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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Silas Marner + +Author: George Eliot + +Release Date: March 13, 2008 [EBook #24823] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK SILAS MARNER *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<h3 class="un">BIBLIOTECA de LA NACIÓN</h3> + +<h3 class="top5">GEORGE ELIOT</h3> +<p class="c">—————</p> +<h1 style="font-size:60px;">SILAS MARNER</h1> +<p class="c">—————</p> +<p class="c top5"><img src="images/001.png" alt="image" /></p> + +<p class="c top5">BUENOS AIRES</p> + +<p class="c">1919</p> + +<p class="c">Derechos reservados.</p> + +<p class="c">Imp. de <span class="smcap">La Nación</span>.—Buenos Aires</p> + +<table summary="toc" class="top15" cellspacing="0" cellpadding="15" border="1"> +<tr><td align="center"><a href="#I"><b>Capítulos: I, </b></a> +<a href="#II"><b>II, </b></a> +<a href="#III"><b>III, </b></a> +<a href="#IV"><b>IV, </b></a> +<a href="#V"><b>V, </b></a> +<a href="#VI"><b>VI, </b></a> +<a href="#VII"><b>VII, </b></a> +<a href="#VIII"><b>VIII, </b></a> +<a href="#IX"><b>IX, </b></a> +<a href="#X"><b>X, </b></a> +<a href="#XI"><b>XI, </b></a> +<a href="#XII"><b>XII, </b></a> +<a href="#XIII"><b>XIII, </b></a> +<a href="#XIV"><b>XIV, </b></a> +<a href="#XV"><b>XV, </b></a> +<a href="#XVI"><b>XVI, </b></a> +<a href="#XVII"><b>XVII, </b></a> +<a href="#XVIII"><b>XVIII, </b></a> +<a href="#XIX"><b>XIX, </b></a> +<a href="#XX"><b>XX, </b></a> +<a href="#XXI"><b>XXI, </b></a> +<a href="#CONCLUSION"><b>CONCLUSIÓN</b></a><br /> +</td></tr> +</table> + +<h2 class="top15"><a name="I" id="I"></a>I</h2> + + +<p>En los tiempos en que las ruecas zumbaban activamente en las granjas, en +que las mismas grandes damas, vestidas de sedas y encajes, tenían sus +pequeñas ruecas de encina lustrada, a veces se veía, ya sea en los +caminos de los distritos apartados, ya sea en el seno profundo de las +colinas, a ciertos hombres pálidos y enclenques que, comparados con las +gentes vigorosas de los campos, parecían ser los últimos vestigios de +una raza desheredada.</p> + +<p>El perro del pastor ladraba furioso cuando uno de esos hombres de +fisonomía extraña aparecía en las alturas, y su fisonomía extraña se +destacaba negra sobre el cielo, en el ocaso breve del sol de invierno; +porque, ¿a qué perro no incomoda una persona encorvada bajo el peso de +un fardo? Y aquellos hombres pálidos rara vez salían de su aldea sin +aquella carga misteriosa.</p> + +<p>El propio pastor, bien que tuviera buenas razones para creer que la +bolsa sólo contenía hilo de lino, si no largas piezas de lienzo tejidas +con ese hilo, no estaba muy seguro de que aquel oficio de tejedor, por +indispensable que fuera, pudiera ejercerse sin el auxilio del espíritu +maligno.</p> + +<p>En aquella época remota, la superstición acompañaba a todo individuo o a +todo hecho un tanto extraño. Y para que una cosa pareciera tal, bastaba +que se repitiera periódica o accidentalmente, como las visitas del +buhonero o del afilador.</p> + +<p>Nadie sabía dónde vivían aquellos hombres errantes, ni de quién +descendían; y, ¿cómo podría decirse quiénes eran, a menos de conocer a +alguien que supiera quiénes eran su padre y su madre?</p> + +<p>Para los campesinos de antaño, el mundo, más allá del horizonte de su +experiencia personal, era una región vaga y misteriosa. Para su +pensamiento, que se había quedado estacionario, una vida nómada era una +concepción tan obscura como la existencia, durante el invierno, de las +golondrinas que volvían en primavera. Pero el extranjero que se +establecía definitivamente entre ellos, si procedía de una región +lejana, no dejaba nunca de ser mirado con un resto de desconfianza. Esta +circunstancia hubiera hecho que las gentes no se sorprendieran +absolutamente, en el caso de que cometiera un crimen después de largos +años de conducta inofensiva, particularmente si tenía cierta reputación +de instruido, o si demostraba cierta habilidad en un oficio.</p> + +<p>Todo talento, ya sea en el uso rápido de este instrumento de difícil +manejo, la lengua, ya sea en algún otro arte poco familiar a los +campesinos, era en sí mismo sospechoso; las gentes honradas, nacidas y +criadas bajo la vista de todos, no eran, por lo general, ni muy +instruidas ni muy hábiles—por lo menos su ciencia no se extendía más +allá de los signos del cambio del tiempo—, y los medios de adquirir +rapidez o habilidad en un arte cualquiera eran tan desconocidos, que +esos talentos parecían tener algo de sortilegio. De ahí que esos +tejedores dispersos—emigrados de la ciudad al campo—, eran +considerados durante toda su vida como extranjeros por sus vecinos +campesinos, y contraían generalmente los hábitos excéntricos, inherentes +a una existencia solitaria.</p> + +<p>En los primeros años del siglo pasado, uno de esos tejedores, llamado +Silas Marner, ejercía su profesión en una choza construida de piedra, +situada en medio de cercos de avellanos, cerca de la aldea de Raveloe, y +no lejos de los bordes de una cantera abandonada. El ruido vago de su +telar, tan diferente del trote natural y alegre de la máquina de cerner +o del ritmo más simple del trillo de mano, ejercía un encanto casi +terrible sobre los chicos de Raveloe, que con frecuencia dejaban de ir a +recoger avellanas o buscar nidos, para ir a mirar por la ventana de la +choza. El movimiento misterioso del telar les inspiraba cierto temor +respetuoso; sin embargo, ese temor era compensado por un sentimiento +agradable de superioridad desdeñosa que sentían, burlándose de los +ruidos alternados de la máquina, así como del tejedor, cuya actitud se +parecía a la del preso empleado en el molino de la disciplina.</p> + +<p>A veces sucedía que Marner, al detenerse para arreglar algún hilo +irregular, notaba la presencia de los chicuelos. Aunque fuera avaro de +su tiempo, le desagradaba tanto que lo importunaran aquellos intrusos, +que bajaba de su telar, abría la puerta y fijaba en ellos una mirada que +bastaba siempre para nacerlos huir asustados. Porque, ¿cómo podrían +creer que aquellos ojos negros y saltones del pálido rostro de Silas +Marner no vieran en realidad claramente más que los objetos muy +próximos? ¿Cómo no creer más probable, que su mirada fija y espantosa +pudiera darle un calambre, el raquitismo a todo niño que se quedara +atrasado?</p> + +<p>Quizá les habían oído decir a sus padres, a medias palabras, que Silas +Marner podía curar el reumatismo si quería, y agregar, más +misteriosamente aún, que, si se sabía captarse a aquel diablo, podía +evitar los gastos de médico.</p> + +<p>Tales ecos extraños y retardados del antiguo culto del demonio podrían +ser notados todavía en nuestros días por quien escuchara hablar a los +campesinos de cabellos blancos; porque el espíritu inculto asocia +difícilmente la idea de poder con la bondad.</p> + +<p>La concepción obscura de un poder del que se puede conseguir, mediante +mucha persuasión, que se abstenga de hacer daño, es la forma que el +sentimiento de lo invisible crea más fácilmente en el espíritu de los +hombres que han estado siempre más urgidos por las primeras necesidades, +y cuya vida de duro trabajo no ha sido nunca iluminada por el entusiasmo +de ninguna fe religiosa.</p> + +<p>El dolor y el infortunio ofrecen a esas gentes un dominio de +posibilidades mucho más vasto que el de la alegría y el placer; el campo +de su imaginación es casi estéril en imágenes que alimenten los deseos y +las esperanzas, mientras que está cubierto de recuerdos que son el +eterno pasto del temor. «¿No existe alguna cosa que os agradaría +comer?», le preguntaron a un viejo campesino que estaba muy enfermo y +que había rechazado todos los alimentos que su mujer le había ofrecido. +«No—contestó—, nunca he estado acostumbrado más que al alimento +ordinario; y ya no lo puedo comer.» Su género de vida no había +despertado en él ningún deseo de evocar el fantasma del apetito.</p> + +<p>Y Raveloe era un lugar en que muchos antiguos ecos se habían retrasado, +sin que los ahogaran las voces nuevas. No es que fuera una de esas +parroquias estériles, relegadas en los confines de la civilización, en +las que vivían los flacos carneros y escasos pastores. Por el contrario, +era una aldea situada en la rica llanura central del país que nos +complacemos en llamar la Alegre Inglaterra, en la que había granjas que, +consideradas del punto de vista espiritual, pagaban al clero diezmos muy +deseables. Pero estaba situado en una hondonada tranquila y poblada de +bosques, a una buena hora de todo camino para jinetes, en un sitio a que +no podían llegar ni los toques del cuerno de la diligencia, ni los ecos +de la opinión pública.</p> + +<p>Era Raveloe una aldea de aspecto importante, en el corazón de la cual se +alzaban una bella y antigua iglesia, con un vasto cementerio, así como +dos o tres grandes edificios construidos de piedra y ladrillo, cuyos +techos estaban adornados con veletas y los huertos bien cercados de +paredes. Esas habitaciones estaban situadas junto al camino, y sus +fachadas se erguían con más majestad que el presbiterio, cuya cima +emergía en medio de los árboles, del otro lado del cementerio. Raveloe +era una parroquia que indicaba en seguida la categoría de sus +principales habitantes. Informaba al ojo experimentado que no había gran +parque ni castillo en el vecindario, pero que contaba con varios jefes +de familia que podían, a su capricho, malbaratar sus tierras, sacando, +sin embargo, en aquellos tiempos de guerra, bastante dinero de su mala +explotación, como para llevar vida holgada y celebrar alegremente las +fiestas de Navidad, de la de Pentecostés y de Pascuas. Hacía ya quince +años que Silas Marner vivía en Raveloe. No era, cuando allí llegó, más +que un joven pálido, de ojos negros, salientes y miopes, cuya fisonomía +no hubiera tenido nada de extraño para gentes de cultura y experiencia +comunes; pero para los campesinos, entre los que había ido a +establecerse, tenía algo de particular y misterioso que respondía a la +naturaleza excepcional de su profesión, y a su llegada de una región +desconocida, llamada «el norte».</p> + +<p>Lo propio pasaba con su modo de vivir; no invitaba nunca a nadie a que +salvara su umbral, y no salía nunca a vagar por la aldea para beber un +jarro de cerveza en la taberna del <i>Arco Iris</i> o charlar en casa del +carretonero.</p> + +<p>No buscaba nunca a hombre ni a mujer como no fuera para las necesidades +de su profesión, o a fin de proporcionarse lo que necesitaba, y las +mozas de Raveloe pronto se persuadieron de que jamás obligaría a ninguna +a casarse con él contra su voluntad, tal cual si las hubiera oído +declarar que no se casarían nunca con un muerto resucitado.</p> + +<p>Esta manera de considerar la persona de Marner no era otro motivo que la +palidez de su rostro y sus ojos singulares, porque Jacobo Rodney, el +matador de topos, afirmaba lo que sigue: Una tarde, al volver a su casa, +había visto a Silas apoyado contra una cerca, con el pesado fardo al +hombro, en lugar de colocarlo sobre la cerca, como hubiera hecho un +hombre que estuviera en su juicio; después, al acercarse, vio que los +ojos del tejedor estaban inmóviles como los de un muerto; en seguida le +habló, lo sacudió y notó que sus miembros estaban rígidos, y que las +manos apretaban el saco como si fuesen de hierro; pero, precisamente en +el momento en que acababa de convencerse de que Marner estaba muerto, +éste recobró sus sentidos, le dio las buenas noches y se marchó.</p> + +<p>Rodney juraba que había sido testigo de todo esto; y era tanto más +creíble cuanto que agregaba que la cosa había sucedido el mismo día en +que había ido a cazar topos en la sierra del squire Gass, allá cerca del +viejo foso de los aserradores.</p> + +<p>Algunas personas decían que Marner debía haber tenido un «ataque», +palabra que parecía explicar cosas de otro modo increíbles; pero el +señor Macey, gran argumentador y chantre de la parroquia, sacudía la +cabeza con incredulidad, y preguntaba si se había visto nunca a nadie +perder sus facultades sin que rodara al suelo. Un ataque era una +parálisis, no cabía duda, y era propio de la parálisis privar en parte a +un individuo del uso de sus miembros, quedando a cargo de la parroquia, +si no tenía hijos para ir en su ayuda.</p> + +<p>No, no; una parálisis no deja a un hombre firme sobre las piernas, como +un caballo entre las varas de un carro, ni le dejaría luego marcharse, +así que se le pudiera decir «¡arre!» Pero quizá hubiera algo así como +que el alma del hombre, que se librara del cuerpo, saliera y entrara, lo +mismo que un pájaro que sale y vuelve a su nido. Así era como las gentes +se volvían muy instruidas, porque libres entonces de su envoltura +corporal iban a la escuela de los que podían enseñarles más cosas de las +que sus vecinos podían aprender con ayuda de sus cinco sentidos y del +pastor. Y, ¿dónde había adquirido maese Marner su conocimiento de las +plantas y también el de los hechizos, cuando se le ocurría darlos? No +había nada en lo que contaba Jacobo Rodney capaz de sorprender a los que +habían visto cómo Marner había curado a Sally Oates, y la había hecho +dormir como un niño, cuando el corazón de aquella mujer latía como para +partirle el pecho desde hacía dos meses y más que la asistía el doctor. +Marner era capaz de curar otras personas si quería; en todo caso era +bueno hablarle, con suavidad, siquiera para evitar que hiciera daño.</p> + +<p>A ese temor vago debía Marner en parte el estar al abrigo de las +persecuciones que su singularidad hubiera podido atraerle; pero más aún +lo debía a una circunstancia particular. El viejo tejedor de Tarley, +parroquia próxima a Raveloe, había muerto; por lo tanto, la profesión de +Silas, cuando se estableció, hizo que fuera el bien venido para las más +ricas señoras de los alrededores, y aun para las campesinas más +previsoras, que tenían, al fin del año, su pequeña provisión de hilo.</p> + +<p>La utilidad que le reconocían, hubiera neutralizado toda repugnancia o +toda sospecha a su respecto, que no fuera conformada por falta en la +calidad o cantidad del tejido que les hacía.</p> + +<p>Transcurrieron los años sin producir ningún cambio en la impresión que +causara en los vecinos, a no ser el paso de la novedad a la costumbre. +Al cabo de quince años, las gentes de Raveloe decían de Marner +exactamente las mismas cosas que al principio; no las decían tan a +menudo, pero creían tan firmemente en ellas cuando les acontecía +decirlas. Los años sólo habían agregado un hecho importante, a saber: +que maese Marner había juntado en algunas partes una bonita suma de +dinero, y que si quisiera podría comprar los bienes de los que se daban +más importancia que él.</p> + +<p>Pero, mientras que la opinión pública había permanecido casi +estacionaria a su respecto, y que los hábitos cotidianos no habían +presentado cambios apreciables, la vida interior del tejedor había +tenido su historia o su metamorfosis, como la vida interior de toda +naturaleza ardiente, que ha buscado la soledad o que ha sido condenada a +ella, debe tener necesariamente la suya. Su existencia, antes de su +llegada a Raveloe, había estado llena por el movimiento, la actividad +del espíritu y las relaciones íntimas que en ese tiempo, como en +nuestros días, distinguían la existencia de un artesano incorporado +desde temprano en una secta religiosa, de miras estrechas, en que el +laico más pobre tiene probabilidades de hacerse notar por el talento o +la palabra, y en la que por lo menos influye su voto silencioso en el +gobierno de la comunidad.</p> + +<p>Marner era muy estimado por aquel pequeño mundo que, para sus miembros, +constituía el Patio de la Linterna. Se le consideraba como un joven de +vida ejemplar y de una fe ardiente; y un interés popular se había +concentrado siempre en él, después que en una reunión piadosa había +caído en un estado misterioso de rigidez y de insensibilidad, estado en +que había permanecido una hora o más, y que había creído fuera la +muerte.</p> + +<p>Si se hubiera tratado de darle a aquel fenómeno una explicación médica, +aquello hubiera sido considerado por el mismo Silas, por el pastor y los +demás miembros de la congregación, como un abandono voluntario del +significado espiritual, que podía explicar el hecho. Silas era +evidentemente un hermano elegido para un ministerio particular, y bien +que los esfuerzos para interpretar su naturaleza fueran desalentados por +la ausencia de toda visión espiritual durante su éxtasis exterior, sin +embargo, creía como los demás que el resultado se manifestaba en su alma +por un aumento de luz y de fervor.</p> + +<p>Un hombre menos sincero que Marner se hubiera sentido tentado a crear +en seguida una visión que tuviera apariencias de remembranza, y un +espíritu menos sano hubiera podido creer en semejante creación. Pero +Silas era a la vez sano de espíritu y honrado; sólo que en él, como en +muchos hombres fervientes y sinceros, la cultura intelectual no había +trazado un curso particular al sentimiento religioso, de manera que éste +se esparcía por la vía reservada a la investigación y a la ciencia.</p> + +<p>Había heredado de su madre un cierto conocimiento de las plantas +medicinales y de su preparación, pequeño caudal de sabiduría que ella le +había transmitido como un legado solemne. Sin embargo, desde hacía +algunos años tenía dudas respecto al derecho de usar de aquella ciencia, +creyendo que las plantas no podían hacer ningún efecto sin el rezo y que +el rezo debía bastar sin las plantas; así es que sus delicias +hereditarias de vagar por los campos para recoger la digital, el acónito +y el mastuerzo, comenzaron a revestir ante sus ojos las formas de la +tentación.</p> + +<p>Entre los miembros de su iglesia se encontraba un joven algo mayor que +él, con el que vivía desde hacía tiempo en una amistad tan íntima, que +los hermanos del Patio de la Linterna tenían la costumbre de llamarlos +David y Jonatás. El verdadero nombre de ese amigo era William Dane. El +era considerado igualmente como un modelo de piedad juvenil, bien que +estuviera dispuesto a mostrarse un tanto severo con los hermanos más +jóvenes que él, y a deslumbrarse tanto con sus propias luces, que se +creía más sabio que sus maestros.</p> + +<p>Pero, sea cuales fueran las imperfecciones que otros descubrieran en +William, en el espíritu de su amigo era perfecto, porque Marner era una +de esas naturalezas impresionables y que dudan de sí mismas que, en la +edad de corta experiencia, admiran la autoridad y se forman un apoyo en +la contradicción.</p> + +<p>La expresión de sencillez confiada de la fisonomía de Marner—expresión +realzada por la ausencia de observación propia, por la mirada sin +defensa, mirada de ciervo, que pertenece a los grandes ojos +prominentes—formaba un contraste chocante con la represión voluntaria +de la satisfacción interior, que se disimulaba apenas en los pequeños +ojos oblicuos y en los labios contraídos de William Dane. Uno de los +temas de la conversación más frecuente entre los dos amigos, era la +certidumbre de esa salvación: Silas confesaba que no podía llegar nunca +más que una mezcla de esperanza y de temor, y escuchaba a William con +una admiración llena de deseo, cuando éste declaraba que había tenido +siempre la convicción inquebrantable de su salvación, desde que en la +época de su conversación, había soñado que las palabras «llamado y sin +duda elegido» se presentaban ante sus ojos sobre una página blanca de la +Biblia abierta. Diálogos así han ocupado a más de una pareja de +tejedores, de rostro pálido, cuyas almas incultas parecían pequeñas +criaturas recientemente aladas, revoloteando abandonadas en el +crepúsculo.</p> + +<p>Habíale parecido al confiado Silas que su amistad no se había enfriado, +aun después que un nuevo afecto, de naturaleza más íntima, había brotado +en su corazón.</p> + +<p>Desde hacía algunos meses estaba comprometido con una joven sirvienta y +los dos no esperaban para casarse más que el momento en que sus +economías fueran bastante grandes. Silas tenía vivo placer en que Sara +no hiciera ninguna objeción a la presencia accidental de William durante +sus entrevistas de los domingos. Fue en esa época de su vida que tuvo +lugar el ataque de catalepsia durante la reunión piadosa. Entre las +preguntas y las muestras de interés que los miembros de la congregación +le dirigieron o le expresaron, sólo la opinión sugerida por William +estuvo en desacuerdo con la simpatía general, demostrada a un hermano +así elegido para un ministerio particular. Hizo observar que, a su +entender, aquel éxtasis más bien se parecía a una manifestación de +Satanás, que a una prueba del favor divino, y exhortó a su amigo a que +buscara si no ocultaba nada maldito en su corazón.</p> + +<p>Silas, sintiéndose obligado a aceptar la censura y la advertencia como +un servicio fraternal, no tuvo ningún resentimiento. Sólo sintió al ver +las dudas que William alimentaba a su respecto. A esto vino a agregarse +una cierta inquietud, cuando descubrió que la conducta de Sara para con +él comenzaba a traicionar una extraña fluctuación: ora hacía esfuerzos +para demostrarle mayor afecto, ora dejaba notar signos involuntarios de +repulsión y de hastío. Silas le preguntó si deseaba romper su +compromiso; pero ella dijo que no; el compromiso era conocido en la +iglesia y había sido confirmado en las reuniones piadosas. Para romperlo +hubiera sido necesario hacer una encuesta severa, y Sara no tenía +ninguna razón que dar, que pudiera ser sancionada por el sentimiento de +la comunidad.</p> + +<p>Por esa época, el decano de los diáconos cayó gravemente enfermo. Como +era viudo y sin hijos fue cuidado noche y día por los hermanos y +hermanas más jóvenes de la comunidad. Silas y William iban con +frecuencia a velar durante la noche, reemplazando el uno al otro a las +dos de la mañana. El anciano, contra lo que todos creían, parecía estar +en vías de salvarse, cuando una noche Silas, sentado a la cabecera del +enfermo, notó que la respiración de éste, que era generalmente +perceptible, había cesado. La vela estaba casi consumida; tuvo que +incorporarse para ver claramente el rostro del diácono. Aquel examen lo +persuadió de que el anciano estaba muerto, muerto desde hacía algún +rato, porque sus miembros estaban rígidos.</p> + +<p>Silas se preguntó si no se habría dormido y miró el reloj; eran ya las +cuatro de la mañana. ¿Cómo era que William no había ido? Lleno de +inquietud fue a buscar socorro.</p> + +<p>Muy luego, varios amigos, y entre ellos el pastor, se encontraron +reunidos en la casa. Por su parte, Silas volvió a su casa, sintiendo no +haber encontrado a William para saber el motivo de su ausencia. Pero a +eso de las seis de la mañana, cuando pensaba en ir a buscar a su amigo, +llegó William, y el pastor junto con él.</p> + +<p>Iban a invitar a Marner para que fuera al Patio de la Linterna, a la +asamblea de los miembros de la congregación.</p> + +<p>Como preguntara la causa de aquella convocatoria, se le dijo +simplemente: «Ahora lo sabréis».</p> + +<p>No se pronunció una palabra más, antes de que Silas estuviera sentado en +la sacristía, frente al pastor y bajo las miradas fijas y solemnes de +aquellos que, ante sus ojos, representaban al pueblo de Dios.</p> + +<p>Entonces el pastor, sacando un cuchillo del bolsillo, se lo mostró a +Silas, preguntándole si recordaba dónde había dejado aquel cuchillo.</p> + +<p>Silas respondió que no recordaba haberlo dejado en otra parte más que en +su bolsillo; sin embargo, aquella extraña interrogación lo hizo +estremecer.</p> + +<p>Se le exhortó a que no ocultara su pecado, y que lo confesara y +arrepintiera. El cuchillo había sido encontrado cerca del difunto +diácono, en el sitio en que había depositado la bolsa que contenía el +dinero de la iglesia, y que el propio pastor había visto el día +precedente. Alguien se había llevado la bolsa, y, ¿quién podía ser, sino +aquél a quien pertenecía el cuchillo? Durante un rato Silas permaneció +mudo de sorpresa. Después dijo:</p> + +<p>—Dios me justificará; nada sé respecto de la presencia de mi cuchillo +en ese sitio, ni de la desaparición del dinero. Registradme, registrad +mi casa: no encontraréis más que tres libras esterlinas y cinco +chelines, fruto de mis economías, suma que poseo desde hace seis meses, +como William lo sabe.</p> + +<p>Al oír estas palabras, William produjo un murmullo de desaprobación; +pero el pastor le dijo a Silas:</p> + +<p>—Las pruebas para vos son aplastadoras, mi hermano Marner. El dinero ha +sido sacado esta noche, y no había más persona que vos junto a nuestro +hermano difunto; porque William Dane nos ha declarado que una +indisposición repentina le impidió ir a reemplazaros, como de costumbre. +Vos mismo declarasteis que no había ido, y además, abandonasteis el +cuerpo del difunto.</p> + +<p>—Es forzoso que me haya dormido—dijo Silas—, o bien que haya estado +bajo la influencia de una manifestación espiritual parecida a aquella de +que fui objeto ante los ojos de todos vosotros, de modo que el ladrón +debe haber entrado y salido mientras yo no estaba en mi cuerpo; pero sí +mi cuerpo. Sin embargo, lo repito otra vez; buscad en mi casa, porque no +he ido a otra parte.</p> + +<p>Se hizo el registro, el cual terminó con el descubrimiento que hizo +Silas de la bolsa vacía y escondida tras de la cómoda, en el cuarto de +Silas. Después de esto, William exhortó a su hermano a confesar su +falta, y a no ocultarla más largo tiempo. Silas dirigió a su amigo una +mirada de vivo reproche, diciéndole:</p> + +<p>—William, desde hace nueve años que vivimos juntos, ¿me habéis oído +nunca decir una mentira? Pero Dios me justificará.</p> + +<p>—Mi hermano—le dijo William—, ¿cómo hubiera podido saber lo que +habéis hecho en las celdas secretas de nuestro corazón, para darle a +Satanás ventajas sobre vos?</p> + +<p>Silas miraba a su amigo. De pronto un vivo sonrojo se esparció por su +rostro, e iba a hablar con impetuosidad, cuando una conmoción interior, +que disipó aquel sonrojo y le hizo temblar, pareció detenerle de nuevo. +En fin, dijo con voz débil, mirando fijamente a William:</p> + +<p>—Ahora me acuerdo, el cuchillo no estaba en mi bolsillo.</p> + +<p>William respondió:</p> + +<p>—No sé lo que queréis decir.</p> + +<p>Entretanto, las otras personas presentes se pusieron a preguntar a Silas +Marner dónde, según él, se encontraba el cuchillo; pero no quiso dar +otra explicación. Agregó solamente:</p> + +<p>—Estoy cruelmente herido, no puedo decir nada. Dios me justificará.</p> + +<p>La asamblea, de regreso en la sacristía, deliberó nuevamente. Toda +apelación a las medidas legales, con el fin de establecer la +culpabilidad de Silas, era contraria a los principios de la iglesia del +Patio de la Linterna. Según esos principios, era prohibido recurrir a la +justicia contra los cristianos, aun cuando el hecho resultara menos +escandaloso para la comunidad. Sin embargo, era obligación de sus +miembros el tomar otras medidas a fin de descubrir la verdad, y +resolvieron orar y «echar la suerte».</p> + +<p>Esta resolución sólo sorprenderá a las personas extrañas a esa obscura +vida religiosa que se desarrolla en las callejuelas de nuestras +ciudades. Silas se arrodilló junto con sus hermanos, contando con la +intervención directa de la divinidad para probar su inocencia; pero +sintiendo que, a pesar de todo, tendría que sufrir aflicciones y +dolores, y que su confianza en la humanidad acababa de ser cruelmente +herida. La suerte declaró que Silas Marner era culpable. Fue solamente +excluido de la secta, y se le compelió a devolver el dinero robado; sólo +cuando confesara su falta, en señal de arrepentimiento, podría ser +recibido de nuevo en el seno de la Iglesia. Marner escuchó en silencio. +Por último, cuando todos se levantaron para marcharse, Silas se adelantó +hacia William Dane, y, con voz que la agitación hacía temblar, dijo:</p> + +<p>—La última vez que me serví de mi cuchillo, lo recuerdo bien, fue para +cortaros una tira de lienzo. No recuerdo haberlo vuelto a mi bolsillo. +Sois vos quien habéis robado el dinero y urdido un complot para +atribuirme ese pecado. Pero a pesar de eso podréis prosperar; no existe +un Dios de justicia que gobierne la tierra con equidad; sólo existe un +Dios de mentira, que da falsos testimonios contra el inocente.</p> + +<p>Aquella blasfemia produjo una impresión de horror general.</p> + +<p>William dijo con humildad:</p> + +<p>—Dejo a mis hermanos la tarea de que juzguen si ésta es o no la voz de +Satanás. Sólo puedo rogar por vos, Silas.</p> + +<p>El pobre Marner salió con esta desesperación en el alma; con este +desengaño en la confianza puesta en Dios y en la humanidad, que casi +raya en la locura de una naturaleza afectuosa. Con el corazón +amargamente herido, se dijo: «Ella también me rechazará». Y pensó que si +Sara no creía en el testimonio dado contra él, toda la fe de aquella +joven tenía que subvertirse como la suya.</p> + +<p>Para las personas acostumbradas a razonar respecto de las formas que sus +sentimientos religiosos han revestido, es difícil darse cuenta de ese +estado simple y natural en que la forma y el sentimiento no han sido +separados nunca por un acto de reflexión. Nos sentimos inevitablemente +inclinados a creer que un hombre, en la situación de Marner, hubiera +comenzado por poner en duda la validez de un llamamiento hecho a la +justicia divina tirando a la suerte. Pero no hubiera sido para él un +esfuerzo de libre pensamiento tal como jamás lo había intentado; y +hubiera tenido que hacer ese esfuerzo en un momento en que toda su +energía se hallaba absorbida por las angustias de su fe perdida. Si hay +un ángel que registre los dolores y los pecados de los hombres, tiene +que saber cuán numerosos e intensos son los pesares que causan las ideas +falsas, de que nadie es culpable.</p> + +<p>Marner se volvió a su casa. Durante un día entero permaneció sentado, +solo, aturdido por la desesperación, sin sentir ningún deseo de ir a ver +a Sara para tratar de hacerle creer en su inocencia.</p> + +<p>El segundo día, buscó un refugio contra la incredulidad que lo +amodorraba, sentándose en su telar y poniéndose a trabajar sin reposo, +como de costumbre.</p> + +<p>Pocas horas después, el pastor, acompañado por uno de los diáconos, iba +a llevarle un mensaje de Sara, informándole que ella consideraba roto su +compromiso con él. Silas recibió el mensaje en silencio. Apartando en +seguida la mirada que había fijado en los mensajeros, volvió a ponerse +al trabajo.</p> + +<p>Al cabo de un mes Sara casó con William Dane, y muy luego, los hermanos +del Patio de la Linterna supieron que Silas Marner había abandonado la +ciudad.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="II" id="II"></a>II</h2> + + +<p>Es algunas veces difícil, aun a las personas cuya existencia ha sido +amplificada por la instrucción, el mantener con firmeza sus opiniones +sobre la vida, su fe en lo invisible, y el sentimiento que realmente les +causaran las alegrías y los pesares del pasado, cuando son bruscamente +trasladados a otro país.</p> + +<p>Porque allí, las gentes que los rodean no saben nada a su respecto y no +comparten ninguna de sus ideas; allí, además, la madre tierra, presenta +otro seno, y la vida humana reviste otras formas que aquellas que +alimentaron sus corazones.</p> + +<p>Las almas arrancadas a su antigua fe y a sus antiguos afectos, han +buscado quizá esa influencia del destierro, que, como el agua de Leteo, +borra el pasado. Ella lo torna confuso, porque aquellos símbolos se han +desvanecido, y también torna vago el presente, porque no lo sostiene +ningún recuerdo. Pero, ni aun la experiencia de esas almas les permite +figurarse claramente lo que sintió un simple tejedor como Silas Marner, +cuando abandonó su pueblo y sus amigos para irse a establecer a Raveloe.</p> + +<p>Nada más distinto de su ciudad natal, situada en una de las faldas de +las colinas que se extendían a lo lejos, como aquella región baja y +boscosa, en que los cercos y los árboles de follaje espeso la ocultaban +a la vista del cielo.</p> + +<p>Cuando se levantaba, en la tranquilidad profunda de la mañana, miraba +afuera las zarzas cubiertas de rocío, y las matas vigorosas de hierbas; +no veía nada que pudiese tener relación con aquella vida concentrada en +el Patio de la Linterna, aquella vida que antes era el santuario de las +altas dispensaciones en su favor. Los muros blanqueados; los pequeños +bancos, en que las personas que se tenía costumbre de ver entraban +evitando el roce de sus vestidos, y donde una primera vez bien conocida, +y luego otra y otra, hacían su pequeña oración, cada una en su tono +particular, pronunciando frases ocultas y familiares, como el amuleto +llevado sobre el corazón; el púlpito en que se postran, inclinándose +hacia un lado y otro, hojeando la Biblia según su costumbre, dispersaba +una doctrina incontestada; hasta las pausas entre las estrofas del +himno, mientras que se lo leía, y la elevación intermitente de la voz +durante el canto; todo eso había sido para Marner el camino de las +influencias divinas; era el alimento y el refugio de sus emociones +religiosas, el cristianismo y el reino de Dios en la tierra.</p> + +<p>Un tejedor que encuentra frases difíciles de comprender en su libro de +himnos, no sabe nada de las abstracciones: es como el niño que nada sabe +del amor maternal, y no conoce más que un rostro y un seno hacia los +cuales tiende los brazos para buscar en ellos un refugio y alimento.</p> + +<p>¿Y qué cosa podrá haber más distinta en aquel mundo del Patio de la +Linterna que aquel mundo de Raveloe? Pastores que parecían vivir la +ociosidad en medio de una abundancia descuidada; la gran iglesia +rodeada de un vasto cementerio, y que los aldeanos miraban vagando +delante de sus puertas durante los oficios; los cortijeros de rostro +rubicundo, los unos caminando lentamente por las calles; los otros +entrando a la taberna del <i>Arco Iris</i>, habitaciones en que los hombres +cenaban copiosamente y dormían de noche a la luz del hogar, y donde, las +mujeres parecían acopiar una provisión de ropa para la vida futura.</p> + +<p>No había labios en Raveloe que pudieran dejar caer una palabra capaz de +despertar la fe adormecida de Marner, y hacer experimentar una sensación +de dolor.</p> + +<p>En las primeras edades del mundo, como es sabido, se creía que cada +territorio estaba habitado y gobernado por sus propias divinidades. Así +es que un hombre que atravesara las alturas limítrofes, podía +encontrarse fuera del alcance de los dioses de su país, cuya presencia +estaba confinada en las corrientes de agua, en las colinas y en el seno +de los sotos, en cuyo seno había vivido desde su nacimiento. Y el pobre +Silas sentía algo que no carecía de parecido con los sentimientos de +esos hombres primitivos, cuando, impulsado por el miedo o por su humor +sombrío, huían de ese modo las miradas de una divinidad enemiga.</p> + +<p>Le parecía que el poder en que había puesto en vano su confianza, en las +calles de su ciudad y en las reuniones piadosas, se encontraba muy lejos +de aquella tierra en que se había refugiado, en que los hombres vivían +despreocupados, en la abundancia, sin saber nada y sin sentir la +necesidad de aquella confianza que para él se había convertido en +amargura. Las pocas luces que poseía esparcían sus rayos tan débilmente, +que su creencia perdida formaba una niebla bastante espesa como para +formar en su alma las tinieblas de la noche.</p> + +<p>Su primer movimiento, después del choque, fue ponerse a trabajar. +Después continuó en la labor sin remisión. Ahora ya no se preguntaba +para qué había ido a Raveloe; tejía hasta altas horas de la noche para +acabar la pieza de lienzo de mesa que le encargara la señora Osgood +antes de la fecha prometida, sin pensar en el dinero que se le daría por +su trabajo.</p> + +<p>Parecía tejer como la araña, por instinto, sin reflexión. El trabajo que +todo hombre prosigue con asiduidad, tiende, de ese modo, a volverse un +fin por sí mismo, haciéndole salvar de este modo los vacíos sin +atractivos de su existencia. La mano de Silas se complacía en manejar la +lanzadera, y sus ojos se distraían al ver los pequeños cuadros del +tejido completarse bajo sus esfuerzos.</p> + +<p>Además, había que satisfacer las exigencias del hambre, y Silas, en su +soledad, tenía que proporcionarse su desayuno, su almuerzo, y su comida, +ir a buscar agua al pozo y poner la olla sobre el fuego. Todas esas +necesidades imperiosas, junto con el trabajo en el telar, contribuían a +reducir su vida a la actividad ciega de un insecto tejedor. Odiaba la +idea del pasado, nada lo impulsaba a amar a los extraños en medio de los +cuales vivía, o asociarse con ellos; y el porvenir sólo era tinieblas, +porque ningún amor invisible pesaba en él. Sus pensamientos estaban +detenidos por una perplejidad completa, ahora que su camino estrecho de +antaño estaba cerrado, y sus efectos parecían haber sido aniquilados por +el golpe que había lacerado sus fibras más sensibles.</p> + +<p>Por fin, el lienzo de mesa de la señora Osgood fue terminado, y Silas +recibió oro en pago. Su ganancia, en su ciudad natal, donde trabajaba +para un mayorista, era menos que en Raveloe; se le pagaba por semana, y +una gran parte de aquel salario hebdomadario se iba en obras de piedad y +de caridad. Ahora, por primera vez en su vida, le habían puesto cinco +hermosas guineas en la mano; nadie se proponía compartirlas con él, y él +no quería lo bastante a ningún hombre para ofrecerle una parte. Pero, +¿qué valor tenían las guineas ante los ojos de Marner, que no veía más +perspectiva que la de innumerables días de trabajo en su telar?</p> + +<p>Era inútil que se hiciera esta pregunta, porque le era agradable +recibirlas en el hueco de su mano y mirar sus efigies brillantes. Eran +suyas por completo: constituían otro elemento de su existencia, análogo +al trabajo y a la satisfacción del hombre, un elemento de naturaleza +completamente extraño a la vida de creencia y de amor de que estaba +privado.</p> + +<p>El tejedor había conocido el contacto del dinero penosamente ganado, aun +antes de que la palma de su mano se hubiera desarrollado por completo. +Durante años, el dinero misterioso había sido para él un símbolo de los +bienes terrenales y el objeto inmediato del trabajo.</p> + +<p>Marner parecía estimarlo poco en los días en que cada penique tenía para +él su destino; porque ese destino, lo amaba entonces. Pero ahora que +todo objeto había desaparecido, aquel hábito de esperar el dinero y de +recibirle con el sentimiento del esfuerzo cumplido, formaba un suelo +bastante profundo para recibir las semillas del deseo; así fue que +Silas, al volver a su casa a través de los campos, durante el +crepúsculo, sacó el dinero de su bolsillo y le pareció que brillaba más +en la obscuridad creciente.</p> + +<p>Por esta época se produjo un incidente que pareció hacer posibles las +relaciones amistosas entre él y sus vecinos. Un día que llevaba a +remendar un par de zapatos, vio a la mujer del zapatero sentada junto al +fuego, presa de los síntomas terribles de una enfermedad al corazón y de +la hidropesía, síntomas que Silas había observado en su propia madre, y +que habían sido los anunciadores de su muerte.</p> + +<p>Aquella vista y aquel recuerdo le inspiraron un arranque de piedad. +Recordó el alivio que la enferma había sentido tomando una preparación +sencilla de digital, le prometió a Sally Oates que le llevaría algo que +le haría bien, puesto que las medicinas del doctor no la mejoraban. Al +hacer aquel acto de caridad, Silas sintió por primera vez, desde su +llegada a Raveloe, un sentimiento que, al unir su vida presente a su +vida pasada, hubiera podido comenzar a librarlo de aquella especie de +existencia de insecto, en que su naturaleza había degenerado.</p> + +<p>Entretanto, la enfermedad de Sally Oates lo había elevado al rango de un +personaje muy interesante, muy importante en el vecindario, y el hecho +de que había mejorado bebiendo la droga de Silas, se volvió un tema +general de conversación. Cuando el doctor Kimble recetaba una medicina, +era natural que produjera su efecto; pero cuando un tejedor, que venía +no se sabe de dónde, hacía maravillas con un frasco de agua parda, el +carácter oculto del procedimiento se volvía evidente. No se había visto +nada parecido desde la muerte de la bruja de Tarley, y ésta lo mismo se +servía de drogas que de hechizos. Todos iban a verla cuando los niños +tenían convulsiones. Silas Marner debía ser una persona como ella; +porque, ¿cómo sabía lo que le devolvería la respiración a Sally Oates, +si no poseía algo más que eso? La bruja conocía palabras que murmuraba +muy despacio, de modo que no se le podía oír nada. Si al mismo tiempo +ataba un hilo encarnado alrededor del dedo gordo del pie del niño, éste +quedaba libre de la hidropesía del cerebro. Había además en Raveloe unas +mujeres que habían usado unas almohadillas de la bruja, atadas al +cuello, lo que dio por resultado que nunca tuvieran un hijo idiota como +el de Ana Coulter. Silas Marner era probablemente capaz de hacer otro +tanto, y aun más; ahora se veía muy bien por qué había venido de un país +desconocido, y por qué tenía una fisonomía tan rara. Pero era preciso +que Sally Oates no se lo fuera a decir al señor Kimble, porque el doctor +no tomaría a bien lo que había hecho Marner. Siempre estaba irritado +contra la bruja, y amenazaba a los que iban a consultarle con no +volverlos a asistir.</p> + +<p>Silas se vio entonces bruscamente asaltado en su choza, ya sea por +madres que deseaban que, por medio de sortilegios, les curara la tos +convulsa a sus hijos, o que a ellas mismas les hiciera bajar la leche; +ya sea por hombres que necesitaban drogas contra los reumatismos o los +nudos en los dedos.</p> + +<p>Para evitar una negativa, los solicitantes llevaban dinero en el hueco +de la mano.</p> + +<p>Silas hubiera podido hacer un proficuo comercio con sus hechizos +supuestos y su pequeña lista de drogas; pero el dinero ganado de ese +modo no le tentaba.</p> + +<p>Nunca había tenido malas inclinaciones, y con irritación creciente, +despedía a las gentes unas tras otras, porque la noticia de que era +brujo se había esparcido hasta Tarley; así es que transcurrió mucho +tiempo antes de que se dejara de hacer largos trayectos con el objeto de +pedirle ayuda.</p> + +<p>Entonces, la esperanza en su poder oculto se convirtió en temor. No se +le creía absolutamente cuando afirmaba que no conocía hechizos, y que +no podía hacer curas, y toda persona, hombre o mujer, que tenía un +ataque o le ocurría un accidente después de haberse dirigido a él, +atribuía aquella desgracia a las miradas irritadas de maese Marner. De +modo que aquel movimiento de piedad por Sally Oates, que le había +inspirado un sentimiento efímero de fraternidad, aumentó la repulsión +que existía entre él y sus vecinos, volviendo más completo su +aislamiento.</p> + +<p>Poco a poco las guineas, las coronas y las medias coronas se fueron +amontonando, y Marner fue sacando cada vez menos para sus necesidades, +tratando de resolver el problema de conservar bastantes fuerzas para +trabajar diez y seis horas diarias, gastando lo menos posible. ¿No hay +hombres que, encerrados en la soledad de una cárcel, han encontrado +alguna distracción en marcar el curso del tiempo en las paredes, +trazando líneas rectas de cierto largo, hasta que el aumento de esas +líneas, formando triángulos, se volviera en ellas un objeto +predominante? ¿No engañamos las horas de ocio o las impaciencias de la +espera repitiendo algún movimiento o algún sonido insignificante hasta +que esa repetición crea en nosotros una necesidad, que es el origen de +un hábito?</p> + +<p>Eso nos ayudará a comprender cómo la costumbre de juntar dinero se +vuelve una pasión absorbente en aquellos hombres, cuya imaginación no +les muestra más objetivo que su tesoro cuando empiezan a aglomerarlo.</p> + +<p>Marner deseaba ver las pilas de a diez formar un cuadrado, luego un +cuadrado más grande; y cada guinea agregada, siendo en sí misma una +satisfacción creaba un nuevo deseo. En este extraño mundo, que se había +vuelto para él un enigma indescifrable, hubiera podido, si hubiera +tenido una naturaleza menos ardiente, sentarse frente a su bastidor y +trabajar sin tregua, pensando en la realización de su propósito y de su +tela, hasta olvidar el enigma y todo lo demás, excepto, las sensaciones +del momento; pero el dinero había venido a dividir su trabajo en +períodos, y no solamente aquel dinero aumentaba, sino que se quedaba con +él. Comenzó a creer que el metal, lo mismo que el telar, tenía +conciencia de su poseedor, y por nada hubiera querido cambiar esas +monedas, que se habían vuelto sus íntimas, por otras de efigies +desconocidas.</p> + +<p>Las apilaba, las contaba, hasta que su forma y su color produjeran en él +efecto agradable del aplacamiento de la sed. Sin embargo, sólo era por +la noche, cuando había concluido su trabajo, que las sacaba para gozar +de su compañía.</p> + +<p>Había sacado unos ladrillos del suelo, debajo del telar, y había hecho +un agujero en el que colocó la olla de hierro que contenía las guineas y +las monedas de plata. Cubría los ladrillos con arena siempre que los +volvía a colocar en su sitio.</p> + +<p>No era que la idea del robo se presentara a menudo o claramente a su +espíritu. En esa época, no era raro que en los distritos de provincia se +procediera como lo hacía Marner; era cosa sabida que había campesinos en +la parroquia de Raveloe, que guardaban sus economías en sus casas, +probablemente escondidas en sus colchones de lana; pero sus místicos +vecinos, bien que no fueran todos tan honrados como sus antecesores de +los tiempos del rey Alfredo, no tenían imaginación bastante atrevida +como para premeditar un robo con efracción. Y, ¿cómo hubiera podido +gastar el dinero en su aldea sin traicionarse? Se hubieran visto +obligados a fugarse, resolución tan ciega y tan temeraria como la de +viajar en globo.</p> + +<p>Así, año tras año, Silas Marner había vivido en aquella soledad. Las +guineas habían ido aumentando en la olla de hierro, y su existencia se +había limitado y endurecido de más en más, hasta no ser más que una +simple pulsación del deseo y de la satisfacción, pulsación que no tenía +ninguna atinencia con ninguna otra criatura humana.</p> + +<p>Su vida se había limitado a la acción de tejer y de atesorar, sin tener +ningún fin a que tendiera su acción. Este mismo género de transformación +lo han sufrido quizá hombres más instruidos, cuando han visto +desvanecerse su fe o su amor; sólo que en vez de concretarse a un oficio +y a un montón de guineas, han proseguido alguna investigación erudita, +algún plan ingenioso, o alguna teoría bien ingeniada.</p> + +<p>El rostro y la estatura de Marner se contrajeron y se encorvaron de un +modo extraño y constante, para adaptarse mecánicamente a los objetos que +lo rodeaban, de modo que producía la misma impresión que una manija o un +tubo encorvado, accesorios que no significan nada cuando están separados +del objeto de que forman parte. Los ojos prominentes, que antes parecían +confiados y soñadores, se hubiese dicho ahora que no le habían sido dado +más que para ver una sola especie de cosa muy pequeña, como grano muy +menudo, que buscaban por todas partes; en fin, Marner estaba ajado y tan +amarillo, que, bien que no tuviera aún cuarenta años, los niños lo +llamaban siempre el «viejo Marner».</p> + +<p>Sin embargo, aun en esta faz de decrepitud, ocurrió un incidente que +demostró que la savia del afecto no se había agotado por completo en su +corazón. Una de sus tareas cotidianas era ir a buscar agua a un pozo que +estaba algo apartado de su casa. Con ese objeto, desde su llegada a +Raveloe tenía un gran cántaro de barro pardo, que conservaba como el +utensilio más precioso que poseyera entre las comodidades muy escasas +que se había concedido. Ese cántaro había sido su compañero durante doce +años. Siempre había estado parado en el mismo sitio, y siempre le había +extendido el asa desde el amanecer, de suerte que la forma de aquel vaso +revestía a los ojos de Silas la expresión de una amabilidad solícita. +Además, el contacto del asa en la palma de la mano, le proporcionaba un +placer inseparable del de tener agua fresca y limpia.</p> + +<p>Un día, al volver del pozo, tropezó contra la traviesa de una cerca, y +el cántaro de barro, al caer con fuerza sobre las piedras de la bóveda +de un foso, se rompió en tres pedazos. Silas los recogió y los llevó a +su casa muy apesadumbrado. El cántaro ya no podía servir; sin embargo, +armó los pedazos, y, como recuerdo, colocó aquella ruina en su sitio +acostumbrado.</p> + +<p>Tal era la historia de Silas Marner hasta el decimoquinto año de su +estancia en Raveloe. Todo el día se lo pasaba sentado frente al +bastidor, con los oídos llenos de su ruido monótono, y los ojos pegados +al lento progreso del lienzo uniforme y plomizo. El movimiento de sus +músculos se repetía a intervalos tan iguales, que sus pausas parecían +ser una molestia casi tan grande como la detención de la respiración.</p> + +<p>Pero por la noche venían sus delicias; por la noche cerraba los +postigos, trancaba las puertas y sacaba su oro. Desde hacía mucho tiempo +el montón se había vuelto demasiado grande para caber en la olla de +hierro, y había fabricado, para guardar las monedas, dos gruesas bolsas +de cuero, que no perdían sitio en su lugar de reposo, porque lo dúctil +de la envoltura las hacía adaptarse a todos los rincones.</p> + +<p>¡Qué brillantes eran las guineas cuando corrían la abertura negra del +cuero! La plata no entraba más que en pequeña proporción, en el total de +la suma, comparada con el oro, porque las grandes piezas de tela que +formaban el trabajo principal de Silas, eran siempre pagadas en parte +con oro, y la plata la dedicaba a sus necesidades materiales, escogiendo +siempre los chelines, y los medios chelines para los gastos de esta +naturaleza.</p> + +<p>Las guineas eran las que más le gustaban; pero no quería cambiar las +monedas grandes de plata; las coronas y las medias coronas que había +ganado él mismo, y que eran el fruto de su labor, también le agradaban.</p> + +<p>Hacía montones con las monedas y hundía en ellos las manos; después las +contaba y formaba pilas regulares; apretaba la redondez de su contorno +entre el pulgar y los otros dedos, y pensaba con cariño en las guineas +que todavía estaban ganadas a medias con el tejido, como si fueran +criaturas que estuvieran por nacer; pensaba en las guineas que vendrían +lentamente en los años futuros, que vendrían durante su existencia, cuyo +curso se extendía muy lejos frente a él y cuyo fin estaba completamente +velado por innumerables días de trabajo.</p> + +<p>¿Habría de qué sorprenderse de que su pensamiento estuviera siempre +absorto por su telar y su tesoro, cuando tenía que recorrer los campos y +los caminos para ir a llevar y traer trabajo, y que sus pasos ya no +vagaran por las orillas de los cercos, en busca de las plantas +familiares? Ellas también pertenecían a aquel pasado a que su vida se +había substraído. Así las aguas de un arroyo descienden mucho más abajo +de los bordes herbosos que limitan el antiguo ancho de su lecho, para +volverse el trémulo hilo de agua que se traga un surco en la arena +estéril.</p> + +<p>Pero por el día de Navidad de ese decimoquinto año, otro grande +acontecimiento se produjo en la existencia de Marner, y su historia se +confundió de un modo singular con la vida de sus vecinos.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="III" id="III"></a>III</h2> + + +<p>El personaje más importante de Raveloe era el squire Cass, que vivía en +una gran casa roja que tenía un bonito atrio al frente y altas +caballerizas al fondo, casi en frente de la iglesia.</p> + +<p>Había otros terratenientes en la parroquia, pero él era el único honrado +con el título de squire; porque bien que la familia del señor Osgood +fuera considerada también como de origen inmemorial—no habiéndose +atrevido nunca los habitantes de Raveloe a remontarse hasta el vacío +espantoso en que los Osgood no existían—, sin embargo, no hacía más que +poseer la granja que ocupaba, mientras que el squire Cass tenía uno o +dos arrendatarios que se quejaban a él de los perjuicios que les +causaban las liebres como si hubiese sido un señor.</p> + +<p>Se estaba todavía en ese período glorioso de la guerra, considerada como +un favor especial acordado por la Providencia a los propietarios +territoriales. Entonces, los precios de los frutos no habían bajado +tanto como para precipitar a la raza de los pequeños squires y de los +arrendatarios en el camino de la ruina, hacia el cual sus hábitos de +prodigalidad y la mala explotación de sus tierras los arrastraban +rápidamente.</p> + +<p>Al decir esto aludo a la aldea de Raveloe y a las parroquias que se le +parecían, porque la vida de nuestros antiguos campesinos presentaba +aspectos diferentes. Así ocurre con toda existencia que se ha esparcido +sobre una superficie variada, en la que soplan en direcciones diversas +una multitud de corrientes—desde los vientos del cielo hasta los +pensamientos de los hombres—que se mueven y se cruzan eternamente, +produciendo resultados incalculables.</p> + +<p>Raveloe estaba situado en una hondonada, en medio de los árboles espesos +y de caminos surcados por huellas, lejos de las corrientes de la +actividad industrial y del fervor puritano; los ricos comían y bebían a +sus anchas, aceptando la gota y la apoplejía como cosas que se +trasmitían misteriosamente en las familias honorables, y los pobres +pensaban que los ricos estaban en su pleno derecho de llevar alegre +vida.</p> + +<p>Por otra parte, los festines de éstos daban por resultado multiplicar +las sobras, que eran la herencia de los primeros. Betti Jay sentía el +olor de la cocción de los jamones del squire, pero el fuerte deseo que +sentía de comerlos era calmado por el jugo untuoso en que se los hacía +hervir; y cuando las estaciones traían la época de las grandes reuniones +alegres, todo el mundo las consideraba como un excelente regalo para los +pobres.</p> + +<p>En efecto, las fiestas de Raveloe estaban en relación con las postas de +buey y los barriles de cerveza: se hacían con prodigalidad y duraban +mucho tiempo, principalmente en invierno.</p> + +<p>Las damas que, habiendo empaquetado sus mejores vestidos y tocados en +cartones, se arriesgaban a vadear los arroyos en tiempos de lluvia y +nieve, sentadas a la turca sobre cojines y llevando su preciosa +carga—cuando no se sabía hasta dónde llegaría el agua—, no es de +suponer que contaran con que les esperaba un placer efímero.</p> + +<p>Es por esta razón qué se tomaban disposiciones para que en la mala +estación—época en que había poco trabajo y las horas parecían +largas—varios vecinos tuvieran sucesivamente mesa abierta. Así que los +platos del squire Cass no eran tan frescos ni tan abundantes, sus +convidados no podían hacer mejor cosa que trasladarse a la casa del +señor Osgood, en los Huertos. Allí encontraban lomos y jamones intactos, +pasteles de cerdo que acababan de salir del horno y manteca fresca +recién hilada; en fin, todo lo que el apetito de gentes ociosas podía +desear, y de mejor calidad, quizá, que en casa del squire Cass, aunque +la abundancia no fuera mayor. Porque la mujer del squire había muerto +hacía tiempo, y la Casa Koja se veía privada de la esposa y de la madre, +cuya presencia es la fuente saludable del amor y del temor que deben +reinar en la familia y entre los servidores.</p> + +<p>Esto contribuía no sólo a explicar por qué, en los días de fiesta, la +profusión de provisiones superaba a la calidad, sino también por qué el +orgulloso squire condescendía con tanta frecuencia a presidir en el +gabinete particular de la taberna del <i>Arco Iris</i>, antes que a la sombra +de los negros artesonados de su salón; así como quizá que sus hijos se +condujeran bastante mal.</p> + +<p>Raveloe no era un sitio en que la censura de las costumbres fuera +severa; sin embargo, se miraba como una debilidad del squire que hubiera +conservado a todos sus hijos ociosos en la casa; y, bien que debe +concederse cierta licencia a los hijos de los padres que tienen medios, +las gentes meneaban la cabeza al ver la vida que llevaba el menor, +Dunstan, generalmente llamado Dunsey Cass, cuyas aficiones por la copa y +las apuestas podían volverse algo más serio que un pasatiempo juvenil.</p> + +<p>Poco importaba, ciertamente, decían los vecinos, lo que le sucediera a +Dunsey—un individuo pendenciero y burlón, que parecía complacerse tanto +más en beber cuanto más sufrían los otros de sed—, con tal, sin +embargo, que sus hechos no le acarreasen algún disgusto a una familia +como la del squire Cass, que tenía un monumento en la iglesia, y copas +de plata más antiguas que el rey Jorge III.</p> + +<p>En cambio sería una gran lástima que el señor Godfrey, el mayor, guapo +mozo de fisonomía franca y de buen carácter, que un día heredaría las +propiedades, se pusiera a seguir el mismo camino que el hermano, como +había parecido hacía poco. Si seguía de aquel modo, la señorita Nancy +Lammeter acabaría por romper con él; porque se sabía muy bien que ella +le trataba con mucha reserva desde la pascua de Pentecostés del año +precedente, época en que había hablado mucho, porque Godfrey había +pasado varios días sin volver a su casa.</p> + +<p>Pasaba algo que no estaba bien, algo que no era común, era evidente, +porque el señor Godfrey estaba lejos de tener el color fresco y la +fisonomía abierta de antes.</p> + +<p>En cierto momento todo el mundo decía: «¡Qué hermosa pareja harían él y +la señorita Nancy!», y si ella llegara a ser la señora de la Casa Roja, +iba a haber un buen cambio, porque los Lammeter estaban criados de modo +que no podían soportar que se malgastara una pizca de sal. Sin embargo, +todas las gentes de su casa obtenían lo que había de mejor, cada cual +según su rango. Con una nuera así, el viejo squire realizaría economías, +aun cuando no aportara un penique de dote; porque era de temer que, a +pesar de sus rentas, el squire Cass tuviera más agujeros en el bolsillo +que aquel por donde metía la mano. Pero si el señor Godfrey no cambiaba +de conducta, podía decirle «adiós» a la señorita Nancy Lammeter.</p> + +<p>Era ese Godfrey, que antes daba tantas esperanzas, el que estaba con las +manos en los bolsillos de su saco y la espalda vuelta al juego, en el +salón de obscuro artesonado, un día de noviembre de este decimoquinto +año de la residencia de Silas Marner en Raveloe. La luz gris y mortecina +iluminaba débilmente las paredes adornadas de fusiles, de látigos y de +colas de zorro; los abrigos y los sombreros arrojados sobre las sillas; +los jarros de plata que exhalaban un olor de cerveza aventada; el fuego +medio apagado, y las pipas colocadas en los ángulos de las chimeneas; +signos de una vida doméstica desprovista de todo encanto superior, con +que la expresión de sombrío fastidio del rostro rubio de Godfrey estaba +en triste armonía. Parecía escuchar como si esperara a alguien. Muy +luego el ruido de pasos pesados, acompañados de silbidos, se hizo oír a +través del gran vacío de la entrada del vestíbulo.</p> + +<p>La puerta se abrió y entró un joven fornido y vulgar; tenía la cara +encendida y el aire gratuitamente vencedor que caracteriza la primera +faz de la embriaguez. Era Dunsey. Al verlo, el rostro de Godfrey perdió +parte de su aspecto sombrío para tomar la expresión más activa del odio. +El hermoso galgo negro que estaba acostado frente a la chimenea se +retiró a un rincón, bajo una silla.</p> + +<p>—¿Qué tal, maese Godfrey, qué me queréis?—dijo Dunsey en tono +burlón—. Sois mi hermano mayor y mi superior; tenía, pues, que venir, +puesto que me habéis hecho llamar.</p> + +<p>—Pues bien; voy a deciros lo que quiero, pero antes sacudíos la +borrachera, y escuchad, si os place—dijo Godfrey con acento furioso; +el mismo había bebido más de la cuenta, a fin de convertir su tristeza +en cólera ciega—. Quiero deciros que es preciso que le entregue al +squire ese arriendo de Fowler, o que le advierta que os lo he dado; +porque amenaza con el embargo, y todo se descubrirá, que yo lo informe o +no. Acaba de declarar que le iba a encargar a Cox que procediera si +Fowler no venía a pagar lo atrasado esta semana. El squire está sin +dinero y está de un humor como para no soportar tonterías. Ya sabéis con +qué os ha amenazado si os sorprendía otra vez despilfarrando su dinero. +De modo que tratad de buscar esa suma, y lo más pronto posible, ¿habéis +oído?</p> + +<p>—¡Oh!—dijo Dunsey, riendo sardónicamente, mientras se acercaba a su +hermano mirándole a la cara—, supongamos que vos mismo os +proporcionarais el dinero, para evitarme esa molestia, ¿qué os parece? +Puesto que fuisteis lo bastante bueno para entregármelo, no me neguéis +la amabilidad de devolverlo en mi lugar; ya sabéis que fue por amor +fraternal que procedisteis así.</p> + +<p>Godfrey se mordió los labios y apretó los puños.</p> + +<p>—No os acerquéis mirándome de ese modo, porque os aplasto.</p> + +<p>—¡Oh! no, seríais incapaz de hacer eso—dijo Dunsey, girando sin +embargo sobre los talones para alejarse—; bien sabéis que soy muy buen +hermano. Podría haceros arrojar de casa y de la familia, y haceros +desheredar cuando quisiera. Sí, yo le contaré al squire cómo se casó su +hijo mayor con la linda Molly Tarren, y cuán desgraciada ha sido, pero +que no ha podido vivir con esa esposa borracha; me deslizaría en vuestro +lugar lo más cómodamente posible. Pero ya lo veis, me callo; soy tan +conciliador y tan bueno. Estoy seguro de que lo haréis todo por mí. +Estoy seguro de que os proporcionaréis por mí esas cien libras +esterlinas.</p> + +<p>—¿Cómo puedo proporcionarme ese dinero?—dijo Godfrey, trémulo de +rabia—. No tengo oficio ni beneficio. Y vos mentís al decir que os +deslizaríais en mi lugar; os haríais echar vos también, nada más. Porque +si vos os ponéis a llevar chismes, yo haré otro tanto. Bob es el hijo +favorito, lo sabéis perfectamente. Mi padre se daría por muy satisfecho +con no volveros a ver.</p> + +<p>—Poco importa—dijo Dunsey inclinando la cabeza hacia un costado, +mientras que miraba por la ventana—. Me sería muy agradable partir en +vuestra compañía; sois un hermano tan guapo, y siempre nos ha agradado +tanto disputarnos; no sabría qué hacer sin vos. Pero preferís que los +dos nos quedemos en casa, ya lo sé. De manera que os arreglaréis de modo +de conseguir esa pequeña suma de dinero, y voy a deciros hasta la vista, +bien que deplore dejaros.</p> + +<p>Dunstan se marchaba, pero Godfrey se precipitó tras él y lo tomó del +brazo, diciendo con un juramento:</p> + +<p>—Os digo que no tengo dinero... que no puedo procurarme dinero.</p> + +<p>—Pedidle prestado al viejo Kimble.</p> + +<p>—Os digo que no quiere prestarme más y que no lo pediré.</p> + +<p>—Bueno, entonces vended a <i>Relámpago</i>.</p> + +<p>—Sí, eso es fácil decirlo. Necesito el dinero inmediatamente.</p> + +<p>—Pues bien, no tenéis más que montarlo en la cacería de mañana. Bryce y +Keating estarán seguramente. Os harán más de una oferta.</p> + +<p>—Eso es, y volveré a casa a las ocho de la noche, salpicado de barro +hasta las narices. Voy al baile que da la señora de Osgood celebrando su +día.</p> + +<p>—¡Ah! ¡ah!—dijo Dunsey, volviendo la cabeza de lado y tratando de +hablar con una vocecita aflautada—. Y la linda señorita Nancy estará +allí, y bailaremos con ella, y le prometeremos no ser malo, y volveremos +a entrar en favor y...</p> + +<p>—Tened la lengua al hablar de la señorita Nancy, pedazo de tonto—dijo +Godfrey rojo de cólera—, u os estrangulo.</p> + +<p>—¿Para qué?—dijo Dunsey, siempre con tono afectado, pero tomando un +látigo de sobre la mesa y golpeándose con el cabo en la palma de la +mano—. Se os presenta una buena ocasión. Os aconsejo que entréis en sus +gracias; eso ahorraría tiempo, si Molly llegara a beber una gota de +láudano de más, y os dejara viudo. Poco le importaría a la señorita +Nancy ser la segunda, si lo ignorara. Y vos tenéis un excelente hermano +que guardará bien vuestro secreto, y vos seréis muy amable con él.</p> + +<p>—Voy a deciros lo que pasa—dijo Godfrey trémulo y vuelto a ponerse +pálido—. Mi paciencia está casi agotada. Si fuerais algo más vivo, +sabríais que es posible llevar a un hombre demasiado lejos y hacerle tan +fácil franquear este o aquel obstáculo. No estoy seguro de no +encontrarme ya en este punto; yo puedo también revelarle todo al squire. +Por lo menos, no me seguiréis molestando, si no consigo otra cosa. Y, al +fin y al cabo, tendrá que saber la verdad. Ella me ha amenazado con +venir a decírselo todo en persona. Por consiguiente, no os jactéis de +que vuestro silencio valga el precio que se os ocurra asignarle. Me +arrancáis mi dinero de tal modo que no me queda ninguno para apaciguar a +esa mujer y un día cumplirá sus amenazas. Le diré todo a mi padre. En +cuanto a vos, idos al diablo.</p> + +<p>Dunsey se dio cuenta de que había ido más allá de lo que debía, y que +había llegado a un extremo en que el propio Godfrey, el hombre +irresoluto, era capaz de tomar una resolución. Sin embargo, dijo con +indiferencia:</p> + +<p>—Como queráis; pero ante todo, voy a beber un trago de cerveza.</p> + +<p>Y después de haber llamado, se recostó en dos sillas y se puso a golpear +la repisa de la ventana con el mango del látigo.</p> + +<p>Godfrey había permanecido de pie, con la espalda vuelta al fuego, +agitando los dedos con inquietud en medio del contenido de los bolsillos +de su saco, y con la mirada fija en el suelo. Su alto cuerpo musculoso +estaba lleno de coraje físico; sin embargo, no le sugería ninguna +decisión cuando los peligros que había que afrontar no consistían en +acogotar a alguien. Su irresolución natural y su cobardía moral eran +exageradas por una situación cuyas consecuencias temibles parecían hacer +presión de todos lados con la misma fuerza.</p> + +<p>Su irritación lo hubiera llevado en seguida a desafiar a Dunstan, y a +anticiparse a todas las denuncias, si las miserias que le acarrearía el +proceder así no le hubieran parecido más insoportables que el mal +actual. Los resultados de una confesión no eran dudosos, eran seguros, +mientras que la denuncia permanecía incierta.</p> + +<p>De aquella incertidumbre, considerada de cerca, cayó en la duda y en la +irresolución con un sentimiento de reposo. El hijo desheredado de un +pequeño squire, igualmente poco dispuesto a trabajar la tierra y a +mendigar, se sentía casi tan impotente como un árbol desarraigado que, +favorecido por el suelo y la atmósfera, se habría desarrollado +considerablemente en el propio sitio en que antes sólo era un retoño. +Quizá hubiera llegado a considerar con cierta alegría el tener que +labrar la tierra, si le fuera dable obtener a Nancy Lammeter a ese +precio. Pero, puesto que tenía que perderla sin remedio, hiciera lo que +hiciera, y la herencia también, puesto que tenía que romper todo +vínculo, menos el que lo desagradaba y le quitaba todo motivo para +reformarse, no podía imaginar que le quedara, después de la confesión de +su falta, otro porvenir más que enrolarse como voluntario. Esa era la +determinación más desesperada, después del suicidio, ante los ojos de +las familias honorables.</p> + +<p>¡No! Más valía para él fiarse al azar que a su propia resolución; más +valía seguir sentado al festín, bebiendo el vino que le agradaba, aun +con la espada suspendida sobre la cabeza y el terror en el corazón, +antes que precipitarse en las tinieblas en que todo placer quedaría +perdido para siempre. La última concesión que pudo hacerle a Dunstan a +propósito del caballo, comenzó a parecerle fácil al lado del +cumplimiento de la amenaza de su hermano. Sin embargo, su orgullo no le +consintió que reanudara la conversación sin continuar la disputa. +Dunstan lo esperaba y bebía la cerveza a sorbos más pequeños que de +costumbre.</p> + +<p>—Es muy propio de vos—exclamó Godfrey con acento amargo—el hablar con +tanta indiferencia de la venta de <i>Relámpago</i>, la última cosa que me sea +lícito llamar mía, y el más lindo animal que he tenido en mi vida. Si +tuvieseis un asomo de orgullo, os daría vergüenza ver vacías nuestras +caballerizas y que todo el mundo se burle de ello. Pero tengo la +convicción de que venderíais vuestra propia persona aunque sólo fuera +por tener el placer de hacerle sentir a alguien que ha hecho un mal +negocio.</p> + +<p>—Sí—dijo Dunstan con mucha calma—, me estáis haciendo justicia, a lo +que veo. Vos sabéis que soy una perla cuando se trata de engatusar a las +gentes para realizar un negocio. Es por esta razón que os aconsejo que +me dejéis a mí el encargo de vender a <i>Relámpago</i>. Lo montaré mañana en +la cacería, reemplazándoos, con mucho gusto. No tendré tanta apostura +como vos en la silla, pero se admirará más al caballo que al jinete.</p> + +<p>—Sí, eso es... ¡Confiaros mi caballo!</p> + +<p>—Como gustéis—dijo Dunstan poniéndose a golpear otra vez el antepecho +de la ventana, con aire del todo indiferente—. Sois vos mismo quien +debe devolver el dinero a Fowler; eso no es cuenta mía. Vos recibisteis +ese dinero cuando fuisteis a Bramcote, y fuisteis vos mismo quien le +dijo al squire que no os habían pagado esa suma. Yo no tengo nada que +ver con eso; vos tuvisteis la bondad de darme ese dinero, dejad eso +quieto, a mí me es indiferente. Yo sólo trataba de serviros vendiendo el +caballo, sabía que mañana no es cómodo ir tan lejos.</p> + +<p>Godfrey permaneció en silencio durante un rato. Quería arrojarse sobre +Dunstan, arrancarle el látigo de la mano, darle de azotes hasta ponerlo +a dos dedos de la muerte, y ningún temor corporal lo hubiera detenido, +si otra suerte de miedo, alimentado por sentimientos que podían más que +su ira, no hubieran dominado su voluntad. Cuando volvió a hablar fue en +tono casi conciliador.</p> + +<p>—Bueno, no tenéis en la cabeza ninguna locura respecto del caballo, +¿eh? ¿Lo venderéis bien lealmente y me entregaréis el precio? De otro +modo, ya lo sabéis, todo se lo llevará el diablo, porque no tengo otra +tabla de salvación. Os agradará menos el desplomarme la casa encima, +sabiendo que también os apretará a vos.</p> + +<p>—Sí, sí, muy bien—dijo Dunstan, poniéndose de pie—.Estaba cierto de +que acabaríais por mostraros razonable. Yo soy hombre capaz de hacerle +tragar el anzuelo al viejo Bryce. Voy a conseguiros ciento veinte libras +esterlinas por vuestro caballo, tan fácilmente como conseguiría un +penique.</p> + +<p>—Pero quizás lluevan chispas como llovió ayer; en tal caso no podréis +ir a la cacería—dijo Godfrey, sin darse cuenta de si deseaba o no que +surgiera ese impedimento.</p> + +<p>—¡Llover!—exclamó Dunstan—, nada de eso, siempre he tenido suerte con +el tiempo. Llovería, sin duda, si pensarais ir vos. Jamás tenéis +triunfos en vuestros juegos, bien lo sabéis, porque yo los tengo todos. +Vos ponéis la belleza y yo la muerte, de manera que tenéis que guardarme +a vuestro lado como «porte-bonheur». ¡Bah! jamás haréis nada bueno sin +mí.</p> + +<p>—¡Que el diablo os confunda! Tened la lengua—dijo Godfrey +impetuosamente—. No vayáis a emborracharos mañana; de otro modo +podríais salir por las orejas al volver a casa y estropear a +<i>Relámpago</i>.</p> + +<p>—Tranquilizad vuestro corazón sensible—dijo Dunstan—. Jamás me habéis +sorprendido bebiendo doble cuando tengo que hacer un trato; eso me +echaría a perder la diversión. Por otra parte, cada vez que caigo, estoy +seguro de caer parado.</p> + +<p>Dicho esto, Dunstan salió haciendo golpear la puerta.</p> + +<p>Dejó a Godfrey entregado a hacer amargas reflexiones sobre su situación +personal, que se sucedían entonces de un día para el otro, cuando no +estaba excitado por el sport, la bebida, los naipes, o por el placer +más raro, pero menos susceptible de ser olvidado, de ver a la señorita +Nancy Lammeter.</p> + +<p>Los sufrimientos sutiles y variados, que nacen de la sensibilidad más +delicada que acompaña a una cultura elevada, son quizás menos dignos de +lástima que esa hosca privación de alegrías y de consuelos +intelectuales, que obliga a los espíritus más groseros a permanecer +constantemente frente a frente con su pesar y su descontento.</p> + +<p>La vida de aquellos rústicos antepasados, que nos sentimos inclinados a +considerar personajes prosaicos—de esos hombres cuya sola ocupación era +cabalgar alrededor de sus propiedades, que se iban volviendo cada vez +más pesados sobre sus monturas y pasaban el resto de sus días +satisfaciendo de un modo despreocupado sus sentidos embotados por la +monotonía—, su vida, digo, tenía, sin embargo, algo de patética.</p> + +<p>Las calamidades los herían a ellos también y sus primeros errores les +acarreaban duras consecuencias. Quizás un amor por una dulce joven, +imagen de pureza, de orden y de tranquilidad, había abierto sus miradas +ante la visión de una existencia en que los días no hubieran parecido +demasiado largos, aun sin los excesos de la intemperancia. Pero la +doncella había desaparecido y la visión se había disipado. Entonces, +¿qué les restaba, sobre todo si se habían vuelto demasiado pesados para +la caza, a caballo, o para cargar un fusil a través de los surcos? Nada, +si no es beber y alegrarse, o beber e irritarse, con tal de que no +fueran esclavos de la vanidad, y pudieran repetir largamente, con +caluroso énfasis, las cosas que ya habían contado muchas veces durante +el año.</p> + +<p>Seguramente que entre esos hombres, de tez rubicunda y mirada hosca +había algunos que, gracias a su bondad natural, no se sentían siempre +impulsados a la brutalidad, aún en medio de sus extravíos. Esos, en la +época en que sus mejillas estaban frescas, habían sentido la punta +acerada del pesar y del remordimiento. Habían sido heridos por las cañas +en que se apoyaban, o bien, sin reflexionar, habían metido sus miembros +en cepos de los que nadie podía libertarles.</p> + +<p>En esas tristes circunstancias, comunes a todos nosotros, era imposible +que el pensamiento de esos hombres no encontrara algún sitio de reposo, +fuera del círculo continuamente trillado de su historia insignificante.</p> + +<p>Tal era, por lo menos, la condición de Godfrey Cass, al cumplir los +veintiséis años. Un movimiento de remordimientos, secundado por esas +pequeñas influencias indefinibles que todas las relaciones personales +ejercen sobre una naturaleza flexible, lo había impulsado a contraer un +matrimonio secreto, que era un estigma en su existencia. Era una fea +historia de pasión vulgar, de ilusión y de desilusión, que no hay para +qué sacar de la celda secreta de los recuerdos amargos de Godfrey.</p> + +<p>Este sabía desde hacía tiempo que le había sido debida en parte a un +lazo que le tendió Dunstan, quien había visto en aquel casamiento +degradante de su hermano el medio de satisfacer a su vez su odio celoso +y su codicia. Y si Godfrey hubiera podido considerarse simplemente como +una víctima, la irritación que le causaba el freno de hierro que el +destino le había puesto en la boca, le hubiera sido menos insoportable.</p> + +<p>Si las maldiciones que pronunciaba a media voz, cuando estaba sólo, no +hubiesen tenido otro objeto que la treta diabólica de Dunstan, le +hubiera sido posible tener menos espanto a las consencuecias de su +confesión. Pero le restaba otra cosa que maldecir: su locura y sus +vicios personales, que ahora le parecían insensatos y tan inexplicables +como lo son casi todas nuestras locuras y nuestros vicios, cuando la +causa que los ha provocado ha desaparecido desde hace largo tiempo.</p> + +<p>Durante cuatro años había pensado en Nancy Lammeter, y la había buscado, +con un culto secreto y paciente, como a una mujer que lo hacía soñar +alegremente en el porvenir. Ella sería su esposa, y que su hogar fuera +encantador, más encantador que el del squire en sus mejores días, y le +sería fácil, cuando ella estuviera siempre junto a él, hacer a un lado +aquellas estúpidas costumbres que no eran placeres, sino sólo una manera +febricitante de engañar la ociocidad.</p> + +<p>Godfrey, cuyos gustos eran esencialmente domésticos, había sido criado +en una casa cuyo hogar no tenía sonrisas, y en la que los hábitos +cotidianos no eran rígidos por la presencia del orden interior. Su +carácter fácil le había hecho adoptar sin resistencia el género de vida +de su familia, pero el deseo de algún afecto tierno y duradero, el deseo +ardiente de soportar alguna influencia que le facilitara la procura del +bienestar que prefería, hacían ante sus ojos que la limpieza, la pureza, +el buen orden y la liberalidad de la casa Lammeter—iluminada por la +sonrisa de Nancy—fuesen iguales a esas horas frescas y brillantes de la +mañana, en que las tentaciones dormitan, y sólo se oye la voz del ángel +bueno que invita al trabajo, a la sobriedad y a la paz.</p> + +<p>Y, sin embargo, la esperanza de ese paraíso no había bastado para +salvarlo de los extravíos que lo excluían siempre. En vez de apretar con +mano firme el sólido cordón de seda, por medio del cual Nancy lo hubiera +llevado sano y salvo a las rientes riberas en que la marcha es fácil y +segura, se había dejado llevar hacia atrás en medio del fango y del +lodo, y allí, era inútil debatirse. Se había creado vínculos que le +vedaban todo móvil saludable de reacción y que lo exasperaban sin cesar.</p> + +<p>Sin embargo, había una situación peor aún; la que le esperaba cuando el +vil secreto se descubriera; así es que el deseo que siempre triunfaba en +él de todos los demás, era alejar al desgraciado día en que tendría que +soportar las consecuencias del resentimiento violento de su padre por la +herida causada al orgullo de su familia, en la que tendría que renunciar +quizás a aquel bienestar y a aquella dignidad hereditaria que, al fin y +al cabo, era una razón para vivir, llevando consigo la incertidumbre de +que estaba proscripto para siempre de la vista y de la estima de Nancy +Lammeter.</p> + +<p>Cuanto más se prolongara el plazo, mayor era la probabilidad de verse +libre, por lo menos, de algunas de las consecuencias odiosas a que había +librado su ser—más ocasiones le quedaban de gozar el extraño placer de +ver a Nancy y de recoger las débiles muestras de un resto de afecto por +él. Era impulsado hacia ese placer por accesos, y frecuentemente, +después de haber pasado semanas enteras evitando a la joven; cuando la +veía a lo lejos como un ángel de alas brillantes—premio radioso cuya +vista lo excitaba a precipitarse hacia adelante—, sentía más que nunca +el peso de sus crueles cadenas.</p> + +<p>Uno de esos accesos lo poseía en aquel momento, y el ardor de su pasión +hubiera bastado para que confiara <i>Relámpago</i> a Dunstan antes que +defraudar aquel deseo, si otra razón más no hubiera para que tomara +parte en la cacería del día siguiente. Esa razón dependía de la +circunstancia de que la cita debía tener lugar cerca de Batterley, aldea +en que vivía su desgraciada esposa, cuya imagen se le hacía cada vez +más odiosa. Para la imaginación de Godfrey aquella mujer vagaba por +todos los alrededores. El yugo que un hombre se crea con sus malas +acciones, engendra el odio en las mayores naturalezas, y el alegre y +afectuoso Godfrey Cass se agriaba rápidamente. Crueles tentaciones lo +asediaban, pareciendo entrar y salir en su corazón como demonios que +habían encontrado en él alojamiento preparado.</p> + +<p>¿Qué iba a hacer aquella tarde para pasar el tiempo? Al fin y al cabo, +¿por qué no iría a la taberna del <i>Arco Iris</i> para ver qué se decía de +la riña de gallos? Todo el mundo iba allí, y, ¿en qué otra cosa podía +pasar el rato, bien que a él no le preocuparía nada aquella diversión? +La pequeña galga negra, que se había parado frente a él y lo había +mirado fijamente durante un buen rato, se impacientó y saltó a las +rodillas de su amo para recibir la caricia acostumbrada. Pero Godfrey la +rechazó sin mirarla y salió de la pieza. La perra lo siguió humildemente +y sin rencor, quizá porque no tenía otra cosa en perspectiva.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="IV" id="IV"></a>IV</h2> + + +<p>Dunstan Cass, al ponerse en marcha una mañana fría y húmeda, al paso +tranquilo y mesurado de un cazador que tiene que ir a caballo al punto +de reunión de una cacería, tenía que seguir el camino que, en su parte +terminal, pasaba por el terreno sin cercar llamado la Cantera, en que se +encontraba la casita—antes la cabaña de un picapedrero—que Silas +Marner habitaba hacía quince años.</p> + +<p>El sitio parecía muy triste en aquella estación, con la greda mojada y +barrosa que lo rodeaba y con el agua turbia y rojiza que había alcanzado +un alto nivel en la cantera abandonada. Tal fue la primera impresión de +Dunstan al acercarse a aquel sitio. Recordó después que el viejo tonto +del tejedor, el ruido de cuyo telar ya oía, tenía mucho dinero oculto en +alguna parte. ¿Cómo era posible que a él, Dunstan Cass, que había oído +hablar muchas veces de la avaricia de Marner, no se le hubiese ocurrido +sugerirle a Godfrey que consiguiera del vejete, ya fuera asustándole, ya +fuera captándoselo hábilmente, que le prestara su dinero con la +excelente garantía de las esperanzas del squire? Este recurso se le +presentaba ahora como muy fácil y agradable de realizar. Pensaba que, +según todas las probabilidades, el tesoro de Marner debía ser bastante +grande como para dejarle a Godfrey, después que éste hubiera atendido a +las necesidades más urgentes, un buen excedente que lo pondría en +condiciones de servir a su abnegado hermano. Así es que tuvo tentaciones +de volver bridas hacia la casa. Godfrey estaría bastante bien dispuesto +para aceptar la idea. Adoptaría ávidamente un plan que quizá le evitaría +separarse de <i>Relámpago</i>. Pero cuando la reflexión de Dunstan llegó a +este punto, el deseo de proseguir la marcha se fortificó y prevaleció. +No quería proporcionarle aquella satisfacción a Godfrey; prefería que +maese Godfrey estuviera mortificado.</p> + +<p>Además, a Dunstan lo regocijaba la idea tan importante ante sus ojos de +tener que vender su caballo, y además la ocasión de cerrar un trato, de +hacer el fanfarrón y probablemente de engañar a alguien. Podía gozar por +entero de todo el placer que resultaría de la venta del caballo de su +hermano, sin privarse del gran placer de conseguir que Godfrey le +tomara dinero prestado a Marner. Siguió, pues, cabalgando hacia el +lugar de la cita.</p> + +<p>Bryce y Keating estaban allí, como Dunstan estaba seguro de ello; ¡tenía +tanta suerte!</p> + +<p>—Hola—dijo Bryce, que desde hacía tiempo codiciaba a <i>Relámpago</i>—, +venís montando el caballo de vuestro hermano; ¿por qué ha sido eso?</p> + +<p>—Nada, le he hecho un cambio—dijo Dunstan, cuyo placer en mentir, casi +independiente de la idea de utilidad, no iba a disminuir en mucho la +probabilidad de que su interlocutor lo creyera—. <i>Relámpago</i> es ahora +mío.</p> + +<p>—¡Cómo! ¿Os lo ha cambiado contra vuestro viejo rocín de huesos +grandes?—dijo Bryce con la entera certidumbre de que obtendría en +respuesta otra mentira.</p> + +<p>—No, teníamos que arreglar una pequeña cuenta—respondió Dunstan con +indiferencia—, y <i>Relámpago</i> ha saldado la diferencia. Le he hecho un +servicio a Godfrey tomándole el caballo. Lo hice contra mi gusto, porque +tenía un capricho por una yegua de Jortin, animal de la sangre más rara +que jamás hayáis montado. Pero ahora conservaré a <i>Relámpago</i>, aunque el +otro día me ofreció por él ciento cincuenta libras un hombre allá, en +Flitt; ese que compra para lord Cromleck, ese individuo que bizquea y +usa un chaleco verde. Pero no pienso deshacerme de <i>Relámpago</i>; no +encontraré fácilmente mejor animal para saltar cercos. La yegua de +Jortin tiene más sangre, pero tiene las patas un poco menos fuertes.</p> + +<p>Bryce, naturalmente, adivinó que Dunstan quería vender el caballo, y +Dunstan se dio cuenta de que él lo adivinaba; el chalaneo sólo es una de +las numerosas transacciones humanas conducidas de esta manera ingeniosa. +Ambos consideraban que el trato estaba en su primera faz, cuando Bryce +respondió con ironía:</p> + +<p>—Pues estoy sorprendido, y me sorprende que penséis conservar el +caballo, porque nunca he oído que un hombre se niegue a vender un animal +cuando le ofrecen la mitad más de lo que vale. Tendréis suerte si +conseguís por él cien libras.</p> + +<p>Entonces, habiéndose adelantado Keating, el trato se complicó. Quedó por +último concertado, comprándolo Bryce por ciento veinte libras, pagaderas +a la entrega de <i>Relámpago</i>, sano y salvo, en las caballerizas públicas +de Batterley.</p> + +<p>A Dunsey se le ocurrió que sería prudente que renunciase a la cacería, +se dirigiera inmediatamente a Batterley, y, después de esperar el +regreso de Bryce, alquilar un caballo que lo llevara a su casa con el +dinero en el bolsillo.</p> + +<p>Sin embargo, el deseo de hacer una partida de caza, estimulado por su +confianza y su buena estrella, así como por un trago de aguardiente +tomado a su frasco de bolsillo cuando cerraron el trato, no era fácil de +vencer, considerando, sobre todo, que montaba un animal que excitaría la +admiración de los cazadores al verle saltar los cercos.</p> + +<p>Pero Dunstan saltó uno de más y empaló su caballo en un poste. Su +persona inelegante y completamente invendible escapó ilesa, mientras que +el pobre <i>Relámpago</i>, inconsciente de su calor, rodó de costado y exhaló +dolorosamente el último suspiro.</p> + +<p>Había sucedido que, pocos minutos antes, Dunstan se había visto obligado +a apearse para arreglar uno de los estribos. Lanzó muchas imprecaciones +contra aquel retardo que lo relegaba a la cola de la cacería en el +momento del triunfo. Enceguecido por la desesperación, saltó +temerariamente los cercos, y estaba a punto de reunirse a la traílla +cuando ocurrió el accidente fatal. De modo, pues, que se encontraba +entre los cazadores ardientes que iban adelante, que se preocupaban poco +de lo que sucedía detrás de ellos y los retrasados, que lo mismo podían +pasar muy lejos y muy cerca del sitio en que había caído <i>Relámpago</i>.</p> + +<p>Dunstan, que se preocupaba siempre más de las contrariedades del momento +presente que de sus consecuencias lejanas, no bien se vio de pie y +reconoció que <i>Relámpago</i> estaba perdido, sintió cierto placer al pensar +que no había sido visto en una situación que ninguna fanfarronada +hubiera podido hacer envidiable.</p> + +<p>Después de haberse reconfortado de la sacudida con un poco de +aguardiente y muchos juramentos, se dirigió lo más pronto posible a un +zarzal que estaba a su derecha. Se le ocurrió que atravesando por allí +encontraría medio de dirigirse a Batterley sin correr el riesgo de +encontrar a ninguno de los cazadores. Su primera intención era alquilar +allí un caballo que lo llevaría inmediatamente a su casa; porque lo que +era hacer cierto número de millas a pie, sin un fusil en la mano, y a lo +largo de un camino público, no había que esperarlo de su parte como de +la de ningún otro joven fogoso de su especie. Le era casi indiferente +llevar la noticia a Godfrey, puesto que al mismo tiempo le iba a ofrecer +el recurso de dinero de Marner, si Godfrey chillaba, como sucedía +siempre que se le hablaba de contraer una nueva deuda, de lo que él sólo +sacaba la menor parte; pues bien, no rezongaría mucho rato. Dunstan +estaba seguro de que mortificando a Godfrey siempre le haría hacer lo +que quisiese. La idea del dinero se volvía cada vez más distinta en su +espíritu, ahora que la necesidad se había vuelto urgente. Pero la +perspectiva de tener que presentarse en Batterley con las botas +embarradas y de afrontar las preguntas burlonas de los mozos de cuadra, +contrariaba mucho su deseo impaciente de estar de regreso en Raveloe y +poner en ejecución su feliz proyecto.</p> + +<p>Al mismo tiempo, un registro que hizo en el bolsillo de su chaleco, +mientras iba reflexionando, le recordó que las dos o tres monedas +pequeñas que encontró en su índice, eran de un color demasiado pálido +para pagar una pequeña deuda, en defecto de cuyo pago, el caballerizo de +Batterley había declarado que no haría más negocios con Dunsey Cass. Al +fin y al cabo, considerando la dirección en que lo había llevado la +cacería, no estaba mucho más lejos de su casa que de Batterley. Sin +embargo, Dunsey no brillaba por su lucidez de espíritu. No llegó a esa +conclusión sino al darse cuenta de que estaba obligado por otras razones +a tomar la resolución sin precedente de volver a la casa a pie.</p> + +<p>En ese momento eran cerca de las cuatro y empezaba a formarse la niebla; +cuanto antes saliera del camino sería tanto mejor. Recordó que lo había +atravesado y que había visto el poste indicador momentos antes que +<i>Relámpago</i> se abatiera. Entonces, después de abotonar su abrigo y atar +sólidamente la zotera de su látigo de caza al mango, golpeó las vueltas +de sus botas con el aire de un hombre dueño de sí mismo, como para +persuadirse de que estaba preparado para lo que iba a sucederle. Partió +en seguida, con la idea de que emprendía una notable proeza de actividad +física, que algún día no dejaría de embellecer de un modo o de otro, en +medio de la admiración de una sociedad selecta, en la taberna del <i>Arco +Iris</i>.</p> + +<p>Cuando un joven señor como Dunsey se veía reducido a un medio de +locomoción tan excepcional como el de andar a pie, el látigo llevado en +la mano es el paliativo deseable de un sentimiento demasiado +confuso—demasiado parecido a un sueño—que le hace experimentar su +situación inusitada; y Dunstan, a medida que avanzaba a través de la +niebla creciente, golpeaba siempre algo con su látigo. Era el látigo de +Godfrey. Le había gustado tomarlo sin permiso, porque el mango tenía +puño de oro. Naturalmente que no era posible notar, cuando Dunsey lo +llevaba en la mano, que el nombre de Godfrey Cass estaba grabado en el +puño: sólo se veía que aquel látigo era muy hermoso.</p> + +<p>Dunsey no dejaba de temer que le ocurriese tropezar con algún conocido +ante los ojos del cual haría triste figura, porque la niebla no es un +velo bastante espeso cuando las personas se acercan. Pero, cuando al fin +se encontró en las calles de Raveloe que le eran bien conocidas, pensó +que aquello era parte de su buena suerte habitual. Entretanto, la +niebla, ayudada por la obscuridad de la tarde, se había vuelto un velo +más espeso de lo que deseaba. Le ocultaba los baches en que sus pies +estaban expuestos a tropezar, le ocultaba todo, de modo que tuvo que +guiar sus pasos arrastrando el látigo contra las hierbas que crecían al +pie de los cercos. Pensaba que pronto llegaría al punto que daba acceso +a las canteras. Lo encontraría por medio de un portillo que había en +aquella cerca. Pero fue debido a una circunstancia con la que no contaba +que se lo hizo descubrir; es decir, ciertos rayos de luz que +inmediatamente adivinó que procedían de la choza de Silas Marner. +Durante el camino, aquella choza y el dinero que estaba oculto en ella +habían asediado continuamente su espíritu, y había imaginado distintas +maneras de halagar y seducir al tejedor, para que éste, seducido por el +cebo de los intereses, se separara sin demora del dinero que poseía.</p> + +<p>A Dunstan le parecía que no sería malo agregar algunas amenazas a las +proposiciones halagadoras, porque sus nociones de aritmética no eran +bastante sólidas como para darle una demostración probatoria de los +provechos que darían los intereses. En cuanto a la garantía, la +consideraba vagamente como un medio de engañar a un hombre, haciéndole +creer que va a ser reembolsado. En fin, la operación que había que +intentar sobre el espíritu del avaro, era una tarea que Godfrey +confiaría a su hermano, más audaz y más vivo que él. Dunstan estaba ya +decidido a este respecto, y en el momento en que vio brillar la luz a +través de las rendijas de los postigos de Marner, la idea de tener una +conversación con el tejedor se le había vuelto tan familiar, que le +pareció lo más natural abordarlo en seguida. Podía tener varias ventajas +el proceder así: entre otras, quizás el tejedor tuviera un farol de +mano, y Dunstan ya estaba cansado de buscar su camino a tientas.</p> + +<p>Todavía estaba a cerca de tres cuartos de milla de su casa y el suelo se +volvía desagradablemente resbaladizo, porque la niebla se iba +convirtiendo en llovizna. Dobló, pues, hacia la casa, pero no sin cierto +temor de errar el buen camino, puesto que no sabía exactamente si la luz +se veía al frente o en el costado de la choza. Sin embargo, ayudándose +con el mango de su látigo para explorar el terreno, llegó al fin sano y +salvo a la puerta de la casa. Golpeó con fuerza, sugiriéndole cierto +placer la idea del susto que le daría al vejete aquel estrépito +inesperado. Ninguna voz ni movimiento se dejó oír como respuesta: todo +era silencio en la choza. ¿Se había ido a acostar el tejedor? ¿Para qué +habría dejado la luz encendida entonces? ¡Extraño olvido de un avaro! +Dunstan volvió a golpear con más fuerza, y luego, sin esperar que le +respondieran pasó los dedos por el agujero de la puerta con la intención +de sacudirla y, al mismo tiempo correr el pestillo por medio del cordel +y volverlo a dejar cerrar, no dudando de que la puerta debía estar +atrancada.</p> + +<p>Con gran sorpresa vio que aquel doble movimiento la hizo abrir, y se +encontró frente a un fuego vivo que iluminaba todos los rincones de la +choza—el lecho, el telar, las tres sillas y la mesa—, y le permitía +ver que Silas no estaba allí.</p> + +<p>Nada podía ser más atrayente para Dunstan en aquel momento que el fuego +brillante sobre el fogón de ladrillos. Entró inmediatamente y se sentó. +Delante del fuego también había algo que, si la cocción hubiera estado +algo más adelantada, no hubiera carecido de interés para un hombre cuyo +estómago estaba vacío. Era un pedazo de carne de cerdo suspendido del +gancho de la chimenea por medio de un cordel pasado por el anillo de una +gran llave de puerta, según un método conocido por los viejos dueños de +casa en que no hay asador. Desgraciadamente el asado había sido colocado +en la extremidad del gancho, como para impedir que se fuera a quemar +durante la ausencia del dueño. «¿De modo que este viejo tonto de ojos +saltones se permite cenar carne?—pensó Dunstan—. Siempre se había +dicho que vivía de pan duro, para ponerle freno a su apetito. Pero, +¿dónde podía estar a aquella hora, con semejante tiempo y para qué había +salido dejando su cena a medio cocer y sin trancar la puerta?» La +dificultad con que el propio Dunstan acababa de encontrar su camino, le +sugirió la idea de que el tejedor había salido quizás para buscar +combustible, o para cualquier otro menester análogo y de corta +duración, y que se había resbalado dentro de la cantera. Esa era una +idea que interesaba a Dunstan y que implicaba consecuencias +completamente nuevas. Si el tejedor había muerto, ¿quién tenía derecho a +su dinero?, ¿quién sabía que alguien había entrado a tomarlo? No se +detuvo más tiempo en las sutilezas de las pruebas; la cuestión urgente, +¿dónde está el dinero? se apoderó de tal modo de su espíritu que le hizo +olvidar por completo que la muerte de Marner no era una certidumbre. Un +espíritu pesado, cuando llega a una conclusión que lo halaga, no +conserva la conciencia de que la idea de qué ha sacado aquella +conclusión era puramente problemática. Y el espíritu de Dunstan era tan +pesado como lo es generalmente el de un futuro criminal. Sólo conocía +tres escondites, en que hubiera oído decir que los campesinos escondían +sus tesoros: el techo de paja, la cama y un agujero hecho en el suelo. +La choza de Marner no estaba techada con paja. Lo primero que hizo +Dunstan, después de una sucesión de pensamientos acelerados por el +aguijón de la codicia, fue dirigirse al lecho, pero a la vez que +caminaba sus miradas recorrieron ávidamente el suelo, cuyos ladrillos, +iluminados por el fuego, se veían a través de la arena esparcida encima +de ellos. Sin embargo, no eran visibles en todas partes. Había un sitio, +en efecto, uno sólo que estaba por completo recubierto. Se distinguían +las huellas de los dedos, que, aparentemente, se habían cuidado de +cubrir de arena aquel espacio determinado. Ese sitio quedaba junto a los +pedales del telar. Dunstan corrió hacia aquel sitio y escarbó la arena +con el mango de su látigo. Al introducir la punta del collado entre los +ladrillos, vio que éstos estaban sueltos. Se apresuró a quitar uno, y +vio que allí estaba sin duda lo que buscaba, porque, ¿qué podía haber +sino dinero en aquellas dos bolsas de cuero? Y a juzgar por su peso +debían de estar llenas de guineas.</p> + +<p>Dunstan registró bien en el agujero para convencerse de que no contenía +nada más, y luego, volviendo a colocar en su sitio los ladrillos, los +recubrió de arena. No hacía ni cinco minutos que había entrado a la +choza, pero aquel espacio de tiempo le pareció muy largo, y bien que no +sabía que Silas podía estar vivo y volver de un momento a otro, se +sintió presa de un temor indefinible al ponerse de pie con los sacos en +las manos. Se apresuró a salir, a guarecerse en la obscuridad y pensar +en seguida qué haría con las bolsas. Cerró inmediatamente tras de él la +puerta, para interceptar la salida de la luz: algunos pasos iban a +bastar para llevarlo más allá del peligro de ser traicionado por los +rayos que se filtraban a través de las rendijas de los postigos y el +agujero de la alcoba. La lluvia y la obscuridad se habían vuelto más +intensas; se regocijó de esto, bien que fuera incómodo caminar con las +dos manos tan llenas, porque era a lo sumo si podía llevar el látigo con +uno de los sacos. Pero así que hubiera dado dos pasos podría proceder +con toda calma. Se adelantó, pues, resueltamente, en la obscuridad.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="V" id="V"></a>V</h2> + + +<p>Cuando Dunstan Cass le volvía la espalda a la choza, Silas Marner no +estaba ni a cien pasos de allí. Volvía penosamente de la aldea. Una +bolsa cargada al hombro le servía de sobretodo, y llevaba una linterna +de cuerno en la mano. Sus piernas estaban cansadas, pero su espíritu, +que no presentía ningún cambio, se sentía ágil. El sentimiento de la +seguridad procede más frecuentemente del hábito que de la convicción; +por eso es que subsiste a menudo, cuando las condiciones se han +modificado de tal modo, que más bien debieran dar lugar a esperar que se +volvieran una causa de alarma. El lapso de tiempo durante el cual cierto +acontecimiento no se ha producido, es, según la lógica del hábito, +constantemente opuesto como la razón por la cual ese acontecimiento no +debe ocurrir nunca, aun mismo cuando ese lapso de tiempo es la condición +nueva que lo hace inminente. Ese hombre os alega que ha trabajado +cuarenta años en el interior de una mina, sin ser herido en un solo +accidente, como el motivo por el que no debe temer ningún peligro, bien +que el techo de la mina comience a ceder; y se observa a menudo que +cuanto más vive un hombre, más difícil le es conservar una firme +creencia en la idea de su muerte.</p> + +<p>La influencia del hábito tenía que ser necesariamente poderosa en un +hombre cuya vida era tan monótona como la de Marner. No viendo a nuevas +gentes, y no oyendo hablar de ningún acontecimiento, no había nada que +mantuviera despierto en él la idea de lo inesperado y del cambio. Eso +explica también de una manera bastante sencilla por qué su espíritu +podía estar tranquilo, aunque hubiera dejado su casa y su tesoro más +expuestos que de costumbre.</p> + +<p>Silas pensaba en su cena con doble satisfacción: en primer lugar sería +caliente y sabrosa; en segundo lugar, no le costaba nada. En efecto, el +pequeño trozo de cerdo era un regalo de la excelente dueña de casa, la +señorita Priscila Lammeter, a quien había ido a llevar aquella tarde una +linda pieza de hilo, y era sólo en tales circunstancias que Marner se +permitía comer carne asada. La cena era su comida favorita, porque +coincidía con la hora deliciosa para él en que le alegraba su +contemplado tesoro.</p> + +<p>Toda vez que llegaba a tener carne que asar, la reservaba para la +comida. Pero esa tarde, apenas hubo terminado la operación consistente +en anudar fuertemente una cuerda alrededor del trozo de puerco, arrollar +a aquélla, según las reglas, en la llave de la puerta, pasarla a través +del anillo y atarla al gancho de la chimenea, cuando se acordó de que le +era indispensable un ovillo de cordoné muy fino para comenzar una pieza +en el telar, al día siguiente muy temprano. Se había olvidado de eso +porque al volver de casa del señor Lammeter no había tenido que +atravesar la aldea; en cuanto a salir a hacer compras por la mañana no +había que pensar. La niebla estaba muy fea para salir; pero había cosas +que Silas prefería a sus comodidades. Subió, pues, el trozo de puerco a +la extremidad del gancho, y luego, armándose de una linterna y de una +bolsa vieja, se marchó a hacer aquella compra olvidada, que, con buen +tiempo, sólo le hubiera tomado un cuarto de hora. No hubiera podido +cerrar la puerta sin desatar la cuerda bien anudada y retrasar de ese +modo la cena; no había para qué hacer ese sacrificio. ¿Qué ladrón +tomaría el camino de las canteras con semejante noche, y por qué había +de hacerlo precisamente esa noche, cuando no le había sucedido eso nunca +en los quince años precedentes? Estas preguntas no se presentaban +claramente al espíritu de Marner. Sólo sirven para indicar que vagamente +se daba cuenta de las razones que tenía para estar exento de inquietud.</p> + +<p>Muy contento con haber hecho la diligencia de la compra, llegó a su +puerta y la abrió. Para sus ojos miopes todo estaba en el estado en que +lo había dejado, a no ser que el fuego despedía una mayor y bien venida +cantidad de calor. Caminaba hacia una parte y otra del suelo, a la vez +que se iba desprendiendo de la linterna, del sombrero y de la bolsa +vieja; así es que sus zapatos herrados borraron las huellas que los pies +de Dunstan habían dejado en la arena. En seguida bajó el trozo de cerdo +cerca del fuego, y se sentó para proceder a la ocupación agradable de +cuidar el asado y a la vez calentarse. Cualquiera que lo hubiese +observado mientras que la luz rojiza brillaba en su rostro pálido, en +sus ojos extraños y dilatados y sobre su cuerpo flaco, hubiera quizá +comprendido la mezcla de piedad desdeñosa, de temor y de sospecha con +que era mirado por sus vecinos de Raveloe. Sin embargo, pocos hombres +podía haber más inofensivos que el padre Marner. En su alma ingenua y +sincera, ni aun la avaricia creciente y el culto de oro eran capaces de +engendrar un solo vicio capaz de perjudicar directamente a nadie. +Habiéndose apagado la luz de su fe, y habiendo agotado sus afectos, se +había apegado con todas las fuerzas de su naturaleza a su trabajo y a su +dinero; y, como todos los objetos a que el hombre se consagra, esas +cosas lo habían plasmado para adaptarlo a ellas. Su telar, en el que +trabajaba sin reposo, había reaccionado sobre él, fortificando a su +corazón el deseo de oír la repuesta de su ruido monótono. Y su tesoro, +mientras estaba inclinado sobre él y lo veía crecer, conjuraría en su +alma la facultad de amar, la endurecía y la aislaba como las monedas de +metal que lo componían.</p> + +<p>Así que sintió calor, se puso a pensar que sería muy largo esperar el +fin de la comida para sacar sus guineas, y que le agradaría verlas en la +mesa mientras que se diera aquel regalo insólito; porque la alegría es +el mejor de los vinos, y las guineas de Marner eran un vino de esa +especie.</p> + +<p>Se levantó y colocó la vela en el suelo, cerca del telar, no sospechando +nada; después quitó la arena sin advertir ningún cambio, y sacó los +ladrillos.</p> + +<p>La vista del agujero vacío hizo latir su corazón con violencia; pero la +convicción de que su oro ya no estaba allí, no la tuvo de inmediato; +sólo sintió terror. Pasó la mano trémula por el escondite, tratando de +imaginarse que era posible que sus ojos lo hubiesen engañado; después +metió la vela en el agujero e hizo una inspección minuciosa, temblando +cada vez más. Por fin su agitación fue tan violenta que dejó caer la +vela y se llevó las manos a la cabeza, tratando de sostenerla, con el +fin de poder pensar. ¿Acaso, por una determinación brusca, había puesto +su tesoro en otra parte la noche precedente y, después lo había +olvidado?</p> + +<p>El hombre que cae en aguas tenebrosas, trata momentáneamente de hacer +pie hasta sobre las piedras resbaladizas, y Silas, procediendo como si +creyera en falsas esperanzas, aplazaba el momento de la desaparición. +Buscó por todos los rincones, deshizo su cama, la sacudió y la palpó +toda, después miró en el horno de ladrillo donde ponía a secar la leña. +Cuando no quedó ningún otro sitio que visitar, se arrodilló de nuevo y +registró otra vez el agujero. No le quedaba ya ningún refugio +inexplorado que lo protegiera un momento más contra la terrible verdad.</p> + +<p>Sí, le quedaba una especie de refugio que se presenta siempre cuando el +pensamiento sucumbe bajo una pasión que lo abisma: era esa espera de las +imposibilidades, esa creencia en las imágenes contradictorias que es, +sin embargo, distinta de la locura, porque la realidad del hecho +exterior puede hacerla desaparecer. Silas se irguió trémulo sobre las +rodillas y miró alrededor de la mesa; ¿no estaría allí su oro, al fin y +al cabo? La mesa estaba vacía. Entonces miró atrás suyo, recorrió con la +vista toda la pieza, pareciendo dilatar sus pupilas negras para ver si, +por casualidad, las bolsas, no aparecían en los sitios en que las había +buscado en vano. Podía distinguir todos los objetos de su choza, pero su +oro no estaba allí.</p> + +<p>Se llevó de nuevo las manos trémulas a la cabeza y lanzó un grito +salvaje y estrepitoso, el grito de la desesperación. Después, durante +algunos momentos, permaneció inmóvil; pero aquel grito lo había librado +de la primera opresión de la verdad, opresión que lo sofocaba, se +volvió, adelantó vacilante hasta su telar y se sentó en el banco en que +trabajaba habitualmente, buscando instintivamente aquel sitio, porque +era para él la más grande certidumbre de la realidad.</p> + +<p>Ahora que todas aquellas falsas esperanzas se habían desvanecido, y que +la primera certidumbre había pasado, la idea de un ladrón comenzó a +presentarse a su espíritu. La acogió rápidamente, puesto que era posible +atrapar al ladrón y hacerle devolver el dinero. Aquel pensamiento le dio +nuevas fuerzas. Se precipitó de su telar a la puerta. Al abrirla lo +azotó una lluvia violenta, porque estaba lloviendo con fuerza cada vez +mayor. No había que pensar en seguir la huella de los pasos con +semejante noche. ¡Huellas de pasos! Pero, ¿cuándo había estado allí el +ladrón? Durante la ausencia de Silas, en el día, la puerta había +permanecido cerrada con llave, y, cuando volvió antes de la noche, no +había señales de fracción. También todo estaba como lo había dejado +cuando regresó de comprar el cordoné. La arena y los ladrillos no +parecían haber sido movidos. ¿Era realmente un ladrón el que había +sacado los talegos? ¿o era una potencia cruel, que ninguna mano podría +alcanzar, que se había deleitado en sumirle por segunda vez en la +desesperación? Retrocedió ante este terror más vago, e hizo un violento +esfuerzo para confirmarse en la idea de que era un ladrón con manos, y +que las manos pueden agarrar.</p> + +<p>En un relámpago, el pensamiento de Marner recorrió a todos los vecinos +que le habían hecho observaciones o preguntas que pudieran ser ahora +interpretadas como motivos de sospecha.</p> + +<p>Allí estaba Jacobo Rodney, cazador furtivo bien conocido, y que no +gozaba de buena reputación, bajo otros respectos; se había encontrado a +menudo con Marner, cuando éste tenía que hacer algunas diligencias +atravesando campos y le había hecho algunas bromas respecto del dinero.</p> + +<p>Además, había irritado a Marner un día, que habiendo entrado a su choza +para encender la pipa, se había demorado cerca del fuego, en vez de ir a +sus tareas. Jacobo Rodney era el ladrón; aquella idea le daba algún +alivio. Se podía encontrar a Jacobo y hacerle devolver el dinero. Marner +no quería castigarle, pero sí sólo recuperar el oro que se había llevado +consigo, dejando su alma en un aislamiento parecido al del viajero +extraviado en un desierto desconocido. Había que poner la mano sobre el +ladrón. Las ideas de Marner eran confusas; sin embargo, comprendía que +debía ir a denunciar el robo, y los grandes personajes de la aldea—el +pastor, el condestable y el squire Cass—le harían devolver a Jacobo +Rodney o a cualquiera otra persona el dinero robado.</p> + +<p>Estimulado por la esperanza salió afuera, olvidando de cubrirse la +cabeza y sin preocuparse de cerrar la puerta, pues le parecía que ya no +tenía nada que perder. Corrió rápidamente hasta que la falta de +respiración lo obligó a acortar el paso al entrar en la aldea, en la +vuelta del camino, cerca de la taberna del <i>Arco Iris</i>.</p> + +<p>El <i>Arco Iris</i>, para los ojos de Marner, era un sitio suntuoso de +reunión para los maridos opulentos y corpulentos, cuyas esposas tenían +superfluas provisiones de lencería. Era el sitio en que tenía que +encontrar probablemente a las autoridades y a los dignatarios de +Raveloe; donde podría anunciar con mayor rapidez el robo de que había +sido objeto.</p> + +<p>Llegó a la puerta, abrió el pestillo y entró a la derecha en una +taberna, especie de cocina brillantemente iluminada, en que los clientes +menos considerados de la casa tenían la costumbre de reunirse. La pieza +particular de la izquierda estaba reservada a la sociedad escogida, y +allí el squire Cass gozaba con frecuencia el doble placer de la buena +compañía y de la condescendencia. Pero aquella pieza estaba a obscuras +porque los principales personajes que constituían el ornamento del +círculo asistían todos—como Godfrey Cass—al baile dado por la señora +Osgood.</p> + +<p>De ahí resultaba que el grupo sentado en los bancos de alto respaldar de +la taberna era más numeroso que de costumbre. Varios notables que, a no +ser aquella circunstancia, hubiesen sido admitidos a los honores del +gabinete particular y hubieran proporcionado la mejor ocasión a los que +eran de un rango más elevado de echárselas de señores y tomar aires +protectores, se contentaban con variar de placer tomando grogs, allí +donde ellos mismos podían darse importancia y mostrarse afables, en la +sociedad de simples bebedores de cerveza.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="VI" id="VI"></a>VI</h2> + + +<p>La conversación, que era en extremo animada cuando Silas llegó al <i>Arco +Iris</i>, había sido como de costumbre lánguida e intermitente al empezar a +formarse la reunión.</p> + +<p>Los clientes habituales habían comenzado por ponerse a fumar sus pipas +en un silencio rayano en la gravedad. Los más importantes de ellos, los +que bebían alcoholes y estaban sentados más cerca del fuego, se miraban +los unos a los otros, como si hubieran apostado al que primero cerraría +los ojos.</p> + +<p>En cuanto a los bebedores de cerveza, gentes vestidas en su mayor parte +con sacos de fustán o blancos, permanecían con los párpado cerrados y se +pasaban la mano por la boca. Se hubiera dicho que absorber sus tragos de +cerveza constituía para ellos un deber fúnebre, que desempeñaban con +afligente tristeza.</p> + +<p>Por fin, el señor Snell, el tabernero, hombre dispuesto a ser neutral y +acostumbrado a permanecer alejado de las desinteligencias humanas, como +inherentes a seres que tenían todos a igual título necesidad de beber, +rompió el silencio diciéndole con tono indeciso a su primo el carnicero:</p> + +<p>—¿Hay gentes que dirían que es un lindo animal el que trajisteis ayer, +Bob?</p> + +<p>El carnicero, hombre alegre, sonriente, de cabellos rojos, no era capaz +de responder inconsiderablemente. Lanzó algunas bocanadas antes de +escupir y dijo:</p> + +<p>—No se engañarían en mucho, Juan.</p> + +<p>Después de esta débil e ilusoria tentativa de romper el hielo, el +silencio volvió a ser tan riguroso como antes.</p> + +<p>—¿Era una vaca colorada de Durham?—dijo el herrador, reanudando el +hilo del discurso después de varios minutos.</p> + +<p>El herrador miró al tabernero y el tabernero miró al carnicero, como que +era la persona que debía asumir la responsabilidad de la respuesta.</p> + +<p>—¿Era colorada—dijo el carnicero, con una voz de falsete alegre, pero +ronca—y era sin duda una vaca de Durham?</p> + +<p>—Entonces no tenéis para qué decirme a mí a quién la habéis +comprado—dijo el herrador mirando a su rededor con cierto aire de +triunfo—, conozco a las personas que tienen vacas coloradas de Durham +en las inmediaciones. ¿Apostaría dos peniques que tenía una estrella +blanca en la frente?</p> + +<p>El herrador se inclinó hacia adelante, con las manos en las rodillas, al +hacer aquella pregunta, y sus ojos parpadearon con viveza.</p> + +<p>—Pues bien, sí, es posible—dijo el carnicero con lentitud, +considerando que hacía resueltamente una respuesta afirmativa—. No digo +lo contrario.</p> + +<p>—Estaba seguro—dijo el herrador con tono provocativo, echándose para +atrás—, si yo no conociera las vacas del señor Lammeter, quisiera saber +quién las conocería, nada más. Y en cuanto a la vaca que habéis +comprado, barata o no, yo estaba allí cuando la purgaron; que me +contradiga el que quiera.</p> + +<p>El herrador tenía un aire amenazador, y el calor apacible que el +carnicero ponía en la conversación, se animó un poco.</p> + +<p>—Yo no soy hombre que contradiga a nadie, estoy por la paz y la +tranquilidad. Hay personas que prefieren cortar las costillas largas. +Por mi parte, soy de los que las cortan cortas; pero yo no me disputo +con esas personas. Todo lo que digo es que es un lindo animal, y sólo al +verlo a cualquier persona razonable se le llenan los ojos de lágrimas.</p> + +<p>—Pues es la vaca que yo purgué, sea como sea—prosiguió el herrador +colérico—, y era la del señor Lammeter; si no es así, habéis mentido al +decir que era una vaca colorada de Durham.</p> + +<p>—No miento—dijo el carnicero con la misma voz apacible y ronca de +antes—, y no contradigo a nadie. Ni aunque un hombre se pusiera azul de +cólera, no lo contradeciría; no le compro carne; no hago negocios con +él. Todo lo que digo es que es un lindo animal, y mantengo mi palabra; +pero no quiero pelear con nadie.</p> + +<p>—¡No, realmente—dijo el herrador con amargo sarcasmo, echando una +mirada general sobre los circunstantes—, y puede que no seáis testarudo +como una mula, y puede que no hayáis dicho que la vaca no era una Durham +colorada, y puede que no hayáis dicho que tenía una estrella blanca en +la frente! Sostened ahora eso, ya que estáis bien dispuesto.</p> + +<p>—¡Vamos! ¡vamos!—dijo el tabernero—, dejad a esa vaca tranquila. Los +dos tenéis razón y los dos estáis equivocados, esto es lo que sostengo +siempre. Y en cuanto a que la vaca fuera del señor Lammeter, no digo +nada; pero lo que sostengo, y que es preciso se recuerde, es que el +<i>Arco Iris</i> es el <i>Arco Iris</i>. Y para volver al asunto, si la +conversación ha de referirse a los Lammeter, vos, señor Macey, sois el +que mejor conocéis ese capítulo, ¿no es cierto? ¿Recordáis la época en +que el señor Lammeter vino a este paraje y arrendó las Gazaperas?</p> + +<p>El señor Macey era sastre y chantre de la parroquia. Sus reumatismos lo +habían obligado hacía poco a compartir esta última función con un joven +de facciones delicadas que estaba sentado frente a él. Inclinando su +cabeza blanca hacia un costado y haciendo girar sus pulgares con un aire +de satisfacción ligeramente acentuada con una pizca de crítica, sonrió +con compasión en respuesta a la interpelación del tabernero y dijo:</p> + +<p>—Sí, sí; es cierto, es cierto; pero dejo hablar a los demás. Ahora +estoy retirado de los negocios y he cedido el puesto a los jóvenes. +Dirigid vuestras preguntas a los que han ido a la escuela de Tarley: han +aprendido la buena pronunciación: eso se ha puesto de moda hace poco +tiempo.</p> + +<p>—Si es a mí a quien aludís, señor Macey—dijo el chantre suplente con +expresión de meticulosa urbanidad—, responderé que no soy hombre que +hable cuando no debo. Como dice el salmo:</p> + +<p class="n"> +<span style="margin-left: 25%;">Yo sé lo que es justo; eso no basta,</span><br /> +<span style="margin-left: 25%;">Practico también lo que sé.</span><br /> +</p> + +<p>—Pues bien, entonces, me gustaría que no os salierais del tono cuando +se os lo apunta. Si sois de los que practican, me gustaría veros +practicar eso—dijo un hombre gordo y jovial, excelente carretonero de +oficio toda la semana, pero director del coro de la iglesia los +domingos.</p> + +<p>Al mismo tiempo que hablaba hizo señas con los ojos a dos personas de la +reunión, que eran conocidos oficialmente con los nombres de «trombón» y +«clarinete», con la seguridad de que expresaban la opinión del cuerpo +musical de Raveloe.</p> + +<p>El señor Tookey, el chantre suplente, que compartía la impopularidad +común a los suplentes, se enrojeció mucho, pero repitió con moderación +discreta:</p> + +<p>—Señor Winthrop, si queréis decirme que lo hago mal, no soy hombre +capaz de decir que no cambiaré. Pero hay personas que creen tener orejas +infalibles, y que esperan que el coro entero tome a sus personas por +modelo. Me parece que puede haber dos opiniones.</p> + +<p>—Sí, sí—dijo el señor Macey, muy contento con aquel ataque a la +juventud presuntuosa—, estáis en lo cierto, Tookey; siempre hay dos +opiniones: hay la opinión que un hombre tiene de sí mismo y la opinión +que los demás tienen de él. Habría dos opiniones sobre una campana +rajada si ésta pudiera oírse a sí misma.</p> + +<p>—Pero, señor Macey—dijo el pobre Tookey, que había permanecido serio +en medio de la hilaridad general—, yo me he comprometido a llenar en +parte las funciones del chantre de la parroquia a pedido del señor +Crackenthorp, toda vez que vuestras molestias os incapaciten, y uno de +los privilegios de esas funciones es cantar en el coro; y, si no, ¿por +qué no hicisteis vos otro tanto?</p> + +<p>—¡Ah! pero el señor Macey y vos son dos cosas muy distintas—dijo Ben +Winthrop—. El señor tiene un don natural. Mirad, el squire tenía la +costumbre de invitarlo a tomar una copa solamente para oírle cantar el +«Corsario rojo»; ¿no es cierto, señor Macey? Es un don natural. Si su +amiguito Aarón tiene también un don natural, puede cantaros un aire +cualquiera sin vacilar, como una alondra. Pero en cuanto a vos, maese +Tookey, haríais bien en limitaros a vuestro amén. Vuestra voz no es mala +cuando la guardáis en la nariz. Es vuestro interior el que está mal +dispuesto para la música: no vale más que el hueco de un zueco.</p> + +<p>Esta especie de franqueza inflexible era la forma de broma más picante +ante los ojos de la sociedad del <i>Arco Iris</i>, y el insulto de Ben +Winthrop fue considerado por todos como superior al epigrama del señor +Macey.</p> + +<p>—Ya veo claramente de qué se trata—dijo el señor Tookey, incapaz de +permanecer tranquilo durante más tiempo—. Hay una conspiración para +echarme del coro, a fin de que no perciba mi parte del dinero de +Navidad. Eso es. Pero le hablaré al señor Crackenthorp; no permitiré que +nadie se burle de mí.</p> + +<p>—No, no, Tookey—dijo Ben Winthrop—. Os daremos vuestra parte para que +os retiréis, eso es lo que haremos. Hay otras cosas que la mugre, que la +gente pagaría de buena gana para verse libre de ellas.</p> + +<p>—¡Vamos! ¡vamos!—dijo el tabernero, que comprendía que pagar a la +gente por su ausencia era un principio social peligroso—; una broma es +una broma. Todos los que estamos aquí somos buenos amigos, me parece. +Debemos dar para recibir. Los dos tenéis razón y los dos estáis +equivocados; eso es lo que sostengo siempre. Yo opino como el señor +Macey que hay dos opiniones, y si me pidieran la mía, yo diría que él y +Winthrop los dos tienen razón. Tookey tiene razón y Winthrop también; no +tienen más que cortar la pera en dos para estar de acuerdo.</p> + +<p>El herrador fumaba su pipa con aire bastante hosco, con un cierto desdén +por aquella discusión trivial. El tampoco tenía oído para la música, y +no iba nunca a la iglesia porque pertenecía al cuerpo médico, y podía +ser requerido para las vacas en estado delicado. Pero el carnicero, que +era músico en el alma, había escuchado la discusión haciendo a la vez +votos por la derrota de Tookey y la conservación de la paz.</p> + +<p>—Seguramente—dijo, entrando en las vistas conciliadoras del +tabernero—que queremos a nuestro viejo chantre. Cantaba antes muy bien +y tiene un hermano que goza fama de ser el mejor menestral de los +alrededores. ¡Ah! es muy sensible que Salomón no viva en nuestro pueblo, +y que no pueda tocar alguna pieza cuando lo deseamos, ¿no es cierto, +señor Macey? Le daría hígado y bofes de ternera gratis, palabra de +honor.</p> + +<p>—Sí, sí—dijo el señor Macey, en el colmo de la satisfacción—. En +nuestra familia tenemos fama de músicos desde la época más remota. Pero +estas cosas se van, como yo le digo a Salomón todas las veces que +aparece por aquí; ya no hay voces como antaño, y nadie se acuerda de lo +que nosotros nos acordamos, excepto de los viejos cuervos.</p> + +<p>—Sí, os acordáis del tiempo en que el padre del señor Lammeter vino a +establecerse aquí, ¿verdad, señor Macey?—dijo el tabernero.</p> + +<p>—Ya lo creo—repuso el viejo chantre, que ahora había pasado por la +serie de halagos necesarios para llevarle a comenzar su narración—. Era +un lindo viejo, tan guapo, o quizás más, que el señor Lammeter existente +actualmente. Venía de un punto cercano, del lado del norte, según pude +saber. Pero nadie conoce nada positivo acerca de esa región; pero su +pueblo no debía estar muy al norte, y no debía sin duda ser muy distinto +de éste, porque el señor Lammeter trajo consigo una linda raza de +carneros, de modo que en aquella región había ciertamente apriscos y +todo lo que es razonable encontrar. Hemos oído decir que había vendido +sus propias tierras para venir a arrendar las Gazaperas. Eso parecía +raro por parte de un hombre que tenía propiedades suyas, que viniese a +alquilar una granja en un país que no conocía. Pero se dijo que era a +causa de la muerte de su mujer, bien que haya en las cosas razones que +nadie conoce. Eso es más o menos lo que pude saber. Pero hay personas +tan instruidas que encontrarían en el acto cincuenta motivos +imaginarios. Mientras tanto, la verdadera razón está ahí rompiéndoles +los ojos, y, sin embargo, no la ven. En fin, pronto nos dimos cuenta de +que había un nuevo vecino que estaba al cabo de las cosas, tenía una +casa bien puesta y era muy estimado de todos. Y el joven—es decir, el +señor Lammeter, existente actualmente, y que nunca tuvo hermana—se puso +en seguida a festejar a la señorita Osgood, es decir, la hermana del +señor Osgood actualmente existente. Era una joven tan bonita como no +podríais formaros idea. Pretenden que su joven hija se le parece; pero +de ese modo piensan las personas que no saben las cosas que pasaron +antes de que ellos nacieran. En cuanto a mí, debo saberlo bien, porque +ayudé al viejo pastor señor Drumlow.</p> + +<p>Dicho esto, el señor Macey hizo una pausa. Despachaba su relato por +entregas, haciendo pausas para ser interrogado, según la costumbre.</p> + +<p>—Sí, y ocurrió una cosa particular. ¿No es cierto? De modo que vos, +señor Macey, es probable que os acordéis de ese matrimonio—dijo el +tabernero en tono halagador.</p> + +<p>—Ya lo creo, como que fue una cosa muy particular—respondió el señor +Macey inclinando la cabeza hacia un costado—. El señor Drumlow... yo lo +quería mucho al pobre viejo señor, a pesar de que tenía la cabeza algo +confusa, tanto a causa de su edad como a que tomaba un trago de algo +caliente cuando el oficio de la mañana tenía lugar haciendo tiempo +frío... y el joven señor Lammeter quiso a todo trance casarse en enero, +mes que es, sin duda, poco razonable escoger, porque el casamiento no es +como un bautismo o un entierro que no se puede aplazar. Ahora bien, +cuando el señor Drumlow... el pobre viejo señor, yo lo quería... cuando +el viejo señor Drumlow llegó a las preguntas, las hizo en sentido +contrario, por así decirlo. Dijo: «¿Queréis tomar a este hombre por +vuestra mujer legítima?» En seguida preguntó: «¿Queréis tomar esta mujer +por vuestro legítimo marido?» Pero, lo mejor del caso, es que sólo yo me +di cuenta de aquello, y que los novios contestaron en seguida «sí» como +si yo mismo hubiera dicho amén cuando debía, sin haber escuchado lo que +precedía.</p> + +<p>—Pero vos sabíais bien lo que estaba pasando, ¿verdad, señor Macey? +¿Vos no hacíais oídos sordos, no es cierto?—dijo el carnicero.</p> + +<p>—¡Dios mío!—prosiguió el señor Macey, haciendo una pausa y sonriendo +al ver la pobre imaginación de su auditorio—; yo estaba tembloroso; yo +estaba, por así decirlo, como una levita tirada por los dos faldones, +porque no podía detener al pastor, no podía echarme encima esa +responsabilidad. Sin embargo, pensaba, ¿y si no estuvieran bien casados, +porque las palabras han sido dichas al revés? Después mi cabeza se puso +a trabajar como un molino, porque siempre ha sido extraordinaria para +volver y revolver las cosas, y encaminarlas por todos sus costados. En +seguida me dije: «¿No será más bien el espíritu que las palabras lo que +hace el matrimonio indisoluble?» En efecto, el pastor procedía de buena +fe, y el novio y la novia también. Y entonces, cuando me puse a +reflexionar, vi que el espíritu significaba bien poca cosa en la mayor +parte de los hechos, puesto que vos queréis poder pegar varios objetos +juntos y la cola ser mala, y en ese caso, ¿qué resulta? Entonces llegué +a esta conclusión: «No es el espíritu lo que vale, es la cola». Y me +sentía tan atormentado como si tuviera tres campanas echadas a vuelo en +mi cabeza cuando pasamos a la sacristía, y se comenzó a firmar. ¿Pero +para qué sirven tantas palabras? Vosotros no podéis imaginaros lo que +pasa en el espíritu de un hombre inteligente.</p> + +<p>—Sin embargo, ¿os contuvisteis a pesar de todo?, señor Macey, ¿no es +cierto?—dijo el tabernero.</p> + +<p>—Sí, me contuve por completo, hasta que me encontré solo con el señor +Drumlow. Entonces se lo dije todo, respetuosamente, sin embargo, como +siempre. El pastor tomó la cosa ligeramente, y dijo: «¡Bah! ¡bah! Macey, +tranquilizaos; no es el espíritu ni la letra lo que vale: es el registro +del casamiento lo que resuelve el caso; ésa es la cola.» De modo que ya +veis que resolvió el caso fácilmente. Los pastores y los doctores lo +saben todo, por decirlo así, de memoria, y no los mortifica la +preocupación de distinguir los lados buenos y malos de las cosas, como a +mí me ha sucedido tantas veces. Y de lo que no cabe duda es que el +casamiento resultó feliz. Lo malo es que la pobre señora Lammeter, antes +señorita Osgood, murió antes de que sus hijos fueran grandes. Sea como +fuera, en lo que concierne a la prosperidad de todo lo que es honorable, +no hay familia que sea más considerada que ésa.</p> + +<p>Todo el auditorio del señor Macey había oído aquella historia repetidas +veces. Sin embargo, la oyeron como quien escucha un aire favorito, y en +ciertos pasajes dejaron un momento de fumar las pipas, a fin de +consagrar toda su atención a las palabras que esperaban. Pero no había +concluido aún aquello, porque el señor Snell hizo a tiempo la pregunta +que debía motivar la continuación del relato.</p> + +<p>—A propósito, ¿no se ha dicho que el viejo señor Lammeter poseía una +bonita fortuna cuando vino a este país?</p> + +<p>—Sí, es exacto—repuso el señor Macey—; pero el señor Lammeter, +actualmente existente, no ha podido hacer otra cosa que conservarla +intacta, según creo. Siempre se ha dicho que nadie podía enriquecerse en +las Gazaperas. Y, sin embargo, arrienda la propiedad barata, porque es +lo que se llama un bien de fundación.</p> + +<p>—Sí; hay pocas personas que sepan tan exactamente como vos cómo se +volvió esa tierra un bien de fundación, ¿no es cierto, señor +Macey?—dijo el carnicero.</p> + +<p>—¿Y cómo lo sabrían?—replicó el viejo chantre con cierto desprecio—. +Pero mi abuelo hizo la librea de los <i>grooms</i> de ese señor Cliff que +vino a edificar las caballerizas de las Gazaperas. Son caballerizas +cuatro veces más grandes que las del squire Cass, porque Cliff sólo +pensaba en caballos y en cacerías. Era un sastre de Londres que, según +decían algunas personas, se había vuelto loco a fuerza de engañar a la +gente. No podía montar a caballo. Pretenden que no podía apretar el +caballo, como si sus piernas fueran tenacillas. Mi abuelo le oyó contar +eso al viejo squire Cass repetidas veces. Sin embargo, quería andar a +caballo a todo trance, como si lo impulsara el demonio. Tenía un hijo, +un mozo de diez y seis años, y su padre no quería que hiciera otra cosa +más que entregarse continuamente a la equitación, bien que, según +refieren, a ese joven lo asustara la equitación.</p> + +<p>Todos decían que el padre quería quitarle al hijo todo lo que tenía éste +de sastre, para convertirlo en un gentilhombre a fuerza de hacerlo +montar a caballo. «No es porque sea sastre; pero, considerando que Dios +me ha colocado en esta condición, estoy orgulloso de ello, porque las +palabras «Macey, sastre», fueron inscriptas encima de nuestra puerta, +antes de que la efigie de la reina Ana desapareciera de los chelines. En +cuanto a Cliff, tenía vergüenza de que lo llamaran sastre. Además, lo +mortificaba cruelmente que se burlaran de su manera de montar, y ninguna +persona de distinción de la vecindad lo podía soportar. Entretanto, su +pobre hijo cayó enfermo y murió. El padre no le sobrevivió mucho. Se +había puesto más extravagante que nunca. Cuentan que iba a sus +caballerizas a altas horas de la noche, provisto con una linterna y que +colocaba en ellas muchas velas encendidas. Había llegado a no poder +dormir, y se lo pasaba allí, haciendo chasquear el látigo y mirando los +caballos. También se ha dicho que es un milagro que las caballerizas no +quedaran reducidas a escombros, con los pobres animales encerrados en +ellas. Pero, por fin, murió delirando, y se encontró que había dejado +sus propiedades—las Gazaperas y el resto—a una fundación de Londres. +Así fue cómo las Gazaperas se volvieron un bien de fundación. Sin +embargo, por lo que concierne a las caballerizas, el señor Lammeter no +las ha usado nunca porque son de proporciones exorbitantes. ¡Dios mío! +Si hiciera golpear las puertas habría en la mitad de la parroquia un +estruendo igual al del trueno.</p> + +<p>—Sí; pero en esas caballerizas pasan más cosas que las que pasan en +pleno día, ¿no es cierto, señor Macey?—dijo el tabernero.</p> + +<p>—Sí, sí, pasad por allí una noche obscura—dijo el señor Macey +parpadeando misteriosamente los ojos—, y después haced creer, si +queréis, que no habéis visto luces en las caballerizas y que no habéis +oído el piafar de los caballos ni el chasquear del látigo, ni aullidos, +cuando empieza a clarear el día. Desde mi infancia, siempre oí decir +que eso era la «licencia de Cliff», pues ciertas personas pretendían +que, por decirlo así, ése era el momento en que el demonio dejaba de +asarlo. Eso es lo que me contó mi padre, que era un hombre de buen +sentido, bien que ahora haya personas que sepan lo que pasó antes que +ellas nacieran mejor de lo que entienden sus negocios.</p> + +<p>—¿Qué decís de esto, eh, Dowlas?—dijo el tabernero, volviéndose hacia +el herrador que ardía de impaciencia por tomar la palabra—. Ahí tenéis +un buen problema para vos.</p> + +<p>El señor Dowlas era el espíritu escéptico de la reunión, y estaba +orgulloso de ese título.</p> + +<p>—¿Lo que digo? Digo lo que diría un hombre de buen sentido que no +cerrara los ojos para mirar un poste indicador, si tuviera necesidad de +averiguar su camino; digo que estoy dispuesto a apostar diez libras +esterlinas con toda persona que quiera ir junto conmigo, durante +cualquier noche que haga buen tiempo, a los terrenos que quedan frente a +las caballerizas de las Gazaperas, y digo que no veremos luces y que no +oiremos más ruidos que el soplar de nuestras narices. Eso es lo que +digo, y he dicho muchas veces. Pero no hay nadie que quiera arriesgar un +billete de diez libras por esos fantasmas de que se habla con tanta +seguridad.</p> + +<p>—Pero, Dowlas, no es muy ingenioso en verdad hacer una apuesta en tales +condiciones—dijo Ben Winthrop—. Lo mismo podríais apostar con un +hombre que no atrapará un romadizo, si pasa la noche metido en el +charco, con el agua hasta el pescuezo, durante un tiempo glacial. +Tendría gracia que alguien se expusiera a morir por ganar una apuesta. +Las gentes que creen en la licencia de Cliff, no se atreverán jamás a +acercarse a aquel lugar por diez libras esterlinas.</p> + +<p>—Si el señor Dowlas quiere conocer la verdad sobre este asunto—dijo el +señor Macey con sonrisa sarcástica, golpeándose los pulgares el uno +contra el otro—, no tiene para qué hacer apuestas; que vaya allá solo, +nadie se lo impedirá. Entonces podrá decirles a los vecinos de la +parroquia que están equivocados.</p> + +<p>—¡Gracias! le quedo agradecido—dijo el herrador con un gruñido de +desprecio—. Si las gentes son tontas, no es cosa mía. Yo no tengo +necesidad de averiguar la verdad sobre los aparecidos; ya lo sé. Pero no +me opongo a una apuesta, con tal de que todo sea leal y sincero. Que +apuesten conmigo diez libras esterlinas a si voy a ver la licencia de +Cliff, e iré a estar allá solo. No necesito compañía. Y lo haría con +tanta facilidad como cargo mi pipa.</p> + +<p>—¿Pero quién os vigilará, Dowlas, para confirmar que estáis allá? La +apuesta no sería leal.</p> + +<p>—¿La apuesta no sería leal?—replicó el señor Dowlas con cólera—. +Quisiera, que se presentara alguien que dijese que quiero apostar +deslealmente. Vamos, vamos, maese Lundy, quisiera oíros decir eso.</p> + +<p>—Muy probablemente lo querríais—dijo el carnicero—. Eso no es cuenta +mía. No tengo que hacer tratos con vos, y no voy a tratar de que me +hagáis una rebaja. Si alguien desea haceros una oferta igual a vuestra +estimación, que lo haga. Yo estoy por la paz y la tranquilidad, eso es.</p> + +<p>—Sí, eso es lo que desea todo, perro que ladra así que se le amenaza +con el palo—dijo el herrador—. Pero yo no tengo miedo ni de un hombre +ni de un fantasma, y estoy pronto a apostar lealmente. Yo no soy un +gozquijo que dispara.</p> + +<p>—Sí, pero ved lo que sucede, Dowlas—dijo el tabernero con una voz +llena de candor y de tolerancia—. Hay gentes, a mi entender, que no +pueden ver un fantasma, aunque éstos se los pongan por delante como un +poste. Y esto tiene su razón de ser. Por ejemplo, ahí tenéis a mi mujer +que no huele nada, aunque le pongáis bajo las narices el queso más +fuerte. Yo nunca he visto fantasmas; pero entonces me digo: «Muy +probablemente tú no tienes el olfato necesario.» Es decir, que pongo el +fantasma en lugar de un olor y viceversa. Por eso es que estoy por las +dos opiniones. Como siempre digo, la verdad está entre los dos. Si +Dowlas fuese a pasar la noche delante de las caballerizas y viniese a +decirnos que no ha visto el menor rastro de la licencia de Cliff, yo +estaría con él; pero si alguien me dijese que, a pesar de ello, la +licencia de Cliff existe realmente, yo también estaría con él, porque el +olfato es lo que me guía.</p> + +<p>El argumento analógico del tabernero no fue bien aceptado por el +herrador, que era un hombre fundamentalmente opuesto a los términos +medios.</p> + +<p>—¡Bah! ¡bah! ¡bah!—dijo con nueva irritación, dejando el vaso—, ¿qué +tiene que ver aquí el olfato? ¿Un fantasma le ha puesto nunca a nadie +negro el ojo? Eso es lo que desearía saber. Si los fantasmas quieren que +crea en ellos, que se dejen de deslizarse furtivamente en los sitios +obscuros y solitarios; que vengan a donde hay gente y luz.</p> + +<p>—¡Como si a los aparecidos les importara que crea en ellos un hombre +tan ignorante como vos!—dijo el señor Macey, profundamente desalentado +de ver en el herrador aquella grosera incapacidad para comprender la +naturaleza de los fenómenos concercientes a los fantasmas.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="VII" id="VII"></a>VII</h2> + + +<p>Un momento después, sin embargo, pareció que los fantasmas fueran de +naturaleza más condescendiente que lo que pretendía el señor Macey, +porque de pronto se vio la figura pálida y flaca de Silas Marner. De pie +entre la luz cálida de la pieza, no profería palabra, pero giraba por la +asamblea la mirada de sus ojos extraños y sobrenaturales. Las largas +pipas hicieron un movimiento simultáneo, como el de las arterias de +insectos asustados. Todos los presentes, sin exceptuar al escéptico +herrador, tuvieron la impresión de que veían a un aparecido y no a Silas +Marner en carne y hueso. En efecto, la puerta por que había entrado +Silas estaba oculta por los bancos de alto respaldar, y nadie había +advertido su llegada.</p> + +<p>Se podría suponer que el señor Macey, sentado muy lejos del aparecido, +gozaba con el triunfo de sus argumentos, triunfos que debían tender a +neutralizar su parte en la alarma general. ¿No había dicho siempre que +cada vez que Silas Marner tenía un extraño éxtasis, su alma se libraba +de su cuerpo? La prueba estaba allí. Sin embargo, todo bien considerado, +no hubiera estado menos satisfecho sin la aparición. Durante algunos +instantes reinó un silencio de muerte: el cansancio y el jadeo no le +dejaban hablar a Marner. El tabernero, impulsado por el sentimiento que +constantemente le animaba, que era su deber de tener casa abierta para +todos y confiando en la protección de su inconmovible neutralidad, tomó +al fin sobre sí la tarea de conjurar el espíritu.</p> + +<p>—Maese Marner—dijo con tono conciliador—, ¿qué queréis? ¿qué venís a +traer aquí?</p> + +<p>—¡Robado!—respondió Silas, jadeante—. ¡He sido robado! Busco al +constable... y al juez... y al squire Cass... y al señor Crackenthorp.</p> + +<p>—Sujetadlo, Jacobo Rodney—prosiguió el tabernero, en quien se disipaba +la idea del fantasma—. Me parece que ha perdido la cabeza; está +empapado hasta los huesos.</p> + +<p>Jacobo Rodney, sentado muy cerca de la entrada de la pieza, estaba al +alcance del sitio en que Marner seguía de pie; pero negó sus servicios.</p> + +<p>—Venid a sujetarlo vos mismo, señor Snell, si se os ocurre—respondió +Jacobo con bastante mal humor—. Ha sido robado y asesinado también a lo +que parece—agregó en voz baja.</p> + +<p>—¡Jacobo Rodney!—dijo Silas, volviéndose hacia él y clavando sus ojos +extraños en el hombre que sospechaba.</p> + +<p>—¿Qué hay, maese Marner, qué me queréis?—replicó Jacobo, temblando un +poco y asiendo su jarro a manera de arma defensiva.</p> + +<p>—Si sois vos quien me ha robado mi dinero—dijo juntando sus manos +suplicantes, y alzando la voz hasta gritar—, devolvédmelo y os... daré +una guinea.</p> + +<p>—¡Yo... robado su dinero!—replicó Jacobo, colérico—; os voy a tirar +este jarro a las narices si decís que soy... yo, el que ha robado +vuestro dinero.</p> + +<p>—Vamos, vamos, maese Marner—dijo el tabernero, poniéndose de pie +entonces con aire resuelto y tomando a Marner por un hombro—; si tenéis +que hacer alguna denuncia, hacedla de un modo razonable y demostrad que +estáis en vuestro buen sentido; de otro modo nadie os escuchará. Estáis +empapado como una rata ahogada. Sentaos, secad vuestra ropa y hablad +con franqueza.</p> + +<p>—¿Habéis oído, viejo?—continuó el herrador, que comenzó a darse cuenta +de que no se había portado de una manera digna de él y a la altura de la +situación—. No sigáis mirando fijamente a las personas y no gritéis +más, porque, si no, vamos a haceros maniatar como a un insensato. Por +eso fue que no hablé en seguida, diciéndome: este buen hombre está loco.</p> + +<p>—Sí, sí, hacedlo sentar—dijeron en coro varios de los asistentes, muy +contentos con que la existencia de los aparecidos quedara sin resolver.</p> + +<p>El tabernero le obligó a Marner a quitarse el saco, y después a sentarse +en una silla en medio de un círculo de modo que, apartado de las +personas, recibiera directamente el calor de la chimenea.</p> + +<p>El tejedor, demasiado abatido para tener más propósito claro que el de +conseguir auxilio, a fin de recuperar su dinero, se sometió sin +resistencias. Los temores pasajeros de la reunión habían desaparecido, +sucediéndoles un vivo sentimiento de curiosidad, y todas las fisonomías +estaban hacia Silas, cuando el tabernero, después de volverse a sentar, +habló de nuevo.</p> + +<p>—Bueno, veamos, maese Marner, qué es lo que tenéis que decir... decís +que os han robado. Explicaos claramente.</p> + +<p>—¡Haría bien en no volver a decir que soy yo quien lo ha +robado!—exclamó Jacobo Rodney con energía—. ¿Qué habría hecho con su +dinero? También hubiera podido robar la sobrepelliz del pastor y ponerla +encima.</p> + +<p>—Contened vuestra legua, Jacobo, y escuchemos lo que tiene que +decir—prosiguió el tabernero—. Vamos, hablad, maese Marner.</p> + +<p>Entonces Silas contó lo que le pasaba, y fue frecuentemente +interrumpido por las preguntas a medida que el carácter misterioso del +robo se volvía evidente.</p> + +<p>Aquella situación extraña y nueva para él de tener que exponer sus +cuitas a los vecinos de Raveloe, de estar sentado al calor de un hogar +que no era el suyo, y de sentirse en presencia de fisonomías y de voces +que hacían nacer en él las primeras esperanzas de socorro, ejerció sin +duda alguna cierta influencia sobre Marner, a pesar de la viva +preocupación que le causaba el infortunio. Nuestra conciencia no percibe +el principio de un desarrollo moral, como no percibe un desarrollo de la +naturaleza; la savia ha circulado ya muchas veces antes de que +descubramos el menor signo de un brote.</p> + +<p>La ligera sospecha con que sus oyentes le habían escuchado al principio, +se disipó gradualmente ante la sencillez convincente de su desgracia. +Les era imposible a aquellos vecinos dudar de la veracidad de Marner. No +podían, a decir verdad, basándose en la naturaleza de los hechos +relatados por él, afirmar inmediatamente que no tenía motivos para +exponerlos con fealdad; pero, como lo hizo observar el señor Macey, no +es probable que personas que tienen al diablo en su favor, se abatieran +tanto como el pobre Silas. Más bien, dada la circunstancia extraña de +que el ladrón no había dejado rastro y había sabido el momento oportuno +en que Silas había salido sin cerrar la puerta, momentos que un oyente +mortal no hubiera podido calcular de ningún modo, la conclusión más +natural que podía sacar parecía ser que la intimidad poco honorable del +tejedor con el diablo, si es que había existido nunca, debía estar +destruida. Por lo tanto, aquel mal golpe le había sido hecho a Marner +por alguien a quien en balde perseguiría el constable. Qué motivo +habría tenido el ladrón sobrenatural para verse obligado necesariamente +a esperar que Silas se olvidara de cerrar la puerta con llave, no se le +ocurrió a nadie.</p> + +<p>—No ha sido Jacobo Rodney quien ha hecho eso, maese Marner—dijo el +tabernero—. No hay por qué sospechar del pobre Jacobo. Quizá hubiera +que arreglar una cuentecita con él a propósito de una lucha o dos, si +uno hubiera de estar siempre con los ojos bien abiertos y no cerrarlos +nunca. Pero Jacobo ha estado toda la tarde bebiendo aquí su jarro de +cerveza, como la persona más honorable de la parroquia. Ya estaba aquí +antes de la hora en que, según vuestra declaración, salisteis de vuestra +casa, maese Marner.</p> + +<p>—Sí, sí—prosiguió el señor Macey—; no acusemos al inocente. Eso es +contrario a la ley. Es preciso que haya personas que juren que un hombre +es culpable, antes que pueda ser detenido. No acusemos al inocente, +maese Marner.</p> + +<p>La memoria de Silas no estaba tan dormida, que no fuera capaz de +despertar al oír aquellas palabras. Bajo la influencia de un movimiento +de arrepentimiento, tan nuevo y extraño para él como lo hubiera sido +cualquiera otra cosa en la hora en que acababa de transcurrir, se alzó +de su silla y se acercó a Jacobo para ver claramente la expresión de su +fisonomía.</p> + +<p>—He hecho mal—le dijo—, sí, sí... debí reflexionar. No hay ninguna +prueba contra vos, Jacobo. Pero vos sois la persona que más ha entrado +en mi casa. Por eso fue que os recordé. No os acuso. No quiero acusar a +nadie. Solamente—agregó con su ofuscación desesperada, tomándose la +cabeza entre las manos y volviéndose a mirar a los presentes—me +esfuerzo... me esfuerzo por imaginar dónde están mis guineas.</p> + +<p>—¡Ah, ah! han ido a donde hace bastante calor para fundirlas, +creo—dijo el señor Macey.</p> + +<p>—¡Vamos!—repuso el herrador.</p> + +<p>Y preguntó entonces con el aire de un juez que le hace al testigo +preguntas capciosas:</p> + +<p>—¿Cuánto dinero podía haber en los talegos, maese Marner?</p> + +<p>—Doscientas setenta y dos libras esterlinas, doce chelines y medio +chelín, había ayer noche cuando las conté—dijo Silas exhalando un +suspiro y volviéndose a sentar.</p> + +<p>—¡Bah! No era tan pesado de cargar. Entró el vagabundo, y se las llevó. +En cuanto a la ausencia de pasos, y a los ladrillos y la arena que no +habían sido removidos, vuestros ojos son bastante parecidos a los de un +insecto, maese Marner; estáis obligado a mirar de tan cerca, que no +podéis ver muchas cosas a la vez. Me parece que si hubiese estado en +vuestro lugar, o vos en el mío—pues viene a ser lo mismo—, no os +habríais imaginado que todo estaba como lo habíais dejado. He aquí lo +que propongo: que dos hombres de los más sensatos aquí presentes vayan +con vos a casa del señor Kench, el constable—está enfermo en cama, +según he oído—, para pedirle que nombre a uno de nosotros su suplente; +porque esa es la ley, y no creo que nadie piense en contradecirme sobre +este punto. No queda muy lejos de aquí lo del señor Kench. Entonces, si +soy yo el nombrado suplente, iré con vos, maese Marner, y examinaré el +sitio. En caso de que alguien quiera contradecir esto, le agradeceré que +se ponga de pie y lo diga con franqueza.</p> + +<p>Con este discurso importante, el herrador había recuperado su propia +estima, y esperaba que se le designara como uno de los hombres más +sensatos.</p> + +<p>—Veamos, entretanto, qué tiempo hace—dijo el tabernero, que se +consideraba como personalmente interesado en aquella proposición—. +¡Pero si, sigue lloviendo a cántaros!—agregó en seguida de abrir la +puerta.</p> + +<p>—Pues bien, yo no soy hombre que le tenga miedo a la lluvia—dijo el +herrador—. Hará mal efecto cuando el juez Malam sepa que se nos ha +hecho una denuncia a gentes honorables como nosotros, y que no hicimos +nada para atenderla.</p> + +<p>El tabernero fue de la misma opinión, y después de haber pedido el +asentimiento de los presentes y de haber repetido debidamente una +pequeña ceremonia conocida en el alto clero con el nombre de «Nolo +episcopari» (no quiero ser obispo), consintió en aceptar el refrigerante +honor de ir a casa del señor Kench. Pero, con gran espanto del herrador, +la proposición que él hiciera de ser suplente de constable levantó una +objeción de parte del señor Macey. Aquel viejo oráculo, que pretendía +conocer la ley, declaró que ningún médico podía ser constable, que ese +hecho le había sido transmitido por su padre.</p> + +<p>—Y usted es médico, me parece, aunque no sea usted más que médico +veterinario; porque una mosca es una mosca, aun cuando sea un +tábano—dijo para terminar el señor Macey, algo maravillado por su +sagacidad.</p> + +<p>Un violento debate se produjo con este motivo. El herrador, por +supuesto, no quería renunciar a su título de médico, pero sostenía que +un médico podía ser constable si quería, que el sentido de la ley era +sencillamente que no se le podía obligar a ser constable si no lo +deseaba. El señor Macey consideró esta interpretación como un absurdo, +visto que la ley no podía tener más diferencias con los médicos que con +las demás personas. Agregó que si estaba en la naturaleza de los +médicos el desear menos que los demás mortales el ser constable, ¿cómo +era que el señor Dowlas deseaba tanto proceder en aquella calidad?</p> + +<p>—Yo no deseo desempeñar el papel de constable—replicó el herrador, +dominado por aquel razonamiento implacable—. Nadie puede decir que eso +me importa, si se ha de hablar sinceramente. Pero si ha de haber celosos +y envidiosos a propósito de esta diligencia acerca del señor Kench con +un tiempo semejante, que vaya el que quiera, no me haréis ir a mí, yo os +lo aseguro.</p> + +<p>Sin embargo, mediante la intervención del tabernero, todo se arregló. +Así es que el pobre Silas, escoltado por sus dos compañeros y provisto +con unas ropas viejas, salió de nuevo bajo la lluvia, pensando en las +largas noches que aun faltaban por transcurrir, no como aquellos que +ansían descansar, sino como los que veían esperando la mañana.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h2> + + +<p>Cuando Godfrey Cass volvió de la fiesta de la señora Osgood, a media +noche, no lo sorprendió mucho el saber que Dunsey no había vuelto a la +casa. Quizá no habría vendido a <i>Relámpago</i> esperando otra ocasión; +quizá, a causa de la niebla de la tarde, había preferido refugiarse en +la posada del <i>León Rojo</i> de Batterley, para pasar allí la noche, si la +cacería lo había retenido en las cercanías, porque no era muy probable +que se sintiera muy contrariado por dejar a su hermano en la +incertidumbre. El espíritu de Godfrey estaba muy absorbido por los +atractivos y maneras de Nancy para con él, demasiado lleno de +exasperación contra sí mismo y contra su suerte—exasperación que no +dejaba nunca de producirse en él, a la vista de aquella joven—, para +que pensara mucho en <i>Relámpago</i> y en la conducta probable de Dunstan.</p> + +<p>A la mañana siguiente toda la aldea fue sorprendida por la historia del +robo.</p> + +<p>Godfrey, como todos los demás, pasó el tiempo en recoger y discutir las +noticias y en ir a visitar las canteras. La lluvia había hecho +desaparecer toda probabilidad de distinguir los pasos; pero un examen +minucioso del sitio había hecho descubrir, en dirección opuesta a la +aldea, una caja de yesca medio enterrada en el lodo y que contenía un +eslabón y un pedernal.</p> + +<p>No era la caja de yesca de Silas, porque la única que hubiera poseído +nunca estaba aún, sobre un estante, en su casa. La opinión generalmente +aceptada, fue que la caja encontrada en el foso tenía alguna relación +con el robo. Una pequeña minoría sacudía la cabeza y daba a entender que +aquél no era un robo respecto del cual pudieran arrojar mucha luz las +cajas de yesca.</p> + +<p>En cuanto al de maese Marner parecía singular, y se habían conocido +casos en que un hombre, después de haberse causado a sí mismo algún +daño, había después requerido al juez para buscar al autor. Pero cuando +se asediaba a esas gentes preguntándoles los motivos de su opinión y el +provecho que tales falsos pretextos podían proporcionarle a maese +Marner, se contentaban con menear la cabeza como antes y hacían observar +que no siempre se estaba en aptitud de saber qué es lo que algunas +personas consideran un beneficio; además, todo el mundo tenía el derecho +de tener su opinión motivada o no, y el tejedor, como nadie lo +ignoraba, no tenía el cerebro muy sano.</p> + +<p>El señor Macey, bien que tomara la defensa de Marner contra toda +sospecha de superchería, ponía también en ridículo la idea de la caja de +yesca. En verdad, la reputaba como una sugestión bastante impía, +tendiente a insinuar que todo debía de ser obra de manos humanas y que +no había ningún poder sobrenatural capaz de hacer desaparecer las +guineas sin tocar los ladrillos. Sin embargo, se volvió contra el señor +Tookey con bastante violencia cuando aquel suplente adicto, viendo que +aquella interpretación de los hechos sentaba particularmente a un +chantre de parroquia la llevó más lejos aún, preguntándose si era +razonable hacer una encuesta sobre un robo cuyas circunstancias eran tan +misteriosas.</p> + +<p>—Como si no hubiera nada más—terminó diciendo el señor Tookey—que +aquellas cosas que los jueces y los constables están en aptitud de +descubrir.</p> + +<p>—No vayáis ahora, Tookey, más allá de donde se debe—repuso el señor +Macey, inclinando la cabeza hacia un costado, en señal de reprobación. +Así es cómo procedéis siempre: si yo arrojo una piedra y doy en el +blanco, pensáis que hay algo mejor que hacer y tratáis de tirar otra vez +más allá de la mía. Lo que he dicho iba contra la caja de yesca; no he +dicho nada contra los jueces y los constables; porque han sido nombrados +por el rey Jorge y le sentaría mal a un funcionario parroquial estallar +en invectivas contra el soberano.</p> + +<p>Mientras estas discusiones tenían lugar en el grupo que se encontraba +frente a la taberna del <i>Arco Iris</i>, una deliberación más importante +tenía lugar en el interior bajo la presidencia del señor Crackenthorp, +el pastor, asistido por el squire Cass y otras personalidades de la +parroquia. Se le acababa de ocurrir al señor Snell—que era, como lo +hizo observar, un hombre habituado a coordinar los hechos—el relacionar +con la caja de yesca, que en calidad de suplente del constable había +tenido él mismo la honrosa distinción de encontrar, con ciertos +recuerdos de un buhonero. Este había entrado en su taberna para beber +algo haría cosa de un mes, y había declarado positivamente que llevaba +una caja de yesca que le servía para encender su pipa. Había en aquello, +sin duda, una pista para seguir. Y como la memoria, cuando está +debidamente impregnada en los hechos comprobados, es algunas veces de +una fecundidad sorprendente, el señor Snell recobró gradualmente la viva +impresión del efecto que la fisonomía y la conversación del buhonero +habían producido en él. La mirada de aquel hombre estaba llena de una +cierta expresión que había chocado de un modo desagradable al sensible +organismo del señor Snell. Seguramente que nada de particular había +salido de su boca—no, nada, excepto la frase relativa a la caja de +yesca—; pero lo que un hombre dice, no es lo que vale, lo importante es +cómo lo dice. Además tenía un color moreno exótico que anunciaba su poca +honradez.</p> + +<p>—¿Llevaba aros en las orejas?—preguntó el señor Crackenthorp, que +tenia algún conocimiento de las costumbres extranjeras.</p> + +<p>—Bueno... esperad... veremos—respondió el señor Snell como un +somnámbulo dócil que quisiera realmente no equivocarse, si fuera +posible.</p> + +<p>Después de haber distendido los ángulos de su boca y contraído los +ojos—se hubiera dicho que trataba de ver los aros—, pareció renunciar +al esfuerzo y dijo:</p> + +<p>—Recuerdo que llevaba en su caja aros para vender; es, pues, natural +suponer que también los usara. Pero como recorrió casi todas las casas +de la aldea, quizá alguna persona se los haya visto en las orejas, bien +que yo no pueda afirmar eso.</p> + +<p>El señor Snell tenía razón al suponer que alguna otra persona se +acordaría de los aros en las orejas; porque, prosiguiendo la pesquisa en +la parroquia, se hizo saber, con una energía cada vez más viva, que el +pastor deseaba ser informado si el buhonero usaba aros, y se estableció +una corriente de opinión de que era muy importante que el hecho fuera +dilucidado. Naturalmente que todos los que oyeron la pregunta y que no +se habían formado ninguna imagen exacta del buhonero «sin aros», se lo +representaron inmediatamente «con aros» en las orejas, más o menos +grandes, según el caso. La imagen fue muy pronto tomada por un recuerdo +vivo. En consecuencia, la esposa del vidriero, mujer de buenas +intenciones y que no era aficionada a mentir y cuya casa era una de las +más ordenadas de la aldea, se mostró dispuesta a declarar que, tan +cierto como que había de comulgar para la próxima Navidad, que había +visto unos grandes aros, de la forma del creciente de la luna nueva, en +las dos orejas del buhonero. Al mismo tiempo Juana Oates, la hija del +zapatero—niña dotada de una imaginación muy viva—, afirmaba no sólo +que los había visto, sino que se había estremecido de horror, como se +estremecía todavía al hablar de eso.</p> + +<p>Por otra parte, a fin de arrojar más luz sobre esta pista de la caja de +yesca, se recogió en las diferentes casas todos los artículos comprados +al buhonero y se los llevó a la taberna del <i>Arco Iris</i> para ser +expuestos allí públicamente. En fin, la convicción general en la aldea +fue que, a fin de poner en claro la cuestión del robo, era preciso hacer +muchas cosas en el <i>Arco Iris</i>. Además, ningún marido tenía necesidad +de excusarse con su esposa para ir a aquella taberna, a tal punto se +había convertido aquel sitio en la escena de rigurosos deberes públicos.</p> + +<p>Qué decepción—y quizás también qué indignación—se manifestó al saber +que Silas Marner, interrogado por el squire y el pastor, había +respondido que no había conservado ningún recuerdo del buhonero, salvo +que éste se había allegado a su choza, pero sin entrar en ella. Se había +alejado inmediatamente, cuando Silas, entreabriendo la puerta, le dijo +que no necesitaba nada. Tal había sido la declaración del tejedor.</p> + +<p>Sin embargo, Silas se aferraba fuertemente a la idea de que el buhonero +era el culpable probablemente por la única razón que ésta le presentaba +la imagen clara de un sitio en que podía estar su oro, después de haber +sido quitado del escondite: le parecía verlo ahora en la caja del +buhonero.</p> + +<p>Todas las gentes de la aldea hicieron notar con cierta irritación que +todo el mundo, salvo una criatura ciega como Marner, hubiera visto al +hombre merodeando por allí. En efecto, ¿cómo explicaría que hubiese +dejado su caja de yesca en el foso, al lado de la choza, si no hubiese +andado vagando por allí? Sin duda alguna, había hecho sus observaciones +al ver a Marner en la puerta. Todo el mundo podía darse cuenta—con sólo +verlo—que el tejedor era un avaro medio loco. Era sorprendente que el +buhonero no lo hubiese asesinado. Muchas y muchas veces se había +descubierto que la gente de esa especie, con aros en las orejas, eran +asesinas. No hacía tanto tiempo que uno de esos individuos había sido +juzgado, para que no hubiera gentes que lo recordaran.</p> + +<p>Es cierto que habiendo entrado Godfrey Cass en la taberna del <i>Arco +Iris</i> durante una de las frecuentes repeticiones que daba el señor Snell +de su deposición, hizo poco caso del testimonio del tabernero. Declaró +que él mismo le había confiado un cortaplumas al buhonero, y que éste le +había parecido ser un tipo alegre, a quien le gustaba chancear. Según +él, todo lo que decían de la mirada atravesada de aquel hombre no tenía +sentido. Pero en la aldea aquellas palabras fueron consideradas como el +habladero irreflexivo de un joven, pues no era sólo el señor Snell quien +había encontrado que había algo de raro en la persona del buhonero. Por +el contrario, había por lo menos media docena de testigos que estaban +prontos para dirigirse al juez Malam para llevarle pruebas mucho más +convincentes que ninguna de las que el tabernero podía dar. Era de +desear que el señor Godfrey no fuera a Tarley a fin de echar agua fría +sobre lo que el señor Snell había dicho delante del juez de esa aldea, e +impedir de ese modo que el magistrado librara una orden de arresto. Se +le sospechaba que tenía esta intención cuando se le vio partir por la +tarde a caballo y en la dirección de Tarley.</p> + +<p>Pero en aquel momento el interés que a Godfrey le inspiraba el robo se +había desvanecido en presencia de su ansiedad creciente respecto de +Dunstan y de <i>Relámpago</i>. No se iba a Tarley sino a Batterley, porque se +sentía incapaz de permanecer más tiempo en esta incertidumbre a ese +respecto. La posibilidad de que Dunstan le hubiese hecho la mala pasada +de marcharse con <i>Relámpago</i>, para volver al cabo de un mes, después de +haber perdido su precio en el juego o de haberlo disipado, de otra +manera, era un temor que lo importunaba todavía más que la idea de un +accidente desgraciado. Ahora que el baile de la señora Osgood había +pasado; estaba furioso por haberle confiado su caballo a Dunstan. En +lugar de tratar de calmar sus temores, los alentaba con esta idea +supersticiosa e inherente a cada uno de nosotros de que cuando más se +espera el mal resueltamente, menos probable es que suceda; así fue que +cuando oyó que se acercaba un caballo al trote y vio que un sombrero +sobrepasaba la cerca más allá del codo del sendero, le pareció que su +conjuro había tenido éxito. Sin embargo, no bien estuvo el animal a la +vista, su corazón se oprimió de nuevo, porque no era <i>Relámpago</i>. Y +momentos después se dio cuenta de que el caballero no era Dunstan, sino +Bryce, que detuvo su montura para conversar con él. La fisonomía de +aquél no anunciaba nada de nuevo.</p> + +<p>—¿Qué trae, señor Godfrey, qué suerte la de su hermano, maese Duncey, +verdad?</p> + +<p>—¿Qué queréis decir?—replicó vivamente Godfrey.</p> + +<p>—¿Cómo? ¿No ha vuelto todavía a su casa?—dijo Bryce sorprendido.</p> + +<p>—¿A casa? no. ¿Qué ha sucedido? Hablad pronto. ¿Qué hizo de mi caballo?</p> + +<p>—¡Ah! bien pensaba yo que era siempre vuestro, bien que él dijera que +se lo habíais cedido.</p> + +<p>—¿Lo hizo rodar y lo mancó?—dijo Godfrey, rojo de cólera.</p> + +<p>—Peor todavía—dijo Bryce—. Imaginaos que yo me había comprometido a +comprarle el caballo por ciento veinte libras esterlinas, un precio +loco, pero siempre me había gustado ese caballo. ¡Y no va y lo ensarta! +¡Precipitarse por encima de una cerca en que había postes de hierro, en +la cima de su talud que tenía un foso delante! Hacía mucho tiempo que el +caballo estaba muerto cuando se lo descubrió. Desde entonces Dunsey no +ha vuelto a la casa, ¿verdad?</p> + +<p>—¿A casa? no—replicó Godfrey—, y haría bien en no volver. ¡Qué +imbécil soy, me lleve el diablo! Debiera de haber sabido que las cosas +iban a concluir así.</p> + +<p>—Pues bien, para deciros la verdad—continuó Bryce—, después de +cerrado el trato se me ocurrió la idea de que vuestro hermano había +podido montar el caballo para venderlo sin que vos lo supierais, porque +no creí que fuera suyo. Yo sabía que maese Dunsey hacía de las suyas +algunas veces. Pero, ¿adónde puede haber ido? No se lo ha vuelto a ver +en Batterley. No se debe haber hecho daño, porque no tenía más remedio +que marcharse a pie.</p> + +<p>—¿Daño?—dijo Godfrey amargamente.—Jamás se hará daño; ha nacido para +hacerlo a los demás.</p> + +<p>—¿Y vos lo habíais autorizado realmente para vender el +caballo?—preguntó Bryce.</p> + +<p>—Sí, quería deshacerme de él; siempre tuvo la boca algo dura para +mí—respondió Godfrey, cuyo orgullo se sobresaltaba al pensar que Bryce +adivinaba que la necesidad lo había obligado a separarse de su +montura—. Iba a ver qué ha sido de <i>Relámpago</i>; me imaginaba que había +sucedido alguna desgracia. Ahora voy a retroceder—agregó, haciendo +volver la cabeza al caballo, con el deseo de poder librarse de Bryce, +porque comprendía que la gran crisis de su vida, crisis tanto tiempo +tornada, estaba próxima—. Venís a Raveloe, ¿verdad?</p> + +<p>—No, ahora no—dijo Bryce—. Dirigiéndome a Flitton hice esta vuelta +con la idea de que no sería malo que entrara de paso en vuestra casa, +para deciros todo lo que sabía respecto al caballo. Supongo que maese +Dunsey no ha querido mostrarse antes de que la mala noticia se hubiera +disipado un poco. Quizá haya ido a hacerle una visita a la posada de +las <i>Tres Coronas</i>, cerca de Whithbridge; sé que le gusta esa casa.</p> + +<p>—Es muy posible—dijo Godfrey distraídamente.</p> + +<p>Después, sacudiendo su preocupación, agregó, esforzándose por mostrarse +indiferente:</p> + +<p>—Hemos de oír hablar de él muy luego, podéis estar seguro.</p> + +<p>—Bueno, éste es mi camino—dijo Bryce, sin que lo sorprendiera ver que +Godfrey estaba bastante abatido—. Bueno, me despido haciendo votos +porque pueda traeros mejores noticias otra vez.</p> + +<p>Godfrey puso su caballo al paso. Se imaginaba la escena en que tendría +que confesárselo todo a su padre, escena que comprendía era ya +inevitable. Tenía que hacer la revelación relativa al dinero al otro día +por la mañana. Suponiendo que ocultara el resto, como Dunstan no +tardaría en volver, si éste se veía obligado a soportar la violencia de +la cólera del padre, lo contaría todo por despecho, aunque no sacara de +eso ningún provecho.</p> + +<p>Existía todavía otro medio para conseguir el silencio de Dunstan y +aplazar el mal día: Godfrey podía decirle a su padre que él mismo había +gastado el dinero que le había entregado Fowler. Como nunca había +cometido semejante falta, el asunto se disiparía después de un poco de +tormenta. Pero era incapaz de resolverse a eso. Comprendía que al darle +el dinero a Dunstan había cometido un abuso de confianza apenas menos +culpable que el de haber gastado él mismo el dinero en su provecho... +Sin embargo, había entre esos dos actos una diferencia que le hacía ver +al segundo como tan odioso, que la idea de acusarse de él era +insoportable.</p> + +<p>—No pretendo ser irreprochable—se decía—; pero, sin embargo, no soy +un pillo; por lo menos estoy resuelto a contenerme. Prefiero soportar +las consecuencias de mi propia conducta y no hacer creer que soy el +autor de un acto que nunca habría cometido. Jamás se me hubiera ocurrido +gastar ese dinero para divertirme... sólo cedí a una tortura.</p> + +<p>Durante todo el resto del día, Godfrey, salvo algunas fluctuaciones +accidentales, permaneció firmemente resuelto a confesárselo todo al +padre y aplazó la historia de la pérdida de <i>Relámpago</i> hasta el día +siguiente, a fin de que sirviera de introducción a un asunto más +importante. El viejo squire estaba acostumbrado a ver qué Dunstan se +ausentara con frecuencia de la casa; así es que no pensó que valiera la +pena de hacer una observación respecto de la desaparición de su hijo y +de la del caballo.</p> + +<p>Godfrey se repitió muchas veces que si dejaba escapar aquella ocasión +favorable para confesarlo todo, jamás se le presentaría otra; y hasta la +revelación podría producirse de una manera más odiosa que por la +perversidad de Dunstan, si la otra se presentaba ella misma, como ya lo +había amenazado con hacerlo Godfrey.</p> + +<p>Entonces, para prepararse para la escena que iba a tener lugar, trató de +imaginarla; resolvió mentalmente cómo pasaría la confesión de la +debilidad en que había incurrido dándole el dinero a Dunstan al hecho +que éste lo tenía tan agarrado, que había tenido que renunciar a +hacérselo largar, como además tendría que proceder con su padre para que +éste se preparara para algo muy grave antes de revelarle el hecho mismo.</p> + +<p>El viejo squire era un hombre implacable; tomaba resoluciones durante +una cólera violenta y no había medio de hacérselas abandonar, ni aun +cuando esa cólera se hubiera disipado. Así son las lavas ardientes de +los volcanes que se endurecen y forman una roca cuando se enfrían. Como +muchos hombres inflexibles y violentos dejaba que el mal creciera al +favor de su propia negligencia, hasta que se accediera con una fuerza +que lo exasperaba. Entonces se volvía de un rigor feroz, y su dureza se +tornaba inexorable. Ese era su sistema con los arrendatarios; los dejaba +atrasarse en sus pagos, descuidar las cercas, reducir su material y su +ganado, vender la paja y hacer todo lo que no debían; después, cuando +estaba escaso de dinero a causa de su indulgencia, tomaba contra ellos +las medidas más severas y se volvía sordo ante sus súplicas. Godfrey +sabía todo eso y lo comprendía tanto más cuanto que había tenido el +fastidio de ser testigo de los accesos de cólera brusca e implacable de +su padre, accesos ante los cuales su irresolución habitual lo privaba de +toda simpatía. Pero no criticaba la indulgencia culpable que los +precedía; esa indulgencia le parecía bastante natural. Sin embargo, como +Godfrey lo pensaba, apenas había una probabilidad de que el orgullo de +su padre consideraba aquel casamiento desde un punto de vista que lo +inclinara a mantenerlo secreto, antes que echar a su hijo y hacer hablar +de la familia en el país, a diez leguas a la redonda.</p> + +<p>Tal fue el aspecto bajo el cual Godfrey consiguió encarar las cosas +hasta media noche. En seguida se durmió, pensando que ya había +deliberado bastante consigo mismo. Pero, cuando despertó en la +obscuridad de la mañana apacible, encontró que le era imposible recordar +sus ideas de la noche precedente. Se hubiera dicho que estaban en exceso +fatigadas y no podían volver a ser reanimadas para un nuevo trabajo. En +lugar de argumentos en favor de una confesión, era incapaz ahora de +representarse otra cosa que las deplorables consecuencias que aquella +acarrearía. Entonces volvió el antiguo temor del deshonor—el antiguo +horror de pensar en levantar una valla infranqueable entre él y Nancy—, +su antigua inclinación a contar con las probabilidades capaces de serle +favorables y evitarle una denuncia.</p> + +<p>Porque, al fin y al cabo, ¿impediría con sus actos personales las +esperanzas que da el ayer? Se había puesto a considerar la víspera su +situación desde un falso punto de vista. Estaba furioso contra Dunstan, +y no había pensado más que en una ruptura completa de su convenio mutuo.</p> + +<p>Lo más cuerdo que podía hacer era tratar de atenuar la cólera de su +padre contra Dunsey, y conservar lo más posible las cosas en su antiguo +estado. Si Dunstan no volvía hasta dentro de algunos días—y Godfrey +suponía que aquel pícaro tenía bastante dinero en el bolsillo como para +poder prolongar su ausencia bastante tiempo—, todo podría disiparse.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="IX" id="IX"></a>IX</h2> + + +<p>Godfrey se levantó y se desayunó más temprano que de costumbre, pero se +quedó en el pequeño salón artesonado hasta que sus hermanos menores +acabaran de desayunarse y salieran. Esperaba a su padre, quien siempre +hacía un paseo con el mayordomo antes de almorzar. Nadie comía a la +misma hora por la mañana en la Casa Roja. Era siempre el último, a fin +de dar a un apetito bastante débil mayores probabilidades, antes de +ponerlo a prueba. Hacía casi dos horas que la mesa estaba guarnecida con +platos suculentos esperando su llegada.</p> + +<p>El squire Cass era un sexagenario alto y corpulento. Sus cejas crespas y +la mirada bastante dura de sus ojos parecían no estar en armonía con su +boca caída y su energía. Su persona tenía las trazas de una negligencia +habitual y su traje estaba mal cuidado. Sin embargo, había en el aire +del viejo squire algo que lo distinguía de los agricultores de la +parroquia. Estos eran quizá, bajo todo respecto, tan refinados como él, +pero se habían arrastrado penosamente por el camino de la vida con la +conciencia de estar en la vecindad de hombres que les eran superiores. +Les faltaba, por lo tanto, esa posesión de sí mismos, esa autoridad de +la palabra y ese empaque que distinguen al hombre que considera a las +personas que les son inferiores como tan apartadas de sí, que no tienen +que hacer con ellas menos que con el Gran Turco.</p> + +<p>El squire había estado acostumbrado toda su vida, a recibir el homenaje +de todas las gentes de la parroquia y a pensar que su familia, sus copas +de plata y todo lo que le pertenecía era lo más antiguo y lo mejor; y +como no frecuentaba nunca a la burguesía de esfera más elevada que la +suya, su opinión no admitía cotejo.</p> + +<p>Al entrar en la pieza, echó una mirada sobre su hijo y le dijo:</p> + +<p>—¡Cómo es eso, señor! ¿Tampoco vos habéis almorzado?</p> + +<p>No cambiaron ninguno de esos saludos amables de la mañana, no porque +hubiera entre ellos alguna enemistad, sino porque la flor suave de la +cortesía no prosperaba en residencias como la Casa Roja.</p> + +<p>—Sí, mi padre, he almorzado; pero os esperaba para hablaros.</p> + +<p>—¡Ah! bueno—repuso el squire, dejándose caer pesadamente en su sillón +y hablando con una voz pesada y catarrienta, lo que era considerado en +Raveloe como una especie de privilegio de su rango, mientras cortaba un +trozo del buey y se lo daba al perro corredor que había entrado con +él—. Llamad para que me traigan mi cerveza, ¿queréis? Los negocios de +vosotros los jóvenes son generalmente vuestros placeres personales; +pero, si vosotros tenéis prisa por realizarlos, a los demás no les pasa +otro tanto.</p> + +<p>La vida del squire era tan ociosa como la de sus hijos; sin embargo, era +una ficción mantenida por él y su contemporáneos en Raveloe que la +juventud era exclusivamente el período de la locura y que su vieja +cordura era un espacio continuo de sufrimiento que el sarcasmo +dulcificaba. Antes de volver a hablar, Godfrey esperó que la cerveza +fuera servida y la puerta vuelta a cerrar. Durante este tiempo, rápido +el perro corredor consumió tajadas del buey en cantidad suficiente como +para formar la comida de un pobre en día de fiesta.</p> + +<p>—Ha ocurrido un maldito accidente con <i>Relámpago</i>—comenzó diciendo—; +sucedió anteayer.</p> + +<p>—¡Cómo! ¿Se ha mancado?—dijo el squire, después de beber un trago de +cerveza—. Pensaba que sabíais montar mejor, señor. Jamás he estropeado +un caballo en mi vida. Si lo hubiese hecho, en balde hubiera pedido +otro, porque mi padre no estaba tan dispuesto para desatar los cordones +de su bolsa como otros padres que yo conozco. Pero es preciso que éstos +cambien de tono, es imprescindible. A causa de las hipotecas y de los +pagos retrasados, estoy tan falto de dinero como un mendigo. Y ese tonto +de Kimble dice que los diarios hablan de pago. Si eso sucediera, el país +no podría sostenerse: los precios se vienen abajo como las pesas de un +asador, y jamás conseguiré que se me paguen los atrasos, ni aunque haga +vender todo lo que esos individuos poseen. Y ese maldito Fowler... no +quiero tolerar más tiempo su morosidad; le he dicho a Winthrop que vaya +hoy mismo a verlo a Cosc. Ese bribón mentiroso me prometió entregarme +sin falta el mes pasado cien libras esterlinas. Se aprovecha de que +ocupa una granja apartada y piensa que lo voy a perder de vista.</p> + +<p>El squire acabó de despachar su discurso tosiendo e interrumpiéndose; +pero, sin embargo, sin hacer pausas bastante largas que pudiesen +servirle de pretexto a Godfrey para volver a hablar. Este vio que su +padre tenía la intención de eludir todo pedido pecuniario motivado por +la desgracia ocurrida a <i>Relámpago</i>. Además adivinó que el tono de +insistencia empleado por el squire al hablar del poco dinero de que +disponía y de los deudores morosos debía de producir en su espíritu la +disposición menos favorable para escuchar las confesiones de su hijo. +Sin embargo, era preciso que prosiguiera ahora que había comenzado.</p> + +<p>—Es algo más grave; el caballo se ensartó en un poste y se mató—dijo +en seguida que su padre se detuvo y comenzó a comer—. Pero no tenía la +intención de pediros que me comprarais otro; sólo pensaba en que no me +sería posible reembolsaros con el precio de <i>Relámpago</i> como me +proponía. Dunsey lo llevó a una cacería para venderlo, y después de +haber cerrado el trato con Bryce por ciento veinte libras esterlinas, +siguió la traílla y dio algunos saltos insensatos, uno de los cuales +despachó al caballo. Sin esa circunstancia, os hubiera entregado cien +libras esterlinas esta mañana.</p> + +<p>El squire había dejado el cuchillo y el tenedor y miraba a su hijo +fijamente y con estupefacción. Su espíritu no era bastante sutil como +para adivinar qué causa había podido causar aquella extraña inversión +de las relaciones entre el padre y el hijo que importaba aquella +intención de Godfrey de darle cien libras esterlinas.</p> + +<p>—La verdad es, mi padre... lo siento mucho... que hice muy mal. Fowler +pagó como dijo las cien libras esterlinas. Me las entregó cuando fui +allá, el mes pasado. Pero Dunsey me atormentó tanto para que le diera +ese dinero que se lo facilité porque esperaba entregároslo en seguida...</p> + +<p>El squire, que se había puesto rojo de cólera antes de que su hijo +hubiese acabado de hablar, consiguió más que expresar con dificultades:</p> + +<p>—¿Vos le dejasteis el dinero a Dunsey, señor? ¿Y desde cuándo sois tan +íntimo con vuestro hermano que os veáis obligado a asociaros con él para +disponer de mi dinero? Estáis en camino de volveros un pícaro. Os digo +que no toleraré esto. Echaré a la calle toda vuestra secuela y me +volveré a casar. Quisiera, señor, que os acordarais de que mi propiedad +no es un bien inalienable. Desde la época de mis bisabuelos, los Cass +pueden disponer de sus tierras como mejor les parece. No olvidéis eso, +señor. ¿Le entregasteis el dinero a Dunsey? ¿Y por qué se lo +entregasteis? Tiene que haber en esto una mentira.</p> + +<p>—No hay ninguna mentira, mi padre—prosiguió Godfrey—. Yo no hubiera +gastado el dinero para mí; pero Dunsey me presionó tanto que hice la +tontería de entregárselo. Pero yo tenía la intención de entregároslo, +que él me lo devolviese o no. Eso es todo. Nunca pensé en apropiarme ese +dinero. Jamás me habéis sorprendido haciéndole una mala partida a mi +padre.</p> + +<p>—¿Dónde está Dunsey, entonces? Por qué os estáis aquí hablando. Id a +buscar a Dunsey, os digo, y que explique por qué necesitó ese dinero y +qué hizo de él. Se arrepentirá. Lo arrojaré a la calle. He dicho que +quería hacerlo y lo haré. No me volverá a faltar. Id a buscarle.</p> + +<p>—Dunsey no ha vuelto, mi padre.</p> + +<p>—¿El qué? ¿Se ha roto el pescuezo entonces?—dijo el squire mostrándose +algo descontento con la idea de que, si así era, no podría poner en +práctica sus amenazas.</p> + +<p>—No, no se ha hecho daño, creo, porque el caballo fue encontrado +muerto, y Dunsey debió poder marcharse a pie. Supongo que pronto lo +volveremos a ver. No sé dónde está.</p> + +<p>—¿Y por qué tuvisteis que darle mi dinero? Respondedme a esto—continuó +el padre, atacando de nuevo a Godfrey, puesto que no tenía a Dunsey a su +alcance.</p> + +<p>—La verdad, mi padre, es que no sé—respondió Godfrey con vacilación.</p> + +<p>Era aquél un débil subterfugio, pero a Godfrey no le gustaba mentir, y +como sabía que ninguna duplicidad puede prosperar mucho tiempo sin la +ayuda de palabras falsas, no tenía a su disposición ningún efugio +imaginado de antemano.</p> + +<p>—¿Que no lo sabéis? Yo voy a deciros por qué ha sido, señor. Habéis +hecho de la vuestra, y para eso comprasteis su silencio—dijo el squire +con una penetración brusca.</p> + +<p>Godfrey se estremeció. Sintió que su corazón palpitaba con violencia al +ver que su padre casi había adivinado. Esta alarma repentina le impulsó +a hacer un paso más, una impulsión muy ligera basta para eso cuando se +está en un plano inclinado.</p> + +<p>—Pues bien, sí, mi padre—prosiguió; y trataba de hablar en tono fácil +y despreocupado—; había un pequeño asunto entre Dunsey y yo; no tiene +ninguna importancia más que para él y para mí. No vale la pena de +mezclarse en las locuras de los jóvenes... eso no os hubiera perjudicado +en nada, mi padre, y yo no hubiese tenido la mala suerte de perder a +<i>Relámpago</i>. Hoy os hubiera entregado el dinero.</p> + +<p>—¡Locuras! ¡Bah! Sería tiempo que acabaran las vuestras. Quisiera +convenceros, señor, de que es preciso realmente ponerles término—dijo +el squire frunciendo las cejas y lanzándole a su hijo una mirada +irritada—. Vuestras proezas no son tales que me permiten conseguir +dinero. Mirad, mi abuelo tenía sus caballerizas llenas de caballos; su +mesa era también una buena mesa—y en tiempos peores que el nuestro—, a +lo que yo sé al menos. Yo podría hacer otro tanto si no tuviera cuatro +ganapanes que se me prenden como sanguijuelas. Yo he sido un padre +demasiado bueno para con todos vosotros, eso es lo que hay. Pero en +adelante voy a tener las riendas cortas.</p> + +<p>Godfrey permaneció silencioso. No es probable que fuera muy penetrante +en sus juicios; sin embargo, siempre había comprendido que la +indulgencia de su padre no era bondad, y había suspirado vagamente por +alguna disciplina que dominara su debilidad vagabunda y secundar sus +mejores intenciones. El squire comió el pan y la carne rápidamente, +bebió un buen sorbo de cerveza, y luego, volviendo la espalda a la mesa, +prosiguió:</p> + +<p>—Será tanto peor para vos, sabedlo; más os valiera que tratarais de +ayudarme y conservar lo que tenemos.</p> + +<p>—Pues bien, mi padre, a menudo me he ofrecido para tomar la gestión de +los negocios, pero vos sabéis que siempre interpretasteis mal esto, y +que parecisteis creer que deseaba suplantaros.</p> + +<p>—No me acuerdo de vuestros ofrecimientos ni de haberlos interpretado +mal—dijo el squire, cuyos recuerdos consistían en ciertas impresiones +vivas que los detalles no habían modificado—; lo que yo sé es que en +cierta época pareció que pensabais en casaros, y yo no traté de cerraros +el camino como algunos padres lo habrían hecho. No me agradaría más +veros casar con la hija de Lammeter que con cualquier otra. Supongo que +si os hubiera dicho no, hubierais persistido en vuestra intención; a +falta de contradicción habéis cambiado de parecer. Sois como una veleta; +heredasteis de vuestra pobre madre. Jamás tuvo carácter. Es verdad que +eso no le hace falta a una mujer si su marido es un hombre como debe +ser, pero esa cualidad le sería muy necesaria a la vuestra, porque +apenas tenéis la voluntad necesaria para hacer caminar a las dos piernas +en la misma dirección. Esa joven no ha dicho definitivamente que no os +aceptaba, ¿verdad?</p> + +<p>—No—dijo Godfrey, sintiendo que un vivo sonrojo le subía a la cara y +sintiéndose molesto—; pero no creo que guste de mí.</p> + +<p>—¡Qué no creéis! ¿Por qué no habéis tenido el valor de preguntárselo? +¿Siempre deseáis vos casaros con ella? Esta es la cuestión.</p> + +<p>—No deseo casarme con otra—respondió Godfrey, de un modo evasivo.</p> + +<p>—Pues bien, entonces, dejadme hacer el pedido en vuestro lugar, si no +tenéis valor para hacerlo vos mismo, y asunto concluido. No es probable +que Lammeter vea con malos ojos que su hija se case en mi familia, me +parece. En cuanto a la linda muchacha, no ha querido aceptar a su primo +y no veo que otro pretendiente hubiera podido soplaros la dama.</p> + +<p>—Preferiría dejar las cosas tranquilas, si así os place, mi +padre—prosiguió Godfrey asustado—. Creo que está un poco enojada +conmigo en este momento y desearía hablarle yo mismo. De estas cosas es +necesario ocuparse personalmente.</p> + +<p>—Pues entonces hablad y ocuparos, y tratad de cambiar de conducta. Eso +es lo que necesita hacer un hombre cuando piensa en casarse.</p> + +<p>—No veo cómo me sería posible hacerlo ahora, mi padre. No querréis +establecerme en una de vuestras granjas, supongo, y no creo que ella +consintiera en venir a vivir en esta casa junto con todos mis hermanos. +Aquí se lleva una vida muy distinta de aquella a que está acostumbrada.</p> + +<p>—¿Que no consentiría en venir a vivir en esta casa? No me digáis eso. +Preguntádselo y veremos—repuso el squire con una risa breve e irónica.</p> + +<p>—Preferiría dejar las cosas quietas por el momento, mi padre—dijo +Godfrey—. Espero que no trataréis de precipitar las cosas diciendo cosa +alguna.</p> + +<p>—Haré lo que me plazca—replicó el squire—, y os haré ver que yo soy +quien manda; de otro modo podéis marcharos de esta casa e ir a buscar +morada en otra parte. Id a ver a Winthrop y decidle que no vaya a lo de +Cass y que me espere... ordenad que me ensillen mi caballo. ¡Ah! +esperad; tratad de vender la vieja jaca de Dunsey y de entregarme ese +dinero; ¿habéis oído? Ya no mantendrá más caballos a mi costa. Y si +sabéis dónde se ha metido—vos lo sabéis sin duda—, podéis decirle que +no se dé el trabajo de volver a la casa. Que se haga mozo de cuadra y +gane con qué vivir. Ya no me pesará más encima.</p> + +<p>—No sé, padre, dónde está, y si lo supiera no me correspondería a mí +decirle que no vuelva más—dijo Godfrey dirigiéndose hacia la puerta.</p> + +<p>—Que el diablo os confunda, señor; no os quedéis ahí perdiendo tiempo +e id a decir que me ensillen mi caballo—prosiguió el squire, tomando +una pipa.</p> + +<p>Godfrey salió, dándose apenas cuenta si estaba más tranquilo por haber +terminado la entrevista sin haber modificado su posición, o más inquieto +al pensar que se había enredado aún más en los subterfugios y los +artificios. Lo que había pasado con motivo del pedido de la mano de +Nancy le había causado al joven una mera alarma: el temor de que el +squire fuera a deslizarle al señor Lammeter, de sobremesa, algunas +palabras que fueran capaces de ponerlo a él, Godfrey, en la necesidad +absoluta de renunciar a Nancy en el momento mismo que parecía estar a su +alcance. Recurrió entonces a su refugio ordinario, a la esperanza de +algún golpe imprevisto de la fortuna, de alguna coyuntura favorable que +le ahorraría consecuencias penosas y hasta perjudicaría su falta de +sinceridad, convirtiéndola en prudencia.</p> + +<p>En lo que concierne a contar con algún tiro de dados de la fortuna, +apenas puede decirse que Godfrey fuera de la vieja escuela. La +casualidad favorable es el Dios de todos los hombres que siguen sus +propias impulsiones, en lugar de obedecer una ley en la cual no creen. +Si un hombre distinguido de nuestra época consigue una posición que +tiene vergüenza de hacer conocer, su espíritu buscará todas las salidas +imaginables capaz de librarlo de los resultados que esa posición deja +prever. Si gasta más de lo que tiene, si evita el trabajo honesto y +resuelto que proporciona su salario, en seguida se pone a soñar en la +posibilidad de encontrar un bienhechor, un tonto a quien sabrá halagar, +a fin de poder usar su influencia en su favor, en imaginarse un estado +de espíritu posible en alguna persona probable que todavía no ha dado +señales de aparecer. Si descuida las obligaciones de su empleo, echa +inevitablemente su ancla al azar, con la esperanza de que aquello que no +ha hecho no tendrá la importancia supuesta. Si traiciona la confianza de +un amigo, adora esa misma complejidad sutil que llama al azar, que le da +esperanza de que ese amigo no lo sabrá jamás. Si abandona un honrado +oficio para buscar las distinciones de una profesión a la que nunca ha +sido llamado por la naturaleza, su religión es infaliblemente el culto +de una casualidad favorable, en la que cree como en un poderoso, creador +del éxito. El mal principio rechazado por esta religión es el orden +natural de la sucesión de las cosas, de acuerdo con el cual las semillas +producen una cosecha de su especie.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="X" id="X"></a>X</h2> + + +<p>El juez Malam era considerado, naturalmente, en Tarley y en Raveloe, +como un personaje de vasta inteligencia, visto que era capaz de sacar +sin pruebas conclusiones mucho más profundas que las que se podían +esperar de sus vecinos que no eran magistrados.</p> + +<p>No era posible que semejante hombre descuidara el indicio de la caja de +yesca.</p> + +<p>Así, pues, se dio comienzo a una pesquisa que tenía por objeto un +buhonero: nombre desconocido, cabellos negros y crespos, color moreno de +un extranjero, mercader de cuchillería y bisutería que llevaba en un +cajoncito, y grandes aros en las orejas.</p> + +<p>Pero, ya sea que las diligencias de las pesquisas se hicieron con +demasiada lentitud, ya sea que aquella filiación conviniera a tan grande +número de buhoneros que no fuera posible hacer una elección entre +ellos, lo cierto es que transcurrieron las semanas y no se obtuvo más +resultado concerniente al robo, que el cese gradual de la agitación que +había causado en Raveloe.</p> + +<p>La ausencia de Dunstan Cass fue apenas objeto de una observación: ya +antes, a causa de un disgusto con su padre, se había marchado, quién +sabe a dónde. Al cabo de seis semanas había vuelto a su antiguos +cuarteles sin encontrar oposición, y tan fanfarrón como antes. Su propia +familia, que esperaba aquel desenlace con la única diferencia que esta +vez el squire estaba resuelto a prohibirle la vuelta a los mencionados +cuarteles, no aludía nunca a su ausencia, y, cuando su tío Kimble y el +señor Osgood la notaron, el hecho de que había matado a <i>Relámpago</i> y +cometido ofensa contra su padre, bastó para impedir que causara +sorpresa.</p> + +<p>Relacionar el hecho de la desaparición de Dunsey con el robo ocurrido el +mismo día era cosa que estaba muy lejos del curso ordinario de los +pensamientos de todos, aún de los de Godfrey, que tenía mejores razones +que nadie para saber de qué cosas era capaz su hermano. No recordaba que +Dunsey y él hubieran hablado nunca del tejedor desde hacía doce años, +época de su infancia, en que se divertían burlándose de él.</p> + +<p>Además, su imaginación encontraba siempre una coartada para Dunstan; se +lo imaginaba siempre en algún escondrijo en armonía con los gustos que +le conocía, y hacia el cual debía haberse dirigido después de haber +abandonado a <i>Relámpago</i>. Lo veía viviendo a expensas de las relaciones +fortuitas y pensando en volver a la casa para divertirse en mortificar a +su hermano mayor como antes.</p> + +<p>Aun cuando una persona de Raveloe hubiera sido capaz de relacionar los +dos hechos antedichos, dudo que una combinación tan injuriosa para la +honorabilidad hereditaria que tenía un monumento mural en la iglesia y +copas de plata tan venerables, no hubiera permanecido secreta a causa de +su tendencia malsana. Pero los <i>puddings</i> de Navidad, la carne de cerdo +cocida y especiada y la abundancia de licores espirituosos precipitan la +originalidad del espíritu en el camino de la pesadilla y son grandes +preservativos contra la peligrosa espontaneidad del espíritu.</p> + +<p>Cuando se habló del robo en la taberna del <i>Arco Iris</i> y fuera de allí, +en la buena sociedad la balanza siguió oscilando entre la explicación +racional basada en la caja de yesca y en la teoría de un misterio +impenetrable que ponía las pesquisas en ridículo. Los partidarios de la +creencia en la caja de yesca y de un buhonero consideraban a sus +adversarios como una colección de gentes crédulas de cerebro +desequilibrado que teniendo la vista perturbada, se imaginaban que todos +veían como ellos; y los que estaban por lo inexplicable, se limitaban a +dar a entender que sus antagonistas eran unos volátiles dispuestos a +cantar antes de encontrar grano; verdaderas espumaderas en cuanto a +capacidad y cuya clarividencia consistía en suponer que no había nada +tras de la puerta de una granja porque no podían ver a través de ellas. +Por lo tanto, bien que esta controversia no sirviera para poner en claro +el robo, descubrían ciertas opiniones verdaderas o importantes, pero que +no tenían nada que ver con el asunto.</p> + +<p>Entretanto, mientras que la pérdida que así había sufrido servía para +activar la débil corriente de la conversación de Raveloe, al pobre Silas +lo consumía la desesperación que le causaba aquella privación de que sus +vecinos hablaban a sus anchas. Cualquiera que lo hubiese observado +antes de la desaparición del oro, hubiera podido figurarse que un ser +tan desgastado y marchito tendría apenas la fuerza de soportar alguna +magulladura o que no sería capaz de sufrir algún debilitamiento sin +sucumbir en seguida.</p> + +<p>En realidad, su vida había sido una vida ardiente, ocupada por un fin +inmediato que lo separaba de la inmensidad desconocida y triste; su vida +había sido tenaz y, bien que el objeto alrededor del cual las fibras de +su vida se habían entrelazado, fuese una cosa aislada e inerte, ese +objeto daba satisfacción a la necesidad de Marner de tener una afección +cualquiera. Pero ahora la separación protectora estaba destruida, +suprimido el sostén. Los pensamientos de Silas no podían seguir girando +en el antiguo círculo. Se encontraba desorientado por un vacío parecido +al que la hormiga laboriosa encuentra cuando se ha desmoronado la tierra +en el sendero que conduce a su nido. El telar estaba allí, y el tejido y +el dibujo creciente de la tela; pero el brillante tesoro del escondite +ya no estaba bajo sus pies; la perspectiva de palparlo y de contarlo no +existía ya; la noche no tenía ya sus visiones de delicias para calmar +los deseos ardientes de aquella pobre alma. La idea del dinero que +ganaría con el trabajo del momento no le proporcionaba ninguna +satisfacción, porque aquella imagen mezquina no hacía más que recordarle +de nuevo su infortunio; y esas esperanzas habían sido aplastadas con +demasiada violencia por el brusco golpe para que su imaginación se +detuviera en la idea de ver acumularse su nuevo tesoro con aquel pequeño +comienzo.</p> + +<p>Aquel vacío estaba colmado por su dolor. Mientras estaba ocupado en +tejer, gemía con frecuencia, muy quedo, como un alma en pena: era seña +de que su pensamiento había vuelto al abismo abrupto, a las horas +inertes de la noche. Y durante esas horas, sentado junto a la soledad de +su triste fuego, apoyaba los codos en las rodillas, se apretaba la +cabeza entre las manos, y gemía aún más despacio, como si tratara de no +ser oído.</p> + +<p>Sin embargo, no estaba tan completamente abandonado en su desgracia. La +aversión que había inspirado siempre a los vecinos se había disipado en +parte, gracias al huevo aspecto en que su infortunio lo había +presentado. En lugar de un hombre dotado con más habilidades de las que +las gentes honestas pueden poseer, y, lo que es más grave, nada +dispuesto a usarlas como buen vecino, ahora era evidente que Silas no +tenía siquiera bastante habilidad para conservar lo que le pertenecía. +Se hablaba generalmente de él como de una pobre criatura bien +quebrantada, y ese alejamiento para con su prójimo, que se había +atribuido en un principio a su mala voluntad y a la peor de las +relaciones, era actualmente considerado como una simple locura.</p> + +<p>Esa vuelta a mejores sentimientos se manifestaba de distintas maneras.</p> + +<p>El aire estaba impregnado con el olor de la cocina de Navidad, y era la +estación en que las sobras del cerdo y de la morcilla sugieren la +caridad a las familias acomodadas. Las desgracias que le habían sucedido +a Silas lo colocaban en primera fila en los espíritus de las dueñas de +casas tales como la señora Osgood. También el señor Crackenthorp, al +mismo tiempo que advertía a Silas que probablemente su dinero le había +sido quitado porque pensaba demasiado en él y no iba nunca a la iglesia, +reforzaba su doctrina regalándole unos pies de cerdo; medio excelente de +disipar los prejuicios mal fundados que existen sobre la reputación del +clero. Los vecinos que sólo podían dar consuelos, se mostraban +inclinados no sólo a saludar a Silas y discutir con bastante detención +su infortunio cuando lo encontraban en la aldea, sino que iban también a +verlo en su choza y le hacían repetir todos los detalles del robo en el +sitio en que había sido cometido. Después trataban de alentarlo, +diciéndolo: «Qué tal, maese Marner, no sois más desgraciado que los +otros pobres, al fin y al cabo; y si llegarais a quedar imposibilitado, +la parroquia os daría socorro».</p> + +<p>Supongo que una de las razones porque somos incapaces de consolar al +prójimo con palabras, es que nuestras intenciones se corrompen a pesar +nuestro antes de pasar por nuestros labios. Podemos mandar morcillas y +patas de cerdo sin darles el sabor de nuestro egoísmo; pero el lenguaje +es una corriente que casi siempre tiene el gusto del cauce impuro por +que corre. Había una porción razonable de bondad en el corazón de las +gentes de Raveloe, pero ejercían esa bondad con la franqueza torpe de la +embriaguez, empleando las formas en que menos se revelan la amabilidad y +el disimulo.</p> + +<p>El señor Macey, por ejemplo, fue una noche expresamente para decirle a +Silas que los acontecimientos recientes le habían dado la ventaja de que +se lo considerara con más fervor un hombre cuya opinión no se había +formado a la ligera. Con este fin, así que hubo unido sus pulgares, +comenzó la conversación diciendo:</p> + +<p>—¡Vamos! Maese Marner, vamos, no tenéis para qué permanecer ahí sentado +y gimiendo. Es mejor para vos que hayáis perdido vuestro dinero que el +que lo hubieseis conservado valiéndoos de viles medios. Yo pensé en un +principio, cuando vinisteis acá, que no erais mejor de lo preciso. Erais +mucho más joven de lo que sois ahora; pero siempre habéis sido una +criatura pálida y azorada, pareciéndoos en cierto modo a un ternero de +cabeza blanca, si me es lícito expresarme así. Sin embargo, uno puede +equivocarse. No es solamente el demonio el que ha hecho todos los seres +de aspecto raro. Quiero referirme a los sapos y otras alimañas +parecidas, porque con frecuencia son inofensivas; y hasta son útiles +para destruir los insectos. Algo parecido acontece con vos, al menos por +lo que puedo apreciar, bien que lo que concierne a vuestro conocimiento +de la plantas y las drogas apropiadas para restablecer la respiración, +si las habéis traído de un país apartado, hubierais podido mostraros un +poco más generoso. Y si esos conocimientos habían sido adquiridos donde +no se debía hacerlo, nada os impedía que compensarais esto yendo a la +iglesia regularmente. En efecto, los niños que la bruja de Tarley +hechizaba, los vi bautizar más de una vez y recibir el agua bendita tan +bien como los demás. Y así tiene que ser, considerando que si el demonio +desea hacer un poco de bien para poder descansar, si me es lícito +expresarme así, ¿quién tiene que poner reparos a esto? Tal es mi +opinión. Hace cuarenta años que soy chantre de esta parroquia, y yo sé +que cuando el pastor y yo denunciamos la cólera celeste el miércoles de +ceniza, no se pronuncia ningún anatema contra aquellos que desean ser +curados sin médico, diga lo que quiera el doctor Kimble. Por +consiguiente, maese Marner, como os lo decía hace un momento, las cosas +tienen tantas vueltas, que os ocurren, como acaba de sucederme, que sois +arrastrado hasta el último capítulo del libro de oraciones antes de +volver al asunto; mi opinión es que no debéis desalentaros. En cuanto a +imaginarse que sois un personaje maligno y que hay más ciencia en +vuestra cabeza de la que podríais revelar, no soy absolutamente de ese +parecer, y eso es lo que les repito a los vecinos. Vosotros +pretendéis—les digo—que maese Marner habría forjado un cuento; pues +bien, eso es absurdo, en verdad. Se requeriría realmente un hombre +inteligente para inventar una historia como ésa; y, además, la noche que +vino a la taberna parecía más asustado que una liebre.</p> + +<p>Durante este discurso sin dilación, Silas había permanecido inmóvil en +su primera actitud, apoyando los codos en las rodillas y oprimiéndose la +cabeza entre las manos. El señor Macey se detuvo, no dudando que había +sido escuchado. Esperaba alguna apreciación como respuesta; pero Marner +permaneció silencioso. Tenía la impresión de que el anciano quería serle +agradable, y tenía a su respecto intenciones de buen vecino; +desgraciadamente aquella bondad caía sobre Silas como los rayos del sol +sobre el hombre miserable; sintiendo que estaba muy lejos de él, no +tenía ánimo para gozarla.</p> + +<p>—Vamos, maese Marner, ¿no tenéis qué responder, a esto?—dijo al fin el +señor Macey con un tono lentamente impasible.</p> + +<p>—¡Ah!—respondió Marner con lentitud, sacudiendo la cabeza entre las +manos—, os doy las gracias, os doy las gracias con todo corazón.</p> + +<p>—Sí, sí, ciertamente, estaba seguro de que me daríais las gracias—dijo +el señor Macey—, y soy de opinión que... A propósito, ¿tenéis ropa que +vestir los domingos?</p> + +<p>—No—dijo Marner.</p> + +<p>—Eso pensaba—dijo el señor Macey—. Ahora dejadme aconsejaros que os +proporcione un traje. Tookey es un hombre diablo, pero se ha hecho cargo +de mi sastrería, y lo he habilitado con algún dinero. Os hará un traje +completo, barato y fiado. Entonces podréis venir a la iglesia y ser algo +sociable con vuestros vecinos. ¡Cómo! ¿ No me habéis oído decir amén +desde vuestra llegada a este pueblo? Os recomiendo que no perdáis +tiempo, porque será algo deplorable cuando Tookey me reemplace por +completo. Puede muy bien que pasado otro invierno no tenga más fuerzas +para estar de pie junto al órgano.</p> + +<p>Dicho esto, el señor Macey hizo una pausa, esperando quizás algún signo +de emoción por parte de su interlocutor. Viendo que Marner no decía +nada, prosiguió:</p> + +<p>—Y en cuanto al dinero para el traje completo, debéis ganar con vuestro +telar una libra esterlina por semana, maese Marner, y todavía sois +joven, me parece, aunque parezcáis muy agobiado. Pero no debíais, tener +veinticinco años cuando vinisteis a estableceros aquí, ¿verdad?</p> + +<p>Silas se estremeció ligeramente cuando el señor Macey tomó aquel tono de +interrogación, y respondió con suavidad:</p> + +<p>—No lo sé, no lo podría decir con exactitud; ¡hace de eso tanto tiempo!</p> + +<p>Después de recibir semejante respuesta, no es de extrañar que el señor +Macey hiciera notar más tarde, en la velada del <i>Arco Iris</i>, que Marner +tenía la cabeza perdida, y que no sabía probablemente cuándo era +domingo, lo que demostraba que era más pagano que muchos perros.</p> + +<p>Además del señor Macey, otra persona que consolaba a Silas fue a verlo +con el corazón lleno de los mismos pensamientos. Era la señora Winthrop, +la mujer del carretero.</p> + +<p>Los habitantes de Raveloe no iban a los oficios con regularidad +escrupulosa. Quizá hubiera sido difícil encontrar a alguien en la +parroquia que no pensara que los fieles que frecuentaban la iglesia +todos los domingos del calendario, manifestaban un deseo ávido de estar +bien con el Cielo, y de obtener indebidamente una ventaja sobre sus +vecinos, un deseo de ser mejores que el común de los mortales, +implicando éste una cierta censura para las gentes que, habiendo tenido +como ellos padrinos y madrinas, poseían derecho igual al servicio +fúnebre. Al mismo tiempo era cosa entendida que todos, excepto los +sirvientes y los jóvenes, debían recibir el sacramento de la eucaristía +en una de las grandes fiestas. El propio squire Cass comulgaba en +Navidad; mientras que los que eran considerados buenos cristianos, iban +a la iglesia más a menudo, pero con moderación, sin embargo.</p> + +<p>La señora Winthrop se contaba entre estas últimas. Era de todo punto una +mujer concienzuda y escrupulosa. Ponía tal ardor en cumplir sus deberes, +que la vida parecía no presentárselos con tanta frecuencia, cuando no se +levantaba a las cuatro y media de la mañana. Eso disminuía, es cierto, +las tareas de las horas que seguían, y este inconveniente representaba +para ella un problema que constantemente trataba de resolver.</p> + +<p>Sin embargo, no tenía el carácter atrabiliario que se supone va +necesariamente asociado con tales costumbres. Era una mujer muy suave y +bondadosa que buscaba por temperamento todos los elementos más tristes y +más serios de la vida para nutrir su espíritu, era la persona en quien +se pensaba en Raveloe cada vez que había un enfermo o un muerto en una +familia, cuando había que aplicar sanguijuelas y que no se podía +conseguir una enfermera.</p> + +<p>Mujer servicial, de buen semblante, cutis fresco, tenía los labios +siempre ligeramente apretados como si creyera estar en el cuarto de un +enfermo en presencia del médico o del pastor. Pero no lloriqueaba nunca; +nadie la había visto nunca derramar lágrimas. No se observaba en ella +más que una gravedad y una disposición a menear la cabeza y a suspirar +de un modo casi imperceptible, como una plañidera que no es parienta del +difunto. Parecía sorprendente que Ben Winthrop, que gustaba del jarro de +cerveza y de decir chistes, viviera tan de acuerdo con Dolly; pero es +que ella aceptaba las ocurrencias y la jovialidad de su marido con tanta +paciencia como las demás cosas. Se decía que los hombres son siempre +así, hágase lo que se haga, y ante sus ojos las personas del sexo fuerte +eran criaturas que al cielo le había placido hacerlas naturalmente +fastidiosas, como los gansos y los pavos.</p> + +<p>Aquella mujer buena y caritativa no podía dejar de sentirse fuertemente +atraída por Silas Marner, ahora que lo veía bajo un aspecto de una +persona que sufre. Un domingo por la tarde tomó a su pequeño Aarón +consigo y se dirigió a casa de Silas. Llevaba en la mano algunos +bizcochos, hechos de pasta liviana y que eran muy estimados en Raveloe. +Aarón, un niño de siete años, cuyas mejillas semejaban manzanas y cuyo +cuello limpio y almidonado parecía ser el plato que contenía aquellas +frutas, tuvo que recurrir a toda audacia de su curiosidad para vencer el +temor de que el tejedor de ojos saltones no le fuera a dar algún daño +físico. Su aprensión creció mucho cuando, al llegar a las canteras, él y +su madre oyeron el ruido misterioso del telar.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Era como yo lo pensaba!—dijo tristemente la señora de Winthrop.</p> + +<p>Tuvieron que golpear con fuerza antes de que Silas los oyera; sin +embargo, cuando se asomó a la puerta no demostró ninguna impaciencia +como hubiera hecho antes al recibir una visita que no era ni esperada ni +solicitada. Antes su corazón era como un cofrecillo cerrado con llave y +que contenía un tesoro; pero ahora el cofrecillo estaba vacío, y la +cerradura rota. Abandonado en las tinieblas y buscando en ellas sus +caminos a tientas, falto por completo de su apoyo, Silas tenía +inevitablemente el sentimiento—sentimiento triste, en verdad, y que +casi rayaba en la desesperación—de que si algún socorro le llegaba no +podía ser sino de afuera. Así es que sentía una ligera emoción de +esperanza a la vista de sus semejantes. Tenía una vaga idea de que debía +contar con la benevolencia de ellos.</p> + +<p>Abrió la puerta enteramente para dejar pasar a Dolly; sin embargo, no le +devolvió su saludo más que haciendo adelantar la silla algunas pulgadas +para indicarle que podía sentarse. Así que Dolly se sentó, quitó la +servilleta que cubría los bizcochos y dijo con la mayor gravedad:</p> + +<p>—Maese Marner, ayer hice cocer en el horno estos bizcochos, y están +mejores que de costumbre. Venía a pediros que aceptéis algunos si lo +tenéis a bien. A mí no me agradan estas cosas, porque lo que prefiero de +un extremo del año al otro es un pedazo de pan; pero los hombres tienen +un estómago tan caprichoso que necesitan cambiar; sí, necesitan, lo sé; +que Dios los ayude.</p> + +<p>Dolly suspiró suavemente ofreciéndole los bizcochos a Silas. Este le dio +las gracias con bondad y miró el presente muy cerca, distraídamente, +porque estaba acostumbrado a examinar así todo lo que tomaba en las +manos. Entretanto, los ojos redondos, brillantes y sorprendidos del +pequeño Aarón estaban fijos en él; el niño se había parapetado tras de +la silla de su madre y desde allí lanzaba sus miradas furtivas.</p> + +<p>—Tienen encima impresas unas letras—dijo Dolly—. Yo no sé leerlas y +nadie, ni aun el señor Macey sabe exactamente lo que quieren decir; pero +tienen un buen significado, puesto que son las mismas que se ven en el +tapiz del púlpito, en la iglesia. ¿Qué letras son, Aarón, hijo mío?</p> + +<p>Aarón se escondió completamente detrás de su trinchera.</p> + +<p>—¡Oh, vamos, no seas malo!—le dijo su madre con suavidad—. Bueno, +sean cuáles fueran esas letras, tienen un buen significado. Ben dice que +es una marca que se ha usado siempre en su familia desde cuando era +niño. Su madre tenía la costumbre de ponerla en los bizcochos, y yo +también siempre la he puesto; porque si hay algún bien en ello nos hace +falta en el mundo.</p> + +<p>—Es I.H.S. (In hoc salus)—dijo Silas.</p> + +<p>Ante aquella prueba de saber, Aarón lanzó una nueva mirada furtiva por +detrás de la silla.</p> + +<p>—Sí, la verdad es que las habéis podido leer fácilmente—dijo Dolly—. +Ben me la ha leído muchas veces, pero se me van de la cabeza. Es tanto +más sensible cuanto que son buenas letras; de otro modo no estarían en +la iglesia. Por eso las pongo en todos los panes y en todos los +bizcochos, bien que a veces se borran porque la masa crece, porque, como +decía, si podemos conseguir algún bien lo necesitamos en este mundo, os +lo aseguro. Espero que os lo proporcionarán, maese Marner. Es con esa +intención que os he traído los bizcochos, y ya veis que las letras han +salido mejor que de costumbre.</p> + +<p>Silas era tan incapaz de interpretar las letras como Dolly; sin embargo, +no era posible, al oír las dulces palabras de la señora Winthrop, +equivocarse sobre el deseo que tenía de hacer un bien. Respondió, pues, +con más sentimiento que antes:</p> + +<p>—Gracias, gracias de todo corazón.</p> + +<p>Sin embargo, puso a un lado los bizcochos y se sentó distraídamente +triste e inconsciente del bien que pudieran hacerle los bizcochos, las +letras y hasta la bondad de Dolly.</p> + +<p>—¡Ah! Si hay un bien en algo, lo necesitamos—repitió Dolly, que no +abandonaba fácilmente una frase útil.</p> + +<p>Y continuó hablando mientras miraba a Silas con compasión:</p> + +<p>—¿Pero no oísteis las campanas de la iglesia esta mañana, maese Marner? +¿Conque ignorabais que hoy es domingo? Viviendo aquí tan solitario os +olvidáis del día que es, me parece; además, con el ruido del telar, no +oís las campanas, que, por otra parte, ahora sofoca el aire frío y +húmedo que reina.</p> + +<p>—Sí, sí, las he oído—respondió Silas, para quien el sonido de las +campanas era un simple incidente que no tenía ninguna relación con la +santidad del día. No había campanas en el Patio de la Linterna.</p> + +<p>—¡Dios mío!—dijo Dolly, deteniéndose antes de seguir hablando—. Es +lástima que trabajéis el domingo y que no cuidéis vuestro traje, aunque +no vayáis a la iglesia. Si tuvieseis un asado al fuego se comprendería +que no pudierais salir, viviendo solo. Pero el horno está ahí cerca. No +tendríais más que resolveros a gastar de cuando en cuando una moneda de +cuatro peniques para que os asaran la carne, no todas las semanas, por +supuesto; a mí mismo no me agradaría eso. Podríais vos mismo llevar +vuestra pequeña cena a cocer, porque es razonable tener algún trozo de +algo caliente el domingo. Deberíais de tratar que la comida de ese día +no fuera igual a la del sábado. Pero ahora se acerca la Navidad, el +santo día de Navidad, y si llevarais a asar vuestra cena y si fuéseis a +la iglesia para verla adornada con muérdago y follaje, oír el oficio y +comulgar en seguida, os sentiríais mucho mejor. Sabríais a qué ateneros +y podríais poner vuestra confianza en Aquel que sabe más que nosotros, +puesto que habríais cumplido con lo que es el deber de todos.</p> + +<p>Esta larga exhortación de todos, que le había costado un extraordinario +esfuerzo de palabras, fue pronunciada con el tono dulce y persuasivo con +que se trata de conseguir que un enfermo tome su medicina o una taza de +caldo que le inspirara repugnancia. Hasta entonces Silas no había +sufrido presión tan directamente a propósito de su ausencia de la +iglesia. El hecho había sido considerado simplemente como un rasgo del +carácter general de su naturaleza extraña, y Marner era demasiado franco +y sencillo para eludir el llamamiento de Dolly.</p> + +<p>—No, no—dijo—. Yo no sé nada de la iglesia. Nunca he ido a la +iglesia.</p> + +<p>—¡Nunca!—repuso Dolly, con el tono quedo de la sorpresa.</p> + +<p>Entonces, recordando que Silas procedía de un país desconocido, agregó:</p> + +<p>—¿Será porque no había iglesia en el país en que nacisteis?</p> + +<p>—¡Oh, sí!—dijo Silas con aire meditativo, sentado, según su costumbre, +con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza entre las manos—. +Había iglesia, había costumbres. Era una gran ciudad, pero yo no las +conozco; siempre iba a la capilla.</p> + +<p>Dolly, muy perpleja al oír aquella expresión nueva, no se atrevió a +llevar más lejos sus preguntas por temor de que la palabra capilla +significara algún antro de maldad. Después de un instante de reflexión, +dijo:</p> + +<p>—Pues bien, maese Marner, nunca es demasiado tarde para cambiar de +conducta. Si nunca habéis frecuentado la iglesia, no os imagináis el +inmenso bien que os haría el ir a ella. Yo me siento más a mi gusto y +más feliz que nunca cuando voy a oír las oraciones y los cánticos en +homenaje y gloria de Dios, que el señor Macey entona, y las buenas +palabras que pronuncia el señor Crackenthorp, principalmente los días de +comunión. Si me ocurre alguna contrariedad siento que la puedo soportar, +porque he ido a buscar ayuda donde debía. Yo me he abandonado a Aquel a +quien debemos todos abandonarnos en fin, y si hemos hecho nuestro deber, +no hay que creer que Aquel que está allá arriba vale menos que nosotros +y no hará el suyo.</p> + +<p>La exposición que hizo la pobre Dolly de la sencilla teología de Raveloe +hirió los oídos de Silas sin que entendiera palabra; en efecto, ninguna +de aquellas frases podía evocar un recuerdo de la religión que había +practicado, y su espíritu quedaba del todo desconcertado. Marner +permaneció silencioso. No se sentía dispuesto a dar su asentimiento a la +parte del discurso que comprendía por completo: la recomendación de ir a +la iglesia. En verdad, Silas estaba tan poco acostumbrado a hablar, +excepto para hacer preguntas y dar las respuestas breves indispensables +para la negociación de sus pequeños negocios, que las palabras no se le +ocurrían con facilidad si no eran solicitadas por un objeto determinado.</p> + +<p>Pero ahora el pequeño Aarón, que se había acostumbrado a la presencia +del terrible tejedor, se había colocado junto a su madre, y Silas, +pareciendo verlo por primera vez, trató de rehuír las muestras de +bondad de Dolly ofreciéndole al niño una parte de los bizcochos. Aarón +retrocedió un poco y se frotó la cabeza contra el hombro de su madre. +Sin embargo, pensó que el bizcocho valía la pena que se extendiera la +mano para obtenerlo.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Aarón!—dijo Dolly tomándolo sobre las rodillas—; no necesitáis +comer bizcochos por ahora. Tiene un apetito maravilloso—agregó con un +ligero suspiro—, maravilloso, Dios lo sabe. Es el menor y lo mimamos de +un modo deplorable; porque ya sea yo, ya sea su padre, es preciso +absolutamente que uno de los dos lo tenga bajo sus ojos, absolutamente.</p> + +<p>Acarició la cabeza de Aarón, pensando que la vista de aquel amor de niño +debía de hacerle bien a maese Marner; pero éste, sentado al otro lado +del hogar, no veía el rostro rosado, de rasgos bien acusados, más que +como la bola obscura de dos pequeños puntos negros en la superficie.</p> + +<p>—Y tiene una voz como la de un pájaro—prosiguió Dolly—; sabe cantar +un canto de Navidad que su padre le ha enseñado. Para mí es un signo de +que será bueno el que haya podido aprender tan ligero un aire religioso. +Vamos, Aarón, paraos y cantadle vuestra canción a maese Marner, vamos.</p> + +<p>Aarón, por toda respuesta, se frotó la frente contra el hombro de su +madre.</p> + +<p>—¡Oh! eso está mal—dijo Dolly con suavidad—. Hay que levantarse +cuando mamá lo manda, y dadme un bizcocho para que os lo tenga, hasta +que hayáis concluido.</p> + +<p>No le repugnaba a Aarón lucir sus talentos, aun delante de un ogro, +siempre que se sintiera en seguridad. Por lo tanto, después de algunos +ademanes de falsa vergüenza, consistentes principalmente en restregarse +los ojos con las manos y en mirar a Marner por entre los dedos para ver +si éste deseaba ardientemente oírlo cantar, se dejó al fin poner erguida +la cabeza. Entonces se paró detrás de la mesa, de la que sólo sobresalía +a partir del cuello. Parecía así una cabeza de querubín libre de la +traba del cuerpo. Por fin, con la voz clara de un pájaro comenzó la +siguiente melodía, cuyo ritmo era martillado y laborioso:</p> + +<p class="n"> +<span style="margin-left: 25%;">Que Dios os de paz, alegres gentileshombres,</span><br /> +<span style="margin-left: 25%;">Que nada os espante,</span><br /> +<span style="margin-left: 25%;">Porque Jesucristo, vuestro Salvador,</span><br /> +<span style="margin-left: 25%;">Vino al mundo para Navidad.</span><br /> +</p> + +<p>Dolly escuchaba con aire piadoso, dirigiéndole miradas a Marner con +cierta confianza de que aquellos acentos contribuirían a atraerlo a la +iglesia.</p> + +<p>—Esto es lo que se llama música de Navidad—dijo cuando Aarón hubo +acabado y volvió a entrar en posesión de su bizcocho—. No hay música +que esté a la altura de la música de Navidad... Y ya podéis imaginaros +lo que debe ser eso en la iglesia, maese Marner, con el acompañamiento +del órgano y el coro. No se puede dejar de creer que ya se está en un +mundo mejor. No quisiera hablar mal de éste, visto que Aquel que nos ha +puesto en él sabe algo más que nosotros; pero cuando se piensa en la +embriaguez y en las riñas, así como en las enfermedades y en las +angustias de los moribundos—cosas que he visto tantas y tantas veces—, +complace oír hablar de una mansión más feliz. El niño canta bien, ¿no es +verdad, maese Marner?</p> + +<p>—Sí, muy bien—respondió Silas distraídamente.</p> + +<p>El canto, con su ritmo martillado, había resonado en sus oídos como una +música extraña, completamente distinta de la del himno, y no podía de +ningún modo producir el efecto que Dolly esperaba. Pero Silas quería +demostrarle que estaba agradecido y lo único que se le ocurrió fue +ofrecerle otro bizcocho a Aarón.</p> + +<p>—¡Oh, no! muchas gracias, maese Marner—dijo Dolly, conteniendo las +manos prontas a Aarón—. Ahora es preciso que nos volvamos a casa. Por +consiguiente le digo hasta la vista, maese Marner. Si alguna vez os +sentís con algún mal interior, que no os permita trabajar, yo vendré a +hacer un poco de limpieza y os buscaré un poco de alimento, con toda +buena voluntad. Pero os pido y os ruego que dejéis de tejer el domingo; +eso es malo para el alma y para el cuerpo. El dinero que se consigue así +es un mal lecho de reposo en los últimos momentos, si no se disipa como +la escarcha quién sabe dónde. Disculpad que me haya tomado esta libertad +con vos, maese Marner, porque os quiero bien en verdad. Aarón, haced +vuestra reverencia.</p> + +<p>Silas le dijo hasta la vista a Dolly, y le dio las gracias cordialmente +abriendo la puerta. Sin embargo, a pesar suyo se sintió aliviado cuando +ella se hubo marchado, satisfecho de poder volver a tejer y gemir a su +gusto. Aquella manera simple de comprender la vida y el bienestar por +medio del cual Dolly había tratado de alentar a Silas, no era para él +más que un ruido lejano de objetos desconocidos que su imaginación era +incapaz de representarle. Las fuentes del amor al prójimo y de la fe en +el amor divino no se habían abierto todavía, y su alma era como un +pequeño arroyo desecado. No había más que una débil diferencia, y es que +el débil surco trazado en la arena estaba bloqueado, y el agua corría al +azar hacia tenebrosos obstáculos.</p> + +<p>Y así es que, a pesar de las palabras honradas y persuasivas del señor +Macey y de Dolly Winthrop, Silas pasó el día de Navidad en la sociedad +comiendo su cena con el corazón entristecido, bien que le hubiera sido +ofrecida por una buena vecina. Por la mañana miró la helada negra que +parecía oprimir cruelmente cada rama de hierba, mientras que el viento +hacía rizar la charca roja, helada a medias. Pero al llegar la noche la +nieve se puso a caer y le veló hasta aquella lúgubre perspectiva, +encerrándolo estrechamente con su pena concentrada. Y durante toda la +velada permaneció sentado en su choza despojada de su tesoro, no +preocupándose de cerrar los postigos ni la puerta, oprimiéndose la +cabeza entre las manos y gimiendo, hasta que lo tomó el frío y le +advirtió que su fuego no era más que una ceniza gris.</p> + +<p>Nadie en este mundo, excepto él, sabía que Silas era el mismo hombre que +habiendo amado antes a su prójimo con tierno afecto había tenido +confianza en una bondad invisible. Aun para sus ojos, aquella +experiencia de la vida pasada se había vuelto algo obscura.</p> + +<p>Entretanto, en la aldea de Raveloe las campanas repicaban alegremente y +la iglesia estaba más llena que durante el resto del año por fieles +cuyos rostros bermejos aparecían en medio de las profusas ramas de un +verde obscuro—fieles preparados para un oficio más largo que el de +costumbre, gracias a un almuerzo perfumado de tostadas y cerveza. +Aquellas verdes ramas, el humo y la plegaria que no se oían más que en +Navidad, y hasta el Credo de San Anastasio—que sólo se distinguía de +los otros en que era más largo y tenía virtud excepcional, puesto que no +se le leía más que en ciertas ocasiones—producían un vago sentimiento +de que algo grande y misterioso se había realizado para ellos allá en el +cielo, y aquí abajo en la tierra, algo que se apropiaba con su +presencia. Después los fieles de rostros bermejos se volvieron a su casa +a través del frío negro y picante, sintiéndose libres, durante el resto +del día, de comer, de beber y de regocijarse, usando sin temor de +aquella libertad cristiana.</p> + +<p>En la reunión de familia en casa del squire Cass celebrada ese día, +nadie habló de Dunstan—nadie sentía la ausencia, y temía que fuera a +ser larga. El doctor y su mujer, el tío y la tía Kimble, estaban +presentes.</p> + +<p>La conversación anual de la fiesta de Navidad tuvo lugar sin ninguna +omisión. Alcanzó su punto culminante cuando el señor Kimble contó lo que +había visto y oído en la época en que estudiaba medicina en los +hospitales de Londres, treinta años atrás, no omitiendo las anécdotas +notables concernientes a su profesión, que había recogido entonces. En +seguida vinieron las partidas de los naipes con la mala suerte +tradicional de la tía Kimble para hacer parejas; después la +irascibilidad del tío Kimble a propósito del «trick» en el «whist». +Cuando no estaba de su parte, no se lo explicaba sin hacer una +inspección general de todas las bazas para asegurarse de que habían sido +hechas de acuerdo con los verdaderos principios. El todo estaba +acompañado por el fuerte olor de los grogs humeantes.</p> + +<p>Pero la reunión del día de Navidad era puramente una reunión familiar +que no representaba la fiesta brillante por excelencia de la estación de +la Casa Roja. Esta era el gran baile de la víspera del día del Año Nuevo +que hacía la gloria de la hospitalidad del squire, como había hecho la +de la hospitalidad de los antepasados del squire desde tiempo +inmemorial. Esa era la ocasión en que todos los miembros de la sociedad +de Raveloe y de Tarley—ya fueran antiguas relaciones separadas por +largos caminos llenos de zanjas, ya fueran relaciones enfriadas por +disidencias relativas a la posesión de terneras escapadas, o ya las +relaciones establecidas por una condescendencia intermitente—, contaban +encontrarse y conducirse según las conveniencias recíprocas. Esa era la +ocasión en que las bellas damas que iban a caballo mandaban de antemano +cajas que contenían algo más que sus trajes del baile. La fiesta, en +efecto, no debía durar sólo una noche, como las mezquinas diversiones de +la ciudad, en que todas las provisiones de boca son puestas de una sola +vez en la mesa, y en que la lencería es insuficiente. La Casa Roja +estaba aprovisionada como para resistir un sitio. En cuanto a los +colchones de pluma disponibles, prontos para ser tendidos en el suelo, +eran tan numerosos como podía esperárselo en una familia que había +matado gansos durante muchas generaciones.</p> + +<p>Godfrey Cass suspiraba por esa víspera del día de Año Nuevo con la +impaciencia loca e irreflexiva que lo volvía medio sordo a las +importunidades de su compañera, la ansiedad.</p> + +<p>—¡Oh! no volverá quizá a casa antes de la víspera de Año +Nuevo—respondía Godfrey—. Entonces estaré sentado al lado de Nancy, +bailaré con ella y he de obtener, quiéralo ella o no, alguna dulce +mirada.</p> + +<p>—Pero hay alguien que necesita dinero—decía la ansiedad con voz más +fuerte—; ¿cómo vas a conseguirlo sin vender el alfiler de diamantes de +tu madre? ¿Y si no puedes obtenerlo?</p> + +<p>—Puede que ocurra algún acontecimiento que facilite las cosas. De todos +modos, hay para mí un placer que está próximo: Nancy viene al baile.</p> + +<p>—Es cierto, pero suponte que tu padre lleve las cosas a tal punto que +te veas obligado a comprometerte con ella y tener que dar las razones.</p> + +<p>—Corta tu lengua y no me mortifiques. Puedo ver los ojos de Nancy tales +como me mirarán y ya siento su mano en la mía.</p> + +<p>Sin embargo, la ansiedad siguió hablando, bien que fuera en medio de la +ruidosa reunión de Navidad; se negó a callar por completo, ni aun con +mucha bebida.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XI" id="XI"></a>XI</h2> + + +<p>Algunas mujeres, lo confieso, no aparecerían ventajosamente si +cabalgaran a la grupa, vestidas con un abrigo de viaje color marrón y la +cabeza cubierta con un sombrero de castor también color marrón, cuya +copa se parece a una pequeña cacerola.</p> + +<p>En efecto, un vestido que recuerda la hopalanda de un cochero, y que ha +sido cortado en un pequeño retazo de paño con el cual no se han podido +cortar capuchas en miniatura, no es muy aparente para ocultar los +defectos de las formas. Por otra parte, el marrón no es un color +apropiado para hacer resaltar vivamente las mejillas pálidas. Era un +triunfo tanto más grande la belleza de la señorita Nancy Lammeter +aparecer del todo seductora en semejante traje, cuando sentada a la +grupa sobre un cojín, tras de su padre alto y derecho, ella le tomaba la +cintura con uno de sus brazos y miraba hacia abajo, con ansiedad +vigilante, los charcos de agua, cubiertos por una nube traidora que +lanzaba salpicaduras formidables bajo los golpes de los cascos de +<i>Dobbin</i>. Un pintor la hubiera preferido quizá en uno de esos momentos +en que ella no tenía conciencia de sí misma; pero sin duda que esas +mejillas habían alcanzado su más alto grado de contraste con la tela +marrón de que iba revestida, cuando llegó a la puerta de la Casa Roja y +vio a Godfrey Cass dispuesto para ayudarla a bajar del caballo. Hubiera +deseado que su hermana Priscila hubiese ido a la grupa detrás del +sirviente al mismo tiempo que ellos, porque entonces se hubiera +arreglado para que el señor Godfrey bajara a Priscila primero. En ese +intervalo ella hubiera convencido a su padre de que la diera la vuelta +hasta el apeadero, en lugar de dirigirse al pie de la escalera. Es muy +penoso, cuando se le ha dado a entender claramente a un joven que se +tiene la resolución de no casarse con él, por más que él deseara esa +unión, verlo seguir, sin embargo, teniendo atenciones especiales. Y +además, ¿por qué no tenía siempre las mismas atenciones, si realmente +eran sinceras de su parte, en vez de mostrarse tan incoherente como lo +era el señor Godfrey Cass? Procedía a veces como si no quisiera +hablarla, y no se ocupaba de ella durante varias semanas; después, de +repente, casi le hacía de nuevo la corte. Además, era bien evidente que +no le profesaba verdadero afecto; de otro modo no dejaría que las gentes +dijeran lo que decían de él. ¿Suponía acaso que la señorita Nancy +Lammeter podía ser conquistada por cualquiera, squire o no, que llevara +mala vida? No era eso lo que estaba acostumbrada a ver en la persona de +su padre, el hombre más sobrio y bueno de los alrededores, cuyo único +defecto era ser algo brusco y arrebatado, de cuando en cuando, si las +cosas no eran hechas en el acto.</p> + +<p>Todos estos pensamientos atravesaron rápidamente el espíritu de la +señorita Nancy en su orden habitual, entre el momento en que se advirtió +al señor Godfrey Cass de pie en la puerta, y aquel en que llegó junto a +él. Felizmente, el squire también salió a recibirles y dirigió ruidosos +saludos al padre de Nancy. Se vio entonces protegida en cierto modo por +aquel ruido, envolviéndose en él su confesión y su descuido de toda +regla conforme con la etiqueta, cuando los vigorosos brazos del joven la +ayudaban a bajar del caballo, pareciendo juzgarla ridículamente pequeña +y liviana. Había las mayores razones, además, para entrar en la casa +cuanto antes, pues la nieve comenzaba a caer, amenazando con un viaje +desagradable a los invitados que estaban aún en camino. Estos +constituían una pequeña minoría, porque ya la tarde comenzaba a declinar +y no tardarían en llegar las damas que venían de mayores distancias. +Tenían que ataviarse y estar prontas antes del té, que se tomaría +temprano, y que debía animarles para el baile.</p> + +<p>Cuando la señorita Nancy entró, hubo por toda la casa un murmullo de +voces, que se confundió con el ruido de un violín que estaba preludiando +en la cocina. Pero la llegada de los Lammeter tenía evidentemente tan +preocupadas a las gentes, que se asomaron a la ventana para verles +llegar. En efecto, la señora Kimble, que hacía los honores de la Casa +Roja en estas grandes ocasiones, vino al vestíbulo a recibir a la +señorita Nancy y la llevó a los altos. La señora Kimble era la hermana +del squire y la mujer del doctor, doble dignidad con la cual su diámetro +estaba en razón directa. Así es que como un viaje al primer piso la +fatigaba bastante, accedió al pedido de la señorita Nancy de que le +permitiera dirigirse sola hacia el cuarto azul, donde habían sido +colocadas las cajas de las señoritas Lammeter cuando llegaron por la +mañana.</p> + +<p>Hubiera sido difícil encontrar un dormitorio en la casa, en el que las +mujeres no estuvieran ocupadas en cumplimentarse y en prepararse. El +atavío de cada una estaba más o menos adelantado, y se proseguía en un +espacio reducido por las camas suplementarias tendidas en el suelo. La +señorita Nancy, al entrar en el cuarto azul, tuvo que hacer una pequeña +reverencia ceremoniosa a un grupo de seis damas. Hacia una parte había +dos que eran nada menos que las señoritas Gunn, las hijas del negociante +en vinos de Lytherley, vestidas a la última moda, con las faldas más +ceñidas y las batas más cortas de talle. Las estaba examinando la +señorita Ladbrook—de los Prados Viejos—con una vergüenza fingida no +exenta de una contrariedad secreta. La señorita Ladbrook comprendía que +las señoritas Gunn debían considerar su falda como de una amplitud +exagerada; pero, en cambio, no era sensible que las señoritas Gunn +estuvieran desprovistas de la sensatez que les hubiera indicado la +conveniencia de no ajustarse tanto a la moda. Por otra parte, estaba la +señora Ladbrook, que de cofia y con un turbante en la mano hacía una +reverencia y sonreía con dulzura, diciendo: «De ningún modo; yo +esperaré»; a otra dama que se hallaba en la misma posición que ella y +que atentamente le ofrecía la precedencia frente al espejo.</p> + +<p>Pero apenas la señorita Nancy hizo su reverencia, una dama de cierta +edad se adelantó. El fichú de muselina extremadamente blanco de aquella +dama y la papalina que cubría sus bucles de cabellos grises y lacios, +formaba un contraste chocante con los trajes de raso amarillo y los +tocados aparatosos de sus vecinas. Se acercó a la señorita Nancy con +mucha afectación y le dijo lentamente, con voz aguda y suave:</p> + +<p>—Espero, sobrina, que estéis en buena salud.</p> + +<p>La señorita Nancy besó respetuosamente la mejilla de su tía, y +respondió con igual afectación de amabilidad:</p> + +<p>—En muy buena salud, mi tía, y espero que vos estéis lo mismo.</p> + +<p>—Gracias, mi sobrina; mi salud se conserva por ahora. ¿Cómo está mi +cuñado?</p> + +<p>Estas preguntas y estas respuestas respetuosas no cesaron hasta que se +hubo averiguado que todos los Lammeter estaban en tan buena salud como +de costumbre, lo mismo que los Osgood; además, la sobrina Priscila debía +seguramente de estar por llegar, y que no era muy agradable viajar a la +grupa con tiempo de nieve, bien que una capa de viaje abrigara mucho. +Entonces, Nancy fue presentada a los visitantes de su tía, la señora +Gunn. Estos fueron anunciados como las hijas de una dama conocida de la +señora Lammeter, bien que ellas mismas no se hubieran resuelto nunca a +hacer un viaje a aquellos parajes. Quedaron tan sorprendidas de +encontrar una fisonomía y maneras tan encantadoras en un sitio apartado +de la campaña, que empezaron a sentir cierta curiosidad por saber qué +traje se pondría Nancy después que se quitara el abrigo. La atención de +la señorita Nancy estaba siempre fija en la cortesía y moderación que se +observaba siempre en sus maneras. Se puso a observar que las señoritas +Gunn tenían más bien facciones groseras y que la idea de ponerse trajes +escotados como los suyos hubiera podido ser atribuida a la vanidad si +tuviesen lindos hombros. Sin embargo, teniendo semejantes hombros, había +que suponer sensatamente que aquellas señoritas no lo hacían por el +deseo de exhibirlos, sino más bien a causa de una obligación que no era +incompatible con el buen sentido y la modestia.</p> + +<p>Tenía la convicción al abrir la caja que contenía su traje que ésa +sería la opinión de la señora Osgood, porque el espíritu de la señorita +Nancy se parecía de un modo extraordinario al de su tía. Todo el mundo +decía que era una cosa sorprendente, puesto que el parentesco procedía +por el lado del señor Osgood; y bien que la forma ceremoniosa de sus +saludos no lo hubiera hecho suponer, había un afecto, una admiración +recíproca entre la tía y la sobrina. Ni aun la negativa de la señorita +Nancy de aceptar la mano de su primo Gilberto Osgood—simplemente a +causa de que era su primo—no había enfriado absolutamente la +preferencia que había determinado a la señora Osgood, a pesar del gran +disgusto que aquella negativa le había causado, a dejarle a Nancy varias +alhajas de familia, cualquiera que fuese la esposa futura de su hijo.</p> + +<p>Tres damas se retiraron muy luego; pero no las señoritas Gunn, que el +deseo de la señora Osgood de esperar a su sobrina, les diera motivo para +quedarse, a ver el traje de aquella belleza rústica. Hubo para ellas un +verdadero placer, desde el momento en que se abrió la caja en que todo +olía a alhucema y hojas de rosas, hasta que el pequeño collar de corales +quedó ceñido a su fino cuello blanco. Todas las cosas pertenecientes a +la señorita Nancy eran de una limpieza y de una pureza delicadas: ni un +solo pliegue dejaba de tener su razón de ser; ni la más pequeña pieza de +sus ropas carecía de la blancura que se supondría debía tener; hasta los +alfileres de su almohadilla estaban clavados según un modelo de que +tenía la prolijidad de no apartarse; y, en cuanto a su misma persona, +daba la idea de una elegancia tan invariable y exquisita como la de un +pequeño pájaro.</p> + +<p>Es cierto que sus cabellos obscuros estaban cortados en la nuca como los +de un muchacho, y estaban dispuestos adelante en cierto número de bucles +chatos que se apartaban mucho de su rostro. Pero no había peinado que +no hiciera encantadores el cuello y las mejillas de Nancy. Cuando por +fin apareció completamente vestida, con su traje de seda cruzada color +plata, con su cuello de encajes, su collar y sus pendientes de coral, +las señoritas Gunn no encontraron nada que criticarle, a no ser sus +manos.</p> + +<p>Estas tenían las huellas dejadas por la fabricación de la manteca, del +queso y aun de alguna otra tarea más grosera. La señorita Nancy no se +avergonzaba, por su parte, de esto. En efecto, a la vez que se vestía, +la joven contaba a su tía cómo habían hecho su hermana Priscila y ella +para poner sus ropas en las cajas la víspera, porque esa mañana tenían +que amasar, y limpiar la casa. Era, pues, conveniente que dejaran además +una buena provisión de fiambres para los sirvientes. Al terminar estas +observaciones, la señorita Nancy se volvió también hacia las señoritas +Gunn a fin de evitar la falta de cortesía de no dirigirse a ellas al +mismo tiempo.</p> + +<p>Las señoritas Gunn sonrieron con tiesura y pensaron que era lástima que +aquellas personas ricas de la campaña que tenían medios de comprar tan +ricos trajes—en verdad, el encaje y la seda de Nancy eran de gran +precio—fueran criadas en la completa ignorancia y la vulgaridad. La +señorita Nancy, decía, en efecto, <i>descote</i>, por <i>escote</i>, <i>naguas</i> por +<i>enaguas</i> y <i>haiga</i> por <i>haya</i>, faltas que chocaban necesariamente a los +oídos jóvenes que frecuentaban la buena sociedad de Lytherley. Estas +hablaban lo mismo en la intimidad de la familia, pero pocas veces decían +<i>haiga</i> delante de los extraños. La señorita Nancy, en verdad, nunca +había visto más escuela que la de la maestra Tedman. Sus conocimientos +de la literatura profana no iban más allá de los versos que había +bordado en una gran tapicería, bajo el pastor y la pastora; y para +arreglar una cuenta tenía que hacer la resta quitando chelines y medios +chelines metálicos y visibles de un total metálico y visible. Apenas hay +en nuestros días una sirvienta que no sea más instruida de lo que estaba +la señorita Nancy. Sin embargo, ésta tenía las cualidades esenciales de +una joven bien educada: un gran amor por la verdad, un sentimiento +delicado del honor de sus actos, deferencias para con los demás y +costumbres personales refinadas. Pero por temor de que estas cualidades +no bastan para convencer a las bellas gramáticas, de que los +sentimientos de Nancy se parecían nada a los suyos, agregaré que era un +poco orgullosa y exigente, y tan constante en su aferramiento en una +opinión errónea como en su afecto por un supirante infiel.</p> + +<p>La inquietud de Nancy por su hermana Priscila, que había llegado a ser +bastante intensa en el momento en que se prendía el collar de corales, +cesó felizmente al ver entrar a aquélla de carácter alegre; entró con +una cara vivamente coloreada por el frío y la humedad. Después de las +primeras preguntas y los primeros saludos, Priscila se volvió hacia +Nancy y la contempló de pies a cabeza; después la hizo dar media vuelta +para convencerse de que, vista de espaldas, estaba igualmente +irreprochable.</p> + +<p>—¿Qué pensáis de estos vestidos, tía Osgood?—dijo Priscila, mientras +Nancy la ayudaba a quitar la saya.</p> + +<p>—Muy hermosos, en verdad, sobrina—respondió la señora Osgood, +acentuando ligeramente el tono ceremonioso que usaba de ordinario.</p> + +<p>Siempre había considerado a su sobrina Priscila como demasiado +ordinaria.</p> + +<p>—Me veo obligada a usar el mismo traje que Nancy, aunque tengo cinco +años más que ella, y eso me hace parecer amarilla. No quiere tener nunca +una cosa sin que yo tenga otra exactamente igual; desea que nos crean +gemelas. Yo le digo que las personas van a considerar esto como una +debilidad de mi parte imaginándome que me pondrá bonita el usar ropas +que a ella le sientan bien. Porque yo soy fea, no cabe duda, tengo las +facciones de la familia de mi padre. Pero a mí eso qué me importa, ¿y a +vosotras?</p> + +<p>Priscila en ese momento, sin cesar de hablar, se volvió hacia las +señoritas Gunn. Estaba demasiado preocupada por el placer de hablar para +darse cuenta de que su candor no era apreciado.</p> + +<p>—Hay bastantes flores para atraer a las mariposas; las mujeres bonitas +alejan a los hombres de nosotras. Tengo mala opinión de ellos, señorita +Gunn; no sé si vosotras la tendréis buena. Y en cuanto a atormentarse y +mortificarse a propósito de lo que piensan de una y amargarse la vida +pensando en lo que hacen cuando no están a vuestro lado, como siempre le +digo a Nancy, es una locura en que ninguna mujer debiera incurrir si +tiene un buen padre y un buen hogar. Que deje eso para las que no tienen +fortuna y no saben cómo salir de apuros. Así es que yo siempre digo, el +señor Haz-tu-gusto es el mejor marido y el solo a que deseo obedecer. Yo +sé que no es agradable cuando se ha estado acostumbrado a vivir +holgadamente y a cuidar los barriles de cerveza, así como otras cosas +parecidas, el ir a meter las narices en casa ajena o sentarse sola a la +mesa, delante de un cogote de carnero o de un jarrete de buey. Pero, a +Dios gracias, mi padre es sobrio. Es probable que vivirá mucho, y hay un +hombre sentado junto al fuego, poco importa que esté chocho; no tiene +por qué abandonar su puesto.</p> + +<p>La forma cuidadosa con que Priscila se pasaba la falda por la cabeza, +sin despeinar sus bucles lisos, obligó a la señora a suspender su rápido +examen de la vida humana. La señora Osgood aprovechó la coyuntura para +ponerse de pie y decir:</p> + +<p>—Bien, sobrina, vosotras nos seguiréis. Las señoritas Gunn han de estar +deseosas de bajar.</p> + +<p>—Hermana mía—le dijo Nancy a Priscila cuando estuvieron solas—, +habéis ofendido sin duda alguna a las señoritas Gunn.</p> + +<p>—¿Por qué, hija mía?—respondió Priscila bastante alarmada.</p> + +<p>—Les habéis preguntado si no les importaba ser feas; decís las cosas +con demasiada crudeza.</p> + +<p>—¡Dios mío, es cierto! Se me escapó sin pensarlo, y gracias al Cielo +que no dije algo más. Yo no puedo vivir entre personas que temen la +verdad. Pero en cuanto a ser fea, miradme un poco con este traje de seda +color plata. Ya os había dicho lo que iba a suceder. Parezco tan +amarilla como una caléndula. Cualquiera diría que habéis querido hacer +de mí un espantapájaros.</p> + +<p>—No, Priscila; no habléis así. Yo os pedí y rogué que no eligierais esa +seda si hubiera otra que os conviniera más. Quería que fueseis vos la +que escogiera, bien lo sabéis—respondió Nancy con vivo deseo de +justificarse.</p> + +<p>—¡Vamos, vamos! niña; vos sabéis que esta tela os agradaba y teníais +buenas razones para ello, puesto que vuestro rostro es del color de la +crema. Estaría bueno que llevarais lo que a mí me sentara bien. Lo que +no apruebo es vuestra idea de que me vista como vos. Pero hacéis de mí +lo que queréis. Así ha sido siempre, desde cuando comenzasteis a +caminar. Cuando queríais ir hasta el fin del campo, ibais, y no había +qué pensar en castigaros, porque siempre parecíais tan graciosita e +inocente como una malva.</p> + +<p>—Priscila—dijo Nancy con suave voz, al ceñir el cuello de su hermana, +tan distinto al de ella, un collar de corales exactamente igual al +suyo—, os aseguro que estoy dispuesta a ceder en todo lo que es +razonable; pero, ¿quiénes deben de vestirse iguales a no ser dos +hermanas? ¿Querríais que cuando salimos no pareciéramos de la misma +familia, nosotras, nosotras que no tenemos madre ni otra persona en el +mundo? Yo no haré sino lo que sea conveniente, aunque tenga que ponerme +un vestido amarillo color canario, y preferiría que fuerais vos la que +eligierais y me dejarais llevar lo que os place.</p> + +<p>—¡Ya estáis otra vez con el mismo tema! No cambiaríais de tono aunque +hablarais la semana entera. Va a ser muy divertido ver cómo manejaréis a +vuestro marido si no alza nunca más la voz que una caldera de agua +hirviendo. A mí me agrada ver llevar a los hombres de las narices.</p> + +<p>—No habléis así—dijo Nancy sonrojándose—. Bien sabéis que no tengo la +intención de casarme.</p> + +<p>—¡Oh! ¡No tenéis absolutamente la intención de hacer esa +tontería!—dijo Priscila doblando el vestido que acababa de quitarse y +colocándolo en la caja—. ¿Para quién habría trabajado yo entonces, +cuando muera nuestro padre, si se os pone en la cabeza quedaros +solterona, porque ciertas personas no son mejores de lo que debieron +ser? Ya se me está agotando la paciencia a vuestro respecto, viéndoos +siempre empollando un huevo huero, como si no hubiera otros en el mundo. +Conque no se case una de las dos hermanas basta, y yo haré honor al +celibato, porque Dios me puso en el mundo para eso. ¡Vamos! ahora +podemos bajar. Estoy realmente tan bien entrazada como puede estarlo un +espantajo. Ahora que me he puesto los aros no me falta nada para asustar +a los cuervos.</p> + +<p>Cuando las dos señoritas Lammeter entraron al salón de recepción, el que +no hubiera conocido el carácter de cada una de ellas hubiera podido sin +duda suponer que la razón que había inducido a Priscila, de acciones +vulgares, retaca y mal hecha, a vestir un traje igual al de su linda +hermana, era su ciega vanidad o la maliciosa ocurrencia de Nancy para +realzar de ese modo su singular belleza física.</p> + +<p>Pero la alegría inconsciente y la excelente naturaleza de Priscila, así +como su buen sentido, pronto hubieran hecho desaparecer la primera de +estas sospechas; mientras que la calma modesta de la conversación y de +las maneras de Nancy anunciaban claramente un espíritu exento de todo +artificio reprochable.</p> + +<p>Para el té los sitios de honor fueron reservados a las señoritas +Lammeter, junto a la cabecera de la mesa principal, en el salón +artesonado. Aquella pieza parecía entonces tener una frescura agradable, +con sus decoraciones de follaje procedentes de la vegetación abundante +del antiguo jardín.</p> + +<p>Nancy sintió entonces una agitación interior que no pudo dominar la +firmeza de su propósito al ver adelantarse al señor Godfrey Cass para +conducirla a su sitio colocado entre el suyo y el del señor +Crackenthorp; mientras que Priscila fue invitada del otro lado, entre su +padre y el squire. Nancy no podía pensar sin alguna emoción que el +pretendiente a que había renunciado era el joven que ocupaba más alto +rango entre las personas de la parroquia, encontrándose en su casa, en +un salón venerable y único que la experiencia de aquella joven +representaba el apogeo de la grandeza, salón en que ella, la señorita +Nancy, podría ser un día la dueña de casa, y pensaba que hablando de +ella la llamarían la señora Cass, la esposa del squire.</p> + +<p>Estas particularidades realzaban ante sus ojos el drama de su corazón y +reforzaban la energía con que se decía que la posición más deslumbradora +no la decidiría a aceptar por marido un hombre cuya conducta demostraba +el poco caso que hacía de su propia reputación. Pero agregaba que «no +amar más que una vez y amar siempre» era la divisa de una mujer sincera +y pura, así es que ningún hombre tendría jamás el derecho de destruir +las flores secas que conservaba y conservaría siempre como un tesoro por +el amor de Godfrey Cass. Y Nancy era capaz de sostener en las +circunstancias más penosas la palabra que se daba a sí misma. Nada, a no +ser un sonrojo hesitante, traicionó la emoción causada por los +pensamientos que se agolpaban a su espíritu, cuando aceptó sentarse +junto al señor Crackenthorp, porque era instintivamente tan exacta y +hábil en todos sus actos y sus lindos labios se cerraban con una firmeza +tan tranquila, que le hubiera sido difícil parecer agitada.</p> + +<p>El pastor no tenía la costumbre de dejar disipar un sonrojo encantador +sin hacer un cumplimiento oportuno. No era nada orgulloso ni +aristocrático. Era sencillamente un hombre de grandes ojos sonrientes, +de rasgos poco caracterizados y cabellos grises, cuyo mentón estaba +sostenido por las numerosas vueltas de una amplia corbata blanca. +Aquella corbata parecía eclipsar todas las otras partes de su persona, +y, por decirlo así, comunicar un relieve particular a las observaciones +que hacía; así es que considerar su amenidad independientemente de esa +parte de su traje hubiera importado un esfuerzo de abstracción penoso si +no peligroso.</p> + +<p>—¡Ah! señorita Nancy—dijo, haciendo girar la cabeza dentro de aquella +corbata y sonriendo agradablemente al mirar a la joven—, si alguien +llegara a pretender que este invierno es riguroso, yo le diría que he +visto florecer las rosas la víspera de año nuevo; decidme, Godfrey, ¿no +sois de mi misma opinión?</p> + +<p>Godfrey no respondió y evitó el mirar a Nancy con fijeza; porque bien +que aquellos personalismos elogiosos fueran considerados como de muy +buen gusto en la vieja sociedad de Raveloe, el amor reverente tiene una +urbanidad particular que enseña a los hombres cuya instrucción es +defectuosa bajo otros respectos.</p> + +<p>Pero al squire lo apenó que su hijo se mostrara un festejante tan +infeliz. A aquella hora avanzada del día estaba siempre de mejor humor +del que le vimos en el almuerzo, y se sentía muy satisfecho al cumplir +con el deber, hereditario en su familia, de mostrarse protector ruidoso +y jovial. La gran tabaquera de plata estaba en servicio positivo, y, de +tiempo en tiempo, era ofrecida invariablemente a todos sus vecinos, +cualquiera que fuese el número de veces que ya hubiesen rechazado aquel +favor.</p> + +<p>Hasta aquí el squire no había dado la bienvenida de un modo señalado más +que a los jefes de familia a su llegada; pero siempre, a medida que +avanzaba la tarde, su hospitalidad irradiaba con más amplitud, hasta que +golpeaba las espaldas de los invitados más jóvenes y manifestaba la +particular satisfacción que le proporcionaba su presencia. Creía +firmemente que éstos debían de sentirse dichosos de vivir en una +parroquia que contaba con un hombre tan cordial como el squire Cass que +los invitaba a su casa y los quería bien. Aun en aquella primera fase de +su humor jovial era natural que deseara suplir las imperfecciones de su +hijo mirando y hablando por él.</p> + +<p>—Sí, sí—comenzó a decir, presentando su tabaquera al señor Lammeter, +que por segunda vez inclinó la cabeza e hizo seña con la mano para +rechazar obstinadamente el ofrecimiento del squire—, sí, nosotros los +viejos bien podemos desear ser jóvenes esta noche al ver el ramo de +muérdago suspendido, en el salón blanco. Es cierto que la mayor parte de +las cosas han retrogradado en estos últimos treinta años. El país +periclita desde que nuestro rey Jorge III cayó enfermo. Pero cuando miro +a la señorita Nancy, aquí presente, comienzo a creer que las jóvenes +conservan sus encantos. Que me ahorquen si recuerdo haber visto belleza +que le sea comparable, aun en la época en que yo era un guapo mozo, +dicho sea esto sin ofenderos, señora—agregó, inclinándose hacia la +señora Crackenthorp, sentada a su lado—; a vos ni os conocía cuando +erais joven como la señorita Nancy aquí presente.</p> + +<p>La señora Crackenthorp, pequeña mujer que pestañeaba un ojo y agitaba +continuamente sus encajes, sus cintas y su cadena de oro, volviendo la +cabeza a derecha e izquierda, haciendo así ruidos reprimidos que se +parecían mucho al gruñido de un cerdo de la India cuando contrae el +hocico y monologa ante cualquier reunión, la señora Crackenthorp, digo, +pestañeó entonces y continuó agitándose al volverse hacia el squire; +después, por fin, respondió:</p> + +<p>—¡Oh, no; no me ofendéis!...</p> + +<p>Aquel cumplimiento expresivo dirigido por el squire a Nancy, fue +considerado por todos, menos por Godfrey, como un acto de diplomacia; y +el padre de aquella joven se irguió un poco más, mirándola a través de +la mesa con seria satisfacción. Aquel anciano, grave y regular en sus +actos, no iba a comprometer en un ápice su dignidad, mostrándose +henchido de orgullo ante la idea de una unión entre su familia y la del +squire. Le halagaba todo honor tributado a su familia; sin embargo, era +preciso que viera un cambio bajo todos respectos antes de acordar su +consentimiento. Su cuerpo flaco, pero robusto, y su rostro de rasgos +acentuados que parecía no haber sido nunca encendido por los excesos, +formaban un contraste chocante, no sólo con la persona del squire, sino +con los propietarios de Raveloe en general, lo que estaba de acuerdo con +su dicho favorito: «que la raza primaba la dehesa».</p> + +<p>—La señorita Nancy se parece de un modo sorprendente a su finada madre; +¿no es cierto, doctor Kimble?—dijo la gorda señora de este apellido +buscando con los ojos por todas partes a su marido.</p> + +<p>El doctor Kimble—los boticarios de campaña gozaban antiguamente de +aquel título sin la sanción de un diploma—, hombre esbelto y ágil +corría de un extremo a otro de la pieza con las manos en los bolsillos. +Se hacía agradable a sus clientes del bello sexo con la imparcialidad de +un hombre de su posición, y en todas partes era el bien venido en su +calidad de doctor por derecho hereditario. No era uno de esos boticarios +desgraciados que van en busca de una clientela a las localidades nuevas +y que gastan todo su haber en hacer morir de hambre a su único caballo; +por el contrario, era un hombre de posición acomodada, tan capaz de +sostener una mesa superabundante como el más rico de sus clientes.</p> + +<p>Desde tiempo inmemorial, el doctor de Raveloe era un Kimble. Kimble era +esencialmente un apellido de doctor, así es que era difícil imaginar en +esta triste realidad que el Kimble actual no tenía hijo, y que, por lo +tanto, su clientela podría ser transmitida un día a un sucesor que +llevara el incongruente apellido de Taylor o de Johnson. Pero, en tal +caso, los vecinos más razonables de Raveloe llamarían al doctor Blick de +Flitton, lo que sería más natural.</p> + +<p>—¿Me habéis hablado, querida?—dijo el digno doctor dirigiéndose +rápidamente al lado de su mujer.</p> + +<p>Sin embargo, como si previera que ella estaría demasiado jadeante para +repetir la observación que acababa de hacer, prosiguió inmediatamente:</p> + +<p>—¡Ah! señorita Priscila, vuestra presencia reaviva el gusto de este +superfino pastel de cerdo. Hago votos porque la hornada esté lejos de +agotarse.</p> + +<p>—En verdad, lo está, doctor—respondió Priscila—; sin embargo, +garantizo que la próxima será tan buena como ésta. Mis pasteles de cerdo +no salen buenos por casualidad.</p> + +<p>—No sucede así con vuestras curas, ¿verdad, Kimble? Sólo salen bien, +¿es cierto?, cuando los enfermos se olvidan de tomar vuestros +remedios—dijo el squire que consideraba a la medicina y a los médicos +como muchos hombres lealmente religiosos consideran a la iglesia y al +clero.</p> + +<p>Saboreaba una burla dirigida contra los doctores y su ciencia cuando +estaba en buena salud, pero reclamaba su auxilio con impaciencia así que +sentía algo. Golpeó la tabaquera y echó una mirada a su rededor con aire +de triunfo.</p> + +<p>—¡Ah! en verdad que tiene espíritu sutil, mi amiga Priscila—prosiguió +el doctor, prefiriendo atribuir el chiste a una dama antes que reconocer +la ventaja que al hacerlo había tomado el squire sobre su cuñado—. +¡Deja a un lado un poco de pimienta para sazonar la conversación; por +eso es que no la hay en exceso en sus platos! Aquí tenéis a mi mujer +que, por el contrario, nunca tiene la respuesta en la punta de la +lengua; desgraciadamente, si llego a ofenderla no deja de quemarme la +garganta con pimienta al otro día, o si no me da cólicos con legumbres +refrescantes. Es una venganza atroz.</p> + +<p>Y al decir esto, el ágil doctor hizo una mueca expresiva.</p> + +<p>—¿Habéis oído nunca cosa semejante?—dijo la señora Kimble riendo de +muy buen humor por encima de su doble sotabarba, a la señora +Crackenthorp, que parpadeaba de un ojo, meneaba la cabeza y tenía la +amable intención de sonreír.</p> + +<p>Pero esta intención se perdió en ligeros rezongos y ruidos.</p> + +<p>—Supongo, Kimble, que ésa es la especie de venganza adoptada en vuestra +profesión si os irritáis contra un enfermo—dijo el pastor.</p> + +<p>—Nunca nos enojamos con nuestros enfermos, sino cuando nos +dejan—respondió el doctor Kimble—. Y entonces ya no tenemos ocasión de +hacerles prescripciones. ¡Ah! señorita Nancy—prosiguió poniéndose de +golpe al lado de ella, dando saltitos—, no vayáis a olvidar vuestra +promesa. ¡Tenéis que reservarme una pieza, ya lo sabéis!</p> + +<p>—¡Vamos, vamos, Kimble; no os apresuréis tanto!—dijo el squire—. +Dejad a los jóvenes las oportunidades de triunfar. Aquí está mi hijo +Godfrey que os arrojará el guante si os apoderáis de la señorita Nancy. +La ha invitado para la primera pieza, estoy seguro. ¿No es cierto, +señor? ¿Qué me decís?—continuó, echándose hacia atrás para mirar a +Godfrey—. ¿No le habéis pedido a la señorita Nancy que os acompañe para +abrir el baile?</p> + +<p>Godfrey estaba lo más molesto a causa de aquella insistencia +significativa respecto de la señorita Nancy. Asustado al pensar qué fin +tendría todo aquello cuando su padre, según su costumbre, hubiera dado +el ejemplo hospitalario de beber antes y después de la cena, no se le +ocurrió cosa mejor que volverse hacia Nancy y decirle lo mejor que pudo:</p> + +<p>—No, todavía no se lo he pedido; pero confío que aceptará, si otra +persona no se ha presentado ya.</p> + +<p>—No, todavía no me he comprometido—contestó Nancy con tranquilidad, +aunque sonrojándose. (Si el señor Godfrey fundaba algunas esperanzas en +que Nancy consintiera en bailar con él, pronto se iba a desengañar; pero +no había razón alguna para que no se mostrara atenta.)</p> + +<p>—Entonces, espero que no tendréis ningún motivo para no bailar +conmigo—prosiguió Godfrey, comenzando a no darse ya cuenta de que había +algo de molesto en aquel arreglo.</p> + +<p>—No, ningún motivo—respondió Nancy con frialdad.</p> + +<p>—¡Ah! En verdad que tenéis suerte, Godfrey—dijo el tío Kimble—. Pero +sois mi ahijado, y por eso no quiero soplaros la dama. Por lo demás, no +estoy tan viejo, querida, ¿no es cierto?—prosiguió, volviéndose a +saltitos al lado de su mujer—. ¿No os importaría nada que os diera una +sucesora, en caso de que desaparecierais, con tal de que antes llorara +mucho?</p> + +<p>—¡Vamos, vamos, tomad una taza de té y retened vuestra lengua, os +ruego!—dijo la alegre señora Kimble, sintiendo cierto orgullo de tener +un marido que la reunión debía considerar como de los más hábiles y +divertidos.</p> + +<p>¡Lástima que fuera tan irritable cuando jugaba a la baraja!</p> + +<p>Mientras que aquellas personalidades inofensivas, bien puestas a prueba +ya, animaban el té de aquel modo, las notas de un violín se acercaron +bastante como para que se las oyera claramente. Entonces los jóvenes se +miraron con expresión simpática en que se leía la impaciencia de que +terminara la colación.</p> + +<p>—Ya está Salomón en el vestíbulo—dijo el squire—, y me parece que +toca mi aire favorito: «El pequeño labrador de cabellos rubios». Nos +quiere insinuar que no nos damos bastante prisa para oírlo tocar. +Bob—agregó dirigiéndose a su tercer hijo, mozo de largas piernas que +estaba en el otro extremo de la mesa—, abrid la puerta y decidle a +Salomón que entre. Que nos toque aquí una pieza.</p> + +<p>Bob obedeció y Salomón entró tocando, porque por nada del mundo quería +detenerse a mitad de un aire.</p> + +<p>—Aquí, Salomón—dijo el squire con un tono alto y protector—. Aquí, mi +viejo. ¡Ah! ya sabía yo que tocabais «El pequeño labrador de cabellos +rubios». No hay aire más hermoso.</p> + +<p>Salomón Macey, viejecito todavía fuerte, con copiosos cabellos blancos +que le descendían casi hasta los hombros, se adelantó hacia el sitio +designado. Hizo una profunda reverencia sin dejar de tocar como para +hacer comprender que tenía respeto a la reunión pero que respetaba aún +más la música. Así que hubo terminado la pieza y bajado el violín, se +inclinó de nuevo ante el squire y ante el pastor, diciendo:</p> + +<p>—Espero que veo a vuestro honor y vuestra reverencia en buena salud; os +deseo larga vida y un buen y feliz año nuevo. Y a vos igualmente, señor +Lammeter, y a los demás señores y a las damas y a los jóvenes.</p> + +<p>Al pronunciar estas últimas palabras Salomón se inclinaba hacia todos +lados con solicitud, temeroso de faltar al respeto que debía. Después se +puso inmediatamente a preludiar, y pasó luego a tocar el aire que sabía +que el señor Lammeter consideraría como un cumplimiento personal.</p> + +<p>—Gracias, Salomón, gracias—dijo el señor Lammeter, cuando el violín se +detuvo de nuevo—; tocáis en «las colinas, de lejos, muy lejos». Mi +padre me decía siempre que oíamos esa música: «¡Ah, hijo mío, yo también +vengo de allende las colinas, de lejos, muy lejos!» Hay muchos aires que +no tienen para mí pies ni cabeza; pero ése me habla como el silbido del +mirlo. Supongo que eso depende del nombre: el nombre de una pieza dice +muchas cosas.</p> + +<p>Pero Salomón ardía ya por preludiar de nuevo, y sin tardanza atacó con +brío «Sir Roger de Coverley». En seguida se oyó el ruido de las sillas y +un murmullo de risas.</p> + +<p>—Sí, sí, Salomón, ya sabemos lo que eso significa—dijo el squire +poniéndose de pie—. Ya es tiempo de que comience el baile, ¿verdad? Id +delante, todos vamos a seguiros.</p> + +<p>Entonces Salomón, inclinando sobre el hombro su cabeza blanca y tocando +con vigor, se adelantó, seguido del alegre cortejo, hacia el salón en +que estaba suspendido un ramo de muérdago.</p> + +<p>Una multitud de velas de sebo brillaba en medio de las ramas de brezo +cubiertas de bayas. Se reflejaban en los espejos ovalados a la moda +antigua, fijado en los tableros blancos, en los que producían un efecto +bastante lucido. ¡Extraño cortejo! El viejo Salomón con sus ropas raídas +y sus cabellos blancos parecía arrastrar a aquella honesta compañía con +los mágicos acentos de su violín; arrastraba a las matronas prudentes, +que llevaban tocados en forma de turbantes; a la propia señora +Crackenthorp, que tenía la cabeza adornada con una pluma perpendicular +cuya punta llegaba al hombro del squire; arrastraba a las bellas +jóvenes que pensaban con satisfacción en sus talles cortos y en sus +ropas sin pliegues adelante; arrastraba a sus padres corpulentos que +vestían chalecos abigarrados y a los hijos rubicundos, en su mayor parte +avergonzados y cohibidos, con pantalón corto y frac de largos faldones.</p> + +<p>El señor Macey y algunos otros aldeanos privilegiados a quienes se +permitía ser espectadores de esas grandes ocasiones, estaban ya sentados +en bancos colocados con ese objeto cerca de la puerta. Grandes fueron la +admiración y la satisfacción de éstos cuando las parejas se fueron +formando para la danza, y el squire y la señora de Crackenthorp abrieron +el baile, haciendo vis a vis y dando las manos al pastor y a la señora +Osgood.</p> + +<p>Así es como debían hacerse las cosas; a este espectáculo es que todo el +mundo estaba acostumbrado y la corte de Raveloe parecía renovarse para +esta ceremonia. No se consideraba así como una ligereza indecorosa que +las personas viejas y las de cierta edad bailaran un poco antes de +sentarse a jugar a los naipes; esto era más bien considerado como una +parte de sus deberes oficiales. Porque, ¿en qué consistían esos deberes +si no era en divertirse en tiempo oportuno; en trocar visitas y saludos +tan a menudo como era preciso; en dirigirse recíprocamente viejos +cumplimientos con frases tradicionales; en dar bromas bien puestas a +prueba para no ofender a nadie; en obligar, hospitalariamente, a los +invitados a comer y a beber con exceso, en la casa del vecino, para +demostrar que se apreciaban sus manjares?</p> + +<p>El pastor daba, naturalmente, el ejemplo de esos deberes sociales; +porque a los espíritus de Raveloe no les hubiera sido posible, sin una +revelación divina particular, el pensar que un eclesiástico debía ser +un pálido momento de las solemnidades del culto en lugar de ser un +hombre dotado de defectos razonables, cuya autoridad exclusiva de leer +las oraciones y de predicar, de bautizar, casar y enterrar, coexistía +necesariamente con el derecho de venderos el terreno para inhumaros, y +de percibir el diezmo en especias. Respecto a este último punto había, +como es consiguiente, algunas recriminaciones; pero, sin embargo, no +llegaban hasta la impiedad. No tenían un significado más profundo que +las protestas contra la lluvia; murmuraciones que no iban acompañadas +por un espíritu de desconfianza irreligiosa, sino por el deseo de que la +plegaria que debía traer el buen tiempo fuera dicha inmediatamente.</p> + +<p>Puesto que el pastor bailaba, no había, pues, razón alguna para que ese +acto no fuera aceptado como una parte del orden de las cosas, lo mismo +que si se tratara del squire. Tampoco la había por otra parte, para que +el respeto oficial que el señor Macey debía al pastor, le impidiera +someter el modo de bailar de su superior a esa crítica que los espíritus +de la penetración extraordinaria son llamados necesariamente a ejercer +sobre la conducta de sus semejantes.</p> + +<p>—El squire es bastante ágil, dado su peso—dijo el señor Macey—, y su +manera de golpear con el pie absolutamente notable. Pero el señor +Lammeter vence a todo el mundo por su parte. Fijaos bien, yergue la +cabeza como un soldado y no es gordo como la mayor parte de los +burgueses que entran en años y tienen la pierna bien formada. El pastor +no carece de gracia; pero su pierna no tiene nada de notable. Es algo +gruesa por demás hacia abajo y sus rodillas podrían juntarse algo más; +sin embargo, podría ser peor formado bien que no tenga esa soberbia +manera del squire para manejar la mano.</p> + +<p>—Habláis de agilidad, mirad entonces a la señora Osgood—dijo Ben +Winthrop, que sostenía a su hijo Aarón entre las rodillas—; agita tan +ligeramente sus pies que no se puede ver cómo camina; parece que tuviera +ruedecitas bajo los pies. No parece haber envejecido un día desde el año +pasado. No hay una mujer mejor formada que ella, esté donde esté la que +la siga.</p> + +<p>—No me preocupa de saber si las mujeres son bien formadas—dijo el +señor Macey con cierto desprecio—. No llevan casaca ni pantalón, de +modo que no es posible juzgar sus formas.</p> + +<p>—Papá—dijo Aarón, cuyos pies estaban ocupados en tamborilear el compás +de la música—, ¿cómo se sostiene esa pluma tan larga en la cabeza de la +señora Crackenthorp? ¿Tendrá un agujerito para meterla como en mi +volante?</p> + +<p>—Cállate, niño, cállate. Así es como se visten las damas, sí en +verdad—respondió el padre, que agregó, sin embargo, a media voz, +dirigiéndose al señor Macey—. La verdad es que eso le da un aspecto +singular. Casi se parece a una botella de cuello corto con una gran +pluma adentro. Ahí tenéis, a la fe mía, al joven squire que comienza a +bailar con la señorita Nancy. Esa sí que está a vuestro gusto. Parece un +ramo de rosa y blanco. Nadie imaginaría que pudiera haber otras tan +bonitas. No me sorprendería que un día llegara a ser la señora de Cass, +al fin y al cabo. Ninguna joven sería más digna de eso, porque sería una +linda pareja. No podéis tener nada que observar a la figura del señor +Godfrey, os apuesto dos peniques, en verdad.</p> + +<p>El señor Macey contrajo los labios, inclinó más todavía la cabeza hacia +un costado y sus pulgares se pusieron a girar con un movimiento rápido, +mientras que sus ojos seguían a Godfrey a través del baile. Por último +resumió su opinión:</p> + +<p>—Es bastante bien hacia abajo; pero sus espaldas son demasiado +redondas. Y en cuanto a esas ropas que encarga al sastre de Flitton, son +de un corte bastante pobre para ser pagadas el doble.</p> + +<p>—¡Ah! señor Macey, vos y yo somos dos—dijo Ben, ligeramente indignado +por aquella crítica meticulosa—. Cuando tengo delante de mí un jarro de +cerveza, me gusta beberlo y hacerle bien a mi estómago, en lugar de oler +el líquido y de mirarlo con los ojos muy abiertos para ver si no tengo +algo que observarle a su fabricación. Quisiera que me mostraseis un +joven más apuesto que maese Godfrey; un joven más robusto o que tuviera +mejor cara que él cuando está despierto y de buen humor.</p> + +<p>—¡Bah!—dijo el señor Macey, provocando a criticar con más severidad—. +Todavía no ha tomado su verdadero color; está más o menos como un pastel +cocido a medias. Tengo idea de que tiene el cerebro un poco débil, si +no, ¿por qué se dejaría engañar por ese pícaro de Dunsey, a quien nadie +ha visto últimamente, y por qué lo dejó matar a ese lindo caballo de +caza de que todos hacían elogios? Y durante un tiempo siempre andaba +buscando a la señorita Nancy y después todo se desvaneció, por decir +así, como el olor de la sopa cuando se enfría. Yo no procedía así, yo, +en los tiempos en que hacía la corte.</p> + +<p>—¡Ah! quizá la señorita Nancy se haya retirado, y no os sucedió eso con +vuestra novia.</p> + +<p>—Seguramente—respondió el señor Macey con aire significativo—. Antes +de decir «cric», yo tenía mucho cuidado de saber si ella diría «crac», y +sin andar con rodeos, además. Yo no iba a abrir la boca como un perro +para cazar moscas y luego cerrarla sin atrapar nada.</p> + +<p>—Pues me parece que la señorita Nancy se está mostrando menos +insensible con él—prosiguió Ben—, porque el señor Godfrey no parece +tan desalentado en este momento. Veo que la va a llevar a sentarse, +ahora que la danza ha terminado. Me parece realmente que eso se llama +cortesía.</p> + +<p>La razón por la cual Godfrey y Nancy habían salido del baile no era tan +tierna como Ben se lo imaginaba. A causa de la aglomeración de las +parejas, le había ocurrido un ligero accidente al vestido de Nancy. La +falda, que era bastante corta de adelante para dejar ver el tobillo, era +bastante larga por detrás como para caer bajo el peso majestuoso del pie +del squire. Este accidente había ocasionado la rotura de algunos puntos +en el talle de Nancy, así como una gran agitación en el espíritu de su +hermana Priscila, como una inquietud seria en el de Nancy. Nuestro +pensamiento puede absorberse en los conflictos del amor, pero rara vez +llega esto a punto de hacerlo casi insensible a un cambio general de las +cosas.</p> + +<p>Nancy, apenas ejecutada la figura que bailaba con Godfrey, le dijo a +éste sonrojándose profundamente que se veía obligada a ir a sentarse +hasta que Priscila pudiera reunírsele; porque las dos hermanas ya habían +cambiado una frase en voz baja y una mirada significativa.</p> + +<p>Ninguna razón menos urgente que aquella hubiera sido capaz de determinar +a Nancy a darle a Godfrey aquella ocasión de estar solo con ella. En +cuanto a Godfrey, se sentía tan feliz, estaba tan sumido en el olvido +bajo el encanto prolongado de la contradanza que acababa de bailar con +Nancy, que la confusión de la joven le dio bastante audacia como para +querer llevarla directamente, sin pedirle permiso, al pequeño salón de +al lado en que las mesas de juego estaban preparadas.</p> + +<p>—¡Ah! no, gracias—dijo Nancy fríamente, así que se dio cuenta a donde +la llevaba—. Voy a esperar aquí hasta que Priscila pueda venir a +buscarme. Siento haceros salir del baile y causaros una molestia.</p> + +<p>—Pero allí estaréis completamente sola—respondió el astuto Godfrey—. +Voy a dejaros allí hasta que llegue vuestra hermana.</p> + +<p>Dijo aquellas palabras con acento indiferente.</p> + +<p>Era una proposición agradable y exactamente lo que Nancy deseaba; +entonces, ¿por qué se sintió algo ofendida de que el señor Godfrey se la +dirigiera?</p> + +<p>Entraron, y ella se sentó en una de las sillas contra las mesas de +juego, considerando aquella posición como la más decente y la más +inaccesible que pudiera escogerse.</p> + +<p>—Gracias, señor—dijo la joven inmediatamente—. No quiero causaros más +molestias. Siento que os haya tocado una compañera de tan poca suerte.</p> + +<p>—Es una maldad de vuestra parte—dijo Godfrey, permaneciendo de pie +junto a ella, sin manifestar la menor intención de partir—que deploréis +el haber bailado conmigo.</p> + +<p>—¡Oh! no, señor, no tengo la intención de decir nada malo—replicó +Nancy coqueteando y linda hasta hacer perder la cabeza—. Cuando los +caballeros tienen tantas distracciones, una pieza de baile es bien poca +cosa para ellos.</p> + +<p>—Vos sabéis bien que no es así. Vos sabéis que bailar una pieza con vos +me interesa más que todos los otros placeres del mundo...</p> + +<p>Hacía tiempo, mucho tiempo, que Godfrey no había expresado algo tan +positivo. Nancy se estremeció. Pero su dignidad natural y su repugnancia +instintiva a dejar traslucir ninguna emoción, la permitieron permanecer +completamente tranquila en su silla. Solamente que fue en un tono algo +más indeciso que dijo:</p> + +<p>—No, realmente, señor Godfrey, no lo sé, y tengo muy buenas razones +para pensar lo contrario; sin embargo, si es cierto, no deseo saberlo.</p> + +<p>—¿No me perdonaréis entonces jamás, Nancy? ¿No tendréis nunca una buena +opinión de mí, suceda lo que suceda? ¿No pensáis que el presente pueda +llegar a rescatar el pasado aun cuando yo me corrigiese por completo y +renunciara a todo lo que os desagrade?</p> + +<p>Godfrey apenas tenía conciencia de que aquella ocasión inesperada de +hablar con Nancy y a solas lo había puesto fuera de sí; y un sentimiento +ciego se había apoderado de su lengua.</p> + +<p>Nancy experimentó realmente una agitación extrema ante la posibilidad +que sugerían las palabras de Godfrey. Sin embargo, la misma fuerza de +aquella emoción que estaba en peligro de encontrar demasiado violenta, +reanimó todo el imperio que la joven tenía sobre sí.</p> + +<p>—Me sentiría muy feliz al ver en cualquier persona un cambio favorable, +señor Godfrey—respondió con un cambio de tono apenas sensible—; pero +más valdría, sin embargo, que ese cambio no fuera necesario.</p> + +<p>—Sois muy cruel, Nancy—dijo Godfrey contrariado—. Podríais alentarme +a volverme mejor. Me siento muy desgraciado; pero vos no tenéis corazón.</p> + +<p>—Creo que tienen menos los que comienzan por proceder mal—respondió +Nancy, dejando percibir de pronto y a pesar suyo un pequeño rasgo de +indignación.</p> + +<p>Godfrey quedó encantado con aquel leve arranque. Hubiera querido +continuar para que Nancy se irritara contra él; era una tranquilidad y +una firmeza tan exasperantes. Pero al fin y al cabo todavía no le era +indiferente.</p> + +<p>La entrada de Priscila, que se precipitó diciendo: «¡Dios mío! Dios, +veamos, hija, qué tiene ese vestido», le quitó a Godfrey la esperanza de +una querella.</p> + +<p>—Supongo que ahora debo irme—le dijo a Priscila.</p> + +<p>—A mí me es igual que os vayáis o que os quedéis—le respondió aquella +franca señorita, a la vez que buscaba algo con precipitación en el +bolsillo.</p> + +<p>—Y vos, ¿deseáis que me vaya?—dijo Godfrey, mirando a Nancy, que +estaba de pie junto a Priscila.</p> + +<p>—Como gustéis—dijo Nancy, tratando de recobrar toda su frialdad, +bajando atentamente la vista hacia el ruedo de su falda.</p> + +<p>—Entonces, prefiero quedarme—prosiguió Godfrey, con la determinación +irreflexiva de conseguir aquella noche tanta felicidad como pudiera, sin +preocuparse del mañana.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XII" id="XII"></a>XII</h2> + + +<p>Mientras Godfrey Cass bebía a grandes sorbos el dulce brebaje del olvido +en presencia de Nancy y perdía voluntariamente todo recuerdo del vínculo +secreto que en otros momentos lo obsesionaba y atormentaba, llegando +hasta exasperarlo en medio de los rayos sonrientes del sol, su esposa se +adelantaba a pasos lentos e inciertos, a través de las callejuelas +cubiertas de nieve de Raveloe, llevando una criatura en los brazos.</p> + +<p>Aquel viaje de la víspera del Año Nuevo era un acto de venganza +premeditada que su corazón siempre había alimentado desde el día en que +Godfrey, en un acceso de cólera, le había dicho que antes preferiría +morir a reconocerla por su mujer. Debía haber una gran fiesta en la Casa +Roja la víspera del Año Nuevo, ella lo sabía; su marido sonreiría y le +sonreirían. Escondería la existencia de ella en el rincón más obscuro de +su corazón. Pero ella iría a turbar, su felicidad; iría cubierta de +harapos sucios, con su rostro demacrado que antes no cedía en belleza a +ninguno; iría con su hijo, que tenía los ojos y los cabellos de su +padre, a declararle al squire que era la mujer de su hijo mayor.</p> + +<p>Pocas veces los miserables pueden dejar de considerar su situación como +un mal que le es infligido por aquellos cuya miseria es menor. Molly +sabía que si vestía harapos sucios no era por culpa de la negligencia de +su marido, sino del demonio Opio, del que era esclava en cuerpo y alma, +y sólo un resto de amor materno hacía que no sacrificara por completo al +monstruo la vida de su hijo hambriento. Ella lo sabía muy bien, y, sin +embargo; en los momentos en que su miserable conciencia no estaba +amodorrada, el sentimiento de sus necesidades y de su degradación se +transformaba continuamente en acritud contra Godfrey. El vivía en la +holgura, él, y si sus derechos de esposa fueran reconocidos, ella +también viviría rodeada de comodidades. La convicción de que Godfrey +estaba arrepentido de su casamiento y que sufría pensando cómo poderlo +romper, apuraba el rencor de Molly.</p> + +<p>Las reflexiones sanas que impulsan al culpable a censurarse +interiormente no acuden con bastante energía, aun en el aire más puro y +ante las mejores lecciones del cielo y de la tierra. ¿Cómo era posible +que esas delicadas mensajeras de alas blancas pudieran llegar hasta la +celda emocionada del corazón de aquella mujer, celda habitada sólo por +recuerdos tan poco nobles como los de una moza de posada que sueña en su +paraíso de antaño con sus cintas color de rosa y con las bromas de los +señores?</p> + +<p>Había partido temprano, pero se había retrasado en el camino. Su +indolencia la disponía a creer que la nieve dejaría de caer si esperaba +bajo un abrigo caliente. Se había detenido más tiempo del que pensaba, y +ahora que la noche la había sorprendido en las largas callejuelas +rugosas y cubiertas de nieve, ni siquiera el ardor de la venganza podía +impedir que su coraje desmayara.</p> + +<p>Eran las siete. En aquel momento no estaba muy lejos de Raveloe, pero +aquellos senderos monótonos no le eran bastante familiares para saber +qué próximo estaba el término de su viaje. Tenía necesidad de consuelo, +pero no conocía más que uno; el demonio familiar oculto en su seno. Sin +embargo, vaciló un momento antes de llevar a sus labios el resto que le +quedaba de aquella substancia negra.</p> + +<p>En ese instante el amor materno alzó su voz; antes un doloroso estado de +conciencia que el olvido; antes la continuación del sufrimiento causado +por la laxitud, que el amodorramiento de los brazos que la imposibilidad +de seguir oprimiendo y sintiendo la preciosa carga. Algunos segundos más +tarde Molly arrojó algo; no era la materia negra, era un frasco vacío. +Prosiguió su camino bajo una nube negra que se desgarraba, por donde +surgía de tiempo en tiempo la luz de una estrella que se velaba +rápidamente porque se había levantado un viento glacial desde que dejara +de caer la nieve. Pero Molly seguía caminando adormeciéndose cada vez +más a cada paso que daba, oprimiendo al niño contra su seno con la +inconsciencia cada vez mayor.</p> + +<p>Lentamente y a su manera el demonio cumplía su obra. El frío, y la +fatiga le iban en ayuda. Muy luego Molly sólo sintió un deseo supremo e +irresistible que le veló por completo el porvenir: el deseo imperioso de +extenderse en el suelo y dormir. Había llegado en un sitio en que sus +pasos ya no eran guiados por las cercas de las callejuelas, y vagó al +azar, incapaz de distinguir ningún objeto a pesar de la inmensa capa +blanca que la rodeaba y la creciente luz de las estrellas. Se dejó caer +contra una mata aislada de retama. Era una almohada bastante blanda, y +el lecho de nieve era también bastante suave. No se dio cuenta de la +frialdad de aquella cama. No se preocupó de si la criatura despertaría y +llamaría a su madre llorando. Sin embargo, los brazos seguían ejerciendo +su presión instintiva y la pequeña criatura continuaba durmiendo tan +tranquilamente como si estuviera mecida en una cuna guarnecida de +encajes.</p> + +<p>Por último llegó el anonadamiento completo; los dedos perdieron su +fuerza; los brazos se distendieron. Entonces la pequeña cabeza rodó del +seno en que estaba apoyada y los ojos azules se dilataron contemplando +la fría luz de las estrellas. Primero la criatura exhaló el pequeño +grito plañidero de «ma-ma», e hizo un esfuerzo para refugiarse en el +brazo y el seno en que descansaba. De pronto, en que el pequeño ser +rodaba de las rodillas de la madre, húmedas de nieve, una viva luz que +reflejaba la blancura del suelo, atrajo su mirada. Con esa rapidez de +transición característica en la infancia, su espíritu fue inmediatamente +absorbido por la vista de aquella cosa brillante y animada que corría +hacia ella sin alcanzarla nunca. Era preciso que atrapara aquella cosa +brillante y animada. En un instante la pequeña criatura se deslizó con +los pies y las manos y en seguida tendía una de aquéllas tratando de +asir los rayos de luz. Pero los sutiles rayos no quisieron dejarse +aferrar y la pequeña cabeza se alzó para ver de dónde venían. Salían de +un sitio muy brillante; entonces, el pequeño ser siguió sobre sus +piernecitas y avanzó titubeando por la nieve, arrastrando tras de sí el +chal en que había estado envuelto, mientras que su sombrero abollado +caía a su espalda; así avanzó titubeando hacia la puerta abierta de la +choza de Silas Marner, dirigiéndose derecho, al hogar caliente, en el +que había un fuego vivo de leñas y astillas. El fuego había recalentado +la vieja bolsa—el sobretodo de Silas—extendido sobre los ladrillos +para que se secase. La criatura, acostumbrada a quedar sola largas horas +sin que su madre reparase en ella, se sentó en el saco y extendió sus +manecitas frente a la llama, llena de gusto, balbuceando y diciéndole +largos discursos inarticulados al alegre fuego, como un patito +recientemente nacido que comienza a encontrarse bien al sol. Entretanto, +el calor no tardó en producir un efecto somnífero; la linda cabecita de +cabellos rubios cayó sobre la vieja bolsa y los ojos azules fueron +velados por sus párpados semitransparentes.</p> + +<p>Pero, ¿dónde se encontraba Marner en el momento en que aquella extraña +visita acudía a su hogar? Estaba en la choza, pero no había visto a la +criatura. Durante las pocas semanas que habían transcurrido desde que +se cometiera el robo, había tomado la costumbre de abrir la puerta y de +mirar de tiempo en tiempo hacia afuera, como si pensara que su plata +había de volverle de un modo o de otro, o que algunos indicios, algunas +noticias de su tesoro se encontraran misteriosamente en marcha y fueran +susceptibles de ser apercibidos de los esfuerzos de su mirada o la +intención de su oído. Era principalmente al caer la noche cuando no +estaba ocupado con su telar, que se ponía a repetir aquel acto maquinal, +al que hubiera sido incapaz de asignar un fin determinado y que no podía +ser comprendido sino por aquellos que han sentido el dolor enloquecido +de verse separados del objeto supremamente amado. En el crepúsculo de la +tarde, y aun después, cuando la noche no era obscura, Silas miraba la +breve perspectiva que rodeaba las canteras. Velaba y escuchaba +atentamente, no con esperanza, pero sí con un deseo inquieto e +irresistible.</p> + +<p>Esa mañana, algunos de sus vecinos le habían dicho que era la víspera +del Año Nuevo y que era preciso que esa noche velara para oír tocar la +partida del año viejo y la llegada del nuevo, porque eso daba suerte y +podría hacer volver su dinero. Aquélla no era más que una broma amistosa +de los vecinos de Raveloe, para divertirse un poco de las singularidades +medio insensatas de un avaro. Eso habría contribuido quizás a poner a +Silas en un estado de agitación mayor que de costumbre. Desde el +comienzo del crepúsculo abrió las puertas varias veces, pero para +volverlas a cerrar inmediatamente cada vez al ver que toda perspectiva +era velada por la caída de la nieve. Sin embargo, la última vez que la +abrió ya no nevaba y las nubes se separaban de cuando en cuando. +Permaneció largo rato de pie observando y escuchando. Había entonces +realmente algo en el camino, que se adelantaba hacia él, pero no pudo +distinguir nada. La calma y la sábana inmensa de nieve y sin huellas +parecían estrechar su soledad y su deseo inquieto rozaba en la +desesperación. Entró de nuevo y tornó el pestillo de la puerta con la +mano derecha para cerrar. No cerró; lo detuvo, como ya le había sucedido +desde la desaparición de su tesoro, la varilla invisible de la +catalepsia. Permaneció como una estatua tallada, con los ojos dilatados +por la visión, manteniendo la puerta abierta, incapaz para resistir, sea +al bien, sea al mal, que pudiera entrar en su casa.</p> + +<p>Cuando Marner volvió en sí, prosiguió la acción suspendida y cerró la +puerta, inconsciente de la ruptura de la ilación de sus ideas, +inconsciente de que hubiera ocurrido ningún cambio, a no ser que la luz +del día se había obscurecido y que se sentía helado y desfallecido. Se +imaginó que había permanecido largo tiempo mirando hacia fuera. Se +volvió hacia el hogar, en que los dos troncos de leña habían caído +separándose y no esparciendo más que un fulgor rojizo y dudoso, y luego +se sentó en su silla junto al fuego.</p> + +<p>Tras de un rato, al agacharse a atizar las astillas, le pareció que sus +ojos turbios veían en el suelo, delante del hogar, algo que tenía la +apariencia de oro. ¡Del oro!—su oro—devuéltole tan misteriosamente +como le había sido robado. Entonces sintió que su corazón se ponía a +latir con violencia, y durante algunos instantes fue incapaz de avanzar +la mano para tomar el oro recuperado. El montón de oro parecía brillar y +crecer bajo su mirada agitada. Se inclinó por fin y tendió la mano hacia +adelante, pero en lugar de las monedas duras de contorno familiar y +resistente, sus dedos encontraron rizos sedosos y cálidos. En su extrema +sorpresa Silas se dejó caer de rodillas y agachó profundamente la +cabeza para examinar la maravilla: era una criatura dormida, una linda +criatura regordeta, con la cabeza toda cubierta de rizos rubios y +sedosos. ¿Era posible que fuera su hermanita que le volviera en su +sueño, su hermanita que él había llevado en brazos durante un año, antes +de que muriera, cuando él mismo sólo era un niño sin medias ni zapatos? +Tal fue la primera idea que se le ocurrió a Silas, estupefacto de +sorpresa. Sin embargo, ¿era aquello un sueño? Se puso de pie, aproximó +los tizones, y echando encima algunas virutas y hojas secas consiguió +levantar llama, pero la llama no hizo desaparecer la visión: no hizo más +que iluminar más distintamente la pequeña forma regordeta de la +criatura, así como sus miserables ropas. Se parecía mucho a su +hermanita. Silas se dejó caer desfallecido en la silla, bajo el doble +golpe de una sorpresa inexplicable y de un torrente rápido de recuerdos. +¿Cómo y cuándo había podido entrar aquella criatura? El no había salido +más allá de la puerta. Pero junto con aquella pregunta, y apartándola +casi por completo, nacía en su alma la visión de su antigua casa y la de +las viejas calles que conducían al Patio de la Linterna. Y aquella +visión contenía otra; la de los pensamientos que había tenido cuando +ocurrieron aquellas escenas lejanas. Aquellos pensamientos le parecían +extraños hoy, tal sucede con las antiguas amistades que es imposible +hacer revivir. Sin embargo, tenía una vaga idea de que aquella criatura +era en cierto modo un mensajero que le llegaba de aquella vida del +tiempo antiguo. Aquel pequeño ser reanimaba fibras que habían +permanecido insensibles en Raveloe; antiguos estremecimientos de +ternura, antiguas impresiones del temor respetuoso causado por el +presentimiento de que algún poder presidía su destino; porque su +imaginación no se había desprendido todavía del sentimiento misterioso +producido en él por la presencia brusca de la criatura, no habiendo +supuesto ninguna causa ordinaria y natural que hubiera podido producir +el suceso.</p> + +<p>Pero un grito se hizo oír frente al hogar. Marner se inclinó para tomar +la criatura sobre sus rodillas. Esta se agarró a su cuello y lanzó con +una fuerza cada vez mayor esos gritos inarticulados, mezclados con la +palabra «ma-ma» por medio de los cuales los niños expresan su +perplejidad al despertar. Silas la oprimió contra su corazón, y profirió +casi inconscientemente voces cariñosas para calmarla. Al mismo tiempo le +ocurrió que una parte de su sopa, que se había enfriado junto al fuego +moribundo, podría servir de alimento a la criatura, con tal que hiciera +calentarla un poco.</p> + +<p>Tuvo mucho que hacer durante la hora siguiente. La sopa, endulzada con +un poco de azúcar procedente de una antigua provisión que se había +abstenido de usar para él, detuvo los gritos de la pequeña, hizo alzar +los ojos azules hacia Silas y contemplarlo con una larga mirada +tranquila cuando le puso la cuchara en la boca. En seguida se deslizó de +las rodillas de Marner al suelo y se puso a andar de aquí para allá, a +pasitos cortos, pero titubeando tan graciosamente que Silas se levantó +de golpe para seguirla, de miedo que fuera a golpearse contra algo que +le hiriera. Pero sólo cayó sentada, y allí, con la cara llorosa y +mirando a Marner; se puso a tirar de los zapatitos como si le hicieran +daño. El tejedor volvió a tomarla en las rodillas. Sin embargo, sólo fue +un rato después que al espíritu lento del solterón Silas se le ocurrió +que eran los zapatos mojados los que causaban el dolor de la criatura, +apretándole los tobillos recalentados. Le quitó los zapatos con +dificultad y Bebé se ocupó inmediatamente con delicia del misterio de +sus zapatitos, todavía nuevos para ella, invitando a Marner, con muchas +carcajadas alegres y sofocadas, a que considerara él también el +misterio. Los zapatos mojados le sugirieron, por fin, a Silas, la idea +de que Bebé había caminado en la nieve. Esta circunstancia le recordó +que no había pensado en ningún medio natural para hacer entrar o traer +la criatura en la casa. Bajo la impresión de este nuevo pensamiento, y +sin detenerse a formar conjeturas la tomó en los brazos y se dirigió +hacia la puerta. En seguida que la abrió, la pequeña repitió de nuevo el +grito de «ma-ma», que Silas no le había oído hasta el momento en que el +hambre la despertó. Agachándose pudo distinguir las huellas de los +pequeños pies en la nieve inmaculada, y siguió su rastro hasta las matas +de retama. «¡Ma-ma!», repitió la criatura varias veces, echándose hacia +adelante, como para escapar de los brazos del tejedor antes de que éste, +que tenía un arbusto por delante, viera que había allí un cuerpo humano, +cuya cabeza estaba profundamente hundida entre las ramas y a medias +recubierta por la nieve levantada por el viento.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h2> + + +<p>La cena, que comenzara temprano en la Casa Roja, había terminado, y la +fiesta había llegado en ese momento en que la misma timidez se convierte +en alegría natural, el momento en que los señores que tienen conciencia +de sus extraordinarios talentos acaban por dejarse persuadir de que +deben bailar un «hornpipe».</p> + +<p>Era también la hora en que el squire prefería hablar en voz alta, +repartir rapé y palmear las espaldas de los invitados a seguir sentado +frente a la mesa de «whist». Esta preferencia exasperaba al tío Kimble +que, estando siempre alegre en las horas de los negocios serios, se +ponía grave y hasta violento cuando se trataba de jugar y beber +aguardiente. Barajaba entonces los naipes antes de la jugada de su +adversario con una mirada irritada y recelosa, y volvía un triunfo +pequeño con un aire de aversión inexpresable como si en el mundo en que +tales cosas se producen no valiera más echarlo todo al diablo... Cuando +la fiesta había llegado a ese grado de libertad y animación, era +costumbre que los servidores, después de haber terminado el servicio +pesado de la cena, tuvieran su parte de diversión y vinieran a mirar el +baile, de modo que las piezas del fondo de la casa quedaban solitarias.</p> + +<p>Dos puertas ponían en comunicación el vestíbulo del salón blanco. Se las +había dejado abiertas las dos para tener aire; pero la del fondo estaba +obstruida por los servidores y los vecinos del pueblo; sólo la primera +había quedado libre. Bob Cass ejecutaba las figuras de un «hornpipe». +Muy orgulloso con la agilidad de su hijo, el squire declaró repetidas +veces que Bob era exactamente lo que había sido él en su juventud, con +un tono de voz que implicaba que aquella habilidad era el rasgo supremo +de mérito en la mocedad. Se encontraba en el centro de un grupo que se +había situado frente al ejecutante, bastante cerca de la primera puerta. +Godfrey estaba inmediato, no para admirar el talento de su hermano, pero +sí para no perder de vista a Nancy, que estaba sentada en el grupo cerca +del señor Lammeter. Se mantenía apartado porque quería evitar las +bromas paternales del squire sobre la belleza de la señorita Nancy y +sobre el matrimonio en general, bromas que probablemente iban a volverse +cada vez más explícitas. Además tenía la perspectiva de bailar otra vez +con ella cuando terminara el «hornpipe». Mientras tanto le era muy +agradable a Godfrey el poderle dirigir a Nancy largas miradas sin ser +observado por nadie.</p> + +<p>Entretanto, al alzar los ojos, después de una larga mirada, su vista +encontró un objeto que en aquel momento le hizo estremecer tanto como si +fuera una aparición de ultratumba. Era realmente una aparición de esa +vida oculta y situada como un pasaje obscuro tras de una fachada +adornada con elegancia que recibe la luz del sol y las miradas de los +honorables visitantes. Era su propia hija en los brazos de Silas Marner. +Tal fue su impresión inmediata e indudable, bien que no hubiera visto a +su hija desde hacía varios meses. Pero en el momento en que comenzaba a +concebir una vaga esperanza de que quizás se había equivocado, el señor +Crackenthorp y el señor Lammeter, sorprendidos por aquella extraña +visita, ya se habían adelantado hacia Silas. Godfrey se les reunió en +seguida, incapaz de permanecer quieto y sin recoger la menor palabra. +Trataba de dominarse; sin embargo, tenía conciencia de que, si era +observado, no dejarían de notar su agitación y la palidez de sus labios.</p> + +<p>Pero en aquel momento todos los que estaban en la entrada de la sala +tenían los ojos fijos en Silas. El propio squire se había puesto de pie +y le preguntaba con acento irritado:</p> + +<p>—¿Qué pasa? ¿Qué significa esto? ¿Por qué entráis aquí de esa manera?</p> + +<p>—He venido a buscar al doctor; necesito ver al doctor—le dijo +Silas—; ante todo, al señor Crackenthorp.</p> + +<p>—¿Qué sucede, Marner?—dijo el pastor—. El doctor está aquí; pero +antes decid tranquilamente para qué lo necesitáis.</p> + +<p>—Es para una mujer—contestó Silas con voz baja y casi sin resuello, +precisamente en el momento en que Godfrey se le acercaba—. Está muerta, +me parece... muerta entre la nieve... en las canteras... cerca de mi +puerta.</p> + +<p>Godfrey sintió que el corazón le latía con violencia. Había en aquel +momento un terror en su alma: era que la mujer no estuviera realmente +muerta; terror culpable, huésped demasiado odioso para que encontrara +refugio en el alma buena de Godfrey. Pero la naturaleza de ningún hombre +puede protegerlo contra los malos deseos, cuando su dicha depende de la +duplicidad.</p> + +<p>—Bueno, bueno—dijo el señor Crackenthorp—, salid al vestíbulo. Yo voy +a ir a buscar al doctor. Ha encontrado, una mujer en la nieve y cree que +está muerta—agregó en voz baja al squire—. Vale más hablar de esto lo +menos posible; molestaría a las damas. Decidles solamente que una pobre +mujer sufre del frío y hambre. Voy a buscar a Kimble.</p> + +<p>Entretanto, las damas se habían adelantado ya curiosas por saber qué +habría podido llevar allí al solitario tejedor en circunstancias tan +extrañas e interesándose por la preciosa criatura. Esta, medio atraída y +medio alarmada por la brillante iluminación y la numerosa sociedad, +fruncía el ceño y se cubría la cara a su alrededor, hasta que el +fruncimiento de cejas, contraídas por un contacto o una palabra de +cariño, le hiciera ocultar su rostro con nueva resolución.</p> + +<p>—¿Qué criatura es ésa?—dijeron varias damas a la vez, entre otras +Nancy Lammeter, que se dirigía a Godfrey.</p> + +<p>—No lo sé; creo que es la hija de una pobre mujer que han encontrado +entre la nieve—fue la respuesta que Godfrey se arrancó del corazón con +terrible esfuerzo.</p> + +<p>—Al fin y al cabo, ¿estoy cierto?—se apresuró a decirse a sí mismo, +para tranquilizar su conciencia.</p> + +<p>—Entonces haríais bien en bajar la criatura aquí—dijo la excelente +señora Kimble, vacilando, sin embargo, en poner en contracto las ropas +manchadas de la niña con su bata de raso—. Voy a decirle, a una de las +sirvientas que venga a tomarla.</p> + +<p>—No, no, no puedo separarme de ella; no puedo darla—dijo Silas +bruscamente—. Vino espontáneamente hacia mí; tengo el derecho de +guardarla.</p> + +<p>Esta proposición de sacarle la criatura había sido dirigida a Silas sin +que él la esperara absolutamente, y aquellas palabras, pronunciadas bajo +la influencia de la impulsión fuerte y brusca, fueron casi como una +revelación que se hizo a sí mismo. Un minuto antes no tenía ninguna +intención precisa respecto a la criatura.</p> + +<p>—¿Habéis oído nunca cosa semejante?—le dijo la señora Kimble, algo +sorprendida, a su vecina.</p> + +<p>—Ahora, señoras, os ruego que me dejéis pasar—dijo el doctor Kimble, +saliendo de la sala de juego, bastante fastidiado por la interrupción; +pero estaba avezado por el largo ejercicio de su profesión a obedecer a +los llamados desagradables, aun cuando había bebido con exceso.</p> + +<p>—Qué fastidio, Kimble, el tener que salir en éste momento, ¿eh?—dijo +el squire—. Bien podía haber ido a buscar a vuestro ayudante, el +aprendiz... ¿Cómo se llama?</p> + +<p>—¿Hubiera podido? ¡pero para qué decir que hubiera podido!—gruñó el +tío Kimble, apresurándose a salir junto con Marner, seguido por el señor +Crackenthorp y por Godfrey.</p> + +<p>—¿Queréis buscarme un par de zapatos gruesos, Godfrey? Pero, esperad... +que vaya alguien corriendo a Casa de Winthrop a buscar a Dolly; es la +mejor mujer que puede darse. Ben estaba aquí antes de la cena, ¿se ha +marchado ya?</p> + +<p>—Sí, señor—me he cruzado con él—dijo Marner—; pero no tuve tiempo de +detenerme a decirle otra cosa sino que iba en busca del doctor, y él me +respondió que éste estaba en casa del squire. Me eché entonces a correr, +y como al llegar no encontré a nadie en los fondos de la casa, me dirigí +donde la sociedad estaba reunida.</p> + +<p>La niña, cuya atención no era ya distraída por el brillo de las luces y +las caras sonrientes de las damas, se puso a llorar y a llamar «ma-ma», +bien que se prendiera siempre de Marner, que parecía haberse captado por +completo su confianza. Godfrey había vuelto con el calzado. Al oír los +gritos de la niña su corazón se oprimió, como si alguna fibra íntima se +hubiera tendido con fuerza.</p> + +<p>—Voy a ir—dijo precipitadamente, impaciente por moverse un poco—, voy +a ir a buscar esa mujer, a la señora Winthrop.</p> + +<p>—¡Oh! ¡bah! mandad a otra persona—dijo el tío Kimble, que se apresuró +a salir con Marner.</p> + +<p>—Hacedme saber si puedo ser útil para algo, Kimble—dijo el señor +Crackenthorp.</p> + +<p>Pero el doctor ya estaba demasiado lejos para que pudiera oírlo.</p> + +<p>También Godfrey había desaparecido. Había ido rápidamente a buscar su +sombrero y su sobretodo, conservando sólo la presencia de espíritu +necesaria para darse cuenta de que no debía pasar por un insensato; pero +se lanzó a caminar en la nieve sin preocuparse de su calzado de baile.</p> + +<p>Minutos después se dirigía rápidamente a las canteras en compañía de +Dolly. A la vez que pensara que era muy natural que ella misma desafiara +el frío y la nieve a fin de ir a hacer una obra de misericordia, aquella +mujer estaba, sin embargo, muy afligida al ver a un joven que se mojaba +los pies por obedecer una impulsión semejante.</p> + +<p>—Haríais mucho mejor en volveros, señor—dijo Dolly con compasión +respetuosa—. No tenéis para qué tomar frío. Pero os diría que de paso +le dijerais a mi marido que venga; está en el <i>Arco Iris</i>, creo; si es +que os parece que no ha bebido demasiado para poder ser útil. En ese +caso, la señora Snell podría mandarnos a su pequeño sirviente para hacer +los mandados, pues probablemente habrá que ir a buscar algo a casa del +médico.</p> + +<p>—No; ahora que he salido no me volveré; voy a quedarme aquí +afuera—dijo Godfrey, cuando llegaron frente a la posada de Marner—. +Podéis venir a decirme si puedo servir para algo.</p> + +<p>—En verdad, señor, que sois muy bueno; tenéis un corazón tierno—dijo +Dolly, dirigiéndose hacia la puerta.</p> + +<p>Godfrey estaba demasiado penosamente preocupado para sentir algún +remordimiento por aquel elogio inmerecido. Iba y venía sin darse cuenta +de que se hundía hasta los tobillos en la nieve. No tenía conciencia de +nada, a no ser de la agitación febril causada por su incertidumbre +respecto a lo que pasaba en la choza y de la influencia que cada uno de +los desenlaces tendría sobre su destino futuro. No; no estaba por +completo sin conciencia de otra cosa más. En lo profundo de su corazón y +medio sofocado por el deseo apasionado y el temor, estaba el sentimiento +de que no debía esperar aquellos desenlaces, que tendría que aceptar las +consecuencias de sus actos, reconocer a su mísera esposa y devolver sus +derechos a su hija abandonada. Sin embargo, no tenía bastante valor +moral para encarar la posibilidad de renunciar voluntariamente a Nancy. +Tenía sólo bastante conciencia y corazón para estar constantemente +atormentado por la debilidad que le impedía ese renunciamiento. Y en +aquel instante su espíritu se libertaba de toda traba y se exaltaba con +la perspectiva imprevista de verse libre de su larga esclavitud.</p> + +<p>—¿Habrá muerto?—decía la voz que predominaba en su corazón sobre las +demás—. Si ha muerto me podré casar con Nancy; entonces, seré una buena +persona en el porvenir y no tendré más secretos. En cuanto a la +criatura, se cuidará de ella de un modo o de otro.</p> + +<p>Pero en medio de esta visión se presentaba la otra alternativa:</p> + +<p>—Vive, quizá; en este caso, ¡pobre de mí!</p> + +<p>Godfrey no supo jamás cuánto tiempo transcurrió hasta que se abrió la +puerta de la choza y salió el doctor Kimble. Se adelantó hacia su tío. +Acababa de prepararse para dominar la emoción que no dejaría de sentir, +cualesquiera que fuesen las noticias que iba a saber...</p> + +<p>—Os estaba esperando, puesto que vine hasta aquí—dijo anticipándose al +doctor.</p> + +<p>—¡Bah! es un absurdo que hayáis salido; ¿por qué no mandasteis uno de +los sirvientes? No hay nada que hacer... está muerta... muerta desde +hace varias horas, creo.</p> + +<p>—¿Qué clase de mujer es?—dijo Godfrey, sintiendo que la sangre le +subía a la cara.</p> + +<p>—Una mujer joven, pero demacrada, con largos cabellos negros. Alguna +vagabunda... toda cubierta de harapos; tiene, sin embargo, en un dedo +una alianza. Mañana van a llevarla al asilo de los pobres. Bueno, vamos.</p> + +<p>—Deseo verla—dijo Godfrey—. Creo que ayer vi una mujer como ésa. Os +alcanzaré dentro de un minuto o dos.</p> + +<p>El señor Kimble siguió su camino y Godfrey se volvió a la choza. Sólo +echó una mirada sobre el rostro inanimado que descansaba sobre la +almohada, rostro que Dolly había arreglado de un modo conveniente. Pero +se le grabó de tal modo aquella última mirada lanzada sobre la esposa +detestada que, diez y seis años después, cada uno de los rasgos de la +fisonomía marchita estaba aún presente en su espíritu, cuando contó en +todos sus detalles la historia de aquella noche.</p> + +<p>Se volvió inmediatamente hacia la estufa, donde Silas Marner estaba +meciendo a la niña. Ahora estaba muy tranquila, pero no dormía. Estaba +sólo apaciguada por la sopa azucarada y por el calor. Sus ojos habían +tomado esa expresión serena que nos da a los humanos de más edad, presa +de agitaciones interiores, un cierto respeto mezclado de terror cuando +estamos en presencia de una criatura. Tal es el sentimiento que +experimentamos al contemplar alguna belleza tranquila y majestuosa del +cielo y de la tierra, un planeta que brilla apaciblemente, un rosal en +plena floración o bien la bóveda formada por los árboles encima de un +sendero silencioso. Los ojos azules, muy abiertos, miraban los de +Godfrey sin ninguna timidez ni signo de reconocerle. La criatura no +podía hacer ningún llamado visible ni inteligible a su padre, y éste se +encontró bajo la impresión de una extraña mezcla de sentimientos; de un +conflicto de pesares y de alegrías viendo en aquel pequeño corazón que +no respondía con ningún latido a la ternura medio celosa del suyo, +mientras que los ojos azules se alejaban de los de él y se fijaban en la +extraña cara del tejedor. Habiéndose inclinado mucho Marner para +mirarlos, la pequeña mano se puso a tirarle la mejilla flácida y a +deformarla con delicia.</p> + +<p>—¿Vais a llevar mañana la niña al asilo de los pobres?—preguntó +Godfrey, hablando con toda la indiferencia que le era posible.</p> + +<p>—¿Quién ha dicho eso?—respondió Marner bruscamente—. ¿Me obligarán a +llevarla?</p> + +<p>—¡Cómo! ¿vos querríais guardarla... un viejo soltero como vos?</p> + +<p>—Hasta que me demuestren que tienen el derecho de quitármela, la +guardaré—dijo Marner—. La madre ha muerto y supongo que no tiene +padre: está sola en el mundo. Mi plata se fue a dar no sé dónde... No sé +nada... Casi ni sé dónde estoy.</p> + +<p>—¡Pobre criatura!—dijo Godfrey—. Dejadme que os dé algo para +comprarle ropas.</p> + +<p>Acababa de llevarse la mano al bolsillo y de sacar media guinea. La +colocó en la mano de Silas y se apresuró a salir de la choza para +alcanzar al señor Kimble.</p> + +<p>—No; esa mujer no es la que encontré—dijo cuando se le reunió—. La +niña es preciosa; parece que el viejo la quiere guardar; es extraño en +un avaro como él. Le he dado una bagatela para ayudarlo. No es probable +que la parroquia se empeñe en querer quitársela.</p> + +<p>—No; sin embargo, hubo un tiempo en que yo se la hubiera disputado a +Marner; pero ahora es demasiado tarde. Si la niña se cayera sobre el +fuego, vuestra tía es demasiado gruesa para socorrerla; no podría más +que quedar sentada y gruñir como una cerda asustada. Pero, ¡qué loco +sois, Godfrey, en salir así con medias y zapatos de baile, vos, uno de +los elegantes de la fiesta y de una fiesta que se da en vuestra casa! +¿Qué significan estos arranques? ¿Se ha mostrado cruel la señorita Nancy +y queréis contrariarla estropeando vuestros carpines?</p> + +<p>—¡Oh! todo ha sido desagradable para mí esta noche. Estaba harto de +saltar en el baile y de mostrarme amable y de soportar exigencias a +propósito de los «hornpipes». Y todavía tenía que bailar con la señorita +Gunn—dijo Godfrey aprovechando el subterfugio que su tío le había +sugerido.</p> + +<p>Las escapatorias y las mentiras inocentes causan en los corazones que +ambicionan conservarse puros una mortificación igual a la que causan a +un gran pintor los toques falsos que sólo su ojo sabe descubrir. Pero +son tan livianos como un simple adorno una vez que los actos se han +vuelto mentirosos.</p> + +<p>Godfrey reapareció en el salón blanco con los pies secos, y, puesto que +hay que decir la verdad, con un sentimiento de alivio y de alegría, +sentimiento demasiado intenso para que los pensamientos dolorosos +pudieran combatirlo. Porque, ¿no podía ahora arriesgarse cuantas veces +se le presentara la ocasión de decirle las cosas más tiernas a Nancy +Lammeter, prometerle, así como él mismo, que sería siempre lo que ella +quisiera? No había algún peligro de que su finada esposa fuera +reconocida. No era una época de activas pesquisas y de grandes rumores +públicos; y, en cuanto al acta de su casamiento, estaba muy lejos, +escondida en páginas que nadie hojeaba; que nadie, excepto él, tenía +interés en consultar. Dunsey, si reaparecía, sería capaz de +traicionarlo; pero se podía comprar el silencio a Dunsey.</p> + +<p>Y cuando los acontecimientos resultan tanto más felices para un hombre +cuanto mayor ha sido la razón para tenerlos, ¿no es ésa una prueba de +que su conducta ha sido mucho menos censurable de lo que hubiera podido +parecer de otro modo? Cuando somos bien tratados por la suerte, se nos +ocurre naturalmente la idea de que no estamos del todo exentos de +mérito; y que es razonable que la usemos bien en nuestro favor, sin +echar a perder la feliz coyuntura. ¿Dónde estaría, por otra parte, para +Godfrey, la utilidad de confesarle su pasado a Nancy y alejar de él la +felicidad, más aún, de alejar la felicidad de Nancy, porque tenía, casi +la certeza de ser amado? En cuanto a la criatura, velaría porque se la +cuidara, haría todo por ella, excepto reconocerla. Quizá así fuera +igualmente feliz en la vida, puesto que nadie podía decir cómo se +desenvolverían las cosas, y, ¿se necesita otra razón más? pues bien, que +el padre sería mucho más feliz si no confesaba la paternidad.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h2> + + +<p>En Raveloe hubo en esa semana el entierro de una persona pobre; y en la +callejuela Kench, en Batterley, se supo que la madre de la criatura +rubia, la mujer de cabellos negros que había ido recientemente a vivir +allí, se había marchado. No se hizo ninguna otra observación particular +con motivo de la desaparición de Molly de la vista de los hombres. Pero +esta muerte no llorada, que, para la suerte de la humanidad, parecía +tan insignificante como la caída de una hoja de estío, estaba cargada +con la fuerza del destino para ciertas almas que conocemos, y debía +crear las alegrías y las tristezas de toda la vida.</p> + +<p>La resolución de Silas Marner de guardar la hija de la «vagabunda» fue +un acto que no sorprendió menos a la gente de la aldea que el robo de su +dinero, y las conversaciones versaron con frecuencia sobre este asunto. +Al cambio de los sentimientos del público a su respecto, que debía a su +desgracia, a las sospechas y a la aversión que se habían transformado en +una piedad bastante despreciativa para un ser aislado y débil de +espíritu como aquél, venía ahora a agregarse una simpatía más activa, +principalmente por parte de las mujeres. Las buenas madres, que sabían +el trabajo de conservar a las criaturas sanas y lindas; las madres +indolentes, que conocían el fastidio de ser molestadas, cuando se +cruzaban los brazos o se rascaban los codos por las predisposiciones de +los chicos, que sólo empiezan a mantenerse firmes en las piernas, se +tomaban el mismo interés que hacer conjeturas. Se preguntaban cómo se +las iba a componer un hombre solo con una criatura de dos años en los +brazos y estaban igualmente dispuestas a sugerirle a Marner buenos +consejos. Las buenas madres le hablaban, sobre todo, de lo que sería +preferible que hiciera y las madres indolentes le decían con insistencia +lo que no conseguiría nunca hacer.</p> + +<p>Entre las buenas madres, Dolly Winthrop era aquella cuyos buenos +servicios aceptaba Silas de mejor grado porque se los prestaba sin +ostentación. Silas le había mostrado la media guinea de Godfrey y le +había preguntado cómo podría arreglarse para comprarle ropas a la +criatura.</p> + +<p>—¡Ah! maese Marner—dijo Dolly—, no tenéis necesidad de comprarle más +que un par de zapatos; tengo las enaguas que Aarón llevaba hace cinco +años, y no valdría la pena emplear el dinero en comprar ropas de +criatura, porque la niña—que Dios la bendiga—va a crecer como la +hierba en el mes de mayo, podéis estar cierto.</p> + +<p>El mismo día, Dolly llevó un paquete y extendió delante de Marner las +ropitas una por una en su orden natural de sucesión. La mayor parte +estaba zurcida y remendada, pero muy limpita y agradable, como las +plantas que comienzan a crecer. Esto sirvió de introducción a una gran +ceremonia practicada con agua y jabón, de la que la criatura salió +revestida con una nueva belleza. Sentada en seguida en las rodillas de +Dolly la niñita comenzó a jugar con los pies, a acariciarse las manitas +o a golpearlas la una contra la otra, pareciendo haber hecho varios +descubrimientos en sí misma que expresaba por medio de sonidos +alternados el «gug, gug, gag» y de «ma-ma», no era el grito de la +necesidad ni el del malestar. Bebé se había acostumbrado a pronunciar, +sin esperar a que se le respondiera con una palabra o un gesto de +cariño.</p> + +<p>—Nadie podría creer que los ángeles sean más lindos en el cielo—dijo +Dolly, acariciándola y besándole los rizos rubios—. ¡Y decir que estaba +cubierta con esos harapos sucios y que su pobre madre murió de frío! +Pero está Aquel que cuidó de ella y la trajo a vuestro umbral, señor +Marner. La puerta estaba abierta y ella entró pasando por la nieve, como +un petirrojo muerto de frío y de hambre. ¿No me dijisteis que la puerta +estaba abierta?</p> + +<p>—Sí—dijo Silas con aire pensativo—, sí; la puerta estaba abierta. El +dinero se me fue no sé dónde, y esta niña me vino no sé cómo.</p> + +<p>Marner no le había dicho a nadie que ignoraba cómo había entrado la +niña. Retrocedía ante las preguntas que podrían conducir al hecho que él +mismo suponía, es decir, que había sido presa de una de sus crisis.</p> + +<p>—¡Ah!—dijo Dolly con dulce gravedad—, es como la noche y la mañana, +el sueño y la vigilia, la lluvia y la cosecha; una cosa se va, la otra +viene, y nosotros no sabemos ni cómo ni cuándo. Podemos trabajar con +tesón, luchar y sufrir; pero nuestra labor es bien insignificante al fin +y al cabo; las grandes cosas vienen y se van sin esfuerzo de nuestra +parte; sí, no cabe dudarlo. Sin embargo, yo creo que hacéis bien en +quedaros con la criatura, maese Marner, puesto que os ha sido enviada, +aunque haya personas que no sean de este parecer. Os incomodará un poco +quizá mientras sea pequeña; pero yo vendré con gusto y la cuidaré en +vuestro lugar. Siempre dispongo de un rato todos los días; porque, +cuando se madruga, el reloj parece detenerse a eso de las diez antes de +que llegue el momento de ir a buscar las provisiones. De modo que, os lo +repito, vendré a cuidar a la niña en vuestro lugar, con mucho gusto.</p> + +<p>—Muchísimas gracias...—dijo Silas vacilando un poco—. Os agradeceré +mucho que me digáis lo que debo hacer.</p> + +<p>Después, mientras se inclinaba hacia adelante para mirar a la niña—no +sin un poco de celos—, y ésta echaba la cabeza contra el brazo de Dolly +y observaba de lejos a Silas con satisfacción, el tejedor agregó con +aire inquieto:</p> + +<p>—Pero deseo atender yo mismo a la niña. De otro modo podría querer más +a otra persona y no acostumbrarse a mí. He estado acostumbrado a hacer +todo en mi casa; puedo aprender, aprenderé.</p> + +<p>—¡Ah! seguramente—dijo Dolly con voz suave—. He visto hombres muy +hábiles para atender las criaturas. Los hombres son casi siempre torpes +y testarudos—que Dios los ayude—; sin embargo, cuando no están ebrios +no carecen de sentimientos, aunque no sepan poner vendas ni +sanguijuelas: son demasiado bruscos e impacientes. Fijaos, primero se +pone esto sobre el cuerpo—prosiguió Dolly, tomando una camisita y +poniéndosela a la niña.</p> + +<p>—Sí—dijo Marner dócilmente, mirando de muy cerca, a fin de iniciar sus +ojos en los misterios.</p> + +<p>Después, la nena le tomó la cabeza entre sus bracitos y le puso sus +pequeños labios contra el rostro, haciéndole caricias.</p> + +<p>—Ya lo veis—dijo Dolly con el tacto delicado de una mujer—, a vos es +a quien quiere más. Quiere que la toméis sobre las rodillas, estoy +segura. Vamos, linda, vamos. Tomadla, maese Marner; ponedle las ropitas; +después podréis decir que hicisteis todo lo preciso por ella, desde su +principio.</p> + +<p>Marner la tomó sobre las rodillas, temblando con una emoción misteriosa +para él, emoción causada por algo desconocido que comenzaba a apuntar en +su existencia.</p> + +<p>Sus pensamientos y sus sentimientos eran tan confusos que, si hubiera +tratado de expresarlos, sólo hubiese podido decir que la niña le había +venido en lugar de su dinero—que su oro se había vuelto una criatura. +Tomó las ropas de manos de Dolly y, bajo su dirección, se las puso a la +niña. Esta interrumpió entonces, naturalmente, sus ejercicios +gimnásticos.</p> + +<p>—¡Ya lo veis! os desempeñáis a maravilla, maese Marner—dijo Dolly—; +sin embargo, ¿qué vais a hacer cuando estéis obligado a permanecer +sentado en vuestro telar? Porque se va a volver más movediza y traviesa +de día en día, seguramente, que Dios la bendiga. Es una suerte que +tengáis este hogar elevado en vez de una parrilla; el fuego está así +menos a su alcance; sin embargo, si tenéis algo que pueda derramarse o +romperse o lastimarle los dedos, en seguida tratará de agarrarlo, y es +razonable que estéis advertido.</p> + +<p>Silas, quedando algo perplejo, reflexionó un instante.</p> + +<p>—La ataré al pie del telar—dijo por fin—; la ataré con una faja larga +y sólida.</p> + +<p>—Bueno, quizá eso baste, porque es una niña, porque es más fácil +persuadir a las niñas que se queden quietas que a los varones. Yo sé +cómo son éstos; he tenido cuatro—sí, cuatro, sábelo Dios—, y si se los +ocurriera atarlos se agitarían y gritarían como los cerdos cuando se les +pone un anillo en el hocico. Pero os traeré mi sillita con unos retazos +de tela colorada y otros chiches para que pueda jugar con ellos. Se +sentará y les hablará como si estuvieran vivos. ¡Ah! si no fuera un +pecado querer ver los hijos de otro modo que como son—que Dios los +bendiga—, hubiera deseado que uno de ellos fuera mujer; y decir que +hubiera podido enseñarle a zurcir, a remendar, a tejer y muchas otras +cosas. Pero, en fin, podré enseñarle eso a esta niña cuando sea más +grande, ¿no es cierto, maese Marner?</p> + +<p>—Pero será mía y no de otros—dijo Marner con bastante vivacidad.</p> + +<p>—Sí, naturalmente, tenéis el derecho de guardarla si sois para ella un +padre y la criáis como conviene. Sin embargo—agregó Dolly llegando a un +punto que había resuelto tocar de antemano—, tenéis que criarla como +los hijos de las gentes bautizadas, llevarla a la iglesia y hacerle +aprender el catecismo. Mi pequeño Aarón puede repetirlo perfectamente; +os reza el credo y lo demás así como los mandamientos, lo mismo que si +fuera un niño del coro. Eso es lo que tenéis que hacer, maese Marner, si +queréis cumplir con vuestro deber para con esta huerfanita.</p> + +<p>El pálido rostro de Marner se sonrojó súbitamente bajo la influencia de +aquella nueva ansiedad. Su espíritu estaba harto preocupado, tratando de +darle una explicación definida a las palabras de Dolly, para que pensara +en contestarle.</p> + +<p>—Creo—agregó la buena mujer—que esta pobre criatura no ha sido nunca +bautizada y es conveniente advertir al pastor. En caso de que no tengáis +nada que observar le hablaré de eso hoy mismo al señor Macey. Porque si +la criatura acabara mal por una razón o por la otra y vos no hubierais +cumplido con vuestro deber para con ella, maese Marner—si descuidarais +de hacerla vacunar u omitierais cualquier otra cosa para preservarla del +mal—, eso vendría a ser una espina en vuestro lecho mientras +estuvierais de este lado del sepulcro. Yo no creo que le sea fácil a +ningún hombre el poder descansar tranquilo en el otro mundo, si no ha +llenado su deber para con las criaturas infortunadas que le han tocado +en suerte sin haberlas pedido.</p> + +<p>La propia Dolly estaba dispuesta a guardar silencio durante un tiempo, +porque aquellas palabras brotaban de las profundidades de su sencilla +creencia y estaba ansiosa por saber si producirían en Silas el efecto +deseado. Este estaba confuso e inquieto, porque aquellas palabras de +Dolly de que «la niña no había sido bautizada» no tenían sentido claro +para él. No conocía más que el bautismo de los adultos y nunca había +oído hablar del bautismo de los niños.</p> + +<p>—¿Qué quieren decir vuestras palabras de que la niña no ha sido nunca +bautizada?—dijo al fin con timidez—. ¿Las personas no serán buenas con +ella si no hace eso?</p> + +<p>—¡Dios mío! ¡Dios mío, maese Marner!—dijo Dolly con el tono dulce de +la compasión—, ¿no habéis tenido nunca padre ni madre que os hayan +enseñado a rezar y que hay palabras buenas y buenas cosas para +preservarnos del mal?</p> + +<p>—Sí—dijo Silas en voz baja—; sé muchas cosas a ese respecto, a lo +menos sabía muchas. Pero nuestros hábitos son diferentes: mi país queda +muy lejos de aquí.</p> + +<p>Se detuvo unos instantes; después agregó con tono más firme:</p> + +<p>—Sin embargo, deseo hacer todo lo posible en favor de la criatura. Todo +lo que sea conveniente para ella y que juzguéis sea bueno, no dejaré de +conformarme a ello, si vos queréis decírmelo.</p> + +<p>—Pues bien, entonces, maese Marner, voy a pedirle al señor Macey que le +hable al pastor; y tendréis que decidiros por un nombre, porque será +preciso dárselo a la niña cuando se la bautice.</p> + +<p>—El nombre de mi madre era Hephtsiba—dijo Silas—, y mi hermanita +llevaba su nombre.</p> + +<p>—Pero es un nombre difícil de pronunciar—dijo Dolly—, y no estoy +segura que sea un nombre de bautismo.</p> + +<p>—Es un nombre que se encuentra en la Biblia—dijo Silas, volviéndole a +la memoria sus antiguas ideas.</p> + +<p>—Entonces no tengo ninguna razón para oponerme—repuso Dolly algo +asustada por los conocimientos de Silas en este capítulo—; sin embargo, +qué queréis, yo soy poco instruida y me cuesta comprender las palabras. +Mi marido dice que yo ando siempre como si diera una en el clavo y tres +en la herradura—eso es lo que dice, porque es muy sutil—, que Dios lo +ayude. Pero no sería cómodo llamar a vuestra hermanita con un nombre tan +difícil de pronunciar cuando no teníais nada importante que decirle, me +parece a mí, ¿no es cierto, maese Marner?</p> + +<p>—La llamábamos Eppie—respondió Silas.</p> + +<p>—Pues bien, siempre que no sea malo acortar el nombre sería mucho más +cómodo. Entonces, voy a marcharme, maese Marner, y hablaré del bautismo +antes de la noche. Os deseo mucha suerte y tengo confianza en que así +será, si cumplís con vuestro deber para con la pequeña huérfana... +Además, hay que pensar en hacerla vacunar. En cuanto al lavado de sus +ropitas, no tenéis que dirigiros sino a mí, porque puedo hacer eso sin +esfuerzo cuando preparo la lejía. ¡Ah! querido angelito. Me permitiréis +que traiga a mi pequeño Aarón uno de estos días; le mostrará el carrito +que su padre le ha fabricado y el perrito negro y blanco que está +criando.</p> + +<p>La niña fue, pues, bautizada, habiendo decidido el pastor que un doble +bautismo era el riesgo menos grande que se podía correr. Con este +motivo, Silas, después de vestirse lo más limpio y elegante que pudo, +apareció por primera vez en la iglesia y tomó parte en las prácticas que +sus vecinos consideraban como sagradas.</p> + +<p>Le era imposible, según todo lo que veía y oía, identificar su antigua +fe con la religión de Raveloe. Si hubiera sido capaz de ello en lo +pasado, hubiese sido bajo la influencia de un sentimiento intenso, +pronto a vibrar con simpatía antes que por medio de una comparación de +frases y de ideas; pero ahora, desde hacía ya muchos años, aquel +sentimiento se había adormecido.</p> + +<p>No tenía una noción clara al respecto del bautismo de los niños y de la +frecuentación de la iglesia, a no ser lo que Dolly le había dicho que +eso sería bueno para la niña. De este modo, a medida que las semanas +formaban meses, la niña creaba sin cesar vínculos nuevos entre la +existencia de Marner y de las personas que siempre había evitado hasta +entonces para aislarse de un modo más completo. Contrariamente al oro, +que no tenía necesidad de nada y que tenía que ser adorado en una +soledad por completo secreta, oculto a toda luz, sordo al canto de los +pájaros, que no se estremecía al son de ninguna voz humana, Eppie era +una criatura cuyas necesidades eran infinitas, y sus deseos siempre eran +crecientes.</p> + +<p>Era una criatura que amaba y buscaba la luz del sol, el ruido y los +movimientos de la vida, que todo lo ensayaba teniendo fe en las alegrías +nuevas, y que hacía nacer la bondad en los ojos de todos los que la +miraban. El oro había confinado los pensamientos de Silas en un círculo +siempre igual y que no conducía a ninguna parte más allá de sus propios +límites; Eppie, criatura formada de cambios y esperanzas, obligaba ahora +a sus pensamientos a ir hacia adelante. Ella los arrastraba muy lejos de +aquel objeto a que se dirigían siempre antes y los llevaba hacia nuevas +cosas que debían venir con los años futuros, cuando la joven hubiese +aprendido a comprender qué padre abnegado había sido Silas para ella.</p> + +<p>La niña hacía buscar a Marner las imágenes de ese porvenir en los +vínculos y las obras caritativas que unían entre sí a las familias de +sus vecinos. El oro lo había obligado a prolongar cada vez más su +trabajo, los ojos y los oídos cerrados a todas las cosas que no fueran +la monotonía de su telar y la uniformidad de su tejido. Pero Eppie lo +distraía de su trabajo, haciéndole considerar todas las interrupciones +como momentos de felicidad. Su vida nueva despertaba los sentidos de +Silas a punto de reanimar la alegría de éste, aun a la vista de las +viejas moscas adormecidas por el invierno que salían con esfuerzo +arrastrándose al sentir los primeros rayos del sol de primavera. La niña +reavivaba la alegría del tejedor, porque ella misma era alegre.</p> + +<p>Cuando el sol se hizo más vivo prolongándose más el día y los botones de +oro esmaltaban la pradera, se podía ver a Silas—sea a mediodía, sea al +declinar la tarde, en el momento en que las sombras de los cercos se +alargaban—, se podía ver a Silas que salía de su casa con la cabeza +descubierta, llevando a pasear a Eppie más allá de las canteras, a los +sitios en que crecían aquellas flores. Se detenía cerca de alguna loma +favorita que le permitía sentarse, mientras que Eppie iba titubeando a +recoger los botones de oro, interpelando a las criaturas aladas que +murmuraban felices encima de sus pétalos brillantes y atrayendo +continuamente la atención de «papá» cuando le traía su cosecha. Después +prestaba oído al canto brusco de algún pájaro, y Silas aprendía a +divertirla, haciéndole seña de callarse, a fin de que pudieran escuchar, +a la espera de los acentos que iban a recomenzar. Y cuando volvían, ella +alzaba los hombros y reía gorjeando su triunfo. Sentados de este modo +entre el follaje, Silas se puso de nuevo a recoger las plantas que le +eran antes familiares. Al ver las hojas con sus contornos y nervaduras +inmutables en el hueco de su mano, sintió renacer una multitud de +recuerdos que rechazaba con timidez. Sus pensamientos buscaban entonces +refugio en el pequeño mundo de Eppie, el cual sólo pesaba ligeramente en +su cerebro debilitado.</p> + +<p>A medida que el espíritu de la niña crecía en saber, el espíritu de +Silas crecía en recuerdos; a medida que la vida se desarrollaba, el alma +del tejedor, largo tiempo aletargada en una fría y estrecha prisión, se +desarrollaba también, y, toda trémula, volvía a una plena conciencia de +sí mismo.</p> + +<p>Era una influencia que iría adquiriendo fuerza con cada nuevo año +transcurrido.</p> + +<p>Los sonidos infantiles que agitaban el corazón de Silas se articularon y +reclamaron respuestas más precisas; las formas y los ruidos se tornaron +más claros para los ojos y los oídos de Eppie; y hubo cosas nuevas que +le pidió a «papá» con tono imperativo que observase y le explicase. +Además, cuando Eppie cumplió tres años desplegó el lindo talento de +hacer travesuras o de encontrar medios ingeniosos para causar molestias, +talento que proporcionaba mucho ejercicio, no sólo a la paciencia de +Silas, sino también a su ciencia y sagacidad.</p> + +<p>En estas ocasiones, el pobre Marner se veía puesto en conflictos por las +exigencias incompatibles del deber y del cariño. Dolly Winthrop le decía +entonces que los castigos le harían bien a Eppie, y que no era posible +educar una criatura si ciertas partes blandas y que no corren ningún +riesgo por esto, no le escocían de cuando en cuando.</p> + +<p>—Además, podríais hacer otra cosa, maese Marner—agregó Dolly con aire +pensativo—, y sería encerrarla alguna vez en la carbonera. Fue así como +he procedido con Aarón, porque era tan débil para con mi niño menor, que +no podía soportar la idea de castigarlo. No tenía alma para dejarlo más +de un minuto en la carbonera, pues era lo bastante para tiznar por +completo al niño, de modo que había que lavarlo y vestirlo de nuevo. Eso +le hacía tanto bien como el látigo, podéis creerme. Pero dejo a vuestra +conciencia la tarea de decidir, maese Marner, porque tenéis que elegir +una cosa o la otra—el látigo o la carbonera—; de otro modo se va a +volver tan voluntariosa que no habrá medio de dominarla.</p> + +<p>Silas quedó convencido de la triste verdad de esta última observación; +pero su energía de carácter, lo abandonó ante las dos únicas especies de +castigos que le proponían. No sólo le era penoso castigar a Eppie, sino +que temblaba de estar en desacuerdo con ella un solo momento, temiendo +que fuera a disminuir el afecto que ella le tenía. Si un Goliat +afectuoso se encariña por una criatura delicada y teme tirar del vínculo +que a ella lo une, y teme, sobre todo, que se rompa ese vínculo, +decidme, os ruego, ¿cuál será el amo de los dos? Era evidente que Eppie, +con sus pequeños pasos vacilantes, hacía vacilar a su gusto a su papá +Silas cualquier día en que las circunstancias favorecieran su travesura.</p> + +<p>Por ejemplo; él había elegido una ancha faja de lienzo a fin de atar a +Eppie a su telar cuando estaba muy ocupado. Aquella faja formaba un +cinturón alrededor del talle de la criatura y era bastante larga para +que ésta pudiera llegar hasta su pequeño lecho y sentarse en él, pero +era lo bastante corta como para que Eppie no ensayara alguna ascensión +peligrosa. Ahora bien, una mañana Silas estaba más atareado que de +costumbre porque estaba armando una pieza en el telar, y tuvo que +recurrir para esto a las tijeras. Este instrumento, gracias a una +advertencia especial de Dolly, había estado siempre cuidadosamente fuera +del alcance de Eppie. Sin embargo, su ruido peculiar tuvo una atracción +particular para su oído, y, después de haber espiado los resultados de +aquel ruido, sacó la consecuencia filosófica de que la misma causa debía +producir el mismo efecto.</p> + +<p>Silas se había sentado en su telar y el ruido del aparato había +recomenzado; pero dejó las tijeras en un punto que el tránsito de Eppie +podía alcanzar. Entonces, como un ratón que acecha el momento oportuno, +salió furtivamente de su rincón, se apoderó de aquel objeto y volvió +dando traspiés hasta su cama, alzando los hombros como para ocultar su +hurto. Tenía una intención decidida en lo que concernía al uso de las +tijeras. Después de haber cortado la faja de tela de un modo irregular, +pero eficaz, se dirigió en dos segundos hacia la puerta abierta adonde +la llamaba el brillo del sol, mientras, que el pobre Silas la creía más +preciosa que de costumbre. Fue sólo cuando volvió a necesitar las +tijeras que lo sorprendió la terrible realidad. Eppie se había escapado +sola, quizás se había caído en la cantera. Silas, agitado por el temor +más grande que podía asaltarlo, se precipitó hacia afuera gritando: +«¡Eppie!», y corrió rápidamente hacia el espacio sin cerco, explorando +las cavidades secas en que hubiera podido caer e interrogando en seguida +con los ojos asustados la superficie lisa y rojiza del agua. Gotas frías +de sudor le mojaron la frente. ¿Cuánto tiempo haría que había salido? Le +quedaba una esperanza: que se hubiera deslizado a través de la cerca +para ir a las praderas, donde tenía la costumbre de llevarla a dar una +vuelta. Pero la hierba estaba alta y no había medio de descubrir si +Eppie estaba allí, sino buscándola atentamente, lo que hubiera sido un +delito en el plantío del señor Osgood. Sin embargo, había que +resignarse; así es que el pobre Silas, después de haber sondeado bien +con la mirada los alrededores de las cercas, atravesó la hierba, +creyendo, con su vista corta, distinguir a Eppie tras de cada mata de +acedera roja, viéndola continuamente alejarse a medida que se +aproximaba. Buscó en vano en la pradera; entonces, salvó el cerco y se +encontró en la propiedad vecina. Fijó la vista con una última esperanza +en un pequeño estanque que el verano había secado en parte, dejando un +ancho borde de lava viscosa. Era allí, sin embargo, que Eppie estaba +sentada, conversando animadamente con su zapatito que le servía de balde +para acarrear agua a la huella profunda de una pata de caballo, mientras +que su pequeño pie desnudo estaba cómodamente apoyado en un cojín de +lodo verdoso. Un ternero de cabeza roja la observaba, indeciso y +alarmado, a través del cerco opuesto.</p> + +<p>Había en aquello, tratándose de una criatura bautizada, un caso +indiscutible de aberración que exigía un tratamiento severo, pero Silas, +dominado por la alegría convulsiva de haber hallado su tesoro, no supo +hacer otra cosa más que cargar a Eppie vivamente y cubrirla de besos +entrecortados por sollozos. Fue sólo después de llevarla a la casa y de +haber procedido al lavatorio necesario que se acordó de la necesidad de +castigar «para que la niña se acordara». La idea de que podía escapar de +nuevo y hacerse daño lo impulsó a realizar un acto extraordinario y por +primera vez se determinó a recurrir a la carbonera, pequeña alacena +situada junto al hogar.</p> + +<p>—Mala, mala Eppie—comenzó a decir Silas de pronto, teniéndola sobre +las rodillas y mostrándole que tenía los pies y las ropas cubiertos de +barro—; mala, que cortó la faja y se fue. Ahora Eppie tiene que entrar +en la carbonera porque es mala. Papá va a encerrarla en la carbonera.</p> + +<p>Medio creía que aquellas palabras producirían una impresión bastante +fuerte para que Eppie se pusiera a llorar. En vez de esto se puso a +brincotear en las rodillas de Marner como si éste le propusiera una +novedad agradable. Viendo que era necesario recurrir a los extremos, la +metió en la carbonera y cerró la puerta temblando de que empleara una +medida excesiva. Durante el primer momento no oyó nada; pero en seguida +oyó un pequeño grito:</p> + +<p>—¡Abe, abe!</p> + +<p>Y Silas la hizo salir, diciendo:</p> + +<p>—Ahora, Eppie va a ser buena; de otro modo va a ir a la carbonera, al +rincón negro.</p> + +<p>El telar permaneció silencioso largo rato esa mañana porque hubo que +lavar a Eppie y ponerle ropas limpias; sin embargo, era de esperar que +este castigo tendría un efecto duradero y ahorraría tiempo en el +porvenir. Quizá, sin embargo, hubiera sido preferible que Eppie llorara +algo más.</p> + +<p>En una media hora estuvo limpia, habiendo Silas vuelto la espalda para +ver qué haría con la faja de lienzo; la tiró al suelo, pensando que +Eppie se quedaría quieta el resto de la mañana sin que fuera preciso +atarla. Se volvió en seguida para sentar a la niña en su sillita cerca +del telar, cuando ésta se le apareció con la cara y las manos tiznadas +otra vez, y diciendo:</p> + +<p>—¡Eppie e la carbonera!</p> + +<p>Este completo fracaso de la pena disciplinaria de la carbonera destruyó +la confianza que tenía Silas en la eficacia de los castigos.</p> + +<p>—Lo tomaría siempre a broma—le dijo a Dolly—si no la castigo, y soy +incapaz de hacerlo, señora Winthrop. Las mortificaciones que me causa +las puedo soportar y no tiene malas costumbres, de las que no puede +librarse algún día.</p> + +<p>—Sí, es cierto en parte, maese Marner—dijo Dolly con simpatía—, y si +no tenéis las fuerzas de resolveros a impedir que toque los objetos +asustándola, es preciso que os arregléis de modo que no queden a su +alcance. Así es como tengo que hacer con los perritos que mis chicos +siempre están criando. Hagáis lo que hagáis, esos animales siempre +mordisquean y roen; y lo mordisquean y lo roen todo, hasta la cofia del +domingo, si está colgada a su alcance. Para ellos tanto da, que Dios los +ayude. Es la dentición lo que los pone así, eso es.</p> + +<p>De modo que Eppie fue criada sin castigos, soportando en cambio el peso +de sus fechorías su padre Silas. La choza de piedra se convirtió para +ella en un dulce nido acolchado con el plumón de la paciencia; y en el +mundo que estaba más allá de aquella morada, tampoco conoció miradas +severas ni responsos.</p> + +<p>A pesar de la dificultad de llevarla al mismo tiempo que el hilo y el +tejido, Silas la conducía casi siempre consigo cuando tenía que ir a las +granjas. No quería dejarla en casa de Dolly Winthrop, bien que ésta +estuviera siempre dispuesta a guardarla. La pequeña Eppie, de cabellos +crespos, la niña del tejedor, se volvió, pues, un tema de interés para +los habitantes de varias casas apartadas, lo mismo que para las de la +aldea. Hasta aquí se había tratado a Marner casi como si fuera un gnomo +o un brujo útil, como si fuera un ser extravagante e incomprensible que +no era posible mirar sin una mezcla de sorpresa o de aversión.</p> + +<p>Siempre se deseaba cambiar con él los saludos y ajustar los tratos lo +más pronto posible; pero al mismo tiempo se procedía con él de un modo +propiciatorio, y a veces haciéndole un regalo de carne de cerdo o de +productos del jardín, porque sin su ayuda no había medio de hacer tejer +lino. Pero ahora Silas encontraba rostros francos y sonrientes y se le +hablaba con tanto placer como a una persona cuyas satisfacciones y +pesares podrían ser comprendidos. En todas partes tenía que sentarse y +hablar de la niña, y siempre se estaba dispuesto a dirigirle palabras de +interés.</p> + +<p>—¡Ah, maese Marner! tendréis suerte si le da temprano un ligero +sarampión, o si no; en verdad que pocos hombres solteros hubieran +adoptado una criatura como ésta; pero supongo que el tejer os hace más +diestro que a los hombres que trabajan en el campo. Sois casi tan hábil +como una mujer, porque el tejer viene después del hilar.</p> + +<p>Dueños y dueñas de casa, sentados en anchos sillones de cocina, +observaban desde allí los acontecimientos y meneaban la cabeza a +propósito de lo difícil que era criar los niños. Sin embargo, si +llegaban a tocar los brazos y las piernas rollizos de Eppie tenían que +reconocer su notable dureza y le decían a Silas que si salía buena—lo +que no era posible saber—, sería muy bueno que tuviera a su lado una +joven seria que se ocupara de él cuando estuviera demasiado viejo para +poder trabajar.</p> + +<p>Las sirvientas se entretenían en llevarla a que viera las gallinas y los +pollos o a recoger algunas cerezas en el huerto. Y los niños y las +chiquillas se le acercaban lentamente, con movimientos prudentes, y las +miradas fijas—como perritos que avanzan hociquito contra hociquito +hacia otro compañero—hasta que la atracción alcanza el punto en que los +suaves labios se ofrecen para recibir un beso. Ninguna criatura tenía +miedo de acercarse al tejedor cuando Eppie estaba a su lado. La +presencia de Marner ya no tenía nada de repulsiva, ni para los jóvenes +ni para los viejos, porque la niña había conseguido atarle de nuevo al +mundo entero. Había entre él y Eppie un amor que los confundía en un +solo ser, y había amor entre la niña y el mundo, desde los hombres y las +mujeres que tenían para ella palabras y miradas de padre y de madre, +hasta las caccinelas rojas y los guijarros redondos.</p> + +<p>Silas se puso a considerar la existencia de Raveloe, desde empunto de +vista exclusivo de Eppie. Quería proporcionarle a su hija todo lo que se +consideraba un bien en la aldea; y escuchaba con docilidad, a fin de +llegar a entender mejor lo que era esa vida, de la que había permanecido +alejado durante cinco años, como si hubiera sido una cosa extraña con la +que no pudiera tener nada de común. Así procede el hombre que tiene una +planta preciosa a la que quiere dar asilo y alimento, en un suelo nuevo +para ella: piensa en la lluvia, en el sol, en todas las influencias con +relación a su pupila. Trata de conocer asiduamente todo lo que pudiera +serle útil, sea para satisfacer las necesidades de las raíces +penetrantes, sea para proteger la hoja y el botón contra la agresión +peligrosa. El empeño de atesorar había sido por completo destruido por +Marner desde que perdiera el oro que acumulaba durante tanto tiempo. Las +monedas que había ganado en seguida le parecían tan inútiles como +piedras aportadas para terminar una casa bruscamente sepultada por un +temblor de tierra. El sentimiento de la pérdida que había sufrido era +para él un peso demasiado grave para que las antiguas fruiciones de la +satisfacción se despertaran otra vez al contacto de las monedas +nuevamente adquiridas. En adelante algo había venido a reemplazar su +tesoro, algo que, dando a sus ganancias un fin creciente, arrastraba +siempre hacia adelante, más allá del dinero, sus esperanzas y sus +alegrías.</p> + +<p>En los antiguos días había ángeles que venían a tomar a los hombres por +las manos y los alejaban de la ciudad de la destrucción. Ahora ya no +vemos mensajeros alados, pero, sin embargo, los hombres son todavía +conducidos lejos de la destrucción inminente; una mano les toma la suya +y los conduce suavemente hacia una tierra apacible y resplandeciente, de +suerte que no miran más tras de sí, y esa mano puede ser la de un niño.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XV" id="XV"></a>XV</h2> + + +<p>Había una persona—se la adivinará sin esfuerzo—que más que cualquiera +otra observaba con viva, con secreta solicitud el desarrollo próspero de +Eppie, bajo la influencia de los cuidados del tejedor. Esa persona no se +atrevía a hacer nada que diera a suponer que tenía interés especial por +la hija adoptiva de un pobre hombre y no el que debía esperarse de la +bondad de un joven squire, al que un encuentro fortuito sugería la idea +de gratificar con un pequeño presente al pobre viejo mirado por todos +con benevolencia. Pero esa persona se decía que llegaría el día en que +podría hacer algo por aumentar el bienestar de su hija sin exponerse a +las sospechas. Entretanto, ¿lo mortificaba mucho la imposibilidad en que +estaba de darle a aquella niña sus derechos de nacimiento? No sabría +decirlo. Eppie era bien atendida. Sería feliz probablemente como lo son +a menudo las gentes de humilde condición, más feliz quizá que las que +son criadas en el lujo.</p> + +<p>Aquel famoso anillo que pinchaba al príncipe toda vez que olvidaba sus +deberes para entregarse al placer, yo me pregunto si lo pinchaba +vivamente cuando partía para la caza, o bien si le hacía entonces una +leve picadura y no lo hería en carne viva sino cuando la cacería había +terminado hacía tiempo y la esperanza, replegando las alas, miraba +hacia atrás y se convertía en placer...</p> + +<p>En cuanto a Godfrey, sus mejillas y sus ojos estaban ahora más +brillantes que nunca. Tenía propósitos tan decididos que su carácter +parecía haberse vuelto firme. Dunsey no había reaparecido; se creyó por +la generalidad que se había enrolado voluntario o que se había ido al +extranjero, nadie tenía la idea de pedirle datos precisos a una familia +honorable sobre un asunto tan delicado. Godfrey había dejado de ver la +sombra de Dunsey atravesada en su camino, y este camino lo conducía +entonces directamente hacia la realización de sus deseos predilectos, +los deseos que más largo tiempo había acariciado.</p> + +<p>Todo el mundo decía que el señor Godfrey había tomado el buen camino y +era bastante fácil adivinar cómo acabarían las cosas, pues pocos eran +los días de la semana en que no se le veía dirigirse a caballo a las +Gazaperas. El propio Godfrey, cuando le preguntaron bromeando si ya +estaba fijado el día, sonreía con la sensación agradable de un +pretendiente que hubiera podido responder «sí» si así lo hubiera +querido. Se sentía transformado, libre de la tentación y la visión de su +vida futura se le aparecía como una tierra prometida por la que no tenía +necesidad de combatir. Se veía en el porvenir con toda felicidad +concentrada alrededor de su hogar, mientras que Nancy le sonreía y él +jugara con los niños.</p> + +<p>Y aquella otra criatura sin sitio en la morada paterna, no la +abandonaría. Velaría por que fuese feliz. Ese era su deber de padre.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI</h2> + + +<p>Era un hermoso día de otoño, diez y seis años después que Silas Marner +había descubierto su nuevo tesoro ante el hogar de su choza. Las +campanas de la vieja iglesia de Raveloe repicaban alegremente anunciando +que había terminado el oficio de la mañana. Por la puerta abovedada de +la torre iban saliendo lentamente, detenidos por los saludos y preguntas +amistosas, los más ricos feligreses que habían considerado aquella +hermosa mañana del domingo muy apropiada para ir a la iglesia. Era +costumbre habitual en esa época que los miembros más importantes de la +congregación fueran los primeros que salieran. Mientras tanto, sus +vecinos de condición más humilde esperaban y miraban llevándose la mano +a las cabezas inclinadas, o haciendo reverencias para saludar a todo +mayor contribuyente que se volvía para mirarlos.</p> + +<p>En la primera fila de esos grupos de gentes bien vestidas que avanzaban +hay algunos personajes que reconoceremos a despecho del tiempo, cuya +mano ha pasado sobre todas ellas. Ese hombre de cuarenta años, alto y +rubio, no tiene rasgos muy distintos de los de Godfrey Cass a los +veintiséis años; sólo está algo más grueso y ha perdido la expresión +indefinible de la juventud, pérdida que se manifiesta aun cuando la +vista se mantenga brillante y no hayan aparecido todavía las arrugas. +Quizás esta linda mujer que no es más joven que él y que se apoya en su +brazo esté más cambiada que su marido; el encantador sonrojo que antes +coloreaba constantemente sus mejillas quizás no reaparezca más que +momentáneamente bajo la influencia del aire fresco de la mañana o de +alguna gran sorpresa.</p> + +<p>Sin embargo, para aquellos que gustan tanto más de la fisonomía humana +cuanto mejor se lee en ella la experiencia de la vida, la belleza de +Nancy ofrece un interés mayor. A menudo el alma llega al completo +desarrollo de su bondad cuando la vejez la ha recubierto con una fea +envoltura; es por esto que la mirada no basta para adivinar la +excelencia de un justo. Pero los años no han sido tan crueles para con +Nancy. Su boca roja pero tranquila y la mirada límpida y franca de sus +ojos pardos, dicen ahora que su naturaleza ha sufrido y ha conservado +sus más nobles cualidades. También su traje, de una elegancia graciosa y +de una pureza delicada, es más expresivo ahora que las coqueterías de la +juventud no intervienen para nada.</p> + +<p>El señor y la señora Godfrey Cass—todo otro título más elevado expiró +en los labios de la gente de Raveloe el día en que el viejo squire fue a +unirse con sus mayores, y en que su herencia fue repartida entre sus +hijos—se volvieron para ver llegar a un hombre alto y anciano y a una +mujer sencillamente vestida que estaban más atrás, habiendo observado +Nancy que debían esperar a «papá con Priscila». Ahora todos doblan por +un sendero más estrecho que atraviesa el cementerio y conduce a una +pequeña puerta situada frente a la Casa Roja. No los seguiremos porque +en este momento quizás haya otras personas en esa congregación que sale +de la iglesia que nos agradaría volver a ver, ciertas personas que no se +encontrarán probablemente entre las vestidas con elegancia, y que puede +que no sea tan fácil reconocer como al dueño y la dueña de la Casa Roja.</p> + +<p>Sin embargo, no es posible equivocarse respecto a Silas Marner. Como +sucede con las personas que han sido miopes en su juventud, sus grandes +ojos negros parecían haber adquirido una vista más larga, tienen una +mirada menos vaga y más simpática.</p> + +<p>Todo el resto de su persona atestigua, en cambio, una constitución muy +debilitada por el lapso de diez y seis años. Sus espaldas encorvadas y +sus cabellos blancos le dan casi el aire de un anciano, bien que no +tenga más que cincuenta y cinco años. Pero la flor más fresca de la +juventud está a su lado: una rubia jovencita, de diez y ocho años, de +rostro hoyuelado, que en vano ha tratado de alisar y recoger sus rizos +bajo el ala de su sombrero obscuro. Aquellos rizos ondulan con tanta +obstinación como un pequeño arroyo bajo la brisa de marzo y se escapan +de la peineta que se empeña en recogerlos detrás de la cabeza. Eppie no +deja de estar mortificada por esto, porque ninguna joven de Raveloe +tiene cabellos parecidos a los suyos y se imagina que los cabellos +tienen que ser lacios. No le gusta dar qué decir ni aun en las más +pequeñas cosas, y por eso ved con qué esmero ha envuelto su libro de +oraciones en su pañuelo floreado.</p> + +<p>Ese joven de buena planta que viste un traje nuevo de fustán, que camina +detrás de ella, no está bien al cabo de esta cuestión de los cabellos +cuando Eppie se la propone. Piensa quizá que puede ser que los cabellos +lacios sean preferibles, pero no desea que los de Eppie sean de otro +modo. Ella adivina que alguien se adelanta detrás de ellos, alguien que +piensa en ella de un modo particular y que apela a todo su coraje para +ponerse a su lado así que penetren en la callejuela. De otro modo, ¿por +qué parecería algo intimidada y cuidaría de no volver la cabeza mientras +que le murmuraba a su padre Silas breves frases relativas a los que +estaban y a los que no estaban en la iglesia y a la belleza del fresco +rojo de la montaña que se asoma tras del muro del presbiterio?</p> + +<p>—Me gustaría mucho, papá, que nosotros también tuviéramos un jardín con +margaritas dobles; como el de la señora Winthrop—dijo Eppie cuando +entraron en la callejuela—. Lo malo es que dicen que eso exigiría mucho +trabajo para cavar y traer tierra buena... y vos no lo podríais hacer, +¿verdad, papá? En todo caso no me gustaría que lo hicierais, porque +sería un trabajo demasiado penoso para vos.</p> + +<p>—No creáis eso, hija mía. Si deseáis tener un jardincito, yo me ocuparé +estas largas tardes en cercar un pequeño retazo de tierra inculta, como +para que tengáis un cantero o dos de flores. Además, me será fácil +remover un poco de tierra por la mañana antes de ponerme al trabajo. +¿Por qué no me dijisteis antes que deseabais tener un jardincito?</p> + +<p>—Yo podría puntiaros esa tierra, maese Marner—dijo el joven con traje +de fustán que se había puesto al lado de Eppie y se mezcló en la +conversación sin ceremonias—. Será para mí una distracción, cuando haya +terminado mi tarea o en cualquier otro momento perdido, cuando escasee +el trabajo. Os traeré tierra del jardín del señor Cass. Me lo permitirá +de buen grado.</p> + +<p>—¡Oh Aarón, hijo mío! ¿habíais estado allí?—dijo Silas—. No os había +advertido, porque cuando Eppie me habla de algo me abstraigo por +completo en lo que dice. Pues bien, sí, si vos me vais a ayudar a cavar, +tanto más pronto le haremos un pequeño jardín.</p> + +<p>—Entonces, si os parece bien, yo vendré esta tarde a las Canteras. +Resolveremos qué terreno conviene cercar y mañana me levantaré una hora +más temprano que de costumbre para dar comienzo al trabajo.</p> + +<p>—Pero a condición, papá, que me prometáis no cavar—dijo Eppie—; +porque yo no os hubiera hablado de-esto—agregó con una expresión +reservada y traviesa—si la señora Winthrop no me hubiese dicho que +Aarón tendría la bondad de...</p> + +<p>—Podíais saber eso sin que mi madre os lo dijera—interrumpió Aarón—; +maese Marner creo que también sabe que estoy dispuesto a prestarle mi +ayuda de buena gana. No me querrá desairar quitándome esta tarea de +entre las manos.</p> + +<p>—Bueno, entonces, papá, vos no trabajaréis en el jardín hasta que sea +muy fácil—dijo Eppie—, y vos y yo nos pondremos a trazar los canteros +y hacer agujeros y a poner plantas en ellos. Las Canteras se volverán un +sitio mucho más alegre cuando tengamos algunas flores, porque a mí se me +ocurre que las flores pueden vernos y comprender lo que decimos. Y yo +desearía tener un poco de romero, de cardamomo y de tomillo; esas +plantas huelen bien; pero creo que alhucemas no hay más que en los +jardines de los burgueses.</p> + +<p>—No es una razón para que no tengáis vos, porque puedo traeros gajos de +cualquier planta; estoy obligado a cortar muchas cuando podo y tengo que +tirarlas casi todas. Hay un gran cantero de alhucema en la Casa Roja: a +la señora le gusta mucho.</p> + +<p>—Está bien—dijo Silas con gravedad—, siempre que no nos dediquéis +demasiado tiempo o que no pidáis en la Casa Roja nada que tenga algún +valor. El señor Cass ha sido tan bueno con nosotros haciéndonos +construir la nueva pieza de la choza y dándonos camas y otros objetos, +que no podría soportar la idea de molestarle por productos de su jardín +o cualquier otra cosa.</p> + +<p>—No; no le molestaréis—dijo Aarón—. ¿No hay un jardín en la parroquia +donde se pierde una porción de cosas por falta de quien las utilice? Yo +me digo algunas veces que nadie carecería de víveres si se sacara mejor +partido de la tierra, y si una cosa fuera lo que fuera encontrara una +boca para comerla. El trabajar en el jardín hace pensar sin duda en +esto. Pero es preciso que me vuelva, porque, si no, mi madre estará +inquieta con mi ausencia.</p> + +<p>—Traedla con vos esta tarde, Aarón—dijo Silas—, ha de tener algo que +indicarnos para que las cosas se hagan mejor.</p> + +<p>Aarón se fue y ascendió hacia la aldea, mientras que Eppie y Silas +siguieron por el sendero solitario bajo la bóveda de las encinas.</p> + +<p>—¡Oh papaíto!—comenzó Eppie cuando estuvieron solos, tomando y +oprimiendo los brazos de Silas a la vez que saltaba a su alrededor para +darle un beso—. ¡Oh mi papá viejo! ¡qué contenta estoy! Creo que no nos +faltará nada cuando tengamos un pequeño jardín; y yo sabía que Aarón nos +lo trabajaría—prosiguió con aire malicioso y de triunfo—; lo sabía muy +bien.</p> + +<p>—Sois en realidad una gatita muy bribona—dijo Silas, cuya fisonomía +respiraba la felicidad tranquila de la vejez, coronada por el amor—; +pero vais a quedar en una gran deuda con Aarón.</p> + +<p>—¡Oh, no, absolutamente!—dijo Eppie, riendo y loqueando—; eso le va a +gustar mucho.</p> + +<p>—Vamos, vamos, dejadme llevar vuestro libro de oraciones, pues lo vais +a dejar caer, saltando de ese modo.</p> + +<p>Eppie se dio cuenta de que su conducta era observada; sin embargo, el +observador no era más que un benévolo burro que pacía con una traba +atada a la pata, un asno apacible que no criticaba desdeñosamente las +debilidades humanas, y que, por el contrario, se felicitaba cuando se lo +admitía a compartirlas haciéndose rascar cuando podía. Eppie, a fin de +complacerlo, no dejó de darle esta muestra vulgar de atención, lo que +dio el desagradable resultado que se vieran acompañados por el asno que +los siguió penosamente hasta la puerta de su habitación.</p> + +<p>Pero el ruido de un ladrido agudo en el interior de la choza en el +momento en que Eppie ponía la llave en la cerradura, cambió las +intenciones del animal, y, sin más invitaciones, se marchó cojeando. El +ladrido agudo era el signo de la acogida animada que les preparaba un +ratonero negro inteligente. El perro, después de bailar alrededor de las +piernas de su amo de un modo desordenado, se precipitó haciendo un +barullo desagradable hacia un pequeño gato atigrado que estaba escondido +bajo el telar; después volvió de un salto, dando otro ladrido agudo, +como diciendo: «He cumplido con mi deber con esta débil criatura». +Mientras tanto, la honorable mamá del gatito, sentada en la ventana, se +calentaba al sol su pecho blanco y volvía la cabeza con aire dormido, +esperando recibir caricias pero nada dispuesta a darse el menor trabajo +para obtenerlas.</p> + +<p>La presencia de aquellos animales que vivían allí felices, no era el +único cambio que hubiera ocurrido en el interior de la choza. Ya no +había cama en la pieza común y el pequeño espacio estaba bien guarnecido +de muebles decentes, todos cuidados y limpiecitos como para agradar a +las miradas de Dolly Winthrop. La mesa de encina y la silla de tres pies +de la misma madera no eran de lo que podría esperarse de tan pobre +habitación. Habían ido de la Casa Roja con el lecho y otros objetos, +porque el señor Godfrey Cass, como todos lo decían en la aldea, se +mostraba muy bueno para el tejedor. Al fin y al cabo, ¿no era justo que +aquellos a quienes sus medios se lo permitían fueran en ayuda de aquel +hombre? ¿No había criado una huérfana y no había sido para ella un +verdadero padre? Además, habiendo sido despojado de su dinero, no poseía +más que lo que ganaba con su trabajo cada semana, y además era una época +en que el tejido estaba decayendo, porque se hilaba el lino cada vez +menos. En fin, maese Marner ya no era nada joven. Nadie le tenía celos +al tejedor porque era considerado como un hombre excepcional que tenía +más derecho que otro alguno a la ayuda de los vecinos de Raveloe. La +superstición que subsistía a su respecto había tomado un tinte más +diferente. El señor Macey, que era ahora un débil anciano de ochenta, y +seis años que nunca se le veía sino junto al fuego y tomando el sol en +el umbral de su puerta, emitía el parecer de que, cuando un hombre había +procedido como Silas con la huérfana, era una señal de que su dinero +reaparecería o de que por lo menos el ladrón tendría que dar cuenta de +él. No había que dudarlo, porque el señor Macey agregaba que, en lo que +le concernía personalmente, sus facultades nunca habían sido más +lúcidas.</p> + +<p>Silas se sentó entonces y contempló a Eppie con una mirada satisfecha +mientras que ella ponía el mantel limpio y colocaba sobre la mesa el +pastel de patatas, recalentado lentamente en una terralla bien seca, +encima del fuego que se apagaba insensiblemente y según el método +prudente empleado el domingo. Era lo que podía reemplazar mejor el +horno, puesto que Silas no había consentido nunca que agregaran uno ni +tampoco una parrilla a sus exiguas comodidades. Quería a su viejo fogón +de ladrillos como había querido a su cántaro de barro negro. ¿No fue +delante de aquella hornalla que encontró a Eppie? Los dioses del hogar +existen todavía para nosotros. ¡Que toda nueva fe tolere este +fetiquismo, si no quiere de otro modo perjudicar sus raíces!</p> + +<p>Silas comió más silenciosamente que de costumbre y pronto puso a su lado +su tenedor y su cuchillo para seguir con la vista medio distraída a +Eppie que jugaba con el ratonero <i>Snap</i> y con la gata, lo que prolongaba +mucho el almuerzo de la joven. Pero aquel espectáculo era muy capaz de +contener las ideas vagabundas. Eppie, con las ondulaciones radiantes de +sus cabellos, con su mentón y su cuello contorneados, cuya blancura era +realzada por su traje de algodón azul obscuro, reía alegremente mientras +que el gatito, prendiéndose con las cuatro patas del hombro de la joven, +formaba, por decirlo así, el modelo del asa de un jarrón. Al mismo +tiempo, <i>Snap</i>, del lado derecho, y la gata del otro, tendían el hocico +o las patas hacia un trozo que Eppie mantenía fuera del alcance de los +dos. <i>Snap</i> desistía a intervalos a fin de observar la glotonería de la +gata y la futilidad de su conducta, haciendo oír un gruñido ruidoso y +desagradable, hasta que la joven, dejándose enternecer, los acariciaba a +los dos y les repartía el pedazo.</p> + +<p>Por fin, Eppie echó una mirada al reloj de pared e interrumpió el +entretenimiento, diciendo:</p> + +<p>—Mi papaíto quiere ir a fumar su pipa al sol. Pero antes tengo que +levantar la mesa, para que todo esté bien limpio en la casa cuando +llegue madrina. Voy a apresurarme... En seguidita va a estar...</p> + +<p>Silas se había puesto a fumar en una pipa todos los días durante los dos +años que acababan de transcurrir. Los ancianos de Raveloe le habían +aconsejado mucho que hiciera uso de aquella cosa excelente, cosa contra +los ataques. Esta opinión había sido aprobada por el doctor Kimble, a +causa de que no hay inconveniente en aconsejar una cosa que no puede +hacer daño, principio que le ahorraba a aquel señor mucho trabajo en el +ejercicio de la medicina. A Silas no le agradaba mucho fumar, y lo +sorprendía a menudo la pasión de sus vecinos a este respecto; pero un +humilde acatamiento a toda cosa considerada como buena, se había vuelto +un fuerte hábito en la nueva personalidad que se había desarrollado en +él, desde que había encontrado a Eppie junto al fuego de su hogar. Este +acatamiento fue la única guía que prestó su apoyo al espíritu +desorientado de Silas, mientras que se encariñaba con aquella tierna +criatura que le había sido mandada desde las tinieblas adonde se había +marchado su oro. Mientras que Marner indagaba lo que era útil a Eppie y +tornaba parte en el efecto que toda cosa producía en ella, había acabado +por apropiarse las formas de las costumbres y de las creencias, que +formaban el molde de la vida de Raveloe. Y como con el despertar de los +sentimientos la memoria también se despertaba, comenzó a meditar sobre +los elementos de la antigua fe y a mezclarlos a sus nuevas impresiones, +hasta recobrar la conciencia de una relación entre el pasado y el +presente.</p> + +<p>La creencia de una bondad tutelar y la confianza de la humanidad que +nacen con toda paz y toda alegría pura, habían producido en él la idea +vaga de que algún error, alguna equivocación había arrojado una sombra +tenebrosa sobre los días de sus mejores años. Además, se le volvía cada +vez más fácil abrir su corazón a Dolly Winthrop; así fue que le comunicó +poco a poco a aquella nueva amiga todo lo que podía contar de su +juventud. Esta confidencia fue necesariamente una operación lenta y +difícil, porque la pobre elocuencia de Silas no era secundada por la +facilidad de comprensión de Dolly, a quien su limitada experiencia del +mundo exterior no le daba clave alguna de las costumbres extranjeras. A +causa de esto, toda idea nueva era un motivo de sorpresa que los hacía +detenerse en cada punto de la narración. Sólo fue a fragmentos y con +intervalos que le permitieran a Dolly meditar sobre las cosas que había +oído, hasta que se le hubieran vuelto bastante familiares, que Silas +llegó al fin al punto culminante de su triste historia: la «tirada a la +suerte» y el juicio falso que había sido su consecuencia. Tuvo que +repetir aquello en varias entrevistas, a propósito de nuevas preguntas +hechas por Dolly, sobre la naturaleza de aquel método de descubrir al +culpable y de justificar al inocente.</p> + +<p>—¿Y vuestra Biblia es la misma que la nuestra, estáis bien seguro, +maese Marner? ¿La Biblia que trajisteis de aquella comarca es igual a la +que tenemos en la iglesia y a la que le sirve a Eppie para aprender a +leer?</p> + +<p>—Sí—dijo Silas—; es de todo punto igual; y en la Biblia se «tira la +suerte», no lo olvidéis—agregó en tono más bajo.</p> + +<p>—¡Oh Dios mío! ¡Dios mío!—dijo Dolly con voz apesarada, como si +recibiera malas noticias sobre el estado de un enfermo.</p> + +<p>Después permaneció un rato silenciosa, y por último prosiguió:</p> + +<p>—Hay gentes instruidas que quizás saben el fondo de todo esto. El +pastor lo sabes estoy cierta; pero se necesitan grandes palabras para +decir estas cosas, palabras que las gentes humildes no son capaces de +comprender. Yo no puedo saber nunca exactamente el sentido de lo que +oigo en la iglesia, a no ser el de algunas frases salteadas; pero, sin +embargo, yo sé que son buenas palabras, estoy cierta. Lo que os pesa en +él corazón, maese Marner, es esto; si Aquel que está en lo alto hubiera +hecho su deber para con vos, no os habría dejado nunca arrojar como un +ladrón perverso, siendo, como erais, inocente.</p> + +<p>—¡Oh!—dijo Silas, que ahora había llegado a comprender la fraseología +de Dolly—, eso fue lo que cayó sobre mí como un hierro rojo, porque ya +lo veis, nadie me quería, nadie me tenía lástima ni en el cielo, ni en +la tierra. Y aquel con quien había vivido diez años y más, desde que +éramos niños y que lo compartíamos todo... mi amigo íntimo en quien yo +tenía confianza, «alzó el pie contra mí y trabajó en mi ruina».</p> + +<p>—¡Oh! pero era un malvado. No creo que haya otro que se le +parezca—dijo Dolly—. Sin embargo, estoy muy perpleja, maese Marner; me +parece que me acabo de despertar y que no sé si es de día o es de noche. +Tengo, por decirlo así, la certidumbre de que se encontraría justicia en +lo que os ha sucedido, si se pudiera descubrirla; así como a veces estoy +segura de haber puesto una cosa en un sitio, aunque, no consiga dar con +él. No teníais por qué desesperaros como lo hicisteis. Pero de esto +hablaremos otra vez, porque hay cosas que se me ocurren cuando aplico +cataplasmas o pongo sanguijuelas o alguna otra tarea parecida, cosas en +que sería incapaz de pensar si estuviera tranquilamente sentada.</p> + +<p>Dolly era una mujer demasiado sutil para no tener ocasiones de recibir +luces de la naturaleza de aquellas de que había hablado, de modo que no +permaneció mucho tiempo sin volver a tratar el asunto.</p> + +<p>—Maese Marner—dijo Dolly un día que había ido a llevar a la choza +unas ropas de Eppie—, he estado preocupadísima con vuestras +cavilaciones y con la «echada a la suerte»; y la cosa se enredó en mi +espíritu en todos sentidos, de modo que acabé por no saber cómo +considerarlo. Pero una noche la volví a ver completamente clara, por +decir así, la noche en que velaba a la pobre Bessey Fawkes, que murió +dejando a sus hijos en esta tierra—que Dios los ayude—; el asunto que +digo, se me apareció tan claro como la luz del día. Sin embargo, el que +lo comprenda bien ahora o el que esté en estado de poderla traer de +algún modo a la punta de mi lengua, eso es otra cuestión, porque a +menudo tengo muchas cosas en la cabeza que no quieren salir. Y por lo +que hace a las gentes de vuestro país que, según vuestro propio +testimonio, no dicen nunca oraciones de memoria, ni con su libro, es +preciso que sean prodigiosamente hábiles. Yo, si no supiera el +Padrenuestro y algunas migajas de buenas palabras que puedo recoger en +la iglesia, por más que me pusiera de rodillas todas las noches no +sabría qué decir.</p> + +<p>—Sin embargo, señora Winthrop, siempre podéis decir alguna cosa que yo +soy capaz de comprender—observó Silas.</p> + +<p>—Pues entonces, maese Marner, el asunto se me presentó de este modo: +soy incapaz de comprender una palabra de la «echada a la suerte» y de la +respuesta falsa que dio por resultado. Quizá habría que recurrir al +pastor para explicar esto, y no podría hacerlo sino con grandes +palabras. Pero lo que me vino al espíritu tan claro como el día, +mientras velaba a Bessy Fawkes—siempre se me ocurren estas cosas cuando +comparto las penas de mi prójimo, y que comprendo que no puedo hacer +mayor cosa por él, ni aunque me levantara en medio de la noche—, lo que +me vino al espíritu es que Aquel que está allá arriba tiene un corazón +más blando que el mío; porque yo no podría de ningún modo ser mejor que +Aquel que me ha creado, y si hay cosas que me es difícil entender, es +porque hay otras cosas que ignoro. A este respecto, hay sin duda muchas +que me son desconocidas. Lo que sí es muy poco seguramente. Así es que +mientras pensaba en esto, os presentasteis a mi espíritu, maese Marner, +y entonces todo lo que voy a decir entró, de golpe: si yo he sentido en +mí misma lo que hubiera sido justo y razonable para con vos, y si oraron +y echaron a la suerte, todos, excepto aquel malo, si esos, digo, +estuvieron dispuestos a hacer por vos lo que era justo en el caso en que +lo hubieran podido, ¿no debemos contar con Aquel que nos ha creado, +visto que sabe más que nosotros y tiene mejores intenciones? De esto es +de lo que estoy segura; el resto es para mí una cuestión complicada +cuando pienso en ello; porque vino la fiebre y se llevó mis hijos +grandes y me dejó los más débiles; hay los miembros rotos; hay aquellos +que, queriendo obrar bien y no beber con exceso, tienen que sufrir a +causa de los que son diferentes. ¡Oh! ¡hay penas en este mundo, y hay +cosas que jamás las podemos entender! Todo lo que podemos hacer es tener +confianza, maese Marner, y cumplir con nuestro deber, tanto como nos sea +posible. Ahora bien: si nosotros que ignoramos tantas cosas estamos en +condiciones de darnos cuenta de que existen algún bien y alguna +justicia, estemos seguros de que hay más bien y más justicia de las que +somos capaces de concebir: y siento en mí misma que no puede ser de otro +modo. Y si hubierais podido seguir teniendo confianza no hubierais huido +de vuestros semejantes, maese Marner, y no hubierais sido abandonado +hasta este punto.</p> + +<p>—¡Ah, pero, sin embargo, eso hubiera sido difícil!—dijo Silas con voz +baja—; hubiera sido difícil tener confianza entonces.</p> + +<p>—No cabe duda—dijo Dolly casi con contrición—que es más fácil decir +estas cosas que hacerlas, y casi me da vergüenza hablar de ellas.</p> + +<p>—No, no, señora Winthrop—dijo Silas—, tenéis razón. Existe algún bien +en este mundo, ahora lo comprendo; y esto nos convence de que hay más +del que podemos pretender, a pesar de los disgustos y la maldad. Esa +costumbre de echar a la suerte es obscuro, pero la niña no ha sido +enciada; hay designios, sí, hay designios a nuestro respecto.</p> + +<p>Este diálogo tuvo lugar en tiempo de los primeros años de Eppie cuando +Silas tenía que separarse de ella dos horas por día para que fuera a +aprender a leer con la maestra de escuela. Había tratado en vano de +guiar él mismo los primeros pasos de su hija adoptiva para la +instrucción. Ahora que era grande, Silas había tenido ocasión a menudo, +en esos momentos de apacible confidencia que se presentan a las personas +que viven juntas en un afecto perfecto, de hablar también del pasado con +ella; de decirle cómo y por qué había vivido solo hasta que ella fuera +enviada. Aun cuando se contara con la reserva más delicada respecto de +este punto de parte de las comadres de Raveloe en presencia de Eppie, +las preguntas que ésta hiciera al crecer, relativamente a su madre, no +hubieran podido ser evitadas sin enterrar por completo el pasado y +establecer entre sus corazones una separación dolorosa.</p> + +<p>Así es que Eppie sabía desde hacía tiempo cómo su madre había muerto +sobre la tierra cubierta de nieve, y cómo ella misma había sido +encontrada junto al hogar por su padre Silas, que había creído que los +rizos de oro eran sus guineas que le habían devuelto. El efecto tierno y +particular con que Eppie habíase criado bajo sus ojos, en una intimidad +casi inseparable, ayudado por la soledad de su habitación, la había +preservado de la influencia perniciosa de las conversaciones y de los +hábitos de las gentes de la aldea. Este afecto le había conservado en el +alma esa frescura que se considera a veces, pero erróneamente, como una +cualidad esencial de la rusticidad.</p> + +<p>El amor perfecto encierra un perfume de poesía que puede ennoblecer las +relaciones de los seres humanos menos cultivados, y Eppie estaba rodeada +por ese perfume desde el día en que había seguido el brillante rayo de +luz que la guió hasta el hogar de Silas. No hay por qué sorprenderse si, +bajo otros aspectos, sin hablar de su belleza delicada, no era por +completo una aldeana común y poseía asomos de elegancia y un calor de +alma que no eran sino los frutos naturales de sus sentimientos de pureza +cultivados por el cariño. Era demasiado niña y demasiado ingenua para +que su imaginación se extraviara en preguntas respecto de su padre +desconocido. Durante mucho tiempo ni aun se la había ocurrido que debía +tener un padre. La idea de que su madre debía de haber tenido un marido +sólo se le presentó al espíritu el día en que Silas le mostró el anillo +que había sido quitado del dedo de la muerta y cuidadosamente guardado +por él en una caja de laca barnizada que tenía la forma de un zapato. +Había confiado aquella caja al cuidado de Eppie cuando ésta fue grande y +ella la abría con frecuencia para mirar el anillo; pero, a pesar de +esto, casi no pensaba en el padre de que aquella sortija era símbolo. +¿No tenía acaso uno a su lado que quería más de lo que todos los padres +verdaderos de la aldea parecían querer a sus hijas? Por el contrario, la +cuestión de saber quién era su madre y cómo ésta había llegado a morir +en semejante abandono, preocupaba a menudo su espíritu.</p> + +<p>Por lo que sabía de la señora de Winthrop, su mejor amiga después de +Silas, comprendía que una madre debía ser muy preciosa; y muchas y +muchas veces le había pedido a Marner que le dijese cómo era la +fisonomía de su madre, a quién se parecía aquella pobre mujer, y cómo la +había encontrado contra la mata de retama, guiado hasta aquel sitio por +las huellas de los pequeños pasos y de los bracitos echados hacia +adelante. La mata de retama todavía estaba allí, y aquella tarde, cuando +salió con Silas al sol, eso fue el primer objeto que atrajo y concentró +las miradas y los pensamientos de Eppie.</p> + +<p>—Papá—dijo la joven con un tono de dulce gravedad que, como una +cadencia triste y lenta, interrumpía a veces su alegría—, vamos a +cercar la mata de retama; así se encontrará en el ángulo del jardín, y +alrededor voy a plantar margaritas y crocus, porque Aarón dice que esas +plantas no mueren y se desarrollan cada vez más.</p> + +<p>—¡Ay, hija mía!—dijo Silas, siempre dispuesto a hablar cuando tenía su +pipa en la mano, causándole evidentemente más placer el dejar de fumar +que el arrojar bocanadas—, no estaría bien que dejáramos sin cercar la +mata de retama. A mi entender, no hay cosa más bonita cuando está +cubierta de flores amarillas. Lo que hay es que me pregunto cómo haremos +para tener una cerca. Quizá Aarón pueda darnos un consejo. Necesitamos +poner una, porque, si no, los asnos y las otras bestias lo estropearán +todo. Y no es fácil hacer una cerca, según tengo entendido.</p> + +<p>—¡Ah, se me ocurre una idea, papaíto!—dijo Eppie de pronto, juntando +las manos, después de reflexionar un minuto—. Aquí hay una gran +cantidad de piedras desparramadas. Algunas no son grandes: podríamos +colocarlas unas encima de otras y hacer una pared. Vos y yo colocaríamos +las pequeñas y Aarón cargaría las otras, estoy segura.</p> + +<p>—Pero, tesoro mío—dijo Silas—, no hay bastantes piedras para rodear +todo el jardín, y en cuanto a que las carguéis vos no hay ni qué +pensarlo. Con vuestras manitas seríais incapaz de cargar una mayor que +una patata. Sois de una constitución delicada, querida mía—agregó con +voz suave—; eso es lo que dice la señora de Winthrop.</p> + +<p>—¡Oh! yo soy más fuerte de lo que os imagináis, papá—repuso Eppie—, y +si no hay bastantes piedras para cercar todo el jardín, servirán para +proteger una parte. Después será más fácil conseguir palos u otras cosas +para el resto. ¡Fijaos cuántas piedras hay alrededor de la cantera +grande!</p> + +<p>Corrió hacia aquella parte para levantar una de aquellas piedras y +demostrar su fuerza; pero de pronto retrocedió muy sorprendida.</p> + +<p>—¡Ah! papá—exclamó—, venid a ver cómo ha bajado el agua desde ayer. +¡La cantera estaba ayer tan llena!</p> + +<p>—Es cierto—dijo Silas, poniéndose junto a ella—. ¡Ah! es el drenaje +que han comenzado a hacer después de la cosecha en las praderas del +señor Osgood. Me parece que sea eso. El que dirige los trabajos nos dijo +días pasados cuando yo pasaba cerca de los obreros: «Maese Marner, no me +extrañaría que fuésemos a dejar nuestro pequeño campo más seco que un +hueso. Es el señor Godfrey Cass quien se ha puesto a drenar; ha +readquirido esos prados del señor Osgood.</p> + +<p>—¡Qué raro nos va a parecer el ver seca la vieja cantera!—dijo Eppie, +mientras que se volvía y agachaba para levantar una piedra bastante +grande.</p> + +<p>—Ved, papaíto, que puedo cargar muy bien ésta—agregó dando algunos +pasos con mucha firmeza, pero dejando en seguida caer la piedra.</p> + +<p>—¡Ah! qué forzuda sois, ¿eh?—repuso Silas, mientras que Eppie, a quien +los brazos le dolían, los sacudía riendo—. Vamos, vamos, no volváis a +alzar piedras y venid a sentaros conmigo junto al barranco. Podríais +lastimaros, hija mía. Necesitaríais de alguien que trabajara por vos, y +mi brazo no es ya bastante vigoroso.</p> + +<p>Silas pronunció esta última frase lentamente, como si ella implicara +otra cosa que lo que iba a herir el oído. Cuando estuvieron sentados, +Eppie se arrimó contra su padre y tomándole con ternura el brazo que ya +no era muy vigoroso lo mantuvo sobre sus rodillas mientras que Silas +fumaba su pipa concienzudamente, lo que le ocupaba el otro brazo. Tras +de Marner y su hija, un fresno de la cerca formaba una pantalla +recortada que los protegía contra los rayos del sol y proyectaba sombras +felices y alegres alrededor de ellos.</p> + +<p>—Papá—dijo Eppie muy dulcemente, después que hubieron quedado +silenciosos un instante—, si yo llegara a casarme, ¿me pondrían la +sortija de mi madre?</p> + +<p>Silas se estremeció de un modo casi imperceptible, bien que la pregunta +estuviera conforme con la corriente secreta de sus pensamientos en aquel +momento.</p> + +<p>Entonces dijo bajando la voz:</p> + +<p>—¿Cuándo se os ocurrió, Eppie, esa idea?</p> + +<p>—Solamente la semana pasada, papá—dijo Eppie ingenuamente—, cuando +Aarón me habló de eso.</p> + +<p>—¿Y qué fue lo que os dijo?—agregó Silas bajando siempre la voz, como +si temiera decir la menor palabra que no fuera para el bien de Eppie.</p> + +<p>—Me dijo que desearía casarse, porque va a cumplir veinticinco años y +tiene mucho trabajo en los jardines desde que el señor Mott se ha +retirado. Va regularmente dos veces por semana a casa del señor Gass, +una vez a casa del señor Osgood y van a tomarlo también en el +presbiterio.</p> + +<p>—¿Y con quién se quiere casar?—dijo Silas sonriendo con bastante +tristeza.</p> + +<p>—Pero, conmigo, naturalmente, papaíto—respondió Eppie con una sonrisa, +que acentuaba sus hoyuelos; y besándole las mejillas a Silas, agregó—: +¡como si se le pudiera ocurrir casarse con otra!</p> + +<p>—¿Y vuestra intención, Eppie, es ser suya?—continuó Silas.</p> + +<p>—Sí, más adelante—respondió Eppie—. No sé cuándo. Aarón dice que +todos se casan un día u otro; pero yo le hice notar que eso no era +cierto, porque le dije: «Fijaos en papá, que no se ha casado nunca».</p> + +<p>—No, hija mía—dijo Silas—; vuestro padre vivió solo hasta que le +fuisteis enviada.</p> + +<p>—Pero ahora nunca os quedaréis solo, papá—repuso Eppie con ternura—. +Aarón me dijo: «Jamás se me ocurrirá, Eppie, la idea de separaros de +maese Marner». Y yo le respondí: «Sería inútil que pensarais en eso, +Aarón». Quiere que vivamos juntos, a fin de que no tengáis que seguir +trabajando, papá, a menos que sea por vuestro gusto. Será para vos un +hijo, son sus propias palabras.</p> + +<p>—¿Y eso os agradaría, Eppie?—repuso Silas mirándola.</p> + +<p>—A mí me daría lo mismo, papá—respondió Eppie con naturalidad—. Me +gustaría que las cosas se arreglaran de manera que vos no tuvierais que +trabajar. Sin embargo, si no fuese por eso, me gustaría más que no +hubiera ningún cambio. Me encuentro muy feliz así; me agrada que Aarón +me quiera y venga a vernos con frecuencia y que se conduzca bien con +vos; a la verdad que siempre se conduce bien con vos, ¿no es verdad, +papá?</p> + +<p>—Sí, hija mía; nadie podría portarse mejor—dijo Silas—. Es el digno +hijo de Dolly.</p> + +<p>—En cuanto a mí, no deseo ningún cambio—prosiguió Eppie—. Me gustaría +seguir mucho tiempo, pero mucho tiempo, igual como estamos. Pero Aarón +no piensa como yo, y me hizo llorar un poco. ¡Oh, un poquito no más! +porque me dijo que yo no lo quería, porque de otro modo desearía la +unión como la desea él.</p> + +<p>—Pero, querida hija mía—dijo Silas dejando su pipa a un lado, como si +fuera inútil el seguir fingiendo que fumaba—, sois demasiado joven para +casaros. Le preguntaremos a la señora de Winthrop, le preguntaremos a la +madre de Aarón qué es lo qué piensa ella. Si hay un buen camino que +seguir, ella lo encontrará. Sin embargo, hay que pensar en esto, Eppie; +las cosas cambian necesariamente, que lo queramos o no; no persistirán +mucho tiempo en el estado en que las vemos hoy sin sufrir modificación. +Me volveré más viejo y más débil y probablemente seré una carga para +vos, si no os dejo por completo. No quiero decir que vos pudierais +llegar a considerarme como una carga algún día; yo sé bien que no, pero +sería un grave peso para vos. Cuando pienso en eso me agrada suponer que +contaréis con otra persona que yo, algo joven y fuerte que me sobreviva +y cuidaría de vos hasta el fin.</p> + +<p>Silas hizo una pausa y colocando las manos sobre las rodillas las alzó +y bajó alternativamente, fijando la mirada en el suelo.</p> + +<p>—Entonces, ¿os agradaría verme casada, papá?—dijo Eppie con la voz +algo trémula.</p> + +<p>—Yo no soy un hombre capaz de decir que no, hija mía—respondió Silas +con acento enérgico—. Pero se lo preguntaremos a vuestra madrina. Ella +deseará vuestro bien y el de su hijo.</p> + +<p>—Ahí vienen, precisamente—dijo—. Vamos a recibirlos. ¡Oh, la pipa! +¿no querréis volver a encontrarla, papá?—agregó la joven recogiendo del +suelo aquel aparato medicinal.</p> + +<p>—No, querida mía—respondió Silas—. Basta por hoy. Me parece que fumar +poco a la vez me sienta mejor que fumar mucho.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII</h2> + + +<p>Mientras que Silas y Eppie estaban sentados en el banco de césped +conversando a la sombra recortada de una encina, la señorita Priscila +Lammeter se resistía a aceptar los argumentos de su hermana. Esta +pretendía que valdría más tomar el té en la Casa Roja y dejar que +durmiera una buena siesta el señor Lammeter, que partía para las +Gazaperas con el cabriolé así que terminara la comida. Los miembros de +la familia—cuatro personas solamente—estaban sentados alrededor de la +mesa, en el salón de sombrío artesonado. Tenían por delante el postre +del domingo, compuesto de avellanas verdes, de manzanas y peras, bien +adornadas de hojas por la mano de Nancy, antes de que las campanas de la +iglesia llamaran al oficio.</p> + +<p>Un gran cambio había tenido lugar en aquel salón de sombríos artesonados +desde que lo vimos en el tiempo en que Godfrey era soltero, y que el +viejo squire reinaba viudo. Hoy todo reluce en él y no se deja que el +menor polvo de la víspera empañe ningún objeto, desde la franja de +mosaico de encina que rodea la alfombra, hasta el fusil, los látigos y +los bastones del viejo squire, escalonados en las astas del ciervo +encima de las campanas de la chimenea. Todos los otros atributos de +sport y de ocupaciones exteriores habían sido relegados por Nancy a otra +pieza. Pero había traído a la Casa Roja el hábito de la veneración +filial y conservado religiosamente en un sitio de honor aquellas +reliquias del difunto padre de su marido. Las copas de plata siguen +siempre sobre el aparador, pero su metal repujado no está empañado por +el tacto y no hay en su fondo residuos que afecten el olfato; el único +olor predominante es el del espliego y el de las hojas de rosas que +llenan los vasos de alabastro inglés. Todo respira pureza y orden en +aquella pieza, antes triste, porque un nuevo espíritu tutelar entró en +ella hace quince años.</p> + +<p>—Bueno, papá—dijo Nancy—, ¿es en verdad necesario que os volváis a +tomar el té a vuestra casa? ¿No podríais quedaros con nosotros en una +tarde que parece va a ser tan hermosa?</p> + +<p>El viejo señor Lammeter acababa de hablar con Godfrey del impuesto +creciente para los pobres y de la ominosa época actual, de modo que no +había oído la conversación de sus hijas.</p> + +<p>—Hija mía, preguntadle eso a Priscila—dijo con la voz firme de antaño, +pero ahora algo quebrada—. Ella dirige la granja y a su padre.</p> + +<p>—Tengo buenas razones para dirigiros, papá, porque de otro modo os +mataríais atrapando reumatismos. Y por lo que hace a la granja, si algo +no marcha bien—lo que no es posible evitar en los tiempos en que +vivimos—, nada mata más ligero a un hombre que el no tener a quien +dirigir reproches como no sea a sí mismo. La mejor manera de ser amo es +hacer dar la orden por otros y reservarse el derecho de censurar. Más de +una persona se evitaría un ataque procediendo así; esta es mi opinión.</p> + +<p>—Bueno, bueno, querida—dijo el padre riendo tranquilamente—; yo no he +dicho que no dirigierais para bien de todos.</p> + +<p>—Entonces, Priscila, dirigid de modo que os quedéis a tomar el té—dijo +Nancy posando afectuosamente la mano sobre el brazo de su hermana—. +Ahora venid, vamos a dar una vuelta por el jardín, mientras papá echa su +siesta.</p> + +<p>—Mi querida hermana, hará un sueño espléndido en el cabriolé, como que +soy yo quien guiará. En cuanto a que nos quedemos a tomar el té, no +puedo oí hablar de eso, porque la muchacha lechera, que se va a casar +para el día de San Miguel, lo mismo derramaría la leche fresca en la +batea de los cerdos que en los lebrillos. Así son todas; se imaginan que +el mundo va a ser hecho de nuevo porque ellas tengan marido. Bueno, voy +a ponerme el sombrero y podremos dar una vuelta por el jardín mientras +atan el caballo.</p> + +<p>Cuando las dos hermanas se pusieron a recorrer los senderos del jardín +prolijamente limpios, rodeados de céspedes cuyo verde claro contrastaba +agradablemente con el tinte sombrío de las pirámides y de las bóvedas y +con el de los cercos de boj que se elevaban como murallas de verdura, +Priscila dijo:</p> + +<p>—Estoy muy contenta con que vuestro marido haya hecho esa permuta de +terreno con el primo Osgood y que comience a ocuparse en una lechería. +Es una gran lástima que no lo hayáis hecho antes. Así tendréis algo en +que ocupar el espíritu. Cuando las personas quieren hacer algo, no hay +nada como una lechería para pasar el tiempo. En efecto, si se trata de +limpiar los muebles, pronto se acaba. Una vez que podéis miraros en una +mesa como en un espejo, no hay nada más que hacer; pero en una lechería +siempre hay alguna ocupación nueva, y además, hasta en el rigor del +invierno se siente cierto placer en vencer a la mantequilla y obligarla +a formarse, quieras que no. Mi querida—agregó Priscila, estrechando +afectuosamente la mano de su hermana, yendo la una junto a la otra—, +nunca estaréis triste cuando tengáis una lechería.</p> + +<p>—¡Ah! Priscila.—dijo Nancy devolviéndole el apretón de manos y +dirigiéndole una mirada agradecida de sus ojos límpidos—, eso no será +una compensación para Godfrey; una lechería es poca cosa para un hombre; +yo estaría contenta con lo que tenemos si él lo estuviera también.</p> + +<p>—Me ponen fuera de mí estos hombres con su manera de proceder—dijo +Priscila impetuosamente—; siempre y siempre están deseando algo y nunca +están contentos con lo que tienen. Son incapaces de quedarse quietos en +su silla cuando no tienen dolores ni disgustos; es preciso que se +encajen una pipa en la boca para aumentar su bienestar, o que beban algo +muy fuerte, aunque tengan que apurarse antes que llegue el momento de la +comida. Y si a Dios le hubiera complacido haceros fea como a mí, de modo +que los hombres no os hubieran andado detrás, nos hubiéramos podido +limitar a nuestra familia sin tener que habérnoslas con esos señores que +tienen sangre turbulenta en las venas.</p> + +<p>—¡Oh! no habléis así, Priscila—dijo Nancy, arrepintiéndose de haber +provocado aquella explosión—; nadie tiene motivos para censurar a +Godfrey. Es natural que lo disguste no tener hijos, porque a los hombres +agrada tener hijos por quienes trabajan y ahorran y siempre había +contado jugar con los suyos mientras fueran pequeños. Muchos otros en su +lugar se lamentarían más que él. Es el mejor de los maridos.</p> + +<p>—¡Oh! ya conozco—dijo Priscila con una sonrisa sarcástica—esa manera +de ser de las mujeres casadas; os incitan a hablar mal de sus maridos y +luego se vuelven contra vos y os hacen el elogio de esos señores, como +si los tuvieran para vender. Pero papá debe estarnos esperando; +volvámonos.</p> + +<p>El gran cabriolé, tirado por el viejo y tranquilo caballo gris, estaba +estacionado delante de la puerta de entrada, y el señor Lammeter estaba +ya en el vestíbulo recordándole a Godfrey las buenas cualidades de +<i>Tordillo</i>, en la época en que su amo lo montaba.</p> + +<p>—A mí me ha gustado siempre tener un buen caballo—decía el viejo +señor, no gustándole que la época de su juventud fogosa se borrara por +completo de los más jóvenes que él.</p> + +<p>—No os olvidéis de llevar a Nancy a las Gazaperas, antes del fin de la +semana, señor Cass—fue la última recomendación que hizo Priscila en el +momento de la partida, mientras que tomaba las riendas y las sacudía +ligeramente, manera amistosa de incitar a <i>Tordillo</i>.</p> + +<p>—Voy a dar una vuelta por los prados, cerca de las Canteras, Nancy, +para ver cómo va el drenaje—dijo Godfrey.</p> + +<p>—¿Estaréis de vuelta para el té, amigo mío?</p> + +<p>—¡Oh! sí, estaré de vuelta dentro de una hora.</p> + +<p>Era costumbre de Godfrey ocupar la tarde del domingo en un paseo de +agricultura contemplativa. Nancy lo acompañaba raras veces, porque las +mujeres de su generación, a menos que se pusieran a dirigir las +relaciones exteriores, como Priscila, no tenían la costumbre de pasear +fuera de su casa y de su jardín. Encontraban un ejercicio suficiente en +sus ocupaciones domésticas. De modo que cuando estaba sola, Nancy se +sentaba generalmente con la Biblia de Mant por delante y, después de +haber seguido con la vista el texto algunos momentos, dejaba vagar poco +a poco sus pensamientos en la imposibilidad de concentrarlos.</p> + +<p>Sin embargo, el domingo esos pensamientos estaban casi siempre en +armonía con el fin piadoso y reverente que el libro abierto hacía +suponer implícitamente.</p> + +<p>Nancy no era lo bastante instruida en teología para discernir claramente +las relaciones que existían entre su vida sencilla y obscura y los +documentos sagrados de los primeros tiempos, que consultaba sin método. +Pero el espíritu de rectitud y la convicción de que era responsable de +los efectos de su conducta en los demás, que eran los elementos +poderosos de su carácter, le habían hecho contraer el hábito de escrutar +los sentimientos y las acciones de su pasado con los cuidados minuciosos +de un examen de conciencia. Como su espíritu no era solicitado por una +gran variedad de temas, llenaba los momentos de intervalo reviviendo sin +cesar interiormente todos los hechos de su existencia que le volvían a +la memoria, como aquellos, sobre todo, de los quince años transcurridos +desde su casamiento y durante los cuales la vida y su fin se habían +duplicado ante sus ojos. Recordando los pequeños detalles, las frases, +los tonos de la voz y las miradas en las escenas críticas que le habían +abierto una era nueva, sea dándole un conocimiento más profundo de las +resoluciones y de las pruebas de este mundo, sea invitándola a algún +pequeño esfuerzo de indulgencia o de adhesión penoso a un deber +imaginario o real, ella se preguntaba continuamente si había sido +censurable en algo. Este exceso de reflexión y este examen de conciencia +exagerado son quizá una costumbre mórbida, inevitable en un espíritu de +una gran sensibilidad moral, privado de su fuente legítima de actividad +exterior y no pudiendo entregarse a los cuidados maternales reclamados +por su afecto, inevitable en una mujer de noble corazón cuando no tiene +hijos y su condición es muy limitada. «Puedo hacer tan poco; ¿lo habré +hecho enteramente bien?» Tal era el pensamiento que volvía +perpetuamente. Ninguna voz viene a distraer a aquella mujer de su +soliloquio, ni ninguna exigencia absoluta puede mitigar la intensidad de +sus vanos pesares y de sus escrúpulos superfluos.</p> + +<p>Había en la vida matrimonial de Nancy una sucesión importante de +experimentos dolorosos a la que se vinculaban ciertas escenas que la +habían impresionado profundamente y que su memoria hacía revivir con más +frecuencia que las otras.</p> + +<p>El corto diálogo de Nancy con su hermana en el jardín, la tarde de aquel +domingo, había llevado a su espíritu hacia dirección que tornaba con +frecuencia. Así que sus pensamientos se hubieron alejado del texto +sagrado que se esforzaba en seguir religiosamente con la mirada y con +los labios silenciosos, fue para agrandar el sistema de defensa +establecido por ella contra la censura que las palabras de Priscila +implicaban. La justificación del objeto amado es el mejor bálsamo que el +afecto pueda encontrar para sus propias heridas: «¡Un hombre tiene que +tener tantas cosas en la cabeza!» He aquí la creencia que le permite a +una mujer conservar a menudo una fisonomía alegre, a pesar de las +respuestas bruscas y de las palabras crueles de su marido. Y las heridas +más profundas de Nancy procedían todas de la convicción de que Godfrey +consideraba la ausencia de hijos en su hogar como una privación a la que +no podía acostumbrarse.</p> + +<p>Sin embargo, era de imaginar que la dulce Nancy sentiría más vivamente +que él todavía la negativa de un bien con que se había contado, +entregándose a las esperanzas diversas y a los preparativos a la vez +solemnes, graciosos y fútiles de una mujer afectuosa cuando espera que +va a ser madre. ¿No había acaso un cajón relleno de objetos—trabajo +delicado de sus manos—que no habían sido nunca usados ni tocados, +exactamente en el mismo orden en que ella los había colocado catorce +años antes, exactamente, salvo que faltaba un vestidito, con el que se +había hecho la mortaja? Pero Nancy había soportado sin quejas y con +tanta firmeza aquella prueba que la afectaba directamente, que de +pronto, y desde hacía muchos años había renunciado al hábito de mirar +aquel cajón, por temor de halagar así el deseo de poseer lo que no le +había sido dado.</p> + +<p>Quizás era esa severidad misma con que reprimía todo abandono lo que +Nancy consideraba en su corazón como un pesar culpable, lo que le +impedía el mismo principio que era su ley moral. «Es muy diferente... es +mucho más duro para un hombre el sentir ese disgusto; una mujer puede +siempre ser feliz sacrificándose a su marido; pero un hombre necesita +algo que lo haga llevar sus miradas al porvenir; porque, estar sentado +junto al hogar es mucho más triste para él que para una mujer.» Siempre +que Nancy llevaba a este punto sus reflexiones—esforzándose con +simpatía preconcebida por ver todas las cosas como las veía Godfrey—, +siempre se entregaba a un nuevo examen de conciencia. ¿Había hecho +realmente todo lo que estaba en su poder para mitigarle aquella +privación a Godfrey? Tenía realmente razón, seis años antes y de nuevo +dos años después, para oponer aquella resistencia que le había costado a +ella tantos dolores, aquella resistencia al deseo que tenía su marido de +adoptar una criatura. La adopción chocaba más con las ideas y costumbres +de aquellos tiempos que con las de los nuestros. Sin embargo, Nancy +tenía su manera de ver a este respecto. Le era tan necesario el haberse +formado una opinión sobre todos los asuntos no concernientes +exclusivamente al hombre, como el asignar un lugar bien determinado a +cada objeto que le era propio. Y esas opiniones eran siempre principios +de acuerdo con los cuales procedía invariablemente. Aquéllas eran +firmes, no a causa de sus fundamentos, sino porque ella los sostenía con +una tenacidad inseparable de la actividad de su espíritu.</p> + +<p>En lo que se refiere a todos los deberes y todas las prácticas de la +vida, desde la conducta filial hasta los arreglos del traje de la tarde, +la linda Nancy Lammeter, en la época en que cumplió los veintitrés años, +poseía su código inimitable, y había formado cada uno de sus hábitos +según ese código. Llevando en sí sus juicios definitivos con la mayor +discreción posible, aquéllos se arraigaban en su espíritu y crecían en +él tan tranquilamente como la hierba en las praderas.</p> + +<p>Muchos años antes, como ya sabemos, insistía en vestirse como Priscila, +porque «era razonable que dos hermanas se vistiesen del mismo modo», y +que «haría una cosa justa si para eso se pusiera un vestido amarillo +color queso». Ese es un ejemplo trivial, pero característico, de la +manera cómo estaba reglamentada la vida de Nancy.</p> + +<p>Uno de esos principios rígidos, y no un sentimiento mezquino de egoísmo, +había sido el motivo de la resistencia obstinada que Nancy había opuesto +al deseo de su marido. Recurrir a la adopción, porque les había sido +negado el tener hijos, era tratar de elegir su suerte a pesar de la +Providencia. La criatura adoptada, estaba convencida, nunca acabaría +bien. Sería una causa de maldición para los rebeldes que hubieran +buscado deliberadamente un bien que—en virtud de alguna suprema +razón—era evidentemente mejor que no lo poseyeran. Si una cosa no debía +existir, decía Nancy, era un deber estricto el renunciar hasta al deseo +de conseguirla.</p> + +<p>Y la verdad es que los hombres más sabios no sabrían expresar en mejores +términos los principios de Nancy. Lo que hay solamente es que las +condiciones que la inclinaban a considerar como manifiesta que una cosa +no debía ser, dependía en ella de un modo muy particular de pensar. +Hubiera renunciado a comprar algo en un sitio determinado, si tres veces +seguidas la lluvia o cualquier otra causa enviada del cielo se hubiera +opuesto a ello; y temido ver acaecerle la fractura de un miembro o algún +otro gran infortunio a la persona que persistiera contra tales indicios.</p> + +<p>—Pero, ¿qué es lo que os autoriza a pensar que la criatura acabaría +mal?—le decía Godfrey, haciéndole objeciones—. Ha prosperado en casa +del tejedor todo lo que una criatura puede prosperar, y él la ha +adoptado. No hay otra niña en toda la aldea que sea más bonita ni que +merezca más la suerte que queremos darle. ¿En qué se puede basar la +probabilidad que sería una maldición para nadie?</p> + +<p>—Sí, mi querido Godfrey—decía Nancy, sentada y con las manos +estrechamente unidas, expresando su pesar con el ardiente afecto de su +mirada—, es posible que la niña no acabe mal en casa del tejedor, pero +él no fue a buscarla como nosotros lo haríamos. Sería mal hecho, lo +comprendo, estoy cierta. ¿No recordáis lo que aquella dama que +encontramos en las aguas de Royston nos ha dicho respecto de la criatura +que su hermana adoptara? Es el único caso de adopción de que he oído +hablar; la criatura fue deportada a los veintitrés años. Querido +Godfrey, no me pidáis que consienta en lo que sé es malo; no volvería +jamás a ser feliz. Comprendo que la cosa es muy penosa y que a mí me es +más fácil soportarla; pero es la voluntad de la Providencia.</p> + +<p>Podrá parecer singular que Nancy, con su teoría religiosa, formada pieza +por pieza con tradiciones sociales estrechas, con fragmentos de +doctrinas de la Iglesia imperfectamente comprendidas y con razonamientos +infantiles basados en su propia experiencia hubiese llegado por sí sola +a tener un modo de pensar tan parecido al de muchas personas piadosas, +cuyas creencias son profesadas en la forma de un sistema que le era +completamente desconocido. Eso podría parecer singular, en efecto, si no +supiéramos que las creencias humanas, lo mismo que todos los desarrollos +naturales, escapan a los límites de los sistemas.</p> + +<p>Godfrey había designado primero a Eppie, que entonces tenía unos doce +años, como una criatura que les convendría adoptar. No se le había +ocurrido nunca que Silas preferiría perder la vida a separarse de su +hija. Seguramente que el tejedor querría lo mejor para la niña porque se +había dado tanto trabajo, y estaría contento de que una suerte tan +grande le cayera a Eppie. Esta misma le quedaría siempre reconocida a +su padre adoptivo y éste sería bien atendido hasta el fin de su vida, +como lo merecía por su noble conducta para con la criatura.</p> + +<p>¿No era una cosa bien hecha que gentes de un rango superior quitaran una +pesada carga de las manos de un hombre de condición más humilde?</p> + +<p>Aquello le parecía muy conveniente a Godfrey por razones que él solo +conocía, y, siguiendo un error común, se imaginaba que aquella medida +sería fácil de tomar porque tenía motivos particulares para desearlo. +Era ésa una forma algo grosera de apreciar las relaciones que existían +entre Silas y Eppie. Pero conviene recordar que muchas de las +impresiones que Godfrey podía recoger respecto de la clase obrera de su +vecindad, eran tales como para favorecer en él la opinión de que los +afectos profundos no se armonizaban con las manos callosas y los débiles +medios de la existencia del pueblo. Por otra parte, no había tenido +ocasión—suponiendo que hubiera sido capaz de esto—de penetrar +íntimamente todo lo que era excepcional en la vida del tejedor. Sólo una +falta de información suficiente podía determinar a Godfrey a alimentar +deliberadamente un proyecto tan bárbaro. Su bondad natural había +sobrevivido a la época depresiva de sus crueles deseos, y el elogio que +Nancy hacía de su marido no reposaba del todo en una ilusión voluntaria.</p> + +<p>—He tenido razón—se decía cuando rememoraba todas las escenas de +discusión—, comprendo que tuve razón en responderle que no, bien que +eso me fuera lo más penoso; pero, ¡qué bien se ha comportado Godfrey a +este respecto! Muchos maridos se hubieran enojado conmigo por haber +resistido a sus deseos. Hubieran sido capaces de insinuar que habían +tenido mala suerte al casarse conmigo. Godfrey, sin embargo, no ha sido +capaz de dirigirme una palabra dura. Sólo demuestra su disgusto cuando +no lo puede ocultar; todo le parece tan vacío, ya lo sé; y las +tierras... qué cosa tan distinta sería para él cuando va a vigilar su +explotación si hiciera todo eso pensando en los hijos que van creciendo. +Sin embargo, yo no me puedo quejar; quizás si se hubiera casado con otra +mujer que le hubiera dado hijos le habría mortificado de otro modo.</p> + +<p>La idea de esta posibilidad era el principal consuelo de Nancy. A fin de +fortalecer esa idea se ingeniaba en tener por Godfrey una ternura más +perfecta que la de que hubiera sido capaz cualquier otra esposa. Muy a +pesar suyo se había visto obligada a afligirlo con la única negativa. +Godfrey no permanecía insensible a los esfuerzos de aquel cariño, y no +era injusto respecto a los motivos de la obstinación de Nancy. Era +imposible que hubiera vivido con ella quince años, sin saber que los +rasgos principales del carácter de su mujer eran un apego desinteresado +a lo que es justo y una sinceridad pura como el rocío formado sobre las +flores. En realidad, Godfrey sentía aquello con tanta mayor intensidad +cuanto que su naturaleza indecisa, adversa a afrontar las dificultades +por ser éstas francas y sinceras, tenía un cierto temor respetuoso por +aquella dulce esposa que espiaba los deseos de su marido con el deseo +ardiente de obedecerle. Le parecía que no le podría revelar jamás a +Nancy la verdad concerniente a Eppie. Jamás se repondría de la repulsión +que le causaría la historia de aquel primer matrimonio si se la revelaba +ahora, después de haber guardado el secreto tanto tiempo.</p> + +<p>Y la joven, pensaba Godfrey, sería un objeto de repulsión para ella; la +sola presencia de Eppie le sería penosa. Y quizás hasta el golpe +asestado a la altivez de Nancy—altivez mezclada con su ignorancia del +mal del mundo—sería demasiado fuerte para su constitución delicada. +Puesto que se había casado con ella teniendo un secreto en el corazón, +era preciso que guardara ese secreto hasta el fin. Hiciera lo que +hiciera, debía abstenerse de abrir un abismo infranqueable entre él y la +mujer que amaba desde hacía tantos años.</p> + +<p>Sin embargo, ¿por qué no podía acostumbrarse a ver sin hijos un hogar +que tal esposa embellecía? ¿Por qué su espíritu dirigía su vuelo +inquieto hacia ese vacío, como si fuera la única causa por la cual su +vida no era completamente feliz? Supongo que lo mismo les ocurre a todos +los hombres y a todas las mujeres que llegan a cierta edad sin darse +cuenta clara de que la felicidad completa no puede existir en la vida.</p> + +<p>En la vaga tristeza de las horas sombrías del crepúsculo, el hombre +descontento busca un objeto definido y lo encuentra en la privación de +un bien del que nunca ha gozado. El hombre descontento si está sentado, +meditando en su hogar, piensa con envidia en el padre cuya vuelta es +acogida con voces infantiles, y si está sentado a su mesa, alrededor de +la cual las pequeñas cabezas se elevan las unas por encima de las otras +como plantas de almácigos, ve una negra preocupación cernerse tras de +cada una de ellas y piensa que las impulsiones que impelen a los hombres +a abandonar su libertad y a buscar cadenas, no son seguramente otra cosa +más que un acceso de locura. En lo que concierne a Godfrey, había otras +razones, para que esos pensamientos fueran continuamente infortunados +por aquella circunstancia particular, por aquel vacío de su destino.</p> + +<p>Su conciencia, que no estaba nunca en completo reposo con respecto a +Eppie, le hacía ver ahora su hogar sin hijos bajo el aspecto de una +justa retribución. Y como el tiempo transcurría y Nancy se negaba +siempre a adoptar a Eppie, toda reparación de la falta de Godfrey se +volvía cada vez más difícil.</p> + +<p>Hacía ya cuatro años la tarde de aquel domingo, que no se había hecho +alusión alguna a la adopción, y Nancy suponía que aquel asunto estaba +enterrado para siempre.</p> + +<p>—Me pregunto si pensará más o menos en ello al envejecer—se decía +Nancy—; tengo miedo de que piense más. Las personas de edad sufren con +no tener hijos: ¿qué sería de mi padre sin Priscila? Y si muero yo, +Godfrey quedaría muy solo... él, que frecuenta tan poco a sus hermanos. +Pero no quiero atormentarme en exceso, ni tratar de prever los +acontecimientos: es preciso que haga lo mejor que pueda en el presente.</p> + +<p>Al asaltarla este último pensamiento, Nancy se despertó de su meditación +y volvió la mirada hacia la página abandonada durante mucho más tiempo +del que imaginaba; porque muy luego la sorprendió la entrada de la +sirvienta que llevaba el té. En realidad, era algo más temprano que de +costumbre; pero Juana tenía sus razones.</p> + +<p>—¿El señor ha entrado ya al patio, Juana?</p> + +<p>—No, señora, todavía no—respondió Juana, acentuando ligeramente su +respuesta, sin que su señora reparara en ello—. No sé si lo habréis +notado, señora—prosiguió Juana después de un corto silencio—; pero la +gente pasa corriendo frente a la ventana de la calle y todos se dirigen +hacia el mismo lado. Me parece que ha sucedido algo. No hay ningún +sirviente en el patio y por eso no he mandado ver lo que pasa. Subí +hasta la buhardilla más alta pero no pude distinguir nada a causa de los +árboles. Espero que no le haya sucedido nada malo a nadie, sin embargo.</p> + +<p>—No ha de ser hada grave, esperémoslo—dijo Nancy—. Quizás se haya +vuelto a escapar el toro del señor Snell como el otro día.</p> + +<p>—Ojalá no le dé una cornada a nadie, entonces—dijo Juana no +despreciando del todo una hipótesis cargada de calamidades imaginarias.</p> + +<p>—A esta muchacha le da siempre por asustarme; me agradaría que Godfrey +estuviera de vuelta.</p> + +<p>Se encaminó a la ventana del frente, dirigió sus miradas lo más lejos +que pudo con una inquietud que consideró muy luego como una niñería. En +efecto, no se veía ya en el camino ninguna de las señales de agitación +de que había hablado Juana, y era probable que Godfrey, en vez de seguir +por la carretera, volviera más bien cortando los campos.</p> + +<p>Permaneció, sin embargo, de pie mirando el apacible cementerio; las +sombras de las tumbas se alargaban sobre los túmulos de césped brillante +y, más lejos, los árboles del presbiterio estaban revestidos por los +vivos colores del otoño. Ante una belleza tan tranquila de la +naturaleza, la presencia de un temor vano que hacía sentir vivamente era +como un cuervo que agita lentamente las alas surcando el aire lleno de +sol. Nancy deseaba cada vez más el regreso de Godfrey.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII</h2> + + +<p>Alguien abrió la puerta, en el otro extremo de la pieza; Nancy tuvo el +presentimiento de que era su marido. Volvió la espalda a la ventana con +los ojos llenos de alegría, porque el temor más grande de la esposa se +había desvanecido.</p> + +<p>—Amigo mío, me alegro de que estéis de vuelta—dijo adelantándose hacia +él—. Comenzaba a estar...</p> + +<p>Nancy se detuvo bruscamente, porque Godfrey se quitaba el sombrero con +las manos trémulas y se volvía hacia su mujer con el rostro pálido y la +mirada extraña y fría como si la viera realmente, como si la viera +desempeñando un papel en una escena que ella misma no viera. Nancy posó +una mano sobre el brazo de su marido, no atreviéndose a seguir hablando. +Godfrey, sin embargo, no reparó en aquel movimiento y se dejó caer en su +sillón.</p> + +<p>Juana ya estaba en la puerta con la hirviente caldera.</p> + +<p>—Decid que se retire, ¿queréis?—repuso Godfrey.</p> + +<p>Y cuando la puerta se volvió a cerrar, trató de hablar con más claridad.</p> + +<p>—Sentaos, Nancy... aquí...—indicando una silla frente a él—. He +vuelto así que pude, para impedir que alguna otra persona os contara lo +sucedido. He experimentado una gran sacudida, pero temo más lo que vais +a sentir vos.</p> + +<p>—¿No se trata de mi padre o de Priscila?—dijo Nancy con los labios +trémulos y juntando sus manos con fuerza sobre las rodillas.</p> + +<p>—No, no se trata de una persona viva—dijo Godfrey, incapaz de usar de +la habilidad prudente con que hubiera querido hacer su revelación—. Se +trata de Dunstan... mi hermano Dunstan, a quien perdimos de vista hace +diez y seis años. Lo hemos encontrado... hemos encontrado su cuerpo... +su esqueleto.</p> + +<p>El terror profundo que la mirada de Godfrey le había causado a Nancy, +hizo que ella encontrara un alivio en aquellas palabras. Se sentó +relativamente tranquila, para oír lo que él tenía todavía que decir.</p> + +<p>Godfrey prosiguió:</p> + +<p>—La cantera se ha secado bruscamente, supongo que a causa de un +drenaje; y estaba allí... estaba allí desde hace diez y seis años; +encajado sobre dos piedras... con su reloj y su sello, con mi látigo de +caza de pomo de oro, que tiene mi nombre grabado. Lo tomó sin pedírmelo +el día en que montó a <i>Relámpago</i>, para ir de caza, la última vez que lo +vi.</p> + +<p>Godfrey se detuvo; no era igualmente fácil revelar lo demás.</p> + +<p>—¿Pensáis que se ahogó?—dijo Nancy, casi sorprendida de que su marido +estuviera tan profundamente impresionado por lo que había pasado hace +tantos años a un hermano al que no quería, respecto del cual sé había +augurado algo peor.</p> + +<p>—No, cayó en la cantera—dijo Godfrey con voz baja, pero claramente, +como si quisiera expresar que el hecho implicaba algo más.</p> + +<p>Poco después agregó:</p> + +<p>—Dunstan fue quien robó a Silas Marner.</p> + +<p>La sorpresa y la vergüenza hicieron afluir la sangre al rostro y al +cuello de Nancy, que había sido educada en la creencia de que eran un +deshonor hasta los crímenes de los parientes lejanos.</p> + +<p>—¡Dios mío, Godfrey!—dijo con tono compasivo, porque inmediatamente +pensó que su marido debía sentir el deshonor más vivamente aún que ella.</p> + +<p>—El dinero estaba en la Cantera—prosiguió Godfrey—, todo el dinero +del tejedor. Todo ha sido recogido y en este momento llevan el esqueleto +al <i>Arco Iris</i>. Pero yo me vine a contároslo todo; no he podido +contenerme, era preciso que lo supierais.</p> + +<p>Permaneció silencioso, mirando al suelo durante largos minutos. Nancy +hubiera pronunciado algunas palabras para mitigar aquella vergüenza de +familia, si no hubiera sido contenida por el sentimiento instintivo de +que Godfrey tenía todavía algo que decirle. Muy luego alzó los ojos y +miró fijamente a Nancy, diciendo:</p> + +<p>—Todo se descubre, Nancy, tarde o temprano. Cuando el Todopoderoso lo +quiere, nuestros secretos son revelados. Yo he vivido con un secreto en +el corazón; pero no quiero seguíroslo ocultando. No quisiera que os +fuese revelado por otra persona que yo, no quisiera que lo descubrieseis +después de mi muerte. Voy a decíroslo ahora mismo. Nunca tuve para ello +bastante fuerza de voluntad; pero ahora sabré cumplir mi resolución.</p> + +<p>El extremado terror de Nancy había vuelto. Sus ojos, llenos de espanto, +se encontraron como en una crisis en que el efecto se hubiera +suspendido.</p> + +<p>—Nancy—dijo Godfrey lentamente—, cuando nos casamos, yo os oculté +algo... algo que debí deciros. Aquella mujer que Marner encontró muerta +entre la nieve... la madre de Eppie... aquella mísera mujer... aquella +mujer era mi esposa. Eppie es mi hija.</p> + +<p>Se detuvo temiendo el efecto de su confesión. Sin embargo, Nancy +permaneció completamente tranquila en su asiento, salvo que sus miradas +se dirigieron hacia el suelo, dejando de encontrarse con las de Godfrey. +Estaba pálida y serena como una estatua de la meditación, con las manos +unidas sobre las rodillas.</p> + +<p>—Nunca volveréis a tener por mí la misma estima—dijo Godfrey un +momento después, con voz algo trémula.</p> + +<p>Nancy permaneció silenciosa.</p> + +<p>—No debí dejar a la niña sin reconocerla; no debí ocultaros este +secreto. Me era imposible soportar la idea de renunciar a vos, Nancy. Me +vi obligado a casarme con aquella mujer, y eso me hizo sufrir mucho.</p> + +<p>Nancy seguía siempre silenciosa, con la mirada baja. Godfrey casi +esperaba verla ponerse de pie inmediatamente y decir que iba a volverse +a casa de su padre. ¿Cómo podría mostrarse piadosa para con faltas que +debían parecerle tan negras, dada la sencillez y serenidad de sus +principios?</p> + +<p>En fin, Nancy alzó los ojos hacia su marido y habló. No había ninguna +indignación en su voz, sólo había la expresión de un profundo pesar.</p> + +<p>—Godfrey, si me hubierais dicho esto hace seis años, hubiéramos podido +cumplir en parte nuestro deber para con la niña. ¿Creéis que me hubiera +negado a recibirla, sabiendo que era nuestra hija?</p> + +<p>En aquel momento Godfrey sintió toda la amargura de un error que no +había sido solamente inútil, sino que había fallado su propio objeto. No +había sabido apreciar a aquella mujer con la que había vivido tanto +tiempo. Pero ella habló de nuevo y con más agitación que antes.</p> + +<p>—Y además, Godfrey, si la hubiésemos traído entonces, si vos os +hubierais encariñado con ella como debíais, ella me hubiera querido como +a una madre y vos hubierais sido más feliz conmigo. Me hubiera sido más +fácil soportar la muerte de mi nene y nuestra vida hubiera podido +parecerse más a lo que antes pensábamos que sería.</p> + +<p>Las lágrimas de Nancy empezaron a correr y ella cesó de hablar.</p> + +<p>—Pero entonces no hubierais querido casaros conmigo, Nancy, si os lo +hubiera dicho—replicó Godfrey, impulsado por la severidad de los +reproches de su conciencia, a probarse a sí mismo que su conducta no +había sido una locura completa—. Ahora os parece que me hubierais +aceptado por esposo, pero no lo hubierais hecho en aquel momento con +vuestra altivez y la de vuestro padre; os hubiera repugnado el tener +relaciones conmigo, después de las revelaciones que os hubiera hecho.</p> + +<p>—No sabría deciros cuál hubiera sido mi decisión a ese respecto, +Godfrey. En todo caso, nunca me hubiera casado con otro. Pero yo no +merecía que se hiciera daño a causa de mí; nada lo merece en este mundo. +Ninguna cosa es tan buena como lo parece a primera vista; nuestra misma +unión no lo es, ya lo veis.</p> + +<p>Pasó una débil y triste sonrisa por la fisonomía de Nancy cuando +pronunció estas últimas palabras.</p> + +<p>—Soy un hombre peor de lo que pensabais, Nancy. ¿Podréis perdonarme +algún día?</p> + +<p>—El mal que me habéis causado no tiene mucha importancia, Godfrey, y ya +está reparado; habéis sido bueno conmigo durante quince años. Es para +con otra que sois culpable, y temo que vuestras faltas para con ella no +puedan ser nunca borradas por completo.</p> + +<p>—Pero nada nos impide adoptar a Eppie ahora—dijo Godfrey—. Ahora me +importa poco que se sepa todo. Seré franco y sincero el resto de mi +vida.</p> + +<p>—Su presencia en casa no será ya lo que hubiera sido, ahora que Eppie +es grande—dijo Nancy meneando tristemente la cabeza—. Pero tenéis el +deber de reconocerla y de asegurar su suerte. Yo también cumpliré el +deber para con ella y rogaré a Dios para conseguir que me quiera.</p> + +<p>—Entonces, los dos iremos a casa de Silas Marner esta misma tarde, +cuando todo esté ya tranquilo en las Canteras.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX</h2> + + +<p>Aquella noche, entre las ocho y las nueve, Eppie y Silas estaban +sentados solos en su choza. Después de la gran sobreexcitación causada +al tejedor por los sucesos de la tarde, había deseado vivamente aquella +tranquilidad y hasta les había rogado a la señora Winthrop y a Aarón, +que se habían quedado allí, naturalmente, cuando todos se marcharon, que +lo dejaran solo con su hija. Aquella sobreexcitación no se había +disipado todavía. No había hecho más que alcanzar ese grado en que la +sensibilidad se vuelve tan delicada que hace intolerable todo +estimulante exterior; ese grado en que no se siente fatiga sino más bien +una intensidad de vida interior, bajo el imperio de la cual es imposible +conciliar el sueño. Todo el que haya observado tales momentos en otras +personas, recuerda el brillo de su mirada y la nitidez extraña que se +esparce hasta sobre las facciones groseras a causa de esa influencia +pasajera. Es algo como si gracias a una nueva sutileza del oído, capaz +de percibir todas las voces espirituales, vibraciones de efectos +maravillosos hubieran atravesado la pesada armazón mortal, como si la +«belleza nacida del murmullo de los sonidos» hubiera pasado por la +fisonomía del que los escucha.</p> + +<p>El rostro de Silas anunciaba esa especie de transfiguración cuando al +quedar solos se puso a mirar a Eppie, sentado en su sillón. La joven +había acercado su silla cerca de las rodillas de Marner y se había +inclinado hacia adelante teniendo ambas manos de su padre adoptivo entre +las suyas y con los ojos alzados hacia él. Próximo a ellos, en la mesa, +iluminada por una vela, se encontraba el oro recobrado, el oro tanto +tiempo amado, dispuesto en pilas regulares, como Silas tenía costumbre +de ponerlo en los días en que aquel metal era su única alegría. Acababa +de mostrarle a Eppie cómo tenía la costumbre de contarlo todas las +noches y cuál había sido la desolación extrema de su alma hasta que su +hija le fue enviada.</p> + +<p>—En un principio—le decía en voz baja—tenía de tiempo en tiempo como +el presentimiento de que vos podríais tomar la forma de mi oro; porque +adondequiera que volviera la cabeza me parecía ver mi tesoro, y pensaba +que me sentiría feliz si pudiera tocarlo y convencerme de que había +vuelto. Pero esto no duró. Al cabo de poco tiempo hubiera pensado que me +había herido una nueva maldición, si el oro os hubiera alejado de mí. +Había llegado a tanto la necesidad de vuestras miradas, de vuestra voz y +del tacto de vuestros pequeños dedos. Vos no sabíais cuando erais muy +pequeña, vos no sabíais lo que vuestro viejo padre Silas sentía por vos.</p> + +<p>—Pero ahora lo sé, padre mío—dijo Eppie—. Si no hubiera sido por vos +me hubieran llevado al asilo de los pobres y no hubiera habido nadie que +me quisiera.</p> + +<p>—¡Ah! querida mía, la bendición ha sido para mí. Si vos no me hubierais +sido enviada para salvarme, hubiera descendido a la tumba con mi +miseria. El dinero me fue quitado a tiempo, y ya veis que ha sido +conservado, hasta que lo necesitáramos para vos. Es maravilloso... +nuestra vida es maravillosa.</p> + +<p>Silas permaneció sentado, en silencio, contemplando durante algunos +instantes el tesoro.</p> + +<p>—Ahora ya no me seduce—dijo con aire pensativo—; no, ciertamente que +no. Me pregunto si volvería a tener ese poder en el caso, Eppie, en que +os perdiera, y lo dudo. Pero podría ser inducido a creer que ha sido de +nuevo abandonado y a perder el sentimiento de que Dios ha sido bueno +para conmigo.</p> + +<p>En aquel instante golpearon a la puerta y Eppie se vio obligada a +levantarse sin responderle a Silas. ¡Qué bella parecía! Lágrimas de +ternura le llenaban los ojos y un ligero sonrojo teñía sus mejillas +cuando se adelantó para abrir. Aquel sonrojo se hizo más intenso al ver +al señor Godfrey Cass y a su señora. Hizo su ligera reverencia rústica y +abrió del todo la puerta para dejarlos pasar.</p> + +<p>—Os venimos a molestar muy tarde, querida—dijo la señora Cass, tomando +la mano de Eppie, mirándole el rostro con expresión admirativa y de vivo +interés.</p> + +<p>La misma Nancy estaba pálida y trémula.</p> + +<p>Eppie, después de haber acercado sillas para el señor Cass y su señora, +fue a ponerse de pie junto a Silas y frente a ellos.</p> + +<p>—¿Qué tal, Marner?—dijo Godfrey, tratando de hablar con plena +seguridad—, es para mí un gran consuelo al volveros a ver en posesión +del dinero de que bebíais sido privado hace tantos años. Fue un miembro +de mi familia el que os causó ese daño; eso agrava mi pesar y me siento +obligado a repararlo por todos los medios de que dispongo. Todo lo que +haga por vos no será más que saldar una deuda, aun cuando sólo +considerara el robo. Pero hay otras cosas, Marner, por las que estoy y +estaré siempre grato.</p> + +<p>Godfrey se detuvo. El y su mujer habían convenido que el asunto de la +paternidad no sería abordado sino con mucha prudencia y si era posible +que la revelación quedara reservada para más tarde, de manera de no +hacérsela más que gradualmente a Eppie. Nancy había insistido respecto a +ese punto, porque presentía vivamente el aspecto doloroso bajo el cual +la joven no dejaría de considerar las relaciones que habían existido +entre su padre y su madre.</p> + +<p>Silas, siempre cohibido cuando le dirigían la palabra «superiores» tales +como el señor Cass—hombres grandes, poderosos, de tez fuertemente +encendida y que se veían sobre todo a caballo—, respondió con alguna +dificultad:</p> + +<p>—Señor, tengo que agradeceros ya muchas cosas. En cuanto al robo, no lo +considero como una pérdida para mí. Y, si lo hiciera, vos no tendríais +nada que ver en ello: vos no tenéis responsabilidad alguna.</p> + +<p>—Vos tenéis el derecho de considerar el asunto de ese modo, Marner; +pero yo no lo podré hacer nunca. Espero que me dejaréis proceder de +acuerdo con mis sentimientos de justicia. Yo sé que vos os contentáis +fácilmente: sois un hombre que ha trabajado duro toda su vida.</p> + +<p>—Sí, señor—dijo Marner con acento meditativo—. No hubiera sido feliz +sin mi trabajo: eso fue lo que me sostuvo cuando todo lo demás me +abandonó.</p> + +<p>—¡Ah!—dijo Godfrey aplicando exclusivamente las palabras de Marner a +las necesidades materiales del tejedor—. Vuestro oficio ha sido útil en +este país, porque hay muchos tejidos que hacer; pero habéis llegado a +una edad algo avanzada para ese trabajo asiduo, Marner. Es tiempo de que +os retiréis y descanséis un poco. Parecéis muy quebrantado aunque no +seáis un anciano, me parece.</p> + +<p>—Tengo cincuenta y cinco años, casi seguramente—dijo Silas.</p> + +<p>—¡Oh, entonces, podéis vivir todavía treinta años! ¡Fijaos en el viejo +Macey! Y ese dinero que tenéis sobre la mesa es al fin y al cabo poca +cosa. No durará mucho de una manera o de otra, que lo coloquéis a +interés o que lo vayáis gastando. No duraría mucho, aunque no tuvierais +que pensar sino en vos... y tenéis que sostener dos personas desde hace +muchos años. Deseamos ayudaros.</p> + +<p>—¡Ah! señor—dijo Silas, insensible a todo lo que decía Godfrey—, no +temo la necesidad, Eppie y yo siempre hemos de saber vencer las +dificultades. Hay pocos obreros que cuenten con tantas economías. Yo sé +lo que representa este dinero para la gente acomodada; pero a mis ojos +es mucho, es demasiado. Y nosotros dos necesitamos muy poca cosa.</p> + +<p>—Solamente un jardincito, papá—dijo Eppie sonrojándose en seguida +hasta las orejas.</p> + +<p>—¿Un jardín os agradaría, querida?—dijo Nancy, pensando que aquel +cambio de tema pudiera serle favorable a su marido—. Nos podríamos +entender sobre ese punto... yo consagro mucho tiempo al nuestro.</p> + +<p>—¡Ah! se trabaja mucho en los jardines de la Casa Roja—dijo Godfrey, +sorprendido por lo difícil que le era abordar una proposición que, de +lejos, le había parecido muy fácil—. Os habéis conducido muy bien con +Eppie, Marner, desde hace diez y seis años. ¿Os agradaría mucho verla en +una situación cómoda, verdad? Parece una hermosa muchacha, en buena +salud, pero incapaz de soportar ninguna fatiga. No parece una moza +vigorosa, hija de padres obreros. Os sería agradable verla objeto de los +cuidados de aquéllos que pueden darle fortuna y hacer de ella una dama. +Es más apta para eso que para una existencia penosa, como la que podía +tener que llevar dentro de algunos años.</p> + +<p>Un ligero sonrojo se esparció por el rostro de Marner y desapareció como +una luz efímera. Eppie sólo se sorprendía de que el señor Cass hablara +así de cosas que no tenían nada de común con la realidad. En cuanto a +Silas, se sentía incomodado y ofendido.</p> + +<p>—No veo, señor, adónde queréis ir a parar—respondió, no ocurriéndosele +las palabras adecuadas para expresar los sentimientos complejos que +experimentara mientras oía hablar al señor Cass.</p> + +<p>—Pues bien, he aquí lo que quiero decir, Marner—replicó Godfrey, +resuelto a abordar el caso—. Mi mujer y yo, ya lo sabéis, no tenemos +hijos. No tenemos a nadie quien pueda aprovechar la holgura de nuestra +casa y todo lo que poseemos además de eso, que es más de lo que +necesitamos. Quisiéramos, pues, tener a alguien que nos sirviera de +hija. Desearíamos tener a Eppie y tratarla bajo todos conceptos como si +fuera nuestra. Me parece que sería un gran consuelo para vuestra vejez +al ver su fortuna asegurada de este modo, después de haberos sacrificado +tanto para criarla tan bien. Nada más justo que seáis plenamente +recompensado. Y Eppie, estoy seguro, os amará siempre, y siempre os +quedará agradecida. Vendrá a veros a menudo y no dejaremos escapar +ninguna ocasión de hacer cuanto podamos para que seáis feliz.</p> + +<p>Un hombre sencillo, como era Godfrey Cass, al hablar bajo la influencia +de alguna dificultad, balbucea necesariamente expresiones más groseras +que sus intenciones y que tienen que rozar sentimientos delicados. +Mientras que él hablaba, Eppie había posado tranquilamente su brazo tras +de la cabeza de Silas y su mano cariñosa se había apoyado en su hombro; +de modo que sintió que el viejo temblaba con violencia.</p> + +<p>Cuando el señor Cass hubo terminado, el tejedor permaneció silencioso +durante unos momentos, habiendo perdido toda energía en un conflicto de +emociones, todas igualmente penosas. El corazón de Eppie se oprimía al +pensar que su padre estaba afligido. Estaba a punto de inclinarse para +hablarle, cuando una angustia violenta dominó por fin todas las que +luchaban en el alma de Silas. Entonces dijo con voz débil:</p> + +<p>—Eppie, hija mía, hablad. Yo no quiero impedir vuestra felicidad. Dad +las gracias al señor y a la señora Cass.</p> + +<p>Eppie quitó el brazo de atrás de la cabeza del tejedor y adelantó un +paso. Sus mejillas estaban encendidas, pero no era de falso rubor: la +idea de que su padre estaba sumido en la duda y, la angustia le había +quitado esa especie de conciencia de sí misma. Hizo una profunda +reverencia primero a la señora Cass, luego al señor Cass y les dijo:</p> + +<p>—Gracias, señora; gracias, señor; pero yo no puedo separarme de mi +padre, ni reconocer a nadie que me fuera superior que él. Tampoco deseo +ser una dama. Gracias de todos modos—Eppie hizo al llegar aquí una +reverencia—, y no podría abandonar a las gentes con que me he habituado +a vivir.</p> + +<p>Los labios de Eppie se pusieron a temblar un poco al decir las últimas +palabras. Se retiró otra vez tras de la silla de su padre, le pasó el +brazo alrededor del cuello, mientras que Silas, reprimiendo un sollozo, +tendía la mano para oprimir la de su hija.</p> + +<p>Nancy tenía los ojos llenos de lágrimas, pero su simpatía por Eppie se +mezclaba naturalmente con la angustia que le causaba la situación de su +marido. No se atrevió a hablar, preguntándose qué pasaría en el espíritu +de Godfrey. Este sentía esa especie de irritación que se manifiesta +inevitablemente en casi todos nosotros cuando encontramos un obstáculo +imprevisto. Se había sentido penetrado de arrepentimiento y con la +resolución necesaria para reparar su falta, en toda la medida que el +tiempo podría consentírselo. Era movido por sentimientos del todo +excepcionales que debían fincar en una regla de conducta determinada de +antemano, y que había escogido por parecerle la más justa, así es que no +estaba dispuesto a apreciar con satisfacción los sentimientos ajenos que +venían a contrariar sus resoluciones virtuosas. La agitación bajo cuya +inspiración habló de nuevo no estaba exenta de un asomo de cólera.</p> + +<p>—Pero yo tengo sobre vos, Eppie, el más grande de todos los derechos. +Tengo el deber, Marner, de reconocer a Eppie como hija mía y darle la +situación que le corresponde. Es mi hija: su madre era mi esposa. Tengo +sobre ella un derecho legítimo.</p> + +<p>Eppie se había estremecido con violencia y se puso intensamente pálida. +Silas, por el contrario, se sintió aliviado por la respuesta de Eppie +del terrible temor de que sus intenciones fueran opuestas a las de su +hija. Sintió que el espíritu de resistencia se había pronunciado en él, +no sin provocar, sin embargo, un ligero movimiento de cólera paternal.</p> + +<p>—Entonces, señor—respondió con un acento de amargura que había quedado +callado en su alma desde el día memorable en que habían quedado +destruidas las esperanzas de su juventud—; entonces, señor, ¿por qué no +dijisteis eso hace diez y seis años? ¿Por qué no la reclamasteis antes +de que llegase a quererla, en lugar de venir a tomármela en este +momento? Lo mismo podríais quererme arrancar el corazón del pecho. Dios +me la dio porque vos la abandonasteis como hija; no tenéis ningún +derecho sobre ella. Cuando un hombre aleja un bien de su puerta, ese +bien es de los que lo recogen en su casa.</p> + +<p>—Tenéis razón, Marner: hice mal, me he arrepentido de mi conducta a +ese respecto—dijo Godfrey, que no pudo menos que sentir el filo de las +palabras de Silas.</p> + +<p>—Me alegro de saberlo—dijo Marner, cuya agitación aumentaba—; pero el +arrepentimiento no puede modificar lo que ha durado diez y seis años. +Viniendo a decir ahora «yo soy su padre», no destruís los sentimientos +de nuestros corazones. A mí es a quien ha llamado padre desde que pudo +pronunciar esta palabra.</p> + +<p>—Me parece que podríais considerar el asunto de un modo más justo, +Marner—dijo Godfrey, a quien las palabras verdaderas y formales del +tejedor acababan de sorprender y de infundir un sentimiento +respetuoso—. No es como si os la fuese a quitar por completo y no +debierais volverla a ver. Estará muy cerca de vos y vendrá aquí muy a +menudo. Tendrá siempre para vos los mismos sentimientos.</p> + +<p>—Exactamente los mismos sentimientos—repuso Marner con más amargura +que nunca—. ¿Cómo podría tener los mismos sentimientos que hoy cuando +comemos los mismos bocados, bebemos en la misma copa y pensamos en las +mismas cosas desde el principio hasta el fin del día? Exactamente los +mismos sentimientos. ¡Esas son vanas palabras! Nos cortaríamos en dos.</p> + +<p>Godfrey, a quien la experiencia no había preparado para comprender todo +el alcance de las sencillas palabras de Marner, volvió a ser presa de +una gran irritación. Le pareció que el tejedor era muy egoísta, juicio +que fácilmente forman aquellos que no han puesto nunca a prueba su +fuerza de renunciamiento al oponerse a un acto que, sin duda alguna, +debía de hacer la felicidad de Eppie, y sintió que tenía el deber de +manifestar su autoridad, por amor a su hija.</p> + +<p>—Yo hubiera pensado, Marner—dijo con tono severo—, que vuestro +afecto por Eppie os haría ver con regocijo una cosa de que depende su +felicidad, aunque eso os obligara a hacer algún sacrificio. Debierais +acordaros de que vuestra vida es incierta y que Eppie ha llegado ahora a +una edad en que su suerte puede pronto resolverse de una manera muy +distinta de lo que sucedería en casa de su padre. Si llega a casarse con +algún humilde obrero, entonces, haga lo que hiciera por ella, ya no +dependerá de mí el hacerla feliz. Vos le cerráis el camino del +bienestar, y aunque me sea penoso ofenderos después de lo que vos habéis +hecho y yo no hice, comprendo que ahora tengo la obligación de insistir +en velar por mi hija. Quiero cumplir con ese deber.</p> + +<p>Es difícil decir quién se sintió más profundamente agitado: si Silas o +Eppie, con las últimas palabras de Godfrey. Los pensamientos de Eppie se +habían sucedido muy activos, mientras que oía la discusión entre el +padre a quien amaba desde hacía mucho tiempo y aquel nuevo padre +desconocido, aquel nuevo padre que bruscamente había venido a ocupar el +sitio de la sombra negra e indecisa que había puesto el anillo nupcial +en el dedo de su madre.</p> + +<p>Su imaginación se había transportado al pasado y al porvenir y se había +entregado a conjeturas y a previsiones para comprender lo que +significaba aquella paternidad revelada. Además, en las últimas palabras +de Godfrey había algunas que contribuían a definir claramente aquellas +previsiones. No era que sus pensamientos sobre el pasado o el porvenir +hubieran tenido una influencia decisiva sobre la resolución de Eppie, +porque esa resolución había sido fijada por los sentimientos que +vibraban al sonido de cada una de las palabras proferidas por Silas. +Pero, aun fuera de estos sentimientos, la doble corriente de las +reflexiones de la joven hizo nacer en ella una repulsión por la suerte +que se le ofreció y por aquel padre que se acababa de revelar.</p> + +<p>La conciencia de Silas, por otra parte, se sentía de nuevo atormentada. +Lo embargaba el temor de que la acusación de Godfrey fuera cierta y que +su propia voluntad se elevara como un obstáculo ante la felicidad de +Eppie. Durante algunos instantes permaneció silencioso, luchando consigo +mismo, porque quería dominarse antes de hablar. Por fin, las palabras +salieron trémulas de su boca:</p> + +<p>—No diré nada más. Será como queráis. Habladle a la niña. Yo no quiero +impedir nada.</p> + +<p>La propia Nancy, a pesar de toda la sensibilidad delicada de su corazón, +compartía la opinión de su marido de que el deseo de Marner de guardar a +Eppie no era justificado, después que el verdadero padre de ésta se +había hecho reconocer. Comprendía que la prueba era muy dura para el +tejedor, pero sus principios personales no le permitían dudar que un +padre legítimo no tuviera derechos superiores a los de un padre +adoptivo, sea quienquiera. Por otra parte, Nancy, que había sido +acostumbrada a no carecer de nada y a gozar de los privilegios de una +posición honorable, no podía apreciar los placeres que la primera +educación y los primeros hábitos asocian con todos los fines y todos los +esfuerzos de los pobres de nacimiento. Ante sus ojos, Eppie, al recobrar +los derechos de la sangre, entraba en posesión de un bienestar +incontestable, del que había estado privada demasiado tiempo. Por esto +oyó las últimas palabras de Silas con alivio y había pensado, como +Godfrey, que su deseo iba a quedar satisfecho.</p> + +<p>—Eppie, mi querida—dijo Godfrey, mirando a su hija, no sin cierta +confusión al pensar que tenía bastante edad para juzgarla—, nosotros +desearíamos que siempre demostrarais afectos y gratitud a un hombre que +os ha servido de padre durante tantos años, y nos esforzaremos en +ayudaros a hacerle feliz. Pero esperamos que llegaréis a amarnos como le +amáis, y bien que yo no haya sido lo que un padre debiera ser para vos +desde mucho tiempo, quiero hacer todo lo que pueda por vos hasta mi +muerte, y dotaros como a mi hija única. Tendréis en mi mujer la mejor de +las madres; es ésa una felicidad que no habéis conocido desde que estáis +en edad de poder apreciarla.</p> + +<p>—Mi querida, seréis un tesoro para mí—dijo Nancy con su voz suave—. +No nos faltará nada cuando tengamos a nuestra hija.</p> + +<p>Eppie no volvió a adelantarse para inclinarse otra vez ante el señor +Cass y su señora. Tenía la mano de Silas en la suya, oprimiéndola con +fuerza; era una mano de tejedor, cuya palma y la yema de los dedos eran +sensibles a tal presión. Al mismo tiempo, la joven habló con tono más +decidido y más frío que antes.</p> + +<p>—Gracias, señora; gracias, señor, por vuestros ofrecimientos; son muy +hermosos y muy por encima de mis deseos; pero no podría tener un momento +de alegría en la vida si me viera obligada a separarme de mi padre y si +lo supiera sentado en nuestra casa pensando en mí y sufriendo en la +soledad. Hemos, estado acostumbrados a ser felices juntos todos los +días, y no puedo concebir ninguna felicidad sin él. El dice que no tenía +a nadie en el mundo antes de que yo le fuese enviada, y que no tendría a +nadie si yo lo dejara. Cuidó de mí y me quiso desde el principio; yo le +quedaré adicta mientras viva, y nadie se interpondrá entre él y yo.</p> + +<p>—Pero es preciso que estéis segura, Eppie—dijo Silas en voz baja—, es +preciso que estéis segura de que jamás os arrepentiréis de haber +preferido quedaros entre pobres gentes que no poseen más que malas ropas +y cosas mediocres, cuando de vos dependía el obtener todo lo que hay de +mejor.</p> + +<p>Su susceptibilidad a este respecto había aumentado, mientras escuchaba +las palabras sinceras y afectuosas de Eppie.</p> + +<p>—Nunca podré arrepentirme, padre mío—dijo la joven—. No sabría en qué +pensar ni qué desear viéndome rodeada de bellas cosas a que no he estado +acostumbrada. Y sería para mí una triste tarea el vestir hermosas ropas, +ir en cabriolé y sentarme en un sitio reservado en la iglesia, si todo +eso hiciera pensar a aquellos a quienes amo, que mi compañía no les +conviene. ¿En qué podría entonces interesarme?</p> + +<p>Nancy interrogó a Godfrey con una mirada dolorosa; pero los ojos de éste +estaban fijos en el suelo, en el sitio en que agitaba la punta de su +bastón, como si estuviera ocupado distraídamente en algo. Entonces pensó +que había una frase que sentaría mejor en sus labios que en los de su +marido.</p> + +<p>—Lo que decís es natural, querida criatura; es natural que tengáis +cariño a aquellos que os han criado—dijo con dulzura—; sin embargo, +tenéis un deber que llenar para con vuestro padre legítimo. Quizá no +sólo no tengáis que resignaros a hacer un sacrificio. Desde que vuestro +padre os abre su casa, me parece que no es razonable que vos la huyáis.</p> + +<p>—Yo no puedo figurarme que tengo otro padre que el mío—dijo Eppie con +impetuosidad, saltándosele las lágrimas de los ojos—. Mi sueño ha sido +siempre tener un pequeño hogar en el que él estaría sentado junto al +fuego, mientras que yo trabajaría y haría todo lo necesario por él. No +puedo imaginarme otra casa más que la nuestra. No he sido criada para +ser una dama y no puedo acostumbrarme a esta idea. Amo a los obreros, +su alimento y sus costumbres—y terminó con acento vehemente, mientras +que sus lágrimas caían—: Soy la novia de un obrero que vivirá junto con +mi padre y que me ayudará a cuidarle.</p> + +<p>Godfrey fijó la vista en Nancy; tenía el rostro encendido y sus ojos +dilatados le ardían. Aquel fracaso de un proyecto que había acariciado +con la alta idea de que iba en cierto modo a rescatar la gran falta de +su vida, le hizo encontrar sofocante el aire de la pieza.</p> + +<p>—Vámonos, Nancy—dijo en voz baja.</p> + +<p>—No hablaremos más de esto por hoy—dijo Nancy poniéndose de pie—. Os +tenemos mucho cariño a vos, mi querida, y a vos también, Marner. +Volveremos a veros, ahora se hace tarde.</p> + +<p>De este modo justificó la brusca partida de su marido, porque Godfrey se +había dirigido derecho hacia la puerta, incapaz de decir una palabra +más.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XX" id="XX"></a>XX</h2> + + +<p>Nancy y Godfrey se volvieron a su casa en silencio, bajo la luz de las +estrellas. Cuando entraron al salón artesonado de encina, Godfrey se +dejó caer en su sillón, mientras que Nancy, después de haberse quitado +su sombrero y su chal, fue a colocarse a su lado junto a la estufa +porque no quería separarse de él ni aun algunos minutos. Sin embargo, +temía proferir alguna palabra que pudiera rozar los sentimientos de su +esposo. Por último, Godfrey volvió la cabeza hacia Nancy y sus ojos se +encontraron y quedaron fijos sin que el uno ni la otra hicieran ningún +movimiento. Aquella mirada tranquila y recíproca del marido y de la +esposa que tienen confianza mutua, era como el primer momento de reposo +o de seguridad después de una gran fatiga o de un gran peligro. No debía +ser turbado ni por palabra ni por ademanes que impidieran sentir los +primeros goces del apaciguamiento.</p> + +<p>Pero muy luego Godfrey le tendió la mano, y al entregarle Nancy la suya, +atrajo a su mujer hacia sí, y dijo:</p> + +<p>—¡Todo ha concluido!</p> + +<p>Siempre de pie al lado de él, Nancy se inclinó para darle un beso; luego +le dijo:</p> + +<p>—Sí, temo que nos veamos obligados a renunciar a la esperanza de +tenerla por hija. No sería razonable que quisiéramos hacerla venir a +nuestra casa contra su voluntad. No podemos cambiar su educación ni el +resultado de ella.</p> + +<p>—No—respondió Godfrey con un acento claro y decisivo que contrastaba +con su palabra generalmente negligente y floja—. Hay deudas que no es +posible pagar como las deudas de dinero, dando una compensación por los +años transcurridos. Mientras que yo difería continuamente, los árboles +han crecido... Ahora es demasiado tarde. Marner tenía razón en lo que +decía respecto del hombre que aleja de su puerta una bendición; esa +bendición le toca a otra persona. Antes, Nancy, quise pasar por no tener +hijos. Hoy pasaré contra mi voluntad por no tenerlos.</p> + +<p>Nancy no habló en seguida, pero un momento después preguntó;</p> + +<p>—¿No dirás entonces que Eppie es vuestra hija?</p> + +<p>—No; ¿qué bien resultaría de eso para nadie?... al contrario, sería un +mal. Haré por ella todo lo que pueda en la condición que ha escogido. +Pero es necesario que sepa con quién tiene la intención de casarse.</p> + +<p>—Si no hay utilidad en decir eso—repuso Nancy, que ahora se creía +autorizada, para aliviarse, a dar paso a un sentimiento que había +tratado de sofocar hasta entonces—, os agradeceré que le evitéis a papá +y a Priscila el pesar de saber las cosas del pasado, salvo lo +concerniente a Dunsey, porque esto no se puede evitar...</p> + +<p>—Lo diré en mi testamento... creo que lo diré en mi testamento. No me +agradaría que se descubriera nada después de mi muerte; como ese asunto +relativo a Dunsey—dijo Godfrey con aire meditabundo—. Pero sólo vería +surgir dificultades si hablara ahora. Es necesario que haga lo posible +para que Eppie sea feliz a su manera. Se me ocurre una idea—agregó, +después de detenerse un instante—. Aarón Winthrop es su novio, es a él +a quien quiso referirse. Recuerdo que vi a ese joven volviendo de la +iglesia con ella y con Marner.</p> + +<p>—Pues bien; es muy sobrio y laborioso—dijo Nancy, tratando de encarar +las cosas del modo más favorable que era posible.</p> + +<p>Godfrey volvió a caer en sus reflexiones. En seguida miró a Nancy con +tristeza y dijo:</p> + +<p>—Es una joven muy graciosa y bonita, ¿no es verdad, Nancy?</p> + +<p>—Sí, amigo mío, tiene vuestros cabellos y vuestros ojos; me sorprendió +que eso no me hubiera llamado la atención antes.</p> + +<p>—Me parece que me tomó aversión al saber que era su padre; noté que +cambiaba de actitud al oír mi declaración.</p> + +<p>—Le fue imposible soportar la idea de no considerar a Marner como su +padre—dijo Nancy, que no deseaba confirmar la dolorosa impresión de su +marido.</p> + +<p>—Ella se imagina que yo procedí con su madre así como con ella misma. +Me cree peor de lo que soy. Pero no hay medio de impedir que así lo +crea; jamás podrá saberlo todo. Es una parte de mi castigo, Nancy, que +mi hija sienta aversión por mí. No hubiera tenido nunca estos disgustos +si hubiera sido sincero para con vos; si no hubiera sido un insensato. +Yo no tenía derecho a esperar sino males de semejante casamiento, sobre +todo evitando el cumplir mis deberes de padre.</p> + +<p>Nancy permanecía silenciosa; su espíritu lleno de rectitud no le +permitía que tratara de embotar la punta aguda de lo que consideraba +como un justo remordimiento; un acento de cariño templaba el tono que +había tomado para acusarse a sí mismo.</p> + +<p>—Y os obtuve, a pesar de todo, Nancy. Sin embargo, he murmurado, he +estado descontento porque me faltaba otro bien, como si lo mereciera.</p> + +<p>—Jamás faltasteis a vuestro deber para conmigo, Godfrey—dijo Nancy con +una sinceridad tranquila—. Mi sola pena desaparecerá si os resignáis a +la suerte que os ha tocado.</p> + +<p>—Pues bien, quizás sea tiempo aún de que me reforme bajo ese respecto; +bien que sea demasiado tarde para hacer ciertas cosas, a pesar de lo que +dice el porvenir.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XXI" id="XXI"></a>XXI</h2> + + +<p>Al día siguiente, cuando estaban almorzando, Silas dijo a Eppie:</p> + +<p>—Hay una cosa, Eppie, que tengo la intención de hacer desde hace dos +años. Ahora que el dinero nos ha vuelto, la podemos poner en ejecución. +He reflexionado en ello mil veces esta noche, y como los días hermosos +duran todavía, me parece que partiremos mañana. Dejaremos la casa y todo +lo demás al cuidado de vuestra madrina; haremos un pequeño equipaje y +nos pondremos en camino.</p> + +<p>—¿Para ir a dónde, papaíto?—dijo Eppie muy sorprendida.</p> + +<p>—A mi antiguo país... a la ciudad en que nací... al Patio de la +Linterna. Deseo ver al señor Paston, el pastor; quizá se haya +descubierto algún indicio que haya permitido reconocer que yo era +inocente del robo. El señor Paston era un hombre que tenía muchas luces. +Quiero conversarle también de la costumbre de «echar a la suerte». +También me gustaría hablar de la religión de aquí, porque me inclino a +creer que no la conoce.</p> + +<p>Eppie se puso muy contenta. Había para ella no sólo la perspectiva de la +sorpresa y del placer de ver un nuevo pueblo, sino la de volver a +contarle a Aarón todo lo que hubiera visto y oído. Aarón era tanto más +instruido que ella en todas las cosas, que le sería muy agradable tener +esa pequeña ventaja respecto de él. La señora Winthrop, que tenía un +temor vago de los peligros inherentes a un viaje tan largo, exigió que +le dieran la seguridad de que los viajeros no irían más allá de las +regiones servidas por las diligencias y las lentas carretas. Estaba muy +contenta, sin embargo, de que Silas volviera a ver su pueblo y descubrir +si lo habían justificado de la falsa acusación de que había sido objeto.</p> + +<p>—Así tendríais el espíritu más tranquilo durante el resto de vuestra +vida, maese Marner—dijo Dolly—, estoy segura. Y si hay medio de +obtener algunas luces en el Patio de la Linterna de que habláis, como +tenemos necesidad de ellas en este mundo, yo misma me alegraré de que +podáis traerlas con vos.</p> + +<p>En fin, cuatro días después Silas y Eppie, vestidos con sus ropas del +domingo y con un lío envuelto en un pañuelo de tela azul, atravesaban +las calles de una gran ciudad manufacturera. Silas, desorientado por los +cambios que un lapso de treinta años había introducido en su ciudad +natal, acababa de detener sucesivamente a varias personas para +preguntarles el nombre de la ciudad y convencerse de que no estaba bajo +la influencia de un error.</p> + +<p>—Preguntad dónde queda el Patio de la Linterna, padre, preguntádselo a +ese señor que tiene agujetas en el hombro y que está parado en la puerta +de esa tienda. No está apurado como los otros—agregó Eppie, bastante +afligida por la perplejidad de su padre, y, además, bastante cohibido en +medio del ruido, del movimiento y de la multitud de fisonomías extrañas +e indiferentes.</p> + +<p>—¡Ah! hija mía, no sabrá decir nada—dijo Silas—; las gentes de la +burguesía no iban nunca al Patio de la Linterna, pero quizá alguien sepa +decirme dónde queda la casa de la Prisión, en la que se encuentra la +cárcel. Conozco mi camino desde allí, como si lo hubiese visto ayer.</p> + +<p>Llegaron con bastante dificultad a la calle de la Prisión, después de +dar muchas vueltas y preguntando muchas veces el camino. Los muros +repulsivos de la cárcel fue el primer objeto que correspondiera con +alguna imagen en la memoria de Silas, dándole la alegre certidumbre que +no le había proporcionado ninguna seguridad relativa al hombre de la +ciudad, que estaba en el lugar de su nacimiento.</p> + +<p>—¡Ah!—dijo respirando largamente—, ésa es la cárcel, Eppie; no ha +cambiado nada; ahora yo no estoy inquieto. Es la tercera calle a la +izquierda, más allá de las puertas. Este es el camino que debemos +seguir.</p> + +<p>—¡Oh! ¡qué feo sitio tan sombrío!—dijo Eppie—. ¡Cómo oculta el cielo! +Es peor que el asilo de pobres de Raveloe. Me alegro mucho de que no +viváis más en esta ciudad, padre. ¿El Patio de la Linterna es como esta +calle?</p> + +<p>—Mi querida hija—dijo Silas sonriendo—; no es una calle ancha como +ésta. Yo tampoco me sentí nunca a gusto en esta calle grande; pero me +gustaba el Patio de la Linterna. Aquí me parece que están cambiadas +todas las tiendas; no las reconozco, pero reconoceré la calle porque es +la tercera. Esta es—dijo con acento de satisfacción al llegar a un +pasaje estrecho—. Ahora tenemos que tomar de nuevo a la izquierda y +después seguir derecho durante un corto trecho, subiendo la calle de los +Zapatos; entonces estaremos en la entrada del Patio, junto a la ventana +saliente. En ese sitio hay un arroyo en la calle para permitir que corra +el agua. ¡Ah! ¡me parece que veo todo eso!</p> + +<p>—¡Oh! papá, me siento como si me ahogara. No hubiera podido creer que +hubiese gente que viviera de este modo, tan aglomerada. ¡Qué lindas nos +van a parecer las Canteras al regresar!</p> + +<p>—Hija mía, a mí también me parece esto feo ahora, y además hay mal +olor. No puedo convencerme de que el olor fuera antes tan desagradable.</p> + +<p>Aquí y allí, la cara lívida y sucia de algún vecino miraba a los +extranjeros desde el paso obscuro de las puertas, y aumentaba la +inquietud de Eppie. De modo que sintió un alivio que desde hacía rato +deseaba cuando salieron de los pasajes estrechos para penetrar en la +calle de los Zapatos, en la que se veía una faja más ancha de cielo.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Dios mío!—dijo Silas—; esas gentes salen del Patio de la +Linterna, como si volvieran de la capilla, a esta hora del día, a las +doce, un día de trabajo.</p> + +<p>De pronto se estremeció y permaneció inmóvil, con la mirada perdida y +desesperada que alarmó a Eppie. Se encontraban delante de una entrada, +frente a una gran manufactura. De aquella entrada salían oleadas de +hombres y de mujeres, que iban a hacer su comida de mediodía.</p> + +<p>—Padre—dijo Eppie, tomándole de los brazos—, ¿qué os sucede?</p> + +<p>Pero tuvo que hablarle varias veces seguidas antes de que él acertara a +responderle.</p> + +<p>—Ha desaparecido, hija—dijo al fin, con una agitación violenta—. El +Patio de la Linterna ha desaparecido. Es aquí donde debía alzarse, +porque ésta es la ventana salediza. La reconozco, no la han cambiado; +pero han hecho esa nueva entrada; y, además, esa gran manufactura. Todo +el Patio ha desaparecido, la capilla y todo lo demás.</p> + +<p>—Venid a sentaros en esta tienda de cepillos, papá, os lo +permitirán—dijo Eppie, siempre sobre el quién vive, con el temor de que +su padre fuera a ser presa de uno de sus extraños ataques—. Quizás los +dueños puedan deciros todo lo que ha pasado.</p> + +<p>Pero ni el vendedor de cepillos que vivía en la calle de los Zapatos +desde hacía diez años, cuando la fábrica ya había sido construida, ni +ninguna otra persona a quien Silas tuvo ocasión de dirigirse, pudieron +darle el menor dato sobre sus antiguos amigos del Patio de la Linterna, +o sobre el señor Paston, el pastor.</p> + +<p>—Toda la vieja plaza ha desaparecido—dijo Silas a Dolly Winthrop, la +tarde que regresaron—, el pequeño cementerio y todo lo demás. Mi +antigua casa ya no existe, ahora no tengo más que ésta. Nunca sabré si +se descubrió la verdad respecto del robo, ni si el señor Paston hubiera +sido capaz de darme algunos esclarecimientos sobre la costumbre de echar +a la suerte. Todo eso está obscuro para mí, señora Winthrop y mucho me +temo que así suceda hasta el fin.</p> + +<p>—Pues, sí, maese Marner—dijo Dolly, que estaba sentada escuchándole, +con su rostro tranquilo, ahora encuadrado de cabellos canos—, yo +también temo; es la voluntad de Aquel que está allá arriba, que muchas +cosas permanezcan obscuras para nosotros; pero hay algunas que nunca lo +han estado para mí; son principalmente las que me vienen al espíritu +durante el trabajo del día. Habéis sido duramente puesto a prueba esta +vez, maese Marner, y me parece que nunca sabréis la verdadera razón; sin +embargo, eso no quita que esa razón exista, bien que la cosa sea obscura +para vos y para mí.</p> + +<p>—No—dijo Silas—, no; eso no quita que exista. Desde la época en que +la niña me fue enviada y en que comencé a quererla como si fuera mía, +recibí bastantes luces para tener confianza, y ahora que ella dice que +no me dejará nunca, creo que tendré confianza hasta mi muerte.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="CONCLUSION" id="CONCLUSION"></a>CONCLUSIÓN</h2> + + +<p>En Raveloe había una época del año que era considerada como +particularmente conveniente para casarse. Era cuando las grandes lilas y +los grandes evónimos de los jardines a la moda antigua lucían sus ricos +tintes de oro y de violeta por encima de los muros coloreados por los +líquenes, y que había terneros bastante jóvenes como para reclamar los +grandes baldes de leche perfumada. Las gentes estaban menos ocupadas de +lo que estarían más adelante, cuando llegara la época de fabricar los +quesos y la siega. Además, en esta época una novia podía estar cómoda +con un traje liviano, y que le permitiera lucirse.</p> + +<p>Felizmente, el sol derramaba rayos más cálidos que de costumbre sobre +las matas de lilas la mañana del casamiento de Eppie, porque su traje +era muy liviano. Ella había pensado a menudo, bien que fuera con una +idea de renunciamiento, que un traje de novia para ser perfecto debía +ser de algodón blanco, sembrado a largos trechos con florecitas rosadas +minúsculas. Así es que cuando la señora Godfrey Cass le quiso dar uno y +le pidió que eligiera, Eppie estaba preparada por una reflexión anterior +para dar sin hesitación una respuesta decisiva.</p> + +<p>Vista a cierta distancia, en el momento en que caminaba a través del +cementerio y descendía a la aldea, Eppie parecía vestida de blanco +inmaculado, y sus cabellos producían el efecto de esos reflejos de oro +que se ve en las azucenas. Una de sus manos se apoyaba en el brazo de su +marido y con la otra oprimía la de su padre Silas.</p> + +<p>—¡Vos no vais a darme a otro, padre mío!—había dicho antes de que +partieran para la iglesia—; no haréis más que adoptar a Aarón como +hijo.</p> + +<p>Dolly Winthrop seguía detrás con su marido, y ése era todo el cortejo +nupcial. Había muchos ojos que los miraban y la señorita Priscila estaba +muy contenta de que ella y su padre se hubieran encontrado, al llegar en +coche a la puerta de la Casa Roja, a tiempo precisamente para ver aquel +lindo espectáculo. Habían ido a acompañar a Nancy ese día, porque el +señor Cass se había visto obligado, por razones particulares, a ir a +Lytherley. Esto parecía ser una gran lástima, porque de otro modo +hubiera podido ir, como el señor Crackenthorp y el señor Osgood no +dejarían de hacerlo, a ver la comida de bodas que había sido encargada +en la taberna del <i>Arco Iris</i>, en razón del gran interés que le +inspiraba naturalmente el tejedor, perjudicado por un miembro de su +familia.</p> + +<p>—Yo hubiera deseado mucho que Nancy hubiera tenido la suerte de +encontrar una niña como ésa para criarla—dijo Priscila a su padre, +estando sentados en el cabriolé—. Yo hubiera podido pensar entonces en +algo joven, además de los corderos y los terneros.</p> + +<p>—Sí, querida, sí—dijo el señor Lammeter—; se siente eso cuando se +entra en años. La vida les parece triste a los ancianos. Necesitarían +tener algunos rostros jóvenes a su alrededor para estar seguros de que +el mundo siempre es como antes.</p> + +<p>Nancy se asomó entonces para recibir a su padre y a su hermana; pero el +cortejo ya había pasado frente a la Casa Roja y se dirigía hacia la +parte más humilde de la aldea.</p> + +<p>Dolly Winthrop fue la primera en adivinar que el anciano señor Macey, +cuyo sillón había sido colocado delante de la puerta, esperaba que se +tendría con él alguna atención particular, puesto que era demasiado +viejo para asistir a la comida de bodas.</p> + +<p>—El señor Macey espera alguna palabra de nuestra parte—dijo Dolly—; +se ofendería de que pasáramos sin decirle nada... a él, que está tan +mortificado por el reumatismo.</p> + +<p>Se aproximaron, pues, para darle un apretón de manos al anciano. Había +contado con esta circunstancia y premeditado su discurso.</p> + +<p>—¿Qué tal, maese Marner?—dijo con voz que temblaba un poco—; he +vivido para ver mis palabras realizarse. Fui yo el primero que dijo que +erais inofensivo, bien que vuestra mirada no os fuese favorable, y fui +yo también el primero que os dijo que encontraríais vuestro dinero y +sólo es justicia que os haya vuelto. Yo hubiera respondido de buena gana +los amén en el santo oficio del casamiento; pero hace ya mucho tiempo +que Tookey me reemplaza; espero que las cosas no saldrán peor por eso.</p> + +<p>En el patio, al aire libre, delante de la taberna del <i>Arco Iris</i>, ya +estaba reunido el grupo de los invitados, aunque todavía faltara una +hora para el momento en que se daría comienzo a la comida. Pero de ese +modo, cada cual podía esperar agradablemente la llegada de su placer. +Así se podía además hablar con calma de la extraña historia de Silas +Marner, y de llegar poco a poco a la justa conclusión de que se había +atraído una bendición, conduciéndose como un padre con una criatura que +había quedado sin madre y abandonada. El propio herrador no rechazaba +esta opinión; por el contrario, la consideraba como particularmente +suya, e invitó a toda persona valiente entre los que estaban presentes a +combatirla. Pero no encontró ningún contradictor, y todas las +disidencias de los concurrentes desaparecieron en la aceptación unánime +del señor Snell, de que cuando un hombre había merecido su buena suerte, +era un deber de todos sus vecinos felicitarlo.</p> + +<p>Al aproximarse el cortejo nupcial una aclamación cordial se elevó en el +patio de la taberna, y Ben Winthrop, cuyas bromas habían conservado su +sabor agradable, opinó que era conveniente entrar para recibir las +felicitaciones. No sentía la necesidad de entrar a descansar un momento +en las Canteras, como le habían propuesto, antes de reunirse a los +invitados.</p> + +<p>Eppie tenía ahora un jardín mucho más grande de lo que nunca había +esperado poseer, y el propietario, señor Cass, había hecho muchas +mejoras para responder a las necesidades de la familia Silas, vuelta más +grande. Porque tanto ésta como Eppie habían declarado que preferían +seguir viviendo en las Canteras a ir a ocupar otra casa. El jardín había +sido cercado con piedras por ambos costados; pero al frente había una +verja, a través de la cual las flores brillaban con alegría para +contribuir a la felicidad de las cuatro personas unidas que discurrían +frente a ellas.</p> + +<p>—Padre mío—dijo Eppie—, ¡qué linda casita tenemos! No creo que se +pueda ser más feliz que nosotros.</p> + +<p class="c top15">FIN</p> + + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Silas Marner, by George Eliot + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK SILAS MARNER *** + +***** This file should be named 24823-h.htm or 24823-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/4/8/2/24823/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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