (&iexcl;con qu&eacute; gusto usaba ya este pronombre!); pero
+el tuyo s&oacute;lo, enti&eacute;ndase.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Por pura curiosidad?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Para seguirle al pie de la letra..., a ojos cerrados, sea cual fuere.
+Lo he jurado as&iacute;.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Pobrecilla, y con qu&eacute; decisi&oacute;n me lo dice!</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Como todo cuanto te he dicho y prometido.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Mira que si me arguyes de ese modo, vas a hacerme perder la cordura
+que necesito para que el consejo sea digno de quien me le pide.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pues venga pronto el consejo..., porque no respondo de m&iacute;.</p>
+
+<p>&raquo;Omito, en obsequio a la brevedad, la <i>ortograf&iacute;a</i> que us&aacute;bamos mi
+interlocutor y yo para este lenguaje hablado. De la intenci&oacute;n de lo
+escrito aqu&iacute; en determinados pasajes, se desprende con harta facilidad.</p>
+
+<p>&raquo;Vuelta a <i>enjuiciarse</i> la escena, continu&oacute; de este modo Guzm&aacute;n:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Seg&uacute;n me has dicho, es grande el empe&ntilde;o de la marquesa...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Hasta el entusiasmo.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y t&uacute;, por tu parte, sin contar con extra&ntilde;os auxiliares, &iquest;no has
+hallado en la repugnancia que la idea de ese casamiento pueda
+producirte, fuerza de convencimiento y resoluci&oacute;n bastantes para
+resistir?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Repugnancia y convencimiento, y fuerza y decisi&oacute;n para resistir tuve,
+y todo lo emple&eacute; in&uacute;tilmente.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;No lo entiendo, trat&aacute;ndose de en car&aacute;cter como el tuyo.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pues con todo eso y algo m&aacute;s, que no es de este momento y me llega
+muy al alma, me di a cavilar anoche..., &iexcl;qu&eacute; horas aqu&eacute;llas, Virgen
+santa!..., y cavilando sin cesar, y pensando y midiendo, como quer&iacute;a mi
+madre..., &iexcl;que Dios te libre, de la tentaci&oacute;n de pensar <i>demasiado</i>,
+cuando necesites decidirte pronto y a tu gusto! Yo ya no s&eacute; a qu&eacute;
+atenerme sobre ciertas cosas; qu&eacute; se entiende por bueno ni qu&eacute; por malo;
+si el error est&aacute; en mi modo de ver, o en la manera de conducirse los
+dem&aacute;s; si soy yo la mala cuando pienso que obro bien, o si son ellos los
+buenos cuando me parecen una canalla; cu&aacute;l es lo noble ni cu&aacute;l es lo
+vil. Dec&iacute;delo t&uacute;, que ves mejor en esas confusiones que a mi me ofuscan;
+y lo que decidas, eso har&eacute;. Ya sabes que lo he jurado.</p>
+
+<p>&mdash;Aplaudo esos alientos&mdash;me dijo Guzm&aacute;n entonces, sonriendo, pero no tan
+imp&aacute;vido como aparentaba&mdash;, porque, o yo me equivoco mucho, o has de
+necesitarlos muy pronto. Y vamos ahora al consejo. Un enamorado de estos
+de la turba multa, dig&aacute;moslo as&iacute;, de <i>pensamientos levantados y
+cristianos procederes</i>, al o&iacute;r a su dama llorar cuitas como las que t&uacute;
+me has confiado, y al pedirle ella el consejo que t&uacute; me has pedido,
+tocar&iacute;a el cielo con las manos; la negar&iacute;a hasta el derecho de dudar en
+tal conflicto, porque entre la exigencia del <i>tirano</i> y los mandatos del
+amor, nunca vacilan los que bien aman, y acabar&iacute;a la escena por
+decidirse <i>ella</i> a arrostrar el hambre, las mazmorras y aun la muerte,
+antes que consentir en <i>ser de otro</i>, y por jurarla <i>&eacute;l</i>, vi&eacute;ndola tan
+firme y tan constante, que con los dientes sabr&iacute;a arrancar los clavos
+mismos de las puertas que la encerraran. Pero en nuestro mundo, hija
+m&iacute;a, pasan las cosas de muy distinto modo que en el mundo de aquellos
+inocentes: hay otros m&oacute;viles y otros fines, otras luces y otros
+horizontes; y t&uacute; y yo, si bien nos miramos, en nada nos parecemos a los
+enamorados de mi ejemplo... En virtud de lo cual (que yo te explanar&eacute;,
+si lo deseas), y en vista de lo que arrojan los autos de tu pleito, es
+mi parecer, hijo de mi larga observaci&oacute;n en ese linaje de conflictos, y
+muy principalmente del inter&eacute;s que tengo en tu felicidad, tan eslabonada
+con la m&iacute;a, que te avengas a los deseos de tu madre y aceptes la rica
+mano que te ofrece don Mauricio.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Esto si que no estaba previsto en mi programa! Que Guzm&aacute;n no me
+abriera las puertas de su casa al saber lo que me ocurr&iacute;a, previsto como
+<i>posible</i> lo ten&iacute;a yo; pero que &eacute;l mismo me empujara hacia la casa del
+banquero, eso ya no cupo en mis presunciones. Pues bueno: con este
+desencanto y todo, que me doli&oacute; como una pu&ntilde;alada en el coraz&oacute;n, no
+sent&iacute; esas sublevaciones de la &laquo;dignidad ofendida&raquo;, que tanto juegan en
+las pasiones de teatro. Ser&iacute;a as&iacute; la calidad del hechizo con que me
+hab&iacute;a fascinado aquel hombre; ser&iacute;a un milagro de la fe con que le o&iacute;a,
+o un contagio de la peste que respiraba..., yo no s&eacute; lo que ser&iacute;a; pero
+as&iacute; sucedi&oacute;, y as&iacute; lo confieso, aunque se tenga el caso por absurdo...
+&iexcl;Absurdo! &iexcl;Como si hubiera algo con l&oacute;gica en los enredos de la farsa de
+nuestra vida!</p>
+
+<p>&raquo;Conoci&oacute; el desenga&ntilde;ado consejero la honda impresi&oacute;n que produjo su
+descarnado consejo, y acudi&oacute; sol&iacute;cito a templarla, a intentarlo, mejor
+dicho, con una detenida exposici&oacute;n de razonamientos que me es imposible
+reproducir aqu&iacute; al pie de la letra, por falta de memoria para tanta
+minuciosidad; pero cuya substancia, que recuerdo bien, y no debe
+omitirse en este pasaje de la historia de mi vida, era la siguiente:</p>
+
+<p>&raquo;Si el matrimonio no fuera m&aacute;s que una carga de sacrificios y un
+palenque de proezas, donde un caballero demostrara a cada instante la
+firmeza del amor que sent&iacute;a por su dama, &eacute;l, Pepe Guzm&aacute;n, por remate de
+nuestro idilio de la v&iacute;spera, con lo que acababa de contarle yo o sin
+ello, se hubiera apresurado a implorar de m&iacute; el mismo favor que con tan
+rendidas ansias hab&iacute;a implorado el banquero para s&iacute;. Pero no hab&iacute;a que
+olvidar qui&eacute;n era yo y qui&eacute;n era Pepe Guzm&aacute;n; en qu&eacute; <i>medio</i> nos
+hab&iacute;amos formado; a qu&eacute; costumbres est&aacute;bamos hechos; qu&eacute; mecanismo era
+el de nuestro mundo, y por qu&eacute; leyes se reg&iacute;a. Y teniendo esto presente,
+ni &eacute;l ni yo pod&iacute;amos desconocer que hab&iacute;a en aquella patriarcal uni&oacute;n,
+por las condiciones esenciales de ella, un riesgo grav&iacute;simo en que
+indefectiblemente hab&iacute;amos de caer nosotros. Si tom&aacute;bamos el trance por
+lo serio, con todo su formulario de procedimientos ejemplares y
+virtuosos, el hast&iacute;o era inevitable. Si por huir de &eacute;l falt&aacute;bamos a
+aquellas santas reglas de los <i>perfectos casados</i>, y conven&iacute;amos en que
+cada cual campase por sus gustos e inclinaciones, apuntar&iacute;an entre
+nosotros las desconfianzas y las discordias, y con ellas los resabios
+groseros de la <i>bestia</i>, que, aunque se tapan y se doman, no se extirpan
+con la educaci&oacute;n de la inteligencia. En ambos casos, el desprestigio de
+un c&oacute;nyuge a los ojos del otro, y, por consiguiente, el desamor y la
+antipat&iacute;a, cosa de muy mal gusto; y nosotros, nacidos para caer de muy
+alto en la locura de escalar el cielo, no deb&iacute;amos morir de aquella
+prosaica y terrena enfermedad.</p>
+
+<p>&raquo;Muy bien dicha me pareci&oacute; la parrafada, pero muy poco conveniente para
+m&iacute;, que era la mosca de estos ditirambos de la ara&ntilde;a. Aun acomod&aacute;ndome a
+ciegas a los prop&oacute;sitos que se transparentaban en la disertaci&oacute;n; aun
+dando por bueno y por <i>elevado</i> (&iexcl;que no era poco dar!) todo lo que por
+elevado y por bueno daba &eacute;l, &iquest;c&oacute;mo se compaginaban aquellas
+sublimidades que me predicaba, con la prosa del banquero, que me ofrec&iacute;a
+como una necesidad? No le apur&oacute; gran cosa el reparo...; verdad es que,
+quiz&aacute;s por llamar mi atenci&oacute;n hacia otra parte m&aacute;s risue&ntilde;a, puso, como
+introito de su r&eacute;plica, la extensa genealog&iacute;a de su amor, con
+entretenidos comentarios sobre las diferencias esenciales entre el modo
+de nacer y desarrollarse la <i>pasi&oacute;n</i> que le hab&iacute;a vencido, y los
+agradables <i>entretenimientos</i> que hasta entonces hab&iacute;an sido la &uacute;nica
+necesidad de su coraz&oacute;n; y como si hubiera adivinado mis &laquo;curiosidades&raquo;
+y se anticipara a satisfacer mis deseos, &eacute;l mismo trajo a la colada
+algunas historias que a m&iacute; me interesaba conocer <i>en toda su verdad</i>:
+pecadillos sin malicia las m&aacute;s de ellas; rumores sin fundamento serio
+las restantes, como <i>lo</i> de Leticia, por ejemplo... Pues le cre&iacute;, as&iacute;
+como suena..., &iexcl;yo, que tantas veces me hab&iacute;a re&iacute;do del candor de otras
+mujeres en casos parecidos!... Si no hay que darle vueltas: el coraz&oacute;n
+humano, &laquo;que nunca se enga&ntilde;a&raquo;, es un odre henchido de equivocaciones en
+cuanto se apasiona un poco.</p>
+
+<p>&raquo;Con esto, cuando lleg&oacute; la ocasi&oacute;n de replicar a mi reparo, ya estaba yo
+mejor dispuesta a comulgar con ruedas de molino. &iexcl;Bien lo sab&iacute;a &eacute;l!
+Despachose a su gusto derrochando primores de sofister&iacute;a apasionada,
+esbozando proyectos, suavizando asperezas, dulcificando amargores..., en
+suma, exponiendo y sustentando, pero con nuevas <i>razones</i> y los m&aacute;s
+peregrinos vislumbres, la sempiterna <i>teor&iacute;a</i>..., la de Sagrario, la de
+Leticia, la de mi propia madre; la que, desde la noche anterior,
+<i>sent&iacute;a</i> yo en el aire que respiraba y en los rumores que o&iacute;a. S&oacute;lo
+faltaba que me la repitiera <i>&eacute;l</i>, y ya me la hab&iacute;a repetido, sin que
+tampoco al o&iacute;rla yo brotar de sus labios, tr&eacute;mulos por la pasi&oacute;n,
+saltaran a mi rostro &laquo;las lavas del volc&aacute;n de mi dignidad ofendida&raquo;. El
+mal esp&iacute;ritu me ataba de pies y manos para que fueran in&uacute;tiles mis
+instintivas, resistencias.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Esa es tu &uacute;ltima palabra?&mdash;pregunt&eacute;, por conclusi&oacute;n, a Pepe
+Guzm&aacute;n&mdash;. &iquest;Te ratificas en ella? &iquest;Est&aacute;s bien seguro de que el consejo
+que me has dado es el que yo debo seguir?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Es mi &uacute;ltima palabra&mdash;me respondi&oacute; con la mayor entereza&mdash;; en ella
+me ratifico, y estoy seguro de que el consejo que te he dado es el que
+nos conviene que sigas.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pues yo voy a cumplir mi juramento de seguirle <i>al pie de la
+letra</i>&mdash;, dije levant&aacute;ndome de pronto y sin saber si lo que sent&iacute;a
+dentro del pecho entonces era el impulso de la decisi&oacute;n que me
+arrastraba, o el latir de un coraz&oacute;n dilacerado.</p>
+
+<p>&raquo;Con la vehemencia con que se toman siempre las grandes resoluciones que
+pueden fracasar si se meditan mucho, entr&eacute; en el saloncillo y busqu&eacute; a
+don Mauricio, que con otras personas estaba haciendo la tertulia a mi
+madre en el gabinete frontero al en que yo hab&iacute;a conversado con Pepe
+Guzm&aacute;n. Me curaba muy poco de que pudiera llevar en la cara las huellas
+de la tempestad que a&uacute;n no se hab&iacute;a calmado dentro de m&iacute;; me era
+indiferente que mi casi encierro con aqu&eacute;l hubiera o no chocado a los
+dem&aacute;s tertulianos..., &iexcl;pues pod&iacute;an ven&iacute;rseme con melindres de beata los
+que me estaban ense&ntilde;ando a pactar con el demonio para venderle la
+conciencia! Yo no ve&iacute;a m&aacute;s que los fantasmas de mi pesadilla, y, por el
+momento, a aquel hombre rid&iacute;culo que acompa&ntilde;aba a mi madre. &iexcl;Cielo
+santo! <i>Por all&iacute;</i> ten&iacute;a que pasar yo para llegar a donde mi destino me
+arrastraba; y pasar por all&iacute;, por aquel, hombre, aunque no fuera m&aacute;s que
+<i>pasar de largo</i>, era, para una mujer de mi est&oacute;mago, ir al patio de una
+c&aacute;rcel, a la picota, a los cubiles del circo..., a las fieras mismas.</p>
+
+<p>&raquo;Llamele aparte en la primera ocasi&oacute;n de ello que tuve, y le cit&eacute; para
+el d&iacute;a siguiente, despu&eacute;s del almuerzo. Lo inusitado de la cita y de la
+hora, movi&oacute; en alto grado su curiosidad. Intent&oacute; satisfacer siquiera una
+parte de ella, ech&aacute;ndome memoriales de un dulzor empalagoso; pero no me
+di por entendida.</p>
+
+<p>&raquo;Al despedir m&aacute;s tarde a Pepe Guzm&aacute;n, le encargu&eacute; mucho que no faltara
+la noche siguiente, para darle cuenta minuciosa del cumplimiento de uno
+de los tr&aacute;mites m&aacute;s importantes de mi plan.</p>
+
+<p>&raquo;Por &uacute;ltimo, al retirarse mi madre a su habitaci&oacute;n, la advert&iacute; lo de la
+cita al banquero. Preguntome ansiosa que para qu&eacute;, y me excus&eacute; de
+complacerla, record&aacute;ndola nuestro convenio de no descubrirla mi plan
+hasta que estuviera ejecutado. En hablando a solas con el banquero, lo
+estar&iacute;a... en lo que a ella le interesaba. Algo que llevaba yo bien a la
+vista en mi actitud, y, sobre todo, en mi cara, debi&oacute; de darla a
+entender hacia qu&eacute; lado me inclinaba en el asunto que tanto me hab&iacute;a
+recomendado ella, porque no insisti&oacute; en la pregunta y se despidi&oacute; de m&iacute;
+muy afectuosa.</p>
+
+<p>&raquo;En seguida me encerr&eacute; yo en mi dormitorio... a velar, a padecer, a
+aturdirme con el pensamiento volteando entre las ondas de la tempestad
+que ya no me cab&iacute;a en la cabeza.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII</h3>
+
+
+<p>Seg&uacute;n lo convenido con mi madre, al otro d&iacute;a, en cuanto el banquero
+lleg&oacute;, sal&iacute; yo sola a recibirle. En la penumbra del sal&oacute;n, donde
+aguardaba, parec&iacute;a el hombre una noche de verano: de tal modo reluc&iacute;an y
+titilaban sobre &eacute;l verdaderas constelaciones de pedrer&iacute;a, hasta con su
+<i>caminito de Santiago</i>; que bien pod&iacute;a desempe&ntilde;ar este papel all&iacute; la
+enorme leontina de oro entretejido que trepaba por el hemisferio de su
+est&oacute;mago. Adem&aacute;s, apestaba el sal&oacute;n a <i>patchouli</i> y a pomada de geranio.
+No s&eacute; qu&eacute; cara me puso, aunque me lo imagino, ni recuerdo en qu&eacute;
+t&eacute;rminos me salud&eacute;, ni las palabras con que yo le respond&iacute;. S&oacute;lo tengo
+presente lo que pas&eacute; despu&eacute;s, estando los dos sentados, frente a frente,
+aunque con cerca de dos varas de alfombra de por medio; y lo que pas&oacute;
+dio principio en la siguiente forma, palabra m&aacute;s o menos:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Anteanoche&mdash;le dije, sin pararme a disimular la repugnancia con que
+abordaba aquel asunto&mdash;me insinu&oacute; usted ciertos prop&oacute;sitos...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Tuve, en efecto, esa dicha&mdash;me interrumpi&oacute;, bastante desentonado por
+las emociones que deb&iacute;a de sentir en aquel instante.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Poco despu&eacute;s acudi&oacute; usted con las mismas cuitas a mi madre, sin
+aguardar a que yo le respondiera, como se lo ten&iacute;a prometido.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;No cre&iacute; que se estoorbaran lo uno y lo otro.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Mal cre&iacute;do. Pero, en fin, ya est&aacute; hecho. Y ahora, as&oacute;mbrese usted: he
+resuelto despachar su pretensi&oacute;n... favorablemente.</p>
+
+<p>&raquo;Es imposible pintar aqu&iacute; las cosas que hizo y las <i>finezas</i> que me
+enderez&oacute; mi pretendiente, al o&iacute;rme hablar en aquellos t&eacute;rminos. Le falt&oacute;
+muy poco para darme las gracias de rodillas.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Todav&iacute;a no&mdash;le dije conteni&eacute;ndole&mdash;. Hay que deslindar antes los
+campos, y poner cada cosa en su sitio y a la necesaria claridad. Para
+ello, yo le hablar&eacute; a usted con toda la que piden las circunstancias, y
+usted no ser&aacute; menos expl&iacute;cito conmigo, en la inteligencia de que,
+si&eacute;ndole o no, lo que aqu&iacute; establezcamos ha de ser en adelante la ley de
+nuestra vida com&uacute;n.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Leyes son siempre para m&iacute; hasta los menoores deseos de usted. &iquest;Qu&eacute;
+mayor dicha, qu&eacute; mayor...?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Muchas gracias, y &oacute;igame ahora: usted es hombre que tiene vicios, no
+muy buena fama, y ya pas&oacute; de mozo algunos a&ntilde;os hace... No se moleste
+usted en hacerme reparos, porque es perfectamente demostrable todo esto
+que afirmo.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Siga usted.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Sigo, y contin&uacute;o afirmando que un hombre con todos esos contrapesos,
+por poco entendimiento que tenga, no puede creerse merecedor del cari&ntilde;o
+ni de la lealtad de una mujer como yo.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Repare usted que, sin hacer las debidas salvedades... y tal y dem&aacute;s,
+resuulta eso..., &iquest;c&oacute;mo lo dir&eacute;?, un poco... vamos... exxxtremaaado.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Resultar&aacute; lo que usted quiera; pero hay que o&iacute;rlo. Por consiguiente,
+al pedir usted mi mano, no espera, no puede esperar, que le d&eacute; con ella
+ese cari&ntilde;o, ni las llaves de mi coraz&oacute;n, ni el derecho de preguntarme
+siquiera por lo que yo tenga encerrado en &eacute;l.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Lo que yo pido&mdash;d&iacute;jome aqu&iacute; el banquero, con una serenidad y un
+aplomo que no dej&oacute; de sorprenderme en &eacute;l&mdash;, lo &uacute;nico a que aspiro, y
+usted no podr&aacute; negarme, porque no tengo yo la culpa de que no sea la
+envoooltura digna del tribuuto que la he tendido a usted con alma y
+vida... y tal y dem&aacute;s, es que lo pooco o muucho que me conceda sea de
+buena voluntad; porque, bien mirado el caaso, yo no he puesto a naaadie
+un pu&ntilde;al en el pecho para que se acepte lo que he ofrecido a caambio...
+de lo que usted quiera darme... y tal y dem&aacute;s.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Cierto; pero la misma gravedad de ese... caso, y el singular aspecto
+que presenta para m&iacute;, y hasta las mutuas conveniencias, no lo dude
+usted, me obligan a ser desenga&ntilde;ada, sin temor de pecar de dura, con un
+hombre que con tan poco se conforma en negocio de tan grande entidad...
+En substancia, y para concluir, se&ntilde;or don Mauricio: yo acepto su mano de
+usted, con la terminante condici&oacute;n de que he de tener en usted la menor
+cantidad posible... de marido, con todos los privilegios e inmunidades
+que de este hecho se desprendan en beneficio de la libertad e
+independencia compatibles con el rango que ocupo en la sociedad, y con
+mis gustos e inclinaciones.</p>
+
+<p>&raquo;Cre&iacute; sorprender una sonrisa extra&ntilde;a en los resecos labios de mi
+pretendiente; el cual, y mientras se tiraba de la patilla derecha con
+mayor suavidad de la que pod&iacute;a esperarse de su naturaleza <i>espasm&oacute;dica</i>,
+me dijo:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y en virtud de esa condici&oacute;n tan... tan <i>adsooluuta</i> y exxteeensa,
+&iquest;no me ser&iacute;a permitido a&ntilde;adirla, antes de aceptarla, siquiera una
+salvedad..., pedir ciertas garaaant&iacute;as?...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Doy, y no es poco, la de mi buena educaci&oacute;n. &iquest;Le satisface a usted?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Como la mejor escritura p&uacute;uublica&mdash;me respondi&oacute; tendi&eacute;ndome la
+manaza, que no rechac&eacute; porque fing&iacute; tomar el suceso como se&ntilde;al de
+despedida, y aprovech&eacute; tan buena coyuntura para levantarme y dar por
+terminada la conferencia.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Para lo que falta que hacer&mdash;dije entonces&mdash;, enti&eacute;ndase usted con mi
+madre..., que siente mucho no poder recibirle hoy.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;De manera&mdash;preguntome &eacute;l, muy cerca ya de la puerta del sal&oacute;n,
+poni&eacute;ndose otra vez tierno y pegajoso&mdash;, que esto es ya cosa resueelta?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Enteramente resuelta.</p>
+
+<p>&mdash;Y... &iquest;para cu&aacute;aando..., si no peco de...?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Para ma&ntilde;ana, si fuera posible. Y s&iacute;rvale a usted de gobierno, por lo
+que pueda importarle.</p>
+
+<p>&raquo;No o&iacute; lo que me dijo en demostraci&oacute;n de su contento, porque mientras un
+criado que hab&iacute;a acudido a mi llamada le entregaba en el vest&iacute;bulo el
+sombrero y el bast&oacute;n, yo buscaba, retrocediendo por el estrado, el
+camino del gabinete de mi madre, para darla cuenta del definitivo
+resultado de mis planes.</p>
+
+<p>&raquo;Asombrose al conocerle, y no era para menos; pero le aplaudi&oacute; de buena
+gana. Llev&aacute;bamos a&uacute;n medio aliviado el luto por mi padre, y la rogu&eacute; que
+no fuera esto un estorbo para aplazar las bodas. Otro motivo de asombro
+para mi madre.</p>
+
+<p>&raquo;Sin detenerme a sacarla de &eacute;l con explicaciones que no eran del caso...
+ni muy f&aacute;ciles de dar, sal&iacute; del gabinete y me encerr&eacute; en el m&iacute;o... &iexcl;a
+batallar de nuevo contra vestigios y fantasmas!... &iexcl;Ociosas y bien
+excusadas mortificaciones!...</p>
+
+<p>&raquo;Sagrario, Leticia, mi madre, Pepe Guzm&aacute;n, todos mis &laquo;dulces enemigos&raquo;
+estaban complacidos ya. Ya estaba extendida mi respectiva <i>patente de
+corso</i>. De un momento a otro me la pondr&iacute;an en la mano, y comenzar&iacute;a a
+verse con qu&eacute; &laquo;h&iacute;gados&raquo; contaba yo para servirme de ella. Porque, si no
+era para esto, &iquest;para qu&eacute; me la daban? Pepe Guzm&aacute;n, en quien menos deb&iacute;a
+desconfiar yo, podr&iacute;a enga&ntilde;arme en cuanto a la sinceridad de su
+<i>exposici&oacute;n de motivos</i>; pero no en cuanto a la intenci&oacute;n pr&aacute;ctica de su
+consejo. Si &eacute;ste no ten&iacute;a el alcance que yo pensaba, era preciso
+convenir en que a mi consejero le faltaba el sentido com&uacute;n; y cab&iacute;a
+dudar del coraz&oacute;n de aquel hombre, pero no de su gran entendimiento.
+Volv&iacute; a poner toda la luz de mi discurso sobre esta mancha de su
+conducta conmigo; deseaba conocerla en toda su extensi&oacute;n para
+&laquo;indignarme&raquo; contra &eacute;l: desesperado recurso de n&aacute;ufrago entre las bascas
+de su agon&iacute;a; extender los desfallecidos brazos en busca de un asidero
+que no han de hallar; gastar las &uacute;ltimas fuerzas en in&uacute;tiles tentativas,
+para hundirse primero. Eso me pasaba a m&iacute;: cuanto m&aacute;s me agitaba, m&aacute;s me
+hund&iacute;a; cuanto m&aacute;s examinaba la mancha, menor la encontraba. Con el
+trabajo que empleaba en engrandecerla, acab&eacute; por borrarla... Y &iquest;por qu&eacute;
+no? &iquest;Qu&eacute; quitaba ni qu&eacute; pon&iacute;a en la intensidad de la <i>pasi&oacute;n</i> de Pepe
+Guzm&aacute;n, un <i>detalle</i> de m&aacute;s o de menos sobre el modo de <i>legalizarla</i>
+ante las gentes? No hab&iacute;a que confundir los impulsos del coraz&oacute;n con las
+rutinas sociales. Si lo <i>principal</i> era entre nosotros conservar vivo el
+<i>fuego sacro</i>, yo no ten&iacute;a por qu&eacute; escandalizarme de que &eacute;l necesitara,
+para alimentar el que hab&iacute;a en su coraz&oacute;n, ritos y procedimientos
+distintos de los que yo hubiera preferido.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Ay, si llegaran a caer estos papeles en manos de una mujer de esp&iacute;ritu
+cristiano, que no olvide que voy pintando a la luz de aquellos negros
+d&iacute;as, y discurriendo al tenor de las leyes por que me gobernaba
+entonces!</p>
+
+<p>&raquo;Pero &iexcl;qu&eacute; misterioso engranaje!, &iexcl;qu&eacute; mecanismo tan singular el de la
+m&aacute;quina de las ideas! &iexcl;De qu&eacute; modo tan extra&ntilde;o se eslabonan en el
+cerebro las negras con las blancas, las tristes con las risue&ntilde;as, las
+f&uacute;nebres con las c&oacute;micas! A m&iacute; se me ocurri&oacute; de pronto, entre la
+lobreguez de mis cavilaciones, que nuestro poeta <i>Alj&oacute;far</i>, cuando
+supiera lo que iba a suceder en breve, compondr&iacute;a una nueva variante
+(all&aacute; para sus adentros, porque al p&uacute;blico no se atrever&iacute;a a
+ofrec&eacute;rsela) sobre la socorrida met&aacute;fora de <i>la flor y la babosa</i>. Yo
+ser&iacute;a la flor, por supuesto; flor nacida para &laquo;lucir sus colores y
+derramar sus aromas junto al enamorado clavel...&raquo; Y a prop&oacute;sito: &iquest;no se
+le hab&iacute;a ocurrido a &eacute;ste, quiero decir, a Pepe Guzm&aacute;n, la misma o
+parecida comparaci&oacute;n po&eacute;tica, con todas sus consecuencias realistas?
+Cierto que el banquero ser&iacute;a la menor cantidad posible de babosa; pero,
+al cabo, ser&iacute;a babosa, con su diente asqueroso y su estela repulsiva...;
+&iexcl;Vaya si se le habr&iacute;a ocurrido! Y, ocurri&eacute;ndosele, &iquest;qu&eacute; habr&iacute;a pensado
+de esos rastros que las babosas dejan sobre las flores si no se madruga
+a recogerlas?... &iexcl;Oh, qu&eacute; diab&oacute;lica idea se enred&oacute; con esta otra, de
+repente, y penetr&oacute; en mi discurso, como ladr&oacute;n artero en casa mal
+cerrada! &iexcl;C&oacute;mo se revolv&iacute;a entre las dem&aacute;s, y rebuscaba los escondrijos
+para saquearme el repuesto y hacerse due&ntilde;a y se&ntilde;ora de mi juicio!... Y
+&iexcl;qu&eacute; recio voceaba, all&aacute; dentro, muy adentro!... Y &iexcl;qu&eacute; afanes los m&iacute;os
+para acallar sus voces, como si temiera que las ondas del aire las
+llevaran hasta <i>&eacute;l</i>! &iexcl;Desdichada de m&iacute; si las o&iacute;a, o el diablo le
+inspiraba igual idea!</p>
+
+<p class="c">*</p>
+
+<p>&raquo;Por la noche habl&eacute; con Pepe Guzm&aacute;n, seg&uacute;n lo convenido entre los dos.
+Le di cuenta de lo acordado con el banquero y con mi madre; y como mi
+resoluci&oacute;n era m&aacute;s poderosa que mis fuerzas, los desfallecimientos de
+&eacute;stas se reflejaban demasiado en el ritmo de mis palabras y hasta en el
+color de mi rostro. Estim&oacute; mis torturas, ponder&oacute; mi hero&iacute;smo, ensalz&oacute; mi
+<i>lealtad</i>; pero no se compadeci&oacute; de m&iacute; en aquellos decisivos instantes,
+en los cuales a&uacute;n era posible imprimir nuevos rumbos a mi destino,
+cuando no lo intent&oacute; siquiera. Lejos de ello, y para mantenerme en los
+que &eacute;l mismo me hab&iacute;a trazado, despleg&oacute; nuevas pompas de su singular
+dial&eacute;ctica, y encendi&oacute; nuevas llamas con las cuales le cost&oacute; bien escaso
+trabajo quemar los pobres restos de las alas con que a&uacute;n pretend&iacute;a yo
+volar por los espacios de mi deseo.</p>
+
+<p>&raquo;Aqu&iacute; deb&iacute;a darse por terminada nuestra entrevista; la &uacute;ltima, por
+decreto de &laquo;el bien parecer&raquo;, y hasta por conveniencia m&iacute;a. En adelante,
+por lo menos hasta que la amarga copa se apurara, nos tratar&iacute;amos como
+&laquo;buenos amigos&raquo; delante de las gentes... y nada m&aacute;s. De esto comenc&eacute; a
+hablarle, cuando el demonio puso en sus labios una frase que me pareci&oacute;
+el primer eslab&oacute;n de la cadena a cuyo extremo hab&iacute;a de salir engarzada
+la infernal idea; aquella que tanto me atormentaba en mi cerebro por el
+solo temor de que cupiera en el de mi <i>enemigo</i>.</p>
+
+<p>&raquo;Y sali&oacute;, &iexcl;Virgen Mar&iacute;a! &iexcl;Qu&eacute; momento aquel! Ciega, insensible para
+cuanto me rodeaba, s&oacute;lo ve&iacute;a y o&iacute;a lo que pasaba dentro de m&iacute;. El
+coraz&oacute;n, fuera de sus quicios, me aporreaba el pecho, y sus golpes me
+parec&iacute;an llamadas de medroso desamparado; sent&iacute;alos repercutir en lo m&aacute;s
+profundo de mi cabeza, y llamaradas de fiebre sub&iacute;an a caldearme las
+mejillas; estremec&iacute;anse todas las fibras de mi cuerpo, y veladuras
+fant&aacute;sticas iban turbando la clara luz de mis ojos, al comp&aacute;s de los
+latidos del coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&raquo;Nada pens&eacute;, nada dije, nada respond&iacute;. Toda la noci&oacute;n que me qued&oacute; de mi
+propia existencia, la invert&iacute; en recoger de aquella escombrera a que
+instant&aacute;neamente hab&iacute;an quedado reducidas vida y alma, los alientos
+necesarios para apartarme de all&iacute;. Y eso hice a duras penas.</p>
+
+<p>&raquo;Pas&eacute; un d&iacute;a, dos y tres, sin pensar en nada, a fuerza de pensar mucho
+que no me interesaba, para no caer en las fauces de los pensamientos que
+tem&iacute;a. Durante aquella batalla, y hecho ya p&uacute;blico el proyecto de mis
+bodas, al suplicio de ella se a&ntilde;adi&oacute; el m&aacute;s insoportable de consolarme
+del forzoso alejamiento de Pepe Guzm&aacute;n, con las <i>tiernas finezas</i> del
+banquero, se&ntilde;or <i>legal</i> de mis preferencias y atenciones, y las
+incisivas enhorabuenas de mis amigos y conocidos. Todo esto era superior
+a mis fuerzas. Ped&iacute;, rogu&eacute; a mi madre que, si no hab&iacute;a modo de vivir en
+nuestra casa sin la tiran&iacute;a de aquellos testigos de mi tortura,
+anticipara todav&iacute;a m&aacute;s el suceso que era la causa fundamental de ella. Y
+mi madre no comprend&iacute;a c&oacute;mo buscaba yo el remedio contra las hieles de
+una p&oacute;cima sin fin, apresur&aacute;ndome a beberla; pero yo s&iacute; lo comprend&iacute;a.</p>
+
+<p>&raquo;Entre tanto, iba agot&aacute;ndose el caudal de pensamientos que cab&iacute;an en mi
+cabeza, y a cuyo amparo acud&iacute;a para defenderme del que tanto me
+espantaba y m&aacute;s me persegu&iacute;a cuanto mayores eran mis mortificaciones...
+y m&aacute;s largas las ausencias de Guzm&aacute;n. &iexcl;Tal despilfarro hac&iacute;a yo de
+ellos, sobre todo en las largas horas de mis desvelos! Ya no sab&iacute;a en
+qu&eacute; pensar, y entregaba el discurso a lo primero que se me entraba por
+las mientes.</p>
+
+<p>&raquo;Una noche, por remate de la larga cadena de ideas incongruentes que
+hab&iacute;a estado arrastrando, di en una bien extra&ntilde;a ocurrencia: la de hacer
+una imaginaria excursi&oacute;n por los interiores entenebrecidos de mi propia
+casa. &iexcl;Qu&eacute; grande era para la poca gente que la habit&aacute;bamos! Adem&aacute;s de
+grande, estaba muy mal ocupada por nosotras. Entre el dormitorio de mi
+madre y el m&iacute;o, hab&iacute;a dos salones, un pasadizo y mi cuarto de tocador.
+Mi madre se recog&iacute;a antes que nadie, y quedaba al cuidado de una antigua
+sirvienta, vieja ya, muy fiel, pero muy dormilona. Cerca de m&iacute;, en un
+cuartito contiguo al tocador por un lado, y por otro al vest&iacute;bulo de
+ingreso a la casa, dorm&iacute;a mi doncella, muchacha muy leal, muy cari&ntilde;osa,
+capaz de arrojarse por m&iacute; por el balc&oacute;n a la calle; pero alegrilla de
+ojos y demasiado <i>lista</i>. El resto de la servidumbre ocupaba un
+sotabanco que mi padre hab&iacute;a alquilado con este objeto, en su horror
+instintivo al tufo y al desaseo de la plebe. De manera que para dos
+parejas de mujeres tan separadas una de otra, aquella casa, durante las
+altas horas de las noches de invierno, en las que escasean los ruidos
+de la calle, con la espesura de las alfombras en el suelo y la
+abundancia de macizos cortinones que apagaban el rumor de las pisadas y
+hasta el sonido de la voz, era un completo p&aacute;ramo con su muda e
+imponente soledad. Un hombre mal intencionado pod&iacute;a ocultarse muy
+f&aacute;cilmente... en el cuarto de mi doncella, por ejemplo, en el instante
+de disolverse la tertulia, cuando es menos notado cualquier movimiento y
+menos extra&ntilde;a la presencia de una persona; salir de su escondrijo en
+hora conveniente; hacer lo que se hab&iacute;a propuesto, y aguardar en otro
+escondite a que los criados bajaran del sotabanco, abrieran las puertas,
+despu&eacute;s de abierta la de la calle, y largarse a ella muy tranquilo.
+&iexcl;Pues si la doncella estuviera de acuerdo con el ladr&oacute;n!... &iexcl;Qu&eacute;
+espanto! Era precis&oacute; tratar de que durmiera abajo un criado, y, sobre
+todo, de aproximar mucho m&aacute;s mi dormitorio al de mi madre. Las cuatro
+mujeres reunidas sabr&iacute;amos defendernos mejor de cualquier peligro...
+&iexcl;Gran miedo pas&eacute; aquella noche!</p>
+
+<p>&raquo;Pero &iquest;hasta d&oacute;nde alcanzaban las ra&iacute;ces de estas ideas? &iquest;De d&oacute;nde
+vendr&iacute;an las semillas que las produjeron? Porque en el mundo moral, lo
+mismo que en el f&iacute;sico, nada nace de la nada, y cada cosa engendra su
+semejante.</p>
+
+<p>&raquo;Aquellas preguntas y esta reflexi&oacute;n me hice entonces tambi&eacute;n, y sin
+respuesta se quedaron, quiz&aacute;s por ignorancia, o acaso por repugnarme
+ahondar en la materia con el an&aacute;lisis.</p>
+
+<p>&raquo;Lo primero que al otro d&iacute;a me dijo mi madre fue que si persist&iacute;a yo en
+mis deseos de que se anticipara la boda, estaba en su mano complacerme.
+Respondila que s&iacute;, cerr&aacute;ndome el camino a toda reflexi&oacute;n. Por la noche
+estuvo Guzm&aacute;n en mi casa. &iexcl;Qu&eacute; da&ntilde;o me hac&iacute;an sus estudiados y
+convenidos alejamientos de m&iacute;! Al despedirse, desliz&oacute; en mi mano un
+papel en muchos dobleces, que yo guard&eacute; con ansiedad de avaro, para
+entretener lo m&aacute;s triste de mis incurables desvelos, con el regalo de su
+contenido, fuera el que fuese, aunque casi le adivinaba.</p>
+
+<p>&raquo;Lleg&oacute; la hora, y desplegu&eacute; la carta tembl&aacute;ndome las manos. Era muy
+extensa, y estaba escrita en un papel muy tenue y con la letra muy
+apretada. Comenc&eacute; a leerla, y al punto di con lo que yo m&aacute;s me tem&iacute;a...:
+la idea, &iexcl;la diab&oacute;lica idea! All&iacute; estaba, salt&aacute;ndome a los ojos como
+chispa de volc&aacute;n. Toda la carta no era otra cosa que el ali&ntilde;o
+estimulante en que ven&iacute;a preparada. &iexcl;Qu&eacute; astucia de Satan&aacute;s! Romp&iacute; el
+papel en cien pedazos..., &iexcl;como si con este pobre recurso borrara su
+contenido de mi memoria, y la voz del que le hab&iacute;a estampado all&iacute; no
+resonara en mis o&iacute;dos, ni el fulgor de su mirada penetrase por mis ojos
+hasta el fondo del coraz&oacute;n!</p>
+
+<p>&raquo;El incendio se produjo otra vez; pero las fuerzas de mi discurso para
+huir de &eacute;l por las callejuelas de extra&ntilde;os pensamientos estaban agotadas
+ya. Resolvime a contemplar el peligro cara a cara y a defenderme de &eacute;l
+en mi &uacute;ltima trinchera..., es decir, a poner el caso <i>en tela de
+juicio</i>.</p>
+
+<p>&raquo;Vali&eacute;ndome de un s&iacute;mil harto viejo, pero que me es aqu&iacute; muy necesario
+para hacerme comprender m&aacute;s f&aacute;cilmente, en aquella suprema ocasi&oacute;n me
+encontraba sobre el borde de un precipicio, sola, sin alientos para
+retroceder y comenzando a sentirme dominada por el v&eacute;rtigo de los
+abismos. Todos cuantos en el mundo ten&iacute;an obligaci&oacute;n de socorrerme, me
+hab&iacute;an empujado para colocarme all&iacute;: nada pod&iacute;a esperar de ellos; a lo
+lejos, s&oacute;lo ve&iacute;a curiosos que se asombraban de mis resistencias y se
+re&iacute;an de mis vacilaciones; abajo, en el fondo del precipicio, la
+algazara de las mujeres que me hab&iacute;an precedido en la ca&iacute;da; en derredor
+de m&iacute;, envolvi&eacute;ndome, asfixi&aacute;ndome como anillos de serpiente, una
+atm&oacute;sfera de insanos elementos, narc&oacute;tica, enervante; sobre la
+atm&oacute;sfera, sobre m&iacute;, sobre el mundo entero, all&aacute; en lo Alto, donde deb&iacute;a
+de existir un c&oacute;digo de moral como yo le present&iacute;a cuando me dejaba
+gobernar por mis propios instintos, inclinados a lo menos corrompido, ya
+que no a lo m&aacute;s honrado..., nada tampoco que viniera en mi auxilio... El
+Dios que a m&iacute; me hab&iacute;an hecho conocer en mi casa era &laquo;un caballero
+anciano, de muy buena sociedad&raquo;; algo serio por raz&oacute;n de su jerarqu&iacute;a,
+pero muy fino, muy complaciente y de una moral muy el&aacute;stica; dispuesto
+siempre a incomodarse con la gente de poco m&aacute;s o menos, pero incapaz de
+<i>faltar</i> en lo m&aacute;s m&iacute;nimo a las se&ntilde;oras del <i>gran mundo</i> que le
+<i>honraban</i> confes&aacute;ndole de vez en cuando y en los ratitos que las
+dejaban libres sus devaneos de hembras &laquo;eximias&raquo; del g&eacute;nero humano...;
+un se&ntilde;or, en fin, por el estilo de mi difunto padre, aunque quiz&aacute;s no
+tan elocuente ni de tan distinguido porte como &eacute;l... &iexcl;Y nadie ni nada
+m&aacute;s a donde volver los ojos!</p>
+
+<p>&raquo;Y, entretanto, al aceptar las reflexiones de mi madre y el consejo de
+Pepe Guzm&aacute;n, &iquest;no hab&iacute;a suscrito yo, impl&iacute;citamente, un contrato de
+deslealtades y perjurios por el resto de mi vida? Y la que estaba
+resuelta a lo m&aacute;s, &iquest;por qu&eacute; se deten&iacute;a ante lo menos?</p>
+
+<p>&raquo;Sobre estos ejes rod&oacute; todav&iacute;a largo rato la desquiciada m&aacute;quina de mi
+discurso..., hasta dar conmigo y con &eacute;l en las negras profundidades del
+abismo.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Oh, qu&eacute; sola, qu&eacute; triste y qu&eacute; desamparada me vi!</p>
+
+<p class="c">*</p>
+
+<p>&raquo;Veinticuatro horas despu&eacute;s se realizaba en mi casa, por primera vez, lo
+m&aacute;s temeroso de mi imaginaria excursi&oacute;n por los interiores de ella; s&oacute;lo
+que no era un ladr&oacute;n de caudales el hombre que se escond&iacute;a por la noche
+en el cuarto contiguo al de mi doncella y se escapaba al amanecer.&raquo;</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="Parte_II" id="Parte_II"></a>Parte II</h2>
+<hr />
+
+<h3><a name="Ia" id="Ia"></a>I</h3>
+
+
+<p>Este era un <i>C&iacute;rculo</i> o sociedad que hab&iacute;a en Madrid por entonces (creo
+que ya no hay de esas cosas all&iacute;), en el cual c&iacute;rculo s&oacute;lo ten&iacute;an
+ingreso los aspirantes que pudieran acompa&ntilde;ar a su instancia una
+ejecutoria de sangre azul, y, a ser posible, una buena garant&iacute;a de
+responsabilidad pecuniaria; porque con ser de gran monta los gastos
+reglamentarios de cada socio, llegaban hasta lo incalculable los
+<i>imprevistos</i>. Como que se trataba all&iacute; de matar los interminables ocios
+de la vida entre los hombres del blas&oacute;n y del dinero..., &iexcl;que ya es
+matar!</p>
+
+<p>Ocupaba la sociedad una gran casa, de suelo a cielo, en una gran calle
+de lo mejor entre lo m&aacute;s caro de la villa y corte; y en la gran casa
+hab&iacute;a grandes cocinas, grandes cuadras y grandes cocheras, con muchos y
+muy lujosos carruajes, abajo; y grandes salones de conversaci&oacute;n, de
+juegos l&iacute;citos y de lectura; grandes salas para otros usos, hasta sala
+de esgrima, y grandes comedores y cuartos de tocador y gabinetes para
+vestirse, para escribir y para jugar a lo que no deb&iacute;a verse, arriba; y
+lo de arriba y lo de abajo, y lo de ac&aacute; y lo de acull&aacute;, con todo el
+lustre de decorado y servidumbre que la <i>instituci&oacute;n</i> y sus destinos
+requer&iacute;an.</p>
+
+<p>Claro est&aacute; que una cosa de tal &iacute;ndole no pod&iacute;a ser bautizada a la
+espa&ntilde;ola: por eso se llamaba <i>Sport-Club</i>, nombre que, tras de ser
+ingl&eacute;s, dejaba traslucir ciertas aficiones de la gente de adentro a un
+espect&aacute;culo que no se concibe en Espa&ntilde;a m&aacute;s que en caricatura. Lo mismo
+que si en Londres estableciera la &laquo;alta sociedad inglesa, un <i>Club</i> con
+el nombre de <i>C&iacute;rculo taur&oacute;filo</i>, o de aficionados al toreo, para que me
+entiendan mejor los que no tienen muy hecho el o&iacute;do a estas jergas
+grecolatinas. En fin, bien o mal bautizado, ello es que hab&iacute;a en aquel
+entonces en Madrid ese <i>Sport-Club</i>, y que, a juzgar por lo que en &eacute;l se
+conten&iacute;a y pasaba, era como la casa de todos los que no la ten&iacute;an, o no
+quer&iacute;an tenerla, o la frecuentaban muy poco. Por el <i>Club</i> iban sus
+socios a todas partes, y de cualquier parte que vinieran daban en el
+Club. Lo que hacen los simples mortales con el propio domicilio.</p>
+
+<p>Comenzando a contar por los balcones de la fachada principal, que eran
+otros tantos &laquo;coches parados&raquo; a ciertas horas de la tarde, en aquel
+edificio hab&iacute;a estimulantes para todos los gustos de los concurrentes
+desocupados: revistas verbales de paseos, salones y espect&aacute;culos..., se
+entiende, de lo tocante a las hermosas damas de &laquo;su mundo&raquo; que se
+hubiesen exhibido en ellos; murmuraciones subsiguientes con ampollas;
+lecturas breves, bien ilustradas y muy picantes; <i>El F&iacute;garo</i> de Par&iacute;s,
+con sus cr&oacute;nicas escandalosas del <i>demi-monde</i>, por <i>Gacela</i>; la esgrima
+del florete, de la espada o del sable, no como ejercicio higi&eacute;nico, sino
+como art&iacute;culo de posible necesidad entre gentes que viv&iacute;an a dos pasos
+del <i>campo del honor</i>; para el que fuera inclinado a los placeres del
+est&oacute;mago, el <i>restaurant</i>: los licores, los vinos exquisitos, las pastas
+m&aacute;s regaladas..., cuanto se pidiera por la boca; para los temperamentos
+profundamente enervados por la holganza regalona, el juego; si no
+entreten&iacute;an bastante el tresillo o el <i>ecart&eacute;</i>, el <i>monte</i> o el
+<i>bacarrat</i> o el <i>treinta y cuarenta</i>; si abundaba el dinero en casa,
+para que la emoci&oacute;n resultase, se apuntaba fuerte; y si no lo hab&iacute;a y
+apuraban los compromisos, fuerte tambi&eacute;n para salir de ellos cuanto
+antes, o acabar de hundirse en la ruina; en efectivo, si lo hab&iacute;a a
+mano; o en cosa que lo representase, si quedaba cr&eacute;dito bastante, en
+opini&oacute;n de aquellos caballeros que se agrupaban all&iacute; para desplumarse
+mutuamente con todas las reglas y cortes&iacute;as del oficio; para el gomoso
+enamorado o el hombre presumido, si ten&iacute;an en poco la librea de la
+sociedad para ponerse en p&uacute;blica exhibici&oacute;n, estar&iacute;a a la puerta de la
+casa y en hora conveniente el ex&oacute;tico cuartago con el blas&oacute;n de familia
+en cada metal de sus arreos, en el cual buc&eacute;falo cabalgar&iacute;a el elegante
+para dirigirse al Retiro, medir aquella pista a zancadas unas cuantas
+veces, y desfilar al anochecer por la Castellana a medio galope de
+podenco; y lo que digo del caballo acontec&iacute;a con el coche.</p>
+
+<p>M&aacute;s tarde, y despu&eacute;s de comer en el <i>Club</i> y de vestirse all&iacute; tambi&eacute;n,
+al teatro m&aacute;s de su gusto, con el billete de abono de la misma sociedad,
+o a los salones de su preferencia, o a lo uno y a lo otro, porque para
+todo daban las noches y las costumbres de su mundo. Despu&eacute;s de los
+salones y del teatro, al <i>Club</i>, otra vez indefectiblemente: a cenar, si
+hab&iacute;a ganas, o a tomar un piscolabis, si no las hab&iacute;a, y a &laquo;cambiar sus
+impresiones&raquo;, que no faltar&iacute;a con qui&eacute;n. All&iacute; estar&iacute;an ya, dejando
+escapar las suyas, recientemente adquiridas, el mozuelo imberbe, m&aacute;s
+cargado de vicios que de a&ntilde;os, y el viejo disipado centelleando
+lascivias y torpezas por sus ojuelos lacrimosos, y mascullando
+obscenidades entre los pedruscos de su dentadura postiza. Desde all&iacute;,
+&iexcl;vaya usted a saber a d&oacute;nde ir&iacute;an aquellos caballeros hasta las tres de
+la tarde, hora en que reaparec&iacute;an un momento en la v&iacute;a p&uacute;blica... para
+volver otra vez al <i>Sport-Club</i>, a observar, a murmurar, a comer, a
+jugar, a vestirse, etc., etc.! Y los m&aacute;s de ellos eran casados o &laquo;hijos
+de familia&raquo;.</p>
+
+<p>Am&eacute;n de estos recreos al pormenor, y los que no se puntualizan aqu&iacute;,
+porque no hay para qu&eacute; puntualizarlos, la sociedad ten&iacute;a otros en com&uacute;n,
+como ciertas algaradas de estruendo, ora en el Hip&oacute;dromo en los d&iacute;as de
+carreras, ora en la del Prado y de la Castellana, disfrazados los socios
+de canes lanudos, y amontonados y latiendo en sus perreras, en las
+tardes de Carnaval. Esto era el colmo de lo <i>chic</i>, de lo <i>pschut</i> y de
+lo <i>becarre</i>.</p>
+
+<p>Andando el tiempo, no pudo el <i>Club</i> con la carga de sus gastos, y le
+fue necesario barrenar sus estatutos para atraerse la ayuda de la
+aristocracia de las talegas, siempre que &eacute;sta supiera competir con la de
+adentro, cuando menos en saber gastarlas y lucirlas. A montones
+parecieron los aspirantes. Podr&aacute; faltarles abolengo conocido a las
+notabilidades de esta especie; pero vicios y afici&oacute;n a exornarlos con
+todos los recursos del dinero... &iexcl;a buena parte iban con la cl&aacute;usula los
+de la pata del Cid!</p>
+
+<p>Lo que nunca se ha puesto en claro es de qu&eacute; enfermedad vino a morir el
+<i>Sport-Club</i>, cuando con este ingreso de ricos despilfarradores parec&iacute;a
+haber asegurado su existencia por largos a&ntilde;os. Porque el <i>Sport-Club</i> de
+que yo voy hablando dej&oacute; de existir hace mucho tiempo. Y es bueno que
+conste as&iacute;.</p>
+
+<p>Pues bien: en el <i>Sport-Club</i>, a las dos de la ma&ntilde;ana, y en una sala de
+las m&aacute;s concurridas a aquellas horas en que duermen y reposan las gentes
+ordinarias que todav&iacute;a conservan los resabios del trabajo y del hogar,
+depart&iacute;an afectuosamente, arrimados a una mesa, Manolo Casa-Vieja y Paco
+Ballesteros, despu&eacute;s de haber tomado chocolate a la <i>vainilla</i> el uno, y
+el otro buena raci&oacute;n de biftec con media botella de Burdeos. Ballesteros
+era reci&eacute;n llegado a Madrid: se hab&iacute;a encontrado aquella noche con su
+antiguo amigo Casa-Vieja en el teatro Real, y se hab&iacute;an venido juntos al
+<i>Sport</i>, del cual era socio el &uacute;ltimo, y lo hab&iacute;a sido el primero antes
+de su salida de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>Andar&iacute;an all&aacute;, ten con ten, en edad: de treinta y dos a treinta y cinco.
+Casa-Vieja era blanco, de pelo casta&ntilde;o y lacio, de mirar displicente; no
+feo, pero muy marchito de cara, en la cual descollaba un gran bigote,
+desmayado tambi&eacute;n, y del color del escaso pelo de la cabeza. El cuerpo,
+bien conformado y correct&iacute;simamente vestido, por el modo de caer en la
+silla y el ritmo de todos sus movimientos, acusaba la propia dejadez
+reflejada en los ojos y en el gesto. Parec&iacute;a, en suma, y lo era en
+verdad, lo que se llama un <i>hombre gastado</i> fuera de saz&oacute;n.</p>
+
+<p>Su amigo Ballesteros era lo contrario en lo f&iacute;sico y en lo moral, sin
+ser menos perdido: moreno lavado, de barba recia muy recortada, y negra
+como los ojos y el pelo; vivo de mirada y de frase, suelto y expresivo
+de ademanes, y bien trazado de contornos.</p>
+
+<p>Formaban ambos un contraste completo. Casa-Vieja hablaba casi todo lo
+que ten&iacute;a que hablar, que era lo menos que pod&iacute;a, con el sombrero sobre
+la sien izquierda, la mejilla derecha en la mano del mismo lado, el
+codo correspondiente sobre el velador, el enorme puro, con sortija, en
+la boca, cuando no en la otra mano, y la mirada errabunda y desde&ntilde;osa,
+sin inter&eacute;s ni codicia por nada. Ballesteros hablaba con los dos
+antebrazos sobre la mesa, y con los ojos clavados en el medio perfil de
+la cara de su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;Fig&uacute;rate&mdash;lleg&oacute; a decir aqu&eacute;l a &eacute;ste&mdash;si tendr&eacute; ansia de saber cosas
+de mi tierra y de mis gentes. &iexcl;Once a&ntilde;os bien cumplidos fuera de la
+patria, con pocas noticias de ella, y &eacute;sas vagas y a retazos, que es
+peor que no saber nada! Luego, con el arrastrado oficio que uno trae y
+la vida que uno se busca para ir tirando con &eacute;l sin morirse de
+pesadumbre..., ya ves t&uacute;, se borra muy pronto de la memoria todo lo que
+no cala muy adentro. Por desgracia tuya y fortuna m&iacute;a, eres la primera
+cr&oacute;nica que pesco a mano desde mi llegada a Madrid; porque no miento si
+te juro que me largu&eacute; al Real con el polvo del camino, despu&eacute;s de
+cumplir con la dispersa familia con dos apretones de manos y tres
+abrazos a escape.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cr&oacute;nica yo!&mdash;respondi&oacute; Casa-Vieja, quit&aacute;ndose el cigarro de la boca
+para sacudirle la ceniza&mdash;. Si la quieres negra... Aqu&iacute; no se gasta otra
+cosa. Pero, ante todo, vamos a ver, &iquest;qu&eacute; demonios has hecho t&uacute; por ah&iacute;
+fuera, sin maldita la necesidad la mayor parte del tiempo? Porque la
+madre patria ha podido pasarse muy bien sin tus servicios
+diplom&aacute;ticos..., llam&eacute;moslos as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo mucho mejor sin ella, Manolo: cr&eacute;eme. Pues me cogi&oacute; la gorda, la
+de Septiembre, en Londres. Vino el Gobierno provisional, y consegu&iacute;, es
+decir, me consiguieron aqu&iacute; que se me revalidara la credencial de
+agregado, traslad&aacute;ndome a Par&iacute;s..., &iexcl;miel sobre hojuelas!, y all&iacute; serv&iacute;
+al nuevo orden de cosas con la misma lealtad y el propio celo con que
+hab&iacute;a servido al anterior. De Par&iacute;s fui a Lisboa, y en Lisboa jur&eacute; a don
+Amadeo, y le serv&iacute; con igual celo y la propia lealtad que a todo lo
+precedente..., hasta que se proclam&oacute; la Rep&uacute;blica.</p>
+
+<p>&mdash;Y dimitiste, como buen arist&oacute;crata.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ah&iacute; ver&aacute;s t&uacute;: <i>me dimiti&oacute;</i> ella, como era de esperar, siendo yo
+de los que se mudan la camisa todos los d&iacute;as. Sin embargo, hubo por ac&aacute;
+tentativas de rev&aacute;lida, que no colaron. Ya ves que soy franco. Hasta que
+lleg&oacute; la restauraci&oacute;n y volvimos con ella a nuestros destinos todos los
+leales.</p>
+
+<p>&mdash;Conformes, hasta en eso de la lealtad; pero entre la proclamaci&oacute;n de
+la Rep&uacute;blica y el estampido de Sagunto pas&oacute; tiempo sobrado para que te
+dieras una vuelta por tus lares.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute;, Manolito de mi alma? &iexcl;Me iba tan bien por ah&iacute; afuera! Eso s&iacute;:
+todos los d&iacute;as me despertaba con los mejores prop&oacute;sitos. &laquo;Hay que volver
+a la patria, a la querida patria&raquo;, me dec&iacute;a yo muy a menudo; &laquo;al suelo
+nativo&raquo;, que dicen los cultos. Pero &iexcl;buena estaba la querida patria
+entonces para que volvieran a su regazo hijos de tan blando coraz&oacute;n como
+yo!... Porque t&uacute; no puedes figurarte lo que a m&iacute; me afligen estas
+inacabables desventuras de nuestra hidalga tierra, &laquo;la tierra
+proverbial de los caballeros&raquo;, como siguen afirmando los espa&ntilde;oles
+<i>seriamente</i> cultos. Por otra parte, la familia no me tiraba gran cosa
+que digamos... Bien sabes t&uacute; la vida que tra&iacute;a mi ilustre padre. Mis
+hermanas estaban casadas, y mi hermano Ramiro gastando el &uacute;ltimo soplo
+de vida en endosar honradamente sus deudas a sus colaterales, y en
+despabilar a la &uacute;ltima de las mujeres que a tal extremo le hab&iacute;an
+llevado en lo mejor de la vida.</p>
+
+<p>A&ntilde;ade a todo esto que, al largarse de Espa&ntilde;a don Amadeo, triunfaba yo de
+las esquiveces de una <i>princesa</i> polaca que hab&iacute;a conocido en Par&iacute;s,
+&iexcl;obra magistral de la naturaleza... y del arte! Tuve que volver con ella
+a la gran capital, al &laquo;cerebro de Europa&raquo;. All&iacute;, tres meses de
+invernada. Despu&eacute;s fuimos a Florencia, y a Roma, y a Berl&iacute;n... y a los
+quintos infiernos... y hasta que nos cansamos de viajar juntos, y nos
+separamos. Buena ocasi&oacute;n aquella para tornar a los patrios lares, con un
+poco de &aacute;nimo para ello; pero ocurri&oacute; entonces lo de la austriaca...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l de la austriaca?</p>
+
+<p>&mdash;Ciertos disgustos pasajeros con un... <i>magyar</i> de guardarrop&iacute;a; tres
+meses de largos viajes con ella..., y as&iacute; sucesivamente, hasta la
+restauraci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con la misma austriaca?</p>
+
+<p>&mdash;Y con otras... por el estilo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gran vida!</p>
+
+<p>&mdash;Pero muy cara, cr&eacute;elo. Me ha derretido un costado y la mitad del otro.
+Ahora me doy al ahorro, haciendo la vida del hombre bueno. Vivo, hasta
+nuevo traslado, en Viena, como un tudesco ejemplar; ya ves, hasta me
+resuelvo a tornar a la patria querida con una licencia de dos meses... y
+el prop&oacute;sito de que me asciendan a primer secretario... <i>Et voi-l&agrave;
+tout</i>. Y ahora que conoces mi historia, venga algo de la tuya. Te
+casaste, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Uffff!...</p>
+
+<p>&mdash;Y &iquest;qu&eacute; es de tu mujer?</p>
+
+<p>&mdash;Por ah&iacute; anda.</p>
+
+<p>&mdash;Poco entusiasmado te veo.</p>
+
+<p>&mdash;Todo lo que cabe en justicia... No congeniamos..., como era de
+esperar. Ella ten&iacute;a sus resabios de casta, y yo los m&iacute;os; y como no me
+gusta incomodarme, poco a poco y con cierta diplomacia nos fuimos
+restituyendo mutuamente la querida libertad, hasta hacer cada uno la
+vida que m&aacute;s le agrada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tienes hijos?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, <i>tuve</i>... dos o tres: tres fijamente.</p>
+
+<p>&mdash;Es decir, &iquest;que se te han muerto?</p>
+
+<p>&mdash;No he dicho tal: viven los &aacute;ngeles de Dios, pero con su madre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Luego no hac&eacute;is vida com&uacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Hasta cierto punto: bajo el mismo techo, pero con distintas horas y
+diferentes costumbres. Quise decirte que los chicos est&aacute;n al cuidado de
+su madre y sin apego maldito a m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Y eso &iquest;no te produce celos de padre amoroso?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute; ni por qu&eacute;? Antes, me alegro de ello, porque me exime de
+toda responsabilidad en lo que ha de suceder ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; temes que suceda ma&ntilde;ana?</p>
+
+<p>&mdash;No temo, sino que doy por hecho que esos pedacitos de mi coraz&oacute;n, de
+todas maneras han de salir unos perdidos, como t&uacute; y como yo. No puede
+dar otra cosa el terreno...</p>
+
+<p>&mdash;Oye un instante; ese que entra, &iquest;no es, Monteoscuro?</p>
+
+<p>&mdash;El mismo se&ntilde;or duque.</p>
+
+<p>&mdash;Y &iquest;qu&eacute; se hace ahora?</p>
+
+<p>&mdash;Lo de costumbre: gastarse las rentas alegremente. En este momento
+hist&oacute;rico se las chupa una ribeteadora, que de seguro da en todo quince
+y raya a tus princesas, por hermosas, elegantes y despilfarradoras que
+puedan ser. &Uacute;ltimamente le ha sacado a tenazas un <i>chateau</i> en B&eacute;lgica.
+Es una sanguijuela que se pasa de fina.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y su mujer?</p>
+
+<p>&mdash;Pues su mujer acepta heroicamente las situaciones como se las
+presentan, y le venga como el diablo le da a entender. Lo peor para ella
+es que se va envejeciendo demasiado, y esta fatal circunstancia le dobla
+las dificultades, porque carga sobre la infeliz la mayor parte del
+trabajo.</p>
+
+<p>&mdash;Y a prop&oacute;sito de estas cosas, &iquest;qu&eacute; ha sido de nuestro contempor&aacute;neo
+Sierra-Calva?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Valiente est&uacute;pido!</p>
+
+<p>&mdash;Lo fue siempre, bien me acuerdo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues as&iacute; acab&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha muerto?</p>
+
+<p>&mdash;Vali&eacute;rale m&aacute;s. Se cas&oacute;, siendo una criatura, con una hu&eacute;rfana
+ins&iacute;pida, educada entre monjas.</p>
+
+<p>&mdash;Me acuerdo tambi&eacute;n de ello... Dec&iacute;an que era muy rica.</p>
+
+<p>&mdash;Y lo dec&iacute;an con raz&oacute;n. &iexcl;Pues esa fue la madre del borrego! Un
+casamiento de conveniencia... para &eacute;l, que ya ten&iacute;a una mina de oro
+solamente en lo heredado de su padre. Al a&ntilde;o de casado muri&oacute; su madre.
+Otro platal a la hucha. Nunca podr&aacute;s formarte idea de las barbaridades a
+que se entreg&oacute; al verse due&ntilde;o de tanto dinero y de una mujer que no
+sab&iacute;a m&aacute;s que rezar y afligirse por los desenfrenos de su marido...,
+porque fue un cerdo, cr&eacute;eme; un glot&oacute;n soez de todos los vicios. Tuvo, a
+los dos a&ntilde;os, un hijo medio podrido, que no vivi&oacute; m&aacute;s que el tiempo
+necesario para heredar a su madre. Pues hoy Sierra-Calva no tiene que
+comer si no se lo prestan los amigos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;en qu&eacute; lo ha gastado tan pronto?</p>
+
+<p>&mdash;Ya te lo he dicho: en barbaridades, en mujeres de desecho, en
+mamarrachadas de habanero cursi, en francachelas con toreros de invierno
+y chulas de la peor especie..., en todo lo m&aacute;s bajo y soez que puedas
+imaginarte... y en jugar. Aqu&iacute;, aqu&iacute;, solamente aqu&iacute;, en este augusto
+templo que hemos erigido los varones de la sangre azul para dar culto a
+ciertas nobles necesidades de nuestras refinadas costumbres, le
+limpiaron un caudal.</p>
+
+<p>&mdash;Seg&uacute;n eso, &iquest;contin&uacute;a en la casa la afici&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Y para continuar. Aqu&iacute; no se hace otra cosa, y se despluma en un credo
+al lucero del alba. No s&eacute; qu&eacute; demonio de escoba misteriosa hay en estos
+&aacute;mbitos para el dinero. En cuanto entras en ellos con <i>guita</i>, te la
+barren, a pocos deseos que traigas de probar fortuna. Cr&eacute;ete que, en
+buena ley, esto deb&iacute;a arder por los cuatro costados.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; lo frecuentas, si tan malo te parece?</p>
+
+<p>&mdash;Porque no s&eacute; otra cosa; porque somos as&iacute; todos los que aqu&iacute; venimos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Manolo! Todav&iacute;a no sab&eacute;is vivir en Espa&ntilde;a los hombres del &laquo;gran
+mundo&raquo;; tom&aacute;is ciertas cosas demasiado a pechos, y hay en vosotros
+exceso de rutina.</p>
+
+<p>&mdash;Te equivocas; nosotros sabr&iacute;amos <i>vivir al pelo</i>, como los m&aacute;s listos
+de <i>all&aacute; fuera</i>; lo que hay es que nos falta teatro para tantos vicios
+como tenemos. Esto es poco y angosto todav&iacute;a; y si has de moverte dentro
+de ello, tienes que pasar cien veces por un mismo sitio y codearte a
+cada paso con unas mismas personas.</p>
+
+<p>&mdash;Dime otra cosa...: debe de haber mucha gente tronada de la nuestra,
+con ese vivir en perpetuo despilfarro, sin apego a ninguna ocupaci&oacute;n
+seria...</p>
+
+<p>&iexcl;&laquo;Mucha gente tronada&raquo;!... Toda la que bulle y anda en el ajo de
+nuestras aventuras; y si hay alguna excepci&oacute;n entre ella, es por un
+milagro de Dios. Aqu&iacute; todo el mundo gasta mucho m&aacute;s de lo que puede. Y
+&iexcl;ay del que se quede rezagado por cansancio, o por deseo de no ser tan
+mentecato en esta puja de locas disipaciones! Le arrollan..., o le
+silban, que es peor. Y es natural, &iexcl;qu&eacute; diablo! Quien deb&iacute;a dar la nota
+dulce y arm&oacute;nica en este desconcierto de malas pasiones, es la mujer; y
+bien sabes t&uacute; qu&eacute; agallas tiene la <i>nuestra</i>. Por eso ya no hay familia
+sino entre las gentes obscuras y de poco m&aacute;s o menos.</p>
+
+<p>&mdash;A prop&oacute;sito de hembras denodadas y valerosas: estando yo en Bruselas,
+<i>en comisi&oacute;n del servicio</i>, lleg&oacute; all&iacute; Sagrario Miralta. No hac&iacute;a dos
+a&ntilde;os a&uacute;n que se hab&iacute;a casado. &iexcl;Qu&eacute; moza, Manolo! &iexcl;Y qu&eacute; intenci&oacute;n... y
+qu&eacute; arte!... En ocho d&iacute;as no dej&oacute; un flamenco en su sano juicio. Casi
+hubo que echarla de all&iacute; por obra de caridad y cuesti&oacute;n de orden p&uacute;blico
+No acab&oacute; de confes&aacute;rmelo ella; pero me consta que se llev&oacute; la palma de
+sus preferencias un potentado y hermos&iacute;simo alban&eacute;s, con zaragitelles y
+todo. Iba (no el alban&eacute;s, sino Sagrario) acompa&ntilde;ada de su marido, que
+volv&iacute;a de Sp&aacute;. &iexcl;C&oacute;mo estaba el infeliz! Hab&iacute;a que cogerle con tenazas.
+&iquest;A qui&eacute;n demonios se le ocurre unir a julio con febrero? Ese casamiento
+no deb&iacute;a valer. Fortuna que Gonzalo parec&iacute;a entonces bien provisto de
+correa para llevar en santa calma todo lo que acontec&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; es de
+ellos?</p>
+
+<p>&mdash;Sagrario, como dec&iacute;a el otro, <i>sigue continuando</i>; y si me apuras un
+poco, m&aacute;s hermosa que cuando t&uacute; la viste en Bruselas, a pesar de los
+a&ntilde;os que van corridos; y en cuanto a Gonzalo, hace ya larga fecha que
+tuvo la buena ocurrencia de morirse.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se muri&oacute;!...</p>
+
+<p>&mdash;Despu&eacute;s de inficionar a Archena y de beberse medio Panticosa. Nada le
+alcanz&oacute;. Pues fig&uacute;rate lo que ser&aacute; su mujer, viuda, libre, rica y casi
+jamona, sabiendo lo que era de casada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sigue dando juego?... &iquest;Se crece al castigo, como dec&iacute;s los
+aficionados?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Horrores, Paco..., verdaderos horrores!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y su amiga Leticia?</p>
+
+<p>&mdash;Viuda tambi&eacute;n, y tal para cual. S&oacute;lo que &eacute;sta, con ser tan voraz y
+antojadiza como la otra, es m&aacute;s discreta y disimulada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y de qu&eacute; muri&oacute; su marido?</p>
+
+<p>&mdash;De un balazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Demonio!</p>
+
+<p>&mdash;Y por la espalda. Nada m&aacute;s merecido. Estuvo en el fregado del sesenta
+y seis, la cuartelada de San Gil, con el honrado intento de ganarse el
+tercer entorchado y la cartera de Guerra...; por de contado, detr&aacute;s de
+la cortina, como siempre... y fuera de su casa y bien disfrazado.
+Despu&eacute;s del fracaso de la intentona, y andando ya O'Donnell barriendo
+las calles de Madrid a metrallazos, no crey&eacute;ndose bastante seguro en su
+escondite, sali&oacute; en busca de otro, con su disfraz de carbonero; y en
+este viaje le alcanz&oacute; una peladilla y le tendi&oacute; boca abajo. Por
+disposici&oacute;n testamentaria, hecha pocos d&iacute;as antes a ruegos de su mujer,
+hereda &eacute;sta su enorme fortuna; y no quiero decirte qu&eacute; vida se estar&aacute;
+dando con ella y con lo mucho que ya ten&iacute;a propio. Pues con ser tanto en
+conjunto, aseguran que no le alcanza, &iexcl;y que se mete en cada l&iacute;o, y
+manipula cada enjuague!... Tambi&eacute;n hay quien dice que es avara, y que lo
+de los apuros es un pretexto para disculpar los enjuagues y los l&iacute;os,
+que ya son famosos en Madrid. &iexcl;Vaya usted a averiguar lo cierto en ese
+arcano viviente con puntas de Mesalina!</p>
+
+<p>&mdash;Leticia y Sagrario, las inseparables amigas, me traen el recuerdo de
+otra amiga de las dos, que me gustaba a mi mucho, por cierto:</p>
+
+<p>Nica Mont&aacute;lvez, la hija del est&uacute;pido marqu&eacute;s...</p>
+
+<p>&mdash;Revent&oacute; de vanidad en un banquete.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n? &iquest;La hija?</p>
+
+<p>&mdash;El padre.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo sab&iacute;a yo, con algo m&aacute;s que no me han explicado bien o se me ha
+olvidado. &iquest;Qu&eacute; le pas&oacute; a la hija?</p>
+
+<p>&mdash;Esa es una historia de fondos tan indecentes y criminales como las
+otras; pero menos antip&aacute;tica por lo que toca a la protagonista. Esta
+criatura fue de lo m&aacute;s honrado de la clase, dicho sea sin ofensa de
+nadie, y naci&oacute; para buena, y aun creo que lo habr&iacute;a sido, a no caer
+entre un padre tonto y una madre sin educaci&oacute;n y sin entra&ntilde;as, y una
+caterva de pillos y de bribones. Era moza de talento y afamada de
+insensible con los hombres que la galanteaban. Por lo menos, ten&iacute;a el
+buen gusto de re&iacute;rse de todos ellos sin hacer maldito el caso de
+ninguno. Sospecho que t&uacute; puedes certificar, por la parte que te
+alcanz&oacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Certific&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta que dio con un mozo que le pareci&oacute; muy otra cosa que todos los
+dem&aacute;s, y se rompi&oacute; el hielo. El mozo era Pepe Guzm&aacute;n. Otra prueba de su
+buen gusto. Cuando m&aacute;s en punto estaba el idilio, se present&oacute; el traidor
+de la comedia: un banquero est&uacute;pido y feo y m&aacute;s ladr&oacute;n que Brunelo, con
+dos avaricias insaciables: la del dinero y la de los blasones. Ambas
+cosas deb&iacute;an de abundar en casa de Nica Mont&aacute;lvez, sobre todo desde la
+muerte de su abuelo, un traficante muy listo que dej&oacute; al imb&eacute;cil de su
+yerno una renta de cincuenta mil duros. El susodicho traidor, que aunque
+robaba al Estado por el ministerio de Hacienda, no lograba desembrollar
+la suya, porque lo que es obra del diablo no tiene compostura por
+ninguna parte, empezando por engolosinar al marqu&eacute;s en los negocios,
+para tantearle la bolsa (que estaba ya menos repleta de lo que el p&iacute;caro
+cre&iacute;a), acab&oacute; por deslumbrar a la marquesa meti&eacute;ndole por los ojos cada
+diamante como un pu&ntilde;o y cada leontina como un cable, y echando por la
+bocaza, a todas horas, espantos de millonadas. En seguida se ali&oacute; con
+ella para que le ayudara a conquistar la mano de su hija. Y la conquist&oacute;
+al cabo, &iexcl;p&aacute;smate! Pudo consistir en la fuerza del empuje de los dos
+aliados, en debilidad o terror de la v&iacute;ctima, o en encogimiento, por
+c&aacute;lculo, de Pepe Guzm&aacute;n... o en las tres cosas juntas; pero la verdad es
+que el banquero se sali&oacute; con la suya, aunque un poco <i>tarde</i>, y
+aceptando unas condiciones, impuestas por la interesada, de padre y muy
+se&ntilde;or m&iacute;o. Se celebr&oacute; la boda fr&iacute;amente y sin viaje de novios, y
+comenzaron las cat&aacute;strofes. La marquesa, como si s&oacute;lo aguardara a tener
+por yerno, a don Mauricio Ib&aacute;&ntilde;ez, se muri&oacute; a los pocos d&iacute;as de ser su
+suegra. Entonces cay&oacute; el banquero sobre el caudal hereditario con ansias
+de buitre en ayunas, y vio y palp&oacute; que s&oacute;lo quedaban ruinas de lo que &eacute;l
+hab&iacute;a so&ntilde;ado fil&oacute;n inagotable de onzas acu&ntilde;adas. A todo esto, viv&iacute;a como
+un extra&ntilde;o en casa de su mujer, la cual, con una premeditaci&oacute;n que
+delataba el consejo y la ayuda de Guzm&aacute;n, tomando por pretexto una de
+las impuestas condiciones y ciertos aut&oacute;grafos del banquero, testimonios
+irrecusables de los enredos de &eacute;ste con una pingona de tres al cuarto,
+al d&iacute;a siguiente al de la boda, es decir, a la primera y &uacute;nica noche de
+novios, &laquo;ahora&mdash;le dijo, con las pruebas del enredillo en la mano&mdash;hasta
+el valle de Josafat. Usted a un extremo de la casa y yo al otro, y como
+si nunca nos hubi&eacute;ramos visto&raquo;. Cuentan que el banquero pudo haber
+replicado algo muy contundente para la conciencia de Nica; pero, o no lo
+respondi&oacute;, o no lo supo, o su mujer hizo muy poco caso de la r&eacute;plica;
+porque el hecho es que la decisi&oacute;n de Nica se cumpli&oacute; en todas sus
+partes. Nadie los vio juntos nunca. Cada cual ten&iacute;a sus negocios y sus
+horas.</p>
+
+<p>Entre tanto, Pepe Guzm&aacute;n continuaba siendo amigo de la casa y
+visit&aacute;ndola de vez en cuando. &iexcl;Y p&aacute;smate ahora otra vez!: a los ocho
+meses de casada, tuvo la hermosa Nica Mont&aacute;lvez una ni&ntilde;a como unas
+perlas. Entonces andaba viajando Guzm&aacute;n; y se cuenta que al volver a
+Madrid, teniendo ya la ni&ntilde;a cerca de un a&ntilde;o, en la primera visita que
+hizo Pepe a su amiga, le coloc&oacute; &eacute;sta delante de un espejo y puso al lado
+de su cara la cara de la ni&ntilde;a. As&oacute;mbrate ahora por tercera vez: las dos
+caras se parec&iacute;an como un huevo grande a un huevo chico.</p>
+
+<p>&mdash;Si el caso pide asombro, creo yo que el asombrado debi&oacute; ser Guzm&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pues aseguran que no se asombr&oacute; cosa maldita.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y quer&iacute;as que me asombrara yo! Quien debi&oacute; llegar hasta el &eacute;xtasis
+del asombro fue el padre.... quiero decir, el marido de la madre.</p>
+
+<p>&mdash;Ese no pod&iacute;a asombrarse de nada desde que hab&iacute;a aceptado las
+estupendas condiciones matrimoniales que le impuso la novia, y ve&iacute;a
+pagado el timo que pens&oacute; dar en aquella casa, con otro tan morrocotudo
+que le hab&iacute;a dado a &eacute;l la difunta marquesa. No solamente estaba su
+caudal mermado en lo m&aacute;s jugoso y medio en quiebra el resto, sino en
+manos de un administrador que se pasaba de listo y de aprovechado. De
+modo que no fueron de gran resistencia los puntales que pudo sacar de
+all&iacute; el banquero para sostener la balumba de sus trapisondas de
+agiotista. Por &uacute;nico consuelo se daba como un desesperado a la
+borrachera de su segunda ambici&oacute;n, y ten&iacute;a la corona de marqu&eacute;s hasta en
+los faldones de la camisa; pero el af&aacute;n de sostener este nuevo lustre de
+clase, as&iacute; como su cr&eacute;dito en la Bolsa, le costaba enormes dispendios
+que le hund&iacute;an en mayores abismos.</p>
+
+<p>As&iacute; fue tirando hasta que triunf&oacute; la revoluci&oacute;n de septiembre. Entonces
+son&oacute;, o crey&oacute; &eacute;l o&iacute;r que sonaba muy recio, la trompeta de su mala fama;
+era cobarde, como todos los de su ralea; Madrid estaba sin gobierno y
+con todas las pasiones buenas y malas en mitad del arroyo; apoderose de
+&eacute;l un p&aacute;nico invencible, y de la noche a la ma&ntilde;ana se escap&oacute; de aqu&iacute;,
+dejando sus negocios en quiebra y hechos un bardal. A duras penas logr&oacute;
+despu&eacute;s su mujer salvar del concurso sus bienes dotales y cuanto en
+buena ley pod&iacute;a y deb&iacute;a salvar. Fue a parar a donde van todos los
+p&iacute;caros gordos que huyen de la justicia de su patria: a los Estados
+Unidos; y all&iacute; muri&oacute; dos a&ntilde;os despu&eacute;s, de un toroz&oacute;n que le evit&oacute; ser
+<i>linchado</i>, y cuando comenzaba a recoger el fruto de una empresa que
+hab&iacute;a fundado en compa&ntilde;&iacute;a de otros dos estafadores a la alta escuela.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De manera que tambi&eacute;n Nica Mont&aacute;lvez est&aacute; viuda?</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n viuda y tambi&eacute;n muy guapa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y contin&uacute;a bajo la protecci&oacute;n del amigo Guzm&aacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Protecci&oacute;n... algo lejana, s&iacute;, porque hay motivos para ello. En esa
+mujer hay, indudablemente, un fondo honrado y decente; pero al cabo es
+hembra, hija de su madre y curada por &eacute;sta, aunque a la fuerza, de
+ciertos escr&uacute;pulos. Por de pronto, es manirrota para el dinero, y
+mayores son las ansias que siente de gastarlo, cuanto m&aacute;s negras las
+dificultades que la pinta Sim&oacute;n, el sempiterno mayordomo de la casa. Al
+principio andaba por ella Pepe Guzm&aacute;n anticip&aacute;ndose <i>delicadamente</i> a
+las grandes crisis; pero lleg&oacute; a parecerle un tantico pesada la
+<i>delicadeza</i>, y se dedic&oacute; a viajar m&aacute;s a menudo y m&aacute;s largamente que
+antes. Estas ausencias pusieron a Nica en grav&iacute;simos apuros en muy
+se&ntilde;aladas ocasiones. En Madrid... y en el mundo entero hay quien sabe
+explotar a maravilla esta clase de conflictos; y la marquesa de
+Mont&aacute;lvez, que estaba obligada a mirar por el patrimonio de su hija y
+sab&iacute;a muy bien cu&aacute;n cerca estaba de <i>cero</i> la temperatura amorosa de
+Guzm&aacute;n, no teniendo para qu&eacute; pararse en barras de menos con amigos y
+protectores que la hab&iacute;an ense&ntilde;ado a saltar sobre lo m&aacute;s, hizo alguna
+vez lo que tantas otras mujeres: dejarse explotar por los explotadores
+de conflictos econ&oacute;micos, lo m&aacute;s <i>decorosamente</i> posible; quiero decir,
+quitando la odiosidad de lo &uacute;til con el pretexto de lo <i>agradable</i>. &iquest;Me
+comprendes?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues digo!... &iquest;Y est&aacute;s seguro t&uacute; de que sean ciertas esas
+explotaciones... <i>decorosas</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Segur&iacute;simo; as&iacute; como de que han sido muy contadas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;, pues, ese fondo &laquo;honrado y decente, que la conced&iacute;as
+antes?</p>
+
+<p>&mdash;Donde debe estar. Ponme una santa rodeada de perdidas y de bribones;
+pers&iacute;ganla sin tregua ni descanso con ejemplos y sofismas; denle el
+veneno hasta en el aire que respire.... y la misma santa caer&aacute;, cuanto
+m&aacute;s una criatura de la cepa de esa infeliz.</p>
+
+<p>&mdash;Concedido... por un momento. &iquest;Lo sabe Pepe Guzm&aacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Lo sabe, y no se extra&ntilde;a de ello... ni debe extra&ntilde;arse, puesto que &eacute;l
+la prepar&oacute; para esas ca&iacute;das y para otras que l&oacute;gicamente han de
+seguirlas, sin un milagro de Dios. Hasta ahora no es Nica Mont&aacute;lvez, en
+ese particular, una mujer viciosa; pero llegar&aacute; a serlo, por educaci&oacute;n,
+como sus amigas lo son y lo han sido por naturaleza. Lo que hace Guzm&aacute;n
+es alejarse de ella cuanto puede, pero sin perderla de vista.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Luego algo le queda todav&iacute;a en el fondo del coraz&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Por ella, nada absolutamente; pero le queda, a no dudar, por la ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De modo que la ni&ntilde;a vive a&uacute;n?</p>
+
+<p>Y es la criatura m&aacute;s angelical, de alma y de cuerpo, que pueda haber
+sobre la tierra..., y al mismo tiempo el mejor testimonio de que existe
+en su madre ese fondo de honradez en que no te atreves a creer t&uacute;. C&oacute;mo
+y lo que la marquesa quiere a esa ni&ntilde;a; la escrupulosidad que pone en su
+incesante cuidado de que no manche sus alitas de &aacute;ngel ni un &aacute;tomo del
+polvo de las impurezas de aquella casa; de que tenga a su madre por la
+m&aacute;s amorosa y honrada de todas las madres, y de que no sepa c&oacute;mo se
+vive en el mundo a que naci&oacute; destinada, es imposible que puedas
+imagin&aacute;rtelo. Se necesita tener un alma de oro para sentir estas
+delicadezas en medio de tantos vicios... Y basta de cr&oacute;nica, amigo Paco,
+que ya me has hecho hablar en una hora mucho m&aacute;s de lo que he hablado en
+todo el a&ntilde;o. Cr&eacute;ete que me he hecho muy avaro de palabras, desde que he
+ca&iacute;do en la cuenta de que no las merecen la mayor parte de los hombres a
+quienes trato. &iexcl;Dichoso t&uacute; si piensas todav&iacute;a de otro modo!</p>
+
+<p>Diciendo esto, se iba incorporando Casa-Vieja y levant&aacute;ndose de su
+asiento. En seguida pidi&oacute; su abrigo.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora...&mdash;a&ntilde;adi&oacute; perezosamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A casita?&mdash;le interrumpi&oacute; con socarroner&iacute;a su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;A terminar mi ronda, si no te opones. Despu&eacute;s... el demonio dir&aacute;, si
+es que el demonio no tiene a mengua el meterse en nuestros fregados.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo me quedo para ir a las tres y media al ministerio de Estado,
+donde me ha dado cita el ministro.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta la vista, entonces, y bien venido.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta la vista, Manolo, y bien hallado.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIa" id="IIa"></a>II</h3>
+
+
+<p>Todos los informes dados por Manolo Casa-Vieja a su amigo Paco
+Ballesteros sobre lo ocurrido a los personajes de nuestro relato, desde
+que los despedimos en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la primera parte de &eacute;l, eran
+la pura verdad. En los <i>Apuntes</i> aut&oacute;grafos que me sirven de gu&iacute;a,
+constan tambi&eacute;n, aunque en otra forma menos interesante, por descolorida
+y difusa; raz&oacute;n por la cual, y por el sabroso aderezo que llevan en el
+di&aacute;logo de los dos amigos, le he reproducido al pie de la letra, con
+preferencia al otro texto, para llenar un requisito que hab&iacute;a de
+llenarse m&aacute;s temprano o m&aacute;s tarde, y es bien que se haya llenado donde
+se llen&oacute;, porque esa luz de m&aacute;s tendremos para llegar m&aacute;s f&aacute;cilmente a
+donde vamos...</p>
+
+<p>Por de pronto, a casa de nuestra amiga la marquesa de Mont&aacute;lvez, que ya
+no es la indigesta, doliente y envejecida matrona de antes ni vive en el
+suntuoso principal de la calle de Alcal&aacute;, donde tantas veces penetramos
+el lector y yo: ahora se trata de su hija, la cual, si ha perdido mucho
+en frescura con el cambio de vida y el roce de los a&ntilde;os, ha ganado otros
+atractivos no menos poderosos con la vigorosa acentuaci&oacute;n de sus formas,
+que ha modificado su belleza, pero sin destruirla, y vive en la calle
+del Barquillo, desde la fuga del banquero, en otro principal bastante
+m&aacute;s barato y m&aacute;s peque&ntilde;o, o mejor dicho, bastante menos caro y menos
+grande que el de la calle de Alcal&aacute;. No hay dentro de aqu&eacute;l el lujo
+llamativo y hasta charro que hubo dentro de &eacute;ste; pero, en cambio, hay
+mayor elegancia y mejor gusto, sin que falte nada de cuanto debe haber,
+as&iacute; en cantidad como en estilo, en la morada de una mujer de los vuelos
+de nuestra hero&iacute;na.</p>
+
+<p>La cual ha vuelto a adquirir la expresi&oacute;n risue&ntilde;a, el mirar malicioso y
+el <i>picante</i> gracejo de sus mejores d&iacute;as, se&ntilde;ales evidentes de que su
+esp&iacute;ritu ha recobrado tambi&eacute;n la serenidad y el vigoroso temple que
+pasajeras vicisitudes le hab&iacute;an hecho perder; y es la verdad, as&iacute; como
+lo es tambi&eacute;n que esta reconstituci&oacute;n moral irradia sobre el f&iacute;sico de
+la marquesa ciertas luces de estival hermosura, que justifican bien el
+elogio que de ella nos hizo Manolo Casa-Vieja; es, en suma, y como dir&iacute;a
+un distinguido <i>barbi&aacute;n</i> del <i>Sport-Club</i>, &laquo;una gran mujer que comienza
+a <i>ajamonarse</i>, pero sin el menor s&iacute;ntoma de embastecerse&raquo;.</p>
+
+<p>Aunque con menos estruendo que en la calle de Alcal&aacute;, viv&iacute;a en grande en
+la del Barquillo. <i>Se quedaba en casa</i> una vez por semana, y otras dos
+com&iacute;an con ella algunos amigos. M&aacute;s de tarde en tarde, y alternando con
+las de Sagrario y de Leticia, espl&eacute;ndidas <i>soir&eacute;es</i> en sus salones;
+turnos en el <i>Real y d&iacute;as de moda</i> en otros teatros, como en tiempos de
+su madre; y viajes de verano, como entonces, aunque con mayor libertad y
+mejor aprovechado todo; completa y bien adiestrada servidumbre, dos
+carruajes <i>serios</i> (land&oacute; y berlina) y uno <i>de fantas&iacute;a</i>, con dos
+troncos de <i>media sangre</i>; y a este tenor la mesa y el arreo. Un dato
+que el lector apreciar&aacute; como mejor le parezca: conserva a su servicio la
+misma doncella que dorm&iacute;a en el cuarto contiguo a su tocador, en la casa
+de la calle de Alcal&aacute;, aquella noche que se menciona en el &uacute;ltimo
+p&aacute;rrafo de la primera parte de esta ver&iacute;dica historia.</p>
+
+<p>En opini&oacute;n de su mayordomo, tampoco el presupuesto de gastos de la
+marquesa cab&iacute;a en el de sus ingresos, aunque los primeros estuvieran
+reducidos a menos de la mitad de los del tiempo de su padre, porque
+tambi&eacute;n hab&iacute;an disminuido los segundos en m&aacute;s de otro tanto; pero o se
+era o no se era una gran dama de las principal&iacute;simas de la corte, o se
+viv&iacute;a o no se viv&iacute;a a la altura de las dem&aacute;s <i>cong&eacute;neres</i>; pues adelante
+con los gastos, que ni siquiera era de buen tono eso de apurarse por
+dinero una mujer de su clase y de su estampa. Adem&aacute;s, ella no sab&iacute;a otra
+cosa. Eso la hab&iacute;an ense&ntilde;ado, en eso hab&iacute;a nacido y en eso ten&iacute;a que
+morir. Mirar por la hacienda de vez en cuando; sondar sus llagas, y
+hasta ver por d&oacute;nde se la puede hincar el diente sin producir otras
+nuevas ni enconar las antiguas, menos mal, y eso ya lo hac&iacute;a ella por la
+cuenta que le ten&iacute;a; pero reducirse, pero obscurecerse, pero arrumbarse
+cuando era viuda, cuando era libre, a lo mejor de la vida, cuando su
+estrella, cuando su sino o el mismo Lucifer encarnado en las gentes que
+debieron defenderla y ampararla, la hab&iacute;an arrancado del fondo de su
+alma, con horribles dolores, el sentimiento del bien, la noci&oacute;n de lo
+justo y de lo honrado, la conciencia entera..., hasta la idea de Dios,
+&iexcl;qu&eacute; locura! En &uacute;ltimo caso, por donde fueran <i>otras</i>, ir&iacute;a ella; y lo
+que otras hicieran, lo har&iacute;a ella tambi&eacute;n. Todo menos detenerse.</p>
+
+<p>Tal era la conducta, tales eran los pensamientos y tales los prop&oacute;sitos
+de la mujer mundana (en el mejor sentido del vocablo). Ahora vengan aqu&iacute;
+todos los fisi&oacute;logos de la tierra, y hasta esos otros se&ntilde;ores que han
+dado de poco ac&aacute; en la flor de empe&ntilde;arse en convencernos de que los que
+matan y los que roban, todos los criminales, en fin, son unos pobres
+locos irresponsables ante las leyes divinas y humanas, porque loco es
+igualmente el vate que crea y canta, y hasta, por la regla, lo soy yo
+tambi&eacute;n mientras me entretengo en emborronar estas hojas; vengan aqu&iacute;,
+repito, los unos y los otros se&ntilde;ores, y d&iacute;ganme, en presencia del
+<i>ejemplar</i> exhibido, c&oacute;mo pueden en una sola pieza una mujer de su
+temple y una madre como la que a ver vamos.</p>
+
+<p>Ya nos dijo Manolo Casa-Vieja que era de admirar &laquo;c&oacute;mo y lo que quer&iacute;a&raquo;
+a su hija la marquesa de Mont&aacute;lvez; y era de admirar, en efecto. Desde
+que la vio en el mundo, desde que la tuvo en sus brazos, su primer
+pensamiento fue el que asaltar&iacute;a a un infeliz menesteroso metido hasta
+la cintura en una charca infecta, y a quien le cayera de pronto entre
+las manos el pan de toda su vida, en un tesoro envuelto en armi&ntilde;os:
+&laquo;Se&ntilde;or, &iquest;en d&oacute;nde pondr&eacute; yo esto para que ni se corrompa ni se me
+manche?&raquo; Ese fue el pensamiento de la marquesa entonces, y ese continu&oacute;
+siendo despu&eacute;s a todas horas y todos los d&iacute;as; porque la charca de sus
+aprensiones no ten&iacute;a l&iacute;mites, y m&aacute;s se ensanchaba a sus ojos cuanto m&aacute;s
+andaba por ella y m&aacute;s iba creciendo su hija. &iquest;D&oacute;nde ponerla para que no
+se la corrompieran o se la mancharan? Y miraba con espanto a su propio
+hogar, que le parec&iacute;a lo m&aacute;s cenagoso y lo m&aacute;s profundo de la charca; y
+todo se le ocurr&iacute;a, menos el f&aacute;cil recurso de cerrar sus puertas a la
+peste de afuera, purificarse ella misma arrojando de su cerebro la
+podredumbre de sus ideas y trocarlas por otras m&aacute;s dignas de aquel
+pur&iacute;simo sentimiento que la naturaleza hab&iacute;a infundida en su coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>Y este es el fen&oacute;meno que yo someter&iacute;a al examen de los susodichos
+se&ntilde;ores, tan dados a compaginar contrasentidos y desembrollar
+monstruosidades.</p>
+
+<p>En cuanto la ni&ntilde;a comenz&oacute; a dar claras se&ntilde;ales de que ya alboreaba en
+los limbos de su cabecita la luz de la inteligencia, su misma madre,
+trayendo a la memoria lo que casi ten&iacute;a olvidado por desuso, o
+adquiri&eacute;ndolo con prolijos afanes donde lo hab&iacute;a, la ense&ntilde;aba a rezar
+las primeras oraciones que balbuce la infancia en los crep&uacute;sculos del
+sue&ntilde;o, iluminada la mente candorosa con la visi&oacute;n pl&aacute;cida y celeste de
+la Virgen Pur&iacute;sima y del &Aacute;ngel de la Guarda. No fi&aacute;ndose de nadie, y
+mucho menos de su doncella, a costa de imponderables indagaciones y
+pesquisas adquiri&oacute; una ni&ntilde;era por el estilo de la que ella hab&iacute;a tenido,
+y a esta ni&ntilde;era encomend&oacute; el cuidado incesante de su hija. Ambas hab&iacute;an
+de vivir en casa, apartadas de todo trato y comercio con la servidumbre
+de ella, y de todo roce con el ceremonial mundano que en ella se segu&iacute;a.
+Y es de advertir que cuando de tarde en tarde visitaba Pepe Guzm&aacute;n a la
+marquesa, lejos de tachar por extremado aquel celo de la madre, se le
+estimulaba con preguntas y advertencias que no suelen hacer los hombres
+corridos, por el bien del primer rapazuelo con quien topan. Tambi&eacute;n se
+preocupaba mucho el despreocupado gal&aacute;n con los lodazales y las charcas.</p>
+
+<p>&mdash;Es cosa peregrina&mdash;le dijo la marquesa en una de estas ocasiones&mdash;ver
+al lobo pidiendo que se encierren las ovejas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya ves que se dan casos&mdash;respondi&oacute; Guzm&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, en casos de hartura..., como el de un lobo que yo conozco.</p>
+
+<p>&mdash;Lo cual no es exacto.... y bien lo sabes t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;S&eacute;alo o no, siempre ser&aacute; para m&iacute; muy de lamentar que no le tocara a la
+madre tan buen consejero como el que le ha ca&iacute;do en suerte a la hija.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, y a prop&oacute;sito de buenos consejos: no dejes de sacarla de
+aqu&iacute; en cuanto tenga edad para ello. Tienes la casa demasiado llena de
+lobos..., empezando por ti, para que pueda vivir en ella sin dar con
+alguno esa inocente corderilla. Cr&eacute;eme: estos aires no son los mejores
+para hacer sangre honrada a los ni&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, si yo pudiera hacer correr los a&ntilde;os a mi gusto!</p>
+
+<p>&mdash;Pero en tu mano est&aacute; purificar los aires, que es lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tunante!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; me lo llamas?</p>
+
+<p>&mdash;Porque lo eres..., con algo m&aacute;s que no quiero llamarte ahora, porque
+te lo est&aacute; llamando la conciencia con mejor derecho.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Injusta! Y ahora, en castigo de tus durezas, m&aacute;ndala venir para que
+yo la d&eacute; un beso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De lobo?</p>
+
+<p>&mdash;Corriente; pero con el coraz&oacute;n entre los labios.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que no pudiera acabar yo de aborrecerte!</p>
+
+<p>Y vino la ni&ntilde;a. Luz se llamaba, y jam&aacute;s hubo nombre mejor colocado. Todo
+era luz en aquella criatura: un rayo de sol de primavera sobre un vaso
+de cristal lleno de rosas y azucenas; luz de las glorias de Murillo,
+henchidas de &aacute;ngeles con cabelleras de oro y blancas alitas
+transparentes; luz irradiaban sus ojos azules; luz sus mejillas
+nacaradas; luz sus rizadas guedejas rubias; luz los h&uacute;medos corales de
+sus labios sonrientes; luz las mutiladas palabras de su fresca boca; luz
+el argentino timbre de su voz infantil; y una aureola de luz del
+amanecer de un d&iacute;a de mayo era la indescriptible expresi&oacute;n de ang&eacute;lica
+inocencia, de dulce ingenuidad que resultaba del conjunto de todas las
+perfecciones de aquella cabeza, colocada sobre un cuerpecito que parec&iacute;a
+delineado por las hadas de los cuentos orientales.</p>
+
+<p>Guzm&aacute;n se qued&oacute; ext&aacute;tico delante de la hermosa criatura: devor&aacute;bala con
+los ojos como si no se atreviera a tocarla. Al fin, la tom&oacute; en sus
+brazos; separ&oacute; despu&eacute;s los dorados rizos que ca&iacute;an sobre su frente, y
+estamp&oacute; en ella un beso en que debi&oacute; tomar el coraz&oacute;n mayor parte que
+los labios, por lo que fue de sonoro, de <i>apretado</i>... y de repetido.
+Despu&eacute;s pidi&oacute; a Luz que le besara a &eacute;l; y Luz, buscando lo m&aacute;s despejado
+de barbas en la mejilla m&aacute;s cercana a su boca, bes&oacute; all&iacute; una, dos y
+hasta tres veces, y hasta mil hubiera besado sin satisfacer todav&iacute;a el
+deseo del cortesano Guzm&aacute;n, que m&aacute;s que de ello ten&iacute;a entonces, por su
+cara dulzona y zarandeando la ni&ntilde;a en el aire, de padrazo rampl&oacute;n del
+vulgo pedestre. Por &uacute;ltimo, lejos de soltar a Luz, corri&oacute; a ponerse con
+ella delante de un espejo. La marquesa, que sin decir una palabra,
+aunque expresando un libro entero con los ojos, hab&iacute;a estado muy atenta
+a la escena de los besos, en cuanto vio lo que estaba haciendo Guzm&aacute;n,
+le quit&oacute; la ni&ntilde;a de sus brazos; llam&oacute; a la ni&ntilde;era y se la entreg&oacute; para
+que la sacara de all&iacute;. Tanto miedo ten&iacute;a a una imprudencia de su amigo.</p>
+
+<p>Cuando estuvo a solas con &eacute;l, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;De lo que t&uacute; buscabas en el espejo, va quedando ya muy poco, y me
+alegro.</p>
+
+<p>&mdash;Te equivocas tambi&eacute;n en eso: queda todo lo que cabe entre lo divino y
+lo humano, entre el cielo y la tierra. &iexcl;Qu&eacute; criatura, Nica! Dios debe de
+hab&eacute;rtela dado, o para tu gloria, o para tu castigo. Cuida de elegir a
+tiempo y lo mejor.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Miren el diablo metido a fraile!</p>
+
+<p>&mdash;Hasta en el diablo cabe un buen consejo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Preg&uacute;ntamelo a m&iacute;, consejero diab&oacute;lico! Pero cuando a m&iacute; me tuesten
+por ese pecado, &iquest;qu&eacute; ser&aacute; de tu pellejo?</p>
+
+<p>&mdash;Dime t&uacute;, entre tanto, &iquest;por qu&eacute; te alegrabas de que fuera borr&aacute;ndose
+aquella supuesta <i>semejanza</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Porque en cuanto desaparezca del todo, me ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil aborrecerte.</p>
+
+<p>&mdash;Y &iquest;por qu&eacute; deseas aborrecerme?</p>
+
+<p>&mdash;Porque es de necesidad que yo te aborrezca.</p>
+
+<p>&mdash;No ser&aacute; por el estorbo que te hago.</p>
+
+<p>&mdash;Pero sobra con el da&ntilde;o que me has hecho.</p>
+
+<p>&mdash;Es mayor el beneficio que me debes, si sabes utilizarle. Con que, en
+buena justicia, no puedes aborrecerme, aunque llegues a olvidarme.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso s&iacute; que no es tan f&aacute;cil, embustero, como lo ha sido para ti!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ojal&aacute; tuvieras raz&oacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;Pero no ser&aacute; el milagro obra m&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Y en este ejemplo, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s da el tronco que la rama? Todo es &aacute;rbol.</p>
+
+<p>No sol&iacute;an profundizar mucho m&aacute;s que esto las breves conversaciones entre
+la marquesa y Guzm&aacute;n, en las pocas visitas que &eacute;ste la hac&iacute;a. Jam&aacute;s le
+hab&iacute;a dirigido ella un cargo serio y formal, con tantos motivos como
+ten&iacute;a para hac&eacute;rsele, ni &eacute;l la hab&iacute;a dado las menores se&ntilde;ales de estar
+arrepentido, ni de creerse culpable siquiera: al principio, por entereza
+y altivez de la una, y por malicias y conveniencias del otro; despu&eacute;s,
+porque ca&iacute;das las cosas del lado a que se hab&iacute;an inclinado entonces, &iexcl;y
+ca&iacute;das tan abajo!, el uno y la otra ten&iacute;an grandes motivos para no
+volver los ojos hacia atr&aacute;s, y frescura sobrada para tratar el caso
+medio en broma, cuando el caso llegaba por si s&oacute;lo a clav&aacute;rseles en la
+lengua.</p>
+
+<p>Es muy dif&iacute;cil de presumir qu&eacute; conducta hubiera seguido Guzm&aacute;n con la
+marquesa si, al verse &eacute;sta viuda y libre, se hubiera contenido en los
+l&iacute;mites que parec&iacute;an trazarle sus honrados antecedentes, aquel amor
+nobil&iacute;simo y extremado que sent&iacute;a por su hija, y el sentimiento que la
+mov&iacute;a a defenderla de la peste de su propia casa. Pero est&aacute; fuera de
+duda que sus desatinados vuelos por el ancho espacio de su reci&eacute;n
+adquirida libertad, y aquellas &laquo;muy contadas&raquo;, pero nuevas fragilidades
+de que hablaba Casa-Vieja a su amigo Ballesteros, desencantaron de tal
+modo a Guzm&aacute;n, que sin el v&iacute;nculo (tambi&eacute;n mencionado por el displicente
+orador del <i>Sport-Club</i>) que le dejaba ligado por el coraz&oacute;n a la
+marquesa, hubiera llegado muy pronto hasta olvidarse de ella.</p>
+
+<p>Por eso se trataban en la <i>tessitura</i> que hemos visto. Quiz&aacute;s quedaba en
+ella mayor cantidad de chispas de aquel <i>fuego sacro</i> de otros tiempos,
+que en &eacute;l, en quien s&oacute;lo hab&iacute;a un pu&ntilde;ado de cenizas calientes; pero en
+los dos era el mismo el prop&oacute;sito de no intimar gran cosa en el trato,
+no solamente porque as&iacute; conven&iacute;a a los fines pudibundos de la madre en
+cuanto se relacionaba con la hija, sino por rec&iacute;proco impulso de las
+respectivas conciencias, a cual m&aacute;s remordida y desencantada. Guzm&aacute;n iba
+all&iacute; a lo que hemos visto, y nada m&aacute;s; y eso porque sent&iacute;a en su alma
+cierto extra&ntilde;o apetito que no se calmaba sino con aquel sencillo manjar,
+que &eacute;l pagaba, no si&eacute;ndole permitidos mayores lujos, con los m&aacute;s caros y
+caprichosos juguetes que hallaba en Madrid o en cualquiera parte del
+mundo por donde anduviera.</p>
+
+<p>Tomando pretexto del ardiente amor de la marquesa a su hija, sol&iacute;a en
+ocasi&oacute;n oportuna extender sus discretas advertencias al cap&iacute;tulo de los
+gastos ruinosos.</p>
+
+<p>&mdash;Eres una manirrota&mdash;la dec&iacute;a&mdash;, como toda tu casta, y vas a dejar a tu
+hija en la miseria, despu&eacute;s de quererla tanto, o te falta juicio, o te
+sobra amor. Elige.</p>
+
+<p>&mdash;Me falta juicio&mdash;respondi&oacute; la marquesa.</p>
+
+<p>&mdash;Pues rec&oacute;brale.</p>
+
+<p>&mdash;Que me le devuelva quien me ense&ntilde;&oacute; a perderle. No te canses en
+predicarme, porque por donde quiera que tomes el punto, est&aacute;s
+desautorizado para ello.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jate de cuchufletas, y atente a lo que te importa. El gastar m&aacute;s de
+lo que se tiene, obliga a malvender lo que queda..., y algo m&aacute;s que no
+se recobra con nada. Yo no tengo derecho para aconsejarte que te pongas
+a raci&oacute;n, porque de lo tuyo gastas; pero s&iacute; para recomendarte que no te
+dejes robar de usureros y de c&oacute;mplices suyos, que quiz&aacute;s comen de tu
+pan. Esto se consigue siempre que se quiere.</p>
+
+<p>Respond&iacute;a ella que todo se arreglar&iacute;a del mejor modo posible; y con otra
+cuchufleta, m&aacute;s o menos punzante para su amigo, daba por terminada su
+conversaci&oacute;n con &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Entretanto, iba creciendo la ni&ntilde;a, y con ello los sobresaltos de la
+madre; porque, a mayor inteligencia, correspond&iacute;an mayores riesgos en
+aquel semillero de peligros. A Sagrario y a Leticia las tem&iacute;a de lumbre;
+y cada vez que una de ellas sentaba a Luz sobre sus rodillas para
+besarla, resonaban los besos en sus o&iacute;dos como el chapoteo de las ondas
+cenagosas, y hasta ve&iacute;a la tersa y pura frente de la ni&ntilde;a salpicada del
+fango de la charca.</p>
+
+<p>Cuando Luz lleg&oacute; a tener siete a&ntilde;os, su madre no pudo esperar m&aacute;s. &iexcl;Eran
+tan precoces la inteligencia y el juicio en aquella criatura! Hab&iacute;a que
+decidirse a sacarla de casa. &iquest;A d&oacute;nde? Bien pensado lo ten&iacute;a ella. A un
+colegio..., que no fuera colegio precisamente, donde se la guardaran,
+por de pronto, durante el d&iacute;a, y la ense&ntilde;aran lo que ella dispusiera,
+m&aacute;s por entretenimiento que por cultivo; donde hallara un cari&ntilde;o y unos
+cuidados y unas compa&ntilde;&iacute;as que sustituyeran, en todo lo posible, el amor
+y el amparo de su madre, y, sobre todo, donde no corriera los riesgos
+que la amenazaban en su propio hogar.</p>
+
+<p>Pero &iquest;querr&iacute;a la ni&ntilde;a? &iquest;Podr&iacute;a, aunque quisiera, aclimatarse a aquel
+extra&ntilde;o modo de vivir?</p>
+
+<p>Por de pronto, quiso, sin revelar esfuerzos de voluntad ni violencias
+del esp&iacute;ritu; y buscando entonces su madre con perseverancia, hall&oacute;
+cuanto cre&iacute;a necesitar, y bien cerca de su casa. Parec&iacute;ale que se
+quedaba sin coraz&oacute;n cuando lleg&oacute; la hora de salir de ella con su hija,
+por m&aacute;s que s&oacute;lo deb&iacute;an estar separadas, por alg&uacute;n tiempo, durante el
+d&iacute;a; pero no era esto lo que la apenaba, sino la idea de lo extra&ntilde;o, de
+lo desconocido para la pobre Luz, que jam&aacute;s hab&iacute;a volado fuera del nido
+materno sin la sombra y el amparo de las alas de su madre. Y &iquest;qu&eacute; val&iacute;a
+este sacrificio comparado con los que tendr&iacute;a que hacer despu&eacute;s?
+&iexcl;Adelante, y con los ojos cerrados, que para otras empresas mayores y
+m&aacute;s negras los hab&iacute;a cerrado tambi&eacute;n!</p>
+
+<p>Todo cuanto ten&iacute;a que prevenir y encarecer sobre el car&aacute;cter y
+necesidades de la educanda, se lo hab&iacute;a prevenido y encarecido ya cien
+veces a la se&ntilde;ora bajo cuya direcci&oacute;n, amparo y vigilancia iba a ponerse
+Luz. Pues todav&iacute;a, despu&eacute;s de entreg&aacute;rsela, la llam&oacute; aparte para decirla
+una vez m&aacute;s:</p>
+
+<p>&mdash;No me la atosiguen, no la atareen demasiado. Pocos libros, poca
+gram&aacute;tica por ahora..., es mejor el Catecismo, pero bien explicado...,
+hasta que conozca a Dios, al verdadero Dios, al Dios de los pobres; al
+Dios que los ri&ntilde;e, los castiga y los premia seg&uacute;n sus leyes inmortales,
+que no se mudan ni se corrompen como las leyes del Dios de ciertos
+personajes. Que no sepa aqu&iacute; en qu&eacute; mundo ha nacido, ni c&oacute;mo es ese
+mundo, ni qu&eacute; vida hacen las gentes en &eacute;l. B&uacute;squenla para amigas y
+compa&ntilde;eras las ni&ntilde;as m&aacute;s humildes de nacimiento y de car&aacute;cter; no para
+que ella se crezca a su lado, sino para que sufra el contagio de sus
+pensamientos y de sus obras, hasta que las imite y las iguale. Todo lo
+dem&aacute;s lo har&aacute; ella por s&iacute; sola, porque es incapaz de obra mala ni de
+torpe pensamiento... Pero puede morirse... &iexcl;Dios misericordioso, lo que
+me duele hasta suponerlo!..., o, cuando menos, puede enfermar, si su
+naturaleza de &aacute;ngel no encuentra aqu&iacute; lo que necesita para vivir
+risue&ntilde;a... Pues bien: el jugo, el roc&iacute;o de esa azucena, es el amor, el
+cari&ntilde;o siquiera. &iexcl;Que no le falte un solo momento!</p>
+
+<p>Y cari&ntilde;o y amor tuvo Luz en aquella casa, y vida tan acomodada a sus
+inclinaciones, y amistades y compa&ntilde;&iacute;as tan de su gusto, perfectamente
+ajustado a los deseos de la marquesa, que, mucho antes de lo que &eacute;sta
+pensaba, logr&oacute; que se quedara en el colegio como educanda interna. Ella
+la visitaba casi todos los d&iacute;as, y eran muy contados los en que la
+sacaba para comer en casa, pero solas las dos a la mesa.</p>
+
+<p>Cuando Luz viv&iacute;a a su lado, ten&iacute;a que llevarla consigo en sus viajes de
+veraneo, por no saber d&oacute;nde dejarla m&aacute;s segura. Pero esta atadura
+cortaba sus vuelos de peregrina elegante, y dejaba su paladar de
+cortesana a media miel. Ahora ser&iacute;a muy distinto el caso. Con el seguro
+refugio de su hija, era ella m&aacute;s libre para ese y otros menesteres de su
+vida; y ma&ntilde;ana, cuando Luz necesitara otro refugio m&aacute;s lejano y por
+largo tiempo, lo ser&iacute;a m&aacute;s a&uacute;n.</p>
+
+<p>Apunto estas reflexiones, porque son las primeras que la marquesa se
+hizo en cuanto dej&oacute; de padecer con el recelo de que su hija no llegara a
+aclimatarse a la vida de colegiala. Cot&eacute;jense estos pensamientos de
+madre cari&ntilde;osa con aquellos otros de mujer desjuiciada; consid&eacute;rese que
+son dos eslabones gemelos de una misma cadena de ideas, y vuelvan a
+venir aqu&iacute; los fisi&oacute;logos de marras para apuntar este nuevo fen&oacute;meno en
+su libro de curiosidades psicol&oacute;gicas.</p>
+
+<p>Y como lo pens&oacute; lo hizo la marquesa durante los tres a&ntilde;os, bien
+corridos, que pas&oacute; su hija en aquel colegio de Madrid. Recorri&oacute; medio
+mundo, sin m&aacute;s trabas ni cortapisas que las instintivas repugnancias de
+su naturaleza, que no era del temple de la de Sagrario.</p>
+
+<p>En sus &uacute;ltimas excursiones a Francia hab&iacute;a buscado mucho, y hallado al
+fin, en una de sus ciudades, m&aacute;s nombradas, otro refugio donde guardar
+su tesoro por largo tiempo, cuando le sacara del escondite de Madrid.</p>
+
+<p>Esta ocasi&oacute;n se iba acercando por instantes. Luz hab&iacute;a cumplido ya los
+diez a&ntilde;os, y necesitaba completar su educaci&oacute;n... y alejarse mucho de su
+casa, hasta que, determinado y bien definido su car&aacute;cter, y en completo
+desarrollo su inteligencia, cultivada en sano terreno, hallara en s&iacute;
+misma la posible fortaleza para luchar contra el enemigo que la
+aguardaba en el mundo de su madre. Porque &eacute;sta, lejos de curarse de sus
+aprensiones, cada d&iacute;a las agrandaba en su imaginaci&oacute;n. En Luz, por raro
+y singular capricho de la naturaleza, se iban desenvolviendo a un mismo
+tiempo las bellezas del cuerpo y las del alma: todo crec&iacute;a en ella con
+prodigioso equilibrio, sin descomponerse ni desfigurarse. La marquesa
+no pod&iacute;a considerarlo sin admiraci&oacute;n, pero tampoco sin miedo. &iquest;Hasta
+d&oacute;nde pod&iacute;a llegar aquella criatura? &iexcl;Qu&eacute; flor, y en qu&eacute; terreno!</p>
+
+<p>Acordada hasta la fecha del viaje con la ni&ntilde;a a Francia, la marquesa,
+por una sucesi&oacute;n de pensamientos muy l&oacute;gica, volvi&oacute; su consideraci&oacute;n al
+estado de su hacienda. Hab&iacute;a que resolverse a mirar por ella con mayor
+detenimiento que hasta all&iacute;. Las advertencias de Guzm&aacute;n sobre este caso
+le parec&iacute;an muy atendibles. Hablar&iacute;a con &eacute;l y se acomodar&iacute;a a sus
+dict&aacute;menes.</p>
+
+<p>Llegada muy pronto esta ocasi&oacute;n, Guzm&aacute;n insisti&oacute; en que el mayordomo
+sempiterno era la mayor sanguijuela que hab&iacute;a en casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo se explican entonces sus resistencias a proporcionarme
+<i>extraordinarios</i> cuando se los pido?</p>
+
+<p>&mdash;Creyendo que esas resistencias son la capa con que se encubre para
+hacer su juego a mansalva. Ponderando mucho las dificultades, se
+justifican las innecesarias hipotecas, que han sido vuestra ruina y la
+de todos los perdularios. Para obtener cuatro en el momento, se hipoteca
+una cosa que vale doce o diez y seis. Llega el vencimiento; no hay con
+qu&eacute; pagar lo prestado (lo cual sucede siempre que quieren los
+mayordomos, con la disculpa de los dispendios de sus se&ntilde;ores), y se
+vende la hipoteca al desbarate. Esto es lo que se buscaba. Ya tiene el
+prestamista una finquita que vale doce o diez y seis, por poco m&aacute;s de
+cuatro; la cual finquita se distribuye despu&eacute;s, en partes
+proporcionales, entre el que prepar&oacute; el negocio y el que le <i>remat&oacute;</i>;
+es decir, entre el mayordomo y el usurero...; m&aacute;s claro: entre Sim&oacute;n y
+su c&oacute;mplice.</p>
+
+<p>&mdash;Pero se le descubrirla el juego hecho as&iacute;, por la prenda misma.</p>
+
+<p>&mdash;No hay tal. Sim&oacute;n tomar&aacute; su parte en dinero, para invertirlo en lo que
+mejor le parezca... Por eso es hoy m&aacute;s rico que t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero un ladr&oacute;n, si eso fuera cierto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Psch!; no s&eacute; yo hasta qu&eacute; punto <i>obliga</i> a serlo la ocasi&oacute;n en que se
+le est&aacute; poniendo en esta casa tantos A&ntilde;os hace. Sea lo que fuere, y ya
+que no te resignas a no gastar m&aacute;s que tus rentas, ni te sea f&aacute;cil
+desprenderte por ahora de ese hombre, a cuya mano est&aacute;s hecha, es
+indispensable, ante todo, que sepas lo que tienes y lo que debes; y
+despu&eacute;s, que cuando necesites dinero, te le d&eacute; un prestamista honrado,
+entendi&eacute;ndote con &eacute;l directamente y con la garant&iacute;a de tu cr&eacute;dito.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y hay prestamistas honrados?</p>
+
+<p>&mdash;Pocos, y yo conozco uno de ellos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues venga ese.</p>
+
+<p>Guzm&aacute;n sac&oacute; de su cartera una tarjeta; escribi&oacute; con l&aacute;piz al respaldo de
+ella el nombre y las se&ntilde;as del domicilio del sujeto, y se la entreg&oacute; a
+su amiga, dici&eacute;ndola:</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute; est&aacute;.</p>
+
+<p>La marquesa ley&oacute;: &laquo;Don Santiago N&uacute;&ntilde;ez. Imperial, 15, 2&ordm;, derecha&raquo;.
+Despu&eacute;s dijo a su amigo:</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien. Pues ahora voy a comenzar... por el principio. Las cosas, o
+hacerlas bien, o no hacerlas.</p>
+
+<p>Y mand&oacute; llamar a Sim&oacute;n.</p>
+
+<p>Se march&oacute; Guzm&aacute;n, y entr&oacute; a muy poco rato el mayordomo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIa" id="IIIa"></a>III</h3>
+
+
+<p>As&iacute; estaban las cosas, con un pasito m&aacute;s que luego conoceremos, al
+invitar yo en los comienzos del cap&iacute;tulo precedente al lector amable y
+p&iacute;o, a que me acompa&ntilde;ara al nuevo domicilio de la marquesa de Mont&aacute;lvez.
+Reprod&uacute;zcole aqu&iacute; la invitaci&oacute;n; y puesto que no la desaira, vamos
+adentro con todas las cortes&iacute;as y comedimientos del caso.</p>
+
+<p>Hela aqu&iacute;, bien iluminada por la luz directa de la calle, aunque
+templada por la interposici&oacute;n de vidrieras y cortinajes entreabiertos,
+en el instante de atravesar el saloncillo que separa su gabinete de la
+elegante pieza que le sirve de despacho. A ver si hay castellana de
+leyenda que mejor arrastre la fimbria de su vestido; ni que con m&aacute;s
+lindo ni mejor calzado pie hunda m&aacute;s gallardamente el espeso vell&oacute;n de
+una alfombra; ni cuerpo en que mejor caiga una bata de pa&ntilde;o de seda gris
+con encajes de Bruselas; ni curvas de m&aacute;s valiente trazo para lucir las
+hechuras de una prenda semejante; ni cabeza m&aacute;s airosa sobre cuello
+mejor colocado.</p>
+
+<p>El despacho era una monada, por lo peque&ntilde;o y lo primoroso. Parec&iacute;a el
+interior del estuche de una joya. Oro, blanco, rosa y azul. No hab&iacute;a m&aacute;s
+colores all&iacute;. Azul y oro, en el tapizado de las paredes; oro y blanco,
+en los muebles de menuda talla, estilo Luis XVI, y rosa, blanco y azul,
+en alfombras y colgaduras.</p>
+
+<p>En la penumbra del cortin&oacute;n medio recogido de la puerta de escape hacia
+el interior de la casa, aguardaba una persona, a la cual mand&oacute; entrar la
+marquesa un momento despu&eacute;s de sentarse en el precioso sill&oacute;n de su mesa
+de escribir. La persona que aguardaba en la penumbra del cortin&oacute;n,
+manoseando suavemente un rollo de papeles, era Sim&oacute;n, que no se dobl&oacute; en
+dos mitades al acercarse a su se&ntilde;ora, como se doblaba al ponerse delante
+del difunto marqu&eacute;s, ni se notaron en su cara ni en su voz los reflejos
+y las inflexiones de entonces. Los tiempos hab&iacute;an cambiado y las
+circunstancias tambi&eacute;n; y lo que halagaba mucho ciertas debilidades del
+padre, no lo aceptaba, por instintivas resistencias, la hija. Sim&oacute;n lo
+sab&iacute;a sin que nadie se lo hubiera dicho, y lo hab&iacute;a tomado muy en
+cuenta para ajustar su conducta a los nuevos gustos. En lo dem&aacute;s, el
+mayordomo, fuera de las canas que hab&iacute;an acabado de blanquearle la
+cabeza, y cierto sello de contrariedad mal disimulada que se pintaba en
+su fisonom&iacute;a, era el hombre de siempre, hasta con la misma ropa.</p>
+
+<p>&mdash;La se&ntilde;ora marquesa&mdash;dijo con voz segura, pero mansa y reverentemente,
+cuando se le autoriz&oacute; para hablar&mdash;est&aacute; servida en el encargo que se
+dign&oacute; encomendarme antes de ayer.</p>
+
+<p>En esto, desarrollaba los papeles que tra&iacute;a en la mano, y volv&iacute;a a
+arrollarlos en sentido inverso para que <i>perdieran el vicio</i>: eran unos
+cuantos pliegos en folio, metidos bajo una carpeta bien rotulada. En
+seguida puso el cuadernillo en manos de su se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; aqu&iacute; todo lo que yo he pedido?&mdash;pregunt&oacute; la marquesa volviendo
+la primera hoja.</p>
+
+<p>&mdash;Todo&mdash;respondi&oacute; el mayordomo, inclinando el busto sobre el papel y
+apuntando a la p&aacute;gina con la diestra, medio extendido el brazo, siempre
+a cierta distancia respetuosa&mdash;. En el primer pliego hallar&aacute; la se&ntilde;ora
+marquesa la lista de todas las propiedades y valores de su pertenencia.
+(La marquesa volvi&oacute; otra hoja.) En el segundo papel consta, por
+separado, cu&aacute;les de esas propiedades est&aacute;n libres y cu&aacute;les no, y qu&eacute;
+gravamen pesa sobre cada una de las que no lo est&aacute;n. (Otra hoja vuelta
+por la se&ntilde;ora.) En el tercer pliego ver&aacute; la se&ntilde;ora marquesa un estado
+comprensivo de la situaci&oacute;n actual de los bienes libres, en producto,
+con algunas observaciones para la debida inteligencia. (Nueva hoja
+vuelta por la marquesa.) En el folio siguiente est&aacute; bien especificado, y
+partida por partida, el n&uacute;mero de cargas que pesan sobre los bienes
+hipotecados, su importe anual y vencimiento de la correspondiente
+hipoteca. (La marquesa volvi&oacute; el quinto folio.) Y, por &uacute;ltimo, en la
+hoja restante, una sencilla comparaci&oacute;n de lo que se debe, con los
+productos l&iacute;quidos de lo que hay; y al pie, la diferencia a favor de la
+se&ntilde;ora marquesa. Ajust&aacute;ndome a su expreso mandato, lo he puesto as&iacute;,
+cosa por cosa y en papel separado cada una. Me alegrar&eacute; de haber
+acertado.</p>
+
+<p>&mdash;En efecto&mdash;dijo la marquesa&mdash;, est&aacute; todo como yo lo mand&eacute;. Puede
+ocurrir hacer uso de algo de ello, y no hay necesidad de que nadie se
+entere de lo restante...&iexcl;qu&eacute; tiene que ver! En substancia, y sin meterme
+ahora a sondar estas llagas de mi hacienda, que ya se har&aacute; tambi&eacute;n,
+resulta de este triste expediente que mis rentas hoy, reales y
+efectivas, no pasan de... doscientos sesenta...</p>
+
+<p>&mdash;De trece mil duros mal contados&mdash;interrumpi&oacute; Sim&oacute;n, sabiendo que el
+duro era la unidad monetaria que usaba la marquesa en sus c&aacute;lculos y
+<i>libramientos</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y con esta miseria hay que vivir y recobrar lo hipotecado, si no me
+resigno a perderlo?</p>
+
+<p>&mdash;Es seguro, por triste que parezca.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bien se ha robado en esta casa, Sim&oacute;n, desde la muerte de mi pobre
+abuelo!</p>
+
+<p>Sim&oacute;n aguant&oacute; esta acometida al pecho, con la imperturbabilidad de un
+soldado ruso; y como si el golpe nada tuviera que ver con &eacute;l, dijo a su
+se&ntilde;ora compungiendo bastante la voz:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;ntas veces previne al difunto se&ntilde;or marqu&eacute;s y a la tambi&eacute;n ya
+difunta se&ntilde;ora marquesa, que cierto sistema de gastos llevaba los
+caudales a las manos de los usureros, y que caer en estas manos era
+punto menos que caer en una lumbre!... Despu&eacute;s, quisiera yo que
+recordara la se&ntilde;ora lo que cost&oacute; la irremediable desgracia de su
+igualmente finado esposo: all&iacute; qued&oacute; mucho entre los escombros, y casi
+otro tanto en poder de la justicia, que no deja de ser fuerte de manos
+para agarrarse al dinero. Tambi&eacute;n espero de la se&ntilde;ora marquesa el favor
+de no haber olvidado algunas indicaciones que oportunamente me he
+atrevido a hacerla, en cumplimiento de mi honrado deber... De modo, y
+salvo el merecido respeto, que a este caudal todos han sido a rozarle
+(valga la comparaci&oacute;n, si no ofende) y nadie a reponerle; y as&iacute;, como
+sabe muy bien la se&ntilde;ora marquesa, hasta las pe&ntilde;as se acaban.</p>
+
+<p>La marquesa miraba de hito en hito a Sim&oacute;n mientras &eacute;ste iba hablando;
+pero en Sim&oacute;n ca&iacute;an aquellas miradas, que no eran de miel, como chispas
+de pedernal en un mont&oacute;n de nieve. En seguida le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Insisto en que se ha robado mucho en esta casa; mucho m&aacute;s de lo que se
+ha gastado en ella..., y hasta s&eacute; c&oacute;mo se ha robado...</p>
+
+<p>&mdash;Perdone la se&ntilde;ora marquesa que, como administrador...</p>
+
+<p>&mdash;El administrador, para cumplir con su deber, no ha hecho bastante con
+administrar... a su modo, sino que ha debido impedir que otros roben a
+sus amos..., a los que le daban de comer..., a los que le han hecho
+rico..., m&aacute;s rico que yo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;ora!...</p>
+
+<p>&mdash;Lo dicho, se&ntilde;or administrador..., y dejemos aqu&iacute; este punto escabroso,
+por ahora; que, entre los dos, no es a m&iacute; a quien m&aacute;s conviene que no
+pase adelante la porf&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Siempre acatando humildemente los mandatos de mis se&ntilde;ores y due&ntilde;os;
+pero, salvo el respetable parecer de la se&ntilde;ora marquesa, quisiera yo...,
+me atrever&iacute;a yo, mejor dicho, a suplicarla que se dignara tener en
+cuenta que cuando a un hombre, ya encanecido, le abonan treinta y ocho
+a&ntilde;os, bien largos, de incesantes, aunque modestos servicios en una sola
+casa como me abonan a m&iacute;, se puede disculpar..., creo que es de
+necesidad y de justicia, que este hombre se muestre lastimado de
+cualquier expresi&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Le han dolido a usted algunas de las m&iacute;as?</p>
+
+<p>&mdash;Si la se&ntilde;ora marquesa me lo permite, le responder&eacute; que s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me alegro; y si el dolor es tal que no puede resistirle sin el
+remedio que pretende y yo no le he de proporcionar, queda usted libre,
+desde este instante, de ponerse en situaci&oacute;n m&aacute;s independiente y segura.
+&iquest;Me comprende usted?</p>
+
+<p>&mdash;Par&eacute;ceme que he penetrado la idea; y por lo mismo, quiero decir, por
+el alcance que tiene, me atrevo a recelar que es la se&ntilde;ora marquesa la
+que no me ha comprendido a m&iacute;... No quise llegar tan all&aacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Pues como si hubiera querido, o para cuando llegue..., y sin llegar,
+valga lo dicho, t&eacute;ngalo en cuenta y acabemos.</p>
+
+<p>&mdash;Ordene la se&ntilde;ora marquesa..., menos que se despoje a este viejo
+edificio de sus hiedras.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tambi&eacute;n sentimental y culto! Pues me gusta la imagen, vea usted;
+aunque yo quiz&aacute;s la hubiera presentado al rev&eacute;s, por parecerme as&iacute; m&aacute;s
+verdadera... Abreviando, se&ntilde;or administrador: lo que ordeno es que desde
+ma&ntilde;ana, desde hoy mismo, no ha de haber en mi casa otro due&ntilde;o de mi
+hacienda que yo. Usted continuar&aacute; administr&aacute;ndola como hasta aqu&iacute;, pero
+nada m&aacute;s que administr&aacute;ndola. &iquest;Comprende usted lo que esto quiere decir?
+Las cuentas, bien justificadas, cada tres meses; y para lo restante,
+quiero decir, para lo imprevisto, para lo extraordinario que pueda
+ocurrir, yo sola y como mejor me parezca.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, si treinta a&ntilde;os hace se hubiera tomado en esta casa tan sabia
+determinaci&oacute;n, &iexcl;qu&eacute; ahorro de sinsabores para el leal administrador!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y qu&eacute; ahorros para m&iacute;!... Pero ya no tiene remedio, y m&aacute;s vale tarde
+que nunca. A otra cosa. &iquest;Qu&eacute; dinero tiene usted disponible?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para cu&aacute;ndo?</p>
+
+<p>&mdash;Para dentro de seis u ocho d&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Lo m&aacute;s indispensable para los gastos ordinarios de la se&ntilde;ora
+marquesa..., si alcanza.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien. &iquest;Queda usted enterado de todo cuanto le he advertido?</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente, se&ntilde;ora marquesa.</p>
+
+<p>&mdash;Pues hemos concluido.</p>
+
+<p>Y con esto y un adem&aacute;n muy expresivo, hizo entender al <i>sensible</i>
+mayordomo que estaba de m&aacute;s all&iacute;. El cual mayordomo sali&oacute; del despacho
+por la puerta de escape, casi andando hacia atr&aacute;s, y sin que a la vista
+m&aacute;s sutil le fuera posible leer en su cara enjuta la impresi&oacute;n que le
+hab&iacute;an causado m&aacute;s adentro las palabras Y la determinaci&oacute;n de su ama y
+se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&Eacute;sta, en cuanto se qued&oacute; sola, escribi&oacute; una carta en un papel muy majo,
+muy recortadito en forma apaisada, muy perfumado y con la
+correspondiente corona por membrete; la meti&oacute; en un sobre por el estilo,
+cerrole y copi&oacute; en &eacute;l lo mismo que hab&iacute;a escrito con l&aacute;piz Pepe Guzm&aacute;n
+dos d&iacute;as antes al dorso de su tarjeta. Llam&oacute; y acudi&oacute; en seguida un
+criadito muy guapo y muy bien embutido en su media librea. Le entreg&oacute; la
+carta y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Inmediatamente... y que aguardo la respuesta.</p>
+
+<p>Que tard&oacute; una hora larga en llegar; porque el se&ntilde;or don Santiago N&uacute;&ntilde;ez
+estaba con un ataque reum&aacute;tico hac&iacute;a una semana, y, aunque ya se
+levantaba, no pod&iacute;a salir a la calle: gracias que arrastrando,
+arrastrando, lograba llegar desde el dormitorio a su despacho. La
+rodilla, la p&iacute;cara rodilla derecha, que no acababa de jugar los goznes
+como la otra, ten&iacute;a toda la culpa. Pero si la se&ntilde;ora marquesa ten&iacute;a
+alg&uacute;n asunto apremiante que tratar con &eacute;l, all&iacute; le encontrar&iacute;a a su
+disposici&oacute;n, a todas las horas del d&iacute;a y de la noche, la persona a quien
+la misma se&ntilde;ora marquesa tuviera la dignaci&oacute;n de encomendar el
+encargo..., porque &eacute;l se creer&iacute;a muy honrado y satisfecho en servir a la
+se&ntilde;ora marquesa, que tan recomendada le hab&iacute;a sido por el se&ntilde;or de
+Guzm&aacute;n... Y todo esto y todo aquello y algo m&aacute;s, se crey&oacute; obligado don
+Santiago N&uacute;&ntilde;ez a dec&iacute;rselo a la se&ntilde;ora marquesa, y se lo dijo en una
+carta escrita a pulso y con reglero..., porque &laquo;a todo se&ntilde;or, todo
+honor&raquo;.</p>
+
+<p>Y la marquesa, aunque algo contrariada por la noticia, sin apurarse gran
+cosa por la dificultad, arroj&oacute; la carta sobre el escritorio; volvi&oacute; a
+llamar, acudi&oacute; el mismo criadito de antes, y le dijo levant&aacute;ndose:</p>
+
+<p>&mdash;La berlina en seguida.</p>
+
+<p>Mientras se la preparaban, volvi&oacute; a su gabinete y llam&oacute; a su doncella
+para que la vistiera para salir.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVa" id="IVa"></a>IV</h3>
+
+
+<p>El era nativo de la provincia de Burgos, no se sabe a ciencia cierta si
+de Huermecos o de Castrojeriz, duda que importa bien poco en esta
+historia que vamos relatando; no ten&iacute;a su padre, labrador honrado a
+carta cabal, muchos bienes, y s&oacute;lo pudo darle larga escuela en la mejor
+del pueblo, y una tintura de segundas letras por mano de un cl&eacute;rigo que
+no sab&iacute;a mucho m&aacute;s. El chico no era un lince, pero tampoco lo contrario;
+y como no pecaba de robusto, y lo aprendido hasta all&iacute; era demasiado
+para un labrador y muy poco para buscarse la vida con ello, se adopt&oacute; en
+consejo de familia un t&eacute;rmino prudente entre los dos extremos, contando
+con la natural condici&oacute;n placentera y bondadosa del muchacho y con
+algunas buenas amistades de su padre. En fin, que se logr&oacute; colocarle de
+mozo de mostrador en una droguer&iacute;a de Madrid, con poco sueldo por
+entonces, pero bien hospedado y mantenido en la propia casa de su due&ntilde;o.</p>
+
+<p>All&iacute;, con su buen car&aacute;cter, mucha paciencia y grande aplicaci&oacute;n, fue
+haci&eacute;ndose lugar y acrecentando su peculio, gastando menos seg&uacute;n iba
+ganando m&aacute;s; hasta que a los quince a&ntilde;os de droguero y a los veintiocho
+de edad, crey&eacute;ndose bastante rico y por otros motivos que se sabr&aacute;n, su
+amo le cedi&oacute; la droguer&iacute;a con unas condiciones que, sin dejar de ser
+buenas para el cedente, eran un fil&oacute;n de plata para el ahorrativo e
+inteligente castellano.</p>
+
+<p>Entonces fue cuando &eacute;ste se cas&oacute; con Ramona Pacheco. Nada mejor acordado
+ni m&aacute;s merecido. Era como la cosecha sazonada de una larga labor de
+honrados pensamientos. Ramona Pacheco era una sobrina lejana que su
+principal hab&iacute;a recogido hu&eacute;rfana y casi ni&ntilde;a, y hembra bien singular
+ciertamente. No era fea, y lo parec&iacute;a; era m&aacute;s joven que Santiago, el
+droguerillo, y representaba diez a&ntilde;os m&aacute;s que &eacute;l; estaba bien metida en
+carnes, y aparentaba lo contrario; ten&iacute;a excelente coraz&oacute;n y el alma en
+su correspondiente almario, y parec&iacute;a una estatua de pedernal. Y todo
+consist&iacute;a en que era de una rigidez, de una tenacidad de pensamientos y
+prop&oacute;sitos, y de una casta de moral tan extremadas y enteras, que la
+iban llevando poco a poco toda la vida <i>hacia adentro</i>; y all&iacute; la
+guardaba como el avaro su tesoro, y, tambi&eacute;n como el avaro, sospechaba
+de todo lo que en torno suyo se mov&iacute;a. Por eso su cara, m&aacute;s que reflejo
+de lo mucho y excelente que hab&iacute;a detr&aacute;s de ella, era simplemente una
+losa puesta de intento all&iacute; para taparlo, con dos ametralladoras por
+ojos para defenderlo, y una boca que s&oacute;lo se abr&iacute;a para dar el abasto de
+la metralla de los ojos. Y &eacute;stos eran negros y bien rasgados, y la boca
+muy bonita.</p>
+
+<p>Ocurr&iacute;a, adem&aacute;s, que Ramona ten&iacute;a una afici&oacute;n desesperada a hacer media,
+y s&oacute;lo haciendo media se entreten&iacute;a, en cuanto no quedaba en la casa un
+suelo que bru&ntilde;ir, ni un &aacute;tomo de polvo sobre un mueble, ni un trasto
+fuera de su sitio, ni un descosido sin coser, ni cosa alguna que
+trajinar, para los cuales menesteres era una p&oacute;lvora por la actividad y
+un asombro por la limpieza. En estas ocasiones era algo m&aacute;s expresiva de
+palabra y de gesto; pero con los muebles y las ropas y los cachivaches
+de la cocina, porque no quedaban a su gusto, o porque se luc&iacute;a en algo
+de ello su trabajo, o pensando en la criada, o en el amo, o en <i>el
+otro</i>, que, a su juicio, romp&iacute;an o manchaban. Para hacer media se
+sentaba junto a las cortinillas de las vidrieras del balc&oacute;n, en una
+silla baja, tiesa, muy tiesa, y con la mirada fija en el tejemaneje de
+las manos, que parec&iacute;an un argadillo. As&iacute; se pasaba horas enteras, si no
+ten&iacute;a otra cosa m&aacute;s precisa en que ocuparse. Que la hablaran entonces,
+que la preguntaran por algo que estuviera cerca de ella; que entrara o
+que saliera alguien: una mirada r&aacute;pida hacia el objeto o hacia la
+persona, y vuelta a clavarla en el incesante moverse de las agujas, y lo
+menos posible de palabras para responder.</p>
+
+<p>Es indudable que este h&aacute;bito de trabajar as&iacute;, de abstraerse en la
+contemplaci&oacute;n de su obra, de mirarla incesantemente, con la cabeza
+erguida y los ojos bajos, acentu&oacute; en gran manera la natural rigidez de
+su continente.</p>
+
+<p>Era preciso vivir mucho tiempo a su lado para convencerse de que no era
+fea ni mala ni insoportable; y averiguado esto, se iba cayendo poco a
+poco en la cuenta de que era todo lo contrario, y hasta una alhaja para
+mujer de un marido de pocas necesidades intelectuales y mucho apego a la
+vida honrada y laboriosa de puertas adentro. Y esto le pas&oacute; a Santiago
+cuando ya le cab&iacute;an en la mollera pensamientos de cierto linaje. El
+primer paso le cost&oacute; lo indecible; pero le dio como un valiente, y se
+conform&oacute; con que Ramona tomara en cuenta la insinuaci&oacute;n sin mostrarse
+agraviada. Pero le advirti&oacute; que no insistiera mientras ella no lo
+autorizara de alg&uacute;n modo bien expl&iacute;cito. Tres a&ntilde;os pas&oacute; Santiago sin
+saber a qu&eacute; atenerse y temiendo siempre lo peor. Yo creo que todo ese
+tiempo necesit&oacute; Ramona para estudiar a fondo las malicias de Santiago y
+el terreno a que &eacute;ste pretend&iacute;a conducirla. Un d&iacute;a le dijo que
+continuara habl&aacute;ndole <i>de aquello</i> de que hab&iacute;a comenzado a hablarla.
+&iexcl;Como si hubiera sido la v&iacute;spera! Y Santiago, que, &laquo;por casualidad&raquo;, no
+pensaba en otra cosa, tom&oacute; el punto donde le hab&iacute;a dejado entonces, y
+continu&oacute; hablando de ello, con cuantas amplificaciones y distingos le
+parecieron del caso y bien acomodados a la rectitud y santidad de sus
+miras. Fue bien recibida la instancia, y hasta bien hablada la
+respuesta; s&uacute;polo el t&iacute;o de Ramona, gustole el intento de su
+pretendiente, y aun le hizo saber que su sobrina contaba con una buena
+dote que le dar&iacute;a &eacute;l, lo cual no desagrad&oacute; a Santiago, hasta por lo
+mismo que lo ignoraba; y con la sola condici&oacute;n de que &eacute;ste, y &laquo;por el
+bien parecer&raquo;, cambiara de domicilio hasta que el casamiento se
+efectuara, qued&oacute; arreglado y convenido para muy luego. Hay razones para
+creer que la idea de este suceso movi&oacute; al viejo droguero a traspasar a
+Santiago su droguer&iacute;a mucho antes de lo que ten&iacute;a pensado; tanto m&aacute;s,
+cuanto que se sabe que su dependiente apunt&oacute; cierto escr&uacute;pulo que ten&iacute;a
+de casarse sin estar <i>arraigado</i> completamente a su gusto, con la
+advertencia de que esto del arraigo no lo estimaba &eacute;l en una riqueza,
+que no merec&iacute;a, sino que algo como..., verbigracia: una droguer&iacute;a bien
+montada que fuera de su propiedad absoluta, para lo cual no daban sus
+ahorros por entonces.</p>
+
+<p>Celebrado el casamiento y hecho en regla el traspaso de la droguer&iacute;a, el
+viejo droguero cedi&oacute; hasta la habitaci&oacute;n a sus sobrinos, y se larg&oacute; a su
+tierra, en la Rioja, a disfrutar las primeras vacaciones que hab&iacute;a
+logrado en su vida, perfectamente libre y descuidado. Si no le enga&ntilde;aba
+el pensamiento, por all&aacute; se quedar&iacute;a hasta dejar los huesos en el
+terru&ntilde;o nativo; si le enga&ntilde;aba, volver&iacute;a a Madrid cuando mejor le
+pareciera, o gastar&iacute;a en ir y venir el poco tiempo que le restaba de
+vida.</p>
+
+<p>Pocas veces se ha casado una mujer con menos conocimiento pr&aacute;ctico del
+mundo que Ramona Pacheco. Cuando era ni&ntilde;a, en su pueblo (el mismo de su
+t&iacute;o), ya estaba cansada de <i>saber</i> que la gente de Madrid se compon&iacute;a de
+pol&iacute;ticos relajados, de generales facinerosos, de se&ntilde;oronas perdidas, de
+se&ntilde;oras a medio perder, de vividores sin verg&uuml;enza y de un populacho
+soez, asesino y ladr&oacute;n. Y fue a caer en Madrid sin haber echado de su
+meollo una sola de estas ideas. &iexcl;Ella, que era creyente a pu&ntilde;o cerrado,
+honesta y honrada hasta la man&iacute;a, y testaruda y tenaz en sus obras y
+pensamientos, por car&aacute;cter y por educaci&oacute;n! Mandarla pisar las calles de
+la corte, era, en su concepto, como decirla: &laquo;M&eacute;tete en esa leonera;
+arr&oacute;jate en esa lumbre&raquo;. Se necesitaron heroicos esfuerzos de su t&iacute;o y
+de las personas a quienes &eacute;ste encomend&oacute; la ardua tarea de educarla
+hasta donde fuera posible, para que afinara, nada m&aacute;s que para que
+afinara, aquellas sus escabrosas ideas. Lleg&oacute; a conceder excepciones: la
+posibilidad de algo bueno entre tant&iacute;simo malo; pero &iexcl;fuera usted a
+sacar la anguila del saco de culebras! Y escond&iacute;a la mano por horror
+instintivo; quiero decir que, sin una indispensable necesidad, no pon&iacute;a
+los pies en la calle. En tal estado de experiencia se cas&oacute;.</p>
+
+<p>Y comenz&oacute; a tener hijos. Y tuvo el segundo y perdi&oacute; el primero; y tuvo
+el tercero y perdi&oacute; el segundo, y as&iacute; sucesivamente hasta el octavo.
+Esto acab&oacute; de agriar su car&aacute;cter, la acarton&oacute; sin tiempo y empalideci&oacute;
+sus carnes hasta la lividez; quiso templar sus amarguras maternales con
+alg&uacute;n entretenimiento que se las distrajera, y se encenag&oacute; en el vicio
+de hacer calceta. Lleg&oacute; a hacer una cada d&iacute;a, sin faltar a sus deberes
+de mujer hacendosa; y esta gran manifestaci&oacute;n de su genio calcetero,
+casi casi la envaneci&oacute;. Se le hab&iacute;a cansado mucho la vista con los
+disgustos y las tareas, y tambi&eacute;n hab&iacute;a perdido la mitad del pelo, por
+lo cual usaba anteojos mientras trabajaba, y cofia a todas las horas del
+d&iacute;a. Los anteojos eran de gruesa armadura blanca, con cristales
+redondos, y la cofia, de tul negro con cintas moradas. &iexcl;Era cuanto hab&iacute;a
+que ver do&ntilde;a Ramona haciendo media, desde que necesitaba anteojos y
+papalina!</p>
+
+<p>Pero ni la pasi&oacute;n por la media, ni el orgullo de hacer una cada d&iacute;a,
+alcanzaron arrancarla de sus tristes meditaciones en el silencio y la
+soledad de su casa, y se atrevi&oacute; a pretender de su marido que la
+pusieran una silla en un rinc&oacute;n de la droguer&iacute;a, detr&aacute;s del mostrador y
+junto al atril que all&iacute; hab&iacute;a para los apuntes provisionales (pues el
+escritorio estaba en la trastienda, con luces a un patio). Don Santiago
+se alegr&oacute; de aquel atrevimiento de su mujer, y la dispuso el trono como
+para una reina; lo mejor que se pudo con lo que hab&iacute;a a mano: una silla
+de Vitoria sobre un felpudo casi nuevo.</p>
+
+<p>Y este trono ocup&oacute; do&ntilde;a Ramona desde el d&iacute;a siguiente; y all&iacute; la vieron
+con admiraci&oacute;n los marchantes, r&iacute;gido y empinado el cuerpo vestido de
+obscuro, casi negro; medio cubierta la cabeza con su cofia; las cejas
+enarcadas; los sombr&iacute;os ojos clavados, por detr&aacute;s de los cristales de
+las gafas, en las manos de piel l&iacute;vida, como la de la cara; la calceta y
+las agujas entre los dedos, y sin otras se&ntilde;ales de estar viva que el
+movimiento vertiginoso de las manos y tal cual mirada zurda que lanzaba
+por encima de los anteojos, bajando un poco la cabeza, cuando alguien
+entraba o sal&iacute;a, o mientras tiraba con la diestra del hilo que terminaba
+en un grueso ovillo que andaba rodando, tan pronto sobre el mostrador
+como encima del felpudo, o hecho una mara&ntilde;a entre las u&ntilde;as de un gato,
+debajo de la silla. Do&ntilde;a Ramona la ocupaba todos los d&iacute;as, dos horas
+antes de comer y tres antes de cenar. En su casa se com&iacute;a a la antigua
+espa&ntilde;ola.</p>
+
+<p>En esta salida, al cabo de veinticinco a&ntilde;os de escondite, se puso do&ntilde;a
+Ramona, por primera vez en su vida, en contacto y roce con el mundo. El
+mundo eran para ella las gentes que pasaban por la calle, las que
+entraban en la tienda, y el rumor que se o&iacute;a m&aacute;s a lo lejos, como
+bramido de ondas agitadas que arrojaban aquellas espumas hasta all&iacute;.
+Todo era el mismo mar, agua de la misma fuente. No hab&iacute;a olvidado las
+advertencias de su t&iacute;o y de sus maestros; pero, sin agravio de ellas,
+bien pod&iacute;a suponer que cada marchante fuera un pillo, y un ladr&oacute;n
+disfrazado cada transe&uacute;nte. &iquest;Tra&iacute;an en la frente alguna se&ntilde;al que
+demostrara lo contrario? Pues, en la duda, cara de perro a todo bicho
+viviente.</p>
+
+<p>En poco tiempo, y aunque parec&iacute;a que en nada se fijaba, lleg&oacute; a ponerse
+al corriente de aquel laberinto de cajones rotulados, a hacer el o&iacute;do a
+los enrevesados t&eacute;rminos del ramo, y a conocer cada droga por su nombre
+y con sus precios. Entonces, cuando la concurrencia era mucha y no
+alcanzaba la gente de mostrador adentro a servirla al punto, se alzaba
+ella poco a poco de su silla y despachaba tambi&eacute;n, con una mano sobre lo
+pedido, como garra de le&oacute;n sobre la carne palpitante, cuando hay quien
+le mire, y en la otra la calceta, hasta que ve&iacute;a en el mostrador, y bien
+contado con los ojos, el dinero que val&iacute;a la droga aprisionada. Si
+despu&eacute;s de verla el parroquiano la quer&iacute;a m&aacute;s cara o m&aacute;s barata, o
+prefer&iacute;a otra equivalente m&aacute;s de su gusto, hasta dos veces lo llevaba
+do&ntilde;a Ramona con paciencia, pero a la tercera, recogiendo la droga que
+nunca hab&iacute;a soltado por completo de su diestra, contestaba secamente y
+volviendo la espalda: &laquo;No lo hay&raquo;, aunque estuviera llena de ello la
+droguer&iacute;a. Alg&uacute;n comprador <i>erudito</i> la puso por entonces la <i>Esfinge</i>,
+y con este mote se qued&oacute; en el barrio.</p>
+
+<p>Al contrario de su mujer era don Santiago. &Eacute;ste se pasaba el d&iacute;a dando
+vueltas por la tienda, tan pronto dentro como fuera del mostrador,
+poni&eacute;ndose y poniendo a sus dependientes en incesante comercio de gustos
+y de palabras con los compradores, a la mitad de los cuales tuteaba: a
+los unos, porque los conoc&iacute;a, y a los otros, porque <i>deb&iacute;a</i> conocerlos
+al cabo de tantos a&ntilde;os de vender all&iacute;. Era un pobre hombre, bueno como
+el pan, campechano y complaciente hasta lo inveros&iacute;mil. Ten&iacute;a sus penas
+all&aacute; dentro, como su mujer; pero mejores lentes para observar los
+sucesos de la vida.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Ramona tuvo el noveno hijo; y como tampoco fall&oacute; la costumbre esta
+vez, en seguida perdi&oacute; el octavo. Y todav&iacute;a llega a tener el d&eacute;cimo; y
+tambi&eacute;n la acechaba entonces la suerte negra, y le mat&oacute; el noveno. Este
+golpe dej&oacute; a la pobre se&ntilde;ora para no llevar otro sin sucumbir. Era mujer
+de gran esp&iacute;ritu y arraigada fe. Dios le daba los hijos y Dios se los
+quitaba. Dispon&iacute;a de lo suyo. Pero su naturaleza era de carne mortal, y
+sus hijos pedazos de sus entra&ntilde;as, y ten&iacute;a que dolerle mucho all&iacute; cuando
+se las desgarraban fibra a fibra. Dios no ped&iacute;a cuentas de estas
+tribulaciones a sus criaturas.</p>
+
+<p>Desde aquellos d&iacute;as se entenebrecieron m&aacute;s sus ideas sobre las gentes y
+las cosas del mundo, y le parecieron lo m&aacute;s abominable de &eacute;l las mujeres
+casadas de m&aacute;s alegre y m&aacute;s lujosa vida. &iquest;No habr&iacute;an perdido tres
+hijos..., dos, cuando menos; uno siquiera? Pues &iquest;d&oacute;nde estaban las
+se&ntilde;ales de su pesadumbre? No pod&iacute;an ser buenas madres las que olvidaban
+a sus hijos muertos. Y con esto y con aquellas alucinaciones que nunca
+logr&oacute; echar por completo de su cabeza, acab&oacute; por cobrar aborrecimiento a
+las se&ntilde;oronas sin haber visto una sola en todos los d&iacute;as de su vida.</p>
+
+<p>Mientras tanto, hab&iacute;a muerto tambi&eacute;n el ex droguero; y con lo mucho que
+les dej&oacute;, lo que representaba la droguer&iacute;a y lo que en ella hab&iacute;an
+ganado los sobrinos del difunto, al perder el hijo noveno eran ricos,
+pero muy ricos.</p>
+
+<p>&mdash;Y &iquest;para qu&eacute;?&mdash;exclamaba el pobre don Santiago, devor&aacute;ndose las
+l&aacute;grimas y paseando maquinalmente alrededor de su cuarto, con las manos
+en los bolsillos del pantal&oacute;n, y el gorro de panilla azul ca&iacute;do sobre el
+entrecejo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;..., &iquest;para qu&eacute;?&mdash;repet&iacute;a desde su silla con voz de sepulcro do&ntilde;a
+Ramona, que, si ya no se llamara la <i>Esfinge</i>, hubiera habido que
+llam&aacute;rselo desde entonces, al verla tiesa, p&aacute;lida, inm&oacute;vil y misteriosa,
+clavada en su asiento como escultura egipcia en su pedestal.</p>
+
+<p>El marido y la mujer miraban ya con desaliento las prosperidades de la
+tienda, que parec&iacute;an una burla de su desgracia. &iexcl;Tanto dinero para un
+hijo solo..., contando con que Dios no se le llevara tambi&eacute;n! &iexcl;Y aquella
+casa, tan triste y tan llena de cad&aacute;veres; con aquel olor a drogas, que
+ya les parec&iacute;a el tufo de la muerte, el olor de los cad&aacute;veres de sus
+hijos insepultos! Al cabo tomaron aversi&oacute;n a la droguer&iacute;a y a la casa, y
+resolvieron abandonar &eacute;sta y hacer con aqu&eacute;lla lo que antes hab&iacute;a hecho
+el viejo droguero: traspasarla a un buen dependiente, que no faltaba
+tampoco entonces. El resto del ping&uuml;e capital estaba bien colocado en
+fincas y valores <i>sanos</i>. Quedaba un pico flotante, y ese le
+aprovechar&iacute;a don Santiago para ciertos negocios sencillos que le
+entretuvieran sin atarearle; verbigracia, descuentos de pagar&eacute;s con
+buenas firmas, y alg&uacute;n pr&eacute;stamo sin usura ni abuso que se le pareciera.
+Porque a don Santiago se le har&iacute;an las horas eternas con un hijo solo y
+sin negocios que le preocuparan. No sab&iacute;a otra cosa.</p>
+
+<p>Quedaba tambi&eacute;n un bols&oacute;n bien repleto y que nunca se desocupaba, aunque
+se hac&iacute;a mucho uso de &eacute;l, a disposici&oacute;n exclusiva de la Esfinge, para
+sus obras de caridad, que eran muchas y muy ignoradas; pero yo s&eacute; que la
+merec&iacute;an especiales preferencias las madres sin amparo y los hambrientos
+de levita, que son los dos aspectos m&aacute;s horribles de la miseria de las
+ciudades; y tambi&eacute;n me consta que ninguna d&aacute;diva estimaba en tanto la
+se&ntilde;ora de don Santiago como la de un par de medias de las que ella
+hac&iacute;a. &iexcl;C&oacute;mo las ponderaba y se las encarec&iacute;a al pobre a quien se las
+regalaba!, &iexcl;ella, que sacaba del bols&oacute;n la mano llena y cerrada, para
+ignorar lo que val&iacute;a la limosna! Porque en el bols&oacute;n andaba revuelta la
+plata con el oro.</p>
+
+<p>Se hizo el traspaso de la droguer&iacute;a, y en seguida la mudanza de los
+trastos de la habitaci&oacute;n a otra de la calle Imperial (15, segundo,
+derecha). All&iacute; comenz&oacute; don Santiago N&uacute;&ntilde;ez a funcionar, por
+entretenimiento, en sus proyectadas especulaciones; y all&iacute;, en su propio
+despacho instal&oacute; la Esfinge su pedestal, para hacer media sin parar las
+manos, acompa&ntilde;ar a su marido y distraerse un poco m&aacute;s, observando de
+reojo lo que en la estancia acontec&iacute;a.</p>
+
+<p>As&iacute; fue corriendo el tiempo, y, con &eacute;l, calm&aacute;ndose la pesadumbre del
+marido y haci&eacute;ndose la mujer a la carga de las suyas. Ya no hab&iacute;a que
+contar con el und&eacute;cimo reto&ntilde;o, y el d&eacute;cimo iba creciendo y esponj&aacute;ndose
+que daba gusto, y era bueno y listo y hermoso como si Dios se hubiera
+complacido en reunir en este solo hijo cuantas prendas simp&aacute;ticas cab&iacute;an
+dispersas en los anteriores. Este pensamiento, con el arraigo que
+tomaban todos en la mente de do&ntilde;a Ramona, fue un gran confortante para
+su esp&iacute;ritu.</p>
+
+<p>Pero, en cambio, en la escuela del nuevo tr&aacute;fico de su marido; con lo
+que all&iacute; observ&oacute;; con lo que fue aprendiendo, con este indicio y aquella
+declaraci&oacute;n terminante, sobre la &iacute;ndole de ciertos apuros y las causas
+productoras de ciertas necesidades en determinadas personas y
+jerarqu&iacute;as, &iexcl;c&oacute;mo le engordaron en el meollo las nunca desvanecidas
+ideas que ten&iacute;a de las gentes de Madrid! Ya no pod&iacute;a neg&aacute;rsele que hab&iacute;a
+mujeres que derrochaban tesoros para vivir entre lujos y
+deshonestidades; &laquo;mujeronas empingorotadas&raquo; que escandalizaban al mundo
+y se burlaban de la ley de Dios; mujerzuelas de m&aacute;s abajo que arruinaban
+a sus maridos por el vicio de ser tan escandalosas y desarregladas como
+las de m&aacute;s arriba; hombres que perd&iacute;an a una carta en un instante la
+hacienda de todos sus hijos..., &iexcl;y casi siempre la bambolla y la
+lujuria, de m&aacute;s cerca o de m&aacute;s lejos, danzando en los enjuagues del
+dinero y en las angustias del plazo! Y esto en su casa, donde el inter&eacute;s
+no era rosca que asfixiaba al deudor; donde hab&iacute;a pr&oacute;rrogas para los
+apuros, y eran los pr&eacute;stamos favores de amigo m&aacute;s que negocios de
+prestamista inexorable. &iexcl;Qu&eacute; no suceder&iacute;a, qu&eacute; llagas no se ver&iacute;an al
+descubierto en los antros de la usura, a donde se acude en los grandes
+ahogos, y se pactan, a trueque de salir de ellos, los mayores saqueos y
+pillajes? Y aquel hijo que ella ten&iacute;a llegar&iacute;a a ser un hombre, y a
+saber que era rico, muy rico, y tal vez a envanecerse, y de seguro a
+rozarse con la peste tramposa y desvergonzada que todo lo corromp&iacute;a; y,
+sin embargo, no quer&iacute;a ella hacer de su hijo un ignorante droguero,
+porque val&iacute;a para mucho m&aacute;s y deb&iacute;a serlo. &iexcl;Qu&eacute; pulso, qu&eacute; tino, qu&eacute;
+vigilancia hab&iacute;a que tener con &eacute;l para que el diablo no le conquistara!</p>
+
+<p>Y como si viera al diablo en cada pr&oacute;jimo, hab&iacute;a hecho un verdadero
+exorcismo de su cara.</p>
+
+<p>Ten&iacute;an serias y largas discusiones don Santiago y su mujer sobre el
+punto referente a la educaci&oacute;n de su hijo. &iquest;Por d&oacute;nde comenzar&iacute;an para
+no equivocarse? Y despu&eacute;s, &iquest;le <i>har&iacute;an</i> abogado, m&eacute;dico, ingeniero,
+cura, ministro, general, emperador..., pont&iacute;fice?... Porque los alientos
+de los padres alcanzaban a todo eso, o poco menos, y los merecimientos
+que supon&iacute;an en el hijo, a mucho m&aacute;s.</p>
+
+<p>Por de pronto, le matricularon en San Isidro; y despu&eacute;s, curso tras
+curso y con regular aplicaci&oacute;n y bastante aprovechamiento, lleg&oacute; el
+estudiante a las v&iacute;speras del bachillerato al cumplir los catorce a&ntilde;os
+de edad. Ten&iacute;a entonces su padre cincuenta y cinco, y su madre...,
+&iquest;qui&eacute;n era capaz de saberlo, ni para qu&eacute; cansarse en averiguarlo? La
+Esfinge lo parec&iacute;a ya de verdad; y cuando se llega a ese estado de
+petrificaci&oacute;n y de dureza, se vive una eternidad, y no se cuenta por
+a&ntilde;os, sino por siglos, como para los monumentos de los Faraones.</p>
+
+<p>Hacia aquellas fechas (no las de los Faraones) fue cuando don Santiago
+N&uacute;&ntilde;ez escribi&oacute; a la marquesa de Mont&aacute;lvez la carta cuya substancia
+conocemos.</p>
+
+<p>Hablando del suceso largamente, lleg&oacute; a decir la Esfinge:</p>
+
+<p>&mdash;Otra nueva trapisonda tenemos. Basta con oler la carta para
+convencerse de ello. Todas esas mujeronas huelen a lo mismo.</p>
+
+<p>Y don Santiago se re&iacute;a como unas casta&ntilde;uelas, porque era as&iacute;. Estaba
+embutido en su sill&oacute;n, con la pierna derecha entrapajada por la rodilla
+y descansando sobre una banqueta.</p>
+
+<p>Buena ocasi&oacute;n era esta para describir el f&iacute;sico del droguero, y en ese
+deber estaba yo, y a cumplir con &eacute;l iba ahora mismo; pero me obligan a
+renunciar a esa tarea las mismas condiciones del sujeto: no hay por
+d&oacute;nde tomarle para que resulte pintoresco, porque era la misma
+insignificancia el bueno de don Santiago N&uacute;&ntilde;ez.</p>
+
+<p>Estando en aquellos comentarios ya largo rato hac&iacute;a el matrimonio,
+h&iacute;zose anunciar la marquesa; y poco despu&eacute;s entr&oacute;, llenando el despacho
+de fragancia, de crujidos de seda cara, y de esa luz especial que
+irradian, en las moradas tristes y descoloridas, las mujeres hermosas y
+elegantes.</p>
+
+<p>La Esfinge no se movi&oacute; de su pedestal ni dej&oacute; de hacer calceta; y s&oacute;lo
+dio se&ntilde;ales de vida para responder a la ceremoniosa cortes&iacute;a de la
+marquesa con un gesto no dif&iacute;cil de traducir en palabras para los que
+estaban avezados a leer en aquel arranciado pergamino. El gesto quer&iacute;a
+decir:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pufff!... &iexcl;Qu&eacute; Peste!</p>
+
+
+
+<h3><a name="Va" id="Va"></a>V</h3>
+
+
+<p class="c">* * * * * * * * * * *</p>
+
+<p>Y como don Santiago no pod&iacute;a levantarse de su asiento sin gran trabajo,
+no hubo all&iacute; quien presentara una silla a la marquesa, la cual se sent&oacute;,
+muy campechana (porque afortunadamente era mujer de gran correa para
+esos lances), en la que, entre excusas y hasta cabriolas, le ofreci&oacute; el
+aturdido reum&aacute;tico desde su potro de tortura.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, se&ntilde;ora marquesa!&mdash;dec&iacute;a don Santiago, tambale&aacute;ndose entre el
+escritorio y el sill&oacute;n&mdash;: si yo hubiera sabido..., si pudiera presumir
+que esta casa hab&iacute;a de ser honrada por usted y no por otra persona de su
+confianza, yo me habr&iacute;a prevenido, habr&iacute;a esperado, y en la sala, como
+es de...</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, gracias, se&ntilde;or de N&uacute;&ntilde;ez&mdash;respond&iacute;a ataj&aacute;ndole la gran dama,
+entre sonrisas picarescas&mdash;; no tiene usted por qu&eacute; lamentarse: lo
+conozco todo; me pongo en todos los casos.</p>
+
+<p>&mdash;La rodilla, se&ntilde;ora, esta p&iacute;cara rodilla que no me permite levantarme
+de pronto, ni andar sin much&iacute;simas dificultades&mdash;a&ntilde;ad&iacute;a don Santiago,
+que todo le parec&iacute;a d&eacute;bil para excusa de su falta&mdash;, y hasta la poca
+salud de mi esposa (y se&ntilde;alaba hacia ella), que tambi&eacute;n la impide...</p>
+
+<p>&mdash;Nadie ha incurrido aqu&iacute; en falta m&aacute;s que yo&mdash;repuso la marquesa,
+mirando tan pronto muy risue&ntilde;a hacia el reum&aacute;tico, como con asombro
+hacia su mujer, que no chistaba&mdash;; yo, que he venido a molestar a
+ustedes sin tener esos inconvenientes en cuenta...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Molestarnos usted, se&ntilde;ora marquesa! &iquest;Cu&aacute;ndo m&aacute;s honrados ni m&aacute;s...?</p>
+
+<p>&mdash;Me parece&mdash;apunt&oacute; aqu&iacute; la Esfinge con su voz de fantasma&mdash;que sin
+tanto cumplimiento nos entender&iacute;amos mejor y mucho antes.</p>
+
+<p>La marquesa cay&oacute; en un nuevo asombro al o&iacute;r la voz de aquella estatua; y
+si hubiera sabido con qu&eacute; mote se la conoc&iacute;a, quiz&aacute;s habr&iacute;a tomado la
+cosa m&aacute;s en serio, crey&eacute;ndose transportada a los tiempos fabulosos.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene raz&oacute;n esta se&ntilde;ora&mdash;atreviose a decir la dama, sin apartar sus
+ojos de ella&mdash;. Dej&eacute;monos de cumplidos y hablemos del asunto que me trae
+aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy a las &oacute;rdenes de la se&ntilde;ora marquesa&mdash;dijo don Santiago N&uacute;&ntilde;ez
+haciendo una cortes&iacute;a.</p>
+
+<p>Pero la marquesa no empezaba a hablar, ni conclu&iacute;a de mirar a la
+Esfinge. Era indudable que la presencia de &eacute;sta la contrariaba tanto
+como la sorprend&iacute;a.</p>
+
+<p>Conociolo bien pronto do&ntilde;a Ramona, y enderez&oacute; a la otra estas palabras,
+acompa&ntilde;adas de dos saetazos por encima de sus anteojos:</p>
+
+<p>&mdash;Yo no estorbo aqu&iacute;, se&ntilde;ora; t&eacute;ngalo usted entendido. Entre mi marido y
+yo, como no hay pecados, tampoco hay secretos. Somos un alma en dos
+cuerpos, por la gracia de Dios.</p>
+
+<p>&mdash;Mil enhorabuenas&mdash;respondi&oacute; la marquesa entre burlona y picada&mdash;por
+esa felicidad; pero crea usted que no era la cosa para tanto. Ver&aacute; usted
+c&oacute;mo, aunque pecadora, me atrevo a confesar aqu&iacute; el motivo de mi visita,
+y sin esc&aacute;ndalo de nadie.</p>
+
+<p>Don Santiago estaba en ascuas con las crudezas de su mujer, y no sab&iacute;a
+c&oacute;mo disculparlas sin provocar otras m&aacute;s incisivas. Al mismo tiempo, la
+marquesa, desde que conoc&iacute;a a la Esfinge, ard&iacute;a en curiosidad de saber
+de d&oacute;nde proced&iacute;an las intimidades de Guzm&aacute;n con aquella singular
+familia; pues estaba segura de que a su amigo le sobraba siempre el
+dinero, y no pod&iacute;an ser necesidades de esta clase los motivos del
+conocimiento. Hizo en el acto, y como introducci&oacute;n a su particular
+negocio, la pregunta a don Santiago, y le respondi&oacute; &eacute;ste, alegr&aacute;ndose en
+el alma de que se distrajera por all&iacute; el otro tiroteo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, el <i>Condesito</i>, como yo le llamo..., porque aunque el conde es
+su t&iacute;o, mucho m&aacute;s merece serlo &eacute;l, hasta por la estampa: &iexcl;guapo mozo!
+Pues la estimaci&oacute;n con que nos honra el se&ntilde;or de Guzm&aacute;n viene de lejos:
+nada menos que de su padre con mi principal y t&iacute;o de mi se&ntilde;ora, al cual
+hizo muchos y muy grandes favores en los tiempos en que comenzaba a
+vivir por su propia cuenta. Un hermano de nuestro t&iacute;o hab&iacute;a sido muchos
+a&ntilde;os empleado en la casa de los se&ntilde;ores de Guzm&aacute;n..., y de aqu&iacute; naci&oacute; lo
+otro. No era ingrato el favorecido; sab&iacute;a, adem&aacute;s, hacer buen uso de los
+favores; y con todo ello, la estima del favorecedor lleg&oacute; hasta una
+buena amistad, como entre iguales: vea usted, se&ntilde;ora marquesa, &iexcl;como
+entre iguales! Y esta buena amistad del padre la continu&oacute; el hijo, don
+Jos&eacute; Celestino Guzm&aacute;n, el actual <i>Condesito</i>. Como se qued&oacute; hu&eacute;rfano
+siendo un muchacho, y lleg&oacute; a ser mozo independiente y libre con un
+caudalazo atroz, se aconsejaba muy a menudo de mi principal para la
+colocaci&oacute;n de sobrantes y otros asuntos por este orden. Andaba yo muy
+cerca de ellos en esos casos; y como los dos me estimaban en m&aacute;s de lo
+que yo val&iacute;a, oblig&aacute;banme de vez en cuando a meter mi cuchara en la
+conversaci&oacute;n. Tuve la suerte de acertar casi siempre; y ya lo mismo le
+daba a don Pepito Guzm&aacute;n encontrarse en la droguer&iacute;a con el principal
+que con el dependiente, cuando de higos a brevas iba por all&aacute; con los
+motivos de costumbre. Retirose nuestro t&iacute;o, y se muri&oacute; bien pronto, y
+continu&eacute; yo mereciendo todas las atenciones y hasta la amistad que &eacute;l
+hab&iacute;a merecido del se&ntilde;or de Guzm&aacute;n. Muy de tarde en tarde nos vemos,
+porque son muy distintos los mundos por donde andamos, y &eacute;l es ya hombre
+que no necesita para nada los consejos de nadie, y aun puede d&aacute;rselos
+sobre todas las cosas a medio Madrid; pero nos honra con una buena
+amistad, que nosotros le pagamos como se debe. Anteayer me pas&oacute; una
+esquelita dici&eacute;ndome que usted quiz&aacute; me necesitar&iacute;a para tratar de un
+asunto de intereses conmigo, y que procurara servirla lo mejor que
+pudiera y como si se tratara de &eacute;l mismo. &iexcl;Fig&uacute;rese usted, se&ntilde;ora
+marquesa, si aunque no sea m&aacute;s que por este solo motivo y sin contar lo
+que usted por s&iacute; propia se merece, estar&eacute; yo dispuesto a servirla en
+cuanto est&eacute; al alcance de mis posibles!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gracias mil, se&ntilde;or de N&uacute;&ntilde;ez&mdash;respondi&oacute; en seguida la <i>se&ntilde;orona</i>,
+visiblemente complacida con el candoroso ofrecimiento de aquel pobre
+hombre, y acaso, acaso, y quiz&aacute; m&aacute;s, con la espont&aacute;nea recomendaci&oacute;n de
+su amigo&mdash;. Y ahora, sin nuevas digresiones que nos distraigan y le
+roben a usted el tiempo y a su excelente se&ntilde;ora la paciencia, all&aacute; va la
+historia en pocas palabras: Ha habido en mi familia un gran caudal; pero
+cuando lleg&oacute; a mis manos ya no lo era tanto. Despilfarros y vicisitudes
+lo quisieron as&iacute;. Poseo, sin embargo, lo suficiente para vivir con
+holgura en la esfera en que he nacido y me han educado; pero no tengo la
+virtud del ahorro ni otras virtudes que acrecientan los caudales. Antes,
+soy un poco abierta de mano, y no peco de previsora. Con estos defectos,
+no es de extra&ntilde;ar que algunas veces resulten desproporciones entre las
+salidas y los ingresos, como dicen ustedes los hombres de negocios. En
+estos casos, hay que resignarse al contratiempo o conjurarle de
+cualquier modo, si la necesidad lo exige. A m&iacute; me lo ha exigido varias
+veces, y siempre me han costado muy caros los conjuros; porque, seg&uacute;n me
+afirman, no deb&iacute; hacerlos nunca por intermediarios. Me he convencido de
+que esto es verdad, y estoy resuelta a cambiar de sistema, recorriendo
+esos tr&aacute;mites por m&iacute; misma cuando sean de necesidad. Por si llegaran a
+serlo de un momento a otro..., y antes de pasar m&aacute;s adelante, quiero
+advertirle a usted que le doy todos estos pormenores para anticiparme a
+sus deseos y evitarle el trabajo de inquirirlos, y porque ser&iacute;a una
+inocentada el empe&ntilde;o de esconderlos cuando no resulta desdoro en
+confesarlos.</p>
+
+<p>El ex droguero escuchaba con la boca abierta a la hermosa y elegante
+dama, cuyos donaires y gracejo le ten&iacute;an cautivo; mientras, la Esfinge
+la miraba de reojo y a hurtadillas, por no tener a mano lanz&oacute;n de mayor
+fuerza para pasarla de parte a parte. La marquesa se enteraba de todo y
+se deleitaba grandemente con ello. Sin dar tiempo a que don Santiago
+apuntara las corteses rectificaciones que ya la sagaz interlocutora le
+hab&iacute;a le&iacute;do entre los labios, continu&oacute; as&iacute;, tras una breve pausa:</p>
+
+<p>&mdash;Por si llegara ese caso, repito, de un momento a otro, deseo y
+necesito saber, se&ntilde;or don Santiago, qu&eacute; condiciones impone usted para un
+anticipo a las personas de reconocida responsabilidad, como yo;
+responsabilidad, se entiende, en inmuebles, como ustedes dicen tambi&eacute;n,
+y de cuya existencia, libre y desempe&ntilde;ada, se puede certificar cuando
+sea necesario.</p>
+
+<p>Lanz&oacute; entonces la Esfinge una mirada de acero a su marido (que ya
+contaba con ella), como dici&eacute;ndole: &laquo;Mucho ojo con esta v&iacute;bora&raquo;; y
+respondi&oacute; el buen hombre, despu&eacute;s de prepararse mucho con alg&uacute;n
+carraspeo y tres cambios de postura en el sill&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted, se&ntilde;ora marquesa: en primer lugar, yo no soy un
+prestamista... por oficio, &iquest;me entiende usted?... Corriente. Tengo un
+piquillo suelto que dedico a descuentos l&iacute;citos, quiero decir, sin
+explotar ahogos ni conflictos de nadie..., servicio por servicio, ni m&aacute;s
+ni menos. Que ocurre entretanto algo de lo que usted desea: me entero de
+la calidad del apuro; resulta honrado, puedo sacar de &eacute;l a la persona; y
+a la buena de Dios y como entre caballeros, &laquo;toma lo que apeteces, y
+venga el resguardo&raquo;, con las cl&aacute;usulas que se establezcan y por un
+inter&eacute;s que no pasar&aacute; del seis aunque me ahorquen. Que llega el
+vencimiento y no hay con qu&eacute; recoger el testimonio de la deuda. &iquest;Hay
+razones que lo justifiquen? &iquest;El apuro es honrado tambi&eacute;n? Pues, se&ntilde;or,
+no he de llevar al pobre hombre a la c&aacute;rcel, ni le he de malvender la
+hacienda para cobrarme. O hay buena fe, o no la hay. &iquest;La hay? Se da una
+pr&oacute;rroga de dos, de tres meses... o m&aacute;s, si se necesita. El hombre
+respira, y yo no me ahogo; &eacute;l se beneficia, y yo no me perjudico. &iquest;No
+fuera pecado mortal obrar de otro modo? Pues, se&ntilde;or, lo que yo digo: si
+el dinero no ha de servir m&aacute;s que para irle amontonando, o para sacar la
+entra&ntilde;a a mi vecino, vaya a la porra ese metal, que nunca debe ser
+metralla para nadie. &iquest;Se va usted enterando, se&ntilde;ora marquesa?</p>
+
+<p>Aqu&iacute; era la marquesa la cautivada, porque cautiva la ten&iacute;a la noblota
+ingenuidad del hombrecillo. Jurar&iacute;a entonces que aquella era la primera
+vez que ve&iacute;a de cerca un coraz&oacute;n de oro. &iexcl;Y en qu&eacute; cuerpo le hallaba, y
+de qu&eacute; ret&oacute;rica se serv&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Siga usted, siga usted!&mdash;le dijo la marquesa radiente de curiosidad,
+y bien sabe Dios que sin pizca de inter&eacute;s por lo que personalmente le
+alcanzaba en el desusado prospecto de aquel singular&iacute;simo <i>prestamista</i>.</p>
+
+<p>&mdash;En segundo lugar&mdash;continu&oacute; don Santiago&mdash;, yo no puedo establecer esas
+condiciones generales por que usted me pregunta, porque, como ya he
+tenido el honor de manifestarla, el capital que dedico a las operaciones
+de pr&eacute;stamos es de poca importancia, al paso que son incalculables las
+atenciones que necesitar&iacute;a cubrir si no las limitara al tenor de los
+casos. De modo que seg&uacute;n sea lo que se solicita y quien lo solicita, as&iacute;
+lo doy o lo niego; y si lo doy, con arreglo a las bases que se
+establecen entonces de com&uacute;n acuerdo, y seg&uacute;n las circunstancias, pero
+del seis no se pasa nunca, como tambi&eacute;n he tenido el honor de indicar
+antes; y esta es la &uacute;nica condici&oacute;n que puede estipularse de antemano.</p>
+
+<p>Por lo dem&aacute;s, y si s&oacute;lo se mirara el beneficio material, a sacar el
+reda&ntilde;o al pr&oacute;jimo, crea usted, se&ntilde;ora marquesa, que no habr&iacute;a tenaza
+mejor que el oficio de prestamista sin entra&ntilde;as. Me he convencido de
+ello con la experiencia de estas vecindades suyas. &iexcl;Es un espanto lo que
+sabr&iacute;a usted si contaran estas cuatro paredes la mitad de lo que han
+visto y o&iacute;do! Porque aqu&iacute; se han llorado l&aacute;stimas de todos los colores,
+y se han descubierto fregados que tumban de espaldas. &iexcl;Y siempre por el
+lujo, por el juego y por todos los vicios m&aacute;s abominables! &iexcl;Qu&eacute; agon&iacute;as
+tan congojosas y tan complicadas, y qu&eacute; pasar por todo las infelices
+gentes, si yo hubiera sido capaz de aceptarlo por el ansia de recoger
+onzas de oro ma&ntilde;ana, sembrando ochavos morunos de presente! Porque eso
+hace la usura con los desdichados que se ahogan en apuros. De algunos de
+ellos me he condolido; y por evitar que otros los robaran, casi me he
+dejado robar yo a ojos vistas. Pero a los m&aacute;s les he enviado enhoramala,
+porque no merec&iacute;an caer en manos de un hombre de bien. Y &iexcl;qu&eacute; porte el
+suyo! &iexcl;Qu&eacute; caballeros tan de punta en blanco!... &iexcl;Y qu&eacute; se&ntilde;oronas de
+primer lustre! Y saldr&aacute;n a la calle con un palmo de hocico y
+atropellando a la gente menuda, cuando ellos merec&iacute;an un grillete, y
+ellas la Galera de Alcal&aacute;... Yo s&eacute; todas estas cosas al pormenor, porque
+la misma resistencia m&iacute;a a servirlos los forzaba a exponer sus miserias
+sin disfraces, para moverme mejor. &iexcl;A buena parte ven&iacute;an!</p>
+
+<p>En la marquesa se notaban, durante esta parte del relato del buen N&uacute;&ntilde;ez,
+las mismas se&ntilde;ales de curiosidad que durante la anterior, pero no tantas
+de complacencia; y quiz&aacute;s ten&iacute;a alg&uacute;n parentesco con las causas de esta
+diferencia, el motivo que la oblig&oacute; a interrumpir al relatante, aunque
+muy afable y risue&ntilde;a, en la siguiente forma:</p>
+
+<p>&mdash;De manera que si no me precede a m&iacute; la recomendaci&oacute;n de nuestro amigo
+el se&ntilde;or Guzm&aacute;n, Dios sabe a qu&eacute; presidio destina usted mis
+pretensiones, despu&eacute;s de o&iacute;r lo que con tanta franqueza le he declarado
+hace un instante.</p>
+
+<p>Atarugose un poco don Santiago con la observaci&oacute;n de la marquesa, y mir&oacute;
+hacia su mujer, la cual le socorri&oacute; con una ojeada que quer&iacute;a
+significar: &laquo;&iexcl;Ah&iacute; le duele a la bribona!... &iexcl;Duro en ella!&raquo; Por fortuna,
+no era tan &aacute;spero de veta el uno como la otra, y esto libr&oacute; all&iacute; a la
+elegante dama de que la pusieran entre los dos para pelar. Lejos de
+ello, don Santiago, temiendo haberse corrido demasiado all&aacute; en sus
+palabras, y reparando por primera vez en que hab&iacute;a, aunque remota,
+alguna semejanza entre los casos maldecidos por &eacute;l y el caso de la
+marquesa, se apresur&oacute; a responder:</p>
+
+<p>&mdash;Nada hay en el relato de usted, mi distinguida y respetable se&ntilde;ora,
+que merezca esa pena tan dura. Gastar en ocasiones un poco m&aacute;s de lo que
+se puede, no es una virtud, ciertamente; pero tampoco un horror de esos
+horrores de que yo hablaba. Las cosas en su punto. Conviene distinguir,
+y es de justicia que se distinga. La recomendaci&oacute;n del se&ntilde;or de Guzm&aacute;n
+nos ha abreviado el camino, sin duda alguna; pero le aseguro a usted que
+sin ella hubi&eacute;ramos llegado tambi&eacute;n al punto a donde desea llegar la
+se&ntilde;ora marquesa, y le aguarda para recibir sus &oacute;rdenes este su in&uacute;til
+servidor.</p>
+
+<p>&mdash;Acepto de todo coraz&oacute;n la excusa, se&ntilde;or N&uacute;&ntilde;ez&mdash;respondi&oacute; la dama con
+una sonrisa que confirmaba la sinceridad de lo que dec&iacute;a&mdash;, hasta como
+modelo de excusas corteses y delicadas...</p>
+
+<p>La Esfinge cort&oacute; aqu&iacute; los cumplidos con el espad&oacute;n de su palabra de
+hierro, y lanz&oacute; a su marido otra ojeada con la que le ped&iacute;a estrecha
+cuenta de aquellas sus debilidades. La marquesa se dio por entendida con
+un movimiento de cabeza dirigido a la mujer, tan lleno de donaire como
+de mala intenci&oacute;n, y dijo, volvi&eacute;ndose hacia don Santiago, que estaba en
+ascuas con las genialidades de aqu&eacute;lla:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me permite usted que concretemos un poco m&aacute;s el punto de mis
+pretensiones para que nos entendamos mejor?</p>
+
+<p>&mdash;Repito a la se&ntilde;ora marquesa que estoy enteramente a sus &oacute;rdenes.</p>
+
+<p>&mdash;Fig&uacute;rese usted que yo necesitara dentro de ocho d&iacute;as..., ma&ntilde;ana...,
+hoy mismo, una cantidad determinada...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;nto? Porque, como he tenido el honor de advertir hace un momento a
+la se&ntilde;ora marquesa...</p>
+
+<p>&mdash;Por lo mismo que no lo he olvidado, iba a fijar la cantidad cuanto
+usted me ha interrumpido. Pong&aacute;mosla en n&uacute;meros redondos: tres mil
+duros.</p>
+
+<p>&mdash;Puedo con ellos, y los tendr&iacute;a usted.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Garant&iacute;as?</p>
+
+<p>&mdash;La firma de la se&ntilde;ora marquesa, y nada m&aacute;s, con el plazo que desee y
+el inter&eacute;s que ella marque, si le parece mucho el seis por ciento.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si me viera yo precisada, m&aacute;s adelante, a acudir a usted con
+id&eacute;ntico motivo que hoy?</p>
+
+<p>&mdash;En ese caso, se&ntilde;ora marquesa, suceder&iacute;a, sobre poco m&aacute;s o menos, lo
+mismo que est&aacute; sucediendo ahora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si continuaran mis visitas a esta casa por no cesar los motivos?</p>
+
+<p>&mdash;Ya sabe la se&ntilde;ora marquesa que, sin la enfermedad que me impide salir
+de aqu&iacute;, la hubiera ahorrado yo la molestia de visitarme.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias, se&ntilde;or N&uacute;&ntilde;ez; pero es igual para mi ejemplo que yo le
+visite a usted, o que usted me visite a m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Concedido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y bien?</p>
+
+<p>&mdash;En castellano claro y por derecho, se&ntilde;ora marquesa, pues creo haber
+penetrado la intenci&oacute;n de usted al hacerme esas preguntas: yo no la he
+de malvender a usted jam&aacute;s sus propiedades: en primer lugar, porque no
+la considero capaz de abusar de mi buena fe hasta el punto de
+arrastrarme a aquel extremo, y despu&eacute;s, porque, aunque lo fuera, tampoco
+lo conseguir&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Porque abusando, abusando... En fin, se&ntilde;ora marquesa, ya he tenido el
+honor de manifestar a usted hasta d&oacute;nde me interesan las necesidades del
+pr&oacute;jimo, y desde d&oacute;nde comienzan a parecerme abominables, y cu&aacute;l es mi
+modo de proceder en cada uno de los casos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, se&ntilde;or N&uacute;&ntilde;ez&mdash;dijo entonces la dama con inequ&iacute;voca
+lealtad&mdash;, he querido estirar el ejemplo hasta este l&iacute;mite, porque en
+eso mismo con que otra dama, por un falso pundonor, se ofender&iacute;a, hallo
+yo un goce que jam&aacute;s he saboreado.</p>
+
+<p>&mdash;No me lo explico.</p>
+
+<p>&mdash;Ni es f&aacute;cil, porque entre ustedes, quiero decir, entre las gentes de
+su condici&oacute;n de usted, lo que yo he encontrado aqu&iacute; no es un hallazgo.</p>
+
+<p>&mdash;Si usted se explicara m&aacute;s, se&ntilde;ora marquesa...</p>
+
+<p>&mdash;No hay para qu&eacute;, se&ntilde;or don Santiago. Yo me entiendo bien, y esto sobra
+para m&iacute;. Para usted, b&aacute;stele la seguridad de que no he de encomendar a
+la justicia el trabajo de liquidar las cuentas entre ambos. Podr&eacute; ser
+gastadora, pero no desagradecida.</p>
+
+<p>La Esfinge la mir&oacute; entonces con ojos de curiosidad. Parec&iacute;a sentir
+temores de hallar algo bueno en aquella mujer. De pronto la pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha perdido usted alg&uacute;n hijo?</p>
+
+<p>Como si estas palabras fueran un rayo que la marquesa hubiera visto
+sobre la cabeza de Luz, contest&oacute; estremeci&eacute;ndose toda:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ni Dios lo permita!</p>
+
+<p>&mdash;Parece que duele ah&iacute;&mdash;repuso la Esfinge, bajando otra vez la mirada a
+su calceta&mdash;, y s&oacute;lo con el supuesto. &iquest;C&oacute;mo ser&aacute; el dolor cuando los
+hijos se mueran de veras!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Le ha sentido usted, a lo que veo?&mdash;se atrevi&oacute; a decir la marquesa,
+medio aturdida bajo el peso de aquel inesperado incidente promovido por
+tan extra&ntilde;o ser.</p>
+
+<p>&mdash;Nueve veces, se&ntilde;ora&mdash;respondi&oacute; t&eacute;trica, sepulcralmente, la Esfinge&mdash;;
+nueve... &iexcl;nueve mil pu&ntilde;aladas! Para las &uacute;ltimas, no hab&iacute;a en el coraz&oacute;n
+un sitio sin una herida ensangrentada.</p>
+
+<p>Ya no le parec&iacute;a a la marquesa tan fea ni tan extra&ntilde;a aquella mujer. La
+carga de tales y de tantos dolores lo justificaba todo a sus ojos.
+Volviolos de pronto a don Santiago, sin atreverse a hacer a ninguno de
+los dos un a pregunta que se le escapaba de los labios; y como si la
+hubiera le&iacute;do all&iacute;, dijo el pobre hombre:</p>
+
+<p>&mdash;Nos queda un hijo solo... Eso s&iacute;: vale, por bueno y por gallardo, los
+nueve que le han precedido, por mucho que &eacute;stos valieran; pero por lo
+mismo que es solo y vale tanto, &iexcl;qu&eacute; miedos tan horribles de perderle!</p>
+
+<p>&mdash;O de que se <i>pierda</i>, &iquest;no es verdad?&mdash;a&ntilde;adi&oacute; aqu&iacute; la marquesa, con un
+vigor de acento y de mirada que sorprendieron a la Esfinge misma.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ntos tiene usted?&mdash;la pregunt&oacute; &eacute;sta.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n uno solo... Una hija.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no eche usted en olvido&mdash;continu&oacute; la mujer sombr&iacute;a&mdash;que el honor
+de las hijas depende del buen ejemplo de las madres.</p>
+
+<p>Don Santiago acudi&oacute; r&aacute;pidamente a suavizar el efecto que esta nueva
+aspereza de su terrible mujer pudiera haber causado (y caus&aacute;dole hab&iacute;a
+muy hondo) en la marquesa, dando otro giro al di&aacute;logo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero a&uacute;n es usted muy joven&mdash;expuso con la mejor de las intenciones y
+el m&aacute;s desastroso de los &eacute;xitos.</p>
+
+<p>&mdash;Despu&eacute;s de haberse casi solemnizado un contrato entre los dos, no
+deb&iacute;a usted ignorar que... soy viuda.</p>
+
+<p>Esto tuvo que responder la dama, con iguales repugnancias que si
+descubriera con ello toda la urdimbre de aquel tejido de enormidades que
+se llam&oacute; su casamiento, con sus cenagosos y consiguientes antecedentes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bestia de m&iacute;!&mdash;exclam&oacute; el sencillo burgal&eacute;s, d&aacute;ndose con las dos
+manos en la frente&mdash;. &iexcl;Pues no me hab&iacute;a olvidado?... Perdone usted,
+se&ntilde;ora marquesa, esta distracci&oacute;n, que, bien mirada, no es de extra&ntilde;ar.
+En oyendo hablar de hijos, ya est&aacute; todo en mi cabeza patas arriba.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Viuda y con ese pelaje y la vida que trae!...&raquo;, dijo en sus adentros
+la Esfinge (que no hab&iacute;a ca&iacute;do tampoco en lo olvidado por su marido, y
+no estaba tan obligada como &eacute;l a recordarlo), y enviando el dicho a la
+marquesa en una mirada fulminante.</p>
+
+<p>La marquesa hab&iacute;a perdido el tino ya. No sal&iacute;a de un bochorno sin verse
+presa de otro mayor. Pensaba haber dado de improviso en la charca de sus
+pesadillas, y que aquel empecatado matrimonio se deleitaba en
+zambullirla en lo m&aacute;s hediondo de ella. Y era de admirar que el caso,
+con tanto como le dol&iacute;a, no la indignaba contra nadie. &iquest;Por qu&eacute; echar la
+culpa a quien no la ten&iacute;a? La culpa estaba en ella, en ella sola, y el
+peso de esa culpa era lo que la turbaba y remord&iacute;a. En aquel instante
+hubiera trocado su belleza, su juventud, sus galas y los encantos de su
+mundo, por la fealdad y la tristeza y la soledad de la Esfinge, si con
+todo esto le daba tambi&eacute;n el sosiego de su conciencia. Porque era una
+triste gracia que una se&ntilde;orona como ella lo pudiera todo, menos hablar
+de cosas tan triviales delante de un matrimonio de drogueros, sin
+ca&eacute;rsele la cara de verg&uuml;enza.</p>
+
+<p>Por salir cuanto antes de esta mortificaci&oacute;n, se levant&oacute; r&aacute;pidamente de
+su asiento, y dijo con aire de querer echar el asunto hacia otra parte:</p>
+
+<p>&mdash;Es harto triste esta materia, que a ustedes les trae muy amargos
+recuerdos y a m&iacute; muy negros temores. Dej&eacute;moslo aqu&iacute;, si les parece; y
+pues que no me sobra el tiempo tampoco, tenga el se&ntilde;or don Santiago la
+bondad de decirme en qu&eacute; quedamos de nuestro negocio.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en lo dicho, se&ntilde;ora marquesa, si usted no dispone otras bases m&aacute;s
+a su gusto.</p>
+
+<p>&mdash;Yo acepto cuantas usted estime por buenas y equitativas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues el d&iacute;a en que usted necesite el dinero, me pasa una esquelita por
+persona de su confianza, diciendo cu&aacute;nto y por qu&eacute; tiempo; le env&iacute;o yo
+la suma en efectivo con el documento para que tenga usted la bondad de
+firmarle; me le devuelve despu&eacute;s... y santas pascuas. No necesita usted
+incomodarse.</p>
+
+<p>&mdash;Es usted un hombre incomparable, se&ntilde;or don Santiago; y yo nunca pagar&eacute;
+bastante a nuestro amigo el se&ntilde;or Guzm&aacute;n el favor de hab&eacute;rmele dado a
+conocer.</p>
+
+<p>&mdash;No haga la se&ntilde;ora marquesa, a fuerza de elogios, que tenga yo que
+echarlos a mala parte. Estoy acostumbrado a mucho menos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no le dan a usted lo que merece; y le juro que no le digo m&aacute;s que
+lo que siento. Deme ahora su mano por despedida... Gracias. Y perdone si
+se la oprimo tan de veras, porque nunca se ha cre&iacute;do tan honrada la de
+esta su buena amiga.</p>
+
+<p>En seguida, y mientras quedaba el droguero como fascinado, con los ojos
+muy abiertos y la mano en el aire, volviose hacia la Esfinge; la hizo
+una elegante reverencia; y, sin acabar de enderezar el talle, sali&oacute; por
+donde hab&iacute;a entrado, acompa&ntilde;ada de unos cuantos campanillazos que se
+oyeron, en virtud de otros tantos tirones que dio a un cord&oacute;n la Esfinge
+desde su asiento, para que abrieran la puerta de la escalera; de un sin
+fin de excusas del complaciente N&uacute;&ntilde;ez, y de estas pocas palabras entre
+dientes, con que la droguera contest&oacute; al saludo.</p>
+
+<p>&mdash;...serrrvir a usted.</p>
+
+<p>En cuanto se quedaron solos don Santiago y su mujer, se levant&oacute; &eacute;sta y
+abri&oacute; las vidrieras del balc&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; haces, alma de Dios?&mdash;preguntola el pobre hombre, a quien
+asustaban entonces los aires colados.</p>
+
+<p>&mdash;Purificar esto. &iquest;No hueles la peste?</p>
+
+<p>&mdash;Tienes grandes virtudes, Ramona&mdash;la dijo su marido cubriendo la
+rodilla enferma con el fald&oacute;n del gab&aacute;n&mdash;; pero en ciertas debilidades,
+eres incorregible... y tremenda.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIa" id="VIa"></a>VI</h3>
+
+
+<p class="c">* * * * * * * * * * *</p>
+
+<p>Resabios de mis buenos tiempos de doncella pudorosa; algo que queda
+todav&iacute;a en el fondo, entre las cenizas. Pues no pensaba yo que fuera
+tanto como para brotar al primer choque. Y ello es poco, pero molesto
+cuando aparece. Ya se ir&aacute; apagando tambi&eacute;n..., porque se&ntilde;ales de lo
+contrario no deben de ser. &iexcl;A buen tiempo!... Sin embargo, no me
+resignar&iacute;a a que ese pobre hombre me apuntara en su libro verde con
+suficientes motivos. &iexcl;Vea usted c&oacute;mo puede haber un grano de arena que
+cierre el paso a una mujer que nunca se ha detenido delante de una
+monta&ntilde;a!... Es raro eso... Pero &iexcl;qu&eacute; criatura aqu&eacute;lla! Yo he visto algo
+semejante en el teatro saliendo por escotill&oacute;n, envuelto en un
+sudario... Un espectro. Eso es ella, con su misma lividez y con la misma
+voz y el mismo miedo que infunde. Y &iexcl;qu&eacute; ojos los suyos! Me parec&iacute;a que
+con la mirada me iba sacando todas las ignominias de mi vida para
+arroj&aacute;rmelas al rostro entre maldiciones. Y el caso es que este temor me
+ten&iacute;a sobresaltada. De este ser no me habl&oacute; Pepe Guzm&aacute;n. Y ser&aacute; capaz de
+decirme, cuando yo se le mencione a &eacute;l, que es un saco de virtudes; y
+acaso tenga raz&oacute;n... &iquest;C&oacute;mo habr&aacute;n podido amalgamarse dos naturalezas tan
+opuestas entre s&iacute;, como la del espectro y la de su marido, para formar
+un matrimonio ejemplar?... Porque yo vi se&ntilde;ales de que aqu&eacute;l lo es. Otro
+caso raro... para m&iacute;, que no s&eacute; leer m&aacute;s que en un libro... Lo que no
+ofrece duda es que hasta en las personas que se creen m&aacute;s despreocupadas
+hay un fondo sensible que llega a lo rom&aacute;ntico... Yo lo hab&iacute;a observado
+en el p&uacute;blico que se convierte en fiera en la plaza de toros, y se
+enternece en el teatro con las dulcedumbres de una comedia <i>ejemplar</i>.
+Hoy lo he experimentado en mi propia. A poco m&aacute;s que me apuren, me
+confieso de todas mis culpas delante de don Santiago N&uacute;&ntilde;ez, y arrojo mis
+arreos mundano! a los pies de su mujer... Y ahora casi me asombro de
+aquella flaqueza. &iexcl;Qu&eacute; contrastes tan raros!... &iquest;Cu&aacute;ndo estar&aacute; en lo
+suyo la p&iacute;cara condici&oacute;n humana? Porque tampoco tiene duda que somos
+masa dispuesta para todo; y hasta el espectro debe de ser de la misma
+opini&oacute;n, cuando me dijo que &laquo;el honor de las hijas depende del buen
+ejemplo de las madres&raquo;. Me parece que fue esto lo que me dijo. Lo
+recuerdo bien, porque me doli&oacute; muy adentro... Otro caso raro: somos del
+mismo parecer el espectro y yo en lo tocante a la educaci&oacute;n de los
+hijos; nos espantan igualmente los temores de sus extrav&iacute;os, y usamos
+procederes diametralmente opuestos en el modo de vivir. Sin embargo, me
+parece que aqu&iacute; la l&oacute;gica est&aacute; con ella m&aacute;s que conmigo... y Dios
+tambi&eacute;n... Pero &iquest;no se ha convenido en que somos &laquo;barro fr&aacute;gil&raquo;, y en
+que a la edad y a las circunstancias (&iexcl;p&iacute;caras circunstancias!) hay que
+darles lo que les pertenece, y dispensarlas por lo que se llevan de m&aacute;s?
+Pues he ah&iacute; mi caso. Yo vivo como vivo y soy lo que soy, porque no puedo
+ni debo vivir ni ser de otra manera. Por este lado me arrastran las
+&laquo;circunstancias&raquo; y las inclinaciones, obra de ellas; y por este lado me
+dejo arrastrar... hasta donde me lleven. Nada de ello impide que yo
+reconozca las ventajas que tienen otros caminos sobre este camino m&iacute;o:
+bien a la vista est&aacute; que no cabe punto de comparaci&oacute;n entre una madre
+como yo y otra madre de esas que pueden hablar delante de un matrimonio
+honrado, sin sonrojarse, de los secretos de su hogar, y ofrecerse a sus
+propias hijas por modelo de conducta. Yo no puedo hacer nada de esto, y
+bien sabe Dios las angustias que me ha costado hoy en casa del espectro,
+y las que me cuesta en la m&iacute;a a cada hora, desde que vino mi hija a
+ella..., pero &iquest;qu&eacute; remedio tiene? El barro y las circunstancias lo piden
+as&iacute;... y adelante con la vida hasta que no se pueda con ella. Por
+fortuna, o por desgracia, no voy sola por estos derroteros.&raquo;</p>
+
+<p>As&iacute; discurr&iacute;a, sobre poco m&aacute;s o menos, la marquesa de Mont&aacute;lvez dos
+horas despu&eacute;s de salir de casa de don Santiago N&uacute;&ntilde;ez, mientras se
+desnudaba... para vestirse otra vez con mejores galas, antes de
+sentarse a la mesa, porque aquella noche le correspond&iacute;a el turno en <i>el
+Real</i>, cuya temporada hab&iacute;a de concluir pronto; con lo que se declara
+que hab&iacute;a empezado ya la primavera, h&uacute;meda y desapacible, por m&aacute;s se&ntilde;as.</p>
+
+<p>Apunto este detalle, porque s&oacute;lo aguardaba la marquesa a que el tiempo
+<i>sentara</i> para emprender el viaje a Francia con su hija. Todo lo ten&iacute;a
+dispuesto y preparado ya para marchar a cualquier hora, y Luz esperaba
+el recado en su colegio. No deb&iacute;a volver a casa ya sino para entrar por
+una puerta y salir por otra, como suele decirse.</p>
+
+<p>La marquesa hab&iacute;a elegido esa estaci&oacute;n del a&ntilde;o, porque se prestaba mejor
+que otra a sus intentos.</p>
+
+<p>No hab&iacute;a motivo racional ya para dejar a Luz en Madrid un verano entero,
+ni su madre pod&iacute;a resignarse a pasarle en la calle del Barquillo, ni
+tampoco a viajar con el estorbo peligroso de su hija; y como a &eacute;sta lo
+mismo le importaba entrar en el nuevo colegio con la primavera que con
+el oto&ntilde;o, la marquesa hab&iacute;a preferido la primavera, de la cual pensaba
+hacer algo como pr&oacute;logo de su excursi&oacute;n de verano; excursi&oacute;n <i>planeada</i>
+hasta la nimiedad, durante el invierno, con Leticia y con Sagrario, que
+hab&iacute;an de representar grandes papeles en ella.</p>
+
+<p>Y lleg&oacute; el d&iacute;a esperado; y la marquesa recogi&oacute; su tesoro del escondite
+de Madrid, y le traslad&oacute; al otro escondite que le ten&iacute;a preparado en
+Francia. Y al guardi&aacute;n de all&iacute;, casi los mismos encarecimientos y
+advertencias que al guardi&aacute;n de ac&aacute;. No era ya prudente ni posible
+sostener a Luz en completa ignorancia de su categor&iacute;a social; pero, en
+cambio, conven&iacute;a redoblar el empe&ntilde;o para que desconociera los usos y m&aacute;s
+salientes costumbres de la <i>clase</i>. Que se habituara a considerarlos
+sometidos a las reglas generales de la ordinaria vida social; y de este
+modo, cuando no pudiera evitarse que los conociera, por s&iacute; misma, ser&iacute;a
+obra f&aacute;cil convencerla de que todo lo malo que la sorprend&iacute;a por
+inesperado, era excepci&oacute;n de la regla; y con esto bastaba, por de
+pronto. Las dem&aacute;s advertencias, ya lo he dicho, como en Madrid: pocas
+ret&oacute;ricas, buena moral, escogidas amistades, &laquo;el Dios de los pobres&raquo; y
+un buen equilibrio entre la salud del cuerpo y la del alma. Otra
+variante que se me olvidaba: no fue tan penosa la despedida de la madre
+en Francia como lo hab&iacute;a sido en Madrid, despu&eacute;s de encerrar a su hija.
+Cuatro a&ntilde;os de separaci&oacute;n la hab&iacute;an ido acostumbrando a vivir lejos de
+ella con sosiego.</p>
+
+<p>Cumplido este importante negocio, a Par&iacute;s con la doncella, con la de
+marras. Un mes pas&oacute; all&iacute;. &iquest;Qu&eacute; hizo? Contra su costumbre, est&aacute; poco
+expl&iacute;cita la marquesa en este pasaje de sus <i>Apuntes</i>: acaso porque la
+materia no daba de s&iacute; para cosa mejor; quiz&aacute;s por todo lo contrario. De
+todas maneras, es de extra&ntilde;ar este laconismo de nuestra hero&iacute;na, que
+sabe entretener la pluma en asuntos bien insignificantes, y no se muerde
+la lengua cuando tiene que declarar faltas enormes. Pero en materia de
+escr&uacute;pulos, &iexcl;hay tantas rarezas incomprensibles!</p>
+
+<p>Quien pudiera sacarnos de la duda era su doncella; pero ni la conozco,
+ni existe, que yo sepa, la historia de su vida y milagros.</p>
+
+<p>Lo &uacute;nico que hace saber terminantemente la marquesa, es que al acabarse
+mayo lleg&oacute; Sagrario a Par&iacute;s, seg&uacute;n lo convenido entre ambas; que pasaron
+juntas quince d&iacute;as en aquella capital, &laquo;bien disfrutados&raquo; (textual), y
+que se fueron despu&eacute;s a Viena para reunirse con Leticia, seg&uacute;n lo
+convenido tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Y vean ustedes otra prueba que yo creo tener de que lo de Par&iacute;s no ser&iacute;a
+cosa mayor, por lo mismo que se lo callaba la marquesa, en la
+despreocupaci&oacute;n con que da cuenta, aunque no minuciosa, de todas las
+restantes aventuras de su viaje desde que se reunieron las tres amigas
+en la capital de Austria. All&iacute; se pertrecharon, como quien dice, de
+nuevos alientos y prop&oacute;sitos, y de all&iacute; salieron para hacer una
+verdadera <i>razzia</i> por todo lo m&aacute;s cogolludo de la Europa elegante, unas
+veces juntas, otras separadas, seg&uacute;n &laquo;las circunstancias y las
+necesidades&raquo;; pero siempre en cabal inteligencia, como divisiones
+aguerridas y bien disciplinadas de un mismo ej&eacute;rcito. &iquest;Por qu&eacute; fue Viena
+el punto de partida, y no Par&iacute;s, verbigracia? &iquest;Por qu&eacute; se reunieron las
+tres aventureras en aquella ciudad austriaca y no en esta francesa? La
+marquesa culpa de esta singularidad, que no la desagrad&oacute;, a la
+caprichosa y siempre impenetrable Leticia.</p>
+
+<p>El hecho es que de all&iacute; salieron, como pudieron haber salido de otro
+punto cualquiera, y que nunca como entonces pudo decirse con mayores
+visos de verdad, que por donde iban no dejaban <i>t&iacute;tere con cabeza</i>. Y yo
+creo que esto debe entenderse, siquiera en la mayor parte de las
+ocasiones, en el mejor de los sentidos; quiero decir, en &eacute;l menos
+candente de cuantos quepan en la malicia del lector. Porque, seg&uacute;n
+parece, hubo grandes estragos donde no son de temer los de cierto
+g&eacute;nero. Los machuchos cancilleres, los estirados diplom&aacute;ticos, los
+ministros <i>despose&iacute;dos</i>, los grandes agitadores expatriados, todo lo m&aacute;s
+alto, en fin, y lo m&aacute;s serio de las notabilidades europeas que
+<i>abrevaba</i> en lo selecto de las aguas de nuestro continente, sinti&oacute;, en
+m&aacute;s o en menos, el influjo diab&oacute;lico del paso de los tres astros
+errantes; y es sabido que si no volvieron a Madrid con una reata de
+celebridades de tal calibre por tiro de su carro triunfal, fue porque no
+se les puso en el mo&ntilde;o la ocurrencia.</p>
+
+<p>De la &iacute;ndole de estos estragos deduzco yo que s&oacute;lo se trataba, por las
+causantes, de una ostentaci&oacute;n o alarde de travesura, nada incre&iacute;ble en
+tres mujeres hermosas, sin el freno del escr&uacute;pulo y en lo mejor de la
+vida.</p>
+
+<p>En Ems, ya muy avanzado el verano, se hall&oacute; la marquesa con Pepe Guzm&aacute;n.
+No le gust&oacute; el hallazgo cosa maldita.</p>
+
+<p>&mdash;A mi paso por Francia&mdash;la dijo sin pre&aacute;mbulos&mdash;he visto a Luz.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La has visto?&mdash;exclam&oacute; la marquesa sin poder disimular la impresi&oacute;n
+desagradable que &eacute;ste s&uacute;bito recuerdo de su hija la produjo en la
+conciencia.</p>
+
+<p>&mdash;La he visto, s&iacute;. &iexcl;Qu&eacute; hermosa, qu&eacute; angelical est&aacute;!... Me pregunt&oacute; si
+sab&iacute;a por d&oacute;nde andabas; si estar&iacute;as ya en Madrid; si te ver&iacute;a pronto
+yo...</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute; &iquest;qu&eacute; la respondiste?</p>
+
+<p>&mdash;Yo la respond&iacute;..., no lo recuerdo exactamente, porque estaba oyendo
+desde all&iacute; el ruido de tus ligerezas imperdonables, y tem&iacute;a que Luz le
+oyera tambi&eacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es cierto que le has o&iacute;do?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues de qu&eacute; le conocer&iacute;a, si no?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; temeridades, Dios m&iacute;o! &iquest;Por qu&eacute; har&aacute; <i>una</i> estas cosas!&mdash;exclam&oacute;
+entonces la dama sinceramente espantada de su propia labor. De pronto se
+troc&oacute; su espanto en ira, y lanz&oacute; a la faz de su amigo estas frases:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y pensar que yo no hab&iacute;a nacido para eso!, &iexcl;que estoy en ello porque
+a ello me han arrastrado contra mi voluntad, y que la &uacute;nica persona que
+me pide cuentas de mi ca&iacute;da sea la que m&aacute;s fuerte me empuj&oacute; para caer!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eso es un cargo para m&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Es un cargo para ti, porque no puede ser otra cosa cada grito que me
+arranca esta herida hecha por tu mano, y que no acaba nunca de
+cicatrizarse.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay de ti y de tu hija inocente el d&iacute;a en que esa herida no te duela!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres decirme, consejero de Satan&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Que no cabe avenencia entre tus inquietudes de madre cari&ntilde;osa y tus...
+locuras de mujer mundana; y que tienes que decidirte pronto por lo
+mejor, en la inteligencia de que ambas cosas dentro de ti no han de
+tardar en producir el mismo fruto que si te decidieras por lo m&aacute;s malo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; fruto?</p>
+
+<p>&mdash;El que m&aacute;s temes, Nica.... y el que acaso mereces por castigo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por castigo!... &iexcl;Y me lo dices con una frescura como si t&uacute; no le
+merecieras m&aacute;s ejemplar todav&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n sabe si le estoy sufriendo ya!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&uacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Crees posible que suceda lo que temo sin que resultemos castigados
+los dos?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Siempre ego&iacute;sta!... Vete, d&eacute;jame en paz, y que suceda lo que Dios
+quiera.</p>
+
+<p>&mdash;Esto significa que te espanta la verdad, y me alegro de ello.</p>
+
+<p>&mdash;Di que me repugna en tus labios, y estar&aacute;s en lo justo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, al fin, siempre ser&aacute; verdad, y conviene que la reconozcas de vez
+en cuando.</p>
+
+<p class="c">*</p>
+
+<p>Y este fue el &uacute;nico tropiezo que hall&oacute; la marquesa de Mont&aacute;lvez aquel
+verano en el ancho, florido y dilatado campo de sus travesuras y
+regocijos de buen tono.</p>
+
+<p>En Par&iacute;s se separ&oacute; de sus dos amigas; hizo una visita a Luz en su
+refugio, y gran acopio en ella de excelentes prop&oacute;sitos de enmienda, que
+se le entibiaron mucho con los aires del amino hacia su casa; y entr&oacute; en
+Madrid, en septiembre, tan tranquila y sosegada como si no hubiera roto
+un plato durante el verano ni en todos los d&iacute;as de su vida.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIa" id="VIIa"></a>VII</h3>
+
+
+<p>Desde aqu&iacute; comienza un per&iacute;odo que fue el m&aacute;s escabroso, si no el m&aacute;s
+largo, de los varios que tuvo la vida mundana de la marquesa de
+Mont&aacute;lvez. Seg&uacute;n ella misma lo declara, tan escabroso fue, que &eacute;l solo
+la dar&iacute;a para un libro entero, si se propusiera referir tan enorme
+cat&aacute;logo de <i>cosas</i>. Pero da por sentado que el p&uacute;blico madrile&ntilde;o conoce
+las m&aacute;s salientes de ellas y presume las restantes; y a esto se atiene
+para considerar ocioso un trabajo m&aacute;s desle&iacute;do, porque valor y
+resoluci&oacute;n la sobran para echar a la calle todas esas barreduras de su
+conciencia.</p>
+
+<p>Yo podr&iacute;a suplir las omisiones, porque me es bien conocida la materia;
+pero esta conducta no ser&iacute;a galante ni acertada, por contravenir a aquel
+prudente acuerdo y caer en el peligro, que tambi&eacute;n teme la marquesa, de
+que resulte plato de est&iacute;mulos insanos lo que debe resultar muy otra
+cosa. At&eacute;ngome, pues, al texto de los <i>Apuntes</i>, confirmaci&oacute;n exact&iacute;sima
+de los rumores de la fama, y aun eso s&oacute;lo he de darlo en extracto para
+llegar cuanto antes a la narraci&oacute;n de otros sucesos harto m&aacute;s dignos de
+la atenci&oacute;n de los lectores.</p>
+
+<p>Se cans&oacute; muy pronto de las fiestas caras y ruidosas que daba en su casa.
+En su temple de <i>jamona fresca</i>, con su aprovechada experiencia, su buen
+gusto y claro ingenio, necesitaba algo de m&aacute;s jugo, de m&aacute;s substancia
+que aquella ins&iacute;pida y continua exposici&oacute;n de mujeres fr&iacute;volas y de
+hombres mentecatos, cargados de perifollos; fiestas en las que, tras de
+costarla un sentido, todos se divert&iacute;an menos ella. En fin, que ech&oacute; la
+gente a la calle y dio por terminadas las reuniones de fausto en sus
+salones.</p>
+
+<p>Para llevar a cabo sus nuevos planes, eligi&oacute; lo que hab&iacute;a de
+aprovechable entre lo arrojado de su casa y lo que conoc&iacute;a de lo de
+fuera; despu&eacute;s autoriz&oacute; a los escogidos para que escogieran a su vez,
+sin pararse en pelillos de linaje: pod&iacute;an espigar en varios campos, en
+todos los que se dieran ingenios bien educados, desde la presidencia del
+Consejo de ministros, hasta el humilde rinc&oacute;n de la obscura gacetilla.
+Que no se reparara en edades ni en estampas: viejos y mozos, altos y
+bajos; todo serv&iacute;a, con tal de no carecer de ingenio ni de desparpajo;
+<i>tup&eacute;</i>, que dicen otros. Para todos habr&iacute;a que hacer all&iacute;.</p>
+
+<p>De mujeres (&eacute;stas eran de elecci&oacute;n suya exclusivamente), pocas y malas;
+quiero decir, de buen pico y mejores tragaderas.</p>
+
+<p>Y as&iacute; se fue haciendo.</p>
+
+<p>Cuando le anunciaban un presentado, preguntaba ella al presentante:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vale?</p>
+
+<p>Respond&iacute;anla que s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues que venga.</p>
+
+<p>Y <i>valer</i>, en aquellas ocasiones, significaba ser cualquier cosa, menos
+hombre indigestamente grave, corto de genio, feo sin gracia, ignorante
+sin osad&iacute;a, gal&aacute;n ruboroso..., y as&iacute; por el estilo; porque all&iacute;, hasta
+el saber macizo y serio hab&iacute;a de derramarse en dosis muy concentradas y
+con mucha sal y pimienta: todo menos la pesadez y la petulancia. Y
+<i>valiendo</i>, todo era l&iacute;cito con tal de estar <i>bien hecho</i>; la groser&iacute;a
+en las formas estaba igualmente proscrita. En el pensamiento, no tanto.</p>
+
+<p>Dicen los que lo conocieron, que <i>aquello</i> tuvo que o&iacute;r... y que ver; y
+lo llamo <i>aquello</i>, porque no s&eacute; qu&eacute; nombre darlo. La marquesa, por
+llamarlo de alg&uacute;n modo, lo llamaba <i>t&eacute;s &iacute;ntimos</i>; pero es lo cierto que
+aunque todas las noches del invierno, ya muy cerca de la madrugada,
+hab&iacute;a ese <i>t&eacute;</i> en su casa, <i>aquello</i> no ten&iacute;a horas fijas ni aspectos
+determinados, y chisporroteaba de mil modos: entre pocos, entre muchos,
+en tertulia plena, con media docena de <i>ellos</i> convidados a comer, o con
+otros tantos al humor de la chimenea a cualquier hora de la tarde. M&aacute;s
+que t&eacute;, era al modo de sierpe de muchas cabezas que alcanzaba con la
+punta de la cola a muchas cosas y a muchas partes..., hasta las casas de
+Leticia y de Sagrario. Porque estas dos criaturas de tan buen est&oacute;mago,
+en cuanto lo cataron en la de la marquesa pidieron el turno
+correspondiente; y no era cosa de que las desairaran aquellos hombres
+tan corteses y campechanos de suyo.</p>
+
+<p>Como en estas reuniones de imponderable confianza se viv&iacute;a en perpetuo
+comercio de malas intenciones, de malicias y de travesuras de lenguaje,
+el natural ingenio de la marquesa adquiri&oacute; gran desarrollo, y su bien
+acreditado humorismo se empap&oacute; en nuevos y m&aacute;s <i>picantes</i> jugos. Lleg&oacute; a
+tener <i>frases felices</i> y a pintarse sola para crucificar en una
+semblanza a un pr&oacute;jimo desventurado, o para hacer en otro marca
+indeleble con un dicho que repet&iacute;a despu&eacute;s <i>todo Madrid</i>. De aquella
+f&aacute;brica salieron tantos y tantos que a&uacute;n contin&uacute;an siendo famosos entre
+las gentes encogolladas, vagabundos de levita y estudiantes
+desaplicados.</p>
+
+<p>Por entonces comenz&oacute; a llam&aacute;rsela <i>la Mont&aacute;lvez</i>, llaneza que acreditaba
+su bien adquirida popularidad, como en otro tiempo la hab&iacute;a acreditado,
+entre la juventud de rechupete, otra llaneza, algo m&aacute;s fina y culta:
+<i>Nica Mont&aacute;lvez</i>. Lo cierto es que Madrid se llen&oacute; de <i>cosas</i> de <i>la
+Mont&aacute;lvez</i>, y que hasta las que rodaban por tertulias y caf&eacute;s sin madre
+conocida, se le atribu&iacute;an a ella. Privilegio de las popularidades bien
+fundadas.</p>
+
+<p>Su casa, por las gentes que la frecuentaban, lleg&oacute; a ser registro exacto
+de los secretos pecaminosos, haza&ntilde;as y picard&iacute;as de <i>todo Madrid</i>: all&iacute;
+se conoc&iacute;a la clave de los misterios, chicos y grandes, de la pol&iacute;tica
+fullera, y el hilo de muchas mara&ntilde;as inexplicables de la Hacienda
+p&uacute;blica; hab&iacute;a palancas para remover obst&aacute;culos que las gentes <i>legas</i>
+conceptuaban irremovibles, y el don de muchos prodigios de fortuna en
+todas las carreras del Estado, que dejan at&oacute;nito y confuso al vulgo
+sencillote.</p>
+
+<p>Los maldicientes que se cre&iacute;an mejor informados, refer&iacute;an de <i>las tres
+Gracias</i> verdaderas enormidades en los corrillos del p&uacute;blico voraz. <i>Las
+tres Gracias</i>, y por a&ntilde;adidura <i>en conserva</i>, eran las tres <i>viudas
+verdes</i>: en una palabra, <i>la Mont&aacute;lvez</i> y sus dos amigas Leticia y
+Sagrario. De cada una de ellas se contaban an&eacute;cdotas que ard&iacute;an;
+caprichos libidinosos que tra&iacute;an su filiaci&oacute;n de la Roma corrompida de
+los C&eacute;sares.</p>
+
+<p>No niega fundamento la Mont&aacute;lvez a estos rumores, pero se sacude
+violentamente de ciertos <i>hechos</i>; y quiere que conste que todos los
+comprobables de aquel calibre pertenecen a Leticia y a Sagrario. La
+misma salvedad hace con respecto a los <i>dichos</i>. De &eacute;stos, unos eran
+referentes a personas y otros a cosas; unos, al modo de dict&aacute;menes;
+otros, al de motes y semblanzas; los hab&iacute;a cruelmente ingeniosos, y los
+hab&iacute;a tambi&eacute;n indecentes. Se atribuye gran parte de los primeros; pero
+rechaza hasta con asco la propiedad de los segundos.</p>
+
+<p>Y la creo, no solamente por el valor con que se acusa de otras cosas
+bien graves, sino porque hab&iacute;a en su naturaleza un componente pudoroso
+que la imped&iacute;a ser grosera: y hasta como pecadora, lo fue sin el aguij&oacute;n
+del apetito; y por eso quiere que se la tache por <i>lujo de pecar</i>, pero
+no por <i>lujosa en el pecado</i>. Lo primero no edifica, seguramente; pero
+tampoco degrada ni corrompe tanto como lo segundo.</p>
+
+<p>Por ese lado se explica tambi&eacute;n que, entre las tres c&oacute;mplices de estas
+fechor&iacute;as, fuera ella la que se cans&oacute; primero, o, mejor dicho, la &uacute;nica
+que se cans&oacute;; porque las otras dos no se cansaron pizca: al contrario,
+deshecha la mancomunidad que sosten&iacute;a a las tres en cierto orden de
+equilibrio, cayeron Sagrario y Leticia, por su propio peso, despe&ntilde;adas
+hasta lo m&aacute;s hondo, aunque cada cual a su manera: Sagrario fue siempre
+la mujer de los caprichos estrepitosos; Leticia el modelo de las
+caprichosas solapadas y de las amigas temibles. Se la atribu&iacute;an hasta
+perfidias de tan mala casta, que rayaban en crueldades. Ser&iacute;an o no
+ser&iacute;an ciertas: la marquesa cree que s&iacute;, porque tuvo grandes y
+especiales motivos para no dudarlo.</p>
+
+<p>Como tampoco duda, antes confirma terminantemente, lo que ya sab&iacute;amos
+por Manolo Casa-Vieja: que era muy avara; pero, seg&uacute;n la marquesa, avara
+de la peor especie: ten&iacute;a el vicio del trapicheo, y media docena de
+<i>comadres</i> negociando de su cuenta, por las casas de vecindad, sus
+vestidos de desecho y hasta los trastos de la cocina. En este bajo
+comercio era tramposa y desleal; y se desviv&iacute;a y aguzaba el ingenio por
+el gusto de robar media peseta a una chula en un dije de similor.
+Cre&iacute;ase que eran muy mal adquiridas muchas cosas de m&eacute;rito que se
+admiraban en su casa, particularmente obras de arte; y maravillaba el
+lujo de rater&iacute;as que se daba por empleado para apoderarse de ellas. &iexcl;Y
+esta mujer ten&iacute;a un caudal enorme y era espl&eacute;ndida en sus gastos! Hay
+muchas almas de alquimia que tienen ro&ntilde;as as&iacute;.</p>
+
+<p>Volviendo a la marquesa, digo que ese azaroso tramo de su vida pecadora
+dur&oacute; seis a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Guzm&aacute;n, que era por entonces un se&ntilde;or bastante gordo y entrecano, pero
+siempre de <i>gran ver</i>, iba poco, muy poco, por la casa de su amiga; y
+cuando iba, era para reprenderla.</p>
+
+<p>&mdash;Te empe&ntilde;as en que te oiga&mdash;la dijo m&aacute;s de una vez&mdash;, y al fin te oir&aacute;.
+Y aunque no llegue a o&iacute;rte, por el rastro que va dejando aqu&iacute; la vida
+que haces, tendr&aacute; que conocerla.</p>
+
+<p>&mdash;Es el &uacute;ltimo estruendo de ella&mdash;respond&iacute;a la pecadora sonriendo&mdash;. No
+lo dudes: estoy prepar&aacute;ndome para ser juiciosa.</p>
+
+<p>De tarde en cuando desaparec&iacute;a por una temporadita para visitar a Luz.
+Dos veces la trajo a Madrid durante aquellos seis a&ntilde;os, pero por muy
+pocos d&iacute;as; y entonces fue su casa un modelo de sosiego y de buen orden.
+Se la presentaba a sus amigas menos temibles, y la llevaba consigo a
+algunos sitios de recreo.</p>
+
+<p>Entre la primera y la segunda venida a Espa&ntilde;a dio Luz un <i>estir&oacute;n</i> que
+sorprendi&oacute; mucho a su madre. La encontr&oacute; hecha una mozuela que <i>se
+sal&iacute;a</i> de sus angostos h&aacute;bitos de colegiala. Se lo hicieron notar
+tambi&eacute;n sus amigas de Madrid; y la dijeron que era un pecado mortal no
+vestirla ya &laquo;de se&ntilde;orita&raquo; y no sacarla del encierro donde no parec&iacute;a
+bien.</p>
+
+<p>La marquesa comprend&iacute;a demasiado que sus amigos ten&iacute;an raz&oacute;n; pero ella
+las ten&iacute;a tambi&eacute;n muy respetables para echar por otros caminos
+diferentes; y por eso llev&oacute; a Luz a Francia otra vez, donde nunca hab&iacute;a
+estado como verdadera colegiala.</p>
+
+<p>Desde este viaje es cuando apareci&oacute; la Mont&aacute;lvez notablemente
+transformada.</p>
+
+<p>Con disculpas bien buscadas, fue disolviendo sus <i>t&eacute;s &iacute;ntimos</i> y sus
+tertulias <i>verdes</i>, y escatimando su asistencia a las de sus amigas. No
+por ello se hizo hura&ntilde;a ni melanc&oacute;lica; pero si muy escogida en las
+personas para el trato continuo, y muy sobria en los recreos de puertas
+afuera.</p>
+
+<p>Rebasaba ya bastante de los cuarenta a&ntilde;os: hab&iacute;a dado de repente el
+<i>baj&oacute;n</i> de que no se libra bicho viviente, por mucho que se emperejile y
+se <i>defienda</i>; y a este fracaso se atribuy&oacute; la retirada, creyendo que la
+Mont&aacute;lvez se apresuraba a dejar el mundo antes que el mundo la dejara a
+ella.</p>
+
+<p>No era cierta la suposici&oacute;n ni bien fundado el motivo. A la marquesa le
+quedaba todav&iacute;a un oto&ntilde;o muy agradable que explotar, si hubiera querido
+apurar las cosechas hasta la vendimia inclusive. Contaba a&uacute;n con muchos,
+con much&iacute;simos golosos; porque m&aacute;s varios que las estaciones de la vida
+son los gustos de los hombres viciosos y desarreglados. Dij&eacute;ranlo, si
+no, sus compa&ntilde;eras de glorias y fatigas mundanas, Sagrario y Leticia:
+m&aacute;s invernizas y deshojadas que ella iban poni&eacute;ndose, miradas a buena
+luz, y a&uacute;n triunfaban y luc&iacute;an y se consideraban a lo mejor del camino,
+so&ntilde;ando, porque volv&iacute;an la espalda al invierno que las espantaba, que
+corr&iacute;an hacia la primavera.</p>
+
+<p>No se fundaba, pues, la resoluci&oacute;n de la Mont&aacute;lvez en aquel fracaso de
+su belleza, aun que coincidi&oacute; con &eacute;l.</p>
+
+<p>Ya se sabe que no estaba formada del peor de los barros posibles; que no
+entraba el vicio como verdadera necesidad en su naturaleza, y que,
+aunque la divert&iacute;a ser viciosa, no la <i>llenaba</i>. Desde que naci&oacute; su
+hija, luchaban en ella dos pasiones que se aborrec&iacute;an como el perro y
+el gato, una buena y otra mala: la de madre escrupulosa y amante, y la
+de mujer de mundo, alegre y despreocupada. Mientras la hija estuvo en
+edad de vivir escondida, la madre pudo entregarse de lleno a sus
+placeres mundanos; pero llegada la hora de traer a Luz a su lado, ten&iacute;a
+que decidirse por el gato o por el perro; y esa hora lleg&oacute;, y la madre
+escrupulosa triunf&oacute; sin lucha de la mujer liviana. Cierto que Luz estuvo
+en el escondrijo dos a&ntilde;os m&aacute;s de lo justo; cierto que el momento de
+decidirse la madre ocurri&oacute; en aquella crisis de su edad y despu&eacute;s de un
+hartazgo de des&oacute;rdenes que bien pudiera tomarse por el hartazgo de
+Marta; cierto es igualmente que en estas <i>coincidencias</i> hay base
+sobrada, tomando las cosas en su primer aspecto, para la suposici&oacute;n de
+las gentes; pero es la pura verdad tambi&eacute;n lo que yo afirmo con el
+testimonio de la marquesa misma, y a esta opini&oacute;n hay que atenerse.</p>
+
+<p>Puede haber quien pregunte: &laquo;Y si el momento de decidirse hubiera
+ocurrido cuando ten&iacute;a la marquesa seis a&ntilde;os menos, &iquest;por cu&aacute;l de las dos
+pasiones se habr&iacute;a decidido?&raquo;</p>
+
+<p>Par&eacute;ceme la pregunta un exceso de curiosidad y un lujo de mala fe; pero
+conste que yo me inclino a lo m&aacute;s favorable para aquella dama, cuyo
+desmedido amor a su hija daba para ello y otro tanto m&aacute;s.</p>
+
+<p>Volviendo a lo que importa y dej&aacute;ndonos de escarbar tan adentro, porque,
+si a eso fu&eacute;ramos, sabe Dios qu&eacute; cosas se hallar&iacute;an en el alma de muchos
+que creen tenerla como los ampos de la nieve, digo que la transformaci&oacute;n
+de la marquesa despu&eacute;s de llevar a Francia por &uacute;ltima vez a su hija fue
+tan de veras, que no se content&oacute; con deshacer sus tertulias y despejar
+la casa de gentes nocivas a la buena moral, sino que, en cuanto la puso
+en orden, se consagr&oacute; a orearla y a limpiarla de todo rastro de
+impurezas. Hasta de sus propios resabios trataba de sacudirse, se le
+figuraba que de sus fechor&iacute;as m&aacute;s recientes le quedaban algunos en el
+estilo, y tem&iacute;a que por aquellas espumas se descubrieran, las pasadas
+tempestades. &iexcl;Mujer m&aacute;s singular!</p>
+
+<p>Estos preparativos duraron cerca de dos a&ntilde;os, y aun con este par&eacute;ntesis
+no se cre&iacute;a bastante alejada de sus &uacute;ltimas locuras para no temer que,
+cuando menos lo pensara, se le prendiera alguna en el vestido.</p>
+
+<p>Durante este tiempo hizo una visita a Luz. &iexcl;C&oacute;mo iba complet&aacute;ndose
+aquella criatura! &iexcl;Con qu&eacute; amor iba la naturaleza formando a la mujer
+sobre la armadura de la ni&ntilde;a!</p>
+
+<p>A Guzm&aacute;n le gustaba mucho ver a la marquesa tan afanada en aquel esmero
+de polic&iacute;a dom&eacute;stica.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te parece bastante?&mdash;sol&iacute;a preguntarle ella.</p>
+
+<p>&mdash;Todav&iacute;a no&mdash;respond&iacute;ala &eacute;l.</p>
+
+<p>Y en eso estaban.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, despu&eacute;s de hacerle ella la misma pregunta, se qued&oacute; Guzm&aacute;n
+pensando mucho la respuesta.</p>
+
+<p>&mdash;Voy sospechando&mdash;le dijo la marquesa&mdash;que nunca te ha de parecer esta
+casa bastante purificada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Porque eres hombre de buen olfato; y mientras est&eacute;s t&uacute; en ella,
+siempre has de hallar tufo de peste. Es el &uacute;nico que anda ya por aqu&iacute;...
+en cuanto t&uacute; vienes.</p>
+
+<p>Sonriose Guzm&aacute;n y respondi&oacute;, poni&eacute;ndose el sombrero para marcharse:</p>
+
+<p>&mdash;Puede que tengas raz&oacute;n... Vete, vete cuanto antes por ella.</p>
+
+<p>Y muy pocos d&iacute;as despu&eacute;s sali&oacute; de Madrid la marquesa para traer de
+Francia a su hija.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIIa" id="VIIIa"></a>VIII</h3>
+
+
+<p>Luz ten&iacute;a diez y ocho a&ntilde;os cuando su madre se decidi&oacute; a sacarla para
+siempre de su escondrijo. A &eacute;sta le remord&iacute;a algo la conciencia, por
+parecerle demasiado larga la prisi&oacute;n; a la prisionera le daba lo mismo
+irse que quedarse, si es que no prefer&iacute;a aquella vida de invernadero en
+que se hab&iacute;a desarrollado, a las intemperies de un mundo que desconoc&iacute;a.</p>
+
+<p>Grandes fueron los temores y sobresaltos de la marquesa, como ya se
+dijo, cuando por primera vez tom&oacute; en sus brazos a su hija; pero fueron
+mucho m&aacute;s grandes al trasponer las puertas de su encierro con ella, ya
+mujer, y mujer que parec&iacute;a modelada en la mente de un escultor
+enamorado. Tan singular era su belleza. De ni&ntilde;a la conocimos recibiendo
+las caricias de Guzm&aacute;n; y tambi&eacute;n sabe el lector, bajo la fe de nuestra
+palabra, que tres a&ntilde;os despu&eacute;s todo hab&iacute;a crecido en ella con prodigioso
+equilibrio: lo f&iacute;sico y lo moral, las perfecciones del cuerpo y las del
+alma. Pues a los diez y ocho era eso mismo, en las debidas proporciones.</p>
+
+<p>Vida de invernadero hemos llamado a la suya, y es la verdad en casi todo
+el rigor de la frase: como lo es tambi&eacute;n que marquesa, atenta s&oacute;lo a
+lograr determinados fines, acert&oacute; sin propon&eacute;rselo, dando a aquella
+excepcional naturaleza el &uacute;nico medio en que pod&iacute;a desenvolverse sin
+deformarse. No a todas las plantas conviene el cultivo al aire libre y a
+cielo abierto. En lo humano, era Luz una de estas plantas. No es de
+extra&ntilde;ar que al salir de su estufa sintiera la impresi&oacute;n de otro
+ambiente m&aacute;s fr&iacute;o, y que esta impresi&oacute;n no le fuera agradable.</p>
+
+<p>Hay que decir algo sobre la realidad envuelta en estos simbolismos de
+jardiner&iacute;a, para que el lector no extrav&iacute;e su juicio sobre el car&aacute;cter
+que debe conocer a fondo entre la hojarasca de las im&aacute;genes. Habl&aacute;bamos
+del mundo al cual iba Luz a salir de pronto y por primera vez, y casi
+aseguraba yo que esta salida no era muy de su gusto, o, cuando menos,
+que no la necesitaba...&mdash;Y, entre par&eacute;ntesis, quiero que valga este
+ejemplo, que es el que hallo m&aacute;s a mano, por otros cien que pudieran
+citarse para pintar el modo de ser de la hija de la marquesa de
+Mont&aacute;lvez en la ocasi&oacute;n de que se trata.&mdash;Por razones que se conocen, la
+hab&iacute;an dicho c&oacute;mo era el mundo que a ella le conven&iacute;a imaginar, no el
+que en realidad le estaba destinado: un mundo que no era bueno, aunque
+no tan malo como el que le ocultaban; pero, al cabo, era un mundo
+pr&aacute;ctico, con sus hombres y sus mujeres, y sus cuestas abajo y sus
+cuestas arriba; el mismo que ella ve&iacute;a por los resquicios de su
+encierro, y en las historias que aprend&iacute;a para instruirse, y en los
+pocos libros de imaginaci&oacute;n que se le daban para entretenerse. Y todo
+esto ser&iacute;a verdad, pero le gustaba muy poco; no porque adoleciera de
+sensibler&iacute;as rom&aacute;nticas, sino por razones bien opuestas: por obra de
+aquel equilibrio prodigioso que exist&iacute;a entre todos los elementos que la
+constitu&iacute;an, de cuerpo y de alma.</p>
+
+<p>En aquel conjunto todo era paz, armon&iacute;a y sosiego, y cab&iacute;a el
+sentimiento de todo; pero no la pasi&oacute;n por nada sin el concurso de un
+agente perturbador que rompiera el equilibrio; el cual agente hab&iacute;a de
+venir de afuera, porque dentro no hab&iacute;a lugar para &eacute;l. En otra criatura
+formada de distinto barro, el cultivo artificial o de invernadero, como
+hemos llamado al de Luz, hubiera producido contrarios efectos, porque en
+lo com&uacute;n de la naturaleza humana, las veladuras sobre los ojos son
+alicientes de los deseos y despertadores de la curiosidad; pero en una
+pasta tan d&uacute;ctil y placentera como la de aquella ni&ntilde;a, el artificio de
+su educaci&oacute;n moral contribuy&oacute; grandemente a la perfecci&oacute;n casi mec&aacute;nica
+de la mujer; mec&aacute;nica en cuanto a la estructura, dig&aacute;moslo as&iacute;, a la
+trabaz&oacute;n de las piezas componentes de su ser moral, no en cuanto a las
+funciones del conjunto, que &eacute;stas ya depend&iacute;an de la pasta fundamental,
+del temple nobil&iacute;simo del alma, obra de un Art&iacute;fice m&aacute;s alto.</p>
+
+<p>Quiero decir, antes que nos extraviemos entre sutiles metaf&iacute;sicas, que
+a&uacute;n me parecen m&aacute;s inextricables que los laberintos de la bot&aacute;nica, que
+Luz, con su equilibrio de agentes &iacute;ntimos, no era un rel&oacute; que <i>andaba
+bien</i>, ni una so&ntilde;adora que beb&iacute;a vinagre y suspiraba por &laquo;el reposo de
+la tumba&raquo;, sino una mujer de carne y hueso, con muy pocas ambiciones y
+muy apaciguados deseos; porque hab&iacute;a en los ojos de su imaginaci&oacute;n unas
+lentes que le presentaban los objetos exteriores con un colorido
+sumamente dulce y a una luz suave y tranquila, como la de un crep&uacute;sculo
+de oto&ntilde;o. Habituada a este modo de ver, no es de extra&ntilde;ar que la
+repugnaran los colores vivos y todo linaje de desentonos y de
+aberraciones, lo mismo en el orden f&iacute;sico que en el orden moral. Y as&iacute;
+era lo cierto. Esto no imped&iacute;a que Luz estuviera dispuesta a tomar lo
+que la dieran; pero, autorizada para elegir, muy pocas veces se
+decidir&iacute;a al gusto de las mujeres de su edad.</p>
+
+<p>Apurando el ejemplo que tenemos entre manos, he de a&ntilde;adir que esto del
+mundo del que tanto se la hablaba y que ella hubiera adivinado aunque
+nada le hubieran dicho, porque la humana naturaleza es una parlanchina
+que todo lo descubre, y, m&aacute;s o menos recio, habla a la imaginaci&oacute;n,
+aunque se la pongan candados en la lengua y se la confine a las
+soledades de un desierto; que esto del mundo, repito, la dio bastante
+que pensar desde que traspuso las fronteras de la ni&ntilde;ez y entr&oacute; con
+paso m&aacute;s firme y con doblados alientos de vida y con mayores fuerzas de
+visi&oacute;n, en los t&eacute;rminos de la juventud.</p>
+
+<p>&iquest;De qu&eacute; la serv&iacute;a, si no todo, la mayor parte del mundo que iba
+columbrando, y adem&aacute;s le descubr&iacute;an en libros y en advertencias de
+palabra?... De maldita de Dios la cosa para las especiales ambiciones
+que la dominaban y las cortas necesidades que sent&iacute;a. S&iacute; a ella la
+hubieran dicho: &laquo;Forma uno a tu gusto y para tu exclusivo recreo, donde
+vivas en cuanto salgas de aqu&iacute;&raquo;, &iexcl;qu&eacute; cosa tan distinta de lo que le
+esperaba hubiera construido!</p>
+
+<p>Por de pronto, nada de multitudes humanas, ni de ruidos inc&oacute;modos, ni de
+hacinamientos de casas formando calles sombr&iacute;as y angostas; nada de
+ceremoniales mentirosos para cultivar amistades que no se necesitan
+entre personas que no se pueden ver; ni de espect&aacute;culos p&uacute;blicos, en los
+cuales se exhiben las gentes embanastadas de medio abajo, y en
+ringleras, como mu&ntilde;ecos de escaparate; nada de sonrisas forzadas, ni de
+saludos maquinales, ni de cors&eacute;s muy apretados; nada, en fin, de ese
+c&uacute;mulo de esclavitudes y de molestias en que viven las gentes &laquo;bien
+educadas&raquo;, cuando se dice de ellas que hacen una <i>vida regalona</i>. Luz se
+hubiera contentado con much&iacute;simo menos: con un pedacito del mundo,
+precisamente de la parte de &eacute;l m&aacute;s desde&ntilde;ada de las gentes mundanas;
+algo as&iacute; como cuadro de primavera campestre: praderas rozagantes,
+copudos robles, matas de rosales, senderos blandos y retorcidos entre
+los &aacute;rboles y los rosales y las praderas; un sol cernido a trav&eacute;s de las
+espesuras; fuertes contrastes de luz y sombra; rumor de brisas en el
+follaje y de aguas fugitivas entre m&aacute;rgenes de madreselvas y laureles
+brav&iacute;os; p&aacute;jaros cantadores, y en lo alto, pero no lejos del r&iacute;o, sobre
+una base de roca blanquecina medio envuelta entre carrascas, hiedras y
+escaramujos, una casita, no como la choza r&uacute;stica y grosera de los
+idilios, no tanto: pod&iacute;a ser un <i>chalet</i> muy c&oacute;modo y muy lindo, hasta
+con su salita de estudio y un buen piano en ella, y un terradillo desde
+el cual se descubriera una gran parte del panorama y se entrara en
+tentaciones de recorrer lo que no se ve&iacute;a...</p>
+
+<p>La segunda vez que se asom&oacute; Luz con los ojos de su imaginaci&oacute;n a esta
+azotea (porque este cuadro primaveral no fue obra de un acaso ni
+contemplado un d&iacute;a solamente), descubri&oacute;, &iexcl;extra&ntilde;o suceso!, al alcance
+perfecto de su vista, junto a un &aacute;rbol de los m&aacute;s pr&oacute;ximos al r&iacute;o, una
+<i>figura</i> que ella no hab&iacute;a puesto all&iacute;. Se atrev&iacute;a a jurarlo. Era la de
+un hombre en lo m&aacute;s verde y lozano de la juventud: gallardo de cuerpo y
+hermoso de cara; poco bigote todav&iacute;a, pero muy negro, como los ojos y
+como el pelo, suelto y abundante; muy bien ataviado, pero no compuesto.</p>
+
+<p>&iquest;Deb&iacute;a Luz borrar aquella figura del cuadro, solamente por no ser obra
+suya? Fueran cuales fuesen su procedencia y su destino, el detalle
+inesperado <i>compon&iacute;a</i> muy bien donde estaba; y <i>componiendo</i> bien, no
+deb&iacute;a borrarse. Adem&aacute;s, aquellos fondos, aunque bellos, eran demasiado
+para una mujer sola. Pod&iacute;a llegar a sentirse all&iacute; hasta el miedo, porque
+la soledad es imponente, por hermosa que sea; y aunque no se llegue al
+miedo, las impresiones recibidas en la contemplaci&oacute;n de lo bello no se
+completan si no son comunicadas con alguien; y hasta se daba el caso
+entonces de que aquel mancebo, por la expresi&oacute;n de su mirada intensa, la
+dulzura de su sonrisa y lo varonil de su persona, parec&iacute;a la
+encarnaci&oacute;n del sentimiento, de la bondad y de la fortaleza; como que
+metida ya Luz de plano en estas fantas&iacute;as hasta se le antoj&oacute; (salvando
+la irreverencia que cre&iacute;a cometer en la comparaci&oacute;n) que el tal mancebo
+pod&iacute;a pasar, donde estaba, por algo as&iacute; como arc&aacute;ngel guardador del
+misterioso para&iacute;so. &iexcl;Si <i>compondr&iacute;a</i> bien la figurita en el punto del
+cuadro en que hab&iacute;a aparecido &laquo;de repente&raquo;!</p>
+
+<p>A la tercera vez que se asom&oacute; Luz a la azotea, tambi&eacute;n vio al mancebo en
+el mismo sitio; pero ya no se contentaba, para dar entretenimiento a sus
+miradas, con el lujo de la naturaleza que le envolv&iacute;a; tambi&eacute;n la miraba
+a ella, a Luz, y aun con mejores ojos que a las bellezas inanimadas del
+para&iacute;so; y como el mancebo era, en opini&oacute;n de Luz, &laquo;el sentimiento de la
+bondad y la fortaleza&raquo;, y hasta &laquo;el arc&aacute;ngel guardador&raquo; de todo aquello,
+que ya era &laquo;de los dos&raquo;, Luz baj&oacute; del terrado, sin miedo y sin
+escr&uacute;pulos, y el mancebo la sali&oacute; al encuentro; y ella apoy&oacute; su brazo en
+el brazo que le present&oacute; &eacute;l, y se fueron juntos por el sendero adelante;
+y mientras andaban as&iacute;, a Luz le parec&iacute;a m&aacute;s radiante la del sol y que
+eran m&aacute;s olorosas las flores y m&aacute;s blandos los senderos; los ruidos m&aacute;s
+armoniosos, el ambiente m&aacute;s saludable y los pajarillos m&aacute;s alegres.
+Despu&eacute;s, en la soledad de su casita, todo lo hallaba m&aacute;s c&oacute;modo y
+risue&ntilde;o; y al poner sus manos sobre el teclado del piano, le arrancaba
+del fondo notas de una vibraci&oacute;n como jam&aacute;s hab&iacute;a arrancado de aquellas
+fibras de acero.</p>
+
+<p>Pues bien: algo as&iacute;, con este cuadro primaveral por base, pod&iacute;a ser la
+vida de una mujer como Luz, si la dijeran: &laquo;Escoge un mundo a tu gusto
+para ti sola, o para los dos a lo sumo&raquo;. No pedir&iacute;a ella otra cosa. Y,
+sin embargo, se guardar&iacute;a muy bien de descubrir estos deseos en medio de
+las realidades de su vida, porque estaba cierta de que hab&iacute;an de ser
+calificados de locura.</p>
+
+<p>Pero, locura o no, so&ntilde;&oacute; largo tiempo con el cuadro, no s&eacute;, ni ella lo
+supo, si despierta o dormida; y de tanto so&ntilde;ar con &eacute;l, lleg&oacute; a salir del
+colegio con grandes dudas de si aquellos fondos de la naturaleza y aquel
+mancebo guardador del para&iacute;so de sus sue&ntilde;os, que tan conocidos le eran
+ya, los hab&iacute;a visto ella en alguna parte.</p>
+
+<p>No s&eacute; si el lector habr&aacute; comprendido bien todo cuanto llevo dicho, o si
+yo no habr&eacute; sabido explicarme, para llegar a conocer el fondo del
+car&aacute;cter de Luz; pero seguro estoy de que, por muy mal que me haya
+salido la tarea, se puede sacar de ella todo lo que se necesita para
+convenir conmigo en que la marquesa de Mont&aacute;lvez no ten&iacute;a motivos para
+alarmarse al presentar en el mundo a su hija, hecha una mujer, por el
+lado de sus pensamientos y naturales inclinaciones. Y no se alarmaba por
+lo tocante a este lado. Pero por el otro, es decir, por el de su
+belleza, &iquest;c&oacute;mo evitar los riesgos que tem&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s daba que ella se
+fuera sola hacia el cenagal, o que el cenagal la buscara a ella, si lo
+importante era que el uno y la otra se pusieran en contacto inmediato?
+Pensar en recluirla de nuevo, ten&iacute;alo hasta por inhumano, adem&aacute;s de
+rid&iacute;culo. Era de necesidad, no solamente &laquo;echarla al mundo&raquo;, sino
+tambi&eacute;n lucirla en &eacute;l. Y en este caso, &iquest;c&oacute;mo impedir que aquella
+gentileza de Venus p&uacute;dica, o mejor dicho, aquella realizada idealidad de
+virgen cristiana, atrajera sobre s&iacute; todas las voracidades de los
+hombres descorazonados y todos los venenos de las mujeres envidiosas, y
+que fuera esta lepra inficionando poco a poco a la inocente? &iquest;C&oacute;mo
+evitar, cuando menos, que con el continuado roce con tantas y tan
+diversas intenciones se destruyera el artificio y quedaran de manifiesto
+a los ojos de Luz las negras realidades que la marquesa le escond&iacute;a
+hasta dentro de su misma casa?</p>
+
+<p>Los temores de la madre no pod&iacute;an ser m&aacute;s fundados; pero hab&iacute;a que
+cerrar los ojos y seguir adelante. Y adelante fue.</p>
+
+<p>Luz hizo su entrada en el mundo con la serenidad de quien nada teme en
+una regi&oacute;n que no le interesa. Todo cuanto iba viendo le parec&iacute;a natural
+y corriente, porque cuando all&iacute; lo pon&iacute;an, all&iacute; deber&iacute;a de estar. Tomaba
+las cosas en el valor que a sus ojos ten&iacute;an, y a ese precio las pagaba;
+y como le sobraba en discreci&oacute;n mucho m&aacute;s de lo que le faltaba en
+experiencia, siempre sal&iacute;a muy airosa en estos tratos de su forzado
+comercio con las frivolidades mundanas.</p>
+
+<p>A m&aacute;s de por hermosa en el grado especial en que lo era, por la historia
+que ten&iacute;a, fue su aparici&oacute;n en los salones mucho m&aacute;s notada que otras
+semejantes: la mordieron las envidiosas con la sa&ntilde;a de las grandes
+ocasiones; la compadecieron a gritos las pecadoras en secreto; los
+hombres la tuvieron quince d&iacute;as <i>sobre el tapete</i> en sus debates
+<i>naturalistas</i>, y los revisteros de salones soltaron toda la trompeter&iacute;a
+m&aacute;s sonora de sus &oacute;rganos, en honra y gloria de la reci&eacute;n llegada al
+&uacute;nico mundo en que, seg&uacute;n ellos, se pod&iacute;a vivir debajo de la luna.
+<i>Alj&oacute;far</i>, que todav&iacute;a cantaba porque a&uacute;n ten&iacute;a est&oacute;mago insaciable que
+se lo exig&iacute;a, enton&oacute; en letras de molde una <i>silva</i> de media vara, en
+que hubo m&aacute;s juegos de luz que en un &laquo;cuadro disolvente&raquo;. Ni de las
+murmuraciones a escondidas ni de las alabanzas en p&uacute;blico, tuvo noticias
+Luz; porque las primeras no se o&iacute;an, y cuid&oacute; mucho su madre de ocultar
+las segundas con el sabio prop&oacute;sito de que desconociera su hija,
+mientras esto fuera posible, aquella mala costumbre de poner a las
+gentes en rid&iacute;culo queriendo hacerlas un favor.</p>
+
+<p>Tomando por pretexto las pocas aficiones de la novicia a los estruendos
+mundanos, la marquesa se guardaba muy bien de empujarla hacia ellos;
+antes, la manten&iacute;a discretamente en sus inclinaciones al sosiego, y
+hasta las explotaba en cuanto la conven&iacute;a para sus fines particulares.</p>
+
+<p>Por ejemplo: Luz segu&iacute;a fuera del colegio las pr&aacute;cticas cristianas a que
+se hab&iacute;a acostumbrado en &eacute;l. Iba a la iglesia a menudo y ten&iacute;a sus rezos
+en casa. Pues a todos estos actos piadosos la acompa&ntilde;aba su madre. Algo
+la mord&iacute;an sus amigas, y con gran donaire se sacud&iacute;a ella de las zumbas;
+pero segu&iacute;a yendo a la iglesia y rezando con su hija, muy a su placer.</p>
+
+<p>Con todo esto y lo que ya se ha dicho en el cap&iacute;tulo precedente sobre
+oreos y desinfecciones, que continuaban en la necesaria medida, la casa
+de la marquesa, sin dejar &eacute;sta de ser la dama de distinguido y ameno
+trato, no era conocida ya. Aquellos profanados interiores de la
+Mont&aacute;lvez hab&iacute;an adquirido el honrado aspecto de un <i>hogar de familia</i>.</p>
+
+<p>Algo retrasadas andaban estas medidas de regeneraci&oacute;n; pero nunca es
+demasiado tarde para abrir a Dios la puerta de casa, despu&eacute;s de haber
+barrido de ella al demonio.</p>
+
+<p>Guzm&aacute;n, que era ya Excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Jos&eacute; Celestino, senador del
+reino, columna del partido conservador, consejero de Estado, embajador
+probable, ministro posible y todo lo que quisiera, si lo quer&iacute;a con gran
+empe&ntilde;o, pasaba la pena negra desde que Luz hab&iacute;a llegado a Madrid.
+Temblaba por ella, y a su lado se hubiera puesto para ampararla de d&iacute;a y
+de noche contra los peligros en que ve&iacute;a el tesoro de candor que se
+encerraba en aquel estuche primoroso; pero no alcanzaban sus derechos a
+donde llegaban sus impulsos. Era harto sabida en Madrid la leyenda de la
+<i>semejanza</i>, con todos sus antecedentes, y hubiera sido una profanaci&oacute;n
+inicua someter aquel &aacute;ngel a nuevas comparaciones y nuevos comentarios
+del p&uacute;blico mordaz. Por eso se cre&iacute;a m&aacute;s obligado a alejarse de ella
+cuanto mayores eran sus deseos de acercarse. La admiraba y la proteg&iacute;a a
+<i>prudente</i> distancia; pero esta prudencia se parec&iacute;a demasiado en sus
+tramites al desv&iacute;o de un extra&ntilde;o, y &eacute;l no pod&iacute;a conformarse con tan
+poco.</p>
+
+<p>Ya sabemos que hab&iacute;a vuelto a frecuentar la casa de la marquesa desde
+que se andaba en ella a escobazos con el diablo. En una de sus visitas,
+estando ya la desterrada joven en Madrid, hall&oacute; a su amiga muy alarmada.
+Luz sab&iacute;a desde muy ni&ntilde;a que su madre era viuda, y de qui&eacute;n lo era y
+desde cu&aacute;ndo; pero en lo que jam&aacute;s hab&iacute;a dado, dio en las primeras
+conversaciones que tuvo con su madre, reci&eacute;n llegadas las dos de
+Francia: en pedirla noticias y pormenores &iacute;ntimos de &laquo;su padre&raquo;.
+&iexcl;Fig&uacute;rese el lector en qu&eacute; aprietos no se ver&iacute;a la aristocr&aacute;tica viuda
+de don Mauricio Ib&aacute;&ntilde;ez para salir limpia y sin manchar a nadie, de aquel
+nuevo lodazal en que la arrojaba de pronto el natural deseo de su hija!
+Sali&oacute; bastante mejor que hubiera salido otra pecadora con menos ingenio
+y serenidad que ella; pero sali&oacute; muy dolorida y alarmada.</p>
+
+<p>Refiri&oacute; el caso a Guzm&aacute;n, muy en voz baja y despu&eacute;s de registrar hasta
+los rincones, temiendo que la oyeran, y tambi&eacute;n culp&oacute; a su amigo de este
+nuevo fruto de su vida de iniquidades y contubernios.</p>
+
+<p>&mdash;No es ya hora&mdash;la dijo Guzm&aacute;n&mdash;de liquidar esas cuentas tan
+envejecidas. Tomemos el caso como una advertencia m&aacute;s del celo que se
+necesita aqu&iacute; para que no descubra Luz lo que jam&aacute;s debe serle conocido,
+y eso nos baste, que no es poco en gracia de Dios. El bien de tu hija
+debe ser el m&oacute;vil de todos tus actos y pensamientos. Yo te ayudar&eacute; con
+los m&iacute;os, en cuanto me sea posible y l&iacute;cito, a la distancia a que me
+hallo de vosotras. Olvido absoluto de todo lo dem&aacute;s..., hasta en sue&ntilde;os,
+si dable nos fuera; y desde este instante no se pronuncie una sola
+palabra entre nosotros que no pueda ser o&iacute;da de Luz sin asombro de su
+ignorancia y de su inocencia; porque fuera caso peregrino que lo que
+tratas de ocultarla entre las desenvolturas de las gentes extra&ntilde;as, se
+lo descubrieran en su propio hogar tus mismas imprudencias.</p>
+
+<p>A la marquesa le pareci&oacute; muy cuerdo el dictamen de Guzm&aacute;n, y desde aquel
+d&iacute;a se acab&oacute; entre ambos el tratamiento llano de sus intimidades; qued&oacute;
+proscrita toda alusi&oacute;n a lo pasado, y no fue en la casa de Luz ni fuera
+de ella el antiguo amante de la hermosa Nica Mont&aacute;lvez, m&aacute;s que un amigo
+muy afectuoso y atento de la ajamonada viuda del arruinado banquero don
+Mauricio Ib&aacute;&ntilde;ez.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IXa" id="IXa"></a>IX</h3>
+
+
+<p>La marquesa hab&iacute;a dicho a su m&eacute;dico que probablemente necesitar&iacute;a tomar,
+durante el verano que se acercaba, algunas aguas sulfurosas y quiz&aacute;s
+tambi&eacute;n algunos ba&ntilde;os de mar; pero &laquo;caserito todo ello, y a lo pobre&raquo;.
+Quer&iacute;a dar a entender que en puntos de poco ruido aristocr&aacute;tico y en
+Espa&ntilde;a. En seguida expuso las razones en que se fundaba para creer de
+necesidad lo que dec&iacute;a (fundamentos que bien pudieran haber sido
+inventados por ella). El amable doctor, despu&eacute;s de escucharla
+atentamente, la respondi&oacute; muy risue&ntilde;o que estaba enteramente conforme
+con su parecer. Entonces a&ntilde;adi&oacute; la marquesa que ella sab&iacute;a de una
+provincia espa&ntilde;ola donde se hallaban ambos remedios, y a muy corta
+distancia el uno del otro.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a esa provincia&mdash;repuso el complaciente m&eacute;dico&mdash;. Tome usted muy
+poco de lo sulfuroso y cuanto pueda resistir de lo del mar; y si Luz no
+tiene miedo a las olas, que se columpie en ellas tambi&eacute;n siempre que le
+d&eacute; la gana, pues hasta en naturalezas tan saludables como la suya
+sientan esos t&oacute;nicos a maravilla.</p>
+
+<p>Y por estas razones, con alguna m&aacute;s que ella conocer&iacute;a, y que bien
+pueden sospecharse sabiendo su nuevo modo de pensar sobre las vanidades
+de su mundo, se hallaba la marquesa de Mont&aacute;lvez con su hija, en el
+rigor de aquel verano, tomando los ba&ntilde;os de mar en una de las playas m&aacute;s
+hermosas, aunque no la m&aacute;s nombrada, de la Pen&iacute;nsula.</p>
+
+<p>Se encontraba muy bien all&iacute;. La concurrencia era abundante, pero no de
+<i>primer lustre</i>. Precisamente lo que la marquesa quer&iacute;a. Gentes de buen
+pelaje: de tierra adentro las m&aacute;s, pero sin llegar a Madrid. Como no
+hab&iacute;a etiquetas, aunque si mucha presunci&oacute;n, entre los ba&ntilde;istas, la
+marquesa viv&iacute;a entre ellos con la mayor holgura, casi en traje
+dom&eacute;stico; y no suprim&iacute;a el casi, porque no se tomara su desali&ntilde;o a
+desd&eacute;n de gran se&ntilde;ora. El aire de la playa, el rumor de las olas, la
+inquietud de la mar, el abrupto perfil de la costa, las puestas del sol
+entre celajes de fuego y sumergi&eacute;ndose el astro y apagando su luz poco a
+poco en lo &uacute;ltimo de aquellas aguas sin fin... Cien veces lo hab&iacute;a
+tenido delante de los ojos en otras playas de Europa, y no lo hab&iacute;a
+visto hasta entonces. &iexcl;Qu&eacute; saludable y qu&eacute; hermoso le parec&iacute;a!</p>
+
+<p>Cre&iacute;an hacerla un gran favor aquellos corteses ba&ntilde;istas cuando la
+invitaban a las fiestas con que entreten&iacute;an los ocios de la temporada; y
+no pod&iacute;an imaginarse hasta qu&eacute; extremo la molestaban poni&eacute;ndola en el
+deber de aceptarlo todo. &iexcl;Fiestas a ella, que ven&iacute;a huyendo de las que
+le hab&iacute;an envejecido el esp&iacute;ritu a lo mejor de la vida!</p>
+
+<p>Pero no se trataba de ella sola: se trataba de Luz, a quien indirecta,
+pero principalmente, iban enderezadas las invitaciones, y era muy justo
+no desairarlas, as&iacute; por la buena intenci&oacute;n de los invitantes, como por
+lo inofensivo de lo brindado. Pod&iacute;a la hermosa novicia hasta saturarse
+de ello sin temor de da&ntilde;o alguno.</p>
+
+<p>Lo peor era que Luz no lo apetec&iacute;a mucho m&aacute;s que su madre. Hab&iacute;an hecho
+que lo tomara casi en aborrecimiento las intemperancias galantes de
+aquellos donceles que la miraban, que la segu&iacute;an y que la requebraban
+implacables, y de aquellas damas que buscaban su trato incesantemente
+para alabarla cuando hablaban con ella, para ponerla defectos las m&aacute;s,
+en cuanto se alejaban un poco, y para imitarla todas, al fin, hasta en
+el modo de andar.</p>
+
+<p>Pero lo que su madre le dec&iacute;a: &laquo;est&aacute;s aqu&iacute;, y en la edad de divertirte,
+y tienes hasta que hacer que te diviertes con lo que aqu&iacute; se divierten
+los dem&aacute;s&raquo;. Y Luz lo aceptaba todo con el mejor de los deseos, y en
+todas partes aparentaba divertirse mucho, aunque en realidad se
+divirtiera muy pocas veces. Sin embargo, tampoco se aburr&iacute;a; y quiero
+que conste este dato para que no se confunda con el melindre indigesto
+lo que era hasta abnegaci&oacute;n de una naturaleza sobria y delicada de
+gustos.</p>
+
+<p>La marquesa, por vecindades en la mesa redonda del hotel en que se
+hospedaba, hab&iacute;a trabado amistad con una se&ntilde;ora de <i>buen aire</i>, la cual
+se&ntilde;ora ten&iacute;a dos hijas muy guapas: la una y las otras eran, adem&aacute;s, muy
+discretas y muy distinguidas de porte. Tampoco eran de Madrid&mdash;condici&oacute;n
+muy del gusto de la marquesa&mdash;; pero sin ser de Madrid se puede ser
+guapo, y hasta listo y elegante. El caso es que si las dos se&ntilde;oras
+<i>simpatizaron</i> entre s&iacute;, las chicas de la una se entendieron con Luz y
+Luz con ellas, como si toda la vida hubieran andado juntas y en paz. En
+muy pocos d&iacute;as lleg&oacute; a haber entre ambas familias toda la intimidad que
+cabe en los tratos de esta especie. La marquesa, particularmente, estaba
+como ni&ntilde;o con zapatos nuevos con la amistad de aquella se&ntilde;ora, que era
+afable sin fingimientos, y buena sin doblez. Nunca se hab&iacute;a visto en
+otra la gran dama; y este sencillo y honrado placer se le deb&iacute;a a la
+mujer de un magistrado cesante. &iexcl;Y ella se hab&iacute;a pasado la vida
+pag&aacute;ndolos a precios exorbitantes en las grandes c&uacute;spides sociales, sin
+adquirir uno solo que no la dejara rastros de amargura y de
+remordimientos!</p>
+
+<p>Luz y sus dos amigas paseaban juntas muy a menudo, juntas se ba&ntilde;aban y
+juntas asist&iacute;an a bailes, jiras y conciertos. Las del magistrado hab&iacute;an
+visto y aprendido m&aacute;s cosas de la vida que ella, y la entreten&iacute;an mucho
+con sus relatos de sucesos (<i>limpios</i>, se entiende) recogidos siguiendo
+a su padre de la Ceca a la Meca, por azares de su destino. Luz, en
+cambio, nada por el estilo pod&iacute;a contarlas; porque hasta de su mundo, al
+cual era reci&eacute;n llegada, sab&iacute;a mucho menos que ellas, aunque s&oacute;lo le
+conoc&iacute;an de o&iacute;das.</p>
+
+<p>Y hablando, hablando, llegaron las confianzas al &uacute;ltimo l&iacute;mite, y
+result&oacute; que la mayor de las dos hermanas estaba ya para casarse, y muy
+enamorada. <i>&Eacute;l</i> era un joven muy guapo, reci&eacute;n graduado de doctor en
+Medicina; rubio, con toda la barba, pero muy recortada, lo mismo que el
+pelo; muy alegre por car&aacute;cter, y muy cari&ntilde;oso: <i>a ella</i> la quer&iacute;a
+<i>atrozmente</i>. A la hora menos pensada se presentar&iacute;a por all&iacute;: se lo
+ten&iacute;a prometido. En la &uacute;ltima carta, que era de Madrid, la anunciaba una
+gran sorpresa. Deb&iacute;a de ser su llegada. Ya ten&iacute;an puesta la casita, muy
+mona, en la mejor de las calles de la ciudad. &Eacute;l era buen m&uacute;sico y algo
+pintor, y ella tocaba regularmente el piano. Hab&iacute;an comprado uno nuevo,
+vertical: como mueble, muy elegante.</p>
+
+<p>Luz o&iacute;a todas estas cosas con gran atenci&oacute;n, y no negaba que el novio de
+su amiga fuera muy guapo, con su barba rubia y su pelo recortado; pero a
+ella le gustaban m&aacute;s los hombres de pelo negro y abundante y con bigote
+solo, y no largo ni muy espeso. Bien estar&iacute;a la casita de los novios;
+pero no tanto c&oacute;mo el chalet que ella ten&iacute;a en lo alto de &laquo;su mundo&raquo;; y
+en cuanto al piano, por superior que fuera, &iquest;a que no sonaba tan bien
+como el suyo, cuando se pon&iacute;a a tocarle despu&eacute;s de dar un paseo por las
+tortuosas veredas de su para&iacute;so, con &laquo;el arc&aacute;ngel&raquo; que se le custodiaba?</p>
+
+<p>Por supuesto que Luz no dec&iacute;a nada de esto a sus amigas, &iexcl;qui&eacute;n se lo
+mandara!, pero lo iba pensando y hasta lo cre&iacute;a. &iquest;Y qu&eacute; mal hab&iacute;a en
+ello?</p>
+
+<p>Aquella noche hab&iacute;a baile en el gran sal&oacute;n que uno de los hoteles ten&iacute;a
+destinado a esa clase de fiestas. Las tres amigas, seguidas a corta
+distancia de las dos madres, se dirig&iacute;an a &eacute;l, algo m&aacute;s peripuestas de
+lo que hab&iacute;an pensado por la ma&ntilde;ana, porque a &uacute;ltima hora se supo que
+acababa de llegar un gran contingente de ba&ntilde;istas de buen humor, que no
+faltar&iacute;an al baile. No era bastante motivo este para emperejilarse m&aacute;s
+las mujeres que asist&iacute;an a otros tales muy bien vestidas; pero la idea
+naci&oacute; de la novia del doctor de barba rubia; y hay motivos para creer
+que tom&oacute; por pretexto la asistencia de gente desconocida al sal&oacute;n, para
+presentarse en &eacute;l bien engalanada, sospechando que su novio le hab&iacute;a de
+dar all&iacute; la anunciada sorpresa. Por lo mismo que ya no bailaba m&aacute;s que
+con &eacute;l, quer&iacute;a, si sus sospechas se realizaban, hacerle en aquella
+ocasi&oacute;n los honores en toda regla.</p>
+
+<p>Y fue verdad que hubo gente nueva en el baile, y bastante, y de muy buen
+porte; y tambi&eacute;n se confirmaron las sospechas de la hija mayor del
+magistrado cesante: all&iacute; se le apareci&oacute; de golpe su novio, tal como ella
+le hab&iacute;a descrito, con la barba y el pelo rubios y recortados, alegre y
+cari&ntilde;oso, a juzgar por las muestras del momento. Comenzaron en seguida
+las presentaciones y los mutuos cumplimientos; tocose luego a bailar, y
+con este motivo la novia se colg&oacute; del brazo que el novio la ofrec&iacute;a y,
+se largaron juntitos por el sal&oacute;n adelante.</p>
+
+<p>Luz (que se excusaba de bailar siempre que pod&iacute;a) estaba sentada
+entonces, y desde su asiento segu&iacute;a con la mirada a los novios,
+asociando, sin poderlo remediar, a algunos pormenores de aquel suceso
+otros detalles semejantes de sus imaginaciones <i>paradisiacas</i>. En aquel
+encuentro y en aquel paseo, &iquest;no hab&iacute;a un extraordinario parecido con los
+encuentros que ella ten&iacute;a y con los paseos que se daba bien a menudo en
+las arboledas de su retiro? Cierto que los fondos eran muy distintos
+entre s&iacute;; pero las figuras... Tambi&eacute;n en las figuras, en las de <i>ellos</i>,
+encontraba grandes diferencias. Este era rubio y poco esbelto, al paso
+que <i>el otro</i>...</p>
+
+<p>Y al llegar aqu&iacute; la candorosa Luz con sus comparaciones mentales, se
+qued&oacute; abismada en el mayor de los asombros... junto a la puerta de
+entrada al sal&oacute;n, en el mismo sitio donde ella ten&iacute;a puesta la mirada,
+casi roz&aacute;ndose con el novio de su amiga, que pasaba por all&iacute; en aquel
+momento, acababa de aparecer... <i>el otro</i>, el mancebo de sus
+imaginaciones; la <i>figura</i> de su cuadro, con su gallard&iacute;a de continente;
+con su pelo negro, suelto y abundante; sus rasgados ojos tan negros como
+el pelo y el sedoso bigote; su boca risue&ntilde;a y su mirar dulce y profundo.
+&iquest;De d&oacute;nde ven&iacute;a? &iquest;A qu&eacute; iba all&iacute;?... No cab&iacute;a duda: ven&iacute;a de su
+para&iacute;so... y en busca de ella. &iquest;De qu&eacute; otra parte pod&iacute;a venir, ni qu&eacute;
+otra cosa, sino a ella, pod&iacute;a buscar en el sal&oacute;n con aquel modo de mirar
+tan <i>suyo</i>?... Ya la hab&iacute;a encontrado. &iexcl;La misma sonrisa de <i>all&aacute;</i>; la
+misma expresi&oacute;n de ansias bien satisfechas, en los ojos; el mismo andar
+que cuando iba hacia la roca blanquecina medio envuelta entre carrascas,
+hiedras y escaramujos! Si Luz hubiera estado entonces sola en su azotea,
+habr&iacute;a bajado de ella en seguida para salirle al encuentro; pero no
+estaba sola, ni en la azotea, y esper&oacute; a que llegara &eacute;l.</p>
+
+<p>Y lleg&oacute;, y la invit&oacute; a bailar; y Luz, sin dudar un solo instante, se
+levant&oacute; de su asiento, enlaz&oacute; su brazo con el brazo que le ofrec&iacute;a el
+mancebo, y se fue con &eacute;l por el sal&oacute;n adelante... &iexcl;Lo mismo que cuando
+se iban por los tortuosos y blandos senderos de su mundo!</p>
+
+<p>No bailaron..., &iexcl;qu&eacute; hab&iacute;an de bailar?</p>
+
+<p>Lo que Luz no recordaba bien era el timbre de la voz de su acompa&ntilde;ante
+de <i>all&aacute;</i>; pero en cuanto oy&oacute; hablar al otro de carne y hueso, exclam&oacute;
+para s&iacute; con nuevo asombro: &laquo;&iexcl;El mismo!&raquo;</p>
+
+<p>Este <i>otro</i> la dijo que hab&iacute;a ido a buscarla all&iacute;, porque una corazonada
+le hab&iacute;a declarado que all&iacute; la encontrar&iacute;a. Luz no se atrevi&oacute; a
+preguntarle d&oacute;nde se hab&iacute;an conocido los dos, ni qu&eacute; era lo que le mov&iacute;a
+a buscarla con tanto empe&ntilde;o; y &eacute;l la enardeci&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s los deseos,
+declarando que la conoc&iacute;a mucho, &iexcl;much&iacute;simo! Jurara que de toda la vida,
+aunque la hab&iacute;a visto muy pocas veces, y s&oacute;lo sab&iacute;a de ella que se
+llamaba Luz.</p>
+
+<p>&iexcl;Y Luz, en cambio, con haberle <i>tratado</i> tanto, ignoraba todav&iacute;a c&oacute;mo se
+llamaba &eacute;l!... Se atrevi&oacute; a pregunt&aacute;rselo.</p>
+
+<p>&mdash;Me llamo &Aacute;ngel&mdash;respondi&oacute; el mozo.</p>
+
+<p>&iexcl;&Aacute;ngel! Por <i>arc&aacute;ngel</i> le hab&iacute;a tomado ella muchas veces al contemplarle
+en su imaginado para&iacute;so guard&aacute;ndole las puertas. &iquest;Qu&eacute; ven&iacute;a a suponer
+esa leve discrepancia de jerarqu&iacute;as? Siempre resultaba el mismo
+&laquo;guardi&aacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Pero &iquest;d&oacute;nde la hab&iacute;a conocido? Eso es lo que ella quer&iacute;a saber para
+acabar de orientarse en aquel laberinto de coincidencias tan de su
+agrado. Y al fin lo supo tambi&eacute;n. &Aacute;ngel la hab&iacute;a visto con admiraci&oacute;n
+desde lejos, entre otros que tambi&eacute;n la admiraban. Por lo que les oy&oacute;
+decir, averigu&oacute; que se llamaba Luz, nada m&aacute;s que Luz. &iquest;Y no era eso
+bastante? No volvi&oacute; a verla en el mundo de la realidad, por m&aacute;s que la
+busc&oacute;; pero se forj&oacute; &eacute;l otro mundo a su capricho, en el cual la ve&iacute;a a
+todas horas; porque aquel mundo era <i>para los dos solos</i>, Y vi&eacute;ndola
+all&iacute; y admir&aacute;ndola sin cesar, le parec&iacute;a que volaba el tiempo que hab&iacute;a
+de correr hasta que la encontrara <i>de veras</i>; porque este encuentro
+hab&iacute;a de ocurrir <i>necesariamente</i>. Lo cre&iacute;a con ciega fe. Dios no
+infunde en el coraz&oacute;n humano sentimientos tan dulces, tan puros y tan
+hondos como los que hab&iacute;a infundido en el suyo, para que se conviertan
+en semillas de negros y dolorosos desencantos. Por eso se hab&iacute;an
+realizado all&iacute; sus esperanzas de encontrarla. El sitio era lo de menos,
+porque en alguno de la tierra hab&iacute;a de ser. Como cre&iacute;a llevar los
+pensamientos en los ojos, y entre estos pensamientos estaba hecha a
+vivir la Luz de sus ilusiones, no se asombr&oacute; de que la Luz de la
+realidad los leyera en las miradas con que la buscaba por el sal&oacute;n, ni
+de que no temiera acercarse a ellos para vivir tambi&eacute;n un rato entre tan
+buenos amigos. Esta era la verdad; y si no se la dec&iacute;a, &iquest;para qu&eacute; hab&iacute;a
+ido &eacute;l all&iacute;?</p>
+
+<p>Lo mismo opinaba Luz. &iquest;De qu&eacute; hab&iacute;a de hablarla a ella aquel hombre sino
+de esas cosas y en aquellos t&eacute;rminos?... Pero &iquest;c&oacute;mo ser&iacute;a el mundo que
+&eacute;l tambi&eacute;n se hab&iacute;a forjado a su capricho? Casi se atrev&iacute;a a jurar que
+era muy semejante a su para&iacute;so. La duda la impacientaba bastante, y se
+decidi&oacute; a salir de ella pregunt&aacute;ndolo.</p>
+
+<p>&mdash;Ese mundo&mdash;respondi&oacute; el mancebo&mdash;se concibe mejor que se pinta, como
+todo lo que se siente por anhelos del alma. Desde luego no es un mundo
+de cal y canto como el que han ido construyendo los hombres para nido
+de sus vanidades dispendiosas y malsanas; es un compuesto de primores de
+la naturaleza en su m&aacute;s dulce reposo: auras de Mayo, rosas, follaje,
+p&aacute;jaros..., &iexcl;qu&eacute; s&eacute; yo!, y, sobre todo ello, y para alumbrarlo,
+vivificarlo y embellecerlo, la Luz de mis ilusiones, del hada de
+aquellos encantados jardines.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Los conozco!&mdash;exclam&oacute; aqu&iacute; la joven sin poderse contener; y a&ntilde;adi&oacute; a
+la pintura, a grandes rasgos, de los jardines del otro, algunos detalles
+de los del suyo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso mismo!&mdash;dijo el pintor idealista; y en el acto pregunt&oacute; a Luz que
+de qu&eacute; los conoc&iacute;a; y Luz tuvo que responder que tambi&eacute;n ella hab&iacute;a
+vivido mucho tiempo en un mundo de aquella traza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sola?&mdash;la interrog&oacute; entonces el confidente, con fogosa vehemencia.</p>
+
+<p>Y a esta pregunta no pudo responder Luz de pronto, porque le dej&oacute; sin
+&aacute;nimos para ello una sensaci&oacute;n que hubiera cre&iacute;do de miedo, a no
+parecerle tan agradable.</p>
+
+<p>&mdash;Sola..., sola no&mdash;lleg&oacute; a decir, bajando los hermosos ojos y con las
+mejillas muy sonrosadas&mdash;: con <i>&eacute;l</i>.</p>
+
+<p>Y de aqu&iacute; no pas&oacute; ya la pobre chica. Verdad es que el otro no porfi&oacute;
+mucho para que pasara, respetando aquellas pudorosas resistencias que lo
+imped&iacute;an.</p>
+
+<p>Ni &iquest;para qu&eacute; pasar? &iquest;No era preferible la elocuente actitud de la
+interrogada, a la m&aacute;s terminante de las frases?</p>
+
+<p>Luz, siguiendo la conversaci&oacute;n y no hallando en su memoria un motivo
+real y verdadero de donde derivar el enlace l&oacute;gico de tantas y tan
+singulares coincidencias, convino con su amigo, al volver &eacute;ste sobre lo
+ya tratado, en que cuando Dios infund&iacute;a ciertos sentimientos en un
+coraz&oacute;n, bien pod&iacute;a infundirlos iguales en otro, si entraba en sus
+designios que ambos corazones se encontraran, por apartados que
+estuvieran, para formar uno solo...</p>
+
+<p>No pod&iacute;a darse mayor conformidad de pensamientos entre Luz y su amigo,
+ni realidad m&aacute;s parecida a la hermosa ilusi&oacute;n forjada en dos cerebros
+juveniles. &iquest;A qu&eacute; pedir m&aacute;s por entonces?</p>
+
+<p>Lo peor era que las gentes se reg&iacute;an all&iacute;, en el sal&oacute;n del baile, por
+leyes muy distintas de las del mundo ideal de los dos enamorados; y era
+ya preciso que ella volviera a sentarse y que se separaran, despu&eacute;s.</p>
+
+<p>Y se separaron, tan pronto como Luz se sent&oacute; donde antes hab&iacute;a estado
+sentada, entre su madre y su amiga sin novio. La que le ten&iacute;a continuaba
+paseando todav&iacute;a con &eacute;l.</p>
+
+<p>Con serle tan conocido a Luz cuanto la rodeaba, todo le parec&iacute;a nuevo,
+por m&aacute;s hermoso: hasta el piano le sonaba mejor. &iexcl;Lo mismo que le
+suced&iacute;a en la casita de la azotea despu&eacute;s de pasear con &eacute;l por las
+veredas blandas y retorcidas de su ed&eacute;n!</p>
+
+<p>&Aacute;ngel, despu&eacute;s de dejarla sentada, hab&iacute;a desaparecido del sal&oacute;n. La
+marquesa, que no le hab&iacute;a perdido de vista un solo momento, deseaba
+saber qui&eacute;n era; y ni se lo pudieron decir sus amigas ni la misma <i>Luz</i>,
+a quienes se lo pregunt&oacute;. <i>Luz</i> s&oacute;lo sab&iacute;a que era <i>&eacute;l</i>, y esto no deb&iacute;a
+respond&eacute;rselo a su madre; la cual, por lo mismo que lo hab&iacute;a sospechado
+por lo que hab&iacute;a visto y lo que estaba observando en el arrobamiento y
+turbaci&oacute;n de su hija, ten&iacute;a mayor empe&ntilde;o en saber algo m&aacute;s; y repiti&oacute; la
+pregunta al novio de la hija de su amiga cuando pas&oacute; cerca de ella.</p>
+
+<p>Seg&uacute;n este declarante, el sujeto en cuesti&oacute;n era madrile&ntilde;o, muy rico,
+abogado por lujo, y se llamaba &Aacute;ngel, &Aacute;ngel S&aacute;nchez, o P&eacute;rez, o
+L&oacute;pez..., un apellido as&iacute;, de los m&aacute;s llanos y corrientes. Sab&iacute;a esto
+porque hab&iacute;an venido juntos desde Madrid, por casualidad. Parec&iacute;ale un
+joven sumamente despejado y discreto..., y no sab&iacute;a otra cosa de &eacute;l, ni
+buena ni mala.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Xa" id="Xa"></a>X</h3>
+
+
+<p>&Aacute;ngel desapareci&oacute; del sal&oacute;n del baile aquella noche, pero no de la
+playa. Al otro d&iacute;a se dej&oacute; ver instalado en el mismo hotel en que viv&iacute;a
+la marquesa. Habl&oacute; con Luz en el comedor y en el jard&iacute;n, y dondequiera
+que le fue posible y le pareci&oacute; l&iacute;cito, y Luz se le present&oacute; a su madre
+a t&iacute;tulo de <i>amigo</i> suyo, como &laquo;<i>el mejor</i> de sus amigos&raquo;. As&iacute; le
+calific&oacute;.</p>
+
+<p>Se necesitaba tener los ojos muy poco avezados a estudiar fisonom&iacute;as,
+escasa luz detr&aacute;s de ellos, menos mundo y demasiada carga de malicias,
+para recibir mal a un presentado de aquel corte; y como a la marquesa le
+sobraban mundo, luces, experiencia, buen gusto y hasta <i>motivos
+especiales</i>, &laquo;el mejor amigo&raquo; de su hija fue recibido por ella muy
+cort&eacute;s y cari&ntilde;osamente.</p>
+
+<p>A los pocos d&iacute;as &Aacute;ngel era tambi&eacute;n &laquo;el mejor amigo de la casa&raquo;, y el
+compa&ntilde;ero inseparable de Luz y sus amigas en corrillos, fiestas y
+paseos. No pod&iacute;an pasar las cosas de otro modo con un car&aacute;cter como el
+del &laquo;guardi&aacute;n del para&iacute;so&raquo; de Luz.</p>
+
+<p>&laquo;Era un conjunto&mdash;escribe la marquesa&mdash;de enterezas y formalidades de
+hombre, de sinceridades de ni&ntilde;o y de entusiasmos de artista, envuelto en
+un cendal de los m&aacute;s nobles y honrados pensamientos; pensamientos que se
+le le&iacute;an, aunque callara, como si su cerebro fuera urna de transparente
+y limpio cristal. Era imposible no franquear todas las puertas de la
+casa a un hu&eacute;sped como aqu&eacute;l, que llevaba todo su caudal de sentimientos
+y de ideas a la vista y sin cerrojos.&raquo;</p>
+
+<p>Ya conoc&iacute;a la madre el g&eacute;nesis novelesco de la <i>amistad</i> de su hija con
+&eacute;l, y hab&iacute;a hecho suma gracia a sus malicias de mujer de larga historia;
+y le conoc&iacute;a porque Luz, que se hab&iacute;a arriesgado a declararla lo m&aacute;s,
+no ten&iacute;a para qu&eacute; ocultarla lo menos. Por cierto que se vio la pobre en
+grandes apuros para pasar con el idilio entre las sonrisas c&aacute;usticas de
+su madre, siguiendo el fant&aacute;stico camino por donde hab&iacute;an llegado las
+cosas al punto en que se hallaban.</p>
+
+<p>Pero, idilio o no, el desenlace era un hecho positivo y de una realidad
+bien simp&aacute;tica para la marquesa, hasta aquellos momentos. En adelante ya
+ver&iacute;a, seg&uacute;n fuera descubri&eacute;ndose lo mucho que a&uacute;n ignoraba. Luz le
+hab&iacute;a presentado el mancebo con su nombre y apellido; pero como &eacute;ste le
+hab&iacute;a sonado poco a fuerza de parecerle vulgar, ya se hab&iacute;a olvidado de
+&eacute;l, hasta por costumbre de llamar al presentado por su nombre de pila,
+que tan bien le cuadraba. Y esto era muy poco saber todav&iacute;a.</p>
+
+<p>Las amigas de Luz y el novio de la mayor, desde la noche del baile se
+beb&iacute;an los vientos olfateando noticias del <i>aparecido</i> en el sal&oacute;n, por
+supuesto que con la mejor de las intenciones; pero nada averiguaban de
+fundamento, aunque por la playa corr&iacute;an ya las versiones m&aacute;s estupendas
+y contradictorias acerca de la procedencia y vicisitudes del novio de
+Luz; que por esto solo, es decir, por ser el novio de la ba&ntilde;ista m&aacute;s
+hermosa y m&aacute;s visible de cuantas por all&iacute; se exhib&iacute;an, ten&iacute;a el triste
+privilegio de atraer sobre s&iacute; todos los rigores de la curiosidad
+desocupada.</p>
+
+<p>Entretanto, <i>&eacute;l</i> y <i>ella</i> hab&iacute;an ido trocando poco a poco las tintas
+ideales de sus alegor&iacute;as, y buscando la comunicaci&oacute;n de sus mutuos
+sentimientos por otros carriles m&aacute;s humanos, aunque menos pintorescos;
+se amaban a la manera de los mortales del mundo sublunar que se aman de
+veras, sin afirmarlo a cada instante, pero sin vacilaciones ni recelos,
+ni ansiedades locas ni exigencias rid&iacute;culas. Luz hallaba menos cargado
+de poes&iacute;a este cuadro de la realidad que el otro de su fantas&iacute;a; pero,
+en cambio, le parec&iacute;a m&aacute;s substancioso, y por ello no se lamentaba del
+trueque. Verdad es que &Aacute;ngel sab&iacute;a mantenerla en tan buena conformidad
+pint&aacute;ndola a menudo, y para lo porvenir, hasta panoramas enteros, que no
+por desenvolverse en el prosaico mundo &laquo;de cal y canto&raquo;, dejaban de ser
+llamativos para la venturosa pareja que hab&iacute;a de habitar en ellos.</p>
+
+<p>Cuando la marquesa comenzaba a echar de menos los pormenores que Luz no
+pod&iacute;a darla sobre la procedencia del &laquo;mejor amigo&raquo; de ambas, se anticip&oacute;
+el interesado mismo, en una ocasi&oacute;n bien elegida, cuando vino muy a
+pelo, a sacarla de su apuro, relat&aacute;ndola con noble, sencilla y hasta
+elegante ingenuidad, su filiaci&oacute;n entera y verdadera.</p>
+
+<p>Esto ocurri&oacute; una tarde, en la intimidad de una conversaci&oacute;n habida en el
+mirador del gabinete de la marquesa entre &eacute;sta, su hija y el relatante,
+al blando rumor de las ondas que ven&iacute;an a morir, deshaci&eacute;ndose en ancha
+faja de espumas, sobre la playa inmediata. He aqu&iacute; la substancia de su
+relato:</p>
+
+<p>&Aacute;ngel era el menor de varios hermanos suyos, a quienes no lleg&oacute; a
+conocer, porque murieron siendo muy ni&ntilde;os. El temor de que tambi&eacute;n &eacute;l se
+muriera, fue causa de que le guardaran sus padres como oro en pa&ntilde;o.
+Cualquier otro en su lugar se hubiera perdido con lo que se hizo con &eacute;l
+por el af&aacute;n de conservarle. A &eacute;l le salv&oacute; su naturaleza, francamente
+refractaria a vivir bajo fanales. Nunca fue ni&ntilde;o mimoso ni asombradizo,
+aunque s&iacute; muy avaro del calor del hogar y de la familia. No lleg&oacute; a
+perdulario, ni con cien leguas; pero rompi&oacute; muchos zapatos jugando en
+las plazuelas con otros camaradas; se descalabr&oacute; bastantes veces, y no
+volv&iacute;a a casa, de retorno de la escuela o del paseo, con la ropa m&aacute;s
+limpia ni m&aacute;s entera que la de cualquier otro muchacho de <i>buenas</i>
+agallas. Lo que nunca hizo fue negar en casa lo que hab&iacute;a hecho en la
+calle, ni quejarse contra nada ni contra nadie por sucesos de que &eacute;l
+solo ten&iacute;a la culpa. Esta sinceridad le vali&oacute; nuevas largas de quien
+ten&iacute;a derecho para atarle corto; pero &eacute;l no las quiso, es decir, no us&oacute;
+de ellas, porque le bastaba con las que ya ten&iacute;a para expansi&oacute;n
+necesaria de las fuerzas de su temperamento. Cumpli&oacute; bastante bien con
+sus deberes escolares. No descoll&oacute; gran cosa entre sus condisc&iacute;pulos de
+primeras y segundas letras, pero tampoco fue de los &uacute;ltimos. Se cre&iacute;a
+muy en su puesto estando donde estaba, y por eso jam&aacute;s tuvo celos de los
+que le preced&iacute;an, ni mir&oacute; con desd&eacute;n a los que iban detr&aacute;s.</p>
+
+<p>Cuando lleg&oacute; el momento de elegir una carrera, hubo grandes porf&iacute;as en
+su casa. Todo parec&iacute;a poco para &eacute;l, y &eacute;l, entretanto, ten&iacute;a bien
+limitadas las ambiciones sobre este particular; no s&oacute;lo porque era cosa
+convenida que no necesitaba la carrera para vivir a expensas de ella,
+sino porque no quer&iacute;a echar sobre su cabeza mayor carga de la que
+pudiera sufrir con desahogo. Fue siempre un enigma indescifrable para &eacute;l
+la convenida claridad de las matem&aacute;ticas. Excusado era enderezarle por
+este camino. Aun suponiendo que hubiera sido capaz (que no lo fue) de
+penetrar los alambicados y abstrusos conceptos de la metaf&iacute;sica,
+reputaba por perfectamente in&uacute;til en la pr&aacute;ctica de la vida toda esa
+jerga filos&oacute;fica que ha tenido siglos enteros en perpetua disputa a la
+mitad del mundo sabio, sin que haya quedado m&aacute;s fruto positivo y
+tangible de tan larga y encarnizada batalla que un rimero de infolios en
+lat&iacute;n, que van royendo poco a poco los ratones y las polillas. No ten&iacute;a
+est&oacute;mago bastante fuerte ni entra&ntilde;as del temple necesario para m&eacute;dico,
+am&eacute;n de que, como carrera de lujo, la de Medicina le parec&iacute;a la menos a
+prop&oacute;sito de todas las carreras. Y as&iacute;, por este sistema de exclusi&oacute;n,
+lleg&oacute; a demostrar a su padre que &eacute;l no pod&iacute;a ser otra cosa que
+jurisconsulto, la carrera en que caben todos, los grandes y los
+peque&ntilde;os, los listos y los tontos, y los que se buscan el t&iacute;tulo como
+puerta para salir a todos los campos de las humanas ambiciones, que no
+eran pocas a la fecha.</p>
+
+<p>Y se hizo abogado en unos cuantos a&ntilde;os de estudiar regularmente y de
+asistir a c&aacute;tedra con bastante puntualidad, sin pedir, por iniciativa
+propia, m&aacute;s vacaciones que las de reglamento, ni perorar en los motines
+universitarios, ni fomentar huelgas ni manifestaciones escolares de
+ninguna especie, aunque obligado a servir de comparsa en las que le
+tocaron en suerte.</p>
+
+<p>Siendo abogado a los veintid&oacute;s a&ntilde;os, ya no supo qu&eacute; hacerse, y por hacer
+algo tuvo serias tentaciones de abrir su correspondiente estudio; pero
+no cay&oacute; en ellas, en primer lugar, porque con los aires de un largo
+viaje que hizo por entonces para acabar de convencerse de que en el
+mundo hay algo m&aacute;s que Madrid y sus afueras (lo cual no quieren creer
+todav&iacute;a algunos madrile&ntilde;os), se le modificaron mucho las ideas sobre el
+bufete de letrado; y, en segundo lugar, porque ya le chisporroteaban en
+la mente ciertos reflejos de otras regiones m&aacute;s altas y serenas que las
+del foro; reflejos que, con el roce y continuo trato de personas
+avezadas a vivir en ellas, llegaron a ser clara luz con la cual
+descubri&oacute; nuevos mundos que le despertaban grandes apetitos en su
+fantas&iacute;a, y en los cuales eran desconocidos los procuradores y el papel
+sellado.</p>
+
+<p>Felizmente, conservaba &Aacute;ngel en toda su pureza la buena pasta de sus
+primeros a&ntilde;os. Continuaba conform&aacute;ndose con lo que en buena ley le
+correspond&iacute;a, y teniendo por precepto de ella el volverse a su puesto,
+muy tranquilo, despu&eacute;s de malogr&aacute;rsele su intento de valer un poco m&aacute;s,
+bien convencido de que no todos los viandantes serv&iacute;an para todos los
+senderos. De otro modo, no hubiera ganado para sustos, contrariedades y
+descalabros; porque el mozo, en este particular, siempre fue curioso y
+decidido.</p>
+
+<p>Antoj&oacute;sele que &laquo;tambi&eacute;n &eacute;l&raquo; era poeta, porque era sensible y ve&iacute;a claro
+en el espacio de las ideas. All&iacute; estaban, y suyas pod&iacute;an ser como de
+cualquier otro. Decidiose, y se apoder&oacute; de unas cuantas que mejor le
+parecieron. Trabajo in&uacute;til. Lo que tan hermoso se le antoj&oacute; disperso y
+revoloteando en los cielos de su fantas&iacute;a, entre manos profanas no era
+m&aacute;s que un pu&ntilde;ado de cosas descoloradas y deformes. Le faltaba el arte
+con que vestirlas para que fueran la expresi&oacute;n exacta de lo concebido en
+la mente, y esto no era ser poeta.</p>
+
+<p>Ya siendo estudiante se hab&iacute;a cre&iacute;do capaz de ser pintor, porque
+<i>sent&iacute;a</i> y amaba a la naturaleza, y tributaba admiraci&oacute;n y hasta
+<i>saboreaba</i> las obras de los grandes maestros. Adem&aacute;s, la herramienta de
+este oficio le parec&iacute;a de mayores recursos y m&aacute;s entretenida que la
+pluma. Otro desenga&ntilde;o. &iexcl;Siempre la idea desfigurada y confusa entre la
+obscuridad de un arte deficiente! La misma dificultad con los colores
+que con las palabras. Cuanto m&aacute;s trabajaba para dar relieve a las formas
+de su pensamiento, m&aacute;s le desvanec&iacute;a y le ahogaba entre la balumba de
+las frases huecas o de los colores resobados. Esto no era ser artista.</p>
+
+<p>Otro en su lugar no se habr&iacute;a dado por vencido en estas luchas, y
+hubiera inundado de coplas y de monigotes a Espa&ntilde;a entera, para
+ofrecernos en cada disgusto un testimonio de que &eacute;l era tan poeta y tan
+pintor como los mejores, o de que si no lo era todav&iacute;a, lo ir&iacute;a siendo
+poco a poco; pero &Aacute;ngel, para honra suya y tranquilidad de los espa&ntilde;oles
+incautos, aprovech&oacute; las ca&iacute;das para estimar el valor de lo que a &eacute;l le
+estaba vedado, y emple&oacute; las fuerzas que otro hubiera gastado en odiar a
+los que eran lo que &eacute;l no pod&iacute;a ser, en admirarlos quieta y
+sosegadamente, porque sab&iacute;an expresar las m&aacute;s altas ideas con los
+procedimientos m&aacute;s sencillos. Y esto era ser poeta y ser artista.</p>
+
+<p>Antes que en pintor, hab&iacute;a querido picar en m&uacute;sico; y en este intento,
+aunque no lleg&oacute; a dominar el arte, sac&oacute; mejores frutos que en los otros:
+ten&iacute;a paciencia, mucha <i>ma&ntilde;a</i> y buen gusto, y el piano era un almac&eacute;n de
+sonidos <i>hechos</i>. De este modo, si no creaba, cuando menos se divert&iacute;a
+extrayendo del dep&oacute;sito las notas, concertadas por el orden que se le
+se&ntilde;alaba en un papel. Lleg&oacute; a ser un regular pianista.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de su fracaso de poeta, qued&aacute;bale el recurso de la prosa, que
+parece ser <i>el prado del concejo</i> para todos los aficionados a retozar
+en los campos acotados de las letras, y aun de las artes, las
+<i>pedestres</i> inclusive. &Aacute;ngel no llevaba a tal extremo sus aprensiones,
+porque esto no cab&iacute;a en un mozo de tan buen sentido; pero muy cerca le
+andaba cuando consideraba el caso desde lejos. Por de pronto, cre&iacute;a que
+sin las trabas del metro y de la rima, el ropaje de la idea era mucho
+m&aacute;s f&aacute;cil de cortar. En la prosa, el arte, si arte se necesitaba para
+manejarla bien, era llanote y campechano; las pruebas abundaban, al
+decir de las gentes, de que en Espa&ntilde;a bastaba querer para convertirse un
+zapatero en <i>literato distinguido</i>; y esto no ser&iacute;a del todo exacto por
+lo tocante a los zapateros; pero pod&iacute;a serlo por lo tocante a &eacute;l, que
+hab&iacute;a cultivado la inteligencia, conoc&iacute;a bastante bien la lengua en que
+pensaba, y hasta sab&iacute;a distinguir los libros escritos con arte de los
+<i>emplantillados</i> por zapateros.</p>
+
+<p>Y se atrevi&oacute; con una novela, cuyo asunto vela <i>bastante claro</i> en su
+cabeza. Cuesti&oacute;n de coger aquellos personajes, decir <i>c&oacute;mo</i> eran, d&oacute;nde
+viv&iacute;an y de qu&eacute; modo; de qu&eacute; pie cojeaba cada uno, y moverlos de ac&aacute;
+para all&aacute;, lo mismo que se mueven las gentes en el mundo, al comp&aacute;s de
+sus necesidades y seg&uacute;n lo pidan sus virtudes o sus pasiones. Nada m&aacute;s
+sencillo ni hacedero. No se lo parecer&iacute;a tanto s&iacute; se tratara en la
+novela de cosas del otro jueves: de laberintos de sucesos, de lances
+inesperados, de sorpresas deslumbradoras y espantables, obra para la
+cual se exige una fuerza inventiva de todos los demonios, y hasta un
+acopio de auxiliares mec&aacute;nicos que no se hallan ni se construyen en los
+talleres de un novelista cualquiera.</p>
+
+<p>La armaz&oacute;n de la novela de &Aacute;ngel era la siguiente: un comerciante muy
+rico ten&iacute;a una mujer muy guapa, la cual mujer era, adem&aacute;s, ligera de
+cascos. De este matrimonio naci&oacute; una hija que lleg&oacute; a ser moza, sin que,
+su madre se recatara de ella todo lo que deb&iacute;a para entregarse a sus
+liviandades, que iban de mal en peor y al cabo llegaron a matar de
+pesadumbre y de verg&uuml;enza al pobre comerciante. A la hija la pretendi&oacute;
+un abogadete poco aprensivo; la pretendida le quiso y lleg&oacute; a casarse
+con &eacute;l; al poco tiempo de casada la galante&oacute; un coronel muy guapo: a
+ella le gustaba mucho el coronel, que era mejor mozo que su marido; y
+porque le gustaba y estaba muy hecha a considerar, en el ejemplo de su
+madre, que el ser mujer casada no impide enamorarse de <i>otro m&aacute;s</i>,
+acept&oacute; los galanteos del coronel, el cual desorej&oacute; en un duelo al
+abogado ofendido, por hab&eacute;rsele quejado &eacute;ste de la ofensa. Cuando se
+cans&oacute; del coronel, am&oacute; a un ingeniero civil, y despu&eacute;s del ingeniero a
+un periodista, y as&iacute; sucesivamente hasta un torero de fama; porque el
+p&uacute;blico llevaba una cuenta minuciosa de todas esas prodigalidades
+amorosas, aunque la pr&oacute;diga pensaba que nadie se las ve&iacute;a. Con este caso
+bien pod&iacute;a darse a entender, sin declararlo con la pluma, que, sin un
+milagro de Dios, de madre mala no puede nacer hija buena, porque aun sin
+contar con lo que influye en las inclinaciones de las segundas el mal
+ejemplo de las primeras, hay quien cree que los vicios se heredan como
+las escr&oacute;fulas y la tisis. Pero la esposa del abogado tuvo tambi&eacute;n una
+hija, y &eacute;sta hija era guapa y parec&iacute;a muy buena. Por de pronto, se hab&iacute;a
+educado de muy distinta manera que su madre: lejos de ella y del ruido
+de los esc&aacute;ndalos. De esta chica se enamoraba un forastero, ignorante
+de todo lo que pasaba y hab&iacute;a pasado en aquella familia; el forastero
+era guapo mozo, muy honrado y sumamente noble y sencillo de car&aacute;cter,
+por todo lo cual la chica llegaba a quererle con todo su coraz&oacute;n... Y
+aqu&iacute; entraba la dificultad que hab&iacute;a sumido al autor en grandes dudas.
+&iquest;Qu&eacute; hac&iacute;a con la pareja de enamorados? &iquest;Conservaba al novio en su
+ignorancia y los casaba, exponi&eacute;ndole por toda su vida a la
+conmiseraci&oacute;n ultrajante del p&uacute;blico, que estaba en autos, cuando no a
+m&aacute;s graves peligros si la cabra tiraba al monte a lo mejor? &iquest;Le enteraba
+de todo? Y en este caso, &iquest;qu&eacute; hac&iacute;a el pobre muchacho despu&eacute;s de poner
+en horrible lucha a su coraz&oacute;n con sus naturales repugnancias?
+&iquest;Renunciaba a la hija, que era buena, por los pecados que hab&iacute;a cometido
+su madre? Y en caso afirmativo, &iquest;disculpaba su resoluci&oacute;n con la verdad?
+procediendo as&iacute;, &iquest;qu&eacute; hacia <i>ella</i>? &iquest;Le culpaba a &eacute;l, o culpaba a su
+madre? &iquest;La mataban el dolor y la verg&uuml;enza, o se resignaba y viv&iacute;a? No
+hab&iacute;a lucha ni vacilaciones en el novio despu&eacute;s de descubrir lo que
+ignoraba, y entraba <i>con todas</i>, porque su amor le cegaba: &iquest;era su
+papel, en este supuesto, m&aacute;s airoso que el de casado en la ignorancia de
+lo que ahora conoc&iacute;a? &iquest;Sal&iacute;a buena su mujer, o sal&iacute;a mala? &iquest;Cu&aacute;l era lo
+m&aacute;s natural, lo m&aacute;s humano, lo verdadero, teniendo en cuenta que su obra
+no hab&iacute;a de ser un libro de <i>tesis</i>, sino la exposici&oacute;n amena de algunos
+sucesos arrancados de la realidad de la vida?</p>
+
+<p>Dejando estas dudas sin aclarar por de pronto, y muy confiado en que la
+fuerza misma de las cosas al tratar de ellas le dar&iacute;a resueltas las
+dificultades, comenz&oacute; a escribir la novela... &iexcl;Otra sorpresa m&aacute;s y un
+nuevo desenga&ntilde;o! Con saberse todo el Diccionario de la Lengua y conocer
+al dedillo personas y lugares, los retratos y pinturas de ellos, m&aacute;s
+que cuadros de color, le resultaban <i>inventarios</i> de escribano. Tambi&eacute;n
+all&iacute; hacia falta el arte, y mucho arte; porque hasta que lo toc&oacute; con las
+manos no pudo convencerse de que lo m&aacute;s sencillo y trivial a la simple
+vista, lo que estamos contemplando a todas horas, porque vivimos entre
+ello, es lo m&aacute;s dif&iacute;cil de pintar en un libro.</p>
+
+<p>Entonces arroj&oacute; la pluma pecadora y se cur&oacute; de toda tentaci&oacute;n de meterla
+en donde no la llamaran; pero, en cambio, fue desde aquel momento un
+devoto, hasta lo m&iacute;stico, del arte en todas sus verdaderas
+manifestaciones, sin temores ni barruntos de que pudiera incurrir jam&aacute;s
+en el feo vicio de profanarle con atrevimientos de <i>aficionado</i>, y con
+la l&iacute;cita vanidad de ser el &uacute;nico espa&ntilde;ol que, pudiendo, no hab&iacute;a
+molestado a la <i>paciencia p&uacute;blica</i> con una sola &laquo;<i>muestra</i> de su
+menguado ingenio&raquo;.</p>
+
+<p>Yo no s&eacute; si parecer&aacute; bien a los lectores de cierta contextura, que un
+mozo como &Aacute;ngel les fuera con aquellas puerilidades y estas ret&oacute;ricas a
+dos se&ntilde;oronas de Madrid que estaban pasando una temporada en una playa
+de ba&ntilde;os, y entretenidas en ver desde el mirador de una fonda c&oacute;mo
+romp&iacute;an las olas del mar, all&iacute; cerca; pero, poni&eacute;ndome en el peor de los
+casos, quiero que consideren aquellos caballeros que de todo se puede
+hablar con se&ntilde;oras, por aburridas que est&eacute;n, hasta del <i>teorema de
+Sturm</i>, que es la materia m&aacute;s desabrida que yo conozco; porque el
+peligro de cansar al pr&oacute;jimo no est&aacute; en lo que se le cuente, sino en el
+modo de cont&aacute;rselo, y puedo certificar que el relato de &Aacute;ngel, por lo
+fresco, por lo natural, ingenuo y desenfadado, fue o&iacute;do por las damas
+sin desperdiciar punto ni coma. Por otra parte, &iquest;de qu&eacute; hab&iacute;a de hablar
+en aquella ocasi&oacute;n un mozo sin historia, a dos mujeres que estaban
+interesadas en conocer hasta su modo de dormir?</p>
+
+<p>&iexcl;Vaya si les iba cautivando la atenci&oacute;n! Ten&iacute;a que leer la cara de la
+marquesa, particularmente cuando el relatante expuso el plan de su
+malograda novela y apunt&oacute; las dudas que le asaltaron en lo m&aacute;s
+interesante. No parec&iacute;a sino que se hab&iacute;a ideado para ella &iexcl;Qu&eacute; demonio
+de chico, por d&oacute;nde hab&iacute;a ido a tomar el punto; y de qu&eacute; manera tan
+f&aacute;cil pod&iacute;a llegar a ser un hecho la ficci&oacute;n aquella, sin haberse
+escrito todav&iacute;a, y a resolverse en su casa, por la marcha fatal de los
+sucesos, la dificultad que no hab&iacute;a acertado a resolver &eacute;l en sus
+especulaciones imaginativas! &iexcl;Tendr&iacute;a que ver eso!</p>
+
+<p>Luz, aunque nada tem&iacute;a por este lado, no por ello se interesaba menos
+que su madre en los relatos de &Aacute;ngel. Ve&iacute;ale entre ellos adelantar
+r&aacute;pidamente en su ya comenzada metamorfosis de ente ideal en hombre vivo
+y efectivo, y no la desilusionaba pizca la realidad que se iba
+descubriendo.</p>
+
+<p>Siguiendo el mozo su historia, dijo que entre sus tentativas de poeta y
+de novelista fue cuando conoci&oacute; a Luz, al salir &eacute;sta un domingo de las
+Calatravas. Se meti&oacute; en el carruaje que la aguardaba en frente, y
+desapareci&oacute; calle abajo. &Aacute;ngel s&oacute;lo tuvo tiempo para admirarla y para
+saber su nombre. Le oy&oacute; pronunciar en un corrillo de desocupados que la
+conoc&iacute;an. Otra vez la vio en un teatro, al cual hab&iacute;a &eacute;l llegado a
+&uacute;ltima hora. Ninguna de las pocas personas a quienes pudo preguntar
+sab&iacute;an qui&eacute;n era. Esto no deb&iacute;a extra&ntilde;ar a la marquesa. Su mundo estaba
+muy lejos del mundo de &Aacute;ngel, y los amigos de &eacute;ste eran muy contados,
+porque muy pocos eran tambi&eacute;n los que se aven&iacute;an a su manera
+<i>provinciana</i> de vivir en la corte.</p>
+
+<p>Y no volvi&oacute; a ver a Luz; pero lejos de borr&aacute;rsele su imagen en la
+memoria, m&aacute;s se ahondaban sus trazos cada d&iacute;a al calor del pensamiento,
+que no se apartaba de ella un solo instante. Lleg&oacute; a creer que en aquel
+se&ntilde;or&iacute;o que el recuerdo de Luz hab&iacute;a hecho de su coraz&oacute;n y de su
+fantas&iacute;a, hab&iacute;a algo de inspiraci&oacute;n sobrehumana. Aceptolo as&iacute;; y con
+ando a esta idea todos los entusiasmos que cab&iacute;an en su alma virgen,
+lleg&oacute; a convertirla en culto fervoroso y apasionado. Esto podr&iacute;a tener
+sus puntas de rom&aacute;ntico y sus lados de inocente; pero as&iacute; era la verdad,
+y verdad muy agradable para &eacute;l. Ten&iacute;a ciega fe en que hab&iacute;a de hallar a
+Luz alg&uacute;n d&iacute;a, y en que, despu&eacute;s de hallada, no hab&iacute;a de desconocerle. Y
+sali&oacute; a buscarla, sin impaciencias, por aquel camino que eligi&oacute; a la
+casualidad. Apenas lleg&oacute;, oy&oacute; hablar de ella y hasta supo cu&aacute;l era su
+linaje. No se desanim&oacute; al conocerle, ni dud&oacute; que aquella Luz de que
+hablaban pudiera ser otra Luz que <i>ella</i>. Y as&iacute; sucedi&oacute;.</p>
+
+<p>Lo dem&aacute;s no ten&iacute;a para qu&eacute; referirlo, porque ya lo sab&iacute;a Luz... y su
+madre tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>A estos informes particular&iacute;simos de su persona a&ntilde;adi&oacute; algunos otros que
+pudieran llamarse <i>de familia</i>.</p>
+
+<p>Su padre era un bendito de Dios, y su madre otra que tal, en el fondo,
+pero algo m&aacute;s &aacute;spera y sombr&iacute;a en las formas. El uno y la otra no viv&iacute;an
+ya sino por &eacute;l y para &eacute;l. No quer&iacute;an que se contagiara de la vida que
+ellos hac&iacute;an, modesta y retirada; les gustaba que fuera m&aacute;s <i>corriente</i>
+y algo mundano, y al mismo tiempo tem&iacute;an verle muy metido en el mundo
+por los peligros que so&ntilde;aban en &eacute;l, particularmente su madre, que era
+demasiado recelosa y aprensiva. &Aacute;ngel procuraba acomodarse a este tira y
+afloja a que quer&iacute;an someterle, y lo consegu&iacute;a sin gran esfuerzo, porque
+ten&iacute;a todo lo suficiente para sus necesidades mundanas, escogiendo entre
+lo mucho l&iacute;cito y honrado que en el mundo hab&iacute;a.</p>
+
+<p>Por aquellos temores, m&aacute;s llevaderos en el padre que en la madre,
+ansiaban los dos porque el hijo tropezara pronto con su <i>media naranja</i>.
+Solamente vi&eacute;ndole casado, y <i>bien</i> casado, se atrever&iacute;an a conceptuarle
+seguro.</p>
+
+<p>Y aqu&iacute; se call&oacute; el relatante, porque ya no ten&iacute;a m&aacute;s que decir, a su
+juicioso entender. Sin embargo, la marquesa echaba de menos un detalle
+de gran monta all&iacute;; detalle que si &Aacute;ngel no le hab&iacute;a omitido, ella le
+hab&iacute;a olvidado ya. En la duda, le pregunt&oacute; con dulc&iacute;sima afabilidad:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo dijo usted&mdash;porque soy muy flaca de memoria para nombres&mdash;que se
+llamaba su padre?</p>
+
+<p>Y &Aacute;ngel, que tampoco se acordaba si lo hab&iacute;a dicho o no, y temiendo en
+este &uacute;ltimo caso que se atribuyera la omisi&oacute;n a un motivo que no cab&iacute;a
+en la nobleza de su alma, acept&oacute; con gusto la f&oacute;rmula que le dio en su
+pregunta la marquesa, para responder cuanto pod&iacute;a venir all&iacute; muy al
+caso, sin que se tomara en mal sentido la respuesta:</p>
+
+<p>&mdash;Santiago N&uacute;&ntilde;ez, antiguo droguero de la calle de la Cruz, y hoy
+dedicado a negocios de pasatiempo, en la calle Imperial, 15, segundo,
+derecha, que es la casa de ustedes, con permiso de mi padre, que no
+desautorizar&aacute; mi ofrecimiento.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIa" id="XIa"></a>XI</h3>
+
+
+<p>Un mozo rico, muy guapo, de alma noble, de claro y bien cultivado
+entendimiento, sin gota de sangre azul en las venas y sin trato ni
+conexiones de ninguna especie con el &laquo;gran mundo&raquo;, era cuanto, puesta a
+so&ntilde;ar, hubiera so&ntilde;ado <i>la Mont&aacute;lvez</i> para novio de su hija. Y este novio
+exist&iacute;a de verdad, y amaba a Luz, y Luz estaba enamorada de &eacute;l.</p>
+
+<p>Hasta aqu&iacute; el asunto iba rodando sobre carriles de seda y oro. Pero
+&Aacute;ngel, el autor de aquella novela nonata, en la cual se hilaba tan
+delgado a prop&oacute;sito de las hijas buenas de madres malas, resultaba, a
+&uacute;ltima hora, pedazo de las entra&ntilde;as de aquel <i>espectro</i> que parec&iacute;a no
+tenerlas para las madres pecadoras, y que la marquesa no pod&iacute;a olvidar,
+con no haberle visto m&aacute;s que una vez; y con este <i>resultando</i> y aquellas
+dudas novelescas del mozo, ya el asunto cambiaba de aspecto y de
+marcha, y hasta cab&iacute;a pensar en que descarrilara, si el diablo se met&iacute;a
+por medio con una de las suyas. Por de pronto, solamente al diablo se le
+pod&iacute;a haber ocurrido la idea de que tantas y tan buenas prendas
+estuvieran reunidas en un hijo de aquel otro demonio, y que este hijo se
+le hubiera metido a ella por las puertas, y hasta en lo m&aacute;s hondo del
+coraz&oacute;n de Luz. &iquest;Por qu&eacute; no le hab&iacute;a parido otra madre m&aacute;s humana? Y
+&iquest;c&oacute;mo se conceb&iacute;a que pudiera nacer tan hermosa rama de tan feo tronco?
+Caprichos de la naturaleza.</p>
+
+<p>A todo esto, la marquesa estaba ya, de vuelta de sus ba&ntilde;os, en su casa
+de Madrid; la cual casa frecuentaba mucho &Aacute;ngel, porque para eso le
+hab&iacute;a sido ofrecida por la amable se&ntilde;ora. &iexcl;Y qu&eacute; bien se acomodaba el
+mozo a aquellos ambientes refinados que tan nuevos eran para &eacute;l! Verdad
+que, fuera del aparato esc&eacute;nico que ya nos es conocido, no hab&iacute;a en las
+costumbres de la casa de Luz la menor singularidad que pudiera
+extra&ntilde;arle ni aturdirle.</p>
+
+<p>La mayor parte de las noches la madre y la hija se las pasaban sin salir
+y eran contad&iacute;simas las personas que las visitaban: se&ntilde;ores mayores, muy
+sosegados y juiciosos, y muy atentos y muy amables con &eacute;l. Algunas
+se&ntilde;oras por el estilo andaban por all&iacute; de vez en cuando, y, m&aacute;s de tarde
+en tarde, dos, como de la edad de la marquesa, jamonas tan de <i>buen ver</i>
+todav&iacute;a como ella. La una era rubia, condesa viuda de Camposeco; pero la
+marquesa siempre la llamaba por su nombre de pila: Sagrario. Gastaba muy
+buen humor, y sol&iacute;a decirle cuchufletas; lo mismo que a los dem&aacute;s. La
+otra, tambi&eacute;n viuda y tambi&eacute;n titulada, aunque por derecho propio,
+marquesa de Espinosa, y tambi&eacute;n llamada por la de Mont&aacute;lvez por su
+nombre de pila, Leticia, era muy distinta de Sagrario: menos
+estrepitosa, m&aacute;s seria y, quiz&aacute;, mejor tipo. Ten&iacute;a unos ojos negros y
+escrutadores que punzaban al mirar, correct&iacute;simas facciones, algo
+morena, y muy esbelta todav&iacute;a. Observaba mucho y hablaba poco; pero esto
+poco resultaba esculpido. Con &eacute;l, con &Aacute;ngel, estaba sumamente amable, y
+cuando no le hallaba hablando con Luz, le llamaba para que se sentara a
+su lado. Le hac&iacute;a muchas preguntas sobre su modo de vivir, sobre el
+origen de su enamoramiento y sobre el de Luz, y parec&iacute;a interesarse
+profundamente por los dos, y con este motivo le daba consejos, y muy
+juiciosos; a veces, hasta le floreaba todo cuanto cab&iacute;a en una se&ntilde;ora
+tan discreta y tan... &uacute;ltimamente mostraba gran empe&ntilde;o en que fuera de
+vez en cuando por su casa. No le pesar&iacute;a. Hab&iacute;a en ella buenos cuadros,
+bronces de m&eacute;rito, encuadernaciones y grabados que merec&iacute;an verse por un
+hombre de tan nobles aficiones y de tan buen gusto como &eacute;l; s&oacute;lo que
+&Aacute;ngel, aunque muy reconocido a tan inmerecidas deferencias, no se
+atrev&iacute;a a abusar de ellas ni juzgaba que deb&iacute;a hacerlo <i>por entonces</i>.
+Tem&iacute;a adquirir nuevos compromisos de sociedad, cuando su trato con la
+marquesa de Mont&aacute;lvez era todo cuanto pod&iacute;a soportar sin trastorno
+considerable del m&eacute;todo de vida que se hacia en su casa. M&aacute;s adelante ya
+ser&iacute;a otra cosa... y hasta conveniente para &eacute;l. &iquest;Qui&eacute;n dudaba que era
+provechosa la amistad bien cultivada de una persona tan distinguida,
+discreta e influyente como aquella se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, o era aprensi&oacute;n suya, o la marquesa de Mont&aacute;lvez no pon&iacute;a tan
+buena cara a estas dos amigas como a otras que tambi&eacute;n la acompa&ntilde;aban a
+ratos; y por si el recelo era fundado, trataba de intimar lo menos que
+pod&iacute;a con ellas, y jam&aacute;s hablaba a la marquesa de las confianzas y
+deferencias con que Leticia le distingu&iacute;a.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n era visita de la marquesa el se&ntilde;or don Jos&eacute; Celestino de Guzm&aacute;n,
+el amigo de su padre... y de &eacute;l, salvas las debidas distancias. &iexcl;Con qu&eacute;
+gusto le vio aparecer all&iacute; una noche! &iquest;Y qui&eacute;n se <i>lo</i> hab&iacute;a contado?
+Porque el se&ntilde;or de Guzm&aacute;n <i>lo</i> sab&iacute;a <i>todo</i>, a juzgar por algunas cosas
+que le dijo entonces, y otras varias que le fue diciendo despu&eacute;s.
+Preguntole una noche, sonriendo, si <i>lo</i> sab&iacute;an en su casa, y &Aacute;ngel le
+dijo que no. Otra vez, y tambi&eacute;n muy risue&ntilde;o, le pregunt&oacute; si cre&iacute;a que
+podr&iacute;a servirle de <i>algo</i>... para allanarle el camino, por ejemplo; y
+&Aacute;ngel, sin detenerse a poner en claro de qu&eacute; camino se trataba,
+apresurose a responder que s&iacute;; pero a su <i>tiempo</i>, si fuera necesario:
+por de pronto, quer&iacute;a ser &eacute;l quien diera la sorpresa a su familia, y
+contaba con que la sorpresa fuera grata.</p>
+
+<p>Con ser Guzm&aacute;n el que menos andaba por all&iacute;, en opini&oacute;n de &Aacute;ngel era el
+mejor recibido de todos los visitantes de la casa, particularmente de
+Luz. &iexcl;C&oacute;mo le quer&iacute;a... y c&oacute;mo la mimaba &eacute;l!... Lo mismo que hija y
+padre. &iexcl;Y qu&eacute; bien le sentaba al se&ntilde;or de Guzm&aacute;n el papel de padre de
+una hija como aquella! &iexcl;Si, por una rara casualidad, hasta se
+parec&iacute;an... y mucho! Seg&uacute;n le refiri&oacute; la marquesa, a Luz la hab&iacute;a
+conocido y tratado &eacute;l desde que era muy ni&ntilde;a. Por eso se quer&iacute;an tanto.
+Lo que era una compasi&oacute;n, a juicio de &Aacute;ngel, que siendo viuda la
+marquesa y soltero su amigo, no hubieran tenido la ocurrencia de
+casarse. Formar&iacute;an una excelente pareja...</p>
+
+<p>Pero &iquest;de d&oacute;nde hab&iacute;an sacado las personas que &Aacute;ngel trataba fuera de
+all&iacute;, que las gentes del &laquo;gran mundo&raquo; eran unas tales y unas cuales? &iquest;De
+d&oacute;nde lo hab&iacute;a sacado su madre, que las ten&iacute;a siempre entre cejas? A
+juzgar por lo que iba observando &eacute;l en aquella muestra, &iquest;qu&eacute; mayor
+llaneza, qu&eacute; mayor afabilidad en el trato, ni qu&eacute; mayor sencillez de
+costumbres? Cuidado que en aquella casa hasta se rezaba bien a menudo.
+Varias veces hab&iacute;a llegado &eacute;l en ocasi&oacute;n de estar la madre y la hija en
+el oratorio; porque hasta oratorio ten&iacute;a la casa de la marquesa de
+Mont&aacute;lvez... &iexcl;Ah!, si las personas mal informadas, si su aprensiva madre
+pudieran ver lo que &eacute;l iba viendo tan despacio y tan desapasionadamente,
+&iexcl;qu&eacute; diversos ser&iacute;an sus juicios sobre aquel delicado particular!</p>
+
+<p>Muchas veces estuvo a punto de hablar con ella de estas cosas; pero
+siempre hab&iacute;a concluido por considerarlo fuera de saz&oacute;n <i>todav&iacute;a</i>. Por
+eso ni su padre ni su madre estaban al tanto de lo que pasaba.
+Sospechaban que <i>hab&iacute;a algo</i>, porque &Aacute;ngel era muy <i>otro</i> de lo que fue,
+por el desarreglo de sus horas, por sus arrobamientos y preocupaciones y
+hasta por el modo de vestir; pero nada m&aacute;s. Ech&aacute;banle saetillas bien
+intencionadas en la mesa y en los ratitos de conversaci&oacute;n que hab&iacute;a a
+menudo entre los tres; pero la buena parte iban con indirectas &iquest;No le
+ve&iacute;an risue&ntilde;o, no le ve&iacute;an gozoso y no estaban siempre hurg&aacute;ndole para
+que saliera en busca de su <i>media naranja</i>? Pues si de estar busc&aacute;ndola
+ya se trataba, como ellos iban sospechando, y le ve&iacute;an l&uacute;cido, sano y
+contento, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s necesitaban saber por de pronto? Ya se andar&iacute;a lo que
+faltaba por andar; ya les dar&iacute;a la sorpresa de las sorpresas cuando
+fuera la hora de d&aacute;rsela...</p>
+
+<p>Pero &iquest;por qu&eacute; lado la tomar&iacute;an entonces? Estaba seguro de haber o&iacute;do
+hablar m&aacute;s de una vez en su casa de la marquesa de Mont&aacute;lvez, no
+recordaba si para bien o si para mal, ni con qu&eacute; motivo, porque no se
+fijaba nunca en el tema de las conversaciones que no le interesaban
+probablemente ser&iacute;a para mal, porque, para bien, jam&aacute;s tomaba en boca su
+madre el nombre de ninguna se&ntilde;orona. Man&iacute;as sin importancia de la pobre
+mujer.</p>
+
+<p>Entretanto, que continuara aquella casi muda porf&iacute;a que aguzaba los
+apetitos de la curiosidad de los cari&ntilde;osos viejos con lima de mayores
+dientes cada d&iacute;a (y ya duraba cerca de cuatro meses la labor
+destructora), y que le dejaran apurar hasta la &uacute;ltima gota de la miel de
+sus amores castos, la cual le brindaba nuevas dulzuras a cada momento.</p>
+
+<p>Porque &Aacute;ngel, artista de coraz&oacute;n y con el pecho atestado de impresiones
+v&iacute;rgenes y profundas, estaba maravillado de ver c&oacute;mo aquella flor
+pur&iacute;sima iba desplegando sus hojas al calor del nuevo sol, y absorbiendo
+con avidez la luz y el ambiente del desconocido mundo, a medida que se
+ensanchaba y crec&iacute;a sobre su tallo oscilante.</p>
+
+<p>Estas met&aacute;foras eran de &Aacute;ngel. Luz era la flor; el amor de &Aacute;ngel, es
+decir, &Aacute;ngel entero y verdadero, el sol que la esponjaba; y el ambiente
+y la luz, los cuadros de humana realidad con que &eacute;l iba despertando a la
+c&aacute;ndida so&ntilde;adora de para&iacute;sos aleg&oacute;ricos.</p>
+
+<p>Ya hab&iacute;an concluido entre los dos los temas de aquel colorido
+fant&aacute;stico: se hab&iacute;an bajado a la tierra de los mortales; y era de
+admirar el relieve y la vida que hab&iacute;a adquirido la belleza de Luz con
+este cambio de residencia y de clima. Hasta se sonre&iacute;a cuando &Aacute;ngel
+evocaba aquellas im&aacute;genes id&iacute;licas para compararlas con las realidades
+presentes.</p>
+
+<p>&mdash;Y has de concluir por borrarlas de tu memoria&mdash;la dijo una vez el
+entusiasmado mozo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso no!&mdash;respondi&oacute; Luz con gran vehemencia&mdash;. &iexcl;C&oacute;mo he de olvidar yo
+que <i>por all&iacute; vinimos</i>?</p>
+
+<p>Y &Aacute;ngel no acert&oacute; a responder con palabras, ni se atrevi&oacute; a sustituirlas
+con el &uacute;nico medio, sobrado terrenal, que se le ocurr&iacute;a, de beberse la
+respuesta de Luz para refrescar sus ideas.</p>
+
+<p>As&iacute; fueron corriendo estos tr&aacute;mites, que parec&iacute;an no tener fin, porque
+en un alma como la de Luz siempre hallan tesoros nuevos corazones tan
+honrados y tan novicios como el de &Aacute;ngel; pero si no se columbraba el
+fin, hab&iacute;a que salir a buscarle; y &Aacute;ngel dio los primeros pasos con esos
+rumbos, bien resuelto a no detenerse en el camino. Lo que &eacute;l entend&iacute;a
+por su deber, que acaso fuera una necesidad mal comprendida, le impon&iacute;a
+esta resoluci&oacute;n.</p>
+
+<p>Luz no se desorient&oacute; tampoco en el nuevo terreno a que la llev&oacute; la
+consulta de &Aacute;ngel. No llegaba su inocencia al extremo de ignorar a d&oacute;nde
+se iba por donde ellos andaban con un mismo impulso y una sola
+voluntad. &iquest;Pensaba &eacute;l que ya era hora de poner fin a aquella placentera
+jornada de su viaje y de emprender otra nueva y m&aacute;s agradable todav&iacute;a?
+Pues bien pensado estar&iacute;a. Todo era cre&iacute;ble para Luz, menos que &Aacute;ngel y
+ella no fueran una misma cosa, con un mismo coraz&oacute;n y un mismo
+pensamiento; que lo que les estaba pasando a los dos no fuera lo que
+deb&iacute;a pasar, ni que hubiera en el mundo suceso ni contrariedad
+destinados a impedirlo. &iquest;Qui&eacute;n, ni qu&eacute; se resiste contra el ambiente que
+se respira y el sol que alumbra? Pues como el sol y el ambiente eran
+para ella la vida y el amor de &Aacute;ngel: elementos naturales y necesarios
+de su propia existencia.</p>
+
+<p>Y esto se lo contaba ella a &eacute;l a su modo; pero tan sencilla y
+desembarazadamente como si el ocult&aacute;rselo le fuera tan imposible como
+dejar de verle cuando le estaba mirando. Con lo que &Aacute;ngel acab&oacute; de
+perder los estribos, y se fue poco despu&eacute;s, despidi&eacute;ndose con desusado
+acento &laquo;hasta ma&ntilde;ana&raquo;, dej&aacute;ndola el coraz&oacute;n entero en una frase, y
+llev&aacute;ndose la energ&iacute;a de los grandes h&eacute;roes en un prop&oacute;sito.</p>
+
+<p>Reci&eacute;n llegada Luz de su expedici&oacute;n de verano, se hab&iacute;a hecho retratar a
+gusto de &Aacute;ngel: de cuerpo entero y con un vestido de falda bien plegada,
+sin pabellones, frunces ni embutidos en ninguna parte; la ca&iacute;da natural
+de los pa&ntilde;os, y el cuerpo ajustado y descubierto; la cabeza sin m&aacute;s
+adorno que una flor, y el pelo sin artificios piramidales, ni gre&ntilde;as de
+est&uacute;pido ganap&aacute;n sobre la hermosa frente; la actitud sencilla y la
+mirada fija en <i>&eacute;l</i>. Esto le pareci&oacute; un poco dif&iacute;cil de conseguir a Luz
+no estando presente &Aacute;ngel; pero &Aacute;ngel, que ya contaba con la dificultad,
+ten&iacute;a bien estudiado el modo de vencerla, y de vencerla al tenor de sus
+deseos. &laquo;Para retratarte as&iacute;, la encarg&oacute;, vu&eacute;lvete con la imaginaci&oacute;n a
+tu para&iacute;so, y m&iacute;rame desde la azotea de tu <i>chalet</i>&raquo;. Y eso hizo Luz, de
+muy buena gana; y por eso result&oacute; su cara en el retrato con la expresi&oacute;n
+de la de una virgen ideal de las Catacumbas, en sus arrobamientos
+celestiales.</p>
+
+<p>&Aacute;ngel llevaba siempre consigo y sobre el coraz&oacute;n un retrato de estos; y
+en contemplarle en la soledad de su cuarto se le iban las horas muertas:
+de modo que, con las que invert&iacute;a en conversar con el original, casi se
+le pasaba el d&iacute;a sin separarse de Luz... y la noche tambi&eacute;n, porque en
+cuanto se dorm&iacute;a el bendito de Dios, ya estaba so&ntilde;ando con ella.</p>
+
+<p>Pues bien; en la virtud de este retrato confiaba grandemente el hijo de
+don Santiago N&uacute;&ntilde;ez para facilitar sus primeras exploraciones en el &aacute;nimo
+de su madre.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIIa" id="XIIa"></a>XII</h3>
+
+
+<p>Sobre este apreciable matrimonio apenas se ve&iacute;a la huella del tiempo
+corrido desde que el lector le conoci&oacute;, con motivo de una visita que le
+hizo la marquesa de Mont&aacute;lvez. Un poco m&aacute;s enjuto y encanecido don
+Santiago, y menos entregada a su vicio calcetero la indestructible y
+petrificada do&ntilde;a Ramona. En todo lo restante, lo mismo que siempre: los
+mismos entretenimientos, las mismas costumbres y hasta los mismos
+muebles en el despacho del antiguo droguero... y las mismas alternativas
+reum&aacute;ticas, aunque algo m&aacute;s acentuadas de gotosas cada vez, en la misma
+simp&aacute;tica persona; en el cual despacho acababan de desayunarse marido y
+mujer en el momento en que vuelvo a poner al lector en su presencia.</p>
+
+<p>La noche antes hab&iacute;a llegado &Aacute;ngel a casa m&aacute;s desasosegado y distra&iacute;do
+que de costumbre: cen&oacute; poco, habl&oacute; menos y sin venir al caso; tan pronto
+sonre&iacute;a como se le nublaba el gesto y se estremec&iacute;a todo... Y as&iacute; se fue
+a la cama.</p>
+
+<p>De eso estaban hablando cabalmente su padre y su madre todav&iacute;a, cuando
+se les present&oacute; &Aacute;ngel muy risue&ntilde;o, pero no muy tranquilo, a juzgar por
+ciertas se&ntilde;ales. El tal mozo era la alegr&iacute;a de la casa, y no hay para
+qu&eacute; decir c&oacute;mo fue recibida all&iacute; su sonrisa, despu&eacute;s de los extra&ntilde;os
+celajes de la noche anterior. Pero extra&ntilde;a era tambi&eacute;n, en las
+costumbres dom&eacute;sticas de &Aacute;ngel, la visita al despacho de su padre a
+aquellas horas; y en ello convinieron don Santiago y su mujer con una
+mirada que cambiaron entre los dos, y que al propio tiempo quer&iacute;a decir:
+&laquo;&iquest;qu&eacute; diablos le pasar&aacute; a este chico?&raquo;</p>
+
+<p>Y el chico comenz&oacute; a dar cuenta de lo que le pasaba, poniendo en manos
+de su madre despu&eacute;s de estamparla un beso en la frente, como lo ten&iacute;a
+por costumbre, y de recibir otro en cada mejilla, el retrato de Luz.</p>
+
+<p>&mdash;Vea usted eso&mdash;dijo con voz temblorosa y sonriendo al entreg&aacute;rselo.</p>
+
+<p>La Esfinge tom&oacute; la tarjeta, p&uacute;sola a conveniente luz, y clav&oacute; en el
+retrato la vista a trav&eacute;s de sus anteojos, con una fijeza tan
+inalterable y dura, que &Aacute;ngel hubiera jurado que le hac&iacute;a da&ntilde;o en el
+pecho y que por eso lat&iacute;a su coraz&oacute;n tan desacompasadamente.</p>
+
+<p>Don Santiago, vencido por la impaciencia, levantose del sill&oacute;n, y por
+encima del hombro de su mujer se puso a contemplar tambi&eacute;n el retrato. Y
+as&iacute; se estuvieron un par de minutos sin decir palabra: la Esfinge, con
+su ce&ntilde;o indescifrable; su marido, con la boca desplegada y los ojos muy
+abiertos, y &Aacute;ngel mirando al uno y a la otra, tembl&aacute;ndole las piernas y
+con el coraz&oacute;n dale que dale.</p>
+
+<p>Al fin se movi&oacute; do&ntilde;a Ramona para alejar un poco m&aacute;s la fotograf&iacute;a; y,
+sin dejar de contemplarla, exclam&oacute; con un entusiasmo que no era de
+esperar en ella:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o, qu&eacute; criatura m&aacute;s angelical!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;De verdad es primorosa!&mdash;dijo don Santiago cogiendo la tarjeta y
+acerc&aacute;ndose al balc&oacute;n para examinar el retrato m&aacute;s a su gusto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y qu&eacute; humildemente vestida y peinada est&aacute;!&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la Esfinge al
+soltar de su mano la tarjeta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y qu&eacute; dulzura de semblante y qu&eacute; mirar de Ni&ntilde;o-Dios!&mdash;dijo don
+Santiago desde el hueco donde estaba embutido ya.</p>
+
+<p>&Aacute;ngel sinti&oacute; en su pecho cuatro porrazos seguidos y tremendos, uno por
+cada exclamaci&oacute;n, que le retumbaron en la cabeza. Pero aquellos golpes
+no le dol&iacute;an ni le incomodaban.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente&mdash;dijo en seguida su madre, mirando al extasiado mozo, y como
+si respondiera a las palabras de &eacute;l cuando la entreg&oacute; el retrato&mdash;; y
+&iquest;qu&eacute; significa... <i>esto</i>?</p>
+
+<p>Entonces &Aacute;ngel se sent&oacute; a su lado; y con muchas zalamer&iacute;as, convirtiendo
+con gracia y con habilidad el tema de la <i>media naranja</i>, tan repetido
+en su casa, en disculpa y germen de todo lo sucedido despu&eacute;s, comenz&oacute; la
+historia de ello; pero desde muy atr&aacute;s: desde el punto y hora en que
+conoci&oacute; a Luz a la puerta de las Calatravas, call&aacute;ndose discretamente
+apellidos y seriales para que no saliera lo tapado antes del momento en
+que deb&iacute;a salir.</p>
+
+<p>Ya estaban los padres de &Aacute;ngel enterados de casi todo lo que deseaban
+saber: por qu&eacute; trasnochaba; por qu&eacute; se vest&iacute;a con tanto esmero; por qu&eacute;
+andaba como desva&iacute;do a veces, y a veces hecho un cascabel, y hasta
+sab&iacute;an por qu&eacute; hab&iacute;a llegado a casa la noche antes tan atolondrado y
+nervioso. Y no s&oacute;lo lo sab&iacute;an, sino que lo aprobaron y aun lo
+aplaudieron.</p>
+
+<p>Corriente; pero &iquest;a qu&eacute; puertas hab&iacute;a ido a llamar &Aacute;ngel? &iquest;Qui&eacute;n era
+ella?</p>
+
+<p>Y &Aacute;ngel, que no ten&iacute;a motivos racionales para callarlo ya, lo dijo hasta
+con entusiasmo.</p>
+
+<p>La Esfinge dej&oacute; caer de sus manos la media que hab&iacute;a cogido para
+entretenerse mientras hablaba &Aacute;ngel, y don Santiago, que, aunque, vuelto
+a su sill&oacute;n, todav&iacute;a lanzaba ojeadas al retrato de Luz colocado sobre la
+mesa, volvi&oacute; la mirada, mirada de angustia y desconsuelo, hacia su
+mujer, cuyo rostro daba fr&iacute;o, pero fr&iacute;o de tumbas y de subterr&aacute;neos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hijo m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute; llev&aacute;ndose las manos de esqueleto entrelazadas
+hasta cerca de su boca&mdash;, si lo que nos has descubierto es la verdad; si
+la quieres como nos aseguras, m&aacute;s te valiera no haber nacido; y ya que
+naciste, m&aacute;s nos valiera a todos que te hubieras muerto sin penas, a la
+edad en que se llev&oacute; Dios a tus hermanos.</p>
+
+<p>&Aacute;ngel pens&oacute; entonces que la luz del sol se apagaba para &eacute;l, y que la
+tierra se hund&iacute;a bajo sus plantas. Contaba con que su madre hab&iacute;a de
+poner tachas a Luz tan pronto como conociera de qu&eacute; tronco proced&iacute;a,
+porque las tachas de este linaje eran la man&iacute;a de la obcecada se&ntilde;ora;
+pero en aquellas palabras, en aquella actitud, en la angustia bien
+visible de su padre, hab&iacute;a mucho m&aacute;s que un resabio que se vence con la
+reflexi&oacute;n y la fuerza del cari&ntilde;o: hab&iacute;a escollos infranqueables, simas
+negras en que ya se vela precipitado el pobre chico con la carga
+dulc&iacute;sima de sus primaverales ilusiones. El instinto de la vida, porque
+lo contrario era su muerte, le dio alientos para asomar los ojos al
+abismo y medir con la mirada su verdadera profundidad. Pidi&oacute; a su madre
+la raz&oacute;n de sus palabras, tan pre&ntilde;adas de obst&aacute;culos desconocidos para
+&eacute;l, y su madre, m&aacute;s justiciera que compasiva, ahond&oacute; el abismo clavando
+a la marquesa de Mont&aacute;lvez en la picota de su indignaci&oacute;n y
+acribill&aacute;ndola all&iacute; con una granizada de crueles vituperios.</p>
+
+<p>Qued&aacute;bale al hijo el pobre recurso de atenuar la gravedad de los cargos
+con la supuesta propensi&oacute;n de su madre a pensar mal de ciertas se&ntilde;oras,
+y eso trat&oacute; de hacer; y como tambi&eacute;n contaba con el amparo de su padre,
+a &eacute;l volvi&oacute; los ojos suplicantes, mientras hablaba lo poco que se le
+ocurr&iacute;a.</p>
+
+<p>Y el padre, aunque no estaba menos angustiado que su hijo, tambi&eacute;n tuvo
+una nueva puerta que cerrarle y un nuevo clavo que hundir en su coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No, no es eso que tu crees, hijo m&iacute;o. &iexcl;Ojal&aacute; lo fuera! Tu madre,
+desgraciadamente, no habla ahora sin muy graves fundamentos. Yo no ir&eacute;,
+sin embargo, en ciertas cosas, tan lejos como va ella; pero estamos
+enteramente conformes en cuanto a lo principal, que es muy grave; tanto,
+que necesitas conocerlo, y lo vas a conocer sin tardanza, por mucho que
+te duela o&iacute;rlo y a m&iacute; me aflija el cont&aacute;rtelo.</p>
+
+<p>Y aqu&iacute; comenz&oacute; el buen hombre a referir cosas que dejaban espantado al
+pobre mozo, no s&oacute;lo por lo que de espantable llevaban las cosas en s&iacute;
+mismas, sino tambi&eacute;n por o&iacute;rlo de unos labios de los cuales hab&iacute;a
+esperado &eacute;l, no heridas nuevas, sino b&aacute;lsamo para curar las que le
+hab&iacute;an hecho las palabras de su madre.</p>
+
+<p>&mdash;Pero esas noticias&mdash;dijo con voz poco segura &Aacute;ngel, resuelto a
+defender uno a uno todos los portillos de su arruinada fortaleza&mdash;,
+pueden ser inexactas..., lo ser&aacute;n indudablemente. Yo s&eacute; c&oacute;mo se vive en
+casa de esa se&ntilde;ora: all&iacute; no hay rasgos ni vestigios de esas enormidades
+que usted me ha referido; se hace una vida sosegada y met&oacute;dica, una
+verdadera vida de familia..., se reza.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;clam&oacute; entonces la voz l&uacute;gubre de la Esfinge&mdash;: tambi&eacute;n el diablo,
+harto de carne, se meti&oacute; a fraile; pero diablo fue siempre.</p>
+
+<p>&mdash;Se rezar&aacute;, no lo dudo&mdash;dijo don Santiago interrumpiendo a su mujer&mdash;,
+y se har&aacute; la vida ejemplar que t&uacute; has visto, hijo m&iacute;o; pero lo hecho,
+hecho est&aacute;, y la obra del demonio a la vista queda para esc&aacute;ndalo de las
+gentes honradas, aunque la pecadora se vuelva a Dios cuando ya no sirve
+para el mundo. Con todo, enti&eacute;ndelo bien, yo no te culpo ni te acrimino:
+eres mozo sin experiencia, y te enamoraste a los primeros pasos que
+diste fuera de tu hogar: no es extra&ntilde;o que hayas sido y todav&iacute;a seas
+ciego y sordo, y que no veas ni oigas lo que tanto suena y has tenido
+delante de los ojos. Yo tambi&eacute;n dud&eacute; al principio, porque conoc&iacute;a a esa
+se&ntilde;ora..., la conoc&iacute; aqu&iacute; mismo, ah&iacute; donde est&aacute;s t&uacute; sentado; y aunque la
+vi derrochadora, no la cre&iacute; capaz de otros pecados m&aacute;s feos. Tuve varios
+negocios con ella, y &eacute;stos me obligaron a visitarla en su casa muchas
+veces; y en su casa andaba una v&iacute;bora de las que muerden el seno que las
+ha dado calor: un mayordomo que, seg&uacute;n informes que despu&eacute;s adquir&iacute;,
+hab&iacute;a perdido la confianza de su se&ntilde;ora, con grandes motivos para ello.
+Este mayordomo, nada conforme con que la marquesa tratara directamente
+conmigo negocios que antes arreglaba &eacute;l a su gusto con usureros, para
+estafarla entre todos, fingiendo llorarme l&aacute;stimas de ella como para
+interesarme m&aacute;s, pero con bien contrarias intenciones, me fue imponiendo
+minuciosamente de los percances m&aacute;s gordos de su azarosa vida. Ya era
+administrador y mayordomo de la casa cuando naci&oacute; la marquesa: &iexcl;fig&uacute;rate
+si, estar&iacute;a bien enterado! Sin embargo, me resist&iacute;a a creerle; pero como
+me importaba salir de dudas, por la &iacute;ndole misma de los negocios que
+tra&iacute;amos entre manos esa se&ntilde;ora y yo, acud&iacute; a otras fuentes; y bien
+pronto me convenc&iacute; de que el p&iacute;caro administrador todav&iacute;a se hab&iacute;a
+quedado corto en sus informes. Tan sonada era en Madrid la fama de la
+marquesa, que todos los informantes se extra&ntilde;aban de que no la conociera
+yo. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a de conocer metido en estos rincones, tan apartados del
+bullicio de las gentonas como del otro mundo! Lo del banquero, lo sab&iacute;a;
+es decir, sab&iacute;a que era un brib&oacute;n y que se hab&iacute;a largado de la noche a
+la ma&ntilde;ana temiendo que le desollaran vivo en la Puerta del Sol; pero
+&iquest;qu&eacute; me importaba a m&iacute; si era casado o soltero, ni c&oacute;mo recordar el
+t&iacute;tulo con que se pavoneaba &uacute;ltimamente, si es que alguna vez le o&iacute;
+pronunciar, que lo dudo? En cuanto a lo del se&ntilde;or de Guzm&aacute;n, &iquest;c&oacute;mo
+sospecharlo siquiera? Una vez me la recomend&oacute; como persona de
+responsabilidad y amiga suya; pero &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a en esto de particular ni
+de sospechoso, sobre todo despu&eacute;s de haber observado que los informes
+eran exactos, porque la marquesa ha ido cumpliendo fielmente todos sus
+compromisos conmigo? &iquest;Qu&eacute; me tocaba a m&iacute; hacer, aun despu&eacute;s de
+descubierto el potaje, sino mostrarme ignorante con la marquesa y seguir
+tratando con ella siempre que lo ha necesitado, por respeto al se&ntilde;or de
+Guzm&aacute;n, a quien tampoco he dicho una palabra? Tu madre y yo hemos
+hablado muchas veces aqu&iacute; de esos fregados; pero no eran asunto que
+deb&iacute;a quitarme el sue&ntilde;o, ni cosa de llamarte a ti para que te fueras
+enterando... &iexcl;Ojal&aacute; lo hubi&eacute;ramos hecho!... Y he aqu&iacute;, hijo m&iacute;o, por qu&eacute;
+no te culpo de lo que te pasa, y las razones que tengo para apoyar a tu
+madre en lo que te ha dicho.</p>
+
+<p>El pobre &Aacute;ngel ten&iacute;a la cabeza hecha un laberinto de fuego y de visiones
+diab&oacute;licas; pero entre todo y sobre todo lo que se revolv&iacute;a y abrasaba,
+alz&aacute;base flotante y como la esperanza de un celestial consuelo, la
+imagen de Luz; de Luz, que no estaba, que no pod&iacute;a estar manchada con el
+fango de aquel lodazal en que hab&iacute;a nacido. &iquest;Qu&eacute; justicia, qu&eacute; ley
+autorizar&iacute;a la infamia de castigar en un &aacute;ngel las culpas de una mujer
+pecadora!</p>
+
+<p>Y en este sentido y con toda la energ&iacute;a de su alma dolorida, habl&oacute; a su
+padre, porque nada esperaba de la inclemente rigidez de su madre.</p>
+
+<p>Don Santiago, m&aacute;s compasivo, le respondi&oacute;, descubriendo en su voz y en
+sus miradas la honda pesadumbre que le aflig&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Yo tampoco soy de los que creen que los vicios se heredan como las
+enfermedades, ni de los que tienen por justo que paguen los hijos
+inocentes las faltas cometidas por sus padres; pero se dan casos a
+menudo en que se teme lo peor, como si fuera lo probable, y la necesidad
+se impone con su fuerza de consideraciones y respetos humanos, y obliga
+a proceder ajust&aacute;ndose m&aacute;s a las leyes del mundo que a los mandatos del
+coraz&oacute;n. Porque as&iacute; somos, hijo m&iacute;o, y por nuestra culpa..., porque
+nuestras son las leyes que nos amarran a los escr&uacute;pulos de los dem&aacute;s.
+Cierto que las hacemos y las promulgamos con el piadoso fin de molestar
+al pr&oacute;jimo; pero hechas quedan y a las barbas nos saltan en cuanto los
+delincuentes somos nosotros. Y nada m&aacute;s justo.</p>
+
+<p>&mdash;Bien est&aacute; eso&mdash;interrumpi&oacute; &Aacute;ngel, que no pod&iacute;a con el martirio de sus
+impaciencias&mdash;; pero en el caso m&iacute;o...</p>
+
+<p>&mdash;A &eacute;l iba sin parar&mdash;contest&oacute; su padre, sali&eacute;ndole al encuentro&mdash;. El
+caso tuyo...</p>
+
+<p>&mdash;El caso tuyo&mdash;dijo la tremenda voz de la Esfinge, haciendo callar a la
+de su marido&mdash;es de los que reclaman todo el valor que cabe en el
+coraz&oacute;n de un mozo de verg&uuml;enza para irle olvidando, porque no tienen
+otro remedio.</p>
+
+<p>&mdash;El caso tuyo&mdash;insisti&oacute; don Santiago, queriendo atenuar el efecto
+causado en el hijo por las durezas de la madre&mdash;, no es para resuelto en
+cuatro palabras en un momento de fiebre como la que te abrasa ahora,
+hijo m&iacute;o, de pies a cabeza: es para meditado en fr&iacute;o y con calma...,
+c&oacute;mo le has de meditar t&uacute; seguramente, tomando los puntos donde deben
+tomarse: no en las alturas de la pasi&oacute;n, sino abajo, abajo en este
+p&iacute;caro suelo que se pisa, y entre la gente con quien uno se codea en
+cuanto sale de casa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;c&oacute;mo!, &iquest;c&oacute;mo!&mdash;pregunt&oacute; &Aacute;ngel, anhelando llegar cuanto antes a
+lo desembarazado y concreto.</p>
+
+<p>&mdash;A eso vamos, hijo, a eso vamos&mdash;le repiti&oacute; suavemente su padre&mdash;.
+D&eacute;jate de andar a vueltas con lo de que si el mundo es justo o es
+injusto en esto o en lo otro; o si las madres pecadoras por aqu&iacute;, y si
+las hijas inocentes por all&aacute;, y considera lisa y llanamente lo que a ti
+te pasa. Hay una joven que no tiene pero en lo tocante a ella misma: es
+muy guapa, muy recogida, muy bien educada..., una santa de Dios, vamos.
+De esta joven te enamoras t&uacute;, y ella se enamora de ti. Dese&aacute;is casaros,
+y resulta, en primer lugar, que no es hija de su padre..., quiero
+decir...</p>
+
+<p>&mdash;Tiene derecho perfecto al apellido que usa.</p>
+
+<p>&mdash;Por la ley, pero no por la naturaleza; y esto lo sabe todo Madrid, el
+Madrid que bulle en lo alto, y habla recio y escribe, y es o&iacute;do y le&iacute;do,
+y murmura y desuella al sursumcorda, y da y quita reputaciones a su
+antojo. La madre que hizo esa fechor&iacute;a tuvo por marido, es decir, por
+padre legal de la novia, a un estafador, huido de su patria despu&eacute;s por
+temor a la justicia; y esto lo sabe tambi&eacute;n ese Madrid que murmura y
+alborota; la misma mujer, que fue desleal, infiel, antes de casada,
+continu&oacute; siendo esposa ad&uacute;ltera; y cuando enviud&oacute;, no tuvo el diablo por
+d&oacute;nde desecharla. Y eso tambi&eacute;n es p&uacute;blico en el Madrid que hace y
+deshace reputaciones... &iquest;Te vas enterando?</p>
+
+<p>&mdash;Adelante&mdash;dijo el pobre mozo con heroica resoluci&oacute;n, medio tragado ya
+por la boca del negro abismo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bueno&mdash;a&ntilde;adi&oacute; su padre espantado de que tuviera que ser &eacute;l quien
+le empujara para arrojarle hasta el fondo&mdash;: a pesar de todos estos
+inconvenientes, te decides a casarte porque Luz es una santa, seg&uacute;n
+hemos convenido. Luz, por hermosa y por hija de su madre, es muy visible
+en el mundo, en el Madrid que murmura y despelleja, y te la tomas del
+brazo para entrar con ella en ese para&iacute;so que hab&eacute;is so&ntilde;ado los dos...
+Mira, &Aacute;ngel, ser&aacute; injusto, ser&aacute; inicuo, todo lo que t&uacute; quieras; pero es
+la pura verdad que ese Madrid maldiciente y sinverg&uuml;enza; ese Madrid que
+acaso tiene la culpa de que la marquesa de Mont&aacute;lvez no sea una mujer
+sin tacha, arroja sobre su hija, y como regalo de boda, todos los
+esc&aacute;ndalos de la madre, y, por consiguiente, sobre su marido, sobre ti,
+que eres un hombre de bien (y, por serlo, vas por donde vas y con quien
+vas), todos los sambenitos de tu mujer, entre algazara y chacota. Ahora
+bien: por grande que sea tu obcecaci&oacute;n; por hermoso que se te pinte en
+los ojos lo que hay del lado de all&aacute; de la puerta, &iquest;te atrever&aacute;s a
+entrar por ella con tal fardo de ignominias a la espalda? Esto es lo que
+has de meditar, hijo m&iacute;o, con la cabeza fr&iacute;a y el coraz&oacute;n sosegado.</p>
+
+<p>&Aacute;ngel no quiso o&iacute;r m&aacute;s ni a&ntilde;adir una palabra. &iexcl;Tan honda y tan negra le
+iba pareciendo la sima! La Esfinge, implacable, trat&oacute; de ennegrecerla y
+ahondarla todav&iacute;a m&aacute;s. Su marido se lo impidi&oacute; con una mirada que tuvo
+toda la fuerza de un discurso para su coraz&oacute;n de madre. &Aacute;ngel se levant&oacute;
+aturdido y mudo para retirarse de all&iacute;, y al mismo tiempo extendi&oacute; el
+brazo para recoger el retrato de Luz, que estaba sobre la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;T&oacute;male, hijo m&iacute;o&mdash;le dijo su padre adivin&aacute;ndole la intenci&oacute;n y
+apoder&aacute;ndose de la tarjeta antes que &eacute;l&mdash;. Pero aguarda un poco. (Don
+Santiago volvi&oacute; a contemplar el retrato.) S&iacute;..., &iexcl;clavada!... Bien dec&iacute;a
+yo antes para m&iacute;: &laquo;&iquest;a qui&eacute;n que yo conozco se parece esta cara?&raquo;
+&iexcl;Claro!, &iquest;a qui&eacute;n hab&iacute;a de parecerse?... &iexcl;Si me asombra que por este
+rastro, y sabiendo lo que ya sab&iacute;a, no hubiera yo dado en el quid antes
+que t&uacute; me le descubrieras!...</p>
+
+<p>&mdash;Esos parecidos&mdash;dijo la Esfinge&mdash;son el sello que pone la mano de Dios
+en las obras del demonio, como esa desdichada criatura, para aviso de
+las gentes honradas...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mujer!...</p>
+
+<p>&mdash;Para que duela lo digo, Santiago, para que duela..., porque esa clase
+de heridas no se curan con b&aacute;lsamos dulces: se curan a fuego, entre
+martirios como el que estoy padeciendo yo viendo al hijo de mis
+entra&ntilde;as, al regalo de mis ojos, entre las u&ntilde;as de Satan&aacute;s. &iquest;Merec&iacute;a &eacute;l
+ese destino? &iquest;Le hemos criado t&uacute; y yo para eso?</p>
+
+<p>&mdash;No, mujer, no&mdash;d&iacute;jola don Santiago en santa calma&mdash;; pero a un solo
+fin se puede ir por diversos caminos... D&eacute;jame por donde voy ahora, que
+yo s&eacute; que no voy mal y que he de llegar antes y mejor que por donde t&uacute;
+quieres que vaya.</p>
+
+<p>Luego, volvi&eacute;ndose a &Aacute;ngel, que continuaba mudo y cada vez m&aacute;s aturdido,
+dijole entreg&aacute;ndole el retrato:</p>
+
+<p>&mdash;T&oacute;male, hijo, ya que le deseas..., como es natural; pero procura no
+tenerle delante cuando medites sobre lo que te he dicho, para resolver
+lo que te conviene.</p>
+
+<p>&Aacute;ngel recogi&oacute; la tarjeta, y sali&oacute;, con ella en la mano, del despacho de
+su padre; y es cosa averiguada que en cuanto se vio solo y encerrado en
+su gabinete, desahog&oacute; las fatigas de su pecho regando con l&aacute;grimas
+ardientes y devorando a besos resonantes aquella imagen fidel&iacute;sima de la
+m&aacute;s hechicera &laquo;obra del demonio&raquo;.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIIIa" id="XIIIa"></a>XIII</h3>
+
+
+<p>Y mientras besaba el retrato y le mojaba con l&aacute;grimas, el pobre chico
+pensaba..., &iquest;en qu&eacute; hab&iacute;a de pensar sino en la desdichada semejanza de
+su conflicto con el conflicto de la novela que hab&iacute;a intentado escribir
+&eacute;l? &iquest;Qui&eacute;n le hubiera dicho cuando se perd&iacute;a en la mara&ntilde;a de aquella
+ficci&oacute;n; cuando expon&iacute;a las dificultades a la marquesa (que debieron de
+saberla a rejalgar), y a la inocente Luz, que le o&iacute;a embelesada; cuando,
+&iexcl;mil veces necio, y est&uacute;pido y mentecato!, apuraba la materia delante de
+ellas, por la pueril vanidad de encarecer el valor de la obra de su
+ingenio, que hab&iacute;a de ser &eacute;l, el propio &Aacute;ngel N&uacute;&ntilde;ez, vivo y efectivo,
+quien tuviera que resolver el problema, no como novelista, sino como
+persona comprometida en un lance verdadero, exactamente igual al lance
+de su novela?</p>
+
+<p>&iexcl;Resolver el conflicto! Pero, despu&eacute;s de bien mirado el caso, &iquest;d&oacute;nde
+estaba el conflicto? El conflicto existe cuando el &aacute;nimo no ve salida
+clara para la angustia que le acongoja; pero en el caso de &eacute;l no cab&iacute;an
+dudas ni vacilaciones, porque hab&iacute;a una puerta franca y expedita, nada
+m&aacute;s que una, una sola: la &uacute;nica que pod&iacute;a haber. &iquest;C&oacute;mo no vio el torpe
+novelista lo que tan palpable debi&oacute; estar delante de sus ojos? <i>Ella</i> y
+nada m&aacute;s que <i>ella</i>, con <i>ella</i> y para <i>ella</i> por todos los d&iacute;as de la
+vida. Eso era el deber, eso el honor y eso la felicidad.</p>
+
+<p>Y &Aacute;ngel, discurriendo de esta suerte, beso va y l&aacute;grima viene sobre el
+retrato de Luz. As&iacute; pas&oacute; muy largo rato y desahog&oacute; lo m&aacute;s negro y lo m&aacute;s
+amargo, de sus penas. Eran las primeras que ten&iacute;a en su vida, y adem&aacute;s
+muy dolorosas y profundas. Hay que hacer justicia al pobre chico.</p>
+
+<p>Cuando se hall&oacute; m&aacute;s desahogado y tranquilo, guard&oacute; el retrato donde
+sol&iacute;a y comenz&oacute; a pasear a lo largo de su gabinete y a reflexionar como
+su padre deseaba, &laquo;con la cabeza fr&iacute;a y el coraz&oacute;n sosegado&raquo;. Porque
+&Aacute;ngel se consideraba ya en aquellos instantes con el juicio y la sangre
+en su ordinario nivel.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de orear un poquito m&aacute;s todav&iacute;a el meollo por este procedimiento
+de exploraciones generales alrededor del abismo, que ya no le asustaba
+tanto como antes:</p>
+
+<p>&mdash;Veamos ahora&mdash;se dijo&mdash;las cosas a su verdadera luz, y ajustemos la
+cuenta partida por partida y como deben ajustarse todas las cuentas en
+casos de mucho apuro, como este. En primer lugar, los informes que le
+han dado a mi padre sobre la marquesa, pueden muy bien no ser exactos:
+no lo son; desde luego lo afirmo; y lo afirmo porque la verdad se
+desfigura, y siempre en mal sentido, a medida que va pasando de boca en
+boca. Eran, pues, ya exagerados los informes cuando mi padre los
+adquiri&oacute;. Mi padre me los transmiti&oacute; a m&iacute; bajo una mala impresi&oacute;n y
+teniendo gran inter&eacute;s en que me causaran el peor efecto posible; luego
+es indudable que mi padre exager&oacute; mucho y por su propia cuenta lo que
+hab&iacute;a recibido muy exagerado ya. Esto es la evidencia misma.</p>
+
+<p>Pero resulta de estos mismos informes que hay un milagro entre los
+muchos que le cuelgan a la marquesa, en el cual no caben ni el m&aacute;s ni el
+menos, porque, por su propia &iacute;ndole, tiene que verse y que sonar lo
+mismo a todas luces y en todas las bocas: el l&iacute;o de la semejanza de Luz
+y del amigo de su madre; es decir, la causa de este parecido con todas
+sus concausas y accidentes. &iquest;Es verdad lo que sobre todo ello se
+asegura? &iquest;C&oacute;mo se prueba que lo sea, ni con qu&eacute; derecho se intenta
+probarlo? &iquest;Ad&oacute;nde ir&iacute;amos a parar si bastara un indicio como ese, que
+puede ser obra de la casualidad, para que sea meritorio poner en pleito
+el honor de un matrimonio y de toda una familia? Puede, por
+consiguiente, en justicia y en conciencia, negarse el hecho nefando, y
+yo le niego.</p>
+
+<p>Otra m&aacute;cula que ya est&aacute; m&aacute;s a la vista y no puede negarse: que el padre
+legal de Luz fue un banquero tramposo que huy&oacute; de Madrid por temor de
+que le despellejaran en la calle. &iexcl;V&aacute;lgame Dios con los pudibundos y
+asombradizos! &iexcl;No parece sino que el se&ntilde;or don Mauricio Ib&aacute;&ntilde;ez ha sido
+el &uacute;nico ricacho tramposo y estafador! &iquest;Pues no hemos convenido, tiempo
+hace, y cansado estoy de o&iacute;rlo y de leerlo, con ser tan mozo como soy,
+en que andan por esas calles de Dios docenas de acaudalados personajes
+con t&iacute;tulos y condecoraciones, influyentes poderosos, que debieran estar
+en presidio arrastrando una cadena? &iquest;No se citan sus nombres y se les
+apunta con el dedo, y, sin embargo, viven y triunfan y hasta regatean el
+saludo a los hombres de bien, porque se consideran a mayor altura que
+ellos, en virtud de que as&iacute; se lo hace creer, con sus acatamientos, e
+incensadas, el mismo p&uacute;blico que desde lejos y en voz baja los condena a
+presidio con grillete? Y estos ladrones consentidos y acatados, &iquest;no
+tienen mujer con historia negra, e hijas con parecidos extra&ntilde;os? Y estas
+hijas, sin ser santas ni servir ninguna de ellas para descalzar a mi
+inocente Luz, &iquest;no se ven bien codiciadas de los guapos mozos, y a
+sabiendas, y no se casan sin que las gentes se escandalicen ni se junte
+el cielo con la tierra? Pues mi caso y el de Luz no llegar&iacute;a, ni con
+cien leguas, al menos cenagoso de estos casos.</p>
+
+<p>Las restantes m&aacute;culas de la marquesa, &iquest;por qu&eacute; no han de ser, no ya
+exageraciones, sino imposturas de las gentes? &iquest;No acaba mi padre de
+afirmar, con el piadoso fin de intimidarme, que hay un Madrid que hace y
+deshace famas y reputaciones? Y &iquest;qu&eacute; sabe el inexperto se&ntilde;or si en el
+presente caso se ha deshecho con calumnias lo que estaba bien hecho con
+virtudes? Si tan notorios han sido los pecados de la marquesa, &iquest;c&oacute;mo no
+he dado yo con alg&uacute;n rastro de ellos en su casa? &iquest;C&oacute;mo la frecuentan
+personas tan distinguidas y juiciosas, y se juzgan muy honradas con el
+trato y la amistad de la abominable pecadora? No tienen, pues, estos
+hechos todo el fundamento que necesitan para ser cre&iacute;dos; pueden
+negarse..., los niego en absoluto.</p>
+
+<p>Y ahora veamos el supuesto conflicto m&iacute;o por otra cara. Cierto que,
+decidido yo a casarme por c&aacute;lculo y a sangre fr&iacute;a, al echarme a la calle
+en busca de mujer, no hubiera trepado a las alturas del &laquo;gran mundo&raquo;, ni
+elegido entre las que tienen madres de las que pueda decirse lo que se
+dice de la madre de Luz; pero aqu&iacute; han pasado las cosas muy de otro
+modo: yo no he salido de mi casa para olfatear una novia por esas calles
+de Dios. Luz y yo nos encontramos por obra de una casualidad, o porque
+estaba decretado as&iacute;...; creo que fue porque estaba decretado. El hecho
+es que nos encontramos, que nos comprendimos y que nos amamos, y que
+Luz, que me hab&iacute;a deslumbrado por hermosa, acab&oacute; de enloquecerme por
+buena, por inocente..., por santa. Resulta ahora que esta Luz sin tacha
+es hija de una madre llena de pecados, y que aunque la hija los ignora y
+es incapaz de cometer otros semejantes, yo debo renunciar a ella por los
+que su madre ha cometido. &Eacute;sta es la teor&iacute;a de mi padre, fundada en una
+ley que, seg&uacute;n parece, rige en el mundo entre las gentes que se creen
+honradas.</p>
+
+<p>Pues supongamos que yo llego a considerarme obligado tambi&eacute;n a acatarla,
+y que, en virtud de ello, me decido a apartarme de Luz y a romper todo
+trato con ella, precisamente cuando est&aacute; aguardando a que yo le se&ntilde;ale
+la hora de estrechar todav&iacute;a m&aacute;s el que tenemos. Para poner en pr&aacute;ctica
+esta resoluci&oacute;n, se necesita, o que comience yo por no volverla a ver
+desde ahora, o que invente un pretexto rebuscado, o que la descubra
+toda la verdad. Con lo primero, la dar&iacute;a una pu&ntilde;alada a obscuras y a
+traici&oacute;n; con lo &uacute;ltimo, se morir&iacute;a de espanto y de verg&uuml;enza. De todas
+suertes la mataba. Pero, aunque no la matase, &iquest;no ser&iacute;a cualquiera de
+estos procederes m&iacute;os cien veces m&aacute;s vil y m&aacute;s odioso que todos los
+pecados juntos de la marquesa, suponi&eacute;ndolos ciertos y comprobados? &iexcl;Y
+mi padre, tan honrado y tan bueno, no lo ve as&iacute;! &iquest;En qui&eacute;n estar&aacute; la
+ceguera?... En &eacute;l, en &eacute;l solo, que no ha meditado el caso &laquo;en fr&iacute;o y con
+calma&raquo;, como quiere que yo lo medite y como, ya lo estoy meditando...
+Tambi&eacute;n &eacute;l le meditar&aacute; as&iacute;, y entonces estaremos de acuerdo los dos.
+&iquest;Pues no hemos de estarlo! Mi madre seguir&aacute; en sus trece y tocar&aacute; el
+cielo con las manos; pero es mi madre, y todo su coraz&oacute;n le parece poco
+para quererme; es buena y compasiva en el fondo; jam&aacute;s ha puesto a
+prueba el arraigo de esas repugnancias que son su man&iacute;a; le pondr&aacute;
+ahora, porque se trata, de m&iacute;, y ver&aacute; claro y se convencer&aacute;..., &iquest;pues no
+ha de convencerse!... Y no habr&aacute; conflicto, porque no puede haberle; y
+las cosas ir&aacute;n como y por donde iban ayer, que es como y por donde deben
+ir.</p>
+
+<p>En esto oy&oacute; que se hablaba recio en el despacho de su padre. Entreabri&oacute;
+la puerta de su gabinete y escuch&oacute;. Su madre quer&iacute;a llevar las cosas a
+sangre y fuego; ten&iacute;a a pecado imperdonable las blanduras y
+contemplaciones de su marido. &laquo;Cortar, cortar por lo sano, antes que la
+gangrena lo inficione todo.&raquo; Don Santiago la recordaba su obligaci&oacute;n de
+ser clemente con su hijo, sin dejar por eso de ser madre celosa y justa:
+llevando las resistencias tan a punta de lanza, hasta pod&iacute;a enfermar el
+pobre chico con la batalla que tra&iacute;a en la cabeza.</p>
+
+<p>Se sonri&oacute; un poco &Aacute;ngel oyendo esto, porque consider&oacute; lo rid&iacute;culo que
+estar&iacute;a &eacute;l si las circunstancias le obligaran a hacer el papel de ni&ntilde;o
+mimoso contrariado. Al mismo tiempo cerr&oacute; la puerta, porque aquellas
+durezas de su madre, mal de su grado, ahondaban demasiado en el abismo
+que &eacute;l ten&iacute;a ya a medio llenar.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a pasear por su cuarto y a meditar, pero sobre otro tema
+diferente.&mdash;&iquest;Qu&eacute; le tocaba hacer a &eacute;l por de pronto? Porque, aun
+suponiendo que la gran dificultad se resolviera a su gusto, esa labor no
+era de pocos d&iacute;as, y &Aacute;ngel hab&iacute;a dejado su negocio con Luz pendiente de
+una decisi&oacute;n que deb&iacute;a comunicarla al otro d&iacute;a, que ya era <i>hoy</i> para
+&eacute;l. Fue demasiado optimista en medio de su fiebre amorosa, no previendo
+algo siquiera de lo que estaba ocurri&eacute;ndole; pero, ocurrido ya, &iquest;qu&eacute;
+podr&iacute;a decirle a Luz sin que ella le leyera sus disgustos en la cara, ni
+presumiera tropiezos que la indujeran a descubrir otros mayores? No
+hab&iacute;a que pensar en acercarse a ella mientras los horizontes de sus
+ideas no se despejaran algo m&aacute;s. Necesitaba irse acostumbrando a verlo
+<i>posible</i> para darlo por <i>hecho</i>, y con esto solo ya ten&iacute;a lo sobrado
+para estar sereno. Cuesti&oacute;n de aquel d&iacute;a, quiz&aacute;s del siguiente...,
+porque era mucho lo que confiaba en su padre. Entre tanto, disculpar&iacute;a
+su ausencia de casa de Luz advirti&eacute;ndola que estaba ligeramente enfermo,
+muy constipado: esa era la disculpa usual y corriente para todos los que
+deben y no quieren o no pueden ir a alguna parte.</p>
+
+<p>Mas no le bastaba con esto: sus c&aacute;lculos estaban bien formados; pero
+eran c&aacute;lculos al fin, que pod&iacute;an fallar, contra tantas probabilidades
+de que no fallaran: su situaci&oacute;n, por consiguiente, era grave,
+grav&iacute;sima; y lo probaba, adem&aacute;s, aquella tirantez de esp&iacute;ritu en que &eacute;l
+viv&iacute;a, aquella opresi&oacute;n de su pecho, aquel nudo de su garganta que le
+parec&iacute;a el manantial de donde flu&iacute;an las l&aacute;grimas que le brotaban de los
+ojos en cuanto los pon&iacute;a en la imagen de Luz, o el pensamiento en que
+pudiera perderla para siempre; y por ser tan grave la situaci&oacute;n, no era
+para arrostrada por &eacute;l, a solas con su inexperiencia y cargado de
+pesadumbres. Necesitaba auxilios y consejos. Pero &iquest;d&oacute;nde hallarlos? Sus
+pocos amigos eran tan inexpertos como &eacute;l, adem&aacute;s de que &eacute;l no hab&iacute;a de
+profanar tan santas penas confi&aacute;ndolas a chicuelos presuntuosos. Se
+acord&oacute; de Guzm&aacute;n, que ya estaba en autos; pero despu&eacute;s de lo que hab&iacute;a
+sabido, &iquest;con qu&eacute; cara iba &eacute;l a aquel se&ntilde;or con tales coplas! Porque
+&Aacute;ngel, al hablar de su pleito, ten&iacute;a que exponerle con todos sus pelos y
+se&ntilde;ales, y hasta se promet&iacute;a, jugando bien este recodo, ganar informes
+exactos sobre la conducta pasada de la marquesa. De modo que su
+confidente, tras de conocerla mucho, no deb&iacute;a estar ligado a ella por
+v&iacute;nculos que quitaran prestigio a sus dict&aacute;menes ni los hicieran
+sospechosos.</p>
+
+<p>Y he aqu&iacute; el camino por donde &Aacute;ngel fue a parar con el pensamiento a
+Leticia. Leticia, en opini&oacute;n de &Aacute;ngel, era &laquo;una gran se&ntilde;ora&raquo;, de mucho
+entendimiento, y amiga y contempor&aacute;nea de la marquesa; se interesaba
+vivamente por la suerte de Luz, y parec&iacute;a quererle mucho; a &eacute;l, a &Aacute;ngel,
+no se diga..., hasta verg&uuml;enza le daba no haber correspondido, con una
+triste visita siquiera, al cari&ntilde;oso empe&ntilde;o con que ella se las ped&iacute;a
+cada vez y donde quiera que le encontraba... Cabalmente la v&iacute;spera,
+yendo &eacute;l por la Carrera de San jer&oacute;nimo hacia el Prado, sub&iacute;a ella en
+carruaje. Pues se detuvo cuando &Aacute;ngel la salud&oacute;, y hablaron all&iacute; largo
+rato... y sobre Luz la mayor parte del tiempo, por saber ella lo que
+este tema le gustaba a &eacute;l. De modo que ten&iacute;a much&iacute;sima raz&oacute;n la buena
+se&ntilde;ora cuando, al despedirse y despu&eacute;s de haberle ofrecido de nuevo su
+casa, le llam&oacute;, con una sonrisita y un adem&aacute;n muy maliciosos,
+&laquo;&iexcl;ingrato!&raquo; &iquest;Qui&eacute;n, pues, como Leticia, para o&iacute;rle con cari&ntilde;o,
+informarle sin pasi&oacute;n y aconsejarle con acierto?</p>
+
+<p>En estas y otras tales, ya lleg&oacute; la hora de comer, y &Aacute;ngel tuvo que
+sentarse a la mesa. Comi&oacute; poco y no habl&oacute; nada, porque tampoco le
+hablaron a &eacute;l. Por la tard&eacute; se visti&oacute; con gran esmero, y sali&oacute; decidido
+a visitar a la amable se&ntilde;ora para confiarla sus cuitas.</p>
+
+<p>Y andando, andando, cuanto m&aacute;s andaba m&aacute;s remol&oacute;n se iba haciendo;
+porque seg&uacute;n oreaba los prop&oacute;sitos con el aire de la calle, menos
+cuerdos le parec&iacute;an. No era tan urgente el caso que no le diera un
+respiro de veinticuatro horas; y en veinticuatro horas pod&iacute;a cambiar de
+aspecto un conflicto como el suyo, y hacer in&uacute;til la consulta que &eacute;l iba
+a hacer: y hab&iacute;a una noche entera y larga de por medio; y una noche as&iacute;
+daba para todo: para que le hablaran en su casa o para hablar &eacute;l a los
+dem&aacute;s; y si nada de esto suced&iacute;a, para engolfarse en un mar de
+pensamientos un hombre que no duerme.</p>
+
+<p>No hizo la visita, y la aplaz&oacute; para el d&iacute;a siguiente, si la conceptuaba
+necesaria. Al anochecer mand&oacute; a Luz dos carillas de renglones llenos de
+dulzuras, para enterarla de que estaba constipado.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s se fue a casa. En la cual nada ocurri&oacute; para bien ni para mal de
+su pleito: nada le dijeron; nada dijo tampoco. &iquest;A qui&eacute;n le tocaba sacar
+la conversaci&oacute;n, y qui&eacute;n hu&iacute;a m&aacute;s de ella?</p>
+
+<p>A la hora acostumbrada se acost&oacute;; pens&oacute; un poco en lo que Luz pensar&iacute;a
+de su constipado, y, &iexcl;cosa rara!, se durmi&oacute; como un bendito... hasta el
+amanecer.</p>
+
+<p>El despertar fue terrible, &iexcl;eso s&iacute;!... Todo lo ganado antes del sue&ntilde;o en
+una batalla de muchas horas contra las negras ideas, se pierde en un
+instante al despertar. Esto lo saben todos los hombres que han tenido
+tempestades en la cabeza. &Aacute;ngel, que era uno de &eacute;stos, se hall&oacute; entre
+sus manos las ruinas del edificio que hab&iacute;a construido con amargos
+sudores antes de dormirse. En reconstruirle se le pas&oacute; la ma&ntilde;ana. Y
+gracias que lo consigui&oacute;; porque no todos lo consiguen.</p>
+
+<p>A la hora de comer, tampoco adelant&oacute; un paso su negocio; y en ciertas
+situaciones de la vida, no adelantar equivale a retroceder. Hab&iacute;a que
+hacer la visita.</p>
+
+<p>A media tarde se visti&oacute;, a&uacute;n con mayores atildaduras que el d&iacute;a antes.</p>
+
+<p>&iexcl;A casa de su buena amiga sin parar!</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIVa" id="XIVa"></a>XIV</h3>
+
+
+<p>Lleg&oacute; sereno, llam&oacute; con br&iacute;o, pregunt&oacute; lo que es de costumbre; y sin
+aguardar la respuesta, para ganar tiempo y economizar tr&aacute;mites, dio su
+nombre y apellido antes que se los pidieran. Como si sonaran all&iacute; a muy
+conocidos, abri&eacute;ronle la puerta de par en par; rog&aacute;ronle que entrara; le
+condujeron a un sal&oacute;n que estaba enfrente, y le pidieron el favor de que
+aguardara unos instantes.</p>
+
+<p>El tal sal&oacute;n era un completo museo de riquezas de buen gusto; pero &Aacute;ngel
+no ten&iacute;a los suyos en disposici&oacute;n de entretenerse contemplando aquellas
+pompas de la vanidad mundana. Miraba sin ver lo que ten&iacute;a delante de los
+ojos, y s&oacute;lo estaba atento a los minutos que corr&iacute;an sin que saliera la
+se&ntilde;ora cuyos pareceres iba buscando &eacute;l all&iacute;; porque hasta tem&iacute;a que con
+una larga espera en tan extra&ntilde;o lugar se le fueran entibiando los
+prop&oacute;sitos y acobardando los br&iacute;os.</p>
+
+<p>Y minuto tras minuto, corri&oacute; m&aacute;s de media hora hasta que lleg&oacute;, no
+Leticia, sino una doncella para rogar al guapo mozo que la siguiera a
+donde su se&ntilde;ora tendr&iacute;a el gusto de recibirle.</p>
+
+<p>Siguiola &Aacute;ngel muy complacido en que de cualquier modo se pusiera
+t&eacute;rmino a sus impaciencias; y atravesando salas y pasadizos,
+detuvi&eacute;ronse ante una puerta medio oculta entre, los pa&ntilde;os de un doble
+cortinaje, quiero decir uno por dentro y otro por fuera. Recogi&oacute; m&aacute;s
+una de las mitades de &eacute;ste la doncella, y apareci&oacute; Leticia haciendo lo
+mismo por la parte de adentro. Avanz&oacute; &Aacute;ngel, muy cort&eacute;s, entre las
+elegantes angosturas del boquete, y en cuanto pas&oacute; al otro lado se
+corrieron de nuevo las cortinas, y hasta oy&oacute; que se cerraba la puerta.</p>
+
+<p>Se qued&oacute; muy sorprendido delante de Leticia: parec&iacute;a una sultana; y esta
+idea se la sugiri&oacute; al gallardo visitante, no tan s&oacute;lo el tipo de la
+visitada, que adquir&iacute;a mayor acento oriental con la caprichosa y rica
+bata que vest&iacute;a y el estilo de todos sus restantes ornamentos, sino
+tambi&eacute;n el lugar en que se hallaba: un sal&oacute;n con anchos divanes, grandes
+cojines, maderas olorosas, alfombras turcas, cueros marroqu&iacute;es, espejos
+venecianos, bronces desnudos, tibores japoneses y &iexcl;qu&eacute; s&eacute; yo! Aquello
+era un har&eacute;n preparado al gusto europeo: s&oacute;lo faltaban los pebeteros y
+las pipas de largos tubos de seda; y as&iacute; y todo, trascend&iacute;a el aposento,
+a molicie africana.</p>
+
+<p>Leticia condujo a uno de los divanes al sorprendido mancebo, que tambi&eacute;n
+ten&iacute;a mucho de oriental entonces con lo l&aacute;nguido y ojeroso que le hab&iacute;an
+dejado sus pesadumbres, y se sent&oacute; a su lado. Casualidad ser&iacute;a; pero al
+sentarse qued&oacute; fuera de la fimbria de su bata medio piececito
+primorosamente calzado con una babucha de raso, muy escotada, sobre una
+media de seda azul con rayas blancas.</p>
+
+<p>Hubo en seguida lo de &laquo;yo no deb&iacute;a recibirle a usted, porque es usted un
+ingrato&raquo;, y lo de &laquo;usted me estima en mucho m&aacute;s de lo que yo merezco&raquo;;
+&laquo;usted no viene aqu&iacute; por tal y cual cosa&raquo;; &laquo;pues sepa usted que no he
+venido sino por esto y por lo otro&raquo;; &laquo;que s&iacute;&raquo;, &laquo;que no&raquo;, etc&eacute;tera, etc.;
+porque, <i>mutatis mutandis</i>, en estos preludios de visita siempre se dice
+lo mismo y no se adelanta un paso, por m&aacute;s que muden los tiempos y se
+ilustren los actores. Pero, en fin, hablando, hablando, &Aacute;ngel sorte&oacute; con
+habilidad los estorbos de la introducci&oacute;n, y lleg&oacute; lo antes que pudo al
+tema de sus angustias.</p>
+
+<p>Tard&oacute; bastante, pero lo expuso bien, sin ocultar un &aacute;pice de cuanto
+sab&iacute;a. De todo habl&oacute;, unas veces conmovido y otras veces animoso, pero
+siempre con buen arte; y Leticia, mientras le estaba oyendo, parec&iacute;a
+devorarle con los ojos. Tanto le interesaba la relaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien&mdash;le dijo, muy cari&ntilde;osa, cuando &eacute;sta fue acabada&mdash;, &iquest;qu&eacute; me toca
+hacer a m&iacute; en ese triste proceso? &iquest;De qu&eacute; modo puedo yo tener la suerte
+de hacer algo por la causa de usted?</p>
+
+<p>&mdash;Por de pronto&mdash;respondi&oacute; &Aacute;ngel&mdash;, dici&eacute;ndome (porque usted debe
+saberlo, o no lo sabe nadie) qu&eacute; hay de cierto en lo que se refiere de
+la marquesa de Mont&aacute;lvez; si es o no tan... pecadora como se la pinta.</p>
+
+<p>Leticia baj&oacute; algo la cabeza, sin dejar de sonre&iacute;rse, y se rasc&oacute; un
+poquit&iacute;n la sien derecha con un dedo, muy mono por cierto. Despu&eacute;s se
+enderez&oacute;; y mirando valientemente a los ojos mismos, grandes, negros y
+melanc&oacute;licos, de su interlocutor, respondiole:</p>
+
+<p>&mdash;En eso de rumores p&uacute;blicos, &iexcl;es tan dif&iacute;cil saber a qu&eacute; atenerse! &iexcl;Se
+abusa tanto de ellos!... A Cristo le crucificaron, conque fig&uacute;rese
+usted.</p>
+
+<p>Y &Aacute;ngel tuvo que sonre&iacute;rse, porque a ello le obligaron esta salida y la
+singular expresi&oacute;n de que fue acompa&ntilde;ada.</p>
+
+<p>&mdash;No es broma, aunque lo parezca&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Leticia&mdash;. Las gentes son as&iacute;:
+por natural inclinaci&oacute;n, muy malas; y el resobado s&iacute;mil de la bola de
+nieve, es la pura verdad a cada hora del d&iacute;a. No afirmar&eacute; que mi amiga
+sea una santa; &iquest;qui&eacute;n lo es ya hoy, tal y como van las cosas en el
+mundo! Pero entre no ser santa y lo que de ella se dice... El caso de
+Guzm&aacute;n, por ejemplo..., &iquest;en qu&eacute; le fundan? En amistades &iacute;ntimas del
+tiempo de las mocedades de los dos, &iexcl;como si Guzm&aacute;n no hubiera sido
+antes amigo de otras mujeres!, y en cierta semejanza de fisonom&iacute;a, que
+yo no veo, entre Luz y &eacute;l, y que, aunque exista, nada resuelve... Luz se
+parece a Guzm&aacute;n por una casualidad, como pudo parecerse al Nuncio. &iquest;Y
+tambi&eacute;n en este caso &iacute;bamos a suponer...? &iexcl;Pues decente estar&iacute;a! En fin,
+que lo de Guzm&aacute;n puede ser y puede no ser. Yo creo que no lo es. Lo de
+su marido... &iquest;Le eligi&oacute; ella, por ventura? &iquest;No se le impusieron? Y &iquest;en
+qu&eacute; se diferencia ese pobre hombre, tan difamado, de otros muchos
+ladrones muy respetables que yo conozco? Pues &uacute;nicamente en que fue m&aacute;s
+torpe que &eacute;stos en el oficio de robar. De modo que, a juzgar por lo que
+se ve en estos y otros varios ejemplos que citar pudiera, la opini&oacute;n
+p&uacute;blica s&oacute;lo castiga a los grandes bribones cuando no saben serlo. &iexcl;Y a
+este tribunal sin conciencia ha de someter usted los honrados consejos
+de la suya?</p>
+
+<p>&mdash;Pues eso mismo pienso yo&mdash;exclam&oacute; &Aacute;ngel, enardecido con aquel
+dictamen tan favorable a su causa.</p>
+
+<p>&mdash;Y piensa usted como un sabio&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Leticia&mdash;y, adem&aacute;s, como un
+valiente; porque valor se necesita para seguir pensando bien entre
+gentes que piensan y obran tan mal.</p>
+
+<p>&mdash;Y de todo lo restante que se refiere de la marquesa&mdash;dijo el
+impresionable mozo, m&aacute;s impaciente por llegar a donde deseaba cuanto m&aacute;s
+llano le pon&iacute;a el camino su amable interlocutora&mdash;, &iquest;puede presumirse
+tambi&eacute;n...?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que tiene escasos fundamentos de verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Eso mismo...</p>
+
+<p>&mdash;Con grand&iacute;simas razones. &iquest;Qui&eacute;n lo ha visto? &iquest;Qui&eacute;n puede certificar
+de ello?... Mire usted: la mayor parte de <i>lo que se dice</i> en ese
+sentido, procede de aspirantes desairados; el resto lo inventan los que
+ni para ese triste papel sirven. Los afortunados, cuando los hay, se
+guardan muy bien de decirlo; porque si los hubiera, lo publicaran,
+ser&iacute;an unos majaderos; y la marquesa tiene sobrado buen gusto para que,
+resuelta a perderse, se dejara caer en tales manos.</p>
+
+<p>&mdash;Eso me parece a m&iacute; tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Y eso es lo que debe parecerle a usted, porque es de sentido com&uacute;n.
+As&iacute; sucede tan a menudo que de ciertas mujeres pecadoras todo se cuenta
+menos la verdad... Porque hay mujeres pecadoras, &iexcl;y muy pecadoras, amigo
+m&iacute;o!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n lo duda!</p>
+
+<p>&mdash;Y las hay de todos los linajes: por pasi&oacute;n, por temperamento, por
+lujo, por moda..., hasta por necesidad; pero ninguna es tan necia que
+publique sus propios pecados por el gusto de dar cebo a las lenguas
+maldicientes, y la menos aprensiva trata, por ego&iacute;smo de viciosa, de no
+quitar al pecado el incentivo del secreto. De igual modo tienen que
+proceder sus c&oacute;mplices; porque si la misma causa no les indujera a ello,
+les obligar&iacute;a, como ya le dije a usted, la necesidad de ser reservados
+si quer&iacute;an ser favorecidos. Tambi&eacute;n esto es de sentido com&uacute;n. Hay
+excepciones en la regla, como en todas las dem&aacute;s; pero las excepciones
+solas no dan bastante materia, en el caso de mi amiga, para formar un
+proceso tan voluminoso como el que el p&uacute;blico le ha formado a ella..., y
+a otras amigas suyas tambi&eacute;n. De modo que, por el precepto establecido,
+si en la vida de la marquesa de Mont&aacute;lvez hay pecados de esa especie, o
+son muy pocos, o no los conoce el p&uacute;blico.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y eso es lo que debo creer?&mdash;pregunt&oacute; &Aacute;ngel con el ansia de todos los
+que temen que no sea bastante cierto lo que se les asegura.</p>
+
+<p>&mdash;Pues &iquest;para qu&eacute; se lo estoy contando?&mdash;respondiole Leticia ri&eacute;ndose muy
+de veras.&mdash;&iquest;O piensa usted que me divierto en enga&ntilde;arle?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso no!&mdash;repuso el vehemente mozo, temiendo haber dicho una
+impertinencia&mdash;, porque es usted demasiado buena para hallar gusto en
+tales entretenimientos.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias por la fineza.</p>
+
+<p>&mdash;Lo digo como lo siento,... y, si no, &iquest;c&oacute;mo la hablara yo de estas
+cosas?</p>
+
+<p>&mdash;Es la verdad. Pues adelante.</p>
+
+<p>Ya estaba resuelto aquel punto, y muy a satisfacci&oacute;n del interesado.
+Faltaba otro de mayor entidad para &eacute;l; porque el primero le daba apoyos
+en que fundar buenas esperanzas, pero no le sacaba del atolladero en que
+se ve&iacute;a, y de esto era necesario tratar inmediatamente.</p>
+
+<p>Mientras en su casa se llegaba a juzgar a la marquesa de Mont&aacute;lvez con
+el mismo criterio bondadoso con que ellos dos acababan de juzgarla, &iexcl;que
+ya era esperar!, &iquest;qu&eacute; hac&iacute;a el novio de Luz? &iquest;Continuar acatarrado?
+&iquest;Visitarla como antes? Y en este caso, &iquest;la hablaba o no del punto que
+qued&oacute; pendiente la &uacute;ltima vez que se hab&iacute;an visto? Y si la hablaba de
+&eacute;l, &iquest;qu&eacute; la dec&iacute;a? &iquest;Con qu&eacute; mentiras la engallaba?</p>
+
+<p>Estos y otros parecidos fueron los nuevos puntos sometidos por &Aacute;ngel al
+dictamen de su experta amiga.</p>
+
+<p>La cual, despu&eacute;s de enterada, tom&oacute; de pronto una actitud enteramente
+distinta de las que hab&iacute;a tomado hasta entonces; se acerc&oacute; m&aacute;s a su
+embelesado interlocutor, y eso que ya estaban bien juntos, y le habl&oacute;
+as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver eso con mucha serenidad. Lo primero que hay que hacer aqu&iacute;
+es ponerle a usted en el peor de los casos; quiero decir, en el que
+llama usted peor.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y usted no?</p>
+
+<p>&mdash;All&aacute; veremos. No hay modo de convencer a sus padres de usted de que la
+marquesa de Mont&aacute;lvez no sea la mujer m&aacute;s perdida y m&aacute;s escandalosa del
+mundo, o se convencen de que es una se&ntilde;ora como otra cualquiera; pero se
+empe&ntilde;an en que basta su mala fama para que usted no deba casarse, y no
+se case, con su hija, lo cual es lo mismo para usted. De todos modos se
+oponen, y hasta le amenazan con las iras del cielo si no son obedecidos
+en sus p&iacute;os y honrados mandatos, y usted, que es buen hijo y, aunque
+otra cosa piensa ahora, algo temeroso de la opini&oacute;n p&uacute;blica, se encoge y
+tiembla y padece, porque no tiene resoluci&oacute;n para atropellar los
+obst&aacute;culos devolviendo tes&oacute;n por tes&oacute;n y amenaza por amenaza... &iquest;No es
+esto?</p>
+
+<p>&mdash;Cabalmente.</p>
+
+<p>&mdash;Y usted padece, tiembla y se encoge, porque en la batalla se juega a
+Luz, que es hermosa y dulce y hasta santa, seg&uacute;n dicen, y no se resigna
+usted a perder ese tesoro... Vamos a ver, &iquest;y qu&eacute; que se pierda?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;ora!...</p>
+
+<p>&mdash;Lo dicho: &iquest;y qu&eacute; que se pierda? Es usted muy joven todav&iacute;a, y por eso
+ignora lo que influye el punto de vista en el conocimiento de las cosas.
+El amor de Luz es el primero que usted siente, y cree imposible hasta la
+vida si ese amor se le malogra. Todos los hombres creen y sienten lo
+mismo la primera vez que se enamoran; pero despu&eacute;s, andando los a&ntilde;os,
+van cambiando de parecer, y el obst&aacute;culo que de novicios se les antoj&oacute;
+desventura sin ejemplo, ya con muchas barbas, le consideran como una
+d&aacute;diva de su buena suerte. No lo dude usted: hay algo de inhumano en eso
+de amarrar a un mozo que comienza a vivir al macizo carro del
+matrimonio, y decirle: &laquo;tira, y anda por ese camino &aacute;spero y obscuro que
+tienes delante, y por donde jam&aacute;s has andado&raquo;, porque se cree que el
+amor lo suple todo, y esto es una lamentable equivocaci&oacute;n. En primer
+lugar, el amor del alma se confunde muy a menudo con los antojos del
+cuerpo; pero, aunque no se confunda, el amor, o lo que sea, se acaba
+luego, porque no duran m&aacute;s los incentivos que le producen; o si se
+conservan, pierden el encanto por la costumbre de verlos; el resultado
+es el mismo; lo que se llama amor, desaparece, y la venda se cae; y
+entonces, cuando los ojos contemplan asombrados lo much&iacute;simo desconocido
+que tienen delante, la codicia de ello inflama los apetitos, y el hombre
+m&aacute;s sesudo y morigerado olvida sus deberes y se hace un glot&oacute;n de cuanto
+ve. Es decir, cae, y de mala manera, que es mucho peor que caer...,
+porque tambi&eacute;n los vicios tienen su est&eacute;tica... &iquest;Se sorprende usted de
+lo que digo?... Pues est&aacute; usted en la obligaci&oacute;n de resignarse, porque
+yo no me compromet&iacute; a halagar sus ilusiones, sino a darle mi parecer
+despu&eacute;s de examinar el punto por todas sus caras. Ahora estamos en la
+fea... Ya le veremos por otra mejor, si es que la tiene.</p>
+
+<p>&Aacute;ngel estaba, en efecto, sorprendido, y aun admirado, de ver por d&oacute;nde
+tomaba la cuesti&oacute;n su consejera, y hasta de la cara que &eacute;sta pon&iacute;a
+cuando le hablaba, que no era cara de susto, ciertamente: &iquest;ad&oacute;nde
+diablos ir&iacute;a a parar por aquellos caminos, tan distantes de los deseos
+del enamorado mozo? Ya se ver&iacute;a. Y comenz&oacute; a verlo en el acto, porque en
+el acto le dijo Leticia, despu&eacute;s de contemplarle en silencio unos
+instantes, y como substancia y producto l&oacute;gico de sus apuntadas
+reflexiones:</p>
+
+<p>&mdash;Creo, pues, que no se halla usted en edad ni en condiciones de
+casarse.</p>
+
+<p>El aludido brinc&oacute; sobre el div&aacute;n, y, sin poder contenerse, dijo con
+marcado disgusto:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero eso es peor a&uacute;n que defender la causa de mis contrarios!...</p>
+
+<p>&mdash;Esto es defender lealmente la causa de usted&mdash;respondi&oacute; Leticia con
+acento y mirar blandos y cari&ntilde;osos&mdash;. Y si no, a la prueba... Pero
+d&eacute;jeme usted concluir sin enfadarse. Contando con que usted, si no me lo
+dice, piensa, por sellarme la boca, que sin casarse con Luz, porque la
+ama, no comprende la vida, me anticipo yo a sostener que un amor,
+aunque sea como el de usted, se cura con otro... Esto, como regla
+general; pero concret&aacute;ndome al caso presente..., &iexcl;usted, tan joven,
+tan... (no quiero que me llame lisonjera) tan bien dispuesto para el
+mundo, rico, independiente, con tan larga y risue&ntilde;a vida por delante!...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; empez&oacute; &Aacute;ngel a sentirse inc&oacute;modo y desasosegado. Quiso interrumpir
+a Leticia sin acabar de comprenderla todav&iacute;a; pero Leticia le contuvo
+con un adem&aacute;n en&eacute;rgico y estas nuevas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Usted, repito, con todas esas ventajas, llorar como una desventura el
+recelo de que se le malogren unos intentos como los que le preocupan! Yo
+doy hasta por indiscutible que el amor de Luz sea el m&aacute;s hechicero de
+todos los amores... de la misma clase; pero&mdash;y con esto vuelvo a lo que
+qued&oacute; pendiente&mdash;&iquest;sabe usted todav&iacute;a lo que son otros amores? &iquest;Sabe
+usted que no son los m&aacute;s sabrosos los que m&aacute;s lo parecen a la simple
+vista?</p>
+
+<p>&Aacute;ngel lleg&oacute; a sentir latidos en las sienes y a cobrar cierto miedo al
+hablar incisivo y al mirar fulgurante de Leticia; la cual, como si se
+envalentonara con los encogimientos de su interlocutor, se tir&oacute; m&aacute;s a
+fondo, de esta suerte:</p>
+
+<p>&mdash;Usted no sabe a&uacute;n que los amores, como otras muchas cosas, se mejoran
+con la salsa de la experiencia; quiero decir que para un paladar de buen
+gusto, son m&aacute;s sabrosos los m&aacute;s experimentados...</p>
+
+<p>Y como al decir esto Leticia, su voz, su mirada, sus ademanes y el
+agitado ondular de su alto seno revelaran una emoci&oacute;n y un fuego que no
+ped&iacute;a el punto que se hab&iacute;a comenzado a tratar all&iacute;, &Aacute;ngel recel&oacute; ya de
+todo..., hasta de la bata y de las babuchas de Leticia; del motivo de su
+tardanza en recibirle, y de la ocurrencia de recibirle entre el aparato
+moruno de aquella estancia misteriosa; y dej&aacute;ndose llevar de tan malos
+pensamientos, tambi&eacute;n sospech&oacute; de los que pudo tener aquella dama para
+insistir un d&iacute;a y otro en que &eacute;l la visitara a menudo, y aun entrevi&oacute;
+los motivos de que la marquesa de Mont&aacute;lvez no tratara a aquella amiga
+con la afabilidad que a otras suyas... &iquest;Qui&eacute;n sabe hasta d&oacute;nde fueron a
+parar las sospechas del ingenuo mozo en brev&iacute;simos instantes!</p>
+
+<p>Lo cierto es que los escozores le llegaron tan al alma, que, sin poder
+contenerse, se alz&oacute; del div&aacute;n. Entonces Leticia, ley&eacute;ndole en la actitud
+lo que le estaba pasando por dentro, quiso salvar su ociosa imprudencia,
+si es que la hab&iacute;a cometido, que yo no lo s&eacute;, cambiando s&uacute;bitamente de
+aspecto y dici&eacute;ndole con la mayor serenidad y sin levantarse:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si no hemos concluido todav&iacute;a!</p>
+
+<p>A lo que respondi&oacute; el otro con voz glacial:</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo veo; pero como el punto que usted toca no es el que yo deseaba
+ventilar... Sin duda, me ha comprendido usted mal, o yo no he sabido
+explicarme bien. De cualquier modo, mil perdones por el tiempo que la he
+robado, y mil gracias por sus bondades.</p>
+
+<p>H&iacute;zola una fr&iacute;a reverencia y se fue, estremecido de espanto al
+considerar que quiz&aacute;s hab&iacute;a arrojado todo el rico tesoro de sus cuitas
+en un hediondo basurero.</p>
+
+<p>Leticia le sigui&oacute; con la vista; y si el pobre mozo hubiera vuelto la
+suya entonces, m&aacute;s grandes habr&iacute;an sido sus terrores al leer lo que
+expresaban los ojos y el continente de su afectuosa consejera.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVa" id="XVa"></a>XV</h3>
+
+
+<p>Desde que la Marquesa de Mont&aacute;lvez era juiciosa y administraba sus
+caudales por s&iacute; misma, ten&iacute;a un regalad&iacute;simo placer en encerrarse en su
+despacho, hojear sus libros de cuentas, tomar notas, calcular gastos e
+ingresos, apuntar cantidades en dos columnas, sumarlas, restar una suma
+de otra, y ver al fin que, sin privarse de nada de lo necesario, le
+resultaban sobrantes para imprevistos, despu&eacute;s de destinar un buen
+pu&ntilde;ado para amortizar censos procedentes de su mala vida pasada. &laquo;Es
+preciso verme, pensaba algunas veces la marquesa ri&eacute;ndose de s&iacute; propia,
+aqu&iacute;, y en el oratorio rezando con mi hija, para creerlo. &iexcl;Vaya si <i>he
+dado vuelta</i> y soy mujer arregladita y hacendosa! &iexcl;Si hasta me creo
+capaz de llegar a ser m&iacute;stica y avara! Expl&iacute;quese usted estos
+arrechuchos de la vida, o estos misterios del coraz&oacute;n humano, como dir&iacute;a
+<i>Alj&oacute;far</i>, que, aunque desdentado y ronco, todav&iacute;a canta y engulle.&raquo;</p>
+
+<p>Y volv&iacute;a a sonre&iacute;rse, y continuaba haciendo c&aacute;lculos y sumando
+guarismos.</p>
+
+<p>En eso se entreten&iacute;a y casi del mismo modo pensaba la ma&ntilde;ana siguiente
+al d&iacute;a en que ocurri&oacute; lo que se refiere en el cap&iacute;tulo anterior.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s que despach&oacute; su tarea, se dio a pensar en su hija, que en
+aquellos momentos estaba en su tocador. Luz andaba algo preocupada con
+la indisposici&oacute;n de &Aacute;ngel: cosas de chicuelas enamoradas.&mdash;La marquesa
+ignoraba lo del grave punto que hab&iacute;a quedado pendiente la antev&iacute;spera
+entre los dos interesados. De otro modo, quiz&aacute;s hubiera dado mayor
+importancia a las preocupaciones de Luz, mejor dicho, a la ausencia de
+&Aacute;ngel; porque en Luz no cab&iacute;an recelos de cierta especie.&mdash;Si ella (la
+marquesa) estaba satisfech&iacute;sima del novio que le hab&iacute;a tocado en suerte
+a su hija, Guzm&aacute;n no lo estaba menos; pero entrambos tem&iacute;an, porque si
+siempre se teme cuando se desea, en aquel caso estaban m&aacute;s en su punto
+los temores por motivos que el lector, conoce bien. Y &iquest;qu&eacute; hacer? &iquest;Hay
+negocio en la vida que no est&eacute; sujeto al vaiv&eacute;n de las contrariedades y
+de la fortuna? Y, sin embargo, muchos se logran como fueron calculados.
+&iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;a de ser uno de ellos el negocio de Luz?</p>
+
+<p>D&aacute;ndolo por hecho, como lo daba casi siempre, la marquesa puso su
+consideraci&oacute;n en el cuadro venturoso de la vida de aquella pareja
+incomparable, lejos, muy lejos, todo lo m&aacute;s lejos que ella pudiera, de
+la peste del &laquo;gran mundo&raquo;. Luz le detestaba, y &Aacute;ngel no le conoc&iacute;a. No
+cab&iacute;a temor de que se necesitaran esfuerzos para apartarlos de &eacute;l; y en
+apart&aacute;ndose, el ejemplo de los dem&aacute;s impulsar&iacute;a hacia lo bueno al que de
+los dos tuviera la desdicha de sentir tentaciones de no serlo. La vida
+de familia, el ambiente del hogar, el apego a los hijos, la atenci&oacute;n
+esclava del detalle dom&eacute;stico, y Dios en el coraz&oacute;n m&aacute;s que en la
+lengua... Este era todo el saber, toda la ciencia que daba por fruto en
+los matrimonios hombres &uacute;tiles y mujeres honradas. Y ellos seguir&iacute;an
+esa, misma ley, y ser&iacute;an dichosos, y ella lo ver&iacute;a; y si alg&uacute;n d&iacute;a los
+vientos de la maldad llevaban hasta los o&iacute;dos de Luz el ruido de los
+pecados de la madre, o no los dar&iacute;a cr&eacute;dito la hija, o si se le daba, ya
+habr&iacute;a en su coraz&oacute;n la necesaria fortaleza para perdonarla despu&eacute;s de
+llorarlos. Pero no ir&iacute;an nunca tan all&aacute; esos aires de muerte, porque no
+abundaban las almas de Lucifer capaces de conducirlos. Por de pronto,
+las cosas iban del mejor modo posible, y la marquesa reconoc&iacute;a que Dios
+era demasiado bueno con ella d&aacute;ndola lo que la daba por fin y remate de
+una vida como la suya.</p>
+
+<p>Lo que sucedi&oacute; poco despu&eacute;s, va a referirlo la marquesa misma:</p>
+
+<p>&laquo;Se abri&oacute; r&aacute;pidamente la puerta de escape, y apareci&oacute; Luz delante de m&iacute;,
+de la manera m&aacute;s extra&ntilde;a: el pelo destrenzado y flotante sobre la
+espalda, y recogido lo dem&aacute;s en ancho lazo sobre cada sien; el blanco
+peinador mal ce&ntilde;ido a su cuerpo; entre las manos, convulsas, un papel, y
+la cara..., &iexcl;oh!, el espanto, la ira, el dolor, la sorpresa, el
+desconsuelo... todo esto se pod&iacute;a leer en su cara transfigurada, y en su
+actitud resuelta e indecisa al mismo tiempo.</p>
+
+<p>&raquo;Me qued&eacute; estupefacta al verla as&iacute;, y ella permaneci&oacute; un instante sin
+acertar a pronunciar una s&iacute;laba y mir&aacute;ndome con la agon&iacute;a en los ojos.</p>
+
+<p>&raquo;De pronto d&iacute;jome con voz muy desconcertada, pero con gran energ&iacute;a:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Ya s&eacute; por qu&eacute; no ha vuelto desde entonces...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y &iquest;qu&eacute; es lo que sabes, hija m&iacute;a?&mdash;preguntela con el alma suspensa.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Todo..., todo! Pero es una cosa enorme... que yo no quisiera
+creer..., que no la creo&mdash;respondi&oacute; estremeci&eacute;ndose; y en seguida, con
+un timbre de voz indefinible, porque me sonaba a todo lo siniestro,
+desde la maldici&oacute;n hasta el quejido, preguntome, con sus ojos anhelantes
+fijos en los m&iacute;os asombrados&mdash;: Dime, madre, &iquest;es verdad que t&uacute; eres...
+mala?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Mala yo, hija de mi vida!&mdash;exclam&eacute; bajo la sensaci&oacute;n de un
+escalofr&iacute;o mortal&mdash;. Pues &iquest;no me conoces todav&iacute;a? &iquest;No sabes lo que te
+quiero..., c&oacute;mo te trato?...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;No es eso, no, lo que yo te pregunto!&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con una entereza y una
+decisi&oacute;n que me aterraron&mdash;: te pregunto si es verdad que eres mala,
+pero mala... de otro modo..., &iexcl;mala mujer!</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ciega yo, torpe mil veces, que, con pensar tanto en ello a todas
+horas, no sospech&eacute; de qu&eacute; se trataba entonces hasta que sonaron en mi
+o&iacute;do estas tremendas palabras!</p>
+
+<p>&raquo;Dicen que dos grandes poetas han apurado todos los horrores que caben
+en la imaginaci&oacute;n para pintar los tormentos que padecen los condenados
+en el infierno. Es imposible que entre tantos suplicios imaginados haya
+uno solo comparable al que yo padec&iacute; en aquel terrible instante.
+Espant&aacute;bame el siniestro resonar de aquella afrentosa pregunta en una
+boca tan casta; pero a&uacute;n me atormentaba m&aacute;s la verg&uuml;enza de merecerla.</p>
+
+<p>&raquo;No s&eacute; si por eludir la contestaci&oacute;n con una evasiva, tregua ilusoria de
+un condenado a muerte delante ya del pat&iacute;bulo, o porque as&iacute; lo ped&iacute;a el
+tumulto de mis ideas, dejando a la pobre ni&ntilde;a en las garras de sus dudas
+mortales, atrevime a preguntarla, aparentando un valor que no ten&iacute;a:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Qui&eacute;n te ha dicho eso?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Esta carta&mdash;me respondi&oacute;, entreg&aacute;ndome el papel que tra&iacute;a en la mano.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo la has recibido y de qui&eacute;n es?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;No tiene firma ni fecha, y la he recibido poco antes de entrar aqu&iacute;.
+Me la trajeron de su parte; de parte de <i>&eacute;l</i>...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Justo, para que, como cosa suya, cayera en tus manos y no en las
+m&iacute;as. &iquest;Y t&uacute; crees que sea obra de &Aacute;ngel?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&Aacute;ngel pod&iacute;a llegar a olvidarme, pero no a herirme de este modo.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Y todo este di&aacute;logo, con mucho m&aacute;s que no hay para qu&eacute; reproducir, le
+sosten&iacute;a yo para ir alejando el instante de fijar la vista en el papel,
+que me abrasaba las manos! Fuera de quien fuera, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s daba, si era
+la delaci&oacute;n de mis delitos al juez que m&aacute;s me intimidaba en el mundo!</p>
+
+<p>&raquo;Al fin, puse mis ojos en la carta, y tuve alientos para enterarme de
+todo su contenido. &iexcl;Qu&eacute; infamia! &iexcl;Y yo dudaba poco antes que hubiera
+almas bastante viles para cometerlas tan grandes como aquella!</p>
+
+<p>&raquo;La letra estaba desfigurada; pero as&iacute; y todo, yo ve&iacute;a en aquellos
+renglones contrahechos, sobre la fina superficie del papel, un cierto
+tufo diab&oacute;lico, un rastro que me delataba una mano conocida que no
+acababa yo de descubrir.</p>
+
+<p>&raquo;Pero all&iacute; constaba todo, &iexcl;todo! &iexcl;Y con qu&eacute; astucia m&aacute;s infernal! El
+m&oacute;vil de la carta parec&iacute;a ser un hermoso sentimiento de cari&ntilde;o a los dos
+enamorados. Luz pod&iacute;a estar inquieta por las ausencias no explicadas de
+&Aacute;ngel; pod&iacute;a hasta desconfiar de su lealtad; y por eso y porque se
+supon&iacute;a a Luz enterada de la historia de su madre, se la hacia saber lo
+que le pasaba al pobre chico. Sus padres me conoc&iacute;an al pormenor, ya
+hac&iacute;a tiempo; y al hablarles el hijo de sus prop&oacute;sitos de casamiento con
+Luz, le hab&iacute;an presentado como obst&aacute;culos insuperables..., y aqu&iacute;
+empezaba la lista minuciosa de todos mis pecados, reales y supuestos;
+con un lujo de colorido sobre sus calidades y resonancia, que no hab&iacute;a
+m&aacute;s que pedir. El oprobio de mi casamiento <i>se escapaba del papel</i>.
+Donde m&aacute;s se pod&iacute;a escandalizar la inocencia y el candor de la hija,
+all&iacute; se hund&iacute;a el trazo para afrentar m&aacute;s a la madre. Y esta sarta de
+iniquidades se hac&iacute;a para venir a parar a que, no siendo el asunto tan
+grave como a &Aacute;ngel se le antojaba, muy pronto se vencer&iacute;a el estorbo,
+reflexionando los padres que faltas como las m&iacute;as eran demasiado
+corrientes y toleradas en el mundo, para que se opusieran como
+impedimento a la felicidad de dos enamorados tan dignos de ser felices.</p>
+
+<p>&raquo;Todo esto le&iacute;; de todo esto me enter&eacute;, gastando en ello todas las
+fuerzas de mi voluntad. Pero era preciso hablar, responder de alg&uacute;n modo
+a aquellos cargos terribles; y para esta empresa ya no tuve alientos.
+Luz, entretanto, continuaba pidi&eacute;ndome una respuesta con los ojos. &iexcl;No
+los apartaba de m&iacute;! Estaba tr&eacute;mula, convulsa, la desdichada.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;C&oacute;mo ciega y aturde el peso de una conciencia cargada de iniquidades!
+Yo, la mujer desenvuelta, fr&iacute;a y despreocupada de los salones; la dama
+de los grandes recursos para la intriga; la afamada <i>humorista de las
+ocurrencias felices</i>, ni siquiera di en el sencillo intento de deshacer
+con una negativa terminante aquella tempestad de desdichas que bramaba
+sobre mi cabeza..., porque me hubiera bastado eso solo para conseguirlo:
+despu&eacute;s me he convencido de ello pens&aacute;ndolo con serenidad. Pero
+entonces, en las pocas preguntas y en la actitud indescriptible de mi
+hija, yo no s&eacute; qu&eacute; o&iacute;, qu&eacute; vi de extra&ntilde;o, de sobrenatural, como si
+fuera el rayo de la justicia de Dios que comenzara a castigarme.</p>
+
+<p>&raquo;Y me aterr&eacute; m&aacute;s todav&iacute;a; y cuando Luz, pareci&eacute;ndole siglos los
+instantes que yo tardaba en responderla, me dijo, con la voz de su
+angustia desesperada: &laquo;&iexcl;Habla, aunque sea para acabarme de matar!, yo
+enmudec&iacute; y baj&eacute; la cabeza, cerrando los ojos. Quer&iacute;a ocultarme en
+aquella ilusoria obscuridad, ya que el suelo no se abr&iacute;a bajo mis pies
+para devorarme. O&iacute; entonces sollozos y quejidos: la agon&iacute;a de un alma.
+&iexcl;Desventurada! &iexcl;Cu&aacute;nto perd&iacute;a con aquel silencio m&iacute;o, que era la
+declaraci&oacute;n de los esc&aacute;ndalos de su madre!</p>
+
+<p>&raquo;El remordimiento, el dolor de herirla tan hondo y en tantos sitios a la
+vez, produjo en m&iacute; una s&uacute;bita reacci&oacute;n. Ard&iacute;ame la sangre que momentos
+antes era hielo desle&iacute;do; zumb&aacute;banme las sienes, y el coraz&oacute;n no me
+cab&iacute;a en el pecho; abr&iacute; otra vez los ojos, y tuve que cerrarlos de
+repente, porque los sent&iacute; deslumbrados por las mismas llamas infernales
+que me abrasaban el rostro. Un ciego impulso de mi amor de madre me
+arrastr&oacute; hacia Luz con los brazos extendidos; pero otro impulso m&aacute;s
+fuerte de la conciencia me detuvo all&iacute;... No me atrev&iacute;a a abrazarla,
+porque abrazarla era poner en contacto su inmaculada pureza con las
+escorias inmundas que imaginaba yo ver salir a borbotones de mi pecho.
+En tan negro desamparo, elev&eacute; mi pensamiento hacia Dios; y tampoco
+hall&eacute; el consuelo que buscaba, porque no tuve fuerzas para llegar a tan
+alto en tan mala compa&ntilde;&iacute;a. La conciencia de mis culpas me cerraba todos
+los caminos que yo intentaba seguir mendigando un instante de sosiego.
+&iexcl;Como si le mereciera! Entonces, en el paroxismo de mi desconsuelo, sin
+mirar a Luz, sin ver si quedaba viva o muerta, hu&iacute; de su lado y corr&iacute; a
+esconderme, con el peso de todos los tormentos en el alma y sin el
+consuelo de una l&aacute;grima en los ojos.</p>
+
+<p>&raquo;No s&eacute; cuanto tiempo permanec&iacute; en mi gabinete aturdida bajo aquel
+torbellino de pensamientos desquiciados y de visiones febriles, porque
+no hay medida para los huracanes del esp&iacute;ritu. El infeliz que los
+padece siente los estragos, pero no estima las horas. Y eso me pas&oacute; a
+m&iacute;.</p>
+
+<p>&raquo;Cuando el cansancio de tan ruda batalla prest&oacute; un poco de sosiego a mi
+discurso, comprend&iacute; que, con haber pensado tanto, no hab&iacute;a pensado en
+nada &uacute;til, y que era preciso pensar en algo, buscar una puerta para
+salir de aquel antro sombr&iacute;o, si es que el antro ten&iacute;a salida que no
+fuera para conducirme a otro m&aacute;s tenebroso.</p>
+
+<p>&raquo;Y discurr&iacute;, y fatigu&eacute; la enardecida m&aacute;quina de mis ideas..., todo para
+la pobre v&iacute;ctima de mis enormes faltas: yo, su verdugo, no ten&iacute;a derecho
+ni a disculparme para moverla a que me las perdonara. &iexcl;Pero era tan
+estrecho el c&iacute;rculo en que se revolv&iacute;an mis pensamientos por la
+naturaleza misma de las cosas meditadas!, &iexcl;hab&iacute;a un enlace tan &iacute;ntimo
+entre lo que era irremediable y lo que pod&iacute;a tener alg&uacute;n remedio! Al
+fin, la necesidad, la obligaci&oacute;n de hacer algo, me sugiri&oacute; una idea que
+ya hab&iacute;a entrevisto yo flotando a ratos en el oleaje de la pasada
+tempestad. No era todo lo que se necesitaba en una obscuridad como la
+m&iacute;a; pero era algo, era un proyecto, una salida, un camino, el &uacute;nico
+camino que ve&iacute;a, y me decid&iacute; a seguirle sin perder un solo instante.</p>
+
+<p>&raquo;Llam&eacute;, ped&iacute; el carruaje y comenc&eacute; a vestirme para salir... &iexcl;No me
+atrev&iacute; a preguntar por mi hija, y no la echaba de la memoria un solo
+instante! &iquest;Qu&eacute; har&iacute;a, la desdichada, desde que yo la hab&iacute;a dejado en el
+suplicio de su honda pesadumbre y sin alientos para llorar! Quer&iacute;a
+verla, necesitaba verla, porque su dolor me atormentaba m&aacute;s que los
+m&iacute;os; pero me faltaba valor para ello: tem&iacute;a agravar sus angustias con
+mi presencia..., y tem&iacute;a, hasta el espanto, leer mi desprestigio en sus
+ojos. Quien haya tenido hijas buenas y enamoradas de su madre, que diga
+si hay pu&ntilde;al que m&aacute;s hondo hiera, ni azote que m&aacute;s afrente que la mirada
+que yo tem&iacute;a.</p>
+
+<p>&raquo;Me vest&iacute; muy pronto y sal&iacute; de puntillas hasta el gabinete de Luz, que
+no distaba mucho del m&iacute;o. La puerta no estaba bien cerrada y hab&iacute;a un
+resquicio entre las dos hojas. Mir&eacute; por &eacute;l, lati&eacute;ndome el coraz&oacute;n y
+tembl&aacute;ndome todo el cuerpo; y la vi, all&aacute; en el fondo y en el mismo
+desali&ntilde;o en que yo la hab&iacute;a dejado en mi despacho, recostada en un
+sill&oacute;n; el rostro, descolorido; los ojos, enrojecidos y secos; la
+mirada, perdida en el c&uacute;mulo de los pensamientos; la expresi&oacute;n, de honda
+tristeza, y las manos, abandonadas sobre el regazo. &iexcl;Qu&eacute; dolor!... &iexcl;y
+qu&eacute; coraz&oacute;n hab&iacute;a elegido para anidar! &iexcl;Y todo aquel estrago era obra
+m&iacute;a; de mis maldades, de mis esc&aacute;ndalos!</p>
+
+<p>&raquo;Esta idea me hiri&oacute; como un rayo: sent&iacute; la sacudida en el pecho, y una
+oleada de l&aacute;grimas inund&oacute; mis ojos: &iexcl;el primer beneficio que me otorgaba
+el duelo implacable de aquel d&iacute;a! Porque no oyera Luz mis sollozos,
+intent&eacute; cerrar la puerta; pero not&oacute; su d&eacute;bil rechinar y volvi&oacute; la cara.
+Por si me hab&iacute;a visto, me resolv&iacute; a entrar, dispuesta a todo. De
+cualquier manera, yo no pod&iacute;a vivir as&iacute;.</p>
+
+<p>&raquo;No se mostr&oacute; sorprendida al verme, ni me mir&oacute; con dureza. Esto solo me
+dio un gran consuelo y fuerzas bastantes para atreverme a sentarme a su
+lado; pero no supe qu&eacute; decirla. Temblaba yo como una hoja de oto&ntilde;o
+pr&oacute;xima a caer de la rama sin jugos.</p>
+
+<p>&raquo;Estando en estas indecisiones, repar&oacute; ella en m&iacute; traje, y me pregunt&oacute;
+con voz algo empa&ntilde;ada y muy d&eacute;bil:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Vas a salir?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;S&iacute;, hija m&iacute;a&mdash;respond&iacute;.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Ad&oacute;nde?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Muy cerca..., para un asunto que nos interesa..., que te interesa a
+ti, sobre todo.</p>
+
+<p>&raquo;Se encogi&oacute; de hombros y volvi&oacute; la cara hacia el balc&oacute;n. La silla que yo
+ocupaba era m&aacute;s alta de asiento que su butaca: de modo que su cabeza
+quedaba algo m&aacute;s baja que la m&iacute;a. Siempre que yo me separaba de Luz con
+cualquier motivo, nos d&aacute;bamos un beso... &iexcl;Qu&eacute; hambre ten&iacute;a yo del beso
+de aquel d&iacute;a! No atrevi&eacute;ndome a ped&iacute;rsele ni pudi&eacute;ndome resignar a irme
+sin &eacute;l, quise robarle con una astucia, a la cual se prestaba la
+diferencia de alturas de nuestros asientos. Me fui deslizando del m&iacute;o
+poco a poco, y bajando, bajando, hasta verme de rodillas delante de
+ella. &iexcl;Aquel era mi puesto!, &iexcl;as&iacute; deb&iacute;a estar yo, y m&aacute;s abajo todav&iacute;a, y
+pisoteada por sus pies! Fing&iacute; hacer lo que hac&iacute;a para observar m&aacute;s a mi
+gusto su cara.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Est&aacute;s casi en ayunas&mdash;la dije&mdash;, y necesitas tomar algo que te
+conforte... &iquest;Quieres que almorcemos antes de salir yo?..., porque ya es
+hora.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Estoy muy bien&mdash;me respondi&oacute; impasible.&mdash;No necesito nada, sino
+quietud... y silencio.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;De manera que yo he venido a molestarte... Perd&oacute;name por la buena
+intenci&oacute;n que tuve... Como voy a salir..., me dej&eacute; llevar de la
+costumbre: ya sabes cu&aacute;l es...</p>
+
+<p>&raquo;Y la miraba a trav&eacute;s del velo de la mantilla que me hab&iacute;a echado sobre
+la cara.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;No me molestas&mdash;me dijo sin acercar la suya tanto como yo quer&iacute;a.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pero tampoco me necesitas, &iquest;no es cierto?&mdash;repliqu&eacute; devor&aacute;ndola con
+los ojos.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y &iquest;s&eacute; yo&mdash;respondiome sacudida por una gran emoci&oacute;n&mdash;qu&eacute; es lo que
+deseo ni qu&eacute; es lo que necesito; qu&eacute; es lo que menos me da&ntilde;a ni lo que
+m&aacute;s me conviene!... &iexcl;Si todo me parece ahora del mismo sabor!</p>
+
+<p>&raquo;Acud&iacute; presurosa a contener aquel torrente de dolor que se desbordaba,
+con los pocos recursos de que pod&iacute;a disponer.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Cierto, cierto&mdash;la dije, acariciando una de sus manos, que hab&iacute;a
+cogido entre las m&iacute;as&mdash;, y yo soy una imprudente, una ego&iacute;sta,
+preguntando esas cosas... Ya vendr&aacute; tiempo de tratarlas como se debe; y
+para que llegue cuanto antes, voy a salir en seguida... Porque ya te
+dije que iba a salir..., &iquest;lo has olvidado?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;No.</p>
+
+<p>&raquo;En esto avisaron que el coche aguardaba.</p>
+
+<p>&raquo;Ya lo oyes&mdash;la dije, acercando m&aacute;s todav&iacute;a mi cara a la, suya&mdash;, y si
+he de volver pronto... Conque &aacute;nimo, que Dios, aunque aprieta, nunca
+ahoga... En cuanto vuelva, dentro de una hora lo m&aacute;s, te informar&eacute; de
+todo lo que me haya ocurrido... Ser&aacute; bueno para ti..., para las dos, no
+lo dudes. Entre tanto, dejar&eacute; advertido que te den una sopita clara...,
+un caldo siquiera..., porque no puedes estar as&iacute;... &iexcl;Ea!, adi&oacute;s, hija
+m&iacute;a...</p>
+
+<p>&raquo;Pero yo no me incorporaba ni alejaba mi cara de la suya.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Adi&oacute;s&mdash;me dijo, al fin, estampando un beso, fr&iacute;o y maquinal, en mi
+frente.</p>
+
+<p>&raquo;Pero as&iacute; y todo, me pareci&oacute; aquel beso un regalo celestial; h&iacute;zome la
+impresi&oacute;n de un roc&iacute;o ben&eacute;fico en la sequedad de mis amarguras; y
+dej&aacute;ndome llevar de los impulsos del coraz&oacute;n, tom&eacute; la cara de Luz entre
+mis manos y se la cubr&iacute; de besos y de l&aacute;grimas. No pens&eacute; ya en que
+pudiera mancharla el rastro de mis liviandades. El llanto de mis
+remordimientos lo lavar&iacute;a todo; y, adem&aacute;s, yo necesitaba aquello para
+vivir.</p>
+
+<p>&raquo;Sal&iacute; en seguida con mayores alientos y mejores esperanzas; hice a mi
+doncella los encargos que juzgu&eacute; convenientes para atender al cuidado de
+Luz, y baj&eacute; al portal. El aire, el sol, el ruido y el movimiento de la
+calle me produjeron una impresi&oacute;n trist&iacute;sima. Parec&iacute;ame que el velo de
+mi mantilla no era bastante tupido para evitar que las gentes leyeran en
+mi cara lo que me estaba pasando.</p>
+
+<p>&raquo;Al entrar en la berlina, dije al lacayo en el momento de ir a cerrar la
+portezuela:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Imperial, 15.&raquo;</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVIa" id="XVIa"></a>XVI</h3>
+
+
+<p>Mientras rodaba el coche se me iba ocurriendo que pod&iacute;a no ser verdad
+que las ausencias de &Aacute;ngel de mi casa consistieran en lo que dec&iacute;a el
+an&oacute;nimo; mas como para aclarar la duda se necesitaba un tr&aacute;mite, no
+corto, y no andaban mis asuntos para prodigar el tiempo en lujos de
+preliminares, y si lo del an&oacute;nimo no era la pura verdad, podr&iacute;a serlo,
+lo ser&iacute;a a la hora menos pensada, lo que yo iba a hacer hecho estar&iacute;a, y
+eso tendr&iacute;amos adelantado. &iexcl;El an&oacute;nimo!... Pero &iexcl;de qui&eacute;n era la mano
+que le hab&iacute;a escrito? No pod&iacute;a dar en ello por m&aacute;s que cavilaba, y casi
+casi la estaba viendo delante de los ojos.</p>
+
+<p>&raquo;Det&uacute;vose el coche y baj&eacute;. S&oacute;lo otra vez en mi vida hab&iacute;a estado yo en
+aquella casa, &iexcl;y en qu&eacute; situaci&oacute;n de &aacute;nimo tan diferente! Sub&iacute; la
+angosta y larga escalera sin tomar un respiro, y llam&eacute;.</p>
+
+<p>&raquo;Esta vez fui recibida en la sala, pieza triste y pobre, sin otro lujo
+que el aseo, el cual reluc&iacute;a hasta en los damascos descoloridos de los
+muebles. Apareci&oacute; el matrimonio a los pocos momentos de estar yo
+aguardando. La mujer era el mismo espectro de la otra vez, pero sin la
+calceta, aunque no por eso me pareci&oacute; menos terrible. Dispuso con un
+adem&aacute;n de los suyos que me sentara en el centro del sof&aacute;, y senteme
+all&iacute;. Delante del sof&aacute;, a sus dos extremos y mir&aacute;ndose frente a frente,
+hab&iacute;a dos butacas. La mujer se sent&oacute; en la una y el marido en la otra.
+Colocados as&iacute; los tres, el espectro estaba a mi derecha.</p>
+
+<p>&raquo;El bueno de don Santiago hab&iacute;a estado muy afable y cort&eacute;s conmigo... y
+tambi&eacute;n un poco desconcertado al saludarme. Su mujer fue la de siempre y
+lo que yo esperaba que fuera en aquella ocasi&oacute;n; pero ni me alentaba lo
+uno, ni me intimidaba lo otro. En la enormidad de mi cuita, no deb&iacute;a
+reparar yo en peque&ntilde;eces de m&aacute;s o de menos.</p>
+
+<p>&raquo;Sin detenerme en excusas ociosas ni en pre&aacute;mbulos atenuantes, refer&iacute;
+lo del an&oacute;nimo y hasta le relat&eacute; casi al pie de la letra, y pregunt&eacute; en
+seguida si era cierto que entre ellos (mis dos oyentes) y su hijo
+hubiera pasado lo que en el papel se declaraba. La mujer respondi&oacute; al
+punto, seca y muy acentuadamente, que s&iacute;; el marido, cuando me volv&iacute;
+hacia &eacute;l, humill&oacute; un poco la cabeza, pero no dijo que no.</p>
+
+<p>&raquo;Ya sab&iacute;a a qu&eacute; atenerme con toda certidumbre; y a continuar iba en mi
+empresa, fundada sobre esta base, cuando se me anticip&oacute; el espectro para
+decirme:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Ya supondr&aacute; usted que en esta casa, donde con tanta lealtad se habla
+y se procede, no hay nadie que sea capaz de cometer tales felon&iacute;as...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;No hab&iacute;a necesidad de esa advertencia, se&ntilde;ora&mdash;la dije de todo
+coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Es que c&oacute;mo la carta, seg&uacute;n usted ha referido, fue entregada de parte
+de mi hijo...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Raz&oacute;n de m&aacute;s para creer que no era obra suya, puesto que no la
+firmaba.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Eso mismo pienso yo&mdash;dijo don Santiago, y eso solo debiera bastar
+como prueba decisiva, si hubiera alguien capaz de atribuirle...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Se&ntilde;or don Santiago&mdash;le interrump&iacute;&mdash;, todas esas salvedades est&aacute;n
+fuera de su lugar...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pero es extra&ntilde;o&mdash;dijo su mujer&mdash;, &iexcl;muy extra&ntilde;o!, que una cosa tratada
+aqu&iacute;, a puertas cerradas, entre nosotros solos, hace dos o tres d&iacute;as, se
+sepa a estas horas donde se sabe. &iquest;C&oacute;mo ha podido saberse?...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Oh, por el amor de Dios!&mdash;repliqu&eacute; fatigada con aquella ociosa
+digresi&oacute;n&mdash;, no se preocupen ustedes ahora con eso... Ya se sabr&aacute;
+todo..., y si no se sabe, &iexcl;qu&eacute; importa! No es eso lo que a m&iacute; me duele
+ni por lo que he venido.</p>
+
+<p>&raquo;Call&aacute;ronse entonces; y como los vi dispuestos a escucharme, d&iacute;jeles al
+punto, palabra m&aacute;s o menos:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Hay en el an&oacute;nimo ese un alcance m&aacute;s hondo que el que se ve, tomado
+el papel en la sencillez de su contenido. Parece la obra de un amigo
+indiscreto, y es un pu&ntilde;al envenenado que ha producido en mi casa dos
+heridas mortales. Para eso fue escrito, y como pu&ntilde;al le esgrimi&oacute;, la
+mano alevosa. De una de las dos heridas no hay para qu&eacute; tratar: es la
+m&iacute;a; quiz&aacute;s la merezco, y poco importa. Pero de la otra, que es la de mi
+hija inocente... &iexcl;Dios bendito!... Yo no s&eacute; si habr&aacute; en el mundo remedio
+que alcance a cicatrizarla: sospecho que no; pero s&eacute; de algo que puede
+combatir el veneno y amortiguar los dolores; y con esto, aunque mal, ya
+se vive... Pues ese b&aacute;lsamo milagroso est&aacute; aqu&iacute;, en una palabra, en una
+mirada, en un latido del coraz&oacute;n de ustedes; y yo vengo a preguntarles:
+&iquest;a costa de qu&eacute; sacrificios, de qu&eacute; humillaciones, de qu&eacute; penitencias,
+le puedo adquirir para que viva la desventurada Luz?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;No me respondieron una palabra. Don Santiago me hab&iacute;a o&iacute;do sin
+apartar de m&iacute; sus ojos compasivos; pero su mujer era una roca.</p>
+
+<p>&raquo;Convencida de ello, abandon&eacute; por in&uacute;tiles los toques al sentimiento de
+aquella inexorable criatura, y acomet&iacute; de frente la empresa llamando a
+las cosas por sus nombres. Lo que pretend&iacute;a, lo que yo suplicaba era que
+no se pusieran obst&aacute;culos a los proyectos acordados entre &Aacute;ngel y mi
+hija.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Quisiera yo que la se&ntilde;ora marquesa considerara&mdash;dijo al o&iacute;rme don
+Santiago, en tono muy afable&mdash;que cuando se tratan en familia asuntos
+como el que nuestro hijo vino a tratar con nosotros, no debe extra&ntilde;arse
+que los padres, mirando por el bienestar y por...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Si yo no me extra&ntilde;o de nada de eso, amigo m&iacute;o! Ustedes han hecho muy
+bien en lo que hicieron, pensando que lo que hac&iacute;an era lo mejor; pero
+entonces ignoraban...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Mi hijo&mdash;interrumpiome la implacable madre&mdash;nos ha o&iacute;do cuanto
+necesita saber en este caso, y a ello se atendr&aacute;, como nosotros tambi&eacute;n
+nos atendremos.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pero su hijo de usted ignora&mdash;d&iacute;jela yo&mdash;lo que sucede en mi casa, y
+no sospecha todo lo que puede suceder.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Mi hijo&mdash;insisti&oacute; con voz tremenda el espectro&mdash;no tiene obligaci&oacute;n
+de saber esas cosas, ni sus padres la tienen tampoco: lo que saben los
+padres y el hijo, porque son bautizados y no han renegado nunca de
+serlo, es que hay que bajar la cabeza cuando pasan las iras del cielo,
+como pasan ahora para castigo de usted. Quien la hizo, que la pague.
+Res&iacute;gnese y sufra, y no pretenda que la ayude nadie a enmendar los
+decretos de Dios.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Mujer, mujer!&mdash;exclam&oacute; aqu&iacute; el bueno del marido&mdash;, &iexcl;caridad
+siquiera!</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Oh!, d&eacute;jela usted decir, que no me duele por lo que de ello me toca:
+eso y m&aacute;s merezco. &laquo;Quien la hizo, que la pague&raquo;: ha dicho muy bien esta
+se&ntilde;ora; nada m&aacute;s justo. Yo la hice: yo acepto el castigo sin protesta,
+para pagar todo lo que debo; pero por lo mismo que esta es la ley, me
+parece que la infringen los que castigan en una hija inocente, como la
+m&iacute;a, los pecados de una madre como la suya. Vengan sobre mi cabeza todas
+las iras del cielo, toda la indignaci&oacute;n y todo el menosprecio de
+ustedes; pero d&eacute;jenme que implore un poco de misericordia para la
+desdichada, que no ha cometido otro pecado que el haber nacido de m&iacute;.</p>
+
+<p>&raquo;Aquella mujer no se ablandaba: quiz&aacute;s no me comprend&iacute;a; acaso no daba
+m&aacute;s valor a mis instancias que el que tiene cualquier otro fracaso de
+casamiento <i>ventajoso</i>. Por si no me equivocaba, cont&eacute; la historia de
+Luz desde que tuvo uso de raz&oacute;n, desde el d&iacute;a en que vino al mundo; su
+car&aacute;cter, su inocencia; mis incesantes afanes porque la conservara,
+porque no supiera jam&aacute;s entre qu&eacute; inmundicias hab&iacute;a ca&iacute;do..., en fin,
+porque no se pareciera a su madre ni tomara en su ejemplo la menor
+disculpa para no ser buena, si alg&uacute;n d&iacute;a se obraba milagro de que aquel
+coraz&oacute;n tan puro llegara a corromperse: de todo esto habl&eacute;; y despu&eacute;s de
+hablar de ello, habl&eacute; de sus extra&ntilde;as fantas&iacute;as, origen de unos amores
+que, por nacer como nacieron, parec&iacute;an providenciales; de mi s&uacute;bito
+cambio de costumbres, de mis esperanzas..., de mi so&ntilde;ada felicidad, que
+s&oacute;lo consist&iacute;a en que jam&aacute;s turbara la de Luz el ruido de los esc&aacute;ndalos
+de su madre. Ya no era posible evitar esto, porque la infamia se hab&iacute;a
+consumado; pero &iquest;por qu&eacute; al dolor de esta pu&ntilde;alada se hab&iacute;a de a&ntilde;adir
+otro m&aacute;s hondo todav&iacute;a? &iquest;No era sobrada crueldad herirla, para que
+tambi&eacute;n se pretendiera matarla? &iquest;En qu&eacute; me rebelaba yo contra las iras
+del cielo, que castigaban mis pecados, pidiendo la vida de la inocente?</p>
+
+<p>&raquo;Pues tampoco labr&oacute; toda esta triste y larga plegaria en el coraz&oacute;n de
+aquella mujer. Seg&uacute;n ella, la justicia divina, cuando se dejaba sentir,
+her&iacute;a en lo m&aacute;s sensible. Por eso me hab&iacute;a herido a mi donde tanto me
+dol&iacute;a. Ser&iacute;a cierto; pero ni aun as&iacute; cre&iacute;a yo faltar a ninguna ley
+divina ni humana implorando lo que imploraba al precio de sufrir yo sola
+todas las amarguras decretadas para las dos.</p>
+
+<p>&raquo;Don Santiago no despleg&oacute; sus labios, porque harto ten&iacute;a que hacer con
+ocultar de m&iacute; las impresiones que le estaban dominando.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Yo no pido a &Aacute;ngel&mdash;conclu&iacute;&mdash;porque es bueno, porque es hermoso, ni
+porque es rico: le pido, le imploro, porque ama a Luz y es la vida de mi
+hija, que le merece.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y yo no se lo negar&iacute;a a usted&mdash;respond&iacute;ame el espectro&mdash;si Luz fuera
+pobre, fea y necia; &eacute;l la quer&iacute;a, bendij&eacute;rasela Dios, con tal de que
+fuera honrada. Pero se la niego, se la negamos... porque su madre no lo
+es.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Lo s&eacute; ya, se&ntilde;ora&mdash;repliqu&eacute;la&mdash;, y en eso est&aacute;bamos al principio; pero
+llegando a donde he llegado yo con mis explicaciones y mis s&uacute;plicas, la
+pregunto a usted ahora, y a usted, mi buen amigo don Santiago: a cambio
+de ese gran beneficio, &iquest;qu&eacute; reclaman ustedes de m&iacute;?, &iquest;qu&eacute; testimonios
+desean para creer que si escandalic&eacute; como mujer deshonesta, puedo
+edificar como arrepentida?, &iquest;qu&eacute; martirios, qu&eacute; humillaciones?...
+D&iacute;ganmelo: yo lo har&eacute; todo..., todo, sin repugnancia, con la sonrisa en
+la boca y besando el azote que me castigue.</p>
+
+<p>&raquo;La mujer se callaba. El marido me dijo, si no recuerdo mal, algo como
+esto, y muy conmovido:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Se&ntilde;ora m&iacute;a, yo la compadezco a usted con todo mi coraz&oacute;n; yo no dudo
+de la sinceridad de cuanto nos dice; yo la creo a usted capaz de todo
+lo que promete, y la aseguro que har&iacute;a los imposibles por poner las
+cosas en donde deb&iacute;an estar, si las cosas esas tuvieran remedio a la
+hora presente; pero con estos mis buenos deseos, que son los de mi
+mujer, cr&eacute;ame, aunque no lo parezca as&iacute;...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Tu mujer&mdash;salt&oacute; &eacute;sta&mdash;nunca se ha mordido la lengua para decir lo que
+siente, si lo que siente va con la ley de Dios, como sucede ahora; y lo
+dicho, dicho queda, porque no se opone a esa ley; pero aunque se
+opusiera, tambi&eacute;n el mundo tiene sus leyes, bien o mal hechas, y hay que
+respetarlas...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Ah&iacute; est&aacute;!&mdash;dijo con gran viveza don Santiago&mdash;: a eso iba yo a parar
+cuando t&uacute; me interrumpiste. El mundo tiene sus leyes: en el mundo
+vivimos; &eacute;l nos ha formado a su modo, se&ntilde;ora marquesa..., y por esas
+leyes..., en fin, p&oacute;ngase usted en nuestro caso.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;exclam&eacute; yo entonces&mdash;, &iexcl;si usted se viera en el m&iacute;o!.. Pero
+tambi&eacute;n acepto esas leyes que me son tan desfavorables en esta triste
+querella. &iquest;Qu&eacute; teme usted del mundo en el caso implorado por m&iacute;?: &iquest;que
+caiga sobre &Aacute;ngel la ignominia de la madre de su mujer? Tambi&eacute;n para
+estas tempestades hay conjuros. &iexcl;Yo me arrastrar&eacute; como penitente donde
+me han visto triunfar como pecadora!, &iexcl;yo confesar&eacute; a voces mis pecados
+donde quiera que haya gentes honradas que me oigan!... &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s puedo
+hacer? Jes&uacute;s no pidi&oacute; tanta penitencia a la cortesana arrepentida, y
+hab&iacute;a escandalizado m&aacute;s que yo.</p>
+
+<p>&raquo;Se miraron uno a otro, y d&iacute;jome despu&eacute;s don Santiago muy conmovido:</p>
+
+<p>&raquo;Ni nosotros, pobres pecadores, le pedir&iacute;amos a usted, <i>llegado el
+caso</i>, todo lo que nos ofrece... Aqu&iacute; hay caridad, se&ntilde;ora, gracias a
+Dios, aunque haya miramientos tambi&eacute;n, &iexcl;y muchos miramientos!, que
+respetar, sin que se falte por eso a la ley divina...; pero &iquest;sabe
+usted, sabemos nosotros, si asintiendo a lo que usted desea y pide, y es
+muy natural que lo pida y lo desee, se avendr&iacute;a tambi&eacute;n nuestro hijo,
+con lo cual no contamos?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pues &iquest;no hemos convenido&mdash;repuse&mdash;en que lo que se afirma en el
+an&oacute;nimo es cierto en todas sus partes?</p>
+
+<p>&raquo;El buen hombre contest&oacute; que s&iacute;.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y &iquest;no se afirma en &eacute;l que el &uacute;nico obst&aacute;culo que encuentra &Aacute;ngel para
+el logro de sus ardientes deseos, es la oposici&oacute;n de sus padres? Porque
+de no contar con esto yo, no les hubiera molestado a ustedes con lo que
+les he dicho.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Es verdad, es verdad&mdash;respondi&oacute; el bendito&mdash;: fue un reparo el m&iacute;o
+sin fundamento; pero de buena fe. Desgraciadamente para nuestros
+prop&oacute;sitos..., quiero decir, para los de sus padres, la decisi&oacute;n de
+&Aacute;ngel en ese punto es a prueba de inconvenientes: es firme como una
+muralla. Lo cierto no hay para qu&eacute; ocultarlo, ni es justo que se oculte.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Cosa rara! Su mujer no hizo el m&aacute;s leve reparo, ni con la palabra, ni
+con el gesto, ni con un adem&aacute;n a esta declaraci&oacute;n de su marido;
+declaraci&oacute;n que pod&iacute;a tomarse por una se&ntilde;al de triunfo para m&iacute;, aun por
+una persona menos interesada en &eacute;l que yo.</p>
+
+<p>&raquo;Temiendo perder lo ganado, pero resuelta a que quedara donde fuera
+fructificando bien, no insist&iacute; en que lleg&aacute;ramos a un acuerdo
+terminante, aunque habl&eacute; un buen rato todav&iacute;a y con no mala fortuna;
+pues o me enga&ntilde;aban mucho las se&ntilde;ales, o el espectro se iba humanizando
+poco a poco.</p>
+
+<p>&raquo;&Aacute;ngel, presente all&iacute;, quiz&aacute;s hubiera logrado que yo me llevara hecho lo
+que, en opini&oacute;n m&iacute;a, quedaba en buen camino de hacerse; pero ni se
+present&oacute;, ni me pareci&oacute; muy cuerdo preguntar por &eacute;l entonces.</p>
+
+<p>&raquo;En resumen: al concluirse aquella batalla, en que gast&eacute; las pocas
+fuerzas que me hab&iacute;a dejado la tremenda fatiga de mi casa, me pareci&oacute;
+que el bueno de don Santiago N&uacute;&ntilde;ez, m&aacute;s que un enemigo, era ya un aliado
+m&iacute;o, y que en la dureza de la mujer quedaba una mela por donde, si su
+hijo sab&iacute;a golpearla, llegar&iacute;a hasta el coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&raquo;Al despedirme, el marido me estrech&oacute; con efusi&oacute;n la mano entre las dos
+suyas. No me atrev&iacute; a tend&eacute;rsela en seguida a la mujer; pero, en cambio,
+&iexcl;qu&eacute; asombro!, me tendi&oacute; ella la suya. No se la bes&eacute;, porque no lo
+juzgara sospechoso por excesivo; pero mis ojos, mal enjutos todav&iacute;a,
+volvieron a llenarse de l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&raquo;En el momento de salir, me advirti&oacute; don Santiago que su hijo no hab&iacute;a
+vuelto a&uacute;n a casa, pero que no tardar&iacute;a, porque era ya la hora de comer
+para ellos; le rogu&eacute; que no le ocultaran que hab&iacute;a estado yo all&iacute;, y
+comenc&eacute; a bajar la escalera.</p>
+
+<p>&raquo;Al llegar a la meseta del entresuelo, me encontr&eacute; con &Aacute;ngel, que sub&iacute;a.
+Dios, aunque me castigaba, no me dejaba todav&iacute;a de su mano.</p>
+
+<p>&raquo;Antes que &eacute;l saliera de la admiraci&oacute;n de verme all&iacute;, y eso que lo
+sospechaba por el carruaje que aguardaba en la calle, comenc&eacute; yo a darle
+cuenta, en voz muy baja y con el mayor laconismo que pude, de todo lo
+que le interesaba saber sobre lo que ocurr&iacute;a en mi casa y en la suya.
+&iexcl;Pobre chico! &iexcl;Qu&eacute; rato le di y qu&eacute; horas le prepar&eacute;! &laquo;Pero &iquest;por d&oacute;nde
+se supo? &iquest;Qu&eacute; mano ha escrito eso?&raquo; La misma pregunta que arriba; la
+misma que me hac&iacute;a yo. &iquest;Y qui&eacute;n pod&iacute;a indagarlo mejor que &eacute;l?</p>
+
+<p>&raquo;De pronto se dio una palmada en la frente, y en seguida me refiri&oacute;, con
+muy curiosos pormenores, una visita que hab&iacute;a hecho el d&iacute;a antes a
+Leticia.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Esa es la mano!&mdash;dije sin titubear&mdash;. De ella es el rastro que yo
+ve&iacute;a sobre el papel. No andando suelto por la tierra Satan&aacute;s, s&oacute;lo en
+Leticia, contrariada y ofendida, cabe una felon&iacute;a como esa. &iexcl;Qu&eacute;
+desalmada!</p>
+
+<p>&raquo;El fracaso de sus proyectos en aquella visita, dej&aacute;ndole desamparado y
+con su secreto descubierto en lugar tan sospechoso, le hab&iacute;a movido a
+pedir el auxilio y el consejo de Guzm&aacute;n. Tres veces en pocas horas hab&iacute;a
+estado en su casa, y se volv&iacute;a a la suya sin hallarle.</p>
+
+<p>&raquo;D&iacute;jele que se pasara muy pronto por la m&iacute;a, donde era m&aacute;s necesario que
+en ninguna otra, y nos separamos despidi&eacute;ndonos &laquo;hasta luego&raquo;.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Guzm&aacute;n!..., la &uacute;nica criatura de cuantas hollaban la tierra, que me
+parec&iacute;a m&aacute;s criminal que yo!, &iexcl;el hombre que merec&iacute;a, en buena ley, que
+llovieran sobre &eacute;l solo todas las amarguras que hab&iacute;an entristecido mi
+hogar! Porque &eacute;l era la fuente, el origen y el &uacute;nico causante de todas
+mis desdichas; el demonio sagaz que hab&iacute;a socavado mi fortaleza, para
+arrojarme despu&eacute;s hecha jirones al lodazal de las gentes corrompidas. &iexcl;Y
+con saber esto, y con no poder amarle ya, todav&iacute;a no lograba
+aborrecerle! Otro de mis castigos.</p>
+
+<p>&raquo;Pensando as&iacute;, llegu&eacute; a mi casa una hora m&aacute;s tarde de lo que hab&iacute;a
+calculado. Felizmente, no cre&iacute;a haber perdido el tiempo. Llevaba
+siquiera una gran esperanza con que alentar, en parte, los abatidos
+&aacute;nimos de Luz.</p>
+
+<p>&raquo;Levantarlos por completo, era tan imposible como borrar con un soplo de
+la memoria de las gentes la mala fama de su madre.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVIIa" id="XVIIa"></a>XVII</h3>
+
+
+<p>No me sorprendi&oacute; la noticia que me dieron al entrar en mi casa: la
+estaba temiendo desde que sal&iacute; de ella. Los martirios del alma de la
+pobre Luz se hab&iacute;an dejado sentir tambi&eacute;n en su cuerpo. La hall&eacute; tendida
+sobre la cama, y con la habitaci&oacute;n medio a obscuras. Le molestaban la
+claridad y los ruidos; sent&iacute;a dolorida la cabeza, y una impresi&oacute;n muy
+desagradable en todas las coyunturas. La toqu&eacute; la frente, y la ten&iacute;a
+ardorosa; en cambio, las manos estaban muy fr&iacute;as. Respond&iacute;a a mis
+preguntas con pocas palabras y sin abrir los ojos. Contaba yo con alg&uacute;n
+trastorno f&iacute;sico despu&eacute;s de la borrasca moral; pero no tan grande como
+el que me anunciaban aquellos s&iacute;ntomas, si es que no los abultaba la
+triste luz que ennegrec&iacute;a ya todas las cosas en mi imaginaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Intent&eacute; sondear sus &aacute;nimos, inform&aacute;ndola poco a poco y a mi gusto de lo
+que hab&iacute;a hecho fuera de casa, y exager&aacute;ndola bastante el &eacute;xito de mi
+visita. No dio se&ntilde;ales de que le interesaran las noticias. Despu&eacute;s le
+anunci&eacute; la venida de &Aacute;ngel, dentro de muy pocas horas..., de minutos,
+mejor dicho. Entonces abri&oacute; los ojos y me mir&oacute;. Decidiome esta buena
+se&ntilde;al a ir m&aacute;s lejos en mis tentativas, y la dije que &eacute;l hab&iacute;a estado
+real y positivamente enfermo; que por eso no hab&iacute;a venido, y no por lo
+que dec&iacute;a el an&oacute;nimo..., y ya iba a a&ntilde;adir que, como ment&iacute;a en eso el
+inicuo papel, tambi&eacute;n ment&iacute;a en la mayor parte de lo dem&aacute;s que
+declaraba, cuando not&eacute; que Luz se cubr&iacute;a la cara con las manos y se
+oprim&iacute;a con fuerza los ojos, como si detr&aacute;s de ellos comenzaran a
+batallar otra vez sus mal apaciguados pensamientos. Me indic&oacute; por se&ntilde;as
+que callara.</p>
+
+<p>&raquo;&iquest;Qu&eacute; era aquello, Dios m&iacute;o! &iquest;Qu&eacute; noche hab&iacute;a ca&iacute;do de repente sobre
+aquel risue&ntilde;o d&iacute;a primaveral, tan profunda y tenebrosa, que ni el mismo
+sol era capaz de rasgar sus densos crespones! &iquest;Habr&iacute;a perdido yo el
+tiempo? &iquest;Ser&iacute;an igualmente mortales entrambas pu&ntilde;aladas?</p>
+
+<p>&raquo;De cualquier modo, no era aquella la mejor ocasi&oacute;n de averiguarlo. Por
+de pronto, urg&iacute;a mucho que Luz se acostara de veras; y eso la propuse, y
+eso hizo. Despu&eacute;s, sin advert&iacute;rselo a ella, porque se hubiera resistido,
+mand&eacute; que avisaran al m&eacute;dico.</p>
+
+<p>&raquo;Entretanto, y por todo alimento en aquella ma&ntilde;ana memorable, tom&eacute; yo
+dos sorbos de caldo.</p>
+
+<p>&raquo;Lleg&oacute; el doctor y vio a Luz. No encontr&oacute; en ella ning&uacute;n s&iacute;ntoma de
+consideraci&oacute;n: todo el mal se reduc&iacute;a a una ligera destemplanza, que se
+curar&iacute;a con las ropas de la cama y los mimos de su madre. Pero le
+extra&ntilde;aba mucho que no concordaran con la benignidad de los s&iacute;ntomas
+org&aacute;nicos las manifestaciones morales: hallaba demasiado abatida de
+esp&iacute;ritu a la enferma, que era de suyo animosa y expansiva.</p>
+
+<p>&raquo;Esto me lo dijo al despedirse en el vest&iacute;bulo; y como sab&iacute;a o
+sospechaba lo de los amores de Luz, preguntome, sonriendo
+maliciosamente, si la enfermita hab&iacute;a tenido alg&uacute;n disgustillo estando
+sana. Respondile que s&iacute;, sonri&eacute;ndome tambi&eacute;n muy a la fuerza, y entonces
+me dijo:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pues con ese dato, adivine usted cu&aacute;les son la medicina y el m&eacute;dico
+que han de curar esa enfermedad.</p>
+
+<p>&raquo;Sonre&iacute;me, y en esto apareci&oacute; &Aacute;ngel, que acababa de entrar.</p>
+
+<p>&raquo;Antes que se nos acercara para saludarnos, me dijo el doctor al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;De este medicamento de le usted a la enferma buenas dosis y a
+menudo.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Pobre hombre! &iexcl;Qu&eacute; lejos estaba de conocer la naturaleza de la peste
+que hab&iacute;a invadido mi casa!</p>
+
+<p>&raquo;Como yo me lo tem&iacute;a, bien poco o nada se dejaron ver en Luz los buenos
+efectos del remedio tan encarecido por el doctor. La primera impresi&oacute;n,
+algo m&aacute;s viva y agradable; pero en seguida, el mismo desaliento y el
+mismo tinte dolorido y melanc&oacute;lico en la voz y en las miradas delante de
+&Aacute;ngel que de m&iacute;.</p>
+
+<p>&raquo;Por la noche vino Guzm&aacute;n. Nada sab&iacute;a de lo ocurrido. Le enter&eacute; de
+ello, goz&aacute;ndome en la esperanza, lo confieso, de darle ese tormento que
+sufrir. Y le sufri&oacute;; pero &iexcl;con qu&eacute; entereza de esp&iacute;ritu! Yo no s&eacute; de qu&eacute;
+hubiera sido capaz si el c&uacute;mulo de desventuras que se cern&iacute;a sobre
+nosotros hubiera tenido vida y formas que destruir.</p>
+
+<p>&raquo;Quiso ver a Luz inmediatamente, y yo no me opuse con gran empe&ntilde;o,
+porque me conven&iacute;a estudiarla en aquella prueba delante del hombre con
+quien, seg&uacute;n ella sab&iacute;a ya por el an&oacute;nimo, se la atribu&iacute;an tan &iacute;ntimas
+conexiones. Deb&iacute;a ser este pecado el que m&aacute;s la espantaba de todos los
+m&iacute;os.</p>
+
+<p>&laquo;Entr&oacute; habl&aacute;ndola en el tono regocijado y cari&ntilde;oso que de ordinario
+usaba con ella; y bast&oacute; a la pobre ni&ntilde;a conocer su luz, para lanzar un
+grito y estremecerse como si la hubiera sacudido una corriente
+el&eacute;ctrica. Viv&iacute;a la infeliz indudablemente bajo el peso de una idea
+terror&iacute;fica, que se embravec&iacute;a con el recuerdo o la presencia de
+determinadas cosas y personas. Se neg&oacute; a responder una palabra, y las
+&uacute;nicas que pronunciaron sus labios fueron para suplicarnos que la
+dej&aacute;ramos sola, porque la soledad y el silencio eran lo que m&aacute;s descanso
+la daba. Y yo sab&iacute;a que &laquo;estar sola&raquo; quer&iacute;a decir entonces que se
+quitara de all&iacute; Guzm&aacute;n; y sab&iacute;a lo que dol&iacute;a eso, porque lo hab&iacute;a
+padecido yo pocas horas antes; y por saberlo, me complac&iacute;a, me gozaba en
+las torturas de &eacute;l; porque yo no pod&iacute;a dudar, ni toda su fortaleza
+alcanzaba a disimularlo, que las repugnancias de Luz le estaban hiriendo
+en lo m&aacute;s vivo, en lo &uacute;nico sensible que le quedaba bajo su corteza
+mundana y empedernida. Debiendo tanto como deb&iacute;a, justo era que pagara
+algo de ello.</p>
+
+<p>&raquo;Salimos; y con el pretexto de no apartarme de donde tanta falta hacia a
+cada momento, se despidi&oacute; de mi sin mencionar lo ocurrido, ni hacer un
+solo comentario sobre lo que poco antes le hab&iacute;a referido yo.</p>
+
+<p>&raquo;Volvi&oacute; m&aacute;s tarde el m&eacute;dico, y se convenci&oacute; por el estado de la enferma,
+que era el mismo de algunas horas atr&aacute;s, de que su recomendada medicina
+no hab&iacute;a producido milagros.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pues ella los ir&aacute; haciendo poco a poco. Entretanto, que den a la
+enferma, cada tres horas, una cucharada de esto que voy a disponer.</p>
+
+<p>&raquo;Y dispuso un antiespasm&oacute;dico, por disponer algo.</p>
+
+<p>&raquo;Tambi&eacute;n volvi&oacute; &Aacute;ngel; pero esta vez no vio a Luz, porque me hab&iacute;a
+rogado, despu&eacute;s de marcharse Guzm&aacute;n, que no dejara entrar a nadie en su
+cuarto, <i>fuera quien fuese</i>.</p>
+
+<p>&raquo;El resto de la noche lo pasamos solas las dos y sin separarnos: ella en
+su lecho; yo a la cabecera, sentada en un sill&oacute;n; ella durmiendo a
+ratos, entre pesadillas y delirios, y yo contando las lentas horas,
+minuto a minuto, a la luz mortecina y verdosa del opaco fanal de la
+lamparilla, y viendo con los ojos de la triste imaginaci&oacute;n desfilar en
+largas y silenciosas procesiones los fantasmas de todas las locuras y
+liviandades de mi vida pasada, y los de las crueles amarguras que el
+cielo me ten&iacute;a reservadas por castigo.</p>
+
+<p>&raquo;Al otro d&iacute;a, es decir, al acabarse aquella eterna noche, Luz estaba m&aacute;s
+tranquila; y si la fiebre no hab&iacute;a desaparecido por completo, deb&iacute;a de
+estar apunto de desaparecer. Este alivio me ofrec&iacute;a una buena coyuntura,
+que yo pens&eacute; aprovechar, si el m&eacute;dico no se opon&iacute;a, para mover a Luz a
+que se explicara conmigo. &iexcl;Me consum&iacute;a el ansia de romper los diques de
+aquel dolor mudo, y verle desbordarse en palabras, aunque el torrente me
+arrollara a mi!</p>
+
+<p>&raquo;En cuanto el m&eacute;dico, horas despu&eacute;s, confirm&oacute; aquel risue&ntilde;o parecer m&iacute;o
+con el suyo m&aacute;s autorizado, le consult&eacute; sobre los prop&oacute;sitos que ten&iacute;a.
+Los encontr&oacute; muy cuerdos.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Es hasta de necesidad&mdash;me dijo&mdash;despejar los nublados de esa
+cabecita; poner en buen orden sus ideas y no consentir que vuelva a
+llenarse de ellas el dep&oacute;sito. Que piense; pero que piense hacia fuera y
+con las puertas del cerebro de par en par. Esto nadie lo ha de conseguir
+m&aacute;s que usted. Lo restante, hasta dejar las cosas como estaban anteayer,
+lo har&aacute; luego, sin grandes dificultades, <i>el otro doctor</i>.</p>
+
+<p>&raquo;No esper&eacute; un momento m&aacute;s. Volvime al lado de Luz, y llegu&eacute; muy a
+tiempo, porque la hall&eacute; tratando de incorporarse en la cama. Mientras la
+ayudaba yo y la arreglaba las almohadas para que se recostara sobre
+ellas, se cruzaron algunas palabras entre nosotras. Despu&eacute;s me dijo que
+se encontraba muy bien as&iacute;: no se le desvanec&iacute;a la cabeza ni le
+molestaba la luz. De aqu&iacute; tom&eacute; yo pie para comenzar lo que intentaba.
+D&iacute;jela que a&uacute;n se sentir&iacute;a mucho mejor si descargaba la imaginaci&oacute;n del
+peso de sus tristes pensamientos, comunic&aacute;ndolos conmigo; que las penas
+calladas ahondaban demasiado en el coraz&oacute;n, y mucho m&aacute;s en el suyo, que
+las sent&iacute;a por primera vez... &iexcl;El mismo gesto de repugnancia! &iexcl;La misma
+resistencia muda! Entonces la asedi&eacute; con mayor empe&ntilde;o: insist&iacute;,
+supliqu&eacute;, llor&eacute;..., y consegu&iacute; que ella llorara tambi&eacute;n. Comenzaban los
+diques a quebrantarse, y esta era una buena se&ntilde;al.</p>
+
+<p>&raquo;Mientras lloraba, con la frente apoyada sobre mi pecho, yo la hablaba
+dulcemente al o&iacute;do, y el coraz&oacute;n me iba diciendo que las durezas se
+ablandaban y que el torrente se desbordar&iacute;a. Para facilitarle la labor,
+trat&eacute; de destruir los obst&aacute;culos de mayor bulto. D&iacute;jela que era muy
+natural que siendo yo la causa de sus dolores, y por unos motivos tan
+escabrosos, se resistiera ella a comunicarme lo que sent&iacute;a; porque esto,
+en su inexperiencia, no lo cre&iacute;a posible sin lastimarme. &iexcl;Qu&eacute; equivocada
+estaba! Lo que a m&iacute; me lastimaba, hasta acongojarme, era su silencio
+melanc&oacute;lico. Que me hablara, aunque fuera para maldecirme, pues nunca
+llegar&iacute;an sus maldiciones a expresar tanto y tan negro como lo que le&iacute;a
+yo en lo que no me quer&iacute;a decir. Pero suponiendo, contra todo lo que
+deb&iacute;a creerse, que hubiera grandes motivos para que conmigo fuera tan
+tenaz en su reserva, y confesando que no ten&iacute;a derecho alguno para que
+me mirara con blandos ojos, &iquest;por qu&eacute; se mostraba tan triste, desalentada
+y taciturna delante de &Aacute;ngel como de m&iacute;? Que fuera inclemente conmigo,
+se comprend&iacute;a; &iexcl;pero con &eacute;l!...</p>
+
+<p>&raquo;Al fin, se rompieron los diques, y habl&oacute;; pero como estaba muy d&eacute;bil y
+no se hallaban todav&iacute;a en completo reposo sus ideas, el trabajo de
+responderme, en asunto tan complejo, era para la pobre demasiado penoso.
+Para alivi&aacute;rsele y cansarla menos, la fui yo concretando cada punto y
+d&aacute;ndole en cada pregunta que la hac&iacute;a la f&oacute;rmula de la respuesta. As&iacute;
+nos entendimos, y llegu&eacute; yo a ver hasta el fondo de aquel puro y
+cristalino lago, tan agitado y revuelto todav&iacute;a por las iras de la
+reciente tempestad.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Aborrecer ella a &Aacute;ngel cuando m&aacute;s en el alma le ten&iacute;a! No la
+contrariaba su presencia por desamor, sino por un sentimiento bien
+diferente: tem&iacute;a verse contemplada por &eacute;l a distinta luz que antes, y la
+espantaba la idea de no valer a sus ojos todo lo que hab&iacute;a valido hasta
+entonces. Quer&iacute;a verle, deseaba verle, y verle sin cesar; pero de modo
+que &eacute;l no la viera a ella. Cierto que todo lo ocurrido, con ser tanto y
+tan enorme, no le hab&iacute;a apartado de sus prop&oacute;sitos; que se mostraba leal
+y cari&ntilde;oso y resuelto a pelear contra todo linaje de obst&aacute;culos que se
+atravesaran en el camino que los dos se hab&iacute;an trazado en horas bien
+risue&ntilde;as; pero esto pod&iacute;a ser, ser&iacute;a indudablemente, abnegaci&oacute;n en &eacute;l,
+compasi&oacute;n que ella le inspirase, sacrificio de muchos respetos, y
+sacrificios bien dolorosos acaso; y este recelo la aflig&iacute;a mucho m&aacute;s que
+el verle alejado de ella.</p>
+
+<p>&raquo;H&iacute;cela yo notar que sus temores no ten&iacute;an fundamento. Era una ni&ntilde;a sin
+experiencia y sin malicias: &iquest;qu&eacute; sab&iacute;a ella de las cosas del mundo para
+estimar el valor de ciertos momentos del &aacute;nimo, subordinados al influjo
+de unas leyes que tampoco conoc&iacute;a? A&uacute;n no hab&iacute;amos hablado entre las
+dos, sosegadamente, del suceso que a aquella situaci&oacute;n nos hab&iacute;a tra&iacute;do;
+todav&iacute;a estaba por aclarar qu&eacute; hab&iacute;a de falso y qu&eacute; de cierto en el
+contenido del infame papel, y cu&aacute;l fuera la verdadera importancia de lo
+&uacute;ltimo a los ojos de un p&uacute;blico avezado a no asombrarse de faltas mucho
+mayores...</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Si lo sab&iacute;a!... Luz no hab&iacute;a visto el mundo, ciertamente, y hab&iacute;a sido
+educada muy lejos de &eacute;l; pero en todos los libros y en todas las bocas
+hab&iacute;a aprendido las mismas reglas para conocerle; en todos sus
+escondites la hab&iacute;an ense&ntilde;ado a estimar el bien con la pintura
+abominable del mal; y as&iacute;, para realzar a sus ojos el m&eacute;rito de la mujer
+honrada, se hab&iacute;an valido del retrato de la que no lo era. Por estas
+ense&ntilde;anzas sab&iacute;a, y no pod&iacute;a dudarse, que de todas las mujeres malas era
+la peor la madre desjuiciada y deshonesta, porque sus esc&aacute;ndalos da&ntilde;aban
+tambi&eacute;n a sus hijos, de los cuales apartaban los suyos las madres
+honradas, como se aparta el fruto sano del sospechoso. Pudo ella dudar
+si esta ley se cumpl&iacute;a entre las gentes con todo rigor; pero bast&aacute;bale
+ser honrada y tener sentido com&uacute;n para comprender que la ley no carec&iacute;a
+de fundamentos, y que no se obraba contra justicia aplic&aacute;ndola al pie de
+la letra.</p>
+
+<p>&raquo;Con este modo de pensar, y teniendo a su madre por la m&aacute;s perfecta de
+las mujeres, &iquest;de qu&eacute; modo sino con un torbellino de dolor y de verg&uuml;enza
+pudieron caer sobre ella las revelaciones del papel an&oacute;nimo? Y con lo
+que ya sab&iacute;a, aunque &Aacute;ngel llevara su abnegaci&oacute;n al &uacute;ltimo extremo,
+&iquest;c&oacute;mo ni para qu&eacute; aceptar su sacrificio, con el recelo de ver en cada
+sonrisa suya un disimulo de sus temores a la rechifla de las gentes?</p>
+
+<p>&raquo;Por eso daba por muerta la mejor de sus ilusiones; pero sin que dejara
+de vivir en su coraz&oacute;n el sentimiento de que hab&iacute;a nacido.</p>
+
+<p>&raquo;Esta es la substancia de lo que tuve que o&iacute;r, o mejor dicho, de lo que
+yo misma fui extrayendo, frase a frase, del c&uacute;mulo de pensamientos que
+se revolv&iacute;an en su cabeza.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Grandes pudieron ser mis faltas, pero bien caras las iba pagando!</p>
+
+<p>&raquo;No por lo que me dol&iacute;a el castigo, sino por aliviar a Luz del que
+padec&iacute;a por m&iacute;, d&iacute;jela, con mal forjada entereza:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y &iquest;sabes t&uacute; todav&iacute;a si es cierto lo que se asegura en el an&oacute;nimo?</p>
+
+<p>&raquo;Pero ella me respondi&oacute;, con una prontitud y un vigor que me
+sorprendieron:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y si no es cierto, &iquest;por qu&eacute; no me lo dijiste cuando te lo pregunt&eacute;
+tantas veces, con el alma entre los labios? Pero entonces bajaste la
+cabeza... y huiste; y yo cre&iacute; lo peor, porque no pod&iacute;a creer otra cosa;
+y el da&ntilde;o qued&oacute; hecho as&iacute;. Ahora, cuando menos tengo que dudar, s&iacute; me
+afirmas lo contrario; y una duda no es bastante remedio para curar una
+herida tan grande.</p>
+
+<p>&raquo;&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a de replicar yo a este nuevo latigazo de la justicia de
+Dios! Balbuc&iacute; algunas palabras de disculpa..., para acabar pidiendo a
+Luz, entre l&aacute;grimas, que no me aborreciera.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Aborrecerte!&mdash;exclam&oacute; la infeliz, enjugando mis ojos con sus
+besos&mdash;, &iexcl;siendo mi madre, y con lo que has llorado!...</p>
+
+<p>&raquo;No ten&iacute;a derecho a pedir, m&aacute;s, cuando me daba lo que yo no merec&iacute;a.</p>
+
+<p>&raquo;Despu&eacute;s de esta escena, volvi&oacute; Luz a caer en sus tristezas. Los nuevos
+pensamientos no se le acumulaban tanto en la cabeza, porque no era tan
+reservada conmigo como antes; pero all&aacute; le quedaban los g&eacute;rmenes que
+los produc&iacute;an, y esto era lo peligroso.</p>
+
+<p>&raquo;&Aacute;ngel me ayudaba heroicamente a combatir el mal; pero eran in&uacute;tiles
+nuestros esfuerzos. Contempl&aacute;ndole, chispeaba el amor en los ojos de
+Luz; oy&eacute;ndole hablar enamorado, el fulgor desaparec&iacute;a tras un velo de
+negras tristezas. Se la atormentaba con lo que cre&iacute;amos infundirla
+alientos, y hab&iacute;a que desistir de la empresa. &iexcl;C&oacute;mo nos descorazonaba
+esto!</p>
+
+<p>&raquo;Pero, aunque poco, al fin hablaba, y remov&iacute;a y oreaba las ideas; y
+aquella terror&iacute;fica que antes la persegu&iacute;a sin sosiego, ya no la
+martirizaba tanto.</p>
+
+<p>&raquo;S&oacute;lo delante de Guzm&aacute;n se despertaba y embravec&iacute;a; y no me maravillaba,
+despu&eacute;s de haberme confirmado la infeliz lo que recelaba yo: aquel
+pecado m&iacute;o era, a los ojos de su pudor de hija, el m&aacute;s abominable de
+todos los del vergonzoso cat&aacute;logo.</p>
+
+<p>&raquo;A todo esto, los d&iacute;as pasaban, la fiebre era imperceptible, y, sin
+embargo, la enferma, lejos de mejorar, se iba aniquilando poco a poco.
+El m&eacute;dico se impacientaba ya, porque no sab&iacute;a a qu&eacute; atenerse, y me
+miraba a m&iacute; y yo le miraba a &eacute;l. Los dos ten&iacute;amos las mismas dudas,
+&iexcl;ay!, y los mismos temores.</p>
+
+<p>&raquo;La casa comenzaba a tomar ese aspecto f&uacute;nebre y sombr&iacute;o de las grandes
+tristezas del hogar. Se viv&iacute;a medio a obscuras, se hablaba bajo y se
+andaba de puntillas. El rechinar de una puerta parec&iacute;a un gemido mal
+disimulado; cada mueble un ata&uacute;d; cada lienzo un sudario.</p>
+
+<p>&raquo;Me hab&iacute;a aislado de todas mis amistades: s&oacute;lo se abr&iacute;an mis puertas al
+desconsolado &Aacute;ngel, al m&eacute;dico y a Guzm&aacute;n..., que continuaba padeciendo
+el martirio de no poder contemplar a Luz sino de lejos y escondido de
+ella.</p>
+
+<p>&raquo;Pues en tan se&ntilde;aladas circunstancias recib&iacute; un recado de Leticia,
+preguntando &laquo;con vivo inter&eacute;s&raquo; por el estado de la enferma. &iquest;Era cinismo
+de la infame, o un disfraz de su vileza? Yo entend&iacute; lo primero, y bajo
+esta impresi&oacute;n la respond&iacute;. No vino el segundo recado de su parte, y eso
+me convenci&oacute; de que fue la respuesta muy merecida.</p>
+
+<p>&raquo;Y pasaron tres d&iacute;as m&aacute;s; y Luz, que hasta entonces hab&iacute;a vivido con
+&aacute;nimos prestados, comenz&oacute; a animarme a m&iacute; y a sonre&iacute;rme..., &iexcl;ella, que
+ni para sonre&iacute;rse ten&iacute;a ya fuerza! &iquest;C&oacute;mo entender aquella crisis, Dios
+m&iacute;o! &iquest;Iluminaban otros soles m&aacute;s alegres sus d&iacute;as? &iquest;Se iniciaba una
+reacci&oacute;n dichosa en su extra&ntilde;a enfermedad?</p>
+
+<p>&raquo;S&iacute;, todo esto era cierto; pero de muy distinto modo que lo entend&iacute;a yo.
+No acud&iacute;a a donde nosotros intent&aacute;bamos llevarla para curar sus males:
+pretend&iacute;a que nosotros subi&eacute;ramos con ella a las alturas desde donde se
+hab&iacute;a puesto a contemplarlos. &iexcl;Le parec&iacute;an desde all&iacute; tan llevaderos!.
+&iexcl;Qu&eacute; enga&ntilde;os tan enormes los de la vista humana cuando no se levanta del
+polvo de la tierra!</p>
+
+<p>&raquo;Esta y otras reflexiones an&aacute;logas me fueron dando la medida del estado
+de su esp&iacute;ritu. Lo que faltaba de ella hasta la exactitud, me la dio al
+otro d&iacute;a la enferma dici&eacute;ndome que deseaba &laquo;hablar con su confesor&raquo;.
+&iexcl;Temi&oacute; la inocente que me pareciera demasiado o&iacute;rla decir que &laquo;quer&iacute;a
+confesarse&raquo;!</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Y vino el confesor poco despu&eacute;s. &iexcl;La nota triste que faltaba en el
+cuadro de mis tribulaciones!</p>
+
+<p>&raquo;Sin salir el cura de la habitaci&oacute;n de Luz, lleg&oacute; el m&eacute;dico. Le dije lo
+que ocurr&iacute;a, y me contest&oacute; con un adem&aacute;n y un gesto que, a mi entender,
+significaba: &laquo;no est&aacute; de m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>&raquo;Ahog&aacute;ndome el llanto, le pregunt&eacute; muy por lo bajo:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Pero &iquest;qu&eacute; es lo que la mata?</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Como si yo no lo presumiera!</p>
+
+<p>&raquo;Tampoco respondi&oacute; derechamente a esta pregunta. Se sent&oacute;, y quiso que
+me sentara yo a su lado. En seguida, por entretenerme o por consolarme,
+comenz&oacute; a hablarme de la vida de ciertas flores..., el cuento de
+siempre: unas hojas, muy frescas ayer, que hoy se contraen y marchitan
+de repente; un tallo muy erguido que se encorva de pronto bajo el peso
+de la flor..., y una r&aacute;faga insana que la toc&oacute; al pasar, o un insectillo
+impalpable que mordi&oacute; la ra&iacute;z. Qu&eacute; r&aacute;faga o qu&eacute; insecto hab&iacute;a pasado por
+mi casa, no lo sab&iacute;a &eacute;l...</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Pero lo sab&iacute;a yo!</p>
+
+<p>&raquo;Estando en estas, sali&oacute; el cura muy ufano y satisfecho. &iexcl;Me dio la
+enhorabuena!... &iexcl;Dios sabe bien por qu&eacute; no se la agradec&iacute;! Qued&oacute; en
+volver a menudo, &laquo;porque aquello no hab&iacute;a sido m&aacute;s que una preparaci&oacute;n
+para otro acto m&aacute;s solemne&raquo;; y se fue el bendito se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Luz, cuando el m&eacute;dico y yo entramos en su cuarto, irradiaba la
+alegr&iacute;a por toda su faz de querube. La palidez era la &uacute;nica huella que
+hab&iacute;a estampado all&iacute; la r&aacute;faga de que hablaba el doctor. Comprend&iacute; que
+en boca del confesor estaba muy en su punto la enhorabuena que me hab&iacute;a
+dado momentos antes; pero vistas y estimadas las cosas con ojos humanos,
+a m&iacute; me acongojaba aquella alegr&iacute;a, que me estaba pareciendo el himno
+triunfal de las v&iacute;rgenes dispuestas a la muerte. Era dichosa,
+ciertamente, sonriendo entre dolores; era bien envidiable su destino;
+pero yo me quedaba sin ella en el mundo, y era su madre..., y mor&iacute;a por
+mi causa..., mejor dicho..., &iexcl;Dios poderoso!, &iexcl;la mataba yo!</p>
+
+<p>&raquo;Nada tuvo que hacer all&iacute; el m&eacute;dico. Delante de ella, infundi&eacute;ndonos
+&aacute;nimo, parec&iacute;amos nosotros los enfermos.</p>
+
+<p>&raquo;Al despedirse el doctor de m&iacute;, le pregunt&eacute; qu&eacute; juicio formaba del
+estado de la enferma. Movi&oacute; la cabeza tristemente.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Con un esp&iacute;ritu doliente&mdash;me dijo&mdash;dentro de un cuerpo sano, como
+antes, hab&iacute;a para temer y para esperar; pero en el caso inverso de
+ahora, cuando el cuerpo se muere a escape, s&oacute;lo queda que temer, porque
+el contenido se va con el continente.</p>
+
+<p>&raquo;Lo mismo pensaba yo, aunque sin tantas palabras y con mayores
+angustias.</p>
+
+<p>&raquo;Preguntole despu&eacute;s cu&aacute;nto a durar aquella vida, y diome a entender
+harto claro, que pod&iacute;a concluirse a la hora menos pensada.</p>
+
+<p>&laquo;&raquo;Sec&aacute;ndome el llanto para entrar mintiendo en la habitaci&oacute;n de Luz me
+alcanz&oacute; &Aacute;ngel, reci&eacute;n informado por el doctor de las tristes novedades
+que ocurr&iacute;an. Confirm&eacute;selas s&oacute;lo con mirarle, y se precipit&oacute; desolado
+en el gabinete. Luz le dijo, en cuanto le vio, contempl&aacute;ndole con la
+cara envuelta en una celeste sonrisa:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Cr&eacute;eme: vale m&aacute;s que lo que hab&iacute;amos pensado, <i>lo que va a suceder
+pronto</i>. Me duele dejarte, porque t&uacute; tampoco est&aacute;s aqu&iacute; en tu sitio;
+pero ya nos hallaremos donde debemos hallarnos, y esto me consuela.</p>
+
+<p>&raquo;El pobre chico sollozaba; y para ocultar los verdaderos motivos, echaba
+a Luz la culpa de todo. Luz se sonre&iacute;a m&aacute;s entonces. Cogiole una mano
+entre las suyas, y le dijo, con un timbre de voz que era un c&aacute;ntico
+melodioso:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;No me pesa que me llores, y ll&oacute;rame tambi&eacute;n <i>cuando suceda</i>, pero
+ll&oacute;rame porque me envidies, no porque me compadezcas. Te aseguro que es
+gran beneficio del cielo el sacarnos de aqu&iacute; cuanto antes.</p>
+
+<p>&raquo;Y lo sent&iacute;a como lo afirmaba..., y yo, &iquest;yo si que le envidiaba aquella
+conciencia pura y tranquila en que se reflejaba su ardiente fe, como el
+sol en un espejo!</p>
+
+<p>&raquo;Tambi&eacute;n en aquella escena, que fue larga, parec&iacute;amos &Aacute;ngel y yo los
+enfermos, y Luz la enfermera.</p>
+
+<p>&raquo;No puedo darme ahora cuenta exacta de todo lo que ocurri&oacute; en el resto
+de aquel d&iacute;a y durante la noche que le sigui&oacute;; no s&eacute; si &Aacute;ngel fue y vino
+varias veces o si no se movi&oacute; de all&iacute;, porque tengo una idea de que
+falt&oacute; muy pocos instantes de mi casa hasta cerca de la madrugada;
+recuerdo vagamente tambi&eacute;n que estuvo Guzm&aacute;n al anochecer, y el efecto
+terrible que le hizo la noticia que yo le di por entrar; que vio a Luz y
+que la habl&oacute;, y que Luz tuvo tambi&eacute;n para &eacute;l sonrisas y dulzuras de
+consuelo; que se apart&oacute; de ella a duras penas cuando entr&oacute; el cura
+nuevamente para confesarla; que sali&oacute; con los ojos enrojecidos y el
+pecho rebosando de sollozos; que, mientras el confesor cumpl&iacute;a su
+triste cometido, Sagrario, forzando todas las consignas de la puerta,
+entr&oacute; hasta donde yo me hallaba recogida para llorar a solas, y se
+abalanz&oacute; sobre m&iacute;, hecha un mar de l&aacute;grimas; que se aument&oacute; el raudal de
+las m&iacute;as al verme delante de aquel c&oacute;mplice y testigo de mis maldades;
+que cuando el cura se me acerc&oacute; para darme otra enhorabuena y advertirme
+que de acuerdo con la enferma, se la dar&iacute;a el Vi&aacute;tico al d&iacute;a siguiente
+para que le recibiera con la debida solemnidad, <i>puesto que no corr&iacute;a
+prisa</i>, Sagrario vol&oacute; hasta la cama de Luz, de donde me cost&oacute; gran
+trabajo separarla; y que con espantarse tanto como se espant&oacute; de la
+infamia de Leticia cuando yo la enter&eacute; de ella, se espant&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s
+de que yo no viera en sus estragos otra cosa que el castigo de mis
+culpas; tampoco recuerdo en qu&eacute; par&eacute; esta corta entrevista con aquella
+loca de buen fondo, ni cu&aacute;ndo se march&oacute;, ni cu&aacute;ndo se fue Guzm&aacute;n, ni qu&eacute;
+me dijo, ni lo que te dijo Luz al despedirle. Creo que volvi&oacute; por all&iacute;
+dos o tres veces durante la noche, y que no quise ceder a nadie, ni al
+mismo Guzm&aacute;n, ni al pobre &Aacute;ngel, que tan encarecidamente me lo rogaba,
+el consuelo de pasar aquella m&aacute;s sentada a la cabecera. Fue larga, muy
+larga la noche, esto lo recuerdo bien; pero no tanto el pormenor de lo
+que hice y sent&iacute; durante ella. Algo deb&iacute; de pensar, considerando c&oacute;mo la
+pobre Luz se destru&iacute;a al primer choque de su inocencia con las maldades
+del mundo, en si fui o no fui discreta al cultivar a la sombra una
+planta destinada a vivir al aire libre, para venir a parar a que no
+estaba lo malo en esconder m&aacute;s o menos a una hija para que viera o no
+viera ciertas cosas, sino en que una madre tenga faltas que no puedan
+ser confesadas a voces; porque pensar en esto y llorar mucho mientras la
+pobre enferma dormitaba, a&uacute;n sin tan grandes motivos, hab&iacute;a sido mi
+ocupaci&oacute;n en las veladas anteriores; tambi&eacute;n recuerdo confusamente la
+hora en que &Aacute;ngel se despidi&oacute; para volver por la ma&ntilde;ana, y algo como
+impresi&oacute;n pavorosa que entonces sent&iacute;, sin saber por qu&eacute;, al considerar
+que me quedaba sola junto a aquel lecho, que me parec&iacute;a una tumba...</p>
+
+<p>&raquo;Pero lo que s&eacute; para no olvidarlo jam&aacute;s, y por eso me ha borrado el
+recuerdo de todo lo que se grab&oacute; poco antes que ello en la memoria, es
+que cuando reemplaz&oacute; a los tr&eacute;mulos y mortecinos resplandores de la
+lamparilla el primer rayo de sol de aquel d&iacute;a primaveral; cuando se
+despertaban las flores y los p&aacute;jaros; y toda la naturaleza se alborozaba
+y sonre&iacute;a, despertaba tambi&eacute;n Luz de un sue&ntilde;o que me hab&iacute;a parecido
+tranquilo, p&aacute;lida como la cera, y recorriendo con sus grandes ojos
+asombrados toda la estancia.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Qu&eacute; te sucede, hija m&iacute;a?&mdash;preguntela incorpor&aacute;ndome de un salto y
+cogi&eacute;ndole, con las m&iacute;as, una de sus manos, fr&iacute;a, &iexcl;muy fr&iacute;a!</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Es cosa, muy singular!&mdash;me dijo tornando a su postura supina y
+fijando su mirada en un punto imaginario del pabell&oacute;n de su cama.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Hab&iacute;a vuelto a mis jardines..., aquel para&iacute;so de que yo te habl&eacute;...,
+donde nos conocimos &Aacute;ngel y yo... Me paseaba por sus senderos
+retorcidos, y &Aacute;ngel no parec&iacute;a..., y yo le esperaba. En esto, el sol se
+obscureci&oacute; de repente, y comenz&oacute; a enturbiarse aquel r&iacute;o tan
+cristalino..., y a crecer, a crecer... turbio, &iexcl;muy turbio!, y cubri&oacute;
+los arbustos de las orillas; y sigui&oacute; enturbi&aacute;ndose, enturbi&aacute;ndose, y
+creciendo y creciendo; y lleg&oacute; a las praderas m&aacute;s bajas, y segu&iacute;a
+enturbi&aacute;ndose y creciendo todav&iacute;a. Entonces tuve yo gran miedo donde
+estaba, y llam&eacute; a &Aacute;ngel muchas veces..., y &Aacute;ngel no vino. Sub&iacute; a lugar
+m&aacute;s alto; y al ver que las aguas tambi&eacute;n sub&iacute;an, corr&iacute;, de altura en
+altura, hasta refugiarme en el chalet. Sal&iacute; a la azotea, y vi con
+asombro que las aguas lo hab&iacute;an invadido todo, &iexcl;todo cuanto alcanzaba la
+vista! Tembl&eacute; de espanto al contemplar aquella desolaci&oacute;n y verme tan
+sola all&iacute;... A poco rato volvieron a bajar las aguas poco a poco...,
+turbias, &iexcl;siempre turbias!..., hasta encauzarse otra vez entre las
+orillas del r&iacute;o... Pero lo que ellas hab&iacute;an inundado, todo lo que se
+descubr&iacute;a con los ojos, era un lodazal trist&iacute;simo, sin praderas sin
+flores y sin senderos... S&oacute;lo el chalet en lo m&aacute;s elevado...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Eso es un sue&ntilde;o, amor m&iacute;o!&mdash;la dije para sacarla del sobresalto en
+que la ve&iacute;a&mdash;; un sue&ntilde;o como cualquier otro, que pas&oacute; ya.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;Es que no ha pasado&mdash;me respondi&oacute;, sin apartar la vista del punto en
+que la hab&iacute;a fijado antes, y con voz mucho m&aacute;s d&eacute;bil&mdash;, &iexcl;y esto es lo
+asombroso! Yo creo que estoy despierta ahora, y, sin embargo, me
+encuentro en el mismo sitio y sobre el mismo lodazal...</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Luz!..., &iexcl;hija m&iacute;a!&mdash;la grit&eacute; entonces para distraerla de aquella
+visi&oacute;n que la fascinaba.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo salir de aqu&iacute;!&mdash;prosigui&oacute;, sin apariencias de o&iacute;rme&mdash;; &iquest;por
+d&oacute;nde, si esto no tiene l&iacute;mites, ni un palmo de tierra firme y limpia en
+que sentar el pie!... &iexcl;Dios m&iacute;o!... &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Ah!..., &iexcl;ya me oye!...
+De all&aacute; arriba, de lo alto, de lo m&aacute;s alto del cielo, baja una figura
+con alas blancas, como la t&uacute;nica que viste, y los cabellos rubios
+flotando en el espacio... Y vuela hacia ac&aacute;... Y va acerc&aacute;ndose a m&iacute;...
+Ya oigo el suave rumor de las alas al batir el aire... Se acerca m&aacute;s...,
+me sonr&iacute;e y me tiende una mano..., la tomo con otra m&iacute;a... y me suspende
+y me saca de la azotea... y volando, volando, me conduce sobre la
+ci&eacute;naga sin fin... &iquest;A d&oacute;nde?</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Luz! &iexcl;Luz!&mdash;volv&iacute; a gritar, aterrada ya con aquella fijeza de mirada
+y el fr&iacute;o marm&oacute;reo de sus manos&mdash;. &iexcl;Vuelve a m&iacute; los ojos! &iexcl;M&iacute;rame!...,
+&iexcl;estoy aqu&iacute;, a tu lado!</p>
+
+<p>&raquo;Pero ella, sin dar se&ntilde;ales de atender a mis llamadas, prosigui&oacute;
+diciendo con una voz d&eacute;bil, muy d&eacute;bil, pero dulce y argentina, como el
+sonido de las arpas e&oacute;licas:</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Qu&eacute; alto me eleva!... &iexcl;Y todav&iacute;a m&aacute;s alto!... &iexcl;Tan alto, que ya no
+te veo, madre m&iacute;a! &iquest;Me oyes?... &iexcl;Dile a &Aacute;ngel que le espero!...
+&iexcl;Tambi&eacute;n te espero a ti!... &iquest;Me ves?... Es imposible, porque he llegado
+muy arriba... &iexcl;Y aun me elevo m&aacute;s!..., &iexcl;m&aacute;s alto todav&iacute;a!... &iexcl;Qu&eacute; regi&oacute;n
+de soles!... &iexcl;Cu&aacute;nta luz!</p>
+
+<p>&raquo;Y con esta palabra se apag&oacute; su voz, como la &uacute;ltima nota de un suspiro.
+Sent&iacute; que se estremec&iacute;a ligeramente su mano entre las m&iacute;as; observ&eacute; en
+sus labios una ligera contracci&oacute;n, que me pareci&oacute; el acento de una nueva
+sonrisa; y un instante despu&eacute;s inclin&oacute; su cara hacia m&iacute;, y hundi&oacute; la
+cabeza entre los rizos de oro que le formaban una aureola esparcidos
+sobre la almohada.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iexcl;Luz! &iexcl;Luz!, &iexcl;vida m&iacute;a!&mdash;llam&eacute; de nuevo con las angustias de todos
+los espantos en la garganta, acercando mi boca a su o&iacute;do&mdash;. &iexcl;Mira a tu
+madre!..., &iexcl;dile que la oyes..., que la ves!...</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Dios misericordioso! &iexcl;Aquellos ojos, que a&uacute;n me miraban, ya no ve&iacute;an;
+aquella boca que me sonre&iacute;a, ya no respiraba; y aquel hermoso cuerpo,
+que parec&iacute;a dormido en un sue&ntilde;o de amores, no era m&aacute;s que la yerta y
+abandonada envoltura de un alma angelical que hab&iacute;a volado a su patria
+celeste!</p>
+
+<p class="c">*</p>
+
+<p>&raquo;Todo cuanto sucedi&oacute; en la tierra desde aquel momento infausto, ya no
+tuvo nombre ni valor alguno para m&iacute;. Nada de ello era m&iacute;o: s&oacute;lo me
+pertenec&iacute;an las sangrientas y mortales llagas de mi coraz&oacute;n y las
+torturas de mi conciencia.</p>
+
+<p>&raquo;La vida que me restaba no ten&iacute;a otro destino que arrastrar la cruz que
+merec&iacute;a; y a arrastrarla con valor consagr&eacute; todas las fuerzas de mi
+esp&iacute;ritu.</p>
+
+<p>&raquo;Y arrastr&aacute;ndola voy: a cuestas la llevo, &iquest;qu&eacute; importa a nadie por
+d&oacute;nde? Toda la tierra es Calvario para quien est&aacute; dispuesto a sufrir
+dolores y afrentas.</p>
+
+<p>&raquo;A ese fin van, y obra son de los impulsos de un alma atormentada y
+contrita estos apuntes que escribo para lanzarlos al mundo. No creer&iacute;a
+nunca bastante barrida de gusanos la conciencia, sin entregar los
+esc&aacute;ndalos de mi vida a la abominaci&oacute;n de todas las mujeres honradas.&raquo;</p>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La Montálvez, by José María de Pereda
+
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+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
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+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
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+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
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+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
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+Literary Archive Foundation
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+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
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+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
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+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
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+works.
+
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+concept of a library of electronic works that could be freely shared
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