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+The Project Gutenberg EBook of Paternidad, by André Theuriet
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: Paternidad
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+Author: André Theuriet
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+Translator: Ramón Pomés
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+Release Date: May 3, 2008 [EBook #25320]
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PATERNIDAD ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+<p class="c un">BIBLIOTECA <span class="smcap">de</span> LA NACI&Oacute;N</p>
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+<p class="c">ANDR&Eacute; THEURIET</p>
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+<h1>PATERNIDAD</h1>
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+<p class="c smcap">traducci&oacute;n castellana</p>
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+<p class="c">RAM&Oacute;N POM&Eacute;S</p>
+<p class="img"><img src="images/001.png" alt="medallion" /></p>
+<p class="c">BUENOS AIRES</p>
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+<p class="c">1912</p>
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+<p class="c">Imp. de <span class="smcap">La Naci&oacute;n</span>.&mdash;Buenos Aires</p>
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+<li><a href="#PRIMERA_PARTE"><b>PRIMERA PARTE</b></a>
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+<li><a href="#I"><b>I, </b></a>
+<a href="#II"><b>II, </b></a>
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+<a href="#X"><b>X</b></a></li>
+
+</ul></li>
+
+<li><a href="#SEGUNDA_PARTE"><b>SEGUNDA PARTE</b></a>
+<ul><li><a href="#Ia"><b>I, </b></a>
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+<a href="#IVa"><b>IV, </b></a>
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+
+
+<h3><a name="PRIMERA_PARTE" id="PRIMERA_PARTE"></a>PRIMERA PARTE</h3>
+
+
+
+
+<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3>
+
+
+<p>El r&aacute;pido de Par&iacute;s a Belfort atraviesa velozmente los arrabales. Aunque
+estamos en mayo, la ma&ntilde;ana sin sol es fr&iacute;a. Un fuerte viento del
+Noroeste impulsa grandes nubarrones que se deshacen en lluvia sobre los
+campos de trigo, de cebada y de alfalfa que cubren con sus variados
+matices las mon&oacute;tonas llanuras de la Brie. Las gotas de lluvia pintan
+los m&aacute;s extra&ntilde;os dibujos sobre los cristales de un vag&oacute;n de primera
+clase en que va un solo viajero quien parece preocuparse muy poco del
+mal tiempo. Abrigadas las piernas por ancha manta y una gorrilla sobre
+los ojos, est&aacute; absorto en la lectura de unos documentos y en el examen
+de unos planos que va sacando de una gran carpeta puesta sobre los
+almohadones y en la que puede leerse esta inscripci&oacute;n: <i>Bosques de
+Val-Clavin.</i>&mdash;<i>Petici&oacute;n de deslindes.</i> Al trav&eacute;s de la lluvia poco tiene
+de interesante el paisaje; pero, por la tensi&oacute;n de los m&uacute;sculos de su
+rostro y por la honda preocupaci&oacute;n del viajero, se adivina que seguir&iacute;a
+del mismo modo indiferente a lo de afuera aunque llenara el sol el
+espacio todo y fuese el paisaje mucho m&aacute;s pintoresco.</p>
+
+<p>Es hombre de unos cincuenta a&ntilde;os y, sin embargo, sus movimientos son
+ligeros, &aacute;giles; su vestir, muy cuidado y de una elegancia
+irreprochable, le da un aspecto de plena juventud. Sus rasgos son finos
+y correctos, en su barba cortada en punta y en sus cabellos casta&ntilde;os se
+ven mezclados algunos hilillos blancos; el firme modelado de su boca y
+de su nariz aguile&ntilde;a, con las dos arrugas verticales que afirman su
+entrecejo, indican en &eacute;l una fuerte voluntad. Cu&aacute;ndo levanta un poco su
+gorrilla para limpiar los cristales del vag&oacute;n empa&ntilde;ados por la humedad,
+se ven a plena luz sus ojos, hermosamente azules y de mirar dulc&iacute;simo,
+que corrigen por la expresi&oacute;n un poco dura y fr&iacute;a de todo el rostro.</p>
+
+<p>En la solapa de la negra americana se destaca con fuerza una roseta
+roja. Una gran distinci&oacute;n de maneras, junto con sus actitudes reservadas
+y una bien estudiada gravedad descubren a un personaje perteneciente al
+mundo administrativo, y, aunque el expediente que examina no revelase su
+profesi&oacute;n, adivinar&iacute;ase en &eacute;l a un funcionario que ha escalado elevados
+puestos y que est&aacute; bien penetrado de la importancia de su cargo.</p>
+
+<p>En efecto, &laquo;Amado Francisco Delaberge, oficial de la Legi&oacute;n de Honor&raquo;,
+como dice el anuario, es inspector general de montes. Salido de la
+escuela de Nancy a los veintid&oacute;s a&ntilde;os, ha ascendido r&aacute;pida y
+merecidamente. No s&oacute;lo posee vast&iacute;simos conocimientos en materia de
+selvicultura, sino que se mostr&oacute; siempre como un notable administrador.
+Lleno de amor por el oficio y dotado de una gran fuerza de trabajo,
+re&uacute;ne al esp&iacute;ritu de organizaci&oacute;n la habilidad pr&aacute;ctica del hombre de
+negocios. As&iacute;, hablan de &eacute;l sus compa&ntilde;eros como de un futuro director
+general. La &uacute;nica cosa de que se le podr&iacute;a acusar es de una cierta
+frialdad de alma&mdash;esa impasibilidad ego&iacute;sta del c&eacute;libe, a quien la vida
+ha hecho sufrir poco y que no est&aacute; dispuesto a comprender los
+sufrimientos de los dem&aacute;s.&mdash;En Delaberge, este defecto d&eacute;bese menos a
+una natural sequedad de coraz&oacute;n que a las particulares condiciones en
+que su infancia y su juventud se desenvolvieron.</p>
+
+<p>Hijo de empleado, desde sus primeros a&ntilde;os ha sido v&iacute;ctima de esa vida
+n&oacute;mada de p&aacute;jaro silvestre, de esos m&uacute;ltiples cambios de residencia que
+hacen peque&ntilde;os <i>sin patria</i> de los hijos del funcionario p&uacute;blico.
+Llevado de un colegio a otro colegio hasta el d&iacute;a de su entrada en la
+Escuela Forestal, puede decirse que no conoci&oacute; el pueblo en que hab&iacute;a
+nacido, y por consiguiente, nada sab&iacute;a de aquellos cari&ntilde;os que
+lentamente se forman en el coraz&oacute;n del hombre y le unen para siempre a
+la provincia en que naci&oacute;, a la casa en que se hizo hombre, a las
+piedras, a los &aacute;rboles, a los horizontes que cada d&iacute;a sus ojos
+contemplaron. Los numerosos y fuertes lazos que van del mundo exterior
+al mundo de nuestro esp&iacute;ritu son otros tantos agentes creadores de la
+sensibilidad. Los primeros colores del nido pintan las primeras
+imaginaciones del ni&ntilde;o y penetran profundamente y para siempre en su
+coraz&oacute;n; esto falt&oacute; a Delaberge.</p>
+
+<p>Su juventud ha transcurrido en una atm&oacute;sfera llena de frialdad, en medio
+de las preocupaciones de los ex&aacute;menes y de los ascensos que hab&iacute;a que
+conquistar a punta de espada. Ha ignorado aquella pasi&oacute;n que vuelve
+tierna el alma hiri&eacute;ndola de muerte. A lo sumo, ha tenido en esa &eacute;poca
+de su vida alguna ligera amistad femenina tan r&aacute;pidamente anudada como
+prontamente rota. Separado muy joven a&uacute;n de sus padres, que perdi&oacute; antes
+de haber llegado a los treinta a&ntilde;os, ha podido gustar muy poco de las
+alegr&iacute;as de la familia. Sin la menor fortuna, no ha pensado m&aacute;s que en
+hacer r&aacute;pida y honrosamente su camino. El trabajo ha llenado toda su
+vida y el deseo de llegar pronto ha dirigido todas sus facultades hacia
+la realizaci&oacute;n de sus ambiciosos proyectos.</p>
+
+<p>Como muchos funcionarios sin fortuna, retrocedi&oacute; ante lo desconocido del
+matrimonio, creyendo que las obligaciones y las responsabilidades de la
+vida conyugal son obst&aacute;culo para las funciones administrativas. Ha
+permanecido soltero y se ha absorbido cada vez m&aacute;s en trabajos que le
+han robado por completo los d&iacute;as y aun con frecuencia las noches; ha
+llegado el primero a la oficina, ha salido el &uacute;ltimo, ha comido en el
+restaurant o en cualquier mesa oficinesca y no ha entrado en su casa
+sino para dormir. As&iacute;, desde los treinta a los cincuenta a&ntilde;os, se ha
+deslizado su met&oacute;dica y correcta existencia, digna y laboriosa, pero
+tambi&eacute;n sin el calorcillo de una dulce intimidad, sin hacer el menor
+alto en el ensue&ntilde;o o en la fantas&iacute;a...</p>
+
+<p>No obstante, hoy que goza ya de un relativo bienestar, que su ambici&oacute;n
+administrativa est&aacute; ya casi satisfecha, alguna vez vuelve
+melanc&oacute;licamente la vista hacia atr&aacute;s y con espanto se ha de confesar a
+s&iacute; mismo que su pasado est&aacute; vac&iacute;o de recuerdos alentadores y se da
+cuenta de su triste aislamiento. Cuando al salir de la casa de un amigo
+en que ha o&iacute;do voces infantiles y risas de juventud, vuelve a su triste
+cuarto de soltero, si&eacute;ntese lleno de a&ntilde;oranza por lo pasado y de
+inquietud por lo porvenir, pensando en la rapidez con que pasan los
+a&ntilde;os, en la &eacute;poca cada vez m&aacute;s cercana del retiro, en las prosaicas
+miserias y los asquerosos servilismos que turban el ocaso de la vida de
+un solter&oacute;n.</p>
+
+<p>Llegado a la meseta de los cincuenta se parece el hombre a un extraviado
+viajero que ha escalado la cima de la monta&ntilde;a por abruptos y pedregosos
+senderos y que, una vez llegado arriba, comprende que equivoc&oacute; por
+completo la senda. Entonces, ve el camino verdadero que dulcemente va
+subiendo por entre alegres pueblecillos y bosques en que cantan las
+fuentes y los p&aacute;jaros, y por entre prados que las flores de todo color
+esmaltan, sin que pueda volver atr&aacute;s para gozar de aquellos perdidos
+encantos...</p>
+
+<p>Cuando siente Delaberge tales a&ntilde;oranzas preg&uacute;ntase si no ha despreciado
+est&uacute;pidamente el todo por la nada, y entonces llena su mente y le
+obsesiona la idea del matrimonio. Se mira al espejo, se dice que es
+joven todav&iacute;a y murmura como Juan de Lafontaine: &laquo;&iquest;Ha pasado ya para m&iacute;
+el tiempo del amor?&raquo; Pero ni aun durante estas crisis de tristeza le
+abandona del todo su habitual ego&iacute;smo. Piensa menos en amar que en ser
+amado. No ve en el matrimonio sino una compa&ntilde;&iacute;a que alegre su
+existencia, un hijo en quien su propio ser reviva. En medio de ese
+despertar de la juventud, de esos deseos de romper con su vida mon&oacute;tona,
+la preocupaci&oacute;n de s&iacute; mismo es lo que en &eacute;l predomina. Quiere dar calor
+a su coraz&oacute;n, conocer la alegr&iacute;a de lo imprevisto, gozar las emociones
+raras y nunca sentidas...</p>
+
+<p>As&iacute;, acept&oacute; con verdadera alegr&iacute;a la misi&oacute;n de arreglar amistosamente
+con los propietarios y campesinos el interminable asunto de los
+deslindes de Val-Clavin...</p>
+
+<p>Un prolongado silbido anuncia la proximidad de una estaci&oacute;n. El tren,
+pasado ya Bar-sur-Aube, va a detenerse en Clairvaux. Delaberge levanta
+la cabeza, deja sobre el asiento sus papeles y baja el cristal de la
+ventanilla para respirar un poco de aire puro.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="II" id="II"></a>II</h3>
+
+
+<p>El aspecto del paisaje se ha ido modificando poco a poco. Las monta&ntilde;as
+son m&aacute;s altas y el valle se ha estrechado. Ha cambiado tambi&eacute;n el
+aspecto del cielo. Aparece a trechos el azulado espacio y no llueve ya.
+Los negros nubarrones huyen r&aacute;pidos y caen los rayos del sol sobre los
+campos, haciendo humear las mojadas praderas y brillar como diamantes
+las gotas de lluvia en los manzanos en flor. Por entre el rasgado de
+negra nube desc&uacute;brese un trozo de intenso azul m&aacute;s all&aacute; de un peque&ntilde;o
+bosque de &aacute;lamos cuyas hojas de oro p&aacute;lido parecen temblar bajo la
+inesperada luz, mientras sobre unos sombr&iacute;os nubarrones se destaca
+triunfante y luminoso el arco iris. En esos intervalos de sol y sombra
+corre por encima de la tierra verdeante como una alegr&iacute;a primaveral, del
+mismo modo que el viento riza la argentada superficie de un lago. Esta
+radiante alegr&iacute;a solar brilla a trechos sobre toda la campi&ntilde;a, sobre
+los ondulantes campos de cebada y de centeno, sobre los taludes llenos
+de rojas amapolas y va comunic&aacute;ndose sucesivamente a los huertos, en que
+de nuevo vuelven los insectos de todas clases y colores a zumbar
+contentos, y a los grupos de &aacute;rboles en que los p&aacute;jaros entonan otra vez
+su amoroso trino. Toda esta alegr&iacute;a penetra dulcemente en el cerebro de
+Delaberge y le distrae de sus laboriosas meditaciones jur&iacute;dicas.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de un alto de pocos minutos en Clairvaux, marcha el tren por
+entre colinas cubiertas de bosque que dejan ver de vez en cuando las
+clar&iacute;simas aguas del Aube. El sol ha triunfado decididamente y el cielo
+todo es ya de un sedoso azul. Una pacificadora serenidad emana de las
+h&uacute;medas selvas, de vez en cuando interrumpidas por anchos vallados en
+que la mirada se refresca como en un ba&ntilde;o de verdor... El inspector
+general ha cerrado la carpeta del expediente y la ha metido en su
+valija. Despu&eacute;s vuelve a la ventanilla del vag&oacute;n y apoy&aacute;ndose de codos
+en ella respira con avidez el fuerte olor de la tierra refrescada por la
+lluvia. Como buen funcionario forestal, su coraz&oacute;n se alegra a la vista
+de los &aacute;rboles. A decir verdad, el bosque ha sido el &uacute;nico amor
+fervoroso de su vida y si&eacute;ntese enternecido al encontrarse de nuevo en
+la campi&ntilde;a donde pas&oacute; sus a&ntilde;os juveniles.</p>
+
+<p>Este enternecimiento le recuerda los melanc&oacute;licos pesares que conturban
+su alma hace alg&uacute;n tiempo... Un grupo de &aacute;rboles bajo los cuales hacen
+la siesta los le&ntilde;adores despu&eacute;s de haber comido; un pueblecillo en que
+se oye el toque de misa matutina y en que tenues humaredas se deslizan
+por encima de las techumbres de teja; una casuca campesina con sus
+ventanas abiertas en que flotan cortinillas blancas, puesta la ropa a
+secar tendida en la valla y cubriendo la suave colina la vi&ntilde;a y el
+huerto... Todo eso le induce a dulc&iacute;simos ensue&ntilde;os de vida r&uacute;stica.</p>
+
+<p>Preg&uacute;ntase entonces si la existencia de un honrado menestral, entre su
+mujer que le quiere y sus hijos que se hacen hombres poco a poco, no
+ofrece en realidad una suma de satisfacciones m&aacute;s verdaderas que
+aquellos mentidos placeres parisienses de que tan poco disfruta. &iquest;El,
+Delaberge, encadenado a su oficina, ocupado desde la ma&ntilde;ana a la noche
+en dar vueltas a la rueda administrativa, no permanece extra&ntilde;o a las
+cosas del coraz&oacute;n y de la inteligencia cien veces m&aacute;s que ese
+propietario que vive olvidado en su pueblo? Y dentro de diez, de quince
+a&ntilde;os todo lo m&aacute;s, cuando deje de ser una de las ruedas importantes de la
+administraci&oacute;n, &iquest;cu&aacute;l ser&aacute; la perspectiva de su existencia? Ser&aacute; aquella
+vejez sin apoyo y solitaria de todo funcionario retirado, que languidece
+en su ociosidad y no sabe d&oacute;nde plantar su tienda...</p>
+
+<p>Y de nuevo entonces, como una esfinge atormentadora, surge en su mente
+la pregunta de si ha pasado o no la edad en que sin imprudencia puede el
+hombre casarse y crear una familia. Esta vez, debido quiz&aacute;s al influjo
+de ese alegre sol de mayo, la respuesta se formula en su esp&iacute;ritu con
+menos vacilaciones, con mayor claridad que nunca.</p>
+
+<p>Ha llevado siempre una existencia sobria, y sabe que existe en &eacute;l
+todav&iacute;a un gran fondo de vigor, una buena reserva de los tesoros
+juveniles. No es una ilusi&oacute;n, no se deja enga&ntilde;ar por falsas apariencias.
+Goza de una salud de hierro, conserva todos sus dientes y sus cabellos;
+sus m&uacute;sculos tienen a&uacute;n toda su fuerza, sus articulaciones toda su
+agilidad. En el mundo oficial que frecuenta ha observado alguna vez que
+las mujeres no desde&ntilde;an su conversaci&oacute;n ni su compa&ntilde;&iacute;a. Adem&aacute;s, nunca ha
+de ser tan loco que se case con una jovencita; mas si por acaso
+encontraba una mujer que se acercase a los treinta, agradable y
+simp&aacute;tica, nada se hab&iacute;a de oponer a que pensase en el matrimonio. No
+tiene m&aacute;s que cincuenta a&ntilde;os y podr&iacute;a ver a&uacute;n a sus hijos crecer, pasar
+de la adolescencia a la juventud y &iquest;qui&eacute;n sabe? tal vez vivir&iacute;a bastante
+tiempo para verles tambi&eacute;n casados...</p>
+
+<p>Tener hijos, un hijo en quien &eacute;l mismo reviviera, eso dar&iacute;a nuevo
+impulso a su vida y una hermosa finalidad a sus energ&iacute;as... Cuando se
+examina a fondo, Delaberge llega a confesarse que, en ese cambio de
+vida, lo que con mayor fuerza le atrae no son precisamente los encantos
+de la compa&ntilde;&iacute;a conyugal, sino la esperanza y las alegr&iacute;as de la
+paternidad.</p>
+
+<p>Mientras va el inspector general abstra&iacute;do en tan hondas meditaciones,
+corre el tren a toda marcha y el aspecto del paisaje cambia otra vez.
+Deja la v&iacute;a f&eacute;rrea el valle del Aube, sube raudo una pendiente y
+atraviesa luego una llanura pedregosa en que crece raqu&iacute;tico el centeno
+y en que de vez en cuando rompen la monoton&iacute;a de la l&iacute;nea recta peque&ntilde;os
+grupos de &aacute;rboles desmedrados. Rasga el aire un silbido agud&iacute;simo. Corre
+ligero el tren por un largo viaducto de tres filas de arcos desde el
+cual se ve el r&iacute;o Suize ondular lo mismo que una culebra, por entre los
+prados. Aparecen en el horizonte siluetas de campanarios, de c&uacute;pulas y
+de techumbres de teja, destac&aacute;ndose sobre el oscuro verdor de los
+&aacute;rboles, y el tren detiene poco a poco su marcha.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;&iexcl;Chaumont! &iexcl;Diez minutos y fonda!&raquo;</p>
+
+<p>Aqu&iacute; es donde Delaberge ha de bajar. Arregla su equipaje y se asoma a la
+portezuela buscando en los andenes al inspector provincial, su antiguo
+camarada de Escuela a quien advirti&oacute; de su llegada y en cuya casa se ha
+de hospedar.</p>
+
+<p>All&iacute; est&aacute;, en efecto, el inspector buscando tambi&eacute;n a su amigo. Es un
+hombre peque&ntilde;o y gordinfl&oacute;n, metido en estrecha casaca, cubierta la
+cabeza con sombrero de anchas alas y con guantes negros. Su vestir,
+mitad ceremonioso y mitad descuidado, afirma todav&iacute;a su aspecto
+provincial.</p>
+
+<p>Baja Delaberge del vag&oacute;n y los dos antiguos camaradas se estrechan la
+mano.</p>
+
+<p>&mdash;Mi querido inspector general&mdash;comienza el hombre gordinfl&oacute;n,&mdash;estoy
+content&iacute;simo de verle otra vez... &iquest;Ha tenido usted buen viaje?</p>
+
+<p>&mdash;Excelente, querido Voinchet... pero &iquest;c&oacute;mo es eso, vas a tratarme de
+<i>usted</i> ahora, t&uacute; que eres mi m&aacute;s antiguo amigo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o&mdash;murmura Voinchet,&mdash;cre&iacute; que las conveniencias de la
+jerarqu&iacute;a!...</p>
+
+<p>&mdash;No bromees... Nada, tienen que ver con nosotros las conveniencias
+jer&aacute;rquicas... H&aacute;blame ahora mismo de <i>t&uacute;</i> o voy a pedir albergue a la
+hospeder&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Te obedezco&mdash;contesta el inspector provincial y queda con ello m&aacute;s a
+sus anchas.</p>
+
+<p>Mientras aguardaba al tren, m&aacute;s de un cuarto de hora estuvo
+pregunt&aacute;ndose con ansiedad si tutear&iacute;a a Delaberge, como en otros
+tiempos, o si por deferencia a su grado superior le hablar&iacute;a de <i>usted</i>.
+Ahora ya, libre de aquel peso, se muestra alegre y decidor. Y mientras
+se saca del vag&oacute;n y se carga el equipaje del inspector general contempla
+a su camarada y amablemente sonr&iacute;e.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes que no noto en ti ning&uacute;n cambio?... Te encuentro hoy tan &aacute;gil y
+tan fuerte como al salir de la Escuela.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adulador!&mdash;replica Delaberge,&mdash;la verdad es que nuestros cabellos
+comienzan a blanquear y que llevamos cada uno veintiocho a&ntilde;os m&aacute;s sobre
+la cabeza.</p>
+
+<p>En el fondo, sin embargo, le han halagado no poco las palabras de su
+camarada, sobre todo al ver que &eacute;ste parece mucho m&aacute;s viejo que &eacute;l.</p>
+
+<p>Los a&ntilde;os han engordado al inspector provincial y han quitado expresi&oacute;n a
+su fisonom&iacute;a; la somnolencia de la vida de provincia ha apagado la viva
+luz de sus ojos; la costumbre de tener que hablar y obrar siempre con
+cierta parsimonia ha quitado a su rostro toda expresi&oacute;n.</p>
+
+<p>Rueda ya el coche carretera adelante y habla Voinchet de nuevo.</p>
+
+<p>&mdash;Mi mujer nos aguarda para almorzar... &iexcl;Oh!... Un almuerzo sencillo,
+despu&eacute;s del cual podr&aacute;s irte a descansar... Te advierto, querido, que
+esta tarde te ser&aacute; preciso sufrir una peque&ntilde;a molestia... En honor tuyo,
+hemos invitado a algunas personas a comer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Diablo!&mdash;murmura Delaberge visiblemente contrariado.&mdash;No esperaba
+eso...</p>
+
+<p>&mdash;Disp&eacute;nsame, pero los peri&oacute;dicas han dado la noticia de tu llegada... Y
+habr&iacute;amos dejado agraviadas a todas nuestras relaciones si les
+hubi&eacute;semos quitado el placer de estar y de hablar contigo algunas
+horas... No tienes idea, amigo m&iacute;o, de las suspicacias provinciales...
+Por otra parte, no seremos muchos... Estar&aacute;n el presidente del tribunal,
+el secretario general de la prefectura, un segundo inspector y su
+esposa... y nadie m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Ya son bastantes&mdash;dice Delaberge con sonrisa de resignado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! se me olvidaba... Estar&aacute; tambi&eacute;n una amiga de mi mujer, la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard, la que principalmente hace uso de los bosques de Val-Clavin...
+Quiz&aacute;s no te arrepientas de hablar con ella, pues si logras hacerle
+entender la raz&oacute;n, este negocio del deslinde ir&aacute; como sobre ruedas... Es
+la m&aacute;s ardorosa y la m&aacute;s fuerte adversaria de la Administraci&oacute;n... &iexcl;Ea,
+hemos llegado ya!</p>
+
+<p>El carruaje se ha detenido a la entrada de una calle desierta en que
+verdea la hierba por entre las piedras. Enfrente de la iglesia de San
+Juan se abren los porches de una antigua casona que se levanta entre el
+patio y los huertos. Mientras el conductor descarga el equipaje,
+Voinchet entra en la casa llamando a un criado. Habiendo quedado solo un
+momento, Delaberge contempla la dormida calle sobre la cual las paredes
+de la vieja iglesia extienden una sombra de claustro. Y en la fr&iacute;a
+austeridad de este sitio solitario, la perspectiva de una comida oficial
+con los notables que habitan en esta ciudad muerta le da un escalofr&iacute;o
+de hondo malestar.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="III" id="III"></a>III</h3>
+
+
+<p>Hacia las seis y media de la tarde, rehecho completamente por una buena
+siesta, pens&oacute; Delaberge que se acercaba el momento de la comida y
+procedi&oacute; a vestirse y arreglarse esmeradamente, no por coqueter&iacute;a, sino
+por pura costumbre. Cre&iacute;a que una presencia irreprochable se impone a
+los funcionarios que representan a la Administraci&oacute;n p&uacute;blica.</p>
+
+<p>Anudando su corbata pensaba ya en la molestia de esa comida oficial en
+que durante largas horas estar&iacute;a como en representaci&oacute;n ante los
+invitados de su amigo y en que el deber profesional le obligar&iacute;a a
+conversar con la principal interesada en el asunto de los bosques de
+Val-Clavin. A juzgar por la esposa de su amigo, excelente mujer de su
+casa, pero cuarentona m&aacute;s que insignificante, su amiga la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard, deb&iacute;a ser ya una mujer de edad madura y de trato poco
+agradable. Delaberge ve&iacute;ase ya discutiendo con una pleiteante campesina
+y esta enfadosa perspectiva le pon&iacute;a de mal humor.</p>
+
+<p>Cuando entr&oacute; en el sal&oacute;n verde y oro, lleno de muebles y adornado con
+chucher&iacute;as de dudoso gusto, casi todos los invitados hab&iacute;an llegado ya. y
+le fueron presentados formando una sola fila. El presidente del
+tribunal, un hombre peque&ntilde;ito que habla con pretensi&oacute;n florida, reci&eacute;n
+afeitado y de piel sonrosada, con unos ojos brillantes y siempre
+inquietos; el secretario general de la prefectura, alto, de anchas
+espaldas, tieso siempre, como orgulloso de los triunfos que le val&iacute;a su
+voz de bar&iacute;tono; el segundo inspector, moreno, de grandes cejas, con los
+bigotes como de cepillo, con los cabellos cortados seg&uacute;n la ordenanza,
+presentaba el tipo completo del forestal a la manera antigua, feo como
+un jabal&iacute; y rugoso como un roble.</p>
+
+<p>Y mientras su esposa la inspectora, delgaducha y metida en su vestido
+marr&oacute;n bordado de azabache, conversaba con la se&ntilde;ora de Voinchet
+habl&aacute;ndole de lo dif&iacute;cil que es hoy procurarse buenos criados, Delaberge
+se llevaba al inspector su amigo a un rinc&oacute;n de la sala pregunt&aacute;ndole
+sobre todos los detalles del asunto que all&iacute; le hab&iacute;a tra&iacute;do. El
+forestal, envanecido de absorber por completo la atenci&oacute;n de su
+superior, le iba dando toda clase de noticias t&eacute;cnicas. Y hac&iacute;a m&aacute;s de
+un cuarto de hora que hablaba, cuando Delaberge, al trav&eacute;s de las
+prolijas frases de su subordinado, oy&oacute; a la se&ntilde;ora de Voinchet que
+dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! por fin... Ya comenzaba usted a inquietarme... Muy tarde llega,
+amiga m&iacute;a.</p>
+
+<p>A lo que una voz alegre y limpia contestaba as&iacute; con un ligero acento
+provincial:</p>
+
+<p>&mdash;Perd&oacute;neme, he querido, para honrar mejor su casa, estrenar un vestido
+nuevo y la modista no me lo ha tra&iacute;do sino hasta ahora mismo... cuando
+ya comenzaba a enfadarme.</p>
+
+<p>En aquel mismo instante abr&iacute;ase de par en par la puerta del comedor y un
+criado con guantes blancos y casaca negra dec&iacute;a as&iacute;: &laquo;La se&ntilde;ora est&aacute;
+servida&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or inspector general&mdash;dice la se&ntilde;ora de Voinchet acerc&aacute;ndose a
+Delaberge,&mdash;el brazo, si usted gusta...</p>
+
+<p>Y &eacute;ste galantemente lo presentaba ya para que se apoyase en &eacute;l la
+se&ntilde;ora, cuando interrumpi&eacute;ndose &eacute;sta con aire consternado se volv&iacute;a
+hacia la reci&eacute;n llegada y tom&aacute;ndole una de las manos murmuraba:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; distra&iacute;da soy!... Es necesario que antes le presente a mi querida
+amiga... Camila Li&eacute;nard, propietaria de la Rosalinda, en Val-Clavin...
+El se&ntilde;or Delaberge, inspector general de montes.</p>
+
+<p>Aunque ordinariamente due&ntilde;o de s&iacute; mismo, Delaberge no supo disimular una
+viva expresi&oacute;n de sorpresa. En lugar de la vieja pleiteante que se hab&iacute;a
+imaginado, ve&iacute;a ante s&iacute; a una mujer joven, de unos veintis&eacute;is a&ntilde;os,
+esbelta, fresca, amable, con unos sonrientes ojos oscuros que ya desde
+el primer momento le gustaron de un modo infinito. Algo aturdido,
+Delaberge salud&oacute;.</p>
+
+<p>No le habr&iacute;a pasado ciertamente inadvertida su gran sorpresa a la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard si ella no se hubiese sentido tambi&eacute;n conmovida por una sorpresa
+igual. Sus clar&iacute;simos ojos contemplaban a Delaberge y parec&iacute;a reflejarse
+en su rostro la sorpresa de quien recuerda vagamente una semejanza o se
+pregunta d&oacute;nde y cu&aacute;ndo vio alguna otra vez a la persona que tiene
+delante. Todo esto, no obstante, pudo durar tan s&oacute;lo unos segundos. La
+se&ntilde;ora Li&eacute;nard insinu&oacute; una amable reverencia; Delaberge tom&oacute; de nuevo el
+brazo de la se&ntilde;ora de la casa y entraron todos en el comedor.</p>
+
+<p>En la mesa el inspector general fue, naturalmente, puesto a la derecha
+de la se&ntilde;ora Voinchet; enfrente sent&aacute;base su amigo y a su lado estaba la
+se&ntilde;ora Li&eacute;nard; de manera que Delaberge ten&iacute;a frente a frente a la
+propietaria de Rosalinda y durante aquellos momentos de solemne quietud
+que suele reinar en los principios de toda comida pudo examinarla con
+sosegado detenimiento.</p>
+
+<p>El famoso vestido nuevo que hab&iacute;a motivado el retraso de Camila Li&eacute;nard
+era negro y guarnecido con cintas malva; Delaberge, acostumbrado a los
+refinamientos de la elegancia parisiense, hubo de confesarse que la
+modista hubiera podido emplear mejor el tiempo. El cuerpo, que era de
+sat&eacute;n, no favorec&iacute;a mucho al talle de la dama, el cual parec&iacute;a no
+obstante bien contorneado. La ropa se arrugaba feamente en los hombros,
+y en el cuello parec&iacute;a querer ahogarla. En suma, la joven aparec&iacute;a muy
+mal vestida, pero demostraba preocuparse por ello muy poco. Su buen
+humor no se resent&iacute;a para nada de la fealdad del traje ni &eacute;ste lograba
+contener la expresiva vivacidad de sus movimientos. Con su boca un poco
+grande, su barbilla algo gruesa y sus cejas fin&iacute;simas, no parec&iacute;a
+precisamente bella, pero ten&iacute;a unos hermosos ojos llenos de luz y
+viveza, unos abundantes cabellos casta&ntilde;os que le ca&iacute;an graciosamente
+sobre las sienes, una gran frescura en toda su persona, un modo
+gracios&iacute;simo de re&iacute;r, y todo esto junto produc&iacute;a una agradable impresi&oacute;n
+de juventud, de espiritualidad, de alegr&iacute;a sana y fuerte que llenaba de
+gozo el coraz&oacute;n. Comprend&iacute;ase que era una mujer noblemente expresiva,
+llena de una natural espontaneidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La se&ntilde;ora Li&eacute;nard est&aacute; casada?&mdash;pregunt&oacute; en voz baja Delaberge a su
+vecina de mesa.</p>
+
+<p>&mdash;No, es viuda... Hace m&aacute;s de dos a&ntilde;os que perdi&oacute; a su marido... Un
+se&ntilde;or no muy digno de ser amado... No tiene hijos y vive sola en
+Rosalinda donde est&aacute; haciendo mucho bien.</p>
+
+<p>Delaberge contempl&oacute; entonces con mayor complacencia aun a aquella
+mujer... La se&ntilde;ora Li&eacute;nard estaba discutiendo a media voz con el
+inspector provincial, su vecino de mesa, y sin abandonar su aire de
+amable alegr&iacute;a le atacaba con maliciosas recriminaciones, ante las
+cuales se rebelaba el otro con tonos de malhumor.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! no es usted muy amable con los pobres&mdash;exclamaba ella.</p>
+
+<p>Y en ese momento levant&oacute; la cabeza y sorprendi&oacute; la atenta y curiosa
+mirada de Delaberge. Lejos de sentirse ofendida por ello, sonri&oacute; al
+encontrar su mirada los ojos de &eacute;ste y prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, decididamente es mucho mejor dirigirse a Dios que a sus
+santos... Que lo diga si no el se&ntilde;or inspector general.</p>
+
+<p>Tomado as&iacute; como testigo, Delaberge pregunt&oacute; con su aire gravemente
+amable:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; se trata, se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>&mdash;De ese deslinde que la Administraci&oacute;n forestal quiere imponer. Bajo el
+pretexto de que es imposible evaluar por separado los derechos de los
+usuarios, el se&ntilde;or inspector provincial aqu&iacute; presente nos ofrece como
+compensaci&oacute;n un bosque que est&aacute; a una legua de Val-Clavin... Y yo
+sostengo que esto es inicuo y aun b&aacute;rbaro.</p>
+
+<p>&mdash;Palabras muy duras son &eacute;stas&mdash;objet&oacute; Delaberge riendo.</p>
+
+<p>&mdash;Duras, pero exactas... Veamos: yo tengo el derecho de cortar le&ntilde;a en
+Val-Clavin y los campesinos de Val-Clavin tienen tambi&eacute;n el derecho de
+pastos... Y a cambio de todo esto se nos ofrece un terreno impropio y
+muy lejano... &iquest;Se puede a esto llamar justicia?</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;interrumpi&oacute; complacientemente el inspector general,&mdash;la
+felicito a usted, pues trata el asunto como un verdadero jurisconsulto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!&mdash;dijo a esto el inspector provincial.</p>
+
+<p>&mdash;Te advierto que te las habr&aacute;s con un contrincante fuerte... La se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard est&aacute; muy aferrada en sus derechos.</p>
+
+<p>&mdash;En los m&iacute;os y en los derechos de los dem&aacute;s tambi&eacute;n, se&ntilde;or
+Voinchet&mdash;repuso la joven con animada entonaci&oacute;n;&mdash;los habitantes de
+Val-Clavin, aun m&aacute;s que yo, merecen ver atendidas sus reclamaciones: son
+gente pobre y para conducir su ganado al pastoreo les ser&aacute; preciso
+caminar m&aacute;s de una legua a campo traviesa, pues no hay v&iacute;a directa que
+una el pueblo con la tierra que ahora se les ofrece.</p>
+
+<p>&mdash;Ya les indemnizaremos construy&eacute;ndoles un magn&iacute;fico camino.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Les indemnizar&aacute;n ustedes tambi&eacute;n de la p&eacute;rdida de tiempo y de la mala
+calidad de los pastos?... Los bosques de Carboneras est&aacute;n llenos de
+pantanos y si usted conociese el pa&iacute;s, se&ntilde;or inspector general...</p>
+
+<p>&mdash;Lo conozco perfectamente&mdash;repuso Delaberge,&mdash;pues en Val-Clavin
+comenc&eacute; mi carrera forestal.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iquest;de veras?...&mdash;exclam&oacute; la se&ntilde;ora Li&eacute;nard;&mdash;en tal caso...</p>
+
+<p>Dirigi&oacute; en torno suyo la mirada y vio que el presidente y la inspectora
+se esforzaban por disimular sus bostezos y se ech&oacute; a re&iacute;r exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Perd&oacute;nenme! ya me olvidaba de que esta discusi&oacute;n no interesa nada a
+los invitados del se&ntilde;or Voinchet; dej&eacute;moslo por ahora, mas conste que no
+me doy por vencida.</p>
+
+<p>La conversaci&oacute;n se hizo general con gran sentimiento de Delaberge. La
+vivacidad con que la se&ntilde;ora Li&eacute;nard defend&iacute;a sus derechos hab&iacute;a
+despertado su inter&eacute;s. La originalidad evident&iacute;sima de aquella mujer
+contrastaba extraordinariamente con la falta de car&aacute;cter de la mayor&iacute;a
+de los invitados.</p>
+
+<p>En el calor de la discusi&oacute;n tomaba su rostro expresiones encantadoras.
+Nada hab&iacute;a en ella rudo o fingido; nada tampoco de aquella prudencia
+timorata que da tan mon&oacute;tona insignificancia a las mujeres de provincia.
+Sent&iacute;ase en ella estallar la sinceridad, la generosidad de su noble
+coraz&oacute;n. La se&ntilde;ora Li&eacute;nard gustaba a Delaberge por cualidades que eran
+opuestas a las suyas. Ese hombre reservado, discreto y reflexivo por
+temperamento, sent&iacute;ase interesado por aquella mujer de un car&aacute;cter tan
+abierto y tan noblemente alegre...</p>
+
+<p>Y cuando se levantaron de la mesa y volvieron los invitados al sal&oacute;n, se
+las arregl&oacute; de manera que pudiese encontrarse cerca de la joven.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV</h3>
+
+
+<p>Precisamente se dirig&iacute;a ella hacia Delaberge llevando en una mano la
+cafetera y en otra una taza que le ofreci&oacute;. Cuando hubo servido a todos,
+volvi&oacute; a sentarse en el canap&eacute;, no lejos de Delaberge, quien, de pie
+todav&iacute;a, acababa de beberse su taza.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or inspector&mdash;le dijo ella,&mdash;estar&iacute;a usted much&iacute;simo mejor si
+tomase asiento.</p>
+
+<p>Y diciendo esto se hizo un poco a un lado para dejarle sitio en el mismo
+canap&eacute;. El inspector general no deseaba sino obedecer a invitaci&oacute;n tan
+amable; pero, no sabiendo qu&eacute; hacer de la taza que ten&iacute;a, en la mano,
+hizo adem&aacute;n de ir a dejarla sobre una mesilla. La se&ntilde;ora Li&eacute;nard se
+levant&oacute; corriendo, le tom&oacute; la taza de las manos y fue a darla a un
+criado que pasaba entonces con una bandeja. Tan graciosa amabilidad, tan
+previsora deferencia, trastornaron profundamente a Delaberge. Aunque
+poco inclinado a la fatuidad, se imagin&oacute; que la joven se esforzaba para
+serle agradable y sinti&oacute; como un cosquilleo de satisfacci&oacute;n, sin pensar
+que un hombre de cincuenta a&ntilde;os le parece casi un viejo a una mujer que
+tiene veintis&eacute;is. Pero Delaberge, como la mayor&iacute;a de los hombres, no se
+ve&iacute;a envejecer.</p>
+
+<p>Razonaba como un hombre convencido de que puede inspirar todav&iacute;a
+amorosos sentimientos; no quer&iacute;a confesarse a s&iacute; mismo que las
+amabilidades de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard pod&iacute;an sencillamente proceder de la
+espontaneidad de un alma, por naturaleza afectuosa e inclinada a
+mostrarse amable precisamente porque la diferencia de edad hab&iacute;a de
+quitar todo pretexto a una interpretaci&oacute;n maliciosa.</p>
+
+<p>Sin embargo, mientras la joven con su vivacidad de siempre, volv&iacute;a a
+sentarse cerca de &eacute;l, se despert&oacute; en el inspector general una vaga
+desconfianza; se dijo que tal vez iba a ser juguete de la malicia
+femenina, pensando que la se&ntilde;ora Li&eacute;nard hab&iacute;a cre&iacute;do ganar as&iacute; su &aacute;nimo
+en favor de la causa de los usuarios de Val-Clavin y vencer su natural
+rigor administrativo.</p>
+
+<p>Se recost&oacute; descuidadamente en uno de los brazos del canap&eacute; y, por encima
+de su abanico que agitaba lentamente, se qued&oacute; contemplando a Delaberge
+con la sonrisa en los labios. Este, ya receloso y colocado en actitud
+defensiva, estudiaba detenidamente el rostro de su vecina.</p>
+
+<p>Pronto sinti&oacute;se tranquilizado por completo. No, en esos l&iacute;mpidos ojos,
+en esa pur&iacute;sima frente, en esos labios francamente amables, no pod&iacute;a
+haber la menor huella de enga&ntilde;o o duplicidad. En el fondo de esos
+clar&iacute;simos ojos no se descubr&iacute;a la menor de aquellas turbadoras y
+fugitivas fulguraciones que son indicio de mentira. Ni en la frente, ni
+en la boca se descubr&iacute;an aquellas desagradables arrugas que son
+revelaci&oacute;n de un alma falsa o llena de complicados sentimientos.
+Decididamente, la se&ntilde;ora Li&eacute;nard no ten&iacute;a nada de una Dalila.</p>
+
+<p>Cerr&oacute; bruscamente el abanico, se inclin&oacute; un poco hacia Delaberge y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De manera que ha vivido usted en Val-Clavin?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora; viv&iacute; dos a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hace mucho tiempo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! s&iacute;, mucho... Quiz&aacute;s no hab&iacute;a usted nacido todav&iacute;a. Pero recuerdo
+el pa&iacute;s como si fuese ayer mismo. Veo perfectamente en mi imaginaci&oacute;n el
+camino que lleva a Rosalinda, por el cual daba mi paseo cotidiano. Se
+penetraba en la hacienda por una calle plantada de fresnos, muy
+peque&ntilde;ines entonces.</p>
+
+<p>&mdash;Los fresnos han crecido y dan hoy una magn&iacute;fica sombra.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces&mdash;prosigui&oacute; Delaberge&mdash;viv&iacute;a en Rosalinda un hombre muy
+original llamado Le Maroise. Ten&iacute;a costumbres muy singulares, se pasaba
+el santo d&iacute;a en un cuarto con las ventanas cerradas y no sal&iacute;a sino
+despu&eacute;s de anochecido, en una vieja berlina que guiaba un cochero tan
+extravagante como su due&ntilde;o...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ese hombre original era mi t&iacute;o!&mdash;interrumpi&oacute; ella riendo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... Perd&oacute;neme...</p>
+
+<p>&mdash;No se ha de excusar&mdash;replic&oacute;.&mdash;Era realmente un hombre extra&ntilde;o y poco
+me costar&iacute;a confesar a usted que lleg&oacute; a serme odioso... Viv&iacute;a a&uacute;n
+cuando me cas&eacute;; me hizo su heredera a condici&oacute;n de que mi marido y yo
+vivir&iacute;amos con &eacute;l... No es posible imaginar c&oacute;mo nos hizo insoportable
+la vida. Finalmente se muri&oacute; el pobre hombre, y no he de decir que le
+llor&eacute; muy poco... A punto estuvo de hacerme odiar Rosalinda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vive usted en ella todo el a&ntilde;o?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo no? Apenas si voy dos o tres veces a Dij&oacute;n o a Chaumont y s&oacute;lo
+por asuntos de intereses. A los seis o siete d&iacute;as que estoy en la ciudad
+ya no tengo m&aacute;s que un deseo, el de volver a mi casa lo antes posible.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A su edad no le parece esta soledad demasiado austera? &iquest;No se aburre
+usted jam&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Muy raramente... En primer lugar, ha de saber usted que tengo un
+temperamento de verdadera campesina. Apenas comienza la primavera, vivo
+constantemente al aire libre... Me tienen sobradamente ocupada mis
+gallinas, mis flores, mis &aacute;rboles; cuido yo misma la corta de mis
+bosques y le aseguro a usted que no s&eacute; apenas qu&eacute; cosa sea el aburrirse.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y en invierno?</p>
+
+<p>&mdash;En invierno enciendo un hermos&iacute;simo fuego y me instalo cerca de la
+chimenea con un buen libro en la mano... Hay en Rosalinda una biblioteca
+muy bien nutrida y la cual yo aumento todav&iacute;a procurando estar al
+corriente de cuanto se publica... Soy una endiablada lectora... Cuando
+tengo un libro interesante, y al alcance de la mano un buen pu&ntilde;ado de
+almendras, me paso horas delicios&iacute;simas junto al fuego.</p>
+
+<p>Mientras hablaban ellos aparte, el inspector provincial organizaba una
+mesa de <i>whist</i> y habi&eacute;ndose negado Delaberge y la se&ntilde;ora Li&eacute;nard a
+tomar parte en el juego, sent&aacute;ronse en torno de la mesa la
+subinspectora, el presidente, el secretario y el propio se&ntilde;or Voinchet.
+La esposa de &eacute;ste y el subinspector se quedaron contemplando el juego y
+aguardando el momento en que alguno de los dos pudiese tomar parte en
+&eacute;l; de suerte que la viuda y su interlocutor, gracias a la preocupaci&oacute;n
+de los jugadores de <i>whist</i>, se quedaron en el canap&eacute; tan aislados como
+pudieran estarlo en el fondo de un bosque.</p>
+
+<p>Esa conversaci&oacute;n mantenida en la penumbra, les iba acercando
+familiarmente y revest&iacute;a de una mayor confianza y de una m&aacute;s completa
+intimidad su di&aacute;logo. La se&ntilde;ora Li&eacute;nard no parec&iacute;a en lo m&aacute;s m&iacute;nimo
+cohibida por la gravedad de su interlocutor y aun se extra&ntilde;aba de
+encontrarse hablando tan llanamente con ese parisiense a quien desde tan
+pocas horas antes conoc&iacute;a. En cuanto a Delaberge sent&iacute;ase a la vez
+sorprendido y encantado de la visible simpat&iacute;a de que le daba testimonio
+aquella mujer. La escuchaba con placer y sent&iacute;ase refrescada el alma por
+la gracia natural del buen sentido y la noble alegr&iacute;a de su vecina.</p>
+
+<p>Olvidaba su acento provincial, su vestido tan mal hecho y aun los
+rasgos irregulares de su fisonom&iacute;a, pues pose&iacute;a en cambio la joven una
+cultura de esp&iacute;ritu, un juicio claro y sereno y sobre todo una facultad
+de entusiasmo que no se encuentra frecuentemente ni aun en Par&iacute;s. A
+prop&oacute;sito de sus lecturas se expresaba con una independencia, un sentido
+cr&iacute;tico y una vivacidad que encantaban de veras a ese parisiense,
+acostumbrado a las reticencias prudentes, a las admiraciones convenidas
+y a las opiniones superficiales del mundo oficinesco en que viv&iacute;a.</p>
+
+<p>Al cabo de una hora de conversaci&oacute;n, estaba ya encantado de la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard y se felicitaba de tan dichosa velada. Observ&oacute; con placer que
+durante su entretenido y largo coloquio la propietaria de Rosalinda no
+hab&iacute;a hecho la menor alusi&oacute;n al asunto de los deslindes y le agradeci&oacute;
+tan delicada reserva. Sent&iacute;ase secretamente halagado de no deber sino a
+s&iacute; mismo la graciosa predilecci&oacute;n de la viuda; se acusaba de sus
+injustas sospechas y, como para indemnizarla de ellas, esforz&aacute;base en
+mostrarse a su vez expansivo, amable, casi galante.</p>
+
+<p>De pronto e interrumpi&eacute;ndose en medio de una animada discusi&oacute;n, la
+se&ntilde;ora Li&eacute;nard sac&oacute; del pecho un peque&ntilde;o reloj y consult&aacute;ndolo exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Las once ya!... Hab&iacute;ame olvidado de que duermo hoy en casa de unos
+amigos y que molesto a tan excelentes personas oblig&aacute;ndoles a
+aguardarme...</p>
+
+<p>Se puso en pie y tendiendo su mano a Delaberge continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, se&ntilde;or, y hasta otro d&iacute;a, pues ir&aacute; usted pronto a
+Val-Clavin... Vuelvo ma&ntilde;ana a Rosalinda y aunque seamos enemigos,
+administrativamente hablando, espero recibir su visita durante su
+estancia en aquellos bosques.</p>
+
+<p>Se inclin&oacute; en r&aacute;pida reverencia ante Delaberge, corri&oacute; a besar a la
+se&ntilde;ora Voinchet, salud&oacute; a todos y, lo mismo que la Cenicienta al dar la
+media noche, sali&oacute; casi corriendo del sal&oacute;n, sin permitir que nadie la
+acompa&ntilde;ase.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="V" id="V"></a>V</h3>
+
+
+<p>Francisco Delaberge se despert&oacute; con una sensaci&oacute;n de confusa alegr&iacute;a,
+seg&uacute;n sucede cuando por la ma&ntilde;ana se conserva a&uacute;n la impresi&oacute;n de un
+hermoso sue&ntilde;o desvanecido; despu&eacute;s, disipadas ya las &uacute;ltimas brumas del
+ensue&ntilde;o, se percat&oacute; de que su vaga alegr&iacute;a era causada por el recuerdo
+de su conversaci&oacute;n con la se&ntilde;ora Li&eacute;nard; pero al propio tiempo record&oacute;
+que aquel mismo d&iacute;a hab&iacute;a de regresar la joven viuda a Rosalinda y su
+alegr&iacute;a se desvaneci&oacute; al pensar en su prolongada residencia en Chaumont.
+La peque&ntilde;a ciudad le pareci&oacute; m&aacute;s fr&iacute;a y m&aacute;s triste que la v&iacute;spera. La
+sombra que la iglesia de San Juan lanzaba sobre el h&uacute;medo patio de la
+casa de Voinchet parec&iacute;a extenderse y penetrar hasta el fondo del alma
+del inspector general... Esto le hizo tomar la resoluci&oacute;n de adelantar
+todo lo posible su partida.</p>
+
+<p>Apenas estuvo vestido y arreglado, comenz&oacute; el examen del expediente y
+recogi&oacute; todas las notas que crey&oacute; precisas, en cuyo trabajo emple&oacute; toda
+la ma&ntilde;ana; despu&eacute;s, acabado el almuerzo y a pesar de las instancias de
+su amigo Voinchet, tom&oacute; el r&aacute;pido y descendi&oacute; en Langres; all&iacute; busc&oacute; un
+coche de alquiler.</p>
+
+<p>Hay, lo menos, seis leguas de Langres a ese puebluco poco menos que
+escondido entre los bosques. Despu&eacute;s de haber rodado un buen trecho por
+la carretera de Dij&oacute;n, el carruaje tom&oacute; a la derecha y emprendi&oacute; el
+camino vecinal que corre a trav&eacute;s de una extensa llanura pedregosa, de
+una triste desnudez.</p>
+
+<p>La luz de la tarde, velada por fin&iacute;simas nubecillas, suavizaba los
+contornos de la llanura verdeante y de los bosques que el lejano
+horizonte pintaba de gris. El velado azul del cielo y la difusa claridad
+que llenaba los espacios se armonizaban muy bien con los flotantes
+pensamientos de Delaberge. Para decirlo, en verdad m&aacute;s eran aquello
+ensue&ntilde;os que pensamientos. Fatigado por su trabajo de la ma&ntilde;ana, mecido
+por el rodar del carruaje, se abandonaba a una so&ntilde;olienta contemplaci&oacute;n
+en que las im&aacute;genes percibidas despertaban en su esp&iacute;ritu vagos
+recuerdos. La silueta de los lejanos bosques, le hac&iacute;a pensar en el
+asunto de los deslindes y de pronto se dec&iacute;a, no sin una secreta
+satisfacci&oacute;n, que entre los usuarios de Val-Clavin estaba una cierta
+viuda, de serenos y l&iacute;mpidos ojos, de cabellos casta&ntilde;os que le ca&iacute;an en
+graciosos rizos sobre las sienes, en compa&ntilde;&iacute;a de la cual hab&iacute;a pasado
+una agradabil&iacute;sima velada.</p>
+
+<p>De un campo de centeno levant&oacute;se en r&aacute;pido vuelo una alondra y se perdi&oacute;
+en las nubes, mientras su alegre canto recordaba a Francisco la voz de
+pur&iacute;simo timbre de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard; entonces, en medio de su ensue&ntilde;o,
+la idea de ver a la joven en Rosalinda, filtr&oacute; dulcemente en su alma una
+emoci&oacute;n profunda, tan suave como la tenue claridad que la muselina de
+las nubes tamizaba.</p>
+
+<p>Al llegar al pie de la colina de Piedrafontana, salt&oacute; del carruaje el
+conductor, pues la rampa que se hab&iacute;a de subir era larga y muy r&aacute;pida;
+el caballo caminaba al paso y con mucho esfuerzo. Para aligerarle un
+poco m&aacute;s y tambi&eacute;n para sacudir su somnolencia, Delaberge imit&oacute; al
+conductor y, con paso todav&iacute;a ligero y la cabeza un poco inclinada,
+comenz&oacute; a andar a lo largo de un camino que bordeaban toda clase de
+flores silvestres.</p>
+
+<p>Detr&aacute;s de &eacute;l, hac&iacute;a el cochero restallar con fuerza su l&aacute;tigo y all&aacute; en
+el fondo del valle se o&iacute;a el pausado martilleo de un herrador; durante
+los intervalos de silencio se percib&iacute;a, como sones de p&iacute;fanos
+invisibles, el canto de las alondras. Poco a poco todos estos r&uacute;sticos
+rumores fueron despertando en el alma del inspector general el recuerdo
+de cosas desde largo tiempo adormecidas.</p>
+
+<p>Y se vio a s&iacute; mismo subiendo esta misma rampa, cuando s&oacute;lo contaba
+veinticuatro a&ntilde;os, en una tarde de oto&ntilde;o muy semejante a &eacute;sa. Iba
+entonces, pobre de dinero y rico de esperanzas, a tomar posesi&oacute;n de su
+puesto de guarda general de los bosques de Val-Clavin.</p>
+
+<p>M&aacute;s ligero de piernas, pero menos fil&oacute;sofo que hoy, contemplaba a la
+saz&oacute;n con ojos inquietos la ruda soledad de las llanuras de Langres y no
+se tranquilizaba un poco sino al penetrar en los pintorescos y
+agradables bosques que rodean el pueblecillo.</p>
+
+<p>Delaberge recordaba muy bien la sensaci&oacute;n de aislamiento que hab&iacute;a
+sentido al llegar una tarde a ese peque&ntilde;o pueblo de trescientas casas,
+situado en la confluencia de dos riachuelos, cuya uni&oacute;n da nacimiento al
+Aube. Al caer en ese pa&iacute;s tan extremadamente r&uacute;stico, sin transici&oacute;n
+ninguna y al salir de la Escuela de Nancy, se encontr&oacute; en &eacute;l al
+principio desorientado y triste. El invierno era all&iacute; muy duro y toda
+distracci&oacute;n imposible. La sociedad se compon&iacute;a de dos o tres empleados,
+de algunos propietarios campesinos, todos ellos casados y poco
+dispuestos a recibir en su casa al forastero. Muy tristemente vivi&oacute; all&iacute;
+durante los sombr&iacute;os d&iacute;as de diciembre y de enero. Durante esos dos
+mortales meses cubr&iacute;a siempre la tierra una espesa capa de nieve y era
+imposible salir. El trabajo no era mucho y su ociosidad casi completa le
+hac&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s insoportables los d&iacute;as. No se atrev&iacute;a a leer de nuevo los
+pocos libros que se hab&iacute;a tra&iacute;do consigo y que se sab&iacute;a ya de memoria.
+Suced&iacute;anse las horas tan largas y tan vac&iacute;as, le era la soledad tan
+odiosa, que lleg&oacute; a apoderarse de su &aacute;nimo un profundo mal humor, una
+extraordinaria melancol&iacute;a.</p>
+
+<p>Se albergaba en la hospeder&iacute;a del <i>Sol de Oro</i>. Era frecuentada esa casa
+por trajinantes y mercaderes de le&ntilde;a, resonando en ella, desde la ma&ntilde;ana
+a la noche, los m&aacute;s discordantes rumores. Com&iacute;a solo o en compa&ntilde;&iacute;a de su
+hospedero, el se&ntilde;or Princetot, un hombre de rostro sonrosado, de mirada
+llena de malicia y cuya conversaci&oacute;n giraba invariablemente sobre los
+vinos que almacenaba en su bodega, para revenderlos luego lo m&aacute;s caro
+posible a los peque&ntilde;os comerciantes de la monta&ntilde;a. En esa gris y
+trist&iacute;sima sinfon&iacute;a del fastidio, daba la hospedera una nota &uacute;nica de
+color y de alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Miguelina Princetot iba entonces hacia sus veintiocho a&ntilde;os. De buena
+estatura, bien tallada, de sedosa piel y con unos melanc&oacute;licos ojos
+grises, ten&iacute;a muy amables maneras y la sonrisa, de sus labios carnosos
+formaba en sus mejillas aquellos atrayentes hoyuelos que el pueblo llama
+&laquo;nidos de amor&raquo;. Inteligente y de percepci&oacute;n pronta, hac&iacute;a lo que quer&iacute;a
+del gordo Princetot, quien por completo entregado a su comercio de
+vinos, le dejaba gobernar la hospeder&iacute;a a su gusto, cosa que hac&iacute;a ella
+a las mil maravillas. Siempre limpia, atractiva y adem&aacute;s excelente
+cocinera sab&iacute;a contentar a los clientes. Gracias a ella, los notables de
+aquellos contornos iban con frecuencia al <i>Sol de Oro</i>. Alguien dec&iacute;a
+que llevaba su coqueter&iacute;a, su amabilidad demasiado lejos y que, no era
+tan fiel esposa como diligente mujer de su casa; como quiera que fuese,
+es lo cierto que tan maliciosos dichos no llegaron nunca a quebrantar la
+confianza del se&ntilde;or Princetot.</p>
+
+<p>En los comienzos, teniendo a&uacute;n como quien dice en los ojos las
+elegancias de las modistillas y de las se&ntilde;oras de Nancy, no concedi&oacute;
+Francisco mucha atenci&oacute;n a las gracias campesinas de su hostelera. Pero,
+en una soledad como la de Val-Clavin, una mujer joven, junto a la cual
+se vive ma&ntilde;ana y tarde, acaba por ejercer una atracci&oacute;n lenta y segura.
+Despu&eacute;s de haber visto a la mujer aqu&eacute;lla con indiferencia, gradualmente
+fue descubriendo Delaberge en ella encantos que antes no hab&iacute;a
+sospechado y, gracias al aislamiento en que viv&iacute;a, fue pareci&eacute;ndole cada
+vez m&aacute;s deseable. Con frecuencia, cuando el forestal com&iacute;a solo, despu&eacute;s
+de quitados los manteles, la se&ntilde;ora Miguelina se quedaba un rato
+conversando con su hu&eacute;sped. Poco ganoso de volver a su cuarto triste y
+fr&iacute;o, el joven prestaba gustosamente o&iacute;dos a la charla de su hostelera y
+sus ojos se deten&iacute;an con verdadera complacencia en la blanqu&iacute;sima nuca
+que adornaban unos ricillos de su cabello, o bien en la flexibilidad de
+su cintura... A veces se quedaban ambos silenciosos; la mirada l&aacute;nguida
+de Miguelina se encontraba con los azules ojos del guarda general; &eacute;ste,
+de ordinario fr&iacute;o y reservado, se expansionaba, se atrev&iacute;a a alguna
+insinuaci&oacute;n galante, y entonces, con su intuici&oacute;n femenina, la hostelera
+del <i>Sol de Oro</i> adivinaba, por ciertas inflexiones de su voz llenas de
+emoci&oacute;n, que su hu&eacute;sped se iba haciendo cada d&iacute;a menos insensible a sus
+encantos.</p>
+
+<p>Mientras, tanto iba pasando el invierno, reverdec&iacute;a la primavera en los
+bosques y bajo su influencia una familiaridad cada vez mayor fue
+estableci&eacute;ndose entre Delaberge y la se&ntilde;ora Princetot.</p>
+
+<p>Un domingo por la tarde hab&iacute;a subido Miguelina al cuarto del forestal y
+all&iacute;, asomada a la ventana, se esforzaba por alcanzar las ramas de un
+florido tilo que sub&iacute;a por la fachada de la casa. Llevaba aquel d&iacute;a su
+vestido m&aacute;s elegante y los movimientos forzados que hac&iacute;a descubr&iacute;an
+toda la esbeltez de la figura, la graciosa flexibilidad del talle, la
+exquisita morbidez de sus pechos y de sus caderas. De pie a su lado,
+Delaberge le ayudaba lo mejor que pod&iacute;a. En un momento dado, como ella
+se inclinase demasiado hacia afuera, el guarda general se atrevi&oacute; a
+asirla por la cintura como temiendo que se pudiese caer. La se&ntilde;ora
+Princetot se volvi&oacute; riendo con aquella risa llena de sensualidad que
+formaba tan graciosos hoyuelos en sus mejillas y su boca vino a
+encontrarse tan cerca de los labios de Delaberge, que &eacute;ste no supo
+resistir la tentaci&oacute;n... La bes&oacute; ardorosamente; rodaron al suelo las
+flores que ella hab&iacute;a tomado y Miguelina cay&oacute;, sin darse cuenta, en los
+brazos de su hu&eacute;sped.</p>
+
+<p>A partir de aquel d&iacute;a la se&ntilde;ora Princetot fue la amante del guarda
+general, y &eacute;ste ya no se fastidi&oacute; como antes en Val-Clavin. El se&ntilde;or
+Princetot se ausentaba con frecuencia para ir a hacer sus compras de
+vinos o para venderlos a sus clientes de la monta&ntilde;a, de lo que los
+amantes se aprovechaban.</p>
+
+<p>Figur&aacute;banse que su estrecha y amorosa intimidad escapaba a la atenci&oacute;n y
+a la maledicencia de las gentes del pueblo; pero no sab&iacute;an que los
+amores mejor escondidos exhalan un sutil&iacute;simo perfume, que los descubre
+siempre. El secreto de su amor se evapor&oacute; insensiblemente por las calles
+de Val-Clavin y las lenguas de las comadres hicieron lo dem&aacute;s.
+Unicamente Princetot continu&oacute; ignor&aacute;ndolo todo.</p>
+
+<p>Dur&oacute; esta aventura diez y ocho meses, y comenzaba ya a sentir las
+proximidades de la saciedad cuando recibi&oacute; un d&iacute;a la notificaci&oacute;n de un
+cambio de residencia. Al conocer la triste nueva, la se&ntilde;ora Miguelina se
+deshizo en l&aacute;grimas. Mas era preciso que obedeciese Delaberge al mandato
+administrativo; la hostelera no se hab&iacute;a enga&ntilde;ado nunca a s&iacute; misma y
+pensaba que alg&uacute;n d&iacute;a la hab&iacute;a de abandonar y, aunque suspirando
+hondamente, al fin se resign&oacute;.</p>
+
+<p>Una semana despu&eacute;s el guarda general se march&oacute; a Par&iacute;s, no sin sentir en
+el fondo de su esp&iacute;ritu como una vaga liberaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Prometieron escribirse: ni uno ni otro cumplieron su promesa y un
+silencio absoluto cay&oacute; entre ellos. Delaberge, que no hab&iacute;a puesto en
+aquella mujer sino los sentidos, fue olvid&aacute;ndola poco a poco, suponiendo
+que la se&ntilde;ora Miguelina se consolar&iacute;a r&aacute;pidamente y pondr&iacute;a a otro en su
+puesto. Y muy pronto sus amor&iacute;os campesinos se le aparecieron como una
+de esas estrellas fugaces que nacen en un cielo de agosto, lo atraviesan
+y se apagan...</p>
+
+<p>Las preocupaciones del oficio y del ascenso apagaron pronto en &eacute;l hasta
+el menor recuerdo de aquella aventura juvenil. A&ntilde;os y m&aacute;s a&ntilde;os pasaron,
+llev&aacute;ndose como un torrente sus deseos y sus energ&iacute;as hacia riberas que
+no eran precisamente las de la ternura.</p>
+
+<p>Si alguna vez recordaba los episodios de sus principios en Val-Clavin no
+era sino para re&iacute;rse desde&ntilde;osamente de ellos como hace el hombre maduro
+con las locuras de la juventud. Y he aqu&iacute; que los azares administrativos
+le volv&iacute;an a este pueblo perdido en el fondo de los bosques; he aqu&iacute;
+que los detalles, el aire ambiente, la fisonom&iacute;a del camino tantas veces
+hecho en otros tiempos, evocaban en su esp&iacute;ritu la imagen de la se&ntilde;ora
+Miguelina, que &eacute;l cre&iacute;a enterrada bajo el m&aacute;s absoluto olvido...</p>
+
+<p>Pero la muerte tan s&oacute;lo puede producir el verdadero y total olvido.
+Mientras andamos por los caminos de la vida, podemos hallarnos otra vez
+frente a frente con las personas y las cosas que hab&iacute;amos para siempre
+borrado de nuestra memoria.</p>
+
+<p>En Par&iacute;s, apenas si alguna que otra vez pens&oacute; en la posibilidad de
+encontrarse de nuevo con su antigua amante; mas ahora, al aproximarse al
+pueblo en que la hab&iacute;a conocido, Delaberge sinti&oacute; nacer en su esp&iacute;ritu
+una vaga inquietud.</p>
+
+<p>Sinti&oacute; alarmarse la prudencia del funcionario, temiendo, en el caso de
+que la se&ntilde;ora Princetot viviese todav&iacute;a en Val-Clavin, verse expuesto a
+familiaridades comprometedoras para su car&aacute;cter oficial. En verdad,
+dec&iacute;ase que veintis&eacute;is a&ntilde;os pueden producir, aun trat&aacute;ndose de un
+pueblecillo, grandes y radical&iacute;simos cambios. Entre las gentes que le
+conocieron en otro tiempo, muchos sin duda habr&iacute;an desaparecido. Los
+hombres maduros de entonces ser&iacute;an ahora ancianos y habr&iacute;an tomado su
+puesto los jovenzuelos de otros d&iacute;as, preocup&aacute;ndose muy poco por lo
+pasado. La misma se&ntilde;ora Princetot tendr&iacute;a ya cincuenta y cuatro a&ntilde;os, y
+es natural que la edad la hubiese hecho m&aacute;s discreta. Y aun podr&iacute;a
+suceder que ya no estuviese en el pueblo.</p>
+
+<p>Ya bastante rico Princetot, vendi&oacute; tal vez su hospeder&iacute;a y probablemente
+ni el recuerdo exist&iacute;a ya del famoso <i>Sol de Oro</i>...</p>
+
+<p>Por lo dem&aacute;s, f&aacute;cil ser&iacute;a adquirir noticias sobre este punto preguntando
+al cochero. Este, que llevaba con frecuencia viajeros de una parte a
+otra, conocer&iacute;a con seguridad los sucesos del pa&iacute;s...</p>
+
+<p>Precisamente hab&iacute;an llegado a lo m&aacute;s alto de la loma y comenzaban a
+descender hacia el verdeante valle. Subiendo de nuevo al carruaje,
+Delaberge pregunt&oacute; al cochero:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Conoce usted Val-Clavin?</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente, se&ntilde;or; en verano llevo a ese pueblo gran n&uacute;mero de
+viajeros y tambi&eacute;n en tiempos de caza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l es la mejor hospeder&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La mejor?... No hay m&aacute;s que una que sea buena de verdad: el <i>Sol de
+Oro</i>... Las dem&aacute;s no son sino malas tabernas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se est&aacute; bien en la casa?</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo, y se come en ella divinamente... Las gentes de Langres van
+all&iacute; con frecuencia a pasar un d&iacute;a de campo... El <i>Sol de Oro</i> no es
+precisamente de ayer; hace ya m&aacute;s de treinta a&ntilde;os que da muy buenos
+cuartos al <i>Pr&iacute;ncipe</i> y a su esposa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; Pr&iacute;ncipe?&mdash;exclam&oacute; Delaberge algo desorientado.</p>
+
+<p>El cochero ech&oacute;se a re&iacute;r.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero decir el se&ntilde;or Princetot, pardiez... Es un apodo que le dan,
+tan rico es y tan poderoso... Le llaman el <i>Pr&iacute;ncipe</i> y a su mujer la
+<i>Princesa</i>... Yo le aseguro a usted que son gente rica... La mitad del
+t&eacute;rmino es suyo. Princetot ha agregado a su casa una destiler&iacute;a, en la
+que gana el dinero que quiere, y no es poco decir... Sin embargo,
+contin&uacute;an en su hospeder&iacute;a como si tuviesen necesidad de ella, &iquest;Qu&eacute;
+quiere usted? La costumbre...</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI</h3>
+
+
+<p>Delaberge se puso profundamente taciturno. Mientras rodaba el carruaje
+por entre dos hileras de &aacute;rboles, alguna vez interrumpidas por las
+tierras cultivadas de una granja, iba pensando, no sin inquietud, en su
+encuentro inevitable con la se&ntilde;ora Princetot. &iquest;C&oacute;mo le recibir&iacute;a y qu&eacute;
+se dir&iacute;an? &iexcl;Bah! Uno y otro hab&iacute;an cambiado mucho en veintis&eacute;is a&ntilde;os y
+tal vez ni siquiera le reconocer&iacute;a. S&iacute;, pero luego ser&iacute;a preciso decir
+los nombres y la calidad, con lo cual quedaba destruido el inc&oacute;gnito.
+Adem&aacute;s, su reserva podr&iacute;a parecer extra&ntilde;a al bueno de Princetot.</p>
+
+<p>A despecho de su experiencia y de su despierto esp&iacute;ritu, el inspector
+general estaba hecho del mismo barro que el resto de los hombres. No se
+extra&ntilde;aba de que &eacute;l hubiese podido olvidar a ciertas personas, pero no
+comprend&iacute;a que los dem&aacute;s le hubiesen podido olvidar a &eacute;l.</p>
+
+<p>Mientras iba pensando en todo eso, el caballo, sintiendo ya pr&oacute;ximo el
+pesebre, trotaba m&aacute;s ligero que nunca; se iba acortando la distancia y
+desde una peque&ntilde;a altura comenzaron ya a verse las casas de Val-Clavin,
+reunidas como un pu&ntilde;ado de huevos en el fondo de un nido. Por entre los
+prados brillaban a trechos las aguas del r&iacute;o y el gallo del puntiagudo
+campanario reluc&iacute;a, herido por los rayos del sol poniente... Y pronto
+penetr&oacute; el carruaje en el pueblo, que se hab&iacute;a modificado muy poco. A
+uno y otro lado del viejo puente, los juncos del estanque temblaban como
+en otro tiempo al impulso de la brisa vespertina. Con el mismo
+fresqu&iacute;simo rumor ca&iacute;an las aguas del riachuelo en la presa del molino,
+y los tilos centenarios del paseo se destacaban por encima de las
+techumbres de las casas que aparec&iacute;an inundadas por tenues y azuladas
+humaredas. A la rojiza claridad del crep&uacute;sculo, se levantaba ante los
+ojos de Delaberge la sombra de los antiguos d&iacute;as, y las figuras de aquel
+lejan&iacute;simo pasado aparec&iacute;an mas l&iacute;mpidas y con mayor relieve al
+destacarse sobre un cielo que iluminaba el sol poniente del recuerdo.</p>
+
+<p>Con un peque&ntilde;o latir en el coraz&oacute;n, pensaba Delaberge en la vieja
+hospeder&iacute;a con su umbral, al que se sub&iacute;a por cinco escalones y con su
+muestra de hierro enmohecido, en los ojos l&aacute;nguidamente so&ntilde;adores de la
+se&ntilde;ora Miguelina y en la figura rabelesiana y llena de malicia de su
+esposo...</p>
+
+<p>De pronto se par&oacute; el carruaje ante una casa toda reci&eacute;n enjalbegada y en
+la que apenas pudo Francisco reconocer la antigua hospeder&iacute;a, pues hab&iacute;a
+sido renovada por completo. La antigua muestra hab&iacute;a desaparecido
+tambi&eacute;n y en cambio le&iacute;ase en la fachada en hermosas letras may&uacute;sculas:</p>
+
+<p class="c">HOTEL DEL SOL DE ORO</p>
+
+<p>M&aacute;s lejos, hacia la esquina de la calle, se ve&iacute;an las paredes de piedra
+de talla y la techumbre de tejas de la nueva destiler&iacute;a que hab&iacute;a
+construido Princetot... All&iacute; estaba &eacute;ste precisamente apoyando sus
+anch&iacute;simas espaldas en la misma puerta... Encendido el rostro, enorme el
+vientre, vestido de pa&ntilde;o ordinario, medio cerrados los ojos que la
+grasa invad&iacute;a, y sin moverse, examinaba con su flema de siempre al nuevo
+hu&eacute;sped que llegaba de Langres.</p>
+
+<p>Mientras el viajero saltaba del coche, el se&ntilde;or Princetot se decidi&oacute; a
+llamar a su criado, orden&aacute;ndole que se hiciese cargo del equipaje.
+Delaberge hab&iacute;a resuelto por &uacute;ltimo marchar valientemente hacia las
+soluciones m&aacute;s breves. Subi&oacute; ligero los cinco escalones, entr&oacute; con el
+due&ntilde;o de la casa en la cocina en que reluc&iacute;an inn&uacute;meras cacerolas de
+cobre y fue el primero en hablar.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas tardes, se&ntilde;or Princetot... Ya veo que no me reconoce usted.</p>
+
+<p>El <i>Pr&iacute;ncipe</i> medio cerr&oacute; de nuevo sus peque&ntilde;os ojos, se pas&oacute; la mano
+por sus cabellos ya enteramente blancos, se rasc&oacute; la oreja y dijo
+descubriendo su gran perplejidad:</p>
+
+<p>&mdash;A fe m&iacute;a, se&ntilde;or, que no tengo el placer...</p>
+
+<p>&mdash;Soy, no obstante, uno de sus antiguos hu&eacute;spedes... El se&ntilde;or Delaberge.</p>
+
+<p>Una mujer en quien antes no hab&iacute;a reparado y que estaba ocupada en el
+fondo de la cocina se volvi&oacute; bruscamente, y s&oacute;lo por la visible emoci&oacute;n
+que demostr&oacute; la dama adivin&oacute; el inspector general que ten&iacute;a enfrente a
+Miguelina... Respiraba penosamente, bajaba los ojos, retorc&iacute;a con gesto
+maquinal las puntas del pa&ntilde;uelo que ten&iacute;a en la mano y acab&oacute; por saludar
+sin despegar los labios.</p>
+
+<p>&iexcl;Ay! no se parec&iacute;a mucho a la seductora Miguelina de otros tiempos...
+Hab&iacute;a engordado, hab&iacute;a perdido su rostro toda expresi&oacute;n, sus tocas le
+ca&iacute;an sobre la frente y escond&iacute;an sus cabellos ya bien canosos. Su
+vestido de oscuro color, de rectos pliegues, sus ojos medio cerrados, su
+cara de cera, la expresi&oacute;n reservada y dulzona de su fisonom&iacute;a, le daban
+todo el aspecto de una beatucha.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or Delaberge!&mdash;murmur&oacute; con mayor sorpresa que alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s a&ntilde;adi&oacute;, mordi&eacute;ndose los labios y sin levantar los ojos:</p>
+
+<p>&mdash;No pens&aacute;bamos verle a usted de nuevo en Val-Clavin.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El se&ntilde;or Delaberge?&mdash;preguntaba de nuevo el <i>Pr&iacute;ncipe</i>.&mdash;Aguarde...
+Ahora caigo... &iquest;Estaba usted aqu&iacute;, como guarda general en la &eacute;poca en
+que reconstru&iacute;an la iglesia?... Dispense que no le haya reconocido
+antes, pero ha pasado desde entonces por esta casa tant&iacute;sima gente...</p>
+
+<p>Mientras hablaba iba examinando al reci&eacute;n llegado y al ver que luc&iacute;a una
+hermosa roseta en la solapa y sospechando que se las hab&iacute;a ahora con un
+parroquiano de consideraci&oacute;n, se mostr&oacute; ya menos indiferente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;continu&oacute; diciendo,&mdash;el caso es que todos hemos envejecido un
+poco y veinticinco o veintis&eacute;is a&ntilde;os cambian endiabladamente las
+fisonom&iacute;as... Y he aqu&iacute; que le tenemos de nuevo entre nosotros...
+Miguelina, habr&aacute; que dar al se&ntilde;or la sala roja.</p>
+
+<p>Delaberge algo desconcertado por tan vulgar acogida y a&uacute;n m&aacute;s por la
+comprobaci&oacute;n de tan mortificante olvido, declar&oacute; que no estaba por la
+sala roja y que prefer&iacute;a el cuarto que hab&iacute;a ocupado en otros tiempos y
+cuya ventana daba al jard&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Su antigua habitaci&oacute;n?&mdash;replic&oacute; el hostelero.&mdash;&iexcl;Ah! s&iacute;, pero, vea
+usted... El caso es que no la tenemos libre... La hicimos restaurar por
+completo y la ocupa ahora nuestro hijo... Sim&oacute;n, que regres&oacute; hace dos
+a&ntilde;os de la Escuela de Cluny con todos sus t&iacute;tulos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tienen ustedes un hijo?&mdash;pregunt&oacute; el inspector general con alguna
+sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;En realidad no pod&iacute;a usted saberlo... Nuestro Sim&oacute;n no hab&iacute;a nacido
+entonces todav&iacute;a... Se ha hecho aguardar un poco, pero de todas maneras
+ha sido en nuestra casa el bienvenido, &iquest;no es verdad, se&ntilde;ora Princetot?</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora Miguelina parec&iacute;a disgustada por la charla de su marido; su
+pl&aacute;cido rostro de mujer devota tomaba una expresi&oacute;n de vivo descontento
+y sus labios se plegaban con gesto nervioso. Hizo notar que el se&ntilde;or
+Delaberge tendr&iacute;a necesidad de descanso y que era in&uacute;til fatigarle
+habl&aacute;ndole de un muchacho a quien no conoc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Pero&mdash;replic&oacute; obstinadamente Princetot,&mdash;el se&ntilde;or podr&aacute; conocerle si
+se queda algunos d&iacute;as en Val-Clavin, y Sim&oacute;n es muchacho que lo vale...
+Por desgracia volver&aacute; tarde esta noche, pues ha ido al monte para una
+cuesti&oacute;n de peritaje... Algunas personas del pueblo han recorrido a sus
+luces para un asunto de deslindes y como es muy despierto y conoce a
+fondo el r&eacute;gimen de montes, se le ha encargado la defensa de los
+derechos del pueblo...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, un asunto de que en mal hora se ha encargado&mdash;interrumpi&oacute; la
+se&ntilde;ora Princetot.</p>
+
+<p>M&aacute;s perspicaz que el <i>Pr&iacute;ncipe</i> su esposo, ella hab&iacute;a ya sospechado que
+Delaberge ven&iacute;a sin duda por esta misma cuesti&oacute;n de deslindes y temi&oacute;
+que su marido hablase demasiado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; sabes t&uacute; de estas cosas?&mdash;replic&oacute; Princetot gui&ntilde;ando con gesto
+de misterio sus ojos.&mdash;Sim&oacute;n tiene mucho talento y es ya bastante
+crecido para andar solo.</p>
+
+<p>&mdash;En fin&mdash;exclam&oacute; suspirando la se&ntilde;ora Miguelina,&mdash;es de desear que de
+todo ese enredo no saque m&aacute;s disgustos que provecho.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, para cortar en seco esta conversaci&oacute;n, pregunt&oacute; al viajero si
+comer&iacute;a en la mesa com&uacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;contest&oacute; Delaberge;&mdash;tengan la bondad de servirme en mi cuarto y
+h&aacute;ganme el favor de avisar mi llegada al guarda general... Necesito
+hablar con &eacute;l esta misma noche.</p>
+
+<p>Algunos minutos despu&eacute;s estaba ya instalado en la sala roja, reservada
+de ordinario a los hu&eacute;spedes de importancia. En este cuarto hab&iacute;a una
+gran cama muy bien puesta y ten&iacute;a dos ventanas, una que daba a la calle
+y la otra al jard&iacute;n, el cual iba subiendo en suav&iacute;simo declive hacia los
+bosques.</p>
+
+<p>Apenas hab&iacute;a tenido tiempo Delaberge de quitarse el polvo del camino y
+de arreglarse un poco, cuando llamaron discretamente en la puerta de su
+cuarto y no sin una peque&ntilde;a emoci&oacute;n contest&oacute; Delaberge que se pod&iacute;a
+entrar. Crey&oacute; ver aparecer a la se&ntilde;ora Miguelina, deseosa, sin duda, de
+poder hablar a solas con &eacute;l, pero muy pronto sali&oacute; de su enga&ntilde;o. Entr&oacute;
+en la habitaci&oacute;n una joven delgada y de vivos movimientos, la cual tra&iacute;a
+platos, botellas y manteles y comenz&oacute; a poner la mesa, despu&eacute;s de lo
+cual se retir&oacute; para volver a poco con la humeante sopera.</p>
+
+<p>Al hacerse servir en su cuarto el inspector general hab&iacute;a cre&iacute;do que
+podr&iacute;a de este modo tener con la se&ntilde;ora Miguelina una amistosa
+explicaci&oacute;n que valiese por todas. Mas era evidente que la se&ntilde;ora
+Miguelina no pensaba provocar una semejante explicaci&oacute;n retrospectiva.
+&iquest;Era eso indiferencia o bien que, desde un principio, deseaba hacer
+comprender a su hu&eacute;sped la necesidad de evitar toda alusi&oacute;n al pasado?</p>
+
+<p>&laquo;&mdash;Como quiera ella&mdash;se dijo Delaberge&mdash;y aun tal vez vale m&aacute;s que sea
+as&iacute;.&raquo;</p>
+
+<p>No obstante, en su fuero interno, sent&iacute;a Delaberge una especie de
+desencanto. Mientras a lo largo del camino se hund&iacute;a su imaginaci&oacute;n en
+el recuerdo del pasado y reviv&iacute;a los tiempos de Val-Clavin, no cre&iacute;a que
+se le hubiese tan completamente olvidado, ni esperaba que se le tratase
+como a un extra&ntilde;o... Esto le puso profundamente melanc&oacute;lico y con gesto
+displicente se sent&oacute; ante su mesa solitaria.</p>
+
+<p>Cuando estaba ya en los postres le anunciaron al guarda general: un
+muchacho lleno de obsequiosidad y balbuciente, que se confund&iacute;a en
+salutaciones y no osaba sentarse, tanto le intimidaba la presencia del
+inspector general. Hizo Delaberge in&uacute;tiles esfuerzos para ponerle a
+tono, acabando por darle brevemente sus instrucciones e indic&aacute;ndole la
+hora en que se encontrar&iacute;an para ir juntos al monte; luego sali&oacute; con &eacute;l
+de la hospeder&iacute;a y una vez solo se qued&oacute; paseando unos momentos por las
+riberas del Aube.</p>
+
+<p>La noche era oscura, pero en el cielo reluc&iacute;an millares de estrellas y
+cantaban los ruise&ntilde;ores en las alamedas pr&oacute;ximas... Era la misma m&uacute;sica
+que en otros tiempos acompa&ntilde;&oacute; sus d&uacute;os de amor con la se&ntilde;ora Miguelina.
+Sent&iacute;a surgir en su esp&iacute;ritu el sentimentalismo; pero, por desdicha
+suya, al notar que le molestaba un poco la frescura del r&iacute;o, comprendi&oacute;
+que no viv&iacute;a ya en aquella dichosa edad en que se sue&ntilde;a con las
+estrellas. Volvi&oacute; sobre sus pasos y deshizo el camino andado.</p>
+
+<p>Al regresar a la hospeder&iacute;a hab&iacute;an ya desaparecido el se&ntilde;or Princetot y
+su esposa. En la cocina no hab&iacute;a sino una criada, que encendi&oacute; una buj&iacute;a
+y le acompa&ntilde;&oacute; hasta su habitaci&oacute;n, d&aacute;ndole despu&eacute;s las buenas noches. Al
+cerrar Delaberge las ventanas del cuarto, pens&oacute; que Rosalinda estaba
+muy cerca y que al d&iacute;a siguiente, si quer&iacute;a, podr&iacute;a indemnizarse de su
+desencanto de aquella tarde haciendo una visita a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard.
+Esta idea volvi&oacute; la serenidad a su esp&iacute;ritu. Se desnud&oacute; y
+filos&oacute;ficamente se meti&oacute; en la cama.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3>
+
+
+<p>Delaberge era la puntualidad misma. A la hora convenida y en compa&ntilde;&iacute;a
+del guarda general y de otros funcionarios subalternos, estaba ya
+examinando los campos de Carboneras que el inspector de Chaumont
+propon&iacute;a afectar al servicio de los usuarios de Val-Clavin.</p>
+
+<p>A fines de mayo es cuando los bosques de las monta&ntilde;as de Langres se
+muestran en toda su gloria y el tiempo convida como nunca al paseo. Un
+suave vientecillo hab&iacute;a secado los caminos; el cielo, de un azul
+pur&iacute;simo, sonre&iacute;a, por encima del renaciente follaje; bordaban toda
+clase de flores las m&aacute;rgenes de los caminos y los pajarillos cantaban
+por doquier. Delaberge, cuyas funciones sedentarias le hab&iacute;an recluido
+en Par&iacute;s tanto tiempo y que no conoc&iacute;a ya m&aacute;s verdores que los de las
+carpetas de la oficina, gozaba de esta fiesta primaveral en pleno bosque
+como se goza de un antiguo amigo otra vez hallado. Respiraba con
+verdadera delicia el penetrante perfume que desped&iacute;an los cerezos en
+flor y poco a poco su mal humor y su melancol&iacute;a de la noche antes se
+fueron disipando...</p>
+
+<p>Por la ma&ntilde;ana, en la hora del desayuno pudo comprobar que la se&ntilde;ora
+Miguelina procuraba prudentemente substraerse a sus miradas cada vez que
+entraba en la cocina. Esta reserva de su antigua amante, que al
+principio le molest&oacute;, le parec&iacute;a ya entonces el mejor <i>modus vivendi</i>
+que se pudiese desear. Esto dejaba m&aacute;s clara su situaci&oacute;n y el contento
+experimentado le dispon&iacute;a para mejor saborear las alegr&iacute;as de su regreso
+a los bosques. Sent&iacute;a un placer casi infantil, al reconocer los caminos
+que hab&iacute;a recorrido en otros tiempos. Dotado de una excelente memoria
+local se envanec&iacute;a sorprendiendo al guarda, al indicarle por adelantado
+la naturaleza del terreno y la direcci&oacute;n de las capas terrosas. Y a cada
+momento exclamaba con grandes explosiones de alegr&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Todo est&aacute; igual!... Nada ha cambiado y, sin embargo, hace ya
+veintis&eacute;is a&ntilde;os.</p>
+
+<p>A medida que iba penetrando en los bosques, parec&iacute;ale que cada uno de
+los pasos que daba le quitaba de encima un a&ntilde;o y que su juventud
+reverdec&iacute;a lo mismo que el follaje de las hayas. Desaparec&iacute;a y no ten&iacute;a
+ning&uacute;n valor todo aquel largo intervalo de un cuarto de siglo. Mucho
+mejor que otro medio cualquiera, posee el bosque esta maravillosa virtud
+del rejuvenecimiento. Menos que en parte alguna se marcan en &eacute;l las
+metamorfosis que el paso del tiempo produce. Vemos siempre en el bosque
+los mismos &aacute;rboles, las mismas floraciones, los mismos cantos de las
+tiernas avecillas y esto nos da la ilusi&oacute;n de un alto de ensue&ntilde;o, de una
+suspensi&oacute;n en el vuelo r&aacute;pido de los d&iacute;as.</p>
+
+<p>Durante su paseo al trav&eacute;s de los bosques de Carboneras, Delaberge pudo
+f&aacute;cilmente comprobar la exactitud de las observaciones hechas por la
+se&ntilde;ora Li&eacute;nard. Las tierras que se quer&iacute;a ahora dar a los usuarios de
+Val-Clavin, no estaban unidas al pueblo sino por antiguos caminos todos
+ellos en muy mal estado y que a trechos desaparec&iacute;an del todo. Varios
+manantiales subterr&aacute;neos humedec&iacute;an el suelo esponjoso y las aguas, no
+encontrando la necesaria pendiente, se estancaban formando anchos
+pantanos en que crec&iacute;an toda clase de plantas muy hermosas, pero
+impropias para el pastoreo.</p>
+
+<p>La vegetaci&oacute;n en general se resent&iacute;a de la mala calidad del suelo, los
+herbajes eran cortos y pobres y de trecho en trecho se ve&iacute;an algunos
+viejos robles de tronco rugoso y cubierto de liquen, mostrando en parte
+sus ramas desnudas de todo follaje. Era evidente que, tal vez por un
+exceso de celo, la Administraci&oacute;n local intentaba desembarazarse de unas
+malas tierras con da&ntilde;o evidente para los usuarios de Val-Clavin. El
+inspector general vi&oacute;se obligado a confesar que las proposiciones de su
+amigo Voinchet eran inicuas y abusivas.</p>
+
+<p>Como era natural, nada de esto dej&oacute; entender a sus subordinados; pero
+despu&eacute;s de haber tomado sus notas, dirigi&oacute; la exploraci&oacute;n hacia unas
+tierras que ocupaban la vertiente opuesta del valle y pertenec&iacute;an a los
+bosques de Montegrande.</p>
+
+<p>All&iacute;, por el contrario, el suelo era duro y fresco al mismo tiempo y
+adem&aacute;s riqu&iacute;simo en humus. Las hayas y los robles crec&iacute;an fuertes y
+sanos, elevando al espacio su frondoso ramaje. El herbaje era excelente
+y variad&iacute;simo, llenando el aire con sus aromas. Adem&aacute;s un hermoso camino
+forestal segu&iacute;a toda la cresta de la colina y descend&iacute;a luego suavemente
+hacia Val-Clavin. En realidad la designaci&oacute;n de esas tierras hab&iacute;a de
+satisfacer por completo a las mayores exigencias de los usuarios, sin
+perjudicar en nada al Tesoro, y Delaberge se dijo a s&iacute; mismo que por
+ese lado hab&iacute;a de ser f&aacute;cil encontrar una f&oacute;rmula de transacci&oacute;n.</p>
+
+<p>Ciertamente que en todo eso no le guiaba, sino el deseo de conciliar el
+derecho m&aacute;s estricto, con la justicia; sin embargo, no pudo dejar de
+pensar que, si aceptaba esta proposici&oacute;n la Administraci&oacute;n central,
+habr&iacute;a de sentir &eacute;l un gran placer en comunicarlo as&iacute; a la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard. Esta reflexi&oacute;n despert&oacute; en su esp&iacute;ritu el agradable recuerdo de
+la viuda y de la invitaci&oacute;n que le hizo al despedirse.</p>
+
+<p>Precisamente entonces entraban en una especie de ancho barranco, al otro
+extremo del cual aparec&iacute;a el cono puntiagudo de una torrecilla.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es Rosalinda aquello?&mdash;pregunt&oacute; Delaberge.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or inspector general; este camino nos conduce a ella
+directamente.</p>
+
+<p>Esta brusca aparici&oacute;n de Rosalinda en el preciso instante en que pensaba
+en su due&ntilde;a, fue para Delaberge dulcemente sugestiva, tanto que le
+indujo a modificar sus primeros planes. Al salir por la ma&ntilde;ana de <i>Sol
+de Oro</i> no pensaba hacer aquel mismo d&iacute;a su visita a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard.
+Hab&iacute;a decidido dejar pasar algunos d&iacute;as, temiendo que pareciese de mal
+gusto una prisa excesiva. Pero la proximidad de Rosalinda obr&oacute; en su
+alma como un im&aacute;n y modific&oacute; por completo sus resoluciones.</p>
+
+<p>Lanz&oacute; una r&aacute;pida mirada sobre todo su vestido: su calzado, en verdad,
+aparec&iacute;a lleno de polvo, pero ni su americana ni su pantal&oacute;n hab&iacute;an
+sufrido gran cosa de su paseo a trav&eacute;s de los bosques y su total
+apariencia era suficientemente correcta. Record&oacute;, adem&aacute;s, que la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard no conced&iacute;a sino muy mediana importancia a las cuestiones de
+forma y esto acab&oacute; de decidirle.</p>
+
+<p>En el sitio donde el camino forestal que bajaba a Val-Clavin cruz&aacute;base
+con el barranco que iban siguiendo, Delaberge despidi&oacute; a sus
+acompa&ntilde;antes y se dirigi&oacute; solo hacia Rosalinda; al cuarto de hora sali&oacute;
+del bosque y vio ante sus ojos el parque y los jardines que rodeaban la
+casa.</p>
+
+<p>Aunque en el pa&iacute;s se le daba todav&iacute;a el nombre de <i>castillo</i>, Rosalinda
+no era m&aacute;s que una c&oacute;moda casa burguesa, construida a fines del siglo
+XVIII y flanqueada por dos torrecillas con techo de pizarra que le daban
+un vago aspecto se&ntilde;orial. El parque se extend&iacute;a a una y otra parte del
+Aubette, cuyas verdosas aguas rodeaban luego la casa y alimentaban las
+albercas construidas al pie mismo de las terrazas. La avenida de
+fresnos cuyo recuerdo tan bien hab&iacute;a conservado Delaberge, conduc&iacute;a a
+una verja de hierro y despu&eacute;s se continuaba m&aacute;s all&aacute; del puente de
+piedra echado sobre el riachuelo.</p>
+
+<p>Desde la vertiente en que se hab&iacute;a detenido, el inspector general ve&iacute;a
+claramente la fachada principal de la casa tapizada de madreselvas y
+rosales; ve&iacute;a tambi&eacute;n los caminillos del jard&iacute;n trazados al estilo
+franc&eacute;s y m&aacute;s all&aacute; del parque y de las paredes de cierre, en el espacio
+que el bosque dejaba todav&iacute;a libre, se ve&iacute;an extensos campos de hierba,
+de centeno, de alfalfa que la brisa mov&iacute;a como las olas del mar y el sol
+iluminaba esplendorosamente; m&aacute;s lejos comenzaban de nuevo los bosques
+que iban subiendo dulcemente y coronaban con su verdor esa pac&iacute;fica y
+riente soledad.</p>
+
+<p>La casa con sus ventanas abiertas, los jardines con sus viv&iacute;simos
+colores, los campos ondulantes, todo aparec&iacute;a como envuelto en una
+atm&oacute;sfera de paz y de supremo bienestar. El conjunto ten&iacute;a un aspecto
+alegre y hospitalario que anim&oacute; a Delaberge a persistir en sus
+intenciones. Le pareci&oacute; descubrir en todo ello el reflejo de la
+personalidad atrayente y cordial de la propietaria.</p>
+
+<p>Algunos minutos despu&eacute;s llegaba el inspector general a la verja de
+hierro, llamaba en ella y preguntaba por la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, atravesando
+luego los caminillos, guiado por la jardinera que le dej&oacute; a la entrada
+de la casa donde esperaba una elegante camarera, la cual le introdujo en
+un sal&oacute;n de la planta baja.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! se&ntilde;or, &iexcl;cu&aacute;nto le agradezco que haya cumplido su promesa!</p>
+
+<p>Y al decir esto avanzaba hacia el inspector general y le tend&iacute;a
+gentilmente la mano la propia se&ntilde;ora Li&eacute;nard, que vest&iacute;a una vaporosa
+falda de muselina y un cuerpo de lo mismo en forma de blusa que le daban
+una suprema elegancia.</p>
+
+<p>Inclin&aacute;ndose Delaberge contest&oacute; lo mejor que supo al apret&oacute;n de aquella
+peque&ntilde;a mano un poco tostada por el sol y despu&eacute;s se excus&oacute; de lo
+descuidado de su traje.</p>
+
+<p>&mdash;Una excursi&oacute;n por el bosque me ha llevado a dos pasos de Rosalinda y
+no me habr&iacute;a perdonado jam&aacute;s estar tan cerca de usted y no entrar
+siquiera a saludarla...</p>
+
+<p>Al acabar sus cumplidos vio Delaberge en el fondo del sal&oacute;n a un
+visitante que se hab&iacute;a levantado al entrar &eacute;l y que se dispon&iacute;a a
+despedirse.</p>
+
+<p>Era un joven de mediana estatura, de aspecto r&uacute;sticamente elegante y de
+una evidente robustez. Muy moreno, con una barba casta&ntilde;a ligeramente
+rizada, parec&iacute;a un poco azorado por la aparici&oacute;n del forastero; pero
+este movimiento de timidez no le quitaba nada de su natural prestancia.
+De pie junto a un sill&oacute;n, con el sombrero en la mano, aguardaba
+seriamente que el reci&eacute;n llegado hubiese dejado de hablar para
+despedirse de la due&ntilde;a de la casa. En los primeros momentos, su
+fisonom&iacute;a seria y meditabunda le hac&iacute;a parecer de mayor edad de la que
+ten&iacute;a realmente; pero, cuando se le examinaba con m&aacute;s atenci&oacute;n, se
+descubr&iacute;a en sus ojos, de un azul intenso, un brillo de juventud y de
+pasi&oacute;n que se contradec&iacute;a con la precoz madurez de sus rasgos. En el
+momento en que Delaberge se volvi&oacute; hacia &eacute;l, acerc&oacute;se el joven a la
+se&ntilde;ora y dijo con cierta brusquedad:</p>
+
+<p>&mdash;Hasta otra vez, se&ntilde;ora; he de subir todav&iacute;a a los bosques de
+Carboneras.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero volver&aacute; usted por aqu&iacute;?&mdash;exclam&oacute; la se&ntilde;ora Li&eacute;nard.&mdash;Es que
+necesito todav&iacute;a de usted...</p>
+
+<p>Y volvi&eacute;ndose seguidamente hacia Delaberge prosigui&oacute; la dama:</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que ha venido usted a Rosalinda, perm&iacute;tame que le convide a
+comer, sin ceremonias... Ya sabe usted que en el campo se hacen las
+visitas en la mesa... Adem&aacute;s tendr&aacute; usted compa&ntilde;&iacute;a para volver a
+Val-Clavin, pues quiero que me prometa el se&ntilde;or Sim&oacute;n que al regresar de
+los bosques ha de venir aqu&iacute; a comer con nosotros... &iexcl;Buena es &eacute;sta!&mdash;se
+interrumpi&oacute; a s&iacute; misma riendo.&mdash;Soy tan aturdida que olvid&eacute; la
+presentaci&oacute;n... El se&ntilde;or Princetot... el se&ntilde;or Delaberge, inspector
+general de montes.</p>
+
+<p>Los dos hombres se saludaron ceremoniosamente. Delaberge, despierta su
+curiosidad por el nombre de Princetot, examin&oacute; atentamente al joven que
+acababan de presentarle; pero &eacute;ste se dirig&iacute;a ya hacia la puerta
+mientras la viuda acompa&ntilde;&aacute;ndole le repet&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Convenido, cuento con usted... A las siete en punto nos sentaremos a
+la mesa.</p>
+
+<p>Cuando hubo salido, Delaberge pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Este se&ntilde;or Princetot ser&iacute;a acaso el hijo de mi hospedero del <i>Sol de
+Oro</i>?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... &iquest;Le extra&ntilde;a a usted?... No ha salido a su padre, por fortuna...
+Es un coraz&oacute;n excelente y un esp&iacute;ritu distinguido. Adora el pueblo en
+que naci&oacute; y, aunque sus padres son muy ricos, no ha querido convertirse
+en un se&ntilde;or... Despu&eacute;s de haber hecho excelentes estudios agrarios, ha
+vuelto a su casa, y en materia forestal no dudo que puede dar quince y
+raya al guarda general de Val-Clavin.</p>
+
+<p>Delaberge se ech&oacute; a re&iacute;r.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Apuesto, se&ntilde;ora Li&eacute;nard, que es &eacute;l quien le aconseja en este asunto
+de los deslindes!</p>
+
+<p>&mdash;Lo ha adivinado usted... Cuando hace dos a&ntilde;os regres&oacute; Sim&oacute;n de la
+Escuela de Cluny, ofreci&oacute; a los usuarios del pueblo defender
+gratuitamente sus intereses y todos le dimos plenos poderes... Y as&iacute; es
+como entr&eacute; en relaciones con &eacute;l. El joven me interesa, y si mi situaci&oacute;n
+no me obligase a una gran reserva, tendr&iacute;a un gran placer en recibirle
+con mayor frecuencia; pero &eacute;l mismo p&oacute;rtase con gran discreci&oacute;n y no
+viene nunca aqu&iacute; sino para hablar de negocios... Estoy encantada, se&ntilde;or
+inspector, de que haya sido usted bastante amable para aceptar mi
+invitaci&oacute;n: esto me ha permitido invitar a Sim&oacute;n tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Delaberge en su interior dec&iacute;ase que hubiera preferido comer a solas con
+la viuda. Esta, con su vivacidad de siempre, abri&oacute; una de las ventanas y
+mostrando a su hu&eacute;sped los jardines le dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;No piense usted escapar a las molestias de una visita completa, pues
+me siento siempre propietaria... Antes, sin embargo, ser&aacute; preciso que me
+dispense por algunos minutos....</p>
+
+<p>Toc&oacute; el timbre, dio r&aacute;pidas instrucciones a sus criadas, cubri&oacute; su
+cabeza con un gran sombrero de paja y volvi&oacute; en seguida a reun&iacute;rsele,
+dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es verdad que Rosalinda se ha embellecido mucho desde que usted no
+la hab&iacute;a visto? En tiempos de mi difunto t&iacute;o estaba esto muy mal; las
+aguas del riachuelo inundaban las partes bajas, los &aacute;rboles crec&iacute;an como
+y donde les daba la gana... Yo he puesto un poco de orden en todo eso y
+he convertido la finca en lo que usted va a ver.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h3>
+
+
+<p>Alegre y vivaracha acompa&ntilde;aba a su hu&eacute;sped a trav&eacute;s de los jardines,
+ense&ntilde;&aacute;ndole sus colecciones de flores de todas clases, explic&aacute;ndole c&oacute;mo
+hab&iacute;a secado las tierras y canalizado las aguas del r&iacute;o que ahora
+serpenteaba entre orillas plantadas de iris y de ca&ntilde;averales. El
+escuchaba encantado su graciosa charla y admiraba su esp&iacute;ritu a la vez
+pr&aacute;ctico y lleno de imaginaci&oacute;n. Durante la prolongada visita a parques
+y jardines, pasaba ella sin transici&oacute;n ninguna de un asunto a otro con
+la gracia exquisita de una mariposa que vuela o se detiene en alguna
+flor seg&uacute;n su propia fantas&iacute;a. Ora disertaba sabiamente sobre la
+aclimataci&oacute;n del pino; ora se permit&iacute;a ligeras alusiones al asunto de
+los deslindes; y despu&eacute;s, haci&eacute;ndose m&aacute;s comunicativa, contaba
+ingenuamente su propia historia y la de su primer marido, sus luchas
+para la transformaci&oacute;n de Rosalinda y sus proyectos de futuros
+embellecimientos. Halagado Delaberge por la confianza que le mostraba,
+la encontraba cada vez m&aacute;s encantadora. De pronto se par&oacute; ella
+exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Estoy cierta, se&ntilde;or, de que mi charla le molesta un poco!</p>
+
+<p>&mdash;Se enga&ntilde;a usted, se&ntilde;ora&mdash;repuso Delaberge con viva entonaci&oacute;n.&mdash;Todo
+lo que me cuenta me interesa much&iacute;simo... Habl&aacute;ndome de usted y de sus
+ocupaciones, inici&aacute;ndome en su retirada existencia, me da usted una
+prueba de confianza de que estoy encantado...</p>
+
+<p>Y en efecto, estaba el inspector general bastante m&aacute;s encantado de lo
+que &eacute;l mismo cre&iacute;a.</p>
+
+<p>Ese car&aacute;cter tan lleno de alegr&iacute;a y de franqueza, ese coraz&oacute;n de mujer
+joven que se abr&iacute;a con tan buena fe, esos l&iacute;mpidos ojos que sonre&iacute;an tan
+confiados, esa &iacute;ntima conversaci&oacute;n en medio de unos jardines llenos de
+flores, con el acompa&ntilde;amiento del cantar de los p&aacute;jaros y el arrullo de
+las palomas, todo junto iba desvaneciendo los sentidos del inspector
+general como pod&iacute;a haber hecho un vino dulce y generoso, vino que,
+cuando se ha llegado a los cincuenta, se sube con tanta mayor facilidad
+a la cabeza por cuanto no se est&aacute; ya acostumbrado. Para ese funcionario
+que tant&iacute;simo tiempo hab&iacute;a vivido en medio de sus expedientes
+administrativos, hab&iacute;an de ser mucho m&aacute;s peligrosas que para otro
+cualquiera, esas confidencias femeninas murmuradas con voz clar&iacute;sima e
+iluminadas por la vivacidad de dos ojos llenos de alegr&iacute;a y de juventud.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;prosigui&oacute; diciendo con tono de profunda gravedad.&mdash;Aunque nos
+conocemos tan s&oacute;lo desde hace pocos d&iacute;as, veo que me habla usted como a
+un antiguo amigo y le estoy por ello profundamente agradecido.</p>
+
+<p>Una llamarada de rubor colore&oacute; las mejillas de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o&mdash;dijo,&mdash;quiz&aacute;s soy demasiado expansiva!... Es mi defecto...
+Pero desde que cambiamos las primeras palabras en casa de la se&ntilde;ora
+Voinchet, me sent&iacute; inclinada a una sincera confianza con usted. A ver si
+me explica usted por qu&eacute; motivo ciertas personas nos atraen y nos hacen
+comunicativos... A primera vista, parece usted un hombre grave y
+reservado, y sin embargo, yo que soy una verdadera salvaje, me sent&iacute; en
+seguida bien a su lado. Hab&iacute;a en sus ojos algo que me tranquilizaba y me
+alentaba a hablar. Yo me dije: He aqu&iacute; un hombre recto, leal, serio;
+puedo, sin temor ninguno, confiarme a &eacute;l...</p>
+
+<p>&mdash;Casi tanto como al se&ntilde;or Sim&oacute;n Princetot&mdash;interrumpi&oacute; riendo
+Delaberge.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se r&iacute;e usted?... Pues bien, el se&ntilde;or Sim&oacute;n se le parece a usted en lo
+moral, y tambi&eacute;n un poco en lo f&iacute;sico... &iquest;No lo ha reparado usted?</p>
+
+<p>&mdash;No le he visto bastante para poderlo observar...</p>
+
+<p>Recorr&iacute;an entonces las grandes avenidas del parque y como el camino no
+era ya tan llano como antes crey&oacute; deber suyo ofrecer cort&eacute;smente su
+brazo a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard; &eacute;sta lo acept&oacute; sin cumplidos y as&iacute; siguieron
+paseando hasta que la campana les avis&oacute; la hora de la comida; volvieron
+hacia la terraza y all&iacute; encontraron a Sim&oacute;n Princetot aguard&aacute;ndoles.</p>
+
+<p>Al ver a la joven, apoyada en el brazo de Delaberge que iba atento y
+sonriente, Sim&oacute;n pareci&oacute; sentir una impresi&oacute;n desagradable. Se oscureci&oacute;
+su rostro y con una gran frialdad salud&oacute; de nuevo al inspector general.
+Pasaron todos al comedor y se sentaron a la mesa.</p>
+
+<p>Comenz&oacute; la comida en medio de un fr&iacute;o malestar. Los dos hombres se
+observaban sin dirigirse la palabra y eran vanos los esfuerzos que hac&iacute;a
+la se&ntilde;ora Li&eacute;nard para animar la conversaci&oacute;n, pues ella deseaba
+sinceramente servir como de enlace entre sus dos invitados. As&iacute;,
+procuraba llevar al joven Sim&oacute;n a terrenos que le eran familiares. Hizo
+grandes elogios de su amor por las cosas del campo, le pregunt&oacute; sobre
+sus estudios de selvicultura, de sus proyectos para el porvenir... El
+joven contestaba con sencillez y sobriamente. Cuando hablaba de econom&iacute;a
+agraria o forestal, demostraba conocer muy a fondo el asunto. Alguna vez
+en la conversaci&oacute;n, le ocurri&oacute; tocar, aunque solamente de soslayo,
+ciertas cuestiones cient&iacute;ficas o sociales, y su manera de tratarlas
+descubr&iacute;a en &eacute;l una cultura muy extensa y s&oacute;lida. Aun contradici&eacute;ndole y
+present&aacute;ndole objeciones embarazosas, quedaba Delaberge sorprendido por
+la claridad y la precisi&oacute;n de todas sus r&eacute;plicas: la se&ntilde;ora Li&eacute;nard no
+hab&iacute;a exagerado. Coraz&oacute;n lleno de caluroso entusiasmo, firmeza de
+juicio, noble generosidad, todo eso se adivinaba oy&eacute;ndole hablar. Y era
+realmente extraordinario en un joven que hab&iacute;a nacido y se hab&iacute;a educado
+en una hospeder&iacute;a de pueblo.</p>
+
+<p>Mientras hablaba y desarrollaba sus ideas, con frecuencia opuestas a las
+del inspector general, &eacute;ste estudiaba la fisonom&iacute;a de su adversario y en
+vano buscaba en ella semejanzas con el matrimonio Princetot. En
+realidad, el joven no hab&iacute;a salido a su padre ni aun a su madre. No
+ten&iacute;a en los ojos ni la somnolencia maliciosa del <i>Pr&iacute;ncipe</i>, ni tampoco
+la indolente languidez de su madre. Solamente sus cabellos casta&ntilde;os,
+espesos y ligeramente rizados, recordaban un poco la opulenta cabellera
+de la se&ntilde;ora Miguelina. El tono de su voz era algo brusco y &aacute;spero,
+aspereza de manzana silvestre que no se dulcificaba un poco sino cuando
+contestaba a las preguntas de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard. Con ella tomaba
+s&uacute;bitamente su voz entonaciones afables, casi tiernas.</p>
+
+<p>Con una mezcla de envidia y de inconsciente inter&eacute;s, contemplaba
+Delaberge a ese joven robusto, bien tallado, de mirada profunda y
+franca, de maneras simples y correctas, y pensaba aun sin quererlo: &laquo;He
+aqu&iacute; un muchacho del que me gustar&iacute;a ser padre&raquo;. Despu&eacute;s, dej&aacute;ndose
+llevar por la pendiente de sus ensue&ntilde;os matrimoniales, a&ntilde;ad&iacute;a para s&iacute;:
+&laquo;Todav&iacute;a puedo tener hijos, no he de perder la esperanza; no falta sino
+la mujer, y yo s&eacute; de una, no lejos de aqu&iacute;, con la que me casar&iacute;a de
+buena gana...&raquo;</p>
+
+<p>Y sus ojos se dirig&iacute;an con mayor complacencia cada vez hacia la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard. Dec&iacute;ase que la viuda ten&iacute;a ya sus veintisiete a&ntilde;os, que un&iacute;a a
+un esp&iacute;ritu encantador, un coraz&oacute;n honrado, rectitud de juicio y gran
+sensibilidad; que ser&iacute;a a la vez una excelente ama de casa y una
+compa&ntilde;era ciertamente deseable. Y como si continuase en voz alta esta
+conversaci&oacute;n interior, se inclinaba con ternura hacia su vecina, le
+prodigaba toda clase de finas atenciones y la hac&iacute;a objeto de sus m&aacute;s
+exquisitas galanter&iacute;as, cuya forma algo anticuada descubr&iacute;a que no
+hab&iacute;an servido mucho desde los tiempos de su juventud.</p>
+
+<p>En su deseo de cumplimentar a la viuda, no ve&iacute;a que sus galantes
+cumplimientos pon&iacute;an luces de disgusto en los ojos de Sim&oacute;n y que
+ensombrec&iacute;an su buen humor.</p>
+
+<p>Levant&aacute;ronse de la mesa y pasaron a la terraza, en el momento en que el
+sol desaparec&iacute;a tras los bosques de Montegrande. La se&ntilde;ora Li&eacute;nard se
+hizo traer una cafetera rasa y prepar&oacute; por si misma el caf&eacute;. Cuando
+ofreci&oacute; el az&uacute;car al inspector general, &eacute;ste le dio las gracias,
+diciendo que tomaba el caf&eacute; sin az&uacute;car.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es raro!&mdash;exclam&oacute; aturdidamente la viuda.&mdash;Lo mismo que el se&ntilde;or
+Sim&oacute;n...</p>
+
+<p>Esta semejanza de gustos con un joven que, durante toda la comida le
+hab&iacute;a demostrado m&aacute;s hostilidad que simpat&iacute;a, dej&oacute; fr&iacute;o e indiferente a
+Delaberge, que sent&iacute;a contra Sim&oacute;n cierto rencor por su actitud llena de
+desconfianzas. Hablaron todav&iacute;a un buen rato en la terraza, donde, en
+medio de un suave crep&uacute;sculo, esparc&iacute;an las madreselvas su penetrante
+perfume; despu&eacute;s, ya casi completamente oscurecido y cuando comenz&oacute; a
+mostrarse la luna por encima de los bosques, levant&oacute;se Delaberge para
+despedirse y Sim&oacute;n Princetot hizo lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buenas noches, se&ntilde;ores!&mdash;dijo la se&ntilde;ora Li&eacute;nard.&mdash;Juntos har&aacute;n
+ustedes el camino... Se&ntilde;or Delaberge, puesto que se queda todav&iacute;a una
+semana en Val-Clavin, espero que no olvidar&aacute; usted el camino de
+Rosalinda...</p>
+
+<p>Ya fuera de la verja, los dos caminaron un buen trecho bajo la b&oacute;veda de
+los fresnos, sin dirigirse una palabra. El mismo malestar que hab&iacute;a
+helado los comienzos de la comida, parec&iacute;a ponerles nuevamente
+taciturnos. Siendo ambos por temperamento nada comunicativos, amenazaba
+eternizarse esa frialdad, cuando Delaberge, molestado por su mismo
+silencio, se decidi&oacute; a romperlo, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or Princetot, ya s&eacute; que es usted el adversario de la Administraci&oacute;n
+a la que yo represento; pero, pues me hospedo en casa de su padre y
+acabamos de comer el pan sobre unos mismos manteles, no veo el motivo
+para que nos tratemos personalmente como enemigos. Por mi parte, tenga
+usted la seguridad de que yo llevar&eacute; al cumplimiento de mi misi&oacute;n el m&aacute;s
+conciliador esp&iacute;ritu, y si me parecen bien fundadas sus reclamaciones...</p>
+
+<p>&mdash;Lo est&aacute;n, se&ntilde;or&mdash;interrumpi&oacute; Sim&oacute;n, sin abandonar su
+frialdad;&mdash;solamente las personas extra&ntilde;as al pa&iacute;s y a sus
+necesidades...</p>
+
+<p>&mdash;He de advertirle que no soy tan extra&ntilde;o al pa&iacute;s como usted parece
+creer... He vivido aqu&iacute; mucho antes de que viniese usted al mundo...
+&iquest;Qu&eacute; edad tiene usted?</p>
+
+<p>&mdash;Voy a cumplir veinticinco a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo ten&iacute;a apenas veinticuatro cuando era guarda general en
+Val-Clavin... No hay un rinc&oacute;n en todos estos bosques que yo no haya
+visitado y cuya naturaleza desconozca.</p>
+
+<p>&mdash;En tal caso, se&ntilde;or, si es usted justo cambiar&aacute; el proyecto de la
+Administraci&oacute;n... Lo que la Administraci&oacute;n propone es inadmisible;
+perjudica nuestros intereses y nos arruina.</p>
+
+<p>&mdash;Los intereses del pueblo son respetables, pero nuestros bosques tienen
+tambi&eacute;n derecho a alg&uacute;n miramiento... Tenemos la misi&oacute;n de conservarlos
+y si usted fuese como yo un viejo forestal...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sin ser forestal de profesi&oacute;n&mdash;exclam&oacute; anim&aacute;ndose el joven&mdash;se puede
+tener amor a los bosques! Ustedes los aman por el dinero que dan al
+Tesoro; nosotros los amamos por ellos mismos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ama usted los &aacute;rboles?&mdash;pregunt&oacute; Delaberge un poco m&aacute;s afable.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, los amo!...&mdash;replic&oacute; el joven con viva entonaci&oacute;n.&mdash;Los amo como
+a buenos amigos con quienes ha crecido uno, como amo a mi pa&iacute;s cuya
+hermosura ellos son. Sepa usted que nac&iacute; casi en los bosques y que desde
+muy ni&ntilde;o he vivido en medio de ellos... Un &aacute;rbol hermoso, vea usted,
+como &eacute;ste...</p>
+
+<p>Y al decir esto corri&oacute; hacia una de las hayas que bordeaban el camino y
+prosigui&oacute;, rodeando casi con uno de sus brazos el robusto y argentado
+tronco:</p>
+
+<p>&mdash;Un &aacute;rbol sano y hermoso es para m&iacute; como una persona, como un hermano y
+hasta a veces me entran ganas de besarle...</p>
+
+<p>Encantado Delaberge por ese rapto de entusiasmo, que brot&oacute; de pronto
+como una fuente de agua viva, contemplaba con emoci&oacute;n a ese esbelto
+muchacho de veinticinco a&ntilde;os, cuyos ojos brillaban a la luz de la luna.
+La haya y &eacute;l parec&iacute;an, efectivamente, de una misma esencia. Uno y otro
+descubr&iacute;an una fuerza y una juventud iguales; uno y otro, robustos y
+llenos de energ&iacute;a, se lanzaban con &iacute;mpetu a la vida.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya&mdash;dijo sonriendo Delaberge,&mdash;he aqu&iacute; al menos un punto acerca del
+cual nos hemos de entender muy f&aacute;cilmente... En el terreno jur&iacute;dico
+podremos combatirnos, siempre con armas corteses; pero hasta entonces
+firmemos una tregua,... &iquest;Quiere usted?</p>
+
+<p>Tendi&oacute; su mano al joven; &eacute;ste tuvo un momento de sorpresa o de
+vacilaci&oacute;n; luego tendi&oacute; la suya y Delaberge la estrech&oacute; con adem&aacute;n
+amistoso. Despu&eacute;s continuaron su camino hablando tranquilamente de la
+repoblaci&oacute;n de los montes y no se separaron sino en la misma cocina del
+<i>Sol de Oro</i>, donde una criada les estaba aguardando medio dormida.</p>
+
+<p class="dots">* *<br />*</p>
+
+<p>Subi&oacute; Delaberge a su habitaci&oacute;n, pero los incidentes de aquella tarde le
+ten&iacute;an un poco excitado y no se sent&iacute;a con ganas de dormir. Abri&oacute; la
+ventana que daba al jard&iacute;n.</p>
+
+<p>Hacia el otro extremo de la fachada vio una luz en una ventana y
+record&oacute; que era aqu&eacute;lla su habitaci&oacute;n, ahora ocupada por Sim&oacute;n
+Princetot. Poco despu&eacute;s vio al joven asomarse a la ventana y apoyado de
+codos en ella, so&ntilde;ar tal vez, como &eacute;l hab&iacute;a hecho en d&iacute;as lejanos,
+enfrente de los campos dormidos. Sin poder apartar sus ojos de esa vaga
+silueta, el inspector general se dej&oacute; dulcemente deslizar hacia las
+mayores profundidades del recuerdo, y escuchando los nocturnos rumores
+de los campos y de los bosques fue perdiendo poco a poco la noci&oacute;n de
+los d&iacute;as y de los a&ntilde;os...</p>
+
+<p>El murmullo de las aguas ribere&ntilde;as, el canto melanc&oacute;lico de las ranas,
+el lejano rodar de un carruaje, todos esos rumores resonaban
+misteriosamente en el espacio y le mec&iacute;an con una m&uacute;sica semejante a la
+m&uacute;sica de otros tiempos.</p>
+
+<p>Y lentamente alucinado, acab&oacute; por parecerle que se ve&iacute;a a s&iacute; mismo
+cuando ten&iacute;a veinticinco a&ntilde;os, apoyados los codos en la misma ventana,
+en pleno florecimiento de su robusta juventud.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX</h3>
+
+
+<p>Pas&oacute; Delaberge la ma&ntilde;ana siguiente redactando un informe en que expon&iacute;a
+a la Administraci&oacute;n Central el resultado de su visita a los bosques de
+Carboneras y despu&eacute;s de hacer valer sus propias apreciaciones sobre el
+cambio de terrenos propuesto por la Administraci&oacute;n Provincial,
+demostraba la necesidad de tener en cuenta las leg&iacute;timas objeciones de
+los usuarios, formulaba un contraproyecto con planos a la vista y
+solicitaba una pronta resoluci&oacute;n, a fin de que en la pr&oacute;xima reuni&oacute;n de
+los representantes de la comarca pudiese ya indicar las bases de un
+arreglo.</p>
+
+<p>Trabajaba con entusiasmo, bajo la fresca impresi&oacute;n de los incidentes de
+la v&iacute;spera. A pesar suyo, ejerc&iacute;an sobre sus determinaciones una
+sutil&iacute;sima influencia la sonriente imagen de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard y la
+simp&aacute;tica persona del joven Sim&oacute;n. Su razonamiento era firme y caluroso;
+sus conclusiones ten&iacute;an una elocuencia que no suele encontrarse en los
+informes administrativos y que en Delaberge no era tampoco habitual.</p>
+
+<p>Por las abiertas ventanas penetraban en la habitaci&oacute;n roja la clara
+alegr&iacute;a de la ma&ntilde;ana, la sonoridad despertadora de los mil rumores del
+campo, y su vivacidad fue ganando poco a poco el coraz&oacute;n y el esp&iacute;ritu
+de Francisco Delaberge. Cuando hab&iacute;a llegado ya a las &uacute;ltimas l&iacute;neas de
+su informe, distrajeron su atenci&oacute;n una serie de rumores y voces que oy&oacute;
+junto a la misma entrada de la hospeder&iacute;a. Enfrente de la casa piafaba y
+pateaba un caballo, mientras una voz robusta de hombre intentaba calmar
+sus impaciencias con interjecciones acariciadoras: &laquo;&iexcl;So... So... Quieto,
+<i>Brunete</i>!...&raquo;. Luego esta misma voz exclamaba: &laquo;Vamos, pap&aacute;, date
+prisa, vamos a llegar tarde...&raquo;</p>
+
+<p>Delaberge se asom&oacute; a la ventana y vio ante el portal una <i>charrette</i>
+inglesa tirada por un peque&ntilde;o caballo bayo, de vivos movimientos, junto
+al cual estaba el joven Sim&oacute;n. En aquel momento sali&oacute; de la casa el
+<i>Pr&iacute;ncipe</i>, lenta y majestuosamente, acompa&ntilde;ado de la se&ntilde;ora Miguelina.</p>
+
+<p>El hospedero del <i>Sol de Oro</i>, reci&eacute;n afeitado, se hab&iacute;a puesto una
+ancha blusa encima del traje y cubr&iacute;a su cabeza con un sombrero de
+anchas alas. Pesadamente subi&oacute; en la <i>charrette</i> se le reuni&oacute; en seguida
+su hijo Sim&oacute;n con las riendas en la mano. Y entretanto que la se&ntilde;ora
+Princetot les hac&iacute;a las m&aacute;s prolijas recomendaciones, sonre&iacute;a el
+<i>Pr&iacute;ncipe</i>, gui&ntilde;aba sus ojos llenos de malicia y con su gordinflona mano
+acariciaba suavemente el hombro de Sim&oacute;n y le daba cari&ntilde;osos golpecitos,
+mientras le contemplaba lleno de una profunda beatitud.</p>
+
+<p>&mdash;Est&eacute; tranquila la madre, no le pasar&aacute; nada a su hijito...&mdash;dec&iacute;a el
+<i>Pr&iacute;ncipe</i> a su mujer.&mdash;Y ya sabes, si no volvemos hasta la noche, no
+por eso te preocupes nada.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo el muchacho enviaba a la se&ntilde;ora Miguelina un tierno beso
+y le dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Hasta la noche, mam&aacute;, yo te respondo de pap&aacute;.</p>
+
+<p>Con la punta del l&aacute;tigo acarici&oacute; el cuello del caballo y el animal tom&oacute;
+inmediatamente el trote en la direcci&oacute;n de Recey.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora Miguelina, puesta una mano sobre los ojos les sigui&oacute; con la
+mirada hasta que hubieron vuelto la pr&oacute;xima esquina y luego entr&oacute; sola
+en la casa.</p>
+
+<p>&laquo;Esa gente es feliz y se aman unos a otros&mdash;pensaba Delaberge, que lo
+hab&iacute;a visto todo desde la ventana.&mdash;Ese Princetot, tan positivo, tan
+metido en lo material, quiere tiernamente a ese &uacute;nico hijo de que est&aacute;
+tan orgulloso. Miguelina, a pesar de su aparente indiferencia de
+mojigata, devora con los ojos a su hijo, y &eacute;ste siente por uno y otra un
+afecto que le encubre y disimula todos sus defectos. Con mirada de
+profundo reconocimiento pagaba a su padre sus groseras caricias, y para
+tranquilizar a su madre sab&iacute;a poner en sus palabras y en su voz
+inflexiones tiernamente acariciadoras... Decididamente, este Sim&oacute;n no es
+s&oacute;lo un muchacho de clara inteligencia, sino que tiene tambi&eacute;n el
+coraz&oacute;n en su sitio...&raquo;</p>
+
+<p>El inspector general se maravillaba adem&aacute;s de que ese muchacho, tan
+superior en aspiraciones y en cultura a su propia familia, no
+manifestaba ese est&uacute;pido respeto social que hace que ciertos hijos de
+burgueses r&aacute;pidamente enriquecidos se averg&uuml;encen de las ridiculeces de
+sus padres. Por el contrario, con sus delicadas atenciones y con su
+buen humor esforz&aacute;base en allanar el abismo que de ellos le separaba, y
+as&iacute; viv&iacute;an los tres sin tropiezos y en la m&aacute;s completa armon&iacute;a.
+Necesario era que hubiese en la vida de familia virtudes y gracias
+particulares para unir de tal manera seres tan desemejantes en educaci&oacute;n
+y en gustos. La Escritura hab&iacute;a dicho con raz&oacute;n: <i>V&oelig; soli!</i> El c&eacute;libe
+ignora o comprende muy dif&iacute;cilmente esa fusi&oacute;n de las almas, esa
+expansi&oacute;n de los corazones del padre hacia el hijo; esos sacrificios,
+esas tiernas solicitudes, que dan precio y verdadero inter&eacute;s a la
+existencia de los humanos...</p>
+
+<p>Meditando sobre todo eso, Delaberge volvi&oacute; a su mesa de trabajo, reley&oacute;
+su informe, examin&oacute; de nuevo las notas puestas en los planos y doblando
+cuidadosamente todos esos papeles, los meti&oacute; en un sobre.</p>
+
+<p>Quiso llevar &eacute;l mismo el pliego a correos, y luego, cuando ya lo hubo
+dejado en manos de la receptora, regres&oacute; despacio a la hospeder&iacute;a. Al
+llegar al corredor del primer piso oy&oacute; ruido en su cuarto cuya puerta
+hab&iacute;a quedado sin cerrar. Intrigado por ello la empuj&oacute; bruscamente y vio
+a la se&ntilde;ora Miguelina ocupada en arreglar los muebles de la habitaci&oacute;n.
+Hab&iacute;a cre&iacute;do, sin duda, que tardar&iacute;a en volver algunas horas y,
+aprovechando la ocasi&oacute;n, hab&iacute;a querido atender a la limpieza y arreglo
+de aquella magn&iacute;fica &laquo;sala roja&raquo;. La s&uacute;bita aparici&oacute;n de Delaberge le
+caus&oacute; tal sorpresa, que dej&oacute; caer el plumero que ten&iacute;a en la mano y se
+puso intensamente p&aacute;lida.</p>
+
+<p>&mdash;No se moleste por m&iacute;, se&ntilde;ora Princetot&mdash;dijo Delaberge mientras
+cerraba tras de s&iacute; la puerta.</p>
+
+<p>Ese encuentro, que &eacute;l no hab&iacute;a buscado, le embarazaba un poco; pero
+luego pens&oacute; que, despu&eacute;s de todo, el encuentro habr&iacute;a de ser inevitable
+y que si era entre ellos necesaria una explicaci&oacute;n siempre hab&iacute;a de ser
+preferible aprovechar la ausencia del <i>Pr&iacute;ncipe</i> y de su hijo.</p>
+
+<p>&mdash;Dispense, se&ntilde;or Delaberge&mdash;repuso la hostelera, con voz no muy
+segura.&mdash;Cre&iacute; que estaba usted en el bosque, de otro modo no me hubiera
+atrevido...</p>
+
+<p>Delaberge vio su palidez, sus labios crispados, su espanto. Segu&iacute;a
+murmurando la pobre palabras ininteligibles y se apoyaba para no caer en
+el repecho de la chimenea, sin atreverse a levantar los ojos. Sinti&oacute;
+Delaberge una profunda l&aacute;stima...</p>
+
+<p>&mdash;No tiene usted necesidad de excusa alguna, se&ntilde;ora&mdash;dijo entonces con
+entonaci&oacute;n m&aacute;s amable.&mdash;Por el contrario, grande ha sido mi
+satisfacci&oacute;n al encontrarla aqu&iacute;, pues, desde mi llegada, apenas si he
+podido verla un momento... Precisamente ten&iacute;a mucho inter&eacute;s en
+felicitarla por su excelente hijo, con quien tuve el gusto de trabar
+conocimiento ayer...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... &iquest;Le ha visto usted?&mdash;murmur&oacute; muy d&eacute;bilmente Miguelina.</p>
+
+<p>Y un temor ansioso alter&oacute; m&aacute;s todav&iacute;a la expresi&oacute;n de su rostro, como si
+el encuentro de aquellos dos hombres hubiese sido para ella una
+desgracia, o como si viese en ello el presagio de una inminente
+cat&aacute;strofe. Separ&oacute; sus manos, que ten&iacute;a cruzadas sobre el pecho y con
+gesto desmayado cayeron pesadamente sus brazos a lo largo del cuerpo...</p>
+
+<p>Su exclamaci&oacute;n llena de un inexplicado temor y su desmayada actitud
+extra&ntilde;aron mucho al inspector general. Manifest&aacute;base en su rostro y en
+toda su persona aquel desaliento, aquella profunda consternaci&oacute;n que
+experimenta aquel que ve de pronto, paralizados por la desgracia, sus
+m&aacute;s nobles esfuerzos. Delaberge no pod&iacute;a comprender c&oacute;mo y por qu&eacute; el
+solo anuncio de su entrevista con Sim&oacute;n hab&iacute;a asustado de tal modo a
+aquella mujer. Supuso que la se&ntilde;ora Princetot se alarmaba sin duda a
+causa de la enemiga que su hijo manifestaba a la Administraci&oacute;n
+forestal y temiendo que esto le hab&iacute;a de causar alg&uacute;n disgusto. Para
+tranquilizarla a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, pas&eacute; ayer con su hijo algunas agradables horas en Rosalinda...</p>
+
+<p>Un doloroso suspiro se escap&oacute; de los labios de Miguelina y esto aument&oacute;
+todav&iacute;a la sorpresa de su interlocutor. Se detuvo un momento, y despu&eacute;s
+prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Regresamos juntos a Val-Clavin y, durante el camino, pude convencerme
+de que la se&ntilde;ora Li&eacute;nard no me hab&iacute;a exagerado las brillantes cualidades
+de Sim&oacute;n. Es un muchacho de esp&iacute;ritu recto y de coraz&oacute;n noble. Aunque
+adversario de la Administraci&oacute;n forestal, espero que seremos buenos
+amigos... Estoy content&iacute;simo de haberle conocido.</p>
+
+<p>Estas palabras, lejos de tranquilizar a la se&ntilde;ora Princetot, parecieron
+aumentar todav&iacute;a su espanto; hab&iacute;a de nuevo juntado sus manos y se las
+retorc&iacute;a nerviosamente. Al mismo tiempo, vio Delaberge que las l&aacute;grimas
+humedec&iacute;an los ojos de la hostelera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tiene usted?&mdash;continu&oacute;.&mdash;Dir&iacute;ase que mis palabras le causan
+pena... Sentir&iacute;a con toda el alma que involuntariamente...</p>
+
+<p>Se acerc&oacute; un poco m&aacute;s a la hostelera y con su voz m&aacute;s afectuosa murmur&oacute;
+dulcemente:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Miguelina, &iquest;por qu&eacute; no tiene usted confianza en m&iacute;?... Yo no
+soy ciertamente un extra&ntilde;o... Recuerde que en otros tiempos...</p>
+
+<p>Quiso tomarle amistosamente las manos y ella le rechaz&oacute; con el gesto
+indignado de una mujer arrepentida a quien se tratase de inducir a nueva
+tentaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calle usted!&mdash;murmur&oacute; suplicante.&mdash;Me da verg&uuml;enza o&iacute;r hablar de
+aquellos tiempos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?&mdash;replic&oacute; Delaberge, extra&ntilde;ado de una tan extremosa
+castidad.&mdash;En nuestra edad, se&ntilde;ora, ya no hay peligro alguno... Y
+adem&aacute;s, si cometimos en otros tiempos el error de ser demasiado j&oacute;venes,
+fue aquello un pecado del que ya no queda hoy el menor rastro.</p>
+
+<p>Miguelina se cubr&iacute;a la cara con ambas manos y de buena gana se hubiera
+tapado los o&iacute;dos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calle usted!&mdash;repet&iacute;a.&mdash;&iquest;Por qu&eacute; habr&aacute; vuelto, Dios m&iacute;o?</p>
+
+<p>&mdash;Nunca imagin&eacute;&mdash;dijo Delaberge impaciente&mdash;que mi presencia le hab&iacute;a de
+causar tan gran disgusto... Supongo que no me habr&aacute; de creer usted capaz
+de la menor indiscreci&oacute;n... Tranquil&iacute;cese, pues, que todo se qued&oacute; y se
+quedar&aacute; entre nosotros.</p>
+
+<p>Miguelina se dej&oacute; caer en una silla, gimiendo con voz doliente:</p>
+
+<p>&mdash;Eso no impedir&aacute; a las malas gentes charlar de nuevo al verle en mi
+casa.</p>
+
+<p>Y haci&eacute;ndola el dolor m&aacute;s expansiva, comenz&oacute; toda una serie de hondas
+lamentaciones: ciertamente, no hab&iacute;a ella dudado ni un punto de la
+honradez del se&ntilde;or Delaberge; pero eso no hab&iacute;a de impedir que su
+llegada al <i>Sol de Oro</i> despertase la malignidad de los envidiosos que
+hablaban mal del <i>Pr&iacute;ncipe</i> s&oacute;lo porque hab&iacute;a hecho fortuna. Iban a
+remover y a remozar antiguas historias. Y ella, sin embargo, hab&iacute;a ya
+llorado mucho para lavar con sus l&aacute;grimas sus pecados... Hab&iacute;a ido
+much&iacute;simo a la iglesia y quemado inn&uacute;meros cirios y cumplido las m&aacute;s
+duras penitencias... Cre&iacute;a que el secreto de sus faltas quedaba
+enterrado en el confesionario del cura p&aacute;rroco... Poco a poco las malas
+lenguas se hab&iacute;an cansado y acabado por dejarla tranquila... Comenzaba
+ya a respirar, viv&iacute;a feliz entre el <i>Pr&iacute;ncipe</i> y su hijo, creyendo que
+todo hab&iacute;a acabado, cuando vuelve Delaberge y cae en su casa como un
+rayo... &iexcl;Oh, s&iacute;, un rayo verdadero!... Cuando le vio entrar en la
+cocina se le agolp&oacute; toda la sangre en el coraz&oacute;n y estuvo a punto de
+caer redonda en tierra... Despu&eacute;s ya no hab&iacute;a podido conciliar el sue&ntilde;o,
+viviendo en una continua angustia y pareci&eacute;ndole que estaba suspendida
+sobre su casa la amenaza de una gran desdicha.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="X" id="X"></a>X</h3>
+
+
+<p>Delaberge escuchaba con disgusto toda esa letan&iacute;a de lamentaciones.
+Compart&iacute;a muy medianamente el dolor de esa mujer a quien, m&aacute;s que el
+remordimiento, atormentaba el decir de las gentes. Cre&iacute;a adem&aacute;s
+desproporcionados sus terrores por la falta cometida. Veintis&eacute;is a&ntilde;os
+hab&iacute;an pasado por encima de sus pecadillos de la juventud. La se&ntilde;ora
+Princetot, que se hab&iacute;a refugiado en las sombras del templo, hab&iacute;a de
+creerse por completo absuelta... La falta pasada hab&iacute;a ya prescrito. El
+se&ntilde;or Princetot, que no hab&iacute;a sospechado nada cuando la infidelidad era
+patente, ser&iacute;a menos accesible a&uacute;n a las sospechas hoy, en que la
+hostelera del <i>Sol de Oro</i> edificaba con su religiosidad a los fieles
+todos. Por eso parecieron al inspector general verdaderamente pueriles
+las lamentaciones de la se&ntilde;ora Princetot.</p>
+
+<p>De todas maneras esta escena de l&aacute;grimas se iba haciendo penosa. El
+continuado sollozo mov&iacute;a con violencia el desbordante pecho de la
+hostelera y sus carnosos labios agit&aacute;banse convulsivamente.</p>
+
+<p>Como hab&iacute;a sido la causa de esa tempestad, se crey&oacute; Delaberge en el
+deber de calmarla.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;dijo,&mdash;se da usted una pena inmensa por simples quimeras...
+C&aacute;lmese... F&iacute;e en mi buena amistad y en mi delicadeza. Me portar&eacute; de
+manera que no haya de verse turbada su tranquilidad... Le prometo
+abreviar todo lo posible mi estancia en Val-Clavin.</p>
+
+<p>Miguelina por la primera vez levant&oacute; hasta &eacute;l sus ojos humedecidos, a
+los que hab&iacute;an las l&aacute;grimas devuelto algo de su antigua luminosidad y de
+su sensual languidez.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;!&mdash;exclam&oacute; juntando las manos.&mdash;&iexcl;M&aacute;rchese... m&aacute;rchese lo antes que
+pueda, yo se lo ruego!...</p>
+
+<p>Admir&oacute;se Delaberge al ver con qu&eacute; ego&iacute;sta ingenuidad, aquella mujer, que
+en otros d&iacute;as estuvo tiernamente desfallecida en sus brazos, le
+desped&iacute;a ahora para siempre, como tard&aacute;ndole el momento de verse
+desembarazada de la presencia de su antiguo amante.</p>
+
+<p>&mdash;Mi marcha&mdash;replic&oacute; Delaberge con cierta iron&iacute;a&mdash;depender&aacute; en mucho de
+las disposiciones que tome su hijo de usted en ese asunto de los
+deslindes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;gimi&oacute; la hostelera, frunciendo las cejas y moviendo la
+cabeza.&mdash;&iquest;Por qu&eacute; se habr&aacute; metido en ese malhadado asunto? De &eacute;l nos
+viene todo el mal, y seguramente no hemos llegado al fin todav&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Tenga paciencia. Todo se arreglar&aacute;. Ver&eacute; al se&ntilde;or Sim&oacute;n, y si es
+razonable...</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora Miguelina le interrumpi&oacute; precipitadamente:</p>
+
+<p>&mdash;No, no le vea usted otra vez. &iexcl;Ya es demasiado que se encontraran
+ayer!...</p>
+
+<p>Delaberge se le qued&oacute; mirando lleno de sorpresa, pregunt&aacute;ndose si no
+estar&iacute;a loca aquella mujer.</p>
+
+<p>&mdash;No la entiendo... &iquest;Qu&eacute; quiere usted decir?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, nada...</p>
+
+<p>Se vio entonces que hac&iacute;a grandes esfuerzos para recobrar su
+impasibilidad de figura de cera y prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Deje usted que hable con Sim&oacute;n; ser&aacute; mejor para m&iacute; y para usted...
+Prom&eacute;tame que se marchar&aacute; usted apenas quede arreglado este asunto.</p>
+
+<p>&mdash;Se lo prometo.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, se&ntilde;or Delaberge.</p>
+
+<p>Y se levant&oacute; con el aire contrito de una mujer que sale del
+confesionario. Pero, como antes de salir lanz&oacute; una furtiva mirada al
+espejo, vio que ten&iacute;a enrojecidos los ojos y que desarregladas sus tocas
+dejaban al descubierto sus cabellos grises. Y reflexionando
+prudentemente entonces que era peligroso dejar que notasen los dem&aacute;s las
+huellas de su emoci&oacute;n, dirigi&oacute;se hacia el lavabo y con una toalla
+humedecida se lav&oacute; los ojos, se arregl&oacute; los vestidos y rehizo toda su
+figura de antes.</p>
+
+<p>La manera de poner otra vez en orden sus cabellos, de lavarse los ojos y
+de arreglarse las ropas, record&oacute; de pronto a Delaberge los tiempos
+lejanos de sus citas amorosas en que usaba de las mismas minuciosas
+precauciones al abandonar sus brazos. Esta s&uacute;bita resurrecci&oacute;n del
+pasado, evocada por la repetici&oacute;n de gestos familiares, conmovi&oacute; m&aacute;s
+hondamente al inspector general que todas las lamentaciones de su
+hostelera. Olvid&oacute; a la cincuentona con tocas de beata y crey&oacute; que ten&iacute;a
+ante s&iacute; a aquella dulce y cari&ntilde;osa Miguelina que por la noche se
+deslizaba en su cuarto como una gatita, llena de voluptuosidades... Al
+fin y al cabo, en toda su laboriosa carrera de funcionario, el amor de
+esa mujer hab&iacute;a sido el &uacute;nico rayo de sol de su juventud, la &uacute;nica copa
+de placer que hab&iacute;an gustado sus labios.</p>
+
+<p>Se enterneci&oacute; su coraz&oacute;n, y, obedeciendo a un inconsciente impulso de su
+sensibilidad, atrajo hacia s&iacute; a Miguelina y quiso besarla como para
+darle un testimonio de su agradecida ternura. Mas ella se resisti&oacute;, le
+rechaz&oacute; casi con ira y sali&oacute; de la habitaci&oacute;n precipitadamente.</p>
+
+<p>Mortificado, inquieto, disgustado, resolvi&oacute; Delaberge salir a tomar un
+poco el aire a fin de sacudir tan penosa impresi&oacute;n. Abandon&oacute; a su vez el
+cuarto y la hospeder&iacute;a y comenz&oacute; a remontar el curso del Aubette,
+siguiendo una estrecha garganta por donde corre el riachuelo bajo una
+b&oacute;veda de verde follaje, antes de arrojar sus aguas en el estanque de
+Val-Clavin.</p>
+
+<p>El lugar era solitario, cubierto de sauces, de abedules y de alisos, que
+hab&iacute;an crecido r&aacute;pidamente en aqu&eacute;llas tierras de aluvi&oacute;n. Por encima de
+las aguas casi invisibles del riachuelo, entrelazaban su tupido ramaje
+las clem&aacute;tides y madreselvas silvestres y se hac&iacute;a tan espeso en aquel
+sitio el bosque de hayas y otros &aacute;rboles, que reinaba all&iacute; una oscuridad
+verdaderamente crepuscular.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n en aquel paraje, por donde hab&iacute;a paseado Delaberge tanto en sus
+a&ntilde;os juveniles, dej&oacute; el tiempo con evidencia impresas las huellas de su
+paso. Lo que eran tiernos reto&ntilde;os entonces se hab&iacute;an hecho &aacute;rboles
+alt&iacute;simos. Ramas muertas que la borrasca hab&iacute;a roto, grandes piedras que
+las heladas hab&iacute;an hecho desprenderse de las monta&ntilde;as, todo ello
+obstru&iacute;a el sendero y parec&iacute;a imagen de la escasa duraci&oacute;n que tienen
+las cosas de este mundo... En esa garganta tenebrosa, llena de sordos
+rumores, sinti&oacute; de nuevo el inspector general aquella misma sensaci&oacute;n de
+malestar, aquella inquietud, que le hab&iacute;an apretado el coraz&oacute;n al
+rechazarle la se&ntilde;ora Miguelina.</p>
+
+<p>A medida que iba recordando los detalles de su entrevista, le parec&iacute;an
+m&aacute;s extra&ntilde;as a&uacute;n las palabras y la actitud de la hostelera.</p>
+
+<p>&iquest;Por qu&eacute; tanta prisa en verle marchar? Admitiendo que su presencia
+pudiese despertar en algunos esp&iacute;ritus mal&eacute;volos las malicias de otros
+tiempos, la se&ntilde;ora Princetot era mujer bastante experimentada para no
+haber tomado sus precauciones y preparado sus medios de defensa. Por
+otra parte, el bueno de Princetot, que por tanto tiempo hab&iacute;a estado
+sordo, no lo iba a estar ahora menos...</p>
+
+<p>De pronto un rayo de luz atraves&oacute; el cerebro de Francisco. Seguramente
+no al <i>Pr&iacute;ncipe</i> tan s&oacute;lo deseaba Miguelina hacer ignorar sus faltas de
+la juventud... S&uacute;bitamente surgi&oacute; la simp&aacute;tica figura de Sim&oacute;n ante los
+ojos del inspector general. Sin duda, la se&ntilde;ora Princetot deseaba que su
+hijo ignorase su culpable conducta de otros tiempos, y por &eacute;l se
+alarmaba principalmente.</p>
+
+<p>&iquest;C&oacute;mo Delaberge no hab&iacute;a pensado antes en esto? Y se sinti&oacute; invadido por
+una tierna l&aacute;stima al pensar en que semejante revelaci&oacute;n ser&iacute;a sin duda
+una terrible pu&ntilde;alada para aquel joven de coraz&oacute;n tan noble y tan lleno
+de filial amor... Por la primera vez comprendi&oacute; c&oacute;mo pesan m&aacute;s tarde
+sobre nuestros destinos aquellas antiguas faltas que cre&iacute;amos leves y
+sin ninguna trascendencia. Esos amor&iacute;os que tan ligeramente tratamos en
+los tiempos de nuestra juventud, dejan esparcidas simientes que, una vez
+llegada la edad madura, pueden dar nacimiento a plantas atormentadoras y
+mort&iacute;feras.</p>
+
+<p>Tembl&oacute; Delaberge al presentir en la sombra el vuelo de esa misteriosa
+N&eacute;mesis que acerca a nuestros labios la copa que nosotros mismos, con
+nuestras acciones, envenenamos.</p>
+
+<p>Tuvo entonces conciencia de que esa ley fatal del Tali&oacute;n iba tambi&eacute;n a
+cumplirse para &eacute;l. El asunto de los deslindes llev&aacute;ndole de nuevo a
+Val-Clavin, que &eacute;l cre&iacute;a no ver jam&aacute;s; la hospeder&iacute;a del <i>Sol de Oro</i>,
+en que se encontraba de nuevo frente a frente con sus antiguos hu&eacute;spedes
+y en donde su llegada despertaba las adormecidas maledicencias de otros
+d&iacute;as; su encuentro con el hijo de su antigua amante, con ese Sim&oacute;n cuya
+tranquilidad de esp&iacute;ritu se expon&iacute;a a turbar para siempre, &iquest;no eran
+otros tantos signos precursores de alguna terrible desgracia?</p>
+
+<p>Sinti&oacute; Delaberge rebelarse contra todo ello su lealtad generosa. Era
+necesario a toda costa impedir que el castigo, si castigo hab&iacute;a, pudiese
+caer tambi&eacute;n sobre una cabeza inocente. No era justo que Sim&oacute;n pagase
+las faltas cometidas por su madre y por un extra&ntilde;o, en momentos de
+debilidad que no hab&iacute;an dejado huella ninguna... No era Delaberge un
+gran fil&oacute;sofo. Durante toda su carrera administrativa, la naturaleza de
+sus ocupaciones le hab&iacute;an inclinado a interesarse por los fen&oacute;menos
+exteriores y se hab&iacute;a estudiado muy poco a s&iacute; mismo. Nunca fue muy
+aficionado a escrutar a fondo su conciencia y a pesar y sopesar con
+rigor sus escr&uacute;pulos. Sin embargo, el estado de ansiosa angustia en que
+se sent&iacute;a despu&eacute;s de su entrevista con la se&ntilde;ora Princetot le
+predispon&iacute;a a penetrar algo m&aacute;s en esa oscura regi&oacute;n del alma en que se
+esconden y permanecen en profunda quietud nuestros m&aacute;s secretos
+pensamientos.</p>
+
+<p>Mas, apenas agitamos un poco tan misteriosas profundidades, nos extra&ntilde;a
+ver c&oacute;mo surge de ellas todo un extra&ntilde;o mundo de insospechadas
+aprensiones, de confusos remordimientos y de dudas jam&aacute;s presentidas. A
+medida que el inspector general iba descendiendo en s&iacute; mismo, una s&uacute;bita
+luz iluminaba los m&aacute;s tenebrosos repliegues de su alma y entreve&iacute;a la
+posibilidad de ciertas hip&oacute;tesis, a las cuales nunca hasta entonces
+hab&iacute;a concedido la menor atenci&oacute;n.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a comenzado por parecerle inicuo que Sim&oacute;n hubiese de sufrir las
+consecuencias de una falta cometida por un extra&ntilde;o, de un pecado que no
+hab&iacute;a dejado huella ninguna; y ahora su conciencia, haci&eacute;ndose m&aacute;s
+timorata y m&aacute;s escrupulosa, formulaba nuevas y cada vez m&aacute;s turbadoras
+preguntas:&mdash;&iquest;Un extra&ntilde;o?... &iquest;Huella ninguna?... &iquest;Estaba bien seguro?...</p>
+
+<p>Tembl&oacute; de pies a cabeza y le falt&oacute; la respiraci&oacute;n como si hubiese
+recibido un golpe formidable. Despu&eacute;s, sacudiendo con fuerza la cabeza
+para arrojar la idea que acababa de producirle tan violenta emoci&oacute;n,
+prosigui&oacute;, vacilante, su marcha. &laquo;No, ello no era posible... Lo hubiera
+sabido... Miguelina, despu&eacute;s de su separaci&oacute;n, no le hubiera dejado
+ignorar una cosa semejante...&raquo;</p>
+
+<p>Por un momento, pareci&oacute; que estas reflexiones le tranquilizaban, pero en
+seguida volvi&oacute; su coraz&oacute;n a latir con fuerza y su mente a
+trabajar.&mdash;&laquo;&iquest;C&oacute;mo explicar la extra&ntilde;a actitud de la se&ntilde;ora Princetot?...
+Sus frases llenas de ambig&uuml;edad y sus terrores... &iquest;Por qu&eacute; le hab&iacute;a
+prohibido que viese de nuevo a Sim&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; hab&iacute;a exclamado con el
+espanto reflejado en sus ojos: &iexcl;Ya es demasiado que se encontraran
+ayer!...&raquo;</p>
+
+<p>A medida que avanzaba Delaberge en su camino, el bosque hac&iacute;ase m&aacute;s
+espeso, el barranco se estrechaba, interceptaban cada vez m&aacute;s la senda
+toda clase de plantas trepadoras y tupidos herbajes... Y en la apagada
+luz de ese desfiladero le parec&iacute;a al inspector general que, como un
+nuevo Edipo, caminaba fatalmente hacia alguna esfinge, llenos los labios
+de amenazadores enigmas...</p>
+
+
+
+
+
+<h3><a name="SEGUNDA_PARTE" id="SEGUNDA_PARTE"></a>SEGUNDA PARTE</h3>
+
+
+
+
+<h3><a name="Ia" id="Ia"></a>I</h3>
+
+
+<p>Al poner Francisco Delaberge la palabra &laquo;urgente&raquo; en su informe dirigido
+a la Administraci&oacute;n esperaba recibir una pronta respuesta. Los d&iacute;as que
+se pasaron aguardando la decisi&oacute;n ministerial pareci&eacute;ronle tanto m&aacute;s
+largos por cuanto viv&iacute;a muy solitario en la hospeder&iacute;a del <i>Sol de Oro</i>.
+La se&ntilde;ora Miguelina se hab&iacute;a hecho invisible de nuevo y parec&iacute;a poner
+cada vez m&aacute;s empe&ntilde;o en esconderse. El mismo Sim&oacute;n Princetot, hacia el
+cual sent&iacute;ase atra&iacute;do y con quien le hubiera gustado conversar, no
+manifestaba grandes deseos de continuar las relaciones empezadas en
+Rosalinda. Tambi&eacute;n se escond&iacute;a. El inspector general no quer&iacute;a acusarle
+a &eacute;l de reserva tan extremada; sospechaba m&aacute;s bien que la se&ntilde;ora
+Princetot hab&iacute;a procurado alejar de &eacute;l a su hijo y quitarle as&iacute; todo
+pretexto de nuevas entrevistas. Estas ofensivas y misteriosas
+precauciones manten&iacute;an en el esp&iacute;ritu de Delaberge la enervante
+inquietud que tanto le hac&iacute;a sufrir desde su conversaci&oacute;n con Miguelina.</p>
+
+<p>Para distraerse de tan hondas preocupaciones y quiz&aacute;s tambi&eacute;n con la
+esperanza de encontrar a Sim&oacute;n Princetot en Rosalinda, resolvi&oacute;
+Francisco hacer una nueva visita a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard.</p>
+
+<p>La perspectiva de pasar una hora o dos en compa&ntilde;&iacute;a de la encantadora
+viuda le alegraba suavemente el coraz&oacute;n. Cierto que se hubiera mentido a
+s&iacute; mismo si se hubiese querido convencer de que sent&iacute;a hacia Camila una
+de esas tard&iacute;as pasiones que atormentan a veces con tan dura crueldad a
+los hombres que han doblado el cabo de la cincuentena. No, no era eso;
+pero, cuando volv&iacute;a a sus pensamientos matrimoniales, cuando se forjaba
+en su imaginaci&oacute;n una vida nueva en que hab&iacute;a de verse convertido en
+padre de familia, ve&iacute;a siempre el franco y amable rostro de la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard asomarse en alguna de las ventanas de sus castillos en el aire.
+Mientras caminaba hacia Rosalinda, se entretuvo en edificar una vez m&aacute;s
+ese quim&eacute;rico refugio en que so&ntilde;aba abrigar su edad madura.</p>
+
+<p>&laquo;Seguramente&mdash;pensaba,&mdash;enamorarse a mi edad se presta un poco al
+rid&iacute;culo, pero no hay duda que la se&ntilde;ora Li&eacute;nard realizar&iacute;a
+cumplidamente mis ideales. Con su gracia, con su natural
+encantadoramente expansivo, alegrar&iacute;a los a&ntilde;os que me falta vivir; no
+tiene ni la frivolidad, ni la empalagosa coqueter&iacute;a de las se&ntilde;oras que
+trato en Par&iacute;s; ser&iacute;a una mujer de su casa, activa y alegre, una esposa
+que me har&iacute;a honor y que, no habiendo tenido antes hijos, amar&iacute;a a los
+que pudiesen nacer de nuestro matrimonio... S&iacute;, pero, suponiendo que
+aceptase unir su existencia a la m&iacute;a, &iquest;no ser&iacute;a demasiado joven para mis
+cincuenta a&ntilde;os?...&raquo;</p>
+
+<p>Ocupado el pensamiento en tales cavilaciones, un poquit&iacute;n ego&iacute;stas,
+atraves&oacute; Delaberge la avenida de los fresnos y lleg&oacute; a la misma terraza,
+donde encontr&oacute; a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard formando un magn&iacute;fico ramo con las
+flores de su jard&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ve usted, se&ntilde;ora&mdash;dijo salud&aacute;ndola,&mdash;c&oacute;mo abuso de la libertad
+que me dio y vengo a pasar unos momentos en su compa&ntilde;&iacute;a a t&iacute;tulo
+&uacute;nicamente de vecino.</p>
+
+<p>Camila Li&eacute;nard le recibi&oacute; con amable sonrisa y le tendi&oacute; su morena
+manecita, cuya fina epidermis hab&iacute;an ligeramente rasgado las espinas de
+los rosales; y dijo la viuda:</p>
+
+<p>&mdash;Estoy encantada de su visita y le pido solamente permiso para acabar
+este ramo... No tardar&eacute; mucho, pero es faena que no puedo aplazar... He
+visto que necesitaban ser cambiadas las flores que tengo en los jarrones
+del sal&oacute;n... Hay dos cosas que no puedo sufrir: las cintas descoloridas
+y las flores mustias.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Puedo ayudarle?</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente. Tome esas tijeras y tenga la bondad de cortar las flores
+que yo vaya designando.</p>
+
+<p>Delaberge se puso alegremente al trabajo. A medida que ella le iba
+nombrando las flores las cortaba &eacute;l d&oacute;cilmente, alguna vez se equivocaba
+y la viuda le re&ntilde;&iacute;a... De pie en medio de los caminillos del jard&iacute;n, al
+viento los cabellos, relucientes los ojos en la sombra de su sombrero de
+paja, la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, apretando contra el pecho el ramo ya voluminoso
+de sus flores, le iba dando sus indicaciones con voz l&iacute;mpida y musical.</p>
+
+<p>&mdash;Sobre todo, c&oacute;rteme largos los tallos... Deme esos narcisos... No, no,
+esas flores, &eacute;sas no lo son... Aquellas otras, blancas con el coraz&oacute;n
+anaranjado... &iquest;C&oacute;mo no conoce usted el narciso de los poetas?... No
+parece usted muy fuerte en la bot&aacute;nica de jard&iacute;n, se&ntilde;or forestal.</p>
+
+<p>Y ambos se re&iacute;an. Delaberge se complac&iacute;a en esa labor florida que
+compart&iacute;a con la amable mujer. Sent&iacute;ase rejuvenecido por el contacto de
+los fresqu&iacute;simos p&eacute;talos de tantas y tantas flores, de todos colores y
+formas, subi&eacute;ndosele a la cabeza los primaverales perfumes de las rosas,
+de los junquillos y de los iris... Cada vez que a&ntilde;ad&iacute;a una flor al
+brazado de la viuda, era para &eacute;l una delicia rozar apenas los dedos de
+Camila por entre las hojas llenas de humedad.</p>
+
+<p>&mdash;Basta&mdash;dijo ella al cabo de algunos minutos.&mdash;Ya tenemos bastantes
+flores. Ahora s&oacute;lo falta ponerlas en los jarrones.</p>
+
+<p>Y con Delaberge se encamin&oacute; hacia un emparrado, bajo el cual hab&iacute;a
+algunas sillas de junco y una mesa; encima de &eacute;sta luc&iacute;an sus brillantes
+colores dos peque&ntilde;os jarrones llenos de agua.</p>
+
+<p>Entonces comenz&oacute; el delicad&iacute;simo trabajo de arreglar los ramos.
+Francisco presentaba una a una las flores a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, quien las
+iba disponiendo art&iacute;sticamente en los jarrones, combinando los matices y
+variando de sitio las flores seg&uacute;n su forma y su tama&ntilde;o. Poco a poco
+los iris violados, las blancas madreselvas y los miosotis iban surgiendo
+gentilmente de entre una corona formada de rosas y de narcisos.</p>
+
+<p>Por debajo del emparrado se ve&iacute;a una parte de la terraza, bordeada de
+naranjos y un trozo de la fachada con sus ventanas abiertas, animado
+todo por el susurro de innumerables insectos, borrachos de sol.</p>
+
+<p>Delaberge, muellemente enternecido, y sinti&eacute;ndose expansivo, aun a pesar
+suyo, se atrevi&oacute; a hacer una t&iacute;mida insinuaci&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Esta Rosalinda es un para&iacute;so!... Pero un para&iacute;so en que se viva
+constantemente en compa&ntilde;&iacute;a de s&iacute; mismo, puede a la larga hacerse
+mon&oacute;tono... &iquest;No ha pensado usted nunca en animar un poco esta soledad?</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora Li&eacute;nard fij&oacute; sus l&iacute;mpidos ojos en su interlocutor. Dej&oacute; caer
+de sus manos la rosa cuyas espinas iba quitando y, apoy&aacute;ndose de codos
+en la mesa, se qued&oacute; pensativa un momento. Se entreabrieron sus labios,
+como a punto de hacer una confidencia, mas en seguida cerr&aacute;ronse otra
+vez.</p>
+
+<p>Hubo un corto silencio y volviendo a su labor de ir colocando con arte
+las flores en los jarrones, habl&oacute; Camila de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda cree usted, se&ntilde;or Delaberge, que es demasiado absoluto mi
+aislamiento... &iexcl;Dios m&iacute;o, tambi&eacute;n yo, algunas veces, lo creo as&iacute;!... Y
+me pregunto si no har&iacute;a mucho mejor modificando un poco mi existencia,
+aunque es &eacute;sta una pendiente hacia la cual no me agrada guiar mis
+ensue&ntilde;os... Y no obstante...</p>
+
+<p>Hizo la se&ntilde;ora Li&eacute;nard un gracioso moh&iacute;n y se call&oacute;.</p>
+
+<p>Los dos jarrones estaban ya listos. La viuda se levant&oacute;, sacudi&oacute;se las
+verdes hojitas que se le hab&iacute;an quedado adheridas en la falda y tomando
+uno de los jarros suplic&oacute; a Delaberge que tomase el otro, dici&eacute;ndolo
+sonriente:</p>
+
+<p>&mdash;Contin&uacute;o abusando... Pero es usted tan amable que no temo ser
+indiscreta.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted raz&oacute;n, se&ntilde;ora&mdash;replic&oacute; galantemente Delaberge;&mdash;tr&aacute;teme
+como un amigo... Siento &uacute;nicamente que se limiten mis servicios a tan
+poca cosa... Quisiera poder pagar mucho mejor mi deuda de reconocimiento
+hacia usted, tan hospitalaria, tan ben&eacute;volamente amable con un pobre
+desterrado como yo. Si alguna vez le parece su casa un poco solitaria,
+es &eacute;sta al menos una soledad deliciosa, mientras que la hospeder&iacute;a del
+<i>Sol de Oro</i> no es m&aacute;s que un fastidioso desierto.</p>
+
+<p>Hab&iacute;an entrado ya en el sal&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces&mdash;repuso la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, tomando de sus manos el
+jarr&oacute;n&mdash;cuando se sienta demasiado triste all&aacute; abajo, v&eacute;ngase aqu&iacute; unos
+momentos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me permite usted que vuelva?... Entonces, m&aacute;rchome enteramente feliz.</p>
+
+<p>Crey&oacute; conveniente no prolongar m&aacute;s su visita y se dispuso a despedirse.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hasta bien pronto!&mdash;le dijo ella tendi&eacute;ndole con amable vivacidad su
+mano.&mdash;Hasta ma&ntilde;ana, si quiere usted. S&iacute;, venga usted ma&ntilde;ana: tal vez...
+tal vez tenga un consejo que pedirle.</p>
+
+<p>Y sali&oacute; Delaberge de la casa, animado por la esperanza de una tan
+pr&oacute;xima visita y tambi&eacute;n por la perspectiva de esa misteriosa
+confidencia que la viuda quer&iacute;a hacerle.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="IIa" id="IIa"></a>II</h3>
+
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente de aquel en que Delaberge hab&iacute;a ayudado a la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard al arreglo de sus jarrones, Sim&oacute;n Princetot, terminado el
+almuerzo, atraves&oacute; la cocina del <i>Sol de Oro</i> y se dirigi&oacute; hacia la
+escalera que conduc&iacute;a a la habitaci&oacute;n roja. Hab&iacute;a ya puesto el pie sobre
+el primer escal&oacute;n cuando la se&ntilde;ora Miguelina que le segu&iacute;a con mirada
+ansiosa, le pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde vas?</p>
+
+<p>&mdash;Al cuarto del se&ntilde;or Delaberge. Ma&ntilde;ana se re&uacute;ne en la alcald&iacute;a el
+sindicato formado por los usuarios y antes de convenir con ellos la
+forma en que habremos de proceder, desear&iacute;a ver al inspector general...
+Ya comprendes... No estar&iacute;a de m&aacute;s hacerle hablar y saber cu&aacute;les son
+sus intenciones...</p>
+
+<p>Miguelina sacudi&oacute; de un lado a otro la cabeza y levant&oacute; los hombros
+diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Trabajo in&uacute;til, el inspector ha salido apenas ha acabado el
+almuerzo... &iexcl;Ah! &iexcl;no para un momento en su cuarto! Ayer se pas&oacute; la tarde
+en casa de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard y pienso que hoy ha vuelto all&aacute;, pues le he
+visto que tomaba el camino de Rosalinda...</p>
+
+<p>Mientras ella hablaba &iacute;base oscureciendo la fisonom&iacute;a de Sim&oacute;n, lo que
+no se escap&oacute; a las miradas de la se&ntilde;ora Miguelina. Hac&iacute;a tiempo que
+hab&iacute;a le&iacute;do ya en el fondo del coraz&oacute;n de su hijo y adivin&oacute; f&aacute;cilmente
+que lo que a &eacute;ste le disgustaba no era la ausencia del inspector
+general, sino la noticia de sus reiteradas visitas a Rosalinda.</p>
+
+<p>Entonces se le ocurri&oacute; que el medio mejor para impedir que Francisco y
+Sim&oacute;n llegasen a m&aacute;s &iacute;ntimas amistades era separar a aquellos dos
+hombres por medio de los celos, sirvi&eacute;ndose de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard como de
+un seguro elemento de discordia. En el fondo tem&iacute;a la influencia que
+pudiera ejercer en su hijo la propietaria de Rosalinda. Sab&iacute;a que Sim&oacute;n
+hab&iacute;ase encargado del asunto de los deslindes s&oacute;lo para complacer a la
+se&ntilde;ora Li&eacute;nard y ve&iacute;a con terror el desarrollo de una pasi&oacute;n, que, seg&uacute;n
+ella, no pod&iacute;a tener para su hijo sino crueles desenga&ntilde;os. D&iacute;jose que
+excitando los celos de Sim&oacute;n pod&iacute;a lograr dos cosas de una vez: hacerle
+olvidar su enga&ntilde;oso amor y alejarlo para siempre de Delaberge.</p>
+
+<p>Se aproxim&oacute; al joven, le puso una mano en el hombro y murmur&oacute; con acento
+de maternal compasi&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre hijo m&iacute;o, te das mucho trabajo por nada y aun creo que te has
+metido en un mal negocio!...</p>
+
+<p>&mdash;No soy de tu parecer, mam&aacute;; la causa que defiendo es justa y adem&aacute;s no
+puedo abandonar ahora a las honradas gentes que me han confiado sus
+intereses.</p>
+
+<p>&mdash;No quieras enga&ntilde;arme ni enga&ntilde;arte a ti mismo... Tengo fina la mirada y
+veo claras las cosas... Si has tomado con tanto empe&ntilde;o este asunto, no
+ha sido por los hermosos ojos de los usuarios de Val-Clavin, sino por
+los de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard.</p>
+
+<p>&mdash;Mam&aacute;&mdash;interrumpi&oacute; Sim&oacute;n ruboriz&aacute;ndose un poco,&mdash;calla, te lo ruego...
+&iquest;Por qu&eacute; dices eso?...</p>
+
+<p>&mdash;Digo lo que pienso, lo que es verdad... Est&aacute;s enamorado de la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard y te imaginas que va a recompensar tu trabajo consintiendo en
+llamarse la se&ntilde;ora Princetot...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No!&mdash;exclam&oacute; el joven.&mdash;&iexcl;Nunca he pensado cosa tan absurda!</p>
+
+<p>&mdash;Tanto mejor si me enga&ntilde;o, hijo m&iacute;o, pues yo te aseguro que, de haberlo
+esperado, t&uacute; te habr&iacute;as de arrepentir temprano o tarde... M&aacute;s que ella
+vales, no hay que dudarlo; pero esas se&ntilde;oras se creen hechas de otra
+pasta que nosotros. Quieren casarse con gentes de su mundo propio y
+mientras te enga&ntilde;a con palabras dulces y alegres sonrisas, la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard se deja hacer la corte por el inspector general.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya, mam&aacute;!&mdash;dijo Sim&oacute;n.&mdash;&iexcl;Qu&eacute; sabes t&uacute; de eso!</p>
+
+<p>&mdash;Lo s&eacute; muy bien&mdash;afirm&oacute; la se&ntilde;ora Miguelina;&mdash;&iexcl;si salta a los ojos!...
+Hace una semana que est&aacute; aqu&iacute; y le ha hecho ya tres visitas a la
+propietaria de Rosalinda. Parece que se hab&iacute;an visto ya en Chaumont y el
+asunto de estos deslindes no ha sido m&aacute;s que un pretexto para explicar
+su estancia en Val-Clavin... Ese forestal entretiene a todos con
+palabras y vagas promesas a fin de poder estar m&aacute;s tiempo cerca de la
+viuda y acabar su conquista... En la reuni&oacute;n de ma&ntilde;ana trata t&uacute; de
+ponerle entre la espada y la pared pidi&eacute;ndole una contestaci&oacute;n
+categ&oacute;rica y ya ver&aacute;s c&oacute;mo yo tengo raz&oacute;n...</p>
+
+<p>Sim&oacute;n inclin&oacute; la cabeza, se mordi&oacute; los labios y frunci&oacute; duramente las
+cejas. Miguelina comprendi&oacute; que comenzaba a dudar y adivin&oacute; al mismo
+tiempo, por la contracci&oacute;n dolorosa de su rostro, que sufr&iacute;a el muchacho
+cruelmente. Entonces le atrajo hacia s&iacute;, le tom&oacute; la cabeza entre las
+manos y le bes&oacute; con profunda ternura en la frente...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre hijo m&iacute;o!&mdash;agreg&oacute;.&mdash;Du&eacute;leme el mal que te hago, pero yo no
+quiero que se burle nadie de ti... Reflexiona sobre todo esto y, cr&eacute;eme,
+no te dejes enga&ntilde;ar ni por las coqueter&iacute;as de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, ni por
+los halagos del se&ntilde;or Delaberge...</p>
+
+<p>Sim&oacute;n se desprendi&oacute; de los brazos de su madre y se alej&oacute; r&aacute;pidamente.
+Ten&iacute;a necesidad de encontrarse a solas y de pensar mucho en las celosas
+aprensiones que las palabras de su madre hab&iacute;an despertado en su
+esp&iacute;ritu.</p>
+
+<p>Al salir de su casa dirigi&oacute;se hacia los bosques de Carboneras:
+Ciertamente, con su intuici&oacute;n femenina, Miguelina Princetot hab&iacute;a
+adivinado lo que pasaba en el coraz&oacute;n de su hijo; pero le atribu&iacute;a al
+mismo tiempo miras ambiciosas que &eacute;l no hab&iacute;a tenido jam&aacute;s. Amaba, en
+realidad, a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, pero la amaba con amor c&aacute;ndido y
+apasionado, aunque nunca se hab&iacute;a hecho la ilusi&oacute;n de que su ternura se
+pudiese ver correspondida. No ignoraba que una barrera casi
+infranqueable le separaba de la viuda. Y aunque amaba sin esperanza y
+sin la ilusi&oacute;n de verse a su vez amado, no por eso hab&iacute;a de ser menos
+accesible a los celos. Recordaba la impresi&oacute;n de hondo disgusto que
+hab&iacute;a dejado en su alma la primera visita que hizo Delaberge a
+Rosalinda... Por encima de los &aacute;rboles del bosque, distingu&iacute;a entonces
+las puntiagudas torrecillas de la casa de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard y dec&iacute;ase
+que, sin duda, en aquel mismo momento se encontraba el inspector general
+conversando con la joven y aprovechando la ocasi&oacute;n para llevar a buen
+t&eacute;rmino sus prop&oacute;sitos matrimoniales... A esta idea, un acceso de ira le
+hizo subir la sangre a la cabeza mientras una angustia terrible le
+oprim&iacute;a el coraz&oacute;n. No pudo resistir m&aacute;s... Aunque hubiese de ser
+horrendo el sufrir, quer&iacute;a de una vez acabar con sus mortales
+inquietudes y conocer toda la realidad de sus angustiosas sospechas.
+Abandon&oacute; las alturas del bosque y caminando por entre los herbajes se
+dirigi&oacute; hacia la cerca del parque.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="IIIa" id="IIIa"></a>III</h3>
+
+
+<p>Mientras la se&ntilde;ora Princetot hablaba con su hijo y arrojaba en su pecho
+la mala semilla de los celos, el inspector general, conmovido lo mismo
+que un muchacho que acude a su cita primera, segu&iacute;a a buen paso el
+camino de Rosalinda.</p>
+
+<p>Se hab&iacute;a vestido con m&aacute;s cuidado que de costumbre y su andar era m&aacute;s
+firme que otras veces... Vivamos en plena lozan&iacute;a juvenil o hayamos ya
+madurado como una fruta de oto&ntilde;o, siempre que se trata del eterno
+femenino nos sentimos prisioneros de las mismas ilusiones, nos
+enloquecen las mismas dulces fantas&iacute;as.</p>
+
+<p>Caminando aprisa, Delaberge encontraba mayor frescor en la verdura de
+los prados, un sabor mucho m&aacute;s dulce en el aire que respiraba. Los
+argentinos sones de las campanas del pueblo, volando por encima de los
+bosques, le mec&iacute;an alegremente, mientras iba saboreando con fruici&oacute;n
+los recuerdos de su anterior visita.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh, esas campanas de los pueblos, modestas como los viejos campanarios
+que las sustentan, de sonido ligero y l&iacute;mpido como la atm&oacute;sfera de los
+bosques en que vibra, cristalino y cantante como los riachuelos encima
+de los cuales se para un momento, inmenso es el encanto que desparraman
+por los solitarios campos... meciendo con pac&iacute;ficos ensue&ntilde;os el esp&iacute;ritu
+de quienes lo escuchan!... Sea joven o viejo, est&eacute; triste o alegre,
+aquel hasta cuyos o&iacute;dos llega el dulc&iacute;simo son se siente conmovido en lo
+m&aacute;s hondo y le parece elevarse por encima de las miserias terrenales...
+Despiertan en el coraz&oacute;n no se sabe qu&eacute; de un gran frescor matinal y
+c&aacute;ndido: es el acompa&ntilde;amiento amistoso de nuestros ensue&ntilde;os, de nuestros
+deseos, de nuestras a&ntilde;oranzas... intensific&aacute;ndolas todav&iacute;a. El encanto
+de su m&uacute;sica despierta en nosotros, con sus colores de alba pur&iacute;sima,
+los m&aacute;s caros recuerdos de nuestra juventud...</p>
+
+<p>Regocijado interiormente por el clar&iacute;simo son de las campanas, Francisco
+se representaba con mayor fuerza en su imaginaci&oacute;n a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard
+sentada bajo el emparrado, con su vivacidad de gestos y su prestancia,
+con su amable sonrisa, con sus relucientes y oscuros ojos y con su
+gracia un poco silvestre. Recordaba sus menores palabras y se las
+repet&iacute;a complacientemente, como nos gusta oler de vez en cuando la rosa
+que hemos arrancado al paso.</p>
+
+<p>Cuando le vio aparecer en el encuadramiento de las cortinas del sal&oacute;n,
+Camila Li&eacute;nard dej&oacute; precipitadamente el bordado en que trabajaba;
+brillaron sus ojos y una r&aacute;pida oleada de rubor colore&oacute; sus mejillas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bienvenido, se&ntilde;or Delaberge!&mdash;dijo.&mdash;Ha sido usted muy amable
+cumpliendo tan puntualmente su promesa... Grande es mi contento...</p>
+
+<p>Y le tendi&oacute; la mano, que el inspector general bes&oacute; con caballeresca
+galanter&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No hab&iacute;a de olvidar lo prometido&mdash;repuso Delaberge reteniendo un
+momento los dedos de la joven entre los suyos.&mdash;&iquest;De qu&eacute; se trata, se&ntilde;ora
+m&iacute;a?</p>
+
+<p>Ruboriz&oacute;se ella otro poco, retir&oacute; la mano y la puso suavemente sobre el
+brazo del caballero al tiempo que murmuraba, mostr&aacute;ndole una de las
+ventanas.</p>
+
+<p>&mdash;Venga usted, hablaremos con m&aacute;s libertad en el jard&iacute;n...</p>
+
+<p>Y a trav&eacute;s de las avenidas asoleadas le condujo hasta el centro del
+parque. Hab&iacute;a all&iacute;, en medio de una encrucijada en forma de estrella, un
+pabell&oacute;n r&uacute;stico, adornado su exterior por multitud de plantas
+trepadoras. El interior estaba decorado con sencillez y eran sus muebles
+de una elegante rusticidad. Por los ventanales del pabell&oacute;n cuya luz
+tamizaban las plantas que a medias los cubr&iacute;an, distingu&iacute;anse hasta
+perderse de vista las verdeantes avenidas del parque. En el centro del
+pabell&oacute;n hab&iacute;a una mesa y sobre la mesa estaban preparados algunos
+refrescos.</p>
+
+<p>&mdash;Instal&eacute;monos aqu&iacute;&mdash;dijo Camila acerc&aacute;ndose a la mesa.&mdash;Aqu&iacute; estaremos
+bien y, como creo que ha de tener usted mucho calor, voy a prepararle un
+jarabe de frambuesas.</p>
+
+<p>Aquella hospitalaria acogida, la discreta intimidad de aquel pabell&oacute;n
+que el ramaje ca&iacute;do de las hayas cubr&iacute;a de verdor, el rostro franco y
+ligeramente encendido de la joven viuda sentada, enfrente de &eacute;l, todo
+eso llenaba a Delaberge de un sutil desvanecimiento y hac&iacute;ale perder
+poco a poco el sentido de la realidad.</p>
+
+<p>Con la ingenua presunci&oacute;n de un hombre que no tiene una experiencia
+grande de las cosas de amor, interpretaba seg&uacute;n su propio deseo el
+comportamiento de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, y vagas reminiscencias de novelas
+le&iacute;das en su juventud le hac&iacute;an creer en una tierna y delicada
+premeditaci&oacute;n por parte de la joven viuda. El aislado pabell&oacute;n y las
+precauciones tomadas para sustraerse a toda clase de indiscretas
+miradas, daban a aquella cita un aspecto galante que de una manera
+deliciosa conturbaba su coraz&oacute;n de viejo soltero.</p>
+
+<p>Al dejar el vaso sobre la mesa, volvi&oacute; Delaberge hacia la se&ntilde;ora Li&eacute;nard
+su mirada tiernamente interrogativa.</p>
+
+<p>&mdash;Usted se preguntar&aacute;, sin duda&mdash;comenz&oacute; ella,&mdash;qu&eacute; es lo que yo puedo
+tener que decirle a usted... Pues bien, vamos a ello... Es un poco
+delicado y quiz&aacute;s se extra&ntilde;e de la facilidad con que hago mis
+confidencias a una persona a quien he visto por la primera vez hace
+apenas diez d&iacute;as... En primer lugar, usted no es para m&iacute; un
+desconocido... Su amigo el se&ntilde;or Voinchet me ha hablado con el m&aacute;s
+caluroso elogio de su lealtad y de su claro juicio. Adem&aacute;s, piense que
+vivo sola aqu&iacute;, sin parientes pr&oacute;ximos, sin m&aacute;s relaciones que las que
+puedo tener con honrados campesinos o con agentes de negocios. No es muy
+frecuente encontrarme con un hombre como usted, de su car&aacute;cter y de su
+autoridad, por todo lo cual habr&aacute; de perdonarme la libertad que acabo de
+tomarme para pedirle consejo... Finalmente&mdash;prosigui&oacute; con expresi&oacute;n
+todav&iacute;a m&aacute;s afectuosa,&mdash;creo ya haberle dicho que desde los primeros
+momentos me inspir&oacute; usted una gran confianza. Cuando me son simp&aacute;ticas
+las personas, siento en m&iacute; un <i>algo</i> que no me enga&ntilde;a nunca y me impulsa
+hacia ellas...</p>
+
+<p>Esta especie de confesi&oacute;n murmurada en la quietud de aquel sitio, donde
+el roce de los movientes verdores contra los cristales de las ventanas
+revelaban tan s&oacute;lo la existencia del mundo exterior, aument&oacute; todav&iacute;a la
+emoci&oacute;n y las esperanzas de Francisco. Estrech&oacute; la mano de la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard y declar&oacute;se profundamente agradecido por la confianza que se
+dignaba mostrarle.</p>
+
+<p>&mdash;Le agradezco&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Delaberge&mdash;que me trate como amigo; aunque es de
+reciente fecha nuestro conocimiento, le puedo asegurar, se&ntilde;ora, que
+habr&eacute; de serle enteramente leal. Siento por usted la m&aacute;s tierna
+estimaci&oacute;n y el ardiente deseo de serle &uacute;til.</p>
+
+<p>&mdash;En tal caso, voy a poner ahora mismo su indulgencia a prueba...</p>
+
+<p>Se detuvo un momento, bebi&oacute; un poco de agua de frambuesas para darse
+alg&uacute;n aplomo y despu&eacute;s prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;He pensado much&iacute;simo en una frase que se le escap&oacute; a usted ayer con
+respecto a mi vida solitaria... Su observaci&oacute;n vino precisamente en
+apoyo de ciertas reflexiones que yo vengo haci&eacute;ndome alguna que otra vez
+desde hace lo menos un a&ntilde;o... S&iacute;, aunque pongo en mi vida alguna
+actividad, me pesa mi aislamiento con frecuencia... Pienso que tengo
+veintis&eacute;is a&ntilde;os y que no es ciertamente una edad para entregarse por
+completo al retiro. Tengo salud excelente, un humor m&aacute;s bien alegre que
+melanc&oacute;lico, no me siento con vocaci&oacute;n para una viudez perpetua y me
+pregunto algunas veces si no obrar&iacute;a muy santamente cas&aacute;ndome de
+nuevo...</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted raz&oacute;n&mdash;afirm&oacute; Delaberge anim&aacute;ndose;&mdash;la soledad no es
+buena para nadie, pero es peor todav&iacute;a para una mujer joven, para un
+alma expansiva y encantadora como la suya... No aguarde para hacerlo la
+edad de las vacilaciones y de las a&ntilde;oranzas...</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda&mdash;replic&oacute; ella sonriendo;&mdash;pero, aunque estoy todav&iacute;a lejos de
+la treintena, pienso que la edad de las vacilaciones ha llegado ya... Un
+primer matrimonio medianamente feliz despierta una precoz desconfianza;
+es como un vuelco de carruaje, que nos hace cobardes para siempre. Mi
+difunto marido, el se&ntilde;or Li&eacute;nard, era un hombre honrado, pero un
+compa&ntilde;ero poco agradable; d&eacute;bil y a la vez duro de coraz&oacute;n, enfermizo y
+prematuramente viejo, me ten&iacute;a encerrada sin quererlo en una atm&oacute;sfera
+llena de melancol&iacute;as y de fastidio. Necesit&eacute; toda mi juventud, toda la
+fuerza que hab&iacute;a en m&iacute; para conservar, despu&eacute;s de cinco a&ntilde;os de
+semejante r&eacute;gimen, mi buen humor y mi excelente salud. Me cas&eacute; con &eacute;l
+casi sin conocerle, y no quisiera caer de nuevo en el propio error si
+alguna vez me decido a casarme. Desear&iacute;a que ahora guiasen mi elecci&oacute;n
+menos las puras conveniencias que una inclinaci&oacute;n sinceramente
+sentida... He aqu&iacute; por qu&eacute;, antes de dar a mis ensue&ntilde;os actuales una
+forma de realidad, he querido o&iacute;r el parecer de un hombre serio... Usted
+vive en Par&iacute;s, se&ntilde;or Delaberge, usted tiene experiencia del mundo y
+podr&aacute;, por tanto, aconsejarme bien.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, se&ntilde;ora!&mdash;replic&oacute; suspirando&mdash;yo soy un c&eacute;libe que ha hecho
+siempre vida muy retirada, puedo decir que he pasado toda mi existencia
+en las oficinas. Sin embargo, conozco algo a los hombres y puedo
+ayudarle a ver con claridad a trav&eacute;s de sus vacilaciones... Ante
+todo&mdash;agreg&oacute; sonriendo discretamente,&mdash;&iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a su ideal? &iquest;Lo ha
+entrevisto ya usted en sus ensue&ntilde;os?</p>
+
+<p>&mdash;Alguna vez&mdash;contest&oacute; ella bajando los ojos.&mdash;En primer lugar, detesto
+a los caracteres ligeros, a las gentes fr&iacute;volas y ociosas; me gustar&iacute;a,
+pues, si yo llegase a tomar un segundo marido, que fuese hombre de un
+esp&iacute;ritu bien cultivado y que se ocupase &uacute;tilmente en algo; me gustar&iacute;a
+que fuese a la vez tierno y fuerte, reservado y digno...</p>
+
+<p>Delaberge estaba encantado; sin adularse mucho, ten&iacute;a plena conciencia
+de poder cumplir el programa de la joven, y una alegre claridad
+iluminaba su rostro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muy bien!&mdash;dijo.&mdash;Esto en cuanto a lo moral... Pasemos ahora a las
+cualidades f&iacute;sicas... &iquest;Desear&iacute;a usted que el marido ideal fuese muy
+joven?</p>
+
+<p>&mdash;Sin creerlo en absoluto necesario&mdash;repuso ella,&mdash;par&eacute;ceme, sin
+embargo, que la juventud no estar&iacute;a de m&aacute;s... La juventud es la que hace
+resaltar las cualidades morales y las hace fecundas. Recuerdo dos versos
+de V&iacute;ctor Hugo que me impresionaron hondamente cuando los le&iacute; y que se
+pueden aplicar muy bien al caso:</p>
+
+<p><i>Yo creo que la ancianidad penetra por los ojos y que envejecemos antes
+si vivimos con gente vieja...</i></p>
+
+<p>Es mi parecer que solamente cuando no existe una gran diferencia de edad
+entre la mujer y el marido es posible la mutua estimaci&oacute;n y
+benevolencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cree usted?&mdash;murmur&oacute; Delaberge.</p>
+
+<p>Los rasgos de su rostro se alargaron y la luz que iluminaba sus azules
+ojos desapareci&oacute; de pronto, como apagada por un soplo tr&aacute;gico.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Le parece a usted que soy exigente?&mdash;pregunt&oacute; ella al notar ese
+cambio de fisonom&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tiene usted derecho a serlo!&mdash;repuso melanc&oacute;licamente.</p>
+
+<p>&mdash;Enti&eacute;ndame usted bien; no doy importancia ninguna a lo que llaman
+figura brillante...</p>
+
+<p>Levant&oacute; sus hermosos ojos hacia los verdes ramajes que se mov&iacute;an m&aacute;s
+all&aacute; de los ventanales, como si buscase en el ancho espacio la imagen
+del marido so&ntilde;ado y continu&oacute; con la mirada fija en los lejanos
+horizontes:</p>
+
+<p>&mdash;No deseo ni un buen mozo, ni un hombre de mundo... Yo desear&iacute;a que
+fuese joven mi marido, pero que su juventud estuviese hecha de
+entusiasmo, de ardor, de ternura... Que no tuviese nada de frivolidad,
+ni de las elegancias superficiales de los j&oacute;venes de hoy. Me causan
+horror los hombres desocupados... Yo desear&iacute;a que el marido de mi
+elecci&oacute;n tuviese el esp&iacute;ritu lleno de nobles ambiciones, que tuviese
+sencillo el coraz&oacute;n y amase como yo el campo y sus grandes
+espect&aacute;culos... Que fuese orgulloso, que no debiese su posici&oacute;n ni a un
+t&iacute;tulo de nobleza ni al dinero, que la hubiese conquistado por sus
+propios m&eacute;ritos. Yo entonces le amar&iacute;a por s&iacute; mismo, por su esp&iacute;ritu,
+por su fuerza de car&aacute;cter, por su alma entusiasta escondida bajo
+apariencias de frialdad y aun de rudeza...</p>
+
+<p>Abr&iacute;a ella su coraz&oacute;n con ingenua espontaneidad, parec&iacute;a que so&ntilde;aba en
+voz alta y, al escucharla visiblemente desencantado, adivinaba Delaberge
+que ese marido descrito con tanta precisi&oacute;n era menos imaginario de lo
+que la joven pretend&iacute;a; en ciertos rasgos caracter&iacute;sticos, ve&iacute;ase
+claramente que ese ideal se parec&iacute;a much&iacute;simo a un joven que uno y otro
+conoc&iacute;an... a Sim&oacute;n Princetot.</p>
+
+<p>No cab&iacute;a duda de que la viuda sent&iacute;a una secreta inclinaci&oacute;n por el hijo
+de Miguelina... &iquest;C&oacute;mo no lo hab&iacute;a &eacute;l adivinado ya desde el primer d&iacute;a,
+&eacute;l que se preciaba de tan buen observador?... Cierto que su ego&iacute;sta
+vanidad y su est&uacute;pida preocupaci&oacute;n de representar tan bien su papel de
+enamorado le hab&iacute;an puesto una venda en los ojos. Se necesitaba ser
+fatuo para imaginarse que a su edad hab&iacute;a de producir la menor impresi&oacute;n
+sobre la joven... La se&ntilde;ora Li&eacute;nard con su ingenua franqueza, acababa de
+darle una dur&iacute;sima lecci&oacute;n de modestia.</p>
+
+<p>Le vio ella hondamente preocupado y se atrevi&oacute; a decir:</p>
+
+<p>&mdash;Estoy segura de que me juzga usted en extremo extravagante.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora m&iacute;a; cuanto acaba usted de decir es muy justo y muy sensato
+y le aseguro que su manera de pensar lo hace todav&iacute;a m&aacute;s simp&aacute;tica a mis
+ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, &iquest;es usted de parecer que, si encontrara un d&iacute;a el ideal que
+acabo de esbozarle, podr&iacute;a tomarlo por marido sin hacer lo que se dice
+una tonter&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda ninguna.</p>
+
+<p>Exhal&oacute; Delaberge en un suspiro su &uacute;ltima ilusi&oacute;n y se levant&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Es necesario que la deje; hablando, nos hemos olvidado de que se iba
+haciendo tarde.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;dijo ella;&mdash;el sol camina ya hacia el ocaso.</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Adi&oacute;s?&mdash;exclam&oacute; ella.&mdash;&iquest;Es que se marcha usted de veras?</p>
+
+<p>&mdash;No... No marchar&eacute; de Val-Clavin sino despu&eacute;s de haber recibido la
+respuesta del ministerio... Esperaba poderla comunicar ma&ntilde;ana a los
+usuarios, que han de reunirse en la alcald&iacute;a; sin embargo, esta reuni&oacute;n
+en nada modificar&aacute; mis proposiciones y pienso que de aqu&iacute; a muy poco
+podr&eacute; comunicarlo a usted el satisfactorio arreglo del asunto.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces no diga usted esa triste palabra &laquo;adi&oacute;s&raquo;, pues hemos de
+vernos todav&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente, no marchar&eacute; sin despedirme de usted y sin estrechar su
+mano.</p>
+
+<p>Hablaba Delaberge con voz contristada y se dispon&iacute;a a salir.</p>
+
+<p>Lo not&oacute; Camila Li&eacute;nard y vio el aire de tristeza que oscurec&iacute;a su
+rostro. Temi&oacute; haberle involuntariamente herido al hablar de la vejez con
+excesivo desd&eacute;n y, para destruir el efecto de su aturdimiento, redobl&oacute;
+todav&iacute;a su natural amabilidad.</p>
+
+<p>&mdash;Si quiere&mdash;dijo Camila,&mdash;daremos un paseo por el parque y le
+acompa&ntilde;ar&eacute; hasta una puertecilla que da al campo y que no alargar&aacute; mucho
+su camino... Deme usted el brazo.</p>
+
+<p>Delaberge obedeci&oacute; y suavemente apoyada en &eacute;l, trat&oacute; la se&ntilde;ora Li&eacute;nard,
+a fuerza de amabilidades y de exquisitas atenciones, hacerle olvidar las
+palabras poco meditadas que hubiesen podido molestarle. Caminaron un
+buen trecho por una de las avenidas del parque, ya ba&ntilde;ada por una media
+oscuridad, mientras los rayos del sol poniente doraban las altas copas
+de los &aacute;rboles y mor&iacute;a la tarde en medio de los armoniosos cantos de los
+p&aacute;jaros.</p>
+
+<p>Ese acariciador contacto de un brazo femenino, esas delicadas atenciones
+que tanto se asemejaban a la ternura y se parec&iacute;an a la indulgencia con
+que se trata de consolar a un ni&ntilde;o, acrecieron todav&iacute;a en Delaberge su
+interno sufrir: &laquo;No soy para ella nada&mdash;pensaba;&mdash;me acaricia lo mismo
+que se hace con un anciano...&raquo;</p>
+
+<p>Llegaron junto a una puertecilla, que la yedra medio obstru&iacute;a y que la
+se&ntilde;ora Li&eacute;nard pudo abrir apenas. Le acompa&ntilde;&oacute; todav&iacute;a algunos pasos
+fuera del parque y despu&eacute;s tendi&oacute; al inspector general la mano.</p>
+
+<p>&mdash;No tiene m&aacute;s que seguir este camino... Hasta muy pronto... Y
+perd&oacute;neme que haya abusado de su paciencia.</p>
+
+<p>Por toda respuesta, se inclin&oacute; hacia la peque&ntilde;a mano que le tend&iacute;an y la
+roz&oacute; suavemente con sus labios. La joven corri&oacute; hacia la puertecilla del
+parque y antes de atravesar sus umbrales se volvi&oacute; hacia Delaberge y le
+sonri&oacute; gentilmente. En seguida desapareci&oacute;.</p>
+
+<p>Profundamente conmovido, se dispon&iacute;a Francisco a seguir el camino que la
+joven le hab&iacute;a indicado, el cual en aquel sitio cruzaba un peque&ntilde;o
+bosque de sauces y de abedules, cuando despert&oacute; su atenci&oacute;n un ligero
+rumor de hojarasca y vio al mismo tiempo, confusamente, por entre los
+&aacute;rboles la figura de un hombre joven que hu&iacute;a del bosquecillo y se
+alejaba a trav&eacute;s de un campo de centeno. Hubi&eacute;rase dicho que,
+avergonzado de haber sido visto en aquel sitio, trataba de escapar y de
+esconderse tras las altas espigas a fin de no ser reconocido.</p>
+
+<p>El inspector general se detuvo un momento contemplando la figura de
+aquel hombre que cada vez se iba haciendo menos distinta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es singular!&mdash;dijo Delaberge casi en voz alta.&mdash;Tiene este fugitivo
+una gran semejanza con Sim&oacute;n Princetot.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="IVa" id="IVa"></a>IV</h3>
+
+
+<p>Preocupado por este incidente, sigui&oacute; Delaberge muy pensativo el sendero
+indicado, separado del parque solamente por un seto vivo y un arroyuelo,
+por el que discurr&iacute;an las aguas derivadas del Aubette. Por el otro lado
+sub&iacute;an hacia los bosques los anchurosos campos, plantados de centenos y
+de alfalfas, que mostraban solamente aqu&iacute; y all&aacute; algunos claros, tierras
+pantanosas en que crec&iacute;an trist&iacute;simas plantas acu&aacute;ticas. Toda la extensa
+llanura se iba adormeciendo, como mecida por el mon&oacute;tono canto de los
+grillos. Solamente, en medio de ese rumoreo adormecedor, lanzaban de vez
+en cuando al aire sus agudos chillidos algunos peque&ntilde;os mochuelos que
+volaban de rama en rama e iban a posarse finalmente en las medio
+desnudas de un viej&iacute;simo roble. Los salvajes gritos de los mochuelos, el
+murmullo intermitente de las aguas y el vespertino canto de los
+insectos, a&ntilde;ad&iacute;an todav&iacute;a mayor tristeza a la impresi&oacute;n de soledad que
+oprim&iacute;a el coraz&oacute;n de Francisco.</p>
+
+<p>Desde que las confidencias de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard hab&iacute;an derribado sus
+castillos en el aire sent&iacute;ase dolorosamente desencantado. El hondo
+malestar que le hac&iacute;a sufrir antes de su visita a Rosalinda, y que sus
+quim&eacute;ricas esperanzas hab&iacute;an por un momento disipado, de nuevo
+apoder&aacute;base de su esp&iacute;ritu, ahora que ya la se&ntilde;ora Camila, sin saberlo
+ella, hab&iacute;a disipado sus caros ensue&ntilde;os. Esta mortificante decepci&oacute;n se
+le aparec&iacute;a como un anillo m&aacute;s de la cadena de hechos dolorosos que iban
+sucedi&eacute;ndose desde su llegada a Val-Clavin.</p>
+
+<p>Una fresca brisa que bajaba de las alturas inclinaba muellemente los
+sembrados y mov&iacute;a con lev&iacute;simo rumor las copas de los &aacute;rboles. Se
+hubiera dicho que era el alma de los bosques exhalando en suspiros de
+inquietud la melancol&iacute;a que pone en ellos la ca&iacute;da de la tarde. La
+infinita tristeza del crep&uacute;sculo en aquel sitio tan lleno de soledad,
+penetraba hasta lo m&aacute;s &iacute;ntimo en el esp&iacute;ritu del inspector general y una
+honda amargura le sub&iacute;a a los labios: &laquo;&iexcl;Demasiado tarde!&mdash;pensaba.&mdash;&iexcl;Es
+demasiado tarde!... &iexcl;No se recomienza la vida cuando se quiere!...&raquo;</p>
+
+<p>Caminando lentamente lleg&oacute; por fin a los l&iacute;mites del bosque y desde lo
+alto del camino que segu&iacute;a pudo ya distinguir las casas del pueblo como
+veladas sus techumbres por una azulada humareda. Poco a poco iban
+apag&aacute;ndose los rumores de los campos. De vez en cuando pasaban por su
+lado rudos le&ntilde;adores que regresaban a su casa y cuyo pesado caminar se
+iba extinguiendo a lo lejos.</p>
+
+<p>Muy cerca del estanque, un lavadero mostraba a los cielos sus aguas de
+un azul de turquesa, rodeadas por una valla hecha de juncos y de
+herbajes. Arrodillada sobre una piedra ancha y lisa una campesina estaba
+lavando, inclinada la cabeza y al parecer d&aacute;ndose gran prisa para acabar
+cuanto antes su faena... Al rumor de los pasos de Delaberge, levant&oacute;
+curiosamente la cabeza y suspendi&oacute; el trabajo para mirar de hito en hito
+al paseante. Este no se hab&iacute;a fijado y continuaba su camino pensativo,
+cuando la lavandera, con voz chillona le interpel&oacute; atrevidamente:</p>
+
+<p>&mdash;Buenas tardes, se&ntilde;or Delaberge, pasa usted muy distra&iacute;do...</p>
+
+<p>Extra&ntilde;ado, se detuvo un punto y fij&oacute; sus ojos en aquella mujer que
+sab&iacute;a su nombre y cuyo rostro no despertaba en &eacute;l ning&uacute;n recuerdo.</p>
+
+<p>Delgada, m&aacute;s bien escu&aacute;lida y mal vestida, parec&iacute;a pasar bastante de los
+cincuenta. Sus cabellos mal peinados ca&iacute;an en grises mechones sobre su
+arrugado cuello; su rostro de cabra vieja, en que luc&iacute;an dos brillantes
+ojos, ten&iacute;an una expresi&oacute;n de maligna desverg&uuml;enza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No me reconoce usted?&mdash;insisti&oacute;.&mdash;La verdad es que ha pasado agua por
+debajo del puente, desde los tiempos aquellos en que lavaba yo su
+ropa... Soy la Fleurota.</p>
+
+<p>Entonces la record&oacute;: esta Celia Fleurota lavaba en otros tiempos la ropa
+de los hu&eacute;spedes del <i>Sol de Oro</i>. No era ya por aquel entonces muy
+joven, pero fresca todav&iacute;a, limpia siempre, de gestos vivos y sin fr&iacute;o
+en los ojos. Sus maneras provocativas, sus alegres palabras y sus
+encendidas miradas, trastornaban a los hombres. Ten&iacute;a la reputaci&oacute;n de
+ser un tanto ligera y el inspector general recordaba que durante dos o
+tres meses hab&iacute;a dado much&iacute;simas vueltas en torno de &eacute;l, encaprichada y
+dispuesta sin duda a concederle el beneficio de sus gracias. Ya
+enamorado de la se&ntilde;ora Miguelina, hab&iacute;a permanecido fr&iacute;o a tales
+avances y desde&ntilde;ado esta conquista demasiado f&aacute;cil.</p>
+
+<p>En el estado de esp&iacute;ritu en que sent&iacute;ase aquella tarde, el encuentro de
+esa mujer habr&iacute;a de serle poco agradable; sin embargo, no quiso humillar
+a la Fleurota y le respondi&oacute; precipitadamente:</p>
+
+<p>&mdash;En efecto, me acuerdo muy bien... &iquest;C&oacute;mo le va, Celia?</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ve usted, trabajando como un negro para los dem&aacute;s y teniendo
+miseria sobrada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sigue usted lavando?</p>
+
+<p>&mdash;De alg&uacute;n modo se ha de ganar el pan... Pero es un endiablado oficio;
+estoy medio muerta de reumatismo... No ha tenido una buena suerte... No
+todos nacen con estrella, como el <i>Pr&iacute;ncipe</i> y su mujer... Estos han
+hecho ya lo suyo y pueden ahora cruzarse de brazos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha conservado usted al menos la clientela del <i>Sol de Oro</i>?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! no... Hace ya mucho tiempo que el <i>Sol de Oro</i> no luce para m&iacute;...
+Se han hecho demasiado orgullosos... Adem&aacute;s, es necesario saber que mi
+rostro disgustaba a la se&ntilde;ora Miguelina: record&aacute;bale cosas que ella
+desea tener olvidadas. Ahora confiesa todas las semanas y comulga todos
+los domingos, y por eso no gusta de ver a las gentes que la han conocido
+en tiempos en que, m&aacute;s que ir a misa, agrad&aacute;bale acudir a una cita.</p>
+
+<p>Poco deseoso Delaberge de sostener una conversaci&oacute;n que comenzaba de
+este modo, hizo adem&aacute;n de proseguir su camino, cuando la Fleurota,
+poni&eacute;ndose en pie, a&ntilde;adi&oacute; sonriendo con malicia.</p>
+
+<p>Ciertamente que ha tenido gran suerte el <i>Pr&iacute;ncipe</i>... Comenz&oacute; sin nada
+y hoy apenas sabe el dinero que posee; no ten&iacute;a hijos y le cay&oacute; uno del
+cielo cuando menos se lo figuraba... &iquest;Lo conoce usted al hijo de la
+se&ntilde;ora Miguelina?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;replic&oacute; brevemente.&mdash;Es un excelente muchacho.</p>
+
+<p>Abri&oacute; la lavandera su desdentada boca y ri&oacute;se desvergonzadamente;
+despu&eacute;s fij&oacute; sus maliciosos ojos en el rostro del inspector general y
+exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pardiez!... Tiene a quien parecerse... Tambi&eacute;n usted, se&ntilde;or
+Delaberge, tambi&eacute;n usted era un excelente muchacho en la &eacute;poca en que
+naci&oacute; ese ni&ntilde;o...</p>
+
+<p>Delaberge se estremeci&oacute;. Esta maligna insinuaci&oacute;n de la Fleurota acababa
+de despertar en su esp&iacute;ritu una inquietud mal adormecida. Esta mujer,
+contempor&aacute;nea de Miguelina, a la que hab&iacute;a tratado sin duda con
+familiaridad, recibi&oacute; tal vez alg&uacute;n d&iacute;a &iacute;ntimas confidencias de la
+hostelera del <i>Sol de Oro</i>. Era mujer muy despierta y deb&iacute;a saber muchas
+cosas. Aunque experimentando cierta repugnancia a dirigirle determinadas
+preguntas, Delaberge sent&iacute;ase mortificado por una imperiosa curiosidad.
+A la prisa que antes hab&iacute;a sentido para alejarse, sucedi&oacute; un ansioso
+deseo de esclarecer las sospechas que desde hac&iacute;a algunos d&iacute;as se
+agitaban en su cerebro. Volvi&oacute; hacia su interlocutora, cuya delgada
+silueta se recortaba sobre el rojizo cielo de poniente, y murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quiere usted decir?</p>
+
+<p>&mdash;No se haga usted el ignorante, ya me entiende usted... Cuando vino
+Sim&oacute;n al mundo, fue para todos una gran sorpresa y m&aacute;s que nadie se
+sorprendi&oacute; el <i>Pr&iacute;ncipe</i>... Usted, usted solamente estaba en el
+verdadero secreto...</p>
+
+<p>&mdash;Yo no estaba en nada, y usted deber&iacute;a guardar mejor su mala lengua...
+&iquest;No le da verg&uuml;enza manchar de ese modo la reputaci&oacute;n de las gentes y
+lanzar tan a la ligera acusaciones que luego le ser&iacute;a imposible probar?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que a m&iacute; me ser&iacute;a imposible probar?... Sepa usted que me encontraba
+en la hospeder&iacute;a el d&iacute;a en que Miguelina se dio cuenta de su verdadero
+estado... Precisamente el <i>Pr&iacute;ncipe</i> estaba de viaje hac&iacute;a ya dos
+meses... &iexcl;Ah! &iexcl;no estaba ella muy alegre entonces, yo se lo aseguro!...
+Pero como fue siempre una endiablada mujer, supo enga&ntilde;ar tan bien a su
+marido, que &eacute;ste nunca sospech&oacute; nada... Lleg&oacute; por fin el ni&ntilde;o, fue
+recibido como el Mes&iacute;as y el <i>Pr&iacute;ncipe</i> no se percat&oacute; siquiera de que el
+peque&ntilde;uelo se le parec&iacute;a a usted como una gota de agua a otra gota.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute; usted loca!</p>
+
+<p>&mdash;No estoy loca... M&iacute;rele usted bien. Querr&iacute;a usted desconocerlo y le
+ser&iacute;a imposible... Es necesario todo el aplomo de la se&ntilde;ora Miguelina
+para atreverse a afirmar que el muchacho tiene algo de los Princetot. Y
+hace mal en afirmarlo de tal manera, pues, como dice el proverbio: &laquo;La
+gallina que canta es la que huevos pone.&raquo; Por aquellos tiempos no hab&iacute;a
+m&aacute;s que una gallina en <i>Sol de Oro</i>... Hab&iacute;a tambi&eacute;n un gallo joven que
+cantaba con voz clar&iacute;sima y ese gallo, se&ntilde;or Delaberge, usted le conoce
+mucho mejor que yo...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&aacute;llese!... La desgracia la ha vuelto a usted mala, &iexcl;pobre mujer!...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ya lo s&eacute;, los ricos tienen siempre raz&oacute;n... Cuando abren la boca
+se les cree por su sola palabra; pero cuando una pobretona como yo
+quiere decir la verdad, se le cierra el pico diciendo que es una
+mentirosa... La miseria es la miseria, no hay remedio...</p>
+
+<p>Francisco sac&oacute; de su bolsillo una moneda de oro y la dej&oacute; caer
+precipitadamente en la mano de la Fleurota.</p>
+
+<p>&mdash;Tenga esto, para usted, pero guarde su lengua... Buenas tardes.</p>
+
+<p>Y reanud&oacute; apresuradamente su camino mientras la lavandera de pie al
+borde del agua mov&iacute;a maliciosamente la cabeza apretando la moneda en su
+descarnada mano. No hab&iacute;a dado veinte pasos cuando Delaberge se volvi&oacute;
+todav&iacute;a para mirarla...</p>
+
+<p>La Fleurota hab&iacute;a ya cargado sobre el hombro el cubo lleno de ropa y
+permanec&iacute;a inm&oacute;vil en medio del camino, en actitud de vieja Parca
+meditabunda. Pensaba sin duda en que acababa de dar un buen tijeretazo
+en carne viva, pues as&iacute; lo demostraba la limosna que el inspector
+general tan generosamente le acababa de hacer.</p>
+
+<p>En efecto, el golpe hab&iacute;a estado bien dirigido. La chillona voz de Celia
+acababa de reavivar cruelmente las sospechas de Delaberge. Las palabras
+de esa mujer iluminaban la oscuridad en que se mov&iacute;an sus temores
+imprecisos y sus inquietos presentimientos.</p>
+
+<p>A favor de esa s&uacute;bita claridad iba ahora coordinando Delaberge los
+peque&ntilde;os detalles en que antes no se hab&iacute;a atrevido a detener
+siquiera... Sim&oacute;n ten&iacute;a ya veinticinco a&ntilde;os y se cumpl&iacute;an ahora
+veintis&eacute;is desde que Delaberge y Miguelina se vieron por la &uacute;ltima vez.
+Era esto, en efecto, una concordancia muy significativa. Por otra parte,
+esta primera presunci&oacute;n ven&iacute;a corroborada por la semejanza que le hab&iacute;an
+hecho notar la Fleurota y aun la misma se&ntilde;ora Li&eacute;nard, y de la cual
+tambi&eacute;n se hab&iacute;a &eacute;l vagamente percatado. Sim&oacute;n ten&iacute;a, como &eacute;l, azules
+los ojos, casta&ntilde;os los cabellos y la fisonom&iacute;a seria y reservada.
+Despu&eacute;s de la comida en Rosalinda, al encontrarse de nuevo en la
+hospeder&iacute;a del <i>Sol de Oro</i>, &iquest;no hab&iacute;a por un momento sentido la ilusi&oacute;n
+de verse a s&iacute; mismo apoyado de codos en la ventana de su antiguo cuarto?</p>
+
+<p>&iquest;No explicaba tambi&eacute;n esta singular semejanza la espont&aacute;nea simpat&iacute;a de
+la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, apenas se vieron en casa de su amigo el inspector? Al
+encontrar en la fisonom&iacute;a de un extra&ntilde;o un reflejo de la personalidad
+del hombre a quien ella amaba, compr&eacute;ndese que aquella mujer demostrase
+a Delaberge la amistosa confianza que la vanidad le hab&iacute;a hecho atribuir
+a sus m&eacute;ritos propios.</p>
+
+<p>Los hechos m&aacute;s insignificantes le suger&iacute;an ahora nuevos motivos de
+convicci&oacute;n. Recordaba curiosas similitudes de gusto, la paridad de
+ciertas entonaciones, de ciertos gestos; comentaba tambi&eacute;n la conducta
+extra&ntilde;a, el espanto y las angustias de la se&ntilde;ora Miguelina, y se
+extra&ntilde;aba ahora de no haber sentido antes m&aacute;s viva inquietud. Para que
+todas estas coincidencias no le hubiesen advertido desde un principio,
+para no haber tenido antes un &iacute;ntimo presentimiento de esa posible
+paternidad, era necesario haber estado ciego o muy preocupado.
+Preocupado, efectivamente, estuvo por sus quimeras matrimoniales, por la
+ego&iacute;sta infatuaci&oacute;n que le hab&iacute;a hecho creer en la posibilidad de
+casarse con la propietaria de Rosalinda. Pero todo hab&iacute;a ya finido y la
+misma viuda acababa de desenga&ntilde;arle entonces. Ahora, en que la espesa
+venda le hab&iacute;a ya ca&iacute;do de los ojos; ahora en que ya no corr&iacute;a peligro
+de extraviarse su natural perspicacia, una clar&iacute;sima luz iluminaba la
+situaci&oacute;n: &laquo;El hijo de Miguelina pod&iacute;a ser tambi&eacute;n su hijo.&raquo;</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Va" id="Va"></a>V</h3>
+
+
+<p>Un sentimiento de orgullosa alegr&iacute;a, llen&oacute; de pronto el coraz&oacute;n de
+Delaberge: &laquo;Este apuesto muchacho, robusto y hermoso como un roble
+joven; este Sim&oacute;n de alma noble y de voluntad en&eacute;rgica era
+verdaderamente su hijo...&raquo; Despu&eacute;s toda su alegr&iacute;a se disip&oacute; al solo
+pensamiento de que este hijo suyo llevaba el nombre de otro y ser&iacute;a
+siempre un extra&ntilde;o para su padre natural. Era el hostelero Princetot
+quien, habi&eacute;ndole alimentado, educado y sostenido en la vida, pod&iacute;a s&oacute;lo
+enorgullecerse de su paternidad legal; y a ese hombre era a quien Sim&oacute;n
+amaba como si fuese su padre...</p>
+
+<p>Entonces, bajo una forma nueva volvi&oacute; la duda a penetrar en el esp&iacute;ritu
+de Francisco: &laquo;Despu&eacute;s de todo, pensaba, &iquest;qu&eacute; sabemos? Cuando se penetra
+en esos misterios de la filiaci&oacute;n, no es nunca posible tener una
+absoluta certeza. El adulterio tiene de fatal que deja siempre
+cerni&eacute;ndose una sombra sobre el verdadero origen del ni&ntilde;o... No se puede
+saber nunca si es el marido o el amante quien tiene realmente derecho a
+la paternidad.&raquo; Verdad es que Delaberge pod&iacute;a invocar esa singular&iacute;sima
+semejanza que hab&iacute;a notado; pero s&aacute;bese tambi&eacute;n que, durante el oscuro
+trabajo de la concepci&oacute;n, el absorbente recuerdo del amante ejerce
+algunas veces sobre la mujer una misteriosa influencia y hace parecerse
+a este &uacute;ltimo al hijo que naci&oacute; en realidad del marido... El inspector
+general se hac&iacute;a todas estas reflexiones, pero su conciencia segu&iacute;a
+hondamente conturbada. La duda le cansaba ya; quer&iacute;a escapar de una vez
+a la incertidumbre que le mataba. Solamente Miguelina pod&iacute;a iluminar su
+entendimiento y a pesar de la perspectiva de una escena penosa, decidi&oacute;
+tener con ella una explicaci&oacute;n decisiva.</p>
+
+<p>Apret&oacute; el paso hacia el <i>Sol de Oro</i> y viendo en la cocina a una de las
+criadas, le pregunt&oacute; prudentemente si el <i>Pr&iacute;ncipe</i> estaba en casa.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or&mdash;le contestaron;&mdash;el patr&oacute;n est&aacute; en la ciudad; su hijo ha
+salido tambi&eacute;n para encontrarse con &eacute;l y regresar juntos, de modo que no
+habr&aacute;n vuelto antes de las diez.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y la se&ntilde;ora Princetot?</p>
+
+<p>&mdash;La se&ntilde;ora est&aacute; en la iglesia, pero no puede ya tardar.</p>
+
+<p>En efecto, acababa de hablar la criada cuando apareci&oacute; la se&ntilde;ora
+Miguelina en el umbral llevando en una mano su libro de rezos y tocada
+con una austera capota negra. A la vista de Delaberge un d&eacute;bil rubor
+colore&oacute; su rostro siempre mate, y como si presintiese las intenciones de
+Francisco alej&oacute; a la criada d&aacute;ndole un recado para una vecina; despu&eacute;s
+sus inquietos ojos dirigieron al inspector general una interrogativa
+mirada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Podemos estar solos un momento?&mdash;dijo Delaberge con voz
+grave.&mdash;Necesito hablarle.</p>
+
+<p>&mdash;Pero...&mdash;objet&oacute; ella buscando una escapatoria.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es necesario!&mdash;insisti&oacute; Francisco con mayor energ&iacute;a.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a en su acento algo tan imperativo que ya no resisti&oacute; m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Venga usted&mdash;murmur&oacute; con sorda resignaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Y Delaberge la sigui&oacute; por un corredor que llevaba a las habitaciones
+particulares de la familia y le hizo entrar en una pieza que serv&iacute;a al
+mismo tiempo de despacho y de comedor; con tr&eacute;mula mano encendi&oacute; una
+buj&iacute;a que ilumin&oacute; vagamente las paredes, adornadas con estampas
+religiosas, con dos medianos retratos del <i>Pr&iacute;ncipe</i> y de su mujer y con
+los diplomas de Sim&oacute;n, magn&iacute;ficamente encuadrados. Se quit&oacute; luego el
+sombrero, y por la primera vez pudo Francisco verla con la cabeza
+descubierta, mostrando su espesa cabellera gris ligeramente rizada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hable usted!&mdash;dijo ella sent&aacute;ndose, pues la angustia la hac&iacute;a temblar
+como una hoja en el &aacute;rbol y apenas pod&iacute;an sus piernas sostenerla.</p>
+
+<p>&mdash;Miguelina&mdash;comenz&oacute; diciendo Delaberge,&mdash;perd&oacute;neme que vuelva sobre tan
+doloroso asunto, pero un inter&eacute;s mayor lo exige as&iacute;... No eran vanos sus
+temores; mi vuelta a Val-Clavin ha despertado la maledicencia y hace un
+momento me he encontrado en el camino con una mujer a quien usted conoce
+muy bien, la Fleurota.</p>
+
+<p>Miguelina tembl&oacute;, se contrajo todo su rostro y exclam&oacute; con voz llena de
+profunda alarma:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o!... &iquest;Qu&eacute; ha pasado?...</p>
+
+<p>&mdash;La Fleurota me ha recordado maliciosamente los tiempos antiguos; tiene
+una lengua de v&iacute;bora, pero ella sabe indudablemente muchas cosas y no es
+probable que me haya querido enga&ntilde;ar... Pretende que Sim&oacute;n es hijo m&iacute;o
+y no de...</p>
+
+<p>Miguelina le interrumpi&oacute; con gran violencia:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calle usted!... No diga estas cosas, pues no son sino viles mentiras.</p>
+
+<p>&mdash;Usted solamente puede darme la certidumbre y yo le suplico que sea
+franca. &iquest;Cu&aacute;l es la fecha exacta del nacimiento de Sim&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;... No lo recuerdo bien&mdash;balbuce&oacute; la hostelera visiblemente
+turbada.</p>
+
+<p>Adivin&oacute; Delaberge en la expresi&oacute;n de su rostro que aquella mujer
+preparaba una mentira con el objeto de desvirtuar sus presunciones y
+replic&oacute; severamente:</p>
+
+<p>&mdash;Cont&eacute;steme sin vacilaciones... Reflexione que puedo saber la verdad
+consultando el registro civil... &iquest;En qu&eacute; &eacute;poca naci&oacute;?</p>
+
+<p>Comprendi&oacute; ella que toda mentira hab&iacute;a de ser in&uacute;til y contest&oacute;
+resignadamente.</p>
+
+<p>&mdash;En 1859... El veinticinco de julio.</p>
+
+<p>Delaberge permaneci&oacute; un momento pensativo... Se hab&iacute;a marchado de
+Val-Clavin a fines de octubre de 1858 y por aquellos tiempos
+encontr&aacute;base el <i>Pr&iacute;ncipe</i> ausente.</p>
+
+<p>&mdash;Precise bien sus recuerdos&mdash;murmur&oacute; ya convencido Delaberge&mdash;y vea
+c&oacute;mo tengo raz&oacute;n para...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; prueba esto?&mdash;repuso ella con irritaci&oacute;n grande.&mdash;&iquest;Se puede nunca
+saber si...?</p>
+
+<p>&mdash;Existen otras presunciones. Sim&oacute;n se me parece y usted lo ve mucho
+mejor que nadie, pues ha hecho todo lo posible para evitar que nos
+vi&eacute;semos... Tem&iacute;a usted que esta semejanza, pues no es imaginaria, me
+saltase a los ojos y confirmase mis sospechas... Sim&oacute;n nada tiene de
+aqu&eacute;l cuyo nombre lleva, mientras que todos sus rasgos recuerdan los
+m&iacute;os cuando yo ten&iacute;a su edad... Otras personas lo han observado
+igualmente y me lo han hecho ver... Yo le suplico, se&ntilde;ora, que me diga
+toda la verdad.</p>
+
+<p>Escondido el rostro entre sus manos, la se&ntilde;ora Princetot mov&iacute;a
+negativamente la cabeza y se limitaba a repetir con obstinaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Dios m&iacute;o!... &iexcl;Dios m&iacute;o!... &iquest;Por qu&eacute;... por qu&eacute;?...</p>
+
+<p>Se defend&iacute;a a&uacute;n, pero mucho m&aacute;s d&eacute;bilmente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?&mdash;replic&oacute; Delaberge.&mdash;Porque tengo el derecho de saberlo,
+porque sus principios religiosos le obligan a decirme toda la verdad, y,
+finalmente, porque, si usted se empe&ntilde;a, recurrir&eacute; a otros medios para
+esclarecer mis dudas...</p>
+
+<p>Esta amenaza, lanzada casi sin querer, destruy&oacute; las &uacute;ltimas
+resistencias de la se&ntilde;ora Princetot. Apart&oacute; sus manos, dejando ver su
+rostro convulso por el dolor y fij&oacute; en Francisco sus ojos llenos de
+miedo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No lo haga usted!&mdash;exclam&oacute; y despu&eacute;s prosigui&oacute; con voz muy
+apagada:&mdash;Pues bien, s&iacute;... Sim&oacute;n es hijo suyo... Cuando volvi&oacute; Princetot
+despu&eacute;s de una ausencia de dos meses, yo estaba ya casi segura de mi
+embarazo, y hasta me alegraba de ello, tan hundida en el pecado viv&iacute;a
+entonces, de tal modo me hab&iacute;a usted conturbado el esp&iacute;ritu; estaba
+contenta adem&aacute;s de que mi hijo fuese tambi&eacute;n hijo de usted... El amor me
+hab&iacute;a endurecido la conciencia, y sin escr&uacute;pulo ninguno procur&eacute; enga&ntilde;ar
+a mi marido. Quise escrib&iacute;rselo a usted, pero luego, temiendo alguna
+posible indiscreci&oacute;n prefer&iacute; callarme... Vino al mundo el ni&ntilde;o; era
+hermoso y fuerte, fue recibido con alegr&iacute;a inmensa y yo le he amado
+locamente... Tambi&eacute;n Princetot estaba loco por &eacute;l... Pero cuando comenz&oacute;
+a crecer y su semejanza con usted se me hizo cada vez m&aacute;s visible, un
+gran temor se apoder&oacute; de mi alma. Pens&eacute; en lo que pod&iacute;a suceder si
+llegaba mi marido a concebir ciertas dudas, y comenc&eacute; a arrepentirme de
+haber enga&ntilde;ado a ese hombre para m&iacute; tan bueno... En aquellos momentos
+descendi&oacute; sobre m&iacute; la gracia del cielo y mis ojos se abrieron a la luz;
+tuve horror de mi conducta y he tratado de hacerla olvidar, humill&aacute;ndome
+ante Dios y confesando mis pecados... He cumplido las m&aacute;s duras
+penitencias que se me han impuesto, y nada eran si las comparaba con la
+angustia que me oprim&iacute;a el coraz&oacute;n a la sola idea de que mi marido
+llegase un d&iacute;a a descubrir mi crimen... Cuando cre&iacute;a acabado mi
+suplicio, perdonada mi falta, asegurada por completo mi tranquilidad,
+surge usted de nuevo en mi camino... Al verle comprend&iacute; que mi verdadero
+sufrir comenzaba ahora y ya ve c&oacute;mo no me he enga&ntilde;ado... &iexcl;Dios m&iacute;o, Dios
+m&iacute;o! &iquest;Ser&aacute; preciso que...? En fin, le he dicho la verdad, toda la
+verdad, se&ntilde;or Delaberge, y pues la sabe usted ya, yo se lo ruego juntas
+las manos, sea usted bueno y honrado: haga como si nada supiese y
+d&eacute;jenos...</p>
+
+<p>Le suplicaba con efusi&oacute;n en que se sent&iacute;a vibrar un poco de la ternura
+de otros tiempos. Bajo sus abundantes cabellos grises, algo m&aacute;s sereno
+el rostro, sus humedecidos ojos tomaban una expresi&oacute;n hondamente
+dolorosa y parec&iacute;an reflejar toda su antigua belleza.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;iba repitiendo la pobre mujer.&mdash;M&aacute;rchese usted y olv&iacute;denos...
+D&eacute;jenos tranquilos a los tres en este rinc&oacute;n. A usted, que goza de una
+posici&oacute;n elevada, que vive en Par&iacute;s en medio de las diversiones y del
+ruido, nada le ha de importar la existencia de pobres gentes como
+nosotros. Nada tampoco le han de interesar nuestros asuntos ni los de mi
+hijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero es mi hijo tambi&eacute;n!&mdash;exclam&oacute; Delaberge con acento lleno de
+emoci&oacute;n y que vibrante sal&iacute;a de lo m&aacute;s hondo de su alma.&mdash;Le he visto y
+estoy orgulloso de &eacute;l... Comprenda usted que yo deseo probarle mi amor,
+contribuir de alg&uacute;n modo a su felicidad y a su porvenir...</p>
+
+<p>&mdash;Nada puede usted hacer por &eacute;l&mdash;interrumpi&oacute; la se&ntilde;ora Miguelina&mdash;Todo
+lo que usted intentase ser&iacute;a en desventaja suya. Piense que si &eacute;l
+llegaba a sospechar los verdaderos motivos de su inter&eacute;s, si llegaba a
+sentir un d&iacute;a la menor duda, significar&iacute;a esto el fin de nuestra
+tranquilidad, la verg&uuml;enza y la desesperaci&oacute;n de su vida toda... &iexcl;Ah!
+por eso yo le suplicaba a usted que no le viese de nuevo... Tembl&eacute; a la
+idea de que pod&iacute;a el muchacho percatarse de esa desdichada semejanza y
+esto llevarle al descubrimiento de lo que no ha de saber jam&aacute;s... Es
+necesario, enti&eacute;ndalo usted bien, que siempre sea para usted un
+extra&ntilde;o... Es el castigo de nuestro pecado y es justo que tenga usted
+tambi&eacute;n su parte... Lo mejor que puede usted hacer es callar... y
+marcharse.</p>
+
+<p>Miguelina se levant&oacute; y se apart&oacute; a un lado para dejarle libre el paso al
+tiempo que murmuraba en voz muy baja:</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, se&ntilde;or Delaberge... &iexcl;Si en verdad siente usted alguna
+afecci&oacute;n por &eacute;l... y por m&iacute;... m&aacute;rchese, olv&iacute;denos!...</p>
+
+<p>Sinti&oacute; Delaberge tan claramente la implacable l&oacute;gica que encerraba esta
+&uacute;ltima s&uacute;plica, que baj&oacute; humildemente la cabeza y sali&oacute; de la habitaci&oacute;n
+sin decir una sola palabra.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="VIa" id="VIa"></a>VI</h3>
+
+
+<p>Como hab&iacute;a dicho Sim&oacute;n a su madre, el d&iacute;a siguiente era el se&ntilde;alado para
+la reuni&oacute;n del sindicato que se hab&iacute;a constituido para resistir mejor a
+las pretensiones de la Administraci&oacute;n forestal; se compon&iacute;a de algunos
+consejeros comunales, de varios propietarios de los pueblos vecinos y de
+Sim&oacute;n Princetot, que m&aacute;s especialmente representaba a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard.</p>
+
+<p>Ya la mayor&iacute;a de ellos se hab&iacute;an ido reuniendo ante la alcald&iacute;a en la
+peque&ntilde;a plaza de los Abades, cuando lleg&oacute; Delaberge. Como es f&aacute;cil
+adivinar, hab&iacute;a dormido muy mal aquella noche y su p&aacute;lido rostro
+conservaba las huellas de sus pasadas conmociones. Con la lucidez de
+esp&iacute;ritu que suele producirse al despertar, se le apareci&oacute; la situaci&oacute;n
+m&aacute;s cruel todav&iacute;a. Cuando se arrepent&iacute;a de no haberse creado una
+familia, cuando pensaba precisamente en el matrimonio, ven&iacute;a a
+ofrecerle el destino esa ir&oacute;nica sorpresa... Mientras &eacute;l arrastraba por
+el mundo su soledad y sus nost&aacute;lgicos ensue&ntilde;os de paternidad, all&aacute; en un
+rinc&oacute;n de un pueblo medio perdido entre los bosques, hab&iacute;a un muchacho
+robusto e inteligente que le deb&iacute;a a &eacute;l la vida. Y cuando hubiera podido
+amar a ese muchacho, cuando se hubiera sentido orgulloso de confesarlo
+por hijo suyo, ve&iacute;ase condenado a olvidarle, a comprimir en lo m&aacute;s
+secreto de su coraz&oacute;n los fuertes impulsos de su ternura. Lo mejor que
+pod&iacute;a hacer en favor de este hijo suyo era marcharse y no verle nunca
+m&aacute;s... Hab&iacute;a de ahogar en germen ese amor que hubiera sido para &eacute;l un
+verdadero consuelo.</p>
+
+<p>Ha sido muchas veces desmentida la &laquo;voz de la sangre&raquo; y es necesario
+convenir en que, en determinadas condiciones permanece muda en absoluto.
+D'Alembert pod&iacute;a con raz&oacute;n decir que su verdadera madre era la mujer del
+vidriero que le recogi&oacute; y no la se&ntilde;ora de Tencin, que le hab&iacute;a
+abandonado. Es probable que Sim&oacute;n hubiera experimentado un sentimiento
+parecido con respecto al <i>Pr&iacute;ncipe</i> si se le hubiese revelado su
+verdadero origen. Pero, en el caso de Delaberge, el instinto paternal
+bruscamente despertado en su coraz&oacute;n, hablaba un lenguaje muy
+diferente. A la vista de ese hijo suyo que tanto se le parec&iacute;a y que le
+hab&iacute;a sido tan simp&aacute;tico desde los primeros momentos, sent&iacute;a como una
+especie de admirado amor y se dec&iacute;a a s&iacute; mismo que no podr&iacute;a consolarse
+jam&aacute;s de haberle tan pronto perdido.</p>
+
+<p>Avanz&oacute; lentamente hacia la alcald&iacute;a, buscando a Sim&oacute;n Princetot entre
+los campesinos all&iacute; reunidos y sinti&eacute;ndose hondamente disgustado al no
+verle. Todos aquellos hombres que discut&iacute;an libremente y en voz alta, se
+callaron en seco al acercarse el inspector general. Apart&aacute;ronse para
+dejarle pasar y apenas si le saludaron, content&aacute;ndose con observarle de
+reojo.</p>
+
+<p>Embarazado con acogida tan llena de desconfianza, Delaberge se dirigi&oacute;
+r&aacute;pidamente hacia la puerta del edificio en el momento preciso en que
+daba las diez el reloj. En aquel mismo instante apareci&oacute; Sim&oacute;n en la
+plazuela caminando con paso firme y decidido, grave el continente,
+amable el rostro y brillante la mirada.</p>
+
+<p>Los grupos se estrecharon en torno de &eacute;l y todas las manos se tendieron
+afectuosamente hacia la suya. El mismo Delaberge, deteniendo de nuevo el
+paso, se pregunt&oacute; si no ir&iacute;a tambi&eacute;n a hablarle... Sim&oacute;n le hab&iacute;a visto
+ya, sus miradas se cruzaron y el impulso generoso del inspector general
+se vio cortado por la mirada hostil que el joven le hab&iacute;a dirigido.</p>
+
+<p>Cambiaron un fr&iacute;o saludo y en seguida se dirigieron separadamente hacia
+la alcald&iacute;a: Sim&oacute;n en medio de todos sus amigos y teni&eacute;ndose que
+contentar Francisco con la compa&ntilde;&iacute;a del alcalde que acababa de separarse
+de los dem&aacute;s para recibir oficialmente al representante de la
+Administraci&oacute;n p&uacute;blica.</p>
+
+<p>En la sala de la alcald&iacute;a, desnuda y de paredes blanqueadas, sentado a
+la derecha del alcalde el inspector general presenci&oacute; la entrada de los
+individuos del sindicato. Fueron llegando en fila, llevando unos la
+blusa nueva que les ca&iacute;a en pliegues r&iacute;gidos sobre el pantal&oacute;n de lana,
+y luciendo otros sus trajes del domingo ya pasados de moda. Sentados en
+semic&iacute;rculo en torno de la ancha mesa, frot&aacute;banse maquinalmente sus
+rugosas manos y avanzando su cuello tostado por el sol y por el aire,
+dirig&iacute;an sus curiosas y circunspectas miradas hacia aquel elevado
+funcionario que la Administraci&oacute;n les enviaba de Par&iacute;s. Sim&oacute;n entr&oacute; el
+&uacute;ltimo y fue a sentarse en el centro casi enfrente de Delaberge, quien,
+al ser invitado a ello por el alcalde, se levant&oacute; para dar a conocer el
+objeto de su misi&oacute;n.</p>
+
+<p>Independientemente de la emoci&oacute;n que le causaba la presencia del hijo de
+Miguelina, el hecho de no haber recibido a tiempo la respuesta del
+ministerio le dejaba en situaci&oacute;n desairada, pues no pod&iacute;a ofrecer al
+sindicato la equitativa soluci&oacute;n que &eacute;l hab&iacute;a imaginado y esto le quit&oacute;
+una parte de su natural elocuencia. No pod&iacute;a entonces hacer otra cosa
+que escuchar las quejas de los usuarios sin poder proponerles en el acto
+una transacci&oacute;n satisfactoria. Se limit&oacute;, pues, a leer la comunicaci&oacute;n
+que le daba plenos poderes para someter el litigio a nuevo examen y
+estudiar las bases de un arreglo. Hecho esto, declar&oacute; que se sent&iacute;a
+animado de los mejores sentimientos de conciliaci&oacute;n y muy deseoso de
+encontrar, de acuerdo con el sindicato, una soluci&oacute;n que, sin lesionar
+los derechos del Estado, diese satisfacci&oacute;n a los intereses del
+municipio y de los particulares.</p>
+
+<p>Sus palabras fueron escuchadas en medio de un glacial silencio y en
+seguida volvi&eacute;ronse todas las miradas hacia Sim&oacute;n Princetot, que se
+preparaba ya a replicar.</p>
+
+<p>El joven, sin mostrarse en lo m&aacute;s m&iacute;nimo conturbado, habl&oacute; con
+entonaci&oacute;n firme y seca, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Muy corta ser&aacute; nuestra respuesta. Como acaba de decirnos, el se&ntilde;or
+inspector general ten&iacute;a la misi&oacute;n de visitar los bosques de Val-Clavin y
+examinar el emplazamiento de las nuevas tierras de pastoreo. Si, seg&uacute;n
+era su deber, ha procedido detenidamente a esa visita, se habr&aacute; podido
+dar f&aacute;cilmente cuenta de la naturaleza y del valor de las tierras que
+ahora se nos ofrecen. Sabe, por consiguiente, tan bien como nosotros,
+que los bosques de Carboneras son insuficientes en cuanto a le&ntilde;a e
+impropios en cuanto al pastoreo, privados de caminos de comunicaci&oacute;n, y
+que nos es, por tanto, imposible consentir en lo que ser&iacute;a para nosotros
+un odioso enga&ntilde;o. Pido, pues, al mandatario de la Administraci&oacute;n p&uacute;blica
+que nos diga francamente si aprueba la soluci&oacute;n injusta que al conflicto
+han dado los forestales de Chaumont...</p>
+
+<p>Mientras Sim&oacute;n hablaba, el inspector general ten&iacute;a fijas en &eacute;l sus
+miradas con una atenci&oacute;n llena de ternura.</p>
+
+<p>Ahora es cuando se daba cuenta m&aacute;s exacta de esa semejanza que tanto
+hab&iacute;a sorprendido a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard. Esa semejanza no saltaba a los
+ojos, como hab&iacute;a maliciosamente pretendido la Fleurota; para descubrirla
+era necesario estudiar muy de cerca y en la intimidad los modos de ser y
+de expresarse del joven Princetot. Consist&iacute;a no tanto en la paridad de
+los rasgos fison&oacute;micos como en la analog&iacute;a de las inflexiones de voz y
+del adem&aacute;n sobrio y en&eacute;rgico; consist&iacute;a principalmente en un id&eacute;ntico
+temblor de los p&aacute;rpados y de los labios bajo el golpe de una irritaci&oacute;n
+s&uacute;bita. Descubr&iacute;ase tambi&eacute;n en ciertos peque&ntilde;os detalles que solamente
+Francisco pod&iacute;a apreciar; as&iacute;, por ejemplo, Sim&oacute;n llevaba vestidos
+oscuros, mostraba en toda su persona un exquisito cuidado, sin aquel
+rebuscamiento empero que suele gustar a los j&oacute;venes, sin un solo color
+vistoso, sin una sola joya. Siempre hab&iacute;a sentido Delaberge predilecci&oacute;n
+por los colores oscuros, la misma repugnancia por las joyas demasiado
+vistosas, y con la m&aacute;s profunda emoci&oacute;n iba comprobando esa semejanza de
+gustos, esas singulares afinidades... De tal modo estaba absorbido en su
+ansioso examen que no se dio cuenta al principio de la acerba entonaci&oacute;n
+y de las agresivas intenciones que Sim&oacute;n pon&iacute;a en su r&eacute;plica.</p>
+
+<p>Solamente los murmullos de aprobaci&oacute;n con que fueron acogidas las
+palabras del joven le sacaron de su ensue&ntilde;o y entonces comprendi&oacute; que se
+le atacaba de frente.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ores&mdash;objet&oacute; con suave tono,&mdash;comprendo muy bien su impaciencia,
+pero las formalidades administrativas van menos de prisa que sus
+deseos. Hecha est&aacute; mi opini&oacute;n en este asunto y expresada la tengo en mi
+informe dirigido al ministro. Sin embargo, el deber profesional me
+obliga a guardar silencio hasta haber recibido de Par&iacute;s una respuesta.
+No puede tardar, y apenas la reciba me apresurar&eacute; a ponerla en su
+conocimiento.</p>
+
+<p>&mdash;Demasiado conocemos esos medios dilatorios&mdash;interrumpi&oacute; Sim&oacute;n;&mdash;hace
+ya dos a&ntilde;os que se nos quiere enga&ntilde;ar con promesas y aplazamientos. Nada
+le cuesta a usted la paciencia, se&ntilde;or inspector general, pues cobra su
+sueldo del mismo modo. Bastante m&aacute;s cara es para nosotros, pues nos
+perjudican mucho esas lentitudes administrativas. Mientras usted nos
+adormece con buenas palabras, quedan desconocidos nuestros derechos,
+nuestros intereses sufren y disminuyen nuestros recursos. No podemos por
+m&aacute;s tiempo aguardar a que resuelvan el asunto esos agentes forestales
+que nos mandan de Par&iacute;s y que no hacen sino enga&ntilde;arnos...</p>
+
+<p>Bien clara hab&iacute;a de ver con esto Delaberge la animosidad de su
+contrincante. Las duras e irritantes palabras de Sim&oacute;n ten&iacute;an un
+car&aacute;cter de violencia que no consienten las discusiones puramente
+jur&iacute;dicas. Por encima de la administraci&oacute;n p&uacute;blica, rectamente se
+dirig&iacute;an contra el inspector general. No era un adversario lo que &eacute;ste
+ten&iacute;a enfrente, sino un enemigo.</p>
+
+<p>No comprend&iacute;a Delaberge el motivo de ese inesperado ataque; y era mayor
+a&uacute;n su dolor al verse objeto de una hostilidad semejante por parte de
+aquel joven que era hijo suyo y a quien de buena gana y con la m&aacute;s
+profunda terneza hubiera estrechado contra su coraz&oacute;n. Se hab&iacute;a ya
+resignado a separarse de &eacute;l como de un extra&ntilde;o; pero dejarle por todo
+recuerdo ese odio inexplicable, constitu&iacute;a para &eacute;l una amargura suprema
+que le hac&iacute;a sufrir hondamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es &eacute;sta la opini&oacute;n de todos los aqu&iacute; reunidos?&mdash;continuaba Sim&oacute;n
+volvi&eacute;ndose hacia los campesinos, que abr&iacute;an inmensamente los ojos y le
+escuchaban admirados.&mdash;&iquest;No es tiempo ya de que pasemos de las palabras a
+los actos?... Puesto que la Administraci&oacute;n quiere ser con nosotros
+equitativa, no nos queda m&aacute;s que dirigirnos a los tribunales... Que
+todos aquellos que sean de mi parecer levanten la mano.</p>
+
+<p>Y como movidos por una misma descarga el&eacute;ctrica, todos aquellos hombres
+levantaron sus nudosas manos con amenazadora energ&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muy bien!&mdash;exclam&oacute; triunfante y, dirigi&eacute;ndose luego hacia Delaberge,
+con mirada retadora le dijo:&mdash;Se&ntilde;or, nada m&aacute;s tenemos que decirle en
+estos momentos... En el t&eacute;rmino de veinticuatro horas, recibir&aacute; usted
+nuestra respuesta por mano del procurador.</p>
+
+<p>Levant&oacute;se y se dirigi&oacute; hacia la puerta seguido del grupo de los
+usuarios. El mismo alcalde se bati&oacute; en retirada y dej&oacute; s&oacute;lo al inspector
+general. Sorprendido y con el coraz&oacute;n lleno de amargura, se qued&oacute;
+Francisco un momento solo en la sala desnuda y vac&iacute;a, escuchando el
+pesado andar y las risotadas de los campesinos que bajaban
+atropelladamente la escalera y percibiendo en medio de aquel ruido esas
+palabras dichas con burlona voz: &laquo;&iexcl;Muy bien! &iexcl;Maltrecho y sin palabra,
+le ha dejado Sim&oacute;n a ese orgulloso parisiense!&raquo;</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="VIIa" id="VIIa"></a>VII</h3>
+
+
+<p>Movido por el despecho y tambi&eacute;n por el vehemente deseo de conocer la
+causa de tan incomprensible enemiga, Delaberge abandon&oacute; a su vez la
+sala. Desde los umbrales de la alcald&iacute;a vio a Sim&oacute;n Princetot
+despidi&eacute;ndose de sus amigos y atravesando lentamente la plazuela. El
+inspector general apret&oacute; el paso y le alcanz&oacute; ya bajo los tilos del
+paseo. Caminaba el joven con las manos en los bolsillos e inclinada
+meditativamente la cabeza. A solas ya, se iba disipando poco a poco su
+satisfacci&oacute;n por el triunfo obtenido. El calor y las irritaciones de
+hac&iacute;a poco iban dejando lugar a una reflexi&oacute;n m&aacute;s justa y mesurada. Se
+acusaba Sim&oacute;n de haber mezclado su rencor personal en una cuesti&oacute;n de
+negocios, comprometiendo quiz&aacute;s los mismos intereses que se le hab&iacute;an
+confiado... Nada realmente hab&iacute;a ganado obrando como un ni&ntilde;o que golpea
+la piedra que le ha hecho caer. Su c&oacute;lera en nada pod&iacute;a cambiar los
+hechos desgraciados que la hab&iacute;an motivado. Despu&eacute;s, lo mismo que antes,
+continuaban siendo sus desilusiones iguales. Lo que la v&iacute;spera hab&iacute;a
+observado, oculto tras los abedules pr&oacute;ximos a la puertecilla del
+parque, no dejaba de ser una realidad desoladora... La se&ntilde;ora Li&eacute;nard no
+se preocupaba de &eacute;l y reservaba para su rival todas sus amables
+atenciones... Sent&iacute;ase el coraz&oacute;n lleno de amargores al recordar lo que
+hab&iacute;a visto la tarde anterior en Rosalinda: ve&iacute;a la puertecilla abrirse
+bruscamente, aparecer en ella amable la hermosa viuda y tender a
+Delaberge su mano en la que &eacute;ste dejaba galantemente un beso...</p>
+
+<p>Mientras sent&iacute;a irritarse m&aacute;s sus celos y sangraba dolorosamente su
+coraz&oacute;n a tan odioso recuerdo, oy&oacute; muy cerca los precipitados pasos y la
+voz de aquel mismo hombre a quien de tal modo aborrec&iacute;a.</p>
+
+<p>-Se&ntilde;or&mdash;murmur&oacute; Delaberge,&mdash;tenga la bondad de concederme un momento.</p>
+
+<p>Volvi&oacute;se Sim&oacute;n y una llamarada de odio brill&oacute; en sus ojos; supo, sin
+embargo, contenerse. Silenciosamente, se dirigi&oacute; hacia una calle
+transversal mucho m&aacute;s solitaria.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me quiere usted?&mdash;pregunt&oacute; cruzando los brazos.</p>
+
+<p>&mdash;Me ha parecido que en la alcald&iacute;a se ha dejado usted llevar de
+impulsos apasionados m&aacute;s bien que prudentes... Cr&eacute;ame usted, espere a&uacute;n
+dos d&iacute;as antes de tomar una resoluci&oacute;n extrema... No le hablo ahora como
+adversario, sino como amigo.</p>
+
+<p>&mdash;Usted no es mi amigo&mdash;replic&oacute; con dureza el joven.</p>
+
+<p>&mdash;Deseo serlo de todo coraz&oacute;n y me sorprende su hostilidad. Sin embargo,
+no creo haberle dado motivo para que me trate como enemigo, desde la
+tarde en que juntos volvimos de Rosalinda.</p>
+
+<p>Esta alusi&oacute;n a Rosalinda, lejos de calmar al hijo de Miguelina, pareci&oacute;
+aumentar todav&iacute;a su irritaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Detesto el disimulo!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;Me prometi&oacute; usted aquel d&iacute;a obrar
+lealmente y con justicia respecto a los usuarios, y me ha enga&ntilde;ado
+usted...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No me acuse a la ligera!&mdash;repuso Francisco con una mansedumbre que no
+impresion&oacute; a su interlocutor.&mdash;Le repito que he escrito ya al ministro y
+no tiene usted derecho a condenarme sin saber en qu&eacute; sentido lo hice...
+&iquest;Por qu&eacute; motivo no me concede usted su confianza y me niega los d&iacute;as de
+plazo que le pido?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?&mdash;replic&oacute; Sim&oacute;n, dej&aacute;ndose llevar por el ardor juvenil que no
+pod&iacute;a ya contener.&mdash;Porque he adivinado sus intenciones, porque s&eacute; lo
+que se propone con su perpetua dilaci&oacute;n... &iexcl;Esto le permite prolongar su
+estancia aqu&iacute; y multiplicar sus visitas a Rosalinda!</p>
+
+<p>Delaberge le mir&oacute; con honda estupefacci&oacute;n y de nuevo se sinti&oacute; dolorido
+por la enemiga que brillaba en sus ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Me extra&ntilde;a&mdash;dijo con acento de reproche&mdash;que mezcle usted a la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard en nuestra discusi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;murmur&oacute; sarc&aacute;sticamente el joven Princetot.&mdash;&iquest;Esto le
+extra&ntilde;a?... Aunque sabe usted disimular muy bien, le desagrada conocer
+que ha visto alguien su juego y ha descubierto el motivo de sus
+equ&iacute;vocas asiduidades.</p>
+
+<p>&mdash;Mis asiduidades nada tienen de misterioso&mdash;repuso el inspector
+general, levantando con indiferencia los hombros,&mdash;y no tengo raz&oacute;n
+ninguna para esconderme cuando voy a Rosalinda.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero se esconde usted para salir!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que yo?...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, usted... Ayer tarde sali&oacute; usted del parque por una puertecilla...
+&iexcl;Atr&eacute;vase a negarlo!</p>
+
+<p>&mdash;Ahora comprendo...</p>
+
+<p>Estas &uacute;ltimas indicaciones recordaron a Delaberge el incidente que otros
+hechos m&aacute;s graves le hab&iacute;an hecho olvidar; record&oacute; la huida de aquel
+hombre desconocido a trav&eacute;s de los campos y que de tal modo se parec&iacute;a a
+Sim&oacute;n.</p>
+
+<p>Fue como un rayo de luz que ilumin&oacute; la situaci&oacute;n e hizo m&aacute;s inteligible
+para Delaberge la extra&ntilde;a conducta del joven Princetot... El pobre
+muchacho amaba a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard. Con la viva intuici&oacute;n de los
+enamorados, adivin&oacute; los prop&oacute;sitos matrimoniales de un reci&eacute;n llegado
+que le parec&iacute;a sospechoso y el demonio de los celos mordi&oacute; en su
+coraz&oacute;n. Ya mal dispuesto contra ese intruso, hab&iacute;a vigilado sus visitas
+a Rosalinda, le hab&iacute;a sorprendido saliendo de la finca por una puerta de
+la que no se serv&iacute;an mucho sus propietarios y esto encendi&oacute; en su alma
+la violenta enemistad que acababa de estallar furiosa en la reuni&oacute;n de
+la alcald&iacute;a.</p>
+
+<p>Un sentimiento de honda pena, una l&aacute;stima dolorida llen&oacute; todo el
+esp&iacute;ritu de Delaberge... &iexcl;No le faltaba m&aacute;s que ser el rival de su
+propio hijo! Lo que en &eacute;l hab&iacute;a de sensibilidad generosa, adormecida
+por una larga pr&aacute;ctica del ego&iacute;smo y por la costumbre de no vivir sino
+para s&iacute;, despert&oacute;se s&uacute;bitamente en su coraz&oacute;n. Tuvo clara conciencia de
+sus responsabilidades y de la situaci&oacute;n casi tr&aacute;gica en que se
+encontraba... Sinti&oacute; que una profunda emoci&oacute;n le oprim&iacute;a el pecho y le
+humedec&iacute;a los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;De manera&mdash;murmur&oacute; con insegura voz&mdash;que era usted quien me espiaba...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, yo mismo!&mdash;afirm&oacute; Sim&oacute;n lanzando sobre su interlocutor una mirada
+de c&oacute;lera y de reto.</p>
+
+<p>Hubo un momento de silencio; despu&eacute;s puso Delaberge su mano sobre el
+hombro del joven y repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Hijo m&iacute;o&mdash;y sinti&oacute; como una amarga dulzura en los labios al pronunciar
+estas palabras,&mdash;la pasi&oacute;n le ha cegado... Sus sospechas no se fundan
+sino en simples apariencias, pero desde el momento que esas apariencias
+han podido enga&ntilde;arle a usted y hacerle sufrir, es seguro que habr&eacute;
+cometido yo alguna falta... Me apena profundamente que mi irreflexiva
+conducta haya podido inducirle a error.</p>
+
+<p>Sim&oacute;n pareci&oacute; desconcertado por la humildad de esa confesi&oacute;n y contempl&oacute;
+a su interlocutor menos hostilmente, a pesar de lo cual persist&iacute;a a&uacute;n
+en sus ojos y en la, contracci&oacute;n de sus labios un resto de desconfianza.</p>
+
+<p>&mdash;Le aseguro a usted&mdash;continu&oacute; Francisco&mdash;que siento por la persona de
+que hablamos, una muy afectuosa estimaci&oacute;n, pero que no pienso ni en
+hacerle la corte, ni en casarme con ella... Ya ve usted que le hablo con
+toda franqueza; tenga usted conmigo un poco de confianza y cont&eacute;steme:
+&iquest;est&aacute; usted enamorado?</p>
+
+<p>Sim&oacute;n se turb&oacute; y el rubor colore&oacute; sus mejillas... el rubor de un joven
+seriamente enamorado y que se escandaliza al ver descubierto el t&iacute;mido
+amor que guardaba religiosamente escondido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; tal suposici&oacute;n?&mdash;balbuce&oacute; inseguro.</p>
+
+<p>&mdash;Porque&mdash;replic&oacute; Delaberge,&mdash;ser&iacute;a sin esto imperdonable el espionaje a
+que se ha entregado... Solamente la pasi&oacute;n puede excusarle... Usted ama
+a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard.</p>
+
+<p>Confuso, baj&oacute; el joven la cabeza y replic&oacute; hoscamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con qu&eacute; derecho me interroga usted?</p>
+
+<p>&mdash;Con el derecho que usted me ha dado trat&aacute;ndome como rival a quien se
+detesta... Su antipat&iacute;a no puede explicarse sino por la ceguera de los
+celos, y por esta misma raz&oacute;n le repito que est&aacute; usted enamorado de la
+se&ntilde;ora Li&eacute;nard.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se burla usted de m&iacute;?&mdash;murmur&oacute; Sim&oacute;n esquivando la mirada de
+Delaberge.</p>
+
+<p>&mdash;No, hablo con toda mi seriedad... En su edad es un sentimiento natural
+y no tiene por qu&eacute; avergonzarse.</p>
+
+<p>&mdash;Solamente yo soy el due&ntilde;o de mis pensamientos... No he de dar a nadie
+cuenta de ellos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ni siquiera a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard?</p>
+
+<p>&mdash;A ella menos que a nadie... Si lo que usted supone fuese cierto, yo le
+juro que nunca lo sabr&iacute;a ella... &iexcl;No permitir&eacute; yo que pueda sospechar
+jam&aacute;s una locura semejante!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Una locura?... &iquest;A qu&eacute; llama usted una locura?</p>
+
+<p>&mdash;Llamo locura a amar un imposible... No somos ella y yo de un mundo
+mismo...</p>
+
+<p>Francisco sonri&oacute;se melanc&oacute;licamente y habl&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Estas consideraciones no suelen pesar mucho sobre el coraz&oacute;n de una
+mujer que ama, y no hay motivo para que Camila no le ame a usted. Es
+usted su igual por el esp&iacute;ritu y por la educaci&oacute;n; es ella demasiado
+inteligente para no haber apreciado sus m&eacute;ritos... Sea usted menos
+modesto y no desespere de nada... De todas maneras, despu&eacute;s de lo que
+acabo de decirle, ya ve usted que no he de hacerle yo la menor sombra.
+No me tenga por enemigo, y adem&aacute;s le ruego que aguarde un poco para
+tomar una resoluci&oacute;n extrema en el asunto de los deslindes... Ma&ntilde;ana,
+pasado ma&ntilde;ana lo m&aacute;s tarde, podr&eacute; sin duda comunicarle algo que le
+demostrar&aacute; la injusticia de sus sospechas... Adi&oacute;s...</p>
+
+<p>Y como si de pronto hubiese temido que le traicionase la emoci&oacute;n,
+alej&oacute;se bruscamente del hijo de Miguelina.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="VIIIa" id="VIIIa"></a>VIII</h3>
+
+
+<p>Algunas horas despu&eacute;s Delaberge se internaba en el bosque y se dirig&iacute;a
+muy pensativo hacia Rosalinda.</p>
+
+<p>No ten&iacute;an sus pensamientos ni la ligereza de las blancas nubecillas que
+corr&iacute;an por encima de los &aacute;rboles, ni tampoco la alegr&iacute;a de las flores,
+cuyas notas de color viv&iacute;simo salpicaban la hierba, sino que eran muy
+graves y trascendentales.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;&mdash;iba dici&eacute;ndose,&mdash;Miguelina se enga&ntilde;a: algo hay que puedo yo hacer
+por ese muchacho que es m&iacute;o y de quien la fatalidad para siempre me
+separa... Puedo darle la felicidad con que sue&ntilde;a y que desespera
+alcanzar. Ama a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, y ella si&eacute;ntese tambi&eacute;n inclinada a
+amarle. Solamente que, por orgullo, teme el muchacho descubrir su
+ternura, y ella tambi&eacute;n, demasiado respetuosa con ciertas exigencias
+sociales, duda en dejarse llevar por sus propias inclinaciones. Pues
+bien, yo puedo servir de lazo de uni&oacute;n entre estos dos corazones que se
+desean y no se atreven a confesarlo. Dignos son el uno del otro y como
+hechos para saborear esa felicidad rar&iacute;sima: el amor en el matrimonio.
+Esta felicidad yo se la habr&eacute; dado y al menos tendr&eacute; una acci&oacute;n buena en
+mi existencia in&uacute;til. Me consolar&eacute; en mi soledad pensando que ellos son
+felices y, aunque delgad&iacute;simo, esto ser&aacute; un lazo de uni&oacute;n entre mi hijo
+y yo.&raquo;</p>
+
+<p>Esta idea le alegr&oacute; un poco el coraz&oacute;n, y meditando en todo ello
+perd&iacute;ase su mirada en las lejan&iacute;as del bosque... Una apagada y verdosa
+claridad reinaba en aquel fresqu&iacute;simo lugar. Los diminutos p&eacute;talos que
+envuelven los botones de las hayas antes de su completa madurez, se
+desprend&iacute;an de las ramillas y ca&iacute;an al suelo como fin&iacute;sima lluvia,
+produciendo un rumoreo apenas perceptible, mientras un rayo de sol los
+hac&iacute;a a veces brillar como si fuesen polvillo de oro.</p>
+
+<p>&laquo;Durante toda mi existencia&mdash;pensaba Francisco&mdash;han ido cayendo en el
+pasado todos mis d&iacute;as, lo mismo que esos p&eacute;talos secos, sin que un solo
+acto generoso los haya iluminado un instante. Ya no ser&aacute; ahora as&iacute;, ya
+tendr&eacute; un rayo de sol en mi pobre vida.&raquo;</p>
+
+<p>Del mismo modo que el verdor le refrescaba los ojos, la idea de que iba
+a trabajar por la felicidad de Sim&oacute;n, de que ya no viv&iacute;a &uacute;nicamente para
+s&iacute;, le refrescaba el alma. Esto le daba valor para hablar a la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard de esos delicados asuntos de sentimiento, tan peligrosos cuando
+se ha estado a punto de amar a la mujer con quien se trata de ellos.</p>
+
+<p>Mucho se esforzaba en olvidarla, pero no pod&iacute;a disimularse que aún
+sent&iacute;a una tierna inclinaci&oacute;n hacia esa mujer, cuyo sabroso encanto y
+cuyo esp&iacute;ritu lleno de alegres ternuras hab&iacute;an por un momento hecho
+latir su coraz&oacute;n de cincuentenario. En el aire perfumado de los bosques
+la riente imagen de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard se le aparec&iacute;a con mayores
+atractivos a&uacute;n; ve&iacute;a sus ojos l&iacute;mpidos, su frente pura y la morbidez de
+sus mejillas aterciopeladas, la gracia de sus labios... Se apoderaba de
+&eacute;l una profunda melancol&iacute;a al pensar que todas esas delicias, que todas
+esas suavidades de la intimidad femenina no se hab&iacute;an hecho para &eacute;l. Un
+h&uacute;medo soplo, que de vez en cuando mov&iacute;a las hojas de los &aacute;rboles y
+parec&iacute;a subir de las profundidades del bosque iba murmurando en sus
+mismos o&iacute;dos: &laquo;&iexcl;No ser&aacute; para ti!...&raquo;</p>
+
+<p>De pronto, la presencia de un roble joven y robusto, que elevaba a los
+cielos su tronco recto y liso, le recordaba a su hijo Sim&oacute;n y le hac&iacute;a
+avergonzarse de su vuelta al ego&iacute;smo.</p>
+
+<p>&laquo;Seamos fuertes&mdash;se dec&iacute;a entonces,&mdash;si no te costase esto un
+sacrificio, &iquest;d&oacute;nde estar&iacute;a el m&eacute;rito del acto que vas a cumplir?&raquo;</p>
+
+<p>Arrojaba de s&iacute; con energ&iacute;a esas a&ntilde;oranzas y luchaba valientemente con
+esos enternecimientos retrospectivos. Quer&iacute;a presentarse ante la se&ntilde;ora
+Li&eacute;nard, due&ntilde;o por completo de s&iacute; mismo, a fin de hacer m&aacute;s persuasivas
+sus palabras y arrancarle la confesi&oacute;n de su amor por el joven
+Princetot. Apresur&oacute; el paso como si la rapidez de la marcha hubiese
+tenido la virtud de avivar sus ardores y de espolear su voluntad.
+Algunos minutos despu&eacute;s llamaba en la verja de Rosalinda y con un ligero
+latir en el coraz&oacute;n y una palidez angustiosa en el rostro penetr&oacute; en el
+sal&oacute;n donde se encontraba la se&ntilde;ora Li&eacute;nard.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;exclam&oacute; &eacute;sta al verle,&mdash;en la cara le conozco que viene usted
+para despedirse...</p>
+
+<p>Y al decir estas palabras una s&uacute;bita tristeza apag&oacute; la alegre sonrisa de
+sus labios y de sus ojos.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; c&oacute;mo expresarle&mdash;continu&oacute; diciendo la joven&mdash;hasta qu&eacute; punto me
+entristece la idea de su marcha.</p>
+
+<p>Mientras hablaba, sus clar&iacute;simos ojos se ensombrec&iacute;an y cubr&iacute;anse de una
+sutil humedad, por lo que Delaberge comprendi&oacute; que eran absolutamente
+sinceras sus palabras.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;repuso Francisco tambi&eacute;n profundamente conmovido;&mdash;vengo a
+despedirme de usted; probablemente marchar&eacute; ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tan pronto!... Me han dicho, sin embargo, esta ma&ntilde;ana que de su
+conferencia con los usuarios no ha resultado nada bueno... &iquest;Habremos de
+renunciar a toda esperanza de arreglo?</p>
+
+<p>&mdash;Eso no; lo que hay es que les ha faltado a los usuarios un poco de
+paciencia... No he recibido todav&iacute;a la respuesta del ministro; pero,
+entre nosotros, puedo decirle que estoy casi seguro de que habr&aacute; de ser
+satisfactoria.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias por el inter&eacute;s que nos demuestra... Mas es para m&iacute; un dolor
+que usted se marche... Me hab&iacute;a acostumbrado ya a sus buenas visitas, y
+no puedo imaginarme que sea &eacute;sta la &uacute;ltima... Si&eacute;ntese aqu&iacute;, muy
+cerquita...</p>
+
+<p>Hablaba con tono tan afectuoso, filial casi, que fue dando a Francisco
+mayor aplomo para abordar la delicad&iacute;sima cuesti&oacute;n de que quer&iacute;a
+hablarle. Se sent&oacute; a su lado y le dijo as&iacute;, esforz&aacute;ndose por sonre&iacute;r:</p>
+
+<p>&mdash;Antes de separarnos, se&ntilde;ora m&iacute;a, ser&iacute;a bueno quiz&aacute;s que reanud&aacute;semos
+nuestra conversaci&oacute;n de ayer... Temo no haber correspondido como deb&iacute;a a
+la confianza de que me dio usted tan gran testimonio... Al ver mi prisa
+por marcharme, seguramente me acus&oacute; usted de indiferencia. No hay nada
+de eso. He pensado mucho, por el contrario, en todo lo que usted me dijo
+y he tomado en ello un verdadero inter&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ser&aacute; cierto?... Me alegro mucho, pues ya me sent&iacute;a avergonzada de no
+haberle hablado sino de m&iacute; y casi me arrepent&iacute;a de haber estado
+cont&aacute;ndole tan minuciosamente las quimeras que rebullen en mi loca
+cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es que no son en realidad sino quimeras?</p>
+
+<p>Camila Li&eacute;nard se ruboriz&oacute; y abri&oacute; inmensamente sus hermosos ojos.
+Delaberge prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;En ese retrato que hizo usted del marido so&ntilde;ado, pienso que no es
+imaginario todo... Puede que haya en alguna parte un ser real en quien
+usted pensase... inconscientemente, cuando me iba enumerando las
+cualidades de su ideal.</p>
+
+<p>&mdash;No... no, yo se lo aseguro; yo no s&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, esta &uacute;ltima noche, he pensado tanto en todo esto que he
+acabado por leer muy claramente en el fondo de su coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya!...&mdash;murmur&oacute; la dama afectando tomarlo a broma.&mdash;En ese caso,
+ser&iacute;a usted mucho m&aacute;s h&aacute;bil que yo misma... &iquest;Y qu&eacute; es lo que ha le&iacute;do
+usted en mi coraz&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Probar&eacute; de explic&aacute;rselo... Se ha encontrado usted con alguien hacia el
+cual se siente secretamente atra&iacute;da y al que cree enteramente digno...
+Si no escuchase m&aacute;s que su propio gusto, ir&iacute;a usted espont&aacute;neamente
+hacia &eacute;l... Pero ese joven... porque es joven&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con un poco de
+tristeza,&mdash;aunque es su igual por la inteligencia y por el coraz&oacute;n, no
+pertenece a la misma clase social que usted, y se siente detenida por
+escr&uacute;pulos convencionales; teme usted que sus amigos, que las personas
+de su propia sociedad condenen la elecci&oacute;n y condenen el suyo como un
+matrimonio desigual...</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="IXa" id="IXa"></a>IX</h3>
+
+
+<p>Mientras Delaberge hablaba, la se&ntilde;ora Li&eacute;nard hab&iacute;a vuelto un poco su
+rostro y con una de sus lindas manos hurgaba nerviosamente en las flores
+de un jarr&oacute;n que ten&iacute;a a su alcance.</p>
+
+<p>Arranc&oacute; por fin una ramilla de madreselva y la fue desmenuzando poco a
+poco entre sus rosados dedos.</p>
+
+<p>&mdash;Sea usted franca y d&iacute;game si he le&iacute;do bien en su coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Creo... que s&iacute;&mdash;murmur&oacute; la viuda sin mirarle.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora, &iquest;desea usted que le diga el nombre de ese joven?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;murmur&oacute; levantando hacia &eacute;l sus h&uacute;medos ojos; despu&eacute;s a&ntilde;adi&oacute;
+aturdidamente, con una vivacidad en que se descubr&iacute;a a la vez su
+contento y su angustia:&mdash;Usted le ha visto... <i>El</i> es quien le ha
+hablado de m&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;No, <i>&eacute;l</i> tiene demasiado orgullo para confiarse as&iacute; a un extra&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces...&mdash;exclam&oacute; impetuosamente la se&ntilde;ora Li&eacute;nard.&mdash;&iquest;C&oacute;mo ha
+podido adivinar usted?...</p>
+
+<p>&mdash;Seguramente conoce usted&mdash;dijo sonriendo Delaberge,&mdash;aquel dicho de su
+pa&iacute;s: &laquo;Los enamorados llevan sobre s&iacute; una planta cuyo perfume embalsama
+los caminos por donde pasan&raquo;. Cuando mi primera visita, este perfume
+embalsamaba Rosalinda entera, y al regresar a Val-Clavin, acompa&ntilde;ado del
+se&ntilde;or Princetot, adivin&eacute; que llevaba consigo la planta y que florec&iacute;a
+por usted.</p>
+
+<p>El rubor cubr&iacute;a las mejillas de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, sus labios sonre&iacute;an y
+brillaban sus ojos con luces del alba, pero no pod&iacute;a articular ni una
+palabra. Por &uacute;nica respuesta, con gentil movimiento de gratitud tendi&oacute;
+sus dos manos a Delaberge, quien las guard&oacute; un momento entre las suyas.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;prosigui&oacute; diciendo.&mdash;Sim&oacute;n Princetot no me ha hecho confidencia
+alguna... Mis palabras no tienen otro motivo que el viv&iacute;simo y simp&aacute;tico
+inter&eacute;s que siento por usted, se&ntilde;ora m&iacute;a... Volvamos ahora a sus
+escr&uacute;pulos. En realidad, si duda usted y vacila en seguir su propia
+inclinaci&oacute;n, no es sino por el temor de lo que han de decir las
+gentes...</p>
+
+<p>Camila convino en ello con toda franqueza. Aunque viv&iacute;a muy
+independiente, no dejaba de tener parientes y amigos de rancio pensar,
+que sin duda se escandalizar&iacute;an. En provincias, todav&iacute;a les parecen a
+muchas gentes infranqueables las barreras que separan a las distintas
+clases de la sociedad; los perjuicios y las prevenciones persisten con
+mayor fuerza que en Par&iacute;s; se conocen unos a otros demasiado para no ser
+esclavos del qu&eacute; dir&aacute;n. El d&iacute;a en que sus relaciones supiesen su
+matrimonio con el hijo de un hostelero, quedar&iacute;a descalificada y se
+har&iacute;a el vac&iacute;o en su derredor... Su primera educaci&oacute;n y la influencia
+del medio hab&iacute;an hecho al propio Delaberge muy formalista; ten&iacute;a el
+culto de lo respetable y el esp&iacute;ritu de la jerarqu&iacute;a, y por eso
+comprend&iacute;a tan bien los escr&uacute;pulos de la se&ntilde;ora Li&eacute;nard. En otra
+ocasi&oacute;n, tal vez los hubiera a&uacute;n exagerado. Pero cuando se juzga en
+causa propia, se es menos r&iacute;gido y muchas veces un deseo nos hace
+cambiar los m&aacute;s &iacute;ntimos sentimientos.</p>
+
+<p>El vivo inter&eacute;s que el inspector general sent&iacute;a ahora por Sim&oacute;n le
+llevaba a transigir con sus antiguos principios y sin mucho miramiento
+peg&oacute; fuego a sus naves.</p>
+
+<p>&mdash;Seguramente&mdash;dijo,&mdash;en las cuestiones de pura conveniencia hemos de
+tener en cuenta la opini&oacute;n p&uacute;blica. Pero cuando se trata de unir para
+siempre la propia vida con la vida de otro, no se ha de escuchar sino la
+voz del coraz&oacute;n. Por otra parte, examin&aacute;ndolo bien, tal vez no est&aacute;n del
+todo justificadas las desaprobaciones que usted teme... Sim&oacute;n es un
+hombre superior, es muy querido y aun popular en todo el pa&iacute;s, y si un
+d&iacute;a le tienta la pol&iacute;tica, no hay duda que puede abrirse camino hasta
+llegar al Parlamento. Si quiere utilizar sus excelentes cualidades en la
+Administraci&oacute;n p&uacute;blica, yo le prometo ayudarle con todas mis fuerzas. En
+todo caso, par&eacute;ceme que tiene suficiente voluntad y los m&eacute;ritos
+necesarios para llegar muy alto. A&ntilde;ada usted a todo esto, que sus padres
+son ricos y que adoran a su hijo. Si un d&iacute;a creen que su actual
+profesi&oacute;n es un obst&aacute;culo para su matrimonio, crea usted que no
+vacilar&aacute;n en vender la hospeder&iacute;a y en vivir como burgueses, de sus
+rentas... Y entonces nada quedar&aacute; ya de las suspicacias y prevenciones
+de sus amigos. La gente pone pronto buena cara a todo aquel que triunfa,
+y yo le aseguro a usted que Sim&oacute;n triunfar&aacute;. As&iacute;, pues, no le preocupe
+la opini&oacute;n de los dem&aacute;s: deje a un lado todo prejuicio, siga sus propias
+inclinaciones y ame usted a quien le ama.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, se&ntilde;or Delaberge&mdash;respondi&oacute; ella, premi&aacute;ndole sus consejos con
+una mirada llena de ternura;&mdash;tiene usted raz&oacute;n completa, y no escuchar&eacute;
+sino la voz de mi coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Sea en buena hora... Es probable que venga Sim&oacute;n ma&ntilde;ana o pasado para
+darle cuenta de la resoluci&oacute;n reca&iacute;da en el asunto de los deslindes...
+Recuerde usted bien que es noblemente orgulloso y muy reservado. Ay&uacute;dele
+usted a hacerle m&aacute;s expansivo... Es usted mujer, y estoy seguro de que
+sabr&aacute; arrancarle su secreto... Y ahora, se&ntilde;ora m&iacute;a&mdash;a&ntilde;adi&oacute;
+levant&aacute;ndose,&mdash;voy a despedirme de usted... para mucho tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Todav&iacute;a no!... Antes que se marche quiero que visite por &uacute;ltima vez
+los jardines de Rosalinda.</p>
+
+<p>Le llev&oacute; hacia la terraza y cruzaron las anchas avenidas del jard&iacute;n
+donde las flores pon&iacute;an toques de encendido color y donde las
+madreselvas llenaban el aire con su penetrante perfume.</p>
+
+<p>Como el primer d&iacute;a, se apoy&oacute; Camila suavemente en su brazo y le hizo
+admirar de una en una, sus plantas y sus flores. Visitaron el r&uacute;stico
+emparrado bajo el cual hab&iacute;an hecho sus ramos un d&iacute;a y desde el que se
+disfrutaba de tan maravillosas perspectivas; siguieron un trecho por
+las orillas del riachuelo sobre cuyas tranquilas aguas inclinaban los
+sauces sus ramajes; no se detuvieron sino en la glorieta donde tuvo
+Delaberge la primera revelaci&oacute;n del amor de Camila por el hijo de la
+se&ntilde;ora Miguelina....</p>
+
+<p>Este paseo iba recordando a Francisco sus desvanecidos ensue&ntilde;os de
+ternura y toda sus ilusiones muertas... Ten&iacute;a para &eacute;l la melancol&iacute;a de
+los crep&uacute;sculos de oto&ntilde;o, y tambi&eacute;n el tibio perfume de un ramo de
+violetas medio mustias.</p>
+
+<p>Cuando volv&iacute;an por la avenida principal, donde florec&iacute;an sus hermosos
+rosales, la se&ntilde;ora Li&eacute;nard arranc&oacute; una rosa de p&uacute;rpura y la ofreci&oacute; a
+Delaberge con una mirada llena del m&aacute;s profundo reconocimiento:</p>
+
+<p>&mdash;Deje que haga florecer sus manos... Por el camino aspirar&aacute; usted el
+perfume de esta rosa y &eacute;l le recordar&aacute; mejor a su peque&ntilde;a amiga de
+Rosalinda... Gracias, se&ntilde;or Delaberge, gracias... Ha sido usted muy
+bueno para m&iacute;... Bueno como un padre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, como un padre!&mdash;murmur&oacute; Francisco, pensando, lleno de dolor, en
+que estas palabras encerraban la m&aacute;s cruel de las iron&iacute;as.</p>
+
+<p>Atrajo hacia s&iacute; a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, bes&oacute; en silencio su frente
+pur&iacute;sima, y parti&oacute;...</p>
+
+<p>Lentamente hizo de nuevo el camino que hab&iacute;a hecho una tarde en compa&ntilde;&iacute;a
+de Sim&oacute;n. Vio el hermoso y robusto &aacute;rbol que el joven con tan profunda
+pasi&oacute;n hab&iacute;a estrechado entre sus brazos, y a su vez, impulsado por una
+infantil superstici&oacute;n, quiso abrazarlo tambi&eacute;n...</p>
+
+<p>Al pasar cerca de los lavaderos en que la Fleurota le hab&iacute;a tan
+brutalmente revelado su triste paternidad, apret&oacute; el paso y volvi&oacute; hacia
+otra parte los ojos... Lleg&oacute; con esto cerca del pueblo y se detuvo un
+momento junto al estanque inm&oacute;vil en cuyas aguas el sol del ocaso pon&iacute;a
+irisados reflejos; dorm&iacute;a taciturna el agua en medio de los espesos
+ca&ntilde;averales que el viento agitaba suavemente, meciendo con aires de
+compasi&oacute;n sus blancos penachos. Un coro de ranas elev&aacute;base de vez en
+cuando de entre los tallos verdeantes y rectos y despu&eacute;s s&uacute;bitamente se
+apagaba, dejando percibir en toda su intensidad el silencio de los
+campos. &iquest;Habr&aacute; llegado ya la respuesta del ministro?&mdash;pensaba
+Delaberge.&mdash;Si llega esta tarde, todo habr&aacute; concluido... y ma&ntilde;ana
+marchar&eacute;.</p>
+
+
+
+
+<h3><a name="Xa" id="Xa"></a>X</h3>
+
+
+<p>La cocina del <i>Sol de Oro</i> ten&iacute;a su habitual aspecto de todos los d&iacute;as.
+Perezosamente apoyado en los umbrales de la puerta, el <i>Pr&iacute;ncipe</i>
+silbaba aguardando la hora de comer. El fuego era m&aacute;s vivo que nunca y
+la se&ntilde;ora Princetot, preocupada con sus cacerolas, ni siquiera levant&oacute;
+los ojos al entrar Delaberge. La delgad&iacute;sima criada, sentada ante la
+mesa, preparaba displicentemente una ensalada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No ha tra&iacute;do nada el cartero?&mdash;pregunt&oacute; el inspector general.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que ha tra&iacute;do, se&ntilde;or Delaberge&mdash;respondi&oacute; el <i>Pr&iacute;ncipe</i> que, al
+fin, se decidi&oacute; a abandonar los umbrales de la puerta.&mdash;Hay un telegrama
+para usted.</p>
+
+<p>Con tardo paso, se dirigi&oacute; hacia una peque&ntilde;a vitrina, fijada en la pared
+y en la cual se guardaban las cartas que llegaban dirigidas a los
+viajeros. Abri&oacute;la y entreg&oacute; a su hu&eacute;sped un peque&ntilde;o pliego.</p>
+
+<p>A pesar de su aparente indiferencia, lo mismo el hostelero que su mujer
+sent&iacute;anse vivamente intrigados por ese telegrama encerrado en el sobre
+amarillo en que se ponen los despachos oficiales. Sospechaban que ese
+pliego conten&iacute;a la respuesta ministerial y hac&iacute;a ya m&aacute;s de una hora que
+aguardaban impacientes el regreso de Delaberge.</p>
+
+<p>Mientras &eacute;ste, despu&eacute;s de haber roto el sobre, se acercaba a la puerta
+para leer mejor el telegrama, el <i>Pr&iacute;ncipe</i>, gui&ntilde;ando sus ojuelos llenos
+de malicia, observaba disimuladamente el rostro del lector y trataba de
+descubrir en &eacute;l si la noticia que el papel conten&iacute;a iba a ejercer una
+buena o mala influencia sobre el importante asunto que tanto interesaba
+al pueblo. Por su parte, la se&ntilde;ora Miguelina, olvidando un momento sus
+cacerolas, dirig&iacute;a su furtiva mirada en la direcci&oacute;n de su antiguo
+amante y pensaba con honda angustia: &laquo;&iquest;Se marchar&aacute;, al fin?&raquo;</p>
+
+<p>El telegrama oficial dec&iacute;a de este modo:</p>
+
+<p><i>Director general de montes a inspector general, en
+Val-Clavin.&mdash;Proposiciones aprobadas por el ministro. Nuevas
+instrucciones en este sentido se mandan al inspector provincial de
+Chaumont.</i></p>
+
+<p>Pleg&oacute; Delaberge tranquilamente el telegrama y se lo meti&oacute; en el
+bolsillo. Su rostro expresaba una visible satisfacci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora Princetot&mdash;dijo,&mdash;marchar&eacute; ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana y le
+agradecer&eacute;, lo mismo que al se&ntilde;or Princetot, que me preparen esta misma
+noche la cuenta...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; se detuvo un momento como para ganar un poco de aplomo y despu&eacute;s
+continu&oacute; dirigi&eacute;ndose a sus dos hu&eacute;spedes, aunque m&aacute;s particularmente a
+Miguelina:</p>
+
+<p>&mdash;Mi comisi&oacute;n ha terminado y no es probable que se me presente nueva
+ocasi&oacute;n de volver a Val-Clavin. De manera que mi despedida de esta noche
+es definitiva... Les agradezco mucho todas sus atenciones y voy a
+pedirles un &uacute;ltimo favor... En vez de volver a Langres, desear&iacute;a
+regresar a Par&iacute;s por Is-sur-Tille y Dij&oacute;n. &iquest;No tendr&iacute;a su hijo la bondad
+de conducirme en carruaje ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana hasta la estaci&oacute;n de
+Very?</p>
+
+<p>&mdash;Nada m&aacute;s f&aacute;cil&mdash;se apresur&oacute; a contestar el <i>Pr&iacute;ncipe</i>;&mdash;la estaci&oacute;n no
+dista m&aacute;s que una media hora y Sim&oacute;n le acompa&ntilde;ar&aacute; sin duda
+gustos&iacute;simo.</p>
+
+<p>El rostro de la se&ntilde;ora Princetot se ensombreci&oacute; y a pesar de su gran
+fuerza de disimulo no logr&oacute; encubrir su viva inquietud.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No podr&iacute;as ir tu mismo, Princetot?&mdash;objet&oacute; Miguelina.&mdash;Sim&oacute;n est&aacute;
+siempre tan atareado...</p>
+
+<p>&mdash;No, hija, es demasiado temprano para m&iacute;&mdash;repuso el <i>Pr&iacute;ncipe</i> que
+gustaba de levantarse tarde.&mdash;Sim&oacute;n salta de la cama apenas clarea el
+alba y, adem&aacute;s, eso no le emplear&aacute; m&aacute;s all&aacute; de una hora.</p>
+
+<p>&mdash;Me agradar&iacute;a eso tanto m&aacute;s&mdash;insisti&oacute; Delaberge&mdash;por cuanto he de
+hablar con &eacute;l de ese asunto de los bosques...&mdash;Se volvi&oacute; hacia Miguelina
+y con voz en que vibraba una sentida s&uacute;plica a&ntilde;adi&oacute;:&mdash;Tranquil&iacute;cese,
+se&ntilde;ora Princetot, no molestar&eacute; mucho tiempo a su hijo... &iexcl;No me niegue
+el placer de hacer el camino en su compa&ntilde;&iacute;a durante los &uacute;ltimos momentos
+que he de pasar en Val-Clavin!...</p>
+
+<p>La mirada de Miguelina se encontr&oacute; con la mirada de Francisco y tal vez
+ley&oacute; en ella una solemne promesa de discreci&oacute;n, tal vez comprendi&oacute; que
+la palabra &laquo;tranquil&iacute;cese&raquo; encerraba el compromiso t&aacute;cito de ser hasta
+el fin un extra&ntilde;o para Sim&oacute;n, o tal vez se sinti&oacute; simplemente conmovida
+en lo m&aacute;s hondo por la humilde s&uacute;plica del hombre a quien en otro tiempo
+hab&iacute;a prodigado sus amorosas caricias. No insisti&oacute; ya en sus objeciones
+y, despu&eacute;s de hacer un adem&aacute;n de aquiescencia, se volvi&oacute; silenciosa a
+sus cacerolas...</p>
+
+<p class="dots">* *<br />*</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, a las nueve de la ma&ntilde;ana, <i>Brunete</i>, el peque&ntilde;o
+caballo bayo, piafaba impaciente ante la puerta del <i>Sol de Oro</i>. Se
+hab&iacute;an colocado ya las maletas en la parte trasera de la <i>charrette</i>
+inglesa, en la que Delaberge tom&oacute; asiento al lado de Sim&oacute;n. Despu&eacute;s de
+algunas palabras de vulgar despedida y de una significativa mirada en
+que puso la se&ntilde;ora Miguelina una s&uacute;plica de silencio, tom&oacute; el caballo el
+trote por el camino del estanque.</p>
+
+<p>El cielo estaba cubierto y una ligera neblina humedec&iacute;a el rostro y las
+manos. Delaberge se volvi&oacute; y al trav&eacute;s de la bruma envolvi&oacute; en una
+&uacute;ltima mirada las casas grises del pueblo, el estanque en que los
+ca&ntilde;averales temblaban, el repliegue del valle en que Rosalinda se
+escond&iacute;a y lanz&oacute; un profund&iacute;simo suspiro. Hab&iacute;an llegado a la rampa de
+Very y, como la cuesta era muy ruda, Sim&oacute;n baj&oacute; para aligerar un poco al
+caballo, precisamente cuando el inspector general meditaba sobre la
+manera de abordar la cuesti&oacute;n tratada el d&iacute;a anterior en Rosalinda.</p>
+
+<p>Francisco se qued&oacute; solo en el carruaje atormentado por sus tristes
+pensamientos, pues hab&iacute;a tambi&eacute;n neblina en su coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>Contemplaba vagamente los bosques, por encima de los cuales flotaban
+jirones de bruma y entre cuyos &aacute;rboles los p&aacute;jaros lanzaban aquel grito
+lastimero que anuncia los d&iacute;as lluviosos. En cada uno de los &aacute;rboles del
+camino le parec&iacute;a ver desfilar una a una sus ilusiones de otros tiempos.
+Reconoc&iacute;a al pasar cada uno de los sitios por donde hab&iacute;a paseado con
+sus agitaciones de joven ambicioso, edificando sus ensue&ntilde;os de fortuna y
+de ascenso en su carrera. En aquellos tiempos se sent&iacute;a lleno de
+confianza en s&iacute; mismo, se lanzaba por los caminos del porvenir con la
+intr&eacute;pida audacia de un aventurero que marcha a la conquista del becerro
+de oro. El destino se hab&iacute;a mostrado con &eacute;l por dem&aacute;s complaciente, pues
+obtuvo el triunfo mucho antes de lo que esperaba. Nunca, mientras era
+humilde guarda general y atravesaba solo los bosques de Val-Clavin,
+nunca se hab&iacute;a atrevido a imaginar que llegar&iacute;a a lo m&aacute;s alto de la
+escala administrativa.</p>
+
+<p>Y sin embargo, a pesar de sus inesperadas victorias, a pesar de haber
+visto satisfechas sus ambiciones, &iquest;qu&eacute; le hab&iacute;an dado en realidad esos
+veintis&eacute;is a&ntilde;os devorados uno a uno, consumidos en la fiebre de una
+labor cotidiana?... Un poco de humo y un pu&ntilde;ado de fr&iacute;as cenizas: nada
+fecundo, nada que pusiese un poco de calor en su coraz&oacute;n, nada s&oacute;lido en
+suma... La &uacute;nica obra hermosa y &uacute;til que podr&iacute;a poner en su activo, era
+ese apuesto y robusto muchacho que caminaba delante de &eacute;l, orgulloso de
+sus veinticinco a&ntilde;os y levantando en su imaginaci&oacute;n de enamorado
+castillos en el aire.</p>
+
+<p>&iexcl;Iron&iacute;as de la existencia!... Sus trabajos administrativos, sus vigilias
+pasadas en el estudio, sus sabias elucubraciones jur&iacute;dicas, toda esa
+actividad oficinesca que constitu&iacute;a su &uacute;nica gloria, hab&iacute;a sido, en fin
+de cuentas, tan est&eacute;ril como la ziza&ntilde;a. La &uacute;nica creaci&oacute;n de que pod&iacute;a
+envanecerse era debida al azar de unos amor&iacute;os de pueblo, al
+inconsciente olvido de una hora de placer... Y este hijo, obra suya,
+carne de su carne, prolongaci&oacute;n de su propia personalidad, no pod&iacute;a ni
+tan s&oacute;lo p&uacute;blicamente reconocerlo; caminaba a su lado y no le pod&iacute;a
+decir: &laquo;T&uacute; eres hijo m&iacute;o&raquo;; no pod&iacute;a hablar con &eacute;l sino de cosas sin
+ning&uacute;n inter&eacute;s...</p>
+
+<p>Hab&iacute;an llegado arriba de la cuesta, y de un ligero brinco el joven
+Princetot tom&oacute; de nuevo su sitio en el carruaje; cosquille&oacute; con su
+l&aacute;tigo el cuello del caballo y recomenz&oacute; &eacute;ste su trote ligero.</p>
+
+<p>Delaberge pensaba con una profunda tristeza que ya no le quedaban por
+pasar sino algunos instantes al lado de Sim&oacute;n, y que cada una de las
+vueltas que daban las ruedas del carruaje apresuraban el momento de la
+despedida... Hubiera querido hablarle &iacute;ntimamente, no dejarle sino
+despu&eacute;s de haberle demostrado con toda discreci&oacute;n sus efusivas ternuras.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Llegaremos a la estaci&oacute;n un poquito antes que el tren?&mdash;pregunt&oacute; al
+joven.</p>
+
+<p>&mdash;No se lo puedo decir con exactitud, pues no llevo reloj&mdash;repuso
+Sim&oacute;n;&mdash;pero no tema usted perderlo... De aqu&iacute; a diez minutos
+divisaremos ya la estaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;En ese caso&mdash;dijo suspirando Delaberge,&mdash;apenas si me queda tiempo
+para hablarle de algo que le interesa mucho... Por fin, recib&iacute; anoche la
+respuesta de la Administraci&oacute;n central. El ministro aprueba las
+conclusiones de mi informe y he aqu&iacute; en resumen lo que yo tengo
+propuesto: El proyecto de dar a los usuarios el bosque de Carboneras
+queda abandonado; en cambio, se les concede una superficie igual que se
+tomar&aacute; en la parte m&aacute;s excelente de los bosques de Montegrande, bosques
+que la carretera de Val-Clavin atraviesa. En este sentido se han dado ya
+las necesarias instrucciones al inspector de Chaumont. &iquest;Le parece a
+usted bien?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No pod&iacute;amos desear m&aacute;s ni mejor!&mdash;exclam&oacute; Sim&oacute;n.&mdash;Es muy equitativo,
+y todos los usuarios aceptar&aacute;n con alegr&iacute;a sus proposiciones.</p>
+
+<p>&mdash;He aqu&iacute; el telegrama oficial&mdash;prosigui&oacute; Francisco sac&aacute;ndolo de uno de
+sus bolsillos.&mdash;Nadie lo conoce todav&iacute;a y he querido que fuese usted el
+primero... Le suplico ahora que sea usted mismo quien lleve la noticia a
+la se&ntilde;ora Li&eacute;nard... Espero que no ha de serle molesto el cumplimiento
+de este encargo&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con una triste sonrisa&mdash;y aun dir&eacute; que no me
+faltan razones para creer que la joven le agradecer&aacute; saber de sus labios
+la grata noticia.</p>
+
+<p>&mdash;Ir&eacute; a Rosalinda esta misma tarde&mdash;exclam&oacute; Sim&oacute;n mientras coloreaba el
+rubor su rostro.</p>
+
+<p>Delaberge se aproximaba suavemente al hijo de Miguelina... Deseaba
+sentir el roce de su persona, esperando que este contacto hab&iacute;a de
+recalentar un poco su coraz&oacute;n; despu&eacute;s le dijo con voz en que vibraba no
+se sab&iacute;a qu&eacute; de paternal:</p>
+
+<p>&mdash;Cuando est&eacute; en Rosalinda, acu&eacute;rdese de que los t&iacute;midos no triunfan
+jam&aacute;s y pues ama usted a la se&ntilde;ora Li&eacute;nard, no tema abrirle francamente
+el coraz&oacute;n... No se detenga a la mitad del camino... Por otra parte,
+&iquest;qui&eacute;n ni qu&eacute; podr&iacute;a hacerle dudar?... Es usted digno de ella por la
+educaci&oacute;n, por el esp&iacute;ritu y por el car&aacute;cter... Y en el caso de que,
+para antes de casarse, desease haberse hecho una situaci&oacute;n que
+satisficiese su amor propio haciendo valer su personalidad, escr&iacute;bame...
+Yo puedo procurarle un puesto honroso en alguno de los servicios que
+dependen del ministerio de Agricultura... Ya ve c&oacute;mo era usted muy
+injusto conmigo al considerarme como un obst&aacute;culo para sus m&aacute;s caros
+deseos; por el contrario, yo no pido sino encontrar los medios para
+apresurar su realizaci&oacute;n...</p>
+
+<p>A medida que hablaba, contemplaba Sim&oacute;n con una mezcla de confusi&oacute;n y de
+extra&ntilde;eza a ese desconocido que, lo mismo que las hadas de los cuentos
+infantiles, ven&iacute;a a ejercer una tan ben&eacute;fica influencia en los destinos
+de su vida... Sent&iacute;ase profundamente conmovido por la cordial
+simplicidad con que ese funcionario le daba tan sabios consejos y le
+ofrec&iacute;a su valiosa ayuda. Movido a la vez por un sentimiento de
+verg&uuml;enza y de gratitud, balbuceaba encendido el rostro:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or, yo... yo bien quisiera darle las gracias como se merece... mas
+no encuentro palabras. Si&eacute;ntome confundido y avergonzado de mis
+est&uacute;pidas desconfianzas... &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a yo demostrarle mi agradecimiento
+y merecer su perd&oacute;n?...</p>
+
+<p>&mdash;Nada m&aacute;s que guard&aacute;ndome un peque&ntilde;o recuerdo en su alma...&mdash;murmur&oacute;
+Delaberge.</p>
+
+<p>Hubiera querido decir m&aacute;s y expresar con mayor viveza la ternura que
+sub&iacute;a de su coraz&oacute;n a sus labios, en este supremo momento de la
+despedida. Comprend&iacute;a, empero, la fatal necesidad que le condenaba a
+reprimir un sentimiento que hubiera parecido sospechoso al hijo de
+Miguelina. Hab&iacute;a prometido no ser para &eacute;l m&aacute;s que un extra&ntilde;o y el mismo
+inter&eacute;s del joven exig&iacute;a el religioso cumplimiento de esta promesa. Una
+terrible angustia le oprim&iacute;a el coraz&oacute;n... Antes de separarse de &eacute;l para
+siempre, hubiera deseado dejar a este muchacho que era hijo suyo un
+recuerdo material de su afecto, algo que obligase a Sim&oacute;n a pensar en
+&eacute;l alguna vez siquiera... S&uacute;bitamente se acord&oacute; de que poco antes,
+cuando le pregunt&oacute; si llegar&iacute;an a tiempo, hab&iacute;a dicho el joven que no
+ten&iacute;a reloj, y se le ocurri&oacute; la idea de ofrecerle el suyo. Pero, aunque
+la cosa era insignificante, podr&iacute;a parecer un tanto extra&ntilde;a y ni a&uacute;n
+quiz&aacute;s lograr&iacute;a hac&eacute;rselo aceptar...</p>
+
+<p>Pensando en ello, comenz&oacute; lentamente a quitarse la cadena que llevaba
+pendiente del chaleco y con nerviosidad la hac&iacute;a saltar entre sus dedos.
+Luego, afectando un aire indiferente y alegre, que amargamente
+contrastaba con la desoladora tristeza que escond&iacute;a en su coraz&oacute;n, habl&oacute;
+as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Para que piense usted en m&iacute; alguna que otra vez se me ha ocurrido una
+idea... Me ha dicho usted hace poco que no llevaba reloj; deje que le
+ofrezca el m&iacute;o... Nada tiene de precioso, pero es muy bueno... Cuando le
+pregunte usted la hora, se acordar&aacute; de un viejo solter&oacute;n que usted tom&oacute;
+ingenuamente por un rival y que, por el contrario, sent&iacute;a por usted una
+afectuos&iacute;sima amistad...</p>
+
+<p>Sac&oacute; de su bolsillo el reloj y lo desliz&oacute; prestamente en las manos del
+muchacho, quien, confuso por tan inesperado presente, permanec&iacute;a
+aturdido y no sab&iacute;a qu&eacute; decir; en sus ojos azules y grandemente abiertos
+se le&iacute;a a la vez su inquietud, su enternecimiento y tambi&eacute;n el temor de
+herir el amor propio de ese hombre extra&ntilde;o que acababa de darle tan
+reales pruebas del m&aacute;s profundo afecto: &laquo;Es un original&mdash;pensaba
+Sim&oacute;n,&mdash;pero tiene todo el aspecto de un hombre honrado... No hay que
+darle pena rechazando lo que de tan buena gana ofrece...&raquo;</p>
+
+<p>Y mientras le daba con palabras confusas las gracias, llegaba el
+carruaje ante la peque&ntilde;a estaci&oacute;n casi perdida en medio de los bosques.
+Ambos saltaron a tierra y en aquel mismo instante la campana anunci&oacute; la
+llegada del tren, resonando dolorosamente sus met&aacute;licas vibraciones en
+el coraz&oacute;n del inspector general. Apenas hubo tomado su billete y
+facturado su equipaje, se oy&oacute; en el fondo del bosque el silbido del tren
+que llegaba.</p>
+
+<p>Aunque no era posible distinguirle todav&iacute;a al trav&eacute;s de la densa niebla,
+se adivinaba que iba acerc&aacute;ndose r&aacute;pidamente, por las sordas
+trepidaciones que conmov&iacute;an el suelo... El temblor asustadizo de las
+hojas y de las ramas que el tren mov&iacute;a a su paso, llenaba el bosque de
+un misterioso murmullo.. Pronto apareci&oacute; la poderosa m&aacute;quina como
+surgiendo s&uacute;bitamente de la niebla, la fila serpenteante de los vagones
+se dibuj&oacute; en negro sobre los h&uacute;medos verdores y, con gemidos casi
+humanos, se detuvo el tren en seco ante la humild&iacute;sima estaci&oacute;n.</p>
+
+<p>El joven Princetot hab&iacute;a acompa&ntilde;ado a Delaberge hasta los mismos
+andenes... Francisco le envolvi&oacute; en aquel supremo momento en una
+afectuos&iacute;sima mirada y nunca le pareci&oacute; tan evidente su semejanza con el
+hijo de Miguelina...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Valor, y buena suerte!&mdash;le dijo con voz que se esforzaba en hacer
+serena.&mdash;Cuando est&eacute; en Rosalinda, no olvide usted ni una sola de mis
+recomendaciones... Y ahora, hijo m&iacute;o, como no sabemos si hemos de vernos
+otra vez, venga a m&iacute;...</p>
+
+<p>Tom&oacute; a Sim&oacute;n entre sus brazos, le apret&oacute; con fuerza contra su pecho, y
+tuvo este abrazo tan comunicativos ardores, que el joven se sinti&oacute;
+conmovido a su vez y bes&oacute; a Francisco tantas cuantas veces le iba &eacute;ste
+besando tambi&eacute;n...</p>
+
+<p>Mientras quedaba Sim&oacute;n un tanto sorprendido de la emoci&oacute;n profunda que
+acababa de experimentar, subi&oacute; Delaberge al vag&oacute;n e inmediatamente
+cerraron la portezuela.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adi&oacute;s!...&mdash;dijo todav&iacute;a asomando su p&aacute;lido rostro por la ventanilla
+del coche.</p>
+
+<p class="dots">* *<br />*</p>
+
+<p>Y parti&oacute; el tren entre nubes de vapor cuyos blancos jirones se rasgaban
+al trav&eacute;s de la valla que cerraba la v&iacute;a... Destrozado el coraz&oacute;n,
+h&uacute;medos los ojos, Delaberge continuaba con la mirada fija hacia la
+estaci&oacute;n que se iba haciendo m&aacute;s peque&ntilde;a cada vez... y en vano sus ojos
+quer&iacute;an atravesar el espes&iacute;simo velo de la niebla que deformaba todas
+las cosas y parec&iacute;a querer aislarle del mundo exterior. Por fin,
+desesperado y vencido, se dej&oacute; caer sobre el asiento... Viajaba tambi&eacute;n
+solo esta vez, y un profundo sollozo se anud&oacute; en su garganta a la idea
+de que, de hoy m&aacute;s, solo tambi&eacute;n viajar&iacute;a por los tristes caminos de la
+existencia.</p>
+
+<p class="c top5">FIN</p>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Paternidad, by André Theuriet
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PATERNIDAD ***
+
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+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
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+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
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+Foundation as set forth in Section 3 below.
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+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
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+
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+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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