summaryrefslogtreecommitdiff
path: root/22899-h/22899-h.htm
diff options
context:
space:
mode:
Diffstat (limited to '22899-h/22899-h.htm')
-rw-r--r--22899-h/22899-h.htm2905
1 files changed, 2905 insertions, 0 deletions
diff --git a/22899-h/22899-h.htm b/22899-h/22899-h.htm
new file mode 100644
index 0000000..9d50dad
--- /dev/null
+++ b/22899-h/22899-h.htm
@@ -0,0 +1,2905 @@
+<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN"
+ "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd">
+
+<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">
+ <head>
+ <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" />
+ <title>
+ The Project Gutenberg eBook of Ariel, par José Enrique Rodó.
+ </title>
+ <style type="text/css">
+/*<![CDATA[ XML blockout */
+<!--
+ p { margin-top: .75em;
+ text-align: justify;
+ margin-bottom: .75em;
+ text-indent: 2%;
+ }
+ .top {margin-top:15%;
+ }
+ .top1 {margin-top: 7%;
+ }
+ h1,h2,h3 {
+ text-align: center;
+ clear: both;
+ }
+ sup {font-size:75%;
+ }
+ .foot {font-size: 85%;
+ text-align: center;
+ }
+ body{margin-left: 10%;
+ margin-right: 10%;
+ background:#fdfdfd;
+ color:black;
+ font-family: "Times New Roman", serif;
+ font-size: large;
+ }
+ .smcap {font-variant: small-caps;
+ font-family: "Times New Roman", serif;
+ font-size: large;
+ }
+ .autor {font-variant: small-caps;
+ font-family: "Times New Roman", serif;
+ font-size: 175%;
+ }
+ .c {text-align: center;
+ text-indent: 0%;
+ }
+ // -->
+ /* XML end ]]>*/
+ </style>
+ </head>
+<body>
+
+
+<pre>
+
+The Project Gutenberg EBook of Ariel, by José Enrique Rodó
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Ariel
+
+Author: José Enrique Rodó
+
+Release Date: October 5, 2007 [EBook #22899]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ARIEL ***
+
+
+
+
+Produced by Juliet Sutherland, Chuck Greif and the Online
+Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
+
+
+
+
+
+</pre>
+
+
+<h3>BREVIARIO DE LA JUVENTUD</h3>
+
+<h1 class="autor top1">Jos&eacute; Enrique Rod&oacute;</h1>
+
+<h1 style="font-size:500%;">ARIEL</h1>
+
+<p class="c">1920</p>
+
+<p class="c">EDITORIAL CERVANTES</p>
+
+<p class="c"><span class="smcap">Valencia</span>&mdash;Col&oacute;n, 52</p>
+
+<p class="c">ES PROPIEDAD</p>
+
+<p class="c">----Talleres de Tipograf&iacute;a<br />LA GUTENBERG&mdash;Valencia</p>
+
+<p class="c">Apoderado general en Sud-Am&eacute;rica:<br />
+JOS&Eacute; BLAYA<br />
+Formosa, 463&mdash;BUENOS AIRES</p>
+
+
+<p class="top">Aquella tarde, el viejo y venerado maestro, a quien sol&iacute;an llamar
+Pr&oacute;spero, por alusi&oacute;n al sabio mago de <i>La Tempestad</i> shakespiriana, se
+desped&iacute;a de sus j&oacute;venes disc&iacute;pulos, pasado un a&ntilde;o de tareas,
+congreg&aacute;ndolos una vez m&aacute;s a su alrededor.</p>
+
+<p>Ya hab&iacute;an llegado ellos a la amplia sala de estudios, en la que un gusto
+delicado y severo esmer&aacute;base por todas partes en honrar la noble
+presencia de los libros, fieles compa&ntilde;eros de Pr&oacute;spero. Dominaba en la
+sala&mdash;como numen de su ambiente sereno&mdash;un bronce primoroso que figuraba
+al <span class="smcap">Ariel</span> de <i>La Tempestad</i>. Junto a este bronce se sentaba habitualmente
+el maestro, y por ello le llamaban con el nombre del mago a quien sirve
+y favorece en el drama el fant&aacute;stico personaje que hab&iacute;a interpretado el
+escultor. Quiz&aacute; en su ense&ntilde;anza y su car&aacute;cter hab&iacute;a, para el nombre, una
+raz&oacute;n y un sentido m&aacute;s profundos.</p>
+
+<p>Ariel, genio del aire, representa, en el simbolismo de la obra de
+Shakespeare, la parte noble y alada del esp&iacute;ritu. Ariel es el imperio de
+la raz&oacute;n y el sentimiento sobre los bajos est&iacute;mulos de la
+irracionalidad; es el entusiasmo generoso, el m&oacute;vil alto y desinteresado
+en la acci&oacute;n, la espiritualidad de la cultura, la vivacidad y la gracia
+de la inteligencia, el t&eacute;rmino ideal a que asciende la selecci&oacute;n humana,
+rectificando en el hombre superior los tenaces vestigios de Calib&aacute;n,
+s&iacute;mbolo de sensualidad y de torpeza, con el cincel perseverante de la
+vida.</p>
+
+<p>La estatua, de arte real, reproduc&iacute;a al genio a&eacute;reo en el instante en
+que, libertado por la magia de Pr&oacute;spero, va a lanzarse a los aires para
+desvanecerse en un lampo. Despegadas las alas; suelta y flotante la leve
+vestidura, que la caricia de la luz en el bronce damasquinaba de oro;
+erguida la amplia frente; entreabiertos los labios por una serena
+sonrisa, todo en la actitud de Ariel acusaba admirablemente el gracioso
+arranque del vuelo; y con inspiraci&oacute;n dichosa, el arte que hab&iacute;a dado
+firmeza escultural a su imagen, hab&iacute;a acertado a conservar en ella, al
+mismo tiempo, la apariencia ser&aacute;fica y la levedad ideal.</p>
+
+<p>Pr&oacute;spero acarici&oacute;, meditando, la frente de la estatua; dispuso luego al
+grupo juvenil en torno suyo; y con su firme voz&mdash;voz <i>magistral</i> que
+ten&iacute;a para fijar la idea e insinuarse en las profundidades del
+esp&iacute;ritu, bien la esclarecedora penetraci&oacute;n del rayo de luz, bien el
+golpe incisivo del cincel en el m&aacute;rmol, bien el toque impregnante del
+pincel en el lienzo o de la onda en la arena&mdash;comenz&oacute; a decir, frente a
+una atenci&oacute;n afectuosa:</p>
+
+<p class="top1">Junto a la estatua que hab&eacute;is visto presidir, cada tarde, nuestros
+coloquios de amigos, en los que he procurado despojar a la ense&ntilde;anza de
+toda ingrata austeridad, voy a hablaros de nuevo, para que sea nuestra
+despedida como el sello estampado en un convenio de sentimientos y de
+ideas.</p>
+
+<p>Invoco a <span class="smcap">Ariel</span> como mi numen. Quisiera ahora para mi palabra la m&aacute;s
+suave y persuasiva unci&oacute;n que ella haya tenido jam&aacute;s. Pienso que hablar
+a la juventud sobre nobles y elevados motivos, cualesquiera que sean, es
+un g&eacute;nero de oratoria sagrada. Pienso tambi&eacute;n que el esp&iacute;ritu de la
+juventud es un terreno generoso donde la simiente de una palabra
+oportuna suele rendir, en corto tiempo, los frutos de una inmortal
+vegetaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Anhelo colaborar en una p&aacute;gina del programa que, al prepararos a
+respirar el aire libre de la acci&oacute;n, formular&eacute;is, sin duda, en la
+intimidad de vuestro esp&iacute;ritu, para ce&ntilde;ir a &eacute;l vuestra personalidad
+moral y vuestro esfuerzo. Este programa propio&mdash;que algunas veces se
+formula y escribe; que se reserva otras para ser revelado en el mismo
+transcurso de la acci&oacute;n&mdash;, no falta nunca en el esp&iacute;ritu de las
+agrupaciones y los pueblos que son algo m&aacute;s que muchedumbres. Si con
+relaci&oacute;n a la escuela de la voluntad individual, pudo G&#339;the decir
+profundamente que s&oacute;lo es digno de la libertad y la vida quien es capaz
+de conquistarlas d&iacute;a a d&iacute;a para s&iacute;, con tanta m&aacute;s raz&oacute;n podr&iacute;a decirse
+que el honor de cada generaci&oacute;n humana exige que ella se conquiste, por
+la perseverante actividad de su pensamiento, por el esfuerzo propio, su
+fe en determinada manifestaci&oacute;n del ideal y su puesto en la evoluci&oacute;n de
+las ideas.</p>
+
+<p>Al conquistar los vuestros, deb&eacute;is empezar por reconocer un primer
+objeto de fe en vosotros mismos. La juventud que viv&iacute;s es una fuerza de
+cuya aplicaci&oacute;n sois los obreros y un tesoro de cuya inversi&oacute;n sois
+responsables. Amad ese tesoro y esa fuerza; haced que el altivo
+sentimiento de su posesi&oacute;n permanezca ardiente y eficaz en vosotros. Yo
+os digo con Ren&aacute;n: &laquo;La juventud es el descubrimiento de un horizonte
+inmenso, que es la Vida&raquo;. El descubrimiento que revela las tierras
+ignoradas, necesita completarse con el esfuerzo viril que las sojuzga. Y
+ning&uacute;n otro espect&aacute;culo puede imaginarse m&aacute;s propio para cautivar a un
+tiempo el inter&eacute;s del pensador y el entusiasmo del artista, que el que
+presenta una generaci&oacute;n humana que marcha al encuentro del futuro,
+vibrante con la impaciencia de la acci&oacute;n, alta la frente, en la sonrisa
+un altanero desd&eacute;n del desenga&ntilde;o, colmada el alma por dulces y remotos
+mirajes que derraman en ella misteriosos est&iacute;mulos, como las visiones de
+Cipango y El Dorado en las cr&oacute;nicas heroicas de los conquistadores.</p>
+
+<p>Del renacer de las esperanzas humanas; de las promesas que f&iacute;an
+eternamente al porvenir la realidad de lo mejor, adquiere su belleza el
+alma que se entreabre al soplo de la vida; dulce e inefable belleza,
+compuesta, como lo estaba la del amanecer para el poeta de <i>Las
+Contemplaciones</i>, de un &laquo;vestigio de sue&ntilde;o y un principio de
+pensamiento&raquo;.</p>
+
+<p>La humanidad, renovando de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n su activa esperanza
+y su ansiosa fe en un ideal, al trav&eacute;s de la dura experiencia de los
+siglos, hac&iacute;a pensar a Guyau en la obsesi&oacute;n de aquella pobre enajenada
+cuya extra&ntilde;a y conmovedora locura consist&iacute;a en creer llegado,
+constantemente, el d&iacute;a de sus bodas.&mdash;Juguete de su ensue&ntilde;o, ella ce&ntilde;&iacute;a
+cada ma&ntilde;ana a su frente p&aacute;lida la corona de desposada y suspend&iacute;a de su
+cabeza el velo nupcial. Con una dulce sonrisa dispon&iacute;ase luego a recibir
+al prometido ilusorio, hasta que las sombras de la tarde, tras el vano
+esperar, tra&iacute;an la decepci&oacute;n a su alma. Entonces tomaba un melanc&oacute;lico
+tinte su locura. Pero su ingenua confianza reaparec&iacute;a con la aurora
+siguiente; y ya sin el recuerdo del desencanto pasado, murmurando: <i>Es
+hoy cuando vendr&aacute;</i>, volv&iacute;a a ce&ntilde;irse la corona y el velo y a sonre&iacute;r en
+espera del prometido.</p>
+
+<p>Es as&iacute; como, no bien la eficacia de un ideal ha muerto, la humanidad
+viste otra vez sus galas nupciales para esperar la realidad del ideal
+so&ntilde;ado con nueva fe, con tenaz y conmovedora locura. Provocar esa
+renovaci&oacute;n, inalterable con un ritmo de la Naturaleza, es en todos los
+tiempos la funci&oacute;n y la obra de la juventud. De las almas de cada
+primavera humana est&aacute; tejido aquel tocado de novia. Cuando se trata de
+sofocar esta sublime terquedad de la esperanza, que brota alada del seno
+de la decepci&oacute;n, todos los pesimismos son vanos. Lo mismo los que se
+fundan en la raz&oacute;n que los que parten de la experiencia, han de
+reconocerse in&uacute;tiles para contrastar el altanero <i>no importa</i> que surge
+del fondo de la Vida. Hay veces en que, por una aparente alteraci&oacute;n del
+ritmo triunfal, cruzan la historia humana generaciones destinadas a
+personificar, desde la cuna, la vacilaci&oacute;n y el desaliento. Pero ellas
+pasan&mdash;no sin haber tenido quiz&aacute; su ideal como las otras, en forma
+negativa y con amor inconsciente&mdash;y de nuevo se ilumina en el esp&iacute;ritu
+de la humanidad la esperanza en el Esposo anhelado; cuya imagen, dulce y
+radiosa como en los versos de marfil de los m&iacute;sticos, basta para
+mantener la animaci&oacute;n y el contento de la vida, aun cuando nunca haya
+de encarnarse en la realidad.</p>
+
+<p>La juventud, que as&iacute; significa en el alma de los individuos y la de las
+generaciones, luz, amor, energ&iacute;a, existe y lo significa tambi&eacute;n en el
+proceso evolutivo de las sociedades. De los pueblos que sienten y
+consideran la vida como vosotros, ser&aacute;n siempre la fecundidad, la
+fuerza, el dominio del porvenir.&mdash;Hubo una vez en que los atributos de
+la juventud humana se hicieron, m&aacute;s que en ninguna otra, los atributos
+de un pueblo, los caracteres de una civilizaci&oacute;n, y en que un soplo de
+adolescencia encantadora pas&oacute; rozando la frente serena de una raza.
+Cuando Grecia naci&oacute;, los dioses le regalaron el secreto de su juventud
+inextinguible. Grecia es el alma joven. &laquo;Aquel que en Delfos contempla
+la api&ntilde;ada muchedumbre de los jonios&mdash;dice uno de los himnos
+hom&eacute;ricos&mdash;, se imagina que ellos no han de envejecer jam&aacute;s&raquo;. Grecia
+hizo grandes cosas porque tuvo, de la juventud, la alegr&iacute;a, que es el
+ambiente de la acci&oacute;n, y el entusiasmo, que es la palanca omnipotente.
+El sacerdote egipcio con quien Sol&oacute;n habl&oacute; en el templo de Sais, dec&iacute;a
+al legislador ateniense, compadeciendo a los griegos por su volubilidad
+bulliciosa: <i>No sois sino unos ni&ntilde;os.</i> Y Michelet ha comparado la
+actividad del alma helena con un festivo juego a cuyo alrededor se
+agrupan y sonr&iacute;en todas las naciones del mundo. Pero de aquel divino
+juego de ni&ntilde;os sobre las playas del Archipi&eacute;lago y a la sombra de los
+olivos de Jonia, nacieron el arte, la filosof&iacute;a, el pensamiento libre,
+la curiosidad de la investigaci&oacute;n, la conciencia de la dignidad humana,
+todos esos est&iacute;mulos de Dios que son a&uacute;n nuestra inspiraci&oacute;n y nuestro
+orgullo. Absorto en su austeridad hier&aacute;tica, el pa&iacute;s del sacerdote
+representaba, en tanto, la senectud, que se concentra para ensayar el
+reposo de la eternidad y aleja, con desde&ntilde;osa mano, todo fr&iacute;volo sue&ntilde;o.
+La gracia, la inquietud, est&aacute;n proscriptas de las actitudes de su alma,
+como del gesto de sus im&aacute;genes la vida. Y cuando la posteridad vuelve
+las miradas a &eacute;l, s&oacute;lo encuentra una est&eacute;ril noci&oacute;n del orden
+presidiendo al desenvolvimiento de una civilizaci&oacute;n que vivi&oacute; para
+tejerse un sudario y para edificar sus sepulcros: la sombra de un comp&aacute;s
+tendi&eacute;ndose sobre la esterilidad de la arena.</p>
+
+<p>Las prendas del esp&iacute;ritu joven&mdash;el entusiasmo y la
+esperanza&mdash;corresponden en las armon&iacute;as de la historia, y la naturaleza
+al movimiento y a la luz.&mdash;A donde quiera que volv&aacute;is los ojos, las
+encontrar&eacute;is como el ambiente natural de todas las cosas fuertes y
+hermosas. Levantadlos al ejemplo m&aacute;s alto:&mdash;La idea cristiana, sobre la
+que a&uacute;n se hace pesar la acusaci&oacute;n de haber entristecido la tierra
+proscribiendo la alegr&iacute;a del paganismo, es una inspiraci&oacute;n
+esencialmente juvenil mientras no se aleja de su cuna. El cristianismo
+naciente es en la interpretaci&oacute;n&mdash;que yo creo tanto m&aacute;s verdadera cuanto
+m&aacute;s po&eacute;tica&mdash;de Ren&aacute;n, un cuadro de juventud inmarcesible. De juventud
+del alma, o, lo que es lo mismo, de un vivo sue&ntilde;o de gracia, de candor,
+se compone el aroma divino que flota sobre las lentas jornadas del
+Maestro al trav&eacute;s de los campos de Galilea; sobre sus pr&eacute;dicas, que se
+desenvuelven ajenas a toda penitente gravedad; junto a un lago celeste;
+en los valles abrumados de frutos; escuchadas por &laquo;las aves del cielo&raquo; y
+&laquo;los lirios de los campos&raquo; con que se adornan las par&aacute;bolas; propagando
+la alegr&iacute;a del &laquo;reino de Dios&raquo; sobre una dulce sonrisa de la
+Naturaleza.&mdash;De este cuadro dichoso est&aacute;n ausentes los ascetas que
+acompa&ntilde;aban en la soledad las penitencias del Bautista. Cuando Jes&uacute;s
+habla de los que a &eacute;l le siguen, los compara a los paraninfos de un
+cortejo de bodas.&mdash;Y es la impresi&oacute;n de aquel divino contento la que,
+incorpor&aacute;ndose a la esencia de la nueva fe, se siente persistir al
+trav&eacute;s de la Odisea de los evangelistas; la que derrama en el esp&iacute;ritu
+de las primeras comunidades cristianas su felicidad candorosa, su
+ingenua alegr&iacute;a de vivir, y la que, al llegar a Roma con los ignorados
+cristianos del Transtevere, les abre f&aacute;cil paso en los corazones; porque
+ellos triunfaron oponiendo el encanto de su juventud interior&mdash;la de su
+alma embalsamada por la libaci&oacute;n del vino nuevo&mdash;a la severidad de los
+estoicos y a la decrepitud de los mundanos.</p>
+
+<p>Sed, pues, conscientes poseedores de la fuerza bendita que llev&aacute;is
+dentro de vosotros mismos. No cre&aacute;is, sin embargo, que ella est&eacute; exenta
+de malograrse y desvanecerse, como un impulso sin objeto, en la
+realidad. De la Naturaleza es la d&aacute;diva del precioso tesoro; pero es de
+las ideas que &eacute;l sea fecundo o se prodigue vanamente, o fraccionado y
+disperso en las conciencias personales, no se manifieste en la vida de
+las sociedades humanas como una fuerza bienhechora.&mdash;Un escritor sagaz
+rastreaba ha poco en las p&aacute;ginas de la novela de nuestro siglo&mdash;esa
+inmensa superficie especular donde se refleja toda entera la imagen de
+la vida en los &uacute;ltimos vertiginosos cien a&ntilde;os&mdash;la psicolog&iacute;a, los
+estados de alma de la juventud, tales como ellos han sido en las
+generaciones que van desde los d&iacute;as de Ren&eacute; hasta los que han visto
+pasar a Des Esseintes.&mdash;Su an&aacute;lisis comprobaba una progresiva
+disminuci&oacute;n de <i>juventud interior</i> y de energ&iacute;a en la serie de
+personajes representativos que se inicia con los h&eacute;roes, enfermos, pero
+a menudo viriles y siempre intensos de pasi&oacute;n, de los rom&aacute;nticos, y
+termina con los enervados de voluntad y coraz&oacute;n, en quienes se reflejan
+tan desconsoladoras manifestaciones del esp&iacute;ritu de nuestro tiempo como
+la del protagonista de <i>&Agrave; rebours</i> o la del Robert Greslou de <i>Le
+Disciple</i>.&mdash;Pero comprobaba el an&aacute;lisis tambi&eacute;n un lisonjero
+renacimiento de animaci&oacute;n y de esperanza en la psicolog&iacute;a de la juventud
+de que suele hablarnos una literatura que es quiz&aacute; nuncio de
+transformaciones m&aacute;s hondas; renacimiento que personifican los h&eacute;roes
+nuevos de Lema&icirc;tre; de Wizewa, de Rod, y cuya m&aacute;s cumplida
+representaci&oacute;n lo ser&iacute;a tal vez el <i>David Grieve</i> con que cierta
+novelista inglesa contempor&aacute;nea ha resumido en un solo car&aacute;cter todas
+las penas y todas las inquietudes ideales de varias generaciones, para
+solucionarlas en un supremo desenlace de serenidad y amor.</p>
+
+<p>&iquest;Madurar&aacute; en la realidad esa esperanza? Vosotros, los que vais a pasar,
+como el obrero en marcha a los talleres que le esperan, bajo el p&oacute;rtico
+del nuevo siglo, &iquest;reflejar&eacute;is quiz&aacute; sobre el arte que os estudie
+im&aacute;genes m&aacute;s luminosas y triunfales que las que han quedado de nosotros?
+Si los tiempos divinos en que las almas j&oacute;venes daban modelos para los
+dialoguistas radiantes de Plat&oacute;n s&oacute;lo fueron posibles en una breve
+primavera del mundo; si es fuerza &laquo;no pensar en los dioses&raquo;, como
+aconseja la Forquias del segundo &laquo;Fausto&raquo; al coro de cautivas, &iquest;no nos
+ser&aacute; l&iacute;cito, a lo menos, so&ntilde;ar con la aparici&oacute;n de generaciones humanas
+que devuelvan a la vida un sentido ideal, un grande entusiasmo; en las
+que sea un poder el sentimiento; en las que una vigorosa resurrecci&oacute;n de
+las energ&iacute;as de la voluntad ahuyente, con heroico clamor, del fondo de
+las almas, todas las cobard&iacute;as morales que se nutren a los pechos de la
+decepci&oacute;n y de la duda? &iquest;Ser&aacute; de nuevo la juventud una realidad de la
+vida colectiva, como lo es de la vida individual?</p>
+
+<p>Tal es la pregunta que me inquieta mir&aacute;ndoos. Vuestras primeras p&aacute;ginas,
+las confesiones que nos hab&eacute;is hecho hasta ahora de vuestro mundo
+&iacute;ntimo, hablan de indecisi&oacute;n y de estupor a menudo; nunca de
+enervaci&oacute;n, ni de un definitivo quebranto de la voluntad. Yo s&eacute; bien que
+el entusiasmo es una surgente viva en vosotros. Yo s&eacute; bien que las notas
+de desaliento y de dolor, que la absoluta sinceridad del
+pensamiento&mdash;virtud todav&iacute;a m&aacute;s grande que la esperanza&mdash;ha podido hacer
+brotar de las torturas de vuestra meditaci&oacute;n, en las tristes e
+inevitables citas de la Duda, no eran indicio de un estado de alma
+permanente ni significaron en ning&uacute;n caso vuestra desconfianza respecto
+de la eterna virtualidad de la Vida. Cuando un grito de angustia ha
+ascendido del fondo de vuestro coraz&oacute;n, no lo hab&eacute;is sofocado antes de
+pasar por vuestros labios, con la austera y muda altivez del estoico en
+el suplicio, pero lo hab&eacute;is terminado con una invocaci&oacute;n al ideal <i>que
+vendr&aacute;</i>, con una nota de esperanza mesi&aacute;nica.</p>
+
+<p>Por lo dem&aacute;s, al hablaros del entusiasmo y la esperanza como de altas y
+fecundas virtudes, no es mi prop&oacute;sito ense&ntilde;aros a trazar la l&iacute;nea
+infranqueable que separe el escepticismo de la fe, la decepci&oacute;n de la
+alegr&iacute;a. Nada m&aacute;s lejos de mi &aacute;nimo que la idea de confundir con los
+atributos naturales de la juventud, con la graciosa espontaneidad de su
+alma, esa indolente frivolidad del pensamiento que, incapaz de ver m&aacute;s
+que el motivo de un juego en la actividad, compra el amor y el contento
+de la vida al precio de su incomunicaci&oacute;n con todo lo que pueda hacer
+detener el paso ante la faz misteriosa y grave de las cosas.&mdash;No es ese
+el noble significado de la juventud individual, ni ese tampoco el de la
+juventud de los pueblos.&mdash;Yo he conceptuado siempre vano el prop&oacute;sito de
+los que constituy&eacute;ndose en avizores vig&iacute;as del destino de Am&eacute;rica, en
+custodios de su tranquilidad, quisieran sofocar, con temeroso recelo,
+antes de que llegase a nosotros, cualquiera resonancia del humano
+dolor, cualquier eco venido de literaturas extra&ntilde;as que, por triste o
+insano, ponga en peligro la fragilidad de su optimismo.&mdash;Ninguna firme
+educaci&oacute;n de la inteligencia puede fundarse en el aislamiento candoroso
+o en la ignorancia voluntaria. Todo problema propuesto al pensamiento
+humano por la Duda; toda sincera reconvenci&oacute;n que sobre Dios o la
+Naturaleza se fulmine, del seno del desaliento y el dolor, tienen
+derecho a que les dejemos llegar a nuestra conciencia y a que los
+afrontemos. Nuestra fuerza de coraz&oacute;n ha de probarse aceptando el reto
+de la Esfinge y no esquivando su interrogaci&oacute;n formidable.&mdash;No olvid&eacute;is,
+adem&aacute;s, que en ciertas amarguras del pensamiento hay, como en sus
+alegr&iacute;as, la posibilidad de encontrar un punto de partida para la
+acci&oacute;n; hay a menudo sugestiones fecundas. Cuando el dolor enerva,
+cuando el dolor es la irresistible pendiente que conduce al marasmo o
+el consejero p&eacute;rfido que mueve a la abdicaci&oacute;n de la voluntad, la
+filosof&iacute;a que le lleva en sus entra&ntilde;as es cosa indigna de almas j&oacute;venes.
+Puede entonces el poeta calificarle de &laquo;indolente soldado que milita
+bajo las banderas de la muerte&raquo;. Pero cuando lo que nace del seno del
+dolor es el anhelo varonil de la lucha para conquistar o recobrar el
+bien que &eacute;l nos niega, entonces es un acerado acicate de la evoluci&oacute;n,
+es el m&aacute;s poderoso impulso de la vida; no de otro modo que como el
+hast&iacute;o, para Helvecio, llega a ser la mayor y m&aacute;s preciosa de todas las
+prerrogativas humanas, desde el momento en que, impidiendo enervarse
+nuestra sensibilidad en los adormecimientos del ocio, se convierte en el
+vigilante est&iacute;mulo de la acci&oacute;n.</p>
+
+<p>En tal sentido, se ha dicho bien que hay pesimismos que tienen la
+significaci&oacute;n de un <i>optimismo parad&oacute;gico</i>. Muy lejos de suponer la
+renuncia y la condenaci&oacute;n de la existencia, ellos propagan, con su
+descontento de lo actual, la necesidad de renovarla. Lo que a la
+humanidad importa salvar contra toda negaci&oacute;n pesimista, es, no tanto la
+idea de la relativa bondad de lo presente, sino la de la posibilidad de
+llegar a un t&eacute;rmino mejor por el desenvolvimiento de la vida, apresurado
+y orientado mediante esfuerzo de los hombres. La fe en el porvenir, la
+confianza en la eficacia del esfuerzo humano, son el antecedente
+necesario de toda acci&oacute;n en&eacute;rgica y de todo prop&oacute;sito fecundo. Tal es la
+raz&oacute;n por la que he querido comenzar encareci&eacute;ndoos la inmortal
+excelencia de esa fe que, siendo en la juventud un instinto, no debe
+necesitar seros impuesta por ninguna ense&ntilde;anza, puesto que la
+encontrar&eacute;is indefectiblemente dejando actuar en el fondo de vuestro ser
+la sugesti&oacute;n divina de la Naturaleza.</p>
+
+<p>Animados por ese sentimiento, entrad, pues, a la vida, que os abre sus
+hondos horizontes, con la noble ambici&oacute;n de hacer sentir vuestra
+presencia en ella desde el momento en que la afront&eacute;is con la altiva
+mirada del conquistador.&mdash;Toca al esp&iacute;ritu juvenil la iniciativa audaz,
+la genialidad innovadora.&mdash;Quiz&aacute; universalmente, hoy, la acci&oacute;n y la
+influencia de la juventud son en la marcha de las sociedades humanas
+menos efectivas e intensas que debieran ser. Gast&oacute;n Deschamps lo hac&iacute;a
+notar en Francia, hace poco, comentando la iniciaci&oacute;n tard&iacute;a de las
+j&oacute;venes generaciones, en la vida p&uacute;blica y la cultura de aquel pueblo, y
+la escasa originalidad con que ellas contribuyen al trazado de las ideas
+dominantes. Mis impresiones del presente de Am&eacute;rica, en cuanto ellas
+pueden tener un car&aacute;cter general a pesar del doloroso aislamiento en que
+viven los pueblos que la componen, justificar&iacute;an acaso una observaci&oacute;n
+parecida.&mdash;Y sin embargo, yo creo ver expresada en todas partes la
+necesidad de una activa revelaci&oacute;n de fuerzas nuevas; yo creo que
+Am&eacute;rica necesita grandemente de su juventud.&mdash;He ah&iacute; por qu&eacute; os hablo.
+He ah&iacute; por qu&eacute; me interesa extraordinariamente la orientaci&oacute;n moral de
+vuestro esp&iacute;ritu. La energ&iacute;a de vuestra palabra y vuestro ejemplo puede
+llegar hasta incorporar las fuerzas vivas del pasado a la obra del
+futuro. Pienso con Michelet que el verdadero concepto de la educaci&oacute;n no
+abarca s&oacute;lo la cultura del esp&iacute;ritu de los hijos por la experiencia de
+los padres, sino tambi&eacute;n, y con frecuencia mucho m&aacute;s, la del esp&iacute;ritu de
+los padres por la inspiraci&oacute;n innovadora de los hijos.</p>
+
+<p>Hablemos, pues, de c&oacute;mo considerar&eacute;is la vida que os espera.</p>
+
+<p class="top1">La divergencia de las vocaciones personales imprimir&aacute; diversos sentidos
+a vuestra actividad, y har&aacute; predominar una disposici&oacute;n, una aptitud
+determinada, en el esp&iacute;ritu de cada uno de vosotros.&mdash;Los unos ser&eacute;is
+hombres de ciencia; los otros ser&eacute;is hombres de arte; los otros ser&eacute;is
+hombres de acci&oacute;n.&mdash;Pero por encima de los afectos que hayan de
+vincularos individualmente a distintas aplicaciones y distintos modos de
+la vida, debe velar, en lo &iacute;ntimo de vuestra alma, la conciencia de la
+unidad fundamental de nuestra naturaleza, que exige que cada individuo
+humano sea, ante todo y sobre todo, otra cosa, un ejemplar no mutilado
+de la humanidad, en el que ninguna noble facultad del esp&iacute;ritu quede
+obliterada y ning&uacute;n alto inter&eacute;s de todos pierda su virtud comunicativa.
+Antes que las modificaciones de profesi&oacute;n y de cultura, est&aacute; el
+cumplimiento del destino com&uacute;n de los seres racionales. &laquo;Hay una
+profesi&oacute;n universal, que es la de <i>hombre</i>&raquo;, ha dicho admirablemente
+Guyau. Y Ren&aacute;n, recordando, a prop&oacute;sito de las civilizaciones
+desequilibradas y parciales, que el fin de la criatura humana no puede
+ser exclusivamente saber, ni sentir, ni imaginar, sino ser real y
+enteramente <i>humana</i>, define el ideal de perfecci&oacute;n a que ella debe
+encaminar sus energ&iacute;as como la posibilidad de ofrecer en un tipo
+individual un cuadro abreviado de la especie.</p>
+
+<p>Aspirad, pues, a desarrollar en lo posible, no un solo aspecto, sino la
+plenitud de vuestro ser. No os encoj&aacute;is de hombros delante de ninguna
+noble y fecunda manifestaci&oacute;n de la naturaleza humana, a pretexto de que
+vuestra organizaci&oacute;n individual os liga con preferencia a
+manifestaciones diferentes. Sed espectadores atentos all&iacute; donde no
+pod&aacute;is ser actores.&mdash;Cuando cierto fals&iacute;simo y vulgarizado concepto de
+la educaci&oacute;n, que la imagina subordinada exclusivamente al fin
+utilitario, se empe&ntilde;a en mutilar, por medio de ese utilitarismo y de una
+especializaci&oacute;n prematura, la integridad natural de los esp&iacute;ritus, y
+anhela proscribir de la ense&ntilde;anza todo elemento desinteresado e ideal,
+no repara suficientemente en el peligro de preparar para el porvenir
+esp&iacute;ritus estrechos que, incapaces de considerar m&aacute;s que el &uacute;nico
+aspecto de la realidad con que est&eacute;n inmediatamente en contacto, vivir&aacute;n
+separados por helados desiertos de los esp&iacute;ritus que, dentro de la misma
+sociedad, se hayan adherido a otras manifestaciones de la vida.</p>
+
+<p>Lo necesario de la consagraci&oacute;n particular de cada uno de nosotros a una
+actividad determinada, a un solo modo de cultura, no excluye,
+ciertamente, la tendencia a realizar, por la &iacute;ntima armon&iacute;a del
+esp&iacute;ritu, el destino com&uacute;n de los seres racionales. Esa actividad, esa
+cultura, ser&aacute;n s&oacute;lo la nota fundamental de la armon&iacute;a.&mdash;El verso c&eacute;lebre
+en que el esclavo de la escena antigua afirm&oacute; que, pues era hombre, no
+le era ajeno nada de lo humano, forma parte de los gritos que, por su
+sentido inagotable, resonar&aacute;n eternamente en la conciencia de la
+humanidad. Nuestra capacidad de comprender, s&oacute;lo debe tener por l&iacute;mite
+la imposibilidad de comprender a los esp&iacute;ritus estrechos. Ser incapaz de
+ver de la Naturaleza m&aacute;s que una faz; de las ideas e intereses humanos
+m&aacute;s que uno solo, equivale a vivir envuelto en una sombra de sue&ntilde;o
+horadada por un solo rayo de luz. La intolerancia, el exclusivismo, que
+cuando nacen de la tir&aacute;nica absorci&oacute;n de un alto entusiasmo, del
+desborde de un desinteresado prop&oacute;sito ideal, pueden merecer
+justificaci&oacute;n y aun simpat&iacute;a, se convierten en la m&aacute;s abominable de las
+inferioridades cuando, en el c&iacute;rculo de la vida vulgar, manifiestan la
+limitaci&oacute;n de un cerebro incapacitado para reflejar m&aacute;s que una parcial
+apariencia de las cosas.</p>
+
+<p>Por desdicha, es en los tiempos y las civilizaciones que han alcanzado
+una completa y refinada cultura donde el peligro de esa limitaci&oacute;n de
+los esp&iacute;ritus tiene una importancia m&aacute;s real y conduce a resultados m&aacute;s
+temibles. Quiere, en efecto, la ley de evoluci&oacute;n, manifest&aacute;ndose en la
+sociedad como en la Naturaleza por una creciente tendencia a la
+heterogeneidad, que, a medida que la cultura general de las sociedades
+avanza, se limite correlativamente la extensi&oacute;n de las aptitudes
+individuales y haya de ce&ntilde;irse el campo de acci&oacute;n de cada uno a una
+especialidad m&aacute;s restringida. Sin dejar de constituir una condici&oacute;n
+necesaria de progreso, ese desenvolvimiento del esp&iacute;ritu de
+especializaci&oacute;n trae consigo desventajas visibles, que no se limitan a
+estrechar el horizonte de cada inteligencia, falseando necesariamente su
+concepto del mundo, sino que alcanzan y perjudican, por la dispersi&oacute;n de
+las afecciones y los h&aacute;bitos individuales, al sentimiento de la
+solidaridad.&mdash;Augusto Comte ha se&ntilde;alado bien este peligro de las
+civilizaciones avanzadas. Un alto estado de perfeccionamiento social
+tiene para &eacute;l un grave inconveniente en la facilidad con que suscita la
+aparici&oacute;n de esp&iacute;ritus deformados y estrechos; de esp&iacute;ritus &laquo;muy capaces
+bajo un aspecto &uacute;nico y monstruosamente inepto bajo todos los otros&raquo;. El
+empeque&ntilde;ecimiento de un cerebro humano por el comercio continuo de un
+solo g&eacute;nero de ideas, por el ejercicio indefinido de un solo modo de
+actividad, es para Comte un resultado comparable a la m&iacute;sera suerte del
+obrero a quien la divisi&oacute;n del trabajo de taller obliga a consumir en la
+invariable operaci&oacute;n de un detalle mec&aacute;nico todas las energ&iacute;as de su
+vida. En uno y otro caso, el efecto moral es inspirar una desastrosa
+indiferencia por el aspecto general de los intereses de la humanidad. Y
+aunque esta especie de automatismo humano&mdash;agrega el pensador
+positivista&mdash;no constituye felizmente sino la extrema influencia
+dispersiva del principio de especializaci&oacute;n, su realidad, ya muy
+frecuente, exige que se atribuya a su apreciaci&oacute;n una verdadera
+importancia<sup>[A]</sup>.</p>
+
+<p class="foot">[A] A. Comte: <i>Cours de philosophie positive</i>. Tomo IV, p&aacute;g.
+430, 2.&ordf; edici&oacute;n.</p>
+
+<p>No menos que a la solidez, da&ntilde;a esa influencia dispersiva a la
+<i>est&eacute;tica</i> de la estructura social.&mdash;La belleza incomparable de Atenas,
+lo imperecedero del modelo legado por sus manos de diosa a la admiraci&oacute;n
+y el encanto de la humanidad, nacen de que aquella ciudad de prodigios
+fund&oacute; su concepci&oacute;n de la vida en el concierto de todas las facultades
+humanas, en la libre y acordada expansi&oacute;n de todas las energ&iacute;as capaces
+de contribuir a la gloria y al poder de los hombres. Atenas supo
+engrandecer a la vez el sentido de lo ideal y de lo real, la raz&oacute;n y el
+instinto, las fuerzas del esp&iacute;ritu y las del cuerpo. Cincel&oacute; las cuatro
+faces del alma. Cada ateniense libre describe en derredor de s&iacute;, para
+contener su acci&oacute;n, un c&iacute;rculo perfecto, en el que ning&uacute;n desordenado
+impulso quebrantar&aacute; la graciosa proporci&oacute;n de la l&iacute;nea. Es atleta y
+escultura viviente en el gimnasio, ciudadano en el Pnix, polemista y
+pensador en los p&oacute;rticos. Ejercita su voluntad en toda suerte de acci&oacute;n
+viril y su pensamiento en toda preocupaci&oacute;n fecunda. Por eso afirma
+Macaulay que un d&iacute;a de la vida p&uacute;blica del &Aacute;tica es m&aacute;s brillante
+programa de ense&ntilde;anza que los que hoy calculamos para nuestros modernos
+centros de instrucci&oacute;n.&mdash;Y de aquel libre y &uacute;nico florecimiento de la
+plenitud de nuestra naturaleza, surgi&oacute; el <i>milagro griego</i>&mdash;, una
+inimitable y encantadora mezcla de animaci&oacute;n y de serenidad, una
+primavera del esp&iacute;ritu humano, una sonrisa de la historia.</p>
+
+<p>En nuestros tiempos, la creciente complejidad de nuestra civilizaci&oacute;n
+privar&iacute;a de toda seriedad al pensamiento de restaurar esa armon&iacute;a, s&oacute;lo
+posible entre los elementos de una graciosa sencillez. Pero dentro de
+la misma complejidad de nuestra cultura; dentro de la diferenciaci&oacute;n
+progresiva de caracteres, de aptitudes, de m&eacute;ritos, que es la ineludible
+consecuencia del progreso en el desenvolvimiento social, cabe salvar una
+razonable participaci&oacute;n de todos en ciertas ideas y sentimientos
+fundamentales que mantengan la unidad y el concierto de la vida&mdash;en
+ciertos <i>intereses del alma</i>, ante los cuales la dignidad del ser
+racional no consiente la indiferencia de ninguno de nosotros.</p>
+
+<p>Cuando el sentido de la utilidad material y el bienestar domina en el
+car&aacute;cter de las sociedades humanas con la energ&iacute;a que tiene en lo
+presente, los resultados del esp&iacute;ritu estrecho y la cultura unilateral
+son particularmente funestos a la difusi&oacute;n de aquellas preocupaciones
+puramente ideales que, siendo objeto de amor para quienes les consagran
+las energ&iacute;as m&aacute;s nobles y perseverantes de su vida, se convierten en
+una remota, y quiz&aacute; no sospechada regi&oacute;n, para una inmensa parte de los
+otros.&mdash;Todo g&eacute;nero de meditaci&oacute;n desinteresada, de contemplaci&oacute;n ideal,
+de tregua &iacute;ntima, en la que los diarios afanes por la utilidad cedan
+transitoriamente su imperio a una mirada noble y serena tendida de lo
+alto de la raz&oacute;n sobre las cosas, permanece ignorado, en el estado
+actual de las sociedades humanas, para millones de almas civilizadas y
+cultas, a quienes la influencia de la educaci&oacute;n o la costumbre reduce al
+automatismo de una actividad, en definitiva, material.&mdash;Y bien: este
+g&eacute;nero de servidumbre debe considerarse la m&aacute;s triste y oprobiosa de
+todas las condenaciones morales. Yo os ruego que os defend&aacute;is, en la
+milicia de la vida, contra la mutilaci&oacute;n de vuestro esp&iacute;ritu por la
+tiran&iacute;a de un objetivo &uacute;nico e interesado. No entregu&eacute;is nunca a la
+utilidad o a la pasi&oacute;n, sino una parte de vosotros. Aun dentro de la
+esclavitud material, hay la posibilidad de salvar la libertad interior:
+la de la raz&oacute;n y el sentimiento. No trat&eacute;is, pues, de justificar, por la
+absorci&oacute;n del trabajo o el combate, la esclavitud de vuestro esp&iacute;ritu.</p>
+
+<p>Encuentro el s&iacute;mbolo de lo que debe ser nuestra alma en un cuento que
+evoco de un empolvado rinc&oacute;n de mi memoria.&mdash;Era un rey patriarcal, en
+el Oriente indeterminado e ingenuo donde gusta hacer nido la alegre
+bandada de los cuentos. Viv&iacute;a su reino la candorosa infancia de las
+tiendas de Ismael y los palacios de Pilos. La tradici&oacute;n le llam&oacute;
+despu&eacute;s, en la memoria de los hombres, el rey hospitalario. Inmensa era
+la piedad del rey. A desvanecerse en ella tend&iacute;a, como por su propio
+peso, toda desventura. A su hospitalidad acud&iacute;an lo mismo por blanco pan
+el miserable que el alma desolada por el b&aacute;lsamo de la palabra que
+acaricia. Su coraz&oacute;n reflejaba, como sensible placa sonora, el ritmo de
+los otros. Su palacio era la casa del pueblo.&mdash;Todo era libertad y
+animaci&oacute;n dentro de este augusto recinto, cuya entrada nunca hubo
+guardas que vedasen. En los abiertos p&oacute;rticos formaban corro los
+pastores cuando consagraban a r&uacute;sticos conciertos sus ocios; platicaban
+al caer la tarde los ancianos; y frescos grupos de mujeres dispon&iacute;an,
+sobre trenzados juncos, las flores y los racimos de que se compon&iacute;a
+&uacute;nicamente el diezmo real. Mercaderes de Ofir, buhoneros de Damasco
+cruzaban a toda hora las puertas anchurosas, y ostentaban en
+competencia, ante las miradas del rey, las telas, las joyas, los
+perfumes. Junto a su trono reposaban los abrumados peregrinos. Los
+p&aacute;jaros se citaban al mediod&iacute;a para recoger las migajas de su mesa; y
+con el alba, los ni&ntilde;os llegaban en bandas bulliciosas al pie del lecho
+donde dorm&iacute;a el rey de barba de plata y le anunciaban la presencia del
+sol.&mdash;Lo mismo a los seres sin ventura que a las cosas sin alma
+alcanzaba su liberalidad infinita. La Naturaleza sent&iacute;a tambi&eacute;n la
+atracci&oacute;n de su llamado generoso; vientos, aves y plantas parec&iacute;an
+buscar&mdash;como en el mito de Orfeo y en la leyenda de San Francisco de
+As&iacute;s&mdash;, la amistad humana en aquel oasis de hospitalidad. Del germen
+ca&iacute;do al acaso, brotaban y florec&iacute;an, en las junturas de los pavimentos
+y los muros, los alhel&iacute;es de las ruinas, sin que una mano cruel los
+arrancase ni los hollara un pie maligno. Por las francas ventanas se
+tend&iacute;an al interior de las c&aacute;maras del rey las enredaderas osadas y
+curiosas. Los fatigados vientos abandonaban largamente sobre el alc&aacute;zar
+real su carga de aromas y armon&iacute;as. Empin&aacute;ndose desde el vecino mar,
+como si quisieran ce&ntilde;irle en un abrazo, le salpicaban las olas con su
+espuma. Y una libertad paradisial, una inmensa reciprocidad de
+confianzas, manten&iacute;an por dondequiera la animaci&oacute;n de una fiesta
+inextinguible...</p>
+
+<p>Pero dentro, muy dentro; aislada del alc&aacute;zar ruidoso por cubiertos
+canales, oculta a la mirada vulgar&mdash;como la &laquo;perdida iglesia&raquo; de Uhland
+en lo esquivo del bosque&mdash;al cabo de ignorados senderos, una misteriosa
+sala se extend&iacute;a, en la que a nadie era l&iacute;cito poner la planta, sino al
+mismo rey, cuya hospitalidad se trocaba en sus umbrales en la apariencia
+de asc&eacute;tico ego&iacute;smo. Espesos muros la rodeaban. Ni un eco del bullicio
+exterior, ni una nota escapada al concierto de la Naturaleza, ni una
+palabra desprendida de labios de los hombres, lograban traspasar el
+espesor de los sillares de p&oacute;rfido y conmover una onda del aire en la
+prohibida estancia. Religioso silencio velaba en ella la castidad del
+aire dormido. La luz, que tamizaban esmaltadas vidrieras, llegaba
+l&aacute;nguida, medido el paso por una inalterable igualdad, y se dilu&iacute;a, como
+copo de nieve que invade un nido tibio, en la calma de un ambiente
+celeste.&mdash;Nunca rein&oacute; tan honda paz; ni en oce&aacute;nica gruta, ni en
+soledad nemorosa.&mdash;Alguna vez&mdash;cuando la noche era di&aacute;fana y
+tranquila&mdash;, abri&eacute;ndose a modo de dos valvas de n&aacute;car la artesonada
+techumbre, dejaba cernerse en su lugar la magnificencia de las sombras
+serenas. En el ambiente flota como una onda indisipable la casta esencia
+del nen&uacute;far, el perfume sugeridor del adormecimiento penseroso y de la
+contemplaci&oacute;n del propio ser. Graves cari&aacute;tides custodiaban las puertas
+de marfil en la actitud del cilenciario. En los testeros, esculpidas
+im&aacute;genes hablaban de idealidad, de ensimismamiento, de reposo...&mdash;Y el
+viejo rey aseguraba que, aun cuando a nadie fuera dado acompa&ntilde;arle hasta
+all&iacute;, su hospitalidad segu&iacute;a siendo en el misterioso seguro tan generosa
+y grande como siempre, s&oacute;lo que los que &eacute;l congregaba dentro de sus
+muros discretos eran convidados impalpables y hu&eacute;spedes sutiles. En &eacute;l
+so&ntilde;aba, en &eacute;l se libertaba de la realidad, el rey legendario; en &eacute;l sus
+miradas se volv&iacute;a a lo interior y se bru&ntilde;&iacute;an en la meditaci&oacute;n sus
+pensamientos como las guijas lavadas por la espuma; en &eacute;l se desplegaban
+sobre su noble frente las blancas alas de Psiquis... Y luego, cuando la
+muerte vino a recordarle que &eacute;l no hab&iacute;a sido sino un hu&eacute;sped m&aacute;s en su
+palacio, la impenetrable estancia qued&oacute; clausurada y muda para siempre;
+para siempre abismada en su reposo infinito; nadie la profan&oacute; jam&aacute;s,
+porque nadie hubiera osado poner la planta irreverente all&iacute; donde el
+viejo rey quiso estar solo con sus sue&ntilde;os y aislado en la &uacute;ltima Thule
+de su alma.</p>
+
+<p>Yo doy al cuento el escenario de vuestro reino interior. Abierto con una
+saludable liberalidad, como la casa del monarca confiado, a todas las
+corrientes del mundo, exist&iacute;a en &eacute;l, al mismo tiempo, la celda escondida
+y misteriosa que desconozcan los hu&eacute;spedes profanos y que a nadie m&aacute;s
+que a la raz&oacute;n serena pertenezca. S&oacute;lo cuando penetr&eacute;is dentro del
+inviolable seguro podr&eacute;is llamaros, en realidad, hombres libres. No lo
+son quienes, enajenando incesantemente el dominio de s&iacute; a favor de la
+desordenada pasi&oacute;n o el inter&eacute;s utilitario, olvidan que, seg&uacute;n el sabio
+precepto de Montaigne, nuestro esp&iacute;ritu puede ser objeto de pr&eacute;stamo,
+pero no de cesi&oacute;n.&mdash;Pensar, so&ntilde;ar, admirar: he ah&iacute; los nombres de los
+sutiles visitantes de mi celda. Los antiguos los clasificaban dentro de
+su noble inteligencia del <i>ocio</i>, que ellos ten&iacute;an por el m&aacute;s elevado
+empleo de una existencia verdaderamente racional, identific&aacute;ndolo con la
+libertad del pensamiento emancipado de todo innoble yugo. El ocio noble
+era la inversi&oacute;n del tiempo que opon&iacute;an, como expresi&oacute;n de la vida
+superior, a la actividad econ&oacute;mica. Vinculando exclusivamente a esa alta
+y aristocr&aacute;tica idea del reposo su concepci&oacute;n de la dignidad de la
+vida, el esp&iacute;ritu cl&aacute;sico encuentra su correcci&oacute;n y su complemento en
+nuestra moderna creencia en la dignidad del trabajo &uacute;til; y entrambas
+atenciones del alma pueden componer, en la existencia individual, un
+ritmo, sobre cuyo mantenimiento necesario nunca ser&aacute; inoportuno
+insistir.&mdash;La escuela estoica, que ilumin&oacute; el ocaso de la antig&uuml;edad
+como por un anticipado resplandor del cristianismo, nos ha legado una
+sencilla y conmovedora imagen de la salvaci&oacute;n de la libertad interior,
+aun en medio de los rigores de la servidumbre, en la hermosa figura de
+Cleanto; de aquel Cleanto que, obligado a emplear la fuerza de sus
+brazos de atleta en sumergir el cubo de una fuente y mover la piedra de
+un molino, conced&iacute;a a la meditaci&oacute;n las treguas del quehacer miserable y
+trazaba, con encallecida mano, sobre las piedras del camino, las m&aacute;ximas
+o&iacute;das de labios de Zen&oacute;n. Toda educaci&oacute;n racional, todo perfecto
+cultivo de nuestra naturaleza, tomar&aacute;n por punto de partida la
+posibilidad de estimular en cada uno de nosotros la doble actividad que
+simboliza Cleanto.</p>
+
+<p>Una vez m&aacute;s: el principio fundamental de vuestro desenvolvimiento,
+vuestro lema en la vida, deben ser mantener la integridad de vuestra
+condici&oacute;n humana. Ninguna funci&oacute;n particular debe prevalecer jam&aacute;s sobre
+esa finalidad suprema. Ninguna fuerza aislada puede satisfacer los fines
+racionales de la existencia individual, como no puede producir el
+ordenado concierto de la existencia colectiva. As&iacute; como la deformidad y
+el empeque&ntilde;ecimiento son, en el alma de los individuos, el resultado de
+un exclusivo objeto impuesto a la acci&oacute;n y un solo modo de cultura, la
+falsedad de lo artificial vuelve ef&iacute;mera la gloria de las sociedades que
+han sacrificado el libre desarrollo de su sensibilidad y su pensamiento,
+ya a la actividad mercantil, como en Fenicia; ya a la guerra, como en
+Esparta; ya al misticismo, como en el terror del milenario; ya a la vida
+de sociedad y de sal&oacute;n, como en la Francia del siglo <span class="smcap">XVIII</span>.&mdash;Y
+preserv&aacute;ndoos contra toda mutilaci&oacute;n de vuestra naturaleza moral;
+aspirando a la armoniosa expansi&oacute;n de vuestro ser en todo noble sentido,
+pensad al mismo tiempo en que la m&aacute;s f&aacute;cil y frecuente de las
+mutilaciones es, en el car&aacute;cter actual de las sociedades humanas, la que
+obliga al alma a privarse de ese g&eacute;nero de <i>vida interior</i>, donde tienen
+su ambiente propio todas las cosas delicadas y nobles que, a la
+intemperie de la realidad, quema el aliento de la pasi&oacute;n impura y el
+inter&eacute;s utilitario proscribe: la vida de que son parte la meditaci&oacute;n
+desinteresada, la contemplaci&oacute;n ideal, el <i>ocio</i> antiguo, la
+impenetrable estancia de mi cuento.</p>
+
+<p class="top1">As&iacute; como el primer impulso de la profanaci&oacute;n ser&aacute; dirigirse a lo m&aacute;s
+sagrado del santuario, la regresi&oacute;n vulgarizadora contra la que os
+prevengo comenzar&aacute; por sacrificar lo m&aacute;s delicado del esp&iacute;ritu.&mdash;De
+todos los elementos superiores de la existencia racional es el
+sentimiento de lo bello, la visi&oacute;n clara de la hermosura de las cosas,
+el que m&aacute;s f&aacute;cilmente marchita la aridez de la vida limitada a la
+invariable descripci&oacute;n del c&iacute;rculo vulgar, convirti&eacute;ndole en el atributo
+de una minor&iacute;a que lo custodia, dentro de cada sociedad humana, como el
+dep&oacute;sito de un precioso abandono. La emoci&oacute;n de belleza es al
+sentimiento de las idealidades como el esmalte del anillo. El efecto del
+contacto brutal por ella empieza fatalmente, y es sobre ella como obra
+de modo m&aacute;s seguro. Una absoluta indiferencia llega a ser, as&iacute;, el
+car&aacute;cter normal, con relaci&oacute;n a lo que debiera ser universal amor de las
+almas. No es m&aacute;s intensa la estupefacci&oacute;n del hombre salvaje en
+presencia de los instrumentos y las formas materiales de la
+civilizaci&oacute;n, que la que experimenta un n&uacute;mero relativamente grande de
+hombres cultos frente a los actos en que se revele el prop&oacute;sito y el
+h&aacute;bito de conceder una seria realidad a la relaci&oacute;n hermosa de la vida.</p>
+
+<p>El argumento del ap&oacute;stol traidor ante el vaso de nardo derramado
+in&uacute;tilmente sobre la cabeza del Maestro, es, todav&iacute;a, una de las
+f&oacute;rmulas del sentido com&uacute;n. La superfluidad del arte no vale para la
+masa an&oacute;nima los trescientos denarios. Si acaso la respeta, es como a un
+culto esot&eacute;rico. Y, sin embargo, entre todos los elementos de educaci&oacute;n
+humana que pueden contribuir a formar un amplio y noble concepto de la
+vida, ninguno justificar&iacute;a m&aacute;s que el arte un inter&eacute;s universal, porque
+ninguno encierra&mdash;seg&uacute;n la tesis desenvuelta en elocuentes p&aacute;ginas de
+Schiller&mdash;la virtualidad de una cultura m&aacute;s <i>extensa</i> y completa, en el
+sentido de prestarse a un acordado est&iacute;mulo de todas las facultades del
+alma.</p>
+
+<p>Aunque el amor y la admiraci&oacute;n de la belleza no respondiesen a una noble
+espontaneidad del ser racional y no tuvieran con ello suficiente valor
+para ser cultivados por s&iacute; mismos, ser&iacute;a un motivo superior de moralidad
+el que autorizar&iacute;a a proponer la cultura de los sentimientos est&eacute;ticos,
+como un alto inter&eacute;s de todos. Si a nadie es dado renunciar a la
+educaci&oacute;n del sentimiento moral, este deber trae impl&iacute;cito el de
+disponer el alma para la clara visi&oacute;n de la belleza. Considerad al
+educado sentido de lo bello el colaborador m&aacute;s eficaz en la formaci&oacute;n de
+un delicado instinto de justicia. La dignificaci&oacute;n, el ennoblecimiento
+interior, no tendr&aacute;n nunca art&iacute;fice m&aacute;s adecuado. Nunca la criatura
+humana se adherir&aacute; de m&aacute;s segura manera al cumplimiento del deber que
+cuando, adem&aacute;s de sentirle como una imposici&oacute;n, le sienta est&eacute;ticamente
+como una armon&iacute;a. Nunca ella ser&aacute; m&aacute;s plenamente buena que cuando sepa,
+en las formas con que se manifieste activamente su virtud, respetar en
+los dem&aacute;s el sentimiento de lo hermoso.</p>
+
+<p>Cierto es que la santidad del bien purifica y ensalza todas las groseras
+apariencias. Puede &eacute;l, indudablemente, realizar su obra sin darle el
+prestigio exterior de la hermosura. Puede el amor caritativo llegar a la
+sublimidad con medios toscos, desapacibles y vulgares. Pero no es s&oacute;lo
+m&aacute;s hermosa, sino mayor, la caridad que anhela transmitirse en las
+formas de lo delicado y lo selecto; porque ella a&ntilde;ade a sus dones un
+beneficio m&aacute;s, una dulce e inefable caricia que no se substituye con
+nada y que realza el bien que se concede como un toque de luz.</p>
+
+<p>Dar a sentir lo hermoso es obra de misericordia. Aquellos que exigir&iacute;an
+que el bien y la verdad se manifestasen invariablemente en formas
+adustas y severas, me han parecido siempre amigos traidores del bien y
+la verdad. La virtud es tambi&eacute;n un g&eacute;nero de arte, un arte divino; ella
+sonr&iacute;e maternalmente a las Gracias.&mdash;La ense&ntilde;anza que se proponga fijar
+en los esp&iacute;ritus la idea del deber, como la de la m&aacute;s seria realidad,
+debe tender a hacerla concebir al mismo tiempo como la m&aacute;s alta
+poes&iacute;a.&mdash;Guyau, que es rey en las comparaciones hermosas, se vale de una
+insubstitu&iacute;ble para expresar este doble objeto de la cultura moral.
+Recuerda el pensador los esculpidos respaldos del coro de una g&oacute;tica
+iglesia, en los que la madera labrada bajo la inspiraci&oacute;n de la fe,
+presenta, en una faz, escenas de una vida de santo, y en la otra faz,
+ornamentales c&iacute;rculos de flores. Por tal manera, a cada gesto del santo,
+significativo de su piedad o su martirio; a cada rasgo de su fisonom&iacute;a o
+su actitud, corresponde, del opuesto lado, una corola o un p&eacute;talo. Para
+acompa&ntilde;ar la representaci&oacute;n simb&oacute;lica del bien, brotan, ya un lirio, ya
+una rosa. Piensa Guyau que no de otro modo debe estar esculpida nuestra
+alma; y &eacute;l mismo, el dulce maestro, &iquest;no es por la evang&eacute;lica hermosura
+de su genio de ap&oacute;stol, un ejemplo de esa viva armon&iacute;a?</p>
+
+<p>Yo creo indudable que el que ha aprendido a distinguir lo delicado de lo
+vulgar, lo feo de lo hermoso, lleva hecha media jornada para distinguir
+lo malo de lo bueno. No es, por cierto, el buen gusto, como querr&iacute;a
+cierto liviano <i>dilettantismo</i> moral, el &uacute;nico criterio para apreciar la
+legitimidad de las acciones humanas; pero menos debe consider&aacute;rsele, con
+el criterio de un estrecho ascetismo, una tentaci&oacute;n del error y una
+sirte enga&ntilde;osa. No le se&ntilde;alaremos nosotros como la senda misma del bien;
+s&iacute; como un camino paralelo y cercano que mantiene muy aproximados a ella
+el paso y la mirada del viajero. A medida que la humanidad avance, se
+concebir&aacute; m&aacute;s claramente la ley moral como una est&eacute;tica de la conducta.
+Se huir&aacute; del mal y del error como de una disonancia; se buscar&aacute; lo bueno
+como el placer de una armon&iacute;a. Cuando la severidad estoica de Kant
+inspira, simbolizando el esp&iacute;ritu de su &eacute;tica, las austeras palabras:
+&laquo;Dorm&iacute;a y so&ntilde;&eacute; que la vida era belleza; despert&eacute;, y advert&iacute; que ella es
+deber&raquo;, desconoce que, si el deber es la realidad suprema, en ella puede
+hallar realidad el objeto de su sue&ntilde;o, porque la conciencia del deber le
+dar&aacute;, con la visi&oacute;n clara de lo bueno, la complacencia de lo hermoso.</p>
+
+<p>En el alma del redentor, del misionero, del fil&aacute;ntropo, debe exigirse
+tambi&eacute;n <i>entendimiento de hermosura</i>; hay necesidad de que colaboren
+ciertos elementos del genio del artista. Es inmensa la parte que
+corresponde al don de descubrir y revelar la &iacute;ntima belleza de las
+ideas, en la eficacia de las grandes revoluciones morales. Hablando de
+la m&aacute;s alta de todas, ha podido decir Ren&aacute;n profundamente que &laquo;la
+poes&iacute;a del precepto, que le hace amar, significa m&aacute;s que el precepto
+mismo, tomado como verdad abstracta&raquo;. La originalidad de la obra de
+Jes&uacute;s no est&aacute;, efectivamente, en la acepci&oacute;n literal de su
+doctrina&mdash;puesto que ella puede reconstituirse toda entera sin salir de
+la moral de la Sinagoga, busc&aacute;ndola desde el Deuteronomio hasta el
+Talmud&mdash;, sino en haber hecho sensible, con su pr&eacute;dica, la poes&iacute;a del
+precepto, es decir, su belleza &iacute;ntima.</p>
+
+<p>P&aacute;lida gloria ser&aacute; la de las &eacute;pocas y las comuniones que menosprecian
+esa relaci&oacute;n est&eacute;tica de su vida o de su propaganda. El ascetismo
+cristiano, que no supo encarar m&aacute;s que una sola faz del ideal, excluy&oacute;
+de su concepto de la perfecci&oacute;n todo lo que hace a la vida amable,
+delicada y hermosa; y su esp&iacute;ritu estrecho sirvi&oacute; para que el instinto
+indomable de la libertad, volviendo en una de esas arrebatadas
+reacciones del esp&iacute;ritu humano, engendrase, en la Italia del
+Renacimiento, un tipo de civilizaci&oacute;n que consider&oacute; vanidad el bien
+moral y s&oacute;lo crey&oacute; en la virtud de la apariencia fuerte y graciosa. El
+puritanismo, que persigui&oacute; toda belleza y toda selecci&oacute;n intelectual;
+que vel&oacute; indignado la casta desnudez de la estatuas; que profes&oacute; la
+afectaci&oacute;n de la fealdad, en las maneras, en el traje, en los discursos;
+en la secta triste que, imponiendo su esp&iacute;ritu desde el Parlamento
+ingl&eacute;s, mand&oacute; extinguir las fiestas que manifestasen alegr&iacute;a y segar los
+&aacute;rboles que diesen flores&mdash;tendi&oacute; junto a la virtud, al divorciarla del
+sentimiento de lo bello, una sombra de muerte que a&uacute;n no ha conjurado
+enteramente Inglaterra, y que dura en las menos amables manifestaciones
+de su religiosidad y sus costumbres&mdash;. Macaulay declara preferir la
+grosera &laquo;caja de plomo&raquo; en que los puritanos guardaron el tesoro de la
+libertad, al primoroso cofre esculpido en que la Corte de Carlos II
+hizo acopio de sus refinamientos. Pero como ni la libertad ni la virtud
+necesitan guardarse en caja de plomo, mucho m&aacute;s que todas las
+severidades de ascetas o de puritanos, valdr&aacute;n siempre, para la
+educaci&oacute;n de la humanidad, la gracia del ideal antiguo, la moral
+armoniosa de Plat&oacute;n, el movimiento pulcro y elegante con que la mano de
+Atenas tom&oacute;, para llevarla a los labios, la copa de la vida.</p>
+
+<p>La perfecci&oacute;n de la moralidad humana consistir&iacute;a en infiltrar el
+esp&iacute;ritu de la caridad en los moldes de la elegancia griega. Y esta
+suave armon&iacute;a ha tenido en el mundo una pasajera realizaci&oacute;n. Cuando la
+palabra del cristianismo naciente llegaba con San Pablo al seno de las
+colonias griegas de Macedonia, a Tesal&oacute;nica y Filipos, y el Evangelio,
+a&uacute;n puro, se difund&iacute;a en el alma de aquellas sociedades finas y
+espirituales, en las que el sello de la cultura hel&eacute;nica manten&iacute;a una
+encantadora espontaneidad de distinci&oacute;n, pudo creerse que los dos
+ideales m&aacute;s altos de la historia iban a enlazarse para siempre. En el
+estilo epistolar de San Pablo queda la huella de aquel momento en que la
+caridad se heleniza. Este dulce consorcio dur&oacute; poco. La armon&iacute;a y la
+serenidad de la concepci&oacute;n pagana de la vida se apartaron cada vez m&aacute;s
+de la nueva idea que marchaba entonces a la conquista del mundo. Pero
+para concebir la manera c&oacute;mo podr&iacute;a se&ntilde;alarse al perfeccionamiento moral
+de la humanidad un paso adelante, ser&iacute;a necesario so&ntilde;ar que el ideal
+cristiano se reconcilia de nuevo con la serena y luminosa alegr&iacute;a de la
+antig&uuml;edad; imaginarse que el Evangelio se propaga otra vez en
+Tesal&oacute;nica y Filipos.</p>
+
+<p>Cultivar el buen gusto no significa s&oacute;lo perfeccionar una forma exterior
+de la cultura, desenvolver una actitud art&iacute;stica, cuidar, con exquisitez
+superflua, una elegancia de la civilizaci&oacute;n. El buen gusto es &laquo;una
+rienda firme del criterio&raquo;. Martha ha podido atribuirle exactamente la
+significaci&oacute;n de una segunda conciencia que nos orienta y nos devuelve a
+la luz cuando la primera se obscurece y vacila. El sentido delicado de
+la belleza es, para Bagehot, un aliado del tacto seguro de la vida y de
+la dignidad de las costumbres. &laquo;La educaci&oacute;n del buen gusto&mdash;agrega el
+sabio pensador&mdash;se dirige a favorecer el ejercicio del buen sentido, que
+es nuestro principal punto de apoyo en la complejidad de la vida
+civilizada&raquo;. Si algunas veces veis unida esa educaci&oacute;n en el esp&iacute;ritu de
+los individuos y las sociedades, al extrav&iacute;o del sentimiento o la
+moralidad, es porque en tales casos ha sido cultivada como fuerza
+aislada y exclusiva, imposibilit&aacute;ndose de ese modo el efecto de
+perfeccionamiento moral que ella puede ejercer dentro de un orden de
+cultura en el que ninguna facultad del esp&iacute;ritu sea desenvuelta
+prescindiendo de su relaci&oacute;n con las otras.&mdash;En el alma que haya sido
+objeto de una estimulaci&oacute;n arm&oacute;nica y perfecta, la gracia &iacute;ntima y la
+delicadeza del sentimiento de lo bello ser&aacute;n una misma cosa con la
+fuerza y la rectitud de la raz&oacute;n. No de otra manera observa Taine que,
+en las grandes obras de la arquitectura antigua, la belleza es una
+manifestaci&oacute;n sensible de la solidez, la elegancia se identifica con la
+apariencia de la fuerza: &laquo;las mismas l&iacute;neas del Parten&oacute;n que halagan a
+la mirada con proporciones armoniosas, contentan a la inteligencia con
+promesas de eternidad&raquo;.</p>
+
+<p>Hay una relaci&oacute;n org&aacute;nica, una natural y estrecha simpat&iacute;a, que vincula
+a las subversiones del sentimiento y de la voluntad con las falsedades y
+las violencias del mal gusto. Si nos fuera dado penetrar en el
+misterioso laboratorio de las almas y se reconstruyera la historia
+&iacute;ntima de las del pasado para encontrar la f&oacute;rmula de sus definitivos
+caracteres morales, ser&iacute;a un interesante objeto de estudio determinar
+la parte que corresponde, entre los factores de la refinada perversidad
+de Ner&oacute;n, al germen del histrionismo monstruoso depositado en el alma de
+aquel c&oacute;mico sangriento por la ret&oacute;rica afectada de S&eacute;neca. Cuando se
+evoca la oratoria de la Convenci&oacute;n, y el h&aacute;bito de una abominable
+perversi&oacute;n ret&oacute;rica se ve aparecer por todas partes, como la piel felina
+del jacobinismo, es imposible dejar de relacionar, como los radios que
+parten de un mismo centro, como los accidentes de una misma insania, el
+extrav&iacute;o del gusto, el v&eacute;rtigo del sentido moral y la limitaci&oacute;n
+fan&aacute;tica de la raz&oacute;n.</p>
+
+<p>Indudablemente, ninguno m&aacute;s seguro entre los resultados de la est&eacute;tica
+que el que nos ense&ntilde;a a distinguir en la esfera de lo relativo, lo bueno
+y lo verdadero de lo hermoso, y a aceptar la posibilidad de una belleza
+del mal y del error. Pero no se necesita desconocer esta verdad,
+<i>definitivamente</i> verdadera, para creer en el encadenamiento simp&aacute;tico
+de todos aquellos altos fines del alma, y considerar a cada uno de ellos
+como el punto de partida, no &uacute;nico, pero s&iacute; m&aacute;s seguro, de donde sea
+posible dirigirse al encuentro de los otros.</p>
+
+<p>La idea de un superior acuerdo entre el buen gusto y el sentido moral
+es, pues, exacta, lo mismo en el esp&iacute;ritu de los individuos que en el
+esp&iacute;ritu de las sociedades. Por lo que respecta a estas &uacute;ltimas, esa
+relaci&oacute;n podr&iacute;a tener su s&iacute;mbolo en la que Rosenkranz afirmaba existir
+entre la libertad y el orden moral, por una parte, y por la otra, la
+belleza de las formas humanas como un resultado del desarrollo de las
+razas en el tiempo. Esa belleza t&iacute;pica refleja, para el pensador
+hegeliano, el efecto ennoblecedor de la libertad; la esclavitud afea al
+mismo tiempo que envilece; la conciencia de su armonioso
+desenvolvimiento imprime a las razas libres el sello exterior de la
+hermosura.</p>
+
+<p>En el car&aacute;cter de los pueblos, los dones derivados de un gusto fino, el
+dominio de las formas graciosas, la delicada aptitud de interesar, la
+virtud de hacer amables las ideas, se identifican, adem&aacute;s, con el &laquo;genio
+de la propaganda&raquo;&mdash;es decir, con el don poderoso de la universalidad.
+Bien sabido es que, en mucha parte, a la posesi&oacute;n de aquellos atributos
+escogidos, debe referirse la significaci&oacute;n <i>humana</i> que el esp&iacute;ritu
+franc&eacute;s acierta a comunicar a cuanto elige y consagra&mdash;. Las ideas
+adquieren alas potentes y veloces, no en el helado seno de la
+abstracci&oacute;n, sino en el luminoso y c&aacute;lido ambiente de la forma. Su
+superioridad de difusi&oacute;n, su prevalencia a veces, dependen de que las
+Gracias las hayan ba&ntilde;ado con su luz. Tal as&iacute;, en las evoluciones de la
+vida, esas encantadoras exterioridades de la Naturaleza, que parecen
+representar, exclusivamente, la d&aacute;diva de una caprichosa
+superfluidad&mdash;la m&uacute;sica, el pintado plumaje de las aves; y como reclamo
+para el insecto propagador del polen fecundo, el matiz de las flores, su
+perfume&mdash;han desempe&ntilde;ado, entre los elementos de la concurrencia vital,
+una funci&oacute;n real&iacute;sima; puesto que significando una superioridad de
+motivos, una raz&oacute;n de preferencia para las atracciones del amor, han
+hecho prevalecer, dentro de cada especie, a los seres mejor dotados de
+hermosura sobre los menos ventajosamente dotados.</p>
+
+<p>Para un esp&iacute;ritu en que exista el amor instintivo de lo bello, hay, sin
+duda, cierto g&eacute;nero de mortificaci&oacute;n, en resignarse a defenderle por
+medio de una serie de argumentos que se funden en otra raz&oacute;n, en otro
+principio, que el mismo irresponsable y desinteresado amor de la
+belleza, en la que halla su satisfacci&oacute;n uno de los impulsos
+fundamentales de la existencia racional. Infortunadamente, este motivo
+superior pierde su imperio sobre un inmenso n&uacute;mero de hombres, a quienes
+es necesario ense&ntilde;ar el respeto debido a ese amor del cual no
+participan, revel&aacute;ndoles cu&aacute;les son las relaciones que lo vinculan a
+otros g&eacute;neros de intereses humanos.&mdash;Para ello deber&aacute; lucharse muy a
+menudo con el concepto vulgar de estas relaciones. En efecto: todo lo
+que tienda a suavizar los contornos del car&aacute;cter social y las
+costumbres; a aguzar el sentido de la belleza; a hacer del gusto una
+delicada impresionabilidad del esp&iacute;ritu y de la gracia una forma
+universa de la actividad, equivale, para el criterio de muchos devotos
+de lo severo o de lo &uacute;til, a menoscabar el temple varonil y heroico de
+las sociedades, por una parte, su capacidad utilitaria y positiva, por
+la otra.&mdash;He le&iacute;do en <i>Los trabajadores del mar</i>, que cuando un buque de
+vapor surc&oacute; por primera vez las ondas del Canal de la Mancha, los
+campesinos de J&eacute;rsey lo anatematizaban en nombre de una tradici&oacute;n
+popular que consideraba elementos irreconciliables y destinados
+fat&iacute;dicamente a la discordia, el agua y el fuego.&mdash;El criterio com&uacute;n
+abunda en la creencia de enemistades parecidas. Si os propon&eacute;is
+vulgarizar el respeto por lo hermoso, empezad por hacer comprender la
+posibilidad de un arm&oacute;nico concierto de todas las leg&iacute;timas actividades
+humanas, y esa ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil tarea que la de convertir directamente el
+amor de la hermosura, por ella misma, en atributo de la multitud. Para
+que la mayor&iacute;a de los hombres no se sientan inclinados a <i>expulsar a las
+golondrinas de la casa</i>, siguiendo el consejo de Pit&aacute;goras, es necesario
+argumentarles, no con la gracia mon&aacute;stica del ave ni su leyenda de
+virtud, sino con que la permanencia de sus nidos no es en manera alguna
+inconciliable con la seguridad de los tejados.</p>
+
+<p class="top1">A la concepci&oacute;n de la vida racional que se funda en el libre y armonioso
+desenvolvimiento de nuestra naturaleza, e incluye, por lo tanto, entre
+sus fines esenciales, el que se satisface con la contemplaci&oacute;n sentida
+de lo hermoso, se opone&mdash;como norma de la conducta humana&mdash;la concepci&oacute;n
+<i>utilitaria</i>, por la cual nuestra actividad, toda entera, se orienta en
+relaci&oacute;n a la inmediata finalidad del inter&eacute;s.</p>
+
+<p>La inculpaci&oacute;n del utilitarismo estrecho que suele dirigirse al esp&iacute;ritu
+de nuestro siglo, en nombre del ideal, y con rigores de anatema, se
+funda, en parte, sobre el desconocimiento de que sus tit&aacute;nicos esfuerzos
+por la subordinaci&oacute;n de las fuerzas de la Naturaleza a la voluntad
+humana y por la extensi&oacute;n del bienestar material, son un trabajo
+necesario que preparar&aacute;, como el laborioso enriquecimiento de una tierra
+agotada, la florescencia de idealismos futuros. La transitoria
+predominancia de esa funci&oacute;n de utilidad que ha absorbido a la vida
+agitada y febril de estos cien a&ntilde;os sus m&aacute;s potentes energ&iacute;as, explica,
+sin embargo&mdash;ya que no las justifique&mdash;, muchas nostalgias dolorosas,
+muchos descontentos y agravios de la inteligencia, que se traducen, bien
+por una melanc&oacute;lica y exaltada idealizaci&oacute;n de lo pasado, bien por una
+desesperanza cruel del porvenir. Hay por ello un fecund&iacute;simo, un
+bienaventurado pensamiento, en el prop&oacute;sito de cierto grupo de
+pensadores de las &uacute;ltimas generaciones&mdash;entre los cuales s&oacute;lo quiero
+citar una vez m&aacute;s la noble figura de Guyau&mdash;que han intentado sellar la
+reconciliaci&oacute;n definitiva de las conquistas del siglo con la renovaci&oacute;n
+de muchas viejas devociones humanas, y que han invertido en esa obra
+bendita tantos tesoros de amor como de genio.</p>
+
+<p>Con frecuencia habr&eacute;is o&iacute;do atribuir a dos causas fundamentales el
+desborde del esp&iacute;ritu de utilidad que da su nota a la fisonom&iacute;a moral
+del siglo presente, con menoscabo de la consideraci&oacute;n <i>est&eacute;tica</i> y
+desinteresada de la vida. Las revelaciones de la ciencia de la
+Naturaleza&mdash;que, seg&uacute;n int&eacute;rpretes, ya adversos, ya favorables a ella,
+convergen a destruir toda idealidad por su base&mdash;son la una; la
+universal difusi&oacute;n y el triunfo de las ideas democr&aacute;ticas, la otra. Yo
+me propongo hablaros exclusivamente de esta &uacute;ltima causa, porque conf&iacute;o
+en que vuestra primera iniciaci&oacute;n en las revelaciones de la ciencia ha
+sido dirigida como para preservaros del peligro de una interpretaci&oacute;n
+vulgar.&mdash;Sobre la democracia pesa la acusaci&oacute;n de guiar a la humanidad,
+mediocriz&aacute;ndola, a un Sacro Imperio del utilitarismo. La acusaci&oacute;n se
+refleja con vibrante intensidad en las p&aacute;ginas&mdash;para m&iacute; siempre llenas
+de un sugestivo encanto&mdash;del m&aacute;s amable entre los maestros del esp&iacute;ritu
+moderno; en las seductoras p&aacute;ginas de Ren&aacute;n, a cuya autoridad ya me
+hab&eacute;is o&iacute;do varias veces referirme y de quien pienso volver a hablaros
+a menudo.&mdash;Leed a Ren&aacute;n, aquellos de vosotros que lo ignor&eacute;is todav&iacute;a, y
+habr&eacute;is de amarle como yo.&mdash;Nadie como &eacute;l me parece, entre los modernos,
+due&ntilde;o de ese arte de &laquo;ense&ntilde;ar con gracia&raquo;, que Anatole France considera
+divino. Nadie ha acertado como &eacute;l a hermanar, con la iron&iacute;a, la piedad.
+Aun en el rigor del an&aacute;lisis, sabe poner la unci&oacute;n del sacerdote. Aun
+cuando ense&ntilde;a a dudar, su suavidad exquisita tiende una onda bals&aacute;mica
+sobre la duda. Sus pensamientos suelen dilatarse, dentro de nuestra
+alma, con ecos tan inefables y tan vagos, que hacen pensar en una
+religiosa m&uacute;sica de ideas. Por su infinita comprensibilidad ideal,
+acostumbran las clasificaciones de la cr&iacute;tica a personificar en &eacute;l el
+alegre escepticismo de los <i>dilettanti</i> que convierten en traje de
+m&aacute;scara la capa del fil&oacute;sofo; pero si alguna vez intim&aacute;is dentro de su
+esp&iacute;ritu, ver&eacute;is que la tolerancia vulgar de los esc&eacute;pticos se
+distingue de su tolerancia como la hospitalidad galante de un sal&oacute;n del
+verdadero sentimiento de la caridad.</p>
+
+<p>Piensa, pues, el maestro que una alta preocupaci&oacute;n por los <i>intereses
+ideales</i> de la especie es opuesta del todo al esp&iacute;ritu de la democracia.
+Piensa que la concepci&oacute;n de la vida, en una sociedad donde ese esp&iacute;ritu
+domine, se ajustar&aacute; progresivamente a la exclusiva persecuci&oacute;n del
+bienestar material como beneficio propagable al mayor n&uacute;mero de
+personas. Seg&uacute;n &eacute;l, siendo la democracia la entronizaci&oacute;n de Calib&aacute;n,
+Ariel no puede menos que ser el vencido de ese triunfo.&mdash;Abundan
+afirmaciones semejantes a estas de Ren&aacute;n, en la palabra de muchos de los
+m&aacute;s caracterizados representantes que los intereses de la cultura
+est&eacute;tica y la selecci&oacute;n del esp&iacute;ritu tienen en el pensamiento
+contempor&aacute;neo. As&iacute;, Bourget se inclina a creer que el triunfo universal
+de las instituciones democr&aacute;ticas har&aacute; perder a la civilizaci&oacute;n en
+profundidad lo que la hace ganar en extensi&oacute;n. Ve su forzoso t&eacute;rmino en
+el imperio de un individualismo mediocre. &laquo;Quien dice democracia&mdash;agrega
+el sagaz autor de <i>Andr&eacute;s Cornelis</i>&mdash;, dice desenvolvimiento progresivo
+de las tendencias individuales y disminuci&oacute;n de la cultura&raquo;.&mdash;Hay en la
+cuesti&oacute;n que plantean estos juicios severos un inter&eacute;s viv&iacute;simo para los
+que amamos&mdash;al mismo tiempo&mdash;por convencimiento, la obra de la
+Revoluci&oacute;n, que en nuestra Am&eacute;rica se enlaza adem&aacute;s con las glorias de
+su G&eacute;nesis; y por instinto, la posibilidad de una noble y selecta vida
+espiritual que en ning&uacute;n caso haya de ver sacrificada su serenidad
+augusta a los caprichos de la multitud.&mdash;Para afrontar el problema, es
+necesario empezar por reconocer que cuando la democracia no enaltece su
+esp&iacute;ritu por la influencia de una fuerte preocupaci&oacute;n ideal que comparta
+su imperio con la preocupaci&oacute;n de los intereses materiales, ella
+conduce fatalmente a la privanza de la mediocridad, y carece, m&aacute;s que
+ning&uacute;n otro r&eacute;gimen, de eficaces barreras con las cuales asegurar,
+dentro de un ambiente adecuado, la inviolabilidad de la alta cultura.
+Abandonada a s&iacute; misma&mdash;sin la constante rectificaci&oacute;n de una activa
+autoridad moral que la depure y encauce sus tendencias en el sentido de
+la dignificaci&oacute;n de la vida&mdash;la democracia extinguir&aacute; gradualmente toda
+idea de superioridad que no se traduzca en una mayor y m&aacute;s osada aptitud
+para las luchas del inter&eacute;s, que son entonces la forma m&aacute;s innoble de
+las brutalidades de la fuerza&mdash;. La selecci&oacute;n espiritual, el
+enaltecimiento de la vida por la presencia de est&iacute;mulos desinteresados,
+el gusto, el arte, la suavidad de las costumbres, el sentimiento de
+admiraci&oacute;n por todo perseverante prop&oacute;sito ideal y de acatamiento a toda
+noble supremac&iacute;a, ser&aacute;n como debilidades indefensas all&iacute; donde la
+igualdad social, que ha destru&iacute;do las jerarqu&iacute;as imperativas e
+infundadas, no las substituya con otras, que tengan en la influencia
+moral su &uacute;nico modo de dominio y su principio en una clasificaci&oacute;n
+racional.</p>
+
+<p>Toda igualdad de condiciones es en el orden de las sociedades, como toda
+homogeneidad en el de la Naturaleza, un equilibrio instable. Desde el
+momento en que haya realizado la democracia su obra de negaci&oacute;n con el
+allanamiento de las superioridades injustas, la igualdad conquistada no
+puede significar para ella sino un punto de partida. Resta la
+afirmaci&oacute;n. Y lo afirmativo de la democracia y su gloria consistir&aacute;n en
+suscitar, por eficaces est&iacute;mulos, en su seno, la revelaci&oacute;n y el dominio
+de las <i>verdaderas</i> superioridades humanas.</p>
+
+<p>Con relaci&oacute;n a las condiciones de la vida de Am&eacute;rica, adquiere esta
+necesidad de precisar el verdadero concepto de nuestro r&eacute;gimen social un
+doble imperio. El presuroso crecimiento de nuestras democracias por la
+incesante agregaci&oacute;n de una enorme multitud cosmopolita; por la
+influencia inmigratoria, que se incorpora a un n&uacute;cleo a&uacute;n d&eacute;bil para
+verificar un activo trabajo de asimilaci&oacute;n y encauzar el torrente humano
+con los medios que ofrecen la solidez secular de la estructura social,
+el orden pol&iacute;tico seguro y los elementos de una cultura que haya
+arraigado &iacute;ntimamente, nos expone en el porvenir a los peligros de la
+degeneraci&oacute;n democr&aacute;tica, que ahoga bajo la fuerza ciega del n&uacute;cleo toda
+noci&oacute;n de calidad; que desvanece en la conciencia de las sociedades todo
+justo sentimiento del orden; y que, librando su ordenaci&oacute;n jer&aacute;rquica a
+la torpeza del acaso, conduce forzosamente a hacer triunfar las m&aacute;s
+injustificadas e innobles de las supremac&iacute;as.</p>
+
+<p>Es indudable que nuestro inter&eacute;s ego&iacute;sta deber&iacute;a llevarnos&mdash;a falta de
+virtud&mdash;a ser hospitalarios. Ha tiempo que la suprema necesidad de
+colmar el vac&iacute;o moral del desierto, hizo decir a un publicista ilustre
+que, en Am&eacute;rica, <i>gobernar es poblar</i>.&mdash;Pero esta f&oacute;rmula famosa
+encierra una verdad contra cuya estrecha interpretaci&oacute;n es necesario
+prevenirse, porque conducir&iacute;a a atribuir una incondicional eficacia
+civilizadora al valor cuantitativo de la muchedumbre.&mdash;Gobernar es
+poblar, asimilando, en primer t&eacute;rmino; educando y seleccionando,
+despu&eacute;s.&mdash;Si la aparici&oacute;n y el florecimiento, en la sociedad, de las m&aacute;s
+elevadas actividades humanas, de las que determinan la alta cultura,
+requieren como condici&oacute;n indispensable la existencia de una poblaci&oacute;n
+cuantiosa y densa, es precisamente porque esa importancia cuantitativa
+de la poblaci&oacute;n, dando lugar a la m&aacute;s completa divisi&oacute;n del trabajo,
+posibilita la formaci&oacute;n de fuertes elementos dirigentes que hagan
+efectivo el dominio de la <i>calidad</i> sobre el <i>n&uacute;mero</i>.&mdash;La multitud, la
+masa an&oacute;nima, no es nada por s&iacute; misma. La multitud ser&aacute; un instrumento
+de barbarie o de civilizaci&oacute;n, seg&uacute;n carezca o no del coeficiente de una
+alta direcci&oacute;n moral. Hay una verdad profunda en el fondo de la paradoja
+de &Eacute;merson, que exige que cada pa&iacute;s del globo sea juzgado seg&uacute;n la
+minor&iacute;a y no seg&uacute;n la mayor&iacute;a de sus habitantes. La civilizaci&oacute;n de un
+pueblo adquiere su car&aacute;cter, no de las manifestaciones de su prosperidad
+o de su grandeza material, sino de las superiores maneras de pensar y de
+sentir que dentro de ellas son posibles; y ya observaba Comte, para
+mostrar c&oacute;mo en cuestiones de intelectualidad, de moralidad, de
+sentimiento, ser&iacute;a insensato pretender que la calidad pueda ser
+substitu&iacute;da en ning&uacute;n caso por el n&uacute;mero, que ni de la acumulaci&oacute;n de
+muchos esp&iacute;ritus vulgares se obtendr&aacute; jam&aacute;s el equivalente de un cerebro
+de genio, ni de la acumulaci&oacute;n de muchas virtudes mediocres el
+equivalente de un rasgo de abnegaci&oacute;n o de hero&iacute;smo.&mdash;Al instituir
+nuestra democracia la universalidad y la igualdad de derechos,
+sancionar&iacute;a, pues, el predominio innoble del n&uacute;mero, si no cuidase de
+mantener muy en alto la noci&oacute;n de las leg&iacute;timas superioridades humanas,
+y de hacer, de la autoridad vinculada al voto popular, no la expresi&oacute;n
+del sofisma de la igualdad absoluta, sino, seg&uacute;n las palabras que
+recuerdo de un joven publicista franc&eacute;s, &laquo;la consagraci&oacute;n de la
+jerarqu&iacute;a, emanando de la libertad&raquo;.</p>
+
+<p>La oposici&oacute;n entre el r&eacute;gimen de la democracia y la alta vida del
+esp&iacute;ritu es una realidad fatal cuando aquel r&eacute;gimen significa el
+desconocimiento de las desigualdades leg&iacute;timas y la substituci&oacute;n de la
+fe en el <i>hero&iacute;smo</i>&mdash;en el sentido de Carlyle&mdash;por una concepci&oacute;n
+mec&aacute;nica de gobierno.&mdash;Todo lo que en la civilizaci&oacute;n es algo m&aacute;s que un
+elemento de superioridad material y de prosperidad econ&oacute;mica, constituye
+un relieve que no tarda en ser allanado cuando la autoridad moral
+pertenece al esp&iacute;ritu de la median&iacute;a.&mdash;En ausencia de la barbarie
+irruptora que desata sus hordas sobre los faros luminosos de la
+civilizaci&oacute;n, con heroica y a veces regeneradora grandeza, la alta
+cultura de las sociedades debe precaverse contra la obra mansa y
+disolvente de esas otras hordas pac&iacute;ficas, acaso acicaladas; las hordas
+inevitables de la vulgaridad&mdash;cuyo Atila podr&iacute;a personificarse en Mr.
+Homais; cuyo hero&iacute;smo es la astucia puesta al servicio de una
+repugnancia instintiva hacia lo grande; cuyo atributo es el rasero
+nivelador&mdash;. Siendo la indiferencia inconmovible y la superioridad
+cuantitativa, las manifestaciones normales de su fuerza no son por eso
+incapaces de llegar a la ira &eacute;pica y de ceder a los impulsos de la
+acometividad. Charles Morice las llama entonces &laquo;falanges de Prudhommes
+feroces que tienen por lema la palabra <i>Mediocridad</i> y marchan animadas
+por el odio de lo extraordinario&raquo;.</p>
+
+<p>Encumbrados, esos Prudhommes har&aacute;n de su voluntad triunfante una partida
+de caza, organizada contra todo lo que manifieste la aptitud y el
+atrevimiento del vuelo. Su f&oacute;rmula social ser&aacute; una democracia que
+conduzca a la consagraci&oacute;n del pont&iacute;fice &laquo;Cualquiera&raquo;, a la coronaci&oacute;n
+del monarca &laquo;Uno de tantos&raquo;. Odiar&aacute;n en el m&eacute;rito una rebeld&iacute;a. En sus
+dominios toda noble superioridad se hallar&aacute; en las condiciones de la
+estatua de m&aacute;rmol colocada a la orilla de un camino fangoso, desde el
+cual le env&iacute;a un latigazo de cieno el carro que pasa. Ellos llamar&aacute;n al
+dogmatismo del sentido vulgar, sabidur&iacute;a; gravedad, a la mezquina aridez
+del coraz&oacute;n; criterio sano, a la adaptaci&oacute;n perfecta a lo mediocre; y
+despreocupaci&oacute;n viril, al mal gusto.&mdash;Su concepci&oacute;n de la justicia los
+llevar&iacute;a a substituir, en la historia, la inmortalidad del grande
+hombre, bien con la identidad de todos en el olvido com&uacute;n, bien con la
+memoria igualitaria de Mitr&iacute;dates, de quien se cuenta que conservaba en
+el recuerdo los nombres de todos sus soldados. Su manera de
+republicanismo se satisfar&iacute;a dando autoridad decisiva al procedimiento
+probatorio de Fox, que acostumbraba experimentar sus proyectos en el
+criterio del diputado que le parec&iacute;a la m&aacute;s perfecta personificaci&oacute;n del
+<i>country-gentleman</i>, por la limitaci&oacute;n de sus facultades y la rudeza de
+sus gustos. Con ellos se estar&aacute; en las fronteras de la <i>zoocracia</i>, de
+que habl&oacute; una vez Baudelaire. La Titania de Shakespeare, poniendo un
+beso en la cabeza asinina, podr&iacute;a ser el emblema de la Libertad que
+otorga su amor a los mediocres. &iexcl;Jam&aacute;s, por medio de una conquista m&aacute;s
+fecunda, podr&aacute; llegarse a un resultado m&aacute;s fatal!</p>
+
+<p>Embriagad al repetidor de las irreverencias de la median&iacute;a que veis
+pasar por vuestro lado; tentadle a hacer de h&eacute;roe; convertid su
+apacibilidad burocr&aacute;tica en vocaci&oacute;n de redentor, y tendr&eacute;is entonces la
+hostilidad rencorosa e implacable contra todo lo hermoso, contra todo lo
+digno, contra todo lo delicado del esp&iacute;ritu humano, que repugna todav&iacute;a
+m&aacute;s que el b&aacute;rbaro derramamiento de la sangre en la tiran&iacute;a jacobina,
+que ante su tribunal convierte en culpas la sabidur&iacute;a de Lavoisier, el
+genio de Ch&eacute;nier, la dignidad de Malesherbes, que, entre los gritos
+habituales en la Convenci&oacute;n, hace oir las palabras:&mdash;<i>&iexcl;Desconfiad de ese
+hombre, que ha hecho un libro!</i>&mdash;y que refiriendo el ideal de la
+sencillez democr&aacute;tica al primitivo <i>estado de naturaleza</i> de Rousseau,
+podr&iacute;a elegir el s&iacute;mbolo de la discordia que establece entre la
+democracia y la cultura en la vi&ntilde;eta con que aquel sofista genial hizo
+acompa&ntilde;ar la primera edici&oacute;n de su famosa diatriba contra las artes y
+las ciencias en nombre de la moralidad de las costumbres; un s&aacute;tiro
+imprudente que, pretendiendo abrazar, &aacute;vido de luz, la antorcha que
+lleva en su mano Prometeo, oye al tit&aacute;n-fil&aacute;ntropo que su fuego es
+mortal a quien le toca.</p>
+
+<p>La ferocidad igualitaria no ha manifestado sus violencias en el
+desenvolvimiento democr&aacute;tico de nuestro siglo, ni se ha opuesto en
+formas brutales a la serenidad y la independencia de la cultura
+intelectual. Pero, a la manera de una bestia feroz, en cuya posteridad
+domesticada hubi&eacute;rase cambiado la acometividad en mansedumbre artera e
+innoble, el igualitarismo, en la forma mansa de la <i>tendencia a lo
+utilitario y lo vulgar</i>, puede ser un objeto real de acusaci&oacute;n contra la
+democracia del siglo <span class="smcap">XIX</span>. No se ha detenido ante ella ning&uacute;n esp&iacute;ritu
+delicado y sagaz a quien no hayan hecho pensar angustiosamente algunos
+de sus resultados en el aspecto social y en el pol&iacute;tico. Expulsando con
+indignada energ&iacute;a del esp&iacute;ritu humano aquella falsa concepci&oacute;n de la
+igualdad que sugiri&oacute; los delirios de la Revoluci&oacute;n, el alto pensamiento
+contempor&aacute;neo ha mantenido al mismo tiempo, sobre la realidad y sobre la
+teor&iacute;a de la democracia, una inspecci&oacute;n severa que os permite a
+vosotros, los que colaborar&eacute;is en la obra del futuro, fijar vuestro
+punto de partida, no ciertamente para destruir, sino para educar el
+esp&iacute;ritu del r&eacute;gimen que encontr&aacute;is en pie.</p>
+
+<p>Desde que nuestro siglo asumi&oacute; personalidad e independencia en la
+evoluci&oacute;n de las ideas, mientras el idealismo alem&aacute;n rectificaba la
+utop&iacute;a igualitaria de la filosof&iacute;a del siglo <span class="smcap">XVIII</span> y sublimaba, si bien
+con viciosa tendencia cesarista, el papel reservado en la historia a la
+superioridad individual, el positivismo de Comte, desconociendo a la
+igualdad democr&aacute;tica otro car&aacute;cter que el de &laquo;un disolvente transitorio
+de las desigualdades antiguas&raquo; y negando con igual convicci&oacute;n la
+eficacia definitiva de la soberan&iacute;a popular, buscaba en los principios
+de las clasificaciones naturales el fundamento de la clasificaci&oacute;n
+social que habr&iacute;a de substituir a las jerarqu&iacute;as recientemente
+destru&iacute;das.&mdash;La cr&iacute;tica de la realidad democr&aacute;tica toma formas severas
+en la generaci&oacute;n de Taine y de Ren&aacute;n. Sab&eacute;is que a este delicado y
+bondadoso ateniense s&oacute;lo complac&iacute;a la igualdad de aquel r&eacute;gimen social,
+siendo, como en Atenas, &laquo;una igualdad de semidioses&raquo;. En cuanto a Taine,
+es quien ha escrito los <i>Or&iacute;genes de la Francia contempor&aacute;nea</i>; y si,
+por una parte, su concepci&oacute;n de la sociedad como un organismo, le
+conduce l&oacute;gicamente a rechazar toda idea de uniformidad que se oponga al
+principio de las dependencias y las subordinaciones org&aacute;nicas, por otra
+parte su fin&iacute;simo instinto de selecci&oacute;n intelectual le lleva a abominar
+de la invasi&oacute;n de las cumbres por la multitud. La gran voz de Carlyle
+hab&iacute;a predicado ya, contra toda niveladora irreverencia, la veneraci&oacute;n
+del <i>hero&iacute;smo</i>, entendiendo por tal el culto de cualquier noble
+superioridad. &Eacute;merson refleja esa voz en el seno de la m&aacute;s positivista
+de las democracias. La ciencia nueva habla de selecci&oacute;n como de una
+necesidad de todo progreso. Dentro del arte, que es donde el sentido de
+lo selecto tiene su m&aacute;s natural adaptaci&oacute;n, vibran con honda resonancia
+las notas que acusan el sentimiento, que podr&iacute;amos llamar <i>de
+extra&ntilde;eza</i>, del esp&iacute;ritu, en medio de las modernas condiciones de la
+vida. Para escucharlas, no es necesario aproximarse al parnasianismo de
+estirpe delicada y enferma, a quien un aristocr&aacute;tico desd&eacute;n de lo
+presente llev&oacute; a la reclusi&oacute;n en lo pasado. Entre las inspiraciones
+constantes de Flaubert&mdash;de quien se acostumbra a derivar directamente la
+m&aacute;s democratizada de las escuelas literarias&mdash;, ninguna m&aacute;s intensa que
+el odio de la mediocridad envalentonada por la nivelaci&oacute;n y de la
+tiran&iacute;a irresponsable del n&uacute;mero.&mdash;Dentro de esa contempor&aacute;nea
+literatura del Norte, en la cual la preocupaci&oacute;n por las altas
+cuestiones sociales es tan viva, surge a menudo la expresi&oacute;n de la misma
+idea, del mismo sentimiento; Ibsen desarrolla la altiva arenga de su
+&laquo;St&oacute;ckmann&raquo; alrededor de la afirmaci&oacute;n de que &laquo;las mayor&iacute;as compactas
+son el peligro m&aacute;s peligroso de la libertad y la verdad&raquo;; y el
+formidable Nietzsche opone al ideal de una humanidad mediotizada la
+apoteosis de las almas que se yerguen sobre el nivel de la humanidad
+como una viva marea.&mdash;El anhelo viv&iacute;simo por una rectificaci&oacute;n del
+esp&iacute;ritu social que asegure a la vida de la <i>heroicidad</i> y el
+pensamiento un ambiente m&aacute;s puro de dignidad y de justicia, vibra hoy
+por todas partes, y se dir&iacute;a que constituye uno de los fundamentales
+acordes que este ocaso de siglo propone para las armon&iacute;as que ha de
+componer el siglo venidero.</p>
+
+<p>Y sin embargo, el esp&iacute;ritu de la democracia es, esencialmente, para
+nuestra civilizaci&oacute;n, un principio de vida contra el cual ser&iacute;a in&uacute;til
+rebelarse. Los descontentos sugeridos por las imperfecciones de su forma
+<i>hist&oacute;rica</i> actual han llevado a menudo a la injusticia con lo que aquel
+r&eacute;gimen tiene de definitivo y de fecundo. As&iacute;, el aristocratismo sabio
+de Ren&aacute;n formula la m&aacute;s expl&iacute;cita condenaci&oacute;n del principio fundamental
+de la democracia: la igualdad de derechos; cree a este principio
+irremisiblemente divorciado de todo posible dominio de la superioridad
+intelectual, y llega hasta a se&ntilde;alar en &eacute;l, con una en&eacute;rgica imagen,
+&laquo;<i>las ant&iacute;podas de las v&iacute;as de Dios</i>&mdash;puesto que Dios no ha querido que
+todos viviesen en el mismo grado la vida del esp&iacute;ritu&raquo;&mdash;. Estas
+paradojas injustas del maestro, complementadas por su famoso ideal de
+una oligarqu&iacute;a omnipotente de hombres sabios, son comparables a la
+reproducci&oacute;n exagerada y deformada, en el sue&ntilde;o, de un pensamiento real
+y fecundo que nos ha preocupado en la vigilia.&mdash;Desconocer la obra de la
+democracia en lo esencial, porque, aun no terminada, no ha llegado a
+conciliar definitivamente su empresa de igualdad con una fuerte garant&iacute;a
+social de selecci&oacute;n, equivale a desconocer la obra, paralela y concorde,
+de la ciencia, porque interpretada con el criterio estrecho de una
+escuela, ha podido da&ntilde;ar alguna vez al esp&iacute;ritu de religiosidad o al
+esp&iacute;ritu de poes&iacute;a.&mdash;La democracia y la ciencia son, en efecto, los dos
+insustitu&iacute;bles soportes sobre los que nuestra civilizaci&oacute;n descansa, o,
+expres&aacute;ndolo con una frase de Bourget, las dos &laquo;obreras&raquo; de nuestros
+destinos futuros. &laquo;<i>En ellas somos, vivimos, nos movemos</i>&raquo;. Siendo,
+pues, insensato pensar, como Ren&aacute;n, en obtener una consagraci&oacute;n m&aacute;s
+positiva de todas las superioridades morales, la realidad de una
+razonada jerarqu&iacute;a, el dominio eficiente de las altas dotes de la
+inteligencia y de la voluntad, por la <i>destrucci&oacute;n</i> de la igualdad
+democr&aacute;tica, s&oacute;lo cabe pensar en la <i>educaci&oacute;n</i> de la democracia y su
+reforma. Cabe pensar en que progresivamente se encarnen, en los
+sentimientos del pueblo y sus costumbres, la idea de las subordinaciones
+necesarias, la noci&oacute;n de las superioridades verdaderas, el culto
+consciente y espont&aacute;neo de todo lo que multiplica, a los ojos de la
+raz&oacute;n, la cifra del valor humano.</p>
+
+<p>La educaci&oacute;n popular adquiere, considerada en relaci&oacute;n a tal obra, como
+siempre que se las mira con el pensamiento del porvenir, un inter&eacute;s
+supremo<sup>[B]</sup>. Es en la escuela, por cuyas manos procuramos que pase la
+dura arcilla de las muchedumbres, donde est&aacute; la primera y m&aacute;s generosa
+manifestaci&oacute;n de la equidad social, que consagra para todos la
+accesibilidad del saber y de los medios m&aacute;s eficaces de superioridad.
+Ella debe complementar tan noble cometido, haciendo objetos de una
+educaci&oacute;n preferente y cuidadosa el sentido del orden, la idea y la
+voluntad de la justicia, el sentimiento de las leg&iacute;timas autoridades
+morales.</p>
+
+<p class="foot">[B] &laquo;Plus l'instruction se r&eacute;pand, plus elle doit faire de part
+aux id&eacute;es g&eacute;n&eacute;rales et g&eacute;n&eacute;reuses. On croit que l'instruction populaire
+doit &ecirc;tre terre &agrave; terre. C'est le contraire qui est la
+v&eacute;rit&eacute;&raquo;.&mdash;Fouill&eacute;e: <i>L'id&eacute;e moderne du droit</i>, Lib. 5.&ordm;, IV.</p>
+
+<p>Ninguna distinci&oacute;n m&aacute;s f&aacute;cil de confundirse y anularse en el esp&iacute;ritu de
+pueblo que la que ense&ntilde;a que la igualdad democr&aacute;tica puede significar
+una igual <i>posibilidad</i>, pero nunca una igual <i>realidad</i>, de influencia
+y de prestigio, entre los miembros de una sociedad organizada. En todos
+ellos hay un derecho id&eacute;ntico para aspirar a las superioridades morales
+que deben dar raz&oacute;n y fundamento a las superioridades efectivas; pero
+s&oacute;lo a los que han alcanzado realmente la posesi&oacute;n de las primeras, debe
+ser concedido el premio de las &uacute;ltimas. El verdadero, el digno concepto
+de la igualdad, reposa sobre el pensamiento de que todos los seres
+racionales est&aacute;n dotados por naturaleza de facultades capaces de un
+desenvolvimiento noble. El deber del Estado consiste en colocar a todos
+los miembros de la sociedad en distintas condiciones de tender a su
+perfeccionamiento. El deber del Estado consiste en predisponer los
+medios propios para provocar, uniformemente, la revelaci&oacute;n de las
+superioridades humanas, donde quiera que existan. De tal manera, m&aacute;s
+all&aacute; de esta igualdad inicial, toda desigualdad estar&aacute; justificada,
+porque ser&aacute; la sanci&oacute;n de las misteriosas elecciones de la Naturaleza o
+del esfuerzo meritorio de la voluntad.&mdash;Cuando se la concibe de este
+modo, la igualdad democr&aacute;tica, lejos de oponerse a la selecci&oacute;n de las
+costumbres y de las ideas, es el m&aacute;s eficaz instrumento de selecci&oacute;n
+espiritual, es el ambiente <i>providencial</i> de la cultura. La favorecer&aacute;
+todo lo que favorezca al predominio de la energ&iacute;a inteligente. No en
+distinto sentido pudo afirmar Tocqueville que la poes&iacute;a, la elocuencia,
+las gracias del esp&iacute;ritu, los fulgores de la imaginaci&oacute;n, la profundidad
+del pensamiento, &laquo;todos esos dones del alma, repartidos por el cielo al
+acaso&raquo;, fueron colaboradores en la obra de la democracia, y la
+sirvieron, aun cuando se encontraron de parte de sus adversarios, porque
+convergieron todos a poner de relieve la natural, la no heredada
+grandeza, de que nuestro esp&iacute;ritu es capaz.&mdash;La emulaci&oacute;n, que es el m&aacute;s
+poderoso est&iacute;mulo entre cuantos pueden sobreexcitar, lo mismo la
+vivacidad del pensamiento que la de las dem&aacute;s actividades humanas,
+necesita, a la vez, de la igualdad en el punto de partida para
+producirse, y de la desigualdad que aventajar&aacute; a los m&aacute;s aptos y mejores
+como objeto final. S&oacute;lo un r&eacute;gimen democr&aacute;tico puede conciliar en su
+seno esas dos condiciones de la emulaci&oacute;n, cuando no degenera en
+nivelador igualitarismo y se limita a considerar como un hermoso ideal
+de perfectibilidad una futura equivalencia de los hombres por su
+ascensi&oacute;n al mismo grado de cultura.</p>
+
+<p>Racionalmente concebida, la democracia admite siempre un imprescriptible
+elemento aristocr&aacute;tico, que consiste en establecer la superioridad de
+los mejores, asegur&aacute;ndola sobre el consentimiento libre de los
+asociados. Ella consagra, como las aristocracias, la distinci&oacute;n de
+calidad; pero las resuelve a favor de las calidades realmente
+superiores&mdash;las de la virtud, el car&aacute;cter, el esp&iacute;ritu&mdash;, y sin
+pretender inmovilizarlas en clases constitu&iacute;das aparte de las otras, que
+mantengan a su favor el privilegio execrable de la casta, renueva sin
+cesar su aristocracia dirigente en las fuentes vivas del pueblo y la
+hace aceptar por la justicia y el amor. Reconociendo, de tal manera, en
+la selecci&oacute;n y la predominancia de los mejor dotados una necesidad de
+todo progreso, excluye de esa ley universal de la vida, al sancionarla
+en el orden de la sociedad, el efecto de humillaci&oacute;n y de dolor que es,
+en las concurrencias de la Naturaleza y en las de las otras
+organizaciones sociales, el duro lote del vencido. &laquo;La gran ley de la
+selecci&oacute;n natural&mdash;ha dicho luminosamente Fouill&eacute;e&mdash;continuar&aacute;
+realiz&aacute;ndose en el seno de las sociedades humanas, s&oacute;lo que ella se
+realizar&aacute; de m&aacute;s en m&aacute;s por v&iacute;a de libertad&raquo;.&mdash;El car&aacute;cter odioso de las
+aristocracias tradicionales se originaba de que ellas eran injustas, por
+su fundamento, y opresoras, por cuanto su autoridad era una imposici&oacute;n.
+Hoy sabemos que no existe otro l&iacute;mite leg&iacute;timo para la igualdad humana,
+que el que consiste en el dominio de la inteligencia y la virtud,
+consentido por la libertad de todos. Pero sabemos tambi&eacute;n que es
+necesario que este l&iacute;mite exista en realidad.&mdash;Por otra parte, nuestra
+concepci&oacute;n cristiana de la vida nos ense&ntilde;a que las superioridades
+morales, que son un motivo de derechos, son principalmente un motivo de
+deberes, y que todo esp&iacute;ritu superior se debe a los dem&aacute;s en igual
+proporci&oacute;n que los excede en capacidad de realizar el bien. El
+anti-igualitarismo de Nietzsche&mdash;que tan profundo surco se&ntilde;ala en la que
+podr&iacute;amos llamar nuestra moderna <i>literatura de ideas</i>&mdash;, ha llevado a
+su poderosa reivindicaci&oacute;n de los derechos que &eacute;l considera impl&iacute;citos
+en las superioridades humanas, un abominable, un reaccionario esp&iacute;ritu;
+puesto que, negando toda fraternidad, toda piedad, pone en el coraz&oacute;n
+del <i>super hombre</i> a quien endiosa un menosprecio sat&aacute;nico para los
+desheredados y los d&eacute;biles; legitima en los privilegiados de la voluntad
+y de la fuerza el ministerio del verdugo; y con l&oacute;gica resoluci&oacute;n llega,
+en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, a afirmar que &laquo;la sociedad no existe para s&iacute; sino
+para sus elegidos&raquo;.&mdash;No es, ciertamente, esta concepci&oacute;n monstruosa la
+que puede oponerse, como l&aacute;baro, al falso igualitarismo que aspira a la
+nivelaci&oacute;n de todos por la com&uacute;n vulgaridad. Por fortuna, mientras
+exista en el mundo la posibilidad de disponer dos trozos de madera en
+forma de cruz&mdash;es decir: siempre&mdash;, la Humanidad seguir&aacute; creyendo que es
+el amor el fundamento de todo orden estable y que la superioridad
+jer&aacute;rquica en el orden no debe ser sino una superior capacidad de amar.</p>
+
+<p>Fuente de inagotables inspiraciones morales, la ciencia nueva nos
+sugiere, al esclarecer las leyes de la vida, c&oacute;mo el principio
+democr&aacute;tico puede conciliarse, en la organizaci&oacute;n de las colectividades
+humanas, con una <i>aristarqu&iacute;a</i> de la moralidad y la cultura.&mdash;Por una
+parte&mdash;, como lo ha hecho notar, una vez m&aacute;s, en un simp&aacute;tico libro
+Henri B&eacute;renger&mdash;, las afirmaciones de la ciencia contribuyen a
+sancionar y fortalecer en la sociedad el esp&iacute;ritu de la democracia,
+revelando cu&aacute;nto es el valor natural del esfuerzo colectivo; cu&aacute;l la
+grandeza de la obra de los peque&ntilde;os; cu&aacute;n inmensa la parte de acci&oacute;n
+reservada al colaborador an&oacute;nimo y obscuro en cualquiera manifestaci&oacute;n
+del desenvolvimiento universal. Realza, no menos que la revelaci&oacute;n
+cristiana, la dignidad de los humildes esta nueva revelaci&oacute;n, que
+atribuye, en la naturaleza, a la obra de los infinitamente peque&ntilde;os, a
+la labor del nummulite y el brioz&oacute;o en el fondo obscuro del abismo, la
+construcci&oacute;n de los cimientos geol&oacute;gicos; que hace surgir de la
+vibraci&oacute;n de la c&eacute;lula informe y primitiva todo el impulso ascendente de
+las formas org&aacute;nicas; que manifiesta el poderoso papel que en nuestra
+vida ps&iacute;quica es necesario atribuir a los fen&oacute;menos m&aacute;s inaparentes y
+m&aacute;s vagos, aun a las fugaces percepciones de que no tenemos conciencia;
+y que, llegando a la sociolog&iacute;a y a la historia, restituye al hero&iacute;smo,
+a menudo abnegado, de las muchedumbres, la parte que le negaba el
+silencio en la gloria del h&eacute;roe individual, y hace patente la lenta
+acumulaci&oacute;n de las investigaciones que, al trav&eacute;s de los siglos, en la
+sombra, en el taller, o el laboratorio de obreros olvidados, preparan
+los hallazgos del genio.</p>
+
+<p>Pero a la vez que manifiesta as&iacute; la inmortal eficacia del esfuerzo
+colectivo y dignifica la participaci&oacute;n de los colaboradores ignorados en
+la obra universal, la ciencia muestra c&oacute;mo en la inmensa sociedad de las
+cosas y los seres, es una necesaria condici&oacute;n de todo progreso el orden
+jer&aacute;rquico; son un principio de la vida las relaciones de dependencia y
+de subordinaci&oacute;n entre los componentes individuales de aquella sociedad
+y entre los elementos de la organizaci&oacute;n del individuo; y es, por
+&uacute;ltimo, una necesidad inherente a la ley universal de <i>imitaci&oacute;n</i>, si se
+la relaciona con el perfeccionamiento de las sociedades humanas, la
+presencia, en ellas, de modelos vivos e influyentes, que las realcen por
+la progresiva generalizaci&oacute;n de su superioridad.</p>
+
+<p>Para mostrar ahora c&oacute;mo ambas ense&ntilde;anzas universales de la ciencia
+pueden traducirse en hechos, concili&aacute;ndose, en la organizaci&oacute;n y en el
+esp&iacute;ritu de la sociedad, basta insistir en la concepci&oacute;n de una
+democracia noble, justa; de una democracia dirigida por la noci&oacute;n y el
+sentimiento de las verdaderas superioridades humanas; de una democracia
+en la cual la supremac&iacute;a de la inteligencia y la virtud&mdash;&uacute;nicos l&iacute;mites
+para la equivalencia meritoria de los hombres&mdash;, reciba su autoridad y
+su prestigio de la libertad, y descienda sobre las multitudes en la
+efusi&oacute;n bienhechora del amor.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo que conciliar&aacute; aquellos dos grandes resultados de la
+observaci&oacute;n del orden natural, se realizar&aacute; dentro de una sociedad
+semejante&mdash;seg&uacute;n lo observa, en el mismo libro de que os hablaba,
+B&eacute;renger&mdash;la armon&iacute;a de los dos impulsos hist&oacute;ricos que han comunicado a
+nuestra civilizaci&oacute;n sus caracteres esenciales, los principios
+reguladores de su vida.&mdash;Del esp&iacute;ritu del cristianismo nace,
+efectivamente, el sentimiento de igualdad, viciado por cierto asc&eacute;tico
+menosprecio de la selecci&oacute;n espiritual y la cultura. De la herencia de
+las civilizaciones cl&aacute;sicas nacen el sentido del orden, de la jerarqu&iacute;a
+y el respeto religioso del genio, viciados por cierto aristocr&aacute;tico
+desd&eacute;n de los humildes y los d&eacute;biles. El porvenir sintetizar&aacute; ambas
+sugestiones del pasado en una f&oacute;rmula inmortal. La democracia entonces
+habr&aacute; triunfado definitivamente. Y ella que, cuando amenaza con lo
+innoble del rasero nivelador, justifica las protestas airadas y las
+amargas melancol&iacute;as de los que creyeron sacrificados por su triunfo toda
+distinci&oacute;n intelectual, todo ensue&ntilde;o de arte, toda delicadeza de la
+vida, tendr&aacute;, a&uacute;n m&aacute;s que las viejas aristocracias, inviolables seguros
+para el cultivo de las flores del alma que se marchitan y perecen en el
+ambiente de la vulgaridad y entre las impiedades del tumulto.</p>
+
+<p class="top1">La concepci&oacute;n utilitaria, como idea del destino humano, y la igualdad en
+lo mediocre, como norma de la proporci&oacute;n social, componen, &iacute;ntimamente
+relacionadas, la f&oacute;rmula de lo que ha solido llamarse en Europa el
+esp&iacute;ritu de <i>americanismo</i>.&mdash;Es imposible meditar sobre ambas
+inspiraciones de la conducta y la sociabilidad, y compararlas con las
+que les son opuestas, sin que la asociaci&oacute;n traiga con insistencia a la
+mente la imagen de esa democracia formidable y fecunda que all&aacute; en el
+Norte ostenta las manifestaciones de su prosperidad y su poder, como una
+deslumbradora prueba que abona en favor de la eficacia de sus
+instituciones y de la direcci&oacute;n de sus ideas.&mdash;Si ha podido decirse del
+utilitarismo que es el verbo del esp&iacute;ritu ingl&eacute;s, los Estados Unidos
+pueden ser considerados la encarnaci&oacute;n del verbo utilitario. Y el
+Evangelio de este verbo se difunde por todas partes a favor de los
+milagros materiales del triunfo. Hispano-Am&eacute;rica ya no es enteramente
+calificable, con relaci&oacute;n a &eacute;l, de tierra de gentiles. La poderosa
+federaci&oacute;n va realizando entre nosotros una suerte de conquista moral.
+La admiraci&oacute;n por su grandeza y por su fuerza es un sentimiento que
+avanza a grandes pasos en el esp&iacute;ritu de nuestros hombres dirigentes, y
+a&uacute;n m&aacute;s quiz&aacute;, en el de las muchedumbres, fascinables por la impresi&oacute;n
+de la victoria.&mdash;Y de admirarla se pasa por una transici&oacute;n facil&iacute;sima a
+imitarla. La admiraci&oacute;n y la creencia son ya modos pasivos de imitaci&oacute;n
+para el psic&oacute;logo. &laquo;La tendencia imitativa de nuestra naturaleza
+moral&mdash;dec&iacute;a Bagehot&mdash;tiene su asiento en aquella parte del alma en que
+reside la credibilidad&raquo;.&mdash;El sentido y la experiencia vulgares ser&iacute;an
+suficientes para establecer por s&iacute; solos esa sencilla relaci&oacute;n. Se imita
+a aquel en cuya superioridad o cuyo prestigio se cree.&mdash;Es as&iacute; como la
+visi&oacute;n de una Am&eacute;rica <i>deslatinizada</i> por propia voluntad, sin la
+extorsi&oacute;n de la conquista, y regenerada luego a imagen y semejanza del
+arquetipo del Norte, flota ya sobre los sue&ntilde;os de muchos sinceros
+interesados por nuestro porvenir, inspira la fruici&oacute;n con que ellos
+formulan a cada paso los m&aacute;s sugestivos paralelos, y se manifiesta por
+constantes prop&oacute;sitos de innovaci&oacute;n y de reforma. Tenemos nuestra
+<i>nordoman&iacute;a</i>. Es necesario oponerle los l&iacute;mites que la raz&oacute;n y el
+sentimiento se&ntilde;alan de consuno.</p>
+
+<p>No doy yo a tales l&iacute;mites el sentido de una absoluta
+negaci&oacute;n.&mdash;Comprendo bien que se adquieran inspiraciones, luces,
+ense&ntilde;anzas, en el ejemplo de los fuertes; y no desconozco que una
+inteligente atenci&oacute;n fijada en lo exterior para reflejar de todas
+partes la imagen de lo beneficioso y de lo &uacute;til, es singularmente
+fecunda cuando se trata de pueblos que a&uacute;n forman y modelan su entidad
+nacional.</p>
+
+<p>Comprendo bien que se aspire a rectificar, por la educaci&oacute;n
+perseverante, aquellos trazos del car&aacute;cter de una sociedad humana que
+necesiten concordar con nuevas exigencias de la civilizaci&oacute;n y nuevas
+oportunidades de la vida, equilibrando as&iacute;, por medio de una influencia
+innovadora, las fuerzas de la herencia y la costumbre.&mdash;Pero no veo la
+gloria, ni en el prop&oacute;sito de desnaturalizar el car&aacute;cter de los
+pueblos&mdash;su genio <i>personal</i>&mdash;para imponerles la identificaci&oacute;n con un
+modelo extra&ntilde;o al que ellos sacrifiquen la originalidad irreemplazable
+de su esp&iacute;ritu; ni en la creencia ingenua de que eso pueda obtenerse
+alguna vez por procedimientos artificiales e improvisados de imitaci&oacute;n.
+Ese irreflexivo traslado de lo que es natural y espont&aacute;neo en una
+sociedad al seno de otra, donde no tenga ra&iacute;ces ni en la Naturaleza ni
+en la historia, equival&iacute;a para Michelet a la tentativa de incorporar,
+por simple agregaci&oacute;n, una cosa muerta a un organismo vivo. En
+sociabilidad, como en literatura, como en arte, la imitaci&oacute;n inconsulta
+no har&aacute; nunca sino deformar las l&iacute;neas del modelo. El enga&ntilde;o de los que
+piensan haber reproducido en lo esencial el car&aacute;cter de una colectividad
+humana, las fuerzas vivas de su esp&iacute;ritu, y con ellos el secreto de sus
+triunfos y su prosperidad, reproduciendo exactamente el mecanismo de sus
+instituciones y las formas exteriores de sus costumbres, hace pensar en
+la ilusi&oacute;n de los principiantes candorosos que se imaginan haberse
+apoderado del genio del maestro cuando han copiado las formas de su
+estilo o sus procedimientos de composici&oacute;n.</p>
+
+<p>En ese esfuerzo vano hay, adem&aacute;s, no s&eacute; qu&eacute; cosa de innoble. G&eacute;nero de
+<i>snobismo</i> pol&iacute;tico podr&iacute;a llamarse al afanoso remedo de cuanto hacen
+los preponderantes y los fuertes, los vencedores y los afortunados;
+g&eacute;nero de abdicaci&oacute;n servil, como en la que en algunos de los <i>snobs</i>
+encadenados para siempre a la tortura de la s&aacute;tira por el libro de
+Thackeray, hace consumirse tristemente las energ&iacute;as de los &aacute;nimos no
+ayudados por la Naturaleza o la fortuna, en la imitaci&oacute;n impotente de
+los caprichos y las volubilidades de los encumbrados de la sociedad.&mdash;El
+cuidado de la independencia <i>interior</i>&mdash;la de la personalidad, la del
+criterio&mdash;es una principal&iacute;sima forma del respeto propio. Suele en los
+tratados de &eacute;tica comentarse un precepto moral de Cicer&oacute;n, seg&uacute;n el cual
+forma parte de los deberes humanos el que cada uno de nosotros cuide y
+mantenga celosamente la originalidad de su car&aacute;cter personal, lo que
+haya en &eacute;l que lo diferencie y determine, respetando, en todo cuanto no
+sea inadecuado para el bien, el impulso primario de la Naturaleza, que
+ha fundado en la varia distribuci&oacute;n de sus dones el orden y el concierto
+del mundo.&mdash;Y a&uacute;n me parecer&iacute;a mayor el imperio del precepto si se le
+aplicase, colectivamente, al car&aacute;cter de las sociedades humanas. Acaso
+oir&eacute;is decir que no hay un sello propio y definido por cuya permanencia,
+por cuya integridad deba pugnarse, en la organizaci&oacute;n actual de nuestros
+pueblos. Falta tal vez, en nuestro car&aacute;cter colectivo, el contorno
+seguro de la &laquo;personalidad&raquo;. Pero en ausencia de esa &iacute;ndole
+perfectamente diferenciada y auton&oacute;mica, tenemos&mdash;los americanos
+latinos&mdash;una herencia de raza, una gran tradici&oacute;n &eacute;tnica que mantener,
+un v&iacute;nculo sagrado que nos une a inmortales p&aacute;ginas de la historia,
+confiando a nuestro honor su continuaci&oacute;n en lo futuro. El
+cosmopolitismo, que hemos de atacar como una irresistible necesidad de
+nuestra formaci&oacute;n, no excluye, ni ese sentimiento de fidelidad a lo
+pasado, ni la fuerza directriz y plasmante con que debe el genio de la
+raza imponerse en la refundici&oacute;n de los elementos que constituir&aacute;n al
+americano definitivo del futuro.</p>
+
+<p>Se ha observado m&aacute;s de una vez que las grandes evoluciones de la
+historia, las grandes &eacute;pocas, los per&iacute;odos m&aacute;s luminosos y fecundos en
+el desenvolvimiento de la humanidad, son casi siempre la resultante de
+dos fuerzas distintas y co-actuales, que mantienen, por los concertados
+impulsos de su oposici&oacute;n, el inter&eacute;s y el est&iacute;mulo de la vida, los
+cuales desaparecer&iacute;an, agotados, en la quietud de una unidad
+absoluta.&mdash;As&iacute;, sobre los dos polos de Atenas y Lacedemonia, se apoya el
+eje alrededor del cual gira el car&aacute;cter de la m&aacute;s genial y civilizadora
+de las razas.&mdash;Am&eacute;rica necesita mantener en el presente la dualidad
+original de su constituci&oacute;n, que convierte en realidad de su historia
+el mito cl&aacute;sico de las dos &aacute;guilas soltadas simult&aacute;neamente de uno y
+otro polo del mundo, para que llegasen a un tiempo al l&iacute;mite de sus
+dominios. Esta diferencia genial y emuladora no excluye, sino que tolera
+y aun favorece en much&iacute;simos aspectos, la concordia de la solidaridad. Y
+si una concordia superior pudiera vislumbrarse desde nuestros d&iacute;as como
+la f&oacute;rmula de un porvenir lejano, ella no ser&iacute;a debida a la <i>imitaci&oacute;n
+unilateral</i>&mdash;que dir&iacute;a Tarde&mdash;de una raza por otra, sino a la
+reciprocidad de sus influencias y al atinado concierto de los atributos
+en que se funda la gloria de las dos.</p>
+
+<p>Por otra parte, en el estudio desapasionado de esa civilizaci&oacute;n que
+algunos nos ofrecen como &uacute;nico y absoluto modelo, hay razones no menos
+poderosas que las que se fundan en la indignidad y la inconveniencia de
+una renuncia a todo prop&oacute;sito de originalidad, para templar los
+entusiasmos de los que nos exigen su consagraci&oacute;n idol&aacute;trica.&mdash;Y llego
+ahora a la relaci&oacute;n que directamente tiene, con el sentido general de
+esta pl&aacute;tica m&iacute;a, el comentario de semejante esp&iacute;ritu de imitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Todo juicio severo que se formule de los americanos del Norte debe
+empezar por rendirles, como se har&iacute;a con altos adversarios, la
+formalidad caballeresca de un saludo.&mdash;Siento f&aacute;cil mi esp&iacute;ritu para
+cumplirla.&mdash;Desconocer sus defectos no me parecer&iacute;a tan insensato como
+negar sus cualidades. Nacidos&mdash;para emplear la paradoja usada por
+Baudelaire a otro respecto&mdash;con la <i>experiencia innata</i> de la libertad,
+ellos se han mantenido fieles a la ley de su origen, y han desenvuelto,
+con la precisi&oacute;n y la seguridad de una progresi&oacute;n matem&aacute;tica, los
+principios fundamentales de su organizaci&oacute;n, dando a su historia una
+consecuente unidad que, si bien ha exclu&iacute;do las adquisiciones de
+aptitudes y m&eacute;ritos distintos, tiene la belleza intelectual de la
+l&oacute;gica.&mdash;La huella de sus pasos no se borrar&aacute; jam&aacute;s en los anales del
+derecho humano, porque ellos han sido los primeros en hacer surgir
+nuestro moderno concepto de la libertad, de las inseguridades del ensayo
+y de las imaginaciones de la utop&iacute;a, para convertirla en bronce
+imperecedero y realidad viviente; porque han demostrado con su ejemplo
+la posibilidad de extender a un inmenso organismo nacional la
+inconmovible autoridad de una rep&uacute;blica; porque, con su organizaci&oacute;n
+federativa, han revelado&mdash;seg&uacute;n la feliz expresi&oacute;n de Tocqueville&mdash;la
+manera c&oacute;mo se pueden conciliar con el brillo y el poder de los Estados
+grandes la felicidad y la paz de los peque&ntilde;os.&mdash;Suyos son algunos de los
+rasgos m&aacute;s audaces con que ha de destacarse en la perspectiva del tiempo
+la obra de este siglo. Suya es la gloria de haber revelado
+plenamente&mdash;acentuando la m&aacute;s firme nota de belleza moral de nuestra
+civilizaci&oacute;n&mdash;la grandeza y el poder del trabajo; esa fuerza bendita que
+la antig&uuml;edad abandonaba a la abyecci&oacute;n de la esclavitud y que hoy
+identificamos con la m&aacute;s alta expresi&oacute;n de la dignidad humana, fundada
+en la conciencia y en la actividad del propio m&eacute;rito. Fuertes, tenaces,
+teniendo la inacci&oacute;n por oprobio, ellos han puesto en manos del
+<i>mech&aacute;nic</i> de sus talleres y el <i>f&aacute;rmer</i> de sus campos la clava herc&uacute;lea
+del mito, y han dado al genio humano una nueva e inesperada belleza,
+ci&ntilde;&eacute;ndole el mandil de cuero del forjador. Cada uno de ellos avanza a
+conquistar la vida como el desierto los primitivos puritanos.
+Perseverantes devotos de ese culto de la energ&iacute;a individual que hace de
+cada hombre el art&iacute;fice de su destino, ellos han modelado su
+sociabilidad en un conjunto imaginario de ejemplares de R&oacute;binson, que
+despu&eacute;s de haber fortificado rudamente su personalidad en la pr&aacute;ctica de
+la ayuda propia, entrar&aacute;n a componer los filamentos de una urdimbre
+firm&iacute;sima.&mdash;Sin sacrificarle esa soberana concepci&oacute;n del individuo, han
+sabido hacer al mismo tiempo, del esp&iacute;ritu de asociaci&oacute;n, el m&aacute;s
+admirable instrumento de su grandeza y de su imperio; y han obtenido de
+la suma de las fuerzas humanas, subordinada a los prop&oacute;sitos de la
+investigaci&oacute;n, de la filantrop&iacute;a, de la industria, resultados tanto m&aacute;s
+maravillosos por lo mismo que se consiguen con la m&aacute;s absoluta
+integridad de la autonom&iacute;a personal.&mdash;Hay en ellos un instinto de
+curiosidad despierta e insaciable, una impaciente avidez de toda luz; y
+profesando el amor por la instrucci&oacute;n del pueblo con la obsesi&oacute;n de una
+monoman&iacute;a gloriosa y fecunda, han hecho de la escuela el quicio m&aacute;s
+seguro de su prosperidad, y del alma del ni&ntilde;o la m&aacute;s cuidada entre las
+cosas leves y preciosas.&mdash;Su cultura, que est&aacute; lejos de ser refinada ni
+espiritual, tiene una eficacia admirable siempre que se dirige
+pr&aacute;cticamente a realizar una finalidad inmediata.</p>
+
+<p>No han incorporado a las adquisiciones de la ciencia una sola ley
+general, un solo principio; pero la han hecho maga por las maravillas de
+sus aplicaciones, la han agigantado en los dominios de la utilidad, y
+han dado al mundo en la caldera de vapor y en la d&iacute;namo el&eacute;ctrica,
+billones de esclavos invisibles que centuplican, para servir al Aladino
+humano, el poder de la l&aacute;mpara maravillosa.&mdash;El crecimiento de su
+grandeza y de su fuerza, ser&aacute; objeto de perdurables asombros para el
+porvenir. Han inventado, con su prodigiosa aptitud de improvisaci&oacute;n, un
+acicate para el tiempo; y al conjuro de su voluntad poderosa, surge en
+un d&iacute;a, del seno de la absoluta soledad, la suma de cultura acumulable
+para la obra de los siglos.&mdash;La libertad puritana, que les env&iacute;a su luz
+desde el pasado, uni&oacute; a esta luz el calor de una piedad que a&uacute;n dura.
+Junto a la f&aacute;brica y la escuela, sus fuertes manos han alzado tambi&eacute;n
+los templos de donde evaporan sus plegarias muchos millones de
+conciencias libres. Ellos han sabido salvar, en el naufragio de todas
+las idealidades, la idealidad m&aacute;s alta, guardando viva la tradici&oacute;n de
+un sentimiento religioso que, si no levanta sus vuelos en alas de un
+espiritualismo delicado y profundo, sostiene, en parte, entre las
+asperezas del tumulto utilitario, la rienda firme del sentido
+moral.&mdash;Han sabido tambi&eacute;n guardar, en medio de los refinamientos de la
+vida civilizada, el sello de cierta primitividad robusta. Tienen el
+culto pagano de la salud, de la destreza, de la fuerza; templan y afinan
+en el m&uacute;sculo el instrumento precioso de la voluntad; y obligados por su
+aspiraci&oacute;n insaciable de dominio a cultivar la energ&iacute;a de todas las
+actividades humanas, modelan el torso del atleta para el coraz&oacute;n del
+hombre libre.&mdash;Y del concierto de su civilizaci&oacute;n, del acordado
+movimiento de su cultura, surge una dominante nota de optimismo, de
+confianza, de fe, que dilata los corazones impuls&aacute;ndolos al porvenir
+bajo la sugesti&oacute;n de una esperanza terca y arrogante; la nota del
+<i>Excelsior</i> y el <i>Salmo de la vida</i> con que sus poetas han se&ntilde;alado el
+infalible b&aacute;lsamo contra toda amargura en la filosof&iacute;a del esfuerzo y de
+la acci&oacute;n.</p>
+
+<p>Su grandeza tit&aacute;nica se impone as&iacute;, aun a los m&aacute;s prevenidos por las
+enormes desproporciones de su car&aacute;cter o por las violencias recientes de
+su historia. Y por mi parte ya veis que, aunque no les amo, les admiro.
+Les admiro, en primer t&eacute;rmino, por su formidable capacidad de <i>querer</i>,
+y me inclino ante &laquo;la escuela de voluntad y de trabajo&raquo; que&mdash;como de sus
+progenitores nacionales dijo Philar&egrave;te-Chasles&mdash;ellos han institu&iacute;do.</p>
+
+<p><i>En el principio la acci&oacute;n era.</i> Con estas c&eacute;lebres palabras del
+&laquo;Fausto&raquo; podr&iacute;a empezar un futuro historiador de la poderosa rep&uacute;blica
+el G&eacute;nesis, a&uacute;n no conclu&iacute;do, de su existencia nacional. Su genio podr&iacute;a
+definirse, como el universo de los dinamistas, <i>la fuerza en
+movimiento</i>. Tiene, ante todo y sobre todo, la capacidad, el entusiasmo,
+la vocaci&oacute;n dichosa de la acci&oacute;n. La voluntad es el cincel que ha
+esculpido a ese pueblo en dura piedra. Sus relieves caracter&iacute;sticos son
+dos manifestaciones del poder de la voluntad: la originalidad y la
+audacia. Su historia es, toda ella, el arrebato de una actividad viril.
+Su personaje representativo se llama <i>Yo quiero</i>, como el &laquo;superhombre&raquo;
+de Nietzsche.&mdash;Si algo le salva colectivamente de la vulgaridad, es ese
+extraordinario alarde de energ&iacute;a que lleva a todas partes y con el que
+imprime cierto car&aacute;cter de &eacute;pica grandeza, aun a las luchas del inter&eacute;s
+y de la vida material. As&iacute; de los especuladores de Chicago y de
+Mine&aacute;polis, ha dicho Paul Bourget que son a la manera de combatientes
+heroicos en los cuales la aptitud para el ataque y la defensa es
+comparable a la de un <i>grognard</i> del gran Emperador.&mdash;Y esta energ&iacute;a
+suprema, con la que el genio norteamericano parece obtener&mdash;hipnotizador
+audaz&mdash;el adormecimiento y la sugesti&oacute;n de los hados, suele encontrarse
+aun en las particularidades que se nos presentan como excepcionales y
+divergentes de aquella civilizaci&oacute;n. Nadie negar&aacute; que Edgard Poe es una
+individualidad an&oacute;mala y rebelde dentro de su pueblo. Su alma escogida
+representa una part&iacute;cula inasimilable del alma nacional, que no en vano
+se agit&oacute; entre las otras con la sensaci&oacute;n de una soledad infinita. Y,
+sin embargo, la nota fundamental&mdash;que Baudelaire ha se&ntilde;alado
+profundamente&mdash;en el car&aacute;cter de los h&eacute;roes de Poe, es todav&iacute;a el temple
+sobrehumano, la ind&oacute;mita resistencia de la voluntad. Cuando ide&oacute; a
+Ligeia, la m&aacute;s misteriosa y adorable de sus criaturas, Poe simboliz&oacute; en
+la luz inextinguible de sus ojos el himno de triunfo de la Voluntad
+sobre la Muerte.</p>
+
+<p>Adquirido, con el sincero reconocimiento de cuanto hay de luminoso y
+grande en el genio de la poderosa naci&oacute;n, el derecho de completar
+respecto a &eacute;l la f&oacute;rmula de la justicia, una cuesti&oacute;n llena de inter&eacute;s
+pide expresarse.&mdash;&iquest;Realiza aquella sociedad, o tiende a realizar, por lo
+menos, la idea de la conducta racional que cumple a las leg&iacute;timas
+exigencias del esp&iacute;ritu, a la dignidad intelectual y moral de nuestra
+civilizaci&oacute;n?&mdash;&iquest;Es en ella donde hemos de se&ntilde;alar la m&aacute;s aproximada
+imagen de nuestra &laquo;ciudad perfecta&raquo;?&mdash;Esta febricitante inquietud que
+parece centuplicar en su seno el movimiento y la intensidad de la vida,
+&iquest;tiene un objeto capaz de merecerla y un est&iacute;mulo bastante para
+justificarla?</p>
+
+<p>Herbert Spencer, formulando con noble sinceridad su saludo a la
+democracia de Am&eacute;rica en un banquete de New York, se&ntilde;alaba el rasgo
+fundamental de la vida de los norteamericanos en esa misma desbordada
+inquietud que se manifiesta por la pasi&oacute;n infinita del trabajo y la
+porf&iacute;a de la expansi&oacute;n material en todas sus formas. Y observaba despu&eacute;s
+que, en tan exclusivo predominio de la actividad subordinada a los
+prop&oacute;sitos inmediatos de la utilidad, se revelaba una concepci&oacute;n de la
+existencia, tolerable sin duda como car&aacute;cter provisional de una
+civilizaci&oacute;n, como tarea preliminar de una cultura, pero que urg&iacute;a ya
+rectificar, puesto que tend&iacute;a a convertir el trabajo utilitario en fin y
+objeto supremo de la vida, cuando &eacute;l en ning&uacute;n caso puede significar
+racionalmente sino la acumulaci&oacute;n de los elementos propios para hacer
+posible el total y armonioso desenvolvimiento de nuestro ser.&mdash;Spencer
+agregaba que era necesario predicar a los norteamericanos el Evangelio
+del descanso o el recreo; e identificando nosotros la m&aacute;s noble
+significaci&oacute;n de estas palabras con las del <i>ocio</i>, tal cual lo
+dignificaban los antiguos moralistas, clasificaremos dentro del
+Evangelio en que debe iniciarse a aquellos trabajadores sin reposo, toda
+preocupaci&oacute;n ideal, todo desinteresado empleo de las horas, todo objeto
+de meditaci&oacute;n levantado sobre la finalidad inmediata de la utilidad.</p>
+
+<p>La vida norteamericana describe efectivamente ese c&iacute;rculo vicioso que
+Pascal se&ntilde;alaba en la anhelante persecuci&oacute;n del bienestar, cuando &eacute;l no
+tiene su fin fuera de s&iacute; mismo. Su prosperidad es tan grande como su
+imposibilidad de satisfacer a una mediana concepci&oacute;n del destino humano.
+Obra tit&aacute;nica, por la enorme tensi&oacute;n de voluntad que representa y por
+sus triunfos inauditos en todas las esferas del engrandecimiento
+material, es indudable que aquella civilizaci&oacute;n produce en su conjunto
+una singular impresi&oacute;n de insuficiencia y de vac&iacute;o. Y es que, si con el
+derecho que da la historia de treinta siglos de evoluci&oacute;n presididos por
+la dignidad del esp&iacute;ritu cl&aacute;sico y del esp&iacute;ritu cristiano, se pregunta
+cu&aacute;l es en ella el principio dirigente, cu&aacute;l su <i>substratum</i> ideal, cu&aacute;l
+el prop&oacute;sito ulterior a la inmediata preocupaci&oacute;n de los intereses
+positivos que estremecen aquella masa formidable, s&oacute;lo se encontrar&aacute;,
+como f&oacute;rmula del ideal definitivo, la misma absoluta preocupaci&oacute;n del
+triunfo material.&mdash;Hu&eacute;rfano de tradiciones muy hondas que le orienten,
+ese pueblo no ha sabido substituir la idealidad inspiradora del pasado
+con una alta y desinteresada concepci&oacute;n del porvenir. Vive para la
+realidad inmediata, del presente, y por ello subordina toda su actividad
+al ego&iacute;smo del bienestar personal y colectivo.&mdash;De la suma de los
+elementos de su riqueza y su poder, podr&iacute;a decirse lo que el autor de
+<i>Mensonges</i> de la inteligencia del marqu&eacute;s de Norbert que figura en uno
+de sus libros: es un monte de le&ntilde;a al cual no se ha hallado modo de dar
+fuego. Falta la chispa eficaz que haga levantarse la llama de un ideal
+vivificante e inquieto sobre el copioso combustible.&mdash;Ni siquiera el
+ego&iacute;smo nacional, a falta de m&aacute;s altos impulsos; ni siquiera el
+exclusivismo y el orgullo de raza, que son los que transfiguran y
+engrandecen, en la antig&uuml;edad, la prosaica dureza de la vida de Roma,
+pueden tener vislumbres de idealidad y de hermosura en un pueblo donde
+la confusi&oacute;n cosmopolita y el <i>atomismo</i> de una mal entendida
+democracia, impiden la formaci&oacute;n de una verdadera conciencia nacional.</p>
+
+<p>Dir&iacute;ase que el positivismo genial de la Metr&oacute;poli ha sufrido, al
+transmitirse a sus emancipados hijos de Am&eacute;rica, una destilaci&oacute;n que le
+priva de todos los elementos de idealidad que le templaban,
+reduci&eacute;ndole, en realidad, a la crudeza que, en las exageraciones de la
+pasi&oacute;n o de la s&aacute;tira, ha podido atribuirse al positivismo de
+Inglaterra.&mdash;El esp&iacute;ritu ingl&eacute;s, bajo la &aacute;spera corteza del
+utilitarismo, bajo la indiferencia mercantil, bajo la severidad
+puritana, esconde, a no dudarlo, una virtualidad po&eacute;tica escogida y un
+profundo venero de sensibilidad, el cual revela, en sentir de Taine, que
+el fondo primitivo, el fondo germ&aacute;nico de aquella raza, modificada luego
+por la presi&oacute;n de la conquista y por el h&aacute;bito de la actividad
+comercial, fu&eacute; una extraordinaria exaltaci&oacute;n del sentimiento. El
+esp&iacute;ritu americano no ha recibido en herencia ese instinto po&eacute;tico
+ancestral, que brota, como surgente l&iacute;mpida, del seno de la roca
+brit&aacute;nica, cuando es el Mois&eacute;s de un arte delicado quien la toca. El
+pueblo ingl&eacute;s tiene, en la instituci&oacute;n de su aristocracia&mdash;por
+anacr&oacute;nica e injusta que ella sea bajo el aspecto del derecho
+pol&iacute;tico&mdash;, un alto e inexpugnable baluarte que oponer al mercantilismo
+ambiente y a la prosa invasora; tan alto e inexpugnable baluarte, que es
+el mismo Taine quien asegura que desde los tiempos de las ciudades
+griegas, no presentaba la historia ejemplo de una condici&oacute;n de vida m&aacute;s
+propia para formar y enaltecer el sentimiento de la nobleza humana. En
+el ambiente de la democracia de Am&eacute;rica, el esp&iacute;ritu de vulgaridad no
+halla ante s&iacute; relieves inaccesibles para su fuerza de ascensi&oacute;n, y se
+extiende y propaga como sobre la llaneza de una pampa infinita.</p>
+
+<p>Sensibilidad, inteligencia, costumbres&mdash;todo est&aacute; caracterizado en el
+enorme pueblo por una radical ineptitud de selecci&oacute;n, que mantiene,
+junto al orden mec&aacute;nico de su actividad material y de su vida pol&iacute;tica,
+un profundo desorden en todo lo que pertenece al dominio de las
+facultades ideales.&mdash;F&aacute;ciles son de seguir las manifestaciones de esa
+ineptitud, partiendo de las m&aacute;s exteriores y aparentes, para llegar
+despu&eacute;s a otras m&aacute;s esenciales y m&aacute;s &iacute;ntimas.&mdash;Pr&oacute;digo de sus
+riquezas&mdash;porque en su codicia no entra, seg&uacute;n acertadamente se ha
+dicho, ninguna parte de Harpag&oacute;n&mdash;, el norteamericano ha logrado
+adquirir con ellas, plenamente, la satisfacci&oacute;n y la vanidad de la
+magnificencia suntuaria, pero no ha logrado adquirir la nota escogida
+del buen gusto. El arte verdadero s&oacute;lo ha podido existir, en tal
+ambiente, a t&iacute;tulo de rebeli&oacute;n individual. &Eacute;merson, Poe, son all&iacute; como
+los ejemplares de una fauna expulsada de su verdadero medio por el rigor
+de una cat&aacute;strofe geol&oacute;gica.&mdash;Habla Bourget, en <i>Outre mer</i>, del acento
+concentrado y solemne con que la palabra <i>arte</i> vibra en los labios de
+los norteamericanos que ha halagado el favor de la fortuna; de esos
+recios y acrisolados h&eacute;roes del <i>self-help</i> que aspiran a coronar, con
+la asimilaci&oacute;n de todos los refinamientos humanos, la obra de su
+encumbramiento re&ntilde;ido. Pero nunca les ha sido dado concebir esa divina
+actividad que nombran con &eacute;nfasis, sino como un nuevo motivo de
+satisfacerse su inquietud invasora y como un trofeo de su vanidad. La
+ignoran, en lo que ella tiene de desinteresado y de escogido; la
+ignoran, a despecho de la munificencia con que la fortuna individual
+suele emplearse en estimular la formaci&oacute;n de un delicado sentido de
+belleza; a despecho de la esplendidez de los museos y las exposiciones
+con que se ufanan sus ciudades; a despecho de las monta&ntilde;as de m&aacute;rmol y
+de bronce que han esculpido para las estatuas de sus plazas p&uacute;blicas. Y
+si con su nombre hubiera de caracterizarse alguna vez un gusto de arte,
+&eacute;l no podr&iacute;a ser otro que el que envuelve la negaci&oacute;n del arte mismo: la
+brutalidad del efecto rebuscado, el desconocimiento de todo tono suave y
+de toda manera exquisita, el culto de una falsa grandeza, el
+<i>sensacionismo</i> que excluye la noble serenidad inconciliable con el
+apresuramiento de una vida febril.</p>
+
+<p>La idealidad de lo hermoso no apasiona al descendiente de los austeros
+puritanos. Tampoco le apasiona la idealidad de lo verdadero. Menosprecia
+todo ejercicio del pensamiento que prescinda de una inmediata finalidad,
+por vano e infecundo. No le lleva a la ciencia un desinteresado anhelo
+de verdad, ni se ha manifestado ning&uacute;n caso capaz de amarla por s&iacute;
+misma. La investigaci&oacute;n no es para &eacute;l sino el antecedente de la
+aplicaci&oacute;n utilitaria.&mdash;Sus gloriosos empe&ntilde;os por difundir los
+beneficios de la educaci&oacute;n popular, est&aacute;n inspirados en el noble
+prop&oacute;sito de comunicar los elementos fundamentales del saber al mayor
+n&uacute;mero; pero no nos revelan que, al mismo tiempo que de ese
+acrecentamiento extensivo de la educaci&oacute;n, se preocupe de seleccionarla
+y elevarla, para auxiliar el esfuerzo de las superioridades que
+ambicionen erguirse sobre la general mediocridad. As&iacute;, el resultado de
+su porfiada guerra a la ignorancia, ha sido la semicultura universal y
+una profunda languidez de la alta cultura.&mdash;En igual proporci&oacute;n que la
+ignorancia radical, disminuyen en el ambiente de esa gigantesca
+democracia, la superior sabidur&iacute;a y el genio. He ah&iacute; por qu&eacute; la historia
+de su actividad pensadora es una progresi&oacute;n decreciente de brillo y de
+originalidad. Mientras en el per&iacute;odo de la independencia y la
+organizaci&oacute;n surgen, para representar lo mismo el pensamiento que la
+voluntad de aquel pueblo, muchos nombres ilustres, medio siglo m&aacute;s tarde
+Tocqueville puede observar, respecto a ellos, que <i>los dioses se van</i>.
+Cuando escribi&oacute; Tocqueville su obra maestra, a&uacute;n irradiaba, sin embargo,
+desde Boston, la <i>ciudadela puritana</i>, la ciudad de las doctas
+tradiciones, una gloriosa pl&eacute;yade que tiene en la historia intelectual
+de este siglo la magnitud de la universalidad.&mdash;&iquest;Qui&eacute;nes han recogido
+despu&eacute;s la herencia de Ch&aacute;nning, de &Eacute;merson, de Poe?&mdash;La nivelaci&oacute;n
+mesocr&aacute;tica, apresurando su obra desoladora, tiende a desvanecer el poco
+car&aacute;cter que quedaba a aquella precaria intelectualidad. Las alas de sus
+libros ha tiempo que no llegan a la altura en que ser&iacute;a universalmente
+posible divisarlos. Y hoy, la m&aacute;s genuina representaci&oacute;n del gusto
+norteamericano, en punto a letras, est&aacute; en los lienzos grises de un
+diarismo que no hace pensar en el que un d&iacute;a suministr&oacute; los materiales
+de <i>El Federalista</i>.</p>
+
+<p>Con relaci&oacute;n a los sentimientos morales, el impulso mec&aacute;nico del
+utilitarismo ha encontrado el resorte moderador de una fuerte tradici&oacute;n
+religiosa. Pero no por eso debe creerse que ha cedido la direcci&oacute;n de la
+conducta a un verdadero principio de desinter&eacute;s. La religiosidad de los
+americanos, como derivaci&oacute;n extremada de la inglesa, no es m&aacute;s que una
+fuerza auxiliatoria de la legislaci&oacute;n penal, que evacuar&iacute;a su puesto el
+d&iacute;a que fuera posible dar a la moral utilitaria la autoridad religiosa
+que ambicionaba darle Stuart Mill.&mdash;La m&aacute;s elevada c&uacute;spide de su moral
+es la moral de Franklin.&mdash;Una filosof&iacute;a de la conducta, que halla su
+t&eacute;rmino en lo mediocre de la honestidad, en la utilidad de la prudencia,
+de cuyo seno no surgir&aacute;n jam&aacute;s ni la santidad ni el hero&iacute;smo, y que s&oacute;lo
+apta para prestar a la conciencia, en los caminos normales de la vida,
+el apoyo del bast&oacute;n del manzano con que marchaba habitualmente su
+propagador, no es m&aacute;s que un le&ntilde;o fr&aacute;gil cuando se trata de subir las
+altas pendientes.&mdash;Tal es la suprema cumbre; pero es en los valles donde
+hay que buscar la realidad. Aun cuando el criterio moral no hubiera de
+descender m&aacute;s abajo del utilitarismo probo y mesurado de Franklin, el
+t&eacute;rmino forzoso&mdash;que ya se&ntilde;al&oacute; la sagaz observaci&oacute;n de Tocqueville&mdash;de
+una sociedad educada en semejante limitaci&oacute;n del deber, ser&iacute;a, no por
+cierto una de esas decadencias soberbias y magn&iacute;ficas que dan la medida
+de la sat&aacute;nica hermosura del mal en la disoluci&oacute;n de los imperios, pero
+s&iacute; una suerte de materialismo p&aacute;lido y mediocre, y en &uacute;ltimo resultado,
+el sue&ntilde;o de una enervaci&oacute;n sin brillo, por la silenciosa descomposici&oacute;n
+de todos los resortes de la vida moral&mdash;All&iacute; donde el precepto tiende a
+poner las altas manifestaciones de la abnegaci&oacute;n y la virtud fuera del
+dominio de lo obligatorio, la realidad har&aacute; retroceder indefinidamente
+el l&iacute;mite de la obligaci&oacute;n.&mdash;Pero la escuela de la prosperidad material,
+que ser&aacute; siempre ruda prueba para la austeridad de las rep&uacute;blicas, ha
+llevado m&aacute;s lejos la llaneza de la concepci&oacute;n de la conducta racional
+que hoy gana los esp&iacute;ritus. Al c&oacute;digo de Franklin han sucedido otros de
+m&aacute;s francas tendencias, como expresi&oacute;n de la sabidur&iacute;a nacional. Y no
+hace a&uacute;n cinco a&ntilde;os el voto p&uacute;blico consagraba en todas las ciudades
+norteamericanas, con las m&aacute;s equ&iacute;vocas manifestaciones de la popularidad
+y de la cr&iacute;tica, la nueva ley moral en que, desde la puritana Boston,
+anunciaba solemnemente el autor de cierto docto libro que se intitulaba
+<i>Pushing to the front</i><sup>[C]</sup>, que el &eacute;xito deb&iacute;a ser considerado la
+finalidad suprema de la vida. La revelaci&oacute;n tuvo eco a&uacute;n en el seno de
+las comuniones cristianas, y se cit&oacute; una vez, a prop&oacute;sito del libro
+afortunado, la <i>Imitaci&oacute;n</i>, de K&eacute;mpis, como t&eacute;rmino de comparaci&oacute;n.</p>
+
+<p class="foot">[C] Por M. Orisson Swett Marden. Boston, 1895.</p>
+
+<p>La vida p&uacute;blica no se sustrae, por cierto, a las consecuencias del
+crecimiento del mismo germen de desorganizaci&oacute;n que lleva aquella
+sociedad en sus entra&ntilde;as. Cualquier mediano observador de sus costumbres
+pol&iacute;ticas os hablar&aacute; de c&oacute;mo la obsesi&oacute;n del inter&eacute;s utilitario tiende
+progresivamente a enervar y empeque&ntilde;ecer en los corazones el sentimiento
+del derecho. El valor c&iacute;vico, la virtud vieja de los H&aacute;milton, es una
+hoja de acero que se oxida, cada d&iacute;a m&aacute;s olvidada, entre las telara&ntilde;as
+de las tradiciones. La venalidad, que empieza desde el voto p&uacute;blico, se
+propaga a todos los resortes institucionales. El gobierno de la
+mediocridad vuelve vana la emulaci&oacute;n que realza los caracteres y las
+inteligencias y que los entona con la perspectiva de la efectividad de
+su dominio. La democracia, a la que no han sabido dar el regulador de
+una alta y educadora noci&oacute;n de las superioridades humanas, tendi&oacute;
+siempre entre ellos a esa brutalidad abominable del n&uacute;mero que menoscaba
+los mejores beneficios morales de la libertad y anula en la opini&oacute;n el
+respeto de la dignidad ajena. Hoy, adem&aacute;s, una formidable fuerza se
+levanta a contrastar de la peor manera posible el absolutismo del
+n&uacute;mero. La influencia pol&iacute;tica de una plutocracia representada por los
+todopoderosos aliados de los <i>trust</i>, monopolizadores de la producci&oacute;n y
+due&ntilde;os de la vida econ&oacute;mica, es, sin duda, uno de los rasgos m&aacute;s
+merecedores de inter&eacute;s en la actual fisonom&iacute;a del gran pueblo. La
+formaci&oacute;n de esta plutocracia ha hecho que se recuerde, con muy probable
+oportunidad, el advenimiento de la clase enriquecida y soberbia que, en
+los &uacute;ltimos tiempos de la rep&uacute;blica romana, es uno de los antecedentes
+visibles de la ruina de la libertad y de la tiran&iacute;a de los C&eacute;sares. Y el
+exclusivo cuidado del engrandecimiento material&mdash;numen de aquella
+civilizaci&oacute;n&mdash;impone as&iacute; la l&oacute;gica de sus resultados en la vida
+pol&iacute;tica, como en todos los &oacute;rdenes de la actividad, dando el rango
+primero al <i>struggle-for-life</i> osado y astuto, convertido por la brutal
+eficacia de su esfuerzo en la suprema personificaci&oacute;n de la energ&iacute;a
+nacional&mdash;en el postulante a su <i>representaci&oacute;n</i> emersoniana&mdash;en el
+<i>personaje reinante</i> de Taine.</p>
+
+<p>Al impulso que precipita aceleradamente la vida del esp&iacute;ritu en el
+sentido de la desorientaci&oacute;n ideal y el ego&iacute;smo utilitario, corresponde,
+f&iacute;sicamente, ese otro impulso, que en la expansi&oacute;n del asombroso
+crecimiento de aquel pueblo lleva sus multitudes y sus iniciativas en
+direcci&oacute;n a la inmensa zona occidental que, en tiempos de la
+independencia, era el misterio, velado por las selvas del Mississipi. En
+efecto; es en ese improvisado Oeste, que crece formidable frente a los
+viejos Estados del Atl&aacute;ntico y reclama para un cercano porvenir la
+hegemon&iacute;a, donde est&aacute; la m&aacute;s fiel representaci&oacute;n de la vida
+norteamericana en el actual instante de su evoluci&oacute;n. Es all&iacute; donde los
+definitivos resultados, los l&oacute;gicos y naturales frutos del esp&iacute;ritu que
+ha guiado a la poderosa democracia desde sus or&iacute;genes, se muestran de
+relieve a la mirada del observador y le proporcionan un punto de partida
+para imaginarse la faz del inmediato futuro del gran pueblo. Al
+virginiano y al <i>yankee</i> ha sucedido, como tipo representativo, ese
+dominador de las ayer desiertas Praderas, refiri&eacute;ndose al cual dec&iacute;a
+Michel Chevalier, hace medio siglo, que &laquo;los &uacute;ltimos ser&iacute;an un d&iacute;a los
+primeros&raquo;. El utilitarismo, vac&iacute;o de todo contenido ideal, la vaguedad
+cosmopolita y la nivelaci&oacute;n de la democracia bastarda, alcanzar&aacute;n con &eacute;l
+su &uacute;ltimo triunfo.&mdash;Todo elemento noble de aquella civilizaci&oacute;n; todo lo
+que la vincula a generosos recuerdos y fundamenta su dignidad
+hist&oacute;rica&mdash;el legado de los tripulantes del <i>Flor de Mayo</i>, la memoria
+de los patricios de Virginia y de los caballeros de la Nueva Inglaterra,
+el esp&iacute;ritu de los ciudadanos y los legisladores de la emancipaci&oacute;n&mdash;,
+quedar&aacute;n dentro de los viejos Estados donde Boston y Filadelfia
+mantienen a&uacute;n, seg&uacute;n expresivamente se ha dicho, &laquo;el pall&aacute;dium de la
+tradici&oacute;n washingtoniana&raquo;. Chicago se alza a reinar. Y su confianza en
+la superioridad que lleva sobre el litoral iniciador del Atl&aacute;ntico, se
+funda en que le considera demasiado reaccionario, demasiado europeo,
+demasiado tradicionalista. La historia no da t&iacute;tulos cuando el
+procedimiento de elecci&oacute;n es la subasta de la p&uacute;rpura.</p>
+
+<p>A medida que el utilitarismo genial de aquella civilizaci&oacute;n asume as&iacute;
+caracteres m&aacute;s definidos, m&aacute;s francos, m&aacute;s estrechos, aumentan, con la
+embriaguez de la prosperidad material, las impaciencias de sus hijos por
+propagarla y atribuirle la predestinaci&oacute;n de un magisterio romano.&mdash;Hoy,
+ellos aspiran manifiestamente al primado de la cultura universal, a la
+direcci&oacute;n de las ideas, y se consideran a s&iacute; mismos los forjadores de un
+tipo de civilizaci&oacute;n que prevalecer&aacute;. Aquel discurso semi-ir&oacute;nico que
+Laboulaye pone en boca de un escolar de su Par&iacute;s americanizado para
+significar la preponderancia que concedieron siempre en el prop&oacute;sito
+educativo a cuanto favorezca el orgullo del sentimiento nacional,
+tendr&iacute;a toda la seriedad de la creencia m&aacute;s sincera en labios de
+cualquier americano viril de nuestros d&iacute;as. En el fondo de su declarado
+esp&iacute;ritu de rivalidad hacia Europa hay un menosprecio que es ingenuo, y
+hay la profunda convicci&oacute;n de que ellos est&aacute;n destinados a obscurecer en
+breve plazo su superioridad espiritual y su gloria, cumpli&eacute;ndose una vez
+m&aacute;s en las evoluciones de la civilizaci&oacute;n humana la dura ley de los
+misterios antiguos en que el iniciado daba muerte al iniciador. In&uacute;til
+ser&iacute;a tender a convencerles de que, aunque la contribuci&oacute;n que han
+llevado a los progresos de la libertad y de la utilidad haya sido,
+indudablemente, cuantiosa, y aunque debiera atribu&iacute;rsele en justicia la
+significaci&oacute;n de una obra universal, de una obra <i>humana</i>, ella es
+insuficiente para hacer transmudarse, en direcci&oacute;n al nuevo Capitolio,
+el eje del mundo. In&uacute;til ser&iacute;a tender a convencerles de que la obra
+realizada por la perseverante genialidad del arya europeo desde que,
+hace tres mil a&ntilde;os, las orillas del Mediterr&aacute;neo, civilizador y
+glorioso, se ci&ntilde;eron jubilosamente la guirnalda de las ciudades
+hel&eacute;nicas; la obra que a&uacute;n contin&uacute;a realiz&aacute;ndose y de cuyas tradiciones
+y ense&ntilde;anzas vivimos, es una suma con la cual no puede formar ecuaci&oacute;n
+la f&oacute;rmula <i>W&aacute;shington m&aacute;s &Eacute;dison</i>. Ellos aspirar&iacute;an a revisar el
+G&eacute;nesis para ocupar esa primera p&aacute;gina.&mdash;Pero adem&aacute;s de la relativa
+insuficiencia de la parte que les es dado reivindicar en la educaci&oacute;n de
+la humanidad, su car&aacute;cter mismo les niega la posibilidad de la
+hegemon&iacute;a.&mdash;Naturaleza no les ha concedido el genio de la propaganda ni
+la vocaci&oacute;n apost&oacute;lica. Carecen de ese don superior de <i>amabilidad</i>&mdash;en
+alto sentido&mdash;, de ese extraordinario poder de simpat&iacute;a con que las
+razas que han sido dotadas de un cometido providencial de educaci&oacute;n,
+saben hacer de su cultura algo parecido a la belleza de la Helena
+cl&aacute;sica, en la que todos cre&iacute;an reconocer un rasgo propio.&mdash;Aquella
+civilizaci&oacute;n puede abundar, o abunda indudablemente, en sugestiones y en
+ejemplos fecundos; ella puede inspirar admiraci&oacute;n, asombro, respeto,
+pero es dif&iacute;cil que cuando el extranjero divisa de alta mar su
+gigantesco s&iacute;mbolo: la libertad de Bartholdi, que yergue triunfalmente
+su antorcha sobre el puerto de Nueva York, se despierte en su &aacute;nimo la
+emoci&oacute;n profunda y religiosa con que el viajero antiguo deb&iacute;a ver
+surgir, en las noches di&aacute;fanas del &Aacute;tica, el toque luminoso que la lanza
+de oro de la Atenea del Acr&oacute;polis dejaba notar a la distancia en la
+pureza del ambiente sereno.</p>
+
+<p>Y advertid que cuando, en nombre de los derechos del esp&iacute;ritu, niego al
+utilitarismo norteamericano ese car&aacute;cter t&iacute;pico con que quiere
+impon&eacute;rsenos como suma y modelo de civilizaci&oacute;n, no es mi prop&oacute;sito
+afirmar que la obra realizada por &eacute;l haya de ser enteramente perdida con
+relaci&oacute;n a los que podr&iacute;amos llamar <i>los intereses del alma</i>.&mdash;Sin el
+brazo que nivela y construye, no tendr&iacute;a paz el que sirve de apoyo a la
+noble frente que piensa. Sin la conquista de cierto bienestar material
+es imposible, en las sociedades humanas, el reino del esp&iacute;ritu. As&iacute; lo
+reconoce el mismo aristocr&aacute;tico idealismo de Ren&aacute;n, cuando realza, del
+punto de vista de los intereses morales de la especie y de su selecci&oacute;n
+espiritual en lo futuro, la significaci&oacute;n de la obra utilitaria de este
+siglo. &laquo;Elevarse sobre la necesidad&mdash;agrega el maestro&mdash;, es
+redimirse&raquo;.&mdash;En lo remoto del pasado, los efectos de la prosaica e
+interesada actividad del mercader que por primera vez pone en relaci&oacute;n a
+un pueblo con otros tienen un incalculable alcance idealizador, puesto
+que contribuyen eficazmente a multiplicar los instrumentos de la
+inteligencia, a pulir y suavizar las costumbres y a hacer posibles,
+quiz&aacute;, los preceptos de una moral m&aacute;s avanzada.&mdash;La misma fuerza
+positiva aparece propiciando las mayores idealidades de la civilizaci&oacute;n.
+El oro acumulado por el mercantilismo de las rep&uacute;blicas italianas
+&laquo;pag&oacute;&mdash;seg&uacute;n Saint-V&iacute;ctor&mdash;los gastos del renacimiento&raquo;. Las naves que
+volv&iacute;an de los pa&iacute;ses de <i>Las mil y una noches</i>, colmadas de especias y
+marfil, hicieron posible que Lorenzo de M&eacute;dicis renovara, en las lonjas
+de los mercaderes florentinos, los convites plat&oacute;nicos.&mdash;La historia
+muestra en definitiva una inducci&oacute;n rec&iacute;proca entre los progresos de la
+actividad utilitaria y la ideal. Y as&iacute; como la utilidad suele
+convertirse en fuerte escudo para las idealidades, ellas provocan con
+frecuencia (a condici&oacute;n de no propon&eacute;rselo directamente) los resultados
+de lo &uacute;til. Observa Bagehot, por ejemplo, c&oacute;mo los inmensos beneficios
+positivos de la navegaci&oacute;n no existir&iacute;an acaso para la humanidad, si en
+las edades primitivas no hubiera habido so&ntilde;adores y
+ociosos&mdash;seguramente, mal comprendidos de sus contempor&aacute;neos&mdash;a quienes
+interesase la contemplaci&oacute;n de lo que pasaba en las esferas del
+cielo.&mdash;Esta ley de armon&iacute;a nos ense&ntilde;a a respetar el brazo que labra el
+duro terru&ntilde;o de la prosa. La obra del positivismo norteamericano servir&aacute;
+a la causa de Ariel, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino. Lo que aquel pueblo de c&iacute;clopes
+ha conquistado directamente para el bienestar material, con su sentido
+de lo &uacute;til y su admirable actitud de la invenci&oacute;n mec&aacute;nica, lo
+convertir&aacute;n otros pueblos, o &eacute;l mismo en lo futuro, en eficaces
+elementos de selecci&oacute;n. As&iacute;, la m&aacute;s preciosa y fundamental de las
+adquisiciones del esp&iacute;ritu&mdash;el alfabeto, que da alas de inmortalidad a
+la palabra&mdash;nace en el seno de las factor&iacute;as cananeas y es el hallazgo
+de una civilizaci&oacute;n mercantil, que, al utilizarlo con fines
+exclusivamente mercenarios, ignoraba que el genio de razas superiores lo
+transfigurar&iacute;a convirti&eacute;ndole en el medio de propagar su m&aacute;s pura y
+luminosa esencia. La relaci&oacute;n entre los bienes positivos y los bienes
+intelectuales y morales es, pues, seg&uacute;n la adecuada comparaci&oacute;n de
+Fouill&eacute;e, un nuevo aspecto de la cuesti&oacute;n de la equivalencia de las
+fuerzas, que as&iacute; como permite transformar el movimiento en cal&oacute;rico,
+permite tambi&eacute;n obtener de las ventajas materiales elementos de
+superioridad espiritual.</p>
+
+<p>Pero la vida norteamericana no nos ofrece a&uacute;n un nuevo ejemplo de esa
+relaci&oacute;n indudable, ni nos lo anuncia como gloria de una posteridad que
+se vislumbre.&mdash;- Nuestra confianza y nuestros votos deben inclinarse a
+que, en un porvenir m&aacute;s inaccesible a la inferencia, est&eacute; reservado a
+aquella civilizaci&oacute;n un destino superior. Por m&aacute;s que bajo el acicate de
+su actividad viv&iacute;sima, el breve tiempo que la separa de su aurora haya
+sido bastante para satisfacer el gasto de vida requerido por una
+evoluci&oacute;n inmensa, su pasado y su actualidad no pueden ser sino un
+introito con relaci&oacute;n a lo futuro.&mdash;Todo demuestra que ella est&aacute; a&uacute;n muy
+lejana de su f&oacute;rmula definitiva. La energ&iacute;a asimiladora que le ha
+permitido conservar cierta uniformidad y cierto temple genial, a
+despecho de las enormes invasiones de elementos &eacute;tnicos opuestos a los
+que hasta hoy han dado el tono a su car&aacute;cter, tendr&aacute; que re&ntilde;ir batallas
+cada d&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;ciles, y en el utilitarismo proscriptor de toda
+idealidad no encontrar&aacute; una inspiraci&oacute;n suficientemente poderosa para
+mantener la atracci&oacute;n del sentimiento solidario. Un pensador ilustre,
+que comparaba al esclavo de las sociedades antiguas con una part&iacute;cula no
+digerida por el organismo social, podr&iacute;a quiz&aacute; tener una comparaci&oacute;n
+semejante para caracterizar la situaci&oacute;n de ese fuerte colono de
+procedencia germ&aacute;nica, que establecido en los Estados del centro y del
+Far-West conserva intacta en su naturaleza, en su sociabilidad, en sus
+costumbres, la impresi&oacute;n del genio alem&aacute;n, que en muchas de sus
+condiciones caracter&iacute;sticas m&aacute;s profundas y en&eacute;rgicas debe ser
+considerado una verdadera ant&iacute;tesis del genio americano.&mdash;Por otra
+parte, una civilizaci&oacute;n que est&eacute; destinada a vivir y a dilatarse en el
+mundo; una civilizaci&oacute;n que no haya perdido, momific&aacute;ndose, a la manera
+de los imperios asi&aacute;ticos, la aptitud de la variabilidad, no puede
+prolongar indefinidamente la direcci&oacute;n de sus energ&iacute;as y de sus ideas en
+un &uacute;nico y exclusivo sentido. Esperemos que el esp&iacute;ritu de aquel
+tit&aacute;nico organismo social, que ha sido hasta hoy <i>voluntad</i> y <i>utilidad</i>
+solamente, sea tambi&eacute;n alg&uacute;n d&iacute;a inteligencia, sentimiento, idealidad.
+Esperemos, que de la enorme fragua surgir&aacute;, en &uacute;ltimo resultado, el
+ejemplar humano, generoso, arm&oacute;nico, selecto, que Spencer, en un ya
+citado discurso, cre&iacute;a poder augurar como t&eacute;rmino del costoso proceso de
+refundici&oacute;n. Pero no le busquemos ni en la realidad presente de aquel
+pueblo, ni en la perspectiva de sus evoluciones inmediatas; y
+renunciemos a ver el tipo de una civilizaci&oacute;n ejemplar donde s&oacute;lo existe
+un boceto tosco y enorme, que a&uacute;n pasar&aacute; necesariamente por muchas
+rectificaciones sucesivas, antes de adquirir la serena y firme actitud
+con que los pueblos que han alcanzado un perfecto desenvolvimiento de su
+genio presiden al glorioso coronamiento de su obra, como en <i>el sue&ntilde;o
+del c&oacute;ndor</i> que Leconte de Lisle ha descrito con su soberbia majestad,
+terminando en ol&iacute;mpico sosiego la ascensi&oacute;n poderosa m&aacute;s arriba de la
+cumbre de la cordillera.</p>
+
+<p class="top1">Ante la posteridad, ante la historia, todo gran pueblo debe aparecer
+como una vegetaci&oacute;n cuyo desenvolvimiento ha tendido armoniosamente a
+producir un fruto en el que su savia acrisolada ofrece al porvenir la
+idealidad de su fragancia y la fecundidad de su simiente.&mdash;Sin este
+resultado duradero, <i>humano</i>, levantado sobre la finalidad transitoria
+de lo <i>&uacute;til</i>, el poder y la grandeza de los imperios no son m&aacute;s que una
+noche de sue&ntilde;o en la existencia de la humanidad; porque, como las
+visiones personales del sue&ntilde;o, no merecen contarse en el encadenamiento
+de los hechos que forman la trama activa de la vida.</p>
+
+<p>Gran civilizaci&oacute;n, gran pueblo&mdash;en la acepci&oacute;n que tiene valor para la
+historia&mdash;, son aquellos que, al desaparecer materialmente en el tiempo,
+dejan vibrante para siempre la melod&iacute;a surgida de su esp&iacute;ritu y hacen
+persistir en la posteridad su legado imperecedero&mdash;seg&uacute;n dijo Carlyle
+del alma de sus &laquo;h&eacute;roes&raquo;&mdash;: <i>como una nueva y divina porci&oacute;n de la suma
+de las cosas</i>. Tal, en el poema de G&#339;the, cuando la Elena evocada del
+reino de la noche vuelve a descender al Orco sombr&iacute;o, deja a Fausto su
+t&uacute;nica y su velo. Estas vestiduras no son la misma deidad, pero
+participan, habi&eacute;ndolas llevado ella consigo, de su alteza de divina, y
+tienen la virtud de elevar a quien las posee por encima de las cosas
+vulgares.</p>
+
+<p>Una sociedad definitivamente organizada que limite su idea de la
+civilizaci&oacute;n a acumular abundantes elementos de prosperidad y su idea de
+la justicia a distribuirlos equitativamente entre los asociados, no har&aacute;
+de las ciudades donde habite nada que sea distinto, por esencia del
+hormiguero o la colmena. No son bastantes, ciudades populosas,
+opulentas, magn&iacute;ficas, para probar la constancia y la intensidad de una
+civilizaci&oacute;n. La gran ciudad es, sin duda, un organismo necesario de la
+alta cultura. Es el ambiente natural de las m&aacute;s altas manifestaciones
+del esp&iacute;ritu. No sin raz&oacute;n ha dicho Quinet que &laquo;el alma que acude a
+beber fuerzas y energ&iacute;as en la &iacute;ntima comunicaci&oacute;n con el linaje humano,
+esa alma que constituye al grande hombre, no puede formarse y dilatarse
+en medio de los peque&ntilde;os partidos de una ciudad peque&ntilde;a&raquo;.&mdash;Pero as&iacute; la
+grandeza cuantitativa de la poblaci&oacute;n como la grandeza material de sus
+instrumentos, de sus armas, de sus habitaciones, son s&oacute;lo <i>medios</i> del
+genio civilizador, y en ning&uacute;n caso resultados en los que &eacute;l pueda
+detenerse.&mdash;De las piedras que compusieron a Cartago, no dura una
+part&iacute;cula transfigurada en esp&iacute;ritu y en luz. La inmensidad de Babilonia
+y de N&iacute;nive no representa en la memoria de la humanidad el hueco de una
+mano si se la compara con el espacio que va desde la Acr&oacute;polis al
+Pireo.&mdash;Hay una perspectiva ideal en la que la ciudad no aparece grande
+s&oacute;lo porque prometa ocupar el &aacute;rea inmensa que hab&iacute;a edificada en torno
+a la torre de Nemrod; ni aparece fuerte s&oacute;lo porque sea capaz de
+levantar de nuevo ante s&iacute; los muros babil&oacute;nicos sobre los que era
+posible hacer pasar seis carros de frente; ni aparece hermosa s&oacute;lo
+porque, como Babilonia, luzca en los paramentos de sus palacios losas de
+alabastro y se enguirnalde con los jardines de Sem&iacute;ramis.</p>
+
+<p>Grande es en esa perspectiva la ciudad, cuando los arrabales de su
+esp&iacute;ritu alcanzan m&aacute;s all&aacute; de las cumbres y los mares, y cuando,
+pronunciando su nombre, ha de iluminarse para la posteridad toda una
+jornada de la historia humana, todo un horizonte del tiempo. La ciudad
+es fuerte y hermosa cuando sus d&iacute;as son algo m&aacute;s que la invariable
+repetici&oacute;n de un mismo eco, reflej&aacute;ndose indefinidamente de uno en otro
+c&iacute;rculo de una eterna espiral; cuando hay algo en ella que flota por
+encima de la muchedumbre; cuando entre las luces que se encienden
+durante sus noches est&aacute; la l&aacute;mpara que acompa&ntilde;a la soledad de la
+vigilia, inquietada por el pensamiento, y en la que se incuba la idea
+que ha de surgir al sol del otro d&iacute;a convertida en el grito que congrega
+y la fuerza que conduce las almas.</p>
+
+<p>Entonces, s&oacute;lo la extensi&oacute;n y la grandeza material de la ciudad pueden
+dar la medida para calcular la intensidad de su civilizaci&oacute;n.&mdash;Ciudades
+regias, soberbias aglomeraciones de casas, son para el pensamiento un
+cauce m&aacute;s inadecuado que la absoluta soledad del desierto, cuando el
+pensamiento no es el se&ntilde;or que las domina.&mdash;Leyendo el <i>Maud</i> de
+T&eacute;nnyson, hall&eacute; una p&aacute;gina que podr&iacute;a ser el s&iacute;mbolo de este tormento
+del esp&iacute;ritu all&iacute; donde la sociedad humana es para &eacute;l un g&eacute;nero de
+soledad.&mdash;Presa de angustioso delirio, el h&eacute;roe del poema se sue&ntilde;a
+muerto y sepultado, a pocos pies dentro de tierra, bajo el pavimento de
+una calle de Londres. A pesar de la muerte, su conciencia permanece
+adherida a los fr&iacute;os despojos de su cuerpo. El clamor confuso de la
+calle, propag&aacute;ndose en sorda vibraci&oacute;n hasta la estrecha cavidad de la
+tumba, impide en ella todo sue&ntilde;o de paz. El peso de la multitud
+indiferente gravita a toda hora sobre la triste prisi&oacute;n de aquel
+esp&iacute;ritu, y los cascos de los caballos que pasan parecen empe&ntilde;arse en
+estampar sobre &eacute;l un sello de oprobio. Los d&iacute;as se suceden con lentitud
+inexorable. La aspiraci&oacute;n de Maud consistir&iacute;a en hundirse m&aacute;s adentro,
+mucho m&aacute;s adentro de la tierra. El ruido ininteligente del tumulto s&oacute;lo
+sirve para mantener en su conciencia desvelada el pensamiento de su
+cautividad.</p>
+
+<p>Existen ya, en nuestra Am&eacute;rica latina, ciudades cuya grandeza material y
+cuya suma de civilizaci&oacute;n aparente las acercan con acelerado paso a
+participar del primer rango en el mundo. Es necesario temer que el
+pensamiento sereno que se aproxime a golpear sobre las exterioridades
+fastuosas, como sobre un cerrado vaso de bronce, sienta el ruido
+desconsolador del vac&iacute;o. Necesario es temer, por ejemplo, que ciudades
+cuyo nombre fu&eacute; un glorioso s&iacute;mbolo en Am&eacute;rica; que tuvieron a Moreno, a
+Rivadavia, a Sarmiento; que llevaron la iniciativa de una inmortal
+Revoluci&oacute;n; ciudades que hicieron dilatarse por toda la extensi&oacute;n de un
+continente, como en el armonioso desenvolvimiento de las ondas
+conc&eacute;ntricas que levanta el golpe de la piedra sobre el agua dormida, la
+gloria de sus h&eacute;roes y la palabra de sus tribunos, puedan determinar en
+Sid&oacute;n, en Tiro, en Cartago.</p>
+
+<p>A vuestra generaci&oacute;n toca impedirlo; a la juventud que se levanta,
+sangre y m&uacute;sculo y nervio del porvenir. Quiero considerarla
+personificada en vosotros. Os hablo ahora figur&aacute;ndome que sois los
+destinados a guiar a los dem&aacute;s en los combates por la causa del
+esp&iacute;ritu. La perseverancia de vuestro esfuerzo debe identificarse en
+vuestra intimidad con la certeza del triunfo. No desmay&eacute;is en predicar
+el Evangelio de la delicadeza a los escitas, el Evangelio de la
+inteligencia a los beocios, el Evangelio del desinter&eacute;s a los fenicios.</p>
+
+<p>Basta que el pensamiento insista en <i>ser</i>&mdash;en demostrar que existe, con
+la demostraci&oacute;n que daba Di&oacute;genes del movimiento&mdash;, para que su
+dilataci&oacute;n sea ineluctable y para que su triunfo sea seguro.</p>
+
+<p>El pensamiento se conquistar&aacute; palmo a palmo, por su propia
+espontaneidad, todo el espacio de que necesite para afirmar y consolidar
+su reino, entre las dem&aacute;s manifestaciones de la vida.&mdash;&Eacute;l, en la
+organizaci&oacute;n individual, levanta y engrandece, con su actividad
+continuada, la b&oacute;veda del cr&aacute;neo que le contiene. Las razas pensadoras
+revelan, en la capacidad creciente de sus cr&aacute;neos, ese empuje del obrero
+interior.&mdash;&Eacute;l, en la organizaci&oacute;n social, sabr&aacute; tambi&eacute;n engrandecer la
+capacidad de su escenario, sin necesidad de que para ello intervenga
+ninguna fuerza ajena a &eacute;l mismo.&mdash;Pero tal persuasi&oacute;n, que debe
+defenderos de un desaliento cuya &uacute;nica utilidad consistir&iacute;a en eliminar
+a los mediocres y los peque&ntilde;os de la lucha, debe preservaros tambi&eacute;n de
+las impaciencias que exigen vanamente del tiempo la alteraci&oacute;n de su
+ritmo imperioso.</p>
+
+<p>Todo el que se consagre a propagar y defender, en la Am&eacute;rica
+contempor&aacute;nea, un ideal desinteresado del esp&iacute;ritu&mdash;arte, ciencia,
+moral, sinceridad religiosa, pol&iacute;tica de ideas&mdash;, debe educar su
+voluntad en el culto perseverante del porvenir. El pasado perteneci&oacute;
+todo entero al brazo que combate; el presente pertenece, casi por
+completo tambi&eacute;n, al tosco brazo que nivela y construye; el porvenir&mdash;un
+porvenir tanto m&aacute;s cercano cuanto m&aacute;s en&eacute;rgicos sean la voluntad y el
+pensamiento de los que le ans&iacute;an&mdash;ofrecer&aacute;, para el desenvolvimiento de
+superiores facultades del alma, la estabilidad, el escenario y el
+ambiente.</p>
+
+<p>&iquest;No la ver&eacute;is vosotros la Am&eacute;rica que nosotros so&ntilde;amos; hospitalaria
+para las cosas del esp&iacute;ritu, y no tan s&oacute;lo para las muchedumbres que se
+amparen a ella; pensadora, sin menoscabo de su aptitud para la acci&oacute;n;
+serena y firme a pesar de sus entusiasmos generosos; resplandeciente con
+el encanto de una seriedad temprana y suave, como la que realza la
+expresi&oacute;n de un rostro infantil cuando en &eacute;l se revela, al trav&eacute;s de la
+gracia intacta que fulgura, el pensamiento inquieto que
+despierta?...&mdash;Pensad en ella a lo menos; el honor de vuestra historia
+futura depende de que teng&aacute;is constantemente ante los ojos del alma la
+visi&oacute;n de esa Am&eacute;rica regenerada, cerni&eacute;ndose de lo alto sobre las
+realidades del presente, como en la nave g&oacute;tica el vasto roset&oacute;n que
+arde en luz sobre lo austero de los muros sombr&iacute;os.&mdash;No ser&eacute;is sus
+fundadores, quiz&aacute;; ser&eacute;is los precursores que inmediatamente la
+precedan. En las sanciones glorificadoras del futuro hay tambi&eacute;n palmas
+para el recuerdo de los precursores. Edgard Quinet, que tan
+profundamente ha penetrado en las armon&iacute;as de la historia y la
+Naturaleza, observa que para preparar el advenimiento de un nuevo tipo
+humano, de una nueva unidad social, de una personificaci&oacute;n nueva de la
+civilizaci&oacute;n, suele precederles de lejos un grupo disperso y prematuro,
+cuyo papel es an&aacute;logo en la vida de las sociedades al de las <i>especies
+prof&eacute;ticas</i> de que a prop&oacute;sito de la evoluci&oacute;n biol&oacute;gica habla H&eacute;er. El
+tipo nuevo empieza por significar, apenas, diferencias individuales y
+aisladas; los individualismos se organizan m&aacute;s tarde en &laquo;variedad&raquo;, y
+por &uacute;ltimo, la variedad encuentra para propagarse un medio que la
+favorece, y entonces ella asciende quiz&aacute; al rango espec&iacute;fico:
+entonces&mdash;dig&aacute;moslo con las palabras de Quinet&mdash;<i>el grupo se hace
+muchedumbre, y reina</i>.</p>
+
+<p>He ah&iacute; por qu&eacute; vuestra filosof&iacute;a moral en el trabajo y el combate debe
+ser el reverso del <i>carpe diem</i> horaciano; una filosof&iacute;a que no se
+adhiera a lo presente, sino como al pelda&ntilde;o donde afirmar el pie o como
+a la brecha por donde entrar en muros enemigos. No aspirar&eacute;is, en lo
+inmediato, a la consagraci&oacute;n de la victoria definitiva, sino a
+procuraros mejores condiciones de lucha. Vuestra energ&iacute;a viril tendr&aacute;
+con ello un est&iacute;mulo m&aacute;s poderoso; puesto que hay la virtualidad de un
+inter&eacute;s dram&aacute;tico mayor, en el desempe&ntilde;o de ese papel, activo
+esencialmente, de renovaci&oacute;n y de conquista, propio para acrisolar las
+fuerzas de una generaci&oacute;n heroicamente dotada, que en la serena y
+ol&iacute;mpica actitud que suelen las edades de oro del esp&iacute;ritu imponer a los
+oficiantes solemnes de su gloria.&mdash;&laquo;No es la posesi&oacute;n de los bienes&mdash;ha
+dicho profundamente Taine, hablando de las alegr&iacute;as del Renacimiento&mdash;;
+no es la posesi&oacute;n de bienes, sino su adquisici&oacute;n, lo que da a los
+hombres el placer y el sentimiento de su fuerza&raquo;.</p>
+
+<p>Acaso sea atrevida y candorosa esperanza creer en un aceleramiento tan
+continuo y dichoso de la evoluci&oacute;n, en una eficacia tal de vuestro
+esfuerzo, que baste el tiempo concedido a la duraci&oacute;n de una generaci&oacute;n
+humana para llevar en Am&eacute;rica las condiciones de la vida intelectual,
+desde la incipiencia en que las tenemos ahora, a la categor&iacute;a de un
+verdadero inter&eacute;s social y a una cumbre que de veras domine.&mdash;Pero donde
+no cabe la transformaci&oacute;n total, cabe el progreso; y aun cuando
+supierais que las primicias del suelo penosamente trabajado, no habr&iacute;an
+de servirse en vuestra mesa jam&aacute;s, ello ser&iacute;a, si sois generosos, si
+sois fuertes, un nuevo est&iacute;mulo en la intimidad de vuestra conciencia.
+La obra mejor es la que se realiza sin las impaciencias del &eacute;xito
+inmediato; y el m&aacute;s glorioso esfuerzo es el que pone la esperanza m&aacute;s
+all&aacute; del horizonte visible; y la abnegaci&oacute;n m&aacute;s pura es la que se niega
+en lo presente, no ya la compensaci&oacute;n del lauro y el honor ruidoso, sino
+aun la voluptuosidad moral que se solaza en la contemplaci&oacute;n de la obra
+consumada y el t&eacute;rmino seguro.</p>
+
+<p>Hubo en la antig&uuml;edad altares para los &laquo;dioses ignorados&raquo;. Consagrad una
+parte de vuestra alma al porvenir desconocido. A medida que las
+sociedades avanzan, el pensamiento del porvenir entra por mayor parte
+como uno de los factores de su evoluci&oacute;n y una de las inspiraciones de
+sus obras. Desde la imprevisi&oacute;n obscura del salvaje, que s&oacute;lo divisa del
+futuro lo que falta para el terminar de cada per&iacute;odo de sol y no concibe
+c&oacute;mo los d&iacute;as que vendr&aacute;n pueden ser gobernados en parte desde el
+presente, hasta nuestra preocupaci&oacute;n sol&iacute;cita y previsora de la
+posteridad, media un espacio inmenso, que acaso parezca breve y
+miserable alg&uacute;n d&iacute;a. S&oacute;lo somos capaces de progreso en cuanto lo somos
+de adaptar nuestros actos a condiciones cada vez m&aacute;s distantes de
+nosotros, en el espacio y en el tiempo. La seguridad de nuestra
+intervenci&oacute;n en una obra que haya de sobrevivirnos, fructificando en los
+beneficios del futuro, realza nuestra dignidad humana, haci&eacute;ndonos
+triunfar de las limitaciones de nuestra naturaleza. Si, por desdicha, la
+Humanidad hubiera de desesperar definitivamente de la inmortalidad de la
+conciencia individual, el sentimiento m&aacute;s religioso con que podr&iacute;a
+substituirla ser&iacute;a el que nace de pensar que, aun despu&eacute;s de disuelta
+nuestra alma en el seno de las cosas, persistir&iacute;a en la herencia que se
+transmiten las generaciones humanas lo mejor de lo que ella ha sentido y
+ha so&ntilde;ado, su esencia m&aacute;s &iacute;ntima y m&aacute;s pura, al modo como el rayo
+lum&iacute;nico de la estrella extinguida persiste en lo infinito y desciende a
+acariciarnos con su melanc&oacute;lica luz.</p>
+
+<p>El porvenir es, en la vida de las sociedades humanas, el pensamiento
+idealizador por excelencia. De la veneraci&oacute;n piadosa del pasado, del
+culto de la tradici&oacute;n, por una parte, y por la otra del atrevido impulso
+hacia lo venidero, se compone la noble fuerza que, levantando el
+esp&iacute;ritu colectivo sobre las limitaciones del presente, comunica a las
+agitaciones y los sentimientos sociales un sentido ideal. Los hombres y
+los pueblos trabajan, en sentir de Fouill&eacute;e, bajo la inspiraci&oacute;n de las
+ideas, como los irracionales bajo la inspiraci&oacute;n de los instintos; y la
+sociedad que lucha y se esfuerza, a veces sin saberlo, por imponer una
+idea a la realidad, imita, seg&uacute;n el mismo pensador, la obra instintiva
+del p&aacute;jaro que, al construir el nido bajo el imperio de una imagen
+interna que le obsede, obedece a la vez a un recuerdo inconsciente del
+pasado y a un presentimiento misterioso del porvenir.</p>
+
+<p>Eliminando la sugesti&oacute;n del inter&eacute;s ego&iacute;sta de las almas, el pensamiento
+inspirado en la preocupaci&oacute;n por destinos ulteriores a nuestra vida,
+todo lo purifica y serena, todo lo ennoblece; y es un alto honor de
+nuestro siglo el que la fuerza obligatoria de esa preocupaci&oacute;n por lo
+futuro, el sentimiento de esa elevada imposici&oacute;n de la dignidad del ser
+racional, se hayan manifestado tan claramente en &eacute;l, que aun en el seno
+del m&aacute;s absoluto pesimismo, aun en el seno de la amarga filosof&iacute;a que ha
+tra&iacute;do a la civilizaci&oacute;n occidental, dentro del loto de Oriente, el amor
+de la disoluci&oacute;n y la nada, la voz de H&aacute;rtmann ha predicado, con la
+apariencia de la l&oacute;gica, el austero deber de continuar la obra del
+perfeccionamiento, de trabajar en beneficio del porvenir, para que,
+acelerada la evoluci&oacute;n por el esfuerzo de los hombres, llegue ella con
+m&aacute;s r&aacute;pido impulso a su t&eacute;rmino final, que ser&aacute; el t&eacute;rmino de todo dolor
+y toda vida.</p>
+
+<p>Pero no; como H&aacute;rtmann, en nombre de la muerte, sino en el de la vida
+misma y la esperanza, yo os pido una parte de vuestra alma para la obra
+del futuro.&mdash;Para ped&iacute;roslo, he querido inspirarme en la imagen dulce y
+serena de mi Ariel.&mdash;El bondadoso genio en quien Shakespeare acert&oacute; a
+infundir, quiz&aacute; con la divina inconsciencia frecuente en las
+adivinaciones geniales, tan alto simbolismo, manifiesta claramente en la
+estatua su significaci&oacute;n ideal, admirablemente traducida por el arte en
+l&iacute;neas y contornos. Ariel es la raz&oacute;n y el sentimiento superior. Ariel
+es este sublime instinto de perfectibilidad, por cuya virtud se
+magnifica y convierte en centro de las cosas, la arcilla humana a la que
+vive vinculada su luz, la <i>miserable arcilla</i> de que los genios de
+Arimanes hablaban a Manfredo. Ariel es, para la Naturaleza, el excelso
+coronamiento de su obra, que hace terminarse el proceso de ascensi&oacute;n de
+las formas organizadas, con la llamarada del esp&iacute;ritu Ariel triunfante,
+significa idealidad y orden en la vida, noble inspiraci&oacute;n en el
+pensamiento, desinter&eacute;s en moral, buen gusto en arte, hero&iacute;smo en la
+acci&oacute;n, delicadeza en las costumbres.&mdash;&Eacute;l es el h&eacute;roe ep&oacute;nimo en la
+epopeya de la especie; &eacute;l es el inmortal protagonista; desde que con su
+presencia inspir&oacute; los d&eacute;biles esfuerzos de racionalidad del hombre
+prehist&oacute;rico, cuando por primera vez dobl&oacute; la frente obscura para labrar
+el pedernal o dibujar una grosera imagen en los huesos de reno; desde
+que con sus alas aviv&oacute; la hoguera sagrada que el arya primitivo,
+progenitor de los pueblos civilizadores, amigo de la luz, encend&iacute;a en el
+misterio de las selvas del Ganges para forjar con su fuego divino el
+cetro de la majestad humana, hasta que, dentro ya de las razas
+superiores, se cierne deslumbrante sobre las almas que han extralimitado
+las cimas naturales de la humanidad; lo mismo sobre los h&eacute;roes del
+pensamiento y del ensue&ntilde;o que sobre los de la acci&oacute;n y el sacrificio; lo
+mismo sobre Plat&oacute;n en el promontorio de S&uacute;nium, que sobre San Francisco
+de As&iacute;s en la soledad de Monte Albernia.&mdash;Su fuerza incontrastable tiene
+por impulso todo el movimiento ascendente de la vida. Vencido una y mil
+veces por la indomable rebeli&oacute;n de Calib&aacute;n, proscripto por la barbarie
+vencedora, asfixiado en el humo de las batallas, manchadas las alas
+transparentes al rozar el &laquo;eterno estercolero de Job&raquo;, Ariel resurge
+inmortalmente, Ariel recobra su juventud y su hermosura, y acude &aacute;gil,
+como al mandato de Pr&oacute;spero, al llamado de cuantos le aman e invocan en
+la realidad. Su ben&eacute;fico imperio alcanza, a veces, aun a los que le
+niegan y le desconocen. &Eacute;l dirige a menudo las fuerzas ciegas del mal y
+la barbarie para que concurran, como las otras, a la obra del bien. &Eacute;l
+cruzar&aacute; la historia humana, entonando, como en el drama de Shakespeare,
+su canci&oacute;n melodiosa, para animar a los que trabajan y a los que luchan,
+hasta que el cumplimiento del plan ignorado a que obedece le
+permita&mdash;cual se liberta, en el drama, del servicio de Pr&oacute;spero&mdash;romper
+sus lazos materiales y volver para siempre al centro de su lumbre
+divina.</p>
+
+<p>Aun m&aacute;s que para mi palabra, yo exijo de vosotros un dulce e indeleble
+recuerdo para mi estatua de Ariel. Yo quiero que la imagen leve y
+graciosa de este bronce se imprima desde ahora en la m&aacute;s segura
+intimidad de vuestro esp&iacute;ritu.&mdash;Recuerdo que una vez que observaba el
+monetario de un museo, provoc&oacute; mi atenci&oacute;n en la leyenda de una vieja
+moneda la palabra <i>Esperanza</i>, medio borrada sobre la palidez decr&eacute;pita
+del oro. Considerando la apagada inscripci&oacute;n, yo meditaba en la posible
+realidad de su influencia. &iexcl;Qui&eacute;n sabe qu&eacute; activa y noble parte ser&iacute;a
+justo atribuir, en la formaci&oacute;n del car&aacute;cter y en la vida de algunas
+generaciones humanas, a ese lema sencillo actuando sobre los &aacute;nimos como
+una insistente sugesti&oacute;n! &iexcl;Qui&eacute;n sabe cu&aacute;ntas vacilantes alegr&iacute;as
+persistieron, cu&aacute;ntas generosas empresas maduraron, cu&aacute;ntos fatales
+prop&oacute;sitos se desvanecieron al chocar las miradas con la palabra
+alentadora, impresa como un gr&aacute;fico grito, sobre el disco met&aacute;lico que
+circul&oacute; de mano en mano!... Pueda la imagen de este bronce&mdash;troquelados
+vuestros corazones con ella&mdash;desempe&ntilde;ar en vuestra vida el mismo
+inaparente pero decisivo papel. Pueda ella, en las horas sin luz del
+desaliento, reanimar en vuestra conciencia el entusiasmo por el ideal
+vacilante, devolver a vuestro coraz&oacute;n el calor de la esperanza perdida.
+Afirmado primero en el baluarte de vuestra vida interior, Ariel se
+lanzar&aacute; desde all&iacute; a la conquista de las almas. Yo le veo en el
+porvenir, sonri&eacute;ndoos con gratitud, desde lo alto, al sumergirse en la
+sombra vuestro esp&iacute;ritu. Yo creo en vuestra voluntad, en vuestro
+esfuerzo; y m&aacute;s a&uacute;n, en los de aquellos a quienes dar&eacute;is la vida y
+transmitir&eacute;is vuestra obra. Yo suelo embriagarme con el sue&ntilde;o del d&iacute;a en
+que las cosas reales har&aacute;n pensar que la Cordillera que se yergue sobre
+el suelo de Am&eacute;rica ha sido tallada para ser el pedestal definitivo de
+esta estatua, para ser el ara inmutable de su veneraci&oacute;n.</p>
+
+<p class="top1">As&iacute; habl&oacute; Pr&oacute;spero.&mdash;Los j&oacute;venes disc&iacute;pulos se separaron del maestro
+despu&eacute;s de haber estrechado su mano con afecto filial. De su suave
+palabra, iba con ellos la persistente vibraci&oacute;n en que se prolonga el
+lamento del cristal herido en un ambiente sereno. Era la &uacute;ltima hora de
+la tarde. Un rayo del moribundo sol atravesaba la estancia, en medio de
+discreta penumbra, y tocando la frente de bronce de la estatua, parec&iacute;a
+animar en los altivos ojos de Ariel la chispa inquieta de la vida.
+Prolong&aacute;ndose luego, el rayo hac&iacute;a pensar en una larga mirada que el
+genio, prisionero en el bronce, enviase sobre el grupo juvenil que se
+alejaba.&mdash;Por mucho espacio march&oacute; el grupo en silencio. Al amparo de un
+recogimiento un&aacute;nime se verificaba en el esp&iacute;ritu de todos ese fino
+destilar de la meditaci&oacute;n, absorta en cosas graves, que un alma santa ha
+comparado exquisitamente a la ca&iacute;da lenta y tranquila del roc&iacute;o sobre el
+vell&oacute;n de un cordero.&mdash;Cuando el &aacute;spero contacto de la muchedumbre les
+devolvi&oacute; a la realidad que les rodeaba, era la noche ya. Una c&aacute;lida y
+serena noche de est&iacute;o. La gracia y la quietud que ella derramaba de su
+urna de &eacute;bano sobre la tierra, triunfaban de la prosa flotante sobre
+las cosas dispuestas por manos de los hombres. S&oacute;lo estorbaba para el
+&eacute;xtasis la presencia de la multitud. Un soplo tibio hac&iacute;a estremecerse
+el ambiente con l&aacute;nguido y delicioso abandono, como la copa tr&eacute;mula en
+la mano de una bacante. Las sombras, sin ennegrecer el cielo pur&iacute;simo,
+se limitaban a dar a su azul el tono obscuro en que parece expresarse
+una serenidad pensadora. Esmalt&aacute;ndolas, los grandes astros centelleaban
+en medio de un cortejo infinito; Aldebar&aacute;n, que ci&ntilde;e una p&uacute;rpura de luz;
+Sirio, como la cavidad de un nielado c&aacute;liz de plata volcado sobre el
+mundo; el Crucero, cuyos brazos abiertos se tienden sobre el suelo de
+Am&eacute;rica como para defender una &uacute;ltima esperanza...</p>
+
+<p>Y fu&eacute; entonces, tras el prolongado silencio, cuando el m&aacute;s joven del
+grupo, a quien llamaban &laquo;Enjolr&aacute;s&raquo; por su ensimismamiento reflexivo,
+dijo, se&ntilde;alando sucesivamente la perezosa ondulaci&oacute;n del reba&ntilde;o humano
+y la radiante hermosura de la noche:</p>
+
+<p>&mdash;Mientras la muchedumbre pasa, yo observo que, aunque ella no mira al
+cielo, el cielo la mira. Sobre su masa indiferente y obscura, como
+tierra del surco, algo desciende de lo alto. La vibraci&oacute;n de las
+estrellas se parece al movimiento de unas manos de sembrador.</p>
+
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Ariel, by José Enrique Rodó
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ARIEL ***
+
+***** This file should be named 22899-h.htm or 22899-h.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ http://www.gutenberg.org/2/2/8/9/22899/
+
+Produced by Juliet Sutherland, Chuck Greif and the Online
+Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
+
+*** START: FULL LICENSE ***
+
+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
+
+To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
+distribution of electronic works, by using or distributing this work
+(or any other work associated in any way with the phrase "Project
+Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
+Gutenberg-tm License (available with this file or online at
+http://gutenberg.org/license).
+
+
+Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
+electronic works
+
+1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
+electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
+and accept all the terms of this license and intellectual property
+(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
+the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
+all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
+terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
+
+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
+this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
+keeping this work in the same format with its attached full Project
+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
+
+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
+a constant state of change. If you are outside the United States, check
+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
+before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
+creating derivative works based on this work or any other Project
+Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning
+the copyright status of any work in any country outside the United
+States.
+
+1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
+
+1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate
+access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
+whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
+phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
+Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
+copied or distributed:
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
+from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
+posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
+and distributed to anyone in the United States without paying any fees
+or charges. If you are redistributing or providing access to a work
+with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
+work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
+Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
+1.E.9.
+
+1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
+with the permission of the copyright holder, your use and distribution
+must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
+terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked
+to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
+permission of the copyright holder found at the beginning of this work.
+
+1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
+License terms from this work, or any files containing a part of this
+work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
+
+1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
+electronic work, or any part of this electronic work, without
+prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
+active links or immediate access to the full terms of the Project
+Gutenberg-tm License.
+
+1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
+compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
+word processing or hypertext form. However, if you provide access to or
+distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than
+"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
+posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
+you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
+copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
+request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
+form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
+License as specified in paragraph 1.E.1.
+
+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
+performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
+unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
+
+1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
+access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
+that
+
+- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
+ the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
+ owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
+
+- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
+"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
+corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
+property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
+computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by
+your equipment.
+
+1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
+of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
+Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
+Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
+liability to you for damages, costs and expenses, including legal
+fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
+LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
+PROVIDED IN PARAGRAPH F3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
+TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
+LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
+INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
+DAMAGE.
+
+1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
+defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
+receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
+written explanation to the person you received the work from. If you
+received the work on a physical medium, you must return the medium with
+your written explanation. The person or entity that provided you with
+the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
+refund. If you received the work electronically, the person or entity
+providing it to you may choose to give you a second opportunity to
+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
+
+</pre>
+
+</body>
+</html>