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+The Project Gutenberg EBook of Misericordia, by Benito Pérez Galdós
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Misericordia
+
+Author: Benito Pérez Galdós
+
+Release Date: June 14, 2007 [EBook #21831]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MISERICORDIA ***
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+Produced by Chuck Greif
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+Misericordia
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+Benito Pérez Galdós
+
+
+
+
+I
+
+
+Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián...
+mejor será decir la iglesia... dos caras que seguramente son más
+graciosas que bonitas: con la una mira a los barrios bajos, enfilándolos
+por la calle de Cañizares; con la otra al señorío mercantil de la Plaza
+del Ángel. Habréis notado en ambos rostros una fealdad risueña, del más
+puro Madrid, en quien el carácter arquitectónico y el moral se aúnan
+maravillosamente. En la cara del Sur campea, sobre una puerta chabacana,
+la imagen barroca del santo mártir, retorcida, en actitud más bien
+danzante que religiosa; en la del Norte, desnuda de ornatos, pobre y
+vulgar, se alza la torre, de la cual podría creerse que se pone en
+jarras, soltándole cuatro frescas a la Plaza del Ángel. Por una y otra
+banda, las caras o fachadas tienen anchuras, quiere decirse, patios
+cercados de verjas mohosas, y en ellos tiestos con lindos arbustos, y un
+mercadillo de flores que recrea la vista. En ninguna parte como aquí
+advertiréis el encanto, la simpatía, el _ángel_, dicho sea en andaluz,
+que despiden de sí, como tenue fragancia, las cosas vulgares, o algunas
+de las infinitas cosas vulgares que hay en el mundo. Feo y pedestre como
+un pliego de aleluyas o como los romances de ciego, el edificio
+bifronte, con su torre _barbiana_, el cupulín de la capilla de la
+Novena, los irregulares techos y cortados muros, con su afeite barato de
+ocre, sus patios floridos, sus hierros mohosos en la calle y en el alto
+campanario, ofrece un conjunto gracioso, picante, _majo_, por decirlo de
+una vez. Es un rinconcito de Madrid que debemos conservar cariñosamente,
+como anticuarios coleccionistas, porque la caricatura monumental también
+es un arte. Admiremos en este San Sebastián, heredado de los tiempos
+viejos, la estampa ridícula y tosca, y guardémoslo como un lindo
+mamarracho.
+
+Con tener honores de puerta principal, la del Sur es la menos favorecida
+de fieles en días ordinarios, mañana y tarde. Casi todo el señorío entra
+por la del Norte, que más parece puerta excusada o familiar. Y no
+necesitaremos hacer estadística de los feligreses que acuden al sagrado
+culto por una parte y otra, porque tenemos un _contador_ infalible: los
+pobres. Mucho más numerosa y formidable que por el Sur es por el Norte
+la cuadrilla de miseria, que acecha el paso de la caridad, al modo de
+guardia de alcabaleros que cobra humanamente el portazgo en la frontera
+de lo divino, o la contribución impuesta a las conciencias impuras que
+van a donde lavan.
+
+Los que hacen la guardia por el Norte ocupan distintos puestos en el
+patinillo y en las dos entradas de este por las calles de las Huertas y
+San Sebastián, y es tan estratégica su colocación, que no puede
+escaparse ningún feligrés como no entre en la iglesia por el tejado. En
+rigurosos días de invierno, la lluvia o el frío glacial no permiten a
+los intrépidos soldados de la miseria destacarse al aire libre (aunque
+los hay constituidos milagrosamente para aguantar a pie firme las
+inclemencias de la atmósfera), y se repliegan con buen orden al túnel o
+pasadizo que sirve de ingreso al templo parroquial, formando en dos alas
+a derecha e izquierda. Bien se comprende que con esta formidable
+ocupación del terreno y táctica exquisita, no se escapa un cristiano, y
+forzar el túnel no es menos difícil y glorioso que el memorable paso de
+las Termópilas. Entre ala derecha y ala izquierda, no baja de docena y
+media el aguerrido contingente, que componen ancianos audaces, indómitas
+viejas, ciegos machacones, reforzados por niños de una acometividad
+irresistible (entiéndase que se aplican estos términos al arte de la
+postulación), y allí se están desde que Dios amanece hasta la hora de
+comer, pues también aquel ejército se raciona metódicamente, para volver
+con nuevos bríos a la campaña de la tarde. Al caer de la noche, si no
+hay Novena con sermón, Santo Rosario con meditación y plática, o
+Adoración Nocturna, se retira el ejército, marchándose cada combatiente
+a su olivo con tardo paso. Ya le seguiremos en su interesante regreso al
+escondrijo donde mal vive. Por de pronto, observémosle en su rudo luchar
+por la pícara existencia, y en el terrible campo de batalla, en el cual
+no hemos de encontrar charcos de sangre ni militares despojos, sino
+pulgas y otras feroces alimañas.
+
+Una mañana de Marzo, ventosa y glacial, en que se helaban las palabras
+en la boca, y azotaba el rostro de los transeúntes un polvo que por lo
+frío parecía nieve molida, se replegó el ejército al interior del
+pasadizo, quedando sólo en la puerta de hierro de la calle de San
+Sebastián un ciego entrado en años, de nombre Pulido, que debía de
+tener cuerpo de bronce, y por sangre alcohol o mercurio, según resistía
+las temperaturas extremas, siempre fuerte, sano, y con unos colores que
+daban envidia a las flores del cercano puesto. La florista se replegó
+también en el interior de su garita, y metiendo consigo los tiestos y
+manojos de siemprevivas, se puso a tejer coronas para niños muertos. En
+el patio, que fue _Zementerio de S. Sebastián_, como declara el azulejo
+empotrado en la pared sobre la puerta, no se veían más seres vivientes
+que las poquísimas señoras que a la carrera lo atravesaban para entrar
+en la iglesia o salir de ella, tapándose la boca con la misma mano en
+que llevaban el libro de oraciones, o algún clérigo que se encaminaba a
+la sacristía, con el manteo arrebatado del viento, como pájaro negro que
+ahueca las plumas y estira las alas, asegurando con su mano crispada la
+teja, que también quería ser pájaro y darse una vuelta por encima de la
+torre.
+
+Ninguno de los entrantes o salientes hacía caso del pobre Pulido, porque
+ya tenían costumbre de verle impávido en su guardia, tan insensible a la
+nieve como al calor sofocante, con su mano extendida, mal envuelto en
+raída capita de paño pardo, modulando sin cesar palabras tristes, que
+salían congeladas de sus labios. Aquel día, el viento jugaba con los
+pelos blancos de su barba, metiéndoselos por la nariz y pegándoselos al
+rostro, húmedo por el lagrimeo que el intenso frío producía en sus
+muertos ojos. Eran las nueve, y aún no se había estrenado el hombre. Día
+más _perro_ que aquel no se había visto en todo el año, que desde Reyes
+venía siendo un año fulastre, pues el día del santo patrono (20 de
+Enero) sólo _se habían hecho_ doce _chicas_, la mitad aproximadamente que
+el año anterior, y la Candelaria y la novena del bendito San Blas, que
+otros años fueron tan de provecho, vinieron en aquel con diarios de
+siete _chicas_, de cinco _chicas_: ¡valiente puñado! «Y me _paice_ a
+mí--decía para sus andrajos el buen Pulido, bebiéndose las lágrimas y
+escupiendo los pelos de su barba--, que el amigo San José también nos
+vendrá con mala pata... ¡Quién se acuerda del San José del primer año de
+Amadeo!... Pero ya ni los santos del cielo son como es debido. Todo se
+acaba, Señor, hasta _el fruto de la festividá_, o, como quien dice, la
+_probeza honrada_. Todo es por tanto pillo como hay en la política
+_pulpitante_, y el aquel de las suscriciones para las _vítimas_. Yo que
+Dios, mandaría a los ángeles que reventaran a todos esos que en los
+papeles andan siempre inventando _vítimas_, al cuento de jorobarnos a
+los pobres _de tanda_. Limosna hay, buenas almas hay; pero liberales por
+un lado, el _Congrieso_ dichoso, y por otro las _congriogaciones_, los
+_metingos_ y _discursiones_ y tantas cosas de imprenta, quitan la
+voluntad a los más cristianos... Lo que digo: quieren que no _haiga_
+pobres, y se saldrán con la suya. Pero _pa_ entonces, yo quiero saber
+quién es el guapo que saca las ánimas del Purgatorio... Ya, ya se
+pudrirán allá las señoras almas, sin que la cristiandad se acuerde de
+ellas, porque... a mí que no me digan: el rezo de los ricos, con la
+barriga bien llena y las carnes bien abrigadas, no vale... por Dios vivo
+que no vale».
+
+Al llegar aquí en su meditación, acercósele un sujeto de baja estatura,
+con luenga capa que casi le arrastraba, rechoncho, como de sesenta años,
+de dulce mirar, la barba cana y recortada, vestido con desaliño; y
+poniéndole en la mano una perra grande, que sacó de un cartucho que sin
+duda destinaba a las limosnas del día, le dijo: «No te la esperabas hoy:
+di la verdad. ¡Con este día!...
+
+---Sí que la esperaba, mi Sr. D. Carlos--replicó el ciego besando la
+moneda--, porque hoy es el _universario_, y usted no había de faltar,
+aunque se helara el cero de los _terremotos_ (sin duda quería decir
+_termómetros_).
+
+--Es verdad. Yo no falto. Gracias a Dios, me voy defendiendo, que no es
+flojo milagro con estas heladas y este pícaro viento Norte, capaz de
+encajarle una pulmonía al caballo de la Plaza Mayor. Y tú, Pulido, ten
+cuidado. ¿Por qué no te vas adentro?
+
+--Yo soy de bronce, Sr. D. Carlos, y a mí ni la muerte me quiere. Mejor
+se está aquí con la ventisca, que en los interiores, alternando con esas
+viejas charlatanas, que no tienen educación... Lo que yo digo: la
+educación es lo primero, y sin educación, ¿cómo quieren que _haiga_
+caridad?... D. Carlos, que el Señor se lo aumente, y se lo dé de
+gloria...».
+
+Antes de que concluyera la frase, el D. Carlos voló; y lo digo así,
+porque el terrible huracán hizo presa en su desmedida capa, y allá
+veríais al hombre, con todo el paño arremolinado en la cabeza, dando
+tumbos y giros, como un rollo de tela o un pedazo de alfombra
+arrebatados por el viento, hasta que fue a dar de golpe contra la
+puerta, y entró ruidosa y atropelladamente, desembarazando su cabeza del
+trapo que la envolvía. «¡Qué día... vaya con el día de porra!»--exclamaba
+el buen señor, rodeado del enjambre de pobres, que con chillidos
+plañideros le saludaron; y las flacas manos de las viejas le ayudaban a
+componer y estirar sobre sus hombros la capa. Acto continuo repartió las
+perras, que iba sacando del cartucho una a una, sobándolas un poquito
+antes de entregarlas, para que no se le escurriesen dos pegadas; y
+despidiéndose al fin de la pobretería con un sermoncillo gangoso,
+exhortándoles a la paciencia y humildad, guardó el cartucho, que aún
+tenía monedas para los de la puerta del frontis de Atocha, y se metió en
+la iglesia.
+
+
+
+
+II
+
+
+Tomada el agua bendita, don Carlos Moreno Trujillo se dirigió a la
+capilla de Nuestra Señora de la Blanca. Era hombre tan extremadamente
+metódico, que su vida entera encajaba dentro de un programa
+irreductible, determinante de sus actos todos, así morales como físicos,
+de las graves resoluciones, así como de los pasatiempos insignificantes,
+y hasta del moverse y del respirar. Con un solo ejemplo se demuestra el
+poder de la rutinaria costumbre en aquel santo varón, y es que, viviendo
+en aquellos días de su ancianidad en la calle de Atocha, entraba siempre
+por la verja de la calle de San Sebastián y puerta del Norte, sin que
+hubiera para ello otra razón que la de haber usado dicha entrada en los
+treinta y siete años que vivió en su renombrada casa de comercio de la
+Plazuela del Ángel. Salía invariablemente por la calle de Atocha, aunque
+a la salida tuviera que visitar a su hija, habitante en la calle de la
+Cruz.
+
+Humillado ante el altar de los Dolores, y después ante la imagen de San
+Lesmes, permanecía buen rato en abstracción mística; despacito recorría
+todas las capillas y retablos, guardando un orden que en ninguna ocasión
+se alteraba; oía luego dos misitas, siempre dos, ni una más ni una
+menos; hacía otro recorrido de altares, terminando infaliblemente en la
+capilla del Cristo de la Fe; pasaba un ratito a la sacristía, donde con
+el coadjutor o el sacristán se permitía una breve charla, tratando del
+tiempo, o de _lo malo que está todo_, o bien de comentar el cómo y el
+por qué de que viniera turbia el agua del Lozoya, y se marchaba por la
+puerta que da a la calle de Atocha, donde repartía las últimas monedas
+del cartucho. Tal era su previsión, que rara vez dejaba de llevar la
+cantidad necesaria para los pobres de uno y otro costado: como
+aconteciera el caso inaudito de faltarle una pieza, ya sabía el mendigo
+que la tenía segura al día siguiente; y si sobraba, se corría el buen
+señor al oratorio de la calle del Olivar en busca de una mano desdichada
+en que ponerla.
+
+Pues señor, entró D. Carlos en la iglesia, como he dicho, por la puerta
+que llamaremos del Cementerio de San Sebastián, y las ancianas y ciegos
+de ambos sexos que acababan de recibir de él la limosna, se pusieron a
+picotear, pues mientras no entrara o saliera alguien a quien acometer,
+¿qué habían de hacer aquellos infelices más que engañar su inanición y
+sus tristes horas, regalándose con la comidilla que nada les cuesta, y
+que, picante o desabrida, siempre tienen a mano para con ella saciarse?
+En esto son iguales a los ricos: quizás les llevan ventaja, porque
+cuando tocan a charlar, no se ven cohibidos por las conveniencias
+usuales de la conversación, que poniendo entre el pensamiento y la
+palabra gruesa costra etiquetera y gramatical, embotan el gusto inefable
+del dime y direte.
+
+«¿No _vus_ dije que D. Carlos no faltaba hoy? Ya lo habéis visto. Decir
+ahora si yo me equivoco y no estoy al tanto.
+
+--Yo también lo dije... Toma... como que es el _aniversario del mes_, día
+24; quiere decir que cumple mes la defunción de su esposa, y Don Carlos
+bendito no falta este día, aunque lluevan ruedas de molino, porque otro
+más cristiano, sin agraviar, no lo hay en Madrid.
+
+--Pues yo me temía que no viniera, motivado al frío que hace, y pensé
+que, por ser día de perra gorda, el buen señor suprimía la _festividá_.
+
+--Hubiéralo dado mañana, bien lo sabes, Crescencia, que D. Carlos sabe
+cumplir y paga lo que debe.
+
+--Hubiéranos dado mañana la gorda de hoy, eso sí; pero quitándonos la
+chica de mañana. Pues ¿qué crees tú, que aquí no sabemos de cuentas? Sin
+agraviar, yo sé ajustarlas como la misma luz, y sé que el D. Carlos,
+cuando se le hace mucho lo que nos da, se pone malo por ahorrarse
+algunos días, lo cual que ha de saberle mal a la difunta.
+
+--Cállate, mala lengua.
+
+--Mala lengua tú, y... ¿quieres que te lo diga?... ¡adulona!
+
+--¡Lenguaza!».
+
+Eran tres las que así chismorreaban, sentaditas a la derecha, según se
+entra, formando un grupo separado de los demás pobres, una de ellas
+ciega, o por lo menos cegata; las otras dos con buena vista, todas
+vestidas de andrajos, y abrigadas con pañolones negros o grises. La
+_señá_ Casiana, alta y huesuda, hablaba con cierta arrogancia, como quien
+tiene o cree tener autoridad; y no es inverosímil que la tuviese, pues
+en donde quiera que para cualquier fin se reúnen media docena de seres
+humanos, siempre hay uno que pretende imponer su voluntad a los demás,
+y, en efecto, la impone. Crescencia se llamaba la ciega o cegata,
+siempre hecha un ovillo, mostrando su rostro diminuto, y sacando del
+envoltorio que con su arrollado cuerpo formaba, la flaca y rugosa mano
+de largas uñas. La que en el anterior coloquio pronunciara frases
+altaneras y descorteses tenía por nombre _Flora_ y por apodo _la
+Burlada_, cuyo origen y sentido se ignora, y era una viejecilla pequeña
+y vivaracha, irascible, parlanchina, que resolvía y alborotaba el
+miserable cotarro, indisponiendo a unos con otros, pues siempre tenía
+que decir algo picante y malévolo cuando los demás _repartijaban_, y
+nunca distinguía de pobres y ricos en sus críticas acerbas. Sus ojuelos
+sagaces, lacrimosos, gatunos, irradiaban la desconfianza y la malicia.
+Su nariz estaba reducida a una bolita roja, que bajaba y subía al mover
+de labios y lengua en su charla vertiginosa. Los dos dientes que en sus
+encías quedaban, parecían correr de un lado a otro de la boca,
+asomándose tan pronto por aquí, tan pronto por allá, y cuando terminaba
+su perorata con un gesto de desdén supremo o de terrible sarcasmo,
+cerrábase de golpe la boca, los labios se metían uno dentro de otro, y
+la barbilla roja, mientras callaba la lengua, seguía expresando las
+ideas con un temblor insultante.
+
+Tipo contrario al de _la Burlada_ era el de _señá_ Casiana: alta,
+huesuda, flaca, si bien no se apreciaba fácilmente su delgadez por
+llevar, según dicho de la gente maliciosa, mucha y buena ropa debajo de
+los pingajos. Su cara larguísima como si por máquina se la estiraran
+todos los días, oprimiéndole los carrillos, era de lo más desapacible y
+feo que puede imaginarse, con los ojos reventones, espantados, sin
+brillo ni expresión, ojos que parecían ciegos sin serlo; la nariz de
+gancho, desairada; a gran distancia de la nariz, la boca, de labios
+delgadísimos, y, por fin, el maxilar largo y huesudo. Si vale comparar
+rostros de personas con rostros de animales, y si para conocer a _la
+Burlada_ podríamos imaginarla como un gato que hubiera perdido el pelo
+en una riña, seguida de un chapuzón, digamos que era la Casiana como un
+caballo viejo, y perfecta su semejanza con los de la plaza de toros,
+cuando se tapaba con venda oblicua uno de los ojos, quedándose con el
+otro libre para el fisgoneo y vigilancia de sus cofrades. Como en toda
+región del mundo hay clases, sin que se exceptúen de esta división
+capital las más ínfimas jerarquías, allí no eran todos los pobres lo
+mismo. Las viejas, principalmente, no permitían que se alterase el
+principio de distinción capital. Las _antiguas_, o sea las que llevaban
+ya veinte o más años de pedir en aquella iglesia, disfrutaban de
+preeminencias que por todos eran respetadas, y las _nuevas_ no tenían
+más remedio que conformarse. Las _antiguas_ disfrutaban de los mejores
+puestos, y a ellas solas se concedía el derecho de pedir dentro, junto
+a la pila de agua bendita. Como el sacristán o el coadjutor alterasen
+esta jurisprudencia en beneficio de alguna _nueva_, ya les había caído
+que hacer. Armábase tal tumulto, que en muchas ocasiones era forzoso
+acudir a la ronda o a la pareja de vigilancia. En las limosnas
+colectivas y en los repartos de bonos, llevaban preferencia las
+_antiguas_; y cuando algún parroquiano daba una cantidad cualquiera para
+que fuese distribuida entre todos, la antigüedad reclamaba el derecho a
+la repartición, apropiándose la cifra mayor, si la cantidad no era
+fácilmente divisible en partes iguales. Fuera de esto, existían la
+preponderancia moral, la autoridad tácita adquirida por el largo
+dominio, la fuerza invisible de la anterioridad. Siempre es fuerte el
+antiguo, como el novato siempre es débil, con las excepciones que pueden
+determinar en algunos casos los caracteres. La Casiana, carácter duro,
+dominante, de un egoísmo elemental, era la más antigua de las antiguas;
+_la Burlada_, levantisca, revoltosilla, picotera y maleante, era la más
+nueva de las nuevas; y con esto queda dicho que cualquier suceso trivial
+o palabra baladí eran el fulminante que hacía brotar entre ellas la
+chispa de la discordia.
+
+La disputilla referida anteriormente fue cortada por la entrada o
+salida de fieles. Pero _la Burlada_ no podía refrenar su reconcomio, y
+en la primera ocasión, viendo que la Casiana y el ciego Almudena (de
+quien se hablará después) recibían aquel día más limosna que los demás,
+se deslenguó nuevamente con la _antigua_, diciéndole: «Adulona, más que
+adulona, ¿crees que no sé que estás rica, y que en Cuatro Caminos tienes
+casa con muchas gallinas, y muchas palomas, y conejos muchos? Todo se
+sabe.
+
+--Cállate la boca, si no quieres que dé parte a D. Senén para que te
+enseñe la educación.
+
+--¡A ver!...
+
+--No vociferes, que ya oyes la campanilla de alzar la Majestad.
+
+--Pero, señoras, por Dios--dijo un lisiado que en pie ocupaba el sitio más
+próximo a la iglesia--. Arreparen que están alzando el Santísimo
+Sacramento.
+
+--Es esta habladora, escorpionaza.
+
+--Es esta dominanta... ¡A ver!... Pues, hija, ya que eres _caporala_, no
+tires tanto de la cuerda, y deja que las _nuevas_ alcancemos algo de la
+limosna, que todas _semos_ hijas de Dios... ¡A ver!
+
+--¡Silencio, digo!
+
+--¡Ay, hija... ni que _fuas_ Cánovas!».
+
+
+
+
+III
+
+
+Más adentro, como a la mitad del pasadizo, a la izquierda, había otro
+grupo, compuesto de un ciego, sentado; una mujer, también sentada, con
+dos niñas pequeñuelas, y junto a ella, en pie, silenciosa y rígida, una
+vieja con traje y manto negros. Algunos pasos más allá, a corta
+distancia de la iglesia, se apoyaba en la pared, cargando el cuerpo
+sobre las muletas, el cojo y manco Elíseo Martínez, que gozaba el
+privilegio de vender en aquel sitio _La Semana Católica_. Era, después
+de Casiana, la persona de más autoridad y mangoneo en la cuadrilla, y
+como su lugarteniente o mayor general.
+
+Total: siete reverendos mendigos, que espero han de quedar bien
+registrados aquí, con las convenientes distinciones de figura, palabra y
+carácter. Vamos con ellos.
+
+La mujer de negro vestida, más que vieja, envejecida prematuramente,
+era, además de _nueva_, temporera, porque acudía a la mendicidad por
+lapsos de tiempo más o menos largos, y a lo mejor desaparecía, sin duda
+por encontrar un buen acomodo o almas caritativas que la socorrieran.
+Respondía al nombre de la _señá Benina_ (de lo cual se infiere que
+Benigna se llamaba), y era la más callada y humilde de la comunidad, si
+así puede decirse; bien criada, modosa y con todas las trazas de
+perfecta sumisión a la divina voluntad. Jamás importunaba a los
+_parroquianos_ que entraban o salían; en los _repartos_, aun siendo
+leoninos, nunca formuló protesta, ni se la vio siguiendo de cerca ni de
+lejos la bandera turbulenta y demagógica de la _Burlada_. Con todas y
+con todos hablaba el mismo lenguaje afable y comedido; trataba con
+miramiento a la Casiana, con respeto al cojo, y únicamente se permitía
+trato confianzudo, aunque sin salirse de los términos de la decencia,
+con el ciego llamado Almudena, del cual, por el pronto, no diré más sino
+que es árabe, del Sus, tres días de jornada más allá de Marrakesh.
+Fijarse bien.
+
+Tenía la Benina voz dulce, modos hasta cierto punto finos y de buena
+educación, y su rostro moreno no carecía de cierta gracia interesante
+que, manoseada ya por la vejez, era una gracia borrosa y apenas
+perceptible. Más de la mitad de la dentadura conservaba. Sus ojos,
+grandes y obscuros, apenas tenían el ribete rojo que imponen la edad y
+los fríos matinales. Su nariz destilaba menos que las de sus compañeras
+de oficio, y sus dedos, rugosos y de abultadas coyunturas, no
+terminaban en uñas de cernícalo. Eran sus manos como de lavandera, y aún
+conservaban hábitos de aseo. Usaba una venda negra bien ceñida en la
+frente; sobre ella pañuelo negro, y negros el manto y vestido, algo
+mejor apañaditos que los de las otras ancianas. Con este pergenio y la
+expresión sentimental y dulce de su rostro, todavía bien compuesto de
+líneas, parecía una Santa Rita de Casia que andaba por el mundo en
+penitencia. Faltábanle sólo el crucifijo y la llaga en la frente, si
+bien podría creerse que hacía las veces de esta el lobanillo del tamaño
+de un garbanzo, redondo, cárdeno, situado como a media pulgada más
+arriba del entrecejo.
+
+A eso de las diez, la Casiana salió al patio para ir a la sacristía
+(donde tenía gran metimiento, como _antigua_), para tratar con D. Senén
+de alguna incumbencia desconocida para los compañeros y por lo mismo muy
+comentada. Lo mismo fue salir la _caporala_, que correrse la Burlada
+hacia el otro grupo, como un envoltorio que se echara a rodar por el
+pasadizo, y sentándose entre la mujer que pedía con dos niñas, llamada
+Demetria, y el ciego marroquí, dio suelta a la lengua, más cortante y
+afilada que las diez uñas lagartijeras de sus dedos negros y rapantes.
+
+«¿Pero qué, no creéis lo que vos dije? La _caporala_ es rica, mismamente
+rica, tal como lo estáis oyendo, y todo lo que coge aquí nos lo quita a
+las que _semos_ de verdadera _solenidá_, porque no tenemos más que el
+día y la noche.
+
+--Vive por allá arriba--indicó la Crescencia--, _orilla en ca los Paúles_.
+
+--¡Quiá, no, señora! Eso era antes. Yo lo sé todo--prosiguió la Burlada,
+haciendo presa en el aire con sus uñas--. A mí no me la da ésa, y he
+tomado lenguas. Vive en Cuatro Caminos, donde tiene corral, y en él
+cría, con perdón, un cerdo; sin agraviar a nadie, el mejor cerdo de
+Cuatro Caminos.
+
+--¿Ha visto usted la jorobada que viene por ella?
+
+--¿Que si la he visto? Esa cree que _semos_ bobas. La corcovada es su
+hija, y por más señas costurera, ¿sabes?, y con achaque de la joroba,
+pide también. Pero es modista, y gana dinero para casa... Total, que
+allí son ricos, el Señor me perdone; ricos sinvergonzonazos, que engañan
+a nosotras y a la Santa Iglesia católica, apostólica. Y como no gasta
+nada en comer, porque tiene dos o tres casas de donde le traen todos los
+días los cazolones de cocido, que es la gloria de Dios... ¡a ver!
+
+--Ayer--dijo Demetria quitándole la teta a la niña--, bien lo _vide_. Le
+trajeron...
+
+--¿Qué?
+
+--Pues un arroz con almejas, que lo menos había para siete personas.
+
+--¡A ver!... ¿Estás segura de que era con almejas? ¿Y qué, _golía_ bien?
+
+--¡Vaya si _golía_!... Los cazolones los tiene en _ca_ el sacristán. Allí
+vienen y se los llenan, y hala con todo para Cuatro Caminos.
+
+--El marido...--añadió la Burlada echando lumbre por los ojos--, es uno que
+vende teas y perejil... Ha sido _melitar_, y tiene siete cruces sencillas
+y una con cinco _riales_... Ya ves qué familia. Y aquí me tienes que hoy
+no he comido más que un corrusco de pan; y si esta noche no me da cobijo
+la Ricarda en el cajón de Chamberí, tendré que quedarme al santo raso.
+¿Tú qué dices, Almudena?
+
+El ciego murmuraba. Preguntado segunda vez, dijo con áspera y
+dificultosa lengua:
+
+--¿Hablar vos del _Piche_? Conocierle mí. No ser marido la Casiana con
+casarmiento, por la luz bendita, no. Ser quirido, por la bendita luz,
+quirido.
+
+--¿Conócesle tú?
+
+--Conocierle mí, comprarmi dos rosarios él... de mi tierra dos rosarios,
+y una pieldra imán. Diniero él, mucho diniero... Ser capatazo de la sopa
+en el Sagriado Corazón de allá... y en toda la probieza de allá,
+mandando él, con garrota él... barrio Salmanca... capatazo... Malo, mu
+malo, y no dejar comer... Ser un criado del Goberno, del Goberno malo de
+Ispania, y de los del Banco, aonde estar tuda el diniero en cajas
+soterranas. Guardar él, matarnos de hambre él...
+
+--Es lo que faltaba--dijo la Burlada con aspavientos de oficiosa ira--; que
+también tuvieran dinero en las arcas del Banco esos hormigonazos.
+
+--¡Tanto como eso!... Vaya usted a saber--indicó la Demetria, volviendo a
+dar la teta a la criatura, que había empezado a chillar--. ¡Calla,
+tragona!
+
+--¡A ver!... Con tanto _chupío_, no sé cómo vives, hija... Y usted, señá
+Benina, ¿qué cree?
+
+--¿Yo?... ¿De qué?
+
+--De si _tien_ o no _tien_ dinero en el Banco.
+
+--¿Y a mí qué? Con su pan se lo coman.
+
+--Con el nuestro, ¡ja, ja!... y encima codillo de jamón.
+
+--¡A callar se ha dicho!--gritó el cojo, vendedor de _La Semana_--. Aquí se
+viene a lo que se viene, y a guardar la _circuspición_.
+
+--Ya callamos, hombre, ya callamos. ¡A ver!... ¡Ni que _fuas_ Vítor
+Manuel, el que puso preso al Papa!
+
+--Callar, digo, y tengan más religión.
+
+--Religión tengo, aunque no como con la Iglesia como tú, pues yo vivo en
+compañía del hambre, y mi negocio es miraros tragar y ver los
+_papelaos_ de cosas ricas que vos traen de las casas. Pero no tenemos
+envidia, ¿sabes, Eliseo? y nos alegramos de ser pobres y de morirnos de
+flato, para irnos en globo al cielo, mientras que tú...
+
+--Yo ¿qué?
+
+--¡A ver!... Pues que estás rico, Eliseo; no niegues que estás rico...
+Con la _Semana_, y lo que te dan D. Senén y el señor cura... Ya sabemos:
+el que parte y reparte... No es por murmurar: Dios me libre. Bendita sea
+nuestra santa miseria... El Señor te lo aumente. Dígolo porque te estoy
+agradecida, Eliseo. Cuando me cogió el coche en la calle de la Luna...
+fue el día que llevaron a ese Sr. de Zorrilla... pues, como digo, mes y
+medio estuve en el _espital_, y cuando salí, tú, viéndome sola y
+desamparada, me dijiste: «_Señá_ Flora, ¿por qué no se pone a pedir en
+un templo, quitándose de la _santimperie_, y arrimándose al cisco de la
+religión? Véngase conmigo y verá cómo puede sacar un diario, sin rodar
+por las calles, y tratando con pobres decentes». Eso me dijiste, Eliseo,
+y yo me eché a llorar, y me vine acá contigo. De lo cual vino el estar
+yo aquí, y muy agradecida a tu _conduta_ fina y de caballero. Sabes que
+rezo un Padrenuestro por ti todos los días, y le pido al Señor que te
+haga más rico de lo que eres; que vendas _sinfinidá_ de _Semanas_, y
+que te traigan buen bodrio del café y de la casa de los señores condes,
+para que te hartes tú y la _carreterona_ de tu mujer. ¿Qué importa que
+Crescencia y yo, y este pobre Almudena, nos desayunemos a las _doce del
+mediodía_ con un mendrugo, que serviría para empedrar las santas calles?
+Yo le pido al Señor que no te falte para el aguardentazo. Tú lo
+necesitas para vivir; yo me moriría si lo catara... ¡Y ojalá que tus dos
+hijos lleguen a duques! Al uno le tienes de aprendiz de tornero, y te
+mete en casa seis reales cada semana; al otro le tienes en una taberna
+de las Maldonadas, y saca buenas propinillas de las golfas, con
+perdón... El Señor te los conserve, y te los aumente cada año, y véate
+yo vestido de terciopelo y con una pata nueva de palo santo, y a tu
+tarasca véala yo con sombrero de plumas. Soy agradecida: se me ha
+olvidado el comer, de las hambres que paso; pero no tengo malos
+quereres, Eliseo de mi alma, y lo que a mí me falta tenlo tú, y come y
+bebe, y emborráchate; y ten casa de balcón con mesas de _de noche_, y
+camas de hierro con sus colchas rameadas, tan limpias como las del Rey;
+y ten hijos que lleven boina nueva y alpargata de suela, y niña que
+gaste toquilla rosa y zapatito de charol los domingos, y ten un buen
+anafre, y buenos felpudos para delante de las camas, y cocina de _co_,
+con papeles nuevos, y una batería que da gloria con _tantismas_
+cazoletas; y buenas láminas del Cristo de la Caña y Santa Bárbara
+bendita, y una cómoda llena de ropa blanca; y pantallas con flores, y
+hasta máquina de coser que no sirve, pero encima de ella pones la pila
+de _Semanas_; ten también muchos amigos y vecinos buenos, y las grandes
+casas de acá, con señores que por verte inválido te dan barreduras del
+almacén de azúcar, y _papelaos_ del café de _la moca_, y de arroz de
+tres pasadas; ten también metimiento con las señoras de la Conferencia,
+para que te paguen la casa o la cédula, y den plancha de fino a tu
+mujer... ten eso y más, y más, Eliseo...
+
+Cortó los despotriques vertiginosos de la Burlada, produciendo un
+silencio terrorífico en el pasadizo, la repentina aparición de la _señá_
+Casiana por la puerta de la iglesia.
+
+--Ya salen de misa mayor--dijo; y encarándose después con la habladora,
+echó sobre ella toda su autoridad con estas despóticas palabras:
+«Burlada, pronto a tu puesto, y cerrar el pico, que estamos en la casa
+de Dios».
+
+Empezaba a salir gente, y caían algunas limosnas, pocas. Los casos de
+ronda total, dando igual cantidad a todos, eran muy raros, y aquel día
+las escasas moneditas de cinco y dos céntimos iban a parar a las manos
+diligentes de Eliseo o de la _caporala_, y algo le tocó también a la
+Demetria y a _señá_ Benina. Los demás poco o nada lograron, y la ciega
+Crescencia se lamentó de no haberse estrenado. Mientras Casiana hablaba
+en voz baja con Demetria, la Burlada pegó la hebra con Crescencia en el
+rincón próximo a la puerta del patio.
+
+--¡Qué le estará diciendo a la Demetria!
+
+--A saber... Cosas de ellas.
+
+--Me ha _golido_ a bonos por el funeral _de presencia_ que tenemos mañana.
+A Demetria le dan más, por ser _arrecomendada_ de ese que celebra la
+primera misa, el D. Rodriguito de las medias moradas, que dicen es
+secretario del Papa.
+
+--Le darán toda la carne, y a nosotras los huesos.
+
+--¡A ver!... Siempre lo mismo. No hay como andar con dos o tres criaturas
+a cuestas para sacar tajada. Y no miran a la decencia, porque estas
+holgazanotas, como Demetria, sobre ser unas grandísimas pendonazas,
+hacen luego del vicio su comercio. Ya ves: cada año se trae una
+lechigada, y criando a uno, ya tiene en el buche los huesos del año que
+viene.
+
+--¿Y es casada?
+
+--Como tú y como yo. De mí nada dirán, pues en San Andrés bendito me casé
+con mi Roque, que está en gloria, de la consecuencia de una caída del
+andamio. Esta dice que tiene el marido en _Celiplinas_, y será que
+desde allá le hace los chiquillos... por carta... ¡Ay, qué mundo! Te
+digo que sin criaturas no se saca nada: los señores no miran a la
+_dinidá_ de una, sino a si da el pecho o no da el pecho. Les da lástima
+de las criaturas, sin reparar en que más _honrás_ somos las que no las
+tenemos, las que estamos en la _senetú_, hartas de trabajos y sin poder
+valernos. Pero vete tú ahora a _golver_ del revés el mundo, y a gobernar
+la compasión de los señores. Por eso se dice que todo anda trastornado y
+al revés, hasta los cielos benditos, y lleva razón Pulido cuando habla
+de la _rigolución mu_ gorda, _mu_ gorda, que ha de venir para meter en
+cintura a ricos miserables y a pobres _ensalzaos_».
+
+Concluía la charlatana vieja su perorata, cuando ocurrió un suceso tan
+extraño, fenomenal e inaudito, que no podría ser comparado sino a la
+súbita caída de un rayo en medio de la comunidad mendicante, o a la
+explosión de una bomba: tales fueron el estupor y azoramiento que en
+toda la caterva mísera produjo. Los más antiguos no recordaban nada
+semejante; los nuevos no sabían lo que les pasaba. Quedáronse todos
+mudos, perplejos, espantados. ¿Y qué fue, en suma? Pues nada: que Don
+Carlos Moreno Trujillo, que toda la vida, desde que _el mundo era
+mundo_, salía infaliblemente por la puerta de la calle de Atocha... no
+alteró aquel día su inveterada costumbre; pero a los pocos pasos volvió
+adentro, para salir por la calle de las Huertas, hecho singularísimo,
+absurdo, equivalente a un retroceso del sol en su carrera.
+
+Pero no fue principal causa de la sorpresa y confusión la desusada
+salida por aquella parte, sino que D. Carlos se paró en medio de los
+pobres (que se agruparon en torno a él, creyendo que les iba a repartir
+otra perra por barba), les miró como pasándoles revista, y dijo: «Eh,
+señoras ancianas, ¿quién de vosotras es la que llaman la _señá_ Benina?».
+
+--Yo, señor, yo soy--dijo la que así se llamaba, adelantándose temerosa de
+que alguna de sus compañeras le quitase el nombre y el estado civil.
+
+--Esa es--añadió la Casiana con sequedad oficiosa, como si creyese que
+hacía falta su _exequatur_ de caporala para conocimiento o certificación
+de la personalidad de sus inferiores.
+
+--Pues, _señá_ Benina--agregó D. Carlos embozándose hasta los ojos para
+afrontar el frío de la calle--, mañana, a las ocho y media, se pasa usted
+por casa; tenemos que hablar. ¿Sabe usted dónde vivo?
+
+--Yo la acompañaré--dijo Eliseo echándosela de servicial y diligente en
+obsequio del señor y de la mendiga.
+
+--Bueno. La espero a usted, _señá_ Benina.
+
+--Descuide el señor.
+
+--A las ocho y media en punto. Fíjese bien--añadió D. Carlos a gritos, que
+resultaron apagados porque le tapaban la boca las felpas húmedas del
+embozo raído--. Si va usted antes, tendrá que esperarse, y si va después,
+no me encuentra... Ea, con Dios. Mañana es 25: me toca en Montserrat, y
+después, al cementerio. Con que...
+
+
+
+
+IV
+
+
+¡María Santísima, San José bendito, qué comentarios, qué febril
+curiosidad, qué ansia de investigar y sorprender los propósitos del buen
+D. Carlos! En los primeros momentos, la misma intensidad de la sorpresa
+privó a todos de la palabra. Por los rincones del cerebro de cada cual
+andaba la procesión... dudas, temores, envidia, curiosidad ardiente. La
+_señá_ Benina, queriendo sin duda librarse de un fastidioso hurgoneo, se
+despidió afectuosamente, como siempre lo hacía, y se fue. Siguiola, con
+minutos de diferencia, el ciego Almudena. Entre los restantes empezaron
+a saltar, como chispas, las frasecillas primeras de su sorpresa y
+confusión: «Ya lo sabremos mañana... Será por desempeñarla... Tiene más
+de cuarenta papeletas.
+
+--Aquí todas nacen de pie--dijo _la Burlada_ a Crescencia--, menos
+nosotras, que hemos caído en el mundo como talegos».
+
+Y la Casiana, afilando más su cara caballuna, hasta darle proporciones
+monstruosas, dijo con acento de compasión lúgubre: «¡Pobre Don Carlos!
+Está más loco que una cabra».
+
+A la mañana siguiente, aprovechando la comunidad el hecho feliz de no
+haber ido a la parroquia ni la _señá_ Benina ni el ciego Almudena,
+menudearon los comentarios del extraño suceso. La Demetria expuso
+tímidamente la opinión de que D. Carlos quería llevar a la Benina a su
+servicio, pues gozaba ésta fama de gran cocinera, a lo que agregó Eliseo
+que, en efecto, la tal había sido maestra de cocina; pero no la querían
+en ninguna parte por vieja.
+
+«Y por sisona--afirmó la Casiana, recalcando con saña el término--. Habéis
+de saber que ha sido una sisona tremenda, y por ese vicio se ve ahora
+como se ve, teniendo que pedir para una rosca. De todas las casas en que
+estuvo la echaron por ser tan larga de uñas, y si ella _hubiá_ tenido
+_conduta_, no le faltarían casas buenas en que acabar tranquila...
+
+--Pues yo--declaró _la Burlada_ con negro escepticismo--, _vos_ digo que si
+ha venido a pedir es porque fue honrada; que las muy sisonas juntan
+dinero para su vejez y se hacen ricas... que las hay, vaya si las hay.
+Hasta con coche las he conocido yo.
+
+--Aquí no se habla mal de _naide_.
+
+--No es hablar mal. ¡A ver!... La que habla pestes es _bueycencia_,
+señora presidenta de ministros.
+
+--¿Yo?
+
+--Sí... Vuestra Eminencia Ilustrísima es la que ha dicho que la Benina
+sisaba; lo cual que no es verdad, porque si sisara tuviera, y si tuviera
+no vendría a pedir. Tómate esa.
+
+--Por _bocona_ te has de condenar tú.
+
+--No se condena una por bocona, sino por rica, mayormente cuando quita la
+limosna a los pobres de buena ley, a los que tienen hambre y duermen al
+raso.
+
+--Ea, que estamos en la casa de Dios, _señoras_--dijo Eliseo dando golpes
+en el suelo con su pata de palo--. Guarden respeto y decencia unas para
+otras, como manda la santísima _dotrina_».
+
+Con esto se produjo el recogimiento y tranquilidad que la vehemencia de
+algunos alteraba tan a menudo, y entre pedir gimiendo y rezar
+bostezando se les pasaban las tristes horas.
+
+Ahora conviene decir que la ausencia de la _señá_ Benina y del ciego
+Almudena no era casual aquel día, por lo cual allá van las explicaciones
+de un suceso que merece mención en esta verídica historia. Salieron
+ambos, como se ha dicho, uno tras otro, con diferencia de algunos
+minutos; pero como la anciana se detuvo un ratito en la verja, hablando
+con Pulido, el ciego marroquí se le juntó, y ambos emprendieron juntos
+el camino por las calles de San Sebastián y Atocha.
+
+«Me detuve a charlar con Pulido por esperarte, amigo Almudena. Tengo que
+hablar contigo».
+
+Y agarrándole por el brazo con solicitud cariñosa, le pasó de una acera
+a otra. Pronto ganaron la calle de las Urosas, y parados en la esquina,
+a resguardo de coches y transeúntes, volvió a decirle: «Tengo que hablar
+contigo, porque tú solo puedes sacarme de un gran compromiso; tú solo,
+porque los demás _conocimientos_ de la parroquia para nada me sirven.
+¿Te enteras tú? Son unos egoístas, corazones de pedernal... El que
+tiene, porque tiene; el que no tiene, porque no tiene. Total, que la
+dejarán a una morirse de vergüenza, y si a mano viene, se gozarán en
+ver a una pobre mendicante por los suelos».
+
+Almudena volvió hacia ella su rostro, y hasta podría decirse que la
+miró, si mirar es dirigir los ojos hacia un objeto, poniendo en ellos,
+ya que no la vista, la intención, y en cierto modo la atención, tan
+sostenida como ineficaz. Apretándole la mano, le dijo: «_Amri_, saber tú
+que servirte Almudena él, Almudena mí, como _pierro_. _Amri_, _dicermi_
+cosas tú... de cosas _tigo_.
+
+--Sigamos para abajo, y hablaremos por el camino. ¿Vas a tu casa?
+
+--Voy a do _quierer_ tú.
+
+--Paréceme que te cansas. Vamos muy a prisa. ¿Te parece bien que nos
+sentemos un rato en la Plazuela del Progreso para poder hablar con
+tranquilidad?».
+
+Sin duda respondió el ciego afirmativamente, porque cinco minutos
+después se les veía sentados, uno junto a otro, en el zócalo de la verja
+que rodea la estatua de Mendizábal. El rostro de Almudena, de una
+fealdad expresiva, moreno cetrino, con barba rala, negra como el ala del
+cuervo, se caracterizaba principalmente por el desmedido grandor de la
+boca, que, cuando sonreía, afectaba una curva cuyos extremos, replegando
+la floja piel de los carrillos, se ponían muy cerca de las orejas. Los
+ojos eran como llagas ya secas e insensibles, rodeados de manchas
+sanguinosas; la talla mediana, torcidas las piernas. Su cuerpo había
+perdido la conformación airosa por la costumbre de andar a ciegas, y de
+pasar largas horas sentado en el suelo con las piernas dobladas a la
+morisca. Vestía con relativa decencia, pues su ropa, aunque vieja y
+llena de mugre, no tenía desgarrón ni avería que no estuvieran
+enmendados por un zurcido inteligente, o por aplicaciones de parches y
+retazos. Calzaba zapatones negros, muy rozados, pero perfectamente
+defendidos con costurones y remiendos habilísimos. El sombrero hongo
+revelaba servicios dilatados en diferentes cabezas, hasta venir a
+prestarlos en aquella, que quizás no sería la última, pues las
+abolladuras del fieltro no eran tales que impidieran la defensa material
+del cráneo que cubría. El palo era duro y lustroso; la mano con que lo
+empuñaba, nerviosa, por fuera de color morenísimo, tirando a etiópico,
+la palma blanquecina, con tono y blanduras que la asemejaban a una rueda
+de merluza cruda; las uñas bien cortadas; el cuello de la camisa lo
+menos sucio que es posible imaginar en la mísera condición y vida
+vagabunda del desgraciado hijo de Sus.
+
+«Pues a lo que íbamos, Almudena--dijo la _señá_ Benina, quitándose el
+pañuelo para volver a ponérselo, como persona desasosegada y nerviosa
+que quiere ventilarse la cabeza--. Tengo un grave compromiso, y tú, nada
+más que tú, puedes sacarme de él.
+
+--_Dicermi_ ella, tú...
+
+--¿Qué pensabas hacer esta tarde?
+
+--En casa mí, _mocha_ que jacer mí: lavar ropa mí, coser _mocha_,
+remendar _mocha_.
+
+--Eres el hombre más apañado que hay en el mundo. No he visto otro como
+tú. Ciego y pobre, te arreglas tú mismo tu ropita; enhebras una aguja
+con la lengua más pronto que yo con mis dedos; coses a la perfección;
+eres tu sastre, tu zapatero, tu lavandera... Y después de pedir en la
+parroquia por la mañana, y por las tardes en la calle, te sobra tiempo
+para ir un ratito al café... Eres de lo que no hay; y si en el mundo
+hubiera justicia y las cosas estuvieran dispuestas con razón, debieran
+darte un premio... Bueno, hijo: pues lo que es esta tarde no te dejo
+trabajar, porque tienes que hacerme un servicio... Para las ocasiones
+son los amigos.
+
+--¿Qué _sucieder_ ti?
+
+--Una cosa tremenda. Estoy que no vivo. Soy tan desgraciada, que si tú no
+me amparas me tiro por el viaducto... Como lo oyes.
+
+--_Amri_... tirar no.
+
+--Es que hay compromisos tan grandes, tan grandes, que parece imposible
+que se pueda salir de ellos. Te lo diré de una vez para que te hagas
+cargo: necesito un duro...
+
+--¡Un _durro_!--exclamó Almudena, expresando con la súbita gravedad del
+rostro y la energía del acento el espanto que le causaba la magnitud de
+la cantidad.
+
+--Sí, hijo, sí... un duro, y no puedo ir a casa si antes no lo consigo.
+Es preciso que yo tenga ese duro: discurre tú, pues hay que sacarlo de
+debajo de las piedras, buscarlo como quiera que sea.
+
+--Es _mocha_... _mocha_...--murmuraba el ciego volviendo su rostro hacia
+el suelo.
+
+--No es tanto--observó la otra, queriendo engañar su pena con ideas
+optimistas--. ¿Quién no tiene un duro? Un duro, amigo Almudena, lo tiene
+cualquiera... Con que ¿puedes buscármelo tú, sí o no?».
+
+Algo dijo el ciego en su extraña lengua que Benina tradujo por la
+palabra «imposible», y lanzando un suspiro profundo, al cual contestó
+Almudena con otro no menos hondo y lastimero, quedose un rato en
+meditación dolorosa, mirando al suelo y después al cielo y a la estatua
+de Mendizábal, aquel verdinegro señor de bronce que ella no sabía quién
+era ni por qué le habían puesto allí. Con ese mirar vago y distraído que
+es, en los momentos de intensa amargura, como un giro angustioso del
+alma sobre sí misma, veía pasar por una y otra banda del jardín gentes
+presurosas o indolentes. Unos llevaban un duro, otros iban a buscarlo.
+Pasaban cobradores del Banco con el taleguillo al hombro; carricoches
+con botellas de cerveza y gaseosa; carros fúnebres, en el cual era
+conducido al cementerio alguno a quien nada importaban ya los duros. En
+las tiendas entraban compradores que salían con paquetes. Mendigos
+haraposos importunaban a los señores. Con rápida visión, Benina pasó
+revista a los cajones de tanta tienda, a los distintos cuartos de todas
+las casas, a los bolsillos de todos los transeúntes bien vestidos,
+adquiriendo la certidumbre de que en ninguno de aquellos repliegues de
+la vida faltaba un duro. Después pensé que sería un paso muy salado que
+se presentase ella en la cercana casa de Céspedes diciendo que hicieran
+el favor de darle un duro, siquiera se lo diesen a préstamo.
+Seguramente, se reirían de tan absurda pretensión, y la pondrían
+bonitamente en la calle. Y no obstante, natural y justo parecía que en
+cualquier parte donde un duro no representaba más que un valor
+insignificante, se lo diesen a ella, para quien la tal suma era... como
+un _átomo inmenso_. Y si la ansiada moneda pasara de las manos que con
+otras muchas la poseían, a las suyas, no se notaría ninguna alteración
+sensible en la distribución de la riqueza, y todo seguiría lo mismo:
+los ricos, ricos; pobre ella, y pobres los demás de su condición. Pues
+siendo esto así, ¿por qué no venía a sus manos el duro? ¿Qué razón había
+para que veinte personas de las que pasaban no se privasen de un real, y
+para que estos veinte reales no pasaran por natural trasiego a sus
+manos? ¡Vaya con las cosas de este desarreglado mundo! La pobre Benina
+se contentaba con una gota de agua, y delante del estanque del Retiro no
+podía tenerla. Vamos a cuentas, cielo y tierra: ¿perdería algo el
+estanque del Retiro porque se sacara de él una gota de agua?
+
+
+
+
+V
+
+
+Esto pensaba, cuando Almudena, volviendo de una meditación calculista,
+que debía de ser muy triste por la cara que ponía, te dijo:
+
+«¿No tenier tú cosa que _peinar_?
+
+--No, hijo: todo empeñado ya, hasta las papeletas.
+
+--¿No haber persona que _priestar ti_?
+
+--No hay nadie que me fíe ya. No doy un paso sin encontrar una mala
+cara.
+
+--Señor Carlos llamar ti mañana.
+
+--Mañana está muy lejos, y yo necesito el duro hoy, y pronto, Almudena,
+pronto. Cada minuto que pasa es una mano que me aprieta más el dogal que
+tengo en la garganta.
+
+--No llorar, _amri_. Tú ser buena _migo_; yo arremediando ti... Veslo
+ahora.
+
+--¿Qué se te ocurre? Dímelo pronto.
+
+--Yo _peinar_ ropa.
+
+--¿El traje que compraste en el Rastro? ¿Y cuánto crees que te darán?
+
+--Dos _piesetas_ y media.
+
+--Yo haré por sacar tres. ¿Y lo demás?
+
+--Vamos a casa _migo_--dijo Almudena levantándose con resolución.
+
+--Prontito, hijo, que no hay tiempo que perder. Es muy tarde. ¡Pues no
+hay poquito que andar de aquí a la posada de Santa Casilda!».
+
+Emprendieron su camino presurosos por la calle de Mesón de Paredes,
+hablando poco. Benina, más sofocada por la ansiedad que por la viveza
+del paso, echaba lumbre de su rostro, y cada vez que oía campanadas de
+relojes hacía una mueca de desesperación. El viento frío del Norte les
+empujaba por la calle abajo, hinchando sus ropas como velas de un barco.
+Las manos de uno y otro eran de hielo; sus narices rojas destilaban.
+Enronquecían sus voces; las palabras sonaban con oquedad fría y triste.
+
+No lejos del punto en que Mesón de Paredes desemboca en la Ronda de
+Toledo, hallaron el parador de Santa Casilda, vasta colmena de viviendas
+baratas alineadas en corredores sobrepuestos. Entrase a ella por un
+patio o corralón largo y estrecho, lleno de montones de basura,
+residuos, despojos y desperdicios de todo lo humano. El cuarto que
+habitaba Almudena era el último del piso bajo, al ras del suelo, y no
+había que franquear un solo escalón para penetrar en él. Componíase la
+vivienda de dos piezas separadas por una estera pendiente del techo: a
+un lado la cocina, a otro la sala, que también era alcoba o gabinete,
+con piso de tierra bien apisonado, paredes blancas, no tan sucias como
+otras del mismo caserón o humana madriguera. Una silla era el único
+mueble, pues la cama consistía en un jergón y mantas pardas, arrimado
+todo a un ángulo. La cocinilla no estaba desprovista de pucheros,
+cacerolas, botellas, ni tampoco de víveres. En el centro de la
+habitación, vio Benina un bulto negro, algo como un lío de ropa, o un
+costal abandonado. A la escasa luz que entraba después de cerrada la
+puerta, pudo observar que aquel bulto tenía vida. Por el tacto, más que
+por la vista, comprendió que era una persona.
+
+«Ya estar aquí la _Pedra_ borracha.
+
+--¡Ah! ¡qué cosas! Es esa que te ayuda a pagar el cuarto... Borrachona,
+sinvergüenzonaza... Pero no perdamos tiempo, hijo; dame el traje, que yo
+lo llevaré... y con la ayuda de Dios, sacaré siquiera dos ochenta. Ve
+pensando en buscarme lo que falta. La Virgen Santísima te lo dará, y yo
+he de rezarle para que te lo dé doblado, que a mí seguro es que no
+quiere darme cosa ninguna».
+
+Haciéndose cargo de la impaciencia de su amiga, el ciego descolgó de un
+clavo el traje que él llamaba nuevo, por un convencionalismo muy
+corriente en las combinaciones mercantiles, y lo entregó a su amiga, que
+en cuatro zancajos se puso en el patio y en la Ronda, tirando luego
+hacia el llamado Campillo de Manuela. El mendigo, en tanto, pronunciando
+palabras coléricas, que no es fácil al narrador reproducir, por ser en
+lengua arábiga, palpaba el bulto de la mujer embriagada, que como cuerpo
+muerto en mitad del cuartucho yacía. A las expresiones airadas del
+ciego, sólo contestó con ásperos gruñidos, y dio media vuelta,
+espatarrándose y estirando los brazos para caer de nuevo en sopor más
+hondo y en más brutal inercia.
+
+Almudena metía mano por entre las ropas negras, cuyos pliegues,
+revueltos con los del mantón, formaban un lío inextricable, y
+acompañando su registro de exclamaciones furibundas, exploró también el
+fláccido busto, como si amasara pellejos con trapos. Tan nervioso estaba
+el hombre, que descubría lo que debe estar cubierto, y tapaba lo que
+gusta de ver la luz del día. Allí sacó rosarios, escapularios, un fajo
+de papeletas de empeño envuelto en un pedazo de periódico, trozos de
+herradura recogidos en las calles, muelas de animales o de personas, y
+otras baratijas. Terminado el registro, entró la Benina, de vuelta ya de
+su diligencia, la cual había despachado con tanta presteza, como si la
+hubieran llevado y traído en volandas los angelitos del cielo. Venía la
+pobre mujer sofocadísima del veloz correr por las calles; apenas podía
+respirar, y su rostro sudoroso despedía fuego, sus ojos alegría.
+
+«Me han dado tres--dijo mostrando las monedas--, una en cuartos. No he
+tenido poca suerte en que estuviera allí Valeriano; que a llegar a estar
+el ama, la Reimunda, trabajo que costara sacarle dos y pico».
+
+Respondiendo al contento de la anciana, Almudena, con cara de regocijo y
+triunfo, le mostró entre los dedos una peseta.
+
+«Encuentrarla aquí, en el _piecho_ de esta... Cogerla _tigo_.
+
+--¡Oh, qué suerte! ¿Y no tendrá más? Busca bien, hijo.
+
+--No tenier más. Mi regolver cosas _piecho_».
+
+Benina sacudía las ropas de la borracha esperando ver saltar una moneda.
+Pero no saltaron más que dos horquillas, y algunos pedacitos de carbón.
+
+«No tenier más».
+
+Siguió parloteando el ciego, y por las explicaciones que le dio del
+carácter y costumbres de la mujerona, pudo comprender que si se hubieran
+encontrado a esta en estado de normal despejo, les habría dado la peseta
+con sólo pedirla. Con una breve frase sintetizó Almudena a su compañera
+de hospedaje: «Ser güena, ser mala... Coger ella _tudo_, dar ella
+_tudo_».
+
+Acto continuo levantó el colchón, y escarbando en la tierra, sacó una
+petaca vieja y sucia, que cuidadosamente escondía entre trapos y
+cartones, y metiendo los dedos en ella, como quien saca un cigarro,
+extrajo un papelejo, que desenvuelto mostró una monedita de dos reales,
+nueva y reluciente. La cogió Benina, mientras Almudena sacaba de su
+bolsillo, donde tenía multitud de herramientas, tijeras, canuto de
+agujas, navaja, etc., otro envoltorio con dos perras gordas. Añadió a
+ellas la que había recibido de D. Carlos, y lo dio todo a la pobre
+anciana, diciéndole: «_Amri_, arriglar así tigo.
+
+--Sí, sí... Pongo lo mío de hoy, y ya falta tan poco, que no quiero
+molestarte más. ¡Gracias a Dios! Me parece mentira. ¡Ay, hijo, qué
+bueno eres! Mereces que te caiga la lotería, y si no te cae, es porque
+no hay justicia en la tierra ni en el cielo... Adiós, hijo, no puedo
+detenerme ni un momento más... Dios te lo pague... Estoy en ascuas. Me
+voy volando a casa... Quédate en la tuya... y a esta pobre desgraciada,
+cuando despierte, no la pegues, hijo, ¡pobrecita! Cada uno, por el aquel
+de no sufrir, se emborracha con lo que puede: esta con el aguardentazo,
+otros con otra cosa. Yo también las cojo; pero no así: las mías son de
+cosa de más adentro... Ya te contaré, ya te contaré».
+
+Y salió disparada, las monedas metidas en el seno, temerosa de que
+alguien se las quitara por el camino, o de que se le escaparan volando,
+arrastradas de sus tumultuosos pensamientos. Al quedarse solo, Almudena
+fue a la cocina, donde, entre otros cachivaches, tenía una palanganita
+de estaño y un cántaro de agua. Se lavó las manos y los ojos; después
+cogió un cazuelo en que había cenizas y carbones apagados, y pasando a
+una de las casas vecinas, volvió al poco rato con lumbre, sobre la cual
+derramó un puñadito de cierta substancia que en un envoltorio de papel
+tenía junto a la cama. Levantose del fuego humareda muy densa y un olor
+penetrante. Era el sahumerio de benjuí, única remembranza material de la
+tierra nativa que Almudena se permitía en su destierro vagabundo. El
+aroma especial, característico de casa mora, era su consuelo, su placer
+más vivo, práctica juntamente casera y religiosa, pues envuelto en aquel
+humo se puso a rezar cosas que ningún cristiano podía entender.
+
+Con el humazo, la borracha gruñía más, y carraspeaba, y tosía, como
+queriendo dar acuerdo de sí. El ciego no le hacía más caso que a un
+perro, atento sólo a sus rezos en lengua que no sabemos si era arábiga o
+hebrea, tapándose un ojo con cada mano, y bajándolas después sobre la
+boca para besárselas. Mediano rato empleó en sus meditaciones, y al
+terminarlas, vio sentada ante sí a la mujerzuela que con ojos esquivos y
+lloricones, a causa del picor producido por el espeso sahumerio, le
+miraba. Presentándole gravemente las palmas de las manos, Almudena le
+soltó estas palabras:
+
+«Gran púa, no haber más que un Dios... _b'rracha_, _b'rrachona_, no
+haber más que un Dios... un Dios, un Dios solo, solo».
+
+Soltó la otra sonora carcajada, y llevándose la mano al pecho, quería
+arreglar el desorden que la mano inquieta de su compañero de vivienda
+había causado en aquella parte interesantísima de su persona. Tan torpe
+salía del sueño alcohólico, que no acertaba a poner cada cosa en su
+sitio, ni a cubrir las que la honestidad quiere y ha querido siempre
+que se cubran. «_Jai_, tú me has _arregistrao_.
+
+--Sí... No haber más que un Dios, un Dios solo.
+
+--¿Y a mí, qué? Por mí que _haigan_ dos o cuarenta, todos los que ellos
+mesmos quieran haberse... Pero di, gorrón, me has quitado la peseta. No
+me importa. _Pa_ ti era.
+
+--¡Un Dios solo!».
+
+Y viéndole coger el palo, se puso la mujer en guardia, diciéndole: «Ea,
+no pegues, _Jai_. Basta ya de sahumerio, y ponte a hacer la cena.
+¿Cuánto dinero tienes? ¿Qué quieres que te traiga?...
+
+--_¡B'rrachona!_ no haber diniero... Llevarlo los _embaixos_, tú dormida.
+
+--¿Qué te traigo?--murmuró la mujer negra tambaleándose y cerrando los
+ojos--. Aguárdate un poquitín. Tengo sueño, _Jai_».
+
+Cayó nuevamente en profundo sopor, y Almudena, que había requerido el
+palo con intenciones de usarlo como infalible remedio de la embriaguez,
+tuvo lástima y suspiró fuerte, mascullando estas o parecidas palabras:
+«Pegar ti otro día».
+
+
+
+
+VI
+
+
+Casi no es hipérbole decir que la _señá_ Benina, al salir de Santa
+Casilda, poseyendo el incompleto duro que calmaba sus mortales
+angustias, iba por rondas, travesías y calles como una flecha. Con
+sesenta años a la espalda, conservaba su agilidad y viveza, unidas a una
+perseverancia inagotable. Se había pasado lo mejor de la vida en un
+ajetreo afanoso, que exigía tanta actividad como travesura, esfuerzos
+locos de la mente y de los músculos, y en tal enseñanza se había
+fortificado de cuerpo y espíritu, formándose en ella el temple
+extraordinario de mujer que irán conociendo los que lean esta puntual
+historia de su vida. Con increíble presteza entró en una botica de la
+calle de Toledo; recogió medicinas que había encargado muy de mañana;
+después hizo parada en la carnicería y en la tienda de ultramarinos,
+llevando su compra en distintos envoltorios de papel, y, por fin, entró
+en una casa de la calle Imperial, próxima a la rinconada en que está el
+Almotacén y Fiel Contraste. Deslizose a lo largo del portal angosto,
+obstruido y casi intransitable por los colgajos de un comercio de
+cordelería que en él existe; subió la escalera, con rápidos andares
+hasta el principal, con moderado paso hasta el segundo; llegó jadeante
+al tercero, que era el último, con honores de sotabanco. Dio vuelta a un
+patio grande, por galería de emplomados cristales, de suelo desigual, a
+causa de los hundimientos y desniveles de la vieja fábrica, y al fin
+llegó a una puerta de cuarterones, despintada; llamó... Era su casa, la
+casa de su señora, la cual, en persona, tentando las paredes, salió al
+ruido de la campanilla, o más bien afónico cencerreo, y abrió, no sin la
+precaución de preguntar por la mirilla, cuadrada, defendida por una cruz
+de hierro.
+
+«Gracias a Dios, mujer...--le dijo en la misma puerta--. ¡Vaya unas horas!
+Creí que te había cogido un coche, o que te había dado un accidente».
+
+Sin chistar siguió Benina a su señora hasta un gabinetillo próximo, y
+ambas se sentaron. Excusó la criada las explicaciones de su tardanza por
+el miedo que sentía de darlas, y se puso a la defensiva, esperando a ver
+por dónde salía doña Paca, y qué posiciones tomaba en su irascible
+genio. Algo la tranquilizó el tono de las primeras palabras con que fue
+recibida; esperaba una fuerte reprimenda, vocablos displicentes. Pero
+la señora parecía estar de buenas, domado, sin duda, el áspero carácter
+por la intensidad del sufrimiento. Benina se proponía, como siempre,
+acomodarse al son que le tocara la otra, y a poco de estar junto a ella,
+cambiadas las primeras frases, se tranquilizó. «¡Ay, señora, qué día! Yo
+estaba deshecha; pero no me dejaban, no me dejaban salir de aquella
+bendita casa.
+
+--No me lo expliques--dijo la señora, cuyo acentillo andaluz persistía,
+aunque muy atenuado, después de cuarenta años de residencia en Madrid--.
+Ya estoy al tanto. Al oír las doce, la una, las dos, me decía yo: 'Pero,
+Señor, por qué tarda tanto la Nina?'. Hasta que me acordé...
+
+--Justo.
+
+--Me acordé... como tengo en mi cabeza todo el almanaque... de que hoy es
+San Romualdo, confesor y obispo de Farsalia...
+
+--Cabal.
+
+--Y son los días del señor sacerdote en cuya casa estás de asistenta.
+
+--Si yo pensara que usted lo había de adivinar, habría estado más
+tranquila--afirmó la criada, que en su extraordinaria capacidad para
+forjar y exponer mentiras, supo aprovechar el sólido cable que su ama le
+arrojaba--. ¡Y que no ha sido floja la tarea!
+
+--Habrás tenido que dar un gran almuerzo. Ya me lo figuro. ¡Y que no
+serán cortos de tragaderas los curánganos de San Sebastián, compañeros y
+amigos de tu D. Romualdo!
+
+--Todo lo que le diga es poco.
+
+--Cuéntame: ¿qué les has puesto?--preguntó ansiosa la señora, que gustaba
+de saber lo que se comía en las casas ajenas--. Ya estoy al tanto. Les
+harías una mayonesa.
+
+--Lo primero un arroz, que me quedó muy a punto. ¡Ay, Señor, cuánto lo
+alabaron! Que si era yo la primera cocinera de toda la Europa... que si
+por vergüenza no se chupaban los dedos...
+
+--¿Y después?
+
+--Una pepitoria que ya la quisieran para sí los ángeles del cielo. Luego,
+calamares en su tinta... luego...
+
+--Pues aunque te tengo dicho que no me traigas sobras de ninguna casa,
+pues prefiero la miseria que me ha enviado Dios, a chupar huesos de
+otras mesas... como te conozco, no dudo que habrás traído algo. ¿Dónde
+tienes la cesta?».
+
+Viéndose cogida, Benina vacilé un instante; mas no era mujer que se
+arredraba ante ningún peligro, y su maestría para el embuste le sugirió
+pronto el hábil quite: «Pues, señora, dejé la cesta, con lo que traje,
+en casa de la señorita Obdulia, que lo necesita más que nosotras.
+
+--Has hecho bien. Te alabo la idea, Nina. Cuéntame más. ¿Y un buen
+solomillo, no pusiste?
+
+--¡Anda, anda! Dos kilos y medio, señora. Sotero Rico me lo dio de lo
+superior.
+
+--¿Y postres, bebidas?...
+
+--Hasta _Champaña de la Viuda_. Son el diantre los curas, y de nada se
+privan... Pero vámonos adentro, que es muy tarde, y estará la señora
+desfallecida.
+
+--Lo estaba; pero... no sé: parece que me he comido todo eso de que has
+hablado... En fin, dame de almorzar.
+
+--¿Qué ha tomado? ¿El poquito de cocido que le aparté anoche?
+
+--Hija, no pude pasarlo. Aquí me tienes con media onza de chocolate
+crudo.
+
+--Vamos, vamos allá. Lo peor es que hay que encender lumbre. Pero pronto
+despacho... ¡Ah! también le traigo las medicinas. Eso lo primero.
+
+--¿Hiciste todo lo que te mandé?--preguntó la señora, en marcha las dos
+hacia la cocina--. ¿Empeñaste mis dos enaguas?
+
+--¿Cómo no? Con las dos pesetas que saqué, y otras dos que me dio D.
+Romualdo por ser su santo, he podido atender a todo.
+
+--¿Pagaste el aceite de ayer?
+
+--¡Pues no!
+
+--¿Y la tila y la sanguinaria?
+
+--Todo, todo... Y aún me ha sobrado, después de la compra, para mañana.
+
+--¿Querrá Dios traernos mañana un buen día?--dijo con honda tristeza la
+señora, sentándose en la cocina, mientras la criada, con nerviosa
+prontitud, reunía astillas y carbones.
+
+--¡Ay! sí, señora: téngalo por cierto.
+
+--¿Por qué me lo aseguras, Nina?
+
+--Porque lo sé. Me lo dice el corazón. Mañana tendremos un buen día,
+estoy por decir que un gran día.
+
+--Cuando lo veamos te diré si aciertas... No me fío de tus corazonadas.
+Siempre estás con que mañana, que mañana...
+
+--Dios es bueno.
+
+--Conmigo no lo parece. No se cansa de darme golpes: me apalea, no me
+deja respirar. Tras un día malo, viene otro peor. Pasan años aguardando
+el remedio, y no hay ilusión que no se me convierta en desengaño. Me
+canso de sufrir, me canso también de esperar. Mi esperanza es traidora,
+y como me engaña siempre, ya no quiero esperar cosas buenas, y las
+espero malas para que vengan... siquiera regulares.
+
+--Pues yo que la señora--dijo Benina dándole al fuelle--, tendría confianza
+en Dios, y estaría contenta... Ya ve que yo lo estoy... ¿no me ve? Yo
+siempre creo que cuando menos lo pensemos nos vendrá el golpe de suerte,
+y estaremos tan ricamente, acordándonos de estos días de apuros, y
+desquitándonos de ellos con la gran vida que nos vamos a dar.
+
+--Ya no aspiro a la buena vida, Nina--declaró casi llorando la señora--:
+sólo aspiro al descanso.
+
+--¿Quién piensa en la muerte? Eso no: yo me encuentro muy a gusto en este
+mundo fandanguero, y hasta le tengo ley a los trabajillos que paso.
+Morirse no.
+
+--¿Te conformas con esta vida?
+
+--Me conformo, porque no está en mi mano el darme otra. Venga todo antes
+que la muerte, y padezcamos con tal que no falte un pedazo de pan, y
+pueda uno comérselo con dos salsas muy buenas: el hambre y la esperanza.
+
+--¿Y soportas, además de la miseria, la vergüenza, tanta humillación,
+deber a todo el mundo, no pagar a nadie, vivir de mil enredos, trampas y
+embustes, no encontrar quien te fíe valor de dos reales, vernos
+perseguidos de tenderos y vendedores?
+
+--¡Vaya si lo soporto!... Cada cual, en esta vida, se defiende como
+puede. ¡Estaría bueno que nos dejáramos morir de hambre, estando las
+tiendas tan llenas de cosas de substancia! Eso no: Dios no quiere que a
+nadie se le enfríe el cielo de la boca por no comer, y cuando no nos da
+dinero, un suponer, nos da la sutileza del caletre para inventar modos
+de allegar lo que hace falta, sin robarlo... eso no. Porque yo prometo
+pagar, y pagaré cuando lo tengamos. Ya saben que somos pobres... que hay
+formalidad en casa, ya que no _haigan_ otras cosas. ¡Estaría bueno que
+nos afligiéramos porque los tenderos no cobran estas miserias, sabiendo,
+como sabemos, que están ricos!...
+
+--Es que tú no tienes vergüenza, Nina; quiero decir, decoro; quiero
+decir, dignidad.
+
+--Yo no sé si tengo eso; pero tengo boca y estómago natural, y sé también
+que Dios me ha puesto en el mundo para que viva, y no para que me deje
+morir de hambre. Los gorriones, un suponer, ¿tienen vergüenza? ¡Quia!...
+lo que tienen es pico... Y mirando las cosas como deben mirarse, yo digo
+que Dios, no tan sólo ha criado la tierra y el mar, sino que son obra
+suya mismamente las tiendas de ultramarinos, el Banco de España, las
+casas donde vivimos y, pongo por caso, los puestos de verdura... Todo es
+de Dios.
+
+--Y la moneda, la indecente moneda, ¿de quién es?--preguntó con lastimero
+acento la señora--. Contéstame.
+
+--También es de Dios, porque Dios hizo el oro y la plata... Los billetes,
+no sé... Pero también, también.
+
+--Lo que yo digo, Nina, es que las cosas son del que las tiene... y las
+tiene todo el mundo menos nosotras... ¡Ea! date prisa, que siento
+debilidad. ¿En dónde me pusiste las medicinas?... Ya: están sobre la
+cómoda. Tomaré una papeleta de salicilato antes de comer... ¡Ay, qué
+trabajo me dan estas piernas! En vez de llevarme ellas a mí, tengo yo
+que tirar de ellas. _(Levantándose con gran esfuerzo.)_ Mejor andaría yo
+con muletas. ¿Pero has visto lo que hace Dios conmigo? ¡Si esto parece
+burla! Me ha enfermado de la vista, de las piernas, de la cabeza, de los
+riñones, de todo menos del estómago. Privándome de recursos, dispone que
+yo digiera como un buitre.
+
+--Lo mismo hace conmigo. Pero yo no lo llevo a mal, señora. ¡Bendito sea
+el Señor, que nos da el bien más grande de nuestros cuerpos: el hambre
+santísima!».
+
+
+
+
+VII
+
+
+Ya pasaba de los sesenta la por tantos títulos infeliz Doña Francisca
+Juárez de Zapata, conocida en los años de aquella su decadencia
+lastimosa por _doña Paca_, a secas, con lacónica y plebeya
+familiaridad. Ved aquí en qué paran las glorias y altezas de este mundo,
+y qué pendiente hubo de recorrer la tal señora, rodando hacia la
+profunda miseria, desde que ataba los perros con longaniza, por los años
+59 y 60, hasta que la encontramos viviendo inconscientemente de limosna,
+entre agonías, dolores y vergüenzas mil. Ejemplos sin número de estas
+caídas nos ofrecen las poblaciones grandes, más que ninguna esta de
+Madrid, en que apenas existen hábitos de orden, pero a todos los
+ejemplos supera el de doña Francisca Juárez, tristísimo juguete del
+destino. Bien miradas estas cosas y el subir y bajar de las personas en
+la vida social, resulta gran tontería echar al destino la culpa de lo
+que es obra exclusiva de los propios caracteres y temperamentos, y buena
+muestra de ello es doña Paca, que en su propio ser desde el nacimiento
+llevaba el desbarajuste de todas las cosas materiales. Nacida en Ronda,
+su vista se acostumbró desde la niñez a las vertiginosas depresiones del
+terreno; y cuando tenía pesadillas, soñaba que se caía a la profundísima
+hondura de aquella grieta que llaman _Tajo_. Los nacidos en Ronda deben
+de tener la cabeza muy firme y no padecer de vértigos ni cosa tal,
+hechos a contemplar abismos espantosos. Pero doña Paca no sabía
+mantenerse firme en las alturas: instintivamente se despeñaba; su
+cabeza no era buena para esto ni para el gobierno de la vida, que es la
+seguridad de vista en el orden moral.
+
+El vértigo de Paquita Juárez fue un estado crónico desde que la casaron,
+muy joven, con D. Antonio María Zapata, que le doblaba la edad,
+intendente de ejército, excelente persona, de holgada posición por su
+casa, como la novia, que también poseía bienes raíces de mucha cuenta.
+Sirvió Zapata en el ejército de África, división de Echagüe, y después
+de Wad-Ras pasó a la Dirección del ramo. Establecido el matrimonio en
+Madrid, le faltó tiempo a la señora para poner su casa en un pie de vida
+frívola y aparatosa que, si empezó ajustando las vanidades al marco de
+las rentas y sueldos, pronto se salió de todo límite de prudencia, y no
+tardaron en aparecer los atrasos, las irregularidades, las deudas.
+Hombre ordenadísimo era Zapata; pero de tal modo le dominaba su esposa,
+que hasta le hizo perder sus cualidades eminentes; y el que tan bien
+supo administrar los caudales del ejército, veía perderse los suyos,
+olvidado del arte para conservarlos. Paquita no se ponía tasa en el
+vestir elegante, ni en el lujo de mesa, ni en el continuo zarandeo de
+bailes y reuniones, ni en los dispendiosos caprichos. Tan notorio fue ya
+el desorden, que Zapata, aterrado, viendo venir el trueno gordo, hubo
+de vencer la modorra en que su cara mitad le tenía, y se puso a hacer
+números y a querer establecer método y razón en el gobierno de su
+hacienda; pero ¡oh triste sino de la familia! cuando más engolfado
+estaba el hombre en su aritmética, de la que esperaba su salvación,
+cogió una pulmonía, y pasó a mejor vida el Viernes Santo por la tarde,
+dejando dos hijos de corta edad: Antoñito y Obdulia.
+
+Administradora y dueña del caudal activo y pasivo, Francisca no tardó en
+demostrar su ineptitud para el manejo de aquellas enredosas materias, y
+a su lado surgieron, como los gusanos en cuerpo corrupto, infinitas
+personas que se la comían por dentro y por fuera, devorándola sin
+compasión. En esta época desastrosa, entró a su servicio Benigna, que si
+desde el primer día se acreditó de cocinera excelente, a las pocas
+semanas hubo de revelarse como la más intrépida sisona de Madrid. Qué
+tal sería la moza en este terreno, que la misma doña Francisca, de una
+miopía radical para la inspección de sus intereses, pudo apreciar la
+rapacidad minuciosa de la sirviente, y aun se determinó a corregirla. En
+justicia, debo decir que Benigna (entre los suyos llamada _Benina_, y
+_Nina_ simplemente por la señora) tenía cualidades muy buenas que, en
+cierto modo, compensaban, en los desequilibrios de su carácter, aquel
+defecto grave de la sisa. Era muy limpia, de una actividad pasmosa, que
+producía el milagro de agrandar las horas y los días. Además de esto,
+Doña Francisca estimaba en ella el amor intenso a los niños de la casa;
+amor sincero y, si se quiere, positivo, que se revelaba en la vigilancia
+constante, en los exquisitos cuidados con que sanos o enfermos les
+atendía. Pero las cualidades no fueron bastante eficaces para impedir
+que el defecto promoviera cuestiones agrias entre ama y sirviente, y en
+una de estas, Benina fue despedida. Los niños la echaron muy de menos, y
+lloraban por su Nina graciosa y soboncita.
+
+A los tres meses se presentó de visita en la casa. No podía olvidar a la
+señora ni a los nenes. Estos eran su amor, y la casa, todo lo material
+de ella, la encariñaba y atraía. Paquita Juárez también tenía especial
+gusto en charlar con ella, pues algo (no sabían qué) existía entre las
+dos que secretamente las enlazaba, algo de común en la extraordinaria
+diversidad de sus caracteres. Menudearon las visitas. ¡Ay! la Benina no
+se encontraba a gusto en la casa donde a la sazón servía. En fin, que ya
+la tenemos otra vez en la domesticidad de Doña Francisca; y tan contenta
+ella, y satisfecha la señora, y los pequeñuelos locos de alegría.
+Sobrevino en aquel tiempo un aumento de las dificultades y ahogos de la
+familia en el orden administrativo: las deudas roían con diente voraz el
+patrimonio de la casa; se perdían fincas valiosas, pasando sin saber
+cómo, por artes de usura infame, a las manos de los prestamistas. Como
+carga preciosa que se arroja de la embarcación al mar en los apuros del
+naufragio, salían de la casa los mejores muebles, cuadros, alfombras
+riquísimas: las alhajas habían salido ya... Pero por más que se
+aligeraba el buque, la familia continuaba en peligro de zozobra y de
+sumergirse en los negros abismos sociales.
+
+Para mayor desdicha, en aquel funesto periodo del 70 al 80, los dos
+niños padecieron gravísimas enfermedades: tifoidea el uno; eclampsia y
+epilepsia la otra. Benina les asistió con tal esmero y solicitud tan
+amorosa, que se pudo creer que les arrancaba de las uñas de la muerte.
+Ellos le pagaban, es verdad, estos cuidados con un afecto ardiente. Por
+amor de Benina, más que por el de su madre, se prestaban a tomar las
+medicinas, a callar y estarse quietecitos, a sudar sin ganas, y a no
+comer antes de tiempo: todo lo cual no impidió que entre ama y criada
+surgiesen cuestiones y desavenencias, que trajeron una segunda
+despedida. En un arrebato de ira o de amor propio, Benina salió
+disparada, jurando y perjurando que no volvería a poner los pies en
+aquella casa, y que al partir sacudía sus zapatos para no llevarse
+pegado en ellos el polvo de las esteras... pues lo que es alfombras, ya
+no las había.
+
+En efecto: antes del año, apareciose Benina en la casa. Entró, anegado
+en lágrimas el rostro, diciendo: «Yo no sé qué tiene la señora; yo no sé
+qué tiene esta casa, y estos niños, y estas paredes, y todas las cosas
+que aquí hay: yo no sé más sino que no me hallo en ninguna parte. En
+casa rica estoy, con buenos amos que no reparan en dos reales más o
+menos; seis duros de salario... Pues no me hallo, señora, y paso la
+noche y el día acordándome de esta familia, y pensando si estarán bien o
+no estarán bien. Me ven suspirar, y creen que tengo hijos. Yo no tengo a
+nadie en el mundo más que a la señora, y sus hijos son mis hijos, pues
+como a tales les quiero...». Otra vez Benina al servicio de Doña
+Francisca Juárez, como criada única y para todo, pues la familia había
+dado un bajón tremendo en aquel año, siendo tan notorias las señales de
+ruina, que la criada no podía verlas sin sentir aflicción profunda.
+Llegó la ocasión ineludible de cambiar el cuarto en que vivían por otro
+más modesto y barato. Doña Francisca, apegada a las rutinas y sin
+determinación para nada, vacilaba. La criada, quitándole en momentos tan
+críticos las riendas del gobierno, decidió la mudanza, y desde la calle
+de Claudio Coello saltaron a la del Olmo. Por cierto que hubo no pocas
+dificultades para evitar un desahucio vergonzoso: todo se arregló con la
+generosa ayuda de Benina, que sacó del Monte sus economías, importantes
+tres mil y pico de reales, y las entregó a la señora, estableciéndose
+desde entonces comunidad de intereses en la adversa como en la próspera
+fortuna. Pero ni aun en aquel rasgo de caridad hermosa desmintió la
+pobre mujer sus hábitos de sisa, y descontó un pico para guardarlo
+cuidadosamente en su baúl, como base de un nuevo montepío, que era para
+ella necesidad de su temperamento y placer de su alma.
+
+Como se ve, tenía el vicio del descuento, que en cierto modo, por otro
+lado, era la virtud del ahorro. Difícil expresar dónde se empalmaban y
+confundían la virtud y el vicio. La costumbre de escatimar una parte
+grande o chica de lo que se le daba para la compra, el gusto de
+guardarla, de ver cómo crecía lentamente su caudal de perras, se
+sobreponían en su espíritu a todas las demás costumbres, hábitos y
+placeres. Había llegado a ser el sisar y el reunir como cosa instintiva,
+y los actos de este linaje se diferenciaban poco de las rapiñas y
+escondrijos de la urraca. En aquella tercera época, del 80 al 85, sisaba
+como antes, aunque guardando medida proporcional con los mezquinos
+haberes de Doña Francisca. Sucediéronse en aquellos días grandes
+desventuras y calamidades. La pensión de la señora, como viuda de
+intendente, había sido retenida en dos tercios por los prestamistas; los
+empeños sucedían a los empeños, y por librarse de un ahogo, caía pronto
+en mayores apreturas. Su vida llegó a ser un continuo afán: las
+angustias de una semana, engendraban las de la semana siguiente: raros
+eran los días de relativo descanso. Para atenuar las horas tristes,
+sacaban fuerzas de flaqueza, alegrando con afectadas fantasmagorías los
+ratos de la noche, cuando se veían libres de acreedores molestos y de
+reclamaciones enfadosas. Fue preciso hacer nuevas mudanzas, buscando la
+baratura, y del _Olmo_ pasaron al _Saúco_, y del _Saúco_ al _Almendro_.
+Por esta fatalidad de los nombres de árboles en las calles donde
+vivieron, parecían pájaros que volaban de rama en rama, dispersados por
+las escopetas de los cazadores o las pedradas de los chicos.
+
+En una de las tremendas crisis de aquel tiempo, tuvo Benina que acudir
+nuevamente al fondo de su cofre, donde escondía el _gato_ o montepío,
+producto de sus descuentos y sisas. Ascendía el montón a diez y siete
+duros. No pudiendo decir a su señora la verdad, salió con el cuento de
+que una prima suya, la Rosaura, que comerciaba en miel alcarreña, le
+había dado unos duros para que se los guardara. «Dame, dame todo lo que
+tengas, Benina, así Dios te conceda la gloria eterna, que yo te lo
+devolveré doblado cuando los primos de Ronda me paguen lo del pejugar...
+ya sabes... es cosa de días... ya viste la carta».
+
+Y revolviendo en el fondo del baúl, entre mil baratijas y líos de
+trapos, sacó la sisona doce duros y medio y los dio a su ama diciéndole:
+«Es todo lo que tengo. No hay más: puede creerlo; es tan verdad como que
+nos hemos de morir».
+
+No podía remediarlo. Descontaba su propia caridad, y sisaba en su
+limosna.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Tantas desdichas, parecerá mentira, no eran más que el preámbulo del
+infortunio grande, aterrador, en que el infeliz linaje de los Juárez y
+Zapatas había de caer, la boca del abismo en que sumergido le hallamos
+al referir su historia. Desde que vivían en la calle del Olmo, Doña
+Francisca fue abandonada de la sociedad que la ayudó a dar al viento su
+fortuna, y en las calles del Saúco y Almendro desaparecieron las pocas
+amistades que le restaban. Por entonces la gente de la vecindad, los
+tenderos chasqueados y las personas que de ella tenían lástima empezaron
+a llamarla _Doña Paca_, y ya no hubo forma de designarla con otro
+nombre. Gentezuelas desconsideradas y groseras solían añadir al nombre
+familiar algún mote infamante: _Doña Paca la tramposa_, _la Marquesa del
+infundio_.
+
+Está visto que Dios quería probar a la dama rondeña, porque a las
+calamidades del orden económico añadió la grande amargura de que sus
+hijos, en vez de consolarla, despuntando por buenos y sumisos, agobiaran
+su espíritu con mayores mortificaciones, y clavaran en su corazón
+espinas muy punzantes. Antoñito, defraudando las esperanzas de su mamá,
+y esterilizando los sacrificios que se habían hecho para encarrilarle en
+los estudios, salió de la piel del diablo. En vano su madre y Benina,
+sus dos madres más bien, se desvivían por quitarle de la cabeza las
+malas ideas: ni el rigor ni las blanduras daban resultado. Se repetía el
+caso de que, cuando ellas creían tenerle conquistado con carantoñas y
+mimos, él las engañaba con fingida sumisión, y escamoteándoles la
+voluntad, se alzaba con el santo y la limosna. Era muy listo para el
+mal, y hallábase dotado de seducciones raras para hacerse perdonar sus
+travesuras. Sabía esconder su astuta malicia bajo apariencias
+agradables; a los diez y seis años engañaba a sus madres como si fueran
+niñas; traía falsos certificados de exámenes; estudiaba por apuntes de
+los compañeros, porque vendía los libros que se le habían comprado. A
+los diez y nueve años, las malas compañías dieron ya carácter grave a
+sus diabluras; desaparecía de la casa por dos o tres días, se
+embriagaba, se quedó en los huesos. Uno de los principales cuidados de
+las dos madres era esconder en las entrañas de la tierra la poca moneda
+que tenían, porque con él no había dinero seguro. La sacaba con arte
+exquisito del seno de Doña Paca, o del bolso mugriento de Benina.
+Arramblaba por todo, fuera poco, fuera mucho. Las dos mujeres no sabían
+qué escondrijos inventar, ni en qué profundidades de la cocina o de la
+despensa esconder sus mezquinos tesoros.
+
+Y a pesar de esto, su madre le quería entrañablemente, y Benina le
+adoraba, porque no había otro con más arte y más refinado histrionismo
+para fingir el arrepentimiento. A sus delirios seguían comúnmente días
+de recogimiento solitario en la casa, derroche de lágrimas y suspiros,
+protestas de enmienda, acompañadas de un febril besuqueo de las caras de
+las dos madres burladas... El blando corazón de estas, engañado por tan
+bonitas demostraciones, se dejaba adormecer en la confianza cómoda y
+fácil, hasta que, de improviso, del fondo de aquellas zalamerías,
+verdaderas o falsas, saltaba el ladronzuelo, como diablillo de trampa en
+el centro de una caja de dulces, y... otra vez el muchacho a sus
+correrías infames, y las pobres mujeres a su desesperación.
+
+Por desgracia o por fortuna (y vaya usted a saber si era fortuna o
+desgracia), ya no había en la casa cubiertos de plata, ni objeto alguno
+de metal valioso. El demonio del chico hacía presa en cuanto encontraba,
+sin despreciar las cosas de valor ínfimo; y después de arramblar por los
+paraguas y sombrillas, la emprendió con la ropa interior, y un día, al
+levantarse de la mesa, aprovechando un momento de descuido de sus madres
+y hermana, escamoteó el mantel y dos servilletas. De su propia ropa no
+se diga: en pleno invierno andaba por las calles sin abrigo ni capa,
+respetado de las pulmonías, protegido sin duda contra ellas por el fuego
+interior de su perversidad. Ya no sabían Doña Paca y Benina dónde
+esconder las cosas, pues temían que les arrebatara hasta la camisa que
+llevaban puesta. Baste decir que desaparecieron en una noche las
+vinajeras, y un estuchito de costura de Obdulia; otra noche dos planchas
+y unas tenacillas, y sucesivamente elásticas usadas, retazos de tela, y
+multitud de cosas útiles aunque de valor insignificante. Libros no
+había ya en la casa, y Doña Paca no se atrevía ni a pedirlos prestados,
+temerosa de no poder devolverlos. Hasta los de misa habían volado, y
+tras ellos, o antes que ellos, gemelos de teatro, guantes en buen uso, y
+una jaula sin pájaro.
+
+Por otro estilo, y con organismo totalmente distinto del de su hermano,
+la niña daba también mucha guerra. Desde los doce años se desarrolló en
+ella el neurosismo en un grado tal, que las dos madres no sabían cómo
+templar aquella gaita. Si la trataban con rigor, malo; si con mimos,
+peor. Ya mujer, pasaba sin transición de las inquietudes epilépticas a
+una languidez mortecina. Sus melancolías intensas aburrían a las pobres
+mujeres tanto como sus excitaciones, determinantes de una gran actividad
+muscular y mental. La alimentación de Obdulia llegó a ser el problema
+capital de la casa, y entre las desganas y los caprichos famélicos de la
+niña, las madres perdían su tiempo, y la paciencia que Dios les había
+concedido al por mayor. Un día le daban, a costa de grandes sacrificios,
+manjares ricos y substanciosos, y la niña los tiraba por la ventana;
+otro, se hartaba de bazofias que le producían horroroso flato. Por
+temporadas se pasaba días y noches llorando, sin que pudiera averiguarse
+la causa de su duelo; otras veces se salía con un geniecillo
+displicente y quisquilloso que era el mayor suplicio de las dos mujeres.
+Según opinión de un médico que por lástima las visitaba, y de otros que
+tenían consulta gratuita, todo el desorden nervioso y psicológico de la
+niña era cuestión de anemia, y contra esto no había más terapéutica que
+el tratamiento ferruginoso, los buenos filetes y los baños fríos.
+
+Era Obdulia bonita, de facciones delicadas, tez opalina, cabello
+castaño, talle sutil y esbelto, ojos dulces, habla modosita y dengosa
+cuando no estaba de morros. No puede imaginarse ambiente menos adecuado
+a semejante criatura, mañosa y enfermiza, que la miseria en que había
+crecido y vivía. Por intervalos se notaban en ella síntomas de
+presunción, anhelos de agradar, preferencias por estas o las otras
+personas, algo que indicaba las inquietudes o anuncios del cambio de
+vida, de lo cual se alegraba Doña Paca, porque tenía sus proyectos
+referentes a la niña. La buena señora se habría desvivido por
+realizarlos, si Obdulia se equilibrara, si atendiera al complemento de
+su educación, bastante descuidada, pues escribía muy mal, e ignoraba los
+rudimentos del saber que poseen casi todas las niñas de la clase media.
+La ilusión de Doña Paca era casarla con uno de los hijos de su primo
+Matías, propietario rondeño, chicos guapines y bien criados, que
+seguían carrera en Sevilla, y alguna vez venían a Madrid por San
+Isidro. Uno de ellos, Currito Zapata, gustaba de Obdulia: casi se
+entablaron relaciones amorosas que por el carácter de la niña y sus
+extravagancias melindrosas no llegaron a formalizarse. Pero la madre no
+abandonaba la idea, o al menos, acariciándola en su mente, con ella se
+consolaba de tantas desdichas.
+
+De la noche a la mañana, viviendo la familia en la calle del Olmo, se
+iniciaron, sin saber cómo, no sé qué relaciones telegráficas entre
+Obdulia y un chico de enfrente, cuyo padre administraba una empresa de
+servicios fúnebres. El bigardón aquel no carecía de atractivos:
+estudiaba en la Universidad y sabía mil cosas bonitas que Obdulia
+ignoraba, y fueron para ella como una revelación. Literatura y poesía,
+versitos, mil baratijas del humano saber pasaron de él a ella en
+cartitas, entrevistas y honestos encuentros.
+
+No miraba esto con buenos ojos Doña Paca, atenta a su plan de casarla
+con el rondeño; pero la niña, que tomado había en aquellos tratos no
+pocas lecciones de romanticismo elemental, se puso como loca viéndose
+contrariada en su espiritual querencia. Le daban por mañana y tarde
+furiosos ataques epilépticos, en los que se golpeaba la cara y se
+arañaba las manos; y, por fin, un día Benina la sorprendió preparando
+una ración de cabezas de fósforos con aguardiente para ponérsela entre
+pecho y espalda. La marimorena que se armó en la casa no es para
+referida. Doña Paca era un mar de lágrimas; la niña bailaba el
+zapateado, tocando el techo con las manos, y Benina pensaba dar parte al
+administrador de _entierros_ para que, mediante una buena paliza u otra
+medicina eficaz, le quitase a su hijo aquella pasión de _cosas de
+muertos_, _cipreses_ y _cementerios_ de que había contagiado a la pobre
+señorita.
+
+Pasado algún tiempo sin conseguir apartar a la descarriada Obdulia del
+trato amoroso con _el chico de la funebridad_, consintiéndoselo a veces
+por vía de transacción con la epilepsia, y por evitar mayores males,
+Dios quiso que el conflicto se resolviera de un modo repentino y fácil;
+y la verdad, con tal solución se ahorraban unas y otros muchos
+quebraderos de cabeza, porque también la _familia fúnebre_ andaba a
+mojicones con el chico para apartarle del abismo en que arrojarse
+quería. Pues sucedió que una mañanita la niña supo burlar la vigilancia
+de sus dos madres y se escapó de la casa; el mancebo hizo lo propio.
+Juntáronse en la calle, con propósito firme de ir a algún poético lugar
+donde pudieran quitarse la miserable vida, bien abrazaditos, expirando
+al mismo tiempo, sin que el uno pudiera sobrevivir al otro. Así lo
+determinaron en los primeros momentos, y echaron a correr pensando
+simultáneamente en cuál sería la mejor manera de matarse, de golpe y
+porrazo, sin sufrimiento alguno, y pasando en un tris a la región pura
+de las almas libres. Lejos de la calle del Almendro, se modificaron
+repentinamente sus ideas, y con perfecta concordancia pensaron cosas muy
+distintas de la muerte. Por fortuna, el chico tenía dinero, pues había
+cobrado la tarde anterior una factura de _féretro doble de zinc_ y otra
+de un _servicio completo de cama imperial y conducción con seis
+caballos_, _etc_... La posesión del dinero realizó el prodigio de
+cambiar las ideas de suicidio en ideas de prolongación de la existencia;
+y variando de rumbo se fueron a almorzar a un café, y después a una casa
+cercana, de la cual, ya tarde, pasaron a otra donde escribieron a sus
+respectivas familias, notificándoles que _ya estaban casados_.
+
+Como casados, propiamente hablando, no lo estaban aún; pero el trámite
+que faltaba tenía que venir necesariamente. El padre del chico se
+personó en casa de Doña Paca, y allí se convino, llorando ella y
+pateando él, que no había más remedio que reconocer y acatar los hechos
+consumados. Y puesto que Doña Francisca no podía dar a su niña dinero o
+efectos, ni aun en mínima cantidad para ayuda de un catre, él daría a
+_Luquitas_ alojamiento en lo alto del depósito de ataúdes, y un
+sueldecillo en la sección de _Propaganda_. Con esto, y el corretaje que
+pudiera corresponderle por _trabajar el género_ en las _casas
+mortuorias_, colocación de _artículos de lujo_, o por agencia de
+embalsamamientos, podría vivir el flamante matrimonio con honrada
+modestia.
+
+
+
+
+IX
+
+
+No se había consolado aún la desventurada señora de la pena que el
+desatino de su hija le causara, y se pasaba las horas lamentándose de su
+suerte, cuando entró en quintas Antoñito. La pobre señora no sabía si
+sentirlo o alegrarse. Triste cosa era verle soldado, con el chopo a
+cuestas: al fin era señorito, y se le despegaba la vida de los
+cuarteles. Pero también pensaba que la disciplina militar le vendría muy
+bien para corregir sus malas mañas. Por fortuna o por desgracia del
+joven, sacó un número muy alto, y quedó de reserva. Pasado algún tiempo,
+y después de una ausencia de cuatro días, presentose a su madre y le
+dijo que se casaba, que quería casarse, y que si no le daba su
+consentimiento él se lo tomaría.
+
+«Hijo mío, sí, sí--dijo la madre prorrumpiendo en llanto--. Vete con Dios,
+y solitas Benina y yo, viviremos con alguna tranquilidad. Puesto que has
+encontrado quien cargue contigo, y tienes ya quien te cuide y te
+aguante, allá te las hayas. Yo no puedo más».
+
+A la pregunta de cajón sobre el nombre, linaje y condiciones de la
+novia, replicó el silbante que la conceptuaba muy rica, y tan buena que
+no había más que pedir. Pronto se supo que era hija de una sastra, que
+pespuntaba con primor, y que no tenía más dote que su dedal.
+
+«Bien, niño, bien--le dijo una tarde Doña Paca--. Me he lucido con mis
+hijos. Al menos Obdulia, viviendo entre ataúdes, tiene sobre qué caerse
+muerta... Pero tú, ¿de qué vas a vivir? ¿Del dedal y las puntadas de ese
+prodigio? Verdad que como eres tan trabajador y tan económico,
+aumentarás las ganancias de ella con tu arreglo. ¡Dios mío, qué
+maldición ha caído sobre mí y sobre los míos! Que me muera pronto para
+no ver los horrores que han de sobrevenir».
+
+Debe notarse, la verdad ante todo, que desde que empezó el noviazgo de
+Antoñito con la hija de la sastra, se fue corrigiendo de sus mañas
+rapaces, hasta que se le vio completamente curado de ellas. Su carácter
+sufrió un cambio radical: mostrándose afectuoso con su madre y con
+Benina, resignábase a no tener más dinero que el poquísimo que le daban,
+y hasta en su lenguaje se conocía el trato de personas más honradas y
+decentes que las de antaño. Esto fue parte a que Doña Paca le concediera
+el consentimiento, sin conocer a la novia ni mostrar ganas de conocerla.
+Charlando con su señora de estas cosas, Benina aventuró la idea de que
+tal vez por aquel torcido sendero de la boda del mequetrefe, vendría la
+suerte a la casa, pues la suerte, ya se sabe, no viene nunca por donde
+lógicamente se la espera, sino por curvas y vericuetos increíbles. No se
+daba por convencida Doña Paca, que sintiéndose minada de una melancolía
+corrosiva, no veía ya en la existencia ningún horizonte que no fuera
+ceñudo y tempestuoso. Con hallarse ya las dos mujeres, por la colocación
+de los hijos, en mejores condiciones de reposo y de vida, no se avenían
+con su soledad, y echaban de menos a _la familia menuda_; cosa en verdad
+muy natural, porque es ley que los mayores conserven el afecto a la
+descendencia, aunque esta les martirice, les maltrate y les deshonre.
+
+A poco de celebrarse las dos bodas, trasladose Doña Paca de la calle del
+Almendro a la Imperial, buscando siempre baraturas, que al fin y al cabo
+no le resolvían el problema de vivir sin recursos. Estos se habían
+reducido a cero, porque el resto disponible de la pensión apenas bastaba
+para tapar la boca a los acreedores menudos. Casi todos los días del mes
+se pasaban en angustiosos arbitrios para reunir cuartos, cosa en extremo
+difícil ya, porque no había en la casa objetos de valor. El crédito en
+tiendas o en cajones de la plazuela, habíase agotado. De los hijos nada
+podía esperarse, y bastante hacían los pobres con asegurar malamente su
+propia subsistencia. La situación era, pues, desesperada, de naufragio
+irremediable, flotando los cuerpos entre las bravas olas, sin tabla o
+madero a que poder agarrarse. Por aquellos días, hizo la Benina
+prodigiosas combinaciones para vencer las dificultades, y dar de comer a
+su ama gastando inverosímiles cantidades metálicas. Como tenía
+conocimiento en las plazuelas, por haber sido en tiempos mejores
+excelente parroquiana, no le era difícil adquirir comestibles a precio
+ínfimo, y gratuitamente huesos para el caldo, trozos de lombardas o
+repollos averiados, y otras menudencias. En los comercios para pobres,
+que ocupan casi toda la calle de la Ruda, también tenía buenas amistades
+y relaciones, y con poquísimo dinero, o sin ninguno a veces, tomando al
+fiado, adquiría huevos chicos, rotos y viejos, puñados de garbanzos o
+lentejas, azúcar morena de restos de almacén, y diversas porquerías que
+presentaba a la señora como artículo de mediana clase.
+
+Por ironía de su destino, Doña Paca, afligida de diversas enfermedades,
+conservaba su buen apetito y el gusto de los manjares selectos; gusto y
+apetito que en cierto modo venían a ser también enfermedad, en aquel
+caso de las más rebeldes, porque en las farmacias, llamadas tiendas de
+comestibles, no despachan sin dinero. Con esfuerzos sobrehumanos,
+empleando la actividad corpórea, la atención intensa y la inteligente
+travesura, Benina le daba de comer lo mejor posible, a veces muy bien,
+con delicadezas refinadas. Un profundo sentimiento de caridad la movía,
+y además el ardiente cariño que a la triste señora profesaba, como para
+compensarla, a su manera, de tantas desdichas y amarguras. Conformábase
+ella con chupar algunos huesos y catar desperdicios, siempre y cuando
+Doña Paca quedase satisfecha. Pero no por caritativa y cariñosa perdía
+sus mañas instintivas; siempre ocultaba a su señora una parte del
+dinero, trabajosamente reunido, y la guardaba para formar nuevo fondo y
+capital nuevo.
+
+Al año del casorio, los hijos, que habían entrado en la vida matrimonial
+con regular desahogo, empezaron a recibir golpes de la suerte, como si
+heredaran la maldición recaída sobre la pobre madre. Obdulia, que no
+pudo habituarse a vivir entre cajas de muerto, enfermó de hipocondría;
+malparió; sus nervios se desataron; la pobreza y las negligencias de su
+marido, que de ella no se cuidaba, agravaron sus males constitutivos.
+Mezquinamente socorrida por sus suegros, vivía en un sotabanco de la
+calle de la Cabeza, mal abrigada y peor comida, indiferente a su esposo,
+consumiéndose en letal ociosidad, que fomentaba los desvaríos de su
+imaginación.
+
+En cambio, Antoñito se había hecho hombre formal después de casado, tal
+vez por obra y gracia de la virtud, buen juicio y laboriosidad de su
+mujer, que salió verdadera alhaja. Pero todos estos méritos, que habían
+producido el milagro de la redención moral de Antonio Zapata, no
+bastaban a defenderle de la pobreza. Vivía el matrimonio en un cuartito
+de la calle de San Carlos, que parecía el interior de una bombonera, y
+apenas se entraba en él se veía en todo una mano hacendosa. Para mayor
+dicha, el que en otro tiempo perteneció a la clase de los llamados
+_golfos_, adquiría el hábito y el gusto del trabajo productivo, y no
+habiendo cosa mejor en que ocuparse, se había hecho corredor de
+anuncios. Todo el santo día le teníais como un azacán, de comercio en
+comercio, de periódico en periódico, y aunque de sus comisiones había
+que descontar el considerable gasto de calzado, siempre le quedaba para
+ayuda del cocido, y para aliviar a la Juliana de su enorme tarea en la
+_Singer_. Y que la moza no se andaba en chiquitas: su fecundidad no era
+inferior a su disposición casera, porque en el primer parto se trajo dos
+gemelos. No hubo más remedio que poner ama, y una boca más en la casa
+obligó a duplicar los movimientos de la _Singer_ y las correrías de
+Antoñito por las calles de Madrid. Antes de la venida de los gemelos, el
+_ex-golfo_ solía sorprender a su madre con esplendideces y rasgos de
+amor filial, que eran las únicas alegrías saboreadas por la infeliz
+señora en mucho tiempo: le llevaba una peseta, dos pesetas, a veces
+medio duro, y Doña Paca lo agradecía más que si sus parientes de Ronda
+le regalaran un cortijo. Pero desde que se posesionaron de la casa los
+mellizos, ávidos de vida y de leche, que había que formar con buenos
+alimentos, el dichoso y asendereado padre no pudo obsequiar a la
+abuelita con los sobrantes de su ganancia, porque no los tenía. Más que
+para dar estaba para que le dieran.
+
+Al contrario de este matrimonio, el de los _funerarios_, Luquitas y
+Obdulia, iba mal, porque el esposo se distraía de sus obligaciones
+domésticas y de su trabajo; frecuentaba demasiado el café, y quizás
+lugares menos honestos, por lo cual se le privó de la cobranza de
+facturas de servicios mortuorios. Obdulia no tenía ni asomos de
+arreglo; pronto se vio agobiada de deudas; cada lunes y cada martes
+enviaba recaditos a su madre con la portera, pidiéndole cuartos, que
+Doña Paca no podía darle. Todo esto era ocasión de nuevos afanes y
+cavilaciones para Benina, que amaba entrañablemente a la señorita de la
+casa, y no podía verla con hambre y necesidad, sin tratar al instante de
+socorrerla según sus medios. No sólo tenía que atender a su casa, sino a
+la de Obdulia, cuidando de que lo más preciso no faltase en ella. ¡Qué
+vida, qué fatigas horrorosas, qué pugilato con el destino, en las
+sombras tétricas de la miseria vergonzante, que tiene que guardar el
+crédito, mirar por el decoro! La situación llegó a ser un día tan
+extremadamente angustiosa, que la heroica anciana, cansada de mirar a
+cielo y tierra por si inopinadamente caía algún socorro, perdido el
+crédito en las tiendas, cerrados todos los caminos, no vio más arbitrio
+para continuar la lucha que poner su cara en vergüenza saliendo a pedir
+limosna. Hízolo una mañana, creyendo que lo haría por única vez, y
+siguió luego todos los días, pues la fiera necesidad le impuso el triste
+oficio mendicante, privándola en absoluto de todo otro medio de atender
+a los suyos. Llegó por sus pasos contados, y no podía menos de llegar y
+permanecer allí hasta la muerte, por ley social, económica, si es que
+así se dice. Mas no queriendo que su señora se enterase de tanta
+desventura, armó el enredo de que le había salido una buena _proporción_
+de asistenta, en casa de un señor eclesiástico, alcarreño, tan piadoso
+como adinerado. Con su presteza imaginativa bautizó al fingido
+personaje, dándole, para engañar mejor a la señora, el nombre de D.
+Romualdo. Todo se lo creyó Doña Paca, que rezaba algunos Padrenuestros
+para que Dios aumentase la piedad y las rentas del buen sacerdote, por
+quien Benina tenía algo que traer a casa. Deseaba conocerle, y por las
+noches, engañando las dos su tristeza con charlas y cuentos, le pedía
+noticias de él y de sus sobrinas y hermanas, de cómo estaba puesta la
+casa, y del gasto que hacían; a lo que contestaba Benina con detalladas
+referencias y pormenores, simulacro perfecto de la verdad.
+
+
+
+
+X
+
+
+Pues señor, atando ahora el cabo de esta narración, sigo diciendo que
+aquel día comió la señora con buen apetito, y mientras tomaba los
+alimentos adquiridos con el duro del ciego Almudena, digería fácilmente
+los piadosos engaños que su criada y compañera le iba metiendo en el
+cuerpo. Había llegado a tener Doña Paca tal confianza en la disposición
+de Benina, que apenas se inquietaba ya por las dificultades del mañana,
+segura de que la otra las había de vencer con su diligencia y
+conocimiento del mundo, valiéndole de mucho la protección del bendito D.
+Romualdo. Ama y criada comieron juntas, y de sobremesa Doña Paca le
+decía: «No debes escatimar el tiempo a esos señores; y aunque tu
+obligación es servirles no más que hasta las doce, si algún día quieren
+que te estés allí por la tarde, estate, mujer, que ya me entenderé yo
+aquí como pueda.
+
+--Eso no--respondió Benina--, que tiempo hay para todo, y yo no puedo
+faltar de aquí. Ellos son gente buena, y se hacen cargo...
+
+--Bien se les conoce. Yo le pido al Señor que les premie el buen trato
+que te dan, y mi mayor alegría hoy sería saber que a D. Romualdo me le
+hacían obispo.
+
+--Pues ya suena el run run de que van a proponerle; sí, señora, obispo de
+no sé qué punto, allá en las islas de Filipinas.
+
+--¿Tan lejos? No, eso no. Por acá tienen que dejarle para que haga mucho
+bien.
+
+--Lo mismo piensa la Patros, ¿sabe? la mayor de las sobrinas.
+
+--¿Esa que me has dicho tiene el pelo entrecano y bizca un poco?
+
+--No; esa es la otra.
+
+--Ya, ya... Patros es la que tartamudea, y padece de temblores.
+
+--Esa. Pues dice que a dónde van ellas por esos mares de tan lejos... No,
+no; más vale simple cura por aquí, que arzobispo allá, donde, según
+dicen, son las doce del día cuando aquí tenemos las doce de la noche.
+
+--En los antípodas.
+
+--Pero la hermana, Doña Josefa, dice que venga la mitra, y sea donde Dios
+quisiere, que ella no teme ir al fin del mundo, con tal de ver al
+reverendísimo en el puesto que le corresponde.
+
+--Puede que tenga razón. ¿Y qué hemos de hacer nosotras más que
+conformarnos con la voluntad del Señor, si nos llevan tan lejos al que,
+amparándote a ti, a mí también me ampara? Ya sabe Dios lo que hace, y
+hasta podría suceder que lo que creemos un mal fuera un bien, y que el
+buen D. Romualdo, al marcharse, nos dejara bien recomendadas a un obispo
+de acá, o al propio Nuncio...
+
+--Yo creo que sí. En fin, allá veremos».
+
+No pasó de aquí la conversación referente al imaginario sacerdote, a
+quien Doña Paca conocía ya como si le hubiera visto y tratado,
+forjándose en su mente un tipo real con los elementos descriptivos y
+pintorescos que Benina un día y otro le daba. Pero lo demás que
+picotearon se queda en el tintero para dar lugar a cosas de mayor
+importancia.
+
+«Cuéntame, mujer. Y Obdulia ¿qué dice?
+
+--Pues nada. ¿Qué ha de decir la pobre? El pillo de Luquitas no parece
+por allí hace dos días. Asegura la niña que tiene dinero, que cobró de
+un _embalsamado_, y se lo gasta con unas pendangas de la calle del
+Bonetillo.
+
+--¡Jesús me valga! Y su padre, ¿qué hace?
+
+--Reprenderle, castigarle, si le coge a mano. Lo que es a ese no le
+enderezan ya. A la niña le mandan comida de casa de los padres; pero tan
+tasada, que no le llega al colmillo. Se moriría de hambre si no le
+llevara yo lo que le llevo. ¡Pobre ángel! Pues verá usted: estos días me
+la he encontrado contenta. Ya sabe usted que la niña es así. Cuando hay
+más motivos para que esté alegre, se pone a llorar; cuando debiera estar
+triste, se pone como unas castañuelas. Sólo Dios entiende aquella
+zampoña y la manera de templarla. Pues la he visto contenta, sí señora,
+y es porque da en figurarse cosas buenas. Más vale así. Es de las que se
+creen todo lo que fabrican ellas mismas en su cabeza. De este modo, son
+felices cuando debieran ser desgraciadas.
+
+--Pues si le da por lo contrario, ayúdame tú a sentir... ¿Y estaba sola,
+enteramente sola con la chica?
+
+--No, señora: allí estaba ese caballero tan fino que la acompaña algunas
+mañanas; ese que es de la familia de los Delgados, paisanos de usted.
+
+--Ya... Frasquito Ponte. Figúrate si lo conoceré. Es de mi tierra, o de
+Algeciras, que viene a ser lo mismo. Ha sido elegantón y se empeña en
+serlo todavía... porque te advierto que es más viejo que un palmar...
+Buena persona, caballero de principios, y que sabe tratar con damas, de
+estos que no se estilan ya, pues ahora todo es grosería y mala
+educación. Viene a ser Ponte cuñado de unas primas de mi esposo, porque
+su hermana casó con... en fin, ya no me acuerdo del parentesco. Me
+alegro de que trate a mi hija, pues a esta le convienen relaciones de
+sujetos dignos, decentes y de buena posición.
+
+--Pues la posición del tal D. Frasquito me parece a mí que es como la del
+que está montado al aire, lo mismo que los brillantes.
+
+--En mis tiempos era un solterón que se daba buena vida. Tenía un buen
+empleo, comía en casas grandes, y se pasaba las noches en el Casino.
+
+--Pues debe de estar ahora más pobre que una rata, porque las noches se
+las pasa...
+
+--¿Dónde?
+
+--En los palacios encantados de la _señá_ Bernarda, calle de Mediodía
+Grande... la casa de dormir, ¿sabe?
+
+--¿Qué me cuentas?
+
+--Ese Ponte duerme allí cuando tiene los tres reales que cuesta la cama,
+en el dormitorio de primera.
+
+--Tú estás trastornada, Benina.
+
+--Le he visto, señora. La Bernarda es amiga mía. Fue la que nos prestó
+los ocho duros aquellos, ¿sabe? cuando la señora tuvo que sacar cédula
+con recargo, y pagar un poder para mandarlo a Ronda.
+
+--Ya... la que venía todos los días a reclamar la deuda y nos freía la
+sangre.
+
+--La misma. Pues con todo, es buena mujer. No nos hubiera reclamado _por
+justicia_, aunque nos amenazaba. Otras son peores. Sepa usted que está
+rica, y con las seis casas de dormir que tiene, no le baja de cuarenta
+mil duros lo que ha ganado, sí señora, y todo ello lo ha puesto en el
+Banco, y vive del interés.
+
+--¡Qué cosas se ven! Bueno está el mundo... Pues volviendo al _caballero
+Ponte_, que así le llamaban en Andalucía, si es tan pobre como dices,
+dará lástima verle... Y más vale así, porque la reputación de la niña
+podría sufrir algo, si en vez de ser el tal una ruina, un pobre mendigo
+de levita, fuera un galán de posibles, aunque viejo.
+
+--Yo creo--dijo Benina riendo, pues su condición jovial se mostraba en
+cuantito que los afanes de la vida le daban un respiro--, que va allá...
+para que le embalsamen... Buena falta le hace. Y que se den prisa, antes
+que esté _corruto_».
+
+Doña Paca se rió un poco con aquellas ocurrencias, y después pidió
+informes de la otra familia.
+
+«Al niño no le he visto ni hoy ni ayer--respondió Benina--; pero me ha
+dicho la Juliana que anda corriendo ahora como las mismas exhalaciones,
+porque, con esto del trancazo, le han salido muchos anunciantes de
+medicinas. Piensa ganar mucho dinero y _echar_ él un periódico, todo de
+cosas de tienda, poniendo, un suponer, dónde venden este artículo o el
+otro artículo. Los dos mellizos parecen dos rollos de manteca; pero
+buenos cocidos y buenos guisados les cuestan, que el ama se sabe cuándo
+empieza a comer, pero no cuándo acaba. La Juliana me dijo que probaremos
+algo de la _matanza_ que le ha de mandar su tío el día del santo, y
+además dos cortes de botinas, de las echadas a perder en la zapatería
+para donde ella pespunta.
+
+--Es buena esa chica--dijo con gravedad Doña Paca--, aunque tan ordinaria,
+que no empareja ni emparejará nunca conmigo. Sus regalos me ofenden,
+pero se los agradezco por la buena voluntad... En fin, es hora de que
+nos acostemos. Pues ya me parece que va medio hecha la digestión,
+prepárame la medicina para dentro de media hora. Esta noche me siento
+más cargada de las piernas, y con la vista muy perdida. ¡Santo Dios, si
+me quedaré ciega! Yo no sé qué es esto. Como bien, gracias a Dios, y la
+vista se me va de día en día, sin que me duelan los ojos. Ya no paso las
+noches en vela, gracias a ti, que todo lo discurres por mí, y al
+despertar, veo las cosas borradas y las piernas se me hacen de algodón.
+Yo digo: ¿qué tiene que ver el reúma con la visual? Me mandan que pasee.
+¿Pero a dónde voy yo con esta facha, sin ropa decente, temiendo
+tropezarme a cada paso con personas que me conocieron en otra posición,
+o con esos tipos ordinarios y soeces a quien se debe alguna cantidad?».
+
+Acordose al oír esto Benina de lo más importante que tenía que decir a
+su señora aquella noche, y no queriendo dejarlo para última hora, por
+temor a que se desvelara, antes de que salieran de la cocina, y mientras
+una y otra recogían las escasas piezas de loza para fregarlas, no
+desdeñándose Doña Francisca de este bajo servicio, le dijo en el tono
+más natural que usar sabía:
+
+«¡Ah! ya no me acordaba... ¡qué cabeza tengo! Hoy me encontré al Sr. D.
+Carlos Moreno Trujillo».
+
+Quedose Doña Paca suspensa, y poco faltó para que se le cayera de las
+manos el plato que estaba lavando.
+
+«D. Carlos... Pero ¿has dicho D. Carlos? Y qué... ¿te habló, te preguntó
+por mí?
+
+--Naturalmente, y con un interés que...
+
+--¿Es de veras? A buenas horas se acuerda de mí ese avaro, que me ha
+visto caer en la miseria, a mí, a la cuñada de su mujer... pues Purita y
+mi Antonio eran hermanos, ya sabes... y no ha sido para tenderme una
+mano...
+
+--El año pasado, tal día como hoy, cuando se quedó viudo, mandó a la
+señora un socorrito.
+
+--¡Seis duros! ¡Qué vergüenza!--exclamó Doña Paca, dando vueltas a su
+indignación y a la inquina y despecho acumulados en su alma durante
+tantos años de oprobio y escasez--. La cara se me pone como fuego al
+decirlo. ¡Seis duros! y unos pingajos de Purita, guantes sucios, faldas
+rotas, y un traje de sociedad, antiquísimo, de cuando se casó la
+Reina... ¿Para qué me sirvieron aquellas porquerías?... En fin, sigue
+contando: le encontraste, ¿a qué hora, en qué sitio?
+
+--Serían las doce y media. Él salía de San Sebastián...
+
+--Ya sé que se pasa toda la mañana de iglesia en iglesia, royendo peanas.
+¿Dices que a las doce y media? ¡Pues si a esa hora estabas tú sirviendo
+el almuerzo a D. Romualdo!».
+
+No era Benina mujer que se acobardaba por esta cogida. Su mente, fecunda
+para el embuste, y su memoria felicísima para ordenar las mentiras que
+antes había dicho y hacerlas valer en apoyo de la mentira nueva, la
+sacaron del apuro.
+
+«¿Pero no dije a usted que cuando ya habían puesto la mesa, faltaba una
+ensaladera, y tuve que ir a comprarla de prisa y corriendo a la plaza
+del Ángel, esquina a Espoz y Mina?
+
+--Si me lo dijiste, no me acuerdo. ¿Pero cómo dejabas la cocina momentos
+antes de servir el almuerzo?
+
+--Porque la zagala que tenemos no sabe las calles, y además, no entiende
+de compras. Hubiera tardado un siglo, y de fijo nos trae una jofaina en
+vez de una ensaladera... Yo fui volando, mientras la Patros se quedaba
+en la cocina... que lo entiende, crea usted que lo entiende tanto como
+yo, o más... En fin, que me encontré al vejestorio de D. Carlos.
+
+--Pero si para ir de la calle de la Greda a Espoz y Mina no tenías que
+pasar por San Sebastián, mujer.
+
+--Digo que él salía de San Sebastián. Le vi venir de allá, mirando al
+reloj de Canseco. Yo estaba en la tienda. El tendero salió a saludarle.
+D. Carlos me vio; hablamos...
+
+--¿Y qué te dijo? Cuéntame qué te dijo.
+
+--¡Ah!... Me dijo, me dijo... Preguntome por la señora y por los niños.
+
+--¡Qué le importarán a ese corazón de piedra la madre ni los hijos! ¡Un
+hombre que tiene en Madrid treinta y cuatro casas, según dicen, tantas
+como la edad de Cristo y una más; un hombre que ha ganado dinerales
+haciendo contrabando de géneros, untando a los de la Aduana y engañando
+a medio mundo, venirse ahora con cariñitos! A buenas horas, mangas
+verdes... Le dirías que le desprecio, que estoy por demás orgullosa con
+mi miseria, si miseria es una barrera entre él y yo... Porque ese no se
+acerca a los pobres sino con su cuenta y razón. Cree que repartiendo
+limosnas de ochavo, y proporcionándose por poco precio las oraciones de
+los humildes, podrá engañar al de arriba y estafar la gloria eterna, o
+colarse en el cielo de contrabando, haciéndose pasar por lo que no es,
+como introducía el hilo de Escocia declarándolo percal de a real y medio
+la vara, con marchamos falsos, facturas falsas, certificados de origen
+falsos también... ¿Le has dicho eso? Di, ¿se lo has dicho?
+
+
+
+
+XI
+
+
+--No le he dicho eso, señora, ni había para qué--replicó Benina, viendo
+que Doña Francisca se excitaba demasiado, y que toda la sangre al rostro
+se le subía.
+
+--Pero tú no recordarás lo que hicieron conmigo él y su mujer, que
+también era _Alejandro en puño_. Pues cuando empezaron mis desastres, se
+aprovechaban de mis apuros para hacer su negocio. En vez de ayudarme,
+tiraban de la cuerda para estrangularme más pronto. Me veían devorada
+por la usura, y no eran para ofrecerme un préstamo en buenas
+condiciones. Ellos pudieron salvarme y me dejaron perecer. Y cuando me
+veía yo obligada a vender mis muebles, ellos me compraban, por un pedazo
+de pan, la sillería dorada de la sala y los cortinones de seda...
+Estaban al acecho de las gangas, y al verme perdida, amenazada de un
+embargo, claro... se presentaban como salvadores... ¿Qué me dieron por
+el San Nicolás de Tolentino, de escuela sevillana, que era la joya de la
+casa de mi esposo, un cuadro que él estimaba más que su propia vida?
+¿Qué me dieron? ¡Veinticuatro duros, Benina de mi alma, veinticuatro
+duros! Como que me cogieron en una hora tonta, y yo, muerta de ansiedad
+y de susto, no sabía lo que me hacía. Pues un señor del Museo me dijo
+después que el cuadro no valía menos de diez mil reales... ¡Ya ves qué
+gente! No sólo desconocieron siempre la verdadera caridad, sino que ni
+por el forro conocían la delicadeza. De todo lo que recibíamos de Ronda,
+peros, piñonate y alfajores, le mandábamos a Pura una buena parte. Pues
+ellos cumplían con una bandejita de dulces el día de San Antonio, y
+alguna cursilería de bazar en mi cumpleaños. D. Carlos era tan gorrón,
+que casi todos los días se dejaba caer en casa a la hora a que tomábamos
+café... ¡y cómo se relamía! Ya sabes que el de su casa no era más que
+agua de fregar. Y si íbamos al teatro juntos, convidados a mi palco,
+siempre se arreglaban de modo que comprase Antonio las entradas... De la
+grosería con que utilizaban a todas horas nuestro coche, nada te digo.
+Ya recordarás que el mismo día en que ajustamos la venta de la sillería,
+se estuvieron paseando en él todita la tarde, dándose un pisto
+estrepitoso en la Castellana y Retiro».
+
+No quiso Benina quitarle la cuerda con interrupciones y negativas,
+porque sabía que cuando se disparaba en aquel tema, era mejor dejar que
+le diese todas las vueltas. Hasta que no puso la señora el punto,
+sofocada y casi sin aliento, no se aventuró a decirle: «Pues D. Carlos
+me mandó que fuera a su casa mañana.
+
+--¿Para qué?
+
+--Para hablar conmigo...
+
+--Como si lo viera. Querrá mandarme una limosna... Justamente: hoy es el
+aniversario de la muerte de Pura... Se saldrá con alguna porquería.
+
+--¡Quién sabe, señora! Puede que se arranque...
+
+--¿Ese? Ya estoy viendo que te pone en la mano un par de pesetas o un par
+de duros, creyendo que por este rasgo han de bajar los ángeles, tocando
+violines y guitarras, a ensalzar su caridad. Yo que tú, rechazaría la
+limosna. Mientras tengamos a nuestro D. Romualdo, podemos permitirnos un
+poquito de dignidad, Nina.
+
+--No nos conviene. Podría incomodarse y decir, un suponer, que es usted
+orgullosa y qué sé yo qué.
+
+--Que lo diga. ¿Y a quién se lo va a decir?
+
+--Al propio D. Romualdo, de quien es amigote. Todos los días le oye la
+misa, y después echan un parrafito en la sacristía.
+
+--Pues haz lo que quieras. Y por lo que pueda sobrevenir, cuéntale a D.
+Romualdo quién es D. Carlos, y hazle ver que sus devociones de última
+hora no son de recibo. En fin, yo sé que no has de dejarme mal, y ya me
+contarás mañana lo que saques de la visita, que será lo que el negro del
+sermón».
+
+Algo más hablaron. Benina procuraba extinguir y enfriar la conversación,
+evitando las réplicas y dando a estas tono conciliador. Pero la señora
+tardó en dormirse, y la criada también, pasándose parte de la noche en
+la preparación mental de sus planes estratégicos para el día siguiente,
+que sería, sin duda, muy dificultoso, si no tenía la suerte de que D.
+Carlos le pusiera en la mano una buena porrada de duros... que bien
+podría ser.
+
+A la hora fijada por el Sr. de Moreno Trujillo, ni minuto más ni minuto
+menos, llamaba Benina a la puerta del principal de la calle de Atocha, y
+una criada la introdujo en el despacho, que era muy elegante, todos los
+muebles igualitos en color y hechura. Mesa de ministro ocupaba el
+centro, y en ella había muchos libros y fajos de papeles. Los libros no
+eran _de leer_, sino de cuentas, todo muy limpio y ordenadito. La pared
+del centro ostentaba el retrato de Doña Pura, cubierto con una gasa
+negra, en marco que parecía de oro puro. Otros retratos de fotografía,
+que debían de ser de las hijas, yernos y nietecillos de D. Carlos,
+veíanse en diversas partes de la estancia. Junto al cuadro grande, y
+pegadas a él, como las ofrendas o ex-votos en el altar, pendían multitud
+de coronas de trapo con figuradas rosas, violetas y narcisos, y luengas
+cintas negras con letras de oro. Eran las coronas que había llevado la
+señora en su entierro, y que D. Carlos quiso conservar en casa, porque
+no se estropeasen en la intemperie del camposanto. Sobre la chimenea,
+nunca encendida, había un reloj de bronce con figuras, que no andaba, y
+no lejos de allí un almanaque americano, en la fecha del día anterior.
+
+Al medio minuto de espera entró D. Carlos, arrastrando los pies, con
+gorro de terciopelo calado hasta las orejas, y la capa de _andar por
+casa_, bastante más vieja que la que usaba para salir. El uso continuo
+de esta prenda, aun más allá del 40 de Mayo, se explica por su
+aborrecimiento de estufas y braseros que, según él, son la causa de
+tanta mortandad. Como no estaba embozado, pudo Benina observar que traía
+cuellos y puños limpios, y gruesa cadena de reloj, galas que sin duda
+respondían a la etiqueta del aniversario. Con un inconmensurable pañuelo
+de cuadros se limpiaba la continua destilación de ojos y narices;
+después se sonó con estrépito dos o tres veces, y viendo a Benina en
+pie, la mandó sentar con un gesto, y él ocupó gravemente su sitio en el
+sillón, compañero de la mesa, el cual era de respaldo alto y tallado,
+al modo de sitial de coro. Benina descansó en el filo de una silla, como
+todo lo demás, de roble con blando asiento de terciopelo verde.
+
+«Pues la he llamado a usted para decirle...».
+
+Pausa. La cabeza de D. Carlos hallábase afectada de un crónico temblor
+nervioso, movimiento lateral como el que usamos para la denegación. Este
+_tic_ se acentuaba o era casi imperceptible, según los grados de
+excitación del individuo.
+
+«Para decirle...».
+
+Otra pausa, motivada por un golpe de destilación. D. Carlos se limpió
+los ojos ribeteados de rojo, y se frotó la recortada barba, la cual no
+tenía más razón de ser que la pereza de afeitarse. Desde la muerte de su
+esposa, el buen señor, que sólo por ella y para ella se rapaba la cara,
+quiso añadir a tantas demostraciones de duelo el luto de su rostro,
+dejándolo cubrir, como de una gasa, de pelos blancos, negros y
+amarillos.
+
+«Pues para decirle a usted que lo que le pasa a la Francisca, y el
+encontrarse ahora en condición tan baja, es por no haber querido llevar
+cuentas. Sin buen arreglo, no hay riqueza que no venga a parar en la
+mendicidad. Con orden, los pobres se hacen ricos. Sin orden, los
+ricos...
+
+--Paran en pobres, sí, señor,--dijo humildemente Benina, que, aunque ya
+sabía todo aquello, quiso recibir la máxima como si fuera descubrimiento
+reciente de D. Carlos.
+
+--Francisca ha sido siempre una mala cabeza. Bien se lo decíamos mi
+señora y yo: «Francisca, que te pierdes, que te vas a ver en la
+miseria», y ella... tan tranquila. Nunca pudimos conseguir que apuntara
+sus gastos y sus ingresos. ¿Hacer ella un número? Antes la mataran. Y el
+que no hace números, está perdido. ¡Con decirle a usted que no supo
+jamás lo que debía, ni en qué fecha vencían los pagarés!
+
+--Verdad, señor, mucha verdad--dijo Benina suspirando, en expectativa de
+lo que D. Carlos le daría después de aquel sermón.
+
+--Porque usted calcule... si yo tengo en mi vejez un buen pasar para mí y
+para mis hijos; si no me falta una misa en sufragio del alma de mi
+querida esposa, es porque llevé siempre con método y claridad los
+negocios de mi casa. Hoy mismo, retirado del comercio, llevo al día la
+contabilidad de mis gastos particulares, y no me acuesto sin pasar todos
+los apuntes a la agenda, y luego, en los ratitos libres, lo paso al
+Mayor. Vea usted, véalo para que se convenza--añadió marcando más el
+temblor negativo--. Lo que yo quisiera es que Francisca pudiera
+aprovechar esta lección. Aún no es tarde... Entérese usted».
+
+Y cogió un libro, y después otro, y los fue mostrando a la Benina, que
+se acercó para ver tanta maravilla numérica.
+
+«Fíjese usted. Aquí apunto el gasto de la casa, sin que se me pase nada,
+ni aun los cinco céntimos de una caja de fósforos; los cuartos del
+cartero, todo, todo... En este otro chiquitín, las limosnas que hago y
+lo que empleo en sufragios. Limosnas diarias, tanto. Limosnas mensuales,
+cuánto. Después lo paso todo al Mayor, donde se puede saber, día por
+día, lo que gasto, y hacer el balance... Usted calcule: si Francisca
+hubiera hecho balance, no estaría como está.
+
+--Cierto, señor, muy cierto. Y yo le digo a la señora que haga balance,
+que lleve todo por apuntación, lo que entra como lo que sale. Mas ella,
+como ya no es niña, no puede apencar por la buena costumbre. Pero es un
+ángel, señor, y no hay que reparar en si apunta o no apunta para
+socorrerla.
+
+--Nunca es tarde para entrar por el aro, como quien dice. Yo le aseguro a
+usted que si hubiera visto en Francisca siquiera intenciones o deseos de
+llevar sus cuentas en regla, le hubiera prestado... prestar no, le
+hubiera facilitado medios de llegar a la nivelación. Pero es una cabeza
+destornillada; convenga usted conmigo en que es una cabeza
+destornillada.
+
+--Sí, señor, convengo en ello.
+
+--Y se me ha ocurrido... para eso la he llamado a usted... se me ha
+ocurrido que el mejor donativo que puedo hacer a esa desgraciada es
+este».
+
+Diciéndolo, D. Carlos cogió un libro largo y estrecho, nuevecito, y lo
+puso delante de sí para que Benina lo cogiera. Era una agenda.
+
+«Vea usted--dijo el buen señor hojeando el libro--: aquí están todos los
+días de la semana. Fíjese bien: a un lado, la columna del _Debe_; a
+otro, la del _Haber_. Vea cómo en los gastos se marcan los artículos:
+carbón, aceite, leña, etc... Pues ¿qué trabajo cuesta ir poniendo aquí
+lo que se gasta, y en esta otra parte lo que ingresa?
+
+--Pero si a la señora no le ingresa nada.
+
+--¡Caramelos!--exclamó Trujillo dando una palmada sobre el libro--. Algo
+habrá, porque su poco de consumo hacen ustedes, y para ese consumo
+alguna cantidad, corta o larga, chica o grande, han de tener. Y lo que
+usted saca de las limosnas, ¿por qué no ha de anotarse? Vamos a ver,
+¿por qué no ha de anotarse?».
+
+Benina le miró entre colérica y compadecida. Pero más pudo la ira que la
+lástima, y hubo un momento, un segundo no más, en que le faltó poco para
+coger el libro y estampárselo en la cabeza al Sr. D. Carlos. Conteniendo
+su furor, y para que el monomaníaco de la contabilidad no se lo
+conociera, le dijo con forzada sonrisa: «De modo que el señor apunta las
+perras que nos da a los pobres de San Sebastián.
+
+--Día por día--replicó el anciano con orgullo, moviendo más la cabeza--. Y
+puedo decirle a usted, si quiere saberlo, lo que he dado en tres meses,
+en seis, en un año.
+
+--No, no se moleste, señor--indicó Benina, sintiendo otra vez ganas de
+darle un papirotazo--. Llevaré el libro, si usted quiere. La señora se lo
+agradece mucho, y yo también. Pero no tenemos pluma ni lápiz para un
+remedio.
+
+--Todo sea por Dios. ¿En qué casa, por pobre que esté, no hay recado de
+escribir? Se ofrece echar una firma, tomar una cuenta, apuntar un nombre
+o señas de casa para que no se olviden... Tome usted este lápiz, que ya
+está afilado, y lléveselo también, y cuando se le gaste la punta, se la
+saca usted con el cuchillo de la cocina».
+
+Y a todas estas, D. Carlos no hablaba de darle ningún socorro positivo,
+concretando su caridad a la ofrenda del libro, que debía ser fundamento
+del orden administrativo en la desquiciada hacienda de Doña Francisca
+Juárez. Al verle mover los labios para seguir hablando, y echar mano a
+la llave puesta en el cajón de la izquierda, Benina sintió grande
+alegría.
+
+«No hay ni puede haber prosperidad sin administración--afirmó D. Carlos,
+abriendo la gaveta y mirando dentro de ella--. Yo quiero que Francisca
+administre, y cuando administre...
+
+--Cuando administre, ¿qué?--dijo Benina con el pensamiento--. ¿Qué nos va
+usted a dar, viejo loco, más loco que los que están en Leganés? Así se
+te pudra todo el dinero que guardas, y se te convierta en pus dentro del
+cuerpo para que revientes, zurrón de avaricia.
+
+--Coja usted el libro y el lápiz, y lléveselo con mucho cuidado... no se
+le pierda por el camino. Bueno: ¿se ha hecho usted cargo? ¿Me responde
+de que apuntarán todo?
+
+--Sí, señor... no se escapará ni un verbo.
+
+--Bueno. Pues ahora, para que Francisca se acuerde de mi pobre Pura y
+rece por ella... ¿Me promete usted que rezarán por ella y por mí?
+
+--Sí, señor: rezaremos a voces, hasta que se nos caiga la campanilla.
+
+--Pues aquí tengo doce duros, que destino al socorro de los necesitados
+que no se determinan a pedir limosna porque les da vergüenza...
+¡pobrecitos! son los más dignos de conmiseración».
+
+Al oír _doce duros_, Benina abrió cada ojo como la puerta de una casa.
+¡Cristo, lo que ella haría con doce duros! Ya estaba viendo el descanso
+de muchos días, atender a tantas necesidades, tapar algunas bocas,
+vivir, respirar, dando de mano al petitorio humillante, y al suplicio de
+la busca por medios tan fatigosos. La pobre mujer vio el cielo abierto,
+y por el hueco la docena de pesos, compendio hermosísimo de su felicidad
+en aquellos días.
+
+«Doce duros--repitió D. Carlos pasando las monedas de una mano a otra--;
+pero no se los doy en junto, porque sería fomentar el despilfarro: se
+los asigno...».
+
+A Benina se le cayeron las alas del corazón.
+
+«Si se los diera, mañana a estas horas no tendría ya ni un céntimo. Le
+señalo dos duros al mes, y todos los días 24 puede usted venir a
+recogerlos, hasta que se cumplan los seis meses, y pasado Septiembre yo
+veré si debo aumentar o no la asignación. Eso depende, fíjese usted, de
+que yo me entere, tocante a si se administra o no se administra, si hay
+orden o sigue el... el caos. Mucho cuidado con el caos.
+
+--Bien, señor--manifestó Benina con humildad, pensando que más cuenta le
+tenía conformarse, y coger lo que se le daba, sin meterse en cuestiones
+con el estrafalario y ruin vejete--. Yo le respondo de que se llevarán
+los apuntes con _ministración_, y no se nos escapará ni una hilacha...
+¿Con que pasaré los días 24? Nos viene bien para ayuda de la casa. El
+Señor se lo aumente, y a la señora difunta téngala en su santo
+descanso... por jamás amén».
+
+D. Carlos, después de anotar, gozando mucho en ello, la cantidad
+desembolsada, despidió a Benina con un gesto, y mudándose de capa y
+encasquetándose el sombrero nuevo, prenda que no salía de la caja sino
+en días solemnes, se dispuso a salir y emprender con voluntad segura y
+firme pie las devociones de aquel día, que empezaban en Montserrat y
+terminaban en la Sacramental de San Justo.
+
+
+
+
+XII
+
+
+«El demontre del viejo--se decía la _señá_ Benina, metiéndose a buen andar
+por la calle de las Urosas--, no puede hacer más que lo que le manda su
+natural. Válgate Dios: si cosas muy raras cría Nuestro Señor en el aquel
+de plantas y animales, más raras las hace en el aquel de personas. No
+acaba una de ver verdades que parecen mentiras... En fin, otros son
+peores que este D. Carlos, que al cabo da algo, aunque sea por cuenta y
+apuntación... Peores los hay, y tan peores... que ni apuntan ni dan...
+El cuento es que con estos dos duros no se me arregla el día, porque
+quiero devolverle a Almudena el suyo, que bueno es tener con él palabra.
+Vendrán días malos, y él me servirá... Me quedan veinte reales, de los
+cuales habré de dar parte a _la niña_, que está pereciendo, y lo demás
+para comer hoy, y... Tendré que decirle a la señora que su pariente no
+me ha dado más que el libro de cuentas, con el cual y el lápiz pondremos
+un puchero que será muy rico... caldo de números y substancia de
+imprenta... ¡qué risa!... En fin, para las mentiras que he de decirla a
+Doña Paca, Dios me iluminará, como siempre, y vamos tirando. A ver si
+encuentro a Almudena por el camino, que esta es la hora de subir él a la
+iglesia. Y si no nos tropezamos en la calle, de fijo está en el café de
+la Cruz del Rastro».
+
+Dirigiose allá, y en la calle de la Encomienda se encontraron: «Hijo, en
+tu busca iba--le dijo la Benina cogiéndole por el brazo--. Aquí tienes tu
+duro. Ya ves que sé cumplir.
+
+--_Amri_, no tener priesa.
+
+--No te debo nada... Y hasta otra, Almudenilla, que días vendrán en que
+yo carezca y tú me sirvas, como te serviré yo viceversa... ¿Vienes del
+café?
+
+--Sí, y _golvier_ si querer tú _migo_. Convidar _tigo_».
+
+Asintió Benina al convite, y un rato después hallábanse los dos
+sentaditos en el _café económico_, tomándose sendos vasos de a diez
+céntimos. El local era una taberna retocada, con ridículas elegancias
+entre pueblo y señorío; dorados chillones; las paredes pintorreadas de
+marinas y paisajes; ambiente fétido, y parroquia mixta de pobretería y
+vendedores del Rastro, locuaces, indolentes, algunos agarrados a los
+periódicos, y otros oyendo la lectura, todos muy a gusto en aquel vagar
+bullicioso, entre salivazos, humo de mal tabaco y olores de aguardiente.
+Solos en una mesa Benina y el marroquí, charlaron de sus cosas: el ciego
+le contó las barrabasadas de su compañera de vivienda, y ella su
+entrevista con D. Carlos, y el ridículo obsequio del libro de cuentas y
+de los dos duros mensuales. De las riquezas que, según voz pública,
+atesoraba Trujillo (treinta y cuatro casas, la mar de dinero en
+papelorios del Gobierno, _muchismos_ miles de miles en el Banco),
+charlaron extensamente, corriéndose luego a considerar, _verbigracia_,
+el sinnúmero de pobres que podrían ser felices con toda aquella _guita_,
+que a D. Carlos le venía tan ancha, pues descontando una parte para sus
+hijos, que _de natural_ debían poseerlo, con lo demás se apañarían
+tantos y tantos que andan por estas calles de Dios ladrando de hambre.
+Pero como ellos no habían de arreglarlo a su gusto, más cuenta les tenía
+no pensar en tal cosa, y buscarse cada cual su mendrugo de pan como
+pudiera, hasta que viniese la muerte y después Dios a dar a cada uno su
+merecido. Por fin, con extraordinaria gravedad y tono de convicción
+profunda, Almudena dijo a su amiga que todos los dinerales de D. Carlos
+podían ser de ella, si quisiera.
+
+«¿Míos? ¿Has dicho que todo lo de D. Carlos puede ser mío? Tú estás
+loco, Almudenilla.
+
+--_Tudo_ tuya... por la bendita luz. Si no creer mí, _priebar_ tú y ver.
+
+--Vuélvemelo a decir: que todo el dinero de D. Carlos puede ser mío,
+¿cuándo?
+
+--Cuando querer ti.
+
+--Lo creeré, si me explicas cómo ha de ser ese milagro.
+
+--Mí _sabier_ cómo... _Dicir_ ti secreto.
+
+--Y si tú puedes hacer que todo el caudal de ese viejo loco, un suponer,
+pase a ser de otra persona, ¿por qué te conformas con la miseria, por
+qué no lo coges para ti?».
+
+Replicó a esto Almudena que la persona que hiciera el milagro, cuyo
+secreto él poseía, había de tener vista. Y el milagro era seguro, por la
+bendita luz; y si ella dudaba, no tenía más que probarlo, haciendo
+puntualmente todo cuanto él le dijera.
+
+Siempre fue Benina algo supersticiosa, y solía dar crédito a cuantas
+historias sobrenaturales oía contar; además, la miseria despertaba en
+ella el respeto de las cosas inverosímiles y maravillosas, y aunque no
+había visto ningún milagro, esperaba verlo el mejor día. Un poco de
+superstición, un mucho de ansia de fenómenos estupendos y nunca vistos,
+y otro tanto de curiosidad, la impulsaron a pedir al marroquí
+explicaciones concretas de su ciencia o arte de magia, pues esto había
+de ser seguramente. Díjole el ciego que todo consistía en saber el arte
+y modo de pedir lo que se quisiera a un ser llamado _Samdai_.
+
+«¿Y quién es ese caballero?
+
+--El Rey de _baixo terra_.
+
+--¿Cómo? ¿Un Rey que está debajo de la tierra? Pues el diablo será.
+
+--Diablo no: Rey _bunito_.
+
+--¿Eso es cosa de tu religión? ¿Tú qué religión tienes?
+
+--Ser _eibrío_.
+
+--Vaya por Dios--dijo Benina, que no había entendido el término--. ¿Y a ese
+Rey le llamas tú, y viene?
+
+--Y dar ti _tuda_ que pedir él.
+
+--¿Me da todo lo que le pida?
+
+--_Siguro_».
+
+La convicción profunda que Almudena mostraba hizo efecto en la infeliz
+mujer, quien, después de una pausa en que interrogaba los ojos muertos
+de su amigo y su frente amarilla lustrosa, rodeada de negros cabellos,
+saltó diciendo:
+
+«¿Y qué se hace para llamarlo?
+
+--Yo diciendo ti.
+
+--¿Y no me pasa nada por hacerlo?
+
+--_Naida_.
+
+--¿No me condeno, ni me pongo mala, ni me cogen los demonios?
+
+--No.
+
+--Pues ve diciendo; pero no engañes, no engañes, te digo.
+
+--_N'gañar_ no ti...
+
+--¿Podemos hacerlo ahora?
+
+--No: _hacirlo_ a las doce del noche.
+
+--¿Tiene que ser a esa hora?
+
+--_Siguro_, _siguro_...
+
+--¿Y cómo salgo yo de casa a media noche?... _Amos_, déjame a mí de
+pamplinas. Verdad que podría decir, un suponer, que se ha puesto malo D.
+Romualdo y tengo que velarlo... Bueno: ¿qué hay que hacer?
+
+--_N'cesitas_ cosas _mochas_. Comprar tú cosas. Lo _primiero_ candil de
+barro. Pero comprarlo has tú sin hablar _paliabra_.
+
+--Me vuelvo muda.
+
+--Muda tú... Comprar cosa... y si hablar no valer.
+
+--Válgate Dios... Pues bueno: compro mi candil de barro sin chistar, y
+luego...».
+
+Almudena ordenó después que había de buscar una olla de barro con siete
+agujeros, con siete nada más, todo sin hablar, porque si hablaba no
+valía. ¿Pero dónde demontres estaban esas ollas con siete agujeros? A
+esto replicó el ciego que en su tierra las había, y que aquí podían
+suplirse con los tostadores que usan las castañeras, buscando el que
+tuviese siete _bujeros_, ni uno más ni uno menos.
+
+«¿Y ello ha de comprarse también sin hablar?
+
+--Sin hablando _naida_».
+
+Luego era forzoso procurarse un palo de _carrash_, madera de África, que
+aquí llaman laurel. Un vendedor de garrotes, en el primer tinglado _cabe_
+las Américas, lo tenía. Había que comprárselo sin pronunciar palabra.
+Bueno: pues reunidas estas cosas, se pondría el palo al fuego hasta que
+se prendiera bien... Esto había de ser el viernes a las cinco en punto.
+Si no, no valía. Y el palo estaría ardiendo hasta el sábado, y el sábado
+a las cinco en punto se le metía en el agua siete veces, ni una más ni
+una menos.
+
+«¿Todo callandito?
+
+--Hablar _naida_, _naida_».
+
+Luego se vestía el palo con ropas de mujer, como una muñeca, y bien
+vestidito se le arrimaba a la pared, poniéndole derecho, _amos_, en pie.
+Delante se colocaba el candil de barro, encendido con aceite, y se le
+tapaba con la olla, de modo que no se viese más luz que la que saldría
+por los siete _bujeros_, y a corta distancia se ponía la cazuela con
+lumbre para echar los sahumerios, y se empezaba a decir la oración una y
+otra vez con el pensamiento, porque hablada no valía. Y así se estaba la
+persona, sin distraerse, sin descuidarse, viendo subir el humo del
+benjuí, y mirando la luz de los siete agujeros, hasta que a las doce...
+
+«¡A las doce!--repitió Benina sobresaltada--. ¡Y al dar las doce
+campanadas viene... sale, se me aparece!...
+
+--El Rey de _baixo terra_: pedir tú lo que _quierer_, y darlo ti él.
+
+--Almudena, ¿tú crees eso? ¿Cómo es posible que _ese señor_, sin más que
+las _cirimonias_ que has contado, me dé a mí lo que ahora es de Don
+Carlos Trujillo?
+
+--Verlo tú, si queriendo.
+
+--Pero con tanto _requesito_, si una se descuida un poco, o se equivoca
+en una sola palabra del rezo mental...
+
+--Tener tú cuidado _mocha_.
+
+--¿Y la oración?
+
+--Mi enseñarla ti; _dicir_ tú: _Semá Israel Adonai Elohino Adonai
+Ishat_...
+
+--Calla, calla: en la vida digo yo eso sin equivocarme. Como no sea
+castellano neto yo no atino... Y también te aseguro que tengo mieditis
+de esas suertes de brujería... quita, quita... Pero ¡ah! ¡si fuera
+verdad, qué gusto, cogerle a ese zorrocloco de D. Carlos todo su
+dinero... _amos_, la mitad que fuera, para repartirlo entre tantos
+pobrecitos que perecen de hambre!... Si se pudiera hacer la prueba,
+comprando los cacharros y el palitroque sin hablar, y luego... Pero no,
+no... cualquier día iba a venir acá ese Rey Mago... También te digo que
+suceden a veces cosas muy _fenómenas_, y que andan por el aire los que
+llaman espíritus o, verbigracia, las ánimas, mirando lo que hacemos y
+oyéndonos lo que hablamos. Y otra: lo que una sueña, ¿qué es? Pues cosas
+verdaderas de otro mundo, que se vienen a este... Todo puede ser, todo
+puede ser... Pero yo, qué quieres que te diga, dudo mucho que le den a
+una tanto dinero, sin más ni más. Que para socorrer a los pobres, un
+suponer, se quite a los ricos medio millón, o la mitad de medio millón,
+pase; pero tantas, _tantismas_ talegas para nosotros... no, esa no
+cuela.
+
+--_Tuda_, _tuda_ la que haber en el Banco, _millonas mochas_, _lotería_,
+_tuda pa ti_, _hiciendo_ lo que decir ti.
+
+--Pues si eso es tan fácil, ¿por qué no lo hacen otros? ¿O es que tú solo
+tienes el secreto? ¡El secreto tú solo! _Amos_, cuéntaselo al Nuncio,
+que aquí no nos tragamos esas papas... Yo no te digo que no sea
+posible... y si supiera yo hacer la prueba, la haría, con mil pares...
+Vuélveme a decir la receta de lo que ha de comprar una sin hablar...».
+
+Repitió Almudena las fórmulas y reglas del conjuro, añadiendo
+descripción tan viva y pintoresca del Rey _Samdai_, de su rostro
+hermosísimo, apostura noble, traje espléndido, de su séquito, que
+formaban _arregimientos_ de príncipes y magnates, montados en camellos
+blancos como la leche, que la pobre Benina se embelesaba oyéndole, y si
+a pie juntillas no le creía, se dejaba ganar y seducir de la ingenua
+poesía del relato, pensando que si aquello no era verdad, debía serlo.
+¡Qué consuelo para los miserables poder creer tan lindos cuentos! Y si
+es verdad que hubo Reyes Magos que traían regalos a los niños, ¿por qué
+no ha de haber otros Reyes _de ilusión_, que vengan al socorro de los
+ancianos, de las personas honradas que no tienen más que una muda de
+camisa, y de las _almas_ decentes que no se atreven a salir a la calle
+porque deben tanto más cuanto a tenderos y prestamistas? Lo que contaba
+Almudena era de lo que _no se sabe_. ¿Y no puede suceder que alguno sepa
+lo que no sabemos los demás?... ¿Pues cuántas cosas se tuvieron por
+mentira y luego salieron verdades? Antes de que inventaran el telégrafo,
+¿quién hubiera creído que se hablaría con las Américas del Nuevo Mundo,
+como hablamos de balcón a balcón con el vecino de enfrente? Y antes de
+que inventaran la fotografía, ¿quién hubiera pensado que se puede una
+retratar sólo con _ponerse_? Pues lo mismo que esto es aquello. Hay
+misterios, secretos que no se entienden, hasta que viene uno y dice tal
+por cual, y lo descubre... ¡Pues qué más, Señor!... Allá estaban las
+Américas desde que Dios hizo el mundo, y nadie lo sabía... hasta que
+sale ese Colón, y con no más que poner un huevo en pie, lo descubre todo
+y dice a los países: «Ahí tenéis la América y los americanos, y la caña
+de azúcar, y el tabaco bendito... ahí tenéis Estados Unidos, y hombres
+negros, y onzas de diez y siete duros». ¡A ver!
+
+
+
+
+XIII
+
+
+No había acabado el marroquí su oriental leyenda, cuando Benina vio
+entrar en el café a una mujer vestida de negro. «Ahí tienes a esa
+fandangona, tu compañera de casa.
+
+--¿Pedra? Maldita ella. Sacudir ella yo esta mañana. Venir, _siguro_, con
+la Diega...
+
+--Sí, con una viejecica, muy chica y muy flaca, que debe de ser más
+borracha que los mosquitos. Las dos se van al mostrador, y piden dos
+_tintas_.
+
+--_Señá_ Diega enseñar vicio ella.
+
+--¿Y por qué tienes contigo a esa gansirula, que no sirve para nada?».
+
+Contole el ciego que Pedra era huérfana; su padre fue empleado en el
+Matadero de cerdos, con perdón, y su madre _cambiaba_ en la calle de la
+Ruda. Murieron los dos, con diferencia de días, por haber comido gato.
+Buen plato es el micho; pero cuando está rabioso, le salen pintas en la
+cara al que lo come, y a los tres días, muerte natural por calenturas
+_perdiciosas_. En fin, que espicharon los padres, y la chica se quedó en
+la puerta de la calle, sentadita. Era hermosa: por tal la celebraban; su
+voz sonaba como las músicas bonitas. Primero se puso a cambiar, y luego
+a vender churros, pues tenía tino de comercianta; pero nada le valió su
+buena voluntad, porque hubo de cogerla de su cuenta la Diega, que en
+pocos días la enseñó a embriagarse, y otras cosas peores. A los tres
+meses, Pedra no era conocida. La enflaquecieron, dejándola en los puros
+pellejos, y su aliento apestaba. Hablaba como una carreterona, y tenía
+un toser perruno y una carraspera que tiraban para atrás. A veces pedía
+por el camino de Carabanchel, y de noche se quedaba a dormir en
+cualquier parador. De vez en cuando se lavaba un poco la cara, compraba
+_agua de olor_, y rociándose las flaquezas, pedía prestada una camisa,
+una falda, un pañuelo, y se ponía _de puerta_ en la casa del
+_Comadreja_, calle de Mediodía Chica. Pero no tenía constancia para
+nada, y ningún acomodo le duró más de dos días. Sólo duraba en ella el
+gusto del aguardiente; y cuando se _apimplaba_, que era un día sí y otro
+también, hacía figuras en medio del arroyo, y la toreaban los chicos.
+Dormía sus monas en la calle o donde le cogía, y más bofetadas tenía en
+su cara que pelos en la cabeza. Cuerpo más asistido de cardenales no se
+conoció jamás, ni persona que en su corta edad, pues no tenía más que
+veintidós años, aunque representaba treinta, hubiera visitado tan a
+menudo las prevenciones de la Inclusa y Latina. Almudena la trataba, con
+buen fin, desde que se quedó huérfana, y al verla tan arrastrada, dábale
+de tres cosas un poco: consejos, limosna y algún palo. Encontrola un día
+curándose sus lamparones con zumo de higuera chumbo, y aliñándose las
+greñas al sol. Propúsole que se fuera con él, poniendo cada cual la
+mitad del alquiler de la casa, y comprometiéndose ella a cortar de raíz
+el vicio de la bebida. Discutieron, parlamentaron; diose solemnidad al
+convenio, jurando los dos su fiel observancia ante un emplasto viscoso y
+sobre un peine de rotas púas, y aquella noche durmió Pedra en el cuarto
+de Santa Casilda. Los primeros días todo fue concordia, sobriedad en el
+beber; pero la cabra no tardó en tirar al monte, y... otra vez la
+endiablada hembra divirtiendo a los chicos y dando que hacer a los del
+Orden.
+
+«No poder mí con ella. _B'rracha_ siempre. Es un dolor... un dolor. Yo
+estar ella migo por lástima...».
+
+Al ver que las dos mujeres, después de atizarse un par de _tintas_,
+miraban burlonas al ciego y a Benina, esta tuvo miedo y quiso retirarse.
+
+«_Dir_ tú no, _Amri_. Quedar migo--le dijo el ciego cogiéndola de un
+brazo.
+
+--Temo que armen bronca estas indinas... Acá vienen ya».
+
+Aproximáronse las tales, y pudo la Benina ver y examinar a su gusto el
+rostro de Pedra, de una hermosura desapacible y que despedía. Morena, de
+facciones tan regulares como pronunciadas, magníficos ojos negros, cejas
+que al juntarse culebreaban, boca sucia y bien rasgueada, que no parecía
+hecha para sonreír, cuerpo derecho y esbeltísimo en su flaqueza y
+desaliño, la compañera de Almudena era una figura trágica, y como tal
+impresionó a Benina, aunque esta no expresaba su juicio sino pensando
+que le daría miedo encontrarse con tal persona, de noche, en lugar
+solitario.
+
+De la Diega no podía determinarse si era joven o entre-vieja. Por la
+estatura parecía una niña; por la cara escuálida y el cuello rugoso,
+todo pliegues, una anciana decrépita; por los ojos, un animalejo
+vivaracho. Su flaqueza era tan extremada, que Benina no pudo menos de
+comentarla mentalmente con una frase andaluza que usar solía su señora:
+«Esta es de las que sacan espinas con los codos».
+
+Pedra se sentó, dando los buenos días, y la otra quedose en pie, sin
+alzar del suelo más que la cabeza de Almudena, en cuyos hombros dio
+fuertes palmetazos.
+
+«_Tati_ quieta--le dijo este enarbolando el palo.
+
+--Cuidado con él, que es malo y traicionero...--indicó la otra.
+
+--_Jai_... ¿verdad que eres malo y pegar _tú mí_?
+
+--Yo _ero beno_; tú mala, _b'rracha_.
+
+--No lo digas, que se escandalizará la señora anciana.
+
+--Anciana no ser ella.
+
+--¿Tú qué sabes, si no la ves?
+
+--Decente ella.
+
+--Sí que lo será, sin agraviar. Pero a ti te gustan las viejas.
+
+--Ea, yo me voy, señora, que lo pasen bien--dijo Benina, azoradísima,
+levantándose.
+
+--Quédese, quédese... ¡Si es _groma_!».
+
+La Diega la instó también a quedarse, añadiendo que habían comprado un
+décimo de la Lotería, y ofreciéndole participación.
+
+«Yo no juego--replicó Benina--: no tengo cuartos.
+
+--Yo sí--dijo el marroquí--: dar vos una _pieseta_.
+
+--Y la señora, ¿por qué no juega?
+
+--Mañana sale. Seremos ricas, ricachonas en _efetivo_--dijo la Diega--. Yo,
+si me la saco, San Antonio me oiga, volveré a establecerme en la calle
+de la Sierpe. Allí te conocí, Almudena. ¿Te acuerdas?
+
+--No _mi cuerda_, no...
+
+--Vos conocisteis en Mediodía Chica, por la casa de atrás.
+
+--A este le llamaban Muley Abbas.
+
+--Y a ti _Cuarto e kilo_, por lo chica que eres.
+
+--Poner motes es cosa fea. ¿Verdad, Almudenita? Las personas decentes se
+llaman por el santo bautismo, con sus nombres de cristiano. Y esta
+señora, ¿qué gracia tiene?
+
+--Yo me llamo Benina.
+
+--¿Es usted de Toledo, por casualidad?
+
+--No, señora: soy... dos leguas de Guadalajara.
+
+--Yo de Cebolla, en tierra de Talavera... y dime una cosa: ¿por qué esta
+gorrinaza de Pedrilla te llama a ti _Jai_? ¿Cuál es tu nombre en tu
+religión y en tu tierra cochina, con perdón?
+
+--Llamarle _mi Jai_ porque ser morito él--dijo la trágica remedando su
+habla.
+
+--Nombre mío _Mordejai_--declaró el ciego--, y ser yo nacido en un _puebro
+mu bunito_ que llamar allá Ullah de Bergel, _terra_ de Sus... ¡oh!
+_terra_ divina, _bunita_... _mochas arbolas_, _aceita mocha_, _miela_,
+_frores_, _támaras_, _mocha güena_».
+
+El recuerdo del país natal le infundió un candoroso entusiasmo, y allí
+fue el pintarlo y describirlo con hipérboles graciosas, y un colorido
+poético que con gran entretenimiento y gozo saborearon las tres mujeres.
+Incitado por ellas, contó algunos pasajes de su vida, toda llena de
+estupendos casos, peligrosas empresas y fantásticas aventuras. Refirió
+primero cómo se había fugado del hogar paterno, de edad de quince años,
+lanzándose a correr mundo, sin que en todo el tiempo transcurrido desde
+aquel suceso, tuviese noticia alguna de su patria y familia. Mandole su
+padre a casa de un mercader amigo suyo con este recado: «Dile a Rubén
+Toledano que te dé doscientos duros que necesito hoy». El tal debía de
+ser al modo de banquero, y entre ambos señores reinaba sin duda
+patriarcal confianza; porque el encargo se hizo efectivo sin ninguna
+dificultad, cogiendo Mordejai los doscientos pesos en cuatro pesados
+cartuchos de moneda española. Pero en vez de ir con ellos a la casa
+paterna, tomó el caminito de Fez, ávido de ver mundo, de trabajar por su
+cuenta, y de ganar mucho dinero para el autor de sus días, no los
+doscientos duros, sino dos mil o cientos de miles. Comprando dos
+borricos, se puso a portear mercaderías y pasajeros entre Fez y
+Mequínez, con buenas ganancias. Pero un día de mucho calor, ¡castigo de
+Dios! pasó junto a un río y le entraron ganas de darse un baño. En el
+agua flotaban dos caballos muertos, cosa mala. Al salir del baño le
+dolían los ojos: a los tres días era ciego.
+
+Como aún tenía dinero, pudo algún tiempo vivir sin implorar la caridad
+pública, con la tristeza inherente al no ver, y la no menos honda
+producida por el brusco paso de la vida activa a la sedentaria. El
+muchacho ágil y fuerte se hizo de la noche a la mañana hombre enclenque
+y achacoso, y sus ambiciones de comerciante y sus entusiasmos de viajero
+quedaron reducidos a un continuo meditar sobre lo inseguro de los bienes
+terrenos, y la infalible justicia con que Dios Nuestro Padre y Juez
+sienta la mano al pecador. No se atrevía el pobre ciego a pedirle que le
+devolviese la vista, pues esto no se lo había de conceder. Era castigo,
+y el Señor no _se vuelve atrás_ cuando pega de firme. Pedíale que le
+diera dinero abundante para poder vivir con desahogo, y una _muquier_ que
+le amara; mas nada de esto le fue concedido al pobre Mordejai, que cada
+día tenía menos dineros, pues estos iban saliendo, sin que entraran
+otros por ninguna parte, y de _muquieres_ nada. Las que se acercaban a
+él fingiéndole cariño, no iban a su covacha más que a robarle. Un día
+estaba el hombre muy molesto por no poder cazar una pulga que atrozmente
+le picaba, burlándose de él con audacia insolente, cuando... no es
+broma... se le aparecieron dos ángeles.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+«¿Pero tú ves algo, Almudena?--le preguntó _Cuarto e kilo_.
+
+--_Ver mí burtos ellos_».
+
+Explicó que distinguía las masas de obscuridad en medio de la luz: esto
+por lo tocante a las cosas del mundo de acá. Pero en lo de los mundos
+misteriosos que se extienden encima y debajo, delante y detrás, fuera y
+dentro del nuestro, sus ojos veían claro, cuando veían, _mismo como
+vosotras ver migo_. Bueno: pues se le aparecieron dos ángeles, y como no
+era cosa de aparecérsele para no decir nada, dijéronle que venían de
+parte del Rey de _baixo terra_ con una embajada para él. El señor
+_Samdai_ tenía que hablarle, para lo cual era preciso que se fuese mi
+hombre al Matadero por la noche, que estuviese allí quemando _ilcienso_,
+y rezando en medio de los despojos de reses y charcos de sangre, hasta
+las doce en punto, hora invariable de la entrevista. No hay que añadir
+que los ángeles se marcharon con viento fresco en cuanto dieron
+conocimiento de su mensaje a Mordejai, y este cogió sus trebejos de
+sahumar, la pipa, la ración de _cáñamo_ en un papel, y se fue caminito
+del Matadero: el largo plantón que le esperaba, se le haría menos
+aburrido fumando.
+
+Allí se estuvo, sentado en cuclillas, aspirando los vahos olorosos del
+sahumerio, y fumando pipa tras pipa, hasta que llegó la hora, y lo
+primerito que vio fue un par de perros, más grandes que _el cameio_,
+_brancos_, con ojos de fuego. Él, Mordejai, _mocha medo_, un _medo_ que
+le quitaba el respirar. Vino después un _arregimiento_ de jinetes con
+mucho cantorio, galas _mochas_; luego empezó a caer lluvia espesísima de
+arena y piedras, tanto, tanto, que se vio enterrado hasta el
+pescuezo... y no respiraba. Cada vez más _medo_... Por encima de toda
+aquella escoria pasó velocísimo otro escuadrón de jinetes, dando al
+viento los blancos alquiceles, y sin cesar disparando tiros. Siguió un
+diluvio de culebras y _alcranes_, que caían silbando y enroscándose. El
+pobre ciego se moría de _medo_, sintiéndose envuelto en la horrorosa
+nube de inmundos animales... Pero luego vinieron hombres y mujeres a
+pie, en pausada procesión, todos con blancas vestiduras, llevando en la
+mano canastillas y bateas de oro, y pisando sobre flores, pues en rosas
+y azucenas se habían convertido mágicamente las serpientes y alacranes,
+y en olorosas ramas de menta y laurel todo aquel material llovido de
+arena cálida y puntiagudos guijarros.
+
+Para no cansar, apareció por fin el Rey, hermoso, con humana y divina
+hermosura, barba larga y negra, aretes en las orejas, corona de oro que
+parecía tener por pedrería el sol, la luna y las estrellas. Verde era su
+traje, que por lo fino debía de ser obra de unas arañas muy pulidas que
+en los profundos senos de la tierra tejen con hebras de fuego. El
+séquito de _Samdai_ era tan vistoso y brillante que deslumbraba. Como le
+preguntara la Petra si no venía también Su Majestad la Reina, quedose un
+momento parado el narrador, recordando, y al fin dio cuenta de que
+_vido_ también a la señora del Rey, pero con la cara muy tapada, como la
+luna entre nubes, y por esta razón Mordejai no pudo distinguirla bien.
+La Soberana vestía de amarillo, de un color así como nuestros
+pensamientos cuando estamos entre alegres y tristes. Expresaba esto el
+ciego con dificultad, supliendo las torpezas de su lenguaje con el juego
+fisonómico de la convicción, y los mohines y gestos elocuentes.
+
+Total: que a una orden del Rey le fueron poniendo delante todas aquellas
+bateas y canastos de oro que traían las mujeres de blanco vestidas. ¿Qué
+era? _Pieldras_ de diversas clases, _mochas_, _mochas_, que pronto
+formaron montones que no cabrían en ninguna casa: _rubiles_ como
+garbanzos, perlas del tamaño de huevos de paloma, _tudas_,
+_tudas_ grandes, _diamanta fina_ en tal cantidad, que había para llenar
+de ellos sacos _mochas_, y con los sacos un carro de mudanzas;
+esmeraldas como nueces y _trompacios_ como _poño mío_...
+
+Oían esto las tres mujeres embobadas, mudas, fijos los ojos en la cara
+del ciego, entreabiertas las bocas. Al comienzo de la relación, no se
+hallaban dispuestas a creer, y acabaron creyendo, por estímulo de sus
+almas, ávidas de cosas gratas y placenteras, como compensación de la
+miseria bochornosa en que vivían. Almudena ponía toda su alma en su
+voz, y con la lengua hablaban todos los pliegues movibles de su cara, y
+hasta los pelos de su barba negra. Todo era signos, jeroglífico
+descifrable, oriental escritura que los oyentes entendían sin saber por
+qué. El fin de la espléndida visión fue que el Rey le dijo al bueno de
+Mordejai que de las dos cosas que deseaba, riquezas y mujer, no podía
+darle más que una; que optase entre las pedrerías de gran valor que
+delante miraba, y con las cuales gozaría de una fortuna superior a la de
+todos los soberanos de la tierra, y una mujer buena, bella y laboriosa,
+joya sin duda tan rara que no se podía encontrar sino revolviendo toda
+la tierra. Mordejai no vaciló un momento en la elección, y dijo a Su
+Majestad de _baixo terra_, que para nada quería tanta pedrería _por
+fanegas_, si no le daban _muquier_... «Querer mi ella... gustar mí
+_muquier_, y sin _muquier_ migo, no querer _pieldras_ finas, ni
+_diniero_ ni _naida_».
+
+Señalole entonces el Rey una hembra que bien envuelta en un manto que la
+tapaba toda, el rostro inclusive, iba por el camino, y le dijo que
+aquella era _la suya_, y que la siguiese hasta cogerla o más bien
+cazarla, pues a paso muy ligero iba la condenada. Y dicho esto por el
+Rey, se dignó Su Majestad desaparecerse, y con él se fueron todos los de
+su comitiva, y los _arregimientos_ y las señoras de blanco, y _tudo_,
+_tudo_, no quedando más que un olor penetrante del _ilcienso_, y los
+ladridos de los dos perrazos que se iban perdiendo en las lontananzas de
+la noche fría, cual si despavoridos huyeran hacia los montes. Tres meses
+estuvo enfermo Mordejai después de este singular suceso, y no comía más
+que agua y harina de cebada sin sal. Quedose tan flaco que se contaba al
+tacto todos los huesos, sin que se le escapara uno en la cuenta. Por
+fin, arrastrándose como pudo, emprendió su camino por toda la grandeza
+del mundo en busca de la mujer que, según dicho del divino _Samdai_, era
+suya.
+
+«Y no la encontraste hasta _tantismos_ años de correr, y se llamaba
+Nicolasa--dijo la Petra, queriendo ayudar al biógrafo de sí mismo.
+
+--¿Tú qué saber? No ser Nicolasa.
+
+--Entonces será _la señora_--apuntó la Diega, señalando no sin cierta
+impertinencia a la pobre Benina, que no chistaba.
+
+--¿Yo?... ¡Jesús me valga! Yo no soy ninguna tarascona que anda por los
+caminos».
+
+Contó Almudena que desde Fez había ido a la Argelia; que vivió de
+limosna en Tlemcén primero, después en Constantina y Orán; que en este
+punto se embarcó para Marsella, y recorrió toda Francia, Lyon, Dijon,
+París, que es _mu_ grande, con tantos _olivares_ y buenos pisos de
+calle, todo como la palma de la mano. Después de subirse hasta un pueblo
+que le llaman _Lila_, volviose a Marsella y a Cette, donde se embarcó
+para Valencia.
+
+«Y en Valencia encontraste a la Nicolasa, con quien veniste por
+_badajes_, que vos daban los _aiuntamientos_, con dos _riales de
+tapa_--dijo la Petra--, y de Madrid vos fuisteis a los _Portugales_, y
+tres años te duró el contento, camastrón, hasta que la _golfa_ se te fue
+con otro.
+
+--Tú no saber.
+
+--Que cuente la historia de Nicolasa y cómo a él le cogieron en Madrid
+para llevarle a San Bernardino, y ella fue al _espital_; y estando él
+una noche durmiendo, se le aparecieron dos mujeres del otro mundo,
+verbigracia, _ánimas_, para decirle que la Nicolasa _hablaba_ en
+el _espital_ con uno que le iban a dar de alta...
+
+--No ser eso, no ser eso: cállate tú.
+
+--Otro día nos lo contará--indicó Benina, que, aunque gustaba de oír
+aquellos entretenidos relatos, no quería detenerse más, recordando sus
+apremiantes quehaceres.
+
+--Espérese, señora: ¿qué prisa tiene?--le dijo la Diega--. ¿A dónde irá
+usted que más valga?
+
+--Otro día contar más--indicó el ciego sonriendo--. Mí ver mundo _mocha_.
+
+--Estás cansadito, Jai. Convídanos a un medio para que se te remoje la
+lengua, que la tienes más seca que suela de zapato.
+
+--Yo no convidar mí ellas, _b'rrachonas_. No tener _diniero migo_.
+
+--Por eso no quede--dijo la Diega, rumbosa.
+
+--Yo no bebo--declaró la Benina--, y además tengo prisa, y con permiso de
+la compañía me voy.
+
+--Quedar ti rato más. Dar once _reloja_.
+
+--Dejarla--manifestó con benevolencia la Petra--, por si tiene que ir a
+ganarlo; que nosotras ya lo hemos ganado».
+
+Interrogadas por Almudena, refirieron que habiendo cogido la Diega unos
+dineros que le debían dos mozas de la calle de la Chopa, se habían
+lanzado al comercio, pues una y otra tenían suma disposición y travesura
+para el compra y vende. La Petra no se sentía mujer honrada y cabal sino
+cuando se dedicaba al tráfico, aunque fuese en cosas menudas, como
+palillos, mondarajas de tea, y _torraé_. La otra era un águila para
+pañuelos y puntillas. Con el dinero aquel, venido a sus manos por
+milagro, compraron género en una casa de saldos, y en la mañana de aquel
+día pusieron sus bazares junto a la Fuentecilla de la Arganzuela,
+teniendo la suerte de colocar muchas carreras de botones, varas muchas
+de puntilla y dos chalecos de bayona. Otro día _sacarían_ loza,
+_imágenes_, y caballos de cartón de los que daban, _a partir
+ganancias_, en la fábrica de la calle del Carnero. Largamente hablaron
+ambas de su negocio, y se alababan recíprocamente, porque si _Cuarto e
+kilo_ era de lo que no hay para la adquisición de género _por gruesas_, a
+la otra nadie aventajaba en salero y malicia para la venta al menudeo.
+Otra señal de que había venido al mundo para ser o _comercianta_ o nada,
+era que los cuartos ganados en la compra-venta se le pegaban al
+bolsillo, despertando en ella vagos anhelos de ahorro, mientras que los
+que por otros medios iban a sus flacas manos, se le escapaban por entre
+los dedos antes de que cerrar pudiera el puño para guardarlos.
+
+Oyó Benina muy atenta estas explicaciones, que tuvieron la virtud de
+infundirle cierta simpatía hacia la borracha, porque también ella,
+Benina, se sentía _negocianta_; también acarició su alma alguna vez la
+ilusión del compra-vende. ¡Ah! si, en vez de dedicarse al servicio,
+trabajando como una negra, hubiera tomado _una puerta de calle_, otro
+gallo le cantara. Pero ya su vejez y la indisoluble sociedad moral con
+Doña Paca la imposibilitaban para el comercio.
+
+Insistió la buena mujer en abandonar la grata tertulia, y cuando se
+levantó para despedirse cayósele el lápiz que le había dado D. Carlos,
+y al intentar recogerlo del suelo, cayósele también la agenda.
+
+«Pues no lleva usted ahí pocas cosas--dijo la Petra, cogiendo el libro y
+hojeándolo rápidamente, con mohines de lectora, aunque más bien
+deletreaba que leía--. ¿Esto qué es? Un libro para llevar cuentas. ¡Cómo
+me gusta! _Marzo_, dice aquí, y luego _Pe...setas_, y luego _céntimos_.
+Es _mu_ bonito apuntar aquí todo lo que sale y entra. Yo escribo tal
+cual; pero en los números me atasco, porque los ochos se me enredan en
+los dedos, y cuando sumo no me acuerdo nunca de lo que _se lleva_.
+
+--Ese libro--dijo Benina, que al punto vislumbró un negocio--, me lo dio un
+pariente de mi señora, para que lleváramos por apuntación el gasto; pero
+no sabemos. Ya no está la Magdalena para estos tafetanes, como dijo el
+otro... Y ahora pienso, señoras, que a ustedes, que comercian, les
+conviene este libro. Ea, lo vendo, si me lo pagan bien.
+
+--¿Cuánto?
+
+--Por ser para ustedes, dos reales.
+
+--Es mucho--dijo _Cuarto e kilo_, mirando las hojas del libro, que
+continuaba en manos de su compañera--. Y ¿para qué lo queremos nosotras,
+si nos estorba lo negro?
+
+--Toma--indicó Petra, acometida de una risa infantil al repasar, con el
+dedo mojado en saliva, las hojas--. Se marca con rayitas: tantas
+cantidades, tantas rayas, y así es más claro... Se da un real, ea.
+
+--¿Pero no ven que está nuevo? Su valor, aquí, lo dice: «dos pesetas».
+
+Regatearon. Almudena conciliaba los intereses de una y otra parte, y por
+fin quedó cerrado el trato en cuarenta céntimos, con lápiz y todo. Salió
+del café la Benina, gozosa, pensando que no había perdido el tiempo,
+pues si resultaban fantásticas las _pieldras_ preciosas que en montones
+Mordejai pusiera ante su vista, positivas y de buena ley eran las cuatro
+perras, como cuatro soles, que había ganado vendiendo el inútil regalo
+del monomaníaco Trujillo.
+
+
+
+
+XV
+
+
+El largo descanso en el café le permitió recorrer _como una exhalación_
+la distancia entre el Rastro y la calle de la Cabeza, donde vivía la
+señorita Obdulia, a quien deseaba visitar y socorrer antes de irse a
+casa, pues era indudable que a la niña correspondía la mitad, perra más
+o menos, de uno de los duros de D. Carlos. A las doce menos cuarto
+entraba en el portal, que por lo siniestro y húmedo parecía la puerta de
+una cárcel. En lo bajo había un establecimiento de _burras de leche_,
+con borriquitas pintadas en la muestra, y dentro vivían, sin aire ni
+luz, las pacíficas nodrizas de tísicos, encanijados y catarrosos. En la
+portería daban asilo a un conocido de Benina, el ciego Pulido, que era
+también punto fijo en San Sebastián. Con él y con el burrero charló un
+rato antes de subir, y ambos le dieron dos noticias muy malas: que iba a
+subir el pan y que había bajado mucho la Bolsa, señal lo primero de que
+no llovía, y lo segundo de que estaba al caer una revolución gorda, todo
+porque los _artistas_ pedían _las ocho horas_ y los _amos_ no querían
+darlas. Anunció el burrero con profética gravedad que pronto se quitaría
+todo el dinero metálico y no quedaría más que papel, hasta para las
+pesetas, y que echarían nuevas contribuciones, _inclusive_, por rascarse
+y por darse de quién a quién los buenos días. Con estas malas
+impresiones subió Benina la escalera, tan descansada como lóbrega, con
+los peldaños en panza, las paredes desconchadas, sin que faltaran los
+letreros de carbón o lápiz garabateados junto a las puertas de
+cuarterones, por cuyo quicio inferior asomaba el pedazo de estera, ni
+los faroles sucios que de día semejaban urnas de santos. En el primer
+piso, bajando del cielo, con vecindad de gatos y vistas magníficas a las
+tejas y buhardillones, vivía la señorita Obdulia; su casa, por la
+anchura de las habitaciones destartaladas y frías, hubiera parecido
+convento, a no ser por la poca elevación de los techos, que casi se
+cogían con la mano. Esteras y alfombras allí eran tan desconocidas, como
+en el Congo las levitas y chisteras; sólo en lo que llamaban gabinete
+había un pedazo de fieltro raído, rameado de azul y rojo, como de dos
+varas en cuadro. Los muebles de baratillo declaraban con sus chapas
+rotas, sus patas inválidas, sus posturas claudicantes, el desastre de
+sus infinitas peregrinaciones en los carros de mudanza.
+
+La misma Obdulia abrió la puerta a Benina, diciéndole que la había
+sentido subir, y al punto se vio la buena mujer como asaltada de una
+pareja de gatos muy bonitos, que mayando la miraban, el rabo tieso,
+frotando su lomo contra ella. «Los pobres animalitos--dijo la _niña_ con
+más lástima de ellos que de sí misma--, no se han desayunado todavía».
+
+Vestía la hija de Doña Paca una bata de franela color rosa, de corte
+elegante, ya descompuesta por el mucho uso, las delanteras manchadas de
+chocolate y grasa, algún siete en las mangas, la falda arrastrada,
+revelándose en todo, como prenda adquirida de lance, que a su dueña le
+venía un poco ancha, por _aquello de que la difunta era mayor_. De todos
+modos, tal vestimenta se avenía mal con la pobreza de la esposa de
+Luquitas.
+
+«¿No ha venido anoche tu marido?--le dijo Benina, sofocada de la penosa
+ascensión.
+
+--No, hija, ni falta que me hace. Déjale en su café, y en sus casas de
+perdición, con las _socias_ que le han sorbido el seso.
+
+--¿No te han traído nada de casa de tus suegros?
+
+--Hoy no toca. Ya sabes que lo dejaron en un día sí y otro no. No ha
+venido más que Juana Rosa a peinarme, y con ella se fue mi Andrea. Van a
+comer juntas en casa de su tía.
+
+--De modo que estás como los camaleones. No te apures, que Dios aprieta,
+pero no ahoga, y aquí estoy yo para que no ayunes más de la cuenta, que
+el cielo bien ganado te lo tienes ya... Siento una tosecilla... ¿Ha
+venido ese caballero?
+
+--Sí: ahí está desde las diez. Con las cosas bonitas que cuenta me
+entretiene, y casi no me acuerdo de que no hay en casa más que dos onzas
+de chocolate, media docena de dátiles, y algunos mendrugos de pan... Si
+has de traerme algo, sea lo primero para estos pobres gatos aburridos,
+que desde el amanecer no me dejan vivir. Parece que me hablan, y dicen:
+«Pero ¿qué es de nuestra buena Nina, que no viene con nuestra
+cordillita?».
+
+--En seguida traeré para remediaros a todos--dijo la anciana--. Pero antes
+quiero saludar a ese caballero rancio, que es tan fino y atento con las
+señoras».
+
+Entró en el llamado gabinete, y el señor de Ponte y Delgado se deshizo
+con ella en afectuosos cumplidos de buena sociedad. «Siempre echándola a
+usted de menos, Benina... y muy desconsolado cuando _brilla usted por su
+ausencia_.
+
+--¡Que brillo por mi ausencia!... ¿Pero qué disparates está usted
+diciendo, Sr. de Ponte? O es que no entendemos nosotras, las mujeres de
+pueblo, esos términos tan _fisnos_... Ea, quédense con Dios. Yo vuelvo
+pronto, que tengo que dar de almorzar a la niña y a los señores gatos. Y
+aunque el Sr. D. Frasquito no quiera, ha de hacer aquí penitencia. Le
+convido yo... no, le convida la señorita.
+
+--¡Oh, cuánto honor!... Lo agradezco infinito. Yo pensaba retirarme.
+
+--Sí, ya sabemos que siempre está usted convidado en casas de la
+grandeza. Pero como es tan bueno, se _dizna_ sentarse a la mesa de los
+pobres.
+
+--Consideración que tanto le agradecemos--dijo Obdulia--. Ya sé que para el
+Sr. de Ponte es un sacrificio aceptar estas pobrezas...
+
+--¡Por Dios, Obdulia!...
+
+--Pero su mucha bondad le _inspira_ estos y otros mayores sacrificios.
+¿Verdad, Ponte?
+
+--Ya la he reñido a usted, amiga mía, por ser tan paradójica. Llama
+sacrificio al mayor placer que puede existir en la vida.
+
+--¿Tienes carbón?...--preguntó Benina bruscamente, como quien arroja una
+piedra en un macizo de flores.
+
+--Creo que hay algo--replicó Obdulia--; y si no, lo traes también».
+
+Fue Nina para adentro, y habiendo encontrado combustible, aunque escaso,
+se puso a encender lumbre y a preparar sus pucheros. Durante la prosaica
+operación, conversaba con las astillas y los carbones, y sirviéndose del
+fuelle como de un conducto fonético, les decía: «Voy a tener otra vez el
+gusto de dar de comer a ese pobre hambriento, que no confiesa su hambre
+por la vergüenza que le da... ¡Cuánta miseria en este mundo, Señor! Bien
+dicen que quien más ha visto, más ve. Y cuando se cree una que es el
+acabose de la pobreza, resulta que hay otros más miserables, porque una
+se echa a la calle, y pide, y le dan, y come, y con medio panecillo se
+alimenta... Pero estos que juntan la vergüenza con la gana de comer, y
+son delicados y medrosicos para pedir; estos que tuvieron posibles y
+educación, y no quieren rebajarse... ¡Dios mío, qué desgraciados son!
+lo que discurrirán para matar el gusanillo... Si me sobra dinero,
+después de darle de almorzar, he de ver cómo me las compongo para que
+tome la peseta que necesita para pagar el catre de esta noche. Pero ¡ay!
+no... que necesitará ocho reales. Me da el corazón que anoche no pagó...
+y como esa condenada Bernarda no fía más que una vez... será preciso
+pagarle toda la cuenta... y a saber si le ha fiado dos o tres noches...
+No, aunque yo tuviera el dinero, no me atrevería a dárselo; y aunque se
+lo ofreciese, primero dormía al raso que cogerlo de estas manos
+pobres... ¡Señor, qué cosas, qué cosas se van viendo cada día en este
+mundo tan grande de la miseria!».
+
+En tanto el lánguido Frasquito y la esmirriada Obdulia platicaban
+gozosos de cosas gratas, harto distantes de la triste realidad. Desde
+que vio entrar a la Providencia, en figura de Benina, sintiose la niña
+calmada de su ansiedad y sobresalto, y el caballero también respiró por
+el propio motivo feliz, y se le alegraron las pajarillas viendo
+conjurado, por aquel día, un grave conflicto de subsistencias. Uno y
+otro, marchita dama y galán manido, poseían, en medio de su radical
+penuria, una _riqueza_ inagotable, eficacísima, casi acuñable, extraída
+de la mina de su propio espíritu; y aunque usaban de los productos de
+este venero con prodigalidad, mientras más gastaban, más superabundancia
+tenían sus caudales. Consistía, pues, esta riqueza, en la facultad
+preciosa de desprenderse de la realidad, cuando querían, trasladándose a
+un mundo imaginario, todo bienandanzas, placeres y dichas. Gracias a
+esta divina facultad, se daba el caso de que ni siquiera advirtiesen, en
+muchas ocasiones, sus enormes desdichas, pues cuando se veían privados
+absolutamente de los bienes positivos, sacaban de la imaginación el
+cuerno de Amaltea, y lo agitaban para ver salir de él los bienes
+ideales. Lo extraño era que el Sr. de Ponte Delgado, con tener tres
+veces lo menos la edad de Obdulia, casi la superaba en poder
+imaginativo, pues en la declinación de la vida, se renovaban en él los
+aleteos de la infancia.
+
+D. Frasquito era lo que vulgarmente se llama _un alma de Dios_. Su edad
+no se sabía, ni en parte alguna constaba, pues se había quemado el
+archivo de la iglesia de Algeciras donde le bautizaron. Poseía el raro
+privilegio físico de una conservación que pudiera competir con la de las
+momias de Egipto, y que no alteraban contratiempos ni privaciones. Su
+cabello se conservaba negro y abundante; la barba, no; pero con un poco
+de betún casi armonizaban una con otro. Gastaba melenas, no de las
+románticas, desgreñadas y foscas, sino de las que se usaron hacia el
+50, lustrosas, con raya lateral, los mechones bien ahuecaditos sobre las
+orejas. El movimiento de la mano para ahuecar los dos mechones y
+modelarlos en su sitio, era uno de esos resabios fisiológicos, de
+_segunda naturaleza_, que llegan a ser parte integrante de la primera.
+Pues con su melenita de cocas y su barba pringosa y retinta, el rostro
+de Frasquito Ponte era de los que llaman _aniñados_, por no sé qué
+expresión de ingenuidad y confianza que veríais en su nariz chica, y en
+sus ojos que fueron vivaces y ya eran mortecinos. Miraban siempre con
+ternura, lanzando sus rayos de ocaso melancólico en medio de un celaje
+de lagrimales pitañosos, de pestañas ralas, de párpados rugosos, de
+extensas patas de gallo. Dos presunciones descollaban entre las muchas
+que constituían el orgullo de Ponte Delgado, a saber: la melena y el pie
+pequeño. Para las mayores desdichas, para las abstinencias más crueles y
+mortificantes, tenía resignación; para llevar zapatos muy viejos o que
+desvirtuaran la estructura perfecta y las lindas proporciones de sus
+piececitos, no la tenía, no.
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Del arte exquisito para conservar la ropa no hablemos. Nadie como él
+sabía encontrar en excéntricos portales sastres económicos, que por
+poquísimo dinero _volvían_ una pieza; nadie como él sabía tratar con
+mimo las prendas de uso perenne para que desafiaran los años,
+conservándose en los puros hilos; nadie como él sabía emplear la bencina
+para limpieza de mugres, planchar arrugas con la mano, estirar lo
+encogido y enmendar rodilleras. Lo que le duraba un sombrero de copa no
+es para dicho. Para averiguarlo no valdría compulsar todas las
+cronologías de la moda, pues a fuerza de ser antigua la del
+chisterómetro que usaba, casi era moderna, y a esta ilusión contribuía
+el engaño de aquella felpa, tan bien alisada con amorosos cuidados
+maternales. Las demás prendas de ropa, si al sombrero igualaban en
+longevidad, no podían emular con él en el disimulo de años de servicio,
+porque con tantas vueltas y transformaciones, y tantos recorridos de
+aguja y pases de plancha, ya no eran sino sombra de lo que fueron. Un
+gabancillo de verano, clarucho, usaba D. Frasquito en todo tiempo: era
+su prenda menos inveterada, y le servía para ocultar, cerrado hasta el
+cuello, todo lo demás que llevaba, menos la mitad de los pantalones. Lo
+que se escondía debajo de la tal prenda, sólo Dios y Ponte lo sabían.
+
+Persona más inofensiva no creo haya existido nunca; más inútil, tampoco.
+Que Ponte no había servido nunca para nada, lo atestiguaba su miseria,
+imposible de disimular en aquel triste occidente de su vida. Había
+heredado una regular fortunilla, desempeñó algunos destinos buenos, y no
+tuvo atenciones ni cargas de familia, pues se petrificó en el celibato,
+primero por adoración de sí mismo, después por haber perdido el tiempo
+buscando con demasiado escrúpulo y criterio muy rígido un matrimonio de
+conveniencia, que no encontró, ni encontrar podía, con las gollerías y
+perendengues que deseaba. En la época en que aún no existía la palabra
+_cursi_, Ponte Delgado consagró su vida a la sociedad, vistiendo con
+afectada elegancia, frecuentando, no diré los salones, porque entonces
+poco se usaba esta denominación, sino algunos estrados de casas buenas y
+distinguidas. Los verdaderos salones eran pocos, y Frasquito, por más
+que en su vejez hacía gala de haber entrado en ellos, la verdad era que
+ni por el forro los conocía. En las tertulias que frecuentaba y bailes
+a que asistía, así como en los casinos y centros de reunión masculina,
+no digamos que desentonaba; pero tampoco se distinguía por su ingenio,
+ni por esa hidalga mezcla de corrección y desgaire que constituye la
+elegancia verdadera. Muy estiradito siempre, eso sí; muy atento a sus
+guantes, a su corbata, a su pie pequeño, resultaba grato a las damas,
+sin interesar a ninguna; tolerable para los hombres, algunos de los
+cuales verdaderamente le estimaban.
+
+Sólo en nuestra sociedad heterogénea, libre de escrúpulos y
+distinciones, se da el caso de que un hidalguete, poseedor de cuatro
+terruños, o un empleadillo de mediano sueldo, se confundan con marqueses
+y condes de sangre azul, o con los próceres del dinero, en los centros
+de falsa elegancia; que se junten y alternen los que explotan la vida
+suntuaria por sus negocios, o sus vanidades, o bien por audaces amoríos,
+y los que van a bailar y a comer y departir con las señoras, sin más
+objeto que procurarse recomendaciones para un ascenso, o el favor de un
+jefe para faltar impunemente a las horas de oficinas. No digo esto por
+Frasquito Ponte, el cual era algo más que un pelagatos fino en los
+tiempos de su apogeo social. Su decadencia no empezó a manifestarse de
+un modo notorio hasta el 59; se defendió heroicamente hasta el 68, y al
+llegar este año, marcado en la tabla de su destino con trazo muy negro,
+desplomose el desdichado galán en los abismos de la miseria, para no
+levantarse más. Años antes se había comido los últimos restos de su
+fortuna. El destino que con grandes fatigas pudo conseguir de González
+Bravo, se lo quitó despiadadamente la revolución; no gozaba cesantía, no
+había sabido ahorrar. Quedose el cuitado sin más rentas que el día y la
+noche, y la compasión de algunos buenos amigos que le sentaban a su
+mesa. Pero los buenos amigos se murieron o se cansaron, y los parientes
+no se mostraban compasivos. Pasó hambres, desnudeces, privaciones de
+todo lo que había sido su mayor gusto, y en tan tremenda crisis, su
+delicadeza innata y su amor propio fueron como piedra atada al cuello
+para que más pronto se hundiera y se ahogara: no era hombre capaz de
+importunar a los amigos con solicitudes de dinero, vulgo _sablazos_, y
+sólo en contadísimas ocasiones, verdaderos casos críticos o de peligro
+de muerte, en la lucha con la miseria, se aventuró a extender la mano en
+demanda de auxilio, revistiéndola, eso sí, para guardar las formas, de
+un guante, que aunque descosido y roto, guante era al fin. Antes se
+muriera de hambre Frasquito, que hacer cosa alguna sin dignidad. Se dio
+el caso de entrar disfrazado en el figón de Boto, a comer dos reales de
+cocido, antes que presentarse en una buena casa, donde si le admitían
+con agasajo, también lastimaban con crueles bromas su decoro,
+refregándole en el rostro su gorronería y parasitismo.
+
+Con angustioso afán buscaba el infeliz medios de existencia, aunque
+fueran de los menos lucrativos; pero la cortedad de sus talentos
+dificultaba más lo que en todos los casos es difícil. Tanto revolvió,
+que al fin pudo encontrar algunos empleíllos, indignos ciertamente de su
+anterior posición, pero que le permitieron vivir algún tiempo sin
+_rebajarse_. Su miseria, al cabo, podía decorarse con un barniz de
+dignidad. Recibir un corto auxilio pecuniario como pasante de un
+colegio, o como escribiente de unos boteros de la calle de Segovia, para
+llevarles las cuentas y _ponerles_ las cartas, era limosna ciertamente,
+pero tan bien disimulada, que no había desdoro en recibirla. Arrastró
+vida mísera durante algunos años, solitario habitante de los barrios del
+Sur, sin atreverse a pasar a los del Centro y Norte, por miedo de
+encontrar _conocimientos_ que le vieran mal calzado y peor vestido; y
+habiendo perdido aquellos acomodos, buscó otros, aceptando al fin, no
+sin escrúpulos y crispaduras de nervios, el cargo de comisionista o
+viajante de una fábrica de jabón, para ir de tienda en tienda y de casa
+en casa ofreciendo el género, y colocando las partidas que pudiera. Mas
+tan poca labia y malicia el pobrecillo desplegaba en este oficio
+chalanesco, que pronto hubo de quedarse en la calle. Últimamente le
+deparó el cielo unas señoras viejas de la Costanilla de San Andrés, para
+que les llevara las cuentas de un resto de comercio de cerería, que
+liquidaban, cediendo en pequeñas partidas las existencias a las
+parroquias y congregaciones. Escaso era el trabajo; mas por él le daban
+tan sólo dos pesetas diarias, con las cuales realizaba el milagro de
+vivir, agenciándose comida y lecho, y no se dice casa, porque en
+realidad no la tenía.
+
+Ya desde el 80, que fue el año terrible para el sin ventura Frasquito,
+se determinó a no tener domicilio, y después de unos días de horrorosa
+crisis en que pudo compararse al caracol, por el aquel de llevar su casa
+consigo, entendiose con la _señá_ Bernarda, la dueña de los dormitorios
+de la calle del Mediodía Grande, mujer muy dispuesta y que sabía
+distinguir. Por tres reales le daba cama de a peseta, y en obsequio a la
+excepcional decencia del parroquiano, por sólo un real de añadidura le
+dejaba tener su baúl en un cuartucho interior, donde, además, le
+permitía estar una hora todas las mañanas arreglándose la ropa, y
+acicalándose con sus lavatorios, cosméticos y manos de tinte. Entraba
+como un cadáver, y salía desconocido, limpio, oloroso y reluciente de
+hermosura.
+
+La restante peseta la empleaba en comer y en vestirse... ¡Problema
+inmenso, álgebra imposible! Con todos sus apuros, aquella temporada le
+dio relativo descanso, porque no sufría la humillación de pedir socorro,
+y malo o bueno, tuerto o derecho, tenía el hombre un medio de vivir, y
+vivía y respiraba, y aún le sobraba tiempo para dar algunas volteretas
+por los espacios imaginarios. Su honesto trato con Obdulia, que vino del
+conocimiento con Doña Paca y de las relaciones comerciales de las viejas
+cereras con el _funerario_, suegro de la niña, si llevó al espíritu de
+Ponte el consuelo de la concordancia de ideas, gustos y aficiones, le
+puso en el grave compromiso de desatender las necesidades de boca para
+comprarse unas botas nuevas, pues las que por entonces prestaban
+servicio exclusivo hallábanse horrorosamente desfiguradas, y por todo
+pasaba el menesteroso, menos por entrar con feo pie en las regiones de
+lo ideal.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Con el espantoso desequilibrio que trajeron al menguado presupuesto, las
+botas nuevas y otros artículos de verdadera superfluidad, como pomada,
+tarjetas, etc., en los cuales fue preciso invertir sumas de relativa
+consideración, se quedó Frasquito enteramente vacío de barriga y sin
+saber dónde ni cómo había que llenarla. Pero la Providencia, que no
+abandona a los buenos, le deparó su remedio en la casa misma de Obdulia,
+que le mataba el hambre algunos días, rogándole que la acompañase a
+almorzar; y por cierto que tenía que gastar no poca saliva para
+reducirle, y vencer su delicadeza y cortedad. Benina, que le leía en el
+rostro la inanición, gastaba menos etiquetas que su señorita, y le
+servía con brusquedad, riéndose de los melindres y repulgos con que daba
+delicada forma a la aceptación.
+
+Aquel día, que tan siniestro se presentaba, y que la aparición de Benina
+trocó en uno de los más dichosos, Obdulia y Frasquito, en cuanto
+comprendieron que estaba resuelto el problema de la reparación
+orgánica, se lanzaron a cien mil leguas de la realidad, para espaciar
+sus almas en el rosado ambiente de los bienes fingidos. Las ideas de
+Ponte eran muy limitadas: las que pudo adquirir en los veinte años de su
+apogeo social se petrificaron, y ni en ellas hubo modificación, ni las
+adquirió nuevas. La miseria le apartó de sus antiguas amistades y
+relaciones, y así como su cuerpo se momificaba, su pensamiento se iba
+quedando fósil. En su manera de pensar, no había rebasado las líneas del
+68 y 70. Ignoraba cosas que sabe todo el mundo; parecía hombre caído de
+un nido o de las nubes; juzgaba de sucesos y personas con candorosa
+inocencia. La vergüenza de su aflictivo estado y el retraimiento
+consiguiente, no tenían poca parte en su atraso mental y en la pobreza
+de sus pensamientos.
+
+Por miedo a que le viesen hecho una facha, se pasaba semanas y aun meses
+sin salir de sus barrios; y como no tuviera necesidad imperiosa que al
+centro le llamase, no pasaba de la Plaza Mayor. Le azaraba continuamente
+la monomanía centrífuga; prefería para sus divagaciones las calles
+obscuras y extraviadas, donde rara vez se ve un sombrero de copa. En
+tales sitios, y disfrutando de sosiego, tiempo sin tasa y soledad, su
+poder imaginativo hacía revivir los tiempos felices, o creaba en los
+presentes seres y cosas al gusto y medida del mísero soñador.
+
+En sus coloquios con Obdulia, Frasquito no cesaba de referirle su vida
+social y elegante de otros tiempos, con interesantes pormenores: cómo
+fue presentado en las tertulias de los señores de Tal, o de la Marquesa
+de Cuál; qué personas distinguidas allí conoció, y cuáles eran sus
+caracteres, costumbres y modos de vestir. Enumeraba las casas suntuosas
+donde había pasado horas felices, conociendo lo mejorcito de Madrid en
+ambos sexos, y recreándose con amenos coloquios y pasatiempos muy
+bonitos. Cuando la conversación recaía en cosas de arte, Ponte, que
+deliraba por la música y por el _Real_, tarareaba trozos de _Norma_ y de
+_Maria di Rohan_, que Obdulia escuchaba con éxtasis. Otras veces,
+lanzándose a la poesía, recitábale versos de D. Gregorio Romero
+Larrañaga y de otros vates de aquellos tiempos bobos. La radical
+ignorancia de la joven era terreno propio para estos ensayos de
+literaria educación, pues en todo hallaba novedad, todo le causaba el
+embeleso que sentiría una criatura al ver juguetes por primera vez.
+
+No se saciaba nunca la _niña_ (a quien es forzoso llamar así, a pesar de
+ser casada, con su aborto correspondiente) de adquirir informes y
+noticias de la vida de sociedad, pues aunque algunos conocimientos de
+ello tuviera, por recuerdos vagos de su infancia, y por lo que su madre
+le había contado, hallaba en las descripciones y pinturas de Ponte mayor
+encanto y poesía. Sin duda, la sociedad del tiempo de Frasquito era más
+bella que la coetánea, más finos los hombres, las señoras más graciosas
+y espirituales. A ruego de ella, el elegante fósil describía los
+convites, los bailes, con todas sus magnificencias; el _buffet_ o
+_ambigú_, con sus variados manjares y refrigerios; contaba las aventuras
+amorosas que en su tiempo dieron que hablar; enumeraba las reglas de
+buena educación que entonces, hasta en los ínfimos detalles de la vida
+suntuaria, estaba en uso, y hacía el panegírico de las bellezas que en
+su tiempo brillaron, y ya se habían muerto o eran arrinconados
+vejestorios. No se dejó en el tintero sus propias aventurillas, o más
+bien pinitos amorosos, ni los disgustos que por tales excesos tuvo con
+maridos escamones o hermanos susceptibles. De las resultas, había tenido
+también su duelo correspondiente, ¡vaya! con padrinos, condiciones,
+elección de armas, dimes y diretes, y, por fin, choque de sables,
+terminando todo en fraternal almuerzo. Un día tras otro, fue contando
+las varias peripecias de su vida social, la cual contenía todas las
+variedades del libertinaje candoroso, de la elegancia pobre y de la
+tontería honrada. Era también Frasquito un excelente aficionado al arte
+escénico, y representó en distintos teatros caseros papeles principales
+en _Flor de un día_ y _La trenza de sus cabellos_. Aún recordaba
+parlamento y _bocadillos_ de ambas obras, que repetía con énfasis
+declamatorio, y que Obdulia oía con arrobamiento, _arrasados los ojos en
+lágrimas_, dicho sea con frase de la época. Refirió también, y para ello
+tuvo que emplear dos sesiones y media, el baile de trajes que dio, allá
+por los años de Maricastaña, una señora Marquesa o Baronesa de No sé
+cuántos. No olvidaría Frasquito, si mil años viviese, aquella grandiosa
+fiesta, a la que asistió de _bandido calabrés_. Y se acordaba de todos,
+absolutamente de todos los trajes, y los describía y especificaba, sin
+olvidar cintajo ni galón. Por cierto que los preparativos de su
+vestimenta, y los pasos que tuvo que dar para procurarse las prendas
+características, le robaron tanto tiempo día y noche, que faltó semanas
+enteras a la oficina, y de aquí le vino la primera cesantía, y con la
+cesantía sus primeros atrasos.
+
+Aunque en muy pequeña escala, también podía Frasquito satisfacer otra
+curiosidad de Obdulia: la curiosidad, o más bien ilusión, de los viajes.
+No había dado la vuelta al mundo; pero ¡había estado en París! y para un
+elegante, esto quizás bastaba. ¡París! ¿Y cómo era París? Obdulia
+devoraba con los ojos al narrador, cuando este refería con hiperbólicos
+arranques las maravillas de la gran ciudad, nada menos que en los
+esplendorosos tiempos del segundo Imperio. ¡Ah! ¡la Emperatriz Eugenia,
+los Campos Elíseos, los bulevares, Nôtre Dame, Palais Royal... y para
+que en la descripción entrara todo, Mabille, las loretas!... Ponte no
+estuvo más que mes y medio, viviendo con grande economía, y aprovechando
+muy bien el tiempo, día y noche, para que no se le quedara nada por ver.
+En aquellos cuarenta y cinco días de libertad parisiense, gozó lo
+indecible, y se trajo a Madrid recuerdos e impresiones que contar para
+tres años seguidos. Todo lo vio, lo grande y lo chico, lo bello y lo
+raro; en todo metió su nariz chiquita, y no hay que decir que se
+permitió su poco de libertinaje, deseando conocer los encantos secretos
+y seductoras gracias que esclavizan a todos los pueblos, haciéndoles
+tributarios de la voluptuosa Lutecia.
+
+Precisamente aquel día, mientras Benina con diligencia suma trasteaba en
+la cocina y comedor, Frasquito contaba a Obdulia cosas de París, y tan
+pronto, en su pintoresco relato, descendía a las alcantarillas, como se
+encaramaba en la torre del pozo artesiano de Grenelle.
+
+--Muy cara ha de ser la vida en París--le dijo su amiga--. ¡Ah! Sr. de
+Ponte, eso no es para pobres.
+
+--No, no lo crea usted. Sabiendo manejarse, se puede vivir como se
+quiera. Yo gastaba de cuatro a cinco napoleones diarios, y nada se me
+quedó por ver. Pronto aprendí las _correspondencias_ de los ómnibus, y a
+los sitios más distantes iba por unos cuantos _sus_. Hay _restauranes_
+económicos, donde le sirven a usted por poco dinero buenos platos.
+Verdad es que en propinas, que allí llaman _pour boire_, se gasta más de
+la cuenta; pero créame usted, las da uno con gusto por verse tratado con
+tanta amabilidad. No oye usted más que _pardon_, _pardon_ a todas horas.
+
+--Pero entre las mil cosas que usted vio, Ponte, se olvida de lo mejor.
+¿No vio usted a los grandes hombres?
+
+--Le diré a usted. Como era verano, los grandes hombres se habían ido a
+tomar baños. Víctor Hugo, como usted sabe, estaba en la emigración.
+
+--Y a Lamartine, ¿no le vio usted?
+
+--En aquella época, ya el autor de _Graziella_ había fallecido. Una
+tarde, los amigos que me acompañaban en mis paseos me enseñaron la casa
+de Thiers, el gran historiador, y también me llevaron al café donde, por
+invierno, solía ir a tomarse su copa de cerveza Paul de Kock.
+
+--¿El de las novelas para reír? Tiene gracia; pero sus indecencias y
+porquerías me fastidian.
+
+También vi la zapatería donde le hacían las botas a Octavio Feuillet.
+Por cierto que allí me encargué unas, que me costaron seis napoleones...
+¡pero qué hechura, qué género! Me duraron hasta el año de la muerte de
+Prim...
+
+--Ese Octavio, ¿de qué es autor?
+
+--De _Sibila_ y otras obras lindísimas.
+
+--No le conozco... Creo confundirle con Eugenio Sué, que escribió, si no
+recuerdo mal, los _Pecados capitales_ y _Nuestra Señora de París_.
+
+--_Los Misterios de París_, quiere usted decir.
+
+--Eso... ¡Ay, me puse mala cuando leí esa obra, de la gran impresión que
+me produjo!
+
+--Se identificaba usted con los personajes, y vivía la vida de ellos.
+
+--Exactamente. Lo mismo me ha pasado con _María o la hija de un
+jornalero_...».
+
+En esto les avisó Benina que ya tenía preparada la pitanza, y les faltó
+tiempo para caer sobre ella y hacer los debidos honores a la tortilla de
+escabeche y a las chuletas con patatas fritas. Dueño de su voluntad en
+todo acto que requiriese finura y buenas formas, Ponte se las compuso
+admirablemente con sus nervios para no dar a conocer la ferocidad de su
+hambre atrasada. Con bondadosa confianza, Benina le decía: «Coma, coma,
+Sr. de Ponte, que aunque esta no es comida fina, como las que a usted le
+dan en otras casas, no le viene mal ahora... Los tiempos están malos.
+Hay que apencar con todo...
+
+--Señora Nina--replicaba el _proto-cursi_--, yo aseguro, bajo mi palabra de
+honor, que es usted un ángel; yo _me inclino a creer_ que en el cuerpo de
+usted se ha encarnado un ser benéfico y misterioso, un ser que es _mera_
+personificación de la Providencia, según la entendían y entienden los
+pueblos antiguos y modernos.
+
+--¡Válgate Dios lo que sabe, y qué tonterías tan saladas dice!».
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+Con la reparadora substancia del almuerzo, los cuerpos parecía que
+resucitaban, y los espíritus fortalecidos levantaron el vuelo a las más
+altas regiones. Instalados otra vez en el gabinete, Ponte Delgado contó
+las delicias de los veranos de Madrid en su tiempo. En el Prado se
+reunía toda la nata y flor. Los pudientes iban de estación a la Granja.
+Él había visitado más de una vez el Real Sitio, y había visto correr
+las fuentes.
+
+«¡Y yo que no he visto nada, nada!--exclamaba Obdulia con tristeza,
+poniendo en sus bellos ojos un desconsuelo infantil--. Crea usted, amigo
+Ponte, que ya me habría vuelto tonta de remate, si Dios no me hubiera
+dado la facultad de figurarme las cosas que no he visto nunca. No puede
+usted imaginar cuánto me gustan las flores: me muero por ellas. En su
+tiempo, mamá me dejaba tener tiestos en el balcón: después me los
+quitaron, porque un día regué tanto, que subió el policía y nos echaron
+multa. Siempre que paso por un jardín, me quedo embobada mirándolo.
+¡Cuánto me gustaría ver los de Valencia, los de la Granja, los de
+Andalucía!... Aquí apenas hay flores, y las que vemos vienen por
+ferrocarril, y llegan mustias. Mi deseo es admirarlas en la planta.
+Dicen que hay tantísimas clases de rosas: yo quiero verlas, Ponte; yo
+quiero _aspirar su aroma_. Se dan grandes y chicas, encarnadas y
+blancas, de muchas variedades. Quisiera ver una planta de jazmín grande,
+grande, que me diera sombra. ¡Y cómo me quedaría yo embelesada, viendo
+las mil florecillas caer sobre mis hombros, y prendérseme en el pelo!...
+Yo sueño con tener un magnífico jardín y una estufa... ¡Ay! esas estufas
+con plantas tropicales y flores rarísimas, quisiera verlas yo. Me las
+figuro; las estoy viendo... me muero de pena por no poder poseerlas.
+
+--Yo he visto--dijo Ponte--, la de D. José Salamanca en sus buenos tiempos.
+Figúresela usted más grande que esta casa y la de al lado juntas.
+Figúrese usted palmeras y helechos de gran altura, y piñas de América
+con fruto. Me parece que la estoy viendo.
+
+--Y yo también. Todo lo que usted me pinta, lo veo. A veces, soñando,
+soñando, y viendo cosas que no existen, es decir, que existen en otra
+parte, me pregunto yo: '¿Pero no podría suceder que algún día tuviera yo
+una casa magnífica, elegante, con salones, estufa... y que a mi mesa se
+sentaran los _grandes hombres_... y yo hablara con ellos y con ellos me
+instruyera?'.
+
+--¿Por qué no ha de poder ser? Usted es muy joven, Obdulia, y tiene aún
+mucha vida por delante. Todo eso que usted ve en sueños, véalo como una
+realidad posible, probable. Dará usted comidas de veinte cubiertos, una
+vez por semana, los miércoles, los lunes... Le aconsejo a usted, como
+perro viejo en sociedad, que no ponga más de veinte cubiertos, y que
+invite para esos días gente muy escogida.
+
+--¡Ah!... bien... lo mejor, la _crema_...
+
+--Los demás días, seis cubiertos, los convidados íntimos y nada más;
+personas de alcurnia, ¿sabe? personas allegadas a usted y que le tengan
+cariño y respeto. Como es usted tan hermosa, tendrá adoradores... eso no
+lo podrá evitar... No dejará de verse en algún peligro, Obdulia. Yo le
+aconsejo que sea usted muy amable con todos, muy fina, muy cortés; pero
+en cuanto se propase alguno, revístase de dignidad, y vuélvase más fría
+que el mármol, y desdeñosa como una reina.
+
+--Eso mismo he pensado yo, y lo pienso a todas horas. Estaré tan ocupada
+en divertirme, que no se me ocurrirá ninguna cosa mala. ¡Que gusto ir a
+todos los teatros, no perder ópera, ni concierto, ni función de drama o
+comedia, ni estreno, ni nada, Señor, nada! Todo lo he de ver y gozar...
+Pero crea usted una cosa, y se la digo con el corazón. En medio de todo
+ese barullo, yo gozaría extremadamente en repartir muchas limosnas; iría
+yo en busca de los pobres más desamparados, para socorrerles y... En
+fin, que yo no quiero que haya pobres... ¿Verdad, Frasquito, que no debe
+haberlos?
+
+--Ciertamente, señora. Usted es un ángel, y con la _varilla mágica de su
+bondad_ hará desaparecer todas las miserias.
+
+--Ya se me figura que es verdad cuanto usted me dice. Yo soy así. Vea
+usted lo que me pasa: hace un rato hablábamos de flores; pues ya se me
+ha pegado a la nariz un olor riquísimo. Paréceme que estoy dentro de mi
+estufa, viendo tantos primores, y oliendo fragancias deliciosas. Y
+ahora, cuando hablábamos de socorrer la miseria, se me ocurrió decirle:
+'Frasquito, tráigame una lista de los pobres que usted conozca, para
+empezar a distribuir limosnas'.
+
+--La lista pronto se hace, señora mía--dijo Ponte contagiado del delirio
+imaginativo, y pensando que debía encabezar la propuesta con el nombre
+del primer menesteroso del mundo: _Francisco Ponte Delgado_.
+
+--Pero habrá que esperar--añadió Obdulia, dándose de hocicos contra la
+realidad, para volver a saltar otra vez, cual pelota de goma, y
+remontarse a las alturas--. Y diga usted: en ese correr por Madrid
+buscando miserias que aliviar, me cansaré mucho, ¿verdad?
+
+--¿Pero para qué quiere usted sus coches?... Digo, yo _parto de la base_
+de que usted tiene una gran posición.
+
+--Me acompañará usted.
+
+--Seguramente.
+
+--¿Y le veré a usted paseando a caballo por la Castellana?
+
+--No digo que no. Yo he sido regular jinete. No gobierno mal... Ya que
+hemos hablado de carruajes, le aconsejo a usted que no tenga cocheras...
+que se entienda con un alquilador. Los hay que sirven muy bien. Se
+quitará usted muchos quebraderos de cabeza.
+
+--¿Y qué le parece a usted?--dijo Obdulia ya desbocada y sin freno--.
+Puesto que he de viajar, ¿a dónde debo ir primero, a Alemania o a Suiza?
+
+--Lo primero a París...
+
+--Es que yo me figuro que ya he visto a París... Eso es de clavo
+pasado... Ya estuve: quiero decir, ya estoy en que estuve, y que
+volveré, de paso para otro país.
+
+--Los lagos de Suiza son linda cosa. No olvide usted las ascensiones a
+los Alpes para ver... los perros del Monte San Bernardo, los grandes
+témpanos de hielo, y otras maravillas de la Naturaleza.
+
+--Allí me hartaré de una cosa que me gusta atrozmente: manteca de vacas
+bien fresca... Dígame, Ponte, con franqueza: ¿qué color cree usted que
+me sienta mejor, el rosa o el azul?
+
+--Yo afirmo que a usted le sientan bien todos los colores _del iris_;
+mejor dicho: no es que este o el otro color hagan valer más o menos su
+belleza; es que su belleza tiene bastante poder para dar realce a
+cualquier color que se le aplique.
+
+--Gracias... ¡Qué bien dicho!
+
+--Yo, si usted me lo permite--manifestó el galán marchito, sintiendo el
+vértigo de las alturas--, haré la comparación de su figura de usted con
+la figura y rostro... ¿de quién creerá?... pues de la Emperatriz
+Eugenia, ese prototipo de elegancia, de hermosura, de distinción...
+
+--¡Por Dios, Frasquito!
+
+--No digo más que lo que siento. Esa mujer _ideal_ no se me ha olvidado,
+desde que la vi en París, paseando en el _Bois_ con el Emperador. La he
+visto mil veces después, cuando _flaneo_ solito por esas calles soñando
+despierto, o cuando me entra el insomnio, encerrado las horas muertas _en
+mis habitaciones_. Paréceme que la estoy viendo ahora, que la veo
+siempre... Es una idea, es un... no sé qué. Yo soy un hombre que adora
+los ideales, que no vive sólo de la _vil materia_. Yo desprecio la _vil
+materia_, yo sé desprenderme del _frágil barro_...
+
+--Entiendo, entiendo... Siga usted.
+
+--Digo que en mi espíritu vive la imagen de aquella mujer... y la veo
+como un ser real, como un ente... no puedo explicarlo... como un ente,
+no figurado, sino tangible y...
+
+--¡Oh! sí... lo comprendo. Lo mismo me pasa a mí.
+
+--¿Con ella?
+
+--No... con... no sé con quién».
+
+Por un momento, creyó Frasquito que el _ser ideal_ de Obdulia era el
+Emperador. Incitado a completar su pensamiento, prosiguió así:
+
+«Pues, amiga mía, yo que _conozco_, que _conozco_, digo, a Eugenia de
+Guzmán, sostengo que usted es como ella, o que ella y usted son una
+misma persona.
+
+--Yo no creo que pueda existir tal semejanza, Frasquito--replicó la niña,
+turbada, echando lumbre por los ojos.
+
+--La fisonomía, las facciones, así de perfil como de frente, la
+expresión, el aire del cuerpo, la mirada, el gesto, los andares, todo,
+todo es lo mismo. Créame usted, yo no miento nunca.
+
+--Puede ser que haya cierto parecido...--indicó Obdulia, ruborizándose
+hasta la raíz del cabello--. Pero no seremos iguales; eso no.
+
+--Como dos gotas de agua. Y si se _parecen ustedes_ en lo físico...--dijo
+Frasquito, echándose para atrás en el sillón y adoptando un tonillo de
+franca naturalidad--, no es menor el parecido en lo moral, en el aire de
+persona que ha nacido y vive en la más alta posición, en algo que revela
+la conciencia de una superioridad a la que todos rinden acatamiento. En
+suma, yo sé lo que me digo. Nunca veo tan clara la semejanza como cuando
+usted manda algo a la Benina: se me figura que veo a Su Majestad
+Imperial dando órdenes a sus chambelanes.
+
+--¡Qué cosas!... Eso no puede ser, Ponte... no puede ser».
+
+Entrole a la niña un reír nervioso, cuya estridencia y duración
+parecían anunciar un ataque epiléptico. Riose también Frasquito, y
+desbocándose luego por los espacios imaginativos, dio un bote
+formidable, que, traducido al lenguaje vulgar, es como sigue:
+
+«Hace poco indicó usted que me vería paseando a caballo por la
+Castellana. ¡Ya lo creo que podría usted verme! Yo he sido un buen
+jinete. En mi juventud, tuve una jaca torda, que era una pintura. Yo la
+montaba y la gobernaba admirablemente. Ella y yo _llamamos la atención_
+en La Línea primero, después en Ronda, donde la vendí, para comprarme un
+caballo jerezano, que después fue adquirido... pásmese usted... por la
+Duquesa de Alba, hermana de la Emperatriz, mujer elegantísima también...
+y que también se le parece a usted, sin que las dos hermanas se
+parezcan.
+
+--Ya, ya sé...--dijo Obdulia, haciendo gala de entender de linajes--. Eran
+hijas de _la Montijo_.
+
+--Cabal, que vivía en la plazuela del Ángel, en aquel gran palacio que
+hace esquina a la plaza donde hay tantos pajaritos... mansión de
+hadas... yo estuve una noche... me presentaron Paco Ustáriz y Manolo
+Prieto, compañeros míos de oficina... Pues sí, yo era un buen jinete, y
+créame, algo queda.
+
+--Hará usted una figura arrogantísima...
+
+--¡Oh! no tanto.
+
+--¿Por qué es usted tan modesto? Yo lo veo así, y suelo ver las cosas
+bien claras. Todo lo que yo veo es verdad.
+
+--Sí; pero...
+
+--No me contradiga usted, Ponte, no me contradiga en esto ni en nada.
+
+--Acato humildemente sus aseveraciones--dijo Frasquito humillándose--.
+Siempre hice lo mismo con todas las damas a quienes he tratado, que han
+sido muchas, Obdulia, pero muchas...
+
+--Eso bien se ve. No conozco otra persona que se le iguale en la finura
+del trato. Francamente, es usted el prototipo de la elegancia... de
+la...
+
+--¡Por Dios!...».
+
+Al llegar a esta frase, el punto o vértice del delirio hízoles caer de
+bruces sobre la realidad la brusca entrada de Benina, que, concluidas
+sus faenas de fregado y arreglo de la cocina y comedor, se despedía.
+Cayó Ponte en la cuenta de que era la hora de ir a cumplir sus
+obligaciones en la casa donde trabajaba, y pidió licencia a la imperial
+dama para retirarse. Esta se la dio con sentimiento, mostrándose
+pesarosa de la soledad en que hasta el próximo día quedaba en sus
+palacios, habitados por sombras de chambelanes y otros guapísimos
+palaciegos. Que estos, ante los ojos de los demás mortales, tomaran
+forma de gatos mayadores, a ella no le importaba. En su soledad, se
+recrearía discurriendo muy a sus anchas por la estufa, admirando las
+galanas flores tropicales, y aspirando sus embriagadoras fragancias.
+
+Fuese Ponte Delgado, despidiéndose con afectuosas salutaciones y
+sonrisas tristes, y tras él Benina, que apresuró el paso para alcanzarle
+en el portal o en la calle, deseosa de echar con él un parrafito.
+
+
+
+
+XIX
+
+
+«Sí, D. Frasco--le dijo codeándose con él en la calle de San Pedro
+Mártir--. Usted no tiene confianza conmigo, y debe tenerla. Yo soy pobre,
+más pobre que las ratas; y Dios sabe las amarguras que paso para
+mantener a mi señora y a la niña, y mantenerme a mí... Pero hay quien me
+gana en pobreza, y ese pobre de más _solenidá_ que nadie es usted... No
+diga que no.
+
+--Señá Benina, repito que es usted un ángel.
+
+--Sí... de cornisa... Yo no quiero que usted esté tan desamparado. ¿Por
+qué le ha hecho Dios tan vergonzoso? Buena es la vergüenza; pero no
+tanta, Señor... Ya sabemos que el Sr. de Ponte es persona decente; pero
+ha venido a menos, tan a menos, que no se lo lleva el viento porque no
+tiene por dónde agarrarlo. Pues bueno: yo soy _Juan Claridades_; después
+de atender a todo lo del día, me ha sobrado una peseta. Téngala...
+
+--Por Dios, _señá_ Benina--dijo Frasquito palideciendo primero, después
+rojo.
+
+--No haga melindres, que le vendrá muy bien para que pueda pagarle a
+Bernarda la cama de anoche.
+
+--¡Qué ángel, santo Dios, qué ángel!
+
+--Déjese de _angelorios_, y coja la moneda. ¿No quiere? Pues usted se lo
+pierde. Ya verá como las gasta la _dormilera_, que no fía más que una
+noche, y apurando mucho, dos. Y no salga diciendo que a mí me hace
+falta. ¡Como que no tengo otra! Pero yo me gobernaré como pueda para
+sacar el diario de mañana de debajo de las piedras... Que la tome, digo.
+
+--_Señá_ Benina, he llegado a tal extremidad de miseria y humillación,
+que aceptarla la peseta, sí, señora, la aceptaría, olvidándome de quién
+soy y de mi dignidad, etc... pero ¿cómo quiere usted que yo _reciba ese
+anticipo_, sabiendo, como sé, que usted pide limosna para atender a su
+señora? No puedo, no... Mi conciencia se subleva...
+
+--Déjese de sublevaciones, que no somos aquí _de tropa_. O usted se lleva
+la pesetilla, o me enfado, como Dios es mi padre. D. Frasquito, no haga
+papeles, que es usted más mendigo que el inventor del hambre. ¿O es que
+necesita más dinero, porque le debe más a la Bernarda? En este caso, no
+puedo dárselo, porque no lo tengo... Pero no sea usted lila, D.
+Frasquito, ni se haga de mieles, que esa lagartona de la Bernarda se lo
+comerá vivo, si no le acusa las cuarenta. A un parroquiano como usted,
+_de la aristocracia_, no se le niega el hospedaje porque deba, un
+suponer, tres noches, cuatro noches... Plántese el buen Frasquito, con
+cien mil pares, y verá cómo la Bernarda agacha las orejas... Le da usted
+sus cuatro reales a cuenta, y... échese a dormir tranquilo en el
+camastro».
+
+O no se convencía Ponte, o convencido de lo buena que sería para él la
+posesión de la peseta, le repugnaba el acto material de extender la mano
+y recibir la limosna. Benina reforzó su argumentación diciéndole: «Y
+puesto que es el niño tan vergonzoso, y no se atreve con su patrona, ni
+aun dándole a cuenta la _cantidá_, yo le hablaré a Bernarda, yo le diré
+que no le riña, ni le apure... Vamos, tome lo que le doy, y no me fría
+más la sangre, Sr. D. Frasquito».
+
+Y sin darle tiempo a formular nuevas protestas y negativas, le cogió la
+mano, le puso en ella la moneda, cerrole el puño a la fuerza, y se
+alejó corriendo. Ponte no hizo ademán de devolverle el dinero, ni de
+arrojarlo. Quedose parado y mudo; contempló a la Benina como a visión
+que se desvanece en un rayo de luz, y conservando en su mano izquierda
+la peseta, con la derecha sacó el pañuelo y se limpió los ojos, que le
+lloraban horrorosamente. Lloraba de irritación oftálmica senil, y
+también de alegría, de admiración, de gratitud.
+
+Aún tardó Benina más de una hora en llegar a la calle Imperial, porque
+antes pasó por la de la Ruda a hacer sus compras. Estas hubieron de ser
+al fiado, pues se le había concluido el dinero. Recaló en su casa
+después de las dos, hora no intempestiva ciertamente: otros días había
+entrado más tarde, sin que la señora por ello se enfadara. Dependía el
+ser bien o mal recibida de la racha de humor con que a Doña Paca cogía
+en el momento de entrar. Aquella tarde, por desgracia, la pobre señora
+rondeña se hallaba en una de sus más violentas crisis de irritabilidad
+nerviosa. Su genio tenía erupciones repentinas, a veces determinadas por
+cualquier contrariedad insignificante, a veces por misterios del
+organismo difíciles de apreciar. Ello es que antes de que Benina
+traspasara la puerta, Doña Francisca le echó esta rociada: «¿Te parece
+que son éstas horas de venir? Tengo yo que hablar con D. Romualdo, para
+que me diga la hora a que sales de su casa... Apuesto a que te
+descuelgas ahora con la mentira de que fuiste a ver a la niña, y que has
+tenido que darle de comer... ¿Piensas que soy idiota, y que doy crédito
+a tus embustes? Cállate la boca... No te pido explicaciones, ni las
+necesito, ni las creo; ya sabes que no creo nada de lo que me dices,
+embustera, enredadora».
+
+Conocedora del carácter de la señora, Benina sabía que el peor sistema
+contra sus arrebatos de furor era contradecirla, darle explicaciones,
+sincerarse y defenderse. Doña Paca no admitía razonamientos, por
+juiciosos que fuesen. Cuanto más lógicas y justas eran las aclaraciones
+del contrario, más se enfurruñaba ella. No pocas veces Benina, inocente,
+tuvo que declararse culpable de las faltas que la señora le imputaba,
+porque, haciéndolo así, se calmaba más pronto.
+
+«¿Ves cómo tengo razón?--proseguía la señora, que cuando se ponía en tal
+estado, era de lo más insoportable que imaginarse puede--. Te callas...
+quien calla, otorga. Luego es cierto lo que yo digo; yo siempre estoy al
+tanto... Resulta lo que pensé: que no has subido a casa de Obdulia, ni
+ese es el camino. Sabe Dios dónde habrás estado de pingo. Pero no te dé
+cuidado, que yo lo averiguaré... ¡Tenerme aquí sola, muerta de
+hambre!... ¡Vaya una mañana que me has hecho pasar! He perdido la cuenta
+de los que han venido a cobrar piquillos de las tiendas, cantidades que
+no se han pagado ya por tu desarreglo... Porque la verdad, yo no sé
+dónde echas tú el dinero... Responde, mujer... defiéndete siquiera, que
+si a todo das la callada por respuesta, me parecerá que aún te digo
+poco».
+
+Benina repitió con humildad lo dicho anteriormente: que había concluido
+tarde en casa de D. Romualdo; que D. Carlos Trujillo la entretuvo la mar
+de tiempo; que había ido después a la calle de la Cabeza...
+
+«Sabe Dios, sabe Dios lo que habrás hecho tú, correntona, y en qué
+sitios habrás estado... A ver, a ver si hueles a vino».
+
+Oliéndole el aliento, rompió en exclamaciones de asco y horror: «Quita,
+quítate allá, borracha. Apestas a aguardiente.
+
+--No lo he catado, señora; me lo puede creer».
+
+Insistía Doña Paca, que en aquellas crisis convertía en realidades sus
+sospechas, y con su terquedad forjaba su convicción.
+
+«Me lo puede creer--repitió Benina--. No he tomado más que un vasito de
+vino con que me obsequió el Sr. de Ponte.
+
+--Ya me está dando a mí mala espina ese señor de Ponte, que es un viejo
+verde muy zorro y muy tuno. Tal para cual, pues también tú las matas
+callando... No pienses que me engañas, hipócrita... Al cabo de la vejez,
+te da por la disolución, y andas de picos pardos. ¡Qué cosas se ven,
+Señor, y a qué desarreglos arrastra el maldito vicio!... Te callas:
+luego es cierto. No; si aunque lo negaras no me convencerías, porque
+cuando yo digo una cosa, es porque la sé... Tengo yo un ojo...».
+
+Sin dar tiempo a que la delincuente se explicara, salió por este otro
+registro:
+
+«¿Y qué me cuentas, mujer? ¿Qué recibimiento te hizo mi pariente D.
+Carlos? ¿Qué tal? ¿Está bueno? ¿No revienta todavía? No necesitas
+decirme nada, porque, como si hubiera estado yo escondidita detrás de
+una cortina, sé todo lo que hablasteis... ¿A que no me equivoco? Pues te
+dijo que lo que a mí me pasa es por mi maldita costumbre de no llevar
+cuentas. No hay quien le apee de esa necedad. Cada loco con su tema; la
+locura de mi pariente es arreglarlo todo con números... Con ellos se ha
+enriquecido, robando a la Hacienda y a los parroquianos; con ellos
+quiere al fin de la vida salvar su alma, y a los pobres nos recomienda
+la medicina de los números, que a él no le salva ni a nosotros nos sirve
+para nada. ¿Con que acierto? ¿Fue esto lo que te dijo?
+
+--Sí, señora. Parece que lo estaba usted oyendo.
+
+--Y después de machacar con esa monserga del Debe y Haber, te habrá dado
+una limosna para mí... Ignora que mi dignidad se subleva al recibirla.
+Le estoy viendo abrir las gavetas como quien quiere y no quiere, coger
+el taleguito en que tiene los billetes, ocultándolo para que no lo
+vieras tú; le veo sobar el saquito, guardarlo cuidadosamente; le veo
+echar la llave... Y el muy cochino se descuelga con una porquería. No
+puedo precisar la cantidad que te habrá dado para mí, porque es tan
+difícil anticiparse a los cálculos de la avaricia; pero desde luego te
+aseguro, sin temor de equivocarme, que no ha llegado a los cuarenta
+duros».
+
+La cara que puso Benina al oír esto no puede describirse. La señora, que
+atentamente la observaba, palideció, y dijo después de breve pausa:
+
+«Es verdad: me he corrido mucho. Cuarenta, no; pero, aun con lo cicatero
+y mezquino que es el hombre, no habrá bajado de los veinticinco duros.
+Menos que eso no lo admito, Nina; no puedo admitirlo.
+
+--Señora, usted está delirando--replicó la otra, plantándose con firmeza
+en la realidad--. El Sr. D. Carlos no me ha dado nada, lo que se llama
+nada. Para el mes que viene empezará a darle a usted una _paga_ de dos
+duros mensuales.
+
+--Embustera, trapalona... ¿Crees que me embaucas a mí con tus enredos?
+Vaya, vaya, no quiero incomodarme... Me tiene peor cuenta, y no estoy yo
+para coger berrinches... Comprendido, Nina, comprendido. Allá te
+entenderás con tu conciencia. Yo me lavo las manos, y dejo a Dios que te
+dé tu merecido.
+
+--¿Qué, señora?
+
+--Hazte ahora la simple y la gatita Marirramos. ¿Pero no ves que yo te
+calo al instante y adivino tus _infundios_? Vamos, mujer, confiésalo; no
+trates de añadir a la infamia el engaño.
+
+--¿Qué, señora?
+
+--Pues que has tenido una mala tentación... Confiésamelo, y te perdono...
+¿No quieres declararlo? Pues peor para ti y para tu conciencia, porque
+te sacaré los colores a la cara. ¿Quieres verlo? Pues los veinticinco
+duros que te dio para mí D. Carlos, se los has dado a ese Frasquito
+Ponte para que pague sus deudas, y vaya a comer de fonda, y se compre
+corbatas, pomada y un bastoncito nuevo... Ya ves, ya ves, bribonaza,
+cómo todo te lo adivino, y conmigo no te valen ocultaciones. Si sé yo
+más que tú. Ahora te ha dado por proteger a ese Tenorio fiambre, y le
+quieres más que a mí, y a él le atiendes y a mí no, y de él te da
+lástima, y a mí, que tanto te quiero, que me parta un rayo».
+
+Rompió a llorar la señora, y Benina que ya sentía ganas de contestar a
+tanta impertinencia dándole azotes como a un niño mañoso, al ver las
+lágrimas se compadeció. Ya sabía que el llanto era la terminación de la
+crisis de cólera, la sedación del acceso, mejor dicho, y cuando tal
+sucedía, lo mejor era soltar la risa, llevando la disputa al terreno de
+las burlas sabrosas.
+
+«Pues sí, señora Doña Francisca--le dijo abrazándola--. ¿Creía usted que
+habiéndome salido ese novio tan hechicero y tan saleroso, le había de
+dejar yo en necesidad, sin darle para el pelo?
+
+--No creas que me engatusas con tus bromitas, trapalona,
+zalamera...--decía la señora, ya desarmada y vencida--. Yo te aseguro que
+no me importa nada lo que has hecho, porque el dinero de Trujillete yo
+no lo había de tomar... Preferiría morirme de hambre, a manchar mis
+manos con él... Dáselo, dáselo a quien quieras, ingratona, y déjame a mí
+en paz; déjame que me muera olvidada de ti y de todo el mundo.
+
+--Ni usted ni yo nos moriremos tan pronto, porque aún hemos de dar mucha
+guerra--le dijo la criada, disponiéndose con gran diligencia a darle de
+comer.
+
+--Veremos qué porquerías me traes hoy... Enséñame la cesta... Pero, hija,
+¿no te da vergüenza de traerle a tu ama estas piltrafas asquerosas?...
+¿Y qué más? coliflor... Ya me tienes apestada con tus coliflores, que me
+dan flato, y las estoy repitiendo tres días... En fin, ¿a qué estamos en
+el mundo más que a padecer? Dame pronto estos comistrajos... ¿Y huevos
+no has traído? Ya sabes que no los paso, como no sean bien frescos.
+
+--Comerá usted lo que le den, sin refunfuños, que el poner tantos peros a
+la comida que Dios da, es ofenderle y agraviarle.
+
+--Bueno, hija, lo que tú quieras. Comeremos lo que haya, y daremos
+gracias a Dios. Pero come tú también, que me da pena verte tan
+ajetreada, desviviéndote por los demás, y olvidada de ti misma y del
+alivio de tu cuerpo. Siéntate conmigo, y cuéntame lo que has hecho hoy».
+
+A media tarde, comían las dos, sentaditas a la mesa de la cocina. Doña
+Paca, suspirando con toda su alma, entre un bocado y otro, expresó en
+esta forma las ideas que bullían en su mente:
+
+«Dime, Nina, entre tantas cosas raras, incomprensibles, qué hay en el
+mundo, ¿no habría un medio, una forma... no sé cómo decirlo, un
+sortilegio por el cual nosotras pudiéramos pasar de la escasez a la
+abundancia; por el cual todo eso que en el mundo está de más en tantas
+manos avarientas, viniese a las nuestras que nada poseen?
+
+--¿Qué dice la señora? ¿Que si podría suceder que en un abrir y cerrar de
+ojos pasáramos de pobres a ricas, y viéramos, un suponer, nuestra casa
+llena de dinero, y de cuanto Dios crió?
+
+--Eso quiero decir. Si son verdad los milagros, ¿por qué no _sucede_ uno
+para nosotras, que bien merecido nos lo tenemos?
+
+--¿Y quién dice que no _suceda_, que no tengamos
+esa _ocurrencia_?--respondió Benina, en cuya mente surgió de improviso,
+con poderoso relieve y extraordinaria plasticidad, el conjuro que
+Almudena le había enseñado, para pedir y obtener todos los bienes de la
+tierra.
+
+
+
+
+XX
+
+
+De tal modo se posesionaron de su espíritu la idea y las imágenes
+expresadas por el ciego africano, que a punto estuvo de contarle a su
+ama el maravilloso método de conjurar y hacer venir al _Rey de baixo
+terra_. Pero recelando que aquel secreto sería menos eficaz cuanto más
+se divulgara, contúvose en su locuacidad, y tan sólo dijo que bien
+podría suceder que de la noche a la mañana se les metiera por las
+puertas la fortuna. Al acostarse junto a Doña Paca, pues dormían en la
+misma alcoba, pensó que todo aquello de Almudena era una _papa_, y
+tomarlo en serio la mayor de las necedades. Quiso dormirse, mas no pudo;
+volvió su espíritu a dar agasajo a la idea, creyéndola de posible
+realización, Y si esfuerzos hacía por desecharla, con mayor tenacidad la
+pícara idea se le metía en el cerebro.
+
+«¿Qué se pierde por probarlo?--se decía, arropándose en la cama--. Podrá
+no ser verdad... ¿Pero y si lo fuese? ¡Cuántas mentiras hubo que luego
+se volvieron verdades como puños!... Pues lo que es yo, no me quedo sin
+probarlo, y mañana mismo, con el primer dinero que saque, compro el
+candil de barro, sin hablar. El cuento es que no sé cómo puede tratarse
+un _artículo_ sin hablar... En fin, me haré la sordomuda... Luego buscaré
+el palitroque, también sin hablar... Falta que el moro me enseñe la
+oración, y que yo la aprenda sin que se me escape un verbo...».
+
+Después de un breve sueño, despertó creyendo firmemente que en la salita
+próxima había unas esportonas o seretas muy grandes, muy grandes, llenas
+de diamantes, _rubiles_, perlas y zafiros... En la obscuridad de las
+habitaciones nada podía ver; pero de que aquellas riquezas estaban allí
+no tenía la menor duda. Cogió la caja de fósforos, dispuesta a encender,
+para recrear su vista en el tesoro; mas por no despertar a Doña Paca,
+cuyo sueño era muy ligero, dejó para la mañana el examen de tantas
+maravillas... Pasado un rato, no tardó en reírse de su ilusión,
+diciéndose: «¡Pues no soy poco lila!... Es todavía pronto para que
+traigan eso...». Al amanecer, despertose al ladrido de dos perrazos
+blancos que salían de debajo de las camas; sintió la campanilla de la
+puerta; echose al suelo, y en camisa corrió a abrir, segura de que
+llamaba algún _ayudante_ o gentilhombre del Rey de luenga barba y
+vestido verde... Pero no era nadie; no había ser viviente en la puerta.
+
+Arreglose para salir, disponiendo el desayuno de la señora, y dando el
+primer barrido a la casa, y a las siete salía ya con su cesta al brazo
+por la calle Imperial. Como no tenía un céntimo ni de dónde le viniera,
+encaminose a San Sebastián, pensando por el camino en D. Romualdo y su
+familia, pues de tanto hablar de aquellos señores, y de tanto
+comentarlos y describirlos, había llegado a creer en su existencia.
+«¡Vaya que soy _gilí_!--se decía--. Invento yo al tal D. Romualdo, y ahora
+se me antoja que es persona _efetiva_ y que puede socorrerme. No hay más
+D. Romualdo que el pordioseo bendito, y a eso voy, y veremos si cae
+algo, con permiso de la _Caporala_». El día era bueno; al entrar, díjole
+Pulido que había funeral de primera, y boda en la sacristía. La novia
+era sobrina de un ministro _pleniputenciano_, y el novio... _cosa de
+periódicos_. Ocupó Benina su puesto, y se estrenó con dos céntimos que
+le dio una señora. Sus compañeras trataron de _hacerla cantar_ el para
+qué la había llamado D. Carlos; pero sólo contestó con evasivas y medias
+palabras. Suponiendo la Casiana que el señor de Trujillo había tratado
+con _señá_ Benina el darle los restos de comida de su casa, la trató con
+miramiento, sin duda por llamarse a la parte.
+
+Al fin los del funeral no repartieron cosa mayor; y si los del bodorrio
+se corrieron algo más, acudió tanta pobretería de otros cuadrantes, y se
+armó tal barullo y confusión, que unos cogieron por cinco, y otros se
+quedaron _in albis_. Al ver salir a la novia, tan emperifollada, y a las
+señoras y caballeros de su compañía, cayeron sobre ellos como nube de
+langosta, y al padrino le estrujaron el gabán, y hasta le chafaron el
+sombrero. Trabajo le costó al buen señor sacudirse la terrible plaga, y
+no tuvo más remedio que arrojar un puñado de calderilla en medio del
+patio. Los más ágiles hicieron su agosto; los más torpes gatearon
+inútilmente. La _Caporala_ y Eliseo trataban de poner orden, y cuando
+los novios y todo el acompañamiento se metieron en los coches, quedó en
+las inmediaciones de la iglesia la turbamulta mísera, gruñendo y
+pataleando. Se dispersaba, y otra vez se reunía con remolinos
+zumbadores. Era como un motín, vencido por su propio cansancio. Los
+últimos disparos eran: «_Tú cogiste más_... _me han quitado lo mío_...
+_aquí no hay decencia_... _cuánto pillo_...». La Burlada, que era de las
+que más habían apandado, echaba sapos y culebras de su boca, concitando
+los ánimos de toda la cuadrilla contra la _Caporala_ y Eliseo. Por fin,
+intervino la policía, amenazándoles con _recogerles_ si no callaban, y
+esto fue como la palabra de Dios. Los intrusos se largaron; los de casa
+se metieron en el pasadizo. Benina sacó de toda la campaña del día,
+comprendido funeral y boda, 22 céntimos, y Almudena, 17. De Casiana y
+Eliseo se dijo que habían sacado peseta y media cada uno.
+
+Al retirarse juntos el ciego marroquí y Benina, lamentándose de su mala
+sombra, fueron a parar, como la otra vez, a la plaza del Progreso, y se
+sentaron al pie de la estatua para deliberar acerca de las dificultades
+y ahogos de aquel día. No sabía ya Benina a qué santo encomendarse: con
+la limosna de la jornada no tenía ni para empezar, porque érale forzoso
+pagar algunas deudillas en los establecimientos de la calle de la Ruda,
+a fin de sostener el crédito y poder trampear unos días más. Díjole
+Almudena que él se hallaba en absoluta imposibilidad de favorecerla; lo
+más que podía hacer era entregarle las perras de la mañana, y por la
+noche lo que sacar pudiera en el resto del día, pidiendo en su puesto de
+costumbre, calle del Duque de Alba, junto al cuartel de la Guardia
+Civil. Rechazó la anciana esta generosidad, porque también él necesitaba
+vivir y alimentarse, a lo que repuso el marroquí que con un café con pan
+_migao_, en la Cruz del Rastro, tenía bastante para tirar hasta la
+noche. Resistiéndose a admitir la oferta, planteó Benina la cuestión de
+conjurar al Rey de _baixo terra_, mostrando una confianza y fe que
+fácilmente se explican por la grande necesidad en que estaba. Lo
+desconocido y misterioso busca sus prosélitos en el reino de la
+desesperación, habitado por las almas que en ninguna parte hallan
+consuelo.
+
+«Ahora mismo--dijo la pobre mujer--, quiero comprar las cosas. Hoy es
+viernes, y mañana sábado hacemos la prueba.
+
+--_Compriar_ ti cosas, sin hablar...
+
+--Claro, sin decir una palabra. ¿Qué se pierde por hacer la prueba? Y
+dime otra cosa: ¿ha de ser precisamente a media noche?».
+
+Contestó el ciego que sí, repitiendo las reglas y condiciones
+imprescindibles para la eficacia del conjuro, y Benina trató de fijarlo
+todo en su memoria.
+
+«Ya sé--le dijo al fin--, que estarás todo el día en la fuentecilla del
+Duque de Alba--. Si se me olvida algo, iré a preguntártelo, y a que me
+enseñes la oración. Eso sí que me ha de costar trabajo aprenderlo, sobre
+todo si no me lo pones en lengua cristiana, que lo que es en la tuya,
+hijo de mi alma, no sé cómo voy a componerme para no equivocarme.
+
+--Si _quivoquiar_ ti, Rey no _vinier_».
+
+Desalentada con estas dificultades, separose Benina de su amigo, por la
+prisa que tenía de reunir algunas perras con que completar lo que para
+las obligaciones de aquel día necesitaba, y no pudiendo esperar ya cosa
+alguna del crédito, se puso a pedir en la esquina de la calle de San
+Millán, junto a la puerta del café de los Naranjeros, importunando a los
+transeúntes con el relato de sus desdichas: que acababa de salir del
+hospital, que su marido se había caído de un andamio, que no había
+comido en tres semanas, y otras cosas que partían los corazones. Algo
+iba pescando la infeliz, y hubiera cogido algo más, si no se pareciese
+por allí un maldito guindilla que la conminó con llevarla a los sótanos
+de la prevención de la Latina, si no se largaba con viento fresco.
+Ocupose luego en comprar los adminículos para el conjuro, empresa harto
+engorrosa, porque todo había de hacerse por señas, y se fue a su casa
+pensando que sería gran dificultad efectuar allí la endiablada
+hechicería sin que se enterase la señora. Contra esto no había más
+recurso que _figurar_ que D. Romualdo se había puesto muy malito, y salir
+de noche a velarle, yéndose a casa de Almudena... Pero la presencia de
+la Petra podría ser obstáculo: al peligro de que un testigo incrédulo
+imposibilitara la _cosa_, se añadía el inconveniente grave de que, en
+caso de éxito feliz, la borrachona quisiera apropiarse todos o una parte
+de los tesoros donados por el Rey... Por cierto que mejor que en piedras
+preciosas, sería que lo trajesen todo en moneda corriente, o en fajos de
+billetes de Banco, bien sujetos con una goma, como ella los había visto
+en las casas de cambio. Porque... no era floja pejiguera tener que ir a
+las platerías a proponer la venta de tantas perlas, zafiros y
+diamantes... En fin, que lo trajeran como les diese la gana: no era cosa
+de poner reparos, ni exigir muchos perendengues.
+
+Halló a Doña Paca de mal temple, porque se había parecido en la casa,
+muy de mañana, un dependiente de la tienda, y habíala insultado con
+expresiones brutales y soeces. La pobre señora lloraba y se tiraba de
+los pelos, suplicando a su fiel amiga que arase la tierra en busca de
+los pocos duros que hacían falta, para tirárselos al rostro al bestia
+del tendero, y Benina se devanaba los sesos por encontrar la solución
+del terrible conflicto.
+
+«Mujer, por piedad, discurre, inventa algo--le decía la señora, hecha un
+mar de lágrimas--. Para las ocasiones son los amigos. En circunstancias
+muy críticas, no hay más remedio que perder la vergüenza... ¿No se te
+ocurre, como a mí, que tu D. Romualdo podría sacarnos del compromiso?».
+
+La criada no contestó. Preparando la comida de su ama, daba vueltas en
+su mente a las combinaciones más sutiles. Repetida la proposición por
+Doña Paca, pareció que Benina la encontraba razonable. «D. Romualdo...
+sí, sí. Iré a ver... Pero no respondo, señora, no respondo. Quizás
+desconfíen... Una cosa es hacer caridad, y otra prestar dinero... y no
+salimos del paso con menos de diez duros... ¿Qué dijo ese bruto de
+Gabino? ¿que volvería mañana a darnos otro escándalo?... ¡Canalla,
+ladrón... que todo lo vende _adúltero_!... Pues, sí, es cosa de diez
+duros, y no sé si D. Romualdo... Por él no quedaría; pero su hermana es
+_puño en rostro_... ¡Diez duros!... Voy a ver... Pero no extrañe la
+señora que tarde un poco. Estas cosas... no sabe una cómo tratarlas...
+Depende de la cara que pongan; a lo mejor salen con aquello de «vuelva
+usted...». Me voy, me voy; ya me entra la desazón... tardaré... pero no
+tarda quien a casa llega...
+
+--Sobre todo si no trae las manos vacías. Vete, hija, vete, y el Señor te
+acompañe y te afine las entendederas. Si yo tuviera tu talento, pronto
+saldría de estas trapisondas. Aquí me quedo rezando a todos los santos
+del cielo para que te inspiren, y a las dos nos saquen de este
+Purgatorio. Adiós, hija».
+
+Habiéndose trazado un plan, el único que, en su certero juicio, le
+ofrecía remotas probabilidades de éxito, dirigiose Benina a la calle de
+Mediodía Grande, y a la casa de dormir propiedad de su amiga Doña
+Bernarda.
+
+
+
+
+XXI
+
+
+La dueña del establecimiento brillaba por su ausencia. Fue recibida
+Benina por la _encargada_, y por un hombre llamado Prieto, que
+disfrutaba de toda la confianza de aquella, y llevaba la contabilidad
+del alquiler diario de camas. No tuvo la anciana más remedio que
+esperar, pues aquel par de _congrios_ carecían de facultades para
+resolverle el problema que tan atrozmente la inquietaba. Hablando,
+hablando, del negocio de dormir (el año iba muy malo, y cada noche
+dormía menos gente, y los _micos_ menudeaban), ocurriole a Benina
+preguntar por Frasquito Ponte; a lo que respondió Prieto que la noche
+anterior se habían visto en el caso de no admitirle porque era deudor ya
+de _siete camas_, y no había dado nada a cuenta.
+
+«¡Pobre señor!--dijo Benina--; habrá dormido al raso... Es un dolor... a
+sus años... Mejorando lo presente, es más viejo que la Cuesta de la
+Vega».
+
+Refirió la encargada que no sabiendo Don Frasquito dónde meterse, había
+conseguido ser albergado en la casa del _Comadreja_, calle de Mediodía
+Chica, dos pasos de allí. Por más señas, había corrido la noticia de que
+estaba enfermo. Al oír esto, olvidósele repentinamente a Benina el
+objeto principal que a tal sitio la llevara, y no pensó más que en
+averiguar qué había sido del desamparado Frasquito. Tiempo tenía de dar
+un salto a la casa del _Comadreja_, y volver a punto que regresase a su
+domicilio la Doña Bernarda. Dicho y hecho. Un momento después, entraba
+la diligente anciana en la fementida tabernuca que _da la cara_ al
+público en el _establecimiento_ citado, y lo primero que allí vio fue la
+abominable estampa de Luquitas, el esposo de Obdulia, que con otros
+perdidos y dos o tres mujeres zarrapastrosas, jugaba a las cartas en una
+sucia mesilla circular, entre copas de Cariñena y Pardillo. En el
+momento de entrar Benina, acababan un juego, y antes de echar otra mano,
+el hijo de Doña Paca tiró sobre la mesa los asquerosos naipes, que en
+mugre competían con las manos de los jugadores; se levantó
+tambaleándose, y con media lengua y finura desconcertada, de la que
+suelen emplear los borrachos, ofreció a la criada de su suegra un vaso
+de vino. «Quite allá, señorito, yo ya he bebido... Se agradece...»--dijo
+la anciana, rechazando el vaso.
+
+Pero tan pesado se puso el señorito, y con tal insistencia le coreaban
+los demás pidiendo que bebiese _la señora_, que esta tuvo miedo, y tomó
+la mitad del contenido del vaso pegajoso. No quería ponerse a mal con
+aquella gentuza, por lo que pudiera tronar, y sin perder tiempo ni
+meterse en dimes y diretes con el vicioso Luquitas, por el abandono en
+que a su mujer tenía, se fue derecha a su objeto: «¿Y no está por aquí
+la _Pitusa_?
+
+--Aquí está para servirla--dijo una mujer escuálida, saliendo por estrecha
+puertecilla, bien disimulada entre los estantes llenos de botellas y
+garrafas que había detrás del mostrador. Como grieta que da paso al
+escondrijo de una anguila, así era la puerta, y la mujer el ejemplar más
+flaco, desmedrado y escurridizo que pudiera encontrarse en la fauna a
+que tales hembras pertenecen. Tan flaco era su rostro, que al verlo de
+perfil podría tenérsele por construido de chapa, como las figuras de las
+veletas. En su cuello no cabían más costurones, y en una de sus orejas
+el agujero del pendiente era tan grande, que por él se podría meter con
+toda holgura un dedo. Los dientes mellados y negros, las cejas calvas,
+las pestañas pitañosas, los ojos tiernos, de mirada de lince,
+completaban su fisonomía. Del cuerpo no he de decir sino que
+difícilmente se encontrarían formas más exactamente comparables a las de
+un palo de escoba vestido, o, si se quiere, cubierto de trapos de fregar
+suelos; de los brazos y manos, que al gesticular parecía que azotaban,
+como los tirajos de un zorro que quisiera limpiar el polvo a la cara del
+interlocutor; de su habla y acento, que sonaban como si estuviera
+haciendo gárgaras, y aunque parezca extraño, diré también, para dar
+completa idea de la persona, que de todas estas exterioridades
+desapacibles se desprendía un cierto airecillo de afabilidad, un moral
+atractivo, por lo que termino asegurando que la _Pitusa_ no era
+antipática ni mucho menos.
+
+--«¿Qué trae por acá la _señá_ Benina?--le dijo sacudiéndole de firme en
+los dos hombros--. Oí contar que estaba usted en grande, en casa rica...
+Ya, ya sacará buenas rebañaduras... ¡Y que no tendrá usted mal
+_gato_!...
+
+--Hija, no... De eso hace un siglo. Ahora estamos en baja.
+
+--¿Qué? ¿Le va mal?
+
+--Tirando, tirando. Si sopas, comerlas, y si no, nada... Y el
+_Comadreja_, ¿está?
+
+--¿Para qué le quiere, _señá_ Benina?
+
+--Hija, te pregunto por saber de él, si está con salud.
+
+--Se defiende. La herida se le abre cuando menos lo piensa.
+
+--Vaya por Dios... Dime otra cosa...
+
+--Mándeme.
+
+--Quiero saber si has recogido en tu casa a un caballero que le llaman
+Frasquito Ponte, y si le tienes aquí todavía, porque me dijeron que
+anoche se puso muy malo».
+
+Por toda respuesta, la _Pitusa_ mandó a Benina que la siguiera, y ambas,
+agachándose, se escurrieron por el agujero que hacía las veces de puerta
+entre los estantillos del mostrador. De la otra parte arrancaba una
+escalera estrechísima, por la cual subieron una tras otra.
+
+«Es una persona decente, como quien dice, personaje--añadía Benina,
+segura ya de encontrar allí al infortunado caballero.
+
+--De la grandeza. _Vele_ aquí a dónde vienen a parar los _títulos_».
+
+Por un pasillo mal oliente y sucio llegaron a una cocina, donde no se
+guisaba. Fogón y vasares servían de depósito de botellas vacías, cajas
+deshechas, sillas rotas y montones de trapos. En el suelo, sobre un
+jergón mísero, yacía cuan largo era D. Francisco Ponte, en mangas de
+camisa, inmóvil, la fisonomía descompuesta. Dos mujeronas, de rodillas a
+un lado y otro, la una con un vaso de agua y vino, la otra atizándole
+friegas, le hablaban a gritos: «Vuelva en sí... ¿Qué demonios le
+pasa?... Eso no es más que maulería. ¿No quiere beber más?».
+
+Benina, de hinojos, se puso también a gritarle, sacudiéndole: «D.
+Frasquito de mi alma, ¿qué es eso? Abra los ojos y véame: soy la Nina».
+
+No tardaron las dos tarascas que, entre paréntesis, si apostaran a
+repugnantes y feas, no habría quien les ganara; no tardaron, digo, en
+dar a la anciana las explicaciones que del suceso pedía. No admitido
+Ponte en las alcobas de la Bernarda, arrimose al quicio de la puerta de
+la capilla de Irlandeses para pasar la noche. Allí le encontraron ellas,
+y se pusieron a darle bromas, a decirle cosas... _amos_... cosas que se
+dicen y que no eran para ofenderse. Total: que el pobre vejete mal
+pintado se hubo de incomodar, y al correr tras ellas con el palo
+levantado para pegarles, pataplum, cayó redondo al suelo. Soltaron ellas
+la risa, creyendo que había tropezado; pero al ver que no se movía,
+acudieron; llegose también el sereno, le echó a la cara la linterna, y
+entonces vieron que tenía un ataque. Húrgale por aquí, húrgale por allá,
+y el buen señor como cuerpo difunto. Llamado el _Comadreja_, lo
+_desanimó_, y dijo que todo era un _sincopiés_; y como es _caritativo
+él_, _buen cristiano él_, y además había estudiado un año de
+Veterinaria, mandó que le llevaran a su casa para asistirle y devolverle
+el resuello con friegas y sinapismos.
+
+Así se hizo, cargándole entre las dos y otra compañera, pues el enfermo
+pesaba como un manojo de cañas, y en casa, a fuerza de pellizcos y
+restregones, volvió en sí, y les dio las gracias tan amable. La
+_Pitusa_ le hizo unas sopas, que tomó con apetito, dando a cada momento
+_las más expresivas gracias_... tan fino, y así estuvo hasta la mañana,
+bien apañadito en su jergón. No podían ponerle en un cuarto, porque en
+toda la noche apenas los hubo desocupados, y allí, en la cocina vieja,
+estaba muy bien, por ser pieza de ventilación.
+
+Lo peor fue que a la mañana, cuando se levantaba para marcharse, le
+repitió el ataque, y todo el santo día le daban de hora en hora unos
+_sincopieses_ tan tremendos, que se quedaba como cadáver, y costaba Dios
+y ayuda volverle en sí. Le habían dejado en mangas de camisa, porque se
+quejaba de calor; pero allí estaba la ropa sin que nadie la tocase, ni
+le afanaran cosa alguna de lo que tenía en los bolsillos. Había dicho el
+_Comadreja_ que si no se recobraba en la noche, daría parte a la
+Delegación para que le llevaran al Hospital.
+
+Manifestó Benina a la _Pitusa_ que era un dolor mandar al Hospital a tan
+ilustre señorón, y que ella se determinaría a llevarle a su casa, sí...
+Hirió la mente de la anciana una atrevida idea, y con la resolución que
+era cualidad primaria de su carácter, se apresuró a ponerla en práctica
+con toda prontitud. «¿Quieres oírme una palabrita?--dijo a la _Pitusa_,
+cogiéndola por el brazo para sacarla de la cocina. Y al extremo del
+pasillo, entraron en la única habitación _vividera_ de la casa: una
+alcoba con cama camera de hierro, colcha de punto de gancho, espejos
+torcidos, láminas de odaliscas, cómoda derrengada, y un San Antonio en
+su peana, con flores de trapo y lamparilla de aceite. El diálogo fue
+rápido y nervioso:
+
+«¿Qué se le ofrece?
+
+--Pues poca cosa. Que me prestes diez duros.
+
+--_Señá_ Benina, ¿está usted en sus cabales?
+
+--En ellos estoy, Teresa Conejo, como lo estaba cuando te presté los mil
+reales, y te salvé de ir a la cárcel... ¿No te acuerdas? Fue el año y el
+día del ciclón, que arrancó los árboles del Botánico... Tú habitabas en
+la calle del Gobernador; yo en la de San Agustín, donde servía...
+
+--Sí que me acuerdo. Yo la conocí a usted de que comprábamos juntas...
+
+--Te viste en un fuerte compromiso.
+
+--Empezaba yo a rodar por el mundo...
+
+--Y rodando, rodando, caíste en una tentación...
+
+--Y como servía usted en casa grande, yo calculé y dije: 'Pues esta, si
+quiere, podrá sacarme'.
+
+--Te llegaste a mí con mucho miedo... lo que pasa... no querías
+levantarte el faldón, y que yo te dejara destapada.
+
+--Pero usted me tapó... ¡Cuánto se lo agradecí, Benina!
+
+--Y sin réditos... Luego tú, en cuanto hiciste las paces con el del
+almacén de vinos, me pagaste...
+
+--Duro sobre duro.
+
+--Pues bien: ahora soy yo la que se ha caído: necesito doscientos reales,
+y tú me los vas a dar.
+
+--¿Cuándo?
+
+--Ahora mismo.
+
+--¡Mecachis... San Dios! ¡Como no se me vuelva dinero la chimenea de los
+garbanzos!
+
+--¿No los tienes? ¿Ni tu _Comadreja_ tampoco?
+
+--Estamos como el gallo de Morón... ¿Y para qué quiere los diez duros?
+
+--Para lo que a ti no te importa. Di si me los das o no me los das. Yo te
+los pagaré pronto; y si quieres real por duro, no hay _incomeniente_.
+
+--No es eso: es que no tengo ni un cuarto partido por medio. Este ganado
+indecente no trae más que miseria.
+
+--¡Válgate Dios! ¿Y...?
+
+--No, no tengo alhajas. Si las tuviera...
+
+--Busca bien, _maestra_.
+
+--Pues bueno. Hay dos sortijas. No son mías: son del _Rey de Bastos_, un
+amigo de Rumaldo, que se las dio a guardar, y Rumaldo me las dio a mí.
+
+--Pues...
+
+--Si usted me da su palabra de desempeñarlas dentro de ocho días y
+traérmelas, pero palabra formal, ¡San Dios! lléveselas... Darán los diez
+por largo, pues una de ellas tiene un brillante que da _la catarata_».
+
+Poco más se habló. Cerraron bien la puerta, para que nadie pudiera
+fisgonear desde el pasillo. Si alguien lo hiciera, no habría oído más
+que un abrir y cerrar de los cajones de la cómoda, un cuchicheo de
+Benina, y roncas gárgaras de la otra.
+
+
+
+
+XXII
+
+
+A poco de volver las dos mujeres al lado del desmayado Frasquito, entró
+el _Comadreja_, que era un mocetón achulado, de buen porte, con tez y
+facciones algo gitanescas, sombrero ancho, bien ceñido el talle, y lo
+primero que dijo fue que pronto sería conducido el _interfezto_ al
+Hospital. Protestó Benina, sosteniendo que la enfermedad de Ponte era de
+las que exigen trato casero y de familia; en el Hospital se moriría sin
+remedio, y así, valía más que ella se le llevara a la casa de su señora
+Doña Francisca Juárez, la cual, aunque había venido muy a menos, todavía
+se hallaba en posición de hacer una obra de caridad, albergando a su
+paisano el Sr. de Ponte, con quien tenía, si mal no recordaba, lejano
+parentesco. En esto volvió de su desvanecimiento el galán pobre, y
+reconociendo a su bienhechora, le besó las manos, llámandola _ángel_ y
+qué sé yo qué, muy gozoso de verla a su lado. Con gesto imperioso, al
+que siguió una patada, la _Pitusa_ ordenó a las dos arrapiezas que se
+fueran a su obligación en la puerta de la calle; el _Comadreja_ bajó a
+despachar, y quedándose solas la Benina y su amiga con el pobre Ponte,
+le vistieron del levitín y gabán para llevársele.
+
+«Aquí en confianza, D. Frasquito--le dijo la Benina--, cuéntenos por qué
+no hizo lo que le mandé.
+
+--¿Qué, señora?
+
+--Dar a Bernarda la peseta, a cuenta de noches debidas... ¿O es que se
+gastó la peseta en algo que le hacía falta, un suponer, en pintura para
+la fisonomía del bigote? En este caso, no digo nada.
+
+--Cosmético, no... yo se lo juro--respondió Frasquito con lánguido acento,
+sacando de su boca las palabras como con un gancho--. Lo gasté... pero no
+en eso... Tenía que pro... pro... si lo diré al fin... que
+proporcionarme una foto... grafía».
+
+Rebuscó en el bolsillo de su gabán, y de entre sobadas cartas y papeles,
+sacó uno que desdobló, mostrando un retrato fotográfico, tamaño de
+tarjeta ordinaria.
+
+«¿Quién es esta madama?--dijo la _Pitusa_, que con presteza lo cogió para
+examinarlo--. Como guapa, lo es...
+
+--Quería yo--prosiguió Frasquito tomando aliento a cada sílaba--,
+demostrarle a Obdulia su perfecta semejanza con...
+
+--Pues este retrato no es de la niña--dijo Benina contemplándolo--. Algo se
+le parece en el corte de cara; pero no es mismamente.
+
+--Digan ustedes si se parece o no. Para mí son idénticas... La una como
+la otra, esta como aquella.
+
+--¿Pero quién es?
+
+--La Emperatriz Eugenia... ¿Pero no la ven? No lo había más que en casa
+de Laurent, y no lo daban por menos de una peseta... Forzoso adquirirlo,
+demostrar a Obdulia la similitud...
+
+--D. Frasquito, por la Virgen, mire que vamos a creer que está ido...
+¡Gastar la peseta en un retrato!...».
+
+No se dio por convencido el caballero pobre, y guardando cuidadosamente
+la cartulina, se abrochó su gabán y trató de ponerse en pie; operación
+complicadísima que no pudo realizar, por la extraordinaria flojedad de
+sus piernas, no más gruesas que palillos de tambor. Con la prontitud que
+usar solía en casos como aquel, Benina salió a tomar un coche, para lo
+cual antes tenía que evacuar otra diligencia de suma importancia. Mas
+como era tan ejecutiva, pronto despachó: con sus diez duros en el
+bolsillo, volvió a Mediodía Grande en coche simón tomado por horas, y
+en la puerta de la casa se tropezó con Petra la borrachera y su
+compañera _Cuarto e kilo_, que de la taberna vociferando salían.
+
+--«Ya, ya sabemos que se le lleva consigo...--dijéronle con retintín--. Así
+se portan las mujeres de rumbo, que estiman a un hombre... Vaya, vaya,
+que eso es correrse... Bien se ve que se puede.
+
+--¡A ver!... Pero como a ustedes no les importa, yo digo... ¿Y qué?
+
+--Pues na... En fin, aliviarse.
+
+--¡Contento que tiene usted al ciego Almudena!
+
+--¿Qué le pasa?
+
+--Que ha esperado a la señora toda la tarde... ¡Cómo había de ir, si
+andaba buscando al caballero canijo!...
+
+--Un recadito nos dio para usted por si la veíamos.
+
+--¿Qué dice?
+
+--A ver si me acuerdo... ¡Ah! sí: que no compre la olla...
+
+--La olla de los siete _bujeros_... que él tiene una que trajo de su
+tierra.
+
+--¿Y qué? ¿Van a poner fábrica de coladores? Si no, ¿para qué son tantos
+_ujeros_?
+
+--Cállense las muy boconas. Ea, con Dios.
+
+--Y estamos de coche. ¡Vaya un lujo! ¡Cómo se conoce que corre la guita!
+
+--Que os calléis... Más valdría que me ayudarais a bajarle y meterle en
+el coche.
+
+--Vaya que sí. Con alma y vida».
+
+De divertimiento sirvió a todas las de casa y a las de fuera. Fue una
+ruidosa función el acto de bajar a Frasquito, cantándole coplas en son
+funerario, y diciéndole mil cuchufletas aplicadas a él y a la Benina,
+que insensible a los desahogos de la vil canalla, se metió en su coche,
+llevando al caballero andaluz como si fuera un lío de ropa, y mandó al
+cochero picar hacia la calle Imperial, cuidando de despabilar bien al
+caballo.
+
+No fue, como es fácil suponer, floja sorpresa la de Doña Francisca al
+ver que le metían en la casa un cuerpo al parecer moribundo,
+transportado entre Benina y un mozo de cuerda. La pobre señora había
+pasado la tarde y parte de la noche en mortal ansiedad, y al ver cosa
+tan extraña, creía soñar o tener trastornado el sentido. Pero la
+traviesa criada se apresuró a tranquilizarla, diciéndole que aquel no
+era cadáver, como de su aspecto lastimoso podía colegirse, sino enfermo
+gravísimo, el propio D. Frasquito Ponte Delgado, natural de Algeciras, a
+quien había encontrado en la calle; y sin meterse en más explicaciones
+del inaudito suceso, acudió a confortar el atribulado espíritu de Doña
+Paca con la fausta noticia de que llevaba en su bolso nueve duros y
+pico, suma bastante para atender al compromiso más urgente, y poder
+respirar durante algunos días.
+
+--«¡Ah, qué peso me quitas de encima de mi alma!--exclamó la señora
+elevando las manos--. El Señor le bendiga. Ya estamos en situación de
+hacer una obra de caridad, recogiendo a este desgraciado... ¿Ves? Dios
+en un solo punto y ocasión nos ampara y nos dice que amparemos. El favor
+y la obligación vienen aparejados.
+
+--Hay que tomar las cosas como las dispone... _el que menea los truenos_.
+
+--¿Y dónde ponemos a este pobre mamarracho?--dijo Doña Paca palpando a
+Frasquito, que, aunque no estaba sin conocimiento, apenas hablaba ni se
+movía, yacente en el santo suelo, arrimadito a la pared».
+
+Como después del casamiento de Obdulia y Antoñito habían sido vendidas
+las camas de estos, surgió un conflicto de instalación doméstica, que
+Nina resolvió proponiendo armar su cama en el cuartito del comedor, para
+colocar en ella al pobre enfermo. Ella dormiría en un jergón sobre la
+estera, y ya verían, ya verían si era posible arrancar al cuitado viejo
+de las uñas de la muerte.
+
+«Pero, Nina de mi alma, ¿has pensado bien en la carga que nos hemos
+echado encima?... Tú que no puedes, llévame a cuestas, como dijo el
+otro. ¿Te parece que estamos nosotras para meternos a protectoras de
+nadie?... Pero acaba de contarme: ¿fue D. Romualdo bendito quien...?
+
+--Sí, señora, Rumaldo...--respondió la anciana, que en su aturdimiento no
+se había preparado para el embuste.
+
+--¡Bendito, mil veces bendito señor!
+
+--Ella... Teresa Conejo.
+
+--¿Qué dices, mujer?
+
+--Digo que... ¿Pero usted no se entera de lo que hablo?
+
+--Has dicho que... ¿Por ventura es cazador D. Romualdo?
+
+--¿Cazador?
+
+--Como has dicho no sé qué de un conejo.
+
+--Él no caza; pero le regalan... qué sé yo... tantas cosas... la perdiz,
+el conejo de campo... Pues esta tarde...
+
+--Ya; te dijo: 'Benina, a ver cómo me pones mañana este conejo que me han
+traído...'.
+
+--Sobre si había de ser en salmorejo o con arroz, estuvieron disputando;
+y como yo nada decía y se me saltaban las lágrimas, 'Benina, ¿qué
+tienes? Benina, ¿qué te pasa?...'. En fin, que del conejo tomé pie para
+contarle el apuro en que me veía...».
+
+Convencida Doña Paca, ya no se pensó más que en instalar a Frasquito,
+el cual parecía no darse cuenta de lo que le pasaba. Al fin, cuando ya
+le habían acostado, reconoció a la viuda de Juárez, y mostrándole su
+gratitud con apretones de manos y un suspirar afectuoso, le dijo:
+
+«Tal hija, tal madre... Es usted el vivo retrato de la Montijo.
+
+--¿Qué dice este hombre?
+
+--Le da porque todas nos parecemos a... no sé quién... a los emperadores
+de Francia... En fin, dejarlo.
+
+--¿Estoy en el palacio de la plaza del Ángel?--dijo Ponte examinando la
+mísera alcoba con extraviados ojos.
+
+--Sí, señor... Arrópese ahora; estese quietecito para que coja el sueño.
+Luego le daremos buen caldo... y a vivir».
+
+Dejáronle solo, y Benina se echó nuevamente a la calle, ávida de tapar
+la boca a los acreedores groseros, que con apremio impertinente y
+desvergonzado abrumaban a las dos mujeres. Diose el gustazo de ponerles
+ante los morros los duros que se les debían, hizo más provisiones, fue a
+la calle de la Ruda, y con su cesta bien repleta de víveres y el corazón
+de esperanzas, pensando verse libre de la vergüenza de pedir limosna, al
+menos por un par de días, volvió a su casa. Con presteza metódica se
+puso a trabajar en la cocina, en compañía de su ama, que también estaba
+risueña y gozosa. «¿Sabes lo que me ha pasado--dijo a Benina--en el rato
+que has estado fuera? Pues me quedé dormidita en el sillón, y soñé que
+entraban en casa dos señores graves, vestidos de negro. Eran D.
+Francisco Morquecho y D. José María Porcell, paisanos míos, que venían a
+participarme el fallecimiento de D. Pedro José García de los Antrines,
+tío carnal de mi esposo.
+
+--¡Pobre señor; se ha muerto!--exclamó Nina con toda el alma.
+
+--Y el tal D. Pedro José, que es uno de los primeros ricachos de la
+Serranía...
+
+--Pero dígame: ¿es soñado lo que me cuenta o es verdad?
+
+--Espérate, mujer. Venían esos dos señores, D. Francisco y D. José María,
+médico el uno, el otro secretario del Ayuntamiento... pues venían a
+decirme que el García de los Antrines, tío carnal de mi Antonio, les
+había nombrado testamentarios...
+
+--Ya...
+
+--Y que... la cosa es clara... como no tenía el tal sucesión directa,
+nombraba herederos...
+
+--¿A quién?
+
+--Ten calma, mujer... Pues dejaba la mitad de sus bienes a mis hijos
+Obdulia y Antoñito, y la otra mitad a Frasquito Ponte. ¿Qué te parece?
+
+--Que a ese bendito señor debían de hacerle santo.
+
+--Dijéronme D. Francisco y D. José María que hace días andaban buscándome
+para darme conocimiento de la herencia, y que preguntando aquí y acullá,
+al fin averiguaron las señas de esta casa... ¿por quién dirás? por el
+sacerdote D. Romualdo, propuesto ya para obispo, el cual les dijo
+también que yo había recogido al señor de Ponte... 'De modo--me dijeron
+echándose a reír--, que al venir a ofrecer a usted nuestros respetos,
+señora mía, matamos dos pájaros de un tiro'.
+
+--Pero vamos a cuentas: todo eso es, como quien dice, soñado.
+
+--Claro: ¿no has oído que me quedé dormida en el sillón?... Como que esos
+dos señores que estuvieron a visitarme, se murieron hace treinta años,
+cuando yo era novia de Antonio... figúrate... y García de los Antrines
+era muy viejo entonces. No he vuelto a saber de él... Pues sí, todo ha
+sido obra de un sueño; pero tan a lo vivo que aún me parece que les
+estoy mirando... Te lo cuento para que te rías... no, no es cosa de
+risa, que los sueños...
+
+--Los sueños, los sueños, digan lo que quieran--manifestó Nina--, son
+también de Dios; ¿y quién va a saber lo que es verdad y lo que es
+mentira?
+
+--Cabal... ¿Quién te dice a ti que detrás, o debajo, o encima de este
+mundo que vemos, no hay otro mundo donde viven los que se han muerto?...
+¿Y quién te dice que el morirse no es otra manera y forma de vivir?...
+
+--Debajo, debajo está todo eso--afirmó la otra meditabunda--. Yo hago caso
+de los sueños, porque bien podría suceder, una comparanza, que los que
+andan por allá vinieran aquí y nos trajeran el remedio de nuestros
+males. Debajo de tierra hay otro mundo, y el toque está en saber cómo y
+cuándo podemos hablar con los vivientes _soterranos_. Ellos han de saber
+lo mal que estamos por acá, y nosotros soñando vemos lo bien que por
+allá lo pasan... No sé si me explico... digo que no hay justicia, y para
+que la _haiga_, soñaremos todo lo que nos dé la gana, y soñando, un
+suponer, traeremos acá la justicia».
+
+Contestó Doña Paca con una sarta de suspiros sacados de lo más hondo de
+su pecho, y Benina se lanzó, con fiebre y tenacidad de idea fija, a
+pensar nuevamente en el maravilloso conjuro. Trasteando sin sosiego en
+la cocina, con los ojos del alma, no veía más que el cazuelo de los
+siete _bujeros_, el palo de laurel, vestido, y la oración... ¡demontres
+de oración! ¡Esto sí que era difícil!
+
+
+
+
+XXIII
+
+
+Todo iba bien a la mañana siguiente: Don Frasquito mejorando de hora en
+hora, y con las entendederas en estado de mediana claridad; Doña Paca
+contenta; la casa bien provista de vituallas; aquel día y el próximo
+asegurados, por lo cual la pobre Benina podría descansar de su penosa
+postulación en San Sebastián. Mas siéndole preciso sostener la comedia
+de su asistencia en la casa del eclesiástico, salió como todos los días,
+la cesta al brazo, dispuesta a no perder la mañana y hacer algo útil. Al
+salir le dijo su ama: «Me parece que tendremos que hacer un obsequio a
+nuestro D. Romualdo... Conviene demostrar que somos agradecidas y bien
+educadas. Llévale de mi parte dos botellas de _Champagne_ de buena
+marca, para que acompañe con ellas el guisado, que le harás hoy, del
+conejo.
+
+--¿Pero está loca, señora? ¿Sabe lo que cuestan dos botellas de
+_Champaña_? Nos empeñaríamos para tres meses. Siempre ha de ser usted lo
+mismo. Por gustar tanto del quedar bien, se ve ahora tan pobre. Ya le
+obsequiaremos cuando nos caiga la lotería, pues de hoy no pasa que
+busque yo quien me ceda una peseta en un décimo de los de a tres.
+
+--Bueno, bueno: anda con Dios».
+
+Y se fue la señora a platicar con Frasquito, que animado y locuaz
+estaba. Una y otro evocaron recuerdos de la tierra andaluza en que
+habían nacido, resucitando familias, personas y sucesos; y charla que te
+charla, Doña Francisca salió por el registro de su sueño, aunque se
+guardó bien de contárselo al paisano. «Dígame, Ponte: ¿qué ha sido de D.
+Pedro José García de los Antrines?». Después de un penoso espurgo en los
+obscuros cartapacios de su memoria, respondió Frasquito que el D. Pedro
+se había muerto el año de la Revolución.
+
+«Anda, anda; y yo creí que aún vivía. ¿Sabe usted quién heredó sus
+bienes?
+
+--Pues su hijo Rafael, que no ha querido casarse. Ya va para viejo. Bien
+podría suceder que se acordara de nosotros, de sus hijos de usted y de
+mí, pues no tiene parentela más próxima.
+
+--¡Ay! no lo dude usted: se acordará...--manifestó Doña Paca con grande
+animación en los ojos y en la palabra--. Si no se acordara, sería un
+puerco... Lo que me decían D. Francisco Morquecho y D. José María
+Porcell...
+
+--¿Cuándo?
+
+--Hace... no sé cuánto tiempo. Verdad que ya pasaron a mejor vida. Pero
+me parece que les estoy viendo... Fueron testamentarios de García de los
+Antrines, ¿no es cierto?
+
+--Sí, señora. También yo les traté mucho. Eran amigos de mi casa, y les
+tengo muy presentes en mi memoria... Me parece que les estoy viendo con
+sus levitas negras de corte antiguo...
+
+--Así, así.
+
+--Sus corbatines de suela, y aquellos sombreros de copa que parecían la
+torre de Santa María...».
+
+Prosiguió el coloquio con esta vaga fluctuación entre lo real y lo
+imaginativo; y en tanto, Benina, calle arriba, calle abajo, ya con la
+mente despejada, tranquilo el espíritu por la posesión de un caudal no
+inferior a tres duros y medio, pensaba que toda la tracamundana del
+conjuro de Almudena era simplemente un engaña-bobos. Más probable veía
+el éxito en la lotería, que no es, por más que digan, obra de la ciega
+casualidad, pues ¿quién nos dice que no anda por los aires un ángel o
+demonio invisible que se encarga de sacar la bola del gordo, sabiendo de
+antemano quién posee el número? Por esto se ven cosas tan raras:
+verbigracia, que se reparte el premio entre multitud de infelices que
+se juntaron para tal fin, poniendo este un real, el otro una peseta. Con
+tales ideas se dio a pensar quién le proporcionaría una participación
+módica, pues adquirir ella sola un décimo parecíale mucho aventurar. Con
+la Petra y su compañera _Cuarto e kilo_, que probaban fortuna en casi
+todas las extracciones, no quería cuentas, mejor se entendería para este
+negocio con Pulido, su compañero de mendicidad en la parroquia, del cual
+se contaba que hacía combinaciones de jugadas lotéricas con el burrero
+vecino de Obdulia; y para cogerle en su morada antes de que saliese a
+pedir, apresuró el paso hacia la calle de la Cabeza, y dio fondo en el
+establecimiento de burras de leche. En los establos de aquellas
+pacíficas bestias daban albergue a Pulido los honrados lecheros, gente
+buena y humilde. Una hermana de la burrera vendía décimos por las
+calles, y un tío del burrero, que tuvo el mismo negocio en la misma
+calle y casa, años atrás, se había sacado el gordo, retirándose a su
+pueblo, donde compró tierras. La afición se perpetuó, pues, en el
+establecimiento, formando hábito vicioso; y a la fecha de esta historia,
+con lo que los burreros llevaban gastado en quince años de jugadas,
+habrían podido triplicar el ganado asnal que poseían.
+
+Tuvo Benina la suerte de encontrar a toda la familia reunida, ya de
+regreso las pollinas de su excursión matinal. Mientras estas devoraban
+el pienso de salvado, los racionales se entretenían en hacer cálculos de
+probabilidades, y en aquilatar las razones en que se podía fundar la
+certidumbre de que saliese premiado al día siguiente el 5.005, del cual
+poseían un décimo. Pulido, examinando el caso con su poderosa vista
+interior, que por la ceguera de los ojos corporales prodigiosamente se
+le aumentaba, remachó el convencimiento de los burreros, y en tono
+profético les dijo que tan cierto era que saldría premiado el 5.005,
+como que hay Dios en el Cielo y Diablo en los Infiernos. Inútil es decir
+que la pretensión de Benina cayó en aquella obcecada familia como una
+bomba, y que el primer impulso de todos fue negarle en absoluto la
+participación que solicitaba, pues ello equivalía a regalarle montones
+de dinero.
+
+Picose la mendiga, diciéndoles que no le faltaban tres pesetas para
+tirarlas en un decimito, _todo para ella_, y este golpe de audacia
+produjo su efecto. Por último, se convino en que, si ella compraba el
+décimo, ellos le tomarían la mitad, dándole una participación de dos
+reales en el mágico 5.005, número seguro, tan seguro como _estarlo
+viendo_. Así se hizo: salió Benina, y llevó al poco rato un décimo del
+4.844, el cual, visto por los otros, y _oído cantar_ por el ciego,
+produjo en toda la cuadrilla lotérica la mayor confusión y desconcierto,
+como si por arte misterioso la suerte se hubiera pasado del uno al otro
+número. Por fin, hiciéronse los tratos y combinaciones a gusto de todos,
+y el burrero extendió las papeletas de participación, quedándose la
+anciana con seis reales en el suyo y dos en el otro. Salió Pulido
+refunfuñando, y se fue a su parroquia de muy mal talante, diciéndose que
+aquella _eclesiástica pocritona_ había ido a quitarles la suerte; los
+burreros se despotricaron contra Obdulia, afirmando que no pagaba el pan
+y compraba tiestos de flores, y que el casero la iba a plantar en la
+calle; y Benina subió a ver a la _niña_, a quien encontró en manos de la
+peinadora, que trataba de arreglarle una bonita cabeza. Aquel día sus
+suegros le habían mandado albóndigas y sardinas en escabeche; Luquitas
+había entrado en casa a las seis de la mañana, y aún dormía como un
+cachorro. Pensaba la _niña_ irse de paseo, ansiosa de ver jardines,
+arboledas, carruajes, gente elegante, y su peinadora le dijo que se
+fuera al Retiro, donde vería estas cosas, y todas las fieras del mundo,
+y además cisnes, que son, una comparanza, gansos de pescuezo largo. Al
+saber que Frasquito, enfermo, se hallaba recogido en casa de Doña Paca,
+mostró la niña sincera aflicción, y quiso ir a verle; pero Benina se lo
+quitó de la cabeza. Más valía que le dejara descansar un par de días,
+evitándole conversaciones _deliriosas_, que le trastornaban el seso.
+Asintiendo a estas discretas razones, Obdulia se despidió de su criada,
+persistiendo en irse de paseo, y la otra tomó el olivo presurosa hacia
+la calle de la Ruda, donde quería pagar deudillas de poco dinero. Por el
+camino pensó que le convendría ceder parte de la excesiva cantidad
+empleada en lotería, y a este fin hizo propósito de buscar al ciego moro
+para que jugase una peseta. Más seguro era esto que no la operación de
+llamar a los espíritus _soterranos_...
+
+Esto pensaba, cuando se encontró de manos a boca con Petra y Diega, que
+de vender venían, trayendo entre las dos, mano por mano, una cesta con
+baratijas de mercería ordinaria. Paráronse con ganas de contarle algo
+estupendo y que sin duda la interesaba: «¿No sabe, _maestra_? Almudena
+la anda buscando.
+
+--¿A mí? Pues yo quisiera hablar con él, por ver si quiere tomarme...
+
+--Le tomará a usted medidas. Eso dice...
+
+--¿Qué?
+
+--Que está furioso... Loco perdido. A mí por poco me mata esta mañana de
+la tirria que me tiene. En fin, el disloque.
+
+--Se muda de Santa Casilda... Se va a las Cambroneras.
+
+--Le ha dado la tarantaina, y baila sobre un pie solo».
+
+Prorrumpieron en desentonadas risas las dos mujerzuelas, y Benina no
+sabía qué decirles. Entendiendo que el africano estaría enfermo, indicó
+que pensaba ir a San Sebastián en su busca, a lo que replicaron las
+otras que no había salido a pedir, y que si quería la _maestra_
+encontrarle, buscárale hacia la Arganzuela o hacia la calle del Peñón,
+pues en tal rumbo le habían visto ellas poco antes. Fue Benina hacia
+donde se le indicaba, despachados brevemente sus asuntos en la calle de
+la Ruda; y después de dar vueltas por la Fuentecilla, y subir y bajar
+repetidas veces la calle del Peñón, vio al marroquí, que salía de casa
+de un herrero. Llegose a él, le cogió por el brazo y...
+
+«Soltar mí, soltar mí tú...--dijo el ciego estremeciéndose de la cabeza a
+los pies, cual si recibiese una descarga eléctrica--. Mala tú, _gañadora_
+tú... matar yo ti».
+
+Alarmose la pobre mujer, advirtiendo en el rostro de su amigo grandísima
+turbación: contraía y dilataba los labios con vibraciones convulsivas,
+desfigurando su habitual expresión fisonómica; manos y piernas
+temblaban; su voz había enronquecido.
+
+«¿Qué tienes tú, Almudenilla? ¿Qué mosca te ha picado?
+
+--Picar tú mí, mosca mala... _Viner migo_... Querer yo hablar _tigo_.
+_Muquier_ mala ser ti...
+
+--Vamos a donde quieras, hombre. ¡Si parece que estás loco!».
+
+Bajaron a la Ronda, y el marroquí, conocedor de aquel terreno, guió
+hacia la fábrica del gas, dejándose llevar por su amiga cogido del
+brazo. Por angostas veredas pasaron al paseo de las Acacias, sin que la
+buena mujer pudiera obtener explicaciones claras de los motivos de
+aquella extraña desazón.
+
+«Sentémonos aquí--dijo Benina al llegar junto a la Fábrica de alquitrán--;
+estoy cansadita.
+
+--Aquí no... más _abaixo_...».
+
+Y se precipitaron por un sendero empinadísimo, abierto en el terraplén.
+Hubieran rodado los dos por la pendiente si Benina no le sostuviera
+moderando el paso, y asegurándose bien de dónde ponía la planta.
+Llegaron, por fin, a un sitio más bajo que el paseo, suelo quebrado,
+lleno de escorias que parecen lavas de un volcán; detrás dejaron casas,
+cimentadas a mayor altura que las cabezas de ellos; delante tenían
+techos de viviendas pobres, a nivel más bajo que sus pies. En las
+revueltas de aquella hondonada se distinguían chozas míseras, y a lo
+lejos, oprimida entre las moles del Asilo de Santa Cristina y el taller
+de Sierra Mecánica, la barriada de las Injurias, donde hormiguean
+familias indigentes.
+
+Sentáronse los dos. Almudena, dando resoplidos, se limpió el copioso
+sudor de su frente. Benina no le quitaba los ojos, atenta a sus
+movimientos, pues no las tenía todas consigo, viéndose sola con el
+enojado marroquí en lugar tan solitario. «A ver... _amos_... a ver por
+qué soy tan mala y tan engañadora. ¿Por qué?
+
+--_Poique_ ti _n'gañar_ mí. Yo _quiriendo_ ti, tú _quirier_ otro... Sí,
+sí... Señor _bunito_, _cabaiero_ galán... ti queriendo él... Enfermo él
+casa _Comadreja_... tú llevar casa tuya él... _quirido_ tuyo...
+_quirido_... rico él, señorito él...
+
+--¿Quién te ha contado esas papas, Almudena?--dijo la buena mujer
+echándose a reír con toda su alma.
+
+--No negar tú cosa... Tu _n'fadar_ mí; _riyendo_ tú mí...».
+
+Al expresarse de este modo, poseído de súbito furor, se puso en pie, y
+antes de que Benina pudiera darse cuenta del peligro que la amenazaba,
+descargó sobre ella el palo con toda su fuerza. Gracias que pudo la
+infeliz salvar la cabeza apartándola vivamente; pero la paletilla, no.
+Quiso ella arrebatarle el palo; pero antes de que lo intentara recibió
+otro estacazo en el hombro, y un tercero en la cadera... La mejor
+defensa era la fuga. En un abrir y cerrar de ojos, se puso la anciana a
+diez pasos del ciego. Este trató de seguirla; ella le buscaba las
+vueltas; se ponía en lugar seguro, y él descargaba sus furibundos
+garrotazos en el aire y en el suelo. En una de estas cayó boca abajo, y
+allí se quedó cual si fuera la víctima, mordiendo la tierra, mientras la
+señora de sus pensamientos le decía: «Almudena, Almudenilla, si te cojo,
+verás... ¡tontaina, borricote!...».
+
+
+
+
+XXIV
+
+
+Después de revolcarse en el suelo con epiléptica contracción de brazos y
+piernas, y de golpearse la cara y tirarse de los pelos, lanzando
+exclamaciones guturales en lengua arábiga, que Benina no entendía,
+rompió a llorar como un niño, sentado ya a estilo moro, y continuando en
+la tarea de aporrearse la frente y de clavar los dedos convulsos en su
+rostro. Lloraba con amargo desconsuelo, y las lágrimas calmaron sin
+duda, su loca furia. Acercose Benina un poquito, y vio su rostro
+inundado de llanto que le humedecía la barba. Sus ojos eran fuentes por
+donde su alma se descargaba del raudal de una pena infinita.
+
+Pausa larga. Almudena, con voz quejumbrosa de chiquillo castigado, llamó
+cariñosamente a su amiga.
+
+«Nina... _amri_... ¿Estar aquí ti?
+
+--Sí, hijo mío, aquí estoy viéndote llorar como San Pedro después que
+hizo la canallada de negar a Cristo. ¿Te arrepientes de lo que has
+hecho?
+
+--Sí, sí... _amri_... ¡Haber pegado ti!... ¿Doler ti _mocha_?
+
+--¡Ya lo creo que me escuece!
+
+--Yo malo... _yorando_ mí días _mochas_, _poique_ pegar ti... _Amri_,
+_perdoñar_ tú mí...
+
+--Sí... perdonado... Pero no me fío.
+
+--Tomar tú palo--le dijo alargándoselo--Venir qui... _cabe_ mí. Coger palo
+y dar mí fuerte, hasta que matar tú mí.
+
+--No me fío, no.
+
+--Tomar tú este _cochilo_--añadió el africano sacando del bolso interior
+del chaquetón una herramienta cortante--. Mercarlo yo pa pegar ti...
+Matar tú mí con él, quitar vida mí. Mordejai no _quierer_ vida... muerte
+sí, muerte...».
+
+Como quien no hace nada, Benina se apoderó de las dos armas, palo y
+cuchillo, y arrimándose ya sin temor alguno al desdichado ciego, le
+puso la mano en el hombro. «Me has partido algún hueso, porque me duele
+_mocha_--le dijo--. A ver dónde me curo yo ahora... No, hueso roto no hay;
+pero me has levantado unos morcillones como mi cabeza, y el árnica que
+gaste yo esta tarde tú me la tienes que abonar.
+
+--Dar yo ti... vida... _Perdoñar_ mí... _Yorar_ yo meses _mochas_, si tú
+no _perdoñando_ mí... Estar loco... yo _quierer_ ti... Si tú no _quierer_
+mí, Almudena matar si él _sigo_.
+
+--Bueno va. Pero tú has tomado algún maleficio. ¡Vaya, que salir ahora
+con ese cuento de enamorarte de mí! ¿Pero tú no sabes que soy una vieja,
+y que si me vieras te caerías para atrás del miedo que te daba?
+
+--No ser vieja tú... Yo _quiriendo_ ti.
+
+--Tú quieres a Petra.
+
+--No... _B'rracha_... fea, mala... Tú ser _muquier_ una sola... No haber
+otra mí».
+
+Sin dar tregua a su intensa aflicción, cortando las palabras con los
+hondos suspiros y el continuo sollozar, torpe de lengua hasta lo sumo,
+declaró Almudena lo que sentía, y en verdad que si pudo entender Benina
+lenguaje tan extraño, no fue por el valor y sentido de los conceptos,
+sino por la fuerza de la verdad que el marroquí ponía en sus
+extrañísimas modulaciones, aullidos, desesperados gritos, y sofocados
+murmullos. Díjole que desde que el Rey _Samdai_ le señaló la
+mujer _única_, para que le siguiera y de ella se apoderara, anduvo
+corriendo por toda la tierra. Más él caminaba, más delante iba la mujer,
+sin poder alcanzarla nunca. Andando el tiempo, creyó que la fugitiva era
+Nicolasa, que con él vivió tres años en vida errante. Pero no era;
+pronto vio que no era. La suya delante, siempre delante, entapujadita y
+sin dejarse ver la cara... Claro, que él veía la figura con los ojos del
+alma... Pues bueno: cuando conoció a Benina, una mañana que por primera
+vez se presentó ella en San Sebastián, llevada por Eliseo, el corazón,
+queriendo salírsele del pecho, le dijo: «Esta es, esta sola, y no hay
+otra». Más hablaba con ella, más se convencía de que era _la suya_; pero
+quería dejar pasar tiempo, y _priebarlo_ mejor. Por fin llegó la
+certidumbre, y él esperando, esperando una ocasión de decírselo a
+ella... Así, cuando le contaron que Benina quería al _galán bunito_, y
+que se lo había llevado a su casa nada menos que en coche, le entró tal
+desconsuelo, seguido de tan espantosa furia, que el hombre no sabía si
+matarse o matarla... Lo mejor sería consumar a un tiempo las dos
+muertes, después de haber despachado para el otro mundo a media
+humanidad, repartiendo golpes a diestro y siniestro.
+
+Oyó Benina con interés y piedad este relato, que aquí se da, para no
+cansar, reducido a mínimas proporciones; y como era mujer de buen
+sentido, no incurrió en la ligereza de engreírse con aquella pasión
+africana, ni tampoco hizo chacota de ella, como natural parecía,
+considerando su edad y las condiciones físicas del desdichado ciego.
+Manteniéndose en un justo medio de discreción, miraba sólo el fin
+inmediato de que su amigo se tranquilizara, apartando de su mente las
+ideas de muerte y exterminio. Explicole lo del _galán bunito_,
+procurando convencerle de que sólo un sentimiento de caridad habíala
+movido a llevarle a la casa de su señora, sin que mediase en ello el
+amor, ni cosa tocante a las relaciones de hombre y mujer. No se daba por
+convencido Mordejai, que planteó por fin la cuestión en términos que
+justificaban la veracidad y firmeza de su afecto, a saber: para que él
+creyese lo que Benina acababa de decirle, convenía que se lo demostrara
+con hechos, no con palabras, que el viento se lleva. ¿Y cómo se lo
+demostraría con hechos, de modo que él quedase plenamente satisfecho y
+convencido? Pues de un modo muy sencillo: dejando todo, su señora, _casa
+suya_, _galán bunito_; yéndose a vivir con Almudena, y quedando unidos ya
+los dos para toda la vida.
+
+No respondió la anciana con negación rotunda por no excitarle más, y se
+limitó a presentarle los inconvenientes del abandono brusco de su
+señora, que se moriría si de ella se separase. Pero a todas estas
+razones oponía el marroquí, otras fortalecidas en el fuero y leyes de
+amor, que a todo se sobreponen. «Si tú _quierer mí_, _amri_, mí casar
+_tigo_».
+
+Al hacer la oferta de su blanca mano, acompañándola de un suspirar
+tierno y de remilgos de vergüenza, con sus enormes labios que se
+dilataban hasta las orejas o se contraían formando un hocico monstruoso,
+Benina no pudo evitar una risilla de burla. Pero conteniéndose al
+instante, acudió a la respuesta con este discretísimo argumento:
+
+«Hijo, así te llamo porque pudieras serlo... agradezco tu fineza; pero
+repara que he cumplido los sesenta años.
+
+--_Cumplir no cumplir sisenta_, _milienta_, _yo quierer ti_.
+
+--Soy una vieja, que no sirve para nada.
+
+--_Sirvi_, _amri_; yo _quierer_ ti... tú _mais_ que la luz _bunita_; moza
+tú.
+
+--¡Qué desatino!
+
+--Casar _migo tigo_, y _dirnos migo_ con tú a _terra_ mía, _terra_ de
+Sus. Mi padre Saúl, rico él; mis _germanos_, ricos ellos; mi madre
+Rimna, rica _bunita_ ella... _quierer_ ti, _dicir_ hija ti...
+Verás _terra_ mía: _aceita mocha_, _laranjas mochas_... _carnieras
+mochas_ padre mío... _mochas arbolas_ cabe el río; casa grande... noria
+d'agua fresca... _bunito_; ni frío ni _calora_».
+
+Aunque la pintura de tanta felicidad influía levemente en su ánimo, no
+se dejaba seducir Benina, y como persona práctica vio los inconvenientes
+de una traslación repentina a países tan distantes, donde se encontraría
+entre gentes desconocidas, que hablaban una lengua de todos los
+demonios, y que seguramente se diferenciarían de ella por las
+costumbres, por la religión y hasta por el vestido, pues allá, de fijo
+andaban con taparrabo... ¡Bonita estaría ella con taparrabo! ¡Vaya, que
+se le ocurrían unas cosas al buen Mordejai! Mostrándose afectuosa y
+agradecida, le argumentó con los inconvenientes de la precipitación en
+cosa tan grave como es el casarse de buenas a primeras, y correrse de un
+brinco nada menos que al África, que es, como quien dice, _donde
+empiezan los Pirineos_. No, no: había que pensarlo despacio, y tomarse
+tiempo para no salir con una patochada. Mucho más práctico, según ella,
+era dejar todo ese lío del casamiento y del viaje de novios para más
+adelante, ocupándose por el pronto en realizar, con todos los requisitos
+que aseguraran el éxito, el conjuro del rey _Samdai_. Si la cosa
+resultaba, como Almudena le aseguró, y venían a poder de ella las
+banastas de piedras preciosas, que tan fácilmente se convertirían en
+billetes de Banco, ya tenían todas las cuestiones resueltas, y lo demás
+prontamente se allanaría. El dinero es el arreglador infalible de
+cuantas dificultades hay en el mundo. Total: que ella se comprometía a
+cuanto él quisiera, y desde luego empeñaba su palabra de casorio y de
+seguirle hasta el fin del mundo, siempre y cuando el rey _Samdai_
+concediese lo que con todas las reglas, ceremonias y rezos benditos se
+le había de pedir.
+
+Quedose meditabundo el africano al oír esto, y después se dio golpetazos
+en la frente, como hombre que experimenta gran confusión y desconsuelo.
+«_Perdoñar_ mí tú... Olvidar mí _dicer_ ti cosa.
+
+--¿Qué? ¿Vas a salir ahora con inconvenientes? ¿Es que la operación no
+vale porque faltaría algún requisito?
+
+--Olvidar mí _requesito_... No valer, _poique_ ser tú _muquier_.
+
+--¡Condenado!--exclamó Benina sin poder contener su enojo--, ¿por qué no
+empezaste por ahí? Pues si el primer _requesito_ es ser hombre... ¡a ver!
+
+--_Perdoñar_ mí... Olvidar cosa _migo_.
+
+--Tú no tienes la cabeza buena. ¡Vaya una plancha! Pero ¡ay! la culpa es
+mía, por haberme creído las paparruchas que inventan en tu tierra
+maldecida, y en esa tu religión de los demonios coronados. No, no lo
+creí... Era que la pobreza me cegaba... Y no lo creo, no. Perdóneme Dios
+el mal pensamiento de llamar al diablo con todos esos arrumacos;
+perdóneme también la Virgen Santísima.
+
+--Si no valer eso _poique_ ser tú _muquier_...--replicó Almudena
+vergonzoso--, saber mí otra cosa... que si _jacer_ tú, coger has tú _tuda
+la diniera_ que tú _querier_.
+
+--No, no me engañas otra vez. ¡Buen pájaro estás tú!... Ya no creo nada
+de lo que me digas.
+
+--Por la bendita luz, verdad ser... Rayo del cielo matar mí, si _n'gañar_
+ti... ¡Coger _diniero_, _mocha diniero_!
+
+--¿Cuándo?
+
+--Cuando _quiriendo_ tú.
+
+--A ver... Aunque no he de creerlo, dímelo pronto.
+
+--Yo dar ti _p'peleto_...
+
+--¿Un papelito?
+
+--Sí... Poner tú punta _lluengua_...
+
+--¿En la punta de la lengua?
+
+--Sí: entrar con ello Banco, _p'peleto en llengua_, y _naide_ ver ti.
+Poder coger _diniero tuda_... No ver ti _naide_.
+
+--Pero eso es robar, Almudena.
+
+--_Naide_ ver, _naide_ a ti _dicir naida_.
+
+--Quita, quita... Yo no tengo esas mañas. Robar, no. ¿Que no me ven? Pero
+Dios me verá».
+
+
+
+
+XXV
+
+
+No desistía el apasionado marroquí de ganar la voluntad de la dama (que
+así debemos llamarla en este caso, toda vez que como tal él la veía con
+los ojos de su alma); y conociendo que los medios positivos eran los más
+eficaces, y que antes que las razones con que él pudiera expugnarla la
+rendiría su propia codicia y el anhelo de enriquecerse, se arrancó con
+otro sortilegio, producto natural de su sangre semítica y de su rica
+imaginación. Díjole que entre todos los secretos de que por favor de
+Dios era depositario, había uno que no pensaba confiar más que a la
+persona que fuese dueña de todo su cariño; y como esta persona era ella,
+la mujer soñada, la mujer prometida por el soberano _Samdai_, a ella
+sola revelaba el infalible procedimiento para descubrir los tesoros
+_soterrados_. Aunque afectaba Benina no dar crédito a tales historias,
+ello es que no perdió sílaba del relato que Almudena le hizo. La cosa
+era muy sencilla, por él pintada, aunque las dificultades prácticas para
+llegar a producir el mágico efecto saltaban a la vista. La persona que
+quisiera saber, _siguro_, _siguro_, dónde había dinero escondido, no
+tenía más que abrir un hoyo en la tierra, y estarse dentro de él
+cuarenta días, en paños menores, sin otro alimento que harina de cebada
+sin sal, ni más ocupación que leer un libro santo, de luengas hojas, y
+meditar, meditar sobre las profundas verdades que aquellas escrituras
+contenían...
+
+--¿Y eso tengo que hacerlo yo?--dijo Benina impaciente--. ¡Apañado estás!
+¿Y ese libro está escrito en tu lengua? Tonto, ¿cómo voy a leer yo esos
+garrapatos, si en mi propio castellano natural me estorba lo negro?
+
+--_Leyerlo_ mí... _leyer_ tú.
+
+--Pero en ese agujero bajo tierra, que será la casa de los topos,
+¿podemos estar los dos?
+
+--_Siguro_.
+
+--Bueno. Y para poder ver bien la letra de ese libro--dijo con sorna la
+_dama_--, llevarás antiparras de ciego...
+
+--Mí saberlo de _memueria_--replicó impávido el africano».
+
+La _operación_, pasados los cuarenta días de penitencia, terminaba por
+escribir en un papelito, como los de cigarro, ciertas palabras mágicas
+que él sabía, él solo; luego se soltaba el papelito en el aire, y
+mientras el viento lo llevaba de aquí para allá, ella y él rezarían
+devotamente oraciones _mochas_, sin quitar los ojos del papel volante.
+Allí donde cayese, se encontraría, cavando, cavando, el tesoro
+soterrado, probablemente una gran olla repleta de monedas de oro.
+
+Manifestó Benina su incredulidad soltando la risa; pero alguna huella
+dejaba en su espíritu la nueva quisicosa para encontrar tesoros, porque
+con toda formalidad se dejó decir: «No creo yo que haya dinero enterrado
+en los campos. Puede que en tu tierra se den esos casos; pero lo que es
+aquí... donde lo tienes es en los patios, en las corraladas, debajo del
+suelo de las leñeras, almacenes y bodegas, y, si a mano viene, empotrado
+en las paredes...
+
+--Mismo poder yo _discubrierlo_ él... Yo _dicer_ ti, si tú _quiriendo_ mí,
+si tú casar _migo_.
+
+--Ya trataremos de eso más despacio--dijo Benina quitándose el pañuelo y
+volviéndoselo a poner, señal de impaciencia y ganas de marcharse.
+
+--No _dirti_ tú, _amri_, no--murmuró el ciego quejumbroso, agarrándola por
+la falda.
+
+--Es tarde, hijo, y hago falta en casa.
+
+--Tú _migo_ siempre.
+
+--No puede ser por ahora. Ten paciencia, hijo».
+
+Poseído nuevamente de furor, al sentir que se levantaba, se arrojó sobre
+ella, clavándole la zarpa en los brazos, y manifestando con rugidos,
+más que con voces, su ardiente anhelo de tenerla en su compañía. «Mí
+_queriendo_ ti... Matar mí, _ajogar_ mismo yo en río, si tú no _venier_
+mí...
+
+--Déjame por Dios, Almudena--dijo con acento de aflicción la _dama_,
+creyendo vencerle mejor con súplicas afectuosas--. Yo te quiero; pero me
+llaman mis obligaciones.
+
+--Matar yo _galán bunito_--gritó el ciego apretando los puños, y dando
+algunos pasos hacia la anciana, que medrosa se había apartado de él.
+
+--Ten juicio; si no, no te quiero... Vámonos. Si me prometes ser bueno y
+no pegarme, iremos juntos.
+
+--_Piegar_ ti no, no... _quiriendo_ ti más que a la bendita luz.
+
+--Pues si no me pegas, vamos--dijo Benina, aproximándose cariñosa, y
+cogiéndole por el brazo».
+
+Apaciguado el buen Mordejai, emprendieron otra vez la marcha hacia
+arriba, y por el camino dijo el ciego a la _dama_ que se había despedido
+de Santa Casilda, por romper con la Petra; y como los tiempos venían
+malos y no se ganaban perras, pensaba trasladarse aquella misma tarde a
+las Cambroneras, _cabe_ el Puente de Toledo, pues en aquel barrio había
+estancias para dormir por solos diez céntimos cada noche. No aprobó
+Benina el cambio de domicilio, porque allí, según había oído, vivían en
+grande estrechez e incomodidad los pobres, amontonados y revueltos en
+cuartuchos indecentes; pero él insistió, dolorido y melancólico,
+asegurando que _quería estar mal_, hacer penitencia, pasarse los días
+_yorando_, _yorando_, hasta conseguir que _Adonai_ ablandase el corazón
+de la mujer amada. Suspiraron ambos, y silenciosos subieron toda la
+calle de Toledo.
+
+Como Benina le ofreciese un duro para la mudanza, Almudena expresó un
+desinterés sublime: «No _querier_ mí _diniero_... _Diniero_ cosa
+puerca... asco _diniero_... Mí _quierer amri_... _muquier_ mía _migo_.
+
+--Bueno, bueno: ten paciencia--le dijo Benina, temerosa de que se
+descompusiera al final de la jornada--. Yo te prometo que mañana
+hablaremos de eso.
+
+--¿_Viner_ tú Cambroneras?
+
+--Sí, te lo prometo.
+
+--Mí no _golver pirroquia_... Carga mí _gente suberbiosa_: Casiana,
+Eliseo... asco mí _genta_. Mí pedir _Puenta Tolaido_...
+
+--Espérame mañana... y prométeme tener juicio.
+
+--_Yorando_, _yorando_ mí.
+
+--¿Pero a qué vienen esos lloriqueos?... Almudenilla, si yo te quiero...
+_Amos_, no me des disgustos.
+
+--_Ora ti_, casa tuya, ver _galán bunito_, _jacer_ tú cariños él.
+
+--¿Yo? ¡Estás fresco! ¡Sí, sí, para él estaba! ¿Pero tú qué te has
+creído? ¡Valiente caso hago yo de esa estantigua! Tiene más años que la
+Cuesta de la Vega: es pariente de mi señora, y por encargo de esta se le
+recogió para llevarle a casa.
+
+--¡_Mam'rracho_ él!
+
+--¡Y tan mamarracho! Ni hay comparanza entre él y tú... En fin, chico:
+tengo mucha prisa. Adiós. Hasta mañana».
+
+Aprovechando un momento en que el marroquí se quedaba como lelo, apretó
+a correr, dejándole arrimadito a la pared, junto a la tienda llamada del
+_Botijo_. Era la única forma posible de separación, dada la tenaz
+adherencia del pobre ciego. Desde lejos le miró Benina, inmóvil, la
+cabeza caída. Pasado un rato, se dejó caer en el suelo, y allí le vieron
+toda la tarde los transeúntes, sentado, mudo, la negra mano extendida.
+
+No encontró la Nina en su casa grandes novedades, como por tal no se
+tuviera el contento de Doña Paca, que no cesaba de alabar la finura de
+su huésped, y la gracia con que a la conversación traía los recuerdos de
+Algeciras y Ronda. Sentíase la buena señora transportada a sus verdes
+años; casi olvidaba su pobreza, y movida del generoso instinto que en
+aquella edad primera había sido fundamento de su carácter imprevisor y
+de sus desgracias, propuso a Nina que se trajeran para Frasquito dos
+botellas de Jerez, pavo en galantina, huevo hilado, y cabeza de jabalí.
+
+«Sí, señora--replicó la criada--: todo eso traeremos, y luego nos vamos a
+la cárcel, para ahorrar a los tenderos el trabajo de llevarnos. ¿Pero
+usted se ha vuelto loca? Para esta noche haré unas sopas de ajo con
+huevos, y _san sacabó_. Crea usted que a ese caballero le sabrán a
+gloria, acostumbrado como está a comistrajos indecentes.
+
+--Bueno, mujer. Se hará lo que tú quieras.
+
+--En vez de cabeza de jabalí, pondremos cabeza de ajo.
+
+--Creo, con tu permiso, que en todas las circunstancias, aunque sea
+sacrificándose, debe una portarse como quien es. En fin, ¿cuánto dinero
+tenemos?
+
+--Eso a usted no le importa. Déjeme a mí, que ya sabré arreglarme. Cuando
+se acabe, no es usted quien ha de ir a buscarlo.
+
+--Ya, ya sé que irás tú y lo buscarás. Yo no sirvo para nada.
+
+--Sí sirve usted; y ahora, ayúdeme a pelar estas patatitas.
+
+--Lo que quieras. ¡Ah!... se me olvidaba. Frasquito toma té... y como
+está tan delicadillo, hay que traerlo bueno.
+
+--Del mejor. Iré por él a la China.
+
+--No te burles. Vas a la tienda, y pides del que llaman _mandarín_. Y de
+paso te traes un quesito bueno para postre...
+
+--Sí, sí... eche usted y no se derrame.
+
+--Ya ves que está acostumbrado a comer en casas grandes.
+
+--Justamente: como la taberna de Boto, en la calle del Ave María...
+ración de guisado, a real; con pan y vino, treinta y cinco céntimos.
+
+--Estás hoy... que no se te puede aguantar. Pero a todo me avengo, Nina.
+Tú mandas.
+
+--¡Ay, si yo no mandara, bonitas andaríamos! Ya nos habrían llevado a San
+Bernardino o al mismísimo Pardo».
+
+Bromeando así llegó la noche, y cenando frugalmente, alegres los tres y
+resignados con la pobreza, mal tolerable y llevadero cuando no falta un
+pedazo de pan con que matar el hambre. Y el historiador debe hacer
+constar asimismo que el buen temple en que estaba Doña Paca se torció un
+poco al recogerse las dos en la alcoba, la señora en su cama, Benina en
+el suelo, por haber cedido su lecho a Frasquito. Como la viuda de Zapata
+era tan voluble de genio, en un instante, sin que se supiera el motivo,
+pasaba de la bondad apacible a la ira insana, de la credulidad infantil
+a la desconfianza marrullera, de las palabras razonables a los
+disparates más absurdos. Conocía muy bien la criada este fácil girar de
+los pensamientos y la voluntad de su señora, a quien comparaba con una
+veleta; y sin tomar a pecho sus displicencias y raptos de ira, esperaba
+que cambiase el viento. En efecto, este variaba de improviso, rolando al
+cuadrante bueno; y si en un momento la malva se había convertido en
+cardo, en otro momento tornaba a su primera condición.
+
+El mal humor de Doña Paca en la noche a que me refiero, debe atribuirse,
+según datos fehacientes, a que Frasquito, en sus conversaciones de la
+tarde, y en los ratos de la cena y sobremesa de esta, mostró por Benina
+unas preferencias que lastimaron profundamente el amor propio de la
+viuda infeliz. A Benina manifestaba el buen señor casi exclusivamente su
+gratitud, reservando para la señora una cortés deferencia; para Benina
+eran todas sus sonrisas, sus frases más ingeniosas, la ternura de sus
+ojos lánguidos, como de carnero a medio morir; y a tantas indiscreciones
+unió Ponte la de llamarla _ángel_ como unas doscientas veces en el curso
+de la frugal cena.
+
+Y dicho esto, oigamos a Doña Paca, entre sábanas metida, mientras la
+otra se acostaba en el suelo: «Pues, hija, nadie me quita de la cabeza
+que le has dado un bebedizo a este pobre señor. ¡Vaya cómo te quiere! Si
+no fueras una vieja feísima y sin ninguna gracia, creería que le habías
+hecho tilín... Cierto que eres buena, caritativa, que sabes ganar la
+simpatía por lo bien que atiendes a todo, y por tu dulzura y ese modito
+suave... que bien podría engañar a los que no te conocen... Pero con
+todas esas prendas, imposible que un hombre tan corrido se prende de
+ti... Si te lo crees y por ello estás inflada de orgullo, mi parecer es
+que no te compongas, pobre Nina. Siempre serás lo que fuistes... y no
+temas que yo le quite a D. Frasquito la ilusión, contándole tus malas
+mañas, lo sisona que eras, y otras cosillas, otras cosillas que tú
+sabes, y yo también...».
+
+Callaba Benina, tapándose la boca con la sábana, y esta humildad y
+moderación encendieron más el rencorcillo de la viuda de Zapata, que
+prosiguió molestando a su compañera: «Nadie reconoce como yo tus buenas
+cualidades, porque las tienes; pero hay que ponerte siempre a distancia,
+no dejarte salir de tu baja condición, para que no te desmandes, para
+que no te subas a las barbas de los superiores. Acuérdate de las dos
+veces que tuve que echarte de mi casa por sisona... ¡A tal extremo llegó
+tu descaro, ¿qué digo descaro? tu cinismo en aquel vicio feo, que...
+vamos, yo, que jamás he hecho una cuenta, ni me gusta, veía mi dinero
+pasando de mi bolsillo al tuyo... en chorro continuo!... Pero ¿qué? ¿No
+dices nada?... ¿No contestas? ¿Te has vuelto muda?
+
+--Sí, señora, me he vuelto muda--fue la única respuesta de la buena
+mujer--. Puede que cuando la señora se canse y cierre el pico, lo abra yo
+para decirle... en fin, no digo nada».
+
+
+
+
+XXVI
+
+
+«Ja, ja... Di lo que quieras...--prosiguió Doña Paca--. ¿Te atreverías a
+decir algo ofensivo de mí? ¡Que no he sabido llevar el Cargo y Data! ¿Y
+qué? ¿Quién te ha dicho a ti que las señoras son tenedoras de libros? El
+no llevar cuentas ni apuntar nada, no era más que la forma natural de mi
+generosidad sin límites. Yo dejaba que todo el mundo me robase; veía la
+mano del ladrón metiéndose en mi bolsillo, y me hacía la tonta... Yo he
+sido siempre así. ¿Es esto pecado? El Señor me lo perdonará. Lo que Dios
+no perdona, Benina, es la hipocresía, los procederes solapados, y el
+estudio con que algunas personas componen sus actos para parecer
+mejores de lo que son. Yo siempre he llevado el alma en mi rostro, y me
+he presentado a los ojos de todo el mundo como soy, como era, con mis
+defectos y cualidades, tal como Dios me hizo... ¿Pero tú no tienes nada
+que contestarme?... ¿O es que no se te ocurre nada para defenderte?
+
+--Señora, callo, porque estoy dormida.
+
+--No, tú no duermes, es mentira: la conciencia no te deja dormir.
+Reconoces que tengo razón, y que eres de las que se componen para
+disimular y esconder sus maldades... No diré que sean precisamente
+_maldades_, tanto no. Soy generosa en esto como en todo, y
+diré _flaquezas_... pero ¡qué flaquezas! Somos frágiles: verdaderamente
+tú puedes decir: «No me llamo Benina, sino Fragilidad...». Pero no te
+apures, pues ya sabes que no he de ir con cuentos al Sr. de Ponte para
+desprestigiarte, y deshojar la flor de sus ilusiones... ¡Qué risa!... No
+viendo en ti, como no puede verlo, una figura elegante, ni un rostro
+fresco y sonrosado, ni modales finos, ni educación de señora, ni nada de
+eso, que es por lo que se enamoran los hombres, habrá visto... ¿qué? Por
+Dios que no acierto. Si tú fueras franca, que no lo eres, ni lo serás
+nunca... ¿Oyes lo que digo?
+
+--Sí, señora, oigo.
+
+--Si tú fueras franca, me dirías que el Sr. de Ponte te llama _ángel_ por
+lo bien que haces las sopas de ajo, acartonaditas... Y ¿te parece a ti
+que esto es suficiente motivo para que a una mujer la llamen _ángel_ con
+todas sus letras?
+
+--¿Pero a usted qué le importa?... Deje al Sr. de Ponte Delgado que me
+ponga los motes que quiera.
+
+--Tienes razón, sí, sí... Puede que te lo diga irónicamente, que estos
+señorones, muy curtidos en sociedad, emplean a menudo la ironía, y
+cuando parece que nos alaban, lo que hacen es tomarnos el pelo, como
+suele decirse... Por si el hombre va por derecho, y se ha prendado de ti
+con buen fin... que todo podría ser, Benina... se ven cosas muy raras...
+tú debes proceder con lealtad, y confesarle tus máculas, no vaya a creer
+Frasquito que la pureza de los ángeles del cielo es cualquier cosa
+comparada con tu pureza. Si así no lo haces, eres una mala mujer... La
+verdad, Nina, en estos casos, la verdad. El hombre se ha creído que eres
+un prodigio de conservación, ja, ja... que has hecho un milagro, pues
+milagro sería, en plena vida de Madrid y en la clase de servicio
+doméstico, una virginidad de sesenta años... Puedes plantarte en los
+cincuenta y cinco, si así te conviene... Pero si le engañas en la edad,
+que esta es superchería muy corriente en nuestro sexo, no andes con
+bromas en lo que es de ley moral, Nina; eso no. Mira, hija, yo te quiero
+mucho, y como señora tuya y amiga te aconsejo que le hables clarito,
+que le cuentes tus faltas y caídas. Así el buen señor no se llamará a
+engaño, si andando el tiempo descubre lo que tú ahora le ocultaras. No,
+Nina, no; hija mía, dile todo, aunque se te ponga la cara muy colorada,
+y se te congestione la verruga que llevas en la frente. Confiesa tu
+grave falta de aquellos tiempos, cuando contabas treinta y cinco años...
+y ten valor para decirle: «Sr. D. Frasquito, yo quise a un guardia civil
+que se llamaba Romero, el cual me tuvo trastornada más de dos años, y al
+fin se negó a casarse conmigo...». Vamos, mujer, no es para que te
+pongas como la grana. Después de todo, ¿qué ha sido ello? Querer a un
+hombre. Pues para eso han venido las mujeres al mundo: para querer a los
+hombres. Tuviste la desgracia de tropezar con uno, que te salió malo.
+Cuestión de suerte, hija. Ello es que estuviste loca por él... Bien me
+acuerdo. No se te podía aguantar; no hacías nada al derecho. Sisabas de
+lo lindo, y mientras tú no tenías un traje decente, a él no le faltaban
+buenos puros... A mí, que veía tus padecimientos y tu ceguera, pues
+atormentada y sin un día de tranquilidad, en vez de huir del suplicio,
+ibas a él; a mí, que vi todo esto, nadie tiene que contármelo, Nina.
+Conozco la historia, aunque no la sé toda entera, porque algo me has
+ocultado siempre... y a mí me refirieron cosas que no sé si son ciertas
+o no... Dijéronme que de tus amores tuviste...
+
+--Eso no es verdad.
+
+--Y que lo echaste a la Inclusa...
+
+--Eso no es verdad--repitió Benina con acento firme y sonora voz,
+incorporándose en el lecho. Al oírla, calló súbitamente Doña Paca, como
+el ratoncillo nocturno que cesa de roer al sentir los pasos o la voz del
+hombre. Oyose tan sólo, durante largo rato, alguno que otro suspiro
+hondísimo de la señora, que después empezó a quejarse y a gruñir por lo
+bajo. La otra no chistaba. Había hecho rápida crisis el genio de la
+infeliz señora, determinándose un brusco giro de la veleta. La ira y
+displicencia trocáronse al punto en blandura y mimo. No tardó en
+presentarse el síntoma más claro de la sedación, que era un vivo
+arrepentimiento de todo lo que había dicho y la vergüenza de recordarlo,
+pues no significaban otra cosa los gruñidos, y el quejarse de
+imaginarios dolores. Como Benina no respondiera a estas demostraciones,
+Doña Paca, ya cerca de media noche, se arrancó a llamarla: «Nina, Nina,
+¡si vieras qué mala estoy! ¡Vaya una nochecita que estoy pasando! Parece
+que me aplican un hierro caliente al costado, y que me arrancan a
+tirones los huesos de las piernas. Tengo la cabeza como si me hubieran
+sacado los sesos, poniéndome en su lugar miga de pan y perejil muy
+picadito... Por no molestarte, no te he dicho que me hagas una tacita de
+tila, que me refriegues la espalda, y que me des una papeleta de
+salicilato, de bromuro, o de sulfonal... Esto es horrible. Estás dormida
+como un cesto. Bien, mujer, descansa, engorda un poquito... No quiero
+molestarte».
+
+Sin despegar los labios, abandonaba Nina el jergón, y, echándose una
+falda, hacía la taza de tila en la cocinilla económica, y antes o
+después daba la medicina a la enferma, y luego las friegas, y por fin
+acostábase con ella para arrullarla como a un niño, hasta que conseguía
+dormirla. Anhelando olvidar la señora su anterior desvarío, creía que el
+mejor medio era borrar con expresiones cariñosas las malévolas ideas de
+antes, y así, mientras su compañera la arrullaba, decíale: «Si yo no te
+tuviera, no sé qué sería de mí. Y luego me quejo de Dios, y le digo
+cosas, y hasta le insulto, como si fuera un cualquiera. Verdad que me
+priva de muchos bienes; pero me ha dado tu compañía y amistad, que vale
+más que el oro y la plata y los brillantes... Y ahora que me acuerdo,
+¿qué me aconsejas tú que debo hacer para el caso de que vuelvan D.
+Francisco Morquecho y D. José María Porcell con aquella embajada de la
+herencia?...
+
+--Pero, señora, si eso lo ha soñado usted... y los tales caballeros hace
+mil años que están muy achantaditos debajo de la tierra.
+
+--Dices bien: yo lo soñé... Pero si no aquellos, otros puede que vengan
+con la misma música el mejor día.
+
+--¿Quién dice que no? ¿Ha soñado usted con cajas vacías? Porque eso es
+señal de herencia segura.
+
+--¿Y tú, qué has soñado?
+
+--¿Yo? Anoche, que nos encontrábamos con un toro negro.
+
+--Pues eso quiere decir que descubriremos un tesoro escondido... Mira tú,
+¿quién nos dice que en esta casa antigua, que habitaron en otro tiempo
+comerciantes ricos, no hay dentro de tal pared o tabique alguna olla
+bien repleta de peluconas?
+
+--Yo he oído contar que en el siglo pasado vivieron aquí unos
+almacenistas de paños, poderosos, y cuando se murieron... no se encontró
+dinero ninguno. Bien pudiera ser que lo emparedaran. Se han dado casos,
+muchos casos.
+
+--Yo tengo por cierto que dinero hay en esta finca... Pero a saber dónde
+demontres lo escondieron esos indinos. ¿No habría manera de averiguarlo?
+
+--¡No sé... no sé!--murmuró Benina, dejando volar su mente vagarosa hacia
+los orientales conjuros propuestos por Almudena.
+
+--Y si en las paredes no, debajo de los baldosines de la cocina o de la
+despensa puede estar lo que aquellos señores escondieron, creyendo que
+lo iban a disfrutar en el otro mundo.
+
+--Podrá ser... Pero es más probable que sea en las paredes, o, un
+suponer, en los techos, entre las vigas...
+
+--Me parece que tienes razón. Lo mismo puede ser arriba que abajo. Yo te
+aseguro que cuando piso fuerte en los pasillos y en el comedor, y se
+estremece todo el caserón como si quisiera derrumbarse, me parece que
+siento un ruidillo... así como de metales que suenan y hacen tilín...
+¿No lo has sentido tú?
+
+--Sí, señora.
+
+--Y si no, haz la prueba ahora mismo. Date unos paseos por la alcoba,
+pisando fuerte, y oiremos...».
+
+Hízolo Benina como su señora mandaba, con no menos convicción y fe que
+ella, y en efecto... oyeron un retintín metálico, que no podía provenir
+más que de las enormes cantidades de plata y oro (más oro que plata
+seguramente) empotradas en la vetusta fábrica. Con esta ilusión se
+durmieron ambas, y en sueños seguían oyendo el tin, tin...
+
+La casa era como un inmenso cuerpo, y sudaba, y por cada uno de sus
+infinitos poros soltaba una onza, o centén, o monedita de veintiuno y
+cuartillo.
+
+
+
+
+XXVII
+
+
+A la mañanita del siguiente día iba Benina camino de las Cambroneras,
+con su cesta al brazo, pensando, no sin inquietud, en las exaltaciones
+del buen Almudena, que le llevarían de pronto a la locura, si ella, con
+su buena maña, no lograba contenerle en la razón. Más abajo de la Puerta
+de Toledo encontró a la Burlada y a otra pobre que pedía con un niño
+cabezudo. Díjole su compañera _de parroquia_ que había trasladado su
+domicilio al Puente, por no poderse arreglar en el _riñón de Madrid_ con
+la carestía de los alquileres y la mezquindad del fruto de la limosna.
+En una casucha junto al río le daban hospedaje por poco más de nada, y a
+esta ventaja unía la de ventilarse bien en los paseos que se daba mañana
+y tarde, del río al _punto_ y del _punto_ al río. Interrogada por Benina
+acerca del ciego moro y de su vivienda, respondió que le había visto
+junto a la fuentecilla, pasado el Puente, pidiendo; pero que no sabía
+dónde moraba. «Vaya, con Dios, señora--dijo la Burlada despidiéndose--.
+¿No va usted hoy al _punto_? Yo sí... porque aunque poco se gana, allí
+tiene una su arreglo. Ahora me dan todas las tardes un buen _platao_ de
+comida en _ca_ el señor banquero, que vive mismamente de cara a la
+entrada por la calle de las Huertas, y vivo como una canóniga, gozando
+de ver cómo se le afila la jeta a la _Caporala_ cuando la muchacha del
+señor banquero me lleva mi gran cazolón de comestible... En fin: con
+esto y algo que cae, vivimos, _Doña_ Benina, y puede una _chincharse_ en
+las _ricas_. Adiós, que lo pase bien, y que encuentre a su moro con
+salud... Vaya, conservarse».
+
+Siguió cada cual su rumbo, y a la entrada del Puente, dirigiose Benina
+por la calzada en declive que a mano derecha conduce al arrabal llamado
+de las Cambroneras, a la margen izquierda del Manzanares, en terreno
+bajo. Encontrose en una como plazoleta, limitada en el lado de Poniente
+por un vulgar edificio, al Sur por el pretil del contrafuerte del
+puente, y a los otros dos lados por desiguales taludes y terraplenes
+arenosos, donde nacen silvestres espinos, cardos y raquíticas yerbas. El
+sitio es pintoresco, ventilado, y casi puede decirse alegre, porque
+desde él se dominan las verdes márgenes del río, los lavaderos y sus
+tenderijos de trapos de mil colores. Hacia Poniente se distingue la
+sierra, y a la margen opuesta del río los cementerios de San Isidro y
+San Justo, que ofrecen una vista grandiosa con tanto copete de panteones
+y tanto verdor obscuro de cipreses... La melancolía inherente a los
+camposantos no les priva, en aquel panorama, de su carácter decorativo,
+como un buen telón agregado por el hombre a los de la Naturaleza.
+
+Al descender pausadamente hacia la explanada, vio la mendiga dos
+burros... ¿qué digo dos? ocho, diez o más burros, con sus collarines de
+encarnado rabioso, y junto a ellos grupos de gitanos tomando el sol, que
+ya inundaba el barrio con su luz esplendorosa, dando risueño brillo a
+los colorines con que se decoraban brutos y personas. En los animados
+corrillos todo era risas, chacota, correr de aquí para allá. Las
+muchachas saltaban; los mozos corrían en su persecución; los chiquillos,
+vestidos de harapos, daban volteretas, y sólo los asnos se mantenían
+graves y reflexivos en medio de tanta inquietud y algarabía. Las gitanas
+viejas, algunas de tez curtida y negra, comadreaban en corrillo aparte,
+arrimaditas al edificio grandón, que es una casa de corredor de regular
+aspecto. Dos o tres niñas lavaban trapos en el charco que hacia la mitad
+de la explanada se forma con las escurriduras y desperdicios de la
+fuente vecinal. Algunas de estas niñas eran de tez muy obscura, casi
+negra, que hacía resaltar las filigranas colgadas de sus orejas; otras
+de color de barro, todas ágiles, graciosas, esbeltísimas de talle y
+sueltas de lengua. Buscó la anciana entre aquella gente caras conocidas;
+y mira por aquí y por allá, creyó reconocer a un gitano que en cierta
+ocasión había visto en el Hospital, yendo a recoger a una amiga suya. No
+quiso acercarse al grupo en que el tal con otros disputaba _sobre_ un
+burro, cuyas mataduras eran objeto de vivas discusiones, y aguardó
+ocasión favorable. Esta no tardó en venir, porque se enredaron a
+trompada limpia dos churumbeles, el uno con las perneras abiertas de
+arriba abajo, mostrando las negras canillas; el otro con una especie de
+turbante en la cabeza, y por todo vestido un chaleco de hombre: acudió
+el gitano a separarlos; ayudole Benina, y a renglón seguido le embocó en
+esta forma:
+
+«Dígame, buen amigo: ¿ha visto por aquí ayer y hoy a un ciego moro que
+le llaman Almudena?
+
+--Sí, señora: _halo_ visto... _jablao_ con él--replicó el gitano, mostrando
+dos carreras de dientes ideales por su blancura, igualdad y perfecta
+conservación, que se destacaban dentro del estuche de dos labios enormes
+y carnosos, de un violado retinto--. Le _vide_ en la puente... díjome
+que moraba _dende_ anoche en las casas de Ulpiano... y que... no sé qué
+más... Desapártese, buena mujer, que esta bestia es _mu desconsiderá_, y
+cocea...».
+
+Huyó Benina de un brinco, viendo cerca de sí las patas traseras de un
+grandísimo burro, que dos gandules apaleaban, como para conocerle las
+mañas y proveer a su educación asnal y gitanesca, y se fue hacia las
+casas que le indicó con un gesto el de la perfecta dentadura.
+
+Arranca de la explanada un camino o calle tortuosa en dirección a la
+puente segoviana. A la izquierda, conforme se entra en él, está la casa
+de corredor, vasta colmena de cuartos pobres que valen seis pesetas al
+mes, y siguen las tapias y dependencias de una quinta o granja que
+llaman de Valdemoro. A la derecha, varias casas antiquísimas,
+destartaladas, con corrales interiores, rejas mohosas y paredes sucias,
+ofrecen el conjunto más irregular, vetusto y mísero que en arquitectura
+urbana o campesina puede verse. Algunas puertas ostentan lindos azulejos
+con la figura de San Isidro y la fecha de la construcción, y en los
+ruinosos tejados, llenos de jorobas, se ven torcidas veletas de chapa de
+hierro, graciosamente labrado. Al aproximarse, notando Benina que
+alguien se asomaba a una reja del piso bajo, hizo propósito de
+preguntar: era un burro blanco, de orejas desmedidas, las cuales enfiló
+hacia afuera cuando ella se puso al habla. Entró la anciana en el primer
+corral, empedrado, todo baches, con habitaciones de puertas desiguales y
+cobertizos o cajones vivideros, cubiertos de chapa de latón enmohecido:
+en la única pared blanca o menos sucia que las demás, vio un barco
+pintado con almazarrón, fragata de tres palos, de estilo infantil, con
+chimenea de la cual salían curvas de humo. En aquella parte, una mujer
+esmirriada lavaba pingajos en una artesa: no era gitana, sino _paya_.
+Por las explicaciones que esta le dio, en la parte de la izquierda
+vivían los gitanos con sus pollinos, en pacífica comunidad de
+habitaciones; por lecho de unos y otros el santo suelo, los dornajos
+sirviendo de almohadas a los racionales. A la derecha, y en cuadras
+también borriqueñas, no menos inmundas que las otras, acudían a dormir
+de noche muchos pobres de los que andan por Madrid: por diez céntimos se
+les daba una parte del suelo, y a vivir. Detalladas las señas de
+Almudena por Benina, afirmó la mujer que, en efecto, había dormido allí;
+pero con los demás pobres se había largado tempranito, pues no brindaban
+aquellos dormitorios a la pereza. Si la _señora_ quería algún recado
+para el ciego moro, ella se lo daría, siempre y cuando viniese la
+segunda noche a dormir.
+
+Dando las gracias a la esmirriada, salió Benina, y se fue por toda la
+calle adelante, atisbando a un lado y otro. Esperaba distinguir en
+alguno de aquellos calvos oteros la figura del marroquí tomando el sol o
+entregado a sus melancolías. Pasadas las casas de Ulpiano, no se ven a
+la derecha más que taludes áridos y pedregosos, vertederos de escombros,
+escorias y arena. Como a cien metros de la explanada hay una curva o más
+bien zig-zag, que conduce a la estación de las Pulgas, la cual se
+reconoce desde abajo por la mancha de carbón en el suelo, las
+empalizadas de cerramiento de vía, y algo que humea y bulle por encima
+de todo esto. Junto a la estación, al lado de Oriente, un arroyo de
+aguas de alcantarilla, negras como tinta, baja por un cauce abierto en
+los taludes, y salvando el camino por una atarjea, corre a fecundar las
+huertas antes de verterse en el río. Detúvose allí la mendiga,
+examinando con su vista de lince el zanjón, por donde el agua se despeña
+con turbios espumarajos, y las huertas, que a mano izquierda se
+extienden hasta el río, plantadas de acelgas y lechugas. Aún siguió más
+adelante, pues sabía que al africano le gustaba la soledad del campo y
+la ruda intemperie. El día era apacible: luz vivísima acentuaba el
+verde chillón de las acelgas y el morado de las lombardas, derramando
+por todo el paisaje notas de alegría. Anduvo y se paró varias veces la
+anciana, mirando las huertas que recreaban sus ojos y su espíritu, y los
+cerros áridos, y nada vio que se pareciese a la estampa de un moro ciego
+tomando el sol. De vuelta a la explanada, bajó a la margen del río, y
+recorrió los lavaderos y las casuchas que se apoyan en el contrafuerte,
+sin encontrar ni rastros de Mordejai. Desalentada, se volvió a los
+Madriles de arriba, con propósito de repetir al día siguiente sus
+indagaciones.
+
+En su casa no encontró novedad; digo, sí: encontró una, que bien pudiera
+llamarse maravilloso suceso, obra del subterráneo genio _Samdai_. A poco
+de entrar, díjole Doña Paca con alborozo: «Pero, mujer, ¿no sabes...?
+Deseaba yo que vinieras para contártelo...
+
+--¿Qué, señora?
+
+--Que ha estado aquí D. Romualdo.
+
+--¡D. Romualdo!... Me parece que usted sueña.
+
+--No sé por qué... ¿Es cosa del otro mundo que ese señor venga a mi casa?
+
+--No; pero...
+
+--Por cierto que me ha dado qué pensar... ¿Qué sucede?
+
+--No sucede nada.
+
+--Yo creí que había ocurrido algo en casa del señor sacerdote, alguna
+cuestión desagradable contigo, y que venía a darme las quejas.
+
+--No hay nada de eso.
+
+--¿No le viste tú salir de casa? ¿No te dijo que acá venía?
+
+--¡Qué cosas tiene! Ahora me va a decir a mí el señor a dónde va, cuando
+sale.
+
+--Pues es muy raro...
+
+--Pero, en fin, si vino, a usted le diría...
+
+--¿A mí qué había de decirme, si no le he visto?... Déjame que te
+explique. A las diez bajó a hacerme compañía, como acostumbra, una de
+las chiquillas de la cordonera, la mayor, Celedonia, que es más lista
+que la pólvora. Bueno: a eso de las doce menos cuarto, tilín, llaman a
+la puerta. Yo dije a la chiquilla: «Abre, hija mía, y a quien quiera que
+sea le dices que no estoy». Desde el escándalo que me armó aquel tunante
+de la tienda, no me gusta recibir a nadie cuando no estás tú... Abrió
+Celedonia... Yo sentía desde aquí una voz grave, como de persona
+principal, pero no pude entender nada... Luego me contó la niña que era
+un señor sacerdote...
+
+--¿Qué señas?
+
+--Alto, guapo... Ni viejo, ni joven.
+
+--Así es--afirmó Benina, asombrada de la coincidencia--. ¿Pero no dejó
+tarjeta?
+
+--No, porque se le había olvidado la cartera.
+
+--¿Y preguntó por mí?
+
+--No. Sólo dijo que deseaba verme para un asunto de sumo interés.
+
+--En ese caso, volverá.
+
+--No muy pronto. Dijo que esta tarde tenía que irse a Guadalajara. Tú
+habrás oído hablar de ese viaje.
+
+--Me parece que sí... Algo dijeron de bajar a la estación, y de la
+maleta, y no sé qué.
+
+--Pues, ya ves... Puedes llamar a Celedonia para que te lo explique
+mejor. Dijo que sentía tanto no encontrarme... que a la vuelta de
+Guadalajara vendría... Pero es raro que no te haya hablado de ese asunto
+de interés que tiene que tratar conmigo. ¿O es que lo sabes y quieres
+reservarme la sorpresa?
+
+--No, no: yo no sé nada del asunto ese... ¿Y está segura la Celedonia del
+nombre?
+
+--Pregúntaselo... Dos o tres veces repitió: «Dile a tu señora que ha
+estado aquí D. Romualdo».
+
+Interrogada la chiquilla, confirmó todo lo expresado por Doña Paca. Era
+muy lista, y no se le escapaba una sola palabra de las que oyera al
+señor eclesiástico, y describía con fiel memoria su cara, su traje, su
+acento... Benina, confusa un instante por la rareza del caso, lo dio
+pronto al olvido por tener cosas de más importancia en qué ocupar su
+entendimiento. Halló a Frasquito tan mejorado, que acordaron levantarle
+del lecho; mas al dar los primeros pasos por la habitación y pasillo,
+encontrose el galán con la novedad de que la pierna derecha se le había
+quedado un poco inválida... Esperaba, no obstante, que con la buena
+alimentación y el ejercicio recobraría dicho miembro su actividad y
+firmeza. Pronto le darían de alta. Su reconocimiento a las dos señoras,
+y principalmente a Benina, le duraría tanto como la vida... Sentía nuevo
+aliento y esperanzas nuevas, presagios risueños de obtener pronto una
+buena colocación que le permitiera vivir desahogadamente, tener hogar
+propio, aunque humilde, y... En fin, que estaba el hombre animado, y con
+la inagotable farmacia de su optimismo se restablecía más pronto.
+
+Como a todo atendía Nina, y ninguna necesidad de las personas sometidas
+a su cuidado se le olvidaba, creyó conveniente avisar a las señoras de
+la Costanilla de San Andrés, que de seguro habrían extrañado la ausencia
+de su dependiente.
+
+«Sí, hágame el favor de llevarles un recadito de mi parte--dijo el galán,
+admirando aquel nuevo rasgo de previsión--. Dígales usted lo que le
+parezca, y de seguro me dejará en buen lugar».
+
+Así lo hizo Benina a prima noche, y a la mañana siguiente, con la
+fresca, emprendió de nuevo su caminata hacia el Puente de Toledo.
+
+
+
+
+XXVIII
+
+
+Encontrose a un anciano harapiento que solía pedir, con una niña en
+brazos, en el Oratorio del Olivar, el cual le contó llorando sus
+desdichas, que serían bastantes a quebrantar las peñas. La hija del tal,
+madre de la criatura, y de otra que enferma quedara en casa de una
+vecina, se había muerto dos días antes «de miseria, señora, de
+cansancio, de tanto padecer echando los _gofes_ en busca de un medio
+panecillo». ¿Y qué hacía él ahora con las dos crías, no teniendo para
+mantenerlas, si para él solo no sacaba? El Señor le había dejado de su
+mano. Ningún santo del cielo le hacía ya maldito caso. No deseaba más
+que morirse, y que le enterraran pronto, pronto, para no ver más el
+mundo. Su única aspiración mundana era dejar colocaditas a las dos niñas
+en algún _arrecogimiento_ de los muchos que hay para _párvulas de ambos
+sexos_. ¡Y para que se viera su mala sombra!... Había encontrado un
+alma caritativa, un señor eclesiástico, que le ofreció meter a las nenas
+en un Asilo; pero cuando creía tener arreglado el negocio, venía el
+demonio a descomponerlo... «Verá usted, señora: ¿conoce por casualidad a
+un señor sacerdote muy apersonado que se llama D. Romualdo?
+
+--Me parece que sí--repuso la mendiga, sintiendo de nuevo una gran
+confusión o vértigo en su cabeza.
+
+--Alto, bien plantado, hábitos de paño fino, ni viejo ni joven.
+
+--¿Y dice que se llama D. Romualdo?
+
+--D. Romualdo, sí señora.
+
+--¿Será... por casualidad, uno que tiene una sobrinita nombrada Doña
+Patros?
+
+--No sé cómo la llaman; pero sobrina tiene... y guapa. Pues verá usted mi
+perra suerte. Quedó en darme, ayer por la tarde, la razón. Voy a su
+casa, y me dicen que se había marchado a Guadalajara.
+
+--Justamente...--dijo Benina, más confusa, sintiendo que lo real y lo
+imaginario se revolvían y entrelazaban en su cerebro--. Pero pronto
+vendrá.
+
+--A saber si vuelve».
+
+Díjole después el pobre viejo que se moría de hambre; que no había
+entrado en su boca, en tres días, más que un pedazo de bacalao crudo
+que le dieron en una tienda, y algunos corruscos de pan, que mojaba en
+la fuente para reblandecerlos, porque ya no tenía hueso en la boca.
+Desde el día de San José que quitaron la sopa en el Sagrado Corazón, no
+había ya remedio para él; en parte alguna encontraba amparo; el cielo no
+le quería, ni la tierra tampoco. Con ochenta y dos años cumplidos el 3
+de Febrero, San Blas bendito, un día después de la Candelaria, ¿para qué
+quería vivir más ni qué se le había perdido por acá? Un hombre que
+sirvió al Rey doce años; que durante cuarenta y cinco había picado miles
+de miles de toneladas de piedra en esas _carreteras de Dios_, y que
+siempre fue bien mirado y _puntoso_, nada tenía que hacer ya, más que
+encomendarse al sepulturero para que le pusiera mucha tierra, mucha
+tierra encima, y apisonara bien. En cuantito que colocara a las dos
+criaturas, se _acostaría_ para no levantarse hasta el día del Juicio por
+la tarde... ¡y se levantaría el último! Traspasada de pena Benina al oír
+la referencia de tanto infortunio, cuya sinceridad no podía poner en
+duda, dijo al anciano que la llevara a donde estaba la niña enferma, y
+pronto fue conducida a un cuarto lóbrego, en la planta baja de la casa
+grande de corredor, donde juntos vivían, por el pago de tres pesetas al
+mes, media docena de pordioseros con sus respectivas proles. La mayor
+parte de estos hallábanse a la sazón en Madrid, buscando la santa
+_perra_. Sólo vio Benina una vieja, petiseca y dormilona, que parecía
+alcoholizada, y una mujer panzuda, tumefacta, de piel vinosa y tirante,
+como la de un corambre repleto, con la cara erisipelada, mal envuelta en
+trapos de distintos colores. En el suelo, sobre un colchón flaco,
+cubierto de pedazos de bayeta amarilla y de jirones de mantas
+morellanas, yacía la niña enferma, como de seis años, el rostro lívido,
+los puños cerrados en la boca. «Lo que tiene esta criatura es
+hambre--dijo Benina, que habiéndola tocado en la frente y manos, la
+encontró fría como el mármol.
+
+--Puede que así sea, porque cosa caliente no ha entrado en nuestros
+cuerpos desde ayer».
+
+No necesitó más la bondadosa anciana, para que se le desbordase la
+piedad, que caudalosa inundaba su alma; y llevando a la realidad sus
+intenciones con la presteza que era en ella característica, fue al
+instante a la tienda de comestibles, que en el ángulo de aquel edificio
+existe, y compró lo necesario para poner un puchero inmediatamente,
+tomando además huevos, carbón, bacalao... pues ella no hacía nunca las
+cosas a medias. A la hora, ya estaban remediados aquellos infelices, y
+otros que se agregaron, inducidos del olor que por toda la parte baja
+de la colmena prontamente se difundió. Y el Señor hubo de recompensar su
+caridad, deparándole, entre los mendigos que al festín acudieron, un
+lisiado sin piernas, que andaba con los brazos, el cual le dio por fin
+noticias verídicas del extraviado Almudena.
+
+Dormía el moro en las casas de Ulpiano, y el día se lo pasaba rezando de
+firme, y tocando en un guitarrillo de dos cuerdas que de Madrid había
+traído, todo ello sin moverse de un apartado muladar, que cae debajo de
+la estación de las Pulgas, por la parte que mira hacia la puente
+segoviana. Allá se fue Benina despacito, porque el sujeto que la guiaba
+era de lenta andadura, como quien anda con las nalgas encuadernadas en
+suela, apoyándose en las manos, y estas en dos zoquetes de palo. Por el
+camino, el hombre _de medio cuerpo arriba_ aventuró algunas indicaciones
+críticas acerca del moro, y de su conducta un tanto estrafalaria. Creía
+él que Almudena era en su tierra clérigo, quiere decirse, presbítero del
+_Zancarrón_, y en aquellos días hacía las penitencias de la Cuaresma
+_majometana_, que consisten en dar zapatetas en el aire, comer sólo pan
+y agua, y mojarse las palmas de la mano con saliva. «Lo que canta con la
+cítara ronca, debe de ser cosa de funerales de allá, porque suena
+triste, y dan ganas de llorar oyéndolo. En fin, señora, allí le tiene
+usted tumbado sobre la alfombra de picos, y tan quieto que parece que
+lo han vuelto de piedra».
+
+Distinguió, en efecto, Benina la inmóvil figura del ciego, en un
+vertedero de escorias, cascote y basuras, que hay entre la vía y el
+camino de las Cambroneras, en medio de una aridez absoluta, pues ni
+árbol ni mata, ni ninguna especie vegetal crecen allí. Siguió adelante
+el despernado, y Benina, con su cesta al brazo, subió gateando por la
+escombrera, no sin trabajo, pues aquel material suelto de que formado
+estaba el talud, se escurría fácilmente. Antes de que ganar pudiera la
+altura en que el africano se encontraba, anunció a gritos su llegada,
+diciéndole: «¡Pero, hijo, vaya un sitio que has ido a escoger para
+ponerte al sol! ¿Es que quieres secarte, y volverte cuero para
+tambores?... ¡Eh... Almudena, que soy yo, que soy yo la que sube por
+estas escaleras alfombradas!... Chico, ¿pero qué?... ¿Estás tonto, estás
+dormido?».
+
+El marroquí no se movía, la cara vuelta hacia el sol, como un pedazo de
+carne que se quisiera tostar. Tirole la anciana una, dos, tres
+piedrecillas, hasta que consiguió acertarle. Almudena se movió con
+estremecimiento; y poniéndose de rodillas, exclamó: «_B'nina_, tú
+_B'nina_.
+
+--Sí, hijo mío: aquí tienes a esta pobre vieja, que viene a verte al
+yermo donde moras. ¡Pues no te ha dado mala ventolera! ¡Y que no me ha
+costado poco trabajo encontrarte!
+
+--¡_B'nina_!--repitió el ciego con emoción infantil, que se revelaba en un
+raudal de lágrimas, y en el temblor de manos y pies--. Tú _vinir_ cielo.
+
+--No, hijo, no--replicó la buena mujer, llegando por fin junto a él, y
+dándole palmetazos en el hombro--. No vengo del cielo, sino que subo de
+la tierra por estos maldecidos peñascales. ¡Vaya una idea que te ha
+dado, pobre morito! Dime: ¿y es tu tierra así?».
+
+No contestó Mordejai a esta pregunta; callaron ambos. El ciego la
+palpaba con su mano trémula, como queriendo verla por el tacto.
+
+«He venido--dijo al fin la mendiga--porque me pensé, un suponer, que
+estarías muerto de hambre.
+
+--Mí no _comier_...
+
+--¿Haces penitencia? Podías haberte puesto en mejor sitio...
+
+--Este _micor_... monte _bunito_.
+
+--¡Vaya un monte! ¿Y cómo llamas a esto?
+
+--Monte _Sinaí_... Mí estar _Sinaí_.
+
+--Donde tú estás es en Babia.
+
+--Tú _vinir_ con ángeles, _B'nina_... tú _vinir_ con fuego.
+
+--No, hijo: no traigo fuego ni hace falta, que bastante achicharradito
+estás aquí. Te estás quedando más seco que un bacalao.
+
+--_Micor_... mí _quierer_ seco... y arder como _paixa_.
+
+--En paja te convertirías si yo te dejara. Pero no te dejo, y ahora vas a
+comer y beber de lo que traigo en mi cesta.
+
+--Mí no _comier_... mí ser _squieleto_».
+
+Sin esperar a más razones, Almudena extendió las manos, palpando en el
+suelo. Buscaba su guitarro, que Benina vio y cogió, rasgueando sus dos
+cuerdas destempladas.
+
+«¡_Dami_, _dami_!--le dijo el ciego impaciente, tocado de inspiración».
+
+Y agarrando el instrumento, pulsó las cuerdas, y de ellas sacó sonidos
+tristes, broncos, sin armónica concordancia entre sí. Y luego rompió a
+cantar en lengua arábiga una extraña melopea, acompañándose con sonidos
+secos y acompasados que de las dos cuerdas sacaba. Oyó Benina este
+canticio con cierto recogimiento, pues aunque nada sacó en limpio de la
+letra gutural y por extremo áspera, ni en la cadencia del son encontró
+semejanza con los estilos de acá, ello es que la tal música resultaba de
+una melancolía intensa. Movía el ciego sin cesar su cabeza, cual si
+quisiera dirigir las palabras de su canto a diferentes partes del cielo,
+y ponía en algunas endechas una vehemencia y un ardor que denotaban el
+entusiasmo de que estaba poseído.
+
+«Bueno, hijo, bueno--le dijo la anciana cuando terminó de cantar--. Me
+gusta mucho tu música... Pero ¿el estómago no te dice que a él no le
+catequizas con esas coplas, y que le gustan más las buenas magras?
+
+--_Comier_ tú... mí cantar... _Comier_ yo con alegría de ser tú _migo_.
+
+--¿Te alimentas con tenerme aquí? ¡Bonita substancia!
+
+--Mí _quierer_ ti...
+
+--Sí, hijo, quiéreme; pero haz cuenta de que soy tu madre, y que vengo a
+cuidar de ti.
+
+--Tú ser _bunita_.
+
+--¡_Mia_ que yo bonita... con más años que San Isidro, y esta miseria y
+esta facha!».
+
+No menos inspirado hablando que cantando, Almudena le dijo: «Tú ser _com
+la zucena_, _branca_... _Com_ palmera del _D'sierto_ cintura tuya...
+rosas y _casmines_ boca tuya... la estrella de la tarde _ojitas tuyas_.
+
+--¡María Santísima! Todavía no me había yo enterado de lo bonita que soy.
+
+--_Donzellas tudas_, _invidia_ de ti _tenier ellas_... _Hiciéronte_ manos
+Dios con _regocijación_. Loan ti ángeles con cítara.
+
+--¡San Antonio bendito!... Si quieres que te crea todas esas cosas, me
+has de hacer un favor: comer lo que te traigo. Después que tengas llena
+la barriga hablaremos, pues ahora no estás en tus cabales».
+
+Diciéndolo, iba sacando de la cesta pan, tortilla, carne fiambre y una
+botella de vino. Enumeraba las provisiones, creyendo que así le
+despertaría el apetito, y como argumento final le dijo: «Si te empeñas
+en no comer, me enfado, y no vuelvo más a verte. Despídete de mi boca de
+rosas, y de mis ojitos como las estrellas del cielo... Y luego has de
+hacer todo lo que yo te mande: volverte a Madrid, y vivir en tu casita
+como antes vivías.
+
+--Si tú casar _migo_, sí... Si no casar, no.
+
+--¿Comes o no comes? Porque yo no he venido aquí a perder el tiempo
+echándote sermones--declaró Benina desplegando toda la energía de su
+acento--. Si te empeñas en ayunar, me voy ahora mismo.
+
+--_Comier_ tú...
+
+--Los dos. He venido a verte, y a que almorcemos juntos.
+
+--¿Casar tú _migo_?
+
+--¡Ay qué pesado el hombre! Pareces un chiquillo. Me veré obligada a
+darte un par de mojicones... Ha, morito, come y aliméntate, que ya se
+tratará lo del casorio. ¿Piensas que voy yo a tomar un marido seco al
+sol, y que se va quedando como un pergamino?».
+
+Con estas y otras razones logró convencerle, y al fin el desdichado dejó
+de hacer ascos a la comida. Empezando con repulgos, acabó por devorar
+con voracidad. Pero no abandonaba su tema, y entre bocado y bocado,
+decía: «_Casar_ yo _tigo_... _dirnos terra_ mía... Yo casar por
+_arreligión_ tuya si _quierer_ tú... Tú casar por _arreligión mía_, si
+_quierer_ ella... Mí ser _d'Israel_... Bautisma jacieron mí señoritas
+_confirencia_... Poner mí nombre _Joseph Marien Almudena_...
+
+--José María de la Almudena. Si eres cristiano, no me hables a mí de
+otras _arreligiones_ malas.
+
+--No haber más que un Dios, uno solo, sólo Él--exclamó el ciego, poseído
+de exaltación mística--. Él _melecina_ a los quebrantados de corazón...
+Él contar número estrellas, y a _tudas_ ellas por nombre llama. Adoran
+_Adonai_ el animal y _tuda cuatropea_, y el pájaro de ala...
+_¡Alleluyah!_...
+
+--Hombre, sí, cantemos ahora las aleluyas para que no nos haga daño la
+comida.
+
+--Voz de _Adonai_ sobre las aguas, sobre aguas _mochas_. La voz de
+_Adonai_ con _forza_, la voz de _Adonai_ con _jermosura_. La voz de
+_Adonai_ quiebra los _alarzes_ del Lebanón y Tsión como fijos de
+unicornios... La voz de _Adonai_ corta llamas de fuego, _face_ temblar
+_D'sierto_; _fará_ temblar _Adonai D'sierto_ de Kader... La voz de
+_Adonai face_ _adoloriar_ ciervas... En palacio suyo _tudas_ decir
+_grolia_. _Adonai_ por el diluvio se asentó... _Adonai_ bendecir su
+_puelbro_ con paz...».
+
+Aún prosiguió recitando oraciones hebraicas en castellano del siglo XV,
+que en la memoria desde la infancia conservaba, y Benina le oía con
+respeto, aguardando que terminase para traerle a la realidad y sujetarle
+a la vida común. Discutieron un rato sobre la conveniencia de tornar a
+la posada de Santa Casilda; mas no parecía él dispuesto a complacerla en
+extremo tan importante, mientras no le diese ella palabra formal de
+aceptar su negra mano. Trató de explicar la atracción que, en el estado
+de su espíritu, sobre él ejercían los áridos peñascales y escombreras en
+que a la sazón se encontraba. Realmente, ni él sabía explicárselo, ni
+Benina entenderlo; pero el observador atento bien puede entrever en
+aquella singular querencia un caso de atavismo o de retroacción
+instintiva hacia la antigüedad, buscando la semejanza geográfica con las
+soledades pedregosas en que se inició la vida de la raza... ¿Es esto un
+desatino? Quizás no.
+
+
+
+
+XXIX
+
+
+Con todo su ingenio y travesura no pudo la anciana convencer al marroquí
+de la oportunidad de volverse al Madrid alto. «Y no sé--le dijo echando
+mano de todos los argumentos--, no sé cómo vas a arreglarte para vivir en
+este monte de tus penitencias. Porque tú no pides; aquí nadie ha de
+traerte el garbanzo, como no sea yo; y yo, si ahora tengo algún dinero,
+pronto me quedaré sin una mota, y tendré que volver a pedirlo con
+vergüenza. ¿Esperas tú que aquí te caiga el maná?
+
+--_Cader sí manjá_--replicó Almudena con profunda convicción.
+
+--Fíate de eso... Pero dime otra cosa, hijito: ¿habrá por aquí dinero
+enterrado?
+
+--Haber _mocha_, _mocha_.
+
+--Pues, hijo, a ver si lo sacas, que en este caso no perderías el tiempo.
+Pero ¡quia! no creo yo las papas que tú cuentas, ni las hechicerías que
+te has traído de tu tierra de infieles... No, no: aquí no hay salvación
+para el pobre; y eso de sacar tesoros, o de que le traigan a uno las
+carretadas de piedras preciosas, me parece a mí que es conversación.
+
+--Si tú casar _migo_, mí _encuentrar_ tesoro _mocha_.
+
+--Bueno, bueno... Pues ponte a trabajar para la averiguación de dónde
+está la tinaja llena de dinero. Yo vendré a sacarla, y como sea verdad,
+a casarnos tocan».
+
+Diciéndolo, recogía en su cesta los restos de comida para marcharse.
+Almudena se opuso a que se fuese tan pronto; pero ella insistía en
+retirarse, con la firmeza que gastaba en toda ocasión: «¡Pues estaría
+bueno que me quedara yo aquí, puesta al sol y al aire como un pellejo en
+secadero de curtidores! Y dime, Almudenita: ¿me vas tú a mantener aquí?
+¿Y a mi señora, quién le mantiene el pico?».
+
+Esta referencia a la casa de la señora despertó en Mordejai el recuerdo
+del _galán bunito_; y como se excitara más de la cuenta con tal motivo,
+apresurose Benina a calmarle con la noticia de que Ponte se había
+marchado ya a sus palacios aristocráticos, y de que ni ella ni su ama
+Doña Francisca querían trato ni roce con aquel viejo camastrón, que les
+había dado un mal pago, despidiéndose a la francesa, y _quedándoles a
+deber_ el pupilaje. Tragose el africano esta bola con infantil candor; y
+haciendo prometer y jurar a su amiga que a verle volvería diariamente
+mientras él continuase en aquella obligación de sus acerbas penitencias,
+la dejó marchar. Fuese Benina por arriba, prefiriendo subir hacia la
+estación, como salida más cómoda y practicable.
+
+De vuelta a casa, lo primero que su señora le preguntó fue si sabía
+cuándo regresaba de Guadalajara D. Romualdo, a lo que respondió ella que
+no se tenían aún noticias seguras del regreso del señor. Nada ocurrió
+aquel día digno de notarse, sino que Ponte mejoraba rápidamente,
+poniéndose muy gozoso con la visita de Obdulia, que estuvo cuatro horas
+platicando con él y con su mamá de cosas elegantes, y de sucesos
+rondeños anteriores en cuarenta años a la época presente. Debe hacerse
+notar también que a Benina se le iba mermando el dinero, pues comió allí
+la _niña_, y fue preciso añadir merluza al ordinario condumio, y además
+dátiles y pastas para postres. Con el gasto de aquellos días, con las
+prodigalidades caritativas en las Cambroneras, los duros que restaron
+del préstamo de la _Pitusa_, después de saldados débitos apremiantes, se
+iban reduciendo por horas, hasta quedar en uno solo, o poco más, el día
+de la tercera escapatoria al arrabal del Puente de Toledo.
+
+Es cosa averiguada que en aquella tercera excursión le salió al
+encuentro el anciano del día anterior, que dijo llamarse Silverio, y
+con él iban, formados como en línea de batalla, otros míseros habitantes
+de aquellos humildes caseríos, llevando de intérprete al hombre
+despernado, que se expresaba con soltura, como si con esta facultad le
+compensara la Naturaleza por la horrible mutilación de su cuerpo. Y fue
+y dijo, en nombre del gremio de pordioseros allí presente, que la señora
+debía distribuir sus beneficios entre todos sin distinción, pues todos
+eran igualmente acreedores a los frutos de su inmensa caridad.
+Respondioles Benina con ingenua sencillez que ella no tenía frutos ni
+cosa alguna que repartir, y que era tan pobre como ellos. Acogidas estas
+expresiones con absoluta incredulidad, y no sabiendo el lisiado qué
+oponer a ellas, pues toda su oratoria se le había consumido en el primer
+discurso, tomó la palabra el viejo Silverio, y dijo que ellos no se
+habían caído de ningún nido, y que bien a la vista estaba que la señora
+no era lo que parecía, sino una _dama disfrazada_ que, con trazas y
+pingajos de _mendiga de punto_, se iba por aquellos sitios para
+_desaminar_ la verdadera pobreza y remediarla. Tocante a esto del
+disfraz no había duda, porque ellos la conocían de años atrás. ¡Ah! y
+cuando vino, _la otra vez_, la _señora disfrazada_, a todos les había
+socorrido igualmente. Bien se acordaban él y otros de la cara y modos
+de la tal, y podían atestiguar que era la misma, la misma que en aquel
+momento estaban viendo con sus ojos y palpando con sus manos.
+
+Confirmaron todos a una voz lo dicho por el octogenario Silverio, el
+cual hubo de añadir que por santa fue tenida la señora de antes, y por
+santísima tendrían a la presente, respetando su disfraz, y poniéndose
+todos de rodillas ante ella para adorarla. Contestó Benina con gracejo
+que tan santa era ella como su abuela, y que miraran lo que decían y
+volvieran de su grave error. En efecto: había existido años atrás una
+señora muy linajuda, llamada Doña Guillermina Pacheco, corazón hermoso,
+espíritu grande, la cual andaba por el mundo repartiendo los dones de la
+caridad, y vestía humilde traje, sin faltar a la decencia, revelando en
+su modestia soberana la clase a que pertenecía. Aquella dignísima señora
+ya no vivía. Por ser demasiado buena para el mundo, Dios se la llevó al
+Cielo cuando más falta nos hacía por acá. Y aunque viviera, _amos_,
+¿cómo podía ser confundida con ella, con la infeliz Benina? A cien
+leguas se conocía en esta a una mujer de pueblo, criada de servir. Si
+por su traje pobrísimo, lleno de remiendos y zurcidos, por sus
+alpargatas rotas, no comprendían ellos la diferencia entre una cocinera
+jubilada y una señora nacida de marqueses, pues bien pudiera esta
+vestirse de máscara, en otras cosas no cabía engaño ni equivocación: por
+ejemplo, en el habla. Los que oyeron la palabra de Doña Guillermina, que
+se expresaba al igual de los mismos ángeles, ¿cómo podían confundirla
+con quien decía las cosas en lenguaje ordinario? Había nacido ella en un
+pueblo de Guadalajara, de padres labradores, viniendo a servir a Madrid
+cuando sólo contaba veinte años. Leía con dificultad, y de escritura
+estaba tan mal, que apenas ponía su nombre: _Benina de Casia_. Por este
+apellido, algunos guasones de su pueblo se burlaban de ella diciendo que
+_venía_ de Santa Rita. Total: que ella no era santa, sino muy pecadora,
+y no tenía nada que ver con la Doña Guillermina de marras, que ya gozaba
+de Dios. Era una pobre como ellos, que vivía de limosna, y se las
+gobernaba como podía para mantener a los suyos. Habíala hecho Dios
+generosa, eso sí; y si algo poseía, y encontraba personas más
+necesitadas que ella, le faltaba tiempo para desprenderse de todo... y
+tan contenta.
+
+No se dieron por convencidos los miserables, dejados de la mano de Dios,
+y alargando las suyas escuálidas, con afligidas voces pedían a Benina de
+Casia que les socorriese. Andrajosos y escuálidos niños se unieron al
+coro, y agarrándose a la falda de la infeliz alcarreña, le pedían pan,
+pan. Compadecida de tantas desdichas, fue la anciana a la tienda, compró
+una docena de panes altos, y dividiéndolos en dos, los repartió entre la
+miserable cuadrilla. La operación se dificultó en extremo, porque todos
+se abalanzaban a ella con furia, cada uno quería recibir su parte antes
+que los demás, y alguien intentó apandar dos raciones. Diríase que se
+duplicaban las manos en el momento de mayor barullo, o que salían otras
+de debajo de la tierra. Sofocada, la buena mujer tuvo que comprar más
+libretas, porque dos o tres viejas a quienes no tocó nada, ponían el
+grito en el cielo, y alborotaban el barrio con sus discordes y
+lastimeros chillidos.
+
+Ya se creía libre de tales moscones, cuando la llamó con roncas voces
+una mujer que llevaba en brazos a un niño cabezudo, monstruoso. Al punto
+en ella reconoció a la que había visto con la Burlada días antes, camino
+de la Puerta de Toledo. Pretendía la tal que Benina subiese con ella a
+un cuarto alto de la casa de corredor, donde le mostraría el más
+lastimoso cuadro que podría imaginarse. Prestose Benina a subir, porque
+más podía en ella siempre la piedad que la conveniencia, y por la
+escalera le explicaba la otra la situación de su desdichada familia. No
+era casada; pero _por lo civil_ había tenido dos niños que se le habían
+muerto de garrotillo, uno tras otro, con diferencia de seis días. Aquel
+que llevaba, de cabeza deforme, no era suyo, sino de una compañera que
+andaba con un ciego _de violín_, borracha ella, y si a mano
+venía, _tomadora_. La que contaba estas tristezas llamábase Basilisa;
+tenía a su padre baldadito, de andar en el río cogiendo anguilas, con el
+agua hasta los corvejones; a su hermana Cesárea bizmada, de los golpes
+que le dio su querido, un silbante, un golfo, un _rata_, «a quien tiene
+usted toda la noche jugando al mus en _cas_ del _Comadreja_, Mediodía
+Chica. ¿Conoce la señora ese _establecimiento_?
+
+--De nombre--dijo Benina medianamente interesada en la historia.
+
+--Pues ese sinvergüenza, tras apalear a mi hermana, nos empeñó los
+mantones y las enaguas. Debe usted de conocerle, porque otro más granuja
+no lo hay en Madrid. Le llaman por mal nombre _Si Toséis Toméis_... y
+por abreviar le decimos _Toméis_.
+
+--No le conozco... Yo no me trato con gente de esa».
+
+Subieron, y en uno de los cuartos más estrechos del corredor alto, vio
+Benina el tremendo infortunio de aquella familia. El viejo reumático
+parecía loco; en la desesperación que le causaban sus dolores,
+vociferaba, blasfemando, y Cesárea, de la inanición que la consumía,
+estaba como idiota, y no hacía más que dar azotes en las nalgas a un
+chico mocoso, lloricón, y que ponía los ojos en blanco de la fuerza de
+sus berridos y contorsiones. En medio de este desbarajuste, las dos
+mujeres expresaron a Benina que su mayor apuro, a más del hambre, era
+pagar al casero, que no las dejaba vivir, reclamando a todas horas las
+tres semanas que se debían. Contestó la anciana que, con gran
+sentimiento, no se hallaba en disposición de sacarlas del compromiso,
+por carecer de dinero, y lo único que podía ofrecerles era una peseta,
+para que se remediaran aquel día y el siguiente. Traspasado el corazón
+de lástima, se despidió de la infeliz patulea, y aunque se mostraron las
+dos mujeres agradecidas, bien se conocía que algún reconcomio se les
+quedaba dentro del cuerpo por no haber recibido el socorro que
+esperaban.
+
+En la escalera detuvieron a Benina dos vejanconas, una de las cuales le
+dijo con mal modo: «¡Vaya, que confundirla a usted con Doña
+Guillermina!... ¡Zopencos, más que burros! Si aquella era un ángel
+vestido de persona, y esta... bien se ve que es una _tía ordinaria_, que
+viene acá dándose el pisto de repartir limosnas... ¡Señora!... ¡vaya una
+señora!... apestando a cebolla cruda... y con esas manos de fregar...
+Ahora se dan santas del _pan pringao_, y... ¡a cuarto las
+imágenes; _caras de Dios_ a cuarto!».
+
+No hizo caso la buena mujer, y siguió su camino; pero en la calle, o
+como quiera que se llame aquel espacio entre casas, se vio importunada
+por sinnúmero de ciegos, mancos y paralíticos, que le pedían con tenaz
+insistencia pan, o perras con qué comprarlo. Trató de sacudirse el
+molesto enjambre; pero la seguían, la acosaban, no la dejaban andar. No
+tuvo más remedio que gastarse en pan otra peseta y repartirlo presurosa.
+Por fin, apretando el paso, logró ponerse a distancia de la enfadosa
+pobretería, y se encaminó al vertedero donde esperaba encontrar al buen
+Mordejai. En el propio sitio del día anterior estaba mi hombre
+aguardándola ansioso; y no bien se juntaron, sacó ella de la cesta los
+víveres que llevaba, y se pusieron a comer. Mas no quería Dios que
+aquella mañana le saliesen las cosas a Benina conforme a su buen corazón
+y caritativas intenciones, porque no hacía diez minutos que estaban
+comiendo, cuando observó que en el camino, debajito del vertedero, se
+reunían gitanillos maleantes, alguno que otro lisiado de mala estampa, y
+dos o tres viejas desarrapadas y furibundas. Mirando al grupo idílico
+que en la escombrera formaban la anciana y el ciego, toda aquella
+gentuza empezó a vociferar. ¿Qué decían? No era fácil entenderlo desde
+arriba. Palabras sueltas llegaban... que si era santa de pega; que si
+era una ladrona que se fingía beata para robar mejor... que si era una
+lame-cirios y chupa-lámparas... En fin, aquello se iba poniendo malo, y
+no tardó en demostrarlo una piedra, ¡pim! lanzada por mano vigorosa, y
+que Benina recibió en la paletilla... Al poco rato, ¡pim, pam! otra y
+otras. Levantáronse ambos despavoridos, y recogiendo en la cesta la
+comida, pensaron en ponerse en salvo. La _dama_ cogió por el brazo a su
+caballero y le dijo: «Vámonos, que nos matan».
+
+
+
+
+XXX
+
+
+Trepando difícilmente por el declive pedregoso, cayendo y levantándose a
+cada instante, cogidos del brazo, las cabezas gachas, huían del
+formidable tiroteo. Este llegó a ser tan intenso, que no había respiro
+entre golpe y golpe. A Benina la tocaron los proyectiles en partes
+vestidas, donde no podían hacer gran daño; pero Almudena tuvo la
+desgracia de que un guijarro le cogiese la cabeza en el momento de
+volverse para increpar al enemigo, y la descalabradura fue tremenda.
+Cuando llegaron, jadeantes y doloridos, a un sitio resguardado de la
+terrible lluvia de piedras, la herida del marroquí chorreaba sangre,
+tiñendo de rojo su faz amarilla. Lo extraño era que el descalabrado
+callaba, y la que había salido ilesa ponía el grito en el cielo,
+pidiendo rayos y centellas que confundieran a la infame cuadrilla. La
+suerte les deparó un guarda-agujas, que vivía en una caseta próxima al
+lugar del siniestro, hombre reposado y pío que, demostrando tener en
+poco a las víctimas del atentado, las acogió como buen cristiano en su
+vivienda humilde, compadecido de su desgracia. A poco llegó la guardesa,
+que también era compasiva, y lo primero que hicieron fue dar agua a
+Benina para que le lavase la herida a su compañero, y de añadidura
+sacaron vinagre, y trapos para hacer vendas. El moro no decía más que:
+«_Amri_, ¿_pieldra_ ti no?
+
+--No, hijo: no me ha tocado más que una china en el cogote, que no me ha
+hecho sangre.
+
+¿_Dolier_ ti?
+
+--Poco... no es nada.
+
+--Son los _embaixos_... _espirtos_ malos de _soterrá_.
+
+--¡Indecentes granujas! ¡Lástima de pareja de la Guardia civil, o
+siquiera del Orden!
+
+Con los procedimientos más elementales le hicieron la cura al pobre
+ciego, restañándole la sangre, y poniéndole vendas que le tapaban uno de
+los ojos; después le acostaron en el suelo, porque se le iba la cabeza y
+no podía tenerse en pie. Volvió la mendiga a sacar de su cesta el pan y
+la carne a medio comer, ofreciendo partir con sus generosos protectores;
+pero estos, en vez de aceptar, les brindaron con sardinas y unos churros
+que les habían sobrado de su almuerzo. Hubo por una y otra parte
+ofrecimientos, finuras y delicadezas, y cada cual, al fin, se quedó con
+lo suyo. Pero Benina aprovechó las buenas disposiciones de aquella
+honrada gente para proponerles que albergasen al ciego en la caseta
+hasta que ella pudiese prepararle alojamiento en Madrid. No había que
+pensar en que volviese a las Cambroneras, donde sin duda le tenían mala
+voluntad. A Madrid y a su casa de ella no podía conducirlo, porque ella
+servía en una casa, y él... En fin, que no era fácil explicarlo... y si
+los señores guarda-agujas pensaban mal de las relaciones entre Benina y
+el moro, que pensaran. «Miren ustedes--dijo la anciana viéndoles
+perplejos y desconfiados--, no poseo más dinero que esta peseta y estas
+perras. Tómenlas, y tengan aquí al pobre ciego hasta mañana. Él no les
+molestará, porque es bueno y honrado. Dormirá en este rincón con sólo
+que le den una manta vieja, y tocante a comer, de lo que ustedes
+tengan».
+
+Después de una corta vacilación aceptaron el trato, y permitiéndose dar
+un consejo a la para ellos extraña pareja, dijo el guarda: «Lo que deben
+hacer ustedes es dejarse de andar de vagancia por calles y caminos,
+donde todo es ajetreo y malos pasos, y ver de meterse o que los metan en
+un asilo, la señora en las _ancianitas_, el señor en otro recogimiento
+que hay para ciegos, y así tendrían asegurado el comer y el abrigo por
+todo el tiempo que vivieran». Nada contestó Almudena, que amaba la
+libertad, y la prefería trabajosa y miserable a la cómoda sujeción del
+asilo. Benina, por su parte, no queriendo entrar en largas
+explicaciones, ni desvanecer el error de aquella buena gente, que sin
+duda les creía asociados para la vagancia y el merodeo, se limitó a
+decir que no se recogían en un _establecimiento_ por causa de la mucha
+_existencia_ de pobres, y que sin recomendaciones y tarjetas de
+personajes no había manera de conseguir plaza. A esto respondió la
+guardesa que podrían lograr sus deseos de _recogerse_, si se entendían
+con un señor muy piadoso que anda en estas cosas de asilos; un
+sacerdote... que le llaman D. Romualdo.
+
+«¡D. Romualdo!... ¡Ah! sí, ya sé; digo, no le conozco más que de nombre.
+¿Es un señor cura, alto y guapetón, que tiene una sobrina llamada Doña
+Patros, que bizca un poco?».
+
+Al decir esto, sintió la Benina que se renovaba en su mente la extraña
+confusión y mezcolanza de lo real y lo imaginado.
+
+«Yo no sé si bizca o no bizca la sobrina...--prosiguió la guardesa--; pero
+sé que el D. Romualdo es de tierra de Guadalajara.
+
+--Es verdad... Y ahora se ha ido a su pueblo... Por cierto que le
+proponen para Obispo, y habrá ido a traer los papeles».
+
+Convinieron todos en que el D. Romualdo misterioso no vendría del pueblo
+sin traerse los papeles, y en seguida se cerró trato para el hospedaje y
+custodia de Almudena en la caseta por veinticuatro horas, dando Benina
+la peseta y perros que tenía (menos tres piezas chicas que guardó
+aparte), y comprometiéndose los otros a cuidar del ciego como si fuera
+su hijo. Aún tuvo la pobre Nina que bregar un poquito con el marroquí,
+empeñado en que le llevara _sigo_; pero al fin pudo convencerle,
+encareciéndole el peligro de que la herida de la cabeza le trajera algún
+trastorno grave si no se estaba quietecito. «_Amri_, _golver ti_
+mañana--decía el infeliz al despedirla--. Si dejar mí solo, _murierme yo
+migo_». Prometió la anciana solemnemente volver a su compañía, y se fue
+melancólica, revolviendo en su magín las tristezas de aquel día, a las
+cuales se unían presagios negros, barruntos de mayores afanes, porque se
+había quedado sin un cuarto, por dejarse llevar del ímpetu caritativo de
+su corazón dando tanta limosna. Seguramente vendrían para ella grandes
+apreturas, pues tenía que devolver pronto a la _Pitusa_ sus joyas,
+allegar recursos para mantener a la señora y a su huésped, socorrer a
+Almudena, etc... Tantas obligaciones se había echado encima, que ya no
+sabía cómo atender a ellas.
+
+Llegó a su casa, después de hacer sus compras a crédito, y encontrando a
+Frasquito muy bien, propuso a Doña Paca darle de alta, y que se fuera a
+desempeñar sus obligaciones y a ganarse la vida. Asintió a ello la
+señora, y la tristeza de ambas se aumentó con la noticia, traída por la
+criada de Obdulia, de que esta se había puesto muy malita, con alta
+fiebre, delirio, y un traqueteo de nervios que daba compasión. Allá se
+fue Benina, y después de avisar a los suegros de la señorita para que la
+atendieran, volvió a tranquilizar a la mamá. Mala tarde y peor noche
+pasaron, pensando en las dificultades y aprietos que de nuevo se les
+ofrecían, y a la siguiente mañana la infeliz mujer ocupaba su puesto en
+San Sebastián, pues no había otra manera de defenderse de tantas y tan
+complejas adversidades. Cada día mermaba su crédito, y las obligaciones
+contraídas en la calle de la Ruda, o en las tiendas de la calle
+Imperial, la abrumaban. Viose en la necesidad de salir también al
+pordioseo de tarde, y un ratito por la noche, pretextando tener que
+llevar un recado a la _niña_. En la breve campaña nocturna, sacaba
+escondido un velo negro, viejísimo, de Doña Paca, para entapujarse la
+cara; y con esto y unos espejuelos verdes que para el caso guardaba,
+hacía divinamente el tipo de señora ciega vergonzante, arrimadita a la
+esquina de la calle de Barrionuevo, atacando con quejumbroso reclamo a
+media voz a todo cristiano que pasaba. Con tal sistema, y _trabajando_
+tres veces por día, lograba reunir algunos cuartos; mas no todo lo
+necesario para sus atenciones, que no eran pocas, porque Almudena se
+había puesto mal, y seguía en la caseta de las Pulgas. Nada cobraba el
+guarda-agujas por hospedaje del infeliz moro; pero había que llevar a
+este la comida. Obdulia no entraba en caja: era forzoso asistirla de
+medicamentos y caldos, pues los suegros se llamaban Andana, y no era
+cosa de mandarla al Hospital. Tenía, pues, sobre sí la heroica mujer
+carga demasiado fuerte; pero la soportaba, y seguía con tantas cruces a
+cuestas por la empinada senda, ansiosa de llegar, si no a la cumbre, a
+donde pudiera. Si se quedaba en mitad del camino, tendría la
+satisfacción de haber cumplido con lo que su conciencia le dictaba.
+
+Por la tarde, pretextando compras, pedía en la puerta de San Justo, o
+junto al Palacio arzobispal; pero no podía entretenerse mucho, porque su
+tardanza no inquietara demasiado a la señora. Al volver una tarde de su
+petitorio, sin más _ganancia_ que una perra chica, se encontró con la
+novedad de que Doña Paca, acompañada de Frasquito, había ido a visitar a
+Obdulia. Díjole además la portera que momentos antes había subido a la
+casa un señor sacerdote, alto, de buena presencia, el cual, cansado de
+llamar, se fue, dejando un recadito en la portería.
+
+«¡Ya!... Es D. Romualdo...
+
+--Así dijo, sí, señora. Ya ha venido dos veces, y...
+
+--¿Pero se marcha otra vez a Guadalajara?
+
+--De allá vino ayer tarde. Tiene que hablar con Doña Paca, y volverá
+cuando pueda».
+
+Ya tenía Benina un espantoso lío en la cabeza con aquel dichoso clérigo,
+tan semejante, por las señas y el nombre, al suyo, al de su invención; y
+pensaba si, por milagro de Dios, habría tomado cuerpo y alma de persona
+verídica el ser creado en su fantasía por un mentir inocente, obra de
+las aflictivas circunstancias. «En fin, veremos lo que resulta de todo
+esto--se dijo subiendo pausadamente la escalera--. Bien venido sea ese
+señor cura si viene a traernos algo». Y de tal modo arraigaba en su
+mente la idea de que se convertía en real el mentido y figurado
+sacerdote alcarreño, que una noche, cuando pedía con antiparras y velo,
+creyó reconocer en una señora, que le dio dos céntimos, a la mismísima
+Doña Patros, la sobrina que bizcaba una miaja.
+
+Pues, señor, Doña Paca y Frasquito trajeron la buena noticia de que
+Obdulia se restablecía lentamente. «Mira, Nina--le dijo la viuda--: como
+quiera que sea, has de llevarle a Obdulia una botella de amontillado. A
+ver si te la fían en la tienda; y si no, busca el dinero como puedas,
+que lo que tiene la _niña_ es debilidad. La otra se mostró conforme con
+esta esplendidez, por no chocar, y se puso a hacer la cena. Taciturna
+estuvo hasta la hora de acostarse, y Doña Francisca se incomodó con ella
+porque no la entretenía, como otras veces, con festivas conversaciones.
+Sacó fuerzas de flaqueza la heroica anciana, y con su espíritu muy
+turbado, su mente llena de presagios sombríos, empezó a despotricar como
+una taravilla, para que se embelesara la señora con unas cuantas
+chanzonetas y mil tonterías imaginadas, y pudiera coger el sueño.
+
+
+
+
+XXXI
+
+
+Repuesto de su herida el ciego moro, volvió a pedir, a instancias de su
+amiga, pues no estaban los tiempos para pasarse la vida al sol tocando
+la vihuela. Las necesidades aumentaban, imponíase la dura realidad, y
+era forzoso sacar las perras del fondo de la masa humana como de un mar
+rico en tesoros de todas clases. No pudo Almudena resistir a la enérgica
+sugestión de la _dama_, y poco a poco se fue curando de aquellas
+murrias, y del delirio místico y penitencial que le desconcertó días
+antes. Convinieron, tras empeñada discusión, en trasladar _su punto_ de
+San Sebastián a San Andrés, porque Almudena conocía en esta parroquia a
+un señor clérigo muy bondadoso, que en otra ocasión le había protegido.
+Allí se fueron, pues; y aunque también en San Andrés había _Caporalas_ y
+Eliseos, con distintos nombres, por ser estos caracteres como fruto
+natural de la vida en todo grupo o familia de la sociedad humana, no
+parecían tan despóticos y altaneros como en la otra parroquia. El
+clérigo que al marroquí protegía era un joven muy listo, algo arabista
+y hebraizante, que solía echar algún párrafo con él, no tanto por
+caridad como por estudio. Una mañana observó Benina que el curita joven
+salía de la Rectoral acompañado de otro sacerdote, alto, bien parecido,
+y hablaron los dos mirando al ciego moro. Sin duda decían algo referente
+a él, a su origen, a su habla y religión endemoniadas. Después uno y
+otro clérigos en ella se fijaron, ¡qué vergüenza! ¿Qué pensarían, qué
+dirían de ella? Suponíanla quizás compañera del africano, su mujer
+quizás, su...
+
+En fin, que el presbítero alto y guapetón se fue hacia la Cava Baja, y
+el otro, el sabio, se dignó parlotear un rato con Almudena en lengua
+arábiga. Después se fue hacia Benina, y con todo miramiento le dijo:
+«Usted, _Doña Benigna_, bien podría dejarse de esta vida, que a su edad
+es tan penosa. No está bien que ande tras el moro como la soga tras el
+caldero. ¿Por qué no entra en la _Misericordia_? Ya se lo he dicho a D.
+Romualdo, y ha prometido interesarse...».
+
+Quedose atónita la buena mujer, y no supo qué contestar. Por decir algo,
+expresó su agradecimiento al Sr. de Mayoral, que así nombraban al
+clérigo erudito, y añadió que ya había reconocido en el otro señor
+sacerdote al benéfico D. Romualdo.
+
+«Ya le he dicho también--agregó Mayoral--, que es usted criada de una
+señora que vive en la calle Imperial, y prometió informarse de su
+comportamiento antes de recomendarla...».
+
+Poco más dijo, y Benina llegó al mayor grado de confusión y vértigo de
+su mente, pues el sacerdote alto y guapetón que poco antes viera,
+concordaba con el que ella, a fuerza de mencionarlo y describirlo en un
+mentir sistemático, tenía fijo en su caletre. Ganas sintió de correr por
+la Cava Baja, a ver si le encontraba, para decirle: «Sr. D. Romualdo,
+perdóneme _si le he inventado_. Yo creí que no había mal en esto. Lo
+hice porque la señora no me descubriera que salgo todos los días a pedir
+limosna para mantenerla. Y si esto de _aparecerse_ usted ahora con
+cuerpo y vida de persona es castigo mío, perdóneme Dios, que no lo
+volveré a hacer. ¿O es usted otro D. Romualdo? Para que yo salga de esta
+duda que me atormenta, hágame el favor de decirme si tiene una sobrina
+bizca, y una hermana que se llama Doña Josefa, y si le han propuesto
+para Obispo, como se merece, y ojalá fuera verdad. Dígame si es usted el
+mío, mi D. Romualdo, u otro, que yo no sé de dónde puede haber salido, y
+dígame también qué demontres tiene que hablar con la señora, y si va a
+darle las quejas porque yo he tenido el atrevimiento de _inventarle_».
+
+Esto le habría dicho, si encontrádole hubiera; pero no hubo tal
+encuentro, ni tales palabras fueron pronunciadas. Volviose a casa muy
+triste, y ya no se apartó de su mente la idea de que el benéfico
+sacerdote alcarreño no era invención suya, de que todo lo que soñamos
+tiene su existencia propia, y de que las mentiras entrañan verdades.
+Pasaron dos días en esta situación, sin más novedad que un crecimiento
+horroroso de las dificultades económicas. Con tanto pordiosear mañana y
+tarde, nunca le salía la cuenta; no había ya ningún nacido que le fiara
+valor de un real; la _Pitusa_ amenazola con _dar parte_ si no le devolvía
+en breve término sus alhajas. Faltábale ya la energía, y sus grandes
+ánimos flaqueaban; perdía la fe en la Providencia, y formaba opinión
+poco lisonjera de la caridad humana; todas sus diligencias y correrías
+para procurarse dinero, no le dieron más resultado que un duro que le
+prestó por pocos días Juliana, la mujer de Antoñito. La limosna no
+bastaba ni con mucho; en vano se privaba ella hasta de su ordinario
+alimento, para disimular en casa la escasez; en vano iba con las
+alpargatas rotas, magullándose los pies. La economía, la sordidez misma,
+eran ineficaces: no había más remedio que sucumbir y caer diciendo:
+«Llegué hasta donde pude: lo demás hágalo Dios, si quiere».
+
+Un sábado por la tarde se colmaron sus desdichas con un inesperado y
+triste incidente. Salió a pedir en San Justo: Almudena hacía lo mismo en
+la calle del Sacramento. Estrenose ella con diez céntimos, inaudito
+golpe de suerte, que consideró de buen augurio. ¡Pero cuán grande era su
+error, al fiarse de estas golosinas que nos arroja el destino adverso
+para atraernos y herirnos más cómodamente! Al poco rato del feliz
+estreno, se apareció un individuo de la ronda secreta que, empujándola
+con mal modo, le dijo: «Ea, buena mujer, eche usted a andar para
+adelante... Y vivo, vivo...
+
+--¿Qué dice?...
+
+--Que se calle y ande...
+
+--¿Pero a dónde me lleva?
+
+--Cállese usted, que le tiene más cuenta... ¡Hala! a San Bernardino.
+
+--¿Pero qué mal hago yo... señor?
+
+--¡Está usted pidiendo!... ¿No le dije a usted ayer que el señor
+Gobernador no quiere que se pida en esta calle?
+
+--Pues manténgame el señor Gobernador, que yo de hambre no he de morirme,
+por Cristo... ¡Vaya con el hombre!...
+
+--¡Calle usted, _so borracha_!... ¡Andando digo!
+
+--¡Que no me empuje!... Yo no soy _criminala_... Yo tengo familia,
+conozco quién me abone... Ea, que no voy a donde usted quiere
+llevarme...».
+
+Se arrimó a la pared; pero el fiero polizonte la despegó del arrimo con
+un empujón violentísimo. Acercáronse dos de Orden público, a los cuales
+el de la ronda mandó que la llevaran a San Bernardino, juntamente con
+toda la demás pobretería de ambos sexos que en la tal calle y callejones
+adyacentes encontraran. Aún trató Benina de ganar la voluntad de los
+guardias, mostrándose sumisa en su viva aflicción. Suplicó, lloró
+amargamente; mas lágrimas y ruegos fueron inútiles. Adelante, siempre
+adelante, llevando a retaguardia al ciego africano, que en cuanto se
+enteró de que la _recogían_, se fue hacia los del Orden, pidiéndoles que
+a él también le echasen la red, y al mismo infierno le llevaran, con tal
+que no le separasen de ella. Presión grande hubo de hacer sobre su
+espíritu la desgraciada mujer para resignarse a tan atroz desventura...
+¡Ser llevada a un recogimiento de mendigos callejeros como son
+conducidos a la cárcel los rateros y malhechores! ¡Verse imposibilitada
+de acudir a su casa a la hora de costumbre, y de atender al cuidado de
+su ama y amiga! Cuando consideraba que Doña Paca y Frasquito no tendrían
+qué comer aquella noche, su dolor llegaba al frenesí: hubiera embestido
+a los corchetes para deshacerse de ellos, si fuerzas tuviera contra dos
+hombres. Apartar no podía del pensamiento la consternación de su señora
+infeliz, cuando viera que pasaban horas, horas... y la Nina sin parecer.
+¡Jesús, Virgen Santísima! ¿Qué iba a pasar en aquella casa? Cuando no se
+hunde el mundo por sucesos tales, seguro es que no se hundirá jamás...
+Más allá de las Caballerizas trató nuevamente de enternecer con razones
+y lamentos el corazón de sus guardianes. Pero ellos cumplían una orden
+del jefe, y si no la cumplían, mediano réspice les echarían. Almudena
+callaba, andando agarradito a la falda de Benina, y no parecía
+disgustado de la recogida y conducción al depósito de mendicidad.
+
+Si lloraba la pobre postulante, no lloraba menos el cielo, concordando
+con ella en sombría tristeza, pues la llovizna que a caer empezó en el
+momento de la recogida, fue creciendo hasta ser copiosa lluvia, que la
+puso perdida de pies a cabeza. Las ropas de uno y otro mendigo
+chorreaban; el sombrero hongo de Almudena parecía la pieza superior de
+la fuente de los Tritones: poco le faltaba ya para tener verdín. El
+calzado ligero de Benina, destrozado por el mucho andar de aquellos
+días, se iba quedando a pedazos en los charcos y barrizales en que se
+metía. Cuando llegaron a San Bernardino, pensaba la anciana que mejor
+estaría descalza. «_Amri_--le dijo Almudena cuando traspasaban la triste
+puerta del Asilo Municipal--, no _yorar_ ti... Aquí bien _tigo migo_...
+No _yorar_ ti... _contentado_ mí... Dar sopa, dar pan nosotras...».
+
+En su desolación, no quiso Benina contestarle. De buena gana le habría
+dado un palo. ¿Cómo había de hacerse cargo aquel vagabundo de la razón
+con que la infeliz mujer se quejaba de su suerte? ¿Quién, sino ella,
+comprendería el desamparo de su señora, de su amiga, de su hermana, y la
+noche de ansiedad que pasaría, ignorante de lo que pasaba? Y si le
+hacían el favor de soltarla al día siguiente, ¿con qué razones, con qué
+mentiras explicaría su larga ausencia, su desaparición súbita? ¿Qué
+podía decir, ni qué invento sacar de su fecunda imaginación? Nada, nada:
+lo mejor sería desechar todo embuste, revelando el secreto de su
+mendicidad, nada vergonzosa por cierto. Pero bien podía suceder que Doña
+Francisca no lo creyese, y que se quebrantara el lazo de amistad que
+desde tan antiguo las unía; y si la señora se enojaba de veras,
+arrojándola de su lado, Nina se moriría de pena, porque no podía vivir
+sin Doña Paca, a quien amaba por sus buenas cualidades y casi casi por
+sus defectos. En fin, después de pensar en todo esto, y cuando la
+metieron en una gran sala, ahogada y fétida, donde había ya como un
+medio centenar de ancianos de ambos sexos, concluyó por echarse en los
+brazos amorosos de la resignación, diciéndose: «Sea lo que Dios quiera.
+Cuando vuelva a casa diré la verdad; y si la señora está viva para
+cuando yo llegue y no quiere creerme, que no me crea; y si se enfada,
+que se enfade; y si me despide, que me despida; y si me muero, que me
+muera».
+
+
+
+
+XXXII
+
+
+Aunque Nina no lo pensara y dijera, bien se comprenderá que el
+desasosiego y consternación de Doña Paca en aquella triste noche
+superaron a cuanto pudiera manifestar el narrador. A medida que avanzaba
+el tiempo, sin que la criada volviese al hogar, crecía la angustia del
+ama, quien, si al principio echó de menos a su compañera por la falta
+que en el orden material hacía, pronto se inquietó más, pensando en la
+desgracia que habría podido ocurrirle: cogida de coche, verbigracia, o
+muerte repentina en la calle. Procuraba el bueno de Frasquito
+tranquilizarla, pero inútilmente. Y el desteñido viejo tenía que
+callarse cuando su paisana le decía: «¡Pero si nunca ha pasado esto;
+nunca, querido Ponte! Ni una sola vez ha faltado de casa en tantísimos
+años».
+
+Surgieron dificultades graves para cenar formalmente, y nada se
+adelantaba con que las chiquillas de la cordonera se brindasen oficiosas
+a sustituir a la criada ausente. Verdad que Doña Paca perdió en absoluto
+el apetito, y lo mismo, o poco menos, le pasaba a su huésped. Pero como
+no había más remedio que tomar algo para sostener las fuerzas, ambos se
+propinaron un huevo batido en vino y unos pedacitos de pan. De dormir,
+no se hable. La señora contaba las horas, medias y cuartos de la noche
+por los relojes de la vecindad, y no hacía más que medir el pasillo de
+punta a punta, atenta a los ruidos de la escalera. Ponte no quiso ser
+menos: la galantería le obligaba a no acostarse mientras su amiga y
+protectora estuviese en vela, y para conciliar las obligaciones de
+caballero con su fatiga de convaleciente, descabezó un par de sueñecitos
+en una silla. Para esto hubo de adoptar postura violenta, haciendo
+almohada de sus brazos, cruzados sobre el respaldo, y al dormirse se le
+quedó colgando la cabeza, de lo que le sobrevino un tremendo tortícolis
+a la mañana siguiente.
+
+Al amanecer de Dios, vencida del cansancio Doña Paca, se quedó dormidita
+en un sillón. Hablaba en sueños, y su cuerpo se sacudía de rato en rato
+con estremecimientos nerviosos. Despertó sobresaltada, creyendo que
+había ladrones en la casa, y el día claro, con el vacío de la ausencia
+de Nina, le resultó más triste y solitario que la noche. Según
+Frasquito, que en esto pensaba cuerdamente, ningún rastro parecía más
+seguro que informarse de los señores en cuya casa servía Benina de
+asistenta. Ya lo había pensado también su paisana la tarde anterior;
+pero como ignoraba el número de la casa de D. Romualdo en la calle de la
+Greda, no se determinaron a emprender las averiguaciones. Por la mañana,
+habiéndose brindado el portero a inquirir el paradero de la extraviada
+sirviente, se le mandó con el encargo, y a la hora volvió diciendo que
+en ninguna portería de tal calle daban razón.
+
+Y a todas estas, no había en la casa más que algún resto de cocido del
+día anterior, casi avinagrado ya, y mendrugos de pan duro. Gracias que
+los vecinos, enterados del conflicto tan grave, ofrecieron a la ilustre
+viuda algunos víveres: este, sopas de ajo; aquel, bacalao frito; el
+otro, un huevo y media botella de peleón. No había más remedio que
+alimentarse, haciendo de tripas corazón, porque la naturaleza no espera:
+es forzoso vivir, aunque el alma se oponga, encariñada con su amiga la
+muerte. Pasaban lentas las horas del día, y tanto Ponte como su paisana
+no podían apartar su atención de todo ruido de pasos que sonaba en la
+escalera. Pero tantos desengaños sufrieron, que, al fin, rendidos y sin
+esperanza, se sentaron uno frente a otro, silenciosos, con reposo y
+gravedad de esfinges, y mirándose confirieron tácitamente la solución
+del enigma a la divina voluntad. Ya se sabría el paradero de Nina, o los
+motivos de su ausencia, cuando Dios se dignara darlos a conocer por los
+medios y caminos a que nunca alcanza nuestra previsión.
+
+Las doce serían ya, cuando sonó un fuerte campanillazo. La dama rondeña
+y el galán de Algeciras saltaron, cual muñecos de goma, en sus
+respectivos asientos. «No, no es ella--dijo Doña Paca con gran
+desaliento--. Nina no llama así».
+
+Y como quisiese Frasquito salir a la puerta le detuvo ella con una
+observación muy en su punto: «No salga usted, Ponte, que podría ser uno
+de esos gansos de la tienda que vienen a darme un mal rato. Que abra la
+niña. Celedonia, corre a abrir, y entérate bien: si es alguno que nos
+trae noticias de Nina, que pase. Si es alguien de la tienda, le dices
+que no estoy».
+
+Corrió la chiquilla, y volvió desalada al instante diciendo: «Señora, D.
+Romualdo».
+
+Efecto de gran intensidad emocional, que casi era terrorífica. Ponte dio
+varias vueltas de peonza sobre un pie, y Doña Paca se levantó y volvió
+a caer en el sillón como unas diez veces, diciendo: «Que pase... Ahora
+sabremos... ¡Dios mío, D. Romualdo en casa!... A la salita, Celedonia, a
+la salita... Me echaré la falda negra... Y no me he peinado... ¡Con qué
+facha le recibo!... Que pase, niña... Mi falda negra».
+
+Entre el algecireño y la chiquilla la vistieron de mala manera, y con la
+prisa le ponían la ropa del revés. La señora se impacientaba,
+llamándoles torpes y dando pataditas. Por fin se arregló de cualquier
+modo, pasose un peine por el pelo, y dando tumbos se fue a la salita
+donde aguardaba el sacerdote, en pie, mirando las fotografías de
+personas de la familia, única decoración de la mezquina y pobre
+estancia.
+
+«Dispénseme usted, Sr. D. Romualdo--dijo la viuda de Zapata, que de la
+emoción no podía tenerse en pie, y hubo de arrojarse en una silla,
+después de besar la mano al sacerdote--. Gracias a Dios que puedo
+manifestar a usted mi gratitud por su inagotable bondad.
+
+--Es mi obligación, señora...--repuso el clérigo un tanto sorprendido--, y
+nada tiene usted que agradecerme.
+
+--Y dígame ahora, por Dios--agregó la señora, con tanto miedo de oír una
+mala noticia, que apenas hablar podía--; dígamelo pronto. ¿Qué ha sido de
+mi pobre Nina?».
+
+Sonó este nombre en el oído del buen sacerdote como el de una perrita
+que a la señora se le había perdido.
+
+«¿No parece?...--le dijo por decir algo.
+
+--¿Pero usted no sabe...? ¡Ay, ay! Es que ha ocurrido una desgracia, y
+quiere ocultármelo, por caridad».
+
+Prorrumpió en acerbo llanto la infeliz dama, y el clérigo permanecía
+perplejo y mudo. «Señora, por piedad, no se aflija usted... Será, o no
+será lo que usted supone.
+
+--¡Nina, Nina de mi alma!
+
+--¿Es persona de su familia, de su intimidad? Explíqueme...
+
+--Si el Sr. D. Romualdo no quiere decirme la verdad por no aumentar mi
+tribulación, yo se lo agradezco infinito... Pero vale más saber... ¿O es
+que quiere darme la noticia poquito a poco, para que me impresione
+menos?...
+
+--Señora mía--dijo el sacerdote con impaciente franqueza, ávido de aclarar
+las cosas--. Yo no le traigo a usted noticias buenas ni malas de la
+persona por quien llora, ni sé qué persona es esa, ni en qué se funda
+usted para creer que yo...
+
+--Dispénseme, Sr. D. Romualdo. Pensé que la Benina, mi criada, mi amiga y
+compañera más bien, había sufrido algún grave accidente en su casa de
+usted, o al salir de ella, o en la calle, y...
+
+--¿Qué más?... Sin duda, señora Doña Francisca Juárez, hay en esto un
+error que yo debo desvanecer, diciendo a usted mi nombre: Romualdo
+Cedrón. He desempeñado durante veinte años el arciprestazgo de Santa
+María de Ronda, y vengo a manifestar a usted, por encargo expreso de los
+demás testamentarios, la última voluntad del que fue mi amigo del alma,
+Rafael García de los Antrines, que Dios tenga en su santa gloria».
+
+Si Doña Paca viera que se abría la tierra y salían de ella escuadrones
+de diablos, y que por arriba el cielo se descuajaraba, echando de sí
+legiones de ángeles, y unos y otros se juntaban formando una inmensa
+falange gloriosa y bufonesca, no se quedara más atónita y confusa.
+¡Testamento, herencia! ¿Lo que decía el clérigo era verdad, o una
+ridícula, despiadada burla? ¿Y el tal sujeto era persona real, o imagen
+fingida en la mente enferma de la dama infeliz? La lengua se le pegó al
+paladar, y miraba a D. Romualdo con aterrados ojos.
+
+«No es para que usted se asuste, señora. Al contrario: yo tengo la
+satisfacción de comunicar a Doña Francisca Juárez el término de sus
+sufrimientos. El Señor, que ha probado sin duda ya con creces su
+conformidad y resignación, quiere premiar ahora estas virtudes,
+sacándola a usted de la tristísima situación en que ha vivido tantos
+años».
+
+A doña Paca le caía un hilo de lágrimas de cada ojo, y no acertaba a
+proferir palabra. ¡Cuál sería su emoción, cuáles su sorpresa y júbilo,
+que se borró de su mente la imagen de Benina, como si la ausencia y
+pérdida de esta fuese suceso ocurrido muchos años antes!
+
+«Comprendo--prosiguió el buen sacerdote enderezando su cuerpo y
+aproximando el sillón para tocar con su mano el brazo de Doña
+Francisca--, comprendo su trastorno... No se pasa bruscamente del
+infortunio al bienestar, sin sentir una fuerte sacudida. Lo contrario
+sería peor... Y puesto que se trata de cosa importante, que debe ocupar
+con preferencia su atención, hablemos de ello, señora mía, dejando para
+después ese otro asunto que la inquieta... No debe usted afanarse tanto
+por su criada o amiga... ¡Ya parecerá!».
+
+Esta frase llevó de nuevo al espíritu de Doña Paca la idea de Nina y el
+sentimiento de su misteriosa desaparición. Notando en el _ya parecerá_
+de D. Romualdo una intención benévola y optimista, dio en creer que el
+buen señor, después que despachase el asunto principal, le hablaría del
+caso de la anciana, que sin duda no era de suma gravedad. Pronto la
+mente de la señora con rápido giro de veleta tornó a la idea de la
+herencia, y a ella se agarró, dejando lo demás en el olvido; y
+observando el presbítero su ansiedad de informes, se apresuró a
+satisfacerla.
+
+--Pues ya sabrá usted que el pobre Rafael pasó a mejor vida el 11 de
+Febrero...
+
+--No lo sabía, no, señor. Dios le haya dado su descanso... ¡ay!
+
+--Era un santo. Su único error fue abominar del matrimonio, despreciando
+los excelentes partidos que sus amigos le proponíamos. Los últimos años
+vivió en un cortijo llamado las _Higueras de Juárez_...
+
+--Lo conozco. Esa finca fue de mi abuelo.
+
+--Justamente: de D. Alejandro Juárez... Bueno: pues Rafael contrajo en
+las _Higueras_ la afección del hígado que le llevó al sepulcro a los
+cincuenta y cinco años de edad. ¡Lástima de mocetón, casi tan alto como
+yo, señora, con una musculatura no menos vigorosa que la mía, y un pecho
+como el de un toro, y aquel rostro rebosando vida!...
+
+--¡Ay!...
+
+--En nuestras cacerías del jabalí y del venado, nunca conseguí cansarle.
+Su amor propio era más fuerte que su complexión fortísima. Desafiaba los
+chubascos, el hambre y la sed... Pues vea usted aquel roble quebrarse
+como una caña. A los pocos meses de caer enfermo se le podían contar los
+huesos al través de la piel... se fue consumiendo, consumiendo...
+
+--¡Ay!...
+
+--¡Y con qué resignación llevaba su mal, y qué bien se preparó para la
+muerte, mirándola como una sentencia de Dios, contra la cual no debe
+haber protesta, sino más bien una conformidad alegre! ¡Pobre Rafael, qué
+pedazo de ángel!...
+
+--¡Ay!...
+
+--Yo no vivía ya en Ronda, porque tenía intereses en mi pueblo que me
+obligaron a fijar mi residencia en Madrid. Pero cuando supe la gravedad
+del amigo queridísimo, me planté allá... Un mes le acompañé y asistí...
+¡Qué pena!... Murió en mis brazos.
+
+--¡Ay!...».
+
+Estos ayes eran suspiros que a Doña Paca se le salían del alma, como
+pajaritos que escapan de una jaula abierta por los cuatro costados. Con
+noble sinceridad, sin dejar de acariciar en su pensamiento la probable
+herencia, se asociaba al duelo de D. Romualdo por el generoso solterón
+rondeño.
+
+«En fin, señora mía: murió como católico ferviente, después de otorgar
+testamento...
+
+--¡Ay!...
+
+--En el cual deja el tercio de sus bienes a su sobrina en segundo grado,
+Clemencia Sopelana, ¿sabe usted? la esposa de D. Rodrigo del Quintanar,
+hermano del Marqués de Guadalerce. Los otros dos tercios los destina,
+parte a una fundación piadosa, parte a mejorar la situación de algunos
+de sus parientes que, por desgracias de familia, malos negocios u otras
+adversidades y contratiempos, han venido a menos. Hallándose usted y sus
+hijos en este caso, claro está que son de los más favorecidos, y...
+
+--¡Ay!... Al fin Dios ha querido que yo no me muera sin ver el término de
+esta miseria ignominiosa. ¡Bendito sea una y mil veces el que da y quita
+los males, el Justiciero, el Misericordioso, el Santo de los
+Santos!...».
+
+Con tal efusión rompió en llanto la desdichada Doña Francisca, cruzando
+las manos y poniéndose de hinojos, que el buen sacerdote, temeroso de
+que tanta sensibilidad acabase en una pataleta, salió a la puerta, dando
+palmadas, para que viniese alguien a quien pedir un vaso de agua.
+
+
+
+
+XXXIII
+
+
+Acudió el propio Frasquito con el socorro del agua, y D. Romualdo, en
+cuanto la señora bebió y se repuso de su emoción, dijo al desmedrado
+caballero: «Si no me equivoco, tengo el honor de hablar con D. Francisco
+Ponte Delgado... natural de Algeciras... Por muchos años. ¿Es usted
+primo en tercer grado de Rafael Antrines, de cuyo fallecimiento tendrá
+noticia?
+
+--¿Falleció?... ¡Ay, no lo sabía!--replicó Ponte muy cortado--. ¡Pobre
+Rafaelito! Cuando yo estuve en Ronda el año 56, poco antes de la caída
+de Espartero, él era un niño, tamaño así. Después nos vimos en Madrid
+dos o tres veces... Él solía venir a pasar aquí temporadas de otoño; iba
+mucho al Real, y era amigo de los Ustáriz; trabajaba por Ríos Rosas en
+las elecciones, y por los Ríos Acuña... ¡Oh, pobre Rafael! ¡Excelente
+amigo, hombre sencillo y afectuoso, gran cazador!... Congeniábamos en
+todo, menos en una cosa: él era muy campesino, muy amante de la vida
+rústica, y yo detesto el campo y los arbolitos. Siempre fui hombre de
+poblaciones, de grandes poblaciones...
+
+--Siéntese usted aquí--le dijo D. Romualdo, dando tan fuerte palmetazo en
+un viejo sillón de muelles, que de él se levantó espesa nube de polvo.
+
+Un momento después, habíase enterado el galán fiambre de su
+participación en la herencia del primo Rafael, quedándose en tal manera
+turulato, que hubo de beberse, para evitar un soponcio, toda el agua que
+dejara Doña Francisca.
+
+No estará de más señalar ahora la perfecta concordancia entre la persona
+del sacerdote y su apellido Cedrón, pues por la estatura, la robustez y
+hasta por el color podía ser comparado a un corpulento cedro; que entre
+árboles y hombres, mirando los caracteres de unos y otros, también hay
+concomitancias y parentescos. Talludo es el cedro, y además, bello,
+noble, de madera un tanto quebradiza, pero grata y olorosa. Pues del
+mismo modo era D. Romualdo: grandón, fornido, atezado, y al propio
+tiempo excelente persona, de intachable conducta en lo eclesiástico,
+cazador, hombre de mundo en el grado que puede serlo un cura, de
+apacible genio, de palabra persuasiva, tolerante con las flaquezas
+humanas, caritativo, misericordioso, en suma, con los procedimientos
+metódicos y el buen arreglo que tan bien se avenían con su desahogada
+posición. Vestía con pulcritud, sin alardes de elegancia; fumaba sin
+tasa buenos puros, y comía y bebía todo lo que demandaba el
+sostenimiento de tan fuerte osamenta y de musculatura tan recia. Enormes
+pies y manos correspondían a su corpulencia. Sus facciones bastas y
+abultadas no carecían de hermosura, por la proporción y buen dibujo;
+hermosura de mascarón escultórico, miguel-angelesco, para decorar una
+imposta, ménsula o el centro de una cartela, echando de la boca
+guirnaldas y festones.
+
+Entrando en pormenores, que los herederos de Rafael anhelaban conocer,
+Cedrón les dio noticias prolijas del testamento, que tanto Doña Paca
+como Ponte oyeron con la religiosa atención que fácilmente se supone.
+Eran testamentarios, además del Sr. Cedrón, D. Sandalio Maturana y el
+Marqués de Guadalerce. En la parte que a las dos personas allí presentes
+interesaba, disponía Rafael lo siguiente: a Obdulia y a Antoñito, hijos
+de su primo Antonio Zapata, les dejaba el cortijo de Almoraima, pero
+sólo en usufructo. Los testamentarios les entregarían el producto de
+aquella finca, que dividida en dos mitades pasaría a los herederos del
+Antonio y de la Obdulia, al fallecimiento de estos. A Doña Francisca y a
+Ponte les asignaba pensión vitalicia, como a otros muchos parientes, con
+la renta de títulos de la Deuda, que constituían una de las principales
+riquezas del testador.
+
+Oyendo estas cosas, Frasquito se atusaba sobre la oreja los ahuecados
+mechones de su melena, sin darse un segundo de reposo. Doña Francisca,
+en verdad, no sabía lo que le pasaba: creía soñar. En un acceso de
+febril júbilo, salió al pasillo gritando: «¡Nina, Nina, ven y
+entérate!... ¡Ya somos ricas!... ¡digo, ya no somos pobres!...».
+
+Pronto acudió a su mente el recuerdo de la desaparición de su criada, y
+volviendo al lado de Cedrón, le dijo entre sollozos: «Perdóneme; ya no
+me acordaba de que he perdido a la compañera de mi vida...
+
+--Ya parecerá--repitió el clérigo, y también Frasquito, como un eco:
+
+--Ya parecerá.
+
+--Si se hubiera muerto--indicó Doña Francisca--, creo que la intensidad de
+mi alegría la haría resucitar.
+
+--Ya hablaremos de esa señora--dijo Cedrón--. Antes acabe de enterarse de
+lo que tanto le interesa. Los testamentarios, atentos a que usted, lo
+mismo que el señor, se hallan en situación muy precaria, por causas que
+no quiero examinar ahora, ni hay para qué, han decidido... para eso y
+para mucho más les autoriza el testador, dándoles facultades
+omnímodas... han decidido, mientras se pone en regla todo lo
+concerniente al testamento, liquidación para el pago de derechos reales,
+_etcétera_, _etcétera_... han decidido, digo...».
+
+Doña Paca y Frasquito, de tanto contener el aliento, hallábanse ya
+próximos a la asfixia.
+
+«Han decidido, mejor dicho, decidieron o decidimos... de esto hace dos
+meses... señalar a ustedes la cantidad mensual de cincuenta duros como
+asignación provisional, o si se quiere anticipo, hasta que determinemos
+la cifra exacta de la pensión. ¿Está comprendido?
+
+--Sí, señor; sí, señor... comprendido, perfectamente comprendido--clamaron
+los dos al unísono.
+
+--Antes hubieran uno y otro recibido este jicarazo--dijo el clérigo--; pero
+me ha costado un trabajo enorme averiguar dónde residían. Creo que he
+preguntado a medio Madrid... y por fin... No ha sido poca suerte
+encontrar juntas en esta casa a las dos _piezas_, perdonen el término de
+caza, que vengo persiguiendo como un azacán desde hace tantos días».
+
+Doña Paca le besó la mano derecha, y Frasquito Ponte la izquierda. Ambos
+lagrimeaban.
+
+«Dos meses de pensión han devengado ustedes ya, y ahora nos pondremos de
+acuerdo para las formalidades que han de llenarse, a fin de que uno y
+otro perciban desde luego...».
+
+Llegó a creer Ponte que hacía una rápida ascensión en globo, y se agarró
+con fuerza a los brazos del sillón, como el aeronauta a los bordes de la
+barquilla.
+
+«Estamos a sus órdenes--manifestó Doña Francisca en alta voz; y para sí--:
+Esto no puede ser; esto es un sueño».
+
+La idea de que no pudiera Nina enterarse de tanta felicidad, enturbió la
+que en aquel momento inundaba su alma. A este pensamiento hubo de
+responder, por misteriosa concatenación, el de Ponte Delgado, que dijo:
+«¡Lástima que Nina, ese ángel, no esté presente!... Pero no debemos
+suponer que le haya pasado ningún accidente grave. ¿Verdad, Sr. D.
+Romualdo? Ello habrá sido...
+
+--Me dice el corazón que está buena y sana, que volverá hoy...--declaró
+Doña Paca con ardiente optimismo, viendo todas las cosas envueltas en
+rosado celaje--. Por cierto que... Perdone usted, señor mío: hay tal
+confusión en mi pobre cabeza... Decía que... Al anunciarse el señor D.
+Romualdo en mi casa, yo creí, fijándome sólo en el nombre, que era usted
+el dignísimo sacerdote en cuya casa es asistenta mi Benina. ¿Me
+equivoco?
+
+--Creo que sí.
+
+--Es propio de las grandes almas caritativas esconderse, negar su propia
+personalidad, para de este modo huir del agradecimiento y de la
+publicidad de sus virtudes... Vamos a cuentas, Sr. D. Romualdo, y hágame
+el favor de no hacer misterio de sus grandes virtudes. ¿Es cierto que
+por la fama de estas le proponen para obispo?
+
+--¡A mí!... No ha llegado a mí noticia.
+
+--¿Es usted de Guadalajara o su provincia?
+
+--Sí, señora.
+
+--¿Tiene usted una sobrina llamada Doña Patros?
+
+--No, señora.
+
+--¿Dice usted la misa en San Sebastián?
+
+--No, señora: la digo en San Andrés.
+
+--¿Y tampoco es cierto que hace días le regalaron a usted un conejo de
+campo?...
+
+--Podría ser... ja, ja... pero no recuerdo...
+
+--Sea como fuere, Sr. D. Romualdo, usted me asegura que no conoce a mi
+Benina.
+
+--Creo... vamos, no puedo asegurar que me es desconocida, señora mía.
+Antójaseme que la he visto.
+
+--¡Oh! bien decía yo que... Sr. de Cedrón, ¡qué alegría me da!
+
+--Tenga usted calma. Veamos: ¿esa Benina es una mujer vestida de negro,
+así como de sesenta años, con una verruga en la frente?...
+
+--La misma, la misma, Sr. D. Romualdo: muy modosita, algo vivaracha, a
+pesar de su edad.
+
+--Más señas: pide limosna, y anda por ahí con un ciego africano llamado
+Almudena.
+
+--¡Jesús!--exclamó con estupefacción y susto Doña Paca--. Eso no, ¡válgame
+Dios! eso no... Veo que no la conoce usted».
+
+Y con una mirada puso por testigo a Frasquito de la veracidad de su
+denegación. Miró también Ponte al clérigo, después a la señora,
+atormentado por ciertas dudas que inquietaron su conciencia. «Benina es
+un ángel--se permitió decir tímidamente--. Pida o no pida limosna, y esto
+yo no lo sé, es un ángel, palabra de honor.
+
+--¡Quite usted allá!... ¡Pedir mi Benina... y andar por esas calles con
+un ciego!...
+
+--Moro, por más señas--indicó D. Romualdo.
+
+--Yo debo manifestar--dijo Ponte con honrada sinceridad--, que no hace
+muchos días, pasando yo por la Plaza del Progreso, la vi sentada al pie
+de la estatua, en compañía de un mendigo ciego, que por el tipo me
+pareció... oriundo del Riff».
+
+El aturdimiento, el vértigo mental de Doña Paca fueron tan grandes, que
+su alegría se trocó súbitamente en tristeza, y dio en creer que cuanto
+decían allí era ilusión de sus oídos; ficticios los seres con quienes
+hablaba, y mentira todo, empezando por la herencia. Temía un despertar
+lúgubre. Cerrando los ojos, se dijo: «¡Dios mío, sácame de tan terrible
+duda; arráncame esta idea!... ¿Es esto mentira, es esto verdad? ¡Yo
+heredera de Rafaelito Antrines; yo con medios de vivir!... ¡Nina
+pidiendo limosna; Nina con un riffeño!...
+
+--Bueno--exclamó al fin con súbito arranque--. Pues viva Nina, y viva con
+su moro, y con toda la morería de Argel, y véala yo, y vuelva a casa,
+aunque se traiga al africano metido en la cesta».
+
+Echose a reír D. Romualdo, y explicando el cuándo y cómo de conocer a
+Benina, dijo que por un amigo suyo, coadjutor en San Andrés, clérigo de
+mucha ilustración y humanista muy aprovechado, que picaba en las lenguas
+orientales, había conocido al árabe Almudena. Con él vio a una mujer que
+le acompañaba, de la cual le dijeron que a una señora viuda servía,
+andaluza por más señas, habitante en la calle Imperial. «No pude menos
+de relacionar estas referencias con la señora Doña Francisca Juárez, a
+quien yo no había tenido el gusto de ver todavía, y hoy, al oír a usted
+lamentarse de la desaparición de su criada, pensé y dije para mí: «Si la
+mujer que se ha perdido es la que yo creo, busquemos el caldero y
+encontraremos la soga; busquemos al moro, y encontraremos a la odalisca;
+digo, a esa que llaman ustedes...
+
+--Benigna de Casia... de Casia, sí, señor, de donde viene la broma de que
+es parienta de Santa Rita».
+
+Añadió el Sr. de Cedrón que, no por sus merecimientos, sino por la
+confianza con que le distinguían los fundadores del Asilo de ancianos y
+ancianas de _la Misericordia_, era patrono y mayordomo mayor del mismo;
+y como a él se dirigían las solicitudes de ingreso, no daba un paso por
+la calle sin que le acometieran mendigos importunos, y se veía
+continuamente asediado de recomendaciones y tarjetazos pidiendo la
+admisión. «Podríamos creer--añadió--, que es nuestro país inmensa gusanera
+de pobres, y que debemos hacer de la nación un Asilo sin fin, donde
+quepamos todos, desde el primero al último. Al paso que vamos, pronto
+seremos el más grande Hospicio de Europa... He recordado esto, porque mi
+amigo Mayoral, el cleriguito aficionado a letras orientales, me habló de
+recoger en nuestro Asilo a la compañera de Almudena.
+
+--Yo le suplico a usted, mi Sr. D. Romualdo--dijo Doña Francisca
+enteramente trastornada ya--, que no crea nada de eso; que no haga ningún
+caso de las Beninas figuradas que puedan salir por ahí, y se atenga a la
+propia y legítima Nina; a la que va de asistenta a su casa de usted
+todas las mañanas, recibiendo allí tantos beneficios, como los he
+recibido yo por conducto de ella. Esta es la verdadera; esta la que
+hemos de buscar y encontraremos con la ayuda del Sr. de Cedrón y de su
+digna hermana Doña Josefa, y de su sobrina Doña Patros... Usted me
+negará que la conoce, por hacer un misterio de su virtud y santidad;
+pero esto no le vale, no señor. A mí me consta que es usted santo, y que
+no quiere que le descubran sus secretos de caridad sublime; y como me
+consta, lo digo. Busquemos, pues, a Nina, y cuando a mi compañía vuelva,
+gritaremos las dos: ¡Santo, santo, santo!».
+
+Sacó en limpio de esta perorata el Sr. de Cedrón que Doña Francisca
+Juárez no tenía la cabeza buena; y creyendo que las explicaciones y el
+contender sobre lo mismo no atenuarían su trastorno, puso punto final en
+aquel asunto, y se despidió, quedando en volver al día siguiente para el
+examen de papeles, y la entrega, mediante recibo en regla, de las
+cantidades devengadas ya por los herederos.
+
+Duró largo rato la despedida, porque tanto Doña Paca como Frasquito
+repitieron, en el tránsito desde la salita a la escalera, sus
+expresiones de gratitud como unas cuarenta veces, con igual número de
+besos, más bien más que menos, en la mano del sacerdote. Y cuando
+desapareció por las escaleras abajo el gran Cedrón, y se vieron solos de
+puerta adentro la dama rondeña y el galán de Algeciras, dijo ella:
+«Frasquito de mi alma, ¿es verdad todo esto?
+
+--Eso mismo iba yo a preguntar a usted... ¿Estaremos soñando? ¿Usted qué
+cree?
+
+--¿Yo?... no sé... no puedo pensar... Me falta la inteligencia, me falta
+la memoria, me falta el juicio, me falta Nina.
+
+--A mí también me falta algo... No sé discurrir.
+
+--¿Nos habremos vuelto tontos o locos?...
+
+--Lo que yo digo: ¿por qué nos niega D. Romualdo que su sobrina se llama
+Patros, que le proponen para Obispo, y que le regalaron un conejo?
+
+--Lo del conejo no lo negó... dispense usted. Dijo que no se acordaba.
+
+--Es verdad... ¿Y si ahora, el D. Romualdo que acabamos de ver nos
+resultase un ser figurado, una creación de la hechicería o de las artes
+infernales... vamos, que se nos evaporara y convirtiera en humo,
+resultando todo una ilusión, una sombra, un desvarío?...
+
+--¡Señora, por la Virgen Santísima!
+
+--¿Y si no volviese más?
+
+--¡Si no volviese!... ¡Que no vuelve, que no nos entregará la...
+los...!».
+
+Al decir esto, la cara fláccida y desmayada del buen Frasquito expresaba
+un terror trágico. Se pasó la mano por los ojos, y lanzando un graznido,
+cayó en el sillón con un accidente cerebral, semejante al de la noche
+lúgubre, entre las calles de Irlandeses y Mediodía Grande.
+
+
+
+
+XXXIV
+
+
+Gracias a los cuidados de Doña Paca, asistida de las chicas de la
+cordonera, pronto se repuso Ponte de aquella nueva manifestación de su
+mal, y al anochecer, conversando con la dama rondeña, convinieron ambos
+en que D. Romualdo Cedrón era un ser efectivo, y la herencia una verdad
+incuestionable. No obstante, entre la vida y la muerte estuvieron hasta
+el siguiente día, en que se les apareció por segunda vez la imagen del
+benéfico sacerdote, acompañado de un notario, que resultó antiguo
+conocimiento de Doña Francisca Juárez de Zapata. Arreglado el asunto,
+previo examen de papeles, en lo que no hubo dificultad, recibieron los
+herederos de Rafaelito Antrines, a cuenta de su pensión, cantidad de
+billetes de Banco que a entrambos pareció fabulosa, por causa, sin duda,
+de la absoluta limpieza de sus respectivas arcas. La posesión del
+dinero, acontecimiento inaudito en aquellos tristes años de su vida,
+produjo en Doña Paca un efecto psicológico muy extraño: se le anubló la
+inteligencia; perdió hasta la noción del tiempo; no encontraba palabras
+con qué expresar las ideas, y estas zumbaban en su cabeza como las
+moscas cuando se estrellan contra un cristal, queriendo atravesarlo para
+pasar de la obscuridad a la luz. Quiso hablar de su Nina, y dijo mil
+disparates. Como se oye un rumor de lejanas disputas, de las cuales sólo
+se perciben sílabas y voces sueltas, oía que Frasquito y los otros dos
+señores hablaban del asunto; creyó entender que la fugitiva parecería,
+que ya se había encontrado el rastro, pero nada más... Los tres hombres
+estaban en pie, el notario junto a Cedrón. Chiquitín y con perfil de
+cotorra, parecía un perico que se dispone a encaramarse por el tronco de
+un árbol.
+
+Despidiéronse al fin los amables señores con ofrecimientos y cortesanías
+afectuosas, y solos la rondeña y el de Algeciras, se entretuvieron,
+durante mediano rato, en dar vueltas de una parte a otra de la casa,
+entrando sin objeto ni fin alguno, ya en la cocina, ya en el comedor,
+para salir al instante, cambiando alguna frase nerviosa cuando uno con
+otro se tropezaban. Doña Paca, la verdad sea dicha, sentía que se le
+aguaba la felicidad por no poder hacer partícipe de ella a su compañera
+y sostén en tantos años de penuria. ¡Ah! Si Nina entrara en aquel
+momento, ¡qué gusto tendría su ama en darle la gran sorpresa,
+mostrándose primero muy afligida por la falta de cuartos, y enseñándole
+después el puñado de billetes! ¡Qué cara pondría! ¡Cómo se le alargarían
+los dientes! ¡Y qué cosas haría con aquel montón de metálico! Vamos, que
+Dios, digan lo que dijeren, no hace nunca las cosas completas. Así en lo
+malo como en lo bueno, siempre se deja un rabillo, para que lo desuelle
+el destino. En las mayores calamidades, permite siempre un suspiro; en
+las dichas que su misericordia concede, _se le olvida_ siempre algún
+detalle, cuya falta _lo echa todo a perder_.
+
+En uno de aquellos encuentros, de la sala a la cocina y de la cocina a
+la alcoba, propuso Ponte a su paisana celebrar el suceso yéndose los dos
+a comer de fonda. Él la convidaría gustoso, correspondiendo con tan
+corto obsequio a su generosa hospitalidad. Respondió Doña Francisca que
+ella no se presentaría en sitios públicos mientras no pudiera hacerlo
+con la decencia de ropa que le correspondía; y como su amigo le dijera
+que comiendo fuera de casa se ahorraba la molestia de cocinar en la
+propia sin más ayuda que las chiquillas de la cordonera, manifestó la
+dama que, mientras no volviese Nina, no encendería lumbre, y que todo
+cuanto necesitase lo mandaría traer de casa de Botín. Por cierto que se
+le iba despertando el apetito de manjares buenos y bien condimentados...
+¡Ya era tiempo, Señor! Tantos años de forzados ayunos, bien merecían que
+se cantara el _¡alleluya!_ de la resurrección. «Ea, Celedonia, ponte tu
+falda nueva, que vas a casa de Botín. Te apuntaré en un papelito lo que
+quiero, para que no te equivoques». Dicho y hecho. ¿Y qué menos había de
+pedir la señora, para hacer boca en aquel día fausto, que dos gallinas
+asadas, cuatro pescadillas fritas y un buen trozo de solomillo, con la
+ayuda de jamón en dulce, huevo hilado, y acompañamiento de una docena
+de bartolillos?... ¡Hala!
+
+No logró la dama, con este anuncio de un reparador banquete, sujetar la
+imaginación y la voluntad de Frasquito, que desde que tomó el dinero se
+sentía devorado por un ansia loca de salir a la calle, de correr, de
+volar, pues alas creyó que le nacían. «Yo, señora, tengo que hacer esta
+tarde... Me es imprescindible salir... Además, necesito que me dé un
+poco el aire... Siento así como un poco de mareo. Me conviene el
+ejercicio, crea usted que me conviene... También me urge mucho avistarme
+con mi sastre, aunque no sea más que para ponerme al tanto de las modas
+que ahora corren, y ver de preparar alguna prenda... Soy muy
+dificultoso, y tardo mucho en decidirme por esta o la otra tela.
+
+--Sí, sí, vaya a sus diligencias; pero no se corra mucho, y vea en este
+suceso feliz, como lo veo yo, una lección que nos da la Providencia. Por
+mi parte, me declaro convencida de lo buenos que son el orden y el
+arreglo, y hago propósito firme de apuntar todo, todito lo que gasto.
+
+--Y el ingreso también... Lo mismo haré yo, es decir, lo he hecho; pero
+no me ha valido, crea usted, amiga de mi alma, que no me ha valido.
+
+--Teniendo renta segura, el toque está en acomodar las entradas a las
+salidas, y no extralimitarse... Por Dios, querido Ponte, no hagamos
+otra vez la barbaridad de reírnos del balance y de la... Ahora reconozco
+que Trujillo tiene razón.
+
+--Más balances he hecho yo, señora, que pelos tengo en la cabeza, y
+también le digo a usted que no me han valido más que para calentarme la
+_ídem_.
+
+--Ya que Dios nos ha favorecido, seamos ordenados: yo me atrevería a
+rogar a usted que, si no le sirve de molestia y _va de compras_, me
+traiga un libro de contabilidad, agenda, o como se llame».
+
+¡Pues no faltaba más! No un libro, sino media docena le traería
+Frasquito con mil amores; y prometiéndolo así, se lanzó a la calle,
+ávido de aire, de luz, de ver gente, de recrearse en cosas y personas.
+Del tirón, andando maquinalmente, se fue hasta el Paseo de Atocha, sin
+darse cuenta de ello. Luego volvió hacia arriba, porque más le gustaba
+verse entre casas que entre árboles. Francamente, los árboles le eran
+antipáticos, sin duda porque, pasando junto a ellos en horas de
+desesperación, creía que le ofrecían sus ramas para que se ahorcara.
+Internándose en las calles sin dirección fija, contemplaba los
+escaparates de sastre, con exhibición de hermosas telas; los de corbatas
+y de camisería elegante. No dejaba de echar también un vistazo a los
+_restaurants_, y en general a todas las tiendas, que en su larga vida de
+penuria bochornosa había mirado con desconsuelo.
+
+Pasó en esta vagancia dichosa algunas horas, sin cansancio. Sentíase
+fuerte, saludable, y hasta robusto. Miraba cariñoso, o con cierto
+airecillo de protección, a cuantas mujeres hermosas o aceptables a su
+lado pasaban. Un escaparate de perfumería de buen tono le sugirió una
+idea feliz: había echado sus canas al aire de una manera indecorosa, sin
+aliñarlas y componerlas con el negro disimulo del tinte, y aquella
+hermosa tienda le ofrecía ocasión de remediar tan grave falta,
+inaugurando allí la campaña de restauración de su existencia, que debía
+comenzar por la restauración de su averiado rostro. Allí cambió, pues,
+el primer billete de la _resma_ que le diera D. Romualdo Cedrón; después
+de hacerse presentar diferentes artículos, hizo provisión abundante de
+los que creía más necesarios, y pagando sin regateo, ordenó que le
+llevasen a la casa de Doña Francisca el voluminoso paquete de sus
+compras de droguería olorosa y colorante.
+
+Al salir de allí, pensaba en la conveniencia de procurarse pronto una
+casa de huéspedes decente y no muy cara, apropiada a la pensión que
+disfrutaba, pues de ningún modo se excedería en sus gastos. A los
+dormitorios de Bernarda no volvería más, como no fuera a pagarle las
+siete noches debidas, y a decirle cuatro verdades. Y divagando y
+haciendo risueños cálculos, llegó la hora en que el estómago empezó a
+indicarle que no se vive sólo de ilusiones. Problema: ¿dónde comería? La
+idea de meterse en un _restaurant_ de los buenos fue prontamente
+desechada. Imposible presentarse hecho un tipo. ¿Iría, siguiendo la
+rutina de sus tiempos miserables, al figón de Boto? ¡Oh, no!... Siempre
+le habían visto allí teñido. Extrañarían verle en repentina vejez, lleno
+de canas... Por fin, acordándose de que debía al honrado Boto un
+piquillo de anteriores comistrajos, creyó que debía ir allí, y
+corresponder con un pago puntual a la confianza del dueño del
+establecimiento, dándole la excusa de su grave enfermedad, que bien
+claramente en su despintado rostro se pintaba. Encaminó sus pasos a la
+calle del Ave María, y entró un poquillo avergonzado en la taberna,
+haciendo como que se sonaba, al atravesar la pieza exterior, para
+taparse la cara con el pañuelo. Estrecho y ahogado es aquel recinto para
+la mucha parroquia que a él concurre, atraída por la baratura y buen
+condimento de los guisotes que allí se despachan. A la taberna,
+propiamente dicha, no muy grande, sigue un pasillo angosto, donde
+también hay mesa, con su banco pegado a la pared, y luego una estancia
+reducida y baja de techo a la cual se sube por dos escalones, con dos
+mesas largas a un lado y otro, sin más espacio entre ambas que el
+preciso para que entre y salga el chiquillo que sirve. En esta parte del
+establecimiento se ponía siempre Ponte, creyéndose allí más apartado de
+la curiosidad y el fisgoneo de los consumidores, y ocupaba el hueco de
+mesa que veía libre, si en efecto lo había, pues se daban casos de estar
+todo completo, y los parroquianos como sardinas en banasta.
+
+Aquella tarde, noche ya, se coló Frasquito en el departamento interior
+con buena suerte, pues no había dentro más que tres personas, y una de
+las mesas estaba vacía. Sentose en el rincón, junto a la puerta, sitio
+muy recogido, en el cual no era fácil que le vieran desde _el público_,
+es decir, desde la taberna, y... Otro problema: ¿qué pediría?
+Ordinariamente, el aflictivo estado de su peculio le obligaba a
+limitarse a un real de guisado, que con pan y vino representaba un gasto
+total de cuarenta céntimos, o a igual ración de bacalao en salsa. Uno u
+otro condumio, con el pan alto, que aprovechaba hasta la última miga,
+comiéndoselo con el caldo y la racioncita de vino, le ofrecían una
+alimentación suficiente y sabrosa. En ciertos días solía cambiar el
+guiso por el estofado, y en ocasiones muy contadas, por la pepitoria.
+Callos, caracoles, albóndigas y otras porquerías, jamás las probó.
+
+Bueno: pues aquella noche pidió al chico relación completa de lo que
+había, y mostrándose indeciso, como persona desganada que no encuentra
+manjar bastante incitante para despertar su apetito, se resolvió por la
+pepitoria. «¿Le duelen a usted las muelas, Sr. de Ponte?--preguntole el
+chico, viendo que no se quitaba el pañuelo de la cara.
+
+--Sí, hijo... un dolor horrible. No me traigas pan alto, sino francés».
+
+Frente a Frasquito se sentaban dos que comían guisado, en un solo plato
+grande, ración de dos reales, y más allá, en el ángulo opuesto, un
+individuo que despachaba pausada y metódicamente una ración de
+caracoles. Era verdaderamente el tal una máquina para comerlos, porque
+para cada pieza empleaba de un modo invariable los mismos movimientos de
+la boca, de las manos y hasta de los ojos. Cogía el molusco, lo sacaba
+con un palito, se lo metía en la boca, chupaba después el agüilla
+contenida en la cáscara, y al hacer esto dirigía una mirada rencorosa a
+Frasquito Ponte; luego dejaba la cáscara vacía y cogía otra llena, para
+repetir la misma función, siempre a compás, con igualdad de gestos y
+mohines al sacar el bicho, y al comerlo, con igualdad de miradas: una
+de simpatía hacia el caracol en el momento de cogerlo; otra de rencor
+hacia Frasquito en el momento de chupar.
+
+Pasó tiempo, y el hombre aquel, de rostro jimioso y figura mezquina,
+continuaba acumulando cáscaras vacías en un montoncillo, que crecía
+conforme mermaba el de las llenas; y Ponte, que le tenía delante,
+principiaba a inquietarse de las miradas furibundas que como figurilla
+mecánica de caja de música le echaba, a cada vuelta de manubrio, el
+comedor de caracoles.
+
+
+
+
+XXXV
+
+
+Sentía Ponte Delgado vivas ganas de pedir explicaciones al tipo aquel
+por su mirar impertinente. La causa de este no podía ser otra que la
+novedad que Frasquito ofrecía al público con el despintado de su rostro,
+y el buen caballero se decía: «¿Pero qué le importa a nadie que yo me
+_arregle_ o deje de _arreglarme_? Yo hago de mi fisonomía lo que me da
+la gana, y no estoy obligado a dar gusto a los señores, presentándoles
+siempre la misma cara. Con la vieja, lo mismo que con la joven, sé yo
+hacerme respetar y dejar bien puesto mi decoro». Ya se proponía
+contraponer al mirar cargantísimo de aquel punto una ojeada de
+desprecio, cuando el de los caracoles, vaciado, comido y chupado el
+último, y puesta la cáscara en su sitio, pagó el gasto; se colocó en los
+hombros la capa, que se le había caído; encasquetose la gorrilla, y
+levantándose se fue derecho al desteñido caballero, y con muy buen modo
+le dijo: «Sr. de Ponte, perdóneme que le haga una pregunta».
+
+Por el tono cordial del individuo, comprendió Frasquito que era un
+infeliz, de estos que expresan con el modo de mirar todo lo contrario de
+lo que son.
+
+«Usted dirá...
+
+--Perdóneme, Sr. de Ponte... Quería saber, siempre que usted no lo lleve
+a mal, si es verdad que Antonio Zapata y su hermana han tenido una
+herencia de _tantismos_ millones.
+
+--Hombre, tanto como de millones, no creo... Diré a usted: mi parte en la
+herencia, como la que también disfruta Doña Francisca Juárez, no pasa de
+una pensión, cuya cuantía no sabemos aún a punto fijo. Pero podré darle
+a usted dentro de poco noticias exactas. ¿Por casualidad es usted
+periodista?
+
+--No, señor: soy pintor heráldico.
+
+--¡Ah! Yo creí que era usted de estos que averiguan cosas para ponerlas
+en los periódicos.
+
+--Lo que yo pongo es anuncios. Porque como el arte heráldico está tan por
+los suelos, me dedico al corretaje de reclamos y avisos... Antonio y yo
+trabajamos en competencia, y nos hacemos una guerra espantosa. Por eso,
+al saber que Zapata es rico, quiero que usted influya con él para que me
+traspase sus negocios. Soy viudo y tengo seis hijos».
+
+Al decir esto, poniendo en su tono tanta sinceridad como hombría de
+bien, clavaba en el rostro de su interlocutor una mirada semejante a la
+del asesino en el momento de dar el golpe a su víctima. Antes de que
+Ponte le contestara, prosiguió diciendo: «Yo sé que usted es amigo de la
+familia, y que _habla_ con Doña Obdulia... Y a propósito: Doña Obdulia,
+o su señora madre, ahora que son ricas, querrán _sacar título_. Yo que
+ellas lo sacaría, siendo, como son, de la Grandeza de España. Pues que
+no se olvide usted de mí, Sr. de Ponte... Aquí tiene mi tarjeta. Yo les
+compongo el escudo y el árbol genealógico, y la ejecutoria en letra
+antigua, con iniciales en purpurina, a menor precio que se lo haría el
+pintor más pintado. Puede usted juzgar de mi trabajo por los modelos que
+tengo en casa.
+
+--Yo no puedo asegurarle a usted--dijo Frasquito dándose mucha
+importancia, con un palillo entre los dientes--, que saquen título ni que
+no saquen título. Nobleza les sobra para ello por los cuatro costados,
+pues así los Juárez, como los Zapatas, y los Delgados y Pontes, son de
+lo más alcurniado de Andalucía.
+
+--Los Pontes tienen una puente sínople sobre gules, y cuarteles de azur y
+oro...
+
+--Verdad... Por mi parte no pienso sacar título, ni mi herencia es para
+tanto... Esas señoras, no sé... Obdulia merece ser Duquesa, y lo es por
+la figura y el tono, aunque no se decida a ponerse la corona. De
+Emperatriz le corresponde, como hay Dios. En fin, yo no me meto... Y
+dejando a un lado la heráldica, vamos a otra cosa».
+
+En esto, el de los caracoles se había sentado junto a Frasquito, y con
+su mirar siniestro era el terror de los parroquianos que les rodeaban.
+
+«Puesto que usted se dedica al corretaje de anuncios, ¿podría indicarme
+una buena casa de huéspedes?...
+
+--Precisamente hoy _he hecho_ dos... Aquí las tengo en mi cartera
+para _Imparcial_ y _Liberal_. Entérese usted... Son de lo bueno:
+'habitaciones hermosas, comida a la francesa, cinco platos... treinta
+reales'.
+
+--Me convendría más barata... de catorce o diez y seis reales.
+
+--También las _hago_... Mañana podré darle una lista de seis lo menos,
+todas de confianza».
+
+Les cortó el diálogo la aparición repentina de Antonio Zapata, que entró
+sofocado, metiendo ruido, bromeando a gritos con el dueño del
+establecimiento y con varios parroquianos. Subió al cuarto interior, y
+tirando sobre la mesa la voluminosa cartera que llevaba, y echándose
+atrás el sombrero, se sentó junto a Frasquito y el de los caracoles.
+
+«¡Vaya una tarde, caballeros, vaya una tarde!--exclamó fatigado; y al
+chiquillo que servía le dijo--: No tomo nada. He comido ya... Mi señora
+madre nos ha metido en el cuerpo una gallina a mi mujer y a mí... y
+encima tira de _Champagne_... y tira de bartolillos.
+
+--¡Chico, quién te tose ahora!...--le dijo el de los caracoles, la palabra
+dulce, el mirar terrorífico--. Y es preciso que me des pronto una razón:
+¿me cedes o no me cedes tu negocio?
+
+--¡Buena se puso mi mujer cuando le propuse no trabajar más! Creí que me
+mordía y que me sacaba los ojos. Nada: que seguiremos lo mismo, ella en
+su máquina, yo en mis anuncios, porque eso de la herencia no sabemos qué
+pateta será... Amigo Ponte, ¿conoce usted esa finca de la Almoraima?
+¿Cuánto nos dará de renta?
+
+--No puedo precisarlo--replicó Frasquito--. Sé que es una magnífica
+posesión, con monte, potrero, tierras de sembradura, _ainda mais_, el
+mejor puesto de Andalucía para codornices, cuando van a pasar el
+Estrecho.
+
+--Allá nos iremos una temporada... Pero mi mujer, ni _pa Dios_ quiere que
+deje yo este oficio de pateta. Aguántate por ahora, Polidura, que con mi
+Juliana no se juega: le tengo más miedo que a una leona con hambre... Y
+cuéntame, ¿qué has hecho hoy?... ¡Ah! ya no me acordaba: mi madre quiere
+comprar una araña...
+
+--¡Una araña!
+
+--Sí, hombre, o lámpara colgante para el comedor. Me ha dicho si sabemos
+de alguna buena y vistosa, de lance...
+
+--Sí, sí--replicó Polidura--. En la almoneda de la calle de Campomanes la
+tenemos.
+
+--Otra... También quiere saber si se proporcionarán alfombras de moqueta
+y terciopelo en buen uso.
+
+--Eso, en la almoneda de la Plaza de Celenque. Aquí lo tengo: 'Todo el
+mobiliario de una casa. Horas, de una a tres. No se admiten prenderos'.
+
+--Mi hermana, que, entre paréntesis, se zampó esta tarde media gallina,
+lo que quiere es un landó de cinco luces...
+
+--¡Atiza!
+
+--Yo he aconsejado a Obdulia--indicó Frasquito con gravedad--, que no
+tenga cocheras, que se entienda con un alquilador.
+
+--Claro... Pero no dará _pa_ tanto el cortijo de pateta. ¡Landó de cinco
+luces! Y que tiren de él las burras de leche del _señó_ Jacinto».
+
+Soltó la risa Polidura; mas notando que al algecireño le sabían mal
+aquellas bromas, quiso variar de conversación al instante. El
+desvergonzado Antonio Zapata se permitió decir a Ponte: «Con franqueza,
+D. Frasco: creo que está usted mejor así.
+
+--¿Cómo?
+
+--Sin betún. Bonita figura de caballero anciano y respetable. Convénzase
+de que con el tinte no consigue usted parecer joven; lo que parece es...
+un féretro.
+
+--Querido Antonio--replicó Ponte haciendo repulgos con boca y nariz para
+disimular su ira, y figurar que seguía la broma--, nos gusta a los viejos
+espantar a los muchachos para que... para que nos dejen en paz. Los
+chicos del día, por querer saberlo todo, no saben nada...».
+
+El pobre señor, azarado, no sabía qué decir. Sus tonterías
+envalentonaron a Zapata, que prosiguió mortificándole:
+
+«Y ahora que estamos en fondos, amigo Ponte, lo primero que tiene usted
+que hacer es jubilar el _sarcófago_.
+
+--¿Qué?
+
+--El sombrero de copa que tiene usted para los días de fiesta, y que es
+de la moda que se gastaba cuando ahorcaron a Riego.
+
+--¿Qué entiende usted de modas? Estas se renuevan, y las formas de ayer
+vuelven a _llevarse_ mañana.
+
+--Así será en la ropa; pero en las personas, el que pasó, pasado se
+queda. No le quedan a usted más que los _pinreles_. Los juanetes que
+debía tener en ellos, se le han subido a la cabeza... Sí, sí... yo digo
+que usted piensa con los callos».
+
+Ya le faltaba poco a Frasquito para estallar en ira, y de fijo le
+hubiera tirado a la cabeza el plato, el vaso de vino y hasta la mesa, si
+Polidura no tratara de atenuar la maleante burla con estas palabras
+conciliadoras: «Cállate, tonto, que el Sr. de Ponte no ha entrado en
+_Villavieja_, y lleva sus añitos mejor que nosotros.
+
+--No es viejo, no... Es de _cuando Fernando VII gastaba paletot_... Pero,
+en fin, si se ofende, me callo... Sr. de Ponte, sabe que se le quiere, y
+que si gasto estas bromas es por pasar el rato. No haga usted caso,
+_maestro_, y hablemos de otra cosa.
+
+--Sus chanzas son un poco impertinentes--dijo Frasquito con dignidad--, y
+si quiere, irrespetuosas... Pero es usted un chiquillo, y...
+
+--_¡Pata!_... Ea, se acabó. Voy a preguntarle una cosa, respetable Sr.
+de Ponte: ¿en qué empleará usted los primeros cuartos de la pensión?
+
+--En una obra de justicia y de caridad. Le compraré unas botas a Benina
+cuando parezca, si parece, y un traje nuevo.
+
+--Pues yo le compraré un vestido de odalisca. Es lo que le cuadra, desde
+que se ha dedicado a la vida mora.
+
+--¿Qué dice usted? ¿Se sabe dónde está ese ángel?
+
+--Ese ángel está en el Pardo, que es el Paraíso a donde son llevados los
+angelitos que piden limosna sin licencia.
+
+--Bromas de usted.
+
+--¡Humoradas de la vida, Sr. de Ponte! Yo sabía que la Nina se arrimaba a
+la puerta de San Sebastián, por pescar algún ochavo... La necesidad es
+terrible consejera. ¡Cuando la pobre Nina lo hacía!... Pero yo no supe
+hasta hoy que anda emparejada con un moro ciego, y que de ahí le viene
+su perdición.
+
+--¿Está usted seguro de lo que dice?
+
+--Lo he visto. A mamá no he querido decirle nada, porque no se disguste;
+pero... ya estoy al tanto. En una redada que echaron los policías,
+cogieron a Nina y al otro, y les zamparon en San Bernardino. De allí me
+les empaquetaron para el Pardo, de donde me mandó Nina un papelito,
+diciéndome que _haga un empeño_ para que la suelten... Veréis lo que
+hice esta mañana: alquilé una bicicleta y me fui al Pardo... Antes que
+se me olvide: si sabe mi mujer que he paseado en bicicleta, tendremos
+bronca en casa. Tú, Polidura, ten cuidado de no venderme: ya sabes cómo
+las gasta Juliana... Pues sigo: me planté allá, y la vi: la pobre está
+descalza y con los trapitos en jirones. Da pena verla. El moro es tan
+celoso, ¡Dios! que cuando me oyó hablar con ella se puso frenético, y me
+quiso pegar... '_Galán bunito_--decía--, _mí matar galán bunito_'. Por no
+escandalizar, no le di un par de morradas...
+
+--Yo no creo que Benina, a sus años...--indicó Frasquito tímidamente.
+
+--¿Qué ha de hacer usted más que encontrar muy naturales los pinitos de
+los ancianos?
+
+--En fin--dijo Polidura, arrojando todo el furor de su mirada sobre
+Antonio--, haz por sacarla. Habrá que buscar un empeño en el Gobierno
+civil.
+
+--Sí, sí... Gestionemos inmediatamente--propuso Ponte--. ¿Será todavía
+Gobernador _Pepe Alcañices_?
+
+--¡Hombre, por Dios! ¿Quién dice? ¿El Duque de Sexto? Usted se empeña en
+no pasar del año de _la Nanita_.
+
+--Si eso es del tiempo de la guerra de África, Sr. de Ponte, o poco
+después--afirmó el de los caracoles--. Yo me acuerdo... cuando la unión
+liberal... Era Ministro de la Gobernación D. José Posada Herrera. Yo
+estaba en _La Iberia_ con Calvo Asensio, Carlos Rubio y D. Práxedes...
+Pues apenas ha llovido desde entonces...
+
+--Sea lo que quiera, señores--añadió Frasquito poniéndose en la realidad--,
+hay que sacar a Nina...
+
+--Hay que sacarla.
+
+--Con su morito a rastras. Mañana mismo iré a ver a un amigo que tengo en
+la Delegación... Pero no se olviden: tú, Polidura, ten cuidado y no
+_metas la pata_... Si sabe Juliana que alquilé la bicicleta, ya tengo
+_máquina_ para un semestre.
+
+--¿Va usted a volver al Pardo?...
+
+--Puede. ¿Y usted, maneja el pedal?
+
+--No lo he probado. En todo caso, yo iría a caballo.
+
+--Anda, anda, y qué calladito se lo tenía. ¿Monta usted a la inglesa o a
+la española?
+
+--Yo no sé... Sólo sé que monto bien. ¿Quiere usted verlo?
+
+--Hombre, sí... Vaya, una apuestita: si no se rompe usted la cabeza, pago
+el alquiler del caballo.
+
+--Y si usted no se desnuca en la máquina, la pago yo.
+
+--Convenido. ¿Y tú, Polidura?
+
+--¿Yo?... en el coche de San Francisco.
+
+--Pues allá los tres. _Sus_ convido a caracoles.
+
+--Yo convido a lo que quieran--dijo Frasquito levantándose--; y si
+conseguimos traernos a Nina y al riffeño, convite general.
+
+--El _disloque_...».
+
+
+
+
+XXXVI
+
+
+No se consolaba Doña Paca de la ausencia de Nina, ni aun viéndose
+rodeada de sus hijos, que fueron a participar de su ventura, y a darle
+parte principal de la que ellos saboreaban con la herencia. Con aquel
+cambio de impresiones placenteras, fácilmente se transportaba el
+espíritu de la buena señora al séptimo cielo, donde se le aparecían
+risueños horizontes; pero no tardaba en caer en la realidad, sintiendo
+el vacío por la falta de su compañera de trabajos. En vano la volandera
+imaginación de Obdulia quería llevársela, cogida por los cabellos, a dar
+volteretas en la región de lo ideal. Dejábase conducir Doña Francisca,
+por su natural afición a estas correrías; pero pronto se volvía para
+acá, dejando a la otra, desmelenada y jadeante, de nube en nube y de
+cielo en cielo. Había propuesto la _niña_ a su mamá vivir juntas, con el
+decoro que su posición les permitía. _De hecho_ se separaba de Luquitas,
+señalándole una pensión para que viviera; tomarían un hotel con jardín;
+se abonarían a dos o tres teatros; buscarían relaciones y amistades de
+gente distinguida... «Hija, no te corras tanto, que aún no sabes lo que
+te rentará tu mitad de la Almoraima; y aunque yo, por lo que recuerdo de
+esa hermosa finca, calculo que no será un grano de anís, bueno es que
+sepas qué tamaño ha de tener la sábana antes de estirar la pierna».
+
+Al decir esto, hablaba la viuda de Zapata con las ideas de la práctica
+Nina, que se renovaban en su mente y en ella lucían como las estrellas
+en el Cielo. Por de pronto, Obdulia dejó su casa de la calle de la
+Cabeza, instalándose con su madre, movida del propósito de buscar pronto
+vivienda mejor, nuevecita y en sitio alegre, hasta que llegara el día de
+sentar sus reales en el hotel que ambicionaba. Aunque más moderada que
+su hija en el prurito de grandezas, sin duda por el vapuleo con que la
+domara la implacable experiencia, Doña Paca se iba también del seguro, y
+creyéndose razonable, dejábase vencer de la tentación de adquirir
+superfluidades dispendiosas. Se le había metido entre ceja y ceja la
+compra de una buena lámpara para el comedor, y hasta que viese
+satisfecho su capricho, no podía tener sosiego la pobre señora. El
+maldito Polidura le proporcionó el _negocio_, encajándole un disforme
+mamotreto, que apenas cabía en la casa, y que, colgado en su sitio,
+tocaba en la mesa con sus colgajos de cristal. Como pronto habían de
+tener casa de techos altos, esto no era inconveniente. También le hizo
+adquirir el de los caracoles unos muebles chapeados de palosanto, y
+algunas alfombras buenas, que tuvieron el acierto de no colocar,
+extendiendo sólo retazos allí donde cabían, para darse el gusto de pisar
+en blando.
+
+Obdulia no cesaba de dar pellizcos al tesoro de su mamá para adquirir
+tiestos de bonitas plantas, en los próximos puestos de la Plazuela de
+Santa Cruz, y en dos días puso la casa que daba gloria verla: los sucios
+pasillos se trocaron en vergeles, y la sala en risueño pensil. En
+previsión de la vida de hotel, adquirió también plantas decorativas de
+gran tamaño, latanias, palmitos, _ficus_ y helechos arborescentes. Veía
+Doña Francisca con gozo la irrupción del reino vegetal en su triste
+morada, y ante tanta belleza, sentía emociones propiamente infantiles,
+como si al cabo de la vejez volviera a jugar con los nacimientos.
+«¡Benditas sean las flores--decía, paseándose por sus encantados
+jardines--, que dan alegría a las casas, y bendito sea Dios, que si no
+nos permite disfrutar del campo, nos consiente, _por poco dinero_, que
+traigamos el campo a casa!».
+
+Todo el día se lo pasaba Obdulia cuidando sus macetas, y tanto las
+regaba, que en algún momento faltó poco para que se hiciera preciso
+atravesar a nado el trayecto desde la salita al comedor. Ponte la
+incitaba con sus ponderaciones y aspavientos a seguir comprando flores,
+y a convertir su casa en Jardín Botánico, o poco menos. Por cierto que
+el primero y segundo día de aquella vida nueva, tuvo que reñir Doña Paca
+al buen Frasquito, porque siempre que salía se le olvidaba llevarle el
+libro de cuentas que le había encargado. El galán manido se disculpaba
+con la muchedumbre de sus ocupaciones, hasta que una tarde entró con
+diversos paquetes de compras, y la dama rondeña vio entre estos el
+libro, del cual se apoderó al instante con ganas de inaugurar en él la
+cuenta y razón de un porvenir dichoso. «Pasaré en seguida todo lo que
+tengo apuntado en este papelito--dijo--: lo que se trae de casa de Botín,
+la araña, las alfombras, varias cosillas... medicamentos... en fin,
+todito. Y ahora, hija mía, a ver cómo me das nota clara de tanta y tanta
+flor, para apuntarlas _ce_ por _be_, sin que se escape ni una hoja... Pon
+mucho cuidado para que salga el balance... ¿Verdad, Frasquito, que tiene
+que salir el balance?».
+
+Curiosa, como hembra, no pudo menos de guluzmear en los paquetes que
+llevó Ponte. «¿A ver qué trae usted ahí? Mire que no he de permitirle
+tirar el dinero. Veamos: un hongo claro... Bien, me parece muy bien. A
+buen gusto nadie le gana. Botas altas... ¡Hombre, qué elegantes! Vaya un
+pie: ya querrían muchas mujeres... Corbatas: dos, tres... Mira, Obdulia,
+qué bonita esta verde con motas amarillas. Un cinturón que parece un
+corsé--faja. Bueno debe de ser esto para evitar que crezca el vientre...
+Y esto ¿qué es?... ¡Ah! espuelas. Pero Frasquito, por Dios, ¿para qué
+quiere usted espuelas?
+
+--Ya... es que va a salir a caballo--dijo Obdulia gozosa--. ¿Pasará por
+aquí? ¡Ay, qué pena no verle!... ¿Pero a quién se le ocurre vivir en
+este cuartucho interior, sin un solo agujero a la calle?
+
+--Cállate, mujer, pediremos a la vecina, Doña Justa, la profesora de
+partos, que nos permita pasar y asomarnos cuando el caballero nos ronde
+la calle... ¡Ay, pobre Nina, cuánto se alegraría también de verle!».
+
+Explicó Ponte Delgado su inopinado renacer a la vida hípica, por el
+compromiso en que se veía de ir al Pardo en excursión de recreo con
+varios amigos, _de la mejor sociedad_. Él solo iba a caballo; los demás,
+a pie o en bicicleta. De las distintas clases de _sport_ o _deportes_
+hablaron un rato con grande animación, hasta que les interrumpió la
+entrada de Juliana, la mujer de Antonio, que desde la noticia de la
+herencia frecuentaba el trato de su suegra y cuñada. Era mujer garbosa,
+simpática, viva de genio, de tez blanca y magnífico pelo negro, peinado
+con arte. Cubría su cuerpo con mantón alfombrado, y la cabeza con
+pañuelo de seda de cuarteles chillones; calzaba preciosas botinas, y sus
+bajos denotaban limpieza y un buen avío de ropa. «¿Pero esto es el
+Retiro, o la Alameda de Osuna?--dijo al ver el enorme follaje de arbustos
+y flores--. ¿A qué viene tanta _vegetación_?
+
+--Caprichos de Obdulia--replicó Doña Paca, que se sentía dominada por el
+carácter, ya enérgico, ya bromista, de su graciosa nuera--. Esta
+monomanía de hacer de mi casa un bosque, me está costando un dineral.
+
+--Doña Paca--le dijo su nuera cogiéndola sola en el comedor--, no sea usted
+tan débil de natural, y déjese guiar por mí, que no he de engañarla. Si
+hace caso de las bobadas de Obdulia, pronto se verá usted tan perdida
+como antes, porque no hay pensión que baste cuando falta el arreglo. Yo
+suprimiría el bosque y las fieras... dígolo por ese orangután mal
+_pintao_ que han traído ustedes a casa, y que deben poner en la calle
+más pronto que la vista.
+
+--El pobre Ponte se va mañana a su casa de huéspedes.
+
+--Déjese llevar por mí, que entiendo del gobierno de una casa... Y no me
+salga con la matraca del librito de llevar cuentas. La persona que tiene
+el arreglo en su cabeza, no necesita apuntar nada. Yo no sé hacer un
+número, y ya ve cómo me las compongo. Siga mi consejo: múdese a un
+cuarto baratito, y viva como una pensionista de circunstancias, sin
+echar humos ni ponerse a farolear. Haga lo que yo, que me estoy donde
+estaba, y no dejaré mi trabajo hasta que no vea claro eso de la
+herencia, y me entere de lo que da de sí el cortijo. Quítele a su hija
+de la cabeza lo del hotel si no quieren verse por puertas, y tome una
+criada que les guise, y ataje el chorro de dinero que se va todos los
+días a la tienda de Botín».
+
+Conforme con estas ideas se mostraba Doña Francisca, asintiendo a todo,
+sin atreverse a contradecirla ni a oponer una sola objeción a tan
+juiciosos consejos. Sentíase oprimida bajo la autoridad que las ideas de
+Juliana revelaban con sólo expresarse, y ni la ribeteadora se daba
+cuenta de su influjo gobernante, ni la suegra de la pasividad con que se
+sometía. Era el eterno predominio de la voluntad sobre el capricho, y de
+la razón sobre la insensatez.
+
+«Esperando que vuelva Nina--indicó tímidamente la señora--, he pedido a
+Botín...
+
+--No piense usted más en la Nina, Doña Paca, ni cuente con ella aunque
+la encontremos, que ya lo voy dudando. Es muy buena, pero ya está
+caduca, mayormente, y no le sirve a usted para nada. Además, ¿quién nos
+dice que quiere volver, si sabemos que por su voluntad se ha ido? Le
+gusta andar de pingo, y no hará usted carrera de ella como la prive de
+estarse la mitad del día tomando medida a las calles».
+
+Para no perder ripio, insistió Juliana en la recomendación que ya había
+hecho a su suegra de una buena criada para todo. Era su prima Hilaria,
+joven, fuerte, limpia y hacendosa... y de fiel no se dijera. Ya vería
+pronto la _diferiencia_ entre la honradez de Hilaria y las rapiñas de
+otras.
+
+«¡Ay!... Pero es muy buena la Nina--exclamó Doña Paca, rebulléndose bajo
+las garras de la ribeteadora, para defender a su amiga.
+
+--Muy buena, sí, y debemos socorrerla... No faltaba más... darle de
+comer... Pero créame, Doña Paca, no hará usted nada de provecho sin mi
+prima. Y para que no dude más, y se quite quebraderos de cabeza, esta
+misma tarde, anochecido, se la mando.
+
+--Bueno, hija, que venga, y se encargará de la casa... Y a propósito:
+aquí hay una gallina asada que se va a perder. Ya me indigesta tanta
+gallina. ¿Quieres llevártela?
+
+--¿Cómo no? Venga.
+
+--También quedaron cuatro chuletas. Ponte ha comido fuera.
+
+--Vengan.
+
+--¿Te lo mando con Hilaria?
+
+--No, que me lo llevo yo misma. Vamos a ver cómo me arreglo. Lo pongo
+todo en un plato, y el plato en una servilleta... así; agarro mis cuatro
+puntas...
+
+--¿Y este pedazo de pastel?... Es riquísimo.
+
+--Lo envuelvo en un periódico, y ¡hala, que es tarde! Y toda esta fruta,
+¿para qué la quiere? Pues apenas ha traído manzanas y naranjas... Deme
+acá... las pongo en mi pañuelo...
+
+--Vas a ir cargada como un burro.
+
+--No importa... ¡A lo que estamos, tuerta! Mañana vendré por aquí, a ver
+cómo anda esto, y a decirle a usted lo que tiene que hacer... Pero,
+cuidadito, que no salgamos con echarse en el surco y volver a las
+andadas. Porque si mi señora suegra se tuerce en cuanto yo vuelva la
+espalda, y empieza a derrochar y hacer disparates...
+
+--No, no, hija... ¡Qué cosas tienes!
+
+--Claro, que si se me dice tanto así, yo no me meto en nada. Con su pan
+se lo coma, y cada palo aguante su vela. Pero yo quiero que usted tenga
+_conduta_ y no pase malos ratos, ni se vea, como hasta ahora, entre las
+uñas de los usureros.
+
+--¡Ay, si cuanto dices es la pura razón! Tú sí que sabes, tú sí que
+vales, Juliana. Cierto que tienes el geniecillo un poco fuerte; pero
+¿quién no ha de alabártelo, si con ese _ten con ten_ has domado a mi
+Antonio? De un perdido has hecho un hombre de bien.
+
+--Porque no me achico; porque desde el primer día le administré el
+bautismo de los cinco mandamientos; porque le chillo en cuanto le veo
+cerdear un poco; porque le hago andar derecho como un huso, y me tiene
+más miedo que los ladrones a la Guardia civil.
+
+--¡Y cómo te quiere!
+
+--Es natural. Se hace una querer del marido, enjaretándose los calzones
+como me los enjareto yo... Así se gobiernan las casas chicas y las
+grandes, señora, y el mundo.
+
+--¡Qué salero tienes!
+
+--Alguna sal me ha puesto Dios, sobre todo en la mollera. Ya lo irá usted
+conociendo. Ea, que me marcho. Tengo que hacer en casa».
+
+Mientras esto hablaban suegra y nuera, en la salita Obdulia y Ponte
+departían acerca de aquella, diciendo la _niña_ que jamás perdonaría a
+su hermano haber traído a la familia una persona tan ordinaria como
+Juliana, que decía _diferiencia_, _petril_ y otras barbaridades. No
+harían nunca buenas migas. Al despedirse, Juliana dio besos a Obdulia, y
+a Frasquito un apretón de manos, ofreciéndose a plancharle las
+camisolas, al precio corriente, y a _volverle_ la ropa, por lo mismo o
+menos de lo que le llevaría el sastre más barato. Además, también sabía
+ella cortar _para hombre_; y si quería probarlo, encargárale un traje,
+que de fijo no saldría menos elegante que el que le hicieran los
+cortadores de portal que a él le vestían. Toda la ropa de su Antonio se
+la hacía ella, y que dijeran si andaba mal el chico... ¡a ver! Pues a su
+tío Bonifacio le había hecho una americana que estrenó para ir al pueblo
+(Cadalso de los Vidrios) el día del Santo, y tanto gustó allí la prenda,
+que se la pidió prestada el alcalde para cortar otra por ella. Dio las
+gracias Ponte, mostrándose escéptico, con galantería, en lo concerniente
+a las aptitudes de las señoras para la confección de ropa masculina, y
+la despidieron todos en la puerta, ayudándola a cargarse los diversos
+bultos, atadijos y paquetes que gozosa llevaba.
+
+
+
+
+XXXVII
+
+
+No queriendo ser Obdulia inferior a su cuñada, ni aparecer en la casa
+con menos autoridad y mangoneo que la intrusa chulita, dijo a su madre
+que no podrían arreglarse decorosamente con una criada _para todo_, y
+pues Juliana impuso la cocinera, ella imponía la doncella... ¡así!
+Discutieron un rato, y tales razones dio la niña en apoyo de la nueva
+funcionaria, que no tuvo más remedio Doña Francisca que reconocer su
+necesidad. Sí, sí: ¿cómo se habían de pasar sin doncella? Para
+desempeñar cargo tan importante, había elegido ya Obdulia a una muchacha
+finísima educada en el servicio de casas grandes, y que se hallaba libre
+a la sazón, viviendo con la familia del dorador y adornista de la
+Empresa fúnebre. Llamábase Daniela, era una preciosidad por la figura, y
+un portento de actividad hacendosa. En fin, que Doña Paca, con tal
+pintura, deseaba que fuese pronto la doncella fina para recrearse en el
+servicio que le había de prestar.
+
+Por la noche llegó Hilaria, que se inauguró dando a Doña Francisca un
+recado de Juliana, el cual parecía más bien una orden. Decía su prima
+que no pensara la señora en hacer más compras, y que cuando notase la
+falta de alguna cosa necesaria, le avisase a ella, que sabía como nadie
+tratar el género, y _sacarlo_ bueno y arreglado. Ítem: que reservase la
+señora la mitad lo menos del dinero de la pensión, para ir desempeñando
+las infinitas prendas de ropa y objetos diversos que estaban en
+_Peñíscola_, dando la preferencia a las papeletas cuyo vencimiento
+estuviese al caer, y así en pocos meses podría recobrar sin fin de cosas
+de mucha utilidad. Celebró Doña Paca la feliz advertencia de Juliana,
+que era la previsión misma, y ofreció seguirla puntualmente, o más bien
+obedecerla. Como tenía la cabeza tan mareada, efecto de los inauditos
+acontecimientos de aquellos días, de la ausencia de Benina, y ¿por qué
+no decirlo? del olor de las flores que embalsamaban la casa, no le había
+pasado por las mientes el revisar las resmas de papeletas que en varios
+cartapacios guardaba como oro en paño. Pero ya lo haría, sí señora, ya
+lo haría... y si Juliana quería encargarse de comisión tan fastidiosa
+como el desempeñar, mejor que mejor. Contestó la nueva cocinera que lo
+mismo servía ella para el caso que su prima, y acto continuo empezó a
+disponer la cena, que fue muy del gusto de Doña Paca y de Obdulia.
+
+Al día siguiente se agregó a la familia la doncella; y tan necesarios
+creían hija y madre sus servicios, que ambas se maravillaban de haber
+vivido tanto tiempo sin echarlos de menos. El éxito de Daniela el primer
+día fue, pues, tan franco y notorio como el de Hilaria. Todo lo hacía
+bien, con arte y presteza, adivinando los gustos y deseos de las señoras
+para satisfacerlos al instante. ¡Y qué buenos modos, qué dulce agrado,
+qué humildad y ganas de complacer! Diríase que una y otra joven
+trabajaban desafiadas y en competencia, apostando a cuál conquistaría
+más pronto la voluntad de sus amas. Doña Francisca estaba en sus
+glorias, y lo único que la afligía era la estrechez de la habitación, en
+la cual las cuatro mujeres apenas podían revolverse.
+
+Juliana, la verdad sea dicha, no vio con buenos ojos la entrada de la
+doncella, que maldita la falta que hacía; pero por no chocar tan pronto,
+no dijo nada, reservándose el propósito de plantarla en la calle cuando
+se consolidase un poco más el dominio que había empezado a ejercer. En
+otras materias aconsejó y llevó a la práctica disposiciones tan
+atinadas, que la misma Obdulia hubo de reconocerla como maestra en arte
+de gobierno. Ocupábanse además en buscarles casa; pero con tales
+condiciones de comodidad, ventilación y baratura la quería, que no era
+fácil decidirse hasta no revolver bien todo Madrid. Claro es que
+Frasquito ya se había ido con viento fresco a su casa de pupilos
+(Concepción Jerónima, 37), y tan contento el hombre. No tenía Doña Paca
+habitación para él, y aun acomodarle en el pasillo habría sido difícil,
+por estar lleno de plantas tropicales y alpestres; además, no era
+pertinente ni decoroso que un señor reputado por elegante y algo
+calavera, viviese en compañía de cuatro mujeres solas, tres de las
+cuales eran jóvenes y bonitas. Fiel a la estimación que a Doña Francisca
+debía, la visitaba Ponte diariamente mañana y tarde, y un sábado anunció
+para el siguiente domingo la excursión al Pardo, en que se proponía
+reverdecer sus aficiones y habilidades caballerescas.
+
+¡Con qué placer y curiosidad salieron las cuatro al balcón prestado del
+vecino para ver al jinete! Pasó muy gallardo y tieso en un caballote
+grandísimo, y saludó y dio varias vueltas, parando el caballo y haciendo
+mil monerías. Agitaba Obdulia su pañuelo, y Doña Paca, en la efusión de
+su amistoso cariño, no pudo menos de gritarle desde arriba: «Por Dios,
+Frasquito, tenga mucho cuidado con esa bestia, no vaya a tirarle al
+suelo y a darnos un disgusto».
+
+Picó espuelas el diestro jinete, trotando hacia la calle de Toledo para
+tomar la de Segovia y seguir por la Ronda hasta incorporarse con sus
+amigos en la Puerta de San Vicente. Cuatro jóvenes de buen humor
+formaban con Antonio Zapata la partida de ciclistas en aquella excursión
+alegre, y en cuanto divisaron a Ponte y su gigantesca cabalgadura,
+saludáronle con vítores y cuchufletas. Antes de partir en dirección a la
+Puerta de Hierro, hablaron Frasquito y Zapata del asunto que
+principalmente les reunía, diciendo este que al fin, con no pocas
+dificultades, había conseguido la orden para que fuesen puestos en
+libertad Benina y su moro. Partieron gozosos, y a lo largo de la
+carretera empezó el _match_ entre el jinete del caballo de carne y los
+del de hierro, animándose y provocándose recíprocamente con alegres
+voces e imprecaciones familiares. Uno de los ciclistas, que era campeón
+laureado, iba y venía, adelantándose a los otros, y todos corrían más
+veloces que el jamelgo de Frasquito, quien tenía buen cuidado de no
+hacer locuras, manteniéndose en un paso y trote moderados.
+
+Nada les ocurrió en el viaje de ida. Reunidos allá con Polidura y otros
+amigos pedestres, que habían salido con la fresca, almorzaron gozosos,
+pagando por mitad, según convenio, Frasquito y Antonio; visitaron
+rápidamente el recogimiento de pobres, sacaron a los cautivos, y a la
+tarde se volvieron a Madrid, echando por delante a Benina y Almudena. No
+quiso Dios que la vuelta fuese tan feliz como la ida, porque uno de los
+ciclistas, llamado, y no por mal nombre, _Pedro Minio_, de la piel del
+diablo, había empinado el codo más de la cuenta en el almuerzo, y dio en
+hacer gracias con la máquina, metiéndose y sacándose por angosturas
+peligrosas, hasta que en uno de aquellos pasos fue a estrellarse contra
+un árbol, y se estropeó una mano y un pie, quedándose inutilizado para
+continuar _pedaleando_. No pararon aquí las desdichas, y más acá de la
+Puerta de Hierro, ya cerca de los Viveros, el corcel de Frasquito, que
+sin duda estaba ya cargado del vertiginoso girar con que las bicicletas
+pasaban y repasaban delante de sus ojos, sintiéndose además mal
+gobernado, quiso emanciparse de un jinete ridículo y fastidioso. Pasaron
+unas carretas de bueyes con carga de retama y carrasca para los hornos
+de Madrid, y ya fuera que se espantase el jaco, ya que fingiera el
+espanto, ello es que empezó a dar botes y más botes, hasta que logró
+despedir hacia las nubes a su elegante caballero. Cayó el pobre Ponte
+como un saco medio vacío, y en el suelo se quedó inmóvil, hasta que
+acudieron sus amigos a levantarle. Herida no tenía, y por fortuna
+tampoco sufrió golpe de cuidado en la cabeza, porque conservaba su
+conocimiento, y en cuanto le pusieron en pie empezó a dar voces, rojo
+como un pavo, apostrofando al carretero que, según él, había tenido la
+culpa del _siniestro_. Aprovechando la confusión, el caballo, ansioso de
+libertad, escapó desbocado hacia Madrid, sin dejarse coger de los
+transeúntes que lo intentaron, y en pocos minutos Zapata y sus amigos le
+perdieron de vista.
+
+Ya habían traspuesto Benina y Almudena, en su tarda andadura, la línea
+de los Viveros, cuando la anciana vio pasar veloz como el viento, el
+jamelgo de Ponte, y comprendió lo que había pasado. Ya se lo temía ella,
+porque no estaba Frasquito para tales bromas, ni su edad le consentía
+tan ridículos alardes de presunción. Mas no quiso detenerse a saber lo
+cierto del lance, porque anhelaba llegar pronto a Madrid para que
+descansase Almudena, que sufría de calenturas y se hallaba extenuado.
+Paso a paso avanzaron en su camino, y en la Puerta de San Vicente, ya
+cerca de anochecido, sentáronse a descansar, esperando ver pasar a los
+expedicionarios con la víctima en una parihuela. Pero no viéndoles en
+más de media hora que allí estuvieron, continuaron su camino por la
+Virgen del Puerto, con ánimo de subir a la calle Imperial por la de
+Segovia. En lastimoso estado iban los dos: Benina descalza, desgarrada y
+sucia la negra ropa; el moro envejecido, la cara verde y macilenta; uno
+y otro revelando en sus demacrados rostros el hambre que habían
+padecido, la opresión y tristeza del forzado encierro en lo que más
+parece mazmorra que hospicio.
+
+No podía apartar la Nina de su pensamiento la imagen de Doña Paca, ni
+cesaba de figurarse, ya de un modo, ya de otro, el acogimiento que en su
+casa tendría. A ratos esperaba ser recibida con júbilo; a ratos temía
+encontrar a Doña Francisca furiosa por el aquel de haber ella pedido
+limosna, y, sobre todo, por andar con un moro. Pero nada ponía tanta
+confusión y barullo en su mente como la idea de las novedades que había
+de encontrar en la familia, según Antonio con vagas referencias le
+dijera al salir del Pardo. ¡Doña Paca, y él, y Obdulia eran ricos!
+¿Cómo? Ello fue cosa súbita, traída de la noche a la mañana por D.
+Romualdo... ¡Vaya con Don Romualdo! Le había inventado ella, y de los
+senos obscuros de la invención salía persona de verdad, haciendo
+milagros, trayendo riquezas, y convirtiendo en realidades los soñados
+dones del Rey _Samdai_ ¡Quia! Esto no podía ser. Nina desconfiaba,
+creyendo que todo era broma del guasón de Antoñito, y que en vez de
+encontrar a Doña Francisca nadando en la abundancia, la encontraría
+ahogándose, como siempre, en un mar de trampas y miserias.
+
+
+
+
+XXXVIII
+
+
+Temblorosa llegó a la calle Imperial, y habiendo mandado al moro que se
+arrimara a la pared y la esperase allí, mientras ella subía y se
+enteraba de si podía o no alojarle en la que fue su casa, le dijo
+Almudena: «No _bandonar_ tú mí, _amri_.
+
+--¿Pero estás loco? ¿Abandonarte yo ahora que estás malito, y los dos
+andamos tan de capa caída? No pienses tal desatino, y aguárdame. Te
+pondré ahí enfrente, a la entrada de la calle de la Lechuga.
+
+--¿No _n'gañar_ tú mí? ¿_Golver_ ti _pronta_?
+
+--En seguidita que vea lo que ocurre por arriba, y si está de buen temple
+mi Doña Paca».
+
+Subió Nina sin aliento, y con gran ansiedad tiró de la campanilla.
+Primera sorpresa: le abrió la puerta una mujer desconocida, jovenzuela,
+de tipito elegante, con su delantal muy pulcro. Benina creía soñar. Sin
+duda los demonios habían levantado en peso la casa para cargar con ella,
+dejando en su lugar otra que parecía la misma y era muy diferente. Entró
+la prófuga sin preguntar, con no poco asombro de Daniela, que al pronto
+no la conoció. ¿Pero qué significaban, qué eran, de dónde habían salido
+aquellos jardines, que formaban como alameda de preciosos arbustos desde
+la puerta, en todo lo largo del pasillo? Benina se restregaba los ojos,
+creyendo hallarse aún bajo la acción de las estúpidas somnolencias del
+Pardo, en las fétidas y asfixiantes cuadras. No, no; no era aquella su
+casa, no podía ser, y lo confirmaba la aparición de otra figura
+desconocida, como de cocinera fina, bien puesta, de semblante
+altanero... Y mirando al comedor, cuya puerta al extremo del pasillo se
+abría, vio... ¡Santo Dios, qué maravilla, qué cosa...! ¿Era sueño? No,
+no, que bien segura estaba de verlo con los ojos corporales. Encima de
+la mesa, pero sin tocar a ella, como suspendido en el aire, había _un
+montón_ de piedras preciosas, con diferentes brillos, luces y matices,
+encarnadas unas, azules o verdes otras. ¡Jesús, qué preciosidad! ¿Acaso
+Doña Paca, más hábil que ella, había efectuado el conjuro del rey
+_Samdai_, pidiéndole y obteniendo de él las carretadas de diamantes y
+zafiros? Antes de que pudiera comprender que todo aquel centellear de
+vidrios procedía de los colgajos de la lámpara del comedor, iluminados
+por una vela que acababa de encender Doña Paca para revisar los
+cuchillos que de la casa de préstamos acababa de traerle Juliana,
+apareció esta en la puerta del comedor, y cortando el paso a la pobre
+vieja, le dijo entre risueña y desabrida:
+
+--«Hola, Nina, ¿tú por aquí? ¿Has parecido ya? Creímos que te habías ido
+al Congo... No pases, no entres; quédate ahí, que nos vas a poner
+perdidos los suelos, lavados de esta tarde... ¡Bonita vienes!... Quita
+allá esas patas, mujer, que manchas los baldosines...
+
+--¿En dónde está la señora?--dijo Nina, volviendo a mirar los diamantes y
+esmeraldas, y dudando ya que fueran efectivos.
+
+--La señora está aquí... Pero te dice que no pases, porque vendrás llena
+de miseria...».
+
+En aquel momento apareció por otro lado la señorita Obdulia, chillando:
+«Nina, bien venida seas; pero antes de que entres en casa, hay que
+fumigarte y ponerte en la colada... No, no te arrimes a mí. ¡Tantos días
+entre pobres inmundos!... ¿Ves qué bonito está todo?».
+
+Avanzó Juliana hacia ella sonriendo; pero al través de la sonrisa, hubo
+de vislumbrar Nina la autoridad que la ribeteadora había sabido
+conquistar allí, y se dijo: «Esta es la que ahora manda. Bien se le
+conoce el despotismo». A las arrogancias revestidas de benevolencia con
+que la acogió la tirana, respondió Nina que no se iría sin ver a su
+señora.
+
+«Mujer, entra, entra--murmuró desde el fondo del comedor, con voz ahogada
+por los sollozos la señora Doña Francisca Juárez.
+
+Manteniéndose en la puerta, le contestó Benina con voz entera: «Aquí
+estoy, señora, y como dicen que mancho los baldosines, no quiero pasar;
+digo que no paso... Me han sucedido cosas que no le quiero contar por no
+afligirla... Lleváronme presa, he pasado hambres... he padecido
+vergüenzas, malos tratos... Yo no hacía más que pensar en la señora, y
+en si tendría también hambre, y si estaría desamparada.
+
+--No, no, Nina: desde que te fuiste, ¡mira qué casualidad! entró la
+suerte en mi casa... Parece un milagro, ¿verdad? ¿Te acuerdas de lo que
+hablábamos, aburriditas en esta soledad, ¡ay! en aquellas noches de
+miseria y sufrimientos? Pues el milagro es una verdad, hija, y ya puedes
+comprender que nos lo ha hecho tu Don Romualdo, ese bendito, ese
+arcángel, que en su modestia no quiere confesar los beneficios que tú y
+yo le debemos... y niega sus méritos y virtudes... y dice que no tiene
+por sobrina a Doña Patros... y que no le han propuesto para Obispo...
+Pero es él, es él, porque no puede haber otro, no, no puede haberlo, que
+realice estas maravillas».
+
+Nina no contestó sílaba, y arrimándose a la puerta, sollozaba.
+
+«Yo de buena gana te recibiría otra vez aquí--afirmó Doña Francisca, a
+cuyo lado, en la sombra, se puso Juliana, sugiriéndole por lo bajo lo
+que había de decir--; pero no cabemos en casa, y estamos aquí muy
+incómodas... Ya sabes que te quiero, que tu compañía me agrada más que
+ninguna... pero... ya ves... Mañana estaremos de mudanza, y se te hará
+un hueco en la nueva casa... ¿Qué dices? ¿Tienes algo que decirme? Hija,
+no te quejarás: ten presente que te fuiste de mala manera, dejándome sin
+una miga de pan en casa, sola, abandonada... ¡Vaya con la Nina!
+Francamente, tu conducta merece que yo sea un poquito severa contigo...
+Y para que todo hable en contra tuya, olvidaste los sanos principios que
+siempre te enseñé, largándote por esos mundos en compañía de un
+morazo... Sabe Dios qué casta de pájaro será ese, y con qué sortilegios
+habrá conseguido hacerte olvidar las buenas costumbres. Dime,
+confiésamelo todo: ¿le has dejado ya?
+
+--No, señora.
+
+--¿Le has traído contigo?
+
+--Sí, señora. Abajo está esperándome.
+
+--Como eres así, capaz te creo de todo... ¡hasta de traérmele a casa!
+
+--A casa le traía, porque está enfermo, y no le voy a dejar en medio de
+la calle--replicó Benina con firme acento.
+
+--Ya sé que eres buena, y que a veces tu bondad te ciega y no miras por
+el decoro.
+
+--Nada tiene que ver el decoro con esto, ni yo falto porque vaya con
+Almudena, que es un pobrecito. Él me quiere a mí... y yo le miro como un
+hijo».
+
+La ingenuidad con que expresaba Nina su pensamiento no llegó a penetrar
+en el alma de Doña Paca, que sin moverse de su asiento, y con los
+cuchillos en la falda, prosiguió diciéndole:
+
+«No hay otra como tú para componer las cosas, y retocar tus faltas hasta
+conseguir que parezcan perfecciones; pero yo te quiero, Nina; reconozco
+tus buenas cualidades, y no te abandonaré nunca.
+
+--Gracias, señora, muchas gracias.
+
+--No te faltará qué comer, ni cama en qué dormir. Me has servido, me has
+acompañado, me has sostenido en mi adversidad. Eres buena, buenísima;
+pero no abuses, hija; no me digas que venías a casa con el moro _de los
+dátiles_, porque creeré que te has vuelto loca.
+
+--A casa le traía, sí, señora, como traje a Frasquito Ponte, por
+caridad... Si hubo misericordia con el otro, ¿por qué no ha de haberla
+con este? ¿O es que la caridad es una para el caballero de levita, y
+otra para el pobre desnudo? Yo no lo entiendo así, yo no distingo... Por
+eso le traía; y si a él no le admite, será lo mismo que si a mí no me
+admitiera.
+
+--A ti siempre... digo, siempre no... quiero decir... es que no tenemos
+hueco en casa... Somos cuatro mujeres, ya ves... ¿Volverás mañana?
+Coloca a ese desdichado en una buena fonda... no, ¡qué disparate! en el
+Hospital... No tienes más que dirigirte a D. Romualdo... Dile de mi
+parte que yo le recomiendo... que lo mire como cosa mía... ¡ay, no sé lo
+que digo!... como cosa tuya, y tan tuya... En fin, hija, tú verás...
+Puede que os alberguen en la casa del Sr. de Cedrón, que debe ser muy
+grande... tú me has dicho que es un casetón enorme que parece un
+convento... Yo, bien lo sabes, como criatura imperfecta, no tengo la
+virtud en el grado heroico que se necesita para alternar con la
+pobretería sucia y apestosa... No, hija, no: es cuestión de estómago y
+de nervios... De asco me moriría, bien lo sabes. ¡Pues digo, con la
+miseria que traerás sobre ti!... Yo te quiero, Nina; pero ya conoces mi
+estómago... Veo una mota en la comida, y ya me revuelvo toda, y estoy
+mala tres días... Llévate tu ropa, si quieres mudarte... Juliana te dará
+lo que necesites... ¿Oyes lo que te digo? ¿Por qué callas? Ya, ya te
+entiendo. Te haces la humilde para disimular mejor tu soberbia... Todo
+te lo perdono; ya sabes que te quiero, que soy buena para ti... En fin,
+tú me conoces... ¿Qué dices?
+
+--Nada, señora, no he dicho nada, ni tengo nada que decir--murmuró Nina
+entre dos suspiros hondos--. Quédese con Dios.
+
+--Pero no te irás enojada conmigo--añadió con trémula voz Doña Paca,
+siguiéndola a distancia en su lenta marcha por el pasillo.
+
+--No, señora... ya sabe que yo no me enfado...--replicó la anciana
+mirándola más compasiva que enojada--. Adiós, adiós».
+
+Obdulia condujo a su madre al comedor diciéndole: «¡Pobre Nina!... Se
+va. Pues mira, a mí me habría gustado ver a ese moro Muza y hablar con
+él... ¡Esta Juliana, que en todo quiere meterse!...».
+
+Atontada por crueles dudas que desconcertaban su espíritu, Doña
+Francisca no pudo expresar ninguna idea, y siguió revisando los
+cubiertos desempeñados. En tanto, Juliana, conduciendo a la Nina hasta
+la puerta con suave opresión de su mano en la espalda de la mendiga, la
+despidió con estas afectuosas palabras: «No se apure, _señá_ Benina, que
+nada ha de faltarle... Le perdono el duro que le presté la semana
+pasada, ¿no se acuerda?
+
+--Señora Juliana, sí que me acuerdo. Gracias.
+
+--Pues bien: tome además este otro duro para que se acomode esta noche...
+Váyase mañana por casa, que allí encontrará su ropa...
+
+--Señora Juliana, Dios se lo pague.
+
+--En ninguna parte estará usted mejor que en la _Misericordia_, y si
+quiere, yo misma le hablaré a D. Romualdo, si a usted le da vergüenza.
+Doña Paca y yo la recomendaremos... Porque mi señora madre política ha
+puesto en mí toda su confianza, y me ha dado su dinero para que se lo
+guarde... y le gobierne la casa, y le _suministre_ cuanto pueda
+necesitar. Mucho tiene que agradecer a Dios por haber caído en estas
+manos...
+
+--Buenas manos son, señora Juliana.
+
+--Vaya por casa, y le diré lo que tiene que hacer.
+
+--Puede que yo lo sepa sin necesidad de que usted me lo diga.
+
+--Eso usted verá... Si no quiere ir por casa...
+
+--Iré.
+
+--Pues, _señá_ Benina, hasta mañana.
+
+--Señora Juliana, servidora de usted».
+
+Bajó de prisa los gastados escalones, ansiosa de verse pronto en la
+calle. Cuando llegó junto al ciego, que en lugar próximo le esperaba, la
+pena inmensa que oprimía el corazón de la pobre anciana reventó en un
+llorar ardiente, angustioso, y golpeándose la frente con el puño
+cerrado, exclamó: «¡Ingrata, ingrata, ingrata!
+
+--No _yorar_ ti, _amri_--le dijo el ciego cariñoso, con habla sollozante--.
+Señora tuya mala ser, tú _ángela_.
+
+--¡Qué ingratitud, Señor!... ¡Oh mundo... oh miseria!... Afrenta de Dios
+es hacer bien...
+
+--_Dir_ nosotros _luejos_... _dirnos_, _amri_... _Dispreciar_ ti _mondo_
+malo.
+
+--Dios ve los corazones de todos; el mío también lo ve... Véalo, Señor de
+los cielos y la tierra, véalo pronto».
+
+
+
+
+XXXIX
+
+
+Dicho lo que antecede, se limpió las lágrimas con mano temblorosa, y
+pensó en tomar las resoluciones de orden práctico que las circunstancias
+exigían.
+
+«_Dirnos_, _dirnos_--replicó Almudena cogiéndola del brazo.
+
+--¿A dónde?--dijo Nina con aturdimiento--. ¡Ah! lo primero a casa de D.
+Romualdo».
+
+Y al pronunciar este nombre se quedó un instante lela, enteramente
+idiota.
+
+--«_R'maldo_ mentira--declaró el ciego.
+
+--Sí, sí, invención mía fue. El que ha llevado tantas riquezas a la
+señora será otro, algún D. Romualdo de pega... hechura del demonio...
+No, no, el de pega es el mío... No sé, no sé. Vámonos, Almudena.
+Pensemos en que tú estás malo, que necesitas pasar la noche bien
+abrigadito. La _señá_ Juliana, que es la que ahora corta el queso en la
+casa de mi señora, y todo lo suministra... en buen hora sea... me ha
+dado este duro. Te llevaré a los palacios de Bernarda, y mañana
+veremos.
+
+--Mañana, _dir_ nosotros _Hierusalaim_.
+
+--¿A dónde has dicho? ¿A Jerusalén? ¿Y dónde está eso? ¡Vaya, que querer
+llevarme a ese punto, como si fuera, un suponer, Jetafe o Carabanchel de
+Abajo!
+
+--_Luejos_, _luejos_... tú casar _migo_ y ser _tigo migo_ uno. _Dirnos_
+Marsella por caminos pidiendo... En Marsella _vapora_... pim, pam...
+Jaffa... _¡Hierusalaim!_... Casarnos por _arreligión_ tuya, por
+_arreligión_ mía... _quierer_ tú... _Veder_ tú _sepolcro_; entrar
+tú _S'nagoga_ rezar _Adonai_...
+
+--Espérate, hijo, ten un poco de calma, y no me marees con las
+invenciones de tu cabeza _deliriosa_. Lo primero es que te pongas bueno.
+
+--Mí estar bueno... mí no _c'lentura_ ya... mí _contentada_. Tú _viener
+migo_ siempre, por _mondo_ grande, _caminas mochas_, _libertanza_, mar,
+_terra_, _legría mocha_...
+
+--Muy bonito; pero ahora caigo en la cuenta de que tú y yo tenemos
+hambre, y entraremos a cenar en cualquier taberna. Si te parece, aquí en
+la Cava Baja...
+
+--_Onde quierer_ tú, yo _quierer_...».
+
+Cenaron con relativo contento, y Almudena no cesaba de ponderar las
+delicias de irse juntitos a Jerusalén, pidiendo limosna por tierra y por
+mar, sin prisa, sin cuidados. Tardarían meses, medio año quizás; pero al
+fin darían con sus cuerpos en la Palestina, aunque la emprendiesen por
+la vía terrestre hasta Constantinopla. ¡Pues no había pocos países
+bonitos que recorrer! Objetaba Nina que ella tenía ya los huesos duros
+para correría tan larga, y el africano, no sabiendo ya cómo convencerla,
+le decía: «_Ispania terra n'gratituda_... _Correr luejos_, _juyando de
+n'gratos_ ellos».
+
+En cuanto cenaron se recogieron en casa de Bernarda, dormitorios de
+abajo, a dos reales cama. Muy tranquilo estuvo Almudena toda la noche,
+sin poder coger el sueño, delirando con el viajecito a Jerusalén; y
+Benina, por ver de calmarle, mostrábase dispuesta a emprender tan larga
+peregrinación. Inquieto y dolorido, cual si la cama fuera de zarzas
+punzadoras, Mordejai no hacía más que volverse de un lado para otro,
+quejándose de ardores en la piel y de picazones molestísimas, las cuales
+no eran motivadas, dicha sea la verdad, por cosa alguna tocante a la
+miseria que se combate con polvos insecticidas. Ello provenía quizás de
+un extraño giro que la fiebre tomaba, y que se manifestó a la mañana
+siguiente en un rojo sarpullo en brazos y piernas. El infeliz se rascaba
+con desesperación, y Benina le llevó a la calle, con la esperanza de que
+el aire libre y el ejercicio le servirían de alivio. Después de vagar
+pidiendo, por no perder la costumbre, fueron a la calle de San Carlos, y
+subió Benina a ver a Juliana, que allí le tenía su ropa, y se la dio en
+un lío, diciéndole que mientras gestionaban para que fuese recogida en
+la _Misericordia_, se albergara en cualquier casa barata, con o sin el
+_hombre_, aunque mejor le estaba, para su decoro, dejarse de compañía y
+tratos tan indecentes. Añadió que en cuanto se limpiara bien de toda la
+inmundicia que había traído del Pardo, podía ir a visitar a Doña Paca,
+que gozosa la recibiría; pero que no pensase en volver a su lado, porque
+los hijos se oponían a ello, atentos a que su mamá estuviese bien
+servida, y _suministrada_ con regularidad. Con todo se mostró conforme
+la buena mujer, que en ello veía una voluntad superior incontrastable.
+
+No era mala persona Juliana; dominante, eso sí, ávida de mostrar las
+grandes dotes de gobierno que le había dado Dios, mujer que no soltaba a
+dos tirones la presa caída en sus manos. Pero no carecía de amor al
+prójimo, se compadecía de Benina, y habiéndole dicho esta que el moro la
+esperaba en la calle, quiso verle y juzgarle por sus propios ojos. Que
+la traza del pobre africano le pareció lastimosa, se conoció en el gesto
+que hizo, en la cara que puso, y en el acento con que dijo: «Ya le
+conocía yo a este, de verle pedir en la calle del Duque de Alba. Es buen
+punto, y muy enamorado. ¿Verdad, Sr. Almudena, que le gustan a usted las
+chicas?
+
+--Gustar mí _B'nina_, _amri_...
+
+--Ajajá... Pobre Benina, ¡no se le ha sentado mala mosca! Si lo hace por
+caridad, de veras digo que es usted una santa.
+
+--El pobrecito está enfermo, y no puede valerse».
+
+Y como el morito, acometido de violentísimas picazones en brazos y
+pecho, hiciera garras de sus dedos para rascarse con gana, la
+ribeteadora se acercó para mirarle los brazos, que había desnudado de la
+manga. «Lo que tiene este hombre--dijo con espanto--es lepra... ¡Jesús,
+qué lepra, _seña_ Benina! He visto otro caso: un pobre, del Moro
+también, mendigo él, de Orán él, que pedía en Puerta Cerrada, junto al
+taller de mi padrastro. Y se puso tan perdido, que no había cristiano
+que se le acercara, y ni en los santos Hospitales le querían recibir...
+
+«Picar, picar _mocha_--era lo único que Almudena decía, pasando las uñas
+desde el hombro a la mano, como se pasaría un peine por la madeja.
+
+Disimulando su asco, por no lastimar a la infeliz pareja, Juliana dijo a
+Nina: «¡Pues no le ha caído a usted mala incumbencia con este tipo! Mire
+que esa sarna se pega. Buena se va usted a poner, sí señora; buena,
+bonita y barata... O es usted más boba que el que asó la manteca, o no
+sé lo que es usted».
+
+Con miradas no más expresó Nina su lástima del pobre ciego, su decisión
+de no abandonarle, y su conformidad con todas las calamidades que
+quisiera enviarle Dios. Y en esto, Antonio Zapata, que a su casa volvía,
+vio a su mujer en el grupo; llegose a ella presuroso, y enterado de lo
+que hablaban, aconsejó a Benina que llevara al moro a la consulta de
+enfermedades dermatológicas en San Juan de Dios.
+
+«Más cuenta le tiene--afirmó Juliana--mandarle para su tierra.
+
+--_Luejos_, _luejos_--dijo Almudena--. _Dir_ nos _Hierusalaim_.
+
+--No está mal. 'De Madrid a Jerusalén, o la familia del tío Maroma...'.
+Bueno, bueno. A otra cosa, mujercita mía, no pegues y escucha. No he
+podido hacer tus encargos, porque... te digo que no pegues.
+
+--Porque te has ido al billar, granuja... Sube, sube, y ajustaremos
+cuentas.
+
+--No subo porque tengo que volver a los carros de pateta.
+
+--¿Qué dices, granuja?
+
+--Que no va el carro grande por menos de cuarenta reales, y como me
+mandaste que no pasase de treinta...
+
+--Tendré yo que verlo. Estos hombres no sirven mas que de estorbo,
+¿verdad, Nina?
+
+--Verdad. ¿Y qué es? ¿Se muda la señora?
+
+--Sí, mujer; pero ya no podrá ser hasta mañana, porque este marido tonto
+que me ha dado Dios, salió antes de las ocho a tomar la casa y avisar el
+carro, y ya ve usted a qué hora se descuelga por aquí, con todo ese
+cuajo, sin haber hecho nada.
+
+--Bastante he corrido, chica: A las nueve entraba yo en casa de mamá con
+el contrato para que lo firmara. Ya ves si ganábamos tiempo. ¿Pero tú
+sabes el que he perdido con Frasquito Ponte, que nos ha dado una tabarra
+tremenda? Como que tuvimos que llevarle a su casa Polidura y yo con
+grandísimo trabajo. ¡Dios, cómo está el hombre, y qué barullo tiene en
+la cabeza desde el batacazo de ayer!».
+
+Igualmente interesadas Benina y Juliana en la buena o mala suerte del
+hijo de Algeciras, oyeron atentas lo que Antonio les refirió de las
+consecuencias funestísimas de la caída del jinete en el camino del
+Pardo. Cuando le vieron en tierra, despedido por el jaco, pensaron todos
+que en aquel crítico instante había terminado la existencia mortal del
+pobre caballero. Pero al levantarle, recobró Frasquito, como quien
+resucita, el movimiento y la palabra, y asegurando no haber recibido
+golpe en la cabeza, que era lo más delicado, y palpándose en distintas
+partes del cráneo, les dijo: «Nada, nada, señores, tóquenme y no
+hallarán el más ligero chichón». De brazos y piernas, si al principio
+pareció haber salido con suerte, pues hueso roto seguramente no tenía, a
+poco de echar a andar cojeaba horrorosamente de la pierna izquierda,
+efecto, sin duda, del violento choque contra el suelo. Pero lo más
+extraño fue que, al ser puesto en pie, rompió en una charla incoherente,
+impetuosa, roja la cara como un tomate, vibrante y entrecortada la
+lengua. Lleváronle a su casa en coche, creyendo que un reposo absoluto
+le restablecería; frotáronle todo el cuerpo con árnica, le acostaron, se
+fueron... Pero el maldito, según les dijo después la patrona, no bien se
+quedó solo, vistiose precipitadamente, y echándose a la calle se fue a
+casa de Boto, y allí estuvo hasta muy tarde, _metiéndose con todo el
+mundo_, y provocando con destempladas insolencias a los pacíficos
+parroquianos. Tan contrario era esto al natural plácido de Frasquito, y
+a su timidez y buena educación, que seguramente había perturbación
+cerebral grave, por causa del batacazo. No se sabe dónde pasó el resto
+de la noche: se cree que estuvo alborotando en las calles de Mediodía
+Grande y Chica. Ello es que a poco de llegar Antonio y Polidura a la
+casa de Doña Francisca, entró Frasquito muy alborotado, el rostro
+encendido, brillantes los ojos, y con gran sorpresa y consternación de
+las señoras, empezó a soltar de su boca, un poco torcida, atroces
+disparates. Combinando la maña con la fuerza, pudieron sacarle de allí y
+volverle a su casa, donde le dejaron, encargando a la patrona que le
+sujetara si podía, y que hiciera por darle de comer. Entre otras
+tenacidades monomaniacas, tenía la de que su honor le demandaba pedir
+explicaciones al moro por el inaudito agravio de suponer, de afirmar en
+público que él, Frasquito, hacía la corte a Benina. Más de veinte veces
+se arrancó hacia la calle de Mediodía Grande, procurando ver al Sr. de
+Almudena, decidido a entregarle su tarjeta; pero el africano escurría el
+bulto y no se dejaba ver por ninguna parte. Claro: se había ido a su
+tierra, huyendo de la furia de Ponte... pero él estaba decidido a no
+parar hasta descubrirle, y obligarle a cumplir como caballero, aunque se
+escondiese en el último rincón del Atlas.
+
+«Si _venier_ mí _galán bunito_--dijo el moro riendo tan estrepitosamente,
+que los extremos de su boca se le enganchaban en las orejas--, dar mí él
+_patás mochas_.
+
+--¡Pobre D. Frasquito... cuitado, alma de Dios!--exclamó Nina cruzando las
+manos--. Yo me temía que parara en esto...
+
+--¡Valiente estantigua!--dijo la Juliana--. ¿Y a nosotros qué nos importa
+que ese viejo pintado se chifle o no se chifle? ¿Sabéis lo que os digo?
+Pues que todo eso proviene de las drogas que se pone en la cara, lo cual
+que son venenosas y atacan al sentido. Ea, no perdamos el tiempo.
+Antonio, vuélvete a la calle Imperial, diles que preparen todo, y yo iré
+_al carro_ a ver si lo arreglo para esta tarde. Nina, vete con Dios, y
+cuidado no se te pegue... ¿sabes? ¡Ay, hija, se te pegará, por mucho
+aseo que tengas! ¿Ves? ya empiezas a sufrir las consecuencias del mal
+paso... por no hacer caso de mí. Doña Paca me dijo que te permitiera ir
+allá. Quiere verte: ¡pobre señora! Yo le di mi conformidad, y hoy
+pensaba llevarte conmigo... pero ya no me atrevo, hija, ya no me atrevo.
+Habiendo de por medio esta pestilencia, no puedes rozarte... Yo había
+determinado que fueras todos los días a recoger la comida sobrante en
+casa de la que fue tu ama.
+
+--¿Y ya no...?
+
+--Sí, sí: la comida es tuya... pero... verás lo que debes hacer... te
+llegas al portal a la hora que yo te fije, y mi prima Hilaria te la
+bajará y te la dará... acercándose a ti lo menos que pueda... Ya
+comprendes... cada una tiene su escrúpulo... No todos los estómagos son
+como el tuyo, Nina, a prueba de bomba... con que...
+
+--Comprendo... señora Juliana. Quédese con Dios».
+
+
+
+
+XL
+
+
+Las adversidades se estrellaban ya en el corazón de Benina, como las
+vagas olas en el robusto cantil. Rompíanse con estruendo, se quebraban,
+se deshacían en blancas espumas, y nada más. Rechazada por la familia
+que había sustentado en días tristísimos de miseria y dolores sin
+cuento, no tardó en rehacerse de la profunda turbación que ingratitud
+tan notoria le produjo; su conciencia le dio inefables consuelos: miró
+la vida desde la altura en que su desprecio de la humana vanidad la
+ponía; vio en ridícula pequeñez a los seres que la rodeaban, y su
+espíritu se hizo fuerte y grande. Había alcanzado glorioso triunfo;
+sentíase victoriosa, después de haber perdido la batalla en el terreno
+material. Mas las satisfacciones íntimas de la victoria no la privaron
+de su don de gobierno, y atenta a las cosas materiales, acudió, al poco
+rato de apartarse de Juliana, a resolver lo más urgente en lo que a la
+vida corporal de ambos se refería. Era indispensable buscar albergue;
+después trataría de curar a Mordejai de su sarna o lo que fuese, pues
+abandonarle en tan lastimoso estado no lo haría por nada de este mundo,
+aunque ella se viera contagiada del asqueroso mal. Dirigiose con él a
+Santa Casilda, y hallando desocupado el cuartito que antes ocupó el moro
+con la Petra, lo tomó. Felizmente, la borracha se había ido con Diega a
+vivir en la Cava de San Miguel, detrás de la Escalerilla. Instalados en
+aquel escondrijo, que no carecía de comodidades, lo primero que hizo la
+anciana alcarreña fue traer agua, toda el agua que pudo, y lavarse bien
+y jabonarse el cuerpo; costumbre antigua en ella, que siempre que podía
+practicaba en casa de Doña Francisca. Luego se vistió de limpio. El
+bienestar que el aseo y la frescura daban a su cuerpo, se confundía en
+cierto modo con el descanso de su conciencia, en la cual también sentía
+algo como absoluta limpieza y frescor confortante.
+
+Dedicose luego al arreglo de la casa, y con el poquito dinero que tenía
+hizo su compra, y le preparó a Mordejai una buena comida. Pensaba
+llevarlo a la consulta al día siguiente, y así se lo dijo, mostrándose
+el ciego conforme en todo con lo que la voluntad de ella quisiese
+determinar. Mientras comían, le entretuvo y alentó con esperanzas y
+palabras dulces, ofreciéndole ir, como él deseaba, a Jerusalén o un
+poquito más allá, en cuanto recobrara la salud. Mientras no se le
+quitara el sarpullo, no había que pensar en viajes. Se estarían quietos,
+él en casa, ella saliendo a pedir sola todos los días para ver de sacar
+con qué vivir, que seguramente Dios no les dejaría morir de hambre. Tan
+contento se puso el ciego con el plan concebido y propuesto por su
+inteligente amiga, y con sus afectuosas expresiones, que rompió a cantar
+la melopea arábiga que ya le oyó Benina en el vertedero; pero como al
+huir de la pedrea había perdido el guitarrillo, no pudo acompañarse del
+son de aquel tosco instrumento. Después propuso a su compañera que
+echase el sahumerio, y ella lo hizo de buena gana, pues el humazo
+saneaba y aromatizaba la pobre habitación.
+
+Salieron al día siguiente para la consulta; pero como les designaran
+para esta una hora de la tarde, entretuvieron la primera mitad del día
+pordioseando en varias calles, siempre con mucho cuidado de los
+guindillas, por no caer nuevamente en poder de los que echan el lazo a
+los mendigos, cual si fueran perros, para llevarlos al depósito, donde
+como a perros les tratan. Debe decirse que el ingrato proceder de Doña
+Paca no despertaba en Nina odio ni mala voluntad, y que la conformidad
+de esta con la ingratitud no le quitaba las ganas de ver a la infeliz
+señora, a quien entrañablemente quería, como compañera de amarguras en
+tantos años. Ansiaba verla, aunque fuese de lejos, y llevada de esta
+querencia, se llegó a la calle de la Lechuga para atisbar a distancia
+discreta si la familia estaba en vías de mudanza, o se había mudado ya.
+¡Qué a tiempo llegó! Hallábase en la puerta el carro, y los mozos metían
+trastos en él con la bárbara presteza que emplean en esta operación.
+Desde su atalaya reconoció Benina los muebles decrépitos, derrengados, y
+no pudo reprimir su emoción al verlos. Eran casi suyos, parte de su
+existencia, y en ellos veía, como en un espejo, la imagen de sus penas y
+alegrías; pensaba que si se acercase, los pobres trastos habían de
+decirle algo, o que llorarían con ella. Pero lo que la impresionó
+vivamente fue ver salir por el portal a Doña Paca y a Obdulia, con
+Polidura y Juliana, como si se fueran a la casa nueva, mientras las
+criadas elegantes se quedaban en la antigua, disponiendo la recogida y
+transporte de las menudencias, y de toda la morralla casera.
+
+Turbada y confusa, Nina se escondió en un portal, para ver sin ser
+vista. ¡Qué desmejorada encontró a Doña Francisca! Llevaba un vestido
+nuevo; pero de tan nefanda hechura, como cortado y cosido de prisa, que
+parecía la pobre señora vestida de limosna. Cubría su cabeza con un
+manto, y Obdulia ostentaba un sombrerote con disformes ringorrangos y
+plumas. Andaba Doña Paca lentamente, la vista fija en el suelo,
+abrumada, melancólica, como si la llevaran entre guardias civiles. La
+_niña_ reía, charlando con Polidura. Detrás iba Juliana _arreándolos_ a
+todos, y mandándoles que fueran de prisa por el camino que les marcaba.
+No le faltaba más que el palo para parecerse a los que en vísperas de
+Navidad conducen por las calles las manadas de pavos. ¡Cómo se clareaba
+el despotismo hasta en sus menores movimientos! Doña Paca era la res
+humilde que va a donde la llevan, aunque sea al matadero; Juliana el
+pastor que guía y conduce. Desaparecieron en la Plaza Mayor, por la
+calle de Botoneras... Benina dio algunos pasos para ver el triste
+ganado, y cuando lo perdió de vista, se limpió las lágrimas que
+inundaban su rostro.
+
+«¡Pobre señora mía!--dijo al ciego en cuanto se reunió con él--. La quiero
+como hermana, porque juntas hemos pasado muchas penas. Yo era todo para
+ella, y ella todo para mí. Me perdonaba mis faltas, y yo le perdonaba
+las suyas... ¡Qué triste va, quizás pensando en lo mal que se ha portado
+con la Nina! Parece que está peor del reúma, por lo que cojea, y su cara
+es de no haber comido en cuatro días. Yo la traía en palmitas, yo la
+engañaba con buena sombra, ocultándole nuestra miseria, y poniendo mi
+cara en vergüenza por darle de comer conforme a lo que era su gusto y
+costumbre... En fin, lo pasado, como dijo el otro, pasó. Vámonos,
+Almudena, vámonos de aquí, y quiera Dios que te pongas bueno pronto para
+tomar el caminito a Jerusalén, que no me asusta ya por lejos. Andando,
+andando, hijo, se llega de una parte del mundo a otra, y si por un lado
+sacamos el provecho de tomar el aire y de ver cosas nuevas, por otro
+sacamos la certeza de que todo es lo mismo, y que las partes del mundo
+son, un suponer, como el mundo en junto; quiere decirse, que en donde
+quiera que vivan los hombres, o verbigracia, mujeres, habrá ingratitud,
+egoísmo, y unos que manden a los otros y les cojan la voluntad. Por lo
+que debemos hacer lo que nos manda la conciencia, y dejar que se peleen
+aquellos por un hueso, como los perros; los otros por un juguete, como
+los niños, o estos por mangonear, como los mayores, y no reñir con
+nadie, y tomar lo que Dios nos ponga delante, como los pájaros...
+Vámonos hacia el Hospital, y no te pongas triste.
+
+--Mí no triste--dijo Almudena--; estar _tigo contentado_... tú saber como
+Dios cosas _tudas_, y yo _quirier_ ti como _ángela bunita_... Y si no
+_quierer_ tú casar _migo_, ser tú _madra_ mía, y yo niño tuyo _bunito_.
+
+--Bueno, hombre; me parece muy bien.
+
+--Y tú _com_ palmera _D'sierto granda_, _bunita_; tú _com zucena
+branca_... _llirio tú_... Mí _dicier_ ti _amri_: alma mía».
+
+Mientras iba la infeliz pareja camino del Hospital, Doña Paca y su
+séquito, en dirección distinta, se aproximaban a su nueva casa, calle de
+Orellana: un tercero limpio, con los papeles y estucos nuevecitos,
+buenas luces, ventilación, cocina excelente, y precio acomodado a las
+circunstancias. Pareciole muy bien a Doña Francisca, cuando arriba
+llegó, sofocada de la interminable escalera; y si le parecía mal,
+cuidaba de no manifestarlo, abdicando en absoluto su voluntad y sus
+opiniones. El flexible, más que flexible, blanducho carácter de la
+viuda, se adaptaba al sentir y al pensar de Juliana; y viendo esta que
+se le metía entre los dedos aquella miga de pan, hacía bolitas con ella.
+No respiraba Doña Paca sin permiso de la tirana, quien para los más
+insignificantes actos de la vida, tenía no pocas órdenes que dictar a la
+infeliz señora. Esta llegó a tenerle un miedo infantil; se sentía miga
+blanda dentro de la mano de bronce de la ribeteadora, y en verdad que no
+era sólo miedo, pues con él se mezclaba algo de respeto y admiración.
+
+Descansaba la dama del ajetreo de aquel día, ya metidos todos los
+muebles, trastos y macetas en la nueva casa, y atacada de una
+intensísima tristeza que le devoraba el alma, llamó a su tirana para
+decirle: «No me has explicado bien por el camino lo que hablasteis. ¿Qué
+historias cuenta Nina de su moro? ¿Es este bien parecido?».
+
+Dio Juliana las explicaciones que su súbdita le pedía, sin herir a Nina
+ni ponerla en mal lugar, demostrando en esto finísimo tacto.
+
+«Y quedasteis... en que no puede venir a verme, por temor a que nos
+contagie de esa peste asquerosa. Has hecho bien. Si no es por ti, me
+vería expuesta, sabe Dios, a que se nos pegara la pestilencia...
+Quedasteis también en que recogería las sobras de la comida. Pero esto
+no basta, y yo tendría mucho gusto en señalarle una cantidad, por
+ejemplo, una peseta diaria. ¿Qué dices?
+
+--Digo que si empezamos con esas bromas, señora Doña Paca, pronto
+volveremos a _Peñaranda_. No, no: una peseta es una peseta... Bastante
+tiene la Nina con dos reales. Así lo he pensado, y si usted dispone otra
+cosa, yo me lavo las manos.
+
+--Dos reales, dos... tú lo has dicho... y basta, sí. ¿Sabes tú los
+milagros que hace Nina con media peseta?».
+
+En esto llegó Daniela muy alarmada, diciendo que llamaba a la puerta
+Frasquito; y Obdulia, que por la mirilla le había visto, opinó que no
+se abriera, a fin de evitar otro escándalo como el de la calle Imperial.
+Pero ¿quién le había dicho las señas del nuevo domicilio? Sin duda fue
+Polidura el soplón, y Juliana hizo juramento de arrancarle una oreja.
+Ocurrió el contratiempo grave de que mientras Ponte llamaba con nerviosa
+furia, decidido a romper la campanilla, subió Hilaria de la calle y
+abrió con el llavín, y ya no fue posible cortar el paso al intruso, que
+se precipitó dentro, presentándose ante las asustadas señoras con el
+sombrero metido hasta las orejas, blandiendo el bastón, la ropa en gran
+detrimento y manchada de tierra y lodo. Se le había torcido la boca, y
+arrastraba penosamente la pierna derecha.
+
+«Por Dios, Frasquito--le dijo Doña Paca suplicante--, no nos alborote.
+Está usted malo, y debe meterse en cama».
+
+Y salió también Obdulia declamando enfáticamente: «Frasquito: ¡una
+persona como usted, tan fina, de buena sociedad, decirnos esas cosas!...
+Tenga juicio, vuelva en sí.
+
+--Señora y _madama_--dijo Ponte desencasquetándose el sombrero con gran
+dificultad--. Caballero soy y me precio de saber tratar con damas
+elegantes; pero como de aquí ha salido la absurda especie, yo vengo a
+pedir explicaciones. Mi honor lo exige...
+
+--¿Y qué tenemos que ver nosotras con el honor de usted, so
+espantajo?--gritó Juliana--. ¡Ea, no es persona decente quien falta a las
+señoras! El otro día eran para usted emperatrices, y ahora...
+
+--Y ahora--dijo Ponte temblando ante el enérgico acento de Juliana, como
+caña batida del viento--. Y ahora... yo no falto al respeto a las
+señoras. Obdulia es una dama; Doña Francisca otra dama. Pero estas
+señoras damas... me han calumniado, me han herido en mis sentimientos
+más puros, sosteniendo que yo hice la corte a la Benina... y que la
+requerí de amores deshonestos, para que por mí y conmigo faltase a la
+fidelidad que debe al caballero de la Arabia...
+
+--¡Si nosotras no hemos dicho semejante desatino!
+
+--Todo Madrid lo repite... De aquí, de estos salones salió la indigna
+especie. Me acusan de un infame delito: de haber puesto mis ojos en un
+ángel, de blancas alas célicas, de pureza inmaculada. Sepan que yo
+respeto a los ángeles: si Nina fuese criatura mortal, no la habría
+respetado, porque soy hombre... yo he catado rubias y morenas, casadas,
+viudas y doncellas, españolas y parisienses, y ninguna me ha resistido,
+porque me lo merezco... belleza permanente que soy... Pero yo no he
+seducido ángeles, ni los seduciré... Sépalo usted, Frasquita; sépalo,
+Obdulia... la Nina no es de este mundo... la Nina pertenece al cielo...
+Vestida de pobre ha pedido limosna para mantenerlas a ustedes y a mí...
+y a la mujer que eso hace, yo no la seduzco, yo no puedo seducirla, yo
+no puedo enamorarla... Mi hermosura es humana, y la de ella divina; mi
+rostro espléndido es de carne mortal, y el de ella de celeste luz... No,
+no, no la he seducido, no ha sido mía, es de Dios... Y a usted se lo
+digo, Curra Juárez, de Ronda; a usted, que ahora no puede moverse, de lo
+que le pesa en el cuerpo la ingratitud... Yo, porque soy agradecido, soy
+de pluma, y vuelo... ya lo ve... Usted, por ser ingrata, es de plomo, y
+se aplasta contra el suelo... ya lo ve...».
+
+Consternadas hija y madre, gritaban pidiendo socorro a los vecinos. Pero
+Juliana, más valerosa y expeditiva, no pudiendo sufrir con calma los
+impertinentes desvaríos del desdichado Ponte, se fue hacia él furiosa,
+le cogió por las solapas, y comiéndoselo con la mirada y la voz le dijo:
+«Si no se marcha usted pronto de esta casa, so mamarracho, le tiro a
+usted por el balcón».
+
+Y seguramente lo habría hecho, si la Hilaria y la Daniela no cogieran al
+pobre hijo de Algeciras, poniéndole en dos tirones fuera de la puerta.
+Presentáronse los porteros y algunos vecinos, atraídos del alboroto, y
+al ver reunida tanta gente, salieron las cuatro mujeres al rellano de la
+escalera para explicar que aquel sujeto había perdido el juicio,
+trocándose de la más atenta y comedida persona del mundo, en la más
+importuna y desvergonzada. Bajó Frasquito renqueando hasta la meseta
+próxima: allí se paró, mirando para arriba, y dijo: «Ingrata,
+ingrrr...». Quiso concluir la palabra, y una violenta contorsión
+denunció la inutilidad de sus esfuerzos. De su boca no salió más que un
+bramido ronco, como si mano invisible le estrangulara. Vieron todos que
+se le descomponían horrorosamente las facciones, los ojos se le salían
+del casco, la boca se aproximaba a una de las orejas... Alzó los brazos,
+exhaló un ¡ay! angustioso, y se desplomó de golpe. A la caída de su
+cuerpo se estremeció de arriba abajo toda la endeble escalera.
+
+Subiéronle entre cuatro a la casa para prestarle socorro, que ya no
+necesitaba el infeliz. Reconociole Juliana, y secamente dijo: «Está más
+muerto que mi abuelo».
+
+
+
+
+Final
+
+
+Ejemplo de los admirables efectos de la voluntad humana en el gobierno
+de las grandes como de las pequeñas agrupaciones de seres, era Juliana,
+mujer sin principios, que apenas sabía leer y escribir, pero que había
+recibido de Naturaleza el don rarísimo de organizar la vida y regir las
+acciones de los demás. Si conforme le cayó entre las manos la familia de
+Zapata le hubiera tocado gobernar familia de más fuste, o una ínsula, o
+un estado, habría salido muy airosa. En la ínsula de Doña Francisca
+estableció con mano firme la normalidad al mes de haber empuñado las
+riendas, y todos allí andaban derechos, y nadie se rebullía ni osaba
+poner en tela de juicio sus irrevocables mandatos. Verdad que para
+obtener este resultado precioso empleaba el absolutismo puro, el régimen
+de terror; su genio no admitía ni aun observaciones tímidas: su ley era
+su santísima voluntad; su lógica, el palo.
+
+A los caracteres anémicos de la madre y los hijos no les venía mal este
+sistema, ensayado ya con feliz éxito en Antonio. Tal dominio llegó a
+ejercer sobre Doña Francisca, que la pobre viuda no se atrevía ni a
+rezar un Padrenuestro sin pedir su venia a la dictadora, y hasta se
+advertía que antes de suspirar, como tan a menudo lo hacía, la miraba
+como para decirle: «No llevarás a mal que yo suspire un poquito». En
+todo era obedecida ciegamente Juliana por su mamá política, menos en una
+cosa. Mandábale que no estuviese siempre triste, y aunque la esclava
+respondía con frases de acatamiento, bien se echaba de ver que la orden
+no se cumplía. Entraba, pues, la viuda de Zapata en la normalidad
+próspera de su existencia con la cabeza gacha, los ojos caídos, el mirar
+vago, perdido en los dibujos de la estera, el cuerpo apoltronado,
+encariñándose cada día más con la indolencia, el apetito decadente, el
+humor taciturno y desabrido, las ideas negras.
+
+A los quince días de instalarse Doña Francisca en la calle de Orellana,
+juzgó la mandona que más eficaz sería su poder y mejor gobernada estaría
+la familia viviendo todos juntos: general y subalternos. Trasladose,
+pues, y allá fue metiendo su ajuar humilde, y sus chiquillos, y el ama,
+para lo cual antes hizo hueco, echando fuera la mar de tiestos y tibores
+de plantas, y poniendo en la calle a Daniela, que en rigor no servía
+más que de estorbo. A sus funciones de gran canciller agregó pronto las
+de doncella y peinadora de su suegra y cuñada. Así todo se quedaba en
+casa.
+
+Pero como no hay felicidad completa en este pícaro mundo, al mes, poco
+más o menos, de la mudanza, señalada en las efemérides zapatescas por la
+desastrosa muerte de Frasquito Ponte Delgado, empezó a resentirse
+Juliana de alteraciones muy extrañas en su salud. La que por su lozana
+robustez había hecho gala de compararse a las mulas, daba en la tontería
+de padecer lo más contrario a su natural perfectamente equilibrado. ¿Qué
+era ello? Embelecos nerviosos y ráfagas de histerismo, afecciones de que
+Juliana se había reído más de una vez, atribuyéndolas a remilgos de
+mujeres mimosas y a trastornos imaginarios, que, según ella, curaban los
+maridos con _jarabe de fresno_.
+
+Comenzó el mal de Juliana por insomnios rebeldes: se levantaba todas las
+mañanas sin haber pegado los ojos; a los pocos días del insomnio empezó
+a perder el apetito, y, por fin, al no dormir se agregaron sobresaltos y
+angustiosos temores por las noches, y de día una melancolía negra,
+pesada, fúnebre. Lo peor para la familia fue que con estos alifafes
+enojosos no se atenuaba el absolutismo gobernante de la tirana, sino
+que se agravaba. Antonio le proponía sacarla a paseo, y ella a paseo le
+mandaba con cien mil pares de demonios. Hízose displicente, y también
+mal hablada, grosera, insoportable.
+
+Por fin, sus monomanías histéricas se condensaron en una sola, en la
+idea de que los mellizos no gozaban de buena salud. De nada valía la
+evidencia de la extraordinaria robustez de los niños. Con las
+precauciones de que les rodeaba, y los cuidados prolijos y minuciosos
+que en su conservación ponía, les molestaba, les hacía llorar. De noche
+arrojábase del lecho asegurando que las criaturas nadaban en sangre,
+degolladas por un asesino invisible. Si tosían, era que se ahogaban; si
+comían mal, era que les habían envenenado.
+
+Una mañana salió precipitadamente, con mantón y pañuelo a la cabeza, y
+se fue a los barrios del Sur buscando a Benina, con quien tenía que
+hablar. Y por Dios que no gastó pocas horas en encontrarla, porque ya no
+vivía en Santa Casilda, sino en los quintos infiernos, o sea en la
+carretera de Toledo, a mano izquierda del Puente. Allí la encontró
+después de enfadosas pesquisas, dando vueltas y rodeos por aquellos
+extraviados caseríos. Vivía la anciana con el moro en una casita, que
+más bien parecía choza, situada en los terrenos que dominan la
+carretera por el Sur. Almudena iba mejorando de la asquerosa enfermedad
+de la piel; pero aún se veía su rostro enmascarado de costras
+repugnantes: no salía de casa, y la anciana iba todas las mañanitas a
+ganarse la vida pidiendo en San Andrés. No sorprendió poco a Juliana el
+verla en buenas apariencias de salud, y además alegre, sereno el
+espíritu, y bien asentado en el cimiento de la conformidad con su
+suerte.
+
+«Vengo a reñir con usted, _señá_ Benina--le dijo sentándose en una
+piedra, frente a la casucha, junto a la artesa en que la pobre mujer
+lavaba, a respetable distancia del ciego, echadito a la sombra--. Sí,
+señora, porque usted quedó en ir a recoger la comida sobrante en nuestra
+casa, y no ha parecido por allí, ni hemos vuelto a verle el pelo.
+
+--Pues le diré, señora Juliana--replicó Nina--. Puede creerme que no ha
+sido desprecio; no señora, no ha sido desprecio. Es que no lo he
+necesitado. Tengo la comida de otra casa, con lo cual y lo que saco nos
+basta; y así, bien puede usted dárselo a otro pobre, y para su
+conciencia es lo mismo... ¿Qué quiere usted saber? ¿Que quién me da la
+comida? Veo que le pica la curiosidad. Pues debo esa bendita limosna a
+D. Romualdo Cedrón... le he conocido en San Andrés, donde dice la
+Misa... Sí, señora: D. Romualdo, que es un santo, para que lo sepa... Y
+ya estoy segura, después de mucho cavilar, que no es el D. Romualdo que
+yo inventé, sino otro que se parece a él como se parecen dos gotas de
+agua. Inventa unas cosas que luego salen verdad, o las verdades, antes
+de ser verdades, un suponer, han sido mentiras muy gordas... Con que ya
+lo sabe».
+
+Declaró la ribeteadora que se alegraba mucho de lo que oía referir; y
+que puesto que Don Romualdo la favorecía, Doña Paca y ella darían sus
+sobrantes de comida a otros menesterosos. Pero algo más tenía que
+decirle: «Yo estoy en deuda con usted, Benina, pues _dispuse_ que mi
+madre política, a quien gobierno con una hebra de seda, le señalaría a
+usted dos reales diarios... Como no nos hemos visto por ninguna parte,
+no he podido cumplir con usted; pero me pesan, me pesan en la conciencia
+los dos reales diarios, y aquí se los traigo en quince pesetas, que
+hacen el mes completo, _señá_ Benina.
+
+--Pues lo tomo, sí señora--dijo Nina gozosa--; que esto no es de
+despreciar... Vienen a mí estas pesetillas como caídas del cielo, porque
+tengo una deuda con la _Pitusa_, calle de Mediodía Grande, y lo
+arreglamos dándole yo lo que fuera reuniendo, y peseta por duro de
+rédito. Con esto llego a la mitad y un poquito más. Pedradas de estas me
+vengan todos los días, señora Juliana. Sabe que se le agradece, y
+quiera Dios dárselo en salud para sí, y para su marido y los nenes».
+
+Con palabra nerviosa, afluente y un tanto hiperbólica, aseguró la
+chulita que no tenía salud; que padecía de unos males extraños,
+incomprensibles. Pero los llevaba con paciencia, sin cuidarse para nada
+de su propia persona. Lo que la inquietaba, lo que hacía de su
+existencia un atroz suplicio, era la idea de que enfermaran sus niños.
+No era idea, no era temor: era seguridad de que Paquito y Antoñito caían
+malos... se morían sin remedio.
+
+Trató Benina de quitarle de la cabeza tales ideas; pero la otra no se
+dio a partido, y despidiéndose presurosa, tomó la vuelta de Madrid.
+Grande fue la sorpresa de la anciana y del moro al verla aparecer a la
+mañana siguiente muy temprano, agitada, trémula, echando lumbre por los
+ojos. El diálogo fue breve, y de mucha substancia o miga psicológica.
+
+«¿Qué te pasa, Juliana?--le preguntó Nina tuteándola por primera vez.
+
+--¿Qué me ha de pasar? ¡Que los niños se me mueren!
+
+--¡Ay, Dios mío, qué pena! ¿Están malitos?
+
+--Sí... digo, no: están buenos. Pero a mí me atormenta la idea de que se
+mueren... ¡Ay, Nina de mi alma, no puedo echar esta idea de mí! No hago
+más que llorar y llorar... Ya lo ve usted...
+
+--Ya lo veo, sí. Pero si es una idea, haz por quitártela de la cabeza,
+mujer.
+
+--A eso vengo, _señá_ Benina, porque desde anoche se me ha metido en la
+cabeza otra idea: que usted, usted sola, me puede curar.
+
+--¿Cómo?
+
+--Diciéndome que no debo creer que se mueren los niños... mandándome que
+no lo crea.
+
+--¿Yo?...
+
+--Si usted me lo afirma, lo creeré, y me curaré de esta maldita idea...
+Porque... lo digo claro: yo he pecado, yo soy mala...
+
+--Pues, hija, bien fácil es curarte. Yo te digo que tus niños no se
+mueren, que tus hijos están sanos y robustos.
+
+--¿Ve usted?... La alegría que me da es señal de que usted sabe lo que
+dice... Nina, Nina, es usted una santa.
+
+--Yo no soy santa. Pero tus niños están buenos y no padecen ningún mal...
+No llores... y ahora vete a tu casa, y no vuelvas a pecar».
+
+FIN DE LA NOVELA
+
+Madrid, Marzo-Abril de 1897
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Misericordia, by Benito Pérez Galdós
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MISERICORDIA ***
+
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+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
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+ https://www.gutenberg.org
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+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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