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+The Project Gutenberg EBook of El prisionero de Zenda, by Anthony Hope
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: El prisionero de Zenda
+
+Author: Anthony Hope
+
+Release Date: March 11, 2008 [EBook #24801]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL PRISIONERO DE ZENDA ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net)
+
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+
+
+
+
+BIBLIOTECA DE «LA NACION»
+
+ANTONIO HOPE
+
+EL PRISIONERO DE ZENDA
+
+
+
+BUENOS AIRES 1909
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+ INDICE
+
+
+ I.--Los Raséndil, y dos palabras acerca de los Elsberg
+ II.--Que trata del color de los cabellos
+ III.--Francachela nocturna con un pariente lejano
+ IV.--El Rey acude a la cita
+ V.--Aventuras de un suplente
+ VI.--El secreto de un sótano
+ VII.--Su majestad duerme en Estrelsau
+ VIII.--Prima rubia y hermano moreno
+ IX.--Una nueva catapulta
+ X.--Amores por cuenta ajena
+ XI.--Caza mayor
+ XII.--Un anzuelo bien cebado
+ XIII.--Nueva escala de Jacob
+ XIV.--Rondando el castillo
+ XV.--Tentación
+ XVI.--Un plan desesperado
+ XVII.--A media noche
+ XVIII.--Golpe de mano
+ XIX.--Cara a cara en el bosque
+ XX.--El prisionero y el Rey
+ XXI.--¡Hay algo más que amor!
+ XXII.--Presente, pasado ¿y futuro?
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+I
+
+LOS RASÉNDIL, Y DOS PALABRAS ACERCA DE LOS ELSBERG
+
+
+--¡Pero cuándo llegará el día que hagas algo de provecho,
+Rodolfo!--exclamó la mujer de mi hermano.
+
+--Mi querida Rosa--repliqué, soltando la cucharilla de que me servía
+para despachar un huevo,--¿de dónde sacas tú que yo deba hacer cosa
+alguna, sea o no de provecho? Mi situación es desahogada; poseo una
+renta casi suficiente para mis gastos (porque sabido es que nadie
+considera la renta propia como del todo suficiente); gozo de una
+posición social envidiable: hermano de lord Burlesdón y cuñado de la
+encantadora Condesa, su esposa. ¿No te parece bastante?
+
+--Veintinueve años tienes, y no has hecho más que...
+
+--¿Pasar el tiempo? Es verdad. Pero en mi familia no necesitamos hacer
+otra cosa.
+
+Esta salida mía no dejó de producir en Rosa cierto disgustillo, porque
+todo el mundo sabe (y de aquí que no haya inconveniente en repetirlo)
+que por muy bonita y distinguida que ella sea, su familia no es con
+mucho de tan alta alcurnia como la de Raséndil. Amén de sus atractivos
+personales, poseía Rosa una gran fortuna, y mi hermano Roberto tuvo la
+discreción de no fijarse mucho en sus pergaminos. A éstos se refirió la
+siguiente observación de Rosa, que dijo:
+
+--Las familias de alto linaje son, por regla general, peores que las
+otras.
+
+Al oír esto, no pude menos de llevarme la mano a la cabeza y acariciar
+mis rojos cabellos; sabía perfectamente lo que ella quería decir.
+
+--¡Cuánto me alegro de que Roberto sea moreno!--agregó.
+
+En aquel momento, Roberto, que se levanta a las siete y trabaja antes de
+almorzar, entró en el comedor, y, dirigiendo una mirada a su esposa,
+acarició suavemente su mejilla, algo más encendida que de costumbre.
+
+--¿Qué ocurre, querida mía?--le preguntó.
+
+--Le disgusta que yo no haga nada y que tenga el pelo rojo--dije como
+ofendido.
+
+--¡Oh! En cuanto a lo del pelo no es culpa suya--admitió Rosa.
+
+--Por regla general, aparece una vez en cada generación--dijo mi
+hermano.--Y lo mismo pasa con la nariz. Rodolfo ha heredado ambas cosas.
+
+--Que por cierto me gustan mucho--dije levantándome y haciendo una
+reverencia ante el retrato de la condesa Amelia.
+
+Mi cuñada lanzó una exclamación de impaciencia.
+
+--Quisiera que quitases de ahí ese retrato, Roberto--dijo.
+
+--¡Pero, querida!--exclamó mi hermano.
+
+--¡Santo Cielo!--añadí yo.
+
+--Entonces, siquiera podríamos olvidarlo--continuó Rosa.
+
+--A duras penas, mientras ande Rodolfo por aquí--observó mi hermano.
+
+--¿Y por qué olvidarlo?--pregunté yo.
+
+--¡Rodolfo!--exclamó mi cuñada ruborizándose y más bonita que nunca.
+
+Me eché a reír y volví a mi almuerzo. Por lo pronto me había librado de
+seguir discutiendo la cuestión de lo que yo debería hacer o emprender. Y
+para cerrar la polémica y también, lo confieso, para exasperar un poco
+más a mi severa cuñadita, añadí:
+
+--¡La verdad es que me alegro de ser todo un Elsberg!
+
+Cuando leo una obra cualquiera paso siempre por alto las explicaciones;
+pero desde el momento en que me pongo a escribir, yo mismo comprendo que
+una explicación es aquí inevitable. De lo contrario, nadie entenderá por
+qué mi nariz y mi cabello tienen el don de irritar a mi cuñada y por qué
+digo de mí que soy un Elsberg. Desde luego, por muy alto que piquen los
+Raséndil, el mero hecho de pertenecer a esa familia no justifica la
+pretensión de consanguinidad con el linaje aun más noble de los Elsberg,
+que son de estirpe regia. ¿Qué parentesco puede existir entre Ruritania
+y Burlesdón, entre los moradores del palacio de Estrelsau o el castillo
+de Zenda y los de nuestra casa paterna en Londres?
+
+Pues bien (y conste que voy a sacar a relucir el mismísimo escándalo que
+mi querida condesa de Burlesdón quisiera ver olvidado para siempre); es
+el caso que allá por los años de 1733, ocupando el trono inglés Jorge
+II, hallándose la nación en paz por el momento, y no habiendo empezado
+aún las contiendas entre el Rey y el príncipe de Gales, vino a visitar
+la corte de Inglaterra un regio personaje, conocido más tarde en la
+historia con el nombre de Rodolfo III de Ruritania. Era este Príncipe un
+mancebo alto y hermoso, a quien caracterizaban (y no me toca a mí decir
+si en favor o en perjuicio suyo) una nariz extremadamente larga, aguzada
+y recta, y una cabellera de color rojo obscuro; en una palabra, la nariz
+y el cabello que han distinguido a los Elsberg desde tiempo inmemorial.
+Permaneció algunos meses en Inglaterra, donde fue objeto del
+recibimiento más cortés; pero su salida del país dio algo que hablar.
+Tuvo un duelo (y muy galante conducta fue la suya al prescindir para el
+caso de su alto rango), siendo su adversario un noble muy conocido en la
+buena sociedad de aquel tiempo, no sólo por sus propios méritos, sino
+también como esposo de una dama hermosísima. Resultado de aquel duelo
+fue una grave herida que recibió el príncipe Rodolfo, y apenas curado de
+ella lo sacó ocultamente del país el embajador de Ruritania, a quien dio
+no poco que hacer aquella aventura de su Príncipe. El noble salió ileso,
+pero en la mañana misma del duelo, que fue por demás húmeda y fría,
+contrajo una dolencia que acabó con él a los seis meses de la partida de
+Rodolfo. Dos meses después dio a luz su esposa un niño que heredó el
+título y la fortuna de Burlesdón. Fue esta dama la condesa Amelia, cuyo
+retrato quería retirar mi cuñada del lugar que ocupaba en la casa de mi
+hermano; y su esposo fue Jaime, cuarto conde de Burlesdón y
+vigésimo-segundo barón Raséndil, inscrito bajo ambos títulos en la «Guía
+Oficial de los Pares de Inglaterra,» y caballero de la Orden de la
+Jarretiera. Cuanto a Rodolfo, regresó a Ruritania, se casó y subió al
+trono, que sus sucesores han ocupado hasta el momento en que escribo,
+con excepción de un breve intervalo. Y diré, para terminar, que si el
+lector visita la galería de retratos de Burlesdón, verá entre los
+cincuenta pertenecientes a los últimos cien años, cinco o seis, el del
+quinto Conde inclusive, que se distinguen por la nariz larga, recta y
+aguzada y el abundante cabello de color rojo obscuro. Estos cinco o seis
+tienen también ojos azules, siendo así que entre los Raséndil predominan
+los ojos negros.
+
+Esta es la explicación, y me alegro de haber salido de ella; las manchas
+de honrada familia son asunto delicado, pero lo cierto es que la
+transmisión por herencia, de que tanto se habla, es la chismosa mayor y
+más temible que existe; para ella no hay discreción ni secreto que
+valga, y a lo mejor inscribe las notas más escandalosas en la «Guía de
+los Pares.»
+
+Observará el lector que mi cuñada, dando muestras de escasísima lógica,
+se empeñaba en considerar mi rojiza cabellera casi como una ofensa y en
+hacerme responsable de ella, apresurándose a suponer en mí, sin otro
+fundamento que esos rasgos externos, cualidades que por ningún concepto
+poseo, y mostrando como prueba de tan injusta deducción, lo que ella
+daba en llamar la vida inútil y sin objeto determinado que he llevado
+hasta la fecha. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que esa vida me
+ha proporcionado no escaso placer y abundantes enseñanzas. He estudiado
+en una universidad alemana y hablo el alemán con tanta facilidad y
+perfección como el inglés; lo mismo digo del francés, mascullo el
+italiano y sé jurar en español. No tiro mal la espada, manejo la pistola
+perfectamente y soy jinete consumado. Tengo completo dominio sobre mí
+mismo, no obstante el color engañador de mis cabellos; y si el lector
+insiste en que a pesar de todo lo dicho me hubiera valido más dedicarme
+a algún trabajo útil, sólo añadiré que mis padres me habían dejado en
+herencia diez mil pesos de renta y un carácter aventurero.
+
+--La diferencia entre tu hermano y tú--prosiguió mi cuñada, que también
+gusta de sermonear un poco de cuando en cuando,--está en que él reconoce
+los deberes de su posición y tú no ves más que las ventajas de la tuya.
+Ahí tienes a Sir Jacobo Borrodale ofreciéndote precisamente la
+oportunidad que necesitas y que más te conviene.
+
+--¡Gracias mil!--murmuré.
+
+Tiene prometida una embajada para dentro de seis meses, y Roberto está
+seguro de que te ofrecerá el puesto de agregado. Acéptalo, Rodolfo,
+aunque sólo sea por complacerme.
+
+Puesta la cuestión en este terreno y con mi cuñadita frunciendo las
+cejas y dirigiéndome una de sus más irresistibles miradas, no le quedaba
+a un tunante como yo más remedio que ceder, compungido y pesaroso.
+Además, pensé que el puesto ofrecido no dejaría de proporcionarme grata
+oportunidad de divertirme y pasarlo divinamente, y por lo tanto
+repliqué:
+
+--Mi querida hermana, si dentro de seis meses no se presenta algún
+obstáculo imprevisto y Sir Jacobo no se opone, que me cuelguen si no me
+agrego a su embajada.
+
+--¡Qué bueno eres, Rodolfo! ¡Cuánto me alegro!
+
+--¿Y adónde va destinado el futuro embajador?
+
+--Todavía no lo sabe, pero sí está seguro de que será un puesto de
+primer orden.
+
+--Hermana mía--dije,--por complacerte iré aunque sea a una legación de
+tres al cuarto. No me gusta hacer las cosas a medias.
+
+Es decir, que mi promesa estaba hecha; pero seis meses son seis meses,
+una eternidad, y como había que pasarlos de alguna manera, me eché a
+pensar en seguida diversos planes que me permitieran esperar
+agradablemente el principio de mis tareas diplomáticas; esto suponiendo
+que los agregados de embajada se ocupen en algo, cosa que no he podido
+averiguar, porque, como se verá más adelante, nunca llegué a ser
+_attaché_ de Sir Jacobo ni de nadie. Y lo primero que se me ocurrió,
+casi repentinamente, fue hacer un viajecillo a Ruritania. Parecerá
+extraño que yo no hubiera visitado nunca aquel país; pero mi padre (a
+pesar de cierta mal disimulada simpatía por los Elsberg, que le llevó a
+darme a mí, su hijo segundo, el famoso nombre de Rodolfo, favorito entre
+los de aquella regia familia), se había mostrado siempre opuesto a dicho
+viaje; y muerto él, mi hermano y Rosa habían aceptado la tradición de
+nuestra familia, que tácitamente cerraba a los Raséndil las puertas de
+Ruritania. Pero desde el momento en que pensé visitar aquel país, se
+despertó vivamente mi curiosidad y el deseo de verlo. Después de todo,
+las narices largas y el pelo rojo no eran patrimonio exclusivo de los
+Elsberg, y la vieja historia que he reseñado, a duras penas podía
+considerarse como razón suficiente para impedirme visitar un importante
+reino que había desempeñado papel nada menospreciable en la historia de
+Europa y que podía volver a hacerlo bajo la dirección de un monarca
+joven y animoso, como se decía que lo era el nuevo Rey. Mi resolución
+acabó de afirmarse al leer en los periódicos que Rodolfo V iba a ser
+coronado solemnemente en Estrelsau tres semanas después y que la
+ceremonia prometía ser magnífica. Decidí presenciarla y comencé mis
+preparativos de viaje sin perder momento. Pero como nunca había
+acostumbrado enterar a mis parientes del itinerario de mis excursiones,
+y además en aquel caso esperaba resuelta oposición por su parte, me
+limité a decir que salía para el Tirol, objeto favorito de mis viajes, y
+me gané la aprobación de Rosa diciéndole que iba a estudiar los
+problemas sociales y políticos del interesante pueblo tirolés.
+
+--Mi viaje puede dar también un resultado que no sospechas--añadí con
+gran misterio.
+
+--¿Qué quieres decir?--preguntó Rosa.
+
+--Nada, sino que existe cierto vacío que pudiera llenarse con una obra
+concienzuda sobre...
+
+--¿Piensas escribir un libro?--exclamó mi cuñada
+palmoteando.--¡Magnífico proyecto! ¿Verdad, Roberto?
+
+--En nuestros días es la mejor manera de comenzar una carrera
+política--asintió mi hermano, que había compuesto ya, no uno, sino
+varios libros. «Teorías antiguas y hechos modernos,» «El resultado
+final» y algunas otras obras originales de Burlesdón gozan muy justo
+renombre.
+
+--Tiene mucha razón Roberto--declaré.
+
+--Prométeme que lo harás--dijo Rosa muy entusiasmada con mi plan.
+
+--Nada de promesas, pero si reúno suficientes materiales lo haré.
+
+--No se puede pedir más--dijo Roberto.
+
+--¡Qué materiales ni qué calabazas!--exclamó Rosa, haciendo un gracioso
+mohín.
+
+Pero no cedí, y tuvo que contentarse con aquella promesa condicional.
+Por mi parte, hubiera apostado cualquier cosa a que mi excursión
+veraniega no daría por resultado ni una sola página. Y la mejor prueba
+de que me equivocaba de medio a medio, es que estoy escribiendo el
+prometido libro, aunque confieso que ni me puede servir a mí para
+lanzarme a la política, ni tiene nada que ver con el Tirol.
+
+Y bien puedo añadir que tampoco merecería la aprobación de la Condesa mi
+cuñada, suponiendo que yo lo sometiese a su severa censura; cosa que me
+guardaré muy bien de hacer.
+
+
+
+
+II
+
+QUE TRATA DEL COLOR DE LOS CABELLOS
+
+
+Mi tío Guillermo solía decir, y lo sentaba como máxima invariable, que
+nadie debe pasar por París sin detenerse allí veinticuatro horas. Y yo,
+con el respeto debido a la madura experiencia de mi tío, me instalé en
+el Hotel Continental de aquella ciudad, resuelto a pasar allí un día y
+una noche, camino del... Tirol. Fui a ver a Jorge Federly en la
+embajada, comimos juntos en Durand y después nos fuimos a la Opera; tras
+una ligera cena nos presentamos en casa de Beltrán, poeta de alguna
+reputación y corresponsal de _La Crítica_, de Londres. Ocupaba un piso
+muy cómodo, y hallamos allí algunos amigos suyos, personas muy
+simpáticas todas, con quienes pasamos el rato agradablemente, fumando y
+conversando. Sin embargo, noté que el dueño de la casa estaba preocupado
+y silencioso, y cuando se hubieron despedido todos los demás y
+quedádonos solos con él Federly y yo, empecé a bromear a Beltrán, hasta
+que exclamó, dejándose caer en el sofá:
+
+--¡Pues nada, que tienes tú razón y estoy enamorado, perdidamente
+enamorado!
+
+--Así escribirás mejores versos--le dije por vía de consuelo.
+
+Se limitó a fumar furiosamente sin decir palabra, en tanto que Federly,
+de espaldas a la chimenea, lo contemplaba con cruel sonrisa.
+
+--Es lo de siempre, y lo mejor que puedes hacer es cantar de plano,
+Beltranillo--dijo Federly.--La novia se te va de París mañana.
+
+--Ya lo sé--repuso Beltrán furioso.
+
+--Pero lo mismo da que se vaya o que se quede. ¡La dama pica muy alto
+para ti, poeta!
+
+--¿Y a mí qué?
+
+--Vuestra conversación me interesaría muchísimo más--observé,--si
+supiera de quién estáis hablando.
+
+--Antonieta Maubán--dijo Federly.
+
+--De Maubán--gruñó Beltrán.
+
+--¡Hola!--exclamé.--¡Conque esas tenemos, mocito!
+
+--¿Me haces el favor de dejarme en paz?
+
+--¿Y adónde va?--pregunté, porque la dama gozaba de cierta celebridad y
+su nombre no me era desconocido.
+
+Jorge hizo sonar las monedas que tenía en el bolsillo, miró a Beltrán
+dirigiéndole su más despiadada sonrisa y replicó:
+
+--Nadie lo sabe. Y a propósito, Beltrán; la otra noche vi en su casa a
+todo un personaje, el duque de Estrelsau. ¿Le conoces?
+
+--Sí, ¿y qué?
+
+--Muy cumplido caballero, a fe mía.
+
+Era evidente que las alusiones de Jorge al Duque tenían por objeto
+aumentar las penas del pobre Beltrán, de donde inferí que el Duque había
+distinguido a la señora de Maubán con sus atenciones. Era ella viuda,
+hermosa, rica, y la voz pública decíala ambiciosa. Nada tenía de extraño
+que procurase, como lo había insinuado Jorge, conquistar a un personaje
+que ocupaba en su país lugar inmediato al del Rey; porque el Duque era
+hijo del finado rey de Ruritania y de su segunda y morganática esposa y,
+por consiguiente, hermano paterno del nuevo Rey. Había sido el favorito
+de su padre, quien fue objeto de muy desfavorables comentarios al
+crearlo Duque y dar por nombre a su ducado el de la capital del Reino.
+Su madre había sido de buena familia pero no de alta nobleza.
+
+--¿Sigue en París el Duque?--pregunté.
+
+--¡Oh, no! Se ha ido porque tiene que asistir a la coronación; ceremonia
+que de seguro no le hará mucha gracia. ¡Pero no desesperes, Beltrán! Con
+la bella Antonieta no se ha de casar, por lo menos mientras no fracase
+otro plan. Sin embargo, quizás ella...--Hizo una pausa y dijo,
+riéndose:--No es fácil resistir las atenciones de un príncipe real, ¿no
+es así, Rodolfo?
+
+--¿Te callarás?--le dije, y levantándome, dejé a Beltrán en las garras
+de Jorge y me fui al hotel.
+
+Al siguiente día Jorge Federly me acompañó a la estación, donde tomé un
+billete para Dresde.
+
+--¿Vas a contemplar las pinturas?--preguntó Jorge guiñándome el ojo.
+
+Jorge es un murmurador incorregible, y si hubiese sabido que yo iba a
+Ruritania, la noticia hubiera llegado a Londres en tres días. Iba, pues,
+a darle una respuesta evasiva cuando le vi dirigirse apresuradamente al
+otro extremo del andén y saludar a una joven bonita y muy elegantemente
+vestida, que acababa de dejar la sala de espera. Podría tener unos
+treinta o treinta y dos años y era alta, morena y algo gruesa. Mientras
+hablaba con Jorge noté que me miraba, con gran disgusto mío, porque no
+me consideraba muy presentable con el largo gabán ruso que me envolvía
+para preservarme del frío en aquella destemplada mañana de abril, sin
+contar la bufanda que llevaba al cuello y el sombrero de fieltro calado
+hasta las orejas.
+
+--Tienes una encantadora compañera de viaje--me dijo Federly al
+reunírseme.--Esa es la diosa adorada de Beltrán, la bella Antonieta,
+que va, como tú, a Dresde... a ver pinturas también, probablemente. Sin
+embargo, me extraña que precisamente ahora no desee tener el honor de
+conocerte.
+
+--No he podido serle presentado--dije un tanto mohino.
+
+--Pero yo me ofrecí a presentarte y me contestó que otra vez sería. No
+importa, chico; quizás haya un descarrilamiento o un choque durante el
+viaje y tengas oportunidad de dejar plantado al duque de Estrelsau.
+
+Pero ni la señora de Maubán ni yo tuvimos el menor desastre, y bien
+puedo afirmarlo de ella con tanta seguridad como de mí, porque tras una
+noche de descanso en Dresde, al continuar mi jornada, la vi subir a un
+coche del mismo tren que yo había tomado. Comprendiendo que deseaba
+hallarse sola, evité cuidadosamente acercármele; pero vi que llevaba el
+mismo punto de destino que yo y no dejé de observarla atentamente sin
+que ella lo notase.
+
+Tan luego llegamos a la frontera de Ruritania (y por cierto que el viejo
+administrador de la aduana se quedó mirándome con tal fijeza que me hizo
+recordar más que nunca mi parentesco con los Elsberg), compré unos
+periódicos y me hallé con noticias que modificaron mi itinerario. Por
+motivos no muy claramente explicados, se había anticipado repentinamente
+la fecha de la coronación, fijándola para dos días después. En todo el
+país se hablaba de la solemne ceremonia y era evidente que Estrelsau, la
+capital, estaba atestada de forasteros. Las habitaciones disponibles
+alquiladas todas, los hoteles llenos, iba a serme muy difícil obtener
+hospedaje, y dado que lo consiguiera tendría que pagarlo a precio
+exorbitante. Resolví, pues, detenerme en Zenda, pequeña población a
+quince leguas de la capital y a cinco de la frontera. El tren en que yo
+iba, llegaba a Zenda aquella noche; podría pasar el día siguiente,
+martes, recorriendo las cercanías, que tenían fama de muy pintorescas,
+dando una ojeada al famoso castillo e ir por tren a Estrelsau el
+miércoles, para volver aquella misma noche a dormir a Zenda.
+
+Dicho y hecho. Me quedé en Zenda y desde el andén vi a la señora de
+Maubán, que evidentemente iba sin detenerse hasta Estrelsau, donde por
+lo visto contaba o esperaba conseguir el alojamiento que yo no había
+tenido la previsión de procurarme de antemano. Me sonreí al pensar en la
+sorpresa de Jorge Federly si hubiera llegado a saber que ella y yo
+habíamos viajado tanto tiempo en buena compañía.
+
+Me recibieron muy bien en el hotel, que no pasaba de ser una posada,
+presidida por una corpulenta matrona y sus dos hijas; gente bonachona y
+tranquila, que parecía cuidarse muy poco de lo que sucedía en la
+capital. El preferido de la buena señora era el Duque, porque el
+testamento del difunto Rey lo había hecho dueño y señor de las
+posesiones reales en Zenda y del castillo, que se elevaba
+majestuosamente sobre escarpada colina al extremo del valle, a media
+legua escasa del hotel. Mi huéspeda no vacilaba en decir que sentía no
+ver al Duque en el trono, en lugar de su hermano.
+
+--¡Por lo menos al duque Miguel lo conocemos!--exclamaba.--Ha vivido
+siempre entre nosotros y no hay ruritano que no sepa de él. Pero el Rey
+es casi un extraño; ha residido tanto tiempo fuera del país, que apenas
+si de cada diez hay uno que lo haya visto.
+
+--Y ahora--apoyó una de las muchachas,--dicen que se ha afeitado la
+barba y que no hay quien lo conozca.
+
+--¡Que se ha quitado la barba!--exclamó la madre.--¿Quién te lo ha
+dicho?
+
+--Juan, el guardabosque del Duque, que ha visto al Rey.
+
+--¡Ah, sí! El Rey, señor mío, está de cacería en una posesión que tiene
+el Duque, ahí en el bosque; de Zenda irá a Estrelsau para la coronación
+el miércoles por la mañana.
+
+Me interesó la noticia y resolví dirigir al día siguiente mis pasos
+hacia la casa del guarda, con la esperanza de ver al Rey.
+
+--¡Ojalá se quedase cazando toda la vida!--me decía mi
+huéspeda.--Cuentan que la caza, el vino y otra cosa que me callo, es lo
+único que le gusta o le importa. Pues que coronen al Duque; eso es lo
+que yo quisiera, y no me importa que me oigan.
+
+--¡Cállese usted, madre!--dijeron ambas mozas.
+
+--¡Oh, son muchos los que piensan como yo!--insistió la vieja.
+
+Reclinado en cómodo sillón, de brazos, me reía al oírlas.
+
+--Lo que es yo--declaró la menor de las hijas, una rubia regordeta y
+sonriente,--aborrezco a Miguel el Negro. ¡A mí déme usted un Elsberg
+rojo, madre! Del Rey dicen que es tan rojo como... como...
+
+Me miró maliciosamente y lanzó una carcajada, sin hacer caso de la cara
+hosca que ponía su hermana.
+
+--Pues mira que muchos han maldecido antes de ahora a esos Elsberg
+pelirrojos--refunfuñó la buena mujer; y yo me acordé en seguida de
+Jaime, cuarto conde de Burlesdón.
+
+--¡Pero nunca los ha maldecido una mujer!--exclamó la moza.
+
+--También, y más de una, cuando ya era tarde--fue la severa respuesta,
+que dejó a la doncella callada y confusa.
+
+--¿Cómo es que el Rey se halla aquí, en tierras del Duque?--pregunté
+para romper el embarazoso silencio.
+
+--El Duque lo invitó, mi buen señor, a que descansase aquí hasta el
+miércoles, mientras él preparaba la recepción del Rey en Estrelsau.
+
+--¿Es decir que son buenos amigos?
+
+--Los mejores del mundo.
+
+Pero la linda rubia no era de las que se callan por largo tiempo, y
+exclamó:
+
+--¡Sí, se quieren tanto como pueden quererse dos hombres que ambicionan
+el mismo trono y la misma mujer!
+
+Su madre le dirigió una mirada furibunda, pero aquellas palabras habían
+picado mi curiosidad; y antes de que la vieja pudiera reñirla, le
+pregunté:
+
+--¿Cómo es eso? ¿La misma mujer?
+
+--Todo el mundo sabe que Miguel el Negro--bueno, madre, el duque
+Miguel,--daría su alma por casarse con su prima, la princesa Favia, que
+está destinada al Rey.
+
+--¡Pobre Duque!--repuse.--Declaro que empiezo a compadecerlo. Pero el
+segundón tiene que contentarse con lo que el mayor le deje, y aun dar
+gracias a Dios de que algo le toque.--Y pensando en lo que a mí mismo me
+sucedía, me encogí de hombros y me eché a reír. También recordé entonces
+a Antonieta de Maubán y su viaje a Estrelsau.
+
+--Lo que es Miguel el Negro...--continuó la muchacha arrostrando la
+indignación de su madre; pero en aquel momento se oyeron unos pesados
+pasos y una voz brusca preguntó, con acento amenazador:
+
+--¿Quién habla del duque Miguel con tan poco respeto y en sus propias
+tierras?
+
+La muchacha dio un ligero grito, entre atemorizada y risueña.
+
+--¿No me acusarás a tu amo, Juan?--preguntó.
+
+--Ahí tienes lo que nos traes con tu charla--dijo la madre.
+
+El hombre que había hablado entró en la habitación.
+
+--Tenemos un huésped, Juan--dijo la posadera al recién llegado, que
+inmediatamente se quitó la gorra. Pero al verme retrocedió un paso,
+como ante una aparición.
+
+--¿Qué tienes, Juan?--preguntó la mayor de las jóvenes.--Este señor es
+un viajero, que viene a ver la coronación.
+
+El guardabosque se había repuesto de su sorpresa, pero seguía mirándome
+fijamente, con expresión de intensa curiosidad no exenta de amenaza.
+
+--Buenas noches--le dije.
+
+--Buenas noches, señor--murmuró, observándome sin cesar, hasta que la
+rubia exclamó con gran risa:
+
+--¡Sí, míralo bien, Juan; es tu color favorito! Lo ha sorprendido el
+color de su cabello, señor viajero; color que no es el que más vemos
+aquí en Zenda.
+
+--Dispense el señor--balbuceó el mozo, todavía sorprendido.--No creí
+encontrar aquí más que a los de casa.
+
+--Denle ustedes un vaso de vino para que lo beba a mi salud. Buenas
+noches a todos, y gracias, señoras mías, por su bondad y su grata
+conversación.
+
+Me levante, e inclinándome ligeramente me dirigí hacia la puerta. La
+alegre muchacha corrió a alumbrar el camino y el joven retrocedió un
+paso, fijos los ojos en mí. Al llegar a su lado me dijo:
+
+--Con perdón, señor: ¿conoce usted al Rey?
+
+--Jamás lo he visto, pero espero conocerlo el miércoles.
+
+Nada más dijo, pero presentí que sus ojos siguieron clavados en mí hasta
+que se cerró la puerta. Mi picaresca conductora iba delante y al subir
+la escalera me dijo:
+
+--No hay remedio; el pelo de usted es de un color que no le gusta a
+Juan.
+
+--¿Prefiere quizás el tuyo, eh?
+
+--¡Oh! quiero decir en un hombre--replicó coquetonamente.
+
+--Vamos a ver--dije asiendo el candelero que tenía ella en la
+mano;--¿qué importa que un hombre tenga el pelo de tal o cual color?
+
+--Lo que sé es que a mí me gusta el de usted; es el rojo de los Elsberg.
+
+--Te repito que lo del color es una bicoca, una fruslería. Como ésta;
+toma.--Y le di algunas monedas.
+
+--¡Cielo santo!--exclamó.--Lo que es esta noche voy a cerrar la puerta
+de la cocina, por si acaso.
+
+De entonces acá he aprendido que el color del pelo es en ocasiones
+detalle de la más alta importancia para un hombre.
+
+
+
+
+III
+
+FRANCACHELA NOCTURNA CON UN PARIENTE LEJANO
+
+
+La conducta del guardabosque del Duque al siguiente día, fue tan atenta
+y se mostró tan servicial, que hubiera bastado para reconciliarme con
+él, suponiendo que yo hubiese podido guardarle el menor rencor porque a
+él le gustase o no el color de mi cabello. Habiendo sabido que me
+dirigía a la capital, se presentó cuando estaba yo almorzando para
+decirme que una hermana suya, casada con un acomodado mercader de
+Estrelsau, lo había invitado a ocupar un cuarto en su casa durante las
+fiestas de la coronación. Que había aceptado de mil amores, pero ahora
+se hallaba con que sus deberes no le permitían ausentarse. Por lo tanto
+me rogaba que aceptase la invitación en su lugar, asegurándome que la
+casa, aunque modesta, era cómoda y limpia, y que su hermana se avendría
+al cambio con placer; acabando por recordarme las molestias que me
+aguardaban en los coches atestados del tren, en mis idas y venidas
+entre Zenda y Estrelsau. Acepté su oferta sin la menor vacilación y él
+fue a telegrafiar a su hermana mientras yo preparaba mis efectos para
+tomar el próximo tren. Pero me quedaba todavía el deseo de ir al bosque
+y llegarme hasta la casilla del guarda; y cuando mi linda camarera me
+dijo que podía tomar el tren en otra estación, andando cosa de dos
+leguas a través del bosque, resolví enviar mi equipaje directamente a
+las señas que había dejado Juan, dar mi paseo y continuar después el
+viaje a Estrelsau. Juan había partido ya y nada supo de este cambio en
+mis planes; pero como el único efecto había de ser un retraso de algunas
+horas en mi llegada a la casa de su hermana, no había para qué enterarlo
+de ello, y desde luego mi futura huéspeda no se había de preocupar por
+mi tardanza.
+
+Tomé una ligera colación poco antes de mediodía, y habiéndome despedido
+de la buena mujer y sus hijas, prometiendo volver a verlas a mi regreso,
+comencé el ascenso de la colina que lleva al castillo y desde éste al
+bosque de Zenda. Media hora de pausado andar me llevó a las puertas del
+castillo. Fortaleza en otro tiempo, los macizos muros se hallaban
+todavía en buen estado y aparecían muy imponentes. Tras ellos se veía
+otra sección de la antigua fortaleza, y después de ésta, separada por
+un ancho y profundo foso que rodeaba también los antiguos edificios,
+hallábase una hermosa quinta moderna, mandada construir por el difunto
+Rey y que al presente era la residencia de campo del duque de Estrelsau.
+Ambas porciones, antigua y moderna, se comunicaban por medio de un
+puente levadizo, único medio de acceso a la parte antigua de la
+construcción; en cambio en frente de la quinta se extendía una hermosa y
+ancha avenida. Era aquella una posesión ideal. Cuando «Miguel el Negro»
+deseaba compañía, habitaba la quinta; si quería estar solo le bastaba
+cruzar el puente, alzarlo tras sí, y hubieran sido necesarios un
+regimiento y una batería de sitio para sacarlo de allí. Proseguí mi
+camino, alegrándome de ver que el pobre duque Miguel, ya que no pudiese
+conseguir trono ni princesa, tenía por lo menos una residencia no
+inferior a la de ningún otro príncipe de Europa.
+
+No tardé en llegar al bosque, cuyos frondosos árboles me proporcionaron
+fresca sombra por más de una hora. Las ramas se entrelazaban sobre mi
+cabeza y los rayos del sol podían apenas deslizarse entre las hojas,
+poniendo aquí y allá brillantes toques sobre el húmedo césped. Encantado
+con aquel lugar, me senté al pie de un árbol, apoyé la espalda contra su
+tronco y extendiendo las piernas me entregué a la contemplación de la
+solemne belleza del bosque, a la vez que aspiraba el delicioso aroma de
+un buen cigarro. Consumido éste y al parecer satisfecha mi contemplación
+estética, me quedé profundamente dormido, sin cuidarme para nada del
+tren que debía de llevarme a Estrelsau ni de la rapidez con que iban
+deslizándose las horas de aquella tarde. Pensar en trenes en aquel lugar
+hubiera sido un sacrilegio. Lejos de eso, me puse a soñar que era el
+feliz esposo de la princesa Flavia, con la cual habitaba en el castillo
+de Zenda y me paseaba por las sombreadas alamedas del bosque, todo lo
+cual constituía un sueño muy placentero por cierto. No ocultaré que me
+hallaba en el acto de estampar un ardiente beso en los lindos labios de
+la Princesa, cuando oí una voz estridente, que al principio me pareció
+parte de mi sueño, y que decía:
+
+--¡Pero, hombre, si parece cosa, del diablo! No hay más que afeitarlo y
+ya tenemos al Rey hecho y derecho.
+
+Aquella ocurrencia me pareció bastante rara, aun para soñada; ¡el
+sacrificio de mi bien cuidada barba y aguzada perilla transformarme en
+un monarca! Hallábame a punto de besar otra vez a mi princesa, cuando me
+convencí, muy a mi pesar, de que estaba despierto.
+
+Abrí los ojos y vi a dos hombres que me contemplaban con gran
+curiosidad. Ambos vestían trajes de caza y llevaban sus escopetas. Bajo
+y robusto uno de ellos, con una cabeza redonda como bala de cañón,
+áspero bigote gris y pequeños ojos azules. El otro era joven, esbelto,
+de mediana estatura, moreno y de distinguido porte. Desde luego me
+pareció el primero un veterano y el otro un joven noble, pero también
+soldado. Más tarde tuve ocasión de ver confirmado mi juicio.
+
+El de más edad se adelantó, haciendo seña al otro de que le siguiera; y
+éste lo hizo así, descubriéndose cortésmente, a tiempo que yo me ponía
+en pie.
+
+--¡Hasta la misma estatura!--oí murmurar al veterano, mientras parecía
+medir atentamente con la vista los seis pies y dos pulgadas de estatura
+que Dios me ha dado. Después, haciendo el saludo militar, dijo:
+
+--¿Me sería permitido preguntarle a usted su nombre?
+
+--Mi opinión, señores míos--contesté sonriéndome,--es que habiendo
+tomado ustedes la iniciativa en este encuentro, les toca también
+comenzar por decirme sus nombres.
+
+El joven se adelantó con faz risueña.
+
+--El coronel Sarto--dijo presentando a su compañero.--Y yo soy Federico
+de Tarlein; ambos al servicio del rey de Ruritania.
+
+Me incliné y dije descubriéndome:
+
+--Mi nombre es Rodolfo Raséndil y soy un viajero inglés. También he sido
+por dos años oficial del ejército de Su Majestad la Reina.
+
+--Pues en tal caso somos hermanos de armas--repuso Tarlein tendiéndome
+la mano, que estreché gustoso.
+
+--¡Raséndil, Raséndil!--murmuró el coronel Sarto. De repente pareció
+despertarse un claro recuerdo en su memoria y exclamó:
+
+--¡Por vida de! ¿Sois Burlesdón?
+
+--Mi hermano es el actual Conde de este título.
+
+--¡Claro está! Con esa cabeza no podía ser otra cosa--dijo echándose a
+reír.--¿No conoce usted la historia, Tarlein?
+
+El joven me miró, algo cortado, con una delicadeza que mi cuñada hubiera
+admirado grandemente. Y deseoso yo de tranquilizarlo, dije chanceándome:
+
+--¡Ah! Por lo visto la historia es tan bien conocida aquí como entre
+nosotros.
+
+--¡Conocida!--exclamó Sarto.--Y como siga usted algún tiempo en el país
+no habrá en toda Ruritania quien la dude.
+
+Empecé a sentirme algo inquieto. Si hubiera sabido hasta qué punto
+podía leerse mi genealogía en mi aspecto, lo hubiera pensado mucho antes
+de visitar a Ruritania. Pero a lo hecho pecho.
+
+En aquel momento se oyó una voz imperiosa entre los árboles:
+
+--¡Federico! ¿Dónde te has metido, hombre?
+
+Tarlein se sobresaltó y dijo apresuradamente:
+
+--¡El Rey!
+
+El viejo Sarto se limitó a reírse con sorna.
+
+No tardó en aparecer un joven, a cuya vista lancé una exclamación de
+asombro; y él, al verme, retrocedió un paso, no menos atónito que yo. A
+no ser por mi barba, por cierta expresión de dignidad debida a su alto
+rango y también por media pulgada menos de estatura que él podía tener,
+el rey de Ruritania hubiera podido pasar por Rodolfo Raséndil y yo por
+el rey Rodolfo.
+
+Permanecimos un momento inmóviles, contemplándonos. Después me descubrí
+y saludé respetuosamente. El Rey recobró entonces el uso de la palabra y
+preguntó con extrañeza:
+
+--Coronel, Federico ¿quién es este caballero?
+
+Iba yo a contestar, cuando el coronel Sarto se interpuso y empezó a
+hablar al rey en voz baja, con su tono gruñón. La estatura del Rey
+aventajaba mucho a la de Sarto, y mientras escuchaba a éste, sus ojos se
+fijaban de cuando en cuando en los míos. Por mi parte lo contemplé larga
+y detenidamente. Nuestra semejanza era en verdad extraordinaria, si bien
+noté asimismo los puntos de diferencia. La cara del Rey era ligeramente
+más llena que la mía, el óvalo de su contorno un tanto más pronunciado,
+muy poco, y me pareció o me imaginé que a las líneas de su boca les
+faltaba algo de la firmeza (obstinación quizás) que denunciaban mis
+comprimidos labios. Pero con todo esto y a pesar de esas diferencias
+menores, nuestro parecido subsistía, innegable, evidente, portentoso.
+
+El coronel dejó de hablar, pero el rostro del Rey siguió contraído; por
+último, moviéronse sus labios, se encorvó su nariz (exactamente como le
+sucede a la mía cuando me río), parpadeó y acabó por echarse a reír de
+tan buena gana y tan fuertemente, que sus carcajadas resonaron en el
+bosque, proclamando la jovial disposición de su ánimo.
+
+--¡Bienvenido, primo mío!--exclamó acercándose y dándome una palmada en
+el hombro, sin cesar de reírse.--Muy disculpable es mi sorpresa, porque
+no todos los días ve un hombre su propia imagen contemplándole frente a
+frente. ¿Verdad, señores?
+
+--Espero no haber incurrido en el desagrado de Vuestra
+Majestad...--comencé a decir.
+
+--¡No, a fe mía! Y la verdad es que nadie con más razón puede aspirar al
+favor del Rey. ¿Adónde se dirige usted?
+
+--A Estrelsau, para presenciar la coronación.
+
+El Rey miró a sus servidores; continuaba sonriéndose, pero su expresión
+revelaba ligera inquietud. Sin embargo, el lado cómico de la situación
+volvió a imponérsele.
+
+--¡Tarlein!--exclamó,--daría mil escudos por contemplar mañana la cara
+de mi hermano Miguel cuando vea que somos dos. ¡Un par de Reyes, nada
+menos!--Y sus alegres carcajadas resonaron de nuevo.
+
+--Hablando seriamente--dijo Tarlein,--dudo que sea muy acertada la
+visita del señor Raséndil a Estrelsau en estos momentos.
+
+El Rey encendió un cigarrillo.
+
+--¿Y bien, Sarto?--preguntó.
+
+--No debe de ir--gruñó el veterano.
+
+--Veamos, coronel; es decir que el señor Raséndil me haría un servicio
+si...
+
+--Eso, eso; Vuestra Majestad puede darle la forma más cortés y
+diplomática que juzgue conveniente--dijo Sarto sacando del bolsillo una
+enorme pipa.
+
+--¡Basta, señor!--exclamé dirigiéndome al Rey.--Hoy mismo saldré de
+Ruritania.
+
+--¡Eso no!--exclamó el Rey.--Cenará usted conmigo esta noche, suceda
+después lo que quiera, ¡Voto a! como dice Sarto; no se encuentra uno de
+manos a boca con un pariente todos los días.
+
+--Nuestra cena de esta noche será sobria--dijo Tarlein.
+
+--No tal--repuso el Rey,--teniendo por convidado a nuestro primo. No por
+eso olvido que debemos partir mañana temprano, Tarlein.
+
+--Tampoco lo olvido yo--dijo el coronel fumando gravemente,--pero
+siempre habrá tiempo de pensar en ello mañana.
+
+--¡Ah, viejo Sarto!--exclamó el Rey.--¡Bien dicho! Cada cosa a su
+tiempo. Andando, señor Raséndil. Y a propósito, ¿qué nombre le han
+puesto a usted?
+
+--El mismo de Vuestra Majestad--contesté inclinándome.
+
+--¡Bravo! Eso prueba que no se avergüenzan de nosotros--repuso
+riéndose.--¡Vamos, primo Rodolfo. No tengo palacio ni casa propia por
+aquí, pero mi amado hermano Miguel me presta una de las suyas y en ella
+procuraremos tratarlo a usted lo mejor posible.--Y tomando mi brazo,
+indico a los otros que nos siguiesen y nos pusimos en camino.
+
+Anduvimos por el bosque cosa de media hora y el Rey fumó cigarrillos y
+charló incesantemente. Mostró vivo interés por mi familia, se rió en
+grande cuando hablé de los retratos con cabellera de Elsberg, existentes
+en nuestra galería de antepasados y redobló su risa al oír que mi
+expedición a Ruritania era secreta.
+
+--¿Es decir que tiene usted que visitar a su depravado primo a
+escondidas?--dijo.
+
+Al salir del bosque nos hallamos ante un rústico pabellón de caza. Era
+una construcción de un solo piso, toda de madera. Salió a recibirnos un
+hombrecillo con modesta librea, y la única otra persona que allí
+habitaba era una vieja, la madre de Juan, el guardabosque del Duque,
+según averigüé después.
+
+--¿Está lista la cena, José?--preguntó el Rey.
+
+El hombrecillo contestó que todo estaba pronto y no tardamos en
+sentarnos a una mesa abundantemente servida. El Rey comía con apetito,
+Tarlein moderadamente y Sarto con voracidad. Yo me mostré buen comedor,
+como lo he sido siempre, y el Rey lo notó, sin ocultar su aprobación.
+
+--Nosotros, los Elsberg, nos portamos siempre bien en la mesa,
+observó.--Pero ¿qué es esto? ¿Estamos comiendo en seco? ¡Vino, José! Eso
+de engullir sin beber se queda para los animales. ¡Pronto, pronto!
+
+José puso apresuradamente sobre la mesa numerosas botellas.
+
+--¡Acuérdese Vuestra Majestad de la ceremonia de mañana!--dijo Tarlein.
+
+--¡Eso es, mañana!--repitió el viejo Sarto.
+
+El Rey vació una copa a la salud de «su primo Rodolfo,» como tenía la
+bondad de llamarme, y yo apuré otra en honor «del color de los Elsberg,»
+brindis que le hizo reír mucho. No diré si era buena la carne que
+comíamos, pero sí que los vinos eran exquisitos y que les hicimos
+justicia. Tarlein se aventuró una vez a detener la mano del Rey.
+
+--¿Cómo se entiende?--exclamó éste--Acuérdate, Federico, de que debes
+partir mañana antes que yo, y por lo tanto tienes que dejar de beber dos
+horas antes.
+
+Tarlein vio que yo no comprendía.
+
+--El coronel y yo--me explicó,--saldremos de aquí a las seis de la
+mañana para ir a caballo a Zenda, regresaremos con la guardia de honor a
+las ocho, y entonces cabalgaremos todos juntos hasta la estación.
+
+--¡El diablo cargue con la tal guardia de honor!--gruñó Sarto.
+
+--No, ha sido una atención muy delicada de mi hermano el pedir esa
+distinción para su regimiento--dijo el Rey.--¡Ea, primo! Tú no tienes
+que levantarte temprano. ¡Venga otra botella!
+
+Y despaché otra botella, o, mejor dicho, parte de ella, porque lo menos
+los dos tercios de su contenido se los apropió el monarca. Tarlein
+renunció a predicar moderación y pronto nos pusimos todos tan alegres de
+cascos como sueltos de lengua. El Rey empezó a hablar de lo que se
+proponía hacer; Sarto, de lo que había hecho; Tarlein se destapó por
+unas aventuras amorosas, y a mí me dio por encomiar los altos méritos de
+la dinastía de los Elsberg. Hablábamos todos a la vez y seguíamos al pie
+de la letra la máxima favorita de Sarto: mañana será otro día.
+
+--Por fin, el Rey puso su copa sobre la mesa y se reclinó en la silla.
+
+--Ya he bebido bastante--dijo.
+
+--No seré yo quien contradiga al Rey--asentí.
+
+La verdad es que había bebido demasiado. Y entonces se presentó José y
+puso delante del Rey un venerable frasco, que, por su apariencia, debía
+de haber reposado largos años en obscuro sótano.
+
+--Su Alteza el duque de Estrelsau me ordenó presentar este frasco al Rey
+cuando hubiese gustado ya otros vinos menos añejos, y suplicarle que lo
+bebiera en prenda del cariño que le profesa su hermano.
+
+--¡Bravo, Miguel!--exclamó el Rey.--¡Destápalo pronto, José! ¿Pues qué
+se ha creído mi caro hermano? ¿Que me iba a asustar una botella más?
+
+Destapado el frasco, José llenó el vaso del Rey. Apenas hubo probado el
+vino nos dirigió una mirada solemne, muy en consonancia con el estado en
+que se hallaba, y dijo:
+
+--¡Caballeros, amigos míos, primo Rodolfo (¡cuidado que es escandalosa
+la historia esa, Rodolfo!), la mitad de Ruritania os pertenece desde
+este momento. ¡Pero no me pidáis una sola gota de este frasco divino,
+que vacío a la salud de... de ese taimado, del bribón de mi hermano,
+Miguel el Negro!
+
+Y llevándose el frasco a los labios bebió hasta la última gota, lo lanzó
+después lejos de sí y apoyando los brazos en la mesa dejó caer sobre
+ellos la cabeza.
+
+Bebimos una vez más a la salud del Rey y es todo lo que recuerdo de
+aquella noche. Que no es poco recordar.
+
+
+
+
+IV
+
+EL REY ACUDE A LA CITA
+
+
+Al despertarme no hubiera podido decir si había dormido un minuto o un
+año. Me despertó repentinamente una sensación de frío; el agua chorreaba
+de mi cabeza, cara y traje, y frente a mí divisé al viejo Sarto, con su
+burlona sonrisa y con un cubo vacío en la mano. Sentado a la mesa,
+Federico de Tarlein, pálido y desencajado como un muerto.
+
+Me puse en pie de un salto, y exclamé encolerizado:
+
+--¡Esto pasa de broma, señor mío!
+
+--¡Bah! No tenemos tiempo de disputar. No había modo de despertarlo, y
+son las cinco.
+
+--Repito, coronel...--iba a continuar más irritado que nunca, aunque
+medio helado el cuerpo, cuando me interrumpió Tarlein apartándose de la
+mesa y diciéndome:
+
+--Mire usted, Raséndil.
+
+El Rey yacía tendido cuan largo era en el suelo. Tenía el rostro tan
+rojo como el cabello y respiraba pesadamente. Sarto, el irrespetuoso
+veterano, le dio un fuerte puntapié, pero no se movió. Entonces noté que
+la cara y cabeza del Rey estaban tan mojadas como las mías.
+
+--Ya hace media hora que procuramos despertarlo--dijo Tarlein.
+
+--Bebió tres veces más que cualquiera de nosotros--gruñó Sarto.
+
+Me arrodillé y le tomé el pulso, cuya lentitud y debilidad eran
+alarmantes.
+
+--¿Narcótico?... ¿la última botella?--pregunté con voz apenas
+perceptible.
+
+--Vaya usted a saber--dijo Sarto.
+
+--Hay que llamar a un médico.
+
+--No encontraríamos uno en tres leguas a la redonda; y además ni cien
+médicos son capaces de hacerlo ir a Estrelsau. Sé muy bien en qué estado
+se halla. Todavía seguirá seis o siete horas por lo menos sin mover pie
+ni mano.
+
+--¿Y la coronación?--exclamé horrorizado.
+
+Tarlein se encogió de hombros, como tenía por costumbre.
+
+--Tendremos que avisar que está enfermo--dijo.
+
+--Me parece lo único que podemos hacer--asentí.
+
+El viejo Sarto, en quien la francachela de la víspera no dejara el más
+leve rastro, había encendido su pipa y fumaba furiosamente.
+
+--Si no lo coronan hoy--dijo,--apuesto un reino a que no lo coronan
+nunca.
+
+--¿Pero, por qué?
+
+--Toda la nación, puede decirse, está esperándolo allá en la capital con
+la mitad del ejército, y digo, con Miguel el Negro a la cabeza.
+¿Mandaremos a decirles que el Rey está borracho?
+
+--¡Que está enfermo!
+
+--¿Enfermo?--repitió Sarto con sarcasmo.--Demasiado saben la enfermedad
+que le aqueja. No sería la primera vez.
+
+--Digan lo que quieran--repuso Tarlein con desaliento.--Yo mismo llevaré
+la noticia y la daré lo mejor que sepa y pueda.
+
+--¿Creen ustedes que el Rey está bajo la influencia de un
+narcótico?--preguntó Sarto.
+
+--Yo sí lo creo--repliqué.
+
+--¿Y quién es el culpable?
+
+--Ese infame, Miguel el Negro--rugió Tarlein.
+
+--Así es--continuó el veterano;--para que no pudiera concurrir a la
+coronación. Raséndil no conoce todavía a nuestro sin par Miguel. Pero
+usted, Tarlein, ¿cree usted que el Duque no tiene ya elegido candidato
+al trono, el candidato de la mitad de los habitantes de Estrelsau? Tan
+cierto como hay Dios, Rodolfo pierde la corona si no se presenta hoy en
+la capital. Cuidado que yo conozco a Miguel el Negro.
+
+--¿No podríamos llevarlo nosotros mismos a la ciudad?--pregunté.
+
+--Bonita figura haría--dijo Sarto con profundo desprecio.
+
+Tarlein ocultó el rostro entre las manos. La respiración del Rey se hizo
+más ruidosa y Sarto lo empujó con el pie.
+
+--¡Maldito borracho!--murmuró.--¡Pero es un Elsberg, es el hijo de su
+padre, y el diablo me lleve si permito que Miguel el Negro usurpe su
+puesto!
+
+Permanecimos en silencio algunos instantes; después Sarto, frunciendo
+las pobladas cejas y retirando su pipa de la boca, dijo dirigiéndose a
+mí:
+
+--A medida que el hombre envejece cree en el hado. El hado lo ha traído
+a usted aquí y el hado lo lleva también a Estrelsau.
+
+--¡Cielo santo!--murmuré, retrocediendo tembloroso.
+
+Tarlein me miró con viva ansiedad.
+
+--¡Imposible!--dije sordamente.--Lo descubrirían.
+
+--Es una posibilidad contra una certeza--dijo Sarto.--Si se afeita
+usted apuesto a que nadie duda que sea el Rey. ¿Tiene usted miedo?
+
+--¡Señor mío!
+
+--¡Vamos, joven, calma! Ya sabemos que si lo descubren le cuesta a usted
+la vida, y también a mí y a Federico. Pero si se niega usted, le juro
+que Miguel el Negro se sentará en el trono antes de que acabe el día y
+el Rey yacerá en una prisión o en su tumba.
+
+--El Rey no lo perdonaría nunca--balbuceé.
+
+--¿Pero somos mujerzuelas o qué? ¿Quién se cuida de que el Rey perdone o
+no?
+
+Medité profundamente, y en la habitación no se oía otro rumor que el
+tic-tac del reloj, cuyo péndulo osciló cincuenta, sesenta, setenta
+veces; por fin mi rostro debió reflejar mis pensamientos, porque de
+repente el viejo Sarto asió mi mano y exclamó conmovido:
+
+--¿Irá usted?
+
+--Sí, iré--dije mirando el postrado cuerpo del Rey.
+
+--Esta noche--continuó Sarto apresuradamente y en voz baja,--debemos
+pasarla en palacio, de acuerdo con el programa trazado de antemano. Pues
+bien, apenas nos dejen solos, se queda Federico de guardia en la cámara
+del Rey, montamos a caballo usted y yo y nos venimos aquí a escape. El
+Rey estará esperándonos, informado de todo por José, e inmediatamente
+se pondrá conmigo camino de Estrelsau, mientras que usted saldrá
+disparado para la frontera, como si lo persiguiera una legión de
+demonios.
+
+Comprendí el plan en un instante e hice un ademán de aprobación.
+
+--Siempre es una probabilidad--dijo Tarlein,--que por primera vez
+mostraba alguna confianza en el proyecto.
+
+--Si antes no descubren la substitución--indiqué.
+
+--¡Y si la descubren, yo me encargo de mandar a Miguel el Negro a los
+profundos infiernos antes de que me toque el turno, como hay
+Dios!--exclamó Sarto.--Siéntese usted en esa silla, joven.
+
+Obedecí y él se precipitó fuera de la habitación, gritando: «¡José,
+José!» Volvió a los dos minutos y José con él, trayendo este último un
+jarro de agua caliente, jabón y navajas de afeitar. El pobre mozo tembló
+al oír las explicaciones que el coronel creyó necesario darle antes de
+decirle que me afeitase.
+
+De repente Tarlein se dio una palmada en la frente exclamando:
+
+--¡Pero la guardia, la guardia de honor, que vendrá aquí, verá y se
+enterará de todo!
+
+--¡Bah! No la esperaremos. Iremos a caballo a la estación de Hofbau,
+donde tomaremos el tren, y cuando llegue la guardia ya habrá volado el
+pájaro.
+
+--¿Y el Rey?
+
+--En el sótano, adonde lo voy a transportar ahora mismo.
+
+--¿Y si lo descubren?
+
+--No lo descubrirán. José se encargará de despistarlos.
+
+--Pero...
+
+--¡Basta ya!--rugió Sarto, dando una patada en el suelo.--¡Por vida de!
+¿No sé yo lo que arriesgamos? Si lo descubren no se verá en peor
+predicamento que si no lo coronan hoy en Estrelsau.
+
+Hablando así abrió la puerta de par en par e inclinándose asió y levantó
+en sus brazos el cuerpo del Rey, dando prueba de un vigor que yo estaba
+lejos de suponerle. En aquel instante apareció en la puerta la madre de
+Juan el guardabosque. Permaneció allí algunos momentos y sin manifestar
+la menor sorpresa nos volvió la espalda y se alejó por el corredor.
+
+--¿Habrá oído?--preguntó Tarlein.
+
+--¡Yo le cerraré la boca!--dijo Sarto con siniestro acento;--y salió
+llevándose el cuerpo inerte del Rey.
+
+Por mi parte, me dejé caer, medio alelado, en amplio sillón, y José
+procedió a rasurarme sin pérdida de momento; no tardó en desaparecer mi
+pobre barba, quedando mi cara tan monda como la del Rey. Al mirarme
+Tarlein, no pudo menos de exclamar, asombrado:
+
+--¡Por Dios vivo! ¡Ahora sí que realizaremos nuestro plan.
+
+Eran las seis y no teníamos tiempo que perder. Sarto me llevó
+apresuradamente al cuarto del Rey, donde me puse el uniforme de coronel
+de la Guardia Real, no olvidando preguntar a Sarto, mientras me calzaba
+las botas, qué había sido de la vieja.
+
+--Me juró que nada había oído--contestó el coronel;--pero para mayor
+seguridad la até de manos y pies, la amordacé de firme y la tengo bajo
+llave en la carbonera, pared por medio del sótano donde duerme el Rey.
+José cuidará de ambos más tarde.
+
+No pude reprimir la risa y el mismo Sarto me imitó.
+
+--Me figuro--continuó,--que cuando José anuncie a la escolta la partida
+del Rey, la atribuirán a que nos temíamos una mala pasada. Desde luego
+juraría que Miguel el Negro no espera ver hoy al Rey en Estrelsau.
+
+Me puse el casco y Sarto me entregó la regia espada, mirándome
+prolongada y cuidadosamente.
+
+--¡Gracias a Dios que el Rey se afeitó la barba!--exclamó.
+
+--¿Por qué lo hizo?--pregunté.
+
+--Porque la princesa Flavia así lo quiso. Y ahora, a caballo.
+
+--¿Está todo seguro aquí?
+
+--Nada está seguro hoy, pero cuanto podemos hacer está hecho.
+
+En aquel momento se nos unió Tarlein, que vestía uniforme de capitán del
+mismo regimiento que yo, y a Sarto le bastaron cinco minutos para
+ponerse también su respectivo uniforme. José anunció que los caballos
+estaban listos; montamos y partimos al trote rápido. Había empezado la
+peligrosa aventura. ¿Cuál sería su término?
+
+El aire fresco de la mañana despejó mi cabeza y pude darme perfecta
+cuenta de cuanto me iba diciendo Sarto, que mostraba sorprendente
+serenidad. Tarlein apenas habló y cabalgaba como si estuviera dormido;
+pero Sarto, sin dedicar una sola palabra más al Rey, empezó a instruirme
+desde luego en mil cosas que necesitaba saber, a enseñarme
+minuciosamente todo lo relativo a mi vida pasada, a mi familia, mis
+gustos, ocupaciones, defectos, amigos y servidores. Me detalló la
+etiqueta de la Corte de Ruritania, prometiendo hallarse constantemente a
+mi lado para indicarme los personajes a quienes yo debía conocer y la
+mayor o menor ceremonia con que convenía recibirlos y tratarlos.
+
+--Y a propósito--me dijo,--¿supongo que es usted católico?
+
+--No por cierto--contesté.
+
+--¡Santo Dios, un hereje!--gimió el veterano; y en seguida me enumeró
+una porción de prácticas y ceremonias del culto católico que me
+importaba conocer.
+
+--Afortunadamente--continuó,--no se esperará que esté usted muy al
+tanto, porque el Rey se ha mostrado ya bastante descuidado e indiferente
+en materia de religión. Pero hay que aparecer lo más afable del mundo
+con el cardenal, a quien esperamos atraer a nuestro partido ahora que
+tiene una cuestión pendiente con Miguel el Negro sobre asuntos de
+procedencia.
+
+Llegamos a la estación, y Tarlein, que había recobrado en parte su
+presencia de ánimo, dijo brevemente al sorprendido jefe de estación, que
+el Rey había tenido a bien modificar sus planes. Llegó el tren, tomamos
+asiento en un coche de primera, y Sarto, cómodamente arrellanado,
+reanudó su lección. Consulté mi reloj, mejor dicho el reloj del Rey, y
+vi que eran las ocho en punto.
+
+--¿Habrán ido a buscarnos?--¡pregunté.
+
+--¡Con tal que no descubran al Rey!--dijo Tarlein inquieto, mientras que
+el impasible Sarto se encogía de hombros.
+
+A las nueve y media vi por la ventanilla las torres y los edificios más
+elevados de una gran ciudad.
+
+--Vuestra capital, señor--dijo Sarto con cómica reverencia, e
+inclinándose me tomó el pulso.--Algo agitado--continuó con su eterno
+tono gruñón.
+
+--¡Como que no soy de piedra!--exclamé.
+
+--Pero servirá usted para el caso--dijo satisfecho.--En cambio este
+Federico de mis pecados parece sufrir un ataque de tercianas. ¡Saca el
+frasco, muchacho, y toma un trago!
+
+Tarlein lo hizo como se lo decían.
+
+--Llegamos con una hora de anticipación--observó Sarto.--En cuanto
+echemos pie a tierra enviaremos aviso de la llegada de Vuestra Majestad,
+porque lo que es ahora no habrá nadie esperándonos. Y entretanto...
+
+--Entretanto--dije yo,--el Rey acabará por darse a Satanás si tiene que
+seguir mucho tiempo todavía sin almorzar.
+
+El viejo Sarto se rió socarronamente y me tendió la mano.
+
+--¡Es usted un verdadero Elsberg!--dijo. Después nos miró detenidamente
+y exclamó:--¡Dios haga que nos veamos vivos esta noche!
+
+--¡Amén!--fue el comentario de Federico de Tarlein.
+
+El tren se detuvo. Mis dos compañeros bajaron al andén, descubriéndose y
+dejando abierta la portezuela del coche. Por un momento fui presa de una
+profunda emoción. Después afirmé el casco sobre mi cabeza, dirigí al
+Cielo (lo confieso sin avergonzarme) una breve y ferviente súplica, y
+bajé al andén de la estación de Estrelsau.
+
+Momentos después todo era movimiento y confusión; hombres que se
+acercaban apresuradamente, sombrero en mano, y partían con no menor
+celeridad; otros que me conducían al restaurant de la estación, jinetes
+que salían a escape con dirección a los cuarteles, a la catedral, a la
+residencia del duque Miguel. Tomaba yo el último sorbo de mi taza de
+café cuando se oyeron los alegres tañidos de las campanas en toda la
+ciudad, y poco después llegaron a mis oídos los acordes de una banda de
+música y las primeras aclamaciones de la multitud.
+
+¡El rey Rodolfo V se hallaba en su leal ciudad de Estrelsau!
+
+--¡Viva el Rey!--gritaba el pueblo fuera de la estación.--¡Dios proteja
+a nuestro Soberano!
+
+En los labios del viejo Sarto apareció irónica sonrisa.
+
+--¡Dios los proteja a los dos!--le oí murmurar.--¡Animo, joven!--y su
+mano estrechó disimuladamente la mía.
+
+
+
+
+V
+
+AVENTURAS DE UN SUPLENTE
+
+
+Volví al andén seguido de cerca por Federico de Tarlein y el coronel
+Sarto, y lo primero que hice fue cerciorarme de que tenía el revólver a
+mano y de que mi espada salía fácilmente de la vaina. Me esperaba un
+alegre grupo de jefes militares y grandes dignatarios y al frente de
+ellos un anciano alto, de porte marcial y cubierto el pecho de cruces y
+medallas. Ostentaba la banda roja y amarilla de la Rosa de Ruritania
+que, dicho sea de paso, decoraba también mi indigno pecho.
+
+--El general Estrakenz--murmuró Sarto, haciéndome saber así que me
+hallaba en presencia del más famoso veterano del ejército de Ruritania.
+
+Detrás del General se hallaba un hombrecillo que vestía amplio ropaje
+rojo y negro.
+
+--El Canciller del Reino--murmuró Sarto.
+
+El General me saludó con algunas leales palabras y en seguida me
+presentó las excusas del duque de Estrelsau. Al parecer, éste era
+víctima de una indisposición súbita que le impedía venir a la estación,
+pero me rogaba que le permitiese esperarme en la catedral. Manifesté mi
+sentimiento, acepté bondadosamente las excusas del General y recibí los
+plácemes de muchos y muy distinguidos personajes. Ninguno manifestó la
+menor sospecha y sentí que iba recobrando la serenidad y que mi corazón
+latía menos apresuradamente. Pero Tarlein seguía pálido y noté que le
+temblaba la mano al dársela al General.
+
+El cortejo formó frente a la estación, donde monté a caballo, teniéndome
+el estribo el anciano General. Los dignatarios civiles tomaron asiento
+en sus carruajes y comencé a recorrer las calles de Estrelsau, con
+Estrakenz a mi derecha y Sarto (que como mi primer ayudante tenía
+derecho a ello) a mi izquierda. La ciudad consta de una parte antigua y
+otra moderna. Anchas avenidas y barrios enteros de magníficos edificios
+rodean la primitiva ciudad, con sus calles estrechas, tortuosas y
+pintorescas. En los barrios modernos residen las clases acomodadas, y en
+el centro están situadas las tiendas y vive una población pobre,
+turbulenta y en parte criminal, que se oculta en sus obscuras
+callejuelas.
+
+Aquellas divisiones sociales y locales correspondían, según los informes
+suministrados por Sarto, a otra distinción mucho más importante para mí.
+La Ciudad Nueva estaba toda por el Rey; para la Ciudad Vieja, Miguel de
+Estrelsau era una esperanza, un héroe y un ídolo.
+
+Brillante era el golpe de vista al pasar la cabalgata por la Avenida
+Central y también en la gran plaza donde se alzaba el palacio regio.
+Allí me encontraba rodeado de mis más adictos partidarios. Todas las
+casas ostentaban rojas colgaduras y banderas; en la calles habían
+construido gradas para los espectadores y pasé saludando a derecha e
+izquierda, entre entusiastas aclamaciones, saludado a mi vez por
+millares de blancos pañuelos. Los balcones estaban llenos de damas
+vistosamente ataviadas, que aplaudían, saludaban y me dirigían sus más
+seductoras miradas. Caía sobre mí una lluvia de rosas; tomé un precioso
+capullo que se había enredado en las crines de mi caballo y lo coloqué
+en el ojal de mi levita de uniforme. El General se sonrió con ironía. Yo
+le había dirigido frecuentes miradas, pero su impasible semblante no me
+revelaba si era o no de los míos.
+
+--Para los Elsberg, la rosa roja, General--le dije alegremente; a lo
+cual contestó con un ademán afirmativo.
+
+He dicho «alegremente» y parecerá extraño. Pero la verdad es que me
+hallaba por completo bajo el dominio de la intensa excitación creada por
+aquellas circunstancias excepcionales. En aquel momento no distaba mucho
+de creerme realmente el Rey, y alzando la frente dirigí una mirada de
+triunfo a los balcones atestados de hermosas. De repente me sobresalté;
+acababa de ver, fijos los ojos en mí, el hermoso rostro de mi compañera
+de viaje, Antonieta de Maubán; noté que también ella parecía
+sorprendida, que se movían sus labios y que se inclinaba hacia mí como
+para verme mejor. Me repuse de mi sorpresa inmediatamente y sostuve su
+mirada con toda calma. Pero también me acordé del revólver, pronto a
+empuñarlo. ¿Qué hubiera sucedido si la hermosa dama hubiese gritado en
+aquel momento: «¡Ese no es el Rey!»?
+
+Pero, en fin, pasamos sin tropiezo hasta llegar a un punto donde el
+General, volviéndose en la silla, hizo una señal con la mano e
+inmediatamente nos rodearon los coraceros, de suerte que ninguna persona
+del pueblo hubiera podido llegarse hasta mí. Era que salíamos ya de la
+Ciudad Nueva para entrar en los barrios del duque Miguel, y aquella
+precaución del General me indicó con más claridad aún de lo que hubieran
+podido hacerlo las palabras, cuál era el estado de la opinión en
+aquella parte de la ciudad. Pero ya que el hado me había convertido en
+Rey, lo menos que podía yo hacer era representar dignamente, mi papel.
+
+--¿Por qué este cambio, General?--pregunté.
+
+Estrakenz se mordió el cano bigote.
+
+--Es más prudente, señor--murmuró.
+
+Inmediatamente detuve mi caballo.
+
+--Sigan andando los que me preceden--mandé,--hasta llegar a cincuenta
+varas de mí; y usted, General, y el coronel Sarto, esperarán aquí con el
+resto de la escolta hasta que yo también me haya adelantado otras
+cincuenta varas. Quiero ir absolutamente solo, para demostrar a mi
+pueblo que tengo confianza en él.
+
+Sarto extendió una mano hacia mí, y el General pareció vacilar.
+
+--¿No han sido comprendidas mis órdenes?--pregunté; y el General,
+mordiéndose otra vez el bigote, dio las órdenes necesarias.--Vi que
+Sarto se sonreía ligeramente, pero también me hizo con la cabeza una
+señal negativa. Cierto es que si me hubieran asesinado aquel día en las
+calles de Estrelsau, el bueno de Sarto se hubiera visto en apurado
+trance.
+
+No estará de más decir aquí que yo llevaba puesto un uniforme blanco y
+cruzada al pecho la ancha banda de la rosa; el casco era de plata con
+adornos de oro, y las altas botas de montar completaban mi atavío.
+Hubiera sido hacer una injusticia al Rey el no confesar, modestia
+aparte, que con aquellos arreos hacía yo muy buena figura a caballo. Tal
+fue también la opinión del pueblo, pues al adelantarme aislado por las
+callejas sombrías y apenas decoradas de la Ciudad Vieja, se oyó primero
+un murmullo, después una aclamación, y una viejecilla asomada al balcón
+de una casucha, repitió en alta voz el dicho tradicional y popularísimo:
+
+--«¡Es rojo, luego es bueno!»
+
+Al oírla me sonreí y quitándome el casco mostré al pueblo mi roja
+cabeza, acto que fue acogido con grandes aclamaciones.
+
+Cabalgando solo, el paseo era mucho más interesante para mí, porque
+podía oír los comentarios del pueblo.
+
+--Parece más pálido que de costumbre--dijo uno.
+
+--Y tú parecerías un espectro si llevaras la vida que él hace--fue la
+irrespetuosa respuesta de otro.
+
+--Es más alto de lo que yo creía--comentó un tercero.
+
+--Sus retratos no le hacen mucho favor--dijo una bonita muchacha,
+cuidando de que yo la oyese. Pura lisonja, sin duda.
+
+Pero, a pesar de aquellas muestras aisladas de aprobación e interés, la
+mayoría de la población miguelista me recibió en silencio y con ceñudos
+semblantes, y en gran número de casas se veía el retrato de mi muy amado
+hermano, irónica manera de dar la bienvenida al Rey. Me alegré de que
+éste no estuviera allí para presenciar el nada grato espectáculo. Era
+Rodolfo de carácter poco sufrido y probablemente no lo hubiera tomado
+con la imperturbable calma que yo demostré.
+
+Llegamos por fin a la catedral, cuya gran mole de piedra obscura,
+embellecida con numerosas estatuas y las puertas más primorosas entre
+las de todos los templos de Europa, se alzaba ante mí por primera vez,
+haciéndose comprender toda la audacia de mi conducta. Al desmontar vi
+confusamente cuanto me rodeaba; el General, Sarto y la multitud de
+sacerdotes y religiosos que a la puerta esperaban. Y con igual vaguedad
+se me aparecían todos los objetos al recorrer la gran nave central,
+mientras el órgano dejaba oír sus notas majestuosas. No distinguí la
+brillante concurrencia que llenaba el templo, y apenas vi al venerable
+cardenal cuando dejó su solio para recibirme. Tan sólo dos rostros se me
+aparecieron con toda precisión y claridad: el de una joven, pálido y
+encantador, realzado por una corona del hermoso cabello rojo de los
+Elsberg (porque en una mujer es hermosísimo); y el semblante de un
+hombre cuyas encendidas mejillas, negro cabello y obscuros ojos de
+penetrante mirada, me anunciaron que me hallaba por fin en presencia de
+mi hermano, Miguel el Negro. Y al verme, sus mejillas palidecieron de
+repente y el casco se le escapó de las manos y cayó ruidosamente al
+suelo. Era indudable que hasta aquel momento no había creído en la
+presencia del Rey en Estrelsau.
+
+No recuerdo cosa alguna de lo que sucedió después. Me arrodillé ante el
+altar y el cardenal ungió mi frente; después extendí la mano y tomé de
+las suyas la corona de Ruritania, que puse sobre mi cabeza, prestando a
+la vez el juramento regio. Volvió a oírse el órgano, el General ordenó a
+los heraldos que me proclamasen y Rodolfo V quedó coronado Rey;
+imponente ceremonia reproducida en un cuadro magnífico que hoy adorna mi
+comedor. El retrato del Rey es acabadísimo.
+
+La dama de pálido rostro y encantadora cabellera se aproximó entonces,
+sostenida la cola del vestido por dos pajecillos, y el heraldo anunció:
+
+--¡Su Alteza Real la princesa Flavia!
+
+Hízome profunda reverencia y tomando mí mano la beso. Vacilé un
+momento. Después la atraje hacia mí y deposité dos besos en sus
+mejillas, que coloreó el rubor. Tras ella, Su Eminencia el cardenal
+llevó también mi mano a sus labios y me presentó una carta autógrafa de
+Su Santidad, ¡la primera y la última que he recibido de tan elevado
+personaje!
+
+Vino después el duque de Estrelsau. Juraría que le temblaban las piernas
+y miraba a derecha e izquierda como si hubiera querido huir de allí;
+tenía el rostro amoratado, y al tomar mi mano con las agitadísimas suyas
+para besarla, noté que sus labios estaban secos y ardientes. Dirigí una
+rápida mirada a Sarto, que se sonreía socarronamente, y resuelto a
+cumplir mi deber hasta el fin, en la posición que me había deparado la
+suerte, abracé a mi muy amado Miguel y le di un beso fraternal. No dudo
+que uno y otro nos alegramos de ver terminada aquella comedia.
+
+Pero ni en el rostro de la Princesa, ni en el de ninguna otra persona
+allí presente, noté el menor indicio de duda o extrañeza. Si el Rey
+hubiera estado a mi lado, habrían podido distinguirnos sin gran
+dificultad. Pero no podían imaginarse que yo fuese otro que el Rey,
+tanta era nuestra semejanza; y allí permanecí por espacio de una hora,
+tan a mis anchas y al fin tan fatigado por la ceremonia como si hubiese
+sido Rey toda la vida. Continuó el besamanos y me saludaron también
+todos los miembros del cuerpo diplomático extranjero, entre ellos lord
+Tofán, el Embajador inglés, en cuyos salones de la Plaza Grosvenor de
+Londres, había bailado yo una docena de veces. A Dios gracias, el buen
+señor era medio cegato y no se dio por entendido.
+
+Vino después el regreso por las calles de la capital hasta palacio, y no
+dejé de oír algunos vivas al duque Miguel, quien, según me dijo después
+Tarlein, iba royéndose las uñas y como absorto en negros pensamientos,
+tan anonadado que hasta sus mismos admiradores convinieron en que debió
+haber mostrado menos desaliento. Hice el camino de regreso en una
+carretela descubierta, teniendo a mi lado a la princesa Flavia, lo cual
+hizo exclamar a un palurdo:
+
+--¿Cuándo es la boda?
+
+La pregunta le valió una puñada por parte de otro espectador, que gritó:
+«¡Viva el duque Miguel!» y la Princesa volvió a ruborizarse, más hermosa
+que nunca.
+
+Grande era el aprieto en que me hallaba junto a ella, porque había
+olvidado preguntar a Sarto el estado exacto de mis relaciones con
+Flavia; y a decir verdad, si yo hubiera sido el Rey, habría deseado que
+aquellas relaciones estuviesen lo más avanzadas posible, porque ni soy
+de piedra ni podía olvidar el par de besos dados a mi bella prima. En la
+duda, preferí guardar silencio, hasta que algo más tranquila la
+Princesa, me dijo:
+
+--¿Sabes Rodolfo, que te encuentro hoy algo cambiado?
+
+No era extraño, pero la pregunta era algo inquietante.
+
+--Me pareces--continuó--más grave y serio, hasta pensativo, y casi estoy
+por decir también que más delgado. ¿Será posible que tú, con tu
+carácter, hayas empezado a tomar la vida en serio?
+
+Por donde se verá que la princesa Flavia tenía del Rey un concepto muy
+parecido al que mi cuñada Rosa tenía formado de mí. Hice un esfuerzo
+para sostener aquella difícil conversación.
+
+--¿Te sería grato ese cambio?--le pregunté dulcemente.
+
+--¡Oh, demasiado conoces mi opinión sobre ese punto!--contestó apartando
+la vista.
+
+--Procuraré hacer siempre lo que sea de tu agrado--continué; y al notar
+su sonrisa y el leve rubor, no pude menos de decirme, que por lo pronto,
+representaba bien el panel de Rey y aun le estaba haciendo a éste un
+famoso servicio. Proseguí, pues, con toda sinceridad.
+
+--Te aseguro, mi querida prima, que nada en mi vida me ha afectado tan
+profundamente como la recepción de que he sido objeto hoy.
+
+Volvió a aparecer su animada sonrisa, que se disipó un instante después,
+al murmurar:
+
+--¿Reparaste en Miguel?
+
+--Sí, no parecía muy satisfecho que digamos.
+
+--¡Tén cuidado! No le vigilas bastante, estoy segura de ello. Ya sabes
+que...
+
+--Sí, ya sé que ambiciona precisamente lo que yo poseo.
+
+--Eso es. ¡Silencio!
+
+Entonces (y el hecho no tiene justificación posible, porque obligué y
+comprometí al Rey mucho más de lo que tenía derecho a hacer) me sentí
+dominado por la hermosa y continué:
+
+--Y también algo más que no poseo aún, pero que espero conquistar algún
+día.
+
+De haber sido yo el Rey, la respuesta que recibí me hubiera parecido
+suficientemente animadora:
+
+--¿No crees, primo, haber contraído hoy bastantes responsabilidades para
+un solo día?
+
+El estampido de los cañones y el toque penetrante de las cornetas nos
+anunciaron que habíamos llegado al palacio. Nos esperaban guardias y
+lacayos formados en largas hileras; y dando la mano a la Princesa subí
+con ella la gran escalera del regio edificio, morada de mis antepasados,
+de la cual tomé posesión como Rey coronado. Me senté después a mi propia
+mesa, teniendo a mi derecha a la Princesa, al otro lado de ésta a Miguel
+el Negro y a mi izquierda al venerable cardenal. Detrás de mi sillón se
+hallaba el coronel Sarto, y al otro extremo de la mesa vi a Federico de
+Tarlein, quien, por cierto, apuró su primera copa de champaña algo antes
+de lo que en rigor se lo permitía la etiqueta.
+
+No pude menos de preguntarme qué estaría haciendo en aquel momento el
+rey de Ruritania.
+
+
+
+
+VI
+
+EL SECRETO DE UN SÓTANO
+
+
+Nos hallábamos en el gabinete del Rey, Federico de Tarlein, Sarto y yo.
+Me dejé caer rendido en un sillón de brazos. Sarto encendió su pipa y
+aunque no formuló la menor felicitación por el maravilloso éxito de
+nuestra descabellada tentativa, su aspecto revelaba claramente la
+satisfacción, de que estaba poseído. Cuanto a Tarlein, nuestro triunfo y
+algunas copas de buen vino habían hecho de él otro hombre.
+
+--¡Qué recuerdo para usted el de este día!--exclamó.--Confieso que yo
+también quisiera ser Rey por doce horas. Pero cuidado, Raséndil, con
+tomar su papel muy por lo serio. No me admira que Miguel el Negro
+pareciese hoy más negro y tétrico que nunca, visto que usted y la
+Princesa parecían tener tantas cosas que decirse.
+
+--¡Qué hermosa es!--exclamé.
+
+--Prescindamos de ella--dijo Sarto.--¿Está usted pronto a partir?
+
+--Sí--contesté con un suspiro.
+
+Eran las cinco y a las doce volvería a convertirme en Rodolfo Raséndil,
+transformación a la cual me referí chanceándome.
+
+--Y afortunado será usted--comentó Sarto,--si a las doce no es el
+_finado_ Roberto Raséndil. ¡Vive el cielo! No sentiré mi cabeza segura
+sobre los hombros mientras se halle usted en la ciudad. ¿Sabe usted,
+amigo Raséndil, que el duque Miguel ha recibido hoy noticias de Zenda?
+Se retiró a una habitación para leerlas a solas y al salir parecía
+aturdido.
+
+--Estoy pronto--dije, sintiéndome menos dispuesto que nunca a prolongar
+mi permanencia en Estrelsau.
+
+--Tengo que extender un permiso para que podamos salir de la
+ciudad--continuó Sarto, sentándose.--Miguel es Gobernador de la plaza,
+como ustedes saben y hay que esperar que no nos faltarán obstáculos. El
+documento tiene que firmarlo usted.
+
+--Querido coronel, no he nacido para falsificador.
+
+Sarto sacó un papel del bolsillo.
+
+--Aquí está la firma del Rey--dijo.--Y aquí tengo un pliego de papel de
+calco. Si en diez minutos no consigue usted escribir «Rodolfo» de una
+manera presentable, lo escribiré yo.
+
+--Pues escríbalo usted desde luego--dije,--que mi habilidad no llega a
+tanto.
+
+El coronel puso manos a la obra y no tardó en presentarnos una
+falsificación muy pasable.
+
+--Y ahora, Federico--prosiguió,--el Rey se retira porque está muy
+fatigado, no sin ordenar que no se permita la entrada en su cámara a
+nadie hasta mañana a las nueve. A nadie ¿comprende usted?
+
+--Comprendo perfectamente.
+
+--Puede que se presente Miguel pidiendo audiencia inmediata. Contestará
+usted que sólo los Príncipes de la sangre tienen derecho a ello.
+
+--Bueno se pondrá el Duque--replicó Tarlein echándose a, reír.
+
+--¿Queda bien entendido?--repitió Sarto.--Si la puerta de la cámara real
+se abre durante nuestra ausencia, ha de ser después de muerto usted...
+
+--No hay para qué recordármelo, coronel--repuso Tarlein con altivez.
+
+--Ahora, envuélvase usted en esta amplia capa--continuó Sarto
+dirigiéndose a mí,--y póngase esta gorra de cuartel. Es usted mi
+ordenanza, que me acompaña esta noche al pabellón de caza que usted
+sabe.
+
+--Hay un obstáculo--dije,--y es que no existe caballo capaz de recorrer
+más de quince leguas conmigo a cuestas.
+
+--Por eso montará usted dos, uno aquí y otro en Zenda. ¿Estamos listos?
+
+--Por mi parte lo estoy--contesté.
+
+Tarlein me tendió la mano.
+
+--Por si acaso--dijo;--y nos estrechamos la mano cordialmente.
+
+--¡Nada de niñerías!--gruñó el coronel.--¡En marcha!
+
+Pero en lugar de dirigirse a la puerta se acercó a la pared del fondo.
+
+--En tiempo del viejo Rey--dijo,--hacíamos uso frecuente de este camino.
+
+Le seguí y anduvimos cosa de doscientas varas por un estrecho corredor,
+hasta llegar a maciza puerta de roble, que Sarto abrió. Salimos y nos
+hallamos en una solitaria calle a la que daban los jardines de la parte
+de atrás del palacio. Allí nos esperaba un hombre con dos caballos; uno
+alazán, magnífico, de gran alzada y el otro bayo, no menos fuerte y
+brioso. Sarto me indicó que montase el primero y sin decir palabra nos
+pusimos en marcha. Animada y bulliciosa estaba la ciudad, pero tomamos
+las calles menos concurridas, cubierta yo la mitad del rostro con la
+capa y bien calada la gorra para ocultar en lo posible mis delatores
+cabellos. Hallamos pocos transeuntes en nuestro tortuoso camino, y
+cuando llegamos a las murallas se oía todavía el tañido de las campanas
+que daban la bienvenida al Rey. Eran las seis y media y no había
+obscurecido aún.
+
+--Mano al revólver--me dijo Sarto al acercarnos a una puerta.--Si el
+guarda se da por entendido hay que cerrarle la boca para siempre.
+
+Empuñé mi arma. Sarto llamó y vimos acercarse a una chiquilla de trece o
+catorce años. La suerte nos favorecía.
+
+--Mi padre ha ido a ver al Rey, señor oficial--dijo.
+
+--Pues para eso mejor hubiera hecho en quedarse aquí--me dijo Sarto con
+sorna y a media voz.
+
+--Pero me encargó que no abriese la puerta.
+
+--¿Sí, eh?--dijo Sarto desmontando.--Pues dame la llave.--La mozuela
+tenía la llave en la mano. Sarto le dio una moneda de oro.
+
+--He aquí una orden del Rey. Enséñasela a tu padre. ¡Abre esa puerta,
+muchacha!
+
+Eché pie a tierra, abrimos entre los dos la pesada puerta y haciendo
+salir a nuestros caballos volvimos a cerrarla.
+
+--Lo siento por el guarda, si el Duque averigua que estaba ausente de su
+puesto. Y ahora, joven, al trote. No conviene acelerar mucho el paso
+mientras sigamos cerca de la ciudad.
+
+Ya algo más apartados de las murallas y cerrada la noche, disminuyó el
+peligro y pusimos los caballos al galope. El magnífico animal que yo
+montaba iba tan ligero como si no llevase la menor carga. La noche era
+hermosa y no tardó en aparecer la luna. Hablamos poco y eso reducido
+casi exclusivamente a los progresos que hacíamos en nuestra jornada.
+
+--Quisiera saber el contenido de los despachos que recibió el
+Duque--dije una vez.
+
+--También yo--se limitó a contestarme Sarto
+
+Nos detuvimos para vaciar un vaso de vino y dar pienso a los caballos,
+con lo que perdimos media hora. No me arriesgué a entrar en el figón y
+me quedé con los caballos en la cuadra. Continuamos la marcha y
+llevábamos recorrida más de la mitad del camino, unas nueve leguas,
+cuando Sarto se detuvo repentinamente.
+
+--¿Oye usted?--me dijo.
+
+Escuché atentamente. A lo lejos, detrás de nosotros, resonaban pisadas
+de caballos. Eran entonces las nueve y media y en el silencio de la
+noche la fuerte brisa que se había levantado traía muy distintamente
+hasta nosotros aquel rumor lejano. Miré a Sarto.
+
+--¡Adelante!--exclamó,--y poniendo espuelas al caballo se lanzó al
+galope.
+
+Cuando volvimos a detenernos nada oímos, pero a poco se repitió el
+rumor. El coronel desmontó y aplicó el oído a tierra.
+
+--Son dos--dijo,--y están a un cuarto de legua. Por fortuna el camino es
+tortuoso y la dirección del viento nos favorece.
+
+Galopamos de nuevo, logrando mantener la misma distancia entre nosotros
+y los que sin duda nos perseguían. Habíamos llegado al bosque de Zenda y
+a la media hora nos hallamos en una bifurcación del camino. Sarto detuvo
+su caballo.
+
+--El sendero de la derecha es el nuestro--dijo.--El de la izquierda
+conduce al castillo y ambos son de unas tres leguas. Desmonte usted.
+
+--¡Pero nos alcanzarán!--exclamé.
+
+--¡Pie a tierra!--repitió bruscamente; y obedecí.
+
+El bosque era espesísimo desde la orilla misma del camino. Ocultamos
+nuestros caballos entre los árboles, les vendamos los ojos y
+permanecimos inmóviles junto a ellos.
+
+--¿Quiere usted saber quiénes son?--murmuré
+
+--Sí, y adónde van.
+
+Entonces noté que su diestra empuñaba un revólver. Oíase cada vez más
+próximo el trote de los caballos. La luna brillaba en toda su plenitud
+y el camino se destacaba como ancha franja blanca. Nuestras cabalgaduras
+no habían dejado el menor rastro sobre la tierra endurecida.
+
+--¡Ahí están!--murmuró Sarto.
+
+--¡Es el Duque!
+
+--Me lo figuraba--contestó.
+
+Era el Duque, en efecto; y con él un robusto gañán a quien yo conocía y
+que más tarde aprendió a conocerme a mí más de lo que hubiera querido;
+era Máximo Holf, hermano de Juan el guardabosque y criado de Su Alteza.
+Se hallaban frente a nosotros; el Duque detuvo su caballo y vi que el
+dedo de Sarto acariciaba el gatillo de su arma. Tengo para mí que
+hubiera dado diez años de su vida por pegarle un balazo a Miguel el
+Negro, a quien hubiera podido despachar en aquel momento con tanta
+facilidad como yo una gallina a diez pasos de mi revólver. Posé la mano
+sobre su brazo, y movió la cabeza negativamente, para tranquilizarme: el
+deber ante todo era su máxima.
+
+--¿Qué camino tomaremos?--preguntó el Duque.
+
+--El del castillo, Alteza--aconsejó su compañero.
+
+--Allí sabremos la verdad.
+
+El Duque vaciló un momento.
+
+--Me parecía haber oído pasos de caballo--dijo.
+
+--No creo que nadie nos preceda, Alteza.
+
+--¿Por qué no ir al pabellón de caza?
+
+--Temo una celada. Si «todo va bien,» es inútil ir al pabellón. En caso
+contrario el aviso no es más que una celada.
+
+De repente el caballo del Duque relinchó. Un momento nos bastó para
+cubrir las cabezas de los caballos con nuestras capas y después
+apuntamos al Duque y su compañero con nuestros revólvers. De habernos
+descubierto los hubiéramos matado allí mismo, o hécholos prisioneros.
+
+--¡A Zenda, pues!--exclamó por fin Miguel y clavando las espuelas a su
+caballo lo lanzó al galope.
+
+Sarto siguió apuntándole, con expresión tan dolorida en el rostro que me
+costó trabajo no soltar la carcajada. Permanecimos allí diez minutos
+más.
+
+--Ya lo ha oído usted--dijo Sarto.--Le han mandado a decir que «todo va
+bien.»
+
+--¿Y qué quieren decir con eso?--pregunté.
+
+--¡Dios sabe!--contestó Sarto frunciendo el ceño.
+
+--Pero es innegable que el mensaje le ha hecho venir de Estrelsau en la
+mayor incertidumbre.
+
+Montamos otra vez y tomamos el camino del pabellón con toda la rapidez
+que permitía el cansancio de nuestros caballos. No pronunciamos palabra
+durante aquel último tramo de nuestra jornada y nos asaltaban mil
+temores. «Todo va bien.» ¿Qué significaba esa frase? ¿Le habría ocurrido
+algo al Rey?
+
+Llegamos por fin a la puerta del pabellón, en el que todo parecía
+tranquilo y silencioso. Nadie acudió a recibirnos y desmontamos
+precipitadamente. De repente, Sarto oprimió mi brazo.
+
+--¡Mire usted!--exclamó señalando al suelo.
+
+Vi a mis pies cinco o seis pañuelos de seda hechos trizas y me volví
+hacia él.
+
+--Son los pañuelos con que até a la vieja--me dijo.
+
+--Asegure usted los caballos y sígame.
+
+La puerta cedió sin resistencia y entramos en la habitación donde
+habíamos cenado la noche anterior, en la que se veían aún los restos de
+la cena y numerosas botellas vacías.
+
+--¡Adelante!--exclamó Sarto, que por primera vez parecía próximo a
+perder su maravillosa serenidad.
+
+Nos precipitamos por el corredor en dirección a la entrada del sótano.
+La puerta de la carbonera estaba abierta de par en par.
+
+--Han descubierto a la vieja--dije.
+
+--Eso ya lo sabía yo desde que vi los pañuelos--repuso el coronel.
+
+Llegamos frente a la puerta del sótano, que estaba cerrada, y al parecer
+en el mismo estado en que la habíamos dejado aquella mañana.
+
+--Entremos, todo va bien--dije.
+
+Me contestó una violenta imprecación de Sarto, cuyo rostro palideció a
+la vez que señalaba al suelo con el dedo. Por debajo de la puerta se
+extendía una gran mancha roja que cubría parte del pasillo del sótano.
+Sarto se apoyó en la pared opuesta a la puerta. Traté de abrir ésta,
+pero estaba cerrada.
+
+--¿Dónde está José?--preguntó Sarto.
+
+--¿Dónde está el Rey?--fue mi respuesta.
+
+El veterano sacó un frasco y lo llevó a los labios. Por mi parte volví
+corriendo al comedor y tomé del hogar una sólida barra de hierro
+destinada a atizar el fuego. Lleno de terror, desatinado, descargué con
+ella fuertes golpes sobre la puerta y por último disparé mi revólver
+contra la cerradura, que saltó en pedazos y se abrió la puerta.
+
+--¡Venga una luz!--dije,--pero Sarto siguió apoyado en la pared,
+inmóvil.
+
+Estaba, naturalmente, más conmovido que yo porque amaba profundamente a
+su señor. No temía por sí mismo, nadie hubiera creído de él semejante
+cosa; pero le aterrorizaba el pensar en lo que podía revelarnos aquel
+sótano. Fui al comedor, tomé de la mesa un candelero de plata y encendí
+una vela: la esperma hirviente que cayó sobre mi mano, reveló cómo
+temblaba ésta, y cuán disculpable era la agitación de Sarto.
+
+Llegué a la puerta del sótano, la mancha roja, de color más obscuro en
+los bordes, se extendía al interior. Penetré unas dos varas en el sótano
+y elevé la vela. Vi las pipas de vino formando hilera, algunas arañas
+que corrían por la pared, un par de botellas vacías en el suelo y más
+allá, en un rincón, el cuerpo de un hombre tendido de espaldas, con los
+brazos abiertos y una sangrienta herida en el cuello. Me dirigí a él, me
+arrodillé a su lado y encomendé a Dios el alma de aquel fiel servidor.
+Porque era el cuerpo del pobre José, muerto en defensa del Rey.
+
+Sentí que una mano se posaba sobre mi hombro y volviéndome vi los ojos
+brillantes y espantados de Sarto.
+
+--¡El Rey, Dios mío, Rey!--articuló sordamente.
+
+Dirigí la luz de la vela a todos los rincones del sótano.
+
+--El Rey no está aquí--dije.
+
+
+
+
+VII
+
+SU MAJESTAD DUERME EN ESTRELSAU
+
+
+Rodeé la cintura de Sarto con mi brazo y sosteniéndole le hice salir del
+sótano, cuya destrozada puerta cerré lo mejor que pude. Permanecimos en
+el comedor, sentados y silenciosos unos diez minutos. Después el viejo
+Sarto se frotó los ojos, dio un profundo suspiro y pareció recobrar su
+calma habitual. Al oír la una en el reloj de repisa, golpeó fuertemente
+el suelo con el pie y exclamó:
+
+--¡Se han apoderado del Rey!
+
+--Sí--contesté.--«¡Todo va bien!» como decía el despacho recibido por el
+Duque. ¡Qué rato pasaría al oír esta mañana las salvas que saludaban al
+Rey! ¿Cuándo recibió el mensaje?
+
+--Debió de ser por la mañana. Se lo enviaron probablemente antes de que
+llegase a Zenda la noticia de la presencia de usted en Estrelsau; porque
+supongo que el mensaje lo mandaron de Zenda.
+
+--¡Y lo ha llevado encima todo el santo día!--exclamé.--Bien puedo
+decir que no soy el único que ha pasado un día de prueba. ¿Pero qué
+pensaría él de todo esto, Sarto?
+
+--¿Qué nos importa? Pregunte usted más bien qué es lo que piensa ahora.
+
+--Tenemos que volver a la capital--dije poniéndome de pie
+apresuradamente.--Importa reunir en seguida cuantas fuerzas hay allí y
+ponernos en persecución de Miguel antes de mediodía.
+
+Sarto sacó su pipa, la llenó y la encendió cuidadosamente en la vela que
+goteaba sobre la mesa.
+
+--¡Quizá estén asesinando al Rey mientras seguimos aquí cruzados de
+brazos!--exclamé.
+
+Sarto continuó fumando en silencio.
+
+--¡Maldita vieja!--gruñó por fin.--Lograría atraer su atención de alguna
+manera. Me figuro lo ocurrido. Vinieron a apoderarse del Rey y como
+digo, de una manera u otra dieron con él. Si no hubiera usted ido a
+Estrelsau, usted, Federico y yo estaríamos a estas horas en el reino de
+los Cielos.
+
+--¿Y el Rey?
+
+--¿Quién sabe dónde está el Rey en este momento?
+
+--¡Partamos!--exclamé; pero Sarto siguió inmóvil. Y de repente se echó a
+reír.
+
+--¡Por vida de!--exclamó;--no le hemos dado mal sofocón a Miguel el
+Negro.
+
+--¡Vamos, vamos!--repetí.
+
+--¡Y no es malo tampoco el que le espera!--añadió con aviesa sonrisa que
+acentuó las arrugas de su atezado rostro.--Corriente, joven, volveremos
+a Estrelsau. El Rey estará otra vez mañana en su capital.
+
+--¿El Rey?
+
+--¡El Rey coronado hoy!
+
+--¿Está usted loco?--exclamé.
+
+--Si volviéramos y confesásemos la jugada que les hemos hecho ¿cuánto
+daría usted por nuestras vidas?
+
+--Ni más ni menos que lo que valen.
+
+--¿Y por el trono del Rey? ¿Se imagina usted que a los nobles y al
+pueblo les hará pizca de gracia verse burlados como los ha burlado
+usted? ¿Cree usted que seguirán amando y respetando a un Rey que,
+demasiado borracho para ser coronado, les envió a su criado para que lo
+representase en aquel acto?
+
+--¡El Rey fue víctima de un narcótico y yo no soy su criado!
+
+--Me limito a dar la versión que hará de lo ocurrido Miguel el Negro.
+
+Dejó su asiento, se me acercó y posando la mano sobre mi hombro, dijo:
+
+--Raséndil, si se porta usted como un hombre, todavía puede usted salvar
+al Rey. ¡A Estrelsau otra vez, a conservarle su trono!
+
+--Pero el Duque lo sabe todo, los villanos que le sirven han
+averiguado...
+
+--Pero no pueden decir palabra!--gritó Sarto con expresión de
+triunfo.--Los tenemos en nuestro poder. ¿Cómo han de denunciarle a usted
+sin denunciarse a sí mismos? ¿Osarán decir al país: «Ese hombre es un
+impostor, porque al verdadero Rey lo tenemos nosotros prisionero y hemos
+asesinado a su servidor?» ¿Pueden hacer tal cosa?
+
+La situación se me apareció de repente con toda claridad. Me conociese o
+no el Duque, tenía que callarse. ¿Qué podía hacer mientras no presentase
+al verdadero Rey? Y si éste apareciese, ¿qué sería del Duque? Por un
+momento me sentí convencido, pero no tardé en comprender todas las
+dificultades del proyecto.
+
+--Me descubrirán--dije.
+
+--Quizás, pero entretanto cada hora que ganemos vale mucho. Ante todo,
+es indispensable que tengamos un Rey en Estrelsau, o, de lo contrario,
+Miguel será dueño de la ciudad en veinticuatro horas. Y entonces ¿qué
+valdría la vida del Rey? ¿dónde estaría su trono? ¡Joven, tiene usted
+que aceptar!
+
+--¿Y si matan al Rey?
+
+--Lo matarán si es que no lo mata usted.
+
+--¿Y si lo han asesinado ya?
+
+--En tal caso ¡voto a sanes! tan buen Elsberg es usted como Miguel el
+Negro y reinará usted en Ruritania. Pero no creo que le hayan dado
+muerte; como tampoco lo harán mientras siga usted en el trono. Matar al
+verdadero Rey, en tales condiciones, sería en beneficio exclusivo de
+usted.
+
+Era un plan descabellado, una empresa más loca y difícil aún que la
+jugarreta anterior tan felizmente terminada por mi parte; pero al
+escuchar a Sarto pude ver y apreciar las ventajas que teníamos a nuestro
+favor. Además, era yo joven, activo y se me ofrecía un papel tal y en
+tales circunstancias como jamás le había tocado en suerte a ningún
+hombre.
+
+--Me descubrirán--repetí.
+
+--Quizás--volvió a decir Sarto.--¡Vamos a Estrelsau! Mire usted que si
+seguimos aquí nos van a coger como en una ratonera.
+
+--¡Sarto!--exclamé.--¡voy a intentarlo!
+
+--¡Bien, joven, bien! Ahora sólo falta que nos hayan dejado los caballos
+que tenía aquí de repuesto. Voy a ver.
+
+--Pero tenemos que dar sepultura a ese infeliz--dije.
+
+--No hay tiempo para eso.
+
+--Pues he de hacerlo.
+
+--¡El demonio me lleve!--gruñó.--Lo hago a usted Rey, y... Bueno, pues
+lo enterraremos. Vaya usted a traerlo mientras yo procuro los caballos.
+No será muy profunda la fosa, pero dudo que al muerto le importe gran
+cosa. ¡Pobre José! Era todo un hombre.
+
+Salió y yo bajé al sótano. Tomé el cuerpo en mis brazos y lo llevé por
+el corredor hasta cerca de la puerta del pabellón, donde lo deposité en
+el suelo, recordando, que necesitábamos azadones para cavar la fosa. En
+aquel momento regresó Sarto.
+
+--Los caballos están ahí--dijo--Uno de ellos es hermano del que le trajo
+a usted aquí. Cuanto al oficio de sepulturero, puede usted ahorrarse ese
+trabajo.
+
+--No me iré hasta dejar a José bajo tierra.
+
+--¡A que sí!
+
+--No, coronel; ni que me diera usted a todo Ruritania.
+
+--¡Terco!--exclamó.--Venga usted aquí.
+
+Me llevó a la puerta. La luna iluminaba el camino y vi a cosa de
+quinientas varas un grupo de hombres que se acercaban por el camino de
+Zenda. Eran siete u ocho, cuatro de ellos a caballo, y vi que llevaban
+al hombro palas y azadones.
+
+--Esos le ahorrarán a usted el trabajo--dijo Sarto.--Vámonos.
+
+Tenía razón.--Los que llegaban eran sin duda servidores de Miguel,
+enviados para hacer desaparecer las huellas de su crimen. Ya no vacilé,
+pero se apoderó de mí un deseo irresistible de castigarlos, y señalando
+al cadáver del pobre José, dije a Sarto:
+
+--Venguémoslo, coronel!
+
+--¿Desea usted proporcionarle compañía, eh? Pero no deja de ser
+arriesgado.
+
+--No me voy sin darles una lección--insistí.
+
+Sarto vaciló.
+
+--Pues bien--dijo,--no es lo más acertado, pero se ha conducido usted
+bien y hay que complacerle. Después de todo, si caemos nos habremos
+ahorrado una porción de disgustos y cavilaciones. Yo le diré a usted
+cómo sorprenderlos.
+
+Cerró cuidadosamente la puerta--que teníamos apenas entreabierta,--y
+pasando por el interior de la casa llegamos a la puertecilla de atrás,
+junto a la cual estaban los caballos. En torno del pabellón había un
+camino destinado a los coches.
+
+--¿Tiene usted a mano el revólver? preguntó Sarto.
+
+--No, quiero caer sobre ellos espada en mano--repliqué.
+
+--¡Diantre! Veo que, se le ha despertado a usted el apetito esta noche.
+Corriente.
+
+Montamos, desenvainamos las espadas y esperamos unos momentos en
+silencio. Por fin oímos los pasos de los recién llegados en el camino de
+coches, al otro lado del pabellón, donde se detuvieron y uno de ellos
+exclamó:
+
+--¡Id a buscar al muerto y traedlo aquí!
+
+--¡Ahora!--murmuró Sarto.
+
+Clavamos espuelas y dando vuelta a la casa nos precipitamos sobre
+aquellos bribones. Sarto me dijo después que había matado a uno y lo
+creí, pero por lo pronto lo perdí de vista. Lo que sé es que de un tajo
+le abrí la cabeza a uno de los jinetes, que cayó al suelo. Entonces me
+hallé frente a frente de un mocetón y vi también que a mi derecha
+quedaba otro enemigo. Era peligroso seguir allí y hundí otra vez las
+espuelas en los ijares de mi caballo, a la vez que clavaba mi espada en
+el pecho del rufián que tenía delante. La bala de su revólver me rozó
+una oreja; tiré de la espada, pero no pudiendo arrancársela del cuerpo
+la solté y salí a escape en seguimiento de Sarto, a quien divisé en
+aquel momento a unas veinte varas de distancia. Agité la mano en señal
+de despedida, pero la bajé inmediatamente dando un grito, porque una
+bala me había alcanzado en un dedo. Sarto se volvió hacia mí y sonó otro
+disparo, pero como sólo tenían revólvers pronto nos pusimos fuera de
+tiro. Entonces Sarto se echó a reír.
+
+--Uno yo y dos usted--dijo.--No lo hemos hecho mal y el pobre José
+tendrá compañía.
+
+--Sí, partida completa--repuse; estaba furioso y me alegraba de haber
+despachado a dos de aquellos truhanes.
+
+--Y con eso les ha caído también algún trabajo a los
+restantes--prosiguió el coronel.--¿Cree usted que lo han reconocido?
+
+--Al recibir la estocada el segundo, le oí exclamar: «¡el Rey!»
+
+--¡Bravo! No vamos a darle poco que hacer a Miguel el Negro.
+
+Nos detuvimos un instante para vendar mi dedo, que sangraba
+abundantemente y me dolía no poco, pues la bala había interesado algo el
+hueso. Después galopamos de nuevo en silencio, disipada ya la excitación
+de la lucha. Despuntó el día, frío y despejado, y un labrador nos
+proporcionó algún alimento y pienso para los caballos. Pretexté un dolor
+de muelas y me cubrí la cara casi por completo. Tras larga carrera
+llegamos por fin a Estrelsau, entre ocho y nueve de la mañana. Todas las
+puertas de la ciudad estaban abiertas como de ordinario, excepto cuando
+las cerraban el capricho o las intrigas del Duque. Entramos en la
+capital siguiendo el mismo camino que habíamos recorrido la noche
+anterior, pero rendidos de cansancio, tanto jinetes como caballos. Las
+calles estaban aún más desiertas que la víspera, como si los moradores
+buscasen en el sueño el necesario descanso tras las fiestas y
+prolongados regocijos de la noche precedente, y apenas hallamos alma
+viviente a nuestro paso. Junto a la puertecilla de palacio nos esperaba
+el fiel servidor de Sarto.
+
+--¿No ha habido novedad, señor?--preguntó.
+
+--Todo va bien--dijo Sarto,--a tiempo que su criado tomaba mi mano para
+besarla.
+
+--¡El Rey está herido!--exclamó.
+
+--No es nada--dije desmontando.--Me lastimé el dedo cerrando una puerta.
+
+--Y sobre todo silencio--dijo Sarto;--aunque a ti, mi buen Freiler, es
+casi inútil recomendártelo.
+
+El interpelado se encogió de hombros.
+
+--A todos los jóvenes les gusta hacer una salida de noche, de cuando en
+cuando--dijo.--¿Por qué no ha de gustarle también al Rey?
+
+La risa de Sarto pareció confirmar aquella interpretación de mi breve
+ausencia.
+
+--Mi sistema--dijo cuando hubimos entrado--es no confiar en nadie más
+allá de donde sea absolutamente necesario confiar.
+
+Al abrir la puerta de mi antecámara vimos a Federico de Tarlein, vestido
+y reclinado en el sofá. Parecía haber dormido, pero nuestra entrada lo
+despertó. Incorporándose vivamente me dirigió una mirada y con un grito
+de alegría se arrodilló a mis pies.
+
+--¡Gracias a Dios, señor, que os veo sano y salvo!--exclamó, procurando
+asir mi mano.
+
+Confieso que me sentí conmovido. El rey Rodolfo--cualesquiera que fuesen
+sus faltas,--sabía hacerse amar de sus subditos. Por breves instantes no
+me atreví a hablar ni disipar la ilusión del pobre joven. Pero el viejo
+Sarto no era de los que se conmovían y dando palmadas exclamó:
+
+--¡Bravo, joven! ¡Cuando digo yo que todo marchará a pedir de boca!
+
+Tarlein nos miró atónito y yo le tendí la mano.
+
+--¡Estáis herido, señor!--exclamó.
+
+--No es más que un rasguño--dije,--pero...--y me detuve.
+
+Tarlein se puso en pie con expresión de profundo asombro en el rostro.
+Tomó mi mano, me miró atentamente y de repente retrocedió un paso.
+
+--¡Pero, el Rey! ¿Dónde está el Rey?--gritó.
+
+--¡Silencio, imprudente!--dijo Sarto.--No tan alto. Este es el Rey.
+
+Oímos llamar a la puerta. Sarto asió mi mano
+
+--¡Pronto, a su cámara! ¡Fuera esa gorra y esas botas! Métase usted en
+cama y cubra bien todo el traje con las sábanas.
+
+Hícelo así en un abrir y cerrar de ojos y momentos después aparecía
+Sarto, saludando, para anunciarme a un caballerete muy ceremonioso, que
+se acercó a mi lecho y tras grandes reverencias dijo que se hallaba al
+servicio de la princesa Flavia, y que Su Alteza lo enviaba a preguntar
+cómo seguía Su Majestad después de la fatiga de la víspera.
+
+--Dé usted las gracias a mi prima--dije,--y asegúrele que jamás me he
+sentido mejor.
+
+--El Rey ha pasado toda la noche en un sueño--agregó el viejo Sarto, a
+quien, según empezaba yo a descubrir, le gustaba endilgar una mentira de
+vez en cuando, nada más que por el gusto de mentir.
+
+El mensajero se deshizo otra vez en reverencias y salió de la cámara.
+Había terminado la comedia y el rostro pálido de Tarlein nos llamó a la
+realidad; por más que en definitiva la farsa proyectada iba a
+convertirse para nosotros en _única_ realidad.
+
+--¿Ha muerto el Rey?--preguntó.
+
+--¡Dios no lo quiera!--contesté.--¡Pero se halla en poder de Miguel el
+Negro!
+
+
+
+
+VIII
+
+PRIMA RUBIA Y HERMANO MORENO
+
+
+La vida de un Rey tiene sin duda sus exigencias, pero la de un Rey
+apócrifo las tiene decididamente mucho mayores. Desde el siguiente día
+comenzó Sarto a instruirme en mis regios deberes, a explicarme lo que
+tenía que saber y hacer, y la primera lección duró tres horas. Almorcé
+apresuradamente, con Sarto siempre frente a mí, diciéndome que el Rey
+bebía vino blanco en el almuerzo y que detestaba los platos picantes.
+Después se presentó el Canciller, con quien me pasé otras tres horas y a
+quien le expliqué que habiéndome lastimado un dedo (y aquí me vino de
+perlas el balazo recibido) no podía escribir ni siquiera firmar; tras
+discutir mucho el punto y rebuscar precedentes, quedó acordado que me
+bastaría trazar una cruz al pie de los documentos y que el Canciller
+atestiguaría la validez de aquella nueva firma regia con gran copia de
+fórmulas y juramentos. Recibí más tarde al embajador de Francia, que me
+presentó sus credenciales; ceremonia en la que nada me perjudicó la
+ignorancia del oficio, porque tampoco el Rey había recibido embajadores
+hasta entonces. En los días siguientes se repitió el acto hasta quedar
+recibido todo el cuerpo diplomático, formalidad que hay que cumplir cada
+vez que sube al trono un nuevo soberano. Por fin logré verme solo. Llamé
+a mi nuevo sirviente (habíamos elegido para reemplazar al pobre José, a
+un joven que nunca había visto al Rey) le ordené que me trajese un
+refresco y volviéndome hacia Sarto le manifesté la esperanza de que por
+fin me dejasen descansar algo.
+
+--Pero ¡cómo se entiende!--exclamó Federico de Tarlein, que también se
+hallaba presente.--¿No vamos a desollar a Miguel el Negro?
+
+--Poco a poco, caballerito--dijo Sarto frunciendo el ceño.--Sería una
+satisfacción, sin duda, pero podría costarnos cara. ¿Creen ustedes
+posible que si cae Miguel deje vivo al Rey?
+
+--Además--añadí,--¿qué motivo de queja puede alegarse contra mi amado
+hermano mientras el Rey siga aparentemente en Estrelsau y en su trono?
+
+--¿Es decir que nada haremos?
+
+--Por lo pronto se trata de no hacer una tontería--gruñó Sarto.
+
+--La situación--dije,--me recuerda la escena dominante de una de
+nuestras modernas comedias inglesas, en la que dos personajes se
+amenazan mutuamente con sus revólveres. Porque la verdad es que no puedo
+denunciar a Miguel sin denunciarme a mí mismo...
+
+--Y al Rey--interrumpió Sarto.
+
+--Y lo propio le sucede a Miguel, que no puede decir palabra contra mí
+sin acusarse gravemente.
+
+--Situación llena de interés--comentó el viejo Sarto.
+
+--Si me descubren--proseguí,--lo confesaré todo y me veré cara a cara
+con el Duque; pero por ahora no hago más que esperar su próxima jugada.
+
+--Que será matar al Rey--dijo Tarlein.
+
+--Se guardará bien de hacerlo--repuso Sarto.
+
+--Tres de los seis están en Estrelsau--continuó Tarlein.
+
+--¿Tres no más? ¿Está usted seguro?--preguntó el veterano coronel con
+vivo interés.
+
+--Segurísimo. La mitad de la cuadrilla.
+
+--¡Pues entonces el Rey vive, porque los otros tres están vigilándolo en
+su prisión!--exclamó Sarto.
+
+--¡Verdad es!--dijo Tarlein.--Si el Rey hubiera muerto los seis
+estarían aquí con Miguel el Negro. ¿Sabe usted que el Duque ha
+regresado, coronel?
+
+--Sí, lo sé. ¡El diablo le lleve!
+
+--A ver, señores míos--dije.--¿Quiénes son esos seis de que tanto
+hablan?
+
+--No tardará usted en trabar conocimiento con ellos--contestó
+Sarto.--Son seis caballeros a quienes Miguel tiene a su servicio, y que
+le pertenecen en cuerpo y alma. Tres son ruritanos, uno francés, uno
+belga y el otro compatriota de usted.
+
+--Y todos ellos dispuestos a cortarle el pescuezo a cualquiera, si el
+Duque se lo manda.
+
+--Quizás me corten el mío--se me ocurrió decir.
+
+--Es muy posible--asintió Sarto.--¿Quiénes son los que están aquí,
+Tarlein?
+
+--De Gautet, Bersonín y Dechard.
+
+--¡Los extranjeros! Es más claro que la luz del día. El Duque los ha
+traído consigo, dejando a los tres ruritanos con el Rey; y es porque
+quiere comprometer a estos últimos todo lo posible.
+
+--¿Vio usted a alguno de ellos entre los jayanes a quienes zurramos en
+el pabellón de caza, coronel?--pregunté.
+
+--No, por desgracia; de lo contrario ya no serían seis, sino cuatro.
+
+Por lo pronto había adquirido yo una cualidad regia, la de no revelar
+todo mi pensamiento o mi plan, ni aun a mis más íntimos amigos. Había
+tomado una resolución irrevocable. Estaba resuelto a conquistar el mayor
+grado de popularidad posible, y al propio tiempo no mostrar hostilidad
+alguna al Duque; esperando calmar así la oposición de sus partidarios y
+conseguir, llegado el caso de un rompimiento definitivo, que Miguel
+apareciese ante el pueblo, no como un hermano perseguido, sino como un
+ser ingrato y descastado.
+
+No es esto decir que yo desease o temiese un conflicto con él. En
+interés del Rey convenía seguir guardando el secreto, y mientras éste no
+se descubriese tenía yo las mejores cartas en mi juego. Toda dilación
+había de redundar forzosamente en perjuicio del Duque.
+
+Pedí un caballo, y en compañía de Federico de Tarlein recorrí la gran
+avenida del parque real, devolviendo todos los saludos con la mayor
+cortesía. Pasé después por algunas calles, me detuve para comprar flores
+a una linda muchacha, a quien pagué con una moneda de oro; y habiendo
+atraído suficientemente la atención pública, hasta el punto de notar que
+me seguían más de quinientas personas, tomé el camino del palacio que
+habitaba la princesa Flavia, a quien envié a preguntar si se dignaba
+recibirme. Aquel paso creó vivo interés en el pueblo y fue saludado con
+aclamaciones. La Princesa era popularísima y el Canciller mismo no había
+vacilado en decirme que cuanto más asiduamente hiciese yo la corte a mi
+noble prima y cuanto antes se verificase la boda, tanto mayor sería la
+satisfacción de mis subditos, y, por consiguiente, la popularidad del
+nuevo soberano. Claro está que el Canciller no tenía idea de los
+obstáculos que me impedían seguir su leal y excelente consejo. Díjeme,
+sin embargo, que la visita era a todas luces conveniente; y Tarlein la
+aprobó con gran entusiasmo, que no dejó de sorprenderme algo, hasta que
+descubrí que él también tenía sus motivos para querer visitar el palacio
+de Su Alteza, cuya dama de honor, la condesa Elga, era la dama de sus
+pensamientos.
+
+La etiqueta favoreció los deseos de Tarlein; pues mientras yo fui
+recibido en el salón de la Princesa, él permaneció en la antecámara con
+la linda Condesa; y no dudo que logró contemplarla y hablarle a su
+saber, a pesar de las otras muchas personas que allí esperaban. Pero lo
+más importante para mí en aquel momento era el delicado paso que iba a
+dar en la dificilísima partida empeñada. Tenía que atraer a la
+Princesa, y al propio tiempo serle indiferente o poco menos; tenía que
+mostrarle afecto y no sentirlo. Consistía mi papel en hacer el amor por
+cuenta de otro, y a una joven que, princesa o no, era desde luego la más
+hermosa que había visto en mi vida. Me recibió con encantadora
+confusión, que hizo aún más difíciles los primeros momentos de nuestra
+entrevista. Del éxito de mis esfuerzos para realizar el programa antes
+trazado, se juzgará más adelante.
+
+--Vuestra Majestad está conquistando preciados lauros--me dijo, dándome
+por primera vez aquel alto tratamiento.--Como uno de los príncipes de
+Shakespeare, Vuestra Majestad se ha transformado por completo al
+convertirse en Rey.
+
+--Dos cosas te ruego, prima mía--le contesté.--Que, Rey o no, me digas
+siempre lo que tu corazón te dicte, y que continúes llamándome por mi
+nombre.
+
+--Me miró un instante y dijo:
+
+--Tus palabras me alegran y me enorgullecen, Rodolfo. Como te dije, todo
+en ti parece cambiado, hasta tu rostro.
+
+Agradecí el cumplido, pero no me agradaba aquel tema de conversación,
+por lo que dije:
+
+--Mi hermano está de vuelta, según me han anunciado.
+
+--Sí, está aquí--repuso frunciendo ligeramente el ceño.
+
+--Parece que no puede seguir ausente de Estrelsau por mucho
+tiempo--observé sonriéndome.--Más vale así, y me alegro de verlo aquí.
+Cuanto más cerca mejor.
+
+La Princesa me dirigió una rápida mirada y preguntó:
+
+--¿Qué quieres decir, primo? ¿Que así podrás?...
+
+--Ver mejor lo que hace, eso es. Y tú, ¿por qué te alegras de ello?
+
+--No he dicho tal cosa.
+
+--Pero no falta quien lo diga por ti.
+
+--Nunca faltan personas insolentes--observó con encantadora altivez.
+
+--¿Y quizás sea yo una de ellas?
+
+--Vuestra Majestad no puede serlo nunca--dijo haciéndome cómica
+reverencia.--A no ser que quieras decir...
+
+-¿Qué?
+
+--Que me importa ni poco ni mucho que el Duque se halle aquí o en otra
+parte--añadió picarescamente.
+
+A la verdad, hubiera querido ser el Rey en aquel momento.
+
+--¿No te importa que tu primo Miguel?...
+
+--¿Mi primo Miguel? Yo le llamo siempre el duque de Estrelsau.
+
+--Y Miguel cuando le hablas.
+
+--Sí, por orden del Rey tu padre.
+
+--Eso es. ¿Y ahora por orden mía?
+
+--Si así me lo mandas.
+
+--Desde luego. Conviene que todos nos mostremos muy amables con nuestro
+querido Miguel.
+
+--¿Y supongo que también me ordenas recibir a sus amigos?
+
+--¿Los seis?
+
+--¿Tú también los llamas así?
+
+--Por seguir la moda. Pero no te mando recibir más que a las personas a
+quienes tú quieras hacer esa honra.
+
+--¿Excepto a ti?
+
+--Por lo que a mí se refiere, no tengo órdenes que darte. Me limito a
+suplicar.
+
+En aquel momento se oyeron vítores en la calle. La Princesa corrió hacia
+uno de los balcones.
+
+--¡Es él!--exclamó.--¡El duque de Estrelsau!
+
+Me sonreí, pero nada dije, y ella volvió a su asiento. Permanecimos
+breves instantes en silencio. Cesó el clamor callejero, pero oímos
+rumor de voces y pasos en la antecámara. Empecé a hablar sobre diversos
+temas, y al cabo de algunos minutos me pregunté qué se habría hecho del
+Duque. Sin embargo, me pareció que no me tocaba intervenir en el asunto,
+cuando de repente, y con gran sorpresa mía, cruzó Flavia las manos y
+exclamó con agitada voz:
+
+--¿Te parece bien irritarlo así?
+
+--¿Irritarlo? ¿A quién? ¿Cómo?
+
+--Haciéndolo esperar tanto.
+
+--Pero, prima mía, si yo no quiero hacerlo esperar ni...
+
+--¿Es decir, que puede entrar?
+
+--Sin duda, si tú se lo permites.
+
+Flavia me miró con curiosidad.
+
+--¡Qué cosas tienes!--dijo.--Demasiado sabes que mientras estés conmigo
+no pueden anunciarme a nadie.
+
+¡Valiosa prerrogativa regia!
+
+--No hay nada como la etiqueta--dije.--Pero había olvidado esa regla por
+completo. Y dime: si yo estuviese a solas con otra persona, ¿podrían
+anunciarte a ti?
+
+--Lo sabes tan bien como yo--contestó admirada.--Podrían anunciarme,
+porque soy princesa de la sangre.
+
+--Jamás pude acordarme de todas esas distinciones--dije, en tanto
+interiormente maldecía a Tarlein por no haberme instruido mejor.--Pero
+sabré reparar mi falta.
+
+--Me dirigí presuroso a la puerta, y abriéndola de par en par entré en
+la antecámara. Miguel se hallaba sentado ante una mesa, irritado el
+semblante y torva la mirada. Todas las otras personas presentes estaban
+en pie, excepto el tunante de Tarlein, que arrellanado en un sillón
+galanteaba a la condesa Elga. Al entrar yo se levantó de un salto,
+mostrando tanto respeto hacia mí como indiferencia hacia el Duque. No
+era extraño que éste no le tuviese buena voluntad.
+
+Tendí la mano a Miguel, que la estrechó, y le di un abrazo. Después lo
+conduje yo mismo a la habitación inmediata.
+
+--Hermano--le dije,--de haber sabido yo que Vuestra Alteza se hallaba
+aquí, no hubiera vacilado un momento en solicitar de la Princesa permiso
+para conducir a Vuestra Alteza a su lado.
+
+Me dio las gracias, pero con mucha frialdad. Sin negar al Duque algunas
+buenas cualidades, no tenía la de saber ocultar sus impresiones. Aun el
+más indiferente hubiera comprendido que me odiaba, sobre todo viéndome a
+solas con la princesa Flavia; sin embargo, estoy convencido de que
+procuró disimular su odio y aun hacerme creer que me tomaba por el
+verdadero Rey. Comprendía yo que esto último era imposible, y me
+figuraba la ira de que estaría poseído al tributarme homenaje y al oírme
+hablar de «Miguel» y «Flavia.»
+
+--Noto que Vuestra Majestad tiene herida o lastimada una mano--observó
+con fingido interés.
+
+--Sí, me puse a jugar con un perro faldero--dije, resuelto a burlarme de
+él,--y ya sabe Vuestra Alteza cuán falsos y traidores son.
+
+Se sonrió sarcásticamente y me miró con fijeza breves momentos.
+
+--¡Pero esas mordeduras son peligrosas!--exclamó alarmada la Princesa.
+
+--Nada temas, prima mía--dije.--Otra cosa sería si yo hubiese permitido
+al gozquecillo morderme más profundamente.
+
+--¿Pero, le han dado muerte?
+
+--Todavía no. Esperamos a ver si su mordedura es nociva.
+
+--¿Y si lo fuese?--preguntó Miguel con su siniestra sonrisa.
+
+--Lo despacharíamos en un santiamén, hermano.
+
+--¿Pero no volverás a jugar con él?--preguntó Flavia.
+
+--Puede que sí.
+
+--¿Y si vuelve a morderte?
+
+--Procurará hacerlo, no lo dudo--contesté sonriéndome.
+
+Después, temeroso de que Miguel dijese algo que me obligase a mostrarme
+ofendido, empecé a felicitarlo por el marcial aspecto de su guardia y
+por la lealtad que me había demostrado el día de la coronación. Pasé
+después a hacer un caluroso elogio del pabellón de caza que había puesto
+a mi disposición. Pero sin duda le iba faltando la paciencia, porque
+levantóse de repente y se despidió en breves frases. Sin embargo,
+llegado a la puerta, se detuvo para decir:
+
+--Tres caballeros a quienes estimo, desean vivamente ser presentados a
+Vuestra Majestad. Esperan en la antecámara.
+
+Inmediatamente me llegué al Duque y tomé su brazo, a pesar del gesto
+avinagrado que puso, y entramos en la antecámara como buenos hermanos.
+Hizo Miguel un ademán y se adelantaron tres hombres.
+
+--Estos caballeros--dijo el Duque con la más graciosa y perfecta
+cortesía,--son los más leales y adictos servidores de Vuestra Majestad,
+a la vez que fieles amigos míos.
+
+--Títulos ambos, repuse, que los hacen igualmente acreedores a toda mi
+estimación.
+
+Uno tras otro se adelantaron y besaron mi mano. De Gautet, un sujeto
+alto, delgado, de erizados cabellos y retorcido bigote. El belga
+Bersonín, personaje grueso, de mediana estatura y calvo, aunque no
+contaba mucho más de treinta años. Y por último el inglés Dechard, de
+cara estrecha y larga, cabello cortado al rape y bronceado color. Tenía
+muy arrogante presencia, ancho de hombros, delgada la cintura. «Buena
+espada, pero un bribón de marca,» me dije al verlo. Le hablé en inglés,
+con ligero acento extranjero y vi asomar a sus labios una sonrisa, que
+reprimió en seguida.
+
+--Es decir que el caballero Dechard está en el secreto--pensé.
+
+Una vez libre de mi querido hermano y sus amigos, me volví para
+despedirme de mi prima. Estaba esperándome en la puerta que separa ambas
+habitaciones, y al tomar yo su mano me dijo muy quedo:
+
+--Sé prudente, Rodolfo. Tén cuidado...
+
+--¿De qué?
+
+--Bien lo sabes; no puedo decirlo ahora. Pero piensa en lo que vale y
+significa tu vida para...
+
+--¿Para quién?
+
+--Para Ruritania.
+
+¿Hacía yo bien o mal en representar aquel papel? No lo sé; ambos
+caminos eran peligrosos y no me atreví a decirle la verdad.
+
+--¿Sólo para Ruritania?--le pregunté dulcemente.
+
+Súbito rubor coloreó sus primorosas facciones.
+
+--Y también para tus amigos--dijo.
+
+--¿Amigos?
+
+--Y para tu prima--murmuró por fin;--tu amante prima.
+
+No pude hablar. Besé su mano y salí indignado contra mí mismo.
+
+Hallé afuera al galante Tarlein, muy entretenido con la condesa Elga,
+sin cuidarse de los lacayos que le observaban.
+
+--¡Qué diantre!--dijo.--No todo ha de ser conspirar y el amor reclama
+también sus derechos.
+
+--Lo mismo digo--contesté; y Tarlein me siguió respetuosamente.
+
+
+
+
+IX
+
+UNA NUEVA CATAPULTA
+
+
+No dudo que la enumeración de los diarios sucesos de mi vida en aquellos
+días, revestiría gran interés para los que nada saben de lo que ocurre
+dentro de regios palacios; como no dudo tampoco que la revelación de
+alguno de los secretos que allí descubrí, tendría gran valor para los
+estadistas de Europa. Pero lejos de mí una y otra cosa. Por un lado el
+temor a la monotonía del relato y por otro el riesgo de parecer
+indiscreto, me aconsejan concretarme al drama que iba desarrollándose
+calladamente bajo la tranquila apariencia de la política ruritana. Sí
+diré que mi impostura no fue descubierta. Cometí algunos errores, pasé
+mis malos ratos, necesité de todo el tacto y toda la afabilidad que me
+fue posible desplegar para desvanecer los malos efectos de ciertos
+olvidos y descuidos inexplicables, que a veces me llevaban hasta no
+recordar ni reconocer a personas que de antiguo me eran, o debían de
+serme, perfectamente conocidas. Pero salí en bien de todo, y lo
+atribuyo, como ya lo indiqué antes, a la audacia misma de mi temeraria
+empresa. Tengo para mí, que en iguales condiciones de parecido físico,
+me fue más fácil suplantar al Rey que pretender hacerme pasar por otra
+persona cualquiera.
+
+Un día entró Sarto en la habitación donde me hallaba y arrojándome una
+carta, dijo:
+
+--Ahí va eso para usted. Letra de mujer si no me engaño. Pero ante todo
+tengo que darle una noticia.
+
+--¿Qué es ello?
+
+--El Rey está en el castillo de Zenda.
+
+--¿Cómo lo sabe usted?
+
+--Porque allí está la otra mitad de la cuadrilla de Miguel, de los Seis.
+Lo tengo bien averiguado: Laugrán, Crastein, el mozo Ruperto Henzar,
+tres bribones, a fe mía, como no hay otros en toda Ruritania.
+
+--¿Y bien?
+
+--Pues nada, sino que Tarlein quiere que marche usted en seguida contra
+el castillo, con infantería, caballería y artillería.
+
+--¿Para qué? ¿Para desaguar el foso de la fortaleza hasta dejarlo en
+seco?
+
+--Probablemente--refunfuñó Sarto.--Y con eso no hallaríamos ni aun el
+cadáver del Rey.
+
+--¿Pero está usted seguro de que tienen al Rey en el castillo?
+
+--Lo creo muy probable. No sólo están allí los tres belitres citados,
+sino que el puente levadizo permanece alzado día y noche y a nadie se
+permite entrar sin permiso especial del joven Henzar o del mismo Miguel.
+Acabaremos por tener que atar a Tarlein de pies y manos.
+
+--Yo seré quien vaya a Zenda--dije.
+
+--¿Está usted loco?
+
+--Repito que iré, algún día.
+
+--Puede ser, y lo más probable es que se quede usted allí.
+
+--¡Oh, eso está por ver!--repuse con arrogancia.
+
+--Vamos, parece que hoy está Vuestra Majestad de mal humor. ¿Cómo van
+los amores?
+
+--¡Silencio!--exclamé.
+
+Me contempló por un momento y encendió su pipa. Tenía razón al decir que
+estaba yo de un humor insufrible, y continué furioso:
+
+--Me siguen por todas partes media docena de espías.
+
+--Ya lo sé; yo se lo tengo mandado--contestó muy tranquilo.
+
+--¿Y a qué viene eso?
+
+--Pues a que Miguel no vería con malos ojos la desaparición de usted.
+Una vez quitado usted de en medio podría él realizar la jugada que
+antes le echamos a perder, o por lo menos lo intentaría.
+
+--Yo me basto para defenderme.
+
+--De Gautet, Bersonín y Dechard están en Estrelsau; cualquiera de ellos,
+joven, lo degollaría a usted con tanto primor y gusto como... como lo
+haría yo con Miguel el Negro, por ejemplo, pero mucho más traidoramente.
+¿Qué dice esa carta?
+
+La abrí y leí en alta voz:
+
+«Si el Rey desea saber nuevas de gran interés para él, le bastará seguir
+las indicaciones contenidas en esta carta. Al fin de la Avenida Nueva
+hay una casa en el centro de extenso jardín. La casa tiene un pórtico
+con la estatua de una ninfa en el centro. El jardín está rodeado de una
+tapia y en ésta, por la parte de atrás de la casa, hay una puertecilla.
+Si el Rey entra por ella solo a la media noche de hoy, verá un cenador a
+veinte varas de la puerta. Suba los seis escalones que a él conducen,
+entre, y hallará en el cenador a una persona que le impondrá de lo que
+más vivamente atañe hoy a su vida y a su trono. Estas líneas están
+trazadas por un amigo fiel. Tiene que acudir solo. Si menosprecia este
+aviso pondrá en peligro su vida. No enseñe el Rey esta carta a nadie;
+va en ello la suerte de una mujer que le ama: Miguel el Negro no
+perdona.»
+
+--No--comentó Sarto;--pero también sabe dictar una carta muy zalamera.
+
+Tuve la misma idea y ya iba a rasgar el anónimo cuando noté unas líneas
+escritas al dorso:
+
+«Si el Rey duda, consulte al coronel Sarto...»
+
+--¿Eh?--hizo el veterano asombrado.--¿Me toma por tan sandio como a
+usted?
+
+Indicándole que guardase silencio continué la lectura:
+
+--«Pregúntele qué mujer está más dispuesta que ninguna otra a impedir el
+matrimonio del Duque con su prima y por consiguiente a impedir también
+que alcance la corona. Pregúntele si el nombre de esa mujer empieza con
+A.»
+
+Me puse en pie de un salto y el coronel colocó su pipa sobre la mesa.
+
+--¡Antonieta de Maubán como hay Dios!--exclamé.
+
+--¿Y cómo lo sabe usted?--preguntó Sarto.
+
+Le dije cuanto sabía de aquella dama, y Sarto hizo un ademán de
+aprobación.
+
+--Lo cierto es--dijo pensativo,--que ha tenido un disgusto serio con el
+Duque.
+
+--Si quisiera podría sernos útil--observé.
+
+--Pero sigo creyendo que esa carta la ha escrito Miguel.
+
+--Pienso lo mismo, pero quiero saberlo con certeza. Acudiré a la cita,
+Sarto.
+
+--No; yo iré.
+
+--Hasta la puertecilla del muro, pero no más adelante.
+
+--Iré al cenador.
+
+--¡Que me ahorquen si lo permito!--exclamé levantándome y apoyando la
+espalda en la repisa de la chimenea.--Sarto--añadí,--tengo confianza en
+esa mujer e iré.
+
+--Pues yo no tengo fe en ninguna mujer, y no irá usted.
+
+--O acudo a la cita o me vuelvo a Inglaterra--le dije.
+
+Sarto empezaba a aprender hasta dónde podía dictarme a mí y dónde y
+cuándo tenía que ceder y someterse.
+
+--Estamos tomando las cosas con sobrada calma--continué.--Cada día que
+dejamos pasar sin rescatar al Rey es un nuevo peligro. La prolongación
+de esta farsa mía constituye, también, un peligro más. Sarto, ha llegado
+el momento de jugar el todo por el todo.
+
+--Así sea--suspiró.
+
+A las once y media de aquella noche montamos Sarto y yo nuestros
+caballos. A Tarlein le volvimos a dejar de guardia, sin revelarle
+nuestros propósitos. La noche era obscurísima. Yo no llevaba espada,
+pero sí el revólver, un largo puñal y una linterna sorda. Llegamos a la
+puertecilla, desmontamos, y Sarto me tendió la mano.
+
+--Esperaré aquí--dijo.--Si oigo un disparo, me...
+
+--Permanezca usted aquí, como la única esperanza de salvación que le
+queda al Rey. Si yo caigo, importa que no perezca también usted.
+
+--Es verdad, joven. ¡Buena suerte!
+
+Empujé la puerta, que cedió, y me hallé en un jardín abundante en
+plantas y arbustos. El sendero desviaba algo hacia la derecha y por él
+tomé, cautelosamente. Tenía oculta la luz de la linterna y mi diestra
+empuñaba el revólver. No percibía el menor sonido. Pronto distinguí los
+vagos contornos del cenador, cuyos peldaños subí. La puerta de madera y
+muy endeble, se abrió en seguida y una mujer que allí esperaba se
+apoderó vivamente de mi mano.
+
+--Cierre usted la puerta--murmuró.
+
+Obedecí y dirigí hacia ella la luz de la linterna. Llevaba vestido de
+corte, con ricas joyas, y su hermosura aparecía deslumbradora bajo la
+viva luz que la inundaba. El cenador no tenía más mueblaje que un par
+de sillas y una mesita de hierro como las que se ven en algunos cafés.
+
+--No hable usted--me dijo.--No tenemos tiempo para ello. Limítese usted
+a escucharme, señor Raséndil. Escribí la carta por orden del Duque.
+
+--Lo sospechaba--dije.
+
+--Dentro de veinte minutos estarán aquí tres hombres que se proponen
+asesinarlo a usted.
+
+--Tres... ¿Los tres aquellos?
+
+--Sí, tiene usted que partir antes de que lleguen. De lo contrario
+perecerá usted esta noche...
+
+--O perecerán ellos.
+
+--¡Escúcheme usted! Una vez asesinado llevarán su cuerpo a uno de los
+barrios bajos de la ciudad, donde lo descubrirán. Miguel hará prender en
+seguida a todos los amigos de usted, Sarto y Tarlein los primeros;
+proclamará el estado de sitio en la capital y enviará un mensajero a
+Zenda. Los otros tres asesinarán al Rey en el castillo y el Duque se
+proclamará a sí mismo o a la Princesa; a sí mismo si llegado el momento
+se considera suficientemente fuerte para hacerlo. De todos modos, se
+casará con ella y será Rey de hecho y pronto también de nombre.
+¿Comprende usted?
+
+--No es malo el plan. Pero usted, señora, ¿cómo es que?...
+
+--Diga usted, si quiere, que estoy celosa. Pero, ¡Dios eterno! ¿puedo,
+acaso, verlo casado con ella? Y ahora, retírese usted. Pero recuerde, y
+esto es lo que principalmente quería decirle, que nunca, ni de día ni de
+noche, estará usted seguro aquí. Tres personas, tres guardianes le
+siguen a usted constantemente ¿no es así? Pues a ellos los siguen y
+espían otros tres. Esas hechuras de Miguel no se hallan nunca a más de
+quinientos pasos de usted. Si llega un momento en que lo hallen solo
+está usted perdido. La puerta del jardín está ya cerrada y guardada por
+ellos. A este lado del cenador, junto a la tapia, hallará una escalera,
+puesta allí para salvarlo...
+
+--¿Y usted?
+
+--Yo representaré mi papel. Si el Duque descubre lo que estoy haciendo,
+no volverá usted a verme nunca. De lo contrario, quizás yo... Pero no
+importa. Parta usted.
+
+--¿Y qué le dirá usted?
+
+--Que usted no acudió a la cita. Que sospechó el lazo.
+
+Tomé su mano y deposité en ella un beso.
+
+--Señora--dije,--ha hecho usted un magno servicio al Rey esta noche.
+¿En qué parte del castillo lo tienen?
+
+--Al otro lado del puente levadizo--dijo bajando la voz,--hay una maciza
+puerta, y tras ella queda... ¿Oye usted? ¿Qué ruido es ese?
+
+Se oían pasos fuera del cenador.
+
+--¡Están ahí! ¡Han anticipado su venida! ¡Dios mío, Dios mío!--exclamó,
+pálida como un cadáver.
+
+--No podían llegar más a tiempo--dije.
+
+--Oculte usted la luz de la linterna. La puerta tiene una rendija, ahí.
+¿Los ve usted?
+
+Apliqué el ojo a la puerta y divisé vagamente tres hombres al pie de la
+escalinata. Monté el revólver y Antonieta posó su mano sobre la mía.
+
+--Podrá usted matar uno de ellos--murmuró.--¿Y después?
+
+--¡Señor Raséndil!--oímos decir, en inglés y con perfecto acento.
+
+No contesté.
+
+--Deseamos hablarle. ¿Promete usted no hacer fuego hasta habernos oído?
+
+--¿Tengo el gusto de hablar con el señor Dechard?--pregunté.
+
+--No importa el nombre.
+
+--Pues entonces prescindan ustedes del mío.
+
+--Corriente. Tengo que hacerle a usted una proposición.
+
+Yo seguía mirando por la hendidura y vi que mis enemigos habían subido
+dos escalones y que tres revólvers apuntaban a la puerta.
+
+--¿Nos deja usted entrar? Damos nuestra palabra de honor de observar la
+tregua convenida.
+
+--No confíe usted en ellos--murmuró Antonieta.
+
+--Podemos hablar perfectamente sin abrir la puerta--dije.
+
+--Pero también puede usted abrirla cuando le parezca y disparar--repuso
+Dechard,--y aunque lo mataríamos, siempre moriría también uno de
+nosotros. ¿Da usted su palabra de no hacer fuego mientras hablemos?
+
+--Desconfíe usted--repitió Antonieta.
+
+Me ocurrió una idea, que juzgué practicable.
+
+--Prometo no disparar antes que ustedes--dije.--Pero no los dejaré
+entrar. Quédense donde están y hablen.
+
+--Aceptado--dijo Dechard.
+
+Los tres acabaron de subir la escalinata y se detuvieron al otro lado de
+la puerta. No pude oír lo que se decían, pero vi que Dechard hablaba al
+oído del más alto de sus compañeros. De Gautet, según creo.
+
+--Secreto tenemos--pensé.
+
+Y añadí en voz alta:
+
+--Veamos, señores, cuáles son esas proposiciones.
+
+--Un salvo-conducto hasta la frontera y doscientos cincuenta mil pesos.
+
+--No, no--murmuró Antonieta casi imperceptiblemente.--Todo es una
+traición.
+
+--Generosa oferta--dije sin perderles de vista un momento.
+
+Los tres se hallaban juntos y pegados a la puerta. Conocía bien a
+aquellos bandidos y no necesitaba las advertencias de Antonieta. Lo que
+proyectaban era precipitarse sobre mí repentinamente durante mi
+conversación con ellos.
+
+--Déjenme ustedes meditar su promesa unos instantes--añadí, pareciéndome
+oír burlona risa al otro lado de la puerta.
+
+--Póngase usted ahí, contra la pared, fuera del alcance de los
+revólvers--murmuré dirigiéndome a Antonieta.
+
+--¿Qué va usted a hacer?--preguntó alarmada.
+
+--Ya lo verá usted.
+
+Así la mesita de hierro por las patas y la levanté poniéndola ante mí a
+manera de escudo que me protegía por completo cabeza y pecho. Aunque
+pesada, no lo era mucho para un hombre de mis fuerzas. Antes había
+colgado del cinto la linterna y puesto el revólver en un bolsillo, bien
+al alcance de la mano. De repente vi que la puerta se abría algunas
+líneas, como movida por el viento, o impulsada quizás por una mano para
+probar si cedía. Retrocedí, apartándome de la puerta cuanto pude y
+guareciéndome tras la mesa de hierro en la posición que dejo descrita.
+
+--Acepto su oferta, señores--grité,--confiando en su palabra de
+caballeros. Si se toman el trabajo de abrir la puerta...
+
+--¡Ábrala usted!--exclamó Dechard.
+
+--¡Se abre hacia fuera!
+
+--¡Qué diantres, Bersonín--gritó impaciente Dechard.--¿Tienes miedo a un
+hombre solo?
+
+Me sonreí al oírle y en el mismo instante se abrió la puerta
+violentamente. La luz de una linterna me mostró a los tres rufianes
+agrupados en el umbral y apuntando con sus revólvers. Lancé un grito y
+me precipité sobre ellos a la carrera. Sonó una triple detonación y tres
+proyectiles se estrellaron contra mi improvisado escudo. La mesa cogió
+de lleno al grupo y hombres y mesa rodamos juntos escalera abajo, entre
+gritos y juramentos. Antonieta de Maubán lanzó un agudo chillido, al que
+yo, levantándome de un salto, contesté con una carcajada.
+
+De Gautet y Bersonín yacían en tierra como aturdidos. A Dechard le cayó
+la mesa encima, pero al incorporarme yo, la echó a un lado y volvió a
+hacerme fuego. Levanté mi revólver y disparé casi sin apuntar. Oí una
+blasfemia y apreté a correr como un gamo, sin dejar de reírme. Alguien
+corría también detrás de mí, y tendiendo el brazo en su dirección solté
+otro balazo al azar. Los pasos cesaron.
+
+--¡Con tal que halle la escalera!--pensé, porque la tapia era alta y
+estaba erizada de púas.
+
+Sí, allí estaba y subí por ella en un abrir y cerrar de ojos. Me incliné
+sobre el muro y vi los caballos. Cerca de ellos oí un tiro. Era Sarto,
+que habiendo oído los disparos en el jardín se desesperaba por abrir la
+puertecilla y al fin la emprendía a tiros con la cerradura. Había
+olvidado por completo que le estaba prohibido tomar parte en la lucha.
+Al ver aquello volví a reírme, salté al suelo y poniéndole la mano en el
+hombro le dije:
+
+--A casa y a la cama, viejo mío. Tengo que contarle a usted la historia
+más graciosa que ha oído en su vida.
+
+Se volvió, absorto, y exclamó, estrechando mi mano:
+
+--¡Salvado! ¡Salvado!
+
+Pero en seguida refunfuñó como acostumbraba.
+
+--¿De qué demonios se ríe usted?
+
+--De cuatro convidados, al figurármelos en torno de cierta mesa...
+
+Y volví a soltar la carcajada, pensando en la ridícula derrota del
+formidable y malparado trío.
+
+Y como habrá observado el lector, cumplí mi palabra y no disparé hasta
+que mis enemigos rompieron el fuego.
+
+
+
+
+X
+
+AMORES POR CUENTA AJENA
+
+
+Era costumbre establecida que el jefe de la policía me enviase todas las
+tardes un informe sobre la situación en la capital y el estado de la
+opinión pública; documento que también contenía datos relativos a las
+personas que la policía tenía orden de vigilar. Desde mi llegada a
+Estrelsau, Sarto me leía el referido informe, comentando muchas noticias
+de interés que solía contener. El día siguiente a mi aventura en el
+cenador, trajeron el parte de policía en ocasión de hallarme jugando una
+partida de tresillo con Federico de Tarlein.
+
+--Muy interesante viene el informe de esta tarde--dijo Sarto sentándose.
+
+--¿Habla de cierta aventura nocturna?...
+
+El coronel no pudo reprimir una sonrisa y dijo:
+
+--Leo en primer lugar: «Su Alteza el duque de Estrelsau ha salido de la
+capital (repentinamente, al parecer) acompañado de algunos de sus
+servidores. Se cree que su destino es el castillo de Zenda, en dirección
+del cual salió, no por el tren, sino a caballo. Los señores de Gautet,
+Bersonín y Dechard le siguieron una hora más tarde, llevando el último
+un brazo en cabestrillo. Se ignora la causa de la herida, pero se
+sospecha que ha tenido un duelo, en el que figura como causa una mujer.»
+
+--Informes auténticos--observé, alegrándome al saber que el bribón tenía
+buena memoria mía.
+
+--«La señora de Maubán--siguió leyendo Sarto,--a quien se vigila por
+orden superior, tomó el tren de mediodía. Pidió billete para Dresde...»
+
+--Antigua costumbre suya--comenté.
+
+--«Pero el tren de Dresde pasa por Zenda.» ¡Si será listo el autor del
+parte éste! Y por último, oiga usted lo que dice aquí: «El estado de la
+opinión en la ciudad no es satisfactorio. Se critica mucho al Rey» (ya
+sabe usted que al jefe de policía le hemos mandado ser muy franco),
+«porque no activa los preparativos de su matrimonio. Por informes
+adquiridos entre las personas más allegadas a la princesa Flavia, se
+sabe que está muy ofendida por la indiferencia de Su Majestad. El pueblo
+habla ya de boda posible de Su Alteza con el duque de Estrelsau,
+proyecto que aumenta mucho la popularidad del Duque. He hecho anunciar
+que el Rey dará esta noche un baile en honor de la Princesa, y la
+noticia ha producido desde luego el mejor efecto.»
+
+--Y a mí me coge de nuevo--observé.
+
+--¡Oh, los preparativos están todos hechos!--exclamó Tarlein
+riéndose.--Yo me he encargado de eso.
+
+Sarto se volvió hacia mí para decirme con imperioso acento:
+
+--¡Y sepa usted que esta noche tiene que hacerle la corte a la Princesa!
+
+--A lo cual estoy más que dispuesto, como pueda verme con ella a
+solas--contesté.--De seguro no cree usted que la tarea pueda parecerme
+ingrata ni difícil, ¿eh, Sarto?
+
+Tarlein tuvo a bien ponerse a silbar, y luego dijo:
+
+--Tarea es esa que hallará usted más fácil de lo que piensa. Mire usted,
+Raséndil, me duele decírselo, pero no lo puedo remediar. La condesa Elga
+me ha confesado que la Princesa está prendada del Rey, y que desde el
+día de la coronación su afecto por él ha ido en aumento. También es
+cierto que está muy ofendida por la aparente indiferencia del Rey.
+
+--¡Buena la hemos hecho!--exclamé angustiado.
+
+--¿Y eso qué?--dijo Sarto.--Supongo que más de una vez le habrá usted
+dicho requiebros a una muchacha bonita. Pues eso es todo lo que ella
+quiere.
+
+Tarlein, que estaba enamorado, comprendió mejor la penosa situación en
+que yo me veía, y sin decir palabra puso la mano sobre mi hombro.
+
+--Sin embargo--prosiguió impasible el viejo Sarto,--creo que esta noche
+debe usted declarársele.
+
+--¡Santo cielo¡--exclamé.
+
+--O poco menos. Y por mi parte mandaré a los periódicos una nota
+semioficial.
+
+--¡No haré semejante cosa!--dije.--¡Ni usted tampoco! Desde ahora me
+niego rotundamente a engañar de tal modo a la Princesa.
+
+Sarto clavó en mí sus ojillos penetrantes. Después apareció en sus
+labios sardónica sonrisa.
+
+--Corriente, joven; como usted quiera. Vaya, limítese usted a
+tranquilizarla un poco, como pueda. Y ahora hablemos de Miguel.
+
+--¡A quien Dios confunda!--dije.--Ya hablaremos de él otro día.
+Tarlein, vamos a dar una vuelta por los jardines.
+
+Sarto cedió inmediatamente. Bajo sus bruscas maneras se ocultaba
+prodigioso tacto y también, como lo fui reconociendo más y más cada día,
+un profundo conocimiento del corazón humano. ¿Por qué se mostró tan poco
+exigente conmigo respecto de la Princesa? Porque sabía que la belleza de
+ésta y mi natural impulso me habían de llevar mucho más allá que todos
+sus argumentos, y que cuanto menos pensase yo en aquella trama, tanto
+más probable sería que la llevase adelante. No podía ocultársele la
+desventura que acarrearía a la Princesa, pero esta consideración nada
+significaba para él. ¿Puedo decir, con toda sinceridad, que hacía mal?
+Suponiendo que el Rey volviese al trono, le devolveríamos la Princesa.
+Pero ¿y si no lográsemos libertarlo? Punto era éste del cual jamás
+habíamos hablado. Pero yo tenía la idea de que, en tal caso, Sarto se
+proponía instalarme en el trono de Ruritania y sostenerme en él toda la
+vida. Al mismo Satanás hubiera él puesto en el trono antes que a Miguel
+el Negro.
+
+El baile fue suntuoso. Lo inauguré yo con la princesa Flavia y con ella
+bailé también después, seguidos ambos por las miradas y los comentarios
+de la brillante concurrencia. Llegó la hora de la cena y en medio de
+ella me puse en pie, enloquecido por las miradas de mi prima, y
+quitándome el collar de la Rosa de Oro se lo puse al cuello. Aquel acto
+fue acogido con unánimes aplausos, y vi que Sarto se sonreía satisfecho,
+pero no Tarlein, cuya sombría expresión revelaba su disgusto. Pasamos el
+resto de la cena en silencio; ni Flavia ni yo podíamos hablar. Por fin,
+a una señal de Tarlein, me levanté, ofrecí mi brazo a la Princesa y
+recorriendo el salón de uno a otro extremo, la conduje a una habitación
+contigua, más pequeña, donde nos sirvieron el café. Las damas y
+caballeros de nuestro séquito se retiraron y quedamos solos.
+
+Los balcones de aquella pieza daban a los jardines del palacio. La noche
+era hermosísima. Flavia tomó asiento y yo permanecí en pie ante ella.
+Luchaba conmigo mismo y creo que hubiera triunfado si en aquel momento
+no me hubiese dirigido ella una mirada breve, repentina, que equivalía a
+una interrogación; mirada a la que siguió fugaz rubor.
+
+¡Ah, si la hubieseis visto en aquel instante! Me olvidé del Rey
+prisionero en Zenda y del que reinaba en Estrelsau. Ella era una
+Princesa, yo un impostor. Pero ¿acaso pensé en ello un solo momento? Lo
+que hice fue doblar la rodilla ante la bella y tomar su mano entre las
+mías. Nada dije. ¿Para qué? Me bastaban los suaves rumores de aquella
+hermosa noche y el perfume de las flores que nos rodeaban, únicos
+testigos del beso que deposité en sus labios.
+
+Flavia me rechazó dulcemente, exclamando:
+
+--¡Ah! Pero ¿es verdad?...
+
+--¿Si es verdad mi amor?--dije en voz baja, con apasionado acento.--¡Te
+amo más que a mi vida, más que a la verdad misma, más que a mi honor!
+
+No pareció dar a mis palabras otro valor que el de una de tantas
+exageraciones del lenguaje de los enamorados.
+
+--¡Oh, si no fueses Rey! ¡Entonces podría demostrarte cuánto te amo!
+¿Por qué te quiero tanto ahora, Rodolfo?
+
+--¿Ahora?
+
+--Sí, últimamente. Antes... antes no era así.
+
+El orgullo del triunfo embargó mi ánimo. ¡Era yo, Rodolfo Raséndil,
+quien la había conquistado!
+
+--¿No me amabas antes?--pregunté rodeándole el talle con mi brazo.
+
+Me miró sonriente y dijo:
+
+--¿Será tu corona? Este nuevo sentimiento se me despertó en mí el día de
+la coronación.
+
+--¿No antes?--le pregunté ansioso.
+
+Dejóme oír su argentina risa y contestó:
+
+--Hablas como si desearas oírme repetir que no te amaba cuando no eras
+Rey.
+
+--Pero ¿es eso cierto?
+
+--Sí--murmuró casi imperceptiblemente.--Pero tén cuidado, Rodolfo, sé
+prudente. Mira que ahora estará furioso.
+
+--¿Quién? ¿Miguel? ¡Oh, si no fuera más que eso!
+
+--¿Qué quieres decir, Rodolfo?
+
+Aquella era la última oportunidad que podía ofrecérseme. Logré
+dominarme, no sin gran esfuerzo, y retirando mi brazo me aparté dos o
+tres pasos de ella.
+
+--Si yo no fuera Rey--comencé,--si fuese un simple caballero...
+
+Antes de que pudiera añadir una palabra puso ella su mano sobre la mía,
+diciendo:
+
+--Aunque fueras un miserable presidiario nunca dejarías de ser mi Rey.
+
+--¡Dios me perdone!--dije para mí. Y estrechando su mano volví a
+preguntarle:--¿pero si no fuese Rey?
+
+--Basta--murmuró.--No merezco que dudes de mí de esa manera. ¡Ah,
+Rodolfo! ¿Acaso una mujer que va a casarse sin sentir amor podría
+mirarte como te miro yo?
+
+Después inclinó el rostro, procurando ocultarlo. Más de un minuto
+permanecimos unidos, abrazados; pero aun entonces, a pesar de su
+hermosura y de las circunstancias en que nos hallábamos, apelé a mi
+honor y a mi conciencia.
+
+--Flavia--dije con voz tan alterada que no parecía la mía,--has de saber
+que no soy...
+
+Elevábanse sus ojos hacia mí cuando oímos, pesados pasos en el enarenado
+sendero del jardín y un hombre se detuvo ante el abierto balcón. Flavia
+lanzó un ligero grito y se apartó de mí rápidamente. La frase que mis
+labios habían comenzado quedó interrumpida. Sarto, pues era él, se
+inclinó profundamente, grave y sombrío.
+
+--Perdonad, señor--dijo,--pero Su Eminencia el cardenal espera hace un
+cuarto de hora, deseoso de ofrecer sus respetos a Vuestra Majestad antes
+de partir.
+
+--No es mi voluntad hacer esperar a Su Eminencia--repuse.
+
+Pero Flavia, que no se avergonzaba de su amor, radiantes los ojos y
+ruborizado el rostro, tendió su mano a Sarto. Nada dijo, pero a nadie
+que haya visto a una mujer en la exaltación producida por el amor, podía
+ocultársele lo que aquel ademán significaba. Con triste sonrisa se
+inclinó el veterano y besó la mano que ella le tendía, diciendo con
+cariñosa y conmovida voz:
+
+--Alegre o triste, feliz o desgraciada, ¡Dios proteja siempre a Vuestra
+Alteza!
+
+Hizo una pausa y añadió, mirándome y cuadrándose como un soldado:
+
+--Pero ante todo y sobre todo está el Rey. ¡Dios lo proteja!
+
+Y Flavia, besando mi mano, murmuró:
+
+--¡Así sea! ¡Oh, Dios mío, te ruego que así sea!
+
+Volvimos a la sala de baile. Obligado a recibir los saludos de
+despedida, me vi separado de ella. Cuantos me habían saludado se
+dirigían en seguida a la Princesa. Sarto iba de grupo en grupo, dejando
+tras sí miradas de inteligencia, sonrisas y cuchicheos. No dudé que, en
+cumplimiento de su irrevocable resolución, iba dando a todos la noticia
+que acababa de adivinar más bien que oír. Preservar la corona para el
+verdadero Rey y derrotar a Miguel el Negro; ese era todo su afán.
+Flavia, yo y aun el mismo Rey, no éramos más que otras tantas cartas
+puestas en juego y nos estaba prohibido tener pasiones. No se limitó a
+propagar la nueva dentro de los muros del palacio, y así fue que al
+descender yo la escalera principal dando la mano a Flavia y conducirla a
+su carruaje, nos esperaba en la calle densa multitud, que prorrumpió en
+aclamaciones entusiastas. ¿Qué podía hacer yo? De haber hablado
+entonces se hubieran negado a creer que no era el Rey; a lo sumo
+hubieran creído que el Rey se había vuelto loco. Los manejos de Sarto y
+mi propia pasión me habían impulsado; la retirada no era ya posible y la
+pasión seguía llevándome hacia delante. Aquella noche aparecí ante todo
+Estrelsau como el verdadero Rey y el prometido de la princesa Flavia.
+
+Por fin, a las tres de la mañana, cuando empezaba a romper el alba, me
+vi en mis habitaciones sin más compañía que la de Sarto. Contemplaba
+distraídamente el fuego; mi compañero fumaba su pipa y Tarlein se había
+retirado a descansar, negándose a dirigirme la palabra. Cerca de mí,
+sobre la mesa, se veía una rosa de las que Flavia había llevado al pecho
+aquella noche. Ella misma me la había entregado, después de besarla.
+
+Sarto hizo ademán de tomarla, pero detuve su mano con rápido ademán,
+diciéndole:
+
+--Es mía, no de usted... ni del Rey.
+
+--Esta noche hemos ganado una victoria a favor del Rey--dijo.
+
+--¿Y quién puede impedirme ganar otra a favor mío?--pregunté iracundo,
+volviéndome hacia él.
+
+--Sé muy bien lo que está usted pensando--contestó.--Pero su honor se lo
+prohibe.
+
+--¿Y es usted quien viene a hablarme de honor?
+
+--Vamos, la cosa no es para tanto. Una broma inocente que en nada puede
+perjudicar a la muchacha...
+
+--No prosiga usted, coronel, a no ser que me tenga usted por un villano
+desalmado. Si no quiere que su Rey se pudra en su prisión de Zenda
+mientras Miguel y yo nos disputamos aquí lo que vale más que la
+corona... ¿Me comprende usted bien?
+
+--Sí, adelante.
+
+--Tenemos que libertar al Rey, o intentarlo cuando menos, y pronto. Si
+esta comedia, por usted preparada, continúa una semana más, va usted a
+hallarse con otro problema entre manos, y de los más difíciles. ¿Cree
+usted poder resolverlo?
+
+--Sí lo creo. Pero si llegara usted a hacer lo que amenaza, tendría que
+habérselas conmigo y que matarme.
+
+--Con usted y con veinte más. ¿Qué significaría eso para mí? Sin contar
+con que en un instante puedo levantar a todo Estrelsau contra usted y
+ahogarlo con sus propias mentiras.
+
+--No lo niego.
+
+--Como podría casarme con la Princesa y mandar y Miguel y su hermano
+a...
+
+--También es cierto--asintió el viejo soldado.
+
+--¡Pues entonces, en nombre del Cielo--grité extendiendo hacia él los
+puños,--corramos a Zenda, aplastemos a Miguel y traigamos al Rey a su
+capital y a su trono!
+
+Sarto se puso en pie y me miró fijamente.
+
+--¿Y la Princesa?--preguntó.
+
+Incliné la cabeza y tomando la rosa la oprimí hasta destrozarla entre
+mis manos y mis labios. Sentí la diestra de Sarto sobre mi hombro y oí
+que decía, con turbada voz:
+
+--¡Por Dios vivo! Es usted más Elsberg que todos ellos. Pero yo he
+comido el pan del Rey y mi deber es servirle. ¡Iremos a Zenda!
+
+Le miré y tomé su mano. Ambos teníamos lágrimas en los ojos.
+
+
+
+
+XI
+
+CAZA MAYOR
+
+
+Asaltábame una tentación terrible. Quería que Miguel, obligado a ello
+por mí, diese muerte al Rey. Me creía en situación de afrontar la ira y
+el poder del Duque y de retener a la fuerza la corona, no por ambición,
+sino porque el Rey de Ruritania era el esposo destinado a la princesa
+Flavia. ¡Sarto, Tarlein! ¿Qué me importaban? ¿Qué significan los
+obstáculos, ni cómo examinarlos y medirlos a sangre fría cuando la
+pasión ciega domina al hombre por completo?
+
+Hermosa mañana aquella en que me dirigí a pie al palacio de la Princesa,
+llevando en la mano un ramo de preciosas flores. La razón de estado
+excusaba mi amor; y si bien las atenciones que prodigaba a mi supuesta
+prima eran nuevos incentivos a la pasión que me impulsaba, me unían
+también más estrechamente al pueblo de la gran ciudad, que adoraba a la
+Princesa. Encontré a la condesa Elga cogiendo flores en el jardín y le
+rogué que ofreciese las mías a su señora. La amada de Tarlein parecía
+radiante de felicidad, olvidada por el momento del odio que el duque de
+Estrelsau profesaba al predilecto de su corazón, único obstáculo que
+hasta entonces había empañado la dicha de ambos amantes.
+
+--Y ese obstáculo--me dijo con picaresca sonrisa,--lo ha suprimido
+Vuestra Majestad. Llevaré gustosa estas flores a la Princesa. ¿Quiere
+Vuestra Majestad que le diga lo primero que Su Alteza hará con ellas?
+
+Nos hallábamos en una amplia terraza inmediata al palacio.
+
+--¡Señora!--llamó alegremente la Condesa, y a su vez apareció Flavia en
+uno de los abiertos balcones del primer piso.
+
+Me descubrí y saludé profundamente. La Princesa tenía puesta una blanca
+bata y llevaba suelta la hermosa cabellera. Contestó a mi saludo
+enviándome un beso y dijo:
+
+--Sube con el Rey, Elga. Le ofreceré siquiera una taza de café.
+
+La Condesa me miró de soslayo sonriéndose y me precedió hasta la
+habitación donde esperaba Flavia. Una vez solos nos saludamos de nuevo
+como verdaderos amantes y en seguida me presentó dos cartas. Era una de
+Miguel el Negro, invitándola cortésmente a pasar el día en el castillo
+de Zenda, como tenía por costumbre hacerlo una vez cada verano, cuando
+el parque y los jardines del castillo ostentaban toda su belleza. Arrojé
+al suelo la carta con desprecio, lo que hizo reír a Flavia, que me
+presentó la segunda misiva.
+
+--Ignoro quién me la envía--dijo.--Léela.
+
+Un momento me bastó para saber quién había trazado aquellas líneas. Era
+la misma letra de la esquela que me había dado cita en el cenador de
+Antonieta de Maubán, y decía:
+
+«No tengo motivos para querer a Vuestra Alteza, pero Dios la libre de
+caer en poder del Duque. No acepte Vuestra Alteza invitación alguna
+suya. No vaya sola a ninguna parte; una fuerte guardia armada bastará
+apenas para protegerla. Enseñe esta carta al que reina hoy en
+Estrelsau.»
+
+--¿Por qué no dice «al Rey?»--preguntó Flavia inclinándose hacia mí
+hasta que sus cabellos rozaron mi mejilla.--¿Será broma?
+
+--Si tienes en algo tu vida, y aun más que tu vida, amor mío, haz al pie
+de la letra lo que esa carta te dice. Hoy mismo enviaré fuerza
+suficiente para proteger este palacio, del cual no saldrás sino
+custodiada por numerosa guardia.
+
+--¿Es esa una orden que me da el Rey?--preguntó altiva.
+
+--Lo es, Flavia. Orden que obedecerás... si me amas.
+
+--¡Ah!--exclamó, con expresión tal que le di otro beso.
+
+--¿Sabes quién ha escrito eso?--preguntó.
+
+--Creo saberlo. El aviso proviene de persona que es buena amiga mía, y
+más diré, lo envía una mujer desgraciada. Precisa contestar que estás
+indispuesta, Flavia, y no puedes ir a Zenda. Presenta tus excusas en la
+forma más fría y ceremoniosa que sepas.
+
+--¿Es decir que te consideras suficientemente fuerte para desafiar la
+cólera de Miguel?--me dijo con orgullosa sonrisa.
+
+--Nada hay que yo no esté dispuesto a hacer por tu propia seguridad--fue
+mi contestación.
+
+Poco después me separé de ella, no sin esfuerzo, y tomé el camino de la
+casa del general Estrakenz, sin consultar a Sarto. Había tratado algo al
+anciano General, creía conocerlo y lo estimaba. No así Sarto, pero yo
+había aprendido ya que éste sólo estaba satisfecho cuando él mismo lo
+hacía todo, y que a menudo lo impulsaba, más que el deber, un
+sentimiento de rivalidad. La situación era tan crítica que Sarto y
+Tarlein no me bastaban para dominarla, pues ambos tenían que
+acompañarme a Zenda y necesitaba una persona segura que velase por lo
+que yo amaba más en el mundo y me permitiese dedicarme con ánimo
+tranquilo a la empresa de libertar al Rey.
+
+El General me recibió con afectuosa lealtad. Le hice confidencias
+parciales, le encomendé la guardia de la Princesa y mirándole fija y
+significativamente le ordené que no permitiese a ningún emisario del
+Duque acercarse a Flavia, como no fuese en su presencia y en la de una
+docena de nuestros amigos, por lo menos.
+
+--Quizás no se engañe Vuestra Majestad--dijo, moviendo tristemente la
+encanecida cabeza.--A hombres que valían más que el Duque les he visto
+hacer peores cosas por amor.
+
+Yo más que nadie podía apreciar el valor de aquellas palabras, y dije:
+
+--Pero hay en todo esto algo más que amor, General. El amor puede
+satisfacer su corazón. Pero ¿no necesita y procura algo más para saciar
+la ambición que le devora?
+
+--Ojalá le juzgue mal Vuestra Majestad.
+
+--General, voy a ausentarme de Estrelsau por algunos días. Todas las
+noches le enviaré a usted un mensajero. Si durante tres días
+consecutivos no recibe usted noticias mías, publicará un decreto que
+dejaré en su poder, privando al Duque del Gobierno de Estrelsau y
+nombrándolo a usted en su lugar. En seguida declarará usted la capital
+en estado de sitio, y mandará a decir al Duque que exige ser recibido en
+audiencia por el Rey... ¿Me comprende usted bien?
+
+--Perfectamente, señor.
+
+--Si en el plazo de veinticuatro horas no consigue usted ver al
+Rey--continué posando mi mano sobre su rodilla,--eso significará que el
+Rey habrá muerto y que usted deberá proclamar al heredero de la corona.
+¿Sabe usted quién es?
+
+--La princesa Flavia.
+
+--Júreme usted por Dios y por su honor que la defenderá y apoyará hasta
+morir por ella, que matará, si es necesario, al traidor, y que la pondrá
+en el trono que hoy ocupo.
+
+--¡Lo juro, por Dios y por mi honor! Y ruego a Dios que proteja a
+Vuestra Majestad, porque creo que la misión que se propone está llena de
+peligros.
+
+--Lo único que espero es que esa misión no cueste otras vidas más
+valiosas que la mía--dije levantándome y ofreciéndole mi
+mano.--General--continué,--quizás llegue un día en que oiga usted
+revelaciones inesperadas concernientes al hombre que en este momento le
+dirige la palabra. Cualesquiera que sean ¿qué opina usted de la
+conducta de ese hombre desde el día en que fue proclamado Rey en
+Estrelsau?
+
+El anciano, estrechando mi mano, me habló de hombre a hombre.
+
+--He conocido a muchos Elsberg--dijo.--Y ¡suceda lo que quiera, _usted_
+se ha portado como buen Rey y como un valiente; y también como el más
+galante caballero de todos ellos.
+
+--Sea ese mi epitafio--dije,--el día en que otro ocupe el trono de
+Ruritania.
+
+--¡Lejano esté ese día y no viva yo para verlo!--exclamó Estrakenz,
+contraídas las facciones.
+
+Ambos nos hallábamos profundamente conmovidos. Me senté para escribir el
+decreto que debía de entregarle, y dije:
+
+--Apenas puedo escribir; la herida del dedo me impide todavía moverlo.
+
+Era aquella la primera vez que me arriesgaba a escribir, a excepción de
+mi nombre y a pesar de los esfuerzos que había hecho para imitar la
+letra del Rey, distaba mucho de la perfección.
+
+--La verdad es, señor--observó el General,--que este carácter de letra
+se diferencia bastante del que todos conocemos. Circunstancia deplorable
+en este caso, porque puede despertar sospechas y aun hacer creer que la
+orden no procede del Rey.
+
+--General--exclamé sonriéndome,--¿de qué sirven los cañones de Estrelsau
+si con ellos no puede disiparse una mera sospecha?
+
+Tomó el documento en sus manos, sonriéndose a su vez de la ocurrencia
+mía.
+
+--El coronel Sarto y Federico de Tarlein me acompañarán--continué.
+
+--¿Va Vuestra Majestad a ver al Duque?--preguntó en voz baja.
+
+--Sí; al Duque y a otra persona a quien necesito ver y que se halla en
+Zenda.
+
+--Quisiera poder ir con Vuestra Majestad--dijo retorciendo el blanco
+bigote.--Quisiera hacer algo por el Rey y su corona.
+
+--Aquí le dejo a usted algo más precioso que la vida y la corona--le
+dije;--y lo hago porque en toda Ruritania no hay hombre que más merezca
+mi confianza.
+
+--Le devolveré a Vuestra Majestad la Princesa sana y salva, y si esto no
+es posible la haré Reina.
+
+Nos separamos, regresé a palacio y dije a Sarto y Tarlein lo que acababa
+de hacer. Sarto refunfuñó algo, pero lo esperaba, y en definitiva dio su
+aprobación a mi plan, animándose a medida que se acercaba la hora de
+realizarlo. También Tarlein se manifestó dispuesto a todo, aunque por
+estar enamorado arriesgaba más que Sarto. ¡Cuánto lo envidiaba yo! Para
+Tarlein el triunfo de mi empresa significaba también el de su amor, su
+unión con la joven a quien adoraba, en tanto que para mí, era aquel
+triunfo señal cierta de sufrimientos más crueles que cuantos pudiera
+proporcionarme el fracaso de mis planes. Así lo comprendió él también,
+porque tan luego nos vimos algo apartados de Sarto, tomó mi brazo y me
+dijo:
+
+--Dura prueba es ésta para usted; mas no por ello disminuirá un ápice la
+confianza que me merecen su rectitud y su hidalguía.
+
+Desvié el rostro para no dejarle ver todo lo que pasaba en mi ánimo;
+bastaba que presenciase lo que me proponía hacer. Ni aun Tarlein mismo
+había descubierto toda la verdad, porque no se había atrevido a elevar
+sus miradas hasta la princesa Flavia y leer en sus ojos, como lo había
+hecho yo.
+
+Quedó por fin acordado nuestro plan en todos sus detalles, los mismos
+que se verán más adelante. Se anunció que a la mañana siguiente
+saldríamos a una cacería, lo dispuse todo para mi ausencia y sólo una
+cosa me quedaba ya por hacer, la más penosa y difícil. Al anochecer
+crucé en coche las calles más concurridas y me dirigí a la residencia de
+Flavia. Fui reconocido y aclamado cordialmente, y a pesar de mis
+temores y tristezas, me sonreí al notar la frialdad y altivez con que
+me recibió mi amada. Había oído ya que el Rey se proponía salir de
+Estrelsau para ir de caza.
+
+--Siento que no podamos divertir a Vuestra Majestad lo suficiente para
+retenerle en la capital--dijo golpeando ligeramente el suelo con el
+pie.--Comprendo que yo hubiera podido ofrecer a Vuestra Majestad alguna
+mayor distracción, pero fui bastante inocente para creer...
+
+--¿Qué?--pregunté inclinándome hacia ella.
+
+--Que aunque sólo fuese por dos o tres días, después de... de lo
+ocurrido anoche, quizás Vuestra Majestad se sentiría suficientemente
+complacido para no necesitar otras distracciones. Espero que los
+jabalíes consigan interesarlo y distraerlo más que yo--agregó.
+
+--Precisamente voy en busca de un jabalí--dije,--y de los más feroces y
+corpulentos--y luego, sin poderlo remediar, me puse a acariciar sus
+cabellos, pero ella apartó la cabeza.
+
+--¿Estás irritada conmigo?--pregunté fingiendo sorpresa y deseoso de
+aumentar un tanto su enojo. Nunca la había visto irritada hasta entonces
+y la hallaba no menos graciosa bajo aquel nuevo aspecto.
+
+--¿Tengo acaso el derecho de enojarme?--preguntó.--Cierto es que anoche
+tuviste a bien decir que cada hora pasada lejos de mí era una hora
+perdida. Pero tratándose de un jabalí enorme ya es cosa muy diferente.
+
+--Tan enorme que quizás sea yo cazado por él.
+
+Flavia nada dijo.
+
+--¿No te conmueve mi propio peligro?
+
+Como continuase muda, acerqué mi rostro al suyo, que procuraba ocultar a
+mis miradas y vi que tenía los ojos llenos de lágrimas.
+
+--¿Lloras porque corro peligro?
+
+--Te portas ahora como solías ser antes, pero no como el Rey... como el
+Rey que yo había aprendido a amar.
+
+Lancé un gemido y la estreché sobre mi corazón.
+
+--¡Amor mío!--exclamé olvidado de todo para no pensar más que en
+ella;--¿has podido creer que yo iba a dejarte para ir de caza?
+
+--Pero entonces, Rodolfo... ¿vas acaso?...
+
+--Sí, en busca de esa fiera, de Miguel en su guarida.
+
+Flavia estaba densamente pálida.
+
+--Ya ves, pues, querida mía, que no soy el amante ingrato que suponías.
+Pero no permaneceré ausente mucho tiempo.
+
+--¿Me escribirás, Rodolfo?
+
+Aunque pareciese debilidad por mi parte, no podía decir cosa, alguna
+que despertase sus sospechas.
+
+--Te enviaré mi corazón todos los días--respondí.
+
+--¿Y no correrás peligro?
+
+--Ninguno que pueda yo evitar.
+
+--¿Cuándo volverás? ¡Oh, qué largos me parecerán ahora los días!
+
+--¿Que cuándo volveré?--repetí.--No lo sé, no puedo saberlo.
+
+--¿Pronto, Rodolfo, pronto?
+
+--Sólo Dios lo sabe. Pero si no volviese, amada mía...
+
+--¡Oh, cállate, Rodolfo! ¡Cállate!--y posó sus labios sobre los míos.
+
+--Si yo no volviese--murmuré,--tendrías que ocupar mi puesto, porque
+entonces tú serías la única representante de nuestra casa. Tu deber
+entonces sería reinar, no llorarme.
+
+Irguióse con toda la majestad de una Reina y exclamó:
+
+--¡Sí, lo haría! ¡Ceñiría la corona y representaría mi papel! Pero ¡ah!
+mi corazón moriría contigo...
+
+Se detuvo, y aproximándose otra vez a mí murmuró dulcemente:
+
+--¡Vuelve pronto, Rodolfo!
+
+Su voz, su acento, me dominaron.
+
+--¡Juro--exclame,--verte una vez más, pero yo mismo, antes de morir!
+
+--¿Tú mismo? ¿Qué quieres decir?--preguntó fijando en mi sus asombrados
+ojos.
+
+No me atreví a pedirle perdón; le hubiera parecido un insulto. No podía
+decirle entonces quién era yo. Flavia lloraba y me limité a enjugar sus
+lágrimas.
+
+--¿Es acaso posible--pregunté,--que hombre alguno no regrese al lado de
+la mujer más hermosa del mundo?--dije.--¡Un centenar de Migueles no
+podrían impedírmelo!
+
+Se estrechó aún más contra mí, algo consolada.
+
+--¿No permitirás que Miguel te mate?
+
+--No, amor mío.
+
+--¿Ni que te separe de mí?
+
+--No, amor mío.
+
+--¿Nadie podrá separarte de mí?
+
+Y una vez más contesté:
+
+--No, amor mío.
+
+Y sin embargo, existía un hombre--no Miguel,--que debía de separarme de
+ella y por cuya vida iba yo a arriesgar la mía. El recuerdo de aquel
+hombre, la arrogante figura que yo había contemplado por primera vez en
+el bosque de Zenda, el cuerpo inerte abandonado en el sótano del
+pabellón de caza, se me aparecía entonces como una doble sombra,
+interponiéndose, separándome de Flavia, que yacía pálida y casi
+desvanecida en mis brazos, pero fijando en mí una mirada llena de amor,
+como no he visto otra en mi vida; una mirada cuyo recuerdo me persigue
+aún y me perseguirá eternamente, hasta que la tierra cubra mis huesos y
+(¿quién sabe?) quizás aun más allá de la tumba.
+
+
+
+
+XII
+
+UN ANZUELO BIEN CEBADO
+
+
+A dos leguas de Zenda y por la parte opuesta de aquella donde se alza el
+castillo, queda un extenso bosque. En su centro y sobre la colina, cuyas
+laderas cubre el bosque, está construida la hermosa residencia del conde
+Estanislao de Tarlein, pariente lejano de mi amigo el joven Tarlein. El
+Conde visitaba aquella propiedad muy raras veces, la había puesto a mi
+disposición y a ella nos dirigíamos. Elegida en apariencia por la
+abundante caza de sus cercanías, entre la que no escaseaban los
+jabalíes, lo había sido principalmente por su inmediación a la magnífica
+residencia del Duque, situada, como dicho queda, al lado opuesto de la
+población. Por la mañana salieron de Estrelsau numerosas personas de mi
+servidumbre, con caballos y equipaje, y nosotros los seguimos a
+mediodía, yendo buena parte del camino por tren y haciendo después la
+jornada a caballo hasta la posesión de Tarlein.
+
+Me acompañaban diez bizarros caballeros, además de Sarto y Tarlein,
+cuidadosamente elegidos todos ellos y ciegamente adictos al Rey. Se les
+dijo parte de la verdad, revelándoles también la tentativa contra mi
+vida hecha en el cenador de Antonieta de Maubán, para estimular su celo
+y acrecentar el odio que profesaban al Duque. Se les dijo además que
+éste tenía preso en el castillo de Zenda a un fiel servidor del Rey,
+cuyo rescate era uno de los objetos de la expedición; pero añadiendo que
+la mira principal del nuevo soberano era tomar ciertas medidas contra su
+díscolo hermano, respecto de las cuales nada más podía revelárseles por
+entonces. Jóvenes, leales y valientes, les bastaba que el Rey
+manifestase sus deseos; lo único que deseaban era mostrarle su buena
+voluntad, y tanto mejor si para ello tenían que desenvainar la espada.
+
+Así quedó trasladado el teatro de los sucesos desde Estrelsau al palacio
+de Tarlein y al castillo de Zenda, que se alzaba sombrío y amenazador al
+otro lado del valle. Por mi parte traté de no pensar por el momento en
+Flavia y de dedicarme con toda energía al cumplimiento de mi ardua
+empresa. Era ésta nada menos que sacar vivo al Rey de su prisión. La
+fuerza era inútil; había que idear alguna estratagema y yo tenía ya un
+proyecto en embrión; pero me veía muy contrariado por la publicidad dada
+a mi salida de la capital. Miguel debía de estar ya perfectamente
+enterado de mi expedición y de su verdadero objeto, pues ni por un
+momento podía engañarle el pretexto de la cacería. Pero había que
+aceptar ese riesgo, con todo lo que para nosotros significaba, porque
+tanto Sarto como yo reconocíamos que la situación era ya insostenible.
+Una ventaja militaba a mi favor; la de que Miguel el Negro no podía
+creer que yo abrigase favorables designios respecto del Rey. El veía y
+apreciaba la oportunidad que se me ofrecía, como la veía yo, como la
+había visto Sarto. Miguel, por su parte, amaba a la Princesa y no dudo
+que hubiera matado al Rey, a mi otro rival, sin el menor escrúpulo; pero
+no sin quitar antes de en medio a Rodolfo Raséndil.
+
+En todo esto iba pensando yo por el camino, y no había permanecido más
+de una hora en la casa cuando se presentó una imponente embajada enviada
+por el Duque. No tuvo el cinismo de mandarme a los tres que antes
+intentaron asesinarme, pero sí diputó la otra mitad del sexteto,
+Laugrán, Crastein y Ruperto Henzar, los ruritanos. Tres arrogantes
+mocetones, soberbiamente montados y equipados, el último de los cuales,
+Henzar, que no contaría más de veintidós o veintitrés años, me dirigió
+un bien pensado discurso, manifestándome que mi cariñoso hermano se veía
+privado del placer de ofrecerme sus respetos en persona y aun de poner
+su residencia a mi disposición, porque así él como varios de sus
+servidores estaban atacados de escarlatina. Así lo aseguró, con
+sardónica sonrisa, Henzar, su embajador, apuesto mozo, tan bribón como
+bien parecido, de quien se decía que andaban enamoradas muchas y muy
+principales damas.
+
+--Vamos, que mi hermano Miguel con escarlatina debe de estar más
+parecido a mí que de ordinario, a lo menos por el color--dije.--¿Sufre
+mucho?
+
+--No tanto que no pueda atender a sus asuntos, señor.
+
+--Espero que no se contarán entre los otros enfermos mis tres buenos
+amigos De Gautet, Bersonín y Dechard--continué.--Del último he oído
+decir que está herido.
+
+Laugrán y Crastein hicieron una feísima mueca, pero el joven Henzar se
+sonrió al decir:
+
+--Dechard espera hallar muy pronto bálsamo eficaz para su herida.
+
+Por mi parte me eché a reír, porque sabía que para mi malparado enemigo
+no había más que un remedio: venganza.
+
+--¿Se sentarán ustedes a mi mesa, señores?--pregunté.
+
+El joven Ruperto declinó respetuosamente la invitación, alegando que
+importantes deberes los llamaban al castillo.
+
+--Pues entonces--dije con un ademán de despedida,--¡hasta nuestra
+próxima entrevista, que espero nos permitirá conocernos mejor!
+
+--¡Y para ello, ojalá que Vuestra Majestad nos proporcione pronta
+oportunidad!--agregó Ruperto altaneramente; y al pasar junto a Sarto
+miró a éste con tal expresión de desprecio y burla que el veterano
+apretó los puños y sus ojos brillaron amenazadores.
+
+Cuanto a mí, me agradaba aquel bribón franco y alegre y lo prefería con
+mucho a sus dos compañeros de sombrío rostro y siniestra mirada. Más
+vale ser un bribón con gracia que sin ella.
+
+Aquella primera noche, en vez de saborear la excelente comida que me
+habían preparado mis cocineros, dejé que los caballeros de mi séquito la
+despachasen a su gusto, bajo la presidencia de Sarto, mientras yo
+cabalgaba en compañía de Tarlein hacia la villa de Zenda y más
+particularmente hacia cierta posada que allí conocía. La excursión
+ofrecía poco peligro; la noche era clara, el camino hasta Zenda, muy
+concurrido y lo único que hice fue envolverme en una amplia capa. Un
+lacayo nos seguía a distancia.
+
+--Tarlein--dije al llegar a la población;--en la posada adonde nos
+dirigimos hay una muchacha muy linda.
+
+--¿Cómo lo sabe usted?--preguntó.
+
+--Porque he estado en ella.
+
+--¿Desde?...
+
+--No, antes.
+
+--Pero le reconocerán a usted.
+
+--Probablemente. Y por lo mismo, he aquí lo que vamos a hacer. Somos dos
+caballeros del séquito del Rey, uno de los cuales tiene dolor de muelas.
+El otro dispondrá que nos sirvan de comer en habitación separada, con
+una botella de buen vino para alivio del paciente. Y si es usted tan
+avisado como lo creo, la linda muchacha de que le he hablado, y nadie
+más, será quien nos sirva a la mesa.
+
+--¿Y si ella se niega a servirnos?
+
+--Querido Tarlein, si se niega a hacerlo por usted, lo hará por mí.
+
+Llegamos a la posada, bien embozado yo; vi a la madre de la muchacha y
+poco después a ésta, se dio orden de servirnos la comida, me instalé en
+una pieza reservada para nosotros, y no tardó en reunírseme Tarlein.
+
+--La chica será quien nos sirva--dijo.
+
+--Y de lo contrario--añadí,--hubiera yo dudado mucho del buen gusto de
+la condesa Elga.
+
+Entró la buena moza, le di tiempo de poner la botella sobre la mesa para
+evitar que con la sorpresa la hiciera pedazos, y Tarlein llenó un vaso,
+que me ofreció.
+
+--¿Sufre mucho este caballero?--preguntó la joven.
+
+--Ni más ni menos que la primera vez que te vio--dije desembarazándome.
+
+Dio ella un ligero grito y exclamó:
+
+--¡Con que era el Rey! Así se lo dije a mi madre apenas vi el retrato de
+Su Majestad. ¡Oh, señor, perdón!
+
+--No recuerdo tener nada que perdonarte--dije.
+
+--Pero, señor, todas aquellas cosas que dijimos...
+
+--¡Oh, te las perdono de todo corazón!
+
+--Voy a decirle a mi madre...
+
+--Ni una palabra--le ordené.--Vé a traer la comida y nada digas a nadie
+sobre la presencia del Rey en esta casa.
+
+Volvió a los pocos momentos llena de curiosidad.
+
+--¿Y Juan?--le pregunté, empezando a comer.--¿Qué tal está?
+
+--Apenas le vemos ahora, señor.
+
+--¿Por qué?
+
+--Yo le dije que venía por aquí muy a menudo.
+
+--¿Es decir que está enfadado y se oculta?
+
+--Sí, señor.
+
+--¿Pero tú puedes hacerlo volver por aquí?
+
+--Es muy probable...
+
+--¡Oh, sí! Yo sé lo mucho que tú vales y puedes--le dije, haciéndola
+ruborizarse de placer.
+
+--Pero, señor, no sólo es eso lo que lo aleja de Zenda. En el castillo
+tienen ahora mucho que hacer.
+
+--Pero si el Duque no está de caza...
+
+--No, señor; pero Juan tiene a su cargo el servicio interior.
+
+--¿Juan convertido en doncella de servicio?
+
+La muchacha se desvivía por chismear un poco.
+
+--Es que no hay allí nadie más que pueda hacerlo--explicó.--Ni una sola
+mujer. Es decir, como criada, porque no falta quien diga que... Pero es
+falso, sin duda.
+
+--No importa, sepamos lo que dicen.
+
+--Pues corre el rumor de que en el castillo habita una señora. Lo cierto
+es que Juan tiene que servir a los caballeros que allí residen ahora.
+
+--¡Pobre Juan! No dejará de hallarse muy ocupado. Sin embargo, estoy
+seguro de que nunca le faltará media hora para venir a verte. ¿Tú lo
+quieres?
+
+--No mucho, señor.
+
+--¿Pero quieres servir al Rey?
+
+--Sí, señor.
+
+--Pues entonces, mándale a decir que le esperas junto a la gran piedra
+que hay en el camino de Zenda al castillo, a la salida del pueblo,
+mañana a las diez de la noche.
+
+--¿Piensa usted hacerle algún daño, señor?
+
+--Ninguno, si hace lo que yo le ordene. Pero creo haberte dicho lo
+bastante, linda muchacha. Cuida de obedecerme puntualmente y recuerda
+que nadie ha de saber que el Rey ha estado aquí.
+
+Hablé con alguna severidad, porque nunca está de más infundir cierto
+grado de temor a las mujeres que nos quieren; y al propio tiempo,
+suavicé la severidad de mis palabras, haciéndole un valioso presente.
+Comimos, volví a embozarme y precedido de Tarlein me dirigí adonde nos
+esperaban los caballos.
+
+No eran más de las ocho y media de la noche, había mucha gente en las
+calles para una población tan pequeña y era fácil ver que los buenos
+vecinos de Zenda comentaban noticias al parecer muy interesantes. Y no
+era extraño, porque con el Duque por un lado y el Rey por otro, Zenda
+les parecía indudablemente el centro de toda Ruritania. Recorrimos las
+calles al paso de nuestros caballos, pero les pusimos al galope tan
+luego salimos al campo.
+
+--¿Quiere usted atrapar a ese Juan de que habla?--preguntó Tarlein.
+
+--Sí, y convendrá usted conmigo en que he cebado bien el anzuelo.
+Nuestra bonita Dalila de la posada, atraerá al Sansón del castillo. La
+precaución del duque Miguel, de no tener mujeres en el castillo no
+basta, amigo Tarlein. Para lograr completa seguridad, se necesita que no
+haya faldas en cincuenta leguas a la redonda.
+
+--Conque las haya en Estrelsau me basta--dijo el enamorado Tarlein dando
+un suspiro.
+
+Subimos por la avenida que conducía a la villa Tarlein y apenas pudo
+oírse desde ésta el paso de los caballos, salió Sarto apresuradamente a
+recibirnos.
+
+--¡Gracias a Dios que vuelve usted sano y salvo!--exclamó.--¿No ha
+asomado ninguno de ellos por el camino?
+
+--¿De quiénes habla usted, coronel?--pregunté, echando pie a tierra.
+
+Nos llevó a un lado, para que no lo oyesen los lacayos.
+
+--Joven--dijo,--basta ya de cabalgar solo o poco menos, por estos
+alrededores. No puede usted volver a hacerlo, sin que le acompañemos
+media docena de nosotros. ¿Sabe usted lo que le ha pasado a Berstein?
+
+El caballero de este nombre, uno de los de mi séquito, era un arrogante
+mozo, casi tan alto como yo, y de caballo muy parecido al mío.
+
+--Pues está arriba en su cuarto y en cama, con una bala en el brazo.
+
+--¡Qué me dice usted!
+
+--Lo que oye. Después de comer se le ocurrió ir a dar un paseo por el
+bosque, y a lo mejor divisó entre los árboles a tres hombres, uno de los
+cuales le apuntó con un fusil. Como estaba desarmado, echó a correr en
+dirección a esta casa, pero sonó un disparo, le atravesaron un brazo y
+cuando llegó aquí estaba a punto de caer desvanecido.
+
+Hizo Sarto una pausa y continuó:
+
+--Esa bala, joven, le estaba destinada a usted.
+
+--Es muy probable--dije.--Primera sangre a favor de Miguel.
+
+--Quisiera saber cuál de los dos tríos es el autor de esa hazaña--dijo
+Tarlein.
+
+--Sarto--dije a mi vez,--mi salida de esta noche tenía objeto
+importante, como lo verá usted más adelante. Pero por lo pronto puedo
+asegurar una cosa.
+
+--¿Y es?
+
+--Que creería corresponder muy mal a los grandes honores de que me ha
+colmado Ruritania, si saliese del país dejando con vida a uno siquiera
+de los Seis. Y con la ayuda de Dios me propongo limpiar de ellos al
+país.
+
+Sarto, al oírme, tomó y estrechó mi mano.
+
+
+
+
+XIII
+
+NUEVA ESCALA DE JACOB
+
+
+A la mañana siguiente di algunas órdenes y me sentí más satisfecho que
+nunca. Había puesto manos a la obra, al trabajo, y éste, ya que no cura
+el amor, es por lo menos como un narcótico que nos permite olvidarlo
+temporalmente. Sarto, que andaba agitado y nervioso, se sorprendió mucho
+al verme aquella mañana, arrellanado en cómodo sillón de brazos,
+escuchando la canción amorosa que con muy buena voz entonaba uno de los
+caballeros de mi séquito. Tal era mi ocupación cuando el más joven de
+los Seis, Ruperto Henzar, que no temía a Dios ni al diablo, se adelantó
+de repente a caballo, con tanta calma como si detrás de cada árbol no
+pudiese tener yo apostado un buen, tirador, y ni más ni menos que si
+cabalgase en el parque de Estrelsau.
+
+Se acercó a mí, saludándome con cómica reverencia, y solicitó hablarme a
+solas para comunicarme un mensaje del duque Miguel. Hice que se
+retirasen todos y Henzar, sentándose a mi lado, comenzó:
+
+--¿El Rey está enamorado a lo que parece?
+
+--No de la vida, señor mío--contesté sonriéndome.
+
+--Más vale así. Pero estamos solos. Usted, Raséndil...
+
+--¿Qué es eso? ¿Cómo se entiende?--le dije en tono seco y arrogante,
+haciendo ademán de levantarme.
+
+--¿Qué ocurre?--preguntó.
+
+--Pues nada, sino que iba a llamar para que le trajeran a usted su
+caballo. Si ignora usted cómo dirigirse al Rey, es indispensable que mi
+hermano elija otro embajador.
+
+--¿Para qué continuar esta farsa?--preguntó con suma indiferencia,
+sacudiendo con su latiguillo el polvo que cubría sus altas botas.
+
+--Porque la farsa no ha terminado todavía--repliqué;--y mientras dure me
+reservo el derecho de usar el nombre que mejor me cuadre.
+
+--Corriente. Lo único que me proponía hacer era hablarle con entera
+franqueza. Porque no le quiero a usted mal, es usted todo un hombre.
+
+--Por tal me tengo, modestia aparte. Soy honrado con los hombres y honro
+y respeto a las mujeres, señor mío.
+
+Me dirigió una mirada iracunda.
+
+--¿Vive su madre de usted?--proseguí.
+
+--No, ha muerto.
+
+--Tanto mejor para ella--dije, gozándome al oír la maldición que me
+lanzó entre dientes.--Y ahora, oigamos ese mensaje.
+
+Le había herido en lo vivo, porque todo el mundo sabía que Henzar había
+instalado a una querida en su propia casa, y destrozado el corazón de su
+madre, muerta de pesar. Toda su arrogancia desapareció por el momento.
+
+--El Duque le ofrece a usted más de lo que yo le ofrecería--murmuró.--Mi
+opinión era que le mandase a usted la cuerda con que merece ser
+ahorcado, pero él se empeñó en darle un salvo-conducto hasta la frontera
+y quinientos mil pesos.
+
+--Pues entre las dos ofertas prefiero la de usted, señor mío.
+
+--¿Es decir que rehusa usted la del Duque?
+
+--Desde luego.
+
+--Así se lo dije a Su Alteza.
+
+Y el bribón que había recobrado todo su aplomo, me dirigió la más alegre
+de sus sonrisas.
+
+--La verdad es, acá entre nosotros, que Miguel no sabe ni puede
+comprender lo que es un caballero.
+
+--¿Y usted?--dije riéndome en sus barbas.
+
+--Yo sí. Corriente: pues le daremos a usted la cuerda.
+
+--Lo malo es que no vivirá usted para verme ahorcado con ella--observé.
+
+--¿Me hace Vuestra Majestad el honor de buscarme querella?
+
+--Para eso sería preciso que tuviera usted siquiera algunos años más.
+
+--Maldito lo que eso importa. Joven o no, me basto y me sobro para el
+caso--dijo con burlona risa.
+
+--¿Cómo está su prisionero?
+
+--¿El Rey?
+
+--Su prisionero, digo.
+
+--¡Ah, sí! Había olvidado los deseos de Vuestra Majestad. Pues el preso
+vive todavía.
+
+Dejó su asiento, le imité y sonriéndose dijo:
+
+--¿Y qué tal la bella Princesa? Apuesto a que el próximo Elsberg será
+rojo, por más que Miguel el Negro le haga las veces de padre...
+
+Di un salto hacia él cerrando los puños. No retrocedió una sola línea y
+siguió mirándome con expresión y sonrisa insolentes.
+
+--¡Vete, antes de que te haga pedazos!--murmuré.
+
+Me había pagado con creces la alusión a la muerte de su madre.
+
+Lo que hizo después fue buena muestra de su increíble audacia. Mis
+amigos se hallaban a cincuenta pasos de distancia. Heznar ordenó a un
+lacayo que le trajese su caballo y despidió al criado dándole una moneda
+de oro. Yo permanecía inmóvil, sin sospechar cosa alguna. Fingió que iba
+a montar, pero volviéndose de repente hacia mí, con la mano izquierda en
+el cinto y tendiéndome la diestra, dijo:
+
+--Aquí está mi mano.
+
+Me limité a inclinarme e hice lo que él había previsto: crucé ambas
+manos a la espalda. Rápida como el rayo brilló en alto su daga y se
+clavó en mi hombro: de no haberme apartado bruscamente me hubiera
+atravesado el corazón. Retrocedí lanzando un grito, saltó él en la silla
+sin tocar el estribo y salió disparado como una flecha, perseguido por
+gritos y tiros de revólver, tan inútiles éstos como aquéllos. Me dejé
+caer en mi sillón, mirando cómo el malvado desaparecía al extremo de la
+avenida. Después me rodearon mis amigos y perdí el conocimiento.
+
+Supongo que me llevaron al lecho, donde pasé muchas horas de las que
+nunca conservé el menor recuerdo. Era de noche cuando recobré el
+conocimiento y vi a Tarlein a mi lado. Me sentía débil y fatigado, pero
+Tarlein se apresuró a darme la buena noticia de que mi herida curaría
+pronto y que entretanto todo iba bien, pues Juan el guardabosque había
+caído en el lazo que le tendimos y se hallaba en nuestro poder.
+
+--Y lo más raro es--continuó Tarlein,--que no parece muy contrariado de
+verse aquí. Sin duda se dice que le tiene más cuenta no figurar como
+testigo del crimen que Miguel prepara con el auxilio de sus Seis
+matachines.
+
+Aquella idea me hizo concebir muy buenas esperanzas en la cooperación de
+nuestro prisionero. Dispuse que me lo trajeran en seguida, y pronto
+llegó acompañado de Sarto, que le hizo tomar asiento junto a mi lecho.
+Estaba atemorizado, pero también nosotros abrigábamos nuestros recelos
+después de la tentativa de Ruperto Henzar, y Sarto cuidó de tenerlo muy
+al alcance de su revólver mientras duró la entrevista. Al entrar tenía
+atadas las manos, pero inmediatamente hice que lo desataran.
+
+No detallaré todas las garantías y recompensas que le ofrecimos y que en
+su día fueron cumplidas religiosamente, de suerte que hoy vive con
+holgura, aunque no diré dónde. Era más débil que perverso y muy pronto
+nos convencimos de que hasta entonces había obrado por temor al Duque y
+a su hermano Máximo más que por adhesión a la causa de aquél. Pero todos
+estaban convencidos de su lealtad; y aunque ignoraba los planes secretos
+de su amo, su conocimiento de la disposición interior del castillo, y
+de las medidas tomadas en él, lo hacían un auxiliar precioso. He aquí en
+breve los informes que nos proporcionó:
+
+Debajo del piso del castillo había dos pequeñas celdas labradas en la
+roca viva, a las cuales se bajaba por medio de una escalera de piedra
+que comenzaba a un extremo del puente levadizo. Una de dichas celdas
+carecía de ventanas y había que tener siempre en ella velas encendidas.
+La segunda tenía una ventana cuadrada que daba al foso. En esta celda
+velaban siempre de día y de noche, tres de los Seis, con orden de
+defender la puerta que daba a la otra celda, en caso de ataque, mientras
+les fuera posible; pero dado que los asaltantes parecieran próximos a
+triunfar, Henzar y Dechard, uno de los cuales se hallaba siempre allí,
+tenían orden expresa del Duque de separarse de sus compañeros, entrar en
+la celda inmediata y matar al Rey. Allí estaba preso éste, bien tratado
+hasta entonces, pero sin armas y atados los brazos con delgadas cadenas
+de acero que apenas le permitían moverlos. Es decir que antes de
+franquear nosotros la segunda puerta habría muerto el Rey. ¿Y su cuerpo?
+¿No sería éste la prueba más clara y comprometedora del crimen de
+Miguel?
+
+--No señor--dijo Juan.--Su Alteza ha pensado en eso, y el asesino del
+Rey no tiene más que abrir la reja de hierro que encierra la ventana de
+la celda, reja cuyo marco gira sobre sus goznes. El hueco de la ventana
+está hoy obstruido por un enorme tubo, capaz de dar paso al cuerpo de un
+hombre, y cuyo extremo opuesto llega precisamente hasta la superficie
+del agua que llena el foso. Muerto el Rey, su matador arrastra el cuerpo
+hasta la ventana, le ata un peso de plomo que allí tienen preparado y
+desliza el cadáver por el tubo hasta el agua del foso, que mide allí
+veinte pies de profundidad. Hecho esto, da un grito que sirve de señal a
+los otros, se arroja a su vez por el tubo, le siguen los demás si
+pueden, y mientras el cuerpo del Rey va derecho al fondo del foso, los
+asesinos nadan hacia la orilla opuesta, donde varios hombres tienen
+orden de esperarlos con cuerdas para sacarlos del agua y caballos para
+huir, si no queda otro recurso. En este caso Miguel huiría también con
+ellos. Pero si les quedase alguna esperanza de triunfar, volverían al
+castillo y cogerían a sus enemigos en las dos piezas subterráneas, como
+en una trampa. Este es el plan de Su Alteza, pero sólo se propone
+emplearlo en último extremo, porque su intento es no matar al Rey hasta
+haberlo matado a usted, o hasta tener la seguridad de que podrá
+despacharlo poco después de muerto el Rey. Y ahora, señor, le ruego que
+me proteja, porque si el duque Miguel llega a saber lo que he hecho, no
+habrá tormento bastante cruel para mí.
+
+Por el relato de Juan, que completamos con nuestras preguntas, supimos
+también que en caso de ataque al castillo por una fuerza numerosa, como
+la que yo el Rey podía reunir, sus defensores renunciarían a toda
+resistencia, limitándose a matar al Rey y arrojar su cadáver al fondo
+del foso. Pero en lugar de huir los asesinos, uno de ellos debía ocupar
+el lugar del Rey en el calabozo y pedir a los asaltantes favor y
+justicia a grandes gritos; llamado entonces Miguel, declararía que el
+preso había ofendido a la señora Maubán y por eso sufría aquel castigo;
+y que él, el Duque, se alegraba de tener aquella oportunidad para
+aclarar lo ocurrido en la fortaleza y contradecir y disipar ciertos
+rumores que habían circulado acerca de la presencia de un misterioso
+prisionero en el castillo de Zenda. Burlados entonces los invasores, se
+retirarían, permitiendo al Duque disponer con toda calma del cuerpo del
+Rey.
+
+Sarto, Tarlein y yo en mi lecho oíamos con horror aquellos detalles de
+la maldad del Duque y de la audacia de su plan. Fuese yo al castillo
+ocultándome o en pleno día, solo o al frente de mis tropas, el Rey
+estaba condenado a morir antes de que yo pudiera acercármele. Si Miguel
+me vencía todo acababa allí, pero de ser yo vencedor no tendría medios
+de castigarlo, ni de mostrar su culpa sin descubrir también la mía. Pero
+por lo pronto sería yo Rey, ¡Rey! pensamiento que hacía latir mi corazón
+apresuradamente; y el porvenir se encargaría de decidir en la lucha
+entre él y yo. Hasta entonces me había inclinado a creer que el Duque
+gustaba de dejar a sus amigos los peligros de la empresa; pero desde
+aquel momento comprendí que se reservaba la dirección de la misma y que
+no le faltaban ni audacia ni astucia.
+
+--¿Conoce el Rey esos detalles?--pregunté.
+
+--Mi hermano y yo--contestó Juan,--colocamos el tubo, dirigidos por el
+señor de Henzar, pues estaba de guardia aquel día. El Rey preguntó lo
+que aquello significaba y el señor de Henzar le contestó riéndose que
+era una nueva «Escala de Jacob,» por la cual, como dice la Biblia, pasan
+los hombres de la tierra al Cielo; y que si llegase el caso de hacer el
+viaje, aquel camino sería más propio de un Rey, que pasaría por él con
+toda comodidad, sin verse expuesto a las miradas de los curiosos.
+Después soltó otra carcajada y pidió al Rey permiso, para volver a
+llenar su vaso, porque Su Majestad estaba comiendo. Valiente como es el
+Rey y como lo son todos los Elsberg, palideció al mirar el siniestro
+tubo y oír al villano que así se mofaba de él.--¡Ah, señores!--acabó
+diciendo Juan,--en el castillo de Zenda le cortan la cabeza a un hombre
+con tanta frescura como juegan una partida de cartas; y precisamente ese
+Henzar es el más cruel de todos... y el más temible también cuando hay
+mujeres cerca.
+
+Cesó de hablar el guardabosque y dispuse que Tarlein diese orden de
+vigilarlo cuidadosamente. Pero antes de que se lo llevaran le dije:
+
+--Si alguien te pregunta si hay un prisionero en Zenda, puedes contestar
+que sí, pero si te preguntan quién es cállate. Todas mis promesas no
+podrían salvarte la vida si alguien llegase a saber que el Rey está en
+el castillo. ¡Yo mismo te mataría como un perro si la verdad se
+sospechase siquiera en esta casa!
+
+Cuando hubo salido miré a Sarto.
+
+--¡Difícil empresa, amigo!--le dije.
+
+--Tanto--respondió moviendo pensativamente la encanecida cabeza,--que
+según toda probabilidad dentro de un año seguirá usted siendo Rey de
+Ruritania. Y dicho esto desahogó su cólera lanzando una sarta de
+maldiciones contra Miguel el Negro.
+
+--Mi opinión es--dije reclinándome en las almohadas,--que sólo tenemos
+dos medios de sacar al Rey vivo de Zenda. El uno es lograr que los
+amigos del Duque le hagan traición...
+
+--Prescinda usted de ese medio--dijo Sarto.--Veamos el otro.
+
+--¡Pues el otro--dije,--es ni más ni menos que un milagro del Cielo!
+
+
+
+
+XIV
+
+RONDANDO EL CASTILLO
+
+
+Grande hubiera sido la sorpresa del buen pueblo ruritano si hubiera
+podido oír la conversación que acabo de transcribir, porque según las
+noticias oficiales yo me había herido con un venablo durante una
+cacería. Por orden mía el primer boletín oficial hizo constar que la
+herida era algo grave, lo cual ocasionó viva sensación en Estrelsau y
+produjo el triple resultado siguiente, que yo estaba lejos de esperar:
+primero, ofendí gravemente a los médicos de la Corte, prohibiéndoles que
+vinieran a mi lado a excepción de un joven cirujano amigo de Tarlein, en
+quien podíamos confiar; segundo, el general Estrakenz mandó a decirme
+que, a pesar de sus órdenes y las mías, la Princesa se disponía a salir
+para Tarlein, escoltada por él (noticia que a pesar de lo alarmante que
+era me llenó de alegría y orgullo); y tercero, que mi buen hermano el
+Duque, perfectamente enterado de la procedencia de mi herida, creyó que
+mi estado era grave y aun que se hallaba en peligro mi vida.
+
+Esto último lo supe por Juan, en quien tuve que confiar, mandándole
+volver a Zenda, donde Ruperto Henzar le hizo dar de latigazos por el
+crimen de haber pasado toda una noche fuera del castillo, engatusado por
+alguna mozuela del pueblo. Aquel castigo aumentó el odio de Juan hacia
+Henzar y el Duque, y me respondió de su auxilio y lealtad más que cuanto
+hubieran podido hacerlo todas mis ofertas y promesas.
+
+Poco diré de la llegada de Flavia. Es aquél un recuerdo que no puedo
+renovar sin dolor. Nunca olvidaré su alegría al verme casi restablecido
+y no moribundo como temía; y sus quejas y reproches por no haber
+confiado en ella y díchole la verdad, justifican en parte los medios de
+que me valí para aplacarla. Su presencia fue para mí en aquellas
+circunstancias lo que la vista del cielo para el condenado réprobo, y
+tanto más dulce porque yo sabía la suerte casi inevitable que me hubiera
+impedido volver a verla sin aquella su última visita. Dos días pasé con
+ella en completa inacción, al cabo de los cuales el duque de Estrelsau
+tuvo a bien anunciar que me había preparado una partida de caza.
+
+Se acercaba el momento decisivo. Sarto y yo habíamos acordado, tras
+ansiosas conferencias, arriesgar el golpe; afirmándonos en esta
+resolución las malas noticias que Juan nos daba sobre la salud del Rey,
+que palidecía y se debilitaba con aquel prolongado encierro. En mi
+opinión, Rey o no, la muerte instantánea recibida de un balazo o una
+estocada, era preferible mil veces a la lenta agonía que esperaba al
+joven Soberano en su calabozo. Desde este punto de vista, importaba
+obrar prontamente a favor del Rey; pero no menos interesado estaba yo en
+ello por cuenta propia. Estrakenz insistía en la necesidad de mi
+inmediato matrimonio, al cual me impulsaban también mis deseos, hasta el
+punto de hacerme vacilar en la senda del deber. No me creía capaz de
+faltar a éste, pero sí podía ocurrírseme huir, abandonar el país, lo
+cual hubiera significado la ruina de los Elsberg. Es más: como no soy
+santo (dígalo mi cuñadita), podría llegar un momento de ofuscación que
+me hiciera cometer una falta irreparable.
+
+Jamás había ocurrido caso semejante en la historia de ningún pueblo. El
+hermano del Rey y el que personificaba a éste en el trono, empeñados en
+una guerra a muerte, disputándose la persona del verdadero Rey, sin que
+el país se diera cuenta de ello, en medio de la más profunda paz y a las
+puertas de una población tranquila y confiada. Y, sin embargo, tal era
+en aquellos momentos la situación entre el castillo de Zenda y la morada
+de los Tarlein. Cuando recuerdo ahora aquella época me pregunto si
+estuve loco. Sarto me ha dicho después que por entonces yo no admitía
+intervención alguna ni aceptaba consejos de nadie; que me conduje como
+Rey absoluto de Ruritania. Por ninguna parte veía solución que pudiera
+hacerme atractiva la vida, y por lo mismo la arriesgue de la manera más
+temeraria. Al principio trataron de protegerme, quisieron evitar que me
+expusiese al peligro; pero, cuando comprendieron que mi resolución era
+inquebrantable, se dijeron, dándose o no cuenta de la verdad, que el
+único medio era fiarlo todo a la suerte y dejarme llevar adelante, a mi
+manera, la lucha mortal emprendida contra Miguel.
+
+A la noche siguiente dejé muy tarde la mesa en que acababa de comer en
+compañía de Flavia y la conduje hasta la puerta de sus habitaciones.
+Allí besé su mano y me despedí de ella deseándole tranquilo reposo.
+Inmediatamente cambié de traje y salí. Sarto y Tarlein me esperaban con
+tres hombres y los caballos. Sarto llevaba consigo una larga cuerda, y
+ambos iban bien armados. Cuanto a mí, sólo tenía una pequeña maza y un
+agudo puñal. Dimos un largo rodeo para no cruzar el pueblo, y al cabo
+de una hora subíamos la cuesta que conducía al castillo de Zenda. Era la
+noche obscura y tormentosa; el viento soplaba con furia, agitando los
+árboles, y llovía a cántaros. Llegados a un bosquecillo no muy distante
+de la fortaleza, dispuse que nuestros tres acompañantes se quedasen allí
+con los caballos. Sarto tenía un silbato con el cual podía llamarlos en
+mi auxilio; pero hasta aquel momento nadie nos había visto ni aparecía
+señal de peligro. Yo tenía la esperanza de que Miguel siguiera
+desprevenido, creyéndome postrado todavía en el lecho. Llegamos sin
+tropiezo a la cumbre y a la orilla del cenagoso foso. Sarto, sin perder
+momento, ató la cuerda al tronco de un árbol inmediato al foso. Yo me
+quité las botas, tomé un trago de licor, estreché las manos de mis dos
+amigos sin hacer caso de la mirada suplicante de Tarlein, y después de
+asegurarme de que el puñal salía fácilmente de la vaina, así la maza con
+los dientes y me aproximé al foso. Iba a inspeccionar la «Escala de
+Jacob.»
+
+Con ayuda de la cuerda me deslicé suavemente en el agua, nada fría,
+porque el día había sido muy caluroso. Crucé a nado el foso y seguí
+nadando junto a los altos muros de la fortaleza, sin ver a más de tres
+varas de distancia y con muy buenas esperanzas de no ser descubierto. En
+la parte nueva del castillo se veían algunas luces, y oí también risas
+y cantos, pareciéndome distinguir entre las voces la de Ruperto Henzar,
+a quien me figuré excitado por el vino. Descansé un momento, y
+orientándome pensé que si la descripción hecha por Juan era exacta,
+debía hallarme en aquel momento al pie de la ventana que buscaba. Volví
+a nadar lentamente, y a tres pasos vi una sombra; era el enorme cilindro
+que saliendo de la ventana llegaba a flor de agua. Su diámetro era,
+aproximadamente, doble que el cuerpo de un hombre. Iba a acercarme más,
+cuando divisé al otro lado del tubo la proa de un bote. Mi corazón latió
+con violencia y permanecí inmóvil. Escuchando atentamente, oí en el bote
+un rumor como el de una persona que cambiase de posición. ¿Quién era
+aquel hombre encargado de guardar la invención diabólica de Miguel?
+¿Estaba despierto o dormido? Llevé maquinalmente la mano al puño de mi
+daga, y al propio tiempo noté con alegría que hacía pie. Los cimientos
+del castillo proyectaban hacia el foso formando un reborde de unas
+quince pulgadas, sobre el cual posé ambos pies con agua hasta el pecho.
+Después me incliné y miré por debajo del tubo.
+
+En el bote vi a un hombre y a su lado brillaba el cañón de un fusil.
+¡Era el centinela! Permanecía inmóvil, y a poco pude oír su
+respiración, fuerte y acompasada. ¡Dormía! Arrodillándome sobre el
+reborde, adelanté el cuerpo por debajo del tubo hasta poner mi rostro a
+media vara del suyo. Era Máximo Holf, un hombrachón, hermano de Juan.
+Deslicé la mano hasta el cinto y saqué el puñal. El recuerdo de aquel
+momento es el que más me remuerde en mi vida, y no quiero ni pensar si
+fue aquél un acto varonil o una traición. Lo único que me dije fue: «Es
+esta una guerra a muerte, y de mí depende la vida del Rey.» Llegué junto
+al bote, respirando apenas, fijé los ojos en el punto donde quería
+descargar el golpe y alcé el brazo armado. El centinela hizo un
+movimiento y abrió los ojos; los abrió desmesuradamente, mirándome con
+expresión de terror intenso, y empuñó el fusil. Descargué el golpe. Y
+desde la orilla opuesta oí el coro de una canción de amor.
+
+Dejando a mi víctima en el bote, me volví hacia la «Escala de Jacob.»
+Tenía poco tiempo disponible. Además, de un momento a otro podían venir
+a relevar al centinela. Inclinándome sobre el tubo, lo examiné desde el
+punto en que proyectaba del agua hasta su extremidad superior, que
+parecía hundirse en el macizo muro. No presentaba la menor solución de
+continuidad; pero mi corazón latió precipitadamente al notar que por su
+parte superior, donde entraba en el hueco del muro, se deslizaba un
+tenue rayo de luz. ¡Aquella luz procedía de la celda del Rey! Apoyé el
+hombro contra el tubo, y el intersticio por donde salía la luz se
+ensanchó perceptiblemente, algunas líneas. Desistí en seguida; aquella
+prueba me bastaba para convencerme de que el tubo no estaba sólidamente
+adherido al muro por su parte superior.
+
+Entonces oí una voz brusca, que decía:
+
+--Y ahora, si Vuestra Majestad no desea mi compañía por más largo
+tiempo, le dejaré descansar. Pero antes tengo que asegurarle las muñecas
+con este precioso par de brazaletes...--¡Era Dechard, cuyo acento inglés
+reconocí al instante!
+
+--¿Desea Vuestra Majestad darme alguna orden antes de separarnos?
+
+Entonces la voz del Rey, cavernosa y débil, muy distinta de aquella otra
+tan alegre que había oído en el bosque de Zenda, contestó:
+
+--Ruegue usted a mi hermano que me mate, que abrevie esta muerte lenta.
+
+--El Duque no desea la muerte de Vuestra Majestad--replicó burlonamente
+Dechard;--a lo menos... por ahora. Si llega el momento, allí está el
+camino que lleva derecho a la gloria.
+
+--Está bien--dijo el Rey.--Y ahora, si sus instrucciones se lo
+permiten, déjeme usted solo.
+
+--¡Buenas noches y gratos sueños!--exclamó el rufián.
+
+La luz desapareció y oí el ruido de los cerrojos y después los sollozos
+del Rey. Se creía solo. ¿Quién podía oírle y mofarse de su llanto?
+
+No me atreví a hablarle. Podía escapársele una exclamación de sorpresa
+que nos vendiera. Nada me quedaba por hacer aquella noche sino ponerme
+en salvo y ocultar el cadáver del centinela, cuyo hallazgo en aquellas
+circunstancias hubiera puesto en guardia a mis enemigos. Desaté el bote
+y subí a él. El viento soplaba con violencia y nadie podía oír el ruido
+de los remos. Me dirigí rápidamente al punto donde me esperaba Sarto, y
+en el momento de tocar la orilla oí un penetrante silbido detrás de mí,
+al lado opuesto del foso.
+
+--¡Eh, Máximo!--gritó una voz.
+
+Llamé a Sarto por lo bajo, cayó la cuerda en el bote y con ella até el
+cadáver. Después salté a la orilla.
+
+--Silbe usted también--ordené a Sarto,--para llamar a nuestra gente y
+entretanto icemos el cuerpo que ahí traigo. No hablemos ahora.
+
+Llegaron nuestros hombres y apenas tuvimos el cadáver de Máximo en
+tierra, vimos a tres jinetes que saliendo del otro lado del castillo,
+se dirigían hacia nosotros, aunque no podían vernos todavía, porque
+estábamos a pie.
+
+--¡Obscura está la maldita noche!--exclamó una voz penetrante.
+
+Era Ruperto Henzar, que un momento después se halló frente a mis
+compañeros. Inmediatamente sonaron varios tiros y me adelanté seguido de
+Sarto y Tarlein.
+
+--¡Mata, mata!--aullaba Ruperto, y un gemido me anunció que el bribón
+daba el ejemplo a su gente.
+
+--¡Estoy perdido, Ruperto!--exclamó al caer uno de los que le
+seguían.--Son tres contra uno. ¡Sálvate!
+
+Me precipité hacia Ruperto, empuñando la maza, y le vi inclinarse sobre
+su caballo.
+
+--¿Te han despachado también a ti, Crastein?--gritó.--No obtuvo
+respuesta. Di un salto y así las riendas del caballo.
+
+--¡Por fin!--exclamé.
+
+Creía tenerlo seguro. Mis amigos le rodeaban y no parecía quedarle otro
+recurso que rendirse o morir.
+
+--¡Por fin!--repetí.
+
+--¡Calla! ¡es el cómico!--exclamó,--y de un poderoso tajo cortó mi maza
+en dos. Preferí la huida a la muerte y (me avergüenzo de confesarlo)
+eché a correr. Aquel Ruperto Henzar era un verdadero demonio. Le vi
+lanzarse a escape y arrojarse al agua con su caballo, entre una
+granizada de balas. La profunda obscuridad que reinaba le salvó la vida.
+Ganó la orilla opuesta del foso y desapareció.
+
+--¡El diablo le lleve!--exclamó Sarto.
+
+--Lástima que sea tan gran bribón. ¿Quiénes han caído?
+
+--Laugrán y Crastein.
+
+Allí estaban sus ensangrentados cadáveres, que arrojamos al foso junto
+con el de Máximo, pues ya era inútil ocultarlo. Montamos a caballo y
+bajamos la cuesta, llevándonos el cuerpo de uno de nuestros amigos cuya
+muerte lamenté profundamente.
+
+También me inquietaba más que nunca la suerte del Rey y me dolía verme
+burlado una vez más por Ruperto Henzar, que además de escaparse me había
+llamado cómico.
+
+
+
+
+XV
+
+TENTACIÓN
+
+
+Ruritania no es Inglaterra, pues de lo contrario, la lucha empeñada
+entre el duque Miguel y yo, con todos los notables incidentes que la
+caracterizaban, no hubiera podido proseguir sin llamar vivamente la
+atención pública. Los duelos entre personas de las clases más elevadas,
+era cosa frecuente y ocasionaban feudos y reyertas en los que
+participaban también los amigos y servidores de los principales
+contendientes. Sin embargo, después del encuentro que dejo reseñado,
+circularon rumores tales, que me impusieron la mayor prudencia. Era
+imposible ocultar a los parientes de las víctimas la muerte de sus
+deudos. Di, pues, un severo edicto contra el duelo, redactado en los
+términos más enérgicos por el gran Canciller, en el cual se decía que
+habiendo tomado aquella práctica proporciones inusitadas, quedaba
+prohibida bajo rigurosas penas, a excepción de ciertos casos contados y
+gravísimos. Envié un mensaje de pésame al Duque y recibí de él cortés y
+amistosa respuesta; porque es de notar que ni él ni yo podíamos jugar a
+cartas vistas y que a pesar de nuestros odios nos importaba fingir una
+concordia que hasta entonces había engañado al público.
+
+Lo peor era que el disimulo me imponía nuevas dilaciones, y entretanto
+podía morir el Rey o podían transportarlo a otra prisión desconocida
+para mí. Durante aquella tregua tuve el consuelo de ver que Flavia
+aprobaba cordialmente mi edicto contra el duelo, si bien me rogó que lo
+prohibiese en absoluto.
+
+--Lo haré después de nuestra boda--le dije sonriéndome.
+
+Uno de los más curiosos resultados de la tregua y del derecho que la
+dictó, fue la conversión de la villa de Zenda, en una especie de zona
+neutral en la que ambos bandos podían encontrarse sin peligro durante el
+día; de noche no hubiera yo fiado gran cosa en su protección. Por
+entonces tuve también un encuentro que aunque chistoso, no dejó de
+preocuparme bastante. Cabalgando un día entre Flavia y Sarto, vimos
+acercarse un coche descubierto tirado por dos caballos, en el cual iba
+un pomposo personaje que echó pie a tierra y me saludó profundamente.
+Entonces reconocí al jefe de policía de la capital.
+
+--Puedo asegurar a Vuestra Majestad--me dijo,--que estoy haciendo
+cumplir al pie de la letra las órdenes dictadas contra el duelo.
+
+Y temiéndome yo que su presencia en Zenda tuviese por objeto seguir
+dando allí pruebas de igual celo que en Estrelsau, resolví impedírselo
+cuanto antes.
+
+--¿Es ese el motivo de su venida a Zenda, señor prefecto?--le pregunté.
+
+--¡Oh, no, señor! Me trae el deseo de complacer al Embajador inglés...
+
+--¿De qué se trata--dije aparentando indiferencia.
+
+--Parece que un joven compatriota del señor Embajador, miembro de
+distinguida familia, ha desaparecido. Ni amigos ni parientes han tenido
+la menor noticia suya desde hace dos meses, y hay motivos para creer que
+ha estado en Zenda. Flavia dedicaba escasa atención a las palabras del
+prefecto. Por mi parte no me atrevía a mirar a Sarto.
+
+--¿Qué motivos son esos?
+
+--Un amigo suyo que reside en París, el señor Federly, ha dado informes
+que hacen creer en su presencia aquí, y los empleados del ferrocarril
+recuerdan haber visto el nombre del viajero en su equipaje.
+
+--¿Y ese nombre?
+
+--Raséndil, señor.
+
+En la manera de decirlo comprendí que el tal nombre nada significaba
+para él. Dirigió luego una rápida mirada a Flavia y prosiguió, bajando
+la voz:
+
+--Se cree que ha venido en seguimiento de una mujer. ¿Ha oído hablar
+Vuestra Majestad de cierta señora de Maubán?
+
+--Sí--dije mirando involuntariamente hacia el castillo.--Esa dama llegó
+a Ruritania al mismo tiempo que el Raséndil de quien habla usted.
+
+El prefecto me miró fijamente, como interrogándome.
+
+--Sarto--dije,--tengo que hablar un momento a solas con el prefecto.
+Escolte usted a la Princesa. Veamos, señor prefecto; ¿qué quiere usted
+decir?--pregunté.
+
+Se me acercó y me incliné hacia él.
+
+--¿Y si el joven ese hubiera estado enamorado de la
+dama?--murmuró.--Nada se ha sabido de él en los dos meses--y a su vez el
+prefecto dirigió una mirada al castillo.
+
+--Sí, la señora de Maubán está allí--dije con toda calma.--Pero no creo
+que Raséndil... ¿es ese el nombre?
+
+--El Duque no tolera rivales--murmuró.
+
+--Tiene usted razón--repuse con absoluta sinceridad.--Pero la suposición
+esa implica un grave cargo.
+
+Iba el prefecto a excusarse, pero sin darle tiempo le dije casi al oído:
+
+--El asunto es serio. Vuelva usted a Estrelsau...
+
+--Pero, señor, tengo y sigo aquí una pista que...
+
+--Vuelva usted a Estrelsau--repetí.--Diga al embajador que ha
+descubierto una pista, pero que necesita una o dos semanas para seguirla
+con éxito. Y entretanto yo mismo me encargaré de investigar el asunto.
+
+--El embajador se muestra muy apremiante, señor.
+
+--Cálmelo usted. Es evidente que si las sospechas de usted son fundadas,
+hay que proceder con la mayor prudencia. Nada de escándalo. Regrese
+usted esta misma noche.
+
+Prometió hacerlo así y me reuní con mi comitiva, algo más tranquilo.
+Importaba evitar toda investigación de mi paradero por una o dos
+semanas, y el prefecto había andado muy cerca de descubrir la verdad.
+Algún día podrían ser útiles sus sospechas, pero por lo pronto sólo
+significaban un grave peligro para el Rey. Maldije a Federly de todo
+corazón por no haber sabido refrenar la lengua.
+
+--¿Y bien?--preguntó Flavia.--¿Ha terminado la conferencia?
+
+--De la manera más satisfactoria--contesté.--Volvamos atrás; estamos
+casi en tierras del Duque.
+
+Habíamos llegado al extremo del pueblo, y al pie mismo de la colina
+donde empezaba el pendiente camino del castillo. Admirando estábamos la
+solidez de sus altas murallas, cuando vimos salir de ella numerosas
+personas que lentamente empezaron el descenso de la cuesta.
+
+--Retirémonos--dijo Sarto.
+
+--No, preferiría permanecer aquí--fue la opinión de Flavia.
+
+Puse mi caballo junto al suyo y esperamos la aproximación del cortejo.
+Venían en primer término dos sirvientes a caballo, con negras libreas
+galoneadas de plata. Seguíanlos un coche fúnebre tirado por cuatro
+caballos, y en él un féretro cubierto con negros crespones. Detrás iba
+un jinete enlutado y sombrero en mano. Sarto se descubrió a su vez y
+Flavia dijo, posando su mano sobre mi brazo:
+
+--Es uno de los caballeros muertos en la última reyerta, ¿verdad?
+
+--Vé a preguntar de quién es el cadáver que escoltan--dije a uno de mis
+lacayos.
+
+Acercóse a los sirvientes que iban delante del féretro, quienes lo
+dirigieron al enlutado caballero.
+
+--Es Ruperto Henzar--murmuró Sarto.
+
+Era él, en efecto, y no tardó en adelantarse al trote, ordenando al
+cortejo que se detuviera en el camino. Me saludó con profundo respeto,
+pero la triste expresión de su semblante desapareció en una sonrisa al
+ver que Sarto llevaba la mano al pecho. También me sonreí yo, adivinando
+tan bien como Ruperto lo que el veterano ocultaba en el bolsillo del
+pecho.
+
+--Vuestra Majestad pregunta de quién son los restos que escoltamos. Son
+los de mi querido amigo Alberto de Laugrán.
+
+--Nadie deplora más que yo su desgraciada muerte--dije,--y lo prueba el
+edicto que evitará la repetición de esos encuentros.
+
+--¡Pobre señor de Laugrán!--exclamó Flavia con dulzura.
+
+Ruperto le lanzó una mirada que me exasperó, porque con ella supo
+expresar aquel libertino toda la admiración que le inspiraba la
+Princesa.
+
+--Vuestra Majestad es siempre bondadoso--continuó.--Por mi parte, a la
+vez que siento la muerte de mi amigo, no olvido que esa es la ley común
+y que muy pronto les tocará a otros el turno.
+
+--Reflexión que a todos nos importa tener presente--dije.
+
+--Aun a los Reyes--insistió el truhán con cómica unción, haciendo soltar
+al viejo Sarto media docena de reniegos entre dientes.
+
+--Muy cierto es eso--repuse.--¿Qué noticias me da usted de mi hermano?
+
+--Ha mejorado mucho, señor.
+
+--De lo cual me alegro.
+
+--Y espera ir a Estrelsau tan luego esté completamente restablecido.
+
+--¿Es decir que sólo se halla convaleciente?
+
+--Le quedan dos o tres molestias pasajeras de las que espera librarse
+muy pronto.
+
+--Sírvase usted expresarle--dijo Flavia,--mi vivo deseo de que esas
+molestias desaparezcan en breve.
+
+--El deseo de Vuestra Alteza es también el muy humilde mío--replicó
+Roberto Henzar, mirándola con insistencia y expresión tales, que el
+rubor coloreó el rostro de la joven.
+
+Me incliné y Ruperto, saludando profundamente, ordenó a sus servidores
+que continuasen su camino. Súbito impulso me obligó a seguirle, y al
+oír él las pisadas de mi caballo se volvió en la silla rápidamente, como
+temeroso de que ni la presencia de la Princesa pudiera contenerme.
+
+--La otra noche peleó usted como un valiente--le dije en voz
+baja.--Decídase usted, joven; entregúeme a su prisionero y le respondo
+de que no ha de pesarle.
+
+Me miró con burlona sonrisa, pero de repente se me acercó y dijo:
+
+--Estoy desarmado y el amigo Sarto podría despacharme de un balazo con
+la mayor facilidad.
+
+--Nada tema--le dije.
+
+--Demasiado lo sé, por desgracia--replicó.--Oiga usted. Tiempo atrás le
+hice una oferta en nombre del Duque...
+
+--¡No quiero mensajes de parte de Miguel el Negro!--exclamé.
+
+--Pues entonces oiga usted el plan que le propongo por mi cuenta. Ordene
+un ataque decisivo contra el castillo, encomendando la dirección del
+asalto a Tarlein y al viejo coronel...
+
+--¡Adelante!
+
+--Pero diciéndome de antemano la hora exacta del ataque.
+
+--Eso es. ¡Me infunde usted tanta confianza!
+
+--¡Bah! Sarto y Tarlein caerán en la refriega, como caerá también el
+Duque.
+
+--¡Hola!
+
+--Sí, Miguel el Negro, como un miserable que es. Cuanto al Rey, tomará
+el camino del infierno por la «Escala de Jacob.» ¡Ah! ¿También sabe
+usted eso? Y quedarán sólo dos hombres cara a cara: Ruperto Henzar y
+usted, rey de Ruritania.
+
+Se detuvo un momento, y con voz que la emoción agitaba, continuó:
+
+--¿No es una jugada soberbia? Pues, ¿y la apuesta? Para usted el trono y
+la beldad que desde allí nos mira; para mí una recompensa suficiente
+y... la gratitud del Rey.
+
+--Es usted el mismo demonio, señor de Henzar--le dije.
+
+--Bueno, usted piénselo y tenga en cuenta también que no deja de
+costarme duro esfuerzo eso de ceder así tan fácilmente la muchacha
+aquella--y su insolente mirada volvió a fijarse en Flavia.
+
+--¡Póngase usted fuera de mi alcance!--exclamé; sin embargo, un momento
+después la audacia misma de aquel malvado me hizo reír.
+
+--¿Es decir, que usted haría traición al Duque?--pregunté.
+
+Por toda respuesta aplicó a Miguel un epíteto que no merecía, pues era
+el Duque hijo de una unión legal, aunque morganática, y añadió en tono
+confidencial:
+
+--Me estorba. ¿Comprende usted? Es un bruto celoso. Anoche mismo me
+interrumpió tan inoportunamente que estuve a punto de clavarle un puñal.
+
+Aquellos detalles me interesaban vivamente.
+
+--¿Una mujer?--pregunté.
+
+--Sí, y preciosa. Usted la ha visto.
+
+--¡Ah! La del cenador, la noche aquella en que tres amigos de usted se
+estrellaron contra una mesita de hierro...
+
+--¿Qué otra cosa puede esperarse de gaznápiros como Dechard y De Gautet?
+¡Ojalá hubiera estado yo allí!
+
+--¿Y el Duque se mezcla en el asunto?
+
+--No es eso precisamente. Quien quiere mezclarse soy yo.
+
+--¿Y ella prefiere al Duque?
+
+--¡Sí, la tonta! Pues bien, ya conoce usted mi plan, y piénselo--dijo; e
+inclinándose, espoleó su caballo y partió en seguimiento del fúnebre
+cortejo.
+
+Volví adonde me esperaban Flavia y Sarto, pensando en el extraño
+carácter de aquel desalmado, cuyo igual no he vuelto a ver en mi vida.
+
+--¡Qué arrogante tipo!--fue el comentario de Flavia, que, mujer al fin,
+no se había ofendido con las expresivas ojeadas de Ruperto Henzar.--¡Y
+cómo parece sentir la muerte de su amigo!--prosiguió.
+
+--Más le valdría pensar en la suya propia que no anda lejos--dijo Sarto
+bruscamente.--Por mi parte me sentía descontento e irritado al pensar
+que en realidad yo no tenía más derecho al amor de la Princesa que el
+insolente Henzar. Seguí silencioso a su lado hasta que, cerca ya de
+Tarlein y habiendo anochecido, dejó Sarto que nos adelantásemos un
+tanto, quedándose él atrás para impedir todo súbito ataque de nuestros
+enemigos. Entonces Flavia me dijo con su voz dulcísima:
+
+--Sonríete, Rodolfo, si no quieres verme llorar. ¿Estás enojado?
+
+--¡Oh, no! La culpa la tiene ese malvado Henzar.
+
+Lo cual no impidió que ambos llegásemos sonrientes a las puertas de
+Tarlein, donde me entregaron una carta llevada para mí, según dijeron
+los sirvientes, por un joven desconocido. Abrí el sobre y leí:
+
+«Juan se encarga de llevar estas líneas a su destino. Soy la que le
+envió a usted otro aviso en ocasión anterior. ¡Hoy le pido en nombre de
+Dios, que me libre de esta guarida de asesinos!--A. de M.»
+
+Entregué la esquela a Sarto, en quien no hizo mella la súplica lastimera
+de la dama, limitándose a decir:
+
+--Suya es la culpa. ¿Quién la llevó al castillo?
+
+Sin embargo, no considerándome yo enteramente irresponsable de lo
+ocurrido, resolví compadecerme de Antonieta de Maubán.
+
+
+
+
+XVI
+
+UN PLAN DESESPERADO
+
+
+Desde el día en que recorrí a caballo las calles de Zenda y hablé en
+público con Ruperto Henzar, me fue forzoso prescindir de todo pretexto
+de enfermedad. El efecto de mi presencia se notó desde luego en la
+guarnición de Zenda, cuyos oficiales y soldados desaparecieron de la
+población y sus cercanías para encerrarse en el castillo, donde reinaba
+la más perfecta vigilancia, como pudieron observarlo mis amigos en sus
+exploraciones. No veía medio practicable de socorrer al Rey y a la
+señora de Maubán. El Duque me retaba sin disimulo. Se había mostrado
+fuera del castillo, no tomándose siquiera la molestia de explicar o
+excusar su ausencia. El tiempo apremiaba. Por una parte me preocupaban
+los rumores e investigaciones de que he dado cuenta, con motivo de la
+desaparición de Raséndil; y por otra, sabía que mi ausencia de la
+capital ocasionaba vivo descontento. Mayor hubiera sido éste sin la
+presencia de Flavia a mi lado y sólo por esta razón le permitía yo
+seguir en Zenda, rodeada de peligros y aumentando con sus encantos la
+pasión que me dominaba. Como si esto no bastase, mis celosos consejeros,
+el Canciller y el general Estrakenz se presentaron en Zenda, instándome
+a que designase día para la solemnización de mis esponsales, ceremonia
+que en Ruritania es casi tan obligatoria y sagrada como el matrimonio
+mismo. Tuve que hacer lo que me pedían, con Flavia sentada a mi lado
+oyéndolo todo, y les anuncié que el acto se celebraría quince días
+después, en la catedral de Estrelsau. La noticia fue recibida con
+extraordinarias manifestaciones de aprobación y alegría en todo el
+Reino, y supongo que sólo dos hombres la deploraron: el Duque y yo.
+Cuanto al Rey, lo único que me atreví a esperar fue que no llegase a sus
+oídos.
+
+Juan volvió a salir ocultamente del castillo tres días después, a riesgo
+de su vida pero impulsado por la codicia. Nos dijo que cuando el Duque
+supo la noticia de la próxima ceremonia se puso furioso; que su
+exasperación aumentó al declarar Ruperto que yo era muy capaz de casarme
+con la Princesa y que así lo haría indudablemente; y que Ruperto acabó
+felicitando a la señora de Maubán, allí presente, porque pronto se
+vería libre de Flavia, su rival. El Duque echó mano a la espada, sin que
+al joven noble pareciese importarle un bledo la cólera de su señor, a
+quien felicitó también por haber proporcionado a Ruritania un Rey como
+no lo había tenido en muchos años. «Y lo que es la Princesa, terminó
+diciendo Henzar (según el relato de Juan), tampoco puede quejarse porque
+el diablo le manda novio más galán que el que le había deparado el
+Cielo.» El Duque le mandó retirarse de su presencia, pero Henzar no
+obedeció hasta haber obtenido de la dama el permiso de besar su mano,
+como lo hizo rendidamente ante las miradas furiosas de Miguel.
+
+Noticia de más importancia para mí fue la que también nos dio Juan sobre
+la grave enfermedad del Rey. Juan le había visto, demacrado y débil; su
+estado llegó a ser tan alarmante que el Duque llamó al castillo a un
+médico de Estrelsau, el cual examinó al Rey, salió del calabozo pálido y
+temblando y rogó a Miguel que le permitiese volver a la capital y no
+mezclarse más en el asunto; pero Miguel se lo prohibió, anunciándole que
+quedaba preso con el Rey y que respondía de la vida de éste hasta el día
+en que el Duque quisiera quitársela. A instancias del médico permitió
+que la señora de Maubán visitase al Rey, a quien prestó solícitos
+cuidados. La vida del monarca se hallaba, pues, en peligro inminente, a
+la vez que yo seguía sano y vigoroso; contraste que exasperó a los
+moradores del castillo ocasionando continuos disgustos y reyertas. Sólo
+Ruperto Henzar continuaba tan contento como siempre, y según decía Juan,
+riéndose a carcajadas porque el Duque ponía siempre de guardia a Dechard
+cuando la señora de Maubán se hallaba en la celda del Rey; precaución no
+del todo inútil por parte de mi prudente hermano.
+
+Tal fue el relato de Juan, que le valió buena recompensa; y aunque me
+pidió que le permitiese quedarse en Tarlein, conseguí que regresase al
+castillo, donde lo necesitaba mucho más, encargándole anunciase a la
+señora de Maubán que estaba procurando auxiliarla y que ella dijese al
+Rey en mi nombre algunas frases de esperanza y de consuelo.
+
+--¿Cómo vigilan ahora al Rey?--pregunté, recordando que dos de los Seis
+habían muerto y que igual suerte había cabido a Máximo Holf.
+
+--Dechard y Bersonín están de guardia por la noche y Ruperto Henzar y De
+Gautet, de día--contestó Juan.
+
+--¿No más que dos a la vez?
+
+--Pero el resto de la guardia está en el primer piso, precisamente
+sobre la prisión del Rey, y allí puede oírse todo grito o señal dados
+desde abajo.
+
+--¿Sobre la prisión del Rey? No sabía yo eso. ¿Existe alguna
+comunicación directa entre el calabozo y la sala de guardia?
+
+--No, señor. Hay que bajar algunos escalones, cruzar el puente levadizo
+y desde allí bajar al encierro del Rey.
+
+--¿Está cerrada la puerta que lleva al puente?
+
+--Sólo los cuatro caballeros tienen la llave.
+
+--¿Y también la de la reja de entrada a la prisión?--pregunté
+acercándome a Juan.
+
+--Creo que esa únicamente la tienen Dechard y Henzar.
+
+--¿Dónde habita el Duque?
+
+--En la parte nueva del castillo, en el primer piso. Sus habitaciones
+quedan a la derecha del puente levadizo.
+
+--¿Y la señora de Maubán?
+
+--A la izquierda. Pero cuando se retira cierran la puerta por fuera.
+
+--¿Para impedir que huya?
+
+--Sin duda, señor.
+
+--¿Y quizás también por otra razón?
+
+--Es posible.
+
+--¿Supongo que el Duque se reserva esa llave?
+
+--Sí, señor. Y también la del puente, después de alzarlo, y nadie puede
+cruzar el foso por él sin que lo sepa y lo permita el Duque.
+
+--¿Y tú, dónde duermes?
+
+--En el cuarto que hay a la entrada del castillo nuevo, con otros cinco
+criados.
+
+--¿Armados?
+
+--Con picas, porque el Duque no quiere confiarles armas de fuego.
+
+Aquellos informes me decidieron por fin y formé resueltamente un nuevo
+plan de ataque. Había fracasado cuando lo emprendí por la «Escala de
+Jacob,» y me dije que fracasaría también intentándolo contra el cuerpo
+de guardia. Resolví, pues, dirigirlo contra el lado opuesto del
+castillo.
+
+--Te he prometido diez mil pesos--dije a Juan.--Te daré veinticinco mil
+si mañana por la noche haces lo que yo te diga. Pero ante todo ¿saben
+esos criados quién es el prisionero?
+
+--No, señor; creen que es un caballero enemigo del Duque.
+
+--¿Y no dudarán que yo soy el Rey?
+
+--¿Cómo han de dudarlo, señor?
+
+--Pues escucha, Juan: mañana, a las dos en punto de la madrugada, abre
+de par en par la puerta principal del castillo nuevo, la que da al
+frente ¿entiendes bien?
+
+--¿Estará usted allí, señor?
+
+--Nada de preguntas. Haz lo que te digo. Da cualquier excusa para salir
+de tu cuarto. Nada más exijo de ti.
+
+--Y una vez abierta la puerta ¿puedo escaparme por ella?
+
+--Sí, a todo correr. Toma esta esquela, que entregarás a la señora de
+Maubán. La he escrito en francés a propósito para que no puedas
+enterarte de ella. Y dile que si tiene en algo la vida de todos
+nosotros, no deje de hacer lo que en ella le indico.
+
+Juan temblaba al oírme, pero no me quedaba elección posible y tuve que
+fiar en él. No me atreví a esperar más porque temí que el Rey muriese en
+su prisión.
+
+Despedí a Juan y sólo entonces di cuenta de mi plan a Tarlein y Sarto.
+Este último manifestó su desaprobación desde luego.
+
+--¿Por qué no espera usted?--me preguntó.
+
+--Porque puede morir el Rey. Y si no muere puede llegar el día de los
+esponsales.
+
+Sarto se mordió el blanco bigote, y Tarlein, poniéndome la mano sobre el
+hombro, exclamó:
+
+--Dice usted bien. ¡Probemos!
+
+--Con usted cuento, Tarlein--le dije.
+
+--Corriente--contestó.--Pero lo que es usted, Raséndil, se queda aquí
+cuidando a la Princesa.
+
+Los ojos de Sarto brillaron.
+
+--¡Eso es, eso es!--exclamó.--Así burlaríamos los designios de Miguel
+cualquiera que fuese el resultado de nuestra empresa. Al paso que si
+usted tomase parte activa en ella y lo matasen, como matarían también al
+Rey ¿qué sería de todos nosotros?
+
+--Servirían ustedes a la reina Flavia--repliqué,--y ojalá pudiese yo
+hacer otro tanto.
+
+Siguió una pausa y después dijo el viejo Sarto, con expresión tan
+cómica, que Tarlein y yo nos echamos a reír:
+
+--¿Por qué no se casaría el finado rey Rodolfo III con la bisabuela
+aquella de usted, Raséndil?
+
+--Al grano, al grano--le dije.--Se trata del Rey actual.
+
+--Es verdad--asintió Tarlein.
+
+--Además--continué,--si he consentido ser impostor en beneficio del Rey,
+jamás lo seré en provecho propio. Y si el Rey no se halla vivo y en su
+trono antes del día fijado para la celebración de los esponsales,
+confesaré y proclamaré la verdad, sean cualesquiera las consecuencia.
+
+--Irá usted con nosotros al ataque del castillo--dijo Sarto.
+
+He aquí mi plan. Una numerosa fuerza mandada por Sarto se dirigiría
+sigilosamente a la puerta principal del castillo nuevo. Si se viese
+descubierta, la consigna sería matar a cuantos hallasen a su paso,
+empleando exclusivamente el arma blanca. Si no se presentase obstáculo
+imprevisto, Sarto y su gente se hallarían a la puerta al abrirla Juan.
+Suponiendo que su sola presencia y el nombre del Rey no bastasen para
+someter a los servidores del castillo, habría que apoderarse de ellos a
+la fuerza. Al mismo tiempo (y de esto dependía principalmente el buen
+éxito de mi plan) Antonieta de Maubán prorrumpiría en agudos gritos,
+pidiendo auxilio al Duque y alternando con el nombre de éste el de
+Ruperto Henzar. Mi esperanza estribaba en que el Duque saliese furioso
+de sus habitaciones, situadas al lado opuesto de las de Antonieta y
+cayese vivo en manos de Sarto. Continuarían los gritos, mi gente bajaría
+el puente levadizo y extraño sería que Ruperto, al oír su nombre a voces
+en tales circunstancias, no bajase de su cuarto y procurase cruzar el
+puente. Cuanto a De Gautet, su presencia dependía del azar.
+
+Tan luego Ruperto pusiese el pie en el puente empezaría mi papel.
+Contaba yo tomar otro baño en el foso, llevando conmigo una pequeña
+escala que me serviría en primer lugar para esperar con relativa
+comodidad, poniendo la escala contra el muro y apoyando en ella manos y
+pies mientras estuviese en el agua. Llegada la hora, subiría por la
+escala al puente y de mí dependería que ni Henzar ni De Gautet lo
+cruzasen con vida. Muertos éstos quedarían tan sólo dos de los Seis, con
+los cuales esperaba acabar también a favor de la confusión y de una
+violenta acometida. Si ambos obedeciesen las órdenes recibidas del
+Duque, la vida del Rey dependería de la rapidez con que pudiésemos
+forzar la puerta exterior; y me felicito al pensar que Dechard y no
+Ruperto era el encargado de la guardia nocturna del Rey. Aunque Dechard
+tenía serenidad y valor, carecía del ímpetu y la osadía increíble de
+Henzar. También contaba yo con que, siendo Dechard el único entre ellos
+verdaderamente adicto al Duque, dejase solo a Bersonín guardando al Rey
+y se precipitase hacia el puente para tomar parte en la lucha al lado
+opuesto.
+
+Tal era mi plan, verdaderamente desesperado. Para engañar al enemigo
+dispuse que aquella noche iluminasen vivamente todas las habitaciones de
+mi residencia, como si diera en ella una gran fiesta, congregando al
+efecto a muchos de nuestros amigos y mandando que la música tocase toda
+la noche. Estrakenz era uno de los que debían de hallarse allí, con
+encargo de hacer todo lo posible para que la Princesa no notase mi
+partida. Le ordené que si a la mañana siguiente no estuviésemos de
+regreso, se pusiese en marcha hacia el castillo con todas sus fuerzas y
+exigiese públicamente la entrega del Rey. Si Miguel el Negro no
+estuviese allí, el General llevaría a la Princesa a Estrelsau, para
+proclamar la traición de Miguel y la muerte probable del Rey,
+congregando en torno de Flavia a los mejores elementos del Reino. A
+decir verdad, esto era precisamente lo que yo esperaba que sucedería.
+
+En mi opinión, ni al Rey, ni a Miguel ni a mí nos quedaba más que un día
+de vida. Me resignaba a morir, sobre todo si conmigo moría también
+Miguel el Negro y si por mi propia mano libraba a Ruritania de Ruperto
+Henzar, ya que no pudiese salvar la vida del Rey.
+
+Nuestra conferencia terminó bastante tarde y pasé a las habitaciones de
+la Princesa. Se mostró algo pensativa, pero al despedirnos me abrazó
+cariñosamente, a la vez que deslizó una sortija en mi dedo. Usaba yo el
+anillo del Rey, pero tenía puesto también uno más pequeño, de oro liso,
+con la leyenda de las armas de mi familia: _Nil Quæ Feci_. Me lo quité y
+poniéndolo en el dedo de Flavia, le indiqué con un ademán que me
+permitiese retirarme. Comprendió, y apartándose un tanto me miró con los
+ojos llenos de lágrimas.
+
+--Lleva puesto ese anillo aunque uses otro cuando seas Reina--le dije.
+
+--Use o no otros, llevaré éste mientras viva y aun después de
+muerta--dijo besándolo.
+
+
+
+
+XVII
+
+A MEDIA NOCHE
+
+
+Llegó la noche hermosa y clara, aunque yo la hubiera preferido tan
+obscura y tormentosa como la que protegió mi primera expedición, pero la
+fortuna no quiso mostrárseme favorable. No obstante, contaba deslizarme
+lo más cerca posible al muro, para no ser visto desde las ventanas del
+castillo nuevo que daban a la parte del foso por donde me proponía
+escalar el puente. Por Juan supe que habían fijado sólidamente al muro
+la «Escala de Jacob,» de tal suerte, que sólo empleando substancias
+explosivas o atacándola a golpes de pico hubiera sido posible moverla de
+su sitio y el estrépito producido por tales medios hubiera advertido en
+seguida a los del castillo. Pero esa nueva precaución había de serme
+favorable, porque confiados en ella no vigilarían tanto el foso. Aun
+suponiendo que Juan me hiciese traición, ignoraba aquella parte de mi
+plan y sin duda esperaba verme atacar la puerta principal a la cabeza de
+mi gente. Allí--como le dije a Sarto,--estaba el verdadero peligro.
+
+--Y allí--agregué,--se hallará usted. ¿Todavía no está usted satisfecho?
+
+No, no lo estaba. Lo que él quería era acompañarme, a lo cual me negué
+terminantemente. Un hombre solo podía acercarse sin ser visto; con dos
+el riesgo hubiera sido mucho mayor, y cuando me dijo que mi vida era
+demasiado preciosa para arriesgarla solo, le mandé guardar silencio,
+asegurándole que si el Rey no escapase con vida aquella noche tampoco
+viviría yo.
+
+La columna mandada por Sarto salió de Tarlein a media noche y tomó por
+la derecha un camino poco frecuentado que no pasaba por el pueblo de
+Zenda. Si no ocurría tropiezo alguno, la columna debía de hallarse
+frente al castillo a las dos menos cuarto, y tenía orden de dejar los
+caballos a buena distancia de la fortaleza, en un punto convenido de
+antemano, acercarse después cautelosamente a la entrada y esperar que
+Juan abriese la puerta. Si a las dos permaneciese cerrada, Sarto
+mandaría a Tarlein a reunirse conmigo al otro lado del castillo, y
+suponiendo que yo viviese todavía, decidiríamos entonces si convenía o
+no intentar un asalto decisivo. Si Tarlein no me hallase, él y Sarto
+deberían de regresar con su gente a Tarlein a toda prisa, llamar al
+General y con éste y todas las fuerzas disponibles atacar abiertamente
+el castillo. Mi ausencia significaría que yo había muerto y sabía que en
+tal caso el Rey no me sobreviviría cinco minutos.
+
+Dejando por el momento a Sarto y su gente, referiré lo que hice por mi
+parte aquella memorable noche. Salí del palacio de Tarlein montando el
+mismo vigoroso caballo en que regresé del pabellón de caza a Estrelsau
+el día de la coronación. Iba armado con revólver y espada y envuelto en
+amplia capa, bajo la cual llevaba ceñido y abrigado traje de lana,
+gruesas medias y ligero calzado de lona, como lo requería mi plan. Había
+tomado la precaución de frotarme bien todo el cuerpo con aceite y de
+llevar conmigo un frasco de licor, para contrarrestar en lo posible los
+efectos de mi prolongada inmersión. También me enrollé a la cintura una
+cuerda delgada y sólida y no olvidé la escala. Salí después de Sarto y
+tomé el camino más corto de la izquierda, que a las doce y media me
+llevó al lindero del bosque. Até mi caballo en el centro de espeso grupo
+de árboles, dejando mi revólver en la pistolera porque me hubiera sido
+inútil, y escala en mano me dirigí a la orilla del foso, donde até
+sólidamente la cuerda a un árbol cercano y asiéndola me deslicé en el
+agua. El reloj de la torre dio la una cuando empecé a nadar lo más cerca
+posible al muro del castillo y empujando ante mí la escala. Llegado al
+cilindro por donde pensaban arrojar el cadáver del Rey, sentí bajo mis
+pies el reborde que allí formaban los cimientos; y haciendo pie me
+incliné bajo el enorme tubo, traté en vano de moverlo y esperé. Recuerdo
+que en aquellos momentos pareció disiparse toda mi ansiedad por el Rey y
+aun mi amor a Flavia, para no pensar más que en una cosa: el deseo
+vivísimo de fumar. Deseo que, como se comprenderá, me fue imposible
+satisfacer.
+
+Apoyado de espaldas en el muro de la prisión del Rey, divisaba en lo
+alto a unas diez varas a mi derecha la armazón elegante y ligera del
+puente levadizo. Dos varas más acá y casi al mismo nivel del puente vi
+una ventana que, según los informes de Juan, pertenecía a la habitación
+del Duque. La ventana correspondiente al otro lado, era sin duda la de
+Antonieta. Temía vivamente que ésta olvidase mis instrucciones y el
+ataque nocturno de que debía de fingirse víctima a las dos en punto. Me
+reía al pensar en el papel que había destinado a Ruperto Henzar, pero
+tenía con éste una cuenta pendiente y todavía me dolía la puñalada que
+me había dado en el hombro a traición y con sin igual audacia, en
+presencia de todos mis amigos, en la terraza del palacio de Tarlein.
+
+De repente se iluminó la habitación del Duque, cuyas mal cerradas
+persianas me permitieron ver en parte el interior de la misma,
+poniéndome de puntillas sobre la sumergida roca. Luego se abrieron las
+persianas por completo y distinguí el gracioso contorno de Antonieta de
+Maubán, destacándose con toda precisión en la viva luz del cuarto.
+Anhelaba decirle muy quedo: «¡Acuérdese usted!» pero no me atreví, y fue
+fortuna, porque muy pronto apareció a su lado un hombre, que trató de
+enlazar con su brazo el talle de la dama. Apartóse ésta rápidamente y oí
+la risa burlona de su compañero. Era Ruperto, que inclinándose hacia
+ella murmuró algunas palabras. Antonieta extendió la mano hacia el foso
+y dijo, con voz resuelta:
+
+--¡Antes me arrojaría por esta ventana!
+
+Ruperto se asomó y volviéndose después hacia ella, dijo:
+
+--¡Vamos, Antonieta, usted se chancea! ¿Es posible? ¡Por Dios, qué dice
+usted!
+
+No obtuvo respuesta, o por lo menos nada oí; Ruperto golpeó varias veces
+el repecho de la ventana y continuó:
+
+--¡El diablo cargue con el Duque! ¿No le basta la Princesa? Y usted
+misma ¿qué atractivos halla en él?
+
+--Si yo le repitiera lo que usted dice...
+
+--Repítaselo usted en buena hora--dijo Ruperto con la mayor
+indiferencia;--y viendola desprevenida, se le acercó de un salto y la
+besó, echándose después a reír y exclamando:
+
+--¡Ahora tiene usted algo más que contarle!
+
+De haber tenido mi revólver, la tentación hubiera sido quizás demasiado
+fuerte, pero desarmado como estaba, agregué aquel nuevo desmán a la
+cuenta que tenía pendiente con Ruperto.
+
+--Y eso que al Duque--continuó,--maldito lo que se le importa. Está loco
+por la Princesa y no habla más que de cortarle el pescuezo al coquillo.
+
+Bueno era saberlo.
+
+--Y si yo le hago ese servicio ¿sabe usted lo que me ofrece?
+
+La pobre mujer elevó ambas manos sobre su cabeza, no sé si suplicante o
+desesperada.
+
+--Pero no me gusta esperar--dijo Ruperto; y comprendí que iba a poner de
+nuevo sus manos sobre Antonieta, cuando oí el ruido que hacía una puerta
+al abrirse dentro de la habitación, y una voz que decía ásperamente:
+
+--¿Qué hace usted aquí, señor mío?
+
+Ruperto volvió la espalda a la ventana, saludó y dijo con su voz fuerte
+y alegre de siempre:
+
+--Pues estoy tratando de excusar la ausencia de Vuestra Alteza. ¿Podía
+dejar sola a esta señora?
+
+El Duque se adelantó, asió a Ruperto por el brazo y señalando la
+ventana, exclamó:
+
+--¡En el foso hay lugar para otros además del Rey!
+
+--¿Me amenaza Vuestra Alteza?--preguntó el joven.
+
+--Una amenaza es más de lo que muchos obtienen de mí--replicó Miguel.
+
+--Lo cual no impide que Raséndil, a pesar de tantas amenazas, siga vivo.
+
+--¿Soy yo acaso responsable de las torpezas de los que me sirven?
+
+--En cambio Vuestra Alteza no corre el riesgo de cometer
+torpezas--replicó Ruperto con sorna.
+
+No podía decírsele más claro a Miguel que evitaba el peligro. Gran
+dominio debía de tener sobre sí mismo, porque le oí contestar con calma:
+
+--¡Basta ya! No disputemos, Ruperto. ¿Están en sus puestos Dechard y
+Bersonín?
+
+--Sí, señor.
+
+--No le necesito a usted por ahora.
+
+--No estoy fatigado...
+
+--Sírvase usted dejarnos--ordenó impaciete Miguel.--Dentro de diez
+minutos quedará retirado el puente levadizo y supongo que no querrá
+usted regresar a nado a su cuarto.
+
+Desapareció la silueta de Henzar y oí la puerta que se cerraba tras él.
+Antonieta y Miguel quedaron solos y noté con pesar que el último cerraba
+la ventana. Todavía los vi hablar unos momentos, Antonieta movió la
+cabeza negativamente y el Duque se apartó de ella con ademán impaciente.
+Perdí de vista a la dama, volví a oír la puerta que le daba paso y el
+Duque cerró las persianas.
+
+--¡De Gautet! ¡Eh, De Gautet!--llamó una voz desde el
+puente.--¡Despacha, hombre, si no quieres tomar un baño antes de meterte
+en cama!
+
+Era la voz de Ruperto y momentos después él y De Gautet dándose el brazo
+cruzaban el puente. Llegados al centro de éste, Ruperto detuvo a su
+compañero, se inclinó, mirando hacía el foso, y yo me oculté prontamente
+tras la «Escala de Jacob.»
+
+Entonces Henzar se divirtió a su modo. Tomó de manos de su amigo una
+botella que éste llevaba, la aplicó a sus labios y arrojándola furioso
+al agua exclamó:
+
+--¡Apenas una gota!
+
+A juzgar por el sonido y por los círculos trazados en el agua, la
+botella cayó muy cerca del tubo que me ocultaba a menos de una vara. Y
+Ruperto, sacando el revólver, la convirtió en blanco de sus disparos.
+Los dos primeros no le acertaron, pero dieron en el tubo, y el tercero
+rompió la botella en mil pedazos. Supuse que con aquello se daría por
+satisfecho, pero siguió disparando contra el tubo hasta vaciar su arma,
+el último de cuyos proyectiles me rozó los cabellos.
+
+--¡Ah del puente!--gritó una voz con gran regocijo mío.
+
+--¡Un momento!--exclamaron Ruperto y De Gautet, echando a correr.
+
+Retirado el puente, todo quedó tranquilo. El reloj dio la una y cuarto,
+y yo me desperecé, bostezando.
+
+Habían transcurrido diez minutos, cuando oí un ligero ruido a mi
+derecha. Miré por encima del tubo y vi una sombra, la vaga silueta de un
+hombre, en la puerta que daba al puente. Reconocí la gallarda apostura
+de Ruperto. Tenía una espada en la mano y permaneció inmóvil algunos
+momentos. Me pregunté alarmado qué nueva maldad meditaba aquel bribón.
+Le oí reírse con sorna, como solía, y le vi volver de cara al muro, dar
+un paso hacia mí, y luego, con gran sorpresa por mi parte, empezó a
+bajar por al muro mismo. Comprendí que en éste había peldaños, ya
+cortados en la piedra, ya clavados de trecho en trecho entre los
+sillares. Ruperto, llegó por fin al último y poniendo su espada entre
+los dientes se deslizó en el agua sin hacer el menor ruido. Tratándose
+sólo de exponer mi vida, le hubiera salido al encuentro sin vacilación
+alguna; con verdadero placer hubiera saldado allí nuestras cuentas, cara
+a cara y espada en mano, sin testigos, en la soledad de aquella hermosa
+noche. Pero ¿qué sería entonces del Rey? Me dominé y seguí espiando sus
+movimientos con creciente interés.
+
+Nadó pausadamente hasta llegar al lado opuesto; el muro tenía también
+allí peldaños, por los cuales subió hasta verse en la otra parte que
+también daba al puente, la cual abrió con una llave que le vi sacar del
+bolsillo. Después desapareció sin que la entornada o cerrada puerta
+hiciera el más pequeño ruido.
+
+Abandonando mi escala, pues era evidente que ya no la necesitaba, nade
+hacia el puente, escalé la mitad del muro y allí me detuve, espada en
+mano, escuchando atentamente. La ventana del Duque estaba cerrada, y la
+habitación, al parecer en profunda obscuridad. En la de Antonieta había
+luz. Nada interrumpió el silencio de la noche, hasta que dio la una y
+media en el gran reloj de la torre.
+
+Evidentemente no era yo el único que conspiraba aquella noche en el
+castillo.
+
+
+
+
+XVIII
+
+GOLPE DE MANO
+
+
+La situación en que me hallaba no era por cierto muy favorable para
+entrar en hondas meditaciones. Sin embargo, no dejé de reconocer y
+decirme que el nuevo proyecto de Henzar, por infame que fuese,
+significaba una ventaja para mí; la de situarlo al lado opuesto del
+foso, separado por lo tanto del Rey. No sería culpa mía si lograba
+regresar a la otra orilla. Los restantes con quienes tenía que
+habérmelas eran tres: dos de guardia y De Gautet dormido. ¡Ah, si
+hubiera tenido las llaves en mi poder! Con ellas lo hubiera arriesgado
+todo y atacado a Dechard y Bersonín antes de que sus secuaces pudieran
+acudir en su auxilio. Pero, por lo pronto, me veía forzado a esperar que
+la llegada de mi gente llamase la atención de los que tenían las llaves,
+o de algunos de ellos, induciéndoles a cruzar el puente y ponerse a mi
+alcance. Esperé cinco minutos más que me parecieron media hora, y
+entonces empezó el próximo acto en aquel drama de tan inesperadas cuanto
+rápidas escenas.
+
+Todo estaba tranquilo en la opuesta orilla. La habitación del Duque
+seguía cerrada y obscura, pero en la ventana de Antonieta se veía el
+reflejo de la luz que brillaba en su cuarto. Entonces oí el leve rumor,
+apenas perceptible. Provenía del otro lado de la puerta que daba paso al
+puente, y no tardé en oír también el ruido de una llave cuidadosamente
+introducida en la cerradura. ¿Qué puerta era aquélla? Imaginábame a
+Henzar con la espada en una mano, la llave en la otra y en los labios su
+cínica sonrisa, pero no conocía con certeza sus designios.
+
+Pronto salí de dudas. A los pocos momentos, mucho antes de que mis
+amigos llegasen a la puerta del castillo y antes también de que Juan
+pensase en abrirla, se oyó un gran estrépito en la habitación iluminada,
+como si la lámpara hubiese sido arrojada violentamente al suelo y
+desapareció la luz que salía por la ventana. Al mismo tiempo partió de
+la habitación un grito penetrante: «¡Socorro, Miguel! ¡Socorro!;» y a
+estas voces siguieron otros gritos desesperados que revelaban indecible
+terror.
+
+Presa de mortal angustia, permanecía yo en el más alto peldaño, asido al
+quicio de la puerta con una mano y sosteniendo en la otra la espada. De
+repente noté que el arco de entrada era más ancho que el puente y
+formaba un obscuro ángulo, en el que me oculté apresuradamente. Desde
+allí dominaba aquella vía de comunicación entre el antiguo castillo y la
+construcción moderna.
+
+Entonces resonó otro grito agudo. Se oyó después el golpe dado contra la
+pared por una puerta abierta violentamente, y la voz de Miguel que
+gritaba: «¡Abre, Antonieta! En nombre del Cielo, ¿qué sucede?»
+
+La respuesta fue precisamente la que yo había escrito en mi carta:
+
+--«¡Socorro, Miguel! ¡Es Henzar!»
+
+El Duque lanzó una blasfemia y golpeó violentamente la puerta. En aquel
+instante oí abrirse una ventana sobre mí cabeza, la voz de un hombre
+preguntando: «¿Qué es eso? ¿qué ocurre?» y después pasos precipitados.
+Oprimí firmemente el puño de mi espada. Si De Gautet llegaba a salir su
+muerte era segura.
+
+Oí después el choque de dos aceros, las pisadas, de los combatientes y
+el grito de uno de ellos al caer herido. Se abrieron de golpe las
+persianas, lo que me permitió ver a Ruperto Henzar que, de espaldas a
+la ventana y tendiéndose a fondo, exclamó:
+
+--¡Para ti, Juan! ¡Y ahora te toca el turno, Miguel! ¡Acércate!
+
+Es decir, que Juan estaba allí, que había acudido probablemente en
+auxilio del Duque. Y en tal caso, ¿cómo había de abrir a tiempo la
+puerta del castillo? Porque me temía que Ruperto acababa de matarlo.
+
+--¡Socorro!--gritó débilmente el Duque.
+
+Oí pasos en la escalera inmediata a la puerta donde me ocultaba y
+también rumor de voces a mi derecha, hacia abajo, en dirección a la
+celda del Rey. Pero antes de que ocurriese cosa alguna de la parte de
+acá del foso, vi por la ventana de Antonieta que cinco o seis hombres
+rodeaban a Ruperto. Este les hacía frente con sin igual destreza y brío,
+y por un momento los obligó a retroceder. Aquella pausa le bastó para
+saltar sobre el antepecho de la ventana, blandiendo su espada,
+sonriente, ebrio de sangre. Después, dando una carcajada, se lanzó de
+cabeza al agua.
+
+Nada más supe de Ruperto por entonces, porque al arrojarse él al foso
+asomó por la puerta inmediata a mí el aguzado rostro de De Gautet. Sin
+vacilar un momento levanté la espada, le descargué un golpe con toda la
+fuerza que Dios me ha dado y cayo muerto: ni una palabra, ni un gemido.
+Me arrodillé junto al cadáver y le registré ansiosamente los bolsillos,
+murmurando: «¡Las llaves, las llaves!» No encontrándolas, furioso,
+golpeé (¡Dios me perdone!) el rostro de aquel muerto.
+
+Por fin descubrí las llaves. Eran tres, e introduciendo la mayor en la
+cerradura de la puerta que conducía a la prisión del Rey, vi que giraba
+sin dificultad. ¡La puerta estaba abierta! Entré, y cerrándola tras mí
+con el menor ruido posible, retiré la llave y la guardé en el bolsillo.
+
+Me hallé en lo alto de una escalera de piedra, alumbrada débilmente por
+una lámpara de aceite. Descolgué ésta y permaneciendo inmóvil, escuché.
+
+--¿Qué demonios será?--preguntó una voz al otro lado de la puerta que
+quedaba al pie de la escalera.
+
+--¿Te parece que lo matemos?--dijo otra voz.
+
+--Espera un poco; mira que si damos el golpe antes de tiempo tendremos
+un disgusto serio,--fue la respuesta de Dechard, que oí con indecible
+placer.
+
+Siguió un breve silencio y después oí que descorrían cautelosamente el
+cerrojo. Apagué en seguida la lámpara que tenía en la mano y volví a
+colgarla del gancho fijo en la pared.
+
+--Está obscuro. Se ha apagado la lámpara. ¿Tienes fósforos?--dijo
+Bersonín.
+
+Pero había llegado el momento. Antes de que pudieran hacer luz bajé cuan
+aprisa pude los escalones y me lancé contra la puerta, cuyo cerrojo
+había descorrido Bersonín y que cedió al golpe. Allí estaba el belga
+empuñando la espada y con él Dechard, sentado en un sofá. Bersonín,
+sorprendido al verme, retrocedió; Dechard saltó sobre su espada. Ataqué
+furiosamente al primero, acosándole hasta la pared. Aunque valiente, no
+era esgrimidor de primera fuerza y pronto cayó a mis pies. Me volví
+hacia donde estaba Dechard, pero éste había desaparecido; fiel a la
+consigna recibida del Duque, en lugar de atacarme había corrido a la
+puerta de la otra celda y cerrádola tras sí. ¿Qué sería del Rey en aquel
+momento?
+
+No dudo que Dechard le hubiera dado muerte y a mí también, sin la
+intervención de un adicto servidor que dio la vida por su soberano.
+Forcé la puerta y vi al Rey en un rincón, impotente, debilitado por la
+enfermedad, moviendo de un lado a otro sus manos encadenadas, riéndose,
+medio loco. Dechard y el médico estaban en el centro del calabozo; el
+último se había abrazado al asesino con todas sus fuerzas, impidiéndole
+por el momento mover los brazos. Pero Dechard no tardó en desasirse y
+en atravesar con su espada al indefenso médico.
+
+Después se volvió hacia mí, gritándome:
+
+--¡Por fin!
+
+Cruzamos los aceros. Por fortuna mía, ni él ni Bersonín tenían a mano
+los revólvers al sorprenderlos yo. Los encontré más tarde, cargados, en
+la otra habitación, sobre la repisa de la chimenea. Empezamos, pues, el
+combate con armas iguales. La lucha fue silenciosa, encarnizada, mortal.
+De sus peripecias conservo escaso recuerdo, pero sé que Dechard manejaba
+la espada tan bien como yo; mejor aún, porque conocía más tretas y
+golpes secretos, que le permitieron acosarme y hacerme retroceder hasta
+la reja que guardaba la entrada de la «Escala de Jacob.» Apareció en sus
+labios una sonrisa y su espada me atravesó el brazo izquierdo.
+
+No me envanezco de aquel combate. Creo que mi enemigo hubiera acabado
+conmigo y asesinado después al Rey, porque era el duelista más hábil que
+he conocido; pero cuando me veía en mayor aprieto, se incorporó el Rey
+de un salto, cadavérico y fuera de sí, gritando:
+
+--¡Es mi primo Rodolfo! ¡Mi primo Rodolfo! ¡Yo te ayudaré, primo! Y
+asiendo su silla, que a duras penas pudo levantar del suelo, se acercó a
+nosotros. Era aquel un auxilio inesperado.
+
+--¡Adelante!--le grité.--¡Un golpe con la silla!
+
+Dechard me dirigió una estocada furiosa, que apenas pude parar.
+
+--¡Adelante!--volví a gritar al Rey.--¡Pronto, pronto!
+
+El Rey lanzó una carcajada y se adelantó de nuevo, empujando la silla.
+
+Dechard, blasfemando, saltó hacia atrás, y antes de que pudiera darme
+cuenta de lo que iba a hacer, dirigió su arma contra el Rey, que cayó
+lanzando un doloroso gemido. El ágil espadachín me hizo frente otra vez,
+pero al volverse resbaló en el charco de sangre inmediato al cadáver del
+médico, y cayó al suelo. Me lancé sobre él con la rapidez del rayo, y
+asiéndole por la garganta lo atravesé de parte a parte. El miserable
+cayó sobre el cuerpo de su víctima, lanzándome una maldición.
+
+¿Había muerto el Rey? Mi primer pensamiento fue para él y corrí a su
+lado. Parecía cadáver; tenía una enorme herida en la frente y permanecía
+inmóvil, tendido en el suelo. Me arrodillé y apliqué el oído a su pecho;
+pero antes de que pudiera cerciorarme de su muerte oí el chirrido de las
+cadenas del puente al bajarlo, y un momento después descansaba en su
+lugar contra el muro, del lado del foso en que yo estaba. Iba, pues, a
+verme cogido en una trampa, y el Rey conmigo, si todavía estaba vivo.
+Tenía que abandonarlo a su suerte. Torné la espada y volví a la primera
+habitación. ¿Quién había echado el puente? ¿Habrían sido mis amigos? En
+tal caso todo iría bien. Mi mirada se dirigió a los revólvers y tomando
+uno de ellos me dirigí a la puerta de la escalera y escuché. Necesitaba
+también unos momentos de descanso. Rasgué la manga de mi camisa y con
+ella me vendé el brazo lo mejor posible. Escuché otra, vez; hubiera dado
+cuanto poseía por oír la voz de Sarto, porque me sentía débil, casi
+exánime y el bribón de Ruperto seguía suelto por el castillo. Pero
+comprendiendo que me sería más fácil defender la estrecha puerta situada
+en la parte superior de la escalera que la muy ancha que daba entrada a
+las celdas, subí los escalones casi arrastrándome y me detuve detrás de
+la puerta.
+
+Lo primero que oí fue la risa burlona y altanera de Ruperto, risa
+extraña en aquellas circunstancias y en aquel lugar. Desde luego
+indicaba que no habían llegado mis amigos, pues de lo contrario hubieran
+despachado a Ruperto a tiros. ¡Y el reloj dio las dos y media! ¡Dios
+mío! ¿Sería posible que viendo la puerta cerrada y no hallándome a
+orillas del foso, hubiesen regresado a Tarlein con la noticia de la
+muerte del Rey y la mía? Muertes que por cierto parecían muy próximas,
+que ocurrirían probablemente antes de que Sarto y los suyos llegasen a
+Tarlein. ¿No lo anunciaba así la risa triunfante de Ruperto?
+
+Permanecí algunos instantes anonadado, apoyándome contra la puerta.
+Luego me incorporé vivamente, porque Ruperto gritaba con despreciativo
+acento:
+
+--¡Ea, venid! ¡Aquí está el puente! ¡A no ser que Miguel el Negro os lo
+prohiba, perros, para convertirse él mismo en campeón de su dama! ¡Vén a
+batirte por ella, Miguel!
+
+Si la lucha había de ser entre tres bien podía yo tomar parte en ella,
+por malparado que estuviese. Di vuelta a la llave, entreabrí la puerta y
+miré.
+
+
+
+
+XIX
+
+CARA A CARA EN EL BOSQUE
+
+
+Nada pude ver por el momento, porque la viva luz de las antorchas y
+linternas que brillaban al otro lado del puente me deslumbró. Pero no
+tardé en distinguir los detalles de aquella escena singular. El puente
+estaba echado. En su más lejano extremo, un grupo de servidores del
+Duque, dos o tres de los cuales llevaban las luces de que he hablado y
+los otros tres o cuatro estaban armados con largas picas dirigidas hacia
+adelante, en actitud defensiva. Formaban apretado grupo y la palidez de
+sus rostros denotaba la agitación de que estaban poseídos. La verdad es
+que contemplaban con espanto a un hombre, plantado en medio del puente,
+espada en mano. Era Ruperto Henzar, en mangas de camisa, ensangrentada
+ésta sobre el pecho; pero su aspecto resuelto y erguido cuerpo, me
+indicaron desde luego que estaba ileso o cuando más levísimamente
+herido. Allí se hallaba, cortando el paso del puente, retando a sus
+contrarios y al Duque mismo; al paso que aquéllos, sin armas de fuego,
+temblaban ante el denodado joven, sin osar atacarlo. Hablábanse en voz
+baja y tras ellos, apoyado contra el dintel de la puerta, vi a mi amigo
+Juan, que con un pañuelo procuraba restañar la sangre que manaba de una
+herida recibida en la mejilla.
+
+Una casualidad providencial me hacía dueño de la situación. Aquellos
+cobardes no se atreverían conmigo más que con Ruperto; y en cuanto a
+éste, me bastaba alzar el brazo y de un disparo mandarlo al otro mundo a
+dar cuenta de sus crímenes. Ignoraba hasta mi presencia allí. Sin
+embargo, nada de eso hice. ¿Por qué? Nunca lo he sabido. Había ya dado
+muerte a un hombre, de noche y traidoramente, y a otro más bien por
+suerte que por maña. Pero a pesar de ser Ruperto tan gran villano, me
+repugnaba la idea de unirme a la turba que lo amenazaba para matarlo.
+Quizás fuese esta la causa. Por otra parte, me fascinaba la curiosidad,
+el vivo deseo de presenciar el fin de aquella escena.
+
+--¡Miguel! ¡Perro! ¡Vén si te atreves!--gritaba Ruperto, avanzando un
+paso hacia el grupo de sus temblorosos enemigos.--¡Miguel! ¡bastardo!
+
+La respuesta se la dio el agudo grito de una mujer.
+
+--¡Muerto, Dios mío! ¡Ha muerto!
+
+--¡Muerto!--vociferó Ruperto.--¡Ah, el golpe fue más certero de lo que
+yo creía!--y lanzó una carcajada triunfante.--¡Abajo esas armas,
+vosotros! ¡Ahora soy vuestro amo! ¡Abajo, digo!
+
+Creo que le hubieran obedecido, a no haberse elevado en aquel preciso
+momento súbito y lejano rumor, como de gritos y golpes dados al lado
+opuesto del castillo. El corazón me saltó en el pecho. Era sin duda mi
+gente, que por fortuna desobedecía mis órdenes y venía en mi busca. Las
+voces continuaban, pero la atención de todos los presentes se fijó por
+entonces en una aparición inesperada. El grupo de soldados del Duque se
+abrió para dar paso a una mujer que se adelantaba vacilante. Era
+Antonieta de Maubán, vistiendo blanca y holgada bata, suelto a la
+espalda el negro cabello, pálido el rostro y cuyos ojos brillaban
+amenazadores a la luz de las antorchas. Su trémula mano empuñaba un
+revólver y adelantándose por el puente apuntó a Ruperto y disparó. La
+baja vino a estrellarse en el muro, a alguna distancia de mi cabeza.
+
+--¡Ah, señora!--exclamó Ruperto riéndose.--¡Si sus ojos no fueran más
+mortíferos que su revólver, no me vería yo en este lance, ni Miguel, a
+estas horas, en el infierno!
+
+Antonieta, sin dedicar la menor atención a aquellas palabras, hizo un
+poderoso esfuerzo y logró permanecer inmóvil, rígida. Después levantó el
+arma lentamente y apuntó con calma.
+
+Esperar allí hubiera sido una locura por parte de Ruperto. Tenía que
+lanzarse sobre ella, corriendo el riesgo de recibir un balazo, o
+retroceder hacia mí. Por mi parte le apunté también.
+
+Pero no hizo una cosa ni otra. Antes de que ella hubiera asegurado la
+puntería, saludó graciosamente y gritó: «¡No puedo matar a la que he
+besado!» y sin que Antonieta o yo pudiéramos impedírselo, apoyó la mano
+sobre la barandilla del puente y saltó ligeramente al foso.
+
+En aquel mismo instante oí pasos precipitados y la voz de Sarto que
+decía: «¡Dios eterno, es el Duque! ¡Muerto!» Comprendí entonces que el
+Rey no me necesitaba ya, y arrojando al suelo mi revólver corrí hacia el
+puente. Oí gritos de sorpresa: «¡El Rey, el Rey!» pero imitando a
+Ruperto Henzar salté al foso, espada en mano, resuelto a terminar de una
+vez mi contienda con él. A quince varas de distancia, sobre el agua,
+veía su rizada cabeza.
+
+Nadaba rápidamente, y sin esfuerzo, al paso que yo, cansado y resentido
+de mi herida, no podría alcanzarle. Nadé algún tiempo en silencio, pero
+al verle doblar el ángulo del castillo, le grité:
+
+--¡Alto, Ruperto!
+
+Dirigió una mirada atrás, pero siguió nadando. Habíase acercado a la
+alta orilla y comprendí que buscaba lugar favorable para tomar tierra.
+No lo había, pero me acordé de mi cuerda, que probablemente colgaría
+donde yo la había dejado horas antes. Mientras él exploraba el terreno
+me le acerqué bastante, pero de pronto le oí lanzar una exclamación de
+alegría y comprendí que había descubierto la cuerda.
+
+Empezó a subir por ella y tan cerca estaba yo que le oí murmurar: «¿Cómo
+demonios ha venido esto aquí?» Llegué a la cuerda y él me vio,
+suspendido como estaba, pero no pude alcanzarle.
+
+--¿Quién va?--preguntó sobresaltado.
+
+Creo que a primera vista me tomó por el Rey y no lo extrañé porque mi
+palidez contribuía al engaño; pero muy pronto exclamó:
+
+--¡Calla, si es el comiquillo! ¿Qué hace usted por aquí?
+
+Diciendo esto llegó a la orilla. Yo tenía asida la cuerda, pero me
+detuve. Ruperto se hallaba en terreno firme, con la espada en la mano y
+nada más fácil que hendirme de un tajo la cabeza o atravesarme de una
+estocada si me arriesgaba a subir. Solté la cuerda.
+
+--No importa--dije;--lo esencial es que aquí estoy y aquí me quedo.
+
+Me miró sonriéndose.
+
+--El diablo son las mujeres...--empezó a decir, cuándo se oyó la gran
+campana del castillo que tocaba a rebato, y fuertes gritos que parecían
+salir del foso.
+
+Ruperto volvió a sonreírse y me hizo un saludo de despedida con la mano.
+
+--Mucho hubiera deseado habérmelas con usted--dijo,--pero la cosa se
+pone fea; y desapareció de mi vista.
+
+En un instante, sin pensar en el peligro, subí por la cuerda. Le vi a
+treinta varas de distancia, corriendo como un gamo en dirección al
+bosque. Era la primera vez que Ruperto se mostraba más prudente que
+animoso. Corrí tras él, gritándole que se detuviese, pero no me hizo
+caso. Ileso y ágil ganaba terreno a cada paso; pero yo, olvidado de
+todo, excepto del deseo de vengarme, seguí sus huellas y muy pronto
+desaparecimos ambos en el bosque de Zenda.
+
+Eran las tres de la mañana y empezaba a despuntar el día. Me hallaba en
+una avenida larga y recta, cubierta de césped y a cien varas de
+distancia corría Ruperto, flotante al viento el rizado cabello. Me
+sentía rendido y respiraba fatigosamente; le ví volver el rostro y
+saludarme otra vez con la mano. Se burlaba de mí, porque veía que me era
+imposible alcanzarle. Tuve que detenerme para respirar y un momento
+después Henzar torció rápidamente a la derecha y desapareció.
+
+Creí que todo había terminado y me dejé caer abatido sobre la hierba.
+Pero eché a correr de nuevo en seguida, porque oí salir del bosque el
+grito de una mujer. Haciendo un esfuerzo supremo llegué al lugar donde
+Ruperto había cambiado de rumbo, e imitándole, volví a verle, en
+compañía de una muchacha, a la que obligaba a bajar del caballo que
+montaba. Ella era sin duda la que había lanzado aquel grito. Parecía una
+campesina y llevaba una cesta pendiente del brazo. Probablemente se
+dirigía al mercado de Zenda. El caballo era fuerte y de buena estampa.
+El truhán de Ruperto la posó en tierra sin hacer caso de sus gritos,
+pero sin violencia; al contrario, la besó riéndose y le dio dinero.
+Después montó de un salto, a mujeriegas, y me esperó. Yo me detuve y le
+esperé a mi vez.
+
+Dirigió su caballo hacia mí, pero lo detuvo a corta distancia y alzando
+la mano preguntó:
+
+--¿Qué ha hecho usted en el castillo?
+
+--He matado a sus tres amigos--respondí.
+
+--¡Cómo! ¿Bajó usted a la prisión?
+
+--Sí.
+
+--¿Y el Rey?
+
+--Fue herido por Dechard, a quien di muerte, y espero que el Rey viva.
+
+--¡Necio!--exclamó Ruperto jovialmente.
+
+--Otra cosa hice.
+
+--¿Y fue?
+
+--Perdonarle a usted la vida. Me hallaba detrás de usted en el puente,
+revólver en mano.
+
+--¡Digo! ¡Pues estuve entre dos fuegos!
+
+--¡Apéese usted--le grité,--y luche como un hombre!
+
+--¿En presencia de una dama?--dijo señalando a la muchacha.--¡Qué cosas
+tiene Vuestra Majestad!
+
+Entonces, furioso, sin saber lo que hacía, corrí hacia él. Pareció
+vacilar un instante, pero después refrenó el caballo y me esperó.
+Continué mi carrera, enloquecido, así las riendas y le dirigí una
+estocada, que paró, devolviéndome el golpe. Retrocedí un paso y renové
+el ataque, pero aquella vez le abrí la mejilla y salté atrás antes de
+que él pudiera alcanzarme. Parecía desconcertado por la violencia de mi
+ataque, pues de lo contrario creo que hubiera acabado conmigo. Caí sobre
+una rodilla, jadeante, esperando verme atropellado por su caballo. Así
+hubiera sucedido indudablemente, pero en aquel instante resonó un grito
+a nuestras espaldas y volviéndome vi a un jinete que acababa de dejar la
+avenida y galopaba por el sendero, revólver en mano. Era Federico
+Tarlein, mi fiel amigo. Ruperto lo reconoció también, y comprendió que
+había perdido la partida. Tomó la debida posición en la silla, pero
+todavía se detuvo un momento, para decirme con su eterna sonrisa:
+
+--¡Hasta la vista, Rodolfo Raséndil!
+
+Después, sangrándole la mejilla, pero apuesto y gallardo siempre,
+moviéndose en la silla con la facilidad y maestría de costumbre, me
+saludó; se inclinó también hacia la joven campesina, que se había
+acercado fascinada; y con un ademán se despidió a su vez de Tarlein, que
+habiéndose puesto a tiro levantó el revólver y disparó. La bala estuvo a
+punto de acabar con Ruperto, porque le hizo pedazos el puño de la espada
+que en la diestra tenía. Soltó el arma, sacudiendo los dedos, golpeó los
+costados del caballo con los talones y lanzando una blasfemia, partió al
+galope.
+
+Le miré alejarse de la larga avenida, con tanta soltura como si se
+tratase de un paseo a caballo, como si no fuera desangrándose por sus
+heridas.
+
+Todavía se volvió una vez más para saludarnos con la mano, y se ocultó a
+nuestra vista, indomable y airoso como siempre, tan valiente como
+perverso. Y yo arrojé al suelo mi espada y supliqué a Tarlein que lo
+persiguiese. Pero lejos de eso detuvo su caballo, desmontó y corriendo
+hacia mí me abrazó estrechamente. A tiempo llegaba, porque la herida que
+recibí en la lucha con Dechard había vuelto a abrirse y la sangre corría
+abundante, formando roja mancha en el suelo.
+
+--¡Pues entonces déme usted su caballo!--grité, apartándolo de mí.--Di
+algunos pasos hacia el caballo, tambaleándome, y caí de bruces. Tarlein
+se arrodilló a mi lado.
+
+--¡Federico!--dije.
+
+--Sí, amigo mío, amigo querido--me contestó con la dulzura de una mujer.
+
+--¿Vive el Rey?
+
+Sacó su pañuelo, limpió con él mis labios y me besó en la frente.
+
+--¡Si, vive, gracias al más valiente caballero que he
+conocido!--contestó en voz baja.
+
+La pobre campesina seguía allí, llorosa y sorprendida, porque me había
+visto en Zenda y creía que el Rey yacía pálido y ensangrentado a sus
+pies.
+
+Al oír aquellas palabras de Tarlein quise gritar:
+
+«¡Viva el Rey!» pero no pude, y recliné la cabeza en los brazos de mi
+amigo, lanzando un gemido; mas temeroso de que él interpretase mal mi
+silencio, volví a abrir los ojos y procuré articular aquellas palabras:
+«¡Viva!...» ¡Imposible! Mortalmente cansado, transido de frío, me cobijé
+en brazos de Tarlein, cerré los ojos y quedé desvanecido.
+
+
+
+
+XX
+
+EL PRISIONERO Y EL REY
+
+
+Para que se comprenda bien lo ocurrido en el castillo de Zenda, tengo
+que completar el relato de lo que yo en persona vi e hice aquella noche
+con una breve reseña de lo que más tarde supe por Tarlein y la señora de
+Maubán. Esta me explicó por qué el grito que yo le había mandado dar
+como señal se había convertido de estratagema en siniestra realidad y
+oídose mucho antes de la hora convenida; grito que por un momento
+apareció ser la ruina de todas nuestras esperanzas, pero que vino a
+favorecerlas en definitiva. La desgraciada mujer, impulsada, según creo,
+por verdadero afecto al duque de Estrelsau, no menos que por la
+brillante perspectiva ofrecida a su ambición, había seguido al Duque, a
+petición de éste, de París a Ruritania. Era Miguel hombre de violentas
+pasiones, pero de voluntad más poderosa todavía. Con frío egoísmo lo
+tomó todo sin dar cosa alguna en cambio, y Antonieta no tardó en
+descubrir que tenía una rival en la princesa Flavia; desesperada, no
+reparó en medios para conservar el amor del Duque. Al propio tiempo se
+vio mezclada en las audaces maquinaciones de éste. Resuelta a no
+abandonarlo, unida a él por los lazos de su impura pasión y por sus
+propias esperanzas, no quiso, sin embargo, servirle de pretexto para
+llevarme a la muerte. De aquí las cartas que me había escrito
+revelándome el peligro. No pretenderé averiguar si las líneas dirigidas
+a Flavia las habían dictado el afecto o el odio, la compasión o los
+celos: pero nos fueron también de gran servicio. Cuando el Duque fue a
+Zenda ella le acompañó; y allí pudo comprender por primera vez la
+crueldad de Miguel en toda su extensión y se apiadó su alma del
+desgraciado Rey. Desde aquel instante estuvo de nuestra parte. Pero por
+lo que ella misma me dijo comprendo que, mujer al fin, seguía queriendo
+al Duque y esperaba obtener del Rey la vida de aquél, cuando no su
+perdón, en recompensa de sus propios servicios a nuestra causa. No
+deseaba el triunfo de Miguel, abominaba su crimen y mucho más el premio
+que con él se proponía alcanzar el Duque, la mano de su prima, la
+princesa Flavia.
+
+Otros elementos que figuraron en el drama de Zenda fueron el libertinaje
+y la audacia de Ruperto. Quizás se sintió atraído por la belleza de
+Antonieta; quizás le bastara saber que ésta pertenecía a otro hombre y
+le odiaba a él. Por muchos días habían menudeado los conflictos y las
+discusiones entre Miguel y Ruperto, acrecentándose su odio, y la reyerta
+que yo presencié entre ellos en la habitación del Duque no fue más que
+una de tantas. Cuando revelé a la señora de Maubán las ofertas que me
+había hecho Ruperto, no se mostró admirada; ella misma había aconsejado
+a Miguel que desconfiase de Ruperto, aun en los momentos en que me
+escribía rogándome que la rescatase del poder de ambos. Aquella noche
+resolvió Ruperto realizar sus inicuos designios y proporcionándose una
+llave de la habitación de Antonieta, la había sorprendido en ella. Sus
+gritos atrajeron al Duque, lucharon ambos en la obscuridad, dio Ruperto
+un golpe mortal a su señor y al precipitarse los criados en la
+habitación, escapó él por la ventana, como dejo referido. Ignorando la
+muerte del Duque, había regresado al puente para renovar el combate. No
+sé lo que se propondría hacer con los otros tres secuaces de Miguel y
+cómplices suyos, pero creo que no había formado plan alguno, porque la
+muerte del Duque fue impremeditada por su parte. Sola Antonieta con el
+herido, procuró restañar la sangre, pero inútilmente; y habiendo
+expirado el Duque poco después, oyó ella las voces de reto de Ruperto y
+acudió a castigarlo y vengarse. A mí no me vio hasta que me lancé al
+foso, en persecución de nuestro común enemigo.
+
+En aquel instante entraron mis amigos en escena. Habían llegado al
+castillo nuevo a la hora convenida, y esperaron cerca de la puerta, que
+no se abrió porque Juan se vio arrastrado con los otros en auxilio del
+Duque; es más, deseoso de disipar toda sospecha, se había distinguido
+muy especialmente atacando a Ruperto en persona, lo que le había valido
+una estocada de éste. Sarto esperó hasta cerca de las dos y media, y
+después, en cumplimiento de mis órdenes, había enviado a Tarlein a
+buscarme por las cercanías del foso. No hallándome, habían conferenciado
+ambos, proponiendo Sarto seguir al pie de la letra mis instrucciones y
+regresar a escape a Tarlein; pero el buen Federico se negó rotundamente
+a abandonarme, cualesquiera que fuesen las órdenes recibidas.
+Discutieron algunos minutos, cedió Sarto, envió un destacamento mandado
+por Berstein al palacio de Tarlein en busca del general Estrakenz, y el
+resto de la fuerza atacó furiosamente la gran puerta del castillo.
+Resistióles ésta unos quince minutos y cayó por fin, en el momento mismo
+en que Antonieta disparaba su revólver contra Ruperto. Sarto y ocho de
+sus soldados se precipitaron en el castillo; la primera habitación a que
+llegaron fue la de Miguel, que yacía tendido en el suelo, atravesado de
+una estocada. Entonces lanzó Sarto el grito que yo había oído: «¡El
+Duque ha muerto!» y atacó a los servidores de Miguel, que aterrorizados
+se rindieron a discreción. Antonieta se arrojó sollozando a los pies de
+Sarto, a quien sólo pudo decir que me había visto lanzarme al agua desde
+el otro extremo del puente.
+
+--¿Y el prisionero?--le preguntó el coronel.
+
+Pero ella se limitó a mover negativamente la cabeza, y Sarto, Federico y
+sus acompañantes cruzaron en silencio el puente, hasta tropezar con el
+cadáver de De Gautet.
+
+Escucharon ávidamente, pero ningún rumor llegó hasta ellos desde las
+celdas, lo que les hizo temer que el Rey había sido asesinado por sus
+guardianes y su cuerpo arrojado al foso, escapando aquéllos a su vez por
+la «Escala de Jacob.» Sin embargo, el hecho de haber sido visto ya cerca
+de allí les infundía alguna esperanza (así me lo dijo el buen Tarlein);
+por lo que volviendo a la habitación de Miguel, en la que estaba orando
+Antonieta, hallaron un manojo de llaves y entre ellas la de la puerta
+de la prisión que yo había cerrado tras mí al salir. Abrieron; la
+escalera estaba a obscuras y al principio no quisieron encender una
+antorcha, temiendo servir de blanco a sus enemigos. Pero no tardó en
+exclamar Federico: «¡La puerta está abierta! ¡Y hay luz en la celda!»
+Bajaron resueltamente y en la primera celda sólo hallaron el cadáver de
+Bersonín, lo que les impulsó a dar gracias a Dios, exclamando Sarto:
+«¡No hay duda! ¡Raséndil ha pasado por aquí!»
+
+Precipitándose después en la inmediata estancia, vieron el cuerpo
+exánime de Dechard sobre el del médico y a pocos pasos el del Rey,
+tendido de espaldas, junto a su derribada silla. «¡Muerto!» exclamó
+Tarlein; y Sarto los hizo salir a todos, excepto Tarlein, y
+arrodillándose junto al Rey no tardó en descubrir que vivía y que con
+solícitos cuidados su salvación era segura. Le cubrieron el rostro, lo
+transportaron a la habitación de Miguel, en cuyo lecho lo pusieron y
+Antonieta suspendió sus preces para bañar la ensangrentada frente del
+Rey y vendar sus heridas, en tanto llegaba un médico. Y Sarto,
+convencido más que nunca de mi reciente presencia allí y habiendo oído
+el relato de Antonieta, envió a Tarlein en mi busca, por foso y bosque.
+Federico halló primero mi caballo, tembló por mi suerte y me descubrió
+al fin, guiado por el grito con que yo había retado a Ruperto. Su gozo
+fue tan intenso como si de su propio hermano se tratara, y en su cariño
+y ansiedad por mí, desdeñó cosa tan importante como la muerte de Ruperto
+Henzar. Sin embargo, yo hubiera sentido no haberlo castigado por mi
+propia mano.
+
+Una vez realizado tan felizmente el rescate del Rey, le tocaba a Sarto
+ocultar a todos el cautiverio de éste. Antonieta de Maubán y Juan el
+guardabosque (bastante malparado este último por el momento para andar
+en chismes) habían jurado guardar secreto; y Tarlein se había adelantado
+en busca, no del Rey, sino del ignorado amigo del monarca que se había
+aparecido por un momento en el puente, ante los sorprendidos servidores
+del Duque. Se había verificado la sustitución, y el Rey, herido
+gravemente, según a todos se dijo, por los carceleros que tenían cautivo
+a uno de sus fieles amigos, había vencido por fin y se hallaba en la
+habitación de Miguel el Negro. Allí lo habían conducido, cubierto el
+rostro, desde su prisión subterránea y allí se había dado orden de
+llevarme sigilosamente tan luego me encontrasen. También se despachó un
+mensajero al palacio de Tarlein, con encargo de anunciar al general
+Estrakenz y a la Princesa, que el Rey se hallaba en salvo y deseaba
+conferenciar con el General sin pérdida de momento. Cuanto a Flavia,
+debía permanecer en Tarlein hasta que el Rey le enviase nuevas
+instrucciones. Así había preparado Sarto las cosas mientras se reponía
+un tanto el Rey, después de haber escapado casi por milagro de las
+asechanzas de su inicuo hermano.
+
+El ingenioso plan del astuto coronel prosperó sin tropiezo, hasta
+encontrar un obstáculo que a menudo trastorna los proyectos mejor
+combinados: la voluntad o el capricho de una mujer. En este caso,
+cualesquiera que fuesen las órdenes del Rey, las instrucciones de Sarto
+y los consejos del General, Flavia se negó a permanecer en Tarlein
+mientras su amado se hallaba herido en Zenda, y el carruaje de la
+Princesa siguió de cerca al General y su escolta cuando éste se puso en
+camino del castillo. Así pasaron por el pueblo, donde se decía ya que
+habiéndose dirigido el Rey al castillo la noche anterior, para
+reconvenir amistosamente a su hermano por el trato dado a uno de los
+amigos del Rey prisionero en la fortaleza, se había visto atacado a
+traición; que tras una lucha desesperada habían perecido el Duque y
+varios caballeros suyos, y que el Rey, aunque herido, había logrado
+apoderarse del castillo. Todos estos rumores causaron, como se
+comprenderá, profunda sensación; empezó a funcionar el telégrafo, pero
+cuando las noticias llegaron a la capital, ya se había recibido allí la
+orden de poner tropas sobre las armas, e impedir toda manifestación
+hostil en los barrios donde predominaban los partidarios del Duque.
+
+Subía el carruaje de la princesa Flavia el pendiente camino del
+castillo, con el General cabalgando al estribo y rogándole todavía que
+volviese a Tarlein, a tiempo que Federico y el supuesto prisionero de
+Zenda llegaban al lindero del bosque. Al recobrar el sentido me puse en
+marcha, apoyado en el brazo de Federico, y próximos ya a salir del
+bosque vi a la Princesa. Una mirada de mi amigo me hizo comprender
+repentinamente que no debía verme ni hablar otra vez con Flavia y caí de
+rodillas tras unos arbustos. Pero habíamos olvidado a la joven
+campesina, que nos había seguido y no estaba dispuesta a perder aquella
+ocasión de congraciarse con la Princesa y de ganar unas monedas de oro;
+así fue que apenas nos ocultamos, salió corriendo al camino y saludando,
+exclamó:
+
+--¡Señora, el Rey está allí, detrás de aquellas matas! ¿Quiere Vuestra
+Alteza que la guíe hasta él?
+
+--¿Qué tontería es esa, muchacha?--dijo el General.--El Rey está en el
+castillo, herido.
+
+--A que no. Herido sí, pero está allí, con el conde Federico, y no en el
+castillo--insistió la moza.
+
+--¿Está en dos lugares a la vez, o es que hay dos Reyes?--preguntó
+Flavia sorprendida.--¿Cómo sabes que está allí?
+
+--Lo vi persiguiendo a un caballero, señora, y pelearon hasta que llegó
+el conde Federico; el otro me quitó el caballo de mi padre y se escapó,
+pero el Rey está allí con el Conde. ¡Cómo, señora! ¿Hay acaso otro
+hombre como el Rey en Ruritania?
+
+--No, hija mía--contestó Flavia dulcemente, (me lo dijeron después); y
+se sonrió y dio dinero a la muchacha.--Voy yo misma a ver a ese
+caballero--dijo haciendo ademán de bajar del coche.
+
+Pero en aquel momento llegó Sarto al galope, procedente del castillo, y
+al ver a la Princesa resolvió sacar el mejor partido posible de las
+circunstancias y comenzó por decirle que el Rey estaba perfectamente
+atendido y fuera de peligro.
+
+--¿En el castillo?--preguntó Flavia.
+
+--¿Pues dónde había de estar, señora?--repuso el coronel inclinándose.
+
+--Es que esta muchacha dice que ha visto al Rey allí, con el conde
+Federico.
+
+Sarto miró a la moza sonríendose y con expresión de incredulidad.
+
+--Estas chicas en cuanto ven un apuesto caballero, se creen que es el
+Rey--dijo.
+
+--Pues entonces, el que yo digo y el Rey se parecen como si fueran
+hermanos--replicó la campesina, algo vacilante pero insistiendo todavía
+en su tema.
+
+Sarto miró en torno. En el rostro del General se adivinaba muda
+interrogación. Los ojos de Flavia no eran menos elocuentes. La sospecha
+cunde con facilidad portentosa.
+
+--Voy a ver quién es ese hombre--dijo Sarto.
+
+--No, iré yo misma--exclamó la Princesa.
+
+--Pues en tal caso, venga Vuestra Alteza sola--murmuró Sarto.
+
+Y ella, obedeciendo a aquella extraña indicación y notando también la
+súplica que se veía en el rostro del veterano, rogó al General y su
+séquito que esperasen allí; dijo Sarto a la muchacha que se apartase a
+distancia, y él y Flavia se dirigieron a pie hacia donde estábamos.
+Cuando los vi acercarse, me senté, agobiado, en el suelo y oculté la
+cara entre las manos. No podía mirarla. Federico se arrodilló a mi lado,
+puesta la mano en mi hombro.
+
+--Hable Vuestra Alteza en voz baja--dijo Sarto al llegar con la Princesa
+a nuestro lado; y después oí un grito ahogado, que parecía expresar
+alegría y temor a la vez, y su voz que decía:
+
+--¡Es él! ¿Estás herido, sufres?
+
+Corrió a mi lado y con suave esfuerzo apartó mis manos, pero yo seguí
+con los ojos fijos en tierra.
+
+--¡Es el Rey!--exclamó.--¿Quiere usted decirme, coronel Sarto, qué
+significa la broma de que hace poco pretendía usted hacerme objeto?
+
+Nadie contestó; los tres seguimos silenciosos ante ella. Prescindiendo
+de testigos, me abrazó y me dio un beso. Entonces dijo Sarto, con voz
+ronca y baja:
+
+--No es el Rey. No lo acaricie Vuestra Alteza; no es el Rey.
+
+--Pero, ¿acaso no conozco yo a mi amado? ¡Rodolfo, amor mío!
+
+-No es el Rey--repitió Sarto; y el acongojado Tarlein no pudo reprimir
+un sollozo.
+
+Entonces, al oír aquel sollozo, comprendió Flavia que había en todo
+aquello algo más que una chanza o una equivocación.
+
+--¡Sí, es el Rey!--exclamó.--Es su cara; su anillo, el mío. ¡Oh, sí, es
+mi amor!
+
+--Vuestro amor, señora, sí--dijo Sarto.--Pero el Rey está allí, en el
+castillo. Este caballero...
+
+--¡Mírame, Rodolfo! ¡Mírame!--gritó, oprimiendo mi rostro entre sus
+manos.--¿Por qué permites que me atormenten así? ¡Dime, qué significa
+esto!
+
+Entonces hablé, fijos mis ojos en los suyos.
+
+--¡Dios me perdone, señora!--dije.--No soy el Rey.
+
+Sentí en mis mejillas el temblor convulsivo de sus manos. Miró fijamente
+mi cara, escudriñándola, como no ha sido mirada jamás la cara de un
+hombre. Y yo, mudo otra vez, vi nacer y agrandarse en sus ojos el
+asombro, la duda, el terror. Disminuyó gradualmente la presión de sus
+manos; miró a Sarto, a Federico y volvió a clavar los ojos en mí;
+después, repentinamente, vaciló, cayó hacia adelante en mis brazos, y
+yo, con un grito de dolor, la estreché sobre mi pecho y besé sus labios.
+Sarto me tocó el brazo. Le miré, deposité suavemente el cuerpo de Flavia
+sobre la hierba, y de pie a su lado, contemplándola, maldije al Cielo
+por haberme salvado de la espada de Ruperto para hacerme sufrir aquel
+dolor tan intenso, tan atroz.
+
+
+
+
+XXI
+
+¡HAY ALGO MÁS QUE AMOR!
+
+
+Había cerrado la noche y me hallaba en la celda que acababa de ser
+prisión del Rey en el castillo de Zenda. Había desaparecido el tubo
+apodado «Escala de Jacob» por Ruperto Henzar, y en la obscuridad
+brillaban las luces de una habitación situada al otro lado del foso.
+Reinaba profundo silencio, en contraste con el fragor de la reciente
+lucha. Yo había pasado el día en el bosque, con Federico, después de
+separarme de la Princesa, a quien dejamos en compañía de Sarto.
+Protegido por la obscuridad, me habían conducido al castillo e instalado
+en la celda. Nada me importaba el recuerdo de que un poco antes habían
+muerto allí tres hombres, dos de ellos por mi mano. Me había arrojado
+sobre un colchón inmediato a la ventana y contemplaba las negras aguas
+del foso. Juan, pálido todavía a consecuencia de su herida, me había
+servido la cena. Me dijo que el Rey iba reponiéndose, que había visto a
+la Princesa y conferenciado largamente con Sarto y Tarlein. El General
+había regresado a Estrelsau, Miguel el Negro yacía en su ataúd y junto a
+él velaba Antonieta de Maubán. Desde mi retiro había oído el fúnebre
+canto y las preces de los religiosos.
+
+Fuera circulaban extraños rumores. Decían unos que el prisionero de
+Zenda había muerto; otros que había desaparecido pero estaba vivo;
+aseguraban algunos que era un buen amigo del Rey a quien había prestado
+valioso servicio en Inglaterra, en cierta aventura; y no faltaba quien
+sabía que, habiendo descubierto las tramas del Duque, se había éste
+apoderado de él y arrojádolo en una mazmorra. Pero los más avisados
+prescindían de suposiciones y comentarios, limitándose a decir que sólo
+se sabría la verdad cuando el coronel Sarto tuviese a bien revelarla.
+
+Así charló Juan hasta que lo despedí, y me quedé solo, pensando no en lo
+porvenir, sino, como sucede a menudo después de las grandes crisis, en
+los sucesos de aquellas últimas semanas, pasándoles mental revista con
+verdadero asombro. Allá en lo alto se oía, interrumpiendo el silencio de
+la noche, el ruido producido por las banderas del castillo flotando al
+viento o golpeando sus astas. En una de éstas, ondeaba el estandarte del
+Duque y sobre él la real insignia, el pabellón de Ruritania. Y nos
+acostumbramos tan pronto a todo, que me costó algún esfuerzo convencerme
+de que ya no ondeaba, como hasta entonces, en honor mío.
+
+No tardó en presentarse Federico de Tarlein. Me dijo brevemente que el
+Rey deseaba verme, y juntos cruzamos el puente levadizo y entramos en la
+que había sido cámara del duque Miguel.
+
+El Rey yacía en el lecho, tendido por el médico que nosotros habíamos
+llevado a Tarlein y que se apresuró a decirme en voz baja que abreviase
+mi visita. El Rey me tendió la mano y estrechó la mía. Federico y el
+médico se apartaron, dirigiéndose a una de las entreabiertas ventanas.
+
+Retiré el anillo del Rey que tenía en mi dedo y lo puse en el suyo.
+
+--He procurado llevarlo con honra, señor--le dije.
+
+--No puedo hablar mucho--repuso con voz débil.--He tenido una viva
+discusión con Sarto y el General, quienes me lo han dicho todo. Yo
+quería llevarlo a usted a Estrelsau, tenerlo allí a mi lado y decir a
+todos lo que ha hecho; quería que usted fuese mi mejor y más querido
+amigo, primo Rodolfo. Pero me dicen que no debo hacerlo y que se ha de
+guardar el secreto... si tal cosa es posible.
+
+--Tienen razón, señor. Permítame partir Vuestra Majestad. Mi misión aquí
+ha terminado.
+
+--Sí, y la ha cumplido usted como ningún otro hombre hubiera podido
+hacerlo. Cuando vuelvan a verme habré dejado crecer mi barba, sin contar
+que estaré desfigurado por mi enfermedad. Nadie se sorprenderá de que el
+Rey parezca tan cambiado. Pero fuera de eso, procuraré que no noten en
+mí ningún otro cambio. Usted me ha enseñado a ser Rey.
+
+--Señor--dije,--no merezco ni puedo aceptar los elogios de Vuestra
+Majestad. Sólo a la bondad del Cielo debo el no ser hoy un traidor mayor
+aún que el mismo Duque.
+
+Me miró con alguna extrañeza, pero no es de enfermos graves descifrar
+enigmas y renunció a interrogarme. Su mirada se fijó en la sortija de
+Flavia que yo llevaba puesta. Creí que iba a hablarme de ello, pero
+después de tocar distraídamente el anillo algunos instantes, dejó caer
+la cabeza sobre la almohada.
+
+--No sé cuándo volveré a verle--dijo con voz apenas perceptible.
+
+--Tan luego vuelva a necesitarme Vuestra Majestad--contesté.
+
+Cerró los ojos. Tarlein y el médico se acercaron. Besé la mano del Rey y
+salí con Tarlein. No he vuelto a ver al joven soberano.
+
+Ya fuera de la habitación, noté que Federico, en lugar de dirigirse a la
+derecha y al puente levadizo, torció a la izquierda y sin decir palabra
+me hizo subir una escalera y nos hallamos en un amplio corredor del
+castillo.
+
+--¿Adónde vamos?--pregunté.
+
+--Ella ha enviado a llamarle--respondió Tarlein sin mirarme.--Cuando
+haya terminado esta entrevista, vuelva usted al puente. Allí lo
+esperaré.
+
+--¿Qué desea?--dije respirando agitadamente.
+
+Me indicó con un ademán que no podía contestar a mi pregunta.
+
+--¿Lo sabe todo?
+
+--Sí, todo.
+
+Abrió una puerta, me hizo entrar impulsándome suavemente y cerró tras
+mí. Me hallé en una sala pequeña y lujosamente amueblada. Al principio
+creí hallarme solo, porque las dos velas encendidas sobre una mesa
+tenían pantallas y despedían escasa luz. Pero casi en seguida vi a una
+mujer, en pie, cerca de la ventana. Me dirigí a ella, doblé una rodilla
+y tomándole una mano la llevé a mis labios. No habló ni se movió. Me
+levanté y, a pesar de la indecisa luz, noté la palidez de sus mejillas,
+vi la aureola que le formaban sus hermosos cabellos y sin darme cuenta
+de ello pronuncié dulcemente su nombre:
+
+--¡Flavia!
+
+Se estremeció ligeramente y miró en torno.
+
+Después se lanzó hacia mí y asiéndome el brazo dijo:
+
+--¡No estés en pie! ¡No, siéntate! Estás herido. ¡Aquí, siéntate aquí!
+
+Me hizo sentar en el sofá y apoyó la mano en mi frente.
+
+--¡Cómo te arde la frente!--dijo cayendo de rodillas a mi lado.
+
+Reclinó la cabeza sobre mi pecho y la oí murmurar:
+
+--¡Pobre amor mío! ¡Cómo te arde la frente!
+
+Por mi parte había ido allí con el propósito de humillarme, de implorar
+su perdón; pero lejos de eso, lo único que dije fue:
+
+--¡Te amo, Flavia, con todas mis fuerzas, con toda mi alma!
+
+Porque el amor nos permite leer en el corazón del ser amado, porque lo
+que la turbaba y la hacía sentirse avergonzada, no era su amor por mí,
+sino el temor de que así como yo había sido fingido Rey, hubiera
+representado también el papel de amante y recibido sus besos burlándome
+interiormente de ella.
+
+--¡Con todas mis fuerzas, con toda mi alma!--repetí, y su rostro oprimió
+más fuertemente mi pecho.--¡Siempre, desde el primer instante en que te
+vi, allá en la catedral! Para mí no ha existido desde entonces más que
+una mujer en el mundo y jamás existirá otra. ¡Pero Dios me perdone el
+engaño de que te he hecho víctima!
+
+--¡Te obligaron a ello!--dijo prontamente; y luego, alzando la frente y
+fijos sus ojos en los míos, añadió:
+
+--Quizás hubiera sucedido lo mismo aun revelándome la verdad. ¡Porque mi
+amor eras siempre tú, no el Rey!
+
+Y levantándose, me dio un beso.
+
+--Me proponía confesártelo todo--dije.--Iba a hacerlo la noche del
+baile, en Estrelsau, pero Sarto me interrumpió. Después... no pude, no
+me atreví a correr el riesgo de perderte antes... ¡antes de que llegase
+el momento en que por fuerza había de perderte! Adorada mía, ¿sabes que
+por ti pensé dejar al Rey abandonado a su suerte?
+
+--¡Lo sé, lo sé! Y ahora...¿qué vamos a hacer ahora, Rodolfo?
+
+La atraje hacia mí, y abrazándola la dije:
+
+--Voy a partir esta noche!
+
+--¡Ah, no, no!--exclamó.--¡No esta noche!
+
+--Tengo que irme, antes de que me vean otros. ¿Y cómo quieres que me
+quede, alma mía, a no ser?...
+
+--¡Si pudiera partir contigo!--murmuró.
+
+--¡En nombre del Cielo!--exclamé bruscamente.--¡No digas eso!
+
+--¿Por qué no? Te amo. ¡Eres tan caballero tan noble como el Rey!
+
+Entonces falté a todos mis principios, hice traición a cuanto debía
+respetar. La tomé en mis brazos y le supliqué con palabras que no puedo
+reproducir aquí, que me siguiera, que desafiase al mundo entero a
+arrancarla de mis brazos. Y por algún tiempo me escuchó, sorprendida y
+dominada. Pero cuando me miró empecé a avergonzarme de mi conducta, me
+faltó la voz, balbuceé algunas palabras y por fin guardé silencio.
+
+Flavia se apartó de mí, buscando apoyo en la pared, y yo quedé humillado
+y tembloroso, sabiendo lo que había hecho, despreciándome a mí mismo,
+pero también resuelto a no desdecirme. Así permanecimos largo tiempo.
+
+--¡Estoy loco!--dije tristemente.
+
+--Aun loco te adoro, amor mío--contestó.
+
+Tenía inclinado el rostro, pero vi el brillo de las lágrimas que
+surcaban sus mejillas. Tuve que buscar apoyo en el respaldo del sofá.
+
+--¡Hay algo más que amor!--dijo en voz baja, con dulcísimo acento.--Si
+el amor lo fuese todo, yo podría seguirte hasta el fin del mundo, aunque
+tuviese que vestir harapos, porque mi corazón te pertenece. Pero ¿no
+existe algo más que el amor?
+
+No contesté. Ahora me avergüenzo de no haber asentido, de no haber
+facilitado sus esfuerzos con mis palabras.
+
+Se me acercó y me puso la mano sobre el hombro, mano que torné y oprimí
+entre las mías.
+
+--Bien sé--continuó,--que se habla y se escribe como si el amor lo fuese
+todo. Quizás lo sea para algunos. Pero si lo fuera también para ti,
+Rodolfo, hubieras dejado morir al Rey en su prisión.
+
+Llevé su mano a mis labios.
+
+--¿Y la honra de la mujer, Rodolfo? ¿Ella me manda ser fiel a mi patria
+y a mi cuna? ¡No sé por qué Dios me ha hecho amarte; pero también sé que
+me ordena quedarme!
+
+Seguí guardando silencio y ella continuó tras una pausa:
+
+--Llevaré siempre tu anillo en mi dedo; tu corazón estará eternamente
+junto al mío, tu beso en mis labios. Pero debes partir y yo debo
+quedarme. Y quizás deba yo también hacer algo más, algo cuya sola idea
+es ahora para mí peor que la muerte...
+
+Comprendí lo que quería decir y temblé. Pero no quise mostrarme menos
+animoso que ella. Me levanté y tomé su mano.
+
+--Haz lo que quieras o lo que debas--dije.--Creo que a seres como tú,
+Dios mismo les indica el camino que han de seguir. Mi carga es más
+ligera que la tuya, porque yo también llevaré siempre tu anillo, y tu
+corazón estará eternamente junto al mío; pero jamás habrá en mis labios
+otro beso que el tuyo. ¡Dios te dé fuerza y consuelo, alma mía!
+
+Llegó a nuestros oídos un canto solemne. Eran las preces que elevaban
+los sacerdotes en la capilla por las almas de los muertos. Aquel canto
+fúnebre resonaba como un adiós tristísimo a nuestra pasada dicha, como
+una súplica en nombre de nuestro eterno amor. Con sus manos entre las
+mías, escuchamos las dulces y melancólicas notas.
+
+--¡Mi Reina y mi Cielo!--dije.
+
+--¡Mi amante y leal caballero!--respondió Flavia.--Quizá no volvamos a
+vernos. ¡Un beso y parte!
+
+Le di un beso, pero se abrazó a mí, murmurando mi nombre una y cien
+veces. Por fin me separé de ella.
+
+Dirigí mis rápidos pasos al puente, donde me esperaban Sarto y Federico.
+A indicación suya, cambié de traje, y ocultando el rostro como lo había
+hecho antes varias veces, montamos a caballo a la puerta del castillo y
+cabalgamos todo el resto de la noche. Al amanecer nos hallamos en una
+pequeña estación inmediata a la frontera. Faltaba algún tiempo para la
+llegada del tren y nos dirigimos por una pradera al cercano arroyuelo.
+Me prometieron enviarme noticias y me colmaron de atenciones y elogios;
+aun el viejo Sarto estaba afectado y Tarlein profundamente conmovido.
+Escuché como en sueños cuanto decían, pero aquella dulce voz «¡Rodolfo!
+¡Rodolfo! ¡Rodolfo!» resonaba todavía en mis oídos, como un grito de
+amor y desesperación. Comprendieron por fin que mi pensamiento estaba
+lejos de allí y nos paseamos en silencio, hasta que Federico tocó mi
+brazo y vi a gran distancia el azulado humo de la locomotora. Entonces
+les tendí las manos.
+
+--Hoy nos conducimos como niños--dije;--pero en días recientes nos hemos
+portado como hombres ¿verdad, Sarto, Federico, amigos míos?
+
+--Hemos vencido a los traidores e instalado al Rey sólidamente en su
+trono--repuso Sarto.
+
+De repente Tarlein, antes de que yo pudiese adivinar su propósito, se
+descubrió, se inclinó como solía hacerlo y me besó la mano, que retiré
+vivamente.
+
+--¡No siempre--dijo,--hace Reyes el Cielo a quienes deberían llevar la
+corona!
+
+El rostro de Sarto se contrajo al estrechar mi mano.
+
+--El diablo se mezcla en muchas cosas y las echa a perder--dijo.
+
+Las personas que estaban en la estación, miraban con insistencia al
+desconocido de alta estatura y encubiertas facciones, pero no hicimos el
+menor caso de su curiosidad. Volvimos a estrecharnos las manos en
+silencio, y aquella vez ambos--cosa extraña por parte de Sarto,--se
+descubrieron y permanecieron descubiertos hasta que desapareció a su
+vista el tren que me conducía. Todos creyeron que algún alto personaje,
+deseoso de guardar el incógnito, había tomado el tren en aquella
+insignificante estación; cuando en realidad no era otro que Rodolfo
+Raséndil, caballero inglés, segundón de buena casa; pero, en fin, hombre
+de no gran fortuna, posición ni rango. Profundo hubiera sido el
+desencanto de muchos al saberlo, pero no tanto como su curiosidad y su
+sorpresa de haberlo sabido todo. Porque, cualesquiera que fuese mi
+condición presente, había sido Rey por tres meses; prueba a la que se
+han visto sometidos muy pocos hombres. Y sin duda, hubiera yo dedicado
+mayor atención a este tema, si no la hubiese embargado casi por completo
+aquella voz que parecía salir de las torres de Zenda, visibles todavía
+en lontananza; aquel grito de amor de una mujer, que llegaba a mis
+oídos, que penetraba hasta mi corazón y que decía: «¡Rodolfo! ¡Rodolfo!
+¡Rodolfo!»
+
+¡Todavía me parecía oírlo!
+
+
+
+
+XXII
+
+PRESENTE, PASADO ¿Y FUTURO?
+
+
+Los detalles de mi regreso al hogar, son poco interesantes. Fui
+directamente al Tirol, donde pasé quince días en la mayor quietud y
+buena parte de ellos en cama, con fuerte fiebre; fui también víctima de
+una reacción nerviosa, que me dejó débil como un niño. Tan luego me
+hospedé, escribí a mi hermano, anunciándole mi próximo regreso; lo cual
+bastaba para poner término a las investigaciones que se hacían para
+averiguar mi paradero, y que probablemente traerían ocupado todavía al
+jefe de policía de Estrelsau. Dejé crecer de nuevo bigote y perilla, y
+ambos eran ya de respetable dimensión cuando bajé del tren en París y me
+presenté en casa de mi amigo Jorge Federly. Mi entrevista con él fue
+notable, principalmente por el número de falsedades tan involuntarias
+como inevitables que le dije; y me burlé cruelmente de él cuando me
+confesó que me había sospechado de haber ido a Estrelsau en seguimiento
+de Antonieta de Maubán. Supe que ésta se hallaba de regreso en París,
+pero vivía muy retiradamente; cosa que los murmuradores explicaban con
+la mayor facilidad. ¿Acaso no eran conocidas de todos la traición y la
+muerte del duque Miguel? Sin embargo, Jorge aconsejó a nuestro común
+amigo Beltrán que no perdiese toda esperanza, porque, como él decía con
+la mayor frescura, «un poeta vivo vale más que un Duque muerto.» Después
+preguntó, dirigiéndose a mí:
+
+--¿Qué le ha pasado a tu bigote?
+
+--La verdad es--dije con mucho misterio,--que las circunstancias obligan
+a veces a un hombre a modificar su aspecto todo lo posible y... Pero va
+creciendo que es un gusto.
+
+--¡Hola!--exclamó Jorge.--Luego no andaba yo tan descaminado, y si no ha
+sido la hermosa Antonieta, se tratará de otra sirena.
+
+--Siempre hay por medio alguna sirena, Jorge--dije sentenciosamente.
+
+Pero Jorge no se contentó hasta que me hubo arrancado (con gran elogio
+de su propia destreza) los pormenores de una aventura amorosa con sus
+puntas y ribetes de escándalo, que me había detenido todo aquel tiempo
+en las tranquilas regiones del Tirol. En cambio de mis revelaciones, me
+favoreció Jorge con lo que él llamaba «detalles ocultos» (conocidos sólo
+de los diplomáticos), sobre la verdadera marcha de los sucesos en
+Ruritania, las tramas y conspiraciones de aquel país. En su opinión,
+podía decirse a favor de Miguel el Negro mucho más de lo que el público
+sospechaba y también me indicó sus bien fundadas sospechas de que el
+misterioso prisionero de Zenda, a quien los periódicos habían dedicado
+no pocos sueltos, no era un hombre (y aquí tuve que hacer un esfuerzo
+para no reírme), sino una mujer disfrazada de hombre; y que la verdadera
+causa de las discordias entre el Rey y su hermano, era el favor de
+aquella dama, que ambos se disputaban.
+
+--Quizás fuese la mismísima señora de Maubán--sugerí.
+
+--¡No!--exclamó Jorge resueltamente.--La señora de Maubán estaba celosa
+de ella y para vengarse del Duque lo denunció al Rey. Y en confirmación
+de lo que digo, añadiré que la princesa Flavia se muestra ahora muy
+indiferente para con el Rey, después de haber estado con él lo más
+afectuosa y amante.
+
+Llegados aquí, cambié de conversación y me libré de los informes
+«inspirados» de Jorge. Si los diplomáticos no han obtenido datos más
+exactos que los de mi amigo, bien puedo decir que, por lo menos en esta
+ocasión, no ganaron su sueldo.
+
+Durante mi permanencia en París escribí a la señora de Maubán, pero no
+me atreví a visitarla. Y en contestación recibí una carta muy sentida,
+en la que me decía que la generosidad del Rey y su gratitud hacia mí la
+obligaban a guardar el más profundo secreto. También manifestaba el
+propósito de retirarse por completo de la sociedad e ir a residir en el
+campo. No sé si realizó este propósito, pero es muy probable, porque no
+he vuelto a verla ni oído hablar de ella. Es innegable que amaba al
+duque de Estrelsau; y su conducta al morir éste, demostró que ni aun
+conociendo el verdadero carácter de aquel hombre había cesado su
+estimación por él.
+
+Me quedaba por librar una última batalla, en la que tenía la seguridad
+de salir completamente derrotado. ¿No regresaba del Tirol sin haber
+hecho el menor estudio de sus habitantes, instituciones, topografía,
+fauna ni flora? Había malgastado mi tiempo de la manera usual,
+frívolamente, como diría mi cuñada; y contra veredicto basado en tales
+pruebas, no me quedaba defensa posible. Puede imaginarse el lector la
+cara con que me presentaría en nuestra casa de Londres, pero, en suma,
+no tuve tan mal recibimiento como esperaba. No había hecho lo que Rosa
+deseaba, es verdad, pero sí lo que ella había profetizado; no había
+tomado notas, hecho observaciones ni recogido materiales de ninguna
+clase. En cambio mi hermano había tenido la debilidad de creer y
+asegurar todo lo contrario.
+
+Al regresar yo con las manos vacías, fue tal el afán de Rosa para
+demostrar a mi hermano su error, que se olvidó de reñirme, dedicando
+casi todas sus quejas al silencio que yo había guardado en mi ausencia,
+no dándoles la menor noticia de mi paradero.
+
+--Hemos malgastado un tiempo precioso buscándote--dijo.
+
+--Ya lo sé--respondí.--La mitad de nuestros embajadores han perdido el
+sueño por culpa mía. Jorge Federly me lo ha dicho. Pero ¿a qué viene
+tanta ansiedad? Como si yo no me bastara...
+
+--¡Oh, no es eso!--exclamó desdeñosamente.--Lo único que yo quería era
+darte noticias de sir Jacobo Borrodale. Ya sabes que ha conseguido una
+embajada, de la que tomará posesión dentro de un mes, y nos ha escrito
+diciendo que espera llevarte consigo.
+
+--¿Adónde va?
+
+--Lo han nombrado para suceder a lord Tofán en Estrelsau. No podías
+desear mejor destino fuera de París.
+
+--¡Estrelsau! ¡Tate!--dije mirando a mi hermano de reojo.
+
+--¡Oh! ¡_Eso_ no importa!--continuó Rosa impaciente.--Conque ¿vas o no?
+
+--No, creo que no.
+
+--¡Eres capaz de desesperar a un santo!
+
+--No creo deber ir a Estrelsau, querida Rosa. ¿Te parece que sería...
+conveniente?
+
+--¡Bah! ¿Quién se acuerda ya de esas vetustas historias?
+
+Por toda respuesta saqué del bolsillo un retrato del rey de Ruritania.
+Había sido hecho un mes antes de subir al trono y llevaba toda la barba.
+Lo puse en manos de Rosa y le pregunté:
+
+--Por si no has visto el retrato de Rodolfo V, ahí lo tienes. ¿Crees
+todavía que nadie se acordará de aquella vieja historia si me presento
+en la Corte de Ruritania?
+
+Mi cuñada miró el retrato y después a mí.
+
+--¡Cielo santo!--exclamó arrojando la fotografía sobre la mesa.
+
+--¿Y tú qué dices, Roberto?--pregunté.
+
+Mi hermano se dirigió a un velador, y empezó a rebuscar en un montón de
+periódicos, hasta dar con un número de La Ilustración. Abriéndolo, nos
+señaló un grabado de doble página que representaba la coronación de
+Rodolfo V en Estrelsau. Puso la fotografía junto al grabado y yo me
+senté frente a ellos; al lado opuesto de la mesa, contemplándolos.
+Recordé a Sarto, al general Estrakenz, al cardenal con su ropaje
+púrpura; vi luego el rostro de Miguel el Negro y por último la esbelta
+figura de la Princesa. Permanecí largo tiempo absorto en mis recuerdos,
+hasta que mi hermano me puso la mano sobre el hombro, mirándome
+fijamente.
+
+--La semejanza, como ves, es grande--le dije.--Creo que no debo de ir a
+Ruritania.
+
+Rosa, aunque medio convencida, rehusó rendirse.
+
+--No es más que una excusa--dijo.--Lo que hay es que no quieres tornarte
+el menor trabajo. ¡Cuando pienso que podrías llegar a ser Embajador!
+
+--Pero es que no quiero ser Embajador.
+
+--No te apures, que no llegarás a tanto.
+
+¡Yo que había sido Rey!
+
+Mi linda Rosa nos dejó, muy enojada; y mi hermano, encendiendo un
+cigarrillo, volvió a mirarme con la mayor curiosidad y fijeza.
+
+--La persona representada en ese grabado...--comenzó a decir.
+
+--¿Y qué?--le interrumpí.--Lo que prueba es que el rey de Ruritania y tu
+modesto hermano se parecen como dos gotas de agua.
+
+Roberto movió la cabeza negativamente.
+
+--Sí; lo supongo--dijo.--Pero lo que es yo, distingo perfectamente la
+diferencia entre tu cara y la que esa fotografía representa.
+
+--¿Pero no entre mi cara y la del grabado?
+
+--La fotografía y el grabado se parecen, pero...
+
+--¿Pero qué?
+
+--El grabado se parece más a ti.
+
+Mi hermano es todo un hombre, y a pesar de ser casado y de adorar a su
+mujer, nunca vacilaría yo en confiarle un secreto mío. Pero aquel
+secreto no me pertenecía y no podía revelárselo.
+
+--Pues yo--dije resueltamente,--creo que la cara del retrato se me
+parece más que la otra. Pero de todos modos, Roberto, no iré a
+Estrelsau.
+
+--No, Rodolfo, no vayas a Estrelsau--dijo mi hermano.
+
+Y no sé si sospecha algo, o si ha llegado a descubrir una parte de la
+verdad. En tal caso se lo tiene muy callado y ni él ni yo aludimos jamás
+al asunto. Sir Jacobo Borrodale tuvo que procurarse otro agregado.
+
+Desde que ocurrieron los sucesos aquí referidos, he vivido tranquilo y
+muy retiradamente en una casita de campo. Para mí no tienen ya interés
+los móviles que de ordinario atraen a hombres de mi posición y de mi
+edad. No me agradan el brillo y los placeres de la sociedad, ni las
+emociones de la política. La condesa de Burlesdón dice que no tengo
+remedio y mis vecinos me creen indolente, soñador y arisco. Pero soy
+joven, y a veces me imagino--los supersticiosos lo llamarán quizás un
+presentimiento,--que mi papel en esta vida no ha terminado aún; que,
+algún día, de una u otra manera, volveré a participar en asuntos y
+sucesos de alta importancia, y tendré que oponer mi astucia a la de mis
+enemigos y la fuerza de mi brazo a los golpes del contrario. Tales son a
+menudo mis pensamientos cuando con mi escopeta o mi caña de pescar vago
+solitario por el bosque o las orillas del río. No sé si llegarán a
+convertirse en realidad, y menos aún si en tal caso tendrán por teatro
+el que yo me imagino; sólo sé que anhelo vivamente verme otra vez en las
+concurridas calles de Estrelsau, o a los pies de los sombríos muros del
+castillo de Zenda.
+
+Y ya, perdido en mis meditaciones, suelo prescindir de lo futuro y
+recordar aquel pasado extraño e inolvidable. Presentando ante mi vista,
+en larga serie de cuadros, la primera y alegre francachela con el Rey,
+mi furioso ataque con la mesita de hierro en el cenador, la noche en el
+foso, la persecución por el bosque; amigos y enemigos, los que
+aprendieron a respetarme y quererme y los que procuraron arrancarme la
+vida. Y entre estos últimos, descuella el único que de ellos vive, no sé
+dónde, aunque estoy seguro de que donde se halle, continuará siendo el
+malvado de siempre, el seductor de mujeres, el tormento y enemigo jurado
+de otros hombres. ¿Dónde, dónde está Ruperto Henzar, aquel adolescente
+que estuvo tan próximo a vencerme? Siempre que recuerdo o pronuncio su
+nombre, la sangre circula más rápida por mis venas y cierro
+maquinalmente los puños; entonces también me parece oír con más claridad
+aquella voz del hado, que a manera de presentimiento me anuncia futuros
+encuentros con Ruperto. Por eso sigo ejercitándome en el manejo de las
+armas y no quiero pensar siquiera en que algún día he de perder el vigor
+de la juventud.
+
+Una vez al año interrumpo la monotonía de mi sosegada vida. Entonces voy
+a Dresde, donde me espera mi amigo y compañero querido, Federico de
+Tarlein. El año pasado lo acompañaban su bonita mujer, Elga, y un
+precioso y robusto niño. Esas visitas duran una semana, que Federico y
+yo pasamos siempre juntos y durante las cuales me refiere todo lo que
+ocurre en Estrelsau; por las noches, mientras paseamos fumando, hablamos
+de Sarto, del Rey y con frecuencia de Ruperto Henzar; y ya tarde, a lo
+último, hablamos también de Flavia. Porque Federico lleva consigo a
+Dresde todos los años una cajita; en ella una rosa y, rodeando el tallo,
+una esquela diminuta que sólo contiene estas palabras:
+«Rodolfo--Flavia--siempre.» Yo le envío con Federico idéntico mensaje.
+Estos y los anillos que ella y yo llevamos, constituyen todo lo que hoy
+me une a la reina de Ruritania. Porque--más noble y grande, como yo
+mismo le dije, por ese acto,--ha llevado el cumplimiento de su deber
+para con su país y su regia estirpe hasta el punto de contraer
+matrimonio con el Rey, conquistando para éste el amor de sus subditos,
+asegurando la paz y concordia del país a costa de su propio sacrificio.
+
+Hay momentos en que no me atrevo a pensar en ello, pero en cambio hay
+otros en los que me pongo a la altura de su abnegación; y entonces doy
+gracias a Dios por haberme concedido amar a la mujer más noble que
+existe, a la vez que la más hermosa, y por haber impedido que mi amor
+llegase a ser un día obstáculo insuperable para el cumplimiento de la
+altísima misión de Flavia.
+
+¿Volveré a contemplar sus adoradas facciones, aquel pálido rostro y la
+hermosa cabellera rubia? No lo sé; sobre esto nada, me dice el hado,
+nada los presentimientos. No lo sé. En este mundo, probablemente--casi
+con seguridad,--no volveré a verla. ¿Y en otras regiones, en otra vida,
+de la que hoy no podemos formar concepto ni idea, llegaremos a vernos
+algún día, juntos, sin nada, que pueda separarnos ni contrariar nuestro
+amor? Tampoco lo sabemos, ni yo ni nadie. Pero si así no fuese, si nunca
+he de poder dirigirle la palabra, ni contemplar su dulce rostro, ni oír
+sus frases de amor, entonces, a este lado de la tumba, viviré como debe
+vivir el hombre a quien ella ama; y después, lo único que anhelo y pido
+para el más allá, es el sueño de los sueños.
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of El prisionero de Zenda, by Anthony Hope
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL PRISIONERO DE ZENDA ***
+
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+works. See paragraph 1.E below.
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+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
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+The Project Gutenberg EBook of El prisionero de Zenda, by Anthony Hope
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: El prisionero de Zenda
+
+Author: Anthony Hope
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+Release Date: March 11, 2008 [EBook #24801]
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+Character set encoding: ISO-8859-1
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL PRISIONERO DE ZENDA ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+<hr class="full" />
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+<h3 class="un">BIBLIOTECA de LA NACI&Oacute;N</h3>
+
+<h2 class="top5">ANTONIO HOPE</h2>
+
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;</p>
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+
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+<p class="c top5">BUENOS AIRES<br />1909</p>
+
+<hr />
+<h2 class="top5">INDICE</h2>
+
+<table summary="toc" cellspacing="0" cellpadding="0">
+<tr><td align="right"><a href="#I">I.</a></td><td>&mdash;Los Ras&eacute;ndil, y dos palabras acerca de los Elsberg</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#II">II.</a></td><td>&mdash;Que trata del color de los cabellos</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#III">III.</a></td><td>&mdash;Francachela nocturna con un pariente lejano</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IV">IV.</a></td><td>&mdash;El Rey acude a la cita</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#V">V.</a></td><td>&mdash;Aventuras de un suplente</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VI">VI.</a></td><td>&mdash;El secreto de un s&oacute;tano</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VII">VII.</a></td><td>&mdash;Su majestad duerme en Estrelsau</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIII">VIII.</a></td><td>&mdash;Prima rubia y hermano moreno</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IX">IX.</a></td><td>&mdash;Una nueva catapulta</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#X">X.</a></td><td>&mdash;Amores por cuenta ajena</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XI">XI.</a></td><td>&mdash;Caza mayor</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XII">XII.</a></td><td>&mdash;Un anzuelo bien cebado</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIII">XIII.</a></td><td>&mdash;Nueva escala de Jacob</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIV">XIV.</a></td><td>&mdash;Rondando el castillo</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XV">XV.</a></td><td>&mdash;Tentaci&oacute;n</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XVI">XVI.</a></td><td>&mdash;Un plan desesperado</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XVII">XVII.</a></td><td>&mdash;A media noche</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XVIII">XVIII.</a></td><td>&mdash;Golpe de mano</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIX">XIX.</a></td><td>&mdash;Cara a cara en el bosque</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XX">XX.</a></td><td>&mdash;El prisionero y el Rey</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XXI">XXI.</a></td><td>&mdash;&iexcl;Hay algo m&aacute;s que amor!</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XXII">XXII.</a></td><td>&mdash;Presente, pasado &iquest;y futuro?</td></tr>
+</table>
+
+<hr />
+<h2 class="top15"><a name="I" id="I"></a>I</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">los ras&eacute;ndil, y dos palabras acerca de los elsberg</span></p>
+
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero cu&aacute;ndo llegar&aacute; el d&iacute;a que hagas algo de provecho,
+Rodolfo!&mdash;exclam&oacute; la mujer de mi hermano.</p>
+
+<p>&mdash;Mi querida Rosa&mdash;repliqu&eacute;, soltando la cucharilla de que me serv&iacute;a
+para despachar un huevo,&mdash;&iquest;de d&oacute;nde sacas t&uacute; que yo deba hacer cosa
+alguna, sea o no de provecho? Mi situaci&oacute;n es desahogada; poseo una
+renta casi suficiente para mis gastos (porque sabido es que nadie
+considera la renta propia como del todo suficiente); gozo de una
+posici&oacute;n social envidiable: hermano de lord Burlesd&oacute;n y cu&ntilde;ado de la
+encantadora Condesa, su esposa. &iquest;No te parece bastante?</p>
+
+<p>&mdash;Veintinueve a&ntilde;os tienes, y no has hecho m&aacute;s que...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pasar el tiempo? Es verdad. Pero en mi familia no necesitamos hacer
+otra cosa.</p>
+
+<p>Esta salida m&iacute;a no dej&oacute; de producir en Rosa cierto disgustillo, porque
+todo el mundo sabe (y de aqu&iacute; que no haya inconveniente en repetirlo)
+que por muy bonita y distinguida que ella sea, su familia no es con
+mucho de tan alta alcurnia como la de Ras&eacute;ndil. Am&eacute;n de sus atractivos
+personales, pose&iacute;a Rosa una gran fortuna, y mi hermano Roberto tuvo la
+discreci&oacute;n de no fijarse mucho en sus pergaminos. A &eacute;stos se refiri&oacute; la
+siguiente observaci&oacute;n de Rosa, que dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Las familias de alto linaje son, por regla general, peores que las
+otras.</p>
+
+<p>Al oir esto, no pude menos de llevarme la mano a la cabeza y acariciar
+mis rojos cabellos; sab&iacute;a perfectamente lo que ella quer&iacute;a decir.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;nto me alegro de que Roberto sea moreno!&mdash;agreg&oacute;.</p>
+
+<p>En aquel momento, Roberto, que se levanta a las siete y trabaja antes de
+almorzar, entr&oacute; en el comedor, y, dirigiendo una mirada a su esposa,
+acarici&oacute; suavemente su mejilla, algo m&aacute;s encendida que de costumbre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ocurre, querida m&iacute;a?&mdash;le pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Le disgusta que yo no haga nada y que tenga el pelo rojo&mdash;dije como
+ofendido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! En cuanto a lo del pelo no es culpa suya&mdash;admiti&oacute; Rosa.</p>
+
+<p>&mdash;Por regla general, aparece una vez en cada generaci&oacute;n&mdash;dijo mi
+hermano.&mdash;Y lo mismo pasa con la nariz. Rodolfo ha heredado ambas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;Que por cierto me gustan mucho&mdash;dije levant&aacute;ndome y haciendo una
+reverencia ante el retrato de la condesa Amelia.</p>
+
+<p>Mi cu&ntilde;ada lanz&oacute; una exclamaci&oacute;n de impaciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Quisiera que quitases de ah&iacute; ese retrato, Roberto&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, querida!&mdash;exclam&oacute; mi hermano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Santo Cielo!&mdash;a&ntilde;ad&iacute; yo.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, siquiera podr&iacute;amos olvidarlo&mdash;continu&oacute; Rosa.</p>
+
+<p>&mdash;A duras penas, mientras ande Rodolfo por aqu&iacute;&mdash;observ&oacute; mi hermano.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; olvidarlo?&mdash;pregunt&eacute; yo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Rodolfo!&mdash;exclam&oacute; mi cu&ntilde;ada ruboriz&aacute;ndose y m&aacute;s bonita que nunca.</p>
+
+<p>Me ech&eacute; a re&iacute;r y volv&iacute; a mi almuerzo. Por lo pronto me hab&iacute;a librado de
+seguir discutiendo la cuesti&oacute;n de lo que yo deber&iacute;a hacer o emprender. Y
+para cerrar la pol&eacute;mica y tambi&eacute;n, lo confieso, para exasperar un poco
+m&aacute;s a mi severa cu&ntilde;adita, a&ntilde;ad&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La verdad es que me alegro de ser todo un Elsberg!</p>
+
+<p>Cuando leo una obra cualquiera paso siempre por alto las explicaciones;
+pero desde el momento en que me pongo a escribir, yo mismo comprendo que
+una explicaci&oacute;n es aqu&iacute; inevitable. De lo contrario, nadie entender&aacute; por
+qu&eacute; mi nariz y mi cabello tienen el don de irritar a mi cu&ntilde;ada y por qu&eacute;
+digo de m&iacute; que soy un Elsberg. Desde luego, por muy alto que piquen los
+Ras&eacute;ndil, el mero hecho de pertenecer a esa familia no justifica la
+pretensi&oacute;n de consanguinidad con el linaje aun m&aacute;s noble de los Elsberg,
+que son de estirpe regia. &iquest;Qu&eacute; parentesco puede existir entre Ruritania
+y Burlesd&oacute;n, entre los moradores del palacio de Estrelsau o el castillo
+de Zenda y los de nuestra casa paterna en Londres?</p>
+
+<p>Pues bien (y conste que voy a sacar a relucir el mism&iacute;simo esc&aacute;ndalo que
+mi querida condesa de Burlesd&oacute;n quisiera ver olvidado para siempre); es
+el caso que all&aacute; por los a&ntilde;os de 1733, ocupando el trono ingl&eacute;s Jorge
+II, hall&aacute;ndose la naci&oacute;n en paz por el momento, y no habiendo empezado
+a&uacute;n las contiendas entre el Rey y el pr&iacute;ncipe de Gales, vino a visitar
+la corte de Inglaterra un regio personaje, conocido m&aacute;s tarde en la
+historia con el nombre de Rodolfo III de Ruritania. Era este Pr&iacute;ncipe un
+mancebo alto y hermoso, a quien caracterizaban (y no me toca a m&iacute; decir
+si en favor o en perjuicio suyo) una nariz extremadamente larga, aguzada
+y recta, y una cabellera de color rojo obscuro; en una palabra, la nariz
+y el cabello que han distinguido a los Elsberg desde tiempo inmemorial.
+Permaneci&oacute; algunos meses en Inglaterra, donde fue objeto del
+recibimiento m&aacute;s cort&eacute;s; pero su salida del pa&iacute;s dio algo que hablar.
+Tuvo un duelo (y muy galante conducta fue la suya al prescindir para el
+caso de su alto rango), siendo su adversario un noble muy conocido en la
+buena sociedad de aquel tiempo, no s&oacute;lo por sus propios m&eacute;ritos, sino
+tambi&eacute;n como esposo de una dama hermos&iacute;sima. Resultado de aquel duelo
+fue una grave herida que recibi&oacute; el pr&iacute;ncipe Rodolfo, y apenas curado de
+ella lo sac&oacute; ocultamente del pa&iacute;s el embajador de Ruritania, a quien dio
+no poco que hacer aquella aventura de su Pr&iacute;ncipe. El noble sali&oacute; ileso,
+pero en la ma&ntilde;ana misma del duelo, que fue por dem&aacute;s h&uacute;meda y fr&iacute;a,
+contrajo una dolencia que acab&oacute; con &eacute;l a los seis meses de la partida de
+Rodolfo. Dos meses despu&eacute;s dio a luz su esposa un ni&ntilde;o que hered&oacute; el
+t&iacute;tulo y la fortuna de Burlesd&oacute;n. Fue esta dama la condesa Amelia, cuyo
+retrato quer&iacute;a retirar mi cu&ntilde;ada del lugar que ocupaba en la casa de mi
+hermano; y su esposo fue Jaime, cuarto conde de Burlesd&oacute;n y
+vig&eacute;simo-segundo bar&oacute;n Ras&eacute;ndil, inscrito bajo ambos t&iacute;tulos en la &laquo;Gu&iacute;a
+Oficial de los Pares de Inglaterra,&raquo; y caballero de la Orden de la
+Jarretiera. Cuanto a Rodolfo, regres&oacute; a Ruritania, se cas&oacute; y subi&oacute; al
+trono, que sus sucesores han ocupado hasta el momento en que escribo,
+con excepci&oacute;n de un breve intervalo. Y dir&eacute;, para terminar, que si el
+lector visita la galer&iacute;a de retratos de Burlesd&oacute;n, ver&aacute; entre los
+cincuenta pertenecientes a los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os, cinco o seis, el del
+quinto Conde inclusive, que se distinguen por la nariz larga, recta y
+aguzada y el abundante cabello de color rojo obscuro. Estos cinco o seis
+tienen tambi&eacute;n ojos azules, siendo as&iacute; que entre los Ras&eacute;ndil predominan
+los ojos negros.</p>
+
+<p>Esta es la explicaci&oacute;n, y me alegro de haber salido de ella; las manchas
+de honrada familia son asunto delicado, pero lo cierto es que la
+transmisi&oacute;n por herencia, de que tanto se habla, es la chismosa mayor y
+m&aacute;s temible que existe; para ella no hay discreci&oacute;n ni secreto que
+valga, y a lo mejor inscribe las notas m&aacute;s escandalosas en la &laquo;Gu&iacute;a de
+los Pares.&raquo;</p>
+
+<p>Observar&aacute; el lector que mi cu&ntilde;ada, dando muestras de escas&iacute;sima l&oacute;gica,
+se empe&ntilde;aba en considerar mi rojiza cabellera casi como una ofensa y en
+hacerme responsable de ella, apresur&aacute;ndose a suponer en m&iacute;, sin otro
+fundamento que esos rasgos externos, cualidades que por ning&uacute;n concepto
+poseo, y mostrando como prueba de tan injusta deducci&oacute;n, lo que ella
+daba en llamar la vida in&uacute;til y sin objeto determinado que he llevado
+hasta la fecha. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que esa vida me
+ha proporcionado no escaso placer y abundantes ense&ntilde;anzas. He estudiado
+en una universidad alemana y hablo el alem&aacute;n con tanta facilidad y
+perfecci&oacute;n como el ingl&eacute;s; lo mismo digo del franc&eacute;s, mascullo el
+italiano y s&eacute; jurar en espa&ntilde;ol. No tiro mal la espada, manejo la pistola
+perfectamente y soy jinete consumado. Tengo completo dominio sobre m&iacute;
+mismo, no obstante el color enga&ntilde;ador de mis cabellos; y si el lector
+insiste en que a pesar de todo lo dicho me hubiera valido m&aacute;s dedicarme
+a alg&uacute;n trabajo &uacute;til, s&oacute;lo a&ntilde;adir&eacute; que mis padres me hab&iacute;an dejado en
+herencia diez mil pesos de renta y un car&aacute;cter aventurero.</p>
+
+<p>&mdash;La diferencia entre tu hermano y t&uacute;&mdash;prosigui&oacute; mi cu&ntilde;ada, que tambi&eacute;n
+gusta de sermonear un poco de cuando en cuando,&mdash;est&aacute; en que &eacute;l reconoce
+los deberes de su posici&oacute;n y t&uacute; no ves m&aacute;s que las ventajas de la tuya.
+Ah&iacute; tienes a Sir Jacobo Borrodale ofreci&eacute;ndote precisamente la
+oportunidad que necesitas y que m&aacute;s te conviene.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gracias mil!&mdash;murmur&eacute;.</p>
+
+<p>Tiene prometida una embajada para dentro de seis meses, y Roberto est&aacute;
+seguro de que te ofrecer&aacute; el puesto de agregado. Ac&eacute;ptalo, Rodolfo,
+aunque s&oacute;lo sea por complacerme.</p>
+
+<p>Puesta la cuesti&oacute;n en este terreno y con mi cu&ntilde;adita frunciendo las
+cejas y dirigi&eacute;ndome una de sus m&aacute;s irresistibles miradas, no le quedaba
+a un tunante como yo m&aacute;s remedio que ceder, compungido y pesaroso.
+Adem&aacute;s, pens&eacute; que el puesto ofrecido no dejar&iacute;a de proporcionarme grata
+oportunidad de divertirme y pasarlo divinamente, y por lo tanto
+repliqu&eacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Mi querida hermana, si dentro de seis meses no se presenta alg&uacute;n
+obst&aacute;culo imprevisto y Sir Jacobo no se opone, que me cuelguen si no me
+agrego a su embajada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bueno eres, Rodolfo! &iexcl;Cu&aacute;nto me alegro!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ad&oacute;nde va destinado el futuro embajador?</p>
+
+<p>&mdash;Todav&iacute;a no lo sabe, pero s&iacute; est&aacute; seguro de que ser&aacute; un puesto de
+primer orden.</p>
+
+<p>&mdash;Hermana m&iacute;a&mdash;dije,&mdash;por complacerte ir&eacute; aunque sea a una legaci&oacute;n de
+tres al cuarto. No me gusta hacer las cosas a medias.</p>
+
+<p>Es decir, que mi promesa estaba hecha; pero seis meses son seis meses,
+una eternidad, y como hab&iacute;a que pasarlos de alguna manera, me ech&eacute; a
+pensar en seguida diversos planes que me permitieran esperar
+agradablemente el principio de mis tareas diplom&aacute;ticas; esto suponiendo
+que los agregados de embajada se ocupen en algo, cosa que no he podido
+averiguar, porque, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, nunca llegu&eacute; a ser
+<i>attach&eacute;</i> de Sir Jacobo ni de nadie. Y lo primero que se me ocurri&oacute;,
+casi repentinamente, fue hacer un viajecillo a Ruritania. Parecer&aacute;
+extra&ntilde;o que yo no hubiera visitado nunca aquel pa&iacute;s; pero mi padre (a
+pesar de cierta mal disimulada simpat&iacute;a por los Elsberg, que le llev&oacute; a
+darme a m&iacute;, su hijo segundo, el famoso nombre de Rodolfo, favorito entre
+los de aquella regia familia), se hab&iacute;a mostrado siempre opuesto a dicho
+viaje; y muerto &eacute;l, mi hermano y Rosa hab&iacute;an aceptado la tradici&oacute;n de
+nuestra familia, que t&aacute;citamente cerraba a los Ras&eacute;ndil las puertas de
+Ruritania. Pero desde el momento en que pens&eacute; visitar aquel pa&iacute;s, se
+despert&oacute; vivamente mi curiosidad y el deseo de verlo. Despu&eacute;s de todo,
+las narices largas y el pelo rojo no eran patrimonio exclusivo de los
+Elsberg, y la vieja historia que he rese&ntilde;ado, a duras penas pod&iacute;a
+considerarse como raz&oacute;n suficiente para impedirme visitar un importante
+reino que hab&iacute;a desempe&ntilde;ado papel nada menospreciable en la historia de
+Europa y que pod&iacute;a volver a hacerlo bajo la direcci&oacute;n de un monarca
+joven y animoso, como se dec&iacute;a que lo era el nuevo Rey. Mi resoluci&oacute;n
+acab&oacute; de afirmarse al leer en los peri&oacute;dicos que Rodolfo V iba a ser
+coronado solemnemente en Estrelsau tres semanas despu&eacute;s y que la
+ceremonia promet&iacute;a ser magn&iacute;fica. Decid&iacute; presenciarla y comenc&eacute; mis
+preparativos de viaje sin perder momento. Pero como nunca hab&iacute;a
+acostumbrado enterar a mis parientes del itinerario de mis excursiones,
+y adem&aacute;s en aquel caso esperaba resuelta oposici&oacute;n por su parte, me
+limit&eacute; a decir que sal&iacute;a para el Tirol, objeto favorito de mis viajes, y
+me gan&eacute; la aprobaci&oacute;n de Rosa dici&eacute;ndole que iba a estudiar los
+problemas sociales y pol&iacute;ticos del interesante pueblo tirol&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Mi viaje puede dar tambi&eacute;n un resultado que no sospechas&mdash;a&ntilde;ad&iacute; con
+gran misterio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres decir?&mdash;pregunt&oacute; Rosa.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, sino que existe cierto vac&iacute;o que pudiera llenarse con una obra
+concienzuda sobre...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Piensas escribir un libro?&mdash;exclam&oacute; mi cu&ntilde;ada
+palmoteando.&mdash;&iexcl;Magn&iacute;fico proyecto! &iquest;Verdad, Roberto?</p>
+
+<p>&mdash;En nuestros d&iacute;as es la mejor manera de comenzar una carrera
+pol&iacute;tica&mdash;asinti&oacute; mi hermano, que hab&iacute;a compuesto ya, no uno, sino
+varios libros. &laquo;Teor&iacute;as antiguas y hechos modernos,&raquo; &laquo;El resultado
+final&raquo; y algunas otras obras originales de Burlesd&oacute;n gozan muy justo
+renombre.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene mucha raz&oacute;n Roberto&mdash;declar&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Prom&eacute;teme que lo har&aacute;s&mdash;dijo Rosa muy entusiasmada con mi plan.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de promesas, pero si re&uacute;no suficientes materiales lo har&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No se puede pedir m&aacute;s&mdash;dijo Roberto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; materiales ni qu&eacute; calabazas!&mdash;exclam&oacute; Rosa, haciendo un gracioso
+moh&iacute;n.</p>
+
+<p>Pero no ced&iacute;, y tuvo que contentarse con aquella promesa condicional.
+Por mi parte, hubiera apostado cualquier cosa a que mi excursi&oacute;n
+veraniega no dar&iacute;a por resultado ni una sola p&aacute;gina. Y la mejor prueba
+de que me equivocaba de medio a medio, es que estoy escribiendo el
+prometido libro, aunque confieso que ni me puede servir a m&iacute; para
+lanzarme a la pol&iacute;tica, ni tiene nada que ver con el Tirol.</p>
+
+<p>Y bien puedo a&ntilde;adir que tampoco merecer&iacute;a la aprobaci&oacute;n de la Condesa mi
+cu&ntilde;ada, suponiendo que yo lo sometiese a su severa censura; cosa que me
+guardar&eacute; muy bien de hacer.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="II" id="II"></a>II</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">que trata del color de los cabellos</span></p>
+
+
+<p>Mi t&iacute;o Guillermo sol&iacute;a decir, y lo sentaba como m&aacute;xima invariable, que
+nadie debe pasar por Par&iacute;s sin detenerse all&iacute; veinticuatro horas. Y yo,
+con el respeto debido a la madura experiencia de mi t&iacute;o, me instal&eacute; en
+el Hotel Continental de aquella ciudad, resuelto a pasar all&iacute; un d&iacute;a y
+una noche, camino del... Tirol. Fui a ver a Jorge Federly en la
+embajada, comimos juntos en Durand y despu&eacute;s nos fuimos a la Opera; tras
+una ligera cena nos presentamos en casa de Beltr&aacute;n, poeta de alguna
+reputaci&oacute;n y corresponsal de <i>La Cr&iacute;tica</i>, de Londres. Ocupaba un piso
+muy c&oacute;modo, y hallamos all&iacute; algunos amigos suyos, personas muy
+simp&aacute;ticas todas, con quienes pasamos el rato agradablemente, fumando y
+conversando. Sin embargo, not&eacute; que el due&ntilde;o de la casa estaba preocupado
+y silencioso, y cuando se hubieron despedido todos los dem&aacute;s y
+qued&aacute;donos solos con &eacute;l Federly y yo, empec&eacute; a bromear a Beltr&aacute;n, hasta
+que exclam&oacute;, dej&aacute;ndose caer en el sof&aacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues nada, que tienes t&uacute; raz&oacute;n y estoy enamorado, perdidamente
+enamorado!</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; escribir&aacute;s mejores versos&mdash;le dije por v&iacute;a de consuelo.</p>
+
+<p>Se limit&oacute; a fumar furiosamente sin decir palabra, en tanto que Federly,
+de espaldas a la chimenea, lo contemplaba con cruel sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Es lo de siempre, y lo mejor que puedes hacer es cantar de plano,
+Beltranillo&mdash;dijo Federly.&mdash;La novia se te va de Par&iacute;s ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo s&eacute;&mdash;repuso Beltr&aacute;n furioso.</p>
+
+<p>&mdash;Pero lo mismo da que se vaya o que se quede. &iexcl;La dama pica muy alto
+para ti, poeta!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y a m&iacute; qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra conversaci&oacute;n me interesar&iacute;a much&iacute;simo m&aacute;s&mdash;observ&eacute;,&mdash;si
+supiera de qui&eacute;n est&aacute;is hablando.</p>
+
+<p>&mdash;Antonieta Maub&aacute;n&mdash;dijo Federly.</p>
+
+<p>&mdash;De Maub&aacute;n&mdash;gru&ntilde;&oacute; Beltr&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola!&mdash;exclam&eacute;.&mdash;&iexcl;Conque esas tenemos, mocito!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me haces el favor de dejarme en paz?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ad&oacute;nde va?&mdash;pregunt&eacute;, porque la dama gozaba de cierta celebridad y
+su nombre no me era desconocido.</p>
+
+<p>Jorge hizo sonar las monedas que ten&iacute;a en el bolsillo, mir&oacute; a Beltr&aacute;n
+dirigi&eacute;ndole su m&aacute;s despiadada sonrisa y replic&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Nadie lo sabe. Y a prop&oacute;sito, Beltr&aacute;n; la otra noche vi en su casa a
+todo un personaje, el duque de Estrelsau. &iquest;Le conoces?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, &iquest;y qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Muy cumplido caballero, a fe m&iacute;a.</p>
+
+<p>Era evidente que las alusiones de Jorge al Duque ten&iacute;an por objeto
+aumentar las penas del pobre Beltr&aacute;n, de donde infer&iacute; que el Duque hab&iacute;a
+distinguido a la se&ntilde;ora de Maub&aacute;n con sus atenciones. Era ella viuda,
+hermosa, rica, y la voz p&uacute;blica dec&iacute;ala ambiciosa. Nada ten&iacute;a de extra&ntilde;o
+que procurase, como lo hab&iacute;a insinuado Jorge, conquistar a un personaje
+que ocupaba en su pa&iacute;s lugar inmediato al del Rey; porque el Duque era
+hijo del finado rey de Ruritania y de su segunda y morgan&aacute;tica esposa y,
+por consiguiente, hermano paterno del nuevo Rey. Hab&iacute;a sido el favorito
+de su padre, quien fue objeto de muy desfavorables comentarios al
+crearlo Duque y dar por nombre a su ducado el de la capital del Reino.
+Su madre hab&iacute;a sido de buena familia pero no de alta nobleza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sigue en Par&iacute;s el Duque?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, no! Se ha ido porque tiene que asistir a la coronaci&oacute;n; ceremonia
+que de seguro no le har&aacute; mucha gracia. &iexcl;Pero no desesperes, Beltr&aacute;n! Con
+la bella Antonieta no se ha de casar, por lo menos mientras no fracase
+otro plan. Sin embargo, quiz&aacute;s ella...&mdash;Hizo una pausa y dijo,
+ri&eacute;ndose:&mdash;No es f&aacute;cil resistir las atenciones de un pr&iacute;ncipe real, &iquest;no
+es as&iacute;, Rodolfo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te callar&aacute;s?&mdash;le dije, y levant&aacute;ndome, dej&eacute; a Beltr&aacute;n en las garras
+de Jorge y me fui al hotel.</p>
+
+<p>Al siguiente d&iacute;a Jorge Federly me acompa&ntilde;&oacute; a la estaci&oacute;n, donde tom&eacute; un
+billete para Dresde.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vas a contemplar las pinturas?&mdash;pregunt&oacute; Jorge gui&ntilde;&aacute;ndome el ojo.</p>
+
+<p>Jorge es un murmurador incorregible, y si hubiese sabido que yo iba a
+Ruritania, la noticia hubiera llegado a Londres en tres d&iacute;as. Iba, pues,
+a darle una respuesta evasiva cuando le vi dirigirse apresuradamente al
+otro extremo del and&eacute;n y saludar a una joven bonita y muy elegantemente
+vestida, que acababa de dejar la sala de espera. Podr&iacute;a tener unos
+treinta o treinta y dos a&ntilde;os y era alta, morena y algo gruesa. Mientras
+hablaba con Jorge not&eacute; que me miraba, con gran disgusto m&iacute;o, porque no
+me consideraba muy presentable con el largo gab&aacute;n ruso que me envolv&iacute;a
+para preservarme del fr&iacute;o en aquella destemplada ma&ntilde;ana de abril, sin
+contar la bufanda que llevaba al cuello y el sombrero de fieltro calado
+hasta las orejas.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes una encantadora compa&ntilde;era de viaje&mdash;me dijo Federly al
+reun&iacute;rseme.&mdash;Esa es la diosa adorada de Beltr&aacute;n, la bella Antonieta,
+que va, como t&uacute;, a Dresde... a ver pinturas tambi&eacute;n, probablemente. Sin
+embargo, me extra&ntilde;a que precisamente ahora no desee tener el honor de
+conocerte.</p>
+
+<p>&mdash;No he podido serle presentado&mdash;dije un tanto mohino.</p>
+
+<p>&mdash;Pero yo me ofrec&iacute; a presentarte y me contest&oacute; que otra vez ser&iacute;a. No
+importa, chico; quiz&aacute;s haya un descarrilamiento o un choque durante el
+viaje y tengas oportunidad de dejar plantado al duque de Estrelsau.</p>
+
+<p>Pero ni la se&ntilde;ora de Maub&aacute;n ni yo tuvimos el menor desastre, y bien
+puedo afirmarlo de ella con tanta seguridad como de m&iacute;, porque tras una
+noche de descanso en Dresde, al continuar mi jornada, la vi subir a un
+coche del mismo tren que yo hab&iacute;a tomado. Comprendiendo que deseaba
+hallarse sola, evit&eacute; cuidadosamente acerc&aacute;rmele; pero vi que llevaba el
+mismo punto de destino que yo y no dej&eacute; de observarla atentamente sin
+que ella lo notase.</p>
+
+<p>Tan luego llegamos a la frontera de Ruritania (y por cierto que el viejo
+administrador de la aduana se qued&oacute; mir&aacute;ndome con tal fijeza que me hizo
+recordar m&aacute;s que nunca mi parentesco con los Elsberg), compr&eacute; unos
+peri&oacute;dicos y me hall&eacute; con noticias que modificaron mi itinerario. Por
+motivos no muy claramente explicados, se hab&iacute;a anticipado repentinamente
+la fecha de la coronaci&oacute;n, fij&aacute;ndola para dos d&iacute;as despu&eacute;s. En todo el
+pa&iacute;s se hablaba de la solemne ceremonia y era evidente que Estrelsau, la
+capital, estaba atestada de forasteros. Las habitaciones disponibles
+alquiladas todas, los hoteles llenos, iba a serme muy dif&iacute;cil obtener
+hospedaje, y dado que lo consiguiera tendr&iacute;a que pagarlo a precio
+exorbitante. Resolv&iacute;, pues, detenerme en Zenda, peque&ntilde;a poblaci&oacute;n a
+quince leguas de la capital y a cinco de la frontera. El tren en que yo
+iba, llegaba a Zenda aquella noche; podr&iacute;a pasar el d&iacute;a siguiente,
+martes, recorriendo las cercan&iacute;as, que ten&iacute;an fama de muy pintorescas,
+dando una ojeada al famoso castillo e ir por tren a Estrelsau el
+mi&eacute;rcoles, para volver aquella misma noche a dormir a Zenda.</p>
+
+<p>Dicho y hecho. Me qued&eacute; en Zenda y desde el and&eacute;n vi a la se&ntilde;ora de
+Maub&aacute;n, que evidentemente iba sin detenerse hasta Estrelsau, donde por
+lo visto contaba o esperaba conseguir el alojamiento que yo no hab&iacute;a
+tenido la previsi&oacute;n de procurarme de antemano. Me sonre&iacute; al pensar en la
+sorpresa de Jorge Federly si hubiera llegado a saber que ella y yo
+hab&iacute;amos viajado tanto tiempo en buena compa&ntilde;&iacute;a.</p>
+
+<p>Me recibieron muy bien en el hotel, que no pasaba de ser una posada,
+presidida por una corpulenta matrona y sus dos hijas; gente bonachona y
+tranquila, que parec&iacute;a cuidarse muy poco de lo que suced&iacute;a en la
+capital. El preferido de la buena se&ntilde;ora era el Duque, porque el
+testamento del difunto Rey lo hab&iacute;a hecho due&ntilde;o y se&ntilde;or de las
+posesiones reales en Zenda y del castillo, que se elevaba
+majestuosamente sobre escarpada colina al extremo del valle, a media
+legua escasa del hotel. Mi hu&eacute;speda no vacilaba en decir que sent&iacute;a no
+ver al Duque en el trono, en lugar de su hermano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por lo menos al duque Miguel lo conocemos!&mdash;exclamaba.&mdash;Ha vivido
+siempre entre nosotros y no hay ruritano que no sepa de &eacute;l. Pero el Rey
+es casi un extra&ntilde;o; ha residido tanto tiempo fuera del pa&iacute;s, que apenas
+si de cada diez hay uno que lo haya visto.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora&mdash;apoy&oacute; una de las muchachas,&mdash;dicen que se ha afeitado la
+barba y que no hay quien lo conozca.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que se ha quitado la barba!&mdash;exclam&oacute; la madre.&mdash;&iquest;Qui&eacute;n te lo ha
+dicho?</p>
+
+<p>&mdash;Juan, el guardabosque del Duque, que ha visto al Rey.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, s&iacute;! El Rey, se&ntilde;or m&iacute;o, est&aacute; de cacer&iacute;a en una posesi&oacute;n que tiene
+el Duque, ah&iacute; en el bosque; de Zenda ir&aacute; a Estrelsau para la coronaci&oacute;n
+el mi&eacute;rcoles por la ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>Me interes&oacute; la noticia y resolv&iacute; dirigir al d&iacute;a siguiente mis pasos
+hacia la casa del guarda, con la esperanza de ver al Rey.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ojal&aacute; se quedase cazando toda la vida!&mdash;me dec&iacute;a mi
+hu&eacute;speda.&mdash;Cuentan que la caza, el vino y otra cosa que me callo, es lo
+&uacute;nico que le gusta o le importa. Pues que coronen al Duque; eso es lo
+que yo quisiera, y no me importa que me oigan.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&aacute;llese usted, madre!&mdash;dijeron ambas mozas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, son muchos los que piensan como yo!&mdash;insisti&oacute; la vieja.</p>
+
+<p>Reclinado en c&oacute;modo sill&oacute;n, de brazos, me re&iacute;a al oirlas.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es yo&mdash;declar&oacute; la menor de las hijas, una rubia regordeta y
+sonriente,&mdash;aborrezco a Miguel el Negro. &iexcl;A m&iacute; d&eacute;me usted un Elsberg
+rojo, madre! Del Rey dicen que es tan rojo como... como...</p>
+
+<p>Me mir&oacute; maliciosamente y lanz&oacute; una carcajada, sin hacer caso de la cara
+hosca que pon&iacute;a su hermana.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira que muchos han maldecido antes de ahora a esos Elsberg
+pelirrojos&mdash;refunfu&ntilde;&oacute; la buena mujer; y yo me acord&eacute; en seguida de
+Jaime, cuarto conde de Burlesd&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero nunca los ha maldecido una mujer!&mdash;exclam&oacute; la moza.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n, y m&aacute;s de una, cuando ya era tarde&mdash;fue la severa respuesta,
+que dej&oacute; a la doncella callada y confusa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo es que el Rey se halla aqu&iacute;, en tierras del Duque?&mdash;pregunt&eacute;
+para romper el embarazoso silencio.</p>
+
+<p>&mdash;El Duque lo invit&oacute;, mi buen se&ntilde;or, a que descansase aqu&iacute; hasta el
+mi&eacute;rcoles, mientras &eacute;l preparaba la recepci&oacute;n del Rey en Estrelsau.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es decir que son buenos amigos?</p>
+
+<p>&mdash;Los mejores del mundo.</p>
+
+<p>Pero la linda rubia no era de las que se callan por largo tiempo, y
+exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, se quieren tanto como pueden quererse dos hombres que ambicionan
+el mismo trono y la misma mujer!</p>
+
+<p>Su madre le dirigi&oacute; una mirada furibunda, pero aquellas palabras hab&iacute;an
+picado mi curiosidad; y antes de que la vieja pudiera re&ntilde;irla, le
+pregunt&eacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo es eso? &iquest;La misma mujer?</p>
+
+<p>&mdash;Todo el mundo sabe que Miguel el Negro&mdash;bueno, madre, el duque
+Miguel,&mdash;dar&iacute;a su alma por casarse con su prima, la princesa Favia, que
+est&aacute; destinada al Rey.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre Duque!&mdash;repuse.&mdash;Declaro que empiezo a compadecerlo. Pero el
+segund&oacute;n tiene que contentarse con lo que el mayor le deje, y aun dar
+gracias a Dios de que algo le toque.&mdash;Y pensando en lo que a m&iacute; mismo me
+suced&iacute;a, me encog&iacute; de hombros y me ech&eacute; a re&iacute;r. Tambi&eacute;n record&eacute; entonces
+a Antonieta de Maub&aacute;n y su viaje a Estrelsau.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es Miguel el Negro...&mdash;continu&oacute; la muchacha arrostrando la
+indignaci&oacute;n de su madre; pero en aquel momento se oyeron unos pesados
+pasos y una voz brusca pregunt&oacute;, con acento amenazador:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n habla del duque Miguel con tan poco respeto y en sus propias
+tierras?</p>
+
+<p>La muchacha dio un ligero grito, entre atemorizada y risue&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No me acusar&aacute;s a tu amo, Juan?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute; tienes lo que nos traes con tu charla&mdash;dijo la madre.</p>
+
+<p>El hombre que hab&iacute;a hablado entr&oacute; en la habitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos un hu&eacute;sped, Juan&mdash;dijo la posadera al reci&eacute;n llegado, que
+inmediatamente se quit&oacute; la gorra. Pero al verme retrocedi&oacute; un paso,
+como ante una aparici&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tienes, Juan?&mdash;pregunt&oacute; la mayor de las j&oacute;venes.&mdash;Este se&ntilde;or es
+un viajero, que viene a ver la coronaci&oacute;n.</p>
+
+<p>El guardabosque se hab&iacute;a repuesto de su sorpresa, pero segu&iacute;a mir&aacute;ndome
+fijamente, con expresi&oacute;n de intensa curiosidad no exenta de amenaza.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches&mdash;le dije.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, se&ntilde;or&mdash;murmur&oacute;, observ&aacute;ndome sin cesar, hasta que la
+rubia exclam&oacute; con gran risa:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, m&iacute;ralo bien, Juan; es tu color favorito! Lo ha sorprendido el
+color de su cabello, se&ntilde;or viajero; color que no es el que m&aacute;s vemos
+aqu&iacute; en Zenda.</p>
+
+<p>&mdash;Dispense el se&ntilde;or&mdash;balbuce&oacute; el mozo, todav&iacute;a sorprendido.&mdash;No cre&iacute;
+encontrar aqu&iacute; m&aacute;s que a los de casa.</p>
+
+<p>&mdash;Denle ustedes un vaso de vino para que lo beba a mi salud. Buenas
+noches a todos, y gracias, se&ntilde;oras m&iacute;as, por su bondad y su grata
+conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Me levante, e inclin&aacute;ndome ligeramente me dirig&iacute; hacia la puerta. La
+alegre muchacha corri&oacute; a alumbrar el camino y el joven retrocedi&oacute; un
+paso, fijos los ojos en m&iacute;. Al llegar a su lado me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Con perd&oacute;n, se&ntilde;or: &iquest;conoce usted al Rey?</p>
+
+<p>&mdash;Jam&aacute;s lo he visto, pero espero conocerlo el mi&eacute;rcoles.</p>
+
+<p>Nada m&aacute;s dijo, pero present&iacute; que sus ojos siguieron clavados en m&iacute; hasta
+que se cerr&oacute; la puerta. Mi picaresca conductora iba delante y al subir
+la escalera me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No hay remedio; el pelo de usted es de un color que no le gusta a
+Juan.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Prefiere quiz&aacute;s el tuyo, eh?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! quiero decir en un hombre&mdash;replic&oacute; coquetonamente.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver&mdash;dije asiendo el candelero que ten&iacute;a ella en la
+mano;&mdash;&iquest;qu&eacute; importa que un hombre tenga el pelo de tal o cual color?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que s&eacute; es que a m&iacute; me gusta el de usted; es el rojo de los Elsberg.</p>
+
+<p>&mdash;Te repito que lo del color es una bicoca, una frusler&iacute;a. Como &eacute;sta;
+toma.&mdash;Y le di algunas monedas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cielo santo!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;Lo que es esta noche voy a cerrar la puerta
+de la cocina, por si acaso.</p>
+
+<p>De entonces ac&aacute; he aprendido que el color del pelo es en ocasiones
+detalle de la m&aacute;s alta importancia para un hombre.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="III" id="III"></a>III</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">francachela nocturna con un pariente lejano</span></p>
+
+
+<p>La conducta del guardabosque del Duque al siguiente d&iacute;a, fue tan atenta
+y se mostr&oacute; tan servicial, que hubiera bastado para reconciliarme con
+&eacute;l, suponiendo que yo hubiese podido guardarle el menor rencor porque a
+&eacute;l le gustase o no el color de mi cabello. Habiendo sabido que me
+dirig&iacute;a a la capital, se present&oacute; cuando estaba yo almorzando para
+decirme que una hermana suya, casada con un acomodado mercader de
+Estrelsau, lo hab&iacute;a invitado a ocupar un cuarto en su casa durante las
+fiestas de la coronaci&oacute;n. Que hab&iacute;a aceptado de mil amores, pero ahora
+se hallaba con que sus deberes no le permit&iacute;an ausentarse. Por lo tanto
+me rogaba que aceptase la invitaci&oacute;n en su lugar, asegur&aacute;ndome que la
+casa, aunque modesta, era c&oacute;moda y limpia, y que su hermana se avendr&iacute;a
+al cambio con placer; acabando por recordarme las molestias que me
+aguardaban en los coches atestados del tren, en mis idas y venidas
+entre Zenda y Estrelsau. Acept&eacute; su oferta sin la menor vacilaci&oacute;n y &eacute;l
+fue a telegrafiar a su hermana mientras yo preparaba mis efectos para
+tomar el pr&oacute;ximo tren. Pero me quedaba todav&iacute;a el deseo de ir al bosque
+y llegarme hasta la casilla del guarda; y cuando mi linda camarera me
+dijo que pod&iacute;a tomar el tren en otra estaci&oacute;n, andando cosa de dos
+leguas a trav&eacute;s del bosque, resolv&iacute; enviar mi equipaje directamente a
+las se&ntilde;as que hab&iacute;a dejado Juan, dar mi paseo y continuar despu&eacute;s el
+viaje a Estrelsau. Juan hab&iacute;a partido ya y nada supo de este cambio en
+mis planes; pero como el &uacute;nico efecto hab&iacute;a de ser un retraso de algunas
+horas en mi llegada a la casa de su hermana, no hab&iacute;a para qu&eacute; enterarlo
+de ello, y desde luego mi futura hu&eacute;speda no se hab&iacute;a de preocupar por
+mi tardanza.</p>
+
+<p>Tom&eacute; una ligera colaci&oacute;n poco antes de mediod&iacute;a, y habi&eacute;ndome despedido
+de la buena mujer y sus hijas, prometiendo volver a verlas a mi regreso,
+comenc&eacute; el ascenso de la colina que lleva al castillo y desde &eacute;ste al
+bosque de Zenda. Media hora de pausado andar me llev&oacute; a las puertas del
+castillo. Fortaleza en otro tiempo, los macizos muros se hallaban
+todav&iacute;a en buen estado y aparec&iacute;an muy imponentes. Tras ellos se ve&iacute;a
+otra secci&oacute;n de la antigua fortaleza, y despu&eacute;s de &eacute;sta, separada por
+un ancho y profundo foso que rodeaba tambi&eacute;n los antiguos edificios,
+hall&aacute;base una hermosa quinta moderna, mandada construir por el difunto
+Rey y que al presente era la residencia de campo del duque de Estrelsau.
+Ambas porciones, antigua y moderna, se comunicaban por medio de un
+puente levadizo, &uacute;nico medio de acceso a la parte antigua de la
+construcci&oacute;n; en cambio en frente de la quinta se extend&iacute;a una hermosa y
+ancha avenida. Era aquella una posesi&oacute;n ideal. Cuando &laquo;Miguel el Negro&raquo;
+deseaba compa&ntilde;&iacute;a, habitaba la quinta; si quer&iacute;a estar solo le bastaba
+cruzar el puente, alzarlo tras s&iacute;, y hubieran sido necesarios un
+regimiento y una bater&iacute;a de sitio para sacarlo de all&iacute;. Prosegu&iacute; mi
+camino, alegr&aacute;ndome de ver que el pobre duque Miguel, ya que no pudiese
+conseguir trono ni princesa, ten&iacute;a por lo menos una residencia no
+inferior a la de ning&uacute;n otro pr&iacute;ncipe de Europa.</p>
+
+<p>No tard&eacute; en llegar al bosque, cuyos frondosos &aacute;rboles me proporcionaron
+fresca sombra por m&aacute;s de una hora. Las ramas se entrelazaban sobre mi
+cabeza y los rayos del sol pod&iacute;an apenas deslizarse entre las hojas,
+poniendo aqu&iacute; y all&aacute; brillantes toques sobre el h&uacute;medo c&eacute;sped. Encantado
+con aquel lugar, me sent&eacute; al pie de un &aacute;rbol, apoy&eacute; la espalda contra su
+tronco y extendiendo las piernas me entregu&eacute; a la contemplaci&oacute;n de la
+solemne belleza del bosque, a la vez que aspiraba el delicioso aroma de
+un buen cigarro. Consumido &eacute;ste y al parecer satisfecha mi contemplaci&oacute;n
+est&eacute;tica, me qued&eacute; profundamente dormido, sin cuidarme para nada del
+tren que deb&iacute;a de llevarme a Estrelsau ni de la rapidez con que iban
+desliz&aacute;ndose las horas de aquella tarde. Pensar en trenes en aquel lugar
+hubiera sido un sacrilegio. Lejos de eso, me puse a so&ntilde;ar que era el
+feliz esposo de la princesa Flavia, con la cual habitaba en el castillo
+de Zenda y me paseaba por las sombreadas alamedas del bosque, todo lo
+cual constitu&iacute;a un sue&ntilde;o muy placentero por cierto. No ocultar&eacute; que me
+hallaba en el acto de estampar un ardiente beso en los lindos labios de
+la Princesa, cuando o&iacute; una voz estridente, que al principio me pareci&oacute;
+parte de mi sue&ntilde;o, y que dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, hombre, si parece cosa, del diablo! No hay m&aacute;s que afeitarlo y
+ya tenemos al Rey hecho y derecho.</p>
+
+<p>Aquella ocurrencia me pareci&oacute; bastante rara, aun para so&ntilde;ada; &iexcl;el
+sacrificio de mi bien cuidada barba y aguzada perilla transformarme en
+un monarca! Hall&aacute;bame a punto de besar otra vez a mi princesa, cuando me
+convenc&iacute;, muy a mi pesar, de que estaba despierto.</p>
+
+<p>Abr&iacute; los ojos y vi a dos hombres que me contemplaban con gran
+curiosidad. Ambos vest&iacute;an trajes de caza y llevaban sus escopetas. Bajo
+y robusto uno de ellos, con una cabeza redonda como bala de ca&ntilde;&oacute;n,
+&aacute;spero bigote gris y peque&ntilde;os ojos azules. El otro era joven, esbelto,
+de mediana estatura, moreno y de distinguido porte. Desde luego me
+pareci&oacute; el primero un veterano y el otro un joven noble, pero tambi&eacute;n
+soldado. M&aacute;s tarde tuve ocasi&oacute;n de ver confirmado mi juicio.</p>
+
+<p>El de m&aacute;s edad se adelant&oacute;, haciendo se&ntilde;a al otro de que le siguiera; y
+&eacute;ste lo hizo as&iacute;, descubri&eacute;ndose cort&eacute;smente, a tiempo que yo me pon&iacute;a
+en pie.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hasta la misma estatura!&mdash;o&iacute; murmurar al veterano, mientras parec&iacute;a
+medir atentamente con la vista los seis pies y dos pulgadas de estatura
+que Dios me ha dado. Despu&eacute;s, haciendo el saludo militar, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me ser&iacute;a permitido preguntarle a usted su nombre?</p>
+
+<p>&mdash;Mi opini&oacute;n, se&ntilde;ores m&iacute;os&mdash;contest&eacute; sonri&eacute;ndome,&mdash;es que habiendo
+tomado ustedes la iniciativa en este encuentro, les toca tambi&eacute;n
+comenzar por decirme sus nombres.</p>
+
+<p>El joven se adelant&oacute; con faz risue&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;El coronel Sarto&mdash;dijo presentando a su compa&ntilde;ero.&mdash;Y yo soy Federico
+de Tarlein; ambos al servicio del rey de Ruritania.</p>
+
+<p>Me inclin&eacute; y dije descubri&eacute;ndome:</p>
+
+<p>&mdash;Mi nombre es Rodolfo Ras&eacute;ndil y soy un viajero ingl&eacute;s. Tambi&eacute;n he sido
+por dos a&ntilde;os oficial del ej&eacute;rcito de Su Majestad la Reina.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en tal caso somos hermanos de armas&mdash;repuso Tarlein tendi&eacute;ndome
+la mano, que estrech&eacute; gustoso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ras&eacute;ndil, Ras&eacute;ndil!&mdash;murmur&oacute; el coronel Sarto. De repente pareci&oacute;
+despertarse un claro recuerdo en su memoria y exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por vida de! &iquest;Sois Burlesd&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Mi hermano es el actual Conde de este t&iacute;tulo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Claro est&aacute;! Con esa cabeza no pod&iacute;a ser otra cosa&mdash;dijo ech&aacute;ndose a
+re&iacute;r.&mdash;&iquest;No conoce usted la historia, Tarlein?</p>
+
+<p>El joven me mir&oacute;, algo cortado, con una delicadeza que mi cu&ntilde;ada hubiera
+admirado grandemente. Y deseoso yo de tranquilizarlo, dije chance&aacute;ndome:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! Por lo visto la historia es tan bien conocida aqu&iacute; como entre
+nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Conocida!&mdash;exclam&oacute; Sarto.&mdash;Y como siga usted alg&uacute;n tiempo en el pa&iacute;s
+no habr&aacute; en toda Ruritania quien la dude.</p>
+
+<p>Empec&eacute; a sentirme algo inquieto. Si hubiera sabido hasta qu&eacute; punto
+pod&iacute;a leerse mi genealog&iacute;a en mi aspecto, lo hubiera pensado mucho antes
+de visitar a Ruritania. Pero a lo hecho pecho.</p>
+
+<p>En aquel momento se oy&oacute; una voz imperiosa entre los &aacute;rboles:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Federico! &iquest;D&oacute;nde te has metido, hombre?</p>
+
+<p>Tarlein se sobresalt&oacute; y dijo apresuradamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El Rey!</p>
+
+<p>El viejo Sarto se limit&oacute; a re&iacute;rse con sorna.</p>
+
+<p>No tard&oacute; en aparecer un joven, a cuya vista lanc&eacute; una exclamaci&oacute;n de
+asombro; y &eacute;l, al verme, retrocedi&oacute; un paso, no menos at&oacute;nito que yo. A
+no ser por mi barba, por cierta expresi&oacute;n de dignidad debida a su alto
+rango y tambi&eacute;n por media pulgada menos de estatura que &eacute;l pod&iacute;a tener,
+el rey de Ruritania hubiera podido pasar por Rodolfo Ras&eacute;ndil y yo por
+el rey Rodolfo.</p>
+
+<p>Permanecimos un momento inm&oacute;viles, contempl&aacute;ndonos. Despu&eacute;s me descubr&iacute;
+y salud&eacute; respetuosamente. El Rey recobr&oacute; entonces el uso de la palabra y
+pregunt&oacute; con extra&ntilde;eza:</p>
+
+<p>&mdash;Coronel, Federico &iquest;qui&eacute;n es este caballero?</p>
+
+<p>Iba yo a contestar, cuando el coronel Sarto se interpuso y empez&oacute; a
+hablar al rey en voz baja, con su tono gru&ntilde;&oacute;n. La estatura del Rey
+aventajaba mucho a la de Sarto, y mientras escuchaba a &eacute;ste, sus ojos se
+fijaban de cuando en cuando en los m&iacute;os. Por mi parte lo contempl&eacute; larga
+y detenidamente. Nuestra semejanza era en verdad extraordinaria, si bien
+not&eacute; asimismo los puntos de diferencia. La cara del Rey era ligeramente
+m&aacute;s llena que la m&iacute;a, el &oacute;valo de su contorno un tanto m&aacute;s pronunciado,
+muy poco, y me pareci&oacute; o me imagin&eacute; que a las l&iacute;neas de su boca les
+faltaba algo de la firmeza (obstinaci&oacute;n quiz&aacute;s) que denunciaban mis
+comprimidos labios. Pero con todo esto y a pesar de esas diferencias
+menores, nuestro parecido subsist&iacute;a, innegable, evidente, portentoso.</p>
+
+<p>El coronel dej&oacute; de hablar, pero el rostro del Rey sigui&oacute; contra&iacute;do; por
+&uacute;ltimo, movi&eacute;ronse sus labios, se encorv&oacute; su nariz (exactamente como le
+sucede a la m&iacute;a cuando me r&iacute;o), parpade&oacute; y acab&oacute; por echarse a re&iacute;r de
+tan buena gana y tan fuertemente, que sus carcajadas resonaron en el
+bosque, proclamando la jovial disposici&oacute;n de su &aacute;nimo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bienvenido, primo m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute; acerc&aacute;ndose y d&aacute;ndome una palmada en
+el hombro, sin cesar de re&iacute;rse.&mdash;Muy disculpable es mi sorpresa, porque
+no todos los d&iacute;as ve un hombre su propia imagen contempl&aacute;ndole frente a
+frente. &iquest;Verdad, se&ntilde;ores?</p>
+
+<p>&mdash;Espero no haber incurrido en el desagrado de Vuestra
+Majestad...&mdash;comenc&eacute; a decir.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, a fe m&iacute;a! Y la verdad es que nadie con m&aacute;s raz&oacute;n puede aspirar al
+favor del Rey. &iquest;Ad&oacute;nde se dirige usted?</p>
+
+<p>&mdash;A Estrelsau, para presenciar la coronaci&oacute;n.</p>
+
+<p>El Rey mir&oacute; a sus servidores; continuaba sonri&eacute;ndose, pero su expresi&oacute;n
+revelaba ligera inquietud. Sin embargo, el lado c&oacute;mico de la situaci&oacute;n
+volvi&oacute; a impon&eacute;rsele.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tarlein!&mdash;exclam&oacute;,&mdash;dar&iacute;a mil escudos por contemplar ma&ntilde;ana la cara
+de mi hermano Miguel cuando vea que somos dos. &iexcl;Un par de Reyes, nada
+menos!&mdash;Y sus alegres carcajadas resonaron de nuevo.</p>
+
+<p>&mdash;Hablando seriamente&mdash;dijo Tarlein,&mdash;dudo que sea muy acertada la
+visita del se&ntilde;or Ras&eacute;ndil a Estrelsau en estos momentos.</p>
+
+<p>El Rey encendi&oacute; un cigarrillo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y bien, Sarto?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No debe de ir&mdash;gru&ntilde;&oacute; el veterano.</p>
+
+<p>&mdash;Veamos, coronel; es decir que el se&ntilde;or Ras&eacute;ndil me har&iacute;a un servicio
+si...</p>
+
+<p>&mdash;Eso, eso; Vuestra Majestad puede darle la forma m&aacute;s cort&eacute;s y
+diplom&aacute;tica que juzgue conveniente&mdash;dijo Sarto sacando del bolsillo una
+enorme pipa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Basta, se&ntilde;or!&mdash;exclam&eacute; dirigi&eacute;ndome al Rey.&mdash;Hoy mismo saldr&eacute; de
+Ruritania.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso no!&mdash;exclam&oacute; el Rey.&mdash;Cenar&aacute; usted conmigo esta noche, suceda
+despu&eacute;s lo que quiera, &iexcl;Voto a! como dice Sarto; no se encuentra uno de
+manos a boca con un pariente todos los d&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Nuestra cena de esta noche ser&aacute; sobria&mdash;dijo Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;No tal&mdash;repuso el Rey,&mdash;teniendo por convidado a nuestro primo. No por
+eso olvido que debemos partir ma&ntilde;ana temprano, Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco lo olvido yo&mdash;dijo el coronel fumando gravemente,&mdash;pero
+siempre habr&aacute; tiempo de pensar en ello ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, viejo Sarto!&mdash;exclam&oacute; el Rey.&mdash;&iexcl;Bien dicho! Cada cosa a su
+tiempo. Andando, se&ntilde;or Ras&eacute;ndil. Y a prop&oacute;sito, &iquest;qu&eacute; nombre le han
+puesto a usted?</p>
+
+<p>&mdash;El mismo de Vuestra Majestad&mdash;contest&eacute; inclin&aacute;ndome.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bravo! Eso prueba que no se averg&uuml;enzan de nosotros&mdash;repuso
+ri&eacute;ndose.&mdash;&iexcl;Vamos, primo Rodolfo. No tengo palacio ni casa propia por
+aqu&iacute;, pero mi amado hermano Miguel me presta una de las suyas y en ella
+procuraremos tratarlo a usted lo mejor posible.&mdash;Y tomando mi brazo,
+indico a los otros que nos siguiesen y nos pusimos en camino.</p>
+
+<p>Anduvimos por el bosque cosa de media hora y el Rey fum&oacute; cigarrillos y
+charl&oacute; incesantemente. Mostr&oacute; vivo inter&eacute;s por mi familia, se ri&oacute; en
+grande cuando habl&eacute; de los retratos con cabellera de Elsberg, existentes
+en nuestra galer&iacute;a de antepasados y redobl&oacute; su risa al oir que mi
+expedici&oacute;n a Ruritania era secreta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es decir que tiene usted que visitar a su depravado primo a
+escondidas?&mdash;dijo.</p>
+
+<p>Al salir del bosque nos hallamos ante un r&uacute;stico pabell&oacute;n de caza. Era
+una construcci&oacute;n de un solo piso, toda de madera. Sali&oacute; a recibirnos un
+hombrecillo con modesta librea, y la &uacute;nica otra persona que all&iacute;
+habitaba era una vieja, la madre de Juan, el guardabosque del Duque,
+seg&uacute;n averig&uuml;&eacute; despu&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; lista la cena, Jos&eacute;?&mdash;pregunt&oacute; el Rey.</p>
+
+<p>El hombrecillo contest&oacute; que todo estaba pronto y no tardamos en
+sentarnos a una mesa abundantemente servida. El Rey com&iacute;a con apetito,
+Tarlein moderadamente y Sarto con voracidad. Yo me mostr&eacute; buen comedor,
+como lo he sido siempre, y el Rey lo not&oacute;, sin ocultar su aprobaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Nosotros, los Elsberg, nos portamos siempre bien en la mesa,
+observ&oacute;.&mdash;Pero &iquest;qu&eacute; es esto? &iquest;Estamos comiendo en seco? &iexcl;Vino, Jos&eacute;! Eso
+de engullir sin beber se queda para los animales. &iexcl;Pronto, pronto!</p>
+
+<p>Jos&eacute; puso apresuradamente sobre la mesa numerosas botellas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Acu&eacute;rdese Vuestra Majestad de la ceremonia de ma&ntilde;ana!&mdash;dijo Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso es, ma&ntilde;ana!&mdash;repiti&oacute; el viejo Sarto.</p>
+
+<p>El Rey vaci&oacute; una copa a la salud de &laquo;su primo Rodolfo,&raquo; como ten&iacute;a la
+bondad de llamarme, y yo apur&eacute; otra en honor &laquo;del color de los Elsberg,&raquo;
+brindis que le hizo re&iacute;r mucho. No dir&eacute; si era buena la carne que
+com&iacute;amos, pero s&iacute; que los vinos eran exquisitos y que les hicimos
+justicia. Tarlein se aventur&oacute; una vez a detener la mano del Rey.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo se entiende?&mdash;exclam&oacute; &eacute;ste&mdash;Acu&eacute;rdate, Federico, de que debes
+partir ma&ntilde;ana antes que yo, y por lo tanto tienes que dejar de beber dos
+horas antes.</p>
+
+<p>Tarlein vio que yo no comprend&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;El coronel y yo&mdash;me explic&oacute;,&mdash;saldremos de aqu&iacute; a las seis de la
+ma&ntilde;ana para ir a caballo a Zenda, regresaremos con la guardia de honor a
+las ocho, y entonces cabalgaremos todos juntos hasta la estaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El diablo cargue con la tal guardia de honor!&mdash;gru&ntilde;&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;No, ha sido una atenci&oacute;n muy delicada de mi hermano el pedir esa
+distinci&oacute;n para su regimiento&mdash;dijo el Rey.&mdash;&iexcl;Ea, primo! T&uacute; no tienes
+que levantarte temprano. &iexcl;Venga otra botella!</p>
+
+<p>Y despach&eacute; otra botella, o, mejor dicho, parte de ella, porque lo menos
+los dos tercios de su contenido se los apropi&oacute; el monarca. Tarlein
+renunci&oacute; a predicar moderaci&oacute;n y pronto nos pusimos todos tan alegres de
+cascos como sueltos de lengua. El Rey empez&oacute; a hablar de lo que se
+propon&iacute;a hacer; Sarto, de lo que hab&iacute;a hecho; Tarlein se destap&oacute; por
+unas aventuras amorosas, y a m&iacute; me dio por encomiar los altos m&eacute;ritos de
+la dinast&iacute;a de los Elsberg. Habl&aacute;bamos todos a la vez y segu&iacute;amos al pie
+de la letra la m&aacute;xima favorita de Sarto: ma&ntilde;ana ser&aacute; otro d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Por fin, el Rey puso su copa sobre la mesa y se reclin&oacute; en la silla.</p>
+
+<p>&mdash;Ya he bebido bastante&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;No ser&eacute; yo quien contradiga al Rey&mdash;asent&iacute;.</p>
+
+<p>La verdad es que hab&iacute;a bebido demasiado. Y entonces se present&oacute; Jos&eacute; y
+puso delante del Rey un venerable frasco, que, por su apariencia, deb&iacute;a
+de haber reposado largos a&ntilde;os en obscuro s&oacute;tano.</p>
+
+<p>&mdash;Su Alteza el duque de Estrelsau me orden&oacute; presentar este frasco al Rey
+cuando hubiese gustado ya otros vinos menos a&ntilde;ejos, y suplicarle que lo
+bebiera en prenda del cari&ntilde;o que le profesa su hermano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bravo, Miguel!&mdash;exclam&oacute; el Rey.&mdash;&iexcl;Dest&aacute;palo pronto, Jos&eacute;! &iquest;Pues qu&eacute;
+se ha cre&iacute;do mi caro hermano? &iquest;Que me iba a asustar una botella m&aacute;s?</p>
+
+<p>Destapado el frasco, Jos&eacute; llen&oacute; el vaso del Rey. Apenas hubo probado el
+vino nos dirigi&oacute; una mirada solemne, muy en consonancia con el estado en
+que se hallaba, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Caballeros, amigos m&iacute;os, primo Rodolfo (&iexcl;cuidado que es escandalosa
+la historia esa, Rodolfo!), la mitad de Ruritania os pertenece desde
+este momento. &iexcl;Pero no me pid&aacute;is una sola gota de este frasco divino,
+que vac&iacute;o a la salud de... de ese taimado, del brib&oacute;n de mi hermano,
+Miguel el Negro!</p>
+
+<p>Y llev&aacute;ndose el frasco a los labios bebi&oacute; hasta la &uacute;ltima gota, lo lanz&oacute;
+despu&eacute;s lejos de s&iacute; y apoyando los brazos en la mesa dej&oacute; caer sobre
+ellos la cabeza.</p>
+
+<p>Bebimos una vez m&aacute;s a la salud del Rey y es todo lo que recuerdo de
+aquella noche. Que no es poco recordar.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="IV" id="IV"></a>IV</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">el rey acude a la cita</span></p>
+
+
+<p>Al despertarme no hubiera podido decir si hab&iacute;a dormido un minuto o un
+a&ntilde;o. Me despert&oacute; repentinamente una sensaci&oacute;n de fr&iacute;o; el agua chorreaba
+de mi cabeza, cara y traje, y frente a m&iacute; divis&eacute; al viejo Sarto, con su
+burlona sonrisa y con un cubo vac&iacute;o en la mano. Sentado a la mesa,
+Federico de Tarlein, p&aacute;lido y desencajado como un muerto.</p>
+
+<p>Me puse en pie de un salto, y exclam&eacute; encolerizado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Esto pasa de broma, se&ntilde;or m&iacute;o!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! No tenemos tiempo de disputar. No hab&iacute;a modo de despertarlo, y
+son las cinco.</p>
+
+<p>&mdash;Repito, coronel...&mdash;iba a continuar m&aacute;s irritado que nunca, aunque
+medio helado el cuerpo, cuando me interrumpi&oacute; Tarlein apart&aacute;ndose de la
+mesa y dici&eacute;ndome:</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted, Ras&eacute;ndil.</p>
+
+<p>El Rey yac&iacute;a tendido cuan largo era en el suelo. Ten&iacute;a el rostro tan
+rojo como el cabello y respiraba pesadamente. Sarto, el irrespetuoso
+veterano, le dio un fuerte puntapi&eacute;, pero no se movi&oacute;. Entonces not&eacute; que
+la cara y cabeza del Rey estaban tan mojadas como las m&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Ya hace media hora que procuramos despertarlo&mdash;dijo Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;Bebi&oacute; tres veces m&aacute;s que cualquiera de nosotros&mdash;gru&ntilde;&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>Me arrodill&eacute; y le tom&eacute; el pulso, cuya lentitud y debilidad eran
+alarmantes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Narc&oacute;tico?... &iquest;la &uacute;ltima botella?&mdash;pregunt&eacute; con voz apenas
+perceptible.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya usted a saber&mdash;dijo Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que llamar a un m&eacute;dico.</p>
+
+<p>&mdash;No encontrar&iacute;amos uno en tres leguas a la redonda; y adem&aacute;s ni cien
+m&eacute;dicos son capaces de hacerlo ir a Estrelsau. S&eacute; muy bien en qu&eacute; estado
+se halla. Todav&iacute;a seguir&aacute; seis o siete horas por lo menos sin mover pie
+ni mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y la coronaci&oacute;n?&mdash;exclam&eacute; horrorizado.</p>
+
+<p>Tarlein se encogi&oacute; de hombros, como ten&iacute;a por costumbre.</p>
+
+<p>&mdash;Tendremos que avisar que est&aacute; enfermo&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece lo &uacute;nico que podemos hacer&mdash;asent&iacute;.</p>
+
+<p>El viejo Sarto, en quien la francachela de la v&iacute;spera no dejara el m&aacute;s
+leve rastro, hab&iacute;a encendido su pipa y fumaba furiosamente.</p>
+
+<p>&mdash;Si no lo coronan hoy&mdash;dijo,&mdash;apuesto un reino a que no lo coronan
+nunca.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero, por qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Toda la naci&oacute;n, puede decirse, est&aacute; esper&aacute;ndolo all&aacute; en la capital con
+la mitad del ej&eacute;rcito, y digo, con Miguel el Negro a la cabeza.
+&iquest;Mandaremos a decirles que el Rey est&aacute; borracho?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que est&aacute; enfermo!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Enfermo?&mdash;repiti&oacute; Sarto con sarcasmo.&mdash;Demasiado saben la enfermedad
+que le aqueja. No ser&iacute;a la primera vez.</p>
+
+<p>&mdash;Digan lo que quieran&mdash;repuso Tarlein con desaliento.&mdash;Yo mismo llevar&eacute;
+la noticia y la dar&eacute; lo mejor que sepa y pueda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Creen ustedes que el Rey est&aacute; bajo la influencia de un
+narc&oacute;tico?&mdash;pregunt&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;Yo s&iacute; lo creo&mdash;repliqu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n es el culpable?</p>
+
+<p>&mdash;Ese infame, Miguel el Negro&mdash;rugi&oacute; Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; es&mdash;continu&oacute; el veterano;&mdash;para que no pudiera concurrir a la
+coronaci&oacute;n. Ras&eacute;ndil no conoce todav&iacute;a a nuestro sin par Miguel. Pero
+usted, Tarlein, &iquest;cree usted que el Duque no tiene ya elegido candidato
+al trono, el candidato de la mitad de los habitantes de Estrelsau? Tan
+cierto como hay Dios, Rodolfo pierde la corona si no se presenta hoy en
+la capital. Cuidado que yo conozco a Miguel el Negro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No podr&iacute;amos llevarlo nosotros mismos a la ciudad?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Bonita figura har&iacute;a&mdash;dijo Sarto con profundo desprecio.</p>
+
+<p>Tarlein ocult&oacute; el rostro entre las manos. La respiraci&oacute;n del Rey se hizo
+m&aacute;s ruidosa y Sarto lo empuj&oacute; con el pie.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Maldito borracho!&mdash;murmur&oacute;.&mdash;&iexcl;Pero es un Elsberg, es el hijo de su
+padre, y el diablo me lleve si permito que Miguel el Negro usurpe su
+puesto!</p>
+
+<p>Permanecimos en silencio algunos instantes; despu&eacute;s Sarto, frunciendo
+las pobladas cejas y retirando su pipa de la boca, dijo dirigi&eacute;ndose a
+m&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;A medida que el hombre envejece cree en el hado. El hado lo ha tra&iacute;do
+a usted aqu&iacute; y el hado lo lleva tambi&eacute;n a Estrelsau.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cielo santo!&mdash;murmur&eacute;, retrocediendo tembloroso.</p>
+
+<p>Tarlein me mir&oacute; con viva ansiedad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Imposible!&mdash;dije sordamente.&mdash;Lo descubrir&iacute;an.</p>
+
+<p>&mdash;Es una posibilidad contra una certeza&mdash;dijo Sarto.&mdash;Si se afeita
+usted apuesto a que nadie duda que sea el Rey. &iquest;Tiene usted miedo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or m&iacute;o!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos, joven, calma! Ya sabemos que si lo descubren le cuesta a usted
+la vida, y tambi&eacute;n a m&iacute; y a Federico. Pero si se niega usted, le juro
+que Miguel el Negro se sentar&aacute; en el trono antes de que acabe el d&iacute;a y
+el Rey yacer&aacute; en una prisi&oacute;n o en su tumba.</p>
+
+<p>&mdash;El Rey no lo perdonar&iacute;a nunca&mdash;balbuce&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero somos mujerzuelas o qu&eacute;? &iquest;Qui&eacute;n se cuida de que el Rey perdone o
+no?</p>
+
+<p>Medit&eacute; profundamente, y en la habitaci&oacute;n no se o&iacute;a otro rumor que el
+tic-tac del reloj, cuyo p&eacute;ndulo oscil&oacute; cincuenta, sesenta, setenta
+veces; por fin mi rostro debi&oacute; reflejar mis pensamientos, porque de
+repente el viejo Sarto asi&oacute; mi mano y exclam&oacute; conmovido:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ir&aacute; usted?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ir&eacute;&mdash;dije mirando el postrado cuerpo del Rey.</p>
+
+<p>&mdash;Esta noche&mdash;continu&oacute; Sarto apresuradamente y en voz baja,&mdash;debemos
+pasarla en palacio, de acuerdo con el programa trazado de antemano. Pues
+bien, apenas nos dejen solos, se queda Federico de guardia en la c&aacute;mara
+del Rey, montamos a caballo usted y yo y nos venimos aqu&iacute; a escape. El
+Rey estar&aacute; esper&aacute;ndonos, informado de todo por Jos&eacute;, e inmediatamente
+se pondr&aacute; conmigo camino de Estrelsau, mientras que usted saldr&aacute;
+disparado para la frontera, como si lo persiguiera una legi&oacute;n de
+demonios.</p>
+
+<p>Comprend&iacute; el plan en un instante e hice un adem&aacute;n de aprobaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Siempre es una probabilidad&mdash;dijo Tarlein,&mdash;que por primera vez
+mostraba alguna confianza en el proyecto.</p>
+
+<p>&mdash;Si antes no descubren la substituci&oacute;n&mdash;indiqu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y si la descubren, yo me encargo de mandar a Miguel el Negro a los
+profundos infiernos antes de que me toque el turno, como hay
+Dios!&mdash;exclam&oacute; Sarto.&mdash;Si&eacute;ntese usted en esa silla, joven.</p>
+
+<p>Obedec&iacute; y &eacute;l se precipit&oacute; fuera de la habitaci&oacute;n, gritando: &laquo;&iexcl;Jos&eacute;,
+Jos&eacute;!&raquo; Volvi&oacute; a los dos minutos y Jos&eacute; con &eacute;l, trayendo este &uacute;ltimo un
+jarro de agua caliente, jab&oacute;n y navajas de afeitar. El pobre mozo tembl&oacute;
+al oir las explicaciones que el coronel crey&oacute; necesario darle antes de
+decirle que me afeitase.</p>
+
+<p>De repente Tarlein se dio una palmada en la frente exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero la guardia, la guardia de honor, que vendr&aacute; aqu&iacute;, ver&aacute; y se
+enterar&aacute; de todo!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! No la esperaremos. Iremos a caballo a la estaci&oacute;n de Hofbau,
+donde tomaremos el tren, y cuando llegue la guardia ya habr&aacute; volado el
+p&aacute;jaro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el Rey?</p>
+
+<p>&mdash;En el s&oacute;tano, adonde lo voy a transportar ahora mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si lo descubren?</p>
+
+<p>&mdash;No lo descubrir&aacute;n. Jos&eacute; se encargar&aacute; de despistarlos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Basta ya!&mdash;rugi&oacute; Sarto, dando una patada en el suelo.&mdash;&iexcl;Por vida de!
+&iquest;No s&eacute; yo lo que arriesgamos? Si lo descubren no se ver&aacute; en peor
+predicamento que si no lo coronan hoy en Estrelsau.</p>
+
+<p>Hablando as&iacute; abri&oacute; la puerta de par en par e inclin&aacute;ndose asi&oacute; y levant&oacute;
+en sus brazos el cuerpo del Rey, dando prueba de un vigor que yo estaba
+lejos de suponerle. En aquel instante apareci&oacute; en la puerta la madre de
+Juan el guardabosque. Permaneci&oacute; all&iacute; algunos momentos y sin manifestar
+la menor sorpresa nos volvi&oacute; la espalda y se alej&oacute; por el corredor.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Habr&aacute; o&iacute;do?&mdash;pregunt&oacute; Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo le cerrar&eacute; la boca!&mdash;dijo Sarto con siniestro acento;&mdash;y sali&oacute;
+llev&aacute;ndose el cuerpo inerte del Rey.</p>
+
+<p>Por mi parte, me dej&eacute; caer, medio alelado, en amplio sill&oacute;n, y Jos&eacute;
+procedi&oacute; a rasurarme sin p&eacute;rdida de momento; no tard&oacute; en desaparecer mi
+pobre barba, quedando mi cara tan monda como la del Rey. Al mirarme
+Tarlein, no pudo menos de exclamar, asombrado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por Dios vivo! &iexcl;Ahora s&iacute; que realizaremos nuestro plan.</p>
+
+<p>Eran las seis y no ten&iacute;amos tiempo que perder. Sarto me llev&oacute;
+apresuradamente al cuarto del Rey, donde me puse el uniforme de coronel
+de la Guardia Real, no olvidando preguntar a Sarto, mientras me calzaba
+las botas, qu&eacute; hab&iacute;a sido de la vieja.</p>
+
+<p>&mdash;Me jur&oacute; que nada hab&iacute;a o&iacute;do&mdash;contest&oacute; el coronel;&mdash;pero para mayor
+seguridad la at&eacute; de manos y pies, la amordac&eacute; de firme y la tengo bajo
+llave en la carbonera, pared por medio del s&oacute;tano donde duerme el Rey.
+Jos&eacute; cuidar&aacute; de ambos m&aacute;s tarde.</p>
+
+<p>No pude reprimir la risa y el mismo Sarto me imit&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Me figuro&mdash;continu&oacute;,&mdash;que cuando Jos&eacute; anuncie a la escolta la partida
+del Rey, la atribuir&aacute;n a que nos tem&iacute;amos una mala pasada. Desde luego
+jurar&iacute;a que Miguel el Negro no espera ver hoy al Rey en Estrelsau.</p>
+
+<p>Me puse el casco y Sarto me entreg&oacute; la regia espada, mir&aacute;ndome
+prolongada y cuidadosamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gracias a Dios que el Rey se afeit&oacute; la barba!&mdash;exclam&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; lo hizo?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Porque la princesa Flavia as&iacute; lo quiso. Y ahora, a caballo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; todo seguro aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Nada est&aacute; seguro hoy, pero cuanto podemos hacer est&aacute; hecho.</p>
+
+<p>En aquel momento se nos uni&oacute; Tarlein, que vest&iacute;a uniforme de capit&aacute;n del
+mismo regimiento que yo, y a Sarto le bastaron cinco minutos para
+ponerse tambi&eacute;n su respectivo uniforme. Jos&eacute; anunci&oacute; que los caballos
+estaban listos; montamos y partimos al trote r&aacute;pido. Hab&iacute;a empezado la
+peligrosa aventura. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a su t&eacute;rmino?</p>
+
+<p>El aire fresco de la ma&ntilde;ana despej&oacute; mi cabeza y pude darme perfecta
+cuenta de cuanto me iba diciendo Sarto, que mostraba sorprendente
+serenidad. Tarlein apenas habl&oacute; y cabalgaba como si estuviera dormido;
+pero Sarto, sin dedicar una sola palabra m&aacute;s al Rey, empez&oacute; a instruirme
+desde luego en mil cosas que necesitaba saber, a ense&ntilde;arme
+minuciosamente todo lo relativo a mi vida pasada, a mi familia, mis
+gustos, ocupaciones, defectos, amigos y servidores. Me detall&oacute; la
+etiqueta de la Corte de Ruritania, prometiendo hallarse constantemente a
+mi lado para indicarme los personajes a quienes yo deb&iacute;a conocer y la
+mayor o menor ceremonia con que conven&iacute;a recibirlos y tratarlos.</p>
+
+<p>&mdash;Y a prop&oacute;sito&mdash;me dijo,&mdash;&iquest;supongo que es usted cat&oacute;lico?</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto&mdash;contest&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Santo Dios, un hereje!&mdash;gimi&oacute; el veterano; y en seguida me enumer&oacute;
+una porci&oacute;n de pr&aacute;cticas y ceremonias del culto cat&oacute;lico que me
+importaba conocer.</p>
+
+<p>&mdash;Afortunadamente&mdash;continu&oacute;,&mdash;no se esperar&aacute; que est&eacute; usted muy al
+tanto, porque el Rey se ha mostrado ya bastante descuidado e indiferente
+en materia de religi&oacute;n. Pero hay que aparecer lo m&aacute;s afable del mundo
+con el cardenal, a quien esperamos atraer a nuestro partido ahora que
+tiene una cuesti&oacute;n pendiente con Miguel el Negro sobre asuntos de
+procedencia.</p>
+
+<p>Llegamos a la estaci&oacute;n, y Tarlein, que hab&iacute;a recobrado en parte su
+presencia de &aacute;nimo, dijo brevemente al sorprendido jefe de estaci&oacute;n, que
+el Rey hab&iacute;a tenido a bien modificar sus planes. Lleg&oacute; el tren, tomamos
+asiento en un coche de primera, y Sarto, c&oacute;modamente arrellanado,
+reanud&oacute; su lecci&oacute;n. Consult&eacute; mi reloj, mejor dicho el reloj del Rey, y
+vi que eran las ocho en punto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Habr&aacute;n ido a buscarnos?&mdash;&iexcl;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Con tal que no descubran al Rey!&mdash;dijo Tarlein inquieto, mientras que
+el impasible Sarto se encog&iacute;a de hombros.</p>
+
+<p>A las nueve y media vi por la ventanilla las torres y los edificios m&aacute;s
+elevados de una gran ciudad.</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra capital, se&ntilde;or&mdash;dijo Sarto con c&oacute;mica reverencia, e
+inclin&aacute;ndose me tom&oacute; el pulso.&mdash;Algo agitado&mdash;continu&oacute; con su eterno
+tono gru&ntilde;&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Como que no soy de piedra!&mdash;exclam&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero servir&aacute; usted para el caso&mdash;dijo satisfecho.&mdash;En cambio este
+Federico de mis pecados parece sufrir un ataque de tercianas. &iexcl;Saca el
+frasco, muchacho, y toma un trago!</p>
+
+<p>Tarlein lo hizo como se lo dec&iacute;an.</p>
+
+<p>&mdash;Llegamos con una hora de anticipaci&oacute;n&mdash;observ&oacute; Sarto.&mdash;En cuanto
+echemos pie a tierra enviaremos aviso de la llegada de Vuestra Majestad,
+porque lo que es ahora no habr&aacute; nadie esper&aacute;ndonos. Y entretanto...</p>
+
+<p>&mdash;Entretanto&mdash;dije yo,&mdash;el Rey acabar&aacute; por darse a Satan&aacute;s si tiene que
+seguir mucho tiempo todav&iacute;a sin almorzar.</p>
+
+<p>El viejo Sarto se ri&oacute; socarronamente y me tendi&oacute; la mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es usted un verdadero Elsberg!&mdash;dijo. Despu&eacute;s nos mir&oacute; detenidamente
+y exclam&oacute;:&mdash;&iexcl;Dios haga que nos veamos vivos esta noche!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Am&eacute;n!&mdash;fue el comentario de Federico de Tarlein.</p>
+
+<p>El tren se detuvo. Mis dos compa&ntilde;eros bajaron al and&eacute;n, descubri&eacute;ndose y
+dejando abierta la portezuela del coche. Por un momento fui presa de una
+profunda emoci&oacute;n. Despu&eacute;s afirm&eacute; el casco sobre mi cabeza, dirig&iacute; al
+Cielo (lo confieso sin avergonzarme) una breve y ferviente s&uacute;plica, y
+baj&eacute; al and&eacute;n de la estaci&oacute;n de Estrelsau.</p>
+
+<p>Momentos despu&eacute;s todo era movimiento y confusi&oacute;n; hombres que se
+acercaban apresuradamente, sombrero en mano, y part&iacute;an con no menor
+celeridad; otros que me conduc&iacute;an al restaurant de la estaci&oacute;n, jinetes
+que sal&iacute;an a escape con direcci&oacute;n a los cuarteles, a la catedral, a la
+residencia del duque Miguel. Tomaba yo el &uacute;ltimo sorbo de mi taza de
+caf&eacute; cuando se oyeron los alegres ta&ntilde;idos de las campanas en toda la
+ciudad, y poco despu&eacute;s llegaron a mis o&iacute;dos los acordes de una banda de
+m&uacute;sica y las primeras aclamaciones de la multitud.</p>
+
+<p>&iexcl;El rey Rodolfo V se hallaba en su leal ciudad de Estrelsau!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Viva el Rey!&mdash;gritaba el pueblo fuera de la estaci&oacute;n.&mdash;&iexcl;Dios proteja
+a nuestro Soberano!</p>
+
+<p>En los labios del viejo Sarto apareci&oacute; ir&oacute;nica sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios los proteja a los dos!&mdash;le o&iacute; murmurar.&mdash;&iexcl;Animo, joven!&mdash;y su
+mano estrech&oacute; disimuladamente la m&iacute;a.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="V" id="V"></a>V</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">aventuras de un suplente</span></p>
+
+
+<p>Volv&iacute; al and&eacute;n seguido de cerca por Federico de Tarlein y el coronel
+Sarto, y lo primero que hice fue cerciorarme de que ten&iacute;a el rev&oacute;lver a
+mano y de que mi espada sal&iacute;a f&aacute;cilmente de la vaina. Me esperaba un
+alegre grupo de jefes militares y grandes dignatarios y al frente de
+ellos un anciano alto, de porte marcial y cubierto el pecho de cruces y
+medallas. Ostentaba la banda roja y amarilla de la Rosa de Ruritania
+que, dicho sea de paso, decoraba tambi&eacute;n mi indigno pecho.</p>
+
+<p>&mdash;El general Estrakenz&mdash;murmur&oacute; Sarto, haci&eacute;ndome saber as&iacute; que me
+hallaba en presencia del m&aacute;s famoso veterano del ej&eacute;rcito de Ruritania.</p>
+
+<p>Detr&aacute;s del General se hallaba un hombrecillo que vest&iacute;a amplio ropaje
+rojo y negro.</p>
+
+<p>&mdash;El Canciller del Reino&mdash;murmur&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>El General me salud&oacute; con algunas leales palabras y en seguida me
+present&oacute; las excusas del duque de Estrelsau. Al parecer, &eacute;ste era
+v&iacute;ctima de una indisposici&oacute;n s&uacute;bita que le imped&iacute;a venir a la estaci&oacute;n,
+pero me rogaba que le permitiese esperarme en la catedral. Manifest&eacute; mi
+sentimiento, acept&eacute; bondadosamente las excusas del General y recib&iacute; los
+pl&aacute;cemes de muchos y muy distinguidos personajes. Ninguno manifest&oacute; la
+menor sospecha y sent&iacute; que iba recobrando la serenidad y que mi coraz&oacute;n
+lat&iacute;a menos apresuradamente. Pero Tarlein segu&iacute;a p&aacute;lido y not&eacute; que le
+temblaba la mano al d&aacute;rsela al General.</p>
+
+<p>El cortejo form&oacute; frente a la estaci&oacute;n, donde mont&eacute; a caballo, teni&eacute;ndome
+el estribo el anciano General. Los dignatarios civiles tomaron asiento
+en sus carruajes y comenc&eacute; a recorrer las calles de Estrelsau, con
+Estrakenz a mi derecha y Sarto (que como mi primer ayudante ten&iacute;a
+derecho a ello) a mi izquierda. La ciudad consta de una parte antigua y
+otra moderna. Anchas avenidas y barrios enteros de magn&iacute;ficos edificios
+rodean la primitiva ciudad, con sus calles estrechas, tortuosas y
+pintorescas. En los barrios modernos residen las clases acomodadas, y en
+el centro est&aacute;n situadas las tiendas y vive una poblaci&oacute;n pobre,
+turbulenta y en parte criminal, que se oculta en sus obscuras
+callejuelas.</p>
+
+<p>Aquellas divisiones sociales y locales correspond&iacute;an, seg&uacute;n los informes
+suministrados por Sarto, a otra distinci&oacute;n mucho m&aacute;s importante para m&iacute;.
+La Ciudad Nueva estaba toda por el Rey; para la Ciudad Vieja, Miguel de
+Estrelsau era una esperanza, un h&eacute;roe y un &iacute;dolo.</p>
+
+<p>Brillante era el golpe de vista al pasar la cabalgata por la Avenida
+Central y tambi&eacute;n en la gran plaza donde se alzaba el palacio regio.
+All&iacute; me encontraba rodeado de mis m&aacute;s adictos partidarios. Todas las
+casas ostentaban rojas colgaduras y banderas; en la calles hab&iacute;an
+construido gradas para los espectadores y pas&eacute; saludando a derecha e
+izquierda, entre entusiastas aclamaciones, saludado a mi vez por
+millares de blancos pa&ntilde;uelos. Los balcones estaban llenos de damas
+vistosamente ataviadas, que aplaud&iacute;an, saludaban y me dirig&iacute;an sus m&aacute;s
+seductoras miradas. Ca&iacute;a sobre m&iacute; una lluvia de rosas; tom&eacute; un precioso
+capullo que se hab&iacute;a enredado en las crines de mi caballo y lo coloqu&eacute;
+en el ojal de mi levita de uniforme. El General se sonri&oacute; con iron&iacute;a. Yo
+le hab&iacute;a dirigido frecuentes miradas, pero su impasible semblante no me
+revelaba si era o no de los m&iacute;os.</p>
+
+<p>&mdash;Para los Elsberg, la rosa roja, General&mdash;le dije alegremente; a lo
+cual contest&oacute; con un adem&aacute;n afirmativo.</p>
+
+<p>He dicho &laquo;alegremente&raquo; y parecer&aacute; extra&ntilde;o. Pero la verdad es que me
+hallaba por completo bajo el dominio de la intensa excitaci&oacute;n creada por
+aquellas circunstancias excepcionales. En aquel momento no distaba mucho
+de creerme realmente el Rey, y alzando la frente dirig&iacute; una mirada de
+triunfo a los balcones atestados de hermosas. De repente me sobresalt&eacute;;
+acababa de ver, fijos los ojos en m&iacute;, el hermoso rostro de mi compa&ntilde;era
+de viaje, Antonieta de Maub&aacute;n; not&eacute; que tambi&eacute;n ella parec&iacute;a
+sorprendida, que se mov&iacute;an sus labios y que se inclinaba hacia m&iacute; como
+para verme mejor. Me repuse de mi sorpresa inmediatamente y sostuve su
+mirada con toda calma. Pero tambi&eacute;n me acord&eacute; del rev&oacute;lver, pronto a
+empu&ntilde;arlo. &iquest;Qu&eacute; hubiera sucedido si la hermosa dama hubiese gritado en
+aquel momento: &laquo;&iexcl;Ese no es el Rey!&raquo;?</p>
+
+<p>Pero, en fin, pasamos sin tropiezo hasta llegar a un punto donde el
+General, volvi&eacute;ndose en la silla, hizo una se&ntilde;al con la mano e
+inmediatamente nos rodearon los coraceros, de suerte que ninguna persona
+del pueblo hubiera podido llegarse hasta m&iacute;. Era que sal&iacute;amos ya de la
+Ciudad Nueva para entrar en los barrios del duque Miguel, y aquella
+precauci&oacute;n del General me indic&oacute; con m&aacute;s claridad a&uacute;n de lo que hubieran
+podido hacerlo las palabras, cu&aacute;l era el estado de la opini&oacute;n en
+aquella parte de la ciudad. Pero ya que el hado me hab&iacute;a convertido en
+Rey, lo menos que pod&iacute;a yo hacer era representar dignamente, mi papel.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; este cambio, General?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>Estrakenz se mordi&oacute; el cano bigote.</p>
+
+<p>&mdash;Es m&aacute;s prudente, se&ntilde;or&mdash;murmur&oacute;.</p>
+
+<p>Inmediatamente detuve mi caballo.</p>
+
+<p>&mdash;Sigan andando los que me preceden&mdash;mand&eacute;,&mdash;hasta llegar a cincuenta
+varas de m&iacute;; y usted, General, y el coronel Sarto, esperar&aacute;n aqu&iacute; con el
+resto de la escolta hasta que yo tambi&eacute;n me haya adelantado otras
+cincuenta varas. Quiero ir absolutamente solo, para demostrar a mi
+pueblo que tengo confianza en &eacute;l.</p>
+
+<p>Sarto extendi&oacute; una mano hacia m&iacute;, y el General pareci&oacute; vacilar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No han sido comprendidas mis &oacute;rdenes?&mdash;pregunt&eacute;; y el General,
+mordi&eacute;ndose otra vez el bigote, dio las &oacute;rdenes necesarias.&mdash;Vi que
+Sarto se sonre&iacute;a ligeramente, pero tambi&eacute;n me hizo con la cabeza una
+se&ntilde;al negativa. Cierto es que si me hubieran asesinado aquel d&iacute;a en las
+calles de Estrelsau, el bueno de Sarto se hubiera visto en apurado
+trance.</p>
+
+<p>No estar&aacute; de m&aacute;s decir aqu&iacute; que yo llevaba puesto un uniforme blanco y
+cruzada al pecho la ancha banda de la rosa; el casco era de plata con
+adornos de oro, y las altas botas de montar completaban mi atav&iacute;o.
+Hubiera sido hacer una injusticia al Rey el no confesar, modestia
+aparte, que con aquellos arreos hac&iacute;a yo muy buena figura a caballo. Tal
+fue tambi&eacute;n la opini&oacute;n del pueblo, pues al adelantarme aislado por las
+callejas sombr&iacute;as y apenas decoradas de la Ciudad Vieja, se oy&oacute; primero
+un murmullo, despu&eacute;s una aclamaci&oacute;n, y una viejecilla asomada al balc&oacute;n
+de una casucha, repiti&oacute; en alta voz el dicho tradicional y popular&iacute;simo:</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;&iexcl;Es rojo, luego es bueno!&raquo;</p>
+
+<p>Al oirla me sonre&iacute; y quit&aacute;ndome el casco mostr&eacute; al pueblo mi roja
+cabeza, acto que fue acogido con grandes aclamaciones.</p>
+
+<p>Cabalgando solo, el paseo era mucho m&aacute;s interesante para m&iacute;, porque
+pod&iacute;a oir los comentarios del pueblo.</p>
+
+<p>&mdash;Parece m&aacute;s p&aacute;lido que de costumbre&mdash;dijo uno.</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute; parecer&iacute;as un espectro si llevaras la vida que &eacute;l hace&mdash;fue la
+irrespetuosa respuesta de otro.</p>
+
+<p>&mdash;Es m&aacute;s alto de lo que yo cre&iacute;a&mdash;coment&oacute; un tercero.</p>
+
+<p>&mdash;Sus retratos no le hacen mucho favor&mdash;dijo una bonita muchacha,
+cuidando de que yo la oyese. Pura lisonja, sin duda.</p>
+
+<p>Pero, a pesar de aquellas muestras aisladas de aprobaci&oacute;n e inter&eacute;s, la
+mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n miguelista me recibi&oacute; en silencio y con ce&ntilde;udos
+semblantes, y en gran n&uacute;mero de casas se ve&iacute;a el retrato de mi muy amado
+hermano, ir&oacute;nica manera de dar la bienvenida al Rey. Me alegr&eacute; de que
+&eacute;ste no estuviera all&iacute; para presenciar el nada grato espect&aacute;culo. Era
+Rodolfo de car&aacute;cter poco sufrido y probablemente no lo hubiera tomado
+con la imperturbable calma que yo demostr&eacute;.</p>
+
+<p>Llegamos por fin a la catedral, cuya gran mole de piedra obscura,
+embellecida con numerosas estatuas y las puertas m&aacute;s primorosas entre
+las de todos los templos de Europa, se alzaba ante m&iacute; por primera vez,
+haci&eacute;ndose comprender toda la audacia de mi conducta. Al desmontar vi
+confusamente cuanto me rodeaba; el General, Sarto y la multitud de
+sacerdotes y religiosos que a la puerta esperaban. Y con igual vaguedad
+se me aparec&iacute;an todos los objetos al recorrer la gran nave central,
+mientras el &oacute;rgano dejaba oir sus notas majestuosas. No distingu&iacute; la
+brillante concurrencia que llenaba el templo, y apenas vi al venerable
+cardenal cuando dej&oacute; su solio para recibirme. Tan s&oacute;lo dos rostros se me
+aparecieron con toda precisi&oacute;n y claridad: el de una joven, p&aacute;lido y
+encantador, realzado por una corona del hermoso cabello rojo de los
+Elsberg (porque en una mujer es hermos&iacute;simo); y el semblante de un
+hombre cuyas encendidas mejillas, negro cabello y obscuros ojos de
+penetrante mirada, me anunciaron que me hallaba por fin en presencia de
+mi hermano, Miguel el Negro. Y al verme, sus mejillas palidecieron de
+repente y el casco se le escap&oacute; de las manos y cay&oacute; ruidosamente al
+suelo. Era indudable que hasta aquel momento no hab&iacute;a cre&iacute;do en la
+presencia del Rey en Estrelsau.</p>
+
+<p>No recuerdo cosa alguna de lo que sucedi&oacute; despu&eacute;s. Me arrodill&eacute; ante el
+altar y el cardenal ungi&oacute; mi frente; despu&eacute;s extend&iacute; la mano y tom&eacute; de
+las suyas la corona de Ruritania, que puse sobre mi cabeza, prestando a
+la vez el juramento regio. Volvi&oacute; a oirse el &oacute;rgano, el General orden&oacute; a
+los heraldos que me proclamasen y Rodolfo V qued&oacute; coronado Rey;
+imponente ceremonia reproducida en un cuadro magn&iacute;fico que hoy adorna mi
+comedor. El retrato del Rey es acabad&iacute;simo.</p>
+
+<p>La dama de p&aacute;lido rostro y encantadora cabellera se aproxim&oacute; entonces,
+sostenida la cola del vestido por dos pajecillos, y el heraldo anunci&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Su Alteza Real la princesa Flavia!</p>
+
+<p>H&iacute;zome profunda reverencia y tomando m&iacute; mano la beso. Vacil&eacute; un
+momento. Despu&eacute;s la atraje hacia m&iacute; y deposit&eacute; dos besos en sus
+mejillas, que colore&oacute; el rubor. Tras ella, Su Eminencia el cardenal
+llev&oacute; tambi&eacute;n mi mano a sus labios y me present&oacute; una carta aut&oacute;grafa de
+Su Santidad, &iexcl;la primera y la &uacute;ltima que he recibido de tan elevado
+personaje!</p>
+
+<p>Vino despu&eacute;s el duque de Estrelsau. Jurar&iacute;a que le temblaban las piernas
+y miraba a derecha e izquierda como si hubiera querido huir de all&iacute;;
+ten&iacute;a el rostro amoratado, y al tomar mi mano con las agitad&iacute;simas suyas
+para besarla, not&eacute; que sus labios estaban secos y ardientes. Dirig&iacute; una
+r&aacute;pida mirada a Sarto, que se sonre&iacute;a socarronamente, y resuelto a
+cumplir mi deber hasta el fin, en la posici&oacute;n que me hab&iacute;a deparado la
+suerte, abrac&eacute; a mi muy amado Miguel y le di un beso fraternal. No dudo
+que uno y otro nos alegramos de ver terminada aquella comedia.</p>
+
+<p>Pero ni en el rostro de la Princesa, ni en el de ninguna otra persona
+all&iacute; presente, not&eacute; el menor indicio de duda o extra&ntilde;eza. Si el Rey
+hubiera estado a mi lado, habr&iacute;an podido distinguirnos sin gran
+dificultad. Pero no pod&iacute;an imaginarse que yo fuese otro que el Rey,
+tanta era nuestra semejanza; y all&iacute; permanec&iacute; por espacio de una hora,
+tan a mis anchas y al fin tan fatigado por la ceremonia como si hubiese
+sido Rey toda la vida. Continu&oacute; el besamanos y me saludaron tambi&eacute;n
+todos los miembros del cuerpo diplom&aacute;tico extranjero, entre ellos lord
+Tof&aacute;n, el Embajador ingl&eacute;s, en cuyos salones de la Plaza Grosvenor de
+Londres, hab&iacute;a bailado yo una docena de veces. A Dios gracias, el buen
+se&ntilde;or era medio cegato y no se dio por entendido.</p>
+
+<p>Vino despu&eacute;s el regreso por las calles de la capital hasta palacio, y no
+dej&eacute; de oir algunos vivas al duque Miguel, quien, seg&uacute;n me dijo despu&eacute;s
+Tarlein, iba roy&eacute;ndose las u&ntilde;as y como absorto en negros pensamientos,
+tan anonadado que hasta sus mismos admiradores convinieron en que debi&oacute;
+haber mostrado menos desaliento. Hice el camino de regreso en una
+carretela descubierta, teniendo a mi lado a la princesa Flavia, lo cual
+hizo exclamar a un palurdo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo es la boda?</p>
+
+<p>La pregunta le vali&oacute; una pu&ntilde;ada por parte de otro espectador, que grit&oacute;:
+&laquo;&iexcl;Viva el duque Miguel!&raquo; y la Princesa volvi&oacute; a ruborizarse, m&aacute;s hermosa
+que nunca.</p>
+
+<p>Grande era el aprieto en que me hallaba junto a ella, porque hab&iacute;a
+olvidado preguntar a Sarto el estado exacto de mis relaciones con
+Flavia; y a decir verdad, si yo hubiera sido el Rey, habr&iacute;a deseado que
+aquellas relaciones estuviesen lo m&aacute;s avanzadas posible, porque ni soy
+de piedra ni pod&iacute;a olvidar el par de besos dados a mi bella prima. En la
+duda, prefer&iacute; guardar silencio, hasta que algo m&aacute;s tranquila la
+Princesa, me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes Rodolfo, que te encuentro hoy algo cambiado?</p>
+
+<p>No era extra&ntilde;o, pero la pregunta era algo inquietante.</p>
+
+<p>&mdash;Me pareces&mdash;continu&oacute;&mdash;m&aacute;s grave y serio, hasta pensativo, y casi estoy
+por decir tambi&eacute;n que m&aacute;s delgado. &iquest;Ser&aacute; posible que t&uacute;, con tu
+car&aacute;cter, hayas empezado a tomar la vida en serio?</p>
+
+<p>Por donde se ver&aacute; que la princesa Flavia ten&iacute;a del Rey un concepto muy
+parecido al que mi cu&ntilde;ada Rosa ten&iacute;a formado de m&iacute;. Hice un esfuerzo
+para sostener aquella dif&iacute;cil conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te ser&iacute;a grato ese cambio?&mdash;le pregunt&eacute; dulcemente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, demasiado conoces mi opini&oacute;n sobre ese punto!&mdash;contest&oacute; apartando
+la vista.</p>
+
+<p>&mdash;Procurar&eacute; hacer siempre lo que sea de tu agrado&mdash;continu&eacute;; y al notar
+su sonrisa y el leve rubor, no pude menos de decirme, que por lo pronto,
+representaba bien el panel de Rey y aun le estaba haciendo a &eacute;ste un
+famoso servicio. Prosegu&iacute;, pues, con toda sinceridad.</p>
+
+<p>&mdash;Te aseguro, mi querida prima, que nada en mi vida me ha afectado tan
+profundamente como la recepci&oacute;n de que he sido objeto hoy.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a aparecer su animada sonrisa, que se disip&oacute; un instante despu&eacute;s,
+al murmurar:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Reparaste en Miguel?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, no parec&iacute;a muy satisfecho que digamos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&eacute;n cuidado! No le vigilas bastante, estoy segura de ello. Ya sabes
+que...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ya s&eacute; que ambiciona precisamente lo que yo poseo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es. &iexcl;Silencio!</p>
+
+<p>Entonces (y el hecho no tiene justificaci&oacute;n posible, porque obligu&eacute; y
+compromet&iacute; al Rey mucho m&aacute;s de lo que ten&iacute;a derecho a hacer) me sent&iacute;
+dominado por la hermosa y continu&eacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Y tambi&eacute;n algo m&aacute;s que no poseo a&uacute;n, pero que espero conquistar alg&uacute;n
+d&iacute;a.</p>
+
+<p>De haber sido yo el Rey, la respuesta que recib&iacute; me hubiera parecido
+suficientemente animadora:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No crees, primo, haber contra&iacute;do hoy bastantes responsabilidades para
+un solo d&iacute;a?</p>
+
+<p>El estampido de los ca&ntilde;ones y el toque penetrante de las cornetas nos
+anunciaron que hab&iacute;amos llegado al palacio. Nos esperaban guardias y
+lacayos formados en largas hileras; y dando la mano a la Princesa sub&iacute;
+con ella la gran escalera del regio edificio, morada de mis antepasados,
+de la cual tom&eacute; posesi&oacute;n como Rey coronado. Me sent&eacute; despu&eacute;s a mi propia
+mesa, teniendo a mi derecha a la Princesa, al otro lado de &eacute;sta a Miguel
+el Negro y a mi izquierda al venerable cardenal. Detr&aacute;s de mi sill&oacute;n se
+hallaba el coronel Sarto, y al otro extremo de la mesa vi a Federico de
+Tarlein, quien, por cierto, apur&oacute; su primera copa de champa&ntilde;a algo antes
+de lo que en rigor se lo permit&iacute;a la etiqueta.</p>
+
+<p>No pude menos de preguntarme qu&eacute; estar&iacute;a haciendo en aquel momento el
+rey de Ruritania.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="VI" id="VI"></a>VI</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">el secreto de un s&oacute;tano</span></p>
+
+
+<p>Nos hall&aacute;bamos en el gabinete del Rey, Federico de Tarlein, Sarto y yo.
+Me dej&eacute; caer rendido en un sill&oacute;n de brazos. Sarto encendi&oacute; su pipa y
+aunque no formul&oacute; la menor felicitaci&oacute;n por el maravilloso &eacute;xito de
+nuestra descabellada tentativa, su aspecto revelaba claramente la
+satisfacci&oacute;n, de que estaba pose&iacute;do. Cuanto a Tarlein, nuestro triunfo y
+algunas copas de buen vino hab&iacute;an hecho de &eacute;l otro hombre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; recuerdo para usted el de este d&iacute;a!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;Confieso que yo
+tambi&eacute;n quisiera ser Rey por doce horas. Pero cuidado, Ras&eacute;ndil, con
+tomar su papel muy por lo serio. No me admira que Miguel el Negro
+pareciese hoy m&aacute;s negro y t&eacute;trico que nunca, visto que usted y la
+Princesa parec&iacute;an tener tantas cosas que decirse.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; hermosa es!&mdash;exclam&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Prescindamos de ella&mdash;dijo Sarto.&mdash;&iquest;Est&aacute; usted pronto a partir?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;contest&eacute; con un suspiro.</p>
+
+<p>Eran las cinco y a las doce volver&iacute;a a convertirme en Rodolfo Ras&eacute;ndil,
+transformaci&oacute;n a la cual me refer&iacute; chance&aacute;ndome.</p>
+
+<p>&mdash;Y afortunado ser&aacute; usted&mdash;coment&oacute; Sarto,&mdash;si a las doce no es el
+<i>finado</i> Roberto Ras&eacute;ndil. &iexcl;Vive el cielo! No sentir&eacute; mi cabeza segura
+sobre los hombros mientras se halle usted en la ciudad. &iquest;Sabe usted,
+amigo Ras&eacute;ndil, que el duque Miguel ha recibido hoy noticias de Zenda?
+Se retir&oacute; a una habitaci&oacute;n para leerlas a solas y al salir parec&iacute;a
+aturdido.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy pronto&mdash;dije, sinti&eacute;ndome menos dispuesto que nunca a prolongar
+mi permanencia en Estrelsau.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo que extender un permiso para que podamos salir de la
+ciudad&mdash;continu&oacute; Sarto, sent&aacute;ndose.&mdash;Miguel es Gobernador de la plaza,
+como ustedes saben y hay que esperar que no nos faltar&aacute;n obst&aacute;culos. El
+documento tiene que firmarlo usted.</p>
+
+<p>&mdash;Querido coronel, no he nacido para falsificador.</p>
+
+<p>Sarto sac&oacute; un papel del bolsillo.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; est&aacute; la firma del Rey&mdash;dijo.&mdash;Y aqu&iacute; tengo un pliego de papel de
+calco. Si en diez minutos no consigue usted escribir &laquo;Rodolfo&raquo; de una
+manera presentable, lo escribir&eacute; yo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues escr&iacute;balo usted desde luego&mdash;dije,&mdash;que mi habilidad no llega a
+tanto.</p>
+
+<p>El coronel puso manos a la obra y no tard&oacute; en presentarnos una
+falsificaci&oacute;n muy pasable.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora, Federico&mdash;prosigui&oacute;,&mdash;el Rey se retira porque est&aacute; muy
+fatigado, no sin ordenar que no se permita la entrada en su c&aacute;mara a
+nadie hasta ma&ntilde;ana a las nueve. A nadie &iquest;comprende usted?</p>
+
+<p>&mdash;Comprendo perfectamente.</p>
+
+<p>&mdash;Puede que se presente Miguel pidiendo audiencia inmediata. Contestar&aacute;
+usted que s&oacute;lo los Pr&iacute;ncipes de la sangre tienen derecho a ello.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno se pondr&aacute; el Duque&mdash;replic&oacute; Tarlein ech&aacute;ndose a, re&iacute;r.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Queda bien entendido?&mdash;repiti&oacute; Sarto.&mdash;Si la puerta de la c&aacute;mara real
+se abre durante nuestra ausencia, ha de ser despu&eacute;s de muerto usted...</p>
+
+<p>&mdash;No hay para qu&eacute; record&aacute;rmelo, coronel&mdash;repuso Tarlein con altivez.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora, envu&eacute;lvase usted en esta amplia capa&mdash;continu&oacute; Sarto
+dirigi&eacute;ndose a m&iacute;,&mdash;y p&oacute;ngase esta gorra de cuartel. Es usted mi
+ordenanza, que me acompa&ntilde;a esta noche al pabell&oacute;n de caza que usted
+sabe.</p>
+
+<p>&mdash;Hay un obst&aacute;culo&mdash;dije,&mdash;y es que no existe caballo capaz de recorrer
+m&aacute;s de quince leguas conmigo a cuestas.</p>
+
+<p>&mdash;Por eso montar&aacute; usted dos, uno aqu&iacute; y otro en Zenda. &iquest;Estamos listos?</p>
+
+<p>&mdash;Por mi parte lo estoy&mdash;contest&eacute;.</p>
+
+<p>Tarlein me tendi&oacute; la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Por si acaso&mdash;dijo;&mdash;y nos estrechamos la mano cordialmente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nada de ni&ntilde;er&iacute;as!&mdash;gru&ntilde;&oacute; el coronel.&mdash;&iexcl;En marcha!</p>
+
+<p>Pero en lugar de dirigirse a la puerta se acerc&oacute; a la pared del fondo.</p>
+
+<p>&mdash;En tiempo del viejo Rey&mdash;dijo,&mdash;hac&iacute;amos uso frecuente de este camino.</p>
+
+<p>Le segu&iacute; y anduvimos cosa de doscientas varas por un estrecho corredor,
+hasta llegar a maciza puerta de roble, que Sarto abri&oacute;. Salimos y nos
+hallamos en una solitaria calle a la que daban los jardines de la parte
+de atr&aacute;s del palacio. All&iacute; nos esperaba un hombre con dos caballos; uno
+alaz&aacute;n, magn&iacute;fico, de gran alzada y el otro bayo, no menos fuerte y
+brioso. Sarto me indic&oacute; que montase el primero y sin decir palabra nos
+pusimos en marcha. Animada y bulliciosa estaba la ciudad, pero tomamos
+las calles menos concurridas, cubierta yo la mitad del rostro con la
+capa y bien calada la gorra para ocultar en lo posible mis delatores
+cabellos. Hallamos pocos transeuntes en nuestro tortuoso camino, y
+cuando llegamos a las murallas se o&iacute;a todav&iacute;a el ta&ntilde;ido de las campanas
+que daban la bienvenida al Rey. Eran las seis y media y no hab&iacute;a
+obscurecido a&uacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Mano al rev&oacute;lver&mdash;me dijo Sarto al acercarnos a una puerta.&mdash;Si el
+guarda se da por entendido hay que cerrarle la boca para siempre.</p>
+
+<p>Empu&ntilde;&eacute; mi arma. Sarto llam&oacute; y vimos acercarse a una chiquilla de trece o
+catorce a&ntilde;os. La suerte nos favorec&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Mi padre ha ido a ver al Rey, se&ntilde;or oficial&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues para eso mejor hubiera hecho en quedarse aqu&iacute;&mdash;me dijo Sarto con
+sorna y a media voz.</p>
+
+<p>&mdash;Pero me encarg&oacute; que no abriese la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;S&iacute;, eh?&mdash;dijo Sarto desmontando.&mdash;Pues dame la llave.&mdash;La mozuela
+ten&iacute;a la llave en la mano. Sarto le dio una moneda de oro.</p>
+
+<p>&mdash;He aqu&iacute; una orden del Rey. Ens&eacute;&ntilde;asela a tu padre. &iexcl;Abre esa puerta,
+muchacha!</p>
+
+<p>Ech&eacute; pie a tierra, abrimos entre los dos la pesada puerta y haciendo
+salir a nuestros caballos volvimos a cerrarla.</p>
+
+<p>&mdash;Lo siento por el guarda, si el Duque averigua que estaba ausente de su
+puesto. Y ahora, joven, al trote. No conviene acelerar mucho el paso
+mientras sigamos cerca de la ciudad.</p>
+
+<p>Ya algo m&aacute;s apartados de las murallas y cerrada la noche, disminuy&oacute; el
+peligro y pusimos los caballos al galope. El magn&iacute;fico animal que yo
+montaba iba tan ligero como si no llevase la menor carga. La noche era
+hermosa y no tard&oacute; en aparecer la luna. Hablamos poco y eso reducido
+casi exclusivamente a los progresos que hac&iacute;amos en nuestra jornada.</p>
+
+<p>&mdash;Quisiera saber el contenido de los despachos que recibi&oacute; el
+Duque&mdash;dije una vez.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n yo&mdash;se limit&oacute; a contestarme Sarto</p>
+
+<p>Nos detuvimos para vaciar un vaso de vino y dar pienso a los caballos,
+con lo que perdimos media hora. No me arriesgu&eacute; a entrar en el fig&oacute;n y
+me qued&eacute; con los caballos en la cuadra. Continuamos la marcha y
+llev&aacute;bamos recorrida m&aacute;s de la mitad del camino, unas nueve leguas,
+cuando Sarto se detuvo repentinamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Oye usted?&mdash;me dijo.</p>
+
+<p>Escuch&eacute; atentamente. A lo lejos, detr&aacute;s de nosotros, resonaban pisadas
+de caballos. Eran entonces las nueve y media y en el silencio de la
+noche la fuerte brisa que se hab&iacute;a levantado tra&iacute;a muy distintamente
+hasta nosotros aquel rumor lejano. Mir&eacute; a Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adelante!&mdash;exclam&oacute;,&mdash;y poniendo espuelas al caballo se lanz&oacute; al
+galope.</p>
+
+<p>Cuando volvimos a detenernos nada o&iacute;mos, pero a poco se repiti&oacute; el
+rumor. El coronel desmont&oacute; y aplic&oacute; el o&iacute;do a tierra.</p>
+
+<p>&mdash;Son dos&mdash;dijo,&mdash;y est&aacute;n a un cuarto de legua. Por fortuna el camino es
+tortuoso y la direcci&oacute;n del viento nos favorece.</p>
+
+<p>Galopamos de nuevo, logrando mantener la misma distancia entre nosotros
+y los que sin duda nos persegu&iacute;an. Hab&iacute;amos llegado al bosque de Zenda y
+a la media hora nos hallamos en una bifurcaci&oacute;n del camino. Sarto detuvo
+su caballo.</p>
+
+<p>&mdash;El sendero de la derecha es el nuestro&mdash;dijo.&mdash;El de la izquierda
+conduce al castillo y ambos son de unas tres leguas. Desmonte usted.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero nos alcanzar&aacute;n!&mdash;exclam&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pie a tierra!&mdash;repiti&oacute; bruscamente; y obedec&iacute;.</p>
+
+<p>El bosque era espes&iacute;simo desde la orilla misma del camino. Ocultamos
+nuestros caballos entre los &aacute;rboles, les vendamos los ojos y
+permanecimos inm&oacute;viles junto a ellos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere usted saber qui&eacute;nes son?&mdash;murmur&eacute;</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, y ad&oacute;nde van.</p>
+
+<p>Entonces not&eacute; que su diestra empu&ntilde;aba un rev&oacute;lver. O&iacute;ase cada vez m&aacute;s
+pr&oacute;ximo el trote de los caballos. La luna brillaba en toda su plenitud
+y el camino se destacaba como ancha franja blanca. Nuestras cabalgaduras
+no hab&iacute;an dejado el menor rastro sobre la tierra endurecida.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah&iacute; est&aacute;n!&mdash;murmur&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es el Duque!</p>
+
+<p>&mdash;Me lo figuraba&mdash;contest&oacute;.</p>
+
+<p>Era el Duque, en efecto; y con &eacute;l un robusto ga&ntilde;&aacute;n a quien yo conoc&iacute;a y
+que m&aacute;s tarde aprendi&oacute; a conocerme a m&iacute; m&aacute;s de lo que hubiera querido;
+era M&aacute;ximo Holf, hermano de Juan el guardabosque y criado de Su Alteza.
+Se hallaban frente a nosotros; el Duque detuvo su caballo y vi que el
+dedo de Sarto acariciaba el gatillo de su arma. Tengo para m&iacute; que
+hubiera dado diez a&ntilde;os de su vida por pegarle un balazo a Miguel el
+Negro, a quien hubiera podido despachar en aquel momento con tanta
+facilidad como yo una gallina a diez pasos de mi rev&oacute;lver. Pos&eacute; la mano
+sobre su brazo, y movi&oacute; la cabeza negativamente, para tranquilizarme: el
+deber ante todo era su m&aacute;xima.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; camino tomaremos?&mdash;pregunt&oacute; el Duque.</p>
+
+<p>&mdash;El del castillo, Alteza&mdash;aconsej&oacute; su compa&ntilde;ero.</p>
+
+<p>&mdash;All&iacute; sabremos la verdad.</p>
+
+<p>El Duque vacil&oacute; un momento.</p>
+
+<p>&mdash;Me parec&iacute;a haber o&iacute;do pasos de caballo&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;No creo que nadie nos preceda, Alteza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no ir al pabell&oacute;n de caza?</p>
+
+<p>&mdash;Temo una celada. Si &laquo;todo va bien,&raquo; es in&uacute;til ir al pabell&oacute;n. En caso
+contrario el aviso no es m&aacute;s que una celada.</p>
+
+<p>De repente el caballo del Duque relinch&oacute;. Un momento nos bast&oacute; para
+cubrir las cabezas de los caballos con nuestras capas y despu&eacute;s
+apuntamos al Duque y su compa&ntilde;ero con nuestros rev&oacute;lvers. De habernos
+descubierto los hubi&eacute;ramos matado all&iacute; mismo, o h&eacute;cholos prisioneros.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A Zenda, pues!&mdash;exclam&oacute; por fin Miguel y clavando las espuelas a su
+caballo lo lanz&oacute; al galope.</p>
+
+<p>Sarto sigui&oacute; apunt&aacute;ndole, con expresi&oacute;n tan dolorida en el rostro que me
+cost&oacute; trabajo no soltar la carcajada. Permanecimos all&iacute; diez minutos
+m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ha o&iacute;do usted&mdash;dijo Sarto.&mdash;Le han mandado a decir que &laquo;todo va
+bien.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; quieren decir con eso?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios sabe!&mdash;contest&oacute; Sarto frunciendo el ce&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es innegable que el mensaje le ha hecho venir de Estrelsau en la
+mayor incertidumbre.</p>
+
+<p>Montamos otra vez y tomamos el camino del pabell&oacute;n con toda la rapidez
+que permit&iacute;a el cansancio de nuestros caballos. No pronunciamos palabra
+durante aquel &uacute;ltimo tramo de nuestra jornada y nos asaltaban mil
+temores. &laquo;Todo va bien.&raquo; &iquest;Qu&eacute; significaba esa frase? &iquest;Le habr&iacute;a ocurrido
+algo al Rey?</p>
+
+<p>Llegamos por fin a la puerta del pabell&oacute;n, en el que todo parec&iacute;a
+tranquilo y silencioso. Nadie acudi&oacute; a recibirnos y desmontamos
+precipitadamente. De repente, Sarto oprimi&oacute; mi brazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mire usted!&mdash;exclam&oacute; se&ntilde;alando al suelo.</p>
+
+<p>Vi a mis pies cinco o seis pa&ntilde;uelos de seda hechos trizas y me volv&iacute;
+hacia &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Son los pa&ntilde;uelos con que at&eacute; a la vieja&mdash;me dijo.</p>
+
+<p>&mdash;Asegure usted los caballos y s&iacute;game.</p>
+
+<p>La puerta cedi&oacute; sin resistencia y entramos en la habitaci&oacute;n donde
+hab&iacute;amos cenado la noche anterior, en la que se ve&iacute;an a&uacute;n los restos de
+la cena y numerosas botellas vac&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adelante!&mdash;exclam&oacute; Sarto, que por primera vez parec&iacute;a pr&oacute;ximo a
+perder su maravillosa serenidad.</p>
+
+<p>Nos precipitamos por el corredor en direcci&oacute;n a la entrada del s&oacute;tano.
+La puerta de la carbonera estaba abierta de par en par.</p>
+
+<p>&mdash;Han descubierto a la vieja&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;Eso ya lo sab&iacute;a yo desde que vi los pa&ntilde;uelos&mdash;repuso el coronel.</p>
+
+<p>Llegamos frente a la puerta del s&oacute;tano, que estaba cerrada, y al parecer
+en el mismo estado en que la hab&iacute;amos dejado aquella ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;Entremos, todo va bien&mdash;dije.</p>
+
+<p>Me contest&oacute; una violenta imprecaci&oacute;n de Sarto, cuyo rostro palideci&oacute; a
+la vez que se&ntilde;alaba al suelo con el dedo. Por debajo de la puerta se
+extend&iacute;a una gran mancha roja que cubr&iacute;a parte del pasillo del s&oacute;tano.
+Sarto se apoy&oacute; en la pared opuesta a la puerta. Trat&eacute; de abrir &eacute;sta,
+pero estaba cerrada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Jos&eacute;?&mdash;pregunt&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el Rey?&mdash;fue mi respuesta.</p>
+
+<p>El veterano sac&oacute; un frasco y lo llev&oacute; a los labios. Por mi parte volv&iacute;
+corriendo al comedor y tom&eacute; del hogar una s&oacute;lida barra de hierro
+destinada a atizar el fuego. Lleno de terror, desatinado, descargu&eacute; con
+ella fuertes golpes sobre la puerta y por &uacute;ltimo dispar&eacute; mi rev&oacute;lver
+contra la cerradura, que salt&oacute; en pedazos y se abri&oacute; la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Venga una luz!&mdash;dije,&mdash;pero Sarto sigui&oacute; apoyado en la pared,
+inm&oacute;vil.</p>
+
+<p>Estaba, naturalmente, m&aacute;s conmovido que yo porque amaba profundamente a
+su se&ntilde;or. No tem&iacute;a por s&iacute; mismo, nadie hubiera cre&iacute;do de &eacute;l semejante
+cosa; pero le aterrorizaba el pensar en lo que pod&iacute;a revelarnos aquel
+s&oacute;tano. Fui al comedor, tom&eacute; de la mesa un candelero de plata y encend&iacute;
+una vela: la esperma hirviente que cay&oacute; sobre mi mano, revel&oacute; c&oacute;mo
+temblaba &eacute;sta, y cu&aacute;n disculpable era la agitaci&oacute;n de Sarto.</p>
+
+<p>Llegu&eacute; a la puerta del s&oacute;tano, la mancha roja, de color m&aacute;s obscuro en
+los bordes, se extend&iacute;a al interior. Penetr&eacute; unas dos varas en el s&oacute;tano
+y elev&eacute; la vela. Vi las pipas de vino formando hilera, algunas ara&ntilde;as
+que corr&iacute;an por la pared, un par de botellas vac&iacute;as en el suelo y m&aacute;s
+all&aacute;, en un rinc&oacute;n, el cuerpo de un hombre tendido de espaldas, con los
+brazos abiertos y una sangrienta herida en el cuello. Me dirig&iacute; a &eacute;l, me
+arrodill&eacute; a su lado y encomend&eacute; a Dios el alma de aquel fiel servidor.
+Porque era el cuerpo del pobre Jos&eacute;, muerto en defensa del Rey.</p>
+
+<p>Sent&iacute; que una mano se posaba sobre mi hombro y volvi&eacute;ndome vi los ojos
+brillantes y espantados de Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El Rey, Dios m&iacute;o, Rey!&mdash;articul&oacute; sordamente.</p>
+
+<p>Dirig&iacute; la luz de la vela a todos los rincones del s&oacute;tano.</p>
+
+<p>&mdash;El Rey no est&aacute; aqu&iacute;&mdash;dije.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="VII" id="VII"></a>VII</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">su majestad duerme en estrelsau</span></p>
+
+
+<p>Rode&eacute; la cintura de Sarto con mi brazo y sosteni&eacute;ndole le hice salir del
+s&oacute;tano, cuya destrozada puerta cerr&eacute; lo mejor que pude. Permanecimos en
+el comedor, sentados y silenciosos unos diez minutos. Despu&eacute;s el viejo
+Sarto se frot&oacute; los ojos, dio un profundo suspiro y pareci&oacute; recobrar su
+calma habitual. Al oir la una en el reloj de repisa, golpe&oacute; fuertemente
+el suelo con el pie y exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se han apoderado del Rey!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;contest&eacute;.&mdash;&laquo;&iexcl;Todo va bien!&raquo; como dec&iacute;a el despacho recibido por el
+Duque. &iexcl;Qu&eacute; rato pasar&iacute;a al oir esta ma&ntilde;ana las salvas que saludaban al
+Rey! &iquest;Cu&aacute;ndo recibi&oacute; el mensaje?</p>
+
+<p>&mdash;Debi&oacute; de ser por la ma&ntilde;ana. Se lo enviaron probablemente antes de que
+llegase a Zenda la noticia de la presencia de usted en Estrelsau; porque
+supongo que el mensaje lo mandaron de Zenda.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y lo ha llevado encima todo el santo d&iacute;a!&mdash;exclam&eacute;.&mdash;Bien puedo
+decir que no soy el &uacute;nico que ha pasado un d&iacute;a de prueba. &iquest;Pero qu&eacute;
+pensar&iacute;a &eacute;l de todo esto, Sarto?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; nos importa? Pregunte usted m&aacute;s bien qu&eacute; es lo que piensa ahora.</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos que volver a la capital&mdash;dije poni&eacute;ndome de pie
+apresuradamente.&mdash;Importa reunir en seguida cuantas fuerzas hay all&iacute; y
+ponernos en persecuci&oacute;n de Miguel antes de mediod&iacute;a.</p>
+
+<p>Sarto sac&oacute; su pipa, la llen&oacute; y la encendi&oacute; cuidadosamente en la vela que
+goteaba sobre la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quiz&aacute; est&eacute;n asesinando al Rey mientras seguimos aqu&iacute; cruzados de
+brazos!&mdash;exclam&eacute;.</p>
+
+<p>Sarto continu&oacute; fumando en silencio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Maldita vieja!&mdash;gru&ntilde;&oacute; por fin.&mdash;Lograr&iacute;a atraer su atenci&oacute;n de alguna
+manera. Me figuro lo ocurrido. Vinieron a apoderarse del Rey y como
+digo, de una manera &uacute; otra dieron con &eacute;l. Si no hubiera usted ido a
+Estrelsau, usted, Federico y yo estar&iacute;amos a estas horas en el reino de
+los Cielos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el Rey?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n sabe d&oacute;nde est&aacute; el Rey en este momento?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Partamos!&mdash;exclam&eacute;; pero Sarto sigui&oacute; inm&oacute;vil. Y de repente se ech&oacute; a
+re&iacute;r.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por vida de!&mdash;exclam&oacute;;&mdash;no le hemos dado mal sofoc&oacute;n a Miguel el
+Negro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos, vamos!&mdash;repet&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y no es malo tampoco el que le espera!&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con aviesa sonrisa que
+acentu&oacute; las arrugas de su atezado rostro.&mdash;Corriente, joven, volveremos
+a Estrelsau. El Rey estar&aacute; otra vez ma&ntilde;ana en su capital.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El Rey?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El Rey coronado hoy!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; usted loco?&mdash;exclam&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Si volvi&eacute;ramos y confes&aacute;semos la jugada que les hemos hecho &iquest;cu&aacute;nto
+dar&iacute;a usted por nuestras vidas?</p>
+
+<p>&mdash;Ni m&aacute;s ni menos que lo que valen.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por el trono del Rey? &iquest;Se imagina usted que a los nobles y al
+pueblo les har&aacute; pizca de gracia verse burlados como los ha burlado
+usted? &iquest;Cree usted que seguir&aacute;n amando y respetando a un Rey que,
+demasiado borracho para ser coronado, les envi&oacute; a su criado para que lo
+representase en aquel acto?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El Rey fue v&iacute;ctima de un narc&oacute;tico y yo no soy su criado!</p>
+
+<p>&mdash;Me limito a dar la versi&oacute;n que har&aacute; de lo ocurrido Miguel el Negro.</p>
+
+<p>Dej&oacute; su asiento, se me acerc&oacute; y posando la mano sobre mi hombro, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ras&eacute;ndil, si se porta usted como un hombre, todav&iacute;a puede usted salvar
+al Rey. &iexcl;A Estrelsau otra vez, a conservarle su trono!</p>
+
+<p>&mdash;Pero el Duque lo sabe todo, los villanos que le sirven han
+averiguado...</p>
+
+<p>&mdash;Pero no pueden decir palabra!&mdash;grit&oacute; Sarto con expresi&oacute;n de
+triunfo.&mdash;Los tenemos en nuestro poder. &iquest;C&oacute;mo han de denunciarle a usted
+sin denunciarse a s&iacute; mismos? &iquest;Osar&aacute;n decir al pa&iacute;s: &laquo;Ese hombre es un
+impostor, porque al verdadero Rey lo tenemos nosotros prisionero y hemos
+asesinado a su servidor?&raquo; &iquest;Pueden hacer tal cosa?</p>
+
+<p>La situaci&oacute;n se me apareci&oacute; de repente con toda claridad. Me conociese o
+no el Duque, ten&iacute;a que callarse. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a hacer mientras no presentase
+al verdadero Rey? Y si &eacute;ste apareciese, &iquest;qu&eacute; ser&iacute;a del Duque? Por un
+momento me sent&iacute; convencido, pero no tard&eacute; en comprender todas las
+dificultades del proyecto.</p>
+
+<p>&mdash;Me descubrir&aacute;n&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute;s, pero entretanto cada hora que ganemos vale mucho. Ante todo,
+es indispensable que tengamos un Rey en Estrelsau, o, de lo contrario,
+Miguel ser&aacute; due&ntilde;o de la ciudad en veinticuatro horas. Y entonces &iquest;qu&eacute;
+valdr&iacute;a la vida del Rey? &iquest;d&oacute;nde estar&iacute;a su trono? &iexcl;Joven, tiene usted
+que aceptar!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si matan al Rey?</p>
+
+<p>&mdash;Lo matar&aacute;n si es que no lo mata usted.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si lo han asesinado ya?</p>
+
+<p>&mdash;En tal caso &iexcl;voto a sanes! tan buen Elsberg es usted como Miguel el
+Negro y reinar&aacute; usted en Ruritania. Pero no creo que le hayan dado
+muerte; como tampoco lo har&aacute;n mientras siga usted en el trono. Matar al
+verdadero Rey, en tales condiciones, ser&iacute;a en beneficio exclusivo de
+usted.</p>
+
+<p>Era un plan descabellado, una empresa m&aacute;s loca y dif&iacute;cil a&uacute;n que la
+jugarreta anterior tan felizmente terminada por mi parte; pero al
+escuchar a Sarto pude ver y apreciar las ventajas que ten&iacute;amos a nuestro
+favor. Adem&aacute;s, era yo joven, activo y se me ofrec&iacute;a un papel tal y en
+tales circunstancias como jam&aacute;s le hab&iacute;a tocado en suerte a ning&uacute;n
+hombre.</p>
+
+<p>&mdash;Me descubrir&aacute;n&mdash;repet&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute;s&mdash;volvi&oacute; a decir Sarto.&mdash;&iexcl;Vamos a Estrelsau! Mire usted que si
+seguimos aqu&iacute; nos van a coger como en una ratonera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sarto!&mdash;exclam&eacute;.&mdash;&iexcl;voy a intentarlo!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bien, joven, bien! Ahora s&oacute;lo falta que nos hayan dejado los caballos
+que ten&iacute;a aqu&iacute; de repuesto. Voy a ver.</p>
+
+<p>&mdash;Pero tenemos que dar sepultura a ese infeliz&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;No hay tiempo para eso.</p>
+
+<p>&mdash;Pues he de hacerlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El demonio me lleve!&mdash;gru&ntilde;&oacute;.&mdash;Lo hago a usted Rey, y... Bueno, pues
+lo enterraremos. Vaya usted a traerlo mientras yo procuro los caballos.
+No ser&aacute; muy profunda la fosa, pero dudo que al muerto le importe gran
+cosa. &iexcl;Pobre Jos&eacute;! Era todo un hombre.</p>
+
+<p>Sali&oacute; y yo baj&eacute; al s&oacute;tano. Tom&eacute; el cuerpo en mis brazos y lo llev&eacute; por
+el corredor hasta cerca de la puerta del pabell&oacute;n, donde lo deposit&eacute; en
+el suelo, recordando, que necesit&aacute;bamos azadones para cavar la fosa. En
+aquel momento regres&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;Los caballos est&aacute;n ah&iacute;&mdash;dijo&mdash;Uno de ellos es hermano del que le trajo
+a usted aqu&iacute;. Cuanto al oficio de sepulturero, puede usted ahorrarse ese
+trabajo.</p>
+
+<p>&mdash;No me ir&eacute; hasta dejar a Jos&eacute; bajo tierra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A que s&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;No, coronel; ni que me diera usted a todo Ruritania.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Terco!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;Venga usted aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Me llev&oacute; a la puerta. La luna iluminaba el camino y vi a cosa de
+quinientas varas un grupo de hombres que se acercaban por el camino de
+Zenda. Eran siete &uacute; ocho, cuatro de ellos a caballo, y vi que llevaban
+al hombro palas y azadones.</p>
+
+<p>&mdash;Esos le ahorrar&aacute;n a usted el trabajo&mdash;dijo Sarto.&mdash;V&aacute;monos.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a raz&oacute;n.&mdash;Los que llegaban eran sin duda servidores de Miguel,
+enviados para hacer desaparecer las huellas de su crimen. Ya no vacil&eacute;,
+pero se apoder&oacute; de m&iacute; un deseo irresistible de castigarlos, y se&ntilde;alando
+al cad&aacute;ver del pobre Jos&eacute;, dije a Sarto:</p>
+
+<p>&mdash;Vengu&eacute;moslo, coronel!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Desea usted proporcionarle compa&ntilde;&iacute;a, eh? Pero no deja de ser
+arriesgado.</p>
+
+<p>&mdash;No me voy sin darles una lecci&oacute;n&mdash;insist&iacute;.</p>
+
+<p>Sarto vacil&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien&mdash;dijo,&mdash;no es lo m&aacute;s acertado, pero se ha conducido usted
+bien y hay que complacerle. Despu&eacute;s de todo, si caemos nos habremos
+ahorrado una porci&oacute;n de disgustos y cavilaciones. Yo le dir&eacute; a usted
+c&oacute;mo sorprenderlos.</p>
+
+<p>Cerr&oacute; cuidadosamente la puerta&mdash;que ten&iacute;amos apenas entreabierta,&mdash;y
+pasando por el interior de la casa llegamos a la puertecilla de atr&aacute;s,
+junto a la cual estaban los caballos. En torno del pabell&oacute;n hab&iacute;a un
+camino destinado a los coches.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tiene usted a mano el rev&oacute;lver? pregunt&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;No, quiero caer sobre ellos espada en mano&mdash;repliqu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Diantre! Veo que, se le ha despertado a usted el apetito esta noche.
+Corriente.</p>
+
+<p>Montamos, desenvainamos las espadas y esperamos unos momentos en
+silencio. Por fin o&iacute;mos los pasos de los reci&eacute;n llegados en el camino de
+coches, al otro lado del pabell&oacute;n, donde se detuvieron y uno de ellos
+exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Id a buscar al muerto y traedlo aqu&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ahora!&mdash;murmur&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>Clavamos espuelas y dando vuelta a la casa nos precipitamos sobre
+aquellos bribones. Sarto me dijo despu&eacute;s que hab&iacute;a matado a uno y lo
+cre&iacute;, pero por lo pronto lo perd&iacute; de vista. Lo que s&eacute; es que de un tajo
+le abr&iacute; la cabeza a uno de los jinetes, que cay&oacute; al suelo. Entonces me
+hall&eacute; frente a frente de un mocet&oacute;n y vi tambi&eacute;n que a mi derecha
+quedaba otro enemigo. Era peligroso seguir all&iacute; y hund&iacute; otra vez las
+espuelas en los ijares de mi caballo, a la vez que clavaba mi espada en
+el pecho del rufi&aacute;n que ten&iacute;a delante. La bala de su rev&oacute;lver me roz&oacute;
+una oreja; tir&eacute; de la espada, pero no pudiendo arranc&aacute;rsela del cuerpo
+la solt&eacute; y sal&iacute; a escape en seguimiento de Sarto, a quien divis&eacute; en
+aquel momento a unas veinte varas de distancia. Agit&eacute; la mano en se&ntilde;al
+de despedida, pero la baj&eacute; inmediatamente dando un grito, porque una
+bala me hab&iacute;a alcanzado en un dedo. Sarto se volvi&oacute; hacia m&iacute; y son&oacute; otro
+disparo, pero como s&oacute;lo ten&iacute;an rev&oacute;lvers pronto nos pusimos fuera de
+tiro. Entonces Sarto se ech&oacute; a re&iacute;r.</p>
+
+<p>&mdash;Uno yo y dos usted&mdash;dijo.&mdash;No lo hemos hecho mal y el pobre Jos&eacute;
+tendr&aacute; compa&ntilde;&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, partida completa&mdash;repuse; estaba furioso y me alegraba de haber
+despachado a dos de aquellos truhanes.</p>
+
+<p>&mdash;Y con eso les ha ca&iacute;do tambi&eacute;n alg&uacute;n trabajo a los
+restantes&mdash;prosigui&oacute; el coronel.&mdash;&iquest;Cree usted que lo han reconocido?</p>
+
+<p>&mdash;Al recibir la estocada el segundo, le o&iacute; exclamar: &laquo;&iexcl;el Rey!&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bravo! No vamos a darle poco que hacer a Miguel el Negro.</p>
+
+<p>Nos detuvimos un instante para vendar mi dedo, que sangraba
+abundantemente y me dol&iacute;a no poco, pues la bala hab&iacute;a interesado algo el
+hueso. Despu&eacute;s galopamos de nuevo en silencio, disipada ya la excitaci&oacute;n
+de la lucha. Despunt&oacute; el d&iacute;a, fr&iacute;o y despejado, y un labrador nos
+proporcion&oacute; alg&uacute;n alimento y pienso para los caballos. Pretext&eacute; un dolor
+de muelas y me cubr&iacute; la cara casi por completo. Tras larga carrera
+llegamos por fin a Estrelsau, entre ocho y nueve de la ma&ntilde;ana. Todas las
+puertas de la ciudad estaban abiertas como de ordinario, excepto cuando
+las cerraban el capricho o las intrigas del Duque. Entramos en la
+capital siguiendo el mismo camino que hab&iacute;amos recorrido la noche
+anterior, pero rendidos de cansancio, tanto jinetes como caballos. Las
+calles estaban a&uacute;n m&aacute;s desiertas que la v&iacute;spera, como si los moradores
+buscasen en el sue&ntilde;o el necesario descanso tras las fiestas y
+prolongados regocijos de la noche precedente, y apenas hallamos alma
+viviente a nuestro paso. Junto a la puertecilla de palacio nos esperaba
+el fiel servidor de Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No ha habido novedad, se&ntilde;or?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Todo va bien&mdash;dijo Sarto,&mdash;a tiempo que su criado tomaba mi mano para
+besarla.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El Rey est&aacute; herido!&mdash;exclam&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No es nada&mdash;dije desmontando.&mdash;Me lastim&eacute; el dedo cerrando una puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Y sobre todo silencio&mdash;dijo Sarto;&mdash;aunque a ti, mi buen Freiler, es
+casi in&uacute;til recomend&aacute;rtelo.</p>
+
+<p>El interpelado se encogi&oacute; de hombros.</p>
+
+<p>&mdash;A todos los j&oacute;venes les gusta hacer una salida de noche, de cuando en
+cuando&mdash;dijo.&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no ha de gustarle tambi&eacute;n al Rey?</p>
+
+<p>La risa de Sarto pareci&oacute; confirmar aquella interpretaci&oacute;n de mi breve
+ausencia.</p>
+
+<p>&mdash;Mi sistema&mdash;dijo cuando hubimos entrado&mdash;es no confiar en nadie m&aacute;s
+all&aacute; de donde sea absolutamente necesario confiar.</p>
+
+<p>Al abrir la puerta de mi antec&aacute;mara vimos a Federico de Tarlein, vestido
+y reclinado en el sof&aacute;. Parec&iacute;a haber dormido, pero nuestra entrada lo
+despert&oacute;. Incorpor&aacute;ndose vivamente me dirigi&oacute; una mirada y con un grito
+de alegr&iacute;a se arrodill&oacute; a mis pies.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gracias a Dios, se&ntilde;or, que os veo sano y salvo!&mdash;exclam&oacute;, procurando
+asir mi mano.</p>
+
+<p>Confieso que me sent&iacute; conmovido. El rey Rodolfo&mdash;cualesquiera que fuesen
+sus faltas,&mdash;sab&iacute;a hacerse amar de sus subditos. Por breves instantes no
+me atrev&iacute; a hablar ni disipar la ilusi&oacute;n del pobre joven. Pero el viejo
+Sarto no era de los que se conmov&iacute;an y dando palmadas exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bravo, joven! &iexcl;Cuando digo yo que todo marchar&aacute; a pedir de boca!</p>
+
+<p>Tarlein nos mir&oacute; at&oacute;nito y yo le tend&iacute; la mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute;is herido, se&ntilde;or!&mdash;exclam&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No es m&aacute;s que un rasgu&ntilde;o&mdash;dije,&mdash;pero...&mdash;y me detuve.</p>
+
+<p>Tarlein se puso en pie con expresi&oacute;n de profundo asombro en el rostro.
+Tom&oacute; mi mano, me mir&oacute; atentamente y de repente retrocedi&oacute; un paso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, el Rey! &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el Rey?&mdash;grit&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Silencio, imprudente!&mdash;dijo Sarto.&mdash;No tan alto. Este es el Rey.</p>
+
+<p>O&iacute;mos llamar a la puerta. Sarto asi&oacute; mi mano</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pronto, a su c&aacute;mara! &iexcl;Fuera esa gorra y esas botas! M&eacute;tase usted en
+cama y cubra bien todo el traje con las s&aacute;banas.</p>
+
+<p>H&iacute;celo as&iacute; en un abrir y cerrar de ojos y momentos despu&eacute;s aparec&iacute;a
+Sarto, saludando, para anunciarme a un caballerete muy ceremonioso, que
+se acerc&oacute; a mi lecho y tras grandes reverencias dijo que se hallaba al
+servicio de la princesa Flavia, y que Su Alteza lo enviaba a preguntar
+c&oacute;mo segu&iacute;a Su Majestad despu&eacute;s de la fatiga de la v&iacute;spera.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute; usted las gracias a mi prima&mdash;dije,&mdash;y aseg&uacute;rele que jam&aacute;s me he
+sentido mejor.</p>
+
+<p>&mdash;El Rey ha pasado toda la noche en un sue&ntilde;o&mdash;agreg&oacute; el viejo Sarto, a
+quien, seg&uacute;n empezaba yo a descubrir, le gustaba endilgar una mentira de
+vez en cuando, nada m&aacute;s que por el gusto de mentir.</p>
+
+<p>El mensajero se deshizo otra vez en reverencias y sali&oacute; de la c&aacute;mara.
+Hab&iacute;a terminado la comedia y el rostro p&aacute;lido de Tarlein nos llam&oacute; a la
+realidad; por m&aacute;s que en definitiva la farsa proyectada iba a
+convertirse para nosotros en <i>&uacute;nica</i> realidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha muerto el Rey?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios no lo quiera!&mdash;contest&eacute;.&mdash;&iexcl;Pero se halla en poder de Miguel el
+Negro!</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">prima rubia y hermano moreno</span></p>
+
+
+<p>La vida de un Rey tiene sin duda sus exigencias, pero la de un Rey
+ap&oacute;crifo las tiene decididamente mucho mayores. Desde el siguiente d&iacute;a
+comenz&oacute; Sarto a instruirme en mis regios deberes, a explicarme lo que
+ten&iacute;a que saber y hacer, y la primera lecci&oacute;n dur&oacute; tres horas. Almorc&eacute;
+apresuradamente, con Sarto siempre frente a m&iacute;, dici&eacute;ndome que el Rey
+beb&iacute;a vino blanco en el almuerzo y que detestaba los platos picantes.
+Despu&eacute;s se present&oacute; el Canciller, con quien me pas&eacute; otras tres horas y a
+quien le expliqu&eacute; que habi&eacute;ndome lastimado un dedo (y aqu&iacute; me vino de
+perlas el balazo recibido) no pod&iacute;a escribir ni siquiera firmar; tras
+discutir mucho el punto y rebuscar precedentes, qued&oacute; acordado que me
+bastar&iacute;a trazar una cruz al pie de los documentos y que el Canciller
+atestiguar&iacute;a la validez de aquella nueva firma regia con gran copia de
+f&oacute;rmulas y juramentos. Recib&iacute; m&aacute;s tarde al embajador de Francia, que me
+present&oacute; sus credenciales; ceremonia en la que nada me perjudic&oacute; la
+ignorancia del oficio, porque tampoco el Rey hab&iacute;a recibido embajadores
+hasta entonces. En los d&iacute;as siguientes se repiti&oacute; el acto hasta quedar
+recibido todo el cuerpo diplom&aacute;tico, formalidad que hay que cumplir cada
+vez que sube al trono un nuevo soberano. Por fin logr&eacute; verme solo. Llam&eacute;
+a mi nuevo sirviente (hab&iacute;amos elegido para reemplazar al pobre Jos&eacute;, a
+un joven que nunca hab&iacute;a visto al Rey) le orden&eacute; que me trajese un
+refresco y volvi&eacute;ndome hacia Sarto le manifest&eacute; la esperanza de que por
+fin me dejasen descansar algo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iexcl;c&oacute;mo se entiende!&mdash;exclam&oacute; Federico de Tarlein, que tambi&eacute;n se
+hallaba presente.&mdash;&iquest;No vamos a desollar a Miguel el Negro?</p>
+
+<p>&mdash;Poco a poco, caballerito&mdash;dijo Sarto frunciendo el ce&ntilde;o.&mdash;Ser&iacute;a una
+satisfacci&oacute;n, sin duda, pero podr&iacute;a costarnos cara. &iquest;Creen ustedes
+posible que si cae Miguel deje vivo al Rey?</p>
+
+<p>&mdash;Adem&aacute;s&mdash;a&ntilde;ad&iacute;,&mdash;&iquest;qu&eacute; motivo de queja puede alegarse contra mi amado
+hermano mientras el Rey siga aparentemente en Estrelsau y en su trono?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es decir que nada haremos?</p>
+
+<p>&mdash;Por lo pronto se trata de no hacer una tonter&iacute;a&mdash;gru&ntilde;&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;La situaci&oacute;n&mdash;dije,&mdash;me recuerda la escena dominante de una de
+nuestras modernas comedias inglesas, en la que dos personajes se
+amenazan mutuamente con sus rev&oacute;lveres. Porque la verdad es que no puedo
+denunciar a Miguel sin denunciarme a m&iacute; mismo...</p>
+
+<p>&mdash;Y al Rey&mdash;interrumpi&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;Y lo propio le sucede a Miguel, que no puede decir palabra contra m&iacute;
+sin acusarse gravemente.</p>
+
+<p>&mdash;Situaci&oacute;n llena de inter&eacute;s&mdash;coment&oacute; el viejo Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;Si me descubren&mdash;prosegu&iacute;,&mdash;lo confesar&eacute; todo y me ver&eacute; cara a cara
+con el Duque; pero por ahora no hago m&aacute;s que esperar su pr&oacute;xima jugada.</p>
+
+<p>&mdash;Que ser&aacute; matar al Rey&mdash;dijo Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;Se guardar&aacute; bien de hacerlo&mdash;repuso Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;Tres de los seis est&aacute;n en Estrelsau&mdash;continu&oacute; Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tres no m&aacute;s? &iquest;Est&aacute; usted seguro?&mdash;pregunt&oacute; el veterano coronel con
+vivo inter&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Segur&iacute;simo. La mitad de la cuadrilla.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues entonces el Rey vive, porque los otros tres est&aacute;n vigil&aacute;ndolo en
+su prisi&oacute;n!&mdash;exclam&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Verdad es!&mdash;dijo Tarlein.&mdash;Si el Rey hubiera muerto los seis
+estar&iacute;an aqu&iacute; con Miguel el Negro. &iquest;Sabe usted que el Duque ha
+regresado, coronel?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, lo s&eacute;. &iexcl;El diablo le lleve!</p>
+
+<p>&mdash;A ver, se&ntilde;ores m&iacute;os&mdash;dije.&mdash;&iquest;Qui&eacute;nes son esos seis de que tanto
+hablan?</p>
+
+<p>&mdash;No tardar&aacute; usted en trabar conocimiento con ellos&mdash;contest&oacute;
+Sarto.&mdash;Son seis caballeros a quienes Miguel tiene a su servicio, y que
+le pertenecen en cuerpo y alma. Tres son ruritanos, uno franc&eacute;s, uno
+belga y el otro compatriota de usted.</p>
+
+<p>&mdash;Y todos ellos dispuestos a cortarle el pescuezo a cualquiera, si el
+Duque se lo manda.</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute;s me corten el m&iacute;o&mdash;se me ocurri&oacute; decir.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy posible&mdash;asinti&oacute; Sarto.&mdash;&iquest;Qui&eacute;nes son los que est&aacute;n aqu&iacute;,
+Tarlein?</p>
+
+<p>&mdash;De Gautet, Berson&iacute;n y Dechard.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Los extranjeros! Es m&aacute;s claro que la luz del d&iacute;a. El Duque los ha
+tra&iacute;do consigo, dejando a los tres ruritanos con el Rey; y es porque
+quiere comprometer a estos &uacute;ltimos todo lo posible.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vio usted a alguno de ellos entre los jayanes a quienes zurramos en
+el pabell&oacute;n de caza, coronel?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No, por desgracia; de lo contrario ya no ser&iacute;an seis, sino cuatro.</p>
+
+<p>Por lo pronto hab&iacute;a adquirido yo una cualidad regia, la de no revelar
+todo mi pensamiento o mi plan, ni aun a mis m&aacute;s &iacute;ntimos amigos. Hab&iacute;a
+tomado una resoluci&oacute;n irrevocable. Estaba resuelto a conquistar el mayor
+grado de popularidad posible, y al propio tiempo no mostrar hostilidad
+alguna al Duque; esperando calmar as&iacute; la oposici&oacute;n de sus partidarios y
+conseguir, llegado el caso de un rompimiento definitivo, que Miguel
+apareciese ante el pueblo, no como un hermano perseguido, sino como un
+ser ingrato y descastado.</p>
+
+<p>No es esto decir que yo desease o temiese un conflicto con &eacute;l. En
+inter&eacute;s del Rey conven&iacute;a seguir guardando el secreto, y mientras &eacute;ste no
+se descubriese ten&iacute;a yo las mejores cartas en mi juego. Toda dilaci&oacute;n
+hab&iacute;a de redundar forzosamente en perjuicio del Duque.</p>
+
+<p>Ped&iacute; un caballo, y en compa&ntilde;&iacute;a de Federico de Tarlein recorr&iacute; la gran
+avenida del parque real, devolviendo todos los saludos con la mayor
+cortes&iacute;a. Pas&eacute; despu&eacute;s por algunas calles, me detuve para comprar flores
+a una linda muchacha, a quien pagu&eacute; con una moneda de oro; y habiendo
+atra&iacute;do suficientemente la atenci&oacute;n p&uacute;blica, hasta el punto de notar que
+me segu&iacute;an m&aacute;s de quinientas personas, tom&eacute; el camino del palacio que
+habitaba la princesa Flavia, a quien envi&eacute; a preguntar si se dignaba
+recibirme. Aquel paso cre&oacute; vivo inter&eacute;s en el pueblo y fue saludado con
+aclamaciones. La Princesa era popular&iacute;sima y el Canciller mismo no hab&iacute;a
+vacilado en decirme que cuanto m&aacute;s asiduamente hiciese yo la corte a mi
+noble prima y cuanto antes se verificase la boda, tanto mayor ser&iacute;a la
+satisfacci&oacute;n de mis subditos, y, por consiguiente, la popularidad del
+nuevo soberano. Claro est&aacute; que el Canciller no ten&iacute;a idea de los
+obst&aacute;culos que me imped&iacute;an seguir su leal y excelente consejo. D&iacute;jeme,
+sin embargo, que la visita era a todas luces conveniente; y Tarlein la
+aprob&oacute; con gran entusiasmo, que no dej&oacute; de sorprenderme algo, hasta que
+descubr&iacute; que &eacute;l tambi&eacute;n ten&iacute;a sus motivos para querer visitar el palacio
+de Su Alteza, cuya dama de honor, la condesa Elga, era la dama de sus
+pensamientos.</p>
+
+<p>La etiqueta favoreci&oacute; los deseos de Tarlein; pues mientras yo fui
+recibido en el sal&oacute;n de la Princesa, &eacute;l permaneci&oacute; en la antec&aacute;mara con
+la linda Condesa; y no dudo que logr&oacute; contemplarla y hablarle a su
+saber, a pesar de las otras muchas personas que all&iacute; esperaban. Pero lo
+m&aacute;s importante para m&iacute; en aquel momento era el delicado paso que iba a
+dar en la dificil&iacute;sima partida empe&ntilde;ada. Ten&iacute;a que atraer a la
+Princesa, y al propio tiempo serle indiferente o poco menos; ten&iacute;a que
+mostrarle afecto y no sentirlo. Consist&iacute;a mi papel en hacer el amor por
+cuenta de otro, y a una joven que, princesa o no, era desde luego la m&aacute;s
+hermosa que hab&iacute;a visto en mi vida. Me recibi&oacute; con encantadora
+confusi&oacute;n, que hizo a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;ciles los primeros momentos de nuestra
+entrevista. Del &eacute;xito de mis esfuerzos para realizar el programa antes
+trazado, se juzgar&aacute; m&aacute;s adelante.</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra Majestad est&aacute; conquistando preciados lauros&mdash;me dijo, d&aacute;ndome
+por primera vez aquel alto tratamiento.&mdash;Como uno de los pr&iacute;ncipes de
+Shakespeare, Vuestra Majestad se ha transformado por completo al
+convertirse en Rey.</p>
+
+<p>&mdash;Dos cosas te ruego, prima m&iacute;a&mdash;le contest&eacute;.&mdash;Que, Rey o no, me digas
+siempre lo que tu coraz&oacute;n te dicte, y que contin&uacute;es llam&aacute;ndome por mi
+nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Me mir&oacute; un instante y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Tus palabras me alegran y me enorgullecen, Rodolfo. Como te dije, todo
+en ti parece cambiado, hasta tu rostro.</p>
+
+<p>Agradec&iacute; el cumplido, pero no me agradaba aquel tema de conversaci&oacute;n,
+por lo que dije:</p>
+
+<p>&mdash;Mi hermano est&aacute; de vuelta, seg&uacute;n me han anunciado.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, est&aacute; aqu&iacute;&mdash;repuso frunciendo ligeramente el ce&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Parece que no puede seguir ausente de Estrelsau por mucho
+tiempo&mdash;observ&eacute; sonri&eacute;ndome.&mdash;M&aacute;s vale as&iacute;, y me alegro de verlo aqu&iacute;.
+Cuanto m&aacute;s cerca mejor.</p>
+
+<p>La Princesa me dirigi&oacute; una r&aacute;pida mirada y pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres decir, primo? &iquest;Que as&iacute; podr&aacute;s?...</p>
+
+<p>&mdash;Ver mejor lo que hace, eso es. Y t&uacute;, &iquest;por qu&eacute; te alegras de ello?</p>
+
+<p>&mdash;No he dicho tal cosa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no falta quien lo diga por ti.</p>
+
+<p>&mdash;Nunca faltan personas insolentes&mdash;observ&oacute; con encantadora altivez.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y quiz&aacute;s sea yo una de ellas?</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra Majestad no puede serlo nunca&mdash;dijo haci&eacute;ndome c&oacute;mica
+reverencia.&mdash;A no ser que quieras decir...</p>
+
+<p>-&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Que me importa ni poco ni mucho que el Duque se halle aqu&iacute; o en otra
+parte&mdash;a&ntilde;adi&oacute; picarescamente.</p>
+
+<p>A la verdad, hubiera querido ser el Rey en aquel momento.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No te importa que tu primo Miguel?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Mi primo Miguel? Yo le llamo siempre el duque de Estrelsau.</p>
+
+<p>&mdash;Y Miguel cuando le hablas.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, por orden del Rey tu padre.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es. &iquest;Y ahora por orden m&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Si as&iacute; me lo mandas.</p>
+
+<p>&mdash;Desde luego. Conviene que todos nos mostremos muy amables con nuestro
+querido Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y supongo que tambi&eacute;n me ordenas recibir a sus amigos?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Los seis?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; tambi&eacute;n los llamas as&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Por seguir la moda. Pero no te mando recibir m&aacute;s que a las personas a
+quienes t&uacute; quieras hacer esa honra.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Excepto a ti?</p>
+
+<p>&mdash;Por lo que a m&iacute; se refiere, no tengo &oacute;rdenes que darte. Me limito a
+suplicar.</p>
+
+<p>En aquel momento se oyeron v&iacute;tores en la calle. La Princesa corri&oacute; hacia
+uno de los balcones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es &eacute;l!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;&iexcl;El duque de Estrelsau!</p>
+
+<p>Me sonre&iacute;, pero nada dije, y ella volvi&oacute; a su asiento. Permanecimos
+breves instantes en silencio. Ces&oacute; el clamor callejero, pero o&iacute;mos
+rumor de voces y pasos en la antec&aacute;mara. Empec&eacute; a hablar sobre diversos
+temas, y al cabo de algunos minutos me pregunt&eacute; qu&eacute; se habr&iacute;a hecho del
+Duque. Sin embargo, me pareci&oacute; que no me tocaba intervenir en el asunto,
+cuando de repente, y con gran sorpresa m&iacute;a, cruz&oacute; Flavia las manos y
+exclam&oacute; con agitada voz:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te parece bien irritarlo as&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Irritarlo? &iquest;A qui&eacute;n? &iquest;C&oacute;mo?</p>
+
+<p>&mdash;Haci&eacute;ndolo esperar tanto.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, prima m&iacute;a, si yo no quiero hacerlo esperar ni...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es decir, que puede entrar?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, si t&uacute; se lo permites.</p>
+
+<p>Flavia me mir&oacute; con curiosidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas tienes!&mdash;dijo.&mdash;Demasiado sabes que mientras est&eacute;s conmigo
+no pueden anunciarme a nadie.</p>
+
+<p>&iexcl;Valiosa prerrogativa regia!</p>
+
+<p>&mdash;No hay nada como la etiqueta&mdash;dije.&mdash;Pero hab&iacute;a olvidado esa regla por
+completo. Y dime: si yo estuviese a solas con otra persona, &iquest;podr&iacute;an
+anunciarte a ti?</p>
+
+<p>&mdash;Lo sabes tan bien como yo&mdash;contest&oacute; admirada.&mdash;Podr&iacute;an anunciarme,
+porque soy princesa de la sangre.</p>
+
+<p>&mdash;Jam&aacute;s pude acordarme de todas esas distinciones&mdash;dije, en tanto
+interiormente maldec&iacute;a a Tarlein por no haberme instruido mejor.&mdash;Pero
+sabr&eacute; reparar mi falta.</p>
+
+<p>&mdash;Me dirig&iacute; presuroso a la puerta, y abri&eacute;ndola de par en par entr&eacute; en
+la antec&aacute;mara. Miguel se hallaba sentado ante una mesa, irritado el
+semblante y torva la mirada. Todas las otras personas presentes estaban
+en pie, excepto el tunante de Tarlein, que arrellanado en un sill&oacute;n
+galanteaba a la condesa Elga. Al entrar yo se levant&oacute; de un salto,
+mostrando tanto respeto hacia m&iacute; como indiferencia hacia el Duque. No
+era extra&ntilde;o que &eacute;ste no le tuviese buena voluntad.</p>
+
+<p>Tend&iacute; la mano a Miguel, que la estrech&oacute;, y le di un abrazo. Despu&eacute;s lo
+conduje yo mismo a la habitaci&oacute;n inmediata.</p>
+
+<p>&mdash;Hermano&mdash;le dije,&mdash;de haber sabido yo que Vuestra Alteza se hallaba
+aqu&iacute;, no hubiera vacilado un momento en solicitar de la Princesa permiso
+para conducir a Vuestra Alteza a su lado.</p>
+
+<p>Me dio las gracias, pero con mucha frialdad. Sin negar al Duque algunas
+buenas cualidades, no ten&iacute;a la de saber ocultar sus impresiones. Aun el
+m&aacute;s indiferente hubiera comprendido que me odiaba, sobre todo vi&eacute;ndome a
+solas con la princesa Flavia; sin embargo, estoy convencido de que
+procur&oacute; disimular su odio y aun hacerme creer que me tomaba por el
+verdadero Rey. Comprend&iacute;a yo que esto &uacute;ltimo era imposible, y me
+figuraba la ira de que estar&iacute;a pose&iacute;do al tributarme homenaje y al oirme
+hablar de &laquo;Miguel&raquo; y &laquo;Flavia.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Noto que Vuestra Majestad tiene herida o lastimada una mano&mdash;observ&oacute;
+con fingido inter&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, me puse a jugar con un perro faldero&mdash;dije, resuelto a burlarme de
+&eacute;l,&mdash;y ya sabe Vuestra Alteza cu&aacute;n falsos y traidores son.</p>
+
+<p>Se sonri&oacute; sarc&aacute;sticamente y me mir&oacute; con fijeza breves momentos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero esas mordeduras son peligrosas!&mdash;exclam&oacute; alarmada la Princesa.</p>
+
+<p>&mdash;Nada temas, prima m&iacute;a&mdash;dije.&mdash;Otra cosa ser&iacute;a si yo hubiese permitido
+al gozquecillo morderme m&aacute;s profundamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero, le han dado muerte?</p>
+
+<p>&mdash;Todav&iacute;a no. Esperamos a ver si su mordedura es nociva.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si lo fuese?&mdash;pregunt&oacute; Miguel con su siniestra sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Lo despachar&iacute;amos en un santiam&eacute;n, hermano.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no volver&aacute;s a jugar con &eacute;l?&mdash;pregunt&oacute; Flavia.</p>
+
+<p>&mdash;Puede que s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si vuelve a morderte?</p>
+
+<p>&mdash;Procurar&aacute; hacerlo, no lo dudo&mdash;contest&eacute; sonri&eacute;ndome.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, temeroso de que Miguel dijese algo que me obligase a mostrarme
+ofendido, empec&eacute; a felicitarlo por el marcial aspecto de su guardia y
+por la lealtad que me hab&iacute;a demostrado el d&iacute;a de la coronaci&oacute;n. Pas&eacute;
+despu&eacute;s a hacer un caluroso elogio del pabell&oacute;n de caza que hab&iacute;a puesto
+a mi disposici&oacute;n. Pero sin duda le iba faltando la paciencia, porque
+levant&oacute;se de repente y se despidi&oacute; en breves frases. Sin embargo,
+llegado a la puerta, se detuvo para decir:</p>
+
+<p>&mdash;Tres caballeros a quienes estimo, desean vivamente ser presentados a
+Vuestra Majestad. Esperan en la antec&aacute;mara.</p>
+
+<p>Inmediatamente me llegu&eacute; al Duque y tom&eacute; su brazo, a pesar del gesto
+avinagrado que puso, y entramos en la antec&aacute;mara como buenos hermanos.
+Hizo Miguel un adem&aacute;n y se adelantaron tres hombres.</p>
+
+<p>&mdash;Estos caballeros&mdash;dijo el Duque con la m&aacute;s graciosa y perfecta
+cortes&iacute;a,&mdash;son los m&aacute;s leales y adictos servidores de Vuestra Majestad,
+a la vez que fieles amigos m&iacute;os.</p>
+
+<p>&mdash;T&iacute;tulos ambos, repuse, que los hacen igualmente acreedores a toda mi
+estimaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Uno tras otro se adelantaron y besaron mi mano. De Gautet, un sujeto
+alto, delgado, de erizados cabellos y retorcido bigote. El belga
+Berson&iacute;n, personaje grueso, de mediana estatura y calvo, aunque no
+contaba mucho m&aacute;s de treinta a&ntilde;os. Y por &uacute;ltimo el ingl&eacute;s Dechard, de
+cara estrecha y larga, cabello cortado al rape y bronceado color. Ten&iacute;a
+muy arrogante presencia, ancho de hombros, delgada la cintura. &laquo;Buena
+espada, pero un brib&oacute;n de marca,&raquo; me dije al verlo. Le habl&eacute; en ingl&eacute;s,
+con ligero acento extranjero y vi asomar a sus labios una sonrisa, que
+reprimi&oacute; en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Es decir que el caballero Dechard est&aacute; en el secreto&mdash;pens&eacute;.</p>
+
+<p>Una vez libre de mi querido hermano y sus amigos, me volv&iacute; para
+despedirme de mi prima. Estaba esper&aacute;ndome en la puerta que separa ambas
+habitaciones, y al tomar yo su mano me dijo muy quedo:</p>
+
+<p>&mdash;S&eacute; prudente, Rodolfo. T&eacute;n cuidado...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Bien lo sabes; no puedo decirlo ahora. Pero piensa en lo que vale y
+significa tu vida para...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qui&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Para Ruritania.</p>
+
+<p>&iquest;Hac&iacute;a yo bien o mal en representar aquel papel? No lo s&eacute;; ambos
+caminos eran peligrosos y no me atrev&iacute; a decirle la verdad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;S&oacute;lo para Ruritania?&mdash;le pregunt&eacute; dulcemente.</p>
+
+<p>S&uacute;bito rubor colore&oacute; sus primorosas facciones.</p>
+
+<p>&mdash;Y tambi&eacute;n para tus amigos&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Amigos?</p>
+
+<p>&mdash;Y para tu prima&mdash;murmur&oacute; por fin;&mdash;tu amante prima.</p>
+
+<p>No pude hablar. Bes&eacute; su mano y sal&iacute; indignado contra m&iacute; mismo.</p>
+
+<p>Hall&eacute; afuera al galante Tarlein, muy entretenido con la condesa Elga,
+sin cuidarse de los lacayos que le observaban.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; diantre!&mdash;dijo.&mdash;No todo ha de ser conspirar y el amor reclama
+tambi&eacute;n sus derechos.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo digo&mdash;contest&eacute;; y Tarlein me sigui&oacute; respetuosamente.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="IX" id="IX"></a>IX</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">una nueva catapulta</span></p>
+
+
+<p>No dudo que la enumeraci&oacute;n de los diarios sucesos de mi vida en aquellos
+d&iacute;as, revestir&iacute;a gran inter&eacute;s para los que nada saben de lo que ocurre
+dentro de regios palacios; como no dudo tampoco que la revelaci&oacute;n de
+alguno de los secretos que all&iacute; descubr&iacute;, tendr&iacute;a gran valor para los
+estadistas de Europa. Pero lejos de m&iacute; una y otra cosa. Por un lado el
+temor a la monoton&iacute;a del relato y por otro el riesgo de parecer
+indiscreto, me aconsejan concretarme al drama que iba desarroll&aacute;ndose
+calladamente bajo la tranquila apariencia de la pol&iacute;tica ruritana. S&iacute;
+dir&eacute; que mi impostura no fue descubierta. Comet&iacute; algunos errores, pas&eacute;
+mis malos ratos, necesit&eacute; de todo el tacto y toda la afabilidad que me
+fue posible desplegar para desvanecer los malos efectos de ciertos
+olvidos y descuidos inexplicables, que a veces me llevaban hasta no
+recordar ni reconocer a personas que de antiguo me eran, o deb&iacute;an de
+serme, perfectamente conocidas. Pero sal&iacute; en bien de todo, y lo
+atribuyo, como ya lo indiqu&eacute; antes, a la audacia misma de mi temeraria
+empresa. Tengo para m&iacute;, que en iguales condiciones de parecido f&iacute;sico,
+me fue m&aacute;s f&aacute;cil suplantar al Rey que pretender hacerme pasar por otra
+persona cualquiera.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a entr&oacute; Sarto en la habitaci&oacute;n donde me hallaba y arroj&aacute;ndome una
+carta, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute; va eso para usted. Letra de mujer si no me enga&ntilde;o. Pero ante todo
+tengo que darle una noticia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es ello?</p>
+
+<p>&mdash;El Rey est&aacute; en el castillo de Zenda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo lo sabe usted?</p>
+
+<p>&mdash;Porque all&iacute; est&aacute; la otra mitad de la cuadrilla de Miguel, de los Seis.
+Lo tengo bien averiguado: Laugr&aacute;n, Crastein, el mozo Ruperto Henzar,
+tres bribones, a fe m&iacute;a, como no hay otros en toda Ruritania.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y bien?</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, sino que Tarlein quiere que marche usted en seguida contra
+el castillo, con infanter&iacute;a, caballer&iacute;a y artiller&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute;? &iquest;Para desaguar el foso de la fortaleza hasta dejarlo en
+seco?</p>
+
+<p>&mdash;Probablemente&mdash;refunfu&ntilde;&oacute; Sarto.&mdash;Y con eso no hallar&iacute;amos ni aun el
+cad&aacute;ver del Rey.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero est&aacute; usted seguro de que tienen al Rey en el castillo?</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo muy probable. No s&oacute;lo est&aacute;n all&iacute; los tres belitres citados,
+sino que el puente levadizo permanece alzado d&iacute;a y noche y a nadie se
+permite entrar sin permiso especial del joven Henzar o del mismo Miguel.
+Acabaremos por tener que atar a Tarlein de pies y manos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo ser&eacute; quien vaya a Zenda&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; usted loco?</p>
+
+<p>&mdash;Repito que ir&eacute;, alg&uacute;n d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser, y lo m&aacute;s probable es que se quede usted all&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, eso est&aacute; por ver!&mdash;repuse con arrogancia.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, parece que hoy est&aacute; Vuestra Majestad de mal humor. &iquest;C&oacute;mo van
+los amores?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Silencio!&mdash;exclam&eacute;.</p>
+
+<p>Me contempl&oacute; por un momento y encendi&oacute; su pipa. Ten&iacute;a raz&oacute;n al decir que
+estaba yo de un humor insufrible, y continu&eacute; furioso:</p>
+
+<p>&mdash;Me siguen por todas partes media docena de esp&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo s&eacute;; yo se lo tengo mandado&mdash;contest&oacute; muy tranquilo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y a qu&eacute; viene eso?</p>
+
+<p>&mdash;Pues a que Miguel no ver&iacute;a con malos ojos la desaparici&oacute;n de usted.
+Una vez quitado usted de en medio podr&iacute;a &eacute;l realizar la jugada que
+antes le echamos a perder, o por lo menos lo intentar&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Yo me basto para defenderme.</p>
+
+<p>&mdash;De Gautet, Berson&iacute;n y Dechard est&aacute;n en Estrelsau; cualquiera de ellos,
+joven, lo degollar&iacute;a a usted con tanto primor y gusto como... como lo
+har&iacute;a yo con Miguel el Negro, por ejemplo, pero mucho m&aacute;s traidoramente.
+&iquest;Qu&eacute; dice esa carta?</p>
+
+<p>La abr&iacute; y le&iacute; en alta voz:</p>
+
+<p>&laquo;Si el Rey desea saber nuevas de gran inter&eacute;s para &eacute;l, le bastar&aacute; seguir
+las indicaciones contenidas en esta carta. Al fin de la Avenida Nueva
+hay una casa en el centro de extenso jard&iacute;n. La casa tiene un p&oacute;rtico
+con la estatua de una ninfa en el centro. El jard&iacute;n est&aacute; rodeado de una
+tapia y en &eacute;sta, por la parte de atr&aacute;s de la casa, hay una puertecilla.
+Si el Rey entra por ella solo a la media noche de hoy, ver&aacute; un cenador a
+veinte varas de la puerta. Suba los seis escalones que a &eacute;l conducen,
+entre, y hallar&aacute; en el cenador a una persona que le impondr&aacute; de lo que
+m&aacute;s vivamente ata&ntilde;e hoy a su vida y a su trono. Estas l&iacute;neas est&aacute;n
+trazadas por un amigo fiel. Tiene que acudir solo. Si menosprecia este
+aviso pondr&aacute; en peligro su vida. No ense&ntilde;e el Rey esta carta a nadie;
+va en ello la suerte de una mujer que le ama: Miguel el Negro no
+perdona.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;coment&oacute; Sarto;&mdash;pero tambi&eacute;n sabe dictar una carta muy zalamera.</p>
+
+<p>Tuve la misma idea y ya iba a rasgar el an&oacute;nimo cuando not&eacute; unas l&iacute;neas
+escritas al dorso:</p>
+
+<p>&laquo;Si el Rey duda, consulte al coronel Sarto...&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eh?&mdash;hizo el veterano asombrado.&mdash;&iquest;Me toma por tan sandio como a
+usted?</p>
+
+<p>Indic&aacute;ndole que guardase silencio continu&eacute; la lectura:</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Preg&uacute;ntele qu&eacute; mujer est&aacute; m&aacute;s dispuesta que ninguna otra a impedir el
+matrimonio del Duque con su prima y por consiguiente a impedir tambi&eacute;n
+que alcance la corona. Preg&uacute;ntele si el nombre de esa mujer empieza con
+A.&raquo;</p>
+
+<p>Me puse en pie de un salto y el coronel coloc&oacute; su pipa sobre la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Antonieta de Maub&aacute;n como hay Dios!&mdash;exclam&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo lo sabe usted?&mdash;pregunt&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>Le dije cuanto sab&iacute;a de aquella dama, y Sarto hizo un adem&aacute;n de
+aprobaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Lo cierto es&mdash;dijo pensativo,&mdash;que ha tenido un disgusto serio con el
+Duque.</p>
+
+<p>&mdash;Si quisiera podr&iacute;a sernos &uacute;til&mdash;observ&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero sigo creyendo que esa carta la ha escrito Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;Pienso lo mismo, pero quiero saberlo con certeza. Acudir&eacute; a la cita,
+Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;No; yo ir&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta la puertecilla del muro, pero no m&aacute;s adelante.</p>
+
+<p>&mdash;Ir&eacute; al cenador.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que me ahorquen si lo permito!&mdash;exclam&eacute; levant&aacute;ndome y apoyando la
+espalda en la repisa de la chimenea.&mdash;Sarto&mdash;a&ntilde;ad&iacute;,&mdash;tengo confianza en
+esa mujer e ir&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo no tengo fe en ninguna mujer, y no ir&aacute; usted.</p>
+
+<p>&mdash;O acudo a la cita o me vuelvo a Inglaterra&mdash;le dije.</p>
+
+<p>Sarto empezaba a aprender hasta d&oacute;nde pod&iacute;a dictarme a m&iacute; y d&oacute;nde y
+cu&aacute;ndo ten&iacute;a que ceder y someterse.</p>
+
+<p>&mdash;Estamos tomando las cosas con sobrada calma&mdash;continu&eacute;.&mdash;Cada d&iacute;a que
+dejamos pasar sin rescatar al Rey es un nuevo peligro. La prolongaci&oacute;n
+de esta farsa m&iacute;a constituye, tambi&eacute;n, un peligro m&aacute;s. Sarto, ha llegado
+el momento de jugar el todo por el todo.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; sea&mdash;suspir&oacute;.</p>
+
+<p>A las once y media de aquella noche montamos Sarto y yo nuestros
+caballos. A Tarlein le volvimos a dejar de guardia, sin revelarle
+nuestros prop&oacute;sitos. La noche era obscur&iacute;sima. Yo no llevaba espada,
+pero s&iacute; el rev&oacute;lver, un largo pu&ntilde;al y una linterna sorda. Llegamos a la
+puertecilla, desmontamos, y Sarto me tendi&oacute; la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Esperar&eacute; aqu&iacute;&mdash;dijo.&mdash;Si oigo un disparo, me...</p>
+
+<p>&mdash;Permanezca usted aqu&iacute;, como la &uacute;nica esperanza de salvaci&oacute;n que le
+queda al Rey. Si yo caigo, importa que no perezca tambi&eacute;n usted.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad, joven. &iexcl;Buena suerte!</p>
+
+<p>Empuj&eacute; la puerta, que cedi&oacute;, y me hall&eacute; en un jard&iacute;n abundante en
+plantas y arbustos. El sendero desviaba algo hacia la derecha y por &eacute;l
+tom&eacute;, cautelosamente. Ten&iacute;a oculta la luz de la linterna y mi diestra
+empu&ntilde;aba el rev&oacute;lver. No percib&iacute;a el menor sonido. Pronto distingu&iacute; los
+vagos contornos del cenador, cuyos pelda&ntilde;os sub&iacute;. La puerta de madera y
+muy endeble, se abri&oacute; en seguida y una mujer que all&iacute; esperaba se
+apoder&oacute; vivamente de mi mano.</p>
+
+<p>&mdash;Cierre usted la puerta&mdash;murmur&oacute;.</p>
+
+<p>Obedec&iacute; y dirig&iacute; hacia ella la luz de la linterna. Llevaba vestido de
+corte, con ricas joyas, y su hermosura aparec&iacute;a deslumbradora bajo la
+viva luz que la inundaba. El cenador no ten&iacute;a m&aacute;s mueblaje que un par
+de sillas y una mesita de hierro como las que se ven en algunos caf&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;No hable usted&mdash;me dijo.&mdash;No tenemos tiempo para ello. Lim&iacute;tese usted
+a escucharme, se&ntilde;or Ras&eacute;ndil. Escrib&iacute; la carta por orden del Duque.</p>
+
+<p>&mdash;Lo sospechaba&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;Dentro de veinte minutos estar&aacute;n aqu&iacute; tres hombres que se proponen
+asesinarlo a usted.</p>
+
+<p>&mdash;Tres... &iquest;Los tres aquellos?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, tiene usted que partir antes de que lleguen. De lo contrario
+perecer&aacute; usted esta noche...</p>
+
+<p>&mdash;O perecer&aacute;n ellos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Esc&uacute;cheme usted! Una vez asesinado llevar&aacute;n su cuerpo a uno de los
+barrios bajos de la ciudad, donde lo descubrir&aacute;n. Miguel har&aacute; prender en
+seguida a todos los amigos de usted, Sarto y Tarlein los primeros;
+proclamar&aacute; el estado de sitio en la capital y enviar&aacute; un mensajero a
+Zenda. Los otros tres asesinar&aacute;n al Rey en el castillo y el Duque se
+proclamar&aacute; a s&iacute; mismo o a la Princesa; a s&iacute; mismo si llegado el momento
+se considera suficientemente fuerte para hacerlo. De todos modos, se
+casar&aacute; con ella y ser&aacute; Rey de hecho y pronto tambi&eacute;n de nombre.
+&iquest;Comprende usted?</p>
+
+<p>&mdash;No es malo el plan. Pero usted, se&ntilde;ora, &iquest;c&oacute;mo es que?...</p>
+
+<p>&mdash;Diga usted, si quiere, que estoy celosa. Pero, &iexcl;Dios eterno! &iquest;puedo,
+acaso, verlo casado con ella? Y ahora, ret&iacute;rese usted. Pero recuerde, y
+esto es lo que principalmente quer&iacute;a decirle, que nunca, ni de d&iacute;a ni de
+noche, estar&aacute; usted seguro aqu&iacute;. Tres personas, tres guardianes le
+siguen a usted constantemente &iquest;no es as&iacute;? Pues a ellos los siguen y
+esp&iacute;an otros tres. Esas hechuras de Miguel no se hallan nunca a m&aacute;s de
+quinientos pasos de usted. Si llega un momento en que lo hallen solo
+est&aacute; usted perdido. La puerta del jard&iacute;n est&aacute; ya cerrada y guardada por
+ellos. A este lado del cenador, junto a la tapia, hallar&aacute; una escalera,
+puesta all&iacute; para salvarlo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y usted?</p>
+
+<p>&mdash;Yo representar&eacute; mi papel. Si el Duque descubre lo que estoy haciendo,
+no volver&aacute; usted a verme nunca. De lo contrario, quiz&aacute;s yo... Pero no
+importa. Parta usted.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; le dir&aacute; usted?</p>
+
+<p>&mdash;Que usted no acudi&oacute; a la cita. Que sospech&oacute; el lazo.</p>
+
+<p>Tom&eacute; su mano y deposit&eacute; en ella un beso.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;dije,&mdash;ha hecho usted un magno servicio al Rey esta noche.
+&iquest;En qu&eacute; parte del castillo lo tienen?</p>
+
+<p>&mdash;Al otro lado del puente levadizo&mdash;dijo bajando la voz,&mdash;hay una maciza
+puerta, y tras ella queda... &iquest;Oye usted? &iquest;Qu&eacute; ruido es ese?</p>
+
+<p>Se o&iacute;an pasos fuera del cenador.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute;n ah&iacute;! &iexcl;Han anticipado su venida! &iexcl;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute;,
+p&aacute;lida como un cad&aacute;ver.</p>
+
+<p>&mdash;No pod&iacute;an llegar m&aacute;s a tiempo&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;Oculte usted la luz de la linterna. La puerta tiene una rendija, ah&iacute;.
+&iquest;Los ve usted?</p>
+
+<p>Apliqu&eacute; el ojo a la puerta y divis&eacute; vagamente tres hombres al pie de la
+escalinata. Mont&eacute; el rev&oacute;lver y Antonieta pos&oacute; su mano sobre la m&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Podr&aacute; usted matar uno de ellos&mdash;murmur&oacute;.&mdash;&iquest;Y despu&eacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or Ras&eacute;ndil!&mdash;o&iacute;mos decir, en ingl&eacute;s y con perfecto acento.</p>
+
+<p>No contest&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Deseamos hablarle. &iquest;Promete usted no hacer fuego hasta habernos o&iacute;do?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tengo el gusto de hablar con el se&ntilde;or Dechard?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No importa el nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces prescindan ustedes del m&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente. Tengo que hacerle a usted una proposici&oacute;n.</p>
+
+<p>Yo segu&iacute;a mirando por la hendidura y vi que mis enemigos hab&iacute;an subido
+dos escalones y que tres rev&oacute;lvers apuntaban a la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Nos deja usted entrar? Damos nuestra palabra de honor de observar la
+tregua convenida.</p>
+
+<p>&mdash;No conf&iacute;e usted en ellos&mdash;murmur&oacute; Antonieta.</p>
+
+<p>&mdash;Podemos hablar perfectamente sin abrir la puerta&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;Pero tambi&eacute;n puede usted abrirla cuando le parezca y disparar&mdash;repuso
+Dechard,&mdash;y aunque lo matar&iacute;amos, siempre morir&iacute;a tambi&eacute;n uno de
+nosotros. &iquest;Da usted su palabra de no hacer fuego mientras hablemos?</p>
+
+<p>&mdash;Desconf&iacute;e usted&mdash;repiti&oacute; Antonieta.</p>
+
+<p>Me ocurri&oacute; una idea, que juzgu&eacute; practicable.</p>
+
+<p>&mdash;Prometo no disparar antes que ustedes&mdash;dije.&mdash;Pero no los dejar&eacute;
+entrar. Qu&eacute;dense donde est&aacute;n y hablen.</p>
+
+<p>&mdash;Aceptado&mdash;dijo Dechard.</p>
+
+<p>Los tres acabaron de subir la escalinata y se detuvieron al otro lado de
+la puerta. No pude oir lo que se dec&iacute;an, pero vi que Dechard hablaba al
+o&iacute;do del m&aacute;s alto de sus compa&ntilde;eros. De Gautet, seg&uacute;n creo.</p>
+
+<p>&mdash;Secreto tenemos&mdash;pens&eacute;.</p>
+
+<p>Y a&ntilde;ad&iacute; en voz alta:</p>
+
+<p>&mdash;Veamos, se&ntilde;ores, cu&aacute;les son esas proposiciones.</p>
+
+<p>&mdash;Un salvo-conducto hasta la frontera y doscientos cincuenta mil pesos.</p>
+
+<p>&mdash;No, no&mdash;murmur&oacute; Antonieta casi imperceptiblemente.&mdash;Todo es una
+traici&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Generosa oferta&mdash;dije sin perderles de vista un momento.</p>
+
+<p>Los tres se hallaban juntos y pegados a la puerta. Conoc&iacute;a bien a
+aquellos bandidos y no necesitaba las advertencias de Antonieta. Lo que
+proyectaban era precipitarse sobre m&iacute; repentinamente durante mi
+conversaci&oacute;n con ellos.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jenme ustedes meditar su promesa unos instantes&mdash;a&ntilde;ad&iacute;, pareci&eacute;ndome
+oir burlona risa al otro lado de la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;P&oacute;ngase usted ah&iacute;, contra la pared, fuera del alcance de los
+rev&oacute;lvers&mdash;murmur&eacute; dirigi&eacute;ndome a Antonieta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; va usted a hacer?&mdash;pregunt&oacute; alarmada.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ver&aacute; usted.</p>
+
+<p>As&iacute; la mesita de hierro por las patas y la levant&eacute; poni&eacute;ndola ante m&iacute; a
+manera de escudo que me proteg&iacute;a por completo cabeza y pecho. Aunque
+pesada, no lo era mucho para un hombre de mis fuerzas. Antes hab&iacute;a
+colgado del cinto la linterna y puesto el rev&oacute;lver en un bolsillo, bien
+al alcance de la mano. De repente vi que la puerta se abr&iacute;a algunas
+l&iacute;neas, como movida por el viento, o impulsada quiz&aacute;s por una mano para
+probar si ced&iacute;a. Retroced&iacute;, apart&aacute;ndome de la puerta cuanto pude y
+guareci&eacute;ndome tras la mesa de hierro en la posici&oacute;n que dejo descrita.</p>
+
+<p>&mdash;Acepto su oferta, se&ntilde;ores&mdash;grit&eacute;,&mdash;confiando en su palabra de
+caballeros. Si se toman el trabajo de abrir la puerta...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;&Aacute;brala usted!&mdash;exclam&oacute; Dechard.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se abre hacia fuera!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; diantres, Berson&iacute;n&mdash;grit&oacute; impaciente Dechard.&mdash;&iquest;Tienes miedo a un
+hombre solo?</p>
+
+<p>Me sonre&iacute; al oirle y en el mismo instante se abri&oacute; la puerta
+violentamente. La luz de una linterna me mostr&oacute; a los tres rufianes
+agrupados en el umbral y apuntando con sus rev&oacute;lvers. Lanc&eacute; un grito y
+me precipit&eacute; sobre ellos a la carrera. Son&oacute; una triple detonaci&oacute;n y tres
+proyectiles se estrellaron contra mi improvisado escudo. La mesa cogi&oacute;
+de lleno al grupo y hombres y mesa rodamos juntos escalera abajo, entre
+gritos y juramentos. Antonieta de Maub&aacute;n lanz&oacute; un agudo chillido, al que
+yo, levant&aacute;ndome de un salto, contest&eacute; con una carcajada.</p>
+
+<p>De Gautet y Berson&iacute;n yac&iacute;an en tierra como aturdidos. A Dechard le cay&oacute;
+la mesa encima, pero al incorporarme yo, la ech&oacute; a un lado y volvi&oacute; a
+hacerme fuego. Levant&eacute; mi rev&oacute;lver y dispar&eacute; casi sin apuntar. O&iacute; una
+blasfemia y apret&eacute; a correr como un gamo, sin dejar de re&iacute;rme. Alguien
+corr&iacute;a tambi&eacute;n detr&aacute;s de m&iacute;, y tendiendo el brazo en su direcci&oacute;n solt&eacute;
+otro balazo al azar. Los pasos cesaron.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Con tal que halle la escalera!&mdash;pens&eacute;, porque la tapia era alta y
+estaba erizada de p&uacute;as.</p>
+
+<p>S&iacute;, all&iacute; estaba y sub&iacute; por ella en un abrir y cerrar de ojos. Me inclin&eacute;
+sobre el muro y vi los caballos. Cerca de ellos o&iacute; un tiro. Era Sarto,
+que habiendo o&iacute;do los disparos en el jard&iacute;n se desesperaba por abrir la
+puertecilla y al fin la emprend&iacute;a a tiros con la cerradura. Hab&iacute;a
+olvidado por completo que le estaba prohibido tomar parte en la lucha.
+Al ver aquello volv&iacute; a re&iacute;rme, salt&eacute; al suelo y poni&eacute;ndole la mano en el
+hombro le dije:</p>
+
+<p>&mdash;A casa y a la cama, viejo m&iacute;o. Tengo que contarle a usted la historia
+m&aacute;s graciosa que ha o&iacute;do en su vida.</p>
+
+<p>Se volvi&oacute;, absorto, y exclam&oacute;, estrechando mi mano:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Salvado! &iexcl;Salvado!</p>
+
+<p>Pero en seguida refunfu&ntilde;&oacute; como acostumbraba.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; demonios se r&iacute;e usted?</p>
+
+<p>&mdash;De cuatro convidados, al figur&aacute;rmelos en torno de cierta mesa...</p>
+
+<p>Y volv&iacute; a soltar la carcajada, pensando en la rid&iacute;cula derrota del
+formidable y malparado tr&iacute;o.</p>
+
+<p>Y como habr&aacute; observado el lector, cumpl&iacute; mi palabra y no dispar&eacute; hasta
+que mis enemigos rompieron el fuego.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="X" id="X"></a>X</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">amores por cuenta ajena</span></p>
+
+
+<p>Era costumbre establecida que el jefe de la polic&iacute;a me enviase todas las
+tardes un informe sobre la situaci&oacute;n en la capital y el estado de la
+opini&oacute;n p&uacute;blica; documento que tambi&eacute;n conten&iacute;a datos relativos a las
+personas que la polic&iacute;a ten&iacute;a orden de vigilar. Desde mi llegada a
+Estrelsau, Sarto me le&iacute;a el referido informe, comentando muchas noticias
+de inter&eacute;s que sol&iacute;a contener. El d&iacute;a siguiente a mi aventura en el
+cenador, trajeron el parte de polic&iacute;a en ocasi&oacute;n de hallarme jugando una
+partida de tresillo con Federico de Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;Muy interesante viene el informe de esta tarde&mdash;dijo Sarto sent&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Habla de cierta aventura nocturna?...</p>
+
+<p>El coronel no pudo reprimir una sonrisa y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Leo en primer lugar: &laquo;Su Alteza el duque de Estrelsau ha salido de la
+capital (repentinamente, al parecer) acompa&ntilde;ado de algunos de sus
+servidores. Se cree que su destino es el castillo de Zenda, en direcci&oacute;n
+del cual sali&oacute;, no por el tren, sino a caballo. Los se&ntilde;ores de Gautet,
+Berson&iacute;n y Dechard le siguieron una hora m&aacute;s tarde, llevando el &uacute;ltimo
+un brazo en cabestrillo. Se ignora la causa de la herida, pero se
+sospecha que ha tenido un duelo, en el que figura como causa una mujer.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Informes aut&eacute;nticos&mdash;observ&eacute;, alegr&aacute;ndome al saber que el brib&oacute;n ten&iacute;a
+buena memoria m&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;La se&ntilde;ora de Maub&aacute;n&mdash;sigui&oacute; leyendo Sarto,&mdash;a quien se vigila por
+orden superior, tom&oacute; el tren de mediod&iacute;a. Pidi&oacute; billete para Dresde...&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Antigua costumbre suya&mdash;coment&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Pero el tren de Dresde pasa por Zenda.&raquo; &iexcl;Si ser&aacute; listo el autor del
+parte &eacute;ste! Y por &uacute;ltimo, oiga usted lo que dice aqu&iacute;: &laquo;El estado de la
+opini&oacute;n en la ciudad no es satisfactorio. Se critica mucho al Rey&raquo; (ya
+sabe usted que al jefe de polic&iacute;a le hemos mandado ser muy franco),
+&laquo;porque no activa los preparativos de su matrimonio. Por informes
+adquiridos entre las personas m&aacute;s allegadas a la princesa Flavia, se
+sabe que est&aacute; muy ofendida por la indiferencia de Su Majestad. El pueblo
+habla ya de boda posible de Su Alteza con el duque de Estrelsau,
+proyecto que aumenta mucho la popularidad del Duque. He hecho anunciar
+que el Rey dar&aacute; esta noche un baile en honor de la Princesa, y la
+noticia ha producido desde luego el mejor efecto.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Y a m&iacute; me coge de nuevo&mdash;observ&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, los preparativos est&aacute;n todos hechos!&mdash;exclam&oacute; Tarlein
+ri&eacute;ndose.&mdash;Yo me he encargado de eso.</p>
+
+<p>Sarto se volvi&oacute; hacia m&iacute; para decirme con imperioso acento:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y sepa usted que esta noche tiene que hacerle la corte a la Princesa!</p>
+
+<p>&mdash;A lo cual estoy m&aacute;s que dispuesto, como pueda verme con ella a
+solas&mdash;contest&eacute;.&mdash;De seguro no cree usted que la tarea pueda parecerme
+ingrata ni dif&iacute;cil, &iquest;eh, Sarto?</p>
+
+<p>Tarlein tuvo a bien ponerse a silbar, y luego dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Tarea es esa que hallar&aacute; usted m&aacute;s f&aacute;cil de lo que piensa. Mire usted,
+Ras&eacute;ndil, me duele dec&iacute;rselo, pero no lo puedo remediar. La condesa Elga
+me ha confesado que la Princesa est&aacute; prendada del Rey, y que desde el
+d&iacute;a de la coronaci&oacute;n su afecto por &eacute;l ha ido en aumento. Tambi&eacute;n es
+cierto que est&aacute; muy ofendida por la aparente indiferencia del Rey.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buena la hemos hecho!&mdash;exclam&eacute; angustiado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y eso qu&eacute;?&mdash;dijo Sarto.&mdash;Supongo que m&aacute;s de una vez le habr&aacute; usted
+dicho requiebros a una muchacha bonita. Pues eso es todo lo que ella
+quiere.</p>
+
+<p>Tarlein, que estaba enamorado, comprendi&oacute; mejor la penosa situaci&oacute;n en
+que yo me ve&iacute;a, y sin decir palabra puso la mano sobre mi hombro.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo&mdash;prosigui&oacute; impasible el viejo Sarto,&mdash;creo que esta noche
+debe usted declar&aacute;rsele.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Santo cielo&iexcl;&mdash;exclam&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;O poco menos. Y por mi parte mandar&eacute; a los peri&oacute;dicos una nota
+semioficial.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No har&eacute; semejante cosa!&mdash;dije.&mdash;&iexcl;Ni usted tampoco! Desde ahora me
+niego rotundamente a enga&ntilde;ar de tal modo a la Princesa.</p>
+
+<p>Sarto clav&oacute; en m&iacute; sus ojillos penetrantes. Despu&eacute;s apareci&oacute; en sus
+labios sard&oacute;nica sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente, joven; como usted quiera. Vaya, lim&iacute;tese usted a
+tranquilizarla un poco, como pueda. Y ahora hablemos de Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A quien Dios confunda!&mdash;dije.&mdash;Ya hablaremos de &eacute;l otro d&iacute;a.
+Tarlein, vamos a dar una vuelta por los jardines.</p>
+
+<p>Sarto cedi&oacute; inmediatamente. Bajo sus bruscas maneras se ocultaba
+prodigioso tacto y tambi&eacute;n, como lo fui reconociendo m&aacute;s y m&aacute;s cada d&iacute;a,
+un profundo conocimiento del coraz&oacute;n humano. &iquest;Por qu&eacute; se mostr&oacute; tan poco
+exigente conmigo respecto de la Princesa? Porque sab&iacute;a que la belleza de
+&eacute;sta y mi natural impulso me hab&iacute;an de llevar mucho m&aacute;s all&aacute; que todos
+sus argumentos, y que cuanto menos pensase yo en aquella trama, tanto
+m&aacute;s probable ser&iacute;a que la llevase adelante. No pod&iacute;a ocult&aacute;rsele la
+desventura que acarrear&iacute;a a la Princesa, pero esta consideraci&oacute;n nada
+significaba para &eacute;l. &iquest;Puedo decir, con toda sinceridad, que hac&iacute;a mal?
+Suponiendo que el Rey volviese al trono, le devolver&iacute;amos la Princesa.
+Pero &iquest;y si no logr&aacute;semos libertarlo? Punto era &eacute;ste del cual jam&aacute;s
+hab&iacute;amos hablado. Pero yo ten&iacute;a la idea de que, en tal caso, Sarto se
+propon&iacute;a instalarme en el trono de Ruritania y sostenerme en &eacute;l toda la
+vida. Al mismo Satan&aacute;s hubiera &eacute;l puesto en el trono antes que a Miguel
+el Negro.</p>
+
+<p>El baile fue suntuoso. Lo inaugur&eacute; yo con la princesa Flavia y con ella
+bail&eacute; tambi&eacute;n despu&eacute;s, seguidos ambos por las miradas y los comentarios
+de la brillante concurrencia. Lleg&oacute; la hora de la cena y en medio de
+ella me puse en pie, enloquecido por las miradas de mi prima, y
+quit&aacute;ndome el collar de la Rosa de Oro se lo puse al cuello. Aquel acto
+fue acogido con un&aacute;nimes aplausos, y vi que Sarto se sonre&iacute;a satisfecho,
+pero no Tarlein, cuya sombr&iacute;a expresi&oacute;n revelaba su disgusto. Pasamos el
+resto de la cena en silencio; ni Flavia ni yo pod&iacute;amos hablar. Por fin,
+a una se&ntilde;al de Tarlein, me levant&eacute;, ofrec&iacute; mi brazo a la Princesa y
+recorriendo el sal&oacute;n de uno a otro extremo, la conduje a una habitaci&oacute;n
+contigua, m&aacute;s peque&ntilde;a, donde nos sirvieron el caf&eacute;. Las damas y
+caballeros de nuestro s&eacute;quito se retiraron y quedamos solos.</p>
+
+<p>Los balcones de aquella pieza daban a los jardines del palacio. La noche
+era hermos&iacute;sima. Flavia tom&oacute; asiento y yo permanec&iacute; en pie ante ella.
+Luchaba conmigo mismo y creo que hubiera triunfado si en aquel momento
+no me hubiese dirigido ella una mirada breve, repentina, que equival&iacute;a a
+una interrogaci&oacute;n; mirada a la que sigui&oacute; fugaz rubor.</p>
+
+<p>&iexcl;Ah, si la hubieseis visto en aquel instante! Me olvid&eacute; del Rey
+prisionero en Zenda y del que reinaba en Estrelsau. Ella era una
+Princesa, yo un impostor. Pero &iquest;acaso pens&eacute; en ello un solo momento? Lo
+que hice fue doblar la rodilla ante la bella y tomar su mano entre las
+m&iacute;as. Nada dije. &iquest;Para qu&eacute;? Me bastaban los suaves rumores de aquella
+hermosa noche y el perfume de las flores que nos rodeaban, &uacute;nicos
+testigos del beso que deposit&eacute; en sus labios.</p>
+
+<p>Flavia me rechaz&oacute; dulcemente, exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! Pero &iquest;es verdad?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Si es verdad mi amor?&mdash;dije en voz baja, con apasionado acento.&mdash;&iexcl;Te
+amo m&aacute;s que a mi vida, m&aacute;s que a la verdad misma, m&aacute;s que a mi honor!</p>
+
+<p>No pareci&oacute; dar a mis palabras otro valor que el de una de tantas
+exageraciones del lenguaje de los enamorados.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, si no fueses Rey! &iexcl;Entonces podr&iacute;a demostrarte cu&aacute;nto te amo!
+&iquest;Por qu&eacute; te quiero tanto ahora, Rodolfo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ahora?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, &uacute;ltimamente. Antes... antes no era as&iacute;.</p>
+
+<p>El orgullo del triunfo embarg&oacute; mi &aacute;nimo. &iexcl;Era yo, Rodolfo Ras&eacute;ndil,
+quien la hab&iacute;a conquistado!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No me amabas antes?&mdash;pregunt&eacute; rode&aacute;ndole el talle con mi brazo.</p>
+
+<p>Me mir&oacute; sonriente y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ser&aacute; tu corona? Este nuevo sentimiento se me despert&oacute; en m&iacute; el d&iacute;a de
+la coronaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No antes?&mdash;le pregunt&eacute; ansioso.</p>
+
+<p>Dej&oacute;me oir su argentina risa y contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Hablas como si desearas oirme repetir que no te amaba cuando no eras
+Rey.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;es eso cierto?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;murmur&oacute; casi imperceptiblemente.&mdash;Pero t&eacute;n cuidado, Rodolfo, s&eacute;
+prudente. Mira que ahora estar&aacute; furioso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n? &iquest;Miguel? &iexcl;Oh, si no fuera m&aacute;s que eso!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres decir, Rodolfo?</p>
+
+<p>Aquella era la &uacute;ltima oportunidad que pod&iacute;a ofrec&eacute;rseme. Logr&eacute;
+dominarme, no sin gran esfuerzo, y retirando mi brazo me apart&eacute; dos o
+tres pasos de ella.</p>
+
+<p>&mdash;Si yo no fuera Rey&mdash;comenc&eacute;,&mdash;si fuese un simple caballero...</p>
+
+<p>Antes de que pudiera a&ntilde;adir una palabra puso ella su mano sobre la m&iacute;a,
+diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Aunque fueras un miserable presidiario nunca dejar&iacute;as de ser mi Rey.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios me perdone!&mdash;dije para m&iacute;. Y estrechando su mano volv&iacute; a
+preguntarle:&mdash;&iquest;pero si no fuese Rey?</p>
+
+<p>&mdash;Basta&mdash;murmur&oacute;.&mdash;No merezco que dudes de m&iacute; de esa manera. &iexcl;Ah,
+Rodolfo! &iquest;Acaso una mujer que va a casarse sin sentir amor podr&iacute;a
+mirarte como te miro yo?</p>
+
+<p>Despu&eacute;s inclin&oacute; el rostro, procurando ocultarlo. M&aacute;s de un minuto
+permanecimos unidos, abrazados; pero aun entonces, a pesar de su
+hermosura y de las circunstancias en que nos hall&aacute;bamos, apel&eacute; a mi
+honor y a mi conciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Flavia&mdash;dije con voz tan alterada que no parec&iacute;a la m&iacute;a,&mdash;has de saber
+que no soy...</p>
+
+<p>Elev&aacute;banse sus ojos hacia m&iacute; cuando o&iacute;mos, pesados pasos en el enarenado
+sendero del jard&iacute;n y un hombre se detuvo ante el abierto balc&oacute;n. Flavia
+lanz&oacute; un ligero grito y se apart&oacute; de m&iacute; r&aacute;pidamente. La frase que mis
+labios hab&iacute;an comenzado qued&oacute; interrumpida. Sarto, pues era &eacute;l, se
+inclin&oacute; profundamente, grave y sombr&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;Perdonad, se&ntilde;or&mdash;dijo,&mdash;pero Su Eminencia el cardenal espera hace un
+cuarto de hora, deseoso de ofrecer sus respetos a Vuestra Majestad antes
+de partir.</p>
+
+<p>&mdash;No es mi voluntad hacer esperar a Su Eminencia&mdash;repuse.</p>
+
+<p>Pero Flavia, que no se avergonzaba de su amor, radiantes los ojos y
+ruborizado el rostro, tendi&oacute; su mano a Sarto. Nada dijo, pero a nadie
+que haya visto a una mujer en la exaltaci&oacute;n producida por el amor, pod&iacute;a
+ocult&aacute;rsele lo que aquel adem&aacute;n significaba. Con triste sonrisa se
+inclin&oacute; el veterano y bes&oacute; la mano que ella le tend&iacute;a, diciendo con
+cari&ntilde;osa y conmovida voz:</p>
+
+<p>&mdash;Alegre o triste, feliz o desgraciada, &iexcl;Dios proteja siempre a Vuestra
+Alteza!</p>
+
+<p>Hizo una pausa y a&ntilde;adi&oacute;, mir&aacute;ndome y cuadr&aacute;ndose como un soldado:</p>
+
+<p>&mdash;Pero ante todo y sobre todo est&aacute; el Rey. &iexcl;Dios lo proteja!</p>
+
+<p>Y Flavia, besando mi mano, murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;As&iacute; sea! &iexcl;Oh, Dios m&iacute;o, te ruego que as&iacute; sea!</p>
+
+<p>Volvimos a la sala de baile. Obligado a recibir los saludos de
+despedida, me vi separado de ella. Cuantos me hab&iacute;an saludado se
+dirig&iacute;an en seguida a la Princesa. Sarto iba de grupo en grupo, dejando
+tras s&iacute; miradas de inteligencia, sonrisas y cuchicheos. No dud&eacute; que, en
+cumplimiento de su irrevocable resoluci&oacute;n, iba dando a todos la noticia
+que acababa de adivinar m&aacute;s bien que oir. Preservar la corona para el
+verdadero Rey y derrotar a Miguel el Negro; ese era todo su af&aacute;n.
+Flavia, yo y aun el mismo Rey, no &eacute;ramos m&aacute;s que otras tantas cartas
+puestas en juego y nos estaba prohibido tener pasiones. No se limit&oacute; a
+propagar la nueva dentro de los muros del palacio, y as&iacute; fue que al
+descender yo la escalera principal dando la mano a Flavia y conducirla a
+su carruaje, nos esperaba en la calle densa multitud, que prorrumpi&oacute; en
+aclamaciones entusiastas. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a hacer yo? De haber hablado
+entonces se hubieran negado a creer que no era el Rey; a lo sumo
+hubieran cre&iacute;do que el Rey se hab&iacute;a vuelto loco. Los manejos de Sarto y
+mi propia pasi&oacute;n me hab&iacute;an impulsado; la retirada no era ya posible y la
+pasi&oacute;n segu&iacute;a llev&aacute;ndome hacia delante. Aquella noche aparec&iacute; ante todo
+Estrelsau como el verdadero Rey y el prometido de la princesa Flavia.</p>
+
+<p>Por fin, a las tres de la ma&ntilde;ana, cuando empezaba a romper el alba, me
+vi en mis habitaciones sin m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;a que la de Sarto. Contemplaba
+distra&iacute;damente el fuego; mi compa&ntilde;ero fumaba su pipa y Tarlein se hab&iacute;a
+retirado a descansar, neg&aacute;ndose a dirigirme la palabra. Cerca de m&iacute;,
+sobre la mesa, se ve&iacute;a una rosa de las que Flavia hab&iacute;a llevado al pecho
+aquella noche. Ella misma me la hab&iacute;a entregado, despu&eacute;s de besarla.</p>
+
+<p>Sarto hizo adem&aacute;n de tomarla, pero detuve su mano con r&aacute;pido adem&aacute;n,
+dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;Es m&iacute;a, no de usted... ni del Rey.</p>
+
+<p>&mdash;Esta noche hemos ganado una victoria a favor del Rey&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n puede impedirme ganar otra a favor m&iacute;o?&mdash;pregunt&eacute; iracundo,
+volvi&eacute;ndome hacia &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;S&eacute; muy bien lo que est&aacute; usted pensando&mdash;contest&oacute;.&mdash;Pero su honor se lo
+prohibe.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y es usted quien viene a hablarme de honor?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, la cosa no es para tanto. Una broma inocente que en nada puede
+perjudicar a la muchacha...</p>
+
+<p>&mdash;No prosiga usted, coronel, a no ser que me tenga usted por un villano
+desalmado. Si no quiere que su Rey se pudra en su prisi&oacute;n de Zenda
+mientras Miguel y yo nos disputamos aqu&iacute; lo que vale m&aacute;s que la
+corona... &iquest;Me comprende usted bien?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, adelante.</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos que libertar al Rey, o intentarlo cuando menos, y pronto. Si
+esta comedia, por usted preparada, contin&uacute;a una semana m&aacute;s, va usted a
+hallarse con otro problema entre manos, y de los m&aacute;s dif&iacute;ciles. &iquest;Cree
+usted poder resolverlo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; lo creo. Pero si llegara usted a hacer lo que amenaza, tendr&iacute;a que
+hab&eacute;rselas conmigo y que matarme.</p>
+
+<p>&mdash;Con usted y con veinte m&aacute;s. &iquest;Qu&eacute; significar&iacute;a eso para m&iacute;? Sin contar
+con que en un instante puedo levantar a todo Estrelsau contra usted y
+ahogarlo con sus propias mentiras.</p>
+
+<p>&mdash;No lo niego.</p>
+
+<p>&mdash;Como podr&iacute;a casarme con la Princesa y mandar y Miguel y su hermano
+a...</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n es cierto&mdash;asinti&oacute; el viejo soldado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues entonces, en nombre del Cielo&mdash;grit&eacute; extendiendo hacia &eacute;l los
+pu&ntilde;os,&mdash;corramos a Zenda, aplastemos a Miguel y traigamos al Rey a su
+capital y a su trono!</p>
+
+<p>Sarto se puso en pie y me mir&oacute; fijamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y la Princesa?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>Inclin&eacute; la cabeza y tomando la rosa la oprim&iacute; hasta destrozarla entre
+mis manos y mis labios. Sent&iacute; la diestra de Sarto sobre mi hombro y o&iacute;
+que dec&iacute;a, con turbada voz:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por Dios vivo! Es usted m&aacute;s Elsberg que todos ellos. Pero yo he
+comido el pan del Rey y mi deber es servirle. &iexcl;Iremos a Zenda!</p>
+
+<p>Le mir&eacute; y tom&eacute; su mano. Ambos ten&iacute;amos l&aacute;grimas en los ojos.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XI" id="XI"></a>XI</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">caza mayor</span></p>
+
+
+<p>Asalt&aacute;bame una tentaci&oacute;n terrible. Quer&iacute;a que Miguel, obligado a ello
+por m&iacute;, diese muerte al Rey. Me cre&iacute;a en situaci&oacute;n de afrontar la ira y
+el poder del Duque y de retener a la fuerza la corona, no por ambici&oacute;n,
+sino porque el Rey de Ruritania era el esposo destinado a la princesa
+Flavia. &iexcl;Sarto, Tarlein! &iquest;Qu&eacute; me importaban? &iquest;Qu&eacute; significan los
+obst&aacute;culos, ni c&oacute;mo examinarlos y medirlos a sangre fr&iacute;a cuando la
+pasi&oacute;n ciega domina al hombre por completo?</p>
+
+<p>Hermosa ma&ntilde;ana aquella en que me dirig&iacute; a pie al palacio de la Princesa,
+llevando en la mano un ramo de preciosas flores. La raz&oacute;n de estado
+excusaba mi amor; y si bien las atenciones que prodigaba a mi supuesta
+prima eran nuevos incentivos a la pasi&oacute;n que me impulsaba, me un&iacute;an
+tambi&eacute;n m&aacute;s estrechamente al pueblo de la gran ciudad, que adoraba a la
+Princesa. Encontr&eacute; a la condesa Elga cogiendo flores en el jard&iacute;n y le
+rogu&eacute; que ofreciese las m&iacute;as a su se&ntilde;ora. La amada de Tarlein parec&iacute;a
+radiante de felicidad, olvidada por el momento del odio que el duque de
+Estrelsau profesaba al predilecto de su coraz&oacute;n, &uacute;nico obst&aacute;culo que
+hasta entonces hab&iacute;a empa&ntilde;ado la dicha de ambos amantes.</p>
+
+<p>&mdash;Y ese obst&aacute;culo&mdash;me dijo con picaresca sonrisa,&mdash;lo ha suprimido
+Vuestra Majestad. Llevar&eacute; gustosa estas flores a la Princesa. &iquest;Quiere
+Vuestra Majestad que le diga lo primero que Su Alteza har&aacute; con ellas?</p>
+
+<p>Nos hall&aacute;bamos en una amplia terraza inmediata al palacio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;ora!&mdash;llam&oacute; alegremente la Condesa, y a su vez apareci&oacute; Flavia en
+uno de los abiertos balcones del primer piso.</p>
+
+<p>Me descubr&iacute; y salud&eacute; profundamente. La Princesa ten&iacute;a puesta una blanca
+bata y llevaba suelta la hermosa cabellera. Contest&oacute; a mi saludo
+envi&aacute;ndome un beso y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Sube con el Rey, Elga. Le ofrecer&eacute; siquiera una taza de caf&eacute;.</p>
+
+<p>La Condesa me mir&oacute; de soslayo sonri&eacute;ndose y me precedi&oacute; hasta la
+habitaci&oacute;n donde esperaba Flavia. Una vez solos nos saludamos de nuevo
+como verdaderos amantes y en seguida me present&oacute; dos cartas. Era una de
+Miguel el Negro, invit&aacute;ndola cort&eacute;smente a pasar el d&iacute;a en el castillo
+de Zenda, como ten&iacute;a por costumbre hacerlo una vez cada verano, cuando
+el parque y los jardines del castillo ostentaban toda su belleza. Arroj&eacute;
+al suelo la carta con desprecio, lo que hizo re&iacute;r a Flavia, que me
+present&oacute; la segunda misiva.</p>
+
+<p>&mdash;Ignoro qui&eacute;n me la env&iacute;a&mdash;dijo.&mdash;L&eacute;ela.</p>
+
+<p>Un momento me bast&oacute; para saber qui&eacute;n hab&iacute;a trazado aquellas l&iacute;neas. Era
+la misma letra de la esquela que me hab&iacute;a dado cita en el cenador de
+Antonieta de Maub&aacute;n, y dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;No tengo motivos para querer a Vuestra Alteza, pero Dios la libre de
+caer en poder del Duque. No acepte Vuestra Alteza invitaci&oacute;n alguna
+suya. No vaya sola a ninguna parte; una fuerte guardia armada bastar&aacute;
+apenas para protegerla. Ense&ntilde;e esta carta al que reina hoy en
+Estrelsau.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no dice &laquo;al Rey?&raquo;&mdash;pregunt&oacute; Flavia inclin&aacute;ndose hacia m&iacute;
+hasta que sus cabellos rozaron mi mejilla.&mdash;&iquest;Ser&aacute; broma?</p>
+
+<p>&mdash;Si tienes en algo tu vida, y aun m&aacute;s que tu vida, amor m&iacute;o, haz al pie
+de la letra lo que esa carta te dice. Hoy mismo enviar&eacute; fuerza
+suficiente para proteger este palacio, del cual no saldr&aacute;s sino
+custodiada por numerosa guardia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es esa una orden que me da el Rey?&mdash;pregunt&oacute; altiva.</p>
+
+<p>&mdash;Lo es, Flavia. Orden que obedecer&aacute;s... si me amas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;exclam&oacute;, con expresi&oacute;n tal que le di otro beso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes qui&eacute;n ha escrito eso?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Creo saberlo. El aviso proviene de persona que es buena amiga m&iacute;a, y
+m&aacute;s dir&eacute;, lo env&iacute;a una mujer desgraciada. Precisa contestar que est&aacute;s
+indispuesta, Flavia, y no puedes ir a Zenda. Presenta tus excusas en la
+forma m&aacute;s fr&iacute;a y ceremoniosa que sepas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es decir que te consideras suficientemente fuerte para desafiar la
+c&oacute;lera de Miguel?&mdash;me dijo con orgullosa sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Nada hay que yo no est&eacute; dispuesto a hacer por tu propia seguridad&mdash;fue
+mi contestaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s me separ&eacute; de ella, no sin esfuerzo, y tom&eacute; el camino de la
+casa del general Estrakenz, sin consultar a Sarto. Hab&iacute;a tratado algo al
+anciano General, cre&iacute;a conocerlo y lo estimaba. No as&iacute; Sarto, pero yo
+hab&iacute;a aprendido ya que &eacute;ste s&oacute;lo estaba satisfecho cuando &eacute;l mismo lo
+hac&iacute;a todo, y que a menudo lo impulsaba, m&aacute;s que el deber, un
+sentimiento de rivalidad. La situaci&oacute;n era tan cr&iacute;tica que Sarto y
+Tarlein no me bastaban para dominarla, pues ambos ten&iacute;an que
+acompa&ntilde;arme a Zenda y necesitaba una persona segura que velase por lo
+que yo amaba m&aacute;s en el mundo y me permitiese dedicarme con &aacute;nimo
+tranquilo a la empresa de libertar al Rey.</p>
+
+<p>El General me recibi&oacute; con afectuosa lealtad. Le hice confidencias
+parciales, le encomend&eacute; la guardia de la Princesa y mir&aacute;ndole fija y
+significativamente le orden&eacute; que no permitiese a ning&uacute;n emisario del
+Duque acercarse a Flavia, como no fuese en su presencia y en la de una
+docena de nuestros amigos, por lo menos.</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute;s no se enga&ntilde;e Vuestra Majestad&mdash;dijo, moviendo tristemente la
+encanecida cabeza.&mdash;A hombres que val&iacute;an m&aacute;s que el Duque les he visto
+hacer peores cosas por amor.</p>
+
+<p>Yo m&aacute;s que nadie pod&iacute;a apreciar el valor de aquellas palabras, y dije:</p>
+
+<p>&mdash;Pero hay en todo esto algo m&aacute;s que amor, General. El amor puede
+satisfacer su coraz&oacute;n. Pero &iquest;no necesita y procura algo m&aacute;s para saciar
+la ambici&oacute;n que le devora?</p>
+
+<p>&mdash;Ojal&aacute; le juzgue mal Vuestra Majestad.</p>
+
+<p>&mdash;General, voy a ausentarme de Estrelsau por algunos d&iacute;as. Todas las
+noches le enviar&eacute; a usted un mensajero. Si durante tres d&iacute;as
+consecutivos no recibe usted noticias m&iacute;as, publicar&aacute; un decreto que
+dejar&eacute; en su poder, privando al Duque del Gobierno de Estrelsau y
+nombr&aacute;ndolo a usted en su lugar. En seguida declarar&aacute; usted la capital
+en estado de sitio, y mandar&aacute; a decir al Duque que exige ser recibido en
+audiencia por el Rey... &iquest;Me comprende usted bien?</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;Si en el plazo de veinticuatro horas no consigue usted ver al
+Rey&mdash;continu&eacute; posando mi mano sobre su rodilla,&mdash;eso significar&aacute; que el
+Rey habr&aacute; muerto y que usted deber&aacute; proclamar al heredero de la corona.
+&iquest;Sabe usted qui&eacute;n es?</p>
+
+<p>&mdash;La princesa Flavia.</p>
+
+<p>&mdash;J&uacute;reme usted por Dios y por su honor que la defender&aacute; y apoyar&aacute; hasta
+morir por ella, que matar&aacute;, si es necesario, al traidor, y que la pondr&aacute;
+en el trono que hoy ocupo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo juro, por Dios y por mi honor! Y ruego a Dios que proteja a
+Vuestra Majestad, porque creo que la misi&oacute;n que se propone est&aacute; llena de
+peligros.</p>
+
+<p>&mdash;Lo &uacute;nico que espero es que esa misi&oacute;n no cueste otras vidas m&aacute;s
+valiosas que la m&iacute;a&mdash;dije levant&aacute;ndome y ofreci&eacute;ndole mi
+mano.&mdash;General&mdash;continu&eacute;,&mdash;quiz&aacute;s llegue un d&iacute;a en que oiga usted
+revelaciones inesperadas concernientes al hombre que en este momento le
+dirige la palabra. Cualesquiera que sean &iquest;qu&eacute; opina usted de la
+conducta de ese hombre desde el d&iacute;a en que fue proclamado Rey en
+Estrelsau?</p>
+
+<p>El anciano, estrechando mi mano, me habl&oacute; de hombre a hombre.</p>
+
+<p>&mdash;He conocido a muchos Elsberg&mdash;dijo.&mdash;Y &iexcl;suceda lo que quiera, <i>usted</i>
+se ha portado como buen Rey y como un valiente; y tambi&eacute;n como el m&aacute;s
+galante caballero de todos ellos.</p>
+
+<p>&mdash;Sea ese mi epitafio&mdash;dije,&mdash;el d&iacute;a en que otro ocupe el trono de
+Ruritania.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lejano est&eacute; ese d&iacute;a y no viva yo para verlo!&mdash;exclam&oacute; Estrakenz,
+contra&iacute;das las facciones.</p>
+
+<p>Ambos nos hall&aacute;bamos profundamente conmovidos. Me sent&eacute; para escribir el
+decreto que deb&iacute;a de entregarle, y dije:</p>
+
+<p>&mdash;Apenas puedo escribir; la herida del dedo me impide todav&iacute;a moverlo.</p>
+
+<p>Era aquella la primera vez que me arriesgaba a escribir, a excepci&oacute;n de
+mi nombre y a pesar de los esfuerzos que hab&iacute;a hecho para imitar la
+letra del Rey, distaba mucho de la perfecci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es, se&ntilde;or&mdash;observ&oacute; el General,&mdash;que este car&aacute;cter de letra
+se diferencia bastante del que todos conocemos. Circunstancia deplorable
+en este caso, porque puede despertar sospechas y aun hacer creer que la
+orden no procede del Rey.</p>
+
+<p>&mdash;General&mdash;exclam&eacute; sonri&eacute;ndome,&mdash;&iquest;de qu&eacute; sirven los ca&ntilde;ones de Estrelsau
+si con ellos no puede disiparse una mera sospecha?</p>
+
+<p>Tom&oacute; el documento en sus manos, sonri&eacute;ndose a su vez de la ocurrencia
+m&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;El coronel Sarto y Federico de Tarlein me acompa&ntilde;ar&aacute;n&mdash;continu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Va Vuestra Majestad a ver al Duque?&mdash;pregunt&oacute; en voz baja.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; al Duque y a otra persona a quien necesito ver y que se halla en
+Zenda.</p>
+
+<p>&mdash;Quisiera poder ir con Vuestra Majestad&mdash;dijo retorciendo el blanco
+bigote.&mdash;Quisiera hacer algo por el Rey y su corona.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; le dejo a usted algo m&aacute;s precioso que la vida y la corona&mdash;le
+dije;&mdash;y lo hago porque en toda Ruritania no hay hombre que m&aacute;s merezca
+mi confianza.</p>
+
+<p>&mdash;Le devolver&eacute; a Vuestra Majestad la Princesa sana y salva, y si esto no
+es posible la har&eacute; Reina.</p>
+
+<p>Nos separamos, regres&eacute; a palacio y dije a Sarto y Tarlein lo que acababa
+de hacer. Sarto refunfu&ntilde;&oacute; algo, pero lo esperaba, y en definitiva dio su
+aprobaci&oacute;n a mi plan, anim&aacute;ndose a medida que se acercaba la hora de
+realizarlo. Tambi&eacute;n Tarlein se manifest&oacute; dispuesto a todo, aunque por
+estar enamorado arriesgaba m&aacute;s que Sarto. &iexcl;Cu&aacute;nto lo envidiaba yo! Para
+Tarlein el triunfo de mi empresa significaba tambi&eacute;n el de su amor, su
+uni&oacute;n con la joven a quien adoraba, en tanto que para m&iacute;, era aquel
+triunfo se&ntilde;al cierta de sufrimientos m&aacute;s crueles que cuantos pudiera
+proporcionarme el fracaso de mis planes. As&iacute; lo comprendi&oacute; &eacute;l tambi&eacute;n,
+porque tan luego nos vimos algo apartados de Sarto, tom&oacute; mi brazo y me
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Dura prueba es &eacute;sta para usted; mas no por ello disminuir&aacute; un &aacute;pice la
+confianza que me merecen su rectitud y su hidalgu&iacute;a.</p>
+
+<p>Desvi&eacute; el rostro para no dejarle ver todo lo que pasaba en mi &aacute;nimo;
+bastaba que presenciase lo que me propon&iacute;a hacer. Ni aun Tarlein mismo
+hab&iacute;a descubierto toda la verdad, porque no se hab&iacute;a atrevido a elevar
+sus miradas hasta la princesa Flavia y leer en sus ojos, como lo hab&iacute;a
+hecho yo.</p>
+
+<p>Qued&oacute; por fin acordado nuestro plan en todos sus detalles, los mismos
+que se ver&aacute;n m&aacute;s adelante. Se anunci&oacute; que a la ma&ntilde;ana siguiente
+saldr&iacute;amos a una cacer&iacute;a, lo dispuse todo para mi ausencia y s&oacute;lo una
+cosa me quedaba ya por hacer, la m&aacute;s penosa y dif&iacute;cil. Al anochecer
+cruc&eacute; en coche las calles m&aacute;s concurridas y me dirig&iacute; a la residencia de
+Flavia. Fui reconocido y aclamado cordialmente, y a pesar de mis
+temores y tristezas, me sonre&iacute; al notar la frialdad y altivez con que
+me recibi&oacute; mi amada. Hab&iacute;a o&iacute;do ya que el Rey se propon&iacute;a salir de
+Estrelsau para ir de caza.</p>
+
+<p>&mdash;Siento que no podamos divertir a Vuestra Majestad lo suficiente para
+retenerle en la capital&mdash;dijo golpeando ligeramente el suelo con el
+pie.&mdash;Comprendo que yo hubiera podido ofrecer a Vuestra Majestad alguna
+mayor distracci&oacute;n, pero fui bastante inocente para creer...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;pregunt&eacute; inclin&aacute;ndome hacia ella.</p>
+
+<p>&mdash;Que aunque s&oacute;lo fuese por dos o tres d&iacute;as, despu&eacute;s de... de lo
+ocurrido anoche, quiz&aacute;s Vuestra Majestad se sentir&iacute;a suficientemente
+complacido para no necesitar otras distracciones. Espero que los
+jabal&iacute;es consigan interesarlo y distraerlo m&aacute;s que yo&mdash;agreg&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Precisamente voy en busca de un jabal&iacute;&mdash;dije,&mdash;y de los m&aacute;s feroces y
+corpulentos&mdash;y luego, sin poderlo remediar, me puse a acariciar sus
+cabellos, pero ella apart&oacute; la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s irritada conmigo?&mdash;pregunt&eacute; fingiendo sorpresa y deseoso de
+aumentar un tanto su enojo. Nunca la hab&iacute;a visto irritada hasta entonces
+y la hallaba no menos graciosa bajo aquel nuevo aspecto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tengo acaso el derecho de enojarme?&mdash;pregunt&oacute;.&mdash;Cierto es que anoche
+tuviste a bien decir que cada hora pasada lejos de m&iacute; era una hora
+perdida. Pero trat&aacute;ndose de un jabal&iacute; enorme ya es cosa muy diferente.</p>
+
+<p>&mdash;Tan enorme que quiz&aacute;s sea yo cazado por &eacute;l.</p>
+
+<p>Flavia nada dijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No te conmueve mi propio peligro?</p>
+
+<p>Como continuase muda, acerqu&eacute; mi rostro al suyo, que procuraba ocultar a
+mis miradas y vi que ten&iacute;a los ojos llenos de l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lloras porque corro peligro?</p>
+
+<p>&mdash;Te portas ahora como sol&iacute;as ser antes, pero no como el Rey... como el
+Rey que yo hab&iacute;a aprendido a amar.</p>
+
+<p>Lanc&eacute; un gemido y la estrech&eacute; sobre mi coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Amor m&iacute;o!&mdash;exclam&eacute; olvidado de todo para no pensar m&aacute;s que en
+ella;&mdash;&iquest;has podido creer que yo iba a dejarte para ir de caza?</p>
+
+<p>&mdash;Pero entonces, Rodolfo... &iquest;vas acaso?...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, en busca de esa fiera, de Miguel en su guarida.</p>
+
+<p>Flavia estaba densamente p&aacute;lida.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves, pues, querida m&iacute;a, que no soy el amante ingrato que supon&iacute;as.
+Pero no permanecer&eacute; ausente mucho tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me escribir&aacute;s, Rodolfo?</p>
+
+<p>Aunque pareciese debilidad por mi parte, no pod&iacute;a decir cosa, alguna
+que despertase sus sospechas.</p>
+
+<p>&mdash;Te enviar&eacute; mi coraz&oacute;n todos los d&iacute;as&mdash;respond&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no correr&aacute;s peligro?</p>
+
+<p>&mdash;Ninguno que pueda yo evitar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo volver&aacute;s? &iexcl;Oh, qu&eacute; largos me parecer&aacute;n ahora los d&iacute;as!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que cu&aacute;ndo volver&eacute;?&mdash;repet&iacute;.&mdash;No lo s&eacute;, no puedo saberlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pronto, Rodolfo, pronto?</p>
+
+<p>&mdash;S&oacute;lo Dios lo sabe. Pero si no volviese, amada m&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, c&aacute;llate, Rodolfo! &iexcl;C&aacute;llate!&mdash;y pos&oacute; sus labios sobre los m&iacute;os.</p>
+
+<p>&mdash;Si yo no volviese&mdash;murmur&eacute;,&mdash;tendr&iacute;as que ocupar mi puesto, porque
+entonces t&uacute; ser&iacute;as la &uacute;nica representante de nuestra casa. Tu deber
+entonces ser&iacute;a reinar, no llorarme.</p>
+
+<p>Irgui&oacute;se con toda la majestad de una Reina y exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, lo har&iacute;a! &iexcl;Ce&ntilde;ir&iacute;a la corona y representar&iacute;a mi papel! Pero &iexcl;ah!
+mi coraz&oacute;n morir&iacute;a contigo...</p>
+
+<p>Se detuvo, y aproxim&aacute;ndose otra vez a m&iacute; murmur&oacute; dulcemente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vuelve pronto, Rodolfo!</p>
+
+<p>Su voz, su acento, me dominaron.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Juro&mdash;exclame,&mdash;verte una vez m&aacute;s, pero yo mismo, antes de morir!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; mismo? &iquest;Qu&eacute; quieres decir?&mdash;pregunt&oacute; fijando en mi sus asombrados
+ojos.</p>
+
+<p>No me atrev&iacute; a pedirle perd&oacute;n; le hubiera parecido un insulto. No pod&iacute;a
+decirle entonces qui&eacute;n era yo. Flavia lloraba y me limit&eacute; a enjugar sus
+l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es acaso posible&mdash;pregunt&eacute;,&mdash;que hombre alguno no regrese al lado de
+la mujer m&aacute;s hermosa del mundo?&mdash;dije.&mdash;&iexcl;Un centenar de Migueles no
+podr&iacute;an imped&iacute;rmelo!</p>
+
+<p>Se estrech&oacute; a&uacute;n m&aacute;s contra m&iacute;, algo consolada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No permitir&aacute;s que Miguel te mate?</p>
+
+<p>&mdash;No, amor m&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ni que te separe de m&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;No, amor m&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Nadie podr&aacute; separarte de m&iacute;?</p>
+
+<p>Y una vez m&aacute;s contest&eacute;:</p>
+
+<p>&mdash;No, amor m&iacute;o.</p>
+
+<p>Y sin embargo, exist&iacute;a un hombre&mdash;no Miguel,&mdash;que deb&iacute;a de separarme de
+ella y por cuya vida iba yo a arriesgar la m&iacute;a. El recuerdo de aquel
+hombre, la arrogante figura que yo hab&iacute;a contemplado por primera vez en
+el bosque de Zenda, el cuerpo inerte abandonado en el s&oacute;tano del
+pabell&oacute;n de caza, se me aparec&iacute;a entonces como una doble sombra,
+interponi&eacute;ndose, separ&aacute;ndome de Flavia, que yac&iacute;a p&aacute;lida y casi
+desvanecida en mis brazos, pero fijando en m&iacute; una mirada llena de amor,
+como no he visto otra en mi vida; una mirada cuyo recuerdo me persigue
+a&uacute;n y me perseguir&aacute; eternamente, hasta que la tierra cubra mis huesos y
+(&iquest;qui&eacute;n sabe?) quiz&aacute;s aun m&aacute;s all&aacute; de la tumba.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XII" id="XII"></a>XII</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">un anzuelo bien cebado</span></p>
+
+
+<p>A dos leguas de Zenda y por la parte opuesta de aquella donde se alza el
+castillo, queda un extenso bosque. En su centro y sobre la colina, cuyas
+laderas cubre el bosque, est&aacute; construida la hermosa residencia del conde
+Estanislao de Tarlein, pariente lejano de mi amigo el joven Tarlein. El
+Conde visitaba aquella propiedad muy raras veces, la hab&iacute;a puesto a mi
+disposici&oacute;n y a ella nos dirig&iacute;amos. Elegida en apariencia por la
+abundante caza de sus cercan&iacute;as, entre la que no escaseaban los
+jabal&iacute;es, lo hab&iacute;a sido principalmente por su inmediaci&oacute;n a la magn&iacute;fica
+residencia del Duque, situada, como dicho queda, al lado opuesto de la
+poblaci&oacute;n. Por la ma&ntilde;ana salieron de Estrelsau numerosas personas de mi
+servidumbre, con caballos y equipaje, y nosotros los seguimos a
+mediod&iacute;a, yendo buena parte del camino por tren y haciendo despu&eacute;s la
+jornada a caballo hasta la posesi&oacute;n de Tarlein.</p>
+
+<p>Me acompa&ntilde;aban diez bizarros caballeros, adem&aacute;s de Sarto y Tarlein,
+cuidadosamente elegidos todos ellos y ciegamente adictos al Rey. Se les
+dijo parte de la verdad, revel&aacute;ndoles tambi&eacute;n la tentativa contra mi
+vida hecha en el cenador de Antonieta de Maub&aacute;n, para estimular su celo
+y acrecentar el odio que profesaban al Duque. Se les dijo adem&aacute;s que
+&eacute;ste ten&iacute;a preso en el castillo de Zenda a un fiel servidor del Rey,
+cuyo rescate era uno de los objetos de la expedici&oacute;n; pero a&ntilde;adiendo que
+la mira principal del nuevo soberano era tomar ciertas medidas contra su
+d&iacute;scolo hermano, respecto de las cuales nada m&aacute;s pod&iacute;a revel&aacute;rseles por
+entonces. J&oacute;venes, leales y valientes, les bastaba que el Rey
+manifestase sus deseos; lo &uacute;nico que deseaban era mostrarle su buena
+voluntad, y tanto mejor si para ello ten&iacute;an que desenvainar la espada.</p>
+
+<p>As&iacute; qued&oacute; trasladado el teatro de los sucesos desde Estrelsau al palacio
+de Tarlein y al castillo de Zenda, que se alzaba sombr&iacute;o y amenazador al
+otro lado del valle. Por mi parte trat&eacute; de no pensar por el momento en
+Flavia y de dedicarme con toda energ&iacute;a al cumplimiento de mi ardua
+empresa. Era &eacute;sta nada menos que sacar vivo al Rey de su prisi&oacute;n. La
+fuerza era in&uacute;til; hab&iacute;a que idear alguna estratagema y yo ten&iacute;a ya un
+proyecto en embri&oacute;n; pero me ve&iacute;a muy contrariado por la publicidad dada
+a mi salida de la capital. Miguel deb&iacute;a de estar ya perfectamente
+enterado de mi expedici&oacute;n y de su verdadero objeto, pues ni por un
+momento pod&iacute;a enga&ntilde;arle el pretexto de la cacer&iacute;a. Pero hab&iacute;a que
+aceptar ese riesgo, con todo lo que para nosotros significaba, porque
+tanto Sarto como yo reconoc&iacute;amos que la situaci&oacute;n era ya insostenible.
+Una ventaja militaba a mi favor; la de que Miguel el Negro no pod&iacute;a
+creer que yo abrigase favorables designios respecto del Rey. El ve&iacute;a y
+apreciaba la oportunidad que se me ofrec&iacute;a, como la ve&iacute;a yo, como la
+hab&iacute;a visto Sarto. Miguel, por su parte, amaba a la Princesa y no dudo
+que hubiera matado al Rey, a mi otro rival, sin el menor escr&uacute;pulo; pero
+no sin quitar antes de en medio a Rodolfo Ras&eacute;ndil.</p>
+
+<p>En todo esto iba pensando yo por el camino, y no hab&iacute;a permanecido m&aacute;s
+de una hora en la casa cuando se present&oacute; una imponente embajada enviada
+por el Duque. No tuvo el cinismo de mandarme a los tres que antes
+intentaron asesinarme, pero s&iacute; diput&oacute; la otra mitad del sexteto,
+Laugr&aacute;n, Crastein y Ruperto Henzar, los ruritanos. Tres arrogantes
+mocetones, soberbiamente montados y equipados, el &uacute;ltimo de los cuales,
+Henzar, que no contar&iacute;a m&aacute;s de veintid&oacute;s o veintitr&eacute;s a&ntilde;os, me dirigi&oacute;
+un bien pensado discurso, manifest&aacute;ndome que mi cari&ntilde;oso hermano se ve&iacute;a
+privado del placer de ofrecerme sus respetos en persona y aun de poner
+su residencia a mi disposici&oacute;n, porque as&iacute; &eacute;l como varios de sus
+servidores estaban atacados de escarlatina. As&iacute; lo asegur&oacute;, con
+sard&oacute;nica sonrisa, Henzar, su embajador, apuesto mozo, tan brib&oacute;n como
+bien parecido, de quien se dec&iacute;a que andaban enamoradas muchas y muy
+principales damas.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, que mi hermano Miguel con escarlatina debe de estar m&aacute;s
+parecido a m&iacute; que de ordinario, a lo menos por el color&mdash;dije.&mdash;&iquest;Sufre
+mucho?</p>
+
+<p>&mdash;No tanto que no pueda atender a sus asuntos, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;Espero que no se contar&aacute;n entre los otros enfermos mis tres buenos
+amigos De Gautet, Berson&iacute;n y Dechard&mdash;continu&eacute;.&mdash;Del &uacute;ltimo he o&iacute;do
+decir que est&aacute; herido.</p>
+
+<p>Laugr&aacute;n y Crastein hicieron una fe&iacute;sima mueca, pero el joven Henzar se
+sonri&oacute; al decir:</p>
+
+<p>&mdash;Dechard espera hallar muy pronto b&aacute;lsamo eficaz para su herida.</p>
+
+<p>Por mi parte me ech&eacute; a re&iacute;r, porque sab&iacute;a que para mi malparado enemigo
+no hab&iacute;a m&aacute;s que un remedio: venganza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se sentar&aacute;n ustedes a mi mesa, se&ntilde;ores?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>El joven Ruperto declin&oacute; respetuosamente la invitaci&oacute;n, alegando que
+importantes deberes los llamaban al castillo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces&mdash;dije con un adem&aacute;n de despedida,&mdash;&iexcl;hasta nuestra
+pr&oacute;xima entrevista, que espero nos permitir&aacute; conocernos mejor!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y para ello, ojal&aacute; que Vuestra Majestad nos proporcione pronta
+oportunidad!&mdash;agreg&oacute; Ruperto altaneramente; y al pasar junto a Sarto
+mir&oacute; a &eacute;ste con tal expresi&oacute;n de desprecio y burla que el veterano
+apret&oacute; los pu&ntilde;os y sus ojos brillaron amenazadores.</p>
+
+<p>Cuanto a m&iacute;, me agradaba aquel brib&oacute;n franco y alegre y lo prefer&iacute;a con
+mucho a sus dos compa&ntilde;eros de sombr&iacute;o rostro y siniestra mirada. M&aacute;s
+vale ser un brib&oacute;n con gracia que sin ella.</p>
+
+<p>Aquella primera noche, en vez de saborear la excelente comida que me
+hab&iacute;an preparado mis cocineros, dej&eacute; que los caballeros de mi s&eacute;quito la
+despachasen a su gusto, bajo la presidencia de Sarto, mientras yo
+cabalgaba en compa&ntilde;&iacute;a de Tarlein hacia la villa de Zenda y m&aacute;s
+particularmente hacia cierta posada que all&iacute; conoc&iacute;a. La excursi&oacute;n
+ofrec&iacute;a poco peligro; la noche era clara, el camino hasta Zenda, muy
+concurrido y lo &uacute;nico que hice fue envolverme en una amplia capa. Un
+lacayo nos segu&iacute;a a distancia.</p>
+
+<p>&mdash;Tarlein&mdash;dije al llegar a la poblaci&oacute;n;&mdash;en la posada adonde nos
+dirigimos hay una muchacha muy linda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo lo sabe usted?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Porque he estado en ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Desde?...</p>
+
+<p>&mdash;No, antes.</p>
+
+<p>&mdash;Pero le reconocer&aacute;n a usted.</p>
+
+<p>&mdash;Probablemente. Y por lo mismo, he aqu&iacute; lo que vamos a hacer. Somos dos
+caballeros del s&eacute;quito del Rey, uno de los cuales tiene dolor de muelas.
+El otro dispondr&aacute; que nos sirvan de comer en habitaci&oacute;n separada, con
+una botella de buen vino para alivio del paciente. Y si es usted tan
+avisado como lo creo, la linda muchacha de que le he hablado, y nadie
+m&aacute;s, ser&aacute; quien nos sirva a la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si ella se niega a servirnos?</p>
+
+<p>&mdash;Querido Tarlein, si se niega a hacerlo por usted, lo har&aacute; por m&iacute;.</p>
+
+<p>Llegamos a la posada, bien embozado yo; vi a la madre de la muchacha y
+poco despu&eacute;s a &eacute;sta, se dio orden de servirnos la comida, me instal&eacute; en
+una pieza reservada para nosotros, y no tard&oacute; en reun&iacute;rseme Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;La chica ser&aacute; quien nos sirva&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;Y de lo contrario&mdash;a&ntilde;ad&iacute;,&mdash;hubiera yo dudado mucho del buen gusto de
+la condesa Elga.</p>
+
+<p>Entr&oacute; la buena moza, le di tiempo de poner la botella sobre la mesa para
+evitar que con la sorpresa la hiciera pedazos, y Tarlein llen&oacute; un vaso,
+que me ofreci&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sufre mucho este caballero?&mdash;pregunt&oacute; la joven.</p>
+
+<p>&mdash;Ni m&aacute;s ni menos que la primera vez que te vio&mdash;dije desembaraz&aacute;ndome.</p>
+
+<p>Dio ella un ligero grito y exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Con que era el Rey! As&iacute; se lo dije a mi madre apenas vi el retrato de
+Su Majestad. &iexcl;Oh, se&ntilde;or, perd&oacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;No recuerdo tener nada que perdonarte&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, se&ntilde;or, todas aquellas cosas que dijimos...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, te las perdono de todo coraz&oacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;Voy a decirle a mi madre...</p>
+
+<p>&mdash;Ni una palabra&mdash;le orden&eacute;.&mdash;V&eacute; a traer la comida y nada digas a nadie
+sobre la presencia del Rey en esta casa.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a los pocos momentos llena de curiosidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y Juan?&mdash;le pregunt&eacute;, empezando a comer.&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal est&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Apenas le vemos ahora, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Yo le dije que ven&iacute;a por aqu&iacute; muy a menudo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es decir que est&aacute; enfadado y se oculta?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero t&uacute; puedes hacerlo volver por aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Es muy probable...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, s&iacute;! Yo s&eacute; lo mucho que t&uacute; vales y puedes&mdash;le dije, haci&eacute;ndola
+ruborizarse de placer.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, se&ntilde;or, no s&oacute;lo es eso lo que lo aleja de Zenda. En el castillo
+tienen ahora mucho que hacer.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si el Duque no est&aacute; de caza...</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or; pero Juan tiene a su cargo el servicio interior.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Juan convertido en doncella de servicio?</p>
+
+<p>La muchacha se desviv&iacute;a por chismear un poco.</p>
+
+<p>&mdash;Es que no hay all&iacute; nadie m&aacute;s que pueda hacerlo&mdash;explic&oacute;.&mdash;Ni una sola
+mujer. Es decir, como criada, porque no falta quien diga que... Pero es
+falso, sin duda.</p>
+
+<p>&mdash;No importa, sepamos lo que dicen.</p>
+
+<p>&mdash;Pues corre el rumor de que en el castillo habita una se&ntilde;ora. Lo cierto
+es que Juan tiene que servir a los caballeros que all&iacute; residen ahora.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre Juan! No dejar&aacute; de hallarse muy ocupado. Sin embargo, estoy
+seguro de que nunca le faltar&aacute; media hora para venir a verte. &iquest;T&uacute; lo
+quieres?</p>
+
+<p>&mdash;No mucho, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero quieres servir al Rey?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces, m&aacute;ndale a decir que le esperas junto a la gran piedra
+que hay en el camino de Zenda al castillo, a la salida del pueblo,
+ma&ntilde;ana a las diez de la noche.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Piensa usted hacerle alg&uacute;n da&ntilde;o, se&ntilde;or?</p>
+
+<p>&mdash;Ninguno, si hace lo que yo le ordene. Pero creo haberte dicho lo
+bastante, linda muchacha. Cuida de obedecerme puntualmente y recuerda
+que nadie ha de saber que el Rey ha estado aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Habl&eacute; con alguna severidad, porque nunca est&aacute; de m&aacute;s infundir cierto
+grado de temor a las mujeres que nos quieren; y al propio tiempo,
+suavic&eacute; la severidad de mis palabras, haci&eacute;ndole un valioso presente.
+Comimos, volv&iacute; a embozarme y precedido de Tarlein me dirig&iacute; adonde nos
+esperaban los caballos.</p>
+
+<p>No eran m&aacute;s de las ocho y media de la noche, hab&iacute;a mucha gente en las
+calles para una poblaci&oacute;n tan peque&ntilde;a y era f&aacute;cil ver que los buenos
+vecinos de Zenda comentaban noticias al parecer muy interesantes. Y no
+era extra&ntilde;o, porque con el Duque por un lado y el Rey por otro, Zenda
+les parec&iacute;a indudablemente el centro de toda Ruritania. Recorrimos las
+calles al paso de nuestros caballos, pero les pusimos al galope tan
+luego salimos al campo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere usted atrapar a ese Juan de que habla?&mdash;pregunt&oacute; Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, y convendr&aacute; usted conmigo en que he cebado bien el anzuelo.
+Nuestra bonita Dalila de la posada, atraer&aacute; al Sans&oacute;n del castillo. La
+precauci&oacute;n del duque Miguel, de no tener mujeres en el castillo no
+basta, amigo Tarlein. Para lograr completa seguridad, se necesita que no
+haya faldas en cincuenta leguas a la redonda.</p>
+
+<p>&mdash;Conque las haya en Estrelsau me basta&mdash;dijo el enamorado Tarlein dando
+un suspiro.</p>
+
+<p>Subimos por la avenida que conduc&iacute;a a la villa Tarlein y apenas pudo
+oirse desde &eacute;sta el paso de los caballos, sali&oacute; Sarto apresuradamente a
+recibirnos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gracias a Dios que vuelve usted sano y salvo!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;&iquest;No ha
+asomado ninguno de ellos por el camino?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qui&eacute;nes habla usted, coronel?&mdash;pregunt&eacute;, echando pie a tierra.</p>
+
+<p>Nos llev&oacute; a un lado, para que no lo oyesen los lacayos.</p>
+
+<p>&mdash;Joven&mdash;dijo,&mdash;basta ya de cabalgar solo o poco menos, por estos
+alrededores. No puede usted volver a hacerlo, sin que le acompa&ntilde;emos
+media docena de nosotros. &iquest;Sabe usted lo que le ha pasado a Berstein?</p>
+
+<p>El caballero de este nombre, uno de los de mi s&eacute;quito, era un arrogante
+mozo, casi tan alto como yo, y de caballo muy parecido al m&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;Pues est&aacute; arriba en su cuarto y en cama, con una bala en el brazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; me dice usted!</p>
+
+<p>&mdash;Lo que oye. Despu&eacute;s de comer se le ocurri&oacute; ir a dar un paseo por el
+bosque, y a lo mejor divis&oacute; entre los &aacute;rboles a tres hombres, uno de los
+cuales le apunt&oacute; con un fusil. Como estaba desarmado, ech&oacute; a correr en
+direcci&oacute;n a esta casa, pero son&oacute; un disparo, le atravesaron un brazo y
+cuando lleg&oacute; aqu&iacute; estaba a punto de caer desvanecido.</p>
+
+<p>Hizo Sarto una pausa y continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Esa bala, joven, le estaba destinada a usted.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy probable&mdash;dije.&mdash;Primera sangre a favor de Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;Quisiera saber cu&aacute;l de los dos tr&iacute;os es el autor de esa haza&ntilde;a&mdash;dijo
+Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;Sarto&mdash;dije a mi vez,&mdash;mi salida de esta noche ten&iacute;a objeto
+importante, como lo ver&aacute; usted m&aacute;s adelante. Pero por lo pronto puedo
+asegurar una cosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y es?</p>
+
+<p>&mdash;Que creer&iacute;a corresponder muy mal a los grandes honores de que me ha
+colmado Ruritania, si saliese del pa&iacute;s dejando con vida a uno siquiera
+de los Seis. Y con la ayuda de Dios me propongo limpiar de ellos al
+pa&iacute;s.</p>
+
+<p>Sarto, al oirme, tom&oacute; y estrech&oacute; mi mano.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">nueva escala de jacob</span></p>
+
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente di algunas &oacute;rdenes y me sent&iacute; m&aacute;s satisfecho que
+nunca. Hab&iacute;a puesto manos a la obra, al trabajo, y &eacute;ste, ya que no cura
+el amor, es por lo menos como un narc&oacute;tico que nos permite olvidarlo
+temporalmente. Sarto, que andaba agitado y nervioso, se sorprendi&oacute; mucho
+al verme aquella ma&ntilde;ana, arrellanado en c&oacute;modo sill&oacute;n de brazos,
+escuchando la canci&oacute;n amorosa que con muy buena voz entonaba uno de los
+caballeros de mi s&eacute;quito. Tal era mi ocupaci&oacute;n cuando el m&aacute;s joven de
+los Seis, Ruperto Henzar, que no tem&iacute;a a Dios ni al diablo, se adelant&oacute;
+de repente a caballo, con tanta calma como si detr&aacute;s de cada &aacute;rbol no
+pudiese tener yo apostado un buen, tirador, y ni m&aacute;s ni menos que si
+cabalgase en el parque de Estrelsau.</p>
+
+<p>Se acerc&oacute; a m&iacute;, salud&aacute;ndome con c&oacute;mica reverencia, y solicit&oacute; hablarme a
+solas para comunicarme un mensaje del duque Miguel. Hice que se
+retirasen todos y Henzar, sent&aacute;ndose a mi lado, comenz&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El Rey est&aacute; enamorado a lo que parece?</p>
+
+<p>&mdash;No de la vida, se&ntilde;or m&iacute;o&mdash;contest&eacute; sonri&eacute;ndome.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s vale as&iacute;. Pero estamos solos. Usted, Ras&eacute;ndil...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso? &iquest;C&oacute;mo se entiende?&mdash;le dije en tono seco y arrogante,
+haciendo adem&aacute;n de levantarme.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ocurre?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, sino que iba a llamar para que le trajeran a usted su
+caballo. Si ignora usted c&oacute;mo dirigirse al Rey, es indispensable que mi
+hermano elija otro embajador.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute; continuar esta farsa?&mdash;pregunt&oacute; con suma indiferencia,
+sacudiendo con su latiguillo el polvo que cubr&iacute;a sus altas botas.</p>
+
+<p>&mdash;Porque la farsa no ha terminado todav&iacute;a&mdash;repliqu&eacute;;&mdash;y mientras dure me
+reservo el derecho de usar el nombre que mejor me cuadre.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente. Lo &uacute;nico que me propon&iacute;a hacer era hablarle con entera
+franqueza. Porque no le quiero a usted mal, es usted todo un hombre.</p>
+
+<p>&mdash;Por tal me tengo, modestia aparte. Soy honrado con los hombres y honro
+y respeto a las mujeres, se&ntilde;or m&iacute;o.</p>
+
+<p>Me dirigi&oacute; una mirada iracunda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vive su madre de usted?&mdash;prosegu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No, ha muerto.</p>
+
+<p>&mdash;Tanto mejor para ella&mdash;dije, goz&aacute;ndome al oir la maldici&oacute;n que me
+lanz&oacute; entre dientes.&mdash;Y ahora, oigamos ese mensaje.</p>
+
+<p>Le hab&iacute;a herido en lo vivo, porque todo el mundo sab&iacute;a que Henzar hab&iacute;a
+instalado a una querida en su propia casa, y destrozado el coraz&oacute;n de su
+madre, muerta de pesar. Toda su arrogancia desapareci&oacute; por el momento.</p>
+
+<p>&mdash;El Duque le ofrece a usted m&aacute;s de lo que yo le ofrecer&iacute;a&mdash;murmur&oacute;.&mdash;Mi
+opini&oacute;n era que le mandase a usted la cuerda con que merece ser
+ahorcado, pero &eacute;l se empe&ntilde;&oacute; en darle un salvo-conducto hasta la frontera
+y quinientos mil pesos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entre las dos ofertas prefiero la de usted, se&ntilde;or m&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es decir que rehusa usted la del Duque?</p>
+
+<p>&mdash;Desde luego.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; se lo dije a Su Alteza.</p>
+
+<p>Y el brib&oacute;n que hab&iacute;a recobrado todo su aplomo, me dirigi&oacute; la m&aacute;s alegre
+de sus sonrisas.</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es, ac&aacute; entre nosotros, que Miguel no sabe ni puede
+comprender lo que es un caballero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y usted?&mdash;dije ri&eacute;ndome en sus barbas.</p>
+
+<p>&mdash;Yo s&iacute;. Corriente: pues le daremos a usted la cuerda.</p>
+
+<p>&mdash;Lo malo es que no vivir&aacute; usted para verme ahorcado con ella&mdash;observ&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me hace Vuestra Majestad el honor de buscarme querella?</p>
+
+<p>&mdash;Para eso ser&iacute;a preciso que tuviera usted siquiera algunos a&ntilde;os m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Maldito lo que eso importa. Joven o no, me basto y me sobro para el
+caso&mdash;dijo con burlona risa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo est&aacute; su prisionero?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El Rey?</p>
+
+<p>&mdash;Su prisionero, digo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, s&iacute;! Hab&iacute;a olvidado los deseos de Vuestra Majestad. Pues el preso
+vive todav&iacute;a.</p>
+
+<p>Dej&oacute; su asiento, le imit&eacute; y sonri&eacute;ndose dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; tal la bella Princesa? Apuesto a que el pr&oacute;ximo Elsberg ser&aacute;
+rojo, por m&aacute;s que Miguel el Negro le haga las veces de padre...</p>
+
+<p>Di un salto hacia &eacute;l cerrando los pu&ntilde;os. No retrocedi&oacute; una sola l&iacute;nea y
+sigui&oacute; mir&aacute;ndome con expresi&oacute;n y sonrisa insolentes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vete, antes de que te haga pedazos!&mdash;murmur&eacute;.</p>
+
+<p>Me hab&iacute;a pagado con creces la alusi&oacute;n a la muerte de su madre.</p>
+
+<p>Lo que hizo despu&eacute;s fue buena muestra de su incre&iacute;ble audacia. Mis
+amigos se hallaban a cincuenta pasos de distancia. Heznar orden&oacute; a un
+lacayo que le trajese su caballo y despidi&oacute; al criado d&aacute;ndole una moneda
+de oro. Yo permanec&iacute;a inm&oacute;vil, sin sospechar cosa alguna. Fingi&oacute; que iba
+a montar, pero volvi&eacute;ndose de repente hacia m&iacute;, con la mano izquierda en
+el cinto y tendi&eacute;ndome la diestra, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; est&aacute; mi mano.</p>
+
+<p>Me limit&eacute; a inclinarme e hice lo que &eacute;l hab&iacute;a previsto: cruc&eacute; ambas
+manos a la espalda. R&aacute;pida como el rayo brill&oacute; en alto su daga y se
+clav&oacute; en mi hombro: de no haberme apartado bruscamente me hubiera
+atravesado el coraz&oacute;n. Retroced&iacute; lanzando un grito, salt&oacute; &eacute;l en la silla
+sin tocar el estribo y sali&oacute; disparado como una flecha, perseguido por
+gritos y tiros de rev&oacute;lver, tan in&uacute;tiles &eacute;stos como aqu&eacute;llos. Me dej&eacute;
+caer en mi sill&oacute;n, mirando c&oacute;mo el malvado desaparec&iacute;a al extremo de la
+avenida. Despu&eacute;s me rodearon mis amigos y perd&iacute; el conocimiento.</p>
+
+<p>Supongo que me llevaron al lecho, donde pas&eacute; muchas horas de las que
+nunca conserv&eacute; el menor recuerdo. Era de noche cuando recobr&eacute; el
+conocimiento y vi a Tarlein a mi lado. Me sent&iacute;a d&eacute;bil y fatigado, pero
+Tarlein se apresur&oacute; a darme la buena noticia de que mi herida curar&iacute;a
+pronto y que entretanto todo iba bien, pues Juan el guardabosque hab&iacute;a
+ca&iacute;do en el lazo que le tendimos y se hallaba en nuestro poder.</p>
+
+<p>&mdash;Y lo m&aacute;s raro es&mdash;continu&oacute; Tarlein,&mdash;que no parece muy contrariado de
+verse aqu&iacute;. Sin duda se dice que le tiene m&aacute;s cuenta no figurar como
+testigo del crimen que Miguel prepara con el auxilio de sus Seis
+matachines.</p>
+
+<p>Aquella idea me hizo concebir muy buenas esperanzas en la cooperaci&oacute;n de
+nuestro prisionero. Dispuse que me lo trajeran en seguida, y pronto
+lleg&oacute; acompa&ntilde;ado de Sarto, que le hizo tomar asiento junto a mi lecho.
+Estaba atemorizado, pero tambi&eacute;n nosotros abrig&aacute;bamos nuestros recelos
+despu&eacute;s de la tentativa de Ruperto Henzar, y Sarto cuid&oacute; de tenerlo muy
+al alcance de su rev&oacute;lver mientras dur&oacute; la entrevista. Al entrar ten&iacute;a
+atadas las manos, pero inmediatamente hice que lo desataran.</p>
+
+<p>No detallar&eacute; todas las garant&iacute;as y recompensas que le ofrecimos y que en
+su d&iacute;a fueron cumplidas religiosamente, de suerte que hoy vive con
+holgura, aunque no dir&eacute; d&oacute;nde. Era m&aacute;s d&eacute;bil que perverso y muy pronto
+nos convencimos de que hasta entonces hab&iacute;a obrado por temor al Duque y
+a su hermano M&aacute;ximo m&aacute;s que por adhesi&oacute;n a la causa de aqu&eacute;l. Pero todos
+estaban convencidos de su lealtad; y aunque ignoraba los planes secretos
+de su amo, su conocimiento de la disposici&oacute;n interior del castillo, y
+de las medidas tomadas en &eacute;l, lo hac&iacute;an un auxiliar precioso. He aqu&iacute; en
+breve los informes que nos proporcion&oacute;:</p>
+
+<p>Debajo del piso del castillo hab&iacute;a dos peque&ntilde;as celdas labradas en la
+roca viva, a las cuales se bajaba por medio de una escalera de piedra
+que comenzaba a un extremo del puente levadizo. Una de dichas celdas
+carec&iacute;a de ventanas y hab&iacute;a que tener siempre en ella velas encendidas.
+La segunda ten&iacute;a una ventana cuadrada que daba al foso. En esta celda
+velaban siempre de d&iacute;a y de noche, tres de los Seis, con orden de
+defender la puerta que daba a la otra celda, en caso de ataque, mientras
+les fuera posible; pero dado que los asaltantes parecieran pr&oacute;ximos a
+triunfar, Henzar y Dechard, uno de los cuales se hallaba siempre all&iacute;,
+ten&iacute;an orden expresa del Duque de separarse de sus compa&ntilde;eros, entrar en
+la celda inmediata y matar al Rey. All&iacute; estaba preso &eacute;ste, bien tratado
+hasta entonces, pero sin armas y atados los brazos con delgadas cadenas
+de acero que apenas le permit&iacute;an moverlos. Es decir que antes de
+franquear nosotros la segunda puerta habr&iacute;a muerto el Rey. &iquest;Y su cuerpo?
+&iquest;No ser&iacute;a &eacute;ste la prueba m&aacute;s clara y comprometedora del crimen de
+Miguel?</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;or&mdash;dijo Juan.&mdash;Su Alteza ha pensado en eso, y el asesino del
+Rey no tiene m&aacute;s que abrir la reja de hierro que encierra la ventana de
+la celda, reja cuyo marco gira sobre sus goznes. El hueco de la ventana
+est&aacute; hoy obstruido por un enorme tubo, capaz de dar paso al cuerpo de un
+hombre, y cuyo extremo opuesto llega precisamente hasta la superficie
+del agua que llena el foso. Muerto el Rey, su matador arrastra el cuerpo
+hasta la ventana, le ata un peso de plomo que all&iacute; tienen preparado y
+desliza el cad&aacute;ver por el tubo hasta el agua del foso, que mide all&iacute;
+veinte pies de profundidad. Hecho esto, da un grito que sirve de se&ntilde;al a
+los otros, se arroja a su vez por el tubo, le siguen los dem&aacute;s si
+pueden, y mientras el cuerpo del Rey va derecho al fondo del foso, los
+asesinos nadan hacia la orilla opuesta, donde varios hombres tienen
+orden de esperarlos con cuerdas para sacarlos del agua y caballos para
+huir, si no queda otro recurso. En este caso Miguel huir&iacute;a tambi&eacute;n con
+ellos. Pero si les quedase alguna esperanza de triunfar, volver&iacute;an al
+castillo y coger&iacute;an a sus enemigos en las dos piezas subterr&aacute;neas, como
+en una trampa. Este es el plan de Su Alteza, pero s&oacute;lo se propone
+emplearlo en &uacute;ltimo extremo, porque su intento es no matar al Rey hasta
+haberlo matado a usted, o hasta tener la seguridad de que podr&aacute;
+despacharlo poco despu&eacute;s de muerto el Rey. Y ahora, se&ntilde;or, le ruego que
+me proteja, porque si el duque Miguel llega a saber lo que he hecho, no
+habr&aacute; tormento bastante cruel para m&iacute;.</p>
+
+<p>Por el relato de Juan, que completamos con nuestras preguntas, supimos
+tambi&eacute;n que en caso de ataque al castillo por una fuerza numerosa, como
+la que yo el Rey pod&iacute;a reunir, sus defensores renunciar&iacute;an a toda
+resistencia, limit&aacute;ndose a matar al Rey y arrojar su cad&aacute;ver al fondo
+del foso. Pero en lugar de huir los asesinos, uno de ellos deb&iacute;a ocupar
+el lugar del Rey en el calabozo y pedir a los asaltantes favor y
+justicia a grandes gritos; llamado entonces Miguel, declarar&iacute;a que el
+preso hab&iacute;a ofendido a la se&ntilde;ora Maub&aacute;n y por eso sufr&iacute;a aquel castigo;
+y que &eacute;l, el Duque, se alegraba de tener aquella oportunidad para
+aclarar lo ocurrido en la fortaleza y contradecir y disipar ciertos
+rumores que hab&iacute;an circulado acerca de la presencia de un misterioso
+prisionero en el castillo de Zenda. Burlados entonces los invasores, se
+retirar&iacute;an, permitiendo al Duque disponer con toda calma del cuerpo del
+Rey.</p>
+
+<p>Sarto, Tarlein y yo en mi lecho o&iacute;amos con horror aquellos detalles de
+la maldad del Duque y de la audacia de su plan. Fuese yo al castillo
+ocult&aacute;ndome o en pleno d&iacute;a, solo o al frente de mis tropas, el Rey
+estaba condenado a morir antes de que yo pudiera acerc&aacute;rmele. Si Miguel
+me venc&iacute;a todo acababa all&iacute;, pero de ser yo vencedor no tendr&iacute;a medios
+de castigarlo, ni de mostrar su culpa sin descubrir tambi&eacute;n la m&iacute;a. Pero
+por lo pronto ser&iacute;a yo Rey, &iexcl;Rey! pensamiento que hac&iacute;a latir mi coraz&oacute;n
+apresuradamente; y el porvenir se encargar&iacute;a de decidir en la lucha
+entre &eacute;l y yo. Hasta entonces me hab&iacute;a inclinado a creer que el Duque
+gustaba de dejar a sus amigos los peligros de la empresa; pero desde
+aquel momento comprend&iacute; que se reservaba la direcci&oacute;n de la misma y que
+no le faltaban ni audacia ni astucia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Conoce el Rey esos detalles?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Mi hermano y yo&mdash;contest&oacute; Juan,&mdash;colocamos el tubo, dirigidos por el
+se&ntilde;or de Henzar, pues estaba de guardia aquel d&iacute;a. El Rey pregunt&oacute; lo
+que aquello significaba y el se&ntilde;or de Henzar le contest&oacute; ri&eacute;ndose que
+era una nueva &laquo;Escala de Jacob,&raquo; por la cual, como dice la Biblia, pasan
+los hombres de la tierra al Cielo; y que si llegase el caso de hacer el
+viaje, aquel camino ser&iacute;a m&aacute;s propio de un Rey, que pasar&iacute;a por &eacute;l con
+toda comodidad, sin verse expuesto a las miradas de los curiosos.
+Despu&eacute;s solt&oacute; otra carcajada y pidi&oacute; al Rey permiso, para volver a
+llenar su vaso, porque Su Majestad estaba comiendo. Valiente como es el
+Rey y como lo son todos los Elsberg, palideci&oacute; al mirar el siniestro
+tubo y oir al villano que as&iacute; se mofaba de &eacute;l.&mdash;&iexcl;Ah, se&ntilde;ores!&mdash;acab&oacute;
+diciendo Juan,&mdash;en el castillo de Zenda le cortan la cabeza a un hombre
+con tanta frescura como juegan una partida de cartas; y precisamente ese
+Henzar es el m&aacute;s cruel de todos... y el m&aacute;s temible tambi&eacute;n cuando hay
+mujeres cerca.</p>
+
+<p>Ces&oacute; de hablar el guardabosque y dispuse que Tarlein diese orden de
+vigilarlo cuidadosamente. Pero antes de que se lo llevaran le dije:</p>
+
+<p>&mdash;Si alguien te pregunta si hay un prisionero en Zenda, puedes contestar
+que s&iacute;, pero si te preguntan qui&eacute;n es c&aacute;llate. Todas mis promesas no
+podr&iacute;an salvarte la vida si alguien llegase a saber que el Rey est&aacute; en
+el castillo. &iexcl;Yo mismo te matar&iacute;a como un perro si la verdad se
+sospechase siquiera en esta casa!</p>
+
+<p>Cuando hubo salido mir&eacute; a Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dif&iacute;cil empresa, amigo!&mdash;le dije.</p>
+
+<p>&mdash;Tanto&mdash;respondi&oacute; moviendo pensativamente la encanecida cabeza,&mdash;que
+seg&uacute;n toda probabilidad dentro de un a&ntilde;o seguir&aacute; usted siendo Rey de
+Ruritania. Y dicho esto desahog&oacute; su c&oacute;lera lanzando una sarta de
+maldiciones contra Miguel el Negro.</p>
+
+<p>&mdash;Mi opini&oacute;n es&mdash;dije reclin&aacute;ndome en las almohadas,&mdash;que s&oacute;lo tenemos
+dos medios de sacar al Rey vivo de Zenda. El uno es lograr que los
+amigos del Duque le hagan traici&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Prescinda usted de ese medio&mdash;dijo Sarto.&mdash;Veamos el otro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues el otro&mdash;dije,&mdash;es ni m&aacute;s ni menos que un milagro del Cielo!</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">rondando el castillo</span></p>
+
+
+<p>Grande hubiera sido la sorpresa del buen pueblo ruritano si hubiera
+podido oir la conversaci&oacute;n que acabo de transcribir, porque seg&uacute;n las
+noticias oficiales yo me hab&iacute;a herido con un venablo durante una
+cacer&iacute;a. Por orden m&iacute;a el primer bolet&iacute;n oficial hizo constar que la
+herida era algo grave, lo cual ocasion&oacute; viva sensaci&oacute;n en Estrelsau y
+produjo el triple resultado siguiente, que yo estaba lejos de esperar:
+primero, ofend&iacute; gravemente a los m&eacute;dicos de la Corte, prohibi&eacute;ndoles que
+vinieran a mi lado a excepci&oacute;n de un joven cirujano amigo de Tarlein, en
+quien pod&iacute;amos confiar; segundo, el general Estrakenz mand&oacute; a decirme
+que, a pesar de sus &oacute;rdenes y las m&iacute;as, la Princesa se dispon&iacute;a a salir
+para Tarlein, escoltada por &eacute;l (noticia que a pesar de lo alarmante que
+era me llen&oacute; de alegr&iacute;a y orgullo); y tercero, que mi buen hermano el
+Duque, perfectamente enterado de la procedencia de mi herida, crey&oacute; que
+mi estado era grave y aun que se hallaba en peligro mi vida.</p>
+
+<p>Esto &uacute;ltimo lo supe por Juan, en quien tuve que confiar, mand&aacute;ndole
+volver a Zenda, donde Ruperto Henzar le hizo dar de latigazos por el
+crimen de haber pasado toda una noche fuera del castillo, engatusado por
+alguna mozuela del pueblo. Aquel castigo aument&oacute; el odio de Juan hacia
+Henzar y el Duque, y me respondi&oacute; de su auxilio y lealtad m&aacute;s que cuanto
+hubieran podido hacerlo todas mis ofertas y promesas.</p>
+
+<p>Poco dir&eacute; de la llegada de Flavia. Es aqu&eacute;l un recuerdo que no puedo
+renovar sin dolor. Nunca olvidar&eacute; su alegr&iacute;a al verme casi restablecido
+y no moribundo como tem&iacute;a; y sus quejas y reproches por no haber
+confiado en ella y d&iacute;chole la verdad, justifican en parte los medios de
+que me val&iacute; para aplacarla. Su presencia fue para m&iacute; en aquellas
+circunstancias lo que la vista del cielo para el condenado r&eacute;probo, y
+tanto m&aacute;s dulce porque yo sab&iacute;a la suerte casi inevitable que me hubiera
+impedido volver a verla sin aquella su &uacute;ltima visita. Dos d&iacute;as pas&eacute; con
+ella en completa inacci&oacute;n, al cabo de los cuales el duque de Estrelsau
+tuvo a bien anunciar que me hab&iacute;a preparado una partida de caza.</p>
+
+<p>Se acercaba el momento decisivo. Sarto y yo hab&iacute;amos acordado, tras
+ansiosas conferencias, arriesgar el golpe; afirm&aacute;ndonos en esta
+resoluci&oacute;n las malas noticias que Juan nos daba sobre la salud del Rey,
+que palidec&iacute;a y se debilitaba con aquel prolongado encierro. En mi
+opini&oacute;n, Rey o no, la muerte instant&aacute;nea recibida de un balazo o una
+estocada, era preferible mil veces a la lenta agon&iacute;a que esperaba al
+joven Soberano en su calabozo. Desde este punto de vista, importaba
+obrar prontamente a favor del Rey; pero no menos interesado estaba yo en
+ello por cuenta propia. Estrakenz insist&iacute;a en la necesidad de mi
+inmediato matrimonio, al cual me impulsaban tambi&eacute;n mis deseos, hasta el
+punto de hacerme vacilar en la senda del deber. No me cre&iacute;a capaz de
+faltar a &eacute;ste, pero s&iacute; pod&iacute;a ocurr&iacute;rseme huir, abandonar el pa&iacute;s, lo
+cual hubiera significado la ruina de los Elsberg. Es m&aacute;s: como no soy
+santo (d&iacute;galo mi cu&ntilde;adita), podr&iacute;a llegar un momento de ofuscaci&oacute;n que
+me hiciera cometer una falta irreparable.</p>
+
+<p>Jam&aacute;s hab&iacute;a ocurrido caso semejante en la historia de ning&uacute;n pueblo. El
+hermano del Rey y el que personificaba a &eacute;ste en el trono, empe&ntilde;ados en
+una guerra a muerte, disput&aacute;ndose la persona del verdadero Rey, sin que
+el pa&iacute;s se diera cuenta de ello, en medio de la m&aacute;s profunda paz y a las
+puertas de una poblaci&oacute;n tranquila y confiada. Y, sin embargo, tal era
+en aquellos momentos la situaci&oacute;n entre el castillo de Zenda y la morada
+de los Tarlein. Cuando recuerdo ahora aquella &eacute;poca me pregunto si
+estuve loco. Sarto me ha dicho despu&eacute;s que por entonces yo no admit&iacute;a
+intervenci&oacute;n alguna ni aceptaba consejos de nadie; que me conduje como
+Rey absoluto de Ruritania. Por ninguna parte ve&iacute;a soluci&oacute;n que pudiera
+hacerme atractiva la vida, y por lo mismo la arriesgue de la manera m&aacute;s
+temeraria. Al principio trataron de protegerme, quisieron evitar que me
+expusiese al peligro; pero, cuando comprendieron que mi resoluci&oacute;n era
+inquebrantable, se dijeron, d&aacute;ndose o no cuenta de la verdad, que el
+&uacute;nico medio era fiarlo todo a la suerte y dejarme llevar adelante, a mi
+manera, la lucha mortal emprendida contra Miguel.</p>
+
+<p>A la noche siguiente dej&eacute; muy tarde la mesa en que acababa de comer en
+compa&ntilde;&iacute;a de Flavia y la conduje hasta la puerta de sus habitaciones.
+All&iacute; bes&eacute; su mano y me desped&iacute; de ella dese&aacute;ndole tranquilo reposo.
+Inmediatamente cambi&eacute; de traje y sal&iacute;. Sarto y Tarlein me esperaban con
+tres hombres y los caballos. Sarto llevaba consigo una larga cuerda, y
+ambos iban bien armados. Cuanto a m&iacute;, s&oacute;lo ten&iacute;a una peque&ntilde;a maza y un
+agudo pu&ntilde;al. Dimos un largo rodeo para no cruzar el pueblo, y al cabo
+de una hora sub&iacute;amos la cuesta que conduc&iacute;a al castillo de Zenda. Era la
+noche obscura y tormentosa; el viento soplaba con furia, agitando los
+&aacute;rboles, y llov&iacute;a a c&aacute;ntaros. Llegados a un bosquecillo no muy distante
+de la fortaleza, dispuse que nuestros tres acompa&ntilde;antes se quedasen all&iacute;
+con los caballos. Sarto ten&iacute;a un silbato con el cual pod&iacute;a llamarlos en
+mi auxilio; pero hasta aquel momento nadie nos hab&iacute;a visto ni aparec&iacute;a
+se&ntilde;al de peligro. Yo ten&iacute;a la esperanza de que Miguel siguiera
+desprevenido, crey&eacute;ndome postrado todav&iacute;a en el lecho. Llegamos sin
+tropiezo a la cumbre y a la orilla del cenagoso foso. Sarto, sin perder
+momento, at&oacute; la cuerda al tronco de un &aacute;rbol inmediato al foso. Yo me
+quit&eacute; las botas, tom&eacute; un trago de licor, estrech&eacute; las manos de mis dos
+amigos sin hacer caso de la mirada suplicante de Tarlein, y despu&eacute;s de
+asegurarme de que el pu&ntilde;al sal&iacute;a f&aacute;cilmente de la vaina, as&iacute; la maza con
+los dientes y me aproxim&eacute; al foso. Iba a inspeccionar la &laquo;Escala de
+Jacob.&raquo;</p>
+
+<p>Con ayuda de la cuerda me deslic&eacute; suavemente en el agua, nada fr&iacute;a,
+porque el d&iacute;a hab&iacute;a sido muy caluroso. Cruc&eacute; a nado el foso y segu&iacute;
+nadando junto a los altos muros de la fortaleza, sin ver a m&aacute;s de tres
+varas de distancia y con muy buenas esperanzas de no ser descubierto. En
+la parte nueva del castillo se ve&iacute;an algunas luces, y o&iacute; tambi&eacute;n risas
+y cantos, pareci&eacute;ndome distinguir entre las voces la de Ruperto Henzar,
+a quien me figur&eacute; excitado por el vino. Descans&eacute; un momento, y
+orient&aacute;ndome pens&eacute; que si la descripci&oacute;n hecha por Juan era exacta,
+deb&iacute;a hallarme en aquel momento al pie de la ventana que buscaba. Volv&iacute;
+a nadar lentamente, y a tres pasos vi una sombra; era el enorme cilindro
+que saliendo de la ventana llegaba a flor de agua. Su di&aacute;metro era,
+aproximadamente, doble que el cuerpo de un hombre. Iba a acercarme m&aacute;s,
+cuando divis&eacute; al otro lado del tubo la proa de un bote. Mi coraz&oacute;n lati&oacute;
+con violencia y permanec&iacute; inm&oacute;vil. Escuchando atentamente, o&iacute; en el bote
+un rumor como el de una persona que cambiase de posici&oacute;n. &iquest;Qui&eacute;n era
+aquel hombre encargado de guardar la invenci&oacute;n diab&oacute;lica de Miguel?
+&iquest;Estaba despierto o dormido? Llev&eacute; maquinalmente la mano al pu&ntilde;o de mi
+daga, y al propio tiempo not&eacute; con alegr&iacute;a que hac&iacute;a pie. Los cimientos
+del castillo proyectaban hacia el foso formando un reborde de unas
+quince pulgadas, sobre el cual pos&eacute; ambos pies con agua hasta el pecho.
+Despu&eacute;s me inclin&eacute; y mir&eacute; por debajo del tubo.</p>
+
+<p>En el bote vi a un hombre y a su lado brillaba el ca&ntilde;&oacute;n de un fusil.
+&iexcl;Era el centinela! Permanec&iacute;a inm&oacute;vil, y a poco pude oir su
+respiraci&oacute;n, fuerte y acompasada. &iexcl;Dorm&iacute;a! Arrodill&aacute;ndome sobre el
+reborde, adelant&eacute; el cuerpo por debajo del tubo hasta poner mi rostro a
+media vara del suyo. Era M&aacute;ximo Holf, un hombrach&oacute;n, hermano de Juan.
+Deslic&eacute; la mano hasta el cinto y saqu&eacute; el pu&ntilde;al. El recuerdo de aquel
+momento es el que m&aacute;s me remuerde en mi vida, y no quiero ni pensar si
+fue aqu&eacute;l un acto varonil o una traici&oacute;n. Lo &uacute;nico que me dije fue: &laquo;Es
+esta una guerra a muerte, y de m&iacute; depende la vida del Rey.&raquo; Llegu&eacute; junto
+al bote, respirando apenas, fij&eacute; los ojos en el punto donde quer&iacute;a
+descargar el golpe y alc&eacute; el brazo armado. El centinela hizo un
+movimiento y abri&oacute; los ojos; los abri&oacute; desmesuradamente, mir&aacute;ndome con
+expresi&oacute;n de terror intenso, y empu&ntilde;&oacute; el fusil. Descargu&eacute; el golpe. Y
+desde la orilla opuesta o&iacute; el coro de una canci&oacute;n de amor.</p>
+
+<p>Dejando a mi v&iacute;ctima en el bote, me volv&iacute; hacia la &laquo;Escala de Jacob.&raquo;
+Ten&iacute;a poco tiempo disponible. Adem&aacute;s, de un momento a otro pod&iacute;an venir
+a relevar al centinela. Inclin&aacute;ndome sobre el tubo, lo examin&eacute; desde el
+punto en que proyectaba del agua hasta su extremidad superior, que
+parec&iacute;a hundirse en el macizo muro. No presentaba la menor soluci&oacute;n de
+continuidad; pero mi coraz&oacute;n lati&oacute; precipitadamente al notar que por su
+parte superior, donde entraba en el hueco del muro, se deslizaba un
+tenue rayo de luz. &iexcl;Aquella luz proced&iacute;a de la celda del Rey! Apoy&eacute; el
+hombro contra el tubo, y el intersticio por donde sal&iacute;a la luz se
+ensanch&oacute; perceptiblemente, algunas l&iacute;neas. Desist&iacute; en seguida; aquella
+prueba me bastaba para convencerme de que el tubo no estaba s&oacute;lidamente
+adherido al muro por su parte superior.</p>
+
+<p>Entonces o&iacute; una voz brusca, que dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora, si Vuestra Majestad no desea mi compa&ntilde;&iacute;a por m&aacute;s largo
+tiempo, le dejar&eacute; descansar. Pero antes tengo que asegurarle las mu&ntilde;ecas
+con este precioso par de brazaletes...&mdash;&iexcl;Era Dechard, cuyo acento ingl&eacute;s
+reconoc&iacute; al instante!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Desea Vuestra Majestad darme alguna orden antes de separarnos?</p>
+
+<p>Entonces la voz del Rey, cavernosa y d&eacute;bil, muy distinta de aquella otra
+tan alegre que hab&iacute;a o&iacute;do en el bosque de Zenda, contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Ruegue usted a mi hermano que me mate, que abrevie esta muerte lenta.</p>
+
+<p>&mdash;El Duque no desea la muerte de Vuestra Majestad&mdash;replic&oacute; burlonamente
+Dechard;&mdash;a lo menos... por ahora. Si llega el momento, all&iacute; est&aacute; el
+camino que lleva derecho a la gloria.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien&mdash;dijo el Rey.&mdash;Y ahora, si sus instrucciones se lo
+permiten, d&eacute;jeme usted solo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buenas noches y gratos sue&ntilde;os!&mdash;exclam&oacute; el rufi&aacute;n.</p>
+
+<p>La luz desapareci&oacute; y o&iacute; el ruido de los cerrojos y despu&eacute;s los sollozos
+del Rey. Se cre&iacute;a solo. &iquest;Qui&eacute;n pod&iacute;a oirle y mofarse de su llanto?</p>
+
+<p>No me atrev&iacute; a hablarle. Pod&iacute;a escap&aacute;rsele una exclamaci&oacute;n de sorpresa
+que nos vendiera. Nada me quedaba por hacer aquella noche sino ponerme
+en salvo y ocultar el cad&aacute;ver del centinela, cuyo hallazgo en aquellas
+circunstancias hubiera puesto en guardia a mis enemigos. Desat&eacute; el bote
+y sub&iacute; a &eacute;l. El viento soplaba con violencia y nadie pod&iacute;a oir el ruido
+de los remos. Me dirig&iacute; r&aacute;pidamente al punto donde me esperaba Sarto, y
+en el momento de tocar la orilla o&iacute; un penetrante silbido detr&aacute;s de m&iacute;,
+al lado opuesto del foso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eh, M&aacute;ximo!&mdash;grit&oacute; una voz.</p>
+
+<p>Llam&eacute; a Sarto por lo bajo, cay&oacute; la cuerda en el bote y con ella at&eacute; el
+cad&aacute;ver. Despu&eacute;s salt&eacute; a la orilla.</p>
+
+<p>&mdash;Silbe usted tambi&eacute;n&mdash;orden&eacute; a Sarto,&mdash;para llamar a nuestra gente y
+entretanto icemos el cuerpo que ah&iacute; traigo. No hablemos ahora.</p>
+
+<p>Llegaron nuestros hombres y apenas tuvimos el cad&aacute;ver de M&aacute;ximo en
+tierra, vimos a tres jinetes que saliendo del otro lado del castillo,
+se dirig&iacute;an hacia nosotros, aunque no pod&iacute;an vernos todav&iacute;a, porque
+est&aacute;bamos a pie.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Obscura est&aacute; la maldita noche!&mdash;exclam&oacute; una voz penetrante.</p>
+
+<p>Era Ruperto Henzar, que un momento despu&eacute;s se hall&oacute; frente a mis
+compa&ntilde;eros. Inmediatamente sonaron varios tiros y me adelant&eacute; seguido de
+Sarto y Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mata, mata!&mdash;aullaba Ruperto, y un gemido me anunci&oacute; que el brib&oacute;n
+daba el ejemplo a su gente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Estoy perdido, Ruperto!&mdash;exclam&oacute; al caer uno de los que le
+segu&iacute;an.&mdash;Son tres contra uno. &iexcl;S&aacute;lvate!</p>
+
+<p>Me precipit&eacute; hacia Ruperto, empu&ntilde;ando la maza, y le vi inclinarse sobre
+su caballo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te han despachado tambi&eacute;n a ti, Crastein?&mdash;grit&oacute;.&mdash;No obtuvo
+respuesta. Di un salto y as&iacute; las riendas del caballo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por fin!&mdash;exclam&eacute;.</p>
+
+<p>Cre&iacute;a tenerlo seguro. Mis amigos le rodeaban y no parec&iacute;a quedarle otro
+recurso que rendirse o morir.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por fin!&mdash;repet&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calla! &iexcl;es el c&oacute;mico!&mdash;exclam&oacute;,&mdash;y de un poderoso tajo cort&oacute; mi maza
+en dos. Prefer&iacute; la huida a la muerte y (me averg&uuml;enzo de confesarlo)
+ech&eacute; a correr. Aquel Ruperto Henzar era un verdadero demonio. Le vi
+lanzarse a escape y arrojarse al agua con su caballo, entre una
+granizada de balas. La profunda obscuridad que reinaba le salv&oacute; la vida.
+Gan&oacute; la orilla opuesta del foso y desapareci&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El diablo le lleve!&mdash;exclam&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;L&aacute;stima que sea tan gran brib&oacute;n. &iquest;Qui&eacute;nes han ca&iacute;do?</p>
+
+<p>&mdash;Laugr&aacute;n y Crastein.</p>
+
+<p>All&iacute; estaban sus ensangrentados cad&aacute;veres, que arrojamos al foso junto
+con el de M&aacute;ximo, pues ya era in&uacute;til ocultarlo. Montamos a caballo y
+bajamos la cuesta, llev&aacute;ndonos el cuerpo de uno de nuestros amigos cuya
+muerte lament&eacute; profundamente.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n me inquietaba m&aacute;s que nunca la suerte del Rey y me dol&iacute;a verme
+burlado una vez m&aacute;s por Ruperto Henzar, que adem&aacute;s de escaparse me hab&iacute;a
+llamado c&oacute;mico.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XV" id="XV"></a>XV</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">tentaci&oacute;n</span></p>
+
+
+<p>Ruritania no es Inglaterra, pues de lo contrario, la lucha empe&ntilde;ada
+entre el duque Miguel y yo, con todos los notables incidentes que la
+caracterizaban, no hubiera podido proseguir sin llamar vivamente la
+atenci&oacute;n p&uacute;blica. Los duelos entre personas de las clases m&aacute;s elevadas,
+era cosa frecuente y ocasionaban feudos y reyertas en los que
+participaban tambi&eacute;n los amigos y servidores de los principales
+contendientes. Sin embargo, despu&eacute;s del encuentro que dejo rese&ntilde;ado,
+circularon rumores tales, que me impusieron la mayor prudencia. Era
+imposible ocultar a los parientes de las v&iacute;ctimas la muerte de sus
+deudos. Di, pues, un severo edicto contra el duelo, redactado en los
+t&eacute;rminos m&aacute;s en&eacute;rgicos por el gran Canciller, en el cual se dec&iacute;a que
+habiendo tomado aquella pr&aacute;ctica proporciones inusitadas, quedaba
+prohibida bajo rigurosas penas, a excepci&oacute;n de ciertos casos contados y
+grav&iacute;simos. Envi&eacute; un mensaje de p&eacute;same al Duque y recib&iacute; de &eacute;l cort&eacute;s y
+amistosa respuesta; porque es de notar que ni &eacute;l ni yo pod&iacute;amos jugar a
+cartas vistas y que a pesar de nuestros odios nos importaba fingir una
+concordia que hasta entonces hab&iacute;a enga&ntilde;ado al p&uacute;blico.</p>
+
+<p>Lo peor era que el disimulo me impon&iacute;a nuevas dilaciones, y entretanto
+pod&iacute;a morir el Rey o pod&iacute;an transportarlo a otra prisi&oacute;n desconocida
+para m&iacute;. Durante aquella tregua tuve el consuelo de ver que Flavia
+aprobaba cordialmente mi edicto contra el duelo, si bien me rog&oacute; que lo
+prohibiese en absoluto.</p>
+
+<p>&mdash;Lo har&eacute; despu&eacute;s de nuestra boda&mdash;le dije sonri&eacute;ndome.</p>
+
+<p>Uno de los m&aacute;s curiosos resultados de la tregua y del derecho que la
+dict&oacute;, fue la conversi&oacute;n de la villa de Zenda, en una especie de zona
+neutral en la que ambos bandos pod&iacute;an encontrarse sin peligro durante el
+d&iacute;a; de noche no hubiera yo fiado gran cosa en su protecci&oacute;n. Por
+entonces tuve tambi&eacute;n un encuentro que aunque chistoso, no dej&oacute; de
+preocuparme bastante. Cabalgando un d&iacute;a entre Flavia y Sarto, vimos
+acercarse un coche descubierto tirado por dos caballos, en el cual iba
+un pomposo personaje que ech&oacute; pie a tierra y me salud&oacute; profundamente.
+Entonces reconoc&iacute; al jefe de polic&iacute;a de la capital.</p>
+
+<p>&mdash;Puedo asegurar a Vuestra Majestad&mdash;me dijo,&mdash;que estoy haciendo
+cumplir al pie de la letra las &oacute;rdenes dictadas contra el duelo.</p>
+
+<p>Y temi&eacute;ndome yo que su presencia en Zenda tuviese por objeto seguir
+dando all&iacute; pruebas de igual celo que en Estrelsau, resolv&iacute; imped&iacute;rselo
+cuanto antes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es ese el motivo de su venida a Zenda, se&ntilde;or prefecto?&mdash;le pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, no, se&ntilde;or! Me trae el deseo de complacer al Embajador ingl&eacute;s...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; se trata&mdash;dije aparentando indiferencia.</p>
+
+<p>&mdash;Parece que un joven compatriota del se&ntilde;or Embajador, miembro de
+distinguida familia, ha desaparecido. Ni amigos ni parientes han tenido
+la menor noticia suya desde hace dos meses, y hay motivos para creer que
+ha estado en Zenda. Flavia dedicaba escasa atenci&oacute;n a las palabras del
+prefecto. Por mi parte no me atrev&iacute;a a mirar a Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; motivos son esos?</p>
+
+<p>&mdash;Un amigo suyo que reside en Par&iacute;s, el se&ntilde;or Federly, ha dado informes
+que hacen creer en su presencia aqu&iacute;, y los empleados del ferrocarril
+recuerdan haber visto el nombre del viajero en su equipaje.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ese nombre?</p>
+
+<p>&mdash;Ras&eacute;ndil, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>En la manera de decirlo comprend&iacute; que el tal nombre nada significaba
+para &eacute;l. Dirigi&oacute; luego una r&aacute;pida mirada a Flavia y prosigui&oacute;, bajando
+la voz:</p>
+
+<p>&mdash;Se cree que ha venido en seguimiento de una mujer. &iquest;Ha o&iacute;do hablar
+Vuestra Majestad de cierta se&ntilde;ora de Maub&aacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;dije mirando involuntariamente hacia el castillo.&mdash;Esa dama lleg&oacute;
+a Ruritania al mismo tiempo que el Ras&eacute;ndil de quien habla usted.</p>
+
+<p>El prefecto me mir&oacute; fijamente, como interrog&aacute;ndome.</p>
+
+<p>&mdash;Sarto&mdash;dije,&mdash;tengo que hablar un momento a solas con el prefecto.
+Escolte usted a la Princesa. Veamos, se&ntilde;or prefecto; &iquest;qu&eacute; quiere usted
+decir?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>Se me acerc&oacute; y me inclin&eacute; hacia &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si el joven ese hubiera estado enamorado de la
+dama?&mdash;murmur&oacute;.&mdash;Nada se ha sabido de &eacute;l en los dos meses&mdash;y a su vez el
+prefecto dirigi&oacute; una mirada al castillo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, la se&ntilde;ora de Maub&aacute;n est&aacute; all&iacute;&mdash;dije con toda calma.&mdash;Pero no creo
+que Ras&eacute;ndil... &iquest;es ese el nombre?</p>
+
+<p>&mdash;El Duque no tolera rivales&mdash;murmur&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted raz&oacute;n&mdash;repuse con absoluta sinceridad.&mdash;Pero la suposici&oacute;n
+esa implica un grave cargo.</p>
+
+<p>Iba el prefecto a excusarse, pero sin darle tiempo le dije casi al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;El asunto es serio. Vuelva usted a Estrelsau...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, se&ntilde;or, tengo y sigo aqu&iacute; una pista que...</p>
+
+<p>&mdash;Vuelva usted a Estrelsau&mdash;repet&iacute;.&mdash;Diga al embajador que ha
+descubierto una pista, pero que necesita una o dos semanas para seguirla
+con &eacute;xito. Y entretanto yo mismo me encargar&eacute; de investigar el asunto.</p>
+
+<p>&mdash;El embajador se muestra muy apremiante, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;lmelo usted. Es evidente que si las sospechas de usted son fundadas,
+hay que proceder con la mayor prudencia. Nada de esc&aacute;ndalo. Regrese
+usted esta misma noche.</p>
+
+<p>Prometi&oacute; hacerlo as&iacute; y me reun&iacute; con mi comitiva, algo m&aacute;s tranquilo.
+Importaba evitar toda investigaci&oacute;n de mi paradero por una o dos
+semanas, y el prefecto hab&iacute;a andado muy cerca de descubrir la verdad.
+Alg&uacute;n d&iacute;a podr&iacute;an ser &uacute;tiles sus sospechas, pero por lo pronto s&oacute;lo
+significaban un grave peligro para el Rey. Maldije a Federly de todo
+coraz&oacute;n por no haber sabido refrenar la lengua.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y bien?&mdash;pregunt&oacute; Flavia.&mdash;&iquest;Ha terminado la conferencia?</p>
+
+<p>&mdash;De la manera m&aacute;s satisfactoria&mdash;contest&eacute;.&mdash;Volvamos atr&aacute;s; estamos
+casi en tierras del Duque.</p>
+
+<p>Hab&iacute;amos llegado al extremo del pueblo, y al pie mismo de la colina
+donde empezaba el pendiente camino del castillo. Admirando est&aacute;bamos la
+solidez de sus altas murallas, cuando vimos salir de ella numerosas
+personas que lentamente empezaron el descenso de la cuesta.</p>
+
+<p>&mdash;Retir&eacute;monos&mdash;dijo Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;No, preferir&iacute;a permanecer aqu&iacute;&mdash;fue la opini&oacute;n de Flavia.</p>
+
+<p>Puse mi caballo junto al suyo y esperamos la aproximaci&oacute;n del cortejo.
+Ven&iacute;an en primer t&eacute;rmino dos sirvientes a caballo, con negras libreas
+galoneadas de plata. Segu&iacute;anlos un coche f&uacute;nebre tirado por cuatro
+caballos, y en &eacute;l un f&eacute;retro cubierto con negros crespones. Detr&aacute;s iba
+un jinete enlutado y sombrero en mano. Sarto se descubri&oacute; a su vez y
+Flavia dijo, posando su mano sobre mi brazo:</p>
+
+<p>&mdash;Es uno de los caballeros muertos en la &uacute;ltima reyerta, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>&mdash;V&eacute; a preguntar de qui&eacute;n es el cad&aacute;ver que escoltan&mdash;dije a uno de mis
+lacayos.</p>
+
+<p>Acerc&oacute;se a los sirvientes que iban delante del f&eacute;retro, quienes lo
+dirigieron al enlutado caballero.</p>
+
+<p>&mdash;Es Ruperto Henzar&mdash;murmur&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>Era &eacute;l, en efecto, y no tard&oacute; en adelantarse al trote, ordenando al
+cortejo que se detuviera en el camino. Me salud&oacute; con profundo respeto,
+pero la triste expresi&oacute;n de su semblante desapareci&oacute; en una sonrisa al
+ver que Sarto llevaba la mano al pecho. Tambi&eacute;n me sonre&iacute; yo, adivinando
+tan bien como Ruperto lo que el veterano ocultaba en el bolsillo del
+pecho.</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra Majestad pregunta de qui&eacute;n son los restos que escoltamos. Son
+los de mi querido amigo Alberto de Laugr&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Nadie deplora m&aacute;s que yo su desgraciada muerte&mdash;dije,&mdash;y lo prueba el
+edicto que evitar&aacute; la repetici&oacute;n de esos encuentros.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre se&ntilde;or de Laugr&aacute;n!&mdash;exclam&oacute; Flavia con dulzura.</p>
+
+<p>Ruperto le lanz&oacute; una mirada que me exasper&oacute;, porque con ella supo
+expresar aquel libertino toda la admiraci&oacute;n que le inspiraba la
+Princesa.</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra Majestad es siempre bondadoso&mdash;continu&oacute;.&mdash;Por mi parte, a la
+vez que siento la muerte de mi amigo, no olvido que esa es la ley com&uacute;n
+y que muy pronto les tocar&aacute; a otros el turno.</p>
+
+<p>&mdash;Reflexi&oacute;n que a todos nos importa tener presente&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;Aun a los Reyes&mdash;insisti&oacute; el truh&aacute;n con c&oacute;mica unci&oacute;n, haciendo soltar
+al viejo Sarto media docena de reniegos entre dientes.</p>
+
+<p>&mdash;Muy cierto es eso&mdash;repuse.&mdash;&iquest;Qu&eacute; noticias me da usted de mi hermano?</p>
+
+<p>&mdash;Ha mejorado mucho, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;De lo cual me alegro.</p>
+
+<p>&mdash;Y espera ir a Estrelsau tan luego est&eacute; completamente restablecido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es decir que s&oacute;lo se halla convaleciente?</p>
+
+<p>&mdash;Le quedan dos o tres molestias pasajeras de las que espera librarse
+muy pronto.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;rvase usted expresarle&mdash;dijo Flavia,&mdash;mi vivo deseo de que esas
+molestias desaparezcan en breve.</p>
+
+<p>&mdash;El deseo de Vuestra Alteza es tambi&eacute;n el muy humilde m&iacute;o&mdash;replic&oacute;
+Roberto Henzar, mir&aacute;ndola con insistencia y expresi&oacute;n tales, que el
+rubor colore&oacute; el rostro de la joven.</p>
+
+<p>Me inclin&eacute; y Ruperto, saludando profundamente, orden&oacute; a sus servidores
+que continuasen su camino. S&uacute;bito impulso me oblig&oacute; a seguirle, y al
+oir &eacute;l las pisadas de mi caballo se volvi&oacute; en la silla r&aacute;pidamente, como
+temeroso de que ni la presencia de la Princesa pudiera contenerme.</p>
+
+<p>&mdash;La otra noche pele&oacute; usted como un valiente&mdash;le dije en voz
+baja.&mdash;Dec&iacute;dase usted, joven; entreg&uacute;eme a su prisionero y le respondo
+de que no ha de pesarle.</p>
+
+<p>Me mir&oacute; con burlona sonrisa, pero de repente se me acerc&oacute; y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Estoy desarmado y el amigo Sarto podr&iacute;a despacharme de un balazo con
+la mayor facilidad.</p>
+
+<p>&mdash;Nada tema&mdash;le dije.</p>
+
+<p>&mdash;Demasiado lo s&eacute;, por desgracia&mdash;replic&oacute;.&mdash;Oiga usted. Tiempo atr&aacute;s le
+hice una oferta en nombre del Duque...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No quiero mensajes de parte de Miguel el Negro!&mdash;exclam&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces oiga usted el plan que le propongo por mi cuenta. Ordene
+un ataque decisivo contra el castillo, encomendando la direcci&oacute;n del
+asalto a Tarlein y al viejo coronel...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adelante!</p>
+
+<p>&mdash;Pero dici&eacute;ndome de antemano la hora exacta del ataque.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es. &iexcl;Me infunde usted tanta confianza!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! Sarto y Tarlein caer&aacute;n en la refriega, como caer&aacute; tambi&eacute;n el
+Duque.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, Miguel el Negro, como un miserable que es. Cuanto al Rey, tomar&aacute;
+el camino del infierno por la &laquo;Escala de Jacob.&raquo; &iexcl;Ah! &iquest;Tambi&eacute;n sabe
+usted eso? Y quedar&aacute;n s&oacute;lo dos hombres cara a cara: Ruperto Henzar y
+usted, rey de Ruritania.</p>
+
+<p>Se detuvo un momento, y con voz que la emoci&oacute;n agitaba, continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es una jugada soberbia? Pues, &iquest;y la apuesta? Para usted el trono y
+la beldad que desde all&iacute; nos mira; para m&iacute; una recompensa suficiente
+y... la gratitud del Rey.</p>
+
+<p>&mdash;Es usted el mismo demonio, se&ntilde;or de Henzar&mdash;le dije.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, usted pi&eacute;nselo y tenga en cuenta tambi&eacute;n que no deja de
+costarme duro esfuerzo eso de ceder as&iacute; tan f&aacute;cilmente la muchacha
+aquella&mdash;y su insolente mirada volvi&oacute; a fijarse en Flavia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;P&oacute;ngase usted fuera de mi alcance!&mdash;exclam&eacute;; sin embargo, un momento
+despu&eacute;s la audacia misma de aquel malvado me hizo re&iacute;r.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es decir, que usted har&iacute;a traici&oacute;n al Duque?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>Por toda respuesta aplic&oacute; a Miguel un ep&iacute;teto que no merec&iacute;a, pues era
+el Duque hijo de una uni&oacute;n legal, aunque morgan&aacute;tica, y a&ntilde;adi&oacute; en tono
+confidencial:</p>
+
+<p>&mdash;Me estorba. &iquest;Comprende usted? Es un bruto celoso. Anoche mismo me
+interrumpi&oacute; tan inoportunamente que estuve a punto de clavarle un pu&ntilde;al.</p>
+
+<p>Aquellos detalles me interesaban vivamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Una mujer?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, y preciosa. Usted la ha visto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! La del cenador, la noche aquella en que tres amigos de usted se
+estrellaron contra una mesita de hierro...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; otra cosa puede esperarse de gazn&aacute;piros como Dechard y De Gautet?
+&iexcl;Ojal&aacute; hubiera estado yo all&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el Duque se mezcla en el asunto?</p>
+
+<p>&mdash;No es eso precisamente. Quien quiere mezclarse soy yo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ella prefiere al Duque?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, la tonta! Pues bien, ya conoce usted mi plan, y pi&eacute;nselo&mdash;dijo; e
+inclin&aacute;ndose, espole&oacute; su caballo y parti&oacute; en seguimiento del f&uacute;nebre
+cortejo.</p>
+
+<p>Volv&iacute; adonde me esperaban Flavia y Sarto, pensando en el extra&ntilde;o
+car&aacute;cter de aquel desalmado, cuyo igual no he vuelto a ver en mi vida.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; arrogante tipo!&mdash;fue el comentario de Flavia, que, mujer al fin,
+no se hab&iacute;a ofendido con las expresivas ojeadas de Ruperto Henzar.&mdash;&iexcl;Y
+c&oacute;mo parece sentir la muerte de su amigo!&mdash;prosigui&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s le valdr&iacute;a pensar en la suya propia que no anda lejos&mdash;dijo Sarto
+bruscamente.&mdash;Por mi parte me sent&iacute;a descontento e irritado al pensar
+que en realidad yo no ten&iacute;a m&aacute;s derecho al amor de la Princesa que el
+insolente Henzar. Segu&iacute; silencioso a su lado hasta que, cerca ya de
+Tarlein y habiendo anochecido, dej&oacute; Sarto que nos adelant&aacute;semos un
+tanto, qued&aacute;ndose &eacute;l atr&aacute;s para impedir todo s&uacute;bito ataque de nuestros
+enemigos. Entonces Flavia me dijo con su voz dulc&iacute;sima:</p>
+
+<p>&mdash;Sonr&iacute;ete, Rodolfo, si no quieres verme llorar. &iquest;Est&aacute;s enojado?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, no! La culpa la tiene ese malvado Henzar.</p>
+
+<p>Lo cual no impidi&oacute; que ambos lleg&aacute;semos sonrientes a las puertas de
+Tarlein, donde me entregaron una carta llevada para m&iacute;, seg&uacute;n dijeron
+los sirvientes, por un joven desconocido. Abr&iacute; el sobre y le&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Juan se encarga de llevar estas l&iacute;neas a su destino. Soy la que le
+envi&oacute; a usted otro aviso en ocasi&oacute;n anterior. &iexcl;Hoy le pido en nombre de
+Dios, que me libre de esta guarida de asesinos!&mdash;A. de M.&raquo;</p>
+
+<p>Entregu&eacute; la esquela a Sarto, en quien no hizo mella la s&uacute;plica lastimera
+de la dama, limit&aacute;ndose a decir:</p>
+
+<p>&mdash;Suya es la culpa. &iquest;Qui&eacute;n la llev&oacute; al castillo?</p>
+
+<p>Sin embargo, no consider&aacute;ndome yo enteramente irresponsable de lo
+ocurrido, resolv&iacute; compadecerme de Antonieta de Maub&aacute;n.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">un plan desesperado</span></p>
+
+
+<p>Desde el d&iacute;a en que recorr&iacute; a caballo las calles de Zenda y habl&eacute; en
+p&uacute;blico con Ruperto Henzar, me fue forzoso prescindir de todo pretexto
+de enfermedad. El efecto de mi presencia se not&oacute; desde luego en la
+guarnici&oacute;n de Zenda, cuyos oficiales y soldados desaparecieron de la
+poblaci&oacute;n y sus cercan&iacute;as para encerrarse en el castillo, donde reinaba
+la m&aacute;s perfecta vigilancia, como pudieron observarlo mis amigos en sus
+exploraciones. No ve&iacute;a medio practicable de socorrer al Rey y a la
+se&ntilde;ora de Maub&aacute;n. El Duque me retaba sin disimulo. Se hab&iacute;a mostrado
+fuera del castillo, no tom&aacute;ndose siquiera la molestia de explicar o
+excusar su ausencia. El tiempo apremiaba. Por una parte me preocupaban
+los rumores e investigaciones de que he dado cuenta, con motivo de la
+desaparici&oacute;n de Ras&eacute;ndil; y por otra, sab&iacute;a que mi ausencia de la
+capital ocasionaba vivo descontento. Mayor hubiera sido &eacute;ste sin la
+presencia de Flavia a mi lado y s&oacute;lo por esta raz&oacute;n le permit&iacute;a yo
+seguir en Zenda, rodeada de peligros y aumentando con sus encantos la
+pasi&oacute;n que me dominaba. Como si esto no bastase, mis celosos consejeros,
+el Canciller y el general Estrakenz se presentaron en Zenda, inst&aacute;ndome
+a que designase d&iacute;a para la solemnizaci&oacute;n de mis esponsales, ceremonia
+que en Ruritania es casi tan obligatoria y sagrada como el matrimonio
+mismo. Tuve que hacer lo que me ped&iacute;an, con Flavia sentada a mi lado
+oy&eacute;ndolo todo, y les anunci&eacute; que el acto se celebrar&iacute;a quince d&iacute;as
+despu&eacute;s, en la catedral de Estrelsau. La noticia fue recibida con
+extraordinarias manifestaciones de aprobaci&oacute;n y alegr&iacute;a en todo el
+Reino, y supongo que s&oacute;lo dos hombres la deploraron: el Duque y yo.
+Cuanto al Rey, lo &uacute;nico que me atrev&iacute; a esperar fue que no llegase a sus
+o&iacute;dos.</p>
+
+<p>Juan volvi&oacute; a salir ocultamente del castillo tres d&iacute;as despu&eacute;s, a riesgo
+de su vida pero impulsado por la codicia. Nos dijo que cuando el Duque
+supo la noticia de la pr&oacute;xima ceremonia se puso furioso; que su
+exasperaci&oacute;n aument&oacute; al declarar Ruperto que yo era muy capaz de casarme
+con la Princesa y que as&iacute; lo har&iacute;a indudablemente; y que Ruperto acab&oacute;
+felicitando a la se&ntilde;ora de Maub&aacute;n, all&iacute; presente, porque pronto se
+ver&iacute;a libre de Flavia, su rival. El Duque ech&oacute; mano a la espada, sin que
+al joven noble pareciese importarle un bledo la c&oacute;lera de su se&ntilde;or, a
+quien felicit&oacute; tambi&eacute;n por haber proporcionado a Ruritania un Rey como
+no lo hab&iacute;a tenido en muchos a&ntilde;os. &laquo;Y lo que es la Princesa, termin&oacute;
+diciendo Henzar (seg&uacute;n el relato de Juan), tampoco puede quejarse porque
+el diablo le manda novio m&aacute;s gal&aacute;n que el que le hab&iacute;a deparado el
+Cielo.&raquo; El Duque le mand&oacute; retirarse de su presencia, pero Henzar no
+obedeci&oacute; hasta haber obtenido de la dama el permiso de besar su mano,
+como lo hizo rendidamente ante las miradas furiosas de Miguel.</p>
+
+<p>Noticia de m&aacute;s importancia para m&iacute; fue la que tambi&eacute;n nos dio Juan sobre
+la grave enfermedad del Rey. Juan le hab&iacute;a visto, demacrado y d&eacute;bil; su
+estado lleg&oacute; a ser tan alarmante que el Duque llam&oacute; al castillo a un
+m&eacute;dico de Estrelsau, el cual examin&oacute; al Rey, sali&oacute; del calabozo p&aacute;lido y
+temblando y rog&oacute; a Miguel que le permitiese volver a la capital y no
+mezclarse m&aacute;s en el asunto; pero Miguel se lo prohibi&oacute;, anunci&aacute;ndole que
+quedaba preso con el Rey y que respond&iacute;a de la vida de &eacute;ste hasta el d&iacute;a
+en que el Duque quisiera quit&aacute;rsela. A instancias del m&eacute;dico permiti&oacute;
+que la se&ntilde;ora de Maub&aacute;n visitase al Rey, a quien prest&oacute; sol&iacute;citos
+cuidados. La vida del monarca se hallaba, pues, en peligro inminente, a
+la vez que yo segu&iacute;a sano y vigoroso; contraste que exasper&oacute; a los
+moradores del castillo ocasionando continuos disgustos y reyertas. S&oacute;lo
+Ruperto Henzar continuaba tan contento como siempre, y seg&uacute;n dec&iacute;a Juan,
+ri&eacute;ndose a carcajadas porque el Duque pon&iacute;a siempre de guardia a Dechard
+cuando la se&ntilde;ora de Maub&aacute;n se hallaba en la celda del Rey; precauci&oacute;n no
+del todo in&uacute;til por parte de mi prudente hermano.</p>
+
+<p>Tal fue el relato de Juan, que le vali&oacute; buena recompensa; y aunque me
+pidi&oacute; que le permitiese quedarse en Tarlein, consegu&iacute; que regresase al
+castillo, donde lo necesitaba mucho m&aacute;s, encarg&aacute;ndole anunciase a la
+se&ntilde;ora de Maub&aacute;n que estaba procurando auxiliarla y que ella dijese al
+Rey en mi nombre algunas frases de esperanza y de consuelo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo vigilan ahora al Rey?&mdash;pregunt&eacute;, recordando que dos de los Seis
+hab&iacute;an muerto y que igual suerte hab&iacute;a cabido a M&aacute;ximo Holf.</p>
+
+<p>&mdash;Dechard y Berson&iacute;n est&aacute;n de guardia por la noche y Ruperto Henzar y De
+Gautet, de d&iacute;a&mdash;contest&oacute; Juan.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No m&aacute;s que dos a la vez?</p>
+
+<p>&mdash;Pero el resto de la guardia est&aacute; en el primer piso, precisamente
+sobre la prisi&oacute;n del Rey, y all&iacute; puede oirse todo grito o se&ntilde;al dados
+desde abajo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sobre la prisi&oacute;n del Rey? No sab&iacute;a yo eso. &iquest;Existe alguna
+comunicaci&oacute;n directa entre el calabozo y la sala de guardia?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or. Hay que bajar algunos escalones, cruzar el puente levadizo
+y desde all&iacute; bajar al encierro del Rey.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; cerrada la puerta que lleva al puente?</p>
+
+<p>&mdash;S&oacute;lo los cuatro caballeros tienen la llave.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y tambi&eacute;n la de la reja de entrada a la prisi&oacute;n?&mdash;pregunt&eacute;
+acerc&aacute;ndome a Juan.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que esa &uacute;nicamente la tienen Dechard y Henzar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde habita el Duque?</p>
+
+<p>&mdash;En la parte nueva del castillo, en el primer piso. Sus habitaciones
+quedan a la derecha del puente levadizo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y la se&ntilde;ora de Maub&aacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;A la izquierda. Pero cuando se retira cierran la puerta por fuera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para impedir que huya?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y quiz&aacute;s tambi&eacute;n por otra raz&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Es posible.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Supongo que el Duque se reserva esa llave?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or. Y tambi&eacute;n la del puente, despu&eacute;s de alzarlo, y nadie puede
+cruzar el foso por &eacute;l sin que lo sepa y lo permita el Duque.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute;, d&oacute;nde duermes?</p>
+
+<p>&mdash;En el cuarto que hay a la entrada del castillo nuevo, con otros cinco
+criados.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Armados?</p>
+
+<p>&mdash;Con picas, porque el Duque no quiere confiarles armas de fuego.</p>
+
+<p>Aquellos informes me decidieron por fin y form&eacute; resueltamente un nuevo
+plan de ataque. Hab&iacute;a fracasado cuando lo emprend&iacute; por la &laquo;Escala de
+Jacob,&raquo; y me dije que fracasar&iacute;a tambi&eacute;n intent&aacute;ndolo contra el cuerpo
+de guardia. Resolv&iacute;, pues, dirigirlo contra el lado opuesto del
+castillo.</p>
+
+<p>&mdash;Te he prometido diez mil pesos&mdash;dije a Juan.&mdash;Te dar&eacute; veinticinco mil
+si ma&ntilde;ana por la noche haces lo que yo te diga. Pero ante todo &iquest;saben
+esos criados qui&eacute;n es el prisionero?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or; creen que es un caballero enemigo del Duque.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no dudar&aacute;n que yo soy el Rey?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo han de dudarlo, se&ntilde;or?</p>
+
+<p>&mdash;Pues escucha, Juan: ma&ntilde;ana, a las dos en punto de la madrugada, abre
+de par en par la puerta principal del castillo nuevo, la que da al
+frente &iquest;entiendes bien?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Estar&aacute; usted all&iacute;, se&ntilde;or?</p>
+
+<p>&mdash;Nada de preguntas. Haz lo que te digo. Da cualquier excusa para salir
+de tu cuarto. Nada m&aacute;s exijo de ti.</p>
+
+<p>&mdash;Y una vez abierta la puerta &iquest;puedo escaparme por ella?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, a todo correr. Toma esta esquela, que entregar&aacute;s a la se&ntilde;ora de
+Maub&aacute;n. La he escrito en franc&eacute;s a prop&oacute;sito para que no puedas
+enterarte de ella. Y dile que si tiene en algo la vida de todos
+nosotros, no deje de hacer lo que en ella le indico.</p>
+
+<p>Juan temblaba al oirme, pero no me quedaba elecci&oacute;n posible y tuve que
+fiar en &eacute;l. No me atrev&iacute; a esperar m&aacute;s porque tem&iacute; que el Rey muriese en
+su prisi&oacute;n.</p>
+
+<p>Desped&iacute; a Juan y s&oacute;lo entonces di cuenta de mi plan a Tarlein y Sarto.
+Este &uacute;ltimo manifest&oacute; su desaprobaci&oacute;n desde luego.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no espera usted?&mdash;me pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Porque puede morir el Rey. Y si no muere puede llegar el d&iacute;a de los
+esponsales.</p>
+
+<p>Sarto se mordi&oacute; el blanco bigote, y Tarlein, poni&eacute;ndome la mano sobre el
+hombro, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Dice usted bien. &iexcl;Probemos!</p>
+
+<p>&mdash;Con usted cuento, Tarlein&mdash;le dije.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente&mdash;contest&oacute;.&mdash;Pero lo que es usted, Ras&eacute;ndil, se queda aqu&iacute;
+cuidando a la Princesa.</p>
+
+<p>Los ojos de Sarto brillaron.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso es, eso es!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;As&iacute; burlar&iacute;amos los designios de Miguel
+cualquiera que fuese el resultado de nuestra empresa. Al paso que si
+usted tomase parte activa en ella y lo matasen, como matar&iacute;an tambi&eacute;n al
+Rey &iquest;qu&eacute; ser&iacute;a de todos nosotros?</p>
+
+<p>&mdash;Servir&iacute;an ustedes a la reina Flavia&mdash;repliqu&eacute;,&mdash;y ojal&aacute; pudiese yo
+hacer otro tanto.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; una pausa y despu&eacute;s dijo el viejo Sarto, con expresi&oacute;n tan
+c&oacute;mica, que Tarlein y yo nos echamos a re&iacute;r:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no se casar&iacute;a el finado rey Rodolfo III con la bisabuela
+aquella de usted, Ras&eacute;ndil?</p>
+
+<p>&mdash;Al grano, al grano&mdash;le dije.&mdash;Se trata del Rey actual.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;asinti&oacute; Tarlein.</p>
+
+<p>&mdash;Adem&aacute;s&mdash;continu&eacute;,&mdash;si he consentido ser impostor en beneficio del Rey,
+jam&aacute;s lo ser&eacute; en provecho propio. Y si el Rey no se halla vivo y en su
+trono antes del d&iacute;a fijado para la celebraci&oacute;n de los esponsales,
+confesar&eacute; y proclamar&eacute; la verdad, sean cualesquiera las consecuencia.</p>
+
+<p>&mdash;Ir&aacute; usted con nosotros al ataque del castillo&mdash;dijo Sarto.</p>
+
+<p>He aqu&iacute; mi plan. Una numerosa fuerza mandada por Sarto se dirigir&iacute;a
+sigilosamente a la puerta principal del castillo nuevo. Si se viese
+descubierta, la consigna ser&iacute;a matar a cuantos hallasen a su paso,
+empleando exclusivamente el arma blanca. Si no se presentase obst&aacute;culo
+imprevisto, Sarto y su gente se hallar&iacute;an a la puerta al abrirla Juan.
+Suponiendo que su sola presencia y el nombre del Rey no bastasen para
+someter a los servidores del castillo, habr&iacute;a que apoderarse de ellos a
+la fuerza. Al mismo tiempo (y de esto depend&iacute;a principalmente el buen
+&eacute;xito de mi plan) Antonieta de Maub&aacute;n prorrumpir&iacute;a en agudos gritos,
+pidiendo auxilio al Duque y alternando con el nombre de &eacute;ste el de
+Ruperto Henzar. Mi esperanza estribaba en que el Duque saliese furioso
+de sus habitaciones, situadas al lado opuesto de las de Antonieta y
+cayese vivo en manos de Sarto. Continuar&iacute;an los gritos, mi gente bajar&iacute;a
+el puente levadizo y extra&ntilde;o ser&iacute;a que Ruperto, al oir su nombre a voces
+en tales circunstancias, no bajase de su cuarto y procurase cruzar el
+puente. Cuanto a De Gautet, su presencia depend&iacute;a del azar.</p>
+
+<p>Tan luego Ruperto pusiese el pie en el puente empezar&iacute;a mi papel.
+Contaba yo tomar otro ba&ntilde;o en el foso, llevando conmigo una peque&ntilde;a
+escala que me servir&iacute;a en primer lugar para esperar con relativa
+comodidad, poniendo la escala contra el muro y apoyando en ella manos y
+pies mientras estuviese en el agua. Llegada la hora, subir&iacute;a por la
+escala al puente y de m&iacute; depender&iacute;a que ni Henzar ni De Gautet lo
+cruzasen con vida. Muertos &eacute;stos quedar&iacute;an tan s&oacute;lo dos de los Seis, con
+los cuales esperaba acabar tambi&eacute;n a favor de la confusi&oacute;n y de una
+violenta acometida. Si ambos obedeciesen las &oacute;rdenes recibidas del
+Duque, la vida del Rey depender&iacute;a de la rapidez con que pudi&eacute;semos
+forzar la puerta exterior; y me felicito al pensar que Dechard y no
+Ruperto era el encargado de la guardia nocturna del Rey. Aunque Dechard
+ten&iacute;a serenidad y valor, carec&iacute;a del &iacute;mpetu y la osad&iacute;a incre&iacute;ble de
+Henzar. Tambi&eacute;n contaba yo con que, siendo Dechard el &uacute;nico entre ellos
+verdaderamente adicto al Duque, dejase solo a Berson&iacute;n guardando al Rey
+y se precipitase hacia el puente para tomar parte en la lucha al lado
+opuesto.</p>
+
+<p>Tal era mi plan, verdaderamente desesperado. Para enga&ntilde;ar al enemigo
+dispuse que aquella noche iluminasen vivamente todas las habitaciones de
+mi residencia, como si diera en ella una gran fiesta, congregando al
+efecto a muchos de nuestros amigos y mandando que la m&uacute;sica tocase toda
+la noche. Estrakenz era uno de los que deb&iacute;an de hallarse all&iacute;, con
+encargo de hacer todo lo posible para que la Princesa no notase mi
+partida. Le orden&eacute; que si a la ma&ntilde;ana siguiente no estuvi&eacute;semos de
+regreso, se pusiese en marcha hacia el castillo con todas sus fuerzas y
+exigiese p&uacute;blicamente la entrega del Rey. Si Miguel el Negro no
+estuviese all&iacute;, el General llevar&iacute;a a la Princesa a Estrelsau, para
+proclamar la traici&oacute;n de Miguel y la muerte probable del Rey,
+congregando en torno de Flavia a los mejores elementos del Reino. A
+decir verdad, esto era precisamente lo que yo esperaba que suceder&iacute;a.</p>
+
+<p>En mi opini&oacute;n, ni al Rey, ni a Miguel ni a m&iacute; nos quedaba m&aacute;s que un d&iacute;a
+de vida. Me resignaba a morir, sobre todo si conmigo mor&iacute;a tambi&eacute;n
+Miguel el Negro y si por mi propia mano libraba a Ruritania de Ruperto
+Henzar, ya que no pudiese salvar la vida del Rey.</p>
+
+<p>Nuestra conferencia termin&oacute; bastante tarde y pas&eacute; a las habitaciones de
+la Princesa. Se mostr&oacute; algo pensativa, pero al despedirnos me abraz&oacute;
+cari&ntilde;osamente, a la vez que desliz&oacute; una sortija en mi dedo. Usaba yo el
+anillo del Rey, pero ten&iacute;a puesto tambi&eacute;n uno m&aacute;s peque&ntilde;o, de oro liso,
+con la leyenda de las armas de mi familia: <i>Nil Qu&aelig; Feci</i>. Me lo quit&eacute; y
+poni&eacute;ndolo en el dedo de Flavia, le indiqu&eacute; con un adem&aacute;n que me
+permitiese retirarme. Comprendi&oacute;, y apart&aacute;ndose un tanto me mir&oacute; con los
+ojos llenos de l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;Lleva puesto ese anillo aunque uses otro cuando seas Reina&mdash;le dije.</p>
+
+<p>&mdash;Use o no otros, llevar&eacute; &eacute;ste mientras viva y aun despu&eacute;s de
+muerta&mdash;dijo bes&aacute;ndolo.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">a media noche</span></p>
+
+
+<p>Lleg&oacute; la noche hermosa y clara, aunque yo la hubiera preferido tan
+obscura y tormentosa como la que protegi&oacute; mi primera expedici&oacute;n, pero la
+fortuna no quiso mostr&aacute;rseme favorable. No obstante, contaba deslizarme
+lo m&aacute;s cerca posible al muro, para no ser visto desde las ventanas del
+castillo nuevo que daban a la parte del foso por donde me propon&iacute;a
+escalar el puente. Por Juan supe que hab&iacute;an fijado s&oacute;lidamente al muro
+la &laquo;Escala de Jacob,&raquo; de tal suerte, que s&oacute;lo empleando substancias
+explosivas o atac&aacute;ndola a golpes de pico hubiera sido posible moverla de
+su sitio y el estr&eacute;pito producido por tales medios hubiera advertido en
+seguida a los del castillo. Pero esa nueva precauci&oacute;n hab&iacute;a de serme
+favorable, porque confiados en ella no vigilar&iacute;an tanto el foso. Aun
+suponiendo que Juan me hiciese traici&oacute;n, ignoraba aquella parte de mi
+plan y sin duda esperaba verme atacar la puerta principal a la cabeza de
+mi gente. All&iacute;&mdash;como le dije a Sarto,&mdash;estaba el verdadero peligro.</p>
+
+<p>&mdash;Y all&iacute;&mdash;agregu&eacute;,&mdash;se hallar&aacute; usted. &iquest;Todav&iacute;a no est&aacute; usted satisfecho?</p>
+
+<p>No, no lo estaba. Lo que &eacute;l quer&iacute;a era acompa&ntilde;arme, a lo cual me negu&eacute;
+terminantemente. Un hombre solo pod&iacute;a acercarse sin ser visto; con dos
+el riesgo hubiera sido mucho mayor, y cuando me dijo que mi vida era
+demasiado preciosa para arriesgarla solo, le mand&eacute; guardar silencio,
+asegur&aacute;ndole que si el Rey no escapase con vida aquella noche tampoco
+vivir&iacute;a yo.</p>
+
+<p>La columna mandada por Sarto sali&oacute; de Tarlein a media noche y tom&oacute; por
+la derecha un camino poco frecuentado que no pasaba por el pueblo de
+Zenda. Si no ocurr&iacute;a tropiezo alguno, la columna deb&iacute;a de hallarse
+frente al castillo a las dos menos cuarto, y ten&iacute;a orden de dejar los
+caballos a buena distancia de la fortaleza, en un punto convenido de
+antemano, acercarse despu&eacute;s cautelosamente a la entrada y esperar que
+Juan abriese la puerta. Si a las dos permaneciese cerrada, Sarto
+mandar&iacute;a a Tarlein a reunirse conmigo al otro lado del castillo, y
+suponiendo que yo viviese todav&iacute;a, decidir&iacute;amos entonces si conven&iacute;a o
+no intentar un asalto decisivo. Si Tarlein no me hallase, &eacute;l y Sarto
+deber&iacute;an de regresar con su gente a Tarlein a toda prisa, llamar al
+General y con &eacute;ste y todas las fuerzas disponibles atacar abiertamente
+el castillo. Mi ausencia significar&iacute;a que yo hab&iacute;a muerto y sab&iacute;a que en
+tal caso el Rey no me sobrevivir&iacute;a cinco minutos.</p>
+
+<p>Dejando por el momento a Sarto y su gente, referir&eacute; lo que hice por mi
+parte aquella memorable noche. Sal&iacute; del palacio de Tarlein montando el
+mismo vigoroso caballo en que regres&eacute; del pabell&oacute;n de caza a Estrelsau
+el d&iacute;a de la coronaci&oacute;n. Iba armado con rev&oacute;lver y espada y envuelto en
+amplia capa, bajo la cual llevaba ce&ntilde;ido y abrigado traje de lana,
+gruesas medias y ligero calzado de lona, como lo requer&iacute;a mi plan. Hab&iacute;a
+tomado la precauci&oacute;n de frotarme bien todo el cuerpo con aceite y de
+llevar conmigo un frasco de licor, para contrarrestar en lo posible los
+efectos de mi prolongada inmersi&oacute;n. Tambi&eacute;n me enroll&eacute; a la cintura una
+cuerda delgada y s&oacute;lida y no olvid&eacute; la escala. Sal&iacute; despu&eacute;s de Sarto y
+tom&eacute; el camino m&aacute;s corto de la izquierda, que a las doce y media me
+llev&oacute; al lindero del bosque. At&eacute; mi caballo en el centro de espeso grupo
+de &aacute;rboles, dejando mi rev&oacute;lver en la pistolera porque me hubiera sido
+in&uacute;til, y escala en mano me dirig&iacute; a la orilla del foso, donde at&eacute;
+s&oacute;lidamente la cuerda a un &aacute;rbol cercano y asi&eacute;ndola me deslic&eacute; en el
+agua. El reloj de la torre dio la una cuando empec&eacute; a nadar lo m&aacute;s cerca
+posible al muro del castillo y empujando ante m&iacute; la escala. Llegado al
+cilindro por donde pensaban arrojar el cad&aacute;ver del Rey, sent&iacute; bajo mis
+pies el reborde que all&iacute; formaban los cimientos; y haciendo pie me
+inclin&eacute; bajo el enorme tubo, trat&eacute; en vano de moverlo y esper&eacute;. Recuerdo
+que en aquellos momentos pareci&oacute; disiparse toda mi ansiedad por el Rey y
+aun mi amor a Flavia, para no pensar m&aacute;s que en una cosa: el deseo
+viv&iacute;simo de fumar. Deseo que, como se comprender&aacute;, me fue imposible
+satisfacer.</p>
+
+<p>Apoyado de espaldas en el muro de la prisi&oacute;n del Rey, divisaba en lo
+alto a unas diez varas a mi derecha la armaz&oacute;n elegante y ligera del
+puente levadizo. Dos varas m&aacute;s ac&aacute; y casi al mismo nivel del puente vi
+una ventana que, seg&uacute;n los informes de Juan, pertenec&iacute;a a la habitaci&oacute;n
+del Duque. La ventana correspondiente al otro lado, era sin duda la de
+Antonieta. Tem&iacute;a vivamente que &eacute;sta olvidase mis instrucciones y el
+ataque nocturno de que deb&iacute;a de fingirse v&iacute;ctima a las dos en punto. Me
+re&iacute;a al pensar en el papel que hab&iacute;a destinado a Ruperto Henzar, pero
+ten&iacute;a con &eacute;ste una cuenta pendiente y todav&iacute;a me dol&iacute;a la pu&ntilde;alada que
+me hab&iacute;a dado en el hombro a traici&oacute;n y con sin igual audacia, en
+presencia de todos mis amigos, en la terraza del palacio de Tarlein.</p>
+
+<p>De repente se ilumin&oacute; la habitaci&oacute;n del Duque, cuyas mal cerradas
+persianas me permitieron ver en parte el interior de la misma,
+poni&eacute;ndome de puntillas sobre la sumergida roca. Luego se abrieron las
+persianas por completo y distingu&iacute; el gracioso contorno de Antonieta de
+Maub&aacute;n, destac&aacute;ndose con toda precisi&oacute;n en la viva luz del cuarto.
+Anhelaba decirle muy quedo: &laquo;&iexcl;Acu&eacute;rdese usted!&raquo; pero no me atrev&iacute;, y fue
+fortuna, porque muy pronto apareci&oacute; a su lado un hombre, que trat&oacute; de
+enlazar con su brazo el talle de la dama. Apart&oacute;se &eacute;sta r&aacute;pidamente y o&iacute;
+la risa burlona de su compa&ntilde;ero. Era Ruperto, que inclin&aacute;ndose hacia
+ella murmur&oacute; algunas palabras. Antonieta extendi&oacute; la mano hacia el foso
+y dijo, con voz resuelta:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Antes me arrojar&iacute;a por esta ventana!</p>
+
+<p>Ruperto se asom&oacute; y volvi&eacute;ndose despu&eacute;s hacia ella, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos, Antonieta, usted se chancea! &iquest;Es posible? &iexcl;Por Dios, qu&eacute; dice
+usted!</p>
+
+<p>No obtuvo respuesta, o por lo menos nada o&iacute;; Ruperto golpe&oacute; varias veces
+el repecho de la ventana y continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El diablo cargue con el Duque! &iquest;No le basta la Princesa? Y usted
+misma &iquest;qu&eacute; atractivos halla en &eacute;l?</p>
+
+<p>&mdash;Si yo le repitiera lo que usted dice...</p>
+
+<p>&mdash;Rep&iacute;taselo usted en buena hora&mdash;dijo Ruperto con la mayor
+indiferencia;&mdash;y viendola desprevenida, se le acerc&oacute; de un salto y la
+bes&oacute;, ech&aacute;ndose despu&eacute;s a re&iacute;r y exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ahora tiene usted algo m&aacute;s que contarle!</p>
+
+<p>De haber tenido mi rev&oacute;lver, la tentaci&oacute;n hubiera sido quiz&aacute;s demasiado
+fuerte, pero desarmado como estaba, agregu&eacute; aquel nuevo desm&aacute;n a la
+cuenta que ten&iacute;a pendiente con Ruperto.</p>
+
+<p>&mdash;Y eso que al Duque&mdash;continu&oacute;,&mdash;maldito lo que se le importa. Est&aacute; loco
+por la Princesa y no habla m&aacute;s que de cortarle el pescuezo al coquillo.</p>
+
+<p>Bueno era saberlo.</p>
+
+<p>&mdash;Y si yo le hago ese servicio &iquest;sabe usted lo que me ofrece?</p>
+
+<p>La pobre mujer elev&oacute; ambas manos sobre su cabeza, no s&eacute; si suplicante o
+desesperada.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no me gusta esperar&mdash;dijo Ruperto; y comprend&iacute; que iba a poner de
+nuevo sus manos sobre Antonieta, cuando o&iacute; el ruido que hac&iacute;a una puerta
+al abrirse dentro de la habitaci&oacute;n, y una voz que dec&iacute;a &aacute;speramente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hace usted aqu&iacute;, se&ntilde;or m&iacute;o?</p>
+
+<p>Ruperto volvi&oacute; la espalda a la ventana, salud&oacute; y dijo con su voz fuerte
+y alegre de siempre:</p>
+
+<p>&mdash;Pues estoy tratando de excusar la ausencia de Vuestra Alteza. &iquest;Pod&iacute;a
+dejar sola a esta se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>El Duque se adelant&oacute;, asi&oacute; a Ruperto por el brazo y se&ntilde;alando la
+ventana, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En el foso hay lugar para otros adem&aacute;s del Rey!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me amenaza Vuestra Alteza?&mdash;pregunt&oacute; el joven.</p>
+
+<p>&mdash;Una amenaza es m&aacute;s de lo que muchos obtienen de m&iacute;&mdash;replic&oacute; Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;Lo cual no impide que Ras&eacute;ndil, a pesar de tantas amenazas, siga vivo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Soy yo acaso responsable de las torpezas de los que me sirven?</p>
+
+<p>&mdash;En cambio Vuestra Alteza no corre el riesgo de cometer
+torpezas&mdash;replic&oacute; Ruperto con sorna.</p>
+
+<p>No pod&iacute;a dec&iacute;rsele m&aacute;s claro a Miguel que evitaba el peligro. Gran
+dominio deb&iacute;a de tener sobre s&iacute; mismo, porque le o&iacute; contestar con calma:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Basta ya! No disputemos, Ruperto. &iquest;Est&aacute;n en sus puestos Dechard y
+Berson&iacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;No le necesito a usted por ahora.</p>
+
+<p>&mdash;No estoy fatigado...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;rvase usted dejarnos&mdash;orden&oacute; impaciete Miguel.&mdash;Dentro de diez
+minutos quedar&aacute; retirado el puente levadizo y supongo que no querr&aacute;
+usted regresar a nado a su cuarto.</p>
+
+<p>Desapareci&oacute; la silueta de Henzar y o&iacute; la puerta que se cerraba tras &eacute;l.
+Antonieta y Miguel quedaron solos y not&eacute; con pesar que el &uacute;ltimo cerraba
+la ventana. Todav&iacute;a los vi hablar unos momentos, Antonieta movi&oacute; la
+cabeza negativamente y el Duque se apart&oacute; de ella con adem&aacute;n impaciente.
+Perd&iacute; de vista a la dama, volv&iacute; a oir la puerta que le daba paso y el
+Duque cerr&oacute; las persianas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;De Gautet! &iexcl;Eh, De Gautet!&mdash;llam&oacute; una voz desde el
+puente.&mdash;&iexcl;Despacha, hombre, si no quieres tomar un ba&ntilde;o antes de meterte
+en cama!</p>
+
+<p>Era la voz de Ruperto y momentos despu&eacute;s &eacute;l y De Gautet d&aacute;ndose el brazo
+cruzaban el puente. Llegados al centro de &eacute;ste, Ruperto detuvo a su
+compa&ntilde;ero, se inclin&oacute;, mirando hac&iacute;a el foso, y yo me ocult&eacute; prontamente
+tras la &laquo;Escala de Jacob.&raquo;</p>
+
+<p>Entonces Henzar se divirti&oacute; a su modo. Tom&oacute; de manos de su amigo una
+botella que &eacute;ste llevaba, la aplic&oacute; a sus labios y arroj&aacute;ndola furioso
+al agua exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Apenas una gota!</p>
+
+<p>A juzgar por el sonido y por los c&iacute;rculos trazados en el agua, la
+botella cay&oacute; muy cerca del tubo que me ocultaba a menos de una vara. Y
+Ruperto, sacando el rev&oacute;lver, la convirti&oacute; en blanco de sus disparos.
+Los dos primeros no le acertaron, pero dieron en el tubo, y el tercero
+rompi&oacute; la botella en mil pedazos. Supuse que con aquello se dar&iacute;a por
+satisfecho, pero sigui&oacute; disparando contra el tubo hasta vaciar su arma,
+el &uacute;ltimo de cuyos proyectiles me roz&oacute; los cabellos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah del puente!&mdash;grit&oacute; una voz con gran regocijo m&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un momento!&mdash;exclamaron Ruperto y De Gautet, echando a correr.</p>
+
+<p>Retirado el puente, todo qued&oacute; tranquilo. El reloj dio la una y cuarto,
+y yo me desperec&eacute;, bostezando.</p>
+
+<p>Hab&iacute;an transcurrido diez minutos, cuando o&iacute; un ligero ruido a mi
+derecha. Mir&eacute; por encima del tubo y vi una sombra, la vaga silueta de un
+hombre, en la puerta que daba al puente. Reconoc&iacute; la gallarda apostura
+de Ruperto. Ten&iacute;a una espada en la mano y permaneci&oacute; inm&oacute;vil algunos
+momentos. Me pregunt&eacute; alarmado qu&eacute; nueva maldad meditaba aquel brib&oacute;n.
+Le o&iacute; re&iacute;rse con sorna, como sol&iacute;a, y le vi volver de cara al muro, dar
+un paso hacia m&iacute;, y luego, con gran sorpresa por mi parte, empez&oacute; a
+bajar por al muro mismo. Comprend&iacute; que en &eacute;ste hab&iacute;a pelda&ntilde;os, ya
+cortados en la piedra, ya clavados de trecho en trecho entre los
+sillares. Ruperto, lleg&oacute; por fin al &uacute;ltimo y poniendo su espada entre
+los dientes se desliz&oacute; en el agua sin hacer el menor ruido. Trat&aacute;ndose
+s&oacute;lo de exponer mi vida, le hubiera salido al encuentro sin vacilaci&oacute;n
+alguna; con verdadero placer hubiera saldado all&iacute; nuestras cuentas, cara
+a cara y espada en mano, sin testigos, en la soledad de aquella hermosa
+noche. Pero &iquest;qu&eacute; ser&iacute;a entonces del Rey? Me domin&eacute; y segu&iacute; espiando sus
+movimientos con creciente inter&eacute;s.</p>
+
+<p>Nad&oacute; pausadamente hasta llegar al lado opuesto; el muro ten&iacute;a tambi&eacute;n
+all&iacute; pelda&ntilde;os, por los cuales subi&oacute; hasta verse en la otra parte que
+tambi&eacute;n daba al puente, la cual abri&oacute; con una llave que le vi sacar del
+bolsillo. Despu&eacute;s desapareci&oacute; sin que la entornada o cerrada puerta
+hiciera el m&aacute;s peque&ntilde;o ruido.</p>
+
+<p>Abandonando mi escala, pues era evidente que ya no la necesitaba, nade
+hacia el puente, escal&eacute; la mitad del muro y all&iacute; me detuve, espada en
+mano, escuchando atentamente. La ventana del Duque estaba cerrada, y la
+habitaci&oacute;n, al parecer en profunda obscuridad. En la de Antonieta hab&iacute;a
+luz. Nada interrumpi&oacute; el silencio de la noche, hasta que dio la una y
+media en el gran reloj de la torre.</p>
+
+<p>Evidentemente no era yo el &uacute;nico que conspiraba aquella noche en el
+castillo.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">golpe de mano</span></p>
+
+
+<p>La situaci&oacute;n en que me hallaba no era por cierto muy favorable para
+entrar en hondas meditaciones. Sin embargo, no dej&eacute; de reconocer y
+decirme que el nuevo proyecto de Henzar, por infame que fuese,
+significaba una ventaja para m&iacute;; la de situarlo al lado opuesto del
+foso, separado por lo tanto del Rey. No ser&iacute;a culpa m&iacute;a si lograba
+regresar a la otra orilla. Los restantes con quienes ten&iacute;a que
+hab&eacute;rmelas eran tres: dos de guardia y De Gautet dormido. &iexcl;Ah, si
+hubiera tenido las llaves en mi poder! Con ellas lo hubiera arriesgado
+todo y atacado a Dechard y Berson&iacute;n antes de que sus secuaces pudieran
+acudir en su auxilio. Pero, por lo pronto, me ve&iacute;a forzado a esperar que
+la llegada de mi gente llamase la atenci&oacute;n de los que ten&iacute;an las llaves,
+o de algunos de ellos, induci&eacute;ndoles a cruzar el puente y ponerse a mi
+alcance. Esper&eacute; cinco minutos m&aacute;s que me parecieron media hora, y
+entonces empez&oacute; el pr&oacute;ximo acto en aquel drama de tan inesperadas cuanto
+r&aacute;pidas escenas.</p>
+
+<p>Todo estaba tranquilo en la opuesta orilla. La habitaci&oacute;n del Duque
+segu&iacute;a cerrada y obscura, pero en la ventana de Antonieta se ve&iacute;a el
+reflejo de la luz que brillaba en su cuarto. Entonces o&iacute; el leve rumor,
+apenas perceptible. Proven&iacute;a del otro lado de la puerta que daba paso al
+puente, y no tard&eacute; en oir tambi&eacute;n el ruido de una llave cuidadosamente
+introducida en la cerradura. &iquest;Qu&eacute; puerta era aqu&eacute;lla? Imagin&aacute;bame a
+Henzar con la espada en una mano, la llave en la otra y en los labios su
+c&iacute;nica sonrisa, pero no conoc&iacute;a con certeza sus designios.</p>
+
+<p>Pronto sal&iacute; de dudas. A los pocos momentos, mucho antes de que mis
+amigos llegasen a la puerta del castillo y antes tambi&eacute;n de que Juan
+pensase en abrirla, se oy&oacute; un gran estr&eacute;pito en la habitaci&oacute;n iluminada,
+como si la l&aacute;mpara hubiese sido arrojada violentamente al suelo y
+desapareci&oacute; la luz que sal&iacute;a por la ventana. Al mismo tiempo parti&oacute; de
+la habitaci&oacute;n un grito penetrante: &laquo;&iexcl;Socorro, Miguel! &iexcl;Socorro!;&raquo; y a
+estas voces siguieron otros gritos desesperados que revelaban indecible
+terror.</p>
+
+<p>Presa de mortal angustia, permanec&iacute;a yo en el m&aacute;s alto pelda&ntilde;o, asido al
+quicio de la puerta con una mano y sosteniendo en la otra la espada. De
+repente not&eacute; que el arco de entrada era m&aacute;s ancho que el puente y
+formaba un obscuro &aacute;ngulo, en el que me ocult&eacute; apresuradamente. Desde
+all&iacute; dominaba aquella v&iacute;a de comunicaci&oacute;n entre el antiguo castillo y la
+construcci&oacute;n moderna.</p>
+
+<p>Entonces reson&oacute; otro grito agudo. Se oy&oacute; despu&eacute;s el golpe dado contra la
+pared por una puerta abierta violentamente, y la voz de Miguel que
+gritaba: &laquo;&iexcl;Abre, Antonieta! En nombre del Cielo, &iquest;qu&eacute; sucede?&raquo;</p>
+
+<p>La respuesta fue precisamente la que yo hab&iacute;a escrito en mi carta:</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;&iexcl;Socorro, Miguel! &iexcl;Es Henzar!&raquo;</p>
+
+<p>El Duque lanz&oacute; una blasfemia y golpe&oacute; violentamente la puerta. En aquel
+instante o&iacute; abrirse una ventana sobre m&iacute; cabeza, la voz de un hombre
+preguntando: &laquo;&iquest;Qu&eacute; es eso? &iquest;qu&eacute; ocurre?&raquo; y despu&eacute;s pasos precipitados.
+Oprim&iacute; firmemente el pu&ntilde;o de mi espada. Si De Gautet llegaba a salir su
+muerte era segura.</p>
+
+<p>O&iacute; despu&eacute;s el choque de dos aceros, las pisadas, de los combatientes y
+el grito de uno de ellos al caer herido. Se abrieron de golpe las
+persianas, lo que me permiti&oacute; ver a Ruperto Henzar que, de espaldas a
+la ventana y tendi&eacute;ndose a fondo, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Para ti, Juan! &iexcl;Y ahora te toca el turno, Miguel! &iexcl;Ac&eacute;rcate!</p>
+
+<p>Es decir, que Juan estaba all&iacute;, que hab&iacute;a acudido probablemente en
+auxilio del Duque. Y en tal caso, &iquest;c&oacute;mo hab&iacute;a de abrir a tiempo la
+puerta del castillo? Porque me tem&iacute;a que Ruperto acababa de matarlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Socorro!&mdash;grit&oacute; d&eacute;bilmente el Duque.</p>
+
+<p>O&iacute; pasos en la escalera inmediata a la puerta donde me ocultaba y
+tambi&eacute;n rumor de voces a mi derecha, hacia abajo, en direcci&oacute;n a la
+celda del Rey. Pero antes de que ocurriese cosa alguna de la parte de
+ac&aacute; del foso, vi por la ventana de Antonieta que cinco o seis hombres
+rodeaban a Ruperto. Este les hac&iacute;a frente con sin igual destreza y br&iacute;o,
+y por un momento los oblig&oacute; a retroceder. Aquella pausa le bast&oacute; para
+saltar sobre el antepecho de la ventana, blandiendo su espada,
+sonriente, ebrio de sangre. Despu&eacute;s, dando una carcajada, se lanz&oacute; de
+cabeza al agua.</p>
+
+<p>Nada m&aacute;s supe de Ruperto por entonces, porque al arrojarse &eacute;l al foso
+asom&oacute; por la puerta inmediata a m&iacute; el aguzado rostro de De Gautet. Sin
+vacilar un momento levant&eacute; la espada, le descargu&eacute; un golpe con toda la
+fuerza que Dios me ha dado y cayo muerto: ni una palabra, ni un gemido.
+Me arrodill&eacute; junto al cad&aacute;ver y le registr&eacute; ansiosamente los bolsillos,
+murmurando: &laquo;&iexcl;Las llaves, las llaves!&raquo; No encontr&aacute;ndolas, furioso,
+golpe&eacute; (&iexcl;Dios me perdone!) el rostro de aquel muerto.</p>
+
+<p>Por fin descubr&iacute; las llaves. Eran tres, e introduciendo la mayor en la
+cerradura de la puerta que conduc&iacute;a a la prisi&oacute;n del Rey, vi que giraba
+sin dificultad. &iexcl;La puerta estaba abierta! Entr&eacute;, y cerr&aacute;ndola tras m&iacute;
+con el menor ruido posible, retir&eacute; la llave y la guard&eacute; en el bolsillo.</p>
+
+<p>Me hall&eacute; en lo alto de una escalera de piedra, alumbrada d&eacute;bilmente por
+una l&aacute;mpara de aceite. Descolgu&eacute; &eacute;sta y permaneciendo inm&oacute;vil, escuch&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; demonios ser&aacute;?&mdash;pregunt&oacute; una voz al otro lado de la puerta que
+quedaba al pie de la escalera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te parece que lo matemos?&mdash;dijo otra voz.</p>
+
+<p>&mdash;Espera un poco; mira que si damos el golpe antes de tiempo tendremos
+un disgusto serio,&mdash;fue la respuesta de Dechard, que o&iacute; con indecible
+placer.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; un breve silencio y despu&eacute;s o&iacute; que descorr&iacute;an cautelosamente el
+cerrojo. Apagu&eacute; en seguida la l&aacute;mpara que ten&iacute;a en la mano y volv&iacute; a
+colgarla del gancho fijo en la pared.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; obscuro. Se ha apagado la l&aacute;mpara. &iquest;Tienes f&oacute;sforos?&mdash;dijo
+Berson&iacute;n.</p>
+
+<p>Pero hab&iacute;a llegado el momento. Antes de que pudieran hacer luz baj&eacute; cuan
+aprisa pude los escalones y me lanc&eacute; contra la puerta, cuyo cerrojo
+hab&iacute;a descorrido Berson&iacute;n y que cedi&oacute; al golpe. All&iacute; estaba el belga
+empu&ntilde;ando la espada y con &eacute;l Dechard, sentado en un sof&aacute;. Berson&iacute;n,
+sorprendido al verme, retrocedi&oacute;; Dechard salt&oacute; sobre su espada. Ataqu&eacute;
+furiosamente al primero, acos&aacute;ndole hasta la pared. Aunque valiente, no
+era esgrimidor de primera fuerza y pronto cay&oacute; a mis pies. Me volv&iacute;
+hacia donde estaba Dechard, pero &eacute;ste hab&iacute;a desaparecido; fiel a la
+consigna recibida del Duque, en lugar de atacarme hab&iacute;a corrido a la
+puerta de la otra celda y cerr&aacute;dola tras s&iacute;. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a del Rey en aquel
+momento?</p>
+
+<p>No dudo que Dechard le hubiera dado muerte y a m&iacute; tambi&eacute;n, sin la
+intervenci&oacute;n de un adicto servidor que dio la vida por su soberano.
+Forc&eacute; la puerta y vi al Rey en un rinc&oacute;n, impotente, debilitado por la
+enfermedad, moviendo de un lado a otro sus manos encadenadas, ri&eacute;ndose,
+medio loco. Dechard y el m&eacute;dico estaban en el centro del calabozo; el
+&uacute;ltimo se hab&iacute;a abrazado al asesino con todas sus fuerzas, impidi&eacute;ndole
+por el momento mover los brazos. Pero Dechard no tard&oacute; en desasirse y
+en atravesar con su espada al indefenso m&eacute;dico.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s se volvi&oacute; hacia m&iacute;, grit&aacute;ndome:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por fin!</p>
+
+<p>Cruzamos los aceros. Por fortuna m&iacute;a, ni &eacute;l ni Berson&iacute;n ten&iacute;an a mano
+los rev&oacute;lvers al sorprenderlos yo. Los encontr&eacute; m&aacute;s tarde, cargados, en
+la otra habitaci&oacute;n, sobre la repisa de la chimenea. Empezamos, pues, el
+combate con armas iguales. La lucha fue silenciosa, encarnizada, mortal.
+De sus peripecias conservo escaso recuerdo, pero s&eacute; que Dechard manejaba
+la espada tan bien como yo; mejor a&uacute;n, porque conoc&iacute;a m&aacute;s tretas y
+golpes secretos, que le permitieron acosarme y hacerme retroceder hasta
+la reja que guardaba la entrada de la &laquo;Escala de Jacob.&raquo; Apareci&oacute; en sus
+labios una sonrisa y su espada me atraves&oacute; el brazo izquierdo.</p>
+
+<p>No me envanezco de aquel combate. Creo que mi enemigo hubiera acabado
+conmigo y asesinado despu&eacute;s al Rey, porque era el duelista m&aacute;s h&aacute;bil que
+he conocido; pero cuando me ve&iacute;a en mayor aprieto, se incorpor&oacute; el Rey
+de un salto, cadav&eacute;rico y fuera de s&iacute;, gritando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es mi primo Rodolfo! &iexcl;Mi primo Rodolfo! &iexcl;Yo te ayudar&eacute;, primo! Y
+asiendo su silla, que a duras penas pudo levantar del suelo, se acerc&oacute; a
+nosotros. Era aquel un auxilio inesperado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adelante!&mdash;le grit&eacute;.&mdash;&iexcl;Un golpe con la silla!</p>
+
+<p>Dechard me dirigi&oacute; una estocada furiosa, que apenas pude parar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adelante!&mdash;volv&iacute; a gritar al Rey.&mdash;&iexcl;Pronto, pronto!</p>
+
+<p>El Rey lanz&oacute; una carcajada y se adelant&oacute; de nuevo, empujando la silla.</p>
+
+<p>Dechard, blasfemando, salt&oacute; hacia atr&aacute;s, y antes de que pudiera darme
+cuenta de lo que iba a hacer, dirigi&oacute; su arma contra el Rey, que cay&oacute;
+lanzando un doloroso gemido. El &aacute;gil espadach&iacute;n me hizo frente otra vez,
+pero al volverse resbal&oacute; en el charco de sangre inmediato al cad&aacute;ver del
+m&eacute;dico, y cay&oacute; al suelo. Me lanc&eacute; sobre &eacute;l con la rapidez del rayo, y
+asi&eacute;ndole por la garganta lo atraves&eacute; de parte a parte. El miserable
+cay&oacute; sobre el cuerpo de su v&iacute;ctima, lanz&aacute;ndome una maldici&oacute;n.</p>
+
+<p>&iquest;Hab&iacute;a muerto el Rey? Mi primer pensamiento fue para &eacute;l y corr&iacute; a su
+lado. Parec&iacute;a cad&aacute;ver; ten&iacute;a una enorme herida en la frente y permanec&iacute;a
+inm&oacute;vil, tendido en el suelo. Me arrodill&eacute; y apliqu&eacute; el o&iacute;do a su pecho;
+pero antes de que pudiera cerciorarme de su muerte o&iacute; el chirrido de las
+cadenas del puente al bajarlo, y un momento despu&eacute;s descansaba en su
+lugar contra el muro, del lado del foso en que yo estaba. Iba, pues, a
+verme cogido en una trampa, y el Rey conmigo, si todav&iacute;a estaba vivo.
+Ten&iacute;a que abandonarlo a su suerte. Torn&eacute; la espada y volv&iacute; a la primera
+habitaci&oacute;n. &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a echado el puente? &iquest;Habr&iacute;an sido mis amigos? En
+tal caso todo ir&iacute;a bien. Mi mirada se dirigi&oacute; a los rev&oacute;lvers y tomando
+uno de ellos me dirig&iacute; a la puerta de la escalera y escuch&eacute;. Necesitaba
+tambi&eacute;n unos momentos de descanso. Rasgu&eacute; la manga de mi camisa y con
+ella me vend&eacute; el brazo lo mejor posible. Escuch&eacute; otra, vez; hubiera dado
+cuanto pose&iacute;a por oir la voz de Sarto, porque me sent&iacute;a d&eacute;bil, casi
+ex&aacute;nime y el brib&oacute;n de Ruperto segu&iacute;a suelto por el castillo. Pero
+comprendiendo que me ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil defender la estrecha puerta situada
+en la parte superior de la escalera que la muy ancha que daba entrada a
+las celdas, sub&iacute; los escalones casi arrastr&aacute;ndome y me detuve detr&aacute;s de
+la puerta.</p>
+
+<p>Lo primero que o&iacute; fue la risa burlona y altanera de Ruperto, risa
+extra&ntilde;a en aquellas circunstancias y en aquel lugar. Desde luego
+indicaba que no hab&iacute;an llegado mis amigos, pues de lo contrario hubieran
+despachado a Ruperto a tiros. &iexcl;Y el reloj dio las dos y media! &iexcl;Dios
+m&iacute;o! &iquest;Ser&iacute;a posible que viendo la puerta cerrada y no hall&aacute;ndome a
+orillas del foso, hubiesen regresado a Tarlein con la noticia de la
+muerte del Rey y la m&iacute;a? Muertes que por cierto parec&iacute;an muy pr&oacute;ximas,
+que ocurrir&iacute;an probablemente antes de que Sarto y los suyos llegasen a
+Tarlein. &iquest;No lo anunciaba as&iacute; la risa triunfante de Ruperto?</p>
+
+<p>Permanec&iacute; algunos instantes anonadado, apoy&aacute;ndome contra la puerta.
+Luego me incorpor&eacute; vivamente, porque Ruperto gritaba con despreciativo
+acento:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ea, venid! &iexcl;Aqu&iacute; est&aacute; el puente! &iexcl;A no ser que Miguel el Negro os lo
+prohiba, perros, para convertirse &eacute;l mismo en campe&oacute;n de su dama! &iexcl;V&eacute;n a
+batirte por ella, Miguel!</p>
+
+<p>Si la lucha hab&iacute;a de ser entre tres bien pod&iacute;a yo tomar parte en ella,
+por malparado que estuviese. Di vuelta a la llave, entreabr&iacute; la puerta y
+mir&eacute;.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">cara a cara en el bosque</span></p>
+
+
+<p>Nada pude ver por el momento, porque la viva luz de las antorchas y
+linternas que brillaban al otro lado del puente me deslumbr&oacute;. Pero no
+tard&eacute; en distinguir los detalles de aquella escena singular. El puente
+estaba echado. En su m&aacute;s lejano extremo, un grupo de servidores del
+Duque, dos o tres de los cuales llevaban las luces de que he hablado y
+los otros tres o cuatro estaban armados con largas picas dirigidas hacia
+adelante, en actitud defensiva. Formaban apretado grupo y la palidez de
+sus rostros denotaba la agitaci&oacute;n de que estaban pose&iacute;dos. La verdad es
+que contemplaban con espanto a un hombre, plantado en medio del puente,
+espada en mano. Era Ruperto Henzar, en mangas de camisa, ensangrentada
+&eacute;sta sobre el pecho; pero su aspecto resuelto y erguido cuerpo, me
+indicaron desde luego que estaba ileso o cuando m&aacute;s lev&iacute;simamente
+herido. All&iacute; se hallaba, cortando el paso del puente, retando a sus
+contrarios y al Duque mismo; al paso que aqu&eacute;llos, sin armas de fuego,
+temblaban ante el denodado joven, sin osar atacarlo. Habl&aacute;banse en voz
+baja y tras ellos, apoyado contra el dintel de la puerta, vi a mi amigo
+Juan, que con un pa&ntilde;uelo procuraba resta&ntilde;ar la sangre que manaba de una
+herida recibida en la mejilla.</p>
+
+<p>Una casualidad providencial me hac&iacute;a due&ntilde;o de la situaci&oacute;n. Aquellos
+cobardes no se atrever&iacute;an conmigo m&aacute;s que con Ruperto; y en cuanto a
+&eacute;ste, me bastaba alzar el brazo y de un disparo mandarlo al otro mundo a
+dar cuenta de sus cr&iacute;menes. Ignoraba hasta mi presencia all&iacute;. Sin
+embargo, nada de eso hice. &iquest;Por qu&eacute;? Nunca lo he sabido. Hab&iacute;a ya dado
+muerte a un hombre, de noche y traidoramente, y a otro m&aacute;s bien por
+suerte que por ma&ntilde;a. Pero a pesar de ser Ruperto tan gran villano, me
+repugnaba la idea de unirme a la turba que lo amenazaba para matarlo.
+Quiz&aacute;s fuese esta la causa. Por otra parte, me fascinaba la curiosidad,
+el vivo deseo de presenciar el fin de aquella escena.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Miguel! &iexcl;Perro! &iexcl;V&eacute;n si te atreves!&mdash;gritaba Ruperto, avanzando un
+paso hacia el grupo de sus temblorosos enemigos.&mdash;&iexcl;Miguel! &iexcl;bastardo!</p>
+
+<p>La respuesta se la dio el agudo grito de una mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muerto, Dios m&iacute;o! &iexcl;Ha muerto!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muerto!&mdash;vocifer&oacute; Ruperto.&mdash;&iexcl;Ah, el golpe fue m&aacute;s certero de lo que
+yo cre&iacute;a!&mdash;y lanz&oacute; una carcajada triunfante.&mdash;&iexcl;Abajo esas armas,
+vosotros! &iexcl;Ahora soy vuestro amo! &iexcl;Abajo, digo!</p>
+
+<p>Creo que le hubieran obedecido, a no haberse elevado en aquel preciso
+momento s&uacute;bito y lejano rumor, como de gritos y golpes dados al lado
+opuesto del castillo. El coraz&oacute;n me salt&oacute; en el pecho. Era sin duda mi
+gente, que por fortuna desobedec&iacute;a mis &oacute;rdenes y ven&iacute;a en mi busca. Las
+voces continuaban, pero la atenci&oacute;n de todos los presentes se fij&oacute; por
+entonces en una aparici&oacute;n inesperada. El grupo de soldados del Duque se
+abri&oacute; para dar paso a una mujer que se adelantaba vacilante. Era
+Antonieta de Maub&aacute;n, vistiendo blanca y holgada bata, suelto a la
+espalda el negro cabello, p&aacute;lido el rostro y cuyos ojos brillaban
+amenazadores a la luz de las antorchas. Su tr&eacute;mula mano empu&ntilde;aba un
+rev&oacute;lver y adelant&aacute;ndose por el puente apunt&oacute; a Ruperto y dispar&oacute;. La
+baja vino a estrellarse en el muro, a alguna distancia de mi cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, se&ntilde;ora!&mdash;exclam&oacute; Ruperto ri&eacute;ndose.&mdash;&iexcl;Si sus ojos no fueran m&aacute;s
+mort&iacute;feros que su rev&oacute;lver, no me ver&iacute;a yo en este lance, ni Miguel, a
+estas horas, en el infierno!</p>
+
+<p>Antonieta, sin dedicar la menor atenci&oacute;n a aquellas palabras, hizo un
+poderoso esfuerzo y logr&oacute; permanecer inm&oacute;vil, r&iacute;gida. Despu&eacute;s levant&oacute; el
+arma lentamente y apunt&oacute; con calma.</p>
+
+<p>Esperar all&iacute; hubiera sido una locura por parte de Ruperto. Ten&iacute;a que
+lanzarse sobre ella, corriendo el riesgo de recibir un balazo, o
+retroceder hacia m&iacute;. Por mi parte le apunt&eacute; tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Pero no hizo una cosa ni otra. Antes de que ella hubiera asegurado la
+punter&iacute;a, salud&oacute; graciosamente y grit&oacute;: &laquo;&iexcl;No puedo matar a la que he
+besado!&raquo; y sin que Antonieta o yo pudi&eacute;ramos imped&iacute;rselo, apoy&oacute; la mano
+sobre la barandilla del puente y salt&oacute; ligeramente al foso.</p>
+
+<p>En aquel mismo instante o&iacute; pasos precipitados y la voz de Sarto que
+dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;Dios eterno, es el Duque! &iexcl;Muerto!&raquo; Comprend&iacute; entonces que el
+Rey no me necesitaba ya, y arrojando al suelo mi rev&oacute;lver corr&iacute; hacia el
+puente. O&iacute; gritos de sorpresa: &laquo;&iexcl;El Rey, el Rey!&raquo; pero imitando a
+Ruperto Henzar salt&eacute; al foso, espada en mano, resuelto a terminar de una
+vez mi contienda con &eacute;l. A quince varas de distancia, sobre el agua,
+ve&iacute;a su rizada cabeza.</p>
+
+<p>Nadaba r&aacute;pidamente, y sin esfuerzo, al paso que yo, cansado y resentido
+de mi herida, no podr&iacute;a alcanzarle. Nad&eacute; alg&uacute;n tiempo en silencio, pero
+al verle doblar el &aacute;ngulo del castillo, le grit&eacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alto, Ruperto!</p>
+
+<p>Dirigi&oacute; una mirada atr&aacute;s, pero sigui&oacute; nadando. Hab&iacute;ase acercado a la
+alta orilla y comprend&iacute; que buscaba lugar favorable para tomar tierra.
+No lo hab&iacute;a, pero me acord&eacute; de mi cuerda, que probablemente colgar&iacute;a
+donde yo la hab&iacute;a dejado horas antes. Mientras &eacute;l exploraba el terreno
+me le acerqu&eacute; bastante, pero de pronto le o&iacute; lanzar una exclamaci&oacute;n de
+alegr&iacute;a y comprend&iacute; que hab&iacute;a descubierto la cuerda.</p>
+
+<p>Empez&oacute; a subir por ella y tan cerca estaba yo que le o&iacute; murmurar: &laquo;&iquest;C&oacute;mo
+demonios ha venido esto aqu&iacute;?&raquo; Llegu&eacute; a la cuerda y &eacute;l me vio,
+suspendido como estaba, pero no pude alcanzarle.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n va?&mdash;pregunt&oacute; sobresaltado.</p>
+
+<p>Creo que a primera vista me tom&oacute; por el Rey y no lo extra&ntilde;&eacute; porque mi
+palidez contribu&iacute;a al enga&ntilde;o; pero muy pronto exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calla, si es el comiquillo! &iquest;Qu&eacute; hace usted por aqu&iacute;?</p>
+
+<p>Diciendo esto lleg&oacute; a la orilla. Yo ten&iacute;a asida la cuerda, pero me
+detuve. Ruperto se hallaba en terreno firme, con la espada en la mano y
+nada m&aacute;s f&aacute;cil que hendirme de un tajo la cabeza o atravesarme de una
+estocada si me arriesgaba a subir. Solt&eacute; la cuerda.</p>
+
+<p>&mdash;No importa&mdash;dije;&mdash;lo esencial es que aqu&iacute; estoy y aqu&iacute; me quedo.</p>
+
+<p>Me mir&oacute; sonri&eacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;El diablo son las mujeres...&mdash;empez&oacute; a decir, cu&aacute;ndo se oy&oacute; la gran
+campana del castillo que tocaba a rebato, y fuertes gritos que parec&iacute;an
+salir del foso.</p>
+
+<p>Ruperto volvi&oacute; a sonre&iacute;rse y me hizo un saludo de despedida con la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho hubiera deseado hab&eacute;rmelas con usted&mdash;dijo,&mdash;pero la cosa se
+pone fea; y desapareci&oacute; de mi vista.</p>
+
+<p>En un instante, sin pensar en el peligro, sub&iacute; por la cuerda. Le vi a
+treinta varas de distancia, corriendo como un gamo en direcci&oacute;n al
+bosque. Era la primera vez que Ruperto se mostraba m&aacute;s prudente que
+animoso. Corr&iacute; tras &eacute;l, grit&aacute;ndole que se detuviese, pero no me hizo
+caso. Ileso y &aacute;gil ganaba terreno a cada paso; pero yo, olvidado de
+todo, excepto del deseo de vengarme, segu&iacute; sus huellas y muy pronto
+desaparecimos ambos en el bosque de Zenda.</p>
+
+<p>Eran las tres de la ma&ntilde;ana y empezaba a despuntar el d&iacute;a. Me hallaba en
+una avenida larga y recta, cubierta de c&eacute;sped y a cien varas de
+distancia corr&iacute;a Ruperto, flotante al viento el rizado cabello. Me
+sent&iacute;a rendido y respiraba fatigosamente; le v&iacute; volver el rostro y
+saludarme otra vez con la mano. Se burlaba de m&iacute;, porque ve&iacute;a que me era
+imposible alcanzarle. Tuve que detenerme para respirar y un momento
+despu&eacute;s Henzar torci&oacute; r&aacute;pidamente a la derecha y desapareci&oacute;.</p>
+
+<p>Cre&iacute; que todo hab&iacute;a terminado y me dej&eacute; caer abatido sobre la hierba.
+Pero ech&eacute; a correr de nuevo en seguida, porque o&iacute; salir del bosque el
+grito de una mujer. Haciendo un esfuerzo supremo llegu&eacute; al lugar donde
+Ruperto hab&iacute;a cambiado de rumbo, e imit&aacute;ndole, volv&iacute; a verle, en
+compa&ntilde;&iacute;a de una muchacha, a la que obligaba a bajar del caballo que
+montaba. Ella era sin duda la que hab&iacute;a lanzado aquel grito. Parec&iacute;a una
+campesina y llevaba una cesta pendiente del brazo. Probablemente se
+dirig&iacute;a al mercado de Zenda. El caballo era fuerte y de buena estampa.
+El truh&aacute;n de Ruperto la pos&oacute; en tierra sin hacer caso de sus gritos,
+pero sin violencia; al contrario, la bes&oacute; ri&eacute;ndose y le dio dinero.
+Despu&eacute;s mont&oacute; de un salto, a mujeriegas, y me esper&oacute;. Yo me detuve y le
+esper&eacute; a mi vez.</p>
+
+<p>Dirigi&oacute; su caballo hacia m&iacute;, pero lo detuvo a corta distancia y alzando
+la mano pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha hecho usted en el castillo?</p>
+
+<p>&mdash;He matado a sus tres amigos&mdash;respond&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo! &iquest;Baj&oacute; usted a la prisi&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el Rey?</p>
+
+<p>&mdash;Fue herido por Dechard, a quien di muerte, y espero que el Rey viva.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Necio!&mdash;exclam&oacute; Ruperto jovialmente.</p>
+
+<p>&mdash;Otra cosa hice.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y fue?</p>
+
+<p>&mdash;Perdonarle a usted la vida. Me hallaba detr&aacute;s de usted en el puente,
+rev&oacute;lver en mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Digo! &iexcl;Pues estuve entre dos fuegos!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ap&eacute;ese usted&mdash;le grit&eacute;,&mdash;y luche como un hombre!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En presencia de una dama?&mdash;dijo se&ntilde;alando a la muchacha.&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas
+tiene Vuestra Majestad!</p>
+
+<p>Entonces, furioso, sin saber lo que hac&iacute;a, corr&iacute; hacia &eacute;l. Pareci&oacute;
+vacilar un instante, pero despu&eacute;s refren&oacute; el caballo y me esper&oacute;.
+Continu&eacute; mi carrera, enloquecido, as&iacute; las riendas y le dirig&iacute; una
+estocada, que par&oacute;, devolvi&eacute;ndome el golpe. Retroced&iacute; un paso y renov&eacute;
+el ataque, pero aquella vez le abr&iacute; la mejilla y salt&eacute; atr&aacute;s antes de
+que &eacute;l pudiera alcanzarme. Parec&iacute;a desconcertado por la violencia de mi
+ataque, pues de lo contrario creo que hubiera acabado conmigo. Ca&iacute; sobre
+una rodilla, jadeante, esperando verme atropellado por su caballo. As&iacute;
+hubiera sucedido indudablemente, pero en aquel instante reson&oacute; un grito
+a nuestras espaldas y volvi&eacute;ndome vi a un jinete que acababa de dejar la
+avenida y galopaba por el sendero, rev&oacute;lver en mano. Era Federico
+Tarlein, mi fiel amigo. Ruperto lo reconoci&oacute; tambi&eacute;n, y comprendi&oacute; que
+hab&iacute;a perdido la partida. Tom&oacute; la debida posici&oacute;n en la silla, pero
+todav&iacute;a se detuvo un momento, para decirme con su eterna sonrisa:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hasta la vista, Rodolfo Ras&eacute;ndil!</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, sangr&aacute;ndole la mejilla, pero apuesto y gallardo siempre,
+movi&eacute;ndose en la silla con la facilidad y maestr&iacute;a de costumbre, me
+salud&oacute;; se inclin&oacute; tambi&eacute;n hacia la joven campesina, que se hab&iacute;a
+acercado fascinada; y con un adem&aacute;n se despidi&oacute; a su vez de Tarlein, que
+habi&eacute;ndose puesto a tiro levant&oacute; el rev&oacute;lver y dispar&oacute;. La bala estuvo a
+punto de acabar con Ruperto, porque le hizo pedazos el pu&ntilde;o de la espada
+que en la diestra ten&iacute;a. Solt&oacute; el arma, sacudiendo los dedos, golpe&oacute; los
+costados del caballo con los talones y lanzando una blasfemia, parti&oacute; al
+galope.</p>
+
+<p>Le mir&eacute; alejarse de la larga avenida, con tanta soltura como si se
+tratase de un paseo a caballo, como si no fuera desangr&aacute;ndose por sus
+heridas.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a se volvi&oacute; una vez m&aacute;s para saludarnos con la mano, y se ocult&oacute; a
+nuestra vista, indomable y airoso como siempre, tan valiente como
+perverso. Y yo arroj&eacute; al suelo mi espada y supliqu&eacute; a Tarlein que lo
+persiguiese. Pero lejos de eso detuvo su caballo, desmont&oacute; y corriendo
+hacia m&iacute; me abraz&oacute; estrechamente. A tiempo llegaba, porque la herida que
+recib&iacute; en la lucha con Dechard hab&iacute;a vuelto a abrirse y la sangre corr&iacute;a
+abundante, formando roja mancha en el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues entonces d&eacute;me usted su caballo!&mdash;grit&eacute;, apart&aacute;ndolo de m&iacute;.&mdash;Di
+algunos pasos hacia el caballo, tambale&aacute;ndome, y ca&iacute; de bruces. Tarlein
+se arrodill&oacute; a mi lado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Federico!&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, amigo m&iacute;o, amigo querido&mdash;me contest&oacute; con la dulzura de una mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vive el Rey?</p>
+
+<p>Sac&oacute; su pa&ntilde;uelo, limpi&oacute; con &eacute;l mis labios y me bes&oacute; en la frente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si, vive, gracias al m&aacute;s valiente caballero que he
+conocido!&mdash;contest&oacute; en voz baja.</p>
+
+<p>La pobre campesina segu&iacute;a all&iacute;, llorosa y sorprendida, porque me hab&iacute;a
+visto en Zenda y cre&iacute;a que el Rey yac&iacute;a p&aacute;lido y ensangrentado a sus
+pies.</p>
+
+<p>Al oir aquellas palabras de Tarlein quise gritar:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Viva el Rey!&raquo; pero no pude, y reclin&eacute; la cabeza en los brazos de mi
+amigo, lanzando un gemido; mas temeroso de que &eacute;l interpretase mal mi
+silencio, volv&iacute; a abrir los ojos y procur&eacute; articular aquellas palabras:
+&laquo;&iexcl;Viva!...&raquo; &iexcl;Imposible! Mortalmente cansado, transido de fr&iacute;o, me cobij&eacute;
+en brazos de Tarlein, cerr&eacute; los ojos y qued&eacute; desvanecido.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XX" id="XX"></a>XX</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">el prisionero y el rey</span></p>
+
+
+<p>Para que se comprenda bien lo ocurrido en el castillo de Zenda, tengo
+que completar el relato de lo que yo en persona vi e hice aquella noche
+con una breve rese&ntilde;a de lo que m&aacute;s tarde supe por Tarlein y la se&ntilde;ora de
+Maub&aacute;n. Esta me explic&oacute; por qu&eacute; el grito que yo le hab&iacute;a mandado dar
+como se&ntilde;al se hab&iacute;a convertido de estratagema en siniestra realidad y
+o&iacute;dose mucho antes de la hora convenida; grito que por un momento
+apareci&oacute; ser la ruina de todas nuestras esperanzas, pero que vino a
+favorecerlas en definitiva. La desgraciada mujer, impulsada, seg&uacute;n creo,
+por verdadero afecto al duque de Estrelsau, no menos que por la
+brillante perspectiva ofrecida a su ambici&oacute;n, hab&iacute;a seguido al Duque, a
+petici&oacute;n de &eacute;ste, de Par&iacute;s a Ruritania. Era Miguel hombre de violentas
+pasiones, pero de voluntad m&aacute;s poderosa todav&iacute;a. Con fr&iacute;o ego&iacute;smo lo
+tom&oacute; todo sin dar cosa alguna en cambio, y Antonieta no tard&oacute; en
+descubrir que ten&iacute;a una rival en la princesa Flavia; desesperada, no
+repar&oacute; en medios para conservar el amor del Duque. Al propio tiempo se
+vio mezclada en las audaces maquinaciones de &eacute;ste. Resuelta a no
+abandonarlo, unida a &eacute;l por los lazos de su impura pasi&oacute;n y por sus
+propias esperanzas, no quiso, sin embargo, servirle de pretexto para
+llevarme a la muerte. De aqu&iacute; las cartas que me hab&iacute;a escrito
+revel&aacute;ndome el peligro. No pretender&eacute; averiguar si las l&iacute;neas dirigidas
+a Flavia las hab&iacute;an dictado el afecto o el odio, la compasi&oacute;n o los
+celos: pero nos fueron tambi&eacute;n de gran servicio. Cuando el Duque fue a
+Zenda ella le acompa&ntilde;&oacute;; y all&iacute; pudo comprender por primera vez la
+crueldad de Miguel en toda su extensi&oacute;n y se apiad&oacute; su alma del
+desgraciado Rey. Desde aquel instante estuvo de nuestra parte. Pero por
+lo que ella misma me dijo comprendo que, mujer al fin, segu&iacute;a queriendo
+al Duque y esperaba obtener del Rey la vida de aqu&eacute;l, cuando no su
+perd&oacute;n, en recompensa de sus propios servicios a nuestra causa. No
+deseaba el triunfo de Miguel, abominaba su crimen y mucho m&aacute;s el premio
+que con &eacute;l se propon&iacute;a alcanzar el Duque, la mano de su prima, la
+princesa Flavia.</p>
+
+<p>Otros elementos que figuraron en el drama de Zenda fueron el libertinaje
+y la audacia de Ruperto. Quiz&aacute;s se sinti&oacute; atra&iacute;do por la belleza de
+Antonieta; quiz&aacute;s le bastara saber que &eacute;sta pertenec&iacute;a a otro hombre y
+le odiaba a &eacute;l. Por muchos d&iacute;as hab&iacute;an menudeado los conflictos y las
+discusiones entre Miguel y Ruperto, acrecent&aacute;ndose su odio, y la reyerta
+que yo presenci&eacute; entre ellos en la habitaci&oacute;n del Duque no fue m&aacute;s que
+una de tantas. Cuando revel&eacute; a la se&ntilde;ora de Maub&aacute;n las ofertas que me
+hab&iacute;a hecho Ruperto, no se mostr&oacute; admirada; ella misma hab&iacute;a aconsejado
+a Miguel que desconfiase de Ruperto, aun en los momentos en que me
+escrib&iacute;a rog&aacute;ndome que la rescatase del poder de ambos. Aquella noche
+resolvi&oacute; Ruperto realizar sus inicuos designios y proporcion&aacute;ndose una
+llave de la habitaci&oacute;n de Antonieta, la hab&iacute;a sorprendido en ella. Sus
+gritos atrajeron al Duque, lucharon ambos en la obscuridad, dio Ruperto
+un golpe mortal a su se&ntilde;or y al precipitarse los criados en la
+habitaci&oacute;n, escap&oacute; &eacute;l por la ventana, como dejo referido. Ignorando la
+muerte del Duque, hab&iacute;a regresado al puente para renovar el combate. No
+s&eacute; lo que se propondr&iacute;a hacer con los otros tres secuaces de Miguel y
+c&oacute;mplices suyos, pero creo que no hab&iacute;a formado plan alguno, porque la
+muerte del Duque fue impremeditada por su parte. Sola Antonieta con el
+herido, procur&oacute; resta&ntilde;ar la sangre, pero in&uacute;tilmente; y habiendo
+expirado el Duque poco despu&eacute;s, oy&oacute; ella las voces de reto de Ruperto y
+acudi&oacute; a castigarlo y vengarse. A m&iacute; no me vio hasta que me lanc&eacute; al
+foso, en persecuci&oacute;n de nuestro com&uacute;n enemigo.</p>
+
+<p>En aquel instante entraron mis amigos en escena. Hab&iacute;an llegado al
+castillo nuevo a la hora convenida, y esperaron cerca de la puerta, que
+no se abri&oacute; porque Juan se vio arrastrado con los otros en auxilio del
+Duque; es m&aacute;s, deseoso de disipar toda sospecha, se hab&iacute;a distinguido
+muy especialmente atacando a Ruperto en persona, lo que le hab&iacute;a valido
+una estocada de &eacute;ste. Sarto esper&oacute; hasta cerca de las dos y media, y
+despu&eacute;s, en cumplimiento de mis &oacute;rdenes, hab&iacute;a enviado a Tarlein a
+buscarme por las cercan&iacute;as del foso. No hall&aacute;ndome, hab&iacute;an conferenciado
+ambos, proponiendo Sarto seguir al pie de la letra mis instrucciones y
+regresar a escape a Tarlein; pero el buen Federico se neg&oacute; rotundamente
+a abandonarme, cualesquiera que fuesen las &oacute;rdenes recibidas.
+Discutieron algunos minutos, cedi&oacute; Sarto, envi&oacute; un destacamento mandado
+por Berstein al palacio de Tarlein en busca del general Estrakenz, y el
+resto de la fuerza atac&oacute; furiosamente la gran puerta del castillo.
+Resisti&oacute;les &eacute;sta unos quince minutos y cay&oacute; por fin, en el momento mismo
+en que Antonieta disparaba su rev&oacute;lver contra Ruperto. Sarto y ocho de
+sus soldados se precipitaron en el castillo; la primera habitaci&oacute;n a que
+llegaron fue la de Miguel, que yac&iacute;a tendido en el suelo, atravesado de
+una estocada. Entonces lanz&oacute; Sarto el grito que yo hab&iacute;a o&iacute;do: &laquo;&iexcl;El
+Duque ha muerto!&raquo; y atac&oacute; a los servidores de Miguel, que aterrorizados
+se rindieron a discreci&oacute;n. Antonieta se arroj&oacute; sollozando a los pies de
+Sarto, a quien s&oacute;lo pudo decir que me hab&iacute;a visto lanzarme al agua desde
+el otro extremo del puente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el prisionero?&mdash;le pregunt&oacute; el coronel.</p>
+
+<p>Pero ella se limit&oacute; a mover negativamente la cabeza, y Sarto, Federico y
+sus acompa&ntilde;antes cruzaron en silencio el puente, hasta tropezar con el
+cad&aacute;ver de De Gautet.</p>
+
+<p>Escucharon &aacute;vidamente, pero ning&uacute;n rumor lleg&oacute; hasta ellos desde las
+celdas, lo que les hizo temer que el Rey hab&iacute;a sido asesinado por sus
+guardianes y su cuerpo arrojado al foso, escapando aqu&eacute;llos a su vez por
+la &laquo;Escala de Jacob.&raquo; Sin embargo, el hecho de haber sido visto ya cerca
+de all&iacute; les infund&iacute;a alguna esperanza (as&iacute; me lo dijo el buen Tarlein);
+por lo que volviendo a la habitaci&oacute;n de Miguel, en la que estaba orando
+Antonieta, hallaron un manojo de llaves y entre ellas la de la puerta
+de la prisi&oacute;n que yo hab&iacute;a cerrado tras m&iacute; al salir. Abrieron; la
+escalera estaba a obscuras y al principio no quisieron encender una
+antorcha, temiendo servir de blanco a sus enemigos. Pero no tard&oacute; en
+exclamar Federico: &laquo;&iexcl;La puerta est&aacute; abierta! &iexcl;Y hay luz en la celda!&raquo;
+Bajaron resueltamente y en la primera celda s&oacute;lo hallaron el cad&aacute;ver de
+Berson&iacute;n, lo que les impuls&oacute; a dar gracias a Dios, exclamando Sarto:
+&laquo;&iexcl;No hay duda! &iexcl;Ras&eacute;ndil ha pasado por aqu&iacute;!&raquo;</p>
+
+<p>Precipit&aacute;ndose despu&eacute;s en la inmediata estancia, vieron el cuerpo
+ex&aacute;nime de Dechard sobre el del m&eacute;dico y a pocos pasos el del Rey,
+tendido de espaldas, junto a su derribada silla. &laquo;&iexcl;Muerto!&raquo; exclam&oacute;
+Tarlein; y Sarto los hizo salir a todos, excepto Tarlein, y
+arrodill&aacute;ndose junto al Rey no tard&oacute; en descubrir que viv&iacute;a y que con
+sol&iacute;citos cuidados su salvaci&oacute;n era segura. Le cubrieron el rostro, lo
+transportaron a la habitaci&oacute;n de Miguel, en cuyo lecho lo pusieron y
+Antonieta suspendi&oacute; sus preces para ba&ntilde;ar la ensangrentada frente del
+Rey y vendar sus heridas, en tanto llegaba un m&eacute;dico. Y Sarto,
+convencido m&aacute;s que nunca de mi reciente presencia all&iacute; y habiendo o&iacute;do
+el relato de Antonieta, envi&oacute; a Tarlein en mi busca, por foso y bosque.
+Federico hall&oacute; primero mi caballo, tembl&oacute; por mi suerte y me descubri&oacute;
+al fin, guiado por el grito con que yo hab&iacute;a retado a Ruperto. Su gozo
+fue tan intenso como si de su propio hermano se tratara, y en su cari&ntilde;o
+y ansiedad por m&iacute;, desde&ntilde;&oacute; cosa tan importante como la muerte de Ruperto
+Henzar. Sin embargo, yo hubiera sentido no haberlo castigado por mi
+propia mano.</p>
+
+<p>Una vez realizado tan felizmente el rescate del Rey, le tocaba a Sarto
+ocultar a todos el cautiverio de &eacute;ste. Antonieta de Maub&aacute;n y Juan el
+guardabosque (bastante malparado este &uacute;ltimo por el momento para andar
+en chismes) hab&iacute;an jurado guardar secreto; y Tarlein se hab&iacute;a adelantado
+en busca, no del Rey, sino del ignorado amigo del monarca que se hab&iacute;a
+aparecido por un momento en el puente, ante los sorprendidos servidores
+del Duque. Se hab&iacute;a verificado la sustituci&oacute;n, y el Rey, herido
+gravemente, seg&uacute;n a todos se dijo, por los carceleros que ten&iacute;an cautivo
+a uno de sus fieles amigos, hab&iacute;a vencido por fin y se hallaba en la
+habitaci&oacute;n de Miguel el Negro. All&iacute; lo hab&iacute;an conducido, cubierto el
+rostro, desde su prisi&oacute;n subterr&aacute;nea y all&iacute; se hab&iacute;a dado orden de
+llevarme sigilosamente tan luego me encontrasen. Tambi&eacute;n se despach&oacute; un
+mensajero al palacio de Tarlein, con encargo de anunciar al general
+Estrakenz y a la Princesa, que el Rey se hallaba en salvo y deseaba
+conferenciar con el General sin p&eacute;rdida de momento. Cuanto a Flavia,
+deb&iacute;a permanecer en Tarlein hasta que el Rey le enviase nuevas
+instrucciones. As&iacute; hab&iacute;a preparado Sarto las cosas mientras se repon&iacute;a
+un tanto el Rey, despu&eacute;s de haber escapado casi por milagro de las
+asechanzas de su inicuo hermano.</p>
+
+<p>El ingenioso plan del astuto coronel prosper&oacute; sin tropiezo, hasta
+encontrar un obst&aacute;culo que a menudo trastorna los proyectos mejor
+combinados: la voluntad o el capricho de una mujer. En este caso,
+cualesquiera que fuesen las &oacute;rdenes del Rey, las instrucciones de Sarto
+y los consejos del General, Flavia se neg&oacute; a permanecer en Tarlein
+mientras su amado se hallaba herido en Zenda, y el carruaje de la
+Princesa sigui&oacute; de cerca al General y su escolta cuando &eacute;ste se puso en
+camino del castillo. As&iacute; pasaron por el pueblo, donde se dec&iacute;a ya que
+habi&eacute;ndose dirigido el Rey al castillo la noche anterior, para
+reconvenir amistosamente a su hermano por el trato dado a uno de los
+amigos del Rey prisionero en la fortaleza, se hab&iacute;a visto atacado a
+traici&oacute;n; que tras una lucha desesperada hab&iacute;an perecido el Duque y
+varios caballeros suyos, y que el Rey, aunque herido, hab&iacute;a logrado
+apoderarse del castillo. Todos estos rumores causaron, como se
+comprender&aacute;, profunda sensaci&oacute;n; empez&oacute; a funcionar el tel&eacute;grafo, pero
+cuando las noticias llegaron a la capital, ya se hab&iacute;a recibido all&iacute; la
+orden de poner tropas sobre las armas, e impedir toda manifestaci&oacute;n
+hostil en los barrios donde predominaban los partidarios del Duque.</p>
+
+<p>Sub&iacute;a el carruaje de la princesa Flavia el pendiente camino del
+castillo, con el General cabalgando al estribo y rog&aacute;ndole todav&iacute;a que
+volviese a Tarlein, a tiempo que Federico y el supuesto prisionero de
+Zenda llegaban al lindero del bosque. Al recobrar el sentido me puse en
+marcha, apoyado en el brazo de Federico, y pr&oacute;ximos ya a salir del
+bosque vi a la Princesa. Una mirada de mi amigo me hizo comprender
+repentinamente que no deb&iacute;a verme ni hablar otra vez con Flavia y ca&iacute; de
+rodillas tras unos arbustos. Pero hab&iacute;amos olvidado a la joven
+campesina, que nos hab&iacute;a seguido y no estaba dispuesta a perder aquella
+ocasi&oacute;n de congraciarse con la Princesa y de ganar unas monedas de oro;
+as&iacute; fue que apenas nos ocultamos, sali&oacute; corriendo al camino y saludando,
+exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;ora, el Rey est&aacute; all&iacute;, detr&aacute;s de aquellas matas! &iquest;Quiere Vuestra
+Alteza que la gu&iacute;e hasta &eacute;l?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tonter&iacute;a es esa, muchacha?&mdash;dijo el General.&mdash;El Rey est&aacute; en el
+castillo, herido.</p>
+
+<p>&mdash;A que no. Herido s&iacute;, pero est&aacute; all&iacute;, con el conde Federico, y no en el
+castillo&mdash;insisti&oacute; la moza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; en dos lugares a la vez, o es que hay dos Reyes?&mdash;pregunt&oacute;
+Flavia sorprendida.&mdash;&iquest;C&oacute;mo sabes que est&aacute; all&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Lo vi persiguiendo a un caballero, se&ntilde;ora, y pelearon hasta que lleg&oacute;
+el conde Federico; el otro me quit&oacute; el caballo de mi padre y se escap&oacute;,
+pero el Rey est&aacute; all&iacute; con el Conde. &iexcl;C&oacute;mo, se&ntilde;ora! &iquest;Hay acaso otro
+hombre como el Rey en Ruritania?</p>
+
+<p>&mdash;No, hija m&iacute;a&mdash;contest&oacute; Flavia dulcemente, (me lo dijeron despu&eacute;s); y
+se sonri&oacute; y dio dinero a la muchacha.&mdash;Voy yo misma a ver a ese
+caballero&mdash;dijo haciendo adem&aacute;n de bajar del coche.</p>
+
+<p>Pero en aquel momento lleg&oacute; Sarto al galope, procedente del castillo, y
+al ver a la Princesa resolvi&oacute; sacar el mejor partido posible de las
+circunstancias y comenz&oacute; por decirle que el Rey estaba perfectamente
+atendido y fuera de peligro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En el castillo?&mdash;pregunt&oacute; Flavia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues d&oacute;nde hab&iacute;a de estar, se&ntilde;ora?&mdash;repuso el coronel inclin&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;Es que esta muchacha dice que ha visto al Rey all&iacute;, con el conde
+Federico.</p>
+
+<p>Sarto mir&oacute; a la moza sonr&iacute;endose y con expresi&oacute;n de incredulidad.</p>
+
+<p>&mdash;Estas chicas en cuanto ven un apuesto caballero, se creen que es el
+Rey&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces, el que yo digo y el Rey se parecen como si fueran
+hermanos&mdash;replic&oacute; la campesina, algo vacilante pero insistiendo todav&iacute;a
+en su tema.</p>
+
+<p>Sarto mir&oacute; en torno. En el rostro del General se adivinaba muda
+interrogaci&oacute;n. Los ojos de Flavia no eran menos elocuentes. La sospecha
+cunde con facilidad portentosa.</p>
+
+<p>&mdash;Voy a ver qui&eacute;n es ese hombre&mdash;dijo Sarto.</p>
+
+<p>&mdash;No, ir&eacute; yo misma&mdash;exclam&oacute; la Princesa.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en tal caso, venga Vuestra Alteza sola&mdash;murmur&oacute; Sarto.</p>
+
+<p>Y ella, obedeciendo a aquella extra&ntilde;a indicaci&oacute;n y notando tambi&eacute;n la
+s&uacute;plica que se ve&iacute;a en el rostro del veterano, rog&oacute; al General y su
+s&eacute;quito que esperasen all&iacute;; dijo Sarto a la muchacha que se apartase a
+distancia, y &eacute;l y Flavia se dirigieron a pie hacia donde est&aacute;bamos.
+Cuando los vi acercarse, me sent&eacute;, agobiado, en el suelo y ocult&eacute; la
+cara entre las manos. No pod&iacute;a mirarla. Federico se arrodill&oacute; a mi lado,
+puesta la mano en mi hombro.</p>
+
+<p>&mdash;Hable Vuestra Alteza en voz baja&mdash;dijo Sarto al llegar con la Princesa
+a nuestro lado; y despu&eacute;s o&iacute; un grito ahogado, que parec&iacute;a expresar
+alegr&iacute;a y temor a la vez, y su voz que dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es &eacute;l! &iquest;Est&aacute;s herido, sufres?</p>
+
+<p>Corri&oacute; a mi lado y con suave esfuerzo apart&oacute; mis manos, pero yo segu&iacute;
+con los ojos fijos en tierra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es el Rey!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;&iquest;Quiere usted decirme, coronel Sarto, qu&eacute;
+significa la broma de que hace poco pretend&iacute;a usted hacerme objeto?</p>
+
+<p>Nadie contest&oacute;; los tres seguimos silenciosos ante ella. Prescindiendo
+de testigos, me abraz&oacute; y me dio un beso. Entonces dijo Sarto, con voz
+ronca y baja:</p>
+
+<p>&mdash;No es el Rey. No lo acaricie Vuestra Alteza; no es el Rey.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;acaso no conozco yo a mi amado? &iexcl;Rodolfo, amor m&iacute;o!</p>
+
+<p>-No es el Rey&mdash;repiti&oacute; Sarto; y el acongojado Tarlein no pudo reprimir
+un sollozo.</p>
+
+<p>Entonces, al oir aquel sollozo, comprendi&oacute; Flavia que hab&iacute;a en todo
+aquello algo m&aacute;s que una chanza o una equivocaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, es el Rey!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;Es su cara; su anillo, el m&iacute;o. &iexcl;Oh, s&iacute;, es
+mi amor!</p>
+
+<p>&mdash;Vuestro amor, se&ntilde;ora, s&iacute;&mdash;dijo Sarto.&mdash;Pero el Rey est&aacute; all&iacute;, en el
+castillo. Este caballero...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;M&iacute;rame, Rodolfo! &iexcl;M&iacute;rame!&mdash;grit&oacute;, oprimiendo mi rostro entre sus
+manos.&mdash;&iquest;Por qu&eacute; permites que me atormenten as&iacute;? &iexcl;Dime, qu&eacute; significa
+esto!</p>
+
+<p>Entonces habl&eacute;, fijos mis ojos en los suyos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios me perdone, se&ntilde;ora!&mdash;dije.&mdash;No soy el Rey.</p>
+
+<p>Sent&iacute; en mis mejillas el temblor convulsivo de sus manos. Mir&oacute; fijamente
+mi cara, escudri&ntilde;&aacute;ndola, como no ha sido mirada jam&aacute;s la cara de un
+hombre. Y yo, mudo otra vez, vi nacer y agrandarse en sus ojos el
+asombro, la duda, el terror. Disminuy&oacute; gradualmente la presi&oacute;n de sus
+manos; mir&oacute; a Sarto, a Federico y volvi&oacute; a clavar los ojos en m&iacute;;
+despu&eacute;s, repentinamente, vacil&oacute;, cay&oacute; hacia adelante en mis brazos, y
+yo, con un grito de dolor, la estrech&eacute; sobre mi pecho y bes&eacute; sus labios.
+Sarto me toc&oacute; el brazo. Le mir&eacute;, deposit&eacute; suavemente el cuerpo de Flavia
+sobre la hierba, y de pie a su lado, contempl&aacute;ndola, maldije al Cielo
+por haberme salvado de la espada de Ruperto para hacerme sufrir aquel
+dolor tan intenso, tan atroz.</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XXI" id="XXI"></a>XXI</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">&iexcl;hay algo m&aacute;s que amor!</span></p>
+
+
+<p>Hab&iacute;a cerrado la noche y me hallaba en la celda que acababa de ser
+prisi&oacute;n del Rey en el castillo de Zenda. Hab&iacute;a desaparecido el tubo
+apodado &laquo;Escala de Jacob&raquo; por Ruperto Henzar, y en la obscuridad
+brillaban las luces de una habitaci&oacute;n situada al otro lado del foso.
+Reinaba profundo silencio, en contraste con el fragor de la reciente
+lucha. Yo hab&iacute;a pasado el d&iacute;a en el bosque, con Federico, despu&eacute;s de
+separarme de la Princesa, a quien dejamos en compa&ntilde;&iacute;a de Sarto.
+Protegido por la obscuridad, me hab&iacute;an conducido al castillo e instalado
+en la celda. Nada me importaba el recuerdo de que un poco antes hab&iacute;an
+muerto all&iacute; tres hombres, dos de ellos por mi mano. Me hab&iacute;a arrojado
+sobre un colch&oacute;n inmediato a la ventana y contemplaba las negras aguas
+del foso. Juan, p&aacute;lido todav&iacute;a a consecuencia de su herida, me hab&iacute;a
+servido la cena. Me dijo que el Rey iba reponi&eacute;ndose, que hab&iacute;a visto a
+la Princesa y conferenciado largamente con Sarto y Tarlein. El General
+hab&iacute;a regresado a Estrelsau, Miguel el Negro yac&iacute;a en su ata&uacute;d y junto a
+&eacute;l velaba Antonieta de Maub&aacute;n. Desde mi retiro hab&iacute;a o&iacute;do el f&uacute;nebre
+canto y las preces de los religiosos.</p>
+
+<p>Fuera circulaban extra&ntilde;os rumores. Dec&iacute;an unos que el prisionero de
+Zenda hab&iacute;a muerto; otros que hab&iacute;a desaparecido pero estaba vivo;
+aseguraban algunos que era un buen amigo del Rey a quien hab&iacute;a prestado
+valioso servicio en Inglaterra, en cierta aventura; y no faltaba quien
+sab&iacute;a que, habiendo descubierto las tramas del Duque, se hab&iacute;a &eacute;ste
+apoderado de &eacute;l y arroj&aacute;dolo en una mazmorra. Pero los m&aacute;s avisados
+prescind&iacute;an de suposiciones y comentarios, limit&aacute;ndose a decir que s&oacute;lo
+se sabr&iacute;a la verdad cuando el coronel Sarto tuviese a bien revelarla.</p>
+
+<p>As&iacute; charl&oacute; Juan hasta que lo desped&iacute;, y me qued&eacute; solo, pensando no en lo
+porvenir, sino, como sucede a menudo despu&eacute;s de las grandes crisis, en
+los sucesos de aquellas &uacute;ltimas semanas, pas&aacute;ndoles mental revista con
+verdadero asombro. All&aacute; en lo alto se o&iacute;a, interrumpiendo el silencio de
+la noche, el ruido producido por las banderas del castillo flotando al
+viento o golpeando sus astas. En una de &eacute;stas, ondeaba el estandarte del
+Duque y sobre &eacute;l la real insignia, el pabell&oacute;n de Ruritania. Y nos
+acostumbramos tan pronto a todo, que me cost&oacute; alg&uacute;n esfuerzo convencerme
+de que ya no ondeaba, como hasta entonces, en honor m&iacute;o.</p>
+
+<p>No tard&oacute; en presentarse Federico de Tarlein. Me dijo brevemente que el
+Rey deseaba verme, y juntos cruzamos el puente levadizo y entramos en la
+que hab&iacute;a sido c&aacute;mara del duque Miguel.</p>
+
+<p>El Rey yac&iacute;a en el lecho, tendido por el m&eacute;dico que nosotros hab&iacute;amos
+llevado a Tarlein y que se apresur&oacute; a decirme en voz baja que abreviase
+mi visita. El Rey me tendi&oacute; la mano y estrech&oacute; la m&iacute;a. Federico y el
+m&eacute;dico se apartaron, dirigi&eacute;ndose a una de las entreabiertas ventanas.</p>
+
+<p>Retir&eacute; el anillo del Rey que ten&iacute;a en mi dedo y lo puse en el suyo.</p>
+
+<p>&mdash;He procurado llevarlo con honra, se&ntilde;or&mdash;le dije.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo hablar mucho&mdash;repuso con voz d&eacute;bil.&mdash;He tenido una viva
+discusi&oacute;n con Sarto y el General, quienes me lo han dicho todo. Yo
+quer&iacute;a llevarlo a usted a Estrelsau, tenerlo all&iacute; a mi lado y decir a
+todos lo que ha hecho; quer&iacute;a que usted fuese mi mejor y m&aacute;s querido
+amigo, primo Rodolfo. Pero me dicen que no debo hacerlo y que se ha de
+guardar el secreto... si tal cosa es posible.</p>
+
+<p>&mdash;Tienen raz&oacute;n, se&ntilde;or. Perm&iacute;tame partir Vuestra Majestad. Mi misi&oacute;n aqu&iacute;
+ha terminado.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, y la ha cumplido usted como ning&uacute;n otro hombre hubiera podido
+hacerlo. Cuando vuelvan a verme habr&eacute; dejado crecer mi barba, sin contar
+que estar&eacute; desfigurado por mi enfermedad. Nadie se sorprender&aacute; de que el
+Rey parezca tan cambiado. Pero fuera de eso, procurar&eacute; que no noten en
+m&iacute; ning&uacute;n otro cambio. Usted me ha ense&ntilde;ado a ser Rey.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or&mdash;dije,&mdash;no merezco ni puedo aceptar los elogios de Vuestra
+Majestad. S&oacute;lo a la bondad del Cielo debo el no ser hoy un traidor mayor
+a&uacute;n que el mismo Duque.</p>
+
+<p>Me mir&oacute; con alguna extra&ntilde;eza, pero no es de enfermos graves descifrar
+enigmas y renunci&oacute; a interrogarme. Su mirada se fij&oacute; en la sortija de
+Flavia que yo llevaba puesta. Cre&iacute; que iba a hablarme de ello, pero
+despu&eacute;s de tocar distra&iacute;damente el anillo algunos instantes, dej&oacute; caer
+la cabeza sobre la almohada.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; cu&aacute;ndo volver&eacute; a verle&mdash;dijo con voz apenas perceptible.</p>
+
+<p>&mdash;Tan luego vuelva a necesitarme Vuestra Majestad&mdash;contest&eacute;.</p>
+
+<p>Cerr&oacute; los ojos. Tarlein y el m&eacute;dico se acercaron. Bes&eacute; la mano del Rey y
+sal&iacute; con Tarlein. No he vuelto a ver al joven soberano.</p>
+
+<p>Ya fuera de la habitaci&oacute;n, not&eacute; que Federico, en lugar de dirigirse a la
+derecha y al puente levadizo, torci&oacute; a la izquierda y sin decir palabra
+me hizo subir una escalera y nos hallamos en un amplio corredor del
+castillo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ad&oacute;nde vamos?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Ella ha enviado a llamarle&mdash;respondi&oacute; Tarlein sin mirarme.&mdash;Cuando
+haya terminado esta entrevista, vuelva usted al puente. All&iacute; lo
+esperar&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; desea?&mdash;dije respirando agitadamente.</p>
+
+<p>Me indic&oacute; con un adem&aacute;n que no pod&iacute;a contestar a mi pregunta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo sabe todo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, todo.</p>
+
+<p>Abri&oacute; una puerta, me hizo entrar impuls&aacute;ndome suavemente y cerr&oacute; tras
+m&iacute;. Me hall&eacute; en una sala peque&ntilde;a y lujosamente amueblada. Al principio
+cre&iacute; hallarme solo, porque las dos velas encendidas sobre una mesa
+ten&iacute;an pantallas y desped&iacute;an escasa luz. Pero casi en seguida vi a una
+mujer, en pie, cerca de la ventana. Me dirig&iacute; a ella, dobl&eacute; una rodilla
+y tom&aacute;ndole una mano la llev&eacute; a mis labios. No habl&oacute; ni se movi&oacute;. Me
+levant&eacute; y, a pesar de la indecisa luz, not&eacute; la palidez de sus mejillas,
+vi la aureola que le formaban sus hermosos cabellos y sin darme cuenta
+de ello pronunci&eacute; dulcemente su nombre:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Flavia!</p>
+
+<p>Se estremeci&oacute; ligeramente y mir&oacute; en torno.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s se lanz&oacute; hacia m&iacute; y asi&eacute;ndome el brazo dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No est&eacute;s en pie! &iexcl;No, si&eacute;ntate! Est&aacute;s herido. &iexcl;Aqu&iacute;, si&eacute;ntate aqu&iacute;!</p>
+
+<p>Me hizo sentar en el sof&aacute; y apoy&oacute; la mano en mi frente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo te arde la frente!&mdash;dijo cayendo de rodillas a mi lado.</p>
+
+<p>Reclin&oacute; la cabeza sobre mi pecho y la o&iacute; murmurar:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre amor m&iacute;o! &iexcl;C&oacute;mo te arde la frente!</p>
+
+<p>Por mi parte hab&iacute;a ido all&iacute; con el prop&oacute;sito de humillarme, de implorar
+su perd&oacute;n; pero lejos de eso, lo &uacute;nico que dije fue:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Te amo, Flavia, con todas mis fuerzas, con toda mi alma!</p>
+
+<p>Porque el amor nos permite leer en el coraz&oacute;n del ser amado, porque lo
+que la turbaba y la hac&iacute;a sentirse avergonzada, no era su amor por m&iacute;,
+sino el temor de que as&iacute; como yo hab&iacute;a sido fingido Rey, hubiera
+representado tambi&eacute;n el papel de amante y recibido sus besos burl&aacute;ndome
+interiormente de ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Con todas mis fuerzas, con toda mi alma!&mdash;repet&iacute;, y su rostro oprimi&oacute;
+m&aacute;s fuertemente mi pecho.&mdash;&iexcl;Siempre, desde el primer instante en que te
+vi, all&aacute; en la catedral! Para m&iacute; no ha existido desde entonces m&aacute;s que
+una mujer en el mundo y jam&aacute;s existir&aacute; otra. &iexcl;Pero Dios me perdone el
+enga&ntilde;o de que te he hecho v&iacute;ctima!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Te obligaron a ello!&mdash;dijo prontamente; y luego, alzando la frente y
+fijos sus ojos en los m&iacute;os, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute;s hubiera sucedido lo mismo aun revel&aacute;ndome la verdad. &iexcl;Porque mi
+amor eras siempre t&uacute;, no el Rey!</p>
+
+<p>Y levant&aacute;ndose, me dio un beso.</p>
+
+<p>&mdash;Me propon&iacute;a confes&aacute;rtelo todo&mdash;dije.&mdash;Iba a hacerlo la noche del
+baile, en Estrelsau, pero Sarto me interrumpi&oacute;. Despu&eacute;s... no pude, no
+me atrev&iacute; a correr el riesgo de perderte antes... &iexcl;antes de que llegase
+el momento en que por fuerza hab&iacute;a de perderte! Adorada m&iacute;a, &iquest;sabes que
+por ti pens&eacute; dejar al Rey abandonado a su suerte?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo s&eacute;, lo s&eacute;! Y ahora...&iquest;qu&eacute; vamos a hacer ahora, Rodolfo?</p>
+
+<p>La atraje hacia m&iacute;, y abraz&aacute;ndola la dije:</p>
+
+<p>&mdash;Voy a partir esta noche!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, no, no!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;&iexcl;No esta noche!</p>
+
+<p>&mdash;Tengo que irme, antes de que me vean otros. &iquest;Y c&oacute;mo quieres que me
+quede, alma m&iacute;a, a no ser?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si pudiera partir contigo!&mdash;murmur&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En nombre del Cielo!&mdash;exclam&eacute; bruscamente.&mdash;&iexcl;No digas eso!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no? Te amo. &iexcl;Eres tan caballero tan noble como el Rey!</p>
+
+<p>Entonces falt&eacute; a todos mis principios, hice traici&oacute;n a cuanto deb&iacute;a
+respetar. La tom&eacute; en mis brazos y le supliqu&eacute; con palabras que no puedo
+reproducir aqu&iacute;, que me siguiera, que desafiase al mundo entero a
+arrancarla de mis brazos. Y por alg&uacute;n tiempo me escuch&oacute;, sorprendida y
+dominada. Pero cuando me mir&oacute; empec&eacute; a avergonzarme de mi conducta, me
+falt&oacute; la voz, balbuce&eacute; algunas palabras y por fin guard&eacute; silencio.</p>
+
+<p>Flavia se apart&oacute; de m&iacute;, buscando apoyo en la pared, y yo qued&eacute; humillado
+y tembloroso, sabiendo lo que hab&iacute;a hecho, despreci&aacute;ndome a m&iacute; mismo,
+pero tambi&eacute;n resuelto a no desdecirme. As&iacute; permanecimos largo tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Estoy loco!&mdash;dije tristemente.</p>
+
+<p>&mdash;Aun loco te adoro, amor m&iacute;o&mdash;contest&oacute;.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a inclinado el rostro, pero vi el brillo de las l&aacute;grimas que
+surcaban sus mejillas. Tuve que buscar apoyo en el respaldo del sof&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hay algo m&aacute;s que amor!&mdash;dijo en voz baja, con dulc&iacute;simo acento.&mdash;Si
+el amor lo fuese todo, yo podr&iacute;a seguirte hasta el fin del mundo, aunque
+tuviese que vestir harapos, porque mi coraz&oacute;n te pertenece. Pero &iquest;no
+existe algo m&aacute;s que el amor?</p>
+
+<p>No contest&eacute;. Ahora me averg&uuml;enzo de no haber asentido, de no haber
+facilitado sus esfuerzos con mis palabras.</p>
+
+<p>Se me acerc&oacute; y me puso la mano sobre el hombro, mano que torn&eacute; y oprim&iacute;
+entre las m&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Bien s&eacute;&mdash;continu&oacute;,&mdash;que se habla y se escribe como si el amor lo fuese
+todo. Quiz&aacute;s lo sea para algunos. Pero si lo fuera tambi&eacute;n para ti,
+Rodolfo, hubieras dejado morir al Rey en su prisi&oacute;n.</p>
+
+<p>Llev&eacute; su mano a mis labios.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y la honra de la mujer, Rodolfo? &iquest;Ella me manda ser fiel a mi patria
+y a mi cuna? &iexcl;No s&eacute; por qu&eacute; Dios me ha hecho amarte; pero tambi&eacute;n s&eacute; que
+me ordena quedarme!</p>
+
+<p>Segu&iacute; guardando silencio y ella continu&oacute; tras una pausa:</p>
+
+<p>&mdash;Llevar&eacute; siempre tu anillo en mi dedo; tu coraz&oacute;n estar&aacute; eternamente
+junto al m&iacute;o, tu beso en mis labios. Pero debes partir y yo debo
+quedarme. Y quiz&aacute;s deba yo tambi&eacute;n hacer algo m&aacute;s, algo cuya sola idea
+es ahora para m&iacute; peor que la muerte...</p>
+
+<p>Comprend&iacute; lo que quer&iacute;a decir y tembl&eacute;. Pero no quise mostrarme menos
+animoso que ella. Me levant&eacute; y tom&eacute; su mano.</p>
+
+<p>&mdash;Haz lo que quieras o lo que debas&mdash;dije.&mdash;Creo que a seres como t&uacute;,
+Dios mismo les indica el camino que han de seguir. Mi carga es m&aacute;s
+ligera que la tuya, porque yo tambi&eacute;n llevar&eacute; siempre tu anillo, y tu
+coraz&oacute;n estar&aacute; eternamente junto al m&iacute;o; pero jam&aacute;s habr&aacute; en mis labios
+otro beso que el tuyo. &iexcl;Dios te d&eacute; fuerza y consuelo, alma m&iacute;a!</p>
+
+<p>Lleg&oacute; a nuestros o&iacute;dos un canto solemne. Eran las preces que elevaban
+los sacerdotes en la capilla por las almas de los muertos. Aquel canto
+f&uacute;nebre resonaba como un adi&oacute;s trist&iacute;simo a nuestra pasada dicha, como
+una s&uacute;plica en nombre de nuestro eterno amor. Con sus manos entre las
+m&iacute;as, escuchamos las dulces y melanc&oacute;licas notas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi Reina y mi Cielo!&mdash;dije.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi amante y leal caballero!&mdash;respondi&oacute; Flavia.&mdash;Quiz&aacute; no volvamos a
+vernos. &iexcl;Un beso y parte!</p>
+
+<p>Le di un beso, pero se abraz&oacute; a m&iacute;, murmurando mi nombre una y cien
+veces. Por fin me separ&eacute; de ella.</p>
+
+<p>Dirig&iacute; mis r&aacute;pidos pasos al puente, donde me esperaban Sarto y Federico.
+A indicaci&oacute;n suya, cambi&eacute; de traje, y ocultando el rostro como lo hab&iacute;a
+hecho antes varias veces, montamos a caballo a la puerta del castillo y
+cabalgamos todo el resto de la noche. Al amanecer nos hallamos en una
+peque&ntilde;a estaci&oacute;n inmediata a la frontera. Faltaba alg&uacute;n tiempo para la
+llegada del tren y nos dirigimos por una pradera al cercano arroyuelo.
+Me prometieron enviarme noticias y me colmaron de atenciones y elogios;
+aun el viejo Sarto estaba afectado y Tarlein profundamente conmovido.
+Escuch&eacute; como en sue&ntilde;os cuanto dec&iacute;an, pero aquella dulce voz &laquo;&iexcl;Rodolfo!
+&iexcl;Rodolfo! &iexcl;Rodolfo!&raquo; resonaba todav&iacute;a en mis o&iacute;dos, como un grito de
+amor y desesperaci&oacute;n. Comprendieron por fin que mi pensamiento estaba
+lejos de all&iacute; y nos paseamos en silencio, hasta que Federico toc&oacute; mi
+brazo y vi a gran distancia el azulado humo de la locomotora. Entonces
+les tend&iacute; las manos.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy nos conducimos como ni&ntilde;os&mdash;dije;&mdash;pero en d&iacute;as recientes nos hemos
+portado como hombres &iquest;verdad, Sarto, Federico, amigos m&iacute;os?</p>
+
+<p>&mdash;Hemos vencido a los traidores e instalado al Rey s&oacute;lidamente en su
+trono&mdash;repuso Sarto.</p>
+
+<p>De repente Tarlein, antes de que yo pudiese adivinar su prop&oacute;sito, se
+descubri&oacute;, se inclin&oacute; como sol&iacute;a hacerlo y me bes&oacute; la mano, que retir&eacute;
+vivamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No siempre&mdash;dijo,&mdash;hace Reyes el Cielo a quienes deber&iacute;an llevar la
+corona!</p>
+
+<p>El rostro de Sarto se contrajo al estrechar mi mano.</p>
+
+<p>&mdash;El diablo se mezcla en muchas cosas y las echa a perder&mdash;dijo.</p>
+
+<p>Las personas que estaban en la estaci&oacute;n, miraban con insistencia al
+desconocido de alta estatura y encubiertas facciones, pero no hicimos el
+menor caso de su curiosidad. Volvimos a estrecharnos las manos en
+silencio, y aquella vez ambos&mdash;cosa extra&ntilde;a por parte de Sarto,&mdash;se
+descubrieron y permanecieron descubiertos hasta que desapareci&oacute; a su
+vista el tren que me conduc&iacute;a. Todos creyeron que alg&uacute;n alto personaje,
+deseoso de guardar el inc&oacute;gnito, hab&iacute;a tomado el tren en aquella
+insignificante estaci&oacute;n; cuando en realidad no era otro que Rodolfo
+Ras&eacute;ndil, caballero ingl&eacute;s, segund&oacute;n de buena casa; pero, en fin, hombre
+de no gran fortuna, posici&oacute;n ni rango. Profundo hubiera sido el
+desencanto de muchos al saberlo, pero no tanto como su curiosidad y su
+sorpresa de haberlo sabido todo. Porque, cualesquiera que fuese mi
+condici&oacute;n presente, hab&iacute;a sido Rey por tres meses; prueba a la que se
+han visto sometidos muy pocos hombres. Y sin duda, hubiera yo dedicado
+mayor atenci&oacute;n a este tema, si no la hubiese embargado casi por completo
+aquella voz que parec&iacute;a salir de las torres de Zenda, visibles todav&iacute;a
+en lontananza; aquel grito de amor de una mujer, que llegaba a mis
+o&iacute;dos, que penetraba hasta mi coraz&oacute;n y que dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;Rodolfo! &iexcl;Rodolfo!
+&iexcl;Rodolfo!&raquo;</p>
+
+<p>&iexcl;Todav&iacute;a me parec&iacute;a oirlo!</p>
+
+
+
+<h2 class="top15"><a name="XXII" id="XXII"></a>XXII</h2>
+
+<p class="c"><span class="smcap">presente, pasado &iquest;y futuro?</span></p>
+
+
+<p>Los detalles de mi regreso al hogar, son poco interesantes. Fui
+directamente al Tirol, donde pas&eacute; quince d&iacute;as en la mayor quietud y
+buena parte de ellos en cama, con fuerte fiebre; fui tambi&eacute;n v&iacute;ctima de
+una reacci&oacute;n nerviosa, que me dej&oacute; d&eacute;bil como un ni&ntilde;o. Tan luego me
+hosped&eacute;, escrib&iacute; a mi hermano, anunci&aacute;ndole mi pr&oacute;ximo regreso; lo cual
+bastaba para poner t&eacute;rmino a las investigaciones que se hac&iacute;an para
+averiguar mi paradero, y que probablemente traer&iacute;an ocupado todav&iacute;a al
+jefe de polic&iacute;a de Estrelsau. Dej&eacute; crecer de nuevo bigote y perilla, y
+ambos eran ya de respetable dimensi&oacute;n cuando baj&eacute; del tren en Par&iacute;s y me
+present&eacute; en casa de mi amigo Jorge Federly. Mi entrevista con &eacute;l fue
+notable, principalmente por el n&uacute;mero de falsedades tan involuntarias
+como inevitables que le dije; y me burl&eacute; cruelmente de &eacute;l cuando me
+confes&oacute; que me hab&iacute;a sospechado de haber ido a Estrelsau en seguimiento
+de Antonieta de Maub&aacute;n. Supe que &eacute;sta se hallaba de regreso en Par&iacute;s,
+pero viv&iacute;a muy retiradamente; cosa que los murmuradores explicaban con
+la mayor facilidad. &iquest;Acaso no eran conocidas de todos la traici&oacute;n y la
+muerte del duque Miguel? Sin embargo, Jorge aconsej&oacute; a nuestro com&uacute;n
+amigo Beltr&aacute;n que no perdiese toda esperanza, porque, como &eacute;l dec&iacute;a con
+la mayor frescura, &laquo;un poeta vivo vale m&aacute;s que un Duque muerto.&raquo; Despu&eacute;s
+pregunt&oacute;, dirigi&eacute;ndose a m&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le ha pasado a tu bigote?</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es&mdash;dije con mucho misterio,&mdash;que las circunstancias obligan
+a veces a un hombre a modificar su aspecto todo lo posible y... Pero va
+creciendo que es un gusto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola!&mdash;exclam&oacute; Jorge.&mdash;Luego no andaba yo tan descaminado, y si no ha
+sido la hermosa Antonieta, se tratar&aacute; de otra sirena.</p>
+
+<p>&mdash;Siempre hay por medio alguna sirena, Jorge&mdash;dije sentenciosamente.</p>
+
+<p>Pero Jorge no se content&oacute; hasta que me hubo arrancado (con gran elogio
+de su propia destreza) los pormenores de una aventura amorosa con sus
+puntas y ribetes de esc&aacute;ndalo, que me hab&iacute;a detenido todo aquel tiempo
+en las tranquilas regiones del Tirol. En cambio de mis revelaciones, me
+favoreci&oacute; Jorge con lo que &eacute;l llamaba &laquo;detalles ocultos&raquo; (conocidos s&oacute;lo
+de los diplom&aacute;ticos), sobre la verdadera marcha de los sucesos en
+Ruritania, las tramas y conspiraciones de aquel pa&iacute;s. En su opini&oacute;n,
+pod&iacute;a decirse a favor de Miguel el Negro mucho m&aacute;s de lo que el p&uacute;blico
+sospechaba y tambi&eacute;n me indic&oacute; sus bien fundadas sospechas de que el
+misterioso prisionero de Zenda, a quien los peri&oacute;dicos hab&iacute;an dedicado
+no pocos sueltos, no era un hombre (y aqu&iacute; tuve que hacer un esfuerzo
+para no re&iacute;rme), sino una mujer disfrazada de hombre; y que la verdadera
+causa de las discordias entre el Rey y su hermano, era el favor de
+aquella dama, que ambos se disputaban.</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute;s fuese la mism&iacute;sima se&ntilde;ora de Maub&aacute;n&mdash;suger&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No!&mdash;exclam&oacute; Jorge resueltamente.&mdash;La se&ntilde;ora de Maub&aacute;n estaba celosa
+de ella y para vengarse del Duque lo denunci&oacute; al Rey. Y en confirmaci&oacute;n
+de lo que digo, a&ntilde;adir&eacute; que la princesa Flavia se muestra ahora muy
+indiferente para con el Rey, despu&eacute;s de haber estado con &eacute;l lo m&aacute;s
+afectuosa y amante.</p>
+
+<p>Llegados aqu&iacute;, cambi&eacute; de conversaci&oacute;n y me libr&eacute; de los informes
+&laquo;inspirados&raquo; de Jorge. Si los diplom&aacute;ticos no han obtenido datos m&aacute;s
+exactos que los de mi amigo, bien puedo decir que, por lo menos en esta
+ocasi&oacute;n, no ganaron su sueldo.</p>
+
+<p>Durante mi permanencia en Par&iacute;s escrib&iacute; a la se&ntilde;ora de Maub&aacute;n, pero no
+me atrev&iacute; a visitarla. Y en contestaci&oacute;n recib&iacute; una carta muy sentida,
+en la que me dec&iacute;a que la generosidad del Rey y su gratitud hacia m&iacute; la
+obligaban a guardar el m&aacute;s profundo secreto. Tambi&eacute;n manifestaba el
+prop&oacute;sito de retirarse por completo de la sociedad e ir a residir en el
+campo. No s&eacute; si realiz&oacute; este prop&oacute;sito, pero es muy probable, porque no
+he vuelto a verla ni o&iacute;do hablar de ella. Es innegable que amaba al
+duque de Estrelsau; y su conducta al morir &eacute;ste, demostr&oacute; que ni aun
+conociendo el verdadero car&aacute;cter de aquel hombre hab&iacute;a cesado su
+estimaci&oacute;n por &eacute;l.</p>
+
+<p>Me quedaba por librar una &uacute;ltima batalla, en la que ten&iacute;a la seguridad
+de salir completamente derrotado. &iquest;No regresaba del Tirol sin haber
+hecho el menor estudio de sus habitantes, instituciones, topograf&iacute;a,
+fauna ni flora? Hab&iacute;a malgastado mi tiempo de la manera usual,
+fr&iacute;volamente, como dir&iacute;a mi cu&ntilde;ada; y contra veredicto basado en tales
+pruebas, no me quedaba defensa posible. Puede imaginarse el lector la
+cara con que me presentar&iacute;a en nuestra casa de Londres, pero, en suma,
+no tuve tan mal recibimiento como esperaba. No hab&iacute;a hecho lo que Rosa
+deseaba, es verdad, pero s&iacute; lo que ella hab&iacute;a profetizado; no hab&iacute;a
+tomado notas, hecho observaciones ni recogido materiales de ninguna
+clase. En cambio mi hermano hab&iacute;a tenido la debilidad de creer y
+asegurar todo lo contrario.</p>
+
+<p>Al regresar yo con las manos vac&iacute;as, fue tal el af&aacute;n de Rosa para
+demostrar a mi hermano su error, que se olvid&oacute; de re&ntilde;irme, dedicando
+casi todas sus quejas al silencio que yo hab&iacute;a guardado en mi ausencia,
+no d&aacute;ndoles la menor noticia de mi paradero.</p>
+
+<p>&mdash;Hemos malgastado un tiempo precioso busc&aacute;ndote&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo s&eacute;&mdash;respond&iacute;.&mdash;La mitad de nuestros embajadores han perdido el
+sue&ntilde;o por culpa m&iacute;a. Jorge Federly me lo ha dicho. Pero &iquest;a qu&eacute; viene
+tanta ansiedad? Como si yo no me bastara...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, no es eso!&mdash;exclam&oacute; desde&ntilde;osamente.&mdash;Lo &uacute;nico que yo quer&iacute;a era
+darte noticias de sir Jacobo Borrodale. Ya sabes que ha conseguido una
+embajada, de la que tomar&aacute; posesi&oacute;n dentro de un mes, y nos ha escrito
+diciendo que espera llevarte consigo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ad&oacute;nde va?</p>
+
+<p>&mdash;Lo han nombrado para suceder a lord Tof&aacute;n en Estrelsau. No pod&iacute;as
+desear mejor destino fuera de Par&iacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Estrelsau! &iexcl;Tate!&mdash;dije mirando a mi hermano de reojo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;<i>Eso</i> no importa!&mdash;continu&oacute; Rosa impaciente.&mdash;Conque &iquest;vas o no?</p>
+
+<p>&mdash;No, creo que no.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eres capaz de desesperar a un santo!</p>
+
+<p>&mdash;No creo deber ir a Estrelsau, querida Rosa. &iquest;Te parece que ser&iacute;a...
+conveniente?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! &iquest;Qui&eacute;n se acuerda ya de esas vetustas historias?</p>
+
+<p>Por toda respuesta saqu&eacute; del bolsillo un retrato del rey de Ruritania.
+Hab&iacute;a sido hecho un mes antes de subir al trono y llevaba toda la barba.
+Lo puse en manos de Rosa y le pregunt&eacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Por si no has visto el retrato de Rodolfo V, ah&iacute; lo tienes. &iquest;Crees
+todav&iacute;a que nadie se acordar&aacute; de aquella vieja historia si me presento
+en la Corte de Ruritania?</p>
+
+<p>Mi cu&ntilde;ada mir&oacute; el retrato y despu&eacute;s a m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cielo santo!&mdash;exclam&oacute; arrojando la fotograf&iacute;a sobre la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute; qu&eacute; dices, Roberto?&mdash;pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>Mi hermano se dirigi&oacute; a un velador, y empez&oacute; a rebuscar en un mont&oacute;n de
+peri&oacute;dicos, hasta dar con un n&uacute;mero de La Ilustraci&oacute;n. Abri&eacute;ndolo, nos
+se&ntilde;al&oacute; un grabado de doble p&aacute;gina que representaba la coronaci&oacute;n de
+Rodolfo V en Estrelsau. Puso la fotograf&iacute;a junto al grabado y yo me
+sent&eacute; frente a ellos; al lado opuesto de la mesa, contempl&aacute;ndolos.
+Record&eacute; a Sarto, al general Estrakenz, al cardenal con su ropaje
+p&uacute;rpura; vi luego el rostro de Miguel el Negro y por &uacute;ltimo la esbelta
+figura de la Princesa. Permanec&iacute; largo tiempo absorto en mis recuerdos,
+hasta que mi hermano me puso la mano sobre el hombro, mir&aacute;ndome
+fijamente.</p>
+
+<p>&mdash;La semejanza, como ves, es grande&mdash;le dije.&mdash;Creo que no debo de ir a
+Ruritania.</p>
+
+<p>Rosa, aunque medio convencida, rehus&oacute; rendirse.</p>
+
+<p>&mdash;No es m&aacute;s que una excusa&mdash;dijo.&mdash;Lo que hay es que no quieres tornarte
+el menor trabajo. &iexcl;Cuando pienso que podr&iacute;as llegar a ser Embajador!</p>
+
+<p>&mdash;Pero es que no quiero ser Embajador.</p>
+
+<p>&mdash;No te apures, que no llegar&aacute;s a tanto.</p>
+
+<p>&iexcl;Yo que hab&iacute;a sido Rey!</p>
+
+<p>Mi linda Rosa nos dej&oacute;, muy enojada; y mi hermano, encendiendo un
+cigarrillo, volvi&oacute; a mirarme con la mayor curiosidad y fijeza.</p>
+
+<p>&mdash;La persona representada en ese grabado...&mdash;comenz&oacute; a decir.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute;?&mdash;le interrump&iacute;.&mdash;Lo que prueba es que el rey de Ruritania y tu
+modesto hermano se parecen como dos gotas de agua.</p>
+
+<p>Roberto movi&oacute; la cabeza negativamente.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; lo supongo&mdash;dijo.&mdash;Pero lo que es yo, distingo perfectamente la
+diferencia entre tu cara y la que esa fotograf&iacute;a representa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no entre mi cara y la del grabado?</p>
+
+<p>&mdash;La fotograf&iacute;a y el grabado se parecen, pero...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;El grabado se parece m&aacute;s a ti.</p>
+
+<p>Mi hermano es todo un hombre, y a pesar de ser casado y de adorar a su
+mujer, nunca vacilar&iacute;a yo en confiarle un secreto m&iacute;o. Pero aquel
+secreto no me pertenec&iacute;a y no pod&iacute;a revel&aacute;rselo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo&mdash;dije resueltamente,&mdash;creo que la cara del retrato se me
+parece m&aacute;s que la otra. Pero de todos modos, Roberto, no ir&eacute; a
+Estrelsau.</p>
+
+<p>&mdash;No, Rodolfo, no vayas a Estrelsau&mdash;dijo mi hermano.</p>
+
+<p>Y no s&eacute; si sospecha algo, o si ha llegado a descubrir una parte de la
+verdad. En tal caso se lo tiene muy callado y ni &eacute;l ni yo aludimos jam&aacute;s
+al asunto. Sir Jacobo Borrodale tuvo que procurarse otro agregado.</p>
+
+<p>Desde que ocurrieron los sucesos aqu&iacute; referidos, he vivido tranquilo y
+muy retiradamente en una casita de campo. Para m&iacute; no tienen ya inter&eacute;s
+los m&oacute;viles que de ordinario atraen a hombres de mi posici&oacute;n y de mi
+edad. No me agradan el brillo y los placeres de la sociedad, ni las
+emociones de la pol&iacute;tica. La condesa de Burlesd&oacute;n dice que no tengo
+remedio y mis vecinos me creen indolente, so&ntilde;ador y arisco. Pero soy
+joven, y a veces me imagino&mdash;los supersticiosos lo llamar&aacute;n quiz&aacute;s un
+presentimiento,&mdash;que mi papel en esta vida no ha terminado a&uacute;n; que,
+alg&uacute;n d&iacute;a, de una &uacute; otra manera, volver&eacute; a participar en asuntos y
+sucesos de alta importancia, y tendr&eacute; que oponer mi astucia a la de mis
+enemigos y la fuerza de mi brazo a los golpes del contrario. Tales son a
+menudo mis pensamientos cuando con mi escopeta o mi ca&ntilde;a de pescar vago
+solitario por el bosque o las orillas del r&iacute;o. No s&eacute; si llegar&aacute;n a
+convertirse en realidad, y menos a&uacute;n si en tal caso tendr&aacute;n por teatro
+el que yo me imagino; s&oacute;lo s&eacute; que anhelo vivamente verme otra vez en las
+concurridas calles de Estrelsau, o a los pies de los sombr&iacute;os muros del
+castillo de Zenda.</p>
+
+<p>Y ya, perdido en mis meditaciones, suelo prescindir de lo futuro y
+recordar aquel pasado extra&ntilde;o e inolvidable. Presentando ante mi vista,
+en larga serie de cuadros, la primera y alegre francachela con el Rey,
+mi furioso ataque con la mesita de hierro en el cenador, la noche en el
+foso, la persecuci&oacute;n por el bosque; amigos y enemigos, los que
+aprendieron a respetarme y quererme y los que procuraron arrancarme la
+vida. Y entre estos &uacute;ltimos, descuella el &uacute;nico que de ellos vive, no s&eacute;
+d&oacute;nde, aunque estoy seguro de que donde se halle, continuar&aacute; siendo el
+malvado de siempre, el seductor de mujeres, el tormento y enemigo jurado
+de otros hombres. &iquest;D&oacute;nde, d&oacute;nde est&aacute; Ruperto Henzar, aquel adolescente
+que estuvo tan pr&oacute;ximo a vencerme? Siempre que recuerdo o pronuncio su
+nombre, la sangre circula m&aacute;s r&aacute;pida por mis venas y cierro
+maquinalmente los pu&ntilde;os; entonces tambi&eacute;n me parece oir con m&aacute;s claridad
+aquella voz del hado, que a manera de presentimiento me anuncia futuros
+encuentros con Ruperto. Por eso sigo ejercit&aacute;ndome en el manejo de las
+armas y no quiero pensar siquiera en que alg&uacute;n d&iacute;a he de perder el vigor
+de la juventud.</p>
+
+<p>Una vez al a&ntilde;o interrumpo la monoton&iacute;a de mi sosegada vida. Entonces voy
+a Dresde, donde me espera mi amigo y compa&ntilde;ero querido, Federico de
+Tarlein. El a&ntilde;o pasado lo acompa&ntilde;aban su bonita mujer, Elga, y un
+precioso y robusto ni&ntilde;o. Esas visitas duran una semana, que Federico y
+yo pasamos siempre juntos y durante las cuales me refiere todo lo que
+ocurre en Estrelsau; por las noches, mientras paseamos fumando, hablamos
+de Sarto, del Rey y con frecuencia de Ruperto Henzar; y ya tarde, a lo
+&uacute;ltimo, hablamos tambi&eacute;n de Flavia. Porque Federico lleva consigo a
+Dresde todos los a&ntilde;os una cajita; en ella una rosa y, rodeando el tallo,
+una esquela diminuta que s&oacute;lo contiene estas palabras:
+&laquo;Rodolfo&mdash;Flavia&mdash;siempre.&raquo; Yo le env&iacute;o con Federico id&eacute;ntico mensaje.
+Estos y los anillos que ella y yo llevamos, constituyen todo lo que hoy
+me une a la reina de Ruritania. Porque&mdash;m&aacute;s noble y grande, como yo
+mismo le dije, por ese acto,&mdash;ha llevado el cumplimiento de su deber
+para con su pa&iacute;s y su regia estirpe hasta el punto de contraer
+matrimonio con el Rey, conquistando para &eacute;ste el amor de sus subditos,
+asegurando la paz y concordia del pa&iacute;s a costa de su propio sacrificio.</p>
+
+<p>Hay momentos en que no me atrevo a pensar en ello, pero en cambio hay
+otros en los que me pongo a la altura de su abnegaci&oacute;n; y entonces doy
+gracias a Dios por haberme concedido amar a la mujer m&aacute;s noble que
+existe, a la vez que la m&aacute;s hermosa, y por haber impedido que mi amor
+llegase a ser un d&iacute;a obst&aacute;culo insuperable para el cumplimiento de la
+alt&iacute;sima misi&oacute;n de Flavia.</p>
+
+<p>&iquest;Volver&eacute; a contemplar sus adoradas facciones, aquel p&aacute;lido rostro y la
+hermosa cabellera rubia? No lo s&eacute;; sobre esto nada, me dice el hado,
+nada los presentimientos. No lo s&eacute;. En este mundo, probablemente&mdash;casi
+con seguridad,&mdash;no volver&eacute; a verla. &iquest;Y en otras regiones, en otra vida,
+de la que hoy no podemos formar concepto ni idea, llegaremos a vernos
+alg&uacute;n d&iacute;a, juntos, sin nada, que pueda separarnos ni contrariar nuestro
+amor? Tampoco lo sabemos, ni yo ni nadie. Pero si as&iacute; no fuese, si nunca
+he de poder dirigirle la palabra, ni contemplar su dulce rostro, ni oir
+sus frases de amor, entonces, a este lado de la tumba, vivir&eacute; como debe
+vivir el hombre a quien ella ama; y despu&eacute;s, lo &uacute;nico que anhelo y pido
+para el m&aacute;s all&aacute;, es el sue&ntilde;o de los sue&ntilde;os.</p>
+
+<p class="c top15">FIN</p>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of El prisionero de Zenda, by Anthony Hope
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL PRISIONERO DE ZENDA ***
+
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+
+
+
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+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
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+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
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+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
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+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
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