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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/24802-8.txt b/24802-8.txt new file mode 100644 index 0000000..0a41f5c --- /dev/null +++ b/24802-8.txt @@ -0,0 +1,6757 @@ +The Project Gutenberg EBook of Honor de artista, by Octave Feuillet + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Honor de artista + +Author: Octave Feuillet + +Release Date: March 11, 2008 [EBook #24802] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HONOR DE ARTISTA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + + + + + + + + +BIBLIOTECA de LA NACIÓN + +OCTAVIO FEUILLET + +HONOR DE ARTISTA + +BUENOS AIRES + +1919 + +Derechos reservados. + +Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires + + * * * * * + + + + + ÍNDICE + + + I.--Pedro de Pierrepont + II.--Fabrice + III.--Beatriz + IV.--Aquellas señoritas + V.--La vizcondesa de Aymaret + VI.--El secreto de Pedro + VII.--Rivales + VIII.--Marcela + IX.--Gustavo Calvat + X.--Confidencias + XI.--«Fin de siglo» + XII.--Del palco del Teatro Francés + XIII.--Pasión + XIV.--La apuesta + XV.--Honor de artista + + * * * * * + + + + +I + +PEDRO DE PIERREPONT + + +Uno de los más nobles nombres de la vieja Francia, el de los Odón de +Pierrepont, era llevado, y bien llevado, hacia 1875, por el marqués +Pedro Armando, quien frisaba entonces en los treinta años, y venía a ser +el último descendiente masculino de tan ilustre familia. Era el marqués +uno de esos hombres que, por su bello y serio rostro, su gracia viril, +su elegancia correcta y sencilla, hacía espontáneamente brotar de los +labios esta frase de trivial admiración: tiene porte de príncipe. + +Y en efecto, difícil hubiera sido figurárselo detrás de un mostrador, +midiendo seda en un almacén o desempeñando otra profesión cualquiera que +no fuese la de diplomático o la de soldado, que son, al fin, oficios de +magnate. Por otra parte, habíase podido apreciar de qué fuera capaz el +marqués de Pierrepont, vistiendo el uniforme militar, por cuanto en la +guerra del 70 dio pruebas del más cumplido valor, volviendo +pacíficamente, una vez terminada aquélla, a emprender su vida habitual +de parisiense y de dilettante a que lo impulsaban tendencias, gustos, +falta de ambición, y un poco también el deseo de complacer a cierta +anciana tía, que no se contaba seguramente entre las fervientes +admiradoras de la república. + +Era esta tía la baronesa de Montauron, por su familia Odón de +Pierrepont; cifraba en su apellido el más grande orgullo y era viuda y +sin hijos, circunstancia que no la entristecía, puesto que, merced a +ella, proponíase disponer a su muerte en favor de su sobrino, de los +cuantiosos bienes que heredara de su difunto marido, dando por esta +combinación nuevo brillo a los un tanto deslustrados blasones de su +casa, porque sin que pudiera estrictamente decirse que los Pierrepont se +hallasen arruinados, encontrábanse, de dos generaciones atrás, en menos +que mediano estado de fortuna, sobre toda si se considera cuán grandes +son las exigencias de la vida al uso de los tiempos que alcanzamos. + +Una renta de escasas treinta mil libras fue todo lo que de la sucesión +paterna pudo sacar el joven marqués, y si esta suma era suficiente para +asegurar su independencia, no era bastante ni aun adicionada con el +ligero suplemento que a título de aguinaldos dábale anualmente su tía, +para llenar las necesidades de posición a que se veía obligado un hombre +de su clase, representante de toda una estirpe de grandes señores. +Ciertamente que la señora de Montauron, que tenía por su parte una +entrada anual de muy cerca de cuatrocientos mil francos, habría podido +muy bien no aguardar la hora de la muerte para dorar un poco el escudo +heráldico de su sobrino, pero la dominaba una pasión todavía más +decisiva que el orgullo de raza, y esa pasión era el egoísmo. Verdad es +que la vida un tanto estrecha que las circunstancias obligaban a llevar +a aquél, mortificaba grandemente la altivez de la vieja baronesa, pero, +así y todo, no se resolvía a tomar sobre sí la obligación de mejorarla +en algo mediante cualquier leve sacrificio impuesto a sus comodidades +personales. Tenía esta señora, en la época de nuestro relato, cincuenta +años, y según cálculos que hiciera sobre ciertas estadísticas de +mortalidad, tenida en cuenta la longevidad de sus ascendientes, había +venido a sacar en limpio que su existencia podría aún prolongarse cosa +de treinta años, por término medio. La humillación de ver al último +varón de su raza reducido a estado relativamente precario por tan largo +espacio de tiempo, era para ella prueba penosísima, pero la sola idea de +verse obligada a vender su casa de la calle Varennes o sus bosques de +los Genets, presentábase a su imaginación cual rasgo de rematada locura, +y, en su afán de conciliar sentimientos tan contradictorios, dio en la +idea de mejorar la suerte del marqués por el único expediente posible, +que era casarlo con una rica heredera. + +Tal era el fin que perseguía con vehemente anhelo la señora de Montauron +en los momentos en que principia esta verídica historia. Serias +preocupaciones atormentaban a la baronesa acerca de que su hermoso +sobrino, como ella lo llamaba, quien, por otra parte, era muy buscado en +sociedad, sobre todo por las damas, se prestase fácilmente a abandonar +su vida independiente y galante para doblar el cuello a la, marital +coyunda, si bien debe observarse, como es bastante frecuente, que suelen +ser aquellos hombres más llamados por sus atractivos personales a más +rápidas conquistas de femeninos corazones, precisamente los que menos +importancia dan a su envidiable fortuna: indiferentes hacia triunfos +para ellos fáciles, carecen en general de esa fatuidad, de eso que +pudiéramos llamar furor galante, característico en aquellos otros de sus +congéneres cuyas victorias sobre el bello sexo débenlas únicamente a la +constante lucha contra un modo de ser moral y físico en que no abundan +como don natural los atractivos. Mucho se hablaba de los éxitos +obtenidos en esas lides por el marqués de Pierrepont, si bien él, +conduciéndose con caballeresca discreción, jamás confesó ninguno, por +más que en lo que se decía mucho debía haber de verídico y auténtico; en +resumen, no era un libertino, y aun puede asegurarse que había en él un +fondo de seria dignidad que comenzaba a alarmarse de esos devaneos a +que tarde o temprano lleva fatalmente la soltería. + +Y como prueba de lo que venimos diciendo, manifestaremos que departiendo +acerca de estos escabrosos particulares con el pintor Jacques Fabrice, a +cuya casa solía ir por las tardes con el fin de tomar una taza de te y +fumar un cigarrillo, se expresaba en estos términos el señor de +Pierrepont, dirigiéndose a su amigo: + +--¿Sabes lo que me pasa? Hoy cumplo treinta y un años. + +--Hermosa edad--replicó el pintor, que dibujaba al amparo de la amplia +pantalla de su lámpara. + +--Es, en efecto, una hermosa edad--continuó el señor de Pierrepont--; es +la edad en que el hombre se halla en la plenitud de sus facultades, pero +es al mismo tiempo una hora crítica, una hora decisiva en la vida y +sobre todo en la vida de un ocioso, de un simple dilettante como yo. Me +encuentro en esa fatídica línea que separa la juventud de la edad +madura... Si resbalo, en ese período de la existencia, llevando a él las +pasiones y los hábitos de los pasados días, no puedo hacerme ilusiones +sobre el porvenir que me espera... Me parece que tengo algunas nociones +siquiera de honor y de buen gusto... además, profeso instintivo horror a +todo lo que es falso y bajo... y, sin embargo, si me abandono al ciego +destino en estos momentos de crisis, vislumbro un futuro que hiere todas +mis singulares aprensiones... Entreveo en el horizonte amores de +decadencia, una juventud artificial obstinándose en combatir en vano +contra las advertencias y las humillaciones de la edad... secretas +operaciones de tocador tan vergonzosas como inútiles... alguna vieja +amante legítima in extremis... y otras mil cosas del mismo género, a las +cuales, es cierto, amigo mío, que en nada me cedían cuanto a delicadeza, +han concluído por resignarse mansamente... Pues bien, mi buen Fabrice, +cuanto más reflexiono acerca del medio de escapar a este triste futuro, +tanto más me convenzo de que no hay otro medio sino seguir la trillada +senda de nuestros antecesores. + +--¡Ah! ¡Ah!--dijo Fabrice. + +--¡Naturalmente!--exclamó Pedro--; el matrimonio, sin duda que el +matrimonio tiene sus inconvenientes, sus tristezas, sus peligros, pero, +así y todo, es el mejor abrigo en que un hombre puede pasar tranquilo la +vejez y aguardar la muerte sin deshonrar sus canas. + +El pintor dio un hondo suspiro sin responder a Pedro. + +--Dispénsame--le dijo su amigo--. Este asunto te enoja con razón. No +debiera haberlo olvidado. + +--Mi experiencia personal es muy triste a este respecto; tú lo sabrás, +Pedro--contestó el pintor--; pero, después de todo, eso no quiere decir +nada... Hice un matrimonio de loco... en fin, no me arrepiento, porque, +al cabo, tengo a mi hija. + +--Precisamente--añadió Pierrepont--, tienes una hija... yo también puedo +tener otra, tal vez un hijo, y ésos son afectos, distracciones que +hacen olvidar a un hombre el eterno femenino: digo más: pueden revestir +de cierto prestigio la edad madura de la vida... Es hermoso ver a un +padre todavía joven llevando a sus hijos de la mano a paseo... ¡Bueno! +qué quieres, vas a admirar mi candor... pero... pero siento como un vago +deseo de amar siquiera una vez en la vida a una mujer honrada. + +Los ojos del pintor se apartaron un momento del dibujo para fijarse con +aire de extrañada simpatía en el bello rostro de su amigo. + +--¡Vamos! ¡Ya! quieres ensayar un segundo estilo... quieres saber si en +materia de amor, hay algo más superior, algo que aventaje a eso que en +lenguaje de mostrador se llama bisutería. Y bien, ¿qué te falta para +realizar tan poético ensueño? + +--Una mujer. + +--Exactamente. Pero me parece que con tu nombre, tu porvenir... tus +atractivos personales, si me permites que así me exprese, no te será +difícil encontrarla con sólo quererlo. + +--No sólo con quererlo yo; es preciso que también lo quiera mi tía. + +--¿No me has dicho que tu tía deseaba casarte lo más pronto posible? + +--Di mejor lo más ricamente posible--replicó el marqués acentuando +amargamente la frase--: mi tía sostiene que, siendo el matrimonio una +pura lotería, de lo que solamente debe uno preocuparse es del dote, +abandonando lo demás al azar... Te aseguro que yo no opino del mismo +modo... Compréndeme bien: no me encuentro en situación de mirar con +desdén los títulos de renta al tres por ciento... pero, sin embargo, +desearía, que al mismo tiempo me ofreciera mi prometida ciertas +garantías de honor y de dicha... y todavía añado, garantías +excepcionales... Ya tú sabes la educación que hoy reciben las niñas... +eso aterra. Y ahí tienes por qué mi matrimonio, aun deseándolo tanto mi +tía y yo, no acaba de salir de los limbos de la hipótesis... A propósito +de mi tía: ¿vas a venir a los Genets? Mi tía me dice en su última carta +que cuándo puede contar contigo. + +--A partir del 15 de agosto estoy libre y a sus órdenes. + +--¡Magnífico! No la conoces, ¿es verdad? + +--No, hijo, ni aun de retrato. + +--Bien, ya te he dicho que como retrato, sería... ¿cómo te diría yo?... +sería... un poco ingrata. + +--Ya trataré de conquistarla. + +--Tendrás méritos si lo consigues. + +--Hasta la vista, pues. + +--Hasta la vista, adiós. + + + + +II + +FABRICE + + +¿Hay en el arte especial del pintor, en esa vida solitaria, +semiclaustral que su profesión le impone, en esa afanosa carrera en pos +de un tipo de absoluta belleza, jamás alcanzado, alguna secreta virtud +que eleve su espíritu, que depure su moral personalidad? No lo sé, mas +no me engañaría si asegurase que suelen encontrarse en los talleres del +pintor, con más frecuencia que en cualquier otro sitio, esas almas +candorosas y graves, esos corazones sencillos, rectos y altivos que tan +alto hablan en honor de la humana especie; y sin que pretenda dar a mi +observación la fuerza de una verdad axiomática, que sería irracional e +injusta, puedo decir en conciencia, que pocos caracteres podrían +compararse en nobleza con los de algunos artistas a quienes muy de cerca +he conocido. + +Los orígenes de Jacques Fabrice eran humildísimos. + +Desempeñaba su padre modesto empleo en una de las alcaldías de París, y, +aunque murió joven, vivió, sin embargo, lo bastante para contrariar por +todos los medios la precoz disposición que para las artes del dibujo +mostrara el niño. Ocupábase la madre en la, confección de flores +artificiales, y dotada de más delicado instinto, simpatizaba +secretamente con los gustos de su hijo. Una vez viuda, consiguió en +breve hallar el camino de procurar a éste la indispensable enseñanza +artística, alentándolo al propio tiempo en su noble vocación; y contaba +el muchacho apenas quince años, cuando ya podía ayudar a la madre en +los breves gastos de su pobre hogar, pintando para el caso muestras de +tienda, en los estrechos intervalos que le dejaba el aprendizaje. Dícese +que fue viéndole trabajar en la fachada de cierta miserable taberna de +Meudon, donde uno de los príncipes de la pintura contemporánea echó de +ver sus méritos, y tal afecto le cobró a poco, que no sólo lo recibió en +su taller, sino lo que es más, dos años después llevólo consigo a +Italia. Tuvo la madre de nuestro Fabrice la dicha inefable de presenciar +los triunfos primeros de su hijo, quien le debía en parte no sólo la +naciente nombradía, si que también esa atractiva mezcla de suavidad y de +energía que es la natural y conmovedora consecuencia de ese doble papel +de protegidos y de protectores que nos hacen, tantas veces jugar los +acontecimientos. + +No fue, sin embargo, hasta después del admirable cuadro que en el salón +de 1875 expuso Jacques Fabrice, que su reputación quedó sentada cual +hecho indiscutible; hasta entonces la fama de su competencia no había +traslucido fuera de un limitado círculo de amigos y de admiradores, +porque su trabajo, lento y concienzudo hasta la nimiedad, su gusto +difícil, su horror a lo vulgar, en una palabra, su probidad artística, +fueron causas que retardaron esa revelación brillante de su luminoso +talento. + +Por otra parte, había tenido que luchar en los comienzos de su carrera +con abrumadores pesares. Una ligereza de juventud lo impulsó en sus +veintidós años a contraer matrimonio con la hermana de uno de sus +compañeros de taller: era ésta una muchacha bonitilla que parecía +arrancada de un cuadro de Creuze, y como la madre de nuestro pintor, +obrera en flores. Fabrice la veía trabajar asiduamente en su ventana, y +parecíale al incauto artista que ella fuese la imagen misma de la dicha +y de las domésticas virtudes, y forjóse un idilio, barajando en el +desvarío de su inexperiencia la alianza de la casta pobreza con la +naciente fortuna. Casóse, pues, con ella, y todos los tormentos que una +inteligencia predestinada, todas las amarguras que un alma delicada +puede sufrir al contacto permanente de la vulgaridad de espíritu y de la +bajeza de carácter, todo eso lo sufrió Fabrice al lado de esa preciosa +criatura. Incapaz de comprender siquiera las altas condiciones del +artista, le reprochaba sin cesar con gritos de furia, la lentitud de sus +estudios, la serena conciencia que ponía en su trabajo, impulsándolo a +la premura productiva de la ruin producción comercial, y aun se dio caso +de llevar ella misma ávidos mercaderes al taller de su propio marido, +ausente éste, vendiéndoles a vil precio no acabados cuadros, con gran +desesperación del artista sin ventura. No tuvo, por último, más que un +mérito: murió al cabo de siete u ocho años, dejando a Fabrice una niña +que por dicha no se parecía a su madre. + +El joven marqués de Pierrepont, cuyo diletantismo ocupábase casi con +idéntico entusiasmo en las cosas del sport como en las del arte, y que +era un juez eximio en ambas materias, fue uno de los primeros en +vislumbrar el gran porvenir que la fortuna reservaba a Jacques Fabrice. +Se habían conocido durante los aciagos días del sitio de París, eran +camaradas en la misma compañía de uno de los regimientos de marcha y +habían sido también compañeros de ambulancia, los dos heridos en la +batalla de Châtillon. Como resultado de estas relaciones, empezó el +marqués a frecuentar el taller de su nuevo amigo, haciéndose desde este +momento el apologista de su talento en la buena sociedad, talento +todavía o ignorado, o discutido. Así, con el transcurso del tiempo, +habíase venido a formar entre ellos una amistad tan estrecha y confiada, +cual puede ella serlo tratándose de dos hombres por naturaleza altivos y +reservados. + +Pedro de Pierrepont procuró varias veces, aunque sin éxito, convencer a +su tía de que se dejase retratar por su amigo, garantizándole su +competencia e indiscutibles méritos, insinuándole que sería honroso para +ella, y al mismo tiempo económico, ser una de las primeras en dar +relieve a un artista llamado a alcanzar ruidosa reputación. + +--Mira--le contestaba la tía--, me parece mejor aguardar a que esa +celebridad se haya hecho por ministerio del prójimo; a mí no me gusta +servir de muestra. + +Pero los triunfos que en el salón de 1875 obtuvieron los cuadros de +Fabrice decidieron a la desconfiada baronesa, dignándose por fin otorgar +su protección a un hombre que precisamente ya en aquellos momentos para +nada la necesitaba; pero el hecho fue que al cabo se resolvió, y después +de ardua y detenida conferencia con Pierrepont, tuvo a bien invitar al +pintor a que fuera a pasar algunas semanas en los Genets, donde ella +podría entregarse a las molestias consiguientes a tal operación, con más +comodidad y espacio que en París. + +Por consecuencia de tan alta merced, Fabrice debía, según ya dijimos, +trasladarse a la susodicha posesión, en el departamento de Orne, para +reunirse allí con el marqués, una vez vuelto éste de las carreras de +Deauville. + + + + +III + +BEATRIZ + + +La baronesa de Montauron, en cuya casa vamos a penetrar, siguiendo los +pasos de su sobrino el marqués de Pierrepont, era una mujer de mucho +talento y gracia suma, pero sin corazón: había hallado, sin embargo, +modo de crearse sólida reputación de alma generosa, recogiendo cierta +joven huérfana, lejana pariente de su marido, la cual huérfana le servía +de lectriz, de enfermera y aun un poco de doncella. + +Beatriz de Sardonne, era hija del conde de su apellido a quien las +carreras de caballos principiaron a arruinar, rematándolo la Bolsa; +murió, pues, dejando a su hija con mil francos de renta, y dicho se está +que mil francos de renta son la miseria o el convento. La señora de +Montauron, que envejecía en tiempo y declinaba en salud, hacía fecha que +pensaba en procurarse una señorita de compañía que aliviase el peso de +su soledad y la carga de sus enfermedades. Deseaba, naturalmente, que +dicha señorita fuese distinguida, y esto por decoro de su casa y +nombre: quería también que la candidata tuviera buen carácter +(circunstancia más que esencial, indispensable, créanos el lector, para +estar a su lado). Exigía que fuera hermosa, a fin de que su presencia +viniese a ser como un cebo para el sexo fuerte, de cuyos atractivos +había sido siempre la baronesa devota fervientísima. La señorita de +Sardonne parecía responder a la perfección a tan varias exigencias, +puesto que era de ilustre cuna, perfecta distinción y soberana belleza, +y aun hay quien dice que demasiado soberana en sentir de la baronesa, +pero era necesario ser indulgente en algo, dado que las señoritas de +compañía no pueden mandarse hacer, como los sombreros. Era la señorita +de Sardonne de bastante estatura, pero lo que sobre todo la hacía +admirar era su magnífico aire: una reina. Ojos de obscuro purísimo azul, +tez ligeramente morena, y al sonreír dos hoyuelos se abrían en sus +mejillas. ¡Detalle por cierto encantador! Su traje tenía que ser por +fuerza muy sencillo; casi siempre un vestido negro sin adornos; algunas +veces lo cambiaba por otro tornasolado que modelaba finamente su +soberbio busto de diosa, realzando cada uno de sus movimientos a un +metálico rielar. Circunspecta por carácter y posición, no hablaba nunca +más que para responder con breve urbanidad a las preguntas que se le +dirigían, y obedecía, si no con paciencia, al menos con calma +imperturbable las con frecuencia mortificantes órdenes y tiránicos +caprichos de la baronesa: un imperceptible vertical pliegue entre los +dos arcos de sus cejas, que se acentuaba algunas veces bruscamente, +podía sólo dar testimonio de la secreta repugnancia que le causaba su +casi servil situación. + +Esta resplandeciente beldad llena de encanto y de misterio, tenía, cual +fácilmente puede concebirse, numerosísimos y a veces no muy delicados +apreciadores entre los jóvenes y viejos amigos de la casa, pero la grave +decencia, la fría reserva de la señorita de Sardonne derrotaban presto +tan sospechosos homenajes. Tal vez en la ingenuidad de su alma, en la +tranquila conciencia de su belleza, pudo quizás ella creer que algunas +de estas adoraciones eran dictadas por leales sentimientos, por +confesables intenciones, mas con su rápida y fina penetración de mujer, +no tardó en comprender que todos estos postulantes que sin respiro la +asediaban, aspiraban a todo, menos a su mano, y esta convicción +diariamente ratificada concluyó por añadir a la honda melancolía que +minaba el corazón de la huérfana, la sensación cruel del más acerbo +desprecio. Y además, aun cuando ella no hubiese tenido tan alto y +merecido concepto de sí propia, aun cuando ella no hubiese sido la hija +del conde de Sardonne, contra las asechanzas más o menos tácitas de que +pudieran hacerla blanco, tenía nuestra interesante huérfana broquel más +templado que el desprecio, escudo más noble todavía que el honor mismo, +porque la señorita de Sardonne había ya hecho a alguien merced de su +alma. + +Es muy raro, en efecto, que una joven no haya escogido, aun desde la +infancia, allá en el secreto de su pensamiento, al hombre a que daría su +mano, si bien es cierto que sus secretos votos rara vez se realizarán al +compás de su voluntad. Encuentra ella siempre entre las personas que +frecuenta, una determinada, respondiendo perfectamente al ideal que la +mujer se forja del marido, es decir, del novio, porque en esta dichosa +edad las dos palabras son sinónimas. Apenas contaba doce años Beatriz de +Sardonne, cuando ya paró mientes en la acogida excepcionalmente +favorable que en su familia y sociedad se hiciera a cierto joven vecino +del campo que pasaba en París los inviernos. Era evidente para la niña +que sus tías, sus primas, su mamá misma se conmovían más que de +ordinario cuando el susodicho anunciaba una de sus visitas, hasta el +punto que la conversación, con frecuencia lánguida aun entre mujeres en +el campo, animábase de súbito. + +No podía dudarse que la próxima llegada del esperado huésped despertaba +en aquellos femeniles corazones grata emoción, y hasta se corría a las +ventanas para espiar su venida: en fin, cuando Pedro de Pierrepont +aparecía con su aire de príncipe, haciendo caracolear su caballo en +torno del césped del jardín, las señoras acudían radiantes al patio, +mientras que la señorita de Sardonne, observando las cosas a través del +follaje, sentía que su joven corazón se agitaba en su pecho con +palpitaciones a su edad proporcionadas. + +Las impresiones de la niña, creciendo con ella, fueron tomando de año +en año más profundo y reflexivo carácter. El marqués de Pierrepont era +universalmente considerado como el prototipo del caballero, del hombre +seductor, pero para Beatriz fue más todavía, porque su educación, sus +gustos, sus preocupaciones mismas, la predisponían más que a persona +alguna a admirar aquella graciosa figura del gentilhombre, aquel ser, +por decirlo así, de lujo, que parecía moldeado en diferente arcilla que +los hombres humanos y creado únicamente para nobles ocupaciones y +elegantes quehaceres: guerra, caza, letras, amor. + +Los sentimientos de la señorita de Sardonne por Pedro de Pierrepont +habíanse ido desenvolviendo poco a poco hasta llegar a la adoración, +adoración que la niña guardaba cual en un santuario, en el más oculto +rincón de su casto pecho, sin que Pedro lo sospechara siquiera, pues +tenía por las jóvenes de la edad de Beatriz el desprecio propio en un +hombre de su temple y años. + +Próximamente diez y siete tenía la señorita de Sardonne cuando viéndose +sus padres al borde del abismo, donde los restos de su fortuna iban a +perderse, retiráronse bruscamente del mundo, no conservando relaciones +sino con dos o tres muy íntimos amigos. El marqués de Pierrepont, +después de dos o tres infructuosas tentativas para forzar la consigna, +había creído delicado no insistir, así, pues, perdió de vista a esta +familia, sabiendo luego su total naufragio y la muerte del conde y la +condesa. En consecuencia, no volvió a ver a Beatriz hasta el momento de +su entrada en casa de la señora de Montauron bajo los tristes auspicios +de prima en la miseria, de señorita de compañía; de comodín, en fin. Muy +lejos estaba ciertamente de sospechar el marqués que a él se debiera en +gran parte, quizás en todo, que la señorita Sardonne hubiera preferido +al convento la casa de la baronesa, pero era de un natural demasiado +generoso para no sentirse conmovido ante tal infortunio, aun cuando él +no se hubiera presentado de por sí bajo formas tan dramáticas y +atractivas. + +Observábase que ponía particular empeño en realzar a fuerza de +respetuosas consideraciones la humillante situación de la huérfana; pero +al mismo tiempo parecía como que evitaba toda clase de intimidad con +ella, y lo que es más, manifestábale habitualmente una reserva vecina a +la frialdad, cual si desconfiara ora de ella, ora de sí propio. + +Tales eran las recíprocas relaciones de estas dos personalidades en los +días en que Pierrepont llegó a la posesión de los Genets, precediendo en +algunos a su amigo Jacques Fabrice. + +Los Genets era una antigua propiedad de aquella familia que había sido +en parte destruída y en parte vendida, durante el período +revolucionario, y sólo al cabo de cincuenta años decidióse el barón de +Montauron, a instancias de su mujer, de quien aquél era el más seguro y +el más humilde servidor, a rescatar en gran precio las tierras, +restaurando al mismo tiempo el arruinado edificio, del cual no quedaba, +otra cosa más que una hermosa y almenada torre sacrílegamente +encuadrada entre dos construcciones modernas. El conjunto, a pesar de su +irregularidad arquitectónica, no dejaba de ser imponente, y grandes +avenidas de hayas, un parque y bosques cruzados por un afluente del +Orne, acababan de dar a esta habitación eso que es de uso llamar +señorial apariencia. + +La señora de Montauron, que profesaba a la soledad cordialísimo +aborrecimiento, concedía a sus amigos la más amplia hospitalidad en su +campestre mansión, aunque, habiendo resuelto que aquel año de 1875 +marcaría el fin del celibato de su sobrino, extendió aún más sus +invitaciones en esta jornada, poniendo en la confección de las listas de +convite los más diplomáticos cuidados. Admitió así, con mayor +indulgencia de la acostumbrada, buen número de herederas pertenecientes +a la alta banca francesa y cosmopolita, contando astutamente con que las +intimidades de la vida de campo ofrecerían la deseada ocasión y harían +madurar el perseguido proyecto, descartando con maquiavélica experiencia +a las casadas jóvenes y bonitas, quienes podrían distraer la atención +del neófito, en secundarias bagatelas. + +Encontró, pues, el marqués en los Genets hasta media docena de lindas y +candorosas señoritas, quienes, a pesar de su probada inocencia, parecían +darse cuenta bastante exacta de la situación; por lo menos así se +hubiese creído considerados sus respectivos comportamientos, pudiendo +presumirse que estaban en el secreto y aun en la complicidad de la +baronesa, visto cuanto cada una de ellas, según sus personales +intuiciones y peculiar estilo, ponía de su parte, a fin de hacer +triunfar su candidatura. Nada más natural. + +El catecúmeno que se trataba de atraer a la buena senda era no sólo un +hombre de raras seducciones personales, sino, lo que es más, el presunto +heredero de una gran fortuna, que, por si algo faltaba, disponía también +de una corona de marquesa, y no hay que decir, considerados estos graves +antecedentes, si sería formidable el despliegue de trajes, gracia, +candor, aturdimiento o afectada indiferencia a que se entregaron +aquellas adorables señoritas. + +No era, pues, en verdad aburrida la existencia en los Genets, porque +familias de las invitadas, hermanos y amigos componían una divertida y +animada colonia, pronta siempre a distraerse con los ejercicios de +práctica en el campo, menudeando los paseos en coche, las partidas de +pescas, los _lawn-tennis_ por la mañana, pasándose las noches en +inocentes juegos alternados con tal cual rigodón. La baronesa, a quien +el silencio era odioso porque le hacía pensar en la muerte, gustaba de +todo ese movimiento, si bien mezclándose poco directamente a él por +cuanto el reuma no le dejaba casi momento de reposo; pero ya desde su +sillón de donde daba órdenes como desde un trono, ya sentada a la sombra +de los copudos árboles del parque, complacíase en ver agitarse aquella +brillante juventud, que la formaba una pequeña corte, deleitándose en +ver desfilar aquellos breacks, aquellos mails llenos de exquisitas +elegancias, rebosando refinadas alegrías. + +Espectáculo tal no parecía seguramente tan grato a la señorita de +Sardonne, porque, descontadas las raras ocasiones en que la señora de +Montauron se decidía a subir en carruaje, en cuyo caso llevaba consigo a +su lectriz, la tenía sin misericordia encerrada en casa, bajo el +pretexto de decencia social. La pobre Beatriz quedaba así fuera de +aquella vida de placer y de lujo, en medio de la cual presentía, por +otra parte, que su sencillo traje y modesto continente habría sido +motivo de sonrojo. Educada ella misma en los esplendores de la vida +mundana, tenía, como la mayor parte de las jóvenes de su clase, +irresistibles aficiones a la elegante vida del sport. Era, en suma, más +un corazón noble que un alma superior; altanera pero no reflexiva, tras +los encantos de su hermoso sonreír, ocultábanse a veces amargos +sufrimientos, y cuando seguía con la vista aquellos caballeros y +aquellas amazonas que se perdían bajo los añosos árboles de las anchas +avenidas, si su frente permanecía serena y pura, partíase su pecho al +duro golpe del dolor. + +La llegada de Pierrepont al castillo le aparejó aún más crueles +suplicios, que por cierto no fue ella la última en prever, puesto, que +la baronesa tenía muy poderosas razones para poner al cabo a la huérfana +sobre las pretensiones y proyectos conyugales que acerca de su sobrino +abrigara. Debemos decir en justicia que nunca Beatriz, una vez +consumada la ruina de su familia, había alimentado esperanza alguna de +ver un día compartidos sus sentimientos con el marqués, y sancionados +por el matrimonio, advirtiéndole su razón distintamente cómo Pierrepont +estaba para siempre perdido para ella y que sólo a milagro pudiera deber +el verlo su marido; pero en fin, en tanto que Pedro continuase soltero +podía tal vez el Cielo operar el prodigio... y este blando ensueño le +daba la vida... más ahora... ¡Oh, ahora!... La dulce quimera habíase +para siempre desvanecido. + +Beatriz sentía cual cosa evidente que el temeroso suceso estaba a punto +de realizarse: todo lo presagiaba: la baronesa, como ella misma decía a +su lectriz, jugaba esta vez su última carta, y el joven marqués se +prestaba al juego con toda buena voluntad, que el final resultado no +podía ser dudoso. + +Es difícil figurarse ni más acerbo ni más glacial tormento que aquel que +hacía días venía sin piedad torturando el alma de la señorita de +Sardonne; brillantes rivales se disputaban la mano del hombre de su +amor, y ella veíase forzada a presenciar ese torneo en sonriente +expectativa. + + + + +IV + +AQUELLAS SEÑORITAS + + +Pierrepont había llegado a los Genets un lunes. Hacia el mediodía del +domingo siguiente, abandonó a los huéspedes de su tía, quienes tenían +concertada una partida de pesca, para después del almuerzo, y se fue a +la estación inmediatamente con el fin de esperar a su amigo y +presentarlo a la baronesa. Encontraron a la señora de Montauron haciendo +una labor cualquiera en una inmensa sala tapizada de blanco y en cuyas +paredes campeaban antiguos retratos de familia: Beatriz, entretanto, +leía un diario. + +No tuvo el pintor necesidad de reflexionar mucho para decirse a sí +propio que, si la elección le hubiese sido permitida, no habría sido +seguramente la señora de Montauron la retratada. Sin embargo, no había +que hacerse grandes ilusiones acerca de la acogida de la lectriz, quien +sin levantarse le echó una hostil mirada y continuó en voz baja la +lectura de su periódico, mientras que Fabrice cambiaba algunas frases +con la señora de la casa. + +--Tanto gusto de contarlo a usted en el número de mis amigos--dijo +aquélla con su más amable sonrisa--, y muy orgullosa de que mi retrato +sea hecho por mano tan experta... y por cierto que no es un estímulo +retratar a una mujer de mis años. + +--¡Señora! + +--Pero, según tengo entendido, también es usted paisajista... Hay en los +alrededores puntos de vista deliciosos... Ese será su desquite y su +consuelo de usted. + +--Señora baronesa, crea usted firmemente que no tengo necesidad ni del +uno ni del otro. + +--¿Permite usted que los modelos hablen durante la sesión? ¿No incomoda +a usted eso? + +--Todo lo contrario, señora; así se me ofrecerá la ocasión de darme más +exacta cuenta de la fisonomía. + +--¡Tanto mejor!... soy por naturaleza muy habladora... ¿no es verdad, +Beatriz? + +--Yo no me quejo, señora--dijo Beatriz sonriendo débilmente. + +--¿Ve usted, señor? no se queja pero asiente. + +El piafar de los caballos acompañado de un tumulto de risas y de voces +anunció que la cabalgata estaba de vuelta. Tres o cuatro hermosas +jóvenes se apearon, sosteniendo con sus manos las colas de sus vestidos, +que por aquellos tiempos se tenía el buen gusto de llevar más largos que +ahora, y presentaron sus frentes a los besos de la baronesa, mientras +que otras en cortos y ligeros trajes de mañana se precipitaron detrás de +las primeras, agitando con triunfal aire diminutas redes que +esparcieron por el salón acre olor a pescado y a fango. + +--¡Jesús, hijas!... ¡Qué perfume!... ¡Qué horror!--exclamó la +baronesa--. Beatriz, en seguida mi tarro de sales; luego, que estas +señoritas te den sus redes y llévalas a la cocina. + +--Perdone usted, tía--dijo el marqués de Pierrepont, tomando vivamente +aquellos artefactos--; las voy a llevar yo. + +Fabrice, grande observador, por instinto y profesión, advirtió al +momento que la lectriz palideció ligeramente y que por contrario efecto +se encendieron las mejillas de la baronesa. + +Llevadas por Pedro las redes a la cocina, acompañó después a Fabrice a +sus habitaciones, pero antes de quedarse éste en ellas díjole al +marqués: + +--Dime, Pedro, ¿quién es esa señorita que leía el diario a tu tía? + +--Una parienta, la señorita de Sardonne. Una pobre huérfana que mi tía +ha recogido. + +--Nunca me habías hablado de ella. + +--No... phs... es posible... No ha habido ocasión... ¿Te parece bonita? + +--Interesante. + +--Sí... ¿no es verdad?... pobrecilla... He aquí tu instalación, he aquí +tu celda, amigo Fabrice. + +Y diciendo esto lo introducía en un pequeño departamento compuesto de +saloncito y dormitorio, cuya comodidad y buen gusto ponderó mucho +Fabrice, dejando en seguida a éste que se vistiera para comer. + +Durante la velada, el pintor, a quien Beatriz cada momento más enamoraba +a causa de su melancólica hermosura, de sus actitudes de reina en +cautiverio, ensayó de interrogar de nuevo a Pierrepont sobre los +antecedentes, la situación y el carácter de tan misteriosa y atractiva +persona, pero no insistió como advirtiera en las breves respuestas de +Pedro que este punto de conversación era para el marqués, si no +desagradable, al menos decididamente tedioso. + +--No te ocupes de la lectriz de mi tía--decía riéndose a Fabrice--. Sé +amable conmigo y atiende a esas señoritas... Ven, te voy a presentar, +estúdialas con detenimiento y dame luego cuenta de tus impresiones... +Desde todo punto de vista mi confianza en tu buen gusto y en tu +penetración es absoluta... Así me ayudarás en esa elección terrible a +que por fuerza tengo que decidirme para no enajenarme la buena voluntad +de mi tía... Ya ves que ha llamado a concurso de toda la Europa y ambas +Américas... Es necesario, pues, que no trabaje para el obispo... +Procura, mi buen Fabrice, leer en lo ojos y en los corazones de esas +jóvenes esfinges... Si un pintor no es gran fisonomista, ¡qué diablo! +¿quién puede serlo? + +--Querido Pedro--respondió Fabrice--, no podías haber hecho peor +elección. Ignoro si mis compañeros de profesión se me parecen a este +respecto... En cuanto a mí, soy un fisonomista detestable y estoy +firmemente persuadido de que mis diagnósticos psicológicos resultan +siempre falsos... Te juro que nunca puedo penetrar a fondo en el alma +de las personas cuyos retratos hago... les presto, verosímilmente, +multitud de pensamientos y pasiones; de virtudes y vicios a que ellos +son de todo punto ajenos. Fíjate, para comprender esto que te digo, en +lo que pasa en nuestros talleres: cantantes de café-concierto nos +proporcionan cabezas de vírgenes... muchachuelas incapaces de coordinar +dos ideas vienen a resultar el tipo de una de las musas... viejos +pillastres de la más baja ralea conviértense en santos y en apóstoles... +Y es que todas estas fisonomías son para nosotros meramente subjetivas. +No vemos en ellas más que lo que nosotros les ponemos de nuestra +cosecha; no sirven para otra cosa sino para fijar un poco la fugitiva, +la indecisa idea... Desengáñate, tanto los artistas como los poetas, son +los más cándidos de entre los hombres y los peores jueces que pueden +encontrarse para establecer correlación entre lo físico y lo moral, +porque no pintan lo que realmente ven, sino lo que creen ver a través +del prisma de su imaginación... No pintan lo natural, sino según el +natural, lo que no es lo mismo. + +--Pero, entonces, ¿cómo hay parecido?--pregunto Pierrepont. + +--Ahí tienes lo curioso; hay parecido y más que parecido, porque +reproduciendo fielmente las líneas de una cara, por ejemplo, +transfiguran su expresión... Porque, mira, no hay un rostro humano que +no tenga su nota poética, su faceta luminosa: la cuestión es dar con +ella, encontrarla... pero no busques esa nota, esa faceta en el alma +del modelo... allí no existe... donde está es en el ojo del pintor, del +propio modo que por lo general todas las gracias de una amante están +menos en ella que en la vista de su enamorado. Así, pues, Pedro, no +cuentes con mis luces para guiarte en tus delicadas maniobras... temería +extraviarte... Pero esto no quiere decir que no me presentes a esas +señoritas, aunque te aseguro, aquí entre nosotros, que me dan miedo... +Solamente lo que sí te suplicaría es que lo dejases para mañana... esta +noche me siento... así... pesado... Me parece que los excelentes vinos +de tu tía se me han ido un poco a la cabeza, lo que explica la +conferencia de estética que con tanta crueldad te he disparado, crueldad +que, por otra parte, tú sabes que no es en mí consuetudinaria... Tú +sabes también que detesto charlar sobre mi arte, y no ignoras cuál es la +divisa que yo desearía ver escrita en la puerta de todos los talleres: +«Trabaja y calla». + +Estas palabras dichas, retiróse discretamente Fabrice en el momento que +comenzó a bailarse. Su creciente reputación le había abierto de par en +par las puertas de los salones y de la alta sociedad parisiense; pero, +como la mayor parte de aquellos que nacieron fuera de ese medio y a él +llegaron tarde, sentía siempre en el mundo cierta cortedad, cierta +inquietud que lo desconcertaba, disgustándolo. + +Al día siguiente, bastante temprano, la señora de Montauron mandó llamar +a su sobrino, y cuando éste se presentó a la baronesa, acababa la +anciana señora de tomar el desayuno. + +--¿No mal de salud, tía, me parece? + +--No, te he hecho venir tan temprano porque durante el día no estamos +nunca solos y quiero hablarte... Siéntate... Principiaré por decirte que +no estoy descontenta de tu grande hombre... el pintor... un poco corto, +un poco tímido... ¡pero en estos hombres de talento hay siempre un +encanto!... Y ahora hablemos de cosas serias... ¿Qué... piensas de +matrimonio?... Vamos, ¿qué te han parecido mis niñas? + +--Tía, todavía estoy en el período de... de observación... Esta pléyade +de sílfides me causa un cierto embeleso... Usted comprende que es +natural. + +--Sí, es natural... Yo no te pido que te decidas inmediatamente... pero, +en fin, hace ocho días que vives en la intimidad de ellas... ya habrás +sentido alguna impresión... principiará a manifestarse alguna +preferencia... + +--Tía, francamente, ocho días es poco tiempo para conocerlas a fondo. + +--Dime, ¿y cuánto necesitas, según tú, para adquirir ese conocimiento? + +--¡Phs!... no sé... algunas semanas, me parece. + +--¡Algunas semanas!--exclamó la baronesa,--. ¡Pobre sobrino mío!... Al +paso que vamos necesitarás un siglo, y no por eso estarás más +adelantado... Una joven, hijo mío, es lo más impenetrable que hay en el +mundo... sólo Dios puede saber lo que será una vez casada... ¡Y aun +así! + +--Sin embargo... tía. + +--Sí, ya sé lo que vas a decir... y de antemano te prevengo que en esta +materia no hay más que tres cosas acerca de las cuales pueda tenerse una +aproximada certidumbre... a saber: familia, dote y figura... En cuanto a +lo demás, es necesario entregarse piadosamente a la Providencia... si +tienes en cuenta que no está todavía en uso de tomar las mujeres a +prueba como los caballos... por más que se anuncia una ley estableciendo +el divorcio absoluto... lo que será principiar a andar aquella senda... +Pero, vamos, para salir de generalidades, a mí me parece que si yo +hubiera sido hombre habría amado locamente a la señorita de Alvarez... +¿No te dice nada la señorita de Alvarez? + +--Me dice demasiado, tía... Tiene una pupila demasiado incandescente +para mis gustos... dicho sea con el respeto debido... Venus Ciprea... +etc., etc. + +--¡Bah! ¿Qué sabes tú? Nada hay más engañoso que esos ojos... debías +tener experiencia a tu edad... Generalmente, los azules son los +peores... Y esa adorable americanita, miss Nicholson... un querubín con +tres millones de dote... y esperanzas. + +--Es hermosa, tía... Solamente que anda como un hombre... y después, ¿no +le parece a usted que tanto ella como su papá, tienen así como un vago +olor a petróleo? + +--¡Qué tontería! En fin, tomemos nota de ella, de esta encantadora miss +Nicholson... ¿Y la deliciosa rubia, la señorita Lahaye? + +--Muy bien también, tía... pero su padre vende vino... ¡eso es grave!... + +--¡Sí, pero vende mucho! ¿Y qué me dices de la señorita de Aurigney? +¡qué radiante hermosura! ¡y tan distinguida! + +--Muy distinguida, sin duda... ¡pero tan glacial! + +--¡Magnífico! ¡ahora salimos con lo glacial! Hace un momento era Venus +quien te asustaba... ahora es lo contrario... ahora es el hielo... +¡pero, entonces, hijo mío, tienes miedo de todo!... ¿qué significa esto, +caballerito? + +--Confesad, mi querida tía, que la señorita de Aurigney parece un +sorbete. + +--¡Tú sí que pareces un sorbete! Acabaré por creer que tus dificultades +reconocen por causa una resolución tomada de antemano. + +--Pero, mi buena tía, usted me pide que le manifieste mis impresiones, y +así lo hago lealmente. + +--Sí, pero es que encuentras objeciones a todo, y objeciones casi +siempre pueriles. + +--Es únicamente para hacer reír a usted... tía... + +--¡Mira que la cosa no me causa risa!... vamos, y la señorita de +Chalvin... un poco aturdida quizás... ¡pero tan elegante, tan +encantadora! + +--Y sobre todo tan bien educada, tía... ayer decía su madre refiriéndose +a ella: Mi hija tiene un excelente carácter; verdad es que ni su padre +ni yo la contrariamos nunca... es un caballito desbocado... cuando se +abandona la brida nada la contiene. + +--Su madre es incapaz... mas como no te vas a casar con ella... En +fin... llegamos a mi predilecta... ¡una perla, hijo mío!... No, lo que +es a ésta no permito que la critiques... ¡La señorita de La Treillade! + +--Ciertamente, tía, es sin duda alguna lo mejor de la colección... + +--¡Ya lo creo! Rostro de _virgen_... instruída, inteligente, modesta... +no digo ella; su misma institutriz es una persona ejemplar... una +verdadera perfección... Créeme, dedícate a estudiarla... ¡obsérvala, +hijo mío! + +--Se lo prometo a usted, tía. + +--Bueno, ahora vete, tengo que escribir... mira, dile a Beatriz que +venga. + +Pedro se retiró, encargando a una sirvienta que encontró en la escalera +previniese a la señorita Beatriz de que la señora la necesitaba; en +seguida bajó algunos escalones, llamando al departamento de Fabrice. Era +este departamento un piso bajo, o mejor dicho, una especie de entresuelo +cuyas puertas se abrían sobre los antiguos fosos del castillo, ahora +convertidos en jardines. El pintor, que debía empezar a mediodía el +retrato de la baronesa, se ocupaba en preparar su paleta. Después de +haberse cerciorado por sí mismo de que nada faltaba para la comodidad de +su amigo, Pierrepont le daba algunos detalles históricos y arqueológicos +acerca de los Genets, cuando se interrumpió de pronto al oír risas y +femeniles voces bajo las ventanas del departamento; aproximóse +rápidamente a la ventana del saloncito, que ocupaba una de las +torrecillas de los ángulos del castillo, siendo por consecuencia fácil +dominar desde allí con la vista el foso... Las persianas estaban +cerradas para preservarse sin duda contra los rayos del sol de una +ardiente mañana de agosto, pero a través de los listones inferiores, +casi horizontalmente dispuestos, pudo echar Pedro una mirada al +exterior, y volviéndose con viveza a Fabrice, hízole seña de que +guardase silencio, diciéndole al propio tiempo, que sonreía y bajaba la +voz: + +--Yo no tengo la costumbre de escuchar entre puertas... ni entre +ventanas... pero, en este caso, la tentación se me presenta +invencible... ya te diré por qué... + +--¡Lo que puede el mal ejemplo!--repuso Fabrice acercándose a su vez. + +Pudo conocer entonces las dos señoritas cuyas voces llegaban hasta +ellos; estas señoritas habían bajado, a lo que podía creerse, a uno de +los jardinillos de bajo la torre con el fin de evitar el sol, y se +paseaban del brazo protegidas por la fresca sombra de grandes rosales +allí plantados; una de ellas, morena, pálida, con cara de arcángel, +decía a la otra: + +--Qué bien se está aquí para charlar, ¿no es verdad, hija? + +--Sí--respondió la otra, que era muy encendida de color, aunque de buen +ver y tenía ligero acento inglés--. Se está muy bien... sobre todo, +puede una ponerse a tiempo en guardia contra los indiscretos... +Continúe... ¡me interesa tanto lo que me está contando! + +--Pues sí, esta Georgina, de que le hablaba, es muy complaciente con mi +hermano, quien le paga en la misma moneda: como ya, le he dicho, +Georgina Bacot trabaja en las _Folies-Lyriques_, por cuya razón mi +hermano anda mucho entre bastidores, y allí se encuentra a menudo con la +madre de Georgina, que fue también actriz en sus tiempos... y mi hermano +nos contaba el otro día a mamá y a mí que una de estas noches pasadas +había encontrado en la escena, durante un entreacto, a la madre de +Georgina... Estaba mirando por el agujero del telón cuando de pronto se +volvió a aquél y le dijo con voz llorosa... «Hay cosas que halagan a una +mujer... ¿creerá usted, señor, que hay esta noche en la sala cuatro de +mis antiguos amantes... y todos senadores?» + +--¡Oh! Mariana--dijo la linda inglesa. + +--Pero la historia del peluquero es todavía más divertida--replicó +Mariana. + +--¡Oh! cuénteme la historia del peluquero... cuéntemela. + +Mariana titubeó un momento. + +--No, mi cara Eva--añadió Mariana riendo--: ésta es realmente demasiado +salpimentada. + +--¡Se lo ruego, querida mía! + +--Pues bien, ese peluquero... pero no... mi buena Eva... +decididamente... es demasiado... no puede pasar... La dejaremos para una +de esas noches en que se nos va un poco la mano en el champagne. + +Pasaron cerca de un rosal. Mariana cortó una rosa y se la puso en el +pecho. + +--¿Y ese pintor que llegó ayer, qué le parece, Eva? + +--Tiene buenos ojos y algo de genial en la fisonomía--respondió la +interpelada. + +--Sí, pero sin distinción--arguyó la niña, haciendo desdeñosa mueca--. +El otro... ese sí... el amigo Pedro... ¡ese sí que quisiera yo +encontrármelo una noche en cualquier rincón del bosque! + +--El encuentro sería un tanto peligroso--objetó Eva. + +--Donde no hay riesgo, no, hay deleite--apoyó Marianita--. Entre +paréntesis, ninguna lástima tengo yo a mi prima la de Aymaret, que le ha +dado su corazón... etc. Digo, así se dice, yo no sé si es verdad... lo +que sí sé es que se ven casi todos los días... con este pretexto... y +con aquél... y con el de más allá. + +--Parece que no es muy dichosa con su marido la pobre vizcondesa, ¿es +cierto? + +--¿Qué mujer es dichosa con su marido, mi buena Eva? Y si no, vea qué +bien se entienden los Laubécourt, que son nuestros compañeros de +temporada. + +--Es verdad, he notado que tienen siempre los dos caras de entierro... +¡mire usted que algunas mañanas en el almuerzo! + +--¡Algunas mañanas! ¡Y peor algunas noches! + +--¿Cómo así?--preguntó Eva. + +--Pero, querida, mía, ¿no sabe usted las causas de sus desavenencias?... +El señor de Laubécourt tiene pasión por los niños, en tanto que a la +señora la horrorizan... y tiene razón, a mi entender. + +--¡Oh! ¿por qué, amada mía? + +--Primero, porque nada hay más incómodo ni más enojoso que esos muñecos +para una mujer que ama la sociedad... segundo, porque cuando se es +bonita desea conservarse el mayor tiempo posible... y los niños, es +sabido, son los verdugos de la belleza. + +--No comprendo, Mariana, ¡a mí me parece...! + +Aquí Mariana bajó la voz para responder, y pareció como que explicaba +algún trascendental misterio a su amiga, quien enrojeció ligeramente. + +--Ahora me explico--manifestó ésta con aire pensativo--por qué el señor +de Laubécourt tiene un aspecto de tanta tristeza. + +--¡Si no fuera más que tristeza!... pero es que casi todas las noches, +en su cuarto, pasa con su mujer escenas terribles. + +--¡Ya lo creo! ¡hay de qué! ¿Y qué es lo que aquélla le responde? + +--Le responde... le responde... ¡chito!--concluyó Marianita. + +Al decir esto las dos rompieron en una carcajada, y como la campana +anunciara el almuerzo, se alejaron en dirección al comedor. + +Aún no se habían perdido de vista, cuando Fabrice, que durante el +sorprendido curioso diálogo cambiara con Pierrepont frecuentes y +edificantes miradas, le preguntó a éste con la calma que le era +habitual. + +--¿Quién es esta expeditiva señora, esta preciosa Mariana? + +--Mi buen Fabrice--dijóle el marqués--, no es una señora, es una +señorita. + +--¡Diablo!--replicó vivamente el pintor--. ¿Y la otra... Eva? + +--Es su institutriz. + +--¡¡Dia...blo!!--acentuó Fabrice con energía. + +Y volvió tranquilamente a preparar su paleta. + +--Como hoy mismo voy a presentarte a esas inocentes, sería inútil +ocultarte que tan aventajada criatura es la señorita de la Treillade, y +no parece de más advertirte que esta mañana precisamente, me la +recomendaba, mí tía cual un modelo de todas las virtudes... Verdad es +que añadía que era muy instruída... en lo que, como has visto, no se +equivocaba... Cuando pienso que tal vez me hubiera decidido por ella, +siento escalofríos... Ahora comprenderás por qué razón he prescindido de +todos los principios de la delicadeza ante la idea de darme exacta +cuenta sobre los principios de esa señorita... Diríase que la suerte me +ha presentado la ocasión de juzgarla... Te aseguro que no me arrepiento +de mi falta... ¡Vamos a almorzar! + + + + +V + +LA VIZCONDESA DE AYMARET + + +El primer impulso de Pierrepont fue ir a contar en caliente a la +baronesa la instructiva conversación que acababa de sorprender, entre la +que aquélla llamaba su joya predilecta y la digna institutriz de tal +encanto; pero, después de haber reflexionado un poco, prefirió aplazar +la modificación, reservándola como un argumento dilatorio para el día en +que la señora de Montauron lo empujase de nuevo a resolverse en +definitiva. Atormentado por dudas de que el lector conocerá pronto la +causa real, si ya no es que la haya adivinado, el joven marqués, en sus +indecisiones, deseaba ante todo ganar tiempo. Continuó, pues, durante +aquel día y los sucesivos, tomando parte activa en las distracciones de +la bulliciosa colonia que habitaba los Genets, haciendo creer a su tía +que se ocupaba a través de juegos y de risas, en profundos estudios y +maduras observaciones acerca del carácter de aquellas señoritas, +quienes, en realidad, lo tenían sin cuidado. + +Entretanto, el retrato de la señora de Montauron adelantaba poco a +poco. Las sesiones artísticas se tenían en el salón blanco, y después de +la interesada y del pintor, únicamente Beatriz asistía a ellas; pero +autorizado por su competencia en materias artísticas, solía el marqués +introducirse tal cual vez en el santuario, aparentando seguir con el más +vivo interés el trabajo del pintor, quien pudo advertir con ese motivo +las respetuosas atenciones que Pedro demostraba siempre a la lectriz de +su tía. Era el único de entre los huéspedes del castillo que la tratase +de igual a igual; todos los demás, con especial las señoras, tomaban +ejemplo de la baronesa, para afectar con la pobre Beatriz aires de fina +superioridad o de desdeñosa protección. Fabrice notó que aquella parte +más penosa en las funciones de la lectriz las prevenía Pierrepont con el +mayor cuidado; él era quien se levantaba para acercar el taburete, +colocar un cojín, abrir una ventana, llamar un criado, desviviéndose, en +fin, por satisfacer los caprichos sin número de una anciana señora +enfermiza, nerviosa, y de un tan imperioso, cuanto superlativo egoísmo. +Pero la baronesa parecía preferir con mucho los servicios de la señorita +de Sardonne a los de su sobrino. + +--Muy bien, Pedro... mucho te lo agradezco... y Beatriz también, +supongo... aunque te diré con franqueza que los hombres tienen la mano +demasiado pesada para estos delicados menesteres... no hay como Beatriz +para arreglarme los cojines sin molestarme... ¿No es verdad, señor +Fabrice?... Además, hijo mío, no quiero monopolizarte... tú eres aquí +un poco dueño de casa... y te debes a mis huéspedes, que son también los +tuyos... Anda, pues, con ellos... anda... ¡dame gusto!... anda. + +De todas las amigas de infancia de Beatriz, una sola, mayor que ésta en +dos o tres años, le había quedado obstinada y tiernamente fiel. Esa +amiga era la vizcondesa de Aymaret, prima de la señorita de La +Treillade, cuya linda calumniadora había perfidamente asociado el nombre +de aquélla con el del marqués de Pierrepont, en su crónica escandalosa. +La señora de Aymaret habitaba el verano la pequeña posesión de las +Loges, situada a dos kilómetros, poco más o menos, de los Genets. En el +campo como en París, dejaba raras veces pasar una semana sin ir a ver a +Beatriz, arrostrando denodadamente para llenar tan sagrado deber de +amistad, las temibles iras de la señora de Montauron, quien temía, +juzgando por varias apariencias, que la amable persona no viniese a ser +un obstáculo para el deseado casamiento de su sobrino. + +Pierrepont, que tal vez sin motivo no tenía muy alta opinión de las +femeninas virtudes, alababa con calor las de la señora de Aymaret, de lo +que la baronesa venía a deducir, con mundana lógica, que era su amante. + +Sea como quiera, es lo cierto, que la vizcondesa de Aymaret constituía +para la señorita de Sardonne, tan sola, tan abandonada, un consuelo y +una confidente de impagable precio: sólo delante de ella abandonaba +alguna vez Beatriz su máscara impasible dejando correr sus lágrimas... +Y, sin embargo, aun para ella guardaba su corazón un secreto. Cierto +día, habiéndola encontrado la vizcondesa en su alcoba deshecha en llanto +a consecuencia de una de esas humillantes escenas que la señora de +Montauron no le evitaba, rogóle vivamente su amiga que abandonase el +servicio de la vieja dama, aceptando un asilo en su propia casa. Beatriz +titubeó al pronto, pero después de un momento de reflexión respondióle +abrazándola: + +--¡Qué buena eres!... ¡Cuánto te lo agradezco!... pero excúsame... soy +todavía, a pesar de todo, demasiado altiva, para aceptar casa y mesa por +pura caridad... Aquí al menos sirvo para algo... tengo deberes... presto +algunos servicios, gano mi pan... en tu casa no sería otra cosa, al fin, +que una parásita. + +Como su amiga procurase afectuosamente vencer sus escrúpulos, Beatriz le +replicó sonriendo tristemente... + +--¡Y además, tu marido me haría la corte! + +La señora de Aymaret, que conocía bien a su consorte y que lo sabía +capaz de violar sin escrúpulo alguno las santas leyes de la +hospitalidad, inclinó con dolor la cabeza y no insistió. + +El vizconde de Aymaret hubiera deseado, como otros tantos en el mundo, +haber sido un hombre honrado, sobrio, arreglado de conducta y enemigo de +la sota de copas, y si le gustaban las mujeres, el juego y el vino +hasta, el escándalo y la degradación, era... que no podía remediarlo. +Los psicólogos lo mirarían quizás como una víctima del determinismo, +pero para el común de mártires era sencillamente un tunante. + +Tenía agradable aspecto, y no le faltaba inteligencia; mucho lo había +amado su mujer, pero él hubo de observar tal comportamiento con ella que +la vizcondesa concluyó por profesarle el más completo desprecio. Sentía +hacia su marido, sin embargo, una especie de lástima, y aun se prestaba +a la singular manía en que últimamente aquél había dado revelando a su +propia mujer, sus pérdidas al juego, sus desventuras amorosas, su +naufragio moral, y cómo le eran indispensables las mujeres para +consolarse de las traiciones del juego, y el vino para olvidar las +femeninas veleidades. Se dirá que en escucharlo probaba su mujer +paciencia de santa, pero hay de entre aquéllas algunas que merecen ser +canonizadas. + +La señora de Aymaret tenía dos hijos de este indigno marido, dos hijos +que fueron su consuelo y en los cuales cifraba todas sus afecciones. Era +una de esas raras mujeres que el marqués de Pierrepont hubiese +seriamente amado; la habría amado por sus suaves encantos, por un no sé +qué de luminoso que orlaba su blonda cabeza, por la gracia de su +aristocrático marchar, por la tierna claridad de sus tiernos ojos, que +como los de Enriqueta de Inglaterra, parecían estar siempre pidiendo +besos. Y todavía aún la hubiera amado porque era honrada, por ese +atractivo inexplicable que para todo humano inmortal tiene el prohibido +fruto; la habría también amado por un impulso de generosa simpatía, +porque mejor que a nadie eran notorias a Pedro las íntimas tristezas de +la vizcondesa. Miembro del mismo club que de Aymaret, había visto más de +una vez a su consorte, en los comienzos de su matrimonio, venir a +buscarlo en la mañana enrojecidos los ojos por las lágrimas y el +insomnio. + +En resumen, procuró al principio el vizconde consolarla, sin alcanzar su +objeto; muy admirado de su previsto fracaso, acabó por aceptar +francamente su situación, ese hombre de mundo, contentándose con esa +especie de reservada amistad que le ofrecía su adorable cónyuge. Desde +ese día, continuaron tratándose bajo el pie del confiado compañerismo, +fácil, y no exento de cierta ironía. + +La señora de Aymaret, que era grande entusiasta por las artes, sentía +viva admiración por los talentos de Jacques Fabrice. Poseía la +vizcondesa algunas acuarelas que databan de los primeros tiempos del +pintor, verdadero tesoro de cuya propiedad considerábase orgullosa. La +llegada del artista a los Genets despertó en ella ardiente curiosidad, y +le gustó el hombre por su modesto continente y su grave melancolía. +Constantemente preocupada de la situación penosa y precaria de su amiga +Beatriz, recordaba ella que antes de los desastres de la familia de +Sardonne, había demostrado aquella joven serias aficiones por la pintura +a la acuarela, y la señora de Aymaret se dijo que Fabrice podría darle +algunas lecciones durante su residencia en los Genets, alentando al +mismo tiempo sus naturales disposiciones y dando así vida a sólidas +aptitudes que podrían asegurar tal vez a la huérfana una existencia +independiente en lo futuro. Beatriz, a pesar de su amargo desapego a +todo, aceptó la idea con algún interés. + +--Pero--objetó a su amiga--, ¿cómo pedir semejante favor a ese +caballero?... Yo nunca me atreveré. + +--Podrías--replicóle la vizcondesa--rogar al señor de Pierrepont que se +encargara de hablarle. + +--No--dijo Beatriz--; el señor de Pierrepont podría disgustar a su tía +dando ese paso. + +--No me parece que la epidermis del marqués sea tan delicada por lo que +se refiere a manías de la baronesa... Por otra parte, nada nos obliga a +desenvolver a Pedro nuestro plan de operaciones... Es natural que tú +procures perfeccionar tus conocimientos cuando la ocasión se te +presente... ¿Quieres que yo le hable al marqués? + +--Me harías un gran favor. + +El mismo día que ocurrió esta conversación, la banda de invitados fue a +visitar cierta estación termal próxima a los Genets. Pierrepont se había +quedado en el castillo pretextando una ocupación cualquiera, y como la +señora de Aymaret saliese del parque para volver a los Loges, +atravesando el vecino bosque, advirtió que Pedro se hallaba desatando +una canoa junto al estanque que alimentaba el riachuelo del parque. + +--¿Cómo vamos?--díjole la vizcondesa, haciéndole con su sombrilla señas +de que se acercase--. Tengo que hablar a usted. + +--Escuchar es obedecer--respondió Pedro alegremente. + +--Pues bien: usted sabe o no sabe que Beatriz trataba muy lindamente la +acuarela antes de sus desgracias... Ella desea volver a las andadas y +tomar algunas lecciones del señor Fabrice durante su residencia aquí... +¿Se puede contar con los buenos oficios de usted? + +Pierrepont reflexionó algunos segundos. + +--Con mis buenos oficios no puede contarse en este caso, vizcondesa; con +los de usted, sí... Dicho se está que estoy enteramente a la disposición +de usted y de la señorita de Sardonne... pero siendo Fabrice invitado +mío, estoy seguro que usted se abstendría de pedirle cosa que podía +tener los visos todos de una semi-imposición... mientras que si usted +misma le presentase el memorial, ya eso tiene otra forma... Mire +usted... precisamente iba a embarcarme para ir a buscarlo... Está +sacando un croquis al pie de la cascada, allá abajo... ¿Quiere usted +venir conmigo? + +--¿Embarcada?--preguntó la señora de Aymaret. + +--¡Embarcada! ¿Por qué no?... es a cinco minutos de aquí... Si es el +_tête-à-tête_ lo que asusta a usted, no será largo... Otros hemos visto +peores, créalo usted... Por otra parte, así queda usted a dos pasos de +su casa... Vamos, querida vizcondesa, confianza... confianza. + +--¡Vamos, pues! + +Y apoyándose en el brazo de Pierrepont, saltó con ligereza a la canoa. + +Pedro tomó los remos, puso aquélla en movimiento y, abandonándola al +hilo de la corriente, se dejó ir suavemente. + +Y por cierto que era encantador este riachuelo oculto bajo el follaje de +los sauces y de los fresnos que festoneaban sus orillas. Únicamente +habíase practicado acá y allá algún ligero claro para comodidad de los +aficionados a la pesca. Además, se deslizaba en silencio bajo arcos de +verdura apenas interrumpidos lo bastante para que el sol dejara pasar +tal cual dorado, tembloroso rayo. + +Después de un momento de silencio, Pierrepont interpeló bruscamente a su +compañera en ese tono, medio serio, medio irónico, que era de uso entre +ellos. + +--¡Señora de Aymaret! + +--¡Mi querido amigo! + +--¿Sabe usted que quieren casarme? + +--¡Es natural! + +--¡Pues bien... decididamente, huyo el cuerpo a ese santo lazo... estoy +desalentado! + +--¿Por qué? + +--¡Porque cuanto más observo, más me convenzo de que ya no hay niñas +honradas, y, por consecuencia, no puede haber tampoco fieles esposas! + +--¿Qué ha dicho usted? + +--Digo, que ya no hay mujeres honradas... al menos en nuestra clase... +es una especie desaparecida. + +--¡Perdone usted!--repuso la señora de Aymaret--. ¿A mí se atreve usted +a decirme eso? + +--Bien sabe usted que a usted la exceptúo... Usted ha nacido virtuosa, +es su complexión de usted, pero... es una complexión rara. + +--¡Ah! perfectamente--replicó la vizcondesa--, así nos juzgan ustedes... +¡no hay mujeres honradas!... y si se encuentra una de la que por +casualidad no dudan ustedes... entonces es que ha nacido así como +hubiera podido nacer tuerta... no hay mérito porque no ha habido ni +tentación, ni lucha, ni nada... ¡Ay, Dios mío! ¡qué duro de oír es eso, +y cuán ligeras, injustas y crueles son esas apreciaciones! + +--¡Querida vizcondesa!--murmuró Pierrepont, conmovido por el sincero +acento de aquélla. + +La señora de Aymaret prosiguió diciendo en contenida, aunque vibrante +voz: + +--No puede llamarse una traición que yo hable de los detalles de mi vida +íntima... todo el mundo los conoce, y usted mejor que nadie... Y usted +sabe que si jamás una mujer tuviera disculpa en conducirse mal... esa +mujer sería yo... pero no, tengo hijos... dos hijos, y quiero que mañana +se diga... «Si el padre era un pobre hombre... un desgraciado loco... la +madre fue una mujer honrada... una digna persona...» ¿Y usted cree que +resignarme a esto me ha sido fácil... no es verdad?... Me ha sido fácil +porque es mi temperamento... porque he nacido así... sin pasiones y sin +debilidades... ¡Ay, Dios mío, Dios mío, y lo cree usted!... ¡lo cree +usted! ¡usted!... + +--¡Señora!--balbuceó el marqués con emoción y dificultad--; sería en mí +una necedad insigne pensar siquiera... por más que halagase mi amor +propio... Sin duda he comprendido a usted mal... + +--¡No!--continuó la vizcondesa con mayor vivacidad aún--. Me ha +entendido usted muy bien... de usted se trata... Usted me ha hecho la +corte... No sé si usted me amaba entonces... en cuanto a mí, lo amaba a +usted... y... lo amo todavía... lo confieso a usted atrevidamente... y +lo confieso a usted porque mi franqueza no tendrá consecuencias... +Honrada soy y honrada seré, por mis hijos... Así, pues, crea usted... +crea usted... que nunca seré su amante... pero nunca tendrá usted una +amiga mejor que yo... De eso puede estar seguro. + +Y apartó su mirada del rostro de Pedro, enjugándose una furtiva lágrima. + +--¡Déme su mano, señora!--díjole el marqués. + +La vizcondesa accedió a su ruego, y él entonces, sin añadir una palabra, +besó delicadamente la mano de aquélla. + +Siguióse en seguida un largo silencio, apenas turbado por el leve +murmullo del agua: Pierrepont lo rompió primero, procurando volver a la +ligera tonalidad acostumbrada entre los dos. + +--En realidad, usted tiene un poco la culpa en las contrariedades que me +está haciendo soportar este matrimonio... porque si no hubiera conocido +a usted sería menos difícil. + +La señora de Aymaret movió graciosamente la cabeza sin responder. + +--Me gustaría--añadió el marqués con seriedad--, recibir una esposa de +su mano. + +--Es muy delicado eso... Jamás me atreveré a arrostrar semejante +responsabilidad... nunca osaría designarle una persona... aun cuando su +nombre estuviera para caerse de mis labios. + +--¿Qué quiere usted decir con eso? + +--Nada. + +--¿Piensa usted en alguien? + +--En nadie. + +--¡No es usted sincera en este punto! + +--¡No! pero doblemos la hoja, hablemos de otra cosa, se lo ruego... ¿Es +complaciente su amigo Fabrice?... ¿Sería amable conmigo si tuviese +necesidad de pedirle algún favor? ¿Qué cree usted? + +--Estoy seguro de que sí... Pero es necesario que bajemos aquí; de otro +modo la corriente nos arrastraría por encima de la esclusa. + +En efecto, el riachuelo caía en el Orne a poca distancia, franqueando un +pequeño dique. El salto de agua se dividía en dos brazos, de los cuales +uno daba movimiento a un molino instalado en la orilla. He ahí el motivo +de paisaje que Fabrice bosquejaba cuando la señora de Aymaret y +Pierrepont se le juntaron. + +Después de los cumplimientos de usanza, la señora de Aymaret, +ruborizada--por nada se ruborizaba esta mujer adorable--, habló al +pintor de su pretensión, que el artista acogió con la mejor voluntad. + +--Será para mí un placer--dijo a la vizcondesa--, dar consejos a la +señorita de Sardonne, aunque ella haya abandonado un poco el estudio de +la acuarela... ¿La señorita de Sardonne copiaba ya la naturaleza o +únicamente la muestra? + +La señora de Aymaret, siempre ruborizada, no pudo asegurarle nada sobre +aquel particular. + +--¿Y qué hora preferiría la señorita de Sardonne para sus lecciones? + +La señora de Aymaret interrogó a Pierrepont con una mirada. + +--Creo--respondió el marqués--, que la señorita Beatriz no tiene durante +el día más que, una hora libre... es aquella en que mi tía duerme la +siesta después del almuerzo. + +--Perfectamente; entonces ésos son nuestros momentos. + +La propiedad de la vizcondesa hallábase frente del molino: los dos +amigos la acompañaron hasta la portada y volvieron a los Genets haciendo +comentarios sobre los atractivos de aquella encantadora criatura; mas de +Beatriz no hablaron ni una sola palabra. + + + + +VI + +EL SECRETO DE PEDRO + + +Fabrice presentó aquella noche misma sus servicios a la señorita de +Sardonne, quien pagó su atención con una de aquellas hermosas sonrisas +que tan de tarde en tarde iluminaban con dulzura tanta sus trigueñas +mejillas. Deseó el pintor ver algunos de los bosquejos por Beatriz +comenzados, mostrándoselos ésta con cierto aire de confusión; eran +copias directas de la naturaleza misma que el artista no halló +desacertadas. Convinieron, pues, en que a contar del día siguiente al de +la entrevista empezarían de nuevo, y durante la siesta de la baronesa, +los interrumpidos estudios sobre la acuarela, bajo la dirección de +Fabrice. + +Imposible era poner en práctica proyectos tales sin contar de antemano +con el no fácil beneplácito de la señora de Montauron, encargándose el +marqués de empresa tan de por sí escabrosa, y éralo ella tanto, que tía +y sobrino estuvieron a punto de reñir con este motivo ligera escaramuza. +La baronesa creía que bajo las inesperadas artísticas aficiones de su +lectriz emboscábase una intentona de emancipadora rebelión, y ya que no +pudiese oponer un formal veto sin manifestar al desnudo su celoso +despotismo, desahogó su mal humor presentando un diluvio de objeciones. + +--¡Es gracioso que esa señorita se permita disponer de su tiempo sin mi +permiso!--dijo a su sobrino. + +--Perdone usted, tía, no dispone sino de aquel que buenamente le deja +usted libre. + +--¡Es que puede hacerme falta a cada momento! + +--¡Vamos, tía! ¿para qué puede usted necesitarla mientras se halla usted +durmiendo? + +--¡Sí, pero me parece absurdo que yo la tenga toda la vida a mi lado +para proporcionarme el placer de verla embadurnar papel de marquilla! + +--¡La pobre no tiene tantas distracciones que digamos, mi buena tía... y +ésta es tan inocente! + +--¡Sí, inocente!... ¡por supuesto!... ¡qué tontísimo eres!... yo estoy +segura de que Fabrice gusta a... a su señoría... No puede negarse, la +verdad que es hermoso, con la más peligrosa de las hermosuras... la +hermosura tenebrosa de los hombres de inteligencia... y luego, eso, el +prestigio del talento... ¿Crees tú que esos cotidianos _tête-à-tête_ +entre maestro y discípula no han de traer sus consecuencias? + +--Sí, tía, lo creo... sobre todo cuando el alumno es la señorita de +Sardonne. + +--¡Muy bien! ¡Me gusta! ya verás cómo esas dichosas lecciones nos van a +proporcionar un disgusto. + +Así, después de haber dado rienda suelta a su enfado, se resignó la +anciana dama a que Beatriz tomase lecciones de acuarela: por ende todos +los días, entre una y dos de la tarde, instalábase la huérfana en una +silla al lado de Fabrice para dibujar a la vista de éste, ya un paisaje, +ya un motivo de arquitectura, si bien por atendibles razones de +decencia, nunca se apartaron de debajo de las ventanas del castillo, +donde, por otra parte, encontraban suficiente tema de estudio, ora aquel +señorial edificio, ora en las rientes circunvecinas campiñas. + +Entretanto había llegado la apertura de la caza, y esta novedad trajo a +los huéspedes de los Genets otro elemento de animación y de placeres. +Las señoritas de la colonia se ensayaban en este género de sport, con +gran desesperación y terror grande de los cazadores serios. Pierrepont +era, según inapelable sentencia de su tía, el encargado de iniciar y +moderar los venatorios ímpetus de aquellas jóvenes Dianas, dándole en +sus funciones no escaso trabajo Mariana de La Treillade, quien, para la +caza, como para otras muchas cosas, mostraba singularísimas +disposiciones. Debemos confesar, a fuer de sinceros, que el marqués se +ocupaba con predilección marcada de aquella señorita desde que +descubriera cómo aquellos grandes y cándidos ojos encubrían tesoros de +precoz perversidad, porque la verdad es que esta mezcla picante divertía +su incurable dilettantismo. + +La señora de Montauron, que estaba siempre en acecho, ojo avizor y oreja +al viento, cayó en la eterna trampa de las apariencias, interpretándolas +a la medida de sus deseos. Resolvió en vista, coger al vuelo eso que +ella denominaba, el momento psicológico, y firme en sus propósitos hizo +cierta mañana comparecer al marqués en la hora habitual de sus +audiencias secretas. Al inexorable mandato acudió inquieto y receloso +Pierrepont, porque bien, le decía su claro instinto que su tía iba a +ponerlo, sin escape alguno, entre la espada y la pared. + +--¡Amigo mío!--rompió la baronesa con aire de triunfo--, me parece de +más preguntarte si te has decidido. Tus procederes con la señorita de La +Treillade son, por dicha mía, bastante significativos; así, pues, recibe +mi enhorabuena. + +--Tía, ¡cuantísimo siento tener que desengañar a usted! Cierto es que la +señorita de La Treillade me interesa... porque, a pesar de su extremada +juventud, es una excelente actriz... pero, con franqueza, nunca me +casaré con ella. + +--¡Cómo! ¿qué quiere decir eso?--preguntó la baronesa roja de cólera. + +--Escúcheme usted, tía. + +Y Pedro le contó sin omitir punto ni coma la conversación que cierta +mañana sorprendiera desde las ventanas de Fabrice, entre la señorita de +La Treillade y su institutriz. + +--Si antes no le había contado esto--añadió--, ha sido porque me costaba +trabajo causar a usted semejante desilusión. + +Desconcertada un instante bajo el golpe de tal desencanto, la baronesa +recobró pronto su sangre fría y con agrio tono repuso a su sobrino: + +--Después de todo, yo no veo en eso más que niñerías... baladronadas de +muchacha que juega a la señora... apostaría que a pesar de eso no dejará +de ser con el tiempo una honrada y amable esposa. + +--¡Es posible! pero no quiero exponerme a la prueba--objetó Pedro. + +--¡Nadie te fuerza, hijo mío! pero si pretendes casarte con una niña +criada en una cueva, con una niña que nada haya visto ni oído y que +lleve a la cámara nupcial el candor de la cuna, eres más inocente de lo +que yo conjeturaba. + +--Tía, no creo realmente manifestar ridículas exigencias, pidiendo a mi +futura mujer principios más sólidos que los de la señorita de la +Treillade, para quien los niños son polichinelas molestos, verdugos de +la belleza... y en cuanto a las escandalosas historias, a las pocas +decentes bromas, a los eróticos equívocos con que aquella señorita +esmalta sus conversaciones con sus amigas, sé de sobra que por desdicha, +es hoy moneda corriente entre señoras de alta sociedad, y aun, lo que es +peor... entre solteras... Pero, si me caso, es precisamente para no oír +en mi casa lo que escucho en la de cualquier cortesana... Todo lo +contrario, deseo para siempre olvidar ese tono, ese lenguaje de que me +siento harto hasta el fastidio... ¡Quiero respirar un poco de aire puro +en mi hogar! + +--Amado mío--replicó con cierta dulzura la baronesa, en quien el firme y +serio acento de Pierrepont causó efecto--, esos sentimientos te hacen +honor ciertamente... si tantas prevenciones guardas contra las jóvenes +del día, bien puedes ir pensando en renunciar al matrimonio... porque, +dime, ¿en qué parte del mundo vas a encontrar una señorita que no sea un +puro misterio? + +--¡Tía, francamente! antes de correr el riesgo de casarme con un +misterio como la señorita de La Treillade, preferiría mil veces meterme +en la Trapa... pero, en fin, si es imposible, como el otro día me decía +usted, tomar las mujeres a prueba, no creo que lo sea encontrar alguna +que ofrezca ciertas garantías... alguna que especiales circunstancias... +una educación particular... aquélla, por ejemplo, que se adquiere en la +desgracia... hayan puesto de relieve sus méritos... y cuyo pasado +constituya una seguridad para el futuro. + +La vieja dama echó furtivamente torcida y equívoca mirada a su sobrino, +y frunciendo sus pálidos labios objetóle con agridulce tono: + +--¡Sí, sin duda! puede encontrarse la joya que deseas... pero debo antes +observar que las niñas criadas en la escuela de la adversidad, +generalmente no tienen un cuarto. + +--¡Tía, el dote para mí es cuestión secundaria! + +--¡Claro está!... ¡Eres tan rico!... ¡tienes gustos tan sencillos!... +verdad es que, según toda probabilidad, serás mi heredero... pero me +permitirás te recuerde que tendrás que esperar mucho tiempo... Mi padre +murió de ochenta y cinco años, de lo que puede deducirse que yo tengo +aún treinta por delante... y no te ocultaré que mi intención es ésa... + +--¡Tía!--exclamó Pierrepont con acento de sentido reproche. + +--¡Bien!, te ofendo... tienes razón... estas decepciones me ponen de mal +humor... ya hablaremos de nuevo... ¡ahora vete! + +Y Pierrepont se retiró, besando antes a la baronesa en las dos manos. + +Una vez sola, levantóse aquélla bruscamente de su sillón y dio algunos +pasos por su gabinete, aspirando con descomunal ira el frasco de +inglesas sales, mientras que se entregaba para su corpino a este +aproximado monólogo: + +--¡No hay duda! Piensa en ella... ¡Como que ya yo lo había +barruntado!... ¡Claro, sus atenciones para con ella!... ¡Su distraída +indiferencia hacia las demás!... ¡Sus perpetuos aplazamientos!... ¡Nunca +lo hubiera creído capaz de semejante locura!... ¡Qué absurdo!... ¡Qué +absurdo tan culpable!... ¡Primero, quitarme a esa muchacha que ha +llegado a serme indispensable!... Después, imponerme la carga de +mantenerlos, porque los desafío a que vivan si yo no los ayudo... ¡Están +frescos!... Pero, ¿se entienden?... ¿Se han puesto de acuerdo?... ¿Es +tiempo todavía de parar el golpe?... ¡Eso es lo que ante todo necesito +averiguar! + +Llamó, presentándose una doncella. + +--A la señorita Beatriz, que venga. + +Aproximóse la baronesa a su tocador, humedeció su frente y mejillas, por +la emoción enrojecidas, y volvió a sentarse, con una falsa sonrisa en +los labios, cuando Beatriz entró. + +--Señora... + +--¡Escúchame, hija mía!... Esta pasada noche reflexionaba... pensaba en +ti... pensaba que yo era para ti todo lo que debo ser... todo lo que +quiero ser... Soy una anciana enferma... Esa es mi excusa... Tus +cuidados, tus buenos oficios me son preciosos, no lo oculto... sería +para mí contrariedad muy grande verme privada de ellos. + +--Pero, señora, yo absolutamente pienso... + +--Sé lo que vas a decir... no piensas abandonarme, y eso me encanta... +Sin embargo, si defecto hay en el mundo que me sea antipático y del cual +trate de preservarme con el mayor cuidado, es el egoísmo... y la noche +pasada me preguntaba a mí propia si el valor extremo que concedo a tu +compañía no argüía un poco de aquella pasión con respecto a ti... Así, +pues, hija mía, me ha parecido conveniente decirte que de ninguna manera +pretendo confiscar tu vida en mi provecho... Eres bonita, hija mía, y a +pesar de la adversidad que con tanta injusticia te ha herido, no es +imposible, ni mucho menos, que algún pretendiente aspire uno u otro día +a tu mano... + +--Señora, aseguro a usted... + +--¿Que esta circunstancia no se ha presentado todavía, vas a decirme?... +¡Sea! pero puede ofrecerse de un momento a otro... Aquí, como en París, +recibo mucha gente, y nada tendría de particular, que el día menos +pensado saliese al paso un hombre de gusto y de corazón... (espéralo +sentada, se dijo para sí la baronesa). En fin, lo que en resumen quiero +decirte es que, si el caso llega, no obstante el sacrificio que tu +ausencia fuese para mí, ten la seguridad de que yo nunca sería un +obstáculo... Muy al contrario, en mí hallarás el más decidido apoyo... +Permitiéndome poner una sola condición, que te parecerá, creo, muy +natural... Y es que me prometas no comprometerte a nada sin prevenirme +de antemano. + +--Señora, ése es mi deber, y puede usted estar segura de que jamás +faltaré a él. + +--¡Bueno, hija mía! permíteme un beso. + +Beatriz se levantó y le presentó la frente. + +--¡Ah!--prosiguió la baronesa haciendo seña a la huérfana de que se +sentara de nuevo, y cual si de pronto hubiera venido a su memoria un +detalle olvidado por azar...--Aun tengo que decirte algo... por más que +la precaución sea inútil... Al dejarte entera libertad en la elección +del hombre que escojas para marido, queda dicho, sin embargo, que hago +una excepción: mi sobrino Pedro. + +Al oír estas palabras, tan rápida y profunda fue la turbación de la +lectriz, que pareció imposible a la baronesa hacerse la inadvertida. + +--¡Oh! ¡compréndeme, hija! ¡No des mal sentido a mis palabras! No hay en +ellas nada de depresivo para ti... Por otra parte, nada tampoco tengo +que decir de tu comportamiento personal... Es irreprochable... Y no +ignoro que eres, por tu nacimiento y tus particulares prendas, digna de +mi sobrino... Y aun ve si soy sincera: añado que, a mi entender, Pedro, +al menos hasta ahora, no piensa en ti más de lo que tú piensas en él... +Pero, al cabo, es deber de una madre... ¿no soy yo como una madre para +ti?... es deber de una madre prever aun lo imposible cuando entra en +juego el interés y la dicha de sus hijos... ¡Sé bastante generosa para +escucharme hasta el fin!... Pues bien, si alguna vez pudiese entrar en +la cabeza de mi sobrino y ceder a la tentación del atractivo que el +fruto prohibido tiene para los vividores hastiados como él, me creeré en +la imperiosa obligación de oponerme, por todos los medios posibles a la +realización de su capricho... Voy, hija mía, a ponerte al corriente de +nuestros secretillos de familia. ¡Tan grande es la confianza que me +inspiras!... Mi sobrino Pedro no tiene sino... una insignificante +fortuna, que basta apenas, aun sumadas las larguezas que yo agrego, que +basta apenas, decía, a persona de su nombre y aficiones, para llevar +pasablemente y con cierto decoro su vida no ejemplar de soltero... Supón +que en una hora de locura se case con una muchacha sin dote... es la +estrechez... la miseria... y, lo que es peor, a la larga un detestable +hogar... porque mi sobrino, ya su capricho satisfecho, concluiría por +tomar aborrecimiento a la mujer que lo habría reducido a una premiosa +existencia... Verdad que hasta ahora es el heredero de mi fortuna, mas +en primer lugar no he muerto... y puedo vivir todavía muy bien una +treintena de años. (¡Tal era su ardiente deseo!) Y, en segundo, si Pedro +se casa contra mi voluntad, no solamente tendría que dejar de contar +conmigo en vida, sino lo que es más, declaro inapelablemente que lo +desheredaría, sin titubear un solo minuto... ¡Por cierto que anda por +ahí un sobrino de mi marido que, si tal sucediera, se daría con una +piedra en los dientes!... Ahora, hija mía, que te he abierto mi corazón, +como sentía necesidad de hacerlo, sólo me queda dirigirte una súplica... +Ya te he dicho cuan satisfecha estoy de tus atenciones y de tus +cuidados... ¿Tendré la satisfacción de saber que por tu parte concedes +alguna estima a lo poco que en tu obsequio he hecho hasta ahora? + +--Señora, no lo dude usted un momento. + +--Pues bien, hija mía, se te ofrece la ocasión--dijo la anciana dama con +solemne acento--de mostrarme tu gratitud; empéñame tu palabra de +señorita, y de señorita de noble clase, de que lo que te acabo de +manifestar será para siempre un secreto a guardar entre las dos. + +--Empeño a usted mi palabra. + +--¡Eres un tesoro, hija mía!... dame un beso... ¿quieres decir abajo que +no me aguarden para almorzar?... No me encuentro bien... Cuando me dejo +dominar por mi desdichada sensibilidad, me pongo mala, de seguro... Di a +Juan que me suba aquí alguna cosa ligera... Lo dejo a tú elección... Ya +conoces mis gustos, hija mía. + +--Muy bien, señora. + +Y Beatriz abandonó el gabinete.. + +Si algo de práctico hubo, como no puede negarse, en la larga homilía de +la baronesa, será preciso excusar a la señorita de Sardonne de que +verdades tales y tales advertencias no fuesen de su agrado. Lo que sobre +todo le había causado disgusto profundísimo, fue la falsa bondad, la +cazurra malicia, la perfecta y cruel diplomacia con que esta vieja hada +de la falacia la había envuelto y torturado, a fin de arrancarle como +final objetivo el más doloroso de los sacrificios, sacrificio mayor +todavía ahora por cuanto no escapaba a la penetrante mirada de la +huérfana cómo el marqués, al mismo tiempo que no concedía a sus rivales +otra cosa que las muestras de una fría urbanidad, reservaba para ella +atenciones tan expresivas que rayaban casi en la ternura. La misma +inquieta hipocresía de que la baronesa acababa de darle transparente +testimonio, decía claro a Beatriz cuánto sospechaba la vieja dama acerca +de las intenciones de su sobrino y cuánta rosada esperanza podía ella +abrigar en su pecho... Y, sin embargo, ahora más que nunca se encontraba +amarrada a su adverso destino, ya que no sólo había empeñado su leal +palabra a la de Montauron, sí que también teñía Beatriz en sus amantes +manos la suerte o la total ruina del hombre de sus predilecciones, +porque conocía demasiado la huérfana a la baronesa para poner un solo +instante en duda que, si Pedro se casaba contra la voluntad de su +orgullosa tía, no dejaría ésta por motivo alguno de poner en práctica +sus fulminantes amenazas; así, pues, veíase la joven sin ventura +reducida a temer lo que anhelado había más en la vida, y ante el temor +de verse expuesta, a prueba superior a sus fuerzas, rogaba al Cielo que +su elegido jamás llegase a amarla. + +Pero ya lo era... No había sido sin reñir violentos interiores combates +que el marqués se hubiese abandonado a la pasión secreta que la señorita +de Sardonne le inspirara; desde el primer día, deslumbrado por su +resplandeciente hermosura, interesado por un inmerecido infortunio, +púsose con prudencia en guardia contra un sentimiento cuyos peligros +preveía; pero su indispensable asiduidad hacia su tía, poniendo casi +diariamente a Beatriz ante su vista, habían concluído por derrotar tan +sesudos propósitos. Su afición fue agrandándose al compás del tiempo, y +con el transcurrir de los días llegó lentamente a ese fatal estado en +que alma, corazón y sentidos llegan a absorberse en la incontrastable +atracción hacia una mujer, ella sola, ella única, ella... A fuerza de +verídicos, cúmplenos confesar que el ensueño que al marqués inspiraran +los sombríos y profundos encantos de la hermosa lectriz, no tomó desde +luego la forma de un meditado matrimonio; Pierrepont se hallaba muy +lejos de ser un malvado, pero había vivido demasiado en el mundo y +precisamente en ese mundo en que los crímenes de amor encuentran siempre +complacientes jueces; además, la pasión tiene avasalladoras exigencias, +y cuando la mujer entra en juego no hay nunca perfectos caballeros, +presintiendo que sería de todo punto imposible obtener de la baronesa un +consentimiento trastornador de todos sus planes, un momento se agitó en +el alma de Pedro la idea de la seducción, pero ese fondo de honor y +rectitud que formaban su carácter íntimo acabó por hablar, imponiéndose, +y el amor quedó subsistiendo tan ardiente y más puro. La ejemplar +conducta de Beatriz en la situación penosa y delicada que la desventura +le había aparejado, tocaron el corazón del marqués en su más noble +sitio, porque esta joven probada y purificada por la adversa suerte, +esta joven seria, bella, casta, realizaba el ideal que él se había +forjado de la mujer para llenar su hogar, para ser honor y encanto de su +privado techo. + +Su prolongada residencia en los Genets, aproximándolo aún más a la +señorita de Sardonne gracias a cotidianas relaciones, fue exaltando su +pasión de día en día, hasta ese punto en que ella puede ser rebelde y +sorda a los argumentos de la razón, a los dictados del propio interés. + +El de Pierrepont, en el asunto de su matrimonio, era por manera tan +clara y evidente obedecer a su tía ciñéndose, a sus inspiraciones, que +desconocerlo así habría sido demencia consumada, y como a aquél no se +obscurecía esta circunstancia, la lucha que venía sosteniendo entre su +pasión y su razón tomaba por estos días el más punzante y lúgubre +aspecto. Decíale su buen sentido que, a ceder a sus íntimos +sentimientos, concertaba un matrimonio de amor, corría el casi seguro +riesgo de perder con las buenas gracias de su tía la fundada esperanza +de su rica sucesión, y, en consecuencia, podría caer en estado de muy +precaria fortuna, mensajera de duros sacrificios; no era un niño; sabía +lo que cuesta el vivir; conocía de memoria cuán caras son las +distracciones en la alta sociedad parisiense; caballos, teatros, lujo; +sería necesario, pues, renunciar a todo eso, y lo que es peor aún, +imponer a aquella que iba a ser su mujer privaciones idénticas. + +¿Se amarían bastante en el futuro para que sus recíprocas ternuras +viniesen a compensar todo lo que faltarles pudiera en presente y +porvenir? Horas había en que así lo pensaba en la amante efusión de su +alma, otras corrían en que la idea de sus gustos contrariados, de su +porvenir sin esperanzas, de su mujer en la estrechez, lo clavaban +desalentado en el umbral de sus resoluciones... + +Tres días después de la entrevista que celebrara con su tía y en la cual +entrevista había a medias librado a aquélla su secreto, tal vez por +inadvertencia, quizás con intención, presentóse Pedro a mediodía en +casa, de la vizcondesa de Aymaret. Encontró a esta señora leyendo en el +terrado que se prolongaba entre la puerta de su salón, mientras que sus +dos hijos de blondas cabelleras jugaban a sus pies. + +--¡Dios mío! ¿qué sucede?--decía la vizcondesa a Pierrepont que la +saludaba--; ¿qué hay?... ¡Qué pálido está usted!... ¿Está usted malo? + +--¡Absolutamente!--replicó Pedro sonriendo--. Solamente vengo a pedir a +usted un favor un tanto enojoso... ¿Podría hablar a usted un momento a +solas? + +La vizcondesa echóle sorprendida y curiosa mirada. + +--¡Entremos!--replicóle después. + +--¿Puedo cerrar las puertas?--preguntó el marqués. + +--¡Ciertamente! + +Pierrepont cerró las ventanas sentándose a algunos pasos de la +vizcondesa. + +--Cuando decía a usted el otro día durante nuestra navegación que +desearía tomar mujer por elección de usted, declinó usted esa +responsabilidad, pero al mismo tiempo creí comprender que un nombre +estaba a punto de caer de sus labios... + +--¡Es posible! + +--¡Dígamelo! + +--¡Nunca! + +--¿Ni aun cuando yo rogara que tuviese usted a bien ofrecer mi mano a su +amiga Beatriz? + +--¿De veras?--murmuró la vizcondesa. + +--No me permitiría jamás, vizcondesa, la broma más leve en asunto tan +serio. + +Un relámpago de intensa alegría iluminó de pronto el gracioso rostro de +la señora de Aymaret, y lanzando un grito de contento, tomó vivamente +las manos de Pedro, diciendo a éste: + +--¡Ah! es usted un perfecto caballero. + +--¿Quedamos, pues, en que se encarga usted de mi embajada? + +--¡Ya lo creo!--replicó la encantadora vizcondesa saltando de gozo. + +--Pero, puesto que es usted un poco confidente de la señorita de +Sardonne, ¿no puede usted calcular cómo acogerá la misiva? + +--Debo decirle con franqueza que no conozco absolutamente sus íntimos +secretos... si los tiene... Pero, en fin, según lo que yo me imagino, +quedaría más que sorprendida si su demanda de usted no fuera bien +acogida. + +--Usted sabe muy bien que no soy rico--añadió Pedro con cierta timidez. + +--Para ella lo es usted... ¡pobre Beatriz!... y además... + +Aquí interrumpióse de súbito y preguntó a Pierrepont: + +--¿Qué dice de esto su tía de usted? + +--No dice nada, porque nada sabe. + +La señora de Aymaret se incorporó bruscamente en su silla. + +--Pero, querido amigo, eso es muy grave... puede usted encontrar en su +oposición un obstáculo invencible. + +--Puede proporcionarme la oposición de mi tía una grave contrariedad, +mas suscitarme un obstáculo invencible, no, porque desde el momento que +he dado cerca de usted este paso es que estoy decidido a todo. + +--Amigo mío, bien sabe usted que su matrimonio con Beatriz ha sido +siempre mi más cara ilusión... pero soy demasiado amiga de usted para no +preguntarle si ha reflexionado usted maduramente sobre las posibles +consecuencias que para usted pueda tener su resolución. + +--Todo lo he previsto, mi buena amiga... Es evidente que mi tía, que +abriga sobre mí otros proyectos, se mostrará al principio muy +irritada... Sin embargo, me parece que el cariño que me tiene no es +grande, en tanto que es muchísimo su apego al nombre de familia, de que +yo soy el único representante... Fundándome en esto, no desespero de +traer a mi tía a la razón a fuerza de cariño y de buenos procederes... +aunque no se me oculta que corro el riesgo de enajenarme su voluntad en +el presente y quizás en el futuro... Faltaría a la verdad si no le +confesase a usted que me sería doloroso renunciar a las esperanzas de +mejor posición que por ese lado abrigo... pero aún es para mí más +ingrato abandonar este proyecto de casamiento con su amiga de usted, en +que fundo mi dicha... Todo lo que deseo es que la señorita de Sardonne +acepte mis proposiciones dignándose concederme su mano, sin que entre en +sus designios ser mañana la poseedora de una fortuna que puede muy bien +escapársenos... ¿Puedo contar absolutamente con usted a fin de que le +indique cuál puede ser nuestro porvenir si mi tía me deshereda? + +--Ciertamente puede usted. + +--Usted sabe mi fortuna personal... Usted sabe que es muy modesta... +pues bien, que la señorita de Sardonne no lo ignore. + +--Creo que Beatriz se preocupará bastante menos que usted de esos +detalles... Tiene naturalmente gustos elegantes y distinguidos, porque +es una gran señora... pero suelen ser las grandes señoras las que mejor +saben llevar, si el caso se presenta, una vida modesta y sencilla... +Sin embargo, déjeme usted reflexionar un poco. + +Apoyó el brazo sobre el velador, dejando caer en la mano su adorable +cabeza, y después de meditar un momento preguntó a Pedro, cubiertas de +rubor las mejillas, si le causaría invencible sonrojo aceptar una no +abrumadora ocupación que pudiera añadir a sus medios serios recursos. +Aseguróle la vizcondesa que ella tenía amigos y parientes en importantes +empresas financieras, y que no le sería difícil encontrar para él uno de +esos empleos en que se pide más la respetabilidad que los conocimientos +especiales. El marqués le dio las gracias, no sin enrojecer a su vez un +poco, mostrándose cordialmente dispuesto a aprovechar sus buenos +oficios. + +--¿Y cuándo quiere usted que hable a Beatriz? + +--Vizcondesa, lo más pronto posible, le suplico... le aseguro que hasta +que conozca su respuesta estaré en angustias de muerte... Usted ve que a +esta carta juego mi porvenir... es para mí un momento solemne... y, a +pesar de sus seguridades de usted... qué sé yo... no tengo gran +confianza... ¡tengo miedo! + +--¡Hola, amiguito!--arguyó la de Aymaret riendo--. ¡Bueno, voy a darle +una cita para mañana! + +Acercóse a su escritorio y escribió este corto billete: + +«Querida, quisiera verte un instante a solas, tengo algo que decirte. +Mañana a las 10 estaré en tu casa. Mil besos.--_Elisa._» + +Entregó la esquela a Pierrepont, conviniendo con él en que al día +siguiente se verían en una de las avenidas de los Grenets después de la +entrevista con Beatriz. + +Apenas de vuelta en el castillo, entregó Pedro a la huérfana, que se +preparaba para la comida, la misiva de la señora de Aymaret; leyóla +aquélla de prisa y no vio al pronto en su contenido nada de +extraordinario, nada que pudiera distinguirla de esa correspondencia +trivial que casi diariamente cruzaba con su amiga. Fue sólo aquella +noche cuando Pedro le preguntó si había leído el billete que de Elisa él +le trajera, que Beatriz advirtió la turbación y el desconcertado +continente del marqués. + +--¿Ha ido usted hoy a casa de la señora de Aymaret?--le preguntó la +señorita de Sardonne. + +--Sí... y aun hemos tenido una conversación muy larga... y muy +interesante. + +--¡Ah!--exclamó aquélla--, ¿y sobre qué? + +--Acerca de usted misma. + +Beatriz no respondió nada y se alejó dulcemente: se sentía en trance de +muerte: había entrevisto de un golpe la verdad, y parecíale que el cielo +se rasgaba para fulminarla con sus rayos. + +El deber más penoso que la señorita de Sardonne debía llenar en servicio +de la baronesa, era leerle a ésta por la noche, y a veces hasta muy +tarde, en tanto la anciana dama no lograba dormirse; en seguida Beatriz +se retiraba a sus habitaciones procurando a su vez conciliar el sueño, +si lo conseguía la pobre enamorada: aquella noche no alcanzó ganarlo, +que pasó sus mortales horas en mil veces leer y en comentar mil veces el +billete de su fiel amiga; transcurrieron para ella lentos los instantes +en cien veces decirse a sí misma que el momento de la terrible prueba no +se hallaba remoto y que la conminatoria arenga de la señora de Montauron +no fue más que el preludio de infernales torturas. + +¡Luego era verdad!... Ese hombre que, de hacía tantos años, fuera el +pensamiento de su pensamiento, la vida de su vida, había contra toda +vislumbre de esperanza pedido al fin su mano, esa amante mano a quien +tardaba posarse en la de él; y ella veíase forzada a rehusársela so pena +de faltar a deberes sagrados de conciencia y de honor, a deberes +sagrados no sólo ante ella misma sino también ante su propio amado. Pues +qué, ¿no se le había advertido que al desposarlo causaba su ruina? Y ni +aun decirle podía en qué fundaba su negativa, dándose a sí misma, +proporcionando a él ese postrer consuelo; no podía, sin hacer traición a +su palabra leal, sin arrastrarlo a fuer de caballero, a empeñar una +querella de familia cuyos resultados serían funestos para su propio +elegido. + +En su desamparo, ni suficiente le pareció siquiera su habitual plegaria +para pedirle fuerzas a Aquel que las otorga, y al romper el día salió +del castillo atravesando las húmedas praderas, en busca de la iglesia, +allá, en el límite del aún dormido bosque: momentos después habría +podido vérsela en el templo rogando desolada con fervor de mártir que +se apresta al supremo sacrificio. + +Al volver, como siguiese la orilla del riachuelo, arrodillóse en sus +márgenes, empapó en el agua el pañuelo y humedeció sus ojos abrasados +por lágrimas de fuego: dos horas más tarde la señora de Aymaret entraba +radiante de alegría en las habitaciones de la huérfana. Comenzaron por +besarse según costumbre, después de lo cual, anticipándose Beatriz a la +vizcondesa, le habló en estas palabras: + +--¡Es singular! Cuando anoche recibí tu billete iba yo a escribirte +rogándote que vinieras hoy a verme... tengo que pedirte un favor... + +--¿Un favor?--repitió la señora de Aymaret sentándose a su lado. + +--Sí... tú conoces personalmente al cura de San ***--y designóle una de +las más aristocráticas parroquias de París. + +--¿El padre D***? Seguramente, es mi confesor. + +--Si no me engaño, ¿es superior de las Carmelitas de la calle d'Enfer? + +--Sí. + +--Te suplico que le escribas dos renglones recomendándome a su +amabilidad: deseo ponerme al habla con él. + +Alteróse el rostro de la vizcondesa, que interrogó a Beatriz con mirada +inquieta. + +--Sí, pero me parece que ni pensarás siquiera...--díjole con emoción a +la huérfana su seductora amiga. + +--¿En entrar en el Carmelo?--repuso aquélla--. ¿Y por qué no?... Hace +tiempo que lo vengo pensando... mucho tiempo... ¿Qué mejor puedo hacer +sino abandonar este mundo, para mí tan duro?... Perdóname, amada Elisa, +si antes no te he hablado de mis proyectos... pero, en asunto tan grave +como éste, no hay mejor consejero que uno mismo... En materias de valor +y de vocación, cuando se consulta a un tercero es que se carece del uno +y de la otra... + +--¡Pero, por Dios, hija mía!... Tu vocación no la han hecho sino el +desaliento y la desesperación... Arrastras aquí, al lado de tu falsa +bienhechora, una existencia odiosa, sin esperanza probable de mejora... +pero, ¿y si yo te trajera no sólo esa esperanza sino la certeza de un +porvenir más dulce, más digno... un porvenir dichoso, en fin...? ¡Vamos! +óyeme, escúchame... ya te he dicho que estoy encargada de una misiva +para ti... ¿Quieres hacerme el favor de escucharme, repito? + +--Bueno... habla, mas sea lo que sea aquello que vas a decirme, no +alteraré en un punto mi resolución... + +--Entonces, te encuentras decidida a causar la desdicha de un dignísimo +caballero... Me refiero al marqués de Pierrepont, quien denodadamente +pide tu mano. + +Beatriz clavó en los ojos de su amiga una mirada fija, extraña, sombría, +mezcla de sorpresa y desvarío. + +--¡Dios mío!--balbució en sorda voz. + +--Y bien, amada mía--prosiguió la señora de Aymaret estrechando las +manos de la de Sardonne--; ¿no es eso mejor que el convento? + +--Me hallo, como bien lo ves, totalmente turbada con lo que acabas de +decirme... pero no te engañas acerca de la causa de mi emoción... +Experimento sorpresa... gratitud... Siento muchísimo responder con una +negativa a la generosa demanda del señor de Pierrepont... al honor que +me dispensa... pero, como te he dicho, mis ideas van por otro camino... +otros son mis sentimientos, y no pienso alterarlos. + +--Había creído comprender, Beatriz, que tu decisión no era irrevocable. + +--Cierto... debo reflexionar todavía. + +--Entonces, ¿me autorizas para que responda al marqués que pensarás?... +¿que no debe perder esperanzas? + +--Si le dijeses eso le engañarías. + +--¡Cómo! ¿aun cuando no entraras en el convento rehusarías su mano? +¡Ah!--exclamó la vizcondesa--, ¡aquí hay gato encerrado!... ¡tú amas a +otro! ¡Tú amas a otro!--repitió la señora de Aymaret sin sospechar qué +torturas imponía a su amiga. + +--Tal vez--murmuró Beatriz. + +--¿No hay esperanzas, pues? + +Beatriz respondió melancólicamente por un negativo signo de cabeza. + +--¿No puedo saber quién es? + +--¡Elisa, no insistas, te ruego! + +--¡Bueno! ¡está bien!--replicó aquélla con vivacidad--, ¡antes eras más +franca conmigo!... ¡adiós, hija! + +Y se dirigió rápidamente a la puerta. + +--¿No me das un beso?...--le preguntó la pobre Beatriz. + +--¡Siempre! ¡no uno, mil!--replicó tiernamente la vizcondesa saltando al +cuello de su amiga. + +Besáronse largo tiempo deshechas en lágrimas, y, en medio de su efusión, +cambiáronse todavía algunas palabras, recomendando Beatriz a Elisa que, +por razones que brevemente le explicó, nada dijese a nadie, el marqués +exceptuado, acerca de su proyectada entrada en religión. + +La señora de Aymaret abandonó el castillo y tomó el camino de las Loges, +fraguando en su cabeza el mejor plan para atenuar en lo posible el rudo +golpe que aguardaba a Pedro, resolviendo al cabo en sus adentros, +insistir sobre la entrada de su amiga en el Carmelo y dejar en la sombra +esos misteriosos amores cuya semi-confidencia había logrado arrancar a +Beatriz. No tardó la vizcondesa en divisar al marqués, quien lentamente +se paseaba en la convenida alameda, y como aquél reconociese a su vez a +la de Aymaret, se aproximó en seguida, no sin que la consternada +fisonomía de la joven dama hubiérale ya tácitamente revelado cuál fuese +su definitiva sentencia. + +--¡Que no!--se anticipó a decir a su confidente. Esta le apretó con +fuerza la mano poniéndose a caminar al lado de Pedro, mientras le decía +agitada febrilmente: + +--Nada de depresivo para usted... nada que pueda herir su dignidad... +¡Al contrario!... Se ha sentido conmovida hasta el llanto de lo que +ella llama su generosidad de usted... Pero el caso es que ha tomado una +gran resolución... Se va al convento... Entra carmelita... Sí, señor, +carmelita... Mi sorpresa es tan grande como la de usted... porque yo +sabía que era piadosa, creyente, pero no beata... Necesariamente la +lleva a dar este paso esa vida miserable que arrastra al lado de su +horrible tía de usted... dispénseme usted la palabra... Le he prometido +guardar el secreto para con todo el mundo, excepción hecha de usted... +Porque su tía de usted se pondría furiosa de perderla y Beatriz no la +prevendrá hasta el último momento por miedo de que le juegue una mala +pasada... Y ahora, amigo mío, si quiere usted tomar mi consejo... + +Pero, al decir esto, se interrumpió a sí misma al notar la profunda +palidez del marqués: paróse, pues, y tocándole en la espalda con su +pequeña enguantada mano, díjole: + +--¡Realmente lo siente usted mucho, amigo mío! + +--¡Siento que mi existencia se desploma!--replicó Pedro, sonriendo con +tristeza--. Escúcheme... crea usted que nunca olvidaré cuánto le debo... +Pero, ¿está segura de que se va al convento? + +--Me ha encargado ponerla en relaciones con el cura de San ***, que es, +al mismo tiempo, superior del Carmelo. + +--¿Está usted segura de que eso no es un pretexto? ¿Amará a otro? + +--¿A quién?... eso es muy improbable. + +--Pues entonces, ya es algo--añadió Pierrepont--, que su alma se +encuentre libre. + +--¡Sin duda alguna, amigo mío!--corroboró la de Aymaret--, y ahora, me +parece que debería usted alejarse de ella un poco de tiempo. + +--Es lo que pienso hacer. + +--¡Sin embargo, hay un inconveniente! ¿Cómo va usted a explicar su +partida a su tía en medio de este período de fiestas en su casa? + +--Justamente la casualidad me proporciona una excusa, que me parece +aceptará aquélla. Ayer, sin ir más lejos, he recibido carta de un amigo +de Inglaterra, lord S... invitándome a ir a pasar con él dos o tres +semanas en Batsford-Park. El convite tiene un carácter especial; se +trata de una reunión de caza a que debe asistir un personaje de sangre +real que se ha dignado designarme entre las personas que desearía lo +acompañaran; me propongo, pues, partir mañana. + +--¡Es lo mejor!--asintió, la señora de Aymaret. + +Entretanto había llegado a la vista de las Loges; el marqués paróse un +momento, y tocando la mano a la vizcondesa, le dijo con acento +conmovido: + +--No sé si tendré tiempo de ver a usted antes de mi partida... hasta la +vista, pues... ¡mil y mil veces gracias! + +--¡Dios mío! ¿gracias de qué? + +--De su leal amistad... hasta la vuelta... + +--¡Hasta la vuelta! + +Y se alejó en dirección a las Loges, mientras que Pierrepont volvía al +castillo. + +So pretexto de una violenta jaqueca abstúvose aquella mañana la señorita +de Sardonne de presentarse en el almuerzo, pero su ausencia no escapó a +la suspicaz atención de la baronesa, como tampoco se le había ocultado +la sombría preocupación de su sobrino. Conocía también ya que la señora +de Aymaret tuvo aquella mañana y en hora inusitada cierta misteriosa +entrevista con Beatriz; así, pues, relacionando estos tres incidentes y +atando cabos, vino a caer en la cuenta de lo que pasaba, creyendo +comprender que una parte de sus sospechas habíanse realizado, aunque sin +poder discernir con claridad cuál había sido el resultado; era de entera +evidencia para la señora de Montauron que su sobrino había dado un paso +decisivo cerca de Beatriz... Pero, ¿con qué éxito?; lo ignoraba, y el +averiguarlo era indispensable, por cuanto si el anonadamiento visible de +su sobrino podía significar que había sufrido una negativa, pudiera +argüir también que, hallándose al cabo por obra de Beatriz de la +oposición y amenazas de su tía, meditaba el marqués sobre esos textos. + +De un lado la certidumbre, del otro el temor de una escena enojosa, +mantuvieron un día a la señora de Montauron en terrible agitación de +espíritu; así que cuando en la velada comunicóle Pedro la carta de lord +S... anunciándole que bajo la reserva de su aprobación contaba partir al +día siguiente, la primera impresión de la baronesa fue la de un grande +alivio, porque de cualquier lado que el asunto se mirase, esa +precipitada fuga no significaba en puridad otra cosa sino la +desesperación de un enamorado en derrota... Beatriz había sin duda +alguna cumplido su palabra, y de ese cuadrante toda tempestad resultaba +conjurada. En otras circunstancias, la señora de Montauron habría +sujetado a muy severo examen el vínculo obligatorio de la invitación +británica, pero, si en las actuales coyunturas la súbita ausencia de su +sobrino desconcertaba algunos de sus planes contrariándola en ciertos +respectos, veíase en cambio libre de obsesión tan pesada, que ante esa +idea otorgó su permiso con relativa buena voluntad. + +Por consecuencia, al día siguiente, bien de mañana, el marqués de +Pierrepont tomaba el tren, acompañado de las caricias de su tía y de las +maldiciones de aquellas señoritas. + + + + +VII + +RIVALES + + +Cuando Pierrepont abandonó el castillo de los Genets en las +circunstancias que acabamos de describir, hacía ya más de doce días que +Fabrice también se hallaba de vuelta en París, súbitamente llamado por +una indisposición de su hija Marcela, indisposición que dio cierto +cuidado a las Hermanas de Auteuil, en cuyo instituto educábase la niña. +La baronesa había visto con muy malos ojos la partida del pintor, por +cuanto así se aplazaba indefinidamente la terminación de su retrato, de +que ella, a justo título, se sentía no sólo cumplidamente satisfecha, +sino hasta orgullosa, porque en él se veía, cual si se mirara en su +espejo, con un no sabía qué de algo más que ese pícaro espejo le +rehusaba obstinadamente, habiendo tenido el artista la galante +condescendencia de otorgárselo. + +Al día siguiente de su llegada a París escribió Fabrice a la baronesa +que había encontrado a la niña restablecida, mas que le era forzoso +prolongar la ausencia en dos o tres semanas, a fin de dar a la +convaleciente, antes de volverla a la pensión, las distracciones que +reclamaba su estado. Testigo Pierrepont del vivo descontento que causaba +a su tía paréntesis tal, le sugirió la idea de apresurar la vuelta del +pintor a los Genets haciéndolo acompañar de la enfermita, quien con los +puros aires del campo lograría más pronto restablecimiento. Aunque +gruñendo un poco, concluyó la señora de Montauron por dar el +beneplácito, y como Pedro tuviera que pasar por París para ir a +embarcarse en Boulogne, fue el encargado de trasmitir la invitación a +Fabrice. + +Cuando el marqués anunció a este amigo su viaje a Inglaterra, donde +debía permanecer varias semanas, no pudo el artista dominar su extremada +sorpresa. + +--Pero, ¿y tus proyectos de matrimonio?--le preguntó. + +--Mis proyectos de matrimonio, querido Jacques, han ido a juntarse con +las nieves de antaño... El casamiento visto a la distancia se me había +presentado como a otros hombres de mi edad bajo aspectos muy +halagüeños... Pero, a medida que me aproximaba, fue tomando tales formas +de esfinge y de quimera, que he acabado por desalentarme... Cuando he +encarado de frente los inconvenientes, me he convencido de que no puedo +vencerlos con mis medios... Rehuso, pues, y recobro mi libertad. + +--Y tu tía, ¿qué dice? + +--Mi tía... tiene paciencia... pero a ti te reclama a voz en grito, y +para anticiparse a cualquier objeción te ruega que vayas con Marcelita, +que hará allí buena provisión de salud corriendo en los bosques. + +Aunque demostrando su agradecimiento, manifestó Fabrice dudas y empacho +en admitir las ofertas de la baronesa. Pedro insistió: se pondría a la +niña una doncella, con el exclusivo objeto de que la cuidase; el médico +iría a verla diariamente... En fin, el artista, pareciendo tomar con +esfuerzo una resolución ingrata, preguntó a Pedro si podía concederle +media hora de atención para escucharlo. + +--¡Media hora!... y una... cuantas quieras. + +--Siéntate, entonces--le dijo Fabrice mostrándole un ancho diván que +ocupaba uno de los ángulos del taller. Sentóse Jacques junto al marqués +y comenzó así su diálogo, con voz turbada: + +--Voy a ser sin duda indiscreto... Pero, ¿debo entender que, según me +has dicho, abandonas los Genets libre de todo compromiso y aun toda idea +que se refiera a matrimonio? ¿He comprendido bien?... ¿Es así? + +--Has comprendido bien... así es. + +--¡Pues bien!... me sorprendes... yo hubiera jurado que amabas a la +señorita de Sardonne, y aun que pensabas casarte con ella. + +--¡Singular idea!...--dijo fríamente Pierrepont--. No, te equivocas; +conozco a la señorita de Sardonne desde su niñez y le tengo cierto +afecto... Eso es todo... Sabes, además, que mi fortuna es escasa y que +ella nada tiene... un matrimonio entre los dos sería una locura. + +--Puesto que ahí están las cosas, voy a hacerte una franca confidencia. +En la misma carta que se me participó que mi hija estaba indispuesta, se +me decía también que ya se hallaba restablecida, y no hubiera regresado +a París si no hubiese creído que debía aprovechar la ocasión para poner +a mis relaciones de amistad con Beatriz un punto final. Quería romper, +si ya era tiempo, la fascinación que sobre mí ejercía, considerándola no +sólo peligrosa para mi reposo, sino, lo que es más, desleal hacia ti. + +--Esos escrúpulos son dignos de tu caballerosidad, maestro queridísimo, +pero son infundados... y si abrigas, como me parece comprenderlo, +proyectos acerca, de la señorita de Sardonne, no tienes que temer, te lo +repito, ninguna rivalidad por mi parte. + +--Me dispensarás que te diga, caro marqués, que tus explicaciones no me +satisfacen... La señorita de Sardonne es casi de tu familia, y nuestras +conexiones de amistad son tales que no podrían abandonarme a mis +proyectos acerca de aquella joven sin obtener de antemano tu aprobación. + +Pierrepont se inclinó con gravedad, y prosiguió Fabrice: + +--Pero antes de darlo es preciso que conozcas mis sentimientos... +Fórmanlos elementos bastante heterogéneos... unos un tanto honrosos... +otros que lo son menos... Juzga con tu propio criterio... Puedo jurarte +que en mis relaciones cotidianas con Beatriz, ya en el salón de tu tía, +ya durante nuestras diarias lecciones de acuarela, me sentía a cada, +instante más influído por la simpatía, la estimación y el respeto que +aquélla me inspiraba; así como por su conducta y dignidad en soportar +sus sufrimientos, porque es imposible hacer cara a la desventura con más +altiva resignación; es imposible mantener con mayor decencia ni mayor +decoro una situación tan ambigua, delicada y peligrosa... Podría también +jurarte sin remordimientos que la idea de rescatar a aquella noble +criatura de la especie de abismo a que el infortunio la ha arrojado, ha +tenido en mis determinaciones parte muy principal, porque hay en esa +idea atractivos infinitos... Pero, en fin, ante todo y desde el primer +momento ha sido su hermosura la que me ha conquistado. Acabas de decirme +que conoces a la señorita de Sardonne desde su infancia, y sin duda por +eso, por el hastío que engendra el hábito, no te das cuenta de cuan +grande es su belleza... ¡Oh! ¡es fascinadora!... Tiene el puro, serio, y +un tanto trágico, encanto de Urania... y de Musa también; es su voz, +armoniosa y grave; encanta oírla leer; durante nuestras sesiones para +pintar el retrato de la baronesa, mil veces me ha asaltado la loca idea +de traerla a mi casa para hacerla el hada de este taller en que nos +encontramos... que por la magia de su presencia resplandecería cual otro +paraíso... Si hubiese conocido a la señorita de Sardonne en la alta +posición social en que nació, todo eso no habría pasado de un ensueño +pasajero de artista... uno de esos ensueños que con tanta frecuencia nos +asaltan... porque nosotros somos generalmente muy aristócratas en +nuestros amores... La mitad de nuestra vida la pasamos por ministerio +de la imaginación en muy altas esferas, en muy escogida compañía... +Vemos con harta frecuencia a las grandes damas en medio de los +esplendores de sus palacios, y entrevemos a las diosas tronando sobre +sus solios de nubes... Y aun es una de nuestras grandes decepciones, de +nuestros grandes dolores caer de pronto desde esas doradas alturas +encima de las ronzas de la tierra... Ahí tienes por qué, precisamente en +estas cuestiones de matrimonio, son tan graves nuestros errores y tan +profundos nuestros desencantos... ¡Ay! ¿quién lo sabe mejor que yo?... +Pues bien, te decía que si hubiese encontrado a la señorita de Sardonne +en todo el brillo de su nacimiento y de su fortuna, conozco demasiado +las leyes y las costumbres sociales como para que ni un momento se me +hubiera ocurrido aspirar a su mano... Pero, en fin, la veía desgraciada +y pobre... y al menos, si no en otro, en el camino de la riqueza me +encuentro ya... Aquellas circunstancias venían a acortar la distancia +entre nosotros... Podía al menos ofrecerla una posición independiente... +dar a su hermosura un marco digno de ella... y poco a poco me dejaba +ganar por una tentación tan poderosa, precisamente cuando me pareció +observar que tu amistad hacia la señorita de Sardonne tomaba el carácter +de más serios sentimientos... Desde ese momento mi línea de conducta +estaba trazada... ponerme en fuga... + +--Carísimo maestro--interrumpió Pierrepont--, eres un niño grande... +Todo eso me lo debiste contar... allá... en los... Genets... así te +habrías evitado un viaje de ida y vuelta. + +--Si diera rienda suelta a mi deseo--replicó el pintor--, ¿podría +contar, querido marqués, con tu simpatía y tus buenos consejos? + +--Simpatía desde luego... Cuanto a consejos, son siempre muy delicados +en estas materias... Yo no quisiera verte dar un paso en falso... Ante +todo es necesario saber si la señorita de Sardonne participa de tus +ideas. + +--Las ignora absolutamente--repuso el pintor. + +--¿Estás seguro? ¿En vuestras largas conversaciones durante la lección +de pintura no se te ha escapado nunca alguna palabra que la haya puesto +en sospecha? + +--Nunca. Era vuestro huésped. + +--Eres un caballero. En adelante, por lo que a mí se refiere, quedas en +completa libertad de hacer lo que te plazca. No debo ni puedo oponerme a +que la señorita de Sardonne sea dichosa contigo si ella así lo estima. + +--Pero, tú que la conoces de hace tanto tiempo, ¿crees que acogerá mi +demanda, si me atrevo al fin a presentársela? + +--En cuanto a eso, no sé qué decirte... ¡Es un carácter tan +misterioso!... Dicen que en su tiempo tuvo idea de entrar en el +convento... Pero eso tal vez fuera a falta de cosa mejor. + +--¿Y tú tía? + +--Mi tía se encuentra muy bien con su lectriz... Así es que por su parte +no debes aguardar muchos entusiasmos... pero no tiene ninguna autoridad +legal sobre Beatriz, quien depende en ese punto únicamente de su tutor, +cierto antiguo amigo de su padre, amigo por añadidura muy indiferente... +De modo que concluirá por decir amén a lo que a ella se le antoje. + +Hubo un corto silencio. + +--¿Crees--preguntó Jacques--que Beatriz querrá a mi hija, que se portará +bien con ella? + +--¿Por qué suponer lo contrario? + +--¡Es verdad!... ¿De manera que tu tía me permite que lleve la niña a +los Genets? + +--No sólo lo permite, lo desea. + +De nuevo quedaron en silencio. + +--Y bien, querido maestro, ¿es cuanto deseas que yo te diga? + +--Eso es todo... Te estoy sumamente agradecido... ¿Quieres darme tu +dirección en Inglaterra? + +Pierrepont se levantó, y escribiendo dos líneas en una de sus tarjetas, +la entregó a Fabrice. + +--¡Ahí tienes! Batsford-Park, Moreton in Marsh, Woorcester... ¡Adiós! +¡Hasta la vista! + +--¿Te vas esta tarde? + +--Esta tarde... sí... ¡Ea, hasta la vista! + +Diéronse la mano y se separaron. + +Únicamente por un esfuerzo de voluntad y altivez pudo el marqués seguir +hasta el fin la narrada conversación que fue para él interminable +suplicio, y tanto, que más de una vez tuvo que hacer un llamamiento a su +razón para no acusar a Fabrice de verdugo, despiadado e irónico... En +vano le había afirmado el artista con palmaria sinceridad que Beatriz +ignoraba su pasión; ¿qué sabía el pintor? Las mujeres tienen en esos +asuntos un don de doble vista sorprendente, y sobre todo con los pobres +de espíritu a la manera de Jacques Fabrice; tal vez la causa verdadera +de la negativa que Pierrepont había sufrido estribaba en ese amor que +ella vislumbraba y que se sentía inclinada a compartir desde el momento +que se le confesase. + +Dada la reputación que Jacques disfrutaba, era notorio que la puerta de +las grandes riquezas quedaba abierta para él, y, en ese caso, podía +contar con una pingüe renta para lo sucesivo: quizás era ése el mayor +atractivo para una muchacha criada en el lujo y ahora sumida en enojosas +privaciones a que le tardaba poner fin. + +En suma, aun haciendo lo posible para persuadirse de que sus temores +eran quiméricos y de que su rival encontraría a Beatriz tan inflexible +como se le presentara Pedro a él mismo, no podía éste defenderse contra +las angustias punzantes ni las locas injusticias de los celos. + +Casi se sentía inclinado a reprochar el leal comportamiento de Fabrice +ante cuya lealtad veíase obligado a inclinarse, cuando él se hubiera +creído dichoso en poderle arrojar al rostro cualquier sangriento +ultraje. + +Era, pues, ¡ay!, con sentimientos vecinos al odio que se alejaba del +amigo de su juventud. + +Este, por su lado, guardaba de la conferencia una impresión equívoca y +penosa, porque el lenguaje cortés y la casi impasible fisonomía del +marqués no habían sido parte a disimularle la especie de embarazo y de +frialdad con que aquél acogió su confidencia. + +Pedro, después de haber meditado sobre ese capítulo, acabó por +explicarse tal reserva merced a una razón que parecía verosímil: sin +duda hubo al principio de parte de Pierrepont, dados sus antecedentes y +opiniones, disgusto y extrañeza al considerar cómo un nombre de los +humildes orígenes de Jacques se atrevía a poner sus ojos en una joven de +elevada cuna, que era al mismo tiempo casi una parienta del marqués, +porque ya en más de una ocasión, aun en medio de su franca amistad, +había advertido Fabrice cómo tras del amable dilettantismo de Pedro +asomaba en ocasiones una punta de protección aristocrática, cual si su +amigo pretendiese arrogarse con respecto a él el papel de Mecenas. El +artista sonreía, como un sabio y un justo que era, absolviendo esas +debilidades radicadas en la levadura humana, pequeñeces al fin que +excusaba de buena voluntad por cuanto conocía cuan grande y noble fuese, +a pesar de ellas, el alma de su amigo. + +En la tarde misma de aquel memorable día de la entrevista, escribió +Fabrice a la señora de Montauron dándole gracias por sus atenciones, y +al día siguiente llegaba a los Genets acompañado de su hija Marcelita. + + + + +VIII + +MARCELA + + +Marcela, la hija del pintor, era por estos tiempos una linda niña de +cinco años, que tenía la misma frente serena y seria de su padre, +cautivando, además, por el gentil donaire de su graciosa personita. La +señora de Montauron declaró ex cáthedra que tenía aire de española. + +--Y no es extraño--añadía la señora--, porque usted también, Fabrice, +tiene tipo español... ¿Está usted seguro de no serlo?... Recuerdo haber +visto en San Sebastián, hace dos o tres años, un torero que tenía con +usted extraordinario parecido. + +--Eso es muy lisonjero para mí, señora, pero crea usted firmemente que +mi único parentesco con aquel diestro, es la común descendencia de Adán. + +La sociedad de invitados de los Genets se había, renovado en parte +durante la ausencia del pintor, pero el personal femenino, aunque un +poco más frío por la ausencia de Pierrepont, era siempre numeroso y +brillante. + +Las mujeres en general, en su necesidad de conceder tiernas +demostraciones, aprovechan presto la ocasión de otorgarlas a algo o a +alguien; así, pues, Marcela no tardó en atraer sobre su monísima figura +las cariñosas efusiones de que tan pródigo es el sexo bello; únicamente +entre los habitantes del castillo, la señorita de Sardonne mostró hacia +la criatura lejanía e indiferencia, dirigiéndole como al paso breves +palabras, en tono brusco, distraído, casi enojado, sin que tuviera con +el padre durante las reanudadas lecciones de acuarela ni una frase +cariñosa para la niña: el mismo angelito sentía esa especie de +menosprecio, pareciendo tener miedo a la bella desdeñosa. Jacques +ignoraba en absoluto la tremenda prueba por que acababa de pasar la de +Sardonne, prueba cuyas amarguras desgarraban todavía su alma con toda la +crueldad de una pesadilla. Alarmado y herido el pintor en su ternura +paternal, acusó a la huérfana de insensibilidad, de vano orgullo, de +sequedad de alma, preguntándose si sus mismos sentimientos serían jamás +comprendidos por aquel corazón de acero, diciéndose también que, de +continuar persiguiendo su ensueño amoroso, comprometía la dicha de su +hija, ¡el adorado encanto! + +En estas incertidumbres transcurrió para él la primera semana después de +su vuelta a los Genets. + +Cierta hermosa mañana del fin de septiembre hallábase el pintor sentado +en un banco del parque, aguardando a Beatriz, que aquel día tardaba un +poco en venir a dar su lección; Marcela corría y jugaba delante de él, +y a cada instante interrumpía su juego, llegándose a besar a su padre, +porque este querubín guardaba para Fabrice ternuras de mujer enamorada. +Ella le hacía el nudo de la corbata, ella sacudía el polvo de su traje, +ella le echaba al cuello un pañuelo de seda para preservarlo de la +húmeda brisa. Descubrió la niña, en medio de su incesante ir y venir, +algunas tempranas violetas ocultas entre la yerba, y haciendo un ramito +las colocó en el vestido del artista; después sentóse, y abrazando con +mimo a su padre: + +--¿Te encuentras bien, papá?--le preguntaba--: yo me encuentro muy +bien... ¿Verdad que es bonito el campo? + +Esta escena íntima tenía desde hacía algunos minutos un mudo testigo; la +señorita de Sardonne había salido del castillo llevando en la mano su +caja de colores, y sin ser advertida habíase aproximado al tierno grupo; +paróse un momento, avanzó de nuevo, y con aquella voz cadenciosa y grave +que estremecía al pintor hasta el fondo del alma: + +--¿Se quieren ustedes mucho?--preguntó. + +--Somos todo el uno para el otro--replicó Fabrice poniéndose de pie. + +Clavó sobre él una mirada inquisitiva, y volviéndose a la niña: + +--¿Quieres mucho a tu papá?--le dijo. + +La niña, cortada por la presencia de su enemiga, respondió con un +sencillo gesto poniéndose la mano sobre el corazón. + +--¡Monísima!... dame un beso... ¿Quieres? + +Admirada la niña, acercóse lentamente; entonces Beatriz la tomó en +brazos, la puso de pie sobre el banco y la abrazó contra su pecho +cubriéndola de besos. + +Estas caricias apasionadas por parte de una persona tan avara de +expansiones conmovió a Fabrice hasta lo íntimo del corazón, como si esos +cariños hubiesen sido concedidos a él mismo, y todos sus temores, todas +sus ansiedades se desvanecieron al soplo de esos besos. Adivinó todo el +calor de alma que la altiva joven disimulaba por una especie de pudor +bajo sus heladas apariencias, y su pasión, un momento en derrota, lo +ganó de nuevo por entero. + +Marcela volvió al castillo y Beatriz se puso a la obra bajo la vista del +maestro. + +Acababa de dibujar una especie de chalet, cubierto por una enredadera +que servía de habitaciones al jardinero. Fabrice examinó el diseño, le +hizo una ligera corrección y, devolviéndoselo: + +--¡Qué amable ha estado usted con mi hija!--le dijo. + +--¡Admira a usted eso! + +--No, seguramente... pero... + +--Sí, le admira... lo he leído en sus ojos... Sé muy bien que hasta +ahora no había mimado a su hija de usted... Excúseme usted... soy +algunas veces tan distraída... suelo estar tan preocupada... Me decía +usted, señor Fabrice, que eran ustedes todo el uno para el otro... ¿Hace +mucho que esa pobre niña perdió a su madre? + +--Poco más de cinco años. + +--¿Se casó usted muy joven? + +--Sí, muy joven. + +--¿Y ese angelito no tiene más parientes que usted? + +--Tiene un tío... hermano de su madre. + +--Es religioso, ¿no es verdad? ¿En los Oiseaux, me parece? + +--No, señorita, en la Asunción d'Auteuil. + +--¡Ah! sí, conozco... allí se está muy bien... es un paraíso... Pero, +¡Dios mío! Señor Fabrice, qué mal está mi enredadera... se diría de +estuco... no tiene aire... ¡Decididamente, esto no marcha!... Pierdo la +fe, señor Fabrice. + +--No tiene usted razón, señorita... aseguro a usted que ha hecho serios +progresos. + +--Sí, pero nunca seré pintora... no tengo talento... ¿no es verdad? + +--Perdón--respondió el pintor con su habitual sinceridad un poco ruda--. +Tiene usted un muy cumplido talento de aficionada. + +--Sí, pero no es un talento que en rigor pudiera proporcionarme recursos +para vivir. + +--Podrá usted conseguirlo... pero para eso habrá que conceder más tiempo +al estudio. + +--¡Más tiempo!--murmuró Beatriz. + +Y precisamente al decir eso dio dos golpes la campana del castillo. + +--¡Me llaman!--exclamó aquélla, guardando con prisa su dibujo en la +caja--. ¡Más tiempo!... ¡Ya ve usted si es fácil!... ¡Ya ve usted cómo +puedo disponer de mis horas! + +--¡Su vida de usted no es por cierto dichosa!--añadió Fabrice echando a +la huérfana una mirada de tierna compasión. + +--Señor Fabrice--le replicó aquélla bajando la voz y con una energía +extraordinaria--, no importaría nada ser sólo desgraciada... Lo que es +terrible es sentir cómo va una volviéndose perversa. + +Y se dirigió casi corriendo hacia el castillo. + +Fabrice no tardó en seguirla; una vez en sus habitaciones paseóse largo +tiempo de arriba abajo, torturado por supremas incertidumbres; después +se sentó delante de una mesa, tomó una pluma y escribió la siguiente +carta: + + «Señorita: + + »Me permito decir a usted por escrito lo que me ha faltado valor + para expresarle de palabra. Mi carta será corta. Respeto a usted + demasiado para dirigirme a usted con frases de una admiración y de + una galantería triviales. El único homenaje que me atrevo a + rendirle, es poner mi destino en sus manos. No puede en adelante + ser dichoso o desgraciado mi porvenir sino en virtud de lo que + usted se digne resolver. ¿Bastará con que le diga que no hay uno + solo de sus méritos, uno solo de sus atractivos, uno solo de sus + sufrimientos de que no me sienta profundamente, perdidamente + penetrado? + + »Estimo a usted tanto, señorita, que me parece cometer una + profanación al osar amarla. Pero, en fin, humildemente le ofrezco + lo poco que yo soy. ¿Quiere usted ser la madre de mi hija?... ¿Nos + rechaza a ella y a mí? + + »De usted respetuosísimo servidor siempre y en todo caso,--_Jacques + Fabrice_.» + +Como el artista, después de haber cerrado la carta reflexionase acerca +del medio más pronto y seguro para hacerla llegar a su destino, vio +desde la ventana de su salón, que precisamente atravesaba Beatriz en +aquellos momentos el patio de honor del castillo. Este patio, muy +grande, se hallaba plantado en parte de césped y de árboles. Hermosos +castaños formaban en un ángulo una especie de bosquecillo provisto de +rústicas sillas. A ese bosquecillo solía venir Beatriz algunos mediodías +a leer a sus anchas, cuando la baronesa la dejaba respirar. El pintor +llamó a su hija que ocupaba una habitación contigua a la suya. + +--¡Ven acá, alma mía!--le dijo--. Mira, la señorita Beatriz está allí +sentada debajo de aquel árbol, junto a la capilla... Anda y entrégale +esta carta de mi parte... ¡Anda, hija mía! + +Un momento más tarde Fabrice seguía angustiosamente con la vista la +marcha de la niña a través del patio. Al fin desapareció bajo la sombra +espesa de los castaños. Interminables minutos transcurrieron; después +Marcela salió del círculo de sombra y volvió hacia el castillo a cortos +pasos. Fabrice creyó ver que la criatura tornaba con la carta en la +mano; pasóse la suya sobre la frente helada, diciendo: + +--¡Dios mío! + +Y esperó inmóvil. Marcela entró. + +--¡Toma, papá!--le dijo. + +Y le devolvió el pliego que tenía en la mano. + +Era, en efecto, el sobre de su carta, pero el sobre solo, abierto y +medio desgarrado. En uno de sus ángulos estaba escrita con lápiz esta +única palabra: «Mañana.» + +Hubo una pausa. + +--¿No te ha dicho nada ella?--le preguntó Jacques a la niña. + +--Nada. + +--¿Te ha dado un beso? + +--No. + +Todos los que aman, o los que amaron, se imaginarán fácilmente las +imaginaciones, la fiebre, los súbitos transportes de esperanza, los +repentinos golpes de desaliento que atenazaron el alma de Jacques +Fabrice en las eternas horas que le separaban del mañana. Aquella noche +vio como de ordinario a Beatriz en el salón; pero no pudo sorprender ni +en su fría actitud ni en sus ojos impasibles de esfinge el menor signo +que pudiera ayudarle a descifrar el enigma que encerraba esa palabra: +«Mañana.» + +¿Le escribiría ella? ¿le respondería de viva voz cuando viniese, según +costumbre, a tomar su lección de pintura?... + +Al día siguiente, mucho antes de la hora habitual, Jacques se hallaba en +el sitio de la cita, ocupando el banco que había escuchado la +conversación de la víspera. Beatriz llegó, respondió a su saludo con un +ligero movimiento de cabeza, sentóse y púsose a preparar sus colores sin +pronunciar una sola palabra; después, haciéndole seña de que se sentara: + +--Señor Fabrice--le dijo con voz contenida, dulce y triste--; señor +Fabrice, le estoy reconocida... muy reconocida... pero no debo ni +quiero engañarle... puedo acordarle mi mano... pero temo que mi corazón +desgarrado, marchito, ulcerado por la desgracia, no pueda devolverle +todo lo que el de usted le da... Temo que los sinceros sentimientos de +estimación y simpatía que experimento hacia usted, no respondan sino +imperfectamente a los que tiene a bien consagrarme... Temo también que +este paso que da, no sea para usted una desgracia. + +--Señorita, nunca pude esperar encontrar en usted desde el primer +momento la ternura infinita que usted me ha inspirado... No puedo +confiar sino al tiempo, lo sé, a mis cuidados afectuosos, a mi adhesión +apasionada, a su dicha, que la amistad se torne en afecto. + +--Señor Fabrice, sólo debemos contar con el presente y debo decir la +verdad... Cuanto al porvenir, todo lo que puedo asegurarle es que pondré +de mi parte lo posible para ser una buena y honrada esposa, una madre +cariñosa de su hija. + +Jacques, los ojos húmedos por la emoción, tomó la blanca mano que +Beatriz le tendía e intentó llevarla a sus labios, pero ella la retiró +suavemente: + +--¡Cuidado!...--dijo--; si cree que debe darme las gracias, démelas +usted más tarde... Se nos vigila, muy de cerca cuando estamos en este +sitio... y le suplico que no traicione nuestro secreto hasta tanto que +haya puesto en antecedentes a... mi bienhechora--dijo la señorita de +Sardonne con una sonrisa de extraña amargura al pronunciar esta última +palabra. + +--Pero, señorita--dijo el pintor--, ¿no es a mí a quien toca hablar +sobre este asunto, con la que usted llama su bienhechora? + +--Seguramente, eso será conveniente y aun necesario, pero me parece que +debo prevenirla de antemano. Tengo mis razones. + +--¡Dios mío! señorita, sabemos que vamos a encontrar de su lado una +actitud un poco hostil... y, en ese caso, su entrevista va a causarle un +verdadero disgusto... Permítame que se lo evite... o, al menos--añadió +sonriendo--, que sufra yo las primeras descargas... Respeto mucho a la +señora de Montauron, pero no le tengo miedo. + +--Ni yo tampoco--afirmó Beatriz--. Si usted me ha visto sufrir con +paciencia las humillaciones de una verdadera domesticidad, cualquiera +que fuesen los motivos de mi resignación, esté usted seguro de que la +bajeza no entraba para nada en ella... Muy mal me conoce usted, señor +Fabrice, si cree... + +La joven se interrumpió bruscamente; acababa la campana del castillo de +dar los dos golpes indicadores de que la lectriz debía volver al lado de +la baronesa. + +--¡Voy!--dijo levantándose, y un centelleo de fiera brotó de sus +pupilas. + +Tendió de nuevo la mano a Fabrice, y se alejó. + +El día en que la señora de Montauron impuso a Beatriz el sacrificio +definitivo de su amor hacia Pierrepont, destruyó por el hecho el motivo +único que tenía la huérfana para tolerar la mísera existencia que +arrastraba al lado de la baronesa, y desde ese momento el disculpable +sentimiento de sorda irritación que la joven nutría hacia su dura +protectora habíase cambiado, en esta alma contenida pero ardientemente +apasionada, en verdadero horror. La vista misma de la baronesa había +llegado a hacérsele insoportable; su resolución de abandonarla estaba +definitivamente tomada, y no aguardaba sino el momento de ponerla por +obra; su primera idea fue, como hemos visto, llevar a cabo una especie +de suicidio sepultándose en las austeridades de una de las más severas +órdenes religiosas, y aun volvió, a hablar de nuevo a su amiga la señora +de Aymaret sobre su próxima entrada en el Carmelo, esforzándose +realmente en cifrar en el Cielo un amor para el que ya no quedaba +esperanza alguna en la tierra; pero es menos difícil hacer un sacrificio +que perseverar en él. Así, pues, la pobre joven encontraba en su natural +apego al mundo, en su enérgica y floreciente salud, resistencias que le +hacían muy dolorosa esa renuncia a todo... Y, sin embargo, ¿qué hacer? +¿adónde ir? + +La carta con la declaración de Fabrice vino a sorprenderla en medio de +estas indecisiones crueles. Muy admirada, sin embargo, y aun enojada por +el paso que aquél había dado, quiso no obstante dar algunas horas a la +reflexión; más de una secreta repugnancia tuvo que vencer, pero, en fin, +en la extremidad a que se veía reducida, ¿cómo no aceptar ese refugio, +después de todo honroso, que le abría una mano afectuosa y fiel? Para +un náufrago de la existencia como lo era ella, la solución que se le +presentaba era, si no la dicha, al menos la vida, y, sobre todo, el +término cierto, seguro, de su pesada esclavitud. + +Además, no ignoraba ella que la noticia de su matrimonio y consiguiente +salida de la casa, era para la baronesa un trance horriblemente +desagradable, y el solo placer de darle ese justificado mal rato venía a +satisfacer la pasión más violenta que existe tal vez en la tierra; el +odio de mujer contra mujer. + +La señora de Montauron acababa de dormir pacíficamente su siesta en su +gabinete contiguo al salón, y como digería con dificultad, su sueño era +premioso, por cuya razón despertaba siempre de terrible mal humor. Así, +pues, apenas vio entrar a Beatriz: + +--¡Me parece, amiguita--le dijo--, que prolongas mucho tus lecciones con +el señor Fabrice!... He tenido tiempo de leer casi la mitad de mi +diario... me están llorando los ojos... ¡Vaya! ¡toma! estaba en la +gacetilla... pero no, prefiero el folletín... veamos qué sucede al cabo +a esa divertida duquesa... a quien el autor hace hablar como a una +lavandera... ¡Bueno! ¡Vayamos, lee! ¡Principia! + +--Perdón, señora--replicó la joven con extremada cortesía--; ¿podría +decir a usted antes cuatro palabras? + +La baronesa la vio vagamente inquieta. + +--¿Qué deseas?--le replicó con acritud. + +--Señora, ¿me permite usted que le recuerde la conversación que tuvimos +en secreto en su habitación de usted hace quince días? Usted tuvo a bien +decirme que si alguna vez cualquier caballero, un hombre de corazón, me +pidiese en matrimonio, no solamente no tendría que temer ninguna +dificultad por parte de usted, sino que hasta podía contar con su más +sincero concurso... Tales palabras, señora, son demasiado preciosas para +que yo haya podido olvidarlas... ¿Tiene usted, tal vez, señora, la +bondad de recordarlas? + +A pesar de no ser la baronesa persona que con facilidad se +desconcertase, esta vez quedó descorazonada al oír semejante exordio, y +fue casi balbuceando que respondió a Beatriz: + +--Pero, ¡es posible!... Sí, pude decir algo de lo que me indicas... pero +con ciertas reservas... + +--Es cierto, señora, estableció usted ciertas reservas. Puso usted a su +bondadoso concurso dos condiciones: la primera fue que su sobrino de +usted sería excluido del número de aquellos entre los cuales podía yo +escoger marido... la he respetado; fue la segunda que no me decidiría en +favor de nadie sin prevenir antes a usted... es lo que ahora efectúo. + +--¡Bien! escucho. + +--Señora--prosiguió la señorita de Sardonne con el mismo tono de +correcta urbanidad--; la circunstancia que usted tuvo a bien prever y +desear con respecto a mí, se presenta hoy. + +--¡Ah! + +--Y vengo a rogarle que acoja con benevolencia la súplica que... para +honor mío, no tardará en presentarle el señor Jacques Fabrice. + +--¿Te pide en matrimonio Fabrice? + +--Sí, señora. + +--Me parece que debiera haber empezado por dirigirse a mí... Eso es la +educación rudimentaria. + +--Así lo hubiera hecho, señora, pero ha juzgado inútil proporcionar a +usted esa molestia sin conocer antes mis sentimientos personales...; +que, después de todo, era lo que más le importaba. + +--¿Y te satisface ese casamiento? + +--Sí, señora; el señor Fabrice es una honrada persona y un hombre de +talento cuyo nombre me sentiré orgullosa de llevar. + +--Supongo que no ignoras a quién sucedes como esposa... su primera mujer +fue una lavandera. + +--Perdón, señora, era florista. + +--¡Es lo mismo!... ¡en bonita sociedad te vas a meter! + +--Me encontraré contenta en ella si soy tratada con consideraciones. + +--¿De modo que me dejas plantada, así, sin más ni más, olvidando todo lo +que he hecho por ti, desde el momento que te recogí como si fueses mi +hija? + +--Esté usted segura, señora, de que no olvido un momento ninguna de las +singulares bondades que a usted debo desde el momento que tuvo a bien +tomarme a su servicio. + +Para que nada faltase a la baronesa, tenía el don de hacerse cargo +rápidamente de los menores matices de lenguaje; de ahí que no le pasaran +por alto ni una sola de las impertinencias corteses ni de las vengadoras +ironías de que la venía haciendo blanco su lectriz. Sucedió en +consecuencia, que al oír aquella última y sangrienta réplica, la de +Montauron se levantó vivamente de su asiento, y si hubiese podido +disponer de los rayos celestes, habría sido muy verosímil que la +señorita de Sardonne no hubiese podido repetir el cuento. A falta de +otro expediente, verdad es que podía despedirla de su casa cubierta de +ignominia, y lo pensó, pero la reflexión no tardó en mostrarle los mil +peligros que traería un escándalo. Las malas lenguas la acusarían de +oponerse al puro egoísmo de un casamiento, por otra parte muy razonable +para la huérfana, que era al mismo tiempo su protegida; de manera que la +baronesa resolvió callarse y tener paciencia; puesto que de cualquier +modo que fuese, la lectriz escapaba a sus garras, valía más, pues, por +sensible que le fuese perderla, tomar su partido y darse siquiera el +mérito, cubriendo las apariencias, de haber sido generosa hasta el +fin... ¡Bueno! después de todo, ese estúpido matrimonio tenía su lado +conveniente, puesto que libraba a la señora de Montauron _per omnia +sæcecula_ del terror de ver a su sobrino casado con esa muchacha en la +ruina. + +En virtud de estas diversas consideraciones, la belicosa conferencia +entre la baronesa y la lectriz iba a tomar un sesgo bastante +imprevisto, aunque perfectamente femenino. La señora de Montauron, que +había dado muy agitada varios paseos por el gabinete aspirando su pomito +de sales, posó la mano sobre el hombro de Beatriz, diciéndole: + +--Querida niña, supongo que no te habrá sorprendido que mi primer ímpetu +al saber que me dejas haya sido de mal humor... Porque yo siento mucho +tu ida, aunque a ti mi contrariedad te tenga sin cuidado... ¡Vamos, hija +mía, dame un beso! + +La señorita de Sardonne pasó por este sacrificio, y al abrazarla, la +baronesa, cuyo sistema nervioso venía estando en insoportable tensión, +rompió en llanto; fue para ella un alivio. + +--¿Sabes--preguntó a Beatriz a través de sus sollozos--cuánto gana por +año? + +--No le he preguntado, señora. + +--Estos pintores, cuando llegan a adquirir fama, ganan lo que quieren... +Serás rica, hija mía... ¡Esa es la verdad! + +--¿Puedo decir al señor Fabrice que tiene usted a bien recibirlo? + +--Sin duda.... a mi hora acostumbrada... pero es preciso que antes de +casarse termine mi retrato... Dile que venga dentro de media hora. + +Beatriz le presentó de nuevo sus mejillas y se retiró. Pronto encontró a +Fabrice en el parque, haciéndole un breve resumen de su entrevista con +la baronesa. + +--Ya ve usted cómo la cosa ha pasado sin mayores inconvenientes y que la +señora no me ha maltratado mucho. + +--Es que sabía que estaba usted sólidamente apoyada por +retaguardia--respondió el pintor riéndose--. Yo estoy obligado a +guardarle más consideraciones, eso lo sabe ella muy bien, y temo que la +tempestad que no ha hecho más que asomar para usted, estalle sobre mí. + +--Debe, a no dudarlo, aguardar algunas impertinencias... pero, si en +algo me estima usted, súfralas con resignación, a fin de no echar a +perder las cosas, que no van saliendo del todo mal. + +--Se lo prometo a usted, y aun desearía que la prueba fuese dura, puesto +que por usted voy a soportarla. + +--Muchas gracias... pero usted comprenderá que deseo, a ser posible, +salir de esta casa sin escándalo. + +Prolongóse aún un poco de tiempo la conversación entre ellos, y mientras +paseaban por la avenida central del parque, Beatriz daba al artista +algunos antecedentes sobre la persona de su tutor, a quien se proponía +escribir en seguida y cuyo consentimiento no era dudoso; y habiendo +llegado en esto la hora de sesión, para el retrato de la señora, Fabrice +volvió al castillo, encontrándose momentos después cara a cara con +aquélla. + +La señora de Montauron ocupaba ya su sitial en el centro de la sala. + +--Señora baronesa--comenzó el pintor--, la señorita Beatriz me ha dicho +que tenía usted a bien aprobar la unión que tengo la audacia extremada +de ambicionar... Mil gracias le doy a usted por mi parte, señora, con +tanto mayor motivo cuanto que usted se priva en mi obsequio de una +compañía, de una intimidad de quien nadie mejor que yo conoce el precio. + +--¡Dios mío! ¿Qué quiere usted, señor Fabrice? Lo que hace la dicha de +los unos constituye la desgracia de los otros... ¡Esa es la vida!... +Siéntese usted. Hablaremos del particular mientras usted trabaja, puesto +que eso no le molesta. + +Fabrice se inclinó, instaló el caballete, tomó la paleta y se puso a +pintar. + +--Creo que necesitaremos dos sesiones todavía. + +--¡En fin!--dijo la baronesa. Callóse un momento, y a poco empezó de +nuevo--. ¡Bueno!... volviendo a nuestro casamiento, mi querido señor +Fabrice, va usted a casarse con una persona de la que me veo obligada a +hacer las mejores ausencias... Su conducta y comportamiento desde que +está a mi lado han sido positivamente ejemplares, como habrá podido +juzgar por usted mismo... Beatriz posee cualidades mil que yo aprecio +infinito... y, a pesar de eso, si me hubiera usted hecho el honor de +consultarme antes de ofrecerle su mano, quizás me habría visto obligada +en conciencia a quitar a usted su idea de la cabeza. + +--¿Puedo saber por qué, señora baronesa? + +--¡Dios mío! porque el día que se case usted con ella esas mismas +cualidades, algunas por lo menos, pueden convertirse en defectos... No +soy yo por cierto la que le reprocharé el sentirse orgullosa de su +nacimiento y de poner muy alto la estima de su nombre y de su propia +persona... pero aun a mis ojos, muy indulgentes por cierto en esos +particulares, la señorita de Sardonne exagera sus méritos... Tiene, y +quede esto entre nosotros, más soberbia que Lucifer... Usted mismo lo va +a experimentar si Dios no lo remedia, mucho me lo temo, mi querido +señor... No voy hasta decir que menospreciará a su marido, que a nadie +puede inspirar tal sentimiento, ¡no, señor!... pero una alianza como la +que ella concierta, tan completamente honrosa por otra parte, está en +demasiado abierta contradicción con las tradiciones, con las costumbres +de su familia, y de nuestra sociedad, como para que la señorita de +Sardonne no deje de sufrir, más o menos, en su fuero interno... ¡Ay! +querido señor, sé tan bien como usted que bajo el punto de vista de la +sana razón, todo eso es perfectamente absurdo... pero permítame que le +diga que conozco mejor que usted las ideas que a ese respecto reinan en +nuestro medio social... Muy poco han cambiado, créame usted, esos +sentimientos desde la época de Luis XIV y de Saint-Simon... ¡Perdone +usted! sé lo que va usted a decirme... ¡Va usted a hablarme de la +revolución!... ¡Jesús! ciertamente ha habido la revolución... pero si la +revolución ha podido arrebatarnos nuestros privilegios y aun nuestras +cabezas, no ha podido quitarnos los beneficios de eso que ustedes +llaman, si no estoy equivocada, atavismo... es decir, en viejo francés, +la excelencia de una sangre que se ha destilado y refinado en nuestras +venas de generación en generación por espacio de quinientos o +seiscientos años... Y... esa sangre se revela a pesar nuestro, mi +querido maestro, cuando se la mezcla con otra... más joven... más +pura... ¡Dios mío! no digo lo contrario, pero que, en fin, ni es de la +misma esencia ni del mismo color... Por consecuencia, no es el uso hoy, +pese a la revolución, que una señorita de la nobleza se case con un +industrial... un sabio... un escritor... un artista, sean cualesquiera +sus méritos... Algunas veces, suelen verse señoras tituladas casarse con +poetas o con artistas... pero ésas son princesas extranjeras... En +Francia la cosa no tiene casi precedentes... Y no vaya usted a creer, mi +querido señor Fabrice, que en tales procederes haya nada de depresivo +para aquellos que son objeto de él... a nadie en el mundo le gustan más +que a nosotros los escritores, los poetas y los artistas... Hacemos de +ellos con el mayor gusto el ornamento de nuestras mesas, el interés y el +atractivo de nuestros salones... pero no nos casamos con ellos... +¡Excúseme usted! va usted a decirme que somos menos difíciles en lo que +se refiere a alianzas de nuestros hijos y que los casamos con señoritas +más o menos bien nacidas con tal que sean ricas. A eso le responderé, en +primer lugar, que no es en lo que mejor nos portamos, y, en segundo, +que, según nuestras ideas, el varón ennoblece, principio, fíjese bien, +que reposa sobre una acertada concepción de la naturaleza humana, porque +hay en la mujer una delicadeza de instinto, una flexibilidad, una +facilidad de asimilación, una plasticidad, por decirlo así... si me +expreso mal, mi caro señor, repréndame usted sin embarazo... hay, decía, +cualidades de flexibilidad que la hacen plegarse con prontitud a todas +las condiciones de la vida social... Se podrá hacer una muy pasable +duquesita de la hija de un cualquiera, pero, de ese mismo cualquiera no +se hará nunca nada... Usted comprenderá fácilmente, mi caro maestro, que +la palabra _cualquiera_ significa en mi boca un hombre de dinero, no un +hombre de talento... Estos tienen, por el contrario, algo de femenino en +su naturaleza, que los pone al par casi casi con las mujeres más +delicadas, más impresionables. Porque, no lo olvide, señor Fabrice, y +ahora más que nunca habla a usted su leal amiga, no olvide que en +nuestras largas sucesiones y selecciones de familia, no es únicamente la +sangre la que se refina, como le decía hace un momento... es también la +educación, el gusto, el tacto social... todos los sentidos, en fin, +todas las facultades... De ahí esa superior distinción que le encanta en +la señorita de Sardonne y que será para usted, por cierto, un grande +encanto y un grande peligro... porque una complexión tan perfecta y tan +exquisita, por decirlo así, se siente herida por una nada, se rebela por +sólo un detalle... Créame, señor Fabrice, preste suma atención a estas +nimiedades... Hay matices que parecen insignificantes, matices en los +cuales usted ni siquiera se fija y que pueden parecer verdaderas +monstruosidades a la señorita de Sardonne... Vaya un ejemplo... una +bagatela... Usted me llama, a todo propósito, cuando me habla, _señora +baronesa_... pues bien, esté seguro que esto crispa, los nervios de su +futura esposa... porque es completamente incorrecto emplear esas dos +denominaciones... o _señora_ simplemente, o _baronesa_ a secas... +_señora baronesa_ queda reservado o para el teatro o para la cocina... Y +como ésta, mi buen señor, hay una infinidad de pequeñeces que pueden ser +verdaderos escollos en su hogar de ustedes y acerca de los cuales le +pondría en guardia si no temiera fatigarle. + +--Si usted misma no lo está, señora, podría usted continuar--respondió +con frialdad el pintor. + +Pero a pesar de esta insinuación, la señora de Montauron no prosiguió, +porque aunque Fabrice había conservado su sangre fría, comprendió la +señora, considerada la palidez mortal que cubría el rostro del artista, +que hubiera sido impertinente por demás avanzar aún en aquella senda, y +la verdad es que más de una vez había tenido que invocar la imagen de +Beatriz para no poner punto final a semejante inoportuno sermón, rayando +con un trazo de pincel el retrato de su insolente modelo. Cuando un poco +más tarde dio cuenta a la señorita de Sardonne de tan penosa entrevista, +parecióle prudente no entrar en detalles y se contentó con decirle +simplemente «que no parecía sino que la baronesa había puesto particular +empeño en mostrarse desagradable en cuanto a la forma; pero en cuanto al +fondo se ha limitado a hacerme comprender que yo era indigno de usted. +Hemos concluído por estar de acuerdo, porque ésa es, en suma, mi +opinión». + +Sin embargo, la baronesa consiguió ampliamente obtener el fin que se +propusiera: había hecho como esos insectos cuya picadura imperceptible, +sin ser precisamente mortal al pronto, deja en el organismo una +perturbación tan profunda como quizás incurable. + +No fue en verdad, sin algún embarazo y aún con ligera angustia, que +Beatriz fue al día siguiente a casa de la vizcondesa de Aymaret, a quien +deseaba comunicar de viva voz su formal compromiso con Fabrice. Pero la +señora de Aymaret no pareció ni admirada ni enojada, porque desde el día +que vio cómo Beatriz rechazara las proposiciones de Pierrepont, quedó +convencida, por el lenguaje un tanto equívoco y las semi-confidencias de +su amiga, de que ella tenía algún oculto amor, y a fuerza de reflexionar +vino a dar en la flor de que entre todos los huéspedes de los Genets +únicamente Jacques Fabrice, gracias a su talento y a su renombre, podía +justificar la pasión de que Beatriz parecía dominada. Las sospechas de +la vizcondesa adquirían aún mayor cuerpo por esa intimidad que las +lecciones de pintura habían establecido entre el artista y su amiga, +acabando por creer la señora de Aymaret que la joven renunciara al +convento desde el momento que se convenció de que su amor era +correspondido por su parte, y, considerándose la señorita de Sardonne +por demás afortunada en verse relevada de entrar en mayores +explicaciones, dejó que su amiga perseverara en tales conjeturas. + +En el curso de su recíproca conversación sugirió la vizcondesa a Beatriz +una idea que ésta no titubeó en aceptar, y que le fue fácil imponer a +Fabrice. Como se había hecho difícil para los futuros esposos la +residencia en los Genets, dada la actitud asumida por la señora de +Montauron, decidieron aquéllos que Beatriz tomaría pretexto de las +atenciones a que la obligaba su próxima instalación para irse a París en +la entrante semana, conviniendo en que residiría hasta la época de sus +próximas nupcias en el convento de Auteuil, donde Marcelita se hallaba +en pensión; y como la baronesa estudiaba por su parte el medio de verse +libre de los gastos y molestias que siempre acarrean unas bodas, +prestóse del mejor grado a los deseos de su ex lectriz. + +Pocos días después de los sucesos que hemos relatado, el conde de +Villerieux, tutor de la huérfana, vino a buscarla a los Genets a fin de +acompañarla a París, en cuya ciudad se encontraba ya Fabrice con su +hija; y no necesitaremos decir que la despedida de la señora de +Montauron y Beatriz no fue cosa que llamase la atención por su +cordialidad. + +Nada diremos por el pronto del efecto que causaron en el ánimo de +Pierrepont las noticias que de Francia llegaban acerca de los +acontecimientos que venimos narrando. Basta saber que las triviales +cartas cambiadas entre los dos amigos a propósito del ya inmediato +matrimonio, carecieron por completo de interés; la de Jacques fueron +cuatro renglones a modo de simple notificación; la del marqués era, sea +dicho en justicia, aunque breve, amistosa. Decía Pedro a su amigo que, +por mala fortuna, habíase comprometido con su amigo lord S*** para dar +con él una vuelta en su yacht por el Mediterráneo; pero que, sin +embargo, contaba con estar de vuelta en tiempo oportuno para asistir a +la ceremonia nupcial, encargándole al propio tiempo que transmitiera sus +respetuosos parabienes a la señorita de Sardonne. Casi en los mismos +días que esta carta, llegaba de Londres un rico brazalete dirigido a la +hermosa desposada. + + + + +IX + +GUSTAVO CALVAT + + +Cuatro meses han transcurrido. Nos encontramos ahora en París, bulevar +Malesherbes, en casa de la madre de Mariana de La Treillade, o, mejor +dicho, de Mariana misma, quien tiene sus amiguitas personales a quienes +recibe con entera independencia para _charlar_, según vocablo de su +predilecta devoción. Y, en efecto, charla en esos propios instantes a +más y mejor en amor y compañía de su inolvidable institutriz miss Eva +Brown, de la gentil millonaria norteamericana miss Ketty Nicholson, de +petrolesco olor, según detenidas observaciones de Pierrepont, sin que +falte en el arcangélico coro aquella por siempre famosísima señorita de +Chalvin, que se encabritaba como un caballito resabiado, según confesión +de su misma interesante mamá, cuando en algo se le contrariaba. Estas +señoritas, que se habían hecho amigas en los Genets, vuelven a +encontrarse en París con recíproco placer de todas. Todas son elegantes, +todas son bonitas, todas son muy blancas, la institutriz de marras +inclusive, que, además de muy blanca, es muy sonrosada, ¡una manzanita! +¡Pero aventaja a todas también ese diablillo de Mariana! ¡Mariana! de +puro rostro oval, mate blancura, grandes ojos en que voltejea la ironía +y pequeños dientes de roedor. + +Mariana se encontraba ya en París cuando el matrimonio de Beatriz, e +historiaba a sus adorables amiguitas aquella ceremonia. Efectuóse en la +iglesia de Passy, y Beatriz había querido que fuera muy sencilla a causa +de su luto y de las pasadas desgracias de familia: además, hubo poca +gente a causa de la estación, mediado de octubre, en que todo el mundo +elegante está aún fuera de la gran ciudad. Sin embargo, Mariana había +notado que entre los concurrentes había mucho cursi y conjeturaba +magnánimemente que debían ser parientes del desposado... La señora de +Montauron pretextó una violenta crisis reumática y tuvo a bien quedarse +en su casa... enviando a los novios como regalo una docena de cubiertos +de plata... ¡qué ruindad!... ¡y siendo tan rica!... El marqués de +Pierrepont tampoco estuvo en la fiesta; se limitó a enviar un telegrama +desde Malta, y su ausencia había llamado la atención, puesto que era el +amigo predilecto de Fabrice... pero sin duda había temido que la +desposada diera un espectáculo arrojándose a su cuello delante de la +concurrencia... ¡Era tan tonto ese Pierrepont!... Estaba tan pagado de +su persona y méritos, que se creía, el muy necio, que todas las mujeres +estaban locas por él... A Marianita lo que más le chocaba en el mundo +era un fatuo... Miss Eva y la señorita de Chalvin estaban de acuerdo... +Únicamente miss Nicholson, aunque americana, tímida, _¡rara avis!_, tomó +mansamente la defensa del marqués... Mariana se enfadó... Era Pedro un +hombre que ella no había podido soportar... Además lo aborrecía desde +que con su charla había comprometido tan terriblemente a su prima la de +Aymaret... verdad que a ésta no le importaba; muy al contrario, tenía +como una especie de empeño en hacer ver que era amante de él... ¡Ya se +ve, como es tan guapo!... ¡y tan caballero!... Y si no, aquí entre +nosotras, añadía Marianita, ¿no ha hecho todo lo posible por comprometer +también a la señorita de Sardonne antes de que se casara con el señor +Fabrice que, por cierto, me parece un buen hombre...? ¿Y saben ustedes +que ha montado bien su casa, calle Prony?... Elisa, precisamente la +prima de Aymaret es quien lo ha dirigido todo... Fabrice quería hacer +verdaderas locuras... me ha dicho que ella ha tenido que contenerlo... +Francamente, no es rico... no tiene más que lo que gana con su +trabajo... Verdad es que vende muy caros sus cuadros... ¡Y quisiera yo +saber lo que le ha llevado a la baronesa por su retrato!... ¡También es +cierto que yo en su lugar hubiera saldado la cuenta de lo lindo!... +¡Miren ustedes con una docena de cubiertos! + +--¿Y el marqués de Pierrepont está siempre en Malta?--preguntó miss +Nicholson. + +--No, ahora creo que está, en Gythere. + +--¿En Gythere? + +--Sí, al menos yo lo he visto anoche en el teatro con una _ella_ que +tenía el tipo de aquel país. + +--Pero, ¿es un calavera?--interrogó otra vez miss Nicholson poniéndose +colorada. + +--No... está de mal humor... ¡aburrido!--respondió Mariana. + +Los informes de la señorita de La Treillade sobre la boda de Fabrice, +aunque tan maliciosos en la forma, eran bastante exactos en cuanto al +fondo, y nos dispensan de entrar en más detalles acerca del particular. +También era exacto que el marqués de Pierrepont estaba de regreso en +Francia hacía algunas semanas, pero no hizo más que pasar a uña de +caballo por París, para presentarse en los Genets a su tía, +impacientísima ya por su larga ausencia. Pocas fechas corrían desde que +la señora de Montauron se había reinstalado en París y en su hotel de la +calle Varennes, ocupando el sobrino su antiguo elegante entresuelo del +bulevar Malesherbes, mansión no lejana del palacete en que respiraba +Mariana de La Treillade. + +La primera visita de Pedro fue para la señora de Aymaret, qué también +habitaba por aquellas cercanías, parque Monceau: había prevenido de +antemano a la vizcondesa, quien lo esperaba con cierta desazón, porque +durante la ausencia del marqués, ni éste le había escrito ni ella se +atrevió tampoco a hacerlo, no pudiendo olvidar que ella fue quien lo +alentó en sus desdichados propósitos acerca de la señorita de Sardonne, +que ella había sido su oficiosa mensajera para con aquella joven, que +ella contribuyó en no escasa parte a la humillación que Pedro soportara, +humillación que venía a hacer más punzante el efectuado enlace de +Beatriz con Fabrice; por todas estas razones temió una escena de +despecho, quizás de cólera y reproches, pero, por ventura de la +interesante dama, su temor se hubo de disipar, por cuanto el marqués se +presentó ante ella un poco pálido, es verdad, pero tranquilo, cortés y +aun sonriente. Después de haber respondido casi alegremente a las +preguntas sobre su viaje se dirigió a la vizcondesa: + +--Querida amiga mía--le dijo--, aún voy a abusar otra vez de su +amistad... Tengo que pedirle un consejo. + +--No sé cómo después de lo pasado, es usted todavía tan magnánimo como +para tomarme por consejera--replicó aquélla con tristeza. + +--Siempre tendré un honor en que sea usted mi confidente... no sé qué +línea de conducta debo seguir con Fabrice... No es para usted un secreto +la estrecha amistad que nos unía de años atrás... Carezco de motivos +fundados para romper mis relaciones con él... pero antes de ir a verlo +quisiera cerciorarme de si mi presencia en su casa no sería un mal rato +para él, para su mujer y para mí... En una palabra, ¿supone usted que la +señorita de Sardonne, mejor dicho, la señora Fabrice... haya puesto en +antecedentes a su marido acerca de los sentimientos que su mujer me +inspiró en el pasado, y de las pretensiones que a la mano de aquélla +abrigué?... Usted comprende que si es así... + +--Excúseme usted si le interrumpo--exclamó la vizcondesa--, pero puedo +dar a usted garantías a este respecto... Ayer mismo he visto a Beatriz, +y como la conversación recayese sobre su regreso de usted, me dijo +aquélla que, después de haber pensado mucho, había resuelto no hacer +jamás aquella confidencia a su marido, porque consideraba que eso sería, +de una parte, turbar gratuitamente su reposo, y, por la otra, faltar a +la delicadeza por lo que a usted se refiere. + +--Entonces, ¿cree usted que puedo presentarme en casa de ellos sin +inconvenientes? + +--Sin duda, y aun creo que los inconvenientes estarían en no hacerlo +así, porque Fabrice no se podría explicar su abstención, buscaría la +causa y caería en sospechas del cuál fuese ella, lo que para nadie sería +una ventaja. Le aconsejo, pues, que poco a poco corte usted relaciones +que por fuerza no le han de ser gratas, pero sin romperlas bruscamente. + +--Tiene usted razón... Iré... Es más, voy a ir en saliendo de aquí... +¿cree usted que los encontraré en casa?... ¿La señora de Fabrice ha +fijado un día de recibo? + +--Sí, los lunes... hoy es martes... pero tiene usted seguridad de +encontrar siempre a Fabrice en su taller... y probablemente también a su +mujer, porque me parece que aquél está haciendo su retrato. + +--¡Ah! ¡eso me interesará! + +Habló Pedro en seguida de bailes, de teatros, y a poco se despidió de la +señora de Aymaret. Al darle la mano le dijo ésta conmovida: + +--¡Muy contenta de verle tan prudente! + +--¡Señora, los viajes son un gran calmante!--contestó riendo, y partió. + +Al cumplimentarlo la vizcondesa por su prudencia esperó provocar una +expansión confidencial que mucho ansiaba, porque después de haber temido +por parte de este enamorado con tanta crueldad desahuciado violentos +transportes de enojos, creyó descubrir en sus claras intuiciones de +mujer que, bajo aquella tranquilidad seca y fría, se ocultaba algo +terriblemente alarmante, porque si esta indiferencia de Pierrepont era +sincera, acusaba una ligera y casi despreciativa inconstancia que el +bello sexo no admite en estos asuntos de corazón; pero con el íntimo +conocimiento que del carácter del marqués poseía, temía más bien que +esas apariencias glaciales encubriesen una de esas heridas tanto más +terribles cuanto que no están sino cerradas en falso. + +Diez minutos después Pedro entraba en casa de Fabrice; por la indicación +de un criado subió directamente al taller del pintor con la antigua +confianza de los pasados tiempos: llamó ligeramente, y alzando una +cortina encontróse cara a cara con Beatriz, cuyos labios se +entreabrieron para lanzar un grito apenas contenido merced a un duro +esfuerzo; estaba sentada a pocos pasos del caballete de Fabrice, con un +libro en una mano y acariciaba con la otra la suelta cabellera de +Marcela, arrodillada a sus pies. En medio de aquella grande estancia +sobriamente decorada tenía lugar una de esas escenas íntimas que +admiramos en los viejos cuadros de los maestros flamencos donde las +nobles alegrías del trabajo parecen aliarse con las más dulces ideas de +dicha y de paz. + +Jacques prorrumpió en una exclamación de alegría, corriendo hacia Pedro, +a quien la cordial acogida del pintor certificó en seguida de la +discreción de Beatriz. Gracias a la narrada circunstancia pudo el +marqués cumplimentar con más libre espíritu a los recién casados, +haciéndoles mil elogios de su instalación y excusándose de no haber +podido asistir a sus bodas, retenido en Malta por una grave +indisposición de su amigo lord S***. La mano de Beatriz posada sobre la +cabeza de Marcela abríase y cerrábase convulsivamente, haciendo +centellear al vario movimiento las piedras de sus sortijas, y éste fue +el único signo de emoción que diera la hermosa desposada. Dio ésta las +gracias a Pedro por el brazalete enviado de Londres, prenda que +encontraba del mejor gusto, informándose después del sincero interés ¡la +noble criatura! de la salud de la señora de Montauron y respondiéndole +su sobrino que continuaba tan lozana como en sus mejores tiempos. Parece +ocioso añadir que nadie creyó esto, ni aun el que lo afirmaba; pero, +como a todos les tenía sin cuidado la baronesa, no se insistió sobre ese +punto, y así, el marqués, después de prodigar sus alabanzas al esbozado +retrato, que en efecto prometía ser una obra maestra, se despidió de +los recién casados. + +Y se retiró llevando impreso a fuego en su imaginación el cuadro de este +interior honrado y venturoso, que es la idea perdurable de los hastiados +vividores de su edad, hogar que él mismo había soñado con tan sincero +ardor. + +¡Ay! ¡qué engañosas son con frecuencia esas escenas de aparente dicha! +¡Cuántas veces al penetrar en la intimidad de un salón de familia, +cuántas veces al pasar delante de la verja de alguna riente quinta, +bañada por el sol, rebosando de flores, alegrada por la argentina risa +de los niños, hemos dicho: ¡he aquí la dicha!... ¡Y cuántas veces nos +hemos engañado! + +Tal cual la vio, oyó y admiró Fabrice por la primera vez en el blanco +salón de la baronesa, con su belleza de Musa y su voz grave y melodiosa, +tal está Beatriz delante de él en estos momentos... Y Beatriz es su +mujer: tiene allí, además, bajo su vista, cerca del corazón, su hija y +su arte, es decir, todo cuanto ama en el mundo... y no es dichoso... Las +venenosas insinuaciones de la señora de Montauron voltejean traidoras, +implacables por su cabeza. Le parece advertir en los procederes de +Beatriz hacia él algo así como una especie de tristeza resignada, una +carencia de amante abandonado, cierta frialdad un tanto desdeñosa que +parecen justificar las pérfidas profecías de la baronesa. Aunque aquella +hermosa estatua le pertenezca, siente que no es suya, que hay en ella +algo que se rebela, un fondo de ternura apasionada que no se entrega, +que se guarda como en reserva. Y como le es imposible sospechar siquiera +que en el corazón de su mujer tiene un rival, se culpa a sí mismo, y un +poco también a lo que le rodea. Experimenta una inquietud indefinible, +se vigila con penosa desconfianza a sí mismo; teme que haya en su +lenguaje, en sus maneras, en sus hábitos personales algunas torpezas +involuntarias que hieran los instintos delicados, los refinados gustos, +la superior cultura de su aristocrática consorte, y al mismo tiempo +tiembla por el vejamen que para ella puede ser el contacto con ciertas +relaciones un poco vulgares que el oficio y el compañerismo imponen al +artista. + +Por desgracia, las aprensiones que asaltan a Fabrice no se hallan +distantes de la certeza; aunque lo haya aceptado únicamente por +desesperación, Beatriz ha entrado en casa del pintor como mujer honrada, +con la más sincera resolución de sofocar todo sentimiento en +contradicción con sus nuevos deberes, y decidida firmemente a +identificarse con su marido; pero aunque estime sus talentos, hay en el +arte del pintor algo de manual, un no sabía qué de mercantil que chocaba +a esta altiva patricia. Nota también ella y nota con dolor, casi con +ira, en los pequeños detalles de la vida común, ligeros solecismos de +buen gusto, pecados veniales de ignorancia, faltas de menor cuantía +contra ciertos principios, que denuncian en el pobre grande hombre las +explicables lagunas de su educación primera, y las mujeres del temple y +clase de Beatriz perdonan con más facilidad un vicio, tal vez un +crimen, que una incorrección. + +Conociendo Fabrice la pasión de su mujer por los ejercicios del sport, +quiso que ella volviese a montar a caballo y aun él mismo se había dado +a la equitación hacía dos o tres meses, acompañando frecuentemente a su +mujer en sus paseos matutinos al _Bosque_. Jacques era un jinete +atrevido y sólido, pero montaba mal, sin escuela y sin elegancia: su +mujer se sentía avergonzada, y buscaba las más de las veces un pretexto +cualquiera para no acompañarlo, prefiriendo privarse de su placer +favorito antes que ver sonreírse al pasar su marido, a los correctos +jinetes de la avenida de las _Acacias_. + +Había más todavía: contábanse entre los íntimos del taller de Fabrice, +cual acontece en todos aquellos, algunos aficionados y compañeros de +juventud del pintor, formando más o menos en las filas del arte y de la +literatura, cuyo tono y manera disgustaban extremadamente a Beatriz y +era en vano que el artista pretextase su apremiante trabajo, era en vano +que se esforzara en desalentar a estos parásitos contertulios, con +especial a aquellos que se distinguían por sus procederes y maneras de +bohemios. Contábase en el número de estos últimos, uno que, para +desgracia de Jacques, se creía éste en el deber de tolerar; llamábase el +tal Gustavo Calvat, era hermano de la primera mujer de Fabrice y, por +consecuencia, tío de Marcelita; sus relaciones con el pintor remontaban +a la época, ya lejana, en que los dos fueron discípulos de idéntico +maestro en el mismo taller. El punto de partida era, pues, común, pero +mientras Fabrice, por el no interrumpido esfuerzo y constante y austero +trabajo, llegara poco a poco al ápice de su arte, Gustavo Calvat +embotaba sus aptitudes y perdía lastimosamente el tiempo en palabras, +proyectos, teorías, críticas trascendentales y elucubraciones estéticas +que le conquistaban la admiración del bulevar de las Batignolles... + +«Tú hablas mucho y dibujas poco», le decía sobriamente Jacques. + +Calvat se llevó mucho tiempo buscando qué género de pintura podría +convenir mejor a su siglo y a su talento, creyendo varias veces haberlo +al fin encontrado. Durante un viaje por Italia, que hizo a costa de +Fabrice, se había decidido con ardor por los pintores primitivos, y +volvió no hablando sino de Duccio, Cimabue, Giotto, Tadeo Gaddi, el +Massaccio y el Perugino, entonando himnos interminables a los mosaicos +de San Miniato y a la simplicidad hierática de los bizantinos. «En esas +fuentes frescas y puras era, según él decía con churrigueresca +verbosidad, en donde debían vigorizarse las anémicas artes del siglo +XIX. Él, personalmente, se hacía el apóstol y el precursor de un nuevo +Renacimiento... porque él, Calvat, había penetrado por manera +indestructible, la inspiración y los procedimientos de esos inimitables +patriarcas de lo bello... ¿Y cuáles eran esos procedimientos?... La +sinceridad... el candor... la fe... El artista debía principiar por +borrar de un rasgo la historia del mundo, a contar del año 1400... +olvidar redondamente que ha habido un Lutero, un Voltaire, que se ha +tomado la Bastilla... era preciso no acordarse del 89... etcétera, +etcétera... cerrar los ojos, recogerse en sí mismo... arrodillarse en +espíritu en medio de un capítulo de viejos monjes del siglo XIV... +Después abrir de nuevo los ojos y mirar al cielo piadosa, humildemente, +cual un niño que reza su oración... Y entonces... entonces... tomar la +paleta y pintar.» Y esto diciendo, trazaba en el aire con contorsiones +de poseído el disparatado bosquejo de una obra maestra imaginaria. Era +curioso, en verdad, ver a Gustavo desarrollar esta teoría dando a su +cara de _bohemio_ aires de vidente, mientras hacía muecas +prerrafaélicas. + +Después de haber hecho una _Anunciación_, de estilo bizantino, y una +_Santa Familia_, sobre fondo de oro, quedó desazonado, cobrando horror a +los primitivos (había de qué). Pasó después a imitar los maestros +venecianos... luego la escuela flamenca y holandesa que tanto se +aproxima a la naturaleza... después pintó la naturaleza, misma... ¡Este +fue el último crimen, porque sus obras, que nunca fueron buenas, +concluyeron por ser aborrecibles! + +Fabrice procuró en vano hacerle comprender que el arte de ninguna manera +consiste en servilmente copiar a la naturaleza, la que en sí misma es +inerte y muda, sino en reflejar sobre ella las ideas que su +contemplación sugiere a nuestra mente, prestándole un algo de esa alma +que nosotros poseemos y de que ella carece; pero Calvat al oír tan +exactos y atinados razonamientos, rompía en indignación, apostrofando a +su cuñado de ser pintor de damiselas, de paisajista de corte, enviándolo +por fin a esa repulsiva fosa común del ya difunto idealismo, es decir, +la Academia. + +Jacques, por íntima complexión bondadoso, reía a más no poder de la +gárrula charla de Gustavo y de su pintura por el método de las +gesticulaciones, mas lo que no le perdonaba fácilmente era el desorden +de su vida, que entera se deslizaba en cafés y cervecerías, y aun más lo +disgustaba el perverso espíritu de envidia, la hostilidad maldiciente +con que denigraba a todo lo que valía más que él. A pesar de todo, +Fabrice continuaba acogiendo amistosamente a este triste pariente y aun +sacándolo de muy repetidos aprietos monetarios, y se conducía así porque +en su piedad de hombre honrado consideraba que aquél era el hermano de +su primera mujer, criatura que, si enojosa en vida, reposaba ya en la +huesa, después porque Calvat tenía un mérito siempre grande a los ojos +de un padre; el de amar a su hija divirtiéndola al mismo tiempo, porque +con sus tendencias y aficiones a la mímica, le representaba escenas de +Guignol, imitaba el grito de diversos animales y los sonidos de varios +instrumentos: era, en suma, un farsante que, con sus mil arlequinadas, +arrancaba a la niña esas infantiles carcajadas que suenan tan gratas en +los paternos oídos. + +Desde el primer momento este joven avejentado, gritón, charlatán, +maltrecho de traje y no limpio de persona, con nariz como pico de ave +carnicera, pegajoso bigote, dudosas uñas y marcado olor a tabaco y +cerveza, inspiró a Beatriz la más profunda antipatía. Cierto es que se +había sentido conmovida ante las razones de sentimiento en que su marido +fundaba su tolerancia, mas no por eso dejaba de ser para ella una +contrariedad de las más fuertes tener que sufrir a la continua el trato +y la presencia de semejante documento. + +Calvat vio por su parte con muy malos ojos el matrimonio de Fabrice con +esta gran dama, cuyos desdenes presentía, y que iba a ser un fiscal +implacable de sus habituales inconveniencias, y además le molestaba que +ahora cada vez que iba a ver a su sobrina tenía que ponerse _paquete_. +¡Trascendental motivo de rencor! Aparte del cual inspirábale Beatriz esa +aversión odiosa que sentía por todo lo que fuese superior, a él, ora en +el orden físico, ya en el moral e intelectual. Por último, se sentía +inquieto en el único honrado sentimiento que le restase, temiendo que la +nueva esposa de su cuñado no le arrebatara la afección de Marcelita a +quien, en su entender, alejaría de él poco a poco la altanera madrastra. + +Por todas estas comprensibles razones, tanto Calvat aborrecía a Beatriz +cuanto ésta lo despreciaba, y la mutua antipatía de estos seres, unidos +por diabólico designio, no podía menos de crecer más, y más emponzoñarse +con el transcurso del tiempo. + + + + +X + +CONFIDENCIAS + + +Debe reposar sobre algún principio científico, será tal vez un fenómeno +de sugestión, ese afecto constante, seguro y marcado de todos los +maridos hacia el hombre que sus mujeres aman. El pobre Fabrice no debía +escapar a esa fatalidad: desde el regreso de Pierrepont mostraba por él +aún más efusiva amistad que en los mejores tiempos del pasado, lo que +quizás explicaba, el deseo de ganar para Beatriz la compañía de un tan +consumado y brillante hombre de mundo cual era el marqués. Habiendo +mostrado éste una muy natural reserva en renovar sus visitas a la joven +pareja, el pintor le dirigió reproches y lo mortificó a este respecto de +una manera hasta enojosa; de todas las involuntarias torpezas en que +incurrir pudo ante los ojos de su mujer nuestro pintor, no fue ésta la +que menos dejó de chocarle, porque olvidando que Jacques ignoraba en +absoluto el recíproco secreto de ella con Pierrepont, vio en la +insistencia de su marido para atraer al marqués al domicilio conyugal +una falta de tacto, una inhabilidad peligrosa, y lo que es más, un +rasgo de maldad con respecto a ella. ¡Cómo! ¡cuando ella misma agotaba +voluntad y valor por expulsar para siempre de su alma el pensamiento de +ese hombre, que tanto había amado, era su propio marido quien se lo +traía de la mano imponiéndole su presencia turbadora! + +Fue ésta una nueva inculpación que formuló contra Jacques y que, como +las otras, no tenía tampoco fundamento alguno de justicia, mas cuando +una mujer tiene la desgracia de no amar a su marido, encuentra siempre +motivo para atenuar a sus propios ojos la sin razón que su conciencia +íntima reprueba, y al proceder así obra de buena fe, porque para su alma +ulcerada todos son sufrimientos, para su enfermo corazón todas son +heridas. + +Era, sin embargo, tan elevado el temple de carácter de Beatriz, que ni +un momento pasó por su mente la idea de ceder a la tentación, abusando +de la vulgar ceguera de su marido; persistió, pues, en la conducta que +de antemano se había trazado al prever, más o menos tarde, la vuelta de +Pierrepont, y fue para ella tanto menor dificultad tenerlo a distancia, +cuanto que Pedro procuraba, por su parte, altivo y desdeñoso, mantenerse +lejos de Beatriz, prefiriendo los reproches del marido al desprecio de +la mujer. + +Fabrice, sin embargo, aunque sintiendo amargamente la frialdad sombría +en que su mujer se encerrara, no desconfiaba vencerla a la larga en +fuerza de generosas y delicadas atenciones. Después de haber consentido +y mimado de todas maneras durante el invierno a su ingrato ídolo, le +tomó para el verano una linda quinta entre Meudon y Bellevue, cuya +quinta tenía, entre otras ventajas, la de aproximarla a su amiga la +señora de Aymaret, quien pasaba el estío de aquel año en Versalles. La +mansión, con frecuencia habitada por pintores, era bastante sencilla, +pero dominaba el radiante valle del Sena, mientras que a sus espaldas +desarrollábase el siempre grandioso panorama de París. La planta baja se +abría sobre un vasto jardín que bajaba hasta el río en suave pendiente a +través de bosquecillos y malezas llenas de gracia en medio de su +abandono un tanto agreste: próximo a la casa cierta especie de +colgadizo, grande y acristalado, servía a Jacques de taller. En la parte +baja del jardín una espaciosa avenida rectilínea, bordeada de arrayanes +entrelazados, parecía por su grandioso estilo ser el resto de un parque +de cualquier antiguo castillo, y un camino público, profundamente +encajonado, corría por de fuera. Esta avenida se encontraba limitada en +sus dos extremidades por muros muy elevados contra uno de los cuales +habíase puesto un blanco, y en frente, al otro lado, un asiento rústico; +era nuestra alameda, en fin, un lugar particularmente retirado y +solitario que hacía las delicias de la mujer del pintor. Allí pasaba +cierto día Beatriz sus ensueños, y era una ardiente mañana de julio, a +fines, cuando vio aparecer en el recodo del vecino sendero a la +vizcondesa de Aymaret, que le dijo en festivo tono: + +--¡Estaba segura de encontrarte en la alameda de los suspiros! + +En seguida, después de haberla besado: + +--Vengo a darte una noticia... bastante inesperada... La pobre baronesa, +que se lisonjeaba de tener treinta años por delante... + +--¡Qué!--exclamo Beatriz tornando violentamente el brazo de su amiga. + +--Se murió anoche, hija mía, de un ataque de gota al corazón... +Pierrepont me envía un telegrama encargándome que te lo prevenga... + +La señora de Aymaret se interrumpió; Beatriz, cubierto el rostro de +palidez mortal, la miraba con aterradora fijeza... débil contorsión +plegó sus labios, apoyó la espalda contra los arrayanes, pero sus +rodillas se doblaron y cayó desplomada. + +La vizcondesa lanzó un ligero grito, titubeó un momento, mas advirtiendo +que se hallaba demasiado lejos de la habitación para ser oída, +arrodillóse delante de la joven desmayada e hízole respirar su frasquito +de sales, prodigándole al mismo tiempo dulces palabras. Beatriz volvió +lentamente a la vida, y mientras se levantaba desconcertada y atónita: + +--¿Qué he tenido?--murmuró en débil voz. + +Un pliegue sombrío obscureció su nítida frente de diosa y la sangre +agolpóse a sus mejillas. + +--¡Ah! ¡ya me acuerdo! + +--¿Quieres que vaya y llame a tu marido? + +--No... No... además, sería inútil... Está en París... ¿Tienes ahí el +telegrama? + +--Tómalo. + +Beatriz lo leyó, e inclinando con desaliento la cabeza: + +--¡Oh! ¡Dios mío... esto es ya lo último!--dijo en casi imperceptible +tono. + +Y como la señora de Aymaret la mirase con estupor: + +--¿Me crees loca?--continuó...--¿No te explicas la emoción que me causa +la muerte de esa mujer? + +--No... no te comprendo... ¡pero absolutamente! + +--¡Bueno! pues vas a comprenderme; pero prométeme que lo que voy a +decirte quedará para siempre entre las dos. + +--Te lo prometo... pero me das miedo... ¿qué es esto?... ¿qué hay? + +--Hay, mi querida Elisa, que yo amaba al marqués de Pierrepont... lo amo +de toda mi vida... y si rehusé su mano es porque la tía me juró que lo +desheredaba si se casaba conmigo... y hoy ha muerto... ¿entiendes?... ha +muerto algunos meses después de mi matrimonio con otro... si hubiese +esperado este poco de tiempo sería su mujer... ahora me encuentro +separada de él para siempre... ¡y lo amo más que nunca! + +Ocultó el rostro entre sus manos y rompió a llorar. + +Para la señora de Aymaret, que hasta este instante mismo continuaba +creyendo que Beatriz se había casado con Fabrice por un arrebato de +amor, fue esta revelación tan nueva, tan imprevista, que en el primer +momento no pudo responder a su amiga sino con vagas exclamaciones de +admiración y lástima. + +--¡Ah! ¿pero es posible?... ¡Pobre amiga mía!... ¡Pobre amada mía! ¿Cómo +no me lo habías dicho antes? + +Beatriz le contó entonces brevemente lo que había pasado aún no hacía un +año entre ella y la baronesa de Montauron, el juramento que ella +empeñara, juramento que la muerte rompía ahora. + +--Y aun cuando hubiese podido comunicarte mi secreto, no lo hubiera +hecho... te conozco. Lo habrías contado todo al marqués, éste hubiera +roto con su tía y vendríamos, hoy a estar en el mismo caso... ¡Su ruina +estaría consumada, teniendo yo tal vez un día que sufrir sus +reproches!... ¡No, eso no!... Mi única falta ha sido haber abandonado mi +primera inspiración de entrar en el convento en lugar de contraer este +desdichado matrimonio, engañando a un hombre honrado. + +--Pero--arguyó la señora de Aymaret--, a ese hombre honrado, que es al +mismo tiempo un hombre de corazón y un hombre de talento, ¿no puedes +amarlo un poco siquiera? + +--Lo he procurado... pero no puedo... Juzga mi situación--replicó +Beatriz con suma viveza. + +Y entonces puso a su amiga en antecedentes de sus primeros disgustos +domésticos, de sus decepciones continuas, de sus repulsiones secretas. +La señora de Aymaret afectó chancear acerca de estas pequeñas miserias +comparándolas con los dolores realmente trascendentales de la vida, +exponiendo con mucho acierto a Beatriz que para borrar esas ligeras +faltas de educación de que adolecía Fabrice, le bastaría con dar a éste, +poco a poco, y como en broma, algunas lecciones de perfecta corrección, +que, a no dudar, su marido recibiría con buena, voluntad. + +El verdadero dolor para Beatriz estaba en ese perturbador amor que, a +pesar suyo, la siguiera a su hogar, perturbador amor que la desalentaba +en todos sus propósitos emponzoñando su existencia, ilegítimo afecto de +que era necesario denodadamente hacer el sacrificio. + +--¡Muy fácil de decir!--replicó su amiga. + +Entonces la señora de Aymaret, tomando un tono confidencial, le hizo +entender que ella tuvo necesidad de hacer un análogo, hacía algunos +años, y que le constaba ser difícil, mas no imposible, llevarlo a +cabo... + +--¡Y confesarás, amada mía, que yo hubiese tenido más excusas que tú! + +--¿Y de qué medio te has valido?--interrogó Beatriz, a quien esta +misteriosa revelación le interesaba--¿Has dejado de verle? + +--Amada mía, eso de dejar de verse no son más que palabras cuando se +vive en la misma esfera social... No... pura y simplemente he cambiado +mi amor en amistad... De esta manera el corazón no lo pierde todo... + +Beatriz la miró de hito en hito. + +--¡Ese es Pierrepont!--le dijo con voz muy baja. + +--De esto hace cuatro años--prosiguió la vizcondesa--. No recuerdo quién +distintamente... pero se parecía algo al que has nombrado... Por otra +parte, puedes estar tranquila... no me quería a mí tanto como a ti... +porque a mí no se me insinuó para casarme... + +Beatriz titubeó un momento, pero al cabo atrajo hacia sí tiernamente a +su amiga, besándose las dos en medio de abundantes lágrimas. + +--¡En fin! procuraré--afirmó Beatriz--; me ayudarás con tus consejos y +tu ejemplo... pero tú eres una valerosa y prudente mujercita, y yo soy +un pobre ser débil y despechado... No hay mal que por bien no venga: +siquiera ahora tengo el consuelo de poder hablar contigo de todas estas +cosas... ¡pero por Dios ni una palabra al marqués de lo que te he +confiado!... + +--¡Si cometiese semejante falta--replicó la señora de Aymaret riendo--, +no sería una prudente mujercita!... + +Caía la tarde y las dos amigas se despidieron. + +Pero Elisa vino a ver a Beatriz con frecuencia hasta tanto que pareció +ésta a la vizcondesa más calmada. Sin embargo, a pesar de las tiernas +exhortaciones de la señora de Aymaret, era imposible que Beatriz no se +sintiese profundamente turbada por las reflexiones que forzosamente +había de sugerirle la muerte de la señora de Montauron; era imposible +que en adelante no le pareciesen todavía más pesados sus deberes, +todavía más amargas sus contrariedades. + + + + +XI + +«FIN DE SIGLO» + + +No habiendo dejado la señora de Montauron disposiciones testamentarias, +venía a ser su legítimo heredero el marqués de Pierrepont, quien por +este hecho reunía en sus manos una renta de más de cuatrocientos mil +francos. + +Pasó Pedro el primer período del luto cazando en los Genets y regresó a +París hacia fin de octubre instalándose en el hotel de la calle +Varennes, que perteneció a su tía, pero conservando al propio tiempo su +entresuelo del bulevar Malesherbes, detalle que hacía sonreír a las +señoras... Fue el marqués, aun en los tiempos de su relativa pobreza, +personalidad muy buscada en el alto mundo parisiense por cuanto su +gracia caballeresca, su dignidad personal, su galantería discreta, +hicieron de él el prototipo de la más correcta distinción. + +Sorpresa, y sorpresa ingrata produjo, pues, verlo reaparecer en la +escena donde era tan conocido y apreciado, con procederes mucho menos +irreprochables. Ya el pasado invierno, después de su vuelta de Londres, +notáronse cambios singulares en las costumbres de Pierrepont, pues se le +vio con frecuencia en el teatro ocupando el segundo término de un palco +de escena en compañía de _señoritas_, muy agradables sin duda alguna, +pero con las cuales no es uso mostrarse en público, una vez pasados los +días de la adolescencia. + +Este particular, como puede recordarse, no escapó a la mirada de la +señorita de La Treillade, ¡penetrante y adelantada criatura! Mostróse +igualmente Pierrepont cabalgando sin aprensiones en las avenidas del +_Bosque_ al lado de ciertas amazonas que no blasonaban de virtuosas, lo +que no dejó de admirar también, mucho más tratándose de un hombre que +hasta entonces conquistara con justicia la reputación de discreto y +decente. Y aun se decía más: se decía que nuestro personaje había +contraído en Inglaterra un vicio, no tan raro en aquel país como lo es +en cualquier otro fuera de las islas. Al menos el vizconde de Aymaret, +juez competente en estas materias, aseguraba a su mujer que ese diablo +de Pierrepont trajo de por allá una afición un tanto desmedida al Jerez +y al brandy. + +Las dos personas que en París se interesaban por el marqués, a saber: +Beatriz y la señora de Aymaret, estaban consternadas con la divulgación +de tales desfavorables hablillas, pero habían acabado por engañarse a sí +mismas, conviniendo que aquellas voces no eran más que el despecho de la +envidia impotente. + +Sin embargo, fuerza era convencerse, porque apenas de regreso en París, +desvanecido por su inesperada fortuna, el heredero de la señora de +Montauron acentuó de modo tan escandaloso sus deslices, que aun sus más +ardientes devotos tuvieron que confesar la extraña y desfavorable +metamorfosis que en la conducta y el carácter de aquél se efectuara; +nunca fue Pedro un puritano, es cierto, pero siempre se le veía llevar a +sus aventuras galantes aquella delicadeza moral que ellas reclaman, y +que consiste, para el hombre de honor, en ocultar al público sus +debilidades en asuntos de amor, y con mucho más motivo que sus +debilidades sus vicios, mientras que ahora parecía como si el marqués +pusiera empeño en desafiar la opinión. Tal vez en consideración a ese +menguado propósito pregonaba a la luz del día sus relaciones con cierta +comiquilla que merced a las larguezas del tardío calavera arrastraba en +el _Bosque_ uno de los mejores equipajes de París, y aun se añadía que +no era ésta la mayor de sus locuras, comenzando a prestársele detalles +de vida y costumbres que informaban los más deplorables caracteres. +Hablábase entre dientes, por los salones, de ciertas cenas semanales +donde se reunían con el marqués y sus amigos esas mujeres sin principio +que París ve girar cual estrellas errantes entre los confines de la +buena sociedad y de la sociedad dudosa, no faltando quien asegurara que +de aquellas personas, algunas eran llevadas a tan orgiásticos festines +por sus mismos maridos, lo que hace de tales entes el más cumplido +elogio. + +Contábanse en desdoro de Pierrepont otras imprudentes excentricidades +del mismo jaez que no hace al caso precisar aquí, y que sin herir por +incurable manera el honor de aquél, levantaban en torno de su nombre, +hasta entonces tan respetado, ciertos lamentables rumores de +desestimación. + +Beatriz y la señora de Aymaret se hallaban demasiado mezcladas al +movimiento parisiense para que no se les ofreciera la ocasión de +verificar por sí mismas, ya en el _Bosque_, ora en el teatro, los +desórdenes que con tanta imprudencia a la vista de todos desplegaba el +marqués, y además la vizcondesa estaba en autos a estos respectos por su +propio marido, consuetudinario comensal de las famosas citadas cenas, +mientras que el portavoz para con Beatriz era Gustavo Calvat, a quien +sus jocosidades de _bohemio_, aunque menospreciado, divertido, +introducían en los teatros y en los cafés de periodistas donde +ávidamente recogía los escándalos corrientes del París a la moda. Nunca +habían existido entre Pierrepont y aquel ejemplar, a quien Pedro +encontraba de continuo en el taller de Fabrice, grandes simpatías, por +cuya razón ponía Calvat esmeradísimo empeño en poner de relieve, sobre +todo delante de Beatriz, a fin de mortificarla, las calaveradas del +marqués, adivinando las secretas solidaridades de ésta con un hombre +nacido en su misma clase social. Pero, lo que más indiscutiblemente +acusaba a Pierrepont ante los ojos de las jóvenes amigas, era ese +completo y absoluto alejamiento de aquél hacia ellas, cual si el +marqués hiciera por el hecho una tácita confesión de su indignidad; +jamás aparecía por el taller de Fabrice, con grande aflicción del +pintor, que tan sinceramente estimaba a aquel antiguo compañero del +combate y de la ambulancia. + +No era de extrañar su proceder con Jacques, puesto que Pedro había +renegado de la mayor parte de sus antiguas relaciones: veíasele, sin +embargo, de vez en cuando en el mundo, puesto que lo encontramos, hacia +mediados de diciembre, en el saloncito privado de Mariana de La +Treillade, si bien es cierto que una circunstancia especial lo llevaba a +ese elegante santuario de la malicia, puesto que Pierrepont venía a +felicitar a Marianita por su próximo matrimonio. Sí, al fin esta linda +joven se casa, se casa con el barón Julio Grèbe, hijo de un acaudalado +banquero de París. Julio es ya heredero por línea directa de una docena +de millones de francos, y espera suceder a su tío en igual suma redonda. + +En el momento en que Pierrepont se presenta, la señora de La Treillade +va a salir, muy ocupada con la instalación de su hija, y ruega a aquél +que la dispense si lo deja solo con su hija y miss Eva. + +--Señorita--le dice sentándose y afectando un aire de gravedad bastante +equívoco--, permítame que le dirija las más respetuosas +felicitaciones... Se casa usted con uno de mis mejores amigos... un +perfecto caballero... y una excelente persona de quien hará usted cuanto +usted quiera. + +--No sé--responde Mariana, mirándolo de lleno con sus grandes ojos +burlones--, no sé si es tan arreglado como usted dice, pero, en todo +caso, le da un ejemplo que debiera usted imitar... ¡pone a tiempo un +punto final! + +--Pero, desgraciadamente, no a todos se presenta tan propicia ocasión +como lo es ésta. + +--Y note usted--continúa Mariana--, que es bastante más joven que usted. + +--¡Sí, pero yo soy muy joven para mi edad, señorita! + +--¡Así se dice al menos! + +--Y bien dicen... mientras que él, Julio, es casi un viejo para la que +tiene. + +--Eso me encanta; no podría usted hacerme mayor elogio... Yo soy de un +natural tan suave, tranquilo y sensible, que un marido demasiado vivo de +carácter me haría sufrir mucho. + +--Estoy tan convencido, desde hace mucho tiempo, de lo que me dice +usted, señorita, que hasta me he permitido poner en antecedentes sobre +el particular a mi joven camarada. + +--¿Cómo así, mi querido amigo? + +--Como usted lo oye... «Amado Julio--le he dicho... ¡tan íntima es +nuestra amistad!...--He tenido el gusto de conocer a la señorita de La +Treillade en casa de mi tía, durante una temporada de campo... con ese +motivo tuve la ocasión de estudiarla, descubriendo en ella una dulzura, +una sensibilidad, y permítame la expresión, señorita... un candor... que +exigen los mayores miramientos. + +--Señor de Pierrepont, no sé realmente cómo darle las gracias por sus +bondades conmigo... + +--No hacen más que principiar, señorita... ¡si usted tiene a bien +alentarlas! + +--Pues bien, las aliento... ¿Continuará usted visitándome después de +casada? + +--Todos los días, si me lo permite usted. + +--Todos los días sería demasiado fatigoso para usted... porque nosotros +vamos a vivir en la calle Monceau, y es un poco lejos de su horrible +calle Varennes. + +--Perdón, señorita, pero, además del hotel de la calle Varennes, +conservo el entresuelo del bulevar Malesherbes. + +--¿Para qué, amigo mío? + +--Para tener el honor de continuar siendo vecino de usted. + +--¡De veras!... ¡si usted supiera cómo me divierte eso! + +--A mí tampoco me contraría, señorita, se lo aseguro a usted. + +Este chispeante diálogo, que parecía hacer las delicias de la candorosa +institutriz, en aquellos lugares presente, fue interrumpido por la +súbita y bulliciosa irrupción de dos o tres jóvenes amigas que +invadieron el saloncito de Mariana. El fresco rostro de miss Nicholson +tomó los colores de una rosa de Bengala cuando advirtió que Pierrepont +se encontraba allí, pero, desdichadamente, al marqués no se le antojó +prolongar su visita, por cuya razón se puso en retirada, no sin haber +antes dado la mano a Mariana, que le dijo: + +--Creo que no será la última vez... ¡espero que cumplirá usted su +palabra! + +--¡Oh! ¡de eso esté usted bien segura, señorita! + +Después de los besos de ordenanza, las señoritas de Alvarez y de +Chalvin, que acompañaban a miss Nicholson, preguntaron con insistencia a +la de La Treillade si se había ya fijado la época del casamiento. + +--Sí--respondió Mariana--, se ha decidido que se efectúe el 5 de enero, +así como a manera de aguinaldos para mí... o, mejor dicho, para mi +marido... + +--¿Creerás, querida, que aún no conozco a tu marido?--dijo la señorita +de Chalvin--, ¡y tengo una curiosidad! + +--¡Glotona!--replicó Marianita--, pues bien, relámete... va a venir... +lo estoy esperando... + +--¡Dicen que es seductor, amada mía! + +--¡Seductor!... ¡aun me parece poco!... + +Un momento después la puerta se abría para dejar paso al barón Julio +Grèbe, conocido por los gomosos de su laya por «Fin de Siglo»; era este +el sobrenombre que él se daba, llevándolo con más orgullo que un título, +en razón a que sus amigos llamábanlo familiarmente por tan simbólico +apodo. + +Era nuestro barón hijo único y mimadísimo por su mamá, que vivió en +éxtasis delante de él desde el momento en que abrió los ojos a esta +pícara vida; tiernamente hubo de sonreír aquella buena señora al saber +las primeras calaveradas de su niño, contribuyendo por su parte; con +laudable empeño, a hacer de su pimpollo el insoportable señorito que +retratando vamos. Para conservar en sociedad este original la +prepotencia a que lo habituaron en familia, decidió buscar una actitud, +un algo que lo distinguiera de los demás mortales, y a falta de otros +méritos, nada encontró mejor que admirar o, más bien, según su lenguaje, +_espantar_ a sus contemporáneos, haciendo los más cínicos alardes de la +más necia perversidad. Algunas nociones remotísimas de Darwin, recogidas +por aquí y por allí a salto de mata, compaginadas a la diabla con +ciertas confusas pinceladas de Schopenhauer, proveyeron a nuestro +baroncito de una descabellada teoría nihilista, que predicaba +impertérrito de círculo en círculo y de salón en salón, declarándose en +todas materias, literatura, política, artes y sobre todo en moral, tan +escéptico, cansado, aburrido, desengañado y desalentado, tan corrompido +y tan caduco, tan hastiado de las viejas tradiciones, tan en +liquefacción, en fin, que pronto sería necesario recogerlo con cuchara. +Tales eran las pretensiones del «Fin de Siglo», quien, no conservando +las creencias del pasado y siendo demasiado tonto para penetrar las del +porvenir, había acabado por no tener ninguna. + +Algunos de sus camaradas de círculo, alucinados por su imperturbable +aplomo y sus grandes bienes de fortuna, concluyeron por considerarlo +cual un espíritu fuerte de primera magnitud, y él mismo acabó por +creerlo así también. + +Sin embargo, y a pesar de sus prédicas, los gastos de representación del +señor de Grèbe tomaron tal vuelo en los últimos tiempos, que su tío le +prometió no sólo desheredarlo, sino lo que es más, ponerlo en tutela a +menos de entrar en mejor vía, y por esta razón decidió contraer +matrimonio con Mariana de La Treillade, a quien por otra parte +proponíase _espantar_ en manera extraordinaria. + +Julio Grèbe era un joven de veinticinco a veintiséis años, pequeño de +estatura pero bien formado y de una elegancia ultra-británica: lo que le +desfavorecía mucho era un par de ojos muy saltones, azules pálidos y +cuya expresión era casi siniestra a veces, otras semiapagada. Tenía +resuelto andar, caminando con las piernas en arco, cual si aun a pie, +estuviese montado a caballo. + +Y en esa triunfal apostura adelantábase por el salón de Mariana de La +Treillade, a quien saludó con una ligera e irónica inclinación de +cabeza, depositando en las hermosas manos de su prometida una enorme +caja de chocolatines: la manera de hacerle la corte fue este día +bastante singular, pues consistió en comer, a los atónitos ojos de +aquellas señoritas, una cantidad disparatada de las susodichas +golosinas, y estimulado por las risas de admiración de la interesante +galería, perseveró con su aire siniestro y frío en tan culto juego hasta +verle el fondo al descomunal cartucho, no sin que abrigara serias +inquietudes acerca de sus probables consecuencias, pero había +_espantado_ a aquellos serafines: era, pues, dichoso. + +Las bodas se efectuaron tres semanas después de la historiada proeza en +la iglesia de San Agustín, y como la joven pareja se pusiera de acuerdo +para no llevar a cabo el reglamentario viaje de novios, se instalaron la +noche misma de sus nupcias en el hotel que Marianita había hecho comprar +a su marido, calle Monceau, hotel cuyo arreglo presidió ella misma dando +muestra en el mobiliario y tren de su proverbial buen gusto, porque no +era esta cualidad la que precisamente faltase a Mariana. + +Un gabinete colgado de seda azul con botones de oro precedía a la alcoba +de la joven desposada. En él se detuvo al regreso de la iglesia, tiró su +albornoz, descubrió la adorable cabeza y se dejó caer en un sillón cual +si se sintiese cansada y aburrida de las ceremonias del casamiento; +entretanto su marido se calentaba los pies junto a la chimenea. Había +parecido todo el día más glacialmente desdeñoso, y aun en este momento, +a solas con su joven y encantadora esposa, en los umbrales de la cámara +nupcial, no tenía para su mujer otras caricias que una sonrisa burlona +en sus labios y en sus ojos una perversa mirada. + +--Querida mía--le dijo de pronto--, ¿sois del viejo régimen? + +--¿Viejo régimen?... perdón... no comprendo. + +--Os pregunto, querida, si tenéis la simpleza de tomar en serio las +viejas rutinas sociales, las tontas convenciones de nuestros padres... +¡y en especial el matrimonio! + +--¿A dónde vamos a parar, amado Julio? + +--A ponernos de acuerdo desde el principio, ¡alma mía!, y para eso es +necesario que antes nos conozcamos... En cuanto a mí voy a deciros +claramente lo que soy... Os habrán contado probablemente que yo era un +libertino, un depravado, un don Juan... nada de eso, amiga mía... no soy +más que un hombre de mi época, desprendido de toda clase de +preocupaciones... un hombre que puede someterse a las costumbres, y a su +tío... pero no me enajena la independencia. + +--¿Y qué más?--interrogó Mariana con una sonrisa indiferente y burlona +que no dejó de desconcertar a su marido. + +--¿Y qué más?... pues es muy sencillo... he querido deciros que podéis +contar con mis más sinceros sentimientos... pero que no debéis de +esperar esas ternezas... es decir, las costumbres de uso en un +matrimonio de aldea. + +--¿Y después?--continuó la joven con su misma sonrisa graciosa e +impasible. + +--Y después... que para sentar desde luego los precedentes de esta +independencia que reclamo... os pido permiso para ir a dar una vuelta al +círculo... por supuesto, si eso no os contraría demasiado. + +--Eso no me importa nada, amigo mío. + +--Debo añadir que entraré probablemente un poco tarde... hacia la +madrugada. + +--¡Tanto mejor!--repuso ella. + +--¡Bueno!--continuó el baróncito, tomando su sombrero--. ¡De acuerdo!... +¿Me permitís que os dé un beso en la mano? + +--¡Con mucho gusto!--y le tendió la suya enguantada. + +Julio Grèbe salió con aire de triunfador, ganando la calle por la +escalera privada de su departamento. + +Era éste un golpe de efecto que meditaba desde hacía mucho tiempo y del +que esperaba cosechar inmarcesible gloria, porque eso de ir a pasar su +noche de boda en casa de su amante no podía ser más _fin de siglo_, nada +podía dar más evidente testimonio de su desprecio hacia la estrecha +moral del vulgo. + +Bajó Julio fumando, por la avenida de Messina, dio algunos pasos por el +bulevar Haussman en dirección a la calle d'Argenson, donde vivía su +amante que lo aguardaba, mas se paró de pronto... De veras... lo +abandonaba el valor; fuese que la enormidad de la villana acción que +cometía, despertase su conciencia embotada, fuese que la tranquila +ironía de Mariana lo inquietara, fuese que realmente estuviese enamorado +de su mujer, ocultando su afecto por un estúpido y torcido amor propio, +lo cierto es que renunció a llevar más lejos su indigna fanfarronada y +tomó de nuevo el camino de la calle Monceau. Después de tan corta +ausencia, le sería fácil hacer pasar, la cosa como una simple broma. + +Ya en su casa, entró sonriendo en el gabinete donde había quedado su +mujer; las lámparas ardían todavía, pero Mariana no estaba; después de +haberla llamado con discreción, penetró en el dormitorio débilmente +alumbrado, mas vio sorprendido que no había nadie; subió corriendo a las +habitaciones de miss Brown. Miss Brown tampoco estaba; no atreviéndose a +interrogar a la servidumbre, salió de nuevo y fue a tomar noticias al +hotel del parque Monceau donde vivía la señora de La Treillade. Mariana +no había parecido por allí; entonces volvió a su domicilio y pasó la +noche paseándose en el gabinete de su esposa desde las doce hasta las +siete de la mañana, a cuya hora tuvo el gusto de verla entrar pálida y +yerta de frío, envuelta en un abrigo de pieles. + +--¿De dónde venís?--le preguntó con voz ahogada. + +--Vengo de pasear mi libertad como vos paseáis la vuestra. + +--¡Me parece bien!--gritó el barón. + +--¿No es verdad?--repuso fríamente Mariana. + +--¡Pero es que no ha sido más que una broma! + +--Una broma ha sido también la mía. + +--¿Por quién me tomáis?--preguntó al fin, rojo de cólera. + +--Os tomo por un pobre hombre desenterrado... Vamos, idos a dormir... +¡Vamos, idos! + +Mariana le mostró la puerta y él salió mansamente... Estaba _espantado_. + +--Querido--decía Julio algunos días después en tono confidencial a su +amigo Pierrepont--, sabes que si yo soy _fin de siglo_, ¡mi mujer lo es +aún más que yo! + +--Me admiras, Julio--respondió Pierrepont. + + + + +XII + +EL PALCO DEL TEATRO FRANCÉS + + +Dos meses después del casamiento de la señorita de La Treillade con el +barón Julio Grèbe, Fabrice y su mujer, acompañados de los señores de +Aymaret, fueron una noche al teatro Francés. + +Ocupaban aquel grande y conocido palco de escena que la administración +del establecimiento se reserva, cediéndolo de cuando en cuando a los +amigos de la casa, y ese palco es tanto más buscado cuanto que de él +depende un saloncito colocado enfrente del otro lado del corredor. + +Eran las nueve y media y acababa de levantarse el telón para dar +principio al segundo acto de _Mademoiselle de la Seiglière_, cuando la +atención que Beatriz y la de Aymaret prestaban a la pieza, fue +bruscamente interrumpida por la estruendosa entrada que efectuaban tres +o cuatro personas en el palco opuesto al que ocupaban nuestras +conocidas, quienes reconocieron en seguida a la baronesa de Grèbe, por +su familia de La Treillade, escoltada de su fiel institutriz y seguida +del marido y del marqués de Pierrepont. + +Estas señoras y caballeros parecían estar de muy buen humor, tanto, que +la exuberancia de sus demostraciones levantaron en la sala algunos +murmullos de descontento. + +Todo París se ocupaba hacía algún tiempo de la intimidad de Pierrepont +con la joven baronesa de Grèbe, y en cuanto al barón, enteramente +domado, fascinado e hipnotizado por su mujer, había concluído por formar +parte de la numerosísima cohorte de maridos de que rebosa el mundo y de +los cuales no sabe uno si compadecer la ceguera o admirar la +complacencia. Aun para los que desconocían los escabrosos detalles de +estas relaciones públicas del marqués con la tierna recién casada, la +circunstancia precisamente de la extremada juventud de su cómplice, le +daba un aire de criminal corrupción de menores que causaba universal +repugnancia. Fue esta grave falta nuevo motivo de tristeza para sus +amigos de otros tiempos, que veían degradarse bajo sus ojos, de +escándalo en escándalo, esta noble, delicada y caballeresca figura que +tanto los había hechizado en otros tiempos. + +Mucho tiempo hacía que Beatriz y su amiga ni pronunciaban siquiera el +nombre del marqués, cuando sufrieron la contrariedad de encontrarse con +él y Mariana cara a cara en una función del teatro Francés. No tardaron +en advertir que a su vez fueron reconocidas, considerada la expresión de +fisonomía de los vecinos y el incesante jugar de los anteojos; Mariana +se expresaba con viveza, pareciendo mostrar decidido empeño en llamar +la atención del marqués sobre el palco de Fabrice. + +En el entreacto Jacques, a quien un trabajo urgente llamaba a casa, se +retiró, seguido del vizconde, que se fue al círculo a jugar su +indispensable partida de _bésigue_. La señora de Aymaret debía acompañar +a Beatriz a su domicilio al concluir el espectáculo. + +En los mismos momentos en que los dos maridos abandonaban la sala, +Pierrepont, pareciendo obedecer contra su voluntad una orden de Mariana, +se levantaba y salía de su localidad. Beatriz, que tras del abanico no +cesaba de mirarlo, sintió que el corazón se le saltaba del pecho, y aun +tuvo que ponerse sobre él la mano para contener sus violentos latidos. + +--¿Qué tienes... qué te ha dado?--le preguntó la vizcondesa. + +--¡Estoy segura de que viene a vernos! + +--¡Qué disparate!... ¿Estás loca? + +--¡Ya lo verás! + +Tres o cuatro minutos después tocaron ligeramente la puerta del palco. +La señora de Aymaret se levantó a abrir y Pierrepont entró. + +Saludó cortésmente pero con frialdad, y echó a su alrededor una mirada +como extrañando encontrar solas a las dos damas. + +--¿Pues qué, se ha ido Jacques?--les preguntó. + +--Sí--respondió la vizcondesa--; acaba de irse. + +--¡Oh!... ¡qué fastidio!... ¡qué fastidio!--añadió Pedro ocupando con +cierta extraña torpeza el asiento que le ofrecían, con torpeza tal que +se le cayó el anteojo de teatro, recogiéndolo con risas tan exageradas +que chocaron a aquéllas damas--. Estaba encargado de trasmitirle una +misiva... una misiva... a ese buen Jacques... pero no dudo de que la +señora Fabrice tendrá a bien servirme de intermediaria... y naturalmente +obtendrá de su marido cuanto le pida... + +La incorrección del lenguaje del marqués, el balbuciente acento con que +acompañara sus palabras, lo descompuesto de su gesto y modales, no +escaparon a las jóvenes amigas, que convinieron dolorosamente para sus +adentros en cómo eran una verdad los hábitos de intemperancia que se le +atribuían a aquél. + +--He aquí el caso--continuó Pierrepont, mientras las señoras escuchaban +con verdadero estupor--. Todo el mundo se ocupa del retrato de miss +Nicholson que Fabrice acaba de terminar... una obra maestra según +dicen... la baronesa Grèbe está encaprichada de tener uno también... +pintado por la mano del grande artista... pero según parece... está +recargado de trabajo... rehusa clientela... hay que aguardar turno... +hacer antesala... y yo quisiera uno... un retrato... de la mujer de mi +joven amigo... por intermedio, repito, de la señora Fabrice. + +Ni la índole de la petición, ni las formas con que fuera hecha, eran +asuntos que pudiesen complacer a Beatriz. + +--Mi marido--respondió aquélla con glacial desdén--jamás me consulta +acerca de los modelos de mi agrado... Nunca hablamos de cosas que se +refieren a su profesión. + +--¡Ah!... ¿según parece... la señora de Fabrice nos niega su apoyo... en +este particular? + +--Sí, señor, lo niego--replicó Beatriz levantándose con dignidad--. +Elisa, permite que me sirva de tu cupé; volverá dentro de veinte +minutos. + +Pasó altivamente delante de Pierrepont, abrió la puerta del palco y +entró en el salón de enfrente poniéndose su abrigo de pieles. La señora +de Aymaret había venido a ayudarla; diéronse la mano y Beatriz se fue. + +Pierrepont de pie, inmóvil, mudo, asistía en la penumbra del palco a +esta breve escena. Por fin, decidióse a ir al encuentro de la vizcondesa +que permanecía en el saloncito; la interesante dama se había sentado en +un diván y respiraba con dificultad cual si una mano de gigante le +oprimiera el corazón. El marqués paróse delante de ella, agitadas las +manos por un ligero temblor, encendidas la frente y las mejillas, porque +la cólera había acabado por trastornarlo, y siempre balbuciente ensayó +formular una disculpa. + +--A usted se lo puedo decir... con el respeto debido... mi intención no +ha sido... No entra en mis costumbres, usted sabe, insultar a una +señora... no creo que me he hecho acreedor... a su enfado... Por lo +demás, ahora es ya asunto a debatir entre hombres... En cuanto a +usted... me permito evocar recuerdos... que supongo... + +De pronto callóse, como advirtiese que la señora de Aymaret ocultaba su +rostro entre las manos y que las lágrimas escapaban de sus ojos, +humedeciendo sus guantes. + +Hubo dos o tres minutos de silencio; en seguida el marqués, pálido como +un cadáver, le dijo en baja, aunque firme voz: + +--¿Por qué llora usted? + +La vizcondesa no le respondió sino con una explosión de sollozos. + +--¡Ah!... lo sé--replicó el marqués, sacudiendo tristemente la cabeza--; +llora por causa mía... llora por causa del hombre a quien ha honrado con +su amistad... con su estima... y a quien contempla hoy caído en la +última degradación... pero si le causo lástima... si le causo horror... +¿de quién fue la culpa sino de esa miserable mujer que acaba de irse? + +--¡Señor de Pierrepont! + +--¡Nada de nuevo le digo, señora... nada!... El cambio singular que se +ha efectuado en mi vida es tal vez un enigma para todo el mundo menos +para usted... Es imposible que usted... ya que no los demás, no adivine +la causa verdadera... + +--Algunas veces... sin duda--murmuró la vizcondesa--, esa idea ha pasado +por mi cabeza... Pero, ¿cómo aceptarla?... ¿Cómo suponer que una +decepción, por amarga que ella sea, haga caer a un hombre...? + +Titubeó un momento. + +--¡Tan bajo!...--dijo Pierrepont, terminando la frase--. ¡Pero, por +Dios, señora, usted ha sido mi confidente... en esa terrible hora de mi +vida! Tenga usted en cuenta, pues, lo que ha debido ser para mí ese +desengaño a que se refiere... A esa edad en que el destino del hombre +está en suspenso, es casi siempre una mujer quien lo decide... quien lo +convierte en bueno o en malo... Cuanto a mí, esa mujer fatal ha sido su +amiga de usted... Tal cual ella se me aparecía entonces, con su temible +belleza y sus supuestas virtudes, era a mis ojos como el viviente +símbolo de la dicha que yo soñaba en el seno de un hogar respetado... +Yo había cifrado todo mi porvenir, toda mi vida en ese ensueño de que +ella era la inspiradora... Usted sabe todos los obstáculos que nos +separaban, usted conoce todas las objeciones, todas las resistencias que +debía yo arrostrar o vencer... Usted sabe que estaba pronto a todas las +abnegaciones, a todos los sacrificios... No ignora que lo aceptaba todo, +las privaciones, las estrecheces, la sujeción, el trabajo... con tal que +fuera mi mujer... Sabe, en fin, cuánto la amaba... con qué loca +ternura... casi santa, me atrevo a decirlo así... Y cuando ella ha +burlado un amor semejante, le admira a usted que me haya convertido en +un insensato y que la llame una miserable. + +--Señor de Pierrepont, le compadezco con toda mi alma... pero, ¿es digno +de usted, de su buen sentido, de su rectitud, llamar miserable a una +mujer porque ha rehusado casarse con usted? + +--¡No la trato de miserable porque haya rehusado casarse conmigo... sino +porque durante meses y años ha alentado mi pasión, porque me ha hecho +creer que la compartía... y porque mintió, en fin!... Vamos a ver, +señora, ¿cree usted que soy un niño? ¿cree que pude engañarme con +respecto a su actitud, a sus miradas, a su acento, a su silencio mismo? +Pues que, ¿todo eso no estaba diciendo que me amaba? ¡Vamos, que usted +misma estaba persuadida y todo eso no era más que mentiras y fría +coquetería!... Y es que entonces, a pesar de mi escasa fortuna, para +ella que no tenía nada, era yo un partido... pero el día en que un +pretendiente más rico se le presentó, arrojóse en sus brazos sin mirar +que me partía el corazón. + +--¡Si supiera, señor, si supiera cuán injusto es usted! + +--¡Se arrojó en sus brazos sin mirar que me partía el corazón!--continuó +con exaltación creciente--, y todo lo que por mí pasó en ese momento, +todo lo que he sentido de desencanto, de humillación, de dolor, de +salvajes celos... ¿cómo no lo comprende usted? He pensado en darme la +muerte... pero la vida que llevo es un suicidio como cualquier otro... +con el descrédito y la vergüenza además. + +--¡Señor de Pierrepont... cálmese, se lo ruego... cálmese!... + +--Ha conseguido volverme loco... me ha hecho perverso en todo sentido... +¡Ah! le juro que ella misma ha de convencerse de lo que digo. ¡Ahora +hace un instante, me negaba un favor baladí... y todo por ultrajar a esa +mujer... que vale bien poco, es verdad... pero que, de cualquier manera +que sea, es mejor que ella...! ¡Pues bien, o nos dará una satisfacción +a la baronesa y a mí, o le mataré a su marido!... De todos modos lo +aborrezco; un hombre honrado y todo lo que se quiera... pero a quien +aborrezco, sí... ¡hará el retrato de mi amante o lo mandaré al otro +mundo!... + +--Señor de Pierrepont--exclamó la vizcondesa, oprimiendo el brazo del +marqués--; por todo lo que más quiero y lo que más respeto; por todo +cuanto hay de más sagrado, le juro... ¿me oye usted? le juro que Beatriz +es inocente de lo que la acusa. + +--¡Sin duda, se lo ha dicho ella!--murmuró Pierrepont sonriendo con +amargura. + +--¡Ay, Dios mío!--continuó la señora de Aymaret fuera de sí--. Pues +bien, me lo ha dicho... me lo ha dicho todo... me ha confesado todo... +me ha dicho que le ama a usted desde su infancia y que nunca ha amado a +otro hombre sino a usted... me ha dicho que la idea de ser su mujer era +la única de sus ilusiones... que le adoraba, en fin... y que la tía de +usted la obligó a rehusar su mano de usted so pena de desheredarle... +que por usted se ha sacrificado... que por usted ha sufrido el +martirio... ¡Ahí tiene usted la verdad pura!... y le digo que será el +último de los hombres si alguna vez hace que me arrepienta de la +indiscreción culpable... culpabilísima... que acabo de cometer... +únicamente para evitar una desgracia... para evitar el crimen que +premedita usted. + +El marqués la contemplaba con mirada incierta, aun dudando todavía, pero +la confidencia que acababa de brotar del corazón y de los labios de la +vizcondesa tenía tal sello de verdad, que por sí misma se imponía; así +lo comprendió rápidamente el marqués, y tomando con efusión las manos de +la de Aymaret, mientras se sentaba delante de ella abrumado y confuso: + +--¿Es posible?...--le dijo--. Sí, yo sé que nunca falta usted a la +verdad... ¡Oh! que Dios le premie el bien que me ha hecho usted... ¡Oh! +¡cuan agradecido le estoy!... ¡No me da usted la dicha, ay!... pero al +menos me devuelve carácter y honra. + +--¡Tomo nota de ello!--díjole la vizcondesa apretando la mano de +Pierrepont, y le dio entonces detalles de las amenazas de que Beatriz +había sido víctima por parte de la muerta baronesa, no habiendo ya razón +para ocultarle esos particulares que Pedro demostraba avidez en conocer. + +El movimiento de los espectadores de la sala les dio a entender que un +acto terminaba. + +--Mi querido señor--dijo al marqués la vizcondesa poniéndose de pie--, +los dos tenemos necesidad de reposo... y todavía más de reflexión... por +otra parte, deben empezar a inquietarse en el palco de enfrente por su +ausencia. + +Pierrepont hizo un gesto de soberana indiferencia. + +--Vaya usted mañana a verme a las dos--concluyó la señora de Aymaret--. +Tenemos que tratar una cuestión muy seria, el de la conducta a seguir +respecto a Beatriz. + +--Hasta mañana, pues, señora... y todavía una vez gracias mil... ¡Oh, +gracias mil! + +Y ganó la puerta del corredor mientras que ella entraba en su palco. + + + + +XIII + +PASIÓN + + +La prudente mujercita pasó una noche muy inquieta pensando las +consecuencias probables o posibles de la grave revelación que se había +visto obligada a hacer al marqués. Esta trascendental confidencia le fue +arrancada por necesidad tan imperiosa que nada podía reprocharse en su +fuero interno, no pudiendo caber duda alguna acerca de que el primero de +sus deberes fuese evitar a cualquier costa y ante todo el peligro de un +sangriento conflicto personal entre Pierrepont y Fabrice; pero no por +eso deploraba menos haberse visto reducida a tan apremiante extremidad +sin que pudiera ocultarse a su buen juicio que la fuerza de las +circunstancias iban a poner a Beatriz, para el futuro, en una situación +por extremo delicada con respecto al hombre que se hallaba en posesión +del secreto de aquélla. + +Dejar ignorado que Pierrepont lo conocía hubiese sido ilusoria +presunción, porque Elisa no podía esperar que el marqués se condenase en +lo sucesivo a la misma reserva que observara en el pasado, siendo +imposible suponer tampoco que consintiese ahora en continuar soportando +el desprecio de Beatriz sin intentar ante ella una justificación de su +pasada conducta, aunque no fuese más que de aquella observada la noche +anterior en el palco del teatro Francés. Y desde el momento que una +explicación era inevitable, pensó acertadamente la señora de Aymaret que +sería más decoroso y menos arriesgado hacerla ella misma a la +interesada, descartando por ese medio a Pierrepont. En cuanto al nuevo +sesgo que forzosamente iban a tomar las relaciones de Beatriz con el +marqués, nada le pareció mejor a fin de prevenir todo peligro sino hacer +un llamamiento a los sentimientos de honor que en los dos reconocía. +Franca y recta nuestra vizcondesa, otorgaba generosa y tal vez excesiva +confianza a los nobles y leales procederes; así, pues, dado este sentir, +consideradas estas circunstancias, parecióle imposible que ningún +expediente cualquiera pudiese dar el laudable resultado que perseguía. + +Bajo la impresión de estas ideas fue que recibió al marqués cuando fue a +casa de ella al otro día en la hora que la vizcondesa le había fijado. +Pierrepont se presentó muy serio, y su hermoso rostro, aunque un poco +alterado, no conservaba traza alguna de aquella perversa risa que se +apoderara hacía tiempo de su semblante a guisa de mueca nerviosa. + +--Asegúreme de antemano, querida amiga, que no he soñado lo que me +confió usted anoche. + +--Y no lo ha soñado usted... Ahora hablemos razonable y seriamente, si +es posible. Le he libertado de una pesadilla que desgarraba su +corazón... ha sido un poco a pesar mío, lo confieso... pero, en fin, +creo que, eso no obstante, me guardará algún agradecimiento. + +--Un agradecimiento infinito. + +--Lo veremos... Hablemos claro. Posee usted ya el secreto de Beatriz; +sabe usted que le ha amado mucho y que en lugar de haberle traicionado y +sacrificado, como creía usted, ha sido ella, por el contrario, quien se +impuso un verdadero martirio. Hoy tiene ya otras afecciones, otros +deberes, y esté usted seguro de que no conseguirá apartarla de ellos, +pero si abusa de mi forzada indiscreción, conseguiría turbar su +tranquilidad... y a mí, señor, en premio del servicio que le he +prestado, me sumiría en un abismo de dolor. + +--Déme usted sus órdenes, dígame qué quiere que haga. + +--Pierrepont, está usted para siempre separado de la mujer a quien un +día pensó usted unirse, y que le amaba como usted la amaba... eso, no lo +niego, es una gran pena, una gran desdicha, pero irremediable, +consumada; no, no debe, pues, pensar en otra cosa que en poner a +cubierto de un seguro naufragio aquello que aun todavía puede ser; +honrosamente salvado; no le exijo que abandone París y que no vuelva a +ver a Beatriz, no, eso sería demasiado... pero sí le ruego que la vea en +lo sucesivo como a una mujer de la que nada hay que esperar fuera de la +amistad y de la estima. Mucha firmeza necesitará usted, lo sé, para dar +cumplimiento a mi súplica; ¿mas no me dijo usted ayer mismo que le había +devuelto el carácter... y el honor? + +--Señora, espero darle la prueba. + +--Gracias mil--respondió la vizcondesa conmovida--, pero, para ayudarle +en su propósito--añadió sonriendo--, me permitirá usted que tome algunas +precauciones sugeridas por mi antigua experiencia... Entre todas las +contingencias que podrían poner a prueba su tesón, hay una que preveo y +que deseo evitarle... Le ruego que prescinda de toda explicación directa +con Beatriz; yo la pondré al corriente de lo ocurrido hoy mismo y no +tendrá más sino presentarse de nuevo en casa de Fabrice como si nada +hubiera pasado. Le prometo que será bien recibido; no se le hará alusión +alguna ni en cuanto al presente ni en cuanto al pasado, y usted me +promete, ¿no es verdad? rehuírlas también por su parte... ¿me promete +también no enternecerse?... ¿me promete, en fin, no ser para Beatriz más +que un bueno y antiguo amigo como lo es para mí... y nada más? + +--Se lo prometo, y creo no tener en ello gran mérito, porque lo que me +ofrece me parecerá bien grato en comparación a lo que he sufrido. + +--¡Sea en hora buena!... ahora le despido... Voy inmediatamente a su +casa. Le he dado cita para hoy a mediodía. + +--Pero, señora, puesto que usted me prohibe que me sincere ante ella, +que me justifique a sus ojos, a lo menos que sepa... + +--Lo sabrá todo... Si no le escribo vaya usted a verla cuando tenga por +conveniente, pero con preferencia el lunes... es el día que recibe... y +así se perderá entre mucha gente... eso será menos violento para usted y +para ella... ¡Pero es tarde! ¡Me voy!... ¡Hasta otro día! + +Y se separaron... + +Todavía bajo el imperio de la dolorosa escena de la víspera no había +podido aún Beatriz dominar sus angustias cuando recibió por la mañana el +lacónico billete por el cual la señora de Aymaret la preparaba para +tener con ella una importante entrevista. Después, al momento que la vio +entrar, corrió la mujer del pintor al encuentro de su amiga +preguntándole con grande inquietud: + +--¿Qué hay?.... ¿qué ocurre? + +--Hay en primer lugar que te traigo las excusas del marqués de +Pierrepont, y además la seguridad de que en adelante no nos hará +sonrojar la amistad que le profesamos. + +--¿Es verdad lo que me dices?--exclamó Beatriz uniendo las manos en un +transporte de grata sorpresa.. + +--Sí, hija mía; pero esa satisfacción la he comprado un poco cara... +Siéntate, que voy a contarte mi historia. + +Y le refirió la tormentosa conferencia que tuvo la víspera con el +marqués en el saloncito del teatro Francés, sin omitir, por supuesto, el +desenlace. ¡Había traicionado a Beatriz! Pero la había traicionado para +defenderla contra injustas y crueles imputaciones, para volver la calma +a un desdichado en la desesperación, en fin, y, sobre todo, para +conjurar el inminente peligro de un deplorable desafío. + +Beatriz, que la escuchaba con apasionado interés, no respondió sino +cubriendo de besos la mano de su amiga. + +Segura ya del perdón de aquélla, pasó la vizcondesa al terreno de las +recomendaciones, de los consejos, de las súplicas, repitiendo bajo otras +formas lo mismo que había dicho a Pierrepont, poniendo en antecedentes a +su amiga de lo que conviniera con el marqués y procurando hacer +comprender a aquélla, como Pedro por su parte lo comprendía también, +que, al renunciar a lo imposible, al aceptar lo irreparable, +encontrarían todavía algunos encantos en su recíproca situación, +encantos sin duda melancólicos, pero puros y profundos en su misma +poética nobleza. Fuera de eso no quedaba para Beatriz más que oprobio, +degradación, sonrojo, y para la misma señora de Aymaret eternos +remordimientos por una imprudencia tan involuntaria como imprescindible +en evitación de mayores males. + +Beatriz le dio las gracias con efusión, confesándole que en lo íntimo de +su conciencia se alegraba de que Pierrepont supiera la verdad y que +sería aún más dichosa si lo viese volver a la buena senda, asegurando +a la vizcondesa que en cuanto a lo demás podía tener confianza +en ella. «Hay--le dijo con entera buena fe y no sin un poco de +altivez--pensamientos que nunca me asaltan... He sufrido mucho, y mucho +me queda que sufrir todavía, pero aun cuando no tuviera principios +tendría bastante orgullo, demasiado respeto a mí misma para ir a buscar +el consuelo de mi perdido amor en una intriga galante. + +Después de tan satisfactoria conferencia, la señora de Aymaret volvió a +su casa y se tendió en un sofá durmiéndose con sueño de justo. + +El día siguiente de estos sucesos era un lunes, y, por consecuencia, el +de recepción en casa de Beatriz. No quiso aguardar Pedro más tiempo para +dar un paso que lo atraía y lo inquietaba al mismo tiempo; encontró a +aquélla rodeada de visitas, circunstancia que atenuó las dificultades de +esta primera entrevista. Un apretón de manos bastante prolongado, un +rápido cambio de profundas miradas fue toda la explicación que medió +entre ellos. + +Al abandonar la sala entró el marqués en el taller de Jacques, quien no +pudo reprimir, al ver a su antiguo amigo, un movimiento de sorpresa y de +embarazo. + +--Querido maestro--le dijo sencillamente Pedro--, heme aquí de nuevo... +semejante al hijo pródigo... En una palabra, he tenido graves +disgustos... lanzándome para olvidarlos en una miserable vida de +calavera... sin conseguir mi objeto... y vengo hoy a buscar ese olvido +en el seno de mis antiguos amigos... no sin confesar que por ahí debiera +haber empezado. + +--Tú eres siempre bien venido, queridísimo Pedro--replicóle el pintor, +dándole un prolongado y vigoroso apretón de manos--. Tu presencia me +hacía falta y también tus consejos... y para reparar de seguida el +tiempo perdido, voy a enseñarte un cuadrito que me está dando que +hacer--y diciendo esto levantó un forro de sarga que cubría el +caballete--. Para que no te equivoques--continuó--, principiaré por +decirte que es el retrato de miss Nicholson; como ves, la pinto en +figura de Hebe, y en el viejo estilo de nuestros padres, es un ensayo... +Hebe se apresta a ofrecer la copa a los dioses... que están entre +bastidores... ¿qué te parece?... ¡Yo la encuentro atroz! + +--¡Es magnífico!--contestó el marqués, después de un minuto de examen. + +--¡Vamos, tanto mejor! Pero hay todavía para diez sesiones... Tengo otra +pelota en el tejado... pero ésta es la mar... figúrate que la primera +vez que vino a verme descubrió el bueno de papá Nicholson, curioseando +en mis cartones, el bosquejo de cuatro grandes recuadros representando +las cuatro estaciones... se ha enamorado de aquéllos y quiere que se los +pinte para su comedor de Chicago... Ya ves que nada se rehusan, en +Chicago... Cuatro pedazos de pinturas de tres metros por dos... ¡como +quien no dice nada!... «Pero, señor--le dije--, para dar a usted gusto +tendría que consagrar exclusivamente a esa obra un año de vida... por lo +menos... y francamente, mis medios no me lo permiten...» ¡Motivo de más +para estimular al buen señor, que me ha ofrecido una fortuna!... ¡Y como +al fin tengo mujer e hija, es ésta una ocasión para asegurarles su +porvenir... por cuyo motivo he aceptado! + +--¡Has hecho muy bien, y papá Nicholson tiene mejor gusto de lo que yo +suponía!... ¿Y has empezado ya tus recuadros? + +--No están más que esbozados... pero no puedo trabajar aquí... el taller +es demasiado chico... Me veo obligado a aceptar la hospitalidad de un +vecino hasta que vuelva a mi colgadizo de Bellevue, donde nos +encontraremos a nuestras anchas los recuadros y yo. Hemos vuelto a +alquilar la quinta del año pasado, y mi mujer, en consideración a este +trabajo excepcional, me concede instalarse en el campo muy temprano este +año. ¡Espero, mi querido marqués, que no aprovecharás otra vez nuestra +residencia en el campo para hacernos una nueva rabona! + +--Teme, por el contrario, verme aparecer con demasiada frecuencia en tu +horizonte--respondió Pierrepont riendo. + +Así se vieron restablecidas bajo el pie de la antigua intimidad, las +relaciones amistosas de estos dos hombres. Fabrice no pudo ocultar a su +mujer el contento que esto le causaba, y, por la tarde, durante la +comida, como hablasen de ese particular, la mortificó inocentemente con +sus embarazosas preguntas acerca de lo que ella pudiese saber o adivinar +sobre las causas que originaron esta dichosa y repentina conversión de +Pedro. + +--Se me figura--dijo el pintor a Beatriz--, que tu amiga la señora de +Aymaret es quien ha operado el milagro. + +--Eso mismo me imagino yo--respondió Beatriz. + +--Lo que me llama más la atención es que anteanoche en el teatro, sin ir +más lejos, de todo tenía cara menos de penitente. + +--¡Pues precisamente!--replicó Beatriz--. Fue a nuestro palco a ver a +Elisa cuando ya nosotros nos habíamos ido, y aquélla le predicó un +sermón sin paño. + +--¡Qué atractiva personita! Mas Pedro echa la culpa de sus calaveradas a +grandes disgustos que ha tenido... ¿Qué grandes disgustos han sido +ésos?... ¿Tienes alguna idea? + +Beatriz dio respuesta a su marido con un signo negativo de cabeza y en +sus labios se dibujó indefinible sonrisa. + +Pocos días después de estos incidentes, ocupábase la crónica escandalosa +de París de una ruptura entre el marqués de Pierrepont y la baronesa de +Grèbe. Estos rumores eran fundados. Habiendo decididamente rehusado +aquél servir de intermediario con Fabrice para que éste hiciera el +retrato de la joven dama a la moda, ésta lo despidió después de una +violenta escena, y aunque mandó llamarlo al día siguiente por medio de +un almibarado billete, Pedro fue inexorable, por más que el barón Julio, +completamente domesticado ya, se hubiese tomado personalmente el trabajo +de llevar por sí mismo la misiva. + +En los primeros tiempos inmediatos a la reconciliación de Pierrepont con +Beatriz, tuvo la señora de Aymaret el gusto de ver que las recíprocas +relaciones de aquéllos tomaban el carácter que ella les había asignado +con atinada prudencia. La vizcondesa notaba en la mutua actitud de Pedro +y de su amiga, en su miradas, en su lenguaje, tan leal franqueza, tan +tranquila paz, aun cierta alegría misma que le parecieron del mejor +augurio, pues se echaba de ver en sus procederes ese contento de las +personas que se encuentran satisfechas en una situación dada sin aspirar +a salir de ella. En realidad, encontrábase todavía bajo la influencia de +la impresión primera, que era para los dos la de un inmenso alivio, +porque Beatriz no tenía ya sobre su pecho aquella pesadumbre de verse +acusada y condenada por el hombre que era para ella todo en el mundo, y +Pierrepont, por su parte, a quien el aparente desdén de Beatriz había +tan profundamente lastimado en su sensibilidad, y, justo es decirlo, +también en su orgullo, no sentía tampoco sus heridas desde el momento +que se sabía amado. Fueron, pues, estos momentos de deleite que dieron a +ellos, al menos por algún tiempo, la ilusión de apacible y duradera +dicha. + +Poco a poco fue el marqués volviendo a sus antiguas costumbres, +frecuentando el taller de Jacques, donde encontraba casi siempre a +Beatriz, sobre todo durante las sesiones para el retrato de miss +Nicholson, con cuya amable persona había intimado mucho la mujer del +pintor. La señora de Aymaret, a quien la joven americana inspiraba +también decidida simpatía, solía acompañarla cuando su padre no podía +hacerlo. Miss Nicholson preparábase por estos tiempos a abandonar la +Francia después de dos años de residencia en ella, y ya sabemos las mil +ocupaciones que una señorita tiene antes de dejar una ciudad como París, +razón por la cual no podía asistir diariamente a casa del artista; +pasáronse, pues, tres o cuatro semanas antes que el retrato hubiese +recibido con la última pincelada la firma del maestro, sin que, por otra +parte, pareciese mostrar deseo de verlo terminado la bella interesada, +quien manifestaba en las largas y fatigosas sesiones una paciencia +verdaderamente angelical, sobre todo si el marqués de Pierrepont se +encontraba presente. No dejó la señora de Aymaret de parar su atención +sobre este detalle, cayendo en la cuenta de que el sonrosado encantador +semblante de la joven, parecía aún más encantador y más sonrosado cuando +Pedro se dignaba dirigirle la palabra, pero para desdicha de la pobre +Ketty nada presagiaba que el marqués tuviese la intención de pasar a +mayores. + +Al mismo tiempo de lo apuntado, hizo la señora de Aymaret otras +observaciones que le dieron mucho que pensar decidiéndola a llevar a la +práctica ciertos diplomáticos planes. Habiendo ido la americana a +despedirse de la vizcondesa en la víspera de su partida para New York, +vía Havre, resolvió aquélla aprovechar la oportunidad y poner los +cimientos del proyecto que hacía algunas fechas venía acariciando: +claramente advirtió que miss Nicholson deseaba hacerle alguna confesión, +circunstancia que llenó de gozo a la de Aymaret, quien, por su parte, +estaba decidida a pedírsela a aquélla. Ketty le contó paulatinamente a +Elisa, con esa mezcla de pudor y de intrepidez, que es uno de los +hechizos de las de su raza, que sentía una tierna inclinación por el +marqués, pero que, al mismo tiempo, estaba convencida de que aquél era +totalmente indiferente hacia ella, por cuya razón partía +desesperadamente. La señora de Aymaret trató de rehacer un poco su +moral, ofreciéndole quedar hecha cargo de sus intereses, puesto que +hacía tiempo que pensaba casar a Pedro, quien de su lado había encargado +a ella, en quien tenía ilimitada confianza, que le designara persona de +su agrado; así, pues, Elisa lo inclinaría hacia Ketty, cuidando, por +supuesto, de dejar a salvo la dignidad y delicadeza de ésta. + +--Pero entendámonos, niña mía--añadió la vizcondesa--; si consigo +expedirlo para Chicago, ¿puedo estar segura de que encontrará buena +acogida por su parte de usted, no es eso? + +Miss Nicholson respondió con un gesto expresivo acompañado de cierta +expresión que a nuestra lengua podríamos traducir por ¡caramba!, +arrojándose en seguida al cuello de la vizcondesa, a quien cubrió de +besos, para salir después con su aire marcial, la frente radiante, cual +si ya reposaran en ella los elegantes florones de la corona de marquesa. + +La verdad era que las relaciones de Pedro con la mujer del pintor +tomaban de día en día, merced a las facilidades del taller, un aire de +intimidad que no entró en las previsiones de la vizcondesa y que +comenzaba a preocuparla seriamente. Los recíprocos procederes de +Pierrepont y Beatriz ofrecían ciertos síntomas acerca de los cuales +nunca se engaña el fino olfato femenino. A la abierta actitud de los +primeros días, habían sucedido timideces, cortedad, largas y profundas +miradas, prolongados silencios, ensueños, mal humor constante; era +visible que se buscaban, y que al mismo tiempo temían encontrarse; era +visible que en sus más insignificantes palabras había algo de tierno y +de vibrante; no ignoraba la de Aymaret que sus conversaciones +personales, directas, eran muy raras, y que aun parecían querer +evitarlas en lo posible, de lo que venía a deducir, con harta razón la +vizcondesa, que procuraban ponerse en guardia contra la tentación de las +efusiones, de los recuerdos, de las mutuas ternuras; no los creía +culpables, y les hacía justicia, pero, un contacto tan íntimo y tan +familiar entre ellos, ¿no podría ser prueba demasiado fuerte que al fin +diera al traste con sus resoluciones por firmes y sinceras que fuesen? +¿No se encontraban de nuevo en presencia el uno del otro exactamente +como en otros tiempos, al lado de la señora de Montauron? ¿No podrían +despertar paulatinamente y con el mismo ardor que en pasada época esos +íntimos sentimientos, haciendo aún más sensible la ya grande antipatía +de Beatriz por su marido? + +La de Aymaret contaba con que la ausencia de Jacques y su mujer en el +campo podría aflojar los lazos de esta peligrosa intimidad, alejando al +marqués de Pierrepont, a quien no gustaba salir de París; pero pronto +perdió esta ilusión, porque, pretextando aquél el vivo interés que le +inspiraba la obra gigantesca que Fabrice había emprendido, iba con +frecuencia a la quinta de Bellevue, donde generalmente se quedaba a +comer. Cuando la señora de Aymaret los encontraba allí, observaba que él +guardaba siempre, ante Beatriz la misma reservada actitud, pero veía que +palidecían cuando se daban la mano, advirtiendo que comenzaba a surgir +en sus pechos el huracán de la pasión; la vizcondesa se decía que si tal +estado de cosas se prolongaba era suficiente la más leve combinación de +la suerte, el incidente de por sí más trivial para desencadenar las olas +de amor tanto tiempo acumuladas, agitadas y comprimidas en aquellos dos +corazones. + +Profundamente alarmada en su conciencia, en su honradez, en su amistad, +comprendió pronto que sólo una medida radical y heroica podía contener a +Pedro y Beatriz, en esa mancha fatal a los abismos, y fue entonces +cuando le asaltó la idea de casar a Pierrepont con miss Nicholson, +concierto que tendría además la ventaja de alejar a aquél de Francia por +largo tiempo. + +Restaba que los interesados ratificasen este proyecto; miss Nicholson +hallábase conforme de antemano, pero era necesario vencer la doble +oposición del marqués y de Beatriz, oposición tanto más insuperable +cuanto que podía apoyarse en razones especiales; nada tenían que +reprocharse; manteníanse escrupulosamente en los límites de la honrada +amistad que la señora de Aymaret, la misma señora de Aymaret les había +recomendado. ¿Por qué, pues, atormentarlos? ¿Por qué arrebatarles este +inocente consuelo que venía a compensar un tanto sus pasados +sufrimientos? ¿No acusarían a su amiga de gratuita y tiránica +importunidad? ¿No corría el riesgo de enajenarse para siempre la +preciosa afección de aquellos dos interesantes seres? + +Una circunstancia imprevista vino a poner fin a las indecisiones de la +señora de Aymaret; su marido el vizconde, debilitado por todo linaje de +excesos, había caído de algún tiempo atrás en un estado de anemia +alarmante, y los médicos le prescribían una prolongada residencia en +Glion, a orillas del lago de Ginebra; naturalmente, su mujer se prestaba +a acompañarle, era necesario, pues, tentar un último esfuerzo. + +Para hacerlo así marchó una mañana a Bellevue; cuando llegó a casa del +pintor, dijéronle que Beatriz se hallaba en el jardín, probablemente en +el taller de su marido. Este taller se encontraba a alguna distancia del +caserío de la quinta, y no encontró en aquél sino a Jacques, trabajando +concienzudamente en sus recuadros, que prometían ser verdaderas +maravillas. + +Como la vizcondesa le manifestase su admiración: + +--¡Magnífico!--exclamó el artista alegremente--. Repite usted lo que +Pedro me decía hace un momento, y cuando sus apreciaciones de usted +coinciden con las de aquél, hay motivo para estar contento. + +--¿Está aquí Pierrepont? + +--Sí, da con Beatriz una vuelta por el parque... me parece que han ido a +la avenida de los arrayanes... ya usted sabe el camino. + +--Voy allá... hasta luego, amigo mío. Y marchóse por el sendero que +atraviesa la parte baja del jardín... Corrían por esos días los +postreros de abril, y a través del follaje, aún claro en esa época, pudo +distinguir a Pedro y a Beatriz que caminaban lentamente uno al lado del +otro. La señora de Aymaret oyó a pesar suyo algunas de las palabras que +en tenue voz cambiaban los interlocutores, y aun cuando en tal tono +dichas, nada tenían, en verdad, ni de misteriosas ni de +confidenciales... y, sin embargo, cuando se vieron en presencia de la +vizcondesa sus rostros revelaron confusión. + +Después de algunas palabras indiferentes: + +--Señor Pierrepont--dijo la de Aymaret--, ¿tendría usted la amabilidad +de dejarme un momento a solas con Beatriz?... Pero, antes de que se vaya +usted, ¿por cuál tren piensa regresar a París? + +--Por el de las tres y veinte, probablemente. + +--¡Excelente!... ¡Es también, el mío!... Volveremos juntos si usted +quiere. + +--¡Con mucho gusto, señora! + +--Iré a buscarle al taller dentro de algunos minutos. + +Una vez alejado Pierrepont, abordó Elisa sin ambages el asunto a debatir +con Beatriz; se guardó bien de hacerle ni el más leve reproche, +acusándose a sí misma de haber sido ligera, imprevisora, mala consejera, +proponiéndose ahora, antes de alejarse por muchos meses, reparar su +imprudencia imperdonable; sabía que entre su amiga y el marqués nada +existía de criminal, pero, al fin, en sus revelaciones, advertíase un +algo de incorrecto, de equívoco, porque aquella sinceridad de los +primeros tiempos, vano fuera ocultarlo, había desaparecido, y era +imposible suponer que en adelante pudiesen continuar, sin alterar ya la +tranquilidad o la estima de Beatriz, ya el honor de su propio marido; +era, pues, de necesidad urgente poner remedio a ese estado de cosas, y +el único remedio eficaz no podía ser otro sino el inmediato matrimonio +de Pierrepont. + +Aunque evidentemente conmovida Beatriz ante esta insinuación inesperada, +la acogió sin protestas y hasta sin objeciones. Quizás en el fondo de su +alma turbada, empezaba a desconfiar de su propia constancia deseando así +que una mano potente viniese a salvarla de esa lucha que cada día más +presentábase a ella como más dolorosa, como más imposible. Autorizó, +pues, a la señora de Aymaret para que indicase al marqués cómo ella, +Beatriz, deseaba su matrimonio, pidiéndole únicamente a su amiga que en +lo sucesivo nunca le hablase de Pedro, ni jamás le advirtiera, si debía +partir, la época de su viaje. + +--Antes te quería--le dijo con sencillez la vizcondesa--, ¡ahora te +venero! + +Y la dejó en la avenida de los arrayanes marchando al taller en busca de +Pedro. + +--Tenemos todavía--dijo a éste--, como una media hora antes que pase el +tren... ¿Quiere usted que vayamos a esperarlo a la estación de Meudon a +guisa de paseo? + +--¡Qué idilio!--respondió alegremente el marqués levantando los ojos al +cielo. + +Se despidieron de Fabrice, y un instante después, haciendo el camino que +baja de Bellevue a Meudon, la señora de Aymaret exponía a Pedro la +delicada comisión de que para él le había encargado Beatriz. + +La frente de Pierrepont se cargó de nubes, pero, aunque manifestando tan +extrema sorpresa cuanto viva impaciencia, era demasiado recto para no +reconocer que la situación que ocupaba entre Jacques y su mujer +prestábase, aunque injustamente, a las más perversas interpretaciones, +mostrándose en extremo sensible a la idea de comprometer a Beatriz, y +más todavía, a la de arrojar sobre el limpio nombre de su amigo una +tacha de infamia, porque era visto que Pedro profesaba a éste un real +sentimiento de cariño y aun de respeto, y rechazaba con horror la idea +de traicionar vilmente la confianza del honrado y grande artista. Añadió +así, magnánimamente, la necesidad de hacer más frías las relaciones que +podían dar lugar a fundadas sospechas, y aun convino en que, +efectivamente, el matrimonio era el más seguro medio de romper para +siempre con el pasado... Pero, ¿por qué la América?... ¿Por qué miss +Nicholson mejor que cualquier otra? + +La señora de Aymaret consiguió vencer esta última trinchera revelándole +el secreto culto que le rendía la linda millonaria, clase de lisonja a +que todo hombre es siempre sensible. + +--Pero, en fin--dijo Pedro, ya completamente arriado el pabellón--, ¡no +es cosa de irse esta noche misma!... ¿Supongo que me concederá usted +algunos días para arreglar mis asuntos? + +--No muchos, mi querido amigo, porque yo me voy dentro de ocho y no +quiero dejarlo a usted a mi retaguardia. + +--Su confianza de usted me encanta... ¡Pero, en fin, sea! me iré con el +próximo vapor que sale del Havre... porque, francamente, no puedo hacer +el viaje a nado... Vamos, ¿quiere usted que le dé mi palabra? + +--No estaría de más. + +--Está dada. + +--¡Muchas gracias!... recuerde usted que no debe prevenir a Beatriz el +momento de su partida. + +--¡Por supuesto!... pero podré despedirme de ella sin decirle nada, +supongo. + +--Eso sí... ¡claro está!--respondió la vizcondesa. + +En esto llegaban a la estación, al mismo tiempo que el tren, y como +nadie más que ellos ocupasen el coche que los conducía a París, +convinieron en los términos de la carta que al día siguiente mismo se +proponía la señora de Aymaret escribir a miss Nicholson, anunciándole la +próxima salida de Pierrepont para América. + +La vizcondesa estaba tan admirada como encantada del rápido y +relativamente fácil triunfo con que terminara su doble campaña, +diciéndose a sí misma, no sin fundamento, que la débil resistencia +opuesta por sus dos enamorados amigos, atestiguaban con victoriosa +elocuencia cómo ellos mismos estaban en el fondo convencidos de la +irregularidad y de los peligros de la recíproca situación. + +La señora de Aymaret escribió a Beatriz aquella misma noche en +encubierta forma, a fin de darle detalles sobre su conferencia con +Pierrepont. Los subsiguientes días, mientras se entregaban a los +preparativos del viaje, recibió con frecuencia la visita del marqués, a +quien puso en antecedentes acerca de la persona y familia de aquella que +aceptaba por esposa, antecedentes que, como es natural, interesaban +vivamente a Pedro, viendo la vizcondesa en la curiosidad de su amigo +nueva garantía de su firme resolución, que, por otra parte, afianzaba +suficientemente la empeñada palabra de caballero tan cumplido. + +La señora de Aymaret debía ponerse en camino con su marido y sus hijos +el primero de mayo, que era un martes; fue la víspera a Bellevue con +intento de despedirse de Beatriz, a quien halló profundamente triste, +aunque resignada, sabiendo allí por boca de su misma amiga que +Pierrepont había estado en la quinta aquella mañana y participado a +Jacques sus proyectos de viaje. + +El marqués debía partir dentro de tres o cuatro días, el sábado 6 de +mayo, día fijado para la salida del vapor a cuyo bordo tenía ya su +pasaje, prometiendo a la vizcondesa en su visita de despedida que desde +Nueva York le pondría un telegrama anunciándole su llegada, y como se +pusiese de pie para dejarla, la amable señora le presentó sus frescas +mejillas cubiertas de rubor, diciéndole simplemente: + +--Bese a su hermana. + +Al día siguiente, la vizcondesa salió para Suiza. + +Hasta el viernes, víspera de su partida, titubeó el marqués acerca de si +volvería o no a Bellevue, pero al fin decidióse a hacerlo, visto que no +acertaba con el tono a que debía ajustar su carta de adiós a Beatriz; +escribió a ella varias, mas encontrólas todas secas por demás o en +demasía tiernas, y acabó por quemarlas. Llegado que fue a casa del +pintor franqueó la puerta dirigiéndose en derechura al taller donde +encontró a Beatriz, presente su marido, ocupada en una labor de +tapicería. + +--Querido, vengo a darte un apretón de mano... porque no sé si volveré a +verte antes de mi escapada a América... ¡Estoy tan ocupado! + +--¡Cómo! ¿tan pronto te vas?--preguntó Jacques interrumpiendo su +trabajo--; ¿quién te corre, hijo?... ¡Ah! ¡ah!... Estoy en el secreto... +¡Fíate de mujeres para que guarden uno! + +--¡Oh, eso está todavía en el aire... no son más que proyectos!... Lo +único real es el viaje. + +Después de esto no le habló más que de sus recuadros, cuya grandiosa +composición admiraba, arriesgando algunas ligeras críticas de detalle, +que el artista admitió algunas veces, discutió otras con su bondad y +modestia usuales; una media hora transcurrió en esta conversación, en la +cual la mujer del pintor apenas tomó parte, continuando con taciturno +aire, inclinada su cabeza de diosa, la labor de tapicería que la +ocupaba, tal cual fugaz palabra de vez en cuando dicha, tal cual veloz +mirada rebosando de sombras lanzada sobre el rostro del hombre que se +iba. + +Cuando Pierrepont hubo dado a Jacques su adiós postrero, levantóse ella, +diciendo al marqués con voz conmovida, seca, vibrante: + +--Le voy a acompañar. + +El marqués se inclinó, y juntos salieron del taller; a pesar de no estar +sino a principios de mayo, el día había sido abrumador de calor y una +tormenta estalló sobre París a mediodía; la lluvia que cayó a torrentes +había cesado ya, pero el cielo estaba aún nebuloso, la atmósfera +cargada. Se aspiraba ese fuerte olor que las lluvias de estío hacen +brotar de la yerba, de las hojas y de las flores, y rosas, lilas y +acacias saturaban el aire con sus acres perfumes. Beatriz y Pierrepont +se pasearon lentamente durante algunos minutos en el parque sin +pronunciar palabra, parándose de tiempo en tiempo para echar una +distraída mirada sobre el lejano panorama de París, sobre el cual el sol +poniente lanzaba a intervalos a través de las rotas nubes siniestros +resplandores de incendio. + +Beatriz de pronto, como quien toma una brusca resolución: + +--¡Márchese, se lo ruego!... Pero antes quiero darle algo para _ella_. + +Y se dirigió con rápido paso hacia la quinta. Su departamento personal, +compuesto de un gran salón, gabinete y dormitorio, ocupaba toda la +planta baja. La habitación de Jacques y de Marcela estaban en el primer +piso. + +Beatriz subió los tres o cuatro escalones del peristilo, y volviendo la +cabeza dijo a Pedro: «Vuelvo al momento», entrando en seguida en el +salón. + +Pierrepont, desconcertado al pronto, aguardó algunos instantes, pero al +fin se decidió a seguirla; la habitación estaba casi a obscuras, +cerradas las persianas para preservarse sin duda contra el fuerte calor; +el marqués pudo, sin embargo, advertir que Beatriz no estaba allí; se +presentó un momento después llevando un estuche en la mano. + +--Es su brazalete--le dijo en débil voz--; el brazalete que me envió +usted de Londres cuando mi casamiento... Entréguelo de mi parte a su +prometida... ¡Quiero que mi sacrificio sea completo! + +Pierrepont intentó darle las gracias, pero su voz se ahogó en su +garganta; puso la mano en la mano que ella le tendía. + +--¡Adiós! + +--¡Adiós!--respondió. + +Y aun no se oyó acabar este fatal vocablo, cuando cayeron el uno en los +brazos del otro, en olvido la tierra y los cielos, enloquecidos, +arrastrados por esos huracanes de pasión que tornan veloces honor de +varón, virtud de mujer, en flores marchitas, en muertos follajes, en +huecas palabras. + + + + +XIV + +LA APUESTA + + +El despertar de una mujer honrada y altiva que sucumbe al impulso +funesto de una pasión prohibida es un desolador despertar, pero si raras +veces sucede que no se arrepiente de su falta, es todavía más raro que +no persevere en ella, porque en primer lugar la caída es tan honda que +hácese imposible remontar la pendiente, luego porque ya, el error +cometido, perdióse todo, menos el amor; el amor es el único que +sobrevive, lo único que resta, y al amor es necesario asirse, como la +última tabla que sobrenada en el mar de aquel moral naufragio. + +Y la mayor parte de las que cayeron se abrazan al postrer madero con una +especie de violencia desesperada. Se entiende, por supuesto, que nos +referimos aquí a las mujeres de temple superior, no a esas otras para +quienes amar es un simple pasatiempo mundano. + +Después de lo ocurrido entre Pierrepont y Beatriz no había ya ni que +hablar siquiera del viaje de aquél: hasta discutir el punto les pareció +ocioso y no lo hicieron, pero no podía prescindirse de explicar este +repentino cambio de ideas a las personas a quienes pudiera interesar. +Miss Nicholson había sido informada por la señora de Aymaret del viaje +del marqués, pero con tantas reticencias que la joven americana no +hubiera podido admirarse de una decepción; mas, ¿cómo justificar ante la +vizcondesa aquella traición a la palabra dada, traición que despertaría +necesariamente en la perspicaz señora sospechas fundadísimas? + +Pierrepont tuvo que resignarse a escribirle una carta trivial en la que +tomaba como pretexto para aplazar su partida graves e imprevistos +asuntos, pero la vizcondesa tan no creyó sus asertos que ni aun le +contestó siquiera. Tampoco buscó las aclaraciones de Beatriz, quien por +completo entregada a su delirante pasión, mostróse casi indiferente a la +dura afrenta que argüía tal silencio. En cuanto a Fabrice, admitió +fácilmente que Pedro abandonaba un viaje hacia el cual nunca lo viera +muy inclinado. + +Y entonces principió para los dos cómplices esa existencia turbada, +mezcla de embriagueces y de amarguras, de olvidos y de remordimientos, +de secretas concupiscencias y de terrores secretos que es la vida misma +de los amores culpables. Podían, por fin, hablar sin reserva del pasado, +confiarse todo lo que recíprocamente habían sentido y sufrido el uno por +el otro, borrar los últimos lineamientos del terrible equívoco que por +tanto tiempo los tuvo separados, y los mismos transportes de la pasión +eran descoloridos detalles comparados al hechizo de estas mutuas +confidencias, de estas horas de ternura. Pero sus entrevistas íntimas no +eran frecuentes; lo eran aún menos que antes de su común falta; la +inocencia había huido y observaban con la angustiosa atención del que +delinque; observaban y observaban, y todavía no observaban lo bastante. +Jacques era de natural tan generoso y confiado, estaba tan acostumbrado +desde su temporada en los Genets a la intimidad de Pierrepont con +Beatriz, se hallaba tan absorbido en el trabajo gigantesco que traía +entre manos, que ni remotamente sospechaba la traición de que venía +siendo víctima; pero un ojo por desventura más desconfiado, más +penetrante, velaba en lugar del artista desdichado. + +La antipatía de Gustavo Calvat hacia su cuñada Beatriz había ido de más +en más creciendo por efecto de sus cotidianos rozamientos y de los mal +disimulados desdenes de aquélla; había ido de más en más creciendo hasta +el punto que hoy era no ya aversión, sino irreconciliable odio; tampoco +simpatizaba Calvat con el marqués de Pierrepont, quien lo trató siempre +con altanera frialdad. Aunque el pintor continuase, bondadoso como era, +recibiendo al taimado aprendiz en su casa y ayudándolo pecuniariamente, +no podía pasar inadvertido para aquel ente que estorbaba, que no era con +tanta frecuencia invitado a comer, que Beatriz, que se ocupaba mucho de +la educación de Marcelita, evitaba el dejar a la niña a solas con él, y +ante tales procederes, que Calvat consideraba verdaderos ultrajes, no +había venganza que no se encontrase pronto a esgrimir contra aquella +que paso a paso lo iba desalojando de una casa que él consideraba como +suya. + +A fin de ahorrar tiempo había encargado Jacques a su cuñado de algunos +secundarios detalles en la grande obra que lo ocupaba, y Calvat +aprovechaba esta circunstancia para presentarse más que de costumbre en +el taller del pintor, so pretexto de ofrecerle sus servicios, y cuando +éstos holgaban íbase a fumar en el jardín o a acechar por fuera de la +quinta el paso de Marcelita. + +Cierto día, como volviese de dar un paseo por el parque con la niña, +entró bruscamente en el taller, y después de asegurarse de que Fabrice +estaba solo, le dijo de repente: + +--¡Querido, tengo que hablarte! + +--Habla--replicóle el pintor prosiguiendo tranquilamente su trabajo. + +--Me causa pena tocar este punto, pero me parece que no harías mal en +que Marcelita volviese a su colegio de Auteuil. Es la hija de mi hermana +y eso me impone ciertos deberes. + +Fabrice bajó lentamente los escalones del andamiaje sobre que pintaba, y +mirando fijamente a Calvat: + +--¿Qué me quieres decir con eso? + +--Quiero decirte que Marcela está aquí en malísima escuela, y que no +debe permanecer por más tiempo en ella. + +--¿Por qué? + +--Mi querido Jacques--replicó Calvat--, siento mucho abrirte los ojos y +destruir tus ilusiones acerca de tu princesa... Pero... pero puesto que +lo quieres, sea... ¿Sabes la pregunta que hace un momento me dirigía la +niña a propósito de su excelente madre, de su irreprochable maestra? +«Tío--decíame--, ¿se dan besos los caballeros y las señoras cuando no +son marido y mujer?» «Algunas veces...--le respondí--en ciertas +ocasiones... ¿Por qué me preguntas eso, Marcelita?...» «Porque ayer +tarde, después de comer, cuando volvía a dar las buenas noches a papá en +la sala, vi que el señor de Pierrepont besaba a mamá.» + +Apenas tuvo tiempo de terminar estas palabras, cuando Fabrice, +agarrándolo por el cuello, casi hasta ahogarlo: + +--¡Miserable!--le dijo--, ¡estás ebrio!... ¡Vete! ¡Vete de mi casa! + +Y lo empujó, arrojándolo fuera del taller. + +--¡Pobre tonto!--murmuró Calvat haciendo una repugnante mueca. + +--¡Te he dicho que te vayas!--añadió Jacques marchando hacia su cuñado. + +Este hizo un signo amenazador de cabeza y se retiró seguido por la +mirada de Fabrice, que no le quitó la vista hasta que le vio franquear +la verja. + +Vuelto al taller, intentó maquinalmente el pintor reanudar su trabajo, +pero la voluntad lo abandonaba; nublada la vista, inerte la mano, puso +con desaliento sobre la próxima mesa paleta y pinceles, y sentándose +sobre el borde de aquélla dióse a cavilar... Sí... Calvat es un +miserable... un alma degradada por los desórdenes y la pereza... capaz +de todo por satisfacer sus envidias y sus odios... detestaba a +Beatriz... siempre la había perseguido con su sorda malevolencia... +ahora ya incidía en la calumnia abierta... Esto era palmario... Pero +Jacques se decía al mismo tiempo que su mujer, de la cual continuaba tan +apasionado cual en el día mismo de sus nupcias, no cesó nunca de +manifestar hacia él frialdades de hielo, marmóreas resistencias... Esas +frialdades radicaban sin duda en su íntima complexión... mas... Y +entonces las pérfidas insinuaciones de la señora de Montauron venían a +clavar sus dientes de acero en el alma del desventurado artista. ¡Qué de +veces creyó él descubrir en su altiva consorte, esos sentimientos de +desdén, de disgusto, de enojo, de arrepentimiento, de que le hablara en +cierta conversación memorable la difunta baronesa!... Y esa idea de que +Beatriz no lo amaba era para el pintor una tortura dantesca, sólo un +momento ahogada en el febril trabajar... Pero, en fin, porque amase más +o menos a su marido no dejaba de ser Beatriz quien Beatriz era... +¡Beatriz!... esa casta y altanera criatura a quien él vio sufrir con +tanta nobleza su infortunio, a quien él vio rechazar con virtud tanta +los protervos consejos, las falaces tentaciones de la suerte adversa... +¡Oh, sí, no había duda! si a él no lo amaba, el honor y el deber eran +para ella un culto, y de esos dioses jamás renegaría... Cierto que su +simpatía por Pierrepont era manifiesta y evidente, pero, ¿la inocencia +de esa propensión no la proclamaba suficientemente esa misma tácita +publicidad de que Beatriz la revestía? ¿no se explicaba, sin esfuerzo +alguno, por afinidades de nacimiento y de educación, de tradiciones de +familia y comunes recuerdos?... ¿El mismo marqués no era citado como +viviente símbolo de la más caballeresca lealtad?... ¿Cómo, entonces, +infamar a los dos con la sospecha de una duplicidad tan abominable, de +una traición tan baja?... y eso por las imputaciones de un ser como +Calvat, bajo la fe de una delación que tenía todas las viles apariencias +de cualquier carta anónima... Porque las palabras que Calvat tuvo la +villanía de poner en labios de Marcelita, Jacques estaba seguro de que +la niña jamás las pronunció... y ese indigno Gustavo había contado de +antemano con la impunidad, convencido; cual se hallaba, de que Fabrice +nunca interrogaría a su hija acerca de tan difíciles capítulos. + +Sumido estaba aún el artista en estas crueles cavilaciones, cuando la +cortina de antigua tapicería que cubría la puerta del taller abrióse de +pronto dejando ver el fresco y lindo rostro de Marcela. + +--¿Te incomodo, papá? + +--No, hija mía--respondió éste cubierto de densa palidez. + +--¿Puedo entrar? + +--Sí, mi vida. + +Y entró la niña, con un aro en la mano, presentando a su padre la +frente. + +--¿Estás triste, papá? + +--¿Por qué he de estar triste? + +--¡Como no trabajas! + +--Descanso un poco. ¿Tú has estado corriendo?... ¡Estás roja como una +amapola! + +--No, papá, vengo de dar mi lección de piano con mamá. + +--¿Es buena contigo tu mamá? + +--Muy buena. + +--¿Tú la quieres mucho? + +--Mucho... pero a ti más que a ella... Me voy a jugar... pero bajo los +árboles... no al sol... no tengas cuidado. + +Iba a salir; Fabrice la llamó. + +--¡Ven, alma mía!... voy a preguntarte una cosa... ¡Ven, corazón mío! + +Tomó la cabeza de Marcelita entre sus manos y mirándola fijamente: + +--Marcelita... vas a decirme... una cosa... + +--¿El qué papá? + +Titubeó algunos segundos; en seguida, bruscamente, sonriendo con amarga +sonrisa: + +--Quiero que me des otro beso... ahora anda... anda a jugar... nena +mía... corre. + +Y Marcelita se fue corriendo. + +Cuando desapareció, el artista, cuyo carácter era firme cual la roca, +enjugó, sin embargo, una lágrima. Después se levantó, tomó su paleta y +púsose a pintar. + +Al día siguiente experimentó la sorpresa de ver a Calvat entrar en el +taller. + +--¿Cómo te atreves a presentarte en mi casa?--le preguntó con +amenazadora gravedad. + +--Querido--respondió Calvat en tono de sumisión--, he consultado con la +almohada... vengo a presentarte mis excusas... No estaba ayer ebrio +como me dijiste un poco rudamente, y aun añado que no falté a la +verdad... Pero he hecho mal, convengo, en venir a repetirte un cuento de +niño que debió afectarte profundamente, y que podía ser, que era +seguramente, un embuste. He reflexionado y estoy persuadido de que +Marcelita ha inventado la historia que me contó. Los niños, tú lo sabes, +son grandes embusteros, y sus invenciones tienen con frecuencia ese aire +de malicia socarrona y de falsa inocencia que es fácil de advertir en la +broma de tu hija... Con más, que nada se adelantaría con interrogarla... +porque, en ese caso, sostenga la niña su mentira o la retire, se queda +uno como estaba... Por consecuencia, me parece lo mejor pasar por alto +la falta de la niña, olvidar mi exceso de celo... bastante comprensible, +por otra parte... y darme la mano. + +La justificación alegada por Calvat no dejaba de ser fundada, y, además, +llevaba al alma atormentada del pintor algunos fulgores de bonanza. + +--¡Bueno, pase!... pero te prevengo que en lo sucesivo no quiero oír ni +una sola palabra reticente acerca de mi mujer... ¡ya lo sabes! + +Sin embargo, desde el día que la duda se posó en su espíritu, no pudo +Jacques, por grande que fuera su imperio sobre sí mismo, impedir que +algo traslucieran Beatriz y Pedro de la obsesión que lo atribulaba, y se +penetraron de que eran objeto de una tal vez involuntaria vigilancia; +resolvieron, pues, de común acuerdo, hacer aún más raras sus +entrevistas íntimas, y obstáculos tales puestos a su pasión, dieron por +resultado que ésta se hiciera todavía más imperiosa, más absorbente. +Jamás llegaron a verse fuera de la quinta de Bellevue, porque Beatriz +opuso una resistencia invencible a todas las combinaciones que +Pierrepont le presentó para facilitar sus citas a solas. ¡Era culpable, +es cierto! pero aun en su falta conservaba esa elevación de alma que +desprecia los ruines expedientes de la galantería vulgar, y excepcional +hubiese sido que en las condiciones de existencia que les habían creado +los acontecimientos, no hubieran buscado para suplir a sus habladas +ternuras el medio fatal de escribirse. Con este error contaba Calvat. + +Como el lector habrá previsto, no afectó aquel villano el +arrepentimiento de su delación, y no se excusó con Fabrice sino para +procurarse de nuevo entrada en la casa y vigilar más de cerca a aquella +que había resuelto perder. Calvat era un infame, pero no era un tonto, y +poseía, sobre todo, esos rastreros gustos de polizonte que son casi +siempre sintomáticos en los _bohemios_ de su cuño. Ya antes que Marcela +le hubiese dirigido la terrible interrogación, terrible en su candor +mismo, que el adocenado aprendiz apresuróse a llevar a su cuñado, había +aquél entrevisto, con esa malignidad y esa penetración del odio, los +lazos que unían al marqués con Beatriz, pero comprendió que se perdería +a sí mismo si después de sus cuestiones con el pintor no presentaba a +éste en la ocasión primera la prueba irrefutable del delito. + +Convencido por una serie de deducciones naturales de que los dos amantes +debían escribirse, se aplicó a descubrir sin descanso sus medios de +correspondencia. Los frecuentes y largos paseos de Beatriz en la avenida +de los arrayanes le parecieron equívocos, conjeturando que sus cartas +habrían de cambiarse por cima del poco elevado muro que cercaba el +jardín de la parte del camino; pero su vigilancia en aquellos contornos +resultó baldía. ¿Se escribirían sencillamente por el correo? Calvat, +para cerciorarse, se impuso la costumbre de hacer centinela ante la +verja de la quinta a la hora que llegaba el cartero. + +Conociéndolo este hombre por cuñado del pintor le entregaba las cartas +dirigidas a la casa, y Calvat estudiaba cuidadosamente los sobrescritos. +Aunque Fabrice no abría jamás las que recibía su mujer, no era verosímil +que el marqués escribiera a Beatriz sin tomar excepcionales +precauciones, y fue así que al cabo de algunos días llamó la atención de +Calvat el gran número de las que llegaban en esta forma: «Señora Jacques +Fabrice; para entregar a la señora vizcondesa de Aymaret»; y estimularon +tanto más sus sospechas, cuanto que la letra parecía evidentemente +contrahecha: decidióse a abrir una, y encontróse con que, efectivamente, +era toda del puño de Pierrepont: he aquí su contenido: + +«Querida Beatriz, sí, esta existencia de engaños y traiciones es indigna +de nosotros y me complace que opines sobre este punto como yo... En +tanto que esta situación se prolongue, nuestra dicha no será más que una +vana ilusión, nuestro amor no será otra cosa que un continuo +sufrimiento... ¿Y no hemos ya sufrido demasiado?... Cree firmemente que +soy tan incapaz como tú de buscar frases hipócritas para engañar mi +propia conciencia... Somos culpables, lo sé, pero, ¿qué crimen de amor +pudo encontrar mayores excusas?... ¿Se cruzaron jamás entre dos +corazones honrados y sinceros parecidas fatalidades?... Sí, somos +delincuentes, pero somos también al propio tiempo víctimas de la +contraria suerte... Sería realmente vergonzoso y criminal perseverar en +esta vía de abominable duplicidad... ¡Huyamos, pues!... ¡Te lo ruego, +alma mía, dígnate consentir!... Confía en mí... he tomado todas las +medidas... Todo cuanto un hombre puede hacer, otro tanto haré yo para +que tu destierro sea un destierro de encantos... ¡Te adoro!--_Pedro_.» + +Cuando hubo terminado su lectura, crispóse la cara de Calvat con una +sonrisa de réprobo; dobló la carta, empujó la verja y se dirigió al +taller de Fabrice. + +--Hola, ¿eres tú?... Creí que sería el marqués, quien quedó en venir hoy +por la mañana. + +--No, no es el marqués; soy yo--respondió Calvat--. Querido--prosiguió, +bajando un poco la voz--, no me acusarás más de ser un borracho y un +embustero, supongo... La casualidad me ha puesto en posesión de una +carta que tiene mucho interés para ti... Como pariente y amigo tuyo, por +grande que sea mi sentimiento... me es imposible dejar de +entregártela... Convendrás conmigo cuando la hayas leído. + +--No la leeré--replicó Jacques rechazando la mano de Calvat que le +tendía la carta--. ¡Sal de aquí al instante, y te prohibo que vuelvas +jamás a poner los pies en mi casa! + +--Ya me volverás a llamar, y como no soy rencoroso, volveré a tu primera +palabra. Esa carta es de Pierrepont dirigida a tu mujer. Ahí te la dejo. + +La arrojó sobre la mesa y salió del taller. + +Ya solo, el artista tuvo un momento de horrible duda. Inmóvil, +petrificado, veía delante de sí la mesa, y sobre la mesa la carta. + +Por fin marchó hacia aquélla, con paso de autómata, con paso de estatua. +Tomó en sus manos los fatídicos renglones, titubeó todavía, hizo un +movimiento como para rasgar la carta; después, con brusca decisión, la +desplegó y la leyó. + +Calvat, por su parte, al irse pasó por delante de la habitación donde +Beatriz trabajaba sentada a su ventana, aproximóse vivamente y dijo: + +--Señora; tengo el gusto de comunicarle que en el momento en que me es +dado el honor de hablarle, su marido se ocupa en leer la última carta de +su amante de usted... Buenos días. + +Y se dirigió hacia la verja; pero cuando iba a cerrarla alguien lo hizo +seña de que la dejara abierta; era el marqués que venía de la estación. +Cruzaron un saludo. Calvat dobló la esquina de la calle inmediata y +Pierrepont entró en la quinta. + +Bajo el golpe de la tremenda noticia que acababa de dársele, Beatriz +quedó fulminada; había oído las palabras de Calvat, pero al principio no +dio distintamente con su sentido; después una luz terrible se hizo en su +espíritu y comprendió... Una carta de Pedro estaba en manos de su +marido... Y de una mirada advirtió como en un caos sombrío todo lo que +podía salir en algunos minutos de los pliegues de aquella misiva: el +deshonor, la vergüenza, la perdición, la muerte. Cerró los ojos y +durante un momento no vio más que tinieblas surcadas por siniestros +relámpagos. De pronto, pasos que sonaban en las calles del jardín la +sacaron de su aturdimiento; miró al exterior y reconoció con terror +indescriptible al marqués que, atravesando aquél, se dirigió al taller +de Fabrice. Se levantó después súbitamente, extraviada, loca, sin +reflexión, sin precisos designios, arrastrada por el terror de un +conflicto inminente entre aquellos dos hombres; lanzóse fuera de su +gabinete, con su labor de tapicería en la mano, y bajó corriendo los +escalones del peristilo, dirigiéndose con precipitado paso hacia el +taller donde Pierrepont acababa de entrar. + +Beatriz se acercó a las cortinas que cubrían la entrada de aquél, +levantó ligeramente una de ellas y se puso a escuchar hasta donde se lo +permitía el latir desordenado de su corazón... Aún alcanzaba a ver lo +que pasaba en el interior del taller. + +Fabrice, en el momento en que Pierrepont entró, ocupábase en cargar dos +pistolas, regalo precisamente de su amigo Pedro, y con las cuales tenía +costumbre de tirar por vía de ejercicio en el jardín. + +--¿Te gustan siempre esas armas?--le preguntó el marqués tomando y +dejando en seguida sobre la mesa aquella que Jacques acababa de cargar. + +--Encantado--respondió. + +--¿Vas a tirar al blanco? + +--Sí. + +--¡Bueno! vamos a hacer una apuesta si quieres. + +--Con mucho gusto. + +--¿Estás hoy malo?... No tienes buen semblante. + +--Sí, no me encuentro bien... acabo de tener una escena muy desagradable +con Calvat. + +--¡Ah!... precisamente salía cuando yo entraba. + +--Ese miserable ha jurado a mi mujer un odio mortal. + +--Sí, desde hace tiempo. + +--Ahora mismo la difamaba de una manera horrible. + +--Eso prueba que es un malvado y nada más. + +--Lo he echado de mi casa. + +--¡Bien hecho! aunque has tardado demasiado en hacer esa ejecución. + +--Y, sin embargo, me ha turbado... esto no puedo decirlo sino a un +antiguo amigo como tú lo eres... Sí, me ha turbado... Me ha dejado +dudas... + +--¿Dudas sobre una mujer como la tuya? ¡Vamos, Jacques, estás loco! + +--Sí, ¿no es verdad?--replicó Fabrice--; tú la conoces bien... y aun +antes que yo... Me responderías de su honor con el tuyo, ¿no es cierto? + +--¡Absolutamente! + +--Y harías bien... porque el tuyo y el suyo corren parejas... + +Y poniendo la carta del marqués bajo la vista de éste: + +--¡Lee! + +Pierrepont retrocedió cual si delante de él se hubiese levantado un +espectro. En seguida, tomando de sobre la mesa la pistola que acababa de +colocar en ella y entregándola a Fabrice por el culatín: + +--¡Mátame!--le dijo. + +--No--replicó el pintor--, por lo menos no de esa manera. + +Dio algunos pasos a lo largo del taller como para fijar sus ideas, +después, volviéndose al marqués: + +--¿Puedes, si quieres--le dijo--, explicarme algunos giros de tu carta +cuya significación no alcanzo?... Invocas como excusas ciertas +misteriosas circunstancias del pasado, ciertas fatalidades que pesaron +sobre la señorita de Sardonne y tú... ¿Puedo saber a qué haces alusión? + +Pierrepont relató brevemente lo que aconteciera en otros tiempos entre +Beatriz y él, su recíproco amor, y cómo la señora de Montauron obligó +por fuerza a la joven a rehusar la mano que él le ofrecía. + +Después de una pausa de reflexión y de silencio, Fabrice le respondió: + +--Tu sentimiento hacia la señorita de Sardonne te hará desear sin duda +que este asunto se trate entre nosotros sin ruido, sin escándalo, a fin +de evitar a ella una tacha de que yo deseo también ver a salvo mi +nombre. + +--Todo lo que me propongas con ese fin--respondió el marqués--, está +aceptado de antemano. + +--Un duelo con su acompañamiento ordinario de padrinos, etc., revelaría +todo al público... Hace un momento me proponías que jugásemos una +partida a la pistola... Acepto... Somos poco más o menos de la misma +fuerza en esa arma... Aquel de nosotros que gane su vida... el que la +pierda, pierde la existencia en el suicidio. + +--¡Sea!... queda convenido--respondió Pedro. + +--Cada uno de nosotros empeña su honor en que respetará esas +condiciones. + +--¡Queda convenido!--repitió Pedro. + +--Ahora--continuó el pintor--, fuerza es que me resigne a hacer una +súplica... Sé que esto es absolutamente incorrecto, y te ruego que me +excuses. He aquí de qué se trata... Si me toca dejar a mi hija huérfana, +no quisiera, al menos, dejarla sin recursos. Ahora bien, nada tengo, si +se exceptúan cien mil francos que Nicholson me ha dado a cuenta por los +recuadros, cantidad que, según convenio, tendría que devolverle si no +termino mi trabajo... debe darme, además, el doble de aquella suma el +día que entregue la obra concluída... No creo que podré acabarlos antes +de cuatro meses... Te pido, pues, que si a mí me toca morir, me acuerdes +ese plazo de que te he hablado... y no tengo necesidad de decirte que +este convenio es recíproco. + +Había en esta petición del desdichado artista algo tan conmovedor, que +el marqués volvió la cabeza para ocultar la contracción casi convulsiva +de su rostro. + +--Será--dijo--como lo deseas. + +El pintor guardó las pistolas en su caja y tomó algunos blancos. + +--Conozco mucho estas armas. ¿Quieres que nos sirvamos de otras? + +--¡Es inútil!--contestó Pedro--. Yo también he tirado frecuentemente con +ellas. ¡Vamos! + +Dejaron el taller y se dirigieron a esa avenida de los arrayanes de que +tanto hemos hablado en el curso de nuestra narración. Recordará tal vez +el lector que en uno de los extremos de la citada avenida existía una +plancha de tiro: en frente, al lado opuesto, había un asiento rústico +empotrado en la pared. Cuando Pierrepont y Fabrice se aproximaron a la +placa para fijar los cartones, advirtieron a Beatriz sentada en el +campestre banco: Beatriz trabajaba en su tapicería. + +Los dos hombres cambiaron una mirada. + +Uno y otro sabían que la avenida de los arrayanes era para Beatriz un +lugar favorito de paseo y de retiro. Así, pues, no se sorprendieron de +encontrarla allí, creyendo que únicamente la casualidad la había llevado +a aquel sitio; pero su presencia durante la escena que se preparaba iba +a dar a ésta un carácter trágico que impresionó vivamente a los dos, +imponiéndoles al propio tiempo un disimulo de fisonomía y de lenguaje +que en momentos semejantes era tan penoso como necesario. + +Beatriz, sin embargo, sostenida por el horror mismo de la tremenda +crisis y por la excesiva tensión nerviosa, continuaba trabajando en su +bordado con gran calma aparente, devolviendo a Pierrepont con su sonrisa +habitual el saludo de éste. + +--Hermoso día--le dijo--, ¿no es verdad? + +--Sí, un verdadero día de verano... Aprovechándolo, vamos a jugar +Fabrice y yo un partido a la pistola. + +--¡Ah! ¿cuál de los dos es más fuerte? + +Pierrepont hizo un gesto de incertidumbre. + +--Ahora vamos a verlo--respondió sonriendo. + +Fabrice colocó en el banco, al lado de ella, la caja de caoba y un +paquete de cartuchos. + +Las armas de que iban a servirse eran pistolas Flobert, de gran calibre. + +Los blancos o cartones de tiro estaban divididos, según práctica, en un +número determinado de círculos concéntricos, desarrollándose alrededor +de un punto mitad negro mitad blanco, punto que en el tecnicismo de los +tiradores suele llamarse la _mosca_. La distancia de tiro era todo el +largo de la avenida, es decir, veinticinco pasos próximamente. Delante +de Beatriz, profundamente conmovida, bajo su aparente tranquilidad, +acabaron los jugadores de fijar las bases de la partida. + +Esta sería de siete disparos; el tiro era a voluntad; cada uno haría dos +de aquéllos seguidos en las dos primeras entradas; en la tercera los +disparos serían tres por cada lado sin solución de continuidad. Cada +sector del blanco tocado por los tiradores daba a éstos el número de +puntos determinados por el uso, número de puntos que, por otra parte, +llevan siempre marcados los cartones. El círculo más lejano del centro, +un punto; la _mosca_, siete. + +Una moneda arrojada al aire indicó que Fabrice debía tirar el primero; +rompió, pues, sus fuegos y alojó sus dos primeras balas en el interior +del segundo círculo; Pierrepont, más inhábil esta vez, o menos dichoso, +perdió una de sus balas en la plancha, la otra tocó el cartón. Este +primer _pase_ aseguraba, por consecuencia, cuatro puntos a Jacques y uno +solo a Pierrepont. + +--Me parece que me guardas consideración--dijo el pintor. + +--De ningún modo--replicó Pedro. + +Al segundo _pase_ Fabrice metió sus dos balas en el tercer círculo. +Pierrepont, después de aquél hizo dos y dos. Jacques tenía diez puntos +contra cinco. + +La tercera prueba le dio todavía una ventaja más considerable; con sus +tres balas marcó doce puntos; tenía así veintidós contra cinco. + +Pierrepont, cuya actitud revelaba una especie de descuido y desaliento, +se preparaba a hacer sus tres últimos disparos; montaba su pistola, +cuando un ligero rumor le hizo volver la cabeza y sus ojos encontraron +los ojos de Beatriz, fijos en él con una expresión tal que aquella +mirada penetró hasta sus huesos. El marqués comprendió instantáneamente +cómo ella se daba cuenta de todo... todo lo sabía, y ese mirar +desesperado, ardiente, suplicante, imperativo, lo conjuraba, lo +exhortaba y le mandaba vivir y conservarse para ella. En momento alguno +su sombría beldad tuvo poderes tales de fascinación. ¡Pedro se puso en +el terreno, apuntó e hizo fuego! Con sus dos primeras balas atravesó el +estrecho círculo negro que rodeaba el punto blanco central; su última +bala se alojó en la _mosca_ misma. Tenía, pues, veinticuatro puntos +contra veintidós. Fabrice estaba condenado. + +Y aun no se había disipado el humo del último disparo, cuando una +estridente carcajada sonó en los oídos de los dos hombres estupefactos: +Beatriz se había puesto de pie bruscamente, rígida, los ojos con +expresión de espanto, abrasados por el siniestro relampaguear de la +locura; balbuceó algunas palabras ininteligibles, luego estalló de +nuevo su espasmódico reír, reír tan salvaje, reír tan continuo que +parecía repetido en la circunvecina campiña por las deidades mismas de +lo horrible. Viéndola tambalearse, Fabrice corrió a sostenerla, +depositándola suavemente sobre el rústico asiento; sus risas callaron, +poco a poco se agitaron sus miembros en los esfuerzos de la convulsión, +y al fin yació desmayada. + +--¡Nos había escuchado!... ¡Todo lo sabía!--murmuró el pintor como +hablándose a sí mismo. + +Tornóse a Pierrepont, inmóvil a dos pasos, pálido cual un cadáver en su +ataúd. + +--Te ruego--le dijo--que nos dejes solos. + +El marqués dudó un momento indicándole con la mano a Beatriz tendida e +inerte sobre el banco. + +--¿Me crees capaz--le preguntó el pintor--de maltratar a una mujer, aun +cuando sea tan indigna como ésa? + +Fabrice entonces, recogiendo el pañuelo de su mujer, que había caído a +sus pies, lo empapó en el agua de una fuente próxima y humedeció a +Beatriz las sienes y el rostro. Al cabo de algunos minutos volvió en sí, +paseó a su alrededor la confusa mirada, fijándola luego sobre su marido, +y un sordo gemido, con el movimiento súbito de sus manos para cubrir los +ojos, atestiguaron que volvía a la vida, que recobraba la posesión de la +terrible realidad. + +--Beatriz, si una explicación te es demasiado penosa en estos momentos, +la aplazo. + +--¡Oh, no... en seguida!--murmuró ella. + +--Además, no será larga--añadió Fabrice--, porque, si no me engaño, todo +lo sabes... Tus nervios te han denunciado... ¿Has oído, no es cierto, mi +conversación con Pierrepont en el taller? + +Hizo ella un signo afirmativo. + +--¿Sabes, entonces, por qué razones he querido evitar el escándalo de un +duelo?... ¿Sabes que, para salvarte de toda tacha personal, y que, +además, podría caer de rechazo sobre mi inocente hija?... + +Beatriz repitió su signo de afirmación. + +--Como comprenderás, esta precaución resultaría completamente ilusoria +si salieses de casa de tu marido el tiempo que me resta de vida, porque +eso equivaldría a revelar al público lo qué a mí y a ti nos importa +tanto ocultarle. Esta situación será para los dos extremadamente +difícil, sabiendo lo que uno y otro sabemos y teniendo que tolerarla por +tres o cuatro meses; mas, puesto que yo tendré valor para sufrirla, +también tú tienes que tenerlo. + +--Me someteré a lo que quieras. + +--Para confortarte durante ese trance tienes el consuelo de pensar que +pronto serás dueña de tus acciones... y que pronto también podrás +entregarte al hombre por cuya salvación hacías votos mientras que nos +batíamos. + +Beatriz no respondió. + +--Para acabar--añadió Fabrice--, creo que no tengo que imponerte un plan +de conducta durante ese breve período;... Supongo que no olvidaréis ni +tú ni el marqués de Pierrepont el respeto que se debe a un hombre cuyos +días están contados. + +Y, una vez pronunciadas estas palabras, la dejó dirigiéndose al taller. + +Beatriz permaneció todo el día en aquella fatal avenida, ya caminando +inconscientemente, ya sentándose anonadada sobre el banco... Pero, ¿era +realmente ella la que allí se encontraba?... ¿Era ella la causa de todos +estos horrores?... ¿Era ella, Beatriz, la que acababa de recibir, y +mereciéndolo, ¡ay!, el sangriento ultraje que le dirigiera su marido... +y que no había osado negar?... Porque era evidente que durante el +combate en que aquél jugaba su vida contra la de otro hombre, no era por +su consorte por quien ella temblaba... Era notorio para su conciencia +que había cometido el crimen, en un arrebato de pasión, de afirmar la +mano temblorosa del marqués, y que, al ver a su marido bajo el imperio +de una sentencia de muerte, su primera sensación fue la de una alegría +feroz... Ella supo entonces, la desventurada criatura, como otras tantas +lo supieron antes, hasta qué grado la pasión puede falsear y pervertir +las almas más nobles y más puras, cuando se la deja reinar en absoluto +sobre la razón, la voluntad y el honor. + + + + +XV + +HONOR DE ARTISTA + + +Han pasado varias semanas. Corre el mes de agosto. Beatriz y Pierrepont +no han vuelto a verse. Por un escrúpulo que los dos comparten han +evitado toda comunicación por escrito. Beatriz sabe únicamente que, +contra su costumbre, el marqués pasó el verano en París, y aquélla +presume que Pierrepont aguarda sus órdenes. + +Cierta mañana Pedro recibe de su amante este billete: + +«Te conjuro a partir para Glion. La señora de Aymaret está allí todavía. +Confíaselo todo. Dile que me otorgue su perdón, que el dolor me vuelve +loca, que la espero.» + +Algunas horas después el marqués partía para Suiza. Al día siguiente +estaba en Glion, y dos después, la vizcondesa, cuyo marido hallábase +restablecido, llegó a París trasladándose en seguida a Bellevue. Al +verla entrar en su salón, la mujer del pintor lanzó un débil grito: +«Elisa», y juntó sus manos dirigiéndole una mirada suplicante. La señora +de Aymaret le abrió los brazos, arrojándose en ellos Beatriz con +sollozos desgarradores. + +--¡Gracias! ¡gracias!--le dijo ésta--. ¡Hacía dos meses que no lloraba! + +Y cuando se hubo calmado un poco: + +--¿Te lo ha dicho todo? + +--Todo. + +Hizo que la vizcondesa se sentara. + +--¡Bueno!... ¿Y qué piensas tú? ¡Yo ya ni pensar puedo! + +--Piensa--respondió la señora de Aymaret que es necesario tocar todos +los resortes para salvar la vida de tu marido. + +--¡Eso es imposible... él no querrá! + +--¿Quién no querrá? + +--¡Él... mi marido! + +--¿Por qué? + +--¡Porque ha empeñado su palabra! + +La señora de Aymaret tomó un acento severo, casi rudo. + +--Beatriz--le dijo--, si pudiera siquiera imaginarme que miras sin +horror la perspectiva de tu próxima viudez, rompería contigo mi amistad +para toda la vida. + +--Escúchame--le replicó Beatriz--, ese horrible sentimiento que me +prestas... lo he experimentado... lo he experimentado mientras jugaban +sus vidas... mientras sus dos existencias estaban en peligro... y me ha +perseguido... no me ha abandonado en mucho tiempo a pesar mío... +Ahora... sin duda Dios no me ha dejado todavía completamente de su +mano... porque ha permitido que haya podido vencer esa espantosa +tentación... Ahora te juro que daría mi vida por salvar la de ese +desdichado... + +--¡Lo amas!--exclamó la vizcondesa. + +--¡No lo amo!... ¡pero me inspira tanta lástima!... ¡tanta lástima!... +¡Es tan poco acreedor a esta larga agonía que viene sufriendo!... ¡Y la +soporta con tanto valor!... ¡Y tanta mansedumbre!... ¡Soy su +prisionera!... podría torturar mi alma... martirizarme... y nunca... +salvo el primer momento, no ha tenido para mí una palabra de reproche, +una expresión amarga... Me trata como en pasados tiempos... ¡Tanto, que +hay momentos, cuando me habla, cuando me sonríe, que me parece que nada +ha pasado, que me encuentro únicamente bajo la presión de una pesadilla! + +--¡Es que, a pesar de todo, te ama, querida mía, y en ese caso aún no +está todo perdido! + +--No es que me ame... ¿Cómo quieres que sea eso?... No, es que recuerda +el pasado, y se venga de mi orgullo, de mis preocupaciones de clase, de +mis miserables desdenes... es que quiere probarme cómo un simple artista +sabe sufrir y morir como un caballero. + +--¿Cuánto tiempo queda aún para que expire el término fatal? + +--¡Nada sé, porque, si no puede aplazarlo, puede anticiparlo... todo +dependerá del período que dure su trabajo... en cuanto lo termine se +matará de seguro! + +--¿Y a qué altura está en su tarea?... ¿tú no lo sabes?... ¿No vas nunca +al taller después del suceso? + +--Hace algunos días hice un supremo esfuerzo de voluntad y volví a él... +Allí me siento y bordo a su lado... él me deja hacer... me dirige una +palabra de cuando en cuando... una palabra indiferente... ¡Oh, qué +terrible cosa! + +El corazón de Beatriz se abrió de nuevo y lloró largo rato en silencio. + +--Te preguntaba, hija mía--repitió la señora de Aymaret--, si está muy +adelantada su obra. + +--Muy adelantada... el pobre no descansa un minuto... desde el amanecer +se pone al trabajo... ¡estoy admirada!... ¿Cómo se puede tener cabeza y +valor para ocuparse de nada con semejante preocupación?... ¡Yo ni +siquiera lo comprendo! + +--¿Y él parece estar tranquilo, dices? + +--Sí, parece estar tranquilo... pero encanece rápidamente. + +--¡Oh! es necesario salvarlo--exclamó la vizcondesa poniéndose en pie--. +¿Tú me das plenos poderes, no es verdad? ¿Apruebas de antemano cuanto +intente con ese fin? + +--¡Todo... absolutamente todo... y con toda mi alma, Dios mío! + +--¡Pues bueno! escribe a Pierrepont, a quien daré una cita para mañana. + +Beatriz se sentó en su mesa de escribir y trazó a vuela pluma estas +breves líneas: + + «Al marqués de Pierrepont. + + «Todo lo que Elisa te pida, te lo pido yo también de rodillas.» + +Al día siguiente aquél, por indicación de la señora de Aymaret, +presentóse en casa de ésta. La vizcondesa presentóle la carta en +seguida. + +--¿De qué se trata?--interrogó Pedro con gravedad después de haber +leído. + +--Se trata de que Fabrice no efectúe su suicidio cuando llegue la +hora... ¿Podemos contar con usted para ese objeto? + +--¿Y lo duda usted?... Es como si propusiera usted a un asesino +libertarlo de su propia conciencia... Pero, ¿qué puedo yo hacer en +esto?... No puedo imaginármelo... + +--Según mi opinión, hay que vencer dos obstáculos para llegar a nuestro +fin: primero, el punto de honor de la palabra empeñada que liga a +Fabrice... ¿No podría devolverle esa palabra y en términos tales que él +consintiese en aceptarla? + +--Estoy pronto... pero... + +--¿Teme que rehuse? + +--Lo temo... sin embargo, voy a intentarlo, y con toda sinceridad, según +va usted a verlo. + +--No esperaba menos de usted... El segundo inconveniente que tendríamos +que dominar es la convicción en que debe estar Fabrice de que si +sobrevive le encontrará siempre entre su mujer y él... porque ha de +estar creyendo que ella y usted aguardan su muerte para efectuar un +matrimonio... Pues bien, el único medio de desengañarlo es volver a +nuestro antiguo plan de casamiento con Ketty, poniéndolo por obra en el +más breve período de tiempo posible. ¿Consiente usted? + +Después de una pausa para reflexionar. + +--Su amiga de usted--preguntó Pierrepont--, ¿desea ese matrimonio? + +--Desea y aprueba todo lo que pueda sacarla del infierno en que está +metida. + +--¡Pues bueno! obedezco... me iré mañana... si no hay vapor en nuestros +puertos marcharé a tomar uno en Inglaterra... Esta noche le mandaré la +carta para Fabrice... se la entregará usted en tiempo oportuno... Adiós, +señora... + +Estrechó efusivamente con sus dos manos la mano de la vizcondesa y se +retiró. + +Dos días después se embarcaba en el Havre con rumbo a los Estados +Unidos. + +La señora de Aymaret había recibido el día antes la carta que él dirigía +a Fabrice. Iba abierta; leyóla la vizcondesa y quedó satisfecha de su +contenido; pero decidió no entregarla al pintor sino el día que pudiera +participarle al mismo tiempo las bodas de Pierrepont, esperando que así +el artista sería más accesible a sus ruegos. + +Beatriz fue de idéntica opinión, y en cuanto al casamiento del marqués, +acogió esta noticia con bastante indiferencia. + +Alentada por su amiga, abrigaba algunas esperanzas, por remotas que +fuesen, de salvar a su marido, escapando ella misma a tormentos morales +en que temía dejar la razón, y por esta causa vigilaba con anhelante +interés los más pequeños actos, las más insignificantes palabras de +Jacques. Era el corazón de Beatriz, a pesar de su orgullo aristocrático +y de sus vanidades mundanal, demasiado noble, demasiado generoso, para +mostrarse insensible a la actitud firme, magnánima, heroica del artista +enfrente de la muerte; y en su admiración, mezclada de profunda, lástima +y quizás de sentimientos más tiernos todavía, ella no recordaba sino +para sonrojarse los mezquinos reproches que allá en su fuero interno +había alimentado contra su marido; admirábase de haberlo hasta tal punto +desconocido, de haber tan injustamente cerrado los ojos ante las +luminosas cualidades del hombre y del artista para fijarse sólo en +algunas miserables imperfecciones de detalle. La misma personalidad +física del pintor se le representaba bajo una nueva faz, sintiéndose +herida por la dignidad natural de su andar, que traía a la memoria la +marcha al mismo tiempo potente y ligera de los grandes felinos; se +sentía herida por el brillo resplandeciente de su frente, por la +enérgica acentuación de su tranquilo rostro, al cual sus cabellos, ya +hoy ligeramente emblanquecidos, revestían de una extraña y suave +aureola; se le aparecía, en fin, transfigurado cual si los pensamientos +que lo ocupaban y lo sostenían en aquellos días supremos lo hubiesen +envuelto en un nimbo de sobrenaturales resplandores. + +Pero el tiempo volaba; fue el 20 de julio cuando Pierrepont y Fabrice +juraron su tremendo compromiso, y el plazo de cuatro meses acordado al +pintor expiraba por ende el 20 de octubre. Asomaba la primera semana del +luctuoso mes cuando Beatriz advirtió con terror que los grandes +recuadros destinados a América hallábanse a punto de ser terminados, y +lo hubiesen estado con anterioridad si Jacques no hubiese más que nunca +querido justificar en esta postrer obra suya la reputación del +concienzudo y probo artista que la fama pública le había discernido, y +no quedaban por hacer sino ligeros retoques, hasta el punto de que ya el +apoderado de míster Nicholson en París viniera a entenderse con el +pintor acerca del mejor modo y forma de mandar las telas a su destino. + +A medida que el pavoroso término avanzaba, las angustias de Beatriz +hacíanse más incesantes, más intolerables, más mortales. Devorada por la +fiebre, en espera día y noche de cualquier siniestro ruido, de cualquier +trágico espectáculo, impulsaba la triste Beatriz a la señora de Aymaret +con desesperada impaciencia a que diese el paso supremo de que dependía +su última esperanza, mas la vizcondesa, prevenida ya por Pierrepont de +que su matrimonio se efectuaría en próxima fecha, quería esperar para +presentar su súplica al pintor así que el suceso se realizase. Al poco +tiempo Pierrepont le enviaba un periódico americano en que se daba de +aquél noticias detalladas, y entonces la vizcondesa no titubeó más. + +Desde su vuelta, en sus frecuentes visitas a Bellevue, más de una vez se +había encontrado la señora de Aymaret con Fabrice, y aunque éste no +pudiese dudar que aquélla conociese el secreto de Beatriz, jamás se +cruzó entre ellos ni la sombra de una alusión sobre este resbaladizo +asunto, pero una mañana la vio entrar inopinadamente en su taller. +Profesaba el artista una sincera estima a la joven señora, y adivinando +en la actitud a la vez turbada y resuelta de aquélla, el particular que +la trajera, tomó un aire grave. + +--¿Viene usted a hablarme, señora?--le dijo. + +--Sí, tengo que hablarle... pero no me desaliente de antemano... sea +bueno y complaciente conmigo, se lo ruego. + +--Con usted, señora, es bien fácil ser complaciente--respondió Fabrice +sonriendo con tristeza--. Vamos, hable usted. + +Y le acercó una silla por cuanto advirtió que la vizcondesa estaba a +punto de desfallecer. + +--Señor Fabrice--comenzó aquélla después de un breve silencio--, me he +enterado hoy de una cosa que me parece que tal vez le interese saber... + +Y le entregó con la mano temblorosa la última carta que había recibido +de Pierrepont acompañada del periódico americano en que se daba cuenta +de su matrimonio. + +Después de haber leído el pintor estos dos documentos, los devolvió +fríamente a la señora de Aymaret. + +--Gracias--le dijo el pintor con seca cortesía. + +--Señor Fabrice--continuó aquélla cada vez más desconcertada y más +conmovida--, tengo que entregarle aún otra carta... Le está +personalmente dirigida. + +--Veamos, señora. + +Tomó en sus manos la misiva; era aquella que Pierrepont le escribió +antes de su partida: véanse aquí sus términos: + +«Antes de abandonar la Francia por mucho tiempo, aun para siempre si tú +lo eliges, te relevo con la mayor sinceridad de la palabra que me has +empeñado, rogándote en nombre de tu hija, suplicándote una y mil veces +que conserves tu vida. + +»Si la suerte me hubiese a mí condenado y si tú me devolvieses mi palabra +con la lealtad con que yo te devuelvo la tuya, te aseguro que ni un +momento titubearía en aceptarla.--_Marqués de Pierrepont_.--Al señor +Jacques Fabrice.» + +El pintor leyó una y otra vez, y aun volvió a leer con atención suma +estas líneas, y, una vez al cabo de su contenido, se disponía a +entregarla a la señora de Aymaret. + +--Pero--arguyó ésta--, es para usted... debe usted guardarla. + +--¡Sea!--replicó el pintor. + +Esperó un momento la vizcondesa, y viendo siempre a aquel impasible y +mudo: + +--Señor Fabrice--le dijo estrechando las manos del artista--, ¿me dejará +usted partir sin concederme una frase de esperanza?... Ya su honor está +a salvo... ¡Tenga usted piedad de su hija!... ¡Tenga piedad también de +la pobre culpable!... ¡Ha sufrido y sufre tanto!... ¡Ha expiado y expía +con tanta usura su pecado!... ¡Y si aun me atreviera a añadirle +algo!... + +--¡Oh! no, señora, no prosiga usted... es suficiente con lo que me ha +dicho... Me conmueve su interés hacia mí y los sentimientos que lo han +inspirado... mas comprenderá que, cuestión tan grave como la que +tratamos, no puede resolverse en un momento de enternecimiento... +Permítame que medite sobre estos puntos con la calma que es de razón... +Mi trabajo está ya terminado... aún puedo disponer de algunos días... Mi +intención, que puede usted comunicar a su amiga, es consagrarlos a hacer +un corto viaje al extranjero... una excursión a Suiza... Insisto más que +nunca ahora en mi resolución, porque tengo necesidad de la ausencia para +fijar mis ideas... Pienso partir mañana... + +La vizcondesa clavó en él una mirada inquisitiva, Jacques púsose en pie +tomando entre sus manos una de las de la dama... + +--Hasta la vista, señora--le dijo; luego, con la voz levemente +conmovida--: ¡Adiós, hija mía! + +La vizcondesa salió, pero antes paróse un momento en el umbral del +taller para enjugar sus lágrimas que arrasaban sus ojos; por fin, +dirigióse con rápido, paso hacia las habitaciones de Beatriz: ésta, que +esperaba el resultado de la entrevista paseando febrilmente por las +alamedas del jardín, corrió al encuentro de Elisa desde que la viera +aparecer, e interrogándola angustiosamente: + +--¿Y bien? + +--¡Tengo esperanzas!--le contestó su amiga. + +--¿Es posible?--contestó Beatriz y arrastró a aquélla al salón. + +La señora de Aymaret relatóle entonces todos los detalles de su +entrevista con Fabrice, procurando persuadirla y persuadirse a sí propia +de que la impresión que le había producido era favorable, pero la +noticia del viaje repentinamente proyectado por su marido, aterró a +Beatriz. + +--¡Eso es el suicidio!--dijo a su amiga con sorda voz. + +--¿Y la de irse si está decidido a darse la muerte?--objetó la de +Aymaret. + +--¿Quién sabe?... Por evitar tan tremendo espectáculo a su hija... Tal +vez por evitármelo a mí misma... Quiere ser generoso y magnánimo hasta +el fin... + +--Te aseguro--le dijo la señora de Aymaret--que el lenguaje que ha usado +me ha parecido sincero... Antes de fijar su decisión en asunto tan grave +quiere reflexionar con tranquilidad, lejos de las recuerdos, de las +emociones que pudieran perturbar sus ideas... + +Aquí llegaban de su conversación, cuando fueron interrumpidas por +Marcelita, que entró en la sala como un torbellino; presentó sus frescas +mejillas a la señora de Aymaret, y volviéndose a Beatriz le preguntó +toda sofocada: + +--¿Es verdad que papá se va? + +--¿Quién te ha dicho eso? + +--Enriqueta, a quien le ha prevenido que le haga su equipaje. + +--Sí, se va mañana... su trabajo lo ha fatigado mucho... los médicos le +recomiendan un poco de distracción. + +--No quisiera que se fuese--dijo la niña--, si lo permites voy a ayudar +a Enriqueta para que no se le olvide nada. + +--Yo misma voy dentro de un momento... anda, hija mía. + +Marcelita se fue corriendo. La señora de Aymaret se levantó para +marcharse. + +--¡Si te imaginases cuánto estoy sufriendo!--le dijo Beatriz--. No se +hace un movimiento, no se pronuncia una palabra en esta casa que no sea +para mí un martirio... ¿y vas a dejarme sola? + +--Sí, te dejo, hija mía... pero mañana, desde muy temprano, me tendrás +aquí. Debo dejaros solos en estas últimas horas... Os abandono a la +inspiración de vuestros corazones... ¡Hasta mañana! + +Se besaron, y la vizcondesa se alejó. + +Beatriz subió a las habitaciones de su marido para vigilar los +preparativos del viaje. La doncella le participó que Fabrice había ido a +París, pero que volvería para comer. + +La mujer del pintor pasó el resto del día vagando por el jardín. Hacia +la noche entró en el taller. El vacío que habían dejado los terminados +recuadros daban un aire de abandono, de soledad, de tristeza solemne. +Beatriz permaneció allí hasta la caída de la tarde pensando en cuanto +una grande inteligencia, una grande alma dejara allí de su pensamiento, +de dolores. + +De pronto una idea le asaltó: todo había acabado; la pretendida +excursión de Jacques a París no era más que un pretexto; su marido no +volvería; voló a sus habitaciones; Jacques había vuelto. + +Se sirvió la comida. Fabrice se hallaba tranquilo, pero más serio, más +distraído que de costumbre, y al mismo tiempo más hablador; diríase que +tenía miedo al silencio. Hablaba del decrecimiento de los días, de la +hermosura de aquellas otoñales tardes, de la belleza de los paisajes +suizos, de la impotencia del pintor para fielmente reproducirlos. + +Después de la comida bajaron al jardín. Aunque ya en sus comienzos el +otoño, la noche era templada y magnífica bajo un cielo tachonado de +estrellas. Había aún claridad suficiente y Marcelita corría tras de su +aro por las angostas calles que rodeaban la fuente. Placíale a la niña +dar esta muestra de habilidad a su padre, quien, sentado en un banco, la +miraba... ¡y de cuando en cuando también miraba al cielo!... Beatriz, +anonadada, habíase sentado también a algunos pasos de distancia, oculta +entre la sombra de los árboles. + +Al cabo de un instante, Fabrice exclamó: + +--¡Marcela! + +--¿Qué, papá?--y vino corriendo. + +--Tengo miedo que te resfríes... es necesario irse a dormir... + +--¿En seguida? + +--Sí, te lo ruego, vida mía. + +--Bueno, me voy, papá. + +--Dame antes un beso...--y tomó a la niña entre sus rodillas. + +--¡Así me gustan las niñas!... ¿Tú me prometes ser siempre buena, es +verdad? + +--Te lo prometo. + +--¿Aun cuando yo no esté ya aquí... aun cuando esté fuera? + +--Sí... pero, ¿por qué te vas, papá? + +--¡Tengo tanta necesidad de reposo, pobre nena mía! + +--¿Por qué no me llevas contigo? + +--¡Ay, si pudiera!...--murmuró Fabrice. + +--¡Anda, llévame, papacito! + +--¡No es posible, alma mía!... ¡Anda... vete a dormir!... + +--¿Te vas por mucho tiempo?--continuó la niña. + +--Por... alguno... Todavía no lo sé fijo... ¡Anda... anda a dormir, hija +mía! + +Jacques dio un beso a aquel querubín. + +--Presente o ausente--le dijo--, me querrás siempre... te acordarás de +mí, ¿no es cierto? + +--Siempre... siempre... te lo prometo. + +Lo dejó, para ir a dar un beso a Beatriz; en seguida, volviendo a su +padre, a media voz: + +--¡Papá! ¡estás llorando! + +Detuvo a la niña por la mano; hubo un silencio; después Fabrice con +grave acento: + +--¡Ama también a tu madre! + +Y la niña se alejó pensativa entrando en la casa. + +Al instante mismo Fabrice oía un gemido, y Beatriz, saliendo de las +sombras, se echó a sus plantas, sobre la arena de la avenida. + +--¡Te suplico, Beatriz!--le dijo en tono de dulce reproche procurando +levantarla. + +--¡Ah!--exclamó la sin ventura a través de sus lágrimas--, ¡el Cristo +perdonó! + +--Y yo te perdono... ¿No acabas de oír lo que he dicho a mi hija?... No +ignoro cuánto has sufrido en estos últimos tiempos... y hay además en la +vida circunstancias en que la indulgencia se impone... Levántate... +Siéntate a mi lado. + +Desconcertada, estupefacta, se sentó en el banco al lado del marido. + +--Beatriz--le dijo--, te doy mi perdón... ¿Qué más deseas? Habla. + +--¡Deseo... que vivas, Dios mío! + +--¿Estás segura?... ¿Estás bien segura de que no me despreciarías mañana +si yo cediese a tus ruegos? + +--¿Despreciarte?... ¿Por qué?... Pues que, ¿no sé que eres libre, que te +han devuelto tu palabra? + +--¿Y no te dirías alguna vez, Beatriz, que otro en mi lugar se habría +mostrado más escrupuloso sobre el punto de honor? + +--¡Pero, por Dios, no acabes de matarme... ten piedad de mí!... ¡Esto es +horrible!... ¡Yo que te amo tanto, Dios mío!... y que ni aun me atrevo a +decírtelo... porque creerías que miento para salvarte de la muerte... y, +sin embargo... aquí delante de Dios... te juro que te amo... ¡oh! te lo +juro. + +Y deshecha en lágrimas levantaba desesperadamente sus brazos al +tachonado cielo. + +Hubo un largo silencio solamente turbado por el rumor de sus gemidos... +Luego Fabrice, con voz hondamente conmovida: + +--¡Te creo! + +Ella tomó sus manos. + +--Sí, esa palabra que tanto ansié de tus labios... al fin la he oído... +y el corazón me dice que es sincera... ¡Me amas!... ¡Oh cielos, desatad +sobre mí vuestros rayos!... ¡que ni aun por eso os negaría mi +adoración!... ¡mi adoración por este momento tanto tiempo anhelado!... +¡tanto tiempo soñado! + +Ella besaba sus manos llorando. + +--Beatriz--le dijo, desasiéndose suavemente--, todo esto era para mí tan +imprevisto.... que ya ves... he perdido la calma... casi la razón... +Deja que me recoja un poco en mí mismo, te lo ruego... Desconfiarías con +fundamento de mi resolución tomada bajo el imperio de emoción +semejante... Ven, vuelve a tu gabinete... Vendré a buscarte dentro de un +momento y entonces hablaremos seriamente. + +Beatriz se apoyó en el brazo que él le ofrecía y la condujo hasta el +primer escalón del peristilo, y como aquélla dudase en separarse de él, +Jacques la atrajo hacia sí y besó sus cabellos. + +--¡Hasta dentro de un momento!--le dijo. + +Beatriz se sentó en el salón cerca de una ventana abierta mientras se +alejaba por el jardín. Paseóse Fabrice en él largo tiempo, a lento paso. +A veces su silueta se desvanecía entre los árboles, y entonces de pie, +aterrado, hasta que su sombra salía de las tinieblas... Hacía algunos +minutos que lo perdiera de vista; de pronto un relámpago siniestro +iluminó los vidrios del taller, y el ruido de una detonación rasgó el +silencio de la noche. + +La triste esposa extendió los brazos, dio un grito y cayó desplomada. + +* * * * * * * * * + +Fue la señora de Aymaret mandada a buscar en seguida, quien encontró +sobre la mesa del taller, y entregó a Beatriz, estos cuatro renglones: + +«Beatriz, hubiera querido evitarte este duelo... pero habría creído ser +débil al ceder... Sí, creo que tu corazón al fin se ha abierto al mío, +creo que me amas... Pero, ¿continuarías amándome mañana?... ¿Debiendo mi +vida al hombre que me ultrajó tan cruelmente?... Lo dudo, y muero.» + +* * * * * * * * * + +La verdadera causa del suicidio de Jacques Fabrice, jamás se sospechó. +Los diarios anunciaron que el desdichado artista había muerto por +accidente, descargando sus pistolas en vísperas de un viaje. + +Beatriz entró en religión en los Benedictinos de Auteuil, donde ella +misma pudo acabar la educación de Marcela, cumpliendo así piadosamente +las últimas voluntades del artista. + +FIN + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Honor de artista, by Octave Feuillet + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HONOR DE ARTISTA *** + +***** This file should be named 24802-8.txt or 24802-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/4/8/0/24802/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Honor de artista + +Author: Octave Feuillet + +Release Date: March 11, 2008 [EBook #24802] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HONOR DE ARTISTA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<h3 class="un">BIBLIOTECA de LA NACIÓN</h3> + +<h3 class="top5">OCTAVIO FEUILLET</h3> + +<p class="c">—————</p> + +<h1 style="font-size:60px;">HONOR DE ARTISTA</h1> + +<p class="c top5"><img src="images/001.png" alt="image" /></p> +<p class="c top5">BUENOS AIRES</p> +<p class="c">1919</p> + +<p class="c">Derechos reservados.</p> + +<p class="c">Imp. de <span class="smcap">La Nación.</span>—Buenos Aires</p> + + +<hr /> +<h3>ÍNDICE</h3> + +<table summary="toc" cellspacing="0" cellpadding="0"> +<tr><td align="right">I.</td><td>—<a href="#I">Pedro de Pierrepont</a></td></tr> +<tr><td align="right">II.</td><td>—<a href="#II">Fabrice</a></td></tr> +<tr><td align="right">III.</td><td>—<a href="#III">Beatriz</a></td></tr> +<tr><td align="right">IV.</td><td>—<a href="#IV">Aquellas señoritas</a></td></tr> +<tr><td align="right">V.</td><td>—<a href="#V">La vizcondesa de Aymaret</a></td></tr> +<tr><td align="right">VI.</td><td>—<a href="#VI">El secreto de Pedro</a></td></tr> +<tr><td align="right">VII.</td><td>—<a href="#VII">Rivales</a></td></tr> +<tr><td align="right">VIII.</td><td>—<a href="#VIII">Marcela</a></td></tr> +<tr><td align="right">IX.</td><td>—<a href="#IX">Gustavo Calvat</a></td></tr> +<tr><td align="right">X.</td><td>—<a href="#X">Confidencias</a></td></tr> +<tr><td align="right">XI.</td><td>—<a href="#XI">«Fin de siglo»</a></td></tr> +<tr><td align="right">XII.</td><td>—<a href="#XII">Del palco del Teatro Francés</a></td></tr> +<tr><td align="right">XIII.</td><td>—<a href="#XIII">Pasión</a></td></tr> +<tr><td align="right">XIV.</td><td>—<a href="#XIV">La apuesta</a></td></tr> +<tr><td align="right">XV.</td><td>—<a href="#XV">Honor de artista</a></td></tr> +</table> +<hr /> +<h2 class="top15"><a name="I" id="I"></a>I</h2> + +<p class="tit">pedro de pierrepont</p> + + +<p>Uno de los más nobles nombres de la vieja Francia, el de los Odón de +Pierrepont, era llevado, y bien llevado, hacia 1875, por el marqués +Pedro Armando, quien frisaba entonces en los treinta años, y venía a ser +el último descendiente masculino de tan ilustre familia. Era el marqués +uno de esos hombres que, por su bello y serio rostro, su gracia viril, +su elegancia correcta y sencilla, hacía espontáneamente brotar de los +labios esta frase de trivial admiración: tiene porte de príncipe.</p> + +<p>Y en efecto, difícil hubiera sido figurárselo detrás de un mostrador, +midiendo seda en un almacén o desempeñando otra profesión cualquiera que +no fuese la de diplomático o la de soldado, que son, al fin, oficios de +magnate. Por otra parte, habíase podido apreciar de qué fuera capaz el +marqués de Pierrepont, vistiendo el uniforme militar, por cuanto en la +guerra del 70 dio pruebas del más cumplido valor, volviendo +pacíficamente, una vez terminada aquélla, a emprender su vida habitual +de parisiense y de dilettante a que lo impulsaban tendencias, gustos, +falta de ambición, y un poco también el deseo de complacer a cierta +anciana tía, que no se contaba seguramente entre las fervientes +admiradoras de la república.</p> + +<p>Era esta tía la baronesa de Montauron, por su familia Odón de +Pierrepont; cifraba en su apellido el más grande orgullo y era viuda y +sin hijos, circunstancia que no la entristecía, puesto que, merced a +ella, proponíase disponer a su muerte en favor de su sobrino, de los +cuantiosos bienes que heredara de su difunto marido, dando por esta +combinación nuevo brillo a los un tanto deslustrados blasones de su +casa, porque sin que pudiera estrictamente decirse que los Pierrepont se +hallasen arruinados, encontrábanse, de dos generaciones atrás, en menos +que mediano estado de fortuna, sobre toda si se considera cuán grandes +son las exigencias de la vida al uso de los tiempos que alcanzamos.</p> + +<p>Una renta de escasas treinta mil libras fue todo lo que de la sucesión +paterna pudo sacar el joven marqués, y si esta suma era suficiente para +asegurar su independencia, no era bastante ni aun adicionada con el +ligero suplemento que a título de aguinaldos dábale anualmente su tía, +para llenar las necesidades de posición a que se veía obligado un hombre +de su clase, representante de toda una estirpe de grandes señores. +Ciertamente que la señora de Montauron, que tenía por su parte una +entrada anual de muy cerca de cuatrocientos mil francos, habría podido +muy bien no aguardar la hora de la muerte para dorar un poco el escudo +heráldico de su sobrino, pero la dominaba una pasión todavía más +decisiva que el orgullo de raza, y esa pasión era el egoísmo. Verdad es +que la vida un tanto estrecha que las circunstancias obligaban a llevar +a aquél, mortificaba grandemente la altivez de la vieja baronesa, pero, +así y todo, no se resolvía a tomar sobre sí la obligación de mejorarla +en algo mediante cualquier leve sacrificio impuesto a sus comodidades +personales. Tenía esta señora, en la época de nuestro relato, cincuenta +años, y según cálculos que hiciera sobre ciertas estadísticas de +mortalidad, tenida en cuenta la longevidad de sus ascendientes, había +venido a sacar en limpio que su existencia podría aún prolongarse cosa +de treinta años, por término medio. La humillación de ver al último +varón de su raza reducido a estado relativamente precario por tan largo +espacio de tiempo, era para ella prueba penosísima, pero la sola idea de +verse obligada a vender su casa de la calle Varennes o sus bosques de +los Genets, presentábase a su imaginación cual rasgo de rematada locura, +y, en su afán de conciliar sentimientos tan contradictorios, dio en la +idea de mejorar la suerte del marqués por el único expediente posible, +que era casarlo con una rica heredera.</p> + +<p>Tal era el fin que perseguía con vehemente anhelo la señora de Montauron +en los momentos en que principia esta verídica historia. Serias +preocupaciones atormentaban a la baronesa acerca de que su hermoso +sobrino, como ella lo llamaba, quien, por otra parte, era muy buscado en +sociedad, sobre todo por las damas, se prestase fácilmente a abandonar +su vida independiente y galante para doblar el cuello a la, marital +coyunda, si bien debe observarse, como es bastante frecuente, que suelen +ser aquellos hombres más llamados por sus atractivos personales a más +rápidas conquistas de femeninos corazones, precisamente los que menos +importancia dan a su envidiable fortuna: indiferentes hacia triunfos +para ellos fáciles, carecen en general de esa fatuidad, de eso que +pudiéramos llamar furor galante, característico en aquellos otros de sus +congéneres cuyas victorias sobre el bello sexo débenlas únicamente a la +constante lucha contra un modo de ser moral y físico en que no abundan +como don natural los atractivos. Mucho se hablaba de los éxitos +obtenidos en esas lides por el marqués de Pierrepont, si bien él, +conduciéndose con caballeresca discreción, jamás confesó ninguno, por +más que en lo que se decía mucho debía haber de verídico y auténtico; en +resumen, no era un libertino, y aun puede asegurarse que había en él un +fondo de seria dignidad que comenzaba a alarmarse de esos devaneos a +que tarde o temprano lleva fatalmente la soltería.</p> + +<p>Y como prueba de lo que venimos diciendo, manifestaremos que departiendo +acerca de estos escabrosos particulares con el pintor Jacques Fabrice, a +cuya casa solía ir por las tardes con el fin de tomar una taza de te y +fumar un cigarrillo, se expresaba en estos términos el señor de +Pierrepont, dirigiéndose a su amigo:</p> + +<p>—¿Sabes lo que me pasa? Hoy cumplo treinta y un años.</p> + +<p>—Hermosa edad—replicó el pintor, que dibujaba al amparo de la amplia +pantalla de su lámpara.</p> + +<p>—Es, en efecto, una hermosa edad—continuó el señor de Pierrepont—; es +la edad en que el hombre se halla en la plenitud de sus facultades, pero +es al mismo tiempo una hora crítica, una hora decisiva en la vida y +sobre todo en la vida de un ocioso, de un simple dilettante como yo. Me +encuentro en esa fatídica línea que separa la juventud de la edad +madura... Si resbalo, en ese período de la existencia, llevando a él las +pasiones y los hábitos de los pasados días, no puedo hacerme ilusiones +sobre el porvenir que me espera... Me parece que tengo algunas nociones +siquiera de honor y de buen gusto... además, profeso instintivo horror a +todo lo que es falso y bajo... y, sin embargo, si me abandono al ciego +destino en estos momentos de crisis, vislumbro un futuro que hiere todas +mis singulares aprensiones... Entreveo en el horizonte amores de +decadencia, una juventud artificial obstinándose en combatir en vano +contra las advertencias y las humillaciones de la edad... secretas +operaciones de tocador tan vergonzosas como inútiles... alguna vieja +amante legítima in extremis... y otras mil cosas del mismo género, a las +cuales, es cierto, amigo mío, que en nada me cedían cuanto a delicadeza, +han concluído por resignarse mansamente... Pues bien, mi buen Fabrice, +cuanto más reflexiono acerca del medio de escapar a este triste futuro, +tanto más me convenzo de que no hay otro medio sino seguir la trillada +senda de nuestros antecesores.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Ah!—dijo Fabrice.</p> + +<p>—¡Naturalmente!—exclamó Pedro—; el matrimonio, sin duda que el +matrimonio tiene sus inconvenientes, sus tristezas, sus peligros, pero, +así y todo, es el mejor abrigo en que un hombre puede pasar tranquilo la +vejez y aguardar la muerte sin deshonrar sus canas.</p> + +<p>El pintor dio un hondo suspiro sin responder a Pedro.</p> + +<p>—Dispénsame—le dijo su amigo—. Este asunto te enoja con razón. No +debiera haberlo olvidado.</p> + +<p>—Mi experiencia personal es muy triste a este respecto; tú lo sabrás, +Pedro—contestó el pintor—; pero, después de todo, eso no quiere decir +nada... Hice un matrimonio de loco... en fin, no me arrepiento, porque, +al cabo, tengo a mi hija.</p> + +<p>—Precisamente—añadió Pierrepont—, tienes una hija... yo también puedo +tener otra, tal vez un hijo, y ésos son afectos, distracciones que +hacen olvidar a un hombre el eterno femenino: digo más: pueden revestir +de cierto prestigio la edad madura de la vida... Es hermoso ver a un +padre todavía joven llevando a sus hijos de la mano a paseo... ¡Bueno! +qué quieres, vas a admirar mi candor... pero... pero siento como un vago +deseo de amar siquiera una vez en la vida a una mujer honrada.</p> + +<p>Los ojos del pintor se apartaron un momento del dibujo para fijarse con +aire de extrañada simpatía en el bello rostro de su amigo.</p> + +<p>—¡Vamos! ¡Ya! quieres ensayar un segundo estilo... quieres saber si en +materia de amor, hay algo más superior, algo que aventaje a eso que en +lenguaje de mostrador se llama bisutería. Y bien, ¿qué te falta para +realizar tan poético ensueño?</p> + +<p>—Una mujer.</p> + +<p>—Exactamente. Pero me parece que con tu nombre, tu porvenir... tus +atractivos personales, si me permites que así me exprese, no te será +difícil encontrarla con sólo quererlo.</p> + +<p>—No sólo con quererlo yo; es preciso que también lo quiera mi tía.</p> + +<p>—¿No me has dicho que tu tía deseaba casarte lo más pronto posible?</p> + +<p>—Di mejor lo más ricamente posible—replicó el marqués acentuando +amargamente la frase—: mi tía sostiene que, siendo el matrimonio una +pura lotería, de lo que solamente debe uno preocuparse es del dote, +abandonando lo demás al azar... Te aseguro que yo no opino del mismo +modo... Compréndeme bien: no me encuentro en situación de mirar con +desdén los títulos de renta al tres por ciento... pero, sin embargo, +desearía, que al mismo tiempo me ofreciera mi prometida ciertas +garantías de honor y de dicha... y todavía añado, garantías +excepcionales... Ya tú sabes la educación que hoy reciben las niñas... +eso aterra. Y ahí tienes por qué mi matrimonio, aun deseándolo tanto mi +tía y yo, no acaba de salir de los limbos de la hipótesis... A propósito +de mi tía: ¿vas a venir a los Genets? Mi tía me dice en su última carta +que cuándo puede contar contigo.</p> + +<p>—A partir del 15 de agosto estoy libre y a sus órdenes.</p> + +<p>—¡Magnífico! No la conoces, ¿es verdad?</p> + +<p>—No, hijo, ni aun de retrato.</p> + +<p>—Bien, ya te he dicho que como retrato, sería... ¿cómo te diría yo?... +sería... un poco ingrata.</p> + +<p>—Ya trataré de conquistarla.</p> + +<p>—Tendrás méritos si lo consigues.</p> + +<p>—Hasta la vista, pues.</p> + +<p>—Hasta la vista, adiós.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="II" id="II"></a>II</h2> + +<p class="tit">fabrice</p> + + +<p>¿Hay en el arte especial del pintor, en esa vida solitaria, +semiclaustral que su profesión le impone, en esa afanosa carrera en pos +de un tipo de absoluta belleza, jamás alcanzado, alguna secreta virtud +que eleve su espíritu, que depure su moral personalidad? No lo sé, mas +no me engañaría si asegurase que suelen encontrarse en los talleres del +pintor, con más frecuencia que en cualquier otro sitio, esas almas +candorosas y graves, esos corazones sencillos, rectos y altivos que tan +alto hablan en honor de la humana especie; y sin que pretenda dar a mi +observación la fuerza de una verdad axiomática, que sería irracional e +injusta, puedo decir en conciencia, que pocos caracteres podrían +compararse en nobleza con los de algunos artistas a quienes muy de cerca +he conocido.</p> + +<p>Los orígenes de Jacques Fabrice eran humildísimos.</p> + +<p>Desempeñaba su padre modesto empleo en una de las alcaldías de París, y, +aunque murió joven, vivió, sin embargo, lo bastante para contrariar por +todos los medios la precoz disposición que para las artes del dibujo +mostrara el niño. Ocupábase la madre en la, confección de flores +artificiales, y dotada de más delicado instinto, simpatizaba +secretamente con los gustos de su hijo. Una vez viuda, consiguió en +breve hallar el camino de procurar a éste la indispensable enseñanza +artística, alentándolo al propio tiempo en su noble vocación; y contaba +el muchacho apenas quince años, cuando ya podía ayudar a la madre en +los breves gastos de su pobre hogar, pintando para el caso muestras de +tienda, en los estrechos intervalos que le dejaba el aprendizaje. Dícese +que fue viéndole trabajar en la fachada de cierta miserable taberna de +Meudon, donde uno de los príncipes de la pintura contemporánea echó de +ver sus méritos, y tal afecto le cobró a poco, que no sólo lo recibió en +su taller, sino lo que es más, dos años después llevólo consigo a +Italia. Tuvo la madre de nuestro Fabrice la dicha inefable de presenciar +los triunfos primeros de su hijo, quien le debía en parte no sólo la +naciente nombradía, si que también esa atractiva mezcla de suavidad y de +energía que es la natural y conmovedora consecuencia de ese doble papel +de protegidos y de protectores que nos hacen, tantas veces jugar los +acontecimientos.</p> + +<p>No fue, sin embargo, hasta después del admirable cuadro que en el salón +de 1875 expuso Jacques Fabrice, que su reputación quedó sentada cual +hecho indiscutible; hasta entonces la fama de su competencia no había +traslucido fuera de un limitado círculo de amigos y de admiradores, +porque su trabajo, lento y concienzudo hasta la nimiedad, su gusto +difícil, su horror a lo vulgar, en una palabra, su probidad artística, +fueron causas que retardaron esa revelación brillante de su luminoso +talento.</p> + +<p>Por otra parte, había tenido que luchar en los comienzos de su carrera +con abrumadores pesares. Una ligereza de juventud lo impulsó en sus +veintidós años a contraer matrimonio con la hermana de uno de sus +compañeros de taller: era ésta una muchacha bonitilla que parecía +arrancada de un cuadro de Creuze, y como la madre de nuestro pintor, +obrera en flores. Fabrice la veía trabajar asiduamente en su ventana, y +parecíale al incauto artista que ella fuese la imagen misma de la dicha +y de las domésticas virtudes, y forjóse un idilio, barajando en el +desvarío de su inexperiencia la alianza de la casta pobreza con la +naciente fortuna. Casóse, pues, con ella, y todos los tormentos que una +inteligencia predestinada, todas las amarguras que un alma delicada +puede sufrir al contacto permanente de la vulgaridad de espíritu y de la +bajeza de carácter, todo eso lo sufrió Fabrice al lado de esa preciosa +criatura. Incapaz de comprender siquiera las altas condiciones del +artista, le reprochaba sin cesar con gritos de furia, la lentitud de sus +estudios, la serena conciencia que ponía en su trabajo, impulsándolo a +la premura productiva de la ruin producción comercial, y aun se dio caso +de llevar ella misma ávidos mercaderes al taller de su propio marido, +ausente éste, vendiéndoles a vil precio no acabados cuadros, con gran +desesperación del artista sin ventura. No tuvo, por último, más que un +mérito: murió al cabo de siete u ocho años, dejando a Fabrice una niña +que por dicha no se parecía a su madre.</p> + +<p>El joven marqués de Pierrepont, cuyo diletantismo ocupábase casi con +idéntico entusiasmo en las cosas del sport como en las del arte, y que +era un juez eximio en ambas materias, fue uno de los primeros en +vislumbrar el gran porvenir que la fortuna reservaba a Jacques Fabrice. +Se habían conocido durante los aciagos días del sitio de París, eran +camaradas en la misma compañía de uno de los regimientos de marcha y +habían sido también compañeros de ambulancia, los dos heridos en la +batalla de Châtillon. Como resultado de estas relaciones, empezó el +marqués a frecuentar el taller de su nuevo amigo, haciéndose desde este +momento el apologista de su talento en la buena sociedad, talento +todavía o ignorado, o discutido. Así, con el transcurso del tiempo, +habíase venido a formar entre ellos una amistad tan estrecha y confiada, +cual puede ella serlo tratándose de dos hombres por naturaleza altivos y +reservados.</p> + +<p>Pedro de Pierrepont procuró varias veces, aunque sin éxito, convencer a +su tía de que se dejase retratar por su amigo, garantizándole su +competencia e indiscutibles méritos, insinuándole que sería honroso para +ella, y al mismo tiempo económico, ser una de las primeras en dar +relieve a un artista llamado a alcanzar ruidosa reputación.</p> + +<p>—Mira—le contestaba la tía—, me parece mejor aguardar a que esa +celebridad se haya hecho por ministerio del prójimo; a mí no me gusta +servir de muestra.</p> + +<p>Pero los triunfos que en el salón de 1875 obtuvieron los cuadros de +Fabrice decidieron a la desconfiada baronesa, dignándose por fin otorgar +su protección a un hombre que precisamente ya en aquellos momentos para +nada la necesitaba; pero el hecho fue que al cabo se resolvió, y después +de ardua y detenida conferencia con Pierrepont, tuvo a bien invitar al +pintor a que fuera a pasar algunas semanas en los Genets, donde ella +podría entregarse a las molestias consiguientes a tal operación, con más +comodidad y espacio que en París.</p> + +<p>Por consecuencia de tan alta merced, Fabrice debía, según ya dijimos, +trasladarse a la susodicha posesión, en el departamento de Orne, para +reunirse allí con el marqués, una vez vuelto éste de las carreras de +Deauville.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="III" id="III"></a>III</h2> + +<p class="tit">beatriz</p> + + +<p>La baronesa de Montauron, en cuya casa vamos a penetrar, siguiendo los +pasos de su sobrino el marqués de Pierrepont, era una mujer de mucho +talento y gracia suma, pero sin corazón: había hallado, sin embargo, +modo de crearse sólida reputación de alma generosa, recogiendo cierta +joven huérfana, lejana pariente de su marido, la cual huérfana le servía +de lectriz, de enfermera y aun un poco de doncella.</p> + +<p>Beatriz de Sardonne, era hija del conde de su apellido a quien las +carreras de caballos principiaron a arruinar, rematándolo la Bolsa; +murió, pues, dejando a su hija con mil francos de renta, y dicho se está +que mil francos de renta son la miseria o el convento. La señora de +Montauron, que envejecía en tiempo y declinaba en salud, hacía fecha que +pensaba en procurarse una señorita de compañía que aliviase el peso de +su soledad y la carga de sus enfermedades. Deseaba, naturalmente, que +dicha señorita fuese distinguida, y esto por decoro de su casa y +nombre: quería también que la candidata tuviera buen carácter +(circunstancia más que esencial, indispensable, créanos el lector, para +estar a su lado). Exigía que fuera hermosa, a fin de que su presencia +viniese a ser como un cebo para el sexo fuerte, de cuyos atractivos +había sido siempre la baronesa devota fervientísima. La señorita de +Sardonne parecía responder a la perfección a tan varias exigencias, +puesto que era de ilustre cuna, perfecta distinción y soberana belleza, +y aun hay quien dice que demasiado soberana en sentir de la baronesa, +pero era necesario ser indulgente en algo, dado que las señoritas de +compañía no pueden mandarse hacer, como los sombreros. Era la señorita +de Sardonne de bastante estatura, pero lo que sobre todo la hacía +admirar era su magnífico aire: una reina. Ojos de obscuro purísimo azul, +tez ligeramente morena, y al sonreír dos hoyuelos se abrían en sus +mejillas. ¡Detalle por cierto encantador! Su traje tenía que ser por +fuerza muy sencillo; casi siempre un vestido negro sin adornos; algunas +veces lo cambiaba por otro tornasolado que modelaba finamente su +soberbio busto de diosa, realzando cada uno de sus movimientos a un +metálico rielar. Circunspecta por carácter y posición, no hablaba nunca +más que para responder con breve urbanidad a las preguntas que se le +dirigían, y obedecía, si no con paciencia, al menos con calma +imperturbable las con frecuencia mortificantes órdenes y tiránicos +caprichos de la baronesa: un imperceptible vertical pliegue entre los +dos arcos de sus cejas, que se acentuaba algunas veces bruscamente, +podía sólo dar testimonio de la secreta repugnancia que le causaba su +casi servil situación.</p> + +<p>Esta resplandeciente beldad llena de encanto y de misterio, tenía, cual +fácilmente puede concebirse, numerosísimos y a veces no muy delicados +apreciadores entre los jóvenes y viejos amigos de la casa, pero la grave +decencia, la fría reserva de la señorita de Sardonne derrotaban presto +tan sospechosos homenajes. Tal vez en la ingenuidad de su alma, en la +tranquila conciencia de su belleza, pudo quizás ella creer que algunas +de estas adoraciones eran dictadas por leales sentimientos, por +confesables intenciones, mas con su rápida y fina penetración de mujer, +no tardó en comprender que todos estos postulantes que sin respiro la +asediaban, aspiraban a todo, menos a su mano, y esta convicción +diariamente ratificada concluyó por añadir a la honda melancolía que +minaba el corazón de la huérfana, la sensación cruel del más acerbo +desprecio. Y además, aun cuando ella no hubiese tenido tan alto y +merecido concepto de sí propia, aun cuando ella no hubiese sido la hija +del conde de Sardonne, contra las asechanzas más o menos tácitas de que +pudieran hacerla blanco, tenía nuestra interesante huérfana broquel más +templado que el desprecio, escudo más noble todavía que el honor mismo, +porque la señorita de Sardonne había ya hecho a alguien merced de su +alma.</p> + +<p>Es muy raro, en efecto, que una joven no haya escogido, aun desde la +infancia, allá en el secreto de su pensamiento, al hombre a que daría su +mano, si bien es cierto que sus secretos votos rara vez se realizarán al +compás de su voluntad. Encuentra ella siempre entre las personas que +frecuenta, una determinada, respondiendo perfectamente al ideal que la +mujer se forja del marido, es decir, del novio, porque en esta dichosa +edad las dos palabras son sinónimas. Apenas contaba doce años Beatriz de +Sardonne, cuando ya paró mientes en la acogida excepcionalmente +favorable que en su familia y sociedad se hiciera a cierto joven vecino +del campo que pasaba en París los inviernos. Era evidente para la niña +que sus tías, sus primas, su mamá misma se conmovían más que de +ordinario cuando el susodicho anunciaba una de sus visitas, hasta el +punto que la conversación, con frecuencia lánguida aun entre mujeres en +el campo, animábase de súbito.</p> + +<p>No podía dudarse que la próxima llegada del esperado huésped despertaba +en aquellos femeniles corazones grata emoción, y hasta se corría a las +ventanas para espiar su venida: en fin, cuando Pedro de Pierrepont +aparecía con su aire de príncipe, haciendo caracolear su caballo en +torno del césped del jardín, las señoras acudían radiantes al patio, +mientras que la señorita de Sardonne, observando las cosas a través del +follaje, sentía que su joven corazón se agitaba en su pecho con +palpitaciones a su edad proporcionadas.</p> + +<p>Las impresiones de la niña, creciendo con ella, fueron tomando de año +en año más profundo y reflexivo carácter. El marqués de Pierrepont era +universalmente considerado como el prototipo del caballero, del hombre +seductor, pero para Beatriz fue más todavía, porque su educación, sus +gustos, sus preocupaciones mismas, la predisponían más que a persona +alguna a admirar aquella graciosa figura del gentilhombre, aquel ser, +por decirlo así, de lujo, que parecía moldeado en diferente arcilla que +los hombres humanos y creado únicamente para nobles ocupaciones y +elegantes quehaceres: guerra, caza, letras, amor.</p> + +<p>Los sentimientos de la señorita de Sardonne por Pedro de Pierrepont +habíanse ido desenvolviendo poco a poco hasta llegar a la adoración, +adoración que la niña guardaba cual en un santuario, en el más oculto +rincón de su casto pecho, sin que Pedro lo sospechara siquiera, pues +tenía por las jóvenes de la edad de Beatriz el desprecio propio en un +hombre de su temple y años.</p> + +<p>Próximamente diez y siete tenía la señorita de Sardonne cuando viéndose +sus padres al borde del abismo, donde los restos de su fortuna iban a +perderse, retiráronse bruscamente del mundo, no conservando relaciones +sino con dos o tres muy íntimos amigos. El marqués de Pierrepont, +después de dos o tres infructuosas tentativas para forzar la consigna, +había creído delicado no insistir, así, pues, perdió de vista a esta +familia, sabiendo luego su total naufragio y la muerte del conde y la +condesa. En consecuencia, no volvió a ver a Beatriz hasta el momento de +su entrada en casa de la señora de Montauron bajo los tristes auspicios +de prima en la miseria, de señorita de compañía; de comodín, en fin. Muy +lejos estaba ciertamente de sospechar el marqués que a él se debiera en +gran parte, quizás en todo, que la señorita Sardonne hubiera preferido +al convento la casa de la baronesa, pero era de un natural demasiado +generoso para no sentirse conmovido ante tal infortunio, aun cuando él +no se hubiera presentado de por sí bajo formas tan dramáticas y +atractivas.</p> + +<p>Observábase que ponía particular empeño en realzar a fuerza de +respetuosas consideraciones la humillante situación de la huérfana; pero +al mismo tiempo parecía como que evitaba toda clase de intimidad con +ella, y lo que es más, manifestábale habitualmente una reserva vecina a +la frialdad, cual si desconfiara ora de ella, ora de sí propio.</p> + +<p>Tales eran las recíprocas relaciones de estas dos personalidades en los +días en que Pierrepont llegó a la posesión de los Genets, precediendo en +algunos a su amigo Jacques Fabrice.</p> + +<p>Los Genets era una antigua propiedad de aquella familia que había sido +en parte destruída y en parte vendida, durante el período +revolucionario, y sólo al cabo de cincuenta años decidióse el barón de +Montauron, a instancias de su mujer, de quien aquél era el más seguro y +el más humilde servidor, a rescatar en gran precio las tierras, +restaurando al mismo tiempo el arruinado edificio, del cual no quedaba, +otra cosa más que una hermosa y almenada torre sacrílegamente +encuadrada entre dos construcciones modernas. El conjunto, a pesar de su +irregularidad arquitectónica, no dejaba de ser imponente, y grandes +avenidas de hayas, un parque y bosques cruzados por un afluente del +Orne, acababan de dar a esta habitación eso que es de uso llamar +señorial apariencia.</p> + +<p>La señora de Montauron, que profesaba a la soledad cordialísimo +aborrecimiento, concedía a sus amigos la más amplia hospitalidad en su +campestre mansión, aunque, habiendo resuelto que aquel año de 1875 +marcaría el fin del celibato de su sobrino, extendió aún más sus +invitaciones en esta jornada, poniendo en la confección de las listas de +convite los más diplomáticos cuidados. Admitió así, con mayor +indulgencia de la acostumbrada, buen número de herederas pertenecientes +a la alta banca francesa y cosmopolita, contando astutamente con que las +intimidades de la vida de campo ofrecerían la deseada ocasión y harían +madurar el perseguido proyecto, descartando con maquiavélica experiencia +a las casadas jóvenes y bonitas, quienes podrían distraer la atención +del neófito, en secundarias bagatelas.</p> + +<p>Encontró, pues, el marqués en los Genets hasta media docena de lindas y +candorosas señoritas, quienes, a pesar de su probada inocencia, parecían +darse cuenta bastante exacta de la situación; por lo menos así se +hubiese creído considerados sus respectivos comportamientos, pudiendo +presumirse que estaban en el secreto y aun en la complicidad de la +baronesa, visto cuanto cada una de ellas, según sus personales +intuiciones y peculiar estilo, ponía de su parte, a fin de hacer +triunfar su candidatura. Nada más natural.</p> + +<p>El catecúmeno que se trataba de atraer a la buena senda era no sólo un +hombre de raras seducciones personales, sino, lo que es más, el presunto +heredero de una gran fortuna, que, por si algo faltaba, disponía también +de una corona de marquesa, y no hay que decir, considerados estos graves +antecedentes, si sería formidable el despliegue de trajes, gracia, +candor, aturdimiento o afectada indiferencia a que se entregaron +aquellas adorables señoritas.</p> + +<p>No era, pues, en verdad aburrida la existencia en los Genets, porque +familias de las invitadas, hermanos y amigos componían una divertida y +animada colonia, pronta siempre a distraerse con los ejercicios de +práctica en el campo, menudeando los paseos en coche, las partidas de +pescas, los <i>lawn-tennis</i> por la mañana, pasándose las noches en +inocentes juegos alternados con tal cual rigodón. La baronesa, a quien +el silencio era odioso porque le hacía pensar en la muerte, gustaba de +todo ese movimiento, si bien mezclándose poco directamente a él por +cuanto el reuma no le dejaba casi momento de reposo; pero ya desde su +sillón de donde daba órdenes como desde un trono, ya sentada a la sombra +de los copudos árboles del parque, complacíase en ver agitarse aquella +brillante juventud, que la formaba una pequeña corte, deleitándose en +ver desfilar aquellos breacks, aquellos mails llenos de exquisitas +elegancias, rebosando refinadas alegrías.</p> + +<p>Espectáculo tal no parecía seguramente tan grato a la señorita de +Sardonne, porque, descontadas las raras ocasiones en que la señora de +Montauron se decidía a subir en carruaje, en cuyo caso llevaba consigo a +su lectriz, la tenía sin misericordia encerrada en casa, bajo el +pretexto de decencia social. La pobre Beatriz quedaba así fuera de +aquella vida de placer y de lujo, en medio de la cual presentía, por +otra parte, que su sencillo traje y modesto continente habría sido +motivo de sonrojo. Educada ella misma en los esplendores de la vida +mundana, tenía, como la mayor parte de las jóvenes de su clase, +irresistibles aficiones a la elegante vida del sport. Era, en suma, más +un corazón noble que un alma superior; altanera pero no reflexiva, tras +los encantos de su hermoso sonreír, ocultábanse a veces amargos +sufrimientos, y cuando seguía con la vista aquellos caballeros y +aquellas amazonas que se perdían bajo los añosos árboles de las anchas +avenidas, si su frente permanecía serena y pura, partíase su pecho al +duro golpe del dolor.</p> + +<p>La llegada de Pierrepont al castillo le aparejó aún más crueles +suplicios, que por cierto no fue ella la última en prever, puesto, que +la baronesa tenía muy poderosas razones para poner al cabo a la huérfana +sobre las pretensiones y proyectos conyugales que acerca de su sobrino +abrigara. Debemos decir en justicia que nunca Beatriz, una vez +consumada la ruina de su familia, había alimentado esperanza alguna de +ver un día compartidos sus sentimientos con el marqués, y sancionados +por el matrimonio, advirtiéndole su razón distintamente cómo Pierrepont +estaba para siempre perdido para ella y que sólo a milagro pudiera deber +el verlo su marido; pero en fin, en tanto que Pedro continuase soltero +podía tal vez el Cielo operar el prodigio... y este blando ensueño le +daba la vida... más ahora... ¡Oh, ahora!... La dulce quimera habíase +para siempre desvanecido.</p> + +<p>Beatriz sentía cual cosa evidente que el temeroso suceso estaba a punto +de realizarse: todo lo presagiaba: la baronesa, como ella misma decía a +su lectriz, jugaba esta vez su última carta, y el joven marqués se +prestaba al juego con toda buena voluntad, que el final resultado no +podía ser dudoso.</p> + +<p>Es difícil figurarse ni más acerbo ni más glacial tormento que aquel que +hacía días venía sin piedad torturando el alma de la señorita de +Sardonne; brillantes rivales se disputaban la mano del hombre de su +amor, y ella veíase forzada a presenciar ese torneo en sonriente +expectativa.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="IV" id="IV"></a>IV</h2> + +<p class="tit">aquellas señoritas</p> + + +<p>Pierrepont había llegado a los Genets un lunes. Hacia el mediodía del +domingo siguiente, abandonó a los huéspedes de su tía, quienes tenían +concertada una partida de pesca, para después del almuerzo, y se fue a +la estación inmediatamente con el fin de esperar a su amigo y +presentarlo a la baronesa. Encontraron a la señora de Montauron haciendo +una labor cualquiera en una inmensa sala tapizada de blanco y en cuyas +paredes campeaban antiguos retratos de familia: Beatriz, entretanto, +leía un diario.</p> + +<p>No tuvo el pintor necesidad de reflexionar mucho para decirse a sí +propio que, si la elección le hubiese sido permitida, no habría sido +seguramente la señora de Montauron la retratada. Sin embargo, no había +que hacerse grandes ilusiones acerca de la acogida de la lectriz, quien +sin levantarse le echó una hostil mirada y continuó en voz baja la +lectura de su periódico, mientras que Fabrice cambiaba algunas frases +con la señora de la casa.</p> + +<p>—Tanto gusto de contarlo a usted en el número de mis amigos—dijo +aquélla con su más amable sonrisa—, y muy orgullosa de que mi retrato +sea hecho por mano tan experta... y por cierto que no es un estímulo +retratar a una mujer de mis años.</p> + +<p>—¡Señora!</p> + +<p>—Pero, según tengo entendido, también es usted paisajista... Hay en los +alrededores puntos de vista deliciosos... Ese será su desquite y su +consuelo de usted.</p> + +<p>—Señora baronesa, crea usted firmemente que no tengo necesidad ni del +uno ni del otro.</p> + +<p>—¿Permite usted que los modelos hablen durante la sesión? ¿No incomoda +a usted eso?</p> + +<p>—Todo lo contrario, señora; así se me ofrecerá la ocasión de darme más +exacta cuenta de la fisonomía.</p> + +<p>—¡Tanto mejor!... soy por naturaleza muy habladora... ¿no es verdad, +Beatriz?</p> + +<p>—Yo no me quejo, señora—dijo Beatriz sonriendo débilmente.</p> + +<p>—¿Ve usted, señor? no se queja pero asiente.</p> + +<p>El piafar de los caballos acompañado de un tumulto de risas y de voces +anunció que la cabalgata estaba de vuelta. Tres o cuatro hermosas +jóvenes se apearon, sosteniendo con sus manos las colas de sus vestidos, +que por aquellos tiempos se tenía el buen gusto de llevar más largos que +ahora, y presentaron sus frentes a los besos de la baronesa, mientras +que otras en cortos y ligeros trajes de mañana se precipitaron detrás de +las primeras, agitando con triunfal aire diminutas redes que +esparcieron por el salón acre olor a pescado y a fango.</p> + +<p>—¡Jesús, hijas!... ¡Qué perfume!... ¡Qué horror!—exclamó la +baronesa—. Beatriz, en seguida mi tarro de sales; luego, que estas +señoritas te den sus redes y llévalas a la cocina.</p> + +<p>—Perdone usted, tía—dijo el marqués de Pierrepont, tomando vivamente +aquellos artefactos—; las voy a llevar yo.</p> + +<p>Fabrice, grande observador, por instinto y profesión, advirtió al +momento que la lectriz palideció ligeramente y que por contrario efecto +se encendieron las mejillas de la baronesa.</p> + +<p>Llevadas por Pedro las redes a la cocina, acompañó después a Fabrice a +sus habitaciones, pero antes de quedarse éste en ellas díjole al +marqués:</p> + +<p>—Dime, Pedro, ¿quién es esa señorita que leía el diario a tu tía?</p> + +<p>—Una parienta, la señorita de Sardonne. Una pobre huérfana que mi tía +ha recogido.</p> + +<p>—Nunca me habías hablado de ella.</p> + +<p>—No... phs... es posible... No ha habido ocasión... ¿Te parece bonita?</p> + +<p>—Interesante.</p> + +<p>—Sí... ¿no es verdad?... pobrecilla... He aquí tu instalación, he aquí +tu celda, amigo Fabrice.</p> + +<p>Y diciendo esto lo introducía en un pequeño departamento compuesto de +saloncito y dormitorio, cuya comodidad y buen gusto ponderó mucho +Fabrice, dejando en seguida a éste que se vistiera para comer.</p> + +<p>Durante la velada, el pintor, a quien Beatriz cada momento más enamoraba +a causa de su melancólica hermosura, de sus actitudes de reina en +cautiverio, ensayó de interrogar de nuevo a Pierrepont sobre los +antecedentes, la situación y el carácter de tan misteriosa y atractiva +persona, pero no insistió como advirtiera en las breves respuestas de +Pedro que este punto de conversación era para el marqués, si no +desagradable, al menos decididamente tedioso.</p> + +<p>—No te ocupes de la lectriz de mi tía—decía riéndose a Fabrice—. Sé +amable conmigo y atiende a esas señoritas... Ven, te voy a presentar, +estúdialas con detenimiento y dame luego cuenta de tus impresiones... +Desde todo punto de vista mi confianza en tu buen gusto y en tu +penetración es absoluta... Así me ayudarás en esa elección terrible a +que por fuerza tengo que decidirme para no enajenarme la buena voluntad +de mi tía... Ya ves que ha llamado a concurso de toda la Europa y ambas +Américas... Es necesario, pues, que no trabaje para el obispo... +Procura, mi buen Fabrice, leer en lo ojos y en los corazones de esas +jóvenes esfinges... Si un pintor no es gran fisonomista, ¡qué diablo! +¿quién puede serlo?</p> + +<p>—Querido Pedro—respondió Fabrice—, no podías haber hecho peor +elección. Ignoro si mis compañeros de profesión se me parecen a este +respecto... En cuanto a mí, soy un fisonomista detestable y estoy +firmemente persuadido de que mis diagnósticos psicológicos resultan +siempre falsos... Te juro que nunca puedo penetrar a fondo en el alma +de las personas cuyos retratos hago... les presto, verosímilmente, +multitud de pensamientos y pasiones; de virtudes y vicios a que ellos +son de todo punto ajenos. Fíjate, para comprender esto que te digo, en +lo que pasa en nuestros talleres: cantantes de café-concierto nos +proporcionan cabezas de vírgenes... muchachuelas incapaces de coordinar +dos ideas vienen a resultar el tipo de una de las musas... viejos +pillastres de la más baja ralea conviértense en santos y en apóstoles... +Y es que todas estas fisonomías son para nosotros meramente subjetivas. +No vemos en ellas más que lo que nosotros les ponemos de nuestra +cosecha; no sirven para otra cosa sino para fijar un poco la fugitiva, +la indecisa idea... Desengáñate, tanto los artistas como los poetas, son +los más cándidos de entre los hombres y los peores jueces que pueden +encontrarse para establecer correlación entre lo físico y lo moral, +porque no pintan lo que realmente ven, sino lo que creen ver a través +del prisma de su imaginación... No pintan lo natural, sino según el +natural, lo que no es lo mismo.</p> + +<p>—Pero, entonces, ¿cómo hay parecido?—pregunto Pierrepont.</p> + +<p>—Ahí tienes lo curioso; hay parecido y más que parecido, porque +reproduciendo fielmente las líneas de una cara, por ejemplo, +transfiguran su expresión... Porque, mira, no hay un rostro humano que +no tenga su nota poética, su faceta luminosa: la cuestión es dar con +ella, encontrarla... pero no busques esa nota, esa faceta en el alma +del modelo... allí no existe... donde está es en el ojo del pintor, del +propio modo que por lo general todas las gracias de una amante están +menos en ella que en la vista de su enamorado. Así, pues, Pedro, no +cuentes con mis luces para guiarte en tus delicadas maniobras... temería +extraviarte... Pero esto no quiere decir que no me presentes a esas +señoritas, aunque te aseguro, aquí entre nosotros, que me dan miedo... +Solamente lo que sí te suplicaría es que lo dejases para mañana... esta +noche me siento... así... pesado... Me parece que los excelentes vinos +de tu tía se me han ido un poco a la cabeza, lo que explica la +conferencia de estética que con tanta crueldad te he disparado, crueldad +que, por otra parte, tú sabes que no es en mí consuetudinaria... Tú +sabes también que detesto charlar sobre mi arte, y no ignoras cuál es la +divisa que yo desearía ver escrita en la puerta de todos los talleres: +«Trabaja y calla».</p> + +<p>Estas palabras dichas, retiróse discretamente Fabrice en el momento que +comenzó a bailarse. Su creciente reputación le había abierto de par en +par las puertas de los salones y de la alta sociedad parisiense; pero, +como la mayor parte de aquellos que nacieron fuera de ese medio y a él +llegaron tarde, sentía siempre en el mundo cierta cortedad, cierta +inquietud que lo desconcertaba, disgustándolo.</p> + +<p>Al día siguiente, bastante temprano, la señora de Montauron mandó llamar +a su sobrino, y cuando éste se presentó a la baronesa, acababa la +anciana señora de tomar el desayuno.</p> + +<p>—¿No mal de salud, tía, me parece?</p> + +<p>—No, te he hecho venir tan temprano porque durante el día no estamos +nunca solos y quiero hablarte... Siéntate... Principiaré por decirte que +no estoy descontenta de tu grande hombre... el pintor... un poco corto, +un poco tímido... ¡pero en estos hombres de talento hay siempre un +encanto!... Y ahora hablemos de cosas serias... ¿Qué... piensas de +matrimonio?... Vamos, ¿qué te han parecido mis niñas?</p> + +<p>—Tía, todavía estoy en el período de... de observación... Esta pléyade +de sílfides me causa un cierto embeleso... Usted comprende que es +natural.</p> + +<p>—Sí, es natural... Yo no te pido que te decidas inmediatamente... pero, +en fin, hace ocho días que vives en la intimidad de ellas... ya habrás +sentido alguna impresión... principiará a manifestarse alguna +preferencia...</p> + +<p>—Tía, francamente, ocho días es poco tiempo para conocerlas a fondo.</p> + +<p>—Dime, ¿y cuánto necesitas, según tú, para adquirir ese conocimiento?</p> + +<p>—¡Phs!... no sé... algunas semanas, me parece.</p> + +<p>—¡Algunas semanas!—exclamó la baronesa,—. ¡Pobre sobrino mío!... Al +paso que vamos necesitarás un siglo, y no por eso estarás más +adelantado... Una joven, hijo mío, es lo más impenetrable que hay en el +mundo... sólo Dios puede saber lo que será una vez casada... ¡Y aun +así!</p> + +<p>—Sin embargo... tía.</p> + +<p>—Sí, ya sé lo que vas a decir... y de antemano te prevengo que en esta +materia no hay más que tres cosas acerca de las cuales pueda tenerse una +aproximada certidumbre... a saber: familia, dote y figura... En cuanto a +lo demás, es necesario entregarse piadosamente a la Providencia... si +tienes en cuenta que no está todavía en uso de tomar las mujeres a +prueba como los caballos... por más que se anuncia una ley estableciendo +el divorcio absoluto... lo que será principiar a andar aquella senda... +Pero, vamos, para salir de generalidades, a mí me parece que si yo +hubiera sido hombre habría amado locamente a la señorita de Alvarez... +¿No te dice nada la señorita de Alvarez?</p> + +<p>—Me dice demasiado, tía... Tiene una pupila demasiado incandescente +para mis gustos... dicho sea con el respeto debido... Venus Ciprea... +etc., etc.</p> + +<p>—¡Bah! ¿Qué sabes tú? Nada hay más engañoso que esos ojos... debías +tener experiencia a tu edad... Generalmente, los azules son los +peores... Y esa adorable americanita, miss Nicholson... un querubín con +tres millones de dote... y esperanzas.</p> + +<p>—Es hermosa, tía... Solamente que anda como un hombre... y después, ¿no +le parece a usted que tanto ella como su papá, tienen así como un vago +olor a petróleo?</p> + +<p>—¡Qué tontería! En fin, tomemos nota de ella, de esta encantadora miss +Nicholson... ¿Y la deliciosa rubia, la señorita Lahaye?</p> + +<p>—Muy bien también, tía... pero su padre vende vino... ¡eso es grave!...</p> + +<p>—¡Sí, pero vende mucho! ¿Y qué me dices de la señorita de Aurigney? +¡qué radiante hermosura! ¡y tan distinguida!</p> + +<p>—Muy distinguida, sin duda... ¡pero tan glacial!</p> + +<p>—¡Magnífico! ¡ahora salimos con lo glacial! Hace un momento era Venus +quien te asustaba... ahora es lo contrario... ahora es el hielo... +¡pero, entonces, hijo mío, tienes miedo de todo!... ¿qué significa esto, +caballerito?</p> + +<p>—Confesad, mi querida tía, que la señorita de Aurigney parece un +sorbete.</p> + +<p>—¡Tú sí que pareces un sorbete! Acabaré por creer que tus dificultades +reconocen por causa una resolución tomada de antemano.</p> + +<p>—Pero, mi buena tía, usted me pide que le manifieste mis impresiones, y +así lo hago lealmente.</p> + +<p>—Sí, pero es que encuentras objeciones a todo, y objeciones casi +siempre pueriles.</p> + +<p>—Es únicamente para hacer reír a usted... tía...</p> + +<p>—¡Mira que la cosa no me causa risa!... vamos, y la señorita de +Chalvin... un poco aturdida quizás... ¡pero tan elegante, tan +encantadora!</p> + +<p>—Y sobre todo tan bien educada, tía... ayer decía su madre refiriéndose +a ella: Mi hija tiene un excelente carácter; verdad es que ni su padre +ni yo la contrariamos nunca... es un caballito desbocado... cuando se +abandona la brida nada la contiene.</p> + +<p>—Su madre es incapaz... mas como no te vas a casar con ella... En +fin... llegamos a mi predilecta... ¡una perla, hijo mío!... No, lo que +es a ésta no permito que la critiques... ¡La señorita de La Treillade!</p> + +<p>—Ciertamente, tía, es sin duda alguna lo mejor de la colección...</p> + +<p>—¡Ya lo creo! Rostro de <i>virgen</i>... instruída, inteligente, modesta... +no digo ella; su misma institutriz es una persona ejemplar... una +verdadera perfección... Créeme, dedícate a estudiarla... ¡obsérvala, +hijo mío!</p> + +<p>—Se lo prometo a usted, tía.</p> + +<p>—Bueno, ahora vete, tengo que escribir... mira, dile a Beatriz que +venga.</p> + +<p>Pedro se retiró, encargando a una sirvienta que encontró en la escalera +previniese a la señorita Beatriz de que la señora la necesitaba; en +seguida bajó algunos escalones, llamando al departamento de Fabrice. Era +este departamento un piso bajo, o mejor dicho, una especie de entresuelo +cuyas puertas se abrían sobre los antiguos fosos del castillo, ahora +convertidos en jardines. El pintor, que debía empezar a mediodía el +retrato de la baronesa, se ocupaba en preparar su paleta. Después de +haberse cerciorado por sí mismo de que nada faltaba para la comodidad de +su amigo, Pierrepont le daba algunos detalles históricos y arqueológicos +acerca de los Genets, cuando se interrumpió de pronto al oír risas y +femeniles voces bajo las ventanas del departamento; aproximóse +rápidamente a la ventana del saloncito, que ocupaba una de las +torrecillas de los ángulos del castillo, siendo por consecuencia fácil +dominar desde allí con la vista el foso... Las persianas estaban +cerradas para preservarse sin duda contra los rayos del sol de una +ardiente mañana de agosto, pero a través de los listones inferiores, +casi horizontalmente dispuestos, pudo echar Pedro una mirada al +exterior, y volviéndose con viveza a Fabrice, hízole seña de que +guardase silencio, diciéndole al propio tiempo, que sonreía y bajaba la +voz:</p> + +<p>—Yo no tengo la costumbre de escuchar entre puertas... ni entre +ventanas... pero, en este caso, la tentación se me presenta +invencible... ya te diré por qué...</p> + +<p>—¡Lo que puede el mal ejemplo!—repuso Fabrice acercándose a su vez.</p> + +<p>Pudo conocer entonces las dos señoritas cuyas voces llegaban hasta +ellos; estas señoritas habían bajado, a lo que podía creerse, a uno de +los jardinillos de bajo la torre con el fin de evitar el sol, y se +paseaban del brazo protegidas por la fresca sombra de grandes rosales +allí plantados; una de ellas, morena, pálida, con cara de arcángel, +decía a la otra:</p> + +<p>—Qué bien se está aquí para charlar, ¿no es verdad, hija?</p> + +<p>—Sí—respondió la otra, que era muy encendida de color, aunque de buen +ver y tenía ligero acento inglés—. Se está muy bien... sobre todo, +puede una ponerse a tiempo en guardia contra los indiscretos... +Continúe... ¡me interesa tanto lo que me está contando!</p> + +<p>—Pues sí, esta Georgina, de que le hablaba, es muy complaciente con mi +hermano, quien le paga en la misma moneda: como ya, le he dicho, +Georgina Bacot trabaja en las <i>Folies-Lyriques</i>, por cuya razón mi +hermano anda mucho entre bastidores, y allí se encuentra a menudo con la +madre de Georgina, que fue también actriz en sus tiempos... y mi hermano +nos contaba el otro día a mamá y a mí que una de estas noches pasadas +había encontrado en la escena, durante un entreacto, a la madre de +Georgina... Estaba mirando por el agujero del telón cuando de pronto se +volvió a aquél y le dijo con voz llorosa... «Hay cosas que halagan a una +mujer... ¿creerá usted, señor, que hay esta noche en la sala cuatro de +mis antiguos amantes... y todos senadores?»</p> + +<p>—¡Oh! Mariana—dijo la linda inglesa.</p> + +<p>—Pero la historia del peluquero es todavía más divertida—replicó +Mariana.</p> + +<p>—¡Oh! cuénteme la historia del peluquero... cuéntemela.</p> + +<p>Mariana titubeó un momento.</p> + +<p>—No, mi cara Eva—añadió Mariana riendo—: ésta es realmente demasiado +salpimentada.</p> + +<p>—¡Se lo ruego, querida mía!</p> + +<p>—Pues bien, ese peluquero... pero no... mi buena Eva... +decididamente... es demasiado... no puede pasar... La dejaremos para una +de esas noches en que se nos va un poco la mano en el champagne.</p> + +<p>Pasaron cerca de un rosal. Mariana cortó una rosa y se la puso en el +pecho.</p> + +<p>—¿Y ese pintor que llegó ayer, qué le parece, Eva?</p> + +<p>—Tiene buenos ojos y algo de genial en la fisonomía—respondió la +interpelada.</p> + +<p>—Sí, pero sin distinción—arguyó la niña, haciendo desdeñosa mueca—. +El otro... ese sí... el amigo Pedro... ¡ese sí que quisiera yo +encontrármelo una noche en cualquier rincón del bosque!</p> + +<p>—El encuentro sería un tanto peligroso—objetó Eva.</p> + +<p>—Donde no hay riesgo, no, hay deleite—apoyó Marianita—. Entre +paréntesis, ninguna lástima tengo yo a mi prima la de Aymaret, que le ha +dado su corazón... etc. Digo, así se dice, yo no sé si es verdad... lo +que sí sé es que se ven casi todos los días... con este pretexto... y +con aquél... y con el de más allá.</p> + +<p>—Parece que no es muy dichosa con su marido la pobre vizcondesa, ¿es +cierto?</p> + +<p>—¿Qué mujer es dichosa con su marido, mi buena Eva? Y si no, vea qué +bien se entienden los Laubécourt, que son nuestros compañeros de +temporada.</p> + +<p>—Es verdad, he notado que tienen siempre los dos caras de entierro... +¡mire usted que algunas mañanas en el almuerzo!</p> + +<p>—¡Algunas mañanas! ¡Y peor algunas noches!</p> + +<p>—¿Cómo así?—preguntó Eva.</p> + +<p>—Pero, querida, mía, ¿no sabe usted las causas de sus desavenencias?... +El señor de Laubécourt tiene pasión por los niños, en tanto que a la +señora la horrorizan... y tiene razón, a mi entender.</p> + +<p>—¡Oh! ¿por qué, amada mía?</p> + +<p>—Primero, porque nada hay más incómodo ni más enojoso que esos muñecos +para una mujer que ama la sociedad... segundo, porque cuando se es +bonita desea conservarse el mayor tiempo posible... y los niños, es +sabido, son los verdugos de la belleza.</p> + +<p>—No comprendo, Mariana, ¡a mí me parece...!</p> + +<p>Aquí Mariana bajó la voz para responder, y pareció como que explicaba +algún trascendental misterio a su amiga, quien enrojeció ligeramente.</p> + +<p>—Ahora me explico—manifestó ésta con aire pensativo—por qué el señor +de Laubécourt tiene un aspecto de tanta tristeza.</p> + +<p>—¡Si no fuera más que tristeza!... pero es que casi todas las noches, +en su cuarto, pasa con su mujer escenas terribles.</p> + +<p>—¡Ya lo creo! ¡hay de qué! ¿Y qué es lo que aquélla le responde?</p> + +<p>—Le responde... le responde... ¡chito!—concluyó Marianita.</p> + +<p>Al decir esto las dos rompieron en una carcajada, y como la campana +anunciara el almuerzo, se alejaron en dirección al comedor.</p> + +<p>Aún no se habían perdido de vista, cuando Fabrice, que durante el +sorprendido curioso diálogo cambiara con Pierrepont frecuentes y +edificantes miradas, le preguntó a éste con la calma que le era +habitual.</p> + +<p>—¿Quién es esta expeditiva señora, esta preciosa Mariana?</p> + +<p>—Mi buen Fabrice—dijóle el marqués—, no es una señora, es una +señorita.</p> + +<p>—¡Diablo!—replicó vivamente el pintor—. ¿Y la otra... Eva?</p> + +<p>—Es su institutriz.</p> + +<p>—¡¡Dia...blo!!—acentuó Fabrice con energía.</p> + +<p>Y volvió tranquilamente a preparar su paleta.</p> + +<p>—Como hoy mismo voy a presentarte a esas inocentes, sería inútil +ocultarte que tan aventajada criatura es la señorita de la Treillade, y +no parece de más advertirte que esta mañana precisamente, me la +recomendaba, mí tía cual un modelo de todas las virtudes... Verdad es +que añadía que era muy instruída... en lo que, como has visto, no se +equivocaba... Cuando pienso que tal vez me hubiera decidido por ella, +siento escalofríos... Ahora comprenderás por qué razón he prescindido de +todos los principios de la delicadeza ante la idea de darme exacta +cuenta sobre los principios de esa señorita... Diríase que la suerte me +ha presentado la ocasión de juzgarla... Te aseguro que no me arrepiento +de mi falta... ¡Vamos a almorzar!</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="V" id="V"></a>V</h2> + +<p class="tit">la vizcondesa de aymaret</p> + + +<p>El primer impulso de Pierrepont fue ir a contar en caliente a la +baronesa la instructiva conversación que acababa de sorprender, entre la +que aquélla llamaba su joya predilecta y la digna institutriz de tal +encanto; pero, después de haber reflexionado un poco, prefirió aplazar +la modificación, reservándola como un argumento dilatorio para el día en +que la señora de Montauron lo empujase de nuevo a resolverse en +definitiva. Atormentado por dudas de que el lector conocerá pronto la +causa real, si ya no es que la haya adivinado, el joven marqués, en sus +indecisiones, deseaba ante todo ganar tiempo. Continuó, pues, durante +aquel día y los sucesivos, tomando parte activa en las distracciones de +la bulliciosa colonia que habitaba los Genets, haciendo creer a su tía +que se ocupaba a través de juegos y de risas, en profundos estudios y +maduras observaciones acerca del carácter de aquellas señoritas, +quienes, en realidad, lo tenían sin cuidado.</p> + +<p>Entretanto, el retrato de la señora de Montauron adelantaba poco a +poco. Las sesiones artísticas se tenían en el salón blanco, y después de +la interesada y del pintor, únicamente Beatriz asistía a ellas; pero +autorizado por su competencia en materias artísticas, solía el marqués +introducirse tal cual vez en el santuario, aparentando seguir con el más +vivo interés el trabajo del pintor, quien pudo advertir con ese motivo +las respetuosas atenciones que Pedro demostraba siempre a la lectriz de +su tía. Era el único de entre los huéspedes del castillo que la tratase +de igual a igual; todos los demás, con especial las señoras, tomaban +ejemplo de la baronesa, para afectar con la pobre Beatriz aires de fina +superioridad o de desdeñosa protección. Fabrice notó que aquella parte +más penosa en las funciones de la lectriz las prevenía Pierrepont con el +mayor cuidado; él era quien se levantaba para acercar el taburete, +colocar un cojín, abrir una ventana, llamar un criado, desviviéndose, en +fin, por satisfacer los caprichos sin número de una anciana señora +enfermiza, nerviosa, y de un tan imperioso, cuanto superlativo egoísmo. +Pero la baronesa parecía preferir con mucho los servicios de la señorita +de Sardonne a los de su sobrino.</p> + +<p>—Muy bien, Pedro... mucho te lo agradezco... y Beatriz también, +supongo... aunque te diré con franqueza que los hombres tienen la mano +demasiado pesada para estos delicados menesteres... no hay como Beatriz +para arreglarme los cojines sin molestarme... ¿No es verdad, señor +Fabrice?... Además, hijo mío, no quiero monopolizarte... tú eres aquí +un poco dueño de casa... y te debes a mis huéspedes, que son también los +tuyos... Anda, pues, con ellos... anda... ¡dame gusto!... anda.</p> + +<p>De todas las amigas de infancia de Beatriz, una sola, mayor que ésta en +dos o tres años, le había quedado obstinada y tiernamente fiel. Esa +amiga era la vizcondesa de Aymaret, prima de la señorita de La +Treillade, cuya linda calumniadora había perfidamente asociado el nombre +de aquélla con el del marqués de Pierrepont, en su crónica escandalosa. +La señora de Aymaret habitaba el verano la pequeña posesión de las +Loges, situada a dos kilómetros, poco más o menos, de los Genets. En el +campo como en París, dejaba raras veces pasar una semana sin ir a ver a +Beatriz, arrostrando denodadamente para llenar tan sagrado deber de +amistad, las temibles iras de la señora de Montauron, quien temía, +juzgando por varias apariencias, que la amable persona no viniese a ser +un obstáculo para el deseado casamiento de su sobrino.</p> + +<p>Pierrepont, que tal vez sin motivo no tenía muy alta opinión de las +femeninas virtudes, alababa con calor las de la señora de Aymaret, de lo +que la baronesa venía a deducir, con mundana lógica, que era su amante.</p> + +<p>Sea como quiera, es lo cierto, que la vizcondesa de Aymaret constituía +para la señorita de Sardonne, tan sola, tan abandonada, un consuelo y +una confidente de impagable precio: sólo delante de ella abandonaba +alguna vez Beatriz su máscara impasible dejando correr sus lágrimas... +Y, sin embargo, aun para ella guardaba su corazón un secreto. Cierto +día, habiéndola encontrado la vizcondesa en su alcoba deshecha en llanto +a consecuencia de una de esas humillantes escenas que la señora de +Montauron no le evitaba, rogóle vivamente su amiga que abandonase el +servicio de la vieja dama, aceptando un asilo en su propia casa. Beatriz +titubeó al pronto, pero después de un momento de reflexión respondióle +abrazándola:</p> + +<p>—¡Qué buena eres!... ¡Cuánto te lo agradezco!... pero excúsame... soy +todavía, a pesar de todo, demasiado altiva, para aceptar casa y mesa por +pura caridad... Aquí al menos sirvo para algo... tengo deberes... presto +algunos servicios, gano mi pan... en tu casa no sería otra cosa, al fin, +que una parásita.</p> + +<p>Como su amiga procurase afectuosamente vencer sus escrúpulos, Beatriz le +replicó sonriendo tristemente...</p> + +<p>—¡Y además, tu marido me haría la corte!</p> + +<p>La señora de Aymaret, que conocía bien a su consorte y que lo sabía +capaz de violar sin escrúpulo alguno las santas leyes de la +hospitalidad, inclinó con dolor la cabeza y no insistió.</p> + +<p>El vizconde de Aymaret hubiera deseado, como otros tantos en el mundo, +haber sido un hombre honrado, sobrio, arreglado de conducta y enemigo de +la sota de copas, y si le gustaban las mujeres, el juego y el vino +hasta, el escándalo y la degradación, era... que no podía remediarlo. +Los psicólogos lo mirarían quizás como una víctima del determinismo, +pero para el común de mártires era sencillamente un tunante.</p> + +<p>Tenía agradable aspecto, y no le faltaba inteligencia; mucho lo había +amado su mujer, pero él hubo de observar tal comportamiento con ella que +la vizcondesa concluyó por profesarle el más completo desprecio. Sentía +hacia su marido, sin embargo, una especie de lástima, y aun se prestaba +a la singular manía en que últimamente aquél había dado revelando a su +propia mujer, sus pérdidas al juego, sus desventuras amorosas, su +naufragio moral, y cómo le eran indispensables las mujeres para +consolarse de las traiciones del juego, y el vino para olvidar las +femeninas veleidades. Se dirá que en escucharlo probaba su mujer +paciencia de santa, pero hay de entre aquéllas algunas que merecen ser +canonizadas.</p> + +<p>La señora de Aymaret tenía dos hijos de este indigno marido, dos hijos +que fueron su consuelo y en los cuales cifraba todas sus afecciones. Era +una de esas raras mujeres que el marqués de Pierrepont hubiese +seriamente amado; la habría amado por sus suaves encantos, por un no sé +qué de luminoso que orlaba su blonda cabeza, por la gracia de su +aristocrático marchar, por la tierna claridad de sus tiernos ojos, que +como los de Enriqueta de Inglaterra, parecían estar siempre pidiendo +besos. Y todavía aún la hubiera amado porque era honrada, por ese +atractivo inexplicable que para todo humano inmortal tiene el prohibido +fruto; la habría también amado por un impulso de generosa simpatía, +porque mejor que a nadie eran notorias a Pedro las íntimas tristezas de +la vizcondesa. Miembro del mismo club que de Aymaret, había visto más de +una vez a su consorte, en los comienzos de su matrimonio, venir a +buscarlo en la mañana enrojecidos los ojos por las lágrimas y el +insomnio.</p> + +<p>En resumen, procuró al principio el vizconde consolarla, sin alcanzar su +objeto; muy admirado de su previsto fracaso, acabó por aceptar +francamente su situación, ese hombre de mundo, contentándose con esa +especie de reservada amistad que le ofrecía su adorable cónyuge. Desde +ese día, continuaron tratándose bajo el pie del confiado compañerismo, +fácil, y no exento de cierta ironía.</p> + +<p>La señora de Aymaret, que era grande entusiasta por las artes, sentía +viva admiración por los talentos de Jacques Fabrice. Poseía la +vizcondesa algunas acuarelas que databan de los primeros tiempos del +pintor, verdadero tesoro de cuya propiedad considerábase orgullosa. La +llegada del artista a los Genets despertó en ella ardiente curiosidad, y +le gustó el hombre por su modesto continente y su grave melancolía. +Constantemente preocupada de la situación penosa y precaria de su amiga +Beatriz, recordaba ella que antes de los desastres de la familia de +Sardonne, había demostrado aquella joven serias aficiones por la pintura +a la acuarela, y la señora de Aymaret se dijo que Fabrice podría darle +algunas lecciones durante su residencia en los Genets, alentando al +mismo tiempo sus naturales disposiciones y dando así vida a sólidas +aptitudes que podrían asegurar tal vez a la huérfana una existencia +independiente en lo futuro. Beatriz, a pesar de su amargo desapego a +todo, aceptó la idea con algún interés.</p> + +<p>—Pero—objetó a su amiga—, ¿cómo pedir semejante favor a ese +caballero?... Yo nunca me atreveré.</p> + +<p>—Podrías—replicóle la vizcondesa—rogar al señor de Pierrepont que se +encargara de hablarle.</p> + +<p>—No—dijo Beatriz—; el señor de Pierrepont podría disgustar a su tía +dando ese paso.</p> + +<p>—No me parece que la epidermis del marqués sea tan delicada por lo que +se refiere a manías de la baronesa... Por otra parte, nada nos obliga a +desenvolver a Pedro nuestro plan de operaciones... Es natural que tú +procures perfeccionar tus conocimientos cuando la ocasión se te +presente... ¿Quieres que yo le hable al marqués?</p> + +<p>—Me harías un gran favor.</p> + +<p>El mismo día que ocurrió esta conversación, la banda de invitados fue a +visitar cierta estación termal próxima a los Genets. Pierrepont se había +quedado en el castillo pretextando una ocupación cualquiera, y como la +señora de Aymaret saliese del parque para volver a los Loges, +atravesando el vecino bosque, advirtió que Pedro se hallaba desatando +una canoa junto al estanque que alimentaba el riachuelo del parque.</p> + +<p>—¿Cómo vamos?—díjole la vizcondesa, haciéndole con su sombrilla señas +de que se acercase—. Tengo que hablar a usted.</p> + +<p>—Escuchar es obedecer—respondió Pedro alegremente.</p> + +<p>—Pues bien: usted sabe o no sabe que Beatriz trataba muy lindamente la +acuarela antes de sus desgracias... Ella desea volver a las andadas y +tomar algunas lecciones del señor Fabrice durante su residencia aquí... +¿Se puede contar con los buenos oficios de usted?</p> + +<p>Pierrepont reflexionó algunos segundos.</p> + +<p>—Con mis buenos oficios no puede contarse en este caso, vizcondesa; con +los de usted, sí... Dicho se está que estoy enteramente a la disposición +de usted y de la señorita de Sardonne... pero siendo Fabrice invitado +mío, estoy seguro que usted se abstendría de pedirle cosa que podía +tener los visos todos de una semi-imposición... mientras que si usted +misma le presentase el memorial, ya eso tiene otra forma... Mire +usted... precisamente iba a embarcarme para ir a buscarlo... Está +sacando un croquis al pie de la cascada, allá abajo... ¿Quiere usted +venir conmigo?</p> + +<p>—¿Embarcada?—preguntó la señora de Aymaret.</p> + +<p>—¡Embarcada! ¿Por qué no?... es a cinco minutos de aquí... Si es el +<i>tête-à-tête</i> lo que asusta a usted, no será largo... Otros hemos visto +peores, créalo usted... Por otra parte, así queda usted a dos pasos de +su casa... Vamos, querida vizcondesa, confianza... confianza.</p> + +<p>—¡Vamos, pues!</p> + +<p>Y apoyándose en el brazo de Pierrepont, saltó con ligereza a la canoa.</p> + +<p>Pedro tomó los remos, puso aquélla en movimiento y, abandonándola al +hilo de la corriente, se dejó ir suavemente.</p> + +<p>Y por cierto que era encantador este riachuelo oculto bajo el follaje de +los sauces y de los fresnos que festoneaban sus orillas. Únicamente +habíase practicado acá y allá algún ligero claro para comodidad de los +aficionados a la pesca. Además, se deslizaba en silencio bajo arcos de +verdura apenas interrumpidos lo bastante para que el sol dejara pasar +tal cual dorado, tembloroso rayo.</p> + +<p>Después de un momento de silencio, Pierrepont interpeló bruscamente a su +compañera en ese tono, medio serio, medio irónico, que era de uso entre +ellos.</p> + +<p>—¡Señora de Aymaret!</p> + +<p>—¡Mi querido amigo!</p> + +<p>—¿Sabe usted que quieren casarme?</p> + +<p>—¡Es natural!</p> + +<p>—¡Pues bien... decididamente, huyo el cuerpo a ese santo lazo... estoy +desalentado!</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—¡Porque cuanto más observo, más me convenzo de que ya no hay niñas +honradas, y, por consecuencia, no puede haber tampoco fieles esposas!</p> + +<p>—¿Qué ha dicho usted?</p> + +<p>—Digo, que ya no hay mujeres honradas... al menos en nuestra clase... +es una especie desaparecida.</p> + +<p>—¡Perdone usted!—repuso la señora de Aymaret—. ¿A mí se atreve usted +a decirme eso?</p> + +<p>—Bien sabe usted que a usted la exceptúo... Usted ha nacido virtuosa, +es su complexión de usted, pero... es una complexión rara.</p> + +<p>—¡Ah! perfectamente—replicó la vizcondesa—, así nos juzgan ustedes... +¡no hay mujeres honradas!... y si se encuentra una de la que por +casualidad no dudan ustedes... entonces es que ha nacido así como +hubiera podido nacer tuerta... no hay mérito porque no ha habido ni +tentación, ni lucha, ni nada... ¡Ay, Dios mío! ¡qué duro de oír es eso, +y cuán ligeras, injustas y crueles son esas apreciaciones!</p> + +<p>—¡Querida vizcondesa!—murmuró Pierrepont, conmovido por el sincero +acento de aquélla.</p> + +<p>La señora de Aymaret prosiguió diciendo en contenida, aunque vibrante +voz:</p> + +<p>—No puede llamarse una traición que yo hable de los detalles de mi vida +íntima... todo el mundo los conoce, y usted mejor que nadie... Y usted +sabe que si jamás una mujer tuviera disculpa en conducirse mal... esa +mujer sería yo... pero no, tengo hijos... dos hijos, y quiero que mañana +se diga... «Si el padre era un pobre hombre... un desgraciado loco... la +madre fue una mujer honrada... una digna persona...» ¿Y usted cree que +resignarme a esto me ha sido fácil... no es verdad?... Me ha sido fácil +porque es mi temperamento... porque he nacido así... sin pasiones y sin +debilidades... ¡Ay, Dios mío, Dios mío, y lo cree usted!... ¡lo cree +usted! ¡usted!...</p> + +<p>—¡Señora!—balbuceó el marqués con emoción y dificultad—; sería en mí +una necedad insigne pensar siquiera... por más que halagase mi amor +propio... Sin duda he comprendido a usted mal...</p> + +<p>—¡No!—continuó la vizcondesa con mayor vivacidad aún—. Me ha +entendido usted muy bien... de usted se trata... Usted me ha hecho la +corte... No sé si usted me amaba entonces... en cuanto a mí, lo amaba a +usted... y... lo amo todavía... lo confieso a usted atrevidamente... y +lo confieso a usted porque mi franqueza no tendrá consecuencias... +Honrada soy y honrada seré, por mis hijos... Así, pues, crea usted... +crea usted... que nunca seré su amante... pero nunca tendrá usted una +amiga mejor que yo... De eso puede estar seguro.</p> + +<p>Y apartó su mirada del rostro de Pedro, enjugándose una furtiva lágrima.</p> + +<p>—¡Déme su mano, señora!—díjole el marqués.</p> + +<p>La vizcondesa accedió a su ruego, y él entonces, sin añadir una palabra, +besó delicadamente la mano de aquélla.</p> + +<p>Siguióse en seguida un largo silencio, apenas turbado por el leve +murmullo del agua: Pierrepont lo rompió primero, procurando volver a la +ligera tonalidad acostumbrada entre los dos.</p> + +<p>—En realidad, usted tiene un poco la culpa en las contrariedades que me +está haciendo soportar este matrimonio... porque si no hubiera conocido +a usted sería menos difícil.</p> + +<p>La señora de Aymaret movió graciosamente la cabeza sin responder.</p> + +<p>—Me gustaría—añadió el marqués con seriedad—, recibir una esposa de +su mano.</p> + +<p>—Es muy delicado eso... Jamás me atreveré a arrostrar semejante +responsabilidad... nunca osaría designarle una persona... aun cuando su +nombre estuviera para caerse de mis labios.</p> + +<p>—¿Qué quiere usted decir con eso?</p> + +<p>—Nada.</p> + +<p>—¿Piensa usted en alguien?</p> + +<p>—En nadie.</p> + +<p>—¡No es usted sincera en este punto!</p> + +<p>—¡No! pero doblemos la hoja, hablemos de otra cosa, se lo ruego... ¿Es +complaciente su amigo Fabrice?... ¿Sería amable conmigo si tuviese +necesidad de pedirle algún favor? ¿Qué cree usted?</p> + +<p>—Estoy seguro de que sí... Pero es necesario que bajemos aquí; de otro +modo la corriente nos arrastraría por encima de la esclusa.</p> + +<p>En efecto, el riachuelo caía en el Orne a poca distancia, franqueando un +pequeño dique. El salto de agua se dividía en dos brazos, de los cuales +uno daba movimiento a un molino instalado en la orilla. He ahí el motivo +de paisaje que Fabrice bosquejaba cuando la señora de Aymaret y +Pierrepont se le juntaron.</p> + +<p>Después de los cumplimientos de usanza, la señora de Aymaret, +ruborizada—por nada se ruborizaba esta mujer adorable—, habló al +pintor de su pretensión, que el artista acogió con la mejor voluntad.</p> + +<p>—Será para mí un placer—dijo a la vizcondesa—, dar consejos a la +señorita de Sardonne, aunque ella haya abandonado un poco el estudio de +la acuarela... ¿La señorita de Sardonne copiaba ya la naturaleza o +únicamente la muestra?</p> + +<p>La señora de Aymaret, siempre ruborizada, no pudo asegurarle nada sobre +aquel particular.</p> + +<p>—¿Y qué hora preferiría la señorita de Sardonne para sus lecciones?</p> + +<p>La señora de Aymaret interrogó a Pierrepont con una mirada.</p> + +<p>—Creo—respondió el marqués—, que la señorita Beatriz no tiene durante +el día más que, una hora libre... es aquella en que mi tía duerme la +siesta después del almuerzo.</p> + +<p>—Perfectamente; entonces ésos son nuestros momentos.</p> + +<p>La propiedad de la vizcondesa hallábase frente del molino: los dos +amigos la acompañaron hasta la portada y volvieron a los Genets haciendo +comentarios sobre los atractivos de aquella encantadora criatura; mas de +Beatriz no hablaron ni una sola palabra.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="VI" id="VI"></a>VI</h2> + +<p class="tit">el secreto de pedro</p> + + +<p>Fabrice presentó aquella noche misma sus servicios a la señorita de +Sardonne, quien pagó su atención con una de aquellas hermosas sonrisas +que tan de tarde en tarde iluminaban con dulzura tanta sus trigueñas +mejillas. Deseó el pintor ver algunos de los bosquejos por Beatriz +comenzados, mostrándoselos ésta con cierto aire de confusión; eran +copias directas de la naturaleza misma que el artista no halló +desacertadas. Convinieron, pues, en que a contar del día siguiente al de +la entrevista empezarían de nuevo, y durante la siesta de la baronesa, +los interrumpidos estudios sobre la acuarela, bajo la dirección de +Fabrice.</p> + +<p>Imposible era poner en práctica proyectos tales sin contar de antemano +con el no fácil beneplácito de la señora de Montauron, encargándose el +marqués de empresa tan de por sí escabrosa, y éralo ella tanto, que tía +y sobrino estuvieron a punto de reñir con este motivo ligera escaramuza. +La baronesa creía que bajo las inesperadas artísticas aficiones de su +lectriz emboscábase una intentona de emancipadora rebelión, y ya que no +pudiese oponer un formal veto sin manifestar al desnudo su celoso +despotismo, desahogó su mal humor presentando un diluvio de objeciones.</p> + +<p>—¡Es gracioso que esa señorita se permita disponer de su tiempo sin mi +permiso!—dijo a su sobrino.</p> + +<p>—Perdone usted, tía, no dispone sino de aquel que buenamente le deja +usted libre.</p> + +<p>—¡Es que puede hacerme falta a cada momento!</p> + +<p>—¡Vamos, tía! ¿para qué puede usted necesitarla mientras se halla usted +durmiendo?</p> + +<p>—¡Sí, pero me parece absurdo que yo la tenga toda la vida a mi lado +para proporcionarme el placer de verla embadurnar papel de marquilla!</p> + +<p>—¡La pobre no tiene tantas distracciones que digamos, mi buena tía... y +ésta es tan inocente!</p> + +<p>—¡Sí, inocente!... ¡por supuesto!... ¡qué tontísimo eres!... yo estoy +segura de que Fabrice gusta a... a su señoría... No puede negarse, la +verdad que es hermoso, con la más peligrosa de las hermosuras... la +hermosura tenebrosa de los hombres de inteligencia... y luego, eso, el +prestigio del talento... ¿Crees tú que esos cotidianos <i>tête-à-tête</i> +entre maestro y discípula no han de traer sus consecuencias?</p> + +<p>—Sí, tía, lo creo... sobre todo cuando el alumno es la señorita de +Sardonne.</p> + +<p>—¡Muy bien! ¡Me gusta! ya verás cómo esas dichosas lecciones nos van a +proporcionar un disgusto.</p> + +<p>Así, después de haber dado rienda suelta a su enfado, se resignó la +anciana dama a que Beatriz tomase lecciones de acuarela: por ende todos +los días, entre una y dos de la tarde, instalábase la huérfana en una +silla al lado de Fabrice para dibujar a la vista de éste, ya un paisaje, +ya un motivo de arquitectura, si bien por atendibles razones de +decencia, nunca se apartaron de debajo de las ventanas del castillo, +donde, por otra parte, encontraban suficiente tema de estudio, ora aquel +señorial edificio, ora en las rientes circunvecinas campiñas.</p> + +<p>Entretanto había llegado la apertura de la caza, y esta novedad trajo a +los huéspedes de los Genets otro elemento de animación y de placeres. +Las señoritas de la colonia se ensayaban en este género de sport, con +gran desesperación y terror grande de los cazadores serios. Pierrepont +era, según inapelable sentencia de su tía, el encargado de iniciar y +moderar los venatorios ímpetus de aquellas jóvenes Dianas, dándole en +sus funciones no escaso trabajo Mariana de La Treillade, quien, para la +caza, como para otras muchas cosas, mostraba singularísimas +disposiciones. Debemos confesar, a fuer de sinceros, que el marqués se +ocupaba con predilección marcada de aquella señorita desde que +descubriera cómo aquellos grandes y cándidos ojos encubrían tesoros de +precoz perversidad, porque la verdad es que esta mezcla picante divertía +su incurable dilettantismo.</p> + +<p>La señora de Montauron, que estaba siempre en acecho, ojo avizor y oreja +al viento, cayó en la eterna trampa de las apariencias, interpretándolas +a la medida de sus deseos. Resolvió en vista, coger al vuelo eso que +ella denominaba, el momento psicológico, y firme en sus propósitos hizo +cierta mañana comparecer al marqués en la hora habitual de sus +audiencias secretas. Al inexorable mandato acudió inquieto y receloso +Pierrepont, porque bien, le decía su claro instinto que su tía iba a +ponerlo, sin escape alguno, entre la espada y la pared.</p> + +<p>—¡Amigo mío!—rompió la baronesa con aire de triunfo—, me parece de +más preguntarte si te has decidido. Tus procederes con la señorita de La +Treillade son, por dicha mía, bastante significativos; así, pues, recibe +mi enhorabuena.</p> + +<p>—Tía, ¡cuantísimo siento tener que desengañar a usted! Cierto es que la +señorita de La Treillade me interesa... porque, a pesar de su extremada +juventud, es una excelente actriz... pero, con franqueza, nunca me +casaré con ella.</p> + +<p>—¡Cómo! ¿qué quiere decir eso?—preguntó la baronesa roja de cólera.</p> + +<p>—Escúcheme usted, tía.</p> + +<p>Y Pedro le contó sin omitir punto ni coma la conversación que cierta +mañana sorprendiera desde las ventanas de Fabrice, entre la señorita de +La Treillade y su institutriz.</p> + +<p>—Si antes no le había contado esto—añadió—, ha sido porque me costaba +trabajo causar a usted semejante desilusión.</p> + +<p>Desconcertada un instante bajo el golpe de tal desencanto, la baronesa +recobró pronto su sangre fría y con agrio tono repuso a su sobrino:</p> + +<p>—Después de todo, yo no veo en eso más que niñerías... baladronadas de +muchacha que juega a la señora... apostaría que a pesar de eso no dejará +de ser con el tiempo una honrada y amable esposa.</p> + +<p>—¡Es posible! pero no quiero exponerme a la prueba—objetó Pedro.</p> + +<p>—¡Nadie te fuerza, hijo mío! pero si pretendes casarte con una niña +criada en una cueva, con una niña que nada haya visto ni oído y que +lleve a la cámara nupcial el candor de la cuna, eres más inocente de lo +que yo conjeturaba.</p> + +<p>—Tía, no creo realmente manifestar ridículas exigencias, pidiendo a mi +futura mujer principios más sólidos que los de la señorita de la +Treillade, para quien los niños son polichinelas molestos, verdugos de +la belleza... y en cuanto a las escandalosas historias, a las pocas +decentes bromas, a los eróticos equívocos con que aquella señorita +esmalta sus conversaciones con sus amigas, sé de sobra que por desdicha, +es hoy moneda corriente entre señoras de alta sociedad, y aun, lo que es +peor... entre solteras... Pero, si me caso, es precisamente para no oír +en mi casa lo que escucho en la de cualquier cortesana... Todo lo +contrario, deseo para siempre olvidar ese tono, ese lenguaje de que me +siento harto hasta el fastidio... ¡Quiero respirar un poco de aire puro +en mi hogar!</p> + +<p>—Amado mío—replicó con cierta dulzura la baronesa, en quien el firme y +serio acento de Pierrepont causó efecto—, esos sentimientos te hacen +honor ciertamente... si tantas prevenciones guardas contra las jóvenes +del día, bien puedes ir pensando en renunciar al matrimonio... porque, +dime, ¿en qué parte del mundo vas a encontrar una señorita que no sea un +puro misterio?</p> + +<p>—¡Tía, francamente! antes de correr el riesgo de casarme con un +misterio como la señorita de La Treillade, preferiría mil veces meterme +en la Trapa... pero, en fin, si es imposible, como el otro día me decía +usted, tomar las mujeres a prueba, no creo que lo sea encontrar alguna +que ofrezca ciertas garantías... alguna que especiales circunstancias... +una educación particular... aquélla, por ejemplo, que se adquiere en la +desgracia... hayan puesto de relieve sus méritos... y cuyo pasado +constituya una seguridad para el futuro.</p> + +<p>La vieja dama echó furtivamente torcida y equívoca mirada a su sobrino, +y frunciendo sus pálidos labios objetóle con agridulce tono:</p> + +<p>—¡Sí, sin duda! puede encontrarse la joya que deseas... pero debo antes +observar que las niñas criadas en la escuela de la adversidad, +generalmente no tienen un cuarto.</p> + +<p>—¡Tía, el dote para mí es cuestión secundaria!</p> + +<p>—¡Claro está!... ¡Eres tan rico!... ¡tienes gustos tan sencillos!... +verdad es que, según toda probabilidad, serás mi heredero... pero me +permitirás te recuerde que tendrás que esperar mucho tiempo... Mi padre +murió de ochenta y cinco años, de lo que puede deducirse que yo tengo +aún treinta por delante... y no te ocultaré que mi intención es ésa...</p> + +<p>—¡Tía!—exclamó Pierrepont con acento de sentido reproche.</p> + +<p>—¡Bien!, te ofendo... tienes razón... estas decepciones me ponen de mal +humor... ya hablaremos de nuevo... ¡ahora vete!</p> + +<p>Y Pierrepont se retiró, besando antes a la baronesa en las dos manos.</p> + +<p>Una vez sola, levantóse aquélla bruscamente de su sillón y dio algunos +pasos por su gabinete, aspirando con descomunal ira el frasco de +inglesas sales, mientras que se entregaba para su corpino a este +aproximado monólogo:</p> + +<p>—¡No hay duda! Piensa en ella... ¡Como que ya yo lo había +barruntado!... ¡Claro, sus atenciones para con ella!... ¡Su distraída +indiferencia hacia las demás!... ¡Sus perpetuos aplazamientos!... ¡Nunca +lo hubiera creído capaz de semejante locura!... ¡Qué absurdo!... ¡Qué +absurdo tan culpable!... ¡Primero, quitarme a esa muchacha que ha +llegado a serme indispensable!... Después, imponerme la carga de +mantenerlos, porque los desafío a que vivan si yo no los ayudo... ¡Están +frescos!... Pero, ¿se entienden?... ¿Se han puesto de acuerdo?... ¿Es +tiempo todavía de parar el golpe?... ¡Eso es lo que ante todo necesito +averiguar!</p> + +<p>Llamó, presentándose una doncella.</p> + +<p>—A la señorita Beatriz, que venga.</p> + +<p>Aproximóse la baronesa a su tocador, humedeció su frente y mejillas, por +la emoción enrojecidas, y volvió a sentarse, con una falsa sonrisa en +los labios, cuando Beatriz entró.</p> + +<p>—Señora...</p> + +<p>—¡Escúchame, hija mía!... Esta pasada noche reflexionaba... pensaba en +ti... pensaba que yo era para ti todo lo que debo ser... todo lo que +quiero ser... Soy una anciana enferma... Esa es mi excusa... Tus +cuidados, tus buenos oficios me son preciosos, no lo oculto... sería +para mí contrariedad muy grande verme privada de ellos.</p> + +<p>—Pero, señora, yo absolutamente pienso...</p> + +<p>—Sé lo que vas a decir... no piensas abandonarme, y eso me encanta... +Sin embargo, si defecto hay en el mundo que me sea antipático y del cual +trate de preservarme con el mayor cuidado, es el egoísmo... y la noche +pasada me preguntaba a mí propia si el valor extremo que concedo a tu +compañía no argüía un poco de aquella pasión con respecto a ti... Así, +pues, hija mía, me ha parecido conveniente decirte que de ninguna manera +pretendo confiscar tu vida en mi provecho... Eres bonita, hija mía, y a +pesar de la adversidad que con tanta injusticia te ha herido, no es +imposible, ni mucho menos, que algún pretendiente aspire uno u otro día +a tu mano...</p> + +<p>—Señora, aseguro a usted...</p> + +<p>—¿Que esta circunstancia no se ha presentado todavía, vas a decirme?... +¡Sea! pero puede ofrecerse de un momento a otro... Aquí, como en París, +recibo mucha gente, y nada tendría de particular, que el día menos +pensado saliese al paso un hombre de gusto y de corazón... (espéralo +sentada, se dijo para sí la baronesa). En fin, lo que en resumen quiero +decirte es que, si el caso llega, no obstante el sacrificio que tu +ausencia fuese para mí, ten la seguridad de que yo nunca sería un +obstáculo... Muy al contrario, en mí hallarás el más decidido apoyo... +Permitiéndome poner una sola condición, que te parecerá, creo, muy +natural... Y es que me prometas no comprometerte a nada sin prevenirme +de antemano.</p> + +<p>—Señora, ése es mi deber, y puede usted estar segura de que jamás +faltaré a él.</p> + +<p>—¡Bueno, hija mía! permíteme un beso.</p> + +<p>Beatriz se levantó y le presentó la frente.</p> + +<p>—¡Ah!—prosiguió la baronesa haciendo seña a la huérfana de que se +sentara de nuevo, y cual si de pronto hubiera venido a su memoria un +detalle olvidado por azar...—Aun tengo que decirte algo... por más que +la precaución sea inútil... Al dejarte entera libertad en la elección +del hombre que escojas para marido, queda dicho, sin embargo, que hago +una excepción: mi sobrino Pedro.</p> + +<p>Al oír estas palabras, tan rápida y profunda fue la turbación de la +lectriz, que pareció imposible a la baronesa hacerse la inadvertida.</p> + +<p>—¡Oh! ¡compréndeme, hija! ¡No des mal sentido a mis palabras! No hay en +ellas nada de depresivo para ti... Por otra parte, nada tampoco tengo +que decir de tu comportamiento personal... Es irreprochable... Y no +ignoro que eres, por tu nacimiento y tus particulares prendas, digna de +mi sobrino... Y aun ve si soy sincera: añado que, a mi entender, Pedro, +al menos hasta ahora, no piensa en ti más de lo que tú piensas en él... +Pero, al cabo, es deber de una madre... ¿no soy yo como una madre para +ti?... es deber de una madre prever aun lo imposible cuando entra en +juego el interés y la dicha de sus hijos... ¡Sé bastante generosa para +escucharme hasta el fin!... Pues bien, si alguna vez pudiese entrar en +la cabeza de mi sobrino y ceder a la tentación del atractivo que el +fruto prohibido tiene para los vividores hastiados como él, me creeré en +la imperiosa obligación de oponerme, por todos los medios posibles a la +realización de su capricho... Voy, hija mía, a ponerte al corriente de +nuestros secretillos de familia. ¡Tan grande es la confianza que me +inspiras!... Mi sobrino Pedro no tiene sino... una insignificante +fortuna, que basta apenas, aun sumadas las larguezas que yo agrego, que +basta apenas, decía, a persona de su nombre y aficiones, para llevar +pasablemente y con cierto decoro su vida no ejemplar de soltero... Supón +que en una hora de locura se case con una muchacha sin dote... es la +estrechez... la miseria... y, lo que es peor, a la larga un detestable +hogar... porque mi sobrino, ya su capricho satisfecho, concluiría por +tomar aborrecimiento a la mujer que lo habría reducido a una premiosa +existencia... Verdad que hasta ahora es el heredero de mi fortuna, mas +en primer lugar no he muerto... y puedo vivir todavía muy bien una +treintena de años. (¡Tal era su ardiente deseo!) Y, en segundo, si Pedro +se casa contra mi voluntad, no solamente tendría que dejar de contar +conmigo en vida, sino lo que es más, declaro inapelablemente que lo +desheredaría, sin titubear un solo minuto... ¡Por cierto que anda por +ahí un sobrino de mi marido que, si tal sucediera, se daría con una +piedra en los dientes!... Ahora, hija mía, que te he abierto mi corazón, +como sentía necesidad de hacerlo, sólo me queda dirigirte una súplica... +Ya te he dicho cuan satisfecha estoy de tus atenciones y de tus +cuidados... ¿Tendré la satisfacción de saber que por tu parte concedes +alguna estima a lo poco que en tu obsequio he hecho hasta ahora?</p> + +<p>—Señora, no lo dude usted un momento.</p> + +<p>—Pues bien, hija mía, se te ofrece la ocasión—dijo la anciana dama con +solemne acento—de mostrarme tu gratitud; empéñame tu palabra de +señorita, y de señorita de noble clase, de que lo que te acabo de +manifestar será para siempre un secreto a guardar entre las dos.</p> + +<p>—Empeño a usted mi palabra.</p> + +<p>—¡Eres un tesoro, hija mía!... dame un beso... ¿quieres decir abajo que +no me aguarden para almorzar?... No me encuentro bien... Cuando me dejo +dominar por mi desdichada sensibilidad, me pongo mala, de seguro... Di a +Juan que me suba aquí alguna cosa ligera... Lo dejo a tú elección... Ya +conoces mis gustos, hija mía.</p> + +<p>—Muy bien, señora.</p> + +<p>Y Beatriz abandonó el gabinete..</p> + +<p>Si algo de práctico hubo, como no puede negarse, en la larga homilía de +la baronesa, será preciso excusar a la señorita de Sardonne de que +verdades tales y tales advertencias no fuesen de su agrado. Lo que sobre +todo le había causado disgusto profundísimo, fue la falsa bondad, la +cazurra malicia, la perfecta y cruel diplomacia con que esta vieja hada +de la falacia la había envuelto y torturado, a fin de arrancarle como +final objetivo el más doloroso de los sacrificios, sacrificio mayor +todavía ahora por cuanto no escapaba a la penetrante mirada de la +huérfana cómo el marqués, al mismo tiempo que no concedía a sus rivales +otra cosa que las muestras de una fría urbanidad, reservaba para ella +atenciones tan expresivas que rayaban casi en la ternura. La misma +inquieta hipocresía de que la baronesa acababa de darle transparente +testimonio, decía claro a Beatriz cuánto sospechaba la vieja dama acerca +de las intenciones de su sobrino y cuánta rosada esperanza podía ella +abrigar en su pecho... Y, sin embargo, ahora más que nunca se encontraba +amarrada a su adverso destino, ya que no sólo había empeñado su leal +palabra a la de Montauron, sí que también teñía Beatriz en sus amantes +manos la suerte o la total ruina del hombre de sus predilecciones, +porque conocía demasiado la huérfana a la baronesa para poner un solo +instante en duda que, si Pedro se casaba contra la voluntad de su +orgullosa tía, no dejaría ésta por motivo alguno de poner en práctica +sus fulminantes amenazas; así, pues, veíase la joven sin ventura +reducida a temer lo que anhelado había más en la vida, y ante el temor +de verse expuesta, a prueba superior a sus fuerzas, rogaba al Cielo que +su elegido jamás llegase a amarla.</p> + +<p>Pero ya lo era... No había sido sin reñir violentos interiores combates +que el marqués se hubiese abandonado a la pasión secreta que la señorita +de Sardonne le inspirara; desde el primer día, deslumbrado por su +resplandeciente hermosura, interesado por un inmerecido infortunio, +púsose con prudencia en guardia contra un sentimiento cuyos peligros +preveía; pero su indispensable asiduidad hacia su tía, poniendo casi +diariamente a Beatriz ante su vista, habían concluído por derrotar tan +sesudos propósitos. Su afición fue agrandándose al compás del tiempo, y +con el transcurrir de los días llegó lentamente a ese fatal estado en +que alma, corazón y sentidos llegan a absorberse en la incontrastable +atracción hacia una mujer, ella sola, ella única, ella... A fuerza de +verídicos, cúmplenos confesar que el ensueño que al marqués inspiraran +los sombríos y profundos encantos de la hermosa lectriz, no tomó desde +luego la forma de un meditado matrimonio; Pierrepont se hallaba muy +lejos de ser un malvado, pero había vivido demasiado en el mundo y +precisamente en ese mundo en que los crímenes de amor encuentran siempre +complacientes jueces; además, la pasión tiene avasalladoras exigencias, +y cuando la mujer entra en juego no hay nunca perfectos caballeros, +presintiendo que sería de todo punto imposible obtener de la baronesa un +consentimiento trastornador de todos sus planes, un momento se agitó en +el alma de Pedro la idea de la seducción, pero ese fondo de honor y +rectitud que formaban su carácter íntimo acabó por hablar, imponiéndose, +y el amor quedó subsistiendo tan ardiente y más puro. La ejemplar +conducta de Beatriz en la situación penosa y delicada que la desventura +le había aparejado, tocaron el corazón del marqués en su más noble +sitio, porque esta joven probada y purificada por la adversa suerte, +esta joven seria, bella, casta, realizaba el ideal que él se había +forjado de la mujer para llenar su hogar, para ser honor y encanto de su +privado techo.</p> + +<p>Su prolongada residencia en los Genets, aproximándolo aún más a la +señorita de Sardonne gracias a cotidianas relaciones, fue exaltando su +pasión de día en día, hasta ese punto en que ella puede ser rebelde y +sorda a los argumentos de la razón, a los dictados del propio interés.</p> + +<p>El de Pierrepont, en el asunto de su matrimonio, era por manera tan +clara y evidente obedecer a su tía ciñéndose, a sus inspiraciones, que +desconocerlo así habría sido demencia consumada, y como a aquél no se +obscurecía esta circunstancia, la lucha que venía sosteniendo entre su +pasión y su razón tomaba por estos días el más punzante y lúgubre +aspecto. Decíale su buen sentido que, a ceder a sus íntimos +sentimientos, concertaba un matrimonio de amor, corría el casi seguro +riesgo de perder con las buenas gracias de su tía la fundada esperanza +de su rica sucesión, y, en consecuencia, podría caer en estado de muy +precaria fortuna, mensajera de duros sacrificios; no era un niño; sabía +lo que cuesta el vivir; conocía de memoria cuán caras son las +distracciones en la alta sociedad parisiense; caballos, teatros, lujo; +sería necesario, pues, renunciar a todo eso, y lo que es peor aún, +imponer a aquella que iba a ser su mujer privaciones idénticas.</p> + +<p>¿Se amarían bastante en el futuro para que sus recíprocas ternuras +viniesen a compensar todo lo que faltarles pudiera en presente y +porvenir? Horas había en que así lo pensaba en la amante efusión de su +alma, otras corrían en que la idea de sus gustos contrariados, de su +porvenir sin esperanzas, de su mujer en la estrechez, lo clavaban +desalentado en el umbral de sus resoluciones...</p> + +<p>Tres días después de la entrevista que celebrara con su tía y en la cual +entrevista había a medias librado a aquélla su secreto, tal vez por +inadvertencia, quizás con intención, presentóse Pedro a mediodía en +casa, de la vizcondesa de Aymaret. Encontró a esta señora leyendo en el +terrado que se prolongaba entre la puerta de su salón, mientras que sus +dos hijos de blondas cabelleras jugaban a sus pies.</p> + +<p>—¡Dios mío! ¿qué sucede?—decía la vizcondesa a Pierrepont que la +saludaba—; ¿qué hay?... ¡Qué pálido está usted!... ¿Está usted malo?</p> + +<p>—¡Absolutamente!—replicó Pedro sonriendo—. Solamente vengo a pedir a +usted un favor un tanto enojoso... ¿Podría hablar a usted un momento a +solas?</p> + +<p>La vizcondesa echóle sorprendida y curiosa mirada.</p> + +<p>—¡Entremos!—replicóle después.</p> + +<p>—¿Puedo cerrar las puertas?—preguntó el marqués.</p> + +<p>—¡Ciertamente!</p> + +<p>Pierrepont cerró las ventanas sentándose a algunos pasos de la +vizcondesa.</p> + +<p>—Cuando decía a usted el otro día durante nuestra navegación que +desearía tomar mujer por elección de usted, declinó usted esa +responsabilidad, pero al mismo tiempo creí comprender que un nombre +estaba a punto de caer de sus labios...</p> + +<p>—¡Es posible!</p> + +<p>—¡Dígamelo!</p> + +<p>—¡Nunca!</p> + +<p>—¿Ni aun cuando yo rogara que tuviese usted a bien ofrecer mi mano a su +amiga Beatriz?</p> + +<p>—¿De veras?—murmuró la vizcondesa.</p> + +<p>—No me permitiría jamás, vizcondesa, la broma más leve en asunto tan +serio.</p> + +<p>Un relámpago de intensa alegría iluminó de pronto el gracioso rostro de +la señora de Aymaret, y lanzando un grito de contento, tomó vivamente +las manos de Pedro, diciendo a éste:</p> + +<p>—¡Ah! es usted un perfecto caballero.</p> + +<p>—¿Quedamos, pues, en que se encarga usted de mi embajada?</p> + +<p>—¡Ya lo creo!—replicó la encantadora vizcondesa saltando de gozo.</p> + +<p>—Pero, puesto que es usted un poco confidente de la señorita de +Sardonne, ¿no puede usted calcular cómo acogerá la misiva?</p> + +<p>—Debo decirle con franqueza que no conozco absolutamente sus íntimos +secretos... si los tiene... Pero, en fin, según lo que yo me imagino, +quedaría más que sorprendida si su demanda de usted no fuera bien +acogida.</p> + +<p>—Usted sabe muy bien que no soy rico—añadió Pedro con cierta timidez.</p> + +<p>—Para ella lo es usted... ¡pobre Beatriz!... y además...</p> + +<p>Aquí interrumpióse de súbito y preguntó a Pierrepont:</p> + +<p>—¿Qué dice de esto su tía de usted?</p> + +<p>—No dice nada, porque nada sabe.</p> + +<p>La señora de Aymaret se incorporó bruscamente en su silla.</p> + +<p>—Pero, querido amigo, eso es muy grave... puede usted encontrar en su +oposición un obstáculo invencible.</p> + +<p>—Puede proporcionarme la oposición de mi tía una grave contrariedad, +mas suscitarme un obstáculo invencible, no, porque desde el momento que +he dado cerca de usted este paso es que estoy decidido a todo.</p> + +<p>—Amigo mío, bien sabe usted que su matrimonio con Beatriz ha sido +siempre mi más cara ilusión... pero soy demasiado amiga de usted para no +preguntarle si ha reflexionado usted maduramente sobre las posibles +consecuencias que para usted pueda tener su resolución.</p> + +<p>—Todo lo he previsto, mi buena amiga... Es evidente que mi tía, que +abriga sobre mí otros proyectos, se mostrará al principio muy +irritada... Sin embargo, me parece que el cariño que me tiene no es +grande, en tanto que es muchísimo su apego al nombre de familia, de que +yo soy el único representante... Fundándome en esto, no desespero de +traer a mi tía a la razón a fuerza de cariño y de buenos procederes... +aunque no se me oculta que corro el riesgo de enajenarme su voluntad en +el presente y quizás en el futuro... Faltaría a la verdad si no le +confesase a usted que me sería doloroso renunciar a las esperanzas de +mejor posición que por ese lado abrigo... pero aún es para mí más +ingrato abandonar este proyecto de casamiento con su amiga de usted, en +que fundo mi dicha... Todo lo que deseo es que la señorita de Sardonne +acepte mis proposiciones dignándose concederme su mano, sin que entre en +sus designios ser mañana la poseedora de una fortuna que puede muy bien +escapársenos... ¿Puedo contar absolutamente con usted a fin de que le +indique cuál puede ser nuestro porvenir si mi tía me deshereda?</p> + +<p>—Ciertamente puede usted.</p> + +<p>—Usted sabe mi fortuna personal... Usted sabe que es muy modesta... +pues bien, que la señorita de Sardonne no lo ignore.</p> + +<p>—Creo que Beatriz se preocupará bastante menos que usted de esos +detalles... Tiene naturalmente gustos elegantes y distinguidos, porque +es una gran señora... pero suelen ser las grandes señoras las que mejor +saben llevar, si el caso se presenta, una vida modesta y sencilla... +Sin embargo, déjeme usted reflexionar un poco.</p> + +<p>Apoyó el brazo sobre el velador, dejando caer en la mano su adorable +cabeza, y después de meditar un momento preguntó a Pedro, cubiertas de +rubor las mejillas, si le causaría invencible sonrojo aceptar una no +abrumadora ocupación que pudiera añadir a sus medios serios recursos. +Aseguróle la vizcondesa que ella tenía amigos y parientes en importantes +empresas financieras, y que no le sería difícil encontrar para él uno de +esos empleos en que se pide más la respetabilidad que los conocimientos +especiales. El marqués le dio las gracias, no sin enrojecer a su vez un +poco, mostrándose cordialmente dispuesto a aprovechar sus buenos +oficios.</p> + +<p>—¿Y cuándo quiere usted que hable a Beatriz?</p> + +<p>—Vizcondesa, lo más pronto posible, le suplico... le aseguro que hasta +que conozca su respuesta estaré en angustias de muerte... Usted ve que a +esta carta juego mi porvenir... es para mí un momento solemne... y, a +pesar de sus seguridades de usted... qué sé yo... no tengo gran +confianza... ¡tengo miedo!</p> + +<p>—¡Hola, amiguito!—arguyó la de Aymaret riendo—. ¡Bueno, voy a darle +una cita para mañana!</p> + +<p>Acercóse a su escritorio y escribió este corto billete:</p> + +<p>«Querida, quisiera verte un instante a solas, tengo algo que decirte. +Mañana a las 10 estaré en tu casa. Mil besos.—<i>Elisa.</i>»</p> + +<p>Entregó la esquela a Pierrepont, conviniendo con él en que al día +siguiente se verían en una de las avenidas de los Grenets después de la +entrevista con Beatriz.</p> + +<p>Apenas de vuelta en el castillo, entregó Pedro a la huérfana, que se +preparaba para la comida, la misiva de la señora de Aymaret; leyóla +aquélla de prisa y no vio al pronto en su contenido nada de +extraordinario, nada que pudiera distinguirla de esa correspondencia +trivial que casi diariamente cruzaba con su amiga. Fue sólo aquella +noche cuando Pedro le preguntó si había leído el billete que de Elisa él +le trajera, que Beatriz advirtió la turbación y el desconcertado +continente del marqués.</p> + +<p>—¿Ha ido usted hoy a casa de la señora de Aymaret?—le preguntó la +señorita de Sardonne.</p> + +<p>—Sí... y aun hemos tenido una conversación muy larga... y muy +interesante.</p> + +<p>—¡Ah!—exclamó aquélla—, ¿y sobre qué?</p> + +<p>—Acerca de usted misma.</p> + +<p>Beatriz no respondió nada y se alejó dulcemente: se sentía en trance de +muerte: había entrevisto de un golpe la verdad, y parecíale que el cielo +se rasgaba para fulminarla con sus rayos.</p> + +<p>El deber más penoso que la señorita de Sardonne debía llenar en servicio +de la baronesa, era leerle a ésta por la noche, y a veces hasta muy +tarde, en tanto la anciana dama no lograba dormirse; en seguida Beatriz +se retiraba a sus habitaciones procurando a su vez conciliar el sueño, +si lo conseguía la pobre enamorada: aquella noche no alcanzó ganarlo, +que pasó sus mortales horas en mil veces leer y en comentar mil veces el +billete de su fiel amiga; transcurrieron para ella lentos los instantes +en cien veces decirse a sí misma que el momento de la terrible prueba no +se hallaba remoto y que la conminatoria arenga de la señora de Montauron +no fue más que el preludio de infernales torturas.</p> + +<p>¡Luego era verdad!... Ese hombre que, de hacía tantos años, fuera el +pensamiento de su pensamiento, la vida de su vida, había contra toda +vislumbre de esperanza pedido al fin su mano, esa amante mano a quien +tardaba posarse en la de él; y ella veíase forzada a rehusársela so pena +de faltar a deberes sagrados de conciencia y de honor, a deberes +sagrados no sólo ante ella misma sino también ante su propio amado. Pues +qué, ¿no se le había advertido que al desposarlo causaba su ruina? Y ni +aun decirle podía en qué fundaba su negativa, dándose a sí misma, +proporcionando a él ese postrer consuelo; no podía, sin hacer traición a +su palabra leal, sin arrastrarlo a fuer de caballero, a empeñar una +querella de familia cuyos resultados serían funestos para su propio +elegido.</p> + +<p>En su desamparo, ni suficiente le pareció siquiera su habitual plegaria +para pedirle fuerzas a Aquel que las otorga, y al romper el día salió +del castillo atravesando las húmedas praderas, en busca de la iglesia, +allá, en el límite del aún dormido bosque: momentos después habría +podido vérsela en el templo rogando desolada con fervor de mártir que +se apresta al supremo sacrificio.</p> + +<p>Al volver, como siguiese la orilla del riachuelo, arrodillóse en sus +márgenes, empapó en el agua el pañuelo y humedeció sus ojos abrasados +por lágrimas de fuego: dos horas más tarde la señora de Aymaret entraba +radiante de alegría en las habitaciones de la huérfana. Comenzaron por +besarse según costumbre, después de lo cual, anticipándose Beatriz a la +vizcondesa, le habló en estas palabras:</p> + +<p>—¡Es singular! Cuando anoche recibí tu billete iba yo a escribirte +rogándote que vinieras hoy a verme... tengo que pedirte un favor...</p> + +<p>—¿Un favor?—repitió la señora de Aymaret sentándose a su lado.</p> + +<p>—Sí... tú conoces personalmente al cura de San ***—y designóle una de +las más aristocráticas parroquias de París.</p> + +<p>—¿El padre D***? Seguramente, es mi confesor.</p> + +<p>—Si no me engaño, ¿es superior de las Carmelitas de la calle d'Enfer?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—Te suplico que le escribas dos renglones recomendándome a su +amabilidad: deseo ponerme al habla con él.</p> + +<p>Alteróse el rostro de la vizcondesa, que interrogó a Beatriz con mirada +inquieta.</p> + +<p>—Sí, pero me parece que ni pensarás siquiera...—díjole con emoción a +la huérfana su seductora amiga.</p> + +<p>—¿En entrar en el Carmelo?—repuso aquélla—. ¿Y por qué no?... Hace +tiempo que lo vengo pensando... mucho tiempo... ¿Qué mejor puedo hacer +sino abandonar este mundo, para mí tan duro?... Perdóname, amada Elisa, +si antes no te he hablado de mis proyectos... pero, en asunto tan grave +como éste, no hay mejor consejero que uno mismo... En materias de valor +y de vocación, cuando se consulta a un tercero es que se carece del uno +y de la otra...</p> + +<p>—¡Pero, por Dios, hija mía!... Tu vocación no la han hecho sino el +desaliento y la desesperación... Arrastras aquí, al lado de tu falsa +bienhechora, una existencia odiosa, sin esperanza probable de mejora... +pero, ¿y si yo te trajera no sólo esa esperanza sino la certeza de un +porvenir más dulce, más digno... un porvenir dichoso, en fin...? ¡Vamos! +óyeme, escúchame... ya te he dicho que estoy encargada de una misiva +para ti... ¿Quieres hacerme el favor de escucharme, repito?</p> + +<p>—Bueno... habla, mas sea lo que sea aquello que vas a decirme, no +alteraré en un punto mi resolución...</p> + +<p>—Entonces, te encuentras decidida a causar la desdicha de un dignísimo +caballero... Me refiero al marqués de Pierrepont, quien denodadamente +pide tu mano.</p> + +<p>Beatriz clavó en los ojos de su amiga una mirada fija, extraña, sombría, +mezcla de sorpresa y desvarío.</p> + +<p>—¡Dios mío!—balbució en sorda voz.</p> + +<p>—Y bien, amada mía—prosiguió la señora de Aymaret estrechando las +manos de la de Sardonne—; ¿no es eso mejor que el convento?</p> + +<p>—Me hallo, como bien lo ves, totalmente turbada con lo que acabas de +decirme... pero no te engañas acerca de la causa de mi emoción... +Experimento sorpresa... gratitud... Siento muchísimo responder con una +negativa a la generosa demanda del señor de Pierrepont... al honor que +me dispensa... pero, como te he dicho, mis ideas van por otro camino... +otros son mis sentimientos, y no pienso alterarlos.</p> + +<p>—Había creído comprender, Beatriz, que tu decisión no era irrevocable.</p> + +<p>—Cierto... debo reflexionar todavía.</p> + +<p>—Entonces, ¿me autorizas para que responda al marqués que pensarás?... +¿que no debe perder esperanzas?</p> + +<p>—Si le dijeses eso le engañarías.</p> + +<p>—¡Cómo! ¿aun cuando no entraras en el convento rehusarías su mano? +¡Ah!—exclamó la vizcondesa—, ¡aquí hay gato encerrado!... ¡tú amas a +otro! ¡Tú amas a otro!—repitió la señora de Aymaret sin sospechar qué +torturas imponía a su amiga.</p> + +<p>—Tal vez—murmuró Beatriz.</p> + +<p>—¿No hay esperanzas, pues?</p> + +<p>Beatriz respondió melancólicamente por un negativo signo de cabeza.</p> + +<p>—¿No puedo saber quién es?</p> + +<p>—¡Elisa, no insistas, te ruego!</p> + +<p>—¡Bueno! ¡está bien!—replicó aquélla con vivacidad—, ¡antes eras más +franca conmigo!... ¡adiós, hija!</p> + +<p>Y se dirigió rápidamente a la puerta.</p> + +<p>—¿No me das un beso?...—le preguntó la pobre Beatriz.</p> + +<p>—¡Siempre! ¡no uno, mil!—replicó tiernamente la vizcondesa saltando al +cuello de su amiga.</p> + +<p>Besáronse largo tiempo deshechas en lágrimas, y, en medio de su efusión, +cambiáronse todavía algunas palabras, recomendando Beatriz a Elisa que, +por razones que brevemente le explicó, nada dijese a nadie, el marqués +exceptuado, acerca de su proyectada entrada en religión.</p> + +<p>La señora de Aymaret abandonó el castillo y tomó el camino de las Loges, +fraguando en su cabeza el mejor plan para atenuar en lo posible el rudo +golpe que aguardaba a Pedro, resolviendo al cabo en sus adentros, +insistir sobre la entrada de su amiga en el Carmelo y dejar en la sombra +esos misteriosos amores cuya semi-confidencia había logrado arrancar a +Beatriz. No tardó la vizcondesa en divisar al marqués, quien lentamente +se paseaba en la convenida alameda, y como aquél reconociese a su vez a +la de Aymaret, se aproximó en seguida, no sin que la consternada +fisonomía de la joven dama hubiérale ya tácitamente revelado cuál fuese +su definitiva sentencia.</p> + +<p>—¡Que no!—se anticipó a decir a su confidente. Esta le apretó con +fuerza la mano poniéndose a caminar al lado de Pedro, mientras le decía +agitada febrilmente:</p> + +<p>—Nada de depresivo para usted... nada que pueda herir su dignidad... +¡Al contrario!... Se ha sentido conmovida hasta el llanto de lo que +ella llama su generosidad de usted... Pero el caso es que ha tomado una +gran resolución... Se va al convento... Entra carmelita... Sí, señor, +carmelita... Mi sorpresa es tan grande como la de usted... porque yo +sabía que era piadosa, creyente, pero no beata... Necesariamente la +lleva a dar este paso esa vida miserable que arrastra al lado de su +horrible tía de usted... dispénseme usted la palabra... Le he prometido +guardar el secreto para con todo el mundo, excepción hecha de usted... +Porque su tía de usted se pondría furiosa de perderla y Beatriz no la +prevendrá hasta el último momento por miedo de que le juegue una mala +pasada... Y ahora, amigo mío, si quiere usted tomar mi consejo...</p> + +<p>Pero, al decir esto, se interrumpió a sí misma al notar la profunda +palidez del marqués: paróse, pues, y tocándole en la espalda con su +pequeña enguantada mano, díjole:</p> + +<p>—¡Realmente lo siente usted mucho, amigo mío!</p> + +<p>—¡Siento que mi existencia se desploma!—replicó Pedro, sonriendo con +tristeza—. Escúcheme... crea usted que nunca olvidaré cuánto le debo... +Pero, ¿está segura de que se va al convento?</p> + +<p>—Me ha encargado ponerla en relaciones con el cura de San ***, que es, +al mismo tiempo, superior del Carmelo.</p> + +<p>—¿Está usted segura de que eso no es un pretexto? ¿Amará a otro?</p> + +<p>—¿A quién?... eso es muy improbable.</p> + +<p>—Pues entonces, ya es algo—añadió Pierrepont—, que su alma se +encuentre libre.</p> + +<p>—¡Sin duda alguna, amigo mío!—corroboró la de Aymaret—, y ahora, me +parece que debería usted alejarse de ella un poco de tiempo.</p> + +<p>—Es lo que pienso hacer.</p> + +<p>—¡Sin embargo, hay un inconveniente! ¿Cómo va usted a explicar su +partida a su tía en medio de este período de fiestas en su casa?</p> + +<p>—Justamente la casualidad me proporciona una excusa, que me parece +aceptará aquélla. Ayer, sin ir más lejos, he recibido carta de un amigo +de Inglaterra, lord S... invitándome a ir a pasar con él dos o tres +semanas en Batsford-Park. El convite tiene un carácter especial; se +trata de una reunión de caza a que debe asistir un personaje de sangre +real que se ha dignado designarme entre las personas que desearía lo +acompañaran; me propongo, pues, partir mañana.</p> + +<p>—¡Es lo mejor!—asintió, la señora de Aymaret.</p> + +<p>Entretanto había llegado a la vista de las Loges; el marqués paróse un +momento, y tocando la mano a la vizcondesa, le dijo con acento +conmovido:</p> + +<p>—No sé si tendré tiempo de ver a usted antes de mi partida... hasta la +vista, pues... ¡mil y mil veces gracias!</p> + +<p>—¡Dios mío! ¿gracias de qué?</p> + +<p>—De su leal amistad... hasta la vuelta...</p> + +<p>—¡Hasta la vuelta!</p> + +<p>Y se alejó en dirección a las Loges, mientras que Pierrepont volvía al +castillo.</p> + +<p>So pretexto de una violenta jaqueca abstúvose aquella mañana la señorita +de Sardonne de presentarse en el almuerzo, pero su ausencia no escapó a +la suspicaz atención de la baronesa, como tampoco se le había ocultado +la sombría preocupación de su sobrino. Conocía también ya que la señora +de Aymaret tuvo aquella mañana y en hora inusitada cierta misteriosa +entrevista con Beatriz; así, pues, relacionando estos tres incidentes y +atando cabos, vino a caer en la cuenta de lo que pasaba, creyendo +comprender que una parte de sus sospechas habíanse realizado, aunque sin +poder discernir con claridad cuál había sido el resultado; era de entera +evidencia para la señora de Montauron que su sobrino había dado un paso +decisivo cerca de Beatriz... Pero, ¿con qué éxito?; lo ignoraba, y el +averiguarlo era indispensable, por cuanto si el anonadamiento visible de +su sobrino podía significar que había sufrido una negativa, pudiera +argüir también que, hallándose al cabo por obra de Beatriz de la +oposición y amenazas de su tía, meditaba el marqués sobre esos textos.</p> + +<p>De un lado la certidumbre, del otro el temor de una escena enojosa, +mantuvieron un día a la señora de Montauron en terrible agitación de +espíritu; así que cuando en la velada comunicóle Pedro la carta de lord +S... anunciándole que bajo la reserva de su aprobación contaba partir al +día siguiente, la primera impresión de la baronesa fue la de un grande +alivio, porque de cualquier lado que el asunto se mirase, esa +precipitada fuga no significaba en puridad otra cosa sino la +desesperación de un enamorado en derrota... Beatriz había sin duda +alguna cumplido su palabra, y de ese cuadrante toda tempestad resultaba +conjurada. En otras circunstancias, la señora de Montauron habría +sujetado a muy severo examen el vínculo obligatorio de la invitación +británica, pero, si en las actuales coyunturas la súbita ausencia de su +sobrino desconcertaba algunos de sus planes contrariándola en ciertos +respectos, veíase en cambio libre de obsesión tan pesada, que ante esa +idea otorgó su permiso con relativa buena voluntad.</p> + +<p>Por consecuencia, al día siguiente, bien de mañana, el marqués de +Pierrepont tomaba el tren, acompañado de las caricias de su tía y de las +maldiciones de aquellas señoritas.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="VII" id="VII"></a>VII</h2> + +<p class="tit">rivales</p> + + +<p>Cuando Pierrepont abandonó el castillo de los Genets en las +circunstancias que acabamos de describir, hacía ya más de doce días que +Fabrice también se hallaba de vuelta en París, súbitamente llamado por +una indisposición de su hija Marcela, indisposición que dio cierto +cuidado a las Hermanas de Auteuil, en cuyo instituto educábase la niña. +La baronesa había visto con muy malos ojos la partida del pintor, por +cuanto así se aplazaba indefinidamente la terminación de su retrato, de +que ella, a justo título, se sentía no sólo cumplidamente satisfecha, +sino hasta orgullosa, porque en él se veía, cual si se mirara en su +espejo, con un no sabía qué de algo más que ese pícaro espejo le +rehusaba obstinadamente, habiendo tenido el artista la galante +condescendencia de otorgárselo.</p> + +<p>Al día siguiente de su llegada a París escribió Fabrice a la baronesa +que había encontrado a la niña restablecida, mas que le era forzoso +prolongar la ausencia en dos o tres semanas, a fin de dar a la +convaleciente, antes de volverla a la pensión, las distracciones que +reclamaba su estado. Testigo Pierrepont del vivo descontento que causaba +a su tía paréntesis tal, le sugirió la idea de apresurar la vuelta del +pintor a los Genets haciéndolo acompañar de la enfermita, quien con los +puros aires del campo lograría más pronto restablecimiento. Aunque +gruñendo un poco, concluyó la señora de Montauron por dar el +beneplácito, y como Pedro tuviera que pasar por París para ir a +embarcarse en Boulogne, fue el encargado de trasmitir la invitación a +Fabrice.</p> + +<p>Cuando el marqués anunció a este amigo su viaje a Inglaterra, donde +debía permanecer varias semanas, no pudo el artista dominar su extremada +sorpresa.</p> + +<p>—Pero, ¿y tus proyectos de matrimonio?—le preguntó.</p> + +<p>—Mis proyectos de matrimonio, querido Jacques, han ido a juntarse con +las nieves de antaño... El casamiento visto a la distancia se me había +presentado como a otros hombres de mi edad bajo aspectos muy +halagüeños... Pero, a medida que me aproximaba, fue tomando tales formas +de esfinge y de quimera, que he acabado por desalentarme... Cuando he +encarado de frente los inconvenientes, me he convencido de que no puedo +vencerlos con mis medios... Rehuso, pues, y recobro mi libertad.</p> + +<p>—Y tu tía, ¿qué dice?</p> + +<p>—Mi tía... tiene paciencia... pero a ti te reclama a voz en grito, y +para anticiparse a cualquier objeción te ruega que vayas con Marcelita, +que hará allí buena provisión de salud corriendo en los bosques.</p> + +<p>Aunque demostrando su agradecimiento, manifestó Fabrice dudas y empacho +en admitir las ofertas de la baronesa. Pedro insistió: se pondría a la +niña una doncella, con el exclusivo objeto de que la cuidase; el médico +iría a verla diariamente... En fin, el artista, pareciendo tomar con +esfuerzo una resolución ingrata, preguntó a Pedro si podía concederle +media hora de atención para escucharlo.</p> + +<p>—¡Media hora!... y una... cuantas quieras.</p> + +<p>—Siéntate, entonces—le dijo Fabrice mostrándole un ancho diván que +ocupaba uno de los ángulos del taller. Sentóse Jacques junto al marqués +y comenzó así su diálogo, con voz turbada:</p> + +<p>—Voy a ser sin duda indiscreto... Pero, ¿debo entender que, según me +has dicho, abandonas los Genets libre de todo compromiso y aun toda idea +que se refiera a matrimonio? ¿He comprendido bien?... ¿Es así?</p> + +<p>—Has comprendido bien... así es.</p> + +<p>—¡Pues bien!... me sorprendes... yo hubiera jurado que amabas a la +señorita de Sardonne, y aun que pensabas casarte con ella.</p> + +<p>—¡Singular idea!...—dijo fríamente Pierrepont—. No, te equivocas; +conozco a la señorita de Sardonne desde su niñez y le tengo cierto +afecto... Eso es todo... Sabes, además, que mi fortuna es escasa y que +ella nada tiene... un matrimonio entre los dos sería una locura.</p> + +<p>—Puesto que ahí están las cosas, voy a hacerte una franca confidencia. +En la misma carta que se me participó que mi hija estaba indispuesta, se +me decía también que ya se hallaba restablecida, y no hubiera regresado +a París si no hubiese creído que debía aprovechar la ocasión para poner +a mis relaciones de amistad con Beatriz un punto final. Quería romper, +si ya era tiempo, la fascinación que sobre mí ejercía, considerándola no +sólo peligrosa para mi reposo, sino, lo que es más, desleal hacia ti.</p> + +<p>—Esos escrúpulos son dignos de tu caballerosidad, maestro queridísimo, +pero son infundados... y si abrigas, como me parece comprenderlo, +proyectos acerca, de la señorita de Sardonne, no tienes que temer, te lo +repito, ninguna rivalidad por mi parte.</p> + +<p>—Me dispensarás que te diga, caro marqués, que tus explicaciones no me +satisfacen... La señorita de Sardonne es casi de tu familia, y nuestras +conexiones de amistad son tales que no podrían abandonarme a mis +proyectos acerca de aquella joven sin obtener de antemano tu aprobación.</p> + +<p>Pierrepont se inclinó con gravedad, y prosiguió Fabrice:</p> + +<p>—Pero antes de darlo es preciso que conozcas mis sentimientos... +Fórmanlos elementos bastante heterogéneos... unos un tanto honrosos... +otros que lo son menos... Juzga con tu propio criterio... Puedo jurarte +que en mis relaciones cotidianas con Beatriz, ya en el salón de tu tía, +ya durante nuestras diarias lecciones de acuarela, me sentía a cada, +instante más influído por la simpatía, la estimación y el respeto que +aquélla me inspiraba; así como por su conducta y dignidad en soportar +sus sufrimientos, porque es imposible hacer cara a la desventura con más +altiva resignación; es imposible mantener con mayor decencia ni mayor +decoro una situación tan ambigua, delicada y peligrosa... Podría también +jurarte sin remordimientos que la idea de rescatar a aquella noble +criatura de la especie de abismo a que el infortunio la ha arrojado, ha +tenido en mis determinaciones parte muy principal, porque hay en esa +idea atractivos infinitos... Pero, en fin, ante todo y desde el primer +momento ha sido su hermosura la que me ha conquistado. Acabas de decirme +que conoces a la señorita de Sardonne desde su infancia, y sin duda por +eso, por el hastío que engendra el hábito, no te das cuenta de cuan +grande es su belleza... ¡Oh! ¡es fascinadora!... Tiene el puro, serio, y +un tanto trágico, encanto de Urania... y de Musa también; es su voz, +armoniosa y grave; encanta oírla leer; durante nuestras sesiones para +pintar el retrato de la baronesa, mil veces me ha asaltado la loca idea +de traerla a mi casa para hacerla el hada de este taller en que nos +encontramos... que por la magia de su presencia resplandecería cual otro +paraíso... Si hubiese conocido a la señorita de Sardonne en la alta +posición social en que nació, todo eso no habría pasado de un ensueño +pasajero de artista... uno de esos ensueños que con tanta frecuencia nos +asaltan... porque nosotros somos generalmente muy aristócratas en +nuestros amores... La mitad de nuestra vida la pasamos por ministerio +de la imaginación en muy altas esferas, en muy escogida compañía... +Vemos con harta frecuencia a las grandes damas en medio de los +esplendores de sus palacios, y entrevemos a las diosas tronando sobre +sus solios de nubes... Y aun es una de nuestras grandes decepciones, de +nuestros grandes dolores caer de pronto desde esas doradas alturas +encima de las ronzas de la tierra... Ahí tienes por qué, precisamente en +estas cuestiones de matrimonio, son tan graves nuestros errores y tan +profundos nuestros desencantos... ¡Ay! ¿quién lo sabe mejor que yo?... +Pues bien, te decía que si hubiese encontrado a la señorita de Sardonne +en todo el brillo de su nacimiento y de su fortuna, conozco demasiado +las leyes y las costumbres sociales como para que ni un momento se me +hubiera ocurrido aspirar a su mano... Pero, en fin, la veía desgraciada +y pobre... y al menos, si no en otro, en el camino de la riqueza me +encuentro ya... Aquellas circunstancias venían a acortar la distancia +entre nosotros... Podía al menos ofrecerla una posición independiente... +dar a su hermosura un marco digno de ella... y poco a poco me dejaba +ganar por una tentación tan poderosa, precisamente cuando me pareció +observar que tu amistad hacia la señorita de Sardonne tomaba el carácter +de más serios sentimientos... Desde ese momento mi línea de conducta +estaba trazada... ponerme en fuga...</p> + +<p>—Carísimo maestro—interrumpió Pierrepont—, eres un niño grande... +Todo eso me lo debiste contar... allá... en los... Genets... así te +habrías evitado un viaje de ida y vuelta.</p> + +<p>—Si diera rienda suelta a mi deseo—replicó el pintor—, ¿podría +contar, querido marqués, con tu simpatía y tus buenos consejos?</p> + +<p>—Simpatía desde luego... Cuanto a consejos, son siempre muy delicados +en estas materias... Yo no quisiera verte dar un paso en falso... Ante +todo es necesario saber si la señorita de Sardonne participa de tus +ideas.</p> + +<p>—Las ignora absolutamente—repuso el pintor.</p> + +<p>—¿Estás seguro? ¿En vuestras largas conversaciones durante la lección +de pintura no se te ha escapado nunca alguna palabra que la haya puesto +en sospecha?</p> + +<p>—Nunca. Era vuestro huésped.</p> + +<p>—Eres un caballero. En adelante, por lo que a mí se refiere, quedas en +completa libertad de hacer lo que te plazca. No debo ni puedo oponerme a +que la señorita de Sardonne sea dichosa contigo si ella así lo estima.</p> + +<p>—Pero, tú que la conoces de hace tanto tiempo, ¿crees que acogerá mi +demanda, si me atrevo al fin a presentársela?</p> + +<p>—En cuanto a eso, no sé qué decirte... ¡Es un carácter tan +misterioso!... Dicen que en su tiempo tuvo idea de entrar en el +convento... Pero eso tal vez fuera a falta de cosa mejor.</p> + +<p>—¿Y tú tía?</p> + +<p>—Mi tía se encuentra muy bien con su lectriz... Así es que por su parte +no debes aguardar muchos entusiasmos... pero no tiene ninguna autoridad +legal sobre Beatriz, quien depende en ese punto únicamente de su tutor, +cierto antiguo amigo de su padre, amigo por añadidura muy indiferente... +De modo que concluirá por decir amén a lo que a ella se le antoje.</p> + +<p>Hubo un corto silencio.</p> + +<p>—¿Crees—preguntó Jacques—que Beatriz querrá a mi hija, que se portará +bien con ella?</p> + +<p>—¿Por qué suponer lo contrario?</p> + +<p>—¡Es verdad!... ¿De manera que tu tía me permite que lleve la niña a +los Genets?</p> + +<p>—No sólo lo permite, lo desea.</p> + +<p>De nuevo quedaron en silencio.</p> + +<p>—Y bien, querido maestro, ¿es cuanto deseas que yo te diga?</p> + +<p>—Eso es todo... Te estoy sumamente agradecido... ¿Quieres darme tu +dirección en Inglaterra?</p> + +<p>Pierrepont se levantó, y escribiendo dos líneas en una de sus tarjetas, +la entregó a Fabrice.</p> + +<p>—¡Ahí tienes! Batsford-Park, Moreton in Marsh, Woorcester... ¡Adiós! +¡Hasta la vista!</p> + +<p>—¿Te vas esta tarde?</p> + +<p>—Esta tarde... sí... ¡Ea, hasta la vista!</p> + +<p>Diéronse la mano y se separaron.</p> + +<p>Únicamente por un esfuerzo de voluntad y altivez pudo el marqués seguir +hasta el fin la narrada conversación que fue para él interminable +suplicio, y tanto, que más de una vez tuvo que hacer un llamamiento a su +razón para no acusar a Fabrice de verdugo, despiadado e irónico... En +vano le había afirmado el artista con palmaria sinceridad que Beatriz +ignoraba su pasión; ¿qué sabía el pintor? Las mujeres tienen en esos +asuntos un don de doble vista sorprendente, y sobre todo con los pobres +de espíritu a la manera de Jacques Fabrice; tal vez la causa verdadera +de la negativa que Pierrepont había sufrido estribaba en ese amor que +ella vislumbraba y que se sentía inclinada a compartir desde el momento +que se le confesase.</p> + +<p>Dada la reputación que Jacques disfrutaba, era notorio que la puerta de +las grandes riquezas quedaba abierta para él, y, en ese caso, podía +contar con una pingüe renta para lo sucesivo: quizás era ése el mayor +atractivo para una muchacha criada en el lujo y ahora sumida en enojosas +privaciones a que le tardaba poner fin.</p> + +<p>En suma, aun haciendo lo posible para persuadirse de que sus temores +eran quiméricos y de que su rival encontraría a Beatriz tan inflexible +como se le presentara Pedro a él mismo, no podía éste defenderse contra +las angustias punzantes ni las locas injusticias de los celos.</p> + +<p>Casi se sentía inclinado a reprochar el leal comportamiento de Fabrice +ante cuya lealtad veíase obligado a inclinarse, cuando él se hubiera +creído dichoso en poderle arrojar al rostro cualquier sangriento +ultraje.</p> + +<p>Era, pues, ¡ay!, con sentimientos vecinos al odio que se alejaba del +amigo de su juventud.</p> + +<p>Este, por su lado, guardaba de la conferencia una impresión equívoca y +penosa, porque el lenguaje cortés y la casi impasible fisonomía del +marqués no habían sido parte a disimularle la especie de embarazo y de +frialdad con que aquél acogió su confidencia.</p> + +<p>Pedro, después de haber meditado sobre ese capítulo, acabó por +explicarse tal reserva merced a una razón que parecía verosímil: sin +duda hubo al principio de parte de Pierrepont, dados sus antecedentes y +opiniones, disgusto y extrañeza al considerar cómo un nombre de los +humildes orígenes de Jacques se atrevía a poner sus ojos en una joven de +elevada cuna, que era al mismo tiempo casi una parienta del marqués, +porque ya en más de una ocasión, aun en medio de su franca amistad, +había advertido Fabrice cómo tras del amable dilettantismo de Pedro +asomaba en ocasiones una punta de protección aristocrática, cual si su +amigo pretendiese arrogarse con respecto a él el papel de Mecenas. El +artista sonreía, como un sabio y un justo que era, absolviendo esas +debilidades radicadas en la levadura humana, pequeñeces al fin que +excusaba de buena voluntad por cuanto conocía cuan grande y noble fuese, +a pesar de ellas, el alma de su amigo.</p> + +<p>En la tarde misma de aquel memorable día de la entrevista, escribió +Fabrice a la señora de Montauron dándole gracias por sus atenciones, y +al día siguiente llegaba a los Genets acompañado de su hija Marcelita.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h2> + +<p class="tit">marcela</p> + + +<p>Marcela, la hija del pintor, era por estos tiempos una linda niña de +cinco años, que tenía la misma frente serena y seria de su padre, +cautivando, además, por el gentil donaire de su graciosa personita. La +señora de Montauron declaró ex cáthedra que tenía aire de española.</p> + +<p>—Y no es extraño—añadía la señora—, porque usted también, Fabrice, +tiene tipo español... ¿Está usted seguro de no serlo?... Recuerdo haber +visto en San Sebastián, hace dos o tres años, un torero que tenía con +usted extraordinario parecido.</p> + +<p>—Eso es muy lisonjero para mí, señora, pero crea usted firmemente que +mi único parentesco con aquel diestro, es la común descendencia de Adán.</p> + +<p>La sociedad de invitados de los Genets se había, renovado en parte +durante la ausencia del pintor, pero el personal femenino, aunque un +poco más frío por la ausencia de Pierrepont, era siempre numeroso y +brillante.</p> + +<p>Las mujeres en general, en su necesidad de conceder tiernas +demostraciones, aprovechan presto la ocasión de otorgarlas a algo o a +alguien; así, pues, Marcela no tardó en atraer sobre su monísima figura +las cariñosas efusiones de que tan pródigo es el sexo bello; únicamente +entre los habitantes del castillo, la señorita de Sardonne mostró hacia +la criatura lejanía e indiferencia, dirigiéndole como al paso breves +palabras, en tono brusco, distraído, casi enojado, sin que tuviera con +el padre durante las reanudadas lecciones de acuarela ni una frase +cariñosa para la niña: el mismo angelito sentía esa especie de +menosprecio, pareciendo tener miedo a la bella desdeñosa. Jacques +ignoraba en absoluto la tremenda prueba por que acababa de pasar la de +Sardonne, prueba cuyas amarguras desgarraban todavía su alma con toda la +crueldad de una pesadilla. Alarmado y herido el pintor en su ternura +paternal, acusó a la huérfana de insensibilidad, de vano orgullo, de +sequedad de alma, preguntándose si sus mismos sentimientos serían jamás +comprendidos por aquel corazón de acero, diciéndose también que, de +continuar persiguiendo su ensueño amoroso, comprometía la dicha de su +hija, ¡el adorado encanto!</p> + +<p>En estas incertidumbres transcurrió para él la primera semana después de +su vuelta a los Genets.</p> + +<p>Cierta hermosa mañana del fin de septiembre hallábase el pintor sentado +en un banco del parque, aguardando a Beatriz, que aquel día tardaba un +poco en venir a dar su lección; Marcela corría y jugaba delante de él, +y a cada instante interrumpía su juego, llegándose a besar a su padre, +porque este querubín guardaba para Fabrice ternuras de mujer enamorada. +Ella le hacía el nudo de la corbata, ella sacudía el polvo de su traje, +ella le echaba al cuello un pañuelo de seda para preservarlo de la +húmeda brisa. Descubrió la niña, en medio de su incesante ir y venir, +algunas tempranas violetas ocultas entre la yerba, y haciendo un ramito +las colocó en el vestido del artista; después sentóse, y abrazando con +mimo a su padre:</p> + +<p>—¿Te encuentras bien, papá?—le preguntaba—: yo me encuentro muy +bien... ¿Verdad que es bonito el campo?</p> + +<p>Esta escena íntima tenía desde hacía algunos minutos un mudo testigo; la +señorita de Sardonne había salido del castillo llevando en la mano su +caja de colores, y sin ser advertida habíase aproximado al tierno grupo; +paróse un momento, avanzó de nuevo, y con aquella voz cadenciosa y grave +que estremecía al pintor hasta el fondo del alma:</p> + +<p>—¿Se quieren ustedes mucho?—preguntó.</p> + +<p>—Somos todo el uno para el otro—replicó Fabrice poniéndose de pie.</p> + +<p>Clavó sobre él una mirada inquisitiva, y volviéndose a la niña:</p> + +<p>—¿Quieres mucho a tu papá?—le dijo.</p> + +<p>La niña, cortada por la presencia de su enemiga, respondió con un +sencillo gesto poniéndose la mano sobre el corazón.</p> + +<p>—¡Monísima!... dame un beso... ¿Quieres?</p> + +<p>Admirada la niña, acercóse lentamente; entonces Beatriz la tomó en +brazos, la puso de pie sobre el banco y la abrazó contra su pecho +cubriéndola de besos.</p> + +<p>Estas caricias apasionadas por parte de una persona tan avara de +expansiones conmovió a Fabrice hasta lo íntimo del corazón, como si esos +cariños hubiesen sido concedidos a él mismo, y todos sus temores, todas +sus ansiedades se desvanecieron al soplo de esos besos. Adivinó todo el +calor de alma que la altiva joven disimulaba por una especie de pudor +bajo sus heladas apariencias, y su pasión, un momento en derrota, lo +ganó de nuevo por entero.</p> + +<p>Marcela volvió al castillo y Beatriz se puso a la obra bajo la vista del +maestro.</p> + +<p>Acababa de dibujar una especie de chalet, cubierto por una enredadera +que servía de habitaciones al jardinero. Fabrice examinó el diseño, le +hizo una ligera corrección y, devolviéndoselo:</p> + +<p>—¡Qué amable ha estado usted con mi hija!—le dijo.</p> + +<p>—¡Admira a usted eso!</p> + +<p>—No, seguramente... pero...</p> + +<p>—Sí, le admira... lo he leído en sus ojos... Sé muy bien que hasta +ahora no había mimado a su hija de usted... Excúseme usted... soy +algunas veces tan distraída... suelo estar tan preocupada... Me decía +usted, señor Fabrice, que eran ustedes todo el uno para el otro... ¿Hace +mucho que esa pobre niña perdió a su madre?</p> + +<p>—Poco más de cinco años.</p> + +<p>—¿Se casó usted muy joven?</p> + +<p>—Sí, muy joven.</p> + +<p>—¿Y ese angelito no tiene más parientes que usted?</p> + +<p>—Tiene un tío... hermano de su madre.</p> + +<p>—Es religioso, ¿no es verdad? ¿En los Oiseaux, me parece?</p> + +<p>—No, señorita, en la Asunción d'Auteuil.</p> + +<p>—¡Ah! sí, conozco... allí se está muy bien... es un paraíso... Pero, +¡Dios mío! Señor Fabrice, qué mal está mi enredadera... se diría de +estuco... no tiene aire... ¡Decididamente, esto no marcha!... Pierdo la +fe, señor Fabrice.</p> + +<p>—No tiene usted razón, señorita... aseguro a usted que ha hecho serios +progresos.</p> + +<p>—Sí, pero nunca seré pintora... no tengo talento... ¿no es verdad?</p> + +<p>—Perdón—respondió el pintor con su habitual sinceridad un poco ruda—. +Tiene usted un muy cumplido talento de aficionada.</p> + +<p>—Sí, pero no es un talento que en rigor pudiera proporcionarme recursos +para vivir.</p> + +<p>—Podrá usted conseguirlo... pero para eso habrá que conceder más tiempo +al estudio.</p> + +<p>—¡Más tiempo!—murmuró Beatriz.</p> + +<p>Y precisamente al decir eso dio dos golpes la campana del castillo.</p> + +<p>—¡Me llaman!—exclamó aquélla, guardando con prisa su dibujo en la +caja—. ¡Más tiempo!... ¡Ya ve usted si es fácil!... ¡Ya ve usted cómo +puedo disponer de mis horas!</p> + +<p>—¡Su vida de usted no es por cierto dichosa!—añadió Fabrice echando a +la huérfana una mirada de tierna compasión.</p> + +<p>—Señor Fabrice—le replicó aquélla bajando la voz y con una energía +extraordinaria—, no importaría nada ser sólo desgraciada... Lo que es +terrible es sentir cómo va una volviéndose perversa.</p> + +<p>Y se dirigió casi corriendo hacia el castillo.</p> + +<p>Fabrice no tardó en seguirla; una vez en sus habitaciones paseóse largo +tiempo de arriba abajo, torturado por supremas incertidumbres; después +se sentó delante de una mesa, tomó una pluma y escribió la siguiente +carta:</p> + +<div class="blockquot"><p>«Señorita:</p> + +<p>»Me permito decir a usted por escrito lo que +me ha faltado valor para expresarle de palabra. +Mi carta será corta. Respeto a usted demasiado +para dirigirme a usted con frases de una admiración +y de una galantería triviales. El único +homenaje que me atrevo a rendirle, es poner mi +destino en sus manos. No puede en adelante ser +dichoso o desgraciado mi porvenir sino en virtud +de lo que usted se digne resolver. ¿Bastará con +que le diga que no hay uno solo de sus méritos, +uno solo de sus atractivos, uno solo de sus sufrimientos +de que no me sienta profundamente, +perdidamente penetrado?</p> + +<p>»Estimo a usted tanto, señorita, que me parece +cometer una profanación al osar amarla. +Pero, en fin, humildemente le ofrezco lo poco +que yo soy. ¿Quiere usted ser la madre de mi +hija?... ¿Nos rechaza a ella y a mí?</p> + +<p>»De usted respetuosísimo servidor siempre y +en todo caso,—<i>Jacques Fabrice</i>.»</p></div> + +<p>Como el artista, después de haber cerrado la carta reflexionase acerca +del medio más pronto y seguro para hacerla llegar a su destino, vio +desde la ventana de su salón, que precisamente atravesaba Beatriz en +aquellos momentos el patio de honor del castillo. Este patio, muy +grande, se hallaba plantado en parte de césped y de árboles. Hermosos +castaños formaban en un ángulo una especie de bosquecillo provisto de +rústicas sillas. A ese bosquecillo solía venir Beatriz algunos mediodías +a leer a sus anchas, cuando la baronesa la dejaba respirar. El pintor +llamó a su hija que ocupaba una habitación contigua a la suya.</p> + +<p>—¡Ven acá, alma mía!—le dijo—. Mira, la señorita Beatriz está allí +sentada debajo de aquel árbol, junto a la capilla... Anda y entrégale +esta carta de mi parte... ¡Anda, hija mía!</p> + +<p>Un momento más tarde Fabrice seguía angustiosamente con la vista la +marcha de la niña a través del patio. Al fin desapareció bajo la sombra +espesa de los castaños. Interminables minutos transcurrieron; después +Marcela salió del círculo de sombra y volvió hacia el castillo a cortos +pasos. Fabrice creyó ver que la criatura tornaba con la carta en la +mano; pasóse la suya sobre la frente helada, diciendo:</p> + +<p>—¡Dios mío!</p> + +<p>Y esperó inmóvil. Marcela entró.</p> + +<p>—¡Toma, papá!—le dijo.</p> + +<p>Y le devolvió el pliego que tenía en la mano.</p> + +<p>Era, en efecto, el sobre de su carta, pero el sobre solo, abierto y +medio desgarrado. En uno de sus ángulos estaba escrita con lápiz esta +única palabra: «Mañana.»</p> + +<p>Hubo una pausa.</p> + +<p>—¿No te ha dicho nada ella?—le preguntó Jacques a la niña.</p> + +<p>—Nada.</p> + +<p>—¿Te ha dado un beso?</p> + +<p>—No.</p> + +<p>Todos los que aman, o los que amaron, se imaginarán fácilmente las +imaginaciones, la fiebre, los súbitos transportes de esperanza, los +repentinos golpes de desaliento que atenazaron el alma de Jacques +Fabrice en las eternas horas que le separaban del mañana. Aquella noche +vio como de ordinario a Beatriz en el salón; pero no pudo sorprender ni +en su fría actitud ni en sus ojos impasibles de esfinge el menor signo +que pudiera ayudarle a descifrar el enigma que encerraba esa palabra: +«Mañana.»</p> + +<p>¿Le escribiría ella? ¿le respondería de viva voz cuando viniese, según +costumbre, a tomar su lección de pintura?...</p> + +<p>Al día siguiente, mucho antes de la hora habitual, Jacques se hallaba en +el sitio de la cita, ocupando el banco que había escuchado la +conversación de la víspera. Beatriz llegó, respondió a su saludo con un +ligero movimiento de cabeza, sentóse y púsose a preparar sus colores sin +pronunciar una sola palabra; después, haciéndole seña de que se sentara:</p> + +<p>—Señor Fabrice—le dijo con voz contenida, dulce y triste—; señor +Fabrice, le estoy reconocida... muy reconocida... pero no debo ni +quiero engañarle... puedo acordarle mi mano... pero temo que mi corazón +desgarrado, marchito, ulcerado por la desgracia, no pueda devolverle +todo lo que el de usted le da... Temo que los sinceros sentimientos de +estimación y simpatía que experimento hacia usted, no respondan sino +imperfectamente a los que tiene a bien consagrarme... Temo también que +este paso que da, no sea para usted una desgracia.</p> + +<p>—Señorita, nunca pude esperar encontrar en usted desde el primer +momento la ternura infinita que usted me ha inspirado... No puedo +confiar sino al tiempo, lo sé, a mis cuidados afectuosos, a mi adhesión +apasionada, a su dicha, que la amistad se torne en afecto.</p> + +<p>—Señor Fabrice, sólo debemos contar con el presente y debo decir la +verdad... Cuanto al porvenir, todo lo que puedo asegurarle es que pondré +de mi parte lo posible para ser una buena y honrada esposa, una madre +cariñosa de su hija.</p> + +<p>Jacques, los ojos húmedos por la emoción, tomó la blanca mano que +Beatriz le tendía e intentó llevarla a sus labios, pero ella la retiró +suavemente:</p> + +<p>—¡Cuidado!...—dijo—; si cree que debe darme las gracias, démelas +usted más tarde... Se nos vigila, muy de cerca cuando estamos en este +sitio... y le suplico que no traicione nuestro secreto hasta tanto que +haya puesto en antecedentes a... mi bienhechora—dijo la señorita de +Sardonne con una sonrisa de extraña amargura al pronunciar esta última +palabra.</p> + +<p>—Pero, señorita—dijo el pintor—, ¿no es a mí a quien toca hablar +sobre este asunto, con la que usted llama su bienhechora?</p> + +<p>—Seguramente, eso será conveniente y aun necesario, pero me parece que +debo prevenirla de antemano. Tengo mis razones.</p> + +<p>—¡Dios mío! señorita, sabemos que vamos a encontrar de su lado una +actitud un poco hostil... y, en ese caso, su entrevista va a causarle un +verdadero disgusto... Permítame que se lo evite... o, al menos—añadió +sonriendo—, que sufra yo las primeras descargas... Respeto mucho a la +señora de Montauron, pero no le tengo miedo.</p> + +<p>—Ni yo tampoco—afirmó Beatriz—. Si usted me ha visto sufrir con +paciencia las humillaciones de una verdadera domesticidad, cualquiera +que fuesen los motivos de mi resignación, esté usted seguro de que la +bajeza no entraba para nada en ella... Muy mal me conoce usted, señor +Fabrice, si cree...</p> + +<p>La joven se interrumpió bruscamente; acababa la campana del castillo de +dar los dos golpes indicadores de que la lectriz debía volver al lado de +la baronesa.</p> + +<p>—¡Voy!—dijo levantándose, y un centelleo de fiera brotó de sus +pupilas.</p> + +<p>Tendió de nuevo la mano a Fabrice, y se alejó.</p> + +<p>El día en que la señora de Montauron impuso a Beatriz el sacrificio +definitivo de su amor hacia Pierrepont, destruyó por el hecho el motivo +único que tenía la huérfana para tolerar la mísera existencia que +arrastraba al lado de la baronesa, y desde ese momento el disculpable +sentimiento de sorda irritación que la joven nutría hacia su dura +protectora habíase cambiado, en esta alma contenida pero ardientemente +apasionada, en verdadero horror. La vista misma de la baronesa había +llegado a hacérsele insoportable; su resolución de abandonarla estaba +definitivamente tomada, y no aguardaba sino el momento de ponerla por +obra; su primera idea fue, como hemos visto, llevar a cabo una especie +de suicidio sepultándose en las austeridades de una de las más severas +órdenes religiosas, y aun volvió, a hablar de nuevo a su amiga la señora +de Aymaret sobre su próxima entrada en el Carmelo, esforzándose +realmente en cifrar en el Cielo un amor para el que ya no quedaba +esperanza alguna en la tierra; pero es menos difícil hacer un sacrificio +que perseverar en él. Así, pues, la pobre joven encontraba en su natural +apego al mundo, en su enérgica y floreciente salud, resistencias que le +hacían muy dolorosa esa renuncia a todo... Y, sin embargo, ¿qué hacer? +¿adónde ir?</p> + +<p>La carta con la declaración de Fabrice vino a sorprenderla en medio de +estas indecisiones crueles. Muy admirada, sin embargo, y aun enojada por +el paso que aquél había dado, quiso no obstante dar algunas horas a la +reflexión; más de una secreta repugnancia tuvo que vencer, pero, en fin, +en la extremidad a que se veía reducida, ¿cómo no aceptar ese refugio, +después de todo honroso, que le abría una mano afectuosa y fiel? Para +un náufrago de la existencia como lo era ella, la solución que se le +presentaba era, si no la dicha, al menos la vida, y, sobre todo, el +término cierto, seguro, de su pesada esclavitud.</p> + +<p>Además, no ignoraba ella que la noticia de su matrimonio y consiguiente +salida de la casa, era para la baronesa un trance horriblemente +desagradable, y el solo placer de darle ese justificado mal rato venía a +satisfacer la pasión más violenta que existe tal vez en la tierra; el +odio de mujer contra mujer.</p> + +<p>La señora de Montauron acababa de dormir pacíficamente su siesta en su +gabinete contiguo al salón, y como digería con dificultad, su sueño era +premioso, por cuya razón despertaba siempre de terrible mal humor. Así, +pues, apenas vio entrar a Beatriz:</p> + +<p>—¡Me parece, amiguita—le dijo—, que prolongas mucho tus lecciones con +el señor Fabrice!... He tenido tiempo de leer casi la mitad de mi +diario... me están llorando los ojos... ¡Vaya! ¡toma! estaba en la +gacetilla... pero no, prefiero el folletín... veamos qué sucede al cabo +a esa divertida duquesa... a quien el autor hace hablar como a una +lavandera... ¡Bueno! ¡Vayamos, lee! ¡Principia!</p> + +<p>—Perdón, señora—replicó la joven con extremada cortesía—; ¿podría +decir a usted antes cuatro palabras?</p> + +<p>La baronesa la vio vagamente inquieta.</p> + +<p>—¿Qué deseas?—le replicó con acritud.</p> + +<p>—Señora, ¿me permite usted que le recuerde la conversación que tuvimos +en secreto en su habitación de usted hace quince días? Usted tuvo a bien +decirme que si alguna vez cualquier caballero, un hombre de corazón, me +pidiese en matrimonio, no solamente no tendría que temer ninguna +dificultad por parte de usted, sino que hasta podía contar con su más +sincero concurso... Tales palabras, señora, son demasiado preciosas para +que yo haya podido olvidarlas... ¿Tiene usted, tal vez, señora, la +bondad de recordarlas?</p> + +<p>A pesar de no ser la baronesa persona que con facilidad se +desconcertase, esta vez quedó descorazonada al oír semejante exordio, y +fue casi balbuceando que respondió a Beatriz:</p> + +<p>—Pero, ¡es posible!... Sí, pude decir algo de lo que me indicas... pero +con ciertas reservas...</p> + +<p>—Es cierto, señora, estableció usted ciertas reservas. Puso usted a su +bondadoso concurso dos condiciones: la primera fue que su sobrino de +usted sería excluido del número de aquellos entre los cuales podía yo +escoger marido... la he respetado; fue la segunda que no me decidiría en +favor de nadie sin prevenir antes a usted... es lo que ahora efectúo.</p> + +<p>—¡Bien! escucho.</p> + +<p>—Señora—prosiguió la señorita de Sardonne con el mismo tono de +correcta urbanidad—; la circunstancia que usted tuvo a bien prever y +desear con respecto a mí, se presenta hoy.</p> + +<p>—¡Ah!</p> + +<p>—Y vengo a rogarle que acoja con benevolencia la súplica que... para +honor mío, no tardará en presentarle el señor Jacques Fabrice.</p> + +<p>—¿Te pide en matrimonio Fabrice?</p> + +<p>—Sí, señora.</p> + +<p>—Me parece que debiera haber empezado por dirigirse a mí... Eso es la +educación rudimentaria.</p> + +<p>—Así lo hubiera hecho, señora, pero ha juzgado inútil proporcionar a +usted esa molestia sin conocer antes mis sentimientos personales...; +que, después de todo, era lo que más le importaba.</p> + +<p>—¿Y te satisface ese casamiento?</p> + +<p>—Sí, señora; el señor Fabrice es una honrada persona y un hombre de +talento cuyo nombre me sentiré orgullosa de llevar.</p> + +<p>—Supongo que no ignoras a quién sucedes como esposa... su primera mujer +fue una lavandera.</p> + +<p>—Perdón, señora, era florista.</p> + +<p>—¡Es lo mismo!... ¡en bonita sociedad te vas a meter!</p> + +<p>—Me encontraré contenta en ella si soy tratada con consideraciones.</p> + +<p>—¿De modo que me dejas plantada, así, sin más ni más, olvidando todo lo +que he hecho por ti, desde el momento que te recogí como si fueses mi +hija?</p> + +<p>—Esté usted segura, señora, de que no olvido un momento ninguna de las +singulares bondades que a usted debo desde el momento que tuvo a bien +tomarme a su servicio.</p> + +<p>Para que nada faltase a la baronesa, tenía el don de hacerse cargo +rápidamente de los menores matices de lenguaje; de ahí que no le pasaran +por alto ni una sola de las impertinencias corteses ni de las vengadoras +ironías de que la venía haciendo blanco su lectriz. Sucedió en +consecuencia, que al oír aquella última y sangrienta réplica, la de +Montauron se levantó vivamente de su asiento, y si hubiese podido +disponer de los rayos celestes, habría sido muy verosímil que la +señorita de Sardonne no hubiese podido repetir el cuento. A falta de +otro expediente, verdad es que podía despedirla de su casa cubierta de +ignominia, y lo pensó, pero la reflexión no tardó en mostrarle los mil +peligros que traería un escándalo. Las malas lenguas la acusarían de +oponerse al puro egoísmo de un casamiento, por otra parte muy razonable +para la huérfana, que era al mismo tiempo su protegida; de manera que la +baronesa resolvió callarse y tener paciencia; puesto que de cualquier +modo que fuese, la lectriz escapaba a sus garras, valía más, pues, por +sensible que le fuese perderla, tomar su partido y darse siquiera el +mérito, cubriendo las apariencias, de haber sido generosa hasta el +fin... ¡Bueno! después de todo, ese estúpido matrimonio tenía su lado +conveniente, puesto que libraba a la señora de Montauron <i>per omnia +sæcecula</i> del terror de ver a su sobrino casado con esa muchacha en la +ruina.</p> + +<p>En virtud de estas diversas consideraciones, la belicosa conferencia +entre la baronesa y la lectriz iba a tomar un sesgo bastante +imprevisto, aunque perfectamente femenino. La señora de Montauron, que +había dado muy agitada varios paseos por el gabinete aspirando su pomito +de sales, posó la mano sobre el hombro de Beatriz, diciéndole:</p> + +<p>—Querida niña, supongo que no te habrá sorprendido que mi primer ímpetu +al saber que me dejas haya sido de mal humor... Porque yo siento mucho +tu ida, aunque a ti mi contrariedad te tenga sin cuidado... ¡Vamos, hija +mía, dame un beso!</p> + +<p>La señorita de Sardonne pasó por este sacrificio, y al abrazarla, la +baronesa, cuyo sistema nervioso venía estando en insoportable tensión, +rompió en llanto; fue para ella un alivio.</p> + +<p>—¿Sabes—preguntó a Beatriz a través de sus sollozos—cuánto gana por +año?</p> + +<p>—No le he preguntado, señora.</p> + +<p>—Estos pintores, cuando llegan a adquirir fama, ganan lo que quieren... +Serás rica, hija mía... ¡Esa es la verdad!</p> + +<p>—¿Puedo decir al señor Fabrice que tiene usted a bien recibirlo?</p> + +<p>—Sin duda.... a mi hora acostumbrada... pero es preciso que antes de +casarse termine mi retrato... Dile que venga dentro de media hora.</p> + +<p>Beatriz le presentó de nuevo sus mejillas y se retiró. Pronto encontró a +Fabrice en el parque, haciéndole un breve resumen de su entrevista con +la baronesa.</p> + +<p>—Ya ve usted cómo la cosa ha pasado sin mayores inconvenientes y que la +señora no me ha maltratado mucho.</p> + +<p>—Es que sabía que estaba usted sólidamente apoyada por +retaguardia—respondió el pintor riéndose—. Yo estoy obligado a +guardarle más consideraciones, eso lo sabe ella muy bien, y temo que la +tempestad que no ha hecho más que asomar para usted, estalle sobre mí.</p> + +<p>—Debe, a no dudarlo, aguardar algunas impertinencias... pero, si en +algo me estima usted, súfralas con resignación, a fin de no echar a +perder las cosas, que no van saliendo del todo mal.</p> + +<p>—Se lo prometo a usted, y aun desearía que la prueba fuese dura, puesto +que por usted voy a soportarla.</p> + +<p>—Muchas gracias... pero usted comprenderá que deseo, a ser posible, +salir de esta casa sin escándalo.</p> + +<p>Prolongóse aún un poco de tiempo la conversación entre ellos, y mientras +paseaban por la avenida central del parque, Beatriz daba al artista +algunos antecedentes sobre la persona de su tutor, a quien se proponía +escribir en seguida y cuyo consentimiento no era dudoso; y habiendo +llegado en esto la hora de sesión, para el retrato de la señora, Fabrice +volvió al castillo, encontrándose momentos después cara a cara con +aquélla.</p> + +<p>La señora de Montauron ocupaba ya su sitial en el centro de la sala.</p> + +<p>—Señora baronesa—comenzó el pintor—, la señorita Beatriz me ha dicho +que tenía usted a bien aprobar la unión que tengo la audacia extremada +de ambicionar... Mil gracias le doy a usted por mi parte, señora, con +tanto mayor motivo cuanto que usted se priva en mi obsequio de una +compañía, de una intimidad de quien nadie mejor que yo conoce el precio.</p> + +<p>—¡Dios mío! ¿Qué quiere usted, señor Fabrice? Lo que hace la dicha de +los unos constituye la desgracia de los otros... ¡Esa es la vida!... +Siéntese usted. Hablaremos del particular mientras usted trabaja, puesto +que eso no le molesta.</p> + +<p>Fabrice se inclinó, instaló el caballete, tomó la paleta y se puso a +pintar.</p> + +<p>—Creo que necesitaremos dos sesiones todavía.</p> + +<p>—¡En fin!—dijo la baronesa. Callóse un momento, y a poco empezó de +nuevo—. ¡Bueno!... volviendo a nuestro casamiento, mi querido señor +Fabrice, va usted a casarse con una persona de la que me veo obligada a +hacer las mejores ausencias... Su conducta y comportamiento desde que +está a mi lado han sido positivamente ejemplares, como habrá podido +juzgar por usted mismo... Beatriz posee cualidades mil que yo aprecio +infinito... y, a pesar de eso, si me hubiera usted hecho el honor de +consultarme antes de ofrecerle su mano, quizás me habría visto obligada +en conciencia a quitar a usted su idea de la cabeza.</p> + +<p>—¿Puedo saber por qué, señora baronesa?</p> + +<p>—¡Dios mío! porque el día que se case usted con ella esas mismas +cualidades, algunas por lo menos, pueden convertirse en defectos... No +soy yo por cierto la que le reprocharé el sentirse orgullosa de su +nacimiento y de poner muy alto la estima de su nombre y de su propia +persona... pero aun a mis ojos, muy indulgentes por cierto en esos +particulares, la señorita de Sardonne exagera sus méritos... Tiene, y +quede esto entre nosotros, más soberbia que Lucifer... Usted mismo lo va +a experimentar si Dios no lo remedia, mucho me lo temo, mi querido +señor... No voy hasta decir que menospreciará a su marido, que a nadie +puede inspirar tal sentimiento, ¡no, señor!... pero una alianza como la +que ella concierta, tan completamente honrosa por otra parte, está en +demasiado abierta contradicción con las tradiciones, con las costumbres +de su familia, y de nuestra sociedad, como para que la señorita de +Sardonne no deje de sufrir, más o menos, en su fuero interno... ¡Ay! +querido señor, sé tan bien como usted que bajo el punto de vista de la +sana razón, todo eso es perfectamente absurdo... pero permítame que le +diga que conozco mejor que usted las ideas que a ese respecto reinan en +nuestro medio social... Muy poco han cambiado, créame usted, esos +sentimientos desde la época de Luis XIV y de Saint-Simon... ¡Perdone +usted! sé lo que va usted a decirme... ¡Va usted a hablarme de la +revolución!... ¡Jesús! ciertamente ha habido la revolución... pero si la +revolución ha podido arrebatarnos nuestros privilegios y aun nuestras +cabezas, no ha podido quitarnos los beneficios de eso que ustedes +llaman, si no estoy equivocada, atavismo... es decir, en viejo francés, +la excelencia de una sangre que se ha destilado y refinado en nuestras +venas de generación en generación por espacio de quinientos o +seiscientos años... Y... esa sangre se revela a pesar nuestro, mi +querido maestro, cuando se la mezcla con otra... más joven... más +pura... ¡Dios mío! no digo lo contrario, pero que, en fin, ni es de la +misma esencia ni del mismo color... Por consecuencia, no es el uso hoy, +pese a la revolución, que una señorita de la nobleza se case con un +industrial... un sabio... un escritor... un artista, sean cualesquiera +sus méritos... Algunas veces, suelen verse señoras tituladas casarse con +poetas o con artistas... pero ésas son princesas extranjeras... En +Francia la cosa no tiene casi precedentes... Y no vaya usted a creer, mi +querido señor Fabrice, que en tales procederes haya nada de depresivo +para aquellos que son objeto de él... a nadie en el mundo le gustan más +que a nosotros los escritores, los poetas y los artistas... Hacemos de +ellos con el mayor gusto el ornamento de nuestras mesas, el interés y el +atractivo de nuestros salones... pero no nos casamos con ellos... +¡Excúseme usted! va usted a decirme que somos menos difíciles en lo que +se refiere a alianzas de nuestros hijos y que los casamos con señoritas +más o menos bien nacidas con tal que sean ricas. A eso le responderé, en +primer lugar, que no es en lo que mejor nos portamos, y, en segundo, +que, según nuestras ideas, el varón ennoblece, principio, fíjese bien, +que reposa sobre una acertada concepción de la naturaleza humana, porque +hay en la mujer una delicadeza de instinto, una flexibilidad, una +facilidad de asimilación, una plasticidad, por decirlo así... si me +expreso mal, mi caro señor, repréndame usted sin embarazo... hay, decía, +cualidades de flexibilidad que la hacen plegarse con prontitud a todas +las condiciones de la vida social... Se podrá hacer una muy pasable +duquesita de la hija de un cualquiera, pero, de ese mismo cualquiera no +se hará nunca nada... Usted comprenderá fácilmente, mi caro maestro, que +la palabra <i>cualquiera</i> significa en mi boca un hombre de dinero, no un +hombre de talento... Estos tienen, por el contrario, algo de femenino en +su naturaleza, que los pone al par casi casi con las mujeres más +delicadas, más impresionables. Porque, no lo olvide, señor Fabrice, y +ahora más que nunca habla a usted su leal amiga, no olvide que en +nuestras largas sucesiones y selecciones de familia, no es únicamente la +sangre la que se refina, como le decía hace un momento... es también la +educación, el gusto, el tacto social... todos los sentidos, en fin, +todas las facultades... De ahí esa superior distinción que le encanta en +la señorita de Sardonne y que será para usted, por cierto, un grande +encanto y un grande peligro... porque una complexión tan perfecta y tan +exquisita, por decirlo así, se siente herida por una nada, se rebela por +sólo un detalle... Créame, señor Fabrice, preste suma atención a estas +nimiedades... Hay matices que parecen insignificantes, matices en los +cuales usted ni siquiera se fija y que pueden parecer verdaderas +monstruosidades a la señorita de Sardonne... Vaya un ejemplo... una +bagatela... Usted me llama, a todo propósito, cuando me habla, <i>señora +baronesa</i>... pues bien, esté seguro que esto crispa, los nervios de su +futura esposa... porque es completamente incorrecto emplear esas dos +denominaciones... o <i>señora</i> simplemente, o <i>baronesa</i> a secas... +<i>señora baronesa</i> queda reservado o para el teatro o para la cocina... Y +como ésta, mi buen señor, hay una infinidad de pequeñeces que pueden ser +verdaderos escollos en su hogar de ustedes y acerca de los cuales le +pondría en guardia si no temiera fatigarle.</p> + +<p>—Si usted misma no lo está, señora, podría usted continuar—respondió +con frialdad el pintor.</p> + +<p>Pero a pesar de esta insinuación, la señora de Montauron no prosiguió, +porque aunque Fabrice había conservado su sangre fría, comprendió la +señora, considerada la palidez mortal que cubría el rostro del artista, +que hubiera sido impertinente por demás avanzar aún en aquella senda, y +la verdad es que más de una vez había tenido que invocar la imagen de +Beatriz para no poner punto final a semejante inoportuno sermón, rayando +con un trazo de pincel el retrato de su insolente modelo. Cuando un poco +más tarde dio cuenta a la señorita de Sardonne de tan penosa entrevista, +parecióle prudente no entrar en detalles y se contentó con decirle +simplemente «que no parecía sino que la baronesa había puesto particular +empeño en mostrarse desagradable en cuanto a la forma; pero en cuanto al +fondo se ha limitado a hacerme comprender que yo era indigno de usted. +Hemos concluído por estar de acuerdo, porque ésa es, en suma, mi +opinión».</p> + +<p>Sin embargo, la baronesa consiguió ampliamente obtener el fin que se +propusiera: había hecho como esos insectos cuya picadura imperceptible, +sin ser precisamente mortal al pronto, deja en el organismo una +perturbación tan profunda como quizás incurable.</p> + +<p>No fue en verdad, sin algún embarazo y aún con ligera angustia, que +Beatriz fue al día siguiente a casa de la vizcondesa de Aymaret, a quien +deseaba comunicar de viva voz su formal compromiso con Fabrice. Pero la +señora de Aymaret no pareció ni admirada ni enojada, porque desde el día +que vio cómo Beatriz rechazara las proposiciones de Pierrepont, quedó +convencida, por el lenguaje un tanto equívoco y las semi-confidencias de +su amiga, de que ella tenía algún oculto amor, y a fuerza de reflexionar +vino a dar en la flor de que entre todos los huéspedes de los Genets +únicamente Jacques Fabrice, gracias a su talento y a su renombre, podía +justificar la pasión de que Beatriz parecía dominada. Las sospechas de +la vizcondesa adquirían aún mayor cuerpo por esa intimidad que las +lecciones de pintura habían establecido entre el artista y su amiga, +acabando por creer la señora de Aymaret que la joven renunciara al +convento desde el momento que se convenció de que su amor era +correspondido por su parte, y, considerándose la señorita de Sardonne +por demás afortunada en verse relevada de entrar en mayores +explicaciones, dejó que su amiga perseverara en tales conjeturas.</p> + +<p>En el curso de su recíproca conversación sugirió la vizcondesa a Beatriz +una idea que ésta no titubeó en aceptar, y que le fue fácil imponer a +Fabrice. Como se había hecho difícil para los futuros esposos la +residencia en los Genets, dada la actitud asumida por la señora de +Montauron, decidieron aquéllos que Beatriz tomaría pretexto de las +atenciones a que la obligaba su próxima instalación para irse a París en +la entrante semana, conviniendo en que residiría hasta la época de sus +próximas nupcias en el convento de Auteuil, donde Marcelita se hallaba +en pensión; y como la baronesa estudiaba por su parte el medio de verse +libre de los gastos y molestias que siempre acarrean unas bodas, +prestóse del mejor grado a los deseos de su ex lectriz.</p> + +<p>Pocos días después de los sucesos que hemos relatado, el conde de +Villerieux, tutor de la huérfana, vino a buscarla a los Genets a fin de +acompañarla a París, en cuya ciudad se encontraba ya Fabrice con su +hija; y no necesitaremos decir que la despedida de la señora de +Montauron y Beatriz no fue cosa que llamase la atención por su +cordialidad.</p> + +<p>Nada diremos por el pronto del efecto que causaron en el ánimo de +Pierrepont las noticias que de Francia llegaban acerca de los +acontecimientos que venimos narrando. Basta saber que las triviales +cartas cambiadas entre los dos amigos a propósito del ya inmediato +matrimonio, carecieron por completo de interés; la de Jacques fueron +cuatro renglones a modo de simple notificación; la del marqués era, sea +dicho en justicia, aunque breve, amistosa. Decía Pedro a su amigo que, +por mala fortuna, habíase comprometido con su amigo lord S*** para dar +con él una vuelta en su yacht por el Mediterráneo; pero que, sin +embargo, contaba con estar de vuelta en tiempo oportuno para asistir a +la ceremonia nupcial, encargándole al propio tiempo que transmitiera sus +respetuosos parabienes a la señorita de Sardonne. Casi en los mismos +días que esta carta, llegaba de Londres un rico brazalete dirigido a la +hermosa desposada.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="IX" id="IX"></a>IX</h2> + +<p class="tit">gustavo calvat</p> + + +<p>Cuatro meses han transcurrido. Nos encontramos ahora en París, bulevar +Malesherbes, en casa de la madre de Mariana de La Treillade, o, mejor +dicho, de Mariana misma, quien tiene sus amiguitas personales a quienes +recibe con entera independencia para <i>charlar</i>, según vocablo de su +predilecta devoción. Y, en efecto, charla en esos propios instantes a +más y mejor en amor y compañía de su inolvidable institutriz miss Eva +Brown, de la gentil millonaria norteamericana miss Ketty Nicholson, de +petrolesco olor, según detenidas observaciones de Pierrepont, sin que +falte en el arcangélico coro aquella por siempre famosísima señorita de +Chalvin, que se encabritaba como un caballito resabiado, según confesión +de su misma interesante mamá, cuando en algo se le contrariaba. Estas +señoritas, que se habían hecho amigas en los Genets, vuelven a +encontrarse en París con recíproco placer de todas. Todas son elegantes, +todas son bonitas, todas son muy blancas, la institutriz de marras +inclusive, que, además de muy blanca, es muy sonrosada, ¡una manzanita! +¡Pero aventaja a todas también ese diablillo de Mariana! ¡Mariana! de +puro rostro oval, mate blancura, grandes ojos en que voltejea la ironía +y pequeños dientes de roedor.</p> + +<p>Mariana se encontraba ya en París cuando el matrimonio de Beatriz, e +historiaba a sus adorables amiguitas aquella ceremonia. Efectuóse en la +iglesia de Passy, y Beatriz había querido que fuera muy sencilla a causa +de su luto y de las pasadas desgracias de familia: además, hubo poca +gente a causa de la estación, mediado de octubre, en que todo el mundo +elegante está aún fuera de la gran ciudad. Sin embargo, Mariana había +notado que entre los concurrentes había mucho cursi y conjeturaba +magnánimemente que debían ser parientes del desposado... La señora de +Montauron pretextó una violenta crisis reumática y tuvo a bien quedarse +en su casa... enviando a los novios como regalo una docena de cubiertos +de plata... ¡qué ruindad!... ¡y siendo tan rica!... El marqués de +Pierrepont tampoco estuvo en la fiesta; se limitó a enviar un telegrama +desde Malta, y su ausencia había llamado la atención, puesto que era el +amigo predilecto de Fabrice... pero sin duda había temido que la +desposada diera un espectáculo arrojándose a su cuello delante de la +concurrencia... ¡Era tan tonto ese Pierrepont!... Estaba tan pagado de +su persona y méritos, que se creía, el muy necio, que todas las mujeres +estaban locas por él... A Marianita lo que más le chocaba en el mundo +era un fatuo... Miss Eva y la señorita de Chalvin estaban de acuerdo... +Únicamente miss Nicholson, aunque americana, tímida, <i>¡rara avis!</i>, tomó +mansamente la defensa del marqués... Mariana se enfadó... Era Pedro un +hombre que ella no había podido soportar... Además lo aborrecía desde +que con su charla había comprometido tan terriblemente a su prima la de +Aymaret... verdad que a ésta no le importaba; muy al contrario, tenía +como una especie de empeño en hacer ver que era amante de él... ¡Ya se +ve, como es tan guapo!... ¡y tan caballero!... Y si no, aquí entre +nosotras, añadía Marianita, ¿no ha hecho todo lo posible por comprometer +también a la señorita de Sardonne antes de que se casara con el señor +Fabrice que, por cierto, me parece un buen hombre...? ¿Y saben ustedes +que ha montado bien su casa, calle Prony?... Elisa, precisamente la +prima de Aymaret es quien lo ha dirigido todo... Fabrice quería hacer +verdaderas locuras... me ha dicho que ella ha tenido que contenerlo... +Francamente, no es rico... no tiene más que lo que gana con su +trabajo... Verdad es que vende muy caros sus cuadros... ¡Y quisiera yo +saber lo que le ha llevado a la baronesa por su retrato!... ¡También es +cierto que yo en su lugar hubiera saldado la cuenta de lo lindo!... +¡Miren ustedes con una docena de cubiertos!</p> + +<p>—¿Y el marqués de Pierrepont está siempre en Malta?—preguntó miss +Nicholson.</p> + +<p>—No, ahora creo que está, en Gythere.</p> + +<p>—¿En Gythere?</p> + +<p>—Sí, al menos yo lo he visto anoche en el teatro con una <i>ella</i> que +tenía el tipo de aquel país.</p> + +<p>—Pero, ¿es un calavera?—interrogó otra vez miss Nicholson poniéndose +colorada.</p> + +<p>—No... está de mal humor... ¡aburrido!—respondió Mariana.</p> + +<p>Los informes de la señorita de La Treillade sobre la boda de Fabrice, +aunque tan maliciosos en la forma, eran bastante exactos en cuanto al +fondo, y nos dispensan de entrar en más detalles acerca del particular. +También era exacto que el marqués de Pierrepont estaba de regreso en +Francia hacía algunas semanas, pero no hizo más que pasar a uña de +caballo por París, para presentarse en los Genets a su tía, +impacientísima ya por su larga ausencia. Pocas fechas corrían desde que +la señora de Montauron se había reinstalado en París y en su hotel de la +calle Varennes, ocupando el sobrino su antiguo elegante entresuelo del +bulevar Malesherbes, mansión no lejana del palacete en que respiraba +Mariana de La Treillade.</p> + +<p>La primera visita de Pedro fue para la señora de Aymaret, qué también +habitaba por aquellas cercanías, parque Monceau: había prevenido de +antemano a la vizcondesa, quien lo esperaba con cierta desazón, porque +durante la ausencia del marqués, ni éste le había escrito ni ella se +atrevió tampoco a hacerlo, no pudiendo olvidar que ella fue quien lo +alentó en sus desdichados propósitos acerca de la señorita de Sardonne, +que ella había sido su oficiosa mensajera para con aquella joven, que +ella contribuyó en no escasa parte a la humillación que Pedro soportara, +humillación que venía a hacer más punzante el efectuado enlace de +Beatriz con Fabrice; por todas estas razones temió una escena de +despecho, quizás de cólera y reproches, pero, por ventura de la +interesante dama, su temor se hubo de disipar, por cuanto el marqués se +presentó ante ella un poco pálido, es verdad, pero tranquilo, cortés y +aun sonriente. Después de haber respondido casi alegremente a las +preguntas sobre su viaje se dirigió a la vizcondesa:</p> + +<p>—Querida amiga mía—le dijo—, aún voy a abusar otra vez de su +amistad... Tengo que pedirle un consejo.</p> + +<p>—No sé cómo después de lo pasado, es usted todavía tan magnánimo como +para tomarme por consejera—replicó aquélla con tristeza.</p> + +<p>—Siempre tendré un honor en que sea usted mi confidente... no sé qué +línea de conducta debo seguir con Fabrice... No es para usted un secreto +la estrecha amistad que nos unía de años atrás... Carezco de motivos +fundados para romper mis relaciones con él... pero antes de ir a verlo +quisiera cerciorarme de si mi presencia en su casa no sería un mal rato +para él, para su mujer y para mí... En una palabra, ¿supone usted que la +señorita de Sardonne, mejor dicho, la señora Fabrice... haya puesto en +antecedentes a su marido acerca de los sentimientos que su mujer me +inspiró en el pasado, y de las pretensiones que a la mano de aquélla +abrigué?... Usted comprende que si es así...</p> + +<p>—Excúseme usted si le interrumpo—exclamó la vizcondesa—, pero puedo +dar a usted garantías a este respecto... Ayer mismo he visto a Beatriz, +y como la conversación recayese sobre su regreso de usted, me dijo +aquélla que, después de haber pensado mucho, había resuelto no hacer +jamás aquella confidencia a su marido, porque consideraba que eso sería, +de una parte, turbar gratuitamente su reposo, y, por la otra, faltar a +la delicadeza por lo que a usted se refiere.</p> + +<p>—Entonces, ¿cree usted que puedo presentarme en casa de ellos sin +inconvenientes?</p> + +<p>—Sin duda, y aun creo que los inconvenientes estarían en no hacerlo +así, porque Fabrice no se podría explicar su abstención, buscaría la +causa y caería en sospechas del cuál fuese ella, lo que para nadie sería +una ventaja. Le aconsejo, pues, que poco a poco corte usted relaciones +que por fuerza no le han de ser gratas, pero sin romperlas bruscamente.</p> + +<p>—Tiene usted razón... Iré... Es más, voy a ir en saliendo de aquí... +¿cree usted que los encontraré en casa?... ¿La señora de Fabrice ha +fijado un día de recibo?</p> + +<p>—Sí, los lunes... hoy es martes... pero tiene usted seguridad de +encontrar siempre a Fabrice en su taller... y probablemente también a su +mujer, porque me parece que aquél está haciendo su retrato.</p> + +<p>—¡Ah! ¡eso me interesará!</p> + +<p>Habló Pedro en seguida de bailes, de teatros, y a poco se despidió de la +señora de Aymaret. Al darle la mano le dijo ésta conmovida:</p> + +<p>—¡Muy contenta de verle tan prudente!</p> + +<p>—¡Señora, los viajes son un gran calmante!—contestó riendo, y partió.</p> + +<p>Al cumplimentarlo la vizcondesa por su prudencia esperó provocar una +expansión confidencial que mucho ansiaba, porque después de haber temido +por parte de este enamorado con tanta crueldad desahuciado violentos +transportes de enojos, creyó descubrir en sus claras intuiciones de +mujer que, bajo aquella tranquilidad seca y fría, se ocultaba algo +terriblemente alarmante, porque si esta indiferencia de Pierrepont era +sincera, acusaba una ligera y casi despreciativa inconstancia que el +bello sexo no admite en estos asuntos de corazón; pero con el íntimo +conocimiento que del carácter del marqués poseía, temía más bien que +esas apariencias glaciales encubriesen una de esas heridas tanto más +terribles cuanto que no están sino cerradas en falso.</p> + +<p>Diez minutos después Pedro entraba en casa de Fabrice; por la indicación +de un criado subió directamente al taller del pintor con la antigua +confianza de los pasados tiempos: llamó ligeramente, y alzando una +cortina encontróse cara a cara con Beatriz, cuyos labios se +entreabrieron para lanzar un grito apenas contenido merced a un duro +esfuerzo; estaba sentada a pocos pasos del caballete de Fabrice, con un +libro en una mano y acariciaba con la otra la suelta cabellera de +Marcela, arrodillada a sus pies. En medio de aquella grande estancia +sobriamente decorada tenía lugar una de esas escenas íntimas que +admiramos en los viejos cuadros de los maestros flamencos donde las +nobles alegrías del trabajo parecen aliarse con las más dulces ideas de +dicha y de paz.</p> + +<p>Jacques prorrumpió en una exclamación de alegría, corriendo hacia Pedro, +a quien la cordial acogida del pintor certificó en seguida de la +discreción de Beatriz. Gracias a la narrada circunstancia pudo el +marqués cumplimentar con más libre espíritu a los recién casados, +haciéndoles mil elogios de su instalación y excusándose de no haber +podido asistir a sus bodas, retenido en Malta por una grave +indisposición de su amigo lord S***. La mano de Beatriz posada sobre la +cabeza de Marcela abríase y cerrábase convulsivamente, haciendo +centellear al vario movimiento las piedras de sus sortijas, y éste fue +el único signo de emoción que diera la hermosa desposada. Dio ésta las +gracias a Pedro por el brazalete enviado de Londres, prenda que +encontraba del mejor gusto, informándose después del sincero interés ¡la +noble criatura! de la salud de la señora de Montauron y respondiéndole +su sobrino que continuaba tan lozana como en sus mejores tiempos. Parece +ocioso añadir que nadie creyó esto, ni aun el que lo afirmaba; pero, +como a todos les tenía sin cuidado la baronesa, no se insistió sobre ese +punto, y así, el marqués, después de prodigar sus alabanzas al esbozado +retrato, que en efecto prometía ser una obra maestra, se despidió de +los recién casados.</p> + +<p>Y se retiró llevando impreso a fuego en su imaginación el cuadro de este +interior honrado y venturoso, que es la idea perdurable de los hastiados +vividores de su edad, hogar que él mismo había soñado con tan sincero +ardor.</p> + +<p>¡Ay! ¡qué engañosas son con frecuencia esas escenas de aparente dicha! +¡Cuántas veces al penetrar en la intimidad de un salón de familia, +cuántas veces al pasar delante de la verja de alguna riente quinta, +bañada por el sol, rebosando de flores, alegrada por la argentina risa +de los niños, hemos dicho: ¡he aquí la dicha!... ¡Y cuántas veces nos +hemos engañado!</p> + +<p>Tal cual la vio, oyó y admiró Fabrice por la primera vez en el blanco +salón de la baronesa, con su belleza de Musa y su voz grave y melodiosa, +tal está Beatriz delante de él en estos momentos... Y Beatriz es su +mujer: tiene allí, además, bajo su vista, cerca del corazón, su hija y +su arte, es decir, todo cuanto ama en el mundo... y no es dichoso... Las +venenosas insinuaciones de la señora de Montauron voltejean traidoras, +implacables por su cabeza. Le parece advertir en los procederes de +Beatriz hacia él algo así como una especie de tristeza resignada, una +carencia de amante abandonado, cierta frialdad un tanto desdeñosa que +parecen justificar las pérfidas profecías de la baronesa. Aunque aquella +hermosa estatua le pertenezca, siente que no es suya, que hay en ella +algo que se rebela, un fondo de ternura apasionada que no se entrega, +que se guarda como en reserva. Y como le es imposible sospechar siquiera +que en el corazón de su mujer tiene un rival, se culpa a sí mismo, y un +poco también a lo que le rodea. Experimenta una inquietud indefinible, +se vigila con penosa desconfianza a sí mismo; teme que haya en su +lenguaje, en sus maneras, en sus hábitos personales algunas torpezas +involuntarias que hieran los instintos delicados, los refinados gustos, +la superior cultura de su aristocrática consorte, y al mismo tiempo +tiembla por el vejamen que para ella puede ser el contacto con ciertas +relaciones un poco vulgares que el oficio y el compañerismo imponen al +artista.</p> + +<p>Por desgracia, las aprensiones que asaltan a Fabrice no se hallan +distantes de la certeza; aunque lo haya aceptado únicamente por +desesperación, Beatriz ha entrado en casa del pintor como mujer honrada, +con la más sincera resolución de sofocar todo sentimiento en +contradicción con sus nuevos deberes, y decidida firmemente a +identificarse con su marido; pero aunque estime sus talentos, hay en el +arte del pintor algo de manual, un no sabía qué de mercantil que chocaba +a esta altiva patricia. Nota también ella y nota con dolor, casi con +ira, en los pequeños detalles de la vida común, ligeros solecismos de +buen gusto, pecados veniales de ignorancia, faltas de menor cuantía +contra ciertos principios, que denuncian en el pobre grande hombre las +explicables lagunas de su educación primera, y las mujeres del temple y +clase de Beatriz perdonan con más facilidad un vicio, tal vez un +crimen, que una incorrección.</p> + +<p>Conociendo Fabrice la pasión de su mujer por los ejercicios del sport, +quiso que ella volviese a montar a caballo y aun él mismo se había dado +a la equitación hacía dos o tres meses, acompañando frecuentemente a su +mujer en sus paseos matutinos al <i>Bosque</i>. Jacques era un jinete +atrevido y sólido, pero montaba mal, sin escuela y sin elegancia: su +mujer se sentía avergonzada, y buscaba las más de las veces un pretexto +cualquiera para no acompañarlo, prefiriendo privarse de su placer +favorito antes que ver sonreírse al pasar su marido, a los correctos +jinetes de la avenida de las <i>Acacias</i>.</p> + +<p>Había más todavía: contábanse entre los íntimos del taller de Fabrice, +cual acontece en todos aquellos, algunos aficionados y compañeros de +juventud del pintor, formando más o menos en las filas del arte y de la +literatura, cuyo tono y manera disgustaban extremadamente a Beatriz y +era en vano que el artista pretextase su apremiante trabajo, era en vano +que se esforzara en desalentar a estos parásitos contertulios, con +especial a aquellos que se distinguían por sus procederes y maneras de +bohemios. Contábase en el número de estos últimos, uno que, para +desgracia de Jacques, se creía éste en el deber de tolerar; llamábase el +tal Gustavo Calvat, era hermano de la primera mujer de Fabrice y, por +consecuencia, tío de Marcelita; sus relaciones con el pintor remontaban +a la época, ya lejana, en que los dos fueron discípulos de idéntico +maestro en el mismo taller. El punto de partida era, pues, común, pero +mientras Fabrice, por el no interrumpido esfuerzo y constante y austero +trabajo, llegara poco a poco al ápice de su arte, Gustavo Calvat +embotaba sus aptitudes y perdía lastimosamente el tiempo en palabras, +proyectos, teorías, críticas trascendentales y elucubraciones estéticas +que le conquistaban la admiración del bulevar de las Batignolles...</p> + +<p>«Tú hablas mucho y dibujas poco», le decía sobriamente Jacques.</p> + +<p>Calvat se llevó mucho tiempo buscando qué género de pintura podría +convenir mejor a su siglo y a su talento, creyendo varias veces haberlo +al fin encontrado. Durante un viaje por Italia, que hizo a costa de +Fabrice, se había decidido con ardor por los pintores primitivos, y +volvió no hablando sino de Duccio, Cimabue, Giotto, Tadeo Gaddi, el +Massaccio y el Perugino, entonando himnos interminables a los mosaicos +de San Miniato y a la simplicidad hierática de los bizantinos. «En esas +fuentes frescas y puras era, según él decía con churrigueresca +verbosidad, en donde debían vigorizarse las anémicas artes del siglo +XIX. Él, personalmente, se hacía el apóstol y el precursor de un nuevo +Renacimiento... porque él, Calvat, había penetrado por manera +indestructible, la inspiración y los procedimientos de esos inimitables +patriarcas de lo bello... ¿Y cuáles eran esos procedimientos?... La +sinceridad... el candor... la fe... El artista debía principiar por +borrar de un rasgo la historia del mundo, a contar del año 1400... +olvidar redondamente que ha habido un Lutero, un Voltaire, que se ha +tomado la Bastilla... era preciso no acordarse del 89... etcétera, +etcétera... cerrar los ojos, recogerse en sí mismo... arrodillarse en +espíritu en medio de un capítulo de viejos monjes del siglo XIV... +Después abrir de nuevo los ojos y mirar al cielo piadosa, humildemente, +cual un niño que reza su oración... Y entonces... entonces... tomar la +paleta y pintar.» Y esto diciendo, trazaba en el aire con contorsiones +de poseído el disparatado bosquejo de una obra maestra imaginaria. Era +curioso, en verdad, ver a Gustavo desarrollar esta teoría dando a su +cara de <i>bohemio</i> aires de vidente, mientras hacía muecas +prerrafaélicas.</p> + +<p>Después de haber hecho una <i>Anunciación</i>, de estilo bizantino, y una +<i>Santa Familia</i>, sobre fondo de oro, quedó desazonado, cobrando horror a +los primitivos (había de qué). Pasó después a imitar los maestros +venecianos... luego la escuela flamenca y holandesa que tanto se +aproxima a la naturaleza... después pintó la naturaleza, misma... ¡Este +fue el último crimen, porque sus obras, que nunca fueron buenas, +concluyeron por ser aborrecibles!</p> + +<p>Fabrice procuró en vano hacerle comprender que el arte de ninguna manera +consiste en servilmente copiar a la naturaleza, la que en sí misma es +inerte y muda, sino en reflejar sobre ella las ideas que su +contemplación sugiere a nuestra mente, prestándole un algo de esa alma +que nosotros poseemos y de que ella carece; pero Calvat al oír tan +exactos y atinados razonamientos, rompía en indignación, apostrofando a +su cuñado de ser pintor de damiselas, de paisajista de corte, enviándolo +por fin a esa repulsiva fosa común del ya difunto idealismo, es decir, +la Academia.</p> + +<p>Jacques, por íntima complexión bondadoso, reía a más no poder de la +gárrula charla de Gustavo y de su pintura por el método de las +gesticulaciones, mas lo que no le perdonaba fácilmente era el desorden +de su vida, que entera se deslizaba en cafés y cervecerías, y aun más lo +disgustaba el perverso espíritu de envidia, la hostilidad maldiciente +con que denigraba a todo lo que valía más que él. A pesar de todo, +Fabrice continuaba acogiendo amistosamente a este triste pariente y aun +sacándolo de muy repetidos aprietos monetarios, y se conducía así porque +en su piedad de hombre honrado consideraba que aquél era el hermano de +su primera mujer, criatura que, si enojosa en vida, reposaba ya en la +huesa, después porque Calvat tenía un mérito siempre grande a los ojos +de un padre; el de amar a su hija divirtiéndola al mismo tiempo, porque +con sus tendencias y aficiones a la mímica, le representaba escenas de +Guignol, imitaba el grito de diversos animales y los sonidos de varios +instrumentos: era, en suma, un farsante que, con sus mil arlequinadas, +arrancaba a la niña esas infantiles carcajadas que suenan tan gratas en +los paternos oídos.</p> + +<p>Desde el primer momento este joven avejentado, gritón, charlatán, +maltrecho de traje y no limpio de persona, con nariz como pico de ave +carnicera, pegajoso bigote, dudosas uñas y marcado olor a tabaco y +cerveza, inspiró a Beatriz la más profunda antipatía. Cierto es que se +había sentido conmovida ante las razones de sentimiento en que su marido +fundaba su tolerancia, mas no por eso dejaba de ser para ella una +contrariedad de las más fuertes tener que sufrir a la continua el trato +y la presencia de semejante documento.</p> + +<p>Calvat vio por su parte con muy malos ojos el matrimonio de Fabrice con +esta gran dama, cuyos desdenes presentía, y que iba a ser un fiscal +implacable de sus habituales inconveniencias, y además le molestaba que +ahora cada vez que iba a ver a su sobrina tenía que ponerse <i>paquete</i>. +¡Trascendental motivo de rencor! Aparte del cual inspirábale Beatriz esa +aversión odiosa que sentía por todo lo que fuese superior, a él, ora en +el orden físico, ya en el moral e intelectual. Por último, se sentía +inquieto en el único honrado sentimiento que le restase, temiendo que la +nueva esposa de su cuñado no le arrebatara la afección de Marcelita a +quien, en su entender, alejaría de él poco a poco la altanera madrastra.</p> + +<p>Por todas estas comprensibles razones, tanto Calvat aborrecía a Beatriz +cuanto ésta lo despreciaba, y la mutua antipatía de estos seres, unidos +por diabólico designio, no podía menos de crecer más, y más emponzoñarse +con el transcurso del tiempo.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="X" id="X"></a>X</h2> + +<p class="tit">confidencias</p> + + +<p>Debe reposar sobre algún principio científico, será tal vez un fenómeno +de sugestión, ese afecto constante, seguro y marcado de todos los +maridos hacia el hombre que sus mujeres aman. El pobre Fabrice no debía +escapar a esa fatalidad: desde el regreso de Pierrepont mostraba por él +aún más efusiva amistad que en los mejores tiempos del pasado, lo que +quizás explicaba, el deseo de ganar para Beatriz la compañía de un tan +consumado y brillante hombre de mundo cual era el marqués. Habiendo +mostrado éste una muy natural reserva en renovar sus visitas a la joven +pareja, el pintor le dirigió reproches y lo mortificó a este respecto de +una manera hasta enojosa; de todas las involuntarias torpezas en que +incurrir pudo ante los ojos de su mujer nuestro pintor, no fue ésta la +que menos dejó de chocarle, porque olvidando que Jacques ignoraba en +absoluto el recíproco secreto de ella con Pierrepont, vio en la +insistencia de su marido para atraer al marqués al domicilio conyugal +una falta de tacto, una inhabilidad peligrosa, y lo que es más, un +rasgo de maldad con respecto a ella. ¡Cómo! ¡cuando ella misma agotaba +voluntad y valor por expulsar para siempre de su alma el pensamiento de +ese hombre, que tanto había amado, era su propio marido quien se lo +traía de la mano imponiéndole su presencia turbadora!</p> + +<p>Fue ésta una nueva inculpación que formuló contra Jacques y que, como +las otras, no tenía tampoco fundamento alguno de justicia, mas cuando +una mujer tiene la desgracia de no amar a su marido, encuentra siempre +motivo para atenuar a sus propios ojos la sin razón que su conciencia +íntima reprueba, y al proceder así obra de buena fe, porque para su alma +ulcerada todos son sufrimientos, para su enfermo corazón todas son +heridas.</p> + +<p>Era, sin embargo, tan elevado el temple de carácter de Beatriz, que ni +un momento pasó por su mente la idea de ceder a la tentación, abusando +de la vulgar ceguera de su marido; persistió, pues, en la conducta que +de antemano se había trazado al prever, más o menos tarde, la vuelta de +Pierrepont, y fue para ella tanto menor dificultad tenerlo a distancia, +cuanto que Pedro procuraba, por su parte, altivo y desdeñoso, mantenerse +lejos de Beatriz, prefiriendo los reproches del marido al desprecio de +la mujer.</p> + +<p>Fabrice, sin embargo, aunque sintiendo amargamente la frialdad sombría +en que su mujer se encerrara, no desconfiaba vencerla a la larga en +fuerza de generosas y delicadas atenciones. Después de haber consentido +y mimado de todas maneras durante el invierno a su ingrato ídolo, le +tomó para el verano una linda quinta entre Meudon y Bellevue, cuya +quinta tenía, entre otras ventajas, la de aproximarla a su amiga la +señora de Aymaret, quien pasaba el estío de aquel año en Versalles. La +mansión, con frecuencia habitada por pintores, era bastante sencilla, +pero dominaba el radiante valle del Sena, mientras que a sus espaldas +desarrollábase el siempre grandioso panorama de París. La planta baja se +abría sobre un vasto jardín que bajaba hasta el río en suave pendiente a +través de bosquecillos y malezas llenas de gracia en medio de su +abandono un tanto agreste: próximo a la casa cierta especie de +colgadizo, grande y acristalado, servía a Jacques de taller. En la parte +baja del jardín una espaciosa avenida rectilínea, bordeada de arrayanes +entrelazados, parecía por su grandioso estilo ser el resto de un parque +de cualquier antiguo castillo, y un camino público, profundamente +encajonado, corría por de fuera. Esta avenida se encontraba limitada en +sus dos extremidades por muros muy elevados contra uno de los cuales +habíase puesto un blanco, y en frente, al otro lado, un asiento rústico; +era nuestra alameda, en fin, un lugar particularmente retirado y +solitario que hacía las delicias de la mujer del pintor. Allí pasaba +cierto día Beatriz sus ensueños, y era una ardiente mañana de julio, a +fines, cuando vio aparecer en el recodo del vecino sendero a la +vizcondesa de Aymaret, que le dijo en festivo tono:</p> + +<p>—¡Estaba segura de encontrarte en la alameda de los suspiros!</p> + +<p>En seguida, después de haberla besado:</p> + +<p>—Vengo a darte una noticia... bastante inesperada... La pobre baronesa, +que se lisonjeaba de tener treinta años por delante...</p> + +<p>—¡Qué!—exclamo Beatriz tornando violentamente el brazo de su amiga.</p> + +<p>—Se murió anoche, hija mía, de un ataque de gota al corazón... +Pierrepont me envía un telegrama encargándome que te lo prevenga...</p> + +<p>La señora de Aymaret se interrumpió; Beatriz, cubierto el rostro de +palidez mortal, la miraba con aterradora fijeza... débil contorsión +plegó sus labios, apoyó la espalda contra los arrayanes, pero sus +rodillas se doblaron y cayó desplomada.</p> + +<p>La vizcondesa lanzó un ligero grito, titubeó un momento, mas advirtiendo +que se hallaba demasiado lejos de la habitación para ser oída, +arrodillóse delante de la joven desmayada e hízole respirar su frasquito +de sales, prodigándole al mismo tiempo dulces palabras. Beatriz volvió +lentamente a la vida, y mientras se levantaba desconcertada y atónita:</p> + +<p>—¿Qué he tenido?—murmuró en débil voz.</p> + +<p>Un pliegue sombrío obscureció su nítida frente de diosa y la sangre +agolpóse a sus mejillas.</p> + +<p>—¡Ah! ¡ya me acuerdo!</p> + +<p>—¿Quieres que vaya y llame a tu marido?</p> + +<p>—No... No... además, sería inútil... Está en París... ¿Tienes ahí el +telegrama?</p> + +<p>—Tómalo.</p> + +<p>Beatriz lo leyó, e inclinando con desaliento la cabeza:</p> + +<p>—¡Oh! ¡Dios mío... esto es ya lo último!—dijo en casi imperceptible +tono.</p> + +<p>Y como la señora de Aymaret la mirase con estupor:</p> + +<p>—¿Me crees loca?—continuó...—¿No te explicas la emoción que me causa +la muerte de esa mujer?</p> + +<p>—No... no te comprendo... ¡pero absolutamente!</p> + +<p>—¡Bueno! pues vas a comprenderme; pero prométeme que lo que voy a +decirte quedará para siempre entre las dos.</p> + +<p>—Te lo prometo... pero me das miedo... ¿qué es esto?... ¿qué hay?</p> + +<p>—Hay, mi querida Elisa, que yo amaba al marqués de Pierrepont... lo amo +de toda mi vida... y si rehusé su mano es porque la tía me juró que lo +desheredaba si se casaba conmigo... y hoy ha muerto... ¿entiendes?... ha +muerto algunos meses después de mi matrimonio con otro... si hubiese +esperado este poco de tiempo sería su mujer... ahora me encuentro +separada de él para siempre... ¡y lo amo más que nunca!</p> + +<p>Ocultó el rostro entre sus manos y rompió a llorar.</p> + +<p>Para la señora de Aymaret, que hasta este instante mismo continuaba +creyendo que Beatriz se había casado con Fabrice por un arrebato de +amor, fue esta revelación tan nueva, tan imprevista, que en el primer +momento no pudo responder a su amiga sino con vagas exclamaciones de +admiración y lástima.</p> + +<p>—¡Ah! ¿pero es posible?... ¡Pobre amiga mía!... ¡Pobre amada mía! ¿Cómo +no me lo habías dicho antes?</p> + +<p>Beatriz le contó entonces brevemente lo que había pasado aún no hacía un +año entre ella y la baronesa de Montauron, el juramento que ella +empeñara, juramento que la muerte rompía ahora.</p> + +<p>—Y aun cuando hubiese podido comunicarte mi secreto, no lo hubiera +hecho... te conozco. Lo habrías contado todo al marqués, éste hubiera +roto con su tía y vendríamos, hoy a estar en el mismo caso... ¡Su ruina +estaría consumada, teniendo yo tal vez un día que sufrir sus +reproches!... ¡No, eso no!... Mi única falta ha sido haber abandonado mi +primera inspiración de entrar en el convento en lugar de contraer este +desdichado matrimonio, engañando a un hombre honrado.</p> + +<p>—Pero—arguyó la señora de Aymaret—, a ese hombre honrado, que es al +mismo tiempo un hombre de corazón y un hombre de talento, ¿no puedes +amarlo un poco siquiera?</p> + +<p>—Lo he procurado... pero no puedo... Juzga mi situación—replicó +Beatriz con suma viveza.</p> + +<p>Y entonces puso a su amiga en antecedentes de sus primeros disgustos +domésticos, de sus decepciones continuas, de sus repulsiones secretas. +La señora de Aymaret afectó chancear acerca de estas pequeñas miserias +comparándolas con los dolores realmente trascendentales de la vida, +exponiendo con mucho acierto a Beatriz que para borrar esas ligeras +faltas de educación de que adolecía Fabrice, le bastaría con dar a éste, +poco a poco, y como en broma, algunas lecciones de perfecta corrección, +que, a no dudar, su marido recibiría con buena, voluntad.</p> + +<p>El verdadero dolor para Beatriz estaba en ese perturbador amor que, a +pesar suyo, la siguiera a su hogar, perturbador amor que la desalentaba +en todos sus propósitos emponzoñando su existencia, ilegítimo afecto de +que era necesario denodadamente hacer el sacrificio.</p> + +<p>—¡Muy fácil de decir!—replicó su amiga.</p> + +<p>Entonces la señora de Aymaret, tomando un tono confidencial, le hizo +entender que ella tuvo necesidad de hacer un análogo, hacía algunos +años, y que le constaba ser difícil, mas no imposible, llevarlo a +cabo...</p> + +<p>—¡Y confesarás, amada mía, que yo hubiese tenido más excusas que tú!</p> + +<p>—¿Y de qué medio te has valido?—interrogó Beatriz, a quien esta +misteriosa revelación le interesaba—¿Has dejado de verle?</p> + +<p>—Amada mía, eso de dejar de verse no son más que palabras cuando se +vive en la misma esfera social... No... pura y simplemente he cambiado +mi amor en amistad... De esta manera el corazón no lo pierde todo...</p> + +<p>Beatriz la miró de hito en hito.</p> + +<p>—¡Ese es Pierrepont!—le dijo con voz muy baja.</p> + +<p>—De esto hace cuatro años—prosiguió la vizcondesa—. No recuerdo quién +distintamente... pero se parecía algo al que has nombrado... Por otra +parte, puedes estar tranquila... no me quería a mí tanto como a ti... +porque a mí no se me insinuó para casarme...</p> + +<p>Beatriz titubeó un momento, pero al cabo atrajo hacia sí tiernamente a +su amiga, besándose las dos en medio de abundantes lágrimas.</p> + +<p>—¡En fin! procuraré—afirmó Beatriz—; me ayudarás con tus consejos y +tu ejemplo... pero tú eres una valerosa y prudente mujercita, y yo soy +un pobre ser débil y despechado... No hay mal que por bien no venga: +siquiera ahora tengo el consuelo de poder hablar contigo de todas estas +cosas... ¡pero por Dios ni una palabra al marqués de lo que te he +confiado!...</p> + +<p>—¡Si cometiese semejante falta—replicó la señora de Aymaret riendo—, +no sería una prudente mujercita!...</p> + +<p>Caía la tarde y las dos amigas se despidieron.</p> + +<p>Pero Elisa vino a ver a Beatriz con frecuencia hasta tanto que pareció +ésta a la vizcondesa más calmada. Sin embargo, a pesar de las tiernas +exhortaciones de la señora de Aymaret, era imposible que Beatriz no se +sintiese profundamente turbada por las reflexiones que forzosamente +había de sugerirle la muerte de la señora de Montauron; era imposible +que en adelante no le pareciesen todavía más pesados sus deberes, +todavía más amargas sus contrariedades.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XI" id="XI"></a>XI</h2> + +<p class="tit">«fin de siglo»</p> + + +<p>No habiendo dejado la señora de Montauron disposiciones testamentarias, +venía a ser su legítimo heredero el marqués de Pierrepont, quien por +este hecho reunía en sus manos una renta de más de cuatrocientos mil +francos.</p> + +<p>Pasó Pedro el primer período del luto cazando en los Genets y regresó a +París hacia fin de octubre instalándose en el hotel de la calle +Varennes, que perteneció a su tía, pero conservando al propio tiempo su +entresuelo del bulevar Malesherbes, detalle que hacía sonreír a las +señoras... Fue el marqués, aun en los tiempos de su relativa pobreza, +personalidad muy buscada en el alto mundo parisiense por cuanto su +gracia caballeresca, su dignidad personal, su galantería discreta, +hicieron de él el prototipo de la más correcta distinción.</p> + +<p>Sorpresa, y sorpresa ingrata produjo, pues, verlo reaparecer en la +escena donde era tan conocido y apreciado, con procederes mucho menos +irreprochables. Ya el pasado invierno, después de su vuelta de Londres, +notáronse cambios singulares en las costumbres de Pierrepont, pues se le +vio con frecuencia en el teatro ocupando el segundo término de un palco +de escena en compañía de <i>señoritas</i>, muy agradables sin duda alguna, +pero con las cuales no es uso mostrarse en público, una vez pasados los +días de la adolescencia.</p> + +<p>Este particular, como puede recordarse, no escapó a la mirada de la +señorita de La Treillade, ¡penetrante y adelantada criatura! Mostróse +igualmente Pierrepont cabalgando sin aprensiones en las avenidas del +<i>Bosque</i> al lado de ciertas amazonas que no blasonaban de virtuosas, lo +que no dejó de admirar también, mucho más tratándose de un hombre que +hasta entonces conquistara con justicia la reputación de discreto y +decente. Y aun se decía más: se decía que nuestro personaje había +contraído en Inglaterra un vicio, no tan raro en aquel país como lo es +en cualquier otro fuera de las islas. Al menos el vizconde de Aymaret, +juez competente en estas materias, aseguraba a su mujer que ese diablo +de Pierrepont trajo de por allá una afición un tanto desmedida al Jerez +y al brandy.</p> + +<p>Las dos personas que en París se interesaban por el marqués, a saber: +Beatriz y la señora de Aymaret, estaban consternadas con la divulgación +de tales desfavorables hablillas, pero habían acabado por engañarse a sí +mismas, conviniendo que aquellas voces no eran más que el despecho de la +envidia impotente.</p> + +<p>Sin embargo, fuerza era convencerse, porque apenas de regreso en París, +desvanecido por su inesperada fortuna, el heredero de la señora de +Montauron acentuó de modo tan escandaloso sus deslices, que aun sus más +ardientes devotos tuvieron que confesar la extraña y desfavorable +metamorfosis que en la conducta y el carácter de aquél se efectuara; +nunca fue Pedro un puritano, es cierto, pero siempre se le veía llevar a +sus aventuras galantes aquella delicadeza moral que ellas reclaman, y +que consiste, para el hombre de honor, en ocultar al público sus +debilidades en asuntos de amor, y con mucho más motivo que sus +debilidades sus vicios, mientras que ahora parecía como si el marqués +pusiera empeño en desafiar la opinión. Tal vez en consideración a ese +menguado propósito pregonaba a la luz del día sus relaciones con cierta +comiquilla que merced a las larguezas del tardío calavera arrastraba en +el <i>Bosque</i> uno de los mejores equipajes de París, y aun se añadía que +no era ésta la mayor de sus locuras, comenzando a prestársele detalles +de vida y costumbres que informaban los más deplorables caracteres. +Hablábase entre dientes, por los salones, de ciertas cenas semanales +donde se reunían con el marqués y sus amigos esas mujeres sin principio +que París ve girar cual estrellas errantes entre los confines de la +buena sociedad y de la sociedad dudosa, no faltando quien asegurara que +de aquellas personas, algunas eran llevadas a tan orgiásticos festines +por sus mismos maridos, lo que hace de tales entes el más cumplido +elogio.</p> + +<p>Contábanse en desdoro de Pierrepont otras imprudentes excentricidades +del mismo jaez que no hace al caso precisar aquí, y que sin herir por +incurable manera el honor de aquél, levantaban en torno de su nombre, +hasta entonces tan respetado, ciertos lamentables rumores de +desestimación.</p> + +<p>Beatriz y la señora de Aymaret se hallaban demasiado mezcladas al +movimiento parisiense para que no se les ofreciera la ocasión de +verificar por sí mismas, ya en el <i>Bosque</i>, ora en el teatro, los +desórdenes que con tanta imprudencia a la vista de todos desplegaba el +marqués, y además la vizcondesa estaba en autos a estos respectos por su +propio marido, consuetudinario comensal de las famosas citadas cenas, +mientras que el portavoz para con Beatriz era Gustavo Calvat, a quien +sus jocosidades de <i>bohemio</i>, aunque menospreciado, divertido, +introducían en los teatros y en los cafés de periodistas donde +ávidamente recogía los escándalos corrientes del París a la moda. Nunca +habían existido entre Pierrepont y aquel ejemplar, a quien Pedro +encontraba de continuo en el taller de Fabrice, grandes simpatías, por +cuya razón ponía Calvat esmeradísimo empeño en poner de relieve, sobre +todo delante de Beatriz, a fin de mortificarla, las calaveradas del +marqués, adivinando las secretas solidaridades de ésta con un hombre +nacido en su misma clase social. Pero, lo que más indiscutiblemente +acusaba a Pierrepont ante los ojos de las jóvenes amigas, era ese +completo y absoluto alejamiento de aquél hacia ellas, cual si el +marqués hiciera por el hecho una tácita confesión de su indignidad; +jamás aparecía por el taller de Fabrice, con grande aflicción del +pintor, que tan sinceramente estimaba a aquel antiguo compañero del +combate y de la ambulancia.</p> + +<p>No era de extrañar su proceder con Jacques, puesto que Pedro había +renegado de la mayor parte de sus antiguas relaciones: veíasele, sin +embargo, de vez en cuando en el mundo, puesto que lo encontramos, hacia +mediados de diciembre, en el saloncito privado de Mariana de La +Treillade, si bien es cierto que una circunstancia especial lo llevaba a +ese elegante santuario de la malicia, puesto que Pierrepont venía a +felicitar a Marianita por su próximo matrimonio. Sí, al fin esta linda +joven se casa, se casa con el barón Julio Grèbe, hijo de un acaudalado +banquero de París. Julio es ya heredero por línea directa de una docena +de millones de francos, y espera suceder a su tío en igual suma redonda.</p> + +<p>En el momento en que Pierrepont se presenta, la señora de La Treillade +va a salir, muy ocupada con la instalación de su hija, y ruega a aquél +que la dispense si lo deja solo con su hija y miss Eva.</p> + +<p>—Señorita—le dice sentándose y afectando un aire de gravedad bastante +equívoco—, permítame que le dirija las más respetuosas +felicitaciones... Se casa usted con uno de mis mejores amigos... un +perfecto caballero... y una excelente persona de quien hará usted cuanto +usted quiera.</p> + +<p>—No sé—responde Mariana, mirándolo de lleno con sus grandes ojos +burlones—, no sé si es tan arreglado como usted dice, pero, en todo +caso, le da un ejemplo que debiera usted imitar... ¡pone a tiempo un +punto final!</p> + +<p>—Pero, desgraciadamente, no a todos se presenta tan propicia ocasión +como lo es ésta.</p> + +<p>—Y note usted—continúa Mariana—, que es bastante más joven que usted.</p> + +<p>—¡Sí, pero yo soy muy joven para mi edad, señorita!</p> + +<p>—¡Así se dice al menos!</p> + +<p>—Y bien dicen... mientras que él, Julio, es casi un viejo para la que +tiene.</p> + +<p>—Eso me encanta; no podría usted hacerme mayor elogio... Yo soy de un +natural tan suave, tranquilo y sensible, que un marido demasiado vivo de +carácter me haría sufrir mucho.</p> + +<p>—Estoy tan convencido, desde hace mucho tiempo, de lo que me dice +usted, señorita, que hasta me he permitido poner en antecedentes sobre +el particular a mi joven camarada.</p> + +<p>—¿Cómo así, mi querido amigo?</p> + +<p>—Como usted lo oye... «Amado Julio—le he dicho... ¡tan íntima es +nuestra amistad!...—He tenido el gusto de conocer a la señorita de La +Treillade en casa de mi tía, durante una temporada de campo... con ese +motivo tuve la ocasión de estudiarla, descubriendo en ella una dulzura, +una sensibilidad, y permítame la expresión, señorita... un candor... que +exigen los mayores miramientos.</p> + +<p>—Señor de Pierrepont, no sé realmente cómo darle las gracias por sus +bondades conmigo...</p> + +<p>—No hacen más que principiar, señorita... ¡si usted tiene a bien +alentarlas!</p> + +<p>—Pues bien, las aliento... ¿Continuará usted visitándome después de +casada?</p> + +<p>—Todos los días, si me lo permite usted.</p> + +<p>—Todos los días sería demasiado fatigoso para usted... porque nosotros +vamos a vivir en la calle Monceau, y es un poco lejos de su horrible +calle Varennes.</p> + +<p>—Perdón, señorita, pero, además del hotel de la calle Varennes, +conservo el entresuelo del bulevar Malesherbes.</p> + +<p>—¿Para qué, amigo mío?</p> + +<p>—Para tener el honor de continuar siendo vecino de usted.</p> + +<p>—¡De veras!... ¡si usted supiera cómo me divierte eso!</p> + +<p>—A mí tampoco me contraría, señorita, se lo aseguro a usted.</p> + +<p>Este chispeante diálogo, que parecía hacer las delicias de la candorosa +institutriz, en aquellos lugares presente, fue interrumpido por la +súbita y bulliciosa irrupción de dos o tres jóvenes amigas que +invadieron el saloncito de Mariana. El fresco rostro de miss Nicholson +tomó los colores de una rosa de Bengala cuando advirtió que Pierrepont +se encontraba allí, pero, desdichadamente, al marqués no se le antojó +prolongar su visita, por cuya razón se puso en retirada, no sin haber +antes dado la mano a Mariana, que le dijo:</p> + +<p>—Creo que no será la última vez... ¡espero que cumplirá usted su +palabra!</p> + +<p>—¡Oh! ¡de eso esté usted bien segura, señorita!</p> + +<p>Después de los besos de ordenanza, las señoritas de Alvarez y de +Chalvin, que acompañaban a miss Nicholson, preguntaron con insistencia a +la de La Treillade si se había ya fijado la época del casamiento.</p> + +<p>—Sí—respondió Mariana—, se ha decidido que se efectúe el 5 de enero, +así como a manera de aguinaldos para mí... o, mejor dicho, para mi +marido...</p> + +<p>—¿Creerás, querida, que aún no conozco a tu marido?—dijo la señorita +de Chalvin—, ¡y tengo una curiosidad!</p> + +<p>—¡Glotona!—replicó Marianita—, pues bien, relámete... va a venir... +lo estoy esperando...</p> + +<p>—¡Dicen que es seductor, amada mía!</p> + +<p>—¡Seductor!... ¡aun me parece poco!...</p> + +<p>Un momento después la puerta se abría para dejar paso al barón Julio +Grèbe, conocido por los gomosos de su laya por «Fin de Siglo»; era este +el sobrenombre que él se daba, llevándolo con más orgullo que un título, +en razón a que sus amigos llamábanlo familiarmente por tan simbólico +apodo.</p> + +<p>Era nuestro barón hijo único y mimadísimo por su mamá, que vivió en +éxtasis delante de él desde el momento en que abrió los ojos a esta +pícara vida; tiernamente hubo de sonreír aquella buena señora al saber +las primeras calaveradas de su niño, contribuyendo por su parte; con +laudable empeño, a hacer de su pimpollo el insoportable señorito que +retratando vamos. Para conservar en sociedad este original la +prepotencia a que lo habituaron en familia, decidió buscar una actitud, +un algo que lo distinguiera de los demás mortales, y a falta de otros +méritos, nada encontró mejor que admirar o, más bien, según su lenguaje, +<i>espantar</i> a sus contemporáneos, haciendo los más cínicos alardes de la +más necia perversidad. Algunas nociones remotísimas de Darwin, recogidas +por aquí y por allí a salto de mata, compaginadas a la diabla con +ciertas confusas pinceladas de Schopenhauer, proveyeron a nuestro +baroncito de una descabellada teoría nihilista, que predicaba +impertérrito de círculo en círculo y de salón en salón, declarándose en +todas materias, literatura, política, artes y sobre todo en moral, tan +escéptico, cansado, aburrido, desengañado y desalentado, tan corrompido +y tan caduco, tan hastiado de las viejas tradiciones, tan en +liquefacción, en fin, que pronto sería necesario recogerlo con cuchara. +Tales eran las pretensiones del «Fin de Siglo», quien, no conservando +las creencias del pasado y siendo demasiado tonto para penetrar las del +porvenir, había acabado por no tener ninguna.</p> + +<p>Algunos de sus camaradas de círculo, alucinados por su imperturbable +aplomo y sus grandes bienes de fortuna, concluyeron por considerarlo +cual un espíritu fuerte de primera magnitud, y él mismo acabó por +creerlo así también.</p> + +<p>Sin embargo, y a pesar de sus prédicas, los gastos de representación del +señor de Grèbe tomaron tal vuelo en los últimos tiempos, que su tío le +prometió no sólo desheredarlo, sino lo que es más, ponerlo en tutela a +menos de entrar en mejor vía, y por esta razón decidió contraer +matrimonio con Mariana de La Treillade, a quien por otra parte +proponíase <i>espantar</i> en manera extraordinaria.</p> + +<p>Julio Grèbe era un joven de veinticinco a veintiséis años, pequeño de +estatura pero bien formado y de una elegancia ultra-británica: lo que le +desfavorecía mucho era un par de ojos muy saltones, azules pálidos y +cuya expresión era casi siniestra a veces, otras semiapagada. Tenía +resuelto andar, caminando con las piernas en arco, cual si aun a pie, +estuviese montado a caballo.</p> + +<p>Y en esa triunfal apostura adelantábase por el salón de Mariana de La +Treillade, a quien saludó con una ligera e irónica inclinación de +cabeza, depositando en las hermosas manos de su prometida una enorme +caja de chocolatines: la manera de hacerle la corte fue este día +bastante singular, pues consistió en comer, a los atónitos ojos de +aquellas señoritas, una cantidad disparatada de las susodichas +golosinas, y estimulado por las risas de admiración de la interesante +galería, perseveró con su aire siniestro y frío en tan culto juego hasta +verle el fondo al descomunal cartucho, no sin que abrigara serias +inquietudes acerca de sus probables consecuencias, pero había +<i>espantado</i> a aquellos serafines: era, pues, dichoso.</p> + +<p>Las bodas se efectuaron tres semanas después de la historiada proeza en +la iglesia de San Agustín, y como la joven pareja se pusiera de acuerdo +para no llevar a cabo el reglamentario viaje de novios, se instalaron la +noche misma de sus nupcias en el hotel que Marianita había hecho comprar +a su marido, calle Monceau, hotel cuyo arreglo presidió ella misma dando +muestra en el mobiliario y tren de su proverbial buen gusto, porque no +era esta cualidad la que precisamente faltase a Mariana.</p> + +<p>Un gabinete colgado de seda azul con botones de oro precedía a la alcoba +de la joven desposada. En él se detuvo al regreso de la iglesia, tiró su +albornoz, descubrió la adorable cabeza y se dejó caer en un sillón cual +si se sintiese cansada y aburrida de las ceremonias del casamiento; +entretanto su marido se calentaba los pies junto a la chimenea. Había +parecido todo el día más glacialmente desdeñoso, y aun en este momento, +a solas con su joven y encantadora esposa, en los umbrales de la cámara +nupcial, no tenía para su mujer otras caricias que una sonrisa burlona +en sus labios y en sus ojos una perversa mirada.</p> + +<p>—Querida mía—le dijo de pronto—, ¿sois del viejo régimen?</p> + +<p>—¿Viejo régimen?... perdón... no comprendo.</p> + +<p>—Os pregunto, querida, si tenéis la simpleza de tomar en serio las +viejas rutinas sociales, las tontas convenciones de nuestros padres... +¡y en especial el matrimonio!</p> + +<p>—¿A dónde vamos a parar, amado Julio?</p> + +<p>—A ponernos de acuerdo desde el principio, ¡alma mía!, y para eso es +necesario que antes nos conozcamos... En cuanto a mí voy a deciros +claramente lo que soy... Os habrán contado probablemente que yo era un +libertino, un depravado, un don Juan... nada de eso, amiga mía... no soy +más que un hombre de mi época, desprendido de toda clase de +preocupaciones... un hombre que puede someterse a las costumbres, y a su +tío... pero no me enajena la independencia.</p> + +<p>—¿Y qué más?—interrogó Mariana con una sonrisa indiferente y burlona +que no dejó de desconcertar a su marido.</p> + +<p>—¿Y qué más?... pues es muy sencillo... he querido deciros que podéis +contar con mis más sinceros sentimientos... pero que no debéis de +esperar esas ternezas... es decir, las costumbres de uso en un +matrimonio de aldea.</p> + +<p>—¿Y después?—continuó la joven con su misma sonrisa graciosa e +impasible.</p> + +<p>—Y después... que para sentar desde luego los precedentes de esta +independencia que reclamo... os pido permiso para ir a dar una vuelta al +círculo... por supuesto, si eso no os contraría demasiado.</p> + +<p>—Eso no me importa nada, amigo mío.</p> + +<p>—Debo añadir que entraré probablemente un poco tarde... hacia la +madrugada.</p> + +<p>—¡Tanto mejor!—repuso ella.</p> + +<p>—¡Bueno!—continuó el baróncito, tomando su sombrero—. ¡De acuerdo!... +¿Me permitís que os dé un beso en la mano?</p> + +<p>—¡Con mucho gusto!—y le tendió la suya enguantada.</p> + +<p>Julio Grèbe salió con aire de triunfador, ganando la calle por la +escalera privada de su departamento.</p> + +<p>Era éste un golpe de efecto que meditaba desde hacía mucho tiempo y del +que esperaba cosechar inmarcesible gloria, porque eso de ir a pasar su +noche de boda en casa de su amante no podía ser más <i>fin de siglo</i>, nada +podía dar más evidente testimonio de su desprecio hacia la estrecha +moral del vulgo.</p> + +<p>Bajó Julio fumando, por la avenida de Messina, dio algunos pasos por el +bulevar Haussman en dirección a la calle d'Argenson, donde vivía su +amante que lo aguardaba, mas se paró de pronto... De veras... lo +abandonaba el valor; fuese que la enormidad de la villana acción que +cometía, despertase su conciencia embotada, fuese que la tranquila +ironía de Mariana lo inquietara, fuese que realmente estuviese enamorado +de su mujer, ocultando su afecto por un estúpido y torcido amor propio, +lo cierto es que renunció a llevar más lejos su indigna fanfarronada y +tomó de nuevo el camino de la calle Monceau. Después de tan corta +ausencia, le sería fácil hacer pasar, la cosa como una simple broma.</p> + +<p>Ya en su casa, entró sonriendo en el gabinete donde había quedado su +mujer; las lámparas ardían todavía, pero Mariana no estaba; después de +haberla llamado con discreción, penetró en el dormitorio débilmente +alumbrado, mas vio sorprendido que no había nadie; subió corriendo a las +habitaciones de miss Brown. Miss Brown tampoco estaba; no atreviéndose a +interrogar a la servidumbre, salió de nuevo y fue a tomar noticias al +hotel del parque Monceau donde vivía la señora de La Treillade. Mariana +no había parecido por allí; entonces volvió a su domicilio y pasó la +noche paseándose en el gabinete de su esposa desde las doce hasta las +siete de la mañana, a cuya hora tuvo el gusto de verla entrar pálida y +yerta de frío, envuelta en un abrigo de pieles.</p> + +<p>—¿De dónde venís?—le preguntó con voz ahogada.</p> + +<p>—Vengo de pasear mi libertad como vos paseáis la vuestra.</p> + +<p>—¡Me parece bien!—gritó el barón.</p> + +<p>—¿No es verdad?—repuso fríamente Mariana.</p> + +<p>—¡Pero es que no ha sido más que una broma!</p> + +<p>—Una broma ha sido también la mía.</p> + +<p>—¿Por quién me tomáis?—preguntó al fin, rojo de cólera.</p> + +<p>—Os tomo por un pobre hombre desenterrado... Vamos, idos a dormir... +¡Vamos, idos!</p> + +<p>Mariana le mostró la puerta y él salió mansamente... Estaba <i>espantado</i>.</p> + +<p>—Querido—decía Julio algunos días después en tono confidencial a su +amigo Pierrepont—, sabes que si yo soy <i>fin de siglo</i>, ¡mi mujer lo es +aún más que yo!</p> + +<p>—Me admiras, Julio—respondió Pierrepont.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XII" id="XII"></a>XII</h2> + +<p class="tit">el palco del teatro francés</p> + + +<p>Dos meses después del casamiento de la señorita de La Treillade con el +barón Julio Grèbe, Fabrice y su mujer, acompañados de los señores de +Aymaret, fueron una noche al teatro Francés.</p> + +<p>Ocupaban aquel grande y conocido palco de escena que la administración +del establecimiento se reserva, cediéndolo de cuando en cuando a los +amigos de la casa, y ese palco es tanto más buscado cuanto que de él +depende un saloncito colocado enfrente del otro lado del corredor.</p> + +<p>Eran las nueve y media y acababa de levantarse el telón para dar +principio al segundo acto de <i>Mademoiselle de la Seiglière</i>, cuando la +atención que Beatriz y la de Aymaret prestaban a la pieza, fue +bruscamente interrumpida por la estruendosa entrada que efectuaban tres +o cuatro personas en el palco opuesto al que ocupaban nuestras +conocidas, quienes reconocieron en seguida a la baronesa de Grèbe, por +su familia de La Treillade, escoltada de su fiel institutriz y seguida +del marido y del marqués de Pierrepont.</p> + +<p>Estas señoras y caballeros parecían estar de muy buen humor, tanto, que +la exuberancia de sus demostraciones levantaron en la sala algunos +murmullos de descontento.</p> + +<p>Todo París se ocupaba hacía algún tiempo de la intimidad de Pierrepont +con la joven baronesa de Grèbe, y en cuanto al barón, enteramente +domado, fascinado e hipnotizado por su mujer, había concluído por formar +parte de la numerosísima cohorte de maridos de que rebosa el mundo y de +los cuales no sabe uno si compadecer la ceguera o admirar la +complacencia. Aun para los que desconocían los escabrosos detalles de +estas relaciones públicas del marqués con la tierna recién casada, la +circunstancia precisamente de la extremada juventud de su cómplice, le +daba un aire de criminal corrupción de menores que causaba universal +repugnancia. Fue esta grave falta nuevo motivo de tristeza para sus +amigos de otros tiempos, que veían degradarse bajo sus ojos, de +escándalo en escándalo, esta noble, delicada y caballeresca figura que +tanto los había hechizado en otros tiempos.</p> + +<p>Mucho tiempo hacía que Beatriz y su amiga ni pronunciaban siquiera el +nombre del marqués, cuando sufrieron la contrariedad de encontrarse con +él y Mariana cara a cara en una función del teatro Francés. No tardaron +en advertir que a su vez fueron reconocidas, considerada la expresión de +fisonomía de los vecinos y el incesante jugar de los anteojos; Mariana +se expresaba con viveza, pareciendo mostrar decidido empeño en llamar +la atención del marqués sobre el palco de Fabrice.</p> + +<p>En el entreacto Jacques, a quien un trabajo urgente llamaba a casa, se +retiró, seguido del vizconde, que se fue al círculo a jugar su +indispensable partida de <i>bésigue</i>. La señora de Aymaret debía acompañar +a Beatriz a su domicilio al concluir el espectáculo.</p> + +<p>En los mismos momentos en que los dos maridos abandonaban la sala, +Pierrepont, pareciendo obedecer contra su voluntad una orden de Mariana, +se levantaba y salía de su localidad. Beatriz, que tras del abanico no +cesaba de mirarlo, sintió que el corazón se le saltaba del pecho, y aun +tuvo que ponerse sobre él la mano para contener sus violentos latidos.</p> + +<p>—¿Qué tienes... qué te ha dado?—le preguntó la vizcondesa.</p> + +<p>—¡Estoy segura de que viene a vernos!</p> + +<p>—¡Qué disparate!... ¿Estás loca?</p> + +<p>—¡Ya lo verás!</p> + +<p>Tres o cuatro minutos después tocaron ligeramente la puerta del palco. +La señora de Aymaret se levantó a abrir y Pierrepont entró.</p> + +<p>Saludó cortésmente pero con frialdad, y echó a su alrededor una mirada +como extrañando encontrar solas a las dos damas.</p> + +<p>—¿Pues qué, se ha ido Jacques?—les preguntó.</p> + +<p>—Sí—respondió la vizcondesa—; acaba de irse.</p> + +<p>—¡Oh!... ¡qué fastidio!... ¡qué fastidio!—añadió Pedro ocupando con +cierta extraña torpeza el asiento que le ofrecían, con torpeza tal que +se le cayó el anteojo de teatro, recogiéndolo con risas tan exageradas +que chocaron a aquéllas damas—. Estaba encargado de trasmitirle una +misiva... una misiva... a ese buen Jacques... pero no dudo de que la +señora Fabrice tendrá a bien servirme de intermediaria... y naturalmente +obtendrá de su marido cuanto le pida...</p> + +<p>La incorrección del lenguaje del marqués, el balbuciente acento con que +acompañara sus palabras, lo descompuesto de su gesto y modales, no +escaparon a las jóvenes amigas, que convinieron dolorosamente para sus +adentros en cómo eran una verdad los hábitos de intemperancia que se le +atribuían a aquél.</p> + +<p>—He aquí el caso—continuó Pierrepont, mientras las señoras escuchaban +con verdadero estupor—. Todo el mundo se ocupa del retrato de miss +Nicholson que Fabrice acaba de terminar... una obra maestra según +dicen... la baronesa Grèbe está encaprichada de tener uno también... +pintado por la mano del grande artista... pero según parece... está +recargado de trabajo... rehusa clientela... hay que aguardar turno... +hacer antesala... y yo quisiera uno... un retrato... de la mujer de mi +joven amigo... por intermedio, repito, de la señora Fabrice.</p> + +<p>Ni la índole de la petición, ni las formas con que fuera hecha, eran +asuntos que pudiesen complacer a Beatriz.</p> + +<p>—Mi marido—respondió aquélla con glacial desdén—jamás me consulta +acerca de los modelos de mi agrado... Nunca hablamos de cosas que se +refieren a su profesión.</p> + +<p>—¡Ah!... ¿según parece... la señora de Fabrice nos niega su apoyo... en +este particular?</p> + +<p>—Sí, señor, lo niego—replicó Beatriz levantándose con dignidad—. +Elisa, permite que me sirva de tu cupé; volverá dentro de veinte +minutos.</p> + +<p>Pasó altivamente delante de Pierrepont, abrió la puerta del palco y +entró en el salón de enfrente poniéndose su abrigo de pieles. La señora +de Aymaret había venido a ayudarla; diéronse la mano y Beatriz se fue.</p> + +<p>Pierrepont de pie, inmóvil, mudo, asistía en la penumbra del palco a +esta breve escena. Por fin, decidióse a ir al encuentro de la vizcondesa +que permanecía en el saloncito; la interesante dama se había sentado en +un diván y respiraba con dificultad cual si una mano de gigante le +oprimiera el corazón. El marqués paróse delante de ella, agitadas las +manos por un ligero temblor, encendidas la frente y las mejillas, porque +la cólera había acabado por trastornarlo, y siempre balbuciente ensayó +formular una disculpa.</p> + +<p>—A usted se lo puedo decir... con el respeto debido... mi intención no +ha sido... No entra en mis costumbres, usted sabe, insultar a una +señora... no creo que me he hecho acreedor... a su enfado... Por lo +demás, ahora es ya asunto a debatir entre hombres... En cuanto a +usted... me permito evocar recuerdos... que supongo...</p> + +<p>De pronto callóse, como advirtiese que la señora de Aymaret ocultaba su +rostro entre las manos y que las lágrimas escapaban de sus ojos, +humedeciendo sus guantes.</p> + +<p>Hubo dos o tres minutos de silencio; en seguida el marqués, pálido como +un cadáver, le dijo en baja, aunque firme voz:</p> + +<p>—¿Por qué llora usted?</p> + +<p>La vizcondesa no le respondió sino con una explosión de sollozos.</p> + +<p>—¡Ah!... lo sé—replicó el marqués, sacudiendo tristemente la cabeza—; +llora por causa mía... llora por causa del hombre a quien ha honrado con +su amistad... con su estima... y a quien contempla hoy caído en la +última degradación... pero si le causo lástima... si le causo horror... +¿de quién fue la culpa sino de esa miserable mujer que acaba de irse?</p> + +<p>—¡Señor de Pierrepont!</p> + +<p>—¡Nada de nuevo le digo, señora... nada!... El cambio singular que se +ha efectuado en mi vida es tal vez un enigma para todo el mundo menos +para usted... Es imposible que usted... ya que no los demás, no adivine +la causa verdadera...</p> + +<p>—Algunas veces... sin duda—murmuró la vizcondesa—, esa idea ha pasado +por mi cabeza... Pero, ¿cómo aceptarla?... ¿Cómo suponer que una +decepción, por amarga que ella sea, haga caer a un hombre...?</p> + +<p>Titubeó un momento.</p> + +<p>—¡Tan bajo!...—dijo Pierrepont, terminando la frase—. ¡Pero, por +Dios, señora, usted ha sido mi confidente... en esa terrible hora de mi +vida! Tenga usted en cuenta, pues, lo que ha debido ser para mí ese +desengaño a que se refiere... A esa edad en que el destino del hombre +está en suspenso, es casi siempre una mujer quien lo decide... quien lo +convierte en bueno o en malo... Cuanto a mí, esa mujer fatal ha sido su +amiga de usted... Tal cual ella se me aparecía entonces, con su temible +belleza y sus supuestas virtudes, era a mis ojos como el viviente +símbolo de la dicha que yo soñaba en el seno de un hogar respetado... +Yo había cifrado todo mi porvenir, toda mi vida en ese ensueño de que +ella era la inspiradora... Usted sabe todos los obstáculos que nos +separaban, usted conoce todas las objeciones, todas las resistencias que +debía yo arrostrar o vencer... Usted sabe que estaba pronto a todas las +abnegaciones, a todos los sacrificios... No ignora que lo aceptaba todo, +las privaciones, las estrecheces, la sujeción, el trabajo... con tal que +fuera mi mujer... Sabe, en fin, cuánto la amaba... con qué loca +ternura... casi santa, me atrevo a decirlo así... Y cuando ella ha +burlado un amor semejante, le admira a usted que me haya convertido en +un insensato y que la llame una miserable.</p> + +<p>—Señor de Pierrepont, le compadezco con toda mi alma... pero, ¿es digno +de usted, de su buen sentido, de su rectitud, llamar miserable a una +mujer porque ha rehusado casarse con usted?</p> + +<p>—¡No la trato de miserable porque haya rehusado casarse conmigo... sino +porque durante meses y años ha alentado mi pasión, porque me ha hecho +creer que la compartía... y porque mintió, en fin!... Vamos a ver, +señora, ¿cree usted que soy un niño? ¿cree que pude engañarme con +respecto a su actitud, a sus miradas, a su acento, a su silencio mismo? +Pues que, ¿todo eso no estaba diciendo que me amaba? ¡Vamos, que usted +misma estaba persuadida y todo eso no era más que mentiras y fría +coquetería!... Y es que entonces, a pesar de mi escasa fortuna, para +ella que no tenía nada, era yo un partido... pero el día en que un +pretendiente más rico se le presentó, arrojóse en sus brazos sin mirar +que me partía el corazón.</p> + +<p>—¡Si supiera, señor, si supiera cuán injusto es usted!</p> + +<p>—¡Se arrojó en sus brazos sin mirar que me partía el corazón!—continuó +con exaltación creciente—, y todo lo que por mí pasó en ese momento, +todo lo que he sentido de desencanto, de humillación, de dolor, de +salvajes celos... ¿cómo no lo comprende usted? He pensado en darme la +muerte... pero la vida que llevo es un suicidio como cualquier otro... +con el descrédito y la vergüenza además.</p> + +<p>—¡Señor de Pierrepont... cálmese, se lo ruego... cálmese!...</p> + +<p>—Ha conseguido volverme loco... me ha hecho perverso en todo sentido... +¡Ah! le juro que ella misma ha de convencerse de lo que digo. ¡Ahora +hace un instante, me negaba un favor baladí... y todo por ultrajar a esa +mujer... que vale bien poco, es verdad... pero que, de cualquier manera +que sea, es mejor que ella...! ¡Pues bien, o nos dará una satisfacción +a la baronesa y a mí, o le mataré a su marido!... De todos modos lo +aborrezco; un hombre honrado y todo lo que se quiera... pero a quien +aborrezco, sí... ¡hará el retrato de mi amante o lo mandaré al otro +mundo!...</p> + +<p>—Señor de Pierrepont—exclamó la vizcondesa, oprimiendo el brazo del +marqués—; por todo lo que más quiero y lo que más respeto; por todo +cuanto hay de más sagrado, le juro... ¿me oye usted? le juro que Beatriz +es inocente de lo que la acusa.</p> + +<p>—¡Sin duda, se lo ha dicho ella!—murmuró Pierrepont sonriendo con +amargura.</p> + +<p>—¡Ay, Dios mío!—continuó la señora de Aymaret fuera de sí—. Pues +bien, me lo ha dicho... me lo ha dicho todo... me ha confesado todo... +me ha dicho que le ama a usted desde su infancia y que nunca ha amado a +otro hombre sino a usted... me ha dicho que la idea de ser su mujer era +la única de sus ilusiones... que le adoraba, en fin... y que la tía de +usted la obligó a rehusar su mano de usted so pena de desheredarle... +que por usted se ha sacrificado... que por usted ha sufrido el +martirio... ¡Ahí tiene usted la verdad pura!... y le digo que será el +último de los hombres si alguna vez hace que me arrepienta de la +indiscreción culpable... culpabilísima... que acabo de cometer... +únicamente para evitar una desgracia... para evitar el crimen que +premedita usted.</p> + +<p>El marqués la contemplaba con mirada incierta, aun dudando todavía, pero +la confidencia que acababa de brotar del corazón y de los labios de la +vizcondesa tenía tal sello de verdad, que por sí misma se imponía; así +lo comprendió rápidamente el marqués, y tomando con efusión las manos de +la de Aymaret, mientras se sentaba delante de ella abrumado y confuso:</p> + +<p>—¿Es posible?...—le dijo—. Sí, yo sé que nunca falta usted a la +verdad... ¡Oh! que Dios le premie el bien que me ha hecho usted... ¡Oh! +¡cuan agradecido le estoy!... ¡No me da usted la dicha, ay!... pero al +menos me devuelve carácter y honra.</p> + +<p>—¡Tomo nota de ello!—díjole la vizcondesa apretando la mano de +Pierrepont, y le dio entonces detalles de las amenazas de que Beatriz +había sido víctima por parte de la muerta baronesa, no habiendo ya razón +para ocultarle esos particulares que Pedro demostraba avidez en conocer.</p> + +<p>El movimiento de los espectadores de la sala les dio a entender que un +acto terminaba.</p> + +<p>—Mi querido señor—dijo al marqués la vizcondesa poniéndose de pie—, +los dos tenemos necesidad de reposo... y todavía más de reflexión... por +otra parte, deben empezar a inquietarse en el palco de enfrente por su +ausencia.</p> + +<p>Pierrepont hizo un gesto de soberana indiferencia.</p> + +<p>—Vaya usted mañana a verme a las dos—concluyó la señora de Aymaret—. +Tenemos que tratar una cuestión muy seria, el de la conducta a seguir +respecto a Beatriz.</p> + +<p>—Hasta mañana, pues, señora... y todavía una vez gracias mil... ¡Oh, +gracias mil!</p> + +<p>Y ganó la puerta del corredor mientras que ella entraba en su palco.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h2> + +<p class="tit">pasión</p> + + +<p>La prudente mujercita pasó una noche muy inquieta pensando las +consecuencias probables o posibles de la grave revelación que se había +visto obligada a hacer al marqués. Esta trascendental confidencia le fue +arrancada por necesidad tan imperiosa que nada podía reprocharse en su +fuero interno, no pudiendo caber duda alguna acerca de que el primero de +sus deberes fuese evitar a cualquier costa y ante todo el peligro de un +sangriento conflicto personal entre Pierrepont y Fabrice; pero no por +eso deploraba menos haberse visto reducida a tan apremiante extremidad +sin que pudiera ocultarse a su buen juicio que la fuerza de las +circunstancias iban a poner a Beatriz, para el futuro, en una situación +por extremo delicada con respecto al hombre que se hallaba en posesión +del secreto de aquélla.</p> + +<p>Dejar ignorado que Pierrepont lo conocía hubiese sido ilusoria +presunción, porque Elisa no podía esperar que el marqués se condenase en +lo sucesivo a la misma reserva que observara en el pasado, siendo +imposible suponer tampoco que consintiese ahora en continuar soportando +el desprecio de Beatriz sin intentar ante ella una justificación de su +pasada conducta, aunque no fuese más que de aquella observada la noche +anterior en el palco del teatro Francés. Y desde el momento que una +explicación era inevitable, pensó acertadamente la señora de Aymaret que +sería más decoroso y menos arriesgado hacerla ella misma a la +interesada, descartando por ese medio a Pierrepont. En cuanto al nuevo +sesgo que forzosamente iban a tomar las relaciones de Beatriz con el +marqués, nada le pareció mejor a fin de prevenir todo peligro sino hacer +un llamamiento a los sentimientos de honor que en los dos reconocía. +Franca y recta nuestra vizcondesa, otorgaba generosa y tal vez excesiva +confianza a los nobles y leales procederes; así, pues, dado este sentir, +consideradas estas circunstancias, parecióle imposible que ningún +expediente cualquiera pudiese dar el laudable resultado que perseguía.</p> + +<p>Bajo la impresión de estas ideas fue que recibió al marqués cuando fue a +casa de ella al otro día en la hora que la vizcondesa le había fijado. +Pierrepont se presentó muy serio, y su hermoso rostro, aunque un poco +alterado, no conservaba traza alguna de aquella perversa risa que se +apoderara hacía tiempo de su semblante a guisa de mueca nerviosa.</p> + +<p>—Asegúreme de antemano, querida amiga, que no he soñado lo que me +confió usted anoche.</p> + +<p>—Y no lo ha soñado usted... Ahora hablemos razonable y seriamente, si +es posible. Le he libertado de una pesadilla que desgarraba su +corazón... ha sido un poco a pesar mío, lo confieso... pero, en fin, +creo que, eso no obstante, me guardará algún agradecimiento.</p> + +<p>—Un agradecimiento infinito.</p> + +<p>—Lo veremos... Hablemos claro. Posee usted ya el secreto de Beatriz; +sabe usted que le ha amado mucho y que en lugar de haberle traicionado y +sacrificado, como creía usted, ha sido ella, por el contrario, quien se +impuso un verdadero martirio. Hoy tiene ya otras afecciones, otros +deberes, y esté usted seguro de que no conseguirá apartarla de ellos, +pero si abusa de mi forzada indiscreción, conseguiría turbar su +tranquilidad... y a mí, señor, en premio del servicio que le he +prestado, me sumiría en un abismo de dolor.</p> + +<p>—Déme usted sus órdenes, dígame qué quiere que haga.</p> + +<p>—Pierrepont, está usted para siempre separado de la mujer a quien un +día pensó usted unirse, y que le amaba como usted la amaba... eso, no lo +niego, es una gran pena, una gran desdicha, pero irremediable, +consumada; no, no debe, pues, pensar en otra cosa que en poner a +cubierto de un seguro naufragio aquello que aun todavía puede ser; +honrosamente salvado; no le exijo que abandone París y que no vuelva a +ver a Beatriz, no, eso sería demasiado... pero sí le ruego que la vea en +lo sucesivo como a una mujer de la que nada hay que esperar fuera de la +amistad y de la estima. Mucha firmeza necesitará usted, lo sé, para dar +cumplimiento a mi súplica; ¿mas no me dijo usted ayer mismo que le había +devuelto el carácter... y el honor?</p> + +<p>—Señora, espero darle la prueba.</p> + +<p>—Gracias mil—respondió la vizcondesa conmovida—, pero, para ayudarle +en su propósito—añadió sonriendo—, me permitirá usted que tome algunas +precauciones sugeridas por mi antigua experiencia... Entre todas las +contingencias que podrían poner a prueba su tesón, hay una que preveo y +que deseo evitarle... Le ruego que prescinda de toda explicación directa +con Beatriz; yo la pondré al corriente de lo ocurrido hoy mismo y no +tendrá más sino presentarse de nuevo en casa de Fabrice como si nada +hubiera pasado. Le prometo que será bien recibido; no se le hará alusión +alguna ni en cuanto al presente ni en cuanto al pasado, y usted me +promete, ¿no es verdad? rehuírlas también por su parte... ¿me promete +también no enternecerse?... ¿me promete, en fin, no ser para Beatriz más +que un bueno y antiguo amigo como lo es para mí... y nada más?</p> + +<p>—Se lo prometo, y creo no tener en ello gran mérito, porque lo que me +ofrece me parecerá bien grato en comparación a lo que he sufrido.</p> + +<p>—¡Sea en hora buena!... ahora le despido... Voy inmediatamente a su +casa. Le he dado cita para hoy a mediodía.</p> + +<p>—Pero, señora, puesto que usted me prohibe que me sincere ante ella, +que me justifique a sus ojos, a lo menos que sepa...</p> + +<p>—Lo sabrá todo... Si no le escribo vaya usted a verla cuando tenga por +conveniente, pero con preferencia el lunes... es el día que recibe... y +así se perderá entre mucha gente... eso será menos violento para usted y +para ella... ¡Pero es tarde! ¡Me voy!... ¡Hasta otro día!</p> + +<p>Y se separaron...</p> + +<p>Todavía bajo el imperio de la dolorosa escena de la víspera no había +podido aún Beatriz dominar sus angustias cuando recibió por la mañana el +lacónico billete por el cual la señora de Aymaret la preparaba para +tener con ella una importante entrevista. Después, al momento que la vio +entrar, corrió la mujer del pintor al encuentro de su amiga +preguntándole con grande inquietud:</p> + +<p>—¿Qué hay?.... ¿qué ocurre?</p> + +<p>—Hay en primer lugar que te traigo las excusas del marqués de +Pierrepont, y además la seguridad de que en adelante no nos hará +sonrojar la amistad que le profesamos.</p> + +<p>—¿Es verdad lo que me dices?—exclamó Beatriz uniendo las manos en un +transporte de grata sorpresa..</p> + +<p>—Sí, hija mía; pero esa satisfacción la he comprado un poco cara... +Siéntate, que voy a contarte mi historia.</p> + +<p>Y le refirió la tormentosa conferencia que tuvo la víspera con el +marqués en el saloncito del teatro Francés, sin omitir, por supuesto, el +desenlace. ¡Había traicionado a Beatriz! Pero la había traicionado para +defenderla contra injustas y crueles imputaciones, para volver la calma +a un desdichado en la desesperación, en fin, y, sobre todo, para +conjurar el inminente peligro de un deplorable desafío.</p> + +<p>Beatriz, que la escuchaba con apasionado interés, no respondió sino +cubriendo de besos la mano de su amiga.</p> + +<p>Segura ya del perdón de aquélla, pasó la vizcondesa al terreno de las +recomendaciones, de los consejos, de las súplicas, repitiendo bajo otras +formas lo mismo que había dicho a Pierrepont, poniendo en antecedentes a +su amiga de lo que conviniera con el marqués y procurando hacer +comprender a aquélla, como Pedro por su parte lo comprendía también, +que, al renunciar a lo imposible, al aceptar lo irreparable, +encontrarían todavía algunos encantos en su recíproca situación, +encantos sin duda melancólicos, pero puros y profundos en su misma +poética nobleza. Fuera de eso no quedaba para Beatriz más que oprobio, +degradación, sonrojo, y para la misma señora de Aymaret eternos +remordimientos por una imprudencia tan involuntaria como imprescindible +en evitación de mayores males.</p> + +<p>Beatriz le dio las gracias con efusión, confesándole que en lo íntimo de +su conciencia se alegraba de que Pierrepont supiera la verdad y que +sería aún más dichosa si lo viese volver a la buena senda, asegurando a +la vizcondesa que en cuanto a lo demás podía tener confianza en ella. +«Hay—le dijo con entera buena fe y no sin un poco de +altivez—pensamientos que nunca me asaltan... He sufrido mucho, y mucho +me queda que sufrir todavía, pero aun cuando no tuviera principios +tendría bastante orgullo, demasiado respeto a mí misma para ir a buscar +el consuelo de mi perdido amor en una intriga galante.</p> + +<p>Después de tan satisfactoria conferencia, la señora de Aymaret volvió a +su casa y se tendió en un sofá durmiéndose con sueño de justo.</p> + +<p>El día siguiente de estos sucesos era un lunes, y, por consecuencia, el +de recepción en casa de Beatriz. No quiso aguardar Pedro más tiempo para +dar un paso que lo atraía y lo inquietaba al mismo tiempo; encontró a +aquélla rodeada de visitas, circunstancia que atenuó las dificultades de +esta primera entrevista. Un apretón de manos bastante prolongado, un +rápido cambio de profundas miradas fue toda la explicación que medió +entre ellos.</p> + +<p>Al abandonar la sala entró el marqués en el taller de Jacques, quien no +pudo reprimir, al ver a su antiguo amigo, un movimiento de sorpresa y de +embarazo.</p> + +<p>—Querido maestro—le dijo sencillamente Pedro—, heme aquí de nuevo... +semejante al hijo pródigo... En una palabra, he tenido graves +disgustos... lanzándome para olvidarlos en una miserable vida de +calavera... sin conseguir mi objeto... y vengo hoy a buscar ese olvido +en el seno de mis antiguos amigos... no sin confesar que por ahí debiera +haber empezado.</p> + +<p>—Tú eres siempre bien venido, queridísimo Pedro—replicóle el pintor, +dándole un prolongado y vigoroso apretón de manos—. Tu presencia me +hacía falta y también tus consejos... y para reparar de seguida el +tiempo perdido, voy a enseñarte un cuadrito que me está dando que +hacer—y diciendo esto levantó un forro de sarga que cubría el +caballete—. Para que no te equivoques—continuó—, principiaré por +decirte que es el retrato de miss Nicholson; como ves, la pinto en +figura de Hebe, y en el viejo estilo de nuestros padres, es un ensayo... +Hebe se apresta a ofrecer la copa a los dioses... que están entre +bastidores... ¿qué te parece?... ¡Yo la encuentro atroz!</p> + +<p>—¡Es magnífico!—contestó el marqués, después de un minuto de examen.</p> + +<p>—¡Vamos, tanto mejor! Pero hay todavía para diez sesiones... Tengo otra +pelota en el tejado... pero ésta es la mar... figúrate que la primera +vez que vino a verme descubrió el bueno de papá Nicholson, curioseando +en mis cartones, el bosquejo de cuatro grandes recuadros representando +las cuatro estaciones... se ha enamorado de aquéllos y quiere que se los +pinte para su comedor de Chicago... Ya ves que nada se rehusan, en +Chicago... Cuatro pedazos de pinturas de tres metros por dos... ¡como +quien no dice nada!... «Pero, señor—le dije—, para dar a usted gusto +tendría que consagrar exclusivamente a esa obra un año de vida... por lo +menos... y francamente, mis medios no me lo permiten...» ¡Motivo de más +para estimular al buen señor, que me ha ofrecido una fortuna!... ¡Y como +al fin tengo mujer e hija, es ésta una ocasión para asegurarles su +porvenir... por cuyo motivo he aceptado!</p> + +<p>—¡Has hecho muy bien, y papá Nicholson tiene mejor gusto de lo que yo +suponía!... ¿Y has empezado ya tus recuadros?</p> + +<p>—No están más que esbozados... pero no puedo trabajar aquí... el taller +es demasiado chico... Me veo obligado a aceptar la hospitalidad de un +vecino hasta que vuelva a mi colgadizo de Bellevue, donde nos +encontraremos a nuestras anchas los recuadros y yo. Hemos vuelto a +alquilar la quinta del año pasado, y mi mujer, en consideración a este +trabajo excepcional, me concede instalarse en el campo muy temprano este +año. ¡Espero, mi querido marqués, que no aprovecharás otra vez nuestra +residencia en el campo para hacernos una nueva rabona!</p> + +<p>—Teme, por el contrario, verme aparecer con demasiada frecuencia en tu +horizonte—respondió Pierrepont riendo.</p> + +<p>Así se vieron restablecidas bajo el pie de la antigua intimidad, las +relaciones amistosas de estos dos hombres. Fabrice no pudo ocultar a su +mujer el contento que esto le causaba, y, por la tarde, durante la +comida, como hablasen de ese particular, la mortificó inocentemente con +sus embarazosas preguntas acerca de lo que ella pudiese saber o adivinar +sobre las causas que originaron esta dichosa y repentina conversión de +Pedro.</p> + +<p>—Se me figura—dijo el pintor a Beatriz—, que tu amiga la señora de +Aymaret es quien ha operado el milagro.</p> + +<p>—Eso mismo me imagino yo—respondió Beatriz.</p> + +<p>—Lo que me llama más la atención es que anteanoche en el teatro, sin ir +más lejos, de todo tenía cara menos de penitente.</p> + +<p>—¡Pues precisamente!—replicó Beatriz—. Fue a nuestro palco a ver a +Elisa cuando ya nosotros nos habíamos ido, y aquélla le predicó un +sermón sin paño.</p> + +<p>—¡Qué atractiva personita! Mas Pedro echa la culpa de sus calaveradas a +grandes disgustos que ha tenido... ¿Qué grandes disgustos han sido +ésos?... ¿Tienes alguna idea?</p> + +<p>Beatriz dio respuesta a su marido con un signo negativo de cabeza y en +sus labios se dibujó indefinible sonrisa.</p> + +<p>Pocos días después de estos incidentes, ocupábase la crónica escandalosa +de París de una ruptura entre el marqués de Pierrepont y la baronesa de +Grèbe. Estos rumores eran fundados. Habiendo decididamente rehusado +aquél servir de intermediario con Fabrice para que éste hiciera el +retrato de la joven dama a la moda, ésta lo despidió después de una +violenta escena, y aunque mandó llamarlo al día siguiente por medio de +un almibarado billete, Pedro fue inexorable, por más que el barón Julio, +completamente domesticado ya, se hubiese tomado personalmente el trabajo +de llevar por sí mismo la misiva.</p> + +<p>En los primeros tiempos inmediatos a la reconciliación de Pierrepont con +Beatriz, tuvo la señora de Aymaret el gusto de ver que las recíprocas +relaciones de aquéllos tomaban el carácter que ella les había asignado +con atinada prudencia. La vizcondesa notaba en la mutua actitud de Pedro +y de su amiga, en su miradas, en su lenguaje, tan leal franqueza, tan +tranquila paz, aun cierta alegría misma que le parecieron del mejor +augurio, pues se echaba de ver en sus procederes ese contento de las +personas que se encuentran satisfechas en una situación dada sin aspirar +a salir de ella. En realidad, encontrábase todavía bajo la influencia de +la impresión primera, que era para los dos la de un inmenso alivio, +porque Beatriz no tenía ya sobre su pecho aquella pesadumbre de verse +acusada y condenada por el hombre que era para ella todo en el mundo, y +Pierrepont, por su parte, a quien el aparente desdén de Beatriz había +tan profundamente lastimado en su sensibilidad, y, justo es decirlo, +también en su orgullo, no sentía tampoco sus heridas desde el momento +que se sabía amado. Fueron, pues, estos momentos de deleite que dieron a +ellos, al menos por algún tiempo, la ilusión de apacible y duradera +dicha.</p> + +<p>Poco a poco fue el marqués volviendo a sus antiguas costumbres, +frecuentando el taller de Jacques, donde encontraba casi siempre a +Beatriz, sobre todo durante las sesiones para el retrato de miss +Nicholson, con cuya amable persona había intimado mucho la mujer del +pintor. La señora de Aymaret, a quien la joven americana inspiraba +también decidida simpatía, solía acompañarla cuando su padre no podía +hacerlo. Miss Nicholson preparábase por estos tiempos a abandonar la +Francia después de dos años de residencia en ella, y ya sabemos las mil +ocupaciones que una señorita tiene antes de dejar una ciudad como París, +razón por la cual no podía asistir diariamente a casa del artista; +pasáronse, pues, tres o cuatro semanas antes que el retrato hubiese +recibido con la última pincelada la firma del maestro, sin que, por otra +parte, pareciese mostrar deseo de verlo terminado la bella interesada, +quien manifestaba en las largas y fatigosas sesiones una paciencia +verdaderamente angelical, sobre todo si el marqués de Pierrepont se +encontraba presente. No dejó la señora de Aymaret de parar su atención +sobre este detalle, cayendo en la cuenta de que el sonrosado encantador +semblante de la joven, parecía aún más encantador y más sonrosado cuando +Pedro se dignaba dirigirle la palabra, pero para desdicha de la pobre +Ketty nada presagiaba que el marqués tuviese la intención de pasar a +mayores.</p> + +<p>Al mismo tiempo de lo apuntado, hizo la señora de Aymaret otras +observaciones que le dieron mucho que pensar decidiéndola a llevar a la +práctica ciertos diplomáticos planes. Habiendo ido la americana a +despedirse de la vizcondesa en la víspera de su partida para New York, +vía Havre, resolvió aquélla aprovechar la oportunidad y poner los +cimientos del proyecto que hacía algunas fechas venía acariciando: +claramente advirtió que miss Nicholson deseaba hacerle alguna confesión, +circunstancia que llenó de gozo a la de Aymaret, quien, por su parte, +estaba decidida a pedírsela a aquélla. Ketty le contó paulatinamente a +Elisa, con esa mezcla de pudor y de intrepidez, que es uno de los +hechizos de las de su raza, que sentía una tierna inclinación por el +marqués, pero que, al mismo tiempo, estaba convencida de que aquél era +totalmente indiferente hacia ella, por cuya razón partía +desesperadamente. La señora de Aymaret trató de rehacer un poco su +moral, ofreciéndole quedar hecha cargo de sus intereses, puesto que +hacía tiempo que pensaba casar a Pedro, quien de su lado había encargado +a ella, en quien tenía ilimitada confianza, que le designara persona de +su agrado; así, pues, Elisa lo inclinaría hacia Ketty, cuidando, por +supuesto, de dejar a salvo la dignidad y delicadeza de ésta.</p> + +<p>—Pero entendámonos, niña mía—añadió la vizcondesa—; si consigo +expedirlo para Chicago, ¿puedo estar segura de que encontrará buena +acogida por su parte de usted, no es eso?</p> + +<p>Miss Nicholson respondió con un gesto expresivo acompañado de cierta +expresión que a nuestra lengua podríamos traducir por ¡caramba!, +arrojándose en seguida al cuello de la vizcondesa, a quien cubrió de +besos, para salir después con su aire marcial, la frente radiante, cual +si ya reposaran en ella los elegantes florones de la corona de marquesa.</p> + +<p>La verdad era que las relaciones de Pedro con la mujer del pintor +tomaban de día en día, merced a las facilidades del taller, un aire de +intimidad que no entró en las previsiones de la vizcondesa y que +comenzaba a preocuparla seriamente. Los recíprocos procederes de +Pierrepont y Beatriz ofrecían ciertos síntomas acerca de los cuales +nunca se engaña el fino olfato femenino. A la abierta actitud de los +primeros días, habían sucedido timideces, cortedad, largas y profundas +miradas, prolongados silencios, ensueños, mal humor constante; era +visible que se buscaban, y que al mismo tiempo temían encontrarse; era +visible que en sus más insignificantes palabras había algo de tierno y +de vibrante; no ignoraba la de Aymaret que sus conversaciones +personales, directas, eran muy raras, y que aun parecían querer +evitarlas en lo posible, de lo que venía a deducir, con harta razón la +vizcondesa, que procuraban ponerse en guardia contra la tentación de las +efusiones, de los recuerdos, de las mutuas ternuras; no los creía +culpables, y les hacía justicia, pero, un contacto tan íntimo y tan +familiar entre ellos, ¿no podría ser prueba demasiado fuerte que al fin +diera al traste con sus resoluciones por firmes y sinceras que fuesen? +¿No se encontraban de nuevo en presencia el uno del otro exactamente +como en otros tiempos, al lado de la señora de Montauron? ¿No podrían +despertar paulatinamente y con el mismo ardor que en pasada época esos +íntimos sentimientos, haciendo aún más sensible la ya grande antipatía +de Beatriz por su marido?</p> + +<p>La de Aymaret contaba con que la ausencia de Jacques y su mujer en el +campo podría aflojar los lazos de esta peligrosa intimidad, alejando al +marqués de Pierrepont, a quien no gustaba salir de París; pero pronto +perdió esta ilusión, porque, pretextando aquél el vivo interés que le +inspiraba la obra gigantesca que Fabrice había emprendido, iba con +frecuencia a la quinta de Bellevue, donde generalmente se quedaba a +comer. Cuando la señora de Aymaret los encontraba allí, observaba que él +guardaba siempre, ante Beatriz la misma reservada actitud, pero veía que +palidecían cuando se daban la mano, advirtiendo que comenzaba a surgir +en sus pechos el huracán de la pasión; la vizcondesa se decía que si tal +estado de cosas se prolongaba era suficiente la más leve combinación de +la suerte, el incidente de por sí más trivial para desencadenar las olas +de amor tanto tiempo acumuladas, agitadas y comprimidas en aquellos dos +corazones.</p> + +<p>Profundamente alarmada en su conciencia, en su honradez, en su amistad, +comprendió pronto que sólo una medida radical y heroica podía contener a +Pedro y Beatriz, en esa mancha fatal a los abismos, y fue entonces +cuando le asaltó la idea de casar a Pierrepont con miss Nicholson, +concierto que tendría además la ventaja de alejar a aquél de Francia por +largo tiempo.</p> + +<p>Restaba que los interesados ratificasen este proyecto; miss Nicholson +hallábase conforme de antemano, pero era necesario vencer la doble +oposición del marqués y de Beatriz, oposición tanto más insuperable +cuanto que podía apoyarse en razones especiales; nada tenían que +reprocharse; manteníanse escrupulosamente en los límites de la honrada +amistad que la señora de Aymaret, la misma señora de Aymaret les había +recomendado. ¿Por qué, pues, atormentarlos? ¿Por qué arrebatarles este +inocente consuelo que venía a compensar un tanto sus pasados +sufrimientos? ¿No acusarían a su amiga de gratuita y tiránica +importunidad? ¿No corría el riesgo de enajenarse para siempre la +preciosa afección de aquellos dos interesantes seres?</p> + +<p>Una circunstancia imprevista vino a poner fin a las indecisiones de la +señora de Aymaret; su marido el vizconde, debilitado por todo linaje de +excesos, había caído de algún tiempo atrás en un estado de anemia +alarmante, y los médicos le prescribían una prolongada residencia en +Glion, a orillas del lago de Ginebra; naturalmente, su mujer se prestaba +a acompañarle, era necesario, pues, tentar un último esfuerzo.</p> + +<p>Para hacerlo así marchó una mañana a Bellevue; cuando llegó a casa del +pintor, dijéronle que Beatriz se hallaba en el jardín, probablemente en +el taller de su marido. Este taller se encontraba a alguna distancia del +caserío de la quinta, y no encontró en aquél sino a Jacques, trabajando +concienzudamente en sus recuadros, que prometían ser verdaderas +maravillas.</p> + +<p>Como la vizcondesa le manifestase su admiración:</p> + +<p>—¡Magnífico!—exclamó el artista alegremente—. Repite usted lo que +Pedro me decía hace un momento, y cuando sus apreciaciones de usted +coinciden con las de aquél, hay motivo para estar contento.</p> + +<p>—¿Está aquí Pierrepont?</p> + +<p>—Sí, da con Beatriz una vuelta por el parque... me parece que han ido a +la avenida de los arrayanes... ya usted sabe el camino.</p> + +<p>—Voy allá... hasta luego, amigo mío. Y marchóse por el sendero que +atraviesa la parte baja del jardín... Corrían por esos días los +postreros de abril, y a través del follaje, aún claro en esa época, pudo +distinguir a Pedro y a Beatriz que caminaban lentamente uno al lado del +otro. La señora de Aymaret oyó a pesar suyo algunas de las palabras que +en tenue voz cambiaban los interlocutores, y aun cuando en tal tono +dichas, nada tenían, en verdad, ni de misteriosas ni de +confidenciales... y, sin embargo, cuando se vieron en presencia de la +vizcondesa sus rostros revelaron confusión.</p> + +<p>Después de algunas palabras indiferentes:</p> + +<p>—Señor Pierrepont—dijo la de Aymaret—, ¿tendría usted la amabilidad +de dejarme un momento a solas con Beatriz?... Pero, antes de que se vaya +usted, ¿por cuál tren piensa regresar a París?</p> + +<p>—Por el de las tres y veinte, probablemente.</p> + +<p>—¡Excelente!... ¡Es también, el mío!... Volveremos juntos si usted +quiere.</p> + +<p>—¡Con mucho gusto, señora!</p> + +<p>—Iré a buscarle al taller dentro de algunos minutos.</p> + +<p>Una vez alejado Pierrepont, abordó Elisa sin ambages el asunto a debatir +con Beatriz; se guardó bien de hacerle ni el más leve reproche, +acusándose a sí misma de haber sido ligera, imprevisora, mala consejera, +proponiéndose ahora, antes de alejarse por muchos meses, reparar su +imprudencia imperdonable; sabía que entre su amiga y el marqués nada +existía de criminal, pero, al fin, en sus revelaciones, advertíase un +algo de incorrecto, de equívoco, porque aquella sinceridad de los +primeros tiempos, vano fuera ocultarlo, había desaparecido, y era +imposible suponer que en adelante pudiesen continuar, sin alterar ya la +tranquilidad o la estima de Beatriz, ya el honor de su propio marido; +era, pues, de necesidad urgente poner remedio a ese estado de cosas, y +el único remedio eficaz no podía ser otro sino el inmediato matrimonio +de Pierrepont.</p> + +<p>Aunque evidentemente conmovida Beatriz ante esta insinuación inesperada, +la acogió sin protestas y hasta sin objeciones. Quizás en el fondo de su +alma turbada, empezaba a desconfiar de su propia constancia deseando así +que una mano potente viniese a salvarla de esa lucha que cada día más +presentábase a ella como más dolorosa, como más imposible. Autorizó, +pues, a la señora de Aymaret para que indicase al marqués cómo ella, +Beatriz, deseaba su matrimonio, pidiéndole únicamente a su amiga que en +lo sucesivo nunca le hablase de Pedro, ni jamás le advirtiera, si debía +partir, la época de su viaje.</p> + +<p>—Antes te quería—le dijo con sencillez la vizcondesa—, ¡ahora te +venero!</p> + +<p>Y la dejó en la avenida de los arrayanes marchando al taller en busca de +Pedro.</p> + +<p>—Tenemos todavía—dijo a éste—, como una media hora antes que pase el +tren... ¿Quiere usted que vayamos a esperarlo a la estación de Meudon a +guisa de paseo?</p> + +<p>—¡Qué idilio!—respondió alegremente el marqués levantando los ojos al +cielo.</p> + +<p>Se despidieron de Fabrice, y un instante después, haciendo el camino que +baja de Bellevue a Meudon, la señora de Aymaret exponía a Pedro la +delicada comisión de que para él le había encargado Beatriz.</p> + +<p>La frente de Pierrepont se cargó de nubes, pero, aunque manifestando tan +extrema sorpresa cuanto viva impaciencia, era demasiado recto para no +reconocer que la situación que ocupaba entre Jacques y su mujer +prestábase, aunque injustamente, a las más perversas interpretaciones, +mostrándose en extremo sensible a la idea de comprometer a Beatriz, y +más todavía, a la de arrojar sobre el limpio nombre de su amigo una +tacha de infamia, porque era visto que Pedro profesaba a éste un real +sentimiento de cariño y aun de respeto, y rechazaba con horror la idea +de traicionar vilmente la confianza del honrado y grande artista. Añadió +así, magnánimamente, la necesidad de hacer más frías las relaciones que +podían dar lugar a fundadas sospechas, y aun convino en que, +efectivamente, el matrimonio era el más seguro medio de romper para +siempre con el pasado... Pero, ¿por qué la América?... ¿Por qué miss +Nicholson mejor que cualquier otra?</p> + +<p>La señora de Aymaret consiguió vencer esta última trinchera revelándole +el secreto culto que le rendía la linda millonaria, clase de lisonja a +que todo hombre es siempre sensible.</p> + +<p>—Pero, en fin—dijo Pedro, ya completamente arriado el pabellón—, ¡no +es cosa de irse esta noche misma!... ¿Supongo que me concederá usted +algunos días para arreglar mis asuntos?</p> + +<p>—No muchos, mi querido amigo, porque yo me voy dentro de ocho y no +quiero dejarlo a usted a mi retaguardia.</p> + +<p>—Su confianza de usted me encanta... ¡Pero, en fin, sea! me iré con el +próximo vapor que sale del Havre... porque, francamente, no puedo hacer +el viaje a nado... Vamos, ¿quiere usted que le dé mi palabra?</p> + +<p>—No estaría de más.</p> + +<p>—Está dada.</p> + +<p>—¡Muchas gracias!... recuerde usted que no debe prevenir a Beatriz el +momento de su partida.</p> + +<p>—¡Por supuesto!... pero podré despedirme de ella sin decirle nada, +supongo.</p> + +<p>—Eso sí... ¡claro está!—respondió la vizcondesa.</p> + +<p>En esto llegaban a la estación, al mismo tiempo que el tren, y como +nadie más que ellos ocupasen el coche que los conducía a París, +convinieron en los términos de la carta que al día siguiente mismo se +proponía la señora de Aymaret escribir a miss Nicholson, anunciándole la +próxima salida de Pierrepont para América.</p> + +<p>La vizcondesa estaba tan admirada como encantada del rápido y +relativamente fácil triunfo con que terminara su doble campaña, +diciéndose a sí misma, no sin fundamento, que la débil resistencia +opuesta por sus dos enamorados amigos, atestiguaban con victoriosa +elocuencia cómo ellos mismos estaban en el fondo convencidos de la +irregularidad y de los peligros de la recíproca situación.</p> + +<p>La señora de Aymaret escribió a Beatriz aquella misma noche en +encubierta forma, a fin de darle detalles sobre su conferencia con +Pierrepont. Los subsiguientes días, mientras se entregaban a los +preparativos del viaje, recibió con frecuencia la visita del marqués, a +quien puso en antecedentes acerca de la persona y familia de aquella que +aceptaba por esposa, antecedentes que, como es natural, interesaban +vivamente a Pedro, viendo la vizcondesa en la curiosidad de su amigo +nueva garantía de su firme resolución, que, por otra parte, afianzaba +suficientemente la empeñada palabra de caballero tan cumplido.</p> + +<p>La señora de Aymaret debía ponerse en camino con su marido y sus hijos +el primero de mayo, que era un martes; fue la víspera a Bellevue con +intento de despedirse de Beatriz, a quien halló profundamente triste, +aunque resignada, sabiendo allí por boca de su misma amiga que +Pierrepont había estado en la quinta aquella mañana y participado a +Jacques sus proyectos de viaje.</p> + +<p>El marqués debía partir dentro de tres o cuatro días, el sábado 6 de +mayo, día fijado para la salida del vapor a cuyo bordo tenía ya su +pasaje, prometiendo a la vizcondesa en su visita de despedida que desde +Nueva York le pondría un telegrama anunciándole su llegada, y como se +pusiese de pie para dejarla, la amable señora le presentó sus frescas +mejillas cubiertas de rubor, diciéndole simplemente:</p> + +<p>—Bese a su hermana.</p> + +<p>Al día siguiente, la vizcondesa salió para Suiza.</p> + +<p>Hasta el viernes, víspera de su partida, titubeó el marqués acerca de si +volvería o no a Bellevue, pero al fin decidióse a hacerlo, visto que no +acertaba con el tono a que debía ajustar su carta de adiós a Beatriz; +escribió a ella varias, mas encontrólas todas secas por demás o en +demasía tiernas, y acabó por quemarlas. Llegado que fue a casa del +pintor franqueó la puerta dirigiéndose en derechura al taller donde +encontró a Beatriz, presente su marido, ocupada en una labor de +tapicería.</p> + +<p>—Querido, vengo a darte un apretón de mano... porque no sé si volveré a +verte antes de mi escapada a América... ¡Estoy tan ocupado!</p> + +<p>—¡Cómo! ¿tan pronto te vas?—preguntó Jacques interrumpiendo su +trabajo—; ¿quién te corre, hijo?... ¡Ah! ¡ah!... Estoy en el secreto... +¡Fíate de mujeres para que guarden uno!</p> + +<p>—¡Oh, eso está todavía en el aire... no son más que proyectos!... Lo +único real es el viaje.</p> + +<p>Después de esto no le habló más que de sus recuadros, cuya grandiosa +composición admiraba, arriesgando algunas ligeras críticas de detalle, +que el artista admitió algunas veces, discutió otras con su bondad y +modestia usuales; una media hora transcurrió en esta conversación, en la +cual la mujer del pintor apenas tomó parte, continuando con taciturno +aire, inclinada su cabeza de diosa, la labor de tapicería que la +ocupaba, tal cual fugaz palabra de vez en cuando dicha, tal cual veloz +mirada rebosando de sombras lanzada sobre el rostro del hombre que se +iba.</p> + +<p>Cuando Pierrepont hubo dado a Jacques su adiós postrero, levantóse ella, +diciendo al marqués con voz conmovida, seca, vibrante:</p> + +<p>—Le voy a acompañar.</p> + +<p>El marqués se inclinó, y juntos salieron del taller; a pesar de no estar +sino a principios de mayo, el día había sido abrumador de calor y una +tormenta estalló sobre París a mediodía; la lluvia que cayó a torrentes +había cesado ya, pero el cielo estaba aún nebuloso, la atmósfera +cargada. Se aspiraba ese fuerte olor que las lluvias de estío hacen +brotar de la yerba, de las hojas y de las flores, y rosas, lilas y +acacias saturaban el aire con sus acres perfumes. Beatriz y Pierrepont +se pasearon lentamente durante algunos minutos en el parque sin +pronunciar palabra, parándose de tiempo en tiempo para echar una +distraída mirada sobre el lejano panorama de París, sobre el cual el sol +poniente lanzaba a intervalos a través de las rotas nubes siniestros +resplandores de incendio.</p> + +<p>Beatriz de pronto, como quien toma una brusca resolución:</p> + +<p>—¡Márchese, se lo ruego!... Pero antes quiero darle algo para <i>ella</i>.</p> + +<p>Y se dirigió con rápido paso hacia la quinta. Su departamento personal, +compuesto de un gran salón, gabinete y dormitorio, ocupaba toda la +planta baja. La habitación de Jacques y de Marcela estaban en el primer +piso.</p> + +<p>Beatriz subió los tres o cuatro escalones del peristilo, y volviendo la +cabeza dijo a Pedro: «Vuelvo al momento», entrando en seguida en el +salón.</p> + +<p>Pierrepont, desconcertado al pronto, aguardó algunos instantes, pero al +fin se decidió a seguirla; la habitación estaba casi a obscuras, +cerradas las persianas para preservarse sin duda contra el fuerte calor; +el marqués pudo, sin embargo, advertir que Beatriz no estaba allí; se +presentó un momento después llevando un estuche en la mano.</p> + +<p>—Es su brazalete—le dijo en débil voz—; el brazalete que me envió +usted de Londres cuando mi casamiento... Entréguelo de mi parte a su +prometida... ¡Quiero que mi sacrificio sea completo!</p> + +<p>Pierrepont intentó darle las gracias, pero su voz se ahogó en su +garganta; puso la mano en la mano que ella le tendía.</p> + +<p>—¡Adiós!</p> + +<p>—¡Adiós!—respondió.</p> + +<p>Y aun no se oyó acabar este fatal vocablo, cuando cayeron el uno en los +brazos del otro, en olvido la tierra y los cielos, enloquecidos, +arrastrados por esos huracanes de pasión que tornan veloces honor de +varón, virtud de mujer, en flores marchitas, en muertos follajes, en +huecas palabras.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h2> + +<p class="tit">la apuesta</p> + + +<p>El despertar de una mujer honrada y altiva que sucumbe al impulso +funesto de una pasión prohibida es un desolador despertar, pero si raras +veces sucede que no se arrepiente de su falta, es todavía más raro que +no persevere en ella, porque en primer lugar la caída es tan honda que +hácese imposible remontar la pendiente, luego porque ya, el error +cometido, perdióse todo, menos el amor; el amor es el único que +sobrevive, lo único que resta, y al amor es necesario asirse, como la +última tabla que sobrenada en el mar de aquel moral naufragio.</p> + +<p>Y la mayor parte de las que cayeron se abrazan al postrer madero con una +especie de violencia desesperada. Se entiende, por supuesto, que nos +referimos aquí a las mujeres de temple superior, no a esas otras para +quienes amar es un simple pasatiempo mundano.</p> + +<p>Después de lo ocurrido entre Pierrepont y Beatriz no había ya ni que +hablar siquiera del viaje de aquél: hasta discutir el punto les pareció +ocioso y no lo hicieron, pero no podía prescindirse de explicar este +repentino cambio de ideas a las personas a quienes pudiera interesar. +Miss Nicholson había sido informada por la señora de Aymaret del viaje +del marqués, pero con tantas reticencias que la joven americana no +hubiera podido admirarse de una decepción; mas, ¿cómo justificar ante la +vizcondesa aquella traición a la palabra dada, traición que despertaría +necesariamente en la perspicaz señora sospechas fundadísimas?</p> + +<p>Pierrepont tuvo que resignarse a escribirle una carta trivial en la que +tomaba como pretexto para aplazar su partida graves e imprevistos +asuntos, pero la vizcondesa tan no creyó sus asertos que ni aun le +contestó siquiera. Tampoco buscó las aclaraciones de Beatriz, quien por +completo entregada a su delirante pasión, mostróse casi indiferente a la +dura afrenta que argüía tal silencio. En cuanto a Fabrice, admitió +fácilmente que Pedro abandonaba un viaje hacia el cual nunca lo viera +muy inclinado.</p> + +<p>Y entonces principió para los dos cómplices esa existencia turbada, +mezcla de embriagueces y de amarguras, de olvidos y de remordimientos, +de secretas concupiscencias y de terrores secretos que es la vida misma +de los amores culpables. Podían, por fin, hablar sin reserva del pasado, +confiarse todo lo que recíprocamente habían sentido y sufrido el uno por +el otro, borrar los últimos lineamientos del terrible equívoco que por +tanto tiempo los tuvo separados, y los mismos transportes de la pasión +eran descoloridos detalles comparados al hechizo de estas mutuas +confidencias, de estas horas de ternura. Pero sus entrevistas íntimas no +eran frecuentes; lo eran aún menos que antes de su común falta; la +inocencia había huido y observaban con la angustiosa atención del que +delinque; observaban y observaban, y todavía no observaban lo bastante. +Jacques era de natural tan generoso y confiado, estaba tan acostumbrado +desde su temporada en los Genets a la intimidad de Pierrepont con +Beatriz, se hallaba tan absorbido en el trabajo gigantesco que traía +entre manos, que ni remotamente sospechaba la traición de que venía +siendo víctima; pero un ojo por desventura más desconfiado, más +penetrante, velaba en lugar del artista desdichado.</p> + +<p>La antipatía de Gustavo Calvat hacia su cuñada Beatriz había ido de más +en más creciendo por efecto de sus cotidianos rozamientos y de los mal +disimulados desdenes de aquélla; había ido de más en más creciendo hasta +el punto que hoy era no ya aversión, sino irreconciliable odio; tampoco +simpatizaba Calvat con el marqués de Pierrepont, quien lo trató siempre +con altanera frialdad. Aunque el pintor continuase, bondadoso como era, +recibiendo al taimado aprendiz en su casa y ayudándolo pecuniariamente, +no podía pasar inadvertido para aquel ente que estorbaba, que no era con +tanta frecuencia invitado a comer, que Beatriz, que se ocupaba mucho de +la educación de Marcelita, evitaba el dejar a la niña a solas con él, y +ante tales procederes, que Calvat consideraba verdaderos ultrajes, no +había venganza que no se encontrase pronto a esgrimir contra aquella +que paso a paso lo iba desalojando de una casa que él consideraba como +suya.</p> + +<p>A fin de ahorrar tiempo había encargado Jacques a su cuñado de algunos +secundarios detalles en la grande obra que lo ocupaba, y Calvat +aprovechaba esta circunstancia para presentarse más que de costumbre en +el taller del pintor, so pretexto de ofrecerle sus servicios, y cuando +éstos holgaban íbase a fumar en el jardín o a acechar por fuera de la +quinta el paso de Marcelita.</p> + +<p>Cierto día, como volviese de dar un paseo por el parque con la niña, +entró bruscamente en el taller, y después de asegurarse de que Fabrice +estaba solo, le dijo de repente:</p> + +<p>—¡Querido, tengo que hablarte!</p> + +<p>—Habla—replicóle el pintor prosiguiendo tranquilamente su trabajo.</p> + +<p>—Me causa pena tocar este punto, pero me parece que no harías mal en +que Marcelita volviese a su colegio de Auteuil. Es la hija de mi hermana +y eso me impone ciertos deberes.</p> + +<p>Fabrice bajó lentamente los escalones del andamiaje sobre que pintaba, y +mirando fijamente a Calvat:</p> + +<p>—¿Qué me quieres decir con eso?</p> + +<p>—Quiero decirte que Marcela está aquí en malísima escuela, y que no +debe permanecer por más tiempo en ella.</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—Mi querido Jacques—replicó Calvat—, siento mucho abrirte los ojos y +destruir tus ilusiones acerca de tu princesa... Pero... pero puesto que +lo quieres, sea... ¿Sabes la pregunta que hace un momento me dirigía la +niña a propósito de su excelente madre, de su irreprochable maestra? +«Tío—decíame—, ¿se dan besos los caballeros y las señoras cuando no +son marido y mujer?» «Algunas veces...—le respondí—en ciertas +ocasiones... ¿Por qué me preguntas eso, Marcelita?...» «Porque ayer +tarde, después de comer, cuando volvía a dar las buenas noches a papá en +la sala, vi que el señor de Pierrepont besaba a mamá.»</p> + +<p>Apenas tuvo tiempo de terminar estas palabras, cuando Fabrice, +agarrándolo por el cuello, casi hasta ahogarlo:</p> + +<p>—¡Miserable!—le dijo—, ¡estás ebrio!... ¡Vete! ¡Vete de mi casa!</p> + +<p>Y lo empujó, arrojándolo fuera del taller.</p> + +<p>—¡Pobre tonto!—murmuró Calvat haciendo una repugnante mueca.</p> + +<p>—¡Te he dicho que te vayas!—añadió Jacques marchando hacia su cuñado.</p> + +<p>Este hizo un signo amenazador de cabeza y se retiró seguido por la +mirada de Fabrice, que no le quitó la vista hasta que le vio franquear +la verja.</p> + +<p>Vuelto al taller, intentó maquinalmente el pintor reanudar su trabajo, +pero la voluntad lo abandonaba; nublada la vista, inerte la mano, puso +con desaliento sobre la próxima mesa paleta y pinceles, y sentándose +sobre el borde de aquélla dióse a cavilar... Sí... Calvat es un +miserable... un alma degradada por los desórdenes y la pereza... capaz +de todo por satisfacer sus envidias y sus odios... detestaba a +Beatriz... siempre la había perseguido con su sorda malevolencia... +ahora ya incidía en la calumnia abierta... Esto era palmario... Pero +Jacques se decía al mismo tiempo que su mujer, de la cual continuaba tan +apasionado cual en el día mismo de sus nupcias, no cesó nunca de +manifestar hacia él frialdades de hielo, marmóreas resistencias... Esas +frialdades radicaban sin duda en su íntima complexión... mas... Y +entonces las pérfidas insinuaciones de la señora de Montauron venían a +clavar sus dientes de acero en el alma del desventurado artista. ¡Qué de +veces creyó él descubrir en su altiva consorte, esos sentimientos de +desdén, de disgusto, de enojo, de arrepentimiento, de que le hablara en +cierta conversación memorable la difunta baronesa!... Y esa idea de que +Beatriz no lo amaba era para el pintor una tortura dantesca, sólo un +momento ahogada en el febril trabajar... Pero, en fin, porque amase más +o menos a su marido no dejaba de ser Beatriz quien Beatriz era... +¡Beatriz!... esa casta y altanera criatura a quien él vio sufrir con +tanta nobleza su infortunio, a quien él vio rechazar con virtud tanta +los protervos consejos, las falaces tentaciones de la suerte adversa... +¡Oh, sí, no había duda! si a él no lo amaba, el honor y el deber eran +para ella un culto, y de esos dioses jamás renegaría... Cierto que su +simpatía por Pierrepont era manifiesta y evidente, pero, ¿la inocencia +de esa propensión no la proclamaba suficientemente esa misma tácita +publicidad de que Beatriz la revestía? ¿no se explicaba, sin esfuerzo +alguno, por afinidades de nacimiento y de educación, de tradiciones de +familia y comunes recuerdos?... ¿El mismo marqués no era citado como +viviente símbolo de la más caballeresca lealtad?... ¿Cómo, entonces, +infamar a los dos con la sospecha de una duplicidad tan abominable, de +una traición tan baja?... y eso por las imputaciones de un ser como +Calvat, bajo la fe de una delación que tenía todas las viles apariencias +de cualquier carta anónima... Porque las palabras que Calvat tuvo la +villanía de poner en labios de Marcelita, Jacques estaba seguro de que +la niña jamás las pronunció... y ese indigno Gustavo había contado de +antemano con la impunidad, convencido; cual se hallaba, de que Fabrice +nunca interrogaría a su hija acerca de tan difíciles capítulos.</p> + +<p>Sumido estaba aún el artista en estas crueles cavilaciones, cuando la +cortina de antigua tapicería que cubría la puerta del taller abrióse de +pronto dejando ver el fresco y lindo rostro de Marcela.</p> + +<p>—¿Te incomodo, papá?</p> + +<p>—No, hija mía—respondió éste cubierto de densa palidez.</p> + +<p>—¿Puedo entrar?</p> + +<p>—Sí, mi vida.</p> + +<p>Y entró la niña, con un aro en la mano, presentando a su padre la +frente.</p> + +<p>—¿Estás triste, papá?</p> + +<p>—¿Por qué he de estar triste?</p> + +<p>—¡Como no trabajas!</p> + +<p>—Descanso un poco. ¿Tú has estado corriendo?... ¡Estás roja como una +amapola!</p> + +<p>—No, papá, vengo de dar mi lección de piano con mamá.</p> + +<p>—¿Es buena contigo tu mamá?</p> + +<p>—Muy buena.</p> + +<p>—¿Tú la quieres mucho?</p> + +<p>—Mucho... pero a ti más que a ella... Me voy a jugar... pero bajo los +árboles... no al sol... no tengas cuidado.</p> + +<p>Iba a salir; Fabrice la llamó.</p> + +<p>—¡Ven, alma mía!... voy a preguntarte una cosa... ¡Ven, corazón mío!</p> + +<p>Tomó la cabeza de Marcelita entre sus manos y mirándola fijamente:</p> + +<p>—Marcelita... vas a decirme... una cosa...</p> + +<p>—¿El qué papá?</p> + +<p>Titubeó algunos segundos; en seguida, bruscamente, sonriendo con amarga +sonrisa:</p> + +<p>—Quiero que me des otro beso... ahora anda... anda a jugar... nena +mía... corre.</p> + +<p>Y Marcelita se fue corriendo.</p> + +<p>Cuando desapareció, el artista, cuyo carácter era firme cual la roca, +enjugó, sin embargo, una lágrima. Después se levantó, tomó su paleta y +púsose a pintar.</p> + +<p>Al día siguiente experimentó la sorpresa de ver a Calvat entrar en el +taller.</p> + +<p>—¿Cómo te atreves a presentarte en mi casa?—le preguntó con +amenazadora gravedad.</p> + +<p>—Querido—respondió Calvat en tono de sumisión—, he consultado con la +almohada... vengo a presentarte mis excusas... No estaba ayer ebrio +como me dijiste un poco rudamente, y aun añado que no falté a la +verdad... Pero he hecho mal, convengo, en venir a repetirte un cuento de +niño que debió afectarte profundamente, y que podía ser, que era +seguramente, un embuste. He reflexionado y estoy persuadido de que +Marcelita ha inventado la historia que me contó. Los niños, tú lo sabes, +son grandes embusteros, y sus invenciones tienen con frecuencia ese aire +de malicia socarrona y de falsa inocencia que es fácil de advertir en la +broma de tu hija... Con más, que nada se adelantaría con interrogarla... +porque, en ese caso, sostenga la niña su mentira o la retire, se queda +uno como estaba... Por consecuencia, me parece lo mejor pasar por alto +la falta de la niña, olvidar mi exceso de celo... bastante comprensible, +por otra parte... y darme la mano.</p> + +<p>La justificación alegada por Calvat no dejaba de ser fundada, y, además, +llevaba al alma atormentada del pintor algunos fulgores de bonanza.</p> + +<p>—¡Bueno, pase!... pero te prevengo que en lo sucesivo no quiero oír ni +una sola palabra reticente acerca de mi mujer... ¡ya lo sabes!</p> + +<p>Sin embargo, desde el día que la duda se posó en su espíritu, no pudo +Jacques, por grande que fuera su imperio sobre sí mismo, impedir que +algo traslucieran Beatriz y Pedro de la obsesión que lo atribulaba, y se +penetraron de que eran objeto de una tal vez involuntaria vigilancia; +resolvieron, pues, de común acuerdo, hacer aún más raras sus +entrevistas íntimas, y obstáculos tales puestos a su pasión, dieron por +resultado que ésta se hiciera todavía más imperiosa, más absorbente. +Jamás llegaron a verse fuera de la quinta de Bellevue, porque Beatriz +opuso una resistencia invencible a todas las combinaciones que +Pierrepont le presentó para facilitar sus citas a solas. ¡Era culpable, +es cierto! pero aun en su falta conservaba esa elevación de alma que +desprecia los ruines expedientes de la galantería vulgar, y excepcional +hubiese sido que en las condiciones de existencia que les habían creado +los acontecimientos, no hubieran buscado para suplir a sus habladas +ternuras el medio fatal de escribirse. Con este error contaba Calvat.</p> + +<p>Como el lector habrá previsto, no afectó aquel villano el +arrepentimiento de su delación, y no se excusó con Fabrice sino para +procurarse de nuevo entrada en la casa y vigilar más de cerca a aquella +que había resuelto perder. Calvat era un infame, pero no era un tonto, y +poseía, sobre todo, esos rastreros gustos de polizonte que son casi +siempre sintomáticos en los <i>bohemios</i> de su cuño. Ya antes que Marcela +le hubiese dirigido la terrible interrogación, terrible en su candor +mismo, que el adocenado aprendiz apresuróse a llevar a su cuñado, había +aquél entrevisto, con esa malignidad y esa penetración del odio, los +lazos que unían al marqués con Beatriz, pero comprendió que se perdería +a sí mismo si después de sus cuestiones con el pintor no presentaba a +éste en la ocasión primera la prueba irrefutable del delito.</p> + +<p>Convencido por una serie de deducciones naturales de que los dos amantes +debían escribirse, se aplicó a descubrir sin descanso sus medios de +correspondencia. Los frecuentes y largos paseos de Beatriz en la avenida +de los arrayanes le parecieron equívocos, conjeturando que sus cartas +habrían de cambiarse por cima del poco elevado muro que cercaba el +jardín de la parte del camino; pero su vigilancia en aquellos contornos +resultó baldía. ¿Se escribirían sencillamente por el correo? Calvat, +para cerciorarse, se impuso la costumbre de hacer centinela ante la +verja de la quinta a la hora que llegaba el cartero.</p> + +<p>Conociéndolo este hombre por cuñado del pintor le entregaba las cartas +dirigidas a la casa, y Calvat estudiaba cuidadosamente los sobrescritos. +Aunque Fabrice no abría jamás las que recibía su mujer, no era verosímil +que el marqués escribiera a Beatriz sin tomar excepcionales +precauciones, y fue así que al cabo de algunos días llamó la atención de +Calvat el gran número de las que llegaban en esta forma: «Señora Jacques +Fabrice; para entregar a la señora vizcondesa de Aymaret»; y estimularon +tanto más sus sospechas, cuanto que la letra parecía evidentemente +contrahecha: decidióse a abrir una, y encontróse con que, efectivamente, +era toda del puño de Pierrepont: he aquí su contenido:</p> + +<p>«Querida Beatriz, sí, esta existencia de engaños y traiciones es indigna +de nosotros y me complace que opines sobre este punto como yo... En +tanto que esta situación se prolongue, nuestra dicha no será más que una +vana ilusión, nuestro amor no será otra cosa que un continuo +sufrimiento... ¿Y no hemos ya sufrido demasiado?... Cree firmemente que +soy tan incapaz como tú de buscar frases hipócritas para engañar mi +propia conciencia... Somos culpables, lo sé, pero, ¿qué crimen de amor +pudo encontrar mayores excusas?... ¿Se cruzaron jamás entre dos +corazones honrados y sinceros parecidas fatalidades?... Sí, somos +delincuentes, pero somos también al propio tiempo víctimas de la +contraria suerte... Sería realmente vergonzoso y criminal perseverar en +esta vía de abominable duplicidad... ¡Huyamos, pues!... ¡Te lo ruego, +alma mía, dígnate consentir!... Confía en mí... he tomado todas las +medidas... Todo cuanto un hombre puede hacer, otro tanto haré yo para +que tu destierro sea un destierro de encantos... ¡Te adoro!—<i>Pedro</i>.»</p> + +<p>Cuando hubo terminado su lectura, crispóse la cara de Calvat con una +sonrisa de réprobo; dobló la carta, empujó la verja y se dirigió al +taller de Fabrice.</p> + +<p>—Hola, ¿eres tú?... Creí que sería el marqués, quien quedó en venir hoy +por la mañana.</p> + +<p>—No, no es el marqués; soy yo—respondió Calvat—. Querido—prosiguió, +bajando un poco la voz—, no me acusarás más de ser un borracho y un +embustero, supongo... La casualidad me ha puesto en posesión de una +carta que tiene mucho interés para ti... Como pariente y amigo tuyo, por +grande que sea mi sentimiento... me es imposible dejar de +entregártela... Convendrás conmigo cuando la hayas leído.</p> + +<p>—No la leeré—replicó Jacques rechazando la mano de Calvat que le +tendía la carta—. ¡Sal de aquí al instante, y te prohibo que vuelvas +jamás a poner los pies en mi casa!</p> + +<p>—Ya me volverás a llamar, y como no soy rencoroso, volveré a tu primera +palabra. Esa carta es de Pierrepont dirigida a tu mujer. Ahí te la dejo.</p> + +<p>La arrojó sobre la mesa y salió del taller.</p> + +<p>Ya solo, el artista tuvo un momento de horrible duda. Inmóvil, +petrificado, veía delante de sí la mesa, y sobre la mesa la carta.</p> + +<p>Por fin marchó hacia aquélla, con paso de autómata, con paso de estatua. +Tomó en sus manos los fatídicos renglones, titubeó todavía, hizo un +movimiento como para rasgar la carta; después, con brusca decisión, la +desplegó y la leyó.</p> + +<p>Calvat, por su parte, al irse pasó por delante de la habitación donde +Beatriz trabajaba sentada a su ventana, aproximóse vivamente y dijo:</p> + +<p>—Señora; tengo el gusto de comunicarle que en el momento en que me es +dado el honor de hablarle, su marido se ocupa en leer la última carta de +su amante de usted... Buenos días.</p> + +<p>Y se dirigió hacia la verja; pero cuando iba a cerrarla alguien lo hizo +seña de que la dejara abierta; era el marqués que venía de la estación. +Cruzaron un saludo. Calvat dobló la esquina de la calle inmediata y +Pierrepont entró en la quinta.</p> + +<p>Bajo el golpe de la tremenda noticia que acababa de dársele, Beatriz +quedó fulminada; había oído las palabras de Calvat, pero al principio no +dio distintamente con su sentido; después una luz terrible se hizo en su +espíritu y comprendió... Una carta de Pedro estaba en manos de su +marido... Y de una mirada advirtió como en un caos sombrío todo lo que +podía salir en algunos minutos de los pliegues de aquella misiva: el +deshonor, la vergüenza, la perdición, la muerte. Cerró los ojos y +durante un momento no vio más que tinieblas surcadas por siniestros +relámpagos. De pronto, pasos que sonaban en las calles del jardín la +sacaron de su aturdimiento; miró al exterior y reconoció con terror +indescriptible al marqués que, atravesando aquél, se dirigió al taller +de Fabrice. Se levantó después súbitamente, extraviada, loca, sin +reflexión, sin precisos designios, arrastrada por el terror de un +conflicto inminente entre aquellos dos hombres; lanzóse fuera de su +gabinete, con su labor de tapicería en la mano, y bajó corriendo los +escalones del peristilo, dirigiéndose con precipitado paso hacia el +taller donde Pierrepont acababa de entrar.</p> + +<p>Beatriz se acercó a las cortinas que cubrían la entrada de aquél, +levantó ligeramente una de ellas y se puso a escuchar hasta donde se lo +permitía el latir desordenado de su corazón... Aún alcanzaba a ver lo +que pasaba en el interior del taller.</p> + +<p>Fabrice, en el momento en que Pierrepont entró, ocupábase en cargar dos +pistolas, regalo precisamente de su amigo Pedro, y con las cuales tenía +costumbre de tirar por vía de ejercicio en el jardín.</p> + +<p>—¿Te gustan siempre esas armas?—le preguntó el marqués tomando y +dejando en seguida sobre la mesa aquella que Jacques acababa de cargar.</p> + +<p>—Encantado—respondió.</p> + +<p>—¿Vas a tirar al blanco?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¡Bueno! vamos a hacer una apuesta si quieres.</p> + +<p>—Con mucho gusto.</p> + +<p>—¿Estás hoy malo?... No tienes buen semblante.</p> + +<p>—Sí, no me encuentro bien... acabo de tener una escena muy desagradable +con Calvat.</p> + +<p>—¡Ah!... precisamente salía cuando yo entraba.</p> + +<p>—Ese miserable ha jurado a mi mujer un odio mortal.</p> + +<p>—Sí, desde hace tiempo.</p> + +<p>—Ahora mismo la difamaba de una manera horrible.</p> + +<p>—Eso prueba que es un malvado y nada más.</p> + +<p>—Lo he echado de mi casa.</p> + +<p>—¡Bien hecho! aunque has tardado demasiado en hacer esa ejecución.</p> + +<p>—Y, sin embargo, me ha turbado... esto no puedo decirlo sino a un +antiguo amigo como tú lo eres... Sí, me ha turbado... Me ha dejado +dudas...</p> + +<p>—¿Dudas sobre una mujer como la tuya? ¡Vamos, Jacques, estás loco!</p> + +<p>—Sí, ¿no es verdad?—replicó Fabrice—; tú la conoces bien... y aun +antes que yo... Me responderías de su honor con el tuyo, ¿no es cierto?</p> + +<p>—¡Absolutamente!</p> + +<p>—Y harías bien... porque el tuyo y el suyo corren parejas...</p> + +<p>Y poniendo la carta del marqués bajo la vista de éste:</p> + +<p>—¡Lee!</p> + +<p>Pierrepont retrocedió cual si delante de él se hubiese levantado un +espectro. En seguida, tomando de sobre la mesa la pistola que acababa de +colocar en ella y entregándola a Fabrice por el culatín:</p> + +<p>—¡Mátame!—le dijo.</p> + +<p>—No—replicó el pintor—, por lo menos no de esa manera.</p> + +<p>Dio algunos pasos a lo largo del taller como para fijar sus ideas, +después, volviéndose al marqués:</p> + +<p>—¿Puedes, si quieres—le dijo—, explicarme algunos giros de tu carta +cuya significación no alcanzo?... Invocas como excusas ciertas +misteriosas circunstancias del pasado, ciertas fatalidades que pesaron +sobre la señorita de Sardonne y tú... ¿Puedo saber a qué haces alusión?</p> + +<p>Pierrepont relató brevemente lo que aconteciera en otros tiempos entre +Beatriz y él, su recíproco amor, y cómo la señora de Montauron obligó +por fuerza a la joven a rehusar la mano que él le ofrecía.</p> + +<p>Después de una pausa de reflexión y de silencio, Fabrice le respondió:</p> + +<p>—Tu sentimiento hacia la señorita de Sardonne te hará desear sin duda +que este asunto se trate entre nosotros sin ruido, sin escándalo, a fin +de evitar a ella una tacha de que yo deseo también ver a salvo mi +nombre.</p> + +<p>—Todo lo que me propongas con ese fin—respondió el marqués—, está +aceptado de antemano.</p> + +<p>—Un duelo con su acompañamiento ordinario de padrinos, etc., revelaría +todo al público... Hace un momento me proponías que jugásemos una +partida a la pistola... Acepto... Somos poco más o menos de la misma +fuerza en esa arma... Aquel de nosotros que gane su vida... el que la +pierda, pierde la existencia en el suicidio.</p> + +<p>—¡Sea!... queda convenido—respondió Pedro.</p> + +<p>—Cada uno de nosotros empeña su honor en que respetará esas +condiciones.</p> + +<p>—¡Queda convenido!—repitió Pedro.</p> + +<p>—Ahora—continuó el pintor—, fuerza es que me resigne a hacer una +súplica... Sé que esto es absolutamente incorrecto, y te ruego que me +excuses. He aquí de qué se trata... Si me toca dejar a mi hija huérfana, +no quisiera, al menos, dejarla sin recursos. Ahora bien, nada tengo, si +se exceptúan cien mil francos que Nicholson me ha dado a cuenta por los +recuadros, cantidad que, según convenio, tendría que devolverle si no +termino mi trabajo... debe darme, además, el doble de aquella suma el +día que entregue la obra concluída... No creo que podré acabarlos antes +de cuatro meses... Te pido, pues, que si a mí me toca morir, me acuerdes +ese plazo de que te he hablado... y no tengo necesidad de decirte que +este convenio es recíproco.</p> + +<p>Había en esta petición del desdichado artista algo tan conmovedor, que +el marqués volvió la cabeza para ocultar la contracción casi convulsiva +de su rostro.</p> + +<p>—Será—dijo—como lo deseas.</p> + +<p>El pintor guardó las pistolas en su caja y tomó algunos blancos.</p> + +<p>—Conozco mucho estas armas. ¿Quieres que nos sirvamos de otras?</p> + +<p>—¡Es inútil!—contestó Pedro—. Yo también he tirado frecuentemente con +ellas. ¡Vamos!</p> + +<p>Dejaron el taller y se dirigieron a esa avenida de los arrayanes de que +tanto hemos hablado en el curso de nuestra narración. Recordará tal vez +el lector que en uno de los extremos de la citada avenida existía una +plancha de tiro: en frente, al lado opuesto, había un asiento rústico +empotrado en la pared. Cuando Pierrepont y Fabrice se aproximaron a la +placa para fijar los cartones, advirtieron a Beatriz sentada en el +campestre banco: Beatriz trabajaba en su tapicería.</p> + +<p>Los dos hombres cambiaron una mirada.</p> + +<p>Uno y otro sabían que la avenida de los arrayanes era para Beatriz un +lugar favorito de paseo y de retiro. Así, pues, no se sorprendieron de +encontrarla allí, creyendo que únicamente la casualidad la había llevado +a aquel sitio; pero su presencia durante la escena que se preparaba iba +a dar a ésta un carácter trágico que impresionó vivamente a los dos, +imponiéndoles al propio tiempo un disimulo de fisonomía y de lenguaje +que en momentos semejantes era tan penoso como necesario.</p> + +<p>Beatriz, sin embargo, sostenida por el horror mismo de la tremenda +crisis y por la excesiva tensión nerviosa, continuaba trabajando en su +bordado con gran calma aparente, devolviendo a Pierrepont con su sonrisa +habitual el saludo de éste.</p> + +<p>—Hermoso día—le dijo—, ¿no es verdad?</p> + +<p>—Sí, un verdadero día de verano... Aprovechándolo, vamos a jugar +Fabrice y yo un partido a la pistola.</p> + +<p>—¡Ah! ¿cuál de los dos es más fuerte?</p> + +<p>Pierrepont hizo un gesto de incertidumbre.</p> + +<p>—Ahora vamos a verlo—respondió sonriendo.</p> + +<p>Fabrice colocó en el banco, al lado de ella, la caja de caoba y un +paquete de cartuchos.</p> + +<p>Las armas de que iban a servirse eran pistolas Flobert, de gran calibre.</p> + +<p>Los blancos o cartones de tiro estaban divididos, según práctica, en un +número determinado de círculos concéntricos, desarrollándose alrededor +de un punto mitad negro mitad blanco, punto que en el tecnicismo de los +tiradores suele llamarse la <i>mosca</i>. La distancia de tiro era todo el +largo de la avenida, es decir, veinticinco pasos próximamente. Delante +de Beatriz, profundamente conmovida, bajo su aparente tranquilidad, +acabaron los jugadores de fijar las bases de la partida.</p> + +<p>Esta sería de siete disparos; el tiro era a voluntad; cada uno haría dos +de aquéllos seguidos en las dos primeras entradas; en la tercera los +disparos serían tres por cada lado sin solución de continuidad. Cada +sector del blanco tocado por los tiradores daba a éstos el número de +puntos determinados por el uso, número de puntos que, por otra parte, +llevan siempre marcados los cartones. El círculo más lejano del centro, +un punto; la <i>mosca</i>, siete.</p> + +<p>Una moneda arrojada al aire indicó que Fabrice debía tirar el primero; +rompió, pues, sus fuegos y alojó sus dos primeras balas en el interior +del segundo círculo; Pierrepont, más inhábil esta vez, o menos dichoso, +perdió una de sus balas en la plancha, la otra tocó el cartón. Este +primer <i>pase</i> aseguraba, por consecuencia, cuatro puntos a Jacques y uno +solo a Pierrepont.</p> + +<p>—Me parece que me guardas consideración—dijo el pintor.</p> + +<p>—De ningún modo—replicó Pedro.</p> + +<p>Al segundo <i>pase</i> Fabrice metió sus dos balas en el tercer círculo. +Pierrepont, después de aquél hizo dos y dos. Jacques tenía diez puntos +contra cinco.</p> + +<p>La tercera prueba le dio todavía una ventaja más considerable; con sus +tres balas marcó doce puntos; tenía así veintidós contra cinco.</p> + +<p>Pierrepont, cuya actitud revelaba una especie de descuido y desaliento, +se preparaba a hacer sus tres últimos disparos; montaba su pistola, +cuando un ligero rumor le hizo volver la cabeza y sus ojos encontraron +los ojos de Beatriz, fijos en él con una expresión tal que aquella +mirada penetró hasta sus huesos. El marqués comprendió instantáneamente +cómo ella se daba cuenta de todo... todo lo sabía, y ese mirar +desesperado, ardiente, suplicante, imperativo, lo conjuraba, lo +exhortaba y le mandaba vivir y conservarse para ella. En momento alguno +su sombría beldad tuvo poderes tales de fascinación. ¡Pedro se puso en +el terreno, apuntó e hizo fuego! Con sus dos primeras balas atravesó el +estrecho círculo negro que rodeaba el punto blanco central; su última +bala se alojó en la <i>mosca</i> misma. Tenía, pues, veinticuatro puntos +contra veintidós. Fabrice estaba condenado.</p> + +<p>Y aun no se había disipado el humo del último disparo, cuando una +estridente carcajada sonó en los oídos de los dos hombres estupefactos: +Beatriz se había puesto de pie bruscamente, rígida, los ojos con +expresión de espanto, abrasados por el siniestro relampaguear de la +locura; balbuceó algunas palabras ininteligibles, luego estalló de +nuevo su espasmódico reír, reír tan salvaje, reír tan continuo que +parecía repetido en la circunvecina campiña por las deidades mismas de +lo horrible. Viéndola tambalearse, Fabrice corrió a sostenerla, +depositándola suavemente sobre el rústico asiento; sus risas callaron, +poco a poco se agitaron sus miembros en los esfuerzos de la convulsión, +y al fin yació desmayada.</p> + +<p>—¡Nos había escuchado!... ¡Todo lo sabía!—murmuró el pintor como +hablándose a sí mismo.</p> + +<p>Tornóse a Pierrepont, inmóvil a dos pasos, pálido cual un cadáver en su +ataúd.</p> + +<p>—Te ruego—le dijo—que nos dejes solos.</p> + +<p>El marqués dudó un momento indicándole con la mano a Beatriz tendida e +inerte sobre el banco.</p> + +<p>—¿Me crees capaz—le preguntó el pintor—de maltratar a una mujer, aun +cuando sea tan indigna como ésa?</p> + +<p>Fabrice entonces, recogiendo el pañuelo de su mujer, que había caído a +sus pies, lo empapó en el agua de una fuente próxima y humedeció a +Beatriz las sienes y el rostro. Al cabo de algunos minutos volvió en sí, +paseó a su alrededor la confusa mirada, fijándola luego sobre su marido, +y un sordo gemido, con el movimiento súbito de sus manos para cubrir los +ojos, atestiguaron que volvía a la vida, que recobraba la posesión de la +terrible realidad.</p> + +<p>—Beatriz, si una explicación te es demasiado penosa en estos momentos, +la aplazo.</p> + +<p>—¡Oh, no... en seguida!—murmuró ella.</p> + +<p>—Además, no será larga—añadió Fabrice—, porque, si no me engaño, todo +lo sabes... Tus nervios te han denunciado... ¿Has oído, no es cierto, mi +conversación con Pierrepont en el taller?</p> + +<p>Hizo ella un signo afirmativo.</p> + +<p>—¿Sabes, entonces, por qué razones he querido evitar el escándalo de un +duelo?... ¿Sabes que, para salvarte de toda tacha personal, y que, +además, podría caer de rechazo sobre mi inocente hija?...</p> + +<p>Beatriz repitió su signo de afirmación.</p> + +<p>—Como comprenderás, esta precaución resultaría completamente ilusoria +si salieses de casa de tu marido el tiempo que me resta de vida, porque +eso equivaldría a revelar al público lo qué a mí y a ti nos importa +tanto ocultarle. Esta situación será para los dos extremadamente +difícil, sabiendo lo que uno y otro sabemos y teniendo que tolerarla por +tres o cuatro meses; mas, puesto que yo tendré valor para sufrirla, +también tú tienes que tenerlo.</p> + +<p>—Me someteré a lo que quieras.</p> + +<p>—Para confortarte durante ese trance tienes el consuelo de pensar que +pronto serás dueña de tus acciones... y que pronto también podrás +entregarte al hombre por cuya salvación hacías votos mientras que nos +batíamos.</p> + +<p>Beatriz no respondió.</p> + +<p>—Para acabar—añadió Fabrice—, creo que no tengo que imponerte un plan +de conducta durante ese breve período;... Supongo que no olvidaréis ni +tú ni el marqués de Pierrepont el respeto que se debe a un hombre cuyos +días están contados.</p> + +<p>Y, una vez pronunciadas estas palabras, la dejó dirigiéndose al taller.</p> + +<p>Beatriz permaneció todo el día en aquella fatal avenida, ya caminando +inconscientemente, ya sentándose anonadada sobre el banco... Pero, ¿era +realmente ella la que allí se encontraba?... ¿Era ella la causa de todos +estos horrores?... ¿Era ella, Beatriz, la que acababa de recibir, y +mereciéndolo, ¡ay!, el sangriento ultraje que le dirigiera su marido... +y que no había osado negar?... Porque era evidente que durante el +combate en que aquél jugaba su vida contra la de otro hombre, no era por +su consorte por quien ella temblaba... Era notorio para su conciencia +que había cometido el crimen, en un arrebato de pasión, de afirmar la +mano temblorosa del marqués, y que, al ver a su marido bajo el imperio +de una sentencia de muerte, su primera sensación fue la de una alegría +feroz... Ella supo entonces, la desventurada criatura, como otras tantas +lo supieron antes, hasta qué grado la pasión puede falsear y pervertir +las almas más nobles y más puras, cuando se la deja reinar en absoluto +sobre la razón, la voluntad y el honor.</p> + + + +<h2 class="top15"><a name="XV" id="XV"></a>XV</h2> + +<p class="tit">honor de artista</p> + + +<p>Han pasado varias semanas. Corre el mes de agosto. Beatriz y Pierrepont +no han vuelto a verse. Por un escrúpulo que los dos comparten han +evitado toda comunicación por escrito. Beatriz sabe únicamente que, +contra su costumbre, el marqués pasó el verano en París, y aquélla +presume que Pierrepont aguarda sus órdenes.</p> + +<p>Cierta mañana Pedro recibe de su amante este billete:</p> + +<p>«Te conjuro a partir para Glion. La señora de Aymaret está allí todavía. +Confíaselo todo. Dile que me otorgue su perdón, que el dolor me vuelve +loca, que la espero.»</p> + +<p>Algunas horas después el marqués partía para Suiza. Al día siguiente +estaba en Glion, y dos después, la vizcondesa, cuyo marido hallábase +restablecido, llegó a París trasladándose en seguida a Bellevue. Al +verla entrar en su salón, la mujer del pintor lanzó un débil grito: +«Elisa», y juntó sus manos dirigiéndole una mirada suplicante. La señora +de Aymaret le abrió los brazos, arrojándose en ellos Beatriz con +sollozos desgarradores.</p> + +<p>—¡Gracias! ¡gracias!—le dijo ésta—. ¡Hacía dos meses que no lloraba!</p> + +<p>Y cuando se hubo calmado un poco:</p> + +<p>—¿Te lo ha dicho todo?</p> + +<p>—Todo.</p> + +<p>Hizo que la vizcondesa se sentara.</p> + +<p>—¡Bueno!... ¿Y qué piensas tú? ¡Yo ya ni pensar puedo!</p> + +<p>—Piensa—respondió la señora de Aymaret que es necesario tocar todos +los resortes para salvar la vida de tu marido.</p> + +<p>—¡Eso es imposible... él no querrá!</p> + +<p>—¿Quién no querrá?</p> + +<p>—¡Él... mi marido!</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—¡Porque ha empeñado su palabra!</p> + +<p>La señora de Aymaret tomó un acento severo, casi rudo.</p> + +<p>—Beatriz—le dijo—, si pudiera siquiera imaginarme que miras sin +horror la perspectiva de tu próxima viudez, rompería contigo mi amistad +para toda la vida.</p> + +<p>—Escúchame—le replicó Beatriz—, ese horrible sentimiento que me +prestas... lo he experimentado... lo he experimentado mientras jugaban +sus vidas... mientras sus dos existencias estaban en peligro... y me ha +perseguido... no me ha abandonado en mucho tiempo a pesar mío... +Ahora... sin duda Dios no me ha dejado todavía completamente de su +mano... porque ha permitido que haya podido vencer esa espantosa +tentación... Ahora te juro que daría mi vida por salvar la de ese +desdichado...</p> + +<p>—¡Lo amas!—exclamó la vizcondesa.</p> + +<p>—¡No lo amo!... ¡pero me inspira tanta lástima!... ¡tanta lástima!... +¡Es tan poco acreedor a esta larga agonía que viene sufriendo!... ¡Y la +soporta con tanto valor!... ¡Y tanta mansedumbre!... ¡Soy su +prisionera!... podría torturar mi alma... martirizarme... y nunca... +salvo el primer momento, no ha tenido para mí una palabra de reproche, +una expresión amarga... Me trata como en pasados tiempos... ¡Tanto, que +hay momentos, cuando me habla, cuando me sonríe, que me parece que nada +ha pasado, que me encuentro únicamente bajo la presión de una pesadilla!</p> + +<p>—¡Es que, a pesar de todo, te ama, querida mía, y en ese caso aún no +está todo perdido!</p> + +<p>—No es que me ame... ¿Cómo quieres que sea eso?... No, es que recuerda +el pasado, y se venga de mi orgullo, de mis preocupaciones de clase, de +mis miserables desdenes... es que quiere probarme cómo un simple artista +sabe sufrir y morir como un caballero.</p> + +<p>—¿Cuánto tiempo queda aún para que expire el término fatal?</p> + +<p>—¡Nada sé, porque, si no puede aplazarlo, puede anticiparlo... todo +dependerá del período que dure su trabajo... en cuanto lo termine se +matará de seguro!</p> + +<p>—¿Y a qué altura está en su tarea?... ¿tú no lo sabes?... ¿No vas nunca +al taller después del suceso?</p> + +<p>—Hace algunos días hice un supremo esfuerzo de voluntad y volví a él... +Allí me siento y bordo a su lado... él me deja hacer... me dirige una +palabra de cuando en cuando... una palabra indiferente... ¡Oh, qué +terrible cosa!</p> + +<p>El corazón de Beatriz se abrió de nuevo y lloró largo rato en silencio.</p> + +<p>—Te preguntaba, hija mía—repitió la señora de Aymaret—, si está muy +adelantada su obra.</p> + +<p>—Muy adelantada... el pobre no descansa un minuto... desde el amanecer +se pone al trabajo... ¡estoy admirada!... ¿Cómo se puede tener cabeza y +valor para ocuparse de nada con semejante preocupación?... ¡Yo ni +siquiera lo comprendo!</p> + +<p>—¿Y él parece estar tranquilo, dices?</p> + +<p>—Sí, parece estar tranquilo... pero encanece rápidamente.</p> + +<p>—¡Oh! es necesario salvarlo—exclamó la vizcondesa poniéndose en pie—. +¿Tú me das plenos poderes, no es verdad? ¿Apruebas de antemano cuanto +intente con ese fin?</p> + +<p>—¡Todo... absolutamente todo... y con toda mi alma, Dios mío!</p> + +<p>—¡Pues bueno! escribe a Pierrepont, a quien daré una cita para mañana.</p> + +<p>Beatriz se sentó en su mesa de escribir y trazó a vuela pluma estas +breves líneas:</p> + +<div class="blockquot"><p>«Al marqués de Pierrepont.</p> + +<p>«Todo lo que Elisa te pida, te lo pido yo también +de rodillas.»</p></div> + +<p>Al día siguiente aquél, por indicación de la señora de Aymaret, +presentóse en casa de ésta. La vizcondesa presentóle la carta en +seguida.</p> + +<p>—¿De qué se trata?—interrogó Pedro con gravedad después de haber +leído.</p> + +<p>—Se trata de que Fabrice no efectúe su suicidio cuando llegue la +hora... ¿Podemos contar con usted para ese objeto?</p> + +<p>—¿Y lo duda usted?... Es como si propusiera usted a un asesino +libertarlo de su propia conciencia... Pero, ¿qué puedo yo hacer en +esto?... No puedo imaginármelo...</p> + +<p>—Según mi opinión, hay que vencer dos obstáculos para llegar a nuestro +fin: primero, el punto de honor de la palabra empeñada que liga a +Fabrice... ¿No podría devolverle esa palabra y en términos tales que él +consintiese en aceptarla?</p> + +<p>—Estoy pronto... pero...</p> + +<p>—¿Teme que rehuse?</p> + +<p>—Lo temo... sin embargo, voy a intentarlo, y con toda sinceridad, según +va usted a verlo.</p> + +<p>—No esperaba menos de usted... El segundo inconveniente que tendríamos +que dominar es la convicción en que debe estar Fabrice de que si +sobrevive le encontrará siempre entre su mujer y él... porque ha de +estar creyendo que ella y usted aguardan su muerte para efectuar un +matrimonio... Pues bien, el único medio de desengañarlo es volver a +nuestro antiguo plan de casamiento con Ketty, poniéndolo por obra en el +más breve período de tiempo posible. ¿Consiente usted?</p> + +<p>Después de una pausa para reflexionar.</p> + +<p>—Su amiga de usted—preguntó Pierrepont—, ¿desea ese matrimonio?</p> + +<p>—Desea y aprueba todo lo que pueda sacarla del infierno en que está +metida.</p> + +<p>—¡Pues bueno! obedezco... me iré mañana... si no hay vapor en nuestros +puertos marcharé a tomar uno en Inglaterra... Esta noche le mandaré la +carta para Fabrice... se la entregará usted en tiempo oportuno... Adiós, +señora...</p> + +<p>Estrechó efusivamente con sus dos manos la mano de la vizcondesa y se +retiró.</p> + +<p>Dos días después se embarcaba en el Havre con rumbo a los Estados +Unidos.</p> + +<p>La señora de Aymaret había recibido el día antes la carta que él dirigía +a Fabrice. Iba abierta; leyóla la vizcondesa y quedó satisfecha de su +contenido; pero decidió no entregarla al pintor sino el día que pudiera +participarle al mismo tiempo las bodas de Pierrepont, esperando que así +el artista sería más accesible a sus ruegos.</p> + +<p>Beatriz fue de idéntica opinión, y en cuanto al casamiento del marqués, +acogió esta noticia con bastante indiferencia.</p> + +<p>Alentada por su amiga, abrigaba algunas esperanzas, por remotas que +fuesen, de salvar a su marido, escapando ella misma a tormentos morales +en que temía dejar la razón, y por esta causa vigilaba con anhelante +interés los más pequeños actos, las más insignificantes palabras de +Jacques. Era el corazón de Beatriz, a pesar de su orgullo aristocrático +y de sus vanidades mundanal, demasiado noble, demasiado generoso, para +mostrarse insensible a la actitud firme, magnánima, heroica del artista +enfrente de la muerte; y en su admiración, mezclada de profunda, lástima +y quizás de sentimientos más tiernos todavía, ella no recordaba sino +para sonrojarse los mezquinos reproches que allá en su fuero interno +había alimentado contra su marido; admirábase de haberlo hasta tal punto +desconocido, de haber tan injustamente cerrado los ojos ante las +luminosas cualidades del hombre y del artista para fijarse sólo en +algunas miserables imperfecciones de detalle. La misma personalidad +física del pintor se le representaba bajo una nueva faz, sintiéndose +herida por la dignidad natural de su andar, que traía a la memoria la +marcha al mismo tiempo potente y ligera de los grandes felinos; se +sentía herida por el brillo resplandeciente de su frente, por la +enérgica acentuación de su tranquilo rostro, al cual sus cabellos, ya +hoy ligeramente emblanquecidos, revestían de una extraña y suave +aureola; se le aparecía, en fin, transfigurado cual si los pensamientos +que lo ocupaban y lo sostenían en aquellos días supremos lo hubiesen +envuelto en un nimbo de sobrenaturales resplandores.</p> + +<p>Pero el tiempo volaba; fue el 20 de julio cuando Pierrepont y Fabrice +juraron su tremendo compromiso, y el plazo de cuatro meses acordado al +pintor expiraba por ende el 20 de octubre. Asomaba la primera semana del +luctuoso mes cuando Beatriz advirtió con terror que los grandes +recuadros destinados a América hallábanse a punto de ser terminados, y +lo hubiesen estado con anterioridad si Jacques no hubiese más que nunca +querido justificar en esta postrer obra suya la reputación del +concienzudo y probo artista que la fama pública le había discernido, y +no quedaban por hacer sino ligeros retoques, hasta el punto de que ya el +apoderado de míster Nicholson en París viniera a entenderse con el +pintor acerca del mejor modo y forma de mandar las telas a su destino.</p> + +<p>A medida que el pavoroso término avanzaba, las angustias de Beatriz +hacíanse más incesantes, más intolerables, más mortales. Devorada por la +fiebre, en espera día y noche de cualquier siniestro ruido, de cualquier +trágico espectáculo, impulsaba la triste Beatriz a la señora de Aymaret +con desesperada impaciencia a que diese el paso supremo de que dependía +su última esperanza, mas la vizcondesa, prevenida ya por Pierrepont de +que su matrimonio se efectuaría en próxima fecha, quería esperar para +presentar su súplica al pintor así que el suceso se realizase. Al poco +tiempo Pierrepont le enviaba un periódico americano en que se daba de +aquél noticias detalladas, y entonces la vizcondesa no titubeó más.</p> + +<p>Desde su vuelta, en sus frecuentes visitas a Bellevue, más de una vez se +había encontrado la señora de Aymaret con Fabrice, y aunque éste no +pudiese dudar que aquélla conociese el secreto de Beatriz, jamás se +cruzó entre ellos ni la sombra de una alusión sobre este resbaladizo +asunto, pero una mañana la vio entrar inopinadamente en su taller. +Profesaba el artista una sincera estima a la joven señora, y adivinando +en la actitud a la vez turbada y resuelta de aquélla, el particular que +la trajera, tomó un aire grave.</p> + +<p>—¿Viene usted a hablarme, señora?—le dijo.</p> + +<p>—Sí, tengo que hablarle... pero no me desaliente de antemano... sea +bueno y complaciente conmigo, se lo ruego.</p> + +<p>—Con usted, señora, es bien fácil ser complaciente—respondió Fabrice +sonriendo con tristeza—. Vamos, hable usted.</p> + +<p>Y le acercó una silla por cuanto advirtió que la vizcondesa estaba a +punto de desfallecer.</p> + +<p>—Señor Fabrice—comenzó aquélla después de un breve silencio—, me he +enterado hoy de una cosa que me parece que tal vez le interese saber...</p> + +<p>Y le entregó con la mano temblorosa la última carta que había recibido +de Pierrepont acompañada del periódico americano en que se daba cuenta +de su matrimonio.</p> + +<p>Después de haber leído el pintor estos dos documentos, los devolvió +fríamente a la señora de Aymaret.</p> + +<p>—Gracias—le dijo el pintor con seca cortesía.</p> + +<p>—Señor Fabrice—continuó aquélla cada vez más desconcertada y más +conmovida—, tengo que entregarle aún otra carta... Le está +personalmente dirigida.</p> + +<p>—Veamos, señora.</p> + +<p>Tomó en sus manos la misiva; era aquella que Pierrepont le escribió +antes de su partida: véanse aquí sus términos:</p> + +<p>«Antes de abandonar la Francia por mucho tiempo, aun para siempre si tú +lo eliges, te relevo con la mayor sinceridad de la palabra que me has +empeñado, rogándote en nombre de tu hija, suplicándote una y mil veces +que conserves tu vida.</p> + +<p>»Si la suerte me hubiese a mí condenado y si tú me devolvieses mi palabra +con la lealtad con que yo te devuelvo la tuya, te aseguro que ni un +momento titubearía en aceptarla.—<i>Marqués de Pierrepont</i>.—Al señor +Jacques Fabrice.»</p> + +<p>El pintor leyó una y otra vez, y aun volvió a leer con atención suma +estas líneas, y, una vez al cabo de su contenido, se disponía a +entregarla a la señora de Aymaret.</p> + +<p>—Pero—arguyó ésta—, es para usted... debe usted guardarla.</p> + +<p>—¡Sea!—replicó el pintor.</p> + +<p>Esperó un momento la vizcondesa, y viendo siempre a aquel impasible y +mudo:</p> + +<p>—Señor Fabrice—le dijo estrechando las manos del artista—, ¿me dejará +usted partir sin concederme una frase de esperanza?... Ya su honor está +a salvo... ¡Tenga usted piedad de su hija!... ¡Tenga piedad también de +la pobre culpable!... ¡Ha sufrido y sufre tanto!... ¡Ha expiado y expía +con tanta usura su pecado!... ¡Y si aun me atreviera a añadirle +algo!...</p> + +<p>—¡Oh! no, señora, no prosiga usted... es suficiente con lo que me ha +dicho... Me conmueve su interés hacia mí y los sentimientos que lo han +inspirado... mas comprenderá que, cuestión tan grave como la que +tratamos, no puede resolverse en un momento de enternecimiento... +Permítame que medite sobre estos puntos con la calma que es de razón... +Mi trabajo está ya terminado... aún puedo disponer de algunos días... Mi +intención, que puede usted comunicar a su amiga, es consagrarlos a hacer +un corto viaje al extranjero... una excursión a Suiza... Insisto más que +nunca ahora en mi resolución, porque tengo necesidad de la ausencia para +fijar mis ideas... Pienso partir mañana...</p> + +<p>La vizcondesa clavó en él una mirada inquisitiva, Jacques púsose en pie +tomando entre sus manos una de las de la dama...</p> + +<p>—Hasta la vista, señora—le dijo; luego, con la voz levemente +conmovida—: ¡Adiós, hija mía!</p> + +<p>La vizcondesa salió, pero antes paróse un momento en el umbral del +taller para enjugar sus lágrimas que arrasaban sus ojos; por fin, +dirigióse con rápido, paso hacia las habitaciones de Beatriz: ésta, que +esperaba el resultado de la entrevista paseando febrilmente por las +alamedas del jardín, corrió al encuentro de Elisa desde que la viera +aparecer, e interrogándola angustiosamente:</p> + +<p>—¿Y bien?</p> + +<p>—¡Tengo esperanzas!—le contestó su amiga.</p> + +<p>—¿Es posible?—contestó Beatriz y arrastró a aquélla al salón.</p> + +<p>La señora de Aymaret relatóle entonces todos los detalles de su +entrevista con Fabrice, procurando persuadirla y persuadirse a sí propia +de que la impresión que le había producido era favorable, pero la +noticia del viaje repentinamente proyectado por su marido, aterró a +Beatriz.</p> + +<p>—¡Eso es el suicidio!—dijo a su amiga con sorda voz.</p> + +<p>—¿Y la de irse si está decidido a darse la muerte?—objetó la de +Aymaret.</p> + +<p>—¿Quién sabe?... Por evitar tan tremendo espectáculo a su hija... Tal +vez por evitármelo a mí misma... Quiere ser generoso y magnánimo hasta +el fin...</p> + +<p>—Te aseguro—le dijo la señora de Aymaret—que el lenguaje que ha usado +me ha parecido sincero... Antes de fijar su decisión en asunto tan grave +quiere reflexionar con tranquilidad, lejos de las recuerdos, de las +emociones que pudieran perturbar sus ideas...</p> + +<p>Aquí llegaban de su conversación, cuando fueron interrumpidas por +Marcelita, que entró en la sala como un torbellino; presentó sus frescas +mejillas a la señora de Aymaret, y volviéndose a Beatriz le preguntó +toda sofocada:</p> + +<p>—¿Es verdad que papá se va?</p> + +<p>—¿Quién te ha dicho eso?</p> + +<p>—Enriqueta, a quien le ha prevenido que le haga su equipaje.</p> + +<p>—Sí, se va mañana... su trabajo lo ha fatigado mucho... los médicos le +recomiendan un poco de distracción.</p> + +<p>—No quisiera que se fuese—dijo la niña—, si lo permites voy a ayudar +a Enriqueta para que no se le olvide nada.</p> + +<p>—Yo misma voy dentro de un momento... anda, hija mía.</p> + +<p>Marcelita se fue corriendo. La señora de Aymaret se levantó para +marcharse.</p> + +<p>—¡Si te imaginases cuánto estoy sufriendo!—le dijo Beatriz—. No se +hace un movimiento, no se pronuncia una palabra en esta casa que no sea +para mí un martirio... ¿y vas a dejarme sola?</p> + +<p>—Sí, te dejo, hija mía... pero mañana, desde muy temprano, me tendrás +aquí. Debo dejaros solos en estas últimas horas... Os abandono a la +inspiración de vuestros corazones... ¡Hasta mañana!</p> + +<p>Se besaron, y la vizcondesa se alejó.</p> + +<p>Beatriz subió a las habitaciones de su marido para vigilar los +preparativos del viaje. La doncella le participó que Fabrice había ido a +París, pero que volvería para comer.</p> + +<p>La mujer del pintor pasó el resto del día vagando por el jardín. Hacia +la noche entró en el taller. El vacío que habían dejado los terminados +recuadros daban un aire de abandono, de soledad, de tristeza solemne. +Beatriz permaneció allí hasta la caída de la tarde pensando en cuanto +una grande inteligencia, una grande alma dejara allí de su pensamiento, +de dolores.</p> + +<p>De pronto una idea le asaltó: todo había acabado; la pretendida +excursión de Jacques a París no era más que un pretexto; su marido no +volvería; voló a sus habitaciones; Jacques había vuelto.</p> + +<p>Se sirvió la comida. Fabrice se hallaba tranquilo, pero más serio, más +distraído que de costumbre, y al mismo tiempo más hablador; diríase que +tenía miedo al silencio. Hablaba del decrecimiento de los días, de la +hermosura de aquellas otoñales tardes, de la belleza de los paisajes +suizos, de la impotencia del pintor para fielmente reproducirlos.</p> + +<p>Después de la comida bajaron al jardín. Aunque ya en sus comienzos el +otoño, la noche era templada y magnífica bajo un cielo tachonado de +estrellas. Había aún claridad suficiente y Marcelita corría tras de su +aro por las angostas calles que rodeaban la fuente. Placíale a la niña +dar esta muestra de habilidad a su padre, quien, sentado en un banco, la +miraba... ¡y de cuando en cuando también miraba al cielo!... Beatriz, +anonadada, habíase sentado también a algunos pasos de distancia, oculta +entre la sombra de los árboles.</p> + +<p>Al cabo de un instante, Fabrice exclamó:</p> + +<p>—¡Marcela!</p> + +<p>—¿Qué, papá?—y vino corriendo.</p> + +<p>—Tengo miedo que te resfríes... es necesario irse a dormir...</p> + +<p>—¿En seguida?</p> + +<p>—Sí, te lo ruego, vida mía.</p> + +<p>—Bueno, me voy, papá.</p> + +<p>—Dame antes un beso...—y tomó a la niña entre sus rodillas.</p> + +<p>—¡Así me gustan las niñas!... ¿Tú me prometes ser siempre buena, es +verdad?</p> + +<p>—Te lo prometo.</p> + +<p>—¿Aun cuando yo no esté ya aquí... aun cuando esté fuera?</p> + +<p>—Sí... pero, ¿por qué te vas, papá?</p> + +<p>—¡Tengo tanta necesidad de reposo, pobre nena mía!</p> + +<p>—¿Por qué no me llevas contigo?</p> + +<p>—¡Ay, si pudiera!...—murmuró Fabrice.</p> + +<p>—¡Anda, llévame, papacito!</p> + +<p>—¡No es posible, alma mía!... ¡Anda... vete a dormir!...</p> + +<p>—¿Te vas por mucho tiempo?—continuó la niña.</p> + +<p>—Por... alguno... Todavía no lo sé fijo... ¡Anda... anda a dormir, hija +mía!</p> + +<p>Jacques dio un beso a aquel querubín.</p> + +<p>—Presente o ausente—le dijo—, me querrás siempre... te acordarás de +mí, ¿no es cierto?</p> + +<p>—Siempre... siempre... te lo prometo.</p> + +<p>Lo dejó, para ir a dar un beso a Beatriz; en seguida, volviendo a su +padre, a media voz:</p> + +<p>—¡Papá! ¡estás llorando!</p> + +<p>Detuvo a la niña por la mano; hubo un silencio; después Fabrice con +grave acento:</p> + +<p>—¡Ama también a tu madre!</p> + +<p>Y la niña se alejó pensativa entrando en la casa.</p> + +<p>Al instante mismo Fabrice oía un gemido, y Beatriz, saliendo de las +sombras, se echó a sus plantas, sobre la arena de la avenida.</p> + +<p>—¡Te suplico, Beatriz!—le dijo en tono de dulce reproche procurando +levantarla.</p> + +<p>—¡Ah!—exclamó la sin ventura a través de sus lágrimas—, ¡el Cristo +perdonó!</p> + +<p>—Y yo te perdono... ¿No acabas de oír lo que he dicho a mi hija?... No +ignoro cuánto has sufrido en estos últimos tiempos... y hay además en la +vida circunstancias en que la indulgencia se impone... Levántate... +Siéntate a mi lado.</p> + +<p>Desconcertada, estupefacta, se sentó en el banco al lado del marido.</p> + +<p>—Beatriz—le dijo—, te doy mi perdón... ¿Qué más deseas? Habla.</p> + +<p>—¡Deseo... que vivas, Dios mío!</p> + +<p>—¿Estás segura?... ¿Estás bien segura de que no me despreciarías mañana +si yo cediese a tus ruegos?</p> + +<p>—¿Despreciarte?... ¿Por qué?... Pues que, ¿no sé que eres libre, que te +han devuelto tu palabra?</p> + +<p>—¿Y no te dirías alguna vez, Beatriz, que otro en mi lugar se habría +mostrado más escrupuloso sobre el punto de honor?</p> + +<p>—¡Pero, por Dios, no acabes de matarme... ten piedad de mí!... ¡Esto es +horrible!... ¡Yo que te amo tanto, Dios mío!... y que ni aun me atrevo a +decírtelo... porque creerías que miento para salvarte de la muerte... y, +sin embargo... aquí delante de Dios... te juro que te amo... ¡oh! te lo +juro.</p> + +<p>Y deshecha en lágrimas levantaba desesperadamente sus brazos al +tachonado cielo.</p> + +<p>Hubo un largo silencio solamente turbado por el rumor de sus gemidos... +Luego Fabrice, con voz hondamente conmovida:</p> + +<p>—¡Te creo!</p> + +<p>Ella tomó sus manos.</p> + +<p>—Sí, esa palabra que tanto ansié de tus labios... al fin la he oído... +y el corazón me dice que es sincera... ¡Me amas!... ¡Oh cielos, desatad +sobre mí vuestros rayos!... ¡que ni aun por eso os negaría mi +adoración!... ¡mi adoración por este momento tanto tiempo anhelado!... +¡tanto tiempo soñado!</p> + +<p>Ella besaba sus manos llorando.</p> + +<p>—Beatriz—le dijo, desasiéndose suavemente—, todo esto era para mí tan +imprevisto.... que ya ves... he perdido la calma... casi la razón... +Deja que me recoja un poco en mí mismo, te lo ruego... Desconfiarías con +fundamento de mi resolución tomada bajo el imperio de emoción +semejante... Ven, vuelve a tu gabinete... Vendré a buscarte dentro de un +momento y entonces hablaremos seriamente.</p> + +<p>Beatriz se apoyó en el brazo que él le ofrecía y la condujo hasta el +primer escalón del peristilo, y como aquélla dudase en separarse de él, +Jacques la atrajo hacia sí y besó sus cabellos.</p> + +<p>—¡Hasta dentro de un momento!—le dijo.</p> + +<p>Beatriz se sentó en el salón cerca de una ventana abierta mientras se +alejaba por el jardín. Paseóse Fabrice en él largo tiempo, a lento paso. +A veces su silueta se desvanecía entre los árboles, y entonces de pie, +aterrado, hasta que su sombra salía de las tinieblas... Hacía algunos +minutos que lo perdiera de vista; de pronto un relámpago siniestro +iluminó los vidrios del taller, y el ruido de una detonación rasgó el +silencio de la noche.</p> + +<p>La triste esposa extendió los brazos, dio un grito y cayó desplomada.</p> + +<p class="spac">* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *</p> + +<p>Fue la señora de Aymaret mandada a buscar en seguida, quien encontró +sobre la mesa del taller, y entregó a Beatriz, estos cuatro renglones:</p> + +<p>«Beatriz, hubiera querido evitarte este duelo... pero habría creído ser +débil al ceder... Sí, creo que tu corazón al fin se ha abierto al mío, +creo que me amas... Pero, ¿continuarías amándome mañana?... ¿Debiendo mi +vida al hombre que me ultrajó tan cruelmente?... Lo dudo, y muero.»</p> + +<p class="spac">* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *</p> + +<p>La verdadera causa del suicidio de Jacques Fabrice, jamás se sospechó. +Los diarios anunciaron que el desdichado artista había muerto por +accidente, descargando sus pistolas en vísperas de un viaje.</p> + +<p>Beatriz entró en religión en los Benedictinos de Auteuil, donde ella +misma pudo acabar la educación de Marcela, cumpliendo así piadosamente +las últimas voluntades del artista.</p> + +<p class="c top15">FIN</p> +<hr class="full" /> + + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Honor de artista, by Octave Feuillet + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HONOR DE ARTISTA *** + +***** This file should be named 24802-h.htm or 24802-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/4/8/0/24802/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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Donations are accepted in a number of other +ways including checks, online payments and credit card donations. +To donate, please visit: http://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/24802-h/images/001.png b/24802-h/images/001.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..9380173 --- /dev/null +++ b/24802-h/images/001.png diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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