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+The Project Gutenberg EBook of Pequeñeces, by Luis Coloma
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Pequeñeces
+
+Author: Luis Coloma
+
+Release Date: December 3, 2006 [EBook #20011]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PEQUEÑECES ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+
+
+
+
+Pequeñeces...
+
+por
+
+El P. Luis Coloma
+
+de la
+
+Compañia de Jesús
+
+SEXTA EDICIÓN
+
+Bilbao
+ADMINISTRACIÓN DE «EL MENSAJERO DEL CORAZÓN DE JESÚS»
+Calle de Ayala
+1898
+
+ES PROPIEDAD
+
+QUEDA HECHO EL DEPÓSITO QUE SEÑALA LA LEY
+
+BILBAO--Imp. de Corazón del Jesús, Muelle de Marzana, 7.
+
+
+
+
+Al Lector[1]
+
+[Nota 1: Al publicarse por primer vez esta novela en _El Mensajero
+de Corazón de Jesús_, púsole su autor este prólogo dirigido a los
+lectores de dicha Revista, que por muchas y poderosas razones, nos ha
+parecido conveniente reproducir integro en esta sexta edición. (Nota de
+los editores.)]
+
+
+Lector amigo: Si eres hombre corrido y poco asustadizo, conocedor de las
+miserias humanas y amante de la verdad, aunque esta amargue, éntrate sin
+miedo por las páginas de este libro; que no encontrarás en ellas nada
+que te sea desconocido o se te haga molesto. Mas si eres alma pía y
+asombradiza; si no has salido de esos limbos del entendimiento que
+engendra, no tanto la inocencia del corazón como la falta de
+experiencia; si la desnudez de la verdad te escandaliza o hiere tu amor
+propio su rudeza, detente entonces y no pases adelante sin escuchar
+primero lo que debo decirte.
+
+Porque témome mucho, lector amigo, que, de ser esto así y si no te
+mueven mis razones, te espera más de un sobresalto entre las páginas de
+este libro. Yo dejé correr en él la pluma con entera independencia,
+rechazando con horror, al trazar mi pintura, esa teoría perversa que
+ensancha el criterio de moralidad hasta desbordar las pasiones,
+ocultando de manera más o menos solapada la pérfida idea de hacer pasar
+por lícito todo lo que es agradable; mas confiésote de igual modo que,
+si no con espanto, con grave fastidio al menos, y hasta con cierta _ira
+literaria_, rechacé también aquel otro extremo contrario, propio de
+algunas conciencias timoratas que se empeñan en ver un peligro en
+dondequiera que aparece algo que deleita. Porque juzgo que, por sobra de
+valor, yerran los primeros, en no ver abismos donde puede haber flores;
+y tengo para mí que, por hartura de miedo, yerran también los segundos,
+en no concebir una flor sin que oculte detrás un precipicio. Y andando,
+andando, y partiendo los unos de un principio falso y los otros de una
+verdad santa, llegan todos de la exageración al engaño, y pasan luego a
+la demencia; pareciéndoles a aquellos que pueden servir de guía a la
+juventud las crudezas de Zola, y creyendo estos que no conviene enseñar
+a los niños el Credo y los Artículos de la Fe sin introducir algunas
+prudentes modificaciones, de que yo pudiera citarle algún ridículo
+ejemplo. Extraño fenómeno y singular aprieto para el escritor el de
+estos dos extremos opuestos, hijos legítimos de la confusión de ideas en
+todo orden de cosas que caracteriza nuestra época, y reconoce por
+origen, entre otras mil causas, la orgullosa suficiencia propia, el
+desprecio de la autoridad que legítimamente define, la falta de
+profundidad y método en los estudios, el magisterio superficial, intruso
+e interesado de los periódicos, y la funesta propensión a juzgar lo que
+pasa en el corazón ajeno por lo que sucede en el propio.
+
+Cierto, ciertísimo, lector pío y discreto, que peca de inmoral y merece
+toda censura el autor que encomia a los ladrones y recomienda sus hurtos
+y los facilita; o el que protestando contra ellos y reconociendo su
+inmoralidad, traza, sin embargo, con buenas intenciones y poquísima
+prudencia, cuadros de peligrosa belleza, de tentación seductora, que
+ejercen sobre el lector incauto, y aun sobre el que por tal no se tiene,
+la atracción siniestra del abismo. Mas no por eso has de deducir de
+aquí, lector pío siempre, y esta vez no discreto si tal deduces, que sea
+igualmente inmoral el escritor que confiesa paladinamente que hay
+ladrones, que da la voz de alerta contra ellos y los saca a la vergüenza
+pública, pintándolos con todas aquellas sus negras tintas que sufre el
+decoro y hacen al vicio antipático y odioso, y se ayuda así del mal para
+hacer el bien, a la manera que la primavera se ayuda del estiércol para
+fabricar la rosa.
+
+Y no me digas que se corre siempre el riesgo fatalísimo de abrir los
+ojos a la inocencia; porque te diré entonces que si el tal autor supo
+guardar ese _prudente decoro_ que indiqué antes, y esa inocencia de que
+hablas es la verdadera inocencia del corazón, pura y santa, única que
+todo lo ignora, así en teoría como en práctica, preciso será que pase
+por aquellas páginas sin comprender lo que se dice entre líneas y coja
+la rosa sin sospechar que existe el estiércol. Y si por ventura lo
+sospecha y lo descubre, señal clara y evidente de que no estaban esos
+ojos tan cerrados como tú creías, y no siendo ya inocencia pura del
+corazón, sino mera ignorancia del entendimiento, le aprovechará por
+ende, si no como medicina todavía, como preservativo, al menos, la
+lección que encerró allí el autor en prudente logogrifo, y como
+estiércol sucio y hediondo aprehenderá forzosamente lo que como tal se
+le presenta. Y si se le convierte en ponzoña la triaca, culpa será suya
+y no del médico, porque la malicia no estará entonces en el que escribe,
+sino en la propia voluntad del que lee; que, como dijo un poeta antiguo:
+
+ Del más hermoso clavel,
+ pompa del jardín ameno,
+ el áspid saca veneno,
+ la oficiosa abeja, miel.
+
+Con este criterio, lector amigo, escribí yo el libro que entre las manos
+tienes, y lealmente te lo aviso para que lo arrojes a tiempo si mi modo
+de pensar no te satisface. Y si por acaso te maravilla que siendo yo
+quien soy me entre con tanta frescura por terrenos tan peligrosos, has
+de tener en cuenta que, aunque _novelista_ parezco, soy sólo
+_misionero_, y así como en otros tiempos subía un fraile sobre una mesa
+en cualquier plaza pública y predicaba desde allí rudas verdades a los
+distraídos que no iban al templo, hablándoles, para que bien lo
+entendieran, su mismo grosero lenguaje, así también armo yo mi tinglado
+en las páginas de una novela, y desde allí predico a los que de otro
+modo no habían de escucharme, y les digo en su propia lengua verdades
+claras y necesarias que no podrían jamás pronunciarse bajo las bóvedas
+de un templo.
+
+Porque si tú, lector pío y candoroso, sentado a las márgenes de los
+arroyos de leche y miel que fertilizan la Jerusalén celestial que
+habitas, has creído que existe la noción del bien y del mal en todos
+los corazones, con la misma claridad que tú la posees en tu
+entendimiento iluminado por la gracia, estás en un error crasísimo. En
+el mundo, y en cierta clase de mundo, sobre todo, el mal suele
+desconocerse a sí mismo, por esa misma confusión de ideas que en todos
+los órdenes reina. Cuando la relajación es general, sucede en una
+sociedad lo que a bordo de un barco acontece: que como todo se mueve
+igualmente, parece que nadie camina; preciso es que alguien se detenga
+para que haya un punto fijo que marque el atropellamiento de los otros y
+el rumbo peligroso de los que siguen caminando.
+
+Jamás harás conocer a un bizco su propio estrabismo, si no le pones
+delante un espejo fiel que le retrate su torcida vista; porque el ojo de
+la cara que sirve para ver y conocer a los demás no puede, sin un
+milagro que equivalga a esta gracia que tú disfrutas, verse y conocerse
+a sí mismo. Grande y caritativa obra, por tanto, será la del libro que
+sirva de punto fijo para avisar a los del barco que se alejan de la
+orilla; que sirva de espejo fiel al bizco desdichado, para que,
+comenzando por conocer allí su vista extraviada, acabe por odiarla en sí
+mismo.
+
+Y aquí tienes explicado de paso el porqué me detengo a veces en
+pormenores harto nimios, que desdeñaría como artista y a que no
+descendería como religioso. Porque el último parapeto del bizco que no
+quiere mirar derecho es negar que entienda el que le reprende de
+achaques de vista; por eso, cuando le pone delante el censor detalles
+íntimos conocidos sólo de los del gremio, concédele al punto la ventaja
+inmensa de la experiencia y se rinde a discreción, pensando que, si no
+fue también bizco allá en sus tiempos aquel que le reprende, entre
+muchos que bizquean debieron de apuntarle los dientes; y gran paso es ya
+este dado en el corazón que quiere ganarse, porque le invita a la
+confianza y le asegura la indulgencia, la idea de que aquel censor
+inexorable estudió en su mismo libro y venció sus mismas flaquezas.
+
+Y si todas estas cosas me concedes, y me arguyes todavía que no cuadra a
+la gravedad de _El Mensajero_ publicar historias tan profanas, pídote
+que consideres una cosa, en que de seguro no habrás parado mientes. No
+todos los suscriptores de _El Mensajero_ son como tú, piadosos y
+espirituales: en sus listas, numerosísimas hasta un punto increíble
+para lo que suelen ser estas cosas en España, figuran al lado de
+místicas abadesas, señoras muy del mundo, y junto a congregantes de San
+Luis, hombres despreocupados y hasta jóvenes alegres. Preciso es, pues,
+que toda esta multitud heterogénea encuentre allí alimento que la nutra
+y que le agrade, y la sana doctrina que paladea con delicia la abadesa
+en la _Intención_ de cada mes, seria, profunda y devota, es manjar harto
+sublime para el embotado paladar de aquellos otros que sólo podrán
+tragar esa misma celestial doctrina, envuelta en una salsa lícitamente
+profana.
+
+Dejen, pues, las almas pías ese rincón de _El Mensajero_ para esos
+pobres hambrientos, a quienes hay que alimentar por sorpresa con la
+santa doctrina de Cristo; que muy superior a la caridad que consiste en
+dar es la que consiste en comprender y soportar las humanas flaquezas.
+Esa es la que me hace a mí tomar la pluma y escribir para ellos, aun a
+trueque de escuchar, como en cierta ocasión he oído, que rebaja el
+carácter sacerdotal escribir cosas tan baladíes. ¡Como si la caridad se
+rebajara alguna vez, por mucho que descienda!...
+
+Y con esto, lector amigo, te dejo en paz, y libre quedas para entrarte,
+si te place, por las páginas de mi libro o dar media vuelta a la
+derecha. Témome, sin embargo, y en tus ojillos devotos lo conozco, que
+ansías ya por leerlo, y no lo dejarás hasta devorarlo letra a letra;
+porque si mis razones no te han convencido, como deseo, es fácil que la
+curiosidad te impulse contra lo que yo pretendo.
+
+Quédate, pues, con Dios, y Él te bendiga, que yo por mi parte
+
+ Con estas cosas que digo
+ y las que paso en silencio,
+ a mis soledades voy,
+ de mis soledades vengo.
+
+Bilbao, 1 de enero de 1890.
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+Libro Primero
+
+
+
+
+--I--
+
+ Something is rotten in the state of Denmark.
+ (Hay algo en Dinamarca que huele a podrido.)
+
+ Shakespeare, Hamlet.
+
+
+Las dos torrecillas del colegio se levantaban agudas y airosas como
+flechas disparadas contra el cielo azul, sereno y radiante, que suele
+cobijar a Madrid en los primeros días de junio. La verdura del jardín
+parecía una esmeralda caída en la arena, un oasis de bosquecillos de
+lilas que ya se marchitaban y de azucenas que comenzaban a abrirse,
+perdido en las áridas llanuras que por el lado del colegio rodean a la
+corte de España. El agua saltaba en las fuentes y corría por los pilones
+murmurando; oíanse alegres voces de niños en lo interior del edificio;
+gorjeos de ruiseñores y jilgueros en los árboles, y más allá, pasada la
+verja, ni niños, ni agua, ni flores, ni pájaros... Una llanura estéril,
+un pueblo de barracas; y allá en el horizonte, lejos, lejos, Madrid, la
+corte de España, asomando sus cúpulas y sus torres entre esa neblina que
+pone más de relieve la limpidez de la atmósfera, esa especie de vaho que
+se levanta de las grandes capitales, semejante a las emanaciones de una
+hedionda charca.
+
+Terminaba aquel día el curso, había tenido ya lugar la distribución de
+premios, y llegaba la hora de las despedidas. Cruzábanse por todas
+partes enhorabuenas y adioses, encargos y recomendaciones; y padres,
+madres, niños y criados, revueltos en confuso tropel, invadían todas las
+dependencias del colegio, rebosando esa satisfacción purísima del
+premio justamente alcanzado, del trabajo concluido, de la esperanza
+cierta de descanso; esa ruidosa alegría que despierta en el escolar de
+todas las edades la mágica palabra: _¡Vacaciones!_
+
+El acto había estado brillantísimo; en el fondo del salón ocupaban un
+estrado, ricamente dispuesto, los cien alumnos del colegio, con sus
+uniformes azules y plata, agitados todos por la emoción, buscando con
+los ojillos inquietos, arreboladas las mejillas y el corazón palpitante,
+entre la muchedumbre que llenaba el local, al padre, a la madre, a los
+hermanos que habían de ser testigos y partícipes del triunfo. Coronaba
+el estrado un magnífico cuadro de la Dolorosa, _Nuestra Señora del
+Recuerdo_, titular del colegio, y a su derecha presidía el acto el
+cardenal arzobispo de Toledo, bajo riquísimo dosel, y el rector y
+profesores del colegio sentados en tomo. Llenaban el resto del inmenso
+salón los padres y madres de los niños, alternando la gran señora con la
+modesta comercianta; el grande de España con el industrial acomodado;
+alegres todos, satisfechos, mirándose entre sí y sonriendo amigos y
+desconocidos, como si el sentimiento de la paternidad, igualmente
+herido, acortase las distancias y estrechase las relaciones,
+despertando en todas las almas idéntica felicidad, la misma dicha, igual
+deseo de considerarse y abrazarse como hermanos.
+
+La orquesta dio principio al acto, tocando magistralmente la obertura de
+_Semíramis_. El rector, anciano religioso, honra y gloria de la Orden a
+que pertenecía, pronunció después un breve discurso, que no pudo
+terminar. Al fijarse sus apagados ojos en aquel montón de cabecitas
+rubias y negras, que atentamente le miraban, apiñadas y expresivas como
+los angelitos de una gloria de Murillo, comenzó a balbucear, y las
+lágrimas le cortaron la palabra.
+
+--¡No lloro porque os vais!--pudo decir, al cabo--. ¡Lloro porque muchos
+no volverán nunca!...
+
+La nube de cabecitas comenzó a agitarse negativamente y un aplauso
+espontáneo y bullicioso brotó de aquellas doscientas manitas, como una
+protesta cariñosa que hizo sonreír al anciano en medio de sus lágrimas.
+
+El secretario del colegio comenzó a leer entonces los nombres de los
+alumnos premiados: levantábanse estos ruborosos y aturdidos por el miedo
+a la exhibición y la embriaguez del triunfo; iban a recibir la medalla y
+el diploma de manos del arzobispo, entre los aplausos de los compañeros,
+los sones de la música y los bravos del público, y volvían presurosos a
+sus sitios, buscando con la vista en los ojos de sus padres y de sus
+madres la mirada de inmenso cariño y orgullo legítimo, que era para
+ellos complemento del triunfo. Un niño pequeñito de ocho años subió
+gateando las gradas del estrado, púsose de puntillas para divisar a su
+madre, viola a lo lejos y con la punta del diploma le envió un beso...
+Chicos y grandes aplaudieron con entusiasmo: los unos, por ese instinto
+de ángel que hace comprender al niño lo que es santo y bello; los otros,
+por esa tierna simpatía que despierta en el corazón de todo padre o
+madre cuanto tiende a revelar el puro amor de hijo.
+
+El acto parecía ya terminado: el arzobispo iba a dar la bendición y todo
+el mundo se levantaba para recibirla de rodillas... Un niño blanco y
+rubio, bello y candoroso como un ángel de Fra Angélico, se adelantó
+entonces a la mitad del estrado: realzaba el encanto de su edad y su
+inocencia, _ese no sé qué_ aristocrático y delicadamente fino que
+atrae, subyuga y hasta enternece en los niños de grandes casas; y su
+larga cabellera rubia, cortada por delante como la de un pajecillo del
+siglo XV, le daba el aspecto de aquel príncipe Ricardo que pintó Millais
+en su célebre cuadro _Los hijos de Eduardo_.
+
+Detuviéronse todos a su vista, quedando cada cual en su sitio en el más
+profundo silencio. Volvió entonces el niño hacia el cuadro de la Virgen
+sus grandes ojos azules, rebosando candor y pureza, y con vocecita de
+ángel comenzó a decir[2]:
+
+ Dulcísimo recuerdo de mi vida,
+ Bendice a los que vamos a partir...
+ ¡Oh Virgen del Recuerdo dolorida,
+ Recibe tú mi adiós de despedida,
+ Y acuérdate de mí!...
+
+ ¡Lejos de aquestos tutelares muros,
+ Los compañeros de mi edad feliz,
+ No serán a tu amor jamás perjuros;
+ Se acordarán de ti!
+
+[Nota 2: Esta poesía es original del padre Alarcón, y fue leída en
+una solemnidad semejante a la que aquí describimos.]
+
+Un aplauso general salió del grupo de los niños, como un grito de
+entusiasta asentimiento. Los grandes no aplaudían; con el alma en los
+ojos y las lágrimas en estos, escuchaban inmóviles. El niño se adelantó
+dos pasos, y llevándose las manitas al pecho, prosiguió lentamente:
+
+ Mas siento al alejarme una agonía,
+ Cual no la suele el corazón sentir..
+ ¿En palabras de niño quién confía?
+ Temo... no sé qué temo, Madre mía,
+ Por ellos y por mí...
+
+Nadie respiraba; las lágrimas, al caer, no hacían ruido. El niño volvió
+entonces al público los cándidos ojos, con esa mirada vaga de la
+inocencia que parece investigar siempre algo ignorado, y prosiguió con
+tristeza que conmovía y sencillez que llegaba al alma:
+
+ Dicen que el mundo es un jardín ameno,
+ Y que áspides oculta ese jardín...
+ Que hay frutos dulces de mortal veneno,
+ Que el mar del mundo está de escollos lleno...
+ ¿Y por qué estará así?
+
+ Dicen que por el oro y los honores,
+ Hombres sin fe, de corazón ruin,
+ Secan el manantial de sus amores
+ Y a su Dios y a su patria son traidores...
+ ¿Por qué serán así?
+
+ Dicen que de esta vida los abrojos,
+ Quieren trocar en mundanal festín;
+ Que ellos, ellos motivan tus enojos,
+ Y que ese llanto de tus dulces ojos,
+ ¡Lo causan ellos, sí!
+
+Algunas mujeres enrojecieron, porque por la boquita del niño parecía
+hablar la voz de muchas conciencias; varios hombres bajaron la cabeza, y
+una voz enérgica, pero alterada, repitió a lo lejos:--¡Sí! ¡Sí!--. Era
+un anciano general, abuelo de un alumno del colegio. El niño parecía
+conmovido, como pueden estar los ángeles a la vista de las miserias
+humanas; movió tristemente la cabecita, cruzó las manos y prosiguió con
+la expresión de un querubín que mira a la tierra:
+
+ Ellos, ¡ingratos!, de pesarte llenan...
+ ¿Seré yo también sordo a tu gemir?
+ ¡No! Yo no quiero frutos que envenenan,
+ No quiero goces que a mi Madre apenan,
+ ¡No quiero ser así!
+
+ En los escollos de esta mar bravía
+ Yo no quiero sin gloria sucumbir;
+ Yo no quiero que llores por mí un día;
+ No quiero que me llores, Madre mía...
+ ¡No quiero ser así!
+
+ Y mientras yo responda a tu reclamo,
+ Mientras me juzgue con tu amor feliz,
+ Y ardiendo en este afecto en que me inflamo,
+ Te diga muchas veces que te amo,
+ ¿Te olvidarás de mí?
+
+ ¡Ah, no, dulce recuerdo de mi vida!
+ Siempre que luche en peligrosa lid,
+ Siempre que llore mi alma dolorida,
+ Al recordar mi adiós de despedida,
+ ¡Te acordarás de mí!
+
+ Y en retorno de amor y fe sincera,
+ Jamás sin tu recuerdo he de vivir.
+ Tuya será mi lágrima postrera...
+ ¡Hasta que muera, Madre; hasta que muera
+ Me acordaré de ti!
+
+ Tú en pago, Madre, cuando llegue el plazo
+ De alzar el vuelo al celestial confín,
+ Estrechándome a ti con dulce abrazo,
+ No me apartes jamás de tu regazo.
+ ¡No me apartes de ti!
+
+Calló el niño, y no resonó un aplauso; sólo estalló un sollozo, un
+inmenso sollozo que pareció salir de mil pechos por una sola boca,
+arrastrando los encontrados afectos de amor, ternura, vergüenza,
+entusiasmo, piedad y arrepentimiento, que en aquellos corazones había
+despertado la cándida vocecita del niño... A una señal del rector,
+lanzáronse todos los que en el estrado estaban en brazos de sus padres,
+estallando entonces una verdadera tempestad de besos, gritos, abrazos,
+bendiciones, llantos de alegría y gemidos de gozo. Sólo el niño que
+había declamado los versos quedó solitario en su asiento, sin padre ni
+madre que le recibieran en sus brazos; la pobre criatura dirigió una
+larga mirada al dichoso grupo, y con sus premios en la mano, salió
+lentamente por una ancha galería en que comenzaban a amontonar ya los
+criados los equipajes de los niños que se marchaban. Había en un extremo
+un gran mundo con las iniciales F. L. en la tapa, y sobre él se sentó el
+niño como esperando algo, con los premios al lado, la cabeza baja y la
+gorrita en la mano, triste, silencioso, inmóvil. La alegre algazara del
+salón llegaba a sus oídos, y poco a poco fuese levantado su pechito,
+hinchóse su garganta y rompió a llorar amargamente, en silencio, sin
+sollozos, sin suspiros, como lloran los que tienen en el corazón el
+manantial de sus lágrimas. Los criados comenzaban ya a cargar los
+equipajes, y los grupos de padres y niños se dirigían a la puerta con
+alegre barullo, sin que nadie reparase en el niño solitario, a veces, un
+compañero le daba al pasar una palmada cariñosa, o un profesor que
+corría apresurado le enviaba una sonrisa, y el niño sonreía también
+sorbiéndose las lágrimas.
+
+Una señora gorda, de aspecto bondadoso, hallóse en aquellas apreturas al
+lado del niño, llevando de la mano a un chiquillo gordinflón que sólo
+había obtenido un premio de gimnasia. Notó este las lágrimas de su
+compañero, y tirando de las faldas a la señora, le dijo al oído:
+
+--Mamá... mamá... Luján está llorando.
+
+--¿Por qué lloras, hijo?--le preguntó la señora compadecida--. ¡Si has
+declamado muy bien! ¿No has sacado premio?
+
+Púsose el niño muy encarnado y, levantando la cabeza con infantil
+orgullo, contestó mostrando los que junto a sí tenía:
+
+--Cinco... y dos _excelencias_...
+
+--Digo... ¿Cinco premios y todavía lloras?...
+
+El niño no contestó; bajó la cabeza como avergonzado, y de nuevo
+corrieron sus lágrimas.
+
+--Pero, ¿qué tienes, hijo?--insistió la señora--. ¿Estás malo?... ¿Por
+qué lloras?
+
+Un inmenso desconsuelo, que desgarraba el alma en aquella carita de
+ángel, se pintó en las facciones del niño; con los dientecillos
+apretados y los ojos rebosando lágrimas y amarguras, contestó al cabo:
+
+--Porque estoy solo. Mi mamá no ha venido. ¡Nadie ha visto mis
+premios!...
+
+La señora pareció comprender toda la profunda amargura que encerraba
+aquel sencillo lamento. Saltáronsele las lágrimas, y mientras con una
+mano acariciaba la rubia cabeza del niño, apretaba con la otra contra su
+seno la de su hijo, como si temiese que pudiera faltarle alguna vez
+aquel blando regazo.
+
+--¡Ángel de Dios!--decía al mismo tiempo--. ¡Pobrecito mío!... Tú mamá
+no habrá podido venir; estará fuera, sin duda... ¿Cómo se llama?...
+
+--La condesa de Albornoz--respondió el niño.
+
+Una violenta expresión de ira se pintó en el rostro de la señora al oír
+este nombre; volvióse bruscamente hacia una joven que la acompañaba, y
+exclamó con más impetuosidad que prudencia:
+
+--Pero, ¿has visto?... ¡Si esto clama al cielo!... ¡Pícara madre!
+¡Pícara madre!... Mientras este ángel llora, estará ella escandalizando
+a Madrid como acostumbra.
+
+--¡Calla mujer!--replicó la otra, mirando con inquietud al niño...
+
+--Pero ¿quién ve con paciencia esto?... ¡Lástima de hijo para tal
+madre!... Desde el fin del mundo hubiera venido yo por ver recibir al
+mío su premio de gimnasia... ¡Anda con Dios, hijo! Eso indica que cuando
+seas grande sabrás tirar de un carro... ¡Con tal que me seas bueno!...
+¿No es verdad, Calixto, vida mía?...
+
+Y estampaba en las mofletudas mejillas de su hijo esos estrepitosos y
+apretados besos de las madres, que parecen mordiscos del alma.
+
+El niño, enjugándose sus grandes ojos de un azul profundo, como el mar
+visto de lejos, no se enteraba de nada. La señora volvió a decirle:
+
+--Vamos, hijo mío, no llores... Anda, Calixto, no seas pazguato, dile
+algo a ese niño... ¿No ves que llora?... ¿Cómo te llamas, hijo?
+
+--Paquito Luján--respondió el niño.
+
+--Pues no llores, Paquito, que tu mamá te estará esperando en casa...
+Mira, Calixto, dale una de las cajas de dulces que te he traído..., o
+mejor será que le des las dos; yo te compraré otras.
+
+Y como viese que el niño rechazaba la linda cajita de la Mahonesa, que
+no del todo satisfecho le alargaba Calixto, añadió:
+
+--Tómalas, hijo... Esta para ti, y la otra para tus hermanos... ¿No
+tienes hermanitos?...
+
+--Tengo a Lilí.
+
+--Pues llévale una a Lilí. Y llévale también esto... y la buena señora
+estampó en las mejillas del niño, llenas de lágrimas, otros dos sonoros
+besos, que en vano pretendían suplir en ellas el calor que les faltaba
+de los besos de su madre. Un lacayo con larga librea verde aceituna,
+coronas condales en los botones y sombrero de copa con gran cucarda
+rizada en la mano, se acercó entonces al grupo:
+
+--Cuando el señorito quiera, está esperando el coche--dijo
+respetuosamente al niño.
+
+El pobre señorito se levantó de un salto, y abrazando con un movimiento
+lleno de gracia al gimnasta Calixto, se dirigió a la puerta, sin querer
+entregar al lacayo el envoltorio de sus premios. En la verja del jardín
+le detuvo el padre rector, que allí estaba despidiendo a los niños;
+besóle Paquito la mano, y abrazándole él cariñosamente, le habló breve
+rato al oído.
+
+Púsose el niño muy encarnado, corrieron de nuevo sus lágrimas y con
+verdadera efusión llevó por segunda vez a sus labios la mano del
+religioso.
+
+Poco a poco fueron desfilando los carruajes, y cesaron al fin los gritos
+de despedida.
+
+--¡Adiós!... ¡Adiós!...--repetía el anciano.
+
+Todavía aparecían algunas manitas saludando a lo lejos por las
+ventanillas de los coches:
+
+--¡Adiós!... ¡Adiós!...
+
+Ocultáronse al fin todos en el último recodo del camino, y sólo quedó la
+llanura árida, la polvorienta carretera, el pueblo de barracas, el
+colegio solitario, silencioso como una jaula de jilgueros vacía, y a lo
+lejos, acechando entre la bruma, Madrid, la gran charca.
+
+El pobre viejo dejó caer entonces los brazos abatidos, bajó tristemente
+la cabeza, y entróse en la capilla murmurando:
+
+ ¡Oh Virgen del Recuerdo dolorida!
+ ¿Se acordarán de ti?
+
+
+
+
+--II--
+
+
+Era aquella misma tarde poca la animación y escasa la concurrencia en el
+_fumoir_ de la duquesa de Bara. Casi tendida ésta en una
+_chaise-longue_, quejábase de jaqueca, fumando un rico cigarro puro,
+cuya reluciente anilla acusaba su auténtico abolengo: tenía sobre las
+faldas, sin anudarlo, un delantillo de finísimo cuero y elegante corte,
+para preservar de los riesgos de un incendio los encajes de su _matinée_
+de seda cruda, y sacudía de cuando en cuando la ceniza en un lindo barro
+cocido, que representaba un grupo de amorcillos naciendo de cascarones
+de huevo en el fondo de un nido.
+
+Pilar Balsano fumaba, haciendo figuras, otro cigarro no tan fuerte, pero
+sí tan largo como el de la duquesa, y Carmen Tagle se desquijaraba
+chupando un _entreacto_ que se mostraba algún tanto rebelde.
+
+--Está visto que no tira--dijo de pronto.
+
+Y para cobrar nuevas fuerzas se bebió poquito a poco, y con aire muy
+distinguido, una tercera copita del whisky, bastante fuerte, que
+juntamente con el té, los brioches y _sandwiches_, habían servido en
+rico frasco de cristal de Bohemia.
+
+La señora de López Moreno, gorda y majestuosa como las talegas de su
+marido, contraía sus gruesos labios para chupar un cigarrito de papel, y
+reíase maternalmente al ver a su hija Lucy, recién salida del colegio,
+dar pequeñas chupadas en el cigarro mismo de Angelito Castropardo.
+Chupaba la niña y tosía haciendo monadas; chupaba Angelito para darle
+magistral ejemplo, y tomaba a chupar y a toser la colegialita,
+encontrando el juego muy divertido. Parecía complacerla mucho tener por
+maestro un grande de España, y procuraba estudiar el chic de aquellas
+ilustres damas, que como modelos de distinción le proponía su madre.
+Todavía, sin embargo, encontraban en ellas sus ojos de colegiala cosas
+harto extrañas.
+
+Disgustaban a la duquesa las risotadas de la banquera; pero pasaban de
+dos millones las hipotecas que el cónyuge de esta tenía sobre los bienes
+de aquella, y ante la perspectiva de una prórroga necesaria, era preciso
+preparar el terreno con paciencia y amabilidades.
+
+Leopoldina Pastor, varonil solterona que pasaba ya de los cuarenta,
+guapa y muy erudita, despachaba una buena ración de brioche _milanaise_,
+disputando con don Casimiro Pantojas, antiguo director de Instrucción
+Pública, académico de la Lengua y celebérrimo literato. Habíase
+inaugurado aquella semana el tranvía del barrio de Salamanca, y
+lamentábase el académico de que el vulgo de Madrid se empeñase en hacer
+masculino el nuevo vehículo, contra el dictamen de algún colega suyo,
+que por femenino lo tenía.
+
+La señorita de Pastor, ardiente defensora de los fueros gramaticales,
+prometióle hacer por todas partes propaganda de _la tranvía_; pero
+escapósele al bueno de don Casimiro que era el académico en cuestión don
+Salustiano Olózaga, y Leopoldina varió al punto de dictamen, exclamando
+muy enfadada:
+
+--¡Imposible que sea femenino!... Olózaga es un indecente amadeísta que
+ha impuesto a Thiers el Toisón de oro; y eso no se lo perdona ninguna
+alfonsina... ¡Pues no faltaba más!... ¡El tranvía se dice, y el tranvía
+se dirá!...
+
+Y todos convinieron en poner pantalones al tranvía, incluso Fernando
+Gallarta y Gorito Sardona, gomosos del Veloz; y el grave marqués de
+Butrón, ministro plenipotenciario antes de la gloriosa, y gastrónomo
+distinguido únicamente después de ella. Era el marqués en extremo
+peludo, y la reina Isabel solía llamarle Robinsón Crusoe, porque, según
+aseguraba, sólo con la cara de su ministro plenipotenciario podía
+figurarse al famoso náufrago vestido de pieles en su isla desierta. Y en
+honor de la verdad, aquellos destinos del orbe entero, que encerraba
+Napoleón en el pliegue vertical de su frente, podían quedar entre las
+cejas del marqués perfectamente arropados, como entre dos pellejos de
+conejo.
+
+Frunció, pues, Butrón el formidable pliegue, y mirando la ceniza de su
+cigarro, dijo solemnemente:
+
+--¡Olózaga!... El y sólo él sirve de puntal a esta situación que se
+desmorona... Sin su habilidad y sus esfuerzos, tendríamos ya la
+Restauración planteada hace medio año.
+
+Indignáronse mucho las damas, y Carmen Tagle exclamó lastimeramente:
+
+--¡Y tanta apoplejía vacante!... ¡Tanta pulmonía desperdiciada!...
+
+El marqués, que estaba realmente al tanto de los manejos de la política
+reaccionaria, siguió perorando, y Carmen Tagle dejó de prestar atención
+para ponerla a lo que pasaba a sus espaldas, detrás de un caballete de
+terciopelo rojo, medio cubierto airosamente con una pieza de seda del
+siglo XVI, sobre la cual se destacaba una linda acuarela de Worms.
+Asomaban por entre las rojas patas del caballete las faldas de una dama
+y las piernas de un caballero, y eran estos incógnitos María Valdivieso
+y Paco Vélez, que sostenían allí hacía media hora una pelotera de dos
+mil demonios. La colegialita Lucy alargaba también la oreja a ver si
+pescaba algo, y pescó, en efecto, por dos o tres veces, el nombre de
+Isabel Mazacán y el de cierto actual ministro, muy joven y muy guapo,
+llamado García Gómez. A poco hizo otra pesca más gorda: habíasele
+escapado a la dama un iracundo ¡Canalla! y al caballero una grosera
+palabrota que hizo a Lucy pegar un respingo, poniéndose muy colorada, y
+a Carmen Tagle exclamar entre dientes, con su proverbial frescura:
+
+--_Ô mon Dieu; quel gros mot_!...
+
+Y levantando la voz un poco, dijo volviendo el rostro hacia el
+caballete:
+
+--Pero, María, ¿no vienes?... Mira que se está enfriando el té...
+
+Apareció entonces la Valdivieso por el laberinto de monerías y riquezas
+artísticas que llenaba la pieza, y vino a sentarse junto a Carmen Tagle,
+muy sofocada y echando por los ojos relámpagos de ira. Paco Vélez salió
+por el otro lado del escondite con las manos en los bolsillos, coloradas
+las orejas y mordiéndose los labios, y se detuvo a examinar, con aire de
+inteligente, una bellísima lámpara de cobre repujado que sobre una
+columna salomónica hacía pendant con el caballete. Lucy, que no conocía
+a la Valdivieso, preguntó muy bajito a su maestro Castropardo, si aquel
+otro señor era su marido.
+
+¡Su marido!... ¡Jesús, y qué risa tan grande y tan guasona le entró
+entonces a Angelito Castropardo!... Pero ¿de dónde diablos había sacado
+aquella criatura la peregrina idea de que fuese aquel un matrimonio?...
+
+--¡Como reñían de ese modo!...--dijo, muy apurada, Lucy.
+
+Castropardo sufrió otro acceso de hilaridad, y pudiendo apenas decir
+entre su risa «¡Pues tiene sombra la pregunta!», fue a contar al oído de
+la duquesa la ocurrencia de la colegiala.
+
+Pasóseles por alto a todos los demás este pequeño incidente, distraídos
+con la negra pintura de la situación actual, que deliberadísimamente les
+hacía el peludo diplomático; sabía muy bien que eran el brazo derecho de
+los políticos de la Restauración las señoras de la grandeza, y tenía él
+a su cargo enardecer y dirigir el celo de tan ilustres conspiradores.
+Ellas, con sus alardes de españolismo y sus algaradas aristocráticas,
+habían conseguido hacer el vacío en torno de don Amadeo de Saboya y la
+reina María Victoria, acorralándolos en el palacio de la plaza de
+Oriente, en medio de una corte de _cabos furrieles y tenderos
+acomodados_, según la opinión de la duquesa de Bara; de _indecentillos_,
+añadía Leopoldina Pastor, que no llegaba siquiera a indecentes. Las
+damas acudían a la Fuente Castellana, tendidas en sus carretelas, con
+clásicas mantillas de blonda y peinetas de teja, y la flor de lis,
+emblema de la Restauración, brillaba en todos los tocados que se lucían
+en teatros y saraos. Allí mismo y en aquel momento, la señora de López
+Moreno llevaba una colosal, empedrada de brillantes; y con mejor gusto
+para aquella hora y aquel traje, llevábanla también las otras damas, de
+oro mate con esmaltes. Leopoldina Pastor lucía una de trapo del tamaño
+de una zanahoria, colocada en lo más alto de su sombrero.
+
+Pavoroso era el cuadro que el marqués dibujaba... Aislado el pobre rey,
+miraba sin cesar hacia la frontera, esperando la contestación a su
+discurso del 3 de abril que aún no había obtenido respuesta el 21 de
+junio. Sucedíanse las crisis ministeriales, frecuentes, periódicas, como
+calenturas de terciana, hasta engendrar un ministerio llamado de Santa
+Rita, por ser esta Santa abogada de imposibles. Sublevábanse en las
+provincias tropas y paisanos; los tenderos se amotinaban en Madrid y
+daban una pedrada al alcalde; y cinco días antes, el 18 de junio, un
+populacho soez recorría las calles apedreando los cristales, y rompiendo
+los faroles de la iluminación con que celebraban muchos el aniversario
+del pontificado de Pío IX, mientras un gentío inmenso, de todos los
+colores y matices, aplaudía en los jardines del Retiro _El Príncipe
+Lila_, grotesca sátira en que designaban al monarca reinante con el
+nombre de _Macarroni I_. Varios gomosos del Veloz-Club, de los cuales
+era uno Paco Vélez, habían pagado a tres saboyanitos para que,
+escondidos en un palco proscenio del teatro a que asistía don Amadeo,
+interrumpiesen de repente la función, cantando al son de sus violines y
+arpas el conocido estribillo:
+
+ Cicirinella tenía un gallo
+ E tutta la notte montava a caballo,
+ Montava la notte bella
+ ¡Viva il gallo de Cicirinella!
+
+Divertía esto mucho a las damas, porque claro está que ello había de
+allanar el camino de la Restauración porque ansiosas trabajaban; pero lo
+temible, lo negro--y el marqués acentuaba los pavorosos tintes de su
+rostro, enarcando las pieles de sus cejas--, era que los carlistas
+comenzaban a removerse en el norte, y los republicanos en todas partes,
+y hacíase difícil defender de tanta boca abierta la única y apetecida
+tajada.
+
+--La Restauración es cosa hecha--concluyó _Robinsón_ con acento
+profético--; pero sólo llegaremos a ella atravesando un charco de
+sangre... ¡Preveo para España un _noventa y tres_ con todos sus
+horrores!...
+
+Sobrecogiéronse las damas, y en voz queda, contenida, cual si viesen
+asomar, como María Antonieta por las ventanas del Temple, la cabeza de
+la Lamballe, clavada en una pica, comenzaron a hablar de la
+guillotina... Morir las aterraba. ¿Qué sabían ellas lo que era morir?
+Tan sólo lo comprendían en el Teatro Real, dejándose caer poco a poco en
+la poltrona de Violeta Valery, cantando al compás de la orquesta y en
+los brazos de Alfredo: _¡Addio d'il passato_!
+
+La duquesa dijo con voz desfallecida que ella había visto en Londres, en
+la galería de madame Toussaud, la guillotina misma en que murió Luis
+XVI. La señora de López Moreno se llevó la mano a su gordo pescuezo,
+como si ya sintiese allí el filo de la fatal cuchilla. Leopoldina Pastor
+no se asustaba: de morir ella, moriría como Carlota Corday, despachando
+antes media docena de indecentes, como Marat. Carmen Tagle dio un
+suspiro, sacó un poquito la lengua y preguntó si aquello dolería mucho.
+
+--Tan sólo se siente un ligero frescor--contestó a lo lejos una voz
+cavernosa.
+
+Volviéronse todos asustados, creyendo encontrar la sombra de
+Robespierre, que venía a comunicarles el dictamen de su experiencia.
+
+Tan sólo vieron a don Casimiro Panojas, sonriente, apretándose con una
+mano el gaznate, rompiendo con la otra el rabo de un conejito de
+porcelana de Sajonia que, entre mil costosas baratijas, adornaba una
+mesa. Distraído siempre el buen señor, trituraba de continuo lo que
+cogía al alcance de sus dedos de espárrago, y a estos destrozos sin
+cuento de muebles y cachivaches debía el apodo de _el Ciclón Literario_.
+
+Riéronse todos; y la salida del académico, que no era otra sino el
+informe de Guillotín a la Asamblea francesa sobre su terrible invento,
+vino a aclarar algo la sombría atmósfera. Una racha viviente, un huracán
+femenino que apareció en la puerta, acabó de despejarla del todo; entró
+Isabel Mazacán, con su paso de Diana cazadora, alta la cabeza, altiva la
+mirada; demasiado señoril para _cocotte_ demasiado desvergonzada para
+gran dama.
+
+Besó a la duquesa, quitóse un guante, bebió dos sorbos de té...
+
+--Butrón, un cigarro--dijo, y con el aplomo de un veterano, de repente,
+sin preámbulos, hizo estallar esta bomba:
+
+--Está nombrada la camarera mayor de Palacio.
+
+La sorpresa hizo saltar de sus asientos a damas y caballeros, y
+desapareció como por ensalmo la jaqueca de la duquesa.
+
+--¿Quién es?...
+
+--Pero ¿quién podía ser?...
+
+Porque ¿quién podía ser, en efecto, si la gran habilidad de las señoras
+alfonsinas había estado en desairar a la reina María Victoria, dejando
+vacante el cargo de camarera mayor, que exige como requisito
+indispensable la grandeza de España, y es de suyo tan alto y delicado
+que no recibe, sino presta autoridad a la persona misma de la reina?...
+
+--¡Bah!--exclamó al cabo la duquesa--, alguna coronela de Alcolea...
+
+--Alguna burguesa distinguida--dijo Carmen Tagle.
+
+--Miss Zaeo, artista ecuestre--opinó Gorito Sardona.
+
+Y Paco Vélez, en crudo, sin repulgos, sin que ninguna dama se espantase,
+ni ningún caballero le cruzara el rostro de una bofetada, añadió:
+
+--Paca la alta... _artiste anonyme_...
+
+Angelito Castropardo, en pie detrás de la gorda López Moreno, la
+designaba con gesto picaresco, guiñando un ojo como si preguntase si era
+ella; mas la Mazacán, con mucha pausa y sin que la voluminosa banquera
+pudiese comprender por la expresión de su rostro qué decía, ni a quién
+hablaba, le contestó, subrayando las palabras:
+
+--No es _gorda_ de España... Es _grande_ de España.
+
+Recrudecióse la sorpresa con asomos de indignación, y hasta el mesurado
+diplomático contrajo sus pellejos de conejo, exclamando:
+
+--¡Imposible!... ¡Imposible!...
+
+--Será alguna grande de provincia... Alguna indecente que nosotros no
+conocemos--dijo Leopoldina Pastor.
+
+--No, señor; es grande de la corte, y de la cepa... y me extraña no
+encontrarla aquí...
+
+--¿Aquí?--gritó la duquesa irguiéndose amenazadora.
+
+Y revolvió los ojos en todas direcciones, como buscando debajo de alguna
+mesa o en lo alto de algún _étagére_ a la nueva camarera.
+
+--Pero ¿quién es?... ¿Quién es?--gritaron todos.
+
+Isabel Mazacán dejaba escapar una sonrisita maliciosa, como quien
+saborea un triunfo anticipado; presentó una copa a Paco Vélez para que
+se la llenase de whisky, vacióla de un trago, y acabó al fin de soltar
+la bomba.
+
+--Curra Albornoz--dijo.
+
+Lo enorme de la afirmación destruyó su efecto. Un «¡bah!» general de
+incredulidad brotó de todos los labios, y la duquesa se hundió de nuevo
+en las profundidades de su _chaise-longue_, exclamando:
+
+--¡Eso es una _canard_!
+
+--¡Sí, señor!... ¡Un camelo!--añadió Gorito muy indignado.
+
+Tocóle la vez de enfurecerse a Isabel Mazacán, y mientras el viejo
+Butrón disimulaba un repentino sobresalto, como si juzgase aquel
+nombramiento cosa de grave peligro, dijo ella muy contrariada por el
+fiasco de su noticia:
+
+--Pues, señor, ¡me pasmo de su pasmo de ustedes!... ¿A qué viene ese
+espanto?... ¿Acaso Curra ha tenido alguna vez vergüenza?
+
+--¡Eso es otra cosa!--replicó con fresquísima naturalidad la duquesa--.
+Pero la enormidad que tú le atribuyes sería peor que una culpa; sería
+una pifia...¡Camarera mayor de _la Cisterna_!... ¡Qué ridiculez!...
+
+--Mira que lo sé de buena tinta...
+
+--Vamos, mujer, dilo sin miedo, que ninguna de nosotras se ha de poner
+colorada--exclamó María Valdivieso con la intención de un toro de ocho
+años--. ¿Te lo ha dicho García Gómez?...
+
+La Mazacán titubeó un momento, y sin ruborizarse tampoco por las
+comentadas intimidades que con el lindo ministro tenía, dijo al cabo:
+
+--García Gómez me lo ha dicho.
+
+--¡Pues aunque lo diga San García Gómez no lo creo!--replicó
+impertérrita la duquesa--. Necesitaría yo verla en el coche de _la
+Cisterna_ para comprender.
+
+--Ya lo irás comprendiendo, mujer, no te apures--la interrumpió Isabel
+Mazacán con mucha sorna--. ¿Te acuerdas de que Currita estaba en París
+cuando la abdicación de la reina? ¿Te acuerdas de que nadie se acordó de
+invitarla a la ceremonia?... Bien se guardó ella de decirlo; pero su
+marido, ese Villamelón, que tiene más de _melón_ que de _villa_, lo dejó
+escapar una noche en casa de Camponegro... ¡Pues ahí tienes la madre
+del cordero!... Ella no ha perdonado el desaire, y quiere ahora sacarse
+la espina; porque, ¡pásmate, Beatriz, pásmate!... Ni aun siquiera le han
+ofrecido el cargo; ¡ella, ella es quien lo ha solicitado!...
+
+Horrorizáronse todos, y la Mazacán continuó:
+
+--Verdad es que se hace pagar carillo, porque ha sacado seis mil duros
+de sueldo, y...
+
+--¿Seis mil duros de sueldo?... ¡Qué barbaridad!... Pero si ningún
+sueldo de Palacio pasó nunca de tres mil duros...
+
+--Pues para Curra pasa de seis mil, porque, además de ellos, se ha
+sacado también...
+
+Aquí intercaló la amiga de García Gómez una risita de todos los diablos,
+y añadió muy despacito:
+
+--...la Secretaría particular de don Amadeo, para ese Juanito Velarde,
+que es ahora su consejero íntimo.
+
+--¿Velarde?--exclamó Pilar Balsano muy sorprendida--. ¡Yo nada sabía!...
+
+--¿Ahora te desayunas de eso?... ¡Vamos, Pilar, que estás siempre en
+Belén con los pastores!...
+
+--Lo veía mucho con Villamelón, pero nada sospechaba...
+
+--¿Y querías mayor indicio?... En ese matrimonio modelo son comunes
+hasta las afecciones; el consejero más íntimo de Currita es el amigo que
+Villamelón pasea... En eso conozco yo quién está de turno.
+
+Riéronse todos, como siempre que la Mazacán empuñaba la tijera, y la
+señora de López Moreno dijo muy satisfecha:
+
+--¡Qué Isabel esta!... ¡Con qué gracia crucifica a todo el mundo!...
+
+No sentó bien a la Mazacán aquel familiar _Isabel_, y como no tenía
+sobre sus tierras hipoteca ninguna de la banquera, la contestó
+recalcando mucho el nombre de pila de esta:
+
+--Por eso tengo la seguridad de que a nadie calumnio, mi señora doña
+Ramona...
+
+La duquesa, que aún no se daba por convencida, quiso replicar algo; pero
+el marqués, desasosegado y nervioso, impuso silencio, extendiendo una
+mano que parecía tener, como las de Jacob, mitones de cabrito...
+
+--¡Basta, basta, señores!--dijo--. ¡Están ustedes jugando con fuego!...
+
+Y lanzando en torno una mirada escrutadora, que brillaba entre sus cejas
+como el sol entre nubarrones, añadió:
+
+--Todos tenemos aquí los mismos intereses, y se puede hablar claro... De
+ser cierto lo que Isabel dice, el tal nombramiento traerá cola... Lo de
+la abdicación es exacto, pero fue un olvido; yo estaba allí también, y
+me lo contó Pepe Cerneta, y la misma señora me lo repitió, lamentándose
+de ello... Por eso, cuando noté que Currita se había resentido, escribí
+yo mismo a la reina, aconsejándola que la desagraviara...
+
+--¡Pues muy mal hecho!... ¡Lástima de tiempo perdido!--le interrumpió
+Isabel Mazacán con un mohín graciosísimo.
+
+--¡No, Isabel, no!... Que cuando un partido está en desgracia, su
+política ha de ser siempre la de barrer para adentro... Por eso la
+señora me contestó hace poco que la invitaría para la primera comunión
+de nuestro príncipe en Roma... ¡Figúrense ustedes el compromiso que será
+para mí si la señora da ese paso en falso!... ¡Jesús, Jesús, qué
+disparate!... Pero, Isabel, cabeza de pájaro, ¿por qué no me dijiste eso
+a mí solo?...
+
+--¡Pues me gusta la salida!... ¿Para que se lo guardara usted muy
+tapadito?...
+
+--¡Pues claro está!, ¡para eso mismo!... Es menester que todo eso quede
+entre nosotros, y hable yo cuanto antes con Currita...
+
+--Aquí la tendrá usted de un momento a otro.
+
+--¿Aquí?...
+
+--Aquí mismo... Quedé citada con ella para ir a la visita de los niños
+de la Inclusa; ella es de la Junta de Damas.
+
+--¡Oh, sí!--exclamó Carmen Tagle en tono muy devoto--. Currita tiene a
+esos pobrecitos niños un afecto tiernísimo...
+
+--Maternal--dijo Gorito en el mismo tono.
+
+--Verdaderamente maternal--repitieron varios muy compungidos; y todos se
+echaron a reír, incluso la colegialita, con sencillez candorosísima,
+mientras Butrón, muy apurado, repetía con el ademán de Neptuno
+pacificando los mares:
+
+--¡Juicio, señores; juicio, por Dios!... Que nadie diga una palabra, ni
+se den por entendidos con ella, hasta que yo le hable.
+
+--¡Ay, no, no; lo que es eso no!--exclamó la Mazacán muy desolada--. Por
+nada del mundo renuncio yo al gustito de hacerla rabiar un rato...
+
+--¡Pero si eso no puede ser cierto!... ¡Si todo podrá arreglarse!
+
+--Pues mientras usted lo arregla, nosotras nos divertiremos...
+
+Butrón quiso invocar los fueros de su autoridad, pero ya era tarde... A
+través de la puerta del _fumoir_ vieron todos adelantarse, por el salón
+vecino, a una dama muy pequeñita, flaca, que caminaba con menudos pasos
+sobre sus altos tacones, dando golpecitos en el suelo con el regatón del
+largo palo de su sombrilla de encajes. Tenía el pelo rojo, el rostro
+lleno de pecas, y sus pupilas grises eran tan claras que parecían
+borrarse a cierta distancia, haciendo el extraño efecto de los muertos
+ojos de una estatua.
+
+Al verla, Leopoldina Pastor corrió al soberbio piano de Erard, que
+estaba en un ángulo, arrancó de un solo tirón la rica y antigua colcha
+brocada que lo cubría, y se puso a tocar furiosamente el flamante himno
+de doña María Victoria, una de las intemperancias filarmónicas en que
+tan fecundo fue siempre el partido progresista. Gorito Sardona saltó
+frente a la puerta, sobre un puff de badana japonesa, y cogiendo a guisa
+de sombrero una de las bandejas del té, de cincelada plata antigua, se
+descubrió ante la dama lentamente, tieso, sin mover la cabeza,
+extendiendo el brazo hasta formar con el cuerpo ángulo recto, como solía
+saludar por todas partes el rey don Amadeo.
+
+Currita se detuvo un momento en el dintel, sin perder su aire de niña
+tímida, de ingenua colegiala; oyó el himno, vio a Gorito, abarcó la
+situación con una sola y rápida ojeada... y dobló de repente el cuerpo
+con distinción exquisita, para contestar al saludo amadeísta con otro
+saludo de corte, profundo, pausado, a la derecha, a la izquierda,
+poniendo en elegantísima caricatura la ceremoniosa reverencia usual de
+la reina doña María Victoria.
+
+
+
+
+--III--
+
+
+El 21 de junio de 1832, Fernando VII, arrastrando los pies más por la
+gota que por los años, y María Cristina, en todo el apogeo de su lozanía
+y su belleza, sacaban de pila en la colegiata e iglesia parroquial de la
+Santísima Trinidad, del Real Sitio de San Ildefonso, a un niño que se
+llamó Fernando, Cristián, Robustiano, Carlos, Luis Gonzaga, Alfonso de
+la Santísima Trinidad, Anacleto, Vicente.
+
+Era hijo primogénito de los marqueses de Villamelón, grandes de España,
+gentilhombre él de su majestad el rey, y dama de honor ella de su
+majestad la reina. Fue la última criatura que apadrinó Fernando en este
+valle de lágrimas; quince meses después bajó al sepulcro en el Real
+Palacio de Madrid, cumpliéndose a la letra el símil de la botella de
+cerveza con que el socarrón monarca comparaba a su pueblo. Él era el
+corcho que saltaba, la revolución el espumoso líquido que se difundía
+por todas partes.
+
+Aquella misma tarde quiso Fernando examinar de cerca a su ahijado, y en
+su propia cámara, hundido él en su poltrona, puso al recién nacido sobre
+sus rodillas, abrióle la boquita con un dedo, y metióle su nariz de pura
+raza borbónica, como si quisiera examinarle la embocadura del esófago.
+El caso era portentoso, y asustado Fernando al cerciorarse de ello,
+retiró la nariz prontamente... El tierno Villamelón había venido al
+mundo con toda la dentadura completa.
+
+Enrique IV nació con dos dientes, Mirabeau con dos muelas, y quien de
+tal modo superaba al gran rey, y se sobreponía al famoso tribuno,
+preciso era que diese también de sí grandes cosas. Villamelón padre
+lloraba de gozo, y el conde de Alcudia, que allí se hallaba presente, le
+aconsejó que emplease para la lactancia de su hijo las veintisiete vacas
+y cuarenta cabras que servían de amas de cría al hipopótamo parvulito,
+regalo de Abbás-Pachá, que se criaba en París, en el jardín de las
+plantas. Mas Fernando VII opinó que le diesen de mamar chuletas, y lo
+destetaran luego con aguardiente, y aquella misma noche envió a su
+ahijado, como regalo de padrino, un gran trinchante de oro macizo, que
+tenía esculpidas en el cabo las armas de España.
+
+La reina deseó también cerciorarse del prodigio, metiendo la punta de su
+rosado dedo en la boca de Villameloncito, y don Tadeo Calomarde, que
+llegó en aquel momento, quiso hacer la misma experiencia,
+introduciéndole el suyo manchado de tinta. Mas el niño apretó entonces
+fuertemente sus precoces herramientas, haciendo lanzar al ministro un
+ligero chillido.
+
+--Se conoce que no es tonto--dijo Fernando VII.
+
+Rieron todos la agudeza del monarca, y la frase salió de la cámara
+regia, cruzó por los salones, pasó por las antesalas, y al bajar las
+escaleras comentábanla ya todos, muy admirados del talento de la
+criatura, asegurando que a los tres días de nacida había recitado a su
+augusto padrino el Padrenuestro, el Avemaría, parte de la letanía
+lauretana y una fabulita de don Tomás Iriarte; aquella que empieza:
+
+ Por entre unas matas
+ Seguido de perros,
+ No diré corría,
+ Volaba un conejo...
+
+El caso era prodigioso, y de entonces dató la fama de hombre de talento
+que había de gozar el marqués futuro de Villamelón, hasta que los
+repetidos esfuerzos de sus majaderías dieron con ella al traste.
+
+A los veinte años cumplidos, y puesto ya, por muerte de su padre, en
+posesión de su título, entró en la Academia de Artillería, y el año de
+59 marchó a la guerra de África, a bordo de la escuadra que mandaba el
+general don Segundo Herrera. Ansioso de pisar suelo africano y teñir su
+espada virgen en sangre agarena, saltó Villamelón a tierra, en el sitio
+que llaman de Cabo Negro, con ánimos bastantes para atravesar todo
+Marruecos y llegar a Túnez, donde un su abuelo había ganado la Grandeza
+entrando en la Alcazaba con don Juan de Austria... Mas de repente
+brotaron de entre las cerradas malezas que cubrían la rojiza playa como
+el áspero vello de una fiera bestia, varios rifeños dispersos, que
+recibieron a los exploradores con el fuego de sus espingardas...
+Villamelón no titubeó un momento: olvidóse de Marruecos, renunció a
+Túnez y renegó de aquel su abuelo que ganó la Grandeza en la Alcazaba,
+para ganar él la chalupa a toda prisa y refugiarse en el último rincón
+de su camarote de la _Blanca_, sin que volviese a subir sobre cubierta,
+hasta regresar de nuevo a la Península con patente de enfermo. Los
+rifeños le habían parecido muy feos en aquella corta entrevista, y tan
+mal educados, que imposible se hacía a toda persona decente tener trato
+alguno con ellos.
+
+Pidió entonces su retiro, y entró en Madrid triunfante, como Napoleón en
+París de vuelta de la campaña de Egipto, precedido de la fama de sus
+hazañas en el combate _terro-naval_ de Cabo Negro. El combate
+_terro-naval_ corrió por toda la corte, ponderado por el héroe mismo, y
+un día que daba la guardia en Palacio, como grande de España, y
+mencionaba por centésima vez, durante la comida, el combate
+_terro-naval_ de Cabo Negro, le dijo de pronto la reina:
+
+--Mira, Villamelón; varía alguna vez, y que no sea siempre
+_terro-naval_... Siquiera por hoy, que sea _navo-terrestre_.
+
+Y bautizado por los regios labios _navo-terrestre_, quedó Villamelón
+para todos los días de su vida.
+
+Era por aquel tiempo el marqués, sin ser derrochador, bastante
+libertino; pero no con aquel aristocrático libertinaje de los Lauzun y
+los Frousac, señoriles hasta en sus vicios, caballerescos hasta en la
+infamia, que sacudían de sí todo lo vulgar y grosero, con la misma
+elegante pulcritud con que sacudían el polvillo del perfumado tabaco de
+sus chorreras de encaje. Su libertinaje era, por el contrario, aquel
+otro libertinaje tan común en España entre los jóvenes de alta alcurnia:
+mezcla extraña, tipo híbrido del manolo y del _sportmen_, del gitano y
+del muscadin, que se diría nacido del antitético matrimonio de un torero
+andaluz con una _soubrette_ parisiense. Harto al cabo de chulas y de
+lorettes, de toros y de handicaps, de manzanilla y champagne, de callos
+y de _foie-gras_, resolvió a los treinta años _dar fin_; esto es,
+casarse... Mas para que Villamelón _diese fin_, preciso era que alguna
+hija de Eva _diese principio_, puesto que por una de esas anomalías que
+tienen su razón de ser en el torcido criterio de ciertas clases
+sociales, se ha convenido en que el hombre piensa dar fin en aquel mismo
+matrimonio en que juzga la mujer dar principio.
+
+El trabajo de la elección, _l'embarras du choix_, como él mismo decía,
+no fue para Villamelón grande, porque en ningún orden de ideas era
+descontentadizo. Creía en Dios como en una persona excelente con quien
+se cumple de sobra, dejándole de cuando en cuando una tarjeta en el
+cancel de una iglesia; el hombre era para él un tubo digestivo muy bien
+dispuesto; la vida, una peregrinación, que, con la bolsa bien repleta y
+el estómago bien lleno, podía hacerse cómodamente; y el matrimonio, la
+fusión de dos rentas y la prolongación de una estirpe que había de
+llevar su ilustre nombre, ni más ni menos que llevan el suyo los toros
+de Veraguas o las yeguas de Mecklemburgo.
+
+Viose, pues, a Villamelón, el héroe del combate _navo-terrestre_ de Cabo
+Negro, que tanto se había asustado con la desnudez relativa de los
+rifeños, pedir sin repugnancia y obtener sin espanto la mano de una
+ilustre salvaje completamente desnuda de alma; porque así como en
+bosques y desiertos se encuentran salvajes que ofenden la decencia con
+la desnudez de sus cuerpos, así también se encuentran en plazas y
+salones otros salvajes vestidos por fuera, que insultan el pudor con la
+desnudez interna de sus almas. Para ellos son del todo inútiles cuantas
+prendas más o menos postizas usa la humanidad para encubrir sus vicios,
+y lo mismo el santo rubor que la falsa hipocresía, el noble decoro que
+la falaz preocupación, les provocan la carcajada de extrañeza que causó
+a Cetewayo, destronado rey de los zulús, la camisa que le ofrecían sus
+vencedores ingleses.
+
+Esta ilustre salvaje civilizada era la excelentísima señora doña
+Francisca de Borja Solís y Gorbea, condesa de Albornoz, marquesa de
+Catañalzor, dos veces grande de España por derecho propio, y marquesa de
+Villamelón y de Paracuéllar, con otra Grandeza, por el héroe de la
+batalla _navo-terrestre_ de Cabo Negro, su ilustre marido.
+
+Pero por una de esas excepciones que apartan en algo al individuo de las
+reglas generales del tipo para constituir en el un carácter propio,
+tenía la condesa un pudor especial, un extraño pudor que pudiera muy
+bien llamarse el pudor de su marido. Porque lejos de ser este
+matrimonio, como tantos otros de su clase, la pareja de perros que se
+esfuerzan por andar tan apartados como permite la traílla harto elástica
+que los une, veíaseles, por el contrario, siempre juntos en todas
+partes, abrumando él a ella con cariñosas atenciones, correspondiente
+ella a él con monadas de niña tímida, de candorosa colegiala cuyo
+encantador enfantillage, sobrepuesto a su desvergonzado cinismo, traía a
+la imaginación el extraño fantasma de un caribe bebiendo en delicadísima
+copita de cristal de Bohemia, poquito a poco y sorbo a sorbito,
+espumante sangre caliente; de un antropófago que con tenedor y cuchillo
+de brillantísima plata se comiese con la mayor pulcritud posible un
+beefsteak de carne humana.
+
+Villamelón, sin embargo, había realizado su ensueño; porque su esposa
+prolongó su estirpe añadiéndole una niña y un niño, y la renta de él,
+que, según su frase, daba para comer, se unió a la de ella, que daba a
+su vez para cenar; para comer y cenar, se entiende, con todas las
+opíparas reglas del arte, porque Villamelón honró siempre su precocidad
+dentífrica y el trinchante de oro macizo, regalo de su augusto padrino,
+siendo glotón a la vez que gastrónomo, _gourmand_ a la vez que
+_gourmet_; un tonel sin fondo en cuanto a la cantidad de lo que bebía y
+engullía, y un inteligente Brillat-Savarin en cuanto a la calidad y modo
+de lo que engullía, sordo siempre a los clamores de la indigestión, que
+de cuando en cuando se encargaba de predicar moral a su estómago.
+
+La esposa, por su parte, era también feliz; zambullida en su
+desvergüenza, como los héroes griegos en la Estigia, habíase hecho como
+ellos invulnerable, y con su audacia infinita y su cínica travesura
+femenina, lograba el único fin de su vida, natural anhelo de su vanidad
+inmensa: sobreponerse a todo el mundo, ser siempre la primera y lograr
+que todas las lenguas le rindiesen vasallaje, ocupándose constantemente,
+para bien o para mal, que eso poco importaba, de su persona y de sus
+cosas. De ella hubiera podido decirse lo que de cierto personaje dijo un
+escritor elegantísimo: «Si asiste a una boda, quisiera ser la novia; si
+a un bautizo, el recién nacido, si a un entierro, el muerto».
+
+Y aunque nadie hubiera podido explicar la razón de ser de esta
+supremacía de que gozaba Currita en la corte, sin embargo, con esa
+vergonzosa condescendencia para el escandaloso que es a nuestro juicio
+el pecado capital de la alta sociedad madrileña y el origen y fuente de
+sus deformidades, todo el mundo, desde el caballero cumplido hasta el
+tahúr elegante, desde la dama honrada hasta la hembra sin decoro, se
+sujetaban a ella de modo más o menos directo, sin dejar por eso de
+proclamar que en belleza la aventajaban todas, en alcurnia la igualaban
+muchas, en riquezas la superaban bastantes, y sólo en audacia y
+desvergüenza caminaba siempre la primera... ¿Sería, pues, esta la razón
+de ser de aquella supremacía? ¿Sería que a fuerza de ver refinado el
+vicio y respirar la atmósfera de escándalo llegan ciertas sociedades a
+la aberración de aquellos pueblos bárbaros que prestan su homenaje más
+profundo y su culto más entusiasta al ídolo más monstruoso?...
+
+Limitémonos a indicar el hecho sin tratar de analizarlo, y veamos lo que
+hizo Currita aquella tarde en casa de la duquesa de Bara.
+
+Esta se había incorporado en su asiento, y Currita llegó hasta ella,
+saludando a derecha e izquierda, al son del himno de doña María
+Victoria, siempre con su cándida risita:
+
+--¡Gracias! ¡Gracias, amado pueblo!
+
+--_À tout seigneur, tout honneur_!--le dijo la duquesa devolviéndole sus
+besos.
+
+Agrupáronse todos en torno a Currita, que se había sentado junto a la
+duquesa, desairando una taza de té que le ofrecían; pidió en cambio una
+copita de whisky, porque era de rigor en aquel tiempo, entre algunas
+damas elegantes que pretendían formar el cogollito _de la crème_, fumar
+y empinar de lo lindo, con mucha distinción y gracia. El respetable
+Butrón le ofreció un cigarro.
+
+--¡Ay, no, no--dijo ella con su melodiosa vocecita--; eso es paja!...
+Dame tú uno más fuerte, Gorito...
+
+Y mientras Gorito le daba un veguero, capaz de tumbar de espaldas a un
+sargento de caballería, y lo encendía ella pulcramente con una prosaica
+cerilla, le dijo la duquesa:
+
+--¡Pero vamos, mujer... cuenta, cuenta!...
+
+--¿Y qué he de contar yo--dijo ella entre dos chupadas--, si veo que lo
+saben ustedes todo?...
+
+--¿Pero es cierto?--preguntó Butrón azorado.
+
+--¡Ciertísimo!--replicó con énfasis Currita.
+
+El peludo Butrón levantó ambas manos al cielo, la Mazacán paseó por la
+horrorizada concurrencia una mirada de triunfo, y la duquesa,
+irguiéndose iracunda, exclamó violentamente:
+
+--¿Y lo dices con esa frescura?... ¿Y tienes valor para venir a decirlo
+aquí, en mi casa?...
+
+Currita pareció quedarse sorprendida, casi espantada, y paseando por
+todo el auditorio sus claros ojos admirablemente azorados, dijo con el
+tonillo lastimero de una niña a quien amenazan con azotes:
+
+--Pero entendámonos... ¿Qué es lo que ustedes saben?...
+
+--Que estás nombrada camarera mayor de _la Cisterna_--dijo Isabel
+Mazacán con todos sus bríos.
+
+Currita pensó desmayarse.
+
+--¿Yo?--dijo con la ruborosa indignación de una virgen de cuya virtud se
+duda--. ¿Y ustedes lo han creído?...
+
+--¡Nadie, nadie!--exclamó Butrón soltando el resoplido inmenso de un
+gigante a quien quitan de sobre el pecho una montaña--Nadie ha dudado ni
+por un momento de tu lealtad, hija mía querida, y cree que...
+
+--¡Jesús, señor, qué gentes!, ¡qué lenguas!, ¡qué modo de tergiversar
+hasta lo más sencillo!--decía Currita con voz debilitada.
+
+Y enjugándose con su finísimo pañuelo una lágrima, que, falsa o
+verdadera, apareció en sus ojos, dejaba ver al descuido la bellísima
+flor de lis que traía en el pecho, y una magnífica pulsera de oro, en
+que con sus gruesos brillantes se leía incrustada la cifra de Isabel II.
+
+--El caso no puede ser más sencillo--prosiguió con aquella suave
+vocecita que jamás dejaba un mismo y pausado tono--. Ayer, en el
+consejillo, trataron del nombramiento de camarera, porque la verdad es
+que la posición de esa pobre Cisterna no puede ser más desairada... Pues
+nada, hija, el ministro de Ultramar[3] tuvo la ocurrencia de proponer
+que me hicieran a mí la oferta.
+
+[Nota 3: Advertimos desde luego al lector, que ni en este ni en
+ninguno de los personajes que se presentan en los muchos episodios
+históricos de esta novela desempeñando cargos oficiales, se ha querido
+retratar ni aun siquiera aludir a los que realmente hubieran podido
+ocupar aquellos cargos en la época a que nos referimos. Por más que
+disten mucho ciertas personalidades de sernos simpáticas, nos inspiran a
+lo menos compasión, y al fustigar sin piedad al vicio y al escándalo,
+nos guardamos muy bien de ensañarnos con persona alguna determinada, a
+que puede el arrepentimiento haber colocado ya al abrigo de toda
+censura. Con más razón que Crévillon podemos decir: _Jamais aucune fiel
+a empoisoné ma plume_.]
+
+--¡Indecente!--gritó Leopoldina Pastor--. ¿Y tu marido no le ha dado ya
+una estocada?
+
+--Bien la merece; pero, después de todo, el pobre Fernandito es quien
+tiene la culpa--continuó Currita con aire de pacientísima esposa--. Se
+empeñó en que su amigo Juanito Velarde había de ser secretario
+particular de don Amadeo, habló al ministro, este le ayudó, y
+envalentonado con eso, se ha atrevido a tanto el señor ministro... Lo
+que yo le decía a Fernandito: si le das el pie a esa gente, se tomarán
+la mano... En fin, hija, el presidente del Consejo en persona estuvo a
+hacerme la propuesta... ¡Por supuesto que yo no lo recibí; Fernandito se
+entendió con él, y tuvieron una escena!... Yo, muerta de susto, porque
+creí que lo iba a plantar en la calle y acabaría la cuestión a tiros...
+En fin, se fue por donde había venido, con las orejas calientes; y sabe
+Dios lo que en venganza dirán de mí ahora... Esto ha sido todo; por eso,
+cuando al entrar oí el himno y vi el saludo de Gorito, creí que era una
+broma que ustedes me daban...
+
+Butrón hizo una profunda señal de asentimiento, y la duquesa, ya
+amansada del todo y queriendo remediar su anterior arranque, dijo
+vivamente:
+
+--¿Pero podías creer otra cosa?
+
+Y cogiéndola la muñeca en que traía la pulsera de Isabel II, besóle la
+mano con gran cariño, diciendo:
+
+--Si fueras tú camarera de _la Cisterna_ merecerías que se te volviese
+un grillete esta pulsera.
+
+--¿No me la habías visto?--dijo con mucha naturalidad Currita--. Me la
+regaló la reina el último día de mi santo.
+
+Mientras la de Albornoz hablaba, Isabel Mazacán, muy impaciente,
+cuchicheaba al oído de Butrón, diciéndole:
+
+--¡Pero qué grandísima embustera!... ¡Pero qué modo de inventar
+historias!... ¡Mentira, Butrón, mentira todo!... Si me dijo García Gómez
+que justamente en el consejillo había dado cuenta el ministro de
+Ultramar del deseo de ella, y entonces quedó acordado el nombramiento,
+supuesta la aprobación de _la Cisterna_... Hoy, hoy por la mañana, es
+cuando debe de haber ido el presidente del Consejo a notificárselo a
+Currita.
+
+Y luego, no bien cesó de hablar ésta, se apresuró a decir en voz alta,
+con marcado aire de triunfo:
+
+--¿Lo ven ustedes?... ¿Lo ven ustedes cómo era lo que yo decía?... Lo
+mismo, lo mismo que está diciendo Curra fue lo que me contó a mí García
+Gómez.
+
+Currita, que tenía sobradísimas razones para saber que García Gómez
+debía de haber dicho cosas muy distintas, dio un par de chupaditas al
+cigarro, que con tanto hablar ya se apagaba, y dijo a la Mazacán muy
+despacito:
+
+--Pues mira; también tengo mi quejilla contra... _tu_ García Gómez...
+Porque como ministro de Estado que es, entretiene sus ocios registrando
+toda la correspondencia que viene de París... ¡Sí hija mía, sí; no lo
+defiendas!... En el _gabinete negro_ se abre toda la correspondencia
+antes de que llegue a su destino, y por eso pudo decir en el consejillo
+que ayer vino para mí una carta de la reina, que debió probar al
+Ministerio todo lo absurdo de sus pretensiones.
+
+Comprendieron todos, y Butrón el primero, a qué carta aludía Currita, y
+exclamaron en coro general, que dejaba sobresalir bastante las sordas
+notas de la envidia:
+
+--¿Te ha escrito la reina?...
+
+--Sí--replicó Currita--; me escribe invitándome para la primera comunión
+del príncipe Alfonso en Roma...
+
+Y se quedó mirando de hito en hito a Isabel Mazacán, cuyas misteriosas
+ganas de acompañar a la reina destronada en aquella expedición eran de
+todos conocidas. Esta, que hacía largo tiempo que sentía furiosos
+hormigueos en la lengua, se aprestó a soltar alguna de sus crudezas.
+Pero Butrón, que no cabía en sí de gozo al ver que su pifia diplomática
+quedaba orillada, se apresuró a detenerla, llevándosela al hueco de una
+ventana, donde por algún tiempo dialogaron vivamente.
+
+Mientras tanto, Currita, con la vaga mirada fija en el espacio, como era
+siempre su extraña costumbre mientras hablaba, no los perdía de vista,
+trazando al sino tiempo su itinerario. A principios de julio pensaba
+marchar con Fernandito a Bélgica, para pasar un mes escaso con Mariano
+Osuna en su castillo de Beauraing; después no sabía a punto fijo dónde
+iría a esperar el 15 de octubre, fecha en que estaba citada con la reina
+en Marsella, para emprender el viaje a Roma: quizá fuera a Trouville...
+El verano anterior lo había pasado allí en una _villa_ preciosa, frente
+al Chalet Cordier, que era el de M. Thiers... Y por cierto que era
+Thiers un vejete muy simpático y muy limpio, a pesar de ser republicano;
+su mujer, una _bourgeoise_ así, así... vamos, bastante pasable. Pues ¿y
+la cuñada mademoiselle Dosne, la ninfa Egeria del presidente?... Era
+cosa graciosísima verla coser los botones de la bata de son _beau-frère_
+Adolphe... Parecía el ama de llaves de un notario acomodado.
+
+--¡Era una trinidad deliciosa!
+
+Y con su ingenuidad de colegiala, describió entonces Currita, con todos
+sus pormenores, una picantísima caricatura de los esposos Thiers: una
+indecencia verdusca publicada en Burdeos y recogida al punto por la
+policía.
+
+--A mí me proporcionó un ejemplar el duque Decazes, y no pude resistir a
+la tentación de enviársela por el correo, con una fajita, a mademoiselle
+Dosne... ¡La cara que pondría!... ¡Ella que es tan pulcra, tan
+comedida!...
+
+Y a renglón seguido, sin transición ninguna, Currita se enterneció
+profundamente al pensar en el gozo inmenso que la esperaba en Roma,
+besando la sandalia del Santísimo Padre Pío IX... ¡Qué figura tan
+gigantesca la del Pontífice! ¡Qué anciano aquel tan venerable!... Y
+todas las señoras comenzaron a ponderar su adhesión al santo Pío IX,
+prontas a sacrificarle vida, hacienda, todo, todo menos el alma, por
+tenerla ya de antiguo comprometida con el diablo... Carmen Tagle dijo
+que le había mirado siempre como si fuese su abuelo; la señora de López
+Moreno añadió muy conmovida que ella le enviaba todos los años una pipa
+de doce arrobas del riquísimo moscatel de sus soleras jerezanas, y la
+duquesa, verdaderamente indignada, trajo a la memoria los atropellos a
+que cinco días antes se habían entregado las turbas, apedreando los
+faroles de la iluminación con que celebraban los católicos el
+aniversario del Pontificado del augusto anciano; sólo en el palacio de
+Medinaceli rompieron veintidós faroles y treinta y siete cristales... ¡Y
+mientras tanto, los ministros y las autoridades se solazaban en un
+concierto instrumental celebrado en Palacio!... ¡Qué Gobierno aquel, y
+qué populacho tan impío y tan asqueroso!... Siquiera ellas veneraban la
+persona del Pontífice encendiendo faroles en honra suya, y limitábanse
+tan sólo a apedrear a todas horas la moral divina del Dios a quien aquel
+representaba.
+
+Esto no lo dijeron, por supuesto, aquellas señoras; pero lo pensó, sin
+decirlo, don Casimiro Pantojas, que atentamente las escuchaba, después
+de haber desorejado a toda una desdichada familia de conejitos de
+porcelana y arrancado los rabos a una parejita de bulldogs, fabricados
+en Bristol.
+
+Y en esto concluyó Isabel Mazacán su aparte con el marqués de Butrón, y
+disculpándose con Currita de no acompañarla a la visita de la Inclusa,
+por habérsele ya hecho tarde, se marchó al parecer algún tanto
+disgustada. Currita decidió entonces volverse a su casa, y el marqués de
+Butrón se despidió también en el acto.
+
+--¿Tiene usted coche, Butrón?--preguntó ella al diplomático.
+
+--No--respondió este presuroso, aprovechando la ocasión que tan pronto
+se le ofrecía de hablar a solas con Currita.
+
+--Pues le llevaré a usted en mi berlina adonde quiera.
+
+--A la calle de Isabel la Católica... Tengo que hacer en la embajada
+alemana.
+
+--Justamente me coge de paso.
+
+Currita bajó las escaleras apoyada en el brazo de Butrón, encontrando al
+pie de su berlina, preciosa monería, verdadero juguete forrado de raso
+azul con botones de terciopelo, que parecía el delicado estuche
+destinado a guardar una joya.
+
+El diplomático no las tenía todas consigo: para él era evidente que
+Isabel Mazacán no exageraba ni mentía al repetir las noticias del lindo
+ministro García Gómez. Pero ¿cómo interpretar entonces la repentina
+mudanza de Currita? La oportuna carta de la reina Isabel podía
+explicarla por completo, porque el olvido de la abdicación quedaba con
+ella satisfecho; y desagraviada Currita, pudo a tiempo renunciar a su
+revancha. Tranquilo por esta parte Butrón, quiso, sin embargo, asegurar
+más y más al partido la alianza preciosa de Currita; porque hay ciertas
+políticas indecorosas y a la larga funestas, que, aun tendiendo a fines
+honestos, no saben prescindir de individualidades asquerosas. _Barrer
+para adentro_ era la política de Butrón, como si la basura sirviera en
+alguna parte para otra cosa que para infestar el recinto que la
+encierra.
+
+Fuese, pues, derecho al bulto, no bien el coche se puso en movimiento, y
+apoyado en la autoridad de sus años, en la confianza del parentesco que
+con Villamelón tenía y en su dignidad de jefe de la _brigada femenina_
+conspiradora, le pidió categóricas explicaciones del hecho... Mas
+Currita, volviendo a abrir palmo y medio los claros ojos y muy espantada
+y ofendida, y casi llorosa, se limitó a repetir la historia ya referida,
+con nuevas afirmaciones y protestas... Suponer otra cosa era un insulto
+verdadero. ¿Por quién se la tomaba a ella? ¿Pues no había dado toda su
+vida pruebas del más leal afecto a la real familia?... Y aun cuando ella
+fuese capaz de semejante infamia, ¿se la hubiera permitido acaso
+Fernandito, cuya sangre había corrido en el combate _navo-terrestre_ de
+Cabo Negro, al grito de Isabel II?... Justamente tenía él tal odio a la
+intrusa casa de Saboya, que jamás ponía el sello de una carta sin
+colocar al pobre don Amadeo con la cabeza para abajo. ¡Que lo había
+dicho Isabel Mazacán, cuyas intimidades con el ministro revolucionario
+debía hacerla a ella misma tan sospechosa!... ¿Pues no sabía todo el
+mundo que la tal condesa de Mazacán era una intriganta, que andaba
+detrás del viaje a Roma con la reina, para tapar a García Gómez ciertos
+líos antiguos que debía de arreglar allí con un príncipe italiano?...
+
+Y tales cosas dijo Currita, y tales protestas hizo, y con tal acento las
+pronunció, que el mismo Butrón con ser tan ducho, se quedó perplejo, y
+entre las afirmaciones contrarias de aquellas dos condesas igualmente
+tramposas, sólo sacó en claro una nueva confirmación de aquel principio
+práctico que de toda la vida había profesado: la mujer aborrece a la
+serpiente por celos y envidias del oficio.
+
+Mientras tanto, la berlina corría desempedrando las calles y doblando
+las esquinas, con esas airosas vueltas que imprime a un fogoso tronco
+la hábil mano de un cochero experto. A la mitad de la calle del Turco, y
+dominando el ruidoso rodar del carruaje, llegó a oídos de la pareja un
+extraño rumor lejano: esa especie de sordo mugido, amenazador,
+imponente, que sólo es común al mar encrespado y a las muchedumbres
+alborotadas... Currita y Butrón miráronse sorprendidos, y repararon
+entonces en algunos transeúntes que venían presurosos de la calle de
+Alcalá, y en el conserje de la Escuela de Ingenieros, que cerraba
+apresuradamente la puerta de este edificio. Era esto harto común en
+aquellos tiempos de alborotos continuos, y la berlina avanzó, sin
+acortar su carrera, hasta la calle de Alcalá, para tomar luego por la
+del Barquillo.
+
+Era esto, sin embargo, imposible; un largo y compacto cordón humano,
+compuesto de una muchedumbre heterogénea y abigarrada, llenaba de un
+cabo a otro la calle de Alcalá, cubriéndola en toda la gran extensión
+que por ambos extremos abarcaba la vista.
+
+Era aquella una manifestación pacífica de la democracia, que con grandes
+clamores y largos garrotes y extrañas banderas enarboladas se dirigía a
+Palacio pidiendo la entrada en el ministerio de don Manuel Ruiz
+Zorrilla.
+
+El cochero de Currita, Tom Sickles, enorme tipo del automedonte
+británico, que pedía a voces el tricornio y la peluca empolvada, y se
+había sentado en Londres en el pescante del duque de Edimburgo, y en
+París en el de la princesa Matilde, dirigió los caballos corriendo a lo
+largo de la manifestación, por ver si adelantaba la cabeza de esta y
+podía entrar por la calle del Caballero de Gracia o por la de Peligros.
+También era ya tarde, y viose precisado a detenerse frente al
+Veloz-Club, entre el remolino que allí se iba amontonando, de lujosos
+trenes que volvían de la Castellana y humildes simones que pretendían
+inútilmente cruzar de un lado a otro. Butrón quiso volver atrás y salir
+por cualquiera bocacalle a la Carrera de San Jerónimo.
+
+--¡Pero si esto es muy divertido!--decía Currita con infantil
+alborozo--. ¡Qué delicia!... Mire usted, Butrón; mire usted qué
+graciosos van todos con sus cintitas encarnadas... ¡Uy, aquel
+jorobadito!... ¡Qué mono!... ¡Ah, pícaro!... ¡lleva una bandera en que
+pide _reforma_!... ¡Pues claro está que la necesita!... ¡pobrecito!,
+¡sobre todo por la espalda!...
+
+Otro carruaje se interpuso en aquel momento entre la muchedumbre y la
+berlina, impidiendo la vista a Currita: en él iba el gobernador civil de
+Madrid, muy rollizo y pomposo, que se dirigía a Palacio y veíase forzado
+también a detenerse.
+
+--Ahí va ese mastodonte--dijo Butrón al oído de Currita--. En cuanto nos
+vea juntos se figura que conspiramos.
+
+Estas sencillas palabras del diplomático parecieron despertar en Currita
+una de esas ideas atrevidas que se conciben de repente, por más que
+tarden en madurar años enteros. Asomóse a la portezuela como si desease
+que el gobernador la viera, y sin contestar al respetuoso saludo que al
+divisarla este le hizo, metióse bruscamente para dentro y se cubrió con
+el pañuelo parte del rostro, como si quisiera entonces esconderse.
+
+--¡Qué mal huele la democracia!--decía para ocultar a Butrón aquellas
+maniobras--. ¡Pero qué peste echan!...
+
+El coche del gobernador arrancó al fin trabajosamente a lo largo de la
+calle, y desde aquel momento, nerviosa y agitada Currita, pareció
+impacientarse mucho por aquella misma detención que poco antes la había
+divertido tanto. Frente a frente de ella, un poco más hacia la Puerta
+del Sol, asomaban por los balcones del Veloz-Club, bajo sus toldillos de
+verano, aristocráticos racimos de cabezas de gomosos desocupados, que
+miraban el democrático desfile con esa especie de medrosa curiosidad
+burlona, a la vez que tímida, con que se contemplan desde lo alto de un
+tendido los terribles retozos de una piara de ridículas bestias feroces;
+parecíales imposible en aquel momento que la bestia pudiera alguna vez
+alzar su zarpa hasta ellos. La vista de aquellos elegantes espectadores
+acabó de impacientar a Currita, y de tal modo se enardeció ante ellos su
+afán de exhibirse y singularizarse, que tiró del cordoncillo hasta
+descoyuntar el dedo del cochero, y sacó la cabeza por la ventanilla
+gritando:
+
+--_Go on, Tom, go on_! _Run Through_!... _Carry them off_!...[4]
+
+[Nota 4: ¡Adelante, Tom, adelante!... ¡Atraviesa!...
+¡Arróllalos!...]
+
+Tom no se hizo repetir la orden: sacó el hercúleo pecho, tirando de las
+riendas, con el esfuerzo de aquellos antiguos aurigas esculpidos por
+Fidias en los frontones del Partenón, de pie sobre un carro, deteniendo
+con una mano el galope de cuatro caballos. Piafaron los suyos,
+encabritándose, castigóles él suavemente con la fusta, y aflojando de
+repente las bridas, los lanzó con la velocidad y el empuje de una flecha
+a través de la turba democrática, desapareciendo como un relámpago por
+la calle de Peligros.
+
+Un alarido terrible de terror y de ira salió de la muchedumbre, que se
+bamboleó a uno y otro lado del surco abierto por el coche; comenzó la
+gente a correr asustada, los gomosos del Veloz-Club se metieron para
+dentro, cerrando prontamente sus balcones, y el jorobado que pedía
+_reforma_ estuvo a pique de sufrirla por completo entre los pies de los
+caballos y las ruedas de la berlina.
+
+Mientras tanto, asombrado Butrón de aquel brusco arranque, y muerto de
+susto ante audacia tan temeraria, echaba a toda prisa las cortinillas
+para que no le viesen; y Currita, riendo como una loca, se asomaba por
+el vidrio de la trasera para ver a los transeúntes refugiarse asustados
+en los portales, y a los guardias públicos correr detrás de la berlina,
+haciendo señas de que parasen. Mas Tom Sickles, arrebatada la cara de
+remolacha, hacía terribles visajes, como si llevase los caballos
+desbocados, mientras con suaves vibraciones de las riendas más y más los
+azuzaba. En la calle de Isabel la Católica, Tom Sickles hizo otro
+prodigio: coche y caballos quedaron parados en firme, de un golpe, ante
+la embajada alemana. La señora estaba servida, mereciendo él la corona
+triunfal de los Juegos Hípicos.
+
+Currita encontró enfilados a la puerta de su casa tres coches,
+reconociendo al punto en uno de los cocheros la escarapela encarnada,
+propia de los ministros. Apeóse entonces en las mismas caballerizas, y
+por una escalera reservada para el uso de la servidumbre llegó a sus
+habitaciones sin ser vista de nadie. Al ruido de la campanilla acudió
+Kate, la doncella inglesa de la señora.
+
+--¿Quién está con el señor?--preguntó a esta.
+
+--El señor ministro de la Gobernación... El señor duque de Bringas y don
+Juan Velarde juegan en el billar.
+
+--Dile a don Joselito que no recibo a nadie... Tengo mucha jaqueca.
+
+Kate pareció titubear un momento y se decidió al fin a decir
+tímidamente:
+
+--¿Ni tampoco a don Juan Velarde?...
+
+--Tampoco: a nadie, a nadie...
+
+De nuevo volvió a insinuar Kate con mucha delicadeza:
+
+--El señorito volverá hoy del colegio...
+
+--¡Es verdad!... ¡Pobre Paquito!...
+
+--Y querrá ver a la señora...
+
+--No, no... que se entretenga con Lilí... Mañana lo veré... ¡Tengo una
+jaqueca horrible!
+
+
+
+
+--IV--
+
+
+Cuando Paquito Luján llegó a su casa comenzaba a oscurecer, y la
+escalera y el vestíbulo estaban ya completamente iluminados: cuatro
+grandes estatuas desnudas, de mármol blanco, alumbraban este y aquella,
+elevando sus manos artísticos candelabros de bronce con seis mecheros.
+Al pie de la escalera, un enorme oso de Noruega sentado gravemente sobre
+sus patas de detrás, presentaba con las de delante una bandeja de plata
+destinada a recibir las tarjetas de visita. Era este un capricho del
+príncipe de Gales que había visto Currita en el palacio de Sandringham,
+y apresurádose a copiar a costa de dinero.
+
+La aflicción del niño había desaparecido, con esa dichosa rapidez con
+que se suceden en la infancia emociones a emociones. La impaciencia, la
+natural impaciencia, mezcla de ternura de hijo y del deseo de ser
+alabado, era la que le agitaba en aquel momento, ansioso de caer con sus
+premios en los brazos de su padre, de su madre, de Lilí, su hermanita
+del alma... Sentado en el testero del carruaje, con sus premios muy
+agarrados, apoyaba los piececillos en el asiento de enfrente, haciendo
+verdaderos esfuerzos para delante, que creía él ayudaban al coche a
+rodar más rápidamente.
+
+Al entrar en Madrid hubo que perder cuatro minutos encendiendo los
+faroles, y un poco más allá los empleados del resguardo detuvieron de
+nuevo al coche para registrarlo todo de arriba a abajo... ¡Qué
+desesperación! ¡Qué feos y qué tontos eran aquellos hombres! De seguro
+que ninguno de ellos había tenido nunca padre ni madre, ni Lilí, ni
+sacado en todos los días de su vida un solo premio... Cuando él fuera
+grande había de ahorcar a todos los empleados del resguardo, colgándolos
+como los chorizos que había visto una vez en la chimenea del capataz del
+Encinar, allá en Extremadura... ¡Y todavía, al doblar la esquina de la
+Universidad, se atravesó un coche, y después un carro de mudanzas y
+luego un gran ómnibus, y hubo que perder otros tres minutos! Al entrar
+al fin en la última calle, ya tenía el niño la mano en la llave de la
+portezuela, dispuesto a abrirla, asomando al mismo tiempo la carita,
+porque de seguro estarían esperándole en algún balcón su padre, su
+madre, o Lilí, o quizá los tres juntos... Ya les enseñaría él desde allí
+abajo los premios, y creerían que no era más que uno, y verían luego que
+eran cinco y dos excelencias. ¡Qué risa entonces!... Pero los balcones
+estaban todos cerrados, y no se veía en ellos alma viviente. El coche
+entró al fin en la casa, haciendo retemblar los cristales de la gran
+mampara, y se detuvo al pie de la anchurosa y alfombrada escalera...
+También estaba esta vacía, y sólo vio el niño al pie de ella al grave
+oso de Noruega, _Bruin_, como le llamaban en casa, abriendo su gran boca
+armada de dientes enormes y presentándole la bandeja, como si le
+invitara a depositar en ella sus premios. Mas no los soltó el niño, y
+oprimiéndolos contra su pecho, subió a brincos la escalera, hasta llegar
+al vestíbulo; cerróle allí el paso una extraña figura que se paseaba de
+un lado a otro con las manos a la espalda. Era un enano feísimo, pero
+perfectamente proporcionado: verdadero pigmeo, émulo de aquel famoso
+Roby que presentaron en la mesa del rey de Sajonia dentro de un pastel
+de venado. Tendría poco más de un metro de altura, y hallábase
+correctamente vestido de etiqueta, frac y corbata blanca, calzón corto,
+media de seda negra y zapato con hebilla. Llamábanle en la casa _don
+Joselito_, y cobraba siete mil reales de sueldo, con la sola obligación
+de anunciar las visitas y realzar con su estrafalaria figura la aureola
+de elegante originalidad que rodeaba en todo a Currita.
+
+Inclinóse el enano respetuosamente ante el señorito, y con su vocecilla
+chillona y algún tanto imperiosa, díjole que no podía ver a la señora,
+por haberse acostado media hora antes con una espantosa jaqueca. Un
+repentino vapor de lágrimas vino a empañar los hermosos ojos azules del
+niño; volvió bruscamente la espalda al enano sin decir palabra y echó a
+correr hacia las habitaciones de su padre.
+
+Allí estaba Villamelón, repantigado en una butaca, hablando
+misteriosamente con el ministro de la Gobernación. Lanzóse el niño a su
+padre, y echándole los brazos al cuello, le dio dos besos.
+
+--¡Hola, caballerito!--exclamó Villamelón--. ¿Ya de vuelta?... ¡Me
+alegro!...
+
+Y como viese que con cierto rubor orgulloso le presentaba el niño sus
+premios, añadió sin tomarlos:
+
+--¡Hola, hola, los premios!... ¡Pobre chiquitín!... ¡Muy bonitos!...
+Bien, bien, me alegro... Ea, toma... toma, y dile a Germán que te lleve
+esta noche al circo.
+
+Y entregándole al niño dos pesetas que había sacado del bolsillo del
+chaleco, volvió a reanudar su misteriosa conversación con el señor
+ministro.
+
+Quedóse el niño parado un momento, con los ojos abiertos; dio luego una
+repentina media vuelta, girando sobre una pierna, y encarnado como la
+grana, bamboleándose cual si estuviera ebrio, fue a arrimarse a una
+mesita llena de caprichosas chucherías; había debajo una figura
+japonesa, con la boca muy abierta, y por ella arrojó el niño, con mucho
+disimulo, el regalo de su padre, las ¡dos pesetas!... Luego echó a
+correr, saliendo disparado del saloncito; detúvose un momento en el
+dintel, detrás de las cortinas, y agobiado, con los bracitos colgando y
+caída la cabecita, siguió una galería que iba a parar a la Nursery[5],
+al destierro, a la Siberia de los niños, que el desapegado egoísmo de la
+condesa de Albornoz había importado para sus hijos de Inglaterra a su
+casa.
+
+[Nota 5: Llámase en Inglaterra Nursery al departamento especial en
+que viven los niños con sus criados completamente aislados del resto de
+la familia.]
+
+Resonaba en el fondo de la galería un piano destemplado que parecía
+balbucear, de mala gana, un monótono tema de los ejercicios de Hanon.
+Esta música sonó, sin embargo, como un concierto celeste en los oídos
+del niño; desapareció su abatimiento, renació su alegría y echó a correr
+de nuevo hacia aquella estancia.
+
+--¡Lilí!...
+
+--¡Paquito!...
+
+Y un ángel, una bellísima muñeca de nueve años, saltó del asiento del
+piano para caer en los brazos del niño, confundiéndose por un momento
+con sus besos, sus gritos, su risa, su alegría, sus almas inocentes y
+sus vidas inmaculadas, como se confundían los bucles de oro que
+rodeaban, como una aureola de rayos de sol, las preciosas cabezas de
+ambos.
+
+El niño se acordó al fin de sus premios.
+
+--¡Mira!... ¡Mira!...
+
+Lilí abrió mucho los ojos admirada, apretó los labios y echó atrás las
+manitas; su crítica fue la crítica de las grandes admiraciones, la
+crítica monosílaba.
+
+--¡Uy!--dijo.
+
+--¡Cinco!... ¡Son cinco y dos excelencias!...
+
+--¿Me darás uno, Paquito?
+
+--¡Tonta!... Eso no se da... Se pone en un marco... Pepito Vargas dice
+que su mamá se los pone en un marco...
+
+--¿Grande..., grande?--dijo Lilí, indicando con sus manitas uno capaz de
+encerrar al _Pasmo de Sicilia_.
+
+--Sí, grande, grande... Y mira: este es de Aritmética, y este...
+
+No pudo continuar el niño; una mano seca, pegada a un puño inmaculado,
+salió por entre las cortinas, y después un brazo largo, y luego un
+hombro puntiagudo, y más tarde un rostro encarnado, característico,
+original, británico, como la cerveza de Bass o las galletas de
+Huntley...
+
+--¡Mademoiselle!--dijo Lilí asustada.
+
+Y la mano seca, pegada al puño inmaculado, agarró a la niña por un brazo
+y se la llevó para adentro, oyéndose una voz metálica, estridente, que
+desgarraba el tímpano como un resorte que rechina.
+
+--_What's that, Miss_?... _You have to learn your piano lesson until
+eight o'clock_...[6]
+
+[Nota 6: ¿Qué es esto, Miss?... Hay que estudiar la lección de piano
+hasta las ocho.]
+
+Entonces huyó el niño de allí desolado; corrió ciego a la Nursery y se
+arrojó de cabeza en su blanca camita, con la enconada amargura y la
+sombría desesperación del suicida que se arroja, solo y sin esperanzas,
+en un abismo oscuro, negro, profundo... El sueño, el sueño bendito, fiel
+amigo de los niños, suave consolador de todos sus pesares, vino al fin a
+acallar sus sollozos y contener sus lágrimas, adormeciéndole allí mismo,
+sin variar de postura, vestido todavía y con sus premios en la mano...
+
+Y mientras tanto, Villamelón proseguía su misteriosa plática con el
+ministro. Contaba por aquel entonces el marqués más de cuarenta años, y
+los estragos de su juventud salíanle prematuramente al rostro. Colgábale
+la nariz encarnada y algo granujienta, hundíansele las mejillas, dejando
+salir los pómulos; arqueábasele ya el abdomen, y todo anunciaba en él
+esa caricatura de la juventud en que consiste la vejez de muchos. Su
+cuerpo había sido gallardo y conservaba aún restos de arrogancia; mas
+su rostro ofrecía perfecta semejanza con el de aquel enano de Felipe IV,
+titulado _El Primo_, que retrató Velázquez y copió Goya, grabándolo al
+aguafuerte: tenía la misma nariz colgante, los mismos ojos tristes, el
+mismo bigote retorcido, la misma frente extensa y pensadora, con la sola
+diferencia de que Villamelón partía por medio su ya escasa cabellera con
+una raya que, arrancando de la raíz del pelo, llegaba hasta el cogote,
+formándole sobre las orejas dos pequeños cuernecitos.
+
+Y aquella frente elevada, de abultados parietales, que reclamaba para sí
+el dicho de la zorra al busto: _Tu cabeza es hermosa, pero sin seso_,
+tenía, en efecto, actitudes magníficas cuando, surcada por un pliegue
+vertical, se inclinaba, como en aquel momento, al excelentísimo señor
+don Juan Antonio Martínez, ministro de la Gobernación, y le decía con el
+aire de Bismarck a Gortschakoff, al establecer entre ambos el equilibrio
+europeo:
+
+--Desengáñese, usted, Martínez... La tesis del doctor Wood es absurda...
+Nadie me probará que el pastel de ratas sea superior al de erizos y
+ardillas... ¿Usted me entiende?...
+
+El excelentísimo Martínez hizo un gesto que no significaba si entendía o
+dejaba de entender; desde que el pobre señor había pasado el puente
+natural que lleva del banco azul a las grandes mesas de la corte,
+caminaba de indigestión en indigestión, y sentía en el estómago la
+nostalgia de aquellas nutritivas sopas de ajo, no digeridas del todo,
+que habían hecho de él un tanto robusto hombre de Estado, y fueron su
+cotidiano alimento en los tiempos en que rompía sus primeros calzones
+entre los pilletes de cierta playa de las costas asturianas... ¡Santo
+Dios, y qué dolores de tripas más atroces le había costado el _pâté
+foie-gras_ del último viernes de Palacio! ¡Qué _coliquera_ más terrible
+_le chou à la crème_ que sirvieron dos días antes en la embajada
+francesa!... El excelentísimo Martínez creyóse por un momento
+envenenado, y desde entonces fue para él artículo de fe aquel principio
+de Addison:
+
+«Cuando veo las mesas a la moda cubiertas de todas las riquezas de las
+cuatro partes del mundo, me imagino ver la gota, la hidropesía, la
+fiebre, el letargo y la mayor parte de las enfermedades, ocultas en
+emboscadas, debajo de cada servilleta.»
+
+--Usted lo ha de ver, Martínez--prosiguió Villamelón--; el jueves
+próximo haré servir los dos pasteles sin decir lo que contienen, y
+veremos por cuál se declaran las opiniones. ¿Me entiende usted,
+Martínez?... Excuso decirle que cuento con su voto.
+
+Erizáronsele los cabellos al excelentísimo Martínez ante la perspectiva
+de una indigestión de ratas... ¿Cómo podría curársela, si no era
+tragándose un gato?
+
+--Y todo eso--prosiguió Villamelón con ligerísima sonrisa que denunciaba
+traidoramente su convencimiento íntimo de la superioridad con que
+manejaba el asunto no es más que la excentricidad inglesa, influyendo y
+echando a perder su cocina... Y cuidado que yo soy imparcial, porque mi
+cocina es la cocina eléctrica: lo mejor de lo mejor, venga de donde
+viniere: este es mi lema. ¿Me entiende usted, Martínez?... Pero no hay
+que darle vueltas, amigo mío, y por más que digan, en la cocina, como en
+todo, Francia camina la primera. Esto no tiene vuelta de hoja,
+Martínez... Los ingleses devoran, los alemanes zampan, los italianos
+comen, los españoles se alimentan; pero sólo los franceses gozan, y ahí
+está el quid, Martínez: en gozar, en gozar comiendo. ¿Me entiende usted?
+
+Martínez no entendía, y tomando por burla lo que sólo era cansada
+muletilla de Villamelón, tanto _Martínez_ y tanto _¿me entiende?_, se
+apresuró a responder algo amostazado:
+
+--¿En gozar?... ¡O en reventar, señor marqués, que no es lo mismo!...
+
+--¡No, no, no y mil veces no, Martínez! Eso es una de tantas
+preocupaciones. ¿Me entiende usted? Cierto que el hombre es un ser
+débil, insuficiente, que apenas puede soportar ocho comidas diarias;
+pero la indigestión no proviene de comer mucho, sino de comer mal...
+Déme usted un cocinero de primera fuerza, de raza, _d'élans_, y yo le
+garantizo salud eterna... ¡Oh, bien lo entendía el príncipe Orloff con
+su ojo tuerto y su brazo manco!... Yo le he visto en París elegir
+cocinero en público concurso; acudieron diez a su palacio de la embajada
+rusa: yo fui del jurado, y probamos, antes de fallar, ciento cuarenta
+platos[7]. ¡Ah!, no, no, Martínez; no es el comer mucho, lo que trae la
+indigestión... Mi santa madre lo decía: Tripa llena, alaba a Dios.
+
+[Nota 7: Histórico.]
+
+Y se quedó tan orondo con la cita, porque una de las genialidades de
+Villamelón era la de nombrar de continuo a su madre, anteponiéndole
+siempre el calificativo de santa, y poniendo en su boca aforismos tan
+singulares, y de mal gusto a veces, como el que acababa de soltar.
+
+Entraron en esto el duque de Bringas y Juanito Velarde, que habían
+terminado ya su partida de billar, y a poco anunció un criado que la
+señora condesa no asistiría a la comida por haber tomado ya un
+_consommé_ en sus habitaciones, y acostádose al punto con una fuerte
+jaqueca.
+
+Esta noticia pareció afectar muy poco al caro esposo de la dama y al
+duque de Bringas; al ministro de la Gobernación hízole, por el
+contrario, malísimo efecto, dando a sospechar, por sus muestras de
+disgusto, que algo que la ausencia de Currita chasqueaba por completo le
+había traído allí y héchole aguantar con paciencia las majaderías
+culinarias del héroe del combate _navo-terrestre_ de Cabo Negro; como
+Butrón temía, el nombramiento de camarera mayor comenzaba a mover la
+cola. Juanito Velarde pareció también muy contrariado, comió poco y
+habló menos durante toda la comida. Villamelón hizo el gasto, como
+siempre, blandiendo el trinchante de oro macizo, regalo de Fernando VII,
+que usó durante toda su vida, y pasando por las tres distintas fases que
+en aquella hora solemne se reflejaban en su persona: hondamente
+preocupado al principio, como hombre que tiene entre manos el más grave
+negocio; comunicativo, pero dogmático; afable, pero todavía circunspecto
+a los medios, y alegre, bonachón, magnánimo y hasta tierno a los
+postres, como si la corriente de satisfacción que le brotaba del
+estómago le dotase de aquellas cualidades que no poseía en ayunas. Esta
+era la hora de pedirle favores, seguro de alcanzarlos, y esta era la
+hora también en que Villamelón, arrastrado por un resabio de educación
+malísima que jamás pudieron quitarle ni su santa madre, ni su dulce
+esposa, hacía bolitas de miga de pan con la punta de los dedos y las
+disparaba a las narices de los comensales, con muestras del más cariñoso
+agasajo y el más tierno regocijo.
+
+Mientras tanto, si algún diablo cojuelo hubiese levantado el techo del
+_boudoir_ de la condesa de Albornoz, hubiérase descubierto una extraña
+escena: hallábase este alumbrado por una gran lámpara, sostenida por un
+negro desnudo, de tamaño natural, admirablemente tallado en ébano, y
+Currita, sentada ante un pequeño _secrétaire_ muy bajo, parecía
+completamente absorta en un singular estudio caligráfico, mientras
+vagaba por sus labios una finísima sonrisa, semejante, no en lo
+terrible, pero sí en la solapada y astuta, a la que puso el genio de
+Liezen-Mayer en los labios de Isabel de Inglaterra, al representarla en
+el acto de firmar la sentencia de muerte de su prima María Stuard.
+
+Con su elegante letra inglesa, fina y corrida, había escrito al frente
+de un pliego: _¡Qué animal más hermoso es el hombre!_ Y con facilidad
+maravillosa iba copiando, en distintos caracteres de letras, esta frase
+tan extraña y tan equívoca, que parecía ser reflejo de esa idea íntima,
+ese pensamiento oculto que jamás se formula y es, sin embargo, el
+primero que se apresura a estampar todo hombre cuando algo que escribe y
+algo en que se puede escribir le invitan a solas a trazar allí un
+concepto. La inscripción se multiplicaba, unas veces en letras
+rechonchas y apretadas; otras, en perfiles largos y finitos; algunas, en
+caracteres diminutos, cual patitas de moscas entrelazadas que se
+prolongasen en forma de cadeneta. En esta tarea empleó Currita media
+hora larga, con el esfuerzo y la atención de un chiquillo aplicado que
+copia una plana, o de un petardista prudente que ensaya el modo de
+falsificar o desfigurar una letra.
+
+Diose al fin por satisfecha de sus ensayos, y con los renglones de
+cadeneta y la letra de patitas de mosca, que no tenía con la suya
+ordinaria el más remoto punto de contacto, púsose a escribir una carta,
+en un pliego de papel sencillo, sin timbre ni inicial alguna. La carta
+no fue larga, y en el sobre decía:
+
+EXCMO. SR. GOBERNADOR CIVIL
+DE
+_Madrid_
+
+Faltábale todavía el sello, y púsoselo Currita sonriendo socarronamente,
+y cuidando de colocar con la cabeza para abajo el busto del rey don
+Amadeo. Afianzólo luego con dos o tres puñaditas de su cerrada mano, que
+parecía complacerse en aplastar al pobre monarca, principio y fin de la
+dinastía saboyana.
+
+Cualquiera hubiera creído con esto ya listo el negocio y que sólo
+faltaba llamar a un criado para enviar la misteriosa carta al correo. No
+lo juzgó así la ilustre condesa: entróse en la estancia vecina, que era
+su alcoba, y volvió a salir al cabo de un buen cuarto de hora
+completamente transformada. Habíase despojado de su elegante traje de
+calle, y puéstose en su lugar una falda de lana negra modestísima y una
+mantilla muy usada, cuyo sencillo velo le ocultaba parte del rostro;
+traía en la mano una bujía encendida, puesta en una palmatoria de plata,
+y en la otra una llave de gran tamaño. Cogió la carta y echó a andar: en
+aquel momento un reloj lejano daba las once y media.
+
+Era el palacio de Villamelón uno de esos antiguos caserones, ya raros en
+Madrid, con anchas galerías, espaciosas salas y cómodos departamentos,
+rodeados por todas partes de pasillos y escaleras excusadas para el uso
+de la servidumbre. Comunicábanse las habitaciones de Currita con las de
+Villamelón por la alcoba, y por un cuarto contiguo al del baño, con un
+largo pasadizo; terminaba este por un lado en el cuarto de Kate, la
+doncella inglesa, y por otro en una estrecha escalerilla que iba a parar
+a un jardín muy reducido. Cerrando, pues, la puerta de la alcoba, la que
+había a la mitad del pasillo, y la que ponía en comunicación al
+_boudoir_ con los dos salones de la entrada, quedaba el resto de las
+habitaciones de Currita aislado por completo y en comunicación directa
+con la calle: a ella daba salida una puertecita, abierta en la tapia del
+jardín a espaldas del palacio, detrás de un pequeño invernadero. Allí se
+dirigió Currita después de dejar la luz apagada al pie de la escalera
+con tal desembarazo y tan gentil desenvoltura, que conocíase bien a las
+claras no ser aquella la primera de sus nocturnas escapatorias.
+
+Era la noche oscura, y la solitaria plaza a que la puerta del jardín
+daba salida perdíase a lo lejos entre solares en construcción, alumbrada
+acá y allá por algunos faroles, cuyas luces parecían brillar en medio
+de un nimbo de vapor amarillento. La puerta de una tienda de
+ultramarinos dejaba escapar en la esquina próxima un cuadro de luz
+vivísima, y veíase en el fondo al tendero, inmóvil ante el mostrador,
+ajustando sus cuentas. A cuarenta pasos, debajo de un andamiaje, una
+farola hacía resaltar las negras siluetas de un chulo de chaquetilla
+corta y una chula de falda almidonada y pañuelo de seda a la cabeza, que
+dialogaban vivamente. Aparecía lo demás oscuro y solitario, teniendo
+todo ello un aspecto de inquietud, de vista panorámica, que completaba
+allá muy lejos, desde un cuarto piso, el sonido de un mal piano, en que
+unas manos aleves asesinaban la inmortal cavatina de Bellini _Casta diva
+ché inargenti_...
+
+La condesa, la gran señora que tan raras veces bajaba de su carruaje,
+como si se desdeñase de pisar con sus elegantes brodequins el polvo de
+que estaba formada, se internó por aquellos oscuros vericuetos, y
+atravesando varias callejas, solitarias en aquella hora, que parecían
+serle muy conocidas, vino a desembocar en la plazuela de Santo Domingo.
+La afluencia de gente era todavía grande en aquella encrucijada, tan
+concurrida siempre, y Currita bajó la cuesta para ganar, al abrigo del
+jardinillo, la Costanilla de los Ángeles. Atravesó rápidamente la calle
+del Arenal, entró por la de las Fuentes, y dando un gran rodeo por
+detrás del ministerio de la Gobernación, llegó al fin a la calle de
+Carretas y depositó por su propia mano en el buzón de la casa de Correos
+la carta misteriosa... Si aquella mujer era una criminal, era, sin duda,
+de aquellos criminales avezados y prudentes que miran siempre en todo
+cómplice un camino peligroso que va a parar en presidio.
+
+Entonces emprendió el camino de vuelta por las mismas calles por donde
+había ido, sin tener más que un tropiezo. Un viejo, de aspecto decente,
+se detuvo de pronto ante ella; sorprendida Currita, pegóse a la pared, y
+el hombre hizo entonces ademán de darle una moneda de cinco céntimos,
+una _perra chica_, como llamaban entonces y aún llaman hoy a esas piezas
+pequeñas. Habíala tomado por una de esas pobres vergonzantes que a las
+altas horas de la noche extienden en silencio su mano descarnada al
+transeúnte que se retira solicitado por el descanso u hostigado por los
+vicios.
+
+Así lo comprendió la condesa, y con gran impulso de risa tomó la moneda,
+teniendo todavía valor para profanar en sus impuros labios aquella
+hermosa deprecación, aquella santa respuesta que da la fe a su hermana
+la caridad, por la humilde boca del pobre:
+
+--¡Dios se lo pague!...
+
+Cuando la condesa entró en su _boudoir_, presentaba este un aspecto
+siniestro: la lámpara agonizaba en manos del negro, cuyos blancos
+dientes de marfil incrustado resaltaban en la oscuridad, como la sonrisa
+del genio del mal, complaciéndose en las tinieblas.
+
+Tres horas después resonaban gritos y lamentos al otro extremo de la
+casa... Era Paquito Luján, que entumecido por el fresco de la madrugada
+y aterrado por la oscuridad, despertaba allá en la Nursery, olvidado de
+todos en aquel suntuoso palacio, morada del padre y la madre que le
+habían dado el ser, y de diecisiete criados dedicados a su servicio.
+
+
+
+
+--V--
+
+
+Rióse mucho al otro día la condesa de Albornoz al oír contar a su hijo
+Paquito sus extrañas aventuras de la noche precedente: al verse solo, a
+oscuras, vestido y acostado en una cama que no era la suya del colegio,
+comenzó el niño a gritar lleno de angustia, sin que nadie contestase a
+sus lamentos. Oíalos Miss Buteffull desde su cama y comprendió al punto
+la causa: sin duda, nadie se había acordado en la casa de que el pobre
+niño había vuelto del colegio; quizá se había puesto malo de pronto;
+quizá habían entrado ladrones y lo estaban asesinando... Miss Buteffull,
+compadecida, encendió la vela de su palmatoria. Un decoroso reparo la
+detuvo de repente: el caso era grave... Tenía ella cuarenta y cinco
+años, once el niño, la hora de la noche era avanzada. ¿Cómo entrar sola
+en su cuarto?... Miss Buteffull apagó la palmatoria.
+
+Mientras tanto, los clamores desesperados del niño despertaban también a
+la doncella de Lilí, Magdalena, que dormía allí cerca, y acudía esta
+presurosa en su auxilio; tranquilizábalo con gran cariño, hacíale
+acostar y permanecía sentada junto a su camita, hasta dejarlo dormido
+nuevamente.
+
+Esta relación produjo en Currita una de las repentinas crisis de amor
+materno que solían atacarla de cuando en cuando en sus días de
+aburrimiento. Solía entonces pasar horas enteras en la Nursery jugando
+con sus hijos: comíaselos a besos, llamábales sus _pichoncitos_,
+hacíales traer costosos juguetes y golosinas de todos géneros; y
+complaciéndose en poner en ridículo a Miss Buteffull y en decir pestes
+de los padres del colegio, destruía en media hora todo lo bueno que, a
+costa de mil trabajos, habían sembrado y podían sembrar en adelante
+estos y aquella en los tiernos corazones de ambos niños; porque uno de
+los grandes escollos en que tropiezan los esfuerzos de las personas
+dedicadas a la educación, consiste en la imprudente y culpable ligereza
+con que se complacen muchos padres en presentar ante sus hijos a
+preceptores y maestros, no como amigos íntimos encargados de guiar sus
+pasos, ni como seres benéficos que les dispensan el favor insigne de
+formar sus corazones y alumbrar sus entendimientos, sino como tiranos
+que les oprimen y mortifican, como carceleros cuya vigilancia hay que
+burlar con ardides y tretas más o menos inocentes. Destrúyese así la
+buena opinión necesaria a todo el que manda para ser respetado; la fe
+humana precisa a todo el que enseña para ser creído, y sólo una cosa
+existe, a nuestro juicio, que sea tan perjudicial a la educación como lo
+es esta misma: la pugna que a veces descubre el niño entre la moral de
+sus padres y la moral de sus maestros... Imposible es describir las
+angustiosas perplejidades, las dolorosas dudas que, con harta triste
+frecuencia, despiertan estas contradicciones en las almas de los niños:
+vese en ellas la lucha del entendimiento con el corazón, demostrándole
+aquel que es sana la doctrina del maestro, esforzándose este por
+persuadirle que no puede ser mala la práctica contraria del padre o de
+la madre que tanto aman, que no puede ser cierto lo que, por el solo
+hecho de serlo, ha de dar irremisiblemente a aquellos seres tan amados
+la patente de perversos... ¡Ah! Jamás olvidará el que escribe estas
+líneas las angustias de un pobre niño, modelo de candor y de juicio, al
+oír explicar cierta lección del Catecismo; quedóse el niño muy
+pensativo, fuese luego poco a poco angustiando, hasta exclamar al fin
+convulso, con el corazón encogido, los ojos llenos de lágrimas y
+temblorosas las manitas:
+
+--¡Entonces... entonces... mi papá es muy malo, muy malo... y se va a ir
+al infierno!
+
+Importábasele todo esto muy poco a Currita, y sus granizadas
+intermitentes de besos, de mimos y de imprudencias borraban por completo
+en el ánimo candoroso de Lilí los largos olvidos y la egoísta
+indiferencia de su madre; mas no lograban lo mismo en el niño aquellas
+sensiblerías tempestuosas. Había en el fondo de aquel tierno corazoncito
+un rinconcillo oculto, en que la memoria iba depositando con implacable
+fidelidad la lista de todos los agravios, como un grano de simiente
+venenosa entre una vegetación salubre, como un tallo de cicuta que había
+de hacer brotar en aquella selva virgen el sombrío rencor, el rencor
+callado y paciente, árbol siniestro que produce a la larga los
+envenenados frutos del odio. Todavía aquel corazón angelical perdonaba
+fácilmente lo que reputaba por injuria; mas ya había dado un paso
+adelante, ya le era imposible olvidarlo por completo.
+
+No era, sin embargo, el aburrimiento el que había traído aquella mañana
+a la condesa de Albornoz a entretenerse con sus hijos: parecía, por el
+contrario, preocupada, un poco inquieta, y notábase en ella esa
+agitación nerviosa de todo el que espera algo que teme o le importa.
+Lilí tuvo una idea felicísima: propuso a su madre que hiciese retratar a
+Paquito con sus premios. Púsose el niño muy encarnado, y movió
+negativamente la cabeza.
+
+--¡Pues es verdad!--exclamó Currita encantada--. Sí, sí, ahora mismo...
+¡Verás qué bonito!... ¡A ver, Germán!... Avise usted al señor marqués
+que vamos a subir a la _cabaña_ a que nos haga un retrato...
+
+Desprendióse el niño, al oír esto, de los brazos de Lilí, que, saltando
+de alegría, le abrazaba, y exclamó con enérgica ira:
+
+--¡No!, ¡no!... ¡Papá, no!...
+
+--¿Pero por qué?--dijo sorprendida Currita, agarrándole por un brazo.
+
+Forcejeaba el niño por desasirse, muy colorado y conmovido, y con los
+hermosos ojos llenos de lágrimas.
+
+--¿Pero por qué, por qué?--repetía Currita.
+
+--¡Me dijo que me fuera!... ¡Me dio dos pesetas!--gritó al fin el niño
+con gran desconsuelo; y sollozando amargamente, escondió la preciosa
+carita en el seno de su madre.
+
+¡Qué rayo de luz hubiera sido aquel lamento del niño para una de esas
+madres santas y prudentes que estudian y dirigen hasta el más ligero
+latido del corazón de sus hijos!... En él aparecía revelado un noble
+pundonor, que iba ya camino del orgullo, y una precoz propensión a la
+venganza, que espera oculta y paciente la hora de devolver desaire por
+desaire y ofensa por ofensa. Mas Currita sólo vio en todo aquello un
+capricho de niño voluntarioso, y entre caricias y reflexiones, halagos y
+amenazas, intentó persuadir al niño a que se dejara hacer el retrato:
+cedió este en la apariencia, y Currita subió con ambos niños de la mano
+a la espléndida _cabaña_ en que tenía el marqués de Villamelón su taller
+fotográfico.
+
+Porque el ocio, esa gran pesadumbre de los grandes, que en vez de
+lágrimas tiene bostezos, había despertado en el ilustre prócer y
+guerrero invicto la afición a la fotografía, no encontrando en él la
+aptitud necesaria para el cultivo de otras artes más elevadas. Comer,
+beber, dormir y retratar a todo bicho viviente que cruzaba ante la
+magnífica lente de su cámara oscura eran las útiles tareas que llenaban
+y aun hacían rebosar la vida de aquel ilustre prócer, a cuyos abuelos
+cabía tanta parte en las gloriosas empresas de la antigua España.
+
+Acudió, pues, Villamelón presuroso, como siempre, a la menor indicación
+de Currita, envuelto en su fresca bata escocesa, que apenas le pasaba
+de la cintura; venía con él uno de esos magníficos perrazos de
+Kamschatka, de un blanco amarillento, que arrastran en su país pesados
+trineos, y había sido el paje continuo de Currita en una larga temporada
+en que le pareció muy espiritual hacer grandes excursiones a caballo.
+
+Villamelón comenzó al punto a preparar la máquina con sus dedos
+manchados de nitrato de plata, y Currita disponía mientras tanto el
+artístico grupo en que habían de retratarse los niños. Colocóse en el
+centro un gran sitial gótico, preciosa joya arqueológica y artística, y
+hundidos en él ambos niños y estrechamente abrazados, habían de aparecer
+examinando juntos el diploma de los premios, un exacto facsímile de una
+bellísima miniatura del siglo XV; tendido a la larga ante ellos, _Tock_,
+el perrazo amarillento, apoyaba el hocico en el rojo almohadón de
+terciopelo en que descansaban los pies de los niños.
+
+--¡Delicioso!--exclamaba encantada Currita--. Mira, Fernandito, parece
+un cuadro de Meissonnier.
+
+Los premios, sin embargo, no aparecían por ninguna parte, y Paquito se
+encogía de hombros, asegurando ignorar dónde los había puesto.
+
+--¡Tonto!--gritó Lilí, dándole una palmada--, si los dejaste abajo...
+
+Y en menos de dos minutos fue por ellos y los trajo, mostrándose muy
+sorprendida de que los vivos colores del diploma apareciesen desteñidos
+en algunos sitios como por gotas de agua. El niño se puso muy encarnado
+y no dijo una palabra: sus lágrimas de la noche anterior eran la causa
+de aquellas manchas.
+
+En aquel momento anunció un criado a Currita que el señor ministro de la
+Gobernación deseaba hablarla con urgencia. Volvióse ella bruscamente a
+su marido, dejando caer el diploma que tenía en la mano, y él se
+incorporó asustado, quedándole por la cabeza el paño negro con que se
+cubría para enfocar la máquina; por debajo asomaban sus bigotes
+retorcidos, su nariz colgante, sus ojos azorados en aquel momento, fijos
+en Currita, con la medrosa expresión del escolar desaplicado cogido in
+fraganti.
+
+La esposa dio dos pasos hacia el esposo, desmintiendo con los rayos, que
+de sus claros ojos brotaban, la suave vocecita y el pausado tono con que
+dijo:
+
+--¿Pues no comió ayer aquí ese _buey Apis_?...
+
+--Es un animal--replicó el marido; y para ocultar su turbación,
+escondióse bajo el paño negro, poniéndose a enfocar de nuevo la máquina.
+
+--Óyeme, Fernandito, que te estoy hablando--añadió Currita con relamida
+pausa.
+
+Incorporóse de nuevo Fernandito, cada vez más turbado, sin quitarse el
+paño negro de la cabeza.
+
+--¿Dijo anoche algo el _buey Apis_ sobre el nombramiento?
+
+--Nada--balbuceó Villamelón.
+
+--¿Nada?... ¿Estás cierto?...
+
+Los labios de Villamelón temblaron como tiemblan los del chico que va a
+soltar una mentira.
+
+Y pensándolo mejor, sin duda, recordó al cabo Fernandito que el ministro
+de la Gobernación, el _buey Apis_, como por razón de su corpulencia le
+llamaban, tan sólo le había dicho que el pastel de ratas debía de ser
+muy indigesto. ¡Vaya usted a ver qué tontería! Pero en cambio manifestó
+a Juanito Velarde que aquello no podía quedar así, que nadie se burlaba
+impunemente del Gobierno y que estaba decidido a reclamar de Currita la
+aceptación del nombramiento, apoyándose en una carta que--¡frase poco
+ministerial!...--había de refregarle por los hocicos...
+
+--¿Una carta?--exclamó Currita realmente sorprendida--. ¿Pero de
+quién?...
+
+--¡Mía!... ¡Mía!...--balbuceó Villamelón; y comprendiendo que con esto
+soltaba el trueno gordo, pidió a la tierra que se lo tragase. Mas la
+tierra no tuvo por conveniente darle gusto. Currita avanzó otros dos
+menudos pasitos, y suavizando más y más su acento, mientras más y más se
+encolerizaba, añadió:
+
+--¿Pero tú le has escrito, Fernandito?...
+
+Villamelón bajó la cabeza anonadado.
+
+--¿Pero no te dije que fueras a hablarle?... ¿Que en todo este negocio
+no había que soltar por escrito una sola letra?... ¿Lo ves,
+Fernandito?...
+
+Villamelón retrocedió un paso como quien espera un cachete, y Currita
+adelantó otro, diciendo después de una pausa:
+
+--¿Y dijo que iba a... a... a presentarme esa carta?
+
+--Eso decía Velarde.
+
+--¿Estás seguro?...
+
+--Segurísimo.
+
+Villamelón dio otro paso atrás y Currita otro adelante, repitiendo con
+tan suave voz que parecía una caricia:
+
+--¿Lo ves?... ¿Lo ves, Fernandito?...
+
+Y tirando de repente con rabioso arranque del paño negro, hundióle la
+cabeza a su ilustre esposo en la especie de saco que aquel formaba;
+volvió luego la espalda pausadamente, y sin perder su suavidad, salió de
+la _cabaña_.
+
+Lilí se reía a carcajadas al ver a su padre forcejeando por sacar la
+cabeza del saco negro, y corrió a Paquito para decirle al oído un
+secreto muy grande, muy grande...
+
+--¡Pero qué tonto es papá!...
+
+Paquito no la escuchaba, sin embargo: durante toda esta escena había
+sentado en el sitial gótico a _Tock_, el perrazo amarillento, que se
+dejaba manejar con esa especie de cariñosa paciencia con que a los niños
+soportan los perros. Colgóle después de su collar de hierro repujado las
+cinco medallas de los premios, y colocándole en la cabeza el diploma en
+forma de cucurucho, gritó a Lilí con extraño acento:
+
+--¡Anda, que lo retrate papá!... ¡A _Tock_ le doy yo todos mis
+premios!...
+
+Mientras tanto, pasmábase el lacayo al oír que su señora le daba, al
+pasar, la extraña orden de encender sin pérdida de tiempo la chimenea
+del _boudoir_, era aquel día el 25 de junio y el calor comenzaba ya a
+ser sofocante. Obedeció, sin embargo, con esa especie de impasibilidad
+automática, propia de los criados de grandes casas, y cuando el
+excelentísimo ministro de la Gobernación, don Juan Antonio Martínez,
+_buey Apis_, por otro nombre, entró en el _boudoir_, ardía ya en la
+chimenea un alegre fuego, y a su lado le esperaba Currita, tendida en
+una chaise longue, envuelta en una bata de raso, perfectamente
+enguatada, y arropados los pies con un plaid escocés finísimo:
+descansaba su cabeza en una gran almohada con lazos color de rosa, y
+tendiéndole al verle entrar su franca manecita, dijo con la débil voz de
+un enfermo desahuciado:
+
+--¡Adiós, Martínez!... Sólo a usted hubiera yo recibido hoy.
+
+El _buey Apis_ dio un mugido, expresión fiel de la admiración, la
+sorpresa y el sobresalto que al punto le embargaron, y comenzó a sudar a
+la vista de la chimenea encendida.
+
+--¿Pero qué es esto, señora condesa?--exclamó desolado--. ¿Sigue la
+jaqueca?...
+
+--Fatal... ¡Fatal estoy!--contestó Currita--. Creo que tengo
+calentura... ¡y unos escalofríos!...
+
+Y la muy ladina estremecía el débil cuerpecillo, señalando al mismo
+tiempo al ministro una pequeña _marquesita_ colocada junto al fuego y al
+alcance de su mano: en ella se sentó el excelentísimo Martínez,
+dispuesto a dejarse tostar en su mullido asiento como san Lorenzo en las
+parrillas.
+
+--¡Lo siento... lo siento en el alma!--dijo.
+
+Y con sencillez verdaderamente progresista, añadió, recordando la
+rústica farmacopea de su tierra nativa:
+
+--¿Por qué no se pone usted dos ruedas de patatas en las sienes?... Eso
+alivia mucho.
+
+--¿Patatas?--exclamó Currita estremeciéndose de espanto. ¡Jesús,
+Martínez, por Dios!... Prefiero la jaqueca.
+
+Martínez comprendió que había asomado la oreja lugareña bajo la piel del
+ministro cortesano, y entró en materia, dejando a un lado compasivos
+preámbulos y recetas caseras.
+
+--Siento entonces venir a aumentarle a usted la jaqueca; pero el negocio
+es grave y urgente...
+
+La condesa acomodó la roja cabecita en su blanda almohada con lazos rosa
+y fijó en el ministro sus claros ojos, que expresaban admirablemente la
+extrañeza. Afianzóse Martínez las gafas de oro, torció la descomunal
+cabeza, y amenazando a Currita con su gordo y porrón dedo, como hace el
+dómine que echa al niño una reprimenda cariñosa, le dijo:
+
+--En Palacio están muy disgustados...
+
+Currita se encogió de hombros, haciendo un gracioso pucherito como quien
+dice: ¿Y a mí qué me cuenta usted?...
+
+--Sí, señora--prosiguió el ministro--. Su majestad el rey, muy
+ofendido... Su majestad la reina, sentidísima.
+
+Diole a Currita ganas de reír la pomposa hinchazón con que pronunciaba
+el ministro demócrata aquellas sonoras palabras: Palacio...,
+majestad..., rey..., reina, que parecían llenarle la ancha bocaza, y
+preguntó con su suavidad acostumbrada:
+
+--¿Quién?... ¿_La Cisterna_?...
+
+Crecióse el ministro como un toro de Veragua al que plantan una pica.
+
+--No, señora--exclamó ofendido en su orgullo dinástico--; su majestad la
+reina de España, doña María Victoria.
+
+--¡Ya!...--dijo Currita--. ¿Y qué tengo yo que ver con los sentimientos
+de esa señora?...
+
+--¿Qué tiene usted que ver?...--exclamó el ministro, sofocado por el
+calor de la chimenea y la calma zumbona de Currita--. ¿Pues le parece a
+usted poco solicitar el cargo de camarera mayor, para desairarlo luego
+después de concedido?... ¿Así se juega con una reina modelo de virtudes?
+¡Pues sepa usted que el Gobierno está decidido a reclamar
+enérgicamente!...
+
+Y el ministro, descompuesto, sudando la gota gorda, colorado como una
+remolacha, y con ambos puños apoyados en las respectivas rodillas,
+fijaba en Currita sus ojos de besugo, como si pretendiese tragársela de
+un solo bocado. No le intimidaban, sin embargo, a ella los mugidos del
+_buey Apis_; incorporóse un poquito, y muy extrañada y ofendida, y con
+los claros ojos fijos siempre en el vacío, comenzó a decir con su suave
+vocecita algún tanto apurada:
+
+--¡Pero Martínez, por Dios, no se descomponga así!... ¡Se pone usted tan
+feo!... Preciso es que haya en eso alguna equivocación, algún _quid pro
+quo_, para que un hombre de su talento de usted diga semejantes
+desatinos... ¿Yo, camarera de _la Cister..._ quiero decir, de doña
+Victoria?... ¿De dónde ha salido eso?
+
+--¡De usted misma, señora condesa, de usted misma!--gritó el ministro--.
+¿Se atreverá usted a negar delante del ministro de Ultramar que ha
+solicitado el cargo de camarera, con tal que diesen a Velarde la
+Secretaría del rey, y a usted seis mil duros de sueldo?...
+
+--¡Pues ya lo creo que lo negaré!--contestó Currita con todo su
+desparpajo.
+
+--¿Sí?... Pues veremos si su marido de usted lo niega igualmente, cuando
+todos los periódicos de Madrid publiquen esta carta.
+
+Y el _buey Apis_ sacó una de su bolsillo, que puso extendida ante los
+ojos de Currita, como si pretendiese cumplir su bestial amenaza de
+refregársela por los hocicos. La condesa fue a echar mano al papel con
+grande prisa, pero el ministro lo retiró al punto, diciendo brutalmente:
+
+--¡Ca!... Esta no la suelto yo ni un momento; pero ahora mismo la oirá
+usted de cabo a rabo.
+
+Y poniéndose las gafas sobre la frente, porque era miope, comenzó a leer
+la carta. En ella, el marqués de Villamelón, de acuerdo con su esposa,
+pedía para esta, por medio del ministro de Ultramar, el puesto de
+camarera mayor de la reina, con las dos condiciones indicadas antes por
+Martínez: la Secretaría particular de don Amadeo para Juanito Velarde y
+los seis mil duros de sueldo para la dama misma. La prueba no podía ser
+más concluyente, y Currita pudo comprender toda la imprudencia de su
+caro esposo al dejar escapar aquella prenda. No se apuró mucho, sin
+embargo: mientras el ministro leía, habíase ido incorporando poco a
+poco, haciendo mohínes de espanto y gestos de protesta, y de repente,
+con la agilidad de una gata cazadora que se lanza sobre el incauto
+ratoncillo, arrancó de manos del ministro la peligrosa carta y la arrojó
+al fuego... El papel se enroscó un segundo entre las llamas, quedando al
+momento convertido en cenizas.
+
+Atónito el ministro retrocedió bruscamente en la butaca, soltando una
+palabrota: mas Currita, sin ofenderse por ella, ni asombrarse tampoco,
+dejóse caer de nuevo en su almohada como si tal cosa, diciendo con su
+cándida risita:
+
+--¡Vamos, vamos, Martínez!... Preciso será que se ponga usted dos
+parches de patata... ¡Eso refresca mucho!...
+
+
+
+
+--VI--
+
+
+Jamás había pasado el pacífico portero de Villamelón susto tan tremendo
+como el que le tenía reservado el señor gobernador de Madrid para aquel
+día memorable, 26 de junio... Eran las diez de la mañana, y Baltasar,
+sin haberse vestido aún la larga librea azul, con anchas franjas en las
+bocamangas y cuello, cubiertas de escudos heráldicos, limpiaba
+cuidadosamente el polvo a las soberbias arcas florentinas, los enormes
+sitiales antiguos y las armaduras de brillante acero que adornaban el
+vestíbulo. Púsose después a peinar las largas lanas de Bruin, el oso de
+Noruega, su mudo compañero; y en esta operación se hallaba, cuando un
+tropel de gente sospechosa invadió de repente la casa, en actitud nada
+tranquilizadora. Asustado Baltasar, cerró de golpe la gran mampara de
+cristales; pero, a los repetidos porrazos que en ella dieron los que de
+fuera entraban, cayeron rotos dos de los magníficos vidrios esmerilados
+que ostentaban en medio la cifra y corona de Villamelón, y aterrado
+entonces Baltasar, huyó escaleras arriba con el mandil remangado,
+atropellando a su paso al diminuto _don Joselito_, que pacíficamente
+frotaba con cáscara de limón las varillas metálicas que sujetaban la
+mullida alfombra en cada peldaño de la escalera. El enano huyó también
+dando gritos, y a poco la servidumbre entera del palacio corría por
+todas partes azorada, abriendo y cerrando puertas, e infundiendo la
+alarma por todo el vecindario.
+
+Mientras tanto, los invasores llegaban a una antecámara completamente
+desierta, y el que parecía capitanearlos comenzó a golpear el suelo con
+su bastón de borlas, citando a la condesa de Albornoz en nombre de la
+justicia. Era este individuo el jefe de orden público, y venía en nombre
+del gobernador a registrar el palacio de la condesa e incautarse de
+todos sus papeles. Acompañábanle media docena de guardias municipales,
+un alcalde de barrio y hasta diez o doce hombres de mala catadura,
+provistos de grandes garrotes, que parecían por las trazas pertenecer a
+la por aquel tiempo famosa _partida de la porra_. Guardáronse todas las
+puertas, quedando franca para todo el mundo la entrada, prohibida para
+todos la salida.
+
+Mientras tanto, dormía Villamelón el sueño del justo. Currita, por el
+contrario, levantada contra su costumbre desde muy temprano, como si
+algo esperase, notó al punto el alboroto; púsose muy pálida, y una
+sonrisa de diablillo crispó por un momento sus delgados labios.
+Temblando como una azorada, entró Kate, la doncella inglesa, a
+participarle lo ocurrido; pareció entonces azorarse mucho la dama, como
+si de nuevo la cogiese, y quiso a toda prisa avisar al marqués de Butrón
+lo que acontecía. Las puertas estaban ya, sin embargo, guardadas y
+prohibida la salida; púdose, a pesar de todo, hacer saltar la tapia del
+jardín a un pinche de cocina, y este fue el encargado de llevar al
+diplomático la embajada de la condesa.
+
+El despertar de Villamelón fue horrible: la imagen del terror había
+quedado grabada de antiguo en su cerebro, bajo la forma de los salvajes
+rifeños de África, y ellos, con sus espingardas, fueron los primeros
+fantasmas que vio asomar en su imaginación en ese primer momento de
+confusión de ideas que sigue al despertar de todo hombre. El
+excelentísimo Martínez, el colosal _buey Apis_, vino al punto a
+destacarse entre ellos, presentándole con una mano su imprudente carta,
+echándole la otra al pescuezo para conducirle sin piedad al Saladero...
+Villamelón pensó morir del susto, porque a su carta, y sólo a su carta,
+como muy bien le había profetizado el día antes Currita, podía atribuir
+la repentina llegada de la policía. Pronto, sin embargo, tomó su
+partido: acurrucóse de nuevo en la cama y juzgó lo más prudente darse
+allí mismo por muerto. ¿No era Currita quien le había metido en aquellos
+berenjenales?... ¡Pues allá se las compusiera ella como buenamente
+pudiese!... En vano le instaba la condesa, temblando de ira, para que se
+levantase y saliera a recibir la caterva de polizontes: Villamelón
+contestaba que estaba constipado, que estaba sudoroso y cogería de
+seguro un pasmo a poco que le diese el aire.
+
+El tiempo urgía, y la intrépida Currita viose al fin precisada a salir
+ella misma al encuentro de los invasores: no lo hubiera hecho con más
+arrogancia la viuda de Padilla al presentarse a las tropas de Carlos V
+en el alcázar de Toledo. Con altivo continente pidió al jefe de orden
+público el mandato del gobernador, legalizado por el juez, único que,
+según las leyes vigentes, podía autorizar aquel atropello: presentóse
+respetuosamente el funcionario, y rasgólo ella en dos pedazos después de
+leerlo. Hizo entonces una valiente protesta en que sacó a relucir sus
+leales opiniones alfonsinas, y mandando a un viejo empleado en la
+contaduría de la casa que guiase a sus habitaciones a aquellas gentes y
+presenciara el registro, retiróse dignamente a la sala de billar,
+seguida de sus doncellas como una reina de sus damas: allí hizo traer a
+los dos niños, Lilí y Paquito, y abrazándolos tiernamente y sentándolos
+en sus rodillas, parecía parodiar el triste grupo de la reina María
+Antonieta, refugiándose con sus hijos en un rincón de las Tullerías,
+invadidas por el populacho. Kate lloraba desconsolada; Miss Buteffull se
+había puesto el sombrero y los guantes, como si esperase la orden de
+marchar.
+
+No hacía Currita aquellos alardes artísticos sentimentales a humo de
+pajas: la noticia había corrido en un segundo por los círculos políticos
+y aristocráticos de la corte, extendiéndose después por casinos y cafés,
+tiendas y plazuelas. El pueblo comenzó a agolparse con su estúpida
+curiosidad a las puertas del palacio, y a poco una larga hilera de
+coches ocupaba toda la calle, suspendían un momento su pausada marcha,
+abríanse y cerrábanse con estrépito las portezuelas, y bajaban
+encopetados señorones, aristocráticos gomosos y damas elegantes; venían
+estas de trapillo, mirando a todas partes, entre asustadas y curiosas, y
+abrazaban a Currita haciendo exclamaciones de sorpresa, de indignación,
+de entusiasmo y de lástima. Esto era lo que esperaba la taimada condesa;
+con su sonrisa de colegiala, apretaba a unos la mano en silencio,
+repetía a otros la relación del atropello, y elevaba los ojos al cielo
+con aire de víctima resignada que se inmola, abrazada a sus hijos, en
+aras de la proscrita dinastía. ¿Qué sería de ellos? ¡Pobres hijos
+suyos!... ¡Y Fernandito, tan afectado, tan nervioso, postrado en cama e
+inspirando su salud serios cuidados! Quizá les esperaba el destierro,
+quizá la cárcel, quizá... ¡Oh! Las damas se estremecían de furor y de
+espanto, hablando todas a un tiempo, confortando a la víctima con sus
+consejos y dándose todas al diablo allá en sus adentros, porque era a
+Currita y no a ellas a quien había tocado la suerte de hacerse
+sospechosa a la policía y llegar al apogeo de la celebridad de un solo
+salto.
+
+Llegaron también varios periodistas a caza de noticias, lápiz en ristre
+y reparos a la espalda, y fueron muy bien recibidos, dignándose la misma
+Currita darles noticias del suceso. Pedro López, el cronista de los
+salones elegantes, que acudía a comidas y saraos con los bolsillos del
+frac forrados de hule para poderse llevar a mansalva dulces y
+emparedados, estuvo admirable. Currita le tendió una mano, enternecida a
+la vista de aquel fiel amigo que tantas veces había descrito los
+primores de su falda, él se la estrechó en silencio, repitiendo por tres
+veces:
+
+--¡Ominoso!... ¡ominoso!... ¡ominoso!...
+
+Y apartándose un buen trecho, púsose a garrapatear con ardor febril en
+su cartera, no sin que todas las damas y muchos caballeros vinieran a
+hacérsele presentes, mendigando una mención honorífica en aquella
+crónica que había de ser al otro día la _great attraction_ de la corte.
+La apoteosis de Currita prometía ser ruidosísima, y preciso era figurar
+en ella, aunque sólo fuera de comparsa.
+
+Llegó Leopoldina Pastor, sofocadísima, con un devocionario enorme en la
+mano: venía de Misa, porque estaba haciendo en San Pascual una novena
+para impetrar del cielo una apoplejía fulminante para don Salustiano de
+Olózaga. Irritóse mucho de que Currita no hubiese tirado por la ventana
+al jefe de orden público; juró que no saldría de allí aquel indecente
+sin oír antes de sus labios cuatro palabritas bien dichas, y alborotando
+y accionando, y sacando la lengua a los agentes de orden público que
+encontró al paso, fue a parar al comedor, porque eran ya las doce,
+estaba en ayunas, tenía hambre y se hacía imposible salir de allí hasta
+que terminara el registro. Muchas damas y caballeros la siguieron,
+dispuestos a caer sobre las provisiones de Villamelón como una nube de
+langostas, y el pasmo de todos fue entonces grande... Sorprendieron al
+moribundo marqués en un rincón del comedor, apoyado en un trinchero de
+roble, zampándose en pie y a toda prisa, y mirando a todas partes
+azorado, una inmensa jícara de suculento chocolate, con una pirámide
+colosal de dorados picatostes... Pasado el primer susto, y no escuchando
+ya en la casa otro ruido extraordinario que el incesante ir y venir de
+la gente que de la calle entraba, Villamelón sintió en toda su pujanza
+el aguijón más terrible que podía hostigarle: ¡el aguijón del hambre! En
+vano llamó una vez y otra vez que le trajesen como todos los días:
+
+ Ancha bandeja con tazón chinesco,
+ Rebosando de hirviente chocolate.
+
+Los criados, diseminados por la casa, no acudían a su llamada, y
+prefiriendo Villamelón los riesgos de otra muerte a la muerte de hambre,
+decidió al cabo levantarse y escurrirse por pasadizos y corredores hasta
+la misma cocina, en busca del cotidiano alimento: una vez en posesión de
+él, refugióse en el rincón más cercano y allí comenzó a devorarlo.
+
+La llegada de los importunos huéspedes hízole levantar el campo, huyendo
+hacia el interior con el chocolate en una mano y los picatostes en la
+otra. Mas, con grandes risotadas le detuvo la señoril y hambrienta
+turba, y alcanzándole Leopoldina Pastor por los cortos faldones de la
+bata, le gritaba muerta de risa:
+
+--¿Pero dónde vas, Fernandito?... ¡No te vayas, hombre!... ¡Si para
+sentir es menester comer!... ¡Si nosotros venimos a ayudarte!...
+
+Y desde el _maître d'hôtel_ hasta _don Joselito_, comenzaron a trabajar,
+sin dar apenas abasto en servir a la emocionada concurrencia un _lunch_
+improvisado, un _pic-nic_ sustancioso.
+
+
+
+
+--VII--
+
+
+Era el marqués de Butrón una de esas medianías que en los tiempos de
+escasas notabilidades pasan por eminencias, debiendo sólo su altura a
+las escasas proporciones de los hombres y cosas de su época. Hase dicho,
+sin embargo, que no hay hombre grande para su ayuda de cámara, y no se
+libraba el gran _Robinsón_ de esta ley general de las ilustres
+celebridades. Consistía, pues, una de sus secretas flaquezas en teñirse
+cuidadosamente la barba, blanca ya por completo, para ponerla al nivel
+de su todavía abundante cabellera, que se conservaba negra como las alas
+del cuervo.
+
+Disponíase, pues, el respetable diplomático en aquella mañana del 26 de
+junio a esta operación importantísima, cuando le pasaron
+precipitadamente el recado de Currita. El peludo señor perdió por
+completo la cabeza, y temiéndolo todo de la bellaquería de la condesa,
+que tenía él muy bien conocida, pidió a toda prisa un simón, y sin
+acordarse para nada de que su barba sin teñir iba a revelar el hasta
+entonces bien guardado secreto a las lenguas más hábiles en cortar sayos
+que encerraba la corte, corrió al palacio de aquella equívoca oveja que
+tanto le importaba conservar en el redil alfonsino. Los polizontes que
+guardaban la puerta le dejaron pasar, según la consigna, mirándole con
+esa especie de receloso respeto que a las gentes bajas de un partido
+causan siempre los pájaros gordos del partido contrario.
+
+La noticia de su llegada causó sensación profundísima entre la turba de
+amigos y amigas que invadía el palacio, y todos, hasta los que en el
+comedor se hallaban, corrieron a su encuentro. Su presencia allí daba al
+suceso una importancia y un colorido que había muy bien calculado
+Currita al mandarle buscar con tanta urgencia. El gran _Robinsón_
+extendió ambos brazos al verla, exclamando: «¡Hija mía!», y la dama se
+dejó caer en ellos con filial abandono, sollozando fuertemente y
+mostrando a sus hijos, que se agarraban asustados a la falda de Miss
+Buteffull, siempre tiesa e impasible.
+
+El coro general de damas comenzaba a emocionarse; pero acertó a reparar
+Gorito Sardona en la desteñida barba del diplomático, y apresuróse a
+comunicar el descubrimiento al oído de Carmen Tagle; echóse a reír ella,
+díjolo a su vecina, esta al que tenía al lado, y a poco, una porción de
+solapadas risitas hacían fracasar por completo la parte patética del
+espectáculo.
+
+Butrón, sin embargo, no cayó en la cuenta, y con el majestuoso
+continente que las circunstancias requerían, arrastró con suavidad a
+Currita al próximo gabinete. Sudaba como un pato, y la camisa no le
+llegaba al cuerpo, temiendo alguna nueva trapisonda de la ilustre
+condesa, que viniera a desacreditar sus manejos diplomáticos. Azorado y
+en voz baja, y mirando a todas partes, como si temiese ver aparecer a
+los polizontes que invadían el palacio, le dijo:
+
+--Pero ¿qué es esto?... ¡Habla, hija mía!...
+
+Currita se dejó caer en un sofá, cubriéndose el rostro con el pañuelo.
+
+--¡Estoy perdida!--dijo.
+
+El respetable Butrón abrió la boca, como si fuera a tragarse un queso
+entero.
+
+--¡Fernandito es un imbécil!--continuó Currita muy afligida.
+
+Butrón movió de arriba abajo la cabeza en señal de profundo
+asentimiento.
+
+--Le ha engañado Martínez... Me ha comprometido atrozmente... Es
+horrible, horrible... ¡Infame, Butrón, infame!
+
+--¡Habla bajo!--exclamaba el diplomático, sobresaltado--. Sosiégate,
+hija mía, sosiégate... y cuenta para todo conmigo... Para todo, ¿lo
+oyes?... para todo...
+
+Y con las dos peludas manos apretaba _Robinsón_ con efusión paternal la
+mano de Currita.
+
+--Lo sé, Butrón, lo sé, y por eso acudí a usted al punto--dijo ella más
+sosegada--. ¡Pero es horrible, horrible!... ¡Figúrese usted que todo lo
+que decían de mi nombramiento de camarera es cierto!...
+
+--¿Cierto?--exclamó Butrón como si se le atragantase en el esófago el
+queso que antes parecía tragarse.
+
+--Fernandito le escribió al ministro solicitando para mí el cargo...
+¡sin decirme nada, Butrón!... ¡sin contar conmigo!... ¡Vamos, si es
+horrible, horrible!... ¡Ay, qué marido!... Le aseguro a usted que si no
+fuera por mis hijos entablaba el divorcio...
+
+Aquí derramó Currita algunas lágrimas en aras del honrado Himeneo, cuya
+antorcha corría riesgo de apagarse, y continuó muy bajito:
+
+--Por eso, como yo no sabía nada, dije antes de ayer en casa de Beatriz
+lo que creía, ¡claro está!, la verdad... Que el ministro vino a
+ofrecerme el cargo, y yo me había negado a aceptarlo muy ofendida,
+tomándolo por una majadería de esa gentuza... Figúrese usted mi sorpresa
+cuando ayer se me entra por las puertas ese animal de Martínez, tan
+ordinario, tan groserote, muy ofendido con mi negativa, gritando como un
+energúmeno que nadie jugaba con el Gobierno, y amenazándome con una
+carta de Fernandito, que iba a refregarme... ¡por los hocicos, Butrón,
+por los hocicos!...
+
+Y aquí ahogó de nuevo el llanto la voz de Currita, prosiguiendo a poco
+entre sollozos:
+
+--¡Qué ultraje, Butrón, qué vergüenza!... ¡Creí morirme de
+sentimiento!... ¡Al padre de mis hijos debo esta ofensa!... Bien se lo
+he dicho mil veces: tu condescendencia con esa gentuza nos va a perder,
+Fernandito...
+
+--Pero ¿viste tú esa carta?--exclamó Robinsón estupefacto.
+
+--¡La vi, Butrón, la he leído!... ¡Qué vergüenza!... ¡Creí morirme!...
+Decía el _buey Apis_ que el ministro iba a publicarla en los periódicos
+si yo no aceptaba el cargo. ¡Lloré, supliqué, pidiéndosela en nombre de
+mi honra, en nombre de mis hijos!... Todo en vano: o aceptaba yo el
+cargo, o la carta se publicaba... Entonces le ofrecí dinero, y mi hombre
+empezó a blandearse... Me pidió cinco mil duros; luego tres mil,
+¡regateando, Butrón, regateando como un judío!... Por fin se cerró el
+trato en los tres mil, y anoche, a la una, volvió a entregarme la carta
+y recibir el pago... Porque, claro está, yo no tenía dinero bastante,
+tampoco podía pedírselo a Fernandito, y he tenido que empeñar una
+porción de joyas...
+
+Butrón escuchaba asombrado, tragándose, una a una, como un bolonio, toda
+aquella sarta de mentiras, diestramente entrelazadas con algunas escasas
+verdades; cruzó las manos con trágico ademán y exclamó con el aire de un
+Catón escandalizado:
+
+--¡Eso es nauseabundo!
+
+--¡Pero si hay más, Butrón, si hay más!... ¡Si es infame!--prosiguió
+Currita muy animada--. A la una me entregó anoche el _buey Apis_ la
+carta... A las diez llega hoy, de repente, la policía a registrarme mis
+papeles... ¡Negocio redondo que buscaba el gran canalla!... ¡Coger de
+nuevo la carta y quedarse con mi dinero!...
+
+--Pero ¿la han cogido?--exclamó Butrón consternado.
+
+--¡Ca!... ¡Primero me quitan la vida!... Tuve tiempo de romperla y echar
+los pedazos por el vertedero del baño.
+
+--¡Berr!--hizo Butrón como si le dieran náuseas; y con las manos
+cruzadas a la espalda, actitud de las grandes perplejidades, y fruncido
+el formidable guardapolvo de sus cejas, señal en él de graves
+preocupaciones, comenzó a medir a grandes pasos la estancia. Currita le
+miraba marchar con el rabillo del ojo, dando de cuando en cuanto
+nerviosos suspiritos.
+
+Indudable era para Butrón que la dama era una tramposa; pero lo que
+decía era en todo perfectamente verosímil y explicaba por completo la
+extraña visita de la policía. ¿Qué había ido, si no, a buscar en aquella
+casa?... Por otra parte, aquel repentino suceso aseguraba al partido la
+alianza de aquella mujer que dominaba al Madrid elegante con el poderoso
+imperio de la moda, y esto bastaba a las teorías del diplomático;
+detúvose, pues, de repente ante ella y díjole solemnemente:
+
+--Es preciso hacer una manifestación ruidosísima, que levante el
+espíritu y sirva de protesta a este atropello...
+
+Currita se encogió de hombros, disimulando bajo una perplejidad afectada
+el rayo de vanidosa alegría que iluminó su semblante.
+
+--¡Pero, Butrón, por Dios!--dijo--, por mí no hay inconveniente; pero ya
+ve usted que quien pierde aquí es Fernandito.
+
+--Mira, Curra, Fernandito no pierde nada, porque nada tiene que
+perder... Tu marido es un imbécil Y eso lo sabe todo el mundo.
+
+--Es verdad--dijo con heroica conformidad Currita.
+
+--Además, yo te garantizo el secreto... El negocio es grave y puede
+sacarse de él mucho partido.
+
+--Eso bien lo veo yo... Por eso no me opongo... Después de todo, lo
+primero que hay que mirar es el bien de la causa... Yo todo se lo
+sacrifico... Bien lo he probado siempre... ¡Bien lo estoy ahora
+probando!...
+
+Y Currita se enterneció otra vez, emboscando entre sus nuevas lagrimitas
+este ruego inocentísimo:
+
+--Lo único que pido es que escriba usted mismo a la señora la verdad de
+lo que está pasando... ¡Le tengo un miedo a los enredos, a los chismes
+de este Madrid!... ¡Esa Isabel Mazacán es tan chismosa... me tiene una
+envidia!...
+
+Cuadróse Butrón delante de la dama y dijo golpeándose el pecho:
+
+--¡Confía en mí, Curra!... ¡Yo respondo!
+
+En aquel momento llamaron a la puerta: el registro había ya terminado y
+el jefe de orden público pedía permiso a la señora condesa para
+presentarle sus excusas.
+
+--¡Ay, no, no!--exclamó Currita--. Dígale usted que puedo muy bien
+pasarme sin ellas.
+
+--Y añádale--dijo Butrón con toda la majestad olímpica que su misión
+allí requería--que la señora condesa de Albornoz se reserva el derecho
+de protestar en todos los terrenos de semejante atropello... Y dígale
+también que toda la aristocracia española y todas las gentes sensatas y
+honradas están a su lado para apoyarla y defender la causa santa que
+ella representa en estos momentos...
+
+Esto dijo Butrón con arrogante tono, y acentuando mucho la palabra
+_causa_, paseó después una larga mirada por la concurrencia, como quien
+dice: «¿Habéis entendido?», y entróse por los grupos, dejando caer
+palabras huecas que la curiosidad y la necedad rellenaron de grandes
+cosas.
+
+--El negocio es grave--decía--. ¡Currita, admirable! ¡Una heroína!...
+¡Mariana Pineda!...
+
+Entró entonces el viejo empleado en la contaduría, don Pablo Solera, que
+había presenciado el registro: traía las orejas muy coloradas y un gran
+papel en la mano, que presentó a la condesa... Rodeáronle todos llenos
+de curiosidad, haciéndole mil preguntas, que el viejo se apresuró a
+satisfacer aturdido, en parte, al verse ante tan ilustre concurrencia.
+
+El registro había sido escrupuloso en demasía y durado dos horas
+enteras: el jefe del orden público había leído todas las cartas que
+encontró a mano, sin perdonar pesquisa alguna, registrado todos los
+papales, hojeado todos los libros y puesto aparte todo aquello en que
+creyó encontrar miasmas conspiradores, para sujetarlo al examen del
+gobernador de la provincia. El prudente viejo le exigió entonces un
+recibo, firmado por el mismo jefe de orden público, en el cual habían de
+consignarse todos los papeles que se llevaba, y este era el documento
+que don Pablo presentaba a la condesa.
+
+--¿Hay algo importante?--preguntóle Butrón en voz baja, leyendo la
+lista al mismo tiempo que Currita.
+
+--¡Pchs!... Nada--contestó esta.
+
+Mas sus ojos se fijaban con extrañeza en esta partida inventariada en la
+larga lista: «Un paquete de veinticinco cartas, atado con una cinta de
+color de rosa».
+
+El respetable Butrón tomó de nuevo la palabra. El peligro había pasado,
+pero era necesario sacar todo el partido posible de aquella victoria:
+hacíase indispensable meter mucho ruido, gran ruido, propagar el
+escándalo por todas partes para despertar la indignación y excitar los
+ánimos en contra del Gobierno y de la dinastía intrusa... Para ello,
+todas las señoras acudirían aquella tarde a la Castellana con las
+airosas mantillas españolas y las clásicas peinetas de teja, que eran ya
+señal convenida de valiente protesta; y a la noche siguiente, él, Butrón
+mismo, daría un gran baile en honra de Currita de puro carácter
+político, al cual podían ya darse por convidados todos los presentes...
+Las señoras lucirían todas, en la cabeza, la flor de lis, emblema de sus
+esperanzas; los caballeros, un lazo blanco y azul en el ojal del frac,
+colores propios y significativos de los desterrados Borbones.
+
+El entusiasmo fue entonces indescriptible; las damas rodearon el grupo
+que Currita y Butrón formaban, empujándose unas a otras, charlando todas
+a un tiempo, esgrimiendo los colosales abanicos que por aquel verano
+estaban de moda con el poco elegante nombre de _Pericones_.
+
+--¡Bien! ¡Bravo!--gritó Gorito Sardona--. ¡El coro de los puñales!...
+¡Butrón, a usted le toca bendecirlos!
+
+Y se puso a cantar el
+
+ Giusta é la guerra, e in cuore
+ Mi parla un santo ardore,
+
+de Meyerbeer en los _Hugonotes_. Esto hizo reír mucho a todas aquellas
+señoras, y unas en pos de otras comenzaron a retirarse, nerviosas,
+entusiasmadas, confesándose mutuamente que era muy entretenido conspirar
+danzando y luciendo trapos en la Castellana; que era más fácil de lo que
+ellas creían derribar un trono a abanicazos.
+
+Mientras tanto, Villamelón, escurriéndose tras cortinas, puertas y
+tapices, miraba desfilar la ilustre concurrencia sin osar presentarse
+ante ella. Lo que más le incomodaba a él era que le hubiesen roto dos
+cristales, allá abajo, en la mampara.
+
+Al verse a solas Currita, preguntó al viejo empleado, enseñándole la
+lista:
+
+--Pero diga usted, don Pablo... ¿De quién eran esas veinticinco cartas?
+
+El viejo se encogió de hombros.
+
+--No sé--contestó--. El jefe de orden público leyó tres o cuatro y se
+las guardó con una risita que me dio mala espina.
+
+--¿Pero dónde estaban?
+
+--En aquella arquita antigua que está en el gabinete de la señora
+condesa... Es un cajoncito con secreto.
+
+--¿En el _secrétaire_ del _boudoir_?--dijo Currita aún más
+sorprendida--. ¡Pero si allí no había nada!... A ver, venga usted
+conmigo.
+
+Había, en efecto, en un rincón del _boudoir_, una preciosa _arquilla_,
+obra acabadísima de marquetería italiana del siglo XVI, de ébano,
+tallado con ricas incrustaciones de carey, plata, jaspes y bronces.
+Currita abrió la gran tapa delantera, cuyas bisagras y cerrajas doradas
+dejaban ver, a través de sus artísticos calados, un fondo de terciopelo
+rojo, y entonces apareció el interior de aquel precioso mueble,
+compuesto de bellísimos arquitos, de galerías en miniatura en que
+encajaban infinidad de cajoncillos, ocultándose los unos a los otros,
+con múltiples secretos.
+
+--Pero ¿dónde estaban esas cartas?--preguntó Currita impaciente,
+abriendo uno a uno los lindos cajoncitos.
+
+--Aquí abajo--contestó don Pablo.
+
+Y apretando un resorte de bronce, hizo saltar otro cajoncito oculto, que
+dejó escapar, al abrirse, un suave olor de violetas secas. Currita metió
+dentro la mano y encontró en el fondo un ramo marchito de aquellas
+fragantes flores; miró algún tiempo con cierta extrañeza, como quien
+pretende recordar algo, y exclamó al fin, cayendo en la cuenta:
+
+--¡Ya!
+
+Y de repente, poniéndose muy seria con la enfurruñada cara de quien se
+teme un chasco pesado, murmuró muy enfadada:
+
+--¡Pues tendría que ver!... ¡Estaría bonito!...
+
+
+
+
+--VIII--
+
+
+Bueno estaba para bollos el horno del señor gobernador a las dos de la
+tarde de aquel mismo día 26 de junio. La noticia de la visita de la
+policía al palacio de Villamelón había llegado a las altas esferas del
+Gobierno, causando en ellas sorpresa y disgusto: ignorábase allí la
+causa de aquella violenta medida del gobernador, y esperábase todavía,
+por otra parte, obligar a la Albornoz a aceptar el cargo de camarera, a
+pesar de la escena cómico-dramática que entre ella y el excelentísimo
+Martínez había tenido lugar la víspera. Porque, como el lector habrá ya
+adivinado, no obstante los enredos de la tramposa señora, los
+compromisos de esta con el Gobierno eran tan reales y positivos como
+había asegurado dos días antes la condesa de Mazacán en casa de la
+duquesa de Bara.
+
+Resentida profundamente Currita por lo que ella creyera desaire de la
+abdicación, había decidido al punto pasarse con armas y bagajes al
+enemigo, satisfaciendo de este modo sus femeniles deseos de venganza y
+realizando al mismo tiempo su continuo anhelo de dar que hablar a todo
+el mundo y ser siempre la primera de la primera línea. El nuevo monarca
+era joven y guapo, y una vez teniéndole ella a su alcance en el puesto
+de camarera, parecíale fácil amalgamar en poco tiempo, en sí misma, dos
+personalidades históricas que le eran muy simpáticas: mademoiselle de La
+Vallière y la princesa de los Ursinos.
+
+Costóle, sin embargo, algún trabajo reducir a Villamelón a secundar sus
+planes, porque encastillado este en lo que llamaba su honor, empeñábase
+en vivir y morir fiel a la dinastía caída. Supo al cabo Currita
+convencerle, y cauta siempre, y sin dar ella la cara, encargóle a él
+entablar las negociaciones con don Juan Antonio Martínez y el ministro
+de Ultramar, personajes ambos que con traidora previsión había procurado
+desde mucho tiempo antes atraer a su casa, importándosele un bledo los
+aristocráticos aspavientos de sus ilustres amigas. Las condiciones
+impuestas por la condesa eran un considerable aumento de sueldo para
+ella y la Secretaría particular de don Amadeo para Juanito Velarde,
+adorado amigo que a la sazón privaba.
+
+El encargo era fácil, dado el afán que de llenar aquel desairado cargo
+con un grande de España existía en la corte y en el Gobierno.
+Villamelón, sin embargo, cometió una pifia contra las terminantes
+prescripciones de Currita. Habíale encargado esta que por ningún
+concepto soltara prenda por escrito en el manejo de aquel negocio, y por
+no faltar el majadero a una cita que con cierta viuda problemática
+tenía, a la misma hora en que le citaba también el ministro, dejó
+escapar aquella malhadada carta dirigida a este, que tan serias
+complicaciones había de traer más tarde.
+
+Mientras tanto, la carta de la reina Isabel vino a desbaratar todo lo
+hecho, y con su desfachatez sin igual, volvióse atrás Currita, dejando a
+la corte y al Gobierno burlados, y en las astas del toro a su marido. No
+satisfecha con esto, y para acallar los peligrosos rumores, que,
+atizados por Isabel Mazacán, corrían de lo sucedido, imaginó denunciarse
+a sí misma al gobernador, escribiéndole un anónimo en que con pruebas
+patentes y señales manifiestas aseguraba que la condesa de Albornoz y
+el marqués de Butrón urdían un complot vastísimo, existiendo en poder de
+ellos papeles muy importantes para la causa alfonsina. El incauto
+gobernador cayó en el garlito, y ya hemos visto la admirable profundidad
+con que secundó los atrevidos planes de aquella ilustre bribona, cuyas
+mezquinas intriguillas traían en conmoción a toda la corte. La visita de
+la policía afianzaba para siempre la fama de su lealtad alfonsina,
+dándole una importancia en el partido que la ponía por completo a
+cubierto de las pretensiones de la corte amadeísta. Así lo comprendió el
+excelentísimo señor don Juan Antonio Martínez, y hecho un basilisco fue
+a pedir al gobernador cuenta de su torpeza; alborotóse este, y
+guardándose muy bien de confesar que sólo en un anónimo cifraba él las
+pruebas del complot de Currita, aseguró campanudamente que le constaba
+la existencia de una vasta conspiración alfonsina, que el marqués de
+Butrón la dirigía, y que la señora condesa de Albornoz era una
+trapisondista de tomo y lomo.
+
+--¡Si me lo querrá usted decir a mí!--exclamó el _buey Apis_ resollando
+por la herida.
+
+Y contó al gobernador, con todos sus pormenores, la historia del
+nombramiento de camarera y la escena de la carta arrojada al fuego, que
+había ya hecho desternillar de risa, en las narices mismas del ministro,
+a todos sus compañeros de gabinete. Mordióse el gobernador los labios,
+comenzando a sospechar que habían hecho un pan como unas hostias, y el
+_pas trop de zéle_ de Talleyrand acudió a su mente como un reproche.
+Detuvo, sin embargo, un momento su cólera y sus temores la entrada del
+jefe de orden público, que venía a entregarle los papeles sorprendidos
+en poder de Currita.
+
+Lanzóse el gobernador sobre ellos con todo el ardor de su picado amor
+propio, y púsole su mala suerte ante los ojos, lo primero, un
+plieguecillo de esquela, con el timbre de la condesa de Albornoz, y
+escrito en él, con diversos caracteres de letra, este extraño letrero:
+_¡Qué animal tan hermoso es el hombre!_ Examinaba atentamente el
+gobernador el papelillo, creyendo encontrar alguna clave oculta o algún
+santo y seña misterioso entre aquellos diversos caracteres de letras,
+rechondas y apretadas unas, largas y finitas otras, diminutas cual
+patitas de moscas entrelazadas que se prolongasen en forma de cadeneta,
+las últimas. Estas despertaron en su mente un vivo recuerdo; buscó
+apresuradamente el anónimo que encerraba la denuncia, cotejó ambas
+letras, y el velo se rasgó entonces por completo. ¡Era la misma!...
+Probado quedaba que la excelentísima señora condesa de Albornoz era una
+trapisondista de tomo y lomo, y el excelentísimo señor gobernador de
+Madrid un majadero de siete suelas.
+
+Su furor no tuvo entonces límite, y vino a aumentarlo el cazurro
+Martínez, que con los carrillos hinchados y la boca llena de risa
+reventaba por soltar la presa, y soltóla al fin, diciendo a modo de
+fisga:
+
+--¡Abortó la conspiración!... ¡España puede ya dormir tranquila!...
+
+Su excelencia encontraba cierto maligno gustito en no ser la única
+víctima de los enredos de aquella grandísima tuna que tan pesados
+chascos estaba dando a los Epaminondas y Arístides de la España con
+honra. El señor gobernador comenzó a echar sapos y culebras por la boca,
+lo mismo que cualquier rufián de callejuelas, y volviendo y revolviendo
+los papeles, vino a topar con el paquete de las veinticinco cartas. Su
+gozo fue entonces inmenso: tenía ya asegurada la venganza.
+
+La noche anterior había hecho Currita un escrupuloso escrutinio en sus
+papeles, quitando de en medio lo que podía comprometerla, y poniendo
+bien a la vista lo que favorecía sus planes; excusado es decir que la
+carta de la reina Isabel quedó en puesto tan visible, que presto pudo
+dar con ella el jefe de orden público. Dos descuidos imperdonables tuvo,
+sin embargo: quedósele traspapelado en la carta de escribir el
+plieguecillo en que había hecho sus pruebas caligráficas y olvidóse por
+completo de que en un cajoncito oculto de la arquilla antigua del
+_boudoir_ existía, hacía más de tres años, un paquete de cartas. Eran
+estas de cierto capitán de artillería, andaluz, de gran familia,
+arrogantísima figura y poquísima vergüenza, que había antecedido a
+Juanito Velarde en el puesto de confianza que a la sazón ocupaba este en
+la casa.
+
+Triunfante el gobernador, preguntó a Martínez si le parecía conveniente
+publicar aquellas cartas en los periódicos.
+
+--Pero, hombre, no sea usted mentecato--replicó el ministro--. ¿Cree
+usted que hay alguien en Madrid que no sepa o suponga que esas cartas
+existen o han existido?...
+
+--Pero entonces, ¿qué partido sacamos de ellas?
+
+--Uno muy sencillo... ¿No tiene usted que devolvérselas a la condesa?
+
+--¡Claro está!... Como que el jefe de orden público le ha dejado recibo.
+
+--Pues en vez de enviárselas usted a la mujer, se las envía al marido...
+Es la única manera de practicar en este asunto la obra de misericordia
+de enseñar al que no sabe.
+
+--¡Magnífico!--exclamó el gobernador, admirado de la maquiavélica
+política de su excelencia.
+
+Y, sin pérdida de tiempo, púsose a escribir un atento B. L. M. al
+marqués de Villamelón, presentándole mil excusas por el mal rato que le
+había dado aquella mañana, anunciándole la devolución de los papeles
+incautados y suplicándole cortésmente los repasase uno a uno y muy en
+particular las veinticinco cartas del paquete, no fuera que por
+casualidad se hubiese alguna de ellas traspapelado.
+
+En aquel momento, un portero entregó al señor gobernador una esquelita
+perfumada, que parecía ser de una dama coqueta, y era del lindo ministro
+García Gómez, el elegante de la situación, el _dandy_ de aquel gabinete
+eminentemente progresista. Enterado por su amiga Isabel Mazacán de la
+orden del día dada por el marqués de Butrón en la casa de Currita,
+apresurábase a poner en conocimiento de la primera autoridad de la
+provincia la manifestación de mantillas y peinetas que las damas de la
+aristocracia preparaban para aquella tarde en la Fuente Castellana. El
+gobernador comenzó a bufar de nuevo, amenazando entre enérgicas
+interjecciones hacer con mantillas y peinetas lo que Esquilache hizo con
+capas y sombreros.
+
+--¡Pero, hombre, no sea usted mentecato!--volvió a decir el ministro con
+su risa de paleto--. Eso tiene muy fácil remedio.
+
+--¿Cuál?
+
+--Llame usted a Claudio Molinos.
+
+Llegó Claudio Molinos, bribón consumado, especie de baratero político
+que en aquel tiempo alcanzó gran boga, y era, según la voz pública, el
+galeoto del Gobierno en sus enjuagues de mala ley, y el reclutador y
+generalísimo de la partida de la porra. Recibiéronle ambos personajes de
+igual a igual, y con grandes extremos, y después de una corta
+conferencia, tornó a salir Claudio Molinos muy apresurado. Martínez
+salió también con gran pachorra, inclinada la cabezota, y las manos y el
+bastón a la espalda, y quedóse el gobernador muy satisfecho,
+restregándose las manos chiquitas y regordetas con alguna que otra uña
+no limpia del todo.
+
+A las seis y media de aquella misma tarde no se veía un solo carruaje en
+el Retiro ni en el Parque, y centenares de ellos, por el contrario,
+atravesaban al trote largo el Paseo de Recoletos, atestado ya de gente,
+y seguían en confuso remolino hacia la Fuente Castellana. Jamás Viena
+corriendo hacia el Práter, Berlín hacia el Linden, París hacia el
+Bosque, habían presentado espectáculo tan original y pintoresco como el
+que ofrecía a la puesta del sol aquella inmensa avalancha de trenes
+lujosísimos, la mayor parte descubiertos, atestados de mujeres de todos
+tipos, de todas edades, con trajes de colores vivos, mantillas blancas o
+negras, peinetas de teja y flores en la cabeza, en el pecho, en las
+manos, en los asientos y portezuelas de los coches, en las frontaleras
+de los caballos y en las libreas de los cocheros, confundiéndose, sin
+atropellarse, en aquella baraúnda ordenadísima, carruajes, caballos,
+jinetes, arneses, prendidos, libreas, cocheros con la fusta enarbolada,
+lacayos con los brazos cruzados, retintines de bocados y crujidos de
+látigos, efluvios de primavera y perfumes de tocador, olor a búcaro de
+la tierra recién regada, y fragancia de lilas, azucenas y violetas;
+envuelto todo como en una gasa en un polvillo fino y brillante,
+iluminado todo con golpes de luz bellísimos por los reflejos del sol
+poniente, que penetraba por entre las copas de los árboles, haciendo
+brotar resplandores de incendio en la plata de los arneses, los botones
+de las libreas y el herraje de los coches.
+
+Por las anchas aceras de la calle de Alcalá desembocaba también en
+Recoletos muchedumbre compacta de gente de a pie, destacándose de trecho
+en trecho grupos de mantillas más o menos bien llevadas, peinetas de
+teja puestas en cabezas más o menos airosas. No correspondía, sin
+embargo, la animación y la algazara al número y al lujo de aquella
+muchedumbre; marchaban los paseantes con esa curiosidad más ávida
+mientras más medrosa, que inspiraba siempre un espectáculo peligroso;
+con esa curiosidad propia del cobarde que espera oír a cada momento el
+estampido de un arma de fuego. Las damas de los coches, por su parte,
+cruzaban entre sí saludos, señas y sonrisas, sin poder disimular un
+involuntario azoramiento, semejante al del chico descarado que se
+resuelve a hacer una travesura en las barbas mismas del maestro.
+
+De repente, a la altura de la Casa de la Moneda, paráronse los
+paseantes, agrupándose bajo los árboles, y los coches moderaron su
+carrera, llamándose a derecha e izquierda para dejar una calle en
+medio... Por ella se adelantaba al trote largo un magnífico landó de
+Binder, caídas a uno y otro lado las capotas de _chagrín_ finísimo,
+arrastrado por dos soberbios bayos oscuros, dos steppers de grande
+alzada y poderoso trote que la mano férrea de Tom Sickles manejaba tan
+fácilmente como movía el viento los ramos de lilas y claveles que lucían
+los nobles brutos en las brillantes frontaleras. Tendida en los
+almohadones de raso, con aire distinguidísimo, paseaba la condesa de
+Albornoz su desvergüenza, dando la derecha a su amiga y pariente la
+marquesa de Valdivieso; vestían entre las dos primas los colores
+nacionales: traje amarillo con mantilla negra la de Albornoz; rojo con
+mantilla blanca la de Valdivieso, y grandes peinetas de carey una y
+otra, con ramos de claveles blancos y encarnados en la cabeza y en el
+pecho. Arremolinábase la gente al verlas pasar, las damas las saludaban
+con los pañuelos desde los coches, arrojándoles flores muchas de ellas,
+y una turba de gomosos a caballo trotaban a uno y otro estribo del
+coche, a guisa de caballerizos. De esta manera triunfal hizo Currita su
+entrada en la Castellana.
+
+Formaban ya allí los carruajes ordenada fila, y entonces pudo apreciar
+el marqués de Butrón todo el numero y arrogancia de sus huestes
+femeninas. Allí estaba él en un landó de colores oscuros, teniendo a su
+derecha a la marquesa, respetable señora que llevaba uno de los nombres
+más ilustres de España, y podía hacer gala de una de las reputaciones
+más sin tacha de la corte. Más lejos iba Isabel Mazacán con Leopoldina
+Pastor, en un milord preciosísimo; Pilar Balsano, la duquesa de Bara,
+Carmen Tagle y otra infinidad de estrellas y constelaciones del gran
+mundo, entre las que descollaba la señora de López Moreno con su hija
+Lucy, vestida ella de azul con mantilla blanca y grandes rosas en la
+cabeza, ocupando casi por completo una gran carretela con arreos a la
+calesera, y cochero y lacayo con sombrero calañés, pantalón y chupa de
+oscuro terciopelo. Todas ellas, mujeres problemáticas, y otras mil y mil
+mujeres frívolas y superficiales en apariencia, pero honradas en el
+fondo las más, sólidamente virtuosas y sensatas muchas de ellas,
+saludaban al pasar a la ilustre bribona, inclinándose todas a su paso,
+rindiéndole el homenaje de sus sonrisas y su envidia, haciéndose reas de
+la perniciosa condescendencia con el vicio, llaga mortal de las grandes
+sociedades, contribuyendo con su presencia y con su lujo, por necedad,
+por debilidad o por malicia, al gran pecado del escándalo, al triunfo de
+la más ruin bellaca que urdió jamás trapisondas en la corte.
+
+No duró mucho, sin embargo, la apoteosis... Nadie ha podido explicar
+nunca cómo sucedió aquello: unos dicen que vino del Hipódromo; otros,
+que del barrio de Salamanca; algunos, que de un hotelito que, emboscado
+en un jardín, existe en la Castellana. Es lo cierto que, de repente,
+apareció en la fila de coches un gran landó a la Daumontl con cuatro
+caballos blancos; venían dentro dos mujerzuelas de vida airada,
+abigarradamente vestidas de encarnado, con pomposas mantillas y enormes
+peinetas, poniendo en asquerosa caricatura a las damas de la
+aristocracia. En el asiento de enfrente, un rufián con sombrero de copa
+un poco ladeado y largas patillas postizas, parecía parodiar a cierto
+prócer famoso que en aquel tiempo hacía gran papel en las filas
+alfonsinas[8].
+
+[Nota 8: Histórico todo.]
+
+Aquello no fue un bofetón, fue una coz, una patada del excelentísimo
+Martínez, que acababa de un golpe con las peinetas y mantillas, con más
+facilidad que acabó Esquilache con los sombreros y las capas. Díjose
+luego que, desde una ventana del hotelito escondido, había él
+presenciado la escena, con las manos a la cabeza, sacudiendo la
+cabezota, dejando oír su risita de cazurro, de paleto empingorotado.
+
+--¡Ju, ju, ju, ju!...
+
+Entonces hubo un momento de confusión grandísima, de alarma verdadera:
+algunos hombres de a pie y de a caballo se lanzaron sobre el coche con
+los bastones enarbolados, para hacerlo salir de la fila. Intervinieron
+los guardias de orden público en favor de las mujerzuelas, y mientras
+tanto, huyeron en un segundo los lujosos trenes, al galope, a la
+desbandada, mordiéndose los hombres el bigote de despecho, escondiendo
+las mujeres, llenas de vergüenza, los rostros azorados.
+
+Sólo quedó Currita incorporada en su coche, abriendo mucho los claros
+ojos, abofeteando a todas aquellas mujeres honradas, cuya culpa
+consistía en admitirla a ella en su trato, con estas candorosísimas
+palabras, dichas para tranquilizar a su prima:
+
+--Pero mujer... ¿Qué ha sucedido?... ¿Por qué se van?... Que haya otras
+dos más, ¿qué importa?...
+
+
+
+
+--IX--
+
+
+Los periódicos ministeriales de la tarde guardaban un estudiado silencio
+sobre la visita de la policía al palacio de Villamelón, como si
+obedeciesen todos a una misma consigna. Los diarios oposicionistas, por
+el contrario, soltaban, ocupándose del suceso, todos los registros de
+sus respectivas trompeterías, prorrumpiendo en gemidos o gritos de
+horror, según les soplaba el viento, a la elegía o al ditirambo...
+
+Ningunos gemidos, sin embargo, tan perfumados; ningunos gritos de horror
+tan rítmicos, como los lanzados por la pluma del espiritual Pedro López
+en el artículo _El primer paso_, que publicaba aquella tarde _La Flor de
+Lis_. Indudable era que Pedro López había mascado raíz de lirio antes de
+lanzar aquellos suspiros confitados, que había modulado sus gritos de
+horror sobre aquellos trinos de Stagno:
+
+ Voi parlate di patria
+ E patria piu non è.
+
+que había llorado sobre el rosado papel lágrimas de agua de Colonia; que
+había, en fin, creído, al empuñar la pluma en sus manos lavadas con
+_pâte agnel_, tremolar una bandera con un palo de sombrilla por asta y
+un encaje de Bruselas por lienzo... ¡Oooh!... Cuando Pedro López posó
+su turbada planta en el palacio de los marqueses, cuando vio profanadas
+por groseros pies de sicarios de un poder bastardo y despótico aquellas
+mullidas alfombras que tantas veces habían hollado en rítmicos
+movimientos del baile las bellezas más valiosas de la corte, angustia
+mortal oprimió su corazón, nube de sangre cegó sus ojos, y una palmada
+de su propia mano vino a herir su frente sin que--¡pásmese el
+lector!--notase Pedro López que sonaba a hueco... Sonóle a un ¡ay!
+fatídico, a voz triste, lejana, misteriosa, crepuscular, que murmuraba a
+lo lejos: ¡El primer paso!... ¡El primer paso dado hacia el noventa y
+tres... el primer paso dado hacia el Terror!... ¡Oooh!... Allí había
+visto Pedro López sumida en el más profundo desconsuelo, y vistiendo
+elegante _saut du lit_, con falda _plissée_, de fular de seda y encajes
+crema a la bella condesa de Albornoz, ideal como la Ofelia de
+Shakespeare a orillas del lago, digna como la María Stuard de Schiller
+en el castillo de Fotheringhay, sublime como la princesa Isabel, la
+hermana de Luis XVI, que llamó la posteridad el _Ángel de la
+guillotina_... ¡Aaaah! Allí había visto Pedro López y estrechado su mano
+al hidalgo caballero, al pundonoroso marqués de Villamelón, postrado en
+el lecho del dolor, cual león enfermo, derramando lágrimas de varonil
+despecho por no poder desenvainar, en defensa de su noble hogar
+allanado, la gloriosa espada de cien ilustres progenitores... ¡Oooh!...
+Y en torno de aquellas dos nobles figuras realzadas aquel día por el
+infortunio, elevadas por ruin despotismo de un gobierno sobre el
+gloriosísimo pedestal de la picota de sus iras, Pedro López había visto
+agruparse, más hermosas mientras más doloridas, y tan elegantes en su
+sencillo negligé; de mañana como en sus soberbias _toilettes_ de otras
+ocasiones, a las bellísimas duquesas de A., B. y C.; a las lindísimas
+marquesas de D., E. y F.; a las encantadoras condesas de G., H. y L; a
+las preciosas vizcondesas de J., K. y L.; a las monísimas baronesas de
+M., N. y Ñ., y a las espirituales señoras y señoritas de O., P. y Q.
+También el sexo feo estaba dignamente representado por el venerable
+marqués de Butrón, espejo de caballeros, y por los duques, marqueses,
+condes, vizcondes, barones y señores de tal o cual, y por otras muchas
+personas notables que, en lo inmenso de su emoción, quizá dejaba Pedro
+López involuntariamente de enumerar.. ¡Aaah! ¡El primer paso!... Todas
+las frentes parecían inclinarse bajo el peso de un mismo pavoroso
+pensamiento... Mas habló el ilustre marqués de Butrón, y al eco de su
+mágica palabra irguiéronse las nobles cabezas y viéronse allí ilustres
+vendeanos dispuestos a disputar palmo a palmo el terreno; garridas
+Marfisas y Bradamantes, capaces de realizar con el brillo de sus ojos
+las proezas de aquellas heroicas amazonas de las primeras cruzadas...
+
+Aquí ponía Pedro López cuatro líneas de puntitos suspensivos, y añadía
+luego:
+
+«Nosotros oímos sus palabras, y un rayo de celeste esperanza se deslizó
+en nuestro pecho».
+
+Más puntitos suspensivos.
+
+«El villano atentado del gobernador de Madrid ha sido el primer paso
+dado hacia el Terror... Mas--¡renazca la esperanza!--ya
+
+ ...El león de Castilla
+ Sacude la melena!!!»
+
+Y a renglón seguido:
+
+«Excusado es decir que la esplendidez proverbial de los marqueses de
+Villamelón proporcionó a la ilustre concurrencia un exquisito lunch
+improvisado, en que llamaran la atención de todos los delicados sorbetes
+de naranja, servidos en la misma cáscara de la fruta, que no obstante lo
+impropio de la hora, hizo el calor del día deliciosos. Felicitamos a los
+marqueses de Villamelón por haber introducido esta elegante novedad, que
+no tardará en ser imitada en las mesas y salones de la corte».
+
+Todas estas y otras majaderías por el estilo leía Currita con ávido
+deleite, mirando con desdén, desde la altura de su triunfo, a Metternich
+y a Pitt, a Cavour y a Bismarck. Parecía muy natural que la llamasen a
+ella Ofelia, María Stuard y Ángel de la guillotina; reíase allá en sus
+adentros de ver transformado a su marido en león enfermo y pundonoroso
+caballero, y dejábalo correr todo junto, porque sabía muy bien que nadie
+sube hoy al templo de la fama sin alas hechas de recortes de periódicos.
+Vino entonces a colmar su satisfacción el director de cierta famosa
+revista, que con grandes reverencias y aspavientos, y presentándole una
+tarjeta en que el marqués de Butrón eficazmente le recomendaba,
+manifestó su deseo de publicar en la revista el retrato de la heroica
+condesa y algunos grabados de actualidad relativos al suceso que todo
+Madrid discutía. Recibióle ella con esa amable condescendencia, propia
+de las grandes señoras con cualquier pelafustán que las adula, y
+concedióle su petición al punto, quedando convenido que la revista
+publicaría el retrato de la condesa con el traje que había de lucir
+aquella misma tarde en la manifestación de mantillas y peinetas de la
+Castellana, y otros dos grabados conmemorativos, representando uno la
+fachada del palacio en el acto de ser invadido por la policía, y otro el
+momento en que salió Currita con varonil entereza al encuentro de los
+invasores.
+
+--Convendría entonces--dijo el periodista--tener algunas fotografías del
+local, que sirvan de pauta al artista para marcar bien los detalles.
+
+--Desde luego--replicó Currita muy complacida--. El señor marqués es muy
+aficionado al arte, y tendrá gusto en proporcionárselas a usted él
+mismo.
+
+Y sin pérdida de tiempo envió un recado a Fernandito, suplicándole
+viniese en el acto al salón en que se hallaban. Pronto trajo un lacayo
+la respuesta: el señor marqués había pedido a las cuatro la berlina y
+aún no había vuelto a su casa.
+
+Fernandito corría, en efecto, en aquel momento, detrás de una duda
+misteriosa que ansiaba resolver. Con grandísima zozobra había recibido
+el B. L. M. del gobernador, y tranquilo ya, después de leerlo, púsose a
+registrar cuidadosamente los papeles devueltos. Leyó la primera de las
+veinticinco cartas sin comprenderla; en la segunda tropezóse con esta
+frase, escrita de puño y letra del artillero: «En cuanto a tu marido,
+bueno será que le suprimamos el _villa_ y le dejemos _melón_: está
+probado que el pobre pertenece a la familia de las _cucurbitáceas_».
+
+Fernandito no leyó más: con la boca y los ojos muy abiertos quedóse
+largo tiempo suspenso, hasta que, levantándose de repente y entrando en
+su cuarto de vestir, cogió un bastón con puño de plata, una delgada caña
+de bambú nudosa y flexible que cortaba el aire con silbidos de culebra
+al esgrimirla con gran furia Villamelón, dirigiéndose presuroso y
+descompuesto a las habitaciones de la espiritual Currita, de la vaporosa
+Ofelia, de la sentimental María Stuard, a quien amenazaba, sin duda, en
+vez del poético lago o del dramático tajo, un trancazo soberano, una
+paliza descomunal.
+
+No quiso Dios, sin embargo, que acabase de manera tan prosaica criatura
+tan ideal; a la mitad de una gran galería, adornada con plantas
+exóticas, jaulas de pájaros y curiosidades de todos géneros, salió al
+encuentro de Villamelón el gran perro de Kamschatka, meneando
+cariñosamente la cola, y de repente, cual si resonasen en sus oídos
+aquellos acentos de Otelo:
+
+ ...a compir la vendetta
+ il ciel me invita,
+
+descargó en la cabeza del perro el trancazo descomunal que reservaba,
+sin duda, para la poética Ofelia... Luego, como el borracho que,
+engolosinado con la primera copa, no para ya hasta apurar la botella,
+comenzó a menudear sobre los lomos del animal una granizada de golpes,
+una lluvia de palos, como jamás se registró igual en los anales perrunos
+de la helada península Kamschatka. Jadeante y sudoroso, volvió a su
+cuarto, desnudóse apresuradamente y se metió en la cama.
+
+ ¡Morro, ma vindicato
+ Si, doppo lei morro!
+
+Diez minutos después volvió a levantarse y pidió la berlina; fuese
+derecho a Fornos, después al Casino, luego al Veloz, recibiendo por
+todas partes enhorabuenas e interpelaciones acerca del suceso que todo
+Madrid comentaba; hacía con grandes reserva y disimulo, al oído de
+cuantos amigos prudentes se iba encontrando, cierta pregunta misteriosa.
+
+Encogíanse algunos de hombros; otros se echaban a reír; contestábanle
+todos que no, y Villamelón seguía adelante con su enigmático empeño.
+Encontróse, al cabo, en un apartado gabinete del Veloz, a un viejo con
+grandes patillas canas y una cabellera blanca y espesísima, más digna de
+coronar la frente del rey Lear que aquel rostro encarnado y granujiento
+en que había dejado impresa su huella todos los vicios. Contrastaba su
+indisputable aire de gran señor con su traje abandonado y hasta sucio, y
+dábale todo ello el aspecto de un anciano monarca disfrazado de tendero.
+Hallábase sentado ante una gran botella de ginebra, que despachaba poco
+a poco en una inmensa copa de cristal, echando de cuando en cuando
+algunos terrones de azúcar. Llamábase Pedro de Vivar, era segundón de
+una gran casa, vivía del juego el tiempo que no estaba borracho y
+hacíanle famoso en Madrid su cinismo y sus cuentos chocarreros,
+conociéndole todo el mundo por el nombre de Diógenes. Era de esas
+personas que han llegado a tener _cosas_, y una vez en posesión de esta
+ejecutoria, pueden ya cometer a mansalva toda clase de desmanes sin otro
+temor que el de ver a las gentes encogerse de hombros murmurando:
+
+--¡Cosas de Fulano!
+
+Sabíalo él muy bien y aprovechábase de ello para decir a todo el mundo
+las mayores desvergüenzas con el acierto que le inspiraba siempre su
+claro entendimiento y su mucha práctica del mundo. Era un sinapismo
+ambulante, que dejaba siempre al pasar algunas ampollas levantadas.
+
+Acercósele, pues, el inocente Villamelón, preocupado por su idea, y
+después de algunas palabras insignificantes que dieron tiempo a Diógenes
+para vaciar por dos veces la copa, soltó al fin la pregunta misteriosa
+mirando a todas partes con cuidado:
+
+--¡Hombre, Diógenes!... Tú que conoces a todo el mundo, ¿podrías decirme
+quién es la familia de Cucurbitáceas?
+
+Miróle Diógenes un momento de hito en hito, pensando sin duda que más
+presto se conoce la necedad o el talento de un hombre por sus preguntas
+que por sus respuestas, y díjole al cabo:
+
+--¡Ya lo creo!... Ven acá...
+
+Y llevándole frente a un espejo, y cogiéndole con una mano por el
+cogote, diole con la otra una gran palmada en la cabeza, añadiendo muy
+serio:
+
+--Aquí tienes a la madre...
+
+Luego, gritóle desaforadamente al oído:
+
+ No se envanezca de su ilustre raza
+ Quien debió ser melón y es calabaza!!!...
+
+Al otro día, los periódicos ministeriales de la mañana rompían al fin la
+estudiada reserva que se habían impuesto, y uno de ellos, _La España con
+Honra_, publicaba un pequeño suelto en que se veía la manaza de Martínez
+levantando la punta del velo que encubría el suceso, con esa táctica
+refinada de la malicia que, sin necesidad de nombrar, designa señalando
+con el dedo.
+
+«Ayer--decía el periódico--ha sido objeto de grandes comentarios en
+todos los círculos la visita de la policía al palacio de los señores
+marqueses de Villamelón, previo auto del juez y orden del gobernador,
+según prescriben las leyes vigentes. Por un lamentable descuido del
+jefe del orden público fueron comprendidos entre los papeles políticos
+incautados en las habitaciones de la señora marquesa algunas cartas
+importantes de índole puramente doméstica. El señor gobernador devolvió
+al punto caballerosamente estos papeles al señor marqués de Villamelón,
+comprendiendo que en asuntos conyugales sólo al marido toca hacer
+reclamaciones. Creemos, sin embargo, que el lance no tendrá
+consecuencias de ningún género, dada la prudencia proverbial de las
+personas interesadas.»
+
+Otro periódico ministerial, _El Puente de Alcolea_, completaba estas
+noticias con el siguiente sueltecito, en que no asomaba ya la manaza,
+sino la pataza del excelentísimo Martínez, descargando una coz digna de
+la formidable pezuña del legítimo _buey Apis_:
+
+«Es completamente inexacto que el registro llevado a cabo por la policía
+en el palacio del señor marqués de Villamelón no produjese resultado
+alguno. El señor gobernador no erró la pista: tan sólo equivocó la
+pieza, y en vez de saltar la liebre saltó un venado».
+
+Y más adelante añadía, describiendo el concurso de personajes ilustres
+que habían acudido al palacio de Villamelón en aquellos momentos
+críticos:
+
+«Con gran asombro de todos, llegó también presuroso el señor marqués de
+Butrón, trayendo blanca por completo su poblada barba, negra de
+ordinario, como las alas del cuervo. No es creíble que el sentimiento y
+el sobresalto del señor marqués fuesen tan grandes que le hicieran
+encanecer la barba de repente: creemos más bien que habría olvidado
+aquella mañana los secretos de alquimia de su tocador, sin duda por no
+tener presente la siguiente anécdota que le recomendamos:
+
+Cuentan de Carlos V que, visitando una vez cierto convento de Alemania,
+vio un monje que tenía la barba negra y el pelo blanco por completo.
+Preguntóle la causa de tan extraño fenómeno, y el monje contestó:
+
+--Señor... He trabajado más con la cabeza que con los dientes.
+
+Presentóse algunos meses después al César un embajador polaco que tenía
+el cabello negro y la barba blanca. Recordó entonces Carlos la respuesta
+del fraile y dijo a sus cortesanos:
+
+--He aquí un embajador que ha trabajado más con los dientes que con la
+cabeza.
+
+Sea, pues, más cauto en lo sucesivo el ilustre diplomático, si no quiere
+que se haga sobre su persona la reflexión que sobre el embajador polaco
+hacía Carlos V».
+
+Villamelón y Currita leyeron cada uno por su parte todas estas noticias
+y guardáronse muy bien de comunicarse mutuamente sus impresiones,
+pareciéndole a ella más prudente hacerse la sueca y a él más fácil
+hacerse el desentendido. El marqués, por su parte, había ya desahogado
+su corazón en el perro amarillento de Kamschatka, y Currita se apresuró
+a desahogarlo también en la fina amistad de Juanito Velarde, que acudió
+muy alarmado a pedir categóricas explicaciones del hecho. La sola fecha
+de las cartas bastó para tranquilizarle por completo, y este fiel amigo
+tomó entonces a su cargo acortar las distancias y echar a la mar
+pelillos, repitiendo al oído de uno y otro cónyuge la frase del pato de
+la fábula:
+
+Paz, caballeros, paz.
+
+Firmáronse, pues, estas sin grandes repugnancias, y aquella noche
+comieron los tres juntos en familia, para ir luego a casa del marqués de
+Butrón, donde Currita quería presentar a su amigo y protegido Juanito
+Velarde.
+
+Mientras tanto, las gacetillas de _La España con Honra_ y _El Puente de
+Alcolea_ corrían por todo Madrid, entre las rechiflas, burlas y
+sarcasmos de tirios y troyanos, capuletos y montescos. ¡Cosa singular!
+Los que con más ahínco clavaban el diente y más satisfechos corrían de
+un lado a otro comentando la noticia, eran los ellos y las ellas que la
+tarde antes honraban a Currita en la Castellana como a una reina y se
+aprestaban a honrarla del mismo modo aquella noche en el baile del
+marqués de Butrón; que no parece sino que en ciertas sociedades quita la
+envidia con una mano lo que la adulación da con la otra, sin comprender
+que mientras más al desnudo deja la deformidad del ídolo que adora, más
+indecoroso y repugnante aparece el culto que le tributa.
+
+A las once, el calor y la afluencia de gente hacían ya insoportable la
+estancia e imposible el tránsito por los salones del marqués de Butrón:
+hallábanse abiertas de par en par cuantas puertas y ventanas había en la
+casa, y más que concurso de gentes, parecía aquello un confuso revoltijo
+de joyas, plumas, flores, telas vistosísimas y mujeres medio desnudas,
+entre las que se destacaban las manchas oscuras de los hombres,
+revolviéndose entre ellas sofocados y sudorosos, como un enjambre de
+gusanos negros que hubiera fermentado aquella compacta masa de mundo,
+demonio y carne... En el gabinete más próximo al vestíbulo, el marqués y
+la marquesa de Butrón recibían a sus convidados, viendo desfilar con la
+misma amable sonrisa grandes nombres y grandes vergüenzas, inocencias
+completas y malicias refinadas, honras sin tacha y reputaciones
+escandalosas, barajadas y confundidas en aquella casa, sin disputa
+alguna noble y honrada, por la impúdica y funesta tolerancia de las
+grandes sociedades modernas.
+
+A las doce menos cuarto llegó la condesa de Albornoz, imponiendo a todo
+el mundo su desvergüenza y su cinismo, haciendo fango en el mismo cieno,
+según la enérgica expresión de un historiador antiguo. Venía apoyada en
+el brazo de Juanito Velarde y caminaba a retaguardia su marido. El
+marqués y la marquesa de Butrón salieron a su encuentro, y mientras
+Fernandito les presentaba al adorado amigo, decía Currita con su
+encantadora vocecita de niña tímida:
+
+--¡Es un pícaro, Butrón, un pícaro!... No diré yo que sea un converso,
+pero es un catecúmeno que por primera vez se pone hoy nuestra enseña.
+
+Y con su abanico de plumas señalaba la fiel partidaria de los Borbones
+el lacito azul y blanco que, una vez desechada la Secretaría particular
+de don Amadeo, aparecía también en el frac de Juanito Velarde. Butrón
+estrechó la mano de este, murmurando algunas frases corteses, y metiendo
+Currita la cabeza entre ambos con el descoco más infantil del mundo,
+dijo muy bajito, saltando casi de alegría, con la pueril vanagloria de
+la niña que pescara en una fuente un pececillo encamado:
+
+--¡Conquista mía, Butrón, conquista mía!... Ya ve usted si me debe el
+partido...
+
+Mientras tanto, la llegada de Currita había producido un murmullo
+general y unísono en que se hermanaba la obscena chocarrería que con un
+guiño truhanesco cambiaron entre sí los lacayos del vestíbulo, con las
+pulcras y aceradas observaciones que se comunicaban al oído las damas
+más relamidas que llenaban los salones. Nadie, sin embargo, dejó de
+apretarse y estrujarse por estrechar la mano de la heroína del día y
+alcanzar, aunque sólo fuera desde lejos, alguna de las sonrisas de sus
+labios que a diestro y siniestro iba prodigando.
+
+Bailóse entonces, en honra suya, una especie de rigodón de honor, en que
+tomaron parte las damas más ilustres y los caballeros más empingorotados
+que se hallaban presentes. Butrón bailó con Currita, la marquesa con
+Fernandito, Juanito Velarde, como presentado de la heroína, con la
+duquesa de Astorga, una de las mujeres más sensatas y honradas que
+figuraban en la corte.
+
+Creció la marejada al compás de aquel rigodón, comenzando a sublevarse
+los pudores de todas las que se creían con derecho a tomar parte en
+aquella honorífica cuadrilla.
+
+El calor arreciaba con la mayor afluencia de gente, y muchas señoras se
+habían refugiado en un salón bajo que se prolongaba en un pequeño jardín
+también atestado de gente y vistosamente iluminado con farolillos a la
+veneciana. Varios lacayos con pelucas empolvadas y gran librea verde y
+amarilla, colores de la casa, cruzaban por todas partes, ofreciendo a la
+concurrencia, en grandes bandejas de plata, _sorbetes a la Albornoz_.
+Eran los famosos helados de naranja, servidos en la mitad de la cáscara
+de la fruta, artísticamente vaciada al efecto. Currita, impulsada por el
+repostero de Butrón, llegaba a las columnas de Hércules de la celebridad
+femenina.
+
+--¡Magnífico!--exclamó tomando uno la duquesa de Bara--. El pensamiento
+es oportuno... Curra simbolizada por un sorbete... No se puede dar
+imagen más completa de su frescura. ¿No es verdad, Diógenes?...
+
+Diógenes acudió, arrastrando los pies, y se dejó caer en una silla.
+
+--Estoy malo--dijo.
+
+--¿Qué tienes, hombre?...
+
+--¿Qué ha de tener?--dijo Carmen Tagle--. Lo que tienen las cepas:
+oidium...
+
+Diógenes soltó una atrocidad, acompañada de la interjección favorita que
+solía emplear entre señoras, sustituyendo a otras más enérgicas:
+¡Polaina!... Había merendado aquella tarde en San Antonio una ensalada
+de pepinos y se le habían indigestado algún tanto. Riéronse mucho las
+damas, entonando el consabido estribillo:--¡Qué cosas tiene!--y Carmen
+Tagle, para desagraviarle, le ofreció un sorbete diciendo:
+
+--Vamos, hombre... Tómate _un Curra Albornoz_ y te curas... No es más
+indigesta la ensalada de pepinos que el suelto de _El Puente de
+Alcolea_, y ahí la tienes a ella bailando tan fresca.
+
+--¡Sí, es mucha Curra esa!--dijo lastimeramente una señora vieja,
+avellanada, pringosa, que asomaba entre rasos y blondas, como en su
+papelillo calado un dulce de almíbar.
+
+--Yo nunca creí que tuviera valor para presentarse aquí esta
+noche--observó otra.
+
+--¡Bah!... A eso y mucho más llega su desvergüenza.
+
+--¿Su desvergüenza?--preguntó Diógenes--. ¿Y por qué?
+
+--¿Por qué?... Capaz serás tú de defenderla.
+
+--¡Pues ya lo creo que la defiendo!... ¡Su desvergüenza!... La
+desvergüenza de ustedes justifica la suya... Si vosotras la tenéis para
+recibirla, ¿por qué no la ha de tener ella para presentarse?...
+
+--¡Vaya!--exclamó escandalizada la marquesa de Lebrija, presidenta
+general de tres asociaciones piadosas--. Yo quisiera que me dijera usted
+qué se hace entonces en Madrid con esa clase de personas...
+
+Miróla Diógenes de hito en hito, y con la procaz desvergüenza de su
+lenguaje de taberna, con la inexorable lógica de su profundo buen
+sentido, contestó al cabo:
+
+--¡Cerrarles a piedra y lodo la puerta, o no quejarse, señora mía!...
+¡Polaina!... Si levanta usted la tapa del común, ¿con qué cara viene a
+quejarse luego de que apeste?...
+
+
+
+--X--
+
+
+Se ha dicho que la hipocresía es un homenaje que el vicio rinde a la
+virtud, y es igualmente cierto que la falsa idea del honor es un
+acatamiento que los bribones hacen a los hombres de bien, esclavos del
+honor verdadero. Este es un hijo humano de la moral divina del
+Evangelio; aquel, una teoría convencional dictada por la moral
+acomodaticia de los pícaros y los necios; aquel defiende, cual una
+coraza de brillante acero, la pureza del alma y la rectitud de la
+conciencia, y este pretende defender con la celada de Bayardo al gran
+polichinela social, revestido de todas las miserias y todas las
+ridiculeces humanas.
+
+De aquí que el honor, según estos, nunca pueda perderse, y se ofenda con
+razón el embustero porque le digan que miente, y el ratero pida una
+satisfacción al que le acusa de robo, y el presidiario que arrastra una
+cadena pueda llevar al campo del honor al juez que se la ha impuesto. De
+aquí también que la sangre que mancha la conciencia lave el honor hasta
+dejarlo limpio, y sean llamados a resolver casos de honra hombres que
+jamás conocieron la vergüenza: Eacos, Minos y Radamante, vacíos de
+mollera o cargados de picardías, que sólo por deficiencias del Código no
+llevan otra cadena que la que les sujeta el reloj en el chaleco. De aquí
+también que la condesa de Albornoz tuviera así mismo su cachuco de
+honor, y se lo hubiera herido profundamente el suelto de _La España con
+Honra_.
+
+Hay personas que padecen una especie de estrabismo moral que les hace
+ver lo flaco donde está lo gordo, y lo gordo donde sólo lo flaco existe.
+Villamelón no vio otra cosa que le llegara al alma, en el registro de la
+policía, sino el que le hubiesen roto dos cristales de la mampara, y dio
+orden de que jamás se compusiesen, recordando que Wellington nunca
+reemplazó los de su casa, rotos por el pueblo de Londres, un día que
+este se olvidó de Waterloo; todo lo demás echábalo él en el montón de
+las bagatelas enojosas, indignas de ocupar la atención de un hombre
+serio, de las _pequeñeces_ de una sociedad corrompida y etiquetera, que
+rotulaba con la manoseada frase de _cuestiones bizantinas_.
+
+Currita, por su parte, tampoco halló otro motivo de ofensa en lo que
+acerca de su persona publicaban los periódicos, que aquella coletita de
+_La España con Honra_: «Creemos, sin embargo, que el lance no tendría
+consecuencias, dada la prudencia proverbial de las personas
+interesadas».
+
+Tenía Currita puesta la celada de Bayardo sobre su fama de mujer a la
+moda, y esto iba a pegarle en la cimera, a herir directamente su honor,
+significando, como significa en sustancia, que era ella una Jimena sin
+ningún Cid que la defendiese; atroz insulto, ofensa imperdonable hecha a
+una dama que sobrepujaba en celebridad a cuantos toreros, cantantes,
+saltimbanquis, pulgas industriosas y monos sabios habían hasta entonces
+alcanzado fama en la corte.
+
+--¡Lo veremos!--dijo la fiera Albornoz, y nombró al punto paladín de su
+causa a su buen amigo Juanito Velarde.
+
+Larga entrevista celebraron ambos a solas hasta bien entrada la noche, y
+al despedirle Currita en la puerta del _boudoir_ díjole con suaves
+mimitos:
+
+--Conque quedamos en que yo encargaré el almuerzo en Fornos... y habrá
+_écrevisses à la Bordelaise_...
+
+Velarde hizo una mueca que parecía una sonrisa, y siguió adelante:
+detúvose en la puerta del salón y volvió la cabeza. Hízole entonces ella
+otra cariñosa señal de despedida, y él salió al fin lentamente,
+preocupado, como si le arrancasen de allí a la fuerza.
+
+La noche estaba hermosísima, y Velarde siguió a pie por las extraviadas
+calles que llevaban al palacio de Villamelón, tropezando a cada paso con
+los humildes vecinos de las buhardillas y sotabancos, que tomaban el
+fresco sentados en las aceras. Presto llegó a la Plaza de Oriente, dio
+dos vueltas en torno del jardín circular y sentóse al cabo en un banco,
+frente al palacio.
+
+Por la puerta del príncipe salía un chorro de luz vivísima, que cortaba
+con un gran rectángulo las negras sombras del adoquinado; a su reflejo
+distinguíanse los centinelas, armas al brazo, a la puerta de sus
+garitas; gentes de medio pelo, soldados y criados de servicio, por ser
+aquel día domingo, poblaban los jardines, ya sentados, ya paseando;
+algunos grupos de chiquillos trasnochadores corrían de acá para allá con
+gran algazara, riéndose porque se caían, riéndose porque se levantaban,
+riendo siempre con esa alegría de la infancia, espontánea y
+comunicativa, que recuerda la alegría de los pájaros cuando saludan al
+alba. Una rueda de niñas gritaba al lado mismo de Velarde, cantando
+acompasadamente:
+
+ Luna, lunera,
+ Cascabelera,
+ Dame dos cuartos
+ Para pajuela...
+
+Él, extraño a todo, con ambos codos apoyados en los muslos, dibujaba
+caprichosas figuras en la arena, con su elegante _roten_ con puño de
+malaquita... Al amanecer del día siguiente debía de batirse con el
+director de _La España con Honra_; así se lo había exigido Currita,
+ávida siempre de ruido, confundiendo la voz de la celebridad con los
+gritos del escándalo, creyendo que aquel desafío había de colocar la
+única perla que faltaba a la corona merecida de su última escaramuza. En
+vano le hizo presente Velarde el ridículo inmenso que atraería aquel
+duelo sobre Villamelón, sobre ella, sobre él mismo; había ya Currita
+tirado su programa, y su espíritu inquieto, arrastrado siempre por mil
+objetos que le atraían sin satisfacerle, habíase fijado en aquel duelo
+que ansiaba ver realizado con esa fuerza expansiva del vapor comprimido
+que caracteriza los deseos en las almas de temple enérgico.
+
+¿Acaso tenía ella la culpa de que Villamelón fuese un Juan Lanas?...
+¿Iba a dejar ella que un periodistilla cualquiera se riese de su
+aislamiento?... ¿Sería capaz de abandonarla en aquel trance, él, su
+único amigo, el hombre en que había puesto su amistad y su confianza?...
+Y, por otra parte, la suerte de ambos estaba ligada y érales necesario,
+desde luego, hablar gordo a aquella gentuza: a ella, para que
+entendiesen de una vez para siempre que sabía hacerse respetar; a él,
+porque era muy joven, comenzaba su carrera en el mundo, y ningún paso
+más acertado, ningún exordio más oportuno que poner el pie en esta senda
+erizada de peligros, descalabrando a un periodista; que no en balde se
+ha dicho:
+
+ En aquesta salvaje y fiera liza,
+ Lleva más razón quien más atiza.
+
+Además, ella no pedía ninguna catástrofe, ningún duelo a muerte;
+contentábase con un poco de ruido, un duelo de mojiganga como tantos
+otros: cruzar un par de tiros e irse después a almorzar en Fornos...
+Ella se encargaba del almuerzo y haría poner, desde luego, _écrevisses à
+la Bordelaise_, que era, en sus días de broma, el plato favorito del
+buen Juanito Velarde. ¿Acaso podía darse atención mas exquisita? ¿Por
+ventura había en todo aquello algo de particular?...
+
+--¡Nada, absolutamente nada!--pensaba el paladín trazando monigotes en
+la arena; pero ante la perspectiva del duelo, ante la idea de cruzar un
+par de tiros, parecíale oír ya el estampido de las armas de fuego; y a
+este eco siniestro surgía en su mente el fantasma del crimen, primero;
+el de la muerte, después; el del infierno, por último, donde no hay
+reposo ni paz, ni descanso, ni esperanza, sino eterno llanto, eterno
+crujir de dientes, eterna rabia. Velarde quiso reírse de esta idea que
+había oído llamar tantas veces espantajo de niños y de viejas; mas la
+risa volteriana no encajaba entonces en sus labios, y se reía, sí, se
+reía, pero sintiendo al mismo tiempo en la raíz del pelo cierta especie
+de molesto escalofrío. Porque aquel hombre no era un malvado: era un
+pobre muchacho lleno de ilusiones a quien la vida del gran mundo se le
+subía a la cabeza, como se sube un vino de mucho cuerpo en un estómago
+acostumbrado sólo al agua. Al llegar de su provincia, trayendo por todo
+patrimonio algo semejante a lo que el antiguo fuero de Vizcaya asignaba
+a los segundones de casas nobles, un árbol, una teja y una armadura,
+encontróse de repente en medio de aquel brillante mundo, cuyas puertas
+le franqueaba su ilustre nombre, y parecióle entonces, como a Galo en
+Roma, que detrás de aquella asamblea de dioses nada había ya. Quiso
+entonces tomar en ella asiento por derecho propio, y la casualidad y su
+bonita figura le depararon a Currita, Angélica a la sazón vacante, a
+quien plugo darle en su casa el destino de Medoro. Diole esto gran
+importancia a Velarde, y agarrado a las faldas de Currita y a los
+faldones de Villamelón, fuese introduciendo en todos los salones de la
+corte, mientras se preparaba a entrar con algún brillante destino en
+aquel Palacio real que tenía delante, prefiriendo su vanidad y su
+haraganería la vida aparatosa del palaciego a la vida activa del
+político. Así se lo prometía Currita a todas horas, y así se lo había
+prometido la noche antes el marqués de Butrón, el astuto viejo que
+barría para dentro en los tiempos de desgracia, mientras no llegaba la
+hora de barrer para fuera, que sería seguramente la hora del triunfo.
+
+Velarde dejó de mirar a la tierra para mirar al Palacio que tenía
+delante, morada del monarca cuyo secretario particular había estado a
+punto de ser... ¡Qué fastidio tener que esperar de nuevo tanto
+tiempo!... Porque preciso era que se fuese _aquel_ y que viniese después
+el otro, y mientras tanto, ¿quién sabe?... ¡Quizá alguno de aquellos
+tiritos que iban a cruzarse vendría a hacer trizas el cántaro de la
+lechera que Currita y Butrón le ayudaban a fabricar!...
+
+De repente vino a interrumpir sus reflexiones un vozarrón juvenil que
+resonaba a su lado, modulando entre sus discordantes notas todas las
+delicadezas del cariño y la ternura.
+
+--Pero ajonde usted, madre--decía--. ¡Si es que no coge usted náa!...
+
+Velarde volvió la cabeza y vio un aguaducho a su espalda: sentados a una
+mesilla de hierro había un muchachote que parecía un obrero y una vieja
+que era sin duda su madre. Un vaso de horchata helada de chufas estaba
+en medio, y ambos metían dentro la cuchara, tragándose él con delicia
+cuanto salía, mirándole ella con plácida sonrisa y mojando apenas su
+cuchara, como si le dejase a él saborear a sus anchas la golosina y le
+bastase a ella saborear la dicha inmensa de ser aquel un obsequio del
+hijo de su alma.
+
+Velarde comprendió al punto todo lo que aquello significaba, el valor
+inmenso de aquella dicha comprada por ocho cuartos, y una oleada de
+afectos y sentimientos dormidos se levantó entonces de su corazón,
+poniéndole de repente delante todo el pasado, con la amargura del bien
+por nuestra culpa perdido, con la poesía que reviste en la mente de la
+juventud todo recuerdo, con ese vago hormigueo de sombras queridas que
+despiertan en la imaginación toda época lejana... En medio estaba su
+madre, cuyo primogénito era, y en torno sus hermanos pequeñitos,
+llorando todos, como los había dejado él tres años antes al darles el
+último abrazo. Ella le había estrechado entonces contra su corazón con
+delirio, con fuerza increíble, como si quisiese incrustarle a él en el
+pecho todo lo que le amaba o quisiera incrustarse en el suyo propio
+aquella imagen tan querida; su frente ya arrugada descansaba en su
+hombro, y sus labios temblorosos le dijeron al oído:
+
+--¡Juan, hijo mío!... ¡Que seas buen cristiano y reces a la Virgen de
+Regla!... ¡Que te acuerdes de tu padre, que murió como un santo!... ¡Te
+lo digo, hijo, te lo digo; lo sé, lo sé, que no puede morir bien quien
+no vive como cristiano!...
+
+Y luego, más tarde, allá por la madrugada, cuando preocupado él con su
+viaje cerraba las maletas en su cuarto, oyó en el silencio de la noche
+moverse la llave en la cerradura: salió al punto y encontró a su madre a
+medio vestir, descalza, que venía cautelosamente de puntillas a mirar
+por el ojo de la llave.
+
+--¿Qué es eso, mamá?... ¿Tiene usted algo?
+
+--No, hijo, nada; no tengo nada... ¡Es que quería verte otra vez, hijo
+del alma!... ¡Es que te vas mañana!...
+
+Y volvió a decirle al oído, llorando, con la energía de la fe que ofrece
+un remedio seguro, con la angustia del amor que se agarra a una
+esperanza:
+
+--¡Que reces a la Virgen de Regla, Juan!... ¡Que seas siempre buen
+cristiano, hijo del alma!
+
+Velarde sintió vergüenza de sí mismo, y la ola misteriosa subió, subió
+del corazón a los ojos, hasta hacerle llorar, con la cabeza entre las
+manos, llorar a lágrima viva, llorar también sollozando, con más
+debilidad que una mujer, con más pavor que un niño... ¡Su madre sí que
+le adoraba!... ¡No le aconsejaría ella cruzar un par de tiros,
+ofendiendo a Dios; ponerse delante de una bala con riesgo de perder la
+vida, con riesgo de perder el alma! ¡Y se habían pasado ya tres años sin
+verla!... ¡Y estaba tan lejos la santa viejecita! ¡Y acababa él, ingrato
+y perverso, de dejar pasar cerca de dos meses sin escribir una letra a
+la pobre anciana!...
+
+Velarde sintió la necesidad de escribirle al punto, de vaciar en un
+papel aquel cariño, aquella angustia, aquellas lágrimas que le
+asfixiaban, y a grandes pasos tomó el camino de su casa, repasando lo
+que había de decirle, hilvanando una carta llena de cariño, de
+protestas, de esperanzas halagüeñas, de todo lo que a ella más le
+gustara... ¡Celebraba ella tanto sus gracias! ¡Cuánto se había reído
+veinte años atrás, cuando explicándole un día el catecismo, se espantaba
+él de que fueran sólo tres los enemigos del alma!
+
+--¿Náa más?--decía muy asombrado, y la madre se reía, se reía... ¡Dios
+mío! ¡De qué manera tan distinta se reía él veinte años después, en
+medio de sus lágrimas!... ¡Ay! ¡Entonces tenía él seis años, y preciso
+fue que pasaran otros veinte para hacerle comprender que eran sólo tres
+en efecto, y que con ellos solos bastaba y sobraba!...
+
+A la mitad de la calle del Arenal comenzó a seguirle un muchacho,
+empeñado en venderle un décimo de la lotería.
+
+--¡Mañana se juega!--gritaba.
+
+Velarde lo rechazó por dos veces impaciente, dándole la última vez un
+palo; mas variando de pronto de opinión, volvió atrás y le compró, no
+sólo el décimo, sino el billete entero. ¡Si aquel billete saliese
+premiado, cuántas cosas había de hacer entonces!... Y pensando en ello y
+haciendo combinaciones, llegó Velarde al final de la calle del Príncipe,
+donde estaba situada su casa: pidió luz y se encerró en su cuarto. En un
+cajón de su escritorio estaba en un cuadrito la estampa de la Virgen de
+Regla que el día de su marcha le había regalado su madre; púsola en pie,
+delante de sí, apoyada en el tintero, y comenzó a escribir, a escribir,
+y se llevó dos horas escribiendo... Estaba contentísimo; sus negocios
+marchaban muy bien, y la Restauración era cosa segura. La condesa de
+Albornoz...
+
+¡Oh, no, no, no!... ¡Imposible que figurara aquel nombre en aquella
+carta!...
+
+Borrólo, pues, con apretadas y menudas tachaduras, para que no pudiera
+entenderse, y puso en su lugar el marqués de Butrón... El marqués de
+Butrón le había asegurado que no tardaría un año, y prometido para
+entonces un porvenir brillantísimo. Esta sería la ocasión de pensar en
+el de los niños: Enrique y Pedro podrían venirse con él a Madrid, y
+Luisito, el chiquitín, su niño querido, su ojito derecho, podría
+quedarse allí hasta que se graduara de bachiller... Pero de esto ya
+hablarían despacio, porque pensaba... ¡Ah!, pensaba... ¿No lo había ella
+adivinado?... ¿El corazón no se lo había dicho? Pues pensaba ir a pasar
+con ellos todo el mes de agosto y quedarse allí hasta el 8 de
+septiembre, para hacer con toda la familia la novena de la Virgen de
+Regla... Luego venían las preguntas sin fin, después los encargos sin
+cuento, y, a lo último, el trueno gordo, lo que había de hacer estallar
+de gozo y de consuelo el corazón de su pobre viejecita... El día 3 de
+julio, aniversario de la muerte de su padre, iría a confesar y comulgar,
+para solemnizar en lo posible aquella tristísima fecha.
+
+Y conforme lo iba escribiendo, así lo iba pensando el desdichado,
+pidiéndole al mismo tiempo a la Virgen de Regla que le sacara en bien de
+aquel par de tiritos que a la mañana siguiente habían de cruzarse...
+Porque, claro está, que en aquello estaba ya su honor interesado: era
+negocio resuelto, pecado cometido de que le era ya imposible excusarse.
+
+Echó entonces él mismo la carta en el correo, y a las dos se acostó sin
+desnudarse del todo, para descansar hasta el alba. El cansancio de la
+noche precedente, pasada en el baile del marqués de Butrón, le rindió
+bien pronto y durmióse al fin pensando en su madre, que le llevaba de la
+mano, como cuando era niño, al santuario de la Virgen de Regla,
+encaramado sobre un peñasco, dominando el mar que se confunde en el
+horizonte con el cielo, como si fuese imposible presentar dos imágenes
+distintas del infinito, y vuelve después, soberbio siempre y constante,
+a estrellarse contra las rocas de la costa, mugiendo como una
+desesperación eterna e impotente...
+
+A las cuatro despertó Velarde despavorido, porque su criado le sacudía
+bruscamente por un brazo: habían llegado dos señores en un coche, y se
+espantaban y no podían creer que estuviese dormido todavía. Vistióse
+apresuradamente, bajó azorado, aturdido, y entró con ellos en el coche;
+y este comenzó a rodar, sin que él se diese cuenta de lo que hablaban,
+ni de lo que le decían, ni del camino que tomaban, ni pudiera definir
+otra cosa en su mente que un cartel de toros pegado en la esquina de la
+casa de Alcañices y un guardia que, al pasar ellos, abría la verja del
+Retiro, con grandes patillas blancas, iguales a las de Diógenes. ¿Por
+qué tendría aquel hombre patillas y no bigote?... Esto le preocupó un
+momento, y volvió a acordarse de ello cuando, una hora después, se
+detenía el coche a la entrada de una inmensa alameda formada por árboles
+frondosísimos, en que miles y miles de pájaros cantaban en todos los
+tonos las maravillas de Dios... Había allí un hombrecillo con patillas
+ralas y gafas de oro, tan pálido como él, tan azorado y tembloroso, con
+otros dos señores muy serios. Parecióle a Velarde que hablaban entre sí,
+y medían el terreno, y le daban a él una pistola y otra al hombrecillo,
+y los ponían a los dos frente a frente. Sonó luego una palmada, después
+un tiro... Velarde dio un salto atroz y un alarido horrible, y árboles,
+montes, tierra y firmamento giraron bruscamente derrumbándose sobre él
+para aplastarle: cególe después una nube de sangre, luego otra negra, y
+después nada... nada más vio en la tierra...
+
+Sólo vería en lo alto a Jesucristo, vivo y terrible, que se adelantaba a
+juzgarle, y detrás la eternidad, oscura, inmensa, implacable.
+
+
+
+
+--XI--
+
+
+La noticia de la muerte de Velarde llegó a Madrid al punto, y la condesa
+de Mazacán fue la primera que se presentó en casa de la Albornoz con la
+intención dañadísima de darle la triste nueva. Inmutóse Currita
+atrozmente, y por un momento pareció que el mundo entero se le venía
+encima.
+
+--En Madrid ha hecho esto una impresión horrible--dijo la Mazacán
+apretando el torniquete--; todo el mundo habla de su pobre madre: era él
+su único amparo...
+
+Currita comprendió el terrible reproche que esta intencionada
+observación encerraba, y sin tiempo para reflexionar, y convirtiendo en
+ira contra los demás el propio remordimiento, achaque común de todos
+los mezquinos, olvidóse de su suavidad y mansedumbre, y se revolvió
+furiosa, como una gata arisca a que pisan el rabo; en la impetuosidad de
+su ira, cometió la imprudencia de disculparse:
+
+--¿Y qué tengo yo que ver con eso?--gritó--. ¿Acaso le he dicho yo que
+se bata? ¿Quién le mandó meterse en camisa de once varas?... También el
+papel de don Quijote tiene sus quiebras, hija mía...
+
+--Y las suyas el de Dulcinea del Toboso, querida--replicó la Mazacán
+comenzando a sulfurarse.
+
+--¡Ya lo creo que las tiene!... Sobre todo cuando se atraviesa lo que yo
+me sé...
+
+--¿Y qué es ello?...
+
+--La envidia, hija, la envidia.
+
+--¿La envidia?... ¿De quién?...
+
+--Tuya, por ejemplo.
+
+La Mazacán saltó a su vez hecha una hiena, porque el tiro fue a dar en
+el blanco.
+
+--¿Mía?...--gritó--¿Yo... envidia... de ti? ¿De la Villamelón? ¿De la
+Vi... lla... me... lo... na?
+
+Y se reía con una carcajada en que iban envueltos todos los rencorcillos
+mujeriles de tiempos atrás almacenados, mientras acentuaba las sílabas
+de aquel Vi... lla... me... lo... na, que era, por una extraña manía, el
+mayor insulto que podía hacérsele a Currita.
+
+Entonces comenzó entre la espiritual Ofelia y la Diana cazadora una
+contienda digna de tener a Pedro López por cronista. Peleáronse como dos
+rabaneras, lanzáronse a la cara verdades y calumnias, puñados de fango
+amasado con agua de Colonia, con el desparpajo y el encono de dos
+Marfisas o Bradamantes de cabo de barrio, dispuestas a agarrarse por el
+moño y rodar por la mullida alfombra, lo mismo que ruedan las otras por
+en medio del arroyo. La Mazacán había roto los guantes apretando los
+puños y daba gritos con su hermosa voz de soprano. La otra, tiesa en su
+asiento, erguida la cabecita como la de una víbora que se defiende,
+escupía sus desvergüenzas sin moverse, sin mirar a ninguna parte, como
+una figurilla de ira petrificada.
+
+En mitad de la contienda aludió Isabel Mazacán a las cartas del
+artillero, y este recuerdo trajo otro a la memoria de Currita, que
+pareció causarle grande sobresalto. Marchóse atropelladamente dejando a
+su rival con el insulto en la boca y corrió en busca de Kate, su
+doncella. Juanito Velarde debía de tener una porción de cartas suyas y
+era preciso recogerlas sin pérdida de tiempo antes de que fuesen a parar
+a otras manos y resultase algún compromiso como el de marras. Kate subió
+apresuradamente a un coche, y una hora después entregaba todas las
+cartas a su señora: entre ellas venía por equivocación el billete de la
+lotería que la noche anterior compró Juanito Velarde al retirarse a su
+casa. ¡Extraña burla de la suerte! Aquel billete estaba premiado con
+15.000 duros, que, después de tirar muy despacio sus planes, se apresuró
+a cobrar la condesa de Albornoz secretamente.
+
+Madrid entero comenzó a desfilar otra vez por casa de Currita, dándole
+el pésame por aquella desgracia, con uno de esos cinismos de que ofrece
+la corte frecuentes ejemplos... Ella estaba pasada de pena; había
+sentido en el alma la muerte de aquel pobre muchacho, tan simpático, tan
+cariñoso, apegado como un perro a Fernandito y a ella... El golpe había
+sido atroz, y se encontraba mala de resultas; porque ella no sabía nada,
+nada... ¡Claro está! Habíase guardado muy bien el pobrecillo de decirles
+una palabra a Fernandito y a ella, comprendiendo que, por delicadeza le
+impedirían, desde luego, semejante disparate... Porque, después de todo,
+había sido aquella una impertinencia de bonísima intención; una de esas
+pruebas de amistad que se prestan a interpretaciones a pesar de su
+heroísmo, y llegan hasta a ofender el decoro... y por otra parte, traía
+aquello una cola larga, larga, que les era muy gravosa...
+
+Aquí bajaba Currita la voz, y añadía en el mayor secreto al oído de los
+charlatanes y charlatanas de profesión que más fama de ello gozaban en
+la corte:
+
+--Figúrese usted que esa pobre gente no tiene fortuna y la madre queda
+en la miseria... Yo no la conozco; pero claro está que es cuestión de
+delicadeza... Por eso Fernandito y yo hemos tenido que hacer un
+sacrificio, y ya están depositados en el Banco de España 15.000 duros
+para que esa infeliz cobre la renta...
+
+Y así era, en efecto: Currita había depositado en el Banco de España los
+15.000 duros ganados a la lotería por Velarde, y escrito luego una carta
+a la madre de este, dándole el pésame por la _heroica muerte_ de su hijo
+y lamentándose de aquel duelo a que su excesiva caballerosidad le había
+arrastrado. Añadíale después, con un rodeo no exento de habilidad ni de
+ficticia delicadeza, que siéndoles conocidas las circunstancias de su
+posición a su marido y a ella, querían ambos demostrar la amistad íntima
+que con el simpático Juanito les unía, ofreciéndole a ella una renta y
+un capital que quedaban depositados en el Banco de España y cuyos
+resguardos le enviaba adjuntos.
+
+Y una vez terminada esta carta, Currita se encogió de hombros y se quedó
+tan fresca.
+
+Mientras tanto, nadie se cuidaba de preparar a aquella pobre madre para
+el golpe atroz que la amagaba; y feliz ella con la carta de Juanito,
+disponíase, con la exagerada previsión del cariño que se complace en
+forjar necesidades que no existen, por el solo gusto de ponerles
+remedio, a preparar las habitaciones de aquel hijo querido que, no
+obstante su ingratitud y sus defectos, se le presentaba entonces como el
+modelo más acabado de amor de hijos. Nada hay tan dispuesto a perdonar
+como el corazón de una madre, ni nada tampoco como la ausencia para
+borrar de la memoria los defectos de las personas queridas, y poner sólo
+delante sus buenas prendas y los momentos de dicha debidos a su cariño.
+
+Entró, pues, en aquellas habitaciones cerradas tres años hacía,
+santuario de su amor de madre que ella sola visitaba, y comenzó a
+disponer lo que había de retirarse, lo que había de sustituirse y lo que
+se había de añadir, para que nada faltara al huésped y encontrase allí
+satisfechas las nuevas necesidades que hubiese adquirido en la corte.
+Anunciáronle, entonces, la visita del párroco, y ella bajó algún tanto
+extrañada, porque era la hora intempestiva por todos conceptos. El buen
+señor había leído en los periódicos la terrible catástrofe, y corrió
+desolado a casa de la infeliz madre para prepararla poco a poco, antes
+que algún indiscreto le diera la noticia de un golpe.
+
+Con mil angustias y rodeos, y sin saber él mismo lo que se decía,
+comenzó su triste tarea, viniendo a decirle al cabo que su hijo estaba
+enfermo en Madrid y muy grave.
+
+La pobre mujer saltó de la silla blanca cual un papel, extrañada y casi
+irritada como si fuese aquello una broma horrible que vinieran a darle.
+
+--¡Imposible!--gritó--. ¡Si me escribió ayer! ¡Si tengo yo aquí la
+carta!...
+
+Y daba vueltas como loca por el cuarto buscándola, y la puso abierta
+ante los ojos del cura, temblando como una azogada, con los ojos
+desencajados, sintiendo horribles escalofríos que le comenzaban en la
+nuca y le seguían por toda la espalda.
+
+--¿Lo ve usted? ¿Lo ve usted?...--decía--. Y viene por el mes de
+agosto... hasta la Virgen de Regla... Y el día 3 se va a confesar...
+¡No, no, imposible que se muera! ¡Hijo de mi alma!...
+
+Acudieron los tres chicos y las dos criadas, demudados todos,
+presintiendo, al oír los gritos de su madre, después de la entrada del
+cura, alguna espantosa catástrofe. Este le tomó la carta, y comprendió
+por la fecha que la había escrito el desdichado algunas horas antes de
+su muerte.
+
+--Por desgracia, mis noticias son posteriores--dijo--. Después de
+escrito esto, le atacó una apoplejía fulminante, y está muy grave... muy
+grave.
+
+--¡Jesús del alma!... ¡Virgen de Regla!--exclamó la madre; y clavando su
+mano en el brazo del cura e hincándole los ojos en la cara, le preguntó
+con los labios blancos:
+
+--¿Y se ha confesado?... ¿Sabe usted si se ha confesado?
+
+El cura no respondió, y ella volvió a repetir la pregunta, sacudiéndole
+el brazo.
+
+--¡Su alma, señor cura, su alma sobre todo!--exclamaba con angustia que
+hubiera roto un corazón de piedra.
+
+Preciso fue decirle que nada se sabía de aquello, y ella dominó de
+repente su dolor, poniéndose a dar órdenes para marchar a Madrid aquel
+mismo día, en aquel mismo momento; órdenes secas, lacónicas,
+terminantes, crujidos de su dolor inmenso que aguijoneaba la
+impaciencia... El correo pasaba a las cuatro, y necesitaban dos horas de
+coche para llegar a la primera estación de la vía férrea. Enrique
+vendría con ella; Pedro, a un gesto de su madre, corrió al parador a
+encargar un coche; las criadas salieron a disponer las maletas; Luisito,
+el chiquitín, comenzó a llorar; su madre le besó en la frente.
+
+--No llores--le dijo.
+
+Ella no derramaba una lágrima: asustado el cura, quería detenerla.
+
+--Pero si no alcanza usted el tren--le decía.
+
+--Se pone un especial.
+
+--Eso cuesta muy caro.
+
+--Tengo diez mil reales en casa... Y si no, se vende todo... Se pide
+limosna.
+
+--Pero, señora, espere usted...
+
+--¿Y su alma, señor cura, y su alma?--gritaba ella con _los ojos_ muy
+abiertos--. ¿Acaso esperará la muerte?... ¡Y estará allí solo..., solo,
+el hijo de mi vida, sin su madre que le haga confesar, que le ayude a
+bien morir si Dios le llama, que le cierre los ojos y le acueste en la
+tierra!...
+
+Volvió Perico demudado, temblándole las manitas, queriendo sonreír y no
+pudiendo... La voz le faltaba: no había llegado al parador. ¿A qué
+correr tras la desdicha, si salía al encuentro la esperanza?... En el
+camino habíale dicho Martín Romero que él tenía noticias que Juanito
+estaba mejor, casi bien del todo...
+
+--¿Lo ve usted?... ¿Lo ve usted?--gritó la madre triunfante.
+
+Y tuvo una explosión de alegría formidable, rompiendo a reír
+violentamente y entrecortando su risa con profundos sollozos sin
+lágrimas.
+
+El cura se apresuró a desmentir aquella falsa nueva, hija de una
+compasión estúpida, y preciso fue ya decirle de una vez que su hijo
+había muerto... Pero el cura se detuvo allí espantado y no tuvo valor
+para decirle cómo ni cuándo.
+
+Ella recibió el golpe encogiéndose, retrocediendo, oscilando, dejándose
+caer en una silla, sin voz, sin pulso, sin alientos, sin lágrimas,
+meneando la cabeza y agitando los labios como una idiota, llevándose
+ambas manos al corazón, donde sentía algo que se le moría de pronto,
+cierta cosa helada y terrible como debe de ser la muerte...
+
+El cura lloraba como un niño y procuraba consolarla: ella le escuchaba
+con los ojos fijos y enjutos, como se escucha un viento que brama, sin
+comprender lo que dicen sus mugidos que aterran, pero sabiendo bien que
+traen consigo el rayo y la tormenta. Sus hijos se arrojaron en sus
+brazos llorando, y al contacto de aquellas tres cabezas despertó su
+corazón de madre, desgarrándole el pecho un sollozo inmenso, y
+encontrando al fin su dolor una salida, un alivio, un consuelo: ¡las
+lágrimas!...
+
+Todo el mundo en el pueblo respetó aquella pena sin medida, y nadie tuvo
+valor para referirle los horribles detalles de la muerte de su hijo. Mas
+a los tres días llegó la carta de Currita, y allí los encontró todos
+juntos la mísera anciana.
+
+Su instinto de madre le hizo adivinar cuanto allí había, y sin proferir
+una queja ni desplegar los labios lívidos por el dolor y la ira, hizo
+pedazos los resguardos del Banco, los metió en un sobre con la carta que
+los acompañaba y lo devolvió todo a la condesa sin añadir una sola
+letra.
+
+Quedóse esta estupefacta al recibir aquella extraña respuesta, y se
+encogió de hombros murmurando:
+
+--Será alguna vieja rara... ¡Vaya usted a ver: una cosa hecha con tanta
+delicadeza!
+
+Y quedóse luego muy pensativa, porque no sabía qué hacerse con aquellos
+15.000 duros que había pretendido regalar a su legítima dueña. Sus
+escrúpulos de _Zapirón_ se resistían a embolsárselos del todo, y el
+recto tribunal de su conciencia le aconsejó entonces emplearlos en
+alguna obra benéfica. Ocurriósele dar un gran baile, una fiesta
+ruidosísima y brillante, a beneficio de los niños de la Inclusa, pero
+la estación estaba ya muy adelantada; todo el mundo había creído
+asfixiarse pocas noches antes en el baile de Butrón, y ella debía
+también emprender al fin de semana su viaje a Bélgica. Entonces tuvo una
+idea felicísima: hacer con aquel dinero un espléndido donativo al papa
+Pío IX, cuando fuera a visitarlo a Roma, a principios de otoño.
+Entusiasmóle por completo este pensamiento, que acallaba sus escrúpulos
+y satisfacía su vanidad, imaginándose ver ya en todos los periódicos de
+Europa pomposos elogios tributados a la piadosa munificencia de la
+excelentísima señora condesa de Albornoz.
+
+Aquella noche llegó María Valdivieso muy animada, cerca ya de las
+nueve... Era preciso, indispensable y urgentísimo que Currita se viniese
+con ella al Circo del Príncipe Alfonso... _Debutaba_ Miss Jesup, una
+_diva_ monísima hija de un general yanqui. Había venido recomendada a
+Pepa Alcocer y a otras varias de la Grandeza; Paco Vélez se lo había
+dicho.
+
+--El lunes pasado, justamente el día que murió Velarde, cantó en casa de
+Alcocer el rondó final de _Cereréntola_... ¡Chica! En mi vida he oído
+cosa igual: va a tener un succés asombroso... Conque vístete y vámonos,
+que no quiero perder el aria final del primer acto... ¡Chica! ¡Qué gran
+verdad aquella!... Yo me la apropio.
+
+Y se puso a cantar con malísima voz y detestable oído el
+
+ Sempre libera deggio
+ Transvolar di gioia in gioia
+
+de la _Traviata_, ópera a la sazón muy en boga y escogida por Miss Jesup
+para presentarse por primera vez en la escena madrileña.
+
+--¡Ay, no, no!--dijo Currita muy displicente--. No tengo ganas de ópera.
+
+--Pero, mujer... ¿Te vas a enterrar en vida?... Tres días hace que no
+sales.
+
+--Y además, ya tú ves, de luto...
+
+--¡Pero si llevas ya cinco días!... ¿A cuándo aguardas para dejarlo?...
+No me lo hubiera yo puesto diez minutos por Juanito Velarde, porque por
+más que tú digas, era muy soso, hija, muy sosito.
+
+--Entonces, me pondré esta noche medio luto... Justamente tengo un
+vestido sin estrenar, blanco y negro; es bonito, pero no creo que pueda
+servir para otra cosa.
+
+--Pues aprovecha la ocasión, tonta... Pero anda lista, que es muy tarde.
+
+Y ella misma se levantó para tirar de la campanilla y dar a Kate las
+órdenes necesarias.
+
+Currita se vistió en breve tiempo, y mientras tanto dábale conversación
+la Valdivieso, ponderándole la voz y la hermosura de Miss Jesup y lo
+bien que había estado Stagno la noche anterior en _Un ballo in
+maschera_, sobre todo en el aria final, cuando lo asesinaban. Paco Vélez
+se lo había dicho.
+
+--Oye, y a propósito de muertos... ¿Te contestó ya la madre de Velarde?
+
+--Justamente hoy he tenido carta... Por cierto que debe de ser una vieja
+rara...
+
+Kate se permitió interrumpir a las dos primas, preguntando si la señora
+condesa llevaría guantes blancos o negros.
+
+--¿Qué te parece, María?
+
+--Los blancos irán bien...
+
+--Me parece que caerán mejor los negros.
+
+--Traiga usted un par de cada color y lo veremos.
+
+--Pues sí; debe de ser una vieja rara... Figúrate que se niega a recibir
+la pensión.
+
+--¡Jesús, mujer, qué rareza!
+
+--Lo que oyes... Me escribe una carta muy agradecida, muy altisonante,
+con su poquito de deberes morales y de Providencia divina, y concluye
+diciendo que nada necesita y que todo le sobra.
+
+--Pues mejor para ti... Eso más te encuentras.
+
+--Sí, pero ya tú ves; yo tenía hecho ya por el pobre Juanito ese
+sacrificio, y no porque la doctora de su madre se niegue me voy a volver
+atrás... Por eso he pensado, cuando vaya a Roma por octubre, hacer el
+donativo de esos 15.000 duros al Padre Santo, para que le conceda
+indulgencias...
+
+María Valdivieso se quedó muy edificada, y las dos primas salieron,
+cogiendo Currita, distraída con la conversación, un guante blanco y otro
+negro. Echó de ver su error al ir a ponérselos, ya cerca del teatro, y
+quiso volver a su casa para cambiarlos. Mas la Valdivieso, riendo como
+una loca, le dijo:
+
+--Pero, mujer, no seas tonta, póntelos... Lo tomarán por una
+originalidad, y mañana tienes ya la moda en planta.
+
+--¡Pues es verdad!--exclamó encantada Currita.
+
+Y así sucedió en efecto: a todos pareció muy chic aquel nuevo capricho,
+y a la noche siguiente se veían por todas partes en el teatro trajes de
+dos colores diversos con guantes de dos colores distintos.
+
+El _debut_ de Miss Jesup alcanzó una ovación ruidosísima, y sólo hubo
+que lamentar un chistoso ridículo. Al final del último acto, cuando la
+heroína acabada de expirar en la escena, y Alfredo, su padre y el doctor
+entonaban el último terceto, una racha de viento colado pilló descuidada
+a la _diva_ y le arrancó, después de difunta, un estrepitoso estornudo.
+
+Al día siguiente no se hablaba de otra cosa en Madrid que de la ovación
+de la Jesup, de su importuno estornudo y de los guantes de Currita;
+nadie se acordaba ya del nombramiento de camarera, ni de la muerte de
+Velarde, ni del registro de la policía.
+
+Currita respiró ya tranquila, viendo cortada por completo, gracias a sus
+manejos, la larga cola que había profetizado Butrón a su nombramiento de
+camarera; su consecuencia política quedaba fuera de toda duda,
+produciendo, entre otros resultados, tres _pequeñeces_ diversas:
+
+Una madre desolada.
+
+Un alma en el infierno.
+
+Y la moda de los guantes distintos.
+
+Mientras tanto, Villamelón preparaba con grande afán las fotografías de
+donde habían de sacarse los grabados para la _Revista Ilustrada_; todo
+lo demás habíalo echado en el cajón de las _cuestiones bizantinas_.
+
+Fin del libro primero
+
+
+
+
+Libro II
+
+
+
+
+--I--
+
+
+El tren expreso de Marsella a París traía cuatro horas de retraso, por
+haberse roto un puente la noche antes entre Gallician y Saint-Gilles.
+Los viajeros llegaron a las cuatro y media a la gran capital, apeándose
+en la _gare de Lyon_, hambrientos y malhumorados. Un hombre de unos
+treinta años saltó el primero de un _sleeping-car_, y atravesando el
+andén antes que la multitud lo invadiese, llegó al carrefour con ese
+aire seguro y exento de toda perplejidad que anuncia siempre al viajero
+práctico en añagazas de aduanas, estaciones y caminos de hierro.
+
+Hizo una señal al primero de los muchos coches de alquiler que en
+ordenada fila esperaban, y el cochero acudió presuroso, midiendo antes
+con la vista, de pies a cabeza, la traza del viajero. Traía este por
+todo equipaje una de esas _fundas_ inglesas arrolladas en correas, que
+encierran tanto en tan poco trecho y bastan para guardar todo lo
+necesario a cualquier _touriste_ inglés que se dispone a dar la vuelta
+al mundo.
+
+El cochero pareció quedar satisfecho de su examen: entre las ricas
+pieles que forraban el abrigo del viajero, había descubierto su vista
+perspicaz lo que basta para constituir un gran personaje a los ojos del
+vulgo parisiense: asomaba una cintita amarilla y blanca por el ojal de
+su americana. ¡_Il était decoré_!...
+
+Al poner el pie en el estribo, limitóse a decir el viajero en francés
+muy bien acentuado:
+
+--_Grand Hôtel_... _Boulevard des Capucins_...
+
+El coche arrancó dando tumbos como cualquier simón de nuestra España, y
+el viajero no pareció experimentar esa sorpresa mezclada de admiración,
+curiosidad y entusiasmo que embarga a todo el que llega a París, una,
+dos, tres y hasta cuatro o cinco veces.
+
+Arrellanóse en los almohadones de raído paño azul del coche y sin
+conceder siquiera una mirada al primer aliento de París, que comenzaba
+ya a ensordecer y atronar sus oídos, arrancando de la gran plaza
+irregular de la Bastilla, en que desembocan cuatro boulevards y diez
+calles, púsose a pasar revista con gran cuidado a los papeles contenidos
+en una bolsa de viaje, cuya correa le cruzaba el pecho de derecha a
+izquierda.
+
+Ninguno de ellos faltaba: en la bolsa de la derecha había varias cartas
+abiertas, algunos papeles sueltos y un pequeño atadito de billetes de
+Banco; en la izquierda, un gran cartapacio, sellado con una corona real
+sobre lacre rojo. En el sobre decía:
+
+A SU ALTEZA REAL, EL DUQUE DE AOSTA,
+REY DE ESPAÑA.
+
+El viajero dio varias vueltas al cartapacio con cierta curiosidad
+contenida, y aun llegó a mirar al trasluz con el intento de distinguir
+algo de lo interiormente escrito a través del sobre. La satinada
+superficie del rico papel de hilo no dejaba, sin embargo, traslucir su
+secreto, y el viajero tuvo que contentarse con leer una y otra vez
+aquellas letras gordas y corridas del sobrescrito, trazadas por una mano
+más acostumbrada a firmar y anotar que a escribir extenso, y tan
+orgullosamente italiana sin duda, que anteponía el triste ducado de
+Aosta a la Corona real de España.
+
+El coche había cruzado, mientras tanto, el bulevar Beaumarchais y el de
+Filles du Calvaire, y llegado al del Temple, sin que el viajero hubiera
+dirigido una sola mirada a las magnificencias que va presentando París a
+los ojos del que llega, a medida que se avanza hacia el bulevar des
+Italiens y el de Capucins, centro vertiginoso de la gran Babilonia y
+lupanar dorado y perfumado donde acuden a revolcarse, a costa de su oro,
+el vicio y la locura de los cuatro ángulos de la tierra. Allí la calle
+se convierte en plaza, la acera en calle; la multitud en torrente que se
+precipita con cierto relativo silencio por entre dos paredes de cristal,
+formadas por los escaparates inmensos de las tiendas atestadas de cuanto
+puede dar de sí la industria humana para transformar lo superfluo en
+necesario, lo elegante en fastuoso, lo precioso en maravilla, la vida en
+fiebre de vanidades locas y concupiscencias monstruosas.
+
+El viajero, abismado en sus reflexiones en medio de aquella multitud
+inmensa, cuyo rasgo característico es el de ofrecer siempre el aspecto
+del ocioso que corre en pos del placer y no del que marcha en busca del
+trabajo, había acabado por sacar una carterita de piel de Rusia y
+puéstose a ajustar en ella enmarañadas cuentas. Al frente de una hoja
+escribió _esperanzas_ y al frente de la otra _realidades_, y así, debajo
+de aquello que sin duda esperaba, como debajo de aquello otro que al
+parecer poseía, comenzó a amontonar guarismos que formaban números y
+estos a su vez sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, que se
+confundían en caos aritmético, y vinieron a producir al cabo en la
+columna de las esperanzas, bajo una raya horizontal, esta cifra preñada
+de misterios: _Doscientos mil duros y una cartera_. En la hoja de las
+realidades, el resultado no necesitaba interpretación alguna; decía
+simplemente: _Cero_.
+
+Y como si todavía hubiese podido deslizarse en aquella absoluta carencia
+de realidades algún error ilusorio, el viajero, rascándose a veces un
+momento con el extremo del lápiz la ancha y hermosa frente, prosiguió
+trazando guarismos y haciendo cálculos, hasta tirar otra raya
+horizontal, derecha, negra e inflexible como un destino adverso, por
+debajo de la cual apareció esta vez algo menos que cero, una cantidad
+negativa, una deuda formidable, que era, sin duda alguna, la única
+realidad con que aquel hombre contaba en el mundo:
+
+_¡¡150.000 duros al 15 por 100!!..._
+
+El viajero quedóse un momento mirando aquella cifra angustiosa, y
+apretando el lápiz entre sus blancos dientes, hasta romperle la punta,
+apartó al fin los ojos como asustado, para fijarlos en el golpe de vista
+más admirable que puede ofrecer la inmensa Babilonia de París.
+
+El coche atravesaba entonces la Plaza de la Concordia, regada con la
+sangre de María Antonieta y Luis XVI; al frente se extendía la calle
+Real, cerrada en el fondo por la soberbia fachada de la Magdalena,
+descansando sobre sus cincuenta y dos gigantescas columnas corintias; a
+la espalda, el palacio Borbón, asomando por detrás del puente de la
+Concordia, rodeado de jardines y de estatuas; a la izquierda, la avenida
+de los Campos Elíseos, cerrada a enorme distancia por el Arco de la
+Estrella; a la derecha, del lado de acá del río y entre los frondosos
+jardines imperiales, lo que quedaba entonces de las Tullerías: algunos
+muros calcinados por el incendio, un tremendo desengaño histórico, una
+imagen de la majestad real, abofeteada, escupida y asesinada a
+garrotazos por Rochefort y Luisa Michel; y en medio de la plaza,
+levantándose entre las dos fuentes monumentales, como un gigante de
+otras edades, el decano de París, el obelisco Lucsor, el amigo de los
+faraones, el testigo de las épocas fabulosas que cuenta por meses las
+centurias y se ríe, acordándose de sus momias egipcias, de aquel
+hormiguero humano que a sus pies se agita, haciéndole repetir lo que
+puso años antes un poeta en su lengua de granito:
+
+ _Oh! dans cent ans, quels laids squelettes_
+ _Fera ce peuple impie et fou,_
+ _Qui se couche sans bandelettes_
+ _Dans des cercueils qui ferme un clou!_
+
+El viajero pasaba por toda la vista sin fijarse en nada, con esa
+indiferencia con que se mira lo que hasta la saciedad nos es conocido.
+Tan sólo al salir de la calle Real asomó curiosamente la cabeza, y sus
+ojos buscaron a lo lejos la famosa terraza del _Petit-Club_, más
+familiarmente _Baby_, que domina toda la Plaza de la Concordia y es
+punto de reunión y observatorio predilecto de la _haute gomme_
+parisiense.
+
+El día estaba magnífico, y bajo un pabellón de dril, listado de blanco y
+rojo, veíanse algunos socios del club fumando y conversando; en la
+balaustrada de piedra que da a la plaza, dos o tres jóvenes echados de
+bruces veían desfilar los carruajes que por la calle _de Boissy
+d'Anglas_ se dirigían al Bosque. El viajero experimentó al ver el
+pabellón del Círculo cierto impulso de alegría, y por un movimiento
+espontáneo, que tenía mucho de pueril, quitóse el sombrero como para
+saludarle a tan enorme distancia, con tanto respeto y entusiasmo, como
+si a su sombra hubiera de encontrar _lo menos... 150.000 duros al 15 por
+100_, que daban por suma total los varios sumandos de sus realidades.
+
+Sin duda, sabía muy bien que en el _Petit-Club_, en el inocente _Baby_,
+se jugaba gordo.
+
+Al descubrirse el viajero, quedó por completo a la vista su fisonomía,
+presentando un extraño prodigio... Hubiérase dicho que lord Byron en
+persona, abandonando su tumba de Nottingham, atravesaba la plaza de la
+Magdalena en un coche de alquiler, saludando el pabellón del _Baby_ cual
+si fuera la bandera de Inglaterra.
+
+Tenía aquel hombre la misma hermosura varonil del gran poeta, la misma
+bella cabeza airosamente puesta sobre un cuello nervudo, dispuesto
+siempre a enderezarse con la altanera inflexión del desdén. Formaba su
+rostro el mismo óvalo perfecto, con la barba un poco saliente, los ojos
+pardos hermosísimos, el cabello castaño, encrespado en artísticos
+remolinos naturales sobre una frente ancha y nobilísima, que parecía
+hecha expresamente para ceñir los laureles de una corona. Crispaba sus
+labios en ambas extremidades aquel pliegue oblicuo, huella de la
+amargura, del desprecio, del escepticismo, del vicio cansado siempre y
+no satisfecho nunca, que aparece tan al vivo en los buenos retratos de
+Byron, como si por allí se deslizaran todavía aquellas abrumadoras
+palabras de su _último lamento_:
+
+ ¡Por todas partes, implacable y frío,
+ Fue detrás de mis pasos el hastío!...
+
+Dos cosas faltaban, sin embargo, al viajero para hacerle en todo
+semejante al poeta gran señor: su pie izquierdo no cojeaba, ni brillaba
+tampoco en su frente el rayo de genio que inspiró _Childe Harold_. Si
+por un prodigio del cielo era Byron aquel hombre, había vuelto sin dudas
+al mundo dejándose en Nottingham su genio y su cojera, y trayéndose tan
+sólo la hermosura de sus veinticinco años y los vicios de toda su vida.
+Aquel Byron no hubiese ido a la Grecia para liberarla, sino para
+explotarla; en sus ojos no brillaba el ansia de lo ideal, sino el
+reflejo de la sensualidad ansiosa de encontrar dinero.
+
+Todo en él era, sin embargo, elegante y aristocrático, y desde las
+correas de piel de Rusia con hebillas y asa de plata que sujetaban su
+exiguo equipaje, hasta la cartera de la misma piel en que había ajustado
+sus cuentas de realidades y esperanzas, revelaban ese señoril lujo de
+nimios detalles, propio de las personas nacidas y acostumbradas a vivir
+siempre en medio de la opulencia.
+
+Una sola nota discordante resaltaba en su traje, un detalle cursi,
+cursísimo, que sólo pudiera concebirse en algún peluquero afamado o en
+algún cantante italiano de segundo orden: la cintita amarilla y blanca
+que asomaba por el ojal de su americana de viaje. Mas esto probaba, por
+el contrario, un profundo conocimiento de aquel terreno que pisaba, en
+que cualquier cintajo honorífico aseguraba el respeto y las
+consideraciones debidas a un personaje. Era una precaución prudentísima,
+una especie de broquel con que se resguardaba el viajero de mil
+impertinencias para todos molestas y para él tal vez peligrosas.
+
+El coche se detuvo al fin en el _Boulevard des Capucines_, ante el vasto
+pórtico del _Grand Hôtel_. El nuevo lord Byron pagó con esplendidez al
+cochero y subió ligeramente las gradas, topándose en la misma puerta con
+un viejo alto, con grandes patillazas blancas, que se dirigía a la calle
+arrastrando los pies.
+
+Volvióse el viajero rápidamente al verle, como para evitar su encuentro,
+y entróse en el _bureau de réception_ para entregar su tarjeta. Mas el
+viejo, aligerando el tardo paso y alcanzando al fin al fugitivo, le
+gritó en castellano:
+
+--¡Jacobo! ¡Polaina! ¿Me huyes?... Señal de que traes dinero.
+
+--¡Diógenes!... ¿Tú aquí?--exclamó Jacobo, volviéndose muy sorprendido y
+alborozado y estrechándole ambas manos con gran cariño.
+
+Mas Diógenes, sacudiendo la gran cabeza y dándole palmadas en la
+espalda, dijo sentenciosamente:
+
+ El hombre que nace pobre
+ Con el frío es comparado:
+ Todos le huyen el cuerpo,
+ No les suelte un resfriado.
+
+--¡Falso, falsísimo!--gritó Jacobo riendo--. Ni tú has nacido pobre,
+ni...
+
+--No lo soy de nacimiento, pero lo soy por enfermedad.
+
+--Pues júntate conmigo: el constipado que tú me sueltes rechazará al que
+yo te suelte a ti... Ya sabes, querido: _similia similibus curantur_.
+
+--¿Y qué has hecho entonces en Constantinopla, embajadorcillo?... Yo
+creí que te traerías hasta las barbas del Sultán.
+
+Jacobo levantó a la altura de las narices de Diógenes su exiguo
+equipaje, diciendo como Simónides:
+
+--_Omnes divitiae sunt mecum!_
+
+--¡Honrado plenipotenciario!--exclamó Diógenes--. Quien no te conozca
+que te compre: ya habrás dejado el botín en la estación, farsante... ¿De
+dónde vienes ahora?
+
+--De Génova... Y tú ¿qué haces aquí?
+
+--Pasar la pena negra, chico... Anoche me desplumó una sota: cinco mil
+francos se llevó de un golpe.
+
+--¿Pero es posible?... ¿Todavía dura la afición?... Yo creí que te
+habías cortado la coleta.
+
+--Hasta que me entierren, chico, hasta que me entierren... Ya te darás
+una vuelta por el _Petit-Club_; se juega gordo... Anoche ese guacamayo
+de Ponoski hizo un copo de dos mil luises.
+
+--¿Está aquí Ponoski?... Con gusto le vería, pero me voy mañana.
+
+--¿Mañana?... ¿Y adónde demonios vas?
+
+--A Madrid.
+
+--¿A Madrid?... ¡Polaina!... ¿A que te peguen un balazo?...
+
+--¡Chico, chico!... ¿Se reparte por allí eso?...
+
+--¿Pues de dónde sales tú, embajadorcillo?... ¿No has visto los
+partes?... Hoy por la mañana se ha largado Amadeo a Lisboa, diciendo:
+«Ahí queda eso.» Y a estas horas Figuerillas y el lorito de don Emilio
+estarán barriendo las calles de Madrid a cañonazos para instalar
+decentemente la República... Te desbancaron, chico, te desbancaron...
+
+Quedóse Jacobo estupefacto al oír tales noticias, y cogiendo a Diógenes
+por un brazo, exclamó muy inmutado, como si aquella inesperada
+catástrofe política tuviera para él gran importancia:
+
+--¿Pero qué estás diciendo?... ¡Eso es imposible!
+
+--¡Polaina!... Ven acá y te lo dirá quien lo sabe. Ayer presentó el
+italiano su renuncia a las Cortes, y una hora después estaba aceptada...
+Hoy ha salido para Lisboa a las seis, y a estas horas estará ardiendo
+Madrid por todos los cuatro costados... Más de veinte telegramas hay ya
+en el _Grand Hôtel_ pidiendo cuartos.
+
+Y mientras esto decía Diógenes, muy acalorado, subía con Jacobo las
+gradas que llevan del patio a la terraza del _Grand Hôtel_.
+
+Cualquiera hubiérase creído allí en un salón aristocrático de la corte
+de España: oíase hablar por todas partes en castellano, con esa
+vehemencia y esos gritos propios de los españoles cuando se exaltan, y
+en grupos y corrillos acá y allá diseminados, veíanse damas y gomosos de
+la aristocracia madrileña, hombres políticos del partido de Isabel II y
+algunos de esos personajes innominados que suelen verse a todas horas y
+en todas partes, sin que nadie pueda decir de ellos sino que son un tal
+Sánchez o un tal Pérez.
+
+Todos discutían las noticias de España, haciendo pronósticos según las
+fuerzas de su imaginación y la vehemencia de sus deseos, y mientras unos
+creían ver ya al príncipe Alfonso en el trono abandonado por Aosta,
+otros se figuraban la República arraigando al amparo de las masas
+populares de Madrid, apoderándose del palacio vacío y de la corona
+vacante.
+
+El miedo y la distancia ennegrecían todos los colores, y unos y otros
+convenían en que Madrid debía de estar a aquellas horas convertido en un
+charco inmenso de sangre. Esperábase, pues, con grande ansiedad la
+llegada del correo, y con más impaciencia todavía la vuelta del tío
+Frasquito, que había ido al pasaje Jouffroy en busca de noticias, y la
+del general Pastor y Cánovas del Castillo, que habían sido llamados con
+grande urgencia al palacio Basilewsky por la reina destronada.
+
+A la derecha de la última puerta del salón de lectura que se abre en la
+terraza, hallábanse algunas señoras sentadas en bancos de hierro: entre
+ellas estaban Currita Albornoz y la duquesa de Bara. Más lejos, de pie,
+en medio de un grupo de hombres, peroraba Leopoldina Pastor con gran
+vehemencia, optando por empuñar las armas y exponiendo su plan
+estratégico.
+
+La cosa era sencillísima: bastaba con que la colonia madrileña residente
+en París se presentase en la embajada española, cogiera por un brazo al
+embajador y lo plantase en la calle, proclamando allí mismo por rey de
+España al príncipe Alfonso. ¡Ya contestarían al punto del otro lado de
+los Pirineos!... ¿Que chillaba el embajador? Pues se zambullía al
+embajador en el Sena, que ya tenía el tal don Salustiano vientre
+bastante para sobrenadar lo mismo que una boya... ¿Que Thiers se
+enfadaba? Pues se cogía a Thiers por su copetito de pelos y se le
+enviaba a cuidar de su casa, dejando en paz la del vecino, y ¡chitón,
+chitito!...
+
+Reíanse los caballeros oyendo a Leopoldina, y ella les tiraba de los
+botones del chaleco, llamándoles indecentes. ¡Ah, si tuviera ella
+pantalones!... Y casi, casi, estaba por ponérselos como Miss Walker, la
+médica del Serrallo de Túnez, que paseaba en aquellos días los
+boulevards con calzones zuavos y chambergo.
+
+La llegada de Jacobo produjo mala impresión en todo el concurso:
+ligábanle con la mayor parte de los presentes lazos de amistad y
+parentesco, así por parte de su familia como por la de su mujer, que
+llevaba un título ilustre entre la Grandeza. Mas, separado de esta diez
+años antes, había hecho en París y en Italia lujosísima vida de soltero,
+hasta que, perseguido por sus acreedores, vino a refugiarse de nuevo en
+España el año 68, tomando parte activísima en la Revolución y
+recorriendo, al lado de Prim, las provincias andaluzas, arengando a las
+muchedumbres montado, como Lafayette, en un caballo blanco. Formó parte
+de las Cortes Constituyentes del 69, y de repente, cuando el asesinato
+de Prim, desapareció otra vez de Madrid, apareciendo a poco en
+Constantinopla de ministro plenipotenciario.
+
+Extrañó, pues, a todos, verle aparecer en tan críticos momentos,
+abandonando su alto puesto, y recibiéronle con el despreciativo recelo
+que infunde siempre el enemigo derrotado que se pasa después de la
+batalla al campo victorioso.
+
+Jacobo, sin embargo, aparentando no echar de ver la frialdad con que le
+recibían, cercioróse por sí mismo de la verdad de las noticias de
+Diógenes, sin dejar traslucir tampoco la inquietud que al pronto le
+habían estas causado. Él lo ignoraba todo, o aparentaba ignorarlo; había
+salido dos meses antes de Constantinopla para Turín, marchando luego a
+Florencia y Génova, y hecho después un viaje delicioso a lo largo de la
+corniche italiana, deteniéndose en Bordighera, en Niza y, últimamente,
+en Mónaco cerca de una semana.
+
+Currita miraba atentamente desde su asiento al apuesto viajero, retrato
+de lord Byron, su héroe favorito, tipo adorable de hombre, según ella,
+cuyo magnífico busto desnudo, esculpido en mármol blanco, tenía en su
+_boudoir_ siempre a la vista. Al pronto no le había conocido, porque
+difícil era reconocer en aquel arrogante mozo al débil jovencillo Jacobo
+Téllez-Ponce, casado doce años antes con la marquesa de Sabadell, prima
+lejana de Currita; desde entonces no había vuelto a verle esta, y jamás
+le hubiera reconocido si, corriendo a ella Leopoldina Pastor, no le
+dijera:
+
+--¿Has visto a Jacobo Téllez?... Decían que se había casado en
+Constantinopla con una turca monísima... ¿Qué traerá aquí ese indecente?
+
+La duquesa de Bara contestó una indecorosa paparrucha, mirándole con
+desprecio; las señoras se echaron a reír, y Currita exclamó muy
+admirada:
+
+--¿Pero es ese Jacobo?... ¡Dios mío! Si me estaba pareciendo desde aquí
+Byron en persona, mi poeta querido... ¡Qué semejanza tan exacta!...
+
+Y sin esperar más explicaciones, levantóse vivamente para ir a su
+encuentro; la duquesa de Bara la detuvo bruscamente por el vestido, y
+ella, procurando desasirse, decía:
+
+--Pero, mujer, si es mi primo... La abuela de su mujer y la mía, primas
+segundas... ¿Cómo voy yo a desairar a un pariente?...
+
+Este, atraído, sin duda, por el amor de la familia, acercábase en aquel
+momento al grupo de las señoras; saludólas besando la mano a la duquesa
+y a Currita, que eran sus más allegadas, y esta, con mil cariñosas
+monerías, hízole sitio a su lado, en el banco de hierro.
+
+La conversación giró un momento sobre el viaje de Jacobo, hasta que vino
+a interrumpirla la entrada del tío Frasquito, que volvía del pasaje
+Jouffroy cargado de noticias. Todos corrieron a su encuentro, y Jacobo
+el primero; mas antes, deteniéndole Currita por el brazo, con
+familiaridad de prima cuarta de su esposa legítima, le dijo:
+
+--¿Nos veremos, Jacobo?... Quiero presentarte a Fernandito... Vivimos en
+el segundo piso, número 120.
+
+La duquesa se inclinó al oído de Leopoldina, diciendo:
+
+--¿Oyes?... Quiere presentarlo a Fernandito.
+
+Leopoldina hizo una mueca y replicó:
+
+--Pues, entonces... ¿verde y con asa?...
+
+--¡Alcarraza!--concluyó la duquesa.
+
+Y las dos se echaron a reír con inocente regocijo.
+
+
+
+
+--II--
+
+
+Engomado, teñido, peinado y reluciente a fuerza de cosméticos, y
+bailando sobre las puntas de los pies, por no permitirle andar de otra
+manera el calzado estrechísimo, que le torturaba, sin disimularlos del
+todo, dos morrocotudos juanetes, entró con grande prisa en la terraza el
+tío Frasquito, tío universal de toda la Grandeza de España, y de
+aquellos sus adyacentes de nobles de segundo orden, ricachos de todos
+cuños, notabilidades políticas y literarias, capigorrones de oficio,
+aventureros atrevidos y personajes anónimos que forman el _todo Madrid_
+de la corte, el abigarrado _dessus du panier_ del gran mundo madrileño.
+
+Llamábale todo este mundo el _tío Frasquito_, porque el buen tono así lo
+había decretado, y él aceptaba complacido el parentesco de todos
+aquellos cuya sangre azul empalmaba realmente, siglo antes o siglo
+después, con la suya preclarísima; a los demás, sin rechazar tampoco lo
+apócrifo del parentesco, colocábalos con cierta protectora
+condescendencia en la categoría de _sobrinos espurios_.
+
+En medio, pues, de esta familia universal se destacaba el tío Frasquito,
+hacía medio siglo, viendo desfilar generaciones y generaciones,
+legítimas o espurias, de sobrinos y sobrinas que nacían y crecían, se
+casaban y multiplicaban, se morían y se pudrían, sin que, abroquelado él
+tras el corsé apretadísimo que sujetaba las insolentes rebeldías de su
+abdomen, hubiese pasado jamás de los treinta y tres años; los suyos,
+semejantes a las semanas de Daniel, eran años de años, aunque más
+complacientes que aquellas, se alargaban o encogían según demandaban las
+circunstancias. Treinta y tres contaba cuando en el año cuarenta asistió
+a la boda de la reina de Inglaterra, acompañando al enviado
+extraordinario de la corte de España, y los mismos tenía cuando, en
+1853, presenció la de su _sobrina_ Eugenia de Guzmán con el emperador
+Napoleón III; casamiento desigual, _messa alianza_ humillante que
+reprobó en absoluto el tío Frasquito, por no satisfacerle de todo la
+prosapia de Bonaparte, y aunque nunca llegó a relegar al nuevo sobrino a
+la categoría de los espurios, tampoco consintió en designarle de otro
+modo que con el nombre de _mi sobrino el conde consorte de Teba_[9].
+
+[Nota 9: Sabido es que la emperatriz Eugenia, antes de casarse,
+llevaba por su ilustre familia el título de condesa de Teba.]
+
+Susurraba la leyenda que el tío Frasquito llevaba en su cuerpo treinta y
+dos cosas postizas, entre las cuales se contaba una nalga de corcho. Es
+lo cierto que, en el momento en que lo presentamos a nuestros lectores,
+volviendo del pasaje Jouffroy para confirmar a sus compatriotas la
+abdicación del duque de Aosta, la obesidad había trocado su talle de
+palmera en puchero de Alcorcón, y el arte, la industria y hasta la
+mecánica trabajaban de consumo y a porfía en la restauración diaria de
+aquel Narciso trasnochado, en riesgo siempre de convertirse en acelga,
+como en flor se convirtió el antiguo Narciso de la mitología griega.
+
+El tío Frasquito era soltero, rico, vivía ordenadamente, no tenía vicios
+conocidos, ni tampoco deudas; era afable, cortés, servicial,
+complaciente, tenía modales de doncella pudorosa y cadencias en la voz
+de damisela presumida. Coleccionaba sellos diplomáticos, bordaba en
+tapicería, tocaba desastrosamente la flauta y pronunciaba las _erres_ de
+esa manera gutural y arrastrada, propia de los parisienses, que imitan
+en España algunos afrancesados elegantes, y es defecto natural en otros
+muchos, para quienes se inventó aquello de: «El perro de San Roque no
+tiene rabo, porque Ramón Ramírez se lo ha robado».
+
+Diógenes le llamaba de ordinario _Francesca di Rimini_, a veces _señá
+Frasquita_, y perseguíale y acosábale por estrados y salones, y hasta
+entre las faldas de las damas, donde el afeminado prócer acostumbraba a
+refugiarse, con intempestivos abrazos que le arrugaban y tiznaban la
+inmaculada pechera; besos extemporáneos que obligaban a la pulcra
+víctima a lavarse y frotarse con _cold cream_; pisotones disimulados que
+le deslustraban el calzado y le reventaban los juanetes, o bestiales
+apretones de manos que le descoyuntaban los dedos, poniendo en riesgo de
+esparcirse por todas partes los treinta y dos componentes que asignaba a
+su cuerpo la leyenda.
+
+Aquellos dos viejos, de caracteres y costumbres tan diversas, eran, sin
+embargo, dos tipos rezagados de la misma sociedad, dos ejemplares
+fósiles de aquellos próceres del pasado siglo, manolos viciosos y
+cínicos unos, petimetres, insustanciales y afeminados otros, que
+prepararon en España la ruina y el descrédito de la Grandeza.
+
+Entró, pues, el tío Frasquito en la terraza con ademanes de doncella
+atribulada, y todos se agolparon en torno suyo, acosándolo a
+preguntas... ¡Todo, todo quedaba por nuevos partes confirmado, y el
+_sauve qui peut_ era en Madrid general!...
+
+Corroborábase la noticia de que don Amadeo había huido a Lisboa con su
+familia, y el telégrafo transmitía los nombres de los individuos que
+formaban el primer ministerio de la recién nacida República.
+
+--¡De la Rrrepública española!--exclamó el tío Frasquito quitándose el
+sombrero con burlesca solemnidad.
+
+Y entre risas despreciativas y observaciones irónicas, comenzó a leer en
+su elegante carterita, donde estaban apuntados los nombres de los nuevos
+ministros[10]... ¡Pero qué nombres, Virgen Santísima! ¡Si aquello era
+cosa de morirse de risa!... Figueras, Castelar, Pi y Margall, los dos
+Salmerones, Nicolás y Paquito... Córdoba.
+
+[Nota 10: Suponemos que el lector comprenderá que los juicios sobre
+personas determinadas que aparecen en boca de los personajes de esta
+novela no son juicios del autor, sino reflejo de los que formaban en
+aquella época la parte de la sociedad que dichos personajes
+representaban. El autor, que tan sin escrúpulos de ningún género ataca
+de frente al vicio y a la insolencia, se reserva siempre su juicio sobre
+individuos determinados, y se halla muy distante de pretender herir
+personalidad ninguna, por despreciable que le parezca.]
+
+--¡Córrrrdoba, señores, Córrrdoba!... ¡Ferrrnandito Córrrdoba,
+rrrepublicano!... ¡Quién lo creyerra, cuando íbamos juntos a casa de la
+Benavente, cuando Fernando VII lo envió a Portugal con su hermano Luis,
+detrás del infante don Carlos y la princesa de Beyrra!... Porr supuesto,
+que yo era entonces un niño, una verrdadera criaturra...
+
+El tío Frasquito no cayó en la cuenta de que, según aquellos datos,
+debió de haber asistido seis años antes de su nacimiento a los saraos de
+la duquesa de Benavente, y prosiguió enumerando a los ministros
+restantes: ¡Echegaray, Beranger y Becerra!... ¡Santo Dios!... Si esto
+era para España la coz del asno; y aquellos enanillos de gorro frigio,
+encadenando al león de Castilla, recordaban aquella grandiosa imagen:
+
+ _Ce grand peuple espagnol, aux membres enervés,_
+ _Expire dans cet antre ou son sort le termine_,
+ _Triste comme un lion rongé par la vermine_!
+
+¡Y qué chistosamente cursis resultaban siempre aquellos demócratas!...
+¿Pues no se les había ocurrido lo primero ir a darle una serenata al
+interesantísimo don Emilio tocando la Marsellesa?...
+
+ _¡Ah! ça ira, ça ira, ça ira..._
+ _Celui que s'élève on l'abaissera._
+ _Celui que s'abaisse on l'élèvera._
+ _¡Ah! ça ira, ça ira, ça ira..._
+
+--¡Qué delicia!--exclamó Currita--. ¿Y no les echó él un discursito?
+
+--¡Ya lo creo!... Desde el balcón, como cantaba la Nilson en Viena; y
+luego obsequió a la concurrencia con carramelos y cigarritos...
+
+--¡Qué monada!... De seguro que este invierno tendrá recepciones.
+
+--¡Sí! Para los ciudadanos _sans culottes_.
+
+--¡Polaina!--exclamó Diógenes--. En cuanto cuelgue un jamón en la
+puerta, tiene allí a Madrid entero, y tú, Curra, irás la primera.
+
+Azoróse el tío Frasquito al oír la voz de Diógenes, y temiendo algunos
+de sus amagos de intempestivo cariño, fuese escurriendo con disimulo,
+soltando casi a media voz su última noticia. Anunciaba también el
+telégrafo que don Carlos había entrado en España por Zugarramurdi, y que
+aprovechando sus parciales aquella confusión, aprestábanse a hacer un
+supremo esfuerzo para apoderarse de la corte.
+
+Disgustó esto mucho a toda la concurrencia, por parecerle más temible el
+carlismo que la República, y en aquel momento llegó a confortar los
+ánimos un viejo alto, de aspecto marcial y largos y retorcidos bigotes
+blancos: era el general Pastor, hermano de Leopoldina, que volvía del
+palacio Basilewsky de conferenciar con la reina.
+
+Entró, pues, el general radiante y satisfecho cual si viese ya en
+lontananza la cartera de la Guerra, y contestando con sonrisas y
+palabras huecas a las mil preguntas que de todas partes le dirigían,
+apresuróse a dar cuenta a la condesa de Albornoz y a la duquesa de Bara
+de una embajada de su majestad la reina... Esta las designaba para
+acompañarle al día siguiente, a la capilla expiatoria del bulevar
+Haussman, donde debía celebrarse la Misa de aniversario, algún tanto
+retrasada aquel año, del infortunado Luis XVI; el espectáculo prometía
+ser curioso, porque los príncipes de Orleans, reconciliados con el conde
+de Chambord, asistirían por primera vez, en público, a aquellas
+simbólicas honras.
+
+Abrió entonces el saco de noticias el general Pastor, y dando a
+entender, con cierta vanidad política, que callaba mucho más de lo que
+decía, confirmó todo lo dicho por el _tío Frasquito_, añadiendo que la
+proclamación de la República era un paso gigantesco dado hacia la
+Restauración; que los desórdenes más terribles no tardarían en estallar
+en España, y alarmadas las potencias europeas con los escarmientos de la
+Commune en Francia, se apresurarían a intervenir en favor del príncipe
+Alfonso. Notas secretas de algunos embajadores extranjeros habían
+llegado ya al palacio Basilewsky, y Thiers mismo, temeroso de que el
+zurriago de las monarquías coligadas le deparase a él algún latigazo,
+negábase a reconocer la nueva República.
+
+Tan sólo míster Harrilin, embajador de los Estados Unidos en España,
+habíase apresurado a reconocer el nuevo orden de cosas en nombre de su
+Gobierno, presentándose en el palacio de la Presidencia con todo el
+ceremonial de costumbres en tiempos de la monarquía, y asegurando en su
+discurso, con la truhanesca formalidad de Jonathan en persona, que «los
+Estados Unidos de América no podían menos de contemplar con emoción y
+simpatía, convertido en República, el imperio de Fernando e Isabel».
+
+--¡Pues vaya con el indecente!--exclamó Leopoldina Pastor hecha una
+furia--. Para esos yanquis farsantes, igual da Figueras que Fernando el
+Católico, y lo mismo representa una corona que un gorro de algodón.
+_Cotton is King_!... ¡Monísimo!... ¡Y pensar que hace tres semanas
+bailábamos todas en su casa!... ¡Vamos! Si después de todo, resulta que
+cuando se trata de divertirse perdemos todas la vergüenza.
+
+--_¡Tu dixisti!_--gritó Diógenes con grande ahínco.
+
+--Y lo repito--prosiguió Leopoldina--. Pero yo le aseguro a ese
+indecente que ha de oír de mis labios cuatro palabritas bien dichas...
+¡Oh, si yo lo tenía previsto! En el último baile que dio llevaba medias
+azules de algodón...
+
+--Como que su suegro tiene en Boston una fábrica.
+
+--¡Qué delicia!--exclamó Currita--. Pues cuando den la _Jarretière_ al
+yerno, ya puede el suegro regalarle la media.
+
+--De seguro que las habrá él anunciado en la Presidencia al terminar su
+discurso, como aquel _preacher_ yanqui que terminó su sermón: «Ya os he
+demostrado, mis buenos hermanos, que sólo por la virtud se gana el
+cielo. Sólo me resta, para terminar, recomendaros la magnífica
+sombrerería de Míster Francis Morton, 24, Catherine Street. Allí todos
+los artículos son distinguidos y baratos.--_Net cash._--Que viene a ser
+_No se fía_».
+
+El timbre eléctrico que anuncia _aux hommes d'équipes_ la llegada de
+nuevos viajeros, comenzó a repicar en aquel instante, y, a poco, llegó
+Gorito Sardona, muy conmovido, anunciando que la señora de López Moreno
+se apeaba en aquel momento en el _Grand Hôtel_, que venía de Madrid, y
+que a poco más la asesinan en el camino.
+
+--¡Trae una oreja colgando!--añadió tirándose de una suya.
+
+Horrorizóse la concurrencia, y todos salieron a su encuentro deseosos de
+ver a la banquera desorejada. La duquesa, sin embargo, temiendo sin duda
+que trasladase esta a sus orejas las famosas hipotecas que sobre sus
+tierras tenía, quiso escurrirse por la sala de lectura, con tan mala
+suerte, que fue a toparse en el patio mismo con la López Moreno, su hija
+Lucy, dos doncellas, un criado, diecisiete baúles y número ilimitado de
+cajas y sombrereras. La banquera llegaba pálida y abatida, y tenía, en
+efecto, ensangrentado el lóbulo de la oreja izquierda.
+
+Al verse cogida la duquesa, salió al encuentro de la López Moreno,
+exclamando muy cariñosa:
+
+--¡Pero, Ramona!... ¿Cómo no me ha avisado usted?
+
+--¿Avisar?--exclamó con espanto la López Moreno--. ¡Gracias que llego
+con vida!... ¡Qué viaje, duquesa, qué viaje!... En el camino a poco más
+me asesinan... ¡Nací ayer!... ¡Un milagro, un milagro!
+
+--¡Qué horror!--exclamó la duquesa.
+
+Y mirando en torno suyo, con la esperanza de que el prodigio divino no
+hubiera alcanzado también al señor López Moreno, añadió:
+
+--Pero ¿dónde está su marido de usted?... ¿No viene?...
+
+La tierna esposa hizo otro gesto de espanto y contestó sin enternecerse
+demasiado:
+
+--¡En Matapuerca está..., si es que vive!...
+
+--¿En Matapuerca?--exclamó Diógenes--. ¡No puede ser!... Será en
+Matapuerco...
+
+--No, no; en Matapuerca--replicó la López Moreno sin comprender la pulla
+del viejo.
+
+Y rodeada de todos los españoles, que atraídos por la curiosidad iban
+poco a poco acudiendo, la voluminosa señora comenzó el relato de sus
+infortunios... De aquella hecha se llevaba la trampa a la España entera;
+la gente se escapaba de Madrid a bandadas, y no parecía sino que la
+trompeta del Juicio Final había sonado en la corte.
+
+--¡Me alegro!--exclamó Diógenes--. A esa trompetita estoy yo
+aguardando... ¡Qué cosas han de saberse cuando diga el ángel: cada peso
+duro con su dueño, y cada hijo con su padre!...
+
+La duquesa le hizo callar de un abanicazo, y la López Moreno, llena de
+satisfacción al verse objeto del interés de todos, continuó el relato
+de su susto, un susto atroz, una barbaridad de susto... El tren traía
+cuarenta y dos coches atestados de gente que iba a Biarritz, a San Juan
+de Luz, a Bayona, a cualquiera parte, con tal de pasar la frontera. En
+Vitoria añadieron otra máquina y entraron cuatro compañías del
+Regimiento de Luchana. ¡Malo!... Por la noche todo fue bien, pero al
+llegar a Alsasua, ¡Virgen Santísima!... ¡Los carlistas! Y de pronto,
+¡prurrruumm! ¡Una descarga atroz!...
+
+--Pero, de repente, hija, de repente, sin avisar siquiera, sin decir
+agua va: nada, nada, nada. ¡Prurrruumm! caiga el que caiga... La tropa,
+¡claro está!, contesta ¡prurrruumm! otra descarga. Yo, muerta, Lucy,
+muerta debajo del asiento, sin resollar siquiera, y ¡prurrruumm! arriba,
+¡prurrruumm! abajo; hora y media de tiritos... De pronto, se abre la
+ventanilla, entra una mano, me arranca una oreja y se va...
+
+--¡Qué atrocidad!--exclamaron todos. Y Gorito Sardona, con su guasona
+formalidad, añadió:
+
+--¿Pensarían hacer una chuleta?...
+
+--No, señor--replicó la víctima algún tanto ofendida--. Lo que pensaron
+fue llevarse un brillante de quinientos duros que traía en ella, y se lo
+llevaron en efecto... Decían luego que fue un pillete de la estación,
+pero a mí no me quita nadie de la cabeza que fue el cura Santa Cruz...
+Como que esto era en mitad del túnel, a oscuras, y en la pared de
+enfrente vi yo la sombra del sombrero de teja...
+
+--¡Qué barbaridad!...
+
+--¿Pero usted vio a los carlistas?...
+
+--¿Que si los vi?... Al salir del túnel, en un altito había un montón de
+ellos, y en medio uno con entorchados, que era don Carlos... Lucy decía
+que no, pero yo creo que sí. Uno chiquitillo, bizco, con barba rubia,
+picado de viruelas, que nos hizo con el puño así...
+
+Y la señora de López Moreno enarbolaba el suyo robustísimo, con gesto
+horrible de amenaza.
+
+--¡Pero si don Carlos es muy alto, moreno, con barba negra!... Yo le
+conocí en Vevey...
+
+--Pues vendría disfrazado; no es tan difícil teñirse la barba de rubio.
+
+--Pero es imposible, teniendo dos metros de largo, encogerse hasta tener
+la mitad.
+
+--Podrá ser que me equivoque, pero lo dudo--replicó la López Moreno, que
+no renunciaba fácilmente a la honra de haber sido amenazada por un puño
+real.
+
+El general Pastor oíalo todo complacidísimo, viendo en aquella
+catástrofe los primeros truenos de la terrible tempestad que comenzaba a
+desencadenarse en España. De aquel caos había de salir la Restauración,
+y la política del partido dirigía, por lo tanto, todos sus esfuerzos a
+excitar y mantener el desorden. Una palabra imprudente del general
+reveló a los más avisados que estaba bien al tanto de aquellos manejos:
+preguntó a la señora de López Moreno si, al salir ella de Madrid, no se
+decía nada en la corte de levantamientos socialistas en Andalucía.
+
+--¿Y me lo dice usted a mí?--exclamó la banquera con enérgica ira--.
+¿Pues no saben ustedes lo de Matapuerca?...
+
+--¡Ay, por Dios, señora!--la interrumpió Currita con toda su
+aristocrática impertinencia--. ¿No podría ser Mata... cualquiera otra
+cosa?
+
+--¡Pero si se llama Matapuerca!... Es una dehesa magnífica en la
+_provincia_ de Extremadura, de más de tres mil aranzadas, con
+veintisiete caseríos... En fin, un pequeño reino... Era de los frailes
+Agustinos, y mi marido lo compró cuando lo de Mendizábal...
+
+Currita hizo un gesto de resignación pacientísima, y preguntó:
+
+--¿Y qué ha sucedido en el pequeño reino de Mata... esos animalitos?...
+
+--Pues nada, ¡una friolera!... Que en cuanto proclamaron la República,
+invadió la dehesa una horda de aquellos bandidos, asesinaron al aperador
+y a tres guardas, y se repartieron las tierras. López Moreno salió para
+allá corriendo, y estoy inquietísima... No sé lo que va a hacer...
+
+--¿Pues qué ha de hacer?--exclamó Diógenes--. ¡Polaina! Lo que hicieron
+los frailes Agustinos cuando su marido de usted y Mendizábal les
+quitaron la dehesa... ¡Tener paciencia!... A cada puerco le llega su San
+Martín, doña Ramona; figúrese usted si no le llegará también en
+Matapuerca... Amigo, ¡los socialistas, los socialistas!... Esos han
+aprendido lógica; ahí tiene usted los nuevos desamortizadores.
+
+La López Moreno iba a contestar muy picada, pero el general Pastor,
+frotándose las manos de júbilo, la contuvo, diciendo:
+
+--Nos trae usted excelentes noticias, señora... La cosa marcha viento
+en popa, mejor de lo que yo esperaba.
+
+--¡Pues me hace gracia!--exclamó la banquera estupefacta--. No diría
+usted lo mismo si le hubiesen robado una dehesa y arrancado una oreja
+con un brillante de quinientos duros...
+
+--Nada, doña Ramona, hay que resignarse por algún tiempo a ser reina
+destronada de Matapuerca... La Restauración la restablecerá a usted muy
+pronto en su trono... ¿Y sabe usted lo que estoy pensando?--añadió el
+general como asaltado de una idea repentina--. Que la reina tendrá mucho
+gusto en oír de usted misma esas noticias. ¿Tendría usted inconveniente
+en venir a Palacio?...
+
+La banquera pensó ahogarse de satisfacción, y la duquesa, que se
+apresuraba a pagarle con honras y relumbrones lo que no le pagaba en
+dinero, exclamó vivamente:
+
+--¡Magnífica idea! Yo misma la llevaré... Mañana pido a la señora la
+audiencia...
+
+--¡Pues ya lo creo que la reina tendrá mucho gusto en oírla!--observó
+pausadamente Currita--. Doña Ramona narra muy bien y usa unas armonías
+imitativas de muchísimo efecto... Cada vez que dice ¡prurrruumm! parece
+materialmente que se huele a pólvora... ¡Qué delicia... oírle contar la
+_dégringolade_ de Matapuerca!
+
+La señora de López Moreno no se enteraba de nada de esto, ocupada en dar
+gracias, enternecida, al general y a la duquesa... El sueño dorado de
+toda su vida, ser recibida en Palacio, iba a realizarse, y no le parecía
+cara tamaña honra, al precio de una oreja desgarrada y una dehesa
+perdida.
+
+El general, por su parte, seguía la política de Butrón, barrer para
+dentro, y calculaba ya las copiosas sangrías que, en nombre de los
+conspiradores, podría hacer su espada victoriosa en las repletas arcas
+de los consortes López Moreno.
+
+Durante toda esta escena, Currita no había perdido de vista un momento a
+Jacobo, que escuchaba atentamente sin darse prisa a subir a su cuarto a
+lavarse y descansar. Al disolverse la reunión, porque la hora de comer
+se aproximaba, echóle de menos Currita en la terraza; asomóse vivamente
+a la sala de lectura, salió al patio y no le encontró por ninguna parte.
+
+Por la escalera de enfrente subía en aquel momento el tío Frasquito
+dando el brazo a su sobrina espuria, la reina destronada de Matapuerca,
+que se detenía en cada peldaño para ponderarle lo terrible de su susto,
+lo soberbio de su dehesa, el dolor de su oreja, lo pavoroso de aquellas
+descargas atronadoras...
+
+¡Prurrruumm!
+
+
+
+
+--III--
+
+
+La oportunidad es en todas las cosas precursora del éxito, y el llegar a
+tiempo ha levantado no pocas veces el pedestal de muchas celebridades y
+ceñido los laureles a infinitos héroes. Cada carácter requiere, pues,
+circunstancias especiales que le favorezcan, época adecuada que le
+sirva de marco, _momento histórico_ oportuno que le permita
+desarrollarse en toda su pujanza. Un Hércules en los tiempos
+prehistóricos, un Cid en los tiempos caballerescos, serían un Quijote en
+los tiempos de la partida doble y el tanto por ciento. Un Espartero y un
+Mendizábal, por el contrario, hubieran sido en aquellas épocas remotas,
+prestamista judío el uno, cuadrillero de la Santa Hermandad el otro.
+
+Jacobo Téllez creía haber tenido la desgracia de errar al nacer, en las
+circunstancias de lugar y también en las de tiempo. Entre el oleaje
+sangriento de la gran Revolución francesa, juzgaba él que hubiera sido,
+por su talento, un Mirabeu; por su valor, un Lafayette; mas entre los
+cenagosos remolinos de la Revolución española del 68, tan sólo fue, a
+juicio de los que le conocieron, como político, un pobre demonio; como
+caudillo, un gran mentecato.
+
+Aquellas dos grandes figuras de aristócratas renegados como él, le
+sedujeron por completo; mas el peluquín del uno y la casaca del otro le
+venían grandes, y al querer amalgamar en sí mismo aquellas dos
+personalidades, rompiendo los lazos morales como el primero, y
+seduciendo a las multitudes como el segundo, resultó tan sólo un bribón
+infatuado. Así y todo, hizo papel, porque hay Arístides grandes y
+Arístides chiquitos; Cincinatos de dos en libra, de tres al cuarto y de
+ochavo la _jartáa_, que es como venden en Andalucía los higos chumbos.
+
+Este, pues, higo chumbo revolucionario no llegó desde la aristocrática
+piña en que había nacido hasta la plebeya cuna en que vino a florecer,
+ni por peripecias dramáticas, ni por trágicas revoluciones: llegó
+naturalmente, con suavidad, como tras de la hinchazón viene el pus, y
+tras el pus la gangrena. Llegó resbalando sin violencias por la
+voluptuosa pendiente que lleva del placer al vicio, del vicio a la
+aberración, de la aberración al tedio, al desencanto, al espantoso
+vacío del corazón que produce vértigos en la cabeza y despeña al hombre
+en todas las locuras y en todas las infamias, en busca de placeres
+nuevos que despierten su sensualismo embotado, de impresiones
+desconocidas que sacien la voracidad de sus concupiscencias estragadas.
+
+Nada hay más peligroso para el hombre que pasar en breve tiempo por
+todas las ilusiones de una larga vida; y Jacobo, con ese afán de gozar
+que caracteriza la sociedad presente, que teme dejar para mañana el
+placer de que puede disfrutar hoy, que precipita las edades y pasa de la
+infancia a la vejez decrépita, suprimiendo la juventud si es que por
+juventud se entiende esa edad venturosa en que brotan del corazón nobles
+impulsos y bullen en la mente generosas ideas, que constituyen más
+tarde, después de solidificadas, los grandes caracteres; Jacobo,
+decíamos, había recorrido aquella larga jornada en menos de treinta
+años...
+
+A los quince, libre ya de ayos y maestros, era el _sietemesino_ más
+galán que aspiraba a afeitarse, y dirigía cotillones en los grandes
+salones de la corte; a los veinte, era un afortunado tenorio de mala
+ley, que hacía gala en el Veloz Club de sus aventuras escandalosas; a
+los veinticinco, era un perdido aristocrático, elegante, modelo, que no
+retrocedía ante una estocada de mentirijillas, ni ante un steeplechase,
+ni ante un copo de veinte mil duros, y derrochaba los millones de su
+mujer con la misma facilidad con que la varilla encantada de un mágico
+hace fluir del centro de la tierra tesoros escondidos y guardados por
+gnomos y salamandras.
+
+A los treinta había visto, como Salomón, _cuncta quae flunt sub sole_,
+pero no comprendía, como él, que todo fuese vanidad y aflicción de
+espíritu, sino que lloraba como Alejandro, porque no había otro mundo de
+goces que disfrutar; y seco su corazón, embotada su inteligencia por el
+prematuro desarrollo de sus pasiones, arruinada su casa por locas
+prodigalidades, era un fruto podrido que no había madurado nunca, un
+hombre en la flor de la vida a quien faltaba el objeto de la vida, un
+ruinoso despojo del placer y la impiedad, que no interrogaba como Hamlet
+lo eterno, sino que se arrastraba por todos los rincones de lo terreno,
+buscando un charco de placeres desconocidos en que zambullirse y
+revolcarse y gozar...
+
+Entonces, por curiosidad, por diversión, por aburrimiento, por encontrar
+en las tenebrosidades del misterio algo desconocido que se resolviese en
+placer y en dinero, se hizo hombre político. Garibaldi le inició en las
+logias de Milán, y Prim le introdujo en Inglaterra, en el complot que
+grandes traidores urdían contra el trono de España...
+
+La Revolución triunfó, y a las agitadas emociones del conspirador
+sucedieron en Jacobo las halagüeñas embriagueces del triunfo, las
+cínicas rapacidades de pretor romano, las ruidosas apoteosis de arcos de
+cartón y farolillos de papel a que le llevaban en hombros masas
+estúpidas arrastradas por su verbosidad, multitudes frívolas, que, por
+tener algo de mujer, prendábanse de su gallardía y gentileza y se
+prometían llevarle a defender la soberanía popular en los escaños del
+Congreso, a él, aristócrata orgulloso, tan sólo de nombre renegado, que
+se reía de ellos llamándoles paletos, babiecas y burgueses mentecatos, y
+corría, al separarse de estrechar sus manos, a lavarse y enjabonarse y
+perfumarse, para echar lejos de sí aquel insoportable _hedor de la
+canalla_...
+
+A poco abríase en su vida un paréntesis negro, tenebroso, ante el cual
+la maledicencia misma se detuvo aterrada, temerosa de resbalar en un
+charco de sangre...
+
+Un día, el 27 de diciembre, un trabucazo tendió en la calle del Turco a
+la audacia más temeraria que dio impulso a la Revolución. El general
+Prim había sido asesinado, y su amigo íntimo, su portaestandarte, el
+marqués de Sabadell, indicado ya para la cartera de Fomento, desaparecía
+súbitamente de la corte, a la misma hora en que corría la falsa nueva de
+que las heridas del general no eran de muerte y se habían escapado de
+sus labios terribles revelaciones.
+
+Prim murió, sin embargo, el día 30, llevándose a la tumba la clave del
+misterio, y tres meses después publicaba la _Gaceta_ un real decreto
+nombrando al marqués de Sabadell ministro plenipotenciario de la corte
+de España en Constantinopla. «Me he convencido--escribía al presidente
+del Consejo el nuevo embajador--que mis disposiciones naturales son para
+la vida de Oriente, y pongo todas mis ilusiones en El Cairo, Bagdad,
+Ispaham o Constantinopla.»
+
+El resultado de estas ilusiones no tardó en presentarse.
+
+Una mañana, la cadina Sarahí no se asomó a su adorada celosía para mirar
+las azuladas montañas del Asia, y la puerta de su quiosco permaneció
+cerrada. Susurrábase en el palacio que la noche antes había resonado un
+lamento y vístose dos sombras que se perdían en el laberinto de
+corredores oscuros, llevando una cosa negra...
+
+El centinela de la torre del mar de Mármara había escuchado sobre el
+agua un golpe siniestro.
+
+A la mañana, al otro lado del Bósforo, apareció en la orilla opuesta el
+cadáver de un eunuco estrangulado. Desde la embajada española, allá en
+lo alto de Pera, veíase flotar sobre el límpido azul de las olas su
+largo levitó oscuro, ceñido por el zurriago de cuero de hipopótamo,
+insignia de su clase, que había servido de dogal.
+
+El embajador no pudo verlo; había salido aquella noche de Constantinopla
+con tan grande urgencia, que sólo llevaba por equipaje una pequeña
+maleta de mano... Y con esta pequeña maleta de mano hemos visto a Jacobo
+llegar al _Grand Hôtel_, después de merodear dos meses por las logias
+más tenebrosas y los garitos más elegantes de Italia.
+
+El ministro fugitivo de Constantinopla hallábase alojado en el cuarto
+piso del hotel, en una habitación de doce francos diarios, harto
+opulenta para quien sólo contaba en el mundo con tres millones de deuda
+al 15 por 100, y sobrado mezquina para lo que juzgaba indispensable a su
+decoro el excelentísimo señor don Jacobo Téllez-Ponce Melgarejo, marqués
+consorte de Sabadell.
+
+A la luz de un candelabro de color que ardía en uno de los extremos de
+la chimenea, devoraba Jacobo los periódicos españoles que relataban el
+nuevo cambio político acaecido en España y los franceses que lo
+comentaban haciendo pronósticos y formulando juicios, Frecuentes
+exclamaciones y aun palabras groseras que se escapaban de sus labios
+revelaban en él esa sorda cólera que despiertan en el ánimo violento las
+grandes contrariedades.
+
+Arrojó al fin los periódicos y agitándose furioso un instante, y
+apretando los puños llenos de rabia, quedóse largo tiempo pensativo,
+hundido en la poltrona en que se hallaba sentado, contraída la boca,
+frunciendo el entrecejo, fijos los ojos en el fuego de la chimenea,
+cuyas movibles llamas prestaban a su rostro un resplandor rojizo.
+
+Hubiérase dicho que meditaba un crimen, y también que lo había
+decidido, cuando, dando un fuerte puñetazo en el brazo de la poltrona,
+se levantó de repente. El espejo que coronaba la chimenea reflejó
+entonces su fisonomía descompuesta, y al verse allí retratado tuvo uno
+de esos miedos solitarios, pueriles, que cortan de un solo golpe a la
+audacia sus alas gigantescas.
+
+Miró en torno suyo: en la alcoba, forrada de papel oscuro, se movía
+suavemente una cortina a impulsos del aire levantado por él mismo al
+moverse. Arrojóse a ella vivamente y la descorrió de pronto, y riéndose
+entonces de sus miedos infantiles, dirigióse a una gran cómoda de nogal
+que había en el fondo.
+
+Sobre ella hallábase abierta y extendida la pequeña maleta, y en el
+cajón superior, cerrado con llave que tenía él en su bolsillo, estaba la
+cartera de viaje. Sacó el gran cartapacio que dentro venía, y púsolo
+sobre un velador que había en el centro.
+
+Resonaron en esto pasos en el corredor de fuera, y Jacobo corrió
+vivamente en puntillas a la puerta, escuchó un instante, y con el menor
+ruido posible echó la llave por dentro. Escogió entonces, en un pequeño
+_nécessaire_ de viaje, un instrumentito con mango de carey, una especie
+de limita para las uñas, con hoja delgadísima y perfectamente afilada, y
+púsose a caldearla con gran cuidado en la llama de la chimenea.
+
+Aún vaciló un momento, y miró a todas partes otra vez, y prestó oído
+atento a los lejanos rumores del bulevar, bocanadas de locura y de
+placer que escalaban las ventanas, y se decidió por último.
+
+Con ligereza suma introdujo la hojilla caldeada por debajo del lacre del
+cartapacio, y haciéndola girar lentamente, desprendió el sello tan
+entero y tan intacto, que de nuevo podía volverse a pegar sin rastro
+alguno de fractura. Después púsolo con grande precaución en un extremo
+del velador, sobre una hoja de papel blanco.
+
+Quedó abierto el misterioso cartapacio, y Jacobo, con avidez no exenta
+de temor, púsose a registrarlo. Dentro venía una carta en italiano, no
+muy larga, de la misma letra, gorda y corrida, del sobre, firmada por
+Vittorio Emmanuele; venían también otros dos grandes sobres en blanco,
+sellados con la insignia de la francmasonería, un compás y una escuadra,
+cruzados en forma de rombo, sobre lacre verde.
+
+Mirólos Jacobo por todos lados, sin muestra alguna de sorpresa, y con la
+misma habilidad y ligereza de antes, arrancó también los sellos de
+ambos: el primero contenía un gran pliego, escrito de letra menuda,
+marcados sus párrafos con números romanos en forma de artículos, y
+anotados varios de ellos al margen, por la misma letra gorda de la carta
+y el sobrescrito.
+
+Jacobo leyó todo ello con atención, mas sin sorpresa, y como si todo lo
+que allí se trataba le fuera conocido; tan sólo al recorrer los últimos
+artículos en que el nombre del marqués de Sabadell aparecía consignado,
+una sonrisa truhanesca entreabrió sus labios mientras murmuraba:
+
+--¡Ah, pillo!...
+
+Llególe entonces el turno al último paquete, que era el más voluminoso:
+abriólo con mucho tiento, por haberse pegado una esquinita del sobre, y
+al punto salieron de él otros dos en blanco, y un tercero en que venía
+escrito un nombre que hizo a Jacobo pegar un salto, murmurando una de
+esas palabrotas groseras, familiares en momentos de cólera o sorpresa
+aun a personas que presumen de cultas.
+
+Habíase quedado estupefacto; latíale el corazón, temblábanle las
+rodillas, y revolvía aquellos papeles con el ansia temerosa, el gozoso
+terror, si así es posible sentirlo, del débil hombrecillo que se
+encontrara de repente entre las manos fabulosas riquezas de un gigante
+formidable que no ha de dejárselas arrebatar. Por dos veces dirigió una
+mirada furtiva a la puerta, como si temiera verla abrirse, a pesar de la
+llave que la cerraba por dentro.
+
+Había allí un verdadero arsenal de cartas y papeles comprometedores,
+importantísimos por los nombres que los firmaban, perfectamente
+ordenados y clasificados en una especie de memoria adjunta, en que una
+pluma muy hábil había estampado datos interesantes y preciosas
+observaciones. Era aquello un tesoro de gran valor, una palanca
+formidable que, bien manejada, podía dar al traste en breve tiempo con
+gran parte de los políticos revolucionarios que pululaban en España.
+Eran letras de cambio pagaderas a la vista, que cualquiera podía cobrar
+en poder o en dinero.
+
+Todo lo devoró Jacobo línea a línea, letra a letra, pasando por todas
+las emociones de la sorpresa: el pasmo, el rencor, la esperanza, el
+recelo; hundiéndose ambas manos en su crespa cabellera y apretándose el
+cráneo como para impedir que su atención se distrajese; oprimiendo
+algunos de aquellos papeles entre sus dedos temblorosos, como si
+quisiera indicar que eran suyos, que a él solo pertenecían, y nadie en
+el mundo se los había de arrebatar; a veces, deteníase un instante,
+cerraba los ojos y respiraba con fuerza, como si le faltase el
+aliento...
+
+Cuando acabó de leer estaba pálido, y la vaga y temerosa mirada que
+arrojó en torno expresaba la desconfianza, el temor que hace creer a
+todo criminal, aun en medio de un desierto, que le miran y le acechan
+ojos escrutadores.
+
+Levantóse entonces y comenzó a pasear, haciendo gestos de temor y de
+alegría, piruetas de niño y de loco, parándose ante el espejo como si
+quisiera interrogar a su propia imagen, deteniéndose ante el velador
+para coger las gotas de esperma que se deslizaban a lo largo de las
+bujías color de rosa, y estrujarlas entre los dedos haciendo bolitas con
+ademán reflexivo, imponente, amenazador...
+
+De pronto pareció estorbarle la luz y las mató todas de un soplo; luego
+abrió la ventana de par en par, y la muchedumbre, siempre compacta, de
+París, lo desafiaba, precipitándose por el bulevar entre torrentes de
+luz, sin detenerse un momento, sin descansar nunca, como un alma réproba
+condenada por Dios a una fiesta eterna.
+
+Entre los remolinos de aquella muchedumbre y los mil cambiantes de luces
+de todos colores y reflejos, que asemejaban el bulevar al fantástico
+escenario de un baile de hadas, Jacobo sólo veía un pensamiento, un plan
+cuyas primeras líneas se le torcían a cada instante, empujadas por ideas
+opuestas, por inconvenientes inesperados, por temores fundadísimos que
+le hacían titubear, gimiendo de dolor como un niño caprichoso a quien
+quitan de las manos una golosina, rugiendo de rabia como un león
+encadenado a quien arrancan de las garras su presa; que esto era para él
+la idea de devolver aquellos documentos, de no quedarse con ellos
+utilizándolos en provecho propio, y siendo actor principalísimo en vez
+de mero instrumento... Mas ¿cómo responder entonces a la reclamación del
+terrible propietario? ¿Cómo evitar la sospecha de aquel robo, hecha a un
+ladrón sin duda, pero al fin y al cabo robo? ¿Cómo prevenir la venganza
+terrible e inevitable que había de seguirse al descubrimiento?...
+
+Entre las mil mojigangas ridículas de que tantas veces se había reído en
+las logias, destacábase entonces en su imaginación algo terrorífico,
+algo amenazador, que tomaba forma sensible en aquella palabra misteriosa
+que siempre había pronunciado riendo y recordaba ahora temblando:
+
+--_¡Neckan!_ ¡Venganza!...
+
+Preciso era obrar con prudencia y reflexionar, y pesar, y medir, y
+decidir sin tardanza...
+
+Y, como si esperase hallar con el movimiento alguna de esas ideas que se
+ocurren de repente al volver una esquina o brotan en medio del arroyo,
+lanzóse a la calle después de encerrar en la cómoda todos los papeles, y
+siguió por el bulevar des Capucins, y entró por el de la Magdalena, y
+recorrió luego toda la calle Real, y entróse después por un laberinto de
+calles desconocidas, para volver a las dos horas al hotel, rendido,
+fatigado, sin haber pensado nada ni decidido nada tampoco...
+
+Porque era Jacobo de esos hombres audaces a la vez que irresolutos, en
+quienes la reflexión, lejos de allanar el camino al entendimiento que
+plantea y tirar de la brida a la apasionada voluntad que se desboca,
+sólo consiguen enredar al primero en intrincadas imaginaciones, y
+exasperar a la segunda hasta hacerla saltar al fin, de repente, de un
+golpe, cuando menos lo requiere la oportunidad y lo aconseja la
+prudencia. Caracteres por lo general fogosos, impacientes, que obran por
+brotes más bien que por razonamientos, y tomando por realidades las
+perspectivas de la imaginación, edifican sobre ellas fuertes castillos,
+sin más cimientos que el aire.
+
+Por la escalera, agarrándose a la balaustrada, subía renqueando un
+viejo, envuelto en un largo y amplio gabán de mackintosk, capaz de
+preservar de todas las humedades a un explorador del Polo.
+
+Parecióle a Sabadell aquella estantigua el tío Frasquito en persona, y
+comenzó a subir ligeramente con la idea de alcanzarlo. Mas el viejo, al
+notar que le perseguían, zambulló el rostro en su gran cuello de pieles,
+y ocultando con presteza en el bolsillo del gabán algo que en la mano
+llevaba, entróse prontamente en el cuarto contiguo al de Jacobo.
+Quedósele este mirando sorprendido y receloso, y dudando entonces de que
+fuese el tío Frasquito, entró también en su aposento.
+
+En el fondo de este había una puertecita de escape que dividía en dos un
+solo departamento, cerrado para ello con doble pasador por una y otra
+parte. Acercóse a ella Jacobo de puntillas y púsose a escuchar
+atentamente. Oyó entonces que echaba un fósforo el vecino y aseguraba la
+puerta del corredor cerrando la llave por dentro... Oyó después
+acercarse a la débil puertecilla unos ligeros pasos que no ahogaba del
+todo la alfombra, y sintió un leve crujido en el pasador por la parte
+opuesta...
+
+Azorado, Jacobo dio un paso atrás conteniendo casi el aliento, y
+lanzando una mirada rápida a la cómoda que guardaba los papeles, sacó
+del bolsillo del pantalón un revólver de seis tiros... El vecino le
+espiaba, y en su acalorada fantasía vio ya el masón traidor los puñales
+de todas las logias de Italia dispuestos a reclamarle el precioso
+depósito.
+
+El pestillo crujió de nuevo mientras tanto; indudable era que el vecino
+lo echaba o descorría, y como natural era suponerlo echado, podía muy
+bien sospecharse que intentaban abrirlo. La puerta, charolada con gran
+primor, no presentaba agujero ni resquicio alguno que permitiera la
+vista.
+
+Los ligeros pasitos volvieron a resonar otra vez alejándose, y Jacobo
+tornó a acercarse con el revólver montado y el oído atento. A poco sonó
+una tos sospechosa; no era la pulcra, perfumada y cadenciosa tos del tío
+Frasquito, sino una tos asmática, tos de viejo, que recordaba esos
+crujidos peculiares que anuncian en las casas ruinosas el próximo
+hundimiento.
+
+Otro ruido extraño vino a aumentar su zozobra: oyóse un ligero golpe
+metálico, argentino, semejante al de la hoja de un puñal chocando con
+precaución sobre una superficie cristalina o marmórea; después, a
+intervalos y por largo rato, un ruido sordo de algo que frotaba con
+rapidez y ligereza...
+
+Quizá el vecino afilaba el puñal, quizá lo estaba envenenando...
+
+Todo quedó en silencio un breve rato; oyéronse después los ligeros
+pasitos en diversas direcciones; tornáronse a acercar a la puerta,
+sintiéndose tras ella el roce del vecino sospechoso que espiaba, y más
+tarde, al dar la una en el reloj del hotel, oyóse un golpe semejante al
+de un cuerpo pesado que cae sobre un colchón de muelles; después un
+¡Aaaaaah! prolongadísimo, un bostezo formidable, que vino a tranquilizar
+a Jacobo.
+
+Nadie que va a matar se prepara bostezando.
+
+Tranquilo ya entonces, aunque siempre receloso, puso el revólver sobre
+la mesa, y con el deleite del avaro que revuelve sus tesoros, engolfóse
+de nuevo en la lectura y examen de los papeles.
+
+De repente saltó otra vez azorado en el asiento, echando mano al
+revólver: en el cuarto vecino había resonado un salto violento, pasos
+precipitados, varios golpes en la puerta, y al punto una voz cascada,
+angustiosa, que gritaba en castellano:--¡Socorro!... ¡Socorro!...
+
+Después, con el intervalo de un lamento, volvió a escucharse en francés:
+
+--_Au secours_!... _Au secours_!...
+
+
+
+
+--IV--
+
+
+De malísimo humor volvió aquella noche al _Grand Hôtel_ el tío
+Frasquito: había aguantado dos horas el aristocrático aburrimiento del
+Círculo de la Unión, _sancta sanctorum_ del _Faubourg Saint-Germain_
+masculino, en que tan escasos profanos logran entrada franca, y es, por
+lo mismo, objeto codiciado por todos los vanidosos ilustres. Siempre la
+gallina del vecino nos parece una pava, y bostezar en compañía de los
+Montmorency y los Rohan no deja de tener cierto encanto, aun para los
+que suelen unir sus bostezos a los de los Osunas y los Medinacelis.
+
+Solía quejarse el tío Frasquito con harta frecuencia de dolor de muelas,
+y aprovechaba esta ocasión para desplegar toda la boca con gesto
+doloroso, poniendo de manifiesto una magnífica dentadura, limpia, igual
+y blanca, como las teclas de un piano que le había costado diez mil
+francos en casa de Ernest, famoso dentista de Napoleón III.
+
+Lamentábase entonces de sufrir dolores tan acerbos con una dentadura
+tan sana, y guardábase muy bien de añadir que radicaban estos en cierta
+muela rezagada, única propia, existente allá en los confines de sus
+encías, como una piedra miliaria en mitad de un desierto.
+
+La impresión del frío prodújole a la salida del Círculo una ligera
+punzada en la muela fósil, y apretó el paso sobresaltado para llegar
+pronto al hotel y tomar buchadas de elixir que le librasen de una noche
+toledana. En mitad de la escalera miró a todas partes con grandes
+precauciones, y no descubriendo alma viviente que sorprendiera su
+secreto, sacóse prontamente la dentadura y envolvióla en el pañuelo: eso
+le aliviaba mucho, y le desfiguraba tanto, que parecía entonces su
+fisonomía una burlesca caricatura de sí misma.
+
+El tío Frasquito tenía su habitación en el piso cuarto, y al llegar al
+segundo, notó con sobresalto que alguien le seguía por la escalera...
+Apretó el paso azorado, y mirando por el rabillo del ojo, descubrió al
+marqués de Sabadell que subía de dos en dos los escalones, para
+alcanzarle sin duda. ¡Santo Dios, y qué apuro tan grande!
+
+Zambulló la cara hasta las cejas en el gran cuello de pieles, guardóse
+prontamente en el bolsillo la dentadura y apretó a correr hasta llegar
+sin resuello a la puerta del aposento.
+
+¡Perrrverrsa suerrte!
+
+Sabadell le seguía sin descanso, y deteníase al fin a la puerta del
+cuarto vecino sin osar acercársele, pero mirándole de hito en hito,
+extrañado, atento, receloso...
+
+--¡Se tragó la parrtida!--pensó el tío Frasquito--. Mañana sabe todo
+Parrrís que no tengo dientes.
+
+Y afligido con esta idea, entróse atropelladamente en su cuarto,
+encendió la luz y corrió a asegurar la puertecilla de comunicación por
+la parte de dentro, temeroso de que el importuno vecino acechase sus
+secretos.
+
+Este parecía, en efecto, abrigar intenciones perversas, porque el tío
+Frasquito percibía claramente del otro lado del tabique ruidos extraños
+que le desasosegaban, poniéndole nervioso; la puertecilla, sin embargo,
+no tenía rendija alguna traidora que diera paso a una mirada, y esto lo
+tranquilizó algún tanto.
+
+Tomó sus buchadas de elixir, desaparecióle por completo el dolor de
+muelas y púsose a limpiar la dentadura, frotándola con un cepillo de
+mango atornillado de plata, que producía al chocar contra el cristal o
+el mármol del lavabo sonidos metálicos.
+
+Hecha esta operación, comenzó el tío Frasquito a desprenderse de sus
+accesorios componentes para meterse en la cama; mas antes, en puntillas
+y ya en mangas de camisa, hizo un tercer viaje de exploración a la
+puertecilla sospechosa; el vecino parecía tranquilo y el tío Frasquito
+emprendió el viaje de vuelta, dando largas y sigilosas zancadas, y
+tarareando muy bajo, con pueril satisfacción, aquello de _Las Hijas de
+Eva_:
+
+ Tranquila está la venta,
+ No se oye ni un mosquito...
+
+Quitóse con grandes precauciones la perfumada peluca y calóse
+prontamente un gorro de dormir de forma piramidal, terminado en una
+borlita: un sencillo y majestuoso _casque à mèche_, de aquellos que
+recomendaba Jerónimo Paturot a sus parroquianos por usarlos así monsieur
+Víctor Hugo. Sabido es que el _bonnet de nuit_ es entre los franceses
+una veneranda institución social que nivela todas las cabezas, como las
+niveló en otro tiempo la cuchilla de la guillotina. Felipe Augusto y el
+último de los albigentes aparecían tan iguales a la sombra del primero,
+como Robespierre y Luis XVI aparecieron siglos después bajo el filo de
+la segunda.
+
+Media hora larga tardó el tío Frasquito en desarmarse de todo, y cuando
+envuelto en su largo camisón se dejó caer en la cama, Hubiérase dicho
+que el tío Frasquito que se acostaba era la raíz cúbica del tío
+Frasquito que, rellenado y compuesto, se exhibía por todas partes.
+
+A la luz de la palmatoria que sobre la mesilla de noche ardía púsose a
+leer, según su costumbre, una novela del vizconde _d'Arlincourt_, para
+conciliar el sueño. Gustábale el género romántico, y pasábansele a veces
+las noches de claro en claro, cual si tuviese quince años, compadeciendo
+los dolores de alguna Clarisa o participando de las ternezas de algún
+Adolfo. La primera cabezada del sueño hízole dar con las narices en la
+mesilla de noche, y el libro rodó por el suelo: inclinóse, sin embargo,
+a recogerlo, porque el capítulo era interesante y quería terminarlo.
+
+A poco, un fuerte olor a trapo quemado llegó a sus narices, haciéndole
+incorporarse con sobresalto, temiendo los riesgos de un incendio. Miró a
+todas partes; nada se descubría por ningún lado que denunciase el voraz
+elemento, y, sin embargo, el tufillo o trapo quemado seguía dándole en
+las narices con progresiva persistencia.
+
+Asomó la cabeza fuera de las cortinas del lecho, miró bajo la almohada,
+entre las mantas, en la fosforera de porcelana que sobre la mesilla
+tenía... ¡Nada, nada! Quizá había caído alguna prenda de vestir en la
+chimenea: algún calcetín, algún pañuelo...
+
+El tío Frasquito saltó fuera de la cama y corrió allí muy alarmado...
+¡Tampoco!... El fuego ardía en la chimenea moderadamente, y la espesa
+grille metálica que la cerraba no permitía el paso a ninguna brasa.
+
+--¡Cosa más singularr!...
+
+¿Sería quizá en el cuarto vecino, o en el corredor de entrada, o tal vez
+en el bulevar, algún incendio formidable que hiciera penetrar a través
+de las maderas sus inflamados miasmas? El tío Frasquito corrió primero a
+la puerta de entrada, a la de comunicación luego, y a la ventana por
+último, sin encontrar rastro alguno de incendio, con las narices
+abiertas, olfateando siempre y percibiendo, mientras más se movía de una
+parte a otra, el alarmante tufo más marcado.
+
+--Perrro, señorr, ¿qué se quema?... ¡Si esto parrrece cosa de
+magia!--pensaba el tío Frasquito, en camisa, en mitad del aposento, con
+los brazos cruzados, el cuello tendido, y dirigiendo a los cuatro
+ángulos sus narices dilatadas y sus ojos muy abiertos.
+
+Parecióle entonces sentir un calorcillo alarmante en lo alto de la
+cabeza, y miró al techo... ¡Nada tampoco!... Volvióse rápidamente, y un
+grito de espanto se escapó de sus labios al verse frente a frente de un
+espejo... En él se reflejaba su estrafalaria figura, cubierta por el
+largo camisón y coronada por el gorro de dormir, en cuya punta brillaba
+una rojiza llamita... ¡Cielo divino, allí estaba el incendio!
+
+El miedo no raciocina nunca, y el que sintió el tío Frasquito impidióle
+comprender que la borlita del gorro se había inflamado en la palmatoria
+al inclinarse para recoger en el suelo el malhadado libro... Perdió,
+pues, del todo la cabeza el pobre viejo, lanzóse al timbre eléctrico,
+corrió luego a la puerta pidiendo socorro, y aporreando después la de
+Jacobo, gritó de nuevo:
+
+--_Au secours_!... _Au secours_!...
+
+Abrióse entonces violentamente la puertecilla y apareció en ella Jacobo,
+revólver en mano... Imposible era reconocer al tío Frasquito en aquel
+esperpento, y Jacobo no vino en la cuenta de quién era hasta que
+tendiendo el fantasma hacia él los brazos abiertos, gritó angustiado:
+
+--¡Jacobo!... ¡Jacobo!...
+
+Este, sin comprender nada todavía, diole por primera providencia un gran
+sopapo en la cabeza, y el gorro inflamado rodó por el suelo,--dejando al
+descubierto una calavera monda y lironda, blanca y reluciente como un
+melón invernizo.
+
+Fue todo aquello una grotesca escena de sainete, acaecida en un segundo,
+y, sin embargo, aquella pequeña y ridícula trivialidad de la vida
+decidió para siempre de la suerte de Jacobo...
+
+El criado de servicio en aquel departamento llamaba, atraído por el
+timbre, a la puerta del cuarto; comprendió entonces el tío Frasquito lo
+ridículo de la situación, y cada vez más angustiado, calóse prontamente
+una gorra de pelo, envolvióse en un abrigo de pieles, púsose la
+dentadura y refugióse en el aposento de Jacobo, diciéndole a este medio
+lloroso y suplicante:
+
+--¡Contesta tú, Jacobito!... ¡Que no me vean!...
+
+Entonces, de repente, entre la espesa bruma de temores y perplejidades
+que envolvía la mente de Jacobo como una cerrazón del océano,
+paralizando su natural audacia, brotó un punto luminoso... El tío
+Frasquito era rico, influyente, tenía entrada en todas partes, y aquella
+ridícula aventura le ponía en su poder atado de pies y manos, dadas las
+femeniles manías del presumido viejo. Las torcidas líneas de su plan
+comenzaron al punto a enderezarse, y una idea germinó al fin en su
+mente, vaga todavía e indecisa, pero visible ya, como el capullo del
+gusano de seda a través de su sedosa borra.
+
+Despidió al criado, disculpando al tío Frasquito con una alarma
+infundada, apagó el gorro, todavía inflamado, en la jofaina llena de
+agua, abrió un poco la ventana para renovar el aire y volvió presuroso a
+su cuarto, donde el tío Frasquito le aguardaba.
+
+Este, sosegado ya y tranquilo, hallábase arrellanado en la poltrona, al
+calor del fuego; cuando entró Jacobo, examinaba atentamente, con aire de
+aficionado, los tres sellos de lacre arrancados a los cartapacios por el
+masón traidor y olvidados en su azoramiento encima de la mesa.
+
+Los papeles estaban a buen recaudo, encerrados bajo llave en la cómoda
+del fondo.
+
+--¡Qué alboroto más necio!--exclamó el tío Frasquito al verle.
+
+Y queriendo atenuar lo ridículo de la escena, no dándole importancia
+alguna, añadió en seguida:
+
+--¿Qué sellos son estos?... No los conozco...
+
+El tío Frasquito coleccionaba sellos diplomáticos, según ya dijimos, y
+tenía un álbum de curiosos ejemplares que compraba a precios muy
+subidos. Días antes había pagado doscientos francos por un sello antiguo
+de cera de Yacoub Almanzor, que ostentaba en letras árabes esta hermosa
+leyenda: «Que Dios juzgue a Yacoub, como Yacoub haya juzgado».
+
+--La corrrona esta es de Italia: corrrona rreal sobre la cruz de
+Saboya--prosiguió el tío Frasquito--. Uno idéntico tengo de Víctor
+Manuel, perrro estos otros no los conozco...
+
+Embarazado Jacobo al ver en manos del tío Frasquito aquella prueba
+flagrante de su atentado, no contestaba, y el viejo, volviendo y
+revolviendo en todas direcciones los dos sellos verdes, preguntaba sin
+cesar:
+
+--¿De quién son?... ¿Te sirven?
+
+Jacobo, más y más embarazado, contestó por decir algo:
+
+--¿A que no lo aciertas?...
+
+--¡Toma!--exclamó de repente el tío Frasquito--. ¡Ya lo creo! El compás
+y la escuadra y la rramita de acacia en medio... ¡Torrrpe de mí! ¡Si
+esto huele a logia que trasciende!...
+
+Jacobo se echó a reír forzadamente, y el tío Frasquito, con el ardor de
+un amateur que tropieza con una ganga, añadió entusiasmado:
+
+--Pues me los vas a darr, Jacobito... De estos no tengo ninguno, y son
+curriosísimos... Supongo que no te servirán; a lo menos, uno me llevo...
+
+¡Cosa extraña y, sin embargo, harto común en caracteres como el de
+Jacobo! Cuatro horas llevaba este batallando consigo mismo sin osar
+decidirse, y de repente, en un momento, con cuatro palabras tan sólo,
+quemó sus naves y decidió su suerte.
+
+--Llévate los tres, si quieres--dijo encogiéndose de hombros.
+
+_Alea jacta est_!... Una vez entregados los sellos, imposible era
+colocarlos en su lugar y devolver los papeles, conservando copia de
+ellos, como había sido su primera idea, y hacíase preciso correr los
+riesgos de aquel audaz atentado, sin que hubiese ya lugar al
+arrepentimiento. Aquel punto luminoso le deslumbraba sin duda, o el
+capullo de su idea iba poco a poco aclarando la borra nebulosa en que
+antes aparecía envuelto.
+
+El tío Frasquito no se hizo repetir la invitación: envolvió los sellos
+con gran cuidado en el papel en que se hallaban puestos y guardóselos
+prontamente en el bolsillo, como si temiese que Jacobo revocase la
+dádiva. Este le miraba hacer con una extraña sonrisa, y cuando el
+terrible papelito desapareció en el bolsillo del viejo, murmuró en
+lengua turca:
+
+--_¡Olsum!_[11]...
+
+[Nota 11: Amén.]
+
+Y levantándose de pronto, propuso al tío Frasquito pedir un _bowl_ de
+_punch_ bien caliente. Excusóse este, dando por pretexto lo avanzado de
+la hora; mas Jacobo, con frases cariñosas y expresivas y cierto aire
+melancólico que sentaba muy bien a su varonil hermosura, le instó a que
+se quedase. ¿Iba a negarle aquel rato de expansión?... ¡Estaba tan
+triste, tan abatido, tan solo en el mundo!
+
+Miróle el tío Frasquito extrañado, y la curiosidad, que es la fuerza de
+resistencia más sufrida que se conoce, le clavó en el asiento... Quizá
+iba a despejar la X misteriosa que se debatía aquella misma tarde en la
+terraza del _Grand Hôtel_, la incógnita que representaba la presencia
+intempestiva de Jacobo en París, abandonando su Embajada de
+Constantinopla. El tío Frasquito recordaba haber aprendido en el Colegio
+Imperial, allá cincuenta años antes, aquello de Horacio: «_Fecundi
+calices quem non fecere disertum_?». Y el ponche fue aceptado con
+disimulado entusiasmo.
+
+Horacio no se equivocó, en efecto: Jacobo comenzó inter pocula sus
+confidencias, hablando lentamente, muy bajo, a retazos, como un hombre
+agobiado de pena que destila gota a gota por los labios la amargura que
+inunda su alma... Abrumábale el peso de un remordimiento, de una
+espantosa catástrofe de que había sido él causa involuntaria,
+obligándole a huir de Constantinopla con el corazón hecho pedazos y la
+conciencia salpicada de sangre...
+
+El tío Frasquito pegó un brinco en el asiento, abriendo los ojos
+tamaños, y Jacobo inclinó la cabeza entre las manos, mirando atentamente
+su copa vacía y guardando silencio.
+
+--¡Hombrre, hombrre... eso es serio!--murmuró el viejo asustado; y como
+viese que el otro prolongaba su silencio, tiróle de la lengua, diciendo:
+
+--Serría cuestión de faldas, sin duda...
+
+--O de pantalones, que para el caso viene a ser, en Turquía, lo
+mismo--replicó Jacobo.
+
+Y de repente, de un tirón, con el violento esfuerzo de un hombre que
+arroja lejos de sí un peso que le abruma, refirió con todos sus detalles
+la terrible historia de la cadina Sarahí... El tío Frasquito escuchaba
+con la boca abierta, encogiéndose, encogiéndose en la poltrona,
+convencido de su pequeñez, a medida que lo novelesco y lo terrible
+agigantaban en su imaginación la figura del héroe de aquella aventura
+legendaria, de que era el primer confidente y esperaba ser futuro
+cronista... Y a la idea de ser el primero en lanzar a los cuatro vientos
+de la publicidad la trágica aventura, el tío Frasquito se alargaba, se
+alargaba en la poltrona, hasta hombrearse con el héroe como la sombra se
+hombrea con el cuerpo y el eco con la música, y Homero con Aquiles, y el
+inmortal Virgilio con el divino Eneas. ¡Y pensar que era ya demasiado
+tarde para correr de casa en casa aquella misma noche dando la
+noticia!...
+
+Jacobo leía en la cara de babieca del tío Frasquito lo que allá para sus
+adentros iba pensando, y no pudo contener una sonrisa de triunfo al ver
+conseguido su primer intento. Al día siguiente, la historia de la cadina
+correría por París entero, justificando gloriosamente su fuga de
+Constantinopla, y rodeándole a él de la aureola de lo novelesco, de lo
+absurdo, de lo imposible; pedestal el más alto sobre que suele colocar
+sus ídolos de un día el público de papanatas ilustres, que anda a caza
+de novedades y cuentos.
+
+Harto conocía Jacobo aquel público, y necesitaba y le bastaba un solo
+día para sentar seguramente el pie en el nuevo terreno a que sus planes
+le llevaban. Quiso, sin embargo, remachar el clavo, y levantándose sin
+decir palabra, fuese a la maletilla abierta sobre la cómoda, revolvió un
+poco y arrojó después sobre el velador, delante del tío Frasquito, un
+pequeño objeto, diciendo:
+
+--¡Único recuerdo de mi idilio de Oriente!...
+
+Era una babucha, pero una babucha inverosímil por su tamaño, de raso
+blanco, con puntera de filigrana de oro y lazos de pluma de cisne
+sujetos con esmeraldas: una preciosidad artística, cortada sin duda
+alguna a la medida del pie de un hada, y hecha, más bien que para
+encerrar un pie humano, para guardar joyas y dijes sobre el tocador de
+una dama.
+
+El tío Frasquito se quedó pasmado, viéndose otra vez chiquitito,
+chiquitito como el _little man_ Carlos Statton, que podía bañarse en
+aquella ponchera, y figurándose a Jacobo alto, alto como el Napoleón de
+la columna de Vendôme, que mira a los hombres por la coronilla...
+
+Un deseo irresistible, tentador, nació entonces en su alma y se detuvo
+en sus labios tímido y respetuoso. Hubiera dado su más preciada joya, su
+dentadura misma de Ernest, por tener tan sólo veinticuatro horas aquella
+presea de la cadina y pasearla por todos los salones y enseñarla a todos
+los curiosos, desempeñando así un _bout de rôle_ en aquella novelesca
+tragedia que había de ser al día siguiente tema obligado de todas las
+conversaciones. París entero correría a postrarse ante aquel exótico
+zapato y él sería entonces el sumo sacerdote que mostrase la reliquia a
+la turba de noveleros.
+
+Y como si Jacobo leyese en su frente aquel deseo, y desde las alturas de
+la columna de honor en que el viejo le colocaba se dignase realizarlo,
+le dijo de pronto:
+
+--Tío Frasquito..., hazme un favor...
+
+--¿Qué?...
+
+--Guárdate eso...
+
+--¡Perrro, hombre!...
+
+--¡Sí, sí!... Llévatelo y que no lo vea más... Para mí es un recuerdo
+triste, y para ti es un _bibelot_ curioso, que puedes colocar encima de
+tu mesa...
+
+--Perrro, Jacobito, hijo..., no sé si debo...
+
+--Sí debes, hombre, sí debes... Ahí llevas la zapatilla de Ceneréntola;
+el día en que encuentres una mujer que pueda calzársela, ese día me la
+devuelves.
+
+--Pues entonces es mía parra siemprre--replicó el tío Frasquito
+encantado--. No creo que fuerrra de Turquía se calcen las mujeres con
+hojas de lirrrio.
+
+Despidióse al fin el tío Frasquito de Jacobo con las mayores muestras de
+cariño, y no bien se vio a solas en su cuarto, comenzó a examinar la
+babucha por todos lados, acabando por meter dentro las narices...
+Retirólas, sin embargo, al punto, haciendo un gesto de disgusto: no
+encontraba allí aquel suave perfume de Smirna, mezcla de áloe y de
+incienso, que se figuraba él había de dejar dondequiera que se posase el
+pie de una odalisca: lejos de eso, olía mal, muy mal--y el tío Frasquito
+fruncía la boca y arrugaba las narices--; olía a una cosa rara, así como
+mezcla de cuero sin adobar y engrudo medio podrido.
+
+Miró entonces a la suela, y estaba esta limpia, flamante, como si jamás
+se hubiera puesto en contacto con el suelo, ni sufrido la presión de la
+más ligera golondrina... ¡Hum!... ¿Si resultaría después de todo que el
+tal Jacobito era un grandísimo embustero, que le había encajado una
+sarta de mentiras?...
+
+Y pensando en esto, el tío Frasquito quedóse largo rato inmóvil, mirando
+atentamente la suela del zapato, como si interrogase a la Esfinge...
+Encogióse al fin de hombros: después de todo, aunque la reliquia
+resultase apócrifa y tuviera que ver con la cadina lo que sus calzones
+de él con los del gran Turco, nada se perdía en ello... _Se non è vero,
+è bene trovato._ ¡Mayores _pamphlets_ había visto él correr por el
+mundo!...
+
+De pronto se acordó de una cosa importantísima, y corrió a dar discretos
+golpecitos en la puerta de Jacobo; este, con su truhanesca sonrisa
+estereotipada sobre los labios, ocupábase en aquel momento en esconder
+en el último rincón de la maleta la babucha compañera de la regalada al
+tío Frasquito. La historia de la cadina era cierta, mas la babucha
+habíala comprado él en el Gran Bazar, por mero capricho, a uno de esos
+viejos turcos de rostro impasible, ojos de vidrio, enorme turbante y
+caftán naranjado, que recuerdan todavía en la Constantinopla moderna los
+tiempos de Bayaceto y Solimán el magnífico. El tío Frasquito asomó
+tímidamente la cabeza, diciendo:
+
+--Jacobo, Jacobito..., dispensa... Me parrrece lo mejor que no digas
+nada de aquello...
+
+--¿Y qué es aquello?
+
+--Pues hombre, aquello... Lo del gorrro, lo del incendio.
+
+--¡Ah, ya!, ni siquiera me acordaba.
+
+--¡Pues clarrro está! Es una tonterrría... Perrro ya tú ves; ¡la gente
+es tan necia!... Se rríe de todo y lo pone a uno en rridículo...
+
+--Descuida, hombre, descuida... ¿A quién voy yo a contar semejantes
+sandeces?
+
+--Pues, buenas noches, Jacobito... Dispensa... Si ocurre algo, pega en
+el tabique... Yo tengo el sueño de un pájarrro; en eso parrrezco un
+viejo...
+
+El tío Frasquito acostóse al fin muy satisfecho, pensando en mañana, y
+al apagar la luz, esta vez con grandes precauciones, tuvo un escalofrío
+de espanto... Parecióle que se arremolinaban las tinieblas en medio del
+aposento y surgía de ellas mismas el eunuco estrangulado, con el dogal
+al cuello, los ojos fuera de las órbitas, el paso lento, la mano
+extendida, fría, yerta, que se alargaba, se alargaba hacia él... y le
+tiraba de las narices.
+
+El tío Frasquito se tapó la cabeza con la sábana, apretó mucho los ojos
+y por tres veces se santiguó muy de prisa.
+
+
+
+
+--V--
+
+
+El certamen de belleza femenina, celebrado primero en Spa y luego en
+Budapest, despertó en la condesa de Albornoz la felicísima idea de hacer
+circular por toda Europa artística y civilizada la suya propia.
+Verdaderamente, era para ella una desgracia llamarse Albornoz, porque de
+ser su nombre menos ilustre, hubiera corrido a la capital del antiguo
+reino de los Esteban y Vladimiros a disputar el premio de la hermosura a
+Cornelia Szekely, la húngara laureada.
+
+No pudiendo, pues, ganarlo en persona, ideó ganarlo en efigie,
+discurriendo para ello hacerse retratar por Bonnat y enviar la obra
+maestra de exposición en exposición, para que, apoderándose de ella el
+buril y la fotografía, no quedara rincón del mundo en que se ignorase
+que la condesa de Albornoz tenía los ojos, según la frase de Diógenes,
+pasados por agua. Así y todo, creíalos ella, allá en las morbosas
+excitaciones de su amor propio, capaces de realizar el sueño de
+Alejandro y de Napoleón: someter el universo.
+
+Esta idea trascendental deteníala en París desde el mes de noviembre, y
+tres veces por semana dignábase _poser_, para bien de la humanidad, en
+el estudio del gran artista. El retrato debía de estar concluido para la
+próxima exposición de Viena, y costábale el caprichito la friolera de
+cuarenta mil francos. Carillo era, sin duda, ¿pero para qué, si no, le
+había dado Dios el dinero?
+
+Aquella mañana había enviado Currita un recado a Bonnat para que no la
+aguardase, a causa de tener que acompañar a su majestad la reina a la
+capilla expiatoria del bulevar Haussman. Las once habían dado ya en el
+reloj del _Grand Hôtel_, y Kate, la doncella inglesa, prendía con dos
+largas agujas de oro en la cabeza de Currita la riquísima mantilla
+española de encajes con que se proponía la dama quitar la devoción a los
+pocos que la tuviesen, en las honras fúnebres del infortunado Luis XVI.
+
+La duquesa de Bara habíale ya avisado con su doncella que le estaba
+aguardando, para ir juntas al palacio Basilewsky, y Currita, nerviosa e
+impaciente, preguntaba sin cesar a Kate si el señor marqués no había
+vuelto.
+
+--No, señora--respondió la doncella.
+
+--Pero ¿a qué hora salió?... ¿Cómo ha madrugado tanto?
+
+--Si no ha salido...
+
+--¿Pues cómo es eso?
+
+--Porque desde anoche no ha vuelto.
+
+--¡Ya!--exclamó Currita.
+
+Y mirándose en el espejo, se arregló con sumo cuidado un rojo ricito que
+con gran prudencia encubría sobre su frente una manchita de pecas.
+
+La duquesa de Bara, cansada de aguardar, llegó en busca de la perezosa.
+
+--¿Pero, Curra, qué haces?... ¡Mira que la reina estará aguardando!...
+
+--¡Vamos, vamos, Beatriz!... Parece que no conoces a la señora: las doce
+nos darán sin salir de la cámara.
+
+Y observando que completaba también la _toilette_ de luto de la duquesa
+una mantilla española, exclamó muy alborozada:
+
+--¡Mujer, hemos tenido la misma idea!... ¡Qué delicia!... Les _grands
+esprits se rencontrent_...
+
+--Para representar a España, no se podía ir de otra manera... Lo que
+siento es no haber pensado en el abanico...
+
+--Pues por lo mismo compré yo ayer uno... Míralo, no es feo... ¿Quieres
+otro igual? Kate te lo traerá en un momento: lo compré en la _Compagnie
+Lyormaise_, ahí, a la vuelta de la esquina.
+
+La duquesa, ante la perspectiva de un abanico gratis, sintió aminorarse
+su prisa. Era un abanico muy bonito, de nácar quemado, muy oscuro, con
+país de seda negra. Kate lo pagaría en la tienda, y ella se olvidaría,
+de seguro, de pagarlo a Kate; porque en estas cosas de pagar era la
+duquesa mujer muy distraída... Al salir Kate, avisó que el señor marqués
+había vuelto.
+
+--Dispensa un momento, Beatriz--exclamó vivamente Currita--. Voy a decir
+adiós a Fernandito.
+
+La duquesa hizo un gesto de complacencia íntima ante la ternura conyugal
+de su amiga.
+
+--¡Qué par de tórtolos!--dijo--. Te aseguro que me das envidia.
+
+Y Currita, con patética entonación, contestó desde la puerta:
+
+--Verdaderamente que es un don del cielo no haber tenido en catorce años
+de matrimonio un solo disgusto.
+
+Fernandito acababa de llegar, y a la verdad que no eran sus trazas de
+haber estado rezando el rosario. Traía en pie el cuello del gabán, ajada
+la camisa, un apabullo en el sombrero, rojos e hinchados los ojos, y
+trascendíale el aliento a vino trasnochado. Quedóse muy sorprendido y
+turbado a la vista de Currita, y con la forzada sonrisa del escolar que
+encubre una picardihuela con una mentira, le dijo:
+
+--He estado a ver a los antropófagos... En el Jardín de las Plantas.
+
+Ella, con tiernísima solicitud, exclamó muy alarmada:
+
+--¡Jesús, Fernandito, me dan miedo esas cosas!... ¿Están sueltos?...
+¿Muerden?...
+
+--¡Ca, no!... Si son unos negros cualquiera... ¡Más feos!...
+
+Y se abrochaba con disimulo el gabán, para ocultar a Currita que llegaba
+su consideración a los antropófagos hasta el punto de visitarlos a las
+diez de la mañana, de frac y corbata blanca. Ella, con su sencillez
+columbina, no reparaba en esto, y se apresuró a preguntar con ingenuidad
+adorable:
+
+--¿Hiciste mi encargo?
+
+--¿Qué encargo?...
+
+--¡Pues me gusta!... ¿No te dije que fueses a ver a Jacobo Téllez?...
+
+--¿A Jacobo Téllez?... ¿Y quién es Jacobo Téllez?
+
+--Pues, hombre, Jacobo Sabadell, el marido de mi prima Elvira.
+
+--¡Ah, ya!... Si yo creía que se llamaba Benito...
+
+En los claros ojos de Currita brilló un relámpago de ira, y a poco más
+pierde su mansedumbre.
+
+--Y aunque se llamara Policarpo--exclamó--. ¿Es razón esa para no hacer
+lo que te digo?...
+
+--Pues nada, hija, se me olvidó. ¿Qué hemos de hacerle?
+
+--¡Ir ahora mismo! ¿Te enteras?... Y convidarlo a almorzar... Mira que a
+mi vuelta he de encontrarlo aquí contigo.
+
+--Bien, hija, descuida, así se hará... ¿Dices que se llama Benito?
+
+--¡Dale con Benito!... Se llama Jacobo, y es un muchacho
+distinguidísimo, a quien quiero que consideres como mi primo que es.
+
+Currita disertó un momento sobre el amor de la familia y el imperioso
+deber que tiene todo ciudadano de estrechar estos lazos venerandos, y
+dejando ya convencido a Fernandito, marchó a reunirse con la duquesa.
+
+Al subir al carruaje ambas damas, apareció el tío Frasquito presuroso,
+muy lozano, pulcro y resplandeciente, haciéndolas señas de que le
+aguardasen. Subió con ellas al coche, sacó del bolsillo una curiosa
+cajita de cartón y púsola sobre sus rodillas. Las damas le miraban
+atónitas y él sonreía picaresco; levantó al fin la tapa con mucho
+misterio, y entre perfumados papeles de seda apareció la babucha.
+
+Mientras tanto, Jacobo, sin salir de su aposento del Gran Hôtel, daba
+vueltas a su proyecto. La claridad de juicio va en razón directa de la
+conveniente distancia a que se contemplan los hechos, y al despertar
+aquel día, libre ya de las perplejidades y angustias que atormentaban su
+ánimo, pudo apreciar su situación con exactitud verdadera.
+
+Las líneas de su plan aparecieron entonces claras y firmes en todos sus
+contornos, a la manera que después de una inundación y cuando las aguas
+se retiran, aparece distintamente la altura de los collados y lo extenso
+de los llanos y lo profundo de los valles. Encontróse entonces Jacobo
+con que sus collados eran montañas, y sus llanos desiertos, y sus valles
+abismos...
+
+Y lo peor del caso estaba en que el primer abismo que se abría a sus
+pies y le era forzoso salvar, habíalo abierto él con sus propias manos
+la noche antes, por jugarlo todo impremeditadamente a una sola carta,
+olvidando que era su juego de cartas dobles y complicadas. Porque la
+babucha comprada en el Gran Bazar y la necedad del tío Frasquito iban a
+colocarle aquel mismo día en lo alto de la columna del escándalo, en la
+gloriosa picota de la moda, que asentaba esta vez sus cimientos sobre
+los cadáveres de dos seres degradados, muerto el uno con un dogal,
+cosida la otra a puñaladas y arrojada en su saco de cuero, sin expirar
+todavía, viva y palpitante, en lo profundo del mar de Mármara.
+
+Mas desde aquella columna, donde se podían dictar leyes al mundo del
+fausto y del escándalo, sólo se lograba inspirar desprecio y repugnancia
+invencible a ese otro mundo, no más pequeño, pero sí más desconocido, de
+la honradez y la virtud, y justamente en aquel mundo callado y oculto
+era donde se escondía la persona que a toda costa necesitaba él en
+aquellas circunstancias... ¿Y quién ponía ya diques al viento? ¿Quién
+sujetaba al tío Frasquito, que babucha en mano recorría ya las calles de
+París en busca de un pedacito de celebridad, de un solo rayito de la
+aureola del héroe?...
+
+Preciso era tirar por otro camino, y la casualidad trajo a Jacobo quién
+había de indicárselo. Era este Diógenes, que acudía muy de mañana,
+atraído por el dinero que se le figuraba traer el plenipotenciario, como
+los buitres acuden al olor de la carne muerta.
+
+Diógenes no era como Sabadell, que jamás se apeaba de su papel de gran
+señor, y lo mismo gastaba en boato y en caprichos en tiempo de las vacas
+gordas que en tiempo de las flacas, con la sola diferencia de pagar en
+los de aquellas y no pagar en los de estas. Diógenes, por el contrario,
+vivía en una modesta _maison meublée_, y sentábase de diario a la
+primera mesa que hallaba puesta, sin esperar a que le invitasen, por
+cierta especie de derecho de cuchara que garantía su poquísima
+vergüenza, por una tradición constante que la inveterada costumbre había
+convertido en ley escrita en las pandectas de la capigorronería
+madrileña. Cuando tenía dinero lo derrochaba espléndidamente, y cuando
+no lo tenía, pedíalo prestado, con la intención jamás retractada de no
+pagarlo nunca, según su axioma favorito: Cobra y no pagues, que somos
+mortales.
+
+Aquella mañana habíase propuesto almorzar con Jacobo y llevárselo
+después al _Petit-Club_ a tirar de la oreja a Jorge, con ánimo
+deliberado de darle por el camino algún _sablazo_ bien dispuesto.
+
+Su sorpresa fue, pues, grande cuando Jacobo, con la austeridad de un san
+Pablo primer ermitaño y la fortaleza de un san Antonio en el desierto,
+se negó rotundamente a salir del hotel, diciendo que había jurado no
+pisar el impuro suelo de París, que jamás tomaría en la mano una carta y
+que no pareciéndole ya conveniente marchar a Madrid a causa del cambio
+político, había decidido salir a la mañana siguiente para Biarritz,
+donde pensaba intentar una reconciliación con--¡polaina!--¡con su
+mujer!...
+
+Escuchábale Diógenes en silencio, mirándole de hito en hito, clavados en
+sus ojos los suyos, abotagados por la borrachera continua. Cuando acabó
+de hablar, díjole muy serio:
+
+--¡Vamos!... Tú dices lo del gitano del cuento: ¡Señó! Toos píen el pan
+de cada día... Yo sólo pío que me pongan donde lo haiga, que ya yo me
+arreglaré...
+
+--No te entiendo...
+
+--Pues vaya más claro... Tú dices: mi mujer ha ganado su pleito con la
+Monterrubio y tiene una porción de miles de renta... Yo tengo el hambre
+del hijo pródigo; pues me voy allá y me como el ternero...
+
+Alborotóse Jacobo al oír tan fielmente expresado parte al menos de su
+pensamiento, y con aire de dignidad ofendida, exclamó:
+
+--Te aseguro...
+
+--¡Vamos, Jacobito!... ¡Si conoceré yo a los cojos en el modo de
+andar!...
+
+--Te digo...
+
+--¡Si sabré yo el lino que cardo, Jacobito!...
+
+--Creo lo que quieras, pero yo...
+
+--¿Si querrán los pollos engañar a los recoveros?, pichón dorado... Mira
+niño: ni tú tienes vergüenza, ni yo tampoco; pero para ser pillo, lo
+primero que se necesita es talento, y cuando tú vas, ya estoy yo de
+vuelta. ¿Estamos?...
+
+La dignidad sublevada de Jacobo pareció sosegarse mucho, y después de un
+momento de silencio, preguntó:
+
+--Según eso, ¿te parece mi plan un disparate?...
+
+--¿Un disparate? Para ti, un negocio redondo; para ella, un robo a mano
+armada.
+
+--¿Y crees que Elvira...?
+
+--¿Se dejará robar?... ¡Pues ya lo creo!... Lo que es por ella, en
+cuanto le guiñes el ojo... Si te quiere, hombre; te quiere lo mismo que
+el primer día en que la engañaste. ¡Mentira parece!...
+
+--Pues entonces...
+
+--Entonces, queda el rabo por desollar.
+
+--¿Y de quién es ese rabo?...
+
+--Amigo mío... del padre Cifuentes.
+
+--¡Ya!... Ya me lo habían dicho.
+
+--Pues no te engañaron.
+
+Quedóse Jacobo un momento pensativo, y rascándose después levemente la
+cabeza, añadió con su truhanesca sonrisa:
+
+--Entonces... será preciso confesarse con el padre Cifuentes.
+
+Diógenes se puso muy serio.
+
+--Mira, Jacobo--le dijo--. ¿Me ves tú a mí?... Soy un truhán, un
+borracho, un perdis, que todo lo que no sea matar, todo lo he hecho...
+Pues para que veas: las cosas de Dios yo las respeto... Las respeto,
+porque lo mamé. ¡Polaina! Lo mamé con la leche... No soy bueno porque no
+quiero jorobarme siéndolo; pero al que se joroba y lo es, yo le venero;
+que no porque merezca yo un presidio dejo de conocer que hay quien
+merece la gloria; y no porque me revuelque en un lodazal dejo de ver que
+hay estrellas en el cielo...
+
+Jacobo escuchaba estupefacto la extraña salida de Diógenes, que
+pronunciaba su arenga babeando la ancha bocaza, dando golpes, ora en su
+propio pecho, ora en la mesa.
+
+--¿Y a qué viene todo eso?--preguntó al fin Jacobo.
+
+--¿A qué?... A que dejes tranquila a tu mujer, porque sólo con pensar en
+ella la manchas.
+
+--¡Pues me hace gracia!... ¡Valiente paladín le ha salido a la
+Elvirita!... ¿Y dónde han hecho ustedes su compadrazgo? Supongo que no
+será en el confesonario del padre Cifuentes.
+
+--No, por cierto... La veo y la he sabido apreciar en casa de María
+Villasis, que es su amiga íntima.
+
+--¿Conque amiga íntima de tu íntima amiga la Villasis?... ¡Ahora lo
+entiendo!... ¿Y qué hace esa perfecta viuda, como la llamaba la de Bara
+en otro tiempo?... Supongo que te habrá sucedido con ella lo que sucede
+con los perros chinos, que de puro feos hacen gracia... ¿Y mi mujer,
+será, sin duda, vuestra confidente?...
+
+--¡Alto ahí, canalla, o te rompo el morro!--exclamó Diógenes poniendo su
+formidable puño en las narices mismas de Jacobo--. ¿Qué es lo que buscas
+tú? ¿Dinero?... Pues ahí tienes a la de Albornoz; una... pelona como tú,
+que te dará lo que quieras... ¿Qué más te da, llamarte Jacobo que
+monsieur Alphonse?...
+
+¡Oh!... Jacobo se incomodó esta vez de veras, porque jamás le habían
+refregado por la cara una verdad tan áspera. Contúvose, sin embargo,
+porque sabía cuán terribles eran las embestidas de Diógenes, y con
+forzada sonrisa contestó:
+
+--Mira, Diógenes, la borrachera de ayer te dura todavía... ¿En qué
+cabeza cabe sino en la tuya, de bala rasa, que fuera yo a venderme a mi
+mujer por un puñado de duros?...
+
+--Amigo, cuando no dan más en la puja, hay que decir lo del otro gitano
+del cuento... Se confesó de haber robado tres pesetas, y el cura le
+dijo: «¿No te da vergüenza, infeliz, de condenarte por tres miserables
+pesetas?...» «¿Y qué quería usted que _jiciese_, si no había más?...»
+
+Aquí interrumpió la disputa el marqués de Villamelón, que entraba
+restaurado ya por completo de sus desperfectos de la mañana. Al verle
+Diógenes, cogió prontamente un periódico y púsose a leer junto a la
+chimenea, en el lado opuesto.
+
+El marqués fuese derecho a Jacobo, que ceremoniosamente se levantaba
+para recibirle, y apretándole ambas manos, díjole con grande afecto:
+
+--Adiós, Benito, ¿cómo te va?... Tú siempre tan famoso...
+
+Y con protectora afabilidad diole dos cariñosas palmaditas en el hombro
+izquierdo.
+
+--Dispensa que no viniera a verte ayer, Benito--prosiguió Villamelón,
+sentándose--. Pero en este París, ¿me entiendes?, no hay tiempo para
+nada... Curra te espera a almorzar. ¿Lo sabes?... A las dos: un poco
+tarde quizá; pero hoy está de servicio con la reina. ¿Me entiendes?
+
+Ofendióse la altivez de Jacobo con los aires protectores del héroe del
+combate _navo-terrestre_ de Cabo Negro, y quiso declinar fríamente la
+honra del convite; mas Villamelón le atajó la palabra, diciendo:
+
+--¡Nada, nada, nada! ¿Me entiendes?... No admito excusas, Benito; y
+Curra se ofendería de muerte. ¿Sabes?... Tiene debilidad por la familia,
+y lo que es por ti, delira. Siempre está con Benito arriba, Benito
+abajo...
+
+Diógenes gritó desde su asiento:
+
+--Pero, Villamelón..., quiero decir, ¡majadero!... ¡Si no se llama
+Benito!...
+
+--¡Ay! Es verdad, que era... ¿Cómo era?...
+
+--Jacobo.
+
+--¡Eso es, Jacobo!... Pues dispensa, Jacobo; pero tengo una memoria
+infelicísima, y lo peor es que cada día se me va debilitando...
+
+Quejábase con harta razón Fernandito de su falta de memoria, síntoma
+fatal a veces de los reblandecimientos cerebrales. Mas Diógenes, que no
+perdonaba ocasión de descargar su terrible mandoble, púsose a recitar
+como si leyera en el periódico:
+
+ Hablando de cierta historia,
+ A un necio se preguntó:
+ --¿Te acuerdas tú?--Y respondió:
+ --Esperen que haga memoria.
+ Mi Inés, viendo su idiotismo,
+ Dijo risueña al momento:
+ --Haz también entendimiento,
+ Que te costará lo mismo.
+
+Jacobo y Villamelón se miraron entre sí, miraron después a Diógenes, y
+tornado a mirarse ambos, echáronse a reír, diciendo al cabo Fernandito:
+
+--¡Qué cosas tiene!... No hay más remedio que dejarlo o matarlo. ¿Sabes,
+Benito?...
+
+
+
+
+--VI--
+
+
+El tío Frasquito no podía ya con las piernas, y esforzábase en vano por
+discurrir algo parecido a la hazaña de Churruca en Trafalgar, cuando
+privado también de una de las suyas por una bala de cañón, siguió
+mandando el combate desde el puente del navío metido en un tonel de
+afrecho.
+
+¡Oh!... ¡Si aquello le hubiese sucedido a él veinte años antes, cuando
+en un solo día hizo sesenta y nueve visitas para anunciar el primero
+aquel famoso casamiento que alistaba en el número de sus sobrinos a
+Luisito Bonaparte, el conde consorte de Teba!
+
+Y lo peor del caso era que cuando, a las cuatro de la tarde, volvió al
+Gran Hôtel rendido y desalentado por no haber podido enseñar más que a
+las dos terceras partes de la colonia española la babucha apócrifa de la
+cadina, encontróse con que la trágica historia tenía una segunda parte,
+interesantísima también, pero pía, devota, sentimental, romántica, en
+que cabía a su persona no sólo el papel del cronista, sino el de agente
+poderoso, de intercesor eficacísimo, de _ama de llaves de la
+Providencia_, que hubiera dicho Diógenes, en el bello final de aquel
+drama que comenzaba su acción en las barbas del Sultán e iba a
+terminarse bajo el manteo del padre Cifuentes. Acordóse el tío Frasquito
+de Matilde y Malek-Adhel, y se sintió enternecido; la emoción le produjo
+un golpe de tos violentísimo, que fue necesario calmar con tres
+caramelos de malvavisco.
+
+Porque Jacobo había acudido a él de nuevo en demanda de auxilio y
+abiértole su corazón hasta lo más recóndito. Era singular lo que por él
+pasaba, y en vano había intentado explicárselo. La noche antes daba
+vueltas en el lecho, inquieto y desvelado, viendo desfilar en su
+memoria los treinta y tres años de su vida cargados de placeres, de
+aventuras, azares sin mañana, flores sin raíces, gozos sin recuerdo,
+locuras sin felicidad que le causaban entonces en el ánimo la impresión
+de repugnancia que causa al estómago ahíto e indigestado el recuerdo de
+manjares sustanciosos.
+
+El tío Frasquito le escuchaba atento y boquiabierto, creyendo ver
+apuntar en el corazón apasionado de Malek-Adhel aquellos alborotos
+misteriosos que trocaron los de Rancés y Mañara... Mas de repente,
+dejando Jacobo el tono sentimental de su perorata, preguntóle en prosa
+llana dónde andaba a la sazón su mujer Elvira.
+
+El tío Frasquito hizo una mueca de disgusto, como si viera trocar a
+Malek-Adhel el blanco turbante por el sombrero de copa alta, o le
+hicieran saltar de una página de Madame Cottin a otra de la _Guía de
+forasteros_.
+
+--¿Elvirrra?--contestó--. Pues no sé, perrro debe de estar en
+Biarrriz... Ayerrr dijo la López Morrreno que la había visto.
+
+Quedóse Jacobo mudo y pensativo por un momento, y el tío Frasquito,
+reventando de curiosidad, se apresuró a añadir muy atento y oficioso:
+
+--Perrro si quierrres noticias cierrtas, yo conozco a una persona que
+puede dármelas.
+
+--¿Quién?...
+
+--El padre Cifuentes.
+
+--¡Hombre!... ¿Conoces tú al padre Cifuentes?...
+
+--¡Ya lo crreo! Si es mi sobrino: hermano de madrrre de la Vegallana...
+Es hijo de Tonino Cifuentes, que fue subsecretario de Estado en tiempo
+de Iztúrrriz, y entró en la Compañía, cuando...
+
+--¿Pero está también en Biarritz?
+
+--No: está aquí en Parrrís; en la rrue de Sévres... Desde el 68 no ha
+estado en España sino de paso.
+
+Y con cierto delicado recelo, añadió tímidamente:
+
+--¿Quierrres que lo vea?...
+
+--No... Quiero verlo yo mismo.
+
+El tío Frasquito brincó otra vez emocionado, viendo ya a Malek-Adhel
+fundando, como Rancés, una Trapa, o un hospital como don Miguel de
+Mañara... ¡Todo, todo iba saliendo lo mismo, igual, idéntico que en la
+_Favorita_!... Fernando, _la bella del Re_, fray Baltasar... Faltaba tan
+sólo el convento, y ansioso él de poner la primera piedra, se apresuró a
+decir:
+
+--Pues te llevarrré cuando quierrras.
+
+--Mañana mismo.
+
+--Conformes.
+
+Cauto, sin embargo, el tío Frasquito, y deseando prevenir en el ánimo
+del novicio las deficiencias que pudiera tener en su papel de fray
+Baltasar el padre Cifuentes, apresuróse a decirle que era este un
+cuitadito, un infeliz sin pizca alguna de mundo, que hablaba _oportune
+et importune_ del infierno, pintando unos diablos feotes y groseros que
+en nada se parecían a los diablillos correctos, perfumados, elegantes,
+que se figuraba el tío Frasquito de frac y corbata blanca, pelo rizado,
+gardenia en el ojal, monóculo en el ojo izquierdo y un lazo de color de
+fuego en la punta del rabo.
+
+--Porrque mirrra, la verrrdad--prosiguió con aire de íntima confianza--.
+Yo soy muy católico, muy creyente, perrro lo que es el clerrro, deja
+mucho que desearr en todas parrtes... No se encuentra un sacerrdote que
+nos conozca bien, que sepa amoldarrse a nuestro modo de serr, al modo de
+sentirr de las gentes de nuestrrro círrculo... El mismo padre Cifuentes,
+el otro día, en el entierrro del general Tercena, me dio la tarrde,
+hijo, me dio la tarrde... empeñado en convencerrme de que yo me había de
+morrrirr también, y que era menester preparrrarrse y pensarr en lo
+eterrno... En fin, hijo, me angustió, ¡me angustió de verrras!... Y
+cuando lo de Pepita Abando, ¿tú no sabes?... Estuvo atrroz, atrroz,
+crruelísimo... Una muchacha tan buena, tan elegante, tan carrritativa,
+que nunca tuvo más pasión que Pablo Verrra, y todo Madrid lo sabía y lo
+sancionaba, y hasta su mismo marrrido se hacia cargo... Pues nada, hijo,
+el padrre Cifuentes no se lo hizo: se puso malo Pablitos, y Pepita,
+¡clarrro está! atrropelló porr todo, y se instaló a su cabecerrra.
+Avisarrron al padre Cifuentes, y este contestó que no podía entrarr en
+aquella casa sin que Pepita salierrra prrimerro... ¡Figúrrrate tú qué
+exigencia!... Ella se negó, porr supuesto, y Pablitos también, y porr
+más vueltas que dierrron parrra convencerr al santo varrrón de que errra
+una crueldad separrrarlos, y que todo el mundo le crriticarrría a ella
+abandonarrlo en la última horrra, nada, nada, nada... Têtu, como un
+arrragonés: se metió las manos en las mangas y dijo que no, que no y
+que no, y lo dejó morrrirr como un perrro. Y eso que iban ya a pedirr la
+bendición a Su Santidad y todo, todo...
+
+--Te advierto esto--prosiguió el tío Frasquito, empinando el
+dedo--porrque si piensas consultarrle alguna... vocación o
+confesarrte...
+
+--¿Confesarme yo?--exclamó muy ofendido Jacobo--. ¿De dónde sacas tú
+eso?
+
+--Como decías que deseabas hablarle...
+
+--¿No es el padre Cifuentes el confesor y el director íntimo de mi
+mujer?...
+
+--Sí, porr cierrto...
+
+--Pues lo que yo quiero exigir de él es que obligue a Elvira a acceder a
+mis pretensiones.
+
+--¿Perrro cuáles son tus pretensiones, Jacobito?--preguntó el tío
+Frasquito muy alarmado.
+
+--Una muy sencilla y muy cristiana... Reunirme con mi mujer y olvidar
+todo lo pasado.
+
+--¡Aaah..., yaaa!--exclamó el tío Frasquito estupefacto y desolado, al
+ver que la Trapa se quedaba sin fundar, y el hospital sin concluir, y el
+novicio sin tomar el hábito.
+
+Y rabiosillo y enfurruñado de que la leyenda de Malek-Adhel tuviera el
+ramplón desenlace de cualquiera comedia moratinesca, dejóse llevar de su
+espíritu de chismografía hermafrodita, diciendo:
+
+--Perrro ¿has meditado bien tus pretensiones?
+
+--_Je parecen acaso imposibles_?...
+
+--Hombrre, imposibles no... ¿Perrro sabes tú la vida que Elvirrra hace?
+
+--Justamente iba a preguntártelo.
+
+El tío Frasquito hizo dos o tres visajes remilgados de ¡reviento si no
+lo digo!, y contestó titubeando:
+
+--Hombrrre, te dirrré... La cosa es pública... perrro yo no sé si
+debo...
+
+--¿Pues no has de deber, tío Frasquito?--exclamó Jacobo violento y
+azorado--. Yo tengo el derecho de preguntar, y tú, si eres mi amigo,
+tienes el deber de responderme.
+
+--¡Ya lo crreo que soy tu amigo, Jacobito! ¿Lo dudas?... Y lo fui de tu
+padrre, y de tu abuelo... Quierrro decirr... a tu abuelo lo conocí
+siendo yo una criaturrra... Perrro hay ciertas cosas...
+
+--¿Pero qué cosas?... ¡Dilas, hombre, dilas!...
+
+--Pues mirrra, Jacobo, la verdad... Tu mujerr ha dado mucho que hablarr
+en todas partes...
+
+--¿De veras?...
+
+--Lo que oyes: siento mucho decírtelo, perrro es muy cierrrto... Está
+_déclassée_, hijo, _déclassée_ por completo. Todo Madrid le ha dado de
+lado, y sólo se trata con mi sobrina Villasis, ¡otra que tal!... Perrro
+siquierrra esta es mujerr de arranque, y gasta y hace ruido...
+
+--¿Pero qué es lo que hace Elvira?...
+
+--¡Horrrorrrres, Jacobito, horrrorrrres!... Empieza porque desde que se
+separrró de ti, no se la ha vuelto a verr en ninguna parrte: ni en un
+teatro, ni en un baile, ni en la Castellana, ni siquierrra un domingo en
+casa de Montijo... Dicen que está fanatizada... Carmen Tagle tuvo una
+doncella que había estado en su casa ¡y contaba unas cosas!... Siempre
+detrás de los criados, porrque hoy errra día de ayuno, y mañana de Misa,
+y al otro día de vigilia... En fin, insufrible; ninguno le paraba... ¡Y
+ella, unas rridiculeces!... Decían que dorrmía sobre una tarrrima, y
+ayunaba a pan y agua, y a ejemplo de no sé qué varrrón piadoso, se
+disciplinaba con un gato[12].
+
+[Nota 12: En la vida de V. P. Eusebio Nieremberg se cuenta, que
+solía disciplinarse con uno de esos instrumentos de garfios de hierro
+llamados _gatos_, y sin duda a este _gato_ y a este varón ilustre, son a
+los que alude el tío Frasquito.]
+
+--¡Qué atrocidad!... ¿Con un gato?... ¡Pero eso es imposible!...
+
+--Pues, hijo, así lo asegurrraban... no te puedes figurrarr lo que nos
+rreímos una noche en casa de Carmen Tagle, discutiendo el asunto...
+Algunos pensaban que el gato estarrría muerrto; lo que es así, también
+yo me disciplinaba... Lo mismo podía hacerrse con un plumerrro...
+
+Jacobo pareció tranquilizarse por completo al oír los _horrrorrrres_ que
+el tío Frasquito le relataba, y cortóle el hilo del discurso, diciendo:
+
+--¡Bah!... Si no es más que eso, de mi cuenta corre desfanatizarla.
+
+El tío Frasquito iba a replicar muy disgustado, pero Jacobo le atajó la
+palabra, preguntándole:
+
+--¿Y cómo vive Elvira?... ¿Gasta mucho?...
+
+--¡Ca!... Si parrrece la viuda de un cesante... Está seca, desgavilada;
+ella, que tenía un cuerpo tan airrroso, tan elegante... En fin, hijo, un
+día la vi en casa de mi sobrina Villasis, y me parrreció hasta sucia...
+Como si parrra serr santa se necesitarrra serr puerrca, cuando el aseo
+es una virrtud que se ejerrcita con agua fresca y un estropajo... De la
+casa no te digo nada, porrque no la he visto: tres veces estuve allí
+porr currriosidad, y no me rrrecibió ninguna. Perrro vive en un
+principal muy modestito, allá, junto a las Carbonerrras...
+
+--Eso no es extraño; la pobre debe andar mal de cuartos.
+
+--¡Ca!, no lo creas... ¿Perrro tú no sabes?... Si está rrica; como que
+ganó el pleito con la Monterrrubio y debe de tenerr de quince a veinte
+mil durrros de rrrenta.
+
+--¡Hombre!... ¡Lo siento!--exclamó Jacobo muy pesaroso.
+
+--¿De verrras?
+
+--Y tan de veras... Porque siendo ella más rica que yo, no faltarán
+malas lenguas que atribuyan al interés mi vuelta a su lado...
+
+--¡Oh, no, no, Jacobito, porr Dios! ¡Porr Dios, Jacobito!... ¡Quien
+piense eso..., no te conoce!
+
+--En fin, ya lo veremos... Lo que importa ahora es que yo me entienda
+con el padre Cifuentes.
+
+--Pues si te parrrece, mañana irrremos.
+
+--Sin falta.
+
+El tío Frasquito, resignado con el giro clásico que tomaba la leyenda,
+convino con Jacobo la hora en que habían de hacer al otro día la
+trascendental visita, porque el arrepentido esposo quería marchar a
+Biarritz cuanto antes.
+
+Despidiéronse al cabo protector y protegido, y aquel, para lanzar al
+público sin pérdida de tiempo la noticia, corrió a ponerse, desde luego,
+de punta en blanco para sus nocturnas correrías, y bajar de seguida a la
+terraza del hotel, donde toda la colonia española esperaba, como
+siempre, la llegada del correo.
+
+Pero ni la incertidumbre de nuevas desdichas en la madre patria, ni los
+mil chismes que por la patria adoptiva corrían, lograron apartar la
+conversación general de la novelesca historia de la cadina, cuya
+apócrifa babucha habían contemplado todos, después de algunas prudentes
+precauciones que, para la mise en scène, juzgo indispensable el tío
+Frasquito. Porque temeroso este de que algún ánimo suspicaz pusiese en
+duda lo auténtico de la presea, apresuróse antes de presentarla a la
+veneración pública a frotar la suela sobre el pavimento, a fin de que
+apareciese usada, y a desvirtuar con ricas esencias aquel importuno
+hedor a zapato nuevo que la noche antes había despertado en sus narices
+dudas tan peligrosas.
+
+La duquesa de Bara no había encontrado todavía ocasión oportuna de
+hacer el análisis crítico de la solemnidad religioso--política a que
+había asistido horas antes, y hasta la señora de López Moreno, reina
+destronada de Matapuerca, habíase olvidado por un momento de la honra
+insigne que al día siguiente la aguardaba. La duquesa le había anunciado
+que su majestad la reina se dignaba recibirla, y a renglón seguido, como
+quien no quiere la cosa, habíale pedido prórroga para el pago de
+aquellos piquillos que hacía varios años le adeudaba.
+
+--¡Pues no faltaba más!... ¡Lo que usted quiera!--había contestado la
+generosa acreedora.
+
+Y a renglón seguido también, y como quien no quiere la cosa, había
+plantado esta estaquita matrimonial, con sonrisa indagatoria:
+
+--Lucy y Gonzalito (primogénito de la duquesa), encantados de verse
+juntos... ¡Qué pareja tan mona hacen!... Hoy se han ido al
+_Skating-Rink_, porque Gonzalo está enseñando a patinar a Lucy...
+
+La duquesa pescó al vuelo la indirecta, y contestó tan sólo con una
+sonrisa que encubría este pensamiento:
+
+--¡Estás fresca!... ¡Cualquier día te cobras, endosándome a la niña por
+nuera!... ¡Una duquesa de Bara, _née_ López Moreno! ¡Dios nos asista!
+
+Currita, por su parte, guardaba aquella tarde un solemne silencio, hijo
+de una rabieta de dos mil demontres que le bailaba por dentro. Jacobo
+había desairado su almuerzo con el frívolo pretexto de que necesitaba
+descansar del viaje, y ella había descargado su ira sobre el indefenso
+Villamelón, que sentado a su espalda, en actitud pensadora, se consolaba
+de los rigores de su esposa pensando en las musarañas y distrayendo su
+imaginación con vivos recuerdos de su visita a los antropófagos.
+
+Leopoldina Pastor alborotada por ciento, proponiéndose referir a Octavio
+Feuillet la historia de la cadina para que escribiese un cuento
+original, y lamentándose de que Jacobo Sabadell no apareciese por
+ninguna parte, aguardándole todos tan impacientes para tributarle el
+justo homenaje de admiración que su novelesca aventura les inspiraba,
+tan distinto del frío recibimiento con que le habían acogido la víspera.
+
+Apareció entonces el tío Frasquito, vestido ya de gran gala, cargado de
+perfumes y de noticias, que, como las burbujas al hervor del agua,
+anunciaba en su rostro una significativa y prolongada sonrisa. La
+inesperada resolución de Jacobo causó en el auditorio sensación
+profunda, y cuando el tío Frasquito anunció que el héroe pensaba marchar
+a Biarritz quizá al día siguiente, dos personas, Diógenes y Currita, no
+pudieron contenerse... Levantóse el primero y fuese derecho al tío
+Frasquito como si quisiera pegarle, y la segunda, sin que denunciase su
+violenta ira más que una extraña vibración en su dulce vocecita, comenzó
+a vomitar injurias y vituperios contra la marquesa de Sabadell, su muy
+amada prima, con gran pasmo de Villamelón, que recordaba todavía el
+sermoncito sobre el amor de la familia que había escuchado aquella
+mañana.
+
+La grey femenil hizo coro a los vituperios de Currita, y todos
+convinieron en que la marquesa de Sabadell era una intriganta, una beata
+hipocritona, una mala esposa que, habiendo campado por su respeto diez
+años entre curas y monaguillos, quería ahora oscurecer al pobre Jacobo
+bajo la tutela del padre Cifuentes, y que era caso de conciencia y
+obligación imprescindible de todo fiel cristiano arrancar a la pícara el
+antifaz y advertir al cándido muchacho el lazo que le tendían.
+
+Diógenes, que, a mitad del camino pareció hacer de repente al tío
+Frasquito gracia de la vida, arremetió briosamente contra la hueste
+femenina, diciendo que era maldición de gitanos: «¡en lengua de hembras
+te veas!»; que quien dijo mujer, dijo demonio, y que de tan mala ralea
+era la casta, que todos, todos los bichos, hasta las chinches,
+¡polaina!, eran mujeres...
+
+Riéronse mucho todas las presentes de la ocurrencia de Diógenes, y este,
+más que por darles placer, por machacarles las liendres, contóles
+entonces que Dios no había formado a nuestra madre Eva de la costilla de
+Adán, sino del rabo de una mona[13]... Porque aunque este fue su primer
+intento, y tenía ya la costilla en la mano para formar de ella a la que
+había de ser causa de tantas desdichas, una mona que le miraba hacer
+atentamente, arrebatóle de repente el hueso y echó a correr para
+esconderlo en su madriguera. Quiso el Señor perseguirla y alcanzóla por
+el rabo; mas tan fuerte tiró la mona, que el rabo se le arrancó,
+quedándosele al Señor en la mano. Encogióse entonces de hombros y dijo:
+
+[Nota 13: Este cuento y el siguiente son antiquísimos cuentos
+populares de Andalucía, recogidos por el autor e inventados por el
+gracejo, profundo a veces, de los campesinos de aquella tierra. La
+sencillez misma de su forma y lo manifiesto de su inocente al par que
+picaresca intención, excluyen de ellos toda otra idea irreverente.]
+
+--Para lo que voy a hacer, lo mismo da...
+
+Y de aquel extraño utensilio formó a la madre del linaje humano.
+
+Alborotáronse las damas con el cuento de Diógenes y Currita, pesarosa de
+haber dejado escapar en la explosión de ira algo que la convenía tener
+muy guardado, apresuróse a seguir la broma, diciendo:
+
+--Pues mira, Diógenes, quizá tenga algo de verdad tu historia, porque a
+mí me contaron con respecto a la formación del hombre otra muy parecida.
+Dicen que Dios había criado ya a todos los animales; pero le faltaba
+todavía crear al hombre; era ya muy tarde y estaba cansado. Entonces,
+por ahorrarse tiempo y trabajo, cogió al primer animalillo que encontró
+a mano y le dijo:
+
+--Mira, habla tú--y quedó formado el hombre.
+
+Y al decir Currita: «Habla tú», dio un golpecito con la punta de su
+abanico en el hombro del marqués de Villamelón, su caro esposo. Este
+interpretó la seña como una muestra de reconciliación, y sonrió
+satisfecho, dulce y placentero, mientras Currita, inclinándose a su
+oído, le dijo muy bajo:
+
+--Mira, Fernandito..., me parece natural que vayas a ver si ha
+descansado Jacobo, y que le convides a comer.. Dile que le espero sin
+falta, porque tengo que hablarle de cosas que le interesan.
+
+Anunciaron en aquel momento la llegada del correo y Diógenes aprovechó
+la confusión natural que esto produjo para acercarse al tío Frasquito y
+cogerle sin miramiento alguno por la abierta solapa de su rico gabán de
+pieles, que dejaba al descubierto una pechera inmaculada, en cuyo centro
+relucía, bajo la corbata blanca, una bellísima turquesa, celeste como el
+cielo.
+
+Azoróse el tío Frasquito al verse solo y sin defensa en las garras de
+Diógenes, y procuró encubrir sus temores, acogiéndole humilde,
+sonriente, cariñoso, llamándole _Perriquito_, y ofreciéndole ricos
+cigarros que él no fumaba nunca, pero llevaba siempre a prevención para
+casos apurados. Mas Diógenes, fijando en él sus ojos abotagados por el
+ron y la ginebra, con el maléfico influjo de la serpiente que magnetiza
+al incauto pajarillo, le preguntó con muy malos modos después de un
+imperioso «¡oye, Frasquita!», si era cierto que andaba en compadrazgo
+con Jacobito.
+
+¡Él, con Jacobito!... ¡Jesús!... Pues si justamente era Jacobo una
+persona que le estaba reventando desde su cuarto y que sin saber por qué
+se le había indigestado... Verdad era que le había pedido una
+recomendación para su sobrino el padre Cifuentes, y él--claro está--,
+por salir del compromiso, le había ofrecido una tarjeta; ¿pero en qué
+cabeza podía caber que fuera él a acompañarle, ni a mezclarse en asuntos
+de familia, ni a meterse en _tripotages_ de mala ley con un loco
+semejante?...
+
+Y mientras esto decía el tío Frasquito, iba poco a poco escurriendo
+escurriendo su solapa de manos de Diógenes, hasta que, libre al fin,
+abrochóse prontamente el gabán hasta la barba, para poner a cubierto su
+nívea pechera de cualquier acometida de Diógenes. Este, dejándole hacer,
+tornó a preguntarle:
+
+--¿Y cuándo se va Jacobo a Biarritz?...
+
+--Mañana por la noche...
+
+Y con ademán misterioso y tono de íntima confianza, añadió:
+
+--Porr supuesto, que Jacobo sólo va allí al olorrcillo de los millones
+de la Monterrrubio, que disfruta hoy Elvirrra... ¿Y qué harrrá ella?...
+Porque no cabe en cabeza humana que una muchacha tan buena, tan santita,
+quierrra hacerr de nuevo ménage con ese Poncio Pilatos...
+
+Diógenes le volvió la espalda sin preguntarle nada más, y el tío
+Frasquito, gozoso de verse libre al solo precio de hacer traición a su
+amigo, corrió a noticiar a Currita que Diógenes tomaba partido por la
+Sabadell, y a lamentarse con la de Bara de que la policía correccional
+no pusiera coto, ni en España, ni en Francia, a los desafueros de aquel
+cínico viejo.
+
+Este había salido de la terraza por el salón de lectura, y entrando en
+un gabinete, cogió pluma y papel, y con letra inverosímil, púsose a
+escribir esta carta:
+
+«Mi querida María...».
+
+Aquí se atascó Diógenes, y rascándose la nariz con el cabo de la pluma,
+quedóse perplejo, hasta que añadió por fin al encabezamiento esta
+reverente coleta:
+
+«...muy respetada: Mañana sale de aquí para esa el perillán de Jacobito
+Sabadell, que lleva las de Caín, pues trata nada menos que de intentar
+una reconciliación con su pobre mujer Elvira. Anda huido de
+Constantinopla, donde ha hecho no sé qué atrocidades, y por lo visto ha
+olido que Elvira tiene dinero y quiere ahorrarle el trabajo de
+guardarlo. Mañana, antes de salir, tendrá una conferencia con el padre
+Cifuentes, que _Francesca di Rimini_ le servirá de tercero...»
+
+Aquí notó Diógenes que la concordancia era vizcaína, y añadió:
+
+«...o de tercera. Te advierto todo esto por si puedes hacer algo por esa
+pobrecita, que será capaz de entregarse atada de pies y manos al bribón
+de su marido, si no hay alguien que la aconseje. Si sirvo yo para algo,
+incluso para romperle un esternón a Jacobito...».
+
+De nuevo se detuvo Diógenes dudoso, por no saber a punto fijo si Jacobo
+podía tener uno o más _esternones_, y dispuesto sin duda a romperle
+cuantos tener pudiera, prosiguió al cabo:
+
+«...avísame y ahí me tienes. Yo sigo tan campante con mis sesenta y dos
+a cuestas, caminito, caminito de esa cama del hospital que tantas veces
+me has pronosticado. ¿Llegará en el sesenta y tres?».
+
+Y dando con esta pregunta por terminada la carta, firmóla como Antonio
+Pérez las suyas a _milady_ Richs:
+
+«Perro desollado de vuestra señoría, _Diógenes._»
+
+«P. D.--Un beso a Monina.»
+
+Y aquí se detuvo otra vez perplejo, meneó lentamente la gran cabezota, y
+su rostro granujiento tomó una expresión indefinible de ternura y de
+tristeza.
+
+Aquella Monina, bellísima criatura de cuatro años, ídolo de su corazón
+por un fenómeno semejante al que hace a los grandes perrazos encariñarse
+con los niños, que le tiraba de las patillas y le hacía andar a cuatro
+pies, guiándole ella por una oreja, había rechazado un día un beso de
+sus aguardentosos labios, diciéndole con infantil repugnancia:
+
+--¡No..., que apesta!...
+
+Y Diógenes, el cínico Diógenes, que se burlaba de la opinión del mundo
+entero y hacía gala de revolcarse en los más inmundos lodazales, sintió,
+ante la repugnancia de aquel ángel, que una gran vergüenza invadía su
+corazón y subía hasta su frente, tiñéndola de carmín, y asomaba a sus
+ojos llenándolos de lágrimas... Por tres días enteros estuvo sin beber
+una copa; al cuarto, rindióle el vicio otra vez; mas jamás volvió a
+besar a la niña.
+
+Y entonces, a tan gran distancia del bello angelito, creyó faltar a su
+propósito escribiendo en aquella postdata la palabra _beso_, y
+borrándola con grandes tachaduras, puso en su lugar: «A Monina, que le
+llevaré un muñeco que dice papá y mamá». Después escribió en el sobre:
+
+Mme. LA MARQUISE DE VILLASIS
+
+_Villa María._
+
+_Biarritz._
+
+
+
+
+--VII--
+
+
+El capricho de una soberana hizo en poco tiempo de un villorio olvidado
+uno de los centros más a la moda entre los semidioses que regulan sus
+costumbres, su lujo, sus necesidades y hasta su conciencia, a veces, por
+las extravagantes leyes de esta tirana caprichosa.
+
+La emperatriz Eugenia levantó en Biarritz la ville Eugénie, y Biarritz
+quedó al nivel de Trouville, Dieppe y Etretat. Los españoles lo invaden
+en verano, los ingleses en invierno y los rusos en otoño, como si por
+turno quisieran disfrutar sus comodidades bastante problemáticas y sus
+encantos harto discutibles.
+
+El lujo se apresuró a levantar allí villas y palacios; la especulación,
+hoteles y casinos; sólo la piedad se quedó con las manos quietas. En
+Biarritz apenas si existe una iglesia.
+
+En la carretera de Bayona hay hacia el lado del mar una villa deliciosa,
+que se asienta en un reducido parque como una paloma en su nido de
+verdura: extiéndese aquel a lo largo del camino, cerrado por una gran
+verja de hierro, en cuya puerta campea en uno y otro lado este letrero:
+Villa María. Da esta entrada a una gran calle, que sombreada por árboles
+magníficos, describe tres caprichosas vueltas, salta un diminuto
+riachuelo y lleva a una plazoleta semicircular, atestada de flores,
+especie de _square_ delicioso, que sirve como de patio de honor a la
+casa.
+
+Tres gradas de mármol blanco dan ingreso al piso bajo, destinado sólo a
+recibimiento y adornado con esa pulcra sencillez que adopta todo lo
+bello y destierra todo lo suntuoso, y constituye el buen gusto y la
+elegancia en el decorado de un palacio de campo. En el fondo del
+vestíbulo abríase la puerta del salón, y llegábase por este a un pequeño
+gabinete, tapizado todo de cretona, con grandes flores cobrizas. Ocupaba
+uno de sus frentes una chimenea de mármol blanco, y formaba el otro una
+gran ventana de cristales, abierta de arriba abajo, que dejaba entrar el
+sol a raudales y permitía ver la verdura del parque en primer término,
+la arena de la playa más lejos y el azul del mar en lontananza.
+
+Las once habían dado ya en el reloj del torreoncito de la villa, y dos
+señoras, sentadas a uno y otro lado de la chimenea, hablaban en el
+gabinete. Una lloraba en silencio; la otra parecía consolarla.
+
+Representaba esta más de cuarenta años, y su falta absoluta de
+pretensiones en nada disimulaba la sorda lima del tiempo. Un sencillo
+peine de concha sujetaba su abundante cabellera, blanca casi por
+completo, y su rica bata de paño labrado, con vueltas de terciopelo,
+lejos de prestar realce alguno a su persona, parecía más bien recibir
+ella misma del talle airoso y noble de la dama la severa elegancia de su
+corte y de sus pliegues.
+
+Su rostro, algo moreno y nada correcto en sus rasgos, tenía, sin
+embargo, esa móvil belleza que da la expresión y viene a ser, con
+respecto a la fisonomía, lo que el colorido con respecto al dibujo:
+belleza más bien moral que física, que se escapa siempre al pincel, y
+constituía el principal encanto de aquella señora, dotada de cierta
+viveza natural que no le quitaba señorío; cierta gracia espontánea y
+cariñosa que, unida a un ligerísimo ceceo, acusaban su procedencia
+andaluza.
+
+Era la otra mucho más joven, parecía abatida y estaba enferma; su rostro
+descolorido formaba un óvalo perfecto, y llamaban en él la atención los
+ojos, por lo dulces; la boca, por lo triste. Aquellos, grandes, azules,
+de mirada vaga, un poco alta, como lo es en medio del dolor la mirada de
+la esperanza; esta, pálida, caída por los extremos, con esa curvatura
+que indica el sufrimiento habitual y es el primer signo que estampa la
+agonía en los enfermos desahuciados y en los condenados a muerte. Traía
+puesto un sombrero oscuro, sin velo, un largo abrigo de piel de nutria,
+y escondía sus enguantadas manos en un manguito de la misma piel.
+
+Era esta señora la marquesa de Sabadell, y la otra, en cuya casa se
+hallaba, era la de Villasis, su amiga íntima.
+
+El correo de aquella mañana había traído a las dos señoras noticias
+importantes: la de Villasis había recibido la carta de Diógenes, y otra
+larga y detallada del padre Cifuentes. La marquesa de Sabadell, por su
+parte, encontróse al volver de misa con una carta, que hizo vibrar en un
+instante cuantas fibras sensibles existían en su corazón: por un
+momento creyó la infeliz mujer que iba a desmayarse.
+
+Diez años se le habían pasado sin ver la letra de Jacobo, y aun antes de
+fijar los ojos en el sobre, ese algo certero y misterioso que en
+circunstancias dadas agita el corazón y fija de repente el pensamiento
+en un punto remoto y olvidado, le avisó de quién era la carta.
+
+Tambaleándose entró en su alcoba, bebió con mano trémula un sorbo de
+agua y dejóse caer sin fuerzas en una butaca, mirando la carta que tenía
+en las manos, sin osar abrirla.
+
+El pasado entero se le vino a la memoria de un golpe, como una de esas
+grandes olas que revientan en la playa, borrando por completo la espuma
+de otras menores. Sus breves días de ventura, cuando enamorada
+perdidamente de su esposo y creyéndose de él correspondida, habíase
+creído en posesión del falso objeto de la vida, que es la dicha, y se
+había olvidado del objeto verdadero, que es Dios, se le pusieron
+delante.
+
+Esta fue su única culpa, culpa de hijos ingratos en que incurre la
+inmensa mayoría del linaje humano, que se olvida de Dios en la felicidad
+y sólo le recuerda en el llanto, porque cuadra más a su condición
+egoísta pedir remedios que agradecer bondades. ¡Harto lo conocía ella
+entonces y harto lo estaba expiando!...
+
+Vinieron luego las pequeñas infidelidades y los pequeños desencantos,
+sufridos sin reproche, perdonados sin restricción, que no lograron
+derribar el ídolo de aquella alma enamorada, manso río sin borrascas,
+arpa eolia en que hasta los mugidos del huracán se transformaban en
+suspiros... Después vinieron las grandes ofensas, y a poco los terribles
+descubrimientos de vicios enormes, que brotaban como setas monstruosas
+bajo el aspecto de seductor de aquel esposo adorado; de inclinaciones
+depravadas, pasiones indómitas, costumbres disolutas e innumerables
+defectos, que nacían y vivían en su alma como en la carne podrida los
+gusanos asquerosos.
+
+El ídolo hízose monstruoso, y la infeliz mujer quiso arrojarlo de su
+corazón indignada, como se arroja lo que ofende, lo que mancha, lo que
+deshonra; mas el alma íbasele detrás, llena de angustias y de vergüenza,
+porque el ídolo seguía en pie, siempre reinando en ella, y no por ser
+monstruoso dejaba de ser ídolo.
+
+Llegó al fin la ruina, y tras la ruina vino luego el abandono, los
+largos días solitarios, esperando en vano una carta mil veces contestada
+antes de ser escrita, aguardando siempre la demanda de un perdón ya de
+antemano concedido, acostándose con la agonía de despertar... de
+despertar al día siguiente para hallarse de nuevo sola, ¡sola!, en la
+arena del combate y del dolor, preguntándose a sí misma como el
+infortunado Delfín de Francia a su madre María Antonieta: ¿Hoy es
+todavía ayer?... ¡Y el ayer era siempre hoy, el ídolo era ídolo
+siempre!...
+
+Y en aquel momento, al revolver aquella carta, después de tantos años,
+aquel turbio oleaje de penas abrumadoras, punzantes desdenes, ofensas
+terribles, negras ingratitudes, lágrimas solitarias y despreciados
+sacrificios, veía la infeliz levantarse en su corazón el amor a su
+marido, vivo siempre, fuerte, avasallador, resistiendo al olvido, al
+desdén, al insulto, al tiempo mismo y a la ausencia misma, viviendo sin
+esperanzas que le mantuvieran y le dieran savia, y por eso, inmortal
+como el alma.
+
+La pobre mujer tuvo miedo de sí misma, y un llanto amarguísimo brotó de
+su corazón a raudales. Acordóse de su hijo, cuyo ángel de la guarda era
+ella, encargada de defender sus intereses y su educación contra su padre
+mismo, y temió que aquel amor apasionado fuera en su corazón el punto
+flaco que la llevara a pactar con el enemigo, la planta viciosa que
+arrebata a cuantas la rodean los jugos de la tierra, apropiándose ella
+sola la savia que vivifica y da frescura y lozanía.
+
+Había en el fondo de la alcoba un tríptico precioso sobre un
+reclinatorio sencillísimo, y en este se arrojó la marquesa, llorando a
+mares, para leer a los pies de la Virgen la carta inesperada.
+
+Jacobo, sin preámbulos de ningún género, anunciaba a su mujer su próxima
+llegada, para tratar con ella de asuntos importantes, cuyo arreglo le
+había _aconsejado_ el padre Cifuentes, excelente persona que había
+conocido en París, _llenando su corazón abatido de esperanza y de
+consuelo_...
+
+La marquesa creyó haber leído mal aquel último párrafo de la breve
+carta, y tornó una y otra vez a leerlo. La hipocresía era el único vicio
+que jamás había observado en Jacobo, y, o aquella carta la rebosaba por
+todas sus letras, o Dios había hecho en él uno de sus prodigios.
+¿Confortado con esperanzas y consuelos del padre Cifuentes, aquel
+corazón cuyo frío egoísmo le mantenía siempre fresco e insensible, como
+un cadáver entre témpanos de nieve?...
+
+Absurdo era esto, pero era posible; era su oración cotidiana hacía doce
+años, su plegaria más ardiente, su súplica más repetida, y ¡Dios era tan
+bueno, tan grande, tan Padre!...
+
+Y aunque algo duro e inflexible se alzaba en el fondo de su corazón,
+gritando que aquello era una farsa, una nueva vileza, la marquesa
+ahogaba esta voz sin darse cuenta de ello, para dejar entrar allí un
+rayo de sol que disipase las tinieblas de su triste abandono, para dejar
+que la esperanza y el deseo levantasen juntos y a su placer un bello
+castillo en el aire.
+
+Sin acordarse de desayunar siquiera, ni detenerse más tiempo que el
+preciso para lavarse en el tocador los ojos llorosos, corrió Elvira a
+casa de la marquesa de Villasis, haciéndose la ilusión de que iba a
+buscar en el claro entendimiento y en el cariño acendrado de su amiga un
+consejo prudente, y yendo en realidad en busca de algo que con la
+autoridad de aquella pudiera robustecer y dar cuerpo a su esperanza...
+
+La Villasis sabía muy bien a qué atenerse, porque el padre Cifuentes le
+daba en su carta cuenta detallada de su entrevista con Jacobo. Habíasele
+presentado este disimulando, bajo su arrogante petulancia, el
+encogimiento y la especie de miedo receloso que suelen infundir los
+jesuitas a las personas mundanas que sólo les conocen por las mil
+patrañas que en pro y en contra de ellos corren contadas o escritas.
+
+Mas al ver delante de sí aquel hombre pequeñito, insignificante en su
+persona hasta la vulgaridad, llano en el decir hasta el desaliño, que
+jamás sacaba las manos de las mangas, como no fuera para tomar rapé en
+su tabaquera de cuerno, y ponía de manifiesto con deplorable frecuencia
+un pañuelo de hierbas insolente de puro feo, a cuadros azules y
+amarillos, con algunos vivitos verdes, trocóse su recelo en desprecio, y
+con la desdeñosa frialdad que guarda el grande orgullo para el pequeño
+que juzga empingorotado sobre una superioridad usurpada, manifestóle su
+_deseo_ de reconciliarse con su mujer, olvidando todo lo pasado, y
+expresóle su _voluntad_ de que fuera él mismo quien aconsejara a la
+esposa abandonada acceder a sus pretensiones.
+
+Y entonces fue cuando Jacobo quedó convencido de que el padre Cifuentes
+era un infeliz, un cuitadito sin pizca alguna de mundo, como el tío
+Frasquito le había dicho antes.
+
+Las manos del jesuita se hundieron más y más en lo profundo de sus
+mangas, y muy alborozado y satisfecho, opinó que nada había más conforme
+a la moral cristiana que la paz de la familia y el perdón de las
+injurias... Pero--y aquí apareció de nuevo la tabaquera de cuerno para
+suministrar a los dedos del padre Cifuentes un polvo digno del gran
+Federico--en cuanto a aconsejar él a la señora marquesa que accediese a
+las pretensiones del señor marqués, había de tener en cuenta el señor
+marques que la señora marquesa nada le había consultado, y que la
+primera condición del consejo prudente es la de ser pedido...
+
+Jacobo abrió la boca para replicar, pero el pañuelo a cuadros azules y
+amarillos, con algunos vivitos verdes, salió a relucir, y el padre
+Cifuentes añadió que creía, tenía entendido, le parecía probable que la
+señora marquesa de Sabadell estaba a punto de salir de Biarritz, y que
+en el caso de no encontrarla, lo más prudente y oportuno para el señor
+marqués sería dirigirse a la señora marquesa de Villasis, persona muy su
+amiga, de grandes luces y mayores virtudes, para la cual se brindaba a
+darle una carta suplicándole que las tomase ella en el asunto.
+
+El tío Frasquito, que con gran falta de delicadeza, hija de su deseo
+vehementísimo de seguir las peripecias del drama, se había constituido
+en testigo de la conferencia, metió entonces su cucharada, asegurando
+que aquello estaba muy bien pensado, que su sobrino el padre Cifuentes
+tenía razón hasta por encima del solideo, y que lo más derecho para su
+sobrino Jacobo era dirigirse desde luego a su sobrina Villasis, porque
+lo que esta no alcanzase de su sobrina Sabadell nadie en el mundo,
+fuera o no sobrino suyo, podría alcanzarlo.
+
+Jacobo meditó un momento el plan que le proponían y pensando escribir,
+desde luego, a su esposa, para detener su marcha con la noticia de su
+ida, aceptó a todo evento la carta para la marquesa de Villasis y
+despidióse del padre Cifuentes, llamándole don Gregorio. En todo el
+transcurso de la plática había evitado con marcada afectación designarle
+con el nombre de _Padre_, llamándole siempre señor Cifuentes.
+
+El señor Cifuentes acompañó hasta la puerta a la aristocrática pareja,
+con sus manos siempre metidas en las mangas, y al verla desaparecer en
+el coche, permitióse murmurar del sobrino de su tío y de su tío mismo,
+diciendo para su sotana:
+
+--¡Exacta alegoría del mundo!... La necedad amparando al vicio.
+
+Y sin perder un momento, púsose a escribir a la marquesa de Villasis,
+dándole un juicio sobre los planes de Jacobo, que coincidía por completo
+con el dado ya por Diógenes, suplicándole que evitase a toda costa que
+Elvira y su marido se viesen, a fin de que este no pudiera engañarla, y
+encargándole también, con grandes instancias, que ahuyentara para
+siempre con algún recurso de su femenil ingenio a aquel desdichado que
+pretendía explotar a su infeliz mujer, con grave riesgo de su inocente
+hijo.
+
+Guardóse muy bien la Villasis de comunicar a Elvira estas noticias, y
+como el experto médico que debilita en varias dosis un brebaje demasiado
+fuerte, trocándolo de veneno en medicina, dispúsose a desengañar a la
+infeliz, poco a poco y por partes. Leyó, pues, atentamente la carta que
+agitaba y temblorosa le presentaba Elvira, y devolviósela sin decir
+palabra. Ella le interrogaba con los tristes ojos preñados de lágrimas;
+la Villasis dijo entonces moviendo lentamente la cabeza:
+
+--Eres turco y no te creo...
+
+Elvira bajó anonadada la suya, porque le pareció que aquellas palabras
+derrumbaban de un golpe el castillo que allá en el fondo de su corazón
+levantaron antes la esperanza y el deseo. Dos grandes lágrimas se
+desprendieron de sus ojos, mientras murmuraba tímidamente:
+
+--¡He rezado tanto!... ¡He llorado tanto!...
+
+--¡Es verdad!... ¡Pero ha mentido tanto!... ¡Ha rodado tanto!...
+
+--Dios puede hacer un milagro...
+
+--Y el hombre puede hacerlo inútil.
+
+--Yo espero que no...
+
+--Yo temo que sí.
+
+--¿Pero a ti quién te lo dice?...
+
+--¿Y a ti quién te lo asegura?
+
+El llanto de Elvira se trocó entonces en sollozos, y como si aquella
+pena fuese nueva para ella, sintió en toda su plenitud la primera
+necesidad de todos los débiles en la desgracia: buscar unos brazos
+amigos en que arrojarse, un pecho leal en que esconder el rostro lleno
+de lágrimas...
+
+La Villasis la recibió en los suyos, estrechándola contra su corazón,
+besándola en la frente, hablándola al oído, con la voz suave y cariñosa
+con que se habla a un niño enfermo o desolado. Ella, sollozando sin
+cesar, repetía:
+
+--¿Y qué hago?... ¿Qué hago?...
+
+--Irte.
+
+--¿Pero adónde?...
+
+--A Lourdes... A esperar junto a la Virgen Santísima que pase la
+tormenta.
+
+--Irá allí a buscarme...
+
+--No irá... Yo me encargo de detenerlo.
+
+--Pero, ¿y si fuera verdad, María?--tornó a decir Elvira, aferrándose a
+su idea--. ¿Y si su arrepentimiento es cierto y se encuentra el pobre
+con que le cierro la puerta?...
+
+--Entonces sabré yo conocerlo y te lo llevaré a Lourdes yo misma...
+Iremos los tres a buscarte: él, yo y tu hijo.
+
+--¡Ay, Alfonsito!... ¡Pobre hijo de mi corazón!... ¿Y qué hago con él?
+¿Me lo llevo?...
+
+--No, déjalo en el colegio.
+
+--¡Oh, no, no, eso no!--exclamó Elvira fuera de sí--. ¿Y si su padre va
+a verlo y se lo lleva y me lo quita?... ¡Hijo de mi alma!... ¡Verme yo
+sin él!... ¡Me muero entonces!... ¡Me muero!
+
+Y ante esta idea que la aterraba, la infeliz mujer, abrumada por el
+dolor y debilidad por la inanición, sufrió un ligero desvanecimiento.
+Hízola la marquesa tomar una taza de caldo y una copa de vino generoso,
+y poco a poco logró al fin tranquilizarla.
+
+Entonces concertaron su plan: Elvira había de partir aquella misma noche
+a Lourdes, acompañada de mademoiselle Carmagnac, señora muy respetable,
+que había sido aya de la única hija de la marquesa de Villasis. Esta
+dictó a Elvira una carta que había de entregar a Jacobo cuando se
+presentara en casa de su esposa; decíale en ella que asuntos muy
+urgentes le impedían esperarle en Biarritz, y que la marquesa de
+Villasis quedaba con amplios poderes para tratar con él toda clase de
+negocios, conformándose Elvira, desde luego, con lo que ambos
+concertaran.
+
+A todo asentía la marquesa de Sabadell con esa especie de inercia moral
+que enerva la voluntad cuando en cualquier negocio de la vida se apaga
+la fe y muere la esperanza. Mas en las naturalezas heroicas crecen las
+fuerzas en la misma proporción que crece el dolor del sacrificio, y sin
+derramar una lágrima ni mostrarse ya acongojada ni afligida, ocupóse tan
+sólo de sus preparativos de marcha.
+
+Las dos señoras almorzaron juntas en casa de la Sabadell, entregó esta a
+su amiga algunos papeles importantes que la Villasis quería tener a
+mano, por si en su conferencia con Jacobo le fueran necesarios, y
+marcharon después ambas a Guichon, pequeña aldehuela situada entre
+Bayona y Biarritz, donde los jesuitas expulsados de España por la
+Revolución habían abierto el colegio en que Alfonsito Téllez se educaba.
+
+Despidióse Elvira de su hijo sin decir cuándo ni adónde iba, y el rector
+del colegio, que conocía a fondo todas las pesadumbres de la dama, quedó
+encargado de no permitir que el niño recibiese otra visita que la de la
+marquesa de Villasis durante la corta ausencia de su madre. Dos horas
+después despedíase aquella de Elvira en la estación de la Negresse, y
+volvía triste y preocupada a la Villa María, dando al punto orden de no
+recibir a nadie.
+
+Encerróse temprano en su gabinete y pasó gran parte de la noche
+repasando y estudiando los papeles de Elvira, y escribiendo una especie
+de documentos en forma de artículos numerados. Levantóse muy de mañana
+al otro día, fuese a la capilla de Santa Eugenia, oyó dos misas y
+comulgó devotamente; la prudencia de la mujer había tirado la noche
+antes sus cálculos, y la fe de la cristiana iba a buscar entonces en el
+Sacramento la gracia divina que necesitaba para vencer en la lucha.
+
+La mañana estaba magnífica y prometía uno de esos espléndidos días de
+invierno en que los miembros se desentumecen, el alma se alegra y el
+barómetro sube, como si quisiera descubrir a lo lejos la llegada de la
+primavera. A las tres de la tarde hallábase abierto de par en par el
+mirador de cristales del gabinete que ya conocemos, y el sol entraba a
+raudales, llenándolo todo de luz, de colores y de reflejos. La marquesa
+amaba el sol y el aire con la pasión con que los aman los pobres, y
+odiaba ese misterioso y coquetuelo _petit jour_ en que se refugian las
+beldades trasnochadas para ocultar los estragos del tiempo. Uníanse en
+el jardín las carcajadas de Monina, que saltaba a la cuerda, con los
+mugidos del mar, que azotaba a la costa, como si en aquella naturaleza
+tan bella, tan en calma, tan espléndida, se armonizara lo inocente con
+lo terrible, el mar y el niño, la extrema debilidad y la extrema
+fiereza.
+
+La Villasis, apoyada en la ventana, seguía con la vista los juegos y
+carreras de aquel bello ángel, que ocupaba y llenaba por completo su
+corazón, con ser este tan grande. Era aquella niña su nieta, hija de su
+única hija, muerta al darla a luz cinco años antes, y huérfana también
+de padre. De repente, la marquesa cerró la ventana y sentóse junto a
+ella, al lado del pequeño _secrétaire_ en que solía despachar su
+correspondencia ordinaria. Había escuchado a lo lejos el ruido de un
+coche que se deslizaba sobre las enarenadas calles del parque, y a poco,
+un criado anunciaba en el gabinete al marqués de Sabadell.
+
+La marquesa se santiguó vivamente no bien desapareció el lacayo, fijó un
+momento sus grandes y vivos ojos negros en un cuadro bellísimo de la
+Virgen que había en el testero, y volvióse hacia la puerta, tan risueña,
+tan señora y tan serena como cuando recibía en Madrid a sus amigos
+íntimos.
+
+
+
+
+--VIII--
+
+
+Para que el lector pueda comprender toda la importancia que tenía para
+Jacobo aquella entrevista, preciso es ponerle en aquellos antecedentes
+que el tiempo y la casualidad han suministrado hasta hoy, haciendo
+alguna luz en las tinieblas que rodean a crímenes todavía impunes y a
+intrigas no del todo desenredadas.
+
+Nadie ignora que la masonería quedó triunfante en España al estallar la
+Revolución de 1868; pareció, sin embargo, con harta razón, a algunos
+caciques de la secta que no estaba aún maduro el pueblo de España para
+plantear la República, y resolvieron entronizar mientras tanto a un
+monarca constitucional que fuera entre sus manos un mero instrumento.
+Fue entonces elegido a este propósito el duque de Aosta, y encargáronse
+de ofrecerle la corona, como delegados de la secta, el general Prim y
+don Manuel Ruiz Zorrilla, nombrado más tarde Gran Oriente honorario del
+Supremo Consejo de España.
+
+Estallaron con estas causas graves disidencias en el seno mismo de las
+logias, que vinieron a dar por resultado el asesinato del general Prim,
+mientras la comisión encargada de ofrecer oficialmente la corona de
+España al duque de Aosta volvía de Florencia.
+
+Formaba parte de aquella comisión cierto personaje, hombre práctico y
+prudente, cuya memoria nos guardaremos bien de deshonrar, suponiéndole,
+sin dato alguno fidedigno que lo pruebe, afiliado a las sectas; es, sin
+embargo, cierto que dicho personaje tomaba caluroso partido por la
+política de una de aquellas fracciones, y llevaba consigo en aquel
+viaje, con designio misterioso, papeles de gran importancia que
+comprometían a muchos de los secuaces de la política contraria.
+
+La muerte sorprendió al personaje en Génova el 11 de diciembre, e
+ignórase al presente por qué mano fueron a parar entonces aquellos
+papeles a cierta logia de Milán, que los remitió más tarde a Víctor
+Manuel como armas preciosas que podían muy bien afianzar en España el
+trono siempre vacilante de su hijo, atando de pies y manos a ciertos
+políticos venales, modelo en todas las épocas de deslealtad y de
+imprudencia.
+
+Acertó entonces a llegar a Milán, fugitivo de Constantinopla, el marqués
+de Sabadell, perdido y arruinado, y presentóse en aquella logia, donde
+años antes le había iniciado Garibaldi. Acogiéronle los venerables como
+a enviado del Gran Arquitecto, y presentáronle al punto a Víctor Manuel
+como el hombre a propósito para llevar a España documentos e
+instrucciones, e imprimir a la política de don Amadeo el rumbo deseado
+en Italia.
+
+El refuerzo llegó, sin embargo, tarde y ya hemos visto cómo la caída del
+duque de Aosta destruyó en París las cuentas galanas que no sin probable
+fundamento tiraba Jacobo. Viose entonces de nuevo solo y arruinado, y la
+necesidad, mala consejera siempre y móvil las más de las veces de
+empresas descabelladas, sugirióle la idea de utilizar en provecho propio
+el precioso depósito, y aquí comenzaron las complicaciones y los
+peligros, los planes trazados y abortados.
+
+Era su idea madre poner sus preciosas armas al servicio de alfonsinos o
+carlistas, según tuvieran estos o aquellos más o menos probabilidades de
+triunfo, y para destruir por de pronto el mal efecto que en los primeros
+había causado su repentina presencia en París, apresuróse a propalar por
+medio del tío Frasquito la novelesca historia de la cadina, que tan
+_gloriosamente_ justificaba su fuga de Constantinopla.
+
+Mas érale preciso al mismo tiempo y antes que nada hacer perder la pista
+a los masones chasqueados, y a este propósito ideó Jacobo reconciliarse
+con su mujer y oscurecerse a su lado por un año, durante el cual viviría
+tranquilamente de las rentas de esta, garantizaría con ellas, en lo
+posible, el pago de sus deudas y tantearía el terreno despacio y sin
+ruido, hasta encontrar el mejor postor a los servicios que pensaba sacar
+a pública subasta.
+
+Su reconciliación con Elvira era, por tanto, la clave del arco que había
+fabricado, y tratábase de colocarla en aquella entrevista. Entró, pues,
+en el gabinete, armado de toda su osadía, sereno, risueño y con aire de
+amigo que prepara a otro con su presencia una sorpresa inesperada y
+agradable. Al verle entrar la marquesa, tendióle la mano con grande
+afecto, diciendo cariñosamente:
+
+--¡Adiós, Jacobo!... ¿Cómo te va?... Pero, ¡Dios mío! ¡Si por ti no pasa
+el tiempo!... Te encuentro lo mismo, lo mismo que cuando nos vimos hace
+cinco años en Bruselas. ¿Te acuerdas?
+
+Jacobo apretó cordialmente entre las suyas la mano que la dama le
+tendía, y le contestó con no menor cariño y agasajo:
+
+--¡Ya lo creo que me acuerdo!... Los encuentros contigo no se olvidan
+fácilmente... Pero tú sí que te has plantado en los veinticinco años:
+siempre tan...
+
+--¡Jacobo, por Dios!... Que abofeteas a la verdad por decir una
+galantería. ¿No me ves la cabeza?... ¡Blanca!
+
+--¡Ca!... Eso es refinamiento de coquetería; que te empolvas el pelo,
+como las marquesas de la corte de Luis XV...
+
+--Ya voy teniendo algún punto de contacto con ellas...--exclamó riendo
+la marquesa--. A lo menos, en lo añejo de la fecha.
+
+Jacobo habíase sentado mientras tanto en una silla, al otro lado del
+pequeño secrétaire, que vino a quedar entre ambos; encontróse algún
+tanto embarazado después de este primer saludo, y esperando que la
+marquesa entrase la primera en el terreno en que uno y otro deseaban
+encontrarse, púsose a hablar de la afluencia de hombres políticos de
+todos colores que llegaban en aquellos días a Biarritz; parecía aquello
+la costa a que la República de España fuese arrojando los restos del
+naufragio de la monarquía saboyana.
+
+La marquesa dio entonces el primer paso, diciendo con intención
+marcadísima:
+
+--Sí... Parece que Biarritz es el teatro escogido para las negociaciones
+diplomáticas.
+
+Hízose Jacobo el sueco y contestó con tono doctoral de hombre político:
+
+--Dudosas se presentan... No creo que cuaje ninguna...
+
+--¿Ninguna?--preguntó riendo la marquesa--. ¿Ni tampoco las mías?
+
+--¡Ah, ya! ¡Eso es otra cosa!--replicó jovialmente Jacobo--. A la
+diplomacia de las faldas no hay quien resista. Recuerdo haberle oído a
+Castelar que el mundo es de las faldas y de las faldas: es decir, de las
+enaguas y de las sotanas.
+
+--Pues téngaselo usted por dicho, señor de Bismarck... Porque supongo
+sabrás que estoy nombrada plenipotenciaria...
+
+--Sí--replicó Jacobo--, ya me han entregado las credenciales.
+
+Y al decir esto, puso sobre la mesita del _secrétaire_ la carta que,
+dictada por la Villasis misma, le había escrito Elvira la víspera.
+Leyóla atentamente la marquesa, como si le fuera desconocida, y
+devolviósela a Jacobo, diciendo:
+
+--Me parece que están en regla... Puede el señor Bismarck, cuando guste,
+exponerme la marcha de su política.
+
+--Yo creo más correcto que el señor..
+
+Jacobo se detuvo sonriendo, como si ignorase el nombre de su antagonista
+diplomático, y la marquesa le apuntó muy formalmente:
+
+--Antonelli... Así no saldremos de faldas.
+
+--...que monseñor Antonelli exponga antes la suya... El mundo ha sido
+siempre el decano del cuerpo diplomático.
+
+--Y por lo mismo debe de hablar el último; con que cayó usted en un
+renuncio, señor de Bismarck... Pero no hay que apurarse por ello, que yo
+expondré la mía con una sinceridad impropia del oficio... Mi política es
+esta: «Padre nuestro que estás en los cielos... Hágase tu voluntad...
+Perdónanos nuestras deudas, _como nosotros perdonamos a nuestros
+deudores_... No nos dejes caer en _la tentación_... Líbranos de
+_mal_...».
+
+La marquesa supo dar tal inflexión a algunas de estas palabras, que su
+política fue perfectamente comprendida por Jacobo. Aquello de que los
+deudores quedaban perdonados sentóle muy bien y le llenó de esperanza.
+
+--¡Política italiana!--dijo moviendo la cabeza--. Es la más hábil.
+
+--Italiana no, romana--replicó vivamente la marquesa--. ¡Es la más
+santa!...
+
+Jacobo creyó llegado el momento de dejar este tono humorístico, tan
+peculiar a los españoles hasta en los más graves asuntos, y se dispuso a
+entrar en materia; colocó los guantes que se había quitado sobre la mesa
+del _secrétaire_, y apoyando en ella ambos codos y dando vueltas al
+magnífico brillante que en uno de sus meñiques tenía, comenzó a decir
+mirando sus reflejos:
+
+--Mira, María... Me alegro de tratar contigo este asunto mejor que con
+Elvira, porque eres una mujer de mundo y sabrás comprender mi situación
+y ponerte en mi caso... Elvira es un ángel... con alas de cisne; tú eres
+también un ángel, pero con alas de águila...
+
+La imagen resultaba bonita, y la marquesa agradeció el cumplido con una
+ligera sonrisa.
+
+--Mi situación actual--prosiguió Jacobo--puede concretarse en esta
+fórmula: «He corrido mucho y me he cansado pronto». Recuerdo haber leído
+en Confucio...
+
+La marquesa no pudo contener la risa al oír el santo Padre que con tan
+pedantesca formalidad alegaba Jacobo, y corrido este algún tanto,
+preguntó contrariado:
+
+--¿Te ríes?...
+
+--No, hombre, no... Me río del autor, no de la cita... Veamos la
+sentencia.
+
+--Y bien profunda que es--replicó Jacobo--: «Subía la montaña de
+Tam-Sam, y el reino de Sú me pareció pequeño; seguí subiendo al monte
+de Tai-Sam, más elevado aún, y el imperio me pareció pequeño». Así me ha
+sucedido a mí: mientras más alto me han elevado los eventos de mi vida,
+más despreciables me han parecido mis triunfos.
+
+--Pues verdaderamente que el señor Confucio no anduvo desacertado en la
+parabolita--dijo la marquesa--. Pero al aplicarte tú el cuento, te las
+calzas al revés, amigo mío... No debes de decir _subí_, sino _bajé_,
+porque esos _triunfos_ de tu vida no te han ensalzado, sino rebajado
+mucho... Por eso debiste decir: «Bajé al charco de Tam-Sam y la idea de
+la virtud la perdí de vista, me hundí en la cisterna de Tai-Sam, mucho
+más profunda, mucho más cenagosa, y las ideas del honor y del deber se
+borraron del todo...»
+
+Esta brusca e inesperada arremetida desconcertó por completo a Jacobo, y
+mordiéndose los labios, dijo amargamente:
+
+--¡Política romana, con todas sus intransigencias!...
+
+--¡Política _bismarckiana_! la tuya, con todas sus criminales, ¡nótalo
+bien!, ¡sus criminales condescendencias!...
+
+Jacobo bajó en silencio la cabeza, pálido de ira, y se puso a estirar
+sus guantes sobre la mesa; comprendió que ese tergiversado criterio
+moral, que disfraza con pomposos nombres ruines defectos y vicios
+enormes, se lo rechazaban allí por falso; que la _política romana_
+llamaba al pan pan y al vino vino, al vicio vicio, a la infamia infamia,
+y a las _pequeñeces_ monstruosidades, y convencióse, por ende, de que
+había errado el camino, tratando de justificar el pasado. Resolvióse,
+pues, a cantar la palinodia por completo, y a echar mano al mismo tiempo
+de lo que juzgaba él su artillería de reserva.
+
+La marquesa, por su parte, habíale acometido tan brusca y cruelmente
+para ensanchar el campo en que quería examinarle, y no descubrir con una
+confianza harto prematura y harto crédula el lazo que tendía ella al
+farsante con su estrategia.
+
+--Tienes razón, María--dijo al cabo gravemente--. Pero no podrás menos
+de concederme que algo indica y algo merece el amor propio que se
+doblega hasta hacer esta confesión, y que no es caritativo ni cristiano
+retirar a quien quiere salir del charco la mano que puede ayudarle... El
+padre Cifuentes--añadió con triste sonrisa--, con ser más _romano_ que
+tú, me ha concedido ambas cosas.
+
+--¿Qué te ha dicho el padre Cifuentes?...
+
+--Me dio para ti esta carta--contestó Jacobo entregándole una.
+
+Leyóla también la marquesa como si le fuera desconocida, y aparentando
+darle un alcance que por ningún concepto tenía, dijo vivamente, con aire
+de satisfacción grandísima:
+
+--Esto es ya otra cosa... El voto del padre Cifuentes es para mí
+decisivo, y me tienes por completo de tu parte. Expónme ahora tus
+deseos, claros y concretos.
+
+«¡Castelar tenía razón!... ¡Indudable era que las sotanas partían con
+las faldas el imperio del mundo!...» Y mientras esto pensaba Jacobo, con
+cierto rabioso despecho, que le hacía aún más antipático al padre
+Cifuentes, púsose a trazar un plan encantador, un verdadero idilio
+aristocrático, mitad campestre, mitad feudal, que fue exponiendo poco a
+poco y por partes.
+
+Él no tenía deseos, ni podía concebir otros que los que Elvira tuviese:
+él era el vencido, el perdonado, y no podía tener otras aspiraciones que
+obedecer en todo y por todo, y resucitar aquel tiempo lejano en que tan
+felices habían sido ambos, amándose tanto, tanto... Y aquí pareció
+Jacobo muy conmovido, y dio muestras de su erudición, trayendo a la
+memoria aquello de Dante:
+
+ Nessun maggior dolore
+ Che ricordarsi del tempo felice
+ Nella miseria.
+
+y parafraseándolo con aquello otro del marqués de Santillana:
+
+ La mayor cuita que aver
+ Puede ningún amador,
+ Es membrarse del placer
+ En el tiempo del dolor.
+
+La marquesa parecía encantada y también conmovida, y le instó a que,
+dejando a un lado honrosas delicadezas, le manifestara el plan de vida
+que sería su gusto entablar, supuesta, _como ya podía suponerse_, su
+reconciliación con Elvira.
+
+Creyóse ya Jacobo con esto dueño del campo, y su vanidad inmensa le hizo
+sentir la satisfacción de haber sabido engañar, antes que el goce de
+haber logrado su objeto. Las mil frases bonitas que había leído y
+conservado en la memoria para matizar con ellas su pintoresca elocuencia
+acudieron en tropel a sus labios saliendo a borbotones. ¿Qué plan de
+vida podía tener él, como no fuera pasar la suya entera adorando a
+Elvira, con una pasión humilde, discreta, satisfecha con arder a lo
+lejos, como en la última grada del altar el cirio de un pobre?...
+
+Allá en tierra de Granada tenía él un castillo antiguo, la torre de
+Téllez-Ponce, con terrenos de labor y montes espesísimos, donde,
+desengañado de la Revolución, había soñado muchas veces combatirla,
+realizando el ideal del grande de España antiguo, apoyado en el arado y
+en la espada, siendo a la vez señor y protector de la comarca, padre de
+sus colonos, y al mismo tiempo su caudillo... ¿Querría Elvira ayudarle
+en aquella obra, encerrándose con él en aquel retiro?
+
+¡Ah, si la Grandeza entera de España, comprendiendo al fin sus intereses
+hiciera lo mismo, y dejando a los ricos improvisados y a los políticos
+de pacotilla, el lujo con sus vicios, el poder con sus truhanerías,
+fuese ella caritativa en los campos, mientras eran ellos usureros en la
+corte, diese ella su mano al pobre campesino, mientras ellos le rechazan
+con altanería, el pueblo, el verdadero pueblo comprendería al fin cuáles
+eran sus amigos sinceros, y el lodo de la política podría fermentar en
+la corte, producir revoluciones, lanzar sobre el país decretos
+inmundos!... Mas toda aquella insolencia expiraría sin fuerzas sobre la
+yerba de los campos, y la ola de cieno no mancharía jamás el dintel de
+sus iglesias y castillos, defendidos por un baluarte de caseríos.
+
+La marquesa miraba y escuchaba a Jacobo con entusiasmo, con
+admiración..., con admiración tan grande y profunda, como que algo
+parecido a aquella hermosa perorata lo había leído ella en Veuillot
+hacía varios años; como que allí mismo, en el _secrétaire_ que tenía
+delante, hallábase guardada entre los papeles de Elvira la escritura de
+venta de la torre de Téllez-Ponce, sacada a pública subasta por los
+acreedores de Jacobo y comprada bajo cuerda por Elvira misma, para
+salvar de los usureros aquel último recuerdo histórico de la familia a
+que pertenecía su hijo.
+
+La bondadosa sonrisa de la marquesa no desapareció, y sin embargo, ante
+farsa tan innoble, y entusiasmada y conmovida, apresuróse a asegurar a
+Jacobo que no podía imaginar un plan más al gusto de Elvira, y que ella
+lo aceptaba desde luego y lo refrendaba en su nombre.
+
+--¿No es verdad que mi idea es profunda?--exclamó Jacobo, cegado por la
+vanidad de orador, que era la más grande y la más mimada de todas sus
+vanidades.
+
+¡Ah, muchas y tristes experiencias le había costado concebirla y
+desarrollarla!... Y lo que en aquel momento le hacía encontrarla más
+oportuna, más cara a su entendimiento y más grata a su razón, era que
+ella misma venía a orillar el único reparo que al intentar su
+reconciliación con Elvira se le había puesto delante: reparo de
+delicadeza, de hombre de pundonor que quiere ponerse a cubierto de las
+hablillas del vulgo.
+
+Habíase enterado en París por el tío Frasquito de que Elvira había
+ganado un pleito de interés, que era a la sazón muy rica, y esto estuvo
+a punto de retraerle, porque el mundo era muy malévolo y mil lenguas
+murmuradoras se apresurarían a decir que no eran el desengaño y el
+arrepentimiento, sino el dinero de su mujer y la ruina propia los que le
+impulsaban a dar aquel paso... Mas retirándose a Téllez-Ponce, podían
+vivir con las rentas de aquella finca suya, de él propia, y conservar el
+caudal de Elvira intacto, para patrimonio de su hijo.
+
+Aquella era la primera vez que en todo el transcurso de la conversación
+nombraba Jacobo al niño, y hacíalo para asegurar una fraudulenta
+impostura. La marquesa sintió que el corazón se le oprimía, oyéndole
+hablar de aquel arrepentimiento en que no entraba la idea de Dios; de
+aquel amor a su mujer en que no entraba la ternura hacia su hijo, y
+dulcificando con un esfuerzo de su poderosa voluntad más y más su
+sonrisa, y dando a su acento más marcado tinte de confianza y de cariño,
+dijo moviendo desdeñosamente la cabeza:
+
+--¡Bah!... No pienses en eso...
+
+--Sí, María, sí; hay que pensar en ello, porque lo que se cuenta de los
+hombres, sea o no cierto, ocupa de ordinario tanto lugar en sus vidas
+como lo que realmente han hecho. ¡Bien lo sé yo por experiencia propia!
+
+--¡Obrar bien, que Dios es Dios!--dijo sentenciosamente la marquesa--.
+¡Ese es mi lema!
+
+--Y el mío también... desde hace algún tiempo. Pero no hay que perder de
+vista que si la virtud depende de nuestras propias acciones, la honra
+depende de la opinión ajena.
+
+--Pues ya tienes en favor tuyo la de las gentes honradas... ¿Qué más
+quieres?...
+
+--Nada, nada más quiero--replicó Jacobo--. Por eso, en cuanto el padre
+Cifuentes me lo aconsejó, cesaron al punto mis dudas.
+
+--Y además de eso--añadió la marquesa con ingenuidad sencillísima--, tu
+pensamiento ha coincidido con el mío... ¡Claro está!, un hombre decente
+no podía pensar otra cosa; y por eso había yo previsto, para acallar tus
+escrúpulos, un remedio facilísimo.
+
+--¿Cuál?--preguntó Jacobo algún tanto suspenso.
+
+La marquesa levantó la tapa del secrétaire, y sacando el documento
+escrito por ella misma la noche antes, púsoselo a Jacobo ante los ojos,
+diciendo con su sonrisa habitual, tan franca y tan simpática:
+
+--Con firmar este papel estamos ya del otro lado.
+
+Jacobo comenzó a leer el documentó con algún sobresalto, y a medida que
+recorría sus renglones, contraíanse sus labios y tornábanse color de
+grana sus orejas. La marquesa fijaba en él una mirada de compasión
+profunda. Él, al terminar su lectura, arrojó el papel sobre la mesa,
+murmurando:
+
+--¡Pero, María!... ¡Imposible!... ¡Imposible!... ¡Yo no firmo eso!...
+
+El documento era una renuncia completa y explícita a toda intervención y
+a todo derecho que pudiera concederle la ley a la administración de los
+bienes de su mujer y al usufructo del caudal de su hijo, tan
+perfectamente detallada, meditada con tal prudencia, que la codicia y la
+rapacidad de Jacobo quedaban atadas de pies y manos con sólo poner allí
+la firma...
+
+Antonelli había vencido a Bismarck; el ángel, con alas de águila, había
+cogido bajo el pie al demonio, con alas de murciélago.
+
+Jacobo, herido en su vanidad, derrotado en sus planes, revolvíase
+furioso al verse cogido en sus propias redes, mientras la marquesa, muy
+sorprendida y admirada, preguntábale sin perder un punto de su aparente
+ingenuidad y su señoril aplomo:
+
+--¿Pero por qué no quieres firmar?... ¿Qué encuentras en ello de malo?
+
+--Porque..., porque..., porque firmar eso, es renunciar a mi dignidad de
+marido.
+
+--¿A tu dignidad de marido?... ¿Pues no decías hace un momento que tan
+sólo el reparo que este papel allana te había hecho vacilar al intentar
+lo que intentas?
+
+--Es que ese papel rebaja mi dignidad...
+
+--Ese papel realza y asegura tu dignidad en la opinión pública...
+
+--Cuando se trata del honor hay que prescindir de la opinión...
+
+--¿Prescindir de la opinión?... ¿Pues no decías ahora mismo que lo que
+se dice de los hombres, sea o no cierto, ocupa de ordinario tanto lugar
+en su vida como lo que realmente han hecho?
+
+--Hay casos en que el testimonio de la propia conciencia es, para el
+hombre de honor, suficiente:
+
+--¡Pero hombre... de honor!... ¡Si me decías hace un momento que, aunque
+la virtud depende de nuestras propias acciones, la honra depende de la
+opinión ajena!...
+
+Jacobo forcejeaba como el lobo cogido en la trampa para buscar una
+salida, y no hallándola, exclamó al fin, rompiendo el freno de las
+formas, último que suele romper el más inepto de los diplomáticos:
+
+--¡Política romana con todas sus hipócritas bajezas y sus intrigas de
+sacristía!...
+
+--¡Cuidado con lo que dices, Jacobo!--exclamó enérgicamente la
+marquesa--. ¡Mira que me autorizas a pensar que tu política
+_bismarckiana_ ocultaba alguna vileza!
+
+--¡La tuya sí que oculta una intriga en que asoma la mano del padre
+Cifuentes!...
+
+--¿La mano del padre Cifuentes?... ¡Pobre padre Cifuentes!... La
+descubrirás tú, sin duda, desde aquella montaña de Tai-Sam a que subiste
+hace poco... Yo, como vivo en terreno llano, no la descubro.
+
+Jacobo, golpeando con ambos guantes la tapa de la mesa, guardaba
+silencio. La marquesa le preguntó al cabo, sin perder su serena calma:
+
+--¿Conque decididamente no firmas?
+
+--No firmo--replicó Jacobo con ira.
+
+--Pues conste que, si la reconciliación no se efectúa, tú tienes la
+culpa; que tu mujer ha cedido cuanto es posible ceder, y tú..., tú
+mismo, por una obcecación bien sospechosa, destruyes todo lo hecho.
+
+--Destruyo lo que tú o ese bendito Cifuentes habéis urdido; pero yo me
+entenderé con Elvira...
+
+--Es que Elvira no vendrá a Biarritz.
+
+--Pues iré yo a buscarla.
+
+--¿A que no vas?
+
+--¡Pero, señor!--exclamó Jacobo exasperado--. ¿Son estas las gentes
+timoratas?... ¿De dónde saca mi mujer esos aires de independencia?...
+Nosotros no estamos separados legalmente y la ley me autoriza para
+reclamar cuando quiera a mi mujer y a mi hijo.
+
+La marquesa se irguió entonces en su butaca, arrogante y amenazadora,
+desplegando por vez primera sus poderosas alas de águila. Con el puño
+cerrado dio un fuerte golpe sobre la mesa, diciendo al mismo tiempo:
+
+--¡Inténtalo!... ¡Atrévete!... ¡Inténtalo, y en el momento en que des el
+primer paso, presenta ella ante esos tribunales una demanda de divorcio
+que te hunde por completo!...
+
+El aspecto, la voz, el enérgico desprecio de aquel reto sobrecogieron a
+Jacobo por un momento; recobrando, sin embargo, bien pronto su audacia,
+replicó lleno de rabia:
+
+--¡Que la presente si quiere!... ¿Dónde tiene las pruebas?...
+
+--En su poder las tiene... Suficientes para alcanzar un divorcio:
+bastantes para hacer poner el capuchón... a cualquiera que lo merezca...
+
+--¡María!
+
+--¡Jacobo!... ¿Te habías pensado tú que por el solo hecho de ser buena
+había de ser tu mujer siempre mártir?... La paciencia tiene un límite
+que marca a veces el decoro, y ¡ay de las zorras el día en que las
+gallinas se cansen de ser gallinas!...
+
+La terrible indicación de la marquesa amedrentó a Jacobo en medio de su
+aturdimiento y de su rabia; y quiso sondear si la existencia de aquellas
+pruebas era una mera amenaza.
+
+--¡No se me asusta a mí con leones de paja!--exclamó irónicamente--. Mi
+conciencia me dice que esas pruebas no existen, y no creo en ellas...
+
+--Pues a ver si tus ojos convencen a tu conciencia--replicó vivamente la
+marquesa.
+
+Y abriendo de un tirón el cajoncillo del secrétaire, mostró a Jacobo,
+desde lejos, un paquete de cuatro o cinco cartas, diciendo:
+
+--A fe que la letra de Rosa Peñarrón y la tuya propia son lo bastante
+claras para que no necesiten en los tribunales de peritos que las
+reconozcan.
+
+La sangre entera de Jacobo refluyó en su rostro, y por uno de esos
+brutales impulsos con que, en el hombre de la naturaleza y no de la
+civilización se manifiesta el instinto, hizo ademán de arrancárselas a
+la dama. Mas esta, veloz como el rayo, abrió de un solo golpe la ventana
+de cristales, y echando fuera el busto entero y la mano en que tenía las
+cartas, gritó con gran fuerza:
+
+--¡Monina!... ¡Que te vas a caer!... No saltes más... Mademoiselle,
+quite usted a la niña la cuerda...
+
+Y volviéndose después a Jacobo, un poco pálida, pero perfectamente
+serena, añadió sin abandonar la ventana:
+
+--¡Creí que se mataba!... ¡Con estos diablos de niños no se gana para
+sustos!
+
+Jacobo habíase quedado aplanado en su asiento, y tartamudeó entonces:
+
+--¿Tienes aquí a Monina?...
+
+--¿Pues no la había de tener?... ¿Quién me separa a mí de mi niña?...
+¿Tú no la conoces?... ¿Quieres verla?...
+
+Y sin esperar respuesta, volvió a gritar desde la ventana:
+
+--¡Mademoiselle!... Traiga usted aquí a la niña...
+
+A poco entraba Monina seguida del aya, y corrió a echarse en el regazo
+de su abuela, mirando a Jacobo con esa media sonrisa de los niños
+mimados, acariciados por todo el mundo, que parece decir al extraño:
+¿Pero no me dice usted que soy muy bonito?...
+
+Jacobo, aturdido por completo, no le decía nada, intentando en vano
+adivinar por dónde habían llegado a manos de Elvira aquellas cartas,
+pruebas irrefragables de uno de los episodios más vergonzosos y
+comprometedores de su vida.
+
+La marquesa abrazaba a su nieta como hubiera abrazado al ángel de su
+guardia, dando gracias a Dios desde lo íntimo de su pecho por haber dado
+a Jacobo el golpe de gracia con una espada de hoja de lata. Porque
+aquellos terribles papeles con que su presencia de espíritu y su
+enérgica audacia habían anonadado al farsante, eran simplemente tres o
+cuatro cartas de sus administradores que en el cajoncito del secrétaire
+estaban guardadas. El hecho vergonzoso era cierto, mas las pruebas no
+existían, y muerta la Peñarrón, único cómplice, dos años antes,
+imposible era que Jacobo descubriese ya el engaño.
+
+El astuto Antonelli había atado para siempre a Bismarck con hilo de
+araña.
+
+Jacobo, sin hacer una sola caricia a la niña, despidióse fríamente, y
+Monina le miró marchar, chupándose, con altivez de dama ofendida, tres
+dedos al mismo tiempo.
+
+Aturdido todavía y lleno de saña, entróse precipitadamente Jacobo en el
+carruaje y dio orden al cochero de volver a Bayona, al Hotel de Saint
+Etienne, donde se había apeado la víspera. Biarritz era demasiado
+pequeño para permanecer oculto y evitar embarazosos encuentros con los
+emigrados alfonsinos y carlistas que, desde mucho tiempo antes, poblaban
+todos los contornos, y los hombres políticos y medrosos de todo jaez con
+que la caída de don Amadeo y la proclamación de la República engrosaban
+en aquellos mismos días el número de españoles dispersos.
+
+El desengaño había sido cruel, y tornábase de nuevo angustiosa la
+situación de Jacobo al ver hundirse todas sus ilusiones, dejando tan
+sólo en su ánimo zozobras y rencores terribles que encendían en su
+corazón, contra la marquesa de Villasis y el padre Cifuentes, la rabia
+implacable que siente el perverso contra todo aquel en quien se ve
+forzado a reconocer el derecho de despreciarle.
+
+De las heridas que el derrotado plenipotenciario de Constantinopla
+llevaba en el alma, ninguna escocía tanto a su vanidad, ninguna
+irritaba tanto su soberbia como el que fueran sus vencedores una beata y
+un fraile.
+
+En el paroxismo de su furor imaginábase estrangular algún día a la
+taimada Villasis con el pañuelo a cuadros azules y amarillos del
+hipócrita Cifuentes.
+
+Fin del libro segundo
+
+
+
+
+Libro III
+
+
+
+
+--I--
+
+
+Memorable fue aquella noche... Pedro López aseguró al día siguiente,
+bajo su firma, en las columnas de _La Flor de Lis_, que el espíritu de
+Meyerbeer había abandonado la mansión de las armonías para inspirar en
+el Real el estreno de _Dinorah_. Algo impalpable y armónico que se
+reflejaba en las voces de los cantantes y en los ecos de la orquesta lo
+había visto él, Pedro López, descender del carro de Febo, que decora el
+techo, y dinfundirse por la atmósfera embriagadora de la espléndida
+sala...
+
+También Villamelón había visto algo; sentado de espaldas al escenario,
+en el fondo del palco, apoyada la pensadora cabeza en el débil
+tabiquillo y fijos los ojos en el techo, recibía de lleno el formidable
+soplo de aquel feísimo Eolo que, por detrás del carro de Febo, parece
+lanzar pulmonías y catarros sobre las calvas, vistas en proyección, de
+los melómanos faltos de pelo.
+
+Currita, sentada en primer término, frente a Leopoldina Pastor,
+hallábase arrobada por aquel sublime terceto de la compañía, final del
+primer acto, cuando retumba el trueno a lo lejos entre los sordos
+bramidos de los contrabajos y el suave murmullo de los violines, dulce,
+delicado, bellísimo, que parece revelar el hálito tibio de la tormenta
+que se acerca, el tenue susurrar de las hojas de los árboles que sacuden
+ya las primeras ráfagas, el vago perfume de la tierra que anuncia la
+cercana lluvia.
+
+_Che oscuro è il cieli_!...
+
+Y Currita, tan conmovida como Dinorah misma, que intenta en vano detener
+a Bellak, la blanca cabra querida, miraba de reojo al palco del
+Veloz-Club, donde charlando y riendo entre sí, asomaban Gorito Sardona,
+Paco Vélez, Diógenes, Angelito Castropardo, y por detrás de todos,
+descollando entre ellos por su gallarda apostura y su aire altanero,
+Jacobo Sabadell, flechando los gemelos con descaradísima insistencia a
+otro palco que Currita no podía ver porque estaba colocado justamente
+encima del suyo.
+
+--¡Delicioso!--decía Currita más y más conmovida, porque la cabra se
+escapaba en aquel momento. Dinorah corría en su busca, Höel arrastraba a
+Corentino medio loco de terror y la orquesta se apagaba lentamente,
+pianissimo, en un suave murmurio que dejaba sobresalir lejos, cada vez
+más lejos, hasta convertirse en un eco apagado, misterioso, mágico, las
+vibrantes notas de la campanilla de plata de Bellak, la cabra
+blanca[14].
+
+[Nota 14: El análisis técnico de esta ópera está tomado de un
+artículo crítico del señor Peña y Goñi.]
+
+El telón cayó entonces, y el público permaneció un segundo mudo,
+atónito, escuchando aún en aquel silencio que hubiera permitido oír la
+caída de una hoja, embargado por esa especie de pavor suavísimo que
+infunde en el alma el sentimiento de lo sublime. Una tempestad de bravos
+y de aplausos estalló al fin en el teatro, y Villamelón salió entonces
+de su arrobamiento, exclamando con aire de reconcentración profunda:
+
+--¡Lo dije!... El _vol-au-vent_ de codornices se me indigesta siempre...
+
+Currita, prescindiendo también de su emoción artística, inclinóse
+vivamente al oído de Leopoldina, para preguntarle rabiosa y preocupada:
+
+--Pero, mujer... ¿A quién mirará tanto Jacobo en ese palco de arriba?...
+
+Leopoldina volvió lentamente la cabeza, con ese arte inimitable que
+tienen las mujeres para ver sin mirar, y echó una rápida mirada al palco
+del Veloz.
+
+La _garçonniere_ andaba revuelta, y Jacobo, de pie en el palco, flechaba
+los gemelos con distinguidísima insolencia en la dirección marcada por
+Currita, sin hacer caso de las chistosas observaciones que, a juzgar por
+sus risas, parecían hacerle los compañeros. Diógenes, mirando también
+hacia el mismo sitio, cogió a Jacobo por un brazo y echó al mismo
+tiempo, con la mano izquierda, una gran bendición en el aire. Riéronse
+los del palco estrepitosamente, y Leopoldina dijo muy seria:
+
+--¡Anda!... Ya los casó Diógenes...
+
+Currita, muy alterada, volvió a preguntar:
+
+--Pero ¿quién puede estar ahí?...
+
+Leopoldina, furiosa dilettante, que recorría siempre de gorra todos los
+palcos del Real, tenía al dedillo los abonos de cada turno y los
+abonados a cada localidad. Calculó un momento la dirección en que los
+del Veloz miraban, y dijo al cabo:
+
+--No sé quién puede ser...; ese palco no está abonado.
+
+Fernandito, con las manos en los bolsillos del pantalón, daba pataditas
+en el suelo, diciendo tímidamente:
+
+--Estoy fastidiado... ¿Sabes, Curra?...
+
+Curra nada sabía, ni parecía tampoco querer averiguarlo, y aconsejaba
+mientras tanto a Leopoldina que fuera en aquel entreacto a visitar a
+Carmen Tagle en su platea, desde donde podían perfectamente descubrirse
+las incógnitas o incógnita del palco de arriba. Hízole a Leopoldina
+poquísima gracia la propuesta, pero érale imposible rehusar aquel
+pequeño servicio a la amiga generosa, en cuyo palco, coche y mesa, tenía
+un lugar siempre dispuesto; porque era Leopoldina de esas personas de
+clase inferior, entrometidas y gorronas, que sufren toda especie de
+molestias y desaires a trueque de aparecer a los ojos del vulgo,
+codeándose en todas partes con las primeras figuras de la moda y de la
+Grandeza. La faja de su hermano y la Capitanía general de Madrid, que
+desempeñó este algún tiempo, habíanle abierto las puertas del _beau
+monde_, y allí se había encastillado ella y tomado carta de naturaleza.
+
+Villamelón, dando sus pataditas, repetía por centésima vez muy
+angustiado:
+
+--¿Sabes, Curra?... Malo estoy.
+
+--Fernandito, ¡por Dios!... No me lo digas...
+
+--Indigestión... El _vol-au-vent_ de codornices. Lo tengo dicho: siempre
+se me indigesta. ¿Me entiendes?...
+
+--¡Vaya por Dios, vida mía!... Mira, pasea un poquito y eso te vendrá
+bien... Acompaña a Leopoldina y vuélvete pronto...
+
+Y cada vez más impaciente, advirtió a esta por lo bajo:
+
+--Que no se huela Carmen a lo que vas... Mira que las pesca al vuelo.
+
+Villamelón, haciendo figuras, se atrevió a decir:
+
+--Quizá en casa...
+
+--¿En casa?... Jesús, hijito mío, y ¿qué te vas a hacer allí solo?... ¿Y
+si te da algo?... No, por Dios; ve con Leopoldina y vuélvete despacito.
+
+El duque de Bringas entró en el palco, y a poco llegó el tío Frasquito
+acompañando a su sobrina Valdivieso, que rebosaba, como siempre,
+entusiasmo y necedad, chismes y enredos.
+
+La Ortolani era un portento. ¡Qué _berceuse_ aquella: _Si carina,
+carprettina_!... El tío Frasquito no estaba conforme: gustábale más la
+romanza _L'incantator della montagna_, y estábala ensayando en la
+flauta, sin cuidarse para nada del percance del rey Midas, que desde
+mucho tiempo antes le tenía pronosticado Diógenes. El duque de Bringas
+estaba muy enfadado porque no le llenaba la partitura; aquello no era
+sino una ópera cómica francesa, convertida en ópera italiana; en cuanto
+a la Ortolani, ¡pchs!... no vocalizaba mal, pero ¡estaba tan flaca!...
+
+--¡Como si tuviera que cantar con los mofletes!--exclamó María
+Valdivieso con muy buen sentido.
+
+Y variando de conversación púsose a contar a Currita una historia muy
+chistosa de la duquesa de Bara, que se hallaba un poco más abajo, en el
+palco de los consortes López Moreno, restaurados ya en su trono de
+Matapuerca. Lucy se casaba al fin con Gonzalito, conformándose la
+duquesa a tragarla por nuera. Paco Vélez se lo había dicho.
+
+--¡Ya me lo figuraba yo!--exclamó Currita con maligna complacencia--. Si
+quien habla mal de la pera, la bendice y se la lleva.
+
+--¡Exacto! Lo mismo dijo Paco Vélez... Ahí los tienes a los dos tan
+amartelados en el palco, publicando las amonestaciones... ¡Dice Paco
+Vélez que ha habido unas historias!... López Moreno sitió a Beatriz por
+hambre, y entre el embargo y la boda no hubo más remedio que capitular.
+Beatriz entrega el ducado, el otro perdona la deuda, y pata... Pero lo
+más chistoso es que Lucy dota a Gonzalito en cuatro millones...
+
+--¡Qué delicia!... De modo que, en caso de viudez, Gonzalo quedará
+siempre _prince douairier_, es decir, _douairier_ de Matapuerca.
+
+El duque y el tío Frasquito creyeron morirse de risa al oír la agudeza
+de Currita, y la de Valdivieso añadió entre carcajadas:
+
+--¡Exacto! ¡Qué frase tan feliz!... Se la contaré a Paco Vélez... ¡_Le
+prince douairier_ de Matapuerca!... Es menester que le dejemos el
+nombre; justamente andan muy afanados ahora buscando el árbol
+genealógico de Lucy...
+
+--Pues mira, mujer, yo se lo daré hecho... En la primera rama que pongan
+al Mal Ladrón, y en la última a López Moreno ahorcado...
+
+--¡Pero, Curra, mujer, estás de vena esta noche!--exclamó muerta de risa
+la Valdivieso--. Cuánto daría Beatriz porque el árbol de Lucy rematase
+de ese modo... Dice Paco que López Moreno está riquísimo...
+
+Aquí se detuvo como espantada un momento, y mirando atentamente hacia la
+sala, añadió con su intemperancia ordinaria:
+
+--Pero, mujer, ¿no has visto eso?... ¿No ves allí a Jacobo con la
+Mazacán?... ¡Pero qué escándalo!... ¿Cómo permites tú eso?...
+
+¡Vaya si lo había visto Currita!... Como que el berrenchín que tenía por
+dentro era la nerviosa musa que inspiraba aquella noche sus aceradas
+agudezas, y desde que terminó el acto no había perdido de vista un
+momento a Jacobo, viéndole comenzar su _toumée_ por los palcos de las
+damas, que le recibían todas en palmas, mimándole y agasajándole con sus
+más encantadoras sonrisas y sus más dulces palabras. Isabel Mazacán,
+sobre todo, parecía querer comérselo, y por dos o tres veces, mientras
+le tuvo en el palco lanzó al de Currita una mirada que parecía decirle:
+¡Rabia de firme!... Él acogía todos aquellos homenajes con la exquisita
+naturalidad, el desembarazo distinguidísimo del elegante de raza que se
+reconoce de moda, del _leader_ del día cuyos saludos se mendigan, sus
+frases se repiten, sus trajes se copian, sus toses y estornudos se
+numeran y comentan.
+
+Jamás había otorgado Madrid un perdón tan generoso y tan amplio como el
+que concedió al antiguo revolucionario al saber su novelesca aventura
+de Constantinopla y al verle entrar de nuevo en el redil aristocrático,
+a la sombra de Butrón y la Albornoz, arrepentido, pero con la cabeza
+alta; no implorando protección, sino ofreciéndola a todo el mundo.
+
+Allá en los profundos rincones de los _boudoirs_ y en los secretos
+conciliábulos políticos murmurábanse cosas extrañas. Decíase en estos
+que Jacobo había prestado un gran servicio al partido restaurador,
+echando a pique con ciertos misteriosos papelitos a tres personajes
+intrigantes y tramposos que, ávidos siempre de poder y dinero, habían
+querido en Biarritz, después de la caída de Amadeo, injerirse
+traidoramente en la restauración del trono, que ellos mismos habían
+contribuido a hundir cinco años antes. Fuera o no esto cierto, éralo,
+sin embargo, que el respetable Butrón había aparecido de repente,
+cubriendo a Jacobo con el manto protector de su confianza; que Currita
+habíale proporcionado la desinteresada amistad de su caro esposo
+Fernandito, y que así, en aquellos ocultos rincones de los _boudoirs_
+como en las amplias aceras de las plazas públicas, designábanse a los
+tres personajes con los nombres de _el joven Telémaco, el prudente
+Mentor y la invulnerable Calipso_, murmurándose al mismo tiempo que
+Jacobo estaba arruinado, que el partido restaurador garantía su porvenir
+asegurándole una cartera en pago de sus servicios, y Currita atendía a
+su presente con una esplendidez que amenazaba dar al traste con la hasta
+entonces bien cimentada fortuna de la opulenta casa de Villamelón.
+
+--Y es natural--había dicho una noche la duquesa de Bara--. Curra está
+ya muy _fanée_, y Jacobo no es ningún Juanito Velarde que se mantenga
+con un destinillo de veinte mil reales.
+
+Mientras tanto, Leopoldina Pastor entraba en la platea de Carmen Tagle,
+y besándola en ambas mejillas, decíale al oído:
+
+--Vengo huida...
+
+--¡Mujer!... ¿Quién te persigue?
+
+--Curra... Esa Curra... que es atroz, hija, atroz... ¡No vuelvo a
+presentarme en público con ella!... No me gustan evidencias; no quiero
+escándalos... Por eso dije: aunque sólo sea este entreacto, me la quito
+de encima y me voy con Carmen...
+
+--Gracias por la elección, querida...
+
+--Pues nada... Empeñada en saber quién estaba en el palco de arriba... Y
+todo porque _el otro_ no hacía más que mirar para allá _poniendo varas_.
+
+Al decir esto, Leopoldina cogió a Carmen Tagle sus gemelos de nácar y
+púsose a mirar hacia el palco que tanto inquietaba a Currita. Había en
+él dos señoras: una, joven, sentada en primera fila, y otra, de edad ya
+madura, casi oculta en el fondo... Parecía la primera una verdadera
+niña, delicada, fantástica, una de esas espirituales gatitas rubias que
+se crían a orillas del Sena y suelen tener, en efecto, todas las
+solapadas mañas de la raza felina. Sentada de espaldas al escenario,
+parecía no haber roto un plato en todos los días de su vida, y paseaba
+la vista por la espléndida sala, sin fijarla en ninguna parte, con esa
+indiferencia con que se mira una multitud del todo desconocida: más bien
+que para ver, parecía estar allí para ser vista, y la exagerada
+elegancia, algún tanto extravagante, de su traje de terciopelo negro con
+camelias rojas indicaba claramente el plan preconcebido de atraer todas
+las miradas. Su compañera, que podía muy bien ser su madre, era una
+mujer muy flaca, de aspecto distinguido, con el pelo gris peinado a la
+inglesa, un traje de terciopelo negro cerrado hasta arriba y un vistoso
+aderezo de brillantes falsos. Ambas parecían extranjeras, y en toda la
+noche no habían cruzado entre sí una sola palabra.
+
+Examinólas Leopoldina detenidamente, y dijo al cabo, meneando la cabeza:
+
+--Negro y encarnado... ¡Malo!... Los colores del diablo... ¿Y quiénes
+son esas individuas?...
+
+Carmen Tagle se echó a reír encogiéndose de hombros, y Leopoldina volvió
+a mirarlas, diciendo por debajo de los gemelos:
+
+--Pues te digo que con el terciopelo que gastó la madre en cubrirse
+hasta las orejas podía haber subido un poquito el escote de la hija...
+¡Vaya con la indecente!... Y la chica es monísima... ¿Cómo se llama?...
+
+--Si nadie la conoce... El martes se presentó en ese mismo palco vestida
+de blanco con camelias rosa... Ayer estaba en la Castellana en un milord
+muy bonito, con camelias blancas en el sombrero y en el pecho... Hoy,
+terciopelo negro con camelias rojas...
+
+--Pues ya tenemos nombre que darle--exclamó Leopoldina riendo--: _La
+dama de las camelias_.
+
+Y sobre estos varios motivos improvisaron las dos amigas una alegre
+fantasía, hasta que Leopoldina volvió al palco de la Albornoz momentos
+antes de comenzar el acto segundo. Currita la esperaba impaciente, y la
+falaz exploradora apresuróse a decirle, con cierto maligno gustito, que
+la incógnita en cuestión era una muchacha monísima, de todo el mundo
+desconocida, a quien acababan de bautizar ellas, por tenerlo muy bien
+merecido, con el significativo nombre de _La dama de las camelias_.
+
+--Por supuesto, que no se enteraría Carmen de que yo te enviaba--dijo
+Currita muy pensativa; y Leopoldina, con el hociquito fruncido y los
+ojitos entornados, como quien se ofende de la pregunta, contestó:
+
+--¡Mujer!... ¿En qué cabeza cabe?... ¿Acaso soy yo boba?...
+
+Comenzó el acto: Villamelón seguía indigestado; Currita, emberrenchinada
+y con el rabillo del ojo alerta; Leopoldina, que era, en efecto,
+aficionada e inteligente, sin perder una nota, y el tío Frasquito, que
+allí se había quedado, muy satisfecho por hallarse al lado de
+Leopoldina, una de las sobrinas espurias a que más predilección
+mostraba, por su _allure_ varonil y decidida y sus excéntricas
+genialidades.
+
+En el palco del Veloz habían quedado solos Diógenes y Jacobo;
+despatarrado aquel frente al público, como si quisiera indicarle que
+todo él junto no se le importaba un comino; mirando este sin cesar, como
+un cadete, al palco de la dama de las camelias. En la escena, Dinorah,
+la pobre loca, cantaba la bellísima aria que la inspira su propia sombra
+proyectada en el suelo por la blanca luz de la luna, una de las más
+felices inspiraciones de Meyerbeer, que interpretaba admirablemente la
+entonces célebre Ortolani.
+
+Cambió la escena de pronto, y la cascada, el precipicio y el torrente
+arrancaron un murmullo de admiración a los espectadores, que pocas veces
+habían contemplado en aquel género una obra de arte tan acabada y tan
+bella. Höel quiere obligar al gaitero Corentino a buscar el tesoro en el
+fondo del precipicio; de nuevo el cielo se encapota, y entonces aparece
+otra vez el terrible Meyerbeer, el genio de los _Hugonotes y Roberto el
+diablo_, que sabe describir con las ocho notas del pentagrama toda la
+rabia de los elementos y todos los furores del corazón.
+
+De improviso, rompe la orquesta bruscamente la cadencia, rugen los
+contrabajos estrepitosamente, las flautas dejan oír agudos silbidos, el
+metal, desencajado, truena con espantosa violencia, los timbales
+redoblan convulsamente. Ya no parece aquello una tempestad, ni un
+huracán, sino un cataclismo que amenaza desquiciar la tierra, y en aquel
+momento, el supremo de la ópera, apareció por entre las cortinas de
+terciopelo carmesí que cerraba el fondo del palco de Currita una cabeza
+peluda y cetrina, que el tío Frasquito tomó por la del terrible
+Adamastor, genio de las tempestades, y Fernandito por el bilioso
+espectro de la indigestión, que evocaban ante él sus jugos gástricos
+alterados.
+
+Era Butrón, el respetable Butrón, que entraba de puntillas, con el dedo
+sobre los labios, haciendo gestos de que nadie se molestara, y yendo a
+sentarse en la silla que, no obstante su susto y su entripado, se
+apresuró a cederle Villamelón, al lado de Currita.
+
+La tempestad seguía rugiendo: Höel y Corentino gemían aterrados, y
+Dinorah, la pobre loca, desencajada, con el cabello flotante y el rostro
+iluminado por la luz de los relámpagos, desafiaba la furia de los
+elementos, dominando con su voz pura y vibrante los roncos estampidos
+del trueno y los estridentes alaridos del viento, que encubrieron
+también estas breves palabras deslizadas por Butrón al oído de Currita:
+
+--Llegó la hora... ¡Concha está con nosotros!...
+
+Escapósele a aquella una leve exclamación de sorpresa, que el tío
+Frasquito pescó al vuelo; mas un azulado relámpago iluminó en aquel
+momento la escena; un inmenso diseño cromático, nacido en las alturas
+de la orquesta y resuelto en las profundidades de los bajos en un rumor
+apagado y fatídico, anunció la caída del rayo, y entre truenos y
+relámpagos y sublimes convulsiones de los instrumentos de cuerda,
+escapósele lo que Butrón añadía, pudiendo percibir tan sólo estas
+palabras dichas por el diplomático con grande insistencia:
+
+--Mañana, a las cuatro, en casa... ¡Por Dios!, que no faltes, ni dejes
+de avisar a Jacobo...
+
+La curiosidad hizo al tío Frasquito perder la cabeza, y por querer
+fiscalizarlo todo a un tiempo, ni vio a Bellak, la cabra blanca, cruzar
+como una flecha el rústico puentecillo, ni a Dinorah caer en el fondo
+del barranco, ni a Höel precipitarse desesperado en su auxilio, ni a
+Currita que ceñuda y apretando con inexplicable rabia las varillas del
+abanico, decía a Butrón muy por lo bajo:
+
+--¿A Jacobo?... ¿Acaso le veré yo esta noche?... Ya ha correteado todos
+los palcos y todavía no me ha dirigido un saludo.
+
+--¡Ah, ingrato!--susurró Butrón--Corro a traértelo.
+
+Y de nuevo se fue como había venido, de puntillas, sonriendo a todos,
+haciendo muchos ademanes para que nadie se incomodara, y dejando al tío
+Frasquito estupefacto... ¡Oh!, pues lo que es a él no se la pegaban...
+¿Currita a las cuatro en casa de Butrón y avisando antes a Jacobo?...
+Algo gordo sucedía cuando el prudente Mentor, el joven Telémaco y la
+invulnerable Calipso se avistaban en secreto, con la extraña
+circunstancia de acudir la dama a casa del caballero, y no los
+caballeros al palacio de la dama, como parecían dictar las más
+elementales leyes de la galantería.
+
+--¡Cosa más singularr!...
+
+Y mirando a Jacobo a lo lejos, aumentóse su curiosidad al ver que
+aparecía Butrón por detrás de la cortina del palco del Veloz, hacíale
+una seña y llevábaselo consigo, siguiéndoles a los dos, sin que ninguno
+le llamase, el cínico Diógenes... Al terminar el acto, Butrón,
+triunfante y satisfecho, entraba otra vez con Jacobo en el palco de
+Currita, y empujándole hacia la dama con aire de papá bonachón que
+satisface un capricho de la niña, cogió con una de las suyas las dos
+manos que ella y él se estrechaban al saludarse, murmurando, con
+sentenciosa indulgencia, aquellas palabras de Shakespeare:
+
+--_Old, old history_!...
+
+Hecho esto, el espejo de caballeros, según Pedro López, el integérrimo
+diplomático, el sesudo político, el anciano venerable y fervoroso que
+tenía ya un pie en el sepulcro, miró al reloj, enarcó las cejas y
+despidióse apresuradamente. Eran ya las once, y estaba citado a las once
+y cuarto con el cardenal arzobispo de Toledo: tratábase de un atentado
+de la canalla gubernamental republicana contra la Iglesia y deseaba él
+representar en aquel conflicto el papel de Constantino.
+
+Ensanchósele el corazón al tío Frasquito, creyendo llegada la hora de
+averiguar algo, y aguzó las orejas y aprestó la lengua para sondear con
+habilidad a Jacobo y a Currita. Mas, de repente, una mano aleve cogió el
+mediato lazo de su corbata blanca, y dándole una rápida vuelta, vino a
+ponérselo sobre la nuca. Volvióse indignado y sorprendido, y vio
+inclinada sobre la suya la gran cabezota de Diógenes, que, sonriendo y
+babeando, le decía amorosamente:
+
+--¡Francesca mía!... ¡Si soy yo, Paolo!...
+
+Verde de ira y amarillo de miedo púsose Francesca, cual si viese asomar
+por detrás de Paolo la sombra siniestra de Gianciotto, y gruñó entre
+dientes:
+
+--¡Qué cosas tienes!... De verras que erres pesado...
+
+Y despidiéndose atropelladamente por temor de alguna más grave demasía,
+fuese a componer la corbata en el espejo del antepalco, dejando vacío su
+asiento, que era lo que buscaba Diógenes. Ocupólo este entonces con la
+mayor frescura y dando una gran palmada en el muslo a Villamelón, díjole
+tal atrocidad, relativa a su entripado, que Jacobo y Leopoldina se
+miraron espontáneamente, como quien dice: «¡Animal!». Currita, muy
+enfadada, dijo:--¡Jesús, hombre, qué cosas tienes!... ¡Eres shoking,
+shoking, de veras!--Y Fernandito, con resignada sonrisa, contestó:
+
+--El _vol-au-vent_ de codornices... Siempre se me indigesta. ¿Sabes?
+
+--¡Pues ya lo creo que lo sé, polaina!... Por eso tomo yo siempre
+_vol-au-vent_ de sopa de ajo--replicó Diógenes.
+
+Y cediendo a su instinto natural de desvergonzada capigorronería,
+añadió:
+
+--Oye... ¿Y quién me lleva a mí luego en su coche, tú o Jacobo?
+
+--Lo que es yo no te llevo--replicó vivamente este--. Me voy ahora
+mismo.
+
+--Ni yo tampoco--añadió al punto Currita--Fernandito no se siente bien,
+y no hemos de andar por ahí dando vueltas.
+
+--Pero, mujer, si te coge al paso... Me dejas en la calle de Alcalá, en
+la chocolatería de doña Mariquita... Por nada del mundo pierdo yo mi
+gran jícara con su par de _mojicones_...
+
+--Son sabrosos--opinó Villamelón.
+
+--¡Qué delicia!--dijo Currita--. Si te los dieran todas las noches en
+los dientes no tendrías la lengua tan larga.
+
+--¡Polaina!... Si te los dieran a ti donde yo me sé, no darías motivos
+para que te alcanzasen las lenguas.
+
+Currita se mordió los labios comprendiendo que era imposible la lucha
+con aquel cafre, que parecía complacerse en poner de relieve, con sus
+crudezas, las vergonzosas condescendencias del mundo, y Jacobo se
+despidió afectuosamente al comenzar el acto con un ambiguo _hasta
+luego_, que dejó a Currita muy complacida. A la mitad del acto cuando
+Dinorah recobra la razón y quiere recordar la bellísima plegaria
+_¡Sancta María!_ entre sublimes vacilaciones de la orquesta, que parecen
+revelar los esfuerzos mentales de la pobre loca, envolvióse Currita en
+su soberbio abrigo de terciopelo granate, forrado de pieles blancas, y
+aceptando en señal de reconciliación el brazo de Diógenes, salió del
+palco escoltada por Villamelón y Leopoldina, gozoso él por irse a dormir
+su indigestión, furiosa ella por marcharse sin oír el coro final de la
+romería.
+
+El _foyer_ estaba aún desierto, y los lacayos, zambullendo las
+encarnadas narices en sus inmensos cuellos de pieles, comenzaban a
+asomar ya, para avisar a los señores la llegada de los coches.
+Antojósele entonces a Currita sentarse en un diván, para esperar la
+salida de la gente. Angustióse Villamelón.
+
+--¡Pero, hija mía, por Dios!... ¡Si esto está helado, Curra!...
+
+Y se liaba a toda prisa al pescuezo un _gran foulard_ finísimo, y
+levantábase el cuello del gabán a la altura de las orejas...
+
+--Te digo que vale más volver al palco, si...
+
+Un estornudo formidable le cortó la palabra y le acrecentó la angustia.
+
+--¿Lo ves?... ¿Lo ves?... Ya pillé un constipado... Fortuna tengo hoy...
+¿Sabes?... ¡Ya tengo para una semana!...
+
+La gente comenzó a desfilar por delante de Leopoldina y la Albornoz,
+que, dejando estornudar a Fernandito y sin perder de vista su negocio,
+saludaban a diestro y siniestro a los innumerables conocidos que iban
+pasando. De pronto, Leopoldina tiró suavemente del vestido a Currita,
+diciéndole muy bajo:
+
+--Mírala... ¡Esa es!...
+
+No vio nada: dos fantasmas blancos pasaban por delante, arrastrando por
+debajo de los amplios albornoces las largas colas de terciopelo negro,
+dejando asomar la vieja por el abrigado capuchón una corva nariz caída y
+afilada, luciendo tan sólo la joven unos ojazos azules, que creyó
+Currita se fijaban en ella con provocativa insolencia. El blanco
+albornoz de la incógnita pasó rozando el terciopelo granate del abrigo
+de Currita, y una frase alemana, que esta pudo oír y no pudo entender:
+«Ahí la tienes», pareció caer entonces de la nariz corva y afilada, y
+ambos fantasmas desaparecieron entre el gentío precedidos de un _groom_
+monísimo que apenas contaría doce años.
+
+--Pero, hija, ¿arrancaremos al fin?--decía Villamelón mientras tanto--.
+Diógenes, dale tú el brazo... ¡Buen constipado he pillado!... ¿Qué haces
+tú cuando te constipas, Diógenes?
+
+--¿Yo?... Estornudar...
+
+
+
+
+--II--
+
+
+El respetable Butrón daba puñetazos en los muebles y cruzaba a grandes
+zancadas el aposento, llamando a su mujer, según su costumbre, unas
+veces _Geno_, otras _Veva_, nunca por completo Genoveva y prodigándola
+con todas sus letras los dicterios de imbécil, estúpida, vieja del
+diablo, beata de Barrabás, que no sabiendo sino rezar el Pater noster,
+quería darle lecciones a él, Pirro en el ingenio, Ulises en la
+prudencia, Anteo en el ánimo, Alejandro en la magnanimidad y Escipión en
+lo afortunado.
+
+Curiosas escenas íntimas del hogar doméstico, que parecerán
+inverosímiles a los que sólo conocen la _parte oficial_ de los grandes
+personajes, y que debieran esculpirse cual bajos relieves en los
+pedestales que levantan el vulgo y la opinión a muchos de los prototipos
+sociales que brillan en las academias y congresos, estrados y salones.
+
+La marquesa, la anciana señora de virtud intachable, de educación
+exquisita, escuchaba aquel torrente de denuestos muda e inmóvil, con la
+cabeza baja y las lágrimas en los ojos, semejante a la estatua de la
+paciencia, contemplando sus propios sufrimientos. Por dos veces quiso
+interrumpir a su marido, mostrándole una carta que en las manos tenía;
+mas los gritos y denuestos del sesudo diplomático la atemorizaron y
+aturdieron, y volvió a guardar silencio. Las escenas de Lauzun,
+amenazando con el bastón a la duquesa de Montpensier, su esposa, y
+gritándole: «¡Luisa de Borbón, quítame las botas!», no eran, sin duda,
+desconocidas a la infeliz señora.
+
+Hallábanse ambos esposos en el despacho particular del diplomático,
+vasta pieza decorada en otro tiempo con severa magnificencia, pero sobre
+la cual habían pasado los años sembrando manchas y desconchones, sombras
+y deterioros que la larga cesantía del magnate no había permitido hasta
+entonces restaurar. Veíase en un extremo, tras un gran biombo de nueve
+hojas de laca de Coromandel, descascarado por todas partes, una enorme
+mesa cargada de papeles y rodeada de artísticos armarios, todos al
+alcance de la mano, _sancta sanctorum_, donde sólo penetraban los
+iniciados en los asuntos y manejos del diplomático. Al otro extremo,
+frente a una alta vidriera que daba al jardín, y al lado de una chimenea
+de mármol negro, había una gran mesa del siglo XVII, de nogal, cuadrada,
+con ancha talla y hierros escarolados, y cómodas butacas y mullidas
+poltronas, algún tanto desteñidas y un mucho destrozadas, dispuestas en
+torno: allí recibía Butrón a los profanos a que les era lícito traspasar
+el dintel de su despacho privado. Veíanse por todas partes, sobre las
+mesas, en las dos chimeneas, por los armarios y colgados de las paredes,
+retratos de reyes, príncipes y personajes ilustres, de fotografía unos,
+magníficamente grabados en acero otros, con pomposas dedicatorias al
+integérrimo diplomático, que pregonaban sus grandes relaciones y sus
+altas influencias. Sobre un sofá de rica badana japonesa, hundido todo y
+despellejado, había en lugar preferente, una gran fotografía del
+príncipe Alfonso, con el uniforme de escolar del colegio de María
+Teresa, y esta dedicatoria, escrita de puño y letra del futuro monarca:
+«Al leal marqués de Butrón, modelo de caballeros. Recuerdo del 2 de
+diciembre de 1870. Alfonso». Aquella fecha solemne era la del día en que
+Butrón se avistó por primera vez, después de la Revolución, con los
+augustos desterrados y juró a los pies del regio niño restaurarlo en el
+trono de España o morir en la demanda.
+
+Más lejos, a uno y otro lado de una gran panoplia llena de orín y
+descabalada, había dos hermosos grabados de Luis Felipe y la reina
+Amalia, con sendas dedicatorias, y entre otra porción de notabilidades
+regias, políticas y literarias, diseminadas por todas partes, un retrato
+en litografía de Martínez de la Rosa, en los tiempos en que le llamaban
+_Rosita la pastelera_, con este campechano letrero: A _Pepillo Butrón,
+su dómine Paco_.
+
+Mas entre todos aquellos monumentos de altas estimaciones, era el más
+curioso una hermosa fotografía de la reina de Inglaterra, colocada con
+afectada naturalidad sobre la chimenea en un pequeño caballete de plata
+oxidada, cuyas molduras tapaban, en parte, la honrosa dedicatoria.
+Habíasela dado la majestad británica en Roma, con motivo de cierto
+oportuno servicio, y deseando demostrarle la más exquisita deferencia,
+puso en castellano el autógrafo. Mas su graciosa majestad no manejaba
+sin duda con gran arte el habla de Cervantes, y siendo su intento
+escribir según la construcción inglesa: Al _marqués de Butrón,
+recuerdo_, olvidóse de poner la u, y resultó: Al _marqués de Butrón,
+receurdo_, firmado y rubricado de puño y letra de su graciosa majestad
+la soberana de los tres reinos unidos, emperatriz también de las Indias.
+
+El pasmo de Butrón fue grande al verse colocado reduplicativamente por
+aquella importuna síncopa en la rama más desacreditada de la extensa
+familia de los paquidermos, y apresuróse a colocar habilidosamente la
+regia dádiva en una moldura que, sin ocultar por completo el honroso
+letrero, encubriese el sangriento _lapsus calami_ de su majestad
+británica.
+
+Ocurrían graves sucesos, y la pelotera que Butrón sostenía con su mujer
+reconocía en ellos su origen. Pavía había dado el golpe de 3 de enero,
+derrumbándose la república parvulita al eco de tres o cuatro tiros
+disparados al aire en los pasillos del Congreso. El poder cayó de nuevo
+en las garras de Serrano, y el desquiciamiento general, la indisciplina
+del ejército, que peleaba sin fe ni esperanza en aquellas dos grandes
+esclusas de Cartagena y el Norte, que se tragaban torrentes de sangre y
+arroyos de dinero, indicaban a los pacientes alfonsinos, cruzados de
+brazos, que se acercaba la hora de extender la mano para coger la breva,
+madura ya por completo. La escena de Aristófanes, en su comedia _La
+Paz_, cuando el pacífico Trigeo sube al Olimpo montado en un escarabajo,
+se representaba entonces en España: el Olimpo estaba desierto y sólo
+quedaban allí la Guerra y el Estrago, machacando en un mortero una
+nación entera y sirviéndoles de mano un general ambicioso.
+
+Otro general de valor, de prudencia y de prestigio, encargóse entonces
+de inclinar hacia los alfonsinos la rama de que pendía la fruta
+apetecida y disputada. Fue este el general Concha, que aceptando el
+mando del ejército del Norte, partió para Bilbao, dispuesto a
+restablecer la disciplina, aniquilar a los carlistas y proclamar rey de
+España al joven príncipe Alfonso. Era necesario, sin embargo, allegar
+recursos para preparar el ejército, y las bolsas exprimidas, las
+codicias alarmadas y los egoísmos latentes dificultaban mucho la
+ejecución del proyecto. El ingenio del marqués de Butrón encargóse
+entonces de hallar remedio, y al frente de su brigada femenina acometió
+la empresa: imaginó, por de pronto, crear una asociación de señoras para
+socorrer a los heridos del Norte, que, difundida por toda España, había
+de allegar recursos de todos géneros para ser distribuidos
+abundantemente en el ejército a nombre de las señoras alfonsinas,
+preparando así los ánimos para secundar el movimiento[15].
+
+[Nota 15: Varias fueron las asociaciones de señoras que se fundaron
+en aquel tiempo con el fin de socorrer a los heridos del Norte, siendo
+la que más benéficos resultados produjo la presidida por la ilustre y
+virtuosa señora marquesa de Miraflores, cuyo nombre ha aparecido siempre
+unido a todas las obras buenas y caritativas. Excusado nos parece
+advertir al lector que la asociación que nosotros suponemos no tiene
+nada que ver con ninguna de estas, y que, aunque tomada del natural
+parte de su fisonomía, es, en su conjunto, pura invención nuestra.]
+
+El plan fue aprobado con entusiasmo por los prohombres del partido, y el
+gran Robinsón sólo pensó entonces, con la enérgica actividad que le
+caracterizaba, en organizar la Junta central de señoras en la corte.
+Ocupóse, lo primero, en buscar la presidenta, piedra fundamental de todo
+el edificio, y un nombre ilustre que había de llevarse tras de sí cuanto
+grande, bueno y respetable encerraba la corte; acudió primero a su mente
+la marquesa de Villasis... Mas las teorías conciliadoras del peludo
+diplomático juzgaban necesario allegar otros elementos, y pensó entonces
+en la condesa de Albornoz para el cargo de vicepresidenta. Esta atraería
+al Madrid de rompe y rasga, que brilla y que bulle, pequeña, pero
+venenosa levadura que corrompe la sociedad entera y la hace aparecer, al
+imponerle sus leyes a sus vicios, escandalosa hasta un punto que no lo
+es ciertamente; la otra atraería al Madrid honrado, sensato y devoto, no
+tan escaso como muchos creen, y en torno de uno y otro bando se
+agruparía al punto el Madrid verdaderamente inmenso, la gran falange
+cortesana de gente más bien frívola que corrompida, más bien
+insustancial que viciosa, que vive de reflejos y escandaliza o edifica,
+según es escandaloso o edificante el astro que le comunica sus
+resplandores.
+
+El plan era bellísimo. Mas ¿quién le ponía el cascabel al gato? ¿Quién
+aliaba a la tiesa y austera Villasis con la amable y despreocupada
+Currita, aunque se tratase de ir a conquistar juntas la Tierra Santa?
+¿Quién doblegaba la vanidad inmensa de la Albornoz, hasta el punto de
+hacerla aceptar cualquiera empresa que fuese un puesto secundario?...
+El astuto Butrón resolvió tentar el vado, aproximando a las dos señoras,
+y citólas en terreno neutral, su propia casa, sin advertir a ninguna la
+presencia de la otra, con el pretexto de tratar reservadamente, en junta
+de notables, un asunto de la mayor importancia para el partido.
+Encargóse él de avisar a Currita la noche antes en el teatro, y, por
+orden expresa suya, escribió su mujer a la Villasis, con quien la unía
+una amistad antigua, cariñosa y sincera. La futura presidenta olióse
+desde luego la partida, y un oportuno constipado atroz y empedernido
+vino a impedirle salir fuera de casa; así se lo notificaba con grande
+sentimiento y cariñosas frases a su buena amiga Genoveva en una elegante
+esquelita cuadrada, en cuya esquina se leía, bajo la corona ducal propia
+de los Grandes de España, su nombre de María.
+
+Esperábase la Butrón la llegada del constipado, díjole así a su marido
+al mostrarle la carta, y entonces fue cuando el respetable diplomático
+descargó su berrinche sobre la pobre dama, prodigándole los dicterios
+que al comenzar este capítulo apuntamos.
+
+De repente, recobró su cortesana sonrisa, su continente señoril y
+aparatoso: entraba la duquesa de Bara, otra de las citadas, antigua
+amiga suya, aunque no de tan añeja fecha, de quien la maledicencia se
+había ocupado muchos años atrás y se solía ocupar aún de cuando en
+cuando. Era la duquesa mujer muy discreta, nada escrupulosa, conocía a
+Madrid palmo a palmo y escuchábala Butrón como a un oráculo en todo lo
+referente a guerra femenil de intriguillas y abanicazos. Al poco llegó
+el general Pastor, próximo a partir también al Norte para secundar el
+movimiento de Concha, y vino luego un don José Pulido, hombre listo y
+travieso, pies y manos de Butrón y también su ninfa Egeria, que había
+sido condiscípulo suyo en la Universidad y desempeñado muy buenos
+puestos a la sombra del diplomático. Eran ya las tres, y a las cuatro
+debían de llegar Jacobo Sabadell y la Albornoz y hubiera llegado
+también la Villasis si su providencial constipado no se lo estorbase. El
+prudente Butrón habíalos citado con una hora de intervalo, para poder
+preparar en aquella antejunta de íntimos lo que en presencia de los
+otros había de tratarse más tarde.
+
+Sentáronse todos al lado de la chimenea, en torno de la mesa cuadrada, y
+el respetable Butrón expuso el caso. La duquesa de Bara no le dejó
+acabar: juzgaba ella imposible hacer tragar a la Villasis la
+vicepresidencia de Currita, como no fuera cogiéndola de sorpresa,
+presentando de improviso la candidatura aprobada ya por unanimidad en la
+junta magna de señoras que había de celebrarse; y aun así y todo,
+desconfiaba mucho del éxito, porque era María Villasis una quijota
+impertinente y ridícula, capaz de desairar a Madrid entero si se le
+ponía entre ceja y ceja el hacerlo.
+
+--No se me olvidará nunca--dijo--lo que hizo con la pobre Rosa Peñarrón,
+cuando aquel concierto famoso que organizó a beneficio de los inundados
+de Valencia. Le envió Rosa tres billetes, y tuvo la desfachatez de
+devolvérselos con el precio justo, unas quince o veinte pesetas, y
+enviar luego a Valencia, por mano del arzobispo, una limosna de tres mil
+duros...
+
+Butrón enarcó las formidables cejas, el general Pastor se atusó el largo
+bigote y don José Pulido, más práctico y menos puntilloso, ensanchó la
+barbilampiña cara, diciendo suavemente:
+
+--Con tal de que nos envíe a nosotros otro tanto, aunque sea por mano
+del moro Muza...
+
+Ofendióse la duquesa, que acababa de vender su hijo y su ducado al
+señor López Moreno, y con mucha dignidad contestó severamente:
+
+--¡Oh, no, no, Pulido!... Ni el decoro se vende, ni tiene precio, ni
+necesitamos acá que venga la Villasis a damos lecciones...
+
+Y además, desconfiaba ella mucho de la actitud de esta e ignoraba hasta
+qué punto podría contarse con ella para los trabajos de la
+Restauración... Cierto que su amistad con la reina destronada había sido
+siempre íntima, leal y consecuente, pero le constaba a ella de buena
+tinta que Bravo Murillo tuvo la impertinencia de comunicar a la marquesa
+la respuesta dada por el arzobispo de Valladolid a la consulta de si la
+Restauración había de conservar o no la unidad católica, y esta no podía
+ser más terminante: «No era lícito a ningún partido político prescindir
+de ella». Que era esto una tontería, una chochez del arzobispo,
+corriente. Pero era lo bastante para alarmar la conciencia de una
+mojigata como la Villasis, y encontrar en ello un pretexto para tirar de
+los cordones de la bolsa.
+
+La marquesa de Butrón bajó los ojos como distraída al oír hablar de la
+unidad católica, y acentuóse aún más la sombra de tristeza que nublaba
+siempre su rostro. El integérrimo diplomático y el señor Pulido cruzaron
+entre sí una rápida mirada; indudable era que los dos compadres habían
+hablado más de una vez del asunto en junta de íntimos, del lado de allá
+del biombo. Butrón tomó la palabra, extendiendo la peluda mano:
+
+--Respondo de María Villasis--dijo enérgicamente--. Lo que tú dices es
+cierto, Beatriz; pero la pifia de Bravo Murillo la enmendé yo mismo...
+María acudió entonces a mí muy alarmada, pidiendo explicaciones
+categóricas, y yo la prometí solemnemente que la Restauración
+conservaría a todo trance la unidad católica como la joya más preciada
+de las glorias de España.
+
+La duquesa se encogió de hombros, con muestras de grande impaciencia.
+
+--Pues no dice eso el manifiesto que se negó a firmar Bravo
+Murillo--dijo.
+
+--Tampoco dice lo contrario.
+
+--Entonces...
+
+--Entonces queda en pie lo que yo he prometido... El porvenir no puede,
+sin embargo, asegurarse, y quizá pudiera suceder que, contra nuestra
+voluntad y nuestros deseos, nos viéramos forzados a respetar un hecho
+consumado o a ceder ante una votación contraria hecha en Cortes...
+
+El señor Pulido hizo una profunda señal de asentimiento, bajando con
+previsoria resignación los ojos, y la duquesa, haciendo alarde de la
+perspicacia de su ingenio, exclamó ligeramente:
+
+--¡Entendido, entendido...; basta!... Queda, sin embargo, el otro
+extremo por conciliar. ¿Crees tú que _la mona Jenny_ se contente con la
+vicepresidencia?
+
+Asombróse Butrón de aquella extraña candidata cuadrumano que trataba de
+ingerir la duquesa en la ilustre junta de damas, y exclamó muy
+sorprendido:
+
+--¿_La mona Jenny_?...
+
+--Pues, hombre, Curra... La Villamelona. ¿No sabes?... Diógenes le ha
+puesto ese nombre desde que le dio por fumar en pipa, en un narghilé
+precioso que le regaló el embajador de Marruecos... Es una mona famosa
+que hay en el jardín zoológico de Londres--yo la he visto--y fuma en
+pipa con una gracia y unos mohínes que recuerdan a Curra por completo.
+
+--¡Vamos, vamos!--exclamó con bondad olímpica el diplomático--. No he
+visto nada como Madrid para motes y chismecillos... Todos queriéndose
+mucho, todos juntos noche y día, y todos arrancándose a tiras el pellejo
+y poniéndose en ridículo en cuanto vuelven la espalda...
+
+--¡Miren el puritano, el caritativo!... _Ami de la vertu, plutôt que
+vertueux_! Pues ya tenías tiempo de haberte ido acostumbrando.
+
+--Empezaré a acostumbrarme por la mona Jenny... La mona Jenny aceptará
+la vicepresidencia.
+
+--¿Crees tú?...
+
+--Lo espero... Le tengo reservado otro papel de grande importancia que
+le hará olvidar lo secundario de este.
+
+Entonces explanó Butrón su plan con todos sus pormenores... No se
+trataba de una asociación de señoras exclusivamente alfonsinas, mil
+veces lo había dicho y no se cansaría jamás de repetirlo. Era necesario
+_barrer para adentro_, conciliar todas las voluntades, ahuyentar todos
+los escrúpulos, ahondar en cualquier rincón en que pudiera encontrarse
+un ochavo, escarbar en todo muladar en que pudiera hallarse un pelotón
+de hilas sucias, agotar todos los recursos de fiestas, bailes, toros,
+beneficios, francachelas y festivales, con que la caridad moderna ha
+encontrado el secreto de enjugar las lágrimas, al mismo tiempo que
+ensancha los corazones, refocila los estómagos y estira las piernas...
+¡Socorrer a los heridos del Norte!... ¡Qué anzuelo tan a propósito para
+pescar desde las carlistas más recalcitrantes hasta las liberales más
+radicales!... Por eso había pensado él, para dar aquel barrido general y
+definitivo, en un gran baile, una fiesta sonada y famosísima, de _ancha
+base_, que debía dar _la mona Jenny_, Curra, convidando a todo el Madrid
+explotable, desde la presidenta consorte del comité carlista, hasta la
+ministra cesante, esposa dignísima del excelentísimo señor don Juan
+Antonio Martínez... Y allí, al calorcillo del champagne, que ablanda los
+corazones compasivos, bajo la influencia de las vanidades estimuladas
+que excitan el deseo de figurar, tender la red de la caridad, echar el
+anzuelo de los infelices heridos del Norte y pescar de una sola redada
+entre las mallas de la asociación de señoras a todo el Madrid femenino
+capaz de soltar la mosca... Celebraríase luego una junta general
+preparatoria en casa de Butrón mismo, presidida por Genoveva, y en ella
+había de presentarse y aprobarse por sorpresa la candidatura de una
+junta directiva, preparada ya antes, en que entrasen todos los elementos
+tan hábilmente combinados; que el partido restaurador tuviese mayoría y
+pudiera Butrón, entre bastidores, manejar a la Junta y a la Asociación
+entera con la misma facilidad con que se maneja el manubrio de un
+organillo. La junta directiva era, pues, la clave del arco, el clou del
+proyecto, y el respetable Butrón terminó su perorata suplicando a los
+presentes se dignasen estudiarlo maduramente, presentando sus
+candidaturas con arreglo a este croquis que tenía él apuntado en un
+papelito:
+
+Una presidenta, beata de gran nombre. (Nadie como la Villasis.)
+
+Una vicepresidenta elegante, de rompe y rasga. (Ninguna como la
+Albornoz.)
+
+Seis vocales: una carlista, bastante tonta; otra, radicala, de pocos
+alcances; y cuatro alfonsinas, de la Grandeza, del cogollito, honradas,
+por supuesto, listas y de arranque.
+
+Una secretaria literata.
+
+Una tesorera de alta banca.
+
+El general Pastor aplaudió entusiasmado la hábil estrategia del
+diplomático; el señor Pulido bajó modestamente los ojos, como si le
+tocara grande parte en la paternidad de la idea, y la duquesa,
+encantada, comenzó a vomitar nombres propios, juicios críticos,
+filiaciones y datos biográficos que probaban bien a las claras su
+consumada pericia en el arte de averiguar vidas ajenas. Tontas
+encontraba ella a porrillo; listas tampoco faltaban; lo que le parecía
+difícil de hallar eran las honradas, y no porque no las hubiese a
+montones, sino porque la duquesa no sabía encontrarlas, por aquello de
+que nadie hay más exigente ni que se complazca tanto en verlo todo
+manchado como quien vive zambullido en medio del fango.
+
+El respetable Butrón acogía aquellos homenajes con majestuosa sonrisa, y
+temiendo ver entrar de un momento a otro a Currita, recomendó de nuevo a
+los íntimos la mayor discreción, con respecto a esta; era necesario
+ocultarle el plan de la junta y entusiasmarla con la idea del baile,
+haciéndole creer que con ello ponía el partido en sus manos el éxito del
+proyecto. Una vez entretenida con esto, fácil era hacerle tragar por
+sorpresa, a su debido tiempo, lo secundario de la vicepresidencia.
+
+Llegó al fin Currita, _la mona Jenny_, con Jacobo Sabadell, el joven
+Telémaco; había tardado un poquillo, pero tenía la culpa el tío
+Frasquito... ¡Qué risa con el pobre posma! ¡Habíase olido, sin duda, que
+algo se fraguaba, y presentándose a almorzar con una cara de pregunta,
+con un aire de sospecha!... ¡Ella le había estado _tomando el pelo_ todo
+el almuerzo, hasta que al fin, para quitárselo de encima, tuvo que
+armarle una emboscada, un _guet-apens_ chistosísimo!... Díjole si quería
+acompañarla a dar una vuelta por el Retiro con Miss Buteffull y con los
+niños y le envió con estos al coche mientras ella se ponía el sombrero.
+¡Pobre viejo!... En cuanto volvió la espalda, escapóse ella con Jacobo
+por la escalera de la servidumbre, y en el coche de este habíanse venido
+los dos solos, juntitos, como si fuesen un matrimonio. ¡Qué delicia!...
+
+Y besó con piedad filial a la marquesa, con amor fraterno a la de Bara,
+estrechó la mano de Butrón con infantil afecto, y tuvo una cariñosa
+sonrisa para el general Pastor y un saludito protector y monísimo para
+el señor Pulido.
+
+Hízola sentar Butrón junto a sí, al lado de la marquesa; y ella, con los
+claros ojos fijos en el gran duque Alejo, que, sombreado por una
+telaraña, tenía delante, comenzó a lamentarse, con frases muy pulcras,
+del entripado de Fernandito... Casi, casi había estado a punto de no
+venir, por miedo de dejarlo solo; pero las noticias que le había dado
+Butrón eran tan graves, tan lisonjeras, que acabó al fin por decidirse.
+
+--Si tú no hubieras venido, hubiéramos ido todos a tu casa--exclamó
+Butrón con gran vehemencia--Como que sin ti no puede hacerse nada y en
+tus manos está, en rigor de verdad, la suerte del partido.
+
+La vanidad hizo en el rostro de la Albornoz lo que jamás había
+conseguido la vergüenza: sonrojarlo.
+
+--¡Jesús, Butrón, pobre de mí!--exclamó con su dulce vocecita--Pues si
+está en mi mano, no tenga usted miedo de que la suelte.
+
+Butrón comenzó a exponer el proyecto, como si fuese desconocido de todos
+los presentes, haciendo caso omiso de la junta y presentando con grande
+habilidad la fiesta deseada, como el eje sobre que había de girar la
+ejecución del proyecto, la restauración del trono, la felicidad de
+España y la paz del mundo y el equilibrio europeo. Currita parecía
+titubear, porque había mirado a Jacobo como si le consultase, y este
+fruncía las cejas; la pícara era ducha y no era del todo fácil hacerle
+tragar el anzuelo. El diplomático reforzó sus argumentos, y el general
+Pastor, con militar franqueza, dijo resueltamente:
+
+--Condesa, más puede usted hacer en ese baile con su abanico que yo en
+el Norte con mi espada.
+
+Y el señor Pulido, dando vueltas a sus pulgares, añadió con suavísima
+sonrisa:
+
+--¡Oh, señora condesa!... Si usted quiere, con razón se llamará ese
+baile _la dulce alianza_...
+
+La dama extendió ambas manitas con gesto de cómico espanto.
+
+--¡Ay, no, no, Pulido, por Dios!... ¡Si así se llama la confitería de la
+Carrera de San Jerónimo!
+
+La duquesa salió entonces a la palestra, y con habilidad mujeril disparó
+el más certero saetazo, sirviéndole de ballesta una mentira muy gorda.
+
+--Después de todo--dijo--, no hay que apurar mucho a Curra, porque si
+ella no puede dar el baile, Isabel Mazacán se compromete a darlo...
+
+El tiro dio en el blanco, y Currita soltó al pronto la prenda.
+
+--¿Y por qué no he de poder yo?--dijo--. La cosa no puede ser más
+fácil... Dentro de quince días es Carnaval. ¿Les parece a ustedes bien
+un gran baile de trajes?...
+
+--¡Te cuesta un sentido!--murmuró Jacobo con tan mal humor como si
+hubiera él de pagarlo.
+
+Mas la duquesa, que pescó al vuelo la frase y comprendió la económica
+idea de monsieur Alphonse, impidió que llegase a oídos de Currita,
+rompiendo a reír a carcajadas; todos la miraron con extrañeza...
+
+--¿De qué te ríes?...
+
+--Pues nada, mujer.. Estaba pensando en el traje que escogerá la señora
+de Martínez para ir al baile... Como no sea el de Teresa Panza, la mujer
+de Sancho...
+
+
+
+
+--III--
+
+
+El trato continuo con Bonnat había despertado en París las aficiones
+artísticas de Currita, y no contenta con el papel de Mecenas, quiso
+cultivar ella misma el arte del divino Apeles. Visitó a Meissonnier,
+convidó a comer a Carlos Durand, y pudiendo conseguir que Raimundo
+Madrazo la diese algunas lecciones por pura galantería de cumplido
+caballero, volvióse a Madrid, dejando a Rosa Bonheur tamañita y
+royéndose los codos de envidia.
+
+Una vez en la corte, necesitó tener a su lado un genio complaciente, un
+numen auxiliar que comunicase con sus pinceles vida y expresión a los
+muertos y aplanados monigotes que brotaban de su paleta de artista.
+Hallólo, al fin, en Celestino Reguera, famoso acuarelista de la Escuela
+sevillana, de esos que prefieren lo correcto a lo grandioso y tienen en
+más un paisaje de Watteau que una sibila de Miguel Ángel. El pincel de
+Celestino entraba y salía por los lienzos de Currita con tanta
+frecuencia y libertad, que al terminar esta sus cuadros podía repetir,
+con harta razón, lo que dijo el monaguillo de marras: «Yo y el cura le
+dimos los Sacramentos».
+
+Pero aun más que de su gloria artística, ocupóse Currita, a fuer de
+mujer elegante, del marco que había de encerrarla, instalando en su casa
+un estudio lujosísimo, digno de Fortuny o de Pradilla, Delaroche o
+Makart. Era una vasta pieza con estudiadas luces de oriente y cenital,
+atestada de preciosidades artísticas y arqueológicas, que sobre tapices
+de Beauvais y los Gobelinos cubrían todas las paredes, atestaban todas
+las mesas y apenas dejaban un sitio en que poner la planta sin encontrar
+algo que admirar o algo en que tropezar. Bronces antiguos, raras
+porcelanas, macetas de Pompeya con plantas tropicales, lámparas árabes,
+persas y romanas, igual una de estas a la célebre di capo danno del
+Museo Vaticano; bustos, cuadros, estatuas, yelmos, espadas, partesanas y
+armaduras completas de varias épocas rodeaban cual páginas sueltas de la
+historia de todos los tiempos el caballete de Currita, que, colocado en
+luz conveniente, parecía recibir un reflejo de la luz del cielo, que el
+grandísimo tuno de Celestino Reguera aseguraba ser el mismo, mismísimo
+que derramaba en otro tiempo el grupo de las nueve musas sobre las
+frentes de Rafael, Velázquez y el Ticiano.
+
+Daban la guarda a uno y otro lado de la puerta dos maniquíes vestidos de
+reyes de armas del siglo XVI, con gigantescas adargas y dalmáticas
+auténticas de terciopelo morado, bordadas de castillos y leones, y
+frente por frente, en el otro extremo de la pieza, y en una especie de
+ancha, alta y profunda hornacina, a que se subía por tres gradas de
+mármol blanco, había un diván turco, cubierto el pavimento por legítima
+alfombra de Persia y mullidos almohadones de raso y terciopelo, y
+decorados el techo y las paredes con mosaicos romanos y de Pompeya,
+bajos relieves egipcios y brillantes azulejos moriscos. Allí estaba el
+narghilé, regalo de Sidi-Mohammed-Vargas, el embajador de Marruecos, y
+sobre primorosas mesitas de Fez, que no levantaban dos palmos del suelo,
+otras varias pipas en que Jacobo enseñaba a Currita a saborear el sueño
+voluptuoso del _hatchis_, y había inspirado a Diógenes, para designar a
+la hurí de aquel paraíso el gráfico nombre de la mona Jenny.
+
+Refugiado en un rincón, oculto como quien está allí de limosna, entre
+una reducción de la estatua de Byron, presentada en Turín por Pozzi, y
+una arca tallada del siglo VI, que decían haber pertenecido a Isabel la
+Católica, había otro caballete pequeño; allí pintaba Paquito Luján,
+callado siempre, taciturno, tímido y receloso, bajo la dirección también
+de Celestino Reguera, que hallaba realmente en el niño las disposiciones
+artísticas que faltaban a la madre.
+
+Gran discusión sosteníase en aquel templo de las artes, tres días
+después de la junta de íntimos celebrada en casa del diplomático.
+Currita, sentada ante una preciosa mesa redonda, cuya tapa era un ónix
+mexicano, examinaba una gran porción de láminas y dibujos que le
+presentaba Celestino Reguera, y pasábalos a su vez a Jacobo y a Tonito
+Cepeda, vago elegantísimo, entendido en caballos como el hijo de Teseo,
+amateur de todo lo que era arte, y digno por su exquisito gusto de que
+la patria agradecida le votase una pensión en Cortes, como
+representante en España del buen tono parisiense. Tonito Cepeda era más
+que chic, más que _pschutt_: era _v'lan, tschock_. Mas el pobrecito
+joven, incapacitado de poner precio a las innumerables consultas que de
+todas partes le dirigían, andaba lleno de trampas y no tenía dónde
+caerse muerto.
+
+Grave era la cuestión que Currita había sometido el día antes a sus
+despabiladas luces, y digna de sujetarse al arbitraje de un areópago de
+elegantes, como Domiciano sujetó en otro tiempo a las discusiones del
+Senado la salsa en que había de guisarse un rodaballo. Una vez decidida
+la dama a dar el baile de trajes, la gran fiesta de _ancha base_ en que
+habían de bailar _pêle-mêle_ tirios y troyanos, rancios personajes que
+figuraban en la _Guía_ y plebeyos burgueses empinados por la Revolución,
+era necesario encontrar algo nuevo, algo sorprendente que fuera el clou
+de la fiesta y dejase con la boca abierta a los pobrecillos profanos, a
+los Martínez y comparsa, convidados espurios que hubiera dicho el tío
+Frasquito, que cuidaría muy bien ella de barrer de sus salones en cuanto
+la caritativa empresa de socorrer a los heridos del Norte hubiera dado
+un buen tanteo a sus repletas bolsas.
+
+Las cuadrillas del minué y la pavana, las figuras de la zarabanda y la
+chacona, estaban ya muy vistas y habían servido mil veces en
+aristocráticos salones como protesta de acendrado españolismo contra el
+intruso don Amadeo. Celestino Reguera propuso la idea de representar una
+alegoría de España, en que parejas de damas y caballeros habían de lucir
+los trajes característicos de las diversas provincias. El proyecto fue
+desechado por Currita.
+
+--¡Jesús, Reguera!--dijo--¡Parecería eso un concurso de Geografía!...
+
+Tonito Cepeda miró desdeñosamente al pintorcillo y propuso uno de esos
+espectáculos que constituyen jalones de la época en que se verifican:
+imitar la peregrina idea de la Princesa de Segan, que había resucitado
+en París las fábulas de Esopo dando un gran baile de trajes, en que
+recibía ella vestida de pava real y acudieron todos los invitados
+representando cada cual un animalito. Él, Tonito Cepeda, había llamado
+mucho la atención con su traje elegantísimo de sapo verde. La idea no
+era nueva, pero estuvo a pique de seducir a Currita; hubiérale gustado
+mucho vestirse de gata blanca con botas color de rosa.
+
+Mas Jacobo, con la prudencia con que moderaba todos los gastos de
+Currita desde que metía él la mano hasta el codo en sus arcas, desechó
+terminantemente el proyecto, imponiendo más bien que presentando otro
+más económico y también más nuevo... Dos cuadrillas imitando las piezas
+de un juego de ajedrez, blancas y negras, y una partida jugada por ellas
+mismas en forma de contradanza; Luis Fonseca, su compañero de embajada,
+habíalas visto jugar así en Conchinchina cuando las fiestas en honor de
+Phara-Norodon, rey de Cambodge. El proyecto fue aceptado con desdeñosa
+condescendencia por parte de Tonito, con sumisión entera por la de
+Currita, y Celestino Reguera quedó encargado de traer al día siguiente
+dibujos para el traje de la dama que había de representar la reina
+blanca, y un soberbio juego de ajedrez, trabajado admirablemente en el
+Japón, cuyas grandes piezas de marfil podrían ser copiadas en los demás
+trajes de la cuadrilla.
+
+Currita titubeaba en la elección de modelo, y Jacobo, con la autoridad
+delegada que ejercía en aquella casa como amigo íntimo de Villamelón y
+primo cuarto de la condesa, hízola decidirse al punto por uno
+cualquiera, el más barato... Currita obedeció sin hacer ninguna
+observación, sin replicar una palabra: conocíase a las claras que estaba
+supeditada por completo a aquel hombre, que él era allí el amo, y todos
+en la casa, desde Villamelón hasta Joselito, desde la Albornoz misma
+hasta la última fregona, obedecían servilmente sus órdenes, adivinaban
+sus deseos y amoldaban a sus caprichos sus gustos propios. Sólo dos
+seres, los más débiles e indefensos, Paquito y Lilí, resistían a la
+voluntad omnipotente del desvergonzado parásito, a quien el instinto de
+ángel de ambos niños representaba siempre como un reptil bañado por los
+rayos del sol, brillante a la vez que asqueroso.
+
+Un día, a poco de haberse injerido Jacobo en la amistad íntima del
+matrimonio, pintaba Currita en su estudio un retrato que decía ser de
+Byron, el poeta querido que en sus cuadros, bustos y estatuas tenía
+representado por todas partes; pero que era en realidad la imagen de
+Jacobo perfeccionada por Reguera, ceñida la frente de laurel y abierto
+hasta la mitad del pecho el ancho cuello de su camisa escocesa a la
+antigua. Los dos niños, embobados de pie a un lado y otro de su madre,
+miraban en silencio correr el pincel de la dama, que con cierta
+complacencia íntima daba los últimos toques al airoso y nervudo cuello
+del Byron de contrabando. De pronto, Lilí, con esa expresión seria y
+meditabunda que toman a veces los niños, dijo a su madre:
+
+--Mamá... ¿Tú por qué quieres tanto al tío Jacobo?...
+
+La condesa se volvió sorprendida, apoyada en el tiento, y hasta llegó a
+inmutarse algo; mas reponiéndose al punto, dijo con mucho cariño:
+
+--¿Pues no le he de querer, hija?... Si es mi primo... tu tío...
+
+La niña movió la cabecita haciendo un mohín de duda.
+
+--¡Sí!--dijo--. Yo también quiero al primo Bautista y al primo Carlos...
+Pero más que a ti y a Paquito, no..., no..., no...!
+
+Y se echó a llorar amargamente, con el corazón encogido, escondiendo la
+preciosa carita en el seno de su madre, como si buscara allí lo que
+encuentra la más pequeña golondrina en el fondo de su nido: el calor de
+la ternura materna. Paquito nada había dicho; púsose muy encarnado, con
+ese santo carmín con que el pudor instintivo tiñe las facciones de la
+inocencia, y destrozando entre sus deditos, sin darse cuenta de ello,
+una anforita romana, extraño lacrimatorio de vidrio que había sobre una
+mesa, ocultó con varonil esfuerzo las gruesas lágrimas que le brotaban
+de los ojos.
+
+En otra ocasión, algunos meses más tarde, acercábase el día del santo de
+Currita, 10 de octubre, fiesta de san Francisco de Borja. Los dos niños
+tramaban juntos una conspiración para dar una sorpresa a su madre.
+Paquito, en quien comenzaban a revelarse sus notables disposiciones para
+la pintura, especialmente de retratos, había pintado al pastel uno de su
+padre, un Villamelón deforme, color de zanahoria, que parecía tener el
+carrillo izquierdo hinchado, pero no por eso dejaba de tener con el
+original un más que mediano parecido. Era lo más notable del retrato la
+parte de la frente y la cabeza, en que el niño había copiado fielmente
+la escasa cabellera de su padre, partida con una raya por en medio y
+formándole sobre ambas orejas dos pequeños cuernecitos a lo Napoleón
+III, que había alargado más de lo conveniente la impericia del artista.
+Lilí, por su parte, había hecho con ayuda de Miss Buteffull, que estaba
+en el secreto, un marco de piel de Rusia, con flores de realce; y
+reuniendo ambos su trabajo, quedó completo el regalo; al pie de este,
+escribió Miss Buteffull con su mejor letra inglesa: «A su querida mamá
+en el día de su santo»; y lo firmaron ambos niños, _Lilí_, _Paquito_.
+
+¡Oh! La obra era magna, había costado mucho y preciso era que los
+autores se cobrasen, presenciando por completo la alegre sorpresa de su
+madre... Llegó el ansiado día, y ocultando Lilí bajo su capita de pieles
+el magnífico regalo, entráronse ambos niños a hurtadillas en el estudio
+de su madre: allí solía venir ella todos los días antes de almorzar,
+bastante después de las doce, y era la ocasión más a propósito para
+darle la sorpresa. En el caballete de Currita, sobre el cuadro mismo que
+estaba pintando, colocó Paquito con sumo cuidado su obra maestra...
+Luego, riéndose como ángeles del cielo, con la agitación de las grandes
+expectaciones, con la candorosa confianza en el más santo de los
+cariños, corrieron presurosos a ocultarse entre los innumerables
+cachivaches, debajo de una papelera antigua de acero, ocultos por un
+gran tapiz, que tenía unas figuras muy largas, muy secas, muy feas: las
+tres Parcas... Veíase desde allí el caballete, destacándose en medio el
+monigote, y los dos niños, muy agazapados, muy juntitos, apretándose el
+uno contra el otro, contemplaban su obra.
+
+--¡Qué bien está!--decía Lilí.
+
+Pasó media hora; Lilí se impacientaba y estiraba las piernas.
+
+--No viene--decía.
+
+--¡Calla, tonta!...
+
+Sonó un ruido; Lilí dio un codazo a su hermano; susurróle al oído:
+
+--¡Ya viene!--Y se encogió mucho, mucho...
+
+Y venía, en efecto; pero no venía sola... Venía con ella el tío Jacobo,
+hablando de cosas que ellos no entendían, ¡qué fastidio! Deudas que era
+menester pagar, acreedores que querían cobrarse, una firma que era
+necesario sorprender a Villamelón al pie de un pagaré por tres veces
+protestado... Un préstamo, un mero préstamo pagadero al verificarse la
+Restauración, cuando pudiera él cobrar lo que habían valido ciertos
+misteriosos papelitos...
+
+Jacobo hablaba con voz desmayada, y animábale Currita, muy alegre, muy
+satisfecha, diciendo a todo que sí, que no tuviera cuidado... De pronto
+miró al caballete.
+
+--¿Qué es eso?...
+
+Los niños no respiraban y apretábanse mucho, muy pegaditos, muy
+pegaditos... Sonó entonces una carcajada.
+
+--¿Has visto?...
+
+Otra risa de hombre, la del tío Jacobo, hizo coro a la primera, oyéndose
+esta vez:
+
+--¡Valiente majadero!...
+
+Y volvieron a reírse los dos, el tío Jacobo y la madre, con una risa que
+desconcertó por completo a los niños, porque no era la risa alegre,
+tierna, agradecida, rebosando amor y ternura de madre que ellos
+esperaban, sino una risa acre, burlona, desvergonzada, que les
+recordaba, sin saber por qué, la que usan para insultarse las mujeres
+malas de la calle...
+
+--¡Qué ocurrencia!... ¡Pobres criaturas!... ¡Y qué feísimo está el
+babieca!... Mira, parece que tiene dolor de muelas. ¡Qué delicia!...
+
+--Y el chico le coronó de firme...
+
+--¡Pues es verdad!...
+
+Hubo entonces un infame cuchicheo de risas y palabras entrecortadas...
+Algo cogieron de una mesa, algo pusieron en el retrato, y de nuevo
+resonaron aquellas carcajadas que hacían daño.
+
+Los niños nada decían; habíanse apartado el uno del otro como si
+temieran comunicarse sus impresiones, y estaban allí acurrucados,
+quietos, muy calladitos..., muy calladitos...
+
+Un criado entró en el estudio anunciando que el almuerzo estaba servido,
+y Jacobo y Currita se fueron a poco sin volver a ocuparse más del regalo
+de los niños.
+
+Paquito salió el primero: tenía el aire de un chico que ha sentido en
+una pesadilla un peso enorme, que no ve, ni palpa, ni comprende, pero
+que le oprime y le anonada y le deja el pecho jadeante. Lilí salió
+después y se le quedó mirando; los dos se acercaron al retrato.
+
+--¡Uy!--dijo Lilí desolada--¡Lo que le han puesto!...
+
+Una mano infame había trazado con carbón de diseñar, en los dos ricitos
+del retrato, la prolongación más sarcástica, el insulto más villano.
+
+El niño se puso muy rojo, luego pálido, muy pálido. Cogió el retrato,
+escondiólo bajo el gabán y fuese hacia la puerta sin decir palabra. Lilí
+se puso a llorar; entonces volvió el niño y le dio un besito.
+
+--No llores, tonta...
+
+Él no lloraba; estaba muy serio, con las naricillas pálidas, la boca
+seca, blancos los labios... Empinó el dedo y dijo mirando a la alfombra:
+
+--Y no digas nada a mademoiselle... ¿Sabes? Nada, nada... Yo me voy a mi
+cuarto.
+
+Y se fue a su cuarto el inocente, y allí, en aquella soledad en que
+nadie había de consolarlo, lloró a lágrima viva, lloró a raudales...
+Porque sentía una pena profunda que le destrozaba el corazón sin
+comprenderla, como destroza las entrañas sin dar la cara un cáncer
+oculto; porque sentía una vergüenza, por decirlo así, anónima, que le
+hacía ocultar el rostro bañado en lágrimas en la blanca almohadita... ¿Y
+por qué, por qué sentía él aquella vergüenza, si era bueno y amaba a su
+padre y a su madre, y adoraba a Lilí, y tenía siempre notas de
+sobresaliente, y le rezaba a Dios todos los días, y también a la Virgen
+Santísima que estaba allí delante, en un cuadro, con el Niño en los
+brazos?...
+
+Se serenó un poco. ¡Oh! Qué feliz debió de ser aquel Niño divino con
+poder llamar a aquella Madre tan pura: ¡Madre!... ¡Madre!...
+
+Muy pocos días después Currita retiró repentinamente a su hijo del
+colegio de Nuestra Señora del Recuerdo. Contaba ya el niño doce años, y
+el padre rector manifestó a su padre, un día de visita, que era menester
+disponerle para recibir la primera Comunión. Currita no estaba delante,
+y Villamelón se apresuró a aprobar la idea. Quería él, ante todo, que su
+hijo fuese cristiano.
+
+--Y no crea usted, padre rector, esto me viene de casta. Mi mujer es
+parienta de san Francisco de Borja y yo lo soy de santa Teresa, y por
+los Benedetti, de san Francisco de Caracciolo...
+
+¡Ah! Los Villamelón habían sido siempre muy piadosos... Celebraban todos
+los años una novena a san Roque, abogado de la peste, en Quintanar de
+Oreja, donde tenían posesiones. El era patrono de la iglesia y tenía
+facultad para nombrar al párroco.--¿Usted me entiende, padre rector?...
+
+El rector lo entendió muy bien, y confiando en san Francisco Caracciolo,
+dio otro paso adelante; la fiesta de la primera Comunión había de
+celebrarse el 19 de marzo, día de san José, y parecía natural, era muy
+conveniente, sería muy edificante que él, padre del niño, y la señora
+condesa, su madre, le acompañaran a la Sagrada Mesa. También aceptó
+Villamelón.
+
+--¡Sí, señor, padre rector, comulgaré con mi hijo!... Mi santa madre lo
+decía: conviene tener con Dios ciertas atenciones. ¿Usted me
+entiende?... Y además, esas escenas de familia me conmueven; yo aspiro a
+una familia patriarcal... Mi madre era una santa; mi mujer es un ángel
+que se mira en mis ojos y no tiene voluntad propia: Currita, esto;
+Curra, lo otro, eso hace. ¿Usted me entiende, padre rector?...
+
+El rector, que era escrupuloso, no se atrevió a decir que entendía por
+miedo de soltar una mentirilla, y Villamelón prosiguió con el aire de un
+monarca que se brinda a ser padrino de un pordiosero:
+
+--Pues nada, padre rector, comulgaremos los dos con el niño, y yo, no
+crea usted, vendré de uniforme.
+
+El rector, que cazaba de largo y veía venir las cosas de lejos,
+prevínole que sería conveniente vinieran ya los dos confesados al
+colegio, porque los padres de allí andaban siempre faltos de tiempo y
+quizá les fuera imposible despacharlos.
+
+--Corriente, padre rector, corriente... Yo tengo mi confesor fijo; nunca
+me he confesado con otro... El padre Pareja, excelente sujeto. ¡Un
+santo, padre rector, un santo! ¿Usted me entiende?
+
+El padre rector lo entendió tan bien, que estuvo a pique de soltar la
+risa. El padre Pareja, confesor ordinario del señor marqués, había
+muerto diez años antes.
+
+Villamelón volvió a su casa muy satisfecho y refirió a Currita el
+compromiso que había contraído. Ella, con la rápida percepción de su
+claro entendimiento, comprendió al punto todo lo grave del compromiso, y
+una idea horrible, la del sacrilegio, cruzó por su mente cual un pájaro
+siniestro... Mas se detuvo asustada ante ella, porque aun la mala mujer
+española es rara vez impía; allá, en el fondo de su corazón, cree
+siempre y teme, y menos aterra el sacrilegio a la falsa devota que a la
+francamente escandalosa. Su fecunda imaginación ofrecióle al punto otro
+expediente digno de la superiora de Port-Royal, la mística jansenista
+Sofía Arnaud.
+
+--¿Pero qué estás diciendo, Fernandito?... ¿Comulgar un niño de doce
+años?... ¡Qué barbaridad!... Eso es una irreverencia y yo no puedo
+permitirlo.
+
+Villamelón abrió la boca espantado.
+
+--Pero, mujer, Curra, ¿sabes?... Si el padre rector dice que sí...
+
+--Pues yo digo que no. ¡Nadie comulga en Francia antes de los catorce
+años... lo menos!
+
+--Pero como estamos en España...
+
+--Mira, Fernandito, vida mía; te he dicho que no hables en ninguna
+parte... Eso no es cuestión de clima. ¿Te enteras?... De modo que mañana
+vuelves al colegio y le dices a ese señor rector, de mi parte, que yo no
+permito que Paquito comulgue sin estar convenientemente preparado... ¡He
+dicho!
+
+En vano alegó el padre rector que el niño lo estaba de sobra, que aquel
+rigorismo francés era un resto del jansenismo que las indicaciones de la
+Iglesia y el celo del clero habían ya hecho desaparecer por completo, y
+que era una maldad, un verdadero delito, privar por tanto tiempo a un
+alma inocente del auxilio de un sacramento que obra ex opere operato...
+Villamelón se encogía de hombros, no comprendiendo bien de qué _óperas_
+se trataba; los astutos escrúpulos de Currita no cedían, y sospechando
+el padre rector la hipócrita hilaza, dijo terminantemente que, de seguir
+el niño en el colegio, comulgaría el día de san José, sin el permiso de
+sus padres. Indignóse con esto Currita, y para evitar la horrenda
+profanación, apresuróse a retirar al niño.
+
+Entonces comenzó el inocente a fijar su candorosa atención en las
+extrañas escenas que pasaban en su casa. Solo casi siempre el pobre niño
+escapábase a las caballerizas, donde pasaba la mayor parte del día entre
+lacayos y mozos de cuadra, escuchando conversaciones que al principio le
+hacían enrojecer y acabaron por hacerle reír, a medida que se le iba
+encalleciendo el pudor, especie de epidermis delicadísima que preserva
+la pureza del alma. El enano don Joselito le divertía mucho, y a él
+acudía con dudas misteriosas que el malvado pigmeo se apresuraba a
+resolver, poniéndole de manifiesto secretos tan curiosos como los que
+descubría a su discípulo el Diablo Cojuelo, el impuro y asqueroso
+Asmodeo...
+
+El niño iba atando cabos.
+
+Vino entonces a la corte una famosa compañía dramática francesa, y
+Currita mandó reservar el abono de un palco para que fuesen los niños
+todas las noches al teatro. Hablaban aquellas criaturas un francés tan
+chabacano, tan de provincia, que era preciso aprendiesen de viva voz el
+puro acento parisiense. En aquella escuela de acento y de prosodia
+siguió el niño atando cabos, y un día, después de una larga conversación
+con don Joselito, en que el maldito enano tanteó todo lo que podía
+esperar su codicia de aquel ánimo generoso si conseguía iniciarle de una
+vez y guiarle más tarde por los laberintos del vicio, el niño ató el
+último cabo... Desde entonces varió de carácter; había visto más de lo
+que esperaba ver, y una gran vergüenza clara ya y distinta, y un odio
+feroz, implacable y reconcentrado, nacieron a la vez en su corazón,
+impidiéndole aquella levantar los ojos delante del último lacayo,
+haciéndole este afilar en silencio el puñal de su rencor, para cuando él
+fuera hombre, para cuando él mandara en su casa...
+
+Su padre le inspiraba desprecio, su madre despego, y sólo seguía
+adorando a Lilí, único ángel que quedaba ya en la casa. En cuanto a
+Jacobo, evitaba su presencia en lo posible, y más de una vez sorprendió
+Currita, con verdadero miedo, en los ojos del niño una mirada de rencor
+profundo, que relucía entre sus largas pestañas rubias como un acero al
+salir de la vaina. Dedicóse entonces con ardor a la pintura, y pasaba
+largas horas pintando en su caballete, teniendo a Lilí sentada a su
+lado, cual si fuese el ángel de su guarda. Así los sorprendieron aquel
+día los que para trazar el plan del baile de trajes entraban con
+Currita, y los niños, resistiendo a la curiosidad, permanecieron en su
+rincón callados e inmóviles. Mas cuando Celestino Reguera comenzó a
+formar sobre el tablero maqueado las magníficas piezas del ajedrez, y se
+puso Jacobo a explicar el pintoresco modo como habían de moverse al
+jugar la partida las personas que las representaran, Lilí no pudo
+resistir la tentación y aproximóse al grupo de puntillas, haciendo señas
+silenciosas a su hermano para que viniese. ¡Era aquello tan bonito!...
+
+El niño se decidió al fin, y levantóse para mirar un momento, con la
+paleta en una mano y el tiento en la otra. Había crecido mucho, iba ya a
+cumplir trece años y prometía ser muy lindo de cara, y de cuerpo esbelto
+a la vez que fornido. Acercóse al grupo, sonriendo a Lilí, y púsose a
+mirar, empinándose un poco, por detrás de su madre y al lado mismo de
+Jacobo. De repente, en el calor de su explicación, hizo este un brusco
+movimiento con el brazo y pegó en la paleta del niño; desprendiósele
+esta con fuerza de la mano, y fue a caer sobre la manga izquierda de
+Jacobo, manchándosela toda de pintura. El muchacho retrocedió un paso,
+poniéndose lívido.
+
+Volvióse Jacobo colérico, soltando impaciente una sucia palabrota, con
+esa obscena grosería que se oculta con frecuencia bajo las pulidas
+formas sociales de ciertos hombres y brota espontáneamente en cuanto la
+excita la ira o la impulsa una confianza sin decoro. El chico, al oírla,
+miró iracundo a su madre y a Jacobo, haciendo un gesto amenazador, en
+que se veía palpitar el hombre bajo la frágil envoltura del niño.
+
+--¿Qué?--gritó Jacobo desafiándole--. Nadie te ha llamado aquí... ¡Vete!
+
+Inyectáronse en sangre los ojos del niño, y dio tan fuerte golpe con el
+tiento, que lo rompió en dos pedazos.
+
+--¡No me da la gana!--gritó.
+
+Jacobo hizo ademán de lanzarse a él, mas Currita le detuvo asustada...
+El niño, ronca la voz por la ira, breve y cortada como la de un
+calenturiento, volvió a gritar:
+
+--¡No me da la gana!... ¡Vete de aquí!... ¡Aquí no mandas tú!... ¡Esta
+no es tu casa!...
+
+Y se detuvo jadeante, sin voz, en medio de un silencio siniestro,
+parecido al que reina en la tempestad entre ráfaga y ráfaga... Jacobo
+habíase vuelto con los puños apretados, tartamudeando entre sus labios
+blancos de ira:
+
+--Está pidiendo un cachete...
+
+No terminó la frase: con la fuerza y prontitud que caracterizan al león
+en su ataque, con la sanguinaria avidez con que el cachorro de un tigre
+se arroja sobre su primera presa, lanzóse el niño a Jacobo, clavándole
+las uñas en la garganta, dándole cabezadas en el rostro, pateándole todo
+el cuerpo con las robustas piernecillas, que parecían tener músculos de
+acero. Sorprendido Jacobo, rechazó el brusco ataque, separando al niño
+con un poderoso esfuerzo de sus nervudos brazos, y arrojólo lejos de sí,
+cual si fuese un saco de arena, a cuatro pasos de distancia; su cabeza
+fue a chocar contra un enorme jarrón japonés, de bronce antiguo, que
+despidió un sonido metálico.
+
+Con los ojos dilatados de terror, púsose Lilí a su lado de un salto y
+levantó entre sus manos la lívida cabecita. Celestino le cogió en sus
+brazos y llevóselo apresuradamente fuera de la estancia.
+
+Quedó Lilí arrodillada en la alfombra, mostrando a su madre sus manitas
+ensangrentadas, tartamudeando con la opaca vibración de un terror sin
+medida:
+
+--¡Sangre!... Mamá... ¡Sangre!...
+
+
+
+
+--IV--
+
+
+Pedro López creyó sucumbir de plétora de inspiración al dar cuenta en
+_La Flor de Lis_ del gran baile de _ancha base_ celebrado el lunes de
+Carnaval en casa de los excelentísimos señores marqueses de
+Villamelón... Hay situaciones, hay espectáculos que el hombre comprende
+y admira con su instinto, pero no puede describir ni comentar con su
+talento; en tales casos, el poeta más grande, el escritor más maestro,
+es el que exhala el grito más natural, la exclamación más vehemente...
+Por eso juzgó Pedro López la mejor manera de describir el mágico baile
+estampar al frente de una cuartilla un «¡¡¡Oh!!!» profundo, un verdadero
+_do_ de pecho literario, y dejar todo lo demás en blanco.
+
+Más allá, por la madrugada, cuando retirado en la _serre_ tomaba
+apresuradamente algunas notas, acercósele Butrón, rendido y satisfecho,
+como el caudillo después de la victoria, y adelantando la torneada
+pierna que el calzón corto y la media de seda negra ceñían por completo,
+haciendo ondular con juvenil garbo la airosa capa veneciana, díjole con
+entonación solemne, con misterio profundo, metiéndole la punta de la
+nariz dentro de la oreja izquierda:
+
+--¡López!... ¡Mucho ojo!... Su _compte-rendu_ de usted nos asegura el
+triunfo... Que toda esa gentecilla cursi vea su nombre en _La Flor de
+Lis_, ensalzada por el _reporter_ elegante de los salones, y es nuestra
+para siempre... ¡Fuera escrúpulos!... ¡La de Martínez, bellísima!... ¡La
+García Gómez, encantadora!... Esta que viene aquí, un portento; la
+Victoria Colonna, de este siglo...
+
+Y atento y obsequioso, corrió a estrechar la mano de la Victoria Colonna
+del siglo XIX, una jamona muy madura, de metro y medio de largo y doce
+arrobas de peso, vestida de Safo, con corona de mirtos en la cabeza,
+lira de latón dorado en la mano, y en la chata nariz--¡Manes de Phaon,
+estaos quedos!--¡gafas de oro!...
+
+Era la excelentísima señora doña Paulina Gómez de Rebollar de González
+de Hermosilla, eminente literata, poetisa afamada, a quien Butrón había
+echado el ojo para secretaria de la junta de señoras.
+
+La redada había sido, en efecto, completa y calificábala Butrón de
+_pesca milagrosa_; el caritativo anzuelo de socorrer a los heridos del
+Norte había prendido en todos los corazones, verificando la fusión
+deseada, y el heterogéneo personal de la Asociación de señoras quedó
+reclutado, faltando tan sólo organizarlo. Triunfante Butrón y
+rejuvenecido, felicitaba a unos, animaba a otros, multiplicábase por
+todas partes, tendiendo siempre la caña, y entre el calorcillo de la
+cena y el humo de las satisfacciones, estuvo a pique de desquiciarse
+aquella cabeza tan firme, hasta el punto de pasar por ella la idea de
+invitar para el cotillón a la excelentísima señora doña Paulina Gómez de
+Rebollar de González de Hermosilla. Un extraño rumor que comenzaba a
+circular por los salones vino a detenerle al borde del abismo, más
+profundo que el agitado mar, sepulcro de la Safo auténtica, al pie de la
+roca de Léucades.
+
+Susurrábase que allá, en un apartado gabinete, había surgido un lance de
+honor entre dos personajes de mucha cuenta. Azorado Butrón, corrió a
+informarse por sí mismo, temeroso de que aquel incidente imprevisto
+viniese a romper los lazos de unión con tanto trabajo anudados. Acercóse
+a un grupo; en medio peroraba Gorito Sardona, vestido de peón de ajedrez
+y muy enterado del caso; habíalo presenciado todo y era uno de los
+contendientes el tío Frasquito.
+
+--¡Polaina!--exclamó Diógenes--. ¿Y a qué es el duelo?... ¿A tijera o a
+aguja?...
+
+--Algo parecido anda de por medio--replicó Gorito.
+
+Y prosiguió diciendo, con grandes ponderaciones y mucho misterio, que el
+otro contendiente era sir Roberto Beltz, capitán de guardias agregado a
+la embajada inglesa, hombre muy posma, muy preguntón, muy aficionado a
+investigar el porqué de todas las cosas, y metódico y ordenado hasta el
+punto de reírse por la mañana de los chistes oídos la noche antes.
+
+Al oír hablar de sir Roberto Beltz, hizo Diógenes un gesto como si le
+asaltara gran tentación de risa, y quedóse, sin embargo, muy serio
+escuchando la narración del gomoso. De ella resultaba que el tío
+Frasquito había observado con sorpresa al principio, con recelo luego y
+con inquietud más tarde, que sir Roberto Beltz le seguía a todos los
+lados sin perderle un momento de vista; atribuyólo, al pronto, a la
+admiración que pudiera causarle su magnífico traje de gran mandarín,
+capaz de despertar las envidias del _Mikado_, porque era el tío
+Frasquito el feliz mortal que había tenido la honra insigne de figurar
+como rey blanco, al lado de Currita, en la famosa partida de ajedrez
+que acababa de representarse. Mas al terminar esta, encontróselo
+repetidas veces entre los frecuentes apretones del baile, rozándolo
+siempre con intención muy marcada y sacudiéndole en dos ocasiones.
+
+--¡Unos codazos--decía la víctima en su capítulo de
+cargos--horrorrosos..., horrorrosos!... Ni más ni menos que si
+pretendiese averriguarr si sonaba yo a hueco...
+
+Y algo más tarde, hallándose el venerable mandarín hablando con unas
+señoras, un poco inclinado hacia adelante por estar ellas sentadas,
+acercósele sir Roberto con mucho disimulo, oculto entre el gentío, y sin
+provocación ninguna, sin objeto alguno justificado, ¡zas!, hundióle con
+flema británica, hasta la cabeza, un alfiler en la nalga izquierda...
+
+--¡Majadero!--exclamó Diógenes--Si le dije que era la derecha... La
+derecha es la de corcho.
+
+Y en medio del pasmo de todos y de sus risas después, explicó entonces
+Diógenes el enigma... Mientras las cuadrillas del ajedrez bailaban,
+hallábase sir Roberto Beltz al lado de Diógenes, mirando con grande
+atención al tío Frasquito, que muy pomposo y satisfecho en su papel de
+rey, movíase con pausa y majestad sobre el tapiz a cuadros rojos y
+blancos que representaba el tablero.
+
+--¿Quién es ese _goven_?--preguntó a Diógenes.
+
+--¿_Goven_?... ¡Polaina!... Dos años me lleva a mí, y tengo sesenta y
+tres; conque ajuste usted la cuenta.
+
+Estiróse la cara de pasmo perpetuo de sir Roberto, y Diógenes acrecentó
+su asombro, añadiendo muy serio:
+
+--Ahí, donde lo ve usted, lleva en el cuerpo treinta y dos cosas
+postizas.
+
+--¡Oh, señor de Diógenes! Usted estar un andaluz muy crecido...
+
+--¿Que no?... Pues vaya usted contando...
+
+Y comenzó a enumerar los componentes que suponía en el tío Frasquito la
+leyenda, acabando por poner en el catálogo la nalga de corcho. Sir
+Roberto, asombrado, creyendo encontrar un nuevo modelo de _hombre
+clástico_ que colocar en el British Museum, quiso aplicar al hallazgo su
+método experimental, y recibió, en cambio, un espontáneo abanicazo que,
+en la irascibilidad de sus nervios excitada, le sacudió el tío Frasquito
+con su abanico de mandarín en lo alto de la cabeza.
+
+La sangre no llegó, sin embargo, al río; intervino Currita muy indignada
+contra las zafias bromas de Diógenes, y puso fin a la contienda
+apoyándose en el brazo de sir Roberto Beltz, para dar una vuelta por la
+_serre_, y encargando antes al tío Frasquito que convidase para el día
+siguiente a comer con ella a todos los que habían tomado parte en las
+dos cuadrillas, blanca y negra. Fernandito quería fotografiarlas en
+ambos grupos y en sus respectivos trajes, para que publicasen luego un
+gran grabado de ellas en _La Ilustración Española y Americana_.
+
+La comida fue divertidísima; Currita tuvo el capricho de mandar preparar
+a su cocinero un _menú_; japonés, y todos se sentaron a la mesa con los
+mismos trajes japoneses con que en diversos grupos y actitudes se habían
+retratado en la cabaña de Fernandito. A los postres tuvo el tío
+Frasquito una idea nueva y felicísima, una verdadera inspiración nacida
+entre los vapores de su estómago agradecido, y acogida con entusiasmo
+por todos los presentes. Ocurriósele, para eternizar la memoria de aquel
+baile famoso, para grabar el recuerdo de aquellos trajes lujosísimos,
+para no separar nunca de su reina aquella aristocrática cuadrilla
+japonesa, reclutada por él mismo en los salones del Veloz-Club,
+prolongar la mascarada, transformándola en una especie de guardia de
+honor que sirviese y acompanase a Currita por todas partes, llevando
+alguna particular contraseña que la diferenciase del resto de los
+mortales. Currita aceptó encantada la idea, y señaló como distintivo de
+la nueva orden de caballería una corbata azul, color de la famosa liga
+de la condesa de Salisbury, para fundar la antigua y nobilísima orden de
+la Jarretière. Brindóse la dama a regalar a todos la insignia de la
+nueva orden y envióle a cada uno una preciosa corbata azul de rica seda
+japonesa, sujeta por un alfiler formado por una gruesa perla,
+procedentes todas de un magnífico collar que había pertenecido a su
+madre. El tío Frasquito fue nombrado por aclamación gran maestre de los
+ilustres caballeros, que tomaron el dictado de _Mosqueteros de Currita_.
+La cáustica sátira madrileña, la más sangrienta quizá que hemos
+conocido, hízoles bien pronto variar de nombre. Carmen Tagle,
+profundamente resentida, porque habiendo representado ella a la reina
+negra en la partida de ajedrez no se había formado ninguna guardia en
+honra suya, comenzó a designar a la de su rival, por su origen japonés,
+con el nombre de _Mikado_.
+
+--¡Ese, ese es el nombre propio!--gritó la Mazacán, entusiasmada al
+oírlo--. Lo natural y lógico es que para guardar a _la mona Jenny_ se
+cree un cuerpo de _micos_.
+
+Y desde aquel entonces quedó confirmado el cuerpo de mosqueteros con la
+nueva denominación de _Micos de Currita_.
+
+También el tío Frasquito conquistó en aquella escaramuza otro
+sobrenombre, que vino a aumentar ese largo catálogo de ellos que
+prodigan la malignidad y la envidia con tan grande profusión, en la alta
+sociedad madrileña. La duquesa de Bara habíale encontrado gran parecido,
+vestido de mandarín, con un retrato publicado en _La Ilustración_, de
+Pan-Hoei-Pan, célebre literata china, y _Pan-Hoei-Pan_ comenzó a
+llamarle desde entonces la inmensa falange de sus sobrinos legítimos y
+espurios.
+
+Jacobo, con la egoísta y rapaz avaricia con que moderaba todos los
+gastos de Currita, y la despótica autoridad que sobre ella ejercía,
+reprendióle agriamente aquel derroche de perlas, desperdiciadas en
+regalar corbatas a sus _micos_. Ella, ciega por la más temible y la más
+tupida de todas las vendas, y temerosa siempre de verse privada de las
+luces y consejos de aquel hombre, que llenaba la escasa cavidad de su
+corazón y satisfacía las inmensas proporciones de su vanidad, resolvió
+entonces, para desagraviarlo, hacerle el 30 de abril, día de su
+cumpleaños, un magnífico regalo. Iluminó, pues, con ayuda de Reguera,
+una gran fotografía en que se hallaba representada ella misma con su
+rico traje de reina japonesa, y encargó dibujos para un marco suntuoso
+que habían de ejecutar, en oro, plata y pedrería, Marzo y Ansorena. Los
+dibujos, sin embargo, no la satisfacían; el 30 de abril se acercaba, y
+apremiada por lo breve del plazo, desesperaba ya de ver realizado su
+proyecto. Propúsole entonces Celestino Reguera comprar un marco antiguo,
+de plata cincelada, que procedente de cierta casa ducal muy conocida,
+estaba de venta en la Exposición de arte retrospectivo. Currita se dio
+una palmada en la frente.
+
+--¡Tonta de mí!--dijo--. Si no se necesita; si tengo yo aquí mismo, en
+casa, al alcance de la mano, algo mejor y mas rico que cuanto pudieran
+ofrecerme.
+
+Con la viveza de una niña que corre a satisfacer un soñado capricho,
+atravesó Currita los vastos departamentos del palacio, en que
+resplandecían por todas partes el lujo y la molicie; llegó a uno de sus
+extremos, la de honor en otro tiempo, habitada entonces por la
+servidumbre. En una especie de rotonda, adornada con antiguas pinturas
+al fresco, ya del todo desteñida y borradas, abríase una gran puerta de
+roble con herraje de bronce y bellos tableros de talla. En vano intentó
+la condesa levantar con sus delicadas manecitas el enorme pestillo
+cincelado: estaba la llave echada. Acercóse entonces a la salida de un
+corredor que daba a la cocina y gritó muy impaciente:
+
+--¡Germán!... ¡Basilio!... ¿No hay nadie?...
+
+Acudió Germán muy presuroso y extrañado de encontrar a la señora condesa
+por aquellos andurriales.
+
+--La llave de aquí--dijo ella.
+
+Germán se encogió de hombros. ¿Quién iba a saber dónde estaba aquella
+llave?
+
+--¡Pues buscarla en seguida!--gritó Currita--. ¡Pregunte usted a don
+Joselito, en la contaduría, en todas partes!... ¡Jesús! ¡Qué fastidio!
+
+Y daba pataditas en el suelo, llena de impaciencia, mientras Germán se
+lanzaba presuroso por toda la casa en busca de la llave. Volvió, al fin,
+después de un cuarto de hora trayendo una muy grande, llena de orín, con
+un tarjetón de pergamino colgando, en que se leía: _Oratorio_. La llave
+entró rechinando en la cerradura, y en vano forcejeó Germán para hacerla
+dar vueltas; preciso fue sacarla de nuevo, untar las guardias con
+aceite, e introduciendo un palo por el ojo, giró al cabo al sexto o
+séptimo empuje. Otros dos o tres vigorosísimos que dio Germán con todo
+su cuerpo sobre una de las hojas hicieron girar a esta lentamente,
+dejando escapar una bocanada de viento húmedo: el interior estaba
+oscuro.
+
+--Espere usted aquí--dijo Currita con cierto airecillo de miedo.
+
+Y adelantóse ella con las manos extendidas para no tropezar, cerrando
+los ojos un momento para poder acostumbrarse a aquellas tinieblas.
+Algunos reflejos de tenue luz entraban por dos altas y rasgadas ventanas
+laterales, cubiertas ambas con grandes cortinones de rojo damasco,
+desteñido y empolvado. Currita quiso descorrer uno de ellos, tirando
+violentamente del cordón de seda que a lo largo de la pared bajaba desde
+lo alto; mas la cortina rechinó sin descorrerse, y podrido sin duda el
+cordón, rompióse por arriba, cayendo sobre Currita enroscado, cual si
+fuese una larga y delgada serpiente. La dama dio un chillido, y una nube
+de espeso polvo se desprendió al mismo tiempo, y dos murciélagos
+salieron de entre los pliegues del brocado y comenzaron a revolotear de
+una a otra parte.
+
+¡Germán!--gritó Currita muerta de miedo.
+
+Y disimulando, al verle entrar, su repentino azoramiento, añadió,
+huyendo del malhadado cordón, cual si fuese en realidad una serpiente:
+
+--¡Jesús, hombre, qué torpeza!... Acabe usted y descorra esa cortina...
+
+Con gran trabajo y tirando de los dos cordones a la vez, con sumo
+tiento, pudo Germán descorrer la contraria, y asustada por la luz, saltó
+entonces del altar una gallina y echaron a correr dos o tres pollos
+cacareando, entrándose por una puertecilla entreabierta que a la derecha
+del retablo había. Currita miró a Germán estupefacta, y este,
+conteniendo a duras penas una carcajada, que le pareció falta de respeto
+a su ilustre dueña, contestó muy grave.
+
+--El cocinero encierra aquí a los que ha de matar para tenerlos más a
+mano.
+
+--¿Pero por dónde los mete?... ¡Si estaba la puerta tan atrancada!...
+
+--Por la otra puertecilla de la sacristía que da junto a la cocina...
+
+--¡Ya!...
+
+Penetraba la luz por los sucios y empolvados cristales, escasa y como
+avergonzada, mas era suficiente para iluminar aquel cuadro desolador de
+impío abandono... Era el oratorio una preciosa capilla de alta bóveda
+pintada al fresco, construida con grande gusto y riqueza a fines del
+siglo XVII. Hallóse en tiempos tapizada de arriba abajo con ricos paños
+de damasco encarnado, que caían entonces en sucios guiñapos a lo largo
+de las paredes, llenas de manchas y desconchones, como el rostro de un
+virolento; a trechos, veíanse encerrados en ricos marcos, ya podridos,
+amarillentos pergaminos en que constaban las innumerables gracias y
+privilegios concedidos por los sumos pontífices a los fundadores de la
+capilla. La rica talla, algún tanto churrigueresca del retablo,
+desaparecía bajo una espesa capa de polvo y de telarañas, y las varias
+imágenes que ocupaban las hornacinas parecían tener esa palidez lívida
+que indica en los hombres lo supremo del espanto. Sobre el altar veíanse
+el ara rota, el tabernáculo hundido, y dos bellos ángeles, que a un lado
+y otro sostenían antes lámparas de plata, levantaban entonces sus manos
+vacías, crispadas, como anunciando la cólera del Señor... A los pies de
+la capilla, sobre un confesonario destrozado y varios reclinatorios
+rotos, hallábanse amontonados trastos viejos, muebles inservibles y el
+armazón de un teatro en que había representado la condesa, tiempos
+atrás, unos famosos _cuadros vivos_. Sobre las dos gradas que formaban
+el presbiterio había, a la izquierda del retablo, una especie de armario
+de cristales, embutido en la pared, donde se guardaban reliquias: allí
+se dirigió Currita, mandando a Germán que abriese la puerta. En la parte
+inferior había varios estuches medio abiertos que encerraban vasos
+sagrados, y tirada en un rincón, arrugada y hecha un lío, una casulla de
+terciopelo negro, con ricos bordados de oro, que presentaban en
+primoroso realce las armas de la casa. Al verla Currita, acordóse
+instantáneamente de la última misa celebrada en aquel recinto profanado:
+había sido quince años antes, estando allí mismo de cuerpo presente la
+vieja marquesa de Villamelón, madre de Fernandito: aún se veían a lo
+lejos, entre los amontonados restos del teatro, las piezas del catafalco
+que había sostenido su cuerpo. Currita sintió una especie de escalofrío
+de miedo y miró instintivamente al sitio en que solía oír todos los días
+misa la anciana marquesa. Allí estaba su sillón de terciopelo, hundido
+todo y destrozado, y delante el reclinatorio, conservando aún sus
+almohadones apolillados las huellas de sus rodillas y sus brazos.
+Currita volvió bruscamente la espalda, como si temiese ver aparecer
+allí, pálida y airada, la sombra de la vieja dama.
+
+Estaba la parte superior del armario forrada de terciopelo rojo,
+bastante bien conservado, y sobre almohadillas del mismo terciopelo
+hallábanse varios relicarios de plata, guardando huesos de santos; en un
+rincón, de pie contra la pared, había un objeto de más de una tercia de
+largo, envuelto en una funda de oscuro tafilete, roída toda de ratones,
+y esto fue lo que cogió Currita, sosteniéndolo por su mucho peso con
+ambas manos, y saliendo al punto de la capilla muy de prisa, azorada,
+como si hubiese cometido un robo en lugar sagrado.
+
+A solas ya en su estudio, cuando abrió la destrozada funda, quedóse ella
+misma admirada: era aquello una preciosidad artística de valor inmenso,
+un marco de plata cincelada, obra admirable de orfebrería del siglo XVI,
+que ostentaba cual noble ejecutoria, esculpido en el pedestal de una de
+sus mil bellas figurillas, el nombre ilustre de Enrique de Arfe, autor
+de la custodia de Córdoba y de la llamada Cruz antigua. Aquella
+maravilla servía, sin embargo, de marco a un objeto harto extraño e
+insignificante: sobre un fondo de raso blanco y cubierto por limpidísimo
+cristal chafianado, veíase sencillamente un harapo, un pedazo de burdo y
+raído sayal pardo. Por el reverso, cerraba el cuadro una gran chapa de
+plata, sujeta por finas tuercas, que no sin grandes esfuerzos consiguió
+destornillar Currita. Liados en blancos tafetanes, amarillos ya por el
+tiempo, halló dentro dos papeles escritos con clarísima letra del siglo
+XVI, que sin esfuerzo ninguno podían perfectamente descifrarse. En uno
+decía: «Pedazo de la cogulla del venerable siervo de Dios fray Alonso de
+Luján, muerto en olor de santidad en su convento de Talavera de la
+Reina, a los 23 de enero de 1590». Y a renglón seguido, con la candorosa
+arrogancia de los magnates de aquella época, firmaba sencillamente:
+_Doña Catalina_.
+
+--¡Ya!--exclamó Currita muy admirada--. ¡Con que _esto_ era de
+_aquel_!...
+
+Y sus ojos fueron a buscar, entre las mil preciosidades que adornaban el
+estudio, una admirable cabeza, pintada por Pantoja, de un capuchino[16]
+muerto, en cuyo rostro resplandecía esa serena calma que deja impresa la
+muerte, como señal de predestinación, sobre la frente de los justos.
+Era, en efecto, aquella cabeza venerable el retrato de fray Alonso de
+Luján, hermano del cuarto marqués de Paracuéllar, y había sido
+trasladado años atrás del oratorio a los salones de la casa, no como
+objeto de piedad, sino como monumento de arte.
+
+[Nota 16: Esta cláusula está tomada literalmente del testamento
+citado, sin otra variación que la de introducir en ella el nombre
+supuesto de la Marquesa de Paracuéllar.]
+
+En el otro papel hallábase copiada esta cláusula del testamento de doña
+Leonor Manrique de la Cerda, repartiendo entre sus parientes un hábito
+de su primo hermano, el venerable padre fray Alonso de Luján, religioso
+capuchino: «Mi señora, la duquesa del Infantado, escoja la pieza que le
+pareciere, y otra se dé al conde de Salvatierra, y otra al conde de
+Montijo, y otra a mi sobrina doña Catalina, marquesa de Paracuéllar, y
+el cordón se dé al conde de Salinas, mi sobrino, que lo tenga y venere
+como cordón y reliquia de un tan venerable y santo varón como yo lo he
+tenido; y una cogulla que yo tengo del dicho padre fray Alonso mando
+también a mi señora duquesa, y le suplico la dé cuando a su excelencia
+le pareciere al conde del Cid, y la pieza que su excelencia escogiere,
+la dé al duque de Béjar, de cuya casa era muy devoto el dicho padre fray
+Alonso.»
+
+Currita estaba admirada... Mentira parecía que aquellas buenas gentes,
+tan grandes señores, por otra parte, tan famosos en la historia muchos
+de ellos, se repartiesen entre sí, como joyas preciosas, el burdo sayal
+de un pobre fraile. ¡Lo que varían los tiempos!... La buena de doña
+Catalina se había gastado un dineral en fabricar una joya para su
+pedacito de cogulla, sin sospechar siquiera que había de ahorrarle a
+ella el gastarlo en...
+
+Con una brusca sacudida echó fuera, sin tocarla, la reliquia, y puso
+después en su lugar el retrato. Estaba perfectamente, y sólo con
+recortarle un poco los bordes encajaría tan bien como si hubiese sido
+hecho el marco a su medida. Currita calculaba complacidísima el efecto,
+alejando de sí el retrato, y la mano con que le sostenía fue a tropezar
+con el pedazo de cogulla del fraile; retiróla bruscamente, cual si
+hubiese tocado una brasa ardiendo, y miró con miedo, con espanto casi,
+la magnífica cabeza de Pantoja, que tan admirablemente expresaba sobre
+el lienzo la imponente y serena calma de la muerte. Con los mismos
+papeles que encerraban la auténtica y la cláusula testamentaria, cogió
+la reliquia de fray Alonso, y sin tocarla, con un gesto que lo mismo
+expresaba la repugnancia que el miedo, el asco que el respeto, arrojólo
+todo en una preciosa cestilla destinada a recibir papeles para la
+basura. Arrepintióse al punto; había oído ella que las cosas santas no
+deben tirarse, sino quemarse, y volviólo a recoger todo de la misma
+manera para no tocar la reliquia, y fue a echarla entonces en una
+chimenea encendida que ardía en un ángulo. Otra vez lanzó, sin poderlo
+remediar, una mirada a hurtadillas, con medroso recelo, a la pálida
+cabeza del fraile muerto.
+
+Un fuerte olor acre y desagradable del paño que se quemaba extendióse al
+punto por toda la estancia. En aquel momento entró Villamelón muy alegre
+y satisfecho, que volvía de Chamartín de la Rosa, donde en su preciosa
+quinta de Miracielos estaba ensayando con gran entusiasmo la incubación
+artificial de los huevos de gallina.
+
+--¡Jesús, hija, qué mal olor!--exclamó deteniéndose a la entrada--. ¿Qué
+has quemado?... Si _huele_ aquí a infierno...
+
+Currita se puso muy seria, muy enfadada, y hasta un poco pálida.
+
+--Mira, Fernandito, no digas tonterías... No me gustan bromas con las
+cosas del otro mundo.
+
+Y como si fuese cosa de él, volvió a lanzar otra mirada furtiva y
+medrosa a la imponente cabeza de fray Alonso.
+
+--Pero hija, Curra, ¿sabes?... Que abran esa ventana; si _huele aquí_ a
+chamusquina, a cuerno quemado...
+
+--Pues nada, hombre; un pincel viejo que tiré en la chimenea... Vamos,
+dejemos ya eso. ¿Has visto a Lilí?...
+
+Villamelón dio una gran palmada.
+
+--¡Mujer!... Se me olvidó...
+
+--¿Pues no te dije que fueras a verla?--gritó Currita muy colérica.
+
+--Pues, nada, hija, se me olvidó... ¿Qué vamos a hacerle?...
+
+--¡Jesús, qué hombre este!... Se acuerda de ver las gallinas y se olvida
+de visitar a su hija...
+
+Porque el lector ignora aún que ninguno de los dos niños estaba ya en la
+casa... Cuatro días después de la escena que en el anterior capítulo
+queda referida, cayó Currita en la cuenta y convenció de ello a
+Fernandito de que, no pudiendo dedicarse ella exclusivamente a la
+educación de sus hijos como hubiera sido su deseo, era lo mejor enviar a
+Lilí al colegio que tienen en Chamartín las religiosas del Sagrado
+Corazón, y a Paquito al que por aquel tiempo tenían los jesuitas en
+Guichón, del lado de allá de los Pirineos... Ni ella ni Jacobo habían
+tenido en cuenta que en aquel mismo colegio se educaba Alfonsito
+Téllez-Ponce, el hijito de este.
+
+Villamelón, muy contrito de su falta, prometió remediarla al día
+siguiente, cuando fuese a Chamartín a inspeccionar los períodos de la
+incubación artificial, que ocupaba en aquella época toda su atención y
+todo su tiempo. Diógenes, al saber las nuevas aficiones del ilustre
+prócer, había dicho:--No hay que extrañarse... Está clueco.
+
+
+
+
+--V--
+
+
+La cola que formaban los coches frente al palacio del marqués de Butrón
+cogía casi toda la calle de Hortaleza, atravesaba la red de San Luis e
+iba a perderse en la de la Montera. Los carruajes avanzaban lentamente,
+parábanse un momento, abríanse y cerrábanse con estrépito las
+portezuelas, y corrían luego a estacionarse en la Plaza de Santa
+Bárbara. Los transeúntes deteníanse extrañados y quedábanse muchos
+contemplando aquella larga procesión de damas, rara en Madrid, a la
+clara luz de las tres de la tarde. El Gobierno parecía alarmado: varios
+agentes de orden público paseábanse por la acera de enfrente, a lo largo
+del palacio, y algunos polizontes se mezclaban entre los curiosos o
+trababan conversación con cocheros y lacayos, que charlaban entre sí
+desde los pescantes, designándose, según la clásica costumbre, por los
+ilustres nombres de sus amos.
+
+Las damas saltaban ligeramente de los coches, atravesaban el gran
+portal, subían la escalera alfombrada y perdíanse, con aire de
+conspiradoras, en aquel ancho salón del teatro, famoso en otro tiempo
+por haber representado en él don Ventura de la Vega _El hombre de mundo_
+y dirigido Bretón de los Herreros en persona los ensayos de _El pelo de
+la dehesa_. Reinaba en él una media luz prudentísima, un prematuro
+crepúsculo que velaba con paternal indulgencia entre sus sombras
+misteriosas los grandes deterioros del decorado, incapaces de resistir
+con honra la descarada luz de las tres de la tarde.
+
+Desde fuera, parecía aquello el zumbido de una colmena colosal, en que
+doscientas mujeres murmurasen al mismo tiempo entre el crujido de las
+sedas, el ric-rac de los abanicos, las tosecillas afectadas que dan
+tiempo a preparar una respuesta, las melifluas risitas que acompañan
+siempre a la afectuosidad femenina, y los perfumes peculiares a
+doscientos gustos diversos y doscientos tocadores distintos. A veces,
+reinaba de repente uno de esos súbitos silencios que el pueblo andaluz
+atribuye al involuntario respeto que infunde el invisible aleteo de un
+ángel que pasa; era más bien algún diablillo que llegaba, alguna dama
+famosa por cualquier concepto que traspasaba el dintel, obligando a la
+crítica a replegarse sobre sí misma, para estudiar el blanco sobre que
+había de disparar su metralla.
+
+Ningún hombre aparecía a la vista; en el fondo, tras la sencilla cortina
+de rojo terciopelo, con las armas de Butrón bordadas en el centro, que
+cerraba la emboscadura del teatro, adivinábase, sin embargo, algo
+masculino, algún espíritu no santo que tosía y estornudaba como el resto
+de los mortales, porque dos toses y un estornudo, habían llegado al oído
+avizor de la señora de Barajas, que estaba allí cerca; tocó con el codo
+a su hermana, diciéndole muy bajo: «Aquí hay duendes»; y la otra, sin
+volver la cabeza, contestó muy seria:
+
+--Robinsón y su negro Domingo, que se habrán constipado en la isla
+desierta.
+
+Así era, en efecto: el gran Robinsón y el señor Pulido hallábanse tras
+el telón, observando por los dos imperceptibles agujeritos que servían
+en otro tiempo para registrar la sala a los ilustres actores que habían
+pisado aquella escena aristocrática. El respetable diplomático parecía
+inquieto, y el señor Pulido iba y venía sigilosamente de uno a otro
+agujero, apretando los labios y moviendo la cabeza, con muestras también
+de alguna zozobra.
+
+La concurrencia era numerosa, escogida y a propósito para secundar los
+planes del diplomático; mas notábase, sin embargo, un síntoma alarmante,
+una peligrosa falta de disciplina en la mesnada aristocrática, las
+alfonsinas de raza, pertenecientes, en su mayor parte, a familias de la
+Grandeza. Habíanse sentado todas ellas hacia el lado izquierdo, formando
+un grupo, y, cuchicheando y cambiando entre sí risitas y señas burlonas,
+miraban entrar y amontonarse en el lado opuesto a las cursis radicalas,
+con el aire de desdeñosa protección de la gran señora que permite a su
+doncella sentarse a su presencia, a cuatro metros de distancia. Tan sólo
+la duquesa de Bara, fiel a la consigna del caudillo, habíase apresurado
+a sentarse entre las dos ministras cesantes: la de Martínez, mujer
+sencillísima y modesta, que se hallaba allí como gallina en corral
+ajeno, y la de García Gómez, cursi pretenciosa, que pretendía deslumbrar
+a pájara tan larga como la duquesa con sus alardes de elegancia y de
+buen tono.
+
+En vano iba de un lado a otro la marquesa de Butrón, intentando, con su
+fino tacto y sus delicadas maneras, ahogar en germen aquellos puntillos
+mujeriles, aquellas vanidades alborotadas que amenazaban dar al traste
+con la suspirada fusión a duras penas obtenida en el baile de Currita;
+tan sólo pudo conseguir su ímprobo trabajo colocar a la duquesa de
+Astorga, mujer bondadosísima, al lado de la excelentísima señora doña
+Paulina Gómez de Rebollar de González de Hermosilla, cuya colosal figura
+se destacaba sobre un asiento muy alto, aislada entre tirios y troyanos,
+silenciosa y pensativa, cual Safo meditando su suicidio en lo alto de la
+peña de Léucades.
+
+Las carlistas, por su parte, pocas en número, pero en valor muy
+aguerridas, formaban otro grupito sospechoso, teniendo al frente a una
+viejecilla chiquitilla, flaca y nerviosa, de ojos vivísimos. Era la
+baronesa de Bivot, ilustre catalana, que se removía sin cesar en el
+asiento, esgrimiendo el abanico con el bélico ardor del veterano ansioso
+de combate que huele la pólvora a lo lejos. Carmen Tagle la bautizó al
+punto.
+
+--Allí está _Zumalacárregui_--dijo a su vecina--. Mírala, el cuerpo le
+pide pendencia.
+
+El respetable Butrón se daba a todos los demonios temiendo una
+catástrofe, y aplicaba el oído en vez del ojo al agujero, a ver si podía
+pescar alguna palabrilla suelta que indicase el rumbo que tomaba la
+tormenta. No se oía nada; un zumbido colosal de colmena en momentos de
+mudanza, que le sacaba de quicio, poniéndole nervioso.
+
+--¡Pero que siendo tantas no haya una sola que calle!--exclamó hecho un
+basilisco; y el señor Pulido, sin perder su pausa, con filosófica
+profundidad, replicó muy bajito:
+
+--Las prefiero hablando, Pepe... Callar sería contra naturaleza.
+
+Y en aquel momento, como si quisieran probar aquellas amables criaturas
+que llevar siempre la contra es el rasgo peculiar del sexo, callaron
+todas de repente, siguiéndose un silencio profundo, un _calderón_
+prolongadísimo de cerca de un minuto, seguido, a su vez, de un allegro
+alborotado, un crescendo inverosímil, rápido y vivace... Algo gordo
+sucedía, y el respetable Butrón y el filosófico Pulido acudieron al
+punto muy azorados a sus respectivos observatorios... Entraba la condesa
+de Albornoz, con aquel paso de que habla Virgilio, que revela una reina
+o una diosa, inclinando la cabeza con el aire de vanidad satisfecha de
+aquel emperador romano que encogía la suya al pasar bajo los arcos de
+triunfo, por miedo de tropezar en ellos con la frente; seguíala la
+marquesa de Valdivieso, una de las cómodas amigas de fácil contener que
+traía ella siempre a retortero para que la acompañasen como damas de
+honor, sirviendo, según su frase, de marco a su elegancia.
+
+Cogióla Leopoldina Pastor por las faldas, al pasar por su lado, y quiso
+obligarla a sentarse entre ella y Carmen Tagle... Era necesario
+escarmentar a aquellas indecentes radicalas que estaban allí con la boca
+abierta, _dándose pisto_, soñando quizá con la presidencia...
+
+--¡Míralas, qué retablo!...
+
+Deseando estaba que Genoveva tomase la palabra para tener ocasión de
+decir a aquellas cursis cuatro palabritas bien dichas, ¡pero iba a estar
+aquello muy frío!... A ella le hubiese gustado discutir a caballo, con
+los hunos de Atila. Dióle Currita cariñosamente en el hombro con el
+abanico, murmurando: _C'est drôle_; saludó con una monísima cabezadita
+al amplio círculo de sus ilustres amigas y dejóse llevar suavemente por
+la Butrón al lado opuesto, sentándose, al fin, junto a la duquesa de
+Bara y las dos ministras. Apretóle cariñosamente la mano a la de
+Martínez, diciéndole: «¡Querida mía!», y manifestó a la García Gómez su
+desolación profunda por no haberse encontrado el día antes en casa
+cuando estuvo esta a visitarla.
+
+--Coraje me dio al ver su tarjeta... Hubiera deseado que charlásemos un
+rato... Quiero que seamos amigas...
+
+La García Gómez creyó reventar de dicha ante honra tan repentina, y
+miraba a todas partes, tan oronda y satisfecha entre aquellas dos
+grandes de España como la rata de la fábula en el queso de Holanda.
+María Valdivieso, con prudencia inusitada en ella, mordíase los labios
+para no soltar la risa. El venerable Butrón seguía desde su agujero toda
+aquella pantomima, y murmuraba nervioso y exaltado:
+
+--¡Bien por Currita!... ¡Es lista esa _mona Jenny_, caramba!... ¡Con que
+María Villasis haga lo mismo, triunfamos!
+
+El señor Pulido, profeta siempre de desdichas, se permitió dudarlo; su
+olfato finísimo había adivinado un escollo en que el respetable Butrón
+no paraba mientes.
+
+--Aquella trae ya cara de presidenta, Pepe--dijo.
+
+--¿Quién?...
+
+--La Currita, Pepe... ¡Te lo dije!...
+
+Así era, en efecto: tan penetrada estaba esta de su superioridad que ni
+por un momento dudó de ser elegida, y pareciéndole que tras del baile
+había de venir la presidencia, de manera tan lógica y fatal como tras de
+la noche viene el día, había ya comunicado varias órdenes al tío
+Frasquito, gran maestre de los micos de su guardia, y confiado a María
+Valdivieso aquella misma tarde, en el camino, varios de los mil
+regocijos caritativos que a beneficio de los heridos del Norte
+proyectaba, y sobre todo, una _kermesse_ famosísima que había de
+producir millones y millones.
+
+Púsose Butrón al oír a Pulido muy enfadado, levantando los brazos como
+si quisiese coger las bambalinas.
+
+--¿Que trae cara de presidenta?... ¡Pues se quedará con la cara,
+Pulido!... ¡No faltaba más! Una mujer sin crédito, sin pizca de
+vergüenza... Me espantaba toda la gente de sacristía... ¿Qué diría el
+arzobispo cuando fuera a pedirle la bendición para la obra?... María
+Villasis es la única..., la única, Pulido.
+
+Nueva manifestación de duda de la ninfa Egeria, acompañada siempre del
+vocativo de su Numa Pompilio, fórmula de la íntima y familiar amistad
+que le unía con el personaje.
+
+--Lo dudo, Pepe...
+
+--¿También a esa la encuentras peros?...
+
+--La encuentro calabazas, Pepe...
+
+Butrón, muy incomodado, dio media vuelta diciendo que más bien serían
+camuesas, y el señor Pulido, sin perder su paz, repitió muy bajito:
+
+--Digo calabazas, porque no vendrá, Pepe...
+
+--¿Que no vendrá?...
+
+--Es muy propensa a constipados... Acuérdate de la última junta, Pepe.
+
+--Que viene, hombre, que viene... Si se lo prometió ayer a Veva, que la
+mandé yo expresamente.
+
+Y así era, en efecto: la marquesa de Butrón había estado la víspera en
+casa de la Villasis a pedirle por todos los santos del cielo que no
+dejara de asistir a la junta; la pobre señora parecía azorada, y
+pedíaselo con tal ahínco, como si le fuera en ello la vida. La Villasis,
+sin embargo, no se mostraba muy propicia, y echándose a reír, le dijo:
+
+--¿Pero qué falta hago yo, mujer?... La misma que los perros en misa...
+
+--No digas eso, María, porque ni tú misma lo crees--replicó la otra muy
+apurada.
+
+--Pues mira, Genoveva, te seré franca... Si fuera cosa tuya..., tuya
+exclusivamente, iría con el alma y con la vida... Pero tratándose de lo
+que se trata..., vamos... que no me gusta ese _barrer para adentro_ de
+tu marido, que la pone a una siempre en el riesgo de tropezarse con
+basura... Y, francamente, no quiero ponerme en el caso de encontrarme
+mano a mano con una... Curra Albornoz u otra de su ralea.
+
+--Tienes razón... ¿Pero qué se le va a hacer, si Madrid es un lodazal?
+
+--No, no es un lodazal; porque tú y yo y otras muchas somos Madrid y,
+gracias a Dios, no somos lodazales... Di más bien que en Madrid _hay un
+lodazal_, que puede perfectamente evitarse andando con la ropa un
+poquito recogida... Pero, sin duda, es el maldito lodazal de agua de
+colonia, y como huele bien, a pocos veo que les repugne zambullirse
+dentro.
+
+--Pero mi casa no está en ese lodazal, María.
+
+--Lo sé; lo sé mejor que nadie, porque como nadie te conozco y te
+quiero... Por eso yo no me niego a ir a tu casa, sino a la junta _que
+tu marido hace celebrar en tu casa_. ¿Me entiendes?
+
+Y como si temiese que la otra encontrase la distinción harto metafísica,
+apresuróse a torcer un poco el camino, añadiendo prontamente:
+
+--No creas, por eso, que me niego también a contribuir a los fines de la
+asociación como una de tantas... Sé muy bien que lo de socorrer a los
+heridos es una pantalla; que se trata de preparar al ejército... No
+importa: yo también contribuiré a ello, pero sin disfrazarlo de obra
+caritativa... Lo hago, porque he visto nacer al príncipe y le miro y le
+quiero como cosa mía; y lo hago, sobre todo, porque se me ha prometido
+solemnemente que el primer cuidado de la Restauración será restablecer
+la unidad católica; que sin este requisito, nada, nada haría.
+
+La Villasis se detuvo un momento, y sin el menor alarde de esplendidez,
+con la sencilla naturalidad de quien ofrece una cosa insignificante,
+añadió en seguida:
+
+--Por eso, en cuanto quieras disponer de ellos, tengo a tu disposición
+diez mil duros... Si más pudiera, más daría.
+
+La oferta de aquel cuantioso donativo no deslumbró a la de Butrón;
+habíase turbado mucho mientras hablaba su amiga, y moviendo la cabeza
+vivamente dijo:
+
+--Lo creo, porque naciste para ser rica y sabes serlo... ¡Pero tu
+nombre, tu nombre vale más que los diez mil duros!...
+
+Y la otra, dándole palmaditas cariñosas y remedando su mismo tono
+lastimero, añadió en son de burla:
+
+--Pues mi nombre, mi nombre es justamente lo que no doy... Díselo así a
+tu marido.
+
+La de Butrón dejó caer ambas manos abatida y dijo con voz acongojada,
+imperceptible casi:
+
+--¡Dios mío!... ¿Y cómo le digo yo eso?...
+
+Y de repente, dejando escapar un súbito sollozo, tapóse el rostro con el
+pañuelo, y un llanto desconsolador brotó de sus ojos, revelando un
+profundo abismo de amargura, un dolor hasta entonces callado y oculto.
+Quedóse un momento suspensa la Villasis, atónita y afligida por el temor
+de haber causado aquella honda pena.
+
+--¡Pero, Genoveva, por Dios!... ¿Te he ofendido?...
+
+La otra meneaba vivamente la cabeza, intentando decir entre sollozos:
+
+--No..., no..., no... Es que Pepe...
+
+--Pues bien, ¡no le digas nada!... ¿Quieres tú que vaya?... Pues iré,
+iré de mil amores... ¿Cómo había yo de imaginarme que iba a causarte esa
+pena?
+
+Y tan afligida como su amiga, estrechaba entre las dos suyas una de sus
+manos, mientras la de Butrón, sin quitarse el pañuelo del rostro, cual
+si la vergüenza, al par que las lágrimas, la ahogaran, tartamudeaba:
+
+--Pepe..., el pobre..., es tan violento...
+
+Esta última palabra fue para la marquesa de Villasis un rayo de luz que
+le descifró el enigma: cruzó las manos con un gesto de ira, de sorpresa,
+de lástima profundísima, de compasión sin medida... ¡Luego era verdad,
+luego era cierto el chisme que varias veces había llegado hasta ella de
+que el noble Butrón, el leal caballero, el correcto diplomático,
+maltrataba con frecuencia a aquella esposa modelo, aquella ilustre
+señora, aquella débil anciana que sollozaba allí, ocultando la vergüenza
+de su marido en el fondo de su pecho, envuelta en su propia desdicha!...
+
+Un violento impulso de noble ira se levantó pujante en su corazón, y
+hubiera querido arrancar del todo a la infeliz su secreto, no sólo para
+remediar su dolor, sino también para vengarlo. Mas la noble anciana,
+fiel a su decoro de esposa, guardó ese difícil silencio con que las
+almas heroicas saben coronar una de las penas más vivas que existen en
+la tierra: el sacrificio despreciado, el sacrificio inútil, y la
+marquesa de Villasis no se atrevió a interrogarla; el primer cuidado de
+la delicadeza, al consolar un dolor, es respetarlo, y nada hiere tanto
+una pena como la curiosidad, sacrilegio, por decirlo así, de la
+impertinencia.
+
+Un llanto callado, el más sublime de todos los llantos, el llanto de la
+caridad, que cuando no remedia ni alivia consuela, llorando con el que
+llora, brotó entonces de sus ojos, y tan sólo al asegurarle una y mil
+veces que iría con sumo gusto al día siguiente a su casa, atrevióse a
+añadir con uno de esos brotes del corazón en que aparece la amistad tan
+santa y tan bella:
+
+--¿Quieres otra cosa, Genoveva?... ¿Te puedo servir en algo más?
+¡Dímelo!...
+
+Otro quejido que revelaba el complemento de los grandes dolores, la
+falta del último consuelo, la soledad del alma, se escapó entonces de
+los labios de la anciana.
+
+--¡Sí, sí, de mucho!... ¿Pues no lo ves? ¡Para poder llorar delante de
+alguien, para tener quien llore conmigo!...
+
+Y al despedirse, serena ya del todo y consolada en lo posible, dijo a la
+Villasis con intención marcadísima:
+
+--Te advierto que yo sólo te he pedido que _vengas mañana a casa_... De
+lo demás que pudiera sobrevenir nadie me hará responsable, y puedes
+negarte sin miedo.
+
+Y añadió con tristísima sonrisa:
+
+--Si yo estuviera en tu caso, haría lo mismo.
+
+
+
+
+--VI--
+
+
+La marquesa de Villasis tardaba; eran ya las tres y media y el
+respetable Butrón sentía angustias de muerte, temiendo verse por segunda
+vez chasqueado por la dama. Con el ojo pegado al agujerillo del telón
+disimulaba su mal humor y sus temores, por no exponerse a las machaconas
+observaciones del señor Pulido, mientras observando este por el otro
+agujero, se afirmaba más y más en los suyos, ofreciendo ambos al que
+entraba por el fondo del teatro un espectáculo original y extraño en
+demasía. Hallábanse los agujeros bastante bajos por estar disimulados,
+en el lado opuesto, entre el bordado del escudo, y hacíase preciso, para
+observar por ellos, ponerse en cuclillas, posición harto molesta, muy
+semejante, por no citar otras, a la que usan los salvajes de Ohio para
+deliberar en el Consejo. Ovidio no refiere si el enamorado Píramo se
+ponía en actitud tan cómica cuando buscaba en la muralla una hendidura
+por donde contemplar a Tisbe; si así era, fortuna tuvo el galán en no
+ser visto por la dama.
+
+De repente, sonaron hacia el fondo del teatro pasos importunos, que
+hacían crujir las tablas del escenario; furioso Butrón volvióse agitando
+las manos extendidas e interpelando en colérico _sotto voce_ al
+imprudente, como al bueno de Kent el rey Lear:
+
+--¡Despacio, demonio, despacio!...
+
+Era el tío Frasquito, que llegaba atropellando la consigna de no
+permitir la entrada en aquel recinto, apresurado y ansioso por ver lo
+que pasaba en el congreso femenino, luciendo una corbata vistosísima,
+prenda hermafrodita en que profundos observadores suelen encontrar,
+reflejado con frecuencia, el carácter moral del individuo. La del tío
+Frasquito era la corbata de gran maestre de los micos de Currita, de
+seda azul japonesa, sujeta coquetamente con el alfiler de una sola
+perla. Habíale encargado la Albornoz venir a buscarla a casa de Butrón,
+para darle sin pérdida de tiempo sus primeras disposiciones de
+presidenta.
+
+Hizo el recién venido al diplomático mudas señas de que no se molestase,
+y renegando _Robinsón_ por lo bajo, volvió a su observatorio, encargando
+disimuladamente al señor Pulido que saliese a repetir a los criados la
+rigurosa consigna. Mas temeroso este de que le usurpara su puesto el
+intruso, hízose el desentendido, dejando abierta la puerta a la mayor
+calamidad que por ella pudiera entrarse.
+
+Mientras el tío Frasquito buscaba en vano otro agujero y decidíase, no
+encontrándolo, a abrirlo él mismo disimuladamente con un cortaplumas,
+una gran sombra apareció en el fondo de la escena, deslizándose muy
+despacio, con el cuerpo agobiado, los pies arrastrados, la mano
+extendida... Era Diógenes, el cínico Diógenes, que al ver a los tres
+personajes pegados al telón, vueltos de espalda y puestos en cuclillas,
+detúvose un momento, dejando escapar una risa silenciosa, risa de
+chacal, risa de hiena, que de verla el tío Frasquito hubiera sentido
+erizarse los pelos e su peluca. Cruzóse de brazos, movió de arriba abajo
+la gran cabezota y desapareció sigilosamente por entre los bastidores,
+metiéndose luego por debajo del escenario como un nihilista que se
+zambulle en el centro de la tierra para fraguar siniestros proyectos...
+
+--¡La Villasis! ¡La Villasis!--susurró en aquel momento Butrón con aire
+de triunfo; y pegó al punto el ojo al agujero, para no perder ningún
+incidente de la escena que iba a seguirse.
+
+La marquesa entraba, en efecto, causando su presencia un movimiento
+general de sorpresa, seguido de un murmullo prolongado que disipó las
+angustias de Butrón, hizo sonreír triunfalmente a la de Bara y morderse
+los labios a Currita, adivinando desde luego una rival, la más temible,
+porque era la más detestada. En la conciencia de todas las señoras
+presentes brotó al mismo tiempo la idea de que aquella era la llamada a
+ser la presidenta, porque a todas se imponía la marquesa por diversos
+conceptos: las sensatas y honradas admiraban en ella el tipo de la gran
+señora de virtud y de prestigio, digna y afable, que, firme en sus
+convicciones en medio de una sociedad frívola y corrompida, imponía
+sobre todos, callando siempre, la poderosa crítica del buen ejemplo. Las
+otras, más ligeras o menos honradas, veían, sin embargo, en ella la
+mujer de talento, la dama de gran nombre, de riquezas inmensas, de
+carácter firme e independiente, que sin prescindir jamás de las justas
+conveniencias que exige un rango elevado, sabía sacudir toda imposición
+que repugnase a su conciencia o a su decoro, constituyendo así lo que
+admiran tanto las medianías rutinarias, que sólo saben copiar lo que
+halaga la vanidad o seduce al instinto: un tipo original, genuinamente
+noble, digno y honrado.
+
+Algunas, ignorando, como ignoraban todas, excepto la Butrón y la de
+Bara, el modo cómo había de nombrarse la junta, dejaron escapar la idea
+entre sus misteriosos cuchicheos, y la señora de Martínez, con ingenua
+sinceridad, algún tanto lugareña, soltó esta frase, que hubiera
+provocado en otra ocasión las crudas sátiras de la de Bara:
+
+--¡Esa sí que es una marquesa de veras!...
+
+María Valdivieso, con su falta de tacto acostumbrado, inclinóse hacia
+Currita como para quitarle una pelusilla que desperfeccionaba el
+complicado lazo de las bridas de su sombrero y le dijo muy bajo:
+
+--¿Eh?... ¿Qué tal?... Con esta prójima no contábamos... ¿Te
+inquieta?...
+
+Irguióse la otra como una Juno a quien dijeran que la ninfilla más
+patimondada del Olimpo iba a sentarse en su carro tirado por pavos
+reales, y contestó desdeñosamente:
+
+--¿A mí?... Jamás me ha merecido ni un bostezo, que es el último de los
+gestos despreciativos...
+
+También la marquesa de Villasis hacía sus observaciones. Tendió la
+vista por la sala y pudo contemplar, desde luego, el Madrid heterogéneo
+de siempre, en que la virtud y el vicio se mezclan en amigable
+consorcio, representando la historia eterna de la manzana podrida que
+comunica a las sanas su podredumbre y sus gusanos, sin tomar de ellas ni
+el sabor exquisito, ni la fragancia saludable; la indecorosa y dañina
+mescolanza de grandes nombres y grandes vergüenzas, honras sin tacha y
+reputaciones escandalosas, revestidas todas con el mismo brillante
+barniz de formas elegantísimas, barajadas y confundidas por el mismo
+apetito ciego de placeres, por los mismos impulsos necios de vanidad,
+por el mismo afán irresistible de sacudir el ocio, de distraer el tedio,
+espantosa y continua tentación de los grandes y de los ricos, que les
+arrastra a todas sus extravagancias y les lleva a todos sus extravíos.
+
+--¡Señor!--pensaba la dama--. ¡Qué grande obra sería la de deshacer esta
+mescolanza que repugna, que envenena, que liberta el vicio de toda
+sanción social que le marque la frente como con una señal de infamia, y
+lo contenga, ya que no con el temor de Dios, con la vergüenza al menos y
+con el respeto humano; que familiariza con el escándalo hasta a las
+conciencias más rectas, y destruye la poderosa barrera de horror y de
+extrañeza que debe separar al bueno del escandaloso, y comenzando por
+hacer a este tolerable, acaba por hacerle pasar por imitable!... ¡Qué
+grande obra haría quien con el mismo espíritu de caridad cristiana con
+que se fundan asilos para huérfanos y casas de refugio para doncellas en
+peligro, fundase _un salón_ para mujeres _honradas_ y hombres
+_decentes_, en que sin riesgo alguno de mal ejemplo pudiese encontrar la
+juventud las justas, legítimas y aun necesarias distracciones propias de
+sus años; hallar sin desvergonzada levadura ese trato señoril y digno a
+la vez que alegre y placentero, que afina y suaviza las inclinaciones
+del hombre, fortalece y alecciona las de la mujer, y fomenta el trato
+mutuo y el mutuo conocimiento de que brotan castas simpatías, germen de
+puros y tranquilos amores, que sirven de base solidísima a matrimonios
+felices y meditados, de que nacen luego familias cristianas y
+ejemplares!... Y la caridad, la caridad derivada del cielo, única santa
+y legítima, que todo lo ve con sus ojos de lince, que todo lo abarca con
+su actividad insaciable, que todo lo precave con su perspicacia amorosa,
+y no deja dolor sin alivio, ni pena sin consuelo, ni llaga sin remedio,
+¿no se ha fijado nunca en esta úlcera ensangrentada?... ¿Acaso es más
+digna de lástima la pobre labriega, la infeliz criada de servicio que el
+abandono precipita en un lodazal de escaleras abajo y salva la caridad
+en una casa de refugio, que la encopetada señorita, la rica heredera que
+un abandono distinto, sólo en la forma, precipita del mismo modo en otro
+lodazal de salones adentro?... ¡Y pensar que no es tan difícil el
+remedio como a primera vista parece; que bastaría quizá que una mujer de
+prestigio y de energía, cerrando los oídos a indecorosos respetos
+humanos y a culpables condescendencias sociales, fundase, por el amor de
+Dios, un _salón de refugio_, lanzando a los cuatro vientos de la alta
+sociedad madrileña, por toda esquela de convite, esta estupenda noticia:
+«La marquesa tal, o la duquesa cual, se queda todas las noches en casa,
+para las señoras honradas y los caballeros decentes»!...
+
+Y cuando algo muy hondo, pero muy claro y distinto, le decía a la
+Villasis en el fondo de su conciencia que ella podía y aun debía ser
+aquella tal marquesa o aquella cual duquesa, vino a distraerla de sus
+extrañas reflexiones la voz de Genoveva Butrón, que dando ya por reunido
+el congreso femenil, comenzaba a exponer el objeto de aquella junta.
+
+La marquesa ateníase en sus palabras a la pauta trazada de antemano por
+Butrón, evitando con habilidad suma los puntos escabrosos y las mentiras
+gordísimas marcadas por el diplomático; hablaba muy despacio, con
+sencillez exenta de toda pedantería y el aplomo y la seguridad que dan a
+las personas nacidas y criadas en altas esferas el trato continuo de
+gentes y la conciencia de su propia grandeza. Butrón, en cuclillas,
+delante de su agujero, seguía con el alma en un hilo el discurso de su
+mujer, extendiendo las manos y llevando el compás como un director de
+orquesta que dirige una partitura, o como un magnetizador que desprende
+de sí con extraños pases el misterioso fluido. Quedó bastante
+satisfecho.
+
+La miseria en que yacían los infelices soldados heridos en la campaña
+del Norte era grande y dolorosa, y debía precisamente despertar en el
+corazón de todas las señoras españolas los sentimientos más
+compasivos... Por eso habíase atrevido ella, la Butrón, a citar a todas
+las presentes para pedirles, por amor de Dios y compasión hacia aquellos
+infelices, que uniesen sus esfuerzos para socorrerlos, formando una
+asociación de señoras que, propagada por todas las provincias, pudiera
+allegar cuantiosos recursos para este objeto.
+
+A esto se redujo la primera parte del discurso de la marquesa, que fue
+escuchado con religioso silencio. Hubo una pausa, en que las diversas
+fracciones se miraron unas a otras, alerta todas, silenciosas, con la
+solemne expectación de ejércitos enemigos que esperan para venir a las
+manos el sonido de la primera descarga.
+
+La baronesa de Bivot, el bizarro _Zumalacárregui_, rompió el fuego la
+primera con la certera puntería de la lógica más exacta.
+
+--El pensamiento no puede ser más caritativo ni más santo, y supongo que
+merecerá la aprobación de todas estas señoras, como merece la mía--dijo,
+echándose lentamente fresco con el abanico--. Pero debo hacer notar que
+en la campaña del Norte hay dos ejércitos _españoles_...
+
+Y la pícara vieja acentuaba lo de _españoles_ con una ambigua risita
+que hacía saltar a Butrón detrás de su agujero...
+
+--...Uno del Gobierno y otro carlista: en los dos hay heridos y en los
+dos hay miseria... Supongo, por lo tanto, que esos recursos que se
+alleguen se dividirán en dos partes iguales: una para los heridos del
+Gobierno y otra para los carlistas...
+
+Silencio sepulcral en toda la sala y saltos nerviosos de Butrón, que
+bufaba fuera de sí en su escondite.
+
+--¡El demonio de la vieja!... ¡Pues no faltaba más!... ¡En eso estaba yo
+pensando! ¡En que con los fondos de mi asociación comprasen fusiles los
+carlistas!... ¡Y la estúpida Veva se calla!... Contesta, Geno, demonio:
+contesta que no, que se vaya si quiere, que no saca de aquí un ochavo...
+¡La denuncio primero!
+
+Aturdida, la marquesa no contestaba, en efecto, porque ninguna respuesta
+tenía aquella lógica observación, tan oportuna e inesperada. La
+Villasis, compadecida de la angustia de su amiga, acudió al punto en su
+auxilio.
+
+--La baronesa tiene mucha razón--dijo--; pero sin duda no se ha fijado
+en un inconveniente insuperable... El Gobierno permitirá, sin duda, que
+se repartan en el ejército toda clase de recursos; pero imposible es que
+tolere el pase de dinero alguno para los carlistas... Por eso, la
+asociación tendrá que limitarse a socorrer a los heridos del ejército,
+dejando que secretamente acudan todas las que quieran al socorro de los
+carlistas...
+
+Y dirigiéndose a la baronesa, añadió con significativa sonrisa:
+
+--Supongo, baronesa, que usted conocerá bien el camino; pero si alguna
+no lo conoce, yo puedo indicarle un medio muy seguro por donde enviar
+socorros a esos infelices, que no están menos necesitados, ni son menos
+dignos... Yo tengo tirado ya mi plan: la mitad de lo que pueda dar lo
+entregaré a Genoveva; la otra mitad la enviaré por este conducto de que
+hablo a los carlistas...
+
+¡Bonito se puso Butrón! A las primeras palabras de la marquesa, respiró
+con fuerza, murmurando: «No está mal el remedio». Mas cuando vio, por el
+giro que daba la dama a su respuesta y por el plan que exponía, que no
+era una estratagema la que usaba, sino un verdadero proyecto que podían
+imitar otras muchas, saltó fuera de sí muy incomodado, gruñendo entre
+sus bigotes puestos en punta:
+
+--¡Demonio..., demonio..., demonio!... Si el remedio es peor que la
+enfermedad, si lo echa todo a rodar con eso... Se lleva la mitad, nos lo
+quita, nos lo roba...
+
+El señor Pulido, con su flemática suavidad, díjole entonces:
+
+--Descuida, Pepe..., pocas darán si hay que dar en secreto...
+
+El valiente _Zumalacárregui_, parado en firme con la réplica no menos
+lógica de la Villasis, replegó su guerrilla y parapetóse en el monte
+Aventino, con una retirada digna de Jenofonte.
+
+La marquesa de Butrón aprovechó tan favorable coyuntura para reanudar su
+discurso por la parte más espinosa... Era necesario nombrar una junta
+directiva, y a este propósito iba a leer una candidatura formada con el
+consejo de personas autorizadas, para sujetarla a la aprobación de
+todas las señoras presentes.
+
+El golpe era atrevido y la imposición resultaba manifiesta; preciso era
+suponer que nadie osaría oponerse a un plan propuesto en su propia casa
+por dama tan respetable... El silencio era profundo y hubiérase podido
+oír el inquieto pestañear de Butrón y de Pulido, pegados a sus agujeros;
+los resoplidos que costaba al tío Frasquito mantenerse tieso en su
+incómoda postura, y los amagos de risa de Diógenes, que, metido en la
+concha del apuntador, frente al telón y de espaldas a la concurrencia,
+ocultábase a todos, oyendo a unos y otros, y maquinando, sin duda, algún
+plan endiablado que le hacía reírse a sus solas.
+
+La marquesa sacó un gran pliego y comenzó a leer esforzando la voz un
+poco:
+
+--Presidenta: excelentísima señora marquesa, viuda de Villasis.
+
+Murmullo general de aprobación... Brusco movimiento de Currita y
+repentina llamarada de ira, de rabia reconcentrada presta a desbordarse
+en sus claras pupilas... Tras el telón, Butrón sonríe satisfecho y
+Pulido suspira desahogado; el tío Frasquito, sorprendido y acongojado al
+ver a su reina destronada, pierde el equilibrio y se agarra al telón,
+poniendo en riesgo el que guardan sus compañeros: mudos ademanes y
+miradas furibundas de estos le llaman al orden... En la concha, Diógenes
+hace una mueca que quiere decir: «¡Estáis frescos!», y prosigue riéndose
+solo... La marquesa de Butrón continúa leyendo:
+
+--Vicepresidenta: excelentísima señora condesa de Albornoz.
+
+Silencio profundo... Doscientos ojos escrutadores se fijan en la
+elegida, e Isabel Mazacán le envía desde lejos un irónico saludito de
+enhorabuena... Currita se muerde los labios y aparecen istrías
+sanguinolentas en torno de sus pupilas; un pedacito de encaje del
+pañuelo resbala por la seda de su falda y cae sobre la alfombra... Tras
+el telón, Butrón se azora de nuevo; Pulido murmura: «¡Lo dije!», y el
+tío Frasquito desiste de velarse el rostro con las manos por miedo de
+perder de nuevo el equilibrio... Diógenes ha desaparecido de la
+concha... La marquesa de Butrón prosigue:
+
+--Vocales: excelentísima señora duquesa de Astorga, excelentísima señora
+condesa de Villarcayo...
+
+Movimiento de horror en las huestes de _Zumalacárregui_...
+
+Gesto de protesta del caudillo... La agraciada sonríe con una cara de
+babieca que revela la razón por que figura en la lista... La marquesa de
+Butrón continúa:
+
+--Excelentísima señora condesa de Minahonda. Excelentísima señora doña
+Servanda Molinillos de Martínez.
+
+Modestísimo rubor en el rostro de la agraciada, que extiende las manos y
+mueve la cabeza diciendo que no... La duquesa de Bara la anima
+cariñosamente... La García Gómez detiene su indignación, hasta ver si
+está ella incluida en la lista... Tras el telón, Butrón mira a Pulido, y
+Pulido mira a Butrón, y ambos se ríen... El tío Frasquito, envuelto en
+su dignidad, permanece en cuclillas... Diógenes aparece sobre el tablado
+y busca algo junto a la pared, dentro de los bastidores del lado
+izquierdo... La marquesa de Butrón prosigue...
+
+--Excelentísima señora condesa de Nacharnudo. Excelentísima señora
+duquesa de Bara...
+
+Recóndito asombro de esta al verse incluida en el grupo en que por
+exigencias de Butrón habían de figurar tan sólo mujeres honradas... La
+marquesa hace una pausa, examina un momento al auditorio y prosigue
+leyendo:
+
+--Secretaria: excelentísima señora doña Paulina Gómez de Rebollar de
+González de Hermosilla...
+
+Fogosísimo brinco de Leopoldina Pastor, que esperaba la plaza, y
+enérgico «¡Indecente!» que revolotea anónimo en el aire sin saber dónde
+posarse... Carmen Tagle se desternilla de risa... La agraciada guarda
+majestuoso silencio, compónese las gafas de oro y proyecta reparar en la
+retórica de Marco Tulio la parte preceptiva de los documentos
+oficiales... La duquesa de Astorga la felicita sin pizca alguna de
+malicia... Tras el telón, Butrón espera, Pulido teme, el tío Frasquito
+medita... Diógenes ha encontrado junto a la pared un cordelito que
+parece bajar del techo y lo examina detenidamente... La marquesa de
+Butrón concluye:
+
+--Tesorera: excelentísima señora doña Ramona Gómez de López Moreno...
+
+Amago de apoplejía en la interesada... La duquesa consuegra la saluda
+desde lejos... Grandes cuchicheos que crecen, crecen cual ráfaga de
+viento huracanado que comienza por silbar y acaba por rugir.. De
+repente, crujido misterioso... Silencio profundo... Sorpresa general.
+
+Diógenes ha tirado del cordelito, el telón sube rapidísimo y aparecen
+los tres Píramos en cuclillas, Butrón, Pulido y el tío Frasquito, ante
+los ojos asombrados de aquel centenar de Tisbes... Cuadro final.
+
+
+
+
+--VII--
+
+
+La asociación de señoras hizo fiasco y sólo dos meses más tarde pudo
+Butrón, a costa de trabajo, organizar otra nueva, en forma muy distinta,
+que no dejó de hacer, sobre todo en provincias, un agosto abundantísimo.
+La marquesa de Villasis habíase negado rotundamente a aceptar la
+presidencia; Currita rechazó la humillante oferta de un cargo
+secundario, con muestras de gran resentimiento; las carlistas, muy
+indignadas, tiraron por un lado, y las radicales, muy ofendidas, se
+fueron por el otro, dejando vacante el canto épico a la caridad que
+perpetraba en silencio la excelentísima señora doña Paulina Gómez de
+Rebollar de González de Hermosilla, y vacío el gran bolsón Pompadour de
+terciopelo rojo que la señora de López Moreno pensaba encargar a la
+modista para recoger las colectas. El señor Pulido desplegó las tres
+falanges de su dedo índice para decir, agitándolo de arriba abajo: «¡Lo
+dije, lo dije!», y el sesudo diplomático, con la energía de la
+constancia que no consiste en hacer siempre lo mismo, sino en dirigirse
+siempre al mismo fin, tomó por otro camino para llegar a su objeto,
+consolándose con que Napoleón cometió también faltas en la guerra de
+Rusia, Ciro en la de los Scitas, César en África y Alejandro en la
+India.
+
+Hubo al otro día en la casa de la Albornoz congreso de ofendidos, y la
+altiva dama adoptó por suya la respuesta de Marat a Camilo Desmoulins y
+Freron, cuando le proponían estos refundir el periódico de ellos, _La
+Tribuna de los Patriotas_, en el suyo, _El Amigo del Pueblo_: «El
+águila va siempre sola; los pavos forman manadas». Ella era el águila y
+las demás señoras los pavos; Butrón era el pavero.
+
+La suerte de aquellos infelices heridos del Norte condolía, sin embargo,
+a la sensible condesa, y resolvió hacer ella sola y por su cuenta propia
+cuanto estuviese en su mano para aliviarla, entendiéndose directamente
+con el general en jefe del ejército y con el bizarro general Pastor,
+hermano de Leopoldina. Convocó a sus micos, reunió a sus íntimos y
+trazóse un plan encantador de fiestas, bailes y regocijos a beneficio
+todos de los heridos, entre los que había de llevarse la palma una
+famosa _kermesse_ ideada por Currita, a imitación de la organizada en
+París por _El Fígaro_, en el teatro de la ópera, a beneficio de los
+inundados en Szegedin. Las actrices más famosas y las damas más
+conspicuas, niveladas por el mismo sentimiento compasivo, habían hecho
+en ella prodigios de caridad, sacrificando, en aras de los pobres, los
+quilates más o menos subidos de sus respectivas vergüenzas. En dos horas
+escasas había recaudado madame Judic más de cinco mil francos vendiendo
+_marrons glaces_. ¿Qué no recaudaría Currita vendiendo por media hora,
+aunque sólo fueran altramuces o garbanzos tostados?
+
+Faltaba, sin embargo, al proyecto el visto bueno de Jacobo, requisito
+sin el cual no osaba la dama dar un paso en nada que hubiese de
+aventurar dinero, y justamente Jacobo no pareció por allí en toda la
+noche, ni vino tampoco a almorzar al día siguiente, según su costumbre
+ordinaria. Alarmada Currita, envió un recado a casa del amigo ausente,
+para informarse de la causa de su extraño eclipse; la respuesta del
+lacayo fue terminante:
+
+--El señor marqués de Sabadell había salido de Madrid la noche antes.
+
+Currita se quedó helada... ¿Marcharse Jacobo sin decirle una palabra,
+sin enviarle un recado, sin ponerle siquiera cuatro letras?... ¡Qué
+puñalada para su corazón y, sobre todo, qué bofetón para su amor propio!
+Porque ¿qué dirían las gentes cuando llegaran a traslucir el desprecio y
+el desvío que aquello representaba?...
+
+Pasaba esta escena en el comedor, donde los dos esposos almorzaban en
+compañía de María Valdivieso, Celestino Reguera y Gorito Sardona, cuya
+flamante corbata azul indicaba ser aquel día el mico de guardia. Miraron
+todos a Currita con grande extrañeza y aire de pregunta al saber la
+marcha de Jacobo, y Villamelón, suspendiendo por un momento la actividad
+febril con que manejaba el trinchante de oro macizo, regalo de Fernando
+VII, dijo con voz lastimosa:
+
+--¡Jacobo anda mal y me da pena!...
+
+Y como si el dolor que inspiraban los males de su amigo sirviera para
+facilitar sus funciones digestivas, embaulóse de un golpe una
+_côtelette_ entera, que se le deshizo en la boca de puro blanda, cual si
+fuese un merengue.
+
+--Pues, hijo--replicó María Valdivieso--, no sé que padezca del pecho...
+Está gordo y robusto; Paco Vélez me lo decía ayer: va echando papada de
+comerciante de ultramarinos.
+
+--Si no es eso, María, ¿sabes?--dijo Villamelón con la boca llena--.
+Digo que anda mal, porque anda en malos pasos. ¿Me entiendes?
+
+Callaron todos, metiendo las narices en el plato, y los rabillos de cada
+ojo fueron a fijarse en Currita, que desganada, sin duda, mondaba con
+suma pulcritud y esmero un hermoso albaricoque. Villamelón, que luchaba
+siempre en la mesa entre sus ganas de hablar y sus ganas de comer,
+prosiguió con alguna impaciencia.
+
+--La francesita esa..., esa... ¿Cómo se llama? ¡Señor, por días pierdo
+la memoria!... Tú, Gorito, ¿sabes?... ¿Cómo se llama, hombre?... La de
+las camelias.
+
+Gorito abría mucho los ojos y estiraba la boca sin acordarse de nada,
+nada... Su memoria se había quedado de repente limpia, rasa, cual una
+hoja de papel blanco. María Valdivieso hizo a Currita un rápido guiño,
+como dándole a entender que ella podría informarle de grandes cosas, y
+Villamelón concluyó cada vez más impaciente:
+
+--Pues nada, no me acuerdo... Pero, en fin, esa..., esa es la que lo
+está desplumando.
+
+Hízose el silencio aún más embarazoso y el geniecillo maléfico de la
+hilaridad comenzó a revolotear en torno de los comensales, como si a
+todos ocurriese que las plumas arrancadas a Jacobo salían del pellejo de
+Villamelón. Currita, mondando siempre su albaricoque, aprovechó un
+momento en que los criados se alejaban para decir a media voz con su
+acento más suave:
+
+--Pero, Fernandito, vida mía, si tienes el don de la importunidad; si
+pareces un reloj descompuesto... ¿A quién se le ocurre hablar de esas
+cosas delante de los criados?... Sabe Dios lo que pensarán del pobre
+Jacobo...
+
+Villamelón, con mucha dignidad, replicó al punto:
+
+--Mira, Curra, en la mesa no discuto... ¿Sabes?... Pero tienes
+parcialidad por Jacobo y vas a llevarte un chasco muy grande, muy
+grande... ¿Me entiendes, Curra?... Ese viajito repentino me da mala
+espina: apuesto a que no va solo.
+
+Currita puso en el plato el albaricoque ya mondado, lavóse las puntitas
+de los dedos en el enjuagador de rico cristal de Venecia que tenía
+delante, y mirando las gotitas de agua que se desprendían de sus rosadas
+uñitas, dijo ingenuamente:
+
+--¡Pues claro está!... Llevará algún ayuda de cámara...
+
+Sulfuróse Villamelón y miró a su mujer y luego a Gorito y después a
+Reguera con cierta especie de colérica complacencia retratada en el
+semblante, arrebatado y apoplético por los vapores que le subían del
+repleto estómago... ¡Le exasperaba a veces aquella sencillez de Curra,
+que jamás podía comprender la malicia de ciertas cosas!...
+
+Terminóse al fin el almuerzo y Currita salió del comedor del brazo de su
+prima, llevando en la mano un platito de porcelana con migas de pan,
+para dar de comer a los pececillos de colores que en una magnífica
+pecera de cristal y bronce dorado adornaban una de las galerías... La
+enamoraban a ella aquellos animalejos de colores tan brillantes, y la
+pesca era, entre los placeres del _sport_, el que más emociones le
+causaba.
+
+ Regalaréte entonces
+ Mil varios pececillos
+ Que al verte, simplecillos,
+ De ti se harán prender.
+
+María Valdivieso oía estupefacta aquellas expansiones idílicas, cuando
+esperaba ella que Currita se apresuraría a interrogarla con el mismo
+furor y los mismos transportes con que Otelo interrogaba a Yago. El
+chasco le pareció pesado, y exclamó muy despechada:
+
+--¡Vaya unas emociones que tiene la pesca!... No encuentro definición
+más exacta que la que daba uno de la caña de pescar: «Un palo largo que
+termina por un lado en un pez y por otro en un tonto».
+
+--Cuestión de gusto--replicó tranquilamente Currita.
+
+Y se puso a echar sus miguitas a los peces, hablándoles con el cariño y
+el mimo de una madre que acaricia a sus hijuelos...
+
+--¡Hola, tragoncillos! ¿Hay apetito?... Vamos, haya paz, que para todos
+hay... ¡Mira, mira, María, cómo abren el hociquito!... ¡Qué delicia!
+¡Qué monada!
+
+--Pero esta mujer tiene sangre de chufa--pensaba la Valdivieso muy
+enfadada--. ¿Sí?... Pues, aguarda, allá va... ¡Anda, fastídiate!...
+
+Y se puso a contarle, en apoyo de la tesis de Villamelón, horrores...,
+horrores de Jacobo... Paco Vélez se lo había dicho todo la noche antes:
+ella, ¡claro está!, por prudencia había callado tanto tiempo; pero ya
+era hora de hablar, y a fuer de buena amiga debía desengañarla...
+
+--¡Pícaro! ¡Tragón!--dijo en aquel momento Currita--. ¡No le muerdas!...
+¿Habráse visto?... ¿Para quién son esos sopirritones?... Para ti...
+¿Para mí, esos sopirritines?...
+
+E incorporándose un poco, dijo mirando siempre a la pecera:
+
+--Hija, dispensa. ¿Dónde decías que vive esa francesa?
+
+--¡No, si no lo decía!--gritó la otra pasando del despecho a la furia--,
+pero te lo digo ahora para que abras los ojos. Vive en la calle de
+Rebollo, número 68, en un hotel. ¿Te enteras? En un hotel muy bonito, y
+se llama... ¿Cómo se llama?... Pues, señor, no me acuerdo; ello era un
+nombre así como de píldora.
+
+--Chismes, mujer, chismes de gente ociosa--replicó Currita sobando
+tranquilamente sus migas.
+
+Y con ansia febril repasaba en su interior los nombres de todas las
+píldoras conocidas y hacía esfuerzos inauditos para grabar en la memoria
+la calle de Rebollo y el número 68.
+
+--¿Chismes?--exclamó fuera de sí la Valdivieso--. ¿Y también es chisme
+lo del viaje... con el ayuda de cámara, por supuesto?...
+
+--¡Pues claro está que lo es!--exclamó Currita de repente, echando con
+mucha cólera todas las migas en la pecera--. ¡Chisme, chisme, y de
+malísima intención, María!... ¿Si lo sabré yo, caramba?... Sino que de
+todas las cosas no se ha de dar un cuarto al pregonero... Tú eres mi
+amiga y te lo digo en secreto: Jacobo ha ido a negocios del partido y
+estará de vuelta muy pronto... ¡Ya ves cómo se escribe la historia!...
+
+--¡Ya!--exclamó María Valdivieso tragándose la bola. Y Currita respiró
+al fin algo más desahogada, porque aquella mentira, que se apresuraría
+la prima a propagar por todo Madrid, por habérsela dicho en secreto,
+dejaría a los ojos de las gentes la herida de su amor propio
+disimulada.
+
+A las tres pidió la señora condesa la berlina y dio al lacayo, como la
+cosa más natural del mundo, las señas de Jacobo. Vivía este en la calle
+de Alcalá, en un precioso cuarto de soltero, y constaba su servidumbre
+de un ayuda de cámara, un jockey, una ama de llaves y un cocinero; en
+las cuadras, situadas al final de la calle del Barquillo, tenía cuatro
+caballos ingleses, tres de tiro y uno de silla, una berlina, un
+_char-à-bancs_ y una victoria. La munificencia de los esposos Villamelón
+sufragaba todos estos gastos, que había de pagar el fiel amigo cuando al
+verificarse la Restauración pudiera sacar el jugo a la cartera, precio
+de sus misteriosos papelitos...
+
+Currita subió ligeramente al entresuelo, vivienda de Jacobo, y por tres
+veces tocó el timbre, sin que nadie contestara; abrióse al fin la puerta
+y apareció el jockey sin librea, cuello ni corbata, brillantes los ojos,
+arrebatadas las mejillas y oliendo a vino a dos metros de distancia.
+Aturdido, al verse frente a frente de la dama, dio un paso atrás,
+diciendo atropelladamente:
+
+--El señor marqués está fuera...
+
+Ya lo sé... Busco a Damián.
+
+No fue necesario llamarlo: por el extremo del pasillo asomaba este la
+cabeza, y veíanse detrás el ama de llaves y el cocinero, todos
+rubicundos y sofocados, como si viniera a sorprenderles la visita al
+final de un opíparo banquete. Damián se adelantó muy sereno, cruzando
+con el turbado jockey un guiño picaresco, un gesto de pillo redomado,
+que vio muy bien la condesa, sintiendo, a pesar de su vergüenza, que se
+le sublevaba allá por dentro lo poco de gran dama que quedaba en ella.
+
+--Pase vuestra excelencia, señora condesa--dijo.
+
+Y abrió muy presuroso de par en par las dos puertas del salón,
+levantando la cortina de terciopelo para dar paso a la dama; atravesó
+esta rápidamente la pieza, abrió por sí misma la puerta de un gabinete y
+no se detuvo hasta llegar al despacho de Jacobo, como si todo aquello le
+fuese muy conocido. Sentóse en un sillón y dijo:
+
+--¿Pero qué es esto, Damián?... ¿Cómo ha sido esa marcha tan
+repentina?... Sólo pude ver al señor marqués un momento, y eso delante
+de la gente...
+
+--Pues no sé--replicó Damián encogiéndose de hombros--. El señor marqués
+se levantó ayer a la una y salió sin almorzar de casa... Volvió a eso de
+las seis y mandó preparar las maletas.
+
+--¿Llevó mucho equipaje?... Me dijo que pensaba detenerse varios días.
+
+--Sí, señora; llevó un mundo y dos maletas. Yo mismo las hice.
+
+--¿Y fue por fin solo?... Me dijo que quizá tendría que acompañar a unas
+señoras francesas...
+
+Quedóse Damián muy parado y tornó a encogerse de hombros.
+
+--Demetrio le acompañó a la estación... Yo me quedé en casa.
+
+--Llame usted a Demetrio... Me interesa saberlo.
+
+Llegó Demetrio medio borracho y tomó a mirar a Damián, disimulando una
+sonrisa... Él no había visto nada entre tanto bullicio, pero en el coche
+en que se acomodó el señor marqués había ya otros equipajes...
+
+--¡No iba en _sleeping_?
+
+--No, era un reservado.
+
+Currita se mordió los labios.
+
+--¿Y les ha dejado aquí sus señas?
+
+--No, señora.
+
+--Lo decía para que pudieran enviarle el correo... Amí me las ha dejado.
+
+--Si la señora condesa quiere enviárselo, yo le llevaré las cartas que
+lleguen.
+
+--Sí, eso es lo más derecho y lo más pronto--dijo vivamente Currita.
+
+Y en aquel momento entróle deseo vehementísimo de ver toda la casa: era
+muy bonita y estaba todo muy bien puesto: el salón, los dos gabinetes,
+el despacho, la alcoba, el cuarto de baño, el tocador... Un cuadro le
+llamó la atención en esta última pieza: representaba un ramo de
+camelias, saliendo del centro el busto de una mujer rubia muellemente
+reclinada en aquel lecho de flores, con mucho arte dispuesto... ¡Oh!, no
+había duda, era la francesa anónima, la del nombre de píldora que tan
+cruelmente se le estaba atragantando a ella. Detúvose a mirar el cuadro
+con aire de inteligente.
+
+--¡Bonita idea!... La _fattura_ es correcta... ¿Quién es?...
+
+De nuevo se encogió Damián de hombros.
+
+--Es una francesa, huérfana de un general, que pinta esas cosas... El
+señor marqués le compró hace tiempo ese cuadro...
+
+--¡Ah, sí!... Ya sé quién es: vive en la calle de Rebollo, número 68.
+¿Cómo se llama?...
+
+--Se llama..., se llama... Pues no me acuerdo. Una cosa rara, así como
+un nombre de jarabe...
+
+Currita moderó un movimiento de impaciencia, porque la cosa iba ya
+picando en historia. La una decía que era nombre de píldora y el otro
+que de jarabe, y sólo se sacaba en claro que era cosa de botica.
+
+Al pasar por el comedor salió a saludarla el ama de llaves, muy atenta y
+obsequiosa, ensanchando cuanto pudo su robusta persona para taparle la
+vista de la mesa en que se hallaban los restos de la francachela que, en
+ausencia de su amo, celebraban aquellos granujas. Acudió el cocinero por
+el otro lado, pillo de siete suelas con aire de bonachón y campechano, y
+la invitó también a ver su cocina. Currita se puso muy encarnada... y no
+se atrevió a rehusar.
+
+Apretando los puños de rabia y de despecho, entró la dama en su berlina
+y dio orden al cochero de ir a casa del general Belluga... Aquella
+taimada risita del jockey, aquel barullo inverosímil que le impedía ver
+si su amo acompañaba a unas damas, dábanle malísima espina y preciso era
+que ella apurase la verdad por sí misma.
+
+El coche del general estaba en la puerta, reclinado el lacayo contra el
+quicio, tieso el cochero en el pescante con la fusta enarbolada. La
+condesa encontró en la escalera, prestas a salir de paseo, a la generala
+y a sus hijas, dos ángeles acabados de salir del colegio de York, en
+Inglaterra, que comenzaban a perder en la atmósfera viciada de los
+salones su perfume natural de candor y pureza, como pierden su sana
+fragancia el romero y el tomillo encerrados en una caja de almizcle.
+Llamábalas la condesa sus ahijaditas, porque en su famoso baile de
+_ancha base_ habían sido presentadas bajo los auspicios de la dama por
+primera vez en el mundo.
+
+Las señoras quisieron volver atrás, y Currita, sin oponerse mucho al
+cumplido, consintió bien pronto en ello... ¡Oh!, traía ella las de Caín;
+como que venía nada menos que a embargarle por la tarde a una de sus
+ahijaditas; estaban atareadísimas ella y otras señoras, pidiendo por
+todas partes hilas para los pobrecitos heridos y objetos de todo género
+para la rifa, la _kermesse_, que prometía estar divertidísima. Habíanla
+dejado a ella sola aquella tarde, y por eso venía a buscar una companera
+agradable, un _ángel de la guarda_ que la ayudase a tender la caña.
+
+¿Qué corazón compasivo resiste a un anzuelo semejante?...
+
+Y besó en la mejilla a la mayor de las dos hermanas, Margarita, que
+fijaba en ella sus ojazos de color de cielo, sonriendo con la inocencia
+con que sonríe un niño a los varios juegos de luz que forma el reflejo
+sobre las brillantes escamas de una serpiente. La generala aceptó en
+seguida, creyéndose honradísima, y aquella señora ejemplar, aquella
+madre cariñosa y cristiana que había educado a sus hijas en el santo
+temor de Dios y en el cercado de la pureza, fió sin reparo alguno el más
+bello de sus ángeles a aquella pícara redomada, aquella bribona
+indecentísima...
+
+Salieron todas juntas delante la Albornoz, apoyada en el brazo de
+Margarita; en mitad de la escalera volvióse aquella muy animada:
+
+--Como despacharemos tarde, me llevaré a comer a mi ahijada. ¿Me da
+usted su permiso?
+
+--¡Pues no faltaba más, condesa!
+
+--¡Gracias, querida, gracias!...
+
+En el tarjetero de la berlina traía Currita un papelito en que se veían
+apuntados gran número de nombres y de señas; hicieron dos visitas, a una
+magistrada del Tribunal Supremo y a una brigadiera de artillería,
+dignísimas señoras, a quienes, después de sacar los cuartos la olímpica
+condesa, puso en ridículo con desvergonzado gracejo, haciendo
+desternillar de risa a la inocente Margarita. Entonces dio al lacayo
+unas señas que estaban apuntadas con lápiz, las últimas, de su letra
+misma.
+
+--Calle de Rebollo, número 68... Hotel...
+
+--¿Quién vive allí?--preguntó Margarita.
+
+--Pues no sé... Es una francesa que pinta... Con tal que le saquemos
+algún cuadrito...
+
+--¿Sabe usted que esto es muy divertido?...
+
+--¡Ya lo creo, divertidísimo!... Ver las caras tan cómicas de esa pobre
+gente cuando se les pone al pecho el puñal de la caridad. ¡La bolsa...
+o el ridículo!... Y entregan las pobrecillas la bolsa y se quedan
+también con el ridículo.
+
+--¿Me traerá usted otra tarde, condesa?...
+
+--Sí, hija mía, con mil amores... Pero no me llames de usted, háblame de
+tú, dime Curra... ¡Vamos, que no soy tan vieja!...
+
+Llegaron a la calle de Rebollo, número 68, y paró el coche ante el
+hotel, especie de bombonera, más pretenciosa que artística, más bonita
+que lujosa. Currita bajó la primera, nerviosa, un poco pálida, pero no
+de vergüenza ni de miedo, sino de ira, de anhelo, de despecho... Por
+fin, iba a entrar agarrada al manto de la caridad, haciendo hincapié en
+las llagas de los heridos del Norte, en la guarida de la fiera, y a
+cerciorarse por sí misma de si eran de la droga aquella, fuese píldora o
+jarabe, los equipajes que había visto Demetrio en el coche reservado.
+Por eso, y sólo por eso, había emprendido la bribona aquella ronda
+caritativa, escogiendo por compañera aquella inocente niña, incapaz de
+sondear la capa de cieno que estaba pisando. Un _groom_ monísimo, el que
+había visto Currita en el Teatro Real la noche del estreno de _Dinorah_,
+se hallaba a la puerta: preguntóle ella si las _señoras_ estaban en casa
+y el chico contestó afirmativamente, haciendo entrar a las damas en un
+saloncito de la planta baja. Currita pensaba:
+
+--De fijo que está de viaje y me encuentro cara a cara con la vieja...
+
+Un perrillo microscópico y feísimo salió de entre unas mantas al lado de
+la chimenea y comenzó a ladrar, retirándose después gruñendo y
+tiritando. Diole a Margarita miedo el feo animalejo.
+
+--¡Parece un diablillo malo!--decía.
+
+Estaba el salón medio a oscuras, los muebles sucios y revueltos, y
+veíanse prendas de vestir sobre algunas sillas. En una mesa maqueada, de
+trabajo muy lindo, había, entre varios juguetes de porcelana y un álbum
+de retratos, una gran chocolatera de cobre, vieja y requemada, con su
+molinillo de palo muy tieso, chorreando espeso líquido. La condesa
+mostró a Margarita con la punta de la sombrilla el extraño _bibelot_,
+diciendo muy bajo:
+
+--Caprichos de artista...
+
+Margarita rompió a reír, conteniéndose a duras penas, y la condesa, no
+obstante su preocupación, viose forzada también a soltar la risa,
+añadiendo a media voz:
+
+--Con tal que no nos mande a la _kermesse_ este utensilio...
+
+Sonó una puerta en el interior, luego otra más cerca, y el _groom_
+levantó la cortina: Currita respiró desahogada... Entraba la dama
+duende, la incógnita de las camelias, con el aplomo y el descoco de una
+_diva_ de café cantante que se presenta ante el público, fijando en él
+una mirada de provocación más bien que de temor o de extrañeza. La
+condesa no se aturdió tampoco; con la exquisita distinción de la gran
+señora de raza, que tan en alto grado poseía, y el aplomo de la mujer de
+mundo que encuentra reparos para todos los apuros, y salida para todos
+los laberintos, y palabras para todas las situaciones, expuso a la dama
+anónima el objeto de su visita. Ella se conmovió mucho... _Amaba a la
+España muy fuerte, y estaban los carlistas unos brigantes muy atrevidos,
+como Diego Corrientes y Gosé María._
+
+Currita, al oírle chapurrear tan desastrosamente el castellano, hablóle
+en francés y ella agradeció la atención con una amable sonrisa. Comenzó
+entonces a hablar con gran soltura y elegancia, lamentando los estragos
+de la guerra, ensalzando la misión de la mujer, ponderando la virtud de
+la caridad con el fuego y el entusiasmo de Vicente de Paúl en persona.
+
+Currita le dijo sonriendo:
+
+--Veo que no me he engañado al apelar a sus sentimientos de usted, y
+espero que nos enviará algún socorro para nuestros pobres heridos.
+
+--¡Oh!, sí, sí...
+
+--Cualquier cosa, lo que usted pueda... Algún _bibelot_ para la
+_kermesse_.
+
+--¡Oh!, sí, sí... Enviaré algún objeto de arte...
+
+Margarita se mordió los labios para no soltar la risa: pensaba si sería
+la chocolatera el objeto de arte prometido. Currita díjole entonces con
+graciosa sonrisa:
+
+--Y si ese objeto de arte es obra de su genio de usted, será mucho más
+agradecido.
+
+--¡Oh!... ¿Mi genio?--exclamó la otra muy sorprendida.
+
+--Sí, su genio he dicho... Ya sabe usted que esas cosas no pueden
+ocultarse... Su paisana, madame Staël, lo dijo: donde hay genio, brilla.
+
+--¡Oh!...
+
+--El marqués de Sabadell--prosiguió Currita, dejando caer lentamente las
+palabras--me enseñó aquel ramito de camelias que... _le envió usted_
+hace tiempo... ¡Es un _quadretto_ delicioso! Si manda usted a la
+_kermesse_ una _pochade_ parecida, no habrá regalo que la iguale...
+
+La dama anónima sonreía, sonreía siempre, con los ojos bajos, como
+abrumada por el peso de aquellas lisonjas que hacían vibrar las aletas
+de su fina nariz con estremecimientos de rabia. Currita quiso darle el
+golpe de gracia, y con aire de bondadosa protección dijole entonces:
+
+--¿Y tiene usted muchas discípulas?...
+
+Enderezóse la otra bruscamente, como si la idea de que trabajase para
+vivir la ofendiera demasiado.
+
+--Me había dicho el marqués que daba usted lecciones de pintura.
+
+--¡Oh!, no, no. No soy profesora: discípula, pobre discípula.
+
+Y con su suave acento y sus modestos meneos disimulaba y contenía el
+impulso feroz que hace a la gata rabiosa tirarse a los ojos del
+contrario; diose al fin Currita por satisfecha y marchóse, dejando a su
+parecer a la dama duende confundida y humillada. Al arrancar la berlina,
+soltó al fin Margarita la risa, exclamando entre inocentes carcajadas:
+
+--¿Pero qué haría en el salón aquella chocolatera?...
+
+--¿Pues no te lo he dicho?--replicó la Albornoz haciendo coro a las
+risas de la niña--. De seguro que la manda a la _kermesse_ como un
+_bibelot_ nunca visto; verás cómo no me equivoco.
+
+Tres días después pudo Margarita convencerse de que su ilustre amiga y
+madrina se equivocaba por completo... Pedro López había dicho, y
+millares de lectores lo vieron en _La Flor de Lis_, que el ángel de la
+caridad había sentado sus reales en el palacio de la celestial condesa
+de Albornoz... Fuese o no esto cierto, éralo, sin embargo, que de los
+cuatro ángulos de la Villa y Corte afluían al palacio preciosos regalos
+para la _kermesse_, patrocinada por la dama, que iban quedando expuestos
+al público con grande primor colocados en los varios salones; por las
+noches, en uno de ellos espléndidamente iluminado y en torno de una
+larga mesa cubierta por rico tapiz de tintas oscuras, agrupábase un
+risueño enjambre de jóvenes doncellas y apuestos donceles--así los
+llamaba Pedro López--que, barajados y confundidos, formando parejas, y
+más pegaditos entre sí ellas y ellos de lo que la temperatura ordinaria
+pedía de suyo, dedicábanse a la caritativa tarea de hacer hilas para los
+infelices heridos del Norte. Currita, deseando despertar la emulación en
+provecho de los pobrecitos heridos, distribuíalos de esta suerte, y era
+verdaderamente un encanto, que arrasaba en lágrimas los ojos, ver
+aquellas tiernas parejas de inocentes doncellitas de quince a veinte
+años, y castos mancebitos de veinte, treinta y hasta cuarenta, sacando
+hilas del mismo trapito, sosteniendo por lo bajo pláticas caritativas
+que les animaban a la santa obra, todo, por supuesto, bajo la inspección
+de la angelical condesa de Albornoz, que iba de un lado a otro
+distribuyendo las parejas, repartiendo los trapitos, recogiendo en
+bandejas de plata, ayudada de sus micos, la obra ya hecha; animando a
+los perezosos con una sonrisa, enfervorizando a los tibios con una
+palabra, prendiendo por todas partes el fuego de caridad que la abrasaba
+a ella misma. Ni el báculo de san Francisco, ni el manto de santa
+Teresa, ni el ceñidor de san Ignacio de Loyola hicieron nunca curas tan
+milagrosas como las que habían de operar aquellas hilas, con tan pura
+intención trabajadas, en las heridas, llagas y tolondrones de los
+pobrecitos heridos del Norte. Aquello merecía ser visto, y Diógenes,
+que lo vio una vez, manifestó en el Veloz-Club, ya muy entrada la noche,
+lo que le habían parecido las parejas de operarios y lo que le había
+recordado su directora y maestra...
+
+Los personajes más conspicuos de la corte pasaban por allí pagando su
+tributo; y hasta don Casimiro Pantojas había hecho una noche sus
+hilitas, sin más que un ligero percance, hijo de su cortedad de vista:
+equivocó el trapo con el rico pañuelo de batista de la dama vecina,
+olvidado encima de la mesa, y púsose muy afanado a sacar hilas de este,
+haciendo dos pelotones finísimos. Alzó el grito la dama, porque tenía
+para ella el pañuelo grandes recuerdos, y desolado don Casimiro al
+reconocer su error, devolvióselo con un fleco en torno de cuatro dedos
+de ancho.
+
+Dos figuras de primera magnitud habíanse, sin embargo, hecho notar por
+su ausencia, y eran estas el marqués de Butrón y el tío Frasquito:
+creíase que un pertinaz constipado tenía encerrado a este entre las
+cuatro paredes de su casa, y no se ignoraba tampoco que las relaciones
+del gran Robinsón con la ilustre dama habíanse enfriado algún tanto con
+motivo de la vicepresidencia ofrecida y desairada. Sorpresa causó, pues,
+aquella noche ver entrar al peludo diplomático en el caritativo taller
+de las hilas y acercarse a la condesa con la más risueña de sus caras y
+el más expresivo de sus gestos; ella dejó escapar al verle una ligera
+exclamación de infantil alegría, y acrecentó el pasmo de todos
+gritándole con sus mimitos más suaves:
+
+--¡Butrón... un trapito!... Nada, nada, aquí no se quieren ociosos...
+Venga usted a sacar hilas conmigo... Allí, junto a mí, en mi mismo
+trapo...
+
+Y dejando abandonada a su propio impulso la filantrópica tarea de
+enardecer el fervor de sus operarios, retiróse a un rincón con el
+diplomático, llevando en la mano un fino trapito cuadrado y una bandeja
+de plata para colocar las hilas. Nada sabía aún Currita de Jacobo, y al
+ver entrar al sabio Mentor, figurósele que este le traería noticias del
+prófugo joven Telémaco. Butrón estaba, sin embargo, en la misma
+ignorancia, y el mismo pensamiento y los mismos interesados deseos
+traíanle en busca de la invulnerable Calipso. La repentina marcha de
+Jacobo habíale alarmado, temiendo que ocultase tras de ella algún enredo
+que perjudicase a sus trabajos políticos, y fingiéndose enterado de lo
+que deseaba saber, proponíase arrancar con maña a la dama el hilo del
+ovillo.
+
+Currita y Butrón se miraron un momento en el apartado rinconcito, como
+invitándose a hablar mutuamente, y ella, viendo que el respetable
+diplomático no daba luz ninguna, púsose muy afanada a sacar sus hilas, y
+comenzó a confiarle sus pesares domésticos... Fernandito andaba muy mal
+y le inspiraba su salud serios cuidados; su falta de memoria llegaba ya
+al punto de habérsele olvidado días atrás que había comido, y armar una
+pelotera terrible, queriendo por segunda vez sentarse a la mesa...
+Sánchez Ocaña y Letamendi le habían reconocido, y ambos opinaban que era
+aquello un principio de reblandecimiento cerebral que le llevaría
+lentamente a la sepultura...
+
+Ella estaba acongojada: si fuese siquiera una enfermedad repentina, que
+se lo llevara Dios en pocos días... vamos, sensible era siempre quedar
+una mujer sola, con dos hijos que educar, sin tener a su lado hombre
+alguno... ¡Pero verle padecer tanto tiempo, consumirse poco a poco, sin
+esperanza ninguna!...
+
+--Y cada día más tonto, Butrón; crea usted que no exagero... Yo creí
+que sería imposible serlo más; pues nada, todos los días progresa...
+
+El respetable Butrón dio un suspiro, y poniendo en el anzuelo el cebo de
+un consuelito, tendió delicadamente la caña.
+
+--Siempre te quedará Jacobo, excelente amigo, que sabrá aconsejarte...
+¿No te ha escrito?...
+
+Ella, arreglando con mucho primor su manojito de hilas, contestó
+sencillamente:
+
+--Sí, ayer tuve carta... Por supuesto, que a usted también le habrá
+escrito...
+
+--No, no he recibido carta ninguna, pero no me extraña... Al despedirse
+me dijo que hasta no tener noticias seguras no me escribiría. ¿De dónde
+te escribe ya?...
+
+Las hilas se enredaron y preciso fue inclinarse hacia la luz para buscar
+el hilito, haciendo una pausa mientras tanto.
+
+--¿Querrá usted creer que no pone fecha ninguna?... Me dice, sin
+embargo, que escribe en el _restaurant_ de la estación, esperando el
+tren ascendente... Como el pobre es tan extremoso, quiso a toda prisa
+sacarme de cuidados...
+
+--Sí, muy extremoso--replicó Butrón--, pero también muy atolondrado. ¿A
+que no te pone señas ningunas?...
+
+--No, ningunas...
+
+--Pues ya tú ves, a mí tampoco me las ha dejado, y me precisa enviarle
+ciertas instrucciones que después de su marcha he recibido... Por eso
+venía a preguntarte esta noche si sabías tú dónde paraba.
+
+--Pues no lo sé, Butrón, y me tiene esto muy perpleja... Porque Damián
+me ha traído varias cartas que le han llegado por el correo y no sé
+dónde enviárselas...
+
+--¡Si falta en esa cabeza algún tornillo!... Preciso será esperar a que
+escriba de nuevo, y te encargo mucho que en cuanto recibas sus señas me
+las envíes de seguida.
+
+--Descuide usted, Butrón, pero le encargo también que no tarde en
+mandármelas si las recibe usted primero.
+
+--¡Oh!--replicó Butrón con mucha galantería--. Imposible es que Jacobo
+cometa semejante pifia...
+
+--¡Ay, no, no Butrón!--dijo Currita con melancólico acento--No crea
+usted que me hago yo ilusiones algunas; sé muy bien que no hay rival tan
+temible para una mujer como la sota de bastos o la esperanza de una
+cartera...
+
+Y aquí se detuvieron los dos, convencidos por completo de haberse
+engañado recíprocamente, creyendo ella, hecha una furia, que Jacobo, de
+acuerdo con Butrón, había marchado a negocios del partido sin decirle
+una palabra; juzgando él, hecho un basilisco, que Currita y Jacobo se
+emancipaban de su tutela, constituyéndose en cantón independiente y
+obrando por cuenta propia en los negocios políticos... Un suceso
+repentino impidióles seguir explorando con la misma habilidad los
+respectivos campos: entró un criado trayendo un gran estuche de
+terciopelo granate muy oscuro, magnífico regalo para la _kermesse_, que
+acababan de traer a aquella hora intempestiva con la idea deliberada,
+sin duda, de que pudiera ser admirado al mismo tiempo por toda la
+brillante concurrencia. Gorito Sardona, mico de guardia aquella noche,
+tomó el estuche de manos del lacayo y púsolo sobre la mesa, llamando a
+gritos a Currita. Acudió esta seguida del diplomático, y un ligero grito
+que pareció arrancarle la admiración, y le arrancaban en realidad el
+temor y la sorpresa, se escapó de sus labios a la vista del estuche...
+Habíale recordado al punto otro enteramente semejante, con la sola
+diferencia de que sobre el oscuro terciopelo de la tapa de aquel otro se
+destacaba, bajo una corona de marqués, una caprichosa _S_ de oro mate, y
+en este sólo se veía en aquel lugar un poco chafado el terciopelo...
+Tres segundos permaneció, sin embargo, inmóvil, contemplando el estuche,
+sin osar abrirlo; agrupábanse todos a su alrededor, oprimiéndola y
+estrujándola contra la mesa, ansiosos de contemplar la maravilla, y no
+hubo más remedio que apretar el resorte y levantar la tapa...
+
+Una exclamación general de asombro se escapó de todos los labios,
+ahogando el sordo rugido de rabia y despecho que hinchó la garganta de
+Currita... Sobre el blanco terciopelo que forraba el interior
+destacábase, en toda su magnificencia, la obra maestra de Enrique de
+Arfe, el marco antiguo de plata cincelada que había regalado ella a
+Jacobo en aquel mismo estuche, con su propio retrato de reina
+japonesa... Este había desaparecido, y veíase en su lugar otra extraña
+fotografía: representaba una camelia de tamaño natural, y echada sobre
+ella como sobre el alféizar de una ventana, aparecía el busto de una
+mujer, de la dama duende que todos conocían, apoyada la mejilla
+izquierda sobre ambas manos cruzadas, mirando al frente con provocativa
+insolencia, sacando la lengua con gesto de pilluelo redomado a todo el
+que mirase el retrato por cualquier lado que fuese; por debajo, leíase
+escrito con muy buena letra inglesa:
+
+A LA EXCMA. SRA. CONDESA DE ALBORNOZ,
+_Mademoiselle de Sirop._
+
+Nadie dijo una palabra, nadie hizo un comentario... En el embarazoso
+silencio que deja al descubierto las grandes vergüenzas, oyóse tan sólo
+la suave vocecita de la Albornoz, que decía algún tanto temblorosa:
+
+--¿Mademoiselle de Sirop?... ¡Qué delicia!... ¿Si será prima del jarabe
+Henry Mure que han recetado a Fernandito?...
+
+
+
+
+--VIII--
+
+
+El despertar de Jacobo fue alegre: había ganado la noche antes, jugando
+en el Casino hasta las cuatro de la mañana, más de cinco mil duros. Hay,
+sin embargo, algo en el hombre que despierta antes que la razón y los
+sentidos, y levanta la voz y grita y no calla ni aun en esos momentos de
+duerme--vela en que flotan las ideas como cabos sueltos, sin que la
+voluntad, dormida todavía, haya tenido tiempo de atarlas y enderezarlas
+o torcerlas a su albedrío. Este algo se llama remordimiento, y él, con
+su punzante aguijón, puso ante los ojos de Jacobo, antes que los cinco
+mil duros ganados, las aterradas fisonomías de la mujer y de los hijos
+del que los había perdido, padre de familia, jugador de oficio, marcado
+con ese sello de desdicha común a los del gremio, que por ser desdicha
+buscada no despierta en ellos mismos compasión, sino enojo. En las
+ganancias del juego, ha dicho uno, hay siempre algo parecido al robo,
+porque con razón puede decirse que se toma lo ajeno contra la voluntad
+de su dueño; y si bien es cierto que se gana este dinero ajeno
+exponiendo el propio, también lo es que los ladrones en cuadrilla
+exponen sus vidas en las encrucijadas de los caminos, y la vida, aunque
+sea de un facineroso, vale más que el dinero.
+
+Volvióse Jacobo del otro lado, ahogando estas reflexiones con su
+voluntad ya despierta, y tiró de la campanilla, murmurando entre
+dientes:
+
+ Amar a nuestro prójimo
+ Nos manda la doctrina,
+ Y al prójimo en la guerra
+ Le dan contra una esquina.
+
+Entró Damián, trayendo, como todos los días, el correo y los periódicos,
+que puso al alcance de la mano de Jacobo sobre la mesa de noche. Abrió
+luego las persianas, descorrió las cortinas y entróse en el cuarto de
+vestir para preparar el agua caliente y la ropa del señorito. Habían
+dado ya las doce y media.
+
+Era Jacobo muy perezoso y costábale gran trabajo arrancarse del lecho;
+dio en él varias vueltas, estirándose y revolviéndose con esa dejadez
+del que no tiene cuidados, ni le esperan obligaciones, ni encuentra para
+saludar al nuevo día otra fórmula, otra oración, otro brote de
+sentimiento que un prolongado bostezo. Decidióse al fin a sacar una
+mano, y tomó de sobre la mesilla de noche las varias cartas; eran estas
+cuatro o cinco, y llamóle la atención, desde luego, una grande y
+cuadrada que traía el sello del Congreso, porque parecióle notar el
+tacto que venía en el interior, además del papel, un pequeño objeto
+redondo. Diole vueltas por todos lados examinando el sobre, con esa
+necia perplejidad que al recibir una carta de letra desconocida nos
+impulsa a conjeturar y adivinar lo que con sólo romper el sello podemos
+saber de cierto. Hízolo así al cabo, rasgando el sobre por completo, y a
+la duda sucedió entonces en él la sorpresa y el azoramiento; encontróse
+con un pliego en blanco, de papel muy recio, doblado por la mitad en dos
+partes: en la superior destacábase, cuidadosamente pegado con goma, un
+gran sello de lacre verde, del diámetro de medio duro... Al pronto no
+distinguió bien Jacobo lo que era aquello; llegaba la luz muy
+debilitada, filtrándose por los visillos del balcón y la gran cortina de
+tul bordado, en una sola pieza, que arrancando de los lambrequines de
+damasco amarillo llegaba hasta el suelo barriendo la alfombra. Con
+grande ansiedad incorporóse bruscamente, inclinando el cuerpo fuera del
+lecho para buscar la luz, y pudo distinguir entonces en todos sus
+detalles la empresa del sello: era la escuadra y el compás cruzados en
+forma de rombo y la rama de acacia, emblema de los masones.
+
+Una sospecha terrible, una idea aterradora con visos ya de evidencia
+cruzó al punto por su mente cual un pájaro siniestro. Arrojóse de un
+salto fuera del lecho y corrió al balcón para examinar con mejor luz
+todavía la extraña carta y el misterioso sello. No había duda: si no era
+el mismo, era igual a uno de los que había arrancado él en París, en el
+_Grand Hôtel_, de los cartapacios que en la logia de Milán le habían
+entregado... ¿Qué significaba, pues, aquello?... ¿Era una broma? ¿Un
+aviso? ¿Una amenaza?
+
+Con los ojos muy abiertos quedóse mirando a la calle, como si buscase
+allí la solución a sus dudas, la respuesta a sus temores... Frente por
+frente de la suya estaba la gran casa del marqués de Riera, cerrada
+hacía tantos años, con ese aspecto de secreto, ese aire de misterio que
+parecen tomar los edificios abandonados por largo tiempo, haciendo
+fantasear a la imaginación detrás de sus muros recuerdos de crímenes y
+sombras de aparecidos. El día estaba triste; uno de esos días de lluvia
+menuda y continua en que sólo se ven en el suelo cieno y lodazales y en
+el cielo nubes pardas, inmóviles, pegajosas, que parecen lamer las
+torres y las cúpulas, cual la viscosa baba de un monstruo inmenso. Los
+transeúntes cruzaban por la acera muy de prisa, armados de paraguas e
+impermeables, chapalateando sobre el fango, que salpicaba las sayas
+remangadas de las mujeres, los pantalones recogidos o las altas botas de
+los hombres. Un capitán de lanceros, muy gordo y rubicundo, bajaba de la
+Puerta del Sol, pisando muy fuerte, con las espuelas y las polainas
+manchadas de cieno, calada la corta capota azul con vueltas blancas.
+Antejósele a Jacobo que aquel militar era de la clase de tropa que iría
+al ministerio de la Guerra y siguióle con la vista muy atentamente...
+Mas el militar dobló la esquina de la casa de Riera, dando un resbalón,
+y desapareció por la calle del Turco... ¡La calle del Turco!... ¡Ah! ¡La
+calle del Turco!... Allí se había cometido cuatro años atrás un
+asesinato, _otro_ asesinato, en la persona de un hombre famoso, de un
+amigo que le había hecho a él grandes favores, favores de lobo a lobo,
+pero al fin y al cabo siempre favores... También entonces habíase
+vislumbrado en _aquello_ la mano de los masones, y él, ¡oh!, él sabía
+bien a qué atenerse... Por eso tuvo que huir a toda prisa impulsado por
+el destino, pícaro destino, que le arrebataba a Constantinopla a
+resbalar en otro charco de sangre y a emprender otra fuga a Italia, a
+Francia, a España más tarde.
+
+Jacobo sintió mucho frío, un frío muy grande y muy natural, porque
+estaba medio desnudo, y que parecíale a él le penetraba las carnes y le
+llegaba hasta los huesos y le pasaba el alma de parte a parte, con una
+sensación glacial y desagradable que se le figuraba semejante a la hoja
+de un puñal al hundirse en su pecho. Volvióse a la cama buscando el
+calor de las mantas, y acurrucóse entre ellas, escondiendo el rostro en
+las almohadas para pensar, para reflexionar, para meditar, para no mirar
+al hueco del balcón, donde le parecía ver al general Prim y a la cadina
+Saharí, y al eunuco estrangulado, dándose las manos, haciéndole
+cortesías, como hacen los actores cuando salen a la escena a recibir la
+ovación al final de un drama. ¡Y él, que se había despertado tan alegre,
+imaginando el medio de ocultar a sus acreedores los cinco mil duros
+ganados!
+
+Damián asomó discretamente la cabeza, preguntando si el señor marqués no
+iba a levantarse, porque el agua caliente se enfriaba.
+
+--Allá voy..., allá voy--respondió Jacobo.
+
+Y mientras se calzaba las pantuflas y se envolvía en una bata de abrigo
+muy bien enguatada, iba discurriendo que el modo seguro de averiguar de
+cierto lo que sobre el particular hubiera, era preguntar al tío
+Frasquito lo que había hecho de aquellos tres sellos que en el _Grand
+Hôtel_ le había regalado. Quedóse con esto más tranquilo, casi sereno
+del todo: indudablemente era que se reducía aquello a una necia broma...
+Cierto que habíale sucedido a él en aquel negocio espinosísimo lo que
+acontece a todos los caracteres fogosos; que una vez dado el primer
+empuje, caen luego en la mayor apatía, abandonando los planes con tanta
+rapidez fraguados y con tanto calor emprendidos. Mas tampoco era
+verosímil que al cabo de año y medio de silencio absoluto, de completo
+olvido, salieran los masones reclamando los papeles e iniciando su
+petición con la ridícula bromita--muy en carácter, por cierto--de
+enviarle un sellito... Y además, ¡qué demonio!, a él le habían entregado
+unos papeles para el rey Amadeo, y el rey Amadeo se había ido. ¿Iba a
+correr de ceca en meca en busca del rey cesante?... ¿Y con qué derecho
+le pedía cuentas la masonería española, perteneciendo él a la italiana?
+Porque la carta era de Madrid mismo, puesto que el sello del Congreso la
+franqueaba... Nada, nada, fuera temores, que el derecho era suyo. ¡Qué
+demonio! A quien Dios se la dio, san Pedro se la bendiga; y el que está
+más cerca de la cabra, ese la mama...
+
+Púsose Damián a afeitarle como todos los días, y al sentir sobre la
+garganta el frío del acero, no pudo contener un estremecimiento de
+espanto... Un ligero golpecito, un leve movimiento, y correría la
+sangre, y vendría la muerte, y se acabaría la vida allí mismo, sin
+auxilio, sin remedio, pasando de la agonía a la sombra pavorosa de eso
+que llaman eterno, corriendo por Madrid la noticia del _crimen de la
+calle de Alcalá_, como había corrido cuatro años antes la del crimen
+impune y misterioso de la calle del Turco... Y aquel ligero golpecito,
+aquel leve movimiento, podía determinarlo en la mano de Damián, otro
+ligerito golpecito del oro de los masones. Porque ¿que sabía él lo que
+era Damián?... Un pícaro probablemente, un bribón como todos, puesto
+que, a juzgar por lo que de sí mismo sentía él, sólo pueden admitirse
+dos clases de hombres: los ahorcados y los que merecen serlo.
+
+Rióse al cabo de sus locas imaginaciones, y vestido ya del todo, pidió
+un sombrero, unos guantes, un paraguas...
+
+--¿El señor marqués almorzará en casa?...
+
+--No.
+
+--El cochero espera la orden...
+
+--Que se vaya, que vuelva a las cuatro.
+
+Y se dirigió a la puerta, para retroceder al momento... ¡Qué tontería!
+Quizá en alguna de aquellas otras cartas que había olvidado en su
+azoramiento vendría algún dato, alguna explicación de la estúpida broma
+del sellito. Abriólas una a una, y una a una las fue arrojando con furia
+sobre la gran piel de oso blanco, colocada al lado del lecho... Nada,
+nada: una invitación para un baile, una carta de Ángel Castropardo
+preguntando si le acompañaría a cenar aquella noche con las bufas de
+Arderíus después del teatro, una diatriba de un acreedor exasperado que
+le amenazaba con el embargo...
+
+Seguía cayendo aquella lluvia menuda, lenta, constante, que cala hasta
+los huesos y los enfría, como cala hasta el corazón y lo hiela un
+pensamiento triste y monótono que no se puede desechar. En las Cuatro
+Calles, frente a las ruinas _seculares_ de la calle de Sevilla,
+coronadas ya, como las de Itálica, por el amarillo jaramago, tomó Jacobo
+un simón para evitar la afluencia, eterna en aquel sitio, de gentes que
+van y vienen, formando en las aceras cordones interminables de hombres,
+de mujeres, de niños, cobijados todos aquel día bajo sus paraguas, que
+remedaban, yendo y viniendo y cruzándose, una larga procesión, una
+contradanza fantástica de hongos fenomenales. Diez minutos después
+apeábase a la puerta del tío Frasquito.
+
+Peinado, teñido y reluciente de puro limpio, sentábase este a la mesa
+para almorzar en su lindo comedor perfectamente caldeado por magnífica
+chimenea de mármol negro atestada de leña. Con el ansia cariñosa con que
+recibe todo el que tiene gana de charlar a cualquiera que puede servir
+de auditorio, recibió el viejo a Jacobo, mandando al punto poner otro
+cubierto en la mesa... Necesitaba él desahogarse, porque el berrenchín,
+el bochorno que había pasado el día anterior aún no le había salido del
+cuerpo. Las cosas de Diógenes iban llegando a un extremo, que si hubiera
+en Madrid autoridades, si hubiera en España un Gobierno, se castigaría
+lo menos, lo menos con cadena perpetua... ¡Oh! ¡Lo del día anterior
+merecía por primera providencia que le cortasen la mano derecha!
+¡Burlarse de ese modo de todas las señoras de Madrid, congregadas para
+un asunto piadoso! Poner en evidencia, en ridículo, en berlina, a
+tres... a dos personas respetables; porque el tal Pulidete era un
+_parvenu_, un cursi, un cualquier cosa, que se lo tenía todo muy bien
+merecido... Mentira parecíale que Pepe Butrón, un hombre de tanto
+talento, se hubiese _tirado una plancha_ semejante, y sin duda fue el
+Pulidete quien le dio el mal consejo. ¡Proponer a María Villasis para
+presidenta!... ¡Si eso no se le ocurre ni al que asó la manteca!... Y
+claro está, sucedió lo que tenía que suceder: que la muy mojigata dio
+con todo al traste, pero con un atrevimiento, con una insolencia,
+aludiendo claramente a la pobre Curra, diciendo con una risita de mil
+demonios que su modestia le impedía ser ella presidenta donde había una
+vicepresidenta tan digna... Y la pobre Curra calló, calló por prudencia;
+pero bien se le conoció que quedaba sentidísima...
+
+Hizo aquí una pausa, tragóse un buen bocado, preparó otro muy grande y
+dijo mientras tanto:
+
+--Perro ¿no comes, hombre?... ¡Si no has tomado más que las ostrras!...
+
+--No tengo ganas...
+
+--Ni yo tampoco... Porr supuesto, que lo mejorr que ha podido sucederr
+es lo que ha sucedido; porrque si mi sobrina Villasis llega a serr
+presidenta, quedaban rreducidas las obrras de la Asociación a novenas y
+triduos de rrogativas, y a limosnitas rrecogidas porr las socias a la
+puerrta de las iglesias... Y ni aun esto siquierra, porque yo mismo la
+he oído decirr, yo, yo mismo--y el tío Frasquito, con ademán imponente,
+se tiraba de una oreja--, que es un escándalo, una profanación poneer
+rreclamos de niñas bonitas a la puerrta de las iglesias. ¡Vaya usted a
+verr qué modo de entenderr las cosas!... Perro, en fin, los pobrecitos
+herridos no se quedarrán sin socorrro, y lo que la perrfecta viuda les
+quita porr un lado, se lo proporrcionarrá porr otro la pícarra
+Samarritana. Porque Curra, con ese corrazonazo que tiene, ¡claro está!,
+¡lo ha tomado con un calorr, con un empeño!... ¡y lo que es la
+kerrmesse, ha de darr mucho dinerro!... Anoche, como no estuviste allí,
+no podrías enterrarte, pero se trata ahorra de buscarr el sitio; unos
+dicen que en la platerría de Martínez, otros que en el Rreal. ¿Qué te
+parrece?...
+
+Jacobo, aburrido de aquella charla insustancial y mujeriega, estuvo por
+decir que le parecía mejor la punta de un cuerno, y el tío Frasquito,
+viendo que no contestaba, se apresuró a añadir:
+
+--Yo creo que en el Rreal... En la Óperra se hizo la de Parrís, cuando
+los inundados de Szegedin, y estuvo brillantísima... Perro, francamente,
+le temo a Diógenes, que se colocarrá allí, de seguro... le temo, le
+temo; te digo que le temo. Porrque, ¿qué se hace uno, si ni aun queda el
+rrecurrso de desafiarrlo?...
+
+--¿Que no?--replicó Jacobo riendo, a pesar suyo--. Desafíalo tú, y
+córtale las orejas.
+
+--¡Oh! ¡Lo que es por mí no quedarría!--exclamó lleno de ardor bélico el
+tío Frasquito--. ¡Pero si es imposible! ¿Sabes lo que pasó con Paco la
+Granda... otro animal como él?... Pues le hizo Diógenes una barrabasada,
+y Paco le mandó sus padrinos. Diógenes dijo que sí, que se batirría,
+perro como le tocaba la elección de armas, exigió que el duelo fuerra a
+cañonazos, ¡figúrrate tú!... Paco le envió a decirr entonces que donde
+quierra que le encontrase le darría de bofetadas; Diógenes contestó que
+se le acerrcarra si podía... Y se le acerrcó, en efecto. ¿Perro parra
+qué, Jacobo, parra qué?... Parra que el animal de Diógenes, como es tan
+grandote, le diese un estacazo que le rrompió dos costillas... ¡Dos
+costillas!... No creas que exagerro: ¡dos costillas!
+
+Y el tío Frasquito, rebosando indignación, palpábase con el reverso de
+la mano el sitio en que, naturales o postizas, debía de tener las suyas.
+
+Jacobo nada decía, y comenzando el viejo a notar su preocupación,
+indicóle bonitamente que el almuerzo terminaba y le estaba ya
+estorbando.
+
+--Pues creo que pondremos al fin la kerrmesse en el Rreal--dijo--.
+Ahorra mismo voy a casa de Curra, parra que decidamos... ¿Cómo no has
+almorrzado tú allí hoy?...
+
+Jacobo arrojó la servilleta hecha un lío encima de la mesa y dijo
+gravemente mirando al tío Frasquito:
+
+--Porque necesitaba hablarte.
+
+--¡Ya!--exclamó el viejo.
+
+Y abrió palmo y medio de boca y púsose muy azorado, porque desde aquella
+noche fatal en que descubrió Jacobo en el _Grand Hôtel_ el secreto de su
+peluca y de sus dientes mirábale y temíale con ese temeroso recelo que
+inspira siempre la persona que puede perder nuestra reputación o nuestra
+fortuna con sólo dar suelta un poquito a la lengua. No le deseaba la
+muerte, pero hubiérale visto con gusto descender a la tumba, con tal que
+se llevase a ella el secreto. Jacobo preguntó:
+
+--¿Te acuerdas de aquella noche en que se te quemó el gorro de dormir en
+el _Grand Hôtel_?...
+
+Alborotóse el tío Frasquito pensando ¡ciertos son los toros!, e inmutado
+y nervioso y lleno de sobresalto, comenzó a mirar a los criados,
+diciendo por lo bajo:
+
+--¡Calla, hombre, calla!... En el _boudoir_ tomarremos el café y allí
+nadie vendrrá a incomodarrnos.
+
+Porque el tío Frasquito tenía también su _boudoir_, un verdadero
+_boudoir_ de dama elegante, atestado de todas esas chucherías que llaman
+los franceses _bibelots_ y han venido a sustituir en los palacios
+modernos a las antiguas obras de arte. No faltaban allí, sin embargo,
+estas, y era la más notable el retrato de un caballero, tipo de
+arrogancia y varonil hermosura, pintado por Van Dyck en Inglaterra, al
+mismo tiempo que aquel otro famoso de Carlos I, imagen admirable en que
+se refleja, junto al orgullo del monarca, una especie de adivinación de
+su trágica desventura. Era aquel personaje el quinto duque de Aldama,
+embajador en Londres de Felipe IV, y era el tío Frasquito hijo tercero
+del vigésimo duque del mismo nombre. Al pie del retrato había colgadas
+una daga y una espada de gavilanes, de exquisita labor y gran precio,
+que habían pertenecido al personaje. Frente por frente, en muy buena luz
+colocado, había un pulido bastidor de caoba, en que el tío Frasquito,
+nieto en el siglo XIX del prócer del siglo XVII, bordaba en tapicería
+unas preciosas babuchas.
+
+Sirvieron el café; Jacobo habíase dejado caer negligentemente en una
+butaca, con la pierna derecha echada por encima del brazo de esta, y
+puéstose a fumar el exquisito cigarro puro que le ofreció el tío
+Frasquito. Este sacó con mucho misterio una preciosa tabaquera de oro
+guarnecida de brillantes, con el retrato de la reina María Luisa en la
+tapa, y tomó un polvo de rapé haciendo mohínes picarescos.
+
+--Es mi vicio--decía--, nadie lo sabe; un secreto... _Péché caché, est
+tout à fait pardonné_.
+
+Y estornudó por tres veces, haciendo figuras y monadas con que creía
+apartar de la mente de Jacobo la maldita idea del gorro quemado: mas
+este, no bien salieron los criados, después de servir el legítimo ron de
+Jamaica, tomó a preguntar:
+
+--¿Te acuerdas de aquella noche?...
+
+El tío Frasquito contestó un ¡sí! tímido y vergonzoso, cual si le
+recordase la pregunta algún crimen nefando.
+
+Jacobo volvió a preguntar:
+
+--¿Y te acuerdas de unos sellos de lacre, dos verdes y uno rojo, que te
+regalé aquella noche?
+
+--Sí--replicó el tío Frasquito más animado.
+
+--¿Qué has hecho de ellos?...
+
+--En mi álbum los tengo... ¿Quierres verrlos?
+
+--Enséñamelos.
+
+El tío Frasquito, libre ya de temores, volvióse vivamente y arrastró
+hacia Jacobo un precioso caballete, sobre el cual descansaba un gran
+infolio, una especie de libro de coro, cuyas lujosas tapas eran una obra
+de arte, un mosaico acabadísimo, hecho sobre piel de zapa, con
+peregrinos dibujos y colores muy vivos, formando el todo un conjunto
+digno de competir con las más lujosas encuadernaciones antiguas que se
+admiran en la biblioteca del Vaticano; cerraba el libro un gran broche
+de acero calado, representando las armas de los Aldamas, rematadas por
+la corona ducal del jefe de la casa.
+
+--No hay otra colección igual, es la primera de Europa--decía el tío
+Frasquito abriendo el libro sobre el caballete con el ardor de un
+amateur que luce sus aficiones.
+
+Y se puso a repasar el índice, porque estaba el libro dividido en varias
+partes: sellos reales, nacionales, particulares y misceláneas. El tío
+Frasquito buscaba en la miscelánea, y dio al fin con ellos, en la página
+117. _Sellos masónicos. Marqués de Sabadell._ Porque tenía la atención
+el coleccionista de apuntar siempre, junto al donativo, el nombre del
+donante.
+
+Apareció al fin la página 117... y el tío Frasquito miró a Jacobo
+estupefacto, y Jacobo al tío Frasquito horriblemente pálido. Las
+numerosas casillas de la hoja aparecían cubiertas de sellos, excepto dos
+de ellas que estaban en blanco; en ambas decía arriba: _Masónico_, y
+abajo: _Marqués de Sabadell_. Los sellos habían desaparecido, y
+notábanse sobre la fina vitela las asperezas de la goma con que habían
+estado sujetos. Jacobo, con voz ahogada y gesto de medrosa ansia, dijo
+entonces:
+
+--El otro... el rojo... ¿Dónde está?...
+
+Asustado el tío Frasquito al notar la emoción de Jacobo, no acertaba a
+decir palabra, temiéndose algo gordo, y comenzó a buscar
+precipitadamente entre los sellos reales, murmurando aturdido:
+
+--De Víctorr Manuel erra, me acuerrdo muy bien... Estarrá entre los
+soberranos de Italia; con un duque de Parrma y un Ferrnando de Nápoles
+lo puse... Porrque la Italia una, no me pasa; vamos, que no me pasa...
+
+Y apareció al fin, después de mucho revolver, la página 98, llena de
+sellos reales, y entre uno del último duque de Parma reinante y otro de
+Fernando de Nápoles, hallaron otra casilla en blanco. Arriba decía: _Rey
+de Cerdeña_; debajo: _Marqués de Sabadell_.
+
+Dio entonces Jacobo una puñada en el brazo de la butaca, diciendo con
+voz sorda:
+
+--¡Me has perdido!...
+
+--¡Ay, Jesús, Jacobito!... ¡Porr Dios, dímelo!... ¿Qué pasa?--exclamó el
+tío Frasquito muerto de susto.
+
+--¡Me has perdido!... ¡Me has perdido!--repetía Jacobo.
+
+Y bajo la impresión del temor y el aturdimiento, confió con su
+impremeditación ordinaria al necio viejo, si no la parte más culpable,
+la más peligrosa, al menos, de la aventura de los masones. El tío
+Frasquito, muerto de miedo, creyendo ver brotar puñales masónicos a
+través de la mullida alfombra, comenzó a dar vueltas desatinado,
+tropezando por todas partes como corneja puesta de repente a la luz del
+sol.
+
+--¡Ay, ay, ay, Santa Marría, qué berrenjenal! Porr supuesto, Jacobito,
+que tú te acordarrás muy bien de que yo no querría tornarr los sellos.
+¿Te acuerrdas?... Tú me los diste y yo no los querría tornarr.. Porr
+complacerrte, porr darrte gusto los tomé y me arrepiento; que yo no los
+necesitaba, ni quierro nada de esos señores. ¿Te enterras?... Y conmigo
+no cuentes, porrque yo lo digo todo clarrito, clarrito, y me lavo las
+manos.
+
+Detúvose de pronto y diose una gran palmada en la frente, como quien ata
+de improviso un cabo importante. ¡Tú, tú, tú!... Aumentóse su terror, y
+fuele preciso sentarse.
+
+--¡Ahorra lo entiendo todo! Ahorra me lo explico y lo veo clarro...
+¡Santa Marría, lo que me está pasando!...
+
+--¿Qué?--dijo Jacobo con ansia.
+
+La emoción de este parecía haber pasado al tío Frasquito, y conociendo
+el pobre viejo su debilidad, decidióse a buscar apoyo en el más
+fuerte... Cogió por un brazo a Jacobo y llevólo sigilosamente a su
+alcoba, nido risueño, tapizado con seda de Persia celeste, cubierto el
+pavimento con pieles blancas, con una cama de palo de rosa muy baja, muy
+aérea, vago conjunto de encajes, holandas y sedas celestes, semejante a
+una crespa ola del mar coronada de espumas blancas. Había allí un mueble
+precioso, también de palo de rosa, con cerradura de plata, donde el tío
+Frasquito guardaba los papeles importantes; abrió un cajoncito y sacó un
+paquete de cartas.
+
+¡Lo que le estaba pasando hacía más de tres meses!... Si aquello era
+para volver loco al más pintado; primero le incomodó, diole después
+rabia, y al presente, ahora, en aquel momento le espantaba; ¡vamos, que
+le espantaba, que le ponía los pelos de punta!...
+
+--Un día, me acuerrdo muy bien, el 9 de diciembre, rrecibí porr el
+correo una carrta de San Peterrsburrgo...
+
+Y el tío Frasquito sacaba la primera del paquete, cuyo sello tenía, en
+efecto, la efigie del zar Alejandro II.
+
+--De San Peterrsburrgo... La abrí extrañado y me encontré con esto...
+
+Y abría, a la vez que hablaba, la carta, poniendo ante los ojos atónitos
+de Jacobo un pliego en blanco, en cuyo centro se leía escrita esta sola
+palabra:
+
+=¡MENTECATO!=
+
+Un gran flujo de risa brotó por encima de todos los terrores de Jacobo,
+y soltó el trapo a reír con todas sus fuerzas. Mas el tío Frasquito, muy
+desolado, prosiguió diciendo:
+
+--¿Te rríes?... ¡Aguarrda, aguarrda!... Yo decía cavilando toda la
+noche: ¿Mentecato en San Peterrsburrgo? Y me devanaba los sesos y se me
+espantaba el sueño sin acerrtarr... Al otro día otra carrtita... ¿Perro
+de dónde crees?... ¡De Chinchón, Jacobo, de Chinchón!... La abro, y el
+mismo lema: ¡Mentecato! Al día siguiente, carrta de Fuente Obejuna,
+provincia de Córrdoba, y lo mismo... En fin, hijo, desde entonces todos
+los días, sin faltarr ninguno, una carrtita de letra diverrsa, de parrte
+distinta, las más rremotas en todas las partes del globo, de Francia, de
+Inglaterra, de Alcorrcón, de Alemania, de Chinchilla, de Calcuta. ¡Ya tú
+ves! De Calcuta, de Constantinopla, de Terrrones, Jacobito, de
+Terrrones, pueblecillo de tres casas, en la provincia de Salamanca; y
+siempre con el mismo lema: ¡Mentecato!... Un día, el 20 de enero, san
+Sebastián márrtir, ¡me acuerdo muy bien!, estaba más tranquilo; llegó el
+correo y no trajo carrta ninguna... Porr la tarrde abro ahí--y abrió la
+mesilla de noche--y allí... dentro me encuentro una carrta; la abro...
+¡Mentecato!... Dime tú si eso no es para volverrse loco; si no encierra
+un misterio terrible, que tu carrtita del sello me va ahorra
+explicando...
+
+Jacobo iba también comprendiendo, y desde luego pensó que nadie que no
+fuera Diógenes era capaz, ni en Madrid ni en todo el mundo, de dar una
+broma tan constante a aquel pobre majadero, para lo cual se necesitaba
+paciencia a toda prueba, relaciones muy extensas y medios de
+comunicación difíciles y complicados. Con verdadero asombro, preguntóle
+entonces:
+
+--¿Pero de veras no te ha faltado ningún día?
+
+--¡Ninguno!... A veces, cuando la carrta venía de muy lejos, sobre todo,
+estaba dos o tres días sin rrecibirrla; perro luego llegaban juntas...
+¡Si te digo que ni un día me ha faltado! Mírralas, cuéntalas--añadió con
+acento de desolación profunda, desparramándolas todas sobre la mesa--y
+verrás cómo salen a carrta porr día... Desde el 9 de diciembre hasta el
+15 de marrzo, que somos hoy, van noventa y siete días, porrque febrerro
+trrae veintiocho. Pues nada, ahí tienes noventa y nueve ¡Mentecatos!...
+Aquí está el de hoy.
+
+Y sacó del bolsillo otra carta de Chiclana, provincia de Cádiz, en la
+cual se leía también la palabra sibilítica, el misterioso conjunto:
+¡Mentecato!
+
+La situación de Jacobo no era para reír mucho, y apagóse bien pronto el
+arranque de hilaridad que le había producido aquella burla pacientísima
+que no podía ser de otro que de Diógenes.
+
+Arrepintióse al mismo tiempo, al ver los medrosos aspavientos del tío
+Frasquito, de haberle confiado en parte su secreto, y resolvió asegurar
+su silencio haciéndole creer que le alcanzaba a él también la inminencia
+del peligro. Detenidamente examinó las cartas, conteniendo, a pesar de
+los pesares, nuevos accesos de risa, y dijo al cabo con aire de
+convicción profunda:
+
+--¡Evidentemente que esto viene de los masones!... A mí me sentencian
+por lo que hice y a ti te avisan que eres un mentecato por haberme
+encubierto...
+
+--¡Perro si eso no es verrdad!--gritó el tío Frasquito muy apurado--. Si
+yo no te he encubierrto, si tomé los sellos porrque tú me los diste...
+
+--Lo cual quiere decir--prosiguió Jacobo sin hacerle caso--, que si a mí
+me _apiolan_ al volver de una esquina, a ti te dan una paliza en cuanto
+te cojan a mano.
+
+Pegósele al tío Frasquito la lengua al paladar y exclamó medio llorando:
+
+--¡Darré parte al goberrnadorr de Madrid!... ¡Le hablarré a Paco
+Serrrano!...
+
+--Lo cual sería meterte tú mismo en la boca del lobo, porque lobos de la
+misma camada son uno y otro... Mira, tío Frasquito, aquí no hay más que
+una salida... En primer lugar, echarse un nudo a la lengua, y que ni tu
+sombra trasluzca lo que pasa...
+
+--Lo que es eso, corre de mi cuenta.
+
+--¡Bueno!... En segundo lugar, tener dispuesta la bolsa; porque, amigo
+mío, con _mosca_ a la mano se va lejos, y entre masones y no masones por
+dinero baila el perro.
+
+El tío Frasquito hizo un gesto de resignación del paciente a quien
+sentencian a sacarse una muela, y Jacobo continuó:
+
+--En tercer lugar, irse con pies de plomo, siguiendo la pista... Así es,
+que vamos a cuentas... ¿Quién sospechas tú que haya podido robar esos
+sellos?...
+
+El tío Frasquito comenzó a hacer sobrehumanos esfuerzos para coordinar
+sus recuerdos... Seguro, segurísimo estaba de que quince días antes
+estaban allí los tres sellos; habíale enseñado despacio todo el álbum a
+otro amateur, el barón de Buenos Aires, y no notó hueco alguno... A los
+pocos días vino un individuo desconocido, recomendado por su camisero,
+que quería venderle con mucho empeño tres ejemplares curiosos: entonces
+hojeó otra vez el álbum... Después no le había tocado.
+
+--¿Quién era ese individuo?
+
+--Pues no sé... Un pobre diablo con carta de hambre, cualquierr cosa...
+
+--¡Ahí está el hilo del ovillo!--exclamó con grande interés Jacobo--.
+¿Le dejaste solo? ¿Tocó el álbum?...
+
+--No..., no... ¡Ay, sí, sí, sí, Jacobito!... Ahorra me acuerrdo que sí,
+que vino Vicentito Astorrga y le rrecibí en el salón porrque no vierra
+semejante estaferrmo, y estuvo solo más de diez minutos... lo menos, lo
+menos.
+
+--¡Aquí tenemos ya la púa del trompo!... Vamos ahora mismo a casa del
+camisero.
+
+A la puerta esperaba enganchada la berlina de tío Frasquito, y en ella
+subieron ambos, dirigiéndose a casa del camisero, honrado comerciante de
+la calle de Carretas... Tampoco conocía este al incógnito; sabía tan
+sólo que era un comisionista italiano, amigo de otro francés que tenía
+negocios con la casa, en el ramo de perfumería... Al oír la nacionalidad
+del desconocido, llegó a su colmo la inquietud de Jacobo, porque
+parecióle ya evidente que se entendían en aquel asunto las logias de
+Italia y de España. Indicó, pues, al tío Frasquito que no era necesario
+averiguar más, y regresaron preocupados y silenciosos a casa de este.
+Despertóse por el camino la fogosa actividad de Jacobo a la vista del
+peligro, y en aquel breve trayecto trazó un plan atrevido, único a su
+juicio que podía remediar los yerros pasados y detener las consecuencias
+de su imprudente apatía. Aquella misma noche, sin despedirse de nadie,
+sin dar a persona alguna razón de su marcha, ni dejar sospechar siquiera
+el fin de su viaje, saldría para Italia, avistaríase en Caprera con
+Garibaldi, que le había iniciado en otro tiempo en las logias de Milán,
+y ante él trataría de justificar el secuestro de aquellos documentos,
+inventando un embuste, una historia, un enredo cualquiera, que viniese a
+sacarle de una vez de aquella situación falsa y angustiosa. Dinero tenía
+de sobra con los cinco mil duros ganados la noche antes, y la mina del
+tío Frasquito podía también muy fácilmente explotarse. Manifestó, pues,
+al atribulado viejo, al llegar a casa de este, parte de su plan, y
+concluyó diciendo que, puesto que el riesgo era de ambos, justo era
+también que ambos pagasen los gastos, y que era necesario le aprontase
+en aquel momento dos mil duros en billetes de banco; el viaje duraría
+dos semanas, y a su vuelta ajustarían cuentas, partiendo como hermanos
+los gastos que la empresa ocasionara.
+
+Alborotóse el tío Frasquito, juzgando que le salían los tres sellos
+harto caros, y vencido al fin por las razones, vaticinios y amenazas de
+Jacobo, aprontó el dinero que le estafaban y despidió al compadre
+haciendo pucheros. Acrecentáronse sus temores al verse solo, sintióse
+malo y se metió en la cama, dando orden rigurosa de no recibir a nadie.
+A la mañana siguiente trajéronle el correo; venía una carta de Segura,
+pueblecillo célebre por sus quesos, escondido en el rincón más áspero de
+las montañas de Guipúzcoa; en ella decía: ¡Mentecato!
+
+Subióle dos grados la fiebre, y mandó llamar al cura de la parroquia: se
+quería confesar.
+
+Fin de libro tercero
+
+
+
+
+Libro IV
+
+
+
+
+--I--
+
+
+El miguelete que cobra el portazgo en lo alto de la cuesta de los Meagas
+aseguró formalmente a José Ignacio Bernaechea que jamás había cruzado de
+San Sebastián a Zumárraga un coche más elegante, ni unos caballos más
+hermosos, ni unas gentes más locas. Aún se oía a lo lejos, allá por la
+cuesta abajo, el estridente sonido de su cometa, que resonaba entre
+aquellas altas montañas de una manera extraña, profana, como pudiera
+resonar una risotada en un templo, una chanza en una oración, el himno
+de una bacante entre las solemnes y pausadas notas de un canto
+gregoriano. Porque aquella naturaleza seria y salvaje, aquellos valles
+profundos cortados por riachuelos, salpicados de caseríos sumergidos en
+un mar de verdura, a que las distintas luces y los distintos matices
+parecen prestar flujos y reflujos fecundados por el trabajo,
+santificados por iglesias, siempre verdes, siempre bellos, siempre
+pavorosamente melancólicos, como lo es en la imaginación del campesino
+vasco la idea misteriosa de las Maitagarris, tienen algo de la
+silenciosa majestad de un templo, de la serena tristeza de los paisajes
+de otoño, que parecen llorar y sonreír al mismo tiempo; de la suave
+melancolía que inunda el alma al caer de la tarde, cuando la campana de
+la iglesia hace resonar el toque del _Ángelus_ y se despide el día
+murmurando al oído del hombre aquella palabra mil veces repetida, sin
+pensar jamás en su alcance infinito: ¡Adiós!...
+
+La bajada era peligrosa por lo inclinado de la pendiente y lo rápido de
+las vueltas, y los seis caballos del tiro hincaban con fuerza los cascos
+delanteros, inclinaban hasta los pechos las airosas cabezas, henchían
+con ahínco los poderosos ijares y aparecía el sudor bajo los brillantes
+arneses en forma de espuma blanca. Rechinaba sin cesar el torno, bajando
+o subiendo la plancha, y en la banqueta más alta del elegante
+_mail-coach_ chillaba Leopoldina Pastor como una desesperada, gritando
+que aquellos indecentes caballos iban a despeñarla por la montaña
+abajo... Sentado a su lado, el tío Frasquito, con un finísimo pañuelo
+prendido en su sombrero de paja para preservar de los ardores del sol la
+blancura de su cutis, miraba con gesto de susto lo profundo del
+precipicio y agarrábase a cada vaivén del coche a los hierros del
+asiento, gritando angustiado:
+
+--¡Currra, porr Dios, cuidado!... ¡Cuidado, Currra!
+
+En la primera de las banquetas de detrás, María Valdivieso, Paco Vélez y
+Gorito Sardona reían a carcajadas, disputándose el honor de soplar con
+alientos de buzo en la sonora corneta, avisando a los pacíficos aldeanos
+y a los mensurados bueyes, a las modestas _cestas_ de camino y a las
+chillonas carretas cargadas de helechos, que se quitasen de en medio,
+que se echasen a un lado y se tirasen todos de cabeza por cualquier
+barranco, porque el _mail-coach_, con seis caballos, de la excelentísima
+señora condesa de Albornoz, necesitaba libre toda la carretera de
+Guipúzcoa. En la última banqueta de detrás, tendido cual una masa
+inerte, iba un hombre cubierto con un _waterproof_ de señora, que los
+rayos del sol recalentaban: bamboleábase con grave riesgo de caer a los
+movimientos del coche y roncaba con esa especie de ruido asmático,
+propio de los borrachos viejos cuando duermen la mona.
+
+En los asientos del centro, entre varias fiambreras, cajas y piezas de
+una pequeña tienda de campaña desarmada, iban Kate, la doncella inglesa
+de la condesa de Albornoz; Fritz, su lacayo prusiano, y Tom Sickles, su
+famoso cochero, que sin perder su flema inglesa miraba de cuando en
+cuando con inquietud las evoluciones no del todo diestras que imprimía
+al fogoso tiro la débil manecita de su ilustre dueña. Porque la condesa
+de Albornoz en persona era quien venía guiando los briosos brutos desde
+Biarritz, de donde había salido el convoy la víspera, prefiriendo
+aquella molesta caminata por la carretera al cómodo trayecto del camino
+de hierro, por uno de esos caprichos, de esas excentricidades que forman
+las leyes de la moda y constituyen las reglas del buen tono, basadas las
+más de las veces en aquella razón tan filosófica y profunda:
+
+ Cuando pitos, flautas;
+ Cuando flautas, pitos.
+
+Sentado a su lado, en el pescante, iba el marqués de Sabadell, afable y
+cariñoso, defendiendo de los rayos del sol el rostro de la dama con una
+gran sombrilla de grueso tafetán encarnado, y atento siempre a remediar
+con su vigoroso puño cualquier descuido que en su ardua tarea de guiar
+el coche pudiera tener el aristocrático cochero. Pronto se le ofreció
+ocasión oportuna: a una vuelta del carruaje enredóse la sombrilla en las
+ramas de un roble, y despedida aquella con violencia, vino a caer sobre
+uno de los caballos; espantóse el animal, reculando bruscamente;
+retrocedió el coche a su empuje, osciló un momento y quedó inmóvil,
+inclinado, hundiéndose, hundiéndose suavemente... Un grito de espanto
+escapóse de los labios de todos, y una vieja que cruzaba guiando un
+borriquillo gritó, extendiendo los enjutos brazos, con esa energía de la
+fe en los momentos de angustia:
+
+--¡Aita San Ignazio..., salbazazu!.[17]
+
+[Nota 17: ¡Padre san Ignacio..., sálvalos!]
+
+El peligro era inminente; hallábase una de las ruedas traseras fuera del
+camino, sostenida sobre el precipicio tan sólo por el tronco de un roble
+inclinado, cuyas raíces se sentían crujir y ceder a cada momento,
+arrancando grandes pelotones de tierra... Un instante perdido, un solo
+movimiento de cualquiera de los espantados brutos, y coche, caballos y
+viajeros rodarían por el alto repecho de la cuesta, haciéndose trizas.
+Jacobo no se aturdió, ni Tom Sickles tampoco; empuñó el primero las
+riendas sin hacer ningún movimiento y saltó el segundo fuera del coche,
+abalanzándose a la rueda opuesta a la hundida, y tirando hacia el centro
+del camino con todas sus fuerzas; la vieja casera acudió en su ayuda,
+tirando con sus descarnados brazos, que parecían tener el aguante de dos
+poderosos cables. Saltó Fritz detrás de Tom y fue a sujetar por el
+diestro al caballo espantado, que era el de la izquierda del primer
+tronco. El terror había enmudecido a todos, dejándolos inmóviles, sin
+osar rebullirse por miedo de apresurar la catástrofe; el hombre del
+_waterproof_ seguía roncando.
+
+A un grito de Tom Sickles fustigó Jacobo los caballos bárbaramente,
+azuzólos Fritz dando voces y el coche arrancó al fin crujiendo,
+bamboleándose un momento hacia el precipicio, dando, al entrar en la
+carretera, un vaivén violentísimo, que despidió al hombre dormido desde
+lo alto de su banqueta en mitad del camino, donde cayó inerte y pesado
+cual una piedra de diez arrobas, mientras el coche desaparecía entre una
+gran polvareda por el declive de la cuesta y seguía corriendo hasta
+llegar frente de Oiquina, donde pudo al fin Jacobo detener el tiro a la
+sombra de unas higueras, cubierto de polvo, sudoroso, jadeante... Ya era
+tiempo: el roble, descuajado por completo, cayó a lo largo del violento
+repecho del camino, quedando suspendido sobre el precipicio por algunas
+raíces. Tom Sickles, sin cuidarse del hombre tendido en tierra, miraba
+correr el coche, apretando los puños y dirigiendo en inglés tremendas
+imprecaciones, no a los caballos, sino a su ilustre señora y dueña.
+
+Mientras tanto, Fritz y la casera acudían al caído en el momento en que,
+desembarazándose este del _waterproof_ que le envolvía y sentándose en
+el suelo, dejaba ver la granujienta faz de Diógenes, azorada, reflejando
+todavía la colosal borrachera que se había tomado la víspera, mirando a
+todas partes con aire de extrañeza, sin acertar a explicarse cómo,
+habiéndose dormido en lo alto de una banqueta del _mail-coach_,
+despertaba sentado en el suelo en mitad de un camino. Los dolores de sus
+huesos vinieron a revelárselo, y agarrándose a Fritz, trató de
+levantarse, murmurando:
+
+--¡Polaina!... Si parece que me han dado una paliza... Comenzó a andar,
+sin embargo, sin sentir grave molestia, con el sombrero en la mano,
+cubierto de polvo, arrastrando por detrás el _waterproof_, que llevaba
+terciado al hombro izquierdo. Los del coche habían recobrado el habla al
+verse fuera de peligro y chillaban todos al mismo tiempo, comentando el
+suceso, sin acordarse ninguno de dar gracias a Dios, que les había
+arrancado de las garras de la muerte con un verdadero prodigio; tan sólo
+Kate, la doncella inglesa, encogida en un rincón, blanca cual un papel
+todavía, con las manos cruzadas, cerrados los ojos, inclinada la cabeza,
+parecía rezar entre dientes... Echaron entonces de menos a Diógenes y
+viéronle venir a lo lejos, seguido de Tom Sickles y el prusiano, que
+traía la sombrilla encarnada causa del percance. El buen humor acabó de
+disiparles el susto, y recibieron todos al caído con grandes carcajadas,
+excepto Leopoldina Pastor, que dominando las risas con su poderosa voz
+de contralto, gritaba furiosa:
+
+--¡Pues mira el indecente cómo trae mi _waterproof_ arrastrando!...
+¡Diógenes, hijito!... ¡Recoge ese impermeable!... ¿No ves que me lo
+estás poniendo hecho un asco?...
+
+Oyóla muy bien Diógenes, y liándose al cuerpo el _waterproof_, con el
+garbo del torero que se ciñe la capa para hacer con la cuadrilla el
+saludo al presidente, quiso hacer una pirueta; un ligero vahído se la
+cortó, sin embargo. Al pasar junto al balneario de Cestona acometióle
+otro ligero desvanecimiento, y Leopoldina Pastor, que unía siempre algún
+rasgo de locura a los impulsos de su corazón, realmente bueno y
+compasivo, empeñóse en hacerle beber un par de vasitos de aquellas
+famosas aguas medicinales. Contestóle Diógenes una de sus indecentes
+paparruchas, que rieron todos en coro, y detúvose, en efecto, en el
+balneario para beber una enorme copa de ginebra, que tomó, según su
+costumbre, echando antes en el fondo un par de terrones de azúcar.
+Volvióle el alcohol la salud y la alegría, y desde Cestona hasta
+Azpeitia charló sin cesar, comentando, con grandes risas de todos, su
+tremendo batacazo.
+
+--¡Polaina, señá Frasquita!... Si te lo llegas a dar tú, ¿eh,
+comadre?... Te desbaratas en treinta y dos partes, lo mismo, lo mismo
+que un rompecabezas...
+
+¡Saltar así a los sesenta y cinco años!... ¡Polaina!... Pero se acordaba
+él de otro salto aún más mortal todavía: el que dio cierto _barbián_
+amigo suyo, desde el almuerzo de un lunes a la comida de un jueves, sin
+tropezar siquiera en un garbanzo.
+
+Al trote largo atravesaron las calles de Azpeitia sin hacer caso de los
+bandos del alcalde y las multas impuestas; y con riesgo de atropellar a
+cada paso a los pobres alpargateros que trabajaban en los umbrales de
+las tiendas y a los chiquillos que por todas partes pululaban, entraron
+al fin en el trozo de carretera que lleva en línea recta al prado de
+Loyola... En el fondo, sombreado por la alta cumbre del Izarraiz,
+destacábase la majestuosa mole del Real Colegio y Santuario trazados por
+Fontana, rico joyel construido por una reina para engarzar la casa de un
+santo. En mitad del prado levantábase sobre un pedestal, resguardado por
+una verja, la estatua de san Ignacio de Loyola, hijo y patrono de
+Guipúzcoa, alzando la mano como para bendecir aquella comarca en que se
+meció su cuna y en que parece proyectarse aún la sombra benéfica de su
+figura gigantesca.
+
+Formando ángulo recto con el Real Colegio de Loyola, hay otro edificio
+construido en la misma época, que llaman _la Hospedería_; allí suelen
+albergarse los viajeros que acuden a visitar el santuario, y allí
+pensaba Currita partir la jornada, deteniéndose a comer, descansando un
+par de horas y prosiguiendo su camino hasta Zumárraga, para alcanzar el
+tren expreso para Madrid, que pasaba a las cinco y media.
+
+El día estaba magnífico, aunque algún tanto caluroso, como suelen serlo
+en Guipúzcoa los últimos de septiembre; y bajo el espacioso cobertizo
+que forman los ocho arcos que dan entrada a _la Hospedería_, mandó la
+condesa de Albornoz disponer la mesa. Extendíase al frente el prado,
+verde, risueño, lleno de luz y de alegría, con una fuentecilla alegre y
+bullidora que por cuatro caños murmuraba; a la izquierda, alzábase la
+majestuosa mole del Colegio, adelantando el soberbio pórtico de su
+iglesia como adelantaría un soldado de Cristo el fuerte brazo mostrando
+un crucifijo, elevando la grandiosa cúpula como elevaría al cielo la
+frente, buscando allí la fortaleza, el impulso, la luz. A la derecha,
+abríase el valle de Azpeitia, cruzado por el Urola, alegre también y
+risueño, ligando al pueblo con el Santuario como con un lazo de flores,
+pareciendo su alegría, sobre el tinte melancólico de todo el paisaje, un
+ramo de rosas sobre la tumba de un justo, una dulce sonrisa sobre el
+austero rostro de un trapense; el alto Izarraiz, verde en la falda como
+la vida en su primavera, áspero y ceniciento en la cumbre como la vejez
+ya desengañada, cerraba bruscamente el fondo, y en medio de todo
+aquello, elevada sobre la tierra, inalterable entre lo alegre y lo
+triste, indiferente entre lo pobre y lo rico, elevábase la estatua de
+san Ignacio, la imagen de la santidad, serena siempre, igual, tranquila,
+orando y bendiciendo.
+
+Sonó una campana en el interior del Colegio, y a poco contemplaron los
+viajeros un espectáculo común en aquel lugar, pero nuevo y extraño para
+ellos. Por la escalinata que da entrada a la portería salían los
+novicios a paseo, de tres en tres, con el rosario al ceñidor, el
+continente modesto, los ojos bajos; tomaban todos hacia la carretera,
+serenos y alegres, descubríanse al pasar ante la estatua de su fundador,
+con el cariñoso respeto con que se saluda a un padre, y repartíanse
+luego en distintas direcciones, por diversos caminos y senderos. Dos o
+tres ternas de novicios pequeñitos encantaron a Leopoldina; con la
+servilleta en la mano levantóse de la mesa y salió fuera de los arcos
+para verlos mejor, diciendo entusiasmada:
+
+--¡Mira, mira... qué indecentillos más monos! ¡Si parecen curitas de
+barro! ¡Qué chiquitos! ¡Qué preciosos!...
+
+--Pues cómprales dulces--respondió Jacobo despechado.
+
+--¡Ya lo creo que se los compraría si quisieran tomarlos!... ¡Si dan
+ganas de coger un par de ellos y ponerlos en una rinconera, como si
+fuesen juguetes!...
+
+--No están malos juguetitos los tales nenes--dijo Jacobo con ira
+reconcentrada--. La primera pifia que ha dado la Restauración ha sido
+abrir la puerta a esta canalla... ¡Dejar que se forme ahí una almáciga
+de intrigantes, una _pépinière_ de hipócritas revolucionarios!...
+
+Entablóse entonces una discusión acalorada sobre los jesuitas, en que
+salieron a relucir autorizados textos de Eugenio Sue, en su novela _El
+Judío Errante_, quedando al cabo decidido que, terminada la comida y
+mientras los caballos descansaban, irían todos a visitar la tenebrosa
+madriguera... Diógenes, que hasta entonces nada había dicho, aseguró
+terminantemente que él no iba, porque no acostumbraba poner los pies
+donde tenían derecho a ponerle en la calle, y si aquellos señores
+obraban en razón, era eso lo que debían hacer con las parejas de mocitos
+y mocitas que amenazaban invadirles la casa. Echáronse todos encima con
+grande furia y él comenzó a soltar a diestro y siniestro enormes
+desvergüenzas, mientras Currita, con altivez de reina ofendida, llamaba
+a Fritz el lacayo y dábale orden de ir al punto a Loyola para anunciar
+al superior que la señora condesa de Albornoz iría de dos y media a tres
+a visitar la casa y el Santuario.
+
+Hablaba Diógenes pálido y agitado, con el tono iracundo que solía usar
+cuando hablaba de veras, y levantándose de repente de la mesa, entróse
+por un cobertizo que iba a parar en las cuadras; viéronle, a poco, salir
+lívido más bien que pálido y dejarse caer como sin fuerzas en un banco
+de hierro que bajo los arcos estaba: con grandes ansias y sudores había
+arrojado en un rincón de la cuadra lo poco que había comido.
+Acercáronsele entonces Gorito y Leopoldina, temerosos de que el batacazo
+de por la mañana comenzara a tener consecuencias, y esta, con verdadero
+interés, le dijo:
+
+--Mira, Diógenes, tú estás malo y es necesario que te vea el médico.
+
+--¿El médico?--balbuceó Diógenes con los ojos extraviados--. En mi vida
+llamé a ninguno... La alopatía es un cañón Armstrong, y la hemopatía la
+carabina de Ambrosio: con que vete a freír monas con tus médicos y
+medicinas, que yo me curo solo...
+
+--Pues llamaremos entonces al albéitar--repuso Gorito.
+
+--Eso es otra cosa: estos tienen más ciencia, porque curan al paciente
+sin sacarle palabra alguna... Pero tampoco es necesario, porque yo me
+curo a mí mismo.
+
+Y pidiendo una botella de ginebra, comenzó a beber copa tras copa,
+echando, en vez de dos, tres y hasta cuatro terrones de azúcar.
+Mientras tanto, María Valdivieso hacía una escena sentimental a Paco
+Vélez, porque lejos de ocuparse de ella, durante el riesgo de la mañana,
+había pensado tan sólo en salvarse a sí mismo; Jacobo y el tío Frasquito
+habíanse entrado en _la Hospedería_ sin decir adónde iban, y Currita,
+llevada de sus gustos idílicos, entreteníase en echar migas de pan a un
+altanero gallo que merodeaba por el prado, seguido de algunas sumisas
+gallinas. Acercóse entonces un hombre de aspecto modesto que traía una
+carta en la mano, y preguntóle sin ceremonia si la señora condesa de
+Albornoz era ella misma; la altiva dama dignóse tan sólo responder con
+una ligera inclinación de cabeza, y el hombre le entregó entonces la
+carta, entrándose al punto en Loyola, de donde había salido, por la
+escalinata de la portería. Currita leyó extrañada estas solas líneas:
+
+«Si la señora condesa de Albornoz viene a Loyola a confesar sus pecados
+y a pedir a Dios perdón de sus extravíos, no tiene que fijar hora ni
+tiempo, porque todos son igualmente oportunos... Pero si viene sólo a
+hacer a esta Santa Casa testigo del escándalo de su vida, se la suplica
+encarecidamente evite el disgusto de tener que cerrarle la puerta a su
+afectísimo en Cristo y humilde servidor, PEDRO FERNÁNDEZ, S. J.»
+
+Quedó Currita atónita con la carta en la mano, mirando atentamente al
+gallo, que con una pata en alto, torcida la cabeza y fijo en ella el ojo
+inflamado, parecía ofrecerle caballerosamente, en caso de guerra, el
+auxilio de sus espolones.
+
+La dama volvió a leer la carta y comprendió entonces una sola cosa; pero
+una cosa para ella inverosímil, que vino a despertar en su ánimo el
+movimiento de ira, de sorpresa, de rabia desesperada que causa al potro
+bravío el primer espolazo que desgarra sus ijares, el primer serretazo
+que le hace detener su voluntariosa carrera, anunciándole que hay
+alguien que puede, y quiere, y debe sujetarle y humillarle...
+¡Comprendió que por primera vez en su vida le cerraban una puerta, y que
+era el que se la cerraba un hombre desconocido, un pobre fraile, un
+Pedro Fernández!... ¡La fuentecilla que corría allí al lado murmurando
+llegó a los oídos de Currita como el eco de la sarcástica carcajada que
+había de soltar el mundo al verla vencida por Pedro Fernández!...
+
+Resonó en aquel momento a su espalda la voz de Jacobo, y apresuróse a
+esconder prontamente en el bolsillo de su falda la malhadada carta.
+Jacobo reunía a su grey, porque iban ya a dar las dos y media, y a poco
+que se detuvieran en la visita a Loyola podrían llegar a Zumárraga
+demasiado tarde. Currita salió a su encuentro, andando lentamente,
+diciendo con mucha displicencia:
+
+--¿Sabes que me encuentro mala... y sería lo mejor dejarlo?...
+
+Creyéronla todos, porque aparecía su rostro pálido y alterado, y
+decidióse entonces salir al punto para Zumárraga y descansar allí en la
+fonda una hora larga, antes de que el tren llegase. La ginebra había
+repuesto a Diógenes por completo, y púsose a ayudar a Tom Sickles y al
+prusiano a enganchar el tiro, cantando con aguardentosa voz de cualquier
+mozo de cuadra una tonada antigua que llamaban _El Mayoral_:
+
+ Vamos, caballeros,
+ Vamos a marchá
+ ¡Al coche, al coche!
+ ¡Basta de pará!
+
+ Vamos ligerito,
+ Vamos a partí.
+ Empués los calores
+ Nos van a freí...
+
+Jacobo y Currita ocuparon el pescante, tomando aquel esta vez las
+riendas, y colocáronse los demás en el mismo orden en que habían venido.
+Al pasar ante la estatua de san Ignacio, quitóse Diógenes el sombrero,
+como había visto hacer antes a los novicios, y repitió en voz muy alta,
+con el acento de un cariñoso saludo, aquella hermosa frase que inspiran
+a los caseros de Guipúzcoa su piedad, su sencillez y su amor al santo,
+gloria de sus montañas:
+
+--_Aita_ San Ignazio... _agur_![18]
+
+[Nota 18: ¡Padre San Ignacio... adiós!]
+
+Luego, sin hacer caso de los furiosos aspavientos de Currita, que le
+amenazaba con plantarle en medio del camino si no guardaba silencio,
+comenzó a cantar de nuevo las estrofas de _El Mayoral_:
+
+ ¡Cuidado ese bache!
+ ¡Bájate, zagal!...
+ Si voy, salerosa,
+ Te voy a matá...
+
+Volaba el _mail-coach_ por la carretera, dejando atrás los baños de San
+Juan, el caserío de Juin-Torrea emboscado en sus jardines, el convento
+de Santa Cruz encaramado en su monte, el palacio ruinoso de la Florida
+en que Juan Jacobo Rousseau en persona presidió más de un conciliábulo
+de enciclopedistas. Atravesaron al paso, más sosegados que por la
+mañana, las calles de Azcoitia, y entraron de nuevo en la carretera,
+flanqueada siempre por el río, hundiéndose a poco en la cañada
+estrechísima y bravía que forman dos altas montañas, cubiertas de
+bosques sombríos que trepan cual escuadrones de árboles que quisieran
+escalarlas, para desgarrar en su cumbre el seno de las nubes, azuladas a
+veces, vaporosas como la flotante túnica de una poética maitagari;
+cenicientas otras, flotantes también, pero tétricas como el sudario que
+cubre las rígidas formas de un muerto. Era aquella naturaleza agreste y
+sombría, y hacíanla pavorosa los muchos saltos de agua que se despeñaban
+de los riscos, el continuo lamentar de la corriente del río detenida por
+las peñas y la falta de sol que ocultaban ya en aquella hora las dos
+altas montañas.
+
+Currita, sentada en el pescante, sombría como la naturaleza y no como
+ella en calma, daba vueltas en su memoria a la carta de Loyola. Sentía
+una especie de irritación sorda que no acertaba a comprender quién se la
+inspiraba, porque, por un extraño fenómeno que no sabía ella misma
+explicar, aquel Pedro Fernández, autor de la carta, causante de la
+ofensa, tan sólo acudía a su mente en un lugar secundario,
+presentándosele, más bien que como representante, como instrumento de un
+ser más poderoso que parecía imponerse a la orgullosa dama, obligándola
+a confundirse, y a humillarse, y a callar...
+
+Un poco más lejos, al volver una punta, vio parados en la vertiente
+misma de la montaña a tres de los novicios pequeñitos que habían
+entusiasmado a Leopoldina. No estaban solos; había con ellos una vieja
+decrépita, cubierta la cabeza con la blanca toca de las caseras
+vascongadas, esforzándose por cargar en sus hombros, ayudada de los
+novicios, un pesado haz de leña que había puesto en el suelo para tomar
+alientos un instante y descansar. Inútil fue su empeño: a los diez o
+doce pasos rindióla la fatiga, y el haz de leña, superior a sus fuerzas,
+cayó de nuevo en tierra: la mujer se echó a llorar. Los novicios
+hablaron entre sí un momento, y uno de ellos, el más fuerte, cargóse
+entonces el haz a la espalda y comenzó a trepar por la áspera pendiente,
+hacia un caserío ruinoso que se divisaba en la cumbre, pequeño y
+escondido cual un nido de pájaros.
+
+Leopoldina comenzó a alborotar, conmovida a su manera, gritando que
+aquellos indecentillos eran unos ángeles del cielo, unos santos
+chiquititos a quienes era necesario venerar, y que en cuanto llegara a
+la corte había de enviarles a cada uno un par de medias negras, hechas
+por sus propias manos, con el estambre más fino que pudiera hallarse...
+Riéronse todos; Currita callaba, sin embargo, sintiendo un extraño
+enternecimiento que la humillaba y que se apresuraba por lo mismo a
+combatir, oponiendo a su benéfico influjo el parapeto del orgullo, del
+inquebrantable orgullo, que viene a ser en el alma como la fortaleza del
+mal... Aquellos tres novicios, aquellos tres Pedros Fernández en
+embrión, humillándose por _caridad_ a una mendiga, hiciéronle comprender
+que aquel otro Pedro Fernández habría podido imponérsele por _deber_ a
+ella, orgullosa Grande de España, y una luz súbita, semejante a la de un
+relámpago que ilumina a la vez que aterra, hízole ver claramente lo que
+antes sospechaba: que aquella carta, que aquella ofensa no venía de un
+desconocido, de un pobre fraile, de un Pedro Fernández; porque aquella
+puerta primera que se le cerraba en la vida, no era la puerta de Loyola,
+era la puerta de Dios...
+
+Sintió frío y pidió a Kate un ligero abrigo en que se envolvió pensativa
+siempre y silenciosa... Seguía aquella luz alumbrando en su alma, y a su
+reflejo parecióle contemplarse a sí misma por fuera de sí misma, como
+debía de contemplarla el desconocido Pedro Fernández, sentada en aquel
+pescante al lado de Jacobo... Instintivamente miró a este, y por primera
+vez en la vida parecióle lo que no le había parecido nunca: le pareció
+un cómplice.
+
+Rodaba ya el coche por las calles de Villarreal, atravesó el puente que
+separa a esta villa de Zumárraga y se detuvo frente a la estación, entre
+varias diligencias y coches desenganchados, a la puerta de una conocida
+fonda, cuyo extenso comedor se abre a la plaza misma, en la planta baja.
+Apeáronse todos; las damas pidieron un cuarto para arreglarse un poco;
+los caballeros tiraron cada cual por su lado; Tom Sickles y el prusiano
+recogieron el _mail-coach_ y los caballos en una cochera próxima, para
+conducirlos a Madrid en el correo del día siguiente: faltaba para la
+llegada del tren una hora larga.
+
+El tío Frasquito, cepillado ya, limpio y resplandeciente, con sus
+finísimos guantes de piel de Suecia en una mano y un ligero cabás de
+Leopoldina Pastor en la otra, entró en el comedor y pidió un refresco de
+grosella... No llegó a tomarlo: una muchacha de las del servicio
+apareció dando gritos, sin poder articular, haciendo gestos desesperados
+de que la siguiese... En un pasadizo cerca de la cocina, frente a una
+puerta entreabierta, estaba Diógenes, tendido boca arriba, con los
+brazos en cruz, doblada una pierna, revestido el semblante de una
+palidez cadavérica, sobre la que se destacaba sus rojas manchas
+granujientas, amoratadas entonces, casi negras: parecía muerto.
+
+El tío Frasquito dio un chillido y echó a correr, llamando a voces a
+Jacobo y a Gorito; acudieron todos los de la fonda y llegó también
+Jacobo, mirando el reloj con gesto de grande enfado.
+
+--¡Hasta para morirse es importuno!--dijo al verse frente a Diógenes.
+
+Llevábanle ya dos robustos mocetones, hijos del dueño de la fonda, y
+pusiéronle en la cama de un cuarto del primer piso. Llegó el médico a
+toda prisa, llamado poco antes, y al saber la caída de por la mañana y
+después de reconocerle, hizo un siniestro pronóstico: aquello era un
+ataque cerebral, efecto de la caída, y si volvía en sí del primero, no
+tardaría en sucumbir al segundo.
+
+Las damas, muy sobrecogidas, no se atrevían a salir del cuarto y mucho
+menos a ver al enfermo. María Valdivieso, con profunda compasión,
+preguntó si se había puesto muy feo. Leopoldina, con pesar no fingido,
+gimoteaba ruidosamente. De pronto, dijo:
+
+--¿Si traerá el pobrecito dinero?...
+
+Acercóse mientras tanto el fondista a Jacobo y pidióle órdenes; mas
+este, encogiéndose de hombros con estudiada indiferencia, díjole que ni
+él ni ninguno de sus compañeros tenían nada que ver con aquel hombre;
+que era un amigo, un mero conocido que en Biarritz se les había colocado
+en el coche sin que nadie le llamara, y que ni podía responder de él, ni
+mucho menos dar órdenes. La hora del tren se aproximaba, y decididos
+todos a partir, después de una ligera discusión en que triunfó el más
+cruel egoísmo, pusiéronse en marcha. Leopoldina, muy desasosegada,
+suplicó entonces a Currita que dejase por lo menos al cuidado de aquel
+infeliz a Fritz, su lacayo prusiano. Currita le contestó:
+
+--Si quiere quedarse esta noche, no tengo inconveniente... Será una mala
+noche que pase a su cuenta... Pero lo que es mañana tendrá que marcharse
+en el correo: Tom no puede ir solo a Madrid con los seis caballos.
+
+Fuese entonces Leopoldina al fondista y díjole con grande ahínco:
+
+--Yo no sé si ese pobrecito traerá dinero... Si no lo trae, todo cuanto
+pueda necesitar me lo pone usted en cuenta... Soy hermana del general
+Pastor, y mis señas son estas.
+
+Y se las dio apuntadas con mucho primor en una tarjeta: acercóse también
+el tío Frasquito y suplicóle encarecidamente que, no bien muriese aquel
+infeliz, se lo avisase al punto por telégrafo; diole entonces su nombre
+y señas, y el importe del telegrama: una peseta.
+
+A las nueve de la noche pareció el enfermo experimentar gran fatiga, y
+asustado el dueño de la fonda, mandó llamar al cura párroco para que le
+administrase los santos óleos. Pasó, sin embargo, la crisis, y ya cerca
+de las doce abrió Diógenes los ojos, y vio delante de sí al fondista, un
+hombre gordo, alto, completamente afeitado, sin corbata, calada la
+boina, y el chaquetón largo, tipo característico del guipuzcoano de
+pueblo acomodado. Tardó algún tiempo el enfermo en coordinar sus ideas,
+y diose al fin cuenta de algo de lo que le estaba pasando: un
+pensamiento, para él muy pavoroso, acudió el primero a su mente... Con
+voz quebrantada, agonizante, que dejaba, sin embargo, traslucir todas
+las agonías del terror, las inflexiones de la súplica, las ansias de la
+incertidumbre, dijo muy bajo:
+
+--¿Me llevarán al hospital?...
+
+Miróle el fondista extrañado, con ira casi, y contestó con toda la
+brusca hombría de bien del genuino guipuzcoano:
+
+--¡Quite usted, caballero, allá!... ¿Usar eso en Guipúzcoa?...
+¡Nunca!...
+
+Diógenes dio un suspiro de descanso y se echó a llorar.
+
+
+
+
+--II--
+
+
+Diógenes no se dio cuenta de haber recibido la extremaunción, y
+tranquilo en parte por la respuesta del fondista comenzaron a abrirse
+paso otros pensamientos entre las espesas nieblas que envolvían su
+mente... Mas un sopor pesadísimo, un letargo profundo, que tenía ya
+dejos de la muerte, avasallaba a veces todo su ser y esparcía acá y allá
+aquellas ideas que se afanaba por coordinar, apareciendo estas entonces
+como imperceptibles puntos luminosos flotando en una inmensa bruma,
+alejándose lentamente, apagándose poco a poco todos ellos hasta quedar
+uno solo, que ora se le presentaba desconsolador como la candela de la
+agonía, ora triste como el cirio que arde ante un muerto, ora terrible
+como un resplandor de las llamas del infierno: ¡era la idea de morir,
+acompañada y rodeada de la incertidumbre de lo eterno!...
+
+Crecía a veces el letargo y apagaba también aquella luz pavorosa, pero
+al fin y al cabo luz, y al verse a oscuras Diógenes, al sentirse caer en
+aquel sueño que le parecía el último, en aquella sombra negra en que se
+perdía la mirada y en aquel silencio siniestro en que se perdía la voz,
+clavaba las uñas en las sábanas y las hacía jirones, como si se agarrase
+desesperadamente al borde de la fosa en que le hubieran de enterrar.. y
+despertaba, despertaba no bien había pegado los ojos, como si algún
+importuno le empujara de improviso, con pesadillas horribles en que los
+más ligeros ruidos tomaban proporciones colosales, pareciéndole el rumor
+del tren el de una catarata de bronce fundido que se despeñase en sus
+orejas; el de los cascabeles de un coche, redobles de mil tambores
+golpeando en sus propios tímpanos; el chirrido peculiar de las carretas
+vascongadas, el _soñua_ que avisa al casero vasco en las revueltas del
+camino, un ruido del infierno que por diabólico prodigio se encarnase
+en una sierra candente y le dividiera la masa de los sesos mitad por
+mitad... Así pasó la noche; un poco antes del alba desapareció el sopor,
+huyó el letargo con sus pesadillas, y un sueño tranquilo le adormeció
+entre sus brazos más de dos horas. Un ruido acompasado que hacía mal a
+su cabeza y resonaba como un eco amigo en su corazón despertóle
+entonces: era la campana de la iglesia que tocaba a Misa.
+
+Diógenes abrió los ojos y le pareció encontrarse mucho mejor;
+incorporóse un poco y creyó hallarse bien del todo: su cabeza estaba
+despejada, sus miembros débiles, pero ágiles; hasta le pareció sentir un
+poco de hambre, hasta le ocurrió pedir para desayunarse una gran copa de
+ginebra con su par de terrones de azúcar. Miró en torno suyo:
+chisporroteaba una lamparilla sobre la mesa; una mujer de edad madura
+roncaba desapaciblemente al pie de la cama, en un gran butacón, y por
+las rendijas de las dos ventanas, cerradas ambas, entraban discretos
+rayos de luz, cual si el nuevo día se adelantase de puntillas y
+sonriendo a dar la enhorabuena al enfermo. Sentóse este en la cama
+alegremente sorprendido, y recobrando con la vida su humor chancero,
+tiróle a la mujer lo primero que halló a mano, una almohada, soltando un
+gran grito, un ¡polaina! formidable que la hizo saltar en el sillón
+despavorida, murmurando algunas palabras en vascuence.
+
+Mandóle entonces abrir de par en par las dobles puertas de ambas
+ventanas, y la luz entró a torrentes y el aire fresco a raudales,
+juguetón como un niño, acariciando los blancos cabellos del enfermo,
+trayéndole, como un nietecillo cariñoso sus presentes, el olor a búcaro
+de la tierra cubierta de rocío, el sano perfume de las montañas, el
+alegre trinar de los pájaros, el solemne acento de la campana de la
+iglesia, que parecía repetir en su oído como una amorosa voz de lo alto:
+¡Ven! ¡Ven!... ¡Qué necios temores los suyos! ¡Qué espantos tan
+ridículos los de la noche! ¡Morir! ¿Quién piensa en morir cuando nace el
+día, y sube el sol por el azul de un cielo tan bello, y se divisan a lo
+lejos las montañas verdes, floridas, doradas por resplandores tan
+alegres y risueños?...
+
+Entró a poco el médico, acompañado del fondista, y Diógenes los recibió
+chanceándose con el primero, dirigiendo al segundo cariñosos gruñidos,
+expresivas miradas de sus ojos inyectados en sangre, que no carecían de
+ternura e iban a demostrar la gratitud que le inspiraba su caritativa
+conducta. Mas el médico, registrándole cuidadosamente, haciéndole un
+sinfín de preguntas a que Diógenes contestaba entre mohíno y risueño,
+levantólo los párpados que encubrían a medias dos pupilas dilatadas y
+sanguinolentas, faltas de convergencia, y meneó la cabeza
+siniestramente... El primer ataque había pasado, pero ya estaban allí
+los síntomas del segundo, y era imposible que aquella naturaleza,
+alcoholizada por completo, pudiera resistir a su tremendo empuje. Cruzó
+entonces con el fondista algunas palabras en vascuence, que escuchaba
+Diógenes mirando a uno y otro lleno de inquietud, y de repente, sin
+paliativos ni preámbulos, díjole con rudeza campesina que la muerte se
+aproximaba sin remedio y érale necesario aprovechar aquellos momentos
+lúcidos que el mal le concedía, para arreglar sus negocios con los
+hombres y saldar sus cuentas con Dios.
+
+El golpe fue cruel, porque al oírle, Diógenes sintió que le arrancaban
+de allá, muy hondo, algo que era la esperanza de la vida, la más
+arraigada de todas las esperanzas, por ser la última, que no se arranca
+nunca sin llevarse detrás lágrimas de los ojos y sangre del corazón...
+Cególe un movimiento feroz de ira, porque nada hay más ilógico que el
+terror, y pareciéndole aquello un robo descarado que venía a hacerle,
+revolvióse furioso contra el médico como si fuera él quien pretendiera
+hacerle el hurto, y arrojóle a la cara cuantas injurias y obscenidades
+encontraron en la sentina de su alma la cólera y el horror... Asustados
+y sorprendidos el médico y el fondista, retiráronse al punto, dejando a
+Diógenes solo, revolcándose furioso, comprendiendo por la postración y
+la angustia que le embargaron al punto tras su arrebato, que el médico
+no exageraba ni mentía, que la muerte se aproximaba, en efecto, y que
+era forzoso condenarse o capitular..
+
+Créese, con razón, que nada hay tan horrible como sondear la conciencia
+de un pecador endurecido en el trance de la muerte; supónense tras aquel
+rostro lívido y desencajado luchas aterradoras que sostienen el imperio
+del mal y la moción del bien, fantasmas pavorosos que se levantan en la
+conciencia, combates encarnizados que traban en torno de aquella alma
+empedernida el ángel del arrepentimiento y el demonio de la
+impenitencia. Horrible es esto; pero hay allí lucha, y donde hay lucha
+hay siempre una esperanza, una probabilidad de vencer... Por eso
+sobrepuja a este horror aquel otro horror que suele encontrarse tras
+aquellas pupilas vidriosas, aterradoras en esos momentos, cual la puerta
+siniestra ante la cual se sintió Dante desfallecer y vacilar: el
+marasmo, la quietud horrible de un alma que se hunde poco a poco en lo
+eterno, dándose cuenta de ello, pero sin que crucen por su mente más que
+ideas triviales, bagatelas con que procura distraerse y divertirse,
+ocultándose a sí propia el abismo, hasta que la muerte descarga de
+súbito la guadaña, y despierta de improviso aherrojada ya en lo profundo
+del infierno. ¡Letargo letal, pendiente horrible que, sin un prodigio de
+la divina gracia, va a parar derecha a la condenación eterna!...
+
+Este fue el estado de Diógenes al quedarse solo, y rabioso y fatigado se
+dejó caer en las almohadas, volviéndose de cara a la pared. El
+pensamiento del infierno cruzó el primero su mente, mas se distrajo en
+seguida mirando el feísimo papel verduzco que tapizaba las paredes,
+cruzado de arriba abajo por guirnaldas de flores, entre las cuales se
+entrelazaban largas ristras de micos que subían hasta el techo en
+actitudes grotescas, dándose todos las manos: pareciéronle diablillos
+aquellos feos animalejos y púsose a contarlos uno a uno, haciendo para
+seguirlos esfuerzos increíbles con la vista, y contando en todo lo que
+con ella abarcaba más de quinientos veinte...
+
+La mujer que había velado durante la noche estaba allí, sentada en un
+rincón, haciendo calceta; llamáronla desde fuera un momento y Diógenes
+pensó entonces que también a él le llamaban a dar cuenta, y encontró al
+punto la respuesta en uno de sus mil cuentos chocarreros que le puso
+delante la memoria.
+
+Confesábase un gitano, ladrón empedernido y díjole el cura:--¿Qué
+harías, infeliz, si el Juez Supremo te llamara ahora al juicio?--¿Pues
+qué había de jacer?... ¡No dir!...
+
+--¡No ir!... ¡No ir!...--repetía Diógenes, y púsose a combinar al punto
+un fantástico viaje de huida, en que se le figuraba subir al coche que
+acababa de parar en la puerta, cuyos sonoros cascabeles llegaban a su
+oído taladrándole la cabeza, y correr a escape a San Sebastián, y
+embarcarse allí para el fin del mundo, huyendo como Caín de aquel juez
+que le perseguía, dando vueltas por la tierra, vueltas y más vueltas,
+que vinieron por fin a marearle, produciéndole bascas terribles, entre
+las que creyó ver asomar ya la guadaña de la muerte... ¡La muerte! Aquel
+maldito despertador que estaba sobre la mesa se la recordaba de
+continuo, pareciéndole que al compás de su siniestro tic-tac regulaba su
+paso, rapidísimo como nunca, y lleno de ira mandó a la mujer que lo
+parase; mas entendió esta que quería verlo para enterarse sin duda de la
+hora que apuntaba, y apresuróse a llevárselo... Diógenes, arrancándoselo
+de la mano con un arrebato feroz de rabia, estrellólo contra la pared de
+enfrente, haciéndolo trizas.
+
+Mientras tanto, enviábale el cielo un auxilio inesperado en aquel mismo
+coche en que su desasosegada imaginación fantaseaba huir del Juez
+Supremo; en él volvía de Zaldívar, cuyas aguas medicinales tomaba todos
+los años, la marquesa de Villasis, con su nieta Monina, el aya de esta,
+una doncella, un mayordomo viejo que la acompañaba en todos sus viajes y
+un criado antiguo que venía en el pescante; era su idea alcanzar el
+sudexpreso que pasa por Zumárraga a las dos y media y estar en Madrid
+aquella noche misma. Trabó al punto conversación el fondista con don
+Federico, el mayordomo, y preocupado con la estancia de Diógenes en la
+fonda, contóle su percance y sus apuros. Sorprendido el viejo,
+apresuróse a dar a la marquesa aquella nueva que tanto había de
+interesarla, y esta, profundamente conmovida, quiso al punto ver al
+moribundo; reflexionando, sin embargo, un momento, y deseosa de ir sobre
+seguro, hizo llamar al fondista para conocer antes, en todos sus
+detalles, aquella triste aventura, cuyo fúnebre desenlace estaba ya a la
+vista. Mas no bien supo que el médico no garantía la vida del enfermo
+más allá de la medianoche, creyó saber bastante, y dio al punto a don
+Federico la orden de suspender el viaje y pedir cuartos para todos allí
+mismo, en la fonda. Entróse en seguida en el despacho mismo del fondista
+y escribió rápidamente al superior de Loyola, pidiéndole que enviase un
+padre a toda prisa para auxiliar a un moribundo, cuyo nombre y condición
+le manifestaba en la carta. Un propio a caballo partió a galope a llevar
+esta, y una hora después estaba ya entregada.
+
+La marquesa pensó entonces en ver al enfermo; mas antes, temerosa de que
+su presencia repentina pudiera causarle alguna emoción violenta, pidió
+al fondista que fuese a anunciarle poco a poco su llegada. Subieron
+ambos hasta la misma puerta que se abría a un corredor, y el fondista
+asomó tímidamente la cabeza. Diógenes, muy postrado, con la repugnante
+cabezota hundida en las almohadas, tendidos ambos brazos sobre la
+colcha, y arrollando entre las manos las sábanas sin notarlo, comenzaba
+a sentir de nuevo aquel horrible sopor, aquel letargo siniestro que le
+había atormentado la noche antes... Adelantóse el fondista unos pasos,
+dejando la puerta entreabierta, y díjole en voz alta:
+
+--Señor..., señor... Aquí tiene visita...
+
+Torció Diógenes un poco la cabeza y balbuceó con ira:
+
+--¿Visita?... ¿Quién?... ¿El enterrador?... ¡Polaina!... ¡Que
+aguarde!...
+
+--Es una señora...
+
+--¿Una señora?... ¡Polaina!
+
+Y soltó una atrocidad, una indecencia que aturdió por completo al
+fondista e hizo enrojecer a la marquesa detrás de la puerta, con ese
+santo rubor que realza tantas veces a los fuertes y castos ángeles de la
+caridad que sirven en los hospitales, sin asustarles por eso, ni
+hacerles huir de la cabecera de ciertos enfermos. El fondista, muy
+turbado, quiso terminar de un golpe, diciendo:
+
+--Es la señora marquesa de Villasis.
+
+Diógenes dio una gran voz, un grito doloroso, como si acabara de
+pronunciar una blasfemia; quiso arrojarse de la cama, incorporarse
+siquiera, y le faltaron las fuerzas, cayendo pesadamente, levantando los
+brazos, agitando las manos, lanzando bramidos ininteligibles, extraños
+balbuceos que parecían retratar la emoción de una fiera agonizando en
+su caverna. La marquesa se adelantó entonces, y sin asco ni temor apretó
+entre las dos suyas aquellas manos sudorosas.
+
+--¡María!... ¡María!...--exclamaba Diógenes.
+
+--¿Qué es eso, Perico?... ¿Qué es eso, hombre?--decía ella dulcemente,
+inclinando su rostro lleno de lágrimas sobre el desencajado del viejo.
+
+--¡Me muero, María!... ¡Me muero!... Te saliste con la tuya... No es en
+el hospital, pero es de caridad... En la fonda.
+
+--¿Y qué importa?... Más cerca del cielo está la cama de un hospital que
+la de un palacio.
+
+Diógenes calló sollozando, y la marquesa fue a dar otro paso adelante;
+mas el moribundo, sin dejar de sollozar, preguntó entonces:
+
+--¿Y Monina?
+
+--Abajo está... ¿Quieres verla?...
+
+--¡Sí..., sí quiero!... ¡Angelito!... Le daré un beso..., ¿verdad?...
+¿Me dejas?... ¡Será el último, María!... ¡Le besaré el zapatito..., nada
+más que el zapatito!... ¡Anda, por Dios te lo pido, déjame!... Si no le
+dará asco...
+
+La marquesa, conmovida hasta lo sumo, pareció tener entonces una
+inspiración repentina: desprendió sus manos de las de Diógenes, que se
+las sujetaba fuertemente, y dijo:
+
+--Espera un poco... Voy a traértela...
+
+Fuera ya de la estancia enjugóse precipitadamente las lágrimas para no
+asustar a Monina, y sentando a esta en sus rodillas, púsose a explicarle
+muy bajo y con gran vehemencia algo que debía de ser importante...
+Escuchábala la niña con los ojos muy abiertos, con ese aire de atención
+profunda que revela a veces en los niños un instinto superior a sus años
+para adivinar lo peligroso o lo terrible; cuando cesó de hablar su
+abuela, dijo que sí con la cabeza... Besóla esta en la frente con amor
+inmenso y volvió a repetirle con gran cuidado lo que antes le había
+dicho, recalcando mucho algunas frases; Monina, sin decir palabra,
+volvió a decir que sí con la cabeza. Tomóla entonces la dama de la mano
+y entró con ella en el cuarto de Diógenes; púsola sobre la cama sin
+decir palabra, y salió de la estancia, cerrando la puerta.
+
+¿Qué sucedió entonces?... ¿Comprendió realmente aquel ángel de seis años
+el encargo de su abuela? ¿Habló por su inocente boca el ángel de la
+guarda de Diógenes?... Es lo cierto que la niña, sin asustarse de
+aquella horrible cabeza desgreñada, en que se pintaba ya la agonía de la
+muerte, sin mostrar repugnancia al asqueroso vaho que exhalaba el sudor
+del enfermo, hundió sus rosadas manitas en las blancas patillas del
+viejo, y tirando de ellas a medida que hablaba, según su antigua
+costumbre, díjole muy bajo, poniendo sobre el oído de él su roja
+boquita:
+
+--Teno biscochos de Mendaro y te daré uno... Y no me traíste la muñeca
+que dicía papá y mamá; pero mamá abuela me compró un niño llorón grande,
+grande... Y dice mamá abuela que te vas a morí, y si quieres confesá...
+y yo rezaré por ti cuando rece por mi papá y por mi mamá y por el
+abuelito, que están en el cielo... Y yo iré también... ¿Tú quieres i?...
+¡Pues confiesa!...
+
+Y Monina, cumplida su misión, diole un beso en la frente, escurrióse de
+la cama y echó a correr hacia la puerta. Diógenes lanzó tal sollozo, que
+pareció romperse su pecho, como si le estallara el corazón dentro;
+crujió la cama a los violentos impulsos de su cuerpo, y agitando los
+brazos en alto, balbuceaba con la lengua cada vez más torpe:
+
+--¡Quiero!... ¡Quiero!... ¡Quiero confesar!... ¡María..., María!...
+¿Oyes lo que dice la niña?... ¡Quiero confesar!... ¿Pero con quién...,
+con quién?... ¿Quién me confiesa a mí, Dios mío?... ¿Dónde hay espuerta
+tan sucia que reciba mis pecados?... ¡Soy un infame, un perverso!... ¡Me
+pesa, Dios mío, me pesa!...
+
+Y con ambos puños cerrados se daba terribles golpes en el pecho, que
+retumbaban en todo el aposento y le hacían toser horriblemente, y le
+produjeron a poco un ligero vómito de sangre... Monina, falta ya de
+valor al verse al lado de allá de la puerta, agarrábase, con los labios
+blancos, a las faldas de su aya, preguntando muy bajito:
+
+--¿Se ha morido ya?...
+
+Mientras tanto, procuraba la marquesa sosegar a Diógenes, diciéndole que
+había mandado a toda prisa a Loyola por un padre jesuita, que debía de
+llegar de un momento a otro. Diógenes exclamó:
+
+--Con ellos me eduqué... Pero no lo digo nunca... ¡Los deshonro!...
+
+Aquella emoción violentísima parecía haber despejado las facultades del
+enfermo, mas su físico resentíase de ella y veíasele perder fuerzas por
+momentos. La marquesa pidió un crucifijo, y poniéndoselo delante, díjole
+que hiciera ante él examen de conciencia, en tanto que llegaba el
+padre; tomólo Diógenes con ambas manos y besólo devotamente, mas dejólo
+caer a poco sobre la colcha, llorando desconsolado.
+
+--¡Si no sé, María!... ¡Si no me acuerdo!...
+
+--No te apures, hombre, yo te enseñaré en un momento...
+
+Y púsose con gran cariño a explicarle el modo de hacer examen de
+conciencia, escuchándola Diógenes atentamente, mirando a veces el
+crucifijo. Cuando la marquesa cesó de hablar, díjola él con sencillez de
+niño:
+
+--Se me va a escapar algo... Lo mejor será que te lo diga a ti todo...,
+y tú se lo dices luego al padre..., y entre los dos ven si falta algo...
+
+--¡No, hombre, si no es preciso!--replicó la marquesa sin poder contener
+una sonrisa--. Piensa tú ahora, y luego el padre te ayudará.
+
+Largo rato permaneció Diógenes silencioso, sosteniendo con ambas manos
+el crucifijo, fijos en él los ojos. A veces levantaba su pecho el
+temblor de un sollozo, y lágrimas abundantes corrían por sus mejillas;
+besaba entonces los pies del Cristo, entornaba los párpados y parecía
+rezar... La marquesa habíase sentado a los pies de la cama, en el gran
+butacón, y rezaba el rosario. Sonaron los cascabeles de un coche, y la
+dama hizo un movimiento para levantarse.
+
+Diógenes abrió los ojos muy azorado.
+
+--María... ¿Te vas?...
+
+--No..., iba a ver si llegaba el padre.
+
+--¿Pero no te irás?...
+
+--No, hombre, descuida; no me voy...
+
+--¿Estarás aquí hasta que muera?...
+
+--Hasta que mueras estaré--replicó ella dulcemente.
+
+Diógenes cerró los ojos, sosegado y tranquilo, como el niño que se
+duerme a la vista de su madre... Al cabo de un gran rato, dijo:
+
+--María..., no me acuerdo del Credo... ¿Cómo era aquello?... «Subió a
+los cielos y está sentado...» ¿Dónde está sentado?...
+
+--«A la diestra de Dios Padre»--dijo sonriendo la marquesa.
+
+--«Todopoderoso»--prosiguió Diógenes; y terminó lentamente y en alta voz
+el símbolo de la fe, besando luego con grande afecto el crucifijo.
+
+Entreabrióse a poco la puerta y asomó la cabeza del fondista, diciendo
+que dos padres de Loyola habían llegado. La marquesa quiso levantarse
+para salir a su encuentro; mas Diógenes, con gran sobresalto, apresuróse
+a decir:
+
+--¡María..., no te vayas! Que entren ellos... ¿Para qué has de ir tú?...
+
+Abrióse entonces la puerta para dar paso a una extraña figura que
+sorprendió a la marquesa e hizo a Diógenes echarse atrás en la almohada,
+al verla adelantarse hacia él extendiendo los brazos: hubiérase dicho
+que la muerte en persona, cubierta con la sotana de un jesuita, se
+presentaba en el aposento. Era un viejo alto y descarnado, hasta el
+punto de traslucirse todos sus huesos; traía una vieja sotana ceñida a
+la cintura por un orillo de que pendía un rosario, y escapábanse de su
+gran becoquín largos mechones blancos. Andaba lentamente, tambaleándose,
+con las manos extendidas como si temiese tropezar, porque estaba medio
+ciego, y así llegó sin ver a la marquesa hasta el lecho de Diógenes, y
+allí comenzó a palpar hasta tropezar con una mano de este; entonces, con
+sonrisa de niño que contrastaba con sus cabellos blancos, con voz
+cascada pero dulce, que el asma atroz que padecía tornaba un poco
+premiosa, dijo muy bajo:
+
+--¡Perico..., Periquito..., hijo mío! Soy yo... ¿No me conoces?
+
+Asombrado Diógenes, miraba aquella extraña aparición sin acertar a decir
+palabra, e interrogaba con la vista, ora a la marquesa, ora a otro padre
+más joven que tras el viejo había entrado; este añadió:
+
+--Soy el padre Mateu..., tu inspector del Colegio de Nobles... ¿Te
+acuerdas?...
+
+--¡Sí!... ¡Sí me acuerdo!--exclamó Diógenes con una gran voz,
+estrechando entre las suyas, sin soltar el crucifijo, aquella mano
+helada de esqueleto, que llevó con gran vehemencia a sus labios.
+
+El viejo, con su serena sonrisa de niño, volvió el rostro hacia su
+compañero, diciendo con satisfacción íntima:
+
+--¡Se acuerda..., se acuerda!... ¡Bien lo decía yo!... ¡Sí, por cierto!
+
+--¡Sí que me acuerdo!--repetía Diógenes con grande ahínco--. Usted fue
+muy bueno para mí, y me quería, ¡oh, sí!, me quería mucho..., y me
+enseñó a rezar el _Bendita sea tu pureza_, y luego las tres Ave
+Marías... que decía usted alcanzaban de la Virgen misericordia...
+
+--¡Y lo digo, Perico, lo digo!--repuso gravemente el viejo--. La
+alcanzan, sí, por cierto... Y en ti mismo lo ves ahora..., porque tú las
+habrás rezado...
+
+--¡Sí, padre, sí..., siempre, siempre! Y se las enseñé a Monina... Ni
+una noche las dejé, aunque hubiese...
+
+El viejo le atajó con gran viveza la palabra:
+
+--¿Lo ves?... ¿Lo ves cómo la Virgen Nuestra Señora te concedió la
+misericordia?... Yo se lo pedía, se lo pedía--y sin dejar de sonreír
+cruzaba las manos y las levantaba, mirando al cielo con expresión
+beatífica--, porque me dijo Miguelito Tacón hace algún tiempo, cuando lo
+vi en Cuba de capitán general, el año treinta y cinco, que andabas...,
+vamos..., un poco alegre... ¡Y mira qué buena fue nuestra Madre!...
+¡Porque lo viese yo, me ha conservado ochenta y seis años, Perico,
+ochenta y seis años!... Sí, por cierto...
+
+Diógenes, cada vez más postrado, lloraba en silencio; el viejo, buscando
+a tientas la mano del enfermo, añadió apretándosela con todas sus
+escasas fuerzas:
+
+--Porque tú querrás que yo lo vea... ¿No es verdad, Perico?... Querrás
+confesarte...
+
+--¡Sí, padre..., sí quiero! ¡Con usted... Ahora mismo!--exclamó Diógenes
+tendiendo los brazos hacia él, como un niño que llama a su madre.
+
+Y el otro viejo, sin dejar de sonreír, pero rompiendo también a llorar,
+se arrojó en ellos murmurando:
+
+--¡Ochenta y seis años!... ¡Ochenta y seis años esperándote!...
+
+Mientras tanto, la marquesa de Villasis y el otro padre habíanse salido
+del cuarto, y aquel explicaba a la dama la historia del viejo. El padre
+Mateu había conocido a Diógenes muy pequeñito, en el Colegio de Nobles,
+y enterado de que se hallaba moribundo en Zumárraga, pidió permiso al
+superior para ir a auxiliarle; negóselo este, temeroso de que en su edad
+avanzadísima le costara aquella obra de caridad la propia vida, mas el
+anciano instóle con tanto afán, suplicóle con tal ahínco, asegurándole
+con convicción tan profunda que Dios le había conservado ochenta y seis
+años sólo para aquello, que el superior no pudo menos de darle gusto.
+
+A través de la puerta cerrada oíanse a veces los sollozos de Diógenes, y
+escuchábanse otras los gritos de horror que él mismo se inspiraba a sí
+mismo, seguidos del llanto de la contrición, desolado, abundante, pero
+dulce y sin amargura, como lo es el de todo dolor que se apoya en la fe
+y en la esperanza. Sonó al cabo de una hora una campanilla dentro del
+cuarto, y la marquesa y el otro jesuita se apresuraron a entrar... El
+padre Mateu estaba sentado a la cabecera del lecho, extenuado y
+jadeante, como si en aquella hora escasa hubiera perdido el corto resto
+de fuerzas que le quedaban. Dos hilos de lágrimas que iban a perderse en
+sus blancas patillas brotaban de los ojos de Diógenes; con una leve
+señal llamó a la marquesa, y díjole al oído con sencilla expresión de
+gozo inefable:
+
+--Dice el padre Mateu... que Dios me ha perdonado...
+
+Y luego, con el profundo desprecio del pecador que se considera a sí
+mismo, con la cristiana humildad del hombre que se ve a dos pasos de
+convertirse en tierra, añadió muy bajo, como si fuera su voz un débil
+quejido, queriendo y no pudiendo levantar una mano para golpearse el
+pecho:
+
+--¡A mí!... ¡A mí!
+
+Hizo entonces el otro jesuita que el padre Mateu se volviese a Loyola
+antes que cerrase la noche, acompañándole don Federico en el coche que
+esperaba, y los dos ancianos, los dos moribundos, separáronse sin pesar,
+como dos amigos que en el dintel de un palacio en que han de entrar por
+puertas distintas se estrechan la mano diciéndose: ¡Hasta luego!...
+
+Pensóse entonces en traer el santo Viático al enfermo, y este acogió la
+noticia entornando los ojos con humildad profunda, diciendo siempre:
+
+--¡A mí!... ¡A mí!...
+
+De allí a poco viole la marquesa agitarse mucho, gemir profundamente,
+revolver los ojos azorados; acercóse a él... Habíasele olvidado un
+pecado muy gordo, muy gordo..., y antes que tuviera tiempo la dama de
+llamar al padre, decíale ya él con gran trabajo:
+
+--Yo..., por divertirme..., por fastidiarle..., escribía todos los días
+una carta a Frasquito... diciéndole: ¡Mentecato!... ¡Cuatro meses le
+escribí!... Cuando Jacobo volvió de Italia, dejé de hacerlo... Me lo
+pidió él: decía que le interesaba... Tú le pedirás perdón a Frasquito...
+¡Me pesa! ¡Me pesa!...
+
+Llegó el Viático, y recibiólo el enfermo con muchas lágrimas y cierta
+especie de pavor afectuoso y humilde, que le hacía repetir de continuo:
+
+--¡A mí!... ¡A mí!...
+
+Entonces pidió la extremaunción, y dijéronle que ya la había recibido la
+víspera; mas él, con gran sencillez, quiso recibirla de nuevo.
+
+--Si no me enteré--decía--. Que me la den otra vez; así iré más limpio.
+
+A las siete hallábase aún bastante entero, y dando una gran voz de
+repente, llamó a Monina... La marquesa hizo traer a la niña y púsola,
+como por la mañana, frente a él, encima del lecho; la inocente criatura
+agarrábase asustada al cuello de su abuela y miraba al enfermo con los
+ojos muy abiertos, sorprendida y silenciosa, sin atreverse a llorar. El
+moribundo quiso levantar una mano y no pudo; miró a la niña con ternura
+inmensa, y haciendo un penoso esfuerzo, dijo:
+
+--Yo te enseñaré... _Bendita sea tu pureza_... Dilo.
+
+Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas y su pechito comenzó a
+estremecerse como el de un pájaro asustado; su abuela le dijo al oído:
+
+--Dilo, hija mía... Si lo sabes tú, dilo...
+
+La niña cruzó las manitas y comenzó su oración, repitiéndola Diógenes en
+voz baja, muy lenta, con cierta especie de solemnidad augusta que
+recordaba las notas de un órgano acompañando el canto de un ángel:
+
+ Bendita sea tu pureza
+ Y eternamente lo sea,
+ Pues todo un Dios se recrea
+ En tu graciosa belleza.
+ A ti, celestial Princesa,
+ Virgen sagrada María,
+ Yo te ofrezco en este día
+ Alma, vida y corazón.
+ Mírame con compasión...
+
+Apagóse aquí la voz de Diógenes, y oyóse tan sólo la temblorosa vocecita
+de Monina, que por un infeliz error o por una inspiración del cielo,
+equivocaba el último verso:
+
+ ¡No _le_ dejes, Madre mía!
+
+Diógenes ya no la oía: comenzaba entonces el estertor, y su angustioso
+resuello interrumpíase a veces por más de un minuto. Lleváronse a la
+niña; la marquesa y el jesuita se arrodillaron y comenzaron a rezar la
+recomendación del alma; a las once menos cuarto, sin ningún
+estremecimiento, sin verdadera agonía, sin soltar de las manos el
+crucifijo, abrió un poco la boca y expiró.
+
+A la otra mañana, cuando después de la solemne misa de _réquiem_ que
+hizo celebrar la marquesa en Zumárraga, volvió el jesuita a Loyola, oyó
+que las campanas de la iglesia tocaban también a muerto... Había
+fallecido aquella noche el padre Mateu; encontráronle al amanecer ya
+frío, tendido en su lecho. Tenía en las manos el rosario y vagaba aún en
+sus labios su pura sonrisa de niño; sobre su frente, amarilla como el
+marfil antiguo, un nimbo de cabellos blancos realzaba el tipo más
+peregrino de belleza moral que puede fingirse el hombre: la inocencia
+con la cabeza blanca...[19]
+
+[Nota 19: La muerte de este santo anciano, acaecida al mismo tiempo
+que la de la persona que auxiliaba, es un hecho rigurosamente
+histórico.]
+
+
+
+
+--III--
+
+
+Muchos y graves sucesos habían tenido lugar desde que al terminar el
+libro anterior dejamos a Jacobo camino de Italia, hasta que hemos vuelto
+a encontrarle en la carretera de Guipúzcoa, guiando, al lado de Currita,
+el _mail-coach_ con seis caballos. Y fue el primero la aparición de un
+extraño fenómeno a las puertas de Madrid, que vino a causar al marqués
+de Villamelón un pavor tan grande, como no lo causó nunca Catilina a las
+puertas de Roma, ni Mahomet II a las de Constantinopla, ni Isabel la
+Católica a las de Granada, ni Guillermo I a las de París. ¡La
+trichina!...
+
+Aquello era un dolor y un horror; tener que renunciar con severidad
+israelítica al jamón extremeño, rosado y aromático, y al salchichón de
+Génova, matizado como un mosaico, o exponerse a tragar el endiablado
+microbio que el atribulado Fernandito seguía con la imaginación en todas
+sus transformaciones, viéndole alargarse, alargarse hasta convertirse en
+tenia, y engordar, engordar luego hasta trocarse a costa de los jugos de
+su estómago en una serpiente boa, igual a las que había visto tragarse
+gallinas y conejos y aun cabritos, con la facilidad con que se tragaba
+él, una tras otras, un barrilito entero de aceitunas sevillanas.
+
+Sucedía esto a los ocho o diez días de la repentina marcha de Jacobo, y
+entre aflicciones de espíritu, quebrantamientos de estómago y apreturas
+de entendimiento, recibió Villamelón una cariñosa carta de este tierno
+amigo, en que, con previsión amorosísima y delicadeza exquisita, le
+enviaba una receta infalible contra la trichina, recogida de los labios
+mismos de los hermanos Tramponetti, fabricantes de embutidos en la
+salchichonesca Génova. La receta era bien sencilla: bastaba pasar tres
+veces por el hervor de agua ordinaria las carnes de cerdo y los
+utensilios en que hubieran estas de cocinarse. Fernandito, creyéndose en
+posesión de un talismán precioso, corrió a dar la noticia a su cara
+esposa Currita, dispuesto a pasar por agua todos los jamones de su
+despensa, todas las cacerolas de su cocina y todos los pinches de ella,
+con el cocinero a la cabeza. ¿Y por qué no?... Días antes relataba un
+periódico que el emperador de Birmania había mandado enterrar vivas a
+setecientas personas para aplacar los espíritus diabólicos que habían
+esparcido por sus Estados la viruela negra. ¿Por qué no había él de
+hervir a un cocinero y tres pinches para librar de la trichina a su
+persona y a la de sus deudos y amigos?
+
+Currita recibió la noticia con frialdad aterradora y negóse rotundamente
+a hacer uso de la receta, con cierta especie de rencorosa terquedad,
+impropia del caso; también ella había recibido aquel día carta cariñosa
+de Jacobo, fechada asimismo en Milán, hablándole vagamente de grandes
+peligros y grandes negocios, y prometiéndole, con la fatua seguridad de
+quien presume ser esperado con ansia, el gozo imponderable de su próximo
+regreso y la explicación satisfactoria de su repentina marcha.
+
+--¡Excelente amigo!--exclamaba Villamelón--. Ahora mismo voy a
+contestarle dándole las gracias...
+
+Currita abrió la boca con un gesto de ira como para decirle algo, y
+dominándose repentinamente, la volvió a cerrar, diciendo a poco con su
+suavidad acostumbrada:
+
+--Pues mira... mándame la carta y le pondré yo cuatro letras; así me
+ahorro de escribirle largo...
+
+Media hora después presentábale un lacayo en una bandeja de plata la
+carta de Fernandito, y la dama, después de leerla, hízola mil pedazos
+con extraños gestos de rabia... Otras dos cartas de Jacobo habían
+llegado en aquel mismo día a la corte: una larga y enfática para el
+marqués de Butrón, llena de mentiras y enredos, que sin engañar del todo
+al presuntuoso diplomático, hiciéronle comprender que lejos de
+emanciparse el joven Telémaco de su tutela, la necesitaba más que nunca,
+y podía, por tanto, seguir explotándole en sus trabajos políticos. Había
+leído en La Bruyère, y hecho suya, aquella sentencia muy común entre
+políticos y no políticos, que despojaba él del tinte de finísima ironía
+con que su autor la escribe: «Aun los Grandes y ministros mejor
+intencionados necesitan tener a su lado bribones; su uso es muy delicado
+y se necesita saber manejarlos, pero hay ocasiones en que no pueden ser
+suplidos por otros. Honor, virtud, conciencia, cualidades siempre
+respetables y a menudo inútiles. ¿Qué queréis a veces que se haga con un
+hombre de bien?».
+
+Era la otra carta, larga también, para el tío Frasquito, escrita con
+grandes visos de misterio, asegurándole haber conjurado el peligro a
+fuerza de astucia y de dinero, y prometiéndole la completa extirpación
+del misterioso «¡Mentecato!» en cuanto llegara él a Madrid y pudiera
+comunicar a las logias las órdenes que de Italia llevaba. Firmaba esta
+carta con un nombre supuesto, no ponía en ella fecha ninguna, y
+encargábale mucho quemarla después de leída y aventar luego las cenizas.
+Hízolo así el tío Frasquito, lleno de miedo, y creyendo ya poder
+aventurarse a salir con algunas precauciones, presentóse aquella noche
+en casa de Currita, en el taller de las hilas, tosiendo lastimosamente y
+ofreciendo a todas las damas caramelitos de rosa, único remedio para la
+_horrible_ tos que le había dejado el pertinaz _catarro_.
+
+Currita no contestó a Jacobo, y extrañado este, tornó a escribirle, sin
+obtener tampoco respuesta. Alarmóse entonces el futuro ministro y
+escribió a Butrón pidiéndole categóricas explicaciones de aquel
+obstinado silencio que le hacía sospechar en la dama algún
+resentimiento, peligroso siempre y funesto en aquellas circunstancias,
+en que la amistad íntima y la repleta caja de los consortes Villamelón
+le eran de todo punto indispensables.
+
+Con mensurado tono y severidad paterna contestó entonces _el sabio
+Mentor_ al _joven Telémaco_, enterándole del regalo hecho por
+mademoiselle de Sirop a la _kermesse_, del justo enojo de Currita al
+recibir aquel ultraje, que revelaba la traición del amigo íntimo a quien
+tantos beneficios había prodigado, y de la ferocidad con que las lenguas
+murmuradoras se habían echado sobre la aventura, comentándola y riéndola
+a mandíbula batiente. El _sesudo Mentor_ terminaba con protectora
+solicitud y paternal indulgencia: «Tu ligereza ha sido grande; pero
+inventa una disculpa, apresúrate a venir y trataremos de arreglarlo».
+
+Jacobo no se hizo repetir el aviso, y cinco días después _el joven
+Telémaco_ y _el sabio Mentor_ se presentaban en el _boudoir_ es decir,
+abordaban a las playas de la isla de Ogigia, retiro encantador de _la
+invulnerable Calipso_... La escena debió de ser conmovedora; mas ninguna
+ninfa hizo traición a la diosa, revelando lo que oyó o pudo ver en la
+misteriosa gruta, e ignórase al presente cómo llegaron los tres
+personajes a la perfecta avenencia que todo Madrid pudo observar desde
+entonces entre ellos. Corrió, sin embargo, a los pocos días por los
+periódicos la noticia de que el marqués de Sabadell había acusado de
+ladrona ante los tribunales a cierta aventurera francesa llamada
+mademoiselle de Sirop; súpose más tarde que esta había desaparecido, y
+murmuróse, por último, muy sotto voce, que el mismo marqués, su acusador
+público, la tenía escondida en su casa: nadie pudo comprobar, sin
+embargo, la exactitud de este hecho inexplicable.
+
+Las cosas quedaron, pues, como estaban un mes antes y tan sólo Jacobo
+pudo notar en Currita, con harto despecho suyo, esa extraña anomalía de
+la mujer, que consiste en mostrarse servilmente sumisa con el hombre que
+la oprime y ferozmente tirana con el que se le somete: rasgo a la verdad
+poco noble, que hace común san Ignacio de Loyola en su famoso libro de
+los _Ejercicios_ al mismísimo demonio, con estas textuales palabras: «El
+enemigo se hace como mujer, en ser flaco por fuerza y fuerte de
+grado...». Mientras en sus relaciones íntimas con la dama se mostró
+Jacobo duro y despótico, imponiéndole en todo su voluntad como dueño,
+hallóla siempre dócil y sumisa, pronta a sacrificarse por él y a
+prestarle todos los homenajes, con la humildad del pobre que al quemar
+ante el ídolo su incienso no espera ni pide otra recompensa que la
+satisfacción de verlo aceptado. Mas cuando, por las circunstancias que
+quedan referidas, tuvo Jacobo que humillarse a ella y mostrársele
+rendido y avasallado, crecióse Currita al punto, y sin disminuirle en
+nada su íntima confianza, ni cercenarle tampoco los continuos y siempre
+indecorosos beneficios que le prodigaba, comenzó a dejarle sentir su
+yugo, a hacerle comprender que ella era allí la dueña absoluta, y a
+saciar su vanidad, primer elemento que en todos los actos de su vida y
+todos los sentimientos de su corazón entraba, presentándole a los ojos
+del mundo, vencido, sujeto y atado, como un hermoso rey prisionero, a
+las ruedas de su carro.
+
+Por lo demás, nunca supo nadie lo que había hecho Jacobo en Italia;
+guardóse él muy bien de decirlo, y con muchas y variadas mentiras
+explicó a todo el mundo los motivos de su ausencia, quedando esta nueva
+aventura envuelta en las nubes vagas e indecisas que habrá notado
+siempre el lector, así en las cosas como en el carácter de este
+histórico personaje.
+
+Era, sin embargo, cierto que había visitado en Caprera a Garibaldi, y
+confiádole una peregrina historia que explicaba por completo la
+desaparición de los papeles, sin culpa de nadie, por supuesto. Mas el
+viejo mamarracho, sin guardar siquiera memoria de aquello, encogióse de
+hombros al oírle, y seducido por la labia de Jacobo, ofrecióle
+cordialmente cartas comendaticias para los venerables de Milán y de
+España que le pusieran a cubierto de todo recelo. Aceptólas Jacobo
+gozosísimo, creyendo ya con esto conjurado el peligro, y gastóse
+alegremente en excursiones por Italia todo su dinero, dejándose en la
+ruleta de Mónaco hasta el último céntimo del que había sacado al tío
+Frasquito. Las noticias del _sabio Mentor_ hiciéronle apresurar su
+vuelta a España, y engolfándose de nuevo a su regreso en su antigua vida
+ordinaria de crápula elegante y vagancia aristocrática, interrumpida a
+veces por solemnes intervalos políticos, quedáronsele en la gaveta las
+cartas de Garibaldi, pasósele el susto que le había llevado a Italia, y
+en su impresión natural de niño revoltoso, no volvió a acordarse de los
+masones, juzgando que también ellos le tendrían olvidado.
+
+Mientras tanto, los trabajos alfonsinos tocaban a su término, y Jacobo,
+creyendo haber pagado a buen precio con la entrega de sus papeles el
+logro de sus ambiciones, importunaba de continuo a Butrón y hacíase
+presente a todas horas en el centro de hombres políticos que dirigían
+los trabajos del partido, en demanda de una cartera que jamás se le
+había prometido en serio, pero que se le había hecho vislumbrar a lo
+lejos como precio de su hurto, en los tiempos en que era la consigna
+barrer para adentro. Mas había llegado ya la hora de barrer para fuera,
+y el taimado Butrón levantaba con disimulo la escoba para sacudir _al
+joven Telémaco_ el primer escobazo, sin echar de ver que otra escoba más
+poderosa se levantaba también a su espalda con la idea deliberada de
+ejecutar con él la misma maniobra. La estrategia de unos y otros era
+graciosa: comenzaban ya a organizarse las combinaciones ministeriales, y
+en todas ellas hacíase el papel, delante de Butrón y delante de Jacobo,
+de reservarles a uno y otro las ansiadas carteras; mas volvía la espalda
+el _joven Telémaco_, y decían todos _al prudente Mentor_, y este era el
+primero en afirmarlo, que era una temeridad, un descrédito para el
+partido dar entrada en el futuro gabinete a un botarate, un loco sin
+decoro como Sabadell, y que la cartera que este esperaba había de darse
+al señor Fernández Gallego, hombre probo, orador famoso, capaz de
+desatascar un carro, cuanto más a un Gobierno, con sólo hacer oír en las
+orejas del tiro los rotundos períodos de su enérgica palabra.
+
+Así quedaba convenido; mas tocábale la vez al respetable Butrón de
+volver la espalda y decíanse todos entonces que era una necesidad, una
+pifia, desperdiciar una cartera en aquel pobre hombre, político
+mujeriego, que debía de contentarse, a lo más, con una plenipotenciaria,
+pudiendo emplearse aquella, si no con honra, a lo menos con provecho, en
+el señor don Eusebio Díaz de la Laguna, pajarraco gordo en tiempo de
+Amadeo, que, como acontece en todas las restauraciones, habíase pasado
+con armas y bagajes al bando alfonsino en cuanto vislumbró en él la
+aurora del triunfo, ejecutando una de esas maniobras que en la farisaica
+jerga de los hombres gubernamentales se llaman _cambios políticos_,
+debiendo de llamarse charranadas o vilezas. Su entrada en el ministerio
+había de ser un poderoso puntal que aparcase las tendencias tolerantes y
+olvidadizas de la política restauradora.
+
+Al olfato finísimo del señor Pulido habían llegado todos estos apartes,
+y apresuróse a notificarlos al amigo Pepe, temeroso de perder la
+deslumbradora proyección que sobre su persona y parentela arrojaría la
+poltrona ministerial de este. Entróse, pues, una mañana en casa del
+respetable Butrón, nervioso y descompuesto, y con las falanges de su
+dedo índice ya desplegadas y la frase sacramental--¡lo dije!--, colgando
+de los labios, traspasó el misterioso biombo de nueve hojas que servía
+de reducto con el despacho a los secretos del diplomático. Allí estaba
+este, sumido en profundas meditaciones ante unos papeles que debían
+encerrar altos secretos de Estado, de los cuales apartó los ojos tan
+sólo un segundo para mirar al recién venido, murmurando con aire
+distraído:
+
+--¡Hola, Pulidito!...
+
+Mas Pulidito, alargando el inexorable dedo indicador, cual si fuesen sus
+falanges elásticas, y agitándolo de arriba abajo con la fatal oscilación
+de un péndulo acompasado, exclamó con temeroso acento:
+
+--¿Lo ves, Pepe?... ¿Lo ves?... ¡Lo dije!... ¡Lo dije!...
+
+--¿Qué?--replicó Butrón con el aire resignado de quien se prepara a
+recibir un importuno chubasco.
+
+--¿Qué?--replicó el señor Pulido en el mismo tono--. Pues nada... ¡que
+te birlan la cartera, Pepe, que te la birlan!...
+
+Y al compás de las oscilaciones de su dedo, comunicó el diplomático sus
+noticias alarmantes... El respetable Butrón no se conmovió ni pizca.
+¿Acaso era él bobo?... Al tanto estaba de todos aquellos manejos; pero
+callaba, callaba y hacía la vista gorda, porque tenía la seguridad--y
+su vanidad inmensa se la daba, en efecto--de que el futuro gabinete no
+podría prescindir de su persona y sus servicios... En cuanto a Sabadell,
+era otra cuestión: habíase forjado ilusiones absurdas, que en el futuro
+orden de cosas era imposible realizar. Sabadell era un loco, un
+mentecato que había prestado por carambola algunos servicios al partido,
+pero que no era de la madera de que la Restauración había de hacer sus
+ministros; hubiera podido serlo con un Prim o con un Serrano, pero nunca
+con un Cánovas del Castillo y con un Butrón...
+
+Detúvose aquí el diplomático con solemne pausa, y añadió
+sentenciosamente:
+
+--Todo árbol es madera, pero el pino no es caoba... En mi opinión, ni
+Sabadell puede ser ministro, ni yo puedo dejar de serlo.
+
+El dedo del señor Pulido comenzó a subir y bajar con riesgo manifiesto
+de descoyuntarse, cual si marcaran sus oscilaciones los grados de
+impaciencia de su dueño.
+
+--¿Y crees tú, Pepe, que el señor Cánovas del Castillo será de tu misma
+opinión?...
+
+Miróle el diplomático con aire de lástima y díjole al cabo:
+
+--Mira, Pulidito, hijo mío, creo que no soy del todo imbécil... Cánovas
+no da un paso sin contar antes conmigo.
+
+--¿Y ha contado contigo para proponer la candidatura del señor Díaz de
+la Laguna?...
+
+Pasmóse interiormente el gran _Robinsón_, porque ignoraba por completo
+que semejante candidatura se hubiera presentado; mas pareciéndole
+contrario a su decoro manifestar ignorancia, y cediendo a su hinchada
+vanidad, que le llevaba siempre a disfrazarlo todo con solemnes mentiras
+y enigmáticos conceptos, a fin de mantener en alza su crédito político,
+replicó imperturbable.
+
+--Ha contado.
+
+--Entonces...
+
+--Entonces, puedo asegurarte que el señor Laguna quedará siempre rana
+del pasado charco.
+
+Y dando una gran palmada con su mano de Esaú, extendida sobre los
+papeles que tenía delante, dijo solemnemente, con cierto aire de reserva
+dignísima que indicó al señor Pulido que tras el biombo de la mesa
+estaba el biombo de las cejas del diplomático, custodiando dentro de su
+frente arcanos misteriosos que a él no le era dado penetrar:
+
+--Mira, Pulidito, dejemos ya eso... Los secretos míos puedo confiarlos a
+un amigo; los ajenos, jamás... Para tu tranquilidad y tu gobierno, te
+diré, sin embargo, dos cosas... Primera, que anoche estuvo Antonio
+Cánovas conferenciando conmigo en esa misma silla en que estás sentado,
+hasta las cuatro de la mañana...
+
+Hizo el respetable Butrón un alto, para dejar saborear al señor Pulido
+la gordísima mentira, y prosiguió diciendo:
+
+--Segunda..., que al despedirse Cánovas, me entregó este proyecto de
+tratado secreto con Alemania--y golpeaba los papeles que tenía
+delante--, y necesito para estudiarlo... tiempo y soledad...
+
+Quedóse tamañito el señor Pulido ante el perfil de perro dogo de
+Bismarck que las palabras del diplomático evocaban sobre la mesa, y
+comprendiendo que se le recordaba con aquel elegante giro que el
+undécimo mandamiento de la ley de Dios es no estorbar, despidióse esta
+vez con el dedo índice muy plegadito, medrosico y esperanzado, mas no
+sin echar antes una ojeada furtiva al proyecto de tratado secreto con
+Alemania, que la extendida mano del diplomático parecía proteger contra
+todo amago de curiosidad. Algo atisbó, sin embargo, que vino a
+despertarle la sospecha de que el tal proyecto de tratado secreto no era
+precisamente con el Gobierno alemán, sino con la repostería de Lhardy,
+poderosa potencia gastronómica de la Carrera de San Jerónimo: entre los
+peludos dedos del diplomático asomaba por una esquinita la viñeta de las
+cuentas del célebre Emilio.
+
+Mas no era el señor Pulido hombre que, una vez puesto en la pista,
+retrocediese ante ningún peligro ni reparo; fuese, pues, derecho a casa
+de Lhardy y preguntóle si el señor marqués de Butrón tenía en su
+repostería alguna cuenta pendiente. Emilio, creyendo sin duda que aquel
+señor vendría a pagárselas, díjole que tenía cuatro, de las cuales era
+la más antigua la del buffet de un baile dado tres años antes en honra
+de Currita, y que el día anterior se las había remitido todas juntas por
+centésima vez, sin haber logrado aún cobrar ninguna. Enderezóse entonces
+el dedo del señor Pulido con la fuerza de una catapulta, y atónito
+Emilio, oyóle exclamar dos veces:
+
+--¡Lo dije!... ¡Lo dije!...
+
+
+
+
+--IV--
+
+
+Amaneció por fin el día 29 de diciembre de 1874, y a las once y
+cincuenta y seis minutos de la mañana, el ministro de la Guerra, Serrano
+Bedoya, saltaba violentamente de la cama, como había de saltar
+veinticuatro horas más tarde, violentamente también, de la poltrona
+ministerial... Anunciábale un telegrama del gobernador militar de
+Sagunto que el general Martínez Campos había proclamado rey de España al
+príncipe Alfonso, en las Ventas de Puzol, al frente de la brigada Dabán.
+Alborotóse el Gobierno, reunióse al punto Consejo extraordinario en el
+ministerio de la Guerra y tomóse por primera providencia la de echar el
+guante al señor Cánovas del Castillo y a otros muchos personajes de
+cuenta, entre los que se contaban el señor Pulido, _el joven Telémaco y
+el respetable Mentor_. Encerráronles por de pronto en el Saladero, con
+la sana intención de enviarles más tarde, una vez sofocada la intentona,
+a tomar camino de Filipinas los saludables aires de mar. La cortesanía
+del gobernador de Madrid, señor Moreno Benítez, proporcionóles horas
+después mejor alojamiento en el Gobierno civil; mas fuese pérfida
+intriga de los amigos o cruel ensañamiento de los contrarios, es lo
+cierto que los tres compadres, Jacobo, Butrón y Pulido, quedaron presos
+en el Saladero, pasando entre temores y sobresaltos todo el día 29 y
+también el 30, hasta que en la madrugada de este, muy cerca ya del alba,
+abriéronse ante ellos las puertas de su prisión, para cerrarse ante sus
+ojos la puerta de sus esperanzas... A las nueve y cuarto de aquella
+misma noche, hundido para siempre el Gobierno de la Revolución, había
+quedado investido de todos los poderes el capitán general de Madrid, don
+Fernando Primo de Rivera, y puestos al punto en libertad los prohombres
+alfonsinos detenidos en el Gobierno civil, apresurándose a nombrar un
+ministerio-regencia, del cual formaban parte el Gallego y el Laguna,
+quedando excluidos, por supuesto, _el joven Telémaco y el respetable
+Mentor_[20].
+
+[Nota 20: Formaban este primer gabinete alfonsino, bajo la
+presidencia de don Antonio Cánovas del Castillo, los señores Castro,
+Cárdenas, Jovellar, Salaverría, marqués de Molins, Romero Robledo, Ayala
+y marqués de Orovio. Excusado nos parece advertir que, al fingir
+nosotros un señor Gallego y un señor Laguna formando parte de este
+Ministerio, no aludimos para nada a ninguno de los señores que en
+realidad lo formaron. Y ya que de alusiones hablamos, bueno será hacer
+constar, una vez más, que yerran por completo los que han creído ver en
+algunos personajes de la presente novela retratos de personas harto
+conocidas, que sin duda lo fueron muy poco de los que tal juzgan, cuando
+encuentran semejanza entre unos y otros. Nuestros personajes no son
+retratos de individuos determinados, sino tipos de caracteres sociales;
+y si puede halagar la vanidad del artista que resulten sus creaciones
+tan reales que no pueda concebírselas sin un modelo vivo, debe de
+repugnar ala delicadeza y aun a la conciencia del escritor honrado al
+convertir por este medio un libro escrito con altos fines morales en un
+intencionado libelo.]
+
+Quedóse este anonadado, púsose Jacobo furioso, y el señor Pulido, sin
+fuerzas para enarbolar el dedo indicador, sin alientos para
+murmurar--¡lo dije!--, enmudeció como Casandra a la vista de Troya
+destruida y Grecia triunfante. Butrón bufaba, Pulido gemía, Jacobo
+echaba ajos, y entre peroratas enérgicas, amargos reproches, violentas
+reclamaciones y planes de campaña propuestos para derrocar aquel
+Gobierno que les había estafado, pasáronse algunos días, hasta que
+desembarazado algún tanto el ministerio-regencia con la llegada del
+joven monarca, pudo al fin dar vuelta a la llave de la despensa, y
+enarbolando la rama de sustanciosos dátiles, que ha venido a sustituir a
+la de olivo, antiguo símbolo de la paz, comenzó a distribuir puestos,
+honores y destinos entre sus diversos paniaguados, tocándole a Butrón
+una plenipotenciaría de primer orden. Hízose de rogar este cuanto sufría
+por una parte la prudencia y exigía por otra el decoro, y teniendo en
+cuenta sin duda que a buena hambre no hay pan duro, que a falta de pan
+buenas son tortas y que más vale pájaro en mano que buitre volando,
+marchó al fin resignado y majestuoso a representar en tierra extranjera
+la persona de Alfonso XII. Hubo también una dirección de segundo orden
+para el señor Pulido, y ofrecióse a Jacobo otra plenipotenciaría igual a
+la aceptada por Butrón. Mas _el joven Telémaco_ era hombre capaz en sus
+rencores de comprender y practicar aquella venganza de los chinos, que
+consiste en ahorcarse a la puerta de su adversario para atraer sobre él
+la cólera celeste y el odio de los ciudadanos; lleno, pues, de saña,
+rechazó con altivez la oferta, y creyendo alcanzar por sus propias
+fuerzas lo que de grado no le habían querido dar, alistóse de nuevo
+entre sus antiguos amigos los revolucionarios aún no resellados, que
+capitaneaba a la sazón el excelentísimo Martínez y prometían formar una
+oposición formidable el día en que se decidieran a reconocer la
+monarquía de Alfonso XII. Recibiéronle ellos como a un Hércules bajado
+del cielo para emprender de nuevo a su lado los doce trabajos sobre la
+tierra, y en el momento en que le encontramos volviendo de Biarritz al
+lado de Currita, traía ya lograda, con ayuda de esta fiel amiga, la
+senaduría vitalicia, altísima tribuna desde donde pretendía escalar, al
+lado del excelentísimo Martínez, el Olimpo ministerial, una vez
+efectuada la temida y esperada maniobra que con gran sigilo preparaba el
+taimado _buey Apis_.
+
+A poco presentaba Madrid su animado aspecto de invierno, y dos sucesos
+trascendentales ocupaban la atención de los políticos y los elegantes:
+la apertura de las Cortes y el casamiento del monarca. Prometía la
+primera campañas parlamentarias nunca vistas; hacía esperar el segundo
+diversiones y regocijos jamás disfrutados, y unas y otros discutíanse y
+aun preparábanse en los salones de Currita, centro por aquel tiempo de
+los más importantes hombres políticos de la futura oposición dinástica,
+a la vez que de lo más _gommeux_, lo más _poisseux_ de la alta sociedad
+madrileña. Sus _après dîners_ de los viernes llegaron a tener fama, y
+con igual facilidad se concertaba en ellos un gabinete que se
+desconcertaba un matrimonio, se ganaba un diputado para la oposición que
+se perdía una muchacha para siempre, minada al amparo bienhechor de la
+dama, por esa galantería de algunos salones, que llama un autor, nada
+asustadizo por cierto, _trabajo de zapa que el vicio emplea para minar
+la virtud_. Pedro López comparaba en _La Flor de Lis_ el salón de
+Currita con aquellas famosas tertulias que comenzaron en el hotel
+Rambouillet y acabaron con madame Staël, Recamier, Tallien y Girardin; y
+ciertamente que si no se encontraba en aquel como en estas la culta y
+amena conversación y la urbanidad más exquisita de antaño, que ha venido
+a ser hoy entre damas y caballeros como atributo exclusivo de las
+pelucas empolvadas y las chorreras de encaje, encontrábase de igual modo
+aquel principio disolvente de toda moral, que consiste en tolerar y
+autorizar el escándalo.
+
+Viose entonces claro como nunca la funesta influencia que ejerce en una
+sociedad entera una de esas reinas de la moda que comienzan escotando
+los trajes y acaban escotando las costumbres; que empiezan imponiendo el
+yugo de sus elegantes extravagancias y terminan imponiendo el de sus
+desvergonzados vicios; que familiarizan con el escándalo y lo hacen
+tolerable y de buen tono hasta a los ojos de las personas virtuosas, que
+llegan a contemplar sin extrañeza, sin rubor y sin protesta,
+espectáculos como el que ofrecía Currita haciendo los honores de su casa
+con distinción elegantísima, en compañía del marqués de Sabadell,
+mientras sus hijos yacían olvidados, cada cual en un colegio, y
+Villamelón, reblandecido ya casi por completo, jugaba al bésigue o al
+tresillo con las celebridades del momento, o tentaba la paciencia de sus
+tertulianos encerrado, como en un círculo vicioso, en sus ordinarios
+tópicos de conversación: el combate _terro-naval_ de Cabo Negro, los
+prodigios de su cocinero, los adelantos de su fotografía, las ventajas
+de la incubación artificial de los huevos de gallina, o las extrañas
+peripecias del doctor Tanner y el italiano Succi, que, con gran pasmo
+suyo, parecían haber resuelto el problema, para él horripilante e
+incomprensible, de vivir sin comer.
+
+Un nuevo escándalo, iniciado y meditado en casa de Currita y llevado a
+efecto a la sombra de esta, y quizá, quizá bajo su protección misma,
+vino a probar a las personas sensatas que tan peligrosa es la proximidad
+del vicio, que aun sin estar de él contaminado, se respira en su
+atmósfera cierta ponzoña que trastorna y extravía, y hace al cabo
+resbalar y caer... Margarita Belluga, una de las jóvenes que al pisar
+por primera vez los salones del gran mundo había llamado más la atención
+por su candor y su pureza, desapareció un día súbitamente de casa de
+sus padres, para aparecer a poco en Italia, _magna parens artium_, y
+refugio insondable de pillos de todas las naciones, casada con Celestino
+Reguera, el pintorzuelo cómplice de Currita en sus atentados pictóricos,
+que había conservado siempre la dama a su lado, para alumbrar su corte
+con los resplandores de un genio, a la manera que Filipo mantenía en la
+suya a Aristóteles, y Augusto a Virgilio, y Carlos V a Garcilaso, y Luis
+XIV a Molière.
+
+Comenzaron entonces las lamentaciones y las extrañezas, los comentarios
+y los sobresaltos, y la murmuración no fue ya el ruido de una ola al
+reventar en la playa, sino que cundió y se hizo formidable, y resultaron
+todos los imponentes estrépitos del mar batiendo las costas... Mas a
+pesar de que todo el mundo vio claro el viento que había desatado
+aquella tormenta y los polvos de que salían aquellos lodos, tan sólo dos
+de las muchas madres honradas que acudían a los saraos de Currita
+dejaron de llevar allí a sus hijas; tan sólo uno de los muchos maridos
+con decoro que a ellos concurrían retrajo a su mujer de aquella casa
+funesta a que se hacía necesario acudir, porque... porque... se pasaban
+allí ratos deliciosos, era la dama quien fijaba en sus salones las leyes
+del buen tono, y el ser admitido en su casa era un brevet de elegancia y
+de notoriedad.
+
+Mas un día corrió por Madrid una noticia estupenda, que se escuchó al
+principio como un absurdo inventado por algún ocioso del Veloz;
+concediósele más tarde la verosimilitud que hubiera merecido la de que
+Sagasta cantaba misa o el Gran Turco se había hecho monje bernardo, y
+extendióse al fin como un hecho inverosímil, pero cierto, absurdo, pero
+verdadero, desde los salones hasta las antesalas, y desde los pasillos
+del Congreso hasta los de los teatros, llenando a todo el mundo elegante
+de asombro, de extrañeza y de curiosidad. La imaginación siempre
+exaltada de los madrileños aderezó el hecho con interpretaciones y
+comentarios, y unos vieron en él un manejo político, otros una rivalidad
+femenina, algunos una señal de reconciliación entre el mundo devoto y el
+profano, y varios, los que se decían más enterados y eran más hábiles en
+aquello de ajustarle las cuentas al prójimo, vieron, por el contrario,
+una emboscada peligrosa que la más inflexible de las beatas tendía a la
+más tolerante de las pecadoras; un reto del calendario piadoso a la
+mitología pagana; un combate singular entre la marquesa de Villasis, que
+arrojaba el guante, y la condesa de Albornoz, que se apresuraría sin
+duda a recogerlo.
+
+Porque era el caso que habían circulado por ciertas casas privilegiadas
+de la alta sociedad madrileña unas lindas tarjetas litografiadas, en que
+la marquesa de Villasis anunciaba a sus numerosos amigos que abría las
+puertas de sus salones, y fijaba como día de recepción--¡aquí estaba el
+busilis!--el mismo fijado por Currita: ¡los viernes!... La noticia llegó
+a casa de esta un miércoles por la noche, estando presente tan sólo la
+duquesa de Bara, Carmen Tagle, Leopoldina Pastor y la Valdivieso;
+algunos señores mayores jugaban al tresillo, y en la sala de billar
+oíanse a lo lejos los secos golpes de las bolas y los tacos. Currita
+recogió, en efecto, el guante, y puesta en guardia al punto, manifestó
+su asombro con ingenua sencillez de cándida tortolilla.
+
+--¿De veras?... ¡Cuánto me alegro!... Supongo que habrá convidado a las
+novicias del Sagrado Corazón...
+
+Riéronse todos a carcajadas, y ella, muy extrañada de aquellas risas,
+prosiguió diciendo:
+
+--Pues no lo digo de burlas... Creed que lo decía sin ningún
+_arrière-pensée_... Como María es tan piadosa y suele darle a todo un
+tinte devoto...
+
+--¡Pues claro está!--replicó muy seria la de Bara--. Por eso ha
+convidado también a los congregantes de San Luis.
+
+--Y por lo menos exigirá a los presentados la cédula del cumplimiento
+pascual.
+
+--Y el certificado de buenas costumbres del cura párroco...
+
+--¡Qué delicia!... ¿Y abrirán el baile rezando el rosario?...
+
+--Como que tocará el cuarteto de la capilla real, y se cantarán en los
+intermedios los Gozos de san José.
+
+--¡Ya lo creo!... La Villasis sabe hacer bien las cosas, y de seguro que
+ha pedido al arzobispo indulgencia plenaria para todos sus tertulianos.
+
+--Pero, en suma--dijo al fin Currita, deteniendo aquella granizada de
+burlas--, ¿qué es lo que se propone esa pobre María?...
+
+Aquí miró a todas partes con gran misterio el que había traído la
+noticia, y las cinco señoras alargaron las cabezas y abrieron las orejas
+con curiosidad intensísima.
+
+--Pues dice..., dice... que se propone recibir a... mujeres honradas...
+
+Un ¡ya! general, preñado de extrañas e intencionadas inflexiones, se
+escapó de todos los labios, y la Albornoz, abriendo cándidamente los
+ojos, dijo con su suave vocecita:
+
+--Pues a mí no me han convidado hasta el presente...
+
+Las señoras soltaron el trapo a reír, y dijeron todas al mismo tiempo:
+
+--Ni a mí...
+
+--Ni a mí...
+
+--Ni a mí...
+
+Leopoldina Pastor no dijo nada; púsose muy encendida, y dando una brusca
+media vuelta, sentóse al piano y comenzó a tocar furiosamente la antigua
+canción del _¡Trágala!_...
+
+Anocheció por fin el viernes, llegó la hora de comer, y tan sólo trece,
+de los veinte personajes convidados, se sentaron aquella noche a la mesa
+de los consortes Villamelón. El número era funesto, y la duquesa de
+Bara, que supuso al punto la causa de tan repentina baja, dijo muy
+quedito a su sobrino el duque de Bringas:
+
+--Mal número... ¿Si será esta la _última cena_?
+
+--Con tal que no te toque a ti el papel de Judas.
+
+--¡Oh, no, no!... Yo le soy fiel a Curra.
+
+--¿Pero por qué han desertado los otros?
+
+--Pues nada, hijo, que ha habido conjunción de pucheros y el de María
+Villasis triunfa.
+
+--Será más delicado.
+
+--¡Pchs!... Bizcochitos de monja y tocino de cielo... Prefiero el de
+Curra: es más sustancioso.
+
+--¿Pues cuál es?...
+
+--_Olla podrida_.
+
+Y con tales ganas comenzaron a reír la tía y el sobrino, que casi
+vinieron a echar por las narices el _consommé à la Régence_, servido en
+magnífica vajilla de plata, con que los ilustres comensales comenzaron a
+apaciguar sus respectivos apetitos... Con estos augurios funestos dio
+principio la comida, lenta y desanimada; Villamelón, con gravedad
+señoril y solemne aspecto, embaulaba en silencio, sin ocuparse gran cosa
+de la embajadora de Alemania y la duquesa de Bara, que tenía a derecha e
+izquierda, consultando a cada paso el _menú_, impreso con vivos colores
+en apergaminada vitela, al estilo de los antiguos misales de la Edad
+Media, y no satisfecho con esto, preguntando de cuando en cuando con
+sigilo prudentísimo al criado que le servía:
+
+--¿He comido de todo?...
+
+Frente por frente estaba Currita, teniendo a su derecha al embajador de
+Alemania, y a su izquierda al excelentísimo señor don Juan Antonio
+Martínez, _buey Apis_ por otro nombre, que olvidando con loable
+magnanimidad antiguos rencorcillos, era a la sazón íntimo de la dama,
+como sustituto del respetable Butrón en el cargo de _Mentor_ del _joven
+Telémaco_. Prodigábale Currita atenciones delicadísimas y hablábale a
+veces en voz baja, con muestras de íntima confianza: en una de estas,
+mostróle rápidamente con ademán misterioso un pequeño objeto que había
+sobre la mesa. Entre los mil primores y monerías que la adornaban,
+veíanse ante el cubierto de cada caballero pequeños _bouquets_ de
+violetas para el ojal del frac, puestos en diminutos vasitos de cristal,
+ligeros y diáfanos cual si fuesen de aire petrificado, y teniendo todos
+en el centro una pequeña flor de lis, lindísima maravilla natural,
+criada a fuerza de cuidados en las estufas de Currita. Con significativa
+sonrisa mostróle la dama al _buey Apis_ el _bouquet_ que tenía delante,
+y este, sonriendo también, dijo entre dientes, sin que ella protestase:
+
+--El diablo son las mujeres...
+
+Entre estos dos grupos principales que ocupaban ambas cabeceras
+sentábanse el resto de los convidados: la señora de López Moreno, que
+redondeaba a la sazón su inmensa fortuna prestando al veinte por ciento;
+la marquesa de Valdivieso, que no atestiguaba ya sus sentencias con la
+autoridad de Paco Vélez, sino con la de Fermín Doblado; la condesa de
+Balzano, divorciada de su marido y en pleito con sus hijos; el duque de
+Bringas, declarado pródigo por los tribunales a instancias de su esposa;
+don Casimiro Pantojas, buscando siempre el _paulot postfuturum_ de algún
+verbo griego; dos diputados novatos, cándidos provincianos todavía, a
+que la ilustre condesa, de acuerdo con el excelentísimo Martínez, tendía
+el anzuelo de sus banquetes para pescarlos en la oposición futura; el
+espiritual Pedro López, que pagaba su cubierto todos los viernes con
+algunas columnas de _La Flor de Lis_ de prosa _gelatinesca_, y el
+marqués de Sabadell, que al notar las siete bajas habidas en el número
+de convidados, dirigía a Currita miradas impacientes, que hacían en la
+comprimida cólera de esta el efecto que el viento hace en el fuego, y
+parecían demostrar en ambos el pesar de ver frustrado en parte algún
+plan que proyectaban.
+
+El berrenchín de Currita igualaba, en efecto, a su inquietud, porque
+justamente pertenecían sus convidados prófugos a aquella parte sana y
+virtuosa de la sociedad madrileña que se complacía ella en atraer a su
+casa para acallar con el ejemplo de estos los escrúpulos de algunos
+otros, a la manera que en ciertos garitos de industrias prohibidas
+colocan en el portal la muestra de alguna otra industria inocente, que
+desorienta a la policía y sirve de cebo a los incautos. Faltaban, pues,
+aquella noche los duques de Astorga, que con gran acierto habían sido
+elegidos por el nuevo monarca para formar parte de la alta servidumbre
+de la joven reina; los condes de Orduña, nobles figuras del antiguo
+bando carlista, fiel siempre a la desgracia, y la marquesa de Lebrija,
+cuyo prurito de socorrer y presidir asociaciones pías habíale
+conquistado justamente la doble fama de caritativa y de vanidosa.
+Faltaba también el tío Frasquito, que, con gran indignación de Currita,
+no se había tomado el trabajo de disculpar su ausencia; y faltaba
+Leopoldina Pastor, que la había disculpado tan sólo con una lacónica
+esquelita, diciendo que un indecente orzuelo le había aparecido en un
+ojo, poniendola de humor malísimo. La ausencia de estos dos últimos
+hería, más que ninguna otra, el amor propio de Currita, porque eran él y
+ella de esos pájaros que se retiran a tiempo del árbol que pierde su
+sombra y tienden el vuelo hacia el que comienza a verdear.
+
+Azoraba todo esto a Currita, pareciéndole indicio cierto de conjura
+sospechosa, y al mismo tiempo que procuraba sostener y animar la
+desmayada conversación de sus comensales, prestaba oído atento a lo que
+por fuera del comedor pasaba... Sucedía de ordinario los viernes que,
+aun antes de terminarse la comida, poblaban ya los salones gran número
+de tertulianos que se apoderaban de las mesas de tresillo y de billar y
+formaban grupos y corrillos llenos de la alborotada animación, que
+duraba siempre hasta muy entrada la madrugada... Nada se oía aquella
+noche, y cada vez más inquieta Currita procuraba alargar la comida,
+agotando todos los recursos de su ingenio e intercalando entre plato y
+plato historietas que equivalían a las más picantes salsas, con el fin
+de dar tiempo a la llegada de la gente y evitar que los comensales
+recibiesen la mala impresión de encontrar los salones desiertos. Fuele
+ya imposible alargar por más tiempo la ímproba tarea y puso al cabo fin
+a la comedia con una escena misteriosa, seguida de un golpe teatral
+hábilmente dispuesto... Su diminuto piececito tocó ligeramente por
+debajo de la mesa la pezuña del _buey Apis_, y ambos cruzaron con Jacobo
+una rápida mirada de inteligencia que parecía significar: ¡Alerta!
+Entonces, tomando Currita el _bouquet_ que tenía Martínez delante, tuvo
+la exquisita galantería de ponérselo ella misma en el ojal, repitiendo
+la acostumbrada frase de las floristas parisienses:
+
+--_Monsieur_... _Fleurissez votre boutonnière_...
+
+Mas Jacobo, con jovialidad perfectamente afectada, detúvola en mitad del
+camino, diciendo desde su sitio:
+
+--¡Cuidado, Martínez, cuidado!... Que le tienden a usted un lazo...
+
+--¿Un lazo?--exclamó Currita, retirando vivamente el ramito.
+
+--Sí, señor, un lazo--afirmó Jacobo riendo--. ¿Pues no ve usted que
+lleva el _bouquet_ una flor de lis?...
+
+--¡Ay, Jesús!--replicó Currita escandalizada--. Entonces ¡protesto,
+protesto!... Yo persuado a quien puedo, pero no sorprendo a nadie...
+¿Quiere usted que se la ponga, Martínez?... ¿Sí o no?...
+
+--¡Jú, jú, jú, jú!--mugió _el buey Apis_, haciendo con la cabeza ademán
+afirmativo.
+
+--¿La acepta usted entonces?--preguntó Currita.
+
+--La acepto.
+
+--¿Con todas sus consecuencias?...
+
+--Con todas sus consecuencias--repitió _el buey Apis_.
+
+Y paseó por todos los presentes una mirada orgullosa, casi fiera, que no
+carecía de la tosca grandeza de un Mario, a la vez plebeyo y formidable,
+que se dejase acariciar por afeminados patricios... Un aplauso general
+acogió la declaración del antiguo revolucionario, y Villamelón, muy
+conmovido, propuso un brindis en honor del rey Alfonso XII. Apuráronse
+las copas, y Fernandito, tomando entonces la que había servido a
+Martínez, dijo solemnemente:
+
+--Esta copa tendrá con los años gran valor histórico. ¿Me entiende
+usted, Martínez?... Permítame que la guarde... Quiero legarla a mis
+hijos.
+
+Y con su recuerdo histórico muy empuñado fue a ofrecer el brazo a la
+embajadora de Alemania, para pasar al saloncito azul, donde se
+acostumbraba a servir el café en aquellos días de gala... Allí acabaron
+los triunfos: el salón estaba vacío, y por sus puertas abiertas veíase a
+la izquierda el otro salón amarillo, y a la derecha, el gran salón de
+baile, que sólo se abría e iluminaba los viernes, ambos desiertos. En el
+primero, divisábanse a lo lejos, en un apartado rincón, cuatro señores
+muy graves, muy tiesos, jugando al tresillo; en el segundo, reverberaban
+las luces en el brillante parquet de finísimas maderas enceradas y en
+los colosales espejos, dando a todo aquel recinto el aspecto fantástico
+y temeroso, en medio de su magnificencia, de aquellos palacios
+encantados que se describen en los cuentos de hadas. El fiasco era
+completo, y aturdida Currita miró espontáneamente hacia el magnífico
+reloj de bronce dorado que había allí cerca, sobre una chimenea: ¡eran
+ya las diez y cuarto!...
+
+Vio entonces a su espalda, en el mismo salón azul, una dama muy apuesta
+y elegante dormida en una butaca: tenía en la mano un número de un
+periódico de modas, caído negligentemente sobre la falda, y dábale de
+lleno en el rostro la tibia luz de una gran lámpara colocada en un
+trípode, cuyos reflejos recogía amplia pantalla de seda de suaves
+matices... Era Isabel Mazacán, la pérfida Mazacán, reconciliada dos
+meses antes con Currita y dispuesta a pelearse otras mil veces con ella
+en cuanto el tiempo y la ocasión se presentasen. Ninguna tan propicia
+como la presente, y fingiéndose dormida en aquella soledad, abrió
+poquito a poco los ojos con tan cómico espanto, con tan chistoso
+sobresalto, que todos los presentes soltaron la risa...
+
+--Jesús, hija, dispensa..., pero al verme tan sola me quedé dormida.
+
+Parecióle la broma a Currita de malísimo gusto y contestó muy picada:
+
+--¡Qué delicia!... ¿Y soñarías sin duda con los angelitos?...
+
+--Algo había de eso, porque soñaba contigo...
+
+Guardóse muy bien Currita de pedirle la interpretación del sueño, mas la
+Valdivieso, con su importunidad acostumbrada, dijo muy gozosa:
+
+--¡Vaya una coincidencia!... ¿Y qué soñabas?...
+
+--Pues nada, hija... Que también se había ido a casa de la Villasis la
+_pobre Curra_.
+
+Y la grandísima tuna de la Mazacán pronunciaba aquel _pobre Curra_ con
+un aire de lástima, con un acento de chunga, que la compadecida se
+revolvió furiosa, diciendo con su inocente risita:
+
+--Pues mira, mujer..., ni dormida ni despierta se me hubiera ocurrido de
+ti semejante cosa.
+
+--¿Y por qué?
+
+--Pues por dos razones... La segunda, porque tú no querrías ir...
+
+--Y la primera, porque María Villasis no querría que yo fuese--dijo la
+Mazacán echándose a reír con todo su desparpajo.
+
+--Justo--replicó Currita--. Lo mismo, lo mismo que don Simplicio
+Bobadilla Majaderano y Cabeza de Buey: «Puesto que Leonor renuncia a mi
+mano, renuncio a la mano de Leonor...».
+
+La Mazacán iba a contestar, pero entraron en aquel momento Carmen Tagle,
+Paco Vélez y Gorito Sardona, todos muy compungidos, diciendo que venían
+del Real, pero que no había allí nadie, nadie... Al pronto creyeron
+ellos que Monsieur tout le monde estaría en casa de Curra, porque ¡claro
+está! como era viernes... Pero supieron luego que el _grand complet_ era
+aquella noche, ¡quién lo creyera!, en casa de la Villasis; y por eso,
+ellos, muy indignados, habían venido a protestar, porque no les parecía
+decente acostarse en aquella ocasión sin dar las buenas noches a la
+_pobre Curra_.
+
+Escapóse la _pobre Curra_ como pudo de aquellas muestras de compasión
+que le atacaban los nervios y dirigióse muy de prisa a la sala de
+billar, donde Jacobo, los dos diputados y el excelentísimo Martínez
+conferenciaban a solas. Felicitaron todos a la dama por lo hábilmente
+que había dispuesto y representado la comedia del _bouquet_, llamada a
+tener gran resonancia. Al día siguiente, _La Flor de Lis_ daría cuenta
+de ella, preparando de este modo el terreno para la declaración solemne
+que a los pocos días pensaba hacer en el Senado el excelentísimo
+Martínez... Mas todavía juzgaba este necesario, antes de dar aquel
+último paso, atar bien otro cabo importante: parecíale prudente tentar
+antes el vado en Palacio.
+
+Currita ofreció al punto sus servicios; ella era dama de honor desde los
+tiempos de Isabel II, y al casarse el monarca, dos meses antes, habíase
+visto obligada la nueva reina a enviarle también su cruz de dama...
+Martínez meneó la gran cabezota; no era esto precisamente lo que él iba
+buscando, porque el explorador a que había echado el ojo, para que como
+heraldo suyo entrase en Palacio, era Jacobo; podía este como Grande de
+España...
+
+La baronesa viuda de Platavieja le cortó la frase, entrando en la sala
+seguida de sus seis hijas, amables retoños que en unión de la madre
+formaban en cantidad y calidad la suma de los pecados capitales, nombre
+por el cual se las conocía en la corte... Madre e hijas venían también
+presurosas e indignadas a protestar delante de la _pobre Curra_, y la
+señora baronesa aseguro _coram populo_ que lo que había hecho la
+Villasis aquella noche era ni más ni menos que un timo...
+
+--¡Un verdadero timo!--repitieron en coro las amables señoritas de
+Platavieja, rodeando al punto como enjambre de mariposas a los dos
+diputados, jóvenes y solteros, con la idea sin duda de pegarles alguno.
+
+Imposible fue ya continuar la plática ante aquellos testigos, y la noche
+corrió lenta y aburrida, sin más incidentes. María Valdivieso, que
+andaba de monos con su prima, procuraba bostezar con fingido disimulo
+siempre que la miraba esta; la embajadora de Alemania cantó con notable
+falta de gracia una _balada_, que calificó la duquesa de _ladrido_, y a
+las doce y cuarto, cuando Pedro López, después de tomar el té y encerrar
+en sus bolsillos provisión de _sandwiches_ suficiente para toda la
+semana, comenzó a hacer el recuento para la crónica de salones que
+publicaba _La Flor de Lis_ todos los sábados, sus ojos atónitos pudieron
+tan sólo contar bajo los artesonados techos el número exiguo de catorce
+señoras: siete pertenecían a la familia de los pecados capitales y las
+otras siete podían repartirse entre la de los enemigos del alma: mundo,
+demonio y carne.
+
+La marquesa de Villasis triunfaba en toda línea, y las _ciento veinte_
+mujeres honradas que reunió aquella noche en su casa y siguió reuniendo
+todos los viernes vinieron a probar a los pesimistas lo que había dicho
+ella misma a la marquesa de Butrón en época no lejana:
+
+--Madrid no es un lodazal...
+
+Cierto que hay en él _algo que huele a podrido_ y esparce por todas
+partes su mal olor, a la manera que las emanaciones de una pequeña
+charca se extienden e inficcionan toda una hermosa campiña y tiñen la
+vegetación salubre con los mismos desconsoladores tintes de la enferma.
+Mas este algo podrido, esta charca hedionda, desbordada siempre por la
+desvergüenza propia y la cobardía ajena, mezclándose con el agua pura y
+comunicándole en apariencia sus impurezas, habíala ella estancado en
+casa de la Albornoz; y al quedar deslindados los campos, la lógica de
+los números metió la mano inexorable _dessus du panier_ del gran mundo y
+sacó tan sólo catorce mujeres perdidas, por ciento veinte mujeres
+honradas.
+
+Un periódico regañón hizo, sin embargo, de las damas de aquel tiempo
+otra subdivisión distinta:
+
+Bastantes buenas.
+
+Pocas malas.
+
+Muchas que, siendo de las primeras, se parecen a las segundas.
+
+
+
+
+--V--
+
+
+La noticia cayó como una bomba, y aunque muchos quisieron negarla frente
+a frente de la evidencia misma, estrellábanse sus negaciones contra un
+documento oficial, legítimo y auténtico, que había circulado el día
+anterior por todas las casas de la Grandeza. Era un oficio de la
+mayordomía mayor de su majestad, en que el jefe superior de Palacio
+decía letra por letra y punto por punto a todos los Grandes de
+España...: «Excelentísimo señor: Su majestad el rey don Alfonso XII (q.
+D. g.) se ha servido señalar la hora de las dos de la tarde del día 7 de
+febrero para la ceremonia de cubrirse ante su Real presencia los señores
+Grandes de España que al margen se expresan, etc., etc.». Y entre
+aquellos nombres al margen expresados, por riguroso orden de antigüedad
+inscritos, recordando todos ellos la grandeza de los caracteres, la
+firmeza de las virtudes, la nobleza de los pensamientos y el valor de
+las hazañas de que está llena nuestra historia, leíase con todas sus
+letras, puesto el segundo, el del excelentísimo señor don Jacobo
+Téllez-Ponce Melgarejo, marqués de Sabadell.
+
+El caso era curioso, y los aficionados a investigar la razón íntima de
+los actos del prójimo, los inteligentes en escudriñar los puntos oscuros
+de los más sencillos eventos de las vidas ajenas, los más hábiles
+peritos en el arte sutilísimo de atar cabos con cabos, encontraron al
+punto empalmes subterráneos entre el oficio del jefe superior y el
+suelto que había publicado _La Flor de Lis_ algunos días antes. Según
+esta, susurrábase que cierto personaje de gran importancia, retirado
+algún tiempo de la política, volvía de nuevo a la arena del combate,
+seguido de _numerosa mesnada_ y enarbolando en su robusta mano, con
+honrada independencia, la bandera de Alfonso XII.
+
+Una dama angelical, conocidísima en los altos círculos por su ingenio,
+su elegancia y su belleza, habíale arrancado, en un banquete, una
+confesión explícita, aunque no pública, de sus nuevas simpatías
+dinásticas... Un ramo de violetas había sido la ocasión, y un ángel fue
+el instrumento. ¡Feliz el atleta que entra en la nueva senda bajo tan
+poéticos auspicios!...
+
+El suelto delataba por lo cursi la pluma de Pedro López, y el resto de
+la charada fue descifrada sin mas que una leve duda... En buena hora que
+Martínez fuese el atleta; ¿pero cómo diablos podía ser Currita el ángel
+de la adivina?... Uno descifró el enigma.
+
+--De manera muy sencilla... También Lucifer lo fue.
+
+Quedaron todos convencidos, y el Ministerio de Instrucción Pública,
+confiado a las lenguas murmuradoras, comenzó a analizar con
+investigadora atención el hecho de que se trataba...
+
+Desde luego, saltó a la vista de todos una particularidad, por decirlo
+así, de índole doméstica: Jacobo era tan sólo marqués consorte, y
+veníanle sus derechos a la Grandeza exclusivamente por su mujer, de la
+cual estaba separado hacía doce años... Discutióse el punto, y quedó
+convenido, por unanimidad, que el hacer uso de este derecho era, por
+parte de Jacobo, una verdadera indecencia.
+
+Una vez fallado este punto, pasóse a considerar los hilos diplomáticos
+que unían la charada de _La Flor de Lis_ con el oficio del jefe superior
+de Palacio...
+
+Jacobo habíase afiliado después de la Restauración en la _mesnada_
+revolucionaria capitaneada por el atleta Martínez, que tan sólo había
+reconocido hasta el presente al nuevo monarca en un banquete privado y
+bajo el símbolo de un ramo de violetas presentado por un ángel no
+inscrito en las jerarquías celestiales... El hecho, pues, de presentarse
+el marqués consorte en Palacio indicaba a las claras que _el buey Apis_,
+su jefe, daba otro paso adelante, enviando un fiel explorador a la
+fértil tierra de Mesopotamia...
+
+El hecho resultaba evidente, y quedó también convenido que el caso, sin
+dejar de ser una indecencia, era al mismo tiempo un acto político: cosas
+ambas que, según dictamen de peritos, podían aunarse y darse las manos
+en amigable consorcio, como se las habían dado ya el atleta, el ángel y
+el ramo de violetas...
+
+Otro tercer problema apareció al punto sobre el tapete, como
+consecuencia legítima del primero y secuela irremisible del segundo...
+¿Quién sería el padrino que presentase al héroe en la corte?... ¿Quién
+tendría valor suficiente para apadrinar una indecencia y correr los
+futuros contingentes de un avance político?...
+
+Era tradicional costumbre entre los Grandes que habían de cubrirse
+convidar, para ser apadrinados en la ceremonia, a aquel otro Grande ya
+cubierto que de cerca o de lejos fuese el jefe de la familia; y éralo de
+la de Sabadell el anciano duque de Ordaz, prototipo de honradez y de
+nobleza...
+
+Los olfatos más diestros en aquello de seguir la pista a un enredo
+pusiéronse al punto en movimiento, y a poco quedó averiguado que Jacobo
+había tenido la desfachatez de convidar al viejo duque, y el noble
+anciano el decoro de negarle la demanda. La incógnita quedó, pues,
+sumida en el pozo del misterio, sin que lograsen sacarla a flote los
+retorcidos hilos de la conjetura; una esquelita litografiada, que vino,
+siguiendo paso a paso al oficio de Palacio, encargóse dos días después
+de tirar de la manta. Los curiosos batieron palmas:
+
+ ¡Albricias, albricias!
+ Padrino tenemos...
+
+En la esquela decía: «El marqués de Villamelón y de Paracuéllar, conde
+de Albornoz y de Calatañazor, suplica a vuestra excelencia se sirva
+asistir a la ceremonia de cubrirse de Grande de España el excelentísimo
+señor don Jacobo Téllez-Ponce Melgarejo, marqués de Sabadell, de quien
+es padrino, para cuyo acto se ha servido su majestad señalar el día 7 de
+febrero de 1878, a las dos de la tarde, en su Real Cuarto».
+
+El éxito sobrepujó a la expectación, y añadióse al caso, nemine
+discrepante, otro tercer carácter... Sin duda era una indecencia, de
+cierto era un acto político y de seguro prometía ser un sainete
+chistosísimo.
+
+El día amaneció nublado, era el viento muy frío, y gruesos copos de
+nieve comenzaron a caer, entrada ya la tarde, cual espesa lluvia de
+jazmines. Un gran landó desembocó entonces como un rayo por la derecha
+del Real, describió un rápido semicírculo en torno de la plaza de
+Oriente y se detuvo frente a Palacio, en la puerta del Príncipe, de
+repente, en firme, con una de esas paradas maestras con que sólo la
+férrea mano de Tom Sickles sabía sujetar un tronco sin destrozarlo. Su
+cara de remolacha aparecía, en efecto, en lo alto del pescante,
+zambullida en enorme cuello de pieles, y su cabeza cuadrada quedó al
+descubierto cuando, saltando Fritz del asiento como empujado por un
+resorte, abrió la portezuela, tieso, acompasado y expedito, como
+verdadero lacayo elegante y correcto.
+
+Asomóse entonces por la portezuela un sombrero de tres picos con plumas
+blancas erizadas, y luego un zapato de charol con hebilla de oro, y una
+pantorrilla bien rellena, calzada con media de seda blanca. Sonó después
+dentro del coche un ¡Berr! formidable, vehemente y angustioso, como el
+del que se arroja a un estanque de agua helada, y apareció al fin,
+uniendo aquellas extremidades, un magnífico abrigo de pieles de marta
+que envolvía al marqués de Villamelón, vestido de gran uniforme. Hubo un
+momento de pausa, en que Fernandito daba pataditas en el suelo, diciendo
+con gran impaciencia:--¡Vamos!...
+
+Apareció entonces la formidable cabeza del _buey Apis_, y a poco, el
+excelentísimo Martínez de cuerpo entero estaba a su lado, envuelto en
+su levitón y con su inseparable garrote en la mano. Otra pequeñita,
+oculta bajo un guante oscuro, asomó entonces por la portezuela, posóse
+en la de Villamelón, y sin tocar casi en el estribo, viose saltar en
+tierra la elegante figura de la marquesa de Valdivieso.
+
+Hubo una nueva pausa, hubo nuevas pataditas de Fernandito, repitiendo
+¡vamos!, y apareció entonces, muy despacito, la roja cabecita de la
+Albornoz, engarzada en un sombrerito negro; recorrió con rápida mirada
+los varios coches detenidos a uno y otro lado de la puerta de Palacio, y
+bajó después lentamente, mirando siempre en torno suyo y diciendo al
+cabo muy disgustada:
+
+--¡Pues no ha venido todavía!...
+
+--¡Si no tiene formalidad ninguna!--replicó Villamelón muy impaciente--.
+Apuesto a que llega tarde. ¿Sabes?
+
+Y como si el reloj de Palacio quisiera aumentar su zozobra, dio en aquel
+momento la una y tres cuartos. Villamelón ofreció el brazo a la
+Valdivieso para subir la gran escalera, y Currita subió detrás apoyada
+en el del _buey Apis_. Por el ramal opuesto subía al mismo tiempo un
+viejo gordo, con la barba blanca muy recortada, hablando vivamente con
+otro viejo flaquito, muy atildado y pulcro; el gordo vestía sencilla
+levita abrochada, y el flaco, uniforme de teniente general con sus
+accesorios de gala.
+
+Al verles Currita, apretó vivamente el brazo del _buey Apis_, diciéndole
+muy por lo bajo:
+
+--Mire usted quién va allí, Martínez... Gallego, el ministro de Gracia
+y Justicia... En cuanto le vea a usted se asusta... ¡Anda!..., ya nos
+mira... ¡Qué delicia!... De fijo que esta noche se declara en el
+gabinete la crisis...
+
+La presencia del _buey Apis_ produjo, en efecto, honda impresión en el
+viejo gordo, designado por Currita como ministro de Gracia y Justicia;
+detúvose un instante sorprendido, llamó la atención de su compañero y
+dialogaron breve rato, él como extrañado y suspenso, el otro como
+asombrado de su extrañeza.
+
+La cosa íbase formalizando; desde la caída de Amadeo no había entrado
+Martínez en Palacio, y su presencia allí en aquel momento, aunque fuera
+sólo como curioso, prestaba al acto de Jacobo una sanción pública que
+acrecía su importancia. El excelentísimo Martínez, mirando de reojo al
+ministro, manifestó deseos de conocerle; Currita no le dejó acabar.
+
+--Pues nada más fácil... Ahora mismo; ya verá usted...
+
+Y contestando con un gracioso saludo al profundo que ya en lo alto de la
+escalera le hacían los dos viejos, dijo de pronto:
+
+--¡Gallego!... Un momento... Tengo que pedirle a usted un favor...
+Necesito una cruz sencillita..., una encomienda de Isabel la Católica o
+de Carlos III, cualquier cosa... Se casa un chico de mi apoderado de
+Granada y quisiera hacerle ese regalito... Es un poquillo vanidoso y le
+gusta colgarse dijes... Con que le mandaré a usted una notita... ¿Eh,
+Gallego?...
+
+Y luego, de repente, como cayendo en la cuenta:
+
+--¡Ay, por Dios, dispénseme!... ¿No conocía usted a Martínez?...
+Martínez..., el señor Fernández Gallego, ministro de Gracia y
+Justicia... Mi buen amigo, don Juan Antonio Martínez...
+
+Saludáronse ambos personajes con grandes cortesías, y Currita, con el
+airecillo de princesa de los Ursinos, propio de las mujeres cuando
+juegan en público a las muñecas con los hombres políticos, comenzó a
+caminar entre ellos hacia la puerta de la Saleta. Allí la esperaba
+Villamelón, nervioso, azorado, impaciente, mirando sin cesar hacia la
+entrada de la escalera...
+
+--Pero, Curra, por Dios, te quedas parada por todas partes. ¿Sabes?...
+¿Y Jacobo no ha venido?... De fijo que llega tarde... Tú busca un buen
+sitio y llévate a Martínez. ¿Me entiendes, Curra?... Con esa calma, ni
+vas a oír a Jacobo, ni me verás a mí tampoco... ¡Anda!... ¡Las dos ya en
+Palacio!... ¡Se acabó! Me deja plantado; ahora sí que llega tarde...
+
+Y tarde y apresurado llegaba, en efecto, Jacobo en aquel momento por el
+extremo de la galería, airosamente terciada la capa blanca de
+santiaguista con que encubría su pintoresco uniforme de maestrante de
+Sevilla.
+
+Villamelón no le dejó respirar; apenas si pudo cruzar una cariñosa
+sonrisa con la dama, un apretón de manos con Martínez, y el impaciente
+padrino, tirando de él a la rastra, llevóselo por la puerta de la
+Saleta. Esperaban allí los Grandes que habían de cubrirse y los que
+habían de apadrinarles, formando un brillante conjunto de vistosos y
+variados uniformes, entre los que se destacaban las negras manchas de
+alguno que otro frac de severo e irreprochable corte.
+
+Mientras tanto, disponíase en la antecámara la aristocrática ceremonia,
+instituida en rigor de verdad por el emperador Carlos V, cuando limitó
+el privilegio de cubrirse ante el rey, común antes a todos los títulos,
+a doce Grandes de España, que se llamaron desde entonces _Grandes de
+primera clase_, y fueron los duques de Medinasidonia, Alburquerque,
+Infantado, Alba, Frías, Medina de Rioseco, Escalona, Benavente, Nájera,
+Arcos, Medinaceli y el marqués de Astorga.
+
+De entonces acá apenas ha variado esta ceremonia, que acostumbra a
+celebrarse, como la mayor parte de los actos de etiqueta, en la
+antecámara de los reyes.
+
+Forma esta pieza un vasto cuadro, de severa magnificencia, cuyo techo,
+pintado por Maella, representa una alegoría capaz de infundir pavor a
+todos los grandes personajes que por allí pasan, destinados a figurar en
+la historia: la Verdad, descubierta por el Tiempo. Entrando por la
+puerta de la Saleta ábrense a la derecha dos balcones que dan a la plaza
+de la Armería, a la izquierda dos puertas que llevan a los aposentos
+interiores, y al frente una mampara que comunica con la cámara.
+
+Hállase tapizada toda la pieza de rica tela azul muy oscura, con grandes
+flores de lis, y las iniciales _A_ y _B_ entrelazadas y realzadas en
+terciopelo; cuatro grandes retratos de Carlos IV y María Luisa, Fernando
+VII y la reina Amalia III ocupan los huecos correspondientes a uno y
+otro lado de las puertas de la cámara y la Saleta. Alrededor de los
+muros hay banquetas de la misma tapicería que cubre a estos, y cinco
+soberbias consolas de mármol y bronce sosteniendo candelabros y bustos
+de Isabel II y Francisco de Asís, Felipe V y Fernando VI.
+
+Entre los dos balcones, sobre una de estas consolas y frente a una
+chimenea de mármol jaspeado que corona un colosal espejo, vese otro gran
+busto de Carlos III, cubierta por el manto real la armadura, ricamente
+cincelada.
+
+Hallábanse abiertas todas las puertas de la antecámara, excepto la de la
+Saleta, y apiñábanse detrás de las cortinas las familias y amigos de los
+Grandes, deseosos de contemplar el señoril espectáculo. Ante la puerta
+de la cámara veíase una mesa cubierta por rico paño de terciopelo
+granate, y un gran sitial destinado al rey.
+
+A las dos en punto entró este por la puerta de la cámara, seguido del
+mayordomo mayor, el Grande de servicio, los ayudantes y todos los
+Grandes ya cubiertos; vestía el rey uniforme de capitán general y traía
+el tricornio en la mano. Sentóse y cubrióse, y los Grandes se cubrieron
+y quedaron en pie a uno y otro lado de la Saleta.
+
+Iba a comenzar la ceremonia.
+
+El secretario de la Real Estampilla, destinado a dar fe del acto, abrió
+entonces la gran puerta de caoba maciza y dijo, anunciando:
+
+--Señor..., el marqués de Benhacel.
+
+Era este el Grande que, como más antiguo, debía de cubrirse primero;
+entró entonces un joven dando la mano derecha a un anciano y la
+izquierda al mayordomo de semana que estaba de servicio. Vestía el joven
+el uniforme de gala de capitán de artillería, y el viejo, decrépito y
+encorvado, el de almirante de la Armada, con todo el pecho lleno de
+cruces: era el duque de Algar, abuelo y padrino en aquella ocasión del
+joven marqués que iba a cubrirse. Traía el viejo el tricornio puesto, y
+traía su ros en la mano el joven, dejando al descubierto una cabeza
+enérgica y muy española, un poco tostado el rostro por el sol, con ojos
+negros vivísimos, que parecían retratar el temple de acero de una raza
+de valientes.
+
+Su entrada fue magnífica, y un murmullo de respetuosa simpatía acogió a
+la ilustre pareja, que apareció en la puerta, apoyada en la juventud la
+vejez, como una esperanza evocando un recuerdo, como una alegoría de la
+experiencia conduciendo de la mano al valor, a depositar una espada sin
+mancilla en las gradas del trono.
+
+En el dintel mismo de la puerta hicieron ambos la primera reverencia de
+corte, en el centro del salón la segunda, y frente a frente ya del rey
+la última; saludaron después a los Grandes colocados a derecha e
+izquierda, y estos contestaron al punto quitándose los sombreros.
+
+El viejo duque y el mayordomo hiciéronse entonces un paso atrás y quedó
+solo el Grande novicio en mitad de la sala. El rey, haciendo un saludo
+militar, dijo:
+
+--Marqués de Benhacel, cubríos y hablad.
+
+Cubrióse en el acto el marqués, y dirigiéndose al rey, pronunció un
+breve discurso, en que, según la costumbre, trazó a grandes rasgos la
+gloriosa historia de su familia, que comenzaba en aquel Fortún de
+Torres, que peleó con Alfonso el Sabio y murió en el Alcázar de Jerez,
+agarrando con los dientes la bandera de su rey, por no poderla ya
+sujetar ni defender con sus dos manos mutiladas...
+
+La voz del artillero, tímida y entrecortada al principio, fuese poco a
+poco vigorizando, cual si aquellos hechos gloriosos encontraran en su
+corazón eco suficiente para imitarlos, y cuando llegó a describir un
+episodio de Trafalgar, que llamó último timbre de su familia, su acento
+vibraba con esas misteriosas inflexiones del sentimiento que parecen
+elevar al orador a una esfera más alta, prestándole no sólo facultad
+para persuadir y fuerzas para conmover, sino hasta derecho para
+mandar...
+
+Gravina agonizaba en la cámara, y el navío _Príncipe de Asturias_ volvía
+a Cádiz desmantelado, al mando de un hombre que entró en el combate con
+tres hijos y volvía a su hogar con uno solo, el más joven, guardia
+marina de pocos años. La tempestad arreció al promediar la noche y fue
+necesario picar un palo, que quiso la desgracia quedase sujeto por un
+cable a la cofa, haciéndole escorar con riesgo cierto de hundirse; tres
+gavieros subieron uno tras otro a cortar el cable, y a los tres los
+arrebató la borrasca y los sepultaron las olas.
+
+Entonces, aquel hombre de hierro, que vio a la diezmada tripulación
+temblar ante la horrible obediencia, volvióse a su hijo, único que le
+quedaba, ídolo de su corazón y esperanza última de una gran familia, y
+díjole tan sólo:
+
+--Señor guardia marina... A usted le toca.
+
+El niño, con el hacha entre los dientes, trepó hasta la cofa, y porque
+la Virgen María le ayudó, cortó el cable...
+
+Y en medio de ese profundo silencio que ata las lenguas y humedece los
+ojos, cuando lo sublime embarga el corazón y levanta el pecho con el
+temblor de un sollozo, volvióse Benhacel lentamente al viejo duque y
+añadió, mostrándolo:
+
+--Aquel guardia marina niño era mi abuelo; el héroe era su padre. El
+mío--prosiguió con una voz en que se notaban dejos del llanto--sirvió
+también a su rey en la Armada real hasta el año 68...; en el mes de
+septiembre se arrancó los entorchados y rompió su espada... Yo, señor,
+desenvainé la mía por primera vez en la batalla de Alcolea, y fiel a las
+tradiciones de mi raza, vengo a ofreceros hoy como Grande la que ya os
+di como soldado...
+
+Y al llevar, diciendo esto, la mano derecha a la empuñadura de la
+espada, vieron todos que le faltaban en aquella los dos dedos de en
+medio. Un casco de granada se los arrancó en Alcolea.
+
+Benhacel calló, y en medio del homenaje más grande que pueden prestar la
+admiración y el respeto, el silencio, descubrióse, hincó una rodilla en
+tierra y besó la mano del rey; saludó después a los Grandes de uno y
+otro lado, y acompañado de su abuelo, fuese a colocar entre ellos. El
+viejo lloraba como un niño; uno le dijo:
+
+--¡Llora el almirante, y no lloró el guardia marina!...
+
+Por desdicha, no acabó aquí la ceremonia; el secretario de la Real
+Estampilla abría de nuevo la puerta de la Saleta y tomaba a anunciar:
+
+--Señor..., el marqués de Sabadell.
+
+El sainete comenzaba, y apareció entonces Villamelón, solemne,
+imponente, erguida la cabeza, tieso el torso ya algo panzudo, trayendo
+de la mano a Jacobo, que ofrecía el tipo de hombre más hermoso, elegante
+y señoril que pudiera imaginarse. Ajustaba su airoso talle la casaca
+encarnada de los maestrantes de Sevilla, con sardinetas y charreteras de
+plata, y cruzaba su pecho, de un lado a otro, una de esas grandes bandas
+que se crean para premiar el mérito y fomentar la virtud, y se usan para
+satisfacer vanidades o adornar buenos mozos; el calzón de punto blanco
+ceñía la bien formada pierna, y la alta y charolada bota y el tricornio
+con finísimo penacho blanco completaban aquel pintoresco traje.
+
+Cumplido el ceremonial, Villamelón abandonó la mano de su ahijado y
+quedóse atrás, en actitud señoril, pero estudiada, contemplando estático
+las grandes narices de Carlos III, que tenía frente a frente, mirando de
+cuando en cuando con el rabillo del ojo a uno y otro lado, y diciendo
+para sus adentros:
+
+--Mucho me miran... Debo de estar hermoso.
+
+Quedó Jacobo solo en medio de la antecámara un poco cortado; mas al
+sentirse blanco de una atención, que harto comprendió él no serle
+benévola, crecióse su orgullo y despertó su natural audacia, y lanzó en
+torno una mirada que quiso hacer altiva y fue sólo insolente, quiso
+hacer serena y fue solo provocativa.
+
+Los curiosos se apiñaban tras las cortinas, y Currita, en primera fila,
+devoraba a Jacobo con la vista; Martínez, a su lado, estrujado casi
+contra el quicio mismo de la puerta, no podía verle, mas prestaba oído
+atento, lleno de ansiedad, mordiendo con la cabezota baja el puño de su
+garrote.
+
+Tras la mampara de la cámara, a espaldas mismas del rey, sentíase el
+crujir de algunos trajes de seda; díjose después que desde allí había
+presenciado la reina la ceremonia.
+
+Los Grandes alargaban las cabezas, ansiosos de oír a Jacobo... Acababan
+de ver retratado, cual en un espejo, en el discurso de Benhacel, lo que
+debe de ser un Grande, lo que significa aquel lema de la antigua
+hidalguía: _nobleza obliga_, que no exige ciertamente que cada título
+de Castilla sea un genio, ni cada Grande de España un héroe, ni cada
+apellido ilustre un santo; porque ni el genio se hereda, ni la
+inteligencia se vincula, ni el heroísmo es un pergamino, ni la santidad
+un mayorazgo. Pero que exige e impone, con la fuerza imperiosa de un
+deber de conciencia, la obligación de considerar en la Grandeza una
+_carga_ a la vez que un _honor_; de servir de ejemplo en los
+pensamientos, en las palabras, en las acciones y en las costumbres; de
+sostener la dignidad de las glorias que representa; de echar, como
+Breno, el peso de la espada o el peso de la inteligencia en la balanza
+en que oscilan la ruina y el esplendor de las naciones; de sentir algo
+más que voluptuosidades; de querer algo más que placeres; de saber
+defender un trono cuando se hunde, como en España el 68; de saber morir
+como un rey cuando le degüellan, como en Francia el 93.
+
+Y entonces, reciente aún aquella impresión nobilísima que elevaba las
+inteligencias y movía los corazones, iban a ver en Jacobo lo que es esa
+misma grandeza cuando refleja en un charco los rayos de su gloria,
+cuando el vicio la deslustra y la bajeza la empuerca, y el olvido de la
+propia dignidad la pone al servicio de un Martínez, que apoya en ella la
+pataza para encaramarse en lo alto y darle después, una vez arriba,
+desde la cumbre de su insolencia, la más ignominiosa de todas las coces:
+la coz del asno...
+
+Jacobo hablaba bien, y era la más mimada de todas sus vanidades la
+vanidad de su elocuencia; mas no osó, sin embargo, confiar su discurso a
+la memoria, y limitóse a leerlo, temeroso de pasar por alto alguno de
+los habilidosos rodeos con que procuraba sortear los grandes escollos
+que por todas partes le cerraban el paso.
+
+Hízolo, en efecto, con notable maestría, en que creyeron descubrir
+algunos las macizas huellas del _buey Apis_, y cuando cesó de hablar,
+las miradas significativas de todos se cruzaron de uno a otro lado...
+
+El hecho era cierto: Martínez y su mesnada cantaban la palinodia, y el
+Grande de España consorte era el encargado de hacer llevar el reverente
+clamor a los oídos del monarca.
+
+Alarmáronse los parciales del Gobierno, y el señor Fernández Gallego,
+que entre los curiosos andaba agazapado, frunció el acento circunflejo
+que sobre la nariz tenía, a la vista de aquella nube de bárbaros
+hambrientos que salían de los bosques talados de la Revolución y
+amenazaban invadir las fértiles llanuras del presupuesto, que ellos
+solos cultivaban. ¿Cuál sería la actitud del monarca?
+
+Esto se preguntaban todos los ojos y esto excitó todas las curiosidades,
+mientras los doce Grandes que aún quedaban por cubrir leían sus
+discursos y terminaba la ceremonia.
+
+Levantóse al fin el rey, y con la cabeza descubierta dio una vuelta a la
+antecámara, hablando y saludando a todos los Grandes.
+
+Nadie chistaba; había llegado el momento de conocer si el memorial de
+Martínez era acogido o rechazado, si era necesario pactar con los
+invasores o perseguirlos, como a perro que huye, con maza al son de
+almireces y cencerros, hasta los confines de sus bosques desiertos.
+
+Hubo un mal síntoma: el rey pasó ante Villamelón sin hablarle,
+haciéndole tan sólo un leve saludo; detúvose después un gran rato con el
+viejo duque de Algar y su nieto, y llegó al fin a Jacobo, que se hallaba
+de pie en pos de estos. Hubiérase podido escuchar en la antecámara el
+vuelo de una mosca, percibir el rumor de la huella más callada, del paso
+mismo de la muerte.
+
+Paróse el rey ante Jacobo y le miró sonriendo con cierta chusca malicia.
+
+--¿Qué tal, Sabadell?... ¿Y su amigo de usted, Martínez?... Me han dicho
+que le gustan mucho las violetas... Dígale usted que en la Casa de Campo
+las hay muy tempranas... Por allí iré yo el jueves, a las cuatro...
+
+Y sin añadir una palabra más volvióle la espalda.
+
+Harto había dicho, sin embargo, y un resoplido inmenso resonó entonces
+tras la cortina de la izquierda, como el aliento de un pechazo
+comprimido que al fin se desahoga: era _el buey Apis_, el excelentísimo
+Martínez, que hubiera soltado en aquel momento un relincho, como en sus
+expansiones de alegría los mozos de su tierra, y estrujando entre sus
+brutales brazos, como un Hércules que abrazara a un insecto, a su
+ilustre aliada Currita.
+
+Ella, sin poder disimular tampoco el vivo gozo del triunfo, díjole
+imprevisoriamente:
+
+--Martínez... Encargue usted el uniforme.
+
+Y una vocecita burlona, que jamás se pudo averiguar de dónde había
+salido, contestó a su espalda:
+
+--Con que vuelva del revés el de don Amadeo, sale del paso sin gastos...
+
+Quedaba aún la parte más pintoresca de la ceremonia, que había de ser
+para Jacobo la apoteosis del triunfo. Retirado el rey a sus
+habitaciones, salieron de la antecámara por orden de antigüedad los
+Grandes recién cubiertos, para ser presentados al Cuerpo de
+Alabarderos.
+
+Hallábanse estos formados a uno y otro lado de la doble escalera, y los
+Grandes, llevando a la derecha a sus padrinos, debían de bajar por un
+ramal y tornar a subir por el otro, al son del golpe de las alabardas,
+que les hacían el saludo de honor.
+
+Los curiosos llenaban el frente de la galería y la parte baja de la
+soberbia escalera, cuya bóveda, pintada por Giaquinto, representaba a la
+España ofreciendo a la Religión sus virtudes y trofeos.
+
+Cuando Jacobo puso de nuevo el pie en la galería, y salieron a su
+encuentro Currita y otros amigos, ansiosos de darle la enhorabuena, el
+orgullo satisfecho reflejaba en su semblante una especie de vértigo, y
+hubiera gritado como el Nabucodonosor de la ópera:
+
+_¡Io non Ré, so Dio!..._
+
+Buscó con la vista a Martínez y viole a diez pasos de distancia, con la
+cabezota ladeada, apoyado en su garrote, y su risa de paleto sobre los
+labios, recibiendo también sus homenajes.
+
+Un grupo de palaciegos le rodeaba, oprimiéndose y estrujándose por
+estrechar su velluda manaza entre las suyas finas y enguantadas, al
+compás de previsoras lisonjas. El general que acompañaba antes al
+ministro de Gracia y Justicia invitábale muy finamente a una cacería en
+sus tierras de Pardillo; era Grande de España, y llamábanle en Palacio
+el _cuclillo indicador_, por ser siempre el primero en adivinar la mata
+por donde había de saltar un ministro.
+
+Nevaba furiosamente, y angustiado Fernandito, daba prisa por marcharse.
+Currita convidó a comer a Martínez y a Jacobo, y ambos aceptaron; mas
+este quiso llegar antes a su casa para quitarse el uniforme.
+
+En la bandeja destinada en la antesala a recibir las tarjetas y las
+cartas, vio un gran oficio entrelargo y lo recogió al paso, mientras le
+quitaba Damián la blanca capa de santiaguista, con la roja cruz en el
+lado izquierdo. Molestábale mucho una de las altas botas del uniforme, y
+sin esperar a Damián, quiso quitársela él mismo, en cuanto entró en la
+alcoba; no pudo, sin embargo, conseguirlo del todo y quedóse con ella a
+medio descalzar, sentado en una butaca, esperando al ayuda de cámara.
+Tardaba este, e impaciente Jacobo, abrió mientras tanto el oficio.
+
+Sobre un pliego de papel blanco vio destacarse ante su vista el sello
+rojo que había cerrado en otro tiempo el sobre exterior de los
+documentos masónicos.
+
+Miróle un momento aterrado. Parecíale una gota de sangre.
+
+
+
+
+--VI--
+
+
+Era al día siguiente domingo de Carnaval, y Madrid amaneció con el suelo
+emporcachado y el cielo radiante, como una meretriz coronada de flores y
+sentada en un charco; un fuerte viento del Norte había barrido las nubes
+y helado por los rincones los restos de nieve que habían logrado
+sustraerse a las pesquisas de la escoba municipal.
+
+El frío era grande y ayudaba a la pereza a mantener agazapados entre
+las calientes ropas del lecho aun a los más madrugadores. Damián oyó las
+ocho en su cama y volvióse del otro lado, esperando que el señor marqués
+no necesitaría de sus servicios, según su costumbre, hasta muy entrada
+la mañana; un violento campanillazo vino, sin embargo, a hacerle saltar
+despavorido...
+
+El señor marqués llamaba, y llamaba tan de prisa, que aun antes de que
+Damián lograse medio vestirse sonaron otros dos fuertes repiquetes, en
+cuyo timbre creyó reconocer el ayuda de cámara todas las intemperancias
+del mal humor que se desborda y de la impaciencia que estalla.
+
+Arreglándose con los dedos la negra y rizada cabellera, abrió
+violentamente la puerta del despacho, para llegar por allí más pronto a
+la alcoba y quedóse parado en el dintel, tieso como un huso, cuadrado
+como un quinto y estupefacto cual si hubiese visto levantarse el sol en
+mitad de la noche.
+
+El señor marqués, vestido ya por completo de mañana, hallábase sentado
+junto a su mesa de escribir, con una carta cerrada en la mano.
+
+--¿El señor marqués ha llamado?...
+
+--No he llamado... he repicado trescientas veces--exclamó Jacobo con
+ira; y dominándose al punto, alargó a Damián la carta, diciendo sin
+mirarle:
+
+--Esta carta a su destino... La llevas tú mismo al momento... Si no
+viviese allí ese... señor, que bien pudiera ser, preguntas al portero
+dónde se ha mudado y allí la llevas... ¿Te enteras?...
+
+Hizo Damián una muda reverencia, y salió leyendo el sobrescrito de la
+carta, que era el siguiente: «Señor don Francisco Javier Pérez Cueto.
+Calle de X**, número 10, tercero, derecha».
+
+Encogióse Damián de hombros, por parecerle el tal Pérez Cueto algún
+pobre diablo que no merecía se molestase él en llevarle una carta, y
+Jacobo quedó solo, preguntándose qué se hace un hombre en esta vida
+levantado desde las ocho de la mañana.
+
+La campana de la vecina iglesia de San José comenzó a tocar en aquel
+momento, como si quisiera contestarle que ir a misa, y Jacobo recordó
+entonces que hacía catorce años, desde el primero de su matrimonio, que
+no había oído ninguna.
+
+Sintió entonces cierta tristeza, cierto malestar que le aquejaba, a
+pesar de sus satisfacciones de la víspera, desde el momento en que los
+masones habían repetido por segunda vez aquella ridícula _broma del
+sellito_, que ahora como entonces había venido a asustarle primero, a
+irritarle después y a despertar, por último, su fogosa e irreflexible
+actividad de un momento, a la vista de aquel peligro misterioso que
+hubiera debido conjurar ya dos veces, sin haberlo hecho ninguna.
+Lamentábase entonces de su imprudente apatía, y prometiéndose
+remediarla, confesábase allá en el fondo de su corazón
+
+ Que propio del cobarde es
+ Llorar la ocasión perdida.
+
+No la juzgaba él, sin embargo, pasada del todo, puesto que tenía en su
+poder las cartas de Garibaldi que explicaban su conducta y garantían su
+persona. Cierto que habían perdido ya estas cartas mucho de su fuerza,
+por haber muerto en aquel intervalo el viejo revolucionario y por su
+demora propia en entregarlas, mas no le faltarían a él mentiras
+complicadas y habilidosos enredos para explicarlo todo a su gusto, y
+además, su posición había de variar muy pronto, adquiriendo grande
+importancia.
+
+Opinión de todos fundadísima era que _el buey Apis_ estaba abocado a ser
+presidente del Consejo en cuanto viniera a tierra aquel gabinete que ya
+se tambaleaba, y entonces--¡oh, entonces!--sería él seguramente
+ministro, y desde las alturas del banco azul, teniendo él la sartén por
+el mango, podía ya reírse impunemente, así de las burlas como de las
+amenazas de los masones.
+
+Aquella noche, mientras desvelado daba vueltas en el lecho sin poder
+desechar su inquietud, no obstante sus razonamientos, decidió, sin
+embargo, no esperar esta vez para tomar un partido, al tercer acto de la
+estúpida comedia, a la llegada del tercer sellito...
+
+Venían dirigidas las cartas de Garibaldi a un Hº. Neptuno, gran
+personaje en las logias, que, despojado del tridente, la corona de algas
+y los simbólicos tres puntos, quedaba reducido en la vida ordinaria a un
+don Francisco Javier Pérez Cueto, fabricante de almidón en uno de los
+arrabales de la corte, entidad perfectamente desconocida para todo el
+mundo, tras de la cual, según opinión de algunos, ocultábase cierto
+personaje famoso que vivió y murió haciendo ruido.
+
+Jacobo no lo ignoraba y había tenido ocasión de comprenderlo en sus
+tiempos de amistad íntima con el conde de Reus. A este, pues, Pérez
+Cueto, escribió Jacobo una carta en que con frases muy corteses, a la
+vez que apremiantes, pedíale una entrevista para tratar de un asunto de
+grande importancia; observaba en ella todo el ceremonial masónico y
+firmaba con su antiguo nombre de guerra, Hº. Byron, basado en su
+prodigiosa semejanza con el lord poeta...
+
+Media hora larga debía de emplear Damián en ir y volver de casa de Pérez
+Cueto, y púsose Jacobo mientras tanto a formar en un papelito con las
+cartas de Garibaldi delante, una especie de croquis de las mentiras y
+enredos con que había de probar su inocencia al Hº. Neptuno.
+
+Sorprendióle la llegada de Damián en esta operación todavía, e
+interrogóle al punto con la vista: el señor Pérez Cueto estaba en casa,
+y la carta le había sido entregada. Jacobo respiró desahogado, como si
+viera ya con esto finalizado el negocio, y no ocurriéndosele otra cosa
+que hacer desde aquella hora hasta la del almuerzo, parecióle lo mejor
+meterse de nuevo en la cama; decididamente era una aberración
+incomprensible la de aquellas, gentes que se levantan antes de las doce
+del día.
+
+--Si viene alguna carta--dijo a Damián--me despiertas en seguida... Sí
+no, entra a las dos en punto...
+
+Y como ninguna carta vino, entró Damián en la alcoba a las dos en punto,
+encontrando al señor marqués profundamente dormido. Levantóse este de
+muy mal humor, vistióse muy despacio con su elegancia acostumbrada,
+almorzó parcamente y sin apetito, y marchóse luego al Veloz, dejando a
+Damián la orden de llevarle allí al momento cualquiera carta o recado
+que para él llegase.
+
+En el Veloz disipóse de repente su humor negrísimo y comenzó a reír y
+divertirse como un muchacho; Gorito Sardona y Paco Vélez, asomados a un
+balcón, tiraban a los transeúntes un _saquillo_, y púsose Jacobo a
+ayudarles; era el saquillo un lindo canastito, adornado con cintas y
+cascabeles, y atado con un cordón de seda lo bastante corto para que no
+llegase a dar en los sombreros de los transeúntes.
+
+Lanzábanlo con grande fuerza sobre las damas que pasaban, y asustadas
+ellas con el ruido, encogíanse prontamente, levantando la cabeza;
+entonces, si eran jóvenes y bonitas, arrojábanles una lluvia de dulces y
+flores; si eran viejas o feas, sacábanles la lengua con la mayor
+insolencia.
+
+El juego, aunque poco digno de un futuro ministro, parecióle a Jacobo
+muy divertido y mandó encargar al punto para el día siguiente, en la
+Mahonesa, un par de arrobas de confetti, especie de bombones rellenos de
+harina con que se apedrean las máscaras en el _corso_ de Roma.
+
+Al oscurecer, abandonó Jacobo el balcón para dirigirse a casa de
+Currita, donde estaba citado con _el buey Apis_ desde la víspera; cierto
+senador famoso, disgustado recientemente con el Gobierno, había
+solicitado de Martínez, por medio de la dama, una entrevista, y ella
+apresuróse a ofrecerles, como terreno neutral, su propia mesa; ambos
+debían, por lo tanto, comer aquella noche en casa de la Albornoz con
+este objeto, y Jacobo, el niño mimado del nuevo partido, no podía faltar
+tampoco en aquella ocasión al lado de su jefe.
+
+El futuro ministro subió por la calle de Alcalá, atravesó la Puerta del
+Sol y entró por la calle del Carmen; frente a la iglesia de este nombre
+había parada una grotesca estudiantina, vestida de amarillo y encarnado,
+tocando desentonadamente el vals de _La Gran Duquesa_.
+
+Un hombre muy alto, encaramado sobre unos zancos que le ponían al nivel
+de los segundos pisos, recogía propinas de los balcones, tocando el
+clarinete y haciendo piruetas; la multitud reía en torno, contemplando
+las contorsiones del volatinero, y algunos grotescos mascarones
+chapaleteaban sobre el fango, dando vueltas vertiginosas al compás del
+vals canallesco.
+
+Las sombras del crepúsculo prestaban un tinte oscuro y asqueroso a aquel
+cuadro de arrabal, en que parecía revolcarse sobre el cieno de las
+calles el cieno de las almas.
+
+Jacobo procuraba abrirse paso a través del gentío, arrimándose a la
+escalerilla de la iglesia; mas detúvose de pronto sorprendido y ocultóse
+al punto como asustado, detrás de unos mascarones, cubiertos con
+pingajientas colchas de zaraza atadas por la cabeza, que saltaban
+delante de él medio borrachos.
+
+Al lado mismo de Jacobo, y en su dirección misma, marchaban dos hombres,
+al parecer extranjeros, agarrados del brazo para no separarse el uno del
+otro entre los remolinos de la gente. Llevaba el más viejo una bufanda
+encarnada que le cubría la camisa, un sombrero calabrés algo mugriento y
+un arete de oro en la oreja izquierda; el más joven era bajo, rechoncho
+y sin pelo de barba en la rolliza cara.
+
+Quedóse atrás Sabadell, mirándoles muy espantado, como si quisiera
+reconocerles...
+
+No había duda: era el más viejo un italiano llamado Cassanello, que
+había conocido él en las logias de Milán y vuelto a ver aquel mismo año
+en Caprera, en casa de Garibaldi.
+
+Los dos hombres se volvieron de repente por no poder atravesar el
+gentío, y asustado Jacobo cubrióse al punto el rostro con el pañuelo
+cual si se limpiase las narices, y subiendo muy de prisa la escalerilla
+del Carmen, entróse en el templo...
+
+Al pronto no vio nada, sino una gran oscuridad cortada en el fondo por
+un foco de luz brillantísimo, en cuyo centro estaba expuesto en la
+custodia el Santísimo Sacramento. Distinguíase al pie del altar una gran
+masa negra, y salía de ella a intervalos un suave clamor, lento y
+pausado, que parecía contestar a otra voz más enérgica y acentuada:
+
+--Ora pro nobis!...
+
+Detúvose el fugitivo un momento, turbado, con cierto pavor respetuoso,
+semejante al del profano que se encontrara de repente en el fondo de las
+catacumbas, en medio de los divinos oficios; a lo lejos, oíanse en la
+calle el vals de _La Gran Duquesa_ y los gritos de la canalla... Dio
+entonces dos pasos a tientas, extendiendo el brazo para salir por la
+puerta de enfrente a la calle de la Montera, y tropezó con un
+confesonario arrimado a la pared de la derecha; abrióse al punto la
+puertecilla baja de delante y apareció una mano muy blanca pegada a una
+manga negra. Jacobo retrocedió un paso sorprendido, y la puertecilla se
+volvió a cerrar, y tornó a desaparecer la mano, oyéndose una voz pausada
+que decía en el fondo de aquellas tinieblas:
+
+--Dispense usted... Creí que venía a confesarse...
+
+Sublevóse el impío orgullo de Jacobo ante aquellas sencillas palabras y
+contestó brutalmente:
+
+--Eso se queda para las viejas...
+
+La voz, sin perder su serena pausa, dijo entonces desde las tinieblas:
+
+--_Vocavi et renuistis_...
+
+--_Vocavi et renuistis_?--preguntóse Jacobo sin comprender el
+significado de la terrible frase.
+
+Y abriendo violentamente la puerta una gran bocanada de aire ensordeció
+sus oídos con el vals de _La Gran Duquesa_, apagando por completo el
+dulce silbo del cielo, el piadoso clamor de la misericordia:
+
+--Ora pro nobis!...
+
+Por calles extraviadas y volviendo siempre la cara atrás, cual si le
+persiguiesen, llegó a casa de la Albornoz muy agitado. El encuentro de
+aquel hombre en aquellas circunstancias habíale inspirado un terror muy
+parecido al que sintió meses antes, al ver vacíos en el álbum del tío
+Frasquito los huecos ocupados en otro tiempo por los tres sellos. ¿Qué
+vendría a buscar aquel pajarraco en la corte? ¿Tendría que ver algo su
+venida con el asunto de los masones? ¿Habría acaso en todo aquello algo
+más que una estúpida broma?
+
+Encantadora estaba Currita aquella noche con sus rojos pelitos peinados
+a la griega y una extraña _toilette_ un poco abigarrada, muy propia del
+caprichoso tiempo de carnestolendas. No había ido por la tarde al paseo
+del Prado; incomodábala mucho aquel eterno dar vueltas de los días de
+Carnaval, expuesta siempre a oír las desvergüenzas que escupen la
+envidia y la insolencia tras el anónimo de una careta... ¡Cuántas había
+escuchado ella antes de salir escarmentada! Quedóse, pues, en su casita,
+como mujer de provecho, cuidando de Fernandito, que andaba desmazalado,
+y ya entrada la noche, llegó primero el excelentísimo Martínez y a poco
+el senador del reino don Vicente Cascante.
+
+Jacobo no había venido todavía, y disgustada Currita por creer que toda
+palabra del _buey Apis_ pronunciada a espaldas de aquel amigo querido
+era un fraude que a este se hacía, salió impaciente en su busca. Solía
+Jacobo algunas veces entrar en el _boudoir_ o en las habitaciones de
+Fernandito como persona de la más familiar confianza, y no parecer en el
+salón hasta el momento mismo de la comida. Al atravesar una antesala,
+encontróse Currita un lacayo, que le presentó una carta en una bandeja
+de plata.
+
+--Para el señor marqués de Sabadell--dijo.
+
+Tomóla al punto Currita, con grande prisa, y miró el sobre; era su letra
+una de esas letras inglesas de mujer, de rasgos firmes y corridos, y por
+debajo del nombre de Jacobo, decía: _Urgentísima_.
+
+--¿Quién ha traído esto?--preguntó.
+
+--Damián la ha traído... El señor marqués ha estado todo el día
+esperando esa carta, y dejó dicho que en cuanto viniera se la llevaran
+al Veloz... Damián fue allí y el señor marqués había ya salido; tomó
+entonces un coche y la trajo aquí corriendo.
+
+Currita quedóse un instante muy pensativa y dijo al cabo:
+
+--¿Y el señor marqués no ha venido?
+
+--No ha venido todavía.
+
+--Está bien; yo se la entregaré cuando venga.
+
+Y con la carta en la mano entróse en el _boudoir_, arrugando el
+entrecejo, la boca fruncida y torvos los claros ojitos... A la luz de la
+gran lámpara sostenida por el negro de ébano tomó a registrar la carta
+por todos lados; era el sobre de rico papel muy recio, no tenía timbre,
+sello ni inicial alguna, y venía ligeramente pegado con la misma goma de
+los bordes.
+
+Currita introdujo un fino cuchillo de marfil por debajo, y el recio
+papel, sin doblarse ni romperse, se despegó fácilmente. Venía dentro una
+de esas tarjetas cuadradas en que suelen escribir sus esquelas las damas
+elegantes, cortada de intento la esquina superior izquierda, en que sin
+duda debió de haber algún timbre o algún nombre. En breves renglones
+decía: «La cita que me pide me compromete mucho; pero cedo a los
+sentimientos que me inspira, y le espero esta noche, de doce a una, en
+la calle de X**, número 4, principal, derecha. Silencio y discreción. No
+diga al portero mi nombre: pregunte por la señora de Rosales.--N.»
+
+--¡Qué delicia!--murmuró Currita; y mordiéndose los labios hasta hacerse
+sangre, volvió a leer por dos veces la carta, sentándose antes en una
+butaca.
+
+Quedóse luego, pensativa breve rato, sin que denunciase su alteración
+más que un imperceptible temblorcito en la mano que sostenía la carta,
+una ligera crispatura en los labios, un torvo reflejo en la vista, fija
+siempre en la alfombra. No era ya su mirada la de la ninfa Calipso,
+orgullosa, placentera, rebosando vanidad satisfecha y gratas
+satisfacciones; era la mirada celosa, furibunda y salvaje, de la Medea
+que describe Séneca, terrible e imponente en medio de su sombría calma.
+
+Sin perder un punto de la suya, escribió Currita en un plieguecillo de
+papel timbrado las señas que venían en la carta; volvió a leerla por
+cuarta vez y la metió de nuevo en el sobre, tornando a pegar este con
+una poca de goma. Mantúvola un momento al calor de la chimenea, para dar
+tiempo a que se secase por completo, y arrejóla luego sobre su lindo
+escritorio. Entonces llamó a Kate.
+
+--¿El señor marqués de Sabadell ha venido?
+
+--Ahora mismo acaba de entrar y está en el salón de los señores.
+
+--Ahí encima debe haber una carta... Que se la entreguen en seguida.
+
+Tomóla Kate de sobre la mesa y se dirigió a la puerta; mas la señora,
+siempre taimada y astuta, y sin dejar ver a nadie el juego de sus
+cartas, dijole con voz muy displicente y quejumbrosa:
+
+--Mira, hija, prepárame antes una dosis de antipirina... ¡Me está
+barruntando una jaqueca!
+
+Volvió Kate a poco, revolviendo en una copa, con preciosa cucharilla, la
+medicina pedida.
+
+--¿Han entregado la carta?--preguntó Currita.
+
+--Como dijo la señora condesa que trajesen antes la antipirina...
+
+--Pues anda, mujer... ¡Si dice en el sobre urgente!...
+
+No bien salió Kate, arrojó Currita en la chimenea la medicina y
+dirigióse muy de prisa al salón azul, donde acababa de entrar Jacobo.
+Quería ver ella de cerca la impresión que causaba a este la lectura de
+la carta; un momento después presentábasela un criado en una bandeja de
+plata.
+
+Abalanzóse a ella Jacobo con grandes ansias, y sin mirar apenas el
+sobre, rasgólo en dos pedazos... Currita le devoraba con la vista, mas
+no pudo notar en su rostro señal de gozo ni satisfacción alguna; observó
+tan sólo una gran ansiedad mientras leía, y luego una honda preocupación
+que le duró toda la comida. A veces, charlaba largo rato, sin cesar un
+punto, con cierta excitación nerviosa que prestaba brillantez a su
+conversación y alarmaba a Currita; otras, enmudecía de repente y
+quedábase pensativo y preocupado, sin prestar apenas atención a lo que
+en torno de él se hablaba.
+
+Hallábase muy perplejo; había comprendido desde luego que aquella
+extraña carta era la respuesta del Hº. Neptuno, porque a nadie sino a
+este había pedido él cita alguna; mas extrañábale, por lo mismo, la
+singular manera de su redacción y el empeño manifiesto que en ella se
+notaba de encubrir todo lo que pudiera denunciar su carácter masónico y
+hacerla tan sólo como una cita galante y misteriosa, según la había
+juzgado ya, engañándose por completo, la misma Currita.
+
+Despertóle esto la fundada sospecha de si la carta ocultaría algún lazo,
+y de nuevo renacieron sus temores; mas recordó luego las mojigangas
+ridículas y los aparatosos misterios de que suelen rodearse siempre los
+masones, y esforzóse por creer lo que más halagaba sus deseos y
+ahuyentaba sus recelos: que en todo aquello había tan sólo una broma
+impertinente y ridícula que había que apurar hasta el cabo, y que la
+carta de Pérez Cueto era el chasco de Carnaval que debía coronarla. De
+repente, en uno de aquellos momentos de preocupación que la lucha de
+estas ideas le causaba, dijo a don Casimiro Pantojas, que se hallaba a
+su lado:
+
+--Diga usted, Pantojas... ¿Qué significa _vocavi et renuistis_?...
+
+Miróle el bueno de don Casimiro muy asombrado, y satisfecho de poder
+lucir su erudición, contestóle al punto:
+
+--Significa literalmente _te llamé y me rechazaste_... y son las
+palabras de Isaías, si mal no recuerdo, que dirige el Señor a los
+pecadores empedernidos que resisten a su misericordia.
+
+Echóse Jacobo a reír, y Currita le preguntó con malicia:
+
+--¿Piensas hacer en el Senado alguna homilía sobre ese texto?
+
+--No pienso yo hacerla, sino que me la han hecho a mí esta
+tarde--contestó Jacobo.
+
+Y añadiéndole ridículos pormenores, contó la escena del confesonario en
+la iglesia del Carmen, guardándose muy bien de decir el verdadero motivo
+de su entrada en el templo: según él, habíale sido imposible el tránsito
+por la calle del Carmen, y atravesó por la iglesia para salir a la de la
+Montera. Riéronse todos mucho de la ocurrencia del cura, y el señor don
+Vicente Cascante, senador del reino, dijo con prosopopeya e hinchazón
+sentenciosa.
+
+--Pero noten ustedes cómo en medio de lo ridículo del caso resalta
+siempre la soberbia y la insolencia del clero... ¡Siempre disponiendo de
+los rayos celestes, como si Dios les hubiera dado a ellos la llave!...
+Eso es insufrible, y cien veces lo he dicho y lo repetiré otras ciento:
+la dureza y la intransigencia del clero es lo que está carcomiendo la
+Iglesia de España.
+
+Y el señor don Vicente Cascante, senador del reino, para enardecer el
+celo de la casa de Dios, que se lo comía, comióse él una pechugita de
+perdiz con gesto de pesar profundo.
+
+A las once de la noche, el palacio de Villamelón parecía, por extraño
+caso, la morada de la quietud y del silencio: la señora condesa se había
+retirado muy temprano a sus habitaciones, a causa de una fuerte jaqueca
+que le molestaba desde la tarde; el señor marqués habíase acostado
+también, aquejado de fuertes mareos, y la numerosa servidumbre, libre de
+toda traba y segura de no ser echada de menos, habíase esparcido acá y
+allá, por los numerosos centros de diversión que ofrecen en Madrid las
+noches de Carnaval a las gentes de todas raleas.
+
+No dormía, sin embargo, todo el mundo en la casa; a las once y media
+abrióse con gran sigilo la puertecilla del jardín pegada por dentro al
+invernadero, y salió a la calle cautelosamente un bulto negro, que cerró
+por fuera y se alejó rápidamente, guardándose la llave.
+
+Era una mujer enmascarada, que, a pesar de sus altos tacones y de la
+especie de gran florón de anchas cintas negras que llevaba en lo alto de
+la cabeza para aumentar su estatura, aparecía muy pequeña: llevaba sobre
+un vestido corto de seda negra un amplio dominó de igual color, y
+abrigábase el cuello, espaldas y brazos, con una rica talma de pieles
+grises.
+
+La incógnita cruzó rápidamente varias callejas sin muestras de miedo
+alguno y entró por la calle Ancha de San Bernardo en la plazuela de
+Santo Domingo. Detúvose un momento en la esquina y miró a todas partes;
+la concurrencia era allí todavía numerosa de máscaras que se dirigían a
+los bailes, transeúntes que iban de un lado a otro y carruajes que
+cruzaban. Hacia la calle de Tudescos había tres simones parados,
+dormitando sus cocheros en los pescantes: dirigióse la incógnita al de
+enmedio, abrió ella misma la portezuela y mandó al cochero, que
+despertaba sobresaltado, parar en el paseo de Recoletos, a la entrada de
+la calle de X**: era esta calle una de las varias que van a parar
+perpendicularmente en la de Serrano.
+
+Apeóse la incógnita en el sitio indicado, y ordenando esta vez al
+cochero que aguardase, entró por la calle X**, mirando a una y otra
+acera, como si inspeccionase el terreno. Es esta calle muy corta, y
+formábanla en aquel tiempo, por la acera de la izquierda, la gran verja
+del jardín que rodea a un hotel de Recoletos, un solar lleno de
+escombros y la esquina de una casa de la calle de Serrano, en la cual se
+abría una puertecilla, al parecer condenada; a la derecha, extendíase
+primero la fachada lateral de cierto edificio público; seguía luego un
+hotel suntuoso, y terminaba la acera con otro solar en construcción y la
+esquina de otra casa de la calle de Serrano, en que no había puerta
+ninguna.
+
+La incógnita, en que el lector habrá ya reconocido sin duda a la
+intrépida Currita, pareció muy perpleja: indudable era que en la calle
+X** no existía el número 4, puesto que no había otra casa que el
+suntuoso hotel, y en este vivía precisamente--¡qué coincidencia!--, la
+Mazacán en persona...
+
+¿Vendría quizá equivocado el número de la casa y sería aquella buena
+alhaja la autora de la carta?... Parecióle esto a Currita improbable, y
+un hecho positivo la sacó de dudas: abrióse de repente la gran mampara
+de cristales que cerraba en el hotel el fondo del vestíbulo y apareció
+un coche que vino a detenerse al pie de la escalera; ni el cochero ni el
+lacayo traían librea, ni veíanse tampoco en el coche armas, iniciales o
+corona; al ejercitado olfato de Currita olióle todo aquello, desde
+luego, a principios de aventura.
+
+Bajaron a poco dos damas, vestidas de chulas, con riquísimos mantones de
+Manila, pañuelos de seda en la cabeza y antifaces de terciopelo color de
+rosa; en la estrepitosa carcajada que soltó una al entrar en el coche
+reconoció Currita a Leopoldina Pastor, y en su alta estatura y el aire
+de dueña con que dio al lacayo la orden, adivinó al punto en la otra a
+su mortal enemiga, la Mazacán misma. Arrancó el coche y Currita respiró
+desahogada: indudable era que las dos amigas se marchaban al Real a
+correr alguna _juerga_...
+
+Volvióse entonces la dama a su coche, decidida a esperar allí
+pacientemente, y recatándose lo posible, acomodóse lo mejor que pudo en
+el fondo, sin dejar de mirar por la ventanilla a lo largo de la calle.
+Extendíase esta frente a ella, solitaria por completo, subiendo en suave
+declive hasta la de Serrano, y veíanse cruzar a través, con cierto
+aspecto fantástico, como por el cristal de una linterna mágica,
+transeúntes que el frío hacía marchar apresurados, coches que llevaban
+máscaras a los bailes, y de cuando en cuando, los tranvías que subían y
+bajaban con sordo ruido, pareciendo a lo lejos monstruosos faroles
+ambulantes. Sólo dos reverberos de gas alumbraban la calle; el portero
+del hotel había entornado la puerta, y el cuarto menguante de la luna
+derramaba su suave claridad, permitiendo distinguir claramente los
+objetos.
+
+Un reloj lejano dio las doce y cuarto, y a poco bajó pausadamente de la
+calle de Serrano un hombre muy alto, con gran levitón y sombrero de
+copa, trayendo ambas manos cruzadas a la espalda; parecía un loco
+desocupado que fuera a tomar el fresco de la medianoche en Recoletos, o
+un genio que meditara una obra maestra, o un desesperado que fuera a
+escoger el árbol más a propósito para ahorcarse a la luz de la luna, o
+el lugar más solitario para descerrajarse un tiro en mitad del pecho.
+
+Currita le miró con ese sentimiento de terror que inspira a las altas
+horas de la noche todo lo que suponemos extraño o misterioso, y
+escondióse más en el fondo del coche. En la esquina misma de Recoletos
+cruzóse el hombre del levitón con otro que venía apresuradamente de
+aquel mismo sitio; asomóse Currita al vidrio trasero y el corazón le
+latió con fuerza...
+
+Era Jacobo, gallardamente embozado en una capa andaluza con vueltas
+rojas, y cubierta la cabeza con un sombrero hongo de color claro; torció
+la esquina sin fijarse en el coche y comenzó a subir por la calle ya más
+despacio, examinando las casas atentamente. La misma perplejidad que
+asaltó a Currita asaltóle a él también al notar que faltaba el número 4;
+la dama, ahogándose de ira, veíale marchar con la mano puesta en la
+llave de la portezuela, como si acechase el instante de salirle al
+encuentro.
+
+Jacobo, cansado al fin de dar vueltas, acabando de creer que el asunto
+todo de los masones era una farsa y la carta de Pérez Cueto un chasco de
+Carnaval que debía completarla, decidióse a llamar como última prueba a
+la puertecilla condenada, única que, fuera aparte de la del hotel, había
+en la calle; los golpes retumbaron en el silencio, y un eco muy extraño,
+que asustó a Currita, los reprodujo a lo lejos.
+
+Nadie contestaba, e impaciente Jacobo llamó hasta tres veces, cada vez
+con más fuerza; dio entonces una gran patada en el suelo y, siguiendo
+adelante, dobló la esquina de la calle de Serrano.
+
+Este fue el momento escogido por Currita para lanzarse del coche y
+correr tras de Jacobo, temerosa de que la puerta de la casa estuviese
+por el otro lado y se le escapara dentro. Jacobo, sin embargo, no había
+pensado en esto, o no había podido lograrlo. Encontróle Currita parado
+en la acera, examinando atentamente la fachada de la casa; era esta de
+modesta apariencia y estaba ya la puerta cerrada; en la planta baja
+hallábanse establecidas las oficinas de una agencia funeraria.
+
+Encontráronse los dos amigos frente a frente, y no obstante el disfraz
+de la dama, reconocióla al punto Jacobo; con más sorpresa que disgusto,
+salió entonces a su encuentro:
+
+--¡Criatura!... ¿Qué haces aquí? ¿A qué has venido?...
+
+Ella, agitada por mil sentimientos encontrados, entre los que sobresalía
+la ira, contestó con amarga burla:
+
+--Pues nada... Venía a indicarte dónde está el número 4.
+
+--¿Pero quién te ha dicho eso?--exclamó el otro asombrado--. Vamos, tú
+has creído otra cosa...
+
+Y cogiéndola del brazo dobló con ella de nuevo la esquina de la calle de
+Serrano; entonces, ciega de ira la dama, parada en la acera, cual si la
+rabia la hubiese allí enclavado, comenzó a arrojar por la boca todos los
+sentimientos de su corazón mezclados y confundidos, pero bajo la forma
+siempre del insulto, a la manera que lanza un volcán todas las materias
+contenidas en su seno, formando un solo cuerpo, un solo torrente de lava
+que tala y destruye por dondequiera que pasa... Esforzábase en vano
+Jacobo por probarle su inocencia; ella no le dejaba hablar, y con sus
+flacas manecitas habíale deshecho el embozo, levantando hasta el rostro
+de él las uñas, como si quisiera arrancarle los ojos.
+
+Jacobo, irritado también por la burla de Pérez Cueto, acosado por los
+reproches de Currita y temeroso de perder la amistad, para él
+indispensable, de esta, viose al fin forzado a confesarle toda la
+verdad, con el fin de aplacarla...
+
+Consiguiólo al punto; al oír la dama el nombre de masones, apagóse en el
+acto su ira y llenóse en cambio de un espanto casi pueril, extraño en un
+carácter de tan enérgico temple.
+
+--¡Vámonos, vámonos!--decía--. Por Dios te lo pido, Jacobo; no te quedes
+aquí. ¡Vámonos!
+
+Y con acento de verdadero terror, mirando a todas partes espantada,
+repetía muy bajo:
+
+--¡Excomulgados! ¿Sabes? ¡Están excomulgados!...
+
+Jacobo, creyendo con razón que el terror es contagioso, porque sentía él
+comunicársele el que a la dama le agitaba, procuró, sin embargo,
+sosegarla.
+
+--Pero no seas tonta, mujer, no seas chiquilla... Vámonos si quieres,
+pero sosiégate. ¿No estoy yo contigo?... ¿Has venido sola?...
+
+--Sí.
+
+--¿Pero a pie?... ¡Qué locura!
+
+--No..., tengo ahí un simón...
+
+--Pues te acompañaré en él a tu casa, y me llevará después a la mía.
+
+--¿Traes armas?--dijo ella muy bajo.
+
+--Sí, un revólver.
+
+Siguieron ambos hacia Recoletos, mirando ella a todas partes muy
+azorada, procurando él rechazar con la idea de que era un chasco de
+Carnaval la carta de Pérez Cueto la inquietud que a pesar suyo le
+causaba el extraño terror de Currita.
+
+Al volver la esquina, miráronse ambos en silencio, cual si el exceso de
+su espanto les paralizara las lenguas... El coche había desaparecido, y
+ni por una ni por otra parte del paseo se divisaba a lo lejos.
+
+--¿Le habías ya pagado?--preguntó Jacobo estupefacto.
+
+Y ella, pegándose a él con el temblor de un calenturiento, contestóle
+muy bajo:
+
+--No..., no le había pagado.
+
+El caso era extraño, y Jacobo sintió renacer con mayor fuerza todas sus
+inquietudes; imposible era que el cochero se hubiese marchado sin
+cobrar, si alguien no le hubiera obligado o persuadido a marcharse; tuvo
+entonces un momento de angustiosa perplejidad, de verdadero miedo, que
+pasó por su ánimo naturalmente valiente, estremeciéndolo como a un
+cuerpo robusto un soplo helado.
+
+--Vámonos andando--dijo.
+
+Y ambos echaron a andar agarrados del brazo, sin pronunciar una palabra,
+atravesando diagonalmente el paseo para ganar la acera opuesta, por
+parecerles quizá menos solitaria. Currita marchaba muy de prisa, sin
+mirar a ningún lado, fijos siempre los ojos en las luces de los
+faroles, que le parecían la salvación y la vida, sintiendo a la vez
+deseos y terror insuperables de volver atrás la cara. Al poner el pie en
+la acera, respiró Currita algo más desahogada y atrevióse a mirar a un
+lado y otro; todo parecía solitario, y tan sólo por la calle del
+Almirante vio a un hombre que marchaba a lo lejos, con las manos en los
+bolsillos, silbando la marcha de Pan y Toros. Al pasar por San Pascual
+santiguóse Currita muy de prisa, y Jacobo, oprimiéndola el brazo
+cariñosamente, dijo en son de burla:
+
+--¡Tonta!...
+
+Llegaban al ministerio de la Guerra, y allí Currita se tranquilizó más
+todavía, porque comenzaba a poblarse aquella soledad que la aterraba. Un
+coche subía por la calle de Alcalá y entraba por el paseo del Prado; en
+el jardín del ministerio brillaba el fusil de un centinela, y algunas
+voces de hombres que venían cantando escuchábanse muy de cerca, por el
+lado de allá de la verja.
+
+Forma la esquina del ministerio un pabellón aislado, de un solo piso,
+con cuatro fachadas y tres ventanas en cada una. Dos hombres
+decentemente vestidos, pero dando gritos y risotadas de borrachos,
+volvieron la esquina del pabellón y emparejaron con Currita y con Jacobo
+ante la tercera ventana; el más alto pegóse a la acera, y el más bajo
+llamóse a la corriente, dejándoles pasar por en medio... Hubo entonces
+una terrible escena de un segundo: Currita sintió que un brutal empellón
+le arrancaba violentamente del lado de Jacobo; que otra mano vigorosa
+tiraba del embozo de este, que caía al suelo al pie de la ventana, y
+algo líquido y caliente brotaba como de un surtidor, chorreándole las
+ropas y las manos. El terror diole alas para huir por la calle de
+Alcalá, sin una idea en la mente para definir lo que pasaba, sin un
+acento en la garganta para lanzar un grito... Uno, lastimero y
+agonizante, llegó a sus oídos, y otra voz vigorosa y angustiada hendió
+siniestramente los aires en el silencio de la noche:
+
+--¡Cabo de guardia!... ¡Un hombre muerto!...
+
+Sonó luego por tres veces la voz de ¡alto!, y de seguida, uno tras de
+otro, como dos gritos de protesta y de amenaza, se oyeron dos tiros.
+
+Currita, desfallecida y sin alientos, se agarraba ya a la verja de la
+iglesia de San José; pensó volver atrás, pensó seguir corriendo, pensó
+gritar pidiendo socorro, pensó morirse allí mismo... Oyó entonces los
+pitos de los serenos, sintió abrirse algunas ventanas, vio correr por la
+acera de enfrente un hombre encapuchado, con el chuzo en ristre y el
+farol en lo alto.
+
+El instinto, más bien que la reflexión, hízole comprender entonces el
+riesgo que corría ella misma y huyó de nuevo por la calle del Caballero
+de Gracia, sin detenerse un momento, sin resollar siquiera, sin ver nada
+ni oír nada, ni pensar nada tampoco, hasta que, jadeante y sin saber
+cómo, se encontró en su _boudoir_, rígidos los miembros, huraña la
+vista, fuera de las órbitas los ojos, teniendo delante el negro de
+ébano, que levantaba en lo alto la lámpara encendida como para alumbrar
+en su entendimiento el horrible cuadro y que le mostraba con temerosa
+inmovilidad los blancos dientes en su sonrisa siniestra, eterna como la
+mueca del condenado.
+
+A la luz de aquella lámpara miróse las manos, que sentía húmedas y
+pegajosas, y vióselas teñidas de sangre... Un horror inmenso invadió
+entonces su cuerpo y anegó su alma, y una idea taladró al fin su mente,
+como un clavo ardiendo al empuje de un mazo: la de su hija Lilí,
+arrodillada en el estudio, mostrándole sus manitas manchadas también con
+la sangre de su hermano, repitiendo con la opaca vibración de un terror
+sin medida:
+
+--¡Sangre!... Mamá... ¡Sangre!...
+
+
+
+
+--VII--
+
+
+Una hora larga tardó la justicia en acudir para reconocer y levantar el
+cadáver; hallábase este atravesado en la acera, tendido sobre el lado
+derecho, descansando la cabeza contra el zócalo del pabellón del
+ministerio de la Guerra, debajo de la segunda ventana. Tenía en la sien
+derecha una fuerte contusión, producida sin duda por el golpe dado al
+caer, y en el lado izquierdo del cuello una tremenda puñalada que le
+dividía por la mitad la arteria carótida. Un gran torrente de sangre,
+que de allí había brotado empapaba su ropa y humedecía la tierra. En la
+esquina misma de Recoletos y la calle de Alcalá veíase sobre la acera
+una rica talma de pieles de castor, manchada también de sangre; hasta
+que llegó el juez nadie se atrevió a tocarla.
+
+Pronto quedó identificado el cadáver: encontráronle en el bolsillo la
+esquela recibida aquella misma tarde, dando la falsa cita, las dos
+cartas de Garibaldi al Hº. Neptuno y varias tarjetas en que constaba el
+nombre del marqués de Sabadell. Era este nombre harto conocido, y al
+horror natural que inspira todo crimen unióse entonces en los presentes
+ese espanto mezclado de sorpresa con que ve el vulgo derrumbarse una
+fortuna en el abismo de una desgracia, caer a un poderoso desde los
+almohadones de su coche sobre la mesa destinada en un hospital a hacer a
+los cadáveres la autopsia. La noticia corrió de un extremo a otro de la
+corte, sin hacer derramar una lágrima, pero despertando por todas partes
+la admiración, el espanto y, sobre todo, la curiosidad; la curiosidad
+ansiosa y hasta, por decirlo así, rabiosa de conocer los pormenores de
+aquel drama misterioso, más interesante que los lúgubres episodios de
+Ana Radcliffe y las dramáticas aventuras de Clara Harlowe. Varios socios
+del Veloz corrieron al hospital a ver el cadáver, y en la esquina del
+ministerio de la Guerra viose todo el día un gran cerco de gente
+contemplando con cierta curiosidad pavorosa el pie de aquella ventana en
+que parecía vagar aún la sombra siniestra del crimen. Por la tarde,
+cuando la mayor afluencia de máscaras y de gente acudía al Prado y a
+Recoletos, nadie osaba pisar aquel sitio regado de sangre, y llamábanse
+todos a la acera opuesta, lanzando a la segunda ventana una mirada larga
+y medrosa.
+
+Los periódicos publicaron extensos suplementos que se vendían a gritos
+por las calles, y entonces comenzaron a conocerse y comentarse algunos
+pormenores del crimen. Constaba entre ellos la declaración del centinela
+del ministerio de la Guerra; según este, vio pasar a la una de la
+madrugada, a través de la verja de Recoletos, a un hombre y una mujer
+que venían muy de prisa de la Castellana. Marchaban agarrados del brazo,
+embozado él en una capa andaluza con vueltas rojas, cubierta ella el
+rostro con un antifaz negro y envuelta en un abrigo de pieles grises;
+vio también al mismo tiempo, a través de la verja de la calle Alcalá,
+venir por aquel lado dos hombres gritando y cantando, cual si estuviesen
+borrachos; cruzáronse ambas parejas delante del pabellón, por la fachada
+que da a Recoletos, y allí los perdió el centinela de vista; mas oyó a
+poco en el silencio de la noche el rumor de un cuerpo que cae a tierra y
+uno de esos gritos de agonía que jamás se olvidan ni se confunden; vio
+huir desesperadamente por la calle de Alcalá a la mujer enmascarada y
+vio correr a los dos hombres, borrachos antes y bien firmes entonces,
+uno hacia la Castellana y otro hacia la Plaza de Toros. Tropezó este
+último en la fuente de la Cibeles y oyóse el ruido del agua cual si
+hubiese caído dentro; levantóse, sin embargo, al punto, y su veloz
+carrera púsole bien pronto al abrigo de las tinieblas. El centinela,
+imposibilitado por la consigna y por la verja para abandonar el puesto,
+abalanzóse a los hierros de esta y vio al hombre de la capa tendido en
+la acera; gritó entonces al cabo de guardia, dio a los fugitivos por
+tres veces la voz de ¡alto!, y con el fin de despertar la alarma,
+disparó el fusil por dos veces. Llegaron a poco tres serenos y un
+oficial y dos soldados del ministerio, y por la puertecilla pegada al
+pabellón salieron a la calle: el hombre de la capa estaba ya muerto.
+
+Desprendíase de todo esto que había una _ella_ de por medio, y la
+curiosidad, excitada hasta la rabia, sobre todo en los altos círculos,
+venía a estrellarse contra el secreto de la sumaria. Súpose que en la
+mañana siguiente a la noche del crimen fue preso Damián, el ayuda de
+cámara de la víctima, y llamado a declarar aquella misma tarde un don
+Francisco Javier Pérez Cueto, fabricante de almidón en uno de los
+arrabales de la corte... Desde entonces, ningún signo exterior dio a
+conocer que las investigaciones judiciales adelantasen un solo paso, y
+comenzóse a murmurar, con cierta estupefacción temerosa, que andaba en
+todo aquello la mano de los masones; que los asesinos de Sabadell
+quedarían desconocidos e impunes como los de su amigo el general Prim, y
+que el crimen de Recoletos sería siempre un arcano misterioso, como lo
+fue el de la calle del Turco. Mas de repente, cuando esta voz tomaba
+cuerpo y comenzaba a excitar en los ánimos el terror que infunde todo
+poder oculto y la indignación que inspira toda cobarde añazaga,
+levantóse otra voz contraria, que nadie supo nunca de dónde salía ni
+quién la atizaba, y que se extendió, sin embargo, por todas partes, con
+grandes visos de certeza, a la manera que esparce un pozo subterráneo
+por todos lados sus húmedas filtraciones... Díjose que en el fondo de
+todo aquello había tan sólo una intriga galante, que existía en el
+Juzgado un billetito concediendo una cita y que obraba también en poder
+del juez una prenda acusadora, perteneciente a la _promovedora del
+crimen_: una talma de pieles de castor, marcada por la parte de dentro
+con una etiqueta negra, en que con letras rojas decía: Worth.--Rue de la
+Paix. _París_.
+
+Dos periódicos que, a juicio de muchos, pertenecían a la secta de los
+masones, publicaron violentos artículos contra los tribunales de España,
+que recluyen al pobre como un criminal y le barren de las calles como
+una inmundicia, y se cruzan de brazos y cierran los ojos ante el
+poderoso que oculta sus crímenes bajo una armadura de oro, contra la
+cual se hace pedazos la espada de la justicia.
+
+ Porque un pobre mancebo
+ Hurtó un solo huevo,
+ Al sol bambonea,
+ Y otro se pasea
+ Con cien mil delitos.
+ Cuando pitos, flautas;
+ Cuando flautas, pitos.
+
+El atrevimiento era tan grande, la audacia tan increíble, que extraviada
+la opinión por completo con estas pérfidas insinuaciones, señaló
+entonces con el dedo a la condesa de Albornoz y comenzó a mirarse el
+dintel de su palacio con el mismo horror con que se había mirado tres
+días antes la esquina del ministerio de la Guerra.
+
+¡Singulares extravíos de la conciencia pública, que Dios permite a veces
+en su infinita justicia para castigar con una calumnia el delito
+verdadero que había quedado impune!
+
+Nadie en Madrid pidió cuentas a Currita de la sangre de Velarde,
+derramada a la vista de todos por culpa suya, y ahora le arrojaban al
+rostro la de Sabadell, de la cual se hallaba inocente y hubiera ella
+rescatado con gusto a costa de cualquier sacrificio... Porque el dolor
+de la dama fue en realidad grande, aunque no expansivo ni alborotado;
+uno de esos dolores, por decirlo así, secos, propios de las almas
+enérgicas, que se repliegan sobre sí mismos en el fondo del corazón como
+para no perder su energía, a la manera que el gladiador herido encuentra
+fuerzas en su misma agonía para encoger el cuerpo y doblar los músculos,
+e intentar un último y más formidable avance... Aquella débil mujercilla
+encerraba en su endeble cuerpo una de esas almas enérgicas que se crecen
+a la vista del peligro y lo desafían, y no necesitan en el dolor apoyo
+ni cómplices en el crimen; bastábase ella misma a sí misma, y sacudiendo
+los terrores que la habían invadido la víspera, con el vigoroso empuje
+del toro que arroja lejos de sí los rejones que le lastiman y embarazan,
+aprestóse a la defensa, decidida a arrostrar a pie quieto y con firmeza
+todas las consecuencias de aquella horrible noche.
+
+Mas necesitaba antes que nada reflexionar, trazarse un plan, preparar su
+respuesta y ordenar sus preguntas; y aprovechando la ocasión de hallarse
+en cama Fernandito, postrado por uno de esos ataques de imbecilidad que
+traen consigo los reblandecimientos cerebrales, tomóse todo el día del
+lunes y dio la orden terminante de no recibir a nadie. Creía ella tener
+que habérselas de seguida con las visitas importunas, las preguntas
+indiscretas, las impertinentes lástimas y las molestas compasiones que
+la habían asediado cuando la muerte de Velarde, catástrofe también
+espantosa, que sin saber explicarse el porqué parecíale en estos
+momentos más terrible que le pareció en aquellos primeros instantes.
+Mas, con gran sorpresa suya, pasó todo el día del lunes, y pasó también
+el martes, y llegó y pasó asimismo el miércoles, sin que ningún coche
+parase a la puerta, ni atravesase una sola visita las antesalas, ni
+recibiera el oso del vestíbulo en su bandeja ninguna tarjeta, ni llegara
+tampoco el menor recado, la más insignificante misiva de atención, de
+interés o de consuelo... Aterróla entonces aquella soledad, que no sabía
+explicarse, porque ignoraba que la opinión había atravesado en el dintel
+de su puerta el cadáver de Jacobo; mas cuando llegaron a su noticia las
+voces que corrían y supo que una pérfida y misteriosa mano explotaba el
+funesto hallazgo de la capa de pieles, para hacer recaer sobre ella las
+sospechas del crimen, tuvo en su soledad vértigos de ira,
+estremecimientos de fiera acorralada, y decidió desafiar frente a frente
+a la calumnia con un golpe de enérgica audacia.
+
+La casualidad presentóle bien pronto ocasión propicia; el viernes muy
+bien de mañana trajéronle el aviso de que le tocaba al día siguiente
+hacer su guardia como dama de honor en Palacio. Enviábale este aviso,
+según la costumbre, la dama que había hecho la guardia el día antes, y
+era esta una buena mujer, sencilla y piadosísima, que, desechando como
+terribles calumnias las voces que corrían, apresuróse a cumplir con su
+deber avisando a Currita y dejando al arbitrio de la dama el acudir o no
+acudir a la cita de Palacio.
+
+Por primera vez después de la espantosa catástrofe sonrió Currita, con
+aquella sonrisa de diablillo, señal en ella de alguna idea feliz que
+pasaba por su mente. Tocábale la guardia el sábado, y según la
+tradicional costumbre, habían de asistir los reyes a la Salve de Atocha;
+la novedad atraía todavía gran concurso de gentes a conocer y contemplar
+a la joven reina, y presentándose Currita a su lado, en el primer
+puesto, parecióle que había de detener desde allí los tiros de la
+calumnia. Conocía ella bien el mundo que frecuentaba, que forma sus
+juicios y regula sus actos por los del poderoso que mira en lo alto, y
+creyó con razón que le bastaría presentarse una vez en público al lado
+de la reina y a raíz del suceso, para que todos acallasen sus escrúpulos
+y se apresurasen a conservarla en el puesto de honor que había ocupado
+siempre en la corte.
+
+Sin llamar a Kate, saltó Currita de la cama antes de las nueve y fue a
+abrir ella misma una ventana para enterarse del estado del tiempo: el
+sol brillaba despejado, no se descubría una nube en el cielo y prometía
+la mañana una tarde deliciosa. Currita sintió un movimiento de gozo
+vivísimo que le pareció el presentimiento del triunfo; los carruajes de
+la corte saldrían, por el buen tiempo, descubiertos, y sin duda irían
+después de la Salve a dar una vuelta por la Castellana, donde todo el
+mundo elegante tendría ocasión de verla y contemplarla en su honorífico
+puesto... Algo la espantaba, sin embargo: la idea de que iba a serle
+forzoso pasar por aquel mismo trayecto que había recorrido con Jacobo la
+noche funesta, por aquella misma iglesia ante la cual pronunció su
+última palabra, por aquella esquina en que le había visto caer lanzando
+un gemido de agonía... Mas ¿qué iba a hacer ella? ¿Enterrarse en vida a
+los cuarenta y cinco años? ¿Dejar por escrúpulos sentimentales que le
+arrebatase una calumnia el prestigio, la soberanía suprema, el cetro de
+la elegancia y el buen tono que, a pesar de mil vergüenzas verdaderas,
+había conservado en su mano hasta entonces?...
+
+Rióse ella misma de sí misma al notar la febril impaciencia con que
+esperaba la hora de ir a Palacio, porque ni la señora de López Moreno
+había sentido mayores ansias ni más vehementes deseos el día de su
+famosa presentación en el hotel Basilewsky. Con esmero redoblado y
+gusto exquisito escogió una _toilette_ elegantísima, con ese estudio de
+los pequeños detalles que se observa en los grandes genios y acredita en
+ellos el conocimiento práctico del terreno que pisan. Púsose un
+riquísimo vestido de terciopelo azul muy oscuro, guarnecido de piel de
+chinchilla, con sombrero y abrigo de lo mismo; dos perlas negras en las
+orejas y un trébol en el pecho, formado por otras tres perlas, blanca la
+una, negra la otra y rosa la tercera. En el hombro izquierdo, sujetas
+con un lazo encarnado, llevaba las dos cruces de dama de honor: cruz de
+esmalte rojo, la antigua de la reina Isabel, y una _M_ de brillantes y
+rubíes, la de la nueva reina Mercedes. Después, mientras le traía Kate
+el rico pañuelo de encajes y los guantes de piel de Suecia, buscó ella
+en una cajita un relicario de plata que contenía un _lignum crucis_;
+besólo con gran piedad, oprimiólo un instante contra su pecho, cerrando
+los ojos e inclinando la cabeza como si pidiese algo al cielo con grande
+ahínco, y guardóselo después en el bolsillo, como se hubiera guardado un
+amuleto que tuviese virtud para alejar cualquier daño o peligro.
+
+Al subir la escalera de Palacio latióle el corazón y tembláronle las
+piernas, porque vio a dos lacayos que cuchicheaban entre sí, mirándola a
+ella. Mas cuando el alabardero de guardia a la puerta de la Saleta dio
+el golpe de alabarda que anuncia la llegada de un Grande de España,
+crecióse el orgullo de Currita, despertó de nuevo su energía, y armada
+de toda su audacia atravesó la antecámara y penetró en la cámara misma,
+dispuesta a comenzar la batalla, creyendo encontrar allí a la camarera
+mayor o al gentilhombre de servicio, o quizá a todos juntos. La cámara,
+sin embargo, estaba desierta y Currita sintió el desahogo de un momento
+del enfermo que ve detenerse un instante la temida operación por haberse
+retrasado el médico. Sentóse en una banqueta frente a la mampara que
+lleva a las habitaciones regias, a fin de esperar que la reina la
+llamase o alguien saliese; mas la excitación nerviosa no la dejaba
+sosegar un momento, y levantóse al punto para asomarse a uno de los
+balcones y mirar a la plaza de la Armería; púsose luego a arreglarse los
+ricitos de la frente ante uno de los magníficos espejos y reparó
+entonces en el soberbio retrato de Alfonso XII, pintado por Casado, que
+habían colocado allí la víspera y se destacaba sobre la rica tapicería
+de seda granate con grandes flores amarillas, con todo el esplendor de
+una obra maestra.
+
+Pasó un cuarto de hora, que le pareció a ella un cuarto de siglo, y en
+pie siempre ante el retrato, sintió abrirse a su espalda la mampara de
+las habitaciones de la reina; volvióse vivamente y vio que la mampara se
+volvía a cerrar y quedaba medio abierta, como si el que fuera a salir se
+hubiese detenido de repente. Oyó entonces, sin que pudiera distinguir
+las palabras, una voz suave de mujer que parecía acongojada, como si
+suplicase algo, y otra de hombre, fuerte y colérica, que exclamaba
+enérgicamente:
+
+--¡No, no..., ahora mismo!
+
+Inmutóse Currita atrozmente y metióse la mano en el bolsillo, como si
+buscara el _lignum crucis_; abrióse entonces la mampara y apareció el
+mayordomo mayor, también muy inmutado... La dama, fingiendo siempre
+hallarse absorta en la contemplación del retrato, volvió ligeramente la
+cabeza y saludó con la mano al personaje, diciendo con vocecita a su
+pesar temblorosa y angustiada:
+
+--¡Magnífico retrato! Yo no lo había visto. ¿Cuándo lo han puesto?...
+
+Mas el mayordomo, sin contestar a la pregunta y con el esfuerzo de quien
+cumple un deber penosísimo, díjole balbuceando:
+
+--Su majestad la reina la dispensa del servicio..., y me encarga le
+manifieste su deseo de que devuelva la cruz de dama...
+
+Currita dio una rápida media vuelta, apretando los puños y echando atrás
+la cabeza cual si fuera a embestir al mayordomo, fijando en él la mirada
+de sus claros ojos, enormemente abiertos, que reflejaban toda la ira del
+que recibe un salivazo en el rostro, todo el espanto del que ve
+derrumbarse una última esperanza, toda la solapada e impotente amenaza
+que encierra el terror del débil, aniquilado por una mano más fuerte...
+
+Luego, como si despertase en ella de repente la altiva ricahembra al
+ignominioso contacto de una bofetada, arrancóse ambas cruces del pecho y
+las arrojó en el suelo...
+
+
+
+
+--VIII--
+
+
+Aquel golpe terrible no anonadó a Currita, ni le infundió tampoco el
+extraño sentimiento, mezcla de pavor y de ira, que al recibir en Loyola
+un bofetón semejante la había obligado a confundirse, y a humillarse, y
+a callar... Detrás de la mano de Pedro Fernández había visto entonces la
+mano de Dios, que le impedía profanar con el escándalo de su vida su
+santa casa, y detrás del bofetón del mayordomo de Palacio tan sólo veía
+la mano del rey, que no era para ella una idea, sino un hombre, contra
+el cual se podía luchar y al cual se le podía también vencer.
+
+Mas harto comprendió desde el primer instante, con la rápida percepción
+de su claro entendimiento y su mucha práctica de mundo, que en vano
+emplearía todas las astucias de su ingenio, todos los atrevimientos de
+su audacia y todos los recursos de su dinero en atraerse de nuevo a sus
+amigos y a formar en torno suyo aquella brillante corte que era la
+médula de su vida, porque era también la de su vanidad. Nada arrastra
+tanto como el ejemplo de un príncipe, capaz por sí solo de salvar o
+perder a una sociedad entera, y la severa repulsa dada a Currita en
+Palacio, justa en medio de su severidad, que si de algo pecaba era sólo
+de tardía, había de arrastrar sin duda a Madrid entero, derrumbando a la
+ilustre dama desde la altura de su gloria, con todo el estrépito de los
+grandes escándalos, con todo el ensañamiento con que del árbol caído se
+apresuran todos a sacar leña.
+
+Por eso, sin darse ella por vencida ni cejar un punto en su tenaz
+empeño, y fortaleciendo siempre con el despecho y la rabia y hasta el
+dolor mismo su terquedad de mujer voluntariosa, siempre mimada, optó
+desde luego por el camino de los hábiles políticos y los diestros
+estratégicos y los conocedores prácticos del mundo y del corazón humano:
+una prudente retirada que sosegara los ánimos y diese tiempo a que las
+memorias olvidaran, cesasen las prevenciones, se cansaran las lenguas, y
+los escándalos nuevos hicieran olvidar y aun perdonar los escándalos
+pasados.
+
+¡Había visto ella tanto de eso!... La ocasión, por otra parte, no podía
+ser más oportuna: Fernandito había llegado al estado de imbecilidad
+completa que traen consigo los reblandecimientos cerebrales, y preciso
+era llevarlo a París a que alguna notabilidad médica intentase el
+verdadero milagro de despertar un chispazo de inteligencia en aquel
+meollo huero, que jamás había dado luz alguna.
+
+El viaje fue, pues, decidido, y dos días antes dirigióse Currita al
+colegio de Chamartín de la Rosa, para sacar a Lilí... La niña había
+cumplido ya doce años, y más bien que una criatura que comenzaba a
+vivir, parecía un ángel que iba a volar. Había en sus grandes ojos
+azules algo que recordaba el cielo, algo a la vez triste y sereno,
+candoroso y profundo, que comunicaba a todo su ser cierto poderoso y
+triste encanto, semejante al que infunde en el alma la inocente sonrisa
+de un niño huérfano.
+
+Acogióla la madre con sus más suaves mimitos y díjole al oído,
+abrazándola, que le traía una noticia muy buena, muy alegre, muy
+grande...
+
+--¿A que no la aciertas?...
+
+La niña, con los grandes ojos llenos de lágrimas y teñidas las mejillas
+del carmín más puro, dijo prontamente:
+
+--¿Que mi papá está mejor? ¿Que se ha confesado?...
+
+Quedóse Currita desconcertada, como le sucedía siempre con las salidas
+intempestivas de aquella criatura. ¿Quién había de creer que iba a
+acordarse de su padre y a pensar en si le habían o no administrado aquel
+sacramento que le hacía tanta falta?... Echóse a reír muy maravillada.
+¡Ca!, si no era eso... era mejor todavía; era una cosa referente a ella
+misma, lo que mejor le podía suceder, lo que sin duda estaba ella
+esperando...
+
+Y de nuevo tornó a maravillarse, porque la sangre entera de Lilí afluyó
+entonces a su rostro, un temblor nervioso agitó sus manitas, y levantó
+los ojos hacia su madre, rebosando anhelo comprimido, esperanza
+dulcísima de oír lo que era sin duda su más ferviente deseo. Su boquita
+de ángel se entreabrió un momento para dejar escapar su secreto, como
+deja escapar una flor su fragancia, y de nuevo tornó a bajar los ojos,
+poniéndose más y más encarnada, y guardando silencio, con una cándida
+sonrisa dibujada sobre los labios.
+
+--Pero, tontita, ¿no lo adivinas?... Es que se acabó ya el colegio, que
+te vas a venir conmigo.
+
+¡Quién lo había de creer!... Al oír esto la niña, apagóse en sus labios
+la sonrisa, como una luz que mata de repente una ráfaga de viento; cruzó
+las manos angustiada, miró a su madre con espanto y se echó a llorar a
+lágrima viva, con el corazón encogido...
+
+--Pero ¡vaya por Dios, vida mía!--exclamó Currita estupefacta--. ¿A qué
+viene ese llanto? ¿Es que no quieres venir?
+
+Lilí, enjugándose con ambas manitas los ojos, repetía sollozando:
+
+--Aquí me quieren todos... todos... Las Madres y las niñas...
+
+--Pero, hija mía, ¿acaso en tu casa no te quieren?--exclamó Currita,
+poniéndose muy seria; y la niña, titubeando un momento, contestó con
+candorosa sencillez, cuyo alcance no supo medir sin duda:
+
+--Ahora no está allí Paquito...
+
+Currita sintió un movimiento de ira, que se transformó al punto en dolor
+profundo, en dolor vivísimo que jamás había sentido, allá en el fondo de
+sus entrañas de madre... Sus ojos se llenaron de lágrimas, atrajo hacia
+sí a la niña, separóle del rostro ambas manos, y besándola en la frente,
+díjole con mucho cariño:
+
+--Pero lo recogeremos al paso, tonta, y nos iremos a París todos juntos.
+
+La niña meneó la cabeza, apartándose del regazo de su madre, y
+procurando dominar su aflicción, como si se aprestase a una batalla,
+dijo resueltamente:
+
+--Y, además... yo no puedo irme de aquí. No, no puedo.
+
+--Pero ¿por qué?... Si eres ya una mujer y aquí están sólo las niñas...
+
+--Y las mujeres también...
+
+--¡Pero, hija, por Dios! ¿Dónde están esas mujeres?...
+
+--Las Madres son mujeres.
+
+--Pero ¿tú quieres ser monja?--exclamó Currita abriendo mucho los ojos;
+y la niña, cerrando los suyos y moviendo enérgicamente la cabeza,
+contestó con firmeza:
+
+--¡Sí!...
+
+--¡Yaaa!... Muy bien; ahora lo entiendo--dijo Currita muy despacito con
+su tono de voz más suave--. Y las Madres, como te quieren tanto las
+pobrecitas, te habrán metido esa idea en la cabeza...
+
+--¡No, no, señora!... Las Madres no me han dicho nada.
+
+--Pues entonces habrá sido el confesor, el padre Cifuentes.
+
+--Tampoco...
+
+--¿Pues quién te lo ha dicho?...
+
+--Paquito.
+
+--¿Paquito?... ¡Vaya un apóstol!... ¿Y por qué no se mete él fraile?...
+
+--Eso le escribí yo... Y le envié la _Vida de san Estanislao_ y una
+estampita de san Luis de Gonzaga... Pero me contestó que él era muy
+desgraciado y tenía que hacer en el mundo una cosa muy grande, muy
+grande... Yo no sé lo que será...
+
+Currita comenzó a sospecharlo y se puso muy pálida; la escena terrible
+de su estudio, cuando el niño se había arrojado sobre Jacobo como una
+fiera sedienta de sangre, acudió a su memoria con gran viveza,
+estremeciéndola de espanto, infundiéndole esa especie de terror
+retrospectivo que causa un peligro pasado, despertando en su alma el
+aguijón de un remordimiento, avivando en su corazón el dolor de una
+herida chorreando aún sangre... ¡Oh! ¡Ya no tenía que hacer el pobre
+niño aquella cosa _muy grande, muy grande_, porque otra mano más
+culpable le había tomado la delantera en la esquina de Recoletos!...
+
+Lilí, sin imaginar siquiera en su sencillez de ángel el efecto que en su
+madre podían causar sus palabras, continuó diciendo:
+
+--Me decía que fuese siempre muy buena y no saliera nunca del colegio y
+rezara mucho por él, y por usted y por mi papá; porque la ira de Dios
+iba a descargar sobre nuestra casa... Yo lloré mucho, mucho, y ofrecí
+entonces ser monja, y se lo dije a la madre Larín y al padre Cifuentes.
+
+--¿Y qué te dijeron?--preguntó Currita con los labios blancos.
+
+--La madre se echó a llorar..
+
+--¿Y el padre?...
+
+--Se echó a reír y me consoló mucho, y me dijo que no ofreciese nada sin
+que él me avisase.
+
+Currita se quedó muy pensativa y permaneció largo rato en silencio,
+mirando a la niña; de pronto, dijo:
+
+--¿Pero el padre Cifuentes te querrá mucho?...
+
+--¡Oh, sí!... Es muy bueno; me quiere mucho.
+
+Calló otra vez, seria y meditabunda; porque en medio de aquel rudo
+oleaje de afectos con que la gracia de Dios combatía su alma para
+sacarla a flote, santos unos como el amor de madre, saludables otros
+como el remordimiento, apareció muy honda y comenzó a subir, a subir,
+hasta flotar en la superficie y sobrenadar en lo alto y llenarlo todo y
+dominarlo todo, la idea fija, su ángel malo, el pensamiento constante
+que llevaba clavado en la frente, como un dolor neurálgico, de
+satisfacer su vanidad y vengar su despecho, recobrando de nuevo su
+antigua posición y su brillante corte de mujer elegante. Había visto de
+repente un camino desconocido, un sendero tortuoso que allí llegaba
+dando rodeos, y ya no oyó más, ya no se ocupó de otra cosa. Cinco
+minutos largos permaneció callada, inmóvil, tirando al parecer sus
+planes. Lilí, con las manitas cruzadas sobre las rodillas y la cabeza
+baja, la miraba de cuando en cuando a través de sus largas pestañas,
+extrañada de aquel singular silencio.
+
+Rompiólo Currita al cabo; aquella pichoncita suya monísima y preciosa la
+había enternecido... Pero todo aquello era muy serio, muy grave, y
+hacíase preciso pensarlo despacio, muy despacio, y no decidirlo así de
+repente, en un segundo... Por de pronto, dejaría a la niña en el colegio
+y detendría ella su viaje para hablar con el padre Cifuentes.
+
+Lilí, al oír esto, saltó espontáneamente de la silla y se arrojó al
+cuello de su madre, cubriéndole el rostro de besos, llorando y riendo al
+mismo tiempo, como se mezclan la lluvia y el sol en un chubasco de mayo.
+Ella se enterneció un poquito y derramó tres lagrimitas.
+
+--Conque nada, pichona mía, mucho juicio, y pide a Dios que a todos nos
+ilumine... Y ahora, vidita mía, dile a la madre Larín que quiero
+hablarle un momento... ¿Eh, pichona?... Cosa de un segundo, avísala tú,
+vidita...
+
+Llegó la madre Larín muy alarmada, temiéndose alguna trapisonda, y
+Currita, con patético ademán, se arrojó llorando en sus brazos... Era
+aquel día el más grande de su vida; por fin le concedía Dios lo que con
+tanto ahínco le había pedido siempre: ¡tener una hija religiosa!...
+Cierto que le pasaba aquello el alma de parte a parte, que quizá le
+costaría la vida separarse de aquel pobre angelito; pero lo que sentía
+ella era no tener siete hijos como santa María Magdalena de Pazzis, para
+ofrecérselos a Dios uno a uno. ¡Estaba el mundo tan malo!...
+
+La madre Larín, muy escandalizada al ver a santa María Magdalena de
+Pazzis hecha de repente madre de tan dilatada familia, se apresuró a
+protestar con mucho respeto:
+
+--Santa Sinforosa querrá decir, sin duda, la señora condesa.
+
+--¿Fue santa Sinforosa?... ¡Pues yo creí que había sido la otra! ¡Como
+leo todos los días el Año Cristiano, armo a veces unos galimatías!... Y
+dígame, madre Larín, ¿cree usted que perseverará mi hija, que su
+vocación será verdadera?
+
+La madre enarcó las cejas, y con mucha humildad, dijo:
+
+--La niña es formalita, y a lo que yo pueda colegir, así lo espero...
+Pero siempre será mejor que el padre espiritual informe a usted de todo
+esto.
+
+--¿Y quién es?
+
+--El padre Cifuentes.
+
+--¿El padre Cifuentes?... ¿De veras?... ¡Cuánto me alegro!... Si es un
+santo, un hombre de tanto saber y prudencia...
+
+--¡Ya lo creo!... Consúltelo usted y verá...
+
+--Pero si no lo conozco... ¡Ay, madre Larín!... ¿Quisiera usted
+escribirle una cartita... _deux mots_, recomendándome?... Dígale usted
+cuáles son mis deseos, lo que yo quiero a mis hijos, la sencillez con
+que procedo siempre... Así me escuchará con benevolencia... Usted me
+conoce bien, madre Larín... ¡Soy tan desgraciada!... ¡Se tiene de mí un
+concepto tan falso!...
+
+Y Currita, persuadida ella misma de lo que decía, cual suele suceder a
+los embusteros de oficio, extendía las manos y abría mucho los claros
+ojitos, como para que la madre Larín la estudiase por dentro,
+concluyendo por echarse a llorar amargamente, cubriéndose el rostro con
+el pañuelo. La madre, muy compadecida, y creyendo que aquella oveja
+extraviada llamaba de nuevo al aprisco, procuraba consolarla y
+prometíale escribir aquella misma noche al padre Cifuentes, anunciándole
+su visita.
+
+--¡Se lo agradecería a usted en el alma, madre Larín; no lo olvidaré en
+toda mi vida!--gimió Currita--. Porque no crea usted que en el asunto de
+mi pobre Lilí faltarán dificultades... Fernandito es muy bueno; pero al
+cabo, como hombre que es, no tiene la piedad de nosotras las mujeres, y
+verá la cosa de manera muy distinta.
+
+Y ya en la puerta, despidiéndose cariñosamente de la buena madre, volvió
+a repetirle:
+
+--¡Que no se olvide usted de lo esencial!... Que comprenda el padre la
+buena fe con que procedo en todo, lo rectas que son mis intenciones...
+
+Y de pronto, volviéndose atrás desde la puerta, como si de repente
+recordase algo...
+
+--¡Ay, madre Larín, se me olvidaba!... No sé si lo encargué a Lilí,
+porque con este notición se me fue el santo al cielo... Me han dicho que
+están ustedes haciendo un monumento nuevo para el Jueves Santo, y quiero
+que sea a mi costa... Deseo mucho dejar a ustedes ese recuerdo; que Lilí
+haga ese pequeño obsequio al colegio...
+
+--Gracias, gracias, señora condesa...
+
+--¿Gracias?... ¡Ay, madre Larín, qué mundo, qué mundo!... ¡Ojalá y sólo
+se gastara el dinero en cosas semejantes!...
+
+Entró en la berlina... Verdaderamente que aquella idea debía de venir
+del cielo, porque era Lilí, un ángel del Señor, quien se le había
+inspirado. Lo raro era que no se le hubiera ocurrido a ella antes,
+porque en aquella carta de Loyola, en aquella famosa carta de Pedro
+Fernández, que se sabía ella de memoria, estaba perfectamente encerrada
+en su primera parte... «Si la señora condesa de Albornoz viene a Loyola
+a confesar sus pecados y pedir a Dios perdón de sus extravíos, no tiene
+que fijar hora ni tiempo, porque todos son igualmente oportunos...»
+
+Y glosando allá en su imaginación el parrafejo, discurría de este
+modo... Si la señora condesa de Albornoz va a Loyola, es decir, al padre
+Cifuentes, y confiesa sus pecados y pide a Dios perdón de sus extravíos,
+o lo que es lo mismo, embauca a aquel varón respetable, diciéndole lo
+que le parezca y callándose lo que juzgue conveniente para ponerle de su
+parte... a la sombra de su respetabilidad, agarrada a su manteo, entrará
+en el gremio de las beatas aristocráticas y se abrirá paso, rosario en
+mano, por el atajo de la piedad, hasta el alto puesto de que la calumnia
+y la ingratitud la han arrojado.
+
+Porque no era necesario para ello llegar hasta el sacrilegio, que tanto
+la había aterrado siempre y la seguía aterrando; dispuesta estaba ella a
+lo que creía únicamente necesario para confesarse bien: acusarse de
+todos sus pecados y enumerar todos sus extravíos... ¿Qué le importaba a
+ella que el padre Cifuentes supiese lo que hasta en los mismos
+periódicos se había publicado y había leído ella sin sonrojarse?... ¡Si
+hubiera algún sacrificio que hacer, si hubiera algo que cortar, sería
+entonces otra cosa; pero la muerte, el puñal de un asesino, se había
+encargado de sacrificar, se había encargado de romper; y ya no le
+quedaba a ella nada, nada, sino aquella herida en el corazón y aquel
+despecho en el alma!... Y ante aquellas dos ideas que la exasperaban,
+Jacobo muerto y ella caída de su pedestal, sentía hervir su sangre de
+dolor y de ira, y parecíale lo primero el crimen más nefando que se
+había cometido en el universo, y juzgaba lo segundo el acto de tiranía
+más atroz que pudiera atribuirse a Nerón, a Tiberio o a Busiris.
+
+Con cierto miedecillo, muy natural y fundado, fue a ver al padre
+Cifuentes, porque tenía el padre fama de marrullero; mas su voluntad,
+repentina como el capricho de una mujer, era robusta como la resolución
+de un hombre, y tranquilizábala en parte la íntima conciencia que tenía
+ella de que pocos la aventajaban en astucias y marrullería. Con
+habilidad suma dio principio al desarrollo de su plan, comenzando por
+exponer la vocación de Lilí, anhelo de su corazón, esperanza dulcísima
+de su alma, que estaba ella dispuesta a apoyar con todas sus fuerzas,
+aunque hubiera que luchar con las serias dificultades que había de poner
+Fernandito; hábil estaquita esta última que plantaba desde luego la
+taimada, para agarrarse a ella más tarde y destruir, cuando hubiera
+logrado su objeto, los santos planes de la niña. Escuchábala el jesuita
+impasible con las manos metidas en las mangas, clavando en ella de
+cuando en cuando la mirada de sus ojos, aguda como la punta de una
+lanceta, que hacía a Currita ladear los suyos, ora bajándolos, ora
+paseándolos por las paredes del cuarto. Cuando la dama dejó de hablar,
+sacó el padre Cifuentes a relucir la tabaquera de cuerno, con su heraldo
+obligado, el pañuelo a cuadros azules y verdes, y con la mayor
+naturalidad del mundo dijo resueltamente:
+
+--Su hija de usted no tiene vocación, señora condesa.
+
+Quedóse Currita estupefacta y desconcertada, y tartamudeó moviendo la
+cabecita:
+
+--Pues ella me había dicho... Yo creía...
+
+--Creyó usted mal, señora condesa... Esa niña es un ángel, de
+entendimiento muy claro, de corazón muy grande y muy recto, y está
+aterrada por las cartas de su hermano, que... ¡pasan el alma, señora
+condesa, pasan el alma!
+
+Y las dos lancetas que tenía en los ojos el padre Cifuentes pasaban de
+parte a parte la frente de Currita, cual si fueran a clavarse en el
+fondo de su pensamiento.
+
+--Por eso--prosiguió lentamente el jesuita--quería esa pobre niña
+ofrecer el sacrificio de sí misma, para asegurar la salvación de los
+demás, para expiar culpas ajenas por las cuales se aflige, como se
+afligen los ángeles del cielo: llorándolas, pero sin ponérselas a nadie
+en cuenta... Y note usted lo que digo, señora condesa: _sin ponérselas
+a nadie en cuenta_.
+
+La señora condesa bajó los ojos muy modestita, como haciéndose la
+desentendida de si era a ella o no a quien le tocaba pagar aquella
+cuenta, y el padre continuó:
+
+--Pero como usted comprenderá, este sacrificio de precio incalculable,
+cuya idea le fomentaré yo por lo que en sí tiene de útil y meritorio y
+porque bastará quizá el ofrecerlo para alcanzar de Dios lo que el pobre
+ángel pide, no es una vocación religiosa: es sólo un ofrecimiento que en
+su aflicción y en su generosidad hace la niña, y mientras Dios no lo
+acepte, no existe la verdadera vocación, y yo, por mi parte, ni puedo
+aconsejarla ni autorizarla tampoco hasta entonces.
+
+«Pues estamos en el principio de la conversación»--pensó Currita, sin
+comprender del todo aquellas místicas sutilezas; y dando vueltas entre
+sus manos a un precioso devocionario que había traído de intento para
+demostrar su piedad al padre, dijo modestamente:
+
+--¿Y qué cree usted entonces que debe de hacerse?...
+
+--Dejar obrar a la gracia de Dios, que quizá le conceda como premio la
+vocación que aún no tiene, y mientras tanto, no sacarla del colegio.
+
+--¿No cree usted entonces que le convenga volver a su casa?...
+
+El padre Cifuentes abrió la tabaquera, y con la impasibilidad del hombre
+que golpea en los oídos de un sordo, con la sencillez con que hubiera
+dicho que hacía calor o estaba lloviendo, dijo tranquilamente:
+
+--No, señora... Los ejemplos que vería en ella no conseguirían quizá
+corromperla, pero de seguro lograrían matarla...
+
+Currita no protestó contra aquel reproche tremendo; no se avergonzó ni
+se indignó tampoco. Asióse, por el contrario, para llegar a su objeto, a
+la punta de aquella maza que la aplastaba, y dijo lastimeramente:
+
+--¡Ay, sí, sí, padre, es verdad!... ¡Si usted supiera lo que pasa en mi
+casa! ¡Si usted conociera la situación en que me encuentro!
+
+Y adoptando el cálculo más hábil del disimulo, el de apropiarse de la
+ingenuidad y disfrazarse con la sencillez y la franqueza, refirió con
+toda verdad al padre Cifuentes el escándalo de su vida, la trágica
+muerte de Jacobo, la calumnia difundida por aquellos enemigos
+invisibles, la imposibilidad en que estaba de acusarlos a ellos y
+defenderse ella misma ante los tribunales, y la necesidad que tenía de
+_alguien respetable_, de alguna _persona autorizada_ por su santidad y
+su prestigio que sacase la cara por ella, perdonándole las faltas
+verdaderas y defendiéndola de los _falsos crímenes_, concediéndole su
+protección y su amistad, y rehabilitándola por este solo hecho a los
+ojos del mundo... Y no pedía esto por ella misma, que nada merecía y así
+lo confesaba; pedíalo por caridad de Dios, por lástima, por compasión
+hacia sus propios hijos...
+
+Calló Currita, y con la cabeza baja y las manos cruzadas y entornados
+ojitos, esperó muy devotica el sermón formidable, la peluca tremenda que
+creía ella iba a venir tras de aquello, seguida de alguna violenta
+exhortación a la confesión y la penitencia, con algunos toquecitos de
+llamas del infierno; y luego, más tarde de lo que ella deseaba y con
+tanto anhelo iba buscando, un generoso ofrecimiento, noble, sincero y
+amplio... Mas el padre Cifuentes, que había escuchado sin pestañear todo
+aquel cúmulo de vergüenzas y de horrores, que no había hecho el menor
+gesto de asombro, de disgusto, de compasión ni de protesta, sacó la
+tabaquera de cuerno, tomó un polvo y dijo lacónicamente:
+
+--Haga usted los Ejercicios...
+
+--¿Los Ejercicios?--preguntó ella muy sorprendida.
+
+--Sí, los Ejercicios de san Ignacio digo... Ayer los han empezado en el
+Sagrado Corazón, en la calle del Caballero de Gracia... Todavía tiene
+usted tiempo; empiece esta misma tarde.
+
+--Yo..., bueno..., desde luego...--dijo Currita titubeando--. Pero según
+tengo entendido, sólo se entra allí con papeleta y yo no la tengo.
+
+--Pues yo la recomendaré a usted a la superiora y le hablaré a la
+marquesa de Villasis, que es presidenta del consejo...
+
+Currita sintió tal movimiento de gozo, que estuvo a pique de venderse...
+¡Por fin triunfaba, y a pesar de su impasibilidad y no obstante sus
+marrullerías, hacía tragar al bendito padre todo el anzuelo!... Entre la
+marquesa de Villasis, la dama de mejor nombre de la corte, y el padre
+Cifuentes, el sacerdote de más prestigio, haría ella su entrada triunfal
+en el gremio de beatas aristocráticas, y una vez dentro, no bien tomase
+ella terreno, ya sabría reconquistar, palmo a palmo, los aplausos y las
+adulaciones, y colocarse de nuevo en el antiguo puesto perdido.
+
+Vistióse sencillamente, siempre con aquel prolijo cuidado de los
+detalles pequeños que desprecian los talentos vulgares y tienen en mucho
+los privilegiados y prácticos: una modesta falda de seda negra, un
+abriguito de terciopelo con pieles y la mantilla recogida por completo
+sobre los hombros, chiffonné, con mucha gracia, cubriendo las blondas
+del velo parte del rostro, pero dejando ver perfectamente los rojos
+pelitos, contraseña suya característica, que cuidó muy bien de dejar a
+la vista con cálculo prudentísimo, para que en caso de oscuridad o de
+duda pudieran todos reconocerla.
+
+A las cinco comenzaba el santo Ejercicio, y a las cinco y siete minutos
+calculó ella muy bien su entrada, para que fuese de todos vista. Apeóse
+del coche y entró en el zaguán, creyendo encontrar allí alguna religiosa
+o algún portero a quien preguntar por la marquesa de Villasis o por el
+padre Cifuentes; mas sólo vio delante una empinada escalera dividida
+por en medio con un barandal de hierro que hacía veces de pasamanos. En
+lo alto, dos señoras cuchicheaban entre sí muy quedito, e
+interrumpiéndose bruscamente al ver subir a Currita, desaparecieron al
+punto, sin que la dama pudiera reconocerlas. Encontróse entonces frente
+a la puerta de la capilla, que estaba de par en par abierta; era esta
+entrelarga, ancha y extensa, con una gran puerta en el fondo que daba al
+interior del colegio y otra lateral para el servicio de la gente. En el
+testero hallábase el altar, parcamente adornado, con algunas luces que
+ardían a derecha e izquierda del tabernáculo.
+
+Arriba, en la parte más alta, había una hermosa efigie del Sagrado
+Corazón, y caía desde sus pies hasta abajo un gran paño de brocado
+recamado de terciopelo rojo, con estas palabras bordadas: _Venite ad me
+omnes_. A uno y otro lado de la gran puerta del fondo estaban las sillas
+de coro de las religiosas, y sentadas en ellas las señoras del consejo:
+la marquesa de Villasis ocupaba la esquina derecha, teniendo a su lado a
+la duquesa de Astorga.
+
+Currita vio desde la puerta el extremo de un banco desocupado y ante él
+se arrodilló, haciendo uno de esos garabatitos con que creen ciertas
+damas santiguarse, cruzando las manitas sobre el respaldo, inclinando la
+cabeza con mucha devoción y poniéndose a registrar con el rabillo del
+ojo todo cuanto había y pasaba dentro de la capilla... ¡Prodigio
+maravilloso de la perspicacia y fuerza comunicativa de la grey
+femenina!... Cuatro minutos después, no quedaba en el extenso recinto
+una sola alma más o menos pía que no hubiera atisbado la entrada de
+Currita, sin que fuese necesario para ello más que alguno que otro suave
+cuchicheo, alguna que otra disimulada seña, alguno que otro libro devoto
+o rosario bendito que rodaba por el suelo, para dar ocasión a la dama
+que lo recogía de lanzar una rápida mirada con el mayor disimulo. Allí
+estaba ella, con mucha devoción, aguantando a pie quieto las miradas y
+suponiendo los comentarios internos que acompañaban a estas; la condesa
+de Murguía, señora muy severa, que había comido muchos viernes en casa
+de Currita y disfrutado no pocas veces de su palco en el teatro,
+hallábase a su lado... Alarmóla esta proximidad, volvió la cara
+angustiada, y apretando cuanto pudo a las otras señoras que ocupaban el
+banco, apresuróse a dejar entre ella y la escandalosa un gran espacio
+vacío. Currita, sin perder su devoción, sintió ganas de tirarle del
+pelo.
+
+Entró a poco una señora con dos niñas, al parecer sus hijas, y una de
+estas, la más pequeña, fuese a arrodillar junto a Currita en el hueco
+vacío; mas la madre, advertida sin duda por otra señora que le habló por
+lo bajo, levantóse prontamente, tocó en el hombro a la niña y apártola
+de allí. Currita no sintió esta vez ira, sintió una sensación penosa,
+amarga, desconocida para ella, que se le figuró semejante al desconsuelo
+de verse sola y desamparada por un ser querido; aquella niña le había
+recordado a Lilí.
+
+Entraban nuevas señoras, llenábase la capilla de bote en bote y
+apiñábanse las rezagadas contra las que habían llegado antes, sin que
+ninguna quisiera ocupar el sitio vacío al lado de Currita. Ella sintió
+crecer aquel desconsuelo que la oprimía y la angustiaba y le producía
+una irritación sorda, una amarga iracundia, que la llevaba a escarbar
+llena de saña en el basurero de su vida, buscando y enumerando las
+vergüenzas públicas, las inmundicias de todos conocidas, que le había
+tolerado, consentido y hasta aplaudido como amables _pequeñeces_ aquel
+mismo Madrid que ahora le volvía la espalda, para arrojárselas a la
+cara, gritándole con muy buena lógica: «¿Acaso soy ahora peor que lo fui
+antes?... ¿Por ventura hace más fuerza en ti una calumnia anónima,
+levantada por pérfidos asesinos, que ese montón de lodo con que a todas
+horas te he salpicado el rostro?...».
+
+¡Oh!, ¡qué mundo, qué mundo aquel tan injusto y tan asqueroso! ¡Con
+cuánta razón se resistía a entrar en él Lilí, aquel ángel del Señor tan
+puro y tan bello!... Y a este recuerdo, con la rapidez con que se muda
+la decoración en una comedia de magia, sustituyó en su mente la imagen
+de la niña al Madrid injusto y asqueroso que provocaba sus iras, y
+quedaron frente a frente, embargando todo su entendimiento, la
+celestial figura de Lilí, derramando luz vivísima del cielo, y el montón
+de lodo repugnante y hediondo, la charca sucia y cenagosa que acababa de
+formar ella con tanta saña, haciendo examen general de toda su vida...
+Currita creyó ver una cloaca a la pura y rosada luz del alba, creyó ver
+el infierno a la luz del paraíso y se sintió confundida y se juzgó
+condenada; porque aquel montón de lodo era ella misma y aquel resplandor
+de Lilí era la luz de Dios, único criterio de moral, independiente de
+míseras condescendencias sociales, a que deben de ajustarse los actos
+humanos. Un último movimiento de soberbia la agitó, sin embargo.
+
+--¡Soy una infame, es cierto!... Pero que no me condenen los hombres,
+¡que me condene Dios!...
+
+Y al levantar la vista rabiosa y desesperada, como para lanzar en torno
+una mirada de orgulloso desafío, divisó al frente la imagen de
+Jesucristo, del Juez único que su soberbia vencida aceptaba, mostrándole
+su corazón herido, diciéndole en aquel letrero que tenía por debajo:
+Venite ad me omnes. Un crujido misterioso lastimó entonces su pecho, y
+repitió muy quedo:
+
+--_Omnes_!... ¡Todos, todos!...
+
+Habíase mientras tanto rezado el rosario, y un jesuita subía en aquel
+momento al púlpito, para exponer la meditación que correspondía, según
+el orden establecido en los Ejercicios de san Ignacio. Era sobre el
+Juicio Final, y dividióla en tres partes: la confusión de los hipócritas
+al ver patentes sus pecados ocultos; la suprema vergüenza de los
+escandalosos al ver objeto de la execración universal los pecados
+públicos de que habían hecho gala, y la justificación de la Providencia,
+la manifestación clara de los misteriosos caminos ordenados por Dios
+para bien siempre del hombre; la sapientísima urdimbre, puesta al
+descubierto, de grandes hechos y pequeños acontecimientos, de penas y
+alegrías, derrotas y triunfos, llamamientos y amenazas, premios y
+castigos, que han de probar en la vida de cada criatura, mirada de
+frente a la luz de aquel tremendo día, la paternal providencia de Dios
+para cada hombre, la conjunción perfecta sobre cada uno de ellos de sus
+dos atributos, el más temible y el más deseable: la misericordia y la
+justicia.
+
+El jesuita hablaba llanamente, expresando con sencilla claridad aquellas
+tremendas verdades y trazando a veces pavorosos cuadros que herían la
+imaginación, estremecían los corazones y preparaban los ánimos para el
+eco futuro de aquellas temerosas palabras: _Ossa arida, audite verbum
+Domini_!... Reinaba un hondo silencio, muy semejante al silencio del
+pavor; y el jesuita, torciendo un poco el rumbo a sus palabras, dejó ver
+de repente la bondad infinita de Dios, la más consoladora de todas sus
+grandezas, su inmensa misericordia, brindando siempre al pecador con su
+perdón tan sin límites y tan amplio, que desaparecen en él, cual si
+fueran átomos, los más enormes pecados.
+
+--Imaginaos--dijo--un hombre llegado al último extremo del crimen;
+cargadle a vuestro pensamiento con todas las acciones afrentosas que
+fuera posible imaginar; vedle dormir tranquilo en medio de su vergüenza,
+como si se viera al abrigo de la muerte, como si no tuviera ya
+remordimientos ni tuviera conciencia... Mas un día, lo mismo que en el
+sueño de Nabucodonosor una piedra desprendida de la montaña hizo pedazos
+al coloso con pies de barro, así también un átomo arrancado a la
+misericordia de Dios por los ruegos de algún justo derribará sin causa
+alguna aparente ese coloso del mal y formará en sus entrañas
+desesperadas una lágrima, que subirá hasta el corazón y pasará por los
+caminos que Dios ha hecho para llegar a sus ojos marchitos, y brotará
+por ellos, y rodará al fin por sus mejillas... ¡Esa lágrima le ha
+revelado la verdad y conquistado el perdón y devuelto la paz!...
+
+Y como si aquella lágrima bendita, alcanzada por la oración de un justo,
+se formase en aquel momento en algunas entrañas y subiese hasta un
+corazón y brotase por unos ojos, con explosión de dolor formidable,
+rompió el hondo silencio un sollozo que resonó por todos los ámbitos de
+la capilla, haciendo al jesuita enmudecer un instante, y mirarse
+pálidas y sobrecogidas a cuantas vieron a la condesa de Albornoz
+desplomarse sobre el reclinatorio, aniquilada como el grano de mijo que
+machaca la piedra de molino, mordiéndose las manos para contener, como
+con esfuerzo sobrehumano contuvo, los gritos, los sollozos, los alaridos
+de dolor que parecían hervirle en el pecho, sin llegar a reventarle por
+los labios.
+
+Terminó el sermón, y siguióse luego, y terminó también aquel canto
+suavísimo, patético grito del pecador arrepentido: _¡Perdón, oh Dios
+mío!_ Y la numerosa concurrencia desfiló por delante de Currita, sin que
+levantase ella la cabeza ni hiciera un movimiento, como si la vergüenza
+de su vida entera la tuviese allí sujeta, clavada, ante las miradas
+curiosas, compasivas y aun burlonas de sus antiguas rivales.
+
+Quedó la capilla solitaria, y una religiosa lega, que se deslizaba como
+una sombra, apagó las luces una a una, sin que la condesa de Albornoz se
+moviese de su sitio ni diese muestras de vida. Unos brazos la rodearon
+al fin en aquella soledad de que sólo Dios era testigo, y una voz muy
+conmovida le dijo muy bajo:
+
+--Curra, hija mía... Abajo tengo mi coche... ¿Quieres que te lleve?...
+
+Ella levantó la cabeza y fijó en la que así hablaba una mirada hosca,
+medrosa, que no parecía tener conciencia de la realidad y reflejaba como
+en dos vidrios profundos todos los asombros y todas las agonías...
+Reconoció al fin a la marquesa de Villasis, y el rostro de la pecadora,
+rojo de vergüenza por primera vez en su vida, ocultóse en el casto pecho
+de la mujer fuerte, balbuceando entre sollozos:
+
+--¡Sí, sí!... Adonde no me vea nadie... A Chamartín con mi hija...
+
+La niña no se sorprendió al verla... Había ofrecido aquella tarde, por
+aviso del padre Cifuentes, el sacrificio de su vida, y esperaba confiada
+y serena, como esperan las lágrimas del pecador los ángeles de la
+guarda...
+
+
+
+
+--IX--
+
+
+Se ha dicho que más cavila un pobre que cien abogados, y hay quien
+cavila más que cien pobres y cien abogados juntos: cualquier muchacho
+haragán que se ve con un libro delante, clavado en un banco. En este
+caso se hallaba aquel día, en el estudio del colegio de Guichon,
+Alfonsito Téllez-Ponce, alias _Tapón_, piel del diablo, corazón de
+ángel, enredador como él solo, ídolo y tentación perpetua de sus
+compañeros, encanto y purgatorio eterno de sus maestros.
+
+Sus propósitos no podían, sin embargo, ser aquella mañana mejores, ni
+sus intenciones más rectas: celebrábase al día siguiente el santo del
+padre rector con una jira de campo famosísima, allá en la playa de
+Biarritz, y el mísero Tapón, condenado por tres o cuatro sentencias a
+recluimiento perpetuo, proponíase, con un día entero de observancia
+completa, alcanzar el indulto general de sus condenas y el
+sobreseimiento de las diez o doce causas que, por diversos atentados,
+conatos e infracciones de la ley, se le seguían ante el tribunal del
+padre prefecto.
+
+Levantóse, pues, de un salto al primer toque de la campana, lavóse sin
+derramar una gota de agua, y sin otro percance que el meter un pie en el
+orinal y hacerlo añicos, sin intención deliberada, por supuesto, púsose
+en formación muy derechito, entró en la capilla y oyó misa lo mismo que
+un san Luis Gonzaga.
+
+Bueno iba aquello; mas al salir del sagrado recinto, diole un brinco el
+diablo en el cuerpo, y sin poderlo remediar tiró al compañero que
+marchaba delante en las ordenadas filas del pañal de la camisa, que
+impúdicamente le asomaba por debajo de la blusa. En la sala de estudio
+rezó el _Actiones nostras_ con devoción suma, sacudió un papirotazo a su
+vecino de la derecha, arrastrado por la fuerza de la costumbre, tiró al
+suelo los libros del de la izquierda, por una necesidad casi de su
+temperamento, y abrió la tapa de su cajón con mucha formalidad.
+
+Iba a ponerse a estudiar, y no de cualquier manera ni cualquier cosa;
+sus estudios de retórica habían ya terminado el año último, y acababa de
+asistir a la toma de Troya y a la fundación de Roma; había bebido con
+Horacio en las cascadas del Tíber, admirado a las abejas con Virgilio,
+salvado a la República con Cicerón y alborotado en las plazas de Grecia
+con Demóstenes. Tocábale aquel año dedicarse a la sublime ciencia del
+cálculo, y había obtenido ya, por orden de su profesor, la medida del
+campanario del pueblo, con un error aproximado de dos kilómetros; aquel
+día proponíase nada menos que determinar el radio de una esfera, y sacó
+con toda diligencia el libro de texto, la caja de compases y el blanco
+papel inmaculado en que había de desarrollarse el importante cálculo.
+
+El padre Bonnet, inspector en el estudio, mirábale desde lo alto de la
+tribuna, asombrado de tanta laboriosidad, creyendo tener ante los ojos
+la conversión de san Agustín o el trueque de Saulo en Pablo.
+
+Con un rápido movimiento del compás trazó Tapón una esfera limpia y
+correcta, con la luna en su plenilunio. ¡Magnífico!... Redonda era como
+el mundo... Parecía una carita... ¡Justo!..., una carita... Igual,
+idéntica a la de madame Dous, la tendera que vendía pelotas en los
+portales de Bayona. ¡Qué casualidad!... Tapón marcó con mucha habilidad
+dos puntos para tomar los radios con que había de trazar dos arcos que
+se cortasen, y se afirmó en su creencia... Aquellos dos puntitos
+parecían, sin duda alguna, los ojos de madame Dous, redondos, pequeños,
+abiertos como con un punzón... El parecido era exacto: tan sólo le
+faltaba el moñito en lo alto de la cabeza, y para que nada le faltase,
+pintó Tapón a la esfera un moñito en la parte superior; dibujóle luego
+unas narices en el punto en que debieron encontrarse los dos malogrados
+arcos, púsole por debajo una boca bigotuda, añadióle después dos orejas
+con pendientes, y en menos de un cuarto de hora encontró la cara de
+madame Dous, en vez de encontrar el radio de la esfera.
+
+Satisfecho de su hallazgo, mostrólo a sus dos vecinos; una mano aleve
+avanzó entonces por detrás y arrancóle de las suyas la obra maestra.
+¡Santo Dios!... Volvióse Tapón asustado y encontróse frente a frente con
+el padre Bonnet. ¡Bonita ocasión para presentarle su petición de
+indulto!...
+
+--¿Así prepara usted la clase, señor de... Tapón?--dijo el ministro de
+la justicia con voz formidable.
+
+Y el señor de Tapón, sobrecogido, pero con mucha dignidad, aseguró,
+puesta la mano sobre el pecho, que había sido una distracción, que lo
+había hecho sin poderlo remediar...
+
+--Pues sin poderlo remediar se quedará usted hoy sin postres..., y
+mañana, por supuesto, sin campo...
+
+Tapón se echó a llorar acongojado, empujó por la izquierda el libro de
+texto, alejó de sí por la derecha la caja de compases, y apoyando la
+cabeza en ambas manos, quedóse absorto, a través de sus lágrimas, en la
+contemplación del tintero de peltre que tenía delante. Una mosca paseaba
+por sus bordes, alargando de cuando en cuando la sutil trompilla,
+haciendo vibrar, al cruzarlas con las patas traseras, las pardas y
+transparentes alas. Parecía la mosca meditabunda, y ocurriósele a Tapón
+cazarla, para alivio de sus penas; mojóse con saliva los extremos del
+pulgar y el índice, y alargó la mano suavemente: la incauta mosca saltó
+del tintero a la mano traicionera, dio una carrerita y acercóse al fatal
+lazo. Tapón apretó entonces los dedos y pillóla por las patas... La
+mosca protestaba muy indignada, batiendo las alas con cierto zumbido
+lastimoso.
+
+ Presa en estrecho lazo
+ La codorniz sencilla
+ Daba quejas al viento,
+ Ya tarde arrepentida.
+
+Tapón, inexorable, resolvió convertirla en ministro de sus venganzas;
+cogió un fino papel de seda, escribió en él: «¡Muera el padre Bonnet!»,
+y retorciéndole muy bien una puntita, clavólo por detrás a la
+prisionera. Abrió luego la mano y la mosca echó a volar, arrastrando la
+larga cola, a modo de ave del paraíso.
+
+El gozo de Tapón fue imponderable: había realizado la teoría de las
+_palomas mensajeras_. Puso manos a la obra, y en menos de diez minutos
+revoloteaban por el estudio más de una docena de moscas, llevando de una
+a otra parte el grito subversivo de «¡Muera el padre Bonnet!». La
+sedición prendió al punto por el amplio recinto, encontrando por todas
+partes imitadores y aun reformistas; uno puso en rojos papelitos «¡Viva
+la libertad!», otro se adelantó a poner «¡Abajo los jesuitas!», y un
+tercero, hijo de un emigrado, destrozó una caja de bombones para
+estampar en ligero papel azul el grito retrógrado de «¡Viva Carlos
+VII!»...
+
+Aquello fue una manifestación general de simpatías personales e ideales
+políticos, y no hubo uno solo entre aquellos hombres de estado, capaces
+de regir el país de Liliput, que no manifestase sus opiniones por medio
+de las nuevas palomas mensajeras. Tan sólo Paco Luján, inclinado sobre
+su pupitre, aunque sin ocuparse mucho del libro que tenía delante,
+limitábase a seguir a veces con la vista el vuelo de las palomas
+mensajeras, sonriendo benévolamente, pero sin tomar parte en el
+clandestino entretenimiento. A su espalda, un muchacho mayorcito, de
+frente estrecha, tipo malayo y rastrera expresión de envidia, que había
+tenido con él varias reyertas y sufrido más de una vez el empuje de sus
+poderosos puños, escribía con mucho disimulo en un trozo de papel de
+fumar un largo letrero; púsolo después, según el sistema Tapón, a una
+mosca muy gorda, y mirando antes a todas partes con recelo, arrojóla a
+hurtadillas por encima de la cabeza de Paco; mantúvose la mosca un
+momento en el aire, y arrastrada por el peso del espurio rabo, posóse al
+fin en la espalda del chico que tenía Luján delante. Rióse este al
+verla, y extendiendo la mano prontamente, cogióla por el papel; la mosca
+echó a volar dejando su molesto apéndice en manos del niño, y la pobre
+criatura, alborozada con la presa, púsose a leer el contenido de la
+misiva... Mas su gozo desapareció de repente, tornándose lívido al
+descifrarla, dando una media vuelta en el asiento cual si le hubiesen
+aplicado un hierro candente, fijando una mirada de odio feroz, de rabia
+pronta a desbordarse en el inofensivo Tapón, que muy alborozado, lanzaba
+al aire en aquel momento su decimosexto clamor de «¡Muera el padre
+Bonnet!». A espaldas de ambos seguía el malayo con maligna curiosidad
+aquella muda escena, que tenía a la vez mucho de infantil y de terrible.
+
+Paco Luján volvió lentamente la cabeza hasta esconderla entre ambas
+manos como anonadado; clavóse en ella los agarrotados dedos temblando de
+rabia, y dos lágrimas, dos lágrimas de esas que rara vez se derraman a
+los quince años, brotaron de sus ojos y surcaron sus mejillas; la ira
+las secó al punto, como seca una gota de agua el simúm del desierto...
+Había leído en aquel papel una grosera chocarrería en que se mezclaban
+el nombre de su madre y encubiertamente el de Jacobo, firmada por el
+hijo de aquel hombre odiado, el mismo Alfonsito Téllez, el inofensivo
+Tapón, el _diablillo de olor de rosa_ como le llamaba el rector del
+colegio, para expresar al mismo tiempo su sencillez de ángel y su
+travesura de diablo. ¡Qué golpe aquel tan inesperado y tan horrendo!
+
+El niño, avezado a callar por el largo y silencioso sufrir de su corta
+vida, calló una vez más devorando su rencor y sus lágrimas, y una hora
+después, cuando la campana llamaba a los alumnos a clase, Paco Luján no
+dio señales de haberla oído y siguió clavado en el banco, con la cabeza
+entre las manos, sin más muestras de vida que los frecuentes
+estremecimientos nerviosos que recorrían todo su cuerpo. Creyóle dormido
+el padre Bonnet y separóle las manos del rostro: vio entonces su frente
+arrebatada, sus ojos brillantes extraviados, y palpó sus manos
+ardorosas.
+
+--¿Qué es eso, hijo?... ¿Estás malo?... ¿Tienes calentura?...
+
+--No..., no..., no tengo nada--replicó el niño con forzada sonrisa.
+
+Y arrancándose bruscamente de las manos del padre, echó a correr hacia
+la clase.
+
+Jamás hubo despertar tan alegre como el que tuvieron al otro día los
+colegiales de Guichon; tenía aquello algo del despertar de los pájaros
+cuando en una mañana de mayo se lanzan del nido, al primer rayo de la
+aurora, y estalla su alegría, ruidosa, alborotada, comunicativa,
+derramándose por entre el follaje de los árboles como una cascada de
+alegres trinos, que llega hasta el fondo del alma y la conmueve, la
+arrastra y despierta en ella paz, gozo, consuelo y plácida gratitud
+hacia Dios. La alegre charanga del colegio sustituyó aquel día a las
+severas campanadas que arrancaban de ordinario a los alumnos de la
+profunda quietud del sueño de la infancia, para arrojarlos en los
+pequeños azares, inmensos para ellos, de la vida de estudiantes; cien
+vivas atronadores al padre rector se unieron al punto a los acordes de
+la música, y la alegría desbordada, la vida bulliciosa que rebosaba en
+aquellos cuerpecitos, inundó de repente dormitorios, pasillos y el
+colegio entero, yendo a estrellarse a las puertas de la capilla por una
+de esas rápidas mutaciones, increíbles en los niños, que prueban el
+poder inmenso de la disciplina y la fuerza irresistible que en toda
+multitud ejerce la autoridad que sabe hacerse amar y respetar. Reinó
+allí un silencio profundo, oyóse misa con devota compostura y tomóse
+luego un pareo desayuno; hubo entonces un momento de expectación
+general, de angustiosa perplejidad...
+
+Apareció el padre prefecto, el temido ejecutor de las solemnes
+justicias, y mandó salir de las filas a Tapón y a otros seis
+sentenciados. Pintóse la consternación en todas las caritas, y mientras
+pálidos y constrictos se alineaban los reos a la izquierda, notóse en la
+multitud ese desasosiego que precede siempre en ellas a las resoluciones
+heroicas o desesperadas. Un chiquillo regordete salió al cabo de las
+filas, colorado como un tomate, y acercándose al padre rector, que en
+aquel momento llegaba, díjole con heroica magnanimidad:
+
+--Que vayan al campo esos... Yo me quedo; sí, señor, yo me quedo por
+ellos.
+
+Una exclamación de entusiasmo acogió la abnegación del héroe, y el
+rector, extendiendo la mano con ademán imponente, dijo muy grave:
+
+--Usted, señor abogado de causas perdidas, se irá al campo ahora
+mismo... y esos siete señores se quitarán al momento de mi vista...
+
+Aquí tornó el rector a alzar la mano, como si fuese a descargar el rayo
+vengador de la justicia, y concluyó con tremenda severidad:
+
+--...yéndose al campo también.
+
+La severidad del rector se deshizo entonces en una alegre carcajada, y
+una gritería inmensa acogió la proclamación del indulto, mientras las
+gorras subían por lo alto en alas del entusiasmo, y los reos perdonados
+y el intercesor generoso eran llevados en triunfo con cariñosa
+fraternidad.
+
+Pusiéronse todos en marcha, a través de aquellos campos floridos,
+aquellas verdes praderas, bosques espesos y preciosas casitas rodeadas
+de jardines, que adornan todo el camino desde Guichon hasta el mar.
+Extendíase este por detrás de Biarritz, estrellándose contra las rocas
+con furor inmenso, amenazador e imponente, bajo aquel límpido azul y con
+aquel sosegado tiempo, como un gesto de terrible cólera en el rostro de
+una serena divinidad.
+
+Más allá de la playa de los vascos, en una alta y escondida explanada
+que forman las rocas no lejos de cierta _villa_ deliciosa, hizo alto la
+alegre turba, dispuesta a sentar allí sus reales para comer y sestear.
+La comida era sustanciosa y el apetito excelente, y sentados en el suelo
+en grupos de diez o doce, comenzaron los chicos aquel festín delicioso,
+a que las brisas del mar prestaban su frescura, los rayos del sol sus
+resplandores y la alegría de la infancia su graciosa locuacidad. Los
+inspectores les vigilaban yendo de un lado a otro, tomando parte en sus
+conversaciones, fomentando sus bromas y sus risas, y evitando con su
+presencia los excesos, sin disminuir con ella la alegría y la expansión.
+En una de sus rondas tropezóse el padre Bonnet con Paco Luján, sentado a
+la turca en uno de los grupos más numerosos; parecióle el niño
+preocupado y taciturno, y observó ante él su plato vacío, y puesta sobre
+la servilleta su parte de pan intacta. Uno de sus compañeros denunciólo
+al punto, gritando:
+
+--Padre... Luján no come...
+
+Volvióse él rápidamente, y con forzada jovialidad contestó:
+
+--¿Que no como?... ¡Vaya si como!... ¡Mira!...
+
+Y bebióse de un trago, sin resollar siquiera, un vaso lleno de vino
+hasta los bordes; mostróse desde entonces alegre, hablador y chancero, y
+levantándose de repente, comenzó a dar vueltas de un lado a otro, como
+si buscase algo. Había ya terminado la comida, llegaba a lo sumo la
+alegría, y los chiquillos, dispersos por todos los lados, comenzaban a
+organizar diversas partidas de juego; en lo alto de una roca, montado a
+caballo sobre uno de sus salientes, hallábase Tapón muy afanado, en
+mangas de camisa, armando con una caña abandonada y un largo bramante un
+aparato de pesca. Acercósele Luján por detrás, y poniéndole una mano
+sobre el hombro, díjole con voz extraña:
+
+--¡Tapón... ven acá!...
+
+Levantó este los ojos, y a la vista de aquel pálido rostro y aquel torvo
+ceño, inmutóse mucho; soltó al punto la caña, tercióse al hombro en
+silencio la chaqueta y levantóse dócilmente:
+
+--Anda delante--dijo Paco.
+
+Arrancaba de allí un senderito abierto en la misma roca, que entre picos
+y grandes peñascos llegaba hasta la playa baja que azotaban las olas, y
+por allí comenzaron a bajar los niños, silenciosos ambos, sorprendido y
+azorado Alfonso, pálido el otro y torva la mirada, arrastrados los dos,
+sin saberlo, por la desventura más digna de lástima que existe en la
+tierra: la que acarrean al inocente los delitos del culpado.
+
+Cuando llegaron a lo más hondo de la playa, donde los peñascos se
+erguían solitarios, y el ruido del mar ensordecía y espantaba, y ya no
+se escuchaba la algazara de los niños ni se descubría rastro alguno de
+hombres, volvióse Tapón lleno de zozobra y miró a su compañero
+tímidamente; mas este, empujándole hacia adelante, le dijo:
+
+--¡Anda!... ¿Tienes miedo?...
+
+Terminaba el senderito que seguían en una reducida explanada, rodeada
+por todas partes de rocas, que la pleamar cubría por completo y
+salpicaban entonces las olas con blancos espumarajos, dejando al
+retirarse, en el declive, una pequeña hondonada, una especie de pozo
+lleno de agua que cubriría a ambos niños hasta la cintura. Pegóse Tapón
+a la roca más lejana, que le cortaba la salida, volviéndose de nuevo muy
+pálido y asustado, y con el ansia mortal de la zozobra, con la
+desfallecida voz del miedo, dijo muy bajo:
+
+--¿Qué quieres?
+
+Y el otro, dando entonces rienda suelta a la rabia que le ahogaba, al
+rencor contra el padre de aquel inocente, fuera ya de su alcance, que
+por tantos años había fomentado en el fondo del pecho, con la paciencia
+con que se afila la hoja de un cuchillo, gritó con voz terrible,
+sacudiéndole con una mano por un brazo, poniéndole el puño cerrado de la
+otra junto al rostro mismo:
+
+--¿Qué quiero?... ¡Matarte es lo que quiero!... Romperte el alma...
+Tirarte al agua; que uno de los dos no vuelva al colegio...
+
+Y sacando el bolsillo el funesto papel arrancado a la mosca el día
+antes, púsolo ante los ojos de Tapón, dilatados por el espanto, y tornó
+a gritarle lívido de ira:
+
+--¿Conoces esto?...
+
+El niño fijó un momento los ojos en aquel papel desconocido a que la
+mano que lo sostenía comunicaba temblores de rabia, y el pudor de su
+alma inocente tuvo fuerzas para colorear en sus mejillas por un momento
+la azulada palidez del espanto. Movió la cabecita y cerró los ojos,
+apartándolos.
+
+--Eso es malo--dijo--, es pecado...
+
+--¿Pecado y tú lo has escrito?--bramó el otro en el paroxismo de la
+rabia.
+
+Y de una terrible bofetada arrojóle al suelo cuan largo era y lanzóse
+luego sobre él, dando roncos gritos de furor, vomitando contra el padre
+y la madre y el niño mismo horrendos insultos, que parecían hincharle la
+garganta como si no hubiera en ella espacio bastante para arrojarlos,
+dándole puñadas, pateándole todo el cuerpo, mesándole los cabellos y
+sacudiéndole la cabeza contra las rocas, hasta que, rendido y jadeante,
+viose de improviso las manos manchadas de sangre... Entonces dio un paso
+atrás, pálido y descompuesto, y sucedióle al punto, en un segundo, lo
+que sucede a todos los corazones generosos cuando pasa en ellos el
+vértigo horrible de la venganza y ven ya a su víctima indefensa y
+aniquilada, tendida a sus pies: una gran piedad hacia aquel pobre niño,
+en quien había querido él, sin conseguirlo del todo, acumular el odio
+inmenso que profesaba a su padre, invadió su pecho y despertó su razón,
+y con voz queda, enternecida casi, alargóle su propio pañuelo, diciendo:
+
+--Tapón..., tienes sangre...
+
+El niño procuraba incorporarse exhalando ayes lastimeros, repitiendo
+siempre con acento de verdad profunda. «¡Yo no he sido!... ¡Yo no he
+sido!» Y con desgarradora expresión de pena, como si le dolieran más en
+el alma que sus heridas le dolían en el cuerpo los insultos que había
+oído contra su padre y su madre, repetía lastimeramente:
+
+--Mi padre ha muerto... Yo no lo conocí... Pero mi mamá es una santa,
+santa... ¿Sabes tú?... ¡Santa!...
+
+Paco Luján sintió que el corazón entero se le derretía en lágrimas, y
+acudió a sostener al niño, que parecía próximo a desfallecer; tenía una
+herida en la frente y manaba de ella sangre en abundancia, que corría
+por su rostro y teñía ya su camisa. Ayudóle a levantar, sosteniéndole
+por debajo de los brazos, y arrastróle suavemente, para lavarle la
+herida, hacia el pozo que la marea baja dejaba al descubierto, colocado
+al pie de una roca, en la orilla misma del mar. El niño se dejaba
+conducir con entera confianza, apoyando la lívida cabecita, blanca cual
+un jazmín cortado a la mañana, en el hombro de Paco. Notó entonces este
+que había olvidado el pañuelo allá arriba, en el sitio del combate, y
+volvió corriendo en su busca; el niño, mientras tanto, desasosegado y
+sin tino, sintiendo tras aquella conmoción tan ruda la natural congoja
+del vómito, inclinóse demasiado sobre la roca y cayó rodando hasta el
+mar... Una ola inmensa que reventaba en aquel momento en la playa asióle
+con sus mil garras de espuma, y en su tremenda resaca arrebatólo hacia
+dentro.
+
+Luján lanzó un alarido horrible, incomprensible en el aparato eufónico
+de un niño, y se quedó con el pelo erizado y los brazos rígidos y
+extendidos hacia aquella ola inmensa que barría del mundo a un inocente,
+cumpliendo una tremenda justicia de Dios.
+
+Su estupor horrendo duró sólo un minuto... Sabía él nadar... y lo
+sacaría, sí, lo sacaría, aunque tuviera que bajar a lo profundo, aunque
+tuviera que hacerse trizas la cabeza contra los escollos del fondo, y
+luchar allí a brazo partido con el terror y la muerte... Y se arrancaba
+las ropas, y las tiraba a su paso, y trepaba por las peñas lanzando
+gritos, dejando en ellas, sin sentirlo, pedazos de la piel de sus
+piernas desnudas, de su pecho jadeante y comprimido por la espantosa
+presión del horror...
+
+Llegó a la roca más alta, la más saliente e inclinada hacia el abismo, y
+agarrado a la punta, rasgándose el pecho contra las asperezas de la
+peña, tendió los ojos fuera de las órbitas por aquella extensión
+inmensa, buscando una señal, un punto negro, un ligero estremecimiento
+en la superficie del agua... ¡Nada!... ¡Nada más que aquellas olas tan
+azules y tan bellas a pesar de catástrofe tan horrenda, aquel cielo tan
+puro y tan radiante a pesar de horror tan profundo!
+
+--¡Jesucristo!... ¡Virgen Santísima!... ¡Que salga, que aparezca!...
+¡Madre de los afligidos..., te doy mi vida en cambio!... ¡Si yo no le
+odio, si le quiero, si le amo..., si amo a su padre mismo!... ¡Señor mío
+Jesucristo, perdón.., me pesa!... Si él era bueno..., la mala era mi
+madre..., ella..., ella...
+
+Se levantó rígido, tieso como un muerto, pareciendo que se alargaba su
+estatura hasta crecer la mitad... Allí..., allí..., allá lejos, a veinte
+brazas de aquella roca se agitaba el agua un poco, se formaba un
+remolino, aparecía un punto negro... Sí, sí, no había duda...
+¡Jesucristo!... ¡Una manita crispada que se alza pidiendo socorro!...
+
+Y como una exhalación describió un arco en el aire y se hundió en el
+mar la otra víctima, lanzando un grito de piedad que halló su memoria en
+lo más profundo de los recuerdos de su infancia y puso la Reina de los
+ángeles en sus labios, como una prenda de perdón, en aquella hora
+suprema:
+
+¡Virgen del Recuerdo dolorida!
+
+¿Te acordarás de mí?
+
+Viósele nadar veinte brazas con la enérgica desesperación de la agonía,
+hundirse una vez, aparecer otra, tornar otra vez a hundirse; salir a
+flote de nuevo, no una, sino dos cabecitas, pegadas, juntas, rubia la
+una, negra la otra, y sumergirse otra vez las dos formando un ligero
+vórtice, unas suaves espumas, borrosas, imperceptibles, en aquel mar
+inmenso, ¡limitado, roto tan sólo en el lejano horizonte por una velita
+blanca que se divisaba a lo lejos...
+
+Al día siguiente, unos pescadores de Guetary encontraron atravesados en
+una roca los cadáveres de los niños, abrazados estrechamente aun después
+de la muerte... En las ansias y rudo combate de aquella agonía tremenda,
+el escapulario de uno había pasado también al cuello del otro, y
+descansaba, como una contraseña del cielo, sobre los pechos de ambos.
+
+Jamás se supo a cuál había pertenecido en vida la santa enseña: era el
+escapulario de la Virgen del Recuerdo...
+
+Fin del libro cuarto
+
+
+
+
+Epílogo
+
+
+La campana del santuario de Loyola había tocado ya el último toque de
+misa y el hermano portero luchaba a brazo partido, en la misma puerta,
+con una de esas beatas pegajosas, ávidas siempre de santa curiosidad,
+propaladoras incansables de nuevas místicas, que creen asegurar el
+triunfo de la Iglesia y la extirpación de las herejías propagando entre
+fieles e infieles que el padre _A_ estornudó dos veces seguidas, o que
+al padre _B_ se le descosió la borlita del solideo.
+
+Una señora enlutada salió entonces de la vecina hospedería, atravesó
+lentamente el prado y subió las escaleras que llevan al santuario. Era
+una mujer alta, joven aún, que parecía agobiada por el peso de una de
+esas inmensas desventuras que inclinan el cuerpo a la tierra, como
+buscando en ella el consuelo y la paz. El negro crespón que sombreaba su
+frente, sin ocultarla del todo, dejaba ver unos ojos rojos en que ya no
+había lágrimas y un rostro marchito, óvalo perfecto en que se veía, por
+decirlo así, incrustada una conmovedora expresión de dolor eterno.
+
+Al pasar ante el hermano, saludóla este con muestras de gran respeto, y
+la beata, ansiosa siempre de noticias, preguntóle su nombre.
+
+--La marquesa de Sabadell--contestó el hermano.
+
+La beata dejó escapar una exclamación de asombro, y con cierta compasiva
+admiración siguió a la dama con la vista, hasta verla desaparecer por la
+gótica puerta del antiguo solar de Loyola.
+
+Un cochecillo desvencijado, tirado por dos flacos rocines del país,
+entró al mismo tiempo por el puente de Catalangua, atravesó velozmente
+el prado y vino a detenerse al pie de la escalinata. Apeóse otra señora,
+también enlutada, muy flaca, muy pequeñita, ocultando, como la otra,
+entre los negros crespones un rostro consumido y lleno de pecas y unos
+cabellos rojos mezclados de blanco. Nadie la conocía en el país: habíase
+establecido aquel verano en un caserío muy bien acondicionado, cerca de
+los baños de San Juan, y veíasela a menudo desde el camino pasear por la
+huerta acompañando a un caballero muy gordo, al parecer idiota, que
+lanzaba gritos extraños y tristes risotadas, y no se movía de un carrito
+de que tiraba a veces un borriquillo pequeño, otras un criado, algunas,
+con bastante frecuencia, la misma señora. Los caseros de las cercanías
+llamábanla _Gorriya_, esto es, «la roja».
+
+Al hermano portero no le era, sin embargo, desconocida la dama, y
+saludóla también a su paso con mucha atención y deferencia. La beata,
+con redoblada curiosidad, tornó a preguntar asimismo el nombre de esta.
+
+--La condesa de Albornoz--replicó secamente el portero.
+
+Penetró esta también en la santa casa y subió al famoso santuario, lleno
+en aquel momento de fieles de todas clases, mezclados y confudidos el
+señor y el labriego, la dama y la casera, con ese aire de confianza, esa
+perfecta igualdad que muchos pregonan y sólo se comprende y se practica
+en el santo templo de Dios. La Albornoz pasó rozando con su traje el
+traje de su infeliz prima y fue a arrodillarse, sin reparar en ella, a
+cuatro pasos de distancia.
+
+No sucedió lo mismo a la marquesa de Sabadell: viola muy bien esta, la
+conoció al punto, y el temblor de sus manos, el gesto espontáneo de
+horror con que apartó la vista, el ansia cruel con que se levantó su
+pecho, sin que pudieran exprimir sus vaivenes una sola lágrima, como si
+se hubiese agotado ya en aquel corazón el manantial de ellas, revelaron
+claramente la impresión horrible que le hacía la presencia de aquella
+mujer funesta, que encontraba por primera vez después de tantas
+desgracias.
+
+Comenzó la misa ante la imagen de san Ignacio, del lado de allá de la
+reja; la de Albornoz, flaca y macilenta, paseó a poco la vista por todas
+partes, buscando algún sitio en que sentarse, y no hallándolo, hízolo
+humildemente en el suelo, sobre las frías losas; un anciano, pobre
+mendigo de Azpeitia, levantóse al punto del extremo de un banco y quiso
+cederle su puesto; mas ella, agradeciéndoselo con cariñosa sonrisa, no
+aceptó.
+
+Llegó al fin la hora de la comunión; el sacerdote abrió el tabernáculo,
+volvióse al pueblo y bendijo a pobres y ricos, grandes y pequeños,
+inocentes y arrepentidos, verdugos y víctimas... Todas las cabezas se
+inclinaron, dobláronse todas las rodillas en el más profundo silencio...
+
+--_¡Ecce Agnus Dei; ecce qui tollit peccata mundi!..._
+
+Varios hombres y mujeres se adelantaron y fueron a arrodillarse ante el
+comulgatorio; entre ellos iban la marquesa de Sabadell y la condesa de
+Albornoz, las dos rivales, el verdugo y la víctima, la mujer inocente y
+la cínica escandalosa.
+
+Pasó largo rato; terminóse aquella misa y salió después otra, y poco a
+poco fueron desapareciendo los fieles, quedando al fin sola la Albornoz,
+arrodillada delante, sin poderse sostener apenas, caída la cabeza,
+cruzadas las manos, imagen viva de la humildad aniquilada ante la
+misericordia. Detrás estaba la marquesa de Sabadell, arrodillada a larga
+distancia, sintiendo por primera vez, después de la muerte de su hijo,
+el consuelo inefable de las lágrimas.
+
+De repente hizo Currita un penoso esfuerzo para levantarse, y la otra se
+levantó también prontamente, y salió de la capilla, deteniéndose al lado
+de allá de la puerta, junto a la pila del agua bendita... Allí la
+encontró la Albornoz, y dio un paso atrás al verla, pálida cual un
+espectro.
+
+Mas ella, dando otro paso adelante, hizo un solo movimiento, una mera
+_pequeñez_, de esas que asombran a los hombres y regocijan a los
+ángeles: metió la mano en la pila del agua bendita y se la ofreció con
+la punta de los dedos...
+
+Fin
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Pequeñeces, by Luis Coloma
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PEQUEÑECES ***
+
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+Produced by Chuck Greif
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+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
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+Foundation
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+*** END: FULL LICENSE ***
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+++ b/20011-h/20011-h.htm
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+ The Project Gutenberg eBook of Pequeñeces..., by El P. Luis Coloma.
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+The Project Gutenberg EBook of Pequeñeces, by Luis Coloma
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: Pequeñeces
+
+Author: Luis Coloma
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+Release Date: December 3, 2006 [EBook #20011]
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PEQUEÑECES ***
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+Produced by Chuck Greif
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+<p><span class='pagenum' style="left: 85%;"><a name="Page_1" id="Page_1">[P&aacute;gina 1]</a></span></p>
+
+<h1 style="font-size: 300%;">Peque&ntilde;eces...</h1>
+
+<p class="center">por</p>
+
+<h2>El P. Luis Coloma</h2>
+
+<p class="center">de la</p>
+
+<p class="center">Compa&ntilde;ia de Jes&uacute;s</p>
+
+<h3>SEXTA EDICION</h3>
+
+<p class="center">Bilbao<br />
+<span class="smcap">Administraci&oacute;n de &laquo;El Mensajero del coraz&oacute;n de Jes&uacute;s&raquo;</span>
+Calle de Ayala<br />
+1898</p>
+
+<p class="center">ES PROPIEDAD<br />
+<span class="smcap">queda hecho el dep&oacute;sito que se&ntilde;ala la ley</span></p>
+
+<p class="center">BILBAO&mdash;Imp. del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, Muelle de Marzana, 7.
+</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<p><a name="toc" id="toc"></a></p>
+<table summary="toc" cellspacing="0" cellpadding="0">
+<tr><td>
+<a href="#Libro_Primero"><b>Libro Primero</b></a><br /><br />
+
+<a href="#Imdash"><b>&mdash;I&mdash;,</b></a>
+<a href="#IImdash"><b>&mdash;II&mdash;,</b></a>
+<a href="#IIImdash"><b>&mdash;III&mdash;,</b></a>
+<a href="#IVmdash"><b>&mdash;IV&mdash;,</b></a>
+<a href="#Vmdash"><b>&mdash;V&mdash;,</b></a>
+<a href="#VImdash"><b>&mdash;VI&mdash;,</b></a>
+<a href="#VIImdash"><b>&mdash;VII&mdash;,</b></a>
+<a href="#VIIImdash"><b>&mdash;VIII&mdash;,</b></a>
+<a href="#IXmdash"><b>&mdash;IX&mdash;,</b></a>
+<a href="#Xmdash"><b>&mdash;X&mdash;,</b></a>
+<a href="#XImdash"><b>&mdash;XI&mdash;</b></a><br /><br />
+
+<a href="#Libro_II"><b>Libro II</b></a><br /><br />
+
+<a href="#Ibmdash"><b>&mdash;I&mdash;,</b></a>
+<a href="#IIbmdash"><b>&mdash;II&mdash;,</b></a>
+<a href="#IIIbmdash"><b>&mdash;III&mdash;,</b></a>
+<a href="#IVbmdash"><b>&mdash;IV&mdash;,</b></a>
+<a href="#Vbmdash"><b>&mdash;V&mdash;,</b></a>
+<a href="#VIbmdash"><b>&mdash;VI&mdash;,</b></a>
+<a href="#VIIbmdash"><b>&mdash;VII&mdash;,</b></a>
+
+
+<a href="#VIIImdash"><b>&mdash;VIII&mdash;</b></a><br /><br />
+
+<a href="#Libro_III"><b>Libro III</b></a><br /><br />
+<a href="#Icmdash"><b>&mdash;I&mdash;,</b></a>
+<a href="#IIcmdash"><b>&mdash;II&mdash;,</b></a>
+<a href="#IIIcmdash"><b>&mdash;III&mdash;,</b></a>
+<a href="#IVcmdash"><b>&mdash;IV&mdash;,</b></a>
+<a href="#Vcmdash"><b>&mdash;V&mdash;,</b></a>
+<a href="#VIcmdash"><b>&mdash;VI&mdash;,</b></a>
+<a href="#VIIcmdash"><b>&mdash;VII&mdash;,</b></a>
+<a href="#VIIIcmdash"><b>&mdash;VIII&mdash;</b></a><br /><br />
+
+<a href="#Libro_IV"><b>Libro IV</b></a><br /><br />
+<a href="#Idmdash"><b>&mdash;I&mdash;,</b></a>
+<a href="#IIdmdash"><b>&mdash;II&mdash;,</b></a>
+<a href="#IIIdmdash"><b>&mdash;III&mdash;,</b></a>
+<a href="#IVdmdash"><b>&mdash;IV&mdash;,</b></a>
+<a href="#Vdmdash"><b>&mdash;V&mdash;,</b></a>
+<a href="#VIdmdash"><b>&mdash;VI&mdash;,</b></a>
+<a href="#VIIdmdash"><b>&mdash;VII&mdash;,</b></a>
+<a href="#VIIIdmdash"><b>&mdash;VIII&mdash;,</b></a>
+<a href="#IXdmdash"><b>&mdash;IX&mdash;</b></a><br /><br />
+
+<a href="#ep"><b>Ep&iacute;logo</b></a>
+</td></tr>
+</table>
+<hr style="width: 65%;" />
+
+<h2>Al Lector<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a></h2>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_2" id="Page_2">[2]</a></span></p>
+
+<p>Lector amigo: Si eres hombre corrido y poco asustadizo, conocedor de las
+miserias humanas y amante de la verdad, aunque esta amargue, &eacute;ntrate sin
+miedo por las p&aacute;ginas de este libro; que no encontrar&aacute;s en ellas nada
+que te sea desconocido o se te haga molesto. Mas si eres alma p&iacute;a y
+asombradiza; si no has salido de esos limbos del entendimiento que
+engendra, no tanto la inocencia del coraz&oacute;n como la falta de
+experiencia; si la desnudez de la verdad te escandaliza o hiere tu amor
+propio su rudeza, detente entonces y no pases adelante sin escuchar
+primero lo que debo decirte.</p>
+
+<p>Porque t&eacute;mome mucho, lector amigo, que, de ser esto as&iacute; y si no te
+mueven mis razones, te espera m&aacute;s de un sobresalto entre las p&aacute;ginas de
+este libro. Yo dej&eacute; correr en &eacute;l la pluma con entera independencia,
+rechazando con horror, al trazar mi pintura, esa teor&iacute;a perversa que
+ensancha el criterio de moralidad hasta desbordar las pasiones,
+ocultando de manera m&aacute;s o menos solapada la p&eacute;rfida idea de hacer pasar
+por l&iacute;cito todo lo que es agradable; mas confi&eacute;sote de igual modo que,
+si no con espanto, con grave fastidio al menos, y hasta con cierta<span class='pagenum'><a name="Page_3" id="Page_3">[3]</a></span> <i>ira
+literaria</i>, rechac&eacute; tambi&eacute;n aquel otro extremo contrario, propio de
+algunas conciencias timoratas que se empe&ntilde;an en ver un peligro en
+dondequiera que aparece algo que deleita. Porque juzgo que, por sobra de
+valor, yerran los primeros, en no ver abismos donde puede haber flores;
+y tengo para m&iacute; que, por hartura de miedo, yerran tambi&eacute;n los segundos,
+en no concebir una flor sin que oculte detr&aacute;s un precipicio. Y andando,
+andando, y partiendo los unos de un principio falso y los otros de una
+verdad santa, llegan todos de la exageraci&oacute;n al enga&ntilde;o, y pasan luego a
+la demencia; pareci&eacute;ndoles a aquellos que pueden servir de gu&iacute;a a la
+juventud las crudezas de Zola, y creyendo estos que no conviene ense&ntilde;ar
+a los ni&ntilde;os el Credo y los Art&iacute;culos de la Fe sin introducir algunas
+prudentes modificaciones, de que yo pudiera citarle alg&uacute;n rid&iacute;culo
+ejemplo. Extra&ntilde;o fen&oacute;meno y singular aprieto para el escritor el de
+estos dos extremos opuestos, hijos leg&iacute;timos de la confusi&oacute;n de ideas en
+todo orden de cosas que caracteriza nuestra &eacute;poca, y reconoce por
+origen, entre otras mil causas, la orgullosa suficiencia propia, el
+desprecio de la autoridad que leg&iacute;timamente define, la falta de
+profundidad y m&eacute;todo en los estudios, el magisterio superficial, intruso
+e interesado de los peri&oacute;dicos, y la funesta propensi&oacute;n a juzgar lo que
+<span class='pagenum'><a name="Page_4" id="Page_4">[4]</a></span>pasa en el coraz&oacute;n ajeno por lo que sucede en el propio.</p>
+
+<p>Cierto, ciert&iacute;simo, lector p&iacute;o y discreto, que peca de inmoral y merece
+toda censura el autor que encomia a los ladrones y recomienda sus hurtos
+y los facilita; o el que protestando contra ellos y reconociendo su
+inmoralidad, traza, sin embargo, con buenas intenciones y poqu&iacute;sima
+prudencia, cuadros de peligrosa belleza, de tentaci&oacute;n seductora, que
+ejercen sobre el lector incauto, y aun sobre el que por tal no se tiene,
+la atracci&oacute;n siniestra del abismo. Mas no por eso has de deducir de
+aqu&iacute;, lector p&iacute;o siempre, y esta vez no discreto si tal deduces, que sea
+igualmente inmoral el escritor que confiesa paladinamente que hay
+ladrones, que da la voz de alerta contra ellos y los saca a la verg&uuml;enza
+p&uacute;blica, pint&aacute;ndolos con todas aquellas sus negras tintas que sufre el
+decoro y hacen al vicio antip&aacute;tico y odioso, y se ayuda as&iacute; del mal para
+hacer el bien, a la manera que la primavera se ayuda del esti&eacute;rcol para
+fabricar la rosa.</p>
+
+<p>Y no me digas que se corre siempre el riesgo fatal&iacute;simo de abrir los
+ojos a la inocencia; porque te dir&eacute; entonces que si el tal autor supo
+<span class='pagenum'><a name="Page_5" id="Page_5">[5]</a></span>guardar ese <i>prudente decoro</i> que indiqu&eacute; antes, y esa inocencia de que
+hablas es la verdadera inocencia del coraz&oacute;n, pura y santa, &uacute;nica que
+todo lo ignora, as&iacute; en teor&iacute;a como en pr&aacute;ctica, preciso ser&aacute; que pase
+por aquellas p&aacute;ginas sin comprender lo que se dice entre l&iacute;neas y coja
+la rosa sin sospechar que existe el esti&eacute;rcol. Y si por ventura lo
+sospecha y lo descubre, se&ntilde;al clara y evidente de que no estaban esos
+ojos tan cerrados como t&uacute; cre&iacute;as, y no siendo ya inocencia pura del
+coraz&oacute;n, sino mera ignorancia del entendimiento, le aprovechar&aacute; por
+ende, si no como medicina todav&iacute;a, como preservativo, al menos, la
+lecci&oacute;n que encerr&oacute; all&iacute; el autor en prudente logogrifo, y como
+esti&eacute;rcol sucio y hediondo aprehender&aacute; forzosamente lo que como tal se
+le presenta. Y si se le convierte en ponzo&ntilde;a la triaca, culpa ser&aacute; suya
+y no del m&eacute;dico, porque la malicia no estar&aacute; entonces en el que escribe,
+sino en la propia voluntad del que lee; que, como dijo un poeta antiguo:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Del m&aacute;s hermoso clavel,<br /></span>
+<span class="i0">pompa del jard&iacute;n ameno,<br /></span>
+<span class="i0">el &aacute;spid saca veneno,<br /></span>
+<span class="i0">la oficiosa abeja, miel.<br /></span>
+<span class='pagenum'><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span></div></div>
+
+<p>Con este criterio, lector amigo, escrib&iacute; yo el libro que entre las manos
+tienes, y lealmente te lo aviso para que lo arrojes a tiempo si mi modo
+de pensar no te satisface. Y si por acaso te maravilla que siendo yo
+quien soy me entre con tanta frescura por terrenos tan peligrosos, has
+de tener en cuenta que, aunque <i>novelista</i> parezco, soy s&oacute;lo
+<i>misionero</i>, y as&iacute; como en otros tiempos sub&iacute;a un fraile sobre una mesa
+en cualquier plaza p&uacute;blica y predicaba desde all&iacute; rudas verdades a los
+distra&iacute;dos que no iban al templo, habl&aacute;ndoles, para que bien lo
+entendieran, su mismo grosero lenguaje, as&iacute; tambi&eacute;n armo yo mi tinglado
+en las p&aacute;ginas de una novela, y desde all&iacute; predico a los que de otro
+modo no hab&iacute;an de escucharme, y les digo en su propia lengua verdades
+claras y necesarias que no podr&iacute;an jam&aacute;s pronunciarse bajo las b&oacute;vedas
+de un templo.</p>
+
+<p>Porque si t&uacute;, lector p&iacute;o y candoroso, sentado a las m&aacute;rgenes de los
+arroyos de leche y miel que fertilizan la Jerusal&eacute;n celestial que
+<span class='pagenum'><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span>habitas, has cre&iacute;do que existe la noci&oacute;n del bien y del mal en todos
+los corazones, con la misma claridad que t&uacute; la posees en tu
+entendimiento iluminado por la gracia, est&aacute;s en un error cras&iacute;simo. En
+el mundo, y en cierta clase de mundo, sobre todo, el mal suele
+desconocerse a s&iacute; mismo, por esa misma confusi&oacute;n de ideas que en todos
+los &oacute;rdenes reina. Cuando la relajaci&oacute;n es general, sucede en una
+sociedad lo que a bordo de un barco acontece: que como todo se mueve
+igualmente, parece que nadie camina; preciso es que alguien se detenga
+para que haya un punto fijo que marque el atropellamiento de los otros y
+el rumbo peligroso de los que siguen caminando.</p>
+
+<p>Jam&aacute;s har&aacute;s conocer a un bizco su propio estrabismo, si no le pones
+delante un espejo fiel que le retrate su torcida vista; porque el ojo de
+la cara que sirve para ver y conocer a los dem&aacute;s no puede, sin un
+milagro que equivalga a esta gracia que t&uacute; disfrutas, verse y conocerse
+a s&iacute; mismo. Grande y caritativa obra, por tanto, ser&aacute; la del libro que
+sirva de punto fijo para avisar a los del barco que se alejan de la
+orilla; que sirva de espejo fiel al bizco desdichado, para que,
+comenzando por conocer all&iacute; su vista extraviada, acabe por odiarla en s&iacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span>mismo.</p>
+
+<p>Y aqu&iacute; tienes explicado de paso el porqu&eacute; me detengo a veces en
+pormenores harto nimios, que desde&ntilde;ar&iacute;a como artista y a que no
+descender&iacute;a como religioso. Porque el &uacute;ltimo parapeto del bizco que no
+quiere mirar derecho es negar que entienda el que le reprende de
+achaques de vista; por eso, cuando le pone delante el censor detalles
+&iacute;ntimos conocidos s&oacute;lo de los del gremio, conc&eacute;dele al punto la ventaja
+inmensa de la experiencia y se rinde a discreci&oacute;n, pensando que, si no
+fue tambi&eacute;n bizco all&aacute; en sus tiempos aquel que le reprende, entre
+muchos que bizquean debieron de apuntarle los dientes; y gran paso es ya
+este dado en el coraz&oacute;n que quiere ganarse, porque le invita a la
+confianza y le asegura la indulgencia, la idea de que aquel censor
+inexorable estudi&oacute; en su mismo libro y venci&oacute; sus mismas flaquezas.</p>
+
+<p>Y si todas estas cosas me concedes, y me arguyes todav&iacute;a que no cuadra a
+la gravedad de <i>El Mensajero</i> publicar historias tan profanas, p&iacute;dote
+que consideres una cosa, en que de seguro no habr&aacute;s parado mientes. No
+todos los suscriptores de <i>El Mensajero</i> son como t&uacute;, piadosos y
+<span class='pagenum'><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span>espirituales: en sus listas, numeros&iacute;simas hasta un punto incre&iacute;ble
+para lo que suelen ser estas cosas en Espa&ntilde;a, figuran al lado de
+m&iacute;sticas abadesas, se&ntilde;oras muy del mundo, y junto a congregantes de San
+Luis, hombres despreocupados y hasta j&oacute;venes alegres. Preciso es, pues,
+que toda esta multitud heterog&eacute;nea encuentre all&iacute; alimento que la nutra
+y que le agrade, y la sana doctrina que paladea con delicia la abadesa
+en la <i>Intenci&oacute;n</i> de cada mes, seria, profunda y devota, es manjar harto
+sublime para el embotado paladar de aquellos otros que s&oacute;lo podr&aacute;n
+tragar esa misma celestial doctrina, envuelta en una salsa l&iacute;citamente
+profana.</p>
+
+<p>Dejen, pues, las almas p&iacute;as ese rinc&oacute;n de <i>El Mensajero</i> para esos
+pobres hambrientos, a quienes hay que alimentar por sorpresa con la
+santa doctrina de Cristo; que muy superior a la caridad que consiste en
+dar es la que consiste en comprender y soportar las humanas flaquezas.
+Esa es la que me hace a m&iacute; tomar la pluma y escribir para ellos, aun a
+trueque de escuchar, como en cierta ocasi&oacute;n he o&iacute;do, que rebaja el
+car&aacute;cter sacerdotal escribir cosas tan balad&iacute;es. &iexcl;Como si la caridad se
+<span class='pagenum'><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span>rebajara alguna vez, por mucho que descienda!...</p>
+
+<p>Y con esto, lector amigo, te dejo en paz, y libre quedas para entrarte,
+si te place, por las p&aacute;ginas de mi libro o dar media vuelta a la
+derecha. T&eacute;mome, sin embargo, y en tus ojillos devotos lo conozco, que
+ans&iacute;as ya por leerlo, y no lo dejar&aacute;s hasta devorarlo letra a letra;
+porque si mis razones no te han convencido, como deseo, es f&aacute;cil que la
+curiosidad te impulse contra lo que yo pretendo.</p>
+
+<p>Qu&eacute;date, pues, con Dios, y &Eacute;l te bendiga, que yo por mi parte</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Con estas cosas que digo<br /></span>
+<span class="i0">y las que paso en silencio,<br /></span>
+<span class="i0">a mis soledades voy,<br /></span>
+<span class="i0">de mis soledades vengo.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Bilbao, 1 de enero de 1890.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span></p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Libro_Primero" id="Libro_Primero"></a>Libro Primero</h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Imdash" id="Imdash"></a><a href="#toc">&mdash;I&mdash;</a></h2>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Something is rotten in the state of Denmark.<br /></span>
+<span class="i0">(Hay algo en Dinamarca que huele a podrido.)<br /></span>
+</div><div class="stanza">
+<span class="i0">Shakespeare, Hamlet.<br /></span>
+</div></div>
+
+
+<p>Las dos torrecillas del colegio se levantaban agudas y airosas como
+<span class='pagenum'><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span>flechas disparadas contra el cielo azul, sereno y radiante, que suele
+cobijar a Madrid en los primeros d&iacute;as de junio. La verdura del jard&iacute;n
+parec&iacute;a una esmeralda ca&iacute;da en la arena, un oasis de bosquecillos de
+lilas que ya se marchitaban y de azucenas que comenzaban a abrirse,
+perdido en las &aacute;ridas llanuras que por el lado del colegio rodean a la
+corte de Espa&ntilde;a. El agua saltaba en las fuentes y corr&iacute;a por los pilones
+murmurando; o&iacute;anse alegres voces de ni&ntilde;os en lo interior del edificio;
+gorjeos de ruise&ntilde;ores y jilgueros en los &aacute;rboles, y m&aacute;s all&aacute;, pasada la
+verja, ni ni&ntilde;os, ni agua, ni flores, ni p&aacute;jaros... Una llanura est&eacute;ril,
+un pueblo de barracas; y all&aacute; en el horizonte, lejos, lejos, Madrid, la
+corte de Espa&ntilde;a, asomando sus c&uacute;pulas y sus torres entre esa neblina que
+pone m&aacute;s de relieve la limpidez de la atm&oacute;sfera, esa especie de vaho que
+se levanta de las grandes capitales, semejante a las emanaciones de una
+hedionda charca.</p>
+
+<p>Terminaba aquel d&iacute;a el curso, hab&iacute;a tenido ya lugar la distribuci&oacute;n de
+premios, y llegaba la hora de las despedidas. Cruz&aacute;banse por todas
+partes enhorabuenas y adioses, encargos y recomendaciones; y padres,
+madres, ni&ntilde;os y criados, revueltos en confuso tropel, invad&iacute;an todas las
+<span class='pagenum'><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span>dependencias del colegio, rebosando esa satisfacci&oacute;n pur&iacute;sima del
+premio justamente alcanzado, del trabajo concluido, de la esperanza
+cierta de descanso; esa ruidosa alegr&iacute;a que despierta en el escolar de
+todas las edades la m&aacute;gica palabra: <i>&iexcl;Vacaciones!</i></p>
+
+<p>El acto hab&iacute;a estado brillant&iacute;simo; en el fondo del sal&oacute;n ocupaban un
+estrado, ricamente dispuesto, los cien alumnos del colegio, con sus
+uniformes azules y plata, agitados todos por la emoci&oacute;n, buscando con
+los ojillos inquietos, arreboladas las mejillas y el coraz&oacute;n palpitante,
+entre la muchedumbre que llenaba el local, al padre, a la madre, a los
+hermanos que hab&iacute;an de ser testigos y part&iacute;cipes del triunfo. Coronaba
+el estrado un magn&iacute;fico cuadro de la Dolorosa, <i>Nuestra Se&ntilde;ora del
+Recuerdo</i>, titular del colegio, y a su derecha presid&iacute;a el acto el
+cardenal arzobispo de Toledo, bajo riqu&iacute;simo dosel, y el rector y
+profesores del colegio sentados en tomo. Llenaban el resto del inmenso
+sal&oacute;n los padres y madres de los ni&ntilde;os, alternando la gran se&ntilde;ora con la
+modesta comercianta; el grande de Espa&ntilde;a con el industrial acomodado;
+alegres todos, satisfechos, mir&aacute;ndose entre s&iacute; y sonriendo amigos y
+desconocidos, como si el sentimiento de la paternidad, igualmente
+<span class='pagenum'><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span>herido, acortase las distancias y estrechase las relaciones,
+despertando en todas las almas id&eacute;ntica felicidad, la misma dicha, igual
+deseo de considerarse y abrazarse como hermanos.</p>
+
+<p>La orquesta dio principio al acto, tocando magistralmente la obertura de
+<i>Sem&iacute;ramis</i>. El rector, anciano religioso, honra y gloria de la Orden a
+que pertenec&iacute;a, pronunci&oacute; despu&eacute;s un breve discurso, que no pudo
+terminar. Al fijarse sus apagados ojos en aquel mont&oacute;n de cabecitas
+rubias y negras, que atentamente le miraban, api&ntilde;adas y expresivas como
+los angelitos de una gloria de Murillo, comenz&oacute; a balbucear, y las
+l&aacute;grimas le cortaron la palabra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No lloro porque os vais!&mdash;pudo decir, al cabo&mdash;. &iexcl;Lloro porque muchos
+no volver&aacute;n nunca!...</p>
+
+<p>La nube de cabecitas comenz&oacute; a agitarse negativamente y un aplauso
+espont&aacute;neo y bullicioso brot&oacute; de aquellas doscientas manitas, como una
+protesta cari&ntilde;osa que hizo sonre&iacute;r al anciano en medio de sus l&aacute;grimas.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p><p>El secretario del colegio comenz&oacute; a leer entonces los nombres de los
+alumnos premiados: levant&aacute;banse estos ruborosos y aturdidos por el miedo
+a la exhibici&oacute;n y la embriaguez del triunfo; iban a recibir la medalla y
+el diploma de manos del arzobispo, entre los aplausos de los compa&ntilde;eros,
+los sones de la m&uacute;sica y los bravos del p&uacute;blico, y volv&iacute;an presurosos a
+sus sitios, buscando con la vista en los ojos de sus padres y de sus
+madres la mirada de inmenso cari&ntilde;o y orgullo leg&iacute;timo, que era para
+ellos complemento del triunfo. Un ni&ntilde;o peque&ntilde;ito de ocho a&ntilde;os subi&oacute;
+gateando las gradas del estrado, p&uacute;sose de puntillas para divisar a su
+madre, viola a lo lejos y con la punta del diploma le envi&oacute; un beso...
+Chicos y grandes aplaudieron con entusiasmo: los unos, por ese instinto
+de &aacute;ngel que hace comprender al ni&ntilde;o lo que es santo y bello; los otros,
+por esa tierna simpat&iacute;a que despierta en el coraz&oacute;n de todo padre o
+madre cuanto tiende a revelar el puro amor de hijo.</p>
+
+<p>El acto parec&iacute;a ya terminado: el arzobispo iba a dar la bendici&oacute;n y todo
+el mundo se levantaba para recibirla de rodillas... Un ni&ntilde;o blanco y
+rubio, bello y candoroso como un &aacute;ngel de Fra Ang&eacute;lico, se adelant&oacute;
+entonces a la mitad del estrado: realzaba el encanto de su edad y su
+<span class='pagenum'><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>inocencia, <i>ese no s&eacute; qu&eacute;</i> aristocr&aacute;tico y delicadamente fino que
+atrae, subyuga y hasta enternece en los ni&ntilde;os de grandes casas; y su
+larga cabellera rubia, cortada por delante como la de un pajecillo del
+siglo XV, le daba el aspecto de aquel pr&iacute;ncipe Ricardo que pint&oacute; Millais
+en su c&eacute;lebre cuadro <i>Los hijos de Eduardo</i>.</p>
+
+<p>Detuvi&eacute;ronse todos a su vista, quedando cada cual en su sitio en el m&aacute;s
+profundo silencio. Volvi&oacute; entonces el ni&ntilde;o hacia el cuadro de la Virgen
+sus grandes ojos azules, rebosando candor y pureza, y con vocecita de
+&aacute;ngel comenz&oacute; a decir<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a>:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Dulc&iacute;simo recuerdo de mi vida,<br /></span>
+<span class="i0">Bendice a los que vamos a partir...<br /></span>
+<span class="i0">&iexcl;Oh Virgen del Recuerdo dolorida,<br /></span>
+<span class="i0">Recibe t&uacute; mi adi&oacute;s de despedida,<br /></span>
+<span class="i0">Y acu&eacute;rdate de m&iacute;!...<br /></span>
+</div><div class="stanza">
+<span class="i0">&iexcl;Lejos de aquestos tutelares muros,<br /></span>
+<span class='pagenum'><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span><span class="i0">Los compa&ntilde;eros de mi edad feliz,<br /></span>
+<span class="i0">No ser&aacute;n a tu amor jam&aacute;s perjuros;<br /></span>
+<span class="i0">Se acordar&aacute;n de ti!<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Un aplauso general sali&oacute; del grupo de los ni&ntilde;os, como un grito de
+entusiasta asentimiento. Los grandes no aplaud&iacute;an; con el alma en los
+ojos y las l&aacute;grimas en estos, escuchaban inm&oacute;viles. El ni&ntilde;o se adelant&oacute;
+dos pasos, y llev&aacute;ndose las manitas al pecho, prosigui&oacute; lentamente:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Mas siento al alejarme una agon&iacute;a,<br /></span>
+<span class="i0">Cual no la suele el coraz&oacute;n sentir..<br /></span>
+<span class="i0">&iquest;En palabras de ni&ntilde;o qui&eacute;n conf&iacute;a?<br /></span>
+<span class="i0">Temo... no s&eacute; qu&eacute; temo, Madre m&iacute;a,<br /></span>
+<span class="i0">Por ellos y por m&iacute;...<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Nadie respiraba; las l&aacute;grimas, al caer, no hac&iacute;an ruido. El ni&ntilde;o volvi&oacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span>entonces al p&uacute;blico los c&aacute;ndidos ojos, con esa mirada vaga de la
+inocencia que parece investigar siempre algo ignorado, y prosigui&oacute; con
+tristeza que conmov&iacute;a y sencillez que llegaba al alma:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Dicen que el mundo es un jard&iacute;n ameno,<br /></span>
+<span class="i0">Y que &aacute;spides oculta ese jard&iacute;n...<br /></span>
+<span class="i0">Que hay frutos dulces de mortal veneno,<br /></span>
+<span class="i0">Que el mar del mundo est&aacute; de escollos lleno...<br /></span>
+<span class="i0">&iquest;Y por qu&eacute; estar&aacute; as&iacute;?<br /></span>
+</div><div class="stanza">
+<span class="i0">Dicen que por el oro y los honores,<br /></span>
+<span class="i0">Hombres sin fe, de coraz&oacute;n ruin,<br /></span>
+<span class="i0">Secan el manantial de sus amores<br /></span>
+<span class="i0">Y a su Dios y a su patria son traidores...<br /></span>
+<span class="i0">&iquest;Por qu&eacute; ser&aacute;n as&iacute;?<br /></span>
+</div><div class="stanza">
+<span class="i0">Dicen que de esta vida los abrojos,<br /></span>
+<span class="i0">Quieren trocar en mundanal fest&iacute;n;<br /></span>
+<span class='pagenum'><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span><span class="i0">Que ellos, ellos motivan tus enojos,<br /></span>
+<span class="i0">Y que ese llanto de tus dulces ojos,<br /></span>
+<span class="i0">&iexcl;Lo causan ellos, s&iacute;!<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Algunas mujeres enrojecieron, porque por la boquita del ni&ntilde;o parec&iacute;a
+hablar la voz de muchas conciencias; varios hombres bajaron la cabeza, y
+una voz en&eacute;rgica, pero alterada, repiti&oacute; a lo lejos:&mdash;&iexcl;S&iacute;! &iexcl;S&iacute;!&mdash;. Era
+un anciano general, abuelo de un alumno del colegio. El ni&ntilde;o parec&iacute;a
+conmovido, como pueden estar los &aacute;ngeles a la vista de las miserias
+humanas; movi&oacute; tristemente la cabecita, cruz&oacute; las manos y prosigui&oacute; con
+la expresi&oacute;n de un querub&iacute;n que mira a la tierra:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Ellos, &iexcl;ingratos!, de pesarte llenan...<br /></span>
+<span class="i0">&iquest;Ser&eacute; yo tambi&eacute;n sordo a tu gemir?<br /></span>
+<span class="i0">&iexcl;No! Yo no quiero frutos que envenenan,<br /></span>
+<span class="i0">No quiero goces que a mi Madre apenan,<br /></span>
+<span class='pagenum'><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span><span class="i0">&iexcl;No quiero ser as&iacute;!<br /></span>
+</div><div class="stanza">
+<span class="i0">En los escollos de esta mar brav&iacute;a<br /></span>
+<span class="i0">Yo no quiero sin gloria sucumbir;<br /></span>
+<span class="i0">Yo no quiero que llores por m&iacute; un d&iacute;a;<br /></span>
+<span class="i0">No quiero que me llores, Madre m&iacute;a...<br /></span>
+<span class="i0">&iexcl;No quiero ser as&iacute;!<br /></span>
+</div><div class="stanza">
+<span class="i0">Y mientras yo responda a tu reclamo,<br /></span>
+<span class="i0">Mientras me juzgue con tu amor feliz,<br /></span>
+<span class="i0">Y ardiendo en este afecto en que me inflamo,<br /></span>
+<span class="i0">Te diga muchas veces que te amo,<br /></span>
+<span class="i0">&iquest;Te olvidar&aacute;s de m&iacute;?<br /></span>
+</div><div class="stanza">
+<span class="i0">&iexcl;Ah, no, dulce recuerdo de mi vida!<br /></span>
+<span class="i0">Siempre que luche en peligrosa lid,<br /></span>
+<span class="i0">Siempre que llore mi alma dolorida,<br /></span>
+<span class="i0">Al recordar mi adi&oacute;s de despedida,<br /></span>
+<span class="i0">&iexcl;Te acordar&aacute;s de m&iacute;!<br /></span>
+<span class='pagenum'><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span></div><div class="stanza">
+<span class="i0">Y en retorno de amor y fe sincera,<br /></span>
+<span class="i0">Jam&aacute;s sin tu recuerdo he de vivir.<br /></span>
+<span class="i0">Tuya ser&aacute; mi l&aacute;grima postrera...<br /></span>
+<span class="i0">&iexcl;Hasta que muera, Madre; hasta que muera<br /></span>
+<span class="i0">Me acordar&eacute; de ti!<br /></span>
+</div><div class="stanza">
+<span class="i0">T&uacute; en pago, Madre, cuando llegue el plazo<br /></span>
+<span class="i0">De alzar el vuelo al celestial conf&iacute;n,<br /></span>
+<span class="i0">Estrech&aacute;ndome a ti con dulce abrazo,<br /></span>
+<span class="i0">No me apartes jam&aacute;s de tu regazo.<br /></span>
+<span class="i0">&iexcl;No me apartes de ti!<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Call&oacute; el ni&ntilde;o, y no reson&oacute; un aplauso; s&oacute;lo estall&oacute; un sollozo, un
+inmenso sollozo que pareci&oacute; salir de mil pechos por una sola boca,
+arrastrando los encontrados afectos de amor, ternura, verg&uuml;enza,
+entusiasmo, piedad y arrepentimiento, que en aquellos corazones hab&iacute;a
+despertado la c&aacute;ndida vocecita del ni&ntilde;o... A una se&ntilde;al del rector,
+<span class='pagenum'><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span>lanz&aacute;ronse todos los que en el estrado estaban en brazos de sus padres,
+estallando entonces una verdadera tempestad de besos, gritos, abrazos,
+bendiciones, llantos de alegr&iacute;a y gemidos de gozo. S&oacute;lo el ni&ntilde;o que
+hab&iacute;a declamado los versos qued&oacute; solitario en su asiento, sin padre ni
+madre que le recibieran en sus brazos; la pobre criatura dirigi&oacute; una
+larga mirada al dichoso grupo, y con sus premios en la mano, sali&oacute;
+lentamente por una ancha galer&iacute;a en que comenzaban a amontonar ya los
+criados los equipajes de los ni&ntilde;os que se marchaban. Hab&iacute;a en un extremo
+un gran mundo con las iniciales F. L. en la tapa, y sobre &eacute;l se sent&oacute; el
+ni&ntilde;o como esperando algo, con los premios al lado, la cabeza baja y la
+gorrita en la mano, triste, silencioso, inm&oacute;vil. La alegre algazara del
+sal&oacute;n llegaba a sus o&iacute;dos, y poco a poco fuese levantado su pechito,
+hinch&oacute;se su garganta y rompi&oacute; a llorar amargamente, en silencio, sin
+sollozos, sin suspiros, como lloran los que tienen en el coraz&oacute;n el
+manantial de sus l&aacute;grimas. Los criados comenzaban ya a cargar los
+equipajes, y los grupos de padres y ni&ntilde;os se dirig&iacute;an a la puerta con
+alegre barullo, sin que nadie reparase en el ni&ntilde;o solitario, a veces, un
+compa&ntilde;ero le daba al pasar una palmada cari&ntilde;osa, o un profesor que
+corr&iacute;a apresurado le enviaba una sonrisa, y el ni&ntilde;o sonre&iacute;a tambi&eacute;n
+<span class='pagenum'><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span>sorbi&eacute;ndose las l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>Una se&ntilde;ora gorda, de aspecto bondadoso, hall&oacute;se en aquellas apreturas al
+lado del ni&ntilde;o, llevando de la mano a un chiquillo gordinfl&oacute;n que s&oacute;lo
+hab&iacute;a obtenido un premio de gimnasia. Not&oacute; este las l&aacute;grimas de su
+compa&ntilde;ero, y tirando de las faldas a la se&ntilde;ora, le dijo al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;Mam&aacute;... mam&aacute;... Luj&aacute;n est&aacute; llorando.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; lloras, hijo?&mdash;le pregunt&oacute; la se&ntilde;ora compadecida&mdash;. &iexcl;Si has
+declamado muy bien! &iquest;No has sacado premio?</p>
+
+<p>P&uacute;sose el ni&ntilde;o muy encarnado y, levantando la cabeza con infantil
+orgullo, contest&oacute; mostrando los que junto a s&iacute; ten&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Cinco... y dos <i>excelencias</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Digo... &iquest;Cinco premios y todav&iacute;a lloras?...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p><p>El ni&ntilde;o no contest&oacute;; baj&oacute; la cabeza como avergonzado, y de nuevo
+corrieron sus l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;qu&eacute; tienes, hijo?&mdash;insisti&oacute; la se&ntilde;ora&mdash;. &iquest;Est&aacute;s malo?... &iquest;Por
+qu&eacute; lloras?</p>
+
+<p>Un inmenso desconsuelo, que desgarraba el alma en aquella carita de
+&aacute;ngel, se pint&oacute; en las facciones del ni&ntilde;o; con los dientecillos
+apretados y los ojos rebosando l&aacute;grimas y amarguras, contest&oacute; al cabo:</p>
+
+<p>&mdash;Porque estoy solo. Mi mam&aacute; no ha venido. &iexcl;Nadie ha visto mis
+premios!...</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora pareci&oacute; comprender toda la profunda amargura que encerraba
+aquel sencillo lamento. Salt&aacute;ronsele las l&aacute;grimas, y mientras con una
+mano acariciaba la rubia cabeza del ni&ntilde;o, apretaba con la otra contra su
+seno la de su hijo, como si temiese que pudiera faltarle alguna vez
+aquel blando regazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;&Aacute;ngel de Dios!&mdash;dec&iacute;a al mismo tiempo&mdash;. &iexcl;Pobrecito m&iacute;o!... T&uacute; mam&aacute;
+no habr&aacute; podido venir; estar&aacute; fuera, sin duda... &iquest;C&oacute;mo se llama?...</p>
+
+<p>&mdash;La condesa de Albornoz&mdash;respondi&oacute; el ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>Una violenta expresi&oacute;n de ira se pint&oacute; en el rostro de la se&ntilde;ora al o&iacute;r
+este nombre; volvi&oacute;se bruscamente hacia una joven que la acompa&ntilde;aba, y
+exclam&oacute; con m&aacute;s impetuosidad que prudencia:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;has visto?... &iexcl;Si esto clama al cielo!... &iexcl;P&iacute;cara madre!
+&iexcl;P&iacute;cara madre!... Mientras este &aacute;ngel llora, estar&aacute; ella escandalizando
+a Madrid como acostumbra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calla mujer!&mdash;replic&oacute; la otra, mirando con inquietud al ni&ntilde;o...</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;qui&eacute;n ve con paciencia esto?... &iexcl;L&aacute;stima de hijo para tal
+madre!... Desde el fin del mundo hubiera venido yo por ver recibir al
+m&iacute;o su premio de gimnasia... &iexcl;Anda con Dios, hijo! Eso indica que cuando
+seas grande sabr&aacute;s tirar de un carro... &iexcl;Con tal que me seas bueno!...
+<span class='pagenum'><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span>&iquest;No es verdad, Calixto, vida m&iacute;a?...</p>
+
+<p>Y estampaba en las mofletudas mejillas de su hijo esos estrepitosos y
+apretados besos de las madres, que parecen mordiscos del alma.</p>
+
+<p>El ni&ntilde;o, enjug&aacute;ndose sus grandes ojos de un azul profundo, como el mar
+visto de lejos, no se enteraba de nada. La se&ntilde;ora volvi&oacute; a decirle:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, hijo m&iacute;o, no llores... Anda, Calixto, no seas pazguato, dile
+algo a ese ni&ntilde;o... &iquest;No ves que llora?... &iquest;C&oacute;mo te llamas, hijo?</p>
+
+<p>&mdash;Paquito Luj&aacute;n&mdash;respondi&oacute; el ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no llores, Paquito, que tu mam&aacute; te estar&aacute; esperando en casa...
+Mira, Calixto, dale una de las cajas de dulces que te he tra&iacute;do..., o
+mejor ser&aacute; que le des las dos; yo te comprar&eacute; otras.</p>
+
+<p>Y como viese que el ni&ntilde;o rechazaba la linda cajita de la Mahonesa, que
+no del todo satisfecho le alargaba Calixto, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;T&oacute;malas, hijo... Esta para ti, y la otra para tus hermanos... &iquest;No
+tienes hermanitos?...</p>
+
+<p>&mdash;Tengo a Lil&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ll&eacute;vale una a Lil&iacute;. Y ll&eacute;vale tambi&eacute;n esto... y la buena se&ntilde;ora
+estamp&oacute; en las mejillas del ni&ntilde;o, llenas de l&aacute;grimas, otros dos sonoros
+besos, que en vano pretend&iacute;an suplir en ellas el calor que les faltaba
+de los besos de su madre. Un lacayo con larga librea verde aceituna,
+coronas condales en los botones y sombrero de copa con gran cucarda
+<span class='pagenum'><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span>rizada en la mano, se acerc&oacute; entonces al grupo:</p>
+
+<p>&mdash;Cuando el se&ntilde;orito quiera, est&aacute; esperando el coche&mdash;dijo
+respetuosamente al ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>El pobre se&ntilde;orito se levant&oacute; de un salto, y abrazando con un movimiento
+lleno de gracia al gimnasta Calixto, se dirigi&oacute; a la puerta, sin querer
+entregar al lacayo el envoltorio de sus premios. En la verja del jard&iacute;n
+le detuvo el padre rector, que all&iacute; estaba despidiendo a los ni&ntilde;os;
+bes&oacute;le Paquito la mano, y abraz&aacute;ndole &eacute;l cari&ntilde;osamente, le habl&oacute; breve
+rato al o&iacute;do.</p>
+
+<p>P&uacute;sose el ni&ntilde;o muy encarnado, corrieron de nuevo sus l&aacute;grimas y con
+verdadera efusi&oacute;n llev&oacute; por segunda vez a sus labios la mano del
+religioso.</p>
+
+<p>Poco a poco fueron desfilando los carruajes, y cesaron al fin los gritos
+de despedida.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adi&oacute;s!... &iexcl;Adi&oacute;s!...&mdash;repet&iacute;a el anciano.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a aparec&iacute;an algunas manitas saludando a lo lejos por las
+ventanillas de los coches:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adi&oacute;s!... &iexcl;Adi&oacute;s!...</p>
+
+<p>Ocult&aacute;ronse al fin todos en el &uacute;ltimo recodo del camino, y s&oacute;lo qued&oacute; la
+llanura &aacute;rida, la polvorienta carretera, el pueblo de barracas, el
+colegio solitario, silencioso como una jaula de jilgueros vac&iacute;a, y a lo
+lejos, acechando entre la bruma, Madrid, la gran charca.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span></p><p>El pobre viejo dej&oacute; caer entonces los brazos abatidos, baj&oacute; tristemente
+la cabeza, y entr&oacute;se en la capilla murmurando:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">&iexcl;Oh Virgen del Recuerdo dolorida!<br /></span>
+<span class="i0">&iquest;Se acordar&aacute;n de ti?<br /></span>
+</div></div>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IImdash" id="IImdash"></a><a href="#toc">&mdash;II&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Era aquella misma tarde poca la animaci&oacute;n y escasa la concurrencia en el
+<i>fumoir</i> de la duquesa de Bara. Casi tendida &eacute;sta en una
+<i>chaise-longue</i>, quej&aacute;base de jaqueca, fumando un rico cigarro puro,
+cuya reluciente anilla acusaba su aut&eacute;ntico abolengo: ten&iacute;a sobre las
+faldas, sin anudarlo, un delantillo de fin&iacute;simo cuero y elegante corte,
+para preservar de los riesgos de un incendio los encajes de su <i>matin&eacute;e</i>
+de seda cruda, y sacud&iacute;a de cuando en cuando la ceniza en un lindo barro
+cocido, que representaba un grupo de amorcillos naciendo de cascarones
+de huevo en el fondo de un nido.</p>
+
+<p>Pilar Balsano fumaba, haciendo figuras, otro cigarro no tan fuerte, pero
+s&iacute; tan largo como el de la duquesa, y Carmen Tagle se desquijaraba
+chupando un <i>entreacto</i> que se mostraba alg&uacute;n tanto rebelde.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; visto que no tira&mdash;dijo de pronto.</p>
+
+<p>Y para cobrar nuevas fuerzas se bebi&oacute; poquito a poco, y con aire muy
+<span class='pagenum'><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span>distinguido, una tercera copita del whisky, bastante fuerte, que
+juntamente con el t&eacute;, los brioches y <i>sandwiches</i>, hab&iacute;an servido en
+rico frasco de cristal de Bohemia.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno, gorda y majestuosa como las talegas de su
+marido, contra&iacute;a sus gruesos labios para chupar un cigarrito de papel, y
+re&iacute;ase maternalmente al ver a su hija Lucy, reci&eacute;n salida del colegio,
+dar peque&ntilde;as chupadas en el cigarro mismo de Angelito Castropardo.
+Chupaba la ni&ntilde;a y tos&iacute;a haciendo monadas; chupaba Angelito para darle
+magistral ejemplo, y tomaba a chupar y a toser la colegialita,
+encontrando el juego muy divertido. Parec&iacute;a complacerla mucho tener por
+maestro un grande de Espa&ntilde;a, y procuraba estudiar el chic de aquellas
+ilustres damas, que como modelos de distinci&oacute;n le propon&iacute;a su madre.
+Todav&iacute;a, sin embargo, encontraban en ellas sus ojos de colegiala cosas
+harto extra&ntilde;as.</p>
+
+<p>Disgustaban a la duquesa las risotadas de la banquera; pero pasaban de
+dos millones las hipotecas que el c&oacute;nyuge de esta ten&iacute;a sobre los bienes
+de aquella, y ante la perspectiva de una pr&oacute;rroga necesaria, era preciso
+preparar el terreno con paciencia y amabilidades.</p>
+
+<p>Leopoldina Pastor, varonil solterona que pasaba ya de los cuarenta,
+guapa y muy erudita, despachaba una buena raci&oacute;n de brioche <i>milanaise</i>,
+disputando con don Casimiro Pantojas, antiguo director de Instrucci&oacute;n
+P&uacute;blica, acad&eacute;mico de la Lengua y celeb&eacute;rrimo literato. Hab&iacute;ase
+inaugurado aquella semana el tranv&iacute;a del barrio de Salamanca, y
+lament&aacute;base el acad&eacute;mico de que el vulgo de Madrid se empe&ntilde;ase en hacer
+masculino el nuevo veh&iacute;culo, contra el dictamen de alg&uacute;n colega suyo,
+que por femenino lo ten&iacute;a.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span></p><p>La se&ntilde;orita de Pastor, ardiente defensora de los fueros gramaticales,
+prometi&oacute;le hacer por todas partes propaganda de <i>la tranv&iacute;a</i>; pero
+escap&oacute;sele al bueno de don Casimiro que era el acad&eacute;mico en cuesti&oacute;n don
+Salustiano Ol&oacute;zaga, y Leopoldina vari&oacute; al punto de dictamen, exclamando
+muy enfadada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Imposible que sea femenino!... Ol&oacute;zaga es un indecente amade&iacute;sta que
+ha impuesto a Thiers el Tois&oacute;n de oro; y eso no se lo perdona ninguna
+alfonsina... &iexcl;Pues no faltaba m&aacute;s!... &iexcl;El tranv&iacute;a se dice, y el tranv&iacute;a
+se dir&aacute;!...</p>
+
+<p>Y todos convinieron en poner pantalones al tranv&iacute;a, incluso Fernando
+Gallarta y Gorito Sardona, gomosos del Veloz; y el grave marqu&eacute;s de
+Butr&oacute;n, ministro plenipotenciario antes de la gloriosa, y gastr&oacute;nomo
+distinguido &uacute;nicamente despu&eacute;s de ella. Era el marqu&eacute;s en extremo
+peludo, y la reina Isabel sol&iacute;a llamarle Robins&oacute;n Crusoe, porque, seg&uacute;n
+aseguraba, s&oacute;lo con la cara de su ministro plenipotenciario pod&iacute;a
+figurarse al famoso n&aacute;ufrago vestido de pieles en su isla desierta. Y en
+honor de la verdad, aquellos destinos del orbe entero, que encerraba
+Napole&oacute;n en el pliegue vertical de su frente, pod&iacute;an quedar entre las
+cejas del marqu&eacute;s perfectamente arropados, como entre dos pellejos de
+conejo.</p>
+
+<p>Frunci&oacute;, pues, Butr&oacute;n el formidable pliegue, y mirando la ceniza de su
+cigarro, dijo solemnemente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ol&oacute;zaga!... El y s&oacute;lo &eacute;l sirve de puntal a esta situaci&oacute;n que se
+desmorona... Sin su habilidad y sus esfuerzos, tendr&iacute;amos ya la
+Restauraci&oacute;n planteada hace medio a&ntilde;o.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span></p><p>Indign&aacute;ronse mucho las damas, y Carmen Tagle exclam&oacute; lastimeramente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y tanta apoplej&iacute;a vacante!... &iexcl;Tanta pulmon&iacute;a desperdiciada!...</p>
+
+<p>El marqu&eacute;s, que estaba realmente al tanto de los manejos de la pol&iacute;tica
+reaccionaria, sigui&oacute; perorando, y Carmen Tagle dej&oacute; de prestar atenci&oacute;n
+para ponerla a lo que pasaba a sus espaldas, detr&aacute;s de un caballete de
+terciopelo rojo, medio cubierto airosamente con una pieza de seda del
+siglo XVI, sobre la cual se destacaba una linda acuarela de Worms.
+Asomaban por entre las rojas patas del caballete las faldas de una dama
+y las piernas de un caballero, y eran estos inc&oacute;gnitos Mar&iacute;a Valdivieso
+y Paco V&eacute;lez, que sosten&iacute;an all&iacute; hac&iacute;a media hora una pelotera de dos
+mil demonios. La colegialita Lucy alargaba tambi&eacute;n la oreja a ver si
+pescaba algo, y pesc&oacute;, en efecto, por dos o tres veces, el nombre de
+Isabel Mazac&aacute;n y el de cierto actual ministro, muy joven y muy guapo,
+llamado Garc&iacute;a G&oacute;mez. A poco hizo otra pesca m&aacute;s gorda: hab&iacute;asele
+escapado a la dama un iracundo &iexcl;Canalla! y al caballero una grosera
+palabrota que hizo a Lucy pegar un respingo, poni&eacute;ndose muy colorada, y
+a Carmen Tagle exclamar entre dientes, con su proverbial frescura:</p>
+
+<p>&mdash;<i>&Ocirc; mon Dieu; quel gros mot</i>!...</p>
+
+<p>Y levantando la voz un poco, dijo volviendo el rostro hacia el
+caballete:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Mar&iacute;a, &iquest;no vienes?... Mira que se est&aacute; enfriando el t&eacute;...</p>
+
+<p>Apareci&oacute; entonces la Valdivieso por el laberinto de moner&iacute;as y riquezas
+art&iacute;sticas que llenaba la pieza, y vino a sentarse junto a Carmen Tagle,
+muy sofocada y echando por los ojos rel&aacute;mpagos de ira. Paco V&eacute;lez sali&oacute;
+por el otro lado del escondite con las manos en los bolsillos, coloradas
+las orejas y mordi&eacute;ndose los labios, y se detuvo a examinar, con aire de
+<span class='pagenum'><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span>inteligente, una bell&iacute;sima l&aacute;mpara de cobre repujado que sobre una
+columna salom&oacute;nica hac&iacute;a pendant con el caballete. Lucy, que no conoc&iacute;a
+a la Valdivieso, pregunt&oacute; muy bajito a su maestro Castropardo, si aquel
+otro se&ntilde;or era su marido.</p>
+
+<p>&iexcl;Su marido!... &iexcl;Jes&uacute;s, y qu&eacute; risa tan grande y tan guasona le entr&oacute;
+entonces a Angelito Castropardo!... Pero &iquest;de d&oacute;nde diablos hab&iacute;a sacado
+aquella criatura la peregrina idea de que fuese aquel un matrimonio?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Como re&ntilde;&iacute;an de ese modo!...&mdash;dijo, muy apurada, Lucy.</p>
+
+<p>Castropardo sufri&oacute; otro acceso de hilaridad, y pudiendo apenas decir
+entre su risa &laquo;&iexcl;Pues tiene sombra la pregunta!&raquo;, fue a contar al o&iacute;do de
+la duquesa la ocurrencia de la colegiala.</p>
+
+<p>Pas&oacute;seles por alto a todos los dem&aacute;s este peque&ntilde;o incidente, distra&iacute;dos
+con la negra pintura de la situaci&oacute;n actual, que deliberad&iacute;simamente les
+hac&iacute;a el peludo diplom&aacute;tico; sab&iacute;a muy bien que eran el brazo derecho de
+los pol&iacute;ticos de la Restauraci&oacute;n las se&ntilde;oras de la grandeza, y ten&iacute;a &eacute;l
+a su cargo enardecer y dirigir el celo de tan ilustres conspiradores.
+Ellas, con sus alardes de espa&ntilde;olismo y sus algaradas aristocr&aacute;ticas,
+hab&iacute;an conseguido hacer el vac&iacute;o en torno de don Amadeo de Saboya y la
+reina Mar&iacute;a Victoria, acorral&aacute;ndolos en el palacio de la plaza de
+Oriente, en medio de una corte de <i>cabos furrieles y tenderos
+acomodados</i>, seg&uacute;n la opini&oacute;n de la duquesa de Bara; de <i>indecentillos</i>,
+a&ntilde;ad&iacute;a Leopoldina Pastor, que no llegaba siquiera a indecentes. Las
+damas acud&iacute;an a la Fuente Castellana, tendidas en sus carretelas, con
+cl&aacute;sicas mantillas de blonda y peinetas de teja, y la flor de lis,
+emblema de la Restauraci&oacute;n, brillaba en todos los tocados que se luc&iacute;an
+en teatros y saraos. All&iacute; mismo y en aquel momento, la se&ntilde;ora de L&oacute;pez
+Moreno llevaba una colosal, empedrada de brillantes; y con mejor gusto
+<span class='pagenum'><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span>para aquella hora y aquel traje, llev&aacute;banla tambi&eacute;n las otras damas, de
+oro mate con esmaltes. Leopoldina Pastor luc&iacute;a una de trapo del tama&ntilde;o
+de una zanahoria, colocada en lo m&aacute;s alto de su sombrero.</p>
+
+<p>Pavoroso era el cuadro que el marqu&eacute;s dibujaba... Aislado el pobre rey,
+miraba sin cesar hacia la frontera, esperando la contestaci&oacute;n a su
+discurso del 3 de abril que a&uacute;n no hab&iacute;a obtenido respuesta el 21 de
+junio. Suced&iacute;anse las crisis ministeriales, frecuentes, peri&oacute;dicas, como
+calenturas de terciana, hasta engendrar un ministerio llamado de Santa
+Rita, por ser esta Santa abogada de imposibles. Sublev&aacute;banse en las
+provincias tropas y paisanos; los tenderos se amotinaban en Madrid y
+daban una pedrada al alcalde; y cinco d&iacute;as antes, el 18 de junio, un
+populacho soez recorr&iacute;a las calles apedreando los cristales, y rompiendo
+los faroles de la iluminaci&oacute;n con que celebraban muchos el aniversario
+del pontificado de P&iacute;o IX, mientras un gent&iacute;o inmenso, de todos los
+colores y matices, aplaud&iacute;a en los jardines del Retiro <i>El Pr&iacute;ncipe
+Lila</i>, grotesca s&aacute;tira en que designaban al monarca reinante con el
+nombre de <i>Macarroni I</i>. Varios gomosos del Veloz-Club, de los cuales
+era uno Paco V&eacute;lez, hab&iacute;an pagado a tres saboyanitos para que,
+escondidos en un palco proscenio del teatro a que asist&iacute;a don Amadeo,
+interrumpiesen de repente la funci&oacute;n, cantando al son de sus violines y
+arpas el conocido estribillo:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Cicirinella ten&iacute;a un gallo<br /></span>
+<span class="i0">E tutta la notte montava a caballo,<br /></span>
+<span class="i0">Montava la notte bella<br /></span>
+<span class="i0">&iexcl;Viva il gallo de Cicirinella!<br /></span>
+</div></div>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p><p>Divert&iacute;a esto mucho a las damas, porque claro est&aacute; que ello hab&iacute;a de
+allanar el camino de la Restauraci&oacute;n porque ansiosas trabajaban; pero lo
+temible, lo negro&mdash;y el marqu&eacute;s acentuaba los pavorosos tintes de su
+rostro, enarcando las pieles de sus cejas&mdash;, era que los carlistas
+comenzaban a removerse en el norte, y los republicanos en todas partes,
+y hac&iacute;ase dif&iacute;cil defender de tanta boca abierta la &uacute;nica y apetecida
+tajada.</p>
+
+<p>&mdash;La Restauraci&oacute;n es cosa hecha&mdash;concluy&oacute; <i>Robins&oacute;n</i> con acento
+prof&eacute;tico&mdash;; pero s&oacute;lo llegaremos a ella atravesando un charco de
+sangre... &iexcl;Preveo para Espa&ntilde;a un <i>noventa y tres</i> con todos sus
+horrores!...</p>
+
+<p>Sobrecogi&eacute;ronse las damas, y en voz queda, contenida, cual si viesen
+asomar, como Mar&iacute;a Antonieta por las ventanas del Temple, la cabeza de
+la Lamballe, clavada en una pica, comenzaron a hablar de la
+guillotina... Morir las aterraba. &iquest;Qu&eacute; sab&iacute;an ellas lo que era morir?
+Tan s&oacute;lo lo comprend&iacute;an en el Teatro Real, dej&aacute;ndose caer poco a poco en
+la poltrona de Violeta Valery, cantando al comp&aacute;s de la orquesta y en
+los brazos de Alfredo: <i>&iexcl;Addio d'il passato</i>!</p>
+
+<p>La duquesa dijo con voz desfallecida que ella hab&iacute;a visto en Londres, en
+la galer&iacute;a de madame Toussaud, la guillotina misma en que muri&oacute; Luis
+XVI. La se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno se llev&oacute; la mano a su gordo pescuezo,
+como si ya sintiese all&iacute; el filo de la fatal cuchilla. Leopoldina Pastor
+no se asustaba: de morir ella, morir&iacute;a como Carlota Corday, despachando
+antes media docena de indecentes, como Marat. Carmen Tagle dio un
+suspiro, sac&oacute; un poquito la lengua y pregunt&oacute; si aquello doler&iacute;a mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Tan s&oacute;lo se siente un ligero frescor&mdash;contest&oacute; a lo lejos una voz
+<span class='pagenum'><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span>cavernosa.</p>
+
+<p>Volvi&eacute;ronse todos asustados, creyendo encontrar la sombra de
+Robespierre, que ven&iacute;a a comunicarles el dictamen de su experiencia.</p>
+
+<p>Tan s&oacute;lo vieron a don Casimiro Panojas, sonriente, apret&aacute;ndose con una
+mano el gaznate, rompiendo con la otra el rabo de un conejito de
+porcelana de Sajonia que, entre mil costosas baratijas, adornaba una
+mesa. Distra&iacute;do siempre el buen se&ntilde;or, trituraba de continuo lo que
+cog&iacute;a al alcance de sus dedos de esp&aacute;rrago, y a estos destrozos sin
+cuento de muebles y cachivaches deb&iacute;a el apodo de <i>el Cicl&oacute;n Literario</i>.</p>
+
+<p>Ri&eacute;ronse todos; y la salida del acad&eacute;mico, que no era otra sino el
+informe de Guillot&iacute;n a la Asamblea francesa sobre su terrible invento,
+vino a aclarar algo la sombr&iacute;a atm&oacute;sfera. Una racha viviente, un hurac&aacute;n
+femenino que apareci&oacute; en la puerta, acab&oacute; de despejarla del todo; entr&oacute;
+Isabel Mazac&aacute;n, con su paso de Diana cazadora, alta la cabeza, altiva la
+mirada; demasiado se&ntilde;oril para <i>cocotte</i> demasiado desvergonzada para
+gran dama.</p>
+
+<p>Bes&oacute; a la duquesa, quit&oacute;se un guante, bebi&oacute; dos sorbos de t&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Butr&oacute;n, un cigarro&mdash;dijo, y con el aplomo de un veterano, de repente,
+sin pre&aacute;mbulos, hizo estallar esta bomba:</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; nombrada la camarera mayor de Palacio.</p>
+
+<p>La sorpresa hizo saltar de sus asientos a damas y caballeros, y
+desapareci&oacute; como por ensalmo la jaqueca de la duquesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n es?...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span></p><p>&mdash;Pero &iquest;qui&eacute;n pod&iacute;a ser?...</p>
+
+<p>Porque &iquest;qui&eacute;n pod&iacute;a ser, en efecto, si la gran habilidad de las se&ntilde;oras
+alfonsinas hab&iacute;a estado en desairar a la reina Mar&iacute;a Victoria, dejando
+vacante el cargo de camarera mayor, que exige como requisito
+indispensable la grandeza de Espa&ntilde;a, y es de suyo tan alto y delicado
+que no recibe, sino presta autoridad a la persona misma de la reina?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!&mdash;exclam&oacute; al cabo la duquesa&mdash;, alguna coronela de Alcolea...</p>
+
+<p>&mdash;Alguna burguesa distinguida&mdash;dijo Carmen Tagle.</p>
+
+<p>&mdash;Miss Zaeo, artista ecuestre&mdash;opin&oacute; Gorito Sardona.</p>
+
+<p>Y Paco V&eacute;lez, en crudo, sin repulgos, sin que ninguna dama se espantase,
+ni ning&uacute;n caballero le cruzara el rostro de una bofetada, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Paca la alta... <i>artiste anonyme</i>...</p>
+
+<p>Angelito Castropardo, en pie detr&aacute;s de la gorda L&oacute;pez Moreno, la
+designaba con gesto picaresco, gui&ntilde;ando un ojo como si preguntase si era
+ella; mas la Mazac&aacute;n, con mucha pausa y sin que la voluminosa banquera
+pudiese comprender por la expresi&oacute;n de su rostro qu&eacute; dec&iacute;a, ni a qui&eacute;n
+hablaba, le contest&oacute;, subrayando las palabras:</p>
+
+<p>&mdash;No es <i>gorda</i> de Espa&ntilde;a... Es <i>grande</i> de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>Recrudeci&oacute;se la sorpresa con asomos de indignaci&oacute;n, y hasta el mesurado
+diplom&aacute;tico contrajo sus pellejos de conejo, exclamando:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Imposible!... &iexcl;Imposible!...</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; alguna grande de provincia... Alguna indecente que nosotros no
+conocemos&mdash;dijo Leopoldina Pastor.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or; es grande de la corte, y de la cepa... y me extra&ntilde;a no
+encontrarla aqu&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Aqu&iacute;?&mdash;grit&oacute; la duquesa irgui&eacute;ndose amenazadora.</p>
+
+<p>Y revolvi&oacute; los ojos en todas direcciones, como buscando debajo de alguna
+mesa o en lo alto de alg&uacute;n <i>&eacute;tag&eacute;re</i> a la nueva camarera.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;qui&eacute;n es?... &iquest;Qui&eacute;n es?&mdash;gritaron todos.</p>
+
+<p>Isabel Mazac&aacute;n dejaba escapar una sonrisita maliciosa, como quien
+saborea un triunfo anticipado; present&oacute; una copa a Paco V&eacute;lez para que
+se la llenase de whisky, vaci&oacute;la de un trago, y acab&oacute; al fin de soltar
+la bomba.</p>
+
+<p>&mdash;Curra Albornoz&mdash;dijo.</p>
+
+<p>Lo enorme de la afirmaci&oacute;n destruy&oacute; su efecto. Un &laquo;&iexcl;bah!&raquo; general de
+incredulidad brot&oacute; de todos los labios, y la duquesa se hundi&oacute; de nuevo
+en las profundidades de su <i>chaise-longue</i>, exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso es una <i>canard</i>!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, se&ntilde;or!... &iexcl;Un camelo!&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Gorito muy indignado.</p>
+
+<p>Toc&oacute;le la vez de enfurecerse a Isabel Mazac&aacute;n, y mientras el viejo
+<span class='pagenum'><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span>Butr&oacute;n disimulaba un repentino sobresalto, como si juzgase aquel
+nombramiento cosa de grave peligro, dijo ella muy contrariada por el
+fiasco de su noticia:</p>
+
+<p>&mdash;Pues, se&ntilde;or, &iexcl;me pasmo de su pasmo de ustedes!... &iquest;A qu&eacute; viene ese
+espanto?... &iquest;Acaso Curra ha tenido alguna vez verg&uuml;enza?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso es otra cosa!&mdash;replic&oacute; con fresqu&iacute;sima naturalidad la duquesa&mdash;.
+Pero la enormidad que t&uacute; le atribuyes ser&iacute;a peor que una culpa; ser&iacute;a
+una pifia...&iexcl;Camarera mayor de <i>la Cisterna</i>!... &iexcl;Qu&eacute; ridiculez!...</p>
+
+<p>&mdash;Mira que lo s&eacute; de buena tinta...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, mujer, dilo sin miedo, que ninguna de nosotras se ha de poner
+colorada&mdash;exclam&oacute; Mar&iacute;a Valdivieso con la intenci&oacute;n de un toro de ocho
+a&ntilde;os&mdash;. &iquest;Te lo ha dicho Garc&iacute;a G&oacute;mez?...</p>
+
+<p>La Mazac&aacute;n titube&oacute; un momento, y sin ruborizarse tampoco por las
+comentadas intimidades que con el lindo ministro ten&iacute;a, dijo al cabo:</p>
+
+<p>&mdash;Garc&iacute;a G&oacute;mez me lo ha dicho.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues aunque lo diga San Garc&iacute;a G&oacute;mez no lo creo!&mdash;replic&oacute;
+impert&eacute;rrita la duquesa&mdash;. Necesitar&iacute;a yo verla en el coche de <i>la
+Cisterna</i> para comprender.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ir&aacute;s comprendiendo, mujer, no te apures&mdash;la interrumpi&oacute; Isabel
+Mazac&aacute;n con mucha sorna&mdash;. &iquest;Te acuerdas de que Currita estaba en Par&iacute;s
+cuando la abdicaci&oacute;n de la reina? &iquest;Te acuerdas de que nadie se acord&oacute; de
+invitarla a la ceremonia?... Bien se guard&oacute; ella de decirlo; pero su
+marido, ese Villamel&oacute;n, que tiene m&aacute;s de <i>mel&oacute;n</i> que de <i>villa</i>, lo dej&oacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span>escapar una noche en casa de Camponegro... &iexcl;Pues ah&iacute; tienes la madre
+del cordero!... Ella no ha perdonado el desaire, y quiere ahora sacarse
+la espina; porque, &iexcl;p&aacute;smate, Beatriz, p&aacute;smate!... Ni aun siquiera le han
+ofrecido el cargo; &iexcl;ella, ella es quien lo ha solicitado!...</p>
+
+<p>Horroriz&aacute;ronse todos, y la Mazac&aacute;n continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Verdad es que se hace pagar carillo, porque ha sacado seis mil duros
+de sueldo, y...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Seis mil duros de sueldo?... &iexcl;Qu&eacute; barbaridad!... Pero si ning&uacute;n
+sueldo de Palacio pas&oacute; nunca de tres mil duros...</p>
+
+<p>&mdash;Pues para Curra pasa de seis mil, porque, adem&aacute;s de ellos, se ha
+sacado tambi&eacute;n...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; intercal&oacute; la amiga de Garc&iacute;a G&oacute;mez una risita de todos los diablos,
+y a&ntilde;adi&oacute; muy despacito:</p>
+
+<p>&mdash;...la Secretar&iacute;a particular de don Amadeo, para ese Juanito Velarde,
+que es ahora su consejero &iacute;ntimo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Velarde?&mdash;exclam&oacute; Pilar Balsano muy sorprendida&mdash;. &iexcl;Yo nada sab&iacute;a!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ahora te desayunas de eso?... &iexcl;Vamos, Pilar, que est&aacute;s siempre en
+Bel&eacute;n con los pastores!...</p>
+
+<p>&mdash;Lo ve&iacute;a mucho con Villamel&oacute;n, pero nada sospechaba...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y quer&iacute;as mayor indicio?... En ese matrimonio modelo son comunes
+hasta las afecciones; el consejero m&aacute;s &iacute;ntimo de Currita es el amigo que
+<span class='pagenum'><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>Villamel&oacute;n pasea... En eso conozco yo qui&eacute;n est&aacute; de turno.</p>
+
+<p>Ri&eacute;ronse todos, como siempre que la Mazac&aacute;n empu&ntilde;aba la tijera, y la
+se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno dijo muy satisfecha:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; Isabel esta!... &iexcl;Con qu&eacute; gracia crucifica a todo el mundo!...</p>
+
+<p>No sent&oacute; bien a la Mazac&aacute;n aquel familiar <i>Isabel</i>, y como no ten&iacute;a
+sobre sus tierras hipoteca ninguna de la banquera, la contest&oacute;
+recalcando mucho el nombre de pila de esta:</p>
+
+<p>&mdash;Por eso tengo la seguridad de que a nadie calumnio, mi se&ntilde;ora do&ntilde;a
+Ramona...</p>
+
+<p>La duquesa, que a&uacute;n no se daba por convencida, quiso replicar algo; pero
+el marqu&eacute;s, desasosegado y nervioso, impuso silencio, extendiendo una
+mano que parec&iacute;a tener, como las de Jacob, mitones de cabrito...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Basta, basta, se&ntilde;ores!&mdash;dijo&mdash;. &iexcl;Est&aacute;n ustedes jugando con fuego!...</p>
+
+<p>Y lanzando en torno una mirada escrutadora, que brillaba entre sus cejas
+como el sol entre nubarrones, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Todos tenemos aqu&iacute; los mismos intereses, y se puede hablar claro... De
+ser cierto lo que Isabel dice, el tal nombramiento traer&aacute; cola... Lo de
+la abdicaci&oacute;n es exacto, pero fue un olvido; yo estaba all&iacute; tambi&eacute;n, y
+me lo cont&oacute; Pepe Cerneta, y la misma se&ntilde;ora me lo repiti&oacute;, lament&aacute;ndose
+de ello... Por eso, cuando not&eacute; que Currita se hab&iacute;a resentido, escrib&iacute;
+yo mismo a la reina, aconsej&aacute;ndola que la desagraviara...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues muy mal hecho!... &iexcl;L&aacute;stima de tiempo perdido!&mdash;le interrumpi&oacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span>Isabel Mazac&aacute;n con un moh&iacute;n gracios&iacute;simo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, Isabel, no!... Que cuando un partido est&aacute; en desgracia, su
+pol&iacute;tica ha de ser siempre la de barrer para adentro... Por eso la
+se&ntilde;ora me contest&oacute; hace poco que la invitar&iacute;a para la primera comuni&oacute;n
+de nuestro pr&iacute;ncipe en Roma... &iexcl;Fig&uacute;rense ustedes el compromiso que ser&aacute;
+para m&iacute; si la se&ntilde;ora da ese paso en falso!... &iexcl;Jes&uacute;s, Jes&uacute;s, qu&eacute;
+disparate!... Pero, Isabel, cabeza de p&aacute;jaro, &iquest;por qu&eacute; no me dijiste eso
+a m&iacute; solo?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues me gusta la salida!... &iquest;Para que se lo guardara usted muy
+tapadito?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues claro est&aacute;!, &iexcl;para eso mismo!... Es menester que todo eso quede
+entre nosotros, y hable yo cuanto antes con Currita...</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; la tendr&aacute; usted de un momento a otro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Aqu&iacute;?...</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; mismo... Qued&eacute; citada con ella para ir a la visita de los ni&ntilde;os
+de la Inclusa; ella es de la Junta de Damas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, s&iacute;!&mdash;exclam&oacute; Carmen Tagle en tono muy devoto&mdash;. Currita tiene a
+esos pobrecitos ni&ntilde;os un afecto tiern&iacute;simo...</p>
+
+<p>&mdash;Maternal&mdash;dijo Gorito en el mismo tono.</p>
+
+<p>&mdash;Verdaderamente maternal&mdash;repitieron varios muy compungidos; y todos se
+echaron a re&iacute;r, incluso la colegialita, con sencillez candoros&iacute;sima,
+<span class='pagenum'><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span>mientras Butr&oacute;n, muy apurado, repet&iacute;a con el adem&aacute;n de Neptuno
+pacificando los mares:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Juicio, se&ntilde;ores; juicio, por Dios!... Que nadie diga una palabra, ni
+se den por entendidos con ella, hasta que yo le hable.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, no, no; lo que es eso no!&mdash;exclam&oacute; la Mazac&aacute;n muy desolada&mdash;. Por
+nada del mundo renuncio yo al gustito de hacerla rabiar un rato...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero si eso no puede ser cierto!... &iexcl;Si todo podr&aacute; arreglarse!</p>
+
+<p>&mdash;Pues mientras usted lo arregla, nosotras nos divertiremos...</p>
+
+<p>Butr&oacute;n quiso invocar los fueros de su autoridad, pero ya era tarde... A
+trav&eacute;s de la puerta del <i>fumoir</i> vieron todos adelantarse, por el sal&oacute;n
+vecino, a una dama muy peque&ntilde;ita, flaca, que caminaba con menudos pasos
+sobre sus altos tacones, dando golpecitos en el suelo con el regat&oacute;n del
+largo palo de su sombrilla de encajes. Ten&iacute;a el pelo rojo, el rostro
+lleno de pecas, y sus pupilas grises eran tan claras que parec&iacute;an
+borrarse a cierta distancia, haciendo el extra&ntilde;o efecto de los muertos
+ojos de una estatua.</p>
+
+<p>Al verla, Leopoldina Pastor corri&oacute; al soberbio piano de Erard, que
+estaba en un &aacute;ngulo, arranc&oacute; de un solo tir&oacute;n la rica y antigua colcha
+brocada que lo cubr&iacute;a, y se puso a tocar furiosamente el flamante himno
+de do&ntilde;a Mar&iacute;a Victoria, una de las intemperancias filarm&oacute;nicas en que
+tan fecundo fue siempre el partido progresista. Gorito Sardona salt&oacute;
+frente a la puerta, sobre un puff de badana japonesa, y cogiendo a guisa
+de sombrero una de las bandejas del t&eacute;, de cincelada plata antigua, se
+descubri&oacute; ante la dama lentamente, tieso, sin mover la cabeza,
+extendiendo el brazo hasta formar con el cuerpo &aacute;ngulo recto, como sol&iacute;a
+<span class='pagenum'><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span>saludar por todas partes el rey don Amadeo.</p>
+
+<p>Currita se detuvo un momento en el dintel, sin perder su aire de ni&ntilde;a
+t&iacute;mida, de ingenua colegiala; oy&oacute; el himno, vio a Gorito, abarc&oacute; la
+situaci&oacute;n con una sola y r&aacute;pida ojeada... y dobl&oacute; de repente el cuerpo
+con distinci&oacute;n exquisita, para contestar al saludo amade&iacute;sta con otro
+saludo de corte, profundo, pausado, a la derecha, a la izquierda,
+poniendo en elegant&iacute;sima caricatura la ceremoniosa reverencia usual de
+la reina do&ntilde;a Mar&iacute;a Victoria.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IIImdash" id="IIImdash"></a><a href="#toc">&mdash;III&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>El 21 de junio de 1832, Fernando VII, arrastrando los pies m&aacute;s por la
+gota que por los a&ntilde;os, y Mar&iacute;a Cristina, en todo el apogeo de su lozan&iacute;a
+y su belleza, sacaban de pila en la colegiata e iglesia parroquial de la
+Sant&iacute;sima Trinidad, del Real Sitio de San Ildefonso, a un ni&ntilde;o que se
+llam&oacute; Fernando, Cristi&aacute;n, Robustiano, Carlos, Luisga, Alfonso de
+la Sant&iacute;sima Trinidad, Anacleto, Vicente.</p>
+
+<p>Era hijo primog&eacute;nito de los marqueses de Villamel&oacute;n, grandes de Espa&ntilde;a,
+gentilhombre &eacute;l de su majestad el rey, y dama de honor ella de su
+majestad la reina. Fue la &uacute;ltima criatura que apadrin&oacute; Fernando en este
+valle de l&aacute;grimas; quince meses despu&eacute;s baj&oacute; al sepulcro en el Real
+Palacio de Madrid, cumpli&eacute;ndose a la letra el s&iacute;mil de la botella de
+cerveza con que el socarr&oacute;n monarca comparaba a su pueblo. &Eacute;l era el
+corcho que saltaba, la revoluci&oacute;n el espumoso l&iacute;quido que se difund&iacute;a
+<span class='pagenum'><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>por todas partes.</p>
+
+<p>Aquella misma tarde quiso Fernando examinar de cerca a su ahijado, y en
+su propia c&aacute;mara, hundido &eacute;l en su poltrona, puso al reci&eacute;n nacido sobre
+sus rodillas, abri&oacute;le la boquita con un dedo, y meti&oacute;le su nariz de pura
+raza borb&oacute;nica, como si quisiera examinarle la embocadura del es&oacute;fago.
+El caso era portentoso, y asustado Fernando al cerciorarse de ello,
+retir&oacute; la nariz prontamente... El tierno Villamel&oacute;n hab&iacute;a venido al
+mundo con toda la dentadura completa.</p>
+
+<p>Enrique IV naci&oacute; con dos dientes, Mirabeau con dos muelas, y quien de
+tal modo superaba al gran rey, y se sobrepon&iacute;a al famoso tribuno,
+preciso era que diese tambi&eacute;n de s&iacute; grandes cosas. Villamel&oacute;n padre
+lloraba de gozo, y el conde de Alcudia, que all&iacute; se hallaba presente, le
+aconsej&oacute; que emplease para la lactancia de su hijo las veintisiete vacas
+y cuarenta cabras que serv&iacute;an de amas de cr&iacute;a al hipop&oacute;tamo parvulito,
+regalo de Abb&aacute;s-Pach&aacute;, que se criaba en Par&iacute;s, en el jard&iacute;n de las
+plantas. Mas Fernando VII opin&oacute; que le diesen de mamar chuletas, y lo
+destetaran luego con aguardiente, y aquella misma noche envi&oacute; a su
+ahijado, como regalo de padrino, un gran trinchante de oro macizo, que
+ten&iacute;a esculpidas en el cabo las armas de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>La reina dese&oacute; tambi&eacute;n cerciorarse del prodigio, metiendo la punta de su
+rosado dedo en la boca de Villameloncito, y don Tadeo Calomarde, que
+lleg&oacute; en aquel momento, quiso hacer la misma experiencia,
+introduci&eacute;ndole el suyo manchado de tinta. Mas el ni&ntilde;o apret&oacute; entonces
+fuertemente sus precoces herramientas, haciendo lanzar al ministro un
+ligero chillido.</p>
+
+<p>&mdash;Se conoce que no es tonto&mdash;dijo Fernando VII.</p>
+
+<p>Rieron todos la agudeza del monarca, y la frase sali&oacute; de la c&aacute;mara
+<span class='pagenum'><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span>regia, cruz&oacute; por los salones, pas&oacute; por las antesalas, y al bajar las
+escaleras coment&aacute;banla ya todos, muy admirados del talento de la
+criatura, asegurando que a los tres d&iacute;as de nacida hab&iacute;a recitado a su
+augusto padrino el Padrenuestro, el Avemar&iacute;a, parte de la letan&iacute;a
+lauretana y una fabulita de don Tom&aacute;s Iriarte; aquella que empieza:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Por entre unas matas<br /></span>
+<span class="i0">Seguido de perros,<br /></span>
+<span class="i0">No dir&eacute; corr&iacute;a,<br /></span>
+<span class="i0">Volaba un conejo...<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>El caso era prodigioso, y de entonces dat&oacute; la fama de hombre de talento
+que hab&iacute;a de gozar el marqu&eacute;s futuro de Villamel&oacute;n, hasta que los
+repetidos esfuerzos de sus majader&iacute;as dieron con ella al traste.</p>
+
+<p>A los veinte a&ntilde;os cumplidos, y puesto ya, por muerte de su padre, en
+posesi&oacute;n de su t&iacute;tulo, entr&oacute; en la Academia de Artiller&iacute;a, y el a&ntilde;o de
+59 march&oacute; a la guerra de &Aacute;frica, a bordo de la escuadra que mandaba el
+general don Segundo Herrera. Ansioso de pisar suelo africano y te&ntilde;ir su
+espada virgen en sangre agarena, salt&oacute; Villamel&oacute;n a tierra, en el sitio
+que llaman de Cabo Negro, con &aacute;nimos bastantes para atravesar todo
+Marruecos y llegar a T&uacute;nez, donde un su abuelo hab&iacute;a ganado la Grandeza
+entrando en la Alcazaba con don Juan de Austria... Mas de repente
+brotaron de entre las cerradas malezas que cubr&iacute;an la rojiza playa como
+el &aacute;spero vello de una fiera bestia, varios rife&ntilde;os dispersos, que
+recibieron a los exploradores con el fuego de sus espingardas...
+Villamel&oacute;n no titube&oacute; un momento: olvid&oacute;se de Marruecos, renunci&oacute; a
+T&uacute;nez y reneg&oacute; de aquel su abuelo que gan&oacute; la Grandeza en la Alcazaba,
+<span class='pagenum'><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span>para ganar &eacute;l la chalupa a toda prisa y refugiarse en el &uacute;ltimo rinc&oacute;n
+de su camarote de la <i>Blanca</i>, sin que volviese a subir sobre cubierta,
+hasta regresar de nuevo a la Pen&iacute;nsula con patente de enfermo. Los
+rife&ntilde;os le hab&iacute;an parecido muy feos en aquella corta entrevista, y tan
+mal educados, que imposible se hac&iacute;a a toda persona decente tener trato
+alguno con ellos.</p>
+
+<p>Pidi&oacute; entonces su retiro, y entr&oacute; en Madrid triunfante, como Napole&oacute;n en
+Par&iacute;s de vuelta de la campa&ntilde;a de Egipto, precedido de la fama de sus
+haza&ntilde;as en el combate <i>terro-naval</i> de Cabo Negro. El combate
+<i>terro-naval</i> corri&oacute; por toda la corte, ponderado por el h&eacute;roe mismo, y
+un d&iacute;a que daba la guardia en Palacio, como grande de Espa&ntilde;a, y
+mencionaba por cent&eacute;sima vez, durante la comida, el combate
+<i>terro-naval</i> de Cabo Negro, le dijo de pronto la reina:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Villamel&oacute;n; var&iacute;a alguna vez, y que no sea siempre
+<i>terro-naval</i>... Siquiera por hoy, que sea <i>navo-terrestre</i>.</p>
+
+<p>Y bautizado por los regios labios <i>navo-terrestre</i>, qued&oacute; Villamel&oacute;n
+para todos los d&iacute;as de su vida.</p>
+
+<p>Era por aquel tiempo el marqu&eacute;s, sin ser derrochador, bastante
+libertino; pero no con aquel aristocr&aacute;tico libertinaje de los Lauzun y
+los Frousac, se&ntilde;oriles hasta en sus vicios, caballerescos hasta en la
+infamia, que sacud&iacute;an de s&iacute; todo lo vulgar y grosero, con la misma
+elegante pulcritud con que sacud&iacute;an el polvillo del perfumado tabaco de
+sus chorreras de encaje. Su libertinaje era, por el contrario, aquel
+otro libertinaje tan com&uacute;n en Espa&ntilde;a entre los j&oacute;venes de alta alcurnia:
+mezcla extra&ntilde;a, tipo h&iacute;brido del manolo y del <i>sportmen</i>, del gitano y
+del muscadin, que se dir&iacute;a nacido del antit&eacute;tico matrimonio de un torero
+andaluz con una <i>soubrette</i> parisiense. Harto al cabo de chulas y de
+<span class='pagenum'><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span>lorettes, de toros y de handicaps, de manzanilla y champagne, de callos
+y de <i>foie-gras</i>, resolvi&oacute; a los treinta a&ntilde;os <i>dar fin</i>; esto es,
+casarse... Mas para que Villamel&oacute;n <i>diese fin</i>, preciso era que alguna
+hija de Eva <i>diese principio</i>, puesto que por una de esas anomal&iacute;as que
+tienen su raz&oacute;n de ser en el torcido criterio de ciertas clases
+sociales, se ha convenido en que el hombre piensa dar fin en aquel mismo
+matrimonio en que juzga la mujer dar principio.</p>
+
+<p>El trabajo de la elecci&oacute;n, <i>l'embarras du choix</i>, como &eacute;l mismo dec&iacute;a,
+no fue para Villamel&oacute;n grande, porque en ning&uacute;n orden de ideas era
+descontentadizo. Cre&iacute;a en Dios como en una persona excelente con quien
+se cumple de sobra, dej&aacute;ndole de cuando en cuando una tarjeta en el
+cancel de una iglesia; el hombre era para &eacute;l un tubo digestivo muy bien
+dispuesto; la vida, una peregrinaci&oacute;n, que, con la bolsa bien repleta y
+el est&oacute;mago bien lleno, pod&iacute;a hacerse c&oacute;modamente; y el matrimonio, la
+fusi&oacute;n de dos rentas y la prolongaci&oacute;n de una estirpe que hab&iacute;a de
+llevar su ilustre nombre, ni m&aacute;s ni menos que llevan el suyo los toros
+de Veraguas o las yeguas de Mecklemburgo.</p>
+
+<p>Viose, pues, a Villamel&oacute;n, el h&eacute;roe del combate <i>navo-terrestre</i> de Cabo
+Negro, que tanto se hab&iacute;a asustado con la desnudez relativa de los
+rife&ntilde;os, pedir sin repugnancia y obtener sin espanto la mano de una
+ilustre salvaje completamente desnuda de alma; porque as&iacute; como en
+bosques y desiertos se encuentran salvajes que ofenden la decencia con
+la desnudez de sus cuerpos, as&iacute; tambi&eacute;n se encuentran en plazas y
+salones otros salvajes vestidos por fuera, que insultan el pudor con la
+desnudez interna de sus almas. Para ellos son del todo in&uacute;tiles cuantas
+prendas m&aacute;s o menos postizas usa la humanidad para encubrir sus vicios,
+y lo mismo el santo rubor que la falsa hipocres&iacute;a, el noble decoro que
+la falaz preocupaci&oacute;n, les provocan la carcajada de extra&ntilde;eza que caus&oacute;
+a Cetewayo, destronado rey de los zul&uacute;s, la camisa que le ofrec&iacute;an sus
+<span class='pagenum'><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span>vencedores ingleses.</p>
+
+<p>Esta ilustre salvaje civilizada era la excelent&iacute;sima se&ntilde;ora do&ntilde;a
+Francisca de Borja Sol&iacute;s y Gorbea, condesa de Albornoz, marquesa de
+Cata&ntilde;alzor, dos veces grande de Espa&ntilde;a por derecho propio, y marquesa de
+Villamel&oacute;n y de Paracu&eacute;llar, con otra Grandeza, por el h&eacute;roe de la
+batalla <i>navo-terrestre</i> de Cabo Negro, su ilustre marido.</p>
+
+<p>Pero por una de esas excepciones que apartan en algo al individuo de las
+reglas generales del tipo para constituir en el un car&aacute;cter propio,
+ten&iacute;a la condesa un pudor especial, un extra&ntilde;o pudor que pudiera muy
+bien llamarse el pudor de su marido. Porque lejos de ser este
+matrimonio, como tantos otros de su clase, la pareja de perros que se
+esfuerzan por andar tan apartados como permite la tra&iacute;lla harto el&aacute;stica
+que los une, ve&iacute;aseles, por el contrario, siempre juntos en todas
+partes, abrumando &eacute;l a ella con cari&ntilde;osas atenciones, correspondiente
+ella a &eacute;l con monadas de ni&ntilde;a t&iacute;mida, de candorosa colegiala cuyo
+encantador enfantillage, sobrepuesto a su desvergonzado cinismo, tra&iacute;a a
+la imaginaci&oacute;n el extra&ntilde;o fantasma de un caribe bebiendo en delicad&iacute;sima
+copita de cristal de Bohemia, poquito a poco y sorbo a sorbito,
+espumante sangre caliente; de un antrop&oacute;fago que con tenedor y cuchillo
+de brillant&iacute;sima plata se comiese con la mayor pulcritud posible un
+beefsteak de carne humana.</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n, sin embargo, hab&iacute;a realizado su ensue&ntilde;o; porque su esposa
+prolong&oacute; su estirpe a&ntilde;adi&eacute;ndole una ni&ntilde;a y un ni&ntilde;o, y la renta de &eacute;l,
+que, seg&uacute;n su frase, daba para comer, se uni&oacute; a la de ella, que daba a
+su vez para cenar; para comer y cenar, se entiende, con todas las
+op&iacute;paras reglas del arte, porque Villamel&oacute;n honr&oacute; siempre su precocidad
+dent&iacute;frica y el trinchante de oro macizo, regalo de su augusto padrino,
+siendo glot&oacute;n a la vez que gastr&oacute;nomo, <i>gourmand</i> a la vez que
+<i>gourmet</i>; un <span class='pagenum'><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span>tonel sin fondo en cuanto a la cantidad de lo que beb&iacute;a y
+engull&iacute;a, y un inteligente Brillat-Savarin en cuanto a la calidad y modo
+de lo que engull&iacute;a, sordo siempre a los clamores de la indigesti&oacute;n, que
+de cuando en cuando se encargaba de predicar moral a su est&oacute;mago.</p>
+
+<p>La esposa, por su parte, era tambi&eacute;n feliz; zambullida en su
+desverg&uuml;enza, como los h&eacute;roes griegos en la Estigia, hab&iacute;ase hecho como
+ellos invulnerable, y con su audacia infinita y su c&iacute;nica travesura
+femenina, lograba el &uacute;nico fin de su vida, natural anhelo de su vanidad
+inmensa: sobreponerse a todo el mundo, ser siempre la primera y lograr
+que todas las lenguas le rindiesen vasallaje, ocup&aacute;ndose constantemente,
+para bien o para mal, que eso poco importaba, de su persona y de sus
+cosas. De ella hubiera podido decirse lo que de cierto personaje dijo un
+escritor elegant&iacute;simo: &laquo;Si asiste a una boda, quisiera ser la novia; si
+a un bautizo, el reci&eacute;n nacido, si a un entierro, el muerto&raquo;.</p>
+
+<p>Y aunque nadie hubiera podido explicar la raz&oacute;n de ser de esta
+supremac&iacute;a de que gozaba Currita en la corte, sin embargo, con esa
+vergonzosa condescendencia para el escandaloso que es a nuestro juicio
+el pecado capital de la alta sociedad madrile&ntilde;a y el origen y fuente de
+sus deformidades, todo el mundo, desde el caballero cumplido hasta el
+tah&uacute;r elegante, desde la dama honrada hasta la hembra sin decoro, se
+sujetaban a ella de modo m&aacute;s o menos directo, sin dejar por eso de
+proclamar que en belleza la aventajaban todas, en alcurnia la igualaban
+muchas, en riquezas la superaban bastantes, y s&oacute;lo en audacia y
+desverg&uuml;enza caminaba siempre la primera... &iquest;Ser&iacute;a, pues, esta la raz&oacute;n
+de ser de aquella supremac&iacute;a? &iquest;Ser&iacute;a que a fuerza de ver refinado el
+vicio y respirar la atm&oacute;sfera de esc&aacute;ndalo llegan ciertas sociedades a
+la aberraci&oacute;n de aquellos pueblos b&aacute;rbaros que prestan su homenaje m&aacute;s
+<span class='pagenum'><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span>profundo y su culto m&aacute;s entusiasta al &iacute;dolo m&aacute;s monstruoso?...</p>
+
+<p>Limit&eacute;monos a indicar el hecho sin tratar de analizarlo, y veamos lo que
+hizo Currita aquella tarde en casa de la duquesa de Bara.</p>
+
+<p>Esta se hab&iacute;a incorporado en su asiento, y Currita lleg&oacute; hasta ella,
+saludando a derecha e izquierda, al son del himno de do&ntilde;a Mar&iacute;a
+Victoria, siempre con su c&aacute;ndida risita:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gracias! &iexcl;Gracias, amado pueblo!</p>
+
+<p>&mdash;<i>&Agrave; tout seigneur, tout honneur</i>!&mdash;le dijo la duquesa devolvi&eacute;ndole sus
+besos.</p>
+
+<p>Agrup&aacute;ronse todos en torno a Currita, que se hab&iacute;a sentado junto a la
+duquesa, desairando una taza de t&eacute; que le ofrec&iacute;an; pidi&oacute; en cambio una
+copita de whisky, porque era de rigor en aquel tiempo, entre algunas
+damas elegantes que pretend&iacute;an formar el cogollito <i>de la cr&egrave;me</i>, fumar
+y empinar de lo lindo, con mucha distinci&oacute;n y gracia. El respetable
+Butr&oacute;n le ofreci&oacute; un cigarro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, no, no&mdash;dijo ella con su melodiosa vocecita&mdash;; eso es paja!...
+Dame t&uacute; uno m&aacute;s fuerte, Gorito...</p>
+
+<p>Y mientras Gorito le daba un veguero, capaz de tumbar de espaldas a un
+sargento de caballer&iacute;a, y lo encend&iacute;a ella pulcramente con una prosaica
+cerilla, le dijo la duquesa:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero vamos, mujer... cuenta, cuenta!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; he de contar yo&mdash;dijo ella entre dos chupadas&mdash;, si veo que lo
+<span class='pagenum'><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>saben ustedes todo?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero es cierto?&mdash;pregunt&oacute; Butr&oacute;n azorado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ciert&iacute;simo!&mdash;replic&oacute; con &eacute;nfasis Currita.</p>
+
+<p>El peludo Butr&oacute;n levant&oacute; ambas manos al cielo, la Mazac&aacute;n pase&oacute; por la
+horrorizada concurrencia una mirada de triunfo, y la duquesa,
+irgui&eacute;ndose iracunda, exclam&oacute; violentamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y lo dices con esa frescura?... &iquest;Y tienes valor para venir a decirlo
+aqu&iacute;, en mi casa?...</p>
+
+<p>Currita pareci&oacute; quedarse sorprendida, casi espantada, y paseando por
+todo el auditorio sus claros ojos admirablemente azorados, dijo con el
+tonillo lastimero de una ni&ntilde;a a quien amenazan con azotes:</p>
+
+<p>&mdash;Pero entend&aacute;monos... &iquest;Qu&eacute; es lo que ustedes saben?...</p>
+
+<p>&mdash;Que est&aacute;s nombrada camarera mayor de <i>la Cisterna</i>&mdash;dijo Isabel
+Mazac&aacute;n con todos sus br&iacute;os.</p>
+
+<p>Currita pens&oacute; desmayarse.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?&mdash;dijo con la ruborosa indignaci&oacute;n de una virgen de cuya virtud se
+duda&mdash;. &iquest;Y ustedes lo han cre&iacute;do?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nadie, nadie!&mdash;exclam&oacute; Butr&oacute;n soltando el resoplido inmenso de un
+gigante a quien quitan de sobre el pecho una monta&ntilde;a&mdash;Nadie ha dudado ni
+por un momento de tu lealtad, hija m&iacute;a querida, y cree que...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, se&ntilde;or, qu&eacute; gentes!, &iexcl;qu&eacute; lenguas!, &iexcl;qu&eacute; modo de tergiversar
+<span class='pagenum'><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span>hasta lo m&aacute;s sencillo!&mdash;dec&iacute;a Currita con voz debilitada.</p>
+
+<p>Y enjug&aacute;ndose con su fin&iacute;simo pa&ntilde;uelo una l&aacute;grima, que, falsa o
+verdadera, apareci&oacute; en sus ojos, dejaba ver al descuido la bell&iacute;sima
+flor de lis que tra&iacute;a en el pecho, y una magn&iacute;fica pulsera de oro, en
+que con sus gruesos brillantes se le&iacute;a incrustada la cifra de Isabel II.</p>
+
+<p>&mdash;El caso no puede ser m&aacute;s sencillo&mdash;prosigui&oacute; con aquella suave
+vocecita que jam&aacute;s dejaba un mismo y pausado tono&mdash;. Ayer, en el
+consejillo, trataron del nombramiento de camarera, porque la verdad es
+que la posici&oacute;n de esa pobre Cisterna no puede ser m&aacute;s desairada... Pues
+nada, hija, el ministro de Ultramar<a name="FNanchor_3_3" id="FNanchor_3_3"></a><a href="#Footnote_3_3" class="fnanchor">[3]</a> tuvo la ocurrencia de proponer
+que me hicieran a m&iacute; la oferta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Indecente!&mdash;grit&oacute; Leopoldina Pastor&mdash;. &iquest;Y tu marido no le ha dado ya
+una estocada?</p>
+
+<p>&mdash;Bien la merece; pero, despu&eacute;s de todo, el pobre Fernandito es quien
+tiene la culpa&mdash;continu&oacute; Currita con aire de pacient&iacute;sima esposa&mdash;. Se
+empe&ntilde;&oacute; en que su amigo Juanito Velarde hab&iacute;a de ser secretario
+particular de don Amadeo, habl&oacute; al ministro, este le ayud&oacute;, y
+envalentonado con eso, se ha atrevido a tanto el se&ntilde;or ministro... Lo
+que yo le dec&iacute;a a Fernandito: si le das el pie a esa gente, se tomar&aacute;n
+la mano... En fin, hija, el presidente del Consejo en persona estuvo a
+hacerme la propuesta... &iexcl;Por supuesto que yo no lo recib&iacute;; Fernandito se
+entendi&oacute; con &eacute;l, y tuvieron una escena!... Yo, muerta de susto, porque
+cre&iacute; que lo iba a plantar en la calle y acabar&iacute;a la cuesti&oacute;n a tiros...
+En fin, se fue por donde hab&iacute;a venido, con las orejas calientes; y sabe
+Dios lo que en venganza dir&aacute;n de m&iacute; ahora... Esto ha sido todo; por eso,
+cuando al entrar o&iacute; el himno y vi el saludo de Gorito, cre&iacute; que era una
+<span class='pagenum'><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>broma que ustedes me daban...</p>
+
+<p>Butr&oacute;n hizo una profunda se&ntilde;al de asentimiento, y la duquesa, ya
+amansada del todo y queriendo remediar su anterior arranque, dijo
+vivamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero pod&iacute;as creer otra cosa?</p>
+
+<p>Y cogi&eacute;ndola la mu&ntilde;eca en que tra&iacute;a la pulsera de Isabel II, bes&oacute;le la
+mano con gran cari&ntilde;o, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Si fueras t&uacute; camarera de <i>la Cisterna</i> merecer&iacute;as que se te volviese
+un grillete esta pulsera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No me la hab&iacute;as visto?&mdash;dijo con mucha naturalidad Currita&mdash;. Me la
+regal&oacute; la reina el &uacute;ltimo d&iacute;a de mi santo.</p>
+
+<p>Mientras la de Albornoz hablaba, Isabel Mazac&aacute;n, muy impaciente,
+cuchicheaba al o&iacute;do de Butr&oacute;n, dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero qu&eacute; grand&iacute;sima embustera!... &iexcl;Pero qu&eacute; modo de inventar
+historias!... &iexcl;Mentira, Butr&oacute;n, mentira todo!... Si me dijo Garc&iacute;a G&oacute;mez
+que justamente en el consejillo hab&iacute;a dado cuenta el ministro de
+Ultramar del deseo de ella, y entonces qued&oacute; acordado el nombramiento,
+supuesta la aprobaci&oacute;n de <i>la Cisterna</i>... Hoy, hoy por la ma&ntilde;ana, es
+cuando debe de haber ido el presidente del Consejo a notific&aacute;rselo a
+Currita.</p>
+
+<p>Y luego, no bien ces&oacute; de hablar &eacute;sta, se apresur&oacute; a decir en voz alta,
+con marcado aire de triunfo:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;Lo ven ustedes?... &iquest;Lo ven ustedes c&oacute;mo era lo que yo dec&iacute;a?... Lo
+mismo, lo mismo que est&aacute; diciendo Curra fue lo que me cont&oacute; a m&iacute; Garc&iacute;a
+G&oacute;mez.</p>
+
+<p>Currita, que ten&iacute;a sobrad&iacute;simas razones para saber que Garc&iacute;a G&oacute;mez
+deb&iacute;a de haber dicho cosas muy distintas, dio un par de chupaditas al
+cigarro, que con tanto hablar ya se apagaba, y dijo a la Mazac&aacute;n muy
+despacito:</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira; tambi&eacute;n tengo mi quejilla contra... <i>tu</i> Garc&iacute;a G&oacute;mez...
+Porque como ministro de Estado que es, entretiene sus ocios registrando
+toda la correspondencia que viene de Par&iacute;s... &iexcl;S&iacute; hija m&iacute;a, s&iacute;; no lo
+defiendas!... En el <i>gabinete negro</i> se abre toda la correspondencia
+antes de que llegue a su destino, y por eso pudo decir en el consejillo
+que ayer vino para m&iacute; una carta de la reina, que debi&oacute; probar al
+Ministerio todo lo absurdo de sus pretensiones.</p>
+
+<p>Comprendieron todos, y Butr&oacute;n el primero, a qu&eacute; carta alud&iacute;a Currita, y
+exclamaron en coro general, que dejaba sobresalir bastante las sordas
+notas de la envidia:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te ha escrito la reina?...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;replic&oacute; Currita&mdash;; me escribe invit&aacute;ndome para la primera comuni&oacute;n
+del pr&iacute;ncipe Alfonso en Roma...</p>
+
+<p>Y se qued&oacute; mirando de hito en hito a Isabel Mazac&aacute;n, cuyas misteriosas
+ganas de acompa&ntilde;ar a la reina destronada en aquella expedici&oacute;n eran de
+todos conocidas. Esta, que hac&iacute;a largo tiempo que sent&iacute;a furiosos
+hormigueos en la lengua, se aprest&oacute; a soltar alguna de sus crudezas.
+Pero Butr&oacute;n, que no cab&iacute;a en s&iacute; de gozo al ver que su pifia diplom&aacute;tica
+<span class='pagenum'><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>quedaba orillada, se apresur&oacute; a detenerla, llev&aacute;ndosela al hueco de una
+ventana, donde por alg&uacute;n tiempo dialogaron vivamente.</p>
+
+<p>Mientras tanto, Currita, con la vaga mirada fija en el espacio, como era
+siempre su extra&ntilde;a costumbre mientras hablaba, no los perd&iacute;a de vista,
+trazando al sino tiempo su itinerario. A principios de julio pensaba
+marchar con Fernandito a B&eacute;lgica, para pasar un mes escaso con Mariano
+Osuna en su castillo de Beauraing; despu&eacute;s no sab&iacute;a a punto fijo d&oacute;nde
+ir&iacute;a a esperar el 15 de octubre, fecha en que estaba citada con la reina
+en Marsella, para emprender el viaje a Roma: quiz&aacute; fuera a Trouville...
+El verano anterior lo hab&iacute;a pasado all&iacute; en una <i>villa</i> preciosa, frente
+al Chalet Cordier, que era el de M. Thiers... Y por cierto que era
+Thiers un vejete muy simp&aacute;tico y muy limpio, a pesar de ser republicano;
+su mujer, una <i>bourgeoise</i> as&iacute;, as&iacute;... vamos, bastante pasable. Pues &iquest;y
+la cu&ntilde;ada mademoiselle Dosne, la ninfa Egeria del presidente?... Era
+cosa gracios&iacute;sima verla coser los botones de la bata de son <i>beau-fr&egrave;re</i>
+Adolphe... Parec&iacute;a el ama de llaves de un notario acomodado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Era una trinidad deliciosa!</p>
+
+<p>Y con su ingenuidad de colegiala, describi&oacute; entonces Currita, con todos
+sus pormenores, una picant&iacute;sima caricatura de los esposos Thiers: una
+indecencia verdusca publicada en Burdeos y recogida al punto por la
+polic&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute; me proporcion&oacute; un ejemplar el duque Decazes, y no pude resistir a
+la tentaci&oacute;n de envi&aacute;rsela por el correo, con una fajita, a mademoiselle
+Dosne... &iexcl;La cara que pondr&iacute;a!... &iexcl;Ella que es tan pulcra, tan
+comedida!...</p>
+
+<p>Y a rengl&oacute;n seguido, sin transici&oacute;n ninguna, Currita se enterneci&oacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span>profundamente al pensar en el gozo inmenso que la esperaba en Roma,
+besando la sandalia del Sant&iacute;simo Padre P&iacute;o IX... &iexcl;Qu&eacute; figura tan
+gigantesca la del Pont&iacute;fice! &iexcl;Qu&eacute; anciano aquel tan venerable!... Y
+todas las se&ntilde;oras comenzaron a ponderar su adhesi&oacute;n al santo P&iacute;o IX,
+prontas a sacrificarle vida, hacienda, todo, todo menos el alma, por
+tenerla ya de antiguo comprometida con el diablo... Carmen Tagle dijo
+que le hab&iacute;a mirado siempre como si fuese su abuelo; la se&ntilde;ora de L&oacute;pez
+Moreno a&ntilde;adi&oacute; muy conmovida que ella le enviaba todos los a&ntilde;os una pipa
+de doce arrobas del riqu&iacute;simo moscatel de sus soleras jerezanas, y la
+duquesa, verdaderamente indignada, trajo a la memoria los atropellos a
+que cinco d&iacute;as antes se hab&iacute;an entregado las turbas, apedreando los
+faroles de la iluminaci&oacute;n con que celebraban los cat&oacute;licos el
+aniversario del Pontificado del augusto anciano; s&oacute;lo en el palacio de
+Medinaceli rompieron veintid&oacute;s faroles y treinta y siete cristales... &iexcl;Y
+mientras tanto, los ministros y las autoridades se solazaban en un
+concierto instrumental celebrado en Palacio!... &iexcl;Qu&eacute; Gobierno aquel, y
+qu&eacute; populacho tan imp&iacute;o y tan asqueroso!... Siquiera ellas veneraban la
+persona del Pont&iacute;fice encendiendo faroles en honra suya, y limit&aacute;banse
+tan s&oacute;lo a apedrear a todas horas la moral divina del Dios a quien aquel
+representaba.</p>
+
+<p>Esto no lo dijeron, por supuesto, aquellas se&ntilde;oras; pero lo pens&oacute;, sin
+decirlo, don Casimiro Pantojas, que atentamente las escuchaba, despu&eacute;s
+de haber desorejado a toda una desdichada familia de conejitos de
+porcelana y arrancado los rabos a una parejita de bulldogs, fabricados
+en Bristol.</p>
+
+<p>Y en esto concluy&oacute; Isabel Mazac&aacute;n su aparte con el marqu&eacute;s de Butr&oacute;n, y
+disculp&aacute;ndose con Currita de no acompa&ntilde;arla a la visita de la Inclusa,
+por hab&eacute;rsele ya hecho tarde, se march&oacute; al parecer alg&uacute;n tanto
+disgustada. Currita decidi&oacute; entonces volverse a su casa, y el marqu&eacute;s de
+<span class='pagenum'><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span>Butr&oacute;n se despidi&oacute; tambi&eacute;n en el acto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tiene usted coche, Butr&oacute;n?&mdash;pregunt&oacute; ella al diplom&aacute;tico.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;respondi&oacute; este presuroso, aprovechando la ocasi&oacute;n que tan pronto
+se le ofrec&iacute;a de hablar a solas con Currita.</p>
+
+<p>&mdash;Pues le llevar&eacute; a usted en mi berlina adonde quiera.</p>
+
+<p>&mdash;A la calle de Isabel la Cat&oacute;lica... Tengo que hacer en la embajada
+alemana.</p>
+
+<p>&mdash;Justamente me coge de paso.</p>
+
+<p>Currita baj&oacute; las escaleras apoyada en el brazo de Butr&oacute;n, encontrando al
+pie de su berlina, preciosa moner&iacute;a, verdadero juguete forrado de raso
+azul con botones de terciopelo, que parec&iacute;a el delicado estuche
+destinado a guardar una joya.</p>
+
+<p>El diplom&aacute;tico no las ten&iacute;a todas consigo: para &eacute;l era evidente que
+Isabel Mazac&aacute;n no exageraba ni ment&iacute;a al repetir las noticias del lindo
+ministro Garc&iacute;a G&oacute;mez. Pero &iquest;c&oacute;mo interpretar entonces la repentina
+mudanza de Currita? La oportuna carta de la reina Isabel pod&iacute;a
+explicarla por completo, porque el olvido de la abdicaci&oacute;n quedaba con
+ella satisfecho; y desagraviada Currita, pudo a tiempo renunciar a su
+revancha. Tranquilo por esta parte Butr&oacute;n, quiso, sin embargo, asegurar
+m&aacute;s y m&aacute;s al partido la alianza preciosa de Currita; porque hay ciertas
+pol&iacute;ticas indecorosas y a la larga funestas, que, aun tendiendo a fines
+honestos, no saben prescindir de individualidades asquerosas. <i>Barrer
+para adentro</i> era la pol&iacute;tica de Butr&oacute;n, como si la basura sirviera en
+<span class='pagenum'><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span>alguna parte para otra cosa que para infestar el recinto que la
+encierra.</p>
+
+<p>Fuese, pues, derecho al bulto, no bien el coche se puso en movimiento, y
+apoyado en la autoridad de sus a&ntilde;os, en la confianza del parentesco que
+con Villamel&oacute;n ten&iacute;a y en su dignidad de jefe de la <i>brigada femenina</i>
+conspiradora, le pidi&oacute; categ&oacute;ricas explicaciones del hecho... Mas
+Currita, volviendo a abrir palmo y medio los claros ojos y muy espantada
+y ofendida, y casi llorosa, se limit&oacute; a repetir la historia ya referida,
+con nuevas afirmaciones y protestas... Suponer otra cosa era un insulto
+verdadero. &iquest;Por qui&eacute;n se la tomaba a ella? &iquest;Pues no hab&iacute;a dado toda su
+vida pruebas del m&aacute;s leal afecto a la real familia?... Y aun cuando ella
+fuese capaz de semejante infamia, &iquest;se la hubiera permitido acaso
+Fernandito, cuya sangre hab&iacute;a corrido en el combate <i>navo-terrestre</i> de
+Cabo Negro, al grito de Isabel II?... Justamente ten&iacute;a &eacute;l tal odio a la
+intrusa casa de Saboya, que jam&aacute;s pon&iacute;a el sello de una carta sin
+colocar al pobre don Amadeo con la cabeza para abajo. &iexcl;Que lo hab&iacute;a
+dicho Isabel Mazac&aacute;n, cuyas intimidades con el ministro revolucionario
+deb&iacute;a hacerla a ella misma tan sospechosa!... &iquest;Pues no sab&iacute;a todo el
+mundo que la tal condesa de Mazac&aacute;n era una intriganta, que andaba
+detr&aacute;s del viaje a Roma con la reina, para tapar a Garc&iacute;a G&oacute;mez ciertos
+l&iacute;os antiguos que deb&iacute;a de arreglar all&iacute; con un pr&iacute;ncipe italiano?...</p>
+
+<p>Y tales cosas dijo Currita, y tales protestas hizo, y con tal acento las
+pronunci&oacute;, que el mismo Butr&oacute;n con ser tan ducho, se qued&oacute; perplejo, y
+entre las afirmaciones contrarias de aquellas dos condesas igualmente
+tramposas, s&oacute;lo sac&oacute; en claro una nueva confirmaci&oacute;n de aquel principio
+pr&aacute;ctico que de toda la vida hab&iacute;a profesado: la mujer aborrece a la
+serpiente por celos y envidias del oficio.</p>
+
+<p>Mientras tanto, la berlina corr&iacute;a desempedrando las calles y doblando
+<span class='pagenum'><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>las esquinas, con esas airosas vueltas que imprime a un fogoso tronco
+la h&aacute;bil mano de un cochero experto. A la mitad de la calle del Turco, y
+dominando el ruidoso rodar del carruaje, lleg&oacute; a o&iacute;dos de la pareja un
+extra&ntilde;o rumor lejano: esa especie de sordo mugido, amenazador,
+imponente, que s&oacute;lo es com&uacute;n al mar encrespado y a las muchedumbres
+alborotadas... Currita y Butr&oacute;n mir&aacute;ronse sorprendidos, y repararon
+entonces en algunos transe&uacute;ntes que ven&iacute;an presurosos de la calle de
+Alcal&aacute;, y en el conserje de la Escuela de Ingenieros, que cerraba
+apresuradamente la puerta de este edificio. Era esto harto com&uacute;n en
+aquellos tiempos de alborotos continuos, y la berlina avanz&oacute;, sin
+acortar su carrera, hasta la calle de Alcal&aacute;, para tomar luego por la
+del Barquillo.</p>
+
+<p>Era esto, sin embargo, imposible; un largo y compacto cord&oacute;n humano,
+compuesto de una muchedumbre heterog&eacute;nea y abigarrada, llenaba de un
+cabo a otro la calle de Alcal&aacute;, cubri&eacute;ndola en toda la gran extensi&oacute;n
+que por ambos extremos abarcaba la vista.</p>
+
+<p>Era aquella una manifestaci&oacute;n pac&iacute;fica de la democracia, que con grandes
+clamores y largos garrotes y extra&ntilde;as banderas enarboladas se dirig&iacute;a a
+Palacio pidiendo la entrada en el ministerio de don Manuel Ruiz
+Zorrilla.</p>
+
+<p>El cochero de Currita, Tom Sickles, enorme tipo del automedonte
+brit&aacute;nico, que ped&iacute;a a voces el tricornio y la peluca empolvada, y se
+hab&iacute;a sentado en Londres en el pescante del duque de Edimburgo, y en
+Par&iacute;s en el de la princesa Matilde, dirigi&oacute; los caballos corriendo a lo
+largo de la manifestaci&oacute;n, por ver si adelantaba la cabeza de esta y
+pod&iacute;a entrar por la calle del Caballero de Gracia o por la de Peligros.
+Tambi&eacute;n era ya tarde, y viose precisado a detenerse frente al
+Veloz-Club, entre el remolino que all&iacute; se iba amontonando, de lujosos
+<span class='pagenum'><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>trenes que volv&iacute;an de la Castellana y humildes simones que pretend&iacute;an
+in&uacute;tilmente cruzar de un lado a otro. Butr&oacute;n quiso volver atr&aacute;s y salir
+por cualquiera bocacalle a la Carrera de San Jer&oacute;nimo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero si esto es muy divertido!&mdash;dec&iacute;a Currita con infantil
+alborozo&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; delicia!... Mire usted, Butr&oacute;n; mire usted qu&eacute;
+graciosos van todos con sus cintitas encarnadas... &iexcl;Uy, aquel
+jorobadito!... &iexcl;Qu&eacute; mono!... &iexcl;Ah, p&iacute;caro!... &iexcl;lleva una bandera en que
+pide <i>reforma</i>!... &iexcl;Pues claro est&aacute; que la necesita!... &iexcl;pobrecito!,
+&iexcl;sobre todo por la espalda!...</p>
+
+<p>Otro carruaje se interpuso en aquel momento entre la muchedumbre y la
+berlina, impidiendo la vista a Currita: en &eacute;l iba el gobernador civil de
+Madrid, muy rollizo y pomposo, que se dirig&iacute;a a Palacio y ve&iacute;ase forzado
+tambi&eacute;n a detenerse.</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute; va ese mastodonte&mdash;dijo Butr&oacute;n al o&iacute;do de Currita&mdash;. En cuanto nos
+vea juntos se figura que conspiramos.</p>
+
+<p>Estas sencillas palabras del diplom&aacute;tico parecieron despertar en Currita
+una de esas ideas atrevidas que se conciben de repente, por m&aacute;s que
+tarden en madurar a&ntilde;os enteros. Asom&oacute;se a la portezuela como si desease
+que el gobernador la viera, y sin contestar al respetuoso saludo que al
+divisarla este le hizo, meti&oacute;se bruscamente para dentro y se cubri&oacute; con
+el pa&ntilde;uelo parte del rostro, como si quisiera entonces esconderse.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; mal huele la democracia!&mdash;dec&iacute;a para ocultar a Butr&oacute;n aquellas
+maniobras&mdash;. &iexcl;Pero qu&eacute; peste echan!...</p>
+
+<p>El coche del gobernador arranc&oacute; al fin trabajosamente a lo largo de la
+calle, y desde aquel momento, nerviosa y agitada Currita, pareci&oacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span>impacientarse mucho por aquella misma detenci&oacute;n que poco antes la hab&iacute;a
+divertido tanto. Frente a frente de ella, un poco m&aacute;s hacia la Puerta
+del Sol, asomaban por los balcones del Veloz-Club, bajo sus toldillos de
+verano, aristocr&aacute;ticos racimos de cabezas de gomosos desocupados, que
+miraban el democr&aacute;tico desfile con esa especie de medrosa curiosidad
+burlona, a la vez que t&iacute;mida, con que se contemplan desde lo alto de un
+tendido los terribles retozos de una piara de rid&iacute;culas bestias feroces;
+parec&iacute;ales imposible en aquel momento que la bestia pudiera alguna vez
+alzar su zarpa hasta ellos. La vista de aquellos elegantes espectadores
+acab&oacute; de impacientar a Currita, y de tal modo se enardeci&oacute; ante ellos su
+af&aacute;n de exhibirse y singularizarse, que tir&oacute; del cordoncillo hasta
+descoyuntar el dedo del cochero, y sac&oacute; la cabeza por la ventanilla
+gritando:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Go on, Tom, go on</i>! <i>Run Through</i>!... <i>Carry them off</i>!...<a name="FNanchor_4_4" id="FNanchor_4_4"></a><a href="#Footnote_4_4" class="fnanchor">[4]</a></p>
+
+<p>Tom no se hizo repetir la orden: sac&oacute; el herc&uacute;leo pecho, tirando de las
+riendas, con el esfuerzo de aquellos antiguos aurigas esculpidos por
+Fidias en los frontones del Parten&oacute;n, de pie sobre un carro, deteniendo
+con una mano el galope de cuatro caballos. Piafaron los suyos,
+encabrit&aacute;ndose, castig&oacute;les &eacute;l suavemente con la fusta, y aflojando de
+repente las bridas, los lanz&oacute; con la velocidad y el empuje de una flecha
+a trav&eacute;s de la turba democr&aacute;tica, desapareciendo como un rel&aacute;mpago por
+la calle de Peligros.</p>
+
+<p>Un alarido terrible de terror y de ira sali&oacute; de la muchedumbre, que se
+bambole&oacute; a uno y otro lado del surco abierto por el coche; comenz&oacute; la
+gente a correr asustada, los gomosos del Veloz-Club se metieron para
+dentro, cerrando prontamente sus balcones, y el jorobado que ped&iacute;a
+<i>reforma</i> estuvo a pique de sufrirla por completo entre los pies de los
+<span class='pagenum'><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span>caballos y las ruedas de la berlina.</p>
+
+<p>Mientras tanto, asombrado Butr&oacute;n de aquel brusco arranque, y muerto de
+susto ante audacia tan temeraria, echaba a toda prisa las cortinillas
+para que no le viesen; y Currita, riendo como una loca, se asomaba por
+el vidrio de la trasera para ver a los transe&uacute;ntes refugiarse asustados
+en los portales, y a los guardias p&uacute;blicos correr detr&aacute;s de la berlina,
+haciendo se&ntilde;as de que parasen. Mas Tom Sickles, arrebatada la cara de
+remolacha, hac&iacute;a terribles visajes, como si llevase los caballos
+desbocados, mientras con suaves vibraciones de las riendas m&aacute;s y m&aacute;s los
+azuzaba. En la calle de Isabel la Cat&oacute;lica, Tom Sickles hizo otro
+prodigio: coche y caballos quedaron parados en firme, de un golpe, ante
+la embajada alemana. La se&ntilde;ora estaba servida, mereciendo &eacute;l la corona
+triunfal de los Juegos H&iacute;picos.</p>
+
+<p>Currita encontr&oacute; enfilados a la puerta de su casa tres coches,
+reconociendo al punto en uno de los cocheros la escarapela encarnada,
+propia de los ministros. Ape&oacute;se entonces en las mismas caballerizas, y
+por una escalera reservada para el uso de la servidumbre lleg&oacute; a sus
+habitaciones sin ser vista de nadie. Al ruido de la campanilla acudi&oacute;
+Kate, la doncella inglesa de la se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n est&aacute; con el se&ntilde;or?&mdash;pregunt&oacute; a esta.</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or ministro de la Gobernaci&oacute;n... El se&ntilde;or duque de Bringas y don
+Juan Velarde juegan en el billar.</p>
+
+<p>&mdash;Dile a don Joselito que no recibo a nadie... Tengo mucha jaqueca.</p>
+
+<p>Kate pareci&oacute; titubear un momento y se decidi&oacute; al fin a decir
+<span class='pagenum'><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span>t&iacute;midamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ni tampoco a don Juan Velarde?...</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco: a nadie, a nadie...</p>
+
+<p>De nuevo volvi&oacute; a insinuar Kate con mucha delicadeza:</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;orito volver&aacute; hoy del colegio...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es verdad!... &iexcl;Pobre Paquito!...</p>
+
+<p>&mdash;Y querr&aacute; ver a la se&ntilde;ora...</p>
+
+<p>&mdash;No, no... que se entretenga con Lil&iacute;... Ma&ntilde;ana lo ver&eacute;... &iexcl;Tengo una
+jaqueca horrible!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IVmdash" id="IVmdash"></a><a href="#toc">&mdash;IV&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Cuando Paquito Luj&aacute;n lleg&oacute; a su casa comenzaba a oscurecer, y la
+escalera y el vest&iacute;bulo estaban ya completamente iluminados: cuatro
+grandes estatuas desnudas, de m&aacute;rmol blanco, alumbraban este y aquella,
+elevando sus manos art&iacute;sticos candelabros de bronce con seis mecheros.
+Al pie de la escalera, un enorme oso de Noruega sentado gravemente sobre
+sus patas de detr&aacute;s, presentaba con las de delante una bandeja de plata
+destinada a recibir las tarjetas de visita. Era este un capricho del
+pr&iacute;ncipe de Gales que hab&iacute;a visto Currita en el palacio de Sandringham,
+<span class='pagenum'><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>y apresur&aacute;dose a copiar a costa de dinero.</p>
+
+<p>La aflicci&oacute;n del ni&ntilde;o hab&iacute;a desaparecido, con esa dichosa rapidez con
+que se suceden en la infancia emociones a emociones. La impaciencia, la
+natural impaciencia, mezcla de ternura de hijo y del deseo de ser
+alabado, era la que le agitaba en aquel momento, ansioso de caer con sus
+premios en los brazos de su padre, de su madre, de Lil&iacute;, su hermanita
+del alma... Sentado en el testero del carruaje, con sus premios muy
+agarrados, apoyaba los piececillos en el asiento de enfrente, haciendo
+verdaderos esfuerzos para delante, que cre&iacute;a &eacute;l ayudaban al coche a
+rodar m&aacute;s r&aacute;pidamente.</p>
+
+<p>Al entrar en Madrid hubo que perder cuatro minutos encendiendo los
+faroles, y un poco m&aacute;s all&aacute; los empleados del resguardo detuvieron de
+nuevo al coche para registrarlo todo de arriba a abajo... &iexcl;Qu&eacute;
+desesperaci&oacute;n! &iexcl;Qu&eacute; feos y qu&eacute; tontos eran aquellos hombres! De seguro
+que ninguno de ellos hab&iacute;a tenido nunca padre ni madre, ni Lil&iacute;, ni
+sacado en todos los d&iacute;as de su vida un solo premio... Cuando &eacute;l fuera
+grande hab&iacute;a de ahorcar a todos los empleados del resguardo, colg&aacute;ndolos
+como los chorizos que hab&iacute;a visto una vez en la chimenea del capataz del
+Encinar, all&aacute; en Extremadura... &iexcl;Y todav&iacute;a, al doblar la esquina de la
+Universidad, se atraves&oacute; un coche, y despu&eacute;s un carro de mudanzas y
+luego un gran &oacute;mnibus, y hubo que perder otros tres minutos! Al entrar
+al fin en la &uacute;ltima calle, ya ten&iacute;a el ni&ntilde;o la mano en la llave de la
+portezuela, dispuesto a abrirla, asomando al mismo tiempo la carita,
+porque de seguro estar&iacute;an esper&aacute;ndole en alg&uacute;n balc&oacute;n su padre, su
+madre, o Lil&iacute;, o quiz&aacute; los tres juntos... Ya les ense&ntilde;ar&iacute;a &eacute;l desde all&iacute;
+abajo los premios, y creer&iacute;an que no era m&aacute;s que uno, y ver&iacute;an luego que
+eran cinco y dos excelencias. &iexcl;Qu&eacute; risa entonces!... Pero los balcones
+estaban todos cerrados, y no se ve&iacute;a en ellos alma viviente. El coche
+entr&oacute; al fin en la casa, haciendo retemblar los cristales de la gran
+<span class='pagenum'><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span>mampara, y se detuvo al pie de la anchurosa y alfombrada escalera...
+Tambi&eacute;n estaba esta vac&iacute;a, y s&oacute;lo vio el ni&ntilde;o al pie de ella al grave
+oso de Noruega, <i>Bruin</i>, como le llamaban en casa, abriendo su gran boca
+armada de dientes enormes y present&aacute;ndole la bandeja, como si le
+invitara a depositar en ella sus premios. Mas no los solt&oacute; el ni&ntilde;o, y
+oprimi&eacute;ndolos contra su pecho, subi&oacute; a brincos la escalera, hasta llegar
+al vest&iacute;bulo; cerr&oacute;le all&iacute; el paso una extra&ntilde;a figura que se paseaba de
+un lado a otro con las manos a la espalda. Era un enano fe&iacute;simo, pero
+perfectamente proporcionado: verdadero pigmeo, &eacute;mulo de aquel famoso
+Roby que presentaron en la mesa del rey de Sajonia dentro de un pastel
+de venado. Tendr&iacute;a poco m&aacute;s de un metro de altura, y hall&aacute;base
+correctamente vestido de etiqueta, frac y corbata blanca, calz&oacute;n corto,
+media de seda negra y zapato con hebilla. Llam&aacute;banle en la casa <i>don
+Joselito</i>, y cobraba siete mil reales de sueldo, con la sola obligaci&oacute;n
+de anunciar las visitas y realzar con su estrafalaria figura la aureola
+de elegante originalidad que rodeaba en todo a Currita.</p>
+
+<p>Inclin&oacute;se el enano respetuosamente ante el se&ntilde;orito, y con su vocecilla
+chillona y alg&uacute;n tanto imperiosa, d&iacute;jole que no pod&iacute;a ver a la se&ntilde;ora,
+por haberse acostado media hora antes con una espantosa jaqueca. Un
+repentino vapor de l&aacute;grimas vino a empa&ntilde;ar los hermosos ojos azules del
+ni&ntilde;o; volvi&oacute; bruscamente la espalda al enano sin decir palabra y ech&oacute; a
+correr hacia las habitaciones de su padre.</p>
+
+<p>All&iacute; estaba Villamel&oacute;n, repantigado en una butaca, hablando
+misteriosamente con el ministro de la Gobernaci&oacute;n. Lanz&oacute;se el ni&ntilde;o a su
+padre, y ech&aacute;ndole los brazos al cuello, le dio dos besos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola, caballerito!&mdash;exclam&oacute; Villamel&oacute;n&mdash;. &iquest;Ya de vuelta?... &iexcl;Me
+alegro!...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span></p><p>Y como viese que con cierto rubor orgulloso le presentaba el ni&ntilde;o sus
+premios, a&ntilde;adi&oacute; sin tomarlos:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola, hola, los premios!... &iexcl;Pobre chiquit&iacute;n!... &iexcl;Muy bonitos!...
+Bien, bien, me alegro... Ea, toma... toma, y dile a Germ&aacute;n que te lleve
+esta noche al circo.</p>
+
+<p>Y entreg&aacute;ndole al ni&ntilde;o dos pesetas que hab&iacute;a sacado del bolsillo del
+chaleco, volvi&oacute; a reanudar su misteriosa conversaci&oacute;n con el se&ntilde;or
+ministro.</p>
+
+<p>Qued&oacute;se el ni&ntilde;o parado un momento, con los ojos abiertos; dio luego una
+repentina media vuelta, girando sobre una pierna, y encarnado como la
+grana, bambole&aacute;ndose cual si estuviera ebrio, fue a arrimarse a una
+mesita llena de caprichosas chucher&iacute;as; hab&iacute;a debajo una figura
+japonesa, con la boca muy abierta, y por ella arroj&oacute; el ni&ntilde;o, con mucho
+disimulo, el regalo de su padre, las &iexcl;dos pesetas!... Luego ech&oacute; a
+correr, saliendo disparado del saloncito; det&uacute;vose un momento en el
+dintel, detr&aacute;s de las cortinas, y agobiado, con los bracitos colgando y
+ca&iacute;da la cabecita, sigui&oacute; una galer&iacute;a que iba a parar a la Nursery<a name="FNanchor_5_5" id="FNanchor_5_5"></a><a href="#Footnote_5_5" class="fnanchor">[5]</a>,
+al destierro, a la Siberia de los ni&ntilde;os, que el desapegado ego&iacute;smo de la
+condesa de Albornoz hab&iacute;a importado para sus hijos de Inglaterra a su
+casa.</p>
+
+<p>Resonaba en el fondo de la galer&iacute;a un piano destemplado que parec&iacute;a
+balbucear, de mala gana, un mon&oacute;tono tema de los ejercicios de Hanon.
+Esta m&uacute;sica son&oacute;, sin embargo, como un concierto celeste en los o&iacute;dos
+del ni&ntilde;o; desapareci&oacute; su abatimiento, renaci&oacute; su alegr&iacute;a y ech&oacute; a correr
+de nuevo hacia aquella estancia.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Lil&iacute;!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Paquito!...</p>
+
+<p>Y un &aacute;ngel, una bell&iacute;sima mu&ntilde;eca de nueve a&ntilde;os, salt&oacute; del asiento del
+piano para caer en los brazos del ni&ntilde;o, confundi&eacute;ndose por un momento
+con sus besos, sus gritos, su risa, su alegr&iacute;a, sus almas inocentes y
+sus vidas inmaculadas, como se confund&iacute;an los bucles de oro que
+rodeaban, como una aureola de rayos de sol, las preciosas cabezas de
+ambos.</p>
+
+<p>El ni&ntilde;o se acord&oacute; al fin de sus premios.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mira!... &iexcl;Mira!...</p>
+
+<p>Lil&iacute; abri&oacute; mucho los ojos admirada, apret&oacute; los labios y ech&oacute; atr&aacute;s las
+manitas; su cr&iacute;tica fue la cr&iacute;tica de las grandes admiraciones, la
+cr&iacute;tica monos&iacute;laba.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Uy!&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cinco!... &iexcl;Son cinco y dos excelencias!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me dar&aacute;s uno, Paquito?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tonta!... Eso no se da... Se pone en un marco... Pepito Vargas dice
+que su mam&aacute; se los pone en un marco...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Grande..., grande?&mdash;dijo Lil&iacute;, indicando con sus manitas uno capaz de
+encerrar al <i>Pasmo de Sicilia</i>.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span></p><p>&mdash;S&iacute;, grande, grande... Y mira: este es de Aritm&eacute;tica, y este...</p>
+
+<p>No pudo continuar el ni&ntilde;o; una mano seca, pegada a un pu&ntilde;o inmaculado,
+sali&oacute; por entre las cortinas, y despu&eacute;s un brazo largo, y luego un
+hombro puntiagudo, y m&aacute;s tarde un rostro encarnado, caracter&iacute;stico,
+original, brit&aacute;nico, como la cerveza de Bass o las galletas de
+Huntley...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mademoiselle!&mdash;dijo Lil&iacute; asustada.</p>
+
+<p>Y la mano seca, pegada al pu&ntilde;o inmaculado, agarr&oacute; a la ni&ntilde;a por un brazo
+y se la llev&oacute; para adentro, oy&eacute;ndose una voz met&aacute;lica, estridente, que
+desgarraba el t&iacute;mpano como un resorte que rechina.</p>
+
+<p>&mdash;<i>What's that, Miss</i>?... <i>You have to learn your piano lesson until
+eight o'clock</i>...<a name="FNanchor_6_6" id="FNanchor_6_6"></a><a href="#Footnote_6_6" class="fnanchor">[6]</a></p>
+
+<p>Entonces huy&oacute; el ni&ntilde;o de all&iacute; desolado; corri&oacute; ciego a la Nursery y se
+arroj&oacute; de cabeza en su blanca camita, con la enconada amargura y la
+sombr&iacute;a desesperaci&oacute;n del suicida que se arroja, solo y sin esperanzas,
+en un abismo oscuro, negro, profundo... El sue&ntilde;o, el sue&ntilde;o bendito, fiel
+amigo de los ni&ntilde;os, suave consolador de todos sus pesares, vino al fin a
+acallar sus sollozos y contener sus l&aacute;grimas, adormeci&eacute;ndole all&iacute; mismo,
+sin variar de postura, vestido todav&iacute;a y con sus premios en la mano...</p>
+
+<p>Y mientras tanto, Villamel&oacute;n prosegu&iacute;a su misteriosa pl&aacute;tica con el
+ministro. Contaba por aquel entonces el marqu&eacute;s m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, y
+los estragos de su juventud sal&iacute;anle prematuramente al rostro. Colg&aacute;bale
+la nariz encarnada y algo granujienta, hund&iacute;ansele las mejillas, dejando
+salir los p&oacute;mulos; arque&aacute;basele ya el abdomen, y todo anunciaba en &eacute;l
+esa caricatura de la juventud en que consiste la vejez de muchos. Su
+<span class='pagenum'><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span>cuerpo hab&iacute;a sido gallardo y conservaba a&uacute;n restos de arrogancia; mas
+su rostro ofrec&iacute;a perfecta semejanza con el de aquel enano de Felipe IV,
+titulado <i>El Primo</i>, que retrat&oacute; Vel&aacute;zquez y copi&oacute; Goya, grab&aacute;ndolo al
+aguafuerte: ten&iacute;a la misma nariz colgante, los mismos ojos tristes, el
+mismo bigote retorcido, la misma frente extensa y pensadora, con la sola
+diferencia de que Villamel&oacute;n part&iacute;a por medio su ya escasa cabellera con
+una raya que, arrancando de la ra&iacute;z del pelo, llegaba hasta el cogote,
+form&aacute;ndole sobre las orejas dos peque&ntilde;os cuernecitos.</p>
+
+<p>Y aquella frente elevada, de abultados parietales, que reclamaba para s&iacute;
+el dicho de la zorra al busto: <i>Tu cabeza es hermosa, pero sin seso</i>,
+ten&iacute;a, en efecto, actitudes magn&iacute;ficas cuando, surcada por un pliegue
+vertical, se inclinaba, como en aquel momento, al excelent&iacute;simo se&ntilde;or
+don Juan Antonio Mart&iacute;nez, ministro de la Gobernaci&oacute;n, y le dec&iacute;a con el
+aire de Bismarck a Gortschakoff, al establecer entre ambos el equilibrio
+europeo:</p>
+
+<p>&mdash;Deseng&aacute;&ntilde;ese, usted, Mart&iacute;nez... La tesis del doctor Wood es absurda...
+Nadie me probar&aacute; que el pastel de ratas sea superior al de erizos y
+ardillas... &iquest;Usted me entiende?...</p>
+
+<p>El excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez hizo un gesto que no significaba si entend&iacute;a o
+dejaba de entender; desde que el pobre se&ntilde;or hab&iacute;a pasado el puente
+natural que lleva del banco azul a las grandes mesas de la corte,
+caminaba de indigesti&oacute;n en indigesti&oacute;n, y sent&iacute;a en el est&oacute;mago la
+nostalgia de aquellas nutritivas sopas de ajo, no digeridas del todo,
+que hab&iacute;an hecho de &eacute;l un tanto robusto hombre de Estado, y fueron su
+cotidiano alimento en los tiempos en que romp&iacute;a sus primeros calzones
+entre los pilletes de cierta playa de las costas asturianas... &iexcl;Santo
+Dios, y qu&eacute; dolores de tripas m&aacute;s atroces le hab&iacute;a costado el <i>p&acirc;t&eacute;
+foie-gras</i> del &uacute;ltimo viernes de Palacio! &iexcl;Qu&eacute; <i>coliquera</i> m&aacute;s terrible
+<span class='pagenum'><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span><i>le chou &agrave; la cr&egrave;me</i> que sirvieron dos d&iacute;as antes en la embajada
+francesa!... El excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez crey&oacute;se por un momento
+envenenado, y desde entonces fue para &eacute;l art&iacute;culo de fe aquel principio
+de Addison:</p>
+
+<p>&laquo;Cuando veo las mesas a la moda cubiertas de todas las riquezas de las
+cuatro partes del mundo, me imagino ver la gota, la hidropes&iacute;a, la
+fiebre, el letargo y la mayor parte de las enfermedades, ocultas en
+emboscadas, debajo de cada servilleta.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Usted lo ha de ver, Mart&iacute;nez&mdash;prosigui&oacute; Villamel&oacute;n&mdash;; el jueves
+pr&oacute;ximo har&eacute; servir los dos pasteles sin decir lo que contienen, y
+veremos por cu&aacute;l se declaran las opiniones. &iquest;Me entiende usted,
+Mart&iacute;nez?... Excuso decirle que cuento con su voto.</p>
+
+<p>Eriz&aacute;ronsele los cabellos al excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez ante la perspectiva
+de una indigesti&oacute;n de ratas... &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a cur&aacute;rsela, si no era
+trag&aacute;ndose un gato?</p>
+
+<p>&mdash;Y todo eso&mdash;prosigui&oacute; Villamel&oacute;n con liger&iacute;sima sonrisa que denunciaba
+traidoramente su convencimiento &iacute;ntimo de la superioridad con que
+manejaba el asunto no es m&aacute;s que la excentricidad inglesa, influyendo y
+echando a perder su cocina... Y cuidado que yo soy imparcial, porque mi
+cocina es la cocina el&eacute;ctrica: lo mejor de lo mejor, venga de donde
+viniere: este es mi lema. &iquest;Me entiende usted, Mart&iacute;nez?... Pero no hay
+que darle vueltas, amigo m&iacute;o, y por m&aacute;s que digan, en la cocina, como en
+todo, Francia camina la primera. Esto no tiene vuelta de hoja,
+Mart&iacute;nez... Los ingleses devoran, los alemanes zampan, los italianos
+comen, los espa&ntilde;oles se alimentan; pero s&oacute;lo los franceses gozan, y ah&iacute;
+est&aacute; el quid, Mart&iacute;nez: en gozar, en gozar comiendo. &iquest;Me entiende usted?</p>
+
+<p>Mart&iacute;nez no entend&iacute;a, y tomando por burla lo que s&oacute;lo era cansada
+<span class='pagenum'><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>muletilla de Villamel&oacute;n, tanto <i>Mart&iacute;nez</i> y tanto <i>&iquest;me entiende?</i>, se
+apresur&oacute; a responder algo amostazado:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En gozar?... &iexcl;O en reventar, se&ntilde;or marqu&eacute;s, que no es lo mismo!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, no, no y mil veces no, Mart&iacute;nez! Eso es una de tantas
+preocupaciones. &iquest;Me entiende usted? Cierto que el hombre es un ser
+d&eacute;bil, insuficiente, que apenas puede soportar ocho comidas diarias;
+pero la indigesti&oacute;n no proviene de comer mucho, sino de comer mal...
+D&eacute;me usted un cocinero de primera fuerza, de raza, <i>d'&eacute;lans</i>, y yo le
+garantizo salud eterna... &iexcl;Oh, bien lo entend&iacute;a el pr&iacute;ncipe Orloff con
+su ojo tuerto y su brazo manco!... Yo le he visto en Par&iacute;s elegir
+cocinero en p&uacute;blico concurso; acudieron diez a su palacio de la embajada
+rusa: yo fui del jurado, y probamos, antes de fallar, ciento cuarenta
+platos<a name="FNanchor_7_7" id="FNanchor_7_7"></a><a href="#Footnote_7_7" class="fnanchor">[7]</a>. &iexcl;Ah!, no, no, Mart&iacute;nez; no es el comer mucho, lo que trae la
+indigesti&oacute;n... Mi santa madre lo dec&iacute;a: Tripa llena, alaba a Dios.</p>
+
+<p>Y se qued&oacute; tan orondo con la cita, porque una de las genialidades de
+Villamel&oacute;n era la de nombrar de continuo a su madre, anteponi&eacute;ndole
+siempre el calificativo de santa, y poniendo en su boca aforismos tan
+singulares, y de mal gusto a veces, como el que acababa de soltar.</p>
+
+<p>Entraron en esto el duque de Bringas y Juanito Velarde, que hab&iacute;an
+terminado ya su partida de billar, y a poco anunci&oacute; un criado que la
+se&ntilde;ora condesa no asistir&iacute;a a la comida por haber tomado ya un
+<i>consomm&eacute;</i> en sus habitaciones, y acost&aacute;dose al punto con una fuerte
+jaqueca.</p>
+
+<p>Esta noticia pareci&oacute; afectar muy poco al caro esposo de la dama y al
+duque de Bringas; al ministro de la Gobernaci&oacute;n h&iacute;zole, por el
+contrario, mal&iacute;simo efecto, dando a sospechar, por sus muestras de
+disgusto, que algo que la ausencia de Currita chasqueaba por completo le
+<span class='pagenum'><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span>hab&iacute;a tra&iacute;do all&iacute; y h&eacute;chole aguantar con paciencia las majader&iacute;as
+culinarias del h&eacute;roe del combate <i>navo-terrestre</i> de Cabo Negro; como
+Butr&oacute;n tem&iacute;a, el nombramiento de camarera mayor comenzaba a mover la
+cola. Juanito Velarde pareci&oacute; tambi&eacute;n muy contrariado, comi&oacute; poco y
+habl&oacute; menos durante toda la comida. Villamel&oacute;n hizo el gasto, como
+siempre, blandiendo el trinchante de oro macizo, regalo de Fernando VII,
+que us&oacute; durante toda su vida, y pasando por las tres distintas fases que
+en aquella hora solemne se reflejaban en su persona: hondamente
+preocupado al principio, como hombre que tiene entre manos el m&aacute;s grave
+negocio; comunicativo, pero dogm&aacute;tico; afable, pero todav&iacute;a circunspecto
+a los medios, y alegre, bonach&oacute;n, magn&aacute;nimo y hasta tierno a los
+postres, como si la corriente de satisfacci&oacute;n que le brotaba del
+est&oacute;mago le dotase de aquellas cualidades que no pose&iacute;a en ayunas. Esta
+era la hora de pedirle favores, seguro de alcanzarlos, y esta era la
+hora tambi&eacute;n en que Villamel&oacute;n, arrastrado por un resabio de educaci&oacute;n
+mal&iacute;sima que jam&aacute;s pudieron quitarle ni su santa madre, ni su dulce
+esposa, hac&iacute;a bolitas de miga de pan con la punta de los dedos y las
+disparaba a las narices de los comensales, con muestras del m&aacute;s cari&ntilde;oso
+agasajo y el m&aacute;s tierno regocijo.</p>
+
+<p>Mientras tanto, si alg&uacute;n diablo cojuelo hubiese levantado el techo del
+<i>boudoir</i> de la condesa de Albornoz, hubi&eacute;rase descubierto una extra&ntilde;a
+escena: hall&aacute;base este alumbrado por una gran l&aacute;mpara, sostenida por un
+negro desnudo, de tama&ntilde;o natural, admirablemente tallado en &eacute;bano, y
+Currita, sentada ante un peque&ntilde;o <i>secr&eacute;taire</i> muy bajo, parec&iacute;a
+completamente absorta en un singular estudio caligr&aacute;fico, mientras
+vagaba por sus labios una fin&iacute;sima sonrisa, semejante, no en lo
+terrible, pero s&iacute; en la solapada y astuta, a la que puso el genio de
+Liezen-Mayer en los labios de Isabel de Inglaterra, al representarla en
+<span class='pagenum'><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span>el acto de firmar la sentencia de muerte de su prima Mar&iacute;a Stuard.</p>
+
+<p>Con su elegante letra inglesa, fina y corrida, hab&iacute;a escrito al frente
+de un pliego: <i>&iexcl;Qu&eacute; animal m&aacute;s hermoso es el hombre!</i> Y con facilidad
+maravillosa iba copiando, en distintos caracteres de letras, esta frase
+tan extra&ntilde;a y tan equ&iacute;voca, que parec&iacute;a ser reflejo de esa idea &iacute;ntima,
+ese pensamiento oculto que jam&aacute;s se formula y es, sin embargo, el
+primero que se apresura a estampar todo hombre cuando algo que escribe y
+algo en que se puede escribir le invitan a solas a trazar all&iacute; un
+concepto. La inscripci&oacute;n se multiplicaba, unas veces en letras
+rechonchas y apretadas; otras, en perfiles largos y finitos; algunas, en
+caracteres diminutos, cual patitas de moscas entrelazadas que se
+prolongasen en forma de cadeneta. En esta tarea emple&oacute; Currita media
+hora larga, con el esfuerzo y la atenci&oacute;n de un chiquillo aplicado que
+copia una plana, o de un petardista prudente que ensaya el modo de
+falsificar o desfigurar una letra.</p>
+
+<p>Diose al fin por satisfecha de sus ensayos, y con los renglones de
+cadeneta y la letra de patitas de mosca, que no ten&iacute;a con la suya
+ordinaria el m&aacute;s remoto punto de contacto, p&uacute;sose a escribir una carta,
+en un pliego de papel sencillo, sin timbre ni inicial alguna. La carta
+no fue larga, y en el sobre dec&iacute;a:</p>
+
+<p class="center">EXCMO. SR. GOBERNADOR CIVIL
+DE
+<i>Madrid</i></p>
+<p>
+Falt&aacute;bale todav&iacute;a el sello, y p&uacute;soselo Currita sonriendo socarronamente,
+y cuidando de colocar con la cabeza para abajo el busto del rey don
+Amadeo. Afianz&oacute;lo luego con dos o tres pu&ntilde;aditas de su cerrada mano, que
+parec&iacute;a complacerse en aplastar al pobre monarca, principio y fin de la
+<span class='pagenum'><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span>dinast&iacute;a saboyana.</p>
+
+<p>Cualquiera hubiera cre&iacute;do con esto ya listo el negocio y que s&oacute;lo
+faltaba llamar a un criado para enviar la misteriosa carta al correo. No
+lo juzg&oacute; as&iacute; la ilustre condesa: entr&oacute;se en la estancia vecina, que era
+su alcoba, y volvi&oacute; a salir al cabo de un buen cuarto de hora
+completamente transformada. Hab&iacute;ase despojado de su elegante traje de
+calle, y pu&eacute;stose en su lugar una falda de lana negra modest&iacute;sima y una
+mantilla muy usada, cuyo sencillo velo le ocultaba parte del rostro;
+tra&iacute;a en la mano una buj&iacute;a encendida, puesta en una palmatoria de plata,
+y en la otra una llave de gran tama&ntilde;o. Cogi&oacute; la carta y ech&oacute; a andar: en
+aquel momento un reloj lejano daba las once y media.</p>
+
+<p>Era el palacio de Villamel&oacute;n uno de esos antiguos caserones, ya raros en
+Madrid, con anchas galer&iacute;as, espaciosas salas y c&oacute;modos departamentos,
+rodeados por todas partes de pasillos y escaleras excusadas para el uso
+de la servidumbre. Comunic&aacute;banse las habitaciones de Currita con las de
+Villamel&oacute;n por la alcoba, y por un cuarto contiguo al del ba&ntilde;o, con un
+largo pasadizo; terminaba este por un lado en el cuarto de Kate, la
+doncella inglesa, y por otro en una estrecha escalerilla que iba a parar
+a un jard&iacute;n muy reducido. Cerrando, pues, la puerta de la alcoba, la que
+hab&iacute;a a la mitad del pasillo, y la que pon&iacute;a en comunicaci&oacute;n al
+<i>boudoir</i> con los dos salones de la entrada, quedaba el resto de las
+habitaciones de Currita aislado por completo y en comunicaci&oacute;n directa
+con la calle: a ella daba salida una puertecita, abierta en la tapia del
+jard&iacute;n a espaldas del palacio, detr&aacute;s de un peque&ntilde;o invernadero. All&iacute; se
+dirigi&oacute; Currita despu&eacute;s de dejar la luz apagada al pie de la escalera
+con tal desembarazo y tan gentil desenvoltura, que conoc&iacute;ase bien a las
+claras no ser aquella la primera de sus nocturnas escapatorias.</p>
+
+<p>Era la noche oscura, y la solitaria plaza a que la puerta del jard&iacute;n
+daba salida perd&iacute;ase a lo lejos entre solares en construcci&oacute;n, alumbrada
+<span class='pagenum'><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span>ac&aacute; y all&aacute; por algunos faroles, cuyas luces parec&iacute;an brillar en medio
+de un nimbo de vapor amarillento. La puerta de una tienda de
+ultramarinos dejaba escapar en la esquina pr&oacute;xima un cuadro de luz
+viv&iacute;sima, y ve&iacute;ase en el fondo al tendero, inm&oacute;vil ante el mostrador,
+ajustando sus cuentas. A cuarenta pasos, debajo de un andamiaje, una
+farola hac&iacute;a resaltar las negras siluetas de un chulo de chaquetilla
+corta y una chula de falda almidonada y pa&ntilde;uelo de seda a la cabeza, que
+dialogaban vivamente. Aparec&iacute;a lo dem&aacute;s oscuro y solitario, teniendo
+todo ello un aspecto de inquietud, de vista panor&aacute;mica, que completaba
+all&aacute; muy lejos, desde un cuarto piso, el sonido de un mal piano, en que
+unas manos aleves asesinaban la inmortal cavatina de Bellini <i>Casta diva
+ch&eacute; inargenti</i>...</p>
+
+<p>La condesa, la gran se&ntilde;ora que tan raras veces bajaba de su carruaje,
+como si se desde&ntilde;ase de pisar con sus elegantes brodequins el polvo de
+que estaba formada, se intern&oacute; por aquellos oscuros vericuetos, y
+atravesando varias callejas, solitarias en aquella hora, que parec&iacute;an
+serle muy conocidas, vino a desembocar en la plazuela de Santo Domingo.
+La afluencia de gente era todav&iacute;a grande en aquella encrucijada, tan
+concurrida siempre, y Currita baj&oacute; la cuesta para ganar, al abrigo del
+jardinillo, la Costanilla de los &Aacute;ngeles. Atraves&oacute; r&aacute;pidamente la calle
+del Arenal, entr&oacute; por la de las Fuentes, y dando un gran rodeo por
+detr&aacute;s del ministerio de la Gobernaci&oacute;n, lleg&oacute; al fin a la calle de
+Carretas y deposit&oacute; por su propia mano en el buz&oacute;n de la casa de Correos
+la carta misteriosa... Si aquella mujer era una criminal, era, sin duda,
+de aquellos criminales avezados y prudentes que miran siempre en todo
+c&oacute;mplice un camino peligroso que va a parar en presidio.</p>
+
+<p>Entonces emprendi&oacute; el camino de vuelta por las mismas calles por donde
+hab&iacute;a ido, sin tener m&aacute;s que un tropiezo. Un viejo, de aspecto decente,
+se detuvo de pronto ante ella; sorprendida Currita, peg&oacute;se a la pared, y
+<span class='pagenum'><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span>el hombre hizo entonces adem&aacute;n de darle una moneda de cinco c&eacute;ntimos,
+una <i>perra chica</i>, como llamaban entonces y a&uacute;n llaman hoy a esas piezas
+peque&ntilde;as. Hab&iacute;ala tomado por una de esas pobres vergonzantes que a las
+altas horas de la noche extienden en silencio su mano descarnada al
+transe&uacute;nte que se retira solicitado por el descanso u hostigado por los
+vicios.</p>
+
+<p>As&iacute; lo comprendi&oacute; la condesa, y con gran impulso de risa tom&oacute; la moneda,
+teniendo todav&iacute;a valor para profanar en sus impuros labios aquella
+hermosa deprecaci&oacute;n, aquella santa respuesta que da la fe a su hermana
+la caridad, por la humilde boca del pobre:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios se lo pague!...</p>
+
+<p>Cuando la condesa entr&oacute; en su <i>boudoir</i>, presentaba este un aspecto
+siniestro: la l&aacute;mpara agonizaba en manos del negro, cuyos blancos
+dientes de marfil incrustado resaltaban en la oscuridad, como la sonrisa
+del genio del mal, complaci&eacute;ndose en las tinieblas.</p>
+
+<p>Tres horas despu&eacute;s resonaban gritos y lamentos al otro extremo de la
+casa... Era Paquito Luj&aacute;n, que entumecido por el fresco de la madrugada
+y aterrado por la oscuridad, despertaba all&aacute; en la Nursery, olvidado de
+todos en aquel suntuoso palacio, morada del padre y la madre que le
+hab&iacute;an dado el ser, y de diecisiete criados dedicados a su servicio.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Vmdash" id="Vmdash"></a><a href="#toc">&mdash;V&mdash;</a></h2>
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span></p>
+
+<p>Ri&oacute;se mucho al otro d&iacute;a la condesa de Albornoz al o&iacute;r contar a su hijo
+Paquito sus extra&ntilde;as aventuras de la noche precedente: al verse solo, a
+oscuras, vestido y acostado en una cama que no era la suya del colegio,
+comenz&oacute; el ni&ntilde;o a gritar lleno de angustia, sin que nadie contestase a
+sus lamentos. O&iacute;alos Miss Buteffull desde su cama y comprendi&oacute; al punto
+la causa: sin duda, nadie se hab&iacute;a acordado en la casa de que el pobre
+ni&ntilde;o hab&iacute;a vuelto del colegio; quiz&aacute; se hab&iacute;a puesto malo de pronto;
+quiz&aacute; hab&iacute;an entrado ladrones y lo estaban asesinando... Miss Buteffull,
+compadecida, encendi&oacute; la vela de su palmatoria. Un decoroso reparo la
+detuvo de repente: el caso era grave... Ten&iacute;a ella cuarenta y cinco
+a&ntilde;os, once el ni&ntilde;o, la hora de la noche era avanzada. &iquest;C&oacute;mo entrar sola
+en su cuarto?... Miss Buteffull apag&oacute; la palmatoria.</p>
+
+<p>Mientras tanto, los clamores desesperados del ni&ntilde;o despertaban tambi&eacute;n a
+la doncella de Lil&iacute;, Magdalena, que dorm&iacute;a all&iacute; cerca, y acud&iacute;a esta
+presurosa en su auxilio; tranquiliz&aacute;balo con gran cari&ntilde;o, hac&iacute;ale
+acostar y permanec&iacute;a sentada junto a su camita, hasta dejarlo dormido
+nuevamente.</p>
+
+<p>Esta relaci&oacute;n produjo en Currita una de las repentinas crisis de amor
+materno que sol&iacute;an atacarla de cuando en cuando en sus d&iacute;as de
+aburrimiento. Sol&iacute;a entonces pasar horas enteras en la Nursery jugando
+con sus hijos: com&iacute;aselos a besos, llam&aacute;bales sus <i>pichoncitos</i>,
+hac&iacute;ales traer costosos juguetes y golosinas de todos g&eacute;neros; y
+complaci&eacute;ndose en poner en rid&iacute;culo a Miss Buteffull y en decir pestes
+de los padres del colegio, destru&iacute;a en media hora todo lo bueno que, a
+costa de mil trabajos, hab&iacute;an sembrado y pod&iacute;an sembrar en adelante
+estos y aquella en los tiernos corazones de ambos ni&ntilde;os; porque uno de
+los grandes escollos en que tropiezan los esfuerzos de las personas
+dedicadas a la educaci&oacute;n, consiste en la imprudente y culpable ligereza
+<span class='pagenum'><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span>con que se complacen muchos padres en presentar ante sus hijos a
+preceptores y maestros, no como amigos &iacute;ntimos encargados de guiar sus
+pasos, ni como seres ben&eacute;ficos que les dispensan el favor insigne de
+formar sus corazones y alumbrar sus entendimientos, sino como tiranos
+que les oprimen y mortifican, como carceleros cuya vigilancia hay que
+burlar con ardides y tretas m&aacute;s o menos inocentes. Destr&uacute;yese as&iacute; la
+buena opini&oacute;n necesaria a todo el que manda para ser respetado; la fe
+humana precisa a todo el que ense&ntilde;a para ser cre&iacute;do, y s&oacute;lo una cosa
+existe, a nuestro juicio, que sea tan perjudicial a la educaci&oacute;n como lo
+es esta misma: la pugna que a veces descubre el ni&ntilde;o entre la moral de
+sus padres y la moral de sus maestros... Imposible es describir las
+angustiosas perplejidades, las dolorosas dudas que, con harta triste
+frecuencia, despiertan estas contradicciones en las almas de los ni&ntilde;os:
+vese en ellas la lucha del entendimiento con el coraz&oacute;n, demostr&aacute;ndole
+aquel que es sana la doctrina del maestro, esforz&aacute;ndose este por
+persuadirle que no puede ser mala la pr&aacute;ctica contraria del padre o de
+la madre que tanto aman, que no puede ser cierto lo que, por el solo
+hecho de serlo, ha de dar irremisiblemente a aquellos seres tan amados
+la patente de perversos... &iexcl;Ah! Jam&aacute;s olvidar&aacute; el que escribe estas
+l&iacute;neas las angustias de un pobre ni&ntilde;o, modelo de candor y de juicio, al
+o&iacute;r explicar cierta lecci&oacute;n del Catecismo; qued&oacute;se el ni&ntilde;o muy
+pensativo, fuese luego poco a poco angustiando, hasta exclamar al fin
+convulso, con el coraz&oacute;n encogido, los ojos llenos de l&aacute;grimas y
+temblorosas las manitas:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Entonces... entonces... mi pap&aacute; es muy malo, muy malo... y se va a ir
+al infierno!</p>
+
+<p>Import&aacute;basele todo esto muy poco a Currita, y sus granizadas
+intermitentes de besos, de mimos y de imprudencias borraban por completo
+en el &aacute;nimo candoroso de Lil&iacute; los largos olvidos y la ego&iacute;sta
+<span class='pagenum'><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span>indiferencia de su madre; mas no lograban lo mismo en el ni&ntilde;o aquellas
+sensibler&iacute;as tempestuosas. Hab&iacute;a en el fondo de aquel tierno corazoncito
+un rinconcillo oculto, en que la memoria iba depositando con implacable
+fidelidad la lista de todos los agravios, como un grano de simiente
+venenosa entre una vegetaci&oacute;n salubre, como un tallo de cicuta que hab&iacute;a
+de hacer brotar en aquella selva virgen el sombr&iacute;o rencor, el rencor
+callado y paciente, &aacute;rbol siniestro que produce a la larga los
+envenenados frutos del odio. Todav&iacute;a aquel coraz&oacute;n angelical perdonaba
+f&aacute;cilmente lo que reputaba por injuria; mas ya hab&iacute;a dado un paso
+adelante, ya le era imposible olvidarlo por completo.</p>
+
+<p>No era, sin embargo, el aburrimiento el que hab&iacute;a tra&iacute;do aquella ma&ntilde;ana
+a la condesa de Albornoz a entretenerse con sus hijos: parec&iacute;a, por el
+contrario, preocupada, un poco inquieta, y not&aacute;base en ella esa
+agitaci&oacute;n nerviosa de todo el que espera algo que teme o le importa.
+Lil&iacute; tuvo una idea felic&iacute;sima: propuso a su madre que hiciese retratar a
+Paquito con sus premios. P&uacute;sose el ni&ntilde;o muy encarnado, y movi&oacute;
+negativamente la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues es verdad!&mdash;exclam&oacute; Currita encantada&mdash;. S&iacute;, s&iacute;, ahora mismo...
+&iexcl;Ver&aacute;s qu&eacute; bonito!... &iexcl;A ver, Germ&aacute;n!... Avise usted al se&ntilde;or marqu&eacute;s
+que vamos a subir a la <i>caba&ntilde;a</i> a que nos haga un retrato...</p>
+
+<p>Desprendi&oacute;se el ni&ntilde;o, al o&iacute;r esto, de los brazos de Lil&iacute;, que, saltando
+de alegr&iacute;a, le abrazaba, y exclam&oacute; con en&eacute;rgica ira:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No!, &iexcl;no!... &iexcl;Pap&aacute;, no!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero por qu&eacute;?&mdash;dijo sorprendida Currita, agarr&aacute;ndole por un brazo.</p>
+
+<p>Forcejeaba el ni&ntilde;o por desasirse, muy colorado y conmovido, y con los
+<span class='pagenum'><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span>hermosos ojos llenos de l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero por qu&eacute;, por qu&eacute;?&mdash;repet&iacute;a Currita.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me dijo que me fuera!... &iexcl;Me dio dos pesetas!&mdash;grit&oacute; al fin el ni&ntilde;o
+con gran desconsuelo; y sollozando amargamente, escondi&oacute; la preciosa
+carita en el seno de su madre.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; rayo de luz hubiera sido aquel lamento del ni&ntilde;o para una de esas
+madres santas y prudentes que estudian y dirigen hasta el m&aacute;s ligero
+latido del coraz&oacute;n de sus hijos!... En &eacute;l aparec&iacute;a revelado un noble
+pundonor, que iba ya camino del orgullo, y una precoz propensi&oacute;n a la
+venganza, que espera oculta y paciente la hora de devolver desaire por
+desaire y ofensa por ofensa. Mas Currita s&oacute;lo vio en todo aquello un
+capricho de ni&ntilde;o voluntarioso, y entre caricias y reflexiones, halagos y
+amenazas, intent&oacute; persuadir al ni&ntilde;o a que se dejara hacer el retrato:
+cedi&oacute; este en la apariencia, y Currita subi&oacute; con ambos ni&ntilde;os de la mano
+a la espl&eacute;ndida <i>caba&ntilde;a</i> en que ten&iacute;a el marqu&eacute;s de Villamel&oacute;n su taller
+fotogr&aacute;fico.</p>
+
+<p>Porque el ocio, esa gran pesadumbre de los grandes, que en vez de
+l&aacute;grimas tiene bostezos, hab&iacute;a despertado en el ilustre pr&oacute;cer y
+guerrero invicto la afici&oacute;n a la fotograf&iacute;a, no encontrando en &eacute;l la
+aptitud necesaria para el cultivo de otras artes m&aacute;s elevadas. Comer,
+beber, dormir y retratar a todo bicho viviente que cruzaba ante la
+magn&iacute;fica lente de su c&aacute;mara oscura eran las &uacute;tiles tareas que llenaban
+y aun hac&iacute;an rebosar la vida de aquel ilustre pr&oacute;cer, a cuyos abuelos
+cab&iacute;a tanta parte en las gloriosas empresas de la antigua Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>Acudi&oacute;, pues, Villamel&oacute;n presuroso, como siempre, a la menor indicaci&oacute;n
+<span class='pagenum'><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span>de Currita, envuelto en su fresca bata escocesa, que apenas le pasaba
+de la cintura; ven&iacute;a con &eacute;l uno de esos magn&iacute;ficos perrazos de
+Kamschatka, de un blanco amarillento, que arrastran en su pa&iacute;s pesados
+trineos, y hab&iacute;a sido el paje continuo de Currita en una larga temporada
+en que le pareci&oacute; muy espiritual hacer grandes excursiones a caballo.</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n comenz&oacute; al punto a preparar la m&aacute;quina con sus dedos
+manchados de nitrato de plata, y Currita dispon&iacute;a mientras tanto el
+art&iacute;stico grupo en que hab&iacute;an de retratarse los ni&ntilde;os. Coloc&oacute;se en el
+centro un gran sitial g&oacute;tico, preciosa joya arqueol&oacute;gica y art&iacute;stica, y
+hundidos en &eacute;l ambos ni&ntilde;os y estrechamente abrazados, hab&iacute;an de aparecer
+examinando juntos el diploma de los premios, un exacto facs&iacute;mile de una
+bell&iacute;sima miniatura del siglo XV; tendido a la larga ante ellos, <i>Tock</i>,
+el perrazo amarillento, apoyaba el hocico en el rojo almohad&oacute;n de
+terciopelo en que descansaban los pies de los ni&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Delicioso!&mdash;exclamaba encantada Currita&mdash;. Mira, Fernandito, parece
+un cuadro de Meissonnier.</p>
+
+<p>Los premios, sin embargo, no aparec&iacute;an por ninguna parte, y Paquito se
+encog&iacute;a de hombros, asegurando ignorar d&oacute;nde los hab&iacute;a puesto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tonto!&mdash;grit&oacute; Lil&iacute;, d&aacute;ndole una palmada&mdash;, si los dejaste abajo...</p>
+
+<p>Y en menos de dos minutos fue por ellos y los trajo, mostr&aacute;ndose muy
+sorprendida de que los vivos colores del diploma apareciesen deste&ntilde;idos
+en algunos sitios como por gotas de agua. El ni&ntilde;o se puso muy encarnado
+y no dijo una palabra: sus l&aacute;grimas de la noche anterior eran la causa
+de aquellas manchas.</p>
+
+<p>En aquel momento anunci&oacute; un criado a Currita que el se&ntilde;or ministro de la
+<span class='pagenum'><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span>Gobernaci&oacute;n deseaba hablarla con urgencia. Volvi&oacute;se ella bruscamente a
+su marido, dejando caer el diploma que ten&iacute;a en la mano, y &eacute;l se
+incorpor&oacute; asustado, qued&aacute;ndole por la cabeza el pa&ntilde;o negro con que se
+cubr&iacute;a para enfocar la m&aacute;quina; por debajo asomaban sus bigotes
+retorcidos, su nariz colgante, sus ojos azorados en aquel momento, fijos
+en Currita, con la medrosa expresi&oacute;n del escolar desaplicado cogido in
+fraganti.</p>
+
+<p>La esposa dio dos pasos hacia el esposo, desmintiendo con los rayos, que
+de sus claros ojos brotaban, la suave vocecita y el pausado tono con que
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no comi&oacute; ayer aqu&iacute; ese <i>buey Apis</i>?...</p>
+
+<p>&mdash;Es un animal&mdash;replic&oacute; el marido; y para ocultar su turbaci&oacute;n,
+escondi&oacute;se bajo el pa&ntilde;o negro, poni&eacute;ndose a enfocar de nuevo la m&aacute;quina.</p>
+
+<p>&mdash;&Oacute;yeme, Fernandito, que te estoy hablando&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Currita con relamida
+pausa.</p>
+
+<p>Incorpor&oacute;se de nuevo Fernandito, cada vez m&aacute;s turbado, sin quitarse el
+pa&ntilde;o negro de la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Dijo anoche algo el <i>buey Apis</i> sobre el nombramiento?</p>
+
+<p>&mdash;Nada&mdash;balbuce&oacute; Villamel&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Nada?... &iquest;Est&aacute;s cierto?...</p>
+
+<p>Los labios de Villamel&oacute;n temblaron como tiemblan los del chico que va a
+<span class='pagenum'><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span>soltar una mentira.</p>
+
+<p>Y pens&aacute;ndolo mejor, sin duda, record&oacute; al cabo Fernandito que el ministro
+de la Gobernaci&oacute;n, el <i>buey Apis</i>, como por raz&oacute;n de su corpulencia le
+llamaban, tan s&oacute;lo le hab&iacute;a dicho que el pastel de ratas deb&iacute;a de ser
+muy indigesto. &iexcl;Vaya usted a ver qu&eacute; tonter&iacute;a! Pero en cambio manifest&oacute;
+a Juanito Velarde que aquello no pod&iacute;a quedar as&iacute;, que nadie se burlaba
+impunemente del Gobierno y que estaba decidido a reclamar de Currita la
+aceptaci&oacute;n del nombramiento, apoy&aacute;ndose en una carta que&mdash;&iexcl;frase poco
+ministerial!...&mdash;hab&iacute;a de refregarle por los hocicos...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Una carta?&mdash;exclam&oacute; Currita realmente sorprendida&mdash;. &iquest;Pero de
+qui&eacute;n?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;M&iacute;a!... &iexcl;M&iacute;a!...&mdash;balbuce&oacute; Villamel&oacute;n; y comprendiendo que con esto
+soltaba el trueno gordo, pidi&oacute; a la tierra que se lo tragase. Mas la
+tierra no tuvo por conveniente darle gusto. Currita avanz&oacute; otros dos
+menudos pasitos, y suavizando m&aacute;s y m&aacute;s su acento, mientras m&aacute;s y m&aacute;s se
+encolerizaba, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero t&uacute; le has escrito, Fernandito?...</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n baj&oacute; la cabeza anonadado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no te dije que fueras a hablarle?... &iquest;Que en todo este negocio
+no hab&iacute;a que soltar por escrito una sola letra?... &iquest;Lo ves,
+Fernandito?...</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n retrocedi&oacute; un paso como quien espera un cachete, y Currita
+adelant&oacute; otro, diciendo despu&eacute;s de una pausa:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;Y dijo que iba a... a... a presentarme esa carta?</p>
+
+<p>&mdash;Eso dec&iacute;a Velarde.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s seguro?...</p>
+
+<p>&mdash;Segur&iacute;simo.</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n dio otro paso atr&aacute;s y Currita otro adelante, repitiendo con
+tan suave voz que parec&iacute;a una caricia:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo ves?... &iquest;Lo ves, Fernandito?...</p>
+
+<p>Y tirando de repente con rabioso arranque del pa&ntilde;o negro, hundi&oacute;le la
+cabeza a su ilustre esposo en la especie de saco que aquel formaba;
+volvi&oacute; luego la espalda pausadamente, y sin perder su suavidad, sali&oacute; de
+la <i>caba&ntilde;a</i>.</p>
+
+<p>Lil&iacute; se re&iacute;a a carcajadas al ver a su padre forcejeando por sacar la
+cabeza del saco negro, y corri&oacute; a Paquito para decirle al o&iacute;do un
+secreto muy grande, muy grande...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero qu&eacute; tonto es pap&aacute;!...</p>
+
+<p>Paquito no la escuchaba, sin embargo: durante toda esta escena hab&iacute;a
+sentado en el sitial g&oacute;tico a <i>Tock</i>, el perrazo amarillento, que se
+dejaba manejar con esa especie de cari&ntilde;osa paciencia con que a los ni&ntilde;os
+soportan los perros. Colg&oacute;le despu&eacute;s de su collar de hierro repujado las
+cinco medallas de los premios, y coloc&aacute;ndole en la cabeza el diploma en
+forma de cucurucho, grit&oacute; a Lil&iacute; con extra&ntilde;o acento:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Anda, que lo retrate pap&aacute;!... &iexcl;A <i>Tock</i> le doy yo todos mis
+premios!...</p>
+
+<p>Mientras tanto, pasm&aacute;base el lacayo al o&iacute;r que su se&ntilde;ora le daba, al
+pasar, la extra&ntilde;a orden de encender sin p&eacute;rdida de tiempo la chimenea
+del <i>boudoir</i>, era aquel d&iacute;a el 25 de junio y el calor comenzaba ya a
+ser sofocante. Obedeci&oacute;, sin embargo, con esa especie de impasibilidad
+autom&aacute;tica, propia de los criados de grandes casas, y cuando el
+excelent&iacute;simo ministro de la Gobernaci&oacute;n, don Juan Antonio Mart&iacute;nez,
+<i>buey Apis</i>, por otro nombre, entr&oacute; en el <i>boudoir</i>, ard&iacute;a ya en la
+chimenea un alegre fuego, y a su lado le esperaba Currita, tendida en
+una chaise longue, envuelta en una bata de raso, perfectamente
+enguatada, y arropados los pies con un plaid escoc&eacute;s fin&iacute;simo:
+descansaba su cabeza en una gran almohada con lazos color de rosa, y
+tendi&eacute;ndole al verle entrar su franca manecita, dijo con la d&eacute;bil voz de
+un enfermo desahuciado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adi&oacute;s, Mart&iacute;nez!... S&oacute;lo a usted hubiera yo recibido hoy.</p>
+
+<p>El <i>buey Apis</i> dio un mugido, expresi&oacute;n fiel de la admiraci&oacute;n, la
+sorpresa y el sobresalto que al punto le embargaron, y comenz&oacute; a sudar a
+la vista de la chimenea encendida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; es esto, se&ntilde;ora condesa?&mdash;exclam&oacute; desolado&mdash;. &iquest;Sigue la
+jaqueca?...</p>
+
+<p>&mdash;Fatal... &iexcl;Fatal estoy!&mdash;contest&oacute; Currita&mdash;. Creo que tengo
+calentura... &iexcl;y unos escalofr&iacute;os!...</p>
+
+<p>Y la muy ladina estremec&iacute;a el d&eacute;bil cuerpecillo, se&ntilde;alando al mismo
+tiempo al ministro una peque&ntilde;a <i>marquesita</i> colocada junto al fuego y al
+<span class='pagenum'><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span>alcance de su mano: en ella se sent&oacute; el excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez,
+dispuesto a dejarse tostar en su mullido asiento como san Lorenzo en las
+parrillas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo siento... lo siento en el alma!&mdash;dijo.</p>
+
+<p>Y con sencillez verdaderamente progresista, a&ntilde;adi&oacute;, recordando la
+r&uacute;stica farmacopea de su tierra nativa:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no se pone usted dos ruedas de patatas en las sienes?... Eso
+alivia mucho.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Patatas?&mdash;exclam&oacute; Currita estremeci&eacute;ndose de espanto. &iexcl;Jes&uacute;s,
+Mart&iacute;nez, por Dios!... Prefiero la jaqueca.</p>
+
+<p>Mart&iacute;nez comprendi&oacute; que hab&iacute;a asomado la oreja lugare&ntilde;a bajo la piel del
+ministro cortesano, y entr&oacute; en materia, dejando a un lado compasivos
+pre&aacute;mbulos y recetas caseras.</p>
+
+<p>&mdash;Siento entonces venir a aumentarle a usted la jaqueca; pero el negocio
+es grave y urgente...</p>
+
+<p>La condesa acomod&oacute; la roja cabecita en su blanda almohada con lazos rosa
+y fij&oacute; en el ministro sus claros ojos, que expresaban admirablemente la
+extra&ntilde;eza. Afianz&oacute;se Mart&iacute;nez las gafas de oro, torci&oacute; la descomunal
+cabeza, y amenazando a Currita con su gordo y porr&oacute;n dedo, como hace el
+d&oacute;mine que echa al ni&ntilde;o una reprimenda cari&ntilde;osa, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;En Palacio est&aacute;n muy disgustados...</p>
+
+<p>Currita se encogi&oacute; de hombros, haciendo un gracioso pucherito como quien
+<span class='pagenum'><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span>dice: &iquest;Y a m&iacute; qu&eacute; me cuenta usted?...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora&mdash;prosigui&oacute; el ministro&mdash;. Su majestad el rey, muy
+ofendido... Su majestad la reina, sentid&iacute;sima.</p>
+
+<p>Diole a Currita ganas de re&iacute;r la pomposa hinchaz&oacute;n con que pronunciaba
+el ministro dem&oacute;crata aquellas sonoras palabras: Palacio...,
+majestad..., rey..., reina, que parec&iacute;an llenarle la ancha bocaza, y
+pregunt&oacute; con su suavidad acostumbrada:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n?... &iquest;<i>La Cisterna</i>?...</p>
+
+<p>Creci&oacute;se el ministro como un toro de Veragua al que plantan una pica.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora&mdash;exclam&oacute; ofendido en su orgullo din&aacute;stico&mdash;; su majestad la
+reina de Espa&ntilde;a, do&ntilde;a Mar&iacute;a Victoria.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya!...&mdash;dijo Currita&mdash;. &iquest;Y qu&eacute; tengo yo que ver con los sentimientos
+de esa se&ntilde;ora?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tiene usted que ver?...&mdash;exclam&oacute; el ministro, sofocado por el
+calor de la chimenea y la calma zumbona de Currita&mdash;. &iquest;Pues le parece a
+usted poco solicitar el cargo de camarera mayor, para desairarlo luego
+despu&eacute;s de concedido?... &iquest;As&iacute; se juega con una reina modelo de virtudes?
+&iexcl;Pues sepa usted que el Gobierno est&aacute; decidido a reclamar
+en&eacute;rgicamente!...</p>
+
+<p>Y el ministro, descompuesto, sudando la gota gorda, colorado como una
+remolacha, y con ambos pu&ntilde;os apoyados en las respectivas rodillas,
+fijaba en Currita sus ojos de besugo, como si pretendiese trag&aacute;rsela de
+un solo bocado. No le intimidaban, sin embargo, a ella los mugidos del
+<span class='pagenum'><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span><i>buey Apis</i>; incorpor&oacute;se un poquito, y muy extra&ntilde;ada y ofendida, y con
+los claros ojos fijos siempre en el vac&iacute;o, comenz&oacute; a decir con su suave
+vocecita alg&uacute;n tanto apurada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero Mart&iacute;nez, por Dios, no se descomponga as&iacute;!... &iexcl;Se pone usted tan
+feo!... Preciso es que haya en eso alguna equivocaci&oacute;n, alg&uacute;n <i>quid pro
+quo</i>, para que un hombre de su talento de usted diga semejantes
+desatinos... &iquest;Yo, camarera de <i>la Cister...</i> quiero decir, de do&ntilde;a
+Victoria?... &iquest;De d&oacute;nde ha salido eso?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;De usted misma, se&ntilde;ora condesa, de usted misma!&mdash;grit&oacute; el ministro&mdash;.
+&iquest;Se atrever&aacute; usted a negar delante del ministro de Ultramar que ha
+solicitado el cargo de camarera, con tal que diesen a Velarde la
+Secretar&iacute;a del rey, y a usted seis mil duros de sueldo?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues ya lo creo que lo negar&eacute;!&mdash;contest&oacute; Currita con todo su
+desparpajo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;S&iacute;?... Pues veremos si su marido de usted lo niega igualmente, cuando
+todos los peri&oacute;dicos de Madrid publiquen esta carta.</p>
+
+<p>Y el <i>buey Apis</i> sac&oacute; una de su bolsillo, que puso extendida ante los
+ojos de Currita, como si pretendiese cumplir su bestial amenaza de
+refreg&aacute;rsela por los hocicos. La condesa fue a echar mano al papel con
+grande prisa, pero el ministro lo retir&oacute; al punto, diciendo brutalmente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ca!... Esta no la suelto yo ni un momento; pero ahora mismo la oir&aacute;
+usted de cabo a rabo.</p>
+
+<p>Y poni&eacute;ndose las gafas sobre la frente, porque era miope, comenz&oacute; a leer
+<span class='pagenum'><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span>la carta. En ella, el marqu&eacute;s de Villamel&oacute;n, de acuerdo con su esposa,
+ped&iacute;a para esta, por medio del ministro de Ultramar, el puesto de
+camarera mayor de la reina, con las dos condiciones indicadas antes por
+Mart&iacute;nez: la Secretar&iacute;a particular de don Amadeo para Juanito Velarde y
+los seis mil duros de sueldo para la dama misma. La prueba no pod&iacute;a ser
+m&aacute;s concluyente, y Currita pudo comprender toda la imprudencia de su
+caro esposo al dejar escapar aquella prenda. No se apur&oacute; mucho, sin
+embargo: mientras el ministro le&iacute;a, hab&iacute;ase ido incorporando poco a
+poco, haciendo moh&iacute;nes de espanto y gestos de protesta, y de repente,
+con la agilidad de una gata cazadora que se lanza sobre el incauto
+ratoncillo, arranc&oacute; de manos del ministro la peligrosa carta y la arroj&oacute;
+al fuego... El papel se enrosc&oacute; un segundo entre las llamas, quedando al
+momento convertido en cenizas.</p>
+
+<p>At&oacute;nito el ministro retrocedi&oacute; bruscamente en la butaca, soltando una
+palabrota: mas Currita, sin ofenderse por ella, ni asombrarse tampoco,
+dej&oacute;se caer de nuevo en su almohada como si tal cosa, diciendo con su
+c&aacute;ndida risita:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos, vamos, Mart&iacute;nez!... Preciso ser&aacute; que se ponga usted dos
+parches de patata... &iexcl;Eso refresca mucho!...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VImdash" id="VImdash"></a><a href="#toc">&mdash;VI&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Jam&aacute;s hab&iacute;a pasado el pac&iacute;fico portero de Villamel&oacute;n susto tan tremendo
+como el que le ten&iacute;a reservado el se&ntilde;or gobernador de Madrid para aquel
+d&iacute;a memorable, 26 de junio... Eran las diez de la ma&ntilde;ana, y Baltasar,
+<span class='pagenum'><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>sin haberse vestido a&uacute;n la larga librea azul, con anchas franjas en las
+bocamangas y cuello, cubiertas de escudos her&aacute;ldicos, limpiaba
+cuidadosamente el polvo a las soberbias arcas florentinas, los enormes
+sitiales antiguos y las armaduras de brillante acero que adornaban el
+vest&iacute;bulo. P&uacute;sose despu&eacute;s a peinar las largas lanas de Bruin, el oso de
+Noruega, su mudo compa&ntilde;ero; y en esta operaci&oacute;n se hallaba, cuando un
+tropel de gente sospechosa invadi&oacute; de repente la casa, en actitud nada
+tranquilizadora. Asustado Baltasar, cerr&oacute; de golpe la gran mampara de
+cristales; pero, a los repetidos porrazos que en ella dieron los que de
+fuera entraban, cayeron rotos dos de los magn&iacute;ficos vidrios esmerilados
+que ostentaban en medio la cifra y corona de Villamel&oacute;n, y aterrado
+entonces Baltasar, huy&oacute; escaleras arriba con el mandil remangado,
+atropellando a su paso al diminuto <i>don Joselito</i>, que pac&iacute;ficamente
+frotaba con c&aacute;scara de lim&oacute;n las varillas met&aacute;licas que sujetaban la
+mullida alfombra en cada pelda&ntilde;o de la escalera. El enano huy&oacute; tambi&eacute;n
+dando gritos, y a poco la servidumbre entera del palacio corr&iacute;a por
+todas partes azorada, abriendo y cerrando puertas, e infundiendo la
+alarma por todo el vecindario.</p>
+
+<p>Mientras tanto, los invasores llegaban a una antec&aacute;mara completamente
+desierta, y el que parec&iacute;a capitanearlos comenz&oacute; a golpear el suelo con
+su bast&oacute;n de borlas, citando a la condesa de Albornoz en nombre de la
+justicia. Era este individuo el jefe de orden p&uacute;blico, y ven&iacute;a en nombre
+del gobernador a registrar el palacio de la condesa e incautarse de
+todos sus papeles. Acompa&ntilde;&aacute;banle media docena de guardias municipales,
+un alcalde de barrio y hasta diez o doce hombres de mala catadura,
+provistos de grandes garrotes, que parec&iacute;an por las trazas pertenecer a
+la por aquel tiempo famosa <i>partida de la porra</i>. Guard&aacute;ronse todas las
+puertas, quedando franca para todo el mundo la entrada, prohibida para
+todos la salida.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span></p><p>Mientras tanto, dorm&iacute;a Villamel&oacute;n el sue&ntilde;o del justo. Currita, por el
+contrario, levantada contra su costumbre desde muy temprano, como si
+algo esperase, not&oacute; al punto el alboroto; p&uacute;sose muy p&aacute;lida, y una
+sonrisa de diablillo crisp&oacute; por un momento sus delgados labios.
+Temblando como una azorada, entr&oacute; Kate, la doncella inglesa, a
+participarle lo ocurrido; pareci&oacute; entonces azorarse mucho la dama, como
+si de nuevo la cogiese, y quiso a toda prisa avisar al marqu&eacute;s de Butr&oacute;n
+lo que acontec&iacute;a. Las puertas estaban ya, sin embargo, guardadas y
+prohibida la salida; p&uacute;dose, a pesar de todo, hacer saltar la tapia del
+jard&iacute;n a un pinche de cocina, y este fue el encargado de llevar al
+diplom&aacute;tico la embajada de la condesa.</p>
+
+<p>El despertar de Villamel&oacute;n fue horrible: la imagen del terror hab&iacute;a
+quedado grabada de antiguo en su cerebro, bajo la forma de los salvajes
+rife&ntilde;os de &Aacute;frica, y ellos, con sus espingardas, fueron los primeros
+fantasmas que vio asomar en su imaginaci&oacute;n en ese primer momento de
+confusi&oacute;n de ideas que sigue al despertar de todo hombre. El
+excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez, el colosal <i>buey Apis</i>, vino al punto a
+destacarse entre ellos, present&aacute;ndole con una mano su imprudente carta,
+ech&aacute;ndole la otra al pescuezo para conducirle sin piedad al Saladero...
+Villamel&oacute;n pens&oacute; morir del susto, porque a su carta, y s&oacute;lo a su carta,
+como muy bien le hab&iacute;a profetizado el d&iacute;a antes Currita, pod&iacute;a atribuir
+la repentina llegada de la polic&iacute;a. Pronto, sin embargo, tom&oacute; su
+partido: acurruc&oacute;se de nuevo en la cama y juzg&oacute; lo m&aacute;s prudente darse
+all&iacute; mismo por muerto. &iquest;No era Currita quien le hab&iacute;a metido en aquellos
+berenjenales?... &iexcl;Pues all&aacute; se las compusiera ella como buenamente
+pudiese!... En vano le instaba la condesa, temblando de ira, para que se
+levantase y saliera a recibir la caterva de polizontes: Villamel&oacute;n
+contestaba que estaba constipado, que estaba sudoroso y coger&iacute;a de
+seguro un pasmo a poco que le diese el aire.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span></p><p>El tiempo urg&iacute;a, y la intr&eacute;pida Currita viose al fin precisada a salir
+ella misma al encuentro de los invasores: no lo hubiera hecho con m&aacute;s
+arrogancia la viuda de Padilla al presentarse a las tropas de Carlos V
+en el alc&aacute;zar de Toledo. Con altivo continente pidi&oacute; al jefe de orden
+p&uacute;blico el mandato del gobernador, legalizado por el juez, &uacute;nico que,
+seg&uacute;n las leyes vigentes, pod&iacute;a autorizar aquel atropello: present&oacute;se
+respetuosamente el funcionario, y rasg&oacute;lo ella en dos pedazos despu&eacute;s de
+leerlo. Hizo entonces una valiente protesta en que sac&oacute; a relucir sus
+leales opiniones alfonsinas, y mandando a un viejo empleado en la
+contadur&iacute;a de la casa que guiase a sus habitaciones a aquellas gentes y
+presenciara el registro, retir&oacute;se dignamente a la sala de billar,
+seguida de sus doncellas como una reina de sus damas: all&iacute; hizo traer a
+los dos ni&ntilde;os, Lil&iacute; y Paquito, y abraz&aacute;ndolos tiernamente y sent&aacute;ndolos
+en sus rodillas, parec&iacute;a parodiar el triste grupo de la reina Mar&iacute;a
+Antonieta, refugi&aacute;ndose con sus hijos en un rinc&oacute;n de las Tuller&iacute;as,
+invadidas por el populacho. Kate lloraba desconsolada; Miss Buteffull se
+hab&iacute;a puesto el sombrero y los guantes, como si esperase la orden de
+marchar.</p>
+
+<p>No hac&iacute;a Currita aquellos alardes art&iacute;sticos sentimentales a humo de
+pajas: la noticia hab&iacute;a corrido en un segundo por los c&iacute;rculos pol&iacute;ticos
+y aristocr&aacute;ticos de la corte, extendi&eacute;ndose despu&eacute;s por casinos y caf&eacute;s,
+tiendas y plazuelas. El pueblo comenz&oacute; a agolparse con su est&uacute;pida
+curiosidad a las puertas del palacio, y a poco una larga hilera de
+coches ocupaba toda la calle, suspend&iacute;an un momento su pausada marcha,
+abr&iacute;anse y cerr&aacute;banse con estr&eacute;pito las portezuelas, y bajaban
+encopetados se&ntilde;orones, aristocr&aacute;ticos gomosos y damas elegantes; ven&iacute;an
+estas de trapillo, mirando a todas partes, entre asustadas y curiosas, y
+abrazaban a Currita haciendo exclamaciones de sorpresa, de indignaci&oacute;n,
+de entusiasmo y de l&aacute;stima. Esto era lo que esperaba la taimada condesa;
+<span class='pagenum'><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span>con su sonrisa de colegiala, apretaba a unos la mano en silencio,
+repet&iacute;a a otros la relaci&oacute;n del atropello, y elevaba los ojos al cielo
+con aire de v&iacute;ctima resignada que se inmola, abrazada a sus hijos, en
+aras de la proscrita dinast&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de ellos? &iexcl;Pobres hijos
+suyos!... &iexcl;Y Fernandito, tan afectado, tan nervioso, postrado en cama e
+inspirando su salud serios cuidados! Quiz&aacute; les esperaba el destierro,
+quiz&aacute; la c&aacute;rcel, quiz&aacute;... &iexcl;Oh! Las damas se estremec&iacute;an de furor y de
+espanto, hablando todas a un tiempo, confortando a la v&iacute;ctima con sus
+consejos y d&aacute;ndose todas al diablo all&aacute; en sus adentros, porque era a
+Currita y no a ellas a quien hab&iacute;a tocado la suerte de hacerse
+sospechosa a la polic&iacute;a y llegar al apogeo de la celebridad de un solo
+salto.</p>
+
+<p>Llegaron tambi&eacute;n varios periodistas a caza de noticias, l&aacute;piz en ristre
+y reparos a la espalda, y fueron muy bien recibidos, dign&aacute;ndose la misma
+Currita darles noticias del suceso. Pedro L&oacute;pez, el cronista de los
+salones elegantes, que acud&iacute;a a comidas y saraos con los bolsillos del
+frac forrados de hule para poderse llevar a mansalva dulces y
+emparedados, estuvo admirable. Currita le tendi&oacute; una mano, enternecida a
+la vista de aquel fiel amigo que tantas veces hab&iacute;a descrito los
+primores de su falda, &eacute;l se la estrech&oacute; en silencio, repitiendo por tres
+veces:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ominoso!... &iexcl;ominoso!... &iexcl;ominoso!...</p>
+
+<p>Y apart&aacute;ndose un buen trecho, p&uacute;sose a garrapatear con ardor febril en
+su cartera, no sin que todas las damas y muchos caballeros vinieran a
+hac&eacute;rsele presentes, mendigando una menci&oacute;n honor&iacute;fica en aquella
+cr&oacute;nica que hab&iacute;a de ser al otro d&iacute;a la <i>great attraction</i> de la corte.
+La apoteosis de Currita promet&iacute;a ser ruidos&iacute;sima, y preciso era figurar
+en <span class='pagenum'><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span>ella, aunque s&oacute;lo fuera de comparsa.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; Leopoldina Pastor, sofocad&iacute;sima, con un devocionario enorme en la
+mano: ven&iacute;a de Misa, porque estaba haciendo en San Pascual una novena
+para impetrar del cielo una apoplej&iacute;a fulminante para don Salustiano de
+Ol&oacute;zaga. Irrit&oacute;se mucho de que Currita no hubiese tirado por la ventana
+al jefe de orden p&uacute;blico; jur&oacute; que no saldr&iacute;a de all&iacute; aquel indecente
+sin o&iacute;r antes de sus labios cuatro palabritas bien dichas, y alborotando
+y accionando, y sacando la lengua a los agentes de orden p&uacute;blico que
+encontr&oacute; al paso, fue a parar al comedor, porque eran ya las doce,
+estaba en ayunas, ten&iacute;a hambre y se hac&iacute;a imposible salir de all&iacute; hasta
+que terminara el registro. Muchas damas y caballeros la siguieron,
+dispuestos a caer sobre las provisiones de Villamel&oacute;n como una nube de
+langostas, y el pasmo de todos fue entonces grande... Sorprendieron al
+moribundo marqu&eacute;s en un rinc&oacute;n del comedor, apoyado en un trinchero de
+roble, zamp&aacute;ndose en pie y a toda prisa, y mirando a todas partes
+azorado, una inmensa j&iacute;cara de suculento chocolate, con una pir&aacute;mide
+colosal de dorados picatostes... Pasado el primer susto, y no escuchando
+ya en la casa otro ruido extraordinario que el incesante ir y venir de
+la gente que de la calle entraba, Villamel&oacute;n sinti&oacute; en toda su pujanza
+el aguij&oacute;n m&aacute;s terrible que pod&iacute;a hostigarle: &iexcl;el aguij&oacute;n del hambre! En
+vano llam&oacute; una vez y otra vez que le trajesen como todos los d&iacute;as:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Ancha bandeja con taz&oacute;n chinesco,<br /></span>
+<span class="i0">Rebosando de hirviente chocolate.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Los criados, diseminados por la casa, no acud&iacute;an a su llamada, y
+prefiriendo Villamel&oacute;n los riesgos de otra muerte a la muerte de hambre,
+decidi&oacute; al cabo levantarse y escurrirse por pasadizos y corredores hasta
+la misma cocina, en busca del cotidiano alimento: una vez en posesi&oacute;n de
+<span class='pagenum'><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>&eacute;l, refugi&oacute;se en el rinc&oacute;n m&aacute;s cercano y all&iacute; comenz&oacute; a devorarlo.</p>
+
+<p>La llegada de los importunos hu&eacute;spedes h&iacute;zole levantar el campo, huyendo
+hacia el interior con el chocolate en una mano y los picatostes en la
+otra. Mas, con grandes risotadas le detuvo la se&ntilde;oril y hambrienta
+turba, y alcanz&aacute;ndole Leopoldina Pastor por los cortos faldones de la
+bata, le gritaba muerta de risa:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero d&oacute;nde vas, Fernandito?... &iexcl;No te vayas, hombre!... &iexcl;Si para
+sentir es menester comer!... &iexcl;Si nosotros venimos a ayudarte!...</p>
+
+<p>Y desde el <i>ma&icirc;tre d'h&ocirc;tel</i> hasta <i>don Joselito</i>, comenzaron a trabajar,
+sin dar apenas abasto en servir a la emocionada concurrencia un <i>lunch</i>
+improvisado, un <i>pic-nic</i> sustancioso.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIImdash" id="VIImdash"></a><a href="#toc">&mdash;VII&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Era el marqu&eacute;s de Butr&oacute;n una de esas median&iacute;as que en los tiempos de
+escasas notabilidades pasan por eminencias, debiendo s&oacute;lo su altura a
+las escasas proporciones de los hombres y cosas de su &eacute;poca. Hase dicho,
+sin embargo, que no hay hombre grande para su ayuda de c&aacute;mara, y no se
+libraba el gran <i>Robins&oacute;n</i> de esta ley general de las ilustres
+celebridades. Consist&iacute;a, pues, una de sus secretas flaquezas en te&ntilde;irse
+cuidadosamente la barba, blanca ya por completo, para ponerla al nivel
+de su todav&iacute;a abundante cabellera, que se conservaba negra como las alas
+del cuervo.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p><p>Dispon&iacute;ase, pues, el respetable diplom&aacute;tico en aquella ma&ntilde;ana del 26 de
+junio a esta operaci&oacute;n important&iacute;sima, cuando le pasaron
+precipitadamente el recado de Currita. El peludo se&ntilde;or perdi&oacute; por
+completo la cabeza, y temi&eacute;ndolo todo de la bellaquer&iacute;a de la condesa,
+que ten&iacute;a &eacute;l muy bien conocida, pidi&oacute; a toda prisa un sim&oacute;n, y sin
+acordarse para nada de que su barba sin te&ntilde;ir iba a revelar el hasta
+entonces bien guardado secreto a las lenguas m&aacute;s h&aacute;biles en cortar sayos
+que encerraba la corte, corri&oacute; al palacio de aquella equ&iacute;voca oveja que
+tanto le importaba conservar en el redil alfonsino. Los polizontes que
+guardaban la puerta le dejaron pasar, seg&uacute;n la consigna, mir&aacute;ndole con
+esa especie de receloso respeto que a las gentes bajas de un partido
+causan siempre los p&aacute;jaros gordos del partido contrario.</p>
+
+<p>La noticia de su llegada caus&oacute; sensaci&oacute;n profund&iacute;sima entre la turba de
+amigos y amigas que invad&iacute;a el palacio, y todos, hasta los que en el
+comedor se hallaban, corrieron a su encuentro. Su presencia all&iacute; daba al
+suceso una importancia y un colorido que hab&iacute;a muy bien calculado
+Currita al mandarle buscar con tanta urgencia. El gran <i>Robins&oacute;n</i>
+extendi&oacute; ambos brazos al verla, exclamando: &laquo;&iexcl;Hija m&iacute;a!&raquo;, y la dama se
+dej&oacute; caer en ellos con filial abandono, sollozando fuertemente y
+mostrando a sus hijos, que se agarraban asustados a la falda de Miss
+Buteffull, siempre tiesa e impasible.</p>
+
+<p>El coro general de damas comenzaba a emocionarse; pero acert&oacute; a reparar
+Gorito Sardona en la deste&ntilde;ida barba del diplom&aacute;tico, y apresur&oacute;se a
+comunicar el descubrimiento al o&iacute;do de Carmen Tagle; ech&oacute;se a re&iacute;r ella,
+d&iacute;jolo a su vecina, esta al que ten&iacute;a al lado, y a poco, una porci&oacute;n de
+solapadas risitas hac&iacute;an fracasar por completo la parte pat&eacute;tica del
+espect&aacute;culo.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span></p><p>Butr&oacute;n, sin embargo, no cay&oacute; en la cuenta, y con el majestuoso
+continente que las circunstancias requer&iacute;an, arrastr&oacute; con suavidad a
+Currita al pr&oacute;ximo gabinete. Sudaba como un pato, y la camisa no le
+llegaba al cuerpo, temiendo alguna nueva trapisonda de la ilustre
+condesa, que viniera a desacreditar sus manejos diplom&aacute;ticos. Azorado y
+en voz baja, y mirando a todas partes, como si temiese ver aparecer a
+los polizontes que invad&iacute;an el palacio, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;qu&eacute; es esto?... &iexcl;Habla, hija m&iacute;a!...</p>
+
+<p>Currita se dej&oacute; caer en un sof&aacute;, cubri&eacute;ndose el rostro con el pa&ntilde;uelo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Estoy perdida!&mdash;dijo.</p>
+
+<p>El respetable Butr&oacute;n abri&oacute; la boca, como si fuera a tragarse un queso
+entero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Fernandito es un imb&eacute;cil!&mdash;continu&oacute; Currita muy afligida.</p>
+
+<p>Butr&oacute;n movi&oacute; de arriba abajo la cabeza en se&ntilde;al de profundo
+asentimiento.</p>
+
+<p>&mdash;Le ha enga&ntilde;ado Mart&iacute;nez... Me ha comprometido atrozmente... Es
+horrible, horrible... &iexcl;Infame, Butr&oacute;n, infame!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Habla bajo!&mdash;exclamaba el diplom&aacute;tico, sobresaltado&mdash;. Sosi&eacute;gate,
+hija m&iacute;a, sosi&eacute;gate... y cuenta para todo conmigo... Para todo, &iquest;lo
+oyes?... para todo...</p>
+
+<p>Y con las dos peludas manos apretaba <i>Robins&oacute;n</i> con efusi&oacute;n paternal la
+<span class='pagenum'><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>mano de Currita.</p>
+
+<p>&mdash;Lo s&eacute;, Butr&oacute;n, lo s&eacute;, y por eso acud&iacute; a usted al punto&mdash;dijo ella m&aacute;s
+sosegada&mdash;. &iexcl;Pero es horrible, horrible!... &iexcl;Fig&uacute;rese usted que todo lo
+que dec&iacute;an de mi nombramiento de camarera es cierto!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cierto?&mdash;exclam&oacute; Butr&oacute;n como si se le atragantase en el es&oacute;fago el
+queso que antes parec&iacute;a tragarse.</p>
+
+<p>&mdash;Fernandito le escribi&oacute; al ministro solicitando para m&iacute; el cargo...
+&iexcl;sin decirme nada, Butr&oacute;n!... &iexcl;sin contar conmigo!... &iexcl;Vamos, si es
+horrible, horrible!... &iexcl;Ay, qu&eacute; marido!... Le aseguro a usted que si no
+fuera por mis hijos entablaba el divorcio...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; derram&oacute; Currita algunas l&aacute;grimas en aras del honrado Himeneo, cuya
+antorcha corr&iacute;a riesgo de apagarse, y continu&oacute; muy bajito:</p>
+
+<p>&mdash;Por eso, como yo no sab&iacute;a nada, dije antes de ayer en casa de Beatriz
+lo que cre&iacute;a, &iexcl;claro est&aacute;!, la verdad... Que el ministro vino a
+ofrecerme el cargo, y yo me hab&iacute;a negado a aceptarlo muy ofendida,
+tom&aacute;ndolo por una majader&iacute;a de esa gentuza... Fig&uacute;rese usted mi sorpresa
+cuando ayer se me entra por las puertas ese animal de Mart&iacute;nez, tan
+ordinario, tan groserote, muy ofendido con mi negativa, gritando como un
+energ&uacute;meno que nadie jugaba con el Gobierno, y amenaz&aacute;ndome con una
+carta de Fernandito, que iba a refregarme... &iexcl;por los hocicos, Butr&oacute;n,
+por los hocicos!...</p>
+
+<p>Y aqu&iacute; ahog&oacute; de nuevo el llanto la voz de Currita, prosiguiendo a poco
+entre sollozos:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; ultraje, Butr&oacute;n, qu&eacute; verg&uuml;enza!... &iexcl;Cre&iacute; morirme de
+sentimiento!... &iexcl;Al padre de mis hijos debo esta ofensa!... Bien se lo
+<span class='pagenum'><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span>he dicho mil veces: tu condescendencia con esa gentuza nos va a perder,
+Fernandito...</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;viste t&uacute; esa carta?&mdash;exclam&oacute; Robins&oacute;n estupefacto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La vi, Butr&oacute;n, la he le&iacute;do!... &iexcl;Qu&eacute; verg&uuml;enza!... &iexcl;Cre&iacute; morirme!...
+Dec&iacute;a el <i>buey Apis</i> que el ministro iba a publicarla en los peri&oacute;dicos
+si yo no aceptaba el cargo. &iexcl;Llor&eacute;, supliqu&eacute;, pidi&eacute;ndosela en nombre de
+mi honra, en nombre de mis hijos!... Todo en vano: o aceptaba yo el
+cargo, o la carta se publicaba... Entonces le ofrec&iacute; dinero, y mi hombre
+empez&oacute; a blandearse... Me pidi&oacute; cinco mil duros; luego tres mil,
+&iexcl;regateando, Butr&oacute;n, regateando como un jud&iacute;o!... Por fin se cerr&oacute; el
+trato en los tres mil, y anoche, a la una, volvi&oacute; a entregarme la carta
+y recibir el pago... Porque, claro est&aacute;, yo no ten&iacute;a dinero bastante,
+tampoco pod&iacute;a ped&iacute;rselo a Fernandito, y he tenido que empe&ntilde;ar una
+porci&oacute;n de joyas...</p>
+
+<p>Butr&oacute;n escuchaba asombrado, trag&aacute;ndose, una a una, como un bolonio, toda
+aquella sarta de mentiras, diestramente entrelazadas con algunas escasas
+verdades; cruz&oacute; las manos con tr&aacute;gico adem&aacute;n y exclam&oacute; con el aire de un
+Cat&oacute;n escandalizado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso es nauseabundo!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero si hay m&aacute;s, Butr&oacute;n, si hay m&aacute;s!... &iexcl;Si es infame!&mdash;prosigui&oacute;
+Currita muy animada&mdash;. A la una me entreg&oacute; anoche el <i>buey Apis</i> la
+carta... A las diez llega hoy, de repente, la polic&iacute;a a registrarme mis
+papeles... &iexcl;Negocio redondo que buscaba el gran canalla!... &iexcl;Coger de
+nuevo la carta y quedarse con mi dinero!...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p><p>&mdash;Pero &iquest;la han cogido?&mdash;exclam&oacute; Butr&oacute;n consternado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ca!... &iexcl;Primero me quitan la vida!... Tuve tiempo de romperla y echar
+los pedazos por el vertedero del ba&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Berr!&mdash;hizo Butr&oacute;n como si le dieran n&aacute;useas; y con las manos
+cruzadas a la espalda, actitud de las grandes perplejidades, y fruncido
+el formidable guardapolvo de sus cejas, se&ntilde;al en &eacute;l de graves
+preocupaciones, comenz&oacute; a medir a grandes pasos la estancia. Currita le
+miraba marchar con el rabillo del ojo, dando de cuando en cuanto
+nerviosos suspiritos.</p>
+
+<p>Indudable era para Butr&oacute;n que la dama era una tramposa; pero lo que
+dec&iacute;a era en todo perfectamente veros&iacute;mil y explicaba por completo la
+extra&ntilde;a visita de la polic&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a ido, si no, a buscar en aquella
+casa?... Por otra parte, aquel repentino suceso aseguraba al partido la
+alianza de aquella mujer que dominaba al Madrid elegante con el poderoso
+imperio de la moda, y esto bastaba a las teor&iacute;as del diplom&aacute;tico;
+det&uacute;vose, pues, de repente ante ella y d&iacute;jole solemnemente:</p>
+
+<p>&mdash;Es preciso hacer una manifestaci&oacute;n ruidos&iacute;sima, que levante el
+esp&iacute;ritu y sirva de protesta a este atropello...</p>
+
+<p>Currita se encogi&oacute; de hombros, disimulando bajo una perplejidad afectada
+el rayo de vanidosa alegr&iacute;a que ilumin&oacute; su semblante.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, Butr&oacute;n, por Dios!&mdash;dijo&mdash;, por m&iacute; no hay inconveniente; pero ya
+ve usted que quien pierde aqu&iacute; es Fernandito.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Curra, Fernandito no pierde nada, porque nada tiene que
+<span class='pagenum'><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span>perder... Tu marido es un imb&eacute;cil Y eso lo sabe todo el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;dijo con heroica conformidad Currita.</p>
+
+<p>&mdash;Adem&aacute;s, yo te garantizo el secreto... El negocio es grave y puede
+sacarse de &eacute;l mucho partido.</p>
+
+<p>&mdash;Eso bien lo veo yo... Por eso no me opongo... Despu&eacute;s de todo, lo
+primero que hay que mirar es el bien de la causa... Yo todo se lo
+sacrifico... Bien lo he probado siempre... &iexcl;Bien lo estoy ahora
+probando!...</p>
+
+<p>Y Currita se enterneci&oacute; otra vez, emboscando entre sus nuevas lagrimitas
+este ruego inocent&iacute;simo:</p>
+
+<p>&mdash;Lo &uacute;nico que pido es que escriba usted mismo a la se&ntilde;ora la verdad de
+lo que est&aacute; pasando... &iexcl;Le tengo un miedo a los enredos, a los chismes
+de este Madrid!... &iexcl;Esa Isabel Mazac&aacute;n es tan chismosa... me tiene una
+envidia!...</p>
+
+<p>Cuadr&oacute;se Butr&oacute;n delante de la dama y dijo golpe&aacute;ndose el pecho:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Conf&iacute;a en m&iacute;, Curra!... &iexcl;Yo respondo!</p>
+
+<p>En aquel momento llamaron a la puerta: el registro hab&iacute;a ya terminado y
+el jefe de orden p&uacute;blico ped&iacute;a permiso a la se&ntilde;ora condesa para
+presentarle sus excusas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, no, no!&mdash;exclam&oacute; Currita&mdash;. D&iacute;gale usted que puedo muy bien
+pasarme sin ellas.</p>
+
+<p>&mdash;Y a&ntilde;&aacute;dale&mdash;dijo Butr&oacute;n con toda la majestad ol&iacute;mpica que su misi&oacute;n
+<span class='pagenum'><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span>all&iacute; requer&iacute;a&mdash;que la se&ntilde;ora condesa de Albornoz se reserva el derecho
+de protestar en todos los terrenos de semejante atropello... Y d&iacute;gale
+tambi&eacute;n que toda la aristocracia espa&ntilde;ola y todas las gentes sensatas y
+honradas est&aacute;n a su lado para apoyarla y defender la causa santa que
+ella representa en estos momentos...</p>
+
+<p>Esto dijo Butr&oacute;n con arrogante tono, y acentuando mucho la palabra
+<i>causa</i>, pase&oacute; despu&eacute;s una larga mirada por la concurrencia, como quien
+dice: &laquo;&iquest;Hab&eacute;is entendido?&raquo;, y entr&oacute;se por los grupos, dejando caer
+palabras huecas que la curiosidad y la necedad rellenaron de grandes
+cosas.</p>
+
+<p>&mdash;El negocio es grave&mdash;dec&iacute;a&mdash;. &iexcl;Currita, admirable! &iexcl;Una hero&iacute;na!...
+&iexcl;Mariana Pineda!...</p>
+
+<p>Entr&oacute; entonces el viejo empleado en la contadur&iacute;a, don Pablo Solera, que
+hab&iacute;a presenciado el registro: tra&iacute;a las orejas muy coloradas y un gran
+papel en la mano, que present&oacute; a la condesa... Rode&aacute;ronle todos llenos
+de curiosidad, haci&eacute;ndole mil preguntas, que el viejo se apresur&oacute; a
+satisfacer aturdido, en parte, al verse ante tan ilustre concurrencia.</p>
+
+<p>El registro hab&iacute;a sido escrupuloso en demas&iacute;a y durado dos horas
+enteras: el jefe del orden p&uacute;blico hab&iacute;a le&iacute;do todas las cartas que
+encontr&oacute; a mano, sin perdonar pesquisa alguna, registrado todos los
+papales, hojeado todos los libros y puesto aparte todo aquello en que
+crey&oacute; encontrar miasmas conspiradores, para sujetarlo al examen del
+gobernador de la provincia. El prudente viejo le exigi&oacute; entonces un
+recibo, firmado por el mismo jefe de orden p&uacute;blico, en el cual hab&iacute;an de
+consignarse todos los papeles que se llevaba, y este era el documento
+que don Pablo presentaba a la condesa.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;Hay algo importante?&mdash;pregunt&oacute;le Butr&oacute;n en voz baja, leyendo la
+lista al mismo tiempo que Currita.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pchs!... Nada&mdash;contest&oacute; esta.</p>
+
+<p>Mas sus ojos se fijaban con extra&ntilde;eza en esta partida inventariada en la
+larga lista: &laquo;Un paquete de veinticinco cartas, atado con una cinta de
+color de rosa&raquo;.</p>
+
+<p>El respetable Butr&oacute;n tom&oacute; de nuevo la palabra. El peligro hab&iacute;a pasado,
+pero era necesario sacar todo el partido posible de aquella victoria:
+hac&iacute;ase indispensable meter mucho ruido, gran ruido, propagar el
+esc&aacute;ndalo por todas partes para despertar la indignaci&oacute;n y excitar los
+&aacute;nimos en contra del Gobierno y de la dinast&iacute;a intrusa... Para ello,
+todas las se&ntilde;oras acudir&iacute;an aquella tarde a la Castellana con las
+airosas mantillas espa&ntilde;olas y las cl&aacute;sicas peinetas de teja, que eran ya
+se&ntilde;al convenida de valiente protesta; y a la noche siguiente, &eacute;l, Butr&oacute;n
+mismo, dar&iacute;a un gran baile en honra de Currita de puro car&aacute;cter
+pol&iacute;tico, al cual pod&iacute;an ya darse por convidados todos los presentes...
+Las se&ntilde;oras lucir&iacute;an todas, en la cabeza, la flor de lis, emblema de sus
+esperanzas; los caballeros, un lazo blanco y azul en el ojal del frac,
+colores propios y significativos de los desterrados Borbones.</p>
+
+<p>El entusiasmo fue entonces indescriptible; las damas rodearon el grupo
+que Currita y Butr&oacute;n formaban, empuj&aacute;ndose unas a otras, charlando todas
+a un tiempo, esgrimiendo los colosales abanicos que por aquel verano
+estaban de moda con el poco elegante nombre de <i>Pericones</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bien! &iexcl;Bravo!&mdash;grit&oacute; Gorito Sardona&mdash;. &iexcl;El coro de los pu&ntilde;ales!...
+<span class='pagenum'><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span>&iexcl;Butr&oacute;n, a usted le toca bendecirlos!</p>
+
+<p>Y se puso a cantar el</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Giusta &eacute; la guerra, e in cuore<br /></span>
+<span class="i0">Mi parla un santo ardore,<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>de Meyerbeer en los <i>Hugonotes</i>. Esto hizo re&iacute;r mucho a todas aquellas
+se&ntilde;oras, y unas en pos de otras comenzaron a retirarse, nerviosas,
+entusiasmadas, confes&aacute;ndose mutuamente que era muy entretenido conspirar
+danzando y luciendo trapos en la Castellana; que era m&aacute;s f&aacute;cil de lo que
+ellas cre&iacute;an derribar un trono a abanicazos.</p>
+
+<p>Mientras tanto, Villamel&oacute;n, escurri&eacute;ndose tras cortinas, puertas y
+tapices, miraba desfilar la ilustre concurrencia sin osar presentarse
+ante ella. Lo que m&aacute;s le incomodaba a &eacute;l era que le hubiesen roto dos
+cristales, all&aacute; abajo, en la mampara.</p>
+
+<p>Al verse a solas Currita, pregunt&oacute; al viejo empleado, ense&ntilde;&aacute;ndole la
+lista:</p>
+
+<p>&mdash;Pero diga usted, don Pablo... &iquest;De qui&eacute;n eran esas veinticinco cartas?</p>
+
+<p>El viejo se encogi&oacute; de hombros.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;&mdash;contest&oacute;&mdash;. El jefe de orden p&uacute;blico ley&oacute; tres o cuatro y se
+las guard&oacute; con una risita que me dio mala espina.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;Pero d&oacute;nde estaban?</p>
+
+<p>&mdash;En aquella arquita antigua que est&aacute; en el gabinete de la se&ntilde;ora
+condesa... Es un cajoncito con secreto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En el <i>secr&eacute;taire</i> del <i>boudoir</i>?&mdash;dijo Currita a&uacute;n m&aacute;s
+sorprendida&mdash;. &iexcl;Pero si all&iacute; no hab&iacute;a nada!... A ver, venga usted
+conmigo.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a, en efecto, en un rinc&oacute;n del <i>boudoir</i>, una preciosa <i>arquilla</i>,
+obra acabad&iacute;sima de marqueter&iacute;a italiana del siglo XVI, de &eacute;bano,
+tallado con ricas incrustaciones de carey, plata, jaspes y bronces.
+Currita abri&oacute; la gran tapa delantera, cuyas bisagras y cerrajas doradas
+dejaban ver, a trav&eacute;s de sus art&iacute;sticos calados, un fondo de terciopelo
+rojo, y entonces apareci&oacute; el interior de aquel precioso mueble,
+compuesto de bell&iacute;simos arquitos, de galer&iacute;as en miniatura en que
+encajaban infinidad de cajoncillos, ocult&aacute;ndose los unos a los otros,
+con m&uacute;ltiples secretos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;d&oacute;nde estaban esas cartas?&mdash;pregunt&oacute; Currita impaciente,
+abriendo uno a uno los lindos cajoncitos.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; abajo&mdash;contest&oacute; don Pablo.</p>
+
+<p>Y apretando un resorte de bronce, hizo saltar otro cajoncito oculto, que
+dej&oacute; escapar, al abrirse, un suave olor de violetas secas. Currita meti&oacute;
+dentro la mano y encontr&oacute; en el fondo un ramo marchito de aquellas
+fragantes flores; mir&oacute; alg&uacute;n tiempo con cierta extra&ntilde;eza, como quien
+pretende recordar algo, y exclam&oacute; al fin, cayendo en la cuenta:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya!</p>
+
+<p>Y de repente, poni&eacute;ndose muy seria con la enfurru&ntilde;ada cara de quien se
+<span class='pagenum'><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span>teme un chasco pesado, murmur&oacute; muy enfadada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues tendr&iacute;a que ver!... &iexcl;Estar&iacute;a bonito!...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIIImdash" id="VIIImdash"></a><a href="#toc">&mdash;VIII&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Bueno estaba para bollos el horno del se&ntilde;or gobernador a las dos de la
+tarde de aquel mismo d&iacute;a 26 de junio. La noticia de la visita de la
+polic&iacute;a al palacio de Villamel&oacute;n hab&iacute;a llegado a las altas esferas del
+Gobierno, causando en ellas sorpresa y disgusto: ignor&aacute;base all&iacute; la
+causa de aquella violenta medida del gobernador, y esper&aacute;base todav&iacute;a,
+por otra parte, obligar a la Albornoz a aceptar el cargo de camarera, a
+pesar de la escena c&oacute;mico-dram&aacute;tica que entre ella y el excelent&iacute;simo
+Mart&iacute;nez hab&iacute;a tenido lugar la v&iacute;spera. Porque, como el lector habr&aacute; ya
+adivinado, no obstante los enredos de la tramposa se&ntilde;ora, los
+compromisos de esta con el Gobierno eran tan reales y positivos como
+hab&iacute;a asegurado dos d&iacute;as antes la condesa de Mazac&aacute;n en casa de la
+duquesa de Bara.</p>
+
+<p>Resentida profundamente Currita por lo que ella creyera desaire de la
+abdicaci&oacute;n, hab&iacute;a decidido al punto pasarse con armas y bagajes al
+enemigo, satisfaciendo de este modo sus femeniles deseos de venganza y
+realizando al mismo tiempo su continuo anhelo de dar que hablar a todo
+el mundo y ser siempre la primera de la primera l&iacute;nea. El nuevo monarca
+era joven y guapo, y una vez teni&eacute;ndole ella a su alcance en el puesto
+de camarera, parec&iacute;ale f&aacute;cil amalgamar en poco tiempo, en s&iacute; misma, dos
+personalidades hist&oacute;ricas que le eran muy simp&aacute;ticas: mademoiselle de La
+<span class='pagenum'><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span>Valli&egrave;re y la princesa de los Ursinos.</p>
+
+<p>Cost&oacute;le, sin embargo, alg&uacute;n trabajo reducir a Villamel&oacute;n a secundar sus
+planes, porque encastillado este en lo que llamaba su honor, empe&ntilde;&aacute;base
+en vivir y morir fiel a la dinast&iacute;a ca&iacute;da. Supo al cabo Currita
+convencerle, y cauta siempre, y sin dar ella la cara, encarg&oacute;le a &eacute;l
+entablar las negociaciones con don Juan Antonio Mart&iacute;nez y el ministro
+de Ultramar, personajes ambos que con traidora previsi&oacute;n hab&iacute;a procurado
+desde mucho tiempo antes atraer a su casa, import&aacute;ndosele un bledo los
+aristocr&aacute;ticos aspavientos de sus ilustres amigas. Las condiciones
+impuestas por la condesa eran un considerable aumento de sueldo para
+ella y la Secretar&iacute;a particular de don Amadeo para Juanito Velarde,
+adorado amigo que a la saz&oacute;n privaba.</p>
+
+<p>El encargo era f&aacute;cil, dado el af&aacute;n que de llenar aquel desairado cargo
+con un grande de Espa&ntilde;a exist&iacute;a en la corte y en el Gobierno.
+Villamel&oacute;n, sin embargo, cometi&oacute; una pifia contra las terminantes
+prescripciones de Currita. Hab&iacute;ale encargado esta que por ning&uacute;n
+concepto soltara prenda por escrito en el manejo de aquel negocio, y por
+no faltar el majadero a una cita que con cierta viuda problem&aacute;tica
+ten&iacute;a, a la misma hora en que le citaba tambi&eacute;n el ministro, dej&oacute;
+escapar aquella malhadada carta dirigida a este, que tan serias
+complicaciones hab&iacute;a de traer m&aacute;s tarde.</p>
+
+<p>Mientras tanto, la carta de la reina Isabel vino a desbaratar todo lo
+hecho, y con su desfachatez sin igual, volvi&oacute;se atr&aacute;s Currita, dejando a
+la corte y al Gobierno burlados, y en las astas del toro a su marido. No
+satisfecha con esto, y para acallar los peligrosos rumores, que,
+atizados por Isabel Mazac&aacute;n, corr&iacute;an de lo sucedido, imagin&oacute; denunciarse
+a s&iacute; misma al gobernador, escribi&eacute;ndole un an&oacute;nimo en que con pruebas
+<span class='pagenum'><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span>patentes y se&ntilde;ales manifiestas aseguraba que la condesa de Albornoz y
+el marqu&eacute;s de Butr&oacute;n urd&iacute;an un complot vast&iacute;simo, existiendo en poder de
+ellos papeles muy importantes para la causa alfonsina. El incauto
+gobernador cay&oacute; en el garlito, y ya hemos visto la admirable profundidad
+con que secund&oacute; los atrevidos planes de aquella ilustre bribona, cuyas
+mezquinas intriguillas tra&iacute;an en conmoci&oacute;n a toda la corte. La visita de
+la polic&iacute;a afianzaba para siempre la fama de su lealtad alfonsina,
+d&aacute;ndole una importancia en el partido que la pon&iacute;a por completo a
+cubierto de las pretensiones de la corte amade&iacute;sta. As&iacute; lo comprendi&oacute; el
+excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Juan Antonio Mart&iacute;nez, y hecho un basilisco fue
+a pedir al gobernador cuenta de su torpeza; alborot&oacute;se este, y
+guard&aacute;ndose muy bien de confesar que s&oacute;lo en un an&oacute;nimo cifraba &eacute;l las
+pruebas del complot de Currita, asegur&oacute; campanudamente que le constaba
+la existencia de una vasta conspiraci&oacute;n alfonsina, que el marqu&eacute;s de
+Butr&oacute;n la dirig&iacute;a, y que la se&ntilde;ora condesa de Albornoz era una
+trapisondista de tomo y lomo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si me lo querr&aacute; usted decir a m&iacute;!&mdash;exclam&oacute; el <i>buey Apis</i> resollando
+por la herida.</p>
+
+<p>Y cont&oacute; al gobernador, con todos sus pormenores, la historia del
+nombramiento de camarera y la escena de la carta arrojada al fuego, que
+hab&iacute;a ya hecho desternillar de risa, en las narices mismas del ministro,
+a todos sus compa&ntilde;eros de gabinete. Mordi&oacute;se el gobernador los labios,
+comenzando a sospechar que hab&iacute;an hecho un pan como unas hostias, y el
+<i>pas trop de z&eacute;le</i> de Talleyrand acudi&oacute; a su mente como un reproche.
+Detuvo, sin embargo, un momento su c&oacute;lera y sus temores la entrada del
+jefe de orden p&uacute;blico, que ven&iacute;a a entregarle los papeles sorprendidos
+en poder de Currita.</p>
+
+<p>Lanz&oacute;se el gobernador sobre ellos con todo el ardor de su picado amor
+<span class='pagenum'><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>propio, y p&uacute;sole su mala suerte ante los ojos, lo primero, un
+plieguecillo de esquela, con el timbre de la condesa de Albornoz, y
+escrito en &eacute;l, con diversos caracteres de letra, este extra&ntilde;o letrero:
+<i>&iexcl;Qu&eacute; animal tan hermoso es el hombre!</i> Examinaba atentamente el
+gobernador el papelillo, creyendo encontrar alguna clave oculta o alg&uacute;n
+santo y se&ntilde;a misterioso entre aquellos diversos caracteres de letras,
+rechondas y apretadas unas, largas y finitas otras, diminutas cual
+patitas de moscas entrelazadas que se prolongasen en forma de cadeneta,
+las &uacute;ltimas. Estas despertaron en su mente un vivo recuerdo; busc&oacute;
+apresuradamente el an&oacute;nimo que encerraba la denuncia, cotej&oacute; ambas
+letras, y el velo se rasg&oacute; entonces por completo. &iexcl;Era la misma!...
+Probado quedaba que la excelent&iacute;sima se&ntilde;ora condesa de Albornoz era una
+trapisondista de tomo y lomo, y el excelent&iacute;simo se&ntilde;or gobernador de
+Madrid un majadero de siete suelas.</p>
+
+<p>Su furor no tuvo entonces l&iacute;mite, y vino a aumentarlo el cazurro
+Mart&iacute;nez, que con los carrillos hinchados y la boca llena de risa
+reventaba por soltar la presa, y solt&oacute;la al fin, diciendo a modo de
+fisga:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Abort&oacute; la conspiraci&oacute;n!... &iexcl;Espa&ntilde;a puede ya dormir tranquila!...</p>
+
+<p>Su excelencia encontraba cierto maligno gustito en no ser la &uacute;nica
+v&iacute;ctima de los enredos de aquella grand&iacute;sima tuna que tan pesados
+chascos estaba dando a los Epaminondas y Ar&iacute;stides de la Espa&ntilde;a con
+honra. El se&ntilde;or gobernador comenz&oacute; a echar sapos y culebras por la boca,
+lo mismo que cualquier rufi&aacute;n de callejuelas, y volviendo y revolviendo
+los papeles, vino a topar con el paquete de las veinticinco cartas. Su
+gozo fue entonces inmenso: ten&iacute;a ya asegurada la venganza.</p>
+
+<p>La noche anterior hab&iacute;a hecho Currita un escrupuloso escrutinio en sus
+<span class='pagenum'><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>papeles, quitando de en medio lo que pod&iacute;a comprometerla, y poniendo
+bien a la vista lo que favorec&iacute;a sus planes; excusado es decir que la
+carta de la reina Isabel qued&oacute; en puesto tan visible, que presto pudo
+dar con ella el jefe de orden p&uacute;blico. Dos descuidos imperdonables tuvo,
+sin embargo: qued&oacute;sele traspapelado en la carta de escribir el
+plieguecillo en que hab&iacute;a hecho sus pruebas caligr&aacute;ficas y olvid&oacute;se por
+completo de que en un cajoncito oculto de la arquilla antigua del
+<i>boudoir</i> exist&iacute;a, hac&iacute;a m&aacute;s de tres a&ntilde;os, un paquete de cartas. Eran
+estas de cierto capit&aacute;n de artiller&iacute;a, andaluz, de gran familia,
+arrogant&iacute;sima figura y poqu&iacute;sima verg&uuml;enza, que hab&iacute;a antecedido a
+Juanito Velarde en el puesto de confianza que a la saz&oacute;n ocupaba este en
+la casa.</p>
+
+<p>Triunfante el gobernador, pregunt&oacute; a Mart&iacute;nez si le parec&iacute;a conveniente
+publicar aquellas cartas en los peri&oacute;dicos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hombre, no sea usted mentecato&mdash;replic&oacute; el ministro&mdash;. &iquest;Cree
+usted que hay alguien en Madrid que no sepa o suponga que esas cartas
+existen o han existido?...</p>
+
+<p>&mdash;Pero entonces, &iquest;qu&eacute; partido sacamos de ellas?</p>
+
+<p>&mdash;Uno muy sencillo... &iquest;No tiene usted que devolv&eacute;rselas a la condesa?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Claro est&aacute;!... Como que el jefe de orden p&uacute;blico le ha dejado recibo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en vez de envi&aacute;rselas usted a la mujer, se las env&iacute;a al marido...
+Es la &uacute;nica manera de practicar en este asunto la obra de misericordia
+de ense&ntilde;ar al que no sabe.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Magn&iacute;fico!&mdash;exclam&oacute; el gobernador, admirado de la maquiav&eacute;lica
+<span class='pagenum'><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span>pol&iacute;tica de su excelencia.</p>
+
+<p>Y, sin p&eacute;rdida de tiempo, p&uacute;sose a escribir un atento B. L. M. al
+marqu&eacute;s de Villamel&oacute;n, present&aacute;ndole mil excusas por el mal rato que le
+hab&iacute;a dado aquella ma&ntilde;ana, anunci&aacute;ndole la devoluci&oacute;n de los papeles
+incautados y suplic&aacute;ndole cort&eacute;smente los repasase uno a uno y muy en
+particular las veinticinco cartas del paquete, no fuera que por
+casualidad se hubiese alguna de ellas traspapelado.</p>
+
+<p>En aquel momento, un portero entreg&oacute; al se&ntilde;or gobernador una esquelita
+perfumada, que parec&iacute;a ser de una dama coqueta, y era del lindo ministro
+Garc&iacute;a G&oacute;mez, el elegante de la situaci&oacute;n, el <i>dandy</i> de aquel gabinete
+eminentemente progresista. Enterado por su amiga Isabel Mazac&aacute;n de la
+orden del d&iacute;a dada por el marqu&eacute;s de Butr&oacute;n en la casa de Currita,
+apresur&aacute;base a poner en conocimiento de la primera autoridad de la
+provincia la manifestaci&oacute;n de mantillas y peinetas que las damas de la
+aristocracia preparaban para aquella tarde en la Fuente Castellana. El
+gobernador comenz&oacute; a bufar de nuevo, amenazando entre en&eacute;rgicas
+interjecciones hacer con mantillas y peinetas lo que Esquilache hizo con
+capas y sombreros.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, hombre, no sea usted mentecato!&mdash;volvi&oacute; a decir el ministro con
+su risa de paleto&mdash;. Eso tiene muy f&aacute;cil remedio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l?</p>
+
+<p>&mdash;Llame usted a Claudio Molinos.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; Claudio Molinos, brib&oacute;n consumado, especie de baratero pol&iacute;tico
+que en aquel tiempo alcanz&oacute; gran boga, y era, seg&uacute;n la voz p&uacute;blica, el
+<span class='pagenum'><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span>galeoto del Gobierno en sus enjuagues de mala ley, y el reclutador y
+general&iacute;simo de la partida de la porra. Recibi&eacute;ronle ambos personajes de
+igual a igual, y con grandes extremos, y despu&eacute;s de una corta
+conferencia, torn&oacute; a salir Claudio Molinos muy apresurado. Mart&iacute;nez
+sali&oacute; tambi&eacute;n con gran pachorra, inclinada la cabezota, y las manos y el
+bast&oacute;n a la espalda, y qued&oacute;se el gobernador muy satisfecho,
+restreg&aacute;ndose las manos chiquitas y regordetas con alguna que otra u&ntilde;a
+no limpia del todo.</p>
+
+<p>A las seis y media de aquella misma tarde no se ve&iacute;a un solo carruaje en
+el Retiro ni en el Parque, y centenares de ellos, por el contrario,
+atravesaban al trote largo el Paseo de Recoletos, atestado ya de gente,
+y segu&iacute;an en confuso remolino hacia la Fuente Castellana. Jam&aacute;s Viena
+corriendo hacia el Pr&aacute;ter, Berl&iacute;n hacia el Linden, Par&iacute;s hacia el
+Bosque, hab&iacute;an presentado espect&aacute;culo tan original y pintoresco como el
+que ofrec&iacute;a a la puesta del sol aquella inmensa avalancha de trenes
+lujos&iacute;simos, la mayor parte descubiertos, atestados de mujeres de todos
+tipos, de todas edades, con trajes de colores vivos, mantillas blancas o
+negras, peinetas de teja y flores en la cabeza, en el pecho, en las
+manos, en los asientos y portezuelas de los coches, en las frontaleras
+de los caballos y en las libreas de los cocheros, confundi&eacute;ndose, sin
+atropellarse, en aquella bara&uacute;nda ordenad&iacute;sima, carruajes, caballos,
+jinetes, arneses, prendidos, libreas, cocheros con la fusta enarbolada,
+lacayos con los brazos cruzados, retintines de bocados y crujidos de
+l&aacute;tigos, efluvios de primavera y perfumes de tocador, olor a b&uacute;caro de
+la tierra reci&eacute;n regada, y fragancia de lilas, azucenas y violetas;
+envuelto todo como en una gasa en un polvillo fino y brillante,
+iluminado todo con golpes de luz bell&iacute;simos por los reflejos del sol
+poniente, que penetraba por entre las copas de los &aacute;rboles, haciendo
+brotar resplandores de incendio en la plata de los arneses, los botones
+<span class='pagenum'><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span>de las libreas y el herraje de los coches.</p>
+
+<p>Por las anchas aceras de la calle de Alcal&aacute; desembocaba tambi&eacute;n en
+Recoletos muchedumbre compacta de gente de a pie, destac&aacute;ndose de trecho
+en trecho grupos de mantillas m&aacute;s o menos bien llevadas, peinetas de
+teja puestas en cabezas m&aacute;s o menos airosas. No correspond&iacute;a, sin
+embargo, la animaci&oacute;n y la algazara al n&uacute;mero y al lujo de aquella
+muchedumbre; marchaban los paseantes con esa curiosidad m&aacute;s &aacute;vida
+mientras m&aacute;s medrosa, que inspiraba siempre un espect&aacute;culo peligroso;
+con esa curiosidad propia del cobarde que espera o&iacute;r a cada momento el
+estampido de un arma de fuego. Las damas de los coches, por su parte,
+cruzaban entre s&iacute; saludos, se&ntilde;as y sonrisas, sin poder disimular un
+involuntario azoramiento, semejante al del chico descarado que se
+resuelve a hacer una travesura en las barbas mismas del maestro.</p>
+
+<p>De repente, a la altura de la Casa de la Moneda, par&aacute;ronse los
+paseantes, agrup&aacute;ndose bajo los &aacute;rboles, y los coches moderaron su
+carrera, llam&aacute;ndose a derecha e izquierda para dejar una calle en
+medio... Por ella se adelantaba al trote largo un magn&iacute;fico land&oacute; de
+Binder, ca&iacute;das a uno y otro lado las capotas de <i>chagr&iacute;n</i> fin&iacute;simo,
+arrastrado por dos soberbios bayos oscuros, dos steppers de grande
+alzada y poderoso trote que la mano f&eacute;rrea de Tom Sickles manejaba tan
+f&aacute;cilmente como mov&iacute;a el viento los ramos de lilas y claveles que luc&iacute;an
+los nobles brutos en las brillantes frontaleras. Tendida en los
+almohadones de raso, con aire distinguid&iacute;simo, paseaba la condesa de
+Albornoz su desverg&uuml;enza, dando la derecha a su amiga y pariente la
+marquesa de Valdivieso; vest&iacute;an entre las dos primas los colores
+nacionales: traje amarillo con mantilla negra la de Albornoz; rojo con
+mantilla blanca la de Valdivieso, y grandes peinetas de carey una y
+otra, con ramos de claveles blancos y encarnados en la cabeza y en el
+pecho. Arremolin&aacute;base la gente al verlas pasar, las damas las saludaban
+con los pa&ntilde;uelos desde los coches, arroj&aacute;ndoles flores muchas de ellas,
+<span class='pagenum'><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span>y una turba de gomosos a caballo trotaban a uno y otro estribo del
+coche, a guisa de caballerizos. De esta manera triunfal hizo Currita su
+entrada en la Castellana.</p>
+
+<p>Formaban ya all&iacute; los carruajes ordenada fila, y entonces pudo apreciar
+el marqu&eacute;s de Butr&oacute;n todo el numero y arrogancia de sus huestes
+femeninas. All&iacute; estaba &eacute;l en un land&oacute; de colores oscuros, teniendo a su
+derecha a la marquesa, respetable se&ntilde;ora que llevaba uno de los nombres
+m&aacute;s ilustres de Espa&ntilde;a, y pod&iacute;a hacer gala de una de las reputaciones
+m&aacute;s sin tacha de la corte. M&aacute;s lejos iba Isabel Mazac&aacute;n con Leopoldina
+Pastor, en un milord precios&iacute;simo; Pilar Balsano, la duquesa de Bara,
+Carmen Tagle y otra infinidad de estrellas y constelaciones del gran
+mundo, entre las que descollaba la se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno con su hija
+Lucy, vestida ella de azul con mantilla blanca y grandes rosas en la
+cabeza, ocupando casi por completo una gran carretela con arreos a la
+calesera, y cochero y lacayo con sombrero cala&ntilde;&eacute;s, pantal&oacute;n y chupa de
+oscuro terciopelo. Todas ellas, mujeres problem&aacute;ticas, y otras mil y mil
+mujeres fr&iacute;volas y superficiales en apariencia, pero honradas en el
+fondo las m&aacute;s, s&oacute;lidamente virtuosas y sensatas muchas de ellas,
+saludaban al pasar a la ilustre bribona, inclin&aacute;ndose todas a su paso,
+rindi&eacute;ndole el homenaje de sus sonrisas y su envidia, haci&eacute;ndose reas de
+la perniciosa condescendencia con el vicio, llaga mortal de las grandes
+sociedades, contribuyendo con su presencia y con su lujo, por necedad,
+por debilidad o por malicia, al gran pecado del esc&aacute;ndalo, al triunfo de
+la m&aacute;s ruin bellaca que urdi&oacute; jam&aacute;s trapisondas en la corte.</p>
+
+<p>No dur&oacute; mucho, sin embargo, la apoteosis... Nadie ha podido explicar
+nunca c&oacute;mo sucedi&oacute; aquello: unos dicen que vino del Hip&oacute;dromo; otros,
+que del barrio de Salamanca; algunos, que de un hotelito que, emboscado
+en un jard&iacute;n, existe en la Castellana. Es lo cierto que, de repente,
+apareci&oacute; en la fila de coches un gran land&oacute; a la Daumontl con cuatro
+<span class='pagenum'><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span>caballos blancos; ven&iacute;an dentro dos mujerzuelas de vida airada,
+abigarradamente vestidas de encarnado, con pomposas mantillas y enormes
+peinetas, poniendo en asquerosa caricatura a las damas de la
+aristocracia. En el asiento de enfrente, un rufi&aacute;n con sombrero de copa
+un poco ladeado y largas patillas postizas, parec&iacute;a parodiar a cierto
+pr&oacute;cer famoso que en aquel tiempo hac&iacute;a gran papel en las filas
+alfonsinas<a name="FNanchor_8_8" id="FNanchor_8_8"></a><a href="#Footnote_8_8" class="fnanchor">[8]</a>.</p>
+
+<p>Aquello no fue un bofet&oacute;n, fue una coz, una patada del excelent&iacute;simo
+Mart&iacute;nez, que acababa de un golpe con las peinetas y mantillas, con m&aacute;s
+facilidad que acab&oacute; Esquilache con los sombreros y las capas. D&iacute;jose
+luego que, desde una ventana del hotelito escondido, hab&iacute;a &eacute;l
+presenciado la escena, con las manos a la cabeza, sacudiendo la
+cabezota, dejando o&iacute;r su risita de cazurro, de paleto empingorotado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ju, ju, ju, ju!...</p>
+
+<p>Entonces hubo un momento de confusi&oacute;n grand&iacute;sima, de alarma verdadera:
+algunos hombres de a pie y de a caballo se lanzaron sobre el coche con
+los bastones enarbolados, para hacerlo salir de la fila. Intervinieron
+los guardias de orden p&uacute;blico en favor de las mujerzuelas, y mientras
+tanto, huyeron en un segundo los lujosos trenes, al galope, a la
+desbandada, mordi&eacute;ndose los hombres el bigote de despecho, escondiendo
+las mujeres, llenas de verg&uuml;enza, los rostros azorados.</p>
+
+<p>S&oacute;lo qued&oacute; Currita incorporada en su coche, abriendo mucho los claros
+ojos, abofeteando a todas aquellas mujeres honradas, cuya culpa
+consist&iacute;a en admitirla a ella en su trato, con estas candoros&iacute;simas
+palabras, dichas para tranquilizar a su prima:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span></p><p>&mdash;Pero mujer... &iquest;Qu&eacute; ha sucedido?... &iquest;Por qu&eacute; se van?... Que haya otras
+dos m&aacute;s, &iquest;qu&eacute; importa?...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IXmdash" id="IXmdash"></a><a href="#toc">&mdash;IX&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Los peri&oacute;dicos ministeriales de la tarde guardaban un estudiado silencio
+sobre la visita de la polic&iacute;a al palacio de Villamel&oacute;n, como si
+obedeciesen todos a una misma consigna. Los diarios oposicionistas, por
+el contrario, soltaban, ocup&aacute;ndose del suceso, todos los registros de
+sus respectivas trompeter&iacute;as, prorrumpiendo en gemidos o gritos de
+horror, seg&uacute;n les soplaba el viento, a la eleg&iacute;a o al ditirambo...</p>
+
+<p>Ningunos gemidos, sin embargo, tan perfumados; ningunos gritos de horror
+tan r&iacute;tmicos, como los lanzados por la pluma del espiritual Pedro L&oacute;pez
+en el art&iacute;culo <i>El primer paso</i>, que publicaba aquella tarde <i>La Flor de
+Lis</i>. Indudable era que Pedro L&oacute;pez hab&iacute;a mascado ra&iacute;z de lirio antes de
+lanzar aquellos suspiros confitados, que hab&iacute;a modulado sus gritos de
+horror sobre aquellos trinos de Stagno:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Voi parlate di patria<br /></span>
+<span class="i0">E patria piu non &egrave;.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>que hab&iacute;a llorado sobre el rosado papel l&aacute;grimas de agua de Colonia; que
+hab&iacute;a, en fin, cre&iacute;do, al empu&ntilde;ar la pluma en sus manos lavadas con
+<i>p&acirc;te agnel</i>, tremolar una bandera con un palo de sombrilla por asta y
+un <span class='pagenum'><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span>encaje de Bruselas por lienzo... &iexcl;Oooh!... Cuando Pedro L&oacute;pez pos&oacute;
+su turbada planta en el palacio de los marqueses, cuando vio profanadas
+por groseros pies de sicarios de un poder bastardo y desp&oacute;tico aquellas
+mullidas alfombras que tantas veces hab&iacute;an hollado en r&iacute;tmicos
+movimientos del baile las bellezas m&aacute;s valiosas de la corte, angustia
+mortal oprimi&oacute; su coraz&oacute;n, nube de sangre ceg&oacute; sus ojos, y una palmada
+de su propia mano vino a herir su frente sin que&mdash;&iexcl;p&aacute;smese el
+lector!&mdash;notase Pedro L&oacute;pez que sonaba a hueco... Son&oacute;le a un &iexcl;ay!
+fat&iacute;dico, a voz triste, lejana, misteriosa, crepuscular, que murmuraba a
+lo lejos: &iexcl;El primer paso!... &iexcl;El primer paso dado hacia el noventa y
+tres... el primer paso dado hacia el Terror!... &iexcl;Oooh!... All&iacute; hab&iacute;a
+visto Pedro L&oacute;pez sumida en el m&aacute;s profundo desconsuelo, y vistiendo
+elegante <i>saut du lit</i>, con falda <i>pliss&eacute;e</i>, de fular de seda y encajes
+crema a la bella condesa de Albornoz, ideal como la Ofelia de
+Shakespeare a orillas del lago, digna como la Mar&iacute;a Stuard de Schiller
+en el castillo de Fotheringhay, sublime como la princesa Isabel, la
+hermana de Luis XVI, que llam&oacute; la posteridad el <i>&Aacute;ngel de la
+guillotina</i>... &iexcl;Aaaah! All&iacute; hab&iacute;a visto Pedro L&oacute;pez y estrechado su mano
+al hidalgo caballero, al pundonoroso marqu&eacute;s de Villamel&oacute;n, postrado en
+el lecho del dolor, cual le&oacute;n enfermo, derramando l&aacute;grimas de varonil
+despecho por no poder desenvainar, en defensa de su noble hogar
+allanado, la gloriosa espada de cien ilustres progenitores... &iexcl;Oooh!...
+Y en torno de aquellas dos nobles figuras realzadas aquel d&iacute;a por el
+infortunio, elevadas por ruin despotismo de un gobierno sobre el
+glorios&iacute;simo pedestal de la picota de sus iras, Pedro L&oacute;pez hab&iacute;a visto
+agruparse, m&aacute;s hermosas mientras m&aacute;s doloridas, y tan elegantes en su
+sencillo neglig&eacute;; de ma&ntilde;ana como en sus soberbias <i>toilettes</i> de otras
+ocasiones, a las bell&iacute;simas duquesas de A., B. y C.; a las lind&iacute;simas
+marquesas de D., E. y F.; a las encantadoras condesas de G., H. y L; a
+las preciosas vizcondesas de J., K. y L.; a las mon&iacute;simas baronesas de
+M., N. y &Ntilde;., y a las espirituales se&ntilde;oras y se&ntilde;oritas de O., P. y Q.
+<span class='pagenum'><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span>Tambi&eacute;n el sexo feo estaba dignamente representado por el venerable
+marqu&eacute;s de Butr&oacute;n, espejo de caballeros, y por los duques, marqueses,
+condes, vizcondes, barones y se&ntilde;ores de tal o cual, y por otras muchas
+personas notables que, en lo inmenso de su emoci&oacute;n, quiz&aacute; dejaba Pedro
+L&oacute;pez involuntariamente de enumerar.. &iexcl;Aaah! &iexcl;El primer paso!... Todas
+las frentes parec&iacute;an inclinarse bajo el peso de un mismo pavoroso
+pensamiento... Mas habl&oacute; el ilustre marqu&eacute;s de Butr&oacute;n, y al eco de su
+m&aacute;gica palabra irgui&eacute;ronse las nobles cabezas y vi&eacute;ronse all&iacute; ilustres
+vendeanos dispuestos a disputar palmo a palmo el terreno; garridas
+Marfisas y Bradamantes, capaces de realizar con el brillo de sus ojos
+las proezas de aquellas heroicas amazonas de las primeras cruzadas...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; pon&iacute;a Pedro L&oacute;pez cuatro l&iacute;neas de puntitos suspensivos, y a&ntilde;ad&iacute;a
+luego:</p>
+
+<p>&laquo;Nosotros o&iacute;mos sus palabras, y un rayo de celeste esperanza se desliz&oacute;
+en nuestro pecho&raquo;.</p>
+
+<p>M&aacute;s puntitos suspensivos.</p>
+
+<p>&laquo;El villano atentado del gobernador de Madrid ha sido el primer paso
+dado hacia el Terror... Mas&mdash;&iexcl;renazca la esperanza!&mdash;ya</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">...El le&oacute;n de Castilla<br /></span>
+<span class="i0">Sacude la melena!!!&raquo;<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Y a rengl&oacute;n seguido:</p>
+
+<p>&laquo;Excusado es decir que la esplendidez proverbial de los marqueses de
+<span class='pagenum'><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span>Villamel&oacute;n proporcion&oacute; a la ilustre concurrencia un exquisito lunch
+improvisado, en que llamaran la atenci&oacute;n de todos los delicados sorbetes
+de naranja, servidos en la misma c&aacute;scara de la fruta, que no obstante lo
+impropio de la hora, hizo el calor del d&iacute;a deliciosos. Felicitamos a los
+marqueses de Villamel&oacute;n por haber introducido esta elegante novedad, que
+no tardar&aacute; en ser imitada en las mesas y salones de la corte&raquo;.</p>
+
+<p>Todas estas y otras majader&iacute;as por el estilo le&iacute;a Currita con &aacute;vido
+deleite, mirando con desd&eacute;n, desde la altura de su triunfo, a Metternich
+y a Pitt, a Cavour y a Bismarck. Parec&iacute;a muy natural que la llamasen a
+ella Ofelia, Mar&iacute;a Stuard y &Aacute;ngel de la guillotina; re&iacute;ase all&aacute; en sus
+adentros de ver transformado a su marido en le&oacute;n enfermo y pundonoroso
+caballero, y dej&aacute;balo correr todo junto, porque sab&iacute;a muy bien que nadie
+sube hoy al templo de la fama sin alas hechas de recortes de peri&oacute;dicos.
+Vino entonces a colmar su satisfacci&oacute;n el director de cierta famosa
+revista, que con grandes reverencias y aspavientos, y present&aacute;ndole una
+tarjeta en que el marqu&eacute;s de Butr&oacute;n eficazmente le recomendaba,
+manifest&oacute; su deseo de publicar en la revista el retrato de la heroica
+condesa y algunos grabados de actualidad relativos al suceso que todo
+Madrid discut&iacute;a. Recibi&oacute;le ella con esa amable condescendencia, propia
+de las grandes se&ntilde;oras con cualquier pelafust&aacute;n que las adula, y
+concedi&oacute;le su petici&oacute;n al punto, quedando convenido que la revista
+publicar&iacute;a el retrato de la condesa con el traje que hab&iacute;a de lucir
+aquella misma tarde en la manifestaci&oacute;n de mantillas y peinetas de la
+Castellana, y otros dos grabados conmemorativos, representando uno la
+fachada del palacio en el acto de ser invadido por la polic&iacute;a, y otro el
+momento en que sali&oacute; Currita con varonil entereza al encuentro de los
+invasores.</p>
+
+<p>&mdash;Convendr&iacute;a entonces&mdash;dijo el periodista&mdash;tener algunas fotograf&iacute;as del
+<span class='pagenum'><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span>local, que sirvan de pauta al artista para marcar bien los detalles.</p>
+
+<p>&mdash;Desde luego&mdash;replic&oacute; Currita muy complacida&mdash;. El se&ntilde;or marqu&eacute;s es muy
+aficionado al arte, y tendr&aacute; gusto en proporcion&aacute;rselas a usted &eacute;l
+mismo.</p>
+
+<p>Y sin p&eacute;rdida de tiempo envi&oacute; un recado a Fernandito, suplic&aacute;ndole
+viniese en el acto al sal&oacute;n en que se hallaban. Pronto trajo un lacayo
+la respuesta: el se&ntilde;or marqu&eacute;s hab&iacute;a pedido a las cuatro la berlina y
+a&uacute;n no hab&iacute;a vuelto a su casa.</p>
+
+<p>Fernandito corr&iacute;a, en efecto, en aquel momento, detr&aacute;s de una duda
+misteriosa que ansiaba resolver. Con grand&iacute;sima zozobra hab&iacute;a recibido
+el B. L. M. del gobernador, y tranquilo ya, despu&eacute;s de leerlo, p&uacute;sose a
+registrar cuidadosamente los papeles devueltos. Ley&oacute; la primera de las
+veinticinco cartas sin comprenderla; en la segunda tropez&oacute;se con esta
+frase, escrita de pu&ntilde;o y letra del artillero: &laquo;En cuanto a tu marido,
+bueno ser&aacute; que le suprimamos el <i>villa</i> y le dejemos <i>mel&oacute;n</i>: est&aacute;
+probado que el pobre pertenece a la familia de las <i>cucurbit&aacute;ceas</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Fernandito no ley&oacute; m&aacute;s: con la boca y los ojos muy abiertos qued&oacute;se
+largo tiempo suspenso, hasta que, levant&aacute;ndose de repente y entrando en
+su cuarto de vestir, cogi&oacute; un bast&oacute;n con pu&ntilde;o de plata, una delgada ca&ntilde;a
+de bamb&uacute; nudosa y flexible que cortaba el aire con silbidos de culebra
+al esgrimirla con gran furia Villamel&oacute;n, dirigi&eacute;ndose presuroso y
+descompuesto a las habitaciones de la espiritual Currita, de la vaporosa
+Ofelia, de la sentimental Mar&iacute;a Stuard, a quien amenazaba, sin duda, en
+vez del po&eacute;tico lago o del dram&aacute;tico tajo, un trancazo soberano, una
+paliza descomunal.</p>
+
+<p>No quiso Dios, sin embargo, que acabase de manera tan prosaica criatura
+<span class='pagenum'><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>tan ideal; a la mitad de una gran galer&iacute;a, adornada con plantas
+ex&oacute;ticas, jaulas de p&aacute;jaros y curiosidades de todos g&eacute;neros, sali&oacute; al
+encuentro de Villamel&oacute;n el gran perro de Kamschatka, meneando
+cari&ntilde;osamente la cola, y de repente, cual si resonasen en sus o&iacute;dos
+aquellos acentos de Otelo:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">...a compir la vendetta<br /></span>
+<span class="i0">il ciel me invita,<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>descarg&oacute; en la cabeza del perro el trancazo descomunal que reservaba,
+sin duda, para la po&eacute;tica Ofelia... Luego, como el borracho que,
+engolosinado con la primera copa, no para ya hasta apurar la botella,
+comenz&oacute; a menudear sobre los lomos del animal una granizada de golpes,
+una lluvia de palos, como jam&aacute;s se registr&oacute; igual en los anales perrunos
+de la helada pen&iacute;nsula Kamschatka. Jadeante y sudoroso, volvi&oacute; a su
+cuarto, desnud&oacute;se apresuradamente y se meti&oacute; en la cama.</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">&iexcl;Morro, ma vindicato<br /></span>
+<span class="i0">Si, doppo lei morro!<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Diez minutos despu&eacute;s volvi&oacute; a levantarse y pidi&oacute; la berlina; fuese
+derecho a Fornos, despu&eacute;s al Casino, luego al Veloz, recibiendo por
+todas partes enhorabuenas e interpelaciones acerca del suceso que todo
+Madrid comentaba; hac&iacute;a con grandes reserva y disimulo, al o&iacute;do de
+cuantos amigos prudentes se iba encontrando, cierta pregunta misteriosa.</p>
+
+<p>Encog&iacute;anse algunos de hombros; otros se echaban a re&iacute;r; contest&aacute;banle
+<span class='pagenum'><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>todos que no, y Villamel&oacute;n segu&iacute;a adelante con su enigm&aacute;tico empe&ntilde;o.
+Encontr&oacute;se, al cabo, en un apartado gabinete del Veloz, a un viejo con
+grandes patillas canas y una cabellera blanca y espes&iacute;sima, m&aacute;s digna de
+coronar la frente del rey Lear que aquel rostro encarnado y granujiento
+en que hab&iacute;a dejado impresa su huella todos los vicios. Contrastaba su
+indisputable aire de gran se&ntilde;or con su traje abandonado y hasta sucio, y
+d&aacute;bale todo ello el aspecto de un anciano monarca disfrazado de tendero.
+Hall&aacute;base sentado ante una gran botella de ginebra, que despachaba poco
+a poco en una inmensa copa de cristal, echando de cuando en cuando
+algunos terrones de az&uacute;car. Llam&aacute;base Pedro de Vivar, era segund&oacute;n de
+una gran casa, viv&iacute;a del juego el tiempo que no estaba borracho y
+hac&iacute;anle famoso en Madrid su cinismo y sus cuentos chocarreros,
+conoci&eacute;ndole todo el mundo por el nombre de Di&oacute;genes. Era de esas
+personas que han llegado a tener <i>cosas</i>, y una vez en posesi&oacute;n de esta
+ejecutoria, pueden ya cometer a mansalva toda clase de desmanes sin otro
+temor que el de ver a las gentes encogerse de hombros murmurando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cosas de Fulano!</p>
+
+<p>Sab&iacute;alo &eacute;l muy bien y aprovech&aacute;base de ello para decir a todo el mundo
+las mayores desverg&uuml;enzas con el acierto que le inspiraba siempre su
+claro entendimiento y su mucha pr&aacute;ctica del mundo. Era un sinapismo
+ambulante, que dejaba siempre al pasar algunas ampollas levantadas.</p>
+
+<p>Acerc&oacute;sele, pues, el inocente Villamel&oacute;n, preocupado por su idea, y
+despu&eacute;s de algunas palabras insignificantes que dieron tiempo a Di&oacute;genes
+para vaciar por dos veces la copa, solt&oacute; al fin la pregunta misteriosa
+mirando a todas partes con cuidado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hombre, Di&oacute;genes!... T&uacute; que conoces a todo el mundo, &iquest;podr&iacute;as decirme
+<span class='pagenum'><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span>qui&eacute;n es la familia de Cucurbit&aacute;ceas?</p>
+
+<p>Mir&oacute;le Di&oacute;genes un momento de hito en hito, pensando sin duda que m&aacute;s
+presto se conoce la necedad o el talento de un hombre por sus preguntas
+que por sus respuestas, y d&iacute;jole al cabo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo creo!... Ven ac&aacute;...</p>
+
+<p>Y llev&aacute;ndole frente a un espejo, y cogi&eacute;ndole con una mano por el
+cogote, diole con la otra una gran palmada en la cabeza, a&ntilde;adiendo muy
+serio:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; tienes a la madre...</p>
+
+<p>Luego, grit&oacute;le desaforadamente al o&iacute;do:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">No se envanezca de su ilustre raza<br /></span>
+<span class="i0">Quien debi&oacute; ser mel&oacute;n y es calabaza!!!...<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Al otro d&iacute;a, los peri&oacute;dicos ministeriales de la ma&ntilde;ana romp&iacute;an al fin la
+estudiada reserva que se hab&iacute;an impuesto, y uno de ellos, <i>La Espa&ntilde;a con
+Honra</i>, publicaba un peque&ntilde;o suelto en que se ve&iacute;a la manaza de Mart&iacute;nez
+levantando la punta del velo que encubr&iacute;a el suceso, con esa t&aacute;ctica
+refinada de la malicia que, sin necesidad de nombrar, designa se&ntilde;alando
+con el dedo.</p>
+
+<p>&laquo;Ayer&mdash;dec&iacute;a el peri&oacute;dico&mdash;ha sido objeto de grandes comentarios en
+todos los c&iacute;rculos la visita de la polic&iacute;a al palacio de los se&ntilde;ores
+marqueses de Villamel&oacute;n, previo auto del juez y orden del gobernador,
+<span class='pagenum'><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span>seg&uacute;n prescriben las leyes vigentes. Por un lamentable descuido del
+jefe del orden p&uacute;blico fueron comprendidos entre los papeles pol&iacute;ticos
+incautados en las habitaciones de la se&ntilde;ora marquesa algunas cartas
+importantes de &iacute;ndole puramente dom&eacute;stica. El se&ntilde;or gobernador devolvi&oacute;
+al punto caballerosamente estos papeles al se&ntilde;or marqu&eacute;s de Villamel&oacute;n,
+comprendiendo que en asuntos conyugales s&oacute;lo al marido toca hacer
+reclamaciones. Creemos, sin embargo, que el lance no tendr&aacute;
+consecuencias de ning&uacute;n g&eacute;nero, dada la prudencia proverbial de las
+personas interesadas.&raquo;</p>
+
+<p>Otro peri&oacute;dico ministerial, <i>El Puente de Alcolea</i>, completaba estas
+noticias con el siguiente sueltecito, en que no asomaba ya la manaza,
+sino la pataza del excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez, descargando una coz digna de
+la formidable pezu&ntilde;a del leg&iacute;timo <i>buey Apis</i>:</p>
+
+<p>&laquo;Es completamente inexacto que el registro llevado a cabo por la polic&iacute;a
+en el palacio del se&ntilde;or marqu&eacute;s de Villamel&oacute;n no produjese resultado
+alguno. El se&ntilde;or gobernador no err&oacute; la pista: tan s&oacute;lo equivoc&oacute; la
+pieza, y en vez de saltar la liebre salt&oacute; un venado&raquo;.</p>
+
+<p>Y m&aacute;s adelante a&ntilde;ad&iacute;a, describiendo el concurso de personajes ilustres
+que hab&iacute;an acudido al palacio de Villamel&oacute;n en aquellos momentos
+cr&iacute;ticos:</p>
+
+<p>&laquo;Con gran asombro de todos, lleg&oacute; tambi&eacute;n presuroso el se&ntilde;or marqu&eacute;s de
+Butr&oacute;n, trayendo blanca por completo su poblada barba, negra de
+ordinario, como las alas del cuervo. No es cre&iacute;ble que el sentimiento y
+el sobresalto del se&ntilde;or marqu&eacute;s fuesen tan grandes que le hicieran
+encanecer la barba de repente: creemos m&aacute;s bien que habr&iacute;a olvidado
+aquella ma&ntilde;ana los secretos de alquimia de su tocador, sin duda por no
+<span class='pagenum'><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span>tener presente la siguiente an&eacute;cdota que le recomendamos:</p>
+
+<p>Cuentan de Carlos V que, visitando una vez cierto convento de Alemania,
+vio un monje que ten&iacute;a la barba negra y el pelo blanco por completo.
+Pregunt&oacute;le la causa de tan extra&ntilde;o fen&oacute;meno, y el monje contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or... He trabajado m&aacute;s con la cabeza que con los dientes.</p>
+
+<p>Present&oacute;se algunos meses despu&eacute;s al C&eacute;sar un embajador polaco que ten&iacute;a
+el cabello negro y la barba blanca. Record&oacute; entonces Carlos la respuesta
+del fraile y dijo a sus cortesanos:</p>
+
+<p>&mdash;He aqu&iacute; un embajador que ha trabajado m&aacute;s con los dientes que con la
+cabeza.</p>
+
+<p>Sea, pues, m&aacute;s cauto en lo sucesivo el ilustre diplom&aacute;tico, si no quiere
+que se haga sobre su persona la reflexi&oacute;n que sobre el embajador polaco
+hac&iacute;a Carlos V&raquo;.</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n y Currita leyeron cada uno por su parte todas estas noticias
+y guard&aacute;ronse muy bien de comunicarse mutuamente sus impresiones,
+pareci&eacute;ndole a ella m&aacute;s prudente hacerse la sueca y a &eacute;l m&aacute;s f&aacute;cil
+hacerse el desentendido. El marqu&eacute;s, por su parte, hab&iacute;a ya desahogado
+su coraz&oacute;n en el perro amarillento de Kamschatka, y Currita se apresur&oacute;
+a desahogarlo tambi&eacute;n en la fina amistad de Juanito Velarde, que acudi&oacute;
+muy alarmado a pedir categ&oacute;ricas explicaciones del hecho. La sola fecha
+de las cartas bast&oacute; para tranquilizarle por completo, y este fiel amigo
+tom&oacute; entonces a su cargo acortar las distancias y echar a la mar
+pelillos, repitiendo al o&iacute;do de uno y otro c&oacute;nyuge la frase del pato de
+la f&aacute;bula:</p>
+
+<p class="center">Paz, caballeros, paz.
+</p>
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>
+Firm&aacute;ronse, pues, estas sin grandes repugnancias, y aquella noche
+comieron los tres juntos en familia, para ir luego a casa del marqu&eacute;s de
+Butr&oacute;n, donde Currita quer&iacute;a presentar a su amigo y protegido Juanito
+Velarde.</p>
+
+<p>Mientras tanto, las gacetillas de <i>La Espa&ntilde;a con Honra</i> y <i>El Puente de
+Alcolea</i> corr&iacute;an por todo Madrid, entre las rechiflas, burlas y
+sarcasmos de tirios y troyanos, capuletos y montescos. &iexcl;Cosa singular!
+Los que con m&aacute;s ah&iacute;nco clavaban el diente y m&aacute;s satisfechos corr&iacute;an de
+un lado a otro comentando la noticia, eran los ellos y las ellas que la
+tarde antes honraban a Currita en la Castellana como a una reina y se
+aprestaban a honrarla del mismo modo aquella noche en el baile del
+marqu&eacute;s de Butr&oacute;n; que no parece sino que en ciertas sociedades quita la
+envidia con una mano lo que la adulaci&oacute;n da con la otra, sin comprender
+que mientras m&aacute;s al desnudo deja la deformidad del &iacute;dolo que adora, m&aacute;s
+indecoroso y repugnante aparece el culto que le tributa.</p>
+
+<p>A las once, el calor y la afluencia de gente hac&iacute;an ya insoportable la
+estancia e imposible el tr&aacute;nsito por los salones del marqu&eacute;s de Butr&oacute;n:
+hall&aacute;banse abiertas de par en par cuantas puertas y ventanas hab&iacute;a en la
+casa, y m&aacute;s que concurso de gentes, parec&iacute;a aquello un confuso revoltijo
+de joyas, plumas, flores, telas vistos&iacute;simas y mujeres medio desnudas,
+entre las que se destacaban las manchas oscuras de los hombres,
+revolvi&eacute;ndose entre ellas sofocados y sudorosos, como un enjambre de
+gusanos negros que hubiera fermentado aquella compacta masa de mundo,
+demonio y carne... En el gabinete m&aacute;s pr&oacute;ximo al vest&iacute;bulo, el marqu&eacute;s y
+la marquesa de Butr&oacute;n recib&iacute;an a sus convidados, viendo desfilar con la
+misma amable sonrisa grandes nombres y grandes verg&uuml;enzas, inocencias
+completas y malicias refinadas, honras sin tacha y reputaciones
+escandalosas, barajadas y confundidas en aquella casa, sin disputa
+<span class='pagenum'><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span>alguna noble y honrada, por la imp&uacute;dica y funesta tolerancia de las
+grandes sociedades modernas.</p>
+
+<p>A las doce menos cuarto lleg&oacute; la condesa de Albornoz, imponiendo a todo
+el mundo su desverg&uuml;enza y su cinismo, haciendo fango en el mismo cieno,
+seg&uacute;n la en&eacute;rgica expresi&oacute;n de un historiador antiguo. Ven&iacute;a apoyada en
+el brazo de Juanito Velarde y caminaba a retaguardia su marido. El
+marqu&eacute;s y la marquesa de Butr&oacute;n salieron a su encuentro, y mientras
+Fernandito les presentaba al adorado amigo, dec&iacute;a Currita con su
+encantadora vocecita de ni&ntilde;a t&iacute;mida:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es un p&iacute;caro, Butr&oacute;n, un p&iacute;caro!... No dir&eacute; yo que sea un converso,
+pero es un catec&uacute;meno que por primera vez se pone hoy nuestra ense&ntilde;a.</p>
+
+<p>Y con su abanico de plumas se&ntilde;alaba la fiel partidaria de los Borbones
+el lacito azul y blanco que, una vez desechada la Secretar&iacute;a particular
+de don Amadeo, aparec&iacute;a tambi&eacute;n en el frac de Juanito Velarde. Butr&oacute;n
+estrech&oacute; la mano de este, murmurando algunas frases corteses, y metiendo
+Currita la cabeza entre ambos con el descoco m&aacute;s infantil del mundo,
+dijo muy bajito, saltando casi de alegr&iacute;a, con la pueril vanagloria de
+la ni&ntilde;a que pescara en una fuente un pececillo encamado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Conquista m&iacute;a, Butr&oacute;n, conquista m&iacute;a!... Ya ve usted si me debe el
+partido...</p>
+
+<p>Mientras tanto, la llegada de Currita hab&iacute;a producido un murmullo
+general y un&iacute;sono en que se hermanaba la obscena chocarrer&iacute;a que con un
+gui&ntilde;o truhanesco cambiaron entre s&iacute; los lacayos del vest&iacute;bulo, con las
+pulcras y aceradas observaciones que se comunicaban al o&iacute;do las damas
+m&aacute;s relamidas que llenaban los salones. Nadie, sin embargo, dej&oacute; de
+<span class='pagenum'><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span>apretarse y estrujarse por estrechar la mano de la hero&iacute;na del d&iacute;a y
+alcanzar, aunque s&oacute;lo fuera desde lejos, alguna de las sonrisas de sus
+labios que a diestro y siniestro iba prodigando.</p>
+
+<p>Bail&oacute;se entonces, en honra suya, una especie de rigod&oacute;n de honor, en que
+tomaron parte las damas m&aacute;s ilustres y los caballeros m&aacute;s empingorotados
+que se hallaban presentes. Butr&oacute;n bail&oacute; con Currita, la marquesa con
+Fernandito, Juanito Velarde, como presentado de la hero&iacute;na, con la
+duquesa de Astorga, una de las mujeres m&aacute;s sensatas y honradas que
+figuraban en la corte.</p>
+
+<p>Creci&oacute; la marejada al comp&aacute;s de aquel rigod&oacute;n, comenzando a sublevarse
+los pudores de todas las que se cre&iacute;an con derecho a tomar parte en
+aquella honor&iacute;fica cuadrilla.</p>
+
+<p>El calor arreciaba con la mayor afluencia de gente, y muchas se&ntilde;oras se
+hab&iacute;an refugiado en un sal&oacute;n bajo que se prolongaba en un peque&ntilde;o jard&iacute;n
+tambi&eacute;n atestado de gente y vistosamente iluminado con farolillos a la
+veneciana. Varios lacayos con pelucas empolvadas y gran librea verde y
+amarilla, colores de la casa, cruzaban por todas partes, ofreciendo a la
+concurrencia, en grandes bandejas de plata, <i>sorbetes a la Albornoz</i>.
+Eran los famosos helados de naranja, servidos en la mitad de la c&aacute;scara
+de la fruta, art&iacute;sticamente vaciada al efecto. Currita, impulsada por el
+repostero de Butr&oacute;n, llegaba a las columnas de H&eacute;rcules de la celebridad
+femenina.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Magn&iacute;fico!&mdash;exclam&oacute; tomando uno la duquesa de Bara&mdash;. El pensamiento
+es oportuno... Curra simbolizada por un sorbete... No se puede dar
+imagen m&aacute;s completa de su frescura. &iquest;No es verdad, Di&oacute;genes?...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p><p>Di&oacute;genes acudi&oacute;, arrastrando los pies, y se dej&oacute; caer en una silla.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy malo&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tienes, hombre?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha de tener?&mdash;dijo Carmen Tagle&mdash;. Lo que tienen las cepas:
+oidium...</p>
+
+<p>Di&oacute;genes solt&oacute; una atrocidad, acompa&ntilde;ada de la interjecci&oacute;n favorita que
+sol&iacute;a emplear entre se&ntilde;oras, sustituyendo a otras m&aacute;s en&eacute;rgicas:
+&iexcl;Polaina!... Hab&iacute;a merendado aquella tarde en San Antonio una ensalada
+de pepinos y se le hab&iacute;an indigestado alg&uacute;n tanto. Ri&eacute;ronse mucho las
+damas, entonando el consabido estribillo:&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas tiene!&mdash;y Carmen
+Tagle, para desagraviarle, le ofreci&oacute; un sorbete diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, hombre... T&oacute;mate <i>un Curra Albornoz</i> y te curas... No es m&aacute;s
+indigesta la ensalada de pepinos que el suelto de <i>El Puente de
+Alcolea</i>, y ah&iacute; la tienes a ella bailando tan fresca.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, es mucha Curra esa!&mdash;dijo lastimeramente una se&ntilde;ora vieja,
+avellanada, pringosa, que asomaba entre rasos y blondas, como en su
+papelillo calado un dulce de alm&iacute;bar.</p>
+
+<p>&mdash;Yo nunca cre&iacute; que tuviera valor para presentarse aqu&iacute; esta
+noche&mdash;observ&oacute; otra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!... A eso y mucho m&aacute;s llega su desverg&uuml;enza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Su desverg&uuml;enza?&mdash;pregunt&oacute; Di&oacute;genes&mdash;. &iquest;Y por qu&eacute;?</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?... Capaz ser&aacute;s t&uacute; de defenderla.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues ya lo creo que la defiendo!... &iexcl;Su desverg&uuml;enza!... La
+desverg&uuml;enza de ustedes justifica la suya... Si vosotras la ten&eacute;is para
+recibirla, &iquest;por qu&eacute; no la ha de tener ella para presentarse?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya!&mdash;exclam&oacute; escandalizada la marquesa de Lebrija, presidenta
+general de tres asociaciones piadosas&mdash;. Yo quisiera que me dijera usted
+qu&eacute; se hace entonces en Madrid con esa clase de personas...</p>
+
+<p>Mir&oacute;la Di&oacute;genes de hito en hito, y con la procaz desverg&uuml;enza de su
+lenguaje de taberna, con la inexorable l&oacute;gica de su profundo buen
+sentido, contest&oacute; al cabo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cerrarles a piedra y lodo la puerta, o no quejarse, se&ntilde;ora m&iacute;a!...
+&iexcl;Polaina!... Si levanta usted la tapa del com&uacute;n, &iquest;con qu&eacute; cara viene a
+quejarse luego de que apeste?...</p>
+
+
+
+<h2><a name="Xmdash" id="Xmdash"></a><a href="#toc">&mdash;X&mdash;</a></h2>
+
+<p>Se ha dicho que la hipocres&iacute;a es un homenaje que el vicio rinde a la
+virtud, y es igualmente cierto que la falsa idea del honor es un
+acatamiento que los bribones hacen a los hombres de bien, esclavos del
+honor verdadero. Este es un hijo humano de la moral divina del
+Evangelio; aquel, una teor&iacute;a convencional dictada por la moral
+acomodaticia de los p&iacute;caros y los necios; aquel defiende, cual una
+coraza de brillante acero, la pureza del alma y la rectitud de la
+conciencia, y este pretende defender con la celada de Bayardo al gran
+polichinela social, revestido de todas las miserias y todas las
+<span class='pagenum'><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span>ridiculeces humanas.</p>
+
+<p>De aqu&iacute; que el honor, seg&uacute;n estos, nunca pueda perderse, y se ofenda con
+raz&oacute;n el embustero porque le digan que miente, y el ratero pida una
+satisfacci&oacute;n al que le acusa de robo, y el presidiario que arrastra una
+cadena pueda llevar al campo del honor al juez que se la ha impuesto. De
+aqu&iacute; tambi&eacute;n que la sangre que mancha la conciencia lave el honor hasta
+dejarlo limpio, y sean llamados a resolver casos de honra hombres que
+jam&aacute;s conocieron la verg&uuml;enza: Eacos, Minos y Radamante, vac&iacute;os de
+mollera o cargados de picard&iacute;as, que s&oacute;lo por deficiencias del C&oacute;digo no
+llevan otra cadena que la que les sujeta el reloj en el chaleco. De aqu&iacute;
+tambi&eacute;n que la condesa de Albornoz tuviera as&iacute; mismo su cachuco de
+honor, y se lo hubiera herido profundamente el suelto de <i>La Espa&ntilde;a con
+Honra</i>.</p>
+
+<p>Hay personas que padecen una especie de estrabismo moral que les hace
+ver lo flaco donde est&aacute; lo gordo, y lo gordo donde s&oacute;lo lo flaco existe.
+Villamel&oacute;n no vio otra cosa que le llegara al alma, en el registro de la
+polic&iacute;a, sino el que le hubiesen roto dos cristales de la mampara, y dio
+orden de que jam&aacute;s se compusiesen, recordando que Wellington nunca
+reemplaz&oacute; los de su casa, rotos por el pueblo de Londres, un d&iacute;a que
+este se olvid&oacute; de Waterloo; todo lo dem&aacute;s ech&aacute;balo &eacute;l en el mont&oacute;n de
+las bagatelas enojosas, indignas de ocupar la atenci&oacute;n de un hombre
+serio, de las <i>peque&ntilde;eces</i> de una sociedad corrompida y etiquetera, que
+rotulaba con la manoseada frase de <i>cuestiones bizantinas</i>.</p>
+
+<p>Currita, por su parte, tampoco hall&oacute; otro motivo de ofensa en lo que
+acerca de su persona publicaban los peri&oacute;dicos, que aquella coletita de
+<i>La Espa&ntilde;a con Honra</i>: &laquo;Creemos, sin embargo, que el lance no tendr&iacute;a
+consecuencias, dada la prudencia proverbial de las personas
+<span class='pagenum'><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span>interesadas&raquo;.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a Currita puesta la celada de Bayardo sobre su fama de mujer a la
+moda, y esto iba a pegarle en la cimera, a herir directamente su honor,
+significando, como significa en sustancia, que era ella una Jimena sin
+ning&uacute;n Cid que la defendiese; atroz insulto, ofensa imperdonable hecha a
+una dama que sobrepujaba en celebridad a cuantos toreros, cantantes,
+saltimbanquis, pulgas industriosas y monos sabios hab&iacute;an hasta entonces
+alcanzado fama en la corte.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo veremos!&mdash;dijo la fiera Albornoz, y nombr&oacute; al punto palad&iacute;n de su
+causa a su buen amigo Juanito Velarde.</p>
+
+<p>Larga entrevista celebraron ambos a solas hasta bien entrada la noche, y
+al despedirle Currita en la puerta del <i>boudoir</i> d&iacute;jole con suaves
+mimitos:</p>
+
+<p>&mdash;Conque quedamos en que yo encargar&eacute; el almuerzo en Fornos... y habr&aacute;
+<i>&eacute;crevisses &agrave; la Bordelaise</i>...</p>
+
+<p>Velarde hizo una mueca que parec&iacute;a una sonrisa, y sigui&oacute; adelante:
+det&uacute;vose en la puerta del sal&oacute;n y volvi&oacute; la cabeza. H&iacute;zole entonces ella
+otra cari&ntilde;osa se&ntilde;al de despedida, y &eacute;l sali&oacute; al fin lentamente,
+preocupado, como si le arrancasen de all&iacute; a la fuerza.</p>
+
+<p>La noche estaba hermos&iacute;sima, y Velarde sigui&oacute; a pie por las extraviadas
+calles que llevaban al palacio de Villamel&oacute;n, tropezando a cada paso con
+los humildes vecinos de las buhardillas y sotabancos, que tomaban el
+fresco sentados en las aceras. Presto lleg&oacute; a la Plaza de Oriente, dio
+dos vueltas en torno del jard&iacute;n circular y sent&oacute;se al cabo en un banco,
+<span class='pagenum'><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span>frente al palacio.</p>
+
+<p>Por la puerta del pr&iacute;ncipe sal&iacute;a un chorro de luz viv&iacute;sima, que cortaba
+con un gran rect&aacute;ngulo las negras sombras del adoquinado; a su reflejo
+distingu&iacute;anse los centinelas, armas al brazo, a la puerta de sus
+garitas; gentes de medio pelo, soldados y criados de servicio, por ser
+aquel d&iacute;a domingo, poblaban los jardines, ya sentados, ya paseando;
+algunos grupos de chiquillos trasnochadores corr&iacute;an de ac&aacute; para all&aacute; con
+gran algazara, ri&eacute;ndose porque se ca&iacute;an, ri&eacute;ndose porque se levantaban,
+riendo siempre con esa alegr&iacute;a de la infancia, espont&aacute;nea y
+comunicativa, que recuerda la alegr&iacute;a de los p&aacute;jaros cuando saludan al
+alba. Una rueda de ni&ntilde;as gritaba al lado mismo de Velarde, cantando
+acompasadamente:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Luna, lunera,<br /></span>
+<span class="i0">Cascabelera,<br /></span>
+<span class="i0">Dame dos cuartos<br /></span>
+<span class="i0">Para pajuela...<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>&Eacute;l, extra&ntilde;o a todo, con ambos codos apoyados en los muslos, dibujaba
+caprichosas figuras en la arena, con su elegante <i>roten</i> con pu&ntilde;o de
+malaquita... Al amanecer del d&iacute;a siguiente deb&iacute;a de batirse con el
+director de <i>La Espa&ntilde;a con Honra</i>; as&iacute; se lo hab&iacute;a exigido Currita,
+&aacute;vida siempre de ruido, confundiendo la voz de la celebridad con los
+gritos del esc&aacute;ndalo, creyendo que aquel desaf&iacute;o hab&iacute;a de colocar la
+&uacute;nica perla que faltaba a la corona merecida de su &uacute;ltima escaramuza. En
+vano le hizo presente Velarde el rid&iacute;culo inmenso que atraer&iacute;a aquel
+duelo sobre Villamel&oacute;n, sobre ella, sobre &eacute;l mismo; hab&iacute;a ya Currita
+tirado su programa, y su esp&iacute;ritu inquieto, arrastrado siempre por mil
+objetos que le atra&iacute;an sin satisfacerle, hab&iacute;ase fijado en aquel duelo
+<span class='pagenum'><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span>que ansiaba ver realizado con esa fuerza expansiva del vapor comprimido
+que caracteriza los deseos en las almas de temple en&eacute;rgico.</p>
+
+<p>&iquest;Acaso ten&iacute;a ella la culpa de que Villamel&oacute;n fuese un Juan Lanas?...
+&iquest;Iba a dejar ella que un periodistilla cualquiera se riese de su
+aislamiento?... &iquest;Ser&iacute;a capaz de abandonarla en aquel trance, &eacute;l, su
+&uacute;nico amigo, el hombre en que hab&iacute;a puesto su amistad y su confianza?...
+Y, por otra parte, la suerte de ambos estaba ligada y &eacute;rales necesario,
+desde luego, hablar gordo a aquella gentuza: a ella, para que
+entendiesen de una vez para siempre que sab&iacute;a hacerse respetar; a &eacute;l,
+porque era muy joven, comenzaba su carrera en el mundo, y ning&uacute;n paso
+m&aacute;s acertado, ning&uacute;n exordio m&aacute;s oportuno que poner el pie en esta senda
+erizada de peligros, descalabrando a un periodista; que no en balde se
+ha dicho:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">En aquesta salvaje y fiera liza,<br /></span>
+<span class="i0">Lleva m&aacute;s raz&oacute;n quien m&aacute;s atiza.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Adem&aacute;s, ella no ped&iacute;a ninguna cat&aacute;strofe, ning&uacute;n duelo a muerte;
+content&aacute;base con un poco de ruido, un duelo de mojiganga como tantos
+otros: cruzar un par de tiros e irse despu&eacute;s a almorzar en Fornos...
+Ella se encargaba del almuerzo y har&iacute;a poner, desde luego, <i>&eacute;crevisses &agrave;
+la Bordelaise</i>, que era, en sus d&iacute;as de broma, el plato favorito del
+buen Juanito Velarde. &iquest;Acaso pod&iacute;a darse atenci&oacute;n mas exquisita? &iquest;Por
+ventura hab&iacute;a en todo aquello algo de particular?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nada, absolutamente nada!&mdash;pensaba el palad&iacute;n trazando monigotes en
+la arena; pero ante la perspectiva del duelo, ante la idea de cruzar un
+par de tiros, parec&iacute;ale o&iacute;r ya el estampido de las armas de fuego; y a
+<span class='pagenum'><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span>este eco siniestro surg&iacute;a en su mente el fantasma del crimen, primero;
+el de la muerte, despu&eacute;s; el del infierno, por &uacute;ltimo, donde no hay
+reposo ni paz, ni descanso, ni esperanza, sino eterno llanto, eterno
+crujir de dientes, eterna rabia. Velarde quiso re&iacute;rse de esta idea que
+hab&iacute;a o&iacute;do llamar tantas veces espantajo de ni&ntilde;os y de viejas; mas la
+risa volteriana no encajaba entonces en sus labios, y se re&iacute;a, s&iacute;, se
+re&iacute;a, pero sintiendo al mismo tiempo en la ra&iacute;z del pelo cierta especie
+de molesto escalofr&iacute;o. Porque aquel hombre no era un malvado: era un
+pobre muchacho lleno de ilusiones a quien la vida del gran mundo se le
+sub&iacute;a a la cabeza, como se sube un vino de mucho cuerpo en un est&oacute;mago
+acostumbrado s&oacute;lo al agua. Al llegar de su provincia, trayendo por todo
+patrimonio algo semejante a lo que el antiguo fuero de Vizcaya asignaba
+a los segundones de casas nobles, un &aacute;rbol, una teja y una armadura,
+encontr&oacute;se de repente en medio de aquel brillante mundo, cuyas puertas
+le franqueaba su ilustre nombre, y pareci&oacute;le entonces, como a Galo en
+Roma, que detr&aacute;s de aquella asamblea de dioses nada hab&iacute;a ya. Quiso
+entonces tomar en ella asiento por derecho propio, y la casualidad y su
+bonita figura le depararon a Currita, Ang&eacute;lica a la saz&oacute;n vacante, a
+quien plugo darle en su casa el destino de Medoro. Diole esto gran
+importancia a Velarde, y agarrado a las faldas de Currita y a los
+faldones de Villamel&oacute;n, fuese introduciendo en todos los salones de la
+corte, mientras se preparaba a entrar con alg&uacute;n brillante destino en
+aquel Palacio real que ten&iacute;a delante, prefiriendo su vanidad y su
+haraganer&iacute;a la vida aparatosa del palaciego a la vida activa del
+pol&iacute;tico. As&iacute; se lo promet&iacute;a Currita a todas horas, y as&iacute; se lo hab&iacute;a
+prometido la noche antes el marqu&eacute;s de Butr&oacute;n, el astuto viejo que
+barr&iacute;a para dentro en los tiempos de desgracia, mientras no llegaba la
+hora de barrer para fuera, que ser&iacute;a seguramente la hora del triunfo.</p>
+
+<p>Velarde dej&oacute; de mirar a la tierra para mirar al Palacio que ten&iacute;a
+<span class='pagenum'><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span>delante, morada del monarca cuyo secretario particular hab&iacute;a estado a
+punto de ser... &iexcl;Qu&eacute; fastidio tener que esperar de nuevo tanto
+tiempo!... Porque preciso era que se fuese <i>aquel</i> y que viniese despu&eacute;s
+el otro, y mientras tanto, &iquest;qui&eacute;n sabe?... &iexcl;Quiz&aacute; alguno de aquellos
+tiritos que iban a cruzarse vendr&iacute;a a hacer trizas el c&aacute;ntaro de la
+lechera que Currita y Butr&oacute;n le ayudaban a fabricar!...</p>
+
+<p>De repente vino a interrumpir sus reflexiones un vozarr&oacute;n juvenil que
+resonaba a su lado, modulando entre sus discordantes notas todas las
+delicadezas del cari&ntilde;o y la ternura.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ajonde usted, madre&mdash;dec&iacute;a&mdash;. &iexcl;Si es que no coge usted n&aacute;a!...</p>
+
+<p>Velarde volvi&oacute; la cabeza y vio un aguaducho a su espalda: sentados a una
+mesilla de hierro hab&iacute;a un muchachote que parec&iacute;a un obrero y una vieja
+que era sin duda su madre. Un vaso de horchata helada de chufas estaba
+en medio, y ambos met&iacute;an dentro la cuchara, trag&aacute;ndose &eacute;l con delicia
+cuanto sal&iacute;a, mir&aacute;ndole ella con pl&aacute;cida sonrisa y mojando apenas su
+cuchara, como si le dejase a &eacute;l saborear a sus anchas la golosina y le
+bastase a ella saborear la dicha inmensa de ser aquel un obsequio del
+hijo de su alma.</p>
+
+<p>Velarde comprendi&oacute; al punto todo lo que aquello significaba, el valor
+inmenso de aquella dicha comprada por ocho cuartos, y una oleada de
+afectos y sentimientos dormidos se levant&oacute; entonces de su coraz&oacute;n,
+poni&eacute;ndole de repente delante todo el pasado, con la amargura del bien
+por nuestra culpa perdido, con la poes&iacute;a que reviste en la mente de la
+juventud todo recuerdo, con ese vago hormigueo de sombras queridas que
+despiertan en la imaginaci&oacute;n toda &eacute;poca lejana... En medio estaba su
+madre, cuyo primog&eacute;nito era, y en torno sus hermanos peque&ntilde;itos,
+llorando todos, como los hab&iacute;a dejado &eacute;l tres a&ntilde;os antes al darles el
+<span class='pagenum'><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span>&uacute;ltimo abrazo. Ella le hab&iacute;a estrechado entonces contra su coraz&oacute;n con
+delirio, con fuerza incre&iacute;ble, como si quisiese incrustarle a &eacute;l en el
+pecho todo lo que le amaba o quisiera incrustarse en el suyo propio
+aquella imagen tan querida; su frente ya arrugada descansaba en su
+hombro, y sus labios temblorosos le dijeron al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Juan, hijo m&iacute;o!... &iexcl;Que seas buen cristiano y reces a la Virgen de
+Regla!... &iexcl;Que te acuerdes de tu padre, que muri&oacute; como un santo!... &iexcl;Te
+lo digo, hijo, te lo digo; lo s&eacute;, lo s&eacute;, que no puede morir bien quien
+no vive como cristiano!...</p>
+
+<p>Y luego, m&aacute;s tarde, all&aacute; por la madrugada, cuando preocupado &eacute;l con su
+viaje cerraba las maletas en su cuarto, oy&oacute; en el silencio de la noche
+moverse la llave en la cerradura: sali&oacute; al punto y encontr&oacute; a su madre a
+medio vestir, descalza, que ven&iacute;a cautelosamente de puntillas a mirar
+por el ojo de la llave.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso, mam&aacute;?... &iquest;Tiene usted algo?</p>
+
+<p>&mdash;No, hijo, nada; no tengo nada... &iexcl;Es que quer&iacute;a verte otra vez, hijo
+del alma!... &iexcl;Es que te vas ma&ntilde;ana!...</p>
+
+<p>Y volvi&oacute; a decirle al o&iacute;do, llorando, con la energ&iacute;a de la fe que ofrece
+un remedio seguro, con la angustia del amor que se agarra a una
+esperanza:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que reces a la Virgen de Regla, Juan!... &iexcl;Que seas siempre buen
+cristiano, hijo del alma!</p>
+
+<p>Velarde sinti&oacute; verg&uuml;enza de s&iacute; mismo, y la ola misteriosa subi&oacute;, subi&oacute;
+del coraz&oacute;n a los ojos, hasta hacerle llorar, con la cabeza entre las
+<span class='pagenum'><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>manos, llorar a l&aacute;grima viva, llorar tambi&eacute;n sollozando, con m&aacute;s
+debilidad que una mujer, con m&aacute;s pavor que un ni&ntilde;o... &iexcl;Su madre s&iacute; que
+le adoraba!... &iexcl;No le aconsejar&iacute;a ella cruzar un par de tiros,
+ofendiendo a Dios; ponerse delante de una bala con riesgo de perder la
+vida, con riesgo de perder el alma! &iexcl;Y se hab&iacute;an pasado ya tres a&ntilde;os sin
+verla!... &iexcl;Y estaba tan lejos la santa viejecita! &iexcl;Y acababa &eacute;l, ingrato
+y perverso, de dejar pasar cerca de dos meses sin escribir una letra a
+la pobre anciana!...</p>
+
+<p>Velarde sinti&oacute; la necesidad de escribirle al punto, de vaciar en un
+papel aquel cari&ntilde;o, aquella angustia, aquellas l&aacute;grimas que le
+asfixiaban, y a grandes pasos tom&oacute; el camino de su casa, repasando lo
+que hab&iacute;a de decirle, hilvanando una carta llena de cari&ntilde;o, de
+protestas, de esperanzas halag&uuml;e&ntilde;as, de todo lo que a ella m&aacute;s le
+gustara... &iexcl;Celebraba ella tanto sus gracias! &iexcl;Cu&aacute;nto se hab&iacute;a re&iacute;do
+veinte a&ntilde;os atr&aacute;s, cuando explic&aacute;ndole un d&iacute;a el catecismo, se espantaba
+&eacute;l de que fueran s&oacute;lo tres los enemigos del alma!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;N&aacute;a m&aacute;s?&mdash;dec&iacute;a muy asombrado, y la madre se re&iacute;a, se re&iacute;a... &iexcl;Dios
+m&iacute;o! &iexcl;De qu&eacute; manera tan distinta se re&iacute;a &eacute;l veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, en
+medio de sus l&aacute;grimas!... &iexcl;Ay! &iexcl;Entonces ten&iacute;a &eacute;l seis a&ntilde;os, y preciso
+fue que pasaran otros veinte para hacerle comprender que eran s&oacute;lo tres
+en efecto, y que con ellos solos bastaba y sobraba!...</p>
+
+<p>A la mitad de la calle del Arenal comenz&oacute; a seguirle un muchacho,
+empe&ntilde;ado en venderle un d&eacute;cimo de la loter&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ma&ntilde;ana se juega!&mdash;gritaba.</p>
+
+<p>Velarde lo rechaz&oacute; por dos veces impaciente, d&aacute;ndole la &uacute;ltima vez un
+<span class='pagenum'><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span>palo; mas variando de pronto de opini&oacute;n, volvi&oacute; atr&aacute;s y le compr&oacute;, no
+s&oacute;lo el d&eacute;cimo, sino el billete entero. &iexcl;Si aquel billete saliese
+premiado, cu&aacute;ntas cosas hab&iacute;a de hacer entonces!... Y pensando en ello y
+haciendo combinaciones, lleg&oacute; Velarde al final de la calle del Pr&iacute;ncipe,
+donde estaba situada su casa: pidi&oacute; luz y se encerr&oacute; en su cuarto. En un
+caj&oacute;n de su escritorio estaba en un cuadrito la estampa de la Virgen de
+Regla que el d&iacute;a de su marcha le hab&iacute;a regalado su madre; p&uacute;sola en pie,
+delante de s&iacute;, apoyada en el tintero, y comenz&oacute; a escribir, a escribir,
+y se llev&oacute; dos horas escribiendo... Estaba content&iacute;simo; sus negocios
+marchaban muy bien, y la Restauraci&oacute;n era cosa segura. La condesa de
+Albornoz...</p>
+
+<p>&iexcl;Oh, no, no, no!... &iexcl;Imposible que figurara aquel nombre en aquella
+carta!...</p>
+
+<p>Borr&oacute;lo, pues, con apretadas y menudas tachaduras, para que no pudiera
+entenderse, y puso en su lugar el marqu&eacute;s de Butr&oacute;n... El marqu&eacute;s de
+Butr&oacute;n le hab&iacute;a asegurado que no tardar&iacute;a un a&ntilde;o, y prometido para
+entonces un porvenir brillant&iacute;simo. Esta ser&iacute;a la ocasi&oacute;n de pensar en
+el de los ni&ntilde;os: Enrique y Pedro podr&iacute;an venirse con &eacute;l a Madrid, y
+Luisito, el chiquit&iacute;n, su ni&ntilde;o querido, su ojito derecho, podr&iacute;a
+quedarse all&iacute; hasta que se graduara de bachiller... Pero de esto ya
+hablar&iacute;an despacio, porque pensaba... &iexcl;Ah!, pensaba... &iquest;No lo hab&iacute;a ella
+adivinado?... &iquest;El coraz&oacute;n no se lo hab&iacute;a dicho? Pues pensaba ir a pasar
+con ellos todo el mes de agosto y quedarse all&iacute; hasta el 8 de
+septiembre, para hacer con toda la familia la novena de la Virgen de
+Regla... Luego ven&iacute;an las preguntas sin fin, despu&eacute;s los encargos sin
+cuento, y, a lo &uacute;ltimo, el trueno gordo, lo que hab&iacute;a de hacer estallar
+de gozo y de consuelo el coraz&oacute;n de su pobre viejecita... El d&iacute;a 3 de
+julio, aniversario de la muerte de su padre, ir&iacute;a a confesar y comulgar,
+<span class='pagenum'><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span>para solemnizar en lo posible aquella trist&iacute;sima fecha.</p>
+
+<p>Y conforme lo iba escribiendo, as&iacute; lo iba pensando el desdichado,
+pidi&eacute;ndole al mismo tiempo a la Virgen de Regla que le sacara en bien de
+aquel par de tiritos que a la ma&ntilde;ana siguiente hab&iacute;an de cruzarse...
+Porque, claro est&aacute;, que en aquello estaba ya su honor interesado: era
+negocio resuelto, pecado cometido de que le era ya imposible excusarse.</p>
+
+<p>Ech&oacute; entonces &eacute;l mismo la carta en el correo, y a las dos se acost&oacute; sin
+desnudarse del todo, para descansar hasta el alba. El cansancio de la
+noche precedente, pasada en el baile del marqu&eacute;s de Butr&oacute;n, le rindi&oacute;
+bien pronto y durmi&oacute;se al fin pensando en su madre, que le llevaba de la
+mano, como cuando era ni&ntilde;o, al santuario de la Virgen de Regla,
+encaramado sobre un pe&ntilde;asco, dominando el mar que se confunde en el
+horizonte con el cielo, como si fuese imposible presentar dos im&aacute;genes
+distintas del infinito, y vuelve despu&eacute;s, soberbio siempre y constante,
+a estrellarse contra las rocas de la costa, mugiendo como una
+desesperaci&oacute;n eterna e impotente...</p>
+
+<p>A las cuatro despert&oacute; Velarde despavorido, porque su criado le sacud&iacute;a
+bruscamente por un brazo: hab&iacute;an llegado dos se&ntilde;ores en un coche, y se
+espantaban y no pod&iacute;an creer que estuviese dormido todav&iacute;a. Visti&oacute;se
+apresuradamente, baj&oacute; azorado, aturdido, y entr&oacute; con ellos en el coche;
+y este comenz&oacute; a rodar, sin que &eacute;l se diese cuenta de lo que hablaban,
+ni de lo que le dec&iacute;an, ni del camino que tomaban, ni pudiera definir
+otra cosa en su mente que un cartel de toros pegado en la esquina de la
+casa de Alca&ntilde;ices y un guardia que, al pasar ellos, abr&iacute;a la verja del
+Retiro, con grandes patillas blancas, iguales a las de Di&oacute;genes. &iquest;Por
+qu&eacute; tendr&iacute;a aquel hombre patillas y no bigote?... Esto le preocup&oacute; un
+momento, y volvi&oacute; a acordarse de ello cuando, una hora despu&eacute;s, se
+deten&iacute;a el coche a la entrada de una inmensa alameda formada por &aacute;rboles
+frondos&iacute;simos, en que miles y miles de p&aacute;jaros cantaban en todos los
+<span class='pagenum'><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span>tonos las maravillas de Dios... Hab&iacute;a all&iacute; un hombrecillo con patillas
+ralas y gafas de oro, tan p&aacute;lido como &eacute;l, tan azorado y tembloroso, con
+otros dos se&ntilde;ores muy serios. Pareci&oacute;le a Velarde que hablaban entre s&iacute;,
+y med&iacute;an el terreno, y le daban a &eacute;l una pistola y otra al hombrecillo,
+y los pon&iacute;an a los dos frente a frente. Son&oacute; luego una palmada, despu&eacute;s
+un tiro... Velarde dio un salto atroz y un alarido horrible, y &aacute;rboles,
+montes, tierra y firmamento giraron bruscamente derrumb&aacute;ndose sobre &eacute;l
+para aplastarle: ceg&oacute;le despu&eacute;s una nube de sangre, luego otra negra, y
+despu&eacute;s nada... nada m&aacute;s vio en la tierra...</p>
+
+<p>S&oacute;lo ver&iacute;a en lo alto a Jesucristo, vivo y terrible, que se adelantaba a
+juzgarle, y detr&aacute;s la eternidad, oscura, inmensa, implacable.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XImdash" id="XImdash"></a><a href="#toc">&mdash;XI&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>La noticia de la muerte de Velarde lleg&oacute; a Madrid al punto, y la condesa
+de Mazac&aacute;n fue la primera que se present&oacute; en casa de la Albornoz con la
+intenci&oacute;n da&ntilde;ad&iacute;sima de darle la triste nueva. Inmut&oacute;se Currita
+atrozmente, y por un momento pareci&oacute; que el mundo entero se le ven&iacute;a
+encima.</p>
+
+<p>&mdash;En Madrid ha hecho esto una impresi&oacute;n horrible&mdash;dijo la Mazac&aacute;n
+apretando el torniquete&mdash;; todo el mundo habla de su pobre madre: era &eacute;l
+su &uacute;nico amparo...</p>
+
+<p>Currita comprendi&oacute; el terrible reproche que esta intencionada
+observaci&oacute;n encerraba, y sin tiempo para reflexionar, y convirtiendo en
+<span class='pagenum'><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span>ira contra los dem&aacute;s el propio remordimiento, achaque com&uacute;n de todos
+los mezquinos, olvid&oacute;se de su suavidad y mansedumbre, y se revolvi&oacute;
+furiosa, como una gata arisca a que pisan el rabo; en la impetuosidad de
+su ira, cometi&oacute; la imprudencia de disculparse:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; tengo yo que ver con eso?&mdash;grit&oacute;&mdash;. &iquest;Acaso le he dicho yo que
+se bata? &iquest;Qui&eacute;n le mand&oacute; meterse en camisa de once varas?... Tambi&eacute;n el
+papel de don Quijote tiene sus quiebras, hija m&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;Y las suyas el de Dulcinea del Toboso, querida&mdash;replic&oacute; la Mazac&aacute;n
+comenzando a sulfurarse.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo creo que las tiene!... Sobre todo cuando se atraviesa lo que yo
+me s&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; es ello?...</p>
+
+<p>&mdash;La envidia, hija, la envidia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La envidia?... &iquest;De qui&eacute;n?...</p>
+
+<p>&mdash;Tuya, por ejemplo.</p>
+
+<p>La Mazac&aacute;n salt&oacute; a su vez hecha una hiena, porque el tiro fue a dar en
+el blanco.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;M&iacute;a?...&mdash;grit&oacute;&mdash;&iquest;Yo... envidia... de ti? &iquest;De la Villamel&oacute;n? &iquest;De la
+Vi... lla... me... lo... na?</p>
+
+<p>Y se re&iacute;a con una carcajada en que iban envueltos todos los rencorcillos
+<span class='pagenum'><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span>mujeriles de tiempos atr&aacute;s almacenados, mientras acentuaba las s&iacute;labas
+de aquel Vi... lla... me... lo... na, que era, por una extra&ntilde;a man&iacute;a, el
+mayor insulto que pod&iacute;a hac&eacute;rsele a Currita.</p>
+
+<p>Entonces comenz&oacute; entre la espiritual Ofelia y la Diana cazadora una
+contienda digna de tener a Pedro L&oacute;pez por cronista. Pele&aacute;ronse como dos
+rabaneras, lanz&aacute;ronse a la cara verdades y calumnias, pu&ntilde;ados de fango
+amasado con agua de Colonia, con el desparpajo y el encono de dos
+Marfisas o Bradamantes de cabo de barrio, dispuestas a agarrarse por el
+mo&ntilde;o y rodar por la mullida alfombra, lo mismo que ruedan las otras por
+en medio del arroyo. La Mazac&aacute;n hab&iacute;a roto los guantes apretando los
+pu&ntilde;os y daba gritos con su hermosa voz de soprano. La otra, tiesa en su
+asiento, erguida la cabecita como la de una v&iacute;bora que se defiende,
+escup&iacute;a sus desverg&uuml;enzas sin moverse, sin mirar a ninguna parte, como
+una figurilla de ira petrificada.</p>
+
+<p>En mitad de la contienda aludi&oacute; Isabel Mazac&aacute;n a las cartas del
+artillero, y este recuerdo trajo otro a la memoria de Currita, que
+pareci&oacute; causarle grande sobresalto. March&oacute;se atropelladamente dejando a
+su rival con el insulto en la boca y corri&oacute; en busca de Kate, su
+doncella. Juanito Velarde deb&iacute;a de tener una porci&oacute;n de cartas suyas y
+era preciso recogerlas sin p&eacute;rdida de tiempo antes de que fuesen a parar
+a otras manos y resultase alg&uacute;n compromiso como el de marras. Kate subi&oacute;
+apresuradamente a un coche, y una hora despu&eacute;s entregaba todas las
+cartas a su se&ntilde;ora: entre ellas ven&iacute;a por equivocaci&oacute;n el billete de la
+loter&iacute;a que la noche anterior compr&oacute; Juanito Velarde al retirarse a su
+casa. &iexcl;Extra&ntilde;a burla de la suerte! Aquel billete estaba premiado con
+15.000 duros, que, despu&eacute;s de tirar muy despacio sus planes, se apresur&oacute;
+a cobrar la condesa de Albornoz secretamente.</p>
+
+<p>Madrid entero comenz&oacute; a desfilar otra vez por casa de Currita, d&aacute;ndole
+<span class='pagenum'><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span>el p&eacute;same por aquella desgracia, con uno de esos cinismos de que ofrece
+la corte frecuentes ejemplos... Ella estaba pasada de pena; hab&iacute;a
+sentido en el alma la muerte de aquel pobre muchacho, tan simp&aacute;tico, tan
+cari&ntilde;oso, apegado como un perro a Fernandito y a ella... El golpe hab&iacute;a
+sido atroz, y se encontraba mala de resultas; porque ella no sab&iacute;a nada,
+nada... &iexcl;Claro est&aacute;! Hab&iacute;ase guardado muy bien el pobrecillo de decirles
+una palabra a Fernandito y a ella, comprendiendo que, por delicadeza le
+impedir&iacute;an, desde luego, semejante disparate... Porque, despu&eacute;s de todo,
+hab&iacute;a sido aquella una impertinencia de bon&iacute;sima intenci&oacute;n; una de esas
+pruebas de amistad que se prestan a interpretaciones a pesar de su
+hero&iacute;smo, y llegan hasta a ofender el decoro... y por otra parte, tra&iacute;a
+aquello una cola larga, larga, que les era muy gravosa...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; bajaba Currita la voz, y a&ntilde;ad&iacute;a en el mayor secreto al o&iacute;do de los
+charlatanes y charlatanas de profesi&oacute;n que m&aacute;s fama de ello gozaban en
+la corte:</p>
+
+<p>&mdash;Fig&uacute;rese usted que esa pobre gente no tiene fortuna y la madre queda
+en la miseria... Yo no la conozco; pero claro est&aacute; que es cuesti&oacute;n de
+delicadeza... Por eso Fernandito y yo hemos tenido que hacer un
+sacrificio, y ya est&aacute;n depositados en el Banco de Espa&ntilde;a 15.000 duros
+para que esa infeliz cobre la renta...</p>
+
+<p>Y as&iacute; era, en efecto: Currita hab&iacute;a depositado en el Banco de Espa&ntilde;a los
+15.000 duros ganados a la loter&iacute;a por Velarde, y escrito luego una carta
+a la madre de este, d&aacute;ndole el p&eacute;same por la <i>heroica muerte</i> de su hijo
+y lament&aacute;ndose de aquel duelo a que su excesiva caballerosidad le hab&iacute;a
+arrastrado. A&ntilde;ad&iacute;ale despu&eacute;s, con un rodeo no exento de habilidad ni de
+ficticia delicadeza, que si&eacute;ndoles conocidas las circunstancias de su
+posici&oacute;n a su marido y a ella, quer&iacute;an ambos demostrar la amistad &iacute;ntima
+que con el simp&aacute;tico Juanito les un&iacute;a, ofreci&eacute;ndole a ella una renta y
+<span class='pagenum'><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span>un capital que quedaban depositados en el Banco de Espa&ntilde;a y cuyos
+resguardos le enviaba adjuntos.</p>
+
+<p>Y una vez terminada esta carta, Currita se encogi&oacute; de hombros y se qued&oacute;
+tan fresca.</p>
+
+<p>Mientras tanto, nadie se cuidaba de preparar a aquella pobre madre para
+el golpe atroz que la amagaba; y feliz ella con la carta de Juanito,
+dispon&iacute;ase, con la exagerada previsi&oacute;n del cari&ntilde;o que se complace en
+forjar necesidades que no existen, por el solo gusto de ponerles
+remedio, a preparar las habitaciones de aquel hijo querido que, no
+obstante su ingratitud y sus defectos, se le presentaba entonces como el
+modelo m&aacute;s acabado de amor de hijos. Nada hay tan dispuesto a perdonar
+como el coraz&oacute;n de una madre, ni nada tampoco como la ausencia para
+borrar de la memoria los defectos de las personas queridas, y poner s&oacute;lo
+delante sus buenas prendas y los momentos de dicha debidos a su cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>Entr&oacute;, pues, en aquellas habitaciones cerradas tres a&ntilde;os hac&iacute;a,
+santuario de su amor de madre que ella sola visitaba, y comenz&oacute; a
+disponer lo que hab&iacute;a de retirarse, lo que hab&iacute;a de sustituirse y lo que
+se hab&iacute;a de a&ntilde;adir, para que nada faltara al hu&eacute;sped y encontrase all&iacute;
+satisfechas las nuevas necesidades que hubiese adquirido en la corte.
+Anunci&aacute;ronle, entonces, la visita del p&aacute;rroco, y ella baj&oacute; alg&uacute;n tanto
+extra&ntilde;ada, porque era la hora intempestiva por todos conceptos. El buen
+se&ntilde;or hab&iacute;a le&iacute;do en los peri&oacute;dicos la terrible cat&aacute;strofe, y corri&oacute;
+desolado a casa de la infeliz madre para prepararla poco a poco, antes
+que alg&uacute;n indiscreto le diera la noticia de un golpe.</p>
+
+<p>Con mil angustias y rodeos, y sin saber &eacute;l mismo lo que se dec&iacute;a,
+comenz&oacute; su triste tarea, viniendo a decirle al cabo que su hijo estaba
+<span class='pagenum'><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span>enfermo en Madrid y muy grave.</p>
+
+<p>La pobre mujer salt&oacute; de la silla blanca cual un papel, extra&ntilde;ada y casi
+irritada como si fuese aquello una broma horrible que vinieran a darle.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Imposible!&mdash;grit&oacute;&mdash;. &iexcl;Si me escribi&oacute; ayer! &iexcl;Si tengo yo aqu&iacute; la
+carta!...</p>
+
+<p>Y daba vueltas como loca por el cuarto busc&aacute;ndola, y la puso abierta
+ante los ojos del cura, temblando como una azogada, con los ojos
+desencajados, sintiendo horribles escalofr&iacute;os que le comenzaban en la
+nuca y le segu&iacute;an por toda la espalda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo ve usted? &iquest;Lo ve usted?...&mdash;dec&iacute;a&mdash;. Y viene por el mes de
+agosto... hasta la Virgen de Regla... Y el d&iacute;a 3 se va a confesar...
+&iexcl;No, no, imposible que se muera! &iexcl;Hijo de mi alma!...</p>
+
+<p>Acudieron los tres chicos y las dos criadas, demudados todos,
+presintiendo, al o&iacute;r los gritos de su madre, despu&eacute;s de la entrada del
+cura, alguna espantosa cat&aacute;strofe. Este le tom&oacute; la carta, y comprendi&oacute;
+por la fecha que la hab&iacute;a escrito el desdichado algunas horas antes de
+su muerte.</p>
+
+<p>&mdash;Por desgracia, mis noticias son posteriores&mdash;dijo&mdash;. Despu&eacute;s de
+escrito esto, le atac&oacute; una apoplej&iacute;a fulminante, y est&aacute; muy grave... muy
+grave.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s del alma!... &iexcl;Virgen de Regla!&mdash;exclam&oacute; la madre; y clavando su
+mano en el brazo del cura e hinc&aacute;ndole los ojos en la cara, le pregunt&oacute;
+con los labios blancos:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;Y se ha confesado?... &iquest;Sabe usted si se ha confesado?</p>
+
+<p>El cura no respondi&oacute;, y ella volvi&oacute; a repetir la pregunta, sacudi&eacute;ndole
+el brazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Su alma, se&ntilde;or cura, su alma sobre todo!&mdash;exclamaba con angustia que
+hubiera roto un coraz&oacute;n de piedra.</p>
+
+<p>Preciso fue decirle que nada se sab&iacute;a de aquello, y ella domin&oacute; de
+repente su dolor, poni&eacute;ndose a dar &oacute;rdenes para marchar a Madrid aquel
+mismo d&iacute;a, en aquel mismo momento; &oacute;rdenes secas, lac&oacute;nicas,
+terminantes, crujidos de su dolor inmenso que aguijoneaba la
+impaciencia... El correo pasaba a las cuatro, y necesitaban dos horas de
+coche para llegar a la primera estaci&oacute;n de la v&iacute;a f&eacute;rrea. Enrique
+vendr&iacute;a con ella; Pedro, a un gesto de su madre, corri&oacute; al parador a
+encargar un coche; las criadas salieron a disponer las maletas; Luisito,
+el chiquit&iacute;n, comenz&oacute; a llorar; su madre le bes&oacute; en la frente.</p>
+
+<p>&mdash;No llores&mdash;le dijo.</p>
+
+<p>Ella no derramaba una l&aacute;grima: asustado el cura, quer&iacute;a detenerla.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si no alcanza usted el tren&mdash;le dec&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Se pone un especial.</p>
+
+<p>&mdash;Eso cuesta muy caro.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo diez mil reales en casa... Y si no, se vende todo... Se pide
+limosna.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p><p>&mdash;Pero, se&ntilde;ora, espere usted...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y su alma, se&ntilde;or cura, y su alma?&mdash;gritaba ella con <i>los ojos</i> muy
+abiertos&mdash;. &iquest;Acaso esperar&aacute; la muerte?... &iexcl;Y estar&aacute; all&iacute; solo..., solo,
+el hijo de mi vida, sin su madre que le haga confesar, que le ayude a
+bien morir si Dios le llama, que le cierre los ojos y le acueste en la
+tierra!...</p>
+
+<p>Volvi&oacute; Perico demudado, tembl&aacute;ndole las manitas, queriendo sonre&iacute;r y no
+pudiendo... La voz le faltaba: no hab&iacute;a llegado al parador. &iquest;A qu&eacute;
+correr tras la desdicha, si sal&iacute;a al encuentro la esperanza?... En el
+camino hab&iacute;ale dicho Mart&iacute;n Romero que &eacute;l ten&iacute;a noticias que Juanito
+estaba mejor, casi bien del todo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo ve usted?... &iquest;Lo ve usted?&mdash;grit&oacute; la madre triunfante.</p>
+
+<p>Y tuvo una explosi&oacute;n de alegr&iacute;a formidable, rompiendo a re&iacute;r
+violentamente y entrecortando su risa con profundos sollozos sin
+l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>El cura se apresur&oacute; a desmentir aquella falsa nueva, hija de una
+compasi&oacute;n est&uacute;pida, y preciso fue ya decirle de una vez que su hijo
+hab&iacute;a muerto... Pero el cura se detuvo all&iacute; espantado y no tuvo valor
+para decirle c&oacute;mo ni cu&aacute;ndo.</p>
+
+<p>Ella recibi&oacute; el golpe encogi&eacute;ndose, retrocediendo, oscilando, dej&aacute;ndose
+caer en una silla, sin voz, sin pulso, sin alientos, sin l&aacute;grimas,
+meneando la cabeza y agitando los labios como una idiota, llev&aacute;ndose
+ambas manos al coraz&oacute;n, donde sent&iacute;a algo que se le mor&iacute;a de pronto,
+cierta cosa helada y terrible como debe de ser la muerte...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span></p><p>El cura lloraba como un ni&ntilde;o y procuraba consolarla: ella le escuchaba
+con los ojos fijos y enjutos, como se escucha un viento que brama, sin
+comprender lo que dicen sus mugidos que aterran, pero sabiendo bien que
+traen consigo el rayo y la tormenta. Sus hijos se arrojaron en sus
+brazos llorando, y al contacto de aquellas tres cabezas despert&oacute; su
+coraz&oacute;n de madre, desgarr&aacute;ndole el pecho un sollozo inmenso, y
+encontrando al fin su dolor una salida, un alivio, un consuelo: &iexcl;las
+l&aacute;grimas!...</p>
+
+<p>Todo el mundo en el pueblo respet&oacute; aquella pena sin medida, y nadie tuvo
+valor para referirle los horribles detalles de la muerte de su hijo. Mas
+a los tres d&iacute;as lleg&oacute; la carta de Currita, y all&iacute; los encontr&oacute; todos
+juntos la m&iacute;sera anciana.</p>
+
+<p>Su instinto de madre le hizo adivinar cuanto all&iacute; hab&iacute;a, y sin proferir
+una queja ni desplegar los labios l&iacute;vidos por el dolor y la ira, hizo
+pedazos los resguardos del Banco, los meti&oacute; en un sobre con la carta que
+los acompa&ntilde;aba y lo devolvi&oacute; todo a la condesa sin a&ntilde;adir una sola
+letra.</p>
+
+<p>Qued&oacute;se esta estupefacta al recibir aquella extra&ntilde;a respuesta, y se
+encogi&oacute; de hombros murmurando:</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; alguna vieja rara... &iexcl;Vaya usted a ver: una cosa hecha con tanta
+delicadeza!</p>
+
+<p>Y qued&oacute;se luego muy pensativa, porque no sab&iacute;a qu&eacute; hacerse con aquellos
+15.000 duros que hab&iacute;a pretendido regalar a su leg&iacute;tima due&ntilde;a. Sus
+escr&uacute;pulos de <i>Zapir&oacute;n</i> se resist&iacute;an a embols&aacute;rselos del todo, y el
+recto tribunal de su conciencia le aconsej&oacute; entonces emplearlos en
+alguna obra ben&eacute;fica. Ocurri&oacute;sele dar un gran baile, una fiesta
+<span class='pagenum'><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span>ruidos&iacute;sima y brillante, a beneficio de los ni&ntilde;os de la Inclusa, pero
+la estaci&oacute;n estaba ya muy adelantada; todo el mundo hab&iacute;a cre&iacute;do
+asfixiarse pocas noches antes en el baile de Butr&oacute;n, y ella deb&iacute;a
+tambi&eacute;n emprender al fin de semana su viaje a B&eacute;lgica. Entonces tuvo una
+idea felic&iacute;sima: hacer con aquel dinero un espl&eacute;ndido donativo al papa
+P&iacute;o IX, cuando fuera a visitarlo a Roma, a principios de oto&ntilde;o.
+Entusiasm&oacute;le por completo este pensamiento, que acallaba sus escr&uacute;pulos
+y satisfac&iacute;a su vanidad, imagin&aacute;ndose ver ya en todos los peri&oacute;dicos de
+Europa pomposos elogios tributados a la piadosa munificencia de la
+excelent&iacute;sima se&ntilde;ora condesa de Albornoz.</p>
+
+<p>Aquella noche lleg&oacute; Mar&iacute;a Valdivieso muy animada, cerca ya de las
+nueve... Era preciso, indispensable y urgent&iacute;simo que Currita se viniese
+con ella al Circo del Pr&iacute;ncipe Alfonso... <i>Debutaba</i> Miss Jesup, una
+<i>diva</i> mon&iacute;sima hija de un general yanqui. Hab&iacute;a venido recomendada a
+Pepa Alcocer y a otras varias de la Grandeza; Paco V&eacute;lez se lo hab&iacute;a
+dicho.</p>
+
+<p>&mdash;El lunes pasado, justamente el d&iacute;a que muri&oacute; Velarde, cant&oacute; en casa de
+Alcocer el rond&oacute; final de <i>Cerer&eacute;ntola</i>... &iexcl;Chica! En mi vida he o&iacute;do
+cosa igual: va a tener un succ&eacute;s asombroso... Conque v&iacute;stete y v&aacute;monos,
+que no quiero perder el aria final del primer acto... &iexcl;Chica! &iexcl;Qu&eacute; gran
+verdad aquella!... Yo me la apropio.</p>
+
+<p>Y se puso a cantar con mal&iacute;sima voz y detestable o&iacute;do el</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Sempre libera deggio<br /></span>
+<span class="i0">Transvolar di gioia in gioia<br /></span>
+<span class='pagenum'><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span></div></div>
+
+<p>de la <i>Traviata</i>, &oacute;pera a la saz&oacute;n muy en boga y escogida por Miss Jesup
+para presentarse por primera vez en la escena madrile&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, no, no!&mdash;dijo Currita muy displicente&mdash;. No tengo ganas de &oacute;pera.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer... &iquest;Te vas a enterrar en vida?... Tres d&iacute;as hace que no
+sales.</p>
+
+<p>&mdash;Y adem&aacute;s, ya t&uacute; ves, de luto...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero si llevas ya cinco d&iacute;as!... &iquest;A cu&aacute;ndo aguardas para dejarlo?...
+No me lo hubiera yo puesto diez minutos por Juanito Velarde, porque por
+m&aacute;s que t&uacute; digas, era muy soso, hija, muy sosito.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, me pondr&eacute; esta noche medio luto... Justamente tengo un
+vestido sin estrenar, blanco y negro; es bonito, pero no creo que pueda
+servir para otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;Pues aprovecha la ocasi&oacute;n, tonta... Pero anda lista, que es muy tarde.</p>
+
+<p>Y ella misma se levant&oacute; para tirar de la campanilla y dar a Kate las
+&oacute;rdenes necesarias.</p>
+
+<p>Currita se visti&oacute; en breve tiempo, y mientras tanto d&aacute;bale conversaci&oacute;n
+la Valdivieso, ponder&aacute;ndole la voz y la hermosura de Miss Jesup y lo
+bien que hab&iacute;a estado Stagno la noche anterior en <i>Un ballo in
+maschera</i>, sobre todo en el aria final, cuando lo asesinaban. Paco V&eacute;lez
+se lo hab&iacute;a dicho.</p>
+
+<p>&mdash;Oye, y a prop&oacute;sito de muertos... &iquest;Te contest&oacute; ya la madre de Velarde?<span class='pagenum'><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span></p>
+
+<p>&mdash;Justamente hoy he tenido carta... Por cierto que debe de ser una vieja
+rara...</p>
+
+<p>Kate se permiti&oacute; interrumpir a las dos primas, preguntando si la se&ntilde;ora
+condesa llevar&iacute;a guantes blancos o negros.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te parece, Mar&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Los blancos ir&aacute;n bien...</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que caer&aacute;n mejor los negros.</p>
+
+<p>&mdash;Traiga usted un par de cada color y lo veremos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues s&iacute;; debe de ser una vieja rara... Fig&uacute;rate que se niega a recibir
+la pensi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, mujer, qu&eacute; rareza!</p>
+
+<p>&mdash;Lo que oyes... Me escribe una carta muy agradecida, muy altisonante,
+con su poquito de deberes morales y de Providencia divina, y concluye
+diciendo que nada necesita y que todo le sobra.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mejor para ti... Eso m&aacute;s te encuentras.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, pero ya t&uacute; ves; yo ten&iacute;a hecho ya por el pobre Juanito ese
+sacrificio, y no porque la doctora de su madre se niegue me voy a volver
+atr&aacute;s... Por eso he pensado, cuando vaya a Roma por octubre, hacer el
+donativo de esos 15.000 duros al Padre Santo, para que le conceda
+<span class='pagenum'><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>indulgencias...</p>
+
+<p>Mar&iacute;a Valdivieso se qued&oacute; muy edificada, y las dos primas salieron,
+cogiendo Currita, distra&iacute;da con la conversaci&oacute;n, un guante blanco y otro
+negro. Ech&oacute; de ver su error al ir a pon&eacute;rselos, ya cerca del teatro, y
+quiso volver a su casa para cambiarlos. Mas la Valdivieso, riendo como
+una loca, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer, no seas tonta, p&oacute;ntelos... Lo tomar&aacute;n por una
+originalidad, y ma&ntilde;ana tienes ya la moda en planta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues es verdad!&mdash;exclam&oacute; encantada Currita.</p>
+
+<p>Y as&iacute; sucedi&oacute; en efecto: a todos pareci&oacute; muy chic aquel nuevo capricho,
+y a la noche siguiente se ve&iacute;an por todas partes en el teatro trajes de
+dos colores diversos con guantes de dos colores distintos.</p>
+
+<p>El <i>debut</i> de Miss Jesup alcanz&oacute; una ovaci&oacute;n ruidos&iacute;sima, y s&oacute;lo hubo
+que lamentar un chistoso rid&iacute;culo. Al final del &uacute;ltimo acto, cuando la
+hero&iacute;na acabada de expirar en la escena, y Alfredo, su padre y el doctor
+entonaban el &uacute;ltimo terceto, una racha de viento colado pill&oacute; descuidada
+a la <i>diva</i> y le arranc&oacute;, despu&eacute;s de difunta, un estrepitoso estornudo.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente no se hablaba de otra cosa en Madrid que de la ovaci&oacute;n
+de la Jesup, de su importuno estornudo y de los guantes de Currita;
+nadie se acordaba ya del nombramiento de camarera, ni de la muerte de
+Velarde, ni del registro de la polic&iacute;a.</p>
+
+<p>Currita respir&oacute; ya tranquila, viendo cortada por completo, gracias a sus
+manejos, la larga cola que hab&iacute;a profetizado Butr&oacute;n a su nombramiento de
+camarera; su consecuencia pol&iacute;tica quedaba fuera de toda duda,
+<span class='pagenum'><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span>produciendo, entre otros resultados, tres <i>peque&ntilde;eces</i> diversas:</p>
+
+<p>Una madre desolada.</p>
+
+<p>Un alma en el infierno.</p>
+
+<p>Y la moda de los guantes distintos.</p>
+
+<p>Mientras tanto, Villamel&oacute;n preparaba con grande af&aacute;n las fotograf&iacute;as de
+donde hab&iacute;an de sacarse los grabados para la <i>Revista Ilustrada</i>; todo
+lo dem&aacute;s hab&iacute;alo echado en el caj&oacute;n de las <i>cuestiones bizantinas</i>.</p>
+
+<p class="center">Fin del libro primero
+</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Libro_II" id="Libro_II"></a>Libro II</h2>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Ibmdash" id="Ibmdash"></a><a href="#toc">&mdash;I&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>El tren expreso de Marsella a Par&iacute;s tra&iacute;a cuatro horas de retraso, por
+haberse roto un puente la noche antes entre Gallician y Saint-Gilles.
+Los viajeros llegaron a las cuatro y media a la gran capital, ape&aacute;ndose
+en la <i>gare de Lyon</i>, hambrientos y malhumorados. Un hombre de unos
+treinta a&ntilde;os salt&oacute; el primero de un <i>sleeping-car</i>, y atravesando el
+and&eacute;n antes que la multitud lo invadiese, lleg&oacute; al carrefour con ese
+aire seguro y exento de toda perplejidad que anuncia siempre al viajero
+<span class='pagenum'><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span>pr&aacute;ctico en a&ntilde;agazas de aduanas, estaciones y caminos de hierro.</p>
+
+<p>Hizo una se&ntilde;al al primero de los muchos coches de alquiler que en
+ordenada fila esperaban, y el cochero acudi&oacute; presuroso, midiendo antes
+con la vista, de pies a cabeza, la traza del viajero. Tra&iacute;a este por
+todo equipaje una de esas <i>fundas</i> inglesas arrolladas en correas, que
+encierran tanto en tan poco trecho y bastan para guardar todo lo
+necesario a cualquier <i>touriste</i> ingl&eacute;s que se dispone a dar la vuelta
+al mundo.</p>
+
+<p>El cochero pareci&oacute; quedar satisfecho de su examen: entre las ricas
+pieles que forraban el abrigo del viajero, hab&iacute;a descubierto su vista
+perspicaz lo que basta para constituir un gran personaje a los ojos del
+vulgo parisiense: asomaba una cintita amarilla y blanca por el ojal de
+su americana. &iexcl;<i>Il &eacute;tait decor&eacute;</i>!...</p>
+
+<p>Al poner el pie en el estribo, limit&oacute;se a decir el viajero en franc&eacute;s
+muy bien acentuado:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Grand H&ocirc;tel</i>... <i>Boulevard des Capucins</i>...</p>
+
+<p>El coche arranc&oacute; dando tumbos como cualquier sim&oacute;n de nuestra Espa&ntilde;a, y
+el viajero no pareci&oacute; experimentar esa sorpresa mezclada de admiraci&oacute;n,
+curiosidad y entusiasmo que embarga a todo el que llega a Par&iacute;s, una,
+dos, tres y hasta cuatro o cinco veces.</p>
+
+<p>Arrellan&oacute;se en los almohadones de ra&iacute;do pa&ntilde;o azul del coche y sin
+conceder siquiera una mirada al primer aliento de Par&iacute;s, que comenzaba
+ya a ensordecer y atronar sus o&iacute;dos, arrancando de la gran plaza
+irregular de la Bastilla, en que desembocan cuatro boulevards y diez
+calles, p&uacute;sose a pasar revista con gran cuidado a los papeles contenidos
+en una bolsa de viaje, cuya correa le cruzaba el pecho de derecha a
+<span class='pagenum'><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span>izquierda.</p>
+
+<p>Ninguno de ellos faltaba: en la bolsa de la derecha hab&iacute;a varias cartas
+abiertas, algunos papeles sueltos y un peque&ntilde;o atadito de billetes de
+Banco; en la izquierda, un gran cartapacio, sellado con una corona real
+sobre lacre rojo. En el sobre dec&iacute;a:</p>
+
+<p class="center">A SU ALTEZA REAL, EL DUQUE DE AOSTA,
+REY DE ESPA&Ntilde;A.
+
+El viajero dio varias vueltas al cartapacio con cierta curiosidad
+contenida, y aun lleg&oacute; a mirar al trasluz con el intento de distinguir
+algo de lo interiormente escrito a trav&eacute;s del sobre. La satinada
+superficie del rico papel de hilo no dejaba, sin embargo, traslucir su
+secreto, y el viajero tuvo que contentarse con leer una y otra vez
+aquellas letras gordas y corridas del sobrescrito, trazadas por una mano
+m&aacute;s acostumbrada a firmar y anotar que a escribir extenso, y tan
+orgullosamente italiana sin duda, que antepon&iacute;a el triste ducado de
+Aosta a la Corona real de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>El coche hab&iacute;a cruzado, mientras tanto, el bulevar Beaumarchais y el de
+Filles du Calvaire, y llegado al del Temple, sin que el viajero hubiera
+dirigido una sola mirada a las magnificencias que va presentando Par&iacute;s a
+los ojos del que llega, a medida que se avanza hacia el bulevar des
+Italiens y el de Capucins, centro vertiginoso de la gran Babilonia y
+lupanar dorado y perfumado donde acuden a revolcarse, a costa de su oro,
+el vicio y la locura de los cuatro &aacute;ngulos de la tierra. All&iacute; la calle
+se convierte en plaza, la acera en calle; la multitud en torrente que se
+precipita con cierto relativo silencio por entre dos paredes de cristal,
+formadas por los escaparates inmensos de las tiendas atestadas de cuanto
+puede dar de s&iacute; la industria humana para transformar lo superfluo en
+necesario, lo elegante en fastuoso, lo precioso en maravilla, la vida en
+<span class='pagenum'><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>fiebre de vanidades locas y concupiscencias monstruosas.</p>
+
+<p>El viajero, abismado en sus reflexiones en medio de aquella multitud
+inmensa, cuyo rasgo caracter&iacute;stico es el de ofrecer siempre el aspecto
+del ocioso que corre en pos del placer y no del que marcha en busca del
+trabajo, hab&iacute;a acabado por sacar una carterita de piel de Rusia y
+pu&eacute;stose a ajustar en ella enmara&ntilde;adas cuentas. Al frente de una hoja
+escribi&oacute; <i>esperanzas</i> y al frente de la otra <i>realidades</i>, y as&iacute;, debajo
+de aquello que sin duda esperaba, como debajo de aquello otro que al
+parecer pose&iacute;a, comenz&oacute; a amontonar guarismos que formaban n&uacute;meros y
+estos a su vez sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, que se
+confund&iacute;an en caos aritm&eacute;tico, y vinieron a producir al cabo en la
+columna de las esperanzas, bajo una raya horizontal, esta cifra pre&ntilde;ada
+de misterios: <i>Doscientos mil duros y una cartera</i>. En la hoja de las
+realidades, el resultado no necesitaba interpretaci&oacute;n alguna; dec&iacute;a
+simplemente: <i>Cero</i>.</p>
+
+<p>Y como si todav&iacute;a hubiese podido deslizarse en aquella absoluta carencia
+de realidades alg&uacute;n error ilusorio, el viajero, rasc&aacute;ndose a veces un
+momento con el extremo del l&aacute;piz la ancha y hermosa frente, prosigui&oacute;
+trazando guarismos y haciendo c&aacute;lculos, hasta tirar otra raya
+horizontal, derecha, negra e inflexible como un destino adverso, por
+debajo de la cual apareci&oacute; esta vez algo menos que cero, una cantidad
+negativa, una deuda formidable, que era, sin duda alguna, la &uacute;nica
+realidad con que aquel hombre contaba en el mundo:</p>
+
+<p class="center"><i>&iexcl;&iexcl;150.000 duros al 15 por 100!!...</i></p>
+
+<p>El viajero qued&oacute;se un momento mirando aquella cifra angustiosa, y
+apretando el l&aacute;piz entre sus blancos dientes, hasta romperle la punta,
+apart&oacute; al fin los ojos como asustado, para fijarlos en el golpe de vista
+<span class='pagenum'><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span>m&aacute;s admirable que puede ofrecer la inmensa Babilonia de Par&iacute;s.</p>
+
+<p>El coche atravesaba entonces la Plaza de la Concordia, regada con la
+sangre de Mar&iacute;a Antonieta y Luis XVI; al frente se extend&iacute;a la calle
+Real, cerrada en el fondo por la soberbia fachada de la Magdalena,
+descansando sobre sus cincuenta y dos gigantescas columnas corintias; a
+la espalda, el palacio Borb&oacute;n, asomando por detr&aacute;s del puente de la
+Concordia, rodeado de jardines y de estatuas; a la izquierda, la avenida
+de los Campos El&iacute;seos, cerrada a enorme distancia por el Arco de la
+Estrella; a la derecha, del lado de ac&aacute; del r&iacute;o y entre los frondosos
+jardines imperiales, lo que quedaba entonces de las Tuller&iacute;as: algunos
+muros calcinados por el incendio, un tremendo desenga&ntilde;o hist&oacute;rico, una
+imagen de la majestad real, abofeteada, escupida y asesinada a
+garrotazos por Rochefort y Luisa Michel; y en medio de la plaza,
+levant&aacute;ndose entre las dos fuentes monumentales, como un gigante de
+otras edades, el decano de Par&iacute;s, el obelisco Lucsor, el amigo de los
+faraones, el testigo de las &eacute;pocas fabulosas que cuenta por meses las
+centurias y se r&iacute;e, acord&aacute;ndose de sus momias egipcias, de aquel
+hormiguero humano que a sus pies se agita, haci&eacute;ndole repetir lo que
+puso a&ntilde;os antes un poeta en su lengua de granito:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0"><i>Oh! dans cent ans, quels laids squelettes</i><br /></span>
+<span class="i0"><i>Fera ce peuple impie et fou,</i><br /></span>
+<span class="i0"><i>Qui se couche sans bandelettes</i><br /></span>
+<span class="i0"><i>Dans des cercueils qui ferme un clou!</i><br /></span>
+</div></div>
+
+<p>El viajero pasaba por toda la vista sin fijarse en nada, con esa
+indiferencia con que se mira lo que hasta la saciedad nos es conocido.
+<span class='pagenum'><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span>Tan s&oacute;lo al salir de la calle Real asom&oacute; curiosamente la cabeza, y sus
+ojos buscaron a lo lejos la famosa terraza del <i>Petit-Club</i>, m&aacute;s
+familiarmente <i>Baby</i>, que domina toda la Plaza de la Concordia y es
+punto de reuni&oacute;n y observatorio predilecto de la <i>haute gomme</i>
+parisiense.</p>
+
+<p>El d&iacute;a estaba magn&iacute;fico, y bajo un pabell&oacute;n de dril, listado de blanco y
+rojo, ve&iacute;anse algunos socios del club fumando y conversando; en la
+balaustrada de piedra que da a la plaza, dos o tres j&oacute;venes echados de
+bruces ve&iacute;an desfilar los carruajes que por la calle <i>de Boissy
+d'Anglas</i> se dirig&iacute;an al Bosque. El viajero experiment&oacute; al ver el
+pabell&oacute;n del C&iacute;rculo cierto impulso de alegr&iacute;a, y por un movimiento
+espont&aacute;neo, que ten&iacute;a mucho de pueril, quit&oacute;se el sombrero como para
+saludarle a tan enorme distancia, con tanto respeto y entusiasmo, como
+si a su sombra hubiera de encontrar <i>lo menos... 150.000 duros al 15 por
+100</i>, que daban por suma total los varios sumandos de sus realidades.</p>
+
+<p>Sin duda, sab&iacute;a muy bien que en el <i>Petit-Club</i>, en el inocente <i>Baby</i>,
+se jugaba gordo.</p>
+
+<p>Al descubrirse el viajero, qued&oacute; por completo a la vista su fisonom&iacute;a,
+presentando un extra&ntilde;o prodigio... Hubi&eacute;rase dicho que lord Byron en
+persona, abandonando su tumba de Nottingham, atravesaba la plaza de la
+Magdalena en un coche de alquiler, saludando el pabell&oacute;n del <i>Baby</i> cual
+si fuera la bandera de Inglaterra.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a aquel hombre la misma hermosura varonil del gran poeta, la misma
+bella cabeza airosamente puesta sobre un cuello nervudo, dispuesto
+siempre a enderezarse con la altanera inflexi&oacute;n del desd&eacute;n. Formaba su
+rostro el mismo &oacute;valo perfecto, con la barba un poco saliente, los ojos
+pardos hermos&iacute;simos, el cabello casta&ntilde;o, encrespado en art&iacute;sticos
+remolinos naturales sobre una frente ancha y nobil&iacute;sima, que parec&iacute;a
+<span class='pagenum'><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span>hecha expresamente para ce&ntilde;ir los laureles de una corona. Crispaba sus
+labios en ambas extremidades aquel pliegue oblicuo, huella de la
+amargura, del desprecio, del escepticismo, del vicio cansado siempre y
+no satisfecho nunca, que aparece tan al vivo en los buenos retratos de
+Byron, como si por all&iacute; se deslizaran todav&iacute;a aquellas abrumadoras
+palabras de su <i>&uacute;ltimo lamento</i>:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">&iexcl;Por todas partes, implacable y fr&iacute;o,<br /></span>
+<span class="i0">Fue detr&aacute;s de mis pasos el hast&iacute;o!...<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Dos cosas faltaban, sin embargo, al viajero para hacerle en todo
+semejante al poeta gran se&ntilde;or: su pie izquierdo no cojeaba, ni brillaba
+tampoco en su frente el rayo de genio que inspir&oacute; <i>Childe Harold</i>. Si
+por un prodigio del cielo era Byron aquel hombre, hab&iacute;a vuelto sin dudas
+al mundo dej&aacute;ndose en Nottingham su genio y su cojera, y tray&eacute;ndose tan
+s&oacute;lo la hermosura de sus veinticinco a&ntilde;os y los vicios de toda su vida.
+Aquel Byron no hubiese ido a la Grecia para liberarla, sino para
+explotarla; en sus ojos no brillaba el ansia de lo ideal, sino el
+reflejo de la sensualidad ansiosa de encontrar dinero.</p>
+
+<p>Todo en &eacute;l era, sin embargo, elegante y aristocr&aacute;tico, y desde las
+correas de piel de Rusia con hebillas y asa de plata que sujetaban su
+exiguo equipaje, hasta la cartera de la misma piel en que hab&iacute;a ajustado
+sus cuentas de realidades y esperanzas, revelaban ese se&ntilde;oril lujo de
+nimios detalles, propio de las personas nacidas y acostumbradas a vivir
+siempre en medio de la opulencia.</p>
+
+<p>Una sola nota discordante resaltaba en su traje, un detalle cursi,
+curs&iacute;simo, que s&oacute;lo pudiera concebirse en alg&uacute;n peluquero afamado o en
+<span class='pagenum'><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span>alg&uacute;n cantante italiano de segundo orden: la cintita amarilla y blanca
+que asomaba por el ojal de su americana de viaje. Mas esto probaba, por
+el contrario, un profundo conocimiento de aquel terreno que pisaba, en
+que cualquier cintajo honor&iacute;fico aseguraba el respeto y las
+consideraciones debidas a un personaje. Era una precauci&oacute;n prudent&iacute;sima,
+una especie de broquel con que se resguardaba el viajero de mil
+impertinencias para todos molestas y para &eacute;l tal vez peligrosas.</p>
+
+<p>El coche se detuvo al fin en el <i>Boulevard des Capucines</i>, ante el vasto
+p&oacute;rtico del <i>Grand H&ocirc;tel</i>. El nuevo lord Byron pag&oacute; con esplendidez al
+cochero y subi&oacute; ligeramente las gradas, top&aacute;ndose en la misma puerta con
+un viejo alto, con grandes patillazas blancas, que se dirig&iacute;a a la calle
+arrastrando los pies.</p>
+
+<p>Volvi&oacute;se el viajero r&aacute;pidamente al verle, como para evitar su encuentro,
+y entr&oacute;se en el <i>bureau de r&eacute;ception</i> para entregar su tarjeta. Mas el
+viejo, aligerando el tardo paso y alcanzando al fin al fugitivo, le
+grit&oacute; en castellano:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jacobo! &iexcl;Polaina! &iquest;Me huyes?... Se&ntilde;al de que traes dinero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Di&oacute;genes!... &iquest;T&uacute; aqu&iacute;?&mdash;exclam&oacute; Jacobo, volvi&eacute;ndose muy sorprendido y
+alborozado y estrech&aacute;ndole ambas manos con gran cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>Mas Di&oacute;genes, sacudiendo la gran cabeza y d&aacute;ndole palmadas en la
+espalda, dijo sentenciosamente:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">El hombre que nace pobre<br /></span>
+<span class="i0">Con el fr&iacute;o es comparado:<br /></span>
+<span class="i0">Todos le huyen el cuerpo,<br /></span>
+<span class='pagenum'><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span><span class="i0">No les suelte un resfriado.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Falso, fals&iacute;simo!&mdash;grit&oacute; Jacobo riendo&mdash;. Ni t&uacute; has nacido pobre,
+ni...</p>
+
+<p>&mdash;No lo soy de nacimiento, pero lo soy por enfermedad.</p>
+
+<p>&mdash;Pues j&uacute;ntate conmigo: el constipado que t&uacute; me sueltes rechazar&aacute; al que
+yo te suelte a ti... Ya sabes, querido: <i>similia similibus curantur</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; has hecho entonces en Constantinopla, embajadorcillo?... Yo
+cre&iacute; que te traer&iacute;as hasta las barbas del Sult&aacute;n.</p>
+
+<p>Jacobo levant&oacute; a la altura de las narices de Di&oacute;genes su exiguo
+equipaje, diciendo como Sim&oacute;nides:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Omnes divitiae sunt mecum!</i></p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Honrado plenipotenciario!&mdash;exclam&oacute; Di&oacute;genes&mdash;. Quien no te conozca
+que te compre: ya habr&aacute;s dejado el bot&iacute;n en la estaci&oacute;n, farsante... &iquest;De
+d&oacute;nde vienes ahora?</p>
+
+<p>&mdash;De G&eacute;nova... Y t&uacute; &iquest;qu&eacute; haces aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Pasar la pena negra, chico... Anoche me desplum&oacute; una sota: cinco mil
+francos se llev&oacute; de un golpe.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero es posible?... &iquest;Todav&iacute;a dura la afici&oacute;n?... Yo cre&iacute; que te
+<span class='pagenum'><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>hab&iacute;as cortado la coleta.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta que me entierren, chico, hasta que me entierren... Ya te dar&aacute;s
+una vuelta por el <i>Petit-Club</i>; se juega gordo... Anoche ese guacamayo
+de Ponoski hizo un copo de dos mil luises.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; aqu&iacute; Ponoski?... Con gusto le ver&iacute;a, pero me voy ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ma&ntilde;ana?... &iquest;Y ad&oacute;nde demonios vas?</p>
+
+<p>&mdash;A Madrid.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A Madrid?... &iexcl;Polaina!... &iquest;A que te peguen un balazo?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chico, chico!... &iquest;Se reparte por all&iacute; eso?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues de d&oacute;nde sales t&uacute;, embajadorcillo?... &iquest;No has visto los
+partes?... Hoy por la ma&ntilde;ana se ha largado Amadeo a Lisboa, diciendo:
+&laquo;Ah&iacute; queda eso.&raquo; Y a estas horas Figuerillas y el lorito de don Emilio
+estar&aacute;n barriendo las calles de Madrid a ca&ntilde;onazos para instalar
+decentemente la Rep&uacute;blica... Te desbancaron, chico, te desbancaron...</p>
+
+<p>Qued&oacute;se Jacobo estupefacto al o&iacute;r tales noticias, y cogiendo a Di&oacute;genes
+por un brazo, exclam&oacute; muy inmutado, como si aquella inesperada
+cat&aacute;strofe pol&iacute;tica tuviera para &eacute;l gran importancia:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; est&aacute;s diciendo?... &iexcl;Eso es imposible!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Polaina!... Ven ac&aacute; y te lo dir&aacute; quien lo sabe. Ayer present&oacute; el
+italiano su renuncia a las Cortes, y una hora despu&eacute;s estaba aceptada...
+Hoy ha salido para Lisboa a las seis, y a estas horas estar&aacute; ardiendo
+Madrid por todos los cuatro costados... M&aacute;s de veinte telegramas hay ya
+<span class='pagenum'><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span>en el <i>Grand H&ocirc;tel</i> pidiendo cuartos.</p>
+
+<p>Y mientras esto dec&iacute;a Di&oacute;genes, muy acalorado, sub&iacute;a con Jacobo las
+gradas que llevan del patio a la terraza del <i>Grand H&ocirc;tel</i>.</p>
+
+<p>Cualquiera hubi&eacute;rase cre&iacute;do all&iacute; en un sal&oacute;n aristocr&aacute;tico de la corte
+de Espa&ntilde;a: o&iacute;ase hablar por todas partes en castellano, con esa
+vehemencia y esos gritos propios de los espa&ntilde;oles cuando se exaltan, y
+en grupos y corrillos ac&aacute; y all&aacute; diseminados, ve&iacute;anse damas y gomosos de
+la aristocracia madrile&ntilde;a, hombres pol&iacute;ticos del partido de Isabel II y
+algunos de esos personajes innominados que suelen verse a todas horas y
+en todas partes, sin que nadie pueda decir de ellos sino que son un tal
+S&aacute;nchez o un tal P&eacute;rez.</p>
+
+<p>Todos discut&iacute;an las noticias de Espa&ntilde;a, haciendo pron&oacute;sticos seg&uacute;n las
+fuerzas de su imaginaci&oacute;n y la vehemencia de sus deseos, y mientras unos
+cre&iacute;an ver ya al pr&iacute;ncipe Alfonso en el trono abandonado por Aosta,
+otros se figuraban la Rep&uacute;blica arraigando al amparo de las masas
+populares de Madrid, apoder&aacute;ndose del palacio vac&iacute;o y de la corona
+vacante.</p>
+
+<p>El miedo y la distancia ennegrec&iacute;an todos los colores, y unos y otros
+conven&iacute;an en que Madrid deb&iacute;a de estar a aquellas horas convertido en un
+charco inmenso de sangre. Esper&aacute;base, pues, con grande ansiedad la
+llegada del correo, y con m&aacute;s impaciencia todav&iacute;a la vuelta del t&iacute;o
+Frasquito, que hab&iacute;a ido al pasaje Jouffroy en busca de noticias, y la
+del general Pastor y C&aacute;novas del Castillo, que hab&iacute;an sido llamados con
+grande urgencia al palacio Basilewsky por la reina destronada.</p>
+
+<p>A la derecha de la &uacute;ltima puerta del sal&oacute;n de lectura que se abre en la
+terraza, hall&aacute;banse algunas se&ntilde;oras sentadas en bancos de hierro: entre
+<span class='pagenum'><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span>ellas estaban Currita Albornoz y la duquesa de Bara. M&aacute;s lejos, de pie,
+en medio de un grupo de hombres, peroraba Leopoldina Pastor con gran
+vehemencia, optando por empu&ntilde;ar las armas y exponiendo su plan
+estrat&eacute;gico.</p>
+
+<p>La cosa era sencill&iacute;sima: bastaba con que la colonia madrile&ntilde;a residente
+en Par&iacute;s se presentase en la embajada espa&ntilde;ola, cogiera por un brazo al
+embajador y lo plantase en la calle, proclamando all&iacute; mismo por rey de
+Espa&ntilde;a al pr&iacute;ncipe Alfonso. &iexcl;Ya contestar&iacute;an al punto del otro lado de
+los Pirineos!... &iquest;Que chillaba el embajador? Pues se zambull&iacute;a al
+embajador en el Sena, que ya ten&iacute;a el tal don Salustiano vientre
+bastante para sobrenadar lo mismo que una boya... &iquest;Que Thiers se
+enfadaba? Pues se cog&iacute;a a Thiers por su copetito de pelos y se le
+enviaba a cuidar de su casa, dejando en paz la del vecino, y &iexcl;chit&oacute;n,
+chitito!...</p>
+
+<p>Re&iacute;anse los caballeros oyendo a Leopoldina, y ella les tiraba de los
+botones del chaleco, llam&aacute;ndoles indecentes. &iexcl;Ah, si tuviera ella
+pantalones!... Y casi, casi, estaba por pon&eacute;rselos como Miss Walker, la
+m&eacute;dica del Serrallo de T&uacute;nez, que paseaba en aquellos d&iacute;as los
+boulevards con calzones zuavos y chambergo.</p>
+
+<p>La llegada de Jacobo produjo mala impresi&oacute;n en todo el concurso:
+lig&aacute;banle con la mayor parte de los presentes lazos de amistad y
+parentesco, as&iacute; por parte de su familia como por la de su mujer, que
+llevaba un t&iacute;tulo ilustre entre la Grandeza. Mas, separado de esta diez
+a&ntilde;os antes, hab&iacute;a hecho en Par&iacute;s y en Italia lujos&iacute;sima vida de soltero,
+hasta que, perseguido por sus acreedores, vino a refugiarse de nuevo en
+Espa&ntilde;a el a&ntilde;o 68, tomando parte activ&iacute;sima en la Revoluci&oacute;n y
+recorriendo, al lado de Prim, las provincias andaluzas, arengando a las
+muchedumbres montado, como Lafayette, en un caballo blanco. Form&oacute; parte
+<span class='pagenum'><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>de las Cortes Constituyentes del 69, y de repente, cuando el asesinato
+de Prim, desapareci&oacute; otra vez de Madrid, apareciendo a poco en
+Constantinopla de ministro plenipotenciario.</p>
+
+<p>Extra&ntilde;&oacute;, pues, a todos, verle aparecer en tan cr&iacute;ticos momentos,
+abandonando su alto puesto, y recibi&eacute;ronle con el despreciativo recelo
+que infunde siempre el enemigo derrotado que se pasa despu&eacute;s de la
+batalla al campo victorioso.</p>
+
+<p>Jacobo, sin embargo, aparentando no echar de ver la frialdad con que le
+recib&iacute;an, cercior&oacute;se por s&iacute; mismo de la verdad de las noticias de
+Di&oacute;genes, sin dejar traslucir tampoco la inquietud que al pronto le
+hab&iacute;an estas causado. &Eacute;l lo ignoraba todo, o aparentaba ignorarlo; hab&iacute;a
+salido dos meses antes de Constantinopla para Tur&iacute;n, marchando luego a
+Florencia y G&eacute;nova, y hecho despu&eacute;s un viaje delicioso a lo largo de la
+corniche italiana, deteni&eacute;ndose en Bordighera, en Niza y, &uacute;ltimamente,
+en M&oacute;naco cerca de una semana.</p>
+
+<p>Currita miraba atentamente desde su asiento al apuesto viajero, retrato
+de lord Byron, su h&eacute;roe favorito, tipo adorable de hombre, seg&uacute;n ella,
+cuyo magn&iacute;fico busto desnudo, esculpido en m&aacute;rmol blanco, ten&iacute;a en su
+<i>boudoir</i> siempre a la vista. Al pronto no le hab&iacute;a conocido, porque
+dif&iacute;cil era reconocer en aquel arrogante mozo al d&eacute;bil jovencillo Jacobo
+T&eacute;llez-Ponce, casado doce a&ntilde;os antes con la marquesa de Sabadell, prima
+lejana de Currita; desde entonces no hab&iacute;a vuelto a verle esta, y jam&aacute;s
+le hubiera reconocido si, corriendo a ella Leopoldina Pastor, no le
+dijera:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Has visto a Jacobo T&eacute;llez?... Dec&iacute;an que se hab&iacute;a casado en
+Constantinopla con una turca mon&iacute;sima... &iquest;Qu&eacute; traer&aacute; aqu&iacute; ese indecente?<span class='pagenum'><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span></p>
+
+<p>La duquesa de Bara contest&oacute; una indecorosa paparrucha, mir&aacute;ndole con
+desprecio; las se&ntilde;oras se echaron a re&iacute;r, y Currita exclam&oacute; muy
+admirada:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero es ese Jacobo?... &iexcl;Dios m&iacute;o! Si me estaba pareciendo desde aqu&iacute;
+Byron en persona, mi poeta querido... &iexcl;Qu&eacute; semejanza tan exacta!...</p>
+
+<p>Y sin esperar m&aacute;s explicaciones, levant&oacute;se vivamente para ir a su
+encuentro; la duquesa de Bara la detuvo bruscamente por el vestido, y
+ella, procurando desasirse, dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer, si es mi primo... La abuela de su mujer y la m&iacute;a, primas
+segundas... &iquest;C&oacute;mo voy yo a desairar a un pariente?...</p>
+
+<p>Este, atra&iacute;do, sin duda, por el amor de la familia, acerc&aacute;base en aquel
+momento al grupo de las se&ntilde;oras; salud&oacute;las besando la mano a la duquesa
+y a Currita, que eran sus m&aacute;s allegadas, y esta, con mil cari&ntilde;osas
+moner&iacute;as, h&iacute;zole sitio a su lado, en el banco de hierro.</p>
+
+<p>La conversaci&oacute;n gir&oacute; un momento sobre el viaje de Jacobo, hasta que vino
+a interrumpirla la entrada del t&iacute;o Frasquito, que volv&iacute;a del pasaje
+Jouffroy cargado de noticias. Todos corrieron a su encuentro, y Jacobo
+el primero; mas antes, deteni&eacute;ndole Currita por el brazo, con
+familiaridad de prima cuarta de su esposa leg&iacute;tima, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Nos veremos, Jacobo?... Quiero presentarte a Fernandito... Vivimos en
+el segundo piso, n&uacute;mero 120.</p>
+
+<p>La duquesa se inclin&oacute; al o&iacute;do de Leopoldina, diciendo:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;Oyes?... Quiere presentarlo a Fernandito.</p>
+
+<p>Leopoldina hizo una mueca y replic&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Pues, entonces... &iquest;verde y con asa?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alcarraza!&mdash;concluy&oacute; la duquesa.</p>
+
+<p>Y las dos se echaron a re&iacute;r con inocente regocijo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IIbmdash" id="IIbmdash"></a><a href="#toc">&mdash;II&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Engomado, te&ntilde;ido, peinado y reluciente a fuerza de cosm&eacute;ticos, y
+bailando sobre las puntas de los pies, por no permitirle andar de otra
+manera el calzado estrech&iacute;simo, que le torturaba, sin disimularlos del
+todo, dos morrocotudos juanetes, entr&oacute; con grande prisa en la terraza el
+t&iacute;o Frasquito, t&iacute;o universal de toda la Grandeza de Espa&ntilde;a, y de
+aquellos sus adyacentes de nobles de segundo orden, ricachos de todos
+cu&ntilde;os, notabilidades pol&iacute;ticas y literarias, capigorrones de oficio,
+aventureros atrevidos y personajes an&oacute;nimos que forman el <i>todo Madrid</i>
+de la corte, el abigarrado <i>dessus du panier</i> del gran mundo madrile&ntilde;o.</p>
+
+<p>Llam&aacute;bale todo este mundo el <i>t&iacute;o Frasquito</i>, porque el buen tono as&iacute; lo
+hab&iacute;a decretado, y &eacute;l aceptaba complacido el parentesco de todos
+aquellos cuya sangre azul empalmaba realmente, siglo antes o siglo
+despu&eacute;s, con la suya preclar&iacute;sima; a los dem&aacute;s, sin rechazar tampoco lo
+ap&oacute;crifo del parentesco, coloc&aacute;balos con cierta protectora
+<span class='pagenum'><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span>condescendencia en la categor&iacute;a de <i>sobrinos espurios</i>.</p>
+
+<p>En medio, pues, de esta familia universal se destacaba el t&iacute;o Frasquito,
+hac&iacute;a medio siglo, viendo desfilar generaciones y generaciones,
+leg&iacute;timas o espurias, de sobrinos y sobrinas que nac&iacute;an y crec&iacute;an, se
+casaban y multiplicaban, se mor&iacute;an y se pudr&iacute;an, sin que, abroquelado &eacute;l
+tras el cors&eacute; apretad&iacute;simo que sujetaba las insolentes rebeld&iacute;as de su
+abdomen, hubiese pasado jam&aacute;s de los treinta y tres a&ntilde;os; los suyos,
+semejantes a las semanas de Daniel, eran a&ntilde;os de a&ntilde;os, aunque m&aacute;s
+complacientes que aquellas, se alargaban o encog&iacute;an seg&uacute;n demandaban las
+circunstancias. Treinta y tres contaba cuando en el a&ntilde;o cuarenta asisti&oacute;
+a la boda de la reina de Inglaterra, acompa&ntilde;ando al enviado
+extraordinario de la corte de Espa&ntilde;a, y los mismos ten&iacute;a cuando, en
+1853, presenci&oacute; la de su <i>sobrina</i> Eugenia de Guzm&aacute;n con el emperador
+Napole&oacute;n III; casamiento desigual, <i>messa alianza</i> humillante que
+reprob&oacute; en absoluto el t&iacute;o Frasquito, por no satisfacerle de todo la
+prosapia de Bonaparte, y aunque nunca lleg&oacute; a relegar al nuevo sobrino a
+la categor&iacute;a de los espurios, tampoco consinti&oacute; en designarle de otro
+modo que con el nombre de <i>mi sobrino el conde consorte de Teba</i><a name="FNanchor_9_9" id="FNanchor_9_9"></a><a href="#Footnote_9_9" class="fnanchor">[9]</a>.</p>
+
+<p>Susurraba la leyenda que el t&iacute;o Frasquito llevaba en su cuerpo treinta y
+dos cosas postizas, entre las cuales se contaba una nalga de corcho. Es
+lo cierto que, en el momento en que lo presentamos a nuestros lectores,
+volviendo del pasaje Jouffroy para confirmar a sus compatriotas la
+abdicaci&oacute;n del duque de Aosta, la obesidad hab&iacute;a trocado su talle de
+palmera en puchero de Alcorc&oacute;n, y el arte, la industria y hasta la
+mec&aacute;nica trabajaban de consumo y a porf&iacute;a en la restauraci&oacute;n diaria de
+aquel Narciso trasnochado, en riesgo siempre de convertirse en acelga,
+como en flor se convirti&oacute; el antiguo Narciso de la mitolog&iacute;a griega.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito era soltero, rico, viv&iacute;a ordenadamente, no ten&iacute;a vicios
+<span class='pagenum'><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span>conocidos, ni tampoco deudas; era afable, cort&eacute;s, servicial,
+complaciente, ten&iacute;a modales de doncella pudorosa y cadencias en la voz
+de damisela presumida. Coleccionaba sellos diplom&aacute;ticos, bordaba en
+tapicer&iacute;a, tocaba desastrosamente la flauta y pronunciaba las <i>erres</i> de
+esa manera gutural y arrastrada, propia de los parisienses, que imitan
+en Espa&ntilde;a algunos afrancesados elegantes, y es defecto natural en otros
+muchos, para quienes se invent&oacute; aquello de: &laquo;El perro de San Roque no
+tiene rabo, porque Ram&oacute;n Ram&iacute;rez se lo ha robado&raquo;.</p>
+
+<p>Di&oacute;genes le llamaba de ordinario <i>Francesca di Rimini</i>, a veces <i>se&ntilde;&aacute;
+Frasquita</i>, y persegu&iacute;ale y acos&aacute;bale por estrados y salones, y hasta
+entre las faldas de las damas, donde el afeminado pr&oacute;cer acostumbraba a
+refugiarse, con intempestivos abrazos que le arrugaban y tiznaban la
+inmaculada pechera; besos extempor&aacute;neos que obligaban a la pulcra
+v&iacute;ctima a lavarse y frotarse con <i>cold cream</i>; pisotones disimulados que
+le deslustraban el calzado y le reventaban los juanetes, o bestiales
+apretones de manos que le descoyuntaban los dedos, poniendo en riesgo de
+esparcirse por todas partes los treinta y dos componentes que asignaba a
+su cuerpo la leyenda.</p>
+
+<p>Aquellos dos viejos, de caracteres y costumbres tan diversas, eran, sin
+embargo, dos tipos rezagados de la misma sociedad, dos ejemplares
+f&oacute;siles de aquellos pr&oacute;ceres del pasado siglo, manolos viciosos y
+c&iacute;nicos unos, petimetres, insustanciales y afeminados otros, que
+prepararon en Espa&ntilde;a la ruina y el descr&eacute;dito de la Grandeza.</p>
+
+<p>Entr&oacute;, pues, el t&iacute;o Frasquito en la terraza con ademanes de doncella
+atribulada, y todos se agolparon en torno suyo, acos&aacute;ndolo a
+preguntas... &iexcl;Todo, todo quedaba por nuevos partes confirmado, y el
+<span class='pagenum'><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span><i>sauve qui peut</i> era en Madrid general!...</p>
+
+<p>Corrobor&aacute;base la noticia de que don Amadeo hab&iacute;a huido a Lisboa con su
+familia, y el tel&eacute;grafo transmit&iacute;a los nombres de los individuos que
+formaban el primer ministerio de la reci&eacute;n nacida Rep&uacute;blica.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;De la Rrrep&uacute;blica espa&ntilde;ola!&mdash;exclam&oacute; el t&iacute;o Frasquito quit&aacute;ndose el
+sombrero con burlesca solemnidad.</p>
+
+<p>Y entre risas despreciativas y observaciones ir&oacute;nicas, comenz&oacute; a leer en
+su elegante carterita, donde estaban apuntados los nombres de los nuevos
+ministros<a name="FNanchor_10_10" id="FNanchor_10_10"></a><a href="#Footnote_10_10" class="fnanchor">[10]</a>... &iexcl;Pero qu&eacute; nombres, Virgen Sant&iacute;sima! &iexcl;Si aquello era
+cosa de morirse de risa!... Figueras, Castelar, Pi y Margall, los dos
+Salmerones, Nicol&aacute;s y Paquito... C&oacute;rdoba.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;rrrrdoba, se&ntilde;ores, C&oacute;rrrdoba!... &iexcl;Ferrrnandito C&oacute;rrrdoba,
+rrrepublicano!... &iexcl;Qui&eacute;n lo creyerra, cuando &iacute;bamos juntos a casa de la
+Benavente, cuando Fernando VII lo envi&oacute; a Portugal con su hermano Luis,
+detr&aacute;s del infante don Carlos y la princesa de Beyrra!... Porr supuesto,
+que yo era entonces un ni&ntilde;o, una verrdadera criaturra...</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito no cay&oacute; en la cuenta de que, seg&uacute;n aquellos datos,
+debi&oacute; de haber asistido seis a&ntilde;os antes de su nacimiento a los saraos de
+la duquesa de Benavente, y prosigui&oacute; enumerando a los ministros
+restantes: &iexcl;Echegaray, Beranger y Becerra!... &iexcl;Santo Dios!... Si esto
+era para Espa&ntilde;a la coz del asno; y aquellos enanillos de gorro frigio,
+encadenando al le&oacute;n de Castilla, recordaban aquella grandiosa imagen:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0"><i>Ce grand peuple espagnol, aux membres enerv&eacute;s,</i><br /></span>
+<span class="i0"><i>Expire dans cet antre ou son sort le termine</i>,<br /></span>
+<span class="i0"><i>Triste comme un lion rong&eacute; par la vermine</i>!<br /></span>
+<span class='pagenum'><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></div></div>
+
+<p>&iexcl;Y qu&eacute; chistosamente cursis resultaban siempre aquellos dem&oacute;cratas!...
+&iquest;Pues no se les hab&iacute;a ocurrido lo primero ir a darle una serenata al
+interesant&iacute;simo don Emilio tocando la Marsellesa?...</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0"><i>&iexcl;Ah! &ccedil;a ira, &ccedil;a ira, &ccedil;a ira...</i><br /></span>
+<span class="i0"><i>Celui que s'&eacute;l&egrave;ve on l'abaissera.</i><br /></span>
+<span class="i0"><i>Celui que s'abaisse on l'&eacute;l&egrave;vera.</i><br /></span>
+<span class="i0"><i>&iexcl;Ah! &ccedil;a ira, &ccedil;a ira, &ccedil;a ira...</i><br /></span>
+</div></div>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; delicia!&mdash;exclam&oacute; Currita&mdash;. &iquest;Y no les ech&oacute; &eacute;l un discursito?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo creo!... Desde el balc&oacute;n, como cantaba la Nilson en Viena; y
+luego obsequi&oacute; a la concurrencia con carramelos y cigarritos...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; monada!... De seguro que este invierno tendr&aacute; recepciones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;! Para los ciudadanos <i>sans culottes</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Polaina!&mdash;exclam&oacute; Di&oacute;genes&mdash;. En cuanto cuelgue un jam&oacute;n en la
+puerta, tiene all&iacute; a Madrid entero, y t&uacute;, Curra, ir&aacute;s la primera.</p>
+
+<p>Azor&oacute;se el t&iacute;o Frasquito al o&iacute;r la voz de Di&oacute;genes, y temiendo algunos
+de sus amagos de intempestivo cari&ntilde;o, fuese escurriendo con disimulo,
+soltando casi a media voz su &uacute;ltima noticia. Anunciaba tambi&eacute;n el
+tel&eacute;grafo que don Carlos hab&iacute;a entrado en Espa&ntilde;a por Zugarramurdi, y que
+aprovechando sus parciales aquella confusi&oacute;n, aprest&aacute;banse a hacer un
+<span class='pagenum'><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span>supremo esfuerzo para apoderarse de la corte.</p>
+
+<p>Disgust&oacute; esto mucho a toda la concurrencia, por parecerle m&aacute;s temible el
+carlismo que la Rep&uacute;blica, y en aquel momento lleg&oacute; a confortar los
+&aacute;nimos un viejo alto, de aspecto marcial y largos y retorcidos bigotes
+blancos: era el general Pastor, hermano de Leopoldina, que volv&iacute;a del
+palacio Basilewsky de conferenciar con la reina.</p>
+
+<p>Entr&oacute;, pues, el general radiante y satisfecho cual si viese ya en
+lontananza la cartera de la Guerra, y contestando con sonrisas y
+palabras huecas a las mil preguntas que de todas partes le dirig&iacute;an,
+apresur&oacute;se a dar cuenta a la condesa de Albornoz y a la duquesa de Bara
+de una embajada de su majestad la reina... Esta las designaba para
+acompa&ntilde;arle al d&iacute;a siguiente, a la capilla expiatoria del bulevar
+Haussman, donde deb&iacute;a celebrarse la Misa de aniversario, alg&uacute;n tanto
+retrasada aquel a&ntilde;o, del infortunado Luis XVI; el espect&aacute;culo promet&iacute;a
+ser curioso, porque los pr&iacute;ncipes de Orleans, reconciliados con el conde
+de Chambord, asistir&iacute;an por primera vez, en p&uacute;blico, a aquellas
+simb&oacute;licas honras.</p>
+
+<p>Abri&oacute; entonces el saco de noticias el general Pastor, y dando a
+entender, con cierta vanidad pol&iacute;tica, que callaba mucho m&aacute;s de lo que
+dec&iacute;a, confirm&oacute; todo lo dicho por el <i>t&iacute;o Frasquito</i>, a&ntilde;adiendo que la
+proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica era un paso gigantesco dado hacia la
+Restauraci&oacute;n; que los des&oacute;rdenes m&aacute;s terribles no tardar&iacute;an en estallar
+en Espa&ntilde;a, y alarmadas las potencias europeas con los escarmientos de la
+Commune en Francia, se apresurar&iacute;an a intervenir en favor del pr&iacute;ncipe
+Alfonso. Notas secretas de algunos embajadores extranjeros hab&iacute;an
+llegado ya al palacio Basilewsky, y Thiers mismo, temeroso de que el
+zurriago de las monarqu&iacute;as coligadas le deparase a &eacute;l alg&uacute;n latigazo,
+<span class='pagenum'><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span>neg&aacute;base a reconocer la nueva Rep&uacute;blica.</p>
+
+<p>Tan s&oacute;lo m&iacute;ster Harrilin, embajador de los Estados Unidos en Espa&ntilde;a,
+hab&iacute;ase apresurado a reconocer el nuevo orden de cosas en nombre de su
+Gobierno, present&aacute;ndose en el palacio de la Presidencia con todo el
+ceremonial de costumbres en tiempos de la monarqu&iacute;a, y asegurando en su
+discurso, con la truhanesca formalidad de Jonathan en persona, que &laquo;los
+Estados Unidos de Am&eacute;rica no pod&iacute;an menos de contemplar con emoci&oacute;n y
+simpat&iacute;a, convertido en Rep&uacute;blica, el imperio de Fernando e Isabel&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues vaya con el indecente!&mdash;exclam&oacute; Leopoldina Pastor hecha una
+furia&mdash;. Para esos yanquis farsantes, igual da Figueras que Fernando el
+Cat&oacute;lico, y lo mismo representa una corona que un gorro de algod&oacute;n.
+<i>Cotton is King</i>!... &iexcl;Mon&iacute;simo!... &iexcl;Y pensar que hace tres semanas
+bail&aacute;bamos todas en su casa!... &iexcl;Vamos! Si despu&eacute;s de todo, resulta que
+cuando se trata de divertirse perdemos todas la verg&uuml;enza.</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;Tu dixisti!</i>&mdash;grit&oacute; Di&oacute;genes con grande ah&iacute;nco.</p>
+
+<p>&mdash;Y lo repito&mdash;prosigui&oacute; Leopoldina&mdash;. Pero yo le aseguro a ese
+indecente que ha de o&iacute;r de mis labios cuatro palabritas bien dichas...
+&iexcl;Oh, si yo lo ten&iacute;a previsto! En el &uacute;ltimo baile que dio llevaba medias
+azules de algod&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Como que su suegro tiene en Boston una f&aacute;brica.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; delicia!&mdash;exclam&oacute; Currita&mdash;. Pues cuando den la <i>Jarreti&egrave;re</i> al
+yerno, ya puede el suegro regalarle la media.</p>
+
+<p>&mdash;De seguro que las habr&aacute; &eacute;l anunciado en la Presidencia al terminar su
+discurso, como aquel <i>preacher</i> yanqui que termin&oacute; su serm&oacute;n: &laquo;Ya os he
+<span class='pagenum'><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span>demostrado, mis buenos hermanos, que s&oacute;lo por la virtud se gana el
+cielo. S&oacute;lo me resta, para terminar, recomendaros la magn&iacute;fica
+sombrerer&iacute;a de M&iacute;ster Francis Morton, 24, Catherine Street. All&iacute; todos
+los art&iacute;culos son distinguidos y baratos.&mdash;<i>Net cash.</i>&mdash;Que viene a ser
+<i>No se f&iacute;a</i>&raquo;.</p>
+
+<p>El timbre el&eacute;ctrico que anuncia <i>aux hommes d'&eacute;quipes</i> la llegada de
+nuevos viajeros, comenz&oacute; a repicar en aquel instante, y, a poco, lleg&oacute;
+Gorito Sardona, muy conmovido, anunciando que la se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno
+se apeaba en aquel momento en el <i>Grand H&ocirc;tel</i>, que ven&iacute;a de Madrid, y
+que a poco m&aacute;s la asesinan en el camino.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Trae una oreja colgando!&mdash;a&ntilde;adi&oacute; tir&aacute;ndose de una suya.</p>
+
+<p>Horroriz&oacute;se la concurrencia, y todos salieron a su encuentro deseosos de
+ver a la banquera desorejada. La duquesa, sin embargo, temiendo sin duda
+que trasladase esta a sus orejas las famosas hipotecas que sobre sus
+tierras ten&iacute;a, quiso escurrirse por la sala de lectura, con tan mala
+suerte, que fue a toparse en el patio mismo con la L&oacute;pez Moreno, su hija
+Lucy, dos doncellas, un criado, diecisiete ba&uacute;les y n&uacute;mero ilimitado de
+cajas y sombrereras. La banquera llegaba p&aacute;lida y abatida, y ten&iacute;a, en
+efecto, ensangrentado el l&oacute;bulo de la oreja izquierda.</p>
+
+<p>Al verse cogida la duquesa, sali&oacute; al encuentro de la L&oacute;pez Moreno,
+exclamando muy cari&ntilde;osa:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, Ramona!... &iquest;C&oacute;mo no me ha avisado usted?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Avisar?&mdash;exclam&oacute; con espanto la L&oacute;pez Moreno&mdash;. &iexcl;Gracias que llego
+con vida!... &iexcl;Qu&eacute; viaje, duquesa, qu&eacute; viaje!... En el camino a poco m&aacute;s
+<span class='pagenum'><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>me asesinan... &iexcl;Nac&iacute; ayer!... &iexcl;Un milagro, un milagro!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; horror!&mdash;exclam&oacute; la duquesa.</p>
+
+<p>Y mirando en torno suyo, con la esperanza de que el prodigio divino no
+hubiera alcanzado tambi&eacute;n al se&ntilde;or L&oacute;pez Moreno, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;d&oacute;nde est&aacute; su marido de usted?... &iquest;No viene?...</p>
+
+<p>La tierna esposa hizo otro gesto de espanto y contest&oacute; sin enternecerse
+demasiado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En Matapuerca est&aacute;..., si es que vive!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En Matapuerca?&mdash;exclam&oacute; Di&oacute;genes&mdash;. &iexcl;No puede ser!... Ser&aacute; en
+Matapuerco...</p>
+
+<p>&mdash;No, no; en Matapuerca&mdash;replic&oacute; la L&oacute;pez Moreno sin comprender la pulla
+del viejo.</p>
+
+<p>Y rodeada de todos los espa&ntilde;oles, que atra&iacute;dos por la curiosidad iban
+poco a poco acudiendo, la voluminosa se&ntilde;ora comenz&oacute; el relato de sus
+infortunios... De aquella hecha se llevaba la trampa a la Espa&ntilde;a entera;
+la gente se escapaba de Madrid a bandadas, y no parec&iacute;a sino que la
+trompeta del Juicio Final hab&iacute;a sonado en la corte.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me alegro!&mdash;exclam&oacute; Di&oacute;genes&mdash;. A esa trompetita estoy yo
+aguardando... &iexcl;Qu&eacute; cosas han de saberse cuando diga el &aacute;ngel: cada peso
+duro con su due&ntilde;o, y cada hijo con su padre!...</p>
+
+<p>La duquesa le hizo callar de un abanicazo, y la L&oacute;pez Moreno, llena de
+<span class='pagenum'><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span>satisfacci&oacute;n al verse objeto del inter&eacute;s de todos, continu&oacute; el relato
+de su susto, un susto atroz, una barbaridad de susto... El tren tra&iacute;a
+cuarenta y dos coches atestados de gente que iba a Biarritz, a San Juan
+de Luz, a Bayona, a cualquiera parte, con tal de pasar la frontera. En
+Vitoria a&ntilde;adieron otra m&aacute;quina y entraron cuatro compa&ntilde;&iacute;as del
+Regimiento de Luchana. &iexcl;Malo!... Por la noche todo fue bien, pero al
+llegar a Alsasua, &iexcl;Virgen Sant&iacute;sima!... &iexcl;Los carlistas! Y de pronto,
+&iexcl;prurrruumm! &iexcl;Una descarga atroz!...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, de repente, hija, de repente, sin avisar siquiera, sin decir
+agua va: nada, nada, nada. &iexcl;Prurrruumm! caiga el que caiga... La tropa,
+&iexcl;claro est&aacute;!, contesta &iexcl;prurrruumm! otra descarga. Yo, muerta, Lucy,
+muerta debajo del asiento, sin resollar siquiera, y &iexcl;prurrruumm! arriba,
+&iexcl;prurrruumm! abajo; hora y media de tiritos... De pronto, se abre la
+ventanilla, entra una mano, me arranca una oreja y se va...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; atrocidad!&mdash;exclamaron todos. Y Gorito Sardona, con su guasona
+formalidad, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pensar&iacute;an hacer una chuleta?...</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or&mdash;replic&oacute; la v&iacute;ctima alg&uacute;n tanto ofendida&mdash;. Lo que pensaron
+fue llevarse un brillante de quinientos duros que tra&iacute;a en ella, y se lo
+llevaron en efecto... Dec&iacute;an luego que fue un pillete de la estaci&oacute;n,
+pero a m&iacute; no me quita nadie de la cabeza que fue el cura Santa Cruz...
+Como que esto era en mitad del t&uacute;nel, a oscuras, y en la pared de
+enfrente vi yo la sombra del sombrero de teja...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; barbaridad!...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;Pero usted vio a los carlistas?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que si los vi?... Al salir del t&uacute;nel, en un altito hab&iacute;a un mont&oacute;n de
+ellos, y en medio uno con entorchados, que era don Carlos... Lucy dec&iacute;a
+que no, pero yo creo que s&iacute;. Uno chiquitillo, bizco, con barba rubia,
+picado de viruelas, que nos hizo con el pu&ntilde;o as&iacute;...</p>
+
+<p>Y la se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno enarbolaba el suyo robust&iacute;simo, con gesto
+horrible de amenaza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero si don Carlos es muy alto, moreno, con barba negra!... Yo le
+conoc&iacute; en Vevey...</p>
+
+<p>&mdash;Pues vendr&iacute;a disfrazado; no es tan dif&iacute;cil te&ntilde;irse la barba de rubio.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es imposible, teniendo dos metros de largo, encogerse hasta tener
+la mitad.</p>
+
+<p>&mdash;Podr&aacute; ser que me equivoque, pero lo dudo&mdash;replic&oacute; la L&oacute;pez Moreno, que
+no renunciaba f&aacute;cilmente a la honra de haber sido amenazada por un pu&ntilde;o
+real.</p>
+
+<p>El general Pastor o&iacute;alo todo complacid&iacute;simo, viendo en aquella
+cat&aacute;strofe los primeros truenos de la terrible tempestad que comenzaba a
+desencadenarse en Espa&ntilde;a. De aquel caos hab&iacute;a de salir la Restauraci&oacute;n,
+y la pol&iacute;tica del partido dirig&iacute;a, por lo tanto, todos sus esfuerzos a
+excitar y mantener el desorden. Una palabra imprudente del general
+revel&oacute; a los m&aacute;s avisados que estaba bien al tanto de aquellos manejos:
+pregunt&oacute; a la se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno si, al salir ella de Madrid, no se
+dec&iacute;a nada en la corte de levantamientos socialistas en Andaluc&iacute;a.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;Y me lo dice usted a m&iacute;?&mdash;exclam&oacute; la banquera con en&eacute;rgica ira&mdash;.
+&iquest;Pues no saben ustedes lo de Matapuerca?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, por Dios, se&ntilde;ora!&mdash;la interrumpi&oacute; Currita con toda su
+aristocr&aacute;tica impertinencia&mdash;. &iquest;No podr&iacute;a ser Mata... cualquiera otra
+cosa?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero si se llama Matapuerca!... Es una dehesa magn&iacute;fica en la
+<i>provincia</i> de Extremadura, de m&aacute;s de tres mil aranzadas, con
+veintisiete caser&iacute;os... En fin, un peque&ntilde;o reino... Era de los frailes
+Agustinos, y mi marido lo compr&oacute; cuando lo de Mendiz&aacute;bal...</p>
+
+<p>Currita hizo un gesto de resignaci&oacute;n pacient&iacute;sima, y pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; ha sucedido en el peque&ntilde;o reino de Mata... esos animalitos?...</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, &iexcl;una friolera!... Que en cuanto proclamaron la Rep&uacute;blica,
+invadi&oacute; la dehesa una horda de aquellos bandidos, asesinaron al aperador
+y a tres guardas, y se repartieron las tierras. L&oacute;pez Moreno sali&oacute; para
+all&aacute; corriendo, y estoy inquiet&iacute;sima... No s&eacute; lo que va a hacer...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; ha de hacer?&mdash;exclam&oacute; Di&oacute;genes&mdash;. &iexcl;Polaina! Lo que hicieron
+los frailes Agustinos cuando su marido de usted y Mendiz&aacute;bal les
+quitaron la dehesa... &iexcl;Tener paciencia!... A cada puerco le llega su San
+Mart&iacute;n, do&ntilde;a Ramona; fig&uacute;rese usted si no le llegar&aacute; tambi&eacute;n en
+Matapuerca... Amigo, &iexcl;los socialistas, los socialistas!... Esos han
+aprendido l&oacute;gica; ah&iacute; tiene usted los nuevos desamortizadores.</p>
+
+<p>La L&oacute;pez Moreno iba a contestar muy picada, pero el general Pastor,
+frot&aacute;ndose las manos de j&uacute;bilo, la contuvo, diciendo:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></p><p>&mdash;Nos trae usted excelentes noticias, se&ntilde;ora... La cosa marcha viento
+en popa, mejor de lo que yo esperaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues me hace gracia!&mdash;exclam&oacute; la banquera estupefacta&mdash;. No dir&iacute;a
+usted lo mismo si le hubiesen robado una dehesa y arrancado una oreja
+con un brillante de quinientos duros...</p>
+
+<p>&mdash;Nada, do&ntilde;a Ramona, hay que resignarse por alg&uacute;n tiempo a ser reina
+destronada de Matapuerca... La Restauraci&oacute;n la restablecer&aacute; a usted muy
+pronto en su trono... &iquest;Y sabe usted lo que estoy pensando?&mdash;a&ntilde;adi&oacute; el
+general como asaltado de una idea repentina&mdash;. Que la reina tendr&aacute; mucho
+gusto en o&iacute;r de usted misma esas noticias. &iquest;Tendr&iacute;a usted inconveniente
+en venir a Palacio?...</p>
+
+<p>La banquera pens&oacute; ahogarse de satisfacci&oacute;n, y la duquesa, que se
+apresuraba a pagarle con honras y relumbrones lo que no le pagaba en
+dinero, exclam&oacute; vivamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Magn&iacute;fica idea! Yo misma la llevar&eacute;... Ma&ntilde;ana pido a la se&ntilde;ora la
+audiencia...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues ya lo creo que la reina tendr&aacute; mucho gusto en o&iacute;rla!&mdash;observ&oacute;
+pausadamente Currita&mdash;. Do&ntilde;a Ramona narra muy bien y usa unas armon&iacute;as
+imitativas de much&iacute;simo efecto... Cada vez que dice &iexcl;prurrruumm! parece
+materialmente que se huele a p&oacute;lvora... &iexcl;Qu&eacute; delicia... o&iacute;rle contar la
+<i>d&eacute;gringolade</i> de Matapuerca!</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno no se enteraba de nada de esto, ocupada en dar
+gracias, enternecida, al general y a la duquesa... El sue&ntilde;o dorado de
+toda su vida, ser recibida en Palacio, iba a realizarse, y no le parec&iacute;a
+cara tama&ntilde;a honra, al precio de una oreja desgarrada y una dehesa
+<span class='pagenum'><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span>perdida.</p>
+
+<p>El general, por su parte, segu&iacute;a la pol&iacute;tica de Butr&oacute;n, barrer para
+dentro, y calculaba ya las copiosas sangr&iacute;as que, en nombre de los
+conspiradores, podr&iacute;a hacer su espada victoriosa en las repletas arcas
+de los consortes L&oacute;pez Moreno.</p>
+
+<p>Durante toda esta escena, Currita no hab&iacute;a perdido de vista un momento a
+Jacobo, que escuchaba atentamente sin darse prisa a subir a su cuarto a
+lavarse y descansar. Al disolverse la reuni&oacute;n, porque la hora de comer
+se aproximaba, ech&oacute;le de menos Currita en la terraza; asom&oacute;se vivamente
+a la sala de lectura, sali&oacute; al patio y no le encontr&oacute; por ninguna parte.</p>
+
+<p>Por la escalera de enfrente sub&iacute;a en aquel momento el t&iacute;o Frasquito
+dando el brazo a su sobrina espuria, la reina destronada de Matapuerca,
+que se deten&iacute;a en cada pelda&ntilde;o para ponderarle lo terrible de su susto,
+lo soberbio de su dehesa, el dolor de su oreja, lo pavoroso de aquellas
+descargas atronadoras...</p>
+
+<p>&iexcl;Prurrruumm!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IIIbmdash" id="IIIbmdash"></a><a href="#toc">&mdash;III&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>La oportunidad es en todas las cosas precursora del &eacute;xito, y el llegar a
+tiempo ha levantado no pocas veces el pedestal de muchas celebridades y
+ce&ntilde;ido los laureles a infinitos h&eacute;roes. Cada car&aacute;cter requiere, pues,
+<span class='pagenum'><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span>circunstancias especiales que le favorezcan, &eacute;poca adecuada que le
+sirva de marco, <i>momento hist&oacute;rico</i> oportuno que le permita
+desarrollarse en toda su pujanza. Un H&eacute;rcules en los tiempos
+prehist&oacute;ricos, un Cid en los tiempos caballerescos, ser&iacute;an un Quijote en
+los tiempos de la partida doble y el tanto por ciento. Un Espartero y un
+Mendiz&aacute;bal, por el contrario, hubieran sido en aquellas &eacute;pocas remotas,
+prestamista jud&iacute;o el uno, cuadrillero de la Santa Hermandad el otro.</p>
+
+<p>Jacobo T&eacute;llez cre&iacute;a haber tenido la desgracia de errar al nacer, en las
+circunstancias de lugar y tambi&eacute;n en las de tiempo. Entre el oleaje
+sangriento de la gran Revoluci&oacute;n francesa, juzgaba &eacute;l que hubiera sido,
+por su talento, un Mirabeu; por su valor, un Lafayette; mas entre los
+cenagosos remolinos de la Revoluci&oacute;n espa&ntilde;ola del 68, tan s&oacute;lo fue, a
+juicio de los que le conocieron, como pol&iacute;tico, un pobre demonio; como
+caudillo, un gran mentecato.</p>
+
+<p>Aquellas dos grandes figuras de arist&oacute;cratas renegados como &eacute;l, le
+sedujeron por completo; mas el peluqu&iacute;n del uno y la casaca del otro le
+ven&iacute;an grandes, y al querer amalgamar en s&iacute; mismo aquellas dos
+personalidades, rompiendo los lazos morales como el primero, y
+seduciendo a las multitudes como el segundo, result&oacute; tan s&oacute;lo un brib&oacute;n
+infatuado. As&iacute; y todo, hizo papel, porque hay Ar&iacute;stides grandes y
+Ar&iacute;stides chiquitos; Cincinatos de dos en libra, de tres al cuarto y de
+ochavo la <i>jart&aacute;a</i>, que es como venden en Andaluc&iacute;a los higos chumbos.</p>
+
+<p>Este, pues, higo chumbo revolucionario no lleg&oacute; desde la aristocr&aacute;tica
+pi&ntilde;a en que hab&iacute;a nacido hasta la plebeya cuna en que vino a florecer,
+ni por peripecias dram&aacute;ticas, ni por tr&aacute;gicas revoluciones: lleg&oacute;
+naturalmente, con suavidad, como tras de la hinchaz&oacute;n viene el pus, y
+tras el pus la gangrena. Lleg&oacute; resbalando sin violencias por la
+voluptuosa pendiente que lleva del placer al vicio, del vicio a la
+<span class='pagenum'><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>aberraci&oacute;n, de la aberraci&oacute;n al tedio, al desencanto, al espantoso
+vac&iacute;o del coraz&oacute;n que produce v&eacute;rtigos en la cabeza y despe&ntilde;a al hombre
+en todas las locuras y en todas las infamias, en busca de placeres
+nuevos que despierten su sensualismo embotado, de impresiones
+desconocidas que sacien la voracidad de sus concupiscencias estragadas.</p>
+
+<p>Nada hay m&aacute;s peligroso para el hombre que pasar en breve tiempo por
+todas las ilusiones de una larga vida; y Jacobo, con ese af&aacute;n de gozar
+que caracteriza la sociedad presente, que teme dejar para ma&ntilde;ana el
+placer de que puede disfrutar hoy, que precipita las edades y pasa de la
+infancia a la vejez decr&eacute;pita, suprimiendo la juventud si es que por
+juventud se entiende esa edad venturosa en que brotan del coraz&oacute;n nobles
+impulsos y bullen en la mente generosas ideas, que constituyen m&aacute;s
+tarde, despu&eacute;s de solidificadas, los grandes caracteres; Jacobo,
+dec&iacute;amos, hab&iacute;a recorrido aquella larga jornada en menos de treinta
+a&ntilde;os...</p>
+
+<p>A los quince, libre ya de ayos y maestros, era el <i>sietemesino</i> m&aacute;s
+gal&aacute;n que aspiraba a afeitarse, y dirig&iacute;a cotillones en los grandes
+salones de la corte; a los veinte, era un afortunado tenorio de mala
+ley, que hac&iacute;a gala en el Veloz Club de sus aventuras escandalosas; a
+los veinticinco, era un perdido aristocr&aacute;tico, elegante, modelo, que no
+retroced&iacute;a ante una estocada de mentirijillas, ni ante un steeplechase,
+ni ante un copo de veinte mil duros, y derrochaba los millones de su
+mujer con la misma facilidad con que la varilla encantada de un m&aacute;gico
+hace fluir del centro de la tierra tesoros escondidos y guardados por
+gnomos y salamandras.</p>
+
+<p>A los treinta hab&iacute;a visto, como Salom&oacute;n, <i>cuncta quae flunt sub sole</i>,
+pero no comprend&iacute;a, como &eacute;l, que todo fuese vanidad y aflicci&oacute;n de
+esp&iacute;ritu, sino que lloraba como Alejandro, porque no hab&iacute;a otro mundo de
+<span class='pagenum'><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span>goces que disfrutar; y seco su coraz&oacute;n, embotada su inteligencia por el
+prematuro desarrollo de sus pasiones, arruinada su casa por locas
+prodigalidades, era un fruto podrido que no hab&iacute;a madurado nunca, un
+hombre en la flor de la vida a quien faltaba el objeto de la vida, un
+ruinoso despojo del placer y la impiedad, que no interrogaba como Hamlet
+lo eterno, sino que se arrastraba por todos los rincones de lo terreno,
+buscando un charco de placeres desconocidos en que zambullirse y
+revolcarse y gozar...</p>
+
+<p>Entonces, por curiosidad, por diversi&oacute;n, por aburrimiento, por encontrar
+en las tenebrosidades del misterio algo desconocido que se resolviese en
+placer y en dinero, se hizo hombre pol&iacute;tico. Garibaldi le inici&oacute; en las
+logias de Mil&aacute;n, y Prim le introdujo en Inglaterra, en el complot que
+grandes traidores urd&iacute;an contra el trono de Espa&ntilde;a...</p>
+
+<p>La Revoluci&oacute;n triunf&oacute;, y a las agitadas emociones del conspirador
+sucedieron en Jacobo las halag&uuml;e&ntilde;as embriagueces del triunfo, las
+c&iacute;nicas rapacidades de pretor romano, las ruidosas apoteosis de arcos de
+cart&oacute;n y farolillos de papel a que le llevaban en hombros masas
+est&uacute;pidas arrastradas por su verbosidad, multitudes fr&iacute;volas, que, por
+tener algo de mujer, prend&aacute;banse de su gallard&iacute;a y gentileza y se
+promet&iacute;an llevarle a defender la soberan&iacute;a popular en los esca&ntilde;os del
+Congreso, a &eacute;l, arist&oacute;crata orgulloso, tan s&oacute;lo de nombre renegado, que
+se re&iacute;a de ellos llam&aacute;ndoles paletos, babiecas y burgueses mentecatos, y
+corr&iacute;a, al separarse de estrechar sus manos, a lavarse y enjabonarse y
+perfumarse, para echar lejos de s&iacute; aquel insoportable <i>hedor de la
+canalla</i>...</p>
+
+<p>A poco abr&iacute;ase en su vida un par&eacute;ntesis negro, tenebroso, ante el cual
+la maledicencia misma se detuvo aterrada, temerosa de resbalar en un
+<span class='pagenum'><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span>charco de sangre...</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, el 27 de diciembre, un trabucazo tendi&oacute; en la calle del Turco a
+la audacia m&aacute;s temeraria que dio impulso a la Revoluci&oacute;n. El general
+Prim hab&iacute;a sido asesinado, y su amigo &iacute;ntimo, su portaestandarte, el
+marqu&eacute;s de Sabadell, indicado ya para la cartera de Fomento, desaparec&iacute;a
+s&uacute;bitamente de la corte, a la misma hora en que corr&iacute;a la falsa nueva de
+que las heridas del general no eran de muerte y se hab&iacute;an escapado de
+sus labios terribles revelaciones.</p>
+
+<p>Prim muri&oacute;, sin embargo, el d&iacute;a 30, llev&aacute;ndose a la tumba la clave del
+misterio, y tres meses despu&eacute;s publicaba la <i>Gaceta</i> un real decreto
+nombrando al marqu&eacute;s de Sabadell ministro plenipotenciario de la corte
+de Espa&ntilde;a en Constantinopla. &laquo;Me he convencido&mdash;escrib&iacute;a al presidente
+del Consejo el nuevo embajador&mdash;que mis disposiciones naturales son para
+la vida de Oriente, y pongo todas mis ilusiones en El Cairo, Bagdad,
+Ispaham o Constantinopla.&raquo;</p>
+
+<p>El resultado de estas ilusiones no tard&oacute; en presentarse.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, la cadina Sarah&iacute; no se asom&oacute; a su adorada celos&iacute;a para mirar
+las azuladas monta&ntilde;as del Asia, y la puerta de su quiosco permaneci&oacute;
+cerrada. Susurr&aacute;base en el palacio que la noche antes hab&iacute;a resonado un
+lamento y v&iacute;stose dos sombras que se perd&iacute;an en el laberinto de
+corredores oscuros, llevando una cosa negra...</p>
+
+<p>El centinela de la torre del mar de M&aacute;rmara hab&iacute;a escuchado sobre el
+agua un golpe siniestro.</p>
+
+<p>A la ma&ntilde;ana, al otro lado del B&oacute;sforo, apareci&oacute; en la orilla opuesta el
+cad&aacute;ver de un eunuco estrangulado. Desde la embajada espa&ntilde;ola, all&aacute; en
+<span class='pagenum'><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span>lo alto de Pera, ve&iacute;ase flotar sobre el l&iacute;mpido azul de las olas su
+largo levit&oacute; oscuro, ce&ntilde;ido por el zurriago de cuero de hipop&oacute;tamo,
+insignia de su clase, que hab&iacute;a servido de dogal.</p>
+
+<p>El embajador no pudo verlo; hab&iacute;a salido aquella noche de Constantinopla
+con tan grande urgencia, que s&oacute;lo llevaba por equipaje una peque&ntilde;a
+maleta de mano... Y con esta peque&ntilde;a maleta de mano hemos visto a Jacobo
+llegar al <i>Grand H&ocirc;tel</i>, despu&eacute;s de merodear dos meses por las logias
+m&aacute;s tenebrosas y los garitos m&aacute;s elegantes de Italia.</p>
+
+<p>El ministro fugitivo de Constantinopla hall&aacute;base alojado en el cuarto
+piso del hotel, en una habitaci&oacute;n de doce francos diarios, harto
+opulenta para quien s&oacute;lo contaba en el mundo con tres millones de deuda
+al 15 por 100, y sobrado mezquina para lo que juzgaba indispensable a su
+decoro el excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Jacobo T&eacute;llez-Ponce Melgarejo, marqu&eacute;s
+consorte de Sabadell.</p>
+
+<p>A la luz de un candelabro de color que ard&iacute;a en uno de los extremos de
+la chimenea, devoraba Jacobo los peri&oacute;dicos espa&ntilde;oles que relataban el
+nuevo cambio pol&iacute;tico acaecido en Espa&ntilde;a y los franceses que lo
+comentaban haciendo pron&oacute;sticos y formulando juicios, Frecuentes
+exclamaciones y aun palabras groseras que se escapaban de sus labios
+revelaban en &eacute;l esa sorda c&oacute;lera que despiertan en el &aacute;nimo violento las
+grandes contrariedades.</p>
+
+<p>Arroj&oacute; al fin los peri&oacute;dicos y agit&aacute;ndose furioso un instante, y
+apretando los pu&ntilde;os llenos de rabia, qued&oacute;se largo tiempo pensativo,
+hundido en la poltrona en que se hallaba sentado, contra&iacute;da la boca,
+frunciendo el entrecejo, fijos los ojos en el fuego de la chimenea,
+cuyas movibles llamas prestaban a su rostro un resplandor rojizo.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span></p><p>Hubi&eacute;rase dicho que meditaba un crimen, y tambi&eacute;n que lo hab&iacute;a
+decidido, cuando, dando un fuerte pu&ntilde;etazo en el brazo de la poltrona,
+se levant&oacute; de repente. El espejo que coronaba la chimenea reflej&oacute;
+entonces su fisonom&iacute;a descompuesta, y al verse all&iacute; retratado tuvo uno
+de esos miedos solitarios, pueriles, que cortan de un solo golpe a la
+audacia sus alas gigantescas.</p>
+
+<p>Mir&oacute; en torno suyo: en la alcoba, forrada de papel oscuro, se mov&iacute;a
+suavemente una cortina a impulsos del aire levantado por &eacute;l mismo al
+moverse. Arroj&oacute;se a ella vivamente y la descorri&oacute; de pronto, y ri&eacute;ndose
+entonces de sus miedos infantiles, dirigi&oacute;se a una gran c&oacute;moda de nogal
+que hab&iacute;a en el fondo.</p>
+
+<p>Sobre ella hall&aacute;base abierta y extendida la peque&ntilde;a maleta, y en el
+caj&oacute;n superior, cerrado con llave que ten&iacute;a &eacute;l en su bolsillo, estaba la
+cartera de viaje. Sac&oacute; el gran cartapacio que dentro ven&iacute;a, y p&uacute;solo
+sobre un velador que hab&iacute;a en el centro.</p>
+
+<p>Resonaron en esto pasos en el corredor de fuera, y Jacobo corri&oacute;
+vivamente en puntillas a la puerta, escuch&oacute; un instante, y con el menor
+ruido posible ech&oacute; la llave por dentro. Escogi&oacute; entonces, en un peque&ntilde;o
+<i>n&eacute;cessaire</i> de viaje, un instrumentito con mango de carey, una especie
+de limita para las u&ntilde;as, con hoja delgad&iacute;sima y perfectamente afilada, y
+p&uacute;sose a caldearla con gran cuidado en la llama de la chimenea.</p>
+
+<p>A&uacute;n vacil&oacute; un momento, y mir&oacute; a todas partes otra vez, y prest&oacute; o&iacute;do
+atento a los lejanos rumores del bulevar, bocanadas de locura y de
+placer que escalaban las ventanas, y se decidi&oacute; por &uacute;ltimo.</p>
+
+<p>Con ligereza suma introdujo la hojilla caldeada por debajo del lacre del
+cartapacio, y haci&eacute;ndola girar lentamente, desprendi&oacute; el sello tan
+<span class='pagenum'><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span>entero y tan intacto, que de nuevo pod&iacute;a volverse a pegar sin rastro
+alguno de fractura. Despu&eacute;s p&uacute;solo con grande precauci&oacute;n en un extremo
+del velador, sobre una hoja de papel blanco.</p>
+
+<p>Qued&oacute; abierto el misterioso cartapacio, y Jacobo, con avidez no exenta
+de temor, p&uacute;sose a registrarlo. Dentro ven&iacute;a una carta en italiano, no
+muy larga, de la misma letra, gorda y corrida, del sobre, firmada por
+Vittorio Emmanuele; ven&iacute;an tambi&eacute;n otros dos grandes sobres en blanco,
+sellados con la insignia de la francmasoner&iacute;a, un comp&aacute;s y una escuadra,
+cruzados en forma de rombo, sobre lacre verde.</p>
+
+<p>Mir&oacute;los Jacobo por todos lados, sin muestra alguna de sorpresa, y con la
+misma habilidad y ligereza de antes, arranc&oacute; tambi&eacute;n los sellos de
+ambos: el primero conten&iacute;a un gran pliego, escrito de letra menuda,
+marcados sus p&aacute;rrafos con n&uacute;meros romanos en forma de art&iacute;culos, y
+anotados varios de ellos al margen, por la misma letra gorda de la carta
+y el sobrescrito.</p>
+
+<p>Jacobo ley&oacute; todo ello con atenci&oacute;n, mas sin sorpresa, y como si todo lo
+que all&iacute; se trataba le fuera conocido; tan s&oacute;lo al recorrer los &uacute;ltimos
+art&iacute;culos en que el nombre del marqu&eacute;s de Sabadell aparec&iacute;a consignado,
+una sonrisa truhanesca entreabri&oacute; sus labios mientras murmuraba:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, pillo!...</p>
+
+<p>Lleg&oacute;le entonces el turno al &uacute;ltimo paquete, que era el m&aacute;s voluminoso:
+abri&oacute;lo con mucho tiento, por haberse pegado una esquinita del sobre, y
+al punto salieron de &eacute;l otros dos en blanco, y un tercero en que ven&iacute;a
+escrito un nombre que hizo a Jacobo pegar un salto, murmurando una de
+esas palabrotas groseras, familiares en momentos de c&oacute;lera o sorpresa
+<span class='pagenum'><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>aun a personas que presumen de cultas.</p>
+
+<p>Hab&iacute;ase quedado estupefacto; lat&iacute;ale el coraz&oacute;n, tembl&aacute;banle las
+rodillas, y revolv&iacute;a aquellos papeles con el ansia temerosa, el gozoso
+terror, si as&iacute; es posible sentirlo, del d&eacute;bil hombrecillo que se
+encontrara de repente entre las manos fabulosas riquezas de un gigante
+formidable que no ha de dej&aacute;rselas arrebatar. Por dos veces dirigi&oacute; una
+mirada furtiva a la puerta, como si temiera verla abrirse, a pesar de la
+llave que la cerraba por dentro.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a all&iacute; un verdadero arsenal de cartas y papeles comprometedores,
+important&iacute;simos por los nombres que los firmaban, perfectamente
+ordenados y clasificados en una especie de memoria adjunta, en que una
+pluma muy h&aacute;bil hab&iacute;a estampado datos interesantes y preciosas
+observaciones. Era aquello un tesoro de gran valor, una palanca
+formidable que, bien manejada, pod&iacute;a dar al traste en breve tiempo con
+gran parte de los pol&iacute;ticos revolucionarios que pululaban en Espa&ntilde;a.
+Eran letras de cambio pagaderas a la vista, que cualquiera pod&iacute;a cobrar
+en poder o en dinero.</p>
+
+<p>Todo lo devor&oacute; Jacobo l&iacute;nea a l&iacute;nea, letra a letra, pasando por todas
+las emociones de la sorpresa: el pasmo, el rencor, la esperanza, el
+recelo; hundi&eacute;ndose ambas manos en su crespa cabellera y apret&aacute;ndose el
+cr&aacute;neo como para impedir que su atenci&oacute;n se distrajese; oprimiendo
+algunos de aquellos papeles entre sus dedos temblorosos, como si
+quisiera indicar que eran suyos, que a &eacute;l solo pertenec&iacute;an, y nadie en
+el mundo se los hab&iacute;a de arrebatar; a veces, deten&iacute;ase un instante,
+cerraba los ojos y respiraba con fuerza, como si le faltase el
+aliento...</p>
+
+<p>Cuando acab&oacute; de leer estaba p&aacute;lido, y la vaga y temerosa mirada que
+<span class='pagenum'><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span>arroj&oacute; en torno expresaba la desconfianza, el temor que hace creer a
+todo criminal, aun en medio de un desierto, que le miran y le acechan
+ojos escrutadores.</p>
+
+<p>Levant&oacute;se entonces y comenz&oacute; a pasear, haciendo gestos de temor y de
+alegr&iacute;a, piruetas de ni&ntilde;o y de loco, par&aacute;ndose ante el espejo como si
+quisiera interrogar a su propia imagen, deteni&eacute;ndose ante el velador
+para coger las gotas de esperma que se deslizaban a lo largo de las
+buj&iacute;as color de rosa, y estrujarlas entre los dedos haciendo bolitas con
+adem&aacute;n reflexivo, imponente, amenazador...</p>
+
+<p>De pronto pareci&oacute; estorbarle la luz y las mat&oacute; todas de un soplo; luego
+abri&oacute; la ventana de par en par, y la muchedumbre, siempre compacta, de
+Par&iacute;s, lo desafiaba, precipit&aacute;ndose por el bulevar entre torrentes de
+luz, sin detenerse un momento, sin descansar nunca, como un alma r&eacute;proba
+condenada por Dios a una fiesta eterna.</p>
+
+<p>Entre los remolinos de aquella muchedumbre y los mil cambiantes de luces
+de todos colores y reflejos, que asemejaban el bulevar al fant&aacute;stico
+escenario de un baile de hadas, Jacobo s&oacute;lo ve&iacute;a un pensamiento, un plan
+cuyas primeras l&iacute;neas se le torc&iacute;an a cada instante, empujadas por ideas
+opuestas, por inconvenientes inesperados, por temores fundad&iacute;simos que
+le hac&iacute;an titubear, gimiendo de dolor como un ni&ntilde;o caprichoso a quien
+quitan de las manos una golosina, rugiendo de rabia como un le&oacute;n
+encadenado a quien arrancan de las garras su presa; que esto era para &eacute;l
+la idea de devolver aquellos documentos, de no quedarse con ellos
+utiliz&aacute;ndolos en provecho propio, y siendo actor principal&iacute;simo en vez
+de mero instrumento... Mas &iquest;c&oacute;mo responder entonces a la reclamaci&oacute;n del
+terrible propietario? &iquest;C&oacute;mo evitar la sospecha de aquel robo, hecha a un
+ladr&oacute;n sin duda, pero al fin y al cabo robo? &iquest;C&oacute;mo prevenir la venganza
+<span class='pagenum'><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span>terrible e inevitable que hab&iacute;a de seguirse al descubrimiento?...</p>
+
+<p>Entre las mil mojigangas rid&iacute;culas de que tantas veces se hab&iacute;a re&iacute;do en
+las logias, destac&aacute;base entonces en su imaginaci&oacute;n algo terror&iacute;fico,
+algo amenazador, que tomaba forma sensible en aquella palabra misteriosa
+que siempre hab&iacute;a pronunciado riendo y recordaba ahora temblando:</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;Neckan!</i> &iexcl;Venganza!...</p>
+
+<p>Preciso era obrar con prudencia y reflexionar, y pesar, y medir, y
+decidir sin tardanza...</p>
+
+<p>Y, como si esperase hallar con el movimiento alguna de esas ideas que se
+ocurren de repente al volver una esquina o brotan en medio del arroyo,
+lanz&oacute;se a la calle despu&eacute;s de encerrar en la c&oacute;moda todos los papeles, y
+sigui&oacute; por el bulevar des Capucins, y entr&oacute; por el de la Magdalena, y
+recorri&oacute; luego toda la calle Real, y entr&oacute;se despu&eacute;s por un laberinto de
+calles desconocidas, para volver a las dos horas al hotel, rendido,
+fatigado, sin haber pensado nada ni decidido nada tampoco...</p>
+
+<p>Porque era Jacobo de esos hombres audaces a la vez que irresolutos, en
+quienes la reflexi&oacute;n, lejos de allanar el camino al entendimiento que
+plantea y tirar de la brida a la apasionada voluntad que se desboca,
+s&oacute;lo consiguen enredar al primero en intrincadas imaginaciones, y
+exasperar a la segunda hasta hacerla saltar al fin, de repente, de un
+golpe, cuando menos lo requiere la oportunidad y lo aconseja la
+prudencia. Caracteres por lo general fogosos, impacientes, que obran por
+brotes m&aacute;s bien que por razonamientos, y tomando por realidades las
+perspectivas de la imaginaci&oacute;n, edifican sobre ellas fuertes castillos,
+sin m&aacute;s cimientos que el aire.</p>
+
+<p>Por la escalera, agarr&aacute;ndose a la balaustrada, sub&iacute;a renqueando un
+<span class='pagenum'><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span>viejo, envuelto en un largo y amplio gab&aacute;n de mackintosk, capaz de
+preservar de todas las humedades a un explorador del Polo.</p>
+
+<p>Pareci&oacute;le a Sabadell aquella estantigua el t&iacute;o Frasquito en persona, y
+comenz&oacute; a subir ligeramente con la idea de alcanzarlo. Mas el viejo, al
+notar que le persegu&iacute;an, zambull&oacute; el rostro en su gran cuello de pieles,
+y ocultando con presteza en el bolsillo del gab&aacute;n algo que en la mano
+llevaba, entr&oacute;se prontamente en el cuarto contiguo al de Jacobo.
+Qued&oacute;sele este mirando sorprendido y receloso, y dudando entonces de que
+fuese el t&iacute;o Frasquito, entr&oacute; tambi&eacute;n en su aposento.</p>
+
+<p>En el fondo de este hab&iacute;a una puertecita de escape que divid&iacute;a en dos un
+solo departamento, cerrado para ello con doble pasador por una y otra
+parte. Acerc&oacute;se a ella Jacobo de puntillas y p&uacute;sose a escuchar
+atentamente. Oy&oacute; entonces que echaba un f&oacute;sforo el vecino y aseguraba la
+puerta del corredor cerrando la llave por dentro... Oy&oacute; despu&eacute;s
+acercarse a la d&eacute;bil puertecilla unos ligeros pasos que no ahogaba del
+todo la alfombra, y sinti&oacute; un leve crujido en el pasador por la parte
+opuesta...</p>
+
+<p>Azorado, Jacobo dio un paso atr&aacute;s conteniendo casi el aliento, y
+lanzando una mirada r&aacute;pida a la c&oacute;moda que guardaba los papeles, sac&oacute;
+del bolsillo del pantal&oacute;n un rev&oacute;lver de seis tiros... El vecino le
+espiaba, y en su acalorada fantas&iacute;a vio ya el mas&oacute;n traidor los pu&ntilde;ales
+de todas las logias de Italia dispuestos a reclamarle el precioso
+dep&oacute;sito.</p>
+
+<p>El pestillo cruji&oacute; de nuevo mientras tanto; indudable era que el vecino
+lo echaba o descorr&iacute;a, y como natural era suponerlo echado, pod&iacute;a muy
+bien sospecharse que intentaban abrirlo. La puerta, charolada con gran
+primor, no presentaba agujero ni resquicio alguno que permitiera la
+<span class='pagenum'><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span>vista.</p>
+
+<p>Los ligeros pasitos volvieron a resonar otra vez alej&aacute;ndose, y Jacobo
+torn&oacute; a acercarse con el rev&oacute;lver montado y el o&iacute;do atento. A poco son&oacute;
+una tos sospechosa; no era la pulcra, perfumada y cadenciosa tos del t&iacute;o
+Frasquito, sino una tos asm&aacute;tica, tos de viejo, que recordaba esos
+crujidos peculiares que anuncian en las casas ruinosas el pr&oacute;ximo
+hundimiento.</p>
+
+<p>Otro ruido extra&ntilde;o vino a aumentar su zozobra: oy&oacute;se un ligero golpe
+met&aacute;lico, argentino, semejante al de la hoja de un pu&ntilde;al chocando con
+precauci&oacute;n sobre una superficie cristalina o marm&oacute;rea; despu&eacute;s, a
+intervalos y por largo rato, un ruido sordo de algo que frotaba con
+rapidez y ligereza...</p>
+
+<p>Quiz&aacute; el vecino afilaba el pu&ntilde;al, quiz&aacute; lo estaba envenenando...</p>
+
+<p>Todo qued&oacute; en silencio un breve rato; oy&eacute;ronse despu&eacute;s los ligeros
+pasitos en diversas direcciones; torn&aacute;ronse a acercar a la puerta,
+sinti&eacute;ndose tras ella el roce del vecino sospechoso que espiaba, y m&aacute;s
+tarde, al dar la una en el reloj del hotel, oy&oacute;se un golpe semejante al
+de un cuerpo pesado que cae sobre un colch&oacute;n de muelles; despu&eacute;s un
+&iexcl;Aaaaaah! prolongad&iacute;simo, un bostezo formidable, que vino a tranquilizar
+a Jacobo.</p>
+
+<p>Nadie que va a matar se prepara bostezando.</p>
+
+<p>Tranquilo ya entonces, aunque siempre receloso, puso el rev&oacute;lver sobre
+la mesa, y con el deleite del avaro que revuelve sus tesoros, engolf&oacute;se
+<span class='pagenum'><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span>de nuevo en la lectura y examen de los papeles.</p>
+
+<p>De repente salt&oacute; otra vez azorado en el asiento, echando mano al
+rev&oacute;lver: en el cuarto vecino hab&iacute;a resonado un salto violento, pasos
+precipitados, varios golpes en la puerta, y al punto una voz cascada,
+angustiosa, que gritaba en castellano:&mdash;&iexcl;Socorro!... &iexcl;Socorro!...</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, con el intervalo de un lamento, volvi&oacute; a escucharse en franc&eacute;s:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Au secours</i>!... <i>Au secours</i>!...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IVbmdash" id="IVbmdash"></a><a href="#toc">&mdash;IV&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>De mal&iacute;simo humor volvi&oacute; aquella noche al <i>Grand H&ocirc;tel</i> el t&iacute;o
+Frasquito: hab&iacute;a aguantado dos horas el aristocr&aacute;tico aburrimiento del
+C&iacute;rculo de la Uni&oacute;n, <i>sancta sanctorum</i> del <i>Faubourg Saint-Germain</i>
+masculino, en que tan escasos profanos logran entrada franca, y es, por
+lo mismo, objeto codiciado por todos los vanidosos ilustres. Siempre la
+gallina del vecino nos parece una pava, y bostezar en compa&ntilde;&iacute;a de los
+Montmorency y los Rohan no deja de tener cierto encanto, aun para los
+que suelen unir sus bostezos a los de los Osunas y los Medinacelis.</p>
+
+<p>Sol&iacute;a quejarse el t&iacute;o Frasquito con harta frecuencia de dolor de muelas,
+y aprovechaba esta ocasi&oacute;n para desplegar toda la boca con gesto
+doloroso, poniendo de manifiesto una magn&iacute;fica dentadura, limpia, igual
+y blanca, como las teclas de un piano que le hab&iacute;a costado diez mil
+francos en casa de Ernest, famoso dentista de Napole&oacute;n III.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span></p><p>Lament&aacute;base entonces de sufrir dolores tan acerbos con una dentadura
+tan sana, y guard&aacute;base muy bien de a&ntilde;adir que radicaban estos en cierta
+muela rezagada, &uacute;nica propia, existente all&aacute; en los confines de sus
+enc&iacute;as, como una piedra miliaria en mitad de un desierto.</p>
+
+<p>La impresi&oacute;n del fr&iacute;o prod&uacute;jole a la salida del C&iacute;rculo una ligera
+punzada en la muela f&oacute;sil, y apret&oacute; el paso sobresaltado para llegar
+pronto al hotel y tomar buchadas de elixir que le librasen de una noche
+toledana. En mitad de la escalera mir&oacute; a todas partes con grandes
+precauciones, y no descubriendo alma viviente que sorprendiera su
+secreto, sac&oacute;se prontamente la dentadura y envolvi&oacute;la en el pa&ntilde;uelo: eso
+le aliviaba mucho, y le desfiguraba tanto, que parec&iacute;a entonces su
+fisonom&iacute;a una burlesca caricatura de s&iacute; misma.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito ten&iacute;a su habitaci&oacute;n en el piso cuarto, y al llegar al
+segundo, not&oacute; con sobresalto que alguien le segu&iacute;a por la escalera...
+Apret&oacute; el paso azorado, y mirando por el rabillo del ojo, descubri&oacute; al
+marqu&eacute;s de Sabadell que sub&iacute;a de dos en dos los escalones, para
+alcanzarle sin duda. &iexcl;Santo Dios, y qu&eacute; apuro tan grande!</p>
+
+<p>Zambull&oacute; la cara hasta las cejas en el gran cuello de pieles, guard&oacute;se
+prontamente en el bolsillo la dentadura y apret&oacute; a correr hasta llegar
+sin resuello a la puerta del aposento.</p>
+
+<p>&iexcl;Perrrverrsa suerrte!</p>
+
+<p>Sabadell le segu&iacute;a sin descanso, y deten&iacute;ase al fin a la puerta del
+cuarto vecino sin osar acerc&aacute;rsele, pero mir&aacute;ndole de hito en hito,
+extra&ntilde;ado, atento, receloso...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se trag&oacute; la parrtida!&mdash;pens&oacute; el t&iacute;o Frasquito&mdash;. Ma&ntilde;ana sabe todo
+<span class='pagenum'><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span>Parrr&iacute;s que no tengo dientes.</p>
+
+<p>Y afligido con esta idea, entr&oacute;se atropelladamente en su cuarto,
+encendi&oacute; la luz y corri&oacute; a asegurar la puertecilla de comunicaci&oacute;n por
+la parte de dentro, temeroso de que el importuno vecino acechase sus
+secretos.</p>
+
+<p>Este parec&iacute;a, en efecto, abrigar intenciones perversas, porque el t&iacute;o
+Frasquito percib&iacute;a claramente del otro lado del tabique ruidos extra&ntilde;os
+que le desasosegaban, poni&eacute;ndole nervioso; la puertecilla, sin embargo,
+no ten&iacute;a rendija alguna traidora que diera paso a una mirada, y esto lo
+tranquiliz&oacute; alg&uacute;n tanto.</p>
+
+<p>Tom&oacute; sus buchadas de elixir, desapareci&oacute;le por completo el dolor de
+muelas y p&uacute;sose a limpiar la dentadura, frot&aacute;ndola con un cepillo de
+mango atornillado de plata, que produc&iacute;a al chocar contra el cristal o
+el m&aacute;rmol del lavabo sonidos met&aacute;licos.</p>
+
+<p>Hecha esta operaci&oacute;n, comenz&oacute; el t&iacute;o Frasquito a desprenderse de sus
+accesorios componentes para meterse en la cama; mas antes, en puntillas
+y ya en mangas de camisa, hizo un tercer viaje de exploraci&oacute;n a la
+puertecilla sospechosa; el vecino parec&iacute;a tranquilo y el t&iacute;o Frasquito
+emprendi&oacute; el viaje de vuelta, dando largas y sigilosas zancadas, y
+tarareando muy bajo, con pueril satisfacci&oacute;n, aquello de <i>Las Hijas de
+Eva</i>:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Tranquila est&aacute; la venta,<br /></span>
+<span class="i0">No se oye ni un mosquito...<br /></span>
+</div></div>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span></p><p>Quit&oacute;se con grandes precauciones la perfumada peluca y cal&oacute;se
+prontamente un gorro de dormir de forma piramidal, terminado en una
+borlita: un sencillo y majestuoso <i>casque &agrave; m&egrave;che</i>, de aquellos que
+recomendaba Jer&oacute;nimo Paturot a sus parroquianos por usarlos as&iacute; monsieur
+V&iacute;ctor Hugo. Sabido es que el <i>bonnet de nuit</i> es entre los franceses
+una veneranda instituci&oacute;n social que nivela todas las cabezas, como las
+nivel&oacute; en otro tiempo la cuchilla de la guillotina. Felipe Augusto y el
+&uacute;ltimo de los albigentes aparec&iacute;an tan iguales a la sombra del primero,
+como Robespierre y Luis XVI aparecieron siglos despu&eacute;s bajo el filo de
+la segunda.</p>
+
+<p>Media hora larga tard&oacute; el t&iacute;o Frasquito en desarmarse de todo, y cuando
+envuelto en su largo camis&oacute;n se dej&oacute; caer en la cama, Hubi&eacute;rase dicho
+que el t&iacute;o Frasquito que se acostaba era la ra&iacute;z c&uacute;bica del t&iacute;o
+Frasquito que, rellenado y compuesto, se exhib&iacute;a por todas partes.</p>
+
+<p>A la luz de la palmatoria que sobre la mesilla de noche ard&iacute;a p&uacute;sose a
+leer, seg&uacute;n su costumbre, una novela del vizconde <i>d'Arlincourt</i>, para
+conciliar el sue&ntilde;o. Gust&aacute;bale el g&eacute;nero rom&aacute;ntico, y pas&aacute;bansele a veces
+las noches de claro en claro, cual si tuviese quince a&ntilde;os, compadeciendo
+los dolores de alguna Clarisa o participando de las ternezas de alg&uacute;n
+Adolfo. La primera cabezada del sue&ntilde;o h&iacute;zole dar con las narices en la
+mesilla de noche, y el libro rod&oacute; por el suelo: inclin&oacute;se, sin embargo,
+a recogerlo, porque el cap&iacute;tulo era interesante y quer&iacute;a terminarlo.</p>
+
+<p>A poco, un fuerte olor a trapo quemado lleg&oacute; a sus narices, haci&eacute;ndole
+incorporarse con sobresalto, temiendo los riesgos de un incendio. Mir&oacute; a
+todas partes; nada se descubr&iacute;a por ning&uacute;n lado que denunciase el voraz
+elemento, y, sin embargo, el tufillo o trapo quemado segu&iacute;a d&aacute;ndole en
+<span class='pagenum'><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span>las narices con progresiva persistencia.</p>
+
+<p>Asom&oacute; la cabeza fuera de las cortinas del lecho, mir&oacute; bajo la almohada,
+entre las mantas, en la fosforera de porcelana que sobre la mesilla
+ten&iacute;a... &iexcl;Nada, nada! Quiz&aacute; hab&iacute;a ca&iacute;do alguna prenda de vestir en la
+chimenea: alg&uacute;n calcet&iacute;n, alg&uacute;n pa&ntilde;uelo...</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito salt&oacute; fuera de la cama y corri&oacute; all&iacute; muy alarmado...
+&iexcl;Tampoco!... El fuego ard&iacute;a en la chimenea moderadamente, y la espesa
+grille met&aacute;lica que la cerraba no permit&iacute;a el paso a ninguna brasa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cosa m&aacute;s singularr!...</p>
+
+<p>&iquest;Ser&iacute;a quiz&aacute; en el cuarto vecino, o en el corredor de entrada, o tal vez
+en el bulevar, alg&uacute;n incendio formidable que hiciera penetrar a trav&eacute;s
+de las maderas sus inflamados miasmas? El t&iacute;o Frasquito corri&oacute; primero a
+la puerta de entrada, a la de comunicaci&oacute;n luego, y a la ventana por
+&uacute;ltimo, sin encontrar rastro alguno de incendio, con las narices
+abiertas, olfateando siempre y percibiendo, mientras m&aacute;s se mov&iacute;a de una
+parte a otra, el alarmante tufo m&aacute;s marcado.</p>
+
+<p>&mdash;Perrro, se&ntilde;orr, &iquest;qu&eacute; se quema?... &iexcl;Si esto parrrece cosa de
+magia!&mdash;pensaba el t&iacute;o Frasquito, en camisa, en mitad del aposento, con
+los brazos cruzados, el cuello tendido, y dirigiendo a los cuatro
+&aacute;ngulos sus narices dilatadas y sus ojos muy abiertos.</p>
+
+<p>Pareci&oacute;le entonces sentir un calorcillo alarmante en lo alto de la
+cabeza, y mir&oacute; al techo... &iexcl;Nada tampoco!... Volvi&oacute;se r&aacute;pidamente, y un
+grito de espanto se escap&oacute; de sus labios al verse frente a frente de un
+espejo... En &eacute;l se reflejaba su estrafalaria figura, cubierta por el
+largo camis&oacute;n y coronada por el gorro de dormir, en cuya punta brillaba
+<span class='pagenum'><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span>una rojiza llamita... &iexcl;Cielo divino, all&iacute; estaba el incendio!</p>
+
+<p>El miedo no raciocina nunca, y el que sinti&oacute; el t&iacute;o Frasquito impidi&oacute;le
+comprender que la borlita del gorro se hab&iacute;a inflamado en la palmatoria
+al inclinarse para recoger en el suelo el malhadado libro... Perdi&oacute;,
+pues, del todo la cabeza el pobre viejo, lanz&oacute;se al timbre el&eacute;ctrico,
+corri&oacute; luego a la puerta pidiendo socorro, y aporreando despu&eacute;s la de
+Jacobo, grit&oacute; de nuevo:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Au secours</i>!... <i>Au secours</i>!...</p>
+
+<p>Abri&oacute;se entonces violentamente la puertecilla y apareci&oacute; en ella Jacobo,
+rev&oacute;lver en mano... Imposible era reconocer al t&iacute;o Frasquito en aquel
+esperpento, y Jacobo no vino en la cuenta de qui&eacute;n era hasta que
+tendiendo el fantasma hacia &eacute;l los brazos abiertos, grit&oacute; angustiado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jacobo!... &iexcl;Jacobo!...</p>
+
+<p>Este, sin comprender nada todav&iacute;a, diole por primera providencia un gran
+sopapo en la cabeza, y el gorro inflamado rod&oacute; por el suelo,&mdash;dejando al
+descubierto una calavera monda y lironda, blanca y reluciente como un
+mel&oacute;n invernizo.</p>
+
+<p>Fue todo aquello una grotesca escena de sainete, acaecida en un segundo,
+y, sin embargo, aquella peque&ntilde;a y rid&iacute;cula trivialidad de la vida
+decidi&oacute; para siempre de la suerte de Jacobo...</p>
+
+<p>El criado de servicio en aquel departamento llamaba, atra&iacute;do por el
+timbre, a la puerta del cuarto; comprendi&oacute; entonces el t&iacute;o Frasquito lo
+rid&iacute;culo de la situaci&oacute;n, y cada vez m&aacute;s angustiado, cal&oacute;se prontamente
+una gorra de pelo, envolvi&oacute;se en un abrigo de pieles, p&uacute;sose la
+dentadura y refugi&oacute;se en el aposento de Jacobo, dici&eacute;ndole a este medio
+<span class='pagenum'><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>lloroso y suplicante:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Contesta t&uacute;, Jacobito!... &iexcl;Que no me vean!...</p>
+
+<p>Entonces, de repente, entre la espesa bruma de temores y perplejidades
+que envolv&iacute;a la mente de Jacobo como una cerraz&oacute;n del oc&eacute;ano,
+paralizando su natural audacia, brot&oacute; un punto luminoso... El t&iacute;o
+Frasquito era rico, influyente, ten&iacute;a entrada en todas partes, y aquella
+rid&iacute;cula aventura le pon&iacute;a en su poder atado de pies y manos, dadas las
+femeniles man&iacute;as del presumido viejo. Las torcidas l&iacute;neas de su plan
+comenzaron al punto a enderezarse, y una idea germin&oacute; al fin en su
+mente, vaga todav&iacute;a e indecisa, pero visible ya, como el capullo del
+gusano de seda a trav&eacute;s de su sedosa borra.</p>
+
+<p>Despidi&oacute; al criado, disculpando al t&iacute;o Frasquito con una alarma
+infundada, apag&oacute; el gorro, todav&iacute;a inflamado, en la jofaina llena de
+agua, abri&oacute; un poco la ventana para renovar el aire y volvi&oacute; presuroso a
+su cuarto, donde el t&iacute;o Frasquito le aguardaba.</p>
+
+<p>Este, sosegado ya y tranquilo, hall&aacute;base arrellanado en la poltrona, al
+calor del fuego; cuando entr&oacute; Jacobo, examinaba atentamente, con aire de
+aficionado, los tres sellos de lacre arrancados a los cartapacios por el
+mas&oacute;n traidor y olvidados en su azoramiento encima de la mesa.</p>
+
+<p>Los papeles estaban a buen recaudo, encerrados bajo llave en la c&oacute;moda
+del fondo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; alboroto m&aacute;s necio!&mdash;exclam&oacute; el t&iacute;o Frasquito al verle.</p>
+
+<p>Y queriendo atenuar lo rid&iacute;culo de la escena, no d&aacute;ndole importancia
+<span class='pagenum'><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span>alguna, a&ntilde;adi&oacute; en seguida:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; sellos son estos?... No los conozco...</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito coleccionaba sellos diplom&aacute;ticos, seg&uacute;n ya dijimos, y
+ten&iacute;a un &aacute;lbum de curiosos ejemplares que compraba a precios muy
+subidos. D&iacute;as antes hab&iacute;a pagado doscientos francos por un sello antiguo
+de cera de Yacoub Almanzor, que ostentaba en letras &aacute;rabes esta hermosa
+leyenda: &laquo;Que Dios juzgue a Yacoub, como Yacoub haya juzgado&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;La corrrona esta es de Italia: corrrona rreal sobre la cruz de
+Saboya&mdash;prosigui&oacute; el t&iacute;o Frasquito&mdash;. Uno id&eacute;ntico tengo de V&iacute;ctor
+Manuel, perrro estos otros no los conozco...</p>
+
+<p>Embarazado Jacobo al ver en manos del t&iacute;o Frasquito aquella prueba
+flagrante de su atentado, no contestaba, y el viejo, volviendo y
+revolviendo en todas direcciones los dos sellos verdes, preguntaba sin
+cesar:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qui&eacute;n son?... &iquest;Te sirven?</p>
+
+<p>Jacobo, m&aacute;s y m&aacute;s embarazado, contest&oacute; por decir algo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que no lo aciertas?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Toma!&mdash;exclam&oacute; de repente el t&iacute;o Frasquito&mdash;. &iexcl;Ya lo creo! El comp&aacute;s
+y la escuadra y la rramita de acacia en medio... &iexcl;Torrrpe de m&iacute;! &iexcl;Si
+esto huele a logia que trasciende!...</p>
+
+<p>Jacobo se ech&oacute; a re&iacute;r forzadamente, y el t&iacute;o Frasquito, con el ardor de
+<span class='pagenum'><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span>un amateur que tropieza con una ganga, a&ntilde;adi&oacute; entusiasmado:</p>
+
+<p>&mdash;Pues me los vas a darr, Jacobito... De estos no tengo ninguno, y son
+currios&iacute;simos... Supongo que no te servir&aacute;n; a lo menos, uno me llevo...</p>
+
+<p>&iexcl;Cosa extra&ntilde;a y, sin embargo, harto com&uacute;n en caracteres como el de
+Jacobo! Cuatro horas llevaba este batallando consigo mismo sin osar
+decidirse, y de repente, en un momento, con cuatro palabras tan s&oacute;lo,
+quem&oacute; sus naves y decidi&oacute; su suerte.</p>
+
+<p>&mdash;Ll&eacute;vate los tres, si quieres&mdash;dijo encogi&eacute;ndose de hombros.</p>
+
+<p><i>Alea jacta est</i>!... Una vez entregados los sellos, imposible era
+colocarlos en su lugar y devolver los papeles, conservando copia de
+ellos, como hab&iacute;a sido su primera idea, y hac&iacute;ase preciso correr los
+riesgos de aquel audaz atentado, sin que hubiese ya lugar al
+arrepentimiento. Aquel punto luminoso le deslumbraba sin duda, o el
+capullo de su idea iba poco a poco aclarando la borra nebulosa en que
+antes aparec&iacute;a envuelto.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito no se hizo repetir la invitaci&oacute;n: envolvi&oacute; los sellos
+con gran cuidado en el papel en que se hallaban puestos y guard&oacute;selos
+prontamente en el bolsillo, como si temiese que Jacobo revocase la
+d&aacute;diva. Este le miraba hacer con una extra&ntilde;a sonrisa, y cuando el
+terrible papelito desapareci&oacute; en el bolsillo del viejo, murmur&oacute; en
+lengua turca:</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;Olsum!</i><a name="FNanchor_11_11" id="FNanchor_11_11"></a><a href="#Footnote_11_11" class="fnanchor">[11]</a>...</p>
+
+<p>Y levant&aacute;ndose de pronto, propuso al t&iacute;o Frasquito pedir un <i>bowl</i> de
+<i>punch</i> bien caliente. Excus&oacute;se este, dando por pretexto lo avanzado de
+la hora; mas Jacobo, con frases cari&ntilde;osas y expresivas y cierto aire
+<span class='pagenum'><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span>melanc&oacute;lico que sentaba muy bien a su varonil hermosura, le inst&oacute; a que
+se quedase. &iquest;Iba a negarle aquel rato de expansi&oacute;n?... &iexcl;Estaba tan
+triste, tan abatido, tan solo en el mundo!</p>
+
+<p>Mir&oacute;le el t&iacute;o Frasquito extra&ntilde;ado, y la curiosidad, que es la fuerza de
+resistencia m&aacute;s sufrida que se conoce, le clav&oacute; en el asiento... Quiz&aacute;
+iba a despejar la X misteriosa que se debat&iacute;a aquella misma tarde en la
+terraza del <i>Grand H&ocirc;tel</i>, la inc&oacute;gnita que representaba la presencia
+intempestiva de Jacobo en Par&iacute;s, abandonando su Embajada de
+Constantinopla. El t&iacute;o Frasquito recordaba haber aprendido en el Colegio
+Imperial, all&aacute; cincuenta a&ntilde;os antes, aquello de Horacio: &laquo;<i>Fecundi
+calices quem non fecere disertum</i>?&raquo;. Y el ponche fue aceptado con
+disimulado entusiasmo.</p>
+
+<p>Horacio no se equivoc&oacute;, en efecto: Jacobo comenz&oacute; inter pocula sus
+confidencias, hablando lentamente, muy bajo, a retazos, como un hombre
+agobiado de pena que destila gota a gota por los labios la amargura que
+inunda su alma... Abrum&aacute;bale el peso de un remordimiento, de una
+espantosa cat&aacute;strofe de que hab&iacute;a sido &eacute;l causa involuntaria,
+oblig&aacute;ndole a huir de Constantinopla con el coraz&oacute;n hecho pedazos y la
+conciencia salpicada de sangre...</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito peg&oacute; un brinco en el asiento, abriendo los ojos
+tama&ntilde;os, y Jacobo inclin&oacute; la cabeza entre las manos, mirando atentamente
+su copa vac&iacute;a y guardando silencio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hombrre, hombrre... eso es serio!&mdash;murmur&oacute; el viejo asustado; y como
+viese que el otro prolongaba su silencio, tir&oacute;le de la lengua, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Serr&iacute;a cuesti&oacute;n de faldas, sin duda...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span></p><p>&mdash;O de pantalones, que para el caso viene a ser, en Turqu&iacute;a, lo
+mismo&mdash;replic&oacute; Jacobo.</p>
+
+<p>Y de repente, de un tir&oacute;n, con el violento esfuerzo de un hombre que
+arroja lejos de s&iacute; un peso que le abruma, refiri&oacute; con todos sus detalles
+la terrible historia de la cadina Sarah&iacute;... El t&iacute;o Frasquito escuchaba
+con la boca abierta, encogi&eacute;ndose, encogi&eacute;ndose en la poltrona,
+convencido de su peque&ntilde;ez, a medida que lo novelesco y lo terrible
+agigantaban en su imaginaci&oacute;n la figura del h&eacute;roe de aquella aventura
+legendaria, de que era el primer confidente y esperaba ser futuro
+cronista... Y a la idea de ser el primero en lanzar a los cuatro vientos
+de la publicidad la tr&aacute;gica aventura, el t&iacute;o Frasquito se alargaba, se
+alargaba en la poltrona, hasta hombrearse con el h&eacute;roe como la sombra se
+hombrea con el cuerpo y el eco con la m&uacute;sica, y Homero con Aquiles, y el
+inmortal Virgilio con el divino Eneas. &iexcl;Y pensar que era ya demasiado
+tarde para correr de casa en casa aquella misma noche dando la
+noticia!...</p>
+
+<p>Jacobo le&iacute;a en la cara de babieca del t&iacute;o Frasquito lo que all&aacute; para sus
+adentros iba pensando, y no pudo contener una sonrisa de triunfo al ver
+conseguido su primer intento. Al d&iacute;a siguiente, la historia de la cadina
+correr&iacute;a por Par&iacute;s entero, justificando gloriosamente su fuga de
+Constantinopla, y rode&aacute;ndole a &eacute;l de la aureola de lo novelesco, de lo
+absurdo, de lo imposible; pedestal el m&aacute;s alto sobre que suele colocar
+sus &iacute;dolos de un d&iacute;a el p&uacute;blico de papanatas ilustres, que anda a caza
+de novedades y cuentos.</p>
+
+<p>Harto conoc&iacute;a Jacobo aquel p&uacute;blico, y necesitaba y le bastaba un solo
+d&iacute;a para sentar seguramente el pie en el nuevo terreno a que sus planes
+le llevaban. Quiso, sin embargo, remachar el clavo, y levant&aacute;ndose sin
+decir palabra, fuese a la maletilla abierta sobre la c&oacute;moda, revolvi&oacute; un
+<span class='pagenum'><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span>poco y arroj&oacute; despu&eacute;s sobre el velador, delante del t&iacute;o Frasquito, un
+peque&ntilde;o objeto, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;&Uacute;nico recuerdo de mi idilio de Oriente!...</p>
+
+<p>Era una babucha, pero una babucha inveros&iacute;mil por su tama&ntilde;o, de raso
+blanco, con puntera de filigrana de oro y lazos de pluma de cisne
+sujetos con esmeraldas: una preciosidad art&iacute;stica, cortada sin duda
+alguna a la medida del pie de un hada, y hecha, m&aacute;s bien que para
+encerrar un pie humano, para guardar joyas y dijes sobre el tocador de
+una dama.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito se qued&oacute; pasmado, vi&eacute;ndose otra vez chiquitito,
+chiquitito como el <i>little man</i> Carlos Statton, que pod&iacute;a ba&ntilde;arse en
+aquella ponchera, y figur&aacute;ndose a Jacobo alto, alto como el Napole&oacute;n de
+la columna de Vend&ocirc;me, que mira a los hombres por la coronilla...</p>
+
+<p>Un deseo irresistible, tentador, naci&oacute; entonces en su alma y se detuvo
+en sus labios t&iacute;mido y respetuoso. Hubiera dado su m&aacute;s preciada joya, su
+dentadura misma de Ernest, por tener tan s&oacute;lo veinticuatro horas aquella
+presea de la cadina y pasearla por todos los salones y ense&ntilde;arla a todos
+los curiosos, desempe&ntilde;ando as&iacute; un <i>bout de r&ocirc;le</i> en aquella novelesca
+tragedia que hab&iacute;a de ser al d&iacute;a siguiente tema obligado de todas las
+conversaciones. Par&iacute;s entero correr&iacute;a a postrarse ante aquel ex&oacute;tico
+zapato y &eacute;l ser&iacute;a entonces el sumo sacerdote que mostrase la reliquia a
+la turba de noveleros.</p>
+
+<p>Y como si Jacobo leyese en su frente aquel deseo, y desde las alturas de
+la columna de honor en que el viejo le colocaba se dignase realizarlo,
+<span class='pagenum'><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span>le dijo de pronto:</p>
+
+<p>&mdash;T&iacute;o Frasquito..., hazme un favor...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?...</p>
+
+<p>&mdash;Gu&aacute;rdate eso...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Perrro, hombre!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, s&iacute;!... Ll&eacute;vatelo y que no lo vea m&aacute;s... Para m&iacute; es un recuerdo
+triste, y para ti es un <i>bibelot</i> curioso, que puedes colocar encima de
+tu mesa...</p>
+
+<p>&mdash;Perrro, Jacobito, hijo..., no s&eacute; si debo...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; debes, hombre, s&iacute; debes... Ah&iacute; llevas la zapatilla de Cener&eacute;ntola;
+el d&iacute;a en que encuentres una mujer que pueda calz&aacute;rsela, ese d&iacute;a me la
+devuelves.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces es m&iacute;a parra siemprre&mdash;replic&oacute; el t&iacute;o Frasquito
+encantado&mdash;. No creo que fuerrra de Turqu&iacute;a se calcen las mujeres con
+hojas de lirrrio.</p>
+
+<p>Despidi&oacute;se al fin el t&iacute;o Frasquito de Jacobo con las mayores muestras de
+cari&ntilde;o, y no bien se vio a solas en su cuarto, comenz&oacute; a examinar la
+babucha por todos lados, acabando por meter dentro las narices...
+Retir&oacute;las, sin embargo, al punto, haciendo un gesto de disgusto: no
+encontraba all&iacute; aquel suave perfume de Smirna, mezcla de &aacute;loe y de
+incienso, que se figuraba &eacute;l hab&iacute;a de dejar dondequiera que se posase el
+pie de una odalisca: lejos de eso, ol&iacute;a mal, muy mal&mdash;y el t&iacute;o Frasquito
+frunc&iacute;a la boca y arrugaba las narices&mdash;; ol&iacute;a a una cosa rara, as&iacute; como
+<span class='pagenum'><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span>mezcla de cuero sin adobar y engrudo medio podrido.</p>
+
+<p>Mir&oacute; entonces a la suela, y estaba esta limpia, flamante, como si jam&aacute;s
+se hubiera puesto en contacto con el suelo, ni sufrido la presi&oacute;n de la
+m&aacute;s ligera golondrina... &iexcl;Hum!... &iquest;Si resultar&iacute;a despu&eacute;s de todo que el
+tal Jacobito era un grand&iacute;simo embustero, que le hab&iacute;a encajado una
+sarta de mentiras?...</p>
+
+<p>Y pensando en esto, el t&iacute;o Frasquito qued&oacute;se largo rato inm&oacute;vil, mirando
+atentamente la suela del zapato, como si interrogase a la Esfinge...
+Encogi&oacute;se al fin de hombros: despu&eacute;s de todo, aunque la reliquia
+resultase ap&oacute;crifa y tuviera que ver con la cadina lo que sus calzones
+de &eacute;l con los del gran Turco, nada se perd&iacute;a en ello... <i>Se non &egrave; vero,
+&egrave; bene trovato.</i> &iexcl;Mayores <i>pamphlets</i> hab&iacute;a visto &eacute;l correr por el
+mundo!...</p>
+
+<p>De pronto se acord&oacute; de una cosa important&iacute;sima, y corri&oacute; a dar discretos
+golpecitos en la puerta de Jacobo; este, con su truhanesca sonrisa
+estereotipada sobre los labios, ocup&aacute;base en aquel momento en esconder
+en el &uacute;ltimo rinc&oacute;n de la maleta la babucha compa&ntilde;era de la regalada al
+t&iacute;o Frasquito. La historia de la cadina era cierta, mas la babucha
+hab&iacute;ala comprado &eacute;l en el Gran Bazar, por mero capricho, a uno de esos
+viejos turcos de rostro impasible, ojos de vidrio, enorme turbante y
+caft&aacute;n naranjado, que recuerdan todav&iacute;a en la Constantinopla moderna los
+tiempos de Bayaceto y Solim&aacute;n el magn&iacute;fico. El t&iacute;o Frasquito asom&oacute;
+t&iacute;midamente la cabeza, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Jacobo, Jacobito..., dispensa... Me parrrece lo mejor que no digas
+nada de aquello...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; es aquello?</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span></p><p>&mdash;Pues hombre, aquello... Lo del gorrro, lo del incendio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, ya!, ni siquiera me acordaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues clarrro est&aacute;! Es una tonterrr&iacute;a... Perrro ya t&uacute; ves; &iexcl;la gente
+es tan necia!... Se rr&iacute;e de todo y lo pone a uno en rrid&iacute;culo...</p>
+
+<p>&mdash;Descuida, hombre, descuida... &iquest;A qui&eacute;n voy yo a contar semejantes
+sandeces?</p>
+
+<p>&mdash;Pues, buenas noches, Jacobito... Dispensa... Si ocurre algo, pega en
+el tabique... Yo tengo el sue&ntilde;o de un p&aacute;jarrro; en eso parrrezco un
+viejo...</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito acost&oacute;se al fin muy satisfecho, pensando en ma&ntilde;ana, y
+al apagar la luz, esta vez con grandes precauciones, tuvo un escalofr&iacute;o
+de espanto... Pareci&oacute;le que se arremolinaban las tinieblas en medio del
+aposento y surg&iacute;a de ellas mismas el eunuco estrangulado, con el dogal
+al cuello, los ojos fuera de las &oacute;rbitas, el paso lento, la mano
+extendida, fr&iacute;a, yerta, que se alargaba, se alargaba hacia &eacute;l... y le
+tiraba de las narices.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito se tap&oacute; la cabeza con la s&aacute;bana, apret&oacute; mucho los ojos
+y por tres veces se santigu&oacute; muy de prisa.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" /><p><span class='pagenum'><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span></p>
+<h2><a name="Vbmdash" id="Vbmdash"></a><a href="#toc">&mdash;V&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>El certamen de belleza femenina, celebrado primero en Spa y luego en
+Budapest, despert&oacute; en la condesa de Albornoz la felic&iacute;sima idea de hacer
+circular por toda Europa art&iacute;stica y civilizada la suya propia.
+Verdaderamente, era para ella una desgracia llamarse Albornoz, porque de
+ser su nombre menos ilustre, hubiera corrido a la capital del antiguo
+reino de los Esteban y Vladimiros a disputar el premio de la hermosura a
+Cornelia Szekely, la h&uacute;ngara laureada.</p>
+
+<p>No pudiendo, pues, ganarlo en persona, ide&oacute; ganarlo en efigie,
+discurriendo para ello hacerse retratar por Bonnat y enviar la obra
+maestra de exposici&oacute;n en exposici&oacute;n, para que, apoder&aacute;ndose de ella el
+buril y la fotograf&iacute;a, no quedara rinc&oacute;n del mundo en que se ignorase
+que la condesa de Albornoz ten&iacute;a los ojos, seg&uacute;n la frase de Di&oacute;genes,
+pasados por agua. As&iacute; y todo, cre&iacute;alos ella, all&aacute; en las morbosas
+excitaciones de su amor propio, capaces de realizar el sue&ntilde;o de
+Alejandro y de Napole&oacute;n: someter el universo.</p>
+
+<p>Esta idea trascendental deten&iacute;ala en Par&iacute;s desde el mes de noviembre, y
+tres veces por semana dign&aacute;base <i>poser</i>, para bien de la humanidad, en
+el estudio del gran artista. El retrato deb&iacute;a de estar concluido para la
+pr&oacute;xima exposici&oacute;n de Viena, y cost&aacute;bale el caprichito la friolera de
+cuarenta mil francos. Carillo era, sin duda, &iquest;pero para qu&eacute;, si no, le
+hab&iacute;a dado Dios el dinero?</p>
+
+<p>Aquella ma&ntilde;ana hab&iacute;a enviado Currita un recado a Bonnat para que no la
+aguardase, a causa de tener que acompa&ntilde;ar a su majestad la reina a la
+capilla expiatoria del bulevar Haussman. Las once hab&iacute;an dado ya en el
+reloj del <i>Grand H&ocirc;tel</i>, y Kate, la doncella inglesa, prend&iacute;a con dos
+largas agujas de oro en la cabeza de Currita la riqu&iacute;sima mantilla
+espa&ntilde;ola de encajes con que se propon&iacute;a la dama quitar la devoci&oacute;n a los
+<span class='pagenum'><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span>pocos que la tuviesen, en las honras f&uacute;nebres del infortunado Luis XVI.</p>
+
+<p>La duquesa de Bara hab&iacute;ale ya avisado con su doncella que le estaba
+aguardando, para ir juntas al palacio Basilewsky, y Currita, nerviosa e
+impaciente, preguntaba sin cesar a Kate si el se&ntilde;or marqu&eacute;s no hab&iacute;a
+vuelto.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora&mdash;respondi&oacute; la doncella.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;a qu&eacute; hora sali&oacute;?... &iquest;C&oacute;mo ha madrugado tanto?</p>
+
+<p>&mdash;Si no ha salido...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues c&oacute;mo es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Porque desde anoche no ha vuelto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya!&mdash;exclam&oacute; Currita.</p>
+
+<p>Y mir&aacute;ndose en el espejo, se arregl&oacute; con sumo cuidado un rojo ricito que
+con gran prudencia encubr&iacute;a sobre su frente una manchita de pecas.</p>
+
+<p>La duquesa de Bara, cansada de aguardar, lleg&oacute; en busca de la perezosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero, Curra, qu&eacute; haces?... &iexcl;Mira que la reina estar&aacute; aguardando!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos, vamos, Beatriz!... Parece que no conoces a la se&ntilde;ora: las doce
+nos dar&aacute;n sin salir de la c&aacute;mara.</p>
+
+<p>Y observando que completaba tambi&eacute;n la <i>toilette</i> de luto de la duquesa
+<span class='pagenum'><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span>una mantilla espa&ntilde;ola, exclam&oacute; muy alborozada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mujer, hemos tenido la misma idea!... &iexcl;Qu&eacute; delicia!... Les <i>grands
+esprits se rencontrent</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Para representar a Espa&ntilde;a, no se pod&iacute;a ir de otra manera... Lo que
+siento es no haber pensado en el abanico...</p>
+
+<p>&mdash;Pues por lo mismo compr&eacute; yo ayer uno... M&iacute;ralo, no es feo... &iquest;Quieres
+otro igual? Kate te lo traer&aacute; en un momento: lo compr&eacute; en la <i>Compagnie
+Lyormaise</i>, ah&iacute;, a la vuelta de la esquina.</p>
+
+<p>La duquesa, ante la perspectiva de un abanico gratis, sinti&oacute; aminorarse
+su prisa. Era un abanico muy bonito, de n&aacute;car quemado, muy oscuro, con
+pa&iacute;s de seda negra. Kate lo pagar&iacute;a en la tienda, y ella se olvidar&iacute;a,
+de seguro, de pagarlo a Kate; porque en estas cosas de pagar era la
+duquesa mujer muy distra&iacute;da... Al salir Kate, avis&oacute; que el se&ntilde;or marqu&eacute;s
+hab&iacute;a vuelto.</p>
+
+<p>&mdash;Dispensa un momento, Beatriz&mdash;exclam&oacute; vivamente Currita&mdash;. Voy a decir
+adi&oacute;s a Fernandito.</p>
+
+<p>La duquesa hizo un gesto de complacencia &iacute;ntima ante la ternura conyugal
+de su amiga.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; par de t&oacute;rtolos!&mdash;dijo&mdash;. Te aseguro que me das envidia.</p>
+
+<p>Y Currita, con pat&eacute;tica entonaci&oacute;n, contest&oacute; desde la puerta:</p>
+
+<p>&mdash;Verdaderamente que es un don del cielo no haber tenido en catorce a&ntilde;os
+de matrimonio un solo disgusto.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span></p><p>Fernandito acababa de llegar, y a la verdad que no eran sus trazas de
+haber estado rezando el rosario. Tra&iacute;a en pie el cuello del gab&aacute;n, ajada
+la camisa, un apabullo en el sombrero, rojos e hinchados los ojos, y
+trascend&iacute;ale el aliento a vino trasnochado. Qued&oacute;se muy sorprendido y
+turbado a la vista de Currita, y con la forzada sonrisa del escolar que
+encubre una picardihuela con una mentira, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;He estado a ver a los antrop&oacute;fagos... En el Jard&iacute;n de las Plantas.</p>
+
+<p>Ella, con tiern&iacute;sima solicitud, exclam&oacute; muy alarmada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, Fernandito, me dan miedo esas cosas!... &iquest;Est&aacute;n sueltos?...
+&iquest;Muerden?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ca, no!... Si son unos negros cualquiera... &iexcl;M&aacute;s feos!...</p>
+
+<p>Y se abrochaba con disimulo el gab&aacute;n, para ocultar a Currita que llegaba
+su consideraci&oacute;n a los antrop&oacute;fagos hasta el punto de visitarlos a las
+diez de la ma&ntilde;ana, de frac y corbata blanca. Ella, con su sencillez
+columbina, no reparaba en esto, y se apresur&oacute; a preguntar con ingenuidad
+adorable:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hiciste mi encargo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; encargo?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues me gusta!... &iquest;No te dije que fueses a ver a Jacobo T&eacute;llez?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A Jacobo T&eacute;llez?... &iquest;Y qui&eacute;n es Jacobo T&eacute;llez?</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span></p><p>&mdash;Pues, hombre, Jacobo Sabadell, el marido de mi prima Elvira.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, ya!... Si yo cre&iacute;a que se llamaba Benito...</p>
+
+<p>En los claros ojos de Currita brill&oacute; un rel&aacute;mpago de ira, y a poco m&aacute;s
+pierde su mansedumbre.</p>
+
+<p>&mdash;Y aunque se llamara Policarpo&mdash;exclam&oacute;&mdash;. &iquest;Es raz&oacute;n esa para no hacer
+lo que te digo?...</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, hija, se me olvid&oacute;. &iquest;Qu&eacute; hemos de hacerle?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ir ahora mismo! &iquest;Te enteras?... Y convidarlo a almorzar... Mira que a
+mi vuelta he de encontrarlo aqu&iacute; contigo.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, hija, descuida, as&iacute; se har&aacute;... &iquest;Dices que se llama Benito?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dale con Benito!... Se llama Jacobo, y es un muchacho
+distinguid&iacute;simo, a quien quiero que consideres como mi primo que es.</p>
+
+<p>Currita disert&oacute; un momento sobre el amor de la familia y el imperioso
+deber que tiene todo ciudadano de estrechar estos lazos venerandos, y
+dejando ya convencido a Fernandito, march&oacute; a reunirse con la duquesa.</p>
+
+<p>Al subir al carruaje ambas damas, apareci&oacute; el t&iacute;o Frasquito presuroso,
+muy lozano, pulcro y resplandeciente, haci&eacute;ndolas se&ntilde;as de que le
+aguardasen. Subi&oacute; con ellas al coche, sac&oacute; del bolsillo una curiosa
+cajita de cart&oacute;n y p&uacute;sola sobre sus rodillas. Las damas le miraban
+at&oacute;nitas y &eacute;l sonre&iacute;a picaresco; levant&oacute; al fin la tapa con mucho
+misterio, y entre perfumados papeles de seda apareci&oacute; la babucha.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span></p><p>Mientras tanto, Jacobo, sin salir de su aposento del Gran H&ocirc;tel, daba
+vueltas a su proyecto. La claridad de juicio va en raz&oacute;n directa de la
+conveniente distancia a que se contemplan los hechos, y al despertar
+aquel d&iacute;a, libre ya de las perplejidades y angustias que atormentaban su
+&aacute;nimo, pudo apreciar su situaci&oacute;n con exactitud verdadera.</p>
+
+<p>Las l&iacute;neas de su plan aparecieron entonces claras y firmes en todos sus
+contornos, a la manera que despu&eacute;s de una inundaci&oacute;n y cuando las aguas
+se retiran, aparece distintamente la altura de los collados y lo extenso
+de los llanos y lo profundo de los valles. Encontr&oacute;se entonces Jacobo
+con que sus collados eran monta&ntilde;as, y sus llanos desiertos, y sus valles
+abismos...</p>
+
+<p>Y lo peor del caso estaba en que el primer abismo que se abr&iacute;a a sus
+pies y le era forzoso salvar, hab&iacute;alo abierto &eacute;l con sus propias manos
+la noche antes, por jugarlo todo impremeditadamente a una sola carta,
+olvidando que era su juego de cartas dobles y complicadas. Porque la
+babucha comprada en el Gran Bazar y la necedad del t&iacute;o Frasquito iban a
+colocarle aquel mismo d&iacute;a en lo alto de la columna del esc&aacute;ndalo, en la
+gloriosa picota de la moda, que asentaba esta vez sus cimientos sobre
+los cad&aacute;veres de dos seres degradados, muerto el uno con un dogal,
+cosida la otra a pu&ntilde;aladas y arrojada en su saco de cuero, sin expirar
+todav&iacute;a, viva y palpitante, en lo profundo del mar de M&aacute;rmara.</p>
+
+<p>Mas desde aquella columna, donde se pod&iacute;an dictar leyes al mundo del
+fausto y del esc&aacute;ndalo, s&oacute;lo se lograba inspirar desprecio y repugnancia
+invencible a ese otro mundo, no m&aacute;s peque&ntilde;o, pero s&iacute; m&aacute;s desconocido, de
+la honradez y la virtud, y justamente en aquel mundo callado y oculto
+era donde se escond&iacute;a la persona que a toda costa necesitaba &eacute;l en
+aquellas circunstancias... &iquest;Y qui&eacute;n pon&iacute;a ya diques al viento? &iquest;Qui&eacute;n
+sujetaba al t&iacute;o Frasquito, que babucha en mano recorr&iacute;a ya las calles de
+<span class='pagenum'><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span>Par&iacute;s en busca de un pedacito de celebridad, de un solo rayito de la
+aureola del h&eacute;roe?...</p>
+
+<p>Preciso era tirar por otro camino, y la casualidad trajo a Jacobo qui&eacute;n
+hab&iacute;a de indic&aacute;rselo. Era este Di&oacute;genes, que acud&iacute;a muy de ma&ntilde;ana,
+atra&iacute;do por el dinero que se le figuraba traer el plenipotenciario, como
+los buitres acuden al olor de la carne muerta.</p>
+
+<p>Di&oacute;genes no era como Sabadell, que jam&aacute;s se apeaba de su papel de gran
+se&ntilde;or, y lo mismo gastaba en boato y en caprichos en tiempo de las vacas
+gordas que en tiempo de las flacas, con la sola diferencia de pagar en
+los de aquellas y no pagar en los de estas. Di&oacute;genes, por el contrario,
+viv&iacute;a en una modesta <i>maison meubl&eacute;e</i>, y sent&aacute;base de diario a la
+primera mesa que hallaba puesta, sin esperar a que le invitasen, por
+cierta especie de derecho de cuchara que garant&iacute;a su poqu&iacute;sima
+verg&uuml;enza, por una tradici&oacute;n constante que la inveterada costumbre hab&iacute;a
+convertido en ley escrita en las pandectas de la capigorroner&iacute;a
+madrile&ntilde;a. Cuando ten&iacute;a dinero lo derrochaba espl&eacute;ndidamente, y cuando
+no lo ten&iacute;a, ped&iacute;alo prestado, con la intenci&oacute;n jam&aacute;s retractada de no
+pagarlo nunca, seg&uacute;n su axioma favorito: Cobra y no pagues, que somos
+mortales.</p>
+
+<p>Aquella ma&ntilde;ana hab&iacute;ase propuesto almorzar con Jacobo y llev&aacute;rselo
+despu&eacute;s al <i>Petit-Club</i> a tirar de la oreja a Jorge, con &aacute;nimo
+deliberado de darle por el camino alg&uacute;n <i>sablazo</i> bien dispuesto.</p>
+
+<p>Su sorpresa fue, pues, grande cuando Jacobo, con la austeridad de un san
+Pablo primer ermita&ntilde;o y la fortaleza de un san Antonio en el desierto,
+se neg&oacute; rotundamente a salir del hotel, diciendo que hab&iacute;a jurado no
+pisar el impuro suelo de Par&iacute;s, que jam&aacute;s tomar&iacute;a en la mano una carta y
+que no pareci&eacute;ndole ya conveniente marchar a Madrid a causa del cambio
+pol&iacute;tico, hab&iacute;a decidido salir a la ma&ntilde;ana siguiente para Biarritz,
+<span class='pagenum'><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span>donde pensaba intentar una reconciliaci&oacute;n con&mdash;&iexcl;polaina!&mdash;&iexcl;con su
+mujer!...</p>
+
+<p>Escuch&aacute;bale Di&oacute;genes en silencio, mir&aacute;ndole de hito en hito, clavados en
+sus ojos los suyos, abotagados por la borrachera continua. Cuando acab&oacute;
+de hablar, d&iacute;jole muy serio:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos!... T&uacute; dices lo del gitano del cuento: &iexcl;Se&ntilde;&oacute;! Toos p&iacute;en el pan
+de cada d&iacute;a... Yo s&oacute;lo p&iacute;o que me pongan donde lo haiga, que ya yo me
+arreglar&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;No te entiendo...</p>
+
+<p>&mdash;Pues vaya m&aacute;s claro... T&uacute; dices: mi mujer ha ganado su pleito con la
+Monterrubio y tiene una porci&oacute;n de miles de renta... Yo tengo el hambre
+del hijo pr&oacute;digo; pues me voy all&aacute; y me como el ternero...</p>
+
+<p>Alborot&oacute;se Jacobo al o&iacute;r tan fielmente expresado parte al menos de su
+pensamiento, y con aire de dignidad ofendida, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Te aseguro...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos, Jacobito!... &iexcl;Si conocer&eacute; yo a los cojos en el modo de
+andar!...</p>
+
+<p>&mdash;Te digo...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si sabr&eacute; yo el lino que cardo, Jacobito!...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span></p><p>&mdash;Creo lo que quieras, pero yo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Si querr&aacute;n los pollos enga&ntilde;ar a los recoveros?, pich&oacute;n dorado... Mira
+ni&ntilde;o: ni t&uacute; tienes verg&uuml;enza, ni yo tampoco; pero para ser pillo, lo
+primero que se necesita es talento, y cuando t&uacute; vas, ya estoy yo de
+vuelta. &iquest;Estamos?...</p>
+
+<p>La dignidad sublevada de Jacobo pareci&oacute; sosegarse mucho, y despu&eacute;s de un
+momento de silencio, pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Seg&uacute;n eso, &iquest;te parece mi plan un disparate?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un disparate? Para ti, un negocio redondo; para ella, un robo a mano
+armada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y crees que Elvira...?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se dejar&aacute; robar?... &iexcl;Pues ya lo creo!... Lo que es por ella, en
+cuanto le gui&ntilde;es el ojo... Si te quiere, hombre; te quiere lo mismo que
+el primer d&iacute;a en que la enga&ntilde;aste. &iexcl;Mentira parece!...</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, queda el rabo por desollar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y de qui&eacute;n es ese rabo?...</p>
+
+<p>&mdash;Amigo m&iacute;o... del padre Cifuentes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya!... Ya me lo hab&iacute;an dicho.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span></p><p>&mdash;Pues no te enga&ntilde;aron.</p>
+
+<p>Qued&oacute;se Jacobo un momento pensativo, y rasc&aacute;ndose despu&eacute;s levemente la
+cabeza, a&ntilde;adi&oacute; con su truhanesca sonrisa:</p>
+
+<p>&mdash;Entonces... ser&aacute; preciso confesarse con el padre Cifuentes.</p>
+
+<p>Di&oacute;genes se puso muy serio.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Jacobo&mdash;le dijo&mdash;. &iquest;Me ves t&uacute; a m&iacute;?... Soy un truh&aacute;n, un
+borracho, un perdis, que todo lo que no sea matar, todo lo he hecho...
+Pues para que veas: las cosas de Dios yo las respeto... Las respeto,
+porque lo mam&eacute;. &iexcl;Polaina! Lo mam&eacute; con la leche... No soy bueno porque no
+quiero jorobarme si&eacute;ndolo; pero al que se joroba y lo es, yo le venero;
+que no porque merezca yo un presidio dejo de conocer que hay quien
+merece la gloria; y no porque me revuelque en un lodazal dejo de ver que
+hay estrellas en el cielo...</p>
+
+<p>Jacobo escuchaba estupefacto la extra&ntilde;a salida de Di&oacute;genes, que
+pronunciaba su arenga babeando la ancha bocaza, dando golpes, ora en su
+propio pecho, ora en la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y a qu&eacute; viene todo eso?&mdash;pregunt&oacute; al fin Jacobo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute;?... A que dejes tranquila a tu mujer, porque s&oacute;lo con pensar en
+ella la manchas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues me hace gracia!... &iexcl;Valiente palad&iacute;n le ha salido a la
+Elvirita!... &iquest;Y d&oacute;nde han hecho ustedes su compadrazgo? Supongo que no
+ser&aacute; en el confesonario del padre Cifuentes.</p>
+
+<p>&mdash;No, por cierto... La veo y la he sabido apreciar en casa de Mar&iacute;a
+<span class='pagenum'><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span>Villasis, que es su amiga &iacute;ntima.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Conque amiga &iacute;ntima de tu &iacute;ntima amiga la Villasis?... &iexcl;Ahora lo
+entiendo!... &iquest;Y qu&eacute; hace esa perfecta viuda, como la llamaba la de Bara
+en otro tiempo?... Supongo que te habr&aacute; sucedido con ella lo que sucede
+con los perros chinos, que de puro feos hacen gracia... &iquest;Y mi mujer,
+ser&aacute;, sin duda, vuestra confidente?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alto ah&iacute;, canalla, o te rompo el morro!&mdash;exclam&oacute; Di&oacute;genes poniendo su
+formidable pu&ntilde;o en las narices mismas de Jacobo&mdash;. &iquest;Qu&eacute; es lo que buscas
+t&uacute;? &iquest;Dinero?... Pues ah&iacute; tienes a la de Albornoz; una... pelona como t&uacute;,
+que te dar&aacute; lo que quieras... &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s te da, llamarte Jacobo que
+monsieur Alphonse?...</p>
+
+<p>&iexcl;Oh!... Jacobo se incomod&oacute; esta vez de veras, porque jam&aacute;s le hab&iacute;an
+refregado por la cara una verdad tan &aacute;spera. Cont&uacute;vose, sin embargo,
+porque sab&iacute;a cu&aacute;n terribles eran las embestidas de Di&oacute;genes, y con
+forzada sonrisa contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Di&oacute;genes, la borrachera de ayer te dura todav&iacute;a... &iquest;En qu&eacute;
+cabeza cabe sino en la tuya, de bala rasa, que fuera yo a venderme a mi
+mujer por un pu&ntilde;ado de duros?...</p>
+
+<p>&mdash;Amigo, cuando no dan m&aacute;s en la puja, hay que decir lo del otro gitano
+del cuento... Se confes&oacute; de haber robado tres pesetas, y el cura le
+dijo: &laquo;&iquest;No te da verg&uuml;enza, infeliz, de condenarte por tres miserables
+pesetas?...&raquo; &laquo;&iquest;Y qu&eacute; quer&iacute;a usted que <i>jiciese</i>, si no hab&iacute;a m&aacute;s?...&raquo;</p>
+
+<p>Aqu&iacute; interrumpi&oacute; la disputa el marqu&eacute;s de Villamel&oacute;n, que entraba
+restaurado ya por completo de sus desperfectos de la ma&ntilde;ana. Al verle
+Di&oacute;genes, cogi&oacute; prontamente un peri&oacute;dico y p&uacute;sose a leer junto a la
+<span class='pagenum'><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span>chimenea, en el lado opuesto.</p>
+
+<p>El marqu&eacute;s fuese derecho a Jacobo, que ceremoniosamente se levantaba
+para recibirle, y apret&aacute;ndole ambas manos, d&iacute;jole con grande afecto:</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s, Benito, &iquest;c&oacute;mo te va?... T&uacute; siempre tan famoso...</p>
+
+<p>Y con protectora afabilidad diole dos cari&ntilde;osas palmaditas en el hombro
+izquierdo.</p>
+
+<p>&mdash;Dispensa que no viniera a verte ayer, Benito&mdash;prosigui&oacute; Villamel&oacute;n,
+sent&aacute;ndose&mdash;. Pero en este Par&iacute;s, &iquest;me entiendes?, no hay tiempo para
+nada... Curra te espera a almorzar. &iquest;Lo sabes?... A las dos: un poco
+tarde quiz&aacute;; pero hoy est&aacute; de servicio con la reina. &iquest;Me entiendes?</p>
+
+<p>Ofendi&oacute;se la altivez de Jacobo con los aires protectores del h&eacute;roe del
+combate <i>navo-terrestre</i> de Cabo Negro, y quiso declinar fr&iacute;amente la
+honra del convite; mas Villamel&oacute;n le ataj&oacute; la palabra, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nada, nada, nada! &iquest;Me entiendes?... No admito excusas, Benito; y
+Curra se ofender&iacute;a de muerte. &iquest;Sabes?... Tiene debilidad por la familia,
+y lo que es por ti, delira. Siempre est&aacute; con Benito arriba, Benito
+abajo...</p>
+
+<p>Di&oacute;genes grit&oacute; desde su asiento:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Villamel&oacute;n..., quiero decir, &iexcl;majadero!... &iexcl;Si no se llama
+Benito!...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Ay! Es verdad, que era... &iquest;C&oacute;mo era?...</p>
+
+<p>&mdash;Jacobo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso es, Jacobo!... Pues dispensa, Jacobo; pero tengo una memoria
+infelic&iacute;sima, y lo peor es que cada d&iacute;a se me va debilitando...</p>
+
+<p>Quej&aacute;base con harta raz&oacute;n Fernandito de su falta de memoria, s&iacute;ntoma
+fatal a veces de los reblandecimientos cerebrales. Mas Di&oacute;genes, que no
+perdonaba ocasi&oacute;n de descargar su terrible mandoble, p&uacute;sose a recitar
+como si leyera en el peri&oacute;dico:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Hablando de cierta historia,<br /></span>
+<span class="i0">A un necio se pregunt&oacute;:<br /></span>
+<span class="i0">&mdash;&iquest;Te acuerdas t&uacute;?&mdash;Y respondi&oacute;:<br /></span>
+<span class="i0">&mdash;Esperen que haga memoria.<br /></span>
+<span class="i0">Mi In&eacute;s, viendo su idiotismo,<br /></span>
+<span class="i0">Dijo risue&ntilde;a al momento:<br /></span>
+<span class="i0">&mdash;Haz tambi&eacute;n entendimiento,<br /></span>
+<span class="i0">Que te costar&aacute; lo mismo.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Jacobo y Villamel&oacute;n se miraron entre s&iacute;, miraron despu&eacute;s a Di&oacute;genes, y
+tornado a mirarse ambos, ech&aacute;ronse a re&iacute;r, diciendo al cabo Fernandito:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas tiene!... No hay m&aacute;s remedio que dejarlo o matarlo. &iquest;Sabes,
+Benito?...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" /><p><span class='pagenum'><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span></p>
+<h2><a name="VIbmdash" id="VIbmdash"></a><a href="#toc">&mdash;VI&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito no pod&iacute;a ya con las piernas, y esforz&aacute;base en vano por
+discurrir algo parecido a la haza&ntilde;a de Churruca en Trafalgar, cuando
+privado tambi&eacute;n de una de las suyas por una bala de ca&ntilde;&oacute;n, sigui&oacute;
+mandando el combate desde el puente del nav&iacute;o metido en un tonel de
+afrecho.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh!... &iexcl;Si aquello le hubiese sucedido a &eacute;l veinte a&ntilde;os antes, cuando
+en un solo d&iacute;a hizo sesenta y nueve visitas para anunciar el primero
+aquel famoso casamiento que alistaba en el n&uacute;mero de sus sobrinos a
+Luisito Bonaparte, el conde consorte de Teba!</p>
+
+<p>Y lo peor del caso era que cuando, a las cuatro de la tarde, volvi&oacute; al
+Gran H&ocirc;tel rendido y desalentado por no haber podido ense&ntilde;ar m&aacute;s que a
+las dos terceras partes de la colonia espa&ntilde;ola la babucha ap&oacute;crifa de la
+cadina, encontr&oacute;se con que la tr&aacute;gica historia ten&iacute;a una segunda parte,
+interesant&iacute;sima tambi&eacute;n, pero p&iacute;a, devota, sentimental, rom&aacute;ntica, en
+que cab&iacute;a a su persona no s&oacute;lo el papel del cronista, sino el de agente
+poderoso, de intercesor eficac&iacute;simo, de <i>ama de llaves de la
+Providencia</i>, que hubiera dicho Di&oacute;genes, en el bello final de aquel
+drama que comenzaba su acci&oacute;n en las barbas del Sult&aacute;n e iba a
+terminarse bajo el manteo del padre Cifuentes. Acord&oacute;se el t&iacute;o Frasquito
+de Matilde y Malek-Adhel, y se sinti&oacute; enternecido; la emoci&oacute;n le produjo
+un golpe de tos violent&iacute;simo, que fue necesario calmar con tres
+caramelos de malvavisco.</p>
+
+<p>Porque Jacobo hab&iacute;a acudido a &eacute;l de nuevo en demanda de auxilio y
+abi&eacute;rtole su coraz&oacute;n hasta lo m&aacute;s rec&oacute;ndito. Era singular lo que por &eacute;l
+pasaba, y en vano hab&iacute;a intentado explic&aacute;rselo. La noche antes daba
+<span class='pagenum'><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span>vueltas en el lecho, inquieto y desvelado, viendo desfilar en su
+memoria los treinta y tres a&ntilde;os de su vida cargados de placeres, de
+aventuras, azares sin ma&ntilde;ana, flores sin ra&iacute;ces, gozos sin recuerdo,
+locuras sin felicidad que le causaban entonces en el &aacute;nimo la impresi&oacute;n
+de repugnancia que causa al est&oacute;mago ah&iacute;to e indigestado el recuerdo de
+manjares sustanciosos.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito le escuchaba atento y boquiabierto, creyendo ver
+apuntar en el coraz&oacute;n apasionado de Malek-Adhel aquellos alborotos
+misteriosos que trocaron los de Ranc&eacute;s y Ma&ntilde;ara... Mas de repente,
+dejando Jacobo el tono sentimental de su perorata, pregunt&oacute;le en prosa
+llana d&oacute;nde andaba a la saz&oacute;n su mujer Elvira.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito hizo una mueca de disgusto, como si viera trocar a
+Malek-Adhel el blanco turbante por el sombrero de copa alta, o le
+hicieran saltar de una p&aacute;gina de Madame Cottin a otra de la <i>Gu&iacute;a de
+forasteros</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Elvirrra?&mdash;contest&oacute;&mdash;. Pues no s&eacute;, perrro debe de estar en
+Biarrriz... Ayerrr dijo la L&oacute;pez Morrreno que la hab&iacute;a visto.</p>
+
+<p>Qued&oacute;se Jacobo mudo y pensativo por un momento, y el t&iacute;o Frasquito,
+reventando de curiosidad, se apresur&oacute; a a&ntilde;adir muy atento y oficioso:</p>
+
+<p>&mdash;Perrro si quierrres noticias cierrtas, yo conozco a una persona que
+puede d&aacute;rmelas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n?...</p>
+
+<p>&mdash;El padre Cifuentes.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Hombre!... &iquest;Conoces t&uacute; al padre Cifuentes?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo crreo! Si es mi sobrino: hermano de madrrre de la Vegallana...
+Es hijo de Tonino Cifuentes, que fue subsecretario de Estado en tiempo
+de Izt&uacute;rrriz, y entr&oacute; en la Compa&ntilde;&iacute;a, cuando...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero est&aacute; tambi&eacute;n en Biarritz?</p>
+
+<p>&mdash;No: est&aacute; aqu&iacute; en Parrr&iacute;s; en la rrue de S&eacute;vres... Desde el 68 no ha
+estado en Espa&ntilde;a sino de paso.</p>
+
+<p>Y con cierto delicado recelo, a&ntilde;adi&oacute; t&iacute;midamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quierrres que lo vea?...</p>
+
+<p>&mdash;No... Quiero verlo yo mismo.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito brinc&oacute; otra vez emocionado, viendo ya a Malek-Adhel
+fundando, como Ranc&eacute;s, una Trapa, o un hospital como don Miguel de
+Ma&ntilde;ara... &iexcl;Todo, todo iba saliendo lo mismo, igual, id&eacute;ntico que en la
+<i>Favorita</i>!... Fernando, <i>la bella del Re</i>, fray Baltasar... Faltaba tan
+s&oacute;lo el convento, y ansioso &eacute;l de poner la primera piedra, se apresur&oacute; a
+decir:</p>
+
+<p>&mdash;Pues te llevarrr&eacute; cuando quierrras.</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Conformes.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span></p><p>Cauto, sin embargo, el t&iacute;o Frasquito, y deseando prevenir en el &aacute;nimo
+del novicio las deficiencias que pudiera tener en su papel de fray
+Baltasar el padre Cifuentes, apresur&oacute;se a decirle que era este un
+cuitadito, un infeliz sin pizca alguna de mundo, que hablaba <i>oportune
+et importune</i> del infierno, pintando unos diablos feotes y groseros que
+en nada se parec&iacute;an a los diablillos correctos, perfumados, elegantes,
+que se figuraba el t&iacute;o Frasquito de frac y corbata blanca, pelo rizado,
+gardenia en el ojal, mon&oacute;culo en el ojo izquierdo y un lazo de color de
+fuego en la punta del rabo.</p>
+
+<p>&mdash;Porrque mirrra, la verrrdad&mdash;prosigui&oacute; con aire de &iacute;ntima confianza&mdash;.
+Yo soy muy cat&oacute;lico, muy creyente, perrro lo que es el clerrro, deja
+mucho que desearr en todas parrtes... No se encuentra un sacerrdote que
+nos conozca bien, que sepa amoldarrse a nuestro modo de serr, al modo de
+sentirr de las gentes de nuestrrro c&iacute;rrculo... El mismo padre Cifuentes,
+el otro d&iacute;a, en el entierrro del general Tercena, me dio la tarrde,
+hijo, me dio la tarrde... empe&ntilde;ado en convencerrme de que yo me hab&iacute;a de
+morrrirr tambi&eacute;n, y que era menester preparrrarrse y pensarr en lo
+eterrno... En fin, hijo, me angusti&oacute;, &iexcl;me angusti&oacute; de verrras!... Y
+cuando lo de Pepita Abando, &iquest;t&uacute; no sabes?... Estuvo atrroz, atrroz,
+crruel&iacute;simo... Una muchacha tan buena, tan elegante, tan carrritativa,
+que nunca tuvo m&aacute;s pasi&oacute;n que Pablo Verrra, y todo Madrid lo sab&iacute;a y lo
+sancionaba, y hasta su mismo marrrido se hacia cargo... Pues nada, hijo,
+el padrre Cifuentes no se lo hizo: se puso malo Pablitos, y Pepita,
+&iexcl;clarrro est&aacute;! atrropell&oacute; porr todo, y se instal&oacute; a su cabecerrra.
+Avisarrron al padre Cifuentes, y este contest&oacute; que no pod&iacute;a entrarr en
+aquella casa sin que Pepita salierrra prrimerro... &iexcl;Fig&uacute;rrrate t&uacute; qu&eacute;
+exigencia!... Ella se neg&oacute;, porr supuesto, y Pablitos tambi&eacute;n, y porr
+m&aacute;s vueltas que dierrron parrra convencerr al santo varrr&oacute;n de que errra
+una crueldad separrrarlos, y que todo el mundo le crriticarrr&iacute;a a ella
+abandonarrlo en la &uacute;ltima horrra, nada, nada, nada... T&ecirc;tu, como un
+<span class='pagenum'><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span>arrragon&eacute;s: se meti&oacute; las manos en las mangas y dijo que no, que no y
+que no, y lo dej&oacute; morrrirr como un perrro. Y eso que iban ya a pedirr la
+bendici&oacute;n a Su Santidad y todo, todo...</p>
+
+<p>&mdash;Te advierto esto&mdash;prosigui&oacute; el t&iacute;o Frasquito, empinando el
+dedo&mdash;porrque si piensas consultarrle alguna... vocaci&oacute;n o
+confesarrte...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Confesarme yo?&mdash;exclam&oacute; muy ofendido Jacobo&mdash;. &iquest;De d&oacute;nde sacas t&uacute;
+eso?</p>
+
+<p>&mdash;Como dec&iacute;as que deseabas hablarle...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es el padre Cifuentes el confesor y el director &iacute;ntimo de mi
+mujer?...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, porr cierrto...</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo que yo quiero exigir de &eacute;l es que obligue a Elvira a acceder a
+mis pretensiones.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Perrro cu&aacute;les son tus pretensiones, Jacobito?&mdash;pregunt&oacute; el t&iacute;o
+Frasquito muy alarmado.</p>
+
+<p>&mdash;Una muy sencilla y muy cristiana... Reunirme con mi mujer y olvidar
+todo lo pasado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Aaah..., yaaa!&mdash;exclam&oacute; el t&iacute;o Frasquito estupefacto y desolado, al
+ver que la Trapa se quedaba sin fundar, y el hospital sin concluir, y el
+novicio sin tomar el h&aacute;bito.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span></p><p>Y rabiosillo y enfurru&ntilde;ado de que la leyenda de Malek-Adhel tuviera el
+rampl&oacute;n desenlace de cualquiera comedia moratinesca, dej&oacute;se llevar de su
+esp&iacute;ritu de chismograf&iacute;a hermafrodita, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Perrro &iquest;has meditado bien tus pretensiones?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Je parecen acaso imposibles</i>?...</p>
+
+<p>&mdash;Hombrre, imposibles no... &iquest;Perrro sabes t&uacute; la vida que Elvirrra hace?</p>
+
+<p>&mdash;Justamente iba a pregunt&aacute;rtelo.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito hizo dos o tres visajes remilgados de &iexcl;reviento si no
+lo digo!, y contest&oacute; titubeando:</p>
+
+<p>&mdash;Hombrrre, te dirrr&eacute;... La cosa es p&uacute;blica... perrro yo no s&eacute; si
+debo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no has de deber, t&iacute;o Frasquito?&mdash;exclam&oacute; Jacobo violento y
+azorado&mdash;. Yo tengo el derecho de preguntar, y t&uacute;, si eres mi amigo,
+tienes el deber de responderme.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo crreo que soy tu amigo, Jacobito! &iquest;Lo dudas?... Y lo fui de tu
+padrre, y de tu abuelo... Quierrro decirr... a tu abuelo lo conoc&iacute;
+siendo yo una criaturrra... Perrro hay ciertas cosas...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; cosas?... &iexcl;Dilas, hombre, dilas!...</p>
+
+<p>&mdash;Pues mirrra, Jacobo, la verdad... Tu mujerr ha dado mucho que hablarr
+en todas partes...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;De veras?...</p>
+
+<p>&mdash;Lo que oyes: siento mucho dec&iacute;rtelo, perrro es muy cierrrto... Est&aacute;
+<i>d&eacute;class&eacute;e</i>, hijo, <i>d&eacute;class&eacute;e</i> por completo. Todo Madrid le ha dado de
+lado, y s&oacute;lo se trata con mi sobrina Villasis, &iexcl;otra que tal!... Perrro
+siquierrra esta es mujerr de arranque, y gasta y hace ruido...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; es lo que hace Elvira?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Horrrorrrres, Jacobito, horrrorrrres!... Empieza porque desde que se
+separrr&oacute; de ti, no se la ha vuelto a verr en ninguna parrte: ni en un
+teatro, ni en un baile, ni en la Castellana, ni siquierrra un domingo en
+casa de Montijo... Dicen que est&aacute; fanatizada... Carmen Tagle tuvo una
+doncella que hab&iacute;a estado en su casa &iexcl;y contaba unas cosas!... Siempre
+detr&aacute;s de los criados, porrque hoy errra d&iacute;a de ayuno, y ma&ntilde;ana de Misa,
+y al otro d&iacute;a de vigilia... En fin, insufrible; ninguno le paraba... &iexcl;Y
+ella, unas rridiculeces!... Dec&iacute;an que dorrm&iacute;a sobre una tarrrima, y
+ayunaba a pan y agua, y a ejemplo de no s&eacute; qu&eacute; varrr&oacute;n piadoso, se
+disciplinaba con un gato<a name="FNanchor_12_12" id="FNanchor_12_12"></a><a href="#Footnote_12_12" class="fnanchor">[12]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; atrocidad!... &iquest;Con un gato?... &iexcl;Pero eso es imposible!...</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hijo, as&iacute; lo asegurrraban... no te puedes figurrarr lo que nos
+rre&iacute;mos una noche en casa de Carmen Tagle, discutiendo el asunto...
+Algunos pensaban que el gato estarrr&iacute;a muerrto; lo que es as&iacute;, tambi&eacute;n
+yo me disciplinaba... Lo mismo pod&iacute;a hacerrse con un plumerrro...</p>
+
+<p>Jacobo pareci&oacute; tranquilizarse por completo al o&iacute;r los <i>horrrorrrres</i> que
+el t&iacute;o Frasquito le relataba, y cort&oacute;le el hilo del discurso, diciendo:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Bah!... Si no es m&aacute;s que eso, de mi cuenta corre desfanatizarla.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito iba a replicar muy disgustado, pero Jacobo le ataj&oacute; la
+palabra, pregunt&aacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo vive Elvira?... &iquest;Gasta mucho?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ca!... Si parrrece la viuda de un cesante... Est&aacute; seca, desgavilada;
+ella, que ten&iacute;a un cuerpo tan airrroso, tan elegante... En fin, hijo, un
+d&iacute;a la vi en casa de mi sobrina Villasis, y me parrreci&oacute; hasta sucia...
+Como si parrra serr santa se necesitarrra serr puerrca, cuando el aseo
+es una virrtud que se ejerrcita con agua fresca y un estropajo... De la
+casa no te digo nada, porrque no la he visto: tres veces estuve all&iacute;
+porr currriosidad, y no me rrrecibi&oacute; ninguna. Perrro vive en un
+principal muy modestito, all&aacute;, junto a las Carbonerrras...</p>
+
+<p>&mdash;Eso no es extra&ntilde;o; la pobre debe andar mal de cuartos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ca!, no lo creas... &iquest;Perrro t&uacute; no sabes?... Si est&aacute; rrica; como que
+gan&oacute; el pleito con la Monterrrubio y debe de tenerr de quince a veinte
+mil durrros de rrrenta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hombre!... &iexcl;Lo siento!&mdash;exclam&oacute; Jacobo muy pesaroso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De verrras?</p>
+
+<p>&mdash;Y tan de veras... Porque siendo ella m&aacute;s rica que yo, no faltar&aacute;n
+malas lenguas que atribuyan al inter&eacute;s mi vuelta a su lado...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, no, no, Jacobito, porr Dios! &iexcl;Porr Dios, Jacobito!... &iexcl;Quien
+<span class='pagenum'><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span>piense eso..., no te conoce!</p>
+
+<p>&mdash;En fin, ya lo veremos... Lo que importa ahora es que yo me entienda
+con el padre Cifuentes.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si te parrrece, ma&ntilde;ana irrremos.</p>
+
+<p>&mdash;Sin falta.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito, resignado con el giro cl&aacute;sico que tomaba la leyenda,
+convino con Jacobo la hora en que hab&iacute;an de hacer al otro d&iacute;a la
+trascendental visita, porque el arrepentido esposo quer&iacute;a marchar a
+Biarritz cuanto antes.</p>
+
+<p>Despidi&eacute;ronse al cabo protector y protegido, y aquel, para lanzar al
+p&uacute;blico sin p&eacute;rdida de tiempo la noticia, corri&oacute; a ponerse, desde luego,
+de punta en blanco para sus nocturnas correr&iacute;as, y bajar de seguida a la
+terraza del hotel, donde toda la colonia espa&ntilde;ola esperaba, como
+siempre, la llegada del correo.</p>
+
+<p>Pero ni la incertidumbre de nuevas desdichas en la madre patria, ni los
+mil chismes que por la patria adoptiva corr&iacute;an, lograron apartar la
+conversaci&oacute;n general de la novelesca historia de la cadina, cuya
+ap&oacute;crifa babucha hab&iacute;an contemplado todos, despu&eacute;s de algunas prudentes
+precauciones que, para la mise en sc&egrave;ne, juzgo indispensable el t&iacute;o
+Frasquito. Porque temeroso este de que alg&uacute;n &aacute;nimo suspicaz pusiese en
+duda lo aut&eacute;ntico de la presea, apresur&oacute;se antes de presentarla a la
+veneraci&oacute;n p&uacute;blica a frotar la suela sobre el pavimento, a fin de que
+apareciese usada, y a desvirtuar con ricas esencias aquel importuno
+hedor a zapato nuevo que la noche antes hab&iacute;a despertado en sus narices
+dudas tan peligrosas.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span></p><p>La duquesa de Bara no hab&iacute;a encontrado todav&iacute;a ocasi&oacute;n oportuna de
+hacer el an&aacute;lisis cr&iacute;tico de la solemnidad religioso&mdash;pol&iacute;tica a que
+hab&iacute;a asistido horas antes, y hasta la se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno, reina
+destronada de Matapuerca, hab&iacute;ase olvidado por un momento de la honra
+insigne que al d&iacute;a siguiente la aguardaba. La duquesa le hab&iacute;a anunciado
+que su majestad la reina se dignaba recibirla, y a rengl&oacute;n seguido, como
+quien no quiere la cosa, hab&iacute;ale pedido pr&oacute;rroga para el pago de
+aquellos piquillos que hac&iacute;a varios a&ntilde;os le adeudaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues no faltaba m&aacute;s!... &iexcl;Lo que usted quiera!&mdash;hab&iacute;a contestado la
+generosa acreedora.</p>
+
+<p>Y a rengl&oacute;n seguido tambi&eacute;n, y como quien no quiere la cosa, hab&iacute;a
+plantado esta estaquita matrimonial, con sonrisa indagatoria:</p>
+
+<p>&mdash;Lucy y Gonzalito (primog&eacute;nito de la duquesa), encantados de verse
+juntos... &iexcl;Qu&eacute; pareja tan mona hacen!... Hoy se han ido al
+<i>Skating-Rink</i>, porque Gonzalo est&aacute; ense&ntilde;ando a patinar a Lucy...</p>
+
+<p>La duquesa pesc&oacute; al vuelo la indirecta, y contest&oacute; tan s&oacute;lo con una
+sonrisa que encubr&iacute;a este pensamiento:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute;s fresca!... &iexcl;Cualquier d&iacute;a te cobras, endos&aacute;ndome a la ni&ntilde;a por
+nuera!... &iexcl;Una duquesa de Bara, <i>n&eacute;e</i> L&oacute;pez Moreno! &iexcl;Dios nos asista!</p>
+
+<p>Currita, por su parte, guardaba aquella tarde un solemne silencio, hijo
+de una rabieta de dos mil demontres que le bailaba por dentro. Jacobo
+hab&iacute;a desairado su almuerzo con el fr&iacute;volo pretexto de que necesitaba
+descansar del viaje, y ella hab&iacute;a descargado su ira sobre el indefenso
+Villamel&oacute;n, que sentado a su espalda, en actitud pensadora, se consolaba
+de los rigores de su esposa pensando en las musara&ntilde;as y distrayendo su
+<span class='pagenum'><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span>imaginaci&oacute;n con vivos recuerdos de su visita a los antrop&oacute;fagos.</p>
+
+<p>Leopoldina Pastor alborotada por ciento, proponi&eacute;ndose referir a Octavio
+Feuillet la historia de la cadina para que escribiese un cuento
+original, y lament&aacute;ndose de que Jacobo Sabadell no apareciese por
+ninguna parte, aguard&aacute;ndole todos tan impacientes para tributarle el
+justo homenaje de admiraci&oacute;n que su novelesca aventura les inspiraba,
+tan distinto del fr&iacute;o recibimiento con que le hab&iacute;an acogido la v&iacute;spera.</p>
+
+<p>Apareci&oacute; entonces el t&iacute;o Frasquito, vestido ya de gran gala, cargado de
+perfumes y de noticias, que, como las burbujas al hervor del agua,
+anunciaba en su rostro una significativa y prolongada sonrisa. La
+inesperada resoluci&oacute;n de Jacobo caus&oacute; en el auditorio sensaci&oacute;n
+profunda, y cuando el t&iacute;o Frasquito anunci&oacute; que el h&eacute;roe pensaba marchar
+a Biarritz quiz&aacute; al d&iacute;a siguiente, dos personas, Di&oacute;genes y Currita, no
+pudieron contenerse... Levant&oacute;se el primero y fuese derecho al t&iacute;o
+Frasquito como si quisiera pegarle, y la segunda, sin que denunciase su
+violenta ira m&aacute;s que una extra&ntilde;a vibraci&oacute;n en su dulce vocecita, comenz&oacute;
+a vomitar injurias y vituperios contra la marquesa de Sabadell, su muy
+amada prima, con gran pasmo de Villamel&oacute;n, que recordaba todav&iacute;a el
+sermoncito sobre el amor de la familia que hab&iacute;a escuchado aquella
+ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>La grey femenil hizo coro a los vituperios de Currita, y todos
+convinieron en que la marquesa de Sabadell era una intriganta, una beata
+hipocritona, una mala esposa que, habiendo campado por su respeto diez
+a&ntilde;os entre curas y monaguillos, quer&iacute;a ahora oscurecer al pobre Jacobo
+bajo la tutela del padre Cifuentes, y que era caso de conciencia y
+obligaci&oacute;n imprescindible de todo fiel cristiano arrancar a la p&iacute;cara el
+<span class='pagenum'><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span>antifaz y advertir al c&aacute;ndido muchacho el lazo que le tend&iacute;an.</p>
+
+<p>Di&oacute;genes, que, a mitad del camino pareci&oacute; hacer de repente al t&iacute;o
+Frasquito gracia de la vida, arremeti&oacute; briosamente contra la hueste
+femenina, diciendo que era maldici&oacute;n de gitanos: &laquo;&iexcl;en lengua de hembras
+te veas!&raquo;; que quien dijo mujer, dijo demonio, y que de tan mala ralea
+era la casta, que todos, todos los bichos, hasta las chinches,
+&iexcl;polaina!, eran mujeres...</p>
+
+<p>Ri&eacute;ronse mucho todas las presentes de la ocurrencia de Di&oacute;genes, y este,
+m&aacute;s que por darles placer, por machacarles las liendres, cont&oacute;les
+entonces que Dios no hab&iacute;a formado a nuestra madre Eva de la costilla de
+Ad&aacute;n, sino del rabo de una mona<a name="FNanchor_13_13" id="FNanchor_13_13"></a><a href="#Footnote_13_13" class="fnanchor">[13]</a>... Porque aunque este fue su primer
+intento, y ten&iacute;a ya la costilla en la mano para formar de ella a la que
+hab&iacute;a de ser causa de tantas desdichas, una mona que le miraba hacer
+atentamente, arrebat&oacute;le de repente el hueso y ech&oacute; a correr para
+esconderlo en su madriguera. Quiso el Se&ntilde;or perseguirla y alcanz&oacute;la por
+el rabo; mas tan fuerte tir&oacute; la mona, que el rabo se le arranc&oacute;,
+qued&aacute;ndosele al Se&ntilde;or en la mano. Encogi&oacute;se entonces de hombros y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Para lo que voy a hacer, lo mismo da...</p>
+
+<p>Y de aquel extra&ntilde;o utensilio form&oacute; a la madre del linaje humano.</p>
+
+<p>Alborot&aacute;ronse las damas con el cuento de Di&oacute;genes y Currita, pesarosa de
+haber dejado escapar en la explosi&oacute;n de ira algo que la conven&iacute;a tener
+muy guardado, apresur&oacute;se a seguir la broma, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, Di&oacute;genes, quiz&aacute; tenga algo de verdad tu historia, porque a
+m&iacute; me contaron con respecto a la formaci&oacute;n del hombre otra muy parecida.
+Dicen que Dios hab&iacute;a criado ya a todos los animales; pero le faltaba
+todav&iacute;a crear al hombre; era ya muy tarde y estaba cansado. Entonces,
+<span class='pagenum'><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span>por ahorrarse tiempo y trabajo, cogi&oacute; al primer animalillo que encontr&oacute;
+a mano y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, habla t&uacute;&mdash;y qued&oacute; formado el hombre.</p>
+
+<p>Y al decir Currita: &laquo;Habla t&uacute;&raquo;, dio un golpecito con la punta de su
+abanico en el hombro del marqu&eacute;s de Villamel&oacute;n, su caro esposo. Este
+interpret&oacute; la se&ntilde;a como una muestra de reconciliaci&oacute;n, y sonri&oacute;
+satisfecho, dulce y placentero, mientras Currita, inclin&aacute;ndose a su
+o&iacute;do, le dijo muy bajo:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Fernandito..., me parece natural que vayas a ver si ha
+descansado Jacobo, y que le convides a comer.. Dile que le espero sin
+falta, porque tengo que hablarle de cosas que le interesan.</p>
+
+<p>Anunciaron en aquel momento la llegada del correo y Di&oacute;genes aprovech&oacute;
+la confusi&oacute;n natural que esto produjo para acercarse al t&iacute;o Frasquito y
+cogerle sin miramiento alguno por la abierta solapa de su rico gab&aacute;n de
+pieles, que dejaba al descubierto una pechera inmaculada, en cuyo centro
+reluc&iacute;a, bajo la corbata blanca, una bell&iacute;sima turquesa, celeste como el
+cielo.</p>
+
+<p>Azor&oacute;se el t&iacute;o Frasquito al verse solo y sin defensa en las garras de
+Di&oacute;genes, y procur&oacute; encubrir sus temores, acogi&eacute;ndole humilde,
+sonriente, cari&ntilde;oso, llam&aacute;ndole <i>Perriquito</i>, y ofreci&eacute;ndole ricos
+cigarros que &eacute;l no fumaba nunca, pero llevaba siempre a prevenci&oacute;n para
+casos apurados. Mas Di&oacute;genes, fijando en &eacute;l sus ojos abotagados por el
+ron y la ginebra, con el mal&eacute;fico influjo de la serpiente que magnetiza
+al incauto pajarillo, le pregunt&oacute; con muy malos modos despu&eacute;s de un
+imperioso &laquo;&iexcl;oye, Frasquita!&raquo;, si era cierto que andaba en compadrazgo
+<span class='pagenum'><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span>con Jacobito.</p>
+
+<p>&iexcl;&Eacute;l, con Jacobito!... &iexcl;Jes&uacute;s!... Pues si justamente era Jacobo una
+persona que le estaba reventando desde su cuarto y que sin saber por qu&eacute;
+se le hab&iacute;a indigestado... Verdad era que le hab&iacute;a pedido una
+recomendaci&oacute;n para su sobrino el padre Cifuentes, y &eacute;l&mdash;claro est&aacute;&mdash;,
+por salir del compromiso, le hab&iacute;a ofrecido una tarjeta; &iquest;pero en qu&eacute;
+cabeza pod&iacute;a caber que fuera &eacute;l a acompa&ntilde;arle, ni a mezclarse en asuntos
+de familia, ni a meterse en <i>tripotages</i> de mala ley con un loco
+semejante?...</p>
+
+<p>Y mientras esto dec&iacute;a el t&iacute;o Frasquito, iba poco a poco escurriendo
+escurriendo su solapa de manos de Di&oacute;genes, hasta que, libre al fin,
+abroch&oacute;se prontamente el gab&aacute;n hasta la barba, para poner a cubierto su
+n&iacute;vea pechera de cualquier acometida de Di&oacute;genes. Este, dej&aacute;ndole hacer,
+torn&oacute; a preguntarle:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;ndo se va Jacobo a Biarritz?...</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana por la noche...</p>
+
+<p>Y con adem&aacute;n misterioso y tono de &iacute;ntima confianza, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Porr supuesto, que Jacobo s&oacute;lo va all&iacute; al olorrcillo de los millones
+de la Monterrrubio, que disfruta hoy Elvirrra... &iquest;Y qu&eacute; harrr&aacute; ella?...
+Porque no cabe en cabeza humana que una muchacha tan buena, tan santita,
+quierrra hacerr de nuevo m&eacute;nage con ese Poncio Pilatos...</p>
+
+<p>Di&oacute;genes le volvi&oacute; la espalda sin preguntarle nada m&aacute;s, y el t&iacute;o
+Frasquito, gozoso de verse libre al solo precio de hacer traici&oacute;n a su
+amigo, corri&oacute; a noticiar a Currita que Di&oacute;genes tomaba partido por la
+Sabadell, y a lamentarse con la de Bara de que la polic&iacute;a correccional
+<span class='pagenum'><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span>no pusiera coto, ni en Espa&ntilde;a, ni en Francia, a los desafueros de aquel
+c&iacute;nico viejo.</p>
+
+<p>Este hab&iacute;a salido de la terraza por el sal&oacute;n de lectura, y entrando en
+un gabinete, cogi&oacute; pluma y papel, y con letra inveros&iacute;mil, p&uacute;sose a
+escribir esta carta:</p>
+
+<p>&laquo;Mi querida Mar&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; se atasc&oacute; Di&oacute;genes, y rasc&aacute;ndose la nariz con el cabo de la pluma,
+qued&oacute;se perplejo, hasta que a&ntilde;adi&oacute; por fin al encabezamiento esta
+reverente coleta:</p>
+
+<p>&laquo;...muy respetada: Ma&ntilde;ana sale de aqu&iacute; para esa el perill&aacute;n de Jacobito
+Sabadell, que lleva las de Ca&iacute;n, pues trata nada menos que de intentar
+una reconciliaci&oacute;n con su pobre mujer Elvira. Anda huido de
+Constantinopla, donde ha hecho no s&eacute; qu&eacute; atrocidades, y por lo visto ha
+olido que Elvira tiene dinero y quiere ahorrarle el trabajo de
+guardarlo. Ma&ntilde;ana, antes de salir, tendr&aacute; una conferencia con el padre
+Cifuentes, que <i>Francesca di Rimini</i> le servir&aacute; de tercero...&raquo;</p>
+
+<p>Aqu&iacute; not&oacute; Di&oacute;genes que la concordancia era vizca&iacute;na, y a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&laquo;...o de tercera. Te advierto todo esto por si puedes hacer algo por esa
+pobrecita, que ser&aacute; capaz de entregarse atada de pies y manos al brib&oacute;n
+de su marido, si no hay alguien que la aconseje. Si sirvo yo para algo,
+incluso para romperle un estern&oacute;n a Jacobito...&raquo;.</p>
+
+<p>De nuevo se detuvo Di&oacute;genes dudoso, por no saber a punto fijo si Jacobo
+pod&iacute;a tener uno o m&aacute;s <i>esternones</i>, y dispuesto sin duda a romperle
+<span class='pagenum'><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span>cuantos tener pudiera, prosigui&oacute; al cabo:</p>
+
+<p>&laquo;...av&iacute;same y ah&iacute; me tienes. Yo sigo tan campante con mis sesenta y dos
+a cuestas, caminito, caminito de esa cama del hospital que tantas veces
+me has pronosticado. &iquest;Llegar&aacute; en el sesenta y tres?&raquo;.</p>
+
+<p>Y dando con esta pregunta por terminada la carta, firm&oacute;la como Antonio
+P&eacute;rez las suyas a <i>milady</i> Richs:</p>
+
+<p>&laquo;Perro desollado de vuestra se&ntilde;or&iacute;a, <i>Di&oacute;genes.</i>&raquo;</p>
+
+<p>&laquo;P. D.&mdash;Un beso a Monina.&raquo;</p>
+
+<p>Y aqu&iacute; se detuvo otra vez perplejo, mene&oacute; lentamente la gran cabezota, y
+su rostro granujiento tom&oacute; una expresi&oacute;n indefinible de ternura y de
+tristeza.</p>
+
+<p>Aquella Monina, bell&iacute;sima criatura de cuatro a&ntilde;os, &iacute;dolo de su coraz&oacute;n
+por un fen&oacute;meno semejante al que hace a los grandes perrazos encari&ntilde;arse
+con los ni&ntilde;os, que le tiraba de las patillas y le hac&iacute;a andar a cuatro
+pies, gui&aacute;ndole ella por una oreja, hab&iacute;a rechazado un d&iacute;a un beso de
+sus aguardentosos labios, dici&eacute;ndole con infantil repugnancia:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No..., que apesta!...</p>
+
+<p>Y Di&oacute;genes, el c&iacute;nico Di&oacute;genes, que se burlaba de la opini&oacute;n del mundo
+entero y hac&iacute;a gala de revolcarse en los m&aacute;s inmundos lodazales, sinti&oacute;,
+ante la repugnancia de aquel &aacute;ngel, que una gran verg&uuml;enza invad&iacute;a su
+coraz&oacute;n y sub&iacute;a hasta su frente, ti&ntilde;&eacute;ndola de carm&iacute;n, y asomaba a sus
+ojos llen&aacute;ndolos de l&aacute;grimas... Por tres d&iacute;as enteros estuvo sin beber
+una copa; al cuarto, rindi&oacute;le el vicio otra vez; mas jam&aacute;s volvi&oacute; a
+<span class='pagenum'><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span>besar a la ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>Y entonces, a tan gran distancia del bello angelito, crey&oacute; faltar a su
+prop&oacute;sito escribiendo en aquella postdata la palabra <i>beso</i>, y
+borr&aacute;ndola con grandes tachaduras, puso en su lugar: &laquo;A Monina, que le
+llevar&eacute; un mu&ntilde;eco que dice pap&aacute; y mam&aacute;&raquo;. Despu&eacute;s escribi&oacute; en el sobre:</p>
+
+<p class="center">M<sup>me.</sup> LA MARQUISE DE VILLASIS<br />
+<i>Villa Mar&iacute;a.</i><br />
+<i>Biarritz.</i>
+</p>
+
+
+<h2><a name="VIIbmdash" id="VIIbmdash"></a><a href="#toc">&mdash;VII&mdash;</a></h2>
+
+<p>El capricho de una soberana hizo en poco tiempo de un villorio olvidado
+uno de los centros m&aacute;s a la moda entre los semidioses que regulan sus
+costumbres, su lujo, sus necesidades y hasta su conciencia, a veces, por
+las extravagantes leyes de esta tirana caprichosa.</p>
+
+<p>La emperatriz Eugenia levant&oacute; en Biarritz la ville Eug&eacute;nie, y Biarritz
+qued&oacute; al nivel de Trouville, Dieppe y Etretat. Los espa&ntilde;oles lo invaden
+en verano, los ingleses en invierno y los rusos en oto&ntilde;o, como si por
+turno quisieran disfrutar sus comodidades bastante problem&aacute;ticas y sus
+encantos harto discutibles.</p>
+
+<p>El lujo se apresur&oacute; a levantar all&iacute; villas y palacios; la especulaci&oacute;n,
+<span class='pagenum'><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span>hoteles y casinos; s&oacute;lo la piedad se qued&oacute; con las manos quietas. En
+Biarritz apenas si existe una iglesia.</p>
+
+<p>En la carretera de Bayona hay hacia el lado del mar una villa deliciosa,
+que se asienta en un reducido parque como una paloma en su nido de
+verdura: exti&eacute;ndese aquel a lo largo del camino, cerrado por una gran
+verja de hierro, en cuya puerta campea en uno y otro lado este letrero:
+Villa Mar&iacute;a. Da esta entrada a una gran calle, que sombreada por &aacute;rboles
+magn&iacute;ficos, describe tres caprichosas vueltas, salta un diminuto
+riachuelo y lleva a una plazoleta semicircular, atestada de flores,
+especie de <i>square</i> delicioso, que sirve como de patio de honor a la
+casa.</p>
+
+<p>Tres gradas de m&aacute;rmol blanco dan ingreso al piso bajo, destinado s&oacute;lo a
+recibimiento y adornado con esa pulcra sencillez que adopta todo lo
+bello y destierra todo lo suntuoso, y constituye el buen gusto y la
+elegancia en el decorado de un palacio de campo. En el fondo del
+vest&iacute;bulo abr&iacute;ase la puerta del sal&oacute;n, y lleg&aacute;base por este a un peque&ntilde;o
+gabinete, tapizado todo de cretona, con grandes flores cobrizas. Ocupaba
+uno de sus frentes una chimenea de m&aacute;rmol blanco, y formaba el otro una
+gran ventana de cristales, abierta de arriba abajo, que dejaba entrar el
+sol a raudales y permit&iacute;a ver la verdura del parque en primer t&eacute;rmino,
+la arena de la playa m&aacute;s lejos y el azul del mar en lontananza.</p>
+
+<p>Las once hab&iacute;an dado ya en el reloj del torreoncito de la villa, y dos
+se&ntilde;oras, sentadas a uno y otro lado de la chimenea, hablaban en el
+gabinete. Una lloraba en silencio; la otra parec&iacute;a consolarla.</p>
+
+<p>Representaba esta m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, y su falta absoluta de
+pretensiones en nada disimulaba la sorda lima del tiempo. Un sencillo
+peine de concha sujetaba su abundante cabellera, blanca casi por
+completo, y su rica bata de pa&ntilde;o labrado, con vueltas de terciopelo,
+<span class='pagenum'><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span>lejos de prestar realce alguno a su persona, parec&iacute;a m&aacute;s bien recibir
+ella misma del talle airoso y noble de la dama la severa elegancia de su
+corte y de sus pliegues.</p>
+
+<p>Su rostro, algo moreno y nada correcto en sus rasgos, ten&iacute;a, sin
+embargo, esa m&oacute;vil belleza que da la expresi&oacute;n y viene a ser, con
+respecto a la fisonom&iacute;a, lo que el colorido con respecto al dibujo:
+belleza m&aacute;s bien moral que f&iacute;sica, que se escapa siempre al pincel, y
+constitu&iacute;a el principal encanto de aquella se&ntilde;ora, dotada de cierta
+viveza natural que no le quitaba se&ntilde;or&iacute;o; cierta gracia espont&aacute;nea y
+cari&ntilde;osa que, unida a un liger&iacute;simo ceceo, acusaban su procedencia
+andaluza.</p>
+
+<p>Era la otra mucho m&aacute;s joven, parec&iacute;a abatida y estaba enferma; su rostro
+descolorido formaba un &oacute;valo perfecto, y llamaban en &eacute;l la atenci&oacute;n los
+ojos, por lo dulces; la boca, por lo triste. Aquellos, grandes, azules,
+de mirada vaga, un poco alta, como lo es en medio del dolor la mirada de
+la esperanza; esta, p&aacute;lida, ca&iacute;da por los extremos, con esa curvatura
+que indica el sufrimiento habitual y es el primer signo que estampa la
+agon&iacute;a en los enfermos desahuciados y en los condenados a muerte. Tra&iacute;a
+puesto un sombrero oscuro, sin velo, un largo abrigo de piel de nutria,
+y escond&iacute;a sus enguantadas manos en un manguito de la misma piel.</p>
+
+<p>Era esta se&ntilde;ora la marquesa de Sabadell, y la otra, en cuya casa se
+hallaba, era la de Villasis, su amiga &iacute;ntima.</p>
+
+<p>El correo de aquella ma&ntilde;ana hab&iacute;a tra&iacute;do a las dos se&ntilde;oras noticias
+importantes: la de Villasis hab&iacute;a recibido la carta de Di&oacute;genes, y otra
+larga y detallada del padre Cifuentes. La marquesa de Sabadell, por su
+parte, encontr&oacute;se al volver de misa con una carta, que hizo vibrar en un
+<span class='pagenum'><a name="Page_241" id="Page_241">[241]</a></span>instante cuantas fibras sensibles exist&iacute;an en su coraz&oacute;n: por un
+momento crey&oacute; la infeliz mujer que iba a desmayarse.</p>
+
+<p>Diez a&ntilde;os se le hab&iacute;an pasado sin ver la letra de Jacobo, y aun antes de
+fijar los ojos en el sobre, ese algo certero y misterioso que en
+circunstancias dadas agita el coraz&oacute;n y fija de repente el pensamiento
+en un punto remoto y olvidado, le avis&oacute; de qui&eacute;n era la carta.</p>
+
+<p>Tambale&aacute;ndose entr&oacute; en su alcoba, bebi&oacute; con mano tr&eacute;mula un sorbo de
+agua y dej&oacute;se caer sin fuerzas en una butaca, mirando la carta que ten&iacute;a
+en las manos, sin osar abrirla.</p>
+
+<p>El pasado entero se le vino a la memoria de un golpe, como una de esas
+grandes olas que revientan en la playa, borrando por completo la espuma
+de otras menores. Sus breves d&iacute;as de ventura, cuando enamorada
+perdidamente de su esposo y crey&eacute;ndose de &eacute;l correspondida, hab&iacute;ase
+cre&iacute;do en posesi&oacute;n del falso objeto de la vida, que es la dicha, y se
+hab&iacute;a olvidado del objeto verdadero, que es Dios, se le pusieron
+delante.</p>
+
+<p>Esta fue su &uacute;nica culpa, culpa de hijos ingratos en que incurre la
+inmensa mayor&iacute;a del linaje humano, que se olvida de Dios en la felicidad
+y s&oacute;lo le recuerda en el llanto, porque cuadra m&aacute;s a su condici&oacute;n
+ego&iacute;sta pedir remedios que agradecer bondades. &iexcl;Harto lo conoc&iacute;a ella
+entonces y harto lo estaba expiando!...</p>
+
+<p>Vinieron luego las peque&ntilde;as infidelidades y los peque&ntilde;os desencantos,
+sufridos sin reproche, perdonados sin restricci&oacute;n, que no lograron
+derribar el &iacute;dolo de aquella alma enamorada, manso r&iacute;o sin borrascas,
+arpa eolia en que hasta los mugidos del hurac&aacute;n se transformaban en
+suspiros... Despu&eacute;s vinieron las grandes ofensas, y a poco los terribles
+<span class='pagenum'><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span>descubrimientos de vicios enormes, que brotaban como setas monstruosas
+bajo el aspecto de seductor de aquel esposo adorado; de inclinaciones
+depravadas, pasiones ind&oacute;mitas, costumbres disolutas e innumerables
+defectos, que nac&iacute;an y viv&iacute;an en su alma como en la carne podrida los
+gusanos asquerosos.</p>
+
+<p>El &iacute;dolo h&iacute;zose monstruoso, y la infeliz mujer quiso arrojarlo de su
+coraz&oacute;n indignada, como se arroja lo que ofende, lo que mancha, lo que
+deshonra; mas el alma &iacute;basele detr&aacute;s, llena de angustias y de verg&uuml;enza,
+porque el &iacute;dolo segu&iacute;a en pie, siempre reinando en ella, y no por ser
+monstruoso dejaba de ser &iacute;dolo.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; al fin la ruina, y tras la ruina vino luego el abandono, los
+largos d&iacute;as solitarios, esperando en vano una carta mil veces contestada
+antes de ser escrita, aguardando siempre la demanda de un perd&oacute;n ya de
+antemano concedido, acost&aacute;ndose con la agon&iacute;a de despertar... de
+despertar al d&iacute;a siguiente para hallarse de nuevo sola, &iexcl;sola!, en la
+arena del combate y del dolor, pregunt&aacute;ndose a s&iacute; misma como el
+infortunado Delf&iacute;n de Francia a su madre Mar&iacute;a Antonieta: &iquest;Hoy es
+todav&iacute;a ayer?... &iexcl;Y el ayer era siempre hoy, el &iacute;dolo era &iacute;dolo
+siempre!...</p>
+
+<p>Y en aquel momento, al revolver aquella carta, despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os,
+aquel turbio oleaje de penas abrumadoras, punzantes desdenes, ofensas
+terribles, negras ingratitudes, l&aacute;grimas solitarias y despreciados
+sacrificios, ve&iacute;a la infeliz levantarse en su coraz&oacute;n el amor a su
+marido, vivo siempre, fuerte, avasallador, resistiendo al olvido, al
+desd&eacute;n, al insulto, al tiempo mismo y a la ausencia misma, viviendo sin
+esperanzas que le mantuvieran y le dieran savia, y por eso, inmortal
+como el alma.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span></p><p>La pobre mujer tuvo miedo de s&iacute; misma, y un llanto amargu&iacute;simo brot&oacute; de
+su coraz&oacute;n a raudales. Acord&oacute;se de su hijo, cuyo &aacute;ngel de la guarda era
+ella, encargada de defender sus intereses y su educaci&oacute;n contra su padre
+mismo, y temi&oacute; que aquel amor apasionado fuera en su coraz&oacute;n el punto
+flaco que la llevara a pactar con el enemigo, la planta viciosa que
+arrebata a cuantas la rodean los jugos de la tierra, apropi&aacute;ndose ella
+sola la savia que vivifica y da frescura y lozan&iacute;a.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a en el fondo de la alcoba un tr&iacute;ptico precioso sobre un
+reclinatorio sencill&iacute;simo, y en este se arroj&oacute; la marquesa, llorando a
+mares, para leer a los pies de la Virgen la carta inesperada.</p>
+
+<p>Jacobo, sin pre&aacute;mbulos de ning&uacute;n g&eacute;nero, anunciaba a su mujer su pr&oacute;xima
+llegada, para tratar con ella de asuntos importantes, cuyo arreglo le
+hab&iacute;a <i>aconsejado</i> el padre Cifuentes, excelente persona que hab&iacute;a
+conocido en Par&iacute;s, <i>llenando su coraz&oacute;n abatido de esperanza y de
+consuelo</i>...</p>
+
+<p>La marquesa crey&oacute; haber le&iacute;do mal aquel &uacute;ltimo p&aacute;rrafo de la breve
+carta, y torn&oacute; una y otra vez a leerlo. La hipocres&iacute;a era el &uacute;nico vicio
+que jam&aacute;s hab&iacute;a observado en Jacobo, y, o aquella carta la rebosaba por
+todas sus letras, o Dios hab&iacute;a hecho en &eacute;l uno de sus prodigios.
+&iquest;Confortado con esperanzas y consuelos del padre Cifuentes, aquel
+coraz&oacute;n cuyo fr&iacute;o ego&iacute;smo le manten&iacute;a siempre fresco e insensible, como
+un cad&aacute;ver entre t&eacute;mpanos de nieve?...</p>
+
+<p>Absurdo era esto, pero era posible; era su oraci&oacute;n cotidiana hac&iacute;a doce
+a&ntilde;os, su plegaria m&aacute;s ardiente, su s&uacute;plica m&aacute;s repetida, y &iexcl;Dios era tan
+bueno, tan grande, tan Padre!...</p>
+
+<p>Y aunque algo duro e inflexible se alzaba en el fondo de su coraz&oacute;n,
+<span class='pagenum'><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span>gritando que aquello era una farsa, una nueva vileza, la marquesa
+ahogaba esta voz sin darse cuenta de ello, para dejar entrar all&iacute; un
+rayo de sol que disipase las tinieblas de su triste abandono, para dejar
+que la esperanza y el deseo levantasen juntos y a su placer un bello
+castillo en el aire.</p>
+
+<p>Sin acordarse de desayunar siquiera, ni detenerse m&aacute;s tiempo que el
+preciso para lavarse en el tocador los ojos llorosos, corri&oacute; Elvira a
+casa de la marquesa de Villasis, haci&eacute;ndose la ilusi&oacute;n de que iba a
+buscar en el claro entendimiento y en el cari&ntilde;o acendrado de su amiga un
+consejo prudente, y yendo en realidad en busca de algo que con la
+autoridad de aquella pudiera robustecer y dar cuerpo a su esperanza...</p>
+
+<p>La Villasis sab&iacute;a muy bien a qu&eacute; atenerse, porque el padre Cifuentes le
+daba en su carta cuenta detallada de su entrevista con Jacobo. Hab&iacute;asele
+presentado este disimulando, bajo su arrogante petulancia, el
+encogimiento y la especie de miedo receloso que suelen infundir los
+jesuitas a las personas mundanas que s&oacute;lo les conocen por las mil
+patra&ntilde;as que en pro y en contra de ellos corren contadas o escritas.</p>
+
+<p>Mas al ver delante de s&iacute; aquel hombre peque&ntilde;ito, insignificante en su
+persona hasta la vulgaridad, llano en el decir hasta el desali&ntilde;o, que
+jam&aacute;s sacaba las manos de las mangas, como no fuera para tomar rap&eacute; en
+su tabaquera de cuerno, y pon&iacute;a de manifiesto con deplorable frecuencia
+un pa&ntilde;uelo de hierbas insolente de puro feo, a cuadros azules y
+amarillos, con algunos vivitos verdes, troc&oacute;se su recelo en desprecio, y
+con la desde&ntilde;osa frialdad que guarda el grande orgullo para el peque&ntilde;o
+que juzga empingorotado sobre una superioridad usurpada, manifest&oacute;le su
+<i>deseo</i> de reconciliarse con su mujer, olvidando todo lo pasado, y
+expres&oacute;le su <i>voluntad</i> de que fuera &eacute;l mismo quien aconsejara a la
+<span class='pagenum'><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span>esposa abandonada acceder a sus pretensiones.</p>
+
+<p>Y entonces fue cuando Jacobo qued&oacute; convencido de que el padre Cifuentes
+era un infeliz, un cuitadito sin pizca alguna de mundo, como el t&iacute;o
+Frasquito le hab&iacute;a dicho antes.</p>
+
+<p>Las manos del jesuita se hundieron m&aacute;s y m&aacute;s en lo profundo de sus
+mangas, y muy alborozado y satisfecho, opin&oacute; que nada hab&iacute;a m&aacute;s conforme
+a la moral cristiana que la paz de la familia y el perd&oacute;n de las
+injurias... Pero&mdash;y aqu&iacute; apareci&oacute; de nuevo la tabaquera de cuerno para
+suministrar a los dedos del padre Cifuentes un polvo digno del gran
+Federico&mdash;en cuanto a aconsejar &eacute;l a la se&ntilde;ora marquesa que accediese a
+las pretensiones del se&ntilde;or marqu&eacute;s, hab&iacute;a de tener en cuenta el se&ntilde;or
+marques que la se&ntilde;ora marquesa nada le hab&iacute;a consultado, y que la
+primera condici&oacute;n del consejo prudente es la de ser pedido...</p>
+
+<p>Jacobo abri&oacute; la boca para replicar, pero el pa&ntilde;uelo a cuadros azules y
+amarillos, con algunos vivitos verdes, sali&oacute; a relucir, y el padre
+Cifuentes a&ntilde;adi&oacute; que cre&iacute;a, ten&iacute;a entendido, le parec&iacute;a probable que la
+se&ntilde;ora marquesa de Sabadell estaba a punto de salir de Biarritz, y que
+en el caso de no encontrarla, lo m&aacute;s prudente y oportuno para el se&ntilde;or
+marqu&eacute;s ser&iacute;a dirigirse a la se&ntilde;ora marquesa de Villasis, persona muy su
+amiga, de grandes luces y mayores virtudes, para la cual se brindaba a
+darle una carta suplic&aacute;ndole que las tomase ella en el asunto.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito, que con gran falta de delicadeza, hija de su deseo
+vehement&iacute;simo de seguir las peripecias del drama, se hab&iacute;a constituido
+en testigo de la conferencia, meti&oacute; entonces su cucharada, asegurando
+que aquello estaba muy bien pensado, que su sobrino el padre Cifuentes
+ten&iacute;a raz&oacute;n hasta por encima del solideo, y que lo m&aacute;s derecho para su
+sobrino Jacobo era dirigirse desde luego a su sobrina Villasis, porque
+<span class='pagenum'><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span>lo que esta no alcanzase de su sobrina Sabadell nadie en el mundo,
+fuera o no sobrino suyo, podr&iacute;a alcanzarlo.</p>
+
+<p>Jacobo medit&oacute; un momento el plan que le propon&iacute;an y pensando escribir,
+desde luego, a su esposa, para detener su marcha con la noticia de su
+ida, acept&oacute; a todo evento la carta para la marquesa de Villasis y
+despidi&oacute;se del padre Cifuentes, llam&aacute;ndole don Gregorio. En todo el
+transcurso de la pl&aacute;tica hab&iacute;a evitado con marcada afectaci&oacute;n designarle
+con el nombre de <i>Padre</i>, llam&aacute;ndole siempre se&ntilde;or Cifuentes.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Cifuentes acompa&ntilde;&oacute; hasta la puerta a la aristocr&aacute;tica pareja,
+con sus manos siempre metidas en las mangas, y al verla desaparecer en
+el coche, permiti&oacute;se murmurar del sobrino de su t&iacute;o y de su t&iacute;o mismo,
+diciendo para su sotana:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Exacta alegor&iacute;a del mundo!... La necedad amparando al vicio.</p>
+
+<p>Y sin perder un momento, p&uacute;sose a escribir a la marquesa de Villasis,
+d&aacute;ndole un juicio sobre los planes de Jacobo, que coincid&iacute;a por completo
+con el dado ya por Di&oacute;genes, suplic&aacute;ndole que evitase a toda costa que
+Elvira y su marido se viesen, a fin de que este no pudiera enga&ntilde;arla, y
+encarg&aacute;ndole tambi&eacute;n, con grandes instancias, que ahuyentara para
+siempre con alg&uacute;n recurso de su femenil ingenio a aquel desdichado que
+pretend&iacute;a explotar a su infeliz mujer, con grave riesgo de su inocente
+hijo.</p>
+
+<p>Guard&oacute;se muy bien la Villasis de comunicar a Elvira estas noticias, y
+como el experto m&eacute;dico que debilita en varias dosis un brebaje demasiado
+fuerte, troc&aacute;ndolo de veneno en medicina, disp&uacute;sose a desenga&ntilde;ar a la
+infeliz, poco a poco y por partes. Ley&oacute;, pues, atentamente la carta que
+agitaba y temblorosa le presentaba Elvira, y devolvi&oacute;sela sin decir
+<span class='pagenum'><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span>palabra. Ella le interrogaba con los tristes ojos pre&ntilde;ados de l&aacute;grimas;
+la Villasis dijo entonces moviendo lentamente la cabeza:</p>
+
+<p>&mdash;Eres turco y no te creo...</p>
+
+<p>Elvira baj&oacute; anonadada la suya, porque le pareci&oacute; que aquellas palabras
+derrumbaban de un golpe el castillo que all&aacute; en el fondo de su coraz&oacute;n
+levantaron antes la esperanza y el deseo. Dos grandes l&aacute;grimas se
+desprendieron de sus ojos, mientras murmuraba t&iacute;midamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;He rezado tanto!... &iexcl;He llorado tanto!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es verdad!... &iexcl;Pero ha mentido tanto!... &iexcl;Ha rodado tanto!...</p>
+
+<p>&mdash;Dios puede hacer un milagro...</p>
+
+<p>&mdash;Y el hombre puede hacerlo in&uacute;til.</p>
+
+<p>&mdash;Yo espero que no...</p>
+
+<p>&mdash;Yo temo que s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero a ti qui&eacute;n te lo dice?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y a ti qui&eacute;n te lo asegura?</p>
+
+<p>El llanto de Elvira se troc&oacute; entonces en sollozos, y como si aquella
+pena fuese nueva para ella, sinti&oacute; en toda su plenitud la primera
+necesidad de todos los d&eacute;biles en la desgracia: buscar unos brazos
+amigos en que arrojarse, un pecho leal en que esconder el rostro lleno
+<span class='pagenum'><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span>de l&aacute;grimas...</p>
+
+<p>La Villasis la recibi&oacute; en los suyos, estrech&aacute;ndola contra su coraz&oacute;n,
+bes&aacute;ndola en la frente, habl&aacute;ndola al o&iacute;do, con la voz suave y cari&ntilde;osa
+con que se habla a un ni&ntilde;o enfermo o desolado. Ella, sollozando sin
+cesar, repet&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; hago?... &iquest;Qu&eacute; hago?...</p>
+
+<p>&mdash;Irte.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero ad&oacute;nde?...</p>
+
+<p>&mdash;A Lourdes... A esperar junto a la Virgen Sant&iacute;sima que pase la
+tormenta.</p>
+
+<p>&mdash;Ir&aacute; all&iacute; a buscarme...</p>
+
+<p>&mdash;No ir&aacute;... Yo me encargo de detenerlo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;y si fuera verdad, Mar&iacute;a?&mdash;torn&oacute; a decir Elvira, aferr&aacute;ndose a
+su idea&mdash;. &iquest;Y si su arrepentimiento es cierto y se encuentra el pobre
+con que le cierro la puerta?...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces sabr&eacute; yo conocerlo y te lo llevar&eacute; a Lourdes yo misma...
+Iremos los tres a buscarte: &eacute;l, yo y tu hijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Alfonsito!... &iexcl;Pobre hijo de mi coraz&oacute;n!... &iquest;Y qu&eacute; hago con &eacute;l?
+&iquest;Me lo llevo?...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span></p><p>&mdash;No, d&eacute;jalo en el colegio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, no, no, eso no!&mdash;exclam&oacute; Elvira fuera de s&iacute;&mdash;. &iquest;Y si su padre va
+a verlo y se lo lleva y me lo quita?... &iexcl;Hijo de mi alma!... &iexcl;Verme yo
+sin &eacute;l!... &iexcl;Me muero entonces!... &iexcl;Me muero!</p>
+
+<p>Y ante esta idea que la aterraba, la infeliz mujer, abrumada por el
+dolor y debilidad por la inanici&oacute;n, sufri&oacute; un ligero desvanecimiento.
+H&iacute;zola la marquesa tomar una taza de caldo y una copa de vino generoso,
+y poco a poco logr&oacute; al fin tranquilizarla.</p>
+
+<p>Entonces concertaron su plan: Elvira hab&iacute;a de partir aquella misma noche
+a Lourdes, acompa&ntilde;ada de mademoiselle Carmagnac, se&ntilde;ora muy respetable,
+que hab&iacute;a sido aya de la &uacute;nica hija de la marquesa de Villasis. Esta
+dict&oacute; a Elvira una carta que hab&iacute;a de entregar a Jacobo cuando se
+presentara en casa de su esposa; dec&iacute;ale en ella que asuntos muy
+urgentes le imped&iacute;an esperarle en Biarritz, y que la marquesa de
+Villasis quedaba con amplios poderes para tratar con &eacute;l toda clase de
+negocios, conform&aacute;ndose Elvira, desde luego, con lo que ambos
+concertaran.</p>
+
+<p>A todo asent&iacute;a la marquesa de Sabadell con esa especie de inercia moral
+que enerva la voluntad cuando en cualquier negocio de la vida se apaga
+la fe y muere la esperanza. Mas en las naturalezas heroicas crecen las
+fuerzas en la misma proporci&oacute;n que crece el dolor del sacrificio, y sin
+derramar una l&aacute;grima ni mostrarse ya acongojada ni afligida, ocup&oacute;se tan
+s&oacute;lo de sus preparativos de marcha.</p>
+
+<p>Las dos se&ntilde;oras almorzaron juntas en casa de la Sabadell, entreg&oacute; esta a
+su amiga algunos papeles importantes que la Villasis quer&iacute;a tener a
+mano, por si en su conferencia con Jacobo le fueran necesarios, y
+marcharon despu&eacute;s ambas a Guichon, peque&ntilde;a aldehuela situada entre
+<span class='pagenum'><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span>Bayona y Biarritz, donde los jesuitas expulsados de Espa&ntilde;a por la
+Revoluci&oacute;n hab&iacute;an abierto el colegio en que Alfonsito T&eacute;llez se educaba.</p>
+
+<p>Despidi&oacute;se Elvira de su hijo sin decir cu&aacute;ndo ni ad&oacute;nde iba, y el rector
+del colegio, que conoc&iacute;a a fondo todas las pesadumbres de la dama, qued&oacute;
+encargado de no permitir que el ni&ntilde;o recibiese otra visita que la de la
+marquesa de Villasis durante la corta ausencia de su madre. Dos horas
+despu&eacute;s desped&iacute;ase aquella de Elvira en la estaci&oacute;n de la Negresse, y
+volv&iacute;a triste y preocupada a la Villa Mar&iacute;a, dando al punto orden de no
+recibir a nadie.</p>
+
+<p>Encerr&oacute;se temprano en su gabinete y pas&oacute; gran parte de la noche
+repasando y estudiando los papeles de Elvira, y escribiendo una especie
+de documentos en forma de art&iacute;culos numerados. Levant&oacute;se muy de ma&ntilde;ana
+al otro d&iacute;a, fuese a la capilla de Santa Eugenia, oy&oacute; dos misas y
+comulg&oacute; devotamente; la prudencia de la mujer hab&iacute;a tirado la noche
+antes sus c&aacute;lculos, y la fe de la cristiana iba a buscar entonces en el
+Sacramento la gracia divina que necesitaba para vencer en la lucha.</p>
+
+<p>La ma&ntilde;ana estaba magn&iacute;fica y promet&iacute;a uno de esos espl&eacute;ndidos d&iacute;as de
+invierno en que los miembros se desentumecen, el alma se alegra y el
+bar&oacute;metro sube, como si quisiera descubrir a lo lejos la llegada de la
+primavera. A las tres de la tarde hall&aacute;base abierto de par en par el
+mirador de cristales del gabinete que ya conocemos, y el sol entraba a
+raudales, llen&aacute;ndolo todo de luz, de colores y de reflejos. La marquesa
+amaba el sol y el aire con la pasi&oacute;n con que los aman los pobres, y
+odiaba ese misterioso y coquetuelo <i>petit jour</i> en que se refugian las
+beldades trasnochadas para ocultar los estragos del tiempo. Un&iacute;anse en
+el jard&iacute;n las carcajadas de Monina, que saltaba a la cuerda, con los
+mugidos del mar, que azotaba a la costa, como si en aquella naturaleza
+tan bella, tan en calma, tan espl&eacute;ndida, se armonizara lo inocente con
+<span class='pagenum'><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span>lo terrible, el mar y el ni&ntilde;o, la extrema debilidad y la extrema
+fiereza.</p>
+
+<p>La Villasis, apoyada en la ventana, segu&iacute;a con la vista los juegos y
+carreras de aquel bello &aacute;ngel, que ocupaba y llenaba por completo su
+coraz&oacute;n, con ser este tan grande. Era aquella ni&ntilde;a su nieta, hija de su
+&uacute;nica hija, muerta al darla a luz cinco a&ntilde;os antes, y hu&eacute;rfana tambi&eacute;n
+de padre. De repente, la marquesa cerr&oacute; la ventana y sent&oacute;se junto a
+ella, al lado del peque&ntilde;o <i>secr&eacute;taire</i> en que sol&iacute;a despachar su
+correspondencia ordinaria. Hab&iacute;a escuchado a lo lejos el ruido de un
+coche que se deslizaba sobre las enarenadas calles del parque, y a poco,
+un criado anunciaba en el gabinete al marqu&eacute;s de Sabadell.</p>
+
+<p>La marquesa se santigu&oacute; vivamente no bien desapareci&oacute; el lacayo, fij&oacute; un
+momento sus grandes y vivos ojos negros en un cuadro bell&iacute;simo de la
+Virgen que hab&iacute;a en el testero, y volvi&oacute;se hacia la puerta, tan risue&ntilde;a,
+tan se&ntilde;ora y tan serena como cuando recib&iacute;a en Madrid a sus amigos
+&iacute;ntimos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIIIbmdash" id="VIIIbmdash"></a><a href="#toc">&mdash;VIII&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Para que el lector pueda comprender toda la importancia que ten&iacute;a para
+Jacobo aquella entrevista, preciso es ponerle en aquellos antecedentes
+que el tiempo y la casualidad han suministrado hasta hoy, haciendo
+alguna luz en las tinieblas que rodean a cr&iacute;menes todav&iacute;a impunes y a
+<span class='pagenum'><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span>intrigas no del todo desenredadas.</p>
+
+<p>Nadie ignora que la masoner&iacute;a qued&oacute; triunfante en Espa&ntilde;a al estallar la
+Revoluci&oacute;n de 1868; pareci&oacute;, sin embargo, con harta raz&oacute;n, a algunos
+caciques de la secta que no estaba a&uacute;n maduro el pueblo de Espa&ntilde;a para
+plantear la Rep&uacute;blica, y resolvieron entronizar mientras tanto a un
+monarca constitucional que fuera entre sus manos un mero instrumento.
+Fue entonces elegido a este prop&oacute;sito el duque de Aosta, y encarg&aacute;ronse
+de ofrecerle la corona, como delegados de la secta, el general Prim y
+don Manuel Ruiz Zorrilla, nombrado m&aacute;s tarde Gran Oriente honorario del
+Supremo Consejo de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>Estallaron con estas causas graves disidencias en el seno mismo de las
+logias, que vinieron a dar por resultado el asesinato del general Prim,
+mientras la comisi&oacute;n encargada de ofrecer oficialmente la corona de
+Espa&ntilde;a al duque de Aosta volv&iacute;a de Florencia.</p>
+
+<p>Formaba parte de aquella comisi&oacute;n cierto personaje, hombre pr&aacute;ctico y
+prudente, cuya memoria nos guardaremos bien de deshonrar, suponi&eacute;ndole,
+sin dato alguno fidedigno que lo pruebe, afiliado a las sectas; es, sin
+embargo, cierto que dicho personaje tomaba caluroso partido por la
+pol&iacute;tica de una de aquellas fracciones, y llevaba consigo en aquel
+viaje, con designio misterioso, papeles de gran importancia que
+compromet&iacute;an a muchos de los secuaces de la pol&iacute;tica contraria.</p>
+
+<p>La muerte sorprendi&oacute; al personaje en G&eacute;nova el 11 de diciembre, e
+ign&oacute;rase al presente por qu&eacute; mano fueron a parar entonces aquellos
+papeles a cierta logia de Mil&aacute;n, que los remiti&oacute; m&aacute;s tarde a V&iacute;ctor
+Manuel como armas preciosas que pod&iacute;an muy bien afianzar en Espa&ntilde;a el
+trono siempre vacilante de su hijo, atando de pies y manos a ciertos
+pol&iacute;ticos venales, modelo en todas las &eacute;pocas de deslealtad y de
+<span class='pagenum'><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span>imprudencia.</p>
+
+<p>Acert&oacute; entonces a llegar a Mil&aacute;n, fugitivo de Constantinopla, el marqu&eacute;s
+de Sabadell, perdido y arruinado, y present&oacute;se en aquella logia, donde
+a&ntilde;os antes le hab&iacute;a iniciado Garibaldi. Acogi&eacute;ronle los venerables como
+a enviado del Gran Arquitecto, y present&aacute;ronle al punto a V&iacute;ctor Manuel
+como el hombre a prop&oacute;sito para llevar a Espa&ntilde;a documentos e
+instrucciones, e imprimir a la pol&iacute;tica de don Amadeo el rumbo deseado
+en Italia.</p>
+
+<p>El refuerzo lleg&oacute;, sin embargo, tarde y ya hemos visto c&oacute;mo la ca&iacute;da del
+duque de Aosta destruy&oacute; en Par&iacute;s las cuentas galanas que no sin probable
+fundamento tiraba Jacobo. Viose entonces de nuevo solo y arruinado, y la
+necesidad, mala consejera siempre y m&oacute;vil las m&aacute;s de las veces de
+empresas descabelladas, sugiri&oacute;le la idea de utilizar en provecho propio
+el precioso dep&oacute;sito, y aqu&iacute; comenzaron las complicaciones y los
+peligros, los planes trazados y abortados.</p>
+
+<p>Era su idea madre poner sus preciosas armas al servicio de alfonsinos o
+carlistas, seg&uacute;n tuvieran estos o aquellos m&aacute;s o menos probabilidades de
+triunfo, y para destruir por de pronto el mal efecto que en los primeros
+hab&iacute;a causado su repentina presencia en Par&iacute;s, apresur&oacute;se a propalar por
+medio del t&iacute;o Frasquito la novelesca historia de la cadina, que tan
+<i>gloriosamente</i> justificaba su fuga de Constantinopla.</p>
+
+<p>Mas &eacute;rale preciso al mismo tiempo y antes que nada hacer perder la pista
+a los masones chasqueados, y a este prop&oacute;sito ide&oacute; Jacobo reconciliarse
+con su mujer y oscurecerse a su lado por un a&ntilde;o, durante el cual vivir&iacute;a
+tranquilamente de las rentas de esta, garantizar&iacute;a con ellas, en lo
+posible, el pago de sus deudas y tantear&iacute;a el terreno despacio y sin
+ruido, hasta encontrar el mejor postor a los servicios que pensaba sacar
+<span class='pagenum'><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span>a p&uacute;blica subasta.</p>
+
+<p>Su reconciliaci&oacute;n con Elvira era, por tanto, la clave del arco que hab&iacute;a
+fabricado, y trat&aacute;base de colocarla en aquella entrevista. Entr&oacute;, pues,
+en el gabinete, armado de toda su osad&iacute;a, sereno, risue&ntilde;o y con aire de
+amigo que prepara a otro con su presencia una sorpresa inesperada y
+agradable. Al verle entrar la marquesa, tendi&oacute;le la mano con grande
+afecto, diciendo cari&ntilde;osamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adi&oacute;s, Jacobo!... &iquest;C&oacute;mo te va?... Pero, &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Si por ti no pasa
+el tiempo!... Te encuentro lo mismo, lo mismo que cuando nos vimos hace
+cinco a&ntilde;os en Bruselas. &iquest;Te acuerdas?</p>
+
+<p>Jacobo apret&oacute; cordialmente entre las suyas la mano que la dama le
+tend&iacute;a, y le contest&oacute; con no menor cari&ntilde;o y agasajo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo creo que me acuerdo!... Los encuentros contigo no se olvidan
+f&aacute;cilmente... Pero t&uacute; s&iacute; que te has plantado en los veinticinco a&ntilde;os:
+siempre tan...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jacobo, por Dios!... Que abofeteas a la verdad por decir una
+galanter&iacute;a. &iquest;No me ves la cabeza?... &iexcl;Blanca!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ca!... Eso es refinamiento de coqueter&iacute;a; que te empolvas el pelo,
+como las marquesas de la corte de Luis XV...</p>
+
+<p>&mdash;Ya voy teniendo alg&uacute;n punto de contacto con ellas...&mdash;exclam&oacute; riendo
+la marquesa&mdash;. A lo menos, en lo a&ntilde;ejo de la fecha.</p>
+
+<p>Jacobo hab&iacute;ase sentado mientras tanto en una silla, al otro lado del
+peque&ntilde;o secr&eacute;taire, que vino a quedar entre ambos; encontr&oacute;se alg&uacute;n
+tanto embarazado despu&eacute;s de este primer saludo, y esperando que la
+<span class='pagenum'><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span>marquesa entrase la primera en el terreno en que uno y otro deseaban
+encontrarse, p&uacute;sose a hablar de la afluencia de hombres pol&iacute;ticos de
+todos colores que llegaban en aquellos d&iacute;as a Biarritz; parec&iacute;a aquello
+la costa a que la Rep&uacute;blica de Espa&ntilde;a fuese arrojando los restos del
+naufragio de la monarqu&iacute;a saboyana.</p>
+
+<p>La marquesa dio entonces el primer paso, diciendo con intenci&oacute;n
+marcad&iacute;sima:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... Parece que Biarritz es el teatro escogido para las negociaciones
+diplom&aacute;ticas.</p>
+
+<p>H&iacute;zose Jacobo el sueco y contest&oacute; con tono doctoral de hombre pol&iacute;tico:</p>
+
+<p>&mdash;Dudosas se presentan... No creo que cuaje ninguna...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ninguna?&mdash;pregunt&oacute; riendo la marquesa&mdash;. &iquest;Ni tampoco las m&iacute;as?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, ya! &iexcl;Eso es otra cosa!&mdash;replic&oacute; jovialmente Jacobo&mdash;. A la
+diplomacia de las faldas no hay quien resista. Recuerdo haberle o&iacute;do a
+Castelar que el mundo es de las faldas y de las faldas: es decir, de las
+enaguas y de las sotanas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues t&eacute;ngaselo usted por dicho, se&ntilde;or de Bismarck... Porque supongo
+sabr&aacute;s que estoy nombrada plenipotenciaria...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;replic&oacute; Jacobo&mdash;, ya me han entregado las credenciales.</p>
+
+<p>Y al decir esto, puso sobre la mesita del <i>secr&eacute;taire</i> la carta que,
+dictada por la Villasis misma, le hab&iacute;a escrito Elvira la v&iacute;spera.
+<span class='pagenum'><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span>Ley&oacute;la atentamente la marquesa, como si le fuera desconocida, y
+devolvi&oacute;sela a Jacobo, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que est&aacute;n en regla... Puede el se&ntilde;or Bismarck, cuando guste,
+exponerme la marcha de su pol&iacute;tica.</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo m&aacute;s correcto que el se&ntilde;or..</p>
+
+<p>Jacobo se detuvo sonriendo, como si ignorase el nombre de su antagonista
+diplom&aacute;tico, y la marquesa le apunt&oacute; muy formalmente:</p>
+
+<p>&mdash;Antonelli... As&iacute; no saldremos de faldas.</p>
+
+<p>&mdash;...que monse&ntilde;or Antonelli exponga antes la suya... El mundo ha sido
+siempre el decano del cuerpo diplom&aacute;tico.</p>
+
+<p>&mdash;Y por lo mismo debe de hablar el &uacute;ltimo; con que cay&oacute; usted en un
+renuncio, se&ntilde;or de Bismarck... Pero no hay que apurarse por ello, que yo
+expondr&eacute; la m&iacute;a con una sinceridad impropia del oficio... Mi pol&iacute;tica es
+esta: &laquo;Padre nuestro que est&aacute;s en los cielos... H&aacute;gase tu voluntad...
+Perd&oacute;nanos nuestras deudas, <i>como nosotros perdonamos a nuestros
+deudores</i>... No nos dejes caer en <i>la tentaci&oacute;n</i>... L&iacute;branos de
+<i>mal</i>...&raquo;.</p>
+
+<p>La marquesa supo dar tal inflexi&oacute;n a algunas de estas palabras, que su
+pol&iacute;tica fue perfectamente comprendida por Jacobo. Aquello de que los
+deudores quedaban perdonados sent&oacute;le muy bien y le llen&oacute; de esperanza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pol&iacute;tica italiana!&mdash;dijo moviendo la cabeza&mdash;. Es la m&aacute;s h&aacute;bil.</p>
+
+<p>&mdash;Italiana no, romana&mdash;replic&oacute; vivamente la marquesa&mdash;. &iexcl;Es la m&aacute;s
+<span class='pagenum'><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span>santa!...</p>
+
+<p>Jacobo crey&oacute; llegado el momento de dejar este tono humor&iacute;stico, tan
+peculiar a los espa&ntilde;oles hasta en los m&aacute;s graves asuntos, y se dispuso a
+entrar en materia; coloc&oacute; los guantes que se hab&iacute;a quitado sobre la mesa
+del <i>secr&eacute;taire</i>, y apoyando en ella ambos codos y dando vueltas al
+magn&iacute;fico brillante que en uno de sus me&ntilde;iques ten&iacute;a, comenz&oacute; a decir
+mirando sus reflejos:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Mar&iacute;a... Me alegro de tratar contigo este asunto mejor que con
+Elvira, porque eres una mujer de mundo y sabr&aacute;s comprender mi situaci&oacute;n
+y ponerte en mi caso... Elvira es un &aacute;ngel... con alas de cisne; t&uacute; eres
+tambi&eacute;n un &aacute;ngel, pero con alas de &aacute;guila...</p>
+
+<p>La imagen resultaba bonita, y la marquesa agradeci&oacute; el cumplido con una
+ligera sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Mi situaci&oacute;n actual&mdash;prosigui&oacute; Jacobo&mdash;puede concretarse en esta
+f&oacute;rmula: &laquo;He corrido mucho y me he cansado pronto&raquo;. Recuerdo haber le&iacute;do
+en Confucio...</p>
+
+<p>La marquesa no pudo contener la risa al o&iacute;r el santo Padre que con tan
+pedantesca formalidad alegaba Jacobo, y corrido este alg&uacute;n tanto,
+pregunt&oacute; contrariado:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te r&iacute;es?...</p>
+
+<p>&mdash;No, hombre, no... Me r&iacute;o del autor, no de la cita... Veamos la
+sentencia.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien profunda que es&mdash;replic&oacute; Jacobo&mdash;: &laquo;Sub&iacute;a la monta&ntilde;a de
+<span class='pagenum'><a name="Page_258" id="Page_258">[258]</a></span>Tam-Sam, y el reino de S&uacute; me pareci&oacute; peque&ntilde;o; segu&iacute; subiendo al monte
+de Tai-Sam, m&aacute;s elevado a&uacute;n, y el imperio me pareci&oacute; peque&ntilde;o&raquo;. As&iacute; me ha
+sucedido a m&iacute;: mientras m&aacute;s alto me han elevado los eventos de mi vida,
+m&aacute;s despreciables me han parecido mis triunfos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues verdaderamente que el se&ntilde;or Confucio no anduvo desacertado en la
+parabolita&mdash;dijo la marquesa&mdash;. Pero al aplicarte t&uacute; el cuento, te las
+calzas al rev&eacute;s, amigo m&iacute;o... No debes de decir <i>sub&iacute;</i>, sino <i>baj&eacute;</i>,
+porque esos <i>triunfos</i> de tu vida no te han ensalzado, sino rebajado
+mucho... Por eso debiste decir: &laquo;Baj&eacute; al charco de Tam-Sam y la idea de
+la virtud la perd&iacute; de vista, me hund&iacute; en la cisterna de Tai-Sam, mucho
+m&aacute;s profunda, mucho m&aacute;s cenagosa, y las ideas del honor y del deber se
+borraron del todo...&raquo;</p>
+
+<p>Esta brusca e inesperada arremetida desconcert&oacute; por completo a Jacobo, y
+mordi&eacute;ndose los labios, dijo amargamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pol&iacute;tica romana, con todas sus intransigencias!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pol&iacute;tica <i>bismarckiana</i>! la tuya, con todas sus criminales, &iexcl;n&oacute;talo
+bien!, &iexcl;sus criminales condescendencias!...</p>
+
+<p>Jacobo baj&oacute; en silencio la cabeza, p&aacute;lido de ira, y se puso a estirar
+sus guantes sobre la mesa; comprendi&oacute; que ese tergiversado criterio
+moral, que disfraza con pomposos nombres ruines defectos y vicios
+enormes, se lo rechazaban all&iacute; por falso; que la <i>pol&iacute;tica romana</i>
+llamaba al pan pan y al vino vino, al vicio vicio, a la infamia infamia,
+y a las <i>peque&ntilde;eces</i> monstruosidades, y convenci&oacute;se, por ende, de que
+hab&iacute;a errado el camino, tratando de justificar el pasado. Resolvi&oacute;se,
+pues, a cantar la palinodia por completo, y a echar mano al mismo tiempo
+<span class='pagenum'><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span>de lo que juzgaba &eacute;l su artiller&iacute;a de reserva.</p>
+
+<p>La marquesa, por su parte, hab&iacute;ale acometido tan brusca y cruelmente
+para ensanchar el campo en que quer&iacute;a examinarle, y no descubrir con una
+confianza harto prematura y harto cr&eacute;dula el lazo que tend&iacute;a ella al
+farsante con su estrategia.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n, Mar&iacute;a&mdash;dijo al cabo gravemente&mdash;. Pero no podr&aacute;s menos
+de concederme que algo indica y algo merece el amor propio que se
+doblega hasta hacer esta confesi&oacute;n, y que no es caritativo ni cristiano
+retirar a quien quiere salir del charco la mano que puede ayudarle... El
+padre Cifuentes&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con triste sonrisa&mdash;, con ser m&aacute;s <i>romano</i> que
+t&uacute;, me ha concedido ambas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te ha dicho el padre Cifuentes?...</p>
+
+<p>&mdash;Me dio para ti esta carta&mdash;contest&oacute; Jacobo entreg&aacute;ndole una.</p>
+
+<p>Ley&oacute;la tambi&eacute;n la marquesa como si le fuera desconocida, y aparentando
+darle un alcance que por ning&uacute;n concepto ten&iacute;a, dijo vivamente, con aire
+de satisfacci&oacute;n grand&iacute;sima:</p>
+
+<p>&mdash;Esto es ya otra cosa... El voto del padre Cifuentes es para m&iacute;
+decisivo, y me tienes por completo de tu parte. Exp&oacute;nme ahora tus
+deseos, claros y concretos.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Castelar ten&iacute;a raz&oacute;n!... &iexcl;Indudable era que las sotanas part&iacute;an con
+las faldas el imperio del mundo!...&raquo; Y mientras esto pensaba Jacobo, con
+cierto rabioso despecho, que le hac&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s antip&aacute;tico al padre
+Cifuentes, p&uacute;sose a trazar un plan encantador, un verdadero idilio
+aristocr&aacute;tico, mitad campestre, mitad feudal, que fue exponiendo poco a
+<span class='pagenum'><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span>poco y por partes.</p>
+
+<p>&Eacute;l no ten&iacute;a deseos, ni pod&iacute;a concebir otros que los que Elvira tuviese:
+&eacute;l era el vencido, el perdonado, y no pod&iacute;a tener otras aspiraciones que
+obedecer en todo y por todo, y resucitar aquel tiempo lejano en que tan
+felices hab&iacute;an sido ambos, am&aacute;ndose tanto, tanto... Y aqu&iacute; pareci&oacute;
+Jacobo muy conmovido, y dio muestras de su erudici&oacute;n, trayendo a la
+memoria aquello de Dante:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Nessun maggior dolore<br /></span>
+<span class="i0">Che ricordarsi del tempo felice<br /></span>
+<span class="i0">Nella miseria.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>y parafrase&aacute;ndolo con aquello otro del marqu&eacute;s de Santillana:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">La mayor cuita que aver<br /></span>
+<span class="i0">Puede ning&uacute;n amador,<br /></span>
+<span class="i0">Es membrarse del placer<br /></span>
+<span class="i0">En el tiempo del dolor.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>La marquesa parec&iacute;a encantada y tambi&eacute;n conmovida, y le inst&oacute; a que,
+dejando a un lado honrosas delicadezas, le manifestara el plan de vida
+que ser&iacute;a su gusto entablar, supuesta, <i>como ya pod&iacute;a suponerse</i>, su
+reconciliaci&oacute;n con Elvira.</p>
+
+<p>Crey&oacute;se ya Jacobo con esto due&ntilde;o del campo, y su vanidad inmensa le hizo
+sentir la satisfacci&oacute;n de haber sabido enga&ntilde;ar, antes que el goce de
+<span class='pagenum'><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span>haber logrado su objeto. Las mil frases bonitas que hab&iacute;a le&iacute;do y
+conservado en la memoria para matizar con ellas su pintoresca elocuencia
+acudieron en tropel a sus labios saliendo a borbotones. &iquest;Qu&eacute; plan de
+vida pod&iacute;a tener &eacute;l, como no fuera pasar la suya entera adorando a
+Elvira, con una pasi&oacute;n humilde, discreta, satisfecha con arder a lo
+lejos, como en la &uacute;ltima grada del altar el cirio de un pobre?...</p>
+
+<p>All&aacute; en tierra de Granada ten&iacute;a &eacute;l un castillo antiguo, la torre de
+T&eacute;llez-Ponce, con terrenos de labor y montes espes&iacute;simos, donde,
+desenga&ntilde;ado de la Revoluci&oacute;n, hab&iacute;a so&ntilde;ado muchas veces combatirla,
+realizando el ideal del grande de Espa&ntilde;a antiguo, apoyado en el arado y
+en la espada, siendo a la vez se&ntilde;or y protector de la comarca, padre de
+sus colonos, y al mismo tiempo su caudillo... &iquest;Querr&iacute;a Elvira ayudarle
+en aquella obra, encerr&aacute;ndose con &eacute;l en aquel retiro?</p>
+
+<p>&iexcl;Ah, si la Grandeza entera de Espa&ntilde;a, comprendiendo al fin sus intereses
+hiciera lo mismo, y dejando a los ricos improvisados y a los pol&iacute;ticos
+de pacotilla, el lujo con sus vicios, el poder con sus truhaner&iacute;as,
+fuese ella caritativa en los campos, mientras eran ellos usureros en la
+corte, diese ella su mano al pobre campesino, mientras ellos le rechazan
+con altaner&iacute;a, el pueblo, el verdadero pueblo comprender&iacute;a al fin cu&aacute;les
+eran sus amigos sinceros, y el lodo de la pol&iacute;tica podr&iacute;a fermentar en
+la corte, producir revoluciones, lanzar sobre el pa&iacute;s decretos
+inmundos!... Mas toda aquella insolencia expirar&iacute;a sin fuerzas sobre la
+yerba de los campos, y la ola de cieno no manchar&iacute;a jam&aacute;s el dintel de
+sus iglesias y castillos, defendidos por un baluarte de caser&iacute;os.</p>
+
+<p>La marquesa miraba y escuchaba a Jacobo con entusiasmo, con
+admiraci&oacute;n..., con admiraci&oacute;n tan grande y profunda, como que algo
+parecido a aquella hermosa perorata lo hab&iacute;a le&iacute;do ella en Veuillot
+hac&iacute;a varios a&ntilde;os; como que all&iacute; mismo, en el <i>secr&eacute;taire</i> que ten&iacute;a
+<span class='pagenum'><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span>delante, hall&aacute;base guardada entre los papeles de Elvira la escritura de
+venta de la torre de T&eacute;llez-Ponce, sacada a p&uacute;blica subasta por los
+acreedores de Jacobo y comprada bajo cuerda por Elvira misma, para
+salvar de los usureros aquel &uacute;ltimo recuerdo hist&oacute;rico de la familia a
+que pertenec&iacute;a su hijo.</p>
+
+<p>La bondadosa sonrisa de la marquesa no desapareci&oacute;, y sin embargo, ante
+farsa tan innoble, y entusiasmada y conmovida, apresur&oacute;se a asegurar a
+Jacobo que no pod&iacute;a imaginar un plan m&aacute;s al gusto de Elvira, y que ella
+lo aceptaba desde luego y lo refrendaba en su nombre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es verdad que mi idea es profunda?&mdash;exclam&oacute; Jacobo, cegado por la
+vanidad de orador, que era la m&aacute;s grande y la m&aacute;s mimada de todas sus
+vanidades.</p>
+
+<p>&iexcl;Ah, muchas y tristes experiencias le hab&iacute;a costado concebirla y
+desarrollarla!... Y lo que en aquel momento le hac&iacute;a encontrarla m&aacute;s
+oportuna, m&aacute;s cara a su entendimiento y m&aacute;s grata a su raz&oacute;n, era que
+ella misma ven&iacute;a a orillar el &uacute;nico reparo que al intentar su
+reconciliaci&oacute;n con Elvira se le hab&iacute;a puesto delante: reparo de
+delicadeza, de hombre de pundonor que quiere ponerse a cubierto de las
+hablillas del vulgo.</p>
+
+<p>Hab&iacute;ase enterado en Par&iacute;s por el t&iacute;o Frasquito de que Elvira hab&iacute;a
+ganado un pleito de inter&eacute;s, que era a la saz&oacute;n muy rica, y esto estuvo
+a punto de retraerle, porque el mundo era muy mal&eacute;volo y mil lenguas
+murmuradoras se apresurar&iacute;an a decir que no eran el desenga&ntilde;o y el
+arrepentimiento, sino el dinero de su mujer y la ruina propia los que le
+impulsaban a dar aquel paso... Mas retir&aacute;ndose a T&eacute;llez-Ponce, pod&iacute;an
+vivir con las rentas de aquella finca suya, de &eacute;l propia, y conservar el
+<span class='pagenum'><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span>caudal de Elvira intacto, para patrimonio de su hijo.</p>
+
+<p>Aquella era la primera vez que en todo el transcurso de la conversaci&oacute;n
+nombraba Jacobo al ni&ntilde;o, y hac&iacute;alo para asegurar una fraudulenta
+impostura. La marquesa sinti&oacute; que el coraz&oacute;n se le oprim&iacute;a, oy&eacute;ndole
+hablar de aquel arrepentimiento en que no entraba la idea de Dios; de
+aquel amor a su mujer en que no entraba la ternura hacia su hijo, y
+dulcificando con un esfuerzo de su poderosa voluntad m&aacute;s y m&aacute;s su
+sonrisa, y dando a su acento m&aacute;s marcado tinte de confianza y de cari&ntilde;o,
+dijo moviendo desde&ntilde;osamente la cabeza:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!... No pienses en eso...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, Mar&iacute;a, s&iacute;; hay que pensar en ello, porque lo que se cuenta de los
+hombres, sea o no cierto, ocupa de ordinario tanto lugar en sus vidas
+como lo que realmente han hecho. &iexcl;Bien lo s&eacute; yo por experiencia propia!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Obrar bien, que Dios es Dios!&mdash;dijo sentenciosamente la marquesa&mdash;.
+&iexcl;Ese es mi lema!</p>
+
+<p>&mdash;Y el m&iacute;o tambi&eacute;n... desde hace alg&uacute;n tiempo. Pero no hay que perder de
+vista que si la virtud depende de nuestras propias acciones, la honra
+depende de la opini&oacute;n ajena.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya tienes en favor tuyo la de las gentes honradas... &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s
+quieres?...</p>
+
+<p>&mdash;Nada, nada m&aacute;s quiero&mdash;replic&oacute; Jacobo&mdash;. Por eso, en cuanto el padre
+Cifuentes me lo aconsej&oacute;, cesaron al punto mis dudas.</p>
+
+<p>&mdash;Y adem&aacute;s de eso&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la marquesa con ingenuidad sencill&iacute;sima&mdash;, tu
+<span class='pagenum'><a name="Page_264" id="Page_264">[264]</a></span>pensamiento ha coincidido con el m&iacute;o... &iexcl;Claro est&aacute;!, un hombre decente
+no pod&iacute;a pensar otra cosa; y por eso hab&iacute;a yo previsto, para acallar tus
+escr&uacute;pulos, un remedio facil&iacute;simo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l?&mdash;pregunt&oacute; Jacobo alg&uacute;n tanto suspenso.</p>
+
+<p>La marquesa levant&oacute; la tapa del secr&eacute;taire, y sacando el documento
+escrito por ella misma la noche antes, p&uacute;soselo a Jacobo ante los ojos,
+diciendo con su sonrisa habitual, tan franca y tan simp&aacute;tica:</p>
+
+<p>&mdash;Con firmar este papel estamos ya del otro lado.</p>
+
+<p>Jacobo comenz&oacute; a leer el document&oacute; con alg&uacute;n sobresalto, y a medida que
+recorr&iacute;a sus renglones, contra&iacute;anse sus labios y torn&aacute;banse color de
+grana sus orejas. La marquesa fijaba en &eacute;l una mirada de compasi&oacute;n
+profunda. &Eacute;l, al terminar su lectura, arroj&oacute; el papel sobre la mesa,
+murmurando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, Mar&iacute;a!... &iexcl;Imposible!... &iexcl;Imposible!... &iexcl;Yo no firmo eso!...</p>
+
+<p>El documento era una renuncia completa y expl&iacute;cita a toda intervenci&oacute;n y
+a todo derecho que pudiera concederle la ley a la administraci&oacute;n de los
+bienes de su mujer y al usufructo del caudal de su hijo, tan
+perfectamente detallada, meditada con tal prudencia, que la codicia y la
+rapacidad de Jacobo quedaban atadas de pies y manos con s&oacute;lo poner all&iacute;
+la firma...</p>
+
+<p>Antonelli hab&iacute;a vencido a Bismarck; el &aacute;ngel, con alas de &aacute;guila, hab&iacute;a
+cogido bajo el pie al demonio, con alas de murci&eacute;lago.</p>
+
+<p>Jacobo, herido en su vanidad, derrotado en sus planes, revolv&iacute;ase
+<span class='pagenum'><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span>furioso al verse cogido en sus propias redes, mientras la marquesa, muy
+sorprendida y admirada, pregunt&aacute;bale sin perder un punto de su aparente
+ingenuidad y su se&ntilde;oril aplomo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero por qu&eacute; no quieres firmar?... &iquest;Qu&eacute; encuentras en ello de malo?</p>
+
+<p>&mdash;Porque..., porque..., porque firmar eso, es renunciar a mi dignidad de
+marido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A tu dignidad de marido?... &iquest;Pues no dec&iacute;as hace un momento que tan
+s&oacute;lo el reparo que este papel allana te hab&iacute;a hecho vacilar al intentar
+lo que intentas?</p>
+
+<p>&mdash;Es que ese papel rebaja mi dignidad...</p>
+
+<p>&mdash;Ese papel realza y asegura tu dignidad en la opini&oacute;n p&uacute;blica...</p>
+
+<p>&mdash;Cuando se trata del honor hay que prescindir de la opini&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Prescindir de la opini&oacute;n?... &iquest;Pues no dec&iacute;as ahora mismo que lo que
+se dice de los hombres, sea o no cierto, ocupa de ordinario tanto lugar
+en su vida como lo que realmente han hecho?</p>
+
+<p>&mdash;Hay casos en que el testimonio de la propia conciencia es, para el
+hombre de honor, suficiente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero hombre... de honor!... &iexcl;Si me dec&iacute;as hace un momento que, aunque
+la virtud depende de nuestras propias acciones, la honra depende de la
+opini&oacute;n ajena!...</p>
+
+<p>Jacobo forcejeaba como el lobo cogido en la trampa para buscar una
+<span class='pagenum'><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span>salida, y no hall&aacute;ndola, exclam&oacute; al fin, rompiendo el freno de las
+formas, &uacute;ltimo que suele romper el m&aacute;s inepto de los diplom&aacute;ticos:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pol&iacute;tica romana con todas sus hip&oacute;critas bajezas y sus intrigas de
+sacrist&iacute;a!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cuidado con lo que dices, Jacobo!&mdash;exclam&oacute; en&eacute;rgicamente la
+marquesa&mdash;. &iexcl;Mira que me autorizas a pensar que tu pol&iacute;tica
+<i>bismarckiana</i> ocultaba alguna vileza!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La tuya s&iacute; que oculta una intriga en que asoma la mano del padre
+Cifuentes!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La mano del padre Cifuentes?... &iexcl;Pobre padre Cifuentes!... La
+descubrir&aacute;s t&uacute;, sin duda, desde aquella monta&ntilde;a de Tai-Sam a que subiste
+hace poco... Yo, como vivo en terreno llano, no la descubro.</p>
+
+<p>Jacobo, golpeando con ambos guantes la tapa de la mesa, guardaba
+silencio. La marquesa le pregunt&oacute; al cabo, sin perder su serena calma:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Conque decididamente no firmas?</p>
+
+<p>&mdash;No firmo&mdash;replic&oacute; Jacobo con ira.</p>
+
+<p>&mdash;Pues conste que, si la reconciliaci&oacute;n no se efect&uacute;a, t&uacute; tienes la
+culpa; que tu mujer ha cedido cuanto es posible ceder, y t&uacute;..., t&uacute;
+mismo, por una obcecaci&oacute;n bien sospechosa, destruyes todo lo hecho.</p>
+
+<p>&mdash;Destruyo lo que t&uacute; o ese bendito Cifuentes hab&eacute;is urdido; pero yo me
+entender&eacute; con Elvira...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_267" id="Page_267">[267]</a></span></p><p>&mdash;Es que Elvira no vendr&aacute; a Biarritz.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ir&eacute; yo a buscarla.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que no vas?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, se&ntilde;or!&mdash;exclam&oacute; Jacobo exasperado&mdash;. &iquest;Son estas las gentes
+timoratas?... &iquest;De d&oacute;nde saca mi mujer esos aires de independencia?...
+Nosotros no estamos separados legalmente y la ley me autoriza para
+reclamar cuando quiera a mi mujer y a mi hijo.</p>
+
+<p>La marquesa se irgui&oacute; entonces en su butaca, arrogante y amenazadora,
+desplegando por vez primera sus poderosas alas de &aacute;guila. Con el pu&ntilde;o
+cerrado dio un fuerte golpe sobre la mesa, diciendo al mismo tiempo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Int&eacute;ntalo!... &iexcl;Atr&eacute;vete!... &iexcl;Int&eacute;ntalo, y en el momento en que des el
+primer paso, presenta ella ante esos tribunales una demanda de divorcio
+que te hunde por completo!...</p>
+
+<p>El aspecto, la voz, el en&eacute;rgico desprecio de aquel reto sobrecogieron a
+Jacobo por un momento; recobrando, sin embargo, bien pronto su audacia,
+replic&oacute; lleno de rabia:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que la presente si quiere!... &iquest;D&oacute;nde tiene las pruebas?...</p>
+
+<p>&mdash;En su poder las tiene... Suficientes para alcanzar un divorcio:
+bastantes para hacer poner el capuch&oacute;n... a cualquiera que lo merezca...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mar&iacute;a!</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_268" id="Page_268">[268]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Jacobo!... &iquest;Te hab&iacute;as pensado t&uacute; que por el solo hecho de ser buena
+hab&iacute;a de ser tu mujer siempre m&aacute;rtir?... La paciencia tiene un l&iacute;mite
+que marca a veces el decoro, y &iexcl;ay de las zorras el d&iacute;a en que las
+gallinas se cansen de ser gallinas!...</p>
+
+<p>La terrible indicaci&oacute;n de la marquesa amedrent&oacute; a Jacobo en medio de su
+aturdimiento y de su rabia; y quiso sondear si la existencia de aquellas
+pruebas era una mera amenaza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No se me asusta a m&iacute; con leones de paja!&mdash;exclam&oacute; ir&oacute;nicamente&mdash;. Mi
+conciencia me dice que esas pruebas no existen, y no creo en ellas...</p>
+
+<p>&mdash;Pues a ver si tus ojos convencen a tu conciencia&mdash;replic&oacute; vivamente la
+marquesa.</p>
+
+<p>Y abriendo de un tir&oacute;n el cajoncillo del secr&eacute;taire, mostr&oacute; a Jacobo,
+desde lejos, un paquete de cuatro o cinco cartas, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;A fe que la letra de Rosa Pe&ntilde;arr&oacute;n y la tuya propia son lo bastante
+claras para que no necesiten en los tribunales de peritos que las
+reconozcan.</p>
+
+<p>La sangre entera de Jacobo refluy&oacute; en su rostro, y por uno de esos
+brutales impulsos con que, en el hombre de la naturaleza y no de la
+civilizaci&oacute;n se manifiesta el instinto, hizo adem&aacute;n de arranc&aacute;rselas a
+la dama. Mas esta, veloz como el rayo, abri&oacute; de un solo golpe la ventana
+de cristales, y echando fuera el busto entero y la mano en que ten&iacute;a las
+cartas, grit&oacute; con gran fuerza:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Monina!... &iexcl;Que te vas a caer!... No saltes m&aacute;s... Mademoiselle,
+<span class='pagenum'><a name="Page_269" id="Page_269">[269]</a></span>quite usted a la ni&ntilde;a la cuerda...</p>
+
+<p>Y volvi&eacute;ndose despu&eacute;s a Jacobo, un poco p&aacute;lida, pero perfectamente
+serena, a&ntilde;adi&oacute; sin abandonar la ventana:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cre&iacute; que se mataba!... &iexcl;Con estos diablos de ni&ntilde;os no se gana para
+sustos!</p>
+
+<p>Jacobo hab&iacute;ase quedado aplanado en su asiento, y tartamude&oacute; entonces:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tienes aqu&iacute; a Monina?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no la hab&iacute;a de tener?... &iquest;Qui&eacute;n me separa a m&iacute; de mi ni&ntilde;a?...
+&iquest;T&uacute; no la conoces?... &iquest;Quieres verla?...</p>
+
+<p>Y sin esperar respuesta, volvi&oacute; a gritar desde la ventana:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mademoiselle!... Traiga usted aqu&iacute; a la ni&ntilde;a...</p>
+
+<p>A poco entraba Monina seguida del aya, y corri&oacute; a echarse en el regazo
+de su abuela, mirando a Jacobo con esa media sonrisa de los ni&ntilde;os
+mimados, acariciados por todo el mundo, que parece decir al extra&ntilde;o:
+&iquest;Pero no me dice usted que soy muy bonito?...</p>
+
+<p>Jacobo, aturdido por completo, no le dec&iacute;a nada, intentando en vano
+adivinar por d&oacute;nde hab&iacute;an llegado a manos de Elvira aquellas cartas,
+pruebas irrefragables de uno de los episodios m&aacute;s vergonzosos y
+comprometedores de su vida.</p>
+
+<p>La marquesa abrazaba a su nieta como hubiera abrazado al &aacute;ngel de su
+guardia, dando gracias a Dios desde lo &iacute;ntimo de su pecho por haber dado
+a Jacobo el golpe de gracia con una espada de hoja de lata. Porque
+<span class='pagenum'><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span>aquellos terribles papeles con que su presencia de esp&iacute;ritu y su
+en&eacute;rgica audacia hab&iacute;an anonadado al farsante, eran simplemente tres o
+cuatro cartas de sus administradores que en el cajoncito del secr&eacute;taire
+estaban guardadas. El hecho vergonzoso era cierto, mas las pruebas no
+exist&iacute;an, y muerta la Pe&ntilde;arr&oacute;n, &uacute;nico c&oacute;mplice, dos a&ntilde;os antes,
+imposible era que Jacobo descubriese ya el enga&ntilde;o.</p>
+
+<p>El astuto Antonelli hab&iacute;a atado para siempre a Bismarck con hilo de
+ara&ntilde;a.</p>
+
+<p>Jacobo, sin hacer una sola caricia a la ni&ntilde;a, despidi&oacute;se fr&iacute;amente, y
+Monina le mir&oacute; marchar, chup&aacute;ndose, con altivez de dama ofendida, tres
+dedos al mismo tiempo.</p>
+
+<p>Aturdido todav&iacute;a y lleno de sa&ntilde;a, entr&oacute;se precipitadamente Jacobo en el
+carruaje y dio orden al cochero de volver a Bayona, al Hotel de Saint
+Etienne, donde se hab&iacute;a apeado la v&iacute;spera. Biarritz era demasiado
+peque&ntilde;o para permanecer oculto y evitar embarazosos encuentros con los
+emigrados alfonsinos y carlistas que, desde mucho tiempo antes, poblaban
+todos los contornos, y los hombres pol&iacute;ticos y medrosos de todo jaez con
+que la ca&iacute;da de don Amadeo y la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica engrosaban
+en aquellos mismos d&iacute;as el n&uacute;mero de espa&ntilde;oles dispersos.</p>
+
+<p>El desenga&ntilde;o hab&iacute;a sido cruel, y torn&aacute;base de nuevo angustiosa la
+situaci&oacute;n de Jacobo al ver hundirse todas sus ilusiones, dejando tan
+s&oacute;lo en su &aacute;nimo zozobras y rencores terribles que encend&iacute;an en su
+coraz&oacute;n, contra la marquesa de Villasis y el padre Cifuentes, la rabia
+implacable que siente el perverso contra todo aquel en quien se ve
+forzado a reconocer el derecho de despreciarle.</p>
+
+<p>De las heridas que el derrotado plenipotenciario de Constantinopla
+<span class='pagenum'><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span>llevaba en el alma, ninguna escoc&iacute;a tanto a su vanidad, ninguna
+irritaba tanto su soberbia como el que fueran sus vencedores una beata y
+un fraile.</p>
+
+<p>En el paroxismo de su furor imagin&aacute;base estrangular alg&uacute;n d&iacute;a a la
+taimada Villasis con el pa&ntilde;uelo a cuadros azules y amarillos del
+hip&oacute;crita Cifuentes.</p>
+
+<p class="center">Fin del libro segundo
+</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Libro_III" id="Libro_III"></a>Libro III</h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Icmdash" id="Icmdash"></a><a href="#toc">&mdash;I&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Memorable fue aquella noche... Pedro L&oacute;pez asegur&oacute; al d&iacute;a siguiente,
+bajo su firma, en las columnas de <i>La Flor de Lis</i>, que el esp&iacute;ritu de
+Meyerbeer hab&iacute;a abandonado la mansi&oacute;n de las armon&iacute;as para inspirar en
+el Real el estreno de <i>Dinorah</i>. Algo impalpable y arm&oacute;nico que se
+reflejaba en las voces de los cantantes y en los ecos de la orquesta lo
+hab&iacute;a visto &eacute;l, Pedro L&oacute;pez, descender del carro de Febo, que decora el
+techo, y dinfundirse por la atm&oacute;sfera embriagadora de la espl&eacute;ndida
+sala...</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n Villamel&oacute;n hab&iacute;a visto algo; sentado de espaldas al escenario,
+en el fondo del palco, apoyada la pensadora cabeza en el d&eacute;bil
+<span class='pagenum'><a name="Page_272" id="Page_272">[272]</a></span>tabiquillo y fijos los ojos en el techo, recib&iacute;a de lleno el formidable
+soplo de aquel fe&iacute;simo Eolo que, por detr&aacute;s del carro de Febo, parece
+lanzar pulmon&iacute;as y catarros sobre las calvas, vistas en proyecci&oacute;n, de
+los mel&oacute;manos faltos de pelo.</p>
+
+<p>Currita, sentada en primer t&eacute;rmino, frente a Leopoldina Pastor,
+hall&aacute;base arrobada por aquel sublime terceto de la compa&ntilde;&iacute;a, final del
+primer acto, cuando retumba el trueno a lo lejos entre los sordos
+bramidos de los contrabajos y el suave murmullo de los violines, dulce,
+delicado, bell&iacute;simo, que parece revelar el h&aacute;lito tibio de la tormenta
+que se acerca, el tenue susurrar de las hojas de los &aacute;rboles que sacuden
+ya las primeras r&aacute;fagas, el vago perfume de la tierra que anuncia la
+cercana lluvia.</p>
+
+<p><i>Che oscuro &egrave; il cieli</i>!...</p>
+
+<p>Y Currita, tan conmovida como Dinorah misma, que intenta en vano detener
+a Bellak, la blanca cabra querida, miraba de reojo al palco del
+Veloz-Club, donde charlando y riendo entre s&iacute;, asomaban Gorito Sardona,
+Paco V&eacute;lez, Di&oacute;genes, Angelito Castropardo, y por detr&aacute;s de todos,
+descollando entre ellos por su gallarda apostura y su aire altanero,
+Jacobo Sabadell, flechando los gemelos con descarad&iacute;sima insistencia a
+otro palco que Currita no pod&iacute;a ver porque estaba colocado justamente
+encima del suyo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Delicioso!&mdash;dec&iacute;a Currita m&aacute;s y m&aacute;s conmovida, porque la cabra se
+escapaba en aquel momento. Dinorah corr&iacute;a en su busca, H&ouml;el arrastraba a
+Corentino medio loco de terror y la orquesta se apagaba lentamente,
+pianissimo, en un suave murmurio que dejaba sobresalir lejos, cada vez
+m&aacute;s lejos, hasta convertirse en un eco apagado, misterioso, m&aacute;gico, las
+vibrantes notas de la campanilla de plata de Bellak, la cabra
+blanca<a name="FNanchor_14_14" id="FNanchor_14_14"></a><a href="#Footnote_14_14" class="fnanchor">[14]</a>.</p>
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_273" id="Page_273">[273]</a></span></p>
+<p>El tel&oacute;n cay&oacute; entonces, y el p&uacute;blico permaneci&oacute; un segundo mudo,
+at&oacute;nito, escuchando a&uacute;n en aquel silencio que hubiera permitido o&iacute;r la
+ca&iacute;da de una hoja, embargado por esa especie de pavor suav&iacute;simo que
+infunde en el alma el sentimiento de lo sublime. Una tempestad de bravos
+y de aplausos estall&oacute; al fin en el teatro, y Villamel&oacute;n sali&oacute; entonces
+de su arrobamiento, exclamando con aire de reconcentraci&oacute;n profunda:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo dije!... El <i>vol-au-vent</i> de codornices se me indigesta siempre...</p>
+
+<p>Currita, prescindiendo tambi&eacute;n de su emoci&oacute;n art&iacute;stica, inclin&oacute;se
+vivamente al o&iacute;do de Leopoldina, para preguntarle rabiosa y preocupada:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer... &iquest;A qui&eacute;n mirar&aacute; tanto Jacobo en ese palco de arriba?...</p>
+
+<p>Leopoldina volvi&oacute; lentamente la cabeza, con ese arte inimitable que
+tienen las mujeres para ver sin mirar, y ech&oacute; una r&aacute;pida mirada al palco
+del Veloz.</p>
+
+<p>La <i>gar&ccedil;onniere</i> andaba revuelta, y Jacobo, de pie en el palco, flechaba
+los gemelos con distinguid&iacute;sima insolencia en la direcci&oacute;n marcada por
+Currita, sin hacer caso de las chistosas observaciones que, a juzgar por
+sus risas, parec&iacute;an hacerle los compa&ntilde;eros. Di&oacute;genes, mirando tambi&eacute;n
+hacia el mismo sitio, cogi&oacute; a Jacobo por un brazo y ech&oacute; al mismo
+tiempo, con la mano izquierda, una gran bendici&oacute;n en el aire. Ri&eacute;ronse
+los del palco estrepitosamente, y Leopoldina dijo muy seria:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Anda!... Ya los cas&oacute; Di&oacute;genes...</p>
+
+<p>Currita, muy alterada, volvi&oacute; a preguntar:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_274" id="Page_274">[274]</a></span></p><p>&mdash;Pero &iquest;qui&eacute;n puede estar ah&iacute;?...</p>
+
+<p>Leopoldina, furiosa dilettante, que recorr&iacute;a siempre de gorra todos los
+palcos del Real, ten&iacute;a al dedillo los abonos de cada turno y los
+abonados a cada localidad. Calcul&oacute; un momento la direcci&oacute;n en que los
+del Veloz miraban, y dijo al cabo:</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; qui&eacute;n puede ser...; ese palco no est&aacute; abonado.</p>
+
+<p>Fernandito, con las manos en los bolsillos del pantal&oacute;n, daba pataditas
+en el suelo, diciendo t&iacute;midamente:</p>
+
+<p>&mdash;Estoy fastidiado... &iquest;Sabes, Curra?...</p>
+
+<p>Curra nada sab&iacute;a, ni parec&iacute;a tampoco querer averiguarlo, y aconsejaba
+mientras tanto a Leopoldina que fuera en aquel entreacto a visitar a
+Carmen Tagle en su platea, desde donde pod&iacute;an perfectamente descubrirse
+las inc&oacute;gnitas o inc&oacute;gnita del palco de arriba. H&iacute;zole a Leopoldina
+poqu&iacute;sima gracia la propuesta, pero &eacute;rale imposible rehusar aquel
+peque&ntilde;o servicio a la amiga generosa, en cuyo palco, coche y mesa, ten&iacute;a
+un lugar siempre dispuesto; porque era Leopoldina de esas personas de
+clase inferior, entrometidas y gorronas, que sufren toda especie de
+molestias y desaires a trueque de aparecer a los ojos del vulgo,
+code&aacute;ndose en todas partes con las primeras figuras de la moda y de la
+Grandeza. La faja de su hermano y la Capitan&iacute;a general de Madrid, que
+desempe&ntilde;&oacute; este alg&uacute;n tiempo, hab&iacute;anle abierto las puertas del <i>beau
+monde</i>, y all&iacute; se hab&iacute;a encastillado ella y tomado carta de naturaleza.</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n, dando sus pataditas, repet&iacute;a por cent&eacute;sima vez muy
+angustiado:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_275" id="Page_275">[275]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;Sabes, Curra?... Malo estoy.</p>
+
+<p>&mdash;Fernandito, &iexcl;por Dios!... No me lo digas...</p>
+
+<p>&mdash;Indigesti&oacute;n... El <i>vol-au-vent</i> de codornices. Lo tengo dicho: siempre
+se me indigesta. &iquest;Me entiendes?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya por Dios, vida m&iacute;a!... Mira, pasea un poquito y eso te vendr&aacute;
+bien... Acompa&ntilde;a a Leopoldina y vu&eacute;lvete pronto...</p>
+
+<p>Y cada vez m&aacute;s impaciente, advirti&oacute; a esta por lo bajo:</p>
+
+<p>&mdash;Que no se huela Carmen a lo que vas... Mira que las pesca al vuelo.</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n, haciendo figuras, se atrevi&oacute; a decir:</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute; en casa...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En casa?... Jes&uacute;s, hijito m&iacute;o, y &iquest;qu&eacute; te vas a hacer all&iacute; solo?... &iquest;Y
+si te da algo?... No, por Dios; ve con Leopoldina y vu&eacute;lvete despacito.</p>
+
+<p>El duque de Bringas entr&oacute; en el palco, y a poco lleg&oacute; el t&iacute;o Frasquito
+acompa&ntilde;ando a su sobrina Valdivieso, que rebosaba, como siempre,
+entusiasmo y necedad, chismes y enredos.</p>
+
+<p>La Ortolani era un portento. &iexcl;Qu&eacute; <i>berceuse</i> aquella: <i>Si carina,
+carprettina</i>!... El t&iacute;o Frasquito no estaba conforme: gust&aacute;bale m&aacute;s la
+romanza <i>L'incantator della montagna</i>, y est&aacute;bala ensayando en la
+flauta, sin cuidarse para nada del percance del rey Midas, que desde
+mucho tiempo antes le ten&iacute;a pronosticado Di&oacute;genes. El duque de Bringas
+estaba <span class='pagenum'><a name="Page_276" id="Page_276">[276]</a></span>muy enfadado porque no le llenaba la partitura; aquello no era
+sino una &oacute;pera c&oacute;mica francesa, convertida en &oacute;pera italiana; en cuanto
+a la Ortolani, &iexcl;pchs!... no vocalizaba mal, pero &iexcl;estaba tan flaca!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Como si tuviera que cantar con los mofletes!&mdash;exclam&oacute; Mar&iacute;a
+Valdivieso con muy buen sentido.</p>
+
+<p>Y variando de conversaci&oacute;n p&uacute;sose a contar a Currita una historia muy
+chistosa de la duquesa de Bara, que se hallaba un poco m&aacute;s abajo, en el
+palco de los consortes L&oacute;pez Moreno, restaurados ya en su trono de
+Matapuerca. Lucy se casaba al fin con Gonzalito, conform&aacute;ndose la
+duquesa a tragarla por nuera. Paco V&eacute;lez se lo hab&iacute;a dicho.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya me lo figuraba yo!&mdash;exclam&oacute; Currita con maligna complacencia&mdash;. Si
+quien habla mal de la pera, la bendice y se la lleva.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Exacto! Lo mismo dijo Paco V&eacute;lez... Ah&iacute; los tienes a los dos tan
+amartelados en el palco, publicando las amonestaciones... &iexcl;Dice Paco
+V&eacute;lez que ha habido unas historias!... L&oacute;pez Moreno siti&oacute; a Beatriz por
+hambre, y entre el embargo y la boda no hubo m&aacute;s remedio que capitular.
+Beatriz entrega el ducado, el otro perdona la deuda, y pata... Pero lo
+m&aacute;s chistoso es que Lucy dota a Gonzalito en cuatro millones...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; delicia!... De modo que, en caso de viudez, Gonzalo quedar&aacute;
+siempre <i>prince douairier</i>, es decir, <i>douairier</i> de Matapuerca.</p>
+
+<p>El duque y el t&iacute;o Frasquito creyeron morirse de risa al o&iacute;r la agudeza
+de Currita, y la de Valdivieso a&ntilde;adi&oacute; entre carcajadas:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Exacto! &iexcl;Qu&eacute; frase tan feliz!... Se la contar&eacute; a Paco V&eacute;lez... &iexcl;<i>Le
+prince douairier</i> de Matapuerca!... Es menester que le dejemos el
+nombre; <span class='pagenum'><a name="Page_277" id="Page_277">[277]</a></span>justamente andan muy afanados ahora buscando el &aacute;rbol
+geneal&oacute;gico de Lucy...</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, mujer, yo se lo dar&eacute; hecho... En la primera rama que pongan
+al Mal Ladr&oacute;n, y en la &uacute;ltima a L&oacute;pez Moreno ahorcado...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, Curra, mujer, est&aacute;s de vena esta noche!&mdash;exclam&oacute; muerta de risa
+la Valdivieso&mdash;. Cu&aacute;nto dar&iacute;a Beatriz porque el &aacute;rbol de Lucy rematase
+de ese modo... Dice Paco que L&oacute;pez Moreno est&aacute; riqu&iacute;simo...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; se detuvo como espantada un momento, y mirando atentamente hacia la
+sala, a&ntilde;adi&oacute; con su intemperancia ordinaria:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer, &iquest;no has visto eso?... &iquest;No ves all&iacute; a Jacobo con la
+Mazac&aacute;n?... &iexcl;Pero qu&eacute; esc&aacute;ndalo!... &iquest;C&oacute;mo permites t&uacute; eso?...</p>
+
+<p>&iexcl;Vaya si lo hab&iacute;a visto Currita!... Como que el berrench&iacute;n que ten&iacute;a por
+dentro era la nerviosa musa que inspiraba aquella noche sus aceradas
+agudezas, y desde que termin&oacute; el acto no hab&iacute;a perdido de vista un
+momento a Jacobo, vi&eacute;ndole comenzar su <i>toum&eacute;e</i> por los palcos de las
+damas, que le recib&iacute;an todas en palmas, mim&aacute;ndole y agasaj&aacute;ndole con sus
+m&aacute;s encantadoras sonrisas y sus m&aacute;s dulces palabras. Isabel Mazac&aacute;n,
+sobre todo, parec&iacute;a querer com&eacute;rselo, y por dos o tres veces, mientras
+le tuvo en el palco lanz&oacute; al de Currita una mirada que parec&iacute;a decirle:
+&iexcl;Rabia de firme!... &Eacute;l acog&iacute;a todos aquellos homenajes con la exquisita
+naturalidad, el desembarazo distinguid&iacute;simo del elegante de raza que se
+reconoce de moda, del <i>leader</i> del d&iacute;a cuyos saludos se mendigan, sus
+frases se repiten, sus trajes se copian, sus toses y estornudos se
+numeran y comentan.</p>
+
+<p>Jam&aacute;s hab&iacute;a otorgado Madrid un perd&oacute;n tan generoso y tan amplio como el
+<span class='pagenum'><a name="Page_278" id="Page_278">[278]</a></span>que concedi&oacute; al antiguo revolucionario al saber su novelesca aventura
+de Constantinopla y al verle entrar de nuevo en el redil aristocr&aacute;tico,
+a la sombra de Butr&oacute;n y la Albornoz, arrepentido, pero con la cabeza
+alta; no implorando protecci&oacute;n, sino ofreci&eacute;ndola a todo el mundo.</p>
+
+<p>All&aacute; en los profundos rincones de los <i>boudoirs</i> y en los secretos
+concili&aacute;bulos pol&iacute;ticos murmur&aacute;banse cosas extra&ntilde;as. Dec&iacute;ase en estos
+que Jacobo hab&iacute;a prestado un gran servicio al partido restaurador,
+echando a pique con ciertos misteriosos papelitos a tres personajes
+intrigantes y tramposos que, &aacute;vidos siempre de poder y dinero, hab&iacute;an
+querido en Biarritz, despu&eacute;s de la ca&iacute;da de Amadeo, injerirse
+traidoramente en la restauraci&oacute;n del trono, que ellos mismos hab&iacute;an
+contribuido a hundir cinco a&ntilde;os antes. Fuera o no esto cierto, &eacute;ralo,
+sin embargo, que el respetable Butr&oacute;n hab&iacute;a aparecido de repente,
+cubriendo a Jacobo con el manto protector de su confianza; que Currita
+hab&iacute;ale proporcionado la desinteresada amistad de su caro esposo
+Fernandito, y que as&iacute;, en aquellos ocultos rincones de los <i>boudoirs</i>
+como en las amplias aceras de las plazas p&uacute;blicas, design&aacute;banse a los
+tres personajes con los nombres de <i>el joven Tel&eacute;maco, el prudente
+Mentor y la invulnerable Calipso</i>, murmur&aacute;ndose al mismo tiempo que
+Jacobo estaba arruinado, que el partido restaurador garant&iacute;a su porvenir
+asegur&aacute;ndole una cartera en pago de sus servicios, y Currita atend&iacute;a a
+su presente con una esplendidez que amenazaba dar al traste con la hasta
+entonces bien cimentada fortuna de la opulenta casa de Villamel&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Y es natural&mdash;hab&iacute;a dicho una noche la duquesa de Bara&mdash;. Curra est&aacute;
+ya muy <i>fan&eacute;e</i>, y Jacobo no es ning&uacute;n Juanito Velarde que se mantenga
+con un destinillo de veinte mil reales.</p>
+
+<p>Mientras tanto, Leopoldina Pastor entraba en la platea de Carmen Tagle,
+<span class='pagenum'><a name="Page_279" id="Page_279">[279]</a></span>y bes&aacute;ndola en ambas mejillas, dec&iacute;ale al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;Vengo huida...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mujer!... &iquest;Qui&eacute;n te persigue?</p>
+
+<p>&mdash;Curra... Esa Curra... que es atroz, hija, atroz... &iexcl;No vuelvo a
+presentarme en p&uacute;blico con ella!... No me gustan evidencias; no quiero
+esc&aacute;ndalos... Por eso dije: aunque s&oacute;lo sea este entreacto, me la quito
+de encima y me voy con Carmen...</p>
+
+<p>&mdash;Gracias por la elecci&oacute;n, querida...</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada... Empe&ntilde;ada en saber qui&eacute;n estaba en el palco de arriba... Y
+todo porque <i>el otro</i> no hac&iacute;a m&aacute;s que mirar para all&aacute; <i>poniendo varas</i>.</p>
+
+<p>Al decir esto, Leopoldina cogi&oacute; a Carmen Tagle sus gemelos de n&aacute;car y
+p&uacute;sose a mirar hacia el palco que tanto inquietaba a Currita. Hab&iacute;a en
+&eacute;l dos se&ntilde;oras: una, joven, sentada en primera fila, y otra, de edad ya
+madura, casi oculta en el fondo... Parec&iacute;a la primera una verdadera
+ni&ntilde;a, delicada, fant&aacute;stica, una de esas espirituales gatitas rubias que
+se cr&iacute;an a orillas del Sena y suelen tener, en efecto, todas las
+solapadas ma&ntilde;as de la raza felina. Sentada de espaldas al escenario,
+parec&iacute;a no haber roto un plato en todos los d&iacute;as de su vida, y paseaba
+la vista por la espl&eacute;ndida sala, sin fijarla en ninguna parte, con esa
+indiferencia con que se mira una multitud del todo desconocida: m&aacute;s bien
+que para ver, parec&iacute;a estar all&iacute; para ser vista, y la exagerada
+elegancia, alg&uacute;n tanto extravagante, de su traje de terciopelo negro con
+camelias rojas indicaba claramente el plan preconcebido de atraer todas
+las miradas. Su compa&ntilde;era, que pod&iacute;a muy bien ser su madre, era una
+mujer muy flaca, de aspecto distinguido, con el pelo gris peinado a la
+<span class='pagenum'><a name="Page_280" id="Page_280">[280]</a></span>inglesa, un traje de terciopelo negro cerrado hasta arriba y un vistoso
+aderezo de brillantes falsos. Ambas parec&iacute;an extranjeras, y en toda la
+noche no hab&iacute;an cruzado entre s&iacute; una sola palabra.</p>
+
+<p>Examin&oacute;las Leopoldina detenidamente, y dijo al cabo, meneando la cabeza:</p>
+
+<p>&mdash;Negro y encarnado... &iexcl;Malo!... Los colores del diablo... &iquest;Y qui&eacute;nes
+son esas individuas?...</p>
+
+<p>Carmen Tagle se ech&oacute; a re&iacute;r encogi&eacute;ndose de hombros, y Leopoldina volvi&oacute;
+a mirarlas, diciendo por debajo de los gemelos:</p>
+
+<p>&mdash;Pues te digo que con el terciopelo que gast&oacute; la madre en cubrirse
+hasta las orejas pod&iacute;a haber subido un poquito el escote de la hija...
+&iexcl;Vaya con la indecente!... Y la chica es mon&iacute;sima... &iquest;C&oacute;mo se llama?...</p>
+
+<p>&mdash;Si nadie la conoce... El martes se present&oacute; en ese mismo palco vestida
+de blanco con camelias rosa... Ayer estaba en la Castellana en un milord
+muy bonito, con camelias blancas en el sombrero y en el pecho... Hoy,
+terciopelo negro con camelias rojas...</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya tenemos nombre que darle&mdash;exclam&oacute; Leopoldina riendo&mdash;: <i>La
+dama de las camelias</i>.</p>
+
+<p>Y sobre estos varios motivos improvisaron las dos amigas una alegre
+fantas&iacute;a, hasta que Leopoldina volvi&oacute; al palco de la Albornoz momentos
+antes de comenzar el acto segundo. Currita la esperaba impaciente, y la
+falaz exploradora apresur&oacute;se a decirle, con cierto maligno gustito, que
+la inc&oacute;gnita en cuesti&oacute;n era una muchacha mon&iacute;sima, de todo el mundo
+desconocida, a quien acababan de bautizar ellas, por tenerlo muy bien
+<span class='pagenum'><a name="Page_281" id="Page_281">[281]</a></span>merecido, con el significativo nombre de <i>La dama de las camelias</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Por supuesto, que no se enterar&iacute;a Carmen de que yo te enviaba&mdash;dijo
+Currita muy pensativa; y Leopoldina, con el hociquito fruncido y los
+ojitos entornados, como quien se ofende de la pregunta, contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mujer!... &iquest;En qu&eacute; cabeza cabe?... &iquest;Acaso soy yo boba?...</p>
+
+<p>Comenz&oacute; el acto: Villamel&oacute;n segu&iacute;a indigestado; Currita, emberrenchinada
+y con el rabillo del ojo alerta; Leopoldina, que era, en efecto,
+aficionada e inteligente, sin perder una nota, y el t&iacute;o Frasquito, que
+all&iacute; se hab&iacute;a quedado, muy satisfecho por hallarse al lado de
+Leopoldina, una de las sobrinas espurias a que m&aacute;s predilecci&oacute;n
+mostraba, por su <i>allure</i> varonil y decidida y sus exc&eacute;ntricas
+genialidades.</p>
+
+<p>En el palco del Veloz hab&iacute;an quedado solos Di&oacute;genes y Jacobo;
+despatarrado aquel frente al p&uacute;blico, como si quisiera indicarle que
+todo &eacute;l junto no se le importaba un comino; mirando este sin cesar, como
+un cadete, al palco de la dama de las camelias. En la escena, Dinorah,
+la pobre loca, cantaba la bell&iacute;sima aria que la inspira su propia sombra
+proyectada en el suelo por la blanca luz de la luna, una de las m&aacute;s
+felices inspiraciones de Meyerbeer, que interpretaba admirablemente la
+entonces c&eacute;lebre Ortolani.</p>
+
+<p>Cambi&oacute; la escena de pronto, y la cascada, el precipicio y el torrente
+arrancaron un murmullo de admiraci&oacute;n a los espectadores, que pocas veces
+hab&iacute;an contemplado en aquel g&eacute;nero una obra de arte tan acabada y tan
+bella. H&ouml;el quiere obligar al gaitero Corentino a buscar el tesoro en el
+fondo del precipicio; de nuevo el cielo se encapota, y entonces aparece
+otra vez el terrible Meyerbeer, el genio de los <i>Hugonotes y Roberto el
+diablo</i>, que sabe describir con las ocho notas del pentagrama toda la
+<span class='pagenum'><a name="Page_282" id="Page_282">[282]</a></span>rabia de los elementos y todos los furores del coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>De improviso, rompe la orquesta bruscamente la cadencia, rugen los
+contrabajos estrepitosamente, las flautas dejan o&iacute;r agudos silbidos, el
+metal, desencajado, truena con espantosa violencia, los timbales
+redoblan convulsamente. Ya no parece aquello una tempestad, ni un
+hurac&aacute;n, sino un cataclismo que amenaza desquiciar la tierra, y en aquel
+momento, el supremo de la &oacute;pera, apareci&oacute; por entre las cortinas de
+terciopelo carmes&iacute; que cerraba el fondo del palco de Currita una cabeza
+peluda y cetrina, que el t&iacute;o Frasquito tom&oacute; por la del terrible
+Adamastor, genio de las tempestades, y Fernandito por el bilioso
+espectro de la indigesti&oacute;n, que evocaban ante &eacute;l sus jugos g&aacute;stricos
+alterados.</p>
+
+<p>Era Butr&oacute;n, el respetable Butr&oacute;n, que entraba de puntillas, con el dedo
+sobre los labios, haciendo gestos de que nadie se molestara, y yendo a
+sentarse en la silla que, no obstante su susto y su entripado, se
+apresur&oacute; a cederle Villamel&oacute;n, al lado de Currita.</p>
+
+<p>La tempestad segu&iacute;a rugiendo: H&ouml;el y Corentino gem&iacute;an aterrados, y
+Dinorah, la pobre loca, desencajada, con el cabello flotante y el rostro
+iluminado por la luz de los rel&aacute;mpagos, desafiaba la furia de los
+elementos, dominando con su voz pura y vibrante los roncos estampidos
+del trueno y los estridentes alaridos del viento, que encubrieron
+tambi&eacute;n estas breves palabras deslizadas por Butr&oacute;n al o&iacute;do de Currita:</p>
+
+<p>&mdash;Lleg&oacute; la hora... &iexcl;Concha est&aacute; con nosotros!...</p>
+
+<p>Escap&oacute;sele a aquella una leve exclamaci&oacute;n de sorpresa, que el t&iacute;o
+Frasquito pesc&oacute; al vuelo; mas un azulado rel&aacute;mpago ilumin&oacute; en aquel
+<span class='pagenum'><a name="Page_283" id="Page_283">[283]</a></span>momento la escena; un inmenso dise&ntilde;o crom&aacute;tico, nacido en las alturas
+de la orquesta y resuelto en las profundidades de los bajos en un rumor
+apagado y fat&iacute;dico, anunci&oacute; la ca&iacute;da del rayo, y entre truenos y
+rel&aacute;mpagos y sublimes convulsiones de los instrumentos de cuerda,
+escap&oacute;sele lo que Butr&oacute;n a&ntilde;ad&iacute;a, pudiendo percibir tan s&oacute;lo estas
+palabras dichas por el diplom&aacute;tico con grande insistencia:</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana, a las cuatro, en casa... &iexcl;Por Dios!, que no faltes, ni dejes
+de avisar a Jacobo...</p>
+
+<p>La curiosidad hizo al t&iacute;o Frasquito perder la cabeza, y por querer
+fiscalizarlo todo a un tiempo, ni vio a Bellak, la cabra blanca, cruzar
+como una flecha el r&uacute;stico puentecillo, ni a Dinorah caer en el fondo
+del barranco, ni a H&ouml;el precipitarse desesperado en su auxilio, ni a
+Currita que ce&ntilde;uda y apretando con inexplicable rabia las varillas del
+abanico, dec&iacute;a a Butr&oacute;n muy por lo bajo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A Jacobo?... &iquest;Acaso le ver&eacute; yo esta noche?... Ya ha correteado todos
+los palcos y todav&iacute;a no me ha dirigido un saludo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, ingrato!&mdash;susurr&oacute; Butr&oacute;n&mdash;Corro a tra&eacute;rtelo.</p>
+
+<p>Y de nuevo se fue como hab&iacute;a venido, de puntillas, sonriendo a todos,
+haciendo muchos ademanes para que nadie se incomodara, y dejando al t&iacute;o
+Frasquito estupefacto... &iexcl;Oh!, pues lo que es a &eacute;l no se la pegaban...
+&iquest;Currita a las cuatro en casa de Butr&oacute;n y avisando antes a Jacobo?...
+Algo gordo suced&iacute;a cuando el prudente Mentor, el joven Tel&eacute;maco y la
+invulnerable Calipso se avistaban en secreto, con la extra&ntilde;a
+circunstancia de acudir la dama a casa del caballero, y no los
+caballeros al palacio de la dama, como parec&iacute;an dictar las m&aacute;s
+<span class='pagenum'><a name="Page_284" id="Page_284">[284]</a></span>elementales leyes de la galanter&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cosa m&aacute;s singularr!...</p>
+
+<p>Y mirando a Jacobo a lo lejos, aument&oacute;se su curiosidad al ver que
+aparec&iacute;a Butr&oacute;n por detr&aacute;s de la cortina del palco del Veloz, hac&iacute;ale
+una se&ntilde;a y llev&aacute;baselo consigo, sigui&eacute;ndoles a los dos, sin que ninguno
+le llamase, el c&iacute;nico Di&oacute;genes... Al terminar el acto, Butr&oacute;n,
+triunfante y satisfecho, entraba otra vez con Jacobo en el palco de
+Currita, y empuj&aacute;ndole hacia la dama con aire de pap&aacute; bonach&oacute;n que
+satisface un capricho de la ni&ntilde;a, cogi&oacute; con una de las suyas las dos
+manos que ella y &eacute;l se estrechaban al saludarse, murmurando, con
+sentenciosa indulgencia, aquellas palabras de Shakespeare:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Old, old history</i>!...</p>
+
+<p>Hecho esto, el espejo de caballeros, seg&uacute;n Pedro L&oacute;pez, el integ&eacute;rrimo
+diplom&aacute;tico, el sesudo pol&iacute;tico, el anciano venerable y fervoroso que
+ten&iacute;a ya un pie en el sepulcro, mir&oacute; al reloj, enarc&oacute; las cejas y
+despidi&oacute;se apresuradamente. Eran ya las once, y estaba citado a las once
+y cuarto con el cardenal arzobispo de Toledo: trat&aacute;base de un atentado
+de la canalla gubernamental republicana contra la Iglesia y deseaba &eacute;l
+representar en aquel conflicto el papel de Constantino.</p>
+
+<p>Ensanch&oacute;sele el coraz&oacute;n al t&iacute;o Frasquito, creyendo llegada la hora de
+averiguar algo, y aguz&oacute; las orejas y aprest&oacute; la lengua para sondear con
+habilidad a Jacobo y a Currita. Mas, de repente, una mano aleve cogi&oacute; el
+mediato lazo de su corbata blanca, y d&aacute;ndole una r&aacute;pida vuelta, vino a
+pon&eacute;rselo sobre la nuca. Volvi&oacute;se indignado y sorprendido, y vio
+inclinada sobre la suya la gran cabezota de Di&oacute;genes, que, sonriendo y
+babeando, le dec&iacute;a amorosamente:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_285" id="Page_285">[285]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Francesca m&iacute;a!... &iexcl;Si soy yo, Paolo!...</p>
+
+<p>Verde de ira y amarillo de miedo p&uacute;sose Francesca, cual si viese asomar
+por detr&aacute;s de Paolo la sombra siniestra de Gianciotto, y gru&ntilde;&oacute; entre
+dientes:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas tienes!... De verras que erres pesado...</p>
+
+<p>Y despidi&eacute;ndose atropelladamente por temor de alguna m&aacute;s grave demas&iacute;a,
+fuese a componer la corbata en el espejo del antepalco, dejando vac&iacute;o su
+asiento, que era lo que buscaba Di&oacute;genes. Ocup&oacute;lo este entonces con la
+mayor frescura y dando una gran palmada en el muslo a Villamel&oacute;n, d&iacute;jole
+tal atrocidad, relativa a su entripado, que Jacobo y Leopoldina se
+miraron espont&aacute;neamente, como quien dice: &laquo;&iexcl;Animal!&raquo;. Currita, muy
+enfadada, dijo:&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, hombre, qu&eacute; cosas tienes!... &iexcl;Eres shoking,
+shoking, de veras!&mdash;Y Fernandito, con resignada sonrisa, contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;El <i>vol-au-vent</i> de codornices... Siempre se me indigesta. &iquest;Sabes?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues ya lo creo que lo s&eacute;, polaina!... Por eso tomo yo siempre
+<i>vol-au-vent</i> de sopa de ajo&mdash;replic&oacute; Di&oacute;genes.</p>
+
+<p>Y cediendo a su instinto natural de desvergonzada capigorroner&iacute;a,
+a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Oye... &iquest;Y qui&eacute;n me lleva a m&iacute; luego en su coche, t&uacute; o Jacobo?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es yo no te llevo&mdash;replic&oacute; vivamente este&mdash;. Me voy ahora
+mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo tampoco&mdash;a&ntilde;adi&oacute; al punto Currita&mdash;Fernandito no se siente bien,
+<span class='pagenum'><a name="Page_286" id="Page_286">[286]</a></span>y no hemos de andar por ah&iacute; dando vueltas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer, si te coge al paso... Me dejas en la calle de Alcal&aacute;, en
+la chocolater&iacute;a de do&ntilde;a Mariquita... Por nada del mundo pierdo yo mi
+gran j&iacute;cara con su par de <i>mojicones</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Son sabrosos&mdash;opin&oacute; Villamel&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; delicia!&mdash;dijo Currita&mdash;. Si te los dieran todas las noches en
+los dientes no tendr&iacute;as la lengua tan larga.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Polaina!... Si te los dieran a ti donde yo me s&eacute;, no dar&iacute;as motivos
+para que te alcanzasen las lenguas.</p>
+
+<p>Currita se mordi&oacute; los labios comprendiendo que era imposible la lucha
+con aquel cafre, que parec&iacute;a complacerse en poner de relieve, con sus
+crudezas, las vergonzosas condescendencias del mundo, y Jacobo se
+despidi&oacute; afectuosamente al comenzar el acto con un ambiguo <i>hasta
+luego</i>, que dej&oacute; a Currita muy complacida. A la mitad del acto cuando
+Dinorah recobra la raz&oacute;n y quiere recordar la bell&iacute;sima plegaria
+<i>&iexcl;Sancta Mar&iacute;a!</i> entre sublimes vacilaciones de la orquesta, que parecen
+revelar los esfuerzos mentales de la pobre loca, envolvi&oacute;se Currita en
+su soberbio abrigo de terciopelo granate, forrado de pieles blancas, y
+aceptando en se&ntilde;al de reconciliaci&oacute;n el brazo de Di&oacute;genes, sali&oacute; del
+palco escoltada por Villamel&oacute;n y Leopoldina, gozoso &eacute;l por irse a dormir
+su indigesti&oacute;n, furiosa ella por marcharse sin o&iacute;r el coro final de la
+romer&iacute;a.</p>
+
+<p>El <i>foyer</i> estaba a&uacute;n desierto, y los lacayos, zambullendo las
+encarnadas narices en sus inmensos cuellos de pieles, comenzaban a
+asomar ya, para <span class='pagenum'><a name="Page_287" id="Page_287">[287]</a></span>avisar a los se&ntilde;ores la llegada de los coches.
+Antoj&oacute;sele entonces a Currita sentarse en un div&aacute;n, para esperar la
+salida de la gente. Angusti&oacute;se Villamel&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, hija m&iacute;a, por Dios!... &iexcl;Si esto est&aacute; helado, Curra!...</p>
+
+<p>Y se liaba a toda prisa al pescuezo un <i>gran foulard</i> fin&iacute;simo, y
+levant&aacute;base el cuello del gab&aacute;n a la altura de las orejas...</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que vale m&aacute;s volver al palco, si...</p>
+
+<p>Un estornudo formidable le cort&oacute; la palabra y le acrecent&oacute; la angustia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo ves?... &iquest;Lo ves?... Ya pill&eacute; un constipado... Fortuna tengo hoy...
+&iquest;Sabes?... &iexcl;Ya tengo para una semana!...</p>
+
+<p>La gente comenz&oacute; a desfilar por delante de Leopoldina y la Albornoz,
+que, dejando estornudar a Fernandito y sin perder de vista su negocio,
+saludaban a diestro y siniestro a los innumerables conocidos que iban
+pasando. De pronto, Leopoldina tir&oacute; suavemente del vestido a Currita,
+dici&eacute;ndole muy bajo:</p>
+
+<p>&mdash;M&iacute;rala... &iexcl;Esa es!...</p>
+
+<p>No vio nada: dos fantasmas blancos pasaban por delante, arrastrando por
+debajo de los amplios albornoces las largas colas de terciopelo negro,
+dejando asomar la vieja por el abrigado capuch&oacute;n una corva nariz ca&iacute;da y
+afilada, luciendo tan s&oacute;lo la joven unos ojazos azules, que crey&oacute;
+Currita se fijaban en ella con provocativa insolencia. El blanco
+albornoz de la inc&oacute;gnita pas&oacute; rozando el terciopelo granate del abrigo
+de Currita, y una frase alemana, que esta pudo o&iacute;r y no pudo entender:
+<span class='pagenum'><a name="Page_288" id="Page_288">[288]</a></span>&laquo;Ah&iacute; la tienes&raquo;, pareci&oacute; caer entonces de la nariz corva y afilada, y
+ambos fantasmas desaparecieron entre el gent&iacute;o precedidos de un <i>groom</i>
+mon&iacute;simo que apenas contar&iacute;a doce a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija, &iquest;arrancaremos al fin?&mdash;dec&iacute;a Villamel&oacute;n mientras tanto&mdash;.
+Di&oacute;genes, dale t&uacute; el brazo... &iexcl;Buen constipado he pillado!... &iquest;Qu&eacute; haces
+t&uacute; cuando te constipas, Di&oacute;genes?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... Estornudar...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IIcmdash" id="IIcmdash"></a><a href="#toc">&mdash;II&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>El respetable Butr&oacute;n daba pu&ntilde;etazos en los muebles y cruzaba a grandes
+zancadas el aposento, llamando a su mujer, seg&uacute;n su costumbre, unas
+veces <i>Geno</i>, otras <i>Veva</i>, nunca por completo Genoveva y prodig&aacute;ndola
+con todas sus letras los dicterios de imb&eacute;cil, est&uacute;pida, vieja del
+diablo, beata de Barrab&aacute;s, que no sabiendo sino rezar el Pater noster,
+quer&iacute;a darle lecciones a &eacute;l, Pirro en el ingenio, Ulises en la
+prudencia, Anteo en el &aacute;nimo, Alejandro en la magnanimidad y Escipi&oacute;n en
+lo afortunado.</p>
+
+<p>Curiosas escenas &iacute;ntimas del hogar dom&eacute;stico, que parecer&aacute;n
+inveros&iacute;miles a los que s&oacute;lo conocen la <i>parte oficial</i> de los grandes
+personajes, y que debieran esculpirse cual bajos relieves en los
+pedestales que levantan el vulgo y la opini&oacute;n a muchos de los prototipos
+sociales que brillan en las academias y congresos, estrados y salones.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_289" id="Page_289">[289]</a></span></p><p>La marquesa, la anciana se&ntilde;ora de virtud intachable, de educaci&oacute;n
+exquisita, escuchaba aquel torrente de denuestos muda e inm&oacute;vil, con la
+cabeza baja y las l&aacute;grimas en los ojos, semejante a la estatua de la
+paciencia, contemplando sus propios sufrimientos. Por dos veces quiso
+interrumpir a su marido, mostr&aacute;ndole una carta que en las manos ten&iacute;a;
+mas los gritos y denuestos del sesudo diplom&aacute;tico la atemorizaron y
+aturdieron, y volvi&oacute; a guardar silencio. Las escenas de Lauzun,
+amenazando con el bast&oacute;n a la duquesa de Montpensier, su esposa, y
+grit&aacute;ndole: &laquo;&iexcl;Luisa de Borb&oacute;n, qu&iacute;tame las botas!&raquo;, no eran, sin duda,
+desconocidas a la infeliz se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Hall&aacute;banse ambos esposos en el despacho particular del diplom&aacute;tico,
+vasta pieza decorada en otro tiempo con severa magnificencia, pero sobre
+la cual hab&iacute;an pasado los a&ntilde;os sembrando manchas y desconchones, sombras
+y deterioros que la larga cesant&iacute;a del magnate no hab&iacute;a permitido hasta
+entonces restaurar. Ve&iacute;ase en un extremo, tras un gran biombo de nueve
+hojas de laca de Coromandel, descascarado por todas partes, una enorme
+mesa cargada de papeles y rodeada de art&iacute;sticos armarios, todos al
+alcance de la mano, <i>sancta sanctorum</i>, donde s&oacute;lo penetraban los
+iniciados en los asuntos y manejos del diplom&aacute;tico. Al otro extremo,
+frente a una alta vidriera que daba al jard&iacute;n, y al lado de una chimenea
+de m&aacute;rmol negro, hab&iacute;a una gran mesa del siglo XVII, de nogal, cuadrada,
+con ancha talla y hierros escarolados, y c&oacute;modas butacas y mullidas
+poltronas, alg&uacute;n tanto deste&ntilde;idas y un mucho destrozadas, dispuestas en
+torno: all&iacute; recib&iacute;a Butr&oacute;n a los profanos a que les era l&iacute;cito traspasar
+el dintel de su despacho privado. Ve&iacute;anse por todas partes, sobre las
+mesas, en las dos chimeneas, por los armarios y colgados de las paredes,
+retratos de reyes, pr&iacute;ncipes y personajes ilustres, de fotograf&iacute;a unos,
+magn&iacute;ficamente grabados en acero otros, con pomposas dedicatorias al
+integ&eacute;rrimo diplom&aacute;tico, que pregonaban sus grandes relaciones y sus
+altas influencias. Sobre un sof&aacute; de rica badana japonesa, hundido todo y
+<span class='pagenum'><a name="Page_290" id="Page_290">[290]</a></span>despellejado, hab&iacute;a en lugar preferente, una gran fotograf&iacute;a del
+pr&iacute;ncipe Alfonso, con el uniforme de escolar del colegio de Mar&iacute;a
+Teresa, y esta dedicatoria, escrita de pu&ntilde;o y letra del futuro monarca:
+&laquo;Al leal marqu&eacute;s de Butr&oacute;n, modelo de caballeros. Recuerdo del 2 de
+diciembre de 1870. Alfonso&raquo;. Aquella fecha solemne era la del d&iacute;a en que
+Butr&oacute;n se avist&oacute; por primera vez, despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n, con los
+augustos desterrados y jur&oacute; a los pies del regio ni&ntilde;o restaurarlo en el
+trono de Espa&ntilde;a o morir en la demanda.</p>
+
+<p>M&aacute;s lejos, a uno y otro lado de una gran panoplia llena de or&iacute;n y
+descabalada, hab&iacute;a dos hermosos grabados de Luis Felipe y la reina
+Amalia, con sendas dedicatorias, y entre otra porci&oacute;n de notabilidades
+regias, pol&iacute;ticas y literarias, diseminadas por todas partes, un retrato
+en litograf&iacute;a de Mart&iacute;nez de la Rosa, en los tiempos en que le llamaban
+<i>Rosita la pastelera</i>, con este campechano letrero: A <i>Pepillo Butr&oacute;n,
+su d&oacute;mine Paco</i>.</p>
+
+<p>Mas entre todos aquellos monumentos de altas estimaciones, era el m&aacute;s
+curioso una hermosa fotograf&iacute;a de la reina de Inglaterra, colocada con
+afectada naturalidad sobre la chimenea en un peque&ntilde;o caballete de plata
+oxidada, cuyas molduras tapaban, en parte, la honrosa dedicatoria.
+Hab&iacute;asela dado la majestad brit&aacute;nica en Roma, con motivo de cierto
+oportuno servicio, y deseando demostrarle la m&aacute;s exquisita deferencia,
+puso en castellano el aut&oacute;grafo. Mas su graciosa majestad no manejaba
+sin duda con gran arte el habla de Cervantes, y siendo su intento
+escribir seg&uacute;n la construcci&oacute;n inglesa: Al <i>marqu&eacute;s de Butr&oacute;n,
+recuerdo</i>, olvid&oacute;se de poner la u, y result&oacute;: Al <i>marqu&eacute;s de Butr&oacute;n,
+receurdo</i>, firmado y rubricado de pu&ntilde;o y letra de su graciosa majestad
+la soberana de los tres reinos unidos, emperatriz tambi&eacute;n de las Indias.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_291" id="Page_291">[291]</a></span></p><p>El pasmo de Butr&oacute;n fue grande al verse colocado reduplicativamente por
+aquella importuna s&iacute;ncopa en la rama m&aacute;s desacreditada de la extensa
+familia de los paquidermos, y apresur&oacute;se a colocar habilidosamente la
+regia d&aacute;diva en una moldura que, sin ocultar por completo el honroso
+letrero, encubriese el sangriento <i>lapsus calami</i> de su majestad
+brit&aacute;nica.</p>
+
+<p>Ocurr&iacute;an graves sucesos, y la pelotera que Butr&oacute;n sosten&iacute;a con su mujer
+reconoc&iacute;a en ellos su origen. Pav&iacute;a hab&iacute;a dado el golpe de 3 de enero,
+derrumb&aacute;ndose la rep&uacute;blica parvulita al eco de tres o cuatro tiros
+disparados al aire en los pasillos del Congreso. El poder cay&oacute; de nuevo
+en las garras de Serrano, y el desquiciamiento general, la indisciplina
+del ej&eacute;rcito, que peleaba sin fe ni esperanza en aquellas dos grandes
+esclusas de Cartagena y el Norte, que se tragaban torrentes de sangre y
+arroyos de dinero, indicaban a los pacientes alfonsinos, cruzados de
+brazos, que se acercaba la hora de extender la mano para coger la breva,
+madura ya por completo. La escena de Arist&oacute;fanes, en su comedia <i>La
+Paz</i>, cuando el pac&iacute;fico Trigeo sube al Olimpo montado en un escarabajo,
+se representaba entonces en Espa&ntilde;a: el Olimpo estaba desierto y s&oacute;lo
+quedaban all&iacute; la Guerra y el Estrago, machacando en un mortero una
+naci&oacute;n entera y sirvi&eacute;ndoles de mano un general ambicioso.</p>
+
+<p>Otro general de valor, de prudencia y de prestigio, encarg&oacute;se entonces
+de inclinar hacia los alfonsinos la rama de que pend&iacute;a la fruta
+apetecida y disputada. Fue este el general Concha, que aceptando el
+mando del ej&eacute;rcito del Norte, parti&oacute; para Bilbao, dispuesto a
+restablecer la disciplina, aniquilar a los carlistas y proclamar rey de
+Espa&ntilde;a al joven pr&iacute;ncipe Alfonso. Era necesario, sin embargo, allegar
+recursos para preparar el ej&eacute;rcito, y las bolsas exprimidas, las
+codicias alarmadas y los ego&iacute;smos latentes dificultaban mucho la
+ejecuci&oacute;n del proyecto. El ingenio del marqu&eacute;s de Butr&oacute;n encarg&oacute;se
+<span class='pagenum'><a name="Page_292" id="Page_292">[292]</a></span>entonces de hallar remedio, y al frente de su brigada femenina acometi&oacute;
+la empresa: imagin&oacute;, por de pronto, crear una asociaci&oacute;n de se&ntilde;oras para
+socorrer a los heridos del Norte, que, difundida por toda Espa&ntilde;a, hab&iacute;a
+de allegar recursos de todos g&eacute;neros para ser distribuidos
+abundantemente en el ej&eacute;rcito a nombre de las se&ntilde;oras alfonsinas,
+preparando as&iacute; los &aacute;nimos para secundar el movimiento<a name="FNanchor_15_15" id="FNanchor_15_15"></a><a href="#Footnote_15_15" class="fnanchor">[15]</a>.</p>
+
+<p>El plan fue aprobado con entusiasmo por los prohombres del partido, y el
+gran Robins&oacute;n s&oacute;lo pens&oacute; entonces, con la en&eacute;rgica actividad que le
+caracterizaba, en organizar la Junta central de se&ntilde;oras en la corte.
+Ocup&oacute;se, lo primero, en buscar la presidenta, piedra fundamental de todo
+el edificio, y un nombre ilustre que hab&iacute;a de llevarse tras de s&iacute; cuanto
+grande, bueno y respetable encerraba la corte; acudi&oacute; primero a su mente
+la marquesa de Villasis... Mas las teor&iacute;as conciliadoras del peludo
+diplom&aacute;tico juzgaban necesario allegar otros elementos, y pens&oacute; entonces
+en la condesa de Albornoz para el cargo de vicepresidenta. Esta atraer&iacute;a
+al Madrid de rompe y rasga, que brilla y que bulle, peque&ntilde;a, pero
+venenosa levadura que corrompe la sociedad entera y la hace aparecer, al
+imponerle sus leyes a sus vicios, escandalosa hasta un punto que no lo
+es ciertamente; la otra atraer&iacute;a al Madrid honrado, sensato y devoto, no
+tan escaso como muchos creen, y en torno de uno y otro bando se
+agrupar&iacute;a al punto el Madrid verdaderamente inmenso, la gran falange
+cortesana de gente m&aacute;s bien fr&iacute;vola que corrompida, m&aacute;s bien
+insustancial que viciosa, que vive de reflejos y escandaliza o edifica,
+seg&uacute;n es escandaloso o edificante el astro que le comunica sus
+resplandores.</p>
+
+<p>El plan era bell&iacute;simo. Mas &iquest;qui&eacute;n le pon&iacute;a el cascabel al gato? &iquest;Qui&eacute;n
+aliaba a la tiesa y austera Villasis con la amable y despreocupada
+Currita, aunque se tratase de ir a conquistar juntas la Tierra Santa?
+&iquest;Qui&eacute;n doblegaba la vanidad inmensa de la Albornoz, hasta el punto de
+<span class='pagenum'><a name="Page_293" id="Page_293">[293]</a></span>hacerla aceptar cualquiera empresa que fuese un puesto secundario?...
+El astuto Butr&oacute;n resolvi&oacute; tentar el vado, aproximando a las dos se&ntilde;oras,
+y cit&oacute;las en terreno neutral, su propia casa, sin advertir a ninguna la
+presencia de la otra, con el pretexto de tratar reservadamente, en junta
+de notables, un asunto de la mayor importancia para el partido.
+Encarg&oacute;se &eacute;l de avisar a Currita la noche antes en el teatro, y, por
+orden expresa suya, escribi&oacute; su mujer a la Villasis, con quien la un&iacute;a
+una amistad antigua, cari&ntilde;osa y sincera. La futura presidenta oli&oacute;se
+desde luego la partida, y un oportuno constipado atroz y empedernido
+vino a impedirle salir fuera de casa; as&iacute; se lo notificaba con grande
+sentimiento y cari&ntilde;osas frases a su buena amiga Genoveva en una elegante
+esquelita cuadrada, en cuya esquina se le&iacute;a, bajo la corona ducal propia
+de los Grandes de Espa&ntilde;a, su nombre de Mar&iacute;a.</p>
+
+<p>Esper&aacute;base la Butr&oacute;n la llegada del constipado, d&iacute;jole as&iacute; a su marido
+al mostrarle la carta, y entonces fue cuando el respetable diplom&aacute;tico
+descarg&oacute; su berrinche sobre la pobre dama, prodig&aacute;ndole los dicterios
+que al comenzar este cap&iacute;tulo apuntamos.</p>
+
+<p>De repente, recobr&oacute; su cortesana sonrisa, su continente se&ntilde;oril y
+aparatoso: entraba la duquesa de Bara, otra de las citadas, antigua
+amiga suya, aunque no de tan a&ntilde;eja fecha, de quien la maledicencia se
+hab&iacute;a ocupado muchos a&ntilde;os atr&aacute;s y se sol&iacute;a ocupar a&uacute;n de cuando en
+cuando. Era la duquesa mujer muy discreta, nada escrupulosa, conoc&iacute;a a
+Madrid palmo a palmo y escuch&aacute;bala Butr&oacute;n como a un or&aacute;culo en todo lo
+referente a guerra femenil de intriguillas y abanicazos. Al poco lleg&oacute;
+el general Pastor, pr&oacute;ximo a partir tambi&eacute;n al Norte para secundar el
+movimiento de Concha, y vino luego un don Jos&eacute; Pulido, hombre listo y
+travieso, pies y manos de Butr&oacute;n y tambi&eacute;n su ninfa Egeria, que hab&iacute;a
+sido condisc&iacute;pulo suyo en la Universidad y desempe&ntilde;ado muy buenos
+puestos a la sombra del diplom&aacute;tico. Eran ya las tres, y a las cuatro
+<span class='pagenum'><a name="Page_294" id="Page_294">[294]</a></span>deb&iacute;an de llegar Jacobo Sabadell y la Albornoz y hubiera llegado
+tambi&eacute;n la Villasis si su providencial constipado no se lo estorbase. El
+prudente Butr&oacute;n hab&iacute;alos citado con una hora de intervalo, para poder
+preparar en aquella antejunta de &iacute;ntimos lo que en presencia de los
+otros hab&iacute;a de tratarse m&aacute;s tarde.</p>
+
+<p>Sent&aacute;ronse todos al lado de la chimenea, en torno de la mesa cuadrada, y
+el respetable Butr&oacute;n expuso el caso. La duquesa de Bara no le dej&oacute;
+acabar: juzgaba ella imposible hacer tragar a la Villasis la
+vicepresidencia de Currita, como no fuera cogi&eacute;ndola de sorpresa,
+presentando de improviso la candidatura aprobada ya por unanimidad en la
+junta magna de se&ntilde;oras que hab&iacute;a de celebrarse; y aun as&iacute; y todo,
+desconfiaba mucho del &eacute;xito, porque era Mar&iacute;a Villasis una quijota
+impertinente y rid&iacute;cula, capaz de desairar a Madrid entero si se le
+pon&iacute;a entre ceja y ceja el hacerlo.</p>
+
+<p>&mdash;No se me olvidar&aacute; nunca&mdash;dijo&mdash;lo que hizo con la pobre Rosa Pe&ntilde;arr&oacute;n,
+cuando aquel concierto famoso que organiz&oacute; a beneficio de los inundados
+de Valencia. Le envi&oacute; Rosa tres billetes, y tuvo la desfachatez de
+devolv&eacute;rselos con el precio justo, unas quince o veinte pesetas, y
+enviar luego a Valencia, por mano del arzobispo, una limosna de tres mil
+duros...</p>
+
+<p>Butr&oacute;n enarc&oacute; las formidables cejas, el general Pastor se atus&oacute; el largo
+bigote y don Jos&eacute; Pulido, m&aacute;s pr&aacute;ctico y menos puntilloso, ensanch&oacute; la
+barbilampi&ntilde;a cara, diciendo suavemente:</p>
+
+<p>&mdash;Con tal de que nos env&iacute;e a nosotros otro tanto, aunque sea por mano
+del moro Muza...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_295" id="Page_295">[295]</a></span></p><p>Ofendi&oacute;se la duquesa, que acababa de vender su hijo y su ducado al
+se&ntilde;or L&oacute;pez Moreno, y con mucha dignidad contest&oacute; severamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, no, no, Pulido!... Ni el decoro se vende, ni tiene precio, ni
+necesitamos ac&aacute; que venga la Villasis a damos lecciones...</p>
+
+<p>Y adem&aacute;s, desconfiaba ella mucho de la actitud de esta e ignoraba hasta
+qu&eacute; punto podr&iacute;a contarse con ella para los trabajos de la
+Restauraci&oacute;n... Cierto que su amistad con la reina destronada hab&iacute;a sido
+siempre &iacute;ntima, leal y consecuente, pero le constaba a ella de buena
+tinta que Bravo Murillo tuvo la impertinencia de comunicar a la marquesa
+la respuesta dada por el arzobispo de Valladolid a la consulta de si la
+Restauraci&oacute;n hab&iacute;a de conservar o no la unidad cat&oacute;lica, y esta no pod&iacute;a
+ser m&aacute;s terminante: &laquo;No era l&iacute;cito a ning&uacute;n partido pol&iacute;tico prescindir
+de ella&raquo;. Que era esto una tonter&iacute;a, una chochez del arzobispo,
+corriente. Pero era lo bastante para alarmar la conciencia de una
+mojigata como la Villasis, y encontrar en ello un pretexto para tirar de
+los cordones de la bolsa.</p>
+
+<p>La marquesa de Butr&oacute;n baj&oacute; los ojos como distra&iacute;da al o&iacute;r hablar de la
+unidad cat&oacute;lica, y acentu&oacute;se a&uacute;n m&aacute;s la sombra de tristeza que nublaba
+siempre su rostro. El integ&eacute;rrimo diplom&aacute;tico y el se&ntilde;or Pulido cruzaron
+entre s&iacute; una r&aacute;pida mirada; indudable era que los dos compadres hab&iacute;an
+hablado m&aacute;s de una vez del asunto en junta de &iacute;ntimos, del lado de all&aacute;
+del biombo. Butr&oacute;n tom&oacute; la palabra, extendiendo la peluda mano:</p>
+
+<p>&mdash;Respondo de Mar&iacute;a Villasis&mdash;dijo en&eacute;rgicamente&mdash;. Lo que t&uacute; dices es
+cierto, Beatriz; pero la pifia de Bravo Murillo la enmend&eacute; yo mismo...
+Mar&iacute;a acudi&oacute; entonces a m&iacute; muy alarmada, pidiendo explicaciones
+categ&oacute;ricas, y yo la promet&iacute; solemnemente que la Restauraci&oacute;n
+conservar&iacute;a a todo trance la unidad cat&oacute;lica como la joya m&aacute;s preciada
+<span class='pagenum'><a name="Page_296" id="Page_296">[296]</a></span>de las glorias de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>La duquesa se encogi&oacute; de hombros, con muestras de grande impaciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no dice eso el manifiesto que se neg&oacute; a firmar Bravo
+Murillo&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco dice lo contrario.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces queda en pie lo que yo he prometido... El porvenir no puede,
+sin embargo, asegurarse, y quiz&aacute; pudiera suceder que, contra nuestra
+voluntad y nuestros deseos, nos vi&eacute;ramos forzados a respetar un hecho
+consumado o a ceder ante una votaci&oacute;n contraria hecha en Cortes...</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Pulido hizo una profunda se&ntilde;al de asentimiento, bajando con
+previsoria resignaci&oacute;n los ojos, y la duquesa, haciendo alarde de la
+perspicacia de su ingenio, exclam&oacute; ligeramente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Entendido, entendido...; basta!... Queda, sin embargo, el otro
+extremo por conciliar. &iquest;Crees t&uacute; que <i>la mona Jenny</i> se contente con la
+vicepresidencia?</p>
+
+<p>Asombr&oacute;se Butr&oacute;n de aquella extra&ntilde;a candidata cuadrumano que trataba de
+ingerir la duquesa en la ilustre junta de damas, y exclam&oacute; muy
+sorprendido:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;<i>La mona Jenny</i>?...</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hombre, Curra... La Villamelona. &iquest;No sabes?... Di&oacute;genes le ha
+<span class='pagenum'><a name="Page_297" id="Page_297">[297]</a></span>puesto ese nombre desde que le dio por fumar en pipa, en un narghil&eacute;
+precioso que le regal&oacute; el embajador de Marruecos... Es una mona famosa
+que hay en el jard&iacute;n zool&oacute;gico de Londres&mdash;yo la he visto&mdash;y fuma en
+pipa con una gracia y unos moh&iacute;nes que recuerdan a Curra por completo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos, vamos!&mdash;exclam&oacute; con bondad ol&iacute;mpica el diplom&aacute;tico&mdash;. No he
+visto nada como Madrid para motes y chismecillos... Todos queri&eacute;ndose
+mucho, todos juntos noche y d&iacute;a, y todos arranc&aacute;ndose a tiras el pellejo
+y poni&eacute;ndose en rid&iacute;culo en cuanto vuelven la espalda...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Miren el puritano, el caritativo!... <i>Ami de la vertu, plut&ocirc;t que
+vertueux</i>! Pues ya ten&iacute;as tiempo de haberte ido acostumbrando.</p>
+
+<p>&mdash;Empezar&eacute; a acostumbrarme por la mona Jenny... La mona Jenny aceptar&aacute;
+la vicepresidencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Crees t&uacute;?...</p>
+
+<p>&mdash;Lo espero... Le tengo reservado otro papel de grande importancia que
+le har&aacute; olvidar lo secundario de este.</p>
+
+<p>Entonces explan&oacute; Butr&oacute;n su plan con todos sus pormenores... No se
+trataba de una asociaci&oacute;n de se&ntilde;oras exclusivamente alfonsinas, mil
+veces lo hab&iacute;a dicho y no se cansar&iacute;a jam&aacute;s de repetirlo. Era necesario
+<i>barrer para adentro</i>, conciliar todas las voluntades, ahuyentar todos
+los escr&uacute;pulos, ahondar en cualquier rinc&oacute;n en que pudiera encontrarse
+un ochavo, escarbar en todo muladar en que pudiera hallarse un pelot&oacute;n
+de hilas sucias, agotar todos los recursos de fiestas, bailes, toros,
+beneficios, francachelas y festivales, con que la caridad moderna ha
+encontrado el secreto de enjugar las l&aacute;grimas, al mismo tiempo que
+ensancha los corazones, refocila los est&oacute;magos y estira las piernas...
+<span class='pagenum'><a name="Page_298" id="Page_298">[298]</a></span>&iexcl;Socorrer a los heridos del Norte!... &iexcl;Qu&eacute; anzuelo tan a prop&oacute;sito para
+pescar desde las carlistas m&aacute;s recalcitrantes hasta las liberales m&aacute;s
+radicales!... Por eso hab&iacute;a pensado &eacute;l, para dar aquel barrido general y
+definitivo, en un gran baile, una fiesta sonada y famos&iacute;sima, de <i>ancha
+base</i>, que deb&iacute;a dar <i>la mona Jenny</i>, Curra, convidando a todo el Madrid
+explotable, desde la presidenta consorte del comit&eacute; carlista, hasta la
+ministra cesante, esposa dign&iacute;sima del excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Juan
+Antonio Mart&iacute;nez... Y all&iacute;, al calorcillo del champagne, que ablanda los
+corazones compasivos, bajo la influencia de las vanidades estimuladas
+que excitan el deseo de figurar, tender la red de la caridad, echar el
+anzuelo de los infelices heridos del Norte y pescar de una sola redada
+entre las mallas de la asociaci&oacute;n de se&ntilde;oras a todo el Madrid femenino
+capaz de soltar la mosca... Celebrar&iacute;ase luego una junta general
+preparatoria en casa de Butr&oacute;n mismo, presidida por Genoveva, y en ella
+hab&iacute;a de presentarse y aprobarse por sorpresa la candidatura de una
+junta directiva, preparada ya antes, en que entrasen todos los elementos
+tan h&aacute;bilmente combinados; que el partido restaurador tuviese mayor&iacute;a y
+pudiera Butr&oacute;n, entre bastidores, manejar a la Junta y a la Asociaci&oacute;n
+entera con la misma facilidad con que se maneja el manubrio de un
+organillo. La junta directiva era, pues, la clave del arco, el clou del
+proyecto, y el respetable Butr&oacute;n termin&oacute; su perorata suplicando a los
+presentes se dignasen estudiarlo maduramente, presentando sus
+candidaturas con arreglo a este croquis que ten&iacute;a &eacute;l apuntado en un
+papelito:</p>
+
+<p>Una presidenta, beata de gran nombre. (Nadie como la Villasis.)</p>
+
+<p>Una vicepresidenta elegante, de rompe y rasga. (Ninguna como la
+Albornoz.)</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_299" id="Page_299">[299]</a></span></p><p>Seis vocales: una carlista, bastante tonta; otra, radicala, de pocos
+alcances; y cuatro alfonsinas, de la Grandeza, del cogollito, honradas,
+por supuesto, listas y de arranque.</p>
+
+<p>Una secretaria literata.</p>
+
+<p>Una tesorera de alta banca.</p>
+
+<p>El general Pastor aplaudi&oacute; entusiasmado la h&aacute;bil estrategia del
+diplom&aacute;tico; el se&ntilde;or Pulido baj&oacute; modestamente los ojos, como si le
+tocara grande parte en la paternidad de la idea, y la duquesa,
+encantada, comenz&oacute; a vomitar nombres propios, juicios cr&iacute;ticos,
+filiaciones y datos biogr&aacute;ficos que probaban bien a las claras su
+consumada pericia en el arte de averiguar vidas ajenas. Tontas
+encontraba ella a porrillo; listas tampoco faltaban; lo que le parec&iacute;a
+dif&iacute;cil de hallar eran las honradas, y no porque no las hubiese a
+montones, sino porque la duquesa no sab&iacute;a encontrarlas, por aquello de
+que nadie hay m&aacute;s exigente ni que se complazca tanto en verlo todo
+manchado como quien vive zambullido en medio del fango.</p>
+
+<p>El respetable Butr&oacute;n acog&iacute;a aquellos homenajes con majestuosa sonrisa, y
+temiendo ver entrar de un momento a otro a Currita, recomend&oacute; de nuevo a
+los &iacute;ntimos la mayor discreci&oacute;n, con respecto a esta; era necesario
+ocultarle el plan de la junta y entusiasmarla con la idea del baile,
+haci&eacute;ndole creer que con ello pon&iacute;a el partido en sus manos el &eacute;xito del
+proyecto. Una vez entretenida con esto, f&aacute;cil era hacerle tragar por
+sorpresa, a su debido tiempo, lo secundario de la vicepresidencia.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; al fin Currita, <i>la mona Jenny</i>, con Jacobo Sabadell, el joven
+Tel&eacute;maco; hab&iacute;a tardado un poquillo, pero ten&iacute;a la culpa el t&iacute;o
+Frasquito... &iexcl;Qu&eacute; risa con el pobre posma! &iexcl;Hab&iacute;ase olido, sin duda, que
+<span class='pagenum'><a name="Page_300" id="Page_300">[300]</a></span>algo se fraguaba, y present&aacute;ndose a almorzar con una cara de pregunta,
+con un aire de sospecha!... &iexcl;Ella le hab&iacute;a estado <i>tomando el pelo</i> todo
+el almuerzo, hasta que al fin, para quit&aacute;rselo de encima, tuvo que
+armarle una emboscada, un <i>guet-apens</i> chistos&iacute;simo!... D&iacute;jole si quer&iacute;a
+acompa&ntilde;arla a dar una vuelta por el Retiro con Miss Buteffull y con los
+ni&ntilde;os y le envi&oacute; con estos al coche mientras ella se pon&iacute;a el sombrero.
+&iexcl;Pobre viejo!... En cuanto volvi&oacute; la espalda, escap&oacute;se ella con Jacobo
+por la escalera de la servidumbre, y en el coche de este hab&iacute;anse venido
+los dos solos, juntitos, como si fuesen un matrimonio. &iexcl;Qu&eacute; delicia!...</p>
+
+<p>Y bes&oacute; con piedad filial a la marquesa, con amor fraterno a la de Bara,
+estrech&oacute; la mano de Butr&oacute;n con infantil afecto, y tuvo una cari&ntilde;osa
+sonrisa para el general Pastor y un saludito protector y mon&iacute;simo para
+el se&ntilde;or Pulido.</p>
+
+<p>H&iacute;zola sentar Butr&oacute;n junto a s&iacute;, al lado de la marquesa; y ella, con los
+claros ojos fijos en el gran duque Alejo, que, sombreado por una
+telara&ntilde;a, ten&iacute;a delante, comenz&oacute; a lamentarse, con frases muy pulcras,
+del entripado de Fernandito... Casi, casi hab&iacute;a estado a punto de no
+venir, por miedo de dejarlo solo; pero las noticias que le hab&iacute;a dado
+Butr&oacute;n eran tan graves, tan lisonjeras, que acab&oacute; al fin por decidirse.</p>
+
+<p>&mdash;Si t&uacute; no hubieras venido, hubi&eacute;ramos ido todos a tu casa&mdash;exclam&oacute;
+Butr&oacute;n con gran vehemencia&mdash;Como que sin ti no puede hacerse nada y en
+tus manos est&aacute;, en rigor de verdad, la suerte del partido.</p>
+
+<p>La vanidad hizo en el rostro de la Albornoz lo que jam&aacute;s hab&iacute;a
+conseguido la verg&uuml;enza: sonrojarlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, Butr&oacute;n, pobre de m&iacute;!&mdash;exclam&oacute; con su dulce vocecita&mdash;Pues si
+<span class='pagenum'><a name="Page_301" id="Page_301">[301]</a></span>est&aacute; en mi mano, no tenga usted miedo de que la suelte.</p>
+
+<p>Butr&oacute;n comenz&oacute; a exponer el proyecto, como si fuese desconocido de todos
+los presentes, haciendo caso omiso de la junta y presentando con grande
+habilidad la fiesta deseada, como el eje sobre que hab&iacute;a de girar la
+ejecuci&oacute;n del proyecto, la restauraci&oacute;n del trono, la felicidad de
+Espa&ntilde;a y la paz del mundo y el equilibrio europeo. Currita parec&iacute;a
+titubear, porque hab&iacute;a mirado a Jacobo como si le consultase, y este
+frunc&iacute;a las cejas; la p&iacute;cara era ducha y no era del todo f&aacute;cil hacerle
+tragar el anzuelo. El diplom&aacute;tico reforz&oacute; sus argumentos, y el general
+Pastor, con militar franqueza, dijo resueltamente:</p>
+
+<p>&mdash;Condesa, m&aacute;s puede usted hacer en ese baile con su abanico que yo en
+el Norte con mi espada.</p>
+
+<p>Y el se&ntilde;or Pulido, dando vueltas a sus pulgares, a&ntilde;adi&oacute; con suav&iacute;sima
+sonrisa:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, se&ntilde;ora condesa!... Si usted quiere, con raz&oacute;n se llamar&aacute; ese
+baile <i>la dulce alianza</i>...</p>
+
+<p>La dama extendi&oacute; ambas manitas con gesto de c&oacute;mico espanto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, no, no, Pulido, por Dios!... &iexcl;Si as&iacute; se llama la confiter&iacute;a de la
+Carrera de San Jer&oacute;nimo!</p>
+
+<p>La duquesa sali&oacute; entonces a la palestra, y con habilidad mujeril dispar&oacute;
+el m&aacute;s certero saetazo, sirvi&eacute;ndole de ballesta una mentira muy gorda.</p>
+
+<p>&mdash;Despu&eacute;s de todo&mdash;dijo&mdash;, no hay que apurar mucho a Curra, porque si
+ella no puede dar el baile, Isabel Mazac&aacute;n se compromete a darlo...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_302" id="Page_302">[302]</a></span></p><p>El tiro dio en el blanco, y Currita solt&oacute; al pronto la prenda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no he de poder yo?&mdash;dijo&mdash;. La cosa no puede ser m&aacute;s
+f&aacute;cil... Dentro de quince d&iacute;as es Carnaval. &iquest;Les parece a ustedes bien
+un gran baile de trajes?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Te cuesta un sentido!&mdash;murmur&oacute; Jacobo con tan mal humor como si
+hubiera &eacute;l de pagarlo.</p>
+
+<p>Mas la duquesa, que pesc&oacute; al vuelo la frase y comprendi&oacute; la econ&oacute;mica
+idea de monsieur Alphonse, impidi&oacute; que llegase a o&iacute;dos de Currita,
+rompiendo a re&iacute;r a carcajadas; todos la miraron con extra&ntilde;eza...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; te r&iacute;es?...</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, mujer.. Estaba pensando en el traje que escoger&aacute; la se&ntilde;ora
+de Mart&iacute;nez para ir al baile... Como no sea el de Teresa Panza, la mujer
+de Sancho...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IIIcmdash" id="IIIcmdash"></a><a href="#toc">&mdash;III&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>El trato continuo con Bonnat hab&iacute;a despertado en Par&iacute;s las aficiones
+art&iacute;sticas de Currita, y no contenta con el papel de Mecenas, quiso
+cultivar ella misma el arte del divino Apeles. Visit&oacute; a Meissonnier,
+convid&oacute; a comer a Carlos Durand, y pudiendo conseguir que Raimundo
+Madrazo la diese algunas lecciones por pura galanter&iacute;a de cumplido
+<span class='pagenum'><a name="Page_303" id="Page_303">[303]</a></span>caballero, volvi&oacute;se a Madrid, dejando a Rosa Bonheur tama&ntilde;ita y
+roy&eacute;ndose los codos de envidia.</p>
+
+<p>Una vez en la corte, necesit&oacute; tener a su lado un genio complaciente, un
+numen auxiliar que comunicase con sus pinceles vida y expresi&oacute;n a los
+muertos y aplanados monigotes que brotaban de su paleta de artista.
+Hall&oacute;lo, al fin, en Celestino Reguera, famoso acuarelista de la Escuela
+sevillana, de esos que prefieren lo correcto a lo grandioso y tienen en
+m&aacute;s un paisaje de Watteau que una sibila de Miguel &Aacute;ngel. El pincel de
+Celestino entraba y sal&iacute;a por los lienzos de Currita con tanta
+frecuencia y libertad, que al terminar esta sus cuadros pod&iacute;a repetir,
+con harta raz&oacute;n, lo que dijo el monaguillo de marras: &laquo;Yo y el cura le
+dimos los Sacramentos&raquo;.</p>
+
+<p>Pero aun m&aacute;s que de su gloria art&iacute;stica, ocup&oacute;se Currita, a fuer de
+mujer elegante, del marco que hab&iacute;a de encerrarla, instalando en su casa
+un estudio lujos&iacute;simo, digno de Fortuny o de Pradilla, Delaroche o
+Makart. Era una vasta pieza con estudiadas luces de oriente y cenital,
+atestada de preciosidades art&iacute;sticas y arqueol&oacute;gicas, que sobre tapices
+de Beauvais y los Gobelinos cubr&iacute;an todas las paredes, atestaban todas
+las mesas y apenas dejaban un sitio en que poner la planta sin encontrar
+algo que admirar o algo en que tropezar. Bronces antiguos, raras
+porcelanas, macetas de Pompeya con plantas tropicales, l&aacute;mparas &aacute;rabes,
+persas y romanas, igual una de estas a la c&eacute;lebre di capo danno del
+Museo Vaticano; bustos, cuadros, estatuas, yelmos, espadas, partesanas y
+armaduras completas de varias &eacute;pocas rodeaban cual p&aacute;ginas sueltas de la
+historia de todos los tiempos el caballete de Currita, que, colocado en
+luz conveniente, parec&iacute;a recibir un reflejo de la luz del cielo, que el
+grand&iacute;simo tuno de Celestino Reguera aseguraba ser el mismo, mism&iacute;simo
+que derramaba en otro tiempo el grupo de las nueve musas sobre las
+<span class='pagenum'><a name="Page_304" id="Page_304">[304]</a></span>frentes de Rafael, Vel&aacute;zquez y el Ticiano.</p>
+
+<p>Daban la guarda a uno y otro lado de la puerta dos maniqu&iacute;es vestidos de
+reyes de armas del siglo XVI, con gigantescas adargas y dalm&aacute;ticas
+aut&eacute;nticas de terciopelo morado, bordadas de castillos y leones, y
+frente por frente, en el otro extremo de la pieza, y en una especie de
+ancha, alta y profunda hornacina, a que se sub&iacute;a por tres gradas de
+m&aacute;rmol blanco, hab&iacute;a un div&aacute;n turco, cubierto el pavimento por leg&iacute;tima
+alfombra de Persia y mullidos almohadones de raso y terciopelo, y
+decorados el techo y las paredes con mosaicos romanos y de Pompeya,
+bajos relieves egipcios y brillantes azulejos moriscos. All&iacute; estaba el
+narghil&eacute;, regalo de Sidi-Mohammed-Vargas, el embajador de Marruecos, y
+sobre primorosas mesitas de Fez, que no levantaban dos palmos del suelo,
+otras varias pipas en que Jacobo ense&ntilde;aba a Currita a saborear el sue&ntilde;o
+voluptuoso del <i>hatchis</i>, y hab&iacute;a inspirado a Di&oacute;genes, para designar a
+la hur&iacute; de aquel para&iacute;so el gr&aacute;fico nombre de la mona Jenny.</p>
+
+<p>Refugiado en un rinc&oacute;n, oculto como quien est&aacute; all&iacute; de limosna, entre
+una reducci&oacute;n de la estatua de Byron, presentada en Tur&iacute;n por Pozzi, y
+una arca tallada del siglo VI, que dec&iacute;an haber pertenecido a Isabel la
+Cat&oacute;lica, hab&iacute;a otro caballete peque&ntilde;o; all&iacute; pintaba Paquito Luj&aacute;n,
+callado siempre, taciturno, t&iacute;mido y receloso, bajo la direcci&oacute;n tambi&eacute;n
+de Celestino Reguera, que hallaba realmente en el ni&ntilde;o las disposiciones
+art&iacute;sticas que faltaban a la madre.</p>
+
+<p>Gran discusi&oacute;n sosten&iacute;ase en aquel templo de las artes, tres d&iacute;as
+despu&eacute;s de la junta de &iacute;ntimos celebrada en casa del diplom&aacute;tico.
+Currita, sentada ante una preciosa mesa redonda, cuya tapa era un &oacute;nix
+mexicano, examinaba una gran porci&oacute;n de l&aacute;minas y dibujos que le
+presentaba Celestino Reguera, y pas&aacute;balos a su vez a Jacobo y a Tonito
+Cepeda, vago elegant&iacute;simo, entendido en caballos como el hijo de Teseo,
+amateur de todo lo que era arte, y digno por su exquisito gusto de que
+<span class='pagenum'><a name="Page_305" id="Page_305">[305]</a></span>la patria agradecida le votase una pensi&oacute;n en Cortes, como
+representante en Espa&ntilde;a del buen tono parisiense. Tonito Cepeda era m&aacute;s
+que chic, m&aacute;s que <i>pschutt</i>: era <i>v'lan, tschock</i>. Mas el pobrecito
+joven, incapacitado de poner precio a las innumerables consultas que de
+todas partes le dirig&iacute;an, andaba lleno de trampas y no ten&iacute;a d&oacute;nde
+caerse muerto.</p>
+
+<p>Grave era la cuesti&oacute;n que Currita hab&iacute;a sometido el d&iacute;a antes a sus
+despabiladas luces, y digna de sujetarse al arbitraje de un are&oacute;pago de
+elegantes, como Domiciano sujet&oacute; en otro tiempo a las discusiones del
+Senado la salsa en que hab&iacute;a de guisarse un rodaballo. Una vez decidida
+la dama a dar el baile de trajes, la gran fiesta de <i>ancha base</i> en que
+hab&iacute;an de bailar <i>p&ecirc;le-m&ecirc;le</i> tirios y troyanos, rancios personajes que
+figuraban en la <i>Gu&iacute;a</i> y plebeyos burgueses empinados por la Revoluci&oacute;n,
+era necesario encontrar algo nuevo, algo sorprendente que fuera el clou
+de la fiesta y dejase con la boca abierta a los pobrecillos profanos, a
+los Mart&iacute;nez y comparsa, convidados espurios que hubiera dicho el t&iacute;o
+Frasquito, que cuidar&iacute;a muy bien ella de barrer de sus salones en cuanto
+la caritativa empresa de socorrer a los heridos del Norte hubiera dado
+un buen tanteo a sus repletas bolsas.</p>
+
+<p>Las cuadrillas del minu&eacute; y la pavana, las figuras de la zarabanda y la
+chacona, estaban ya muy vistas y hab&iacute;an servido mil veces en
+aristocr&aacute;ticos salones como protesta de acendrado espa&ntilde;olismo contra el
+intruso don Amadeo. Celestino Reguera propuso la idea de representar una
+alegor&iacute;a de Espa&ntilde;a, en que parejas de damas y caballeros hab&iacute;an de lucir
+los trajes caracter&iacute;sticos de las diversas provincias. El proyecto fue
+desechado por Currita.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, Reguera!&mdash;dijo&mdash;&iexcl;Parecer&iacute;a eso un concurso de Geograf&iacute;a!...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_306" id="Page_306">[306]</a></span></p><p>Tonito Cepeda mir&oacute; desde&ntilde;osamente al pintorcillo y propuso uno de esos
+espect&aacute;culos que constituyen jalones de la &eacute;poca en que se verifican:
+imitar la peregrina idea de la Princesa de Segan, que hab&iacute;a resucitado
+en Par&iacute;s las f&aacute;bulas de Esopo dando un gran baile de trajes, en que
+recib&iacute;a ella vestida de pava real y acudieron todos los invitados
+representando cada cual un animalito. &Eacute;l, Tonito Cepeda, hab&iacute;a llamado
+mucho la atenci&oacute;n con su traje elegant&iacute;simo de sapo verde. La idea no
+era nueva, pero estuvo a pique de seducir a Currita; hubi&eacute;rale gustado
+mucho vestirse de gata blanca con botas color de rosa.</p>
+
+<p>Mas Jacobo, con la prudencia con que moderaba todos los gastos de
+Currita desde que met&iacute;a &eacute;l la mano hasta el codo en sus arcas, desech&oacute;
+terminantemente el proyecto, imponiendo m&aacute;s bien que presentando otro
+m&aacute;s econ&oacute;mico y tambi&eacute;n m&aacute;s nuevo... Dos cuadrillas imitando las piezas
+de un juego de ajedrez, blancas y negras, y una partida jugada por ellas
+mismas en forma de contradanza; Luis Fonseca, su compa&ntilde;ero de embajada,
+hab&iacute;alas visto jugar as&iacute; en Conchinchina cuando las fiestas en honor de
+Phara-Norodon, rey de Cambodge. El proyecto fue aceptado con desde&ntilde;osa
+condescendencia por parte de Tonito, con sumisi&oacute;n entera por la de
+Currita, y Celestino Reguera qued&oacute; encargado de traer al d&iacute;a siguiente
+dibujos para el traje de la dama que hab&iacute;a de representar la reina
+blanca, y un soberbio juego de ajedrez, trabajado admirablemente en el
+Jap&oacute;n, cuyas grandes piezas de marfil podr&iacute;an ser copiadas en los dem&aacute;s
+trajes de la cuadrilla.</p>
+
+<p>Currita titubeaba en la elecci&oacute;n de modelo, y Jacobo, con la autoridad
+delegada que ejerc&iacute;a en aquella casa como amigo &iacute;ntimo de Villamel&oacute;n y
+primo cuarto de la condesa, h&iacute;zola decidirse al punto por uno
+cualquiera, el m&aacute;s barato... Currita obedeci&oacute; sin hacer ninguna
+observaci&oacute;n, sin replicar una palabra: conoc&iacute;ase a las claras que estaba
+<span class='pagenum'><a name="Page_307" id="Page_307">[307]</a></span>supeditada por completo a aquel hombre, que &eacute;l era all&iacute; el amo, y todos
+en la casa, desde Villamel&oacute;n hasta Joselito, desde la Albornoz misma
+hasta la &uacute;ltima fregona, obedec&iacute;an servilmente sus &oacute;rdenes, adivinaban
+sus deseos y amoldaban a sus caprichos sus gustos propios. S&oacute;lo dos
+seres, los m&aacute;s d&eacute;biles e indefensos, Paquito y Lil&iacute;, resist&iacute;an a la
+voluntad omnipotente del desvergonzado par&aacute;sito, a quien el instinto de
+&aacute;ngel de ambos ni&ntilde;os representaba siempre como un reptil ba&ntilde;ado por los
+rayos del sol, brillante a la vez que asqueroso.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, a poco de haberse injerido Jacobo en la amistad &iacute;ntima del
+matrimonio, pintaba Currita en su estudio un retrato que dec&iacute;a ser de
+Byron, el poeta querido que en sus cuadros, bustos y estatuas ten&iacute;a
+representado por todas partes; pero que era en realidad la imagen de
+Jacobo perfeccionada por Reguera, ce&ntilde;ida la frente de laurel y abierto
+hasta la mitad del pecho el ancho cuello de su camisa escocesa a la
+antigua. Los dos ni&ntilde;os, embobados de pie a un lado y otro de su madre,
+miraban en silencio correr el pincel de la dama, que con cierta
+complacencia &iacute;ntima daba los &uacute;ltimos toques al airoso y nervudo cuello
+del Byron de contrabando. De pronto, Lil&iacute;, con esa expresi&oacute;n seria y
+meditabunda que toman a veces los ni&ntilde;os, dijo a su madre:</p>
+
+<p>&mdash;Mam&aacute;... &iquest;T&uacute; por qu&eacute; quieres tanto al t&iacute;o Jacobo?...</p>
+
+<p>La condesa se volvi&oacute; sorprendida, apoyada en el tiento, y hasta lleg&oacute; a
+inmutarse algo; mas reponi&eacute;ndose al punto, dijo con mucho cari&ntilde;o:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no le he de querer, hija?... Si es mi primo... tu t&iacute;o...</p>
+
+<p>La ni&ntilde;a movi&oacute; la cabecita haciendo un moh&iacute;n de duda.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;!&mdash;dijo&mdash;. Yo tambi&eacute;n quiero al primo Bautista y al primo Carlos...
+<span class='pagenum'><a name="Page_308" id="Page_308">[308]</a></span>Pero m&aacute;s que a ti y a Paquito, no..., no..., no...!</p>
+
+<p>Y se ech&oacute; a llorar amargamente, con el coraz&oacute;n encogido, escondiendo la
+preciosa carita en el seno de su madre, como si buscara all&iacute; lo que
+encuentra la m&aacute;s peque&ntilde;a golondrina en el fondo de su nido: el calor de
+la ternura materna. Paquito nada hab&iacute;a dicho; p&uacute;sose muy encarnado, con
+ese santo carm&iacute;n con que el pudor instintivo ti&ntilde;e las facciones de la
+inocencia, y destrozando entre sus deditos, sin darse cuenta de ello,
+una anforita romana, extra&ntilde;o lacrimatorio de vidrio que hab&iacute;a sobre una
+mesa, ocult&oacute; con varonil esfuerzo las gruesas l&aacute;grimas que le brotaban
+de los ojos.</p>
+
+<p>En otra ocasi&oacute;n, algunos meses m&aacute;s tarde, acerc&aacute;base el d&iacute;a del santo de
+Currita, 10 de octubre, fiesta de san Francisco de Borja. Los dos ni&ntilde;os
+tramaban juntos una conspiraci&oacute;n para dar una sorpresa a su madre.
+Paquito, en quien comenzaban a revelarse sus notables disposiciones para
+la pintura, especialmente de retratos, hab&iacute;a pintado al pastel uno de su
+padre, un Villamel&oacute;n deforme, color de zanahoria, que parec&iacute;a tener el
+carrillo izquierdo hinchado, pero no por eso dejaba de tener con el
+original un m&aacute;s que mediano parecido. Era lo m&aacute;s notable del retrato la
+parte de la frente y la cabeza, en que el ni&ntilde;o hab&iacute;a copiado fielmente
+la escasa cabellera de su padre, partida con una raya por en medio y
+form&aacute;ndole sobre ambas orejas dos peque&ntilde;os cuernecitos a lo Napole&oacute;n
+III, que hab&iacute;a alargado m&aacute;s de lo conveniente la impericia del artista.
+Lil&iacute;, por su parte, hab&iacute;a hecho con ayuda de Miss Buteffull, que estaba
+en el secreto, un marco de piel de Rusia, con flores de realce; y
+reuniendo ambos su trabajo, qued&oacute; completo el regalo; al pie de este,
+escribi&oacute; Miss Buteffull con su mejor letra inglesa: &laquo;A su querida mam&aacute;
+en el d&iacute;a de su santo&raquo;; y lo firmaron ambos ni&ntilde;os, <i>Lil&iacute;</i>, <i>Paquito</i>.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh! La obra era magna, hab&iacute;a costado mucho y preciso era que los
+<span class='pagenum'><a name="Page_309" id="Page_309">[309]</a></span>autores se cobrasen, presenciando por completo la alegre sorpresa de su
+madre... Lleg&oacute; el ansiado d&iacute;a, y ocultando Lil&iacute; bajo su capita de pieles
+el magn&iacute;fico regalo, entr&aacute;ronse ambos ni&ntilde;os a hurtadillas en el estudio
+de su madre: all&iacute; sol&iacute;a venir ella todos los d&iacute;as antes de almorzar,
+bastante despu&eacute;s de las doce, y era la ocasi&oacute;n m&aacute;s a prop&oacute;sito para
+darle la sorpresa. En el caballete de Currita, sobre el cuadro mismo que
+estaba pintando, coloc&oacute; Paquito con sumo cuidado su obra maestra...
+Luego, ri&eacute;ndose como &aacute;ngeles del cielo, con la agitaci&oacute;n de las grandes
+expectaciones, con la candorosa confianza en el m&aacute;s santo de los
+cari&ntilde;os, corrieron presurosos a ocultarse entre los innumerables
+cachivaches, debajo de una papelera antigua de acero, ocultos por un
+gran tapiz, que ten&iacute;a unas figuras muy largas, muy secas, muy feas: las
+tres Parcas... Ve&iacute;ase desde all&iacute; el caballete, destac&aacute;ndose en medio el
+monigote, y los dos ni&ntilde;os, muy agazapados, muy juntitos, apret&aacute;ndose el
+uno contra el otro, contemplaban su obra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bien est&aacute;!&mdash;dec&iacute;a Lil&iacute;.</p>
+
+<p>Pas&oacute; media hora; Lil&iacute; se impacientaba y estiraba las piernas.</p>
+
+<p>&mdash;No viene&mdash;dec&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calla, tonta!...</p>
+
+<p>Son&oacute; un ruido; Lil&iacute; dio un codazo a su hermano; susurr&oacute;le al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya viene!&mdash;Y se encogi&oacute; mucho, mucho...</p>
+
+<p>Y ven&iacute;a, en efecto; pero no ven&iacute;a sola... Ven&iacute;a con ella el t&iacute;o Jacobo,
+hablando de cosas que ellos no entend&iacute;an, &iexcl;qu&eacute; fastidio! Deudas que era
+menester pagar, acreedores que quer&iacute;an cobrarse, una firma que era
+<span class='pagenum'><a name="Page_310" id="Page_310">[310]</a></span>necesario sorprender a Villamel&oacute;n al pie de un pagar&eacute; por tres veces
+protestado... Un pr&eacute;stamo, un mero pr&eacute;stamo pagadero al verificarse la
+Restauraci&oacute;n, cuando pudiera &eacute;l cobrar lo que hab&iacute;an valido ciertos
+misteriosos papelitos...</p>
+
+<p>Jacobo hablaba con voz desmayada, y anim&aacute;bale Currita, muy alegre, muy
+satisfecha, diciendo a todo que s&iacute;, que no tuviera cuidado... De pronto
+mir&oacute; al caballete.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso?...</p>
+
+<p>Los ni&ntilde;os no respiraban y apret&aacute;banse mucho, muy pegaditos, muy
+pegaditos... Son&oacute; entonces una carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Has visto?...</p>
+
+<p>Otra risa de hombre, la del t&iacute;o Jacobo, hizo coro a la primera, oy&eacute;ndose
+esta vez:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Valiente majadero!...</p>
+
+<p>Y volvieron a re&iacute;rse los dos, el t&iacute;o Jacobo y la madre, con una risa que
+desconcert&oacute; por completo a los ni&ntilde;os, porque no era la risa alegre,
+tierna, agradecida, rebosando amor y ternura de madre que ellos
+esperaban, sino una risa acre, burlona, desvergonzada, que les
+recordaba, sin saber por qu&eacute;, la que usan para insultarse las mujeres
+malas de la calle...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; ocurrencia!... &iexcl;Pobres criaturas!... &iexcl;Y qu&eacute; fe&iacute;simo est&aacute; el
+<span class='pagenum'><a name="Page_311" id="Page_311">[311]</a></span>babieca!... Mira, parece que tiene dolor de muelas. &iexcl;Qu&eacute; delicia!...</p>
+
+<p>&mdash;Y el chico le coron&oacute; de firme...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues es verdad!...</p>
+
+<p>Hubo entonces un infame cuchicheo de risas y palabras entrecortadas...
+Algo cogieron de una mesa, algo pusieron en el retrato, y de nuevo
+resonaron aquellas carcajadas que hac&iacute;an da&ntilde;o.</p>
+
+<p>Los ni&ntilde;os nada dec&iacute;an; hab&iacute;anse apartado el uno del otro como si
+temieran comunicarse sus impresiones, y estaban all&iacute; acurrucados,
+quietos, muy calladitos..., muy calladitos...</p>
+
+<p>Un criado entr&oacute; en el estudio anunciando que el almuerzo estaba servido,
+y Jacobo y Currita se fueron a poco sin volver a ocuparse m&aacute;s del regalo
+de los ni&ntilde;os.</p>
+
+<p>Paquito sali&oacute; el primero: ten&iacute;a el aire de un chico que ha sentido en
+una pesadilla un peso enorme, que no ve, ni palpa, ni comprende, pero
+que le oprime y le anonada y le deja el pecho jadeante. Lil&iacute; sali&oacute;
+despu&eacute;s y se le qued&oacute; mirando; los dos se acercaron al retrato.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Uy!&mdash;dijo Lil&iacute; desolada&mdash;&iexcl;Lo que le han puesto!...</p>
+
+<p>Una mano infame hab&iacute;a trazado con carb&oacute;n de dise&ntilde;ar, en los dos ricitos
+del retrato, la prolongaci&oacute;n m&aacute;s sarc&aacute;stica, el insulto m&aacute;s villano.</p>
+
+<p>El ni&ntilde;o se puso muy rojo, luego p&aacute;lido, muy p&aacute;lido. Cogi&oacute; el retrato,
+escondi&oacute;lo bajo el gab&aacute;n y fuese hacia la puerta sin decir palabra. Lil&iacute;
+se puso a llorar; entonces volvi&oacute; el ni&ntilde;o y le dio un besito.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_312" id="Page_312">[312]</a></span></p><p>&mdash;No llores, tonta...</p>
+
+<p>&Eacute;l no lloraba; estaba muy serio, con las naricillas p&aacute;lidas, la boca
+seca, blancos los labios... Empin&oacute; el dedo y dijo mirando a la alfombra:</p>
+
+<p>&mdash;Y no digas nada a mademoiselle... &iquest;Sabes? Nada, nada... Yo me voy a mi
+cuarto.</p>
+
+<p>Y se fue a su cuarto el inocente, y all&iacute;, en aquella soledad en que
+nadie hab&iacute;a de consolarlo, llor&oacute; a l&aacute;grima viva, llor&oacute; a raudales...
+Porque sent&iacute;a una pena profunda que le destrozaba el coraz&oacute;n sin
+comprenderla, como destroza las entra&ntilde;as sin dar la cara un c&aacute;ncer
+oculto; porque sent&iacute;a una verg&uuml;enza, por decirlo as&iacute;, an&oacute;nima, que le
+hac&iacute;a ocultar el rostro ba&ntilde;ado en l&aacute;grimas en la blanca almohadita... &iquest;Y
+por qu&eacute;, por qu&eacute; sent&iacute;a &eacute;l aquella verg&uuml;enza, si era bueno y amaba a su
+padre y a su madre, y adoraba a Lil&iacute;, y ten&iacute;a siempre notas de
+sobresaliente, y le rezaba a Dios todos los d&iacute;as, y tambi&eacute;n a la Virgen
+Sant&iacute;sima que estaba all&iacute; delante, en un cuadro, con el Ni&ntilde;o en los
+brazos?...</p>
+
+<p>Se seren&oacute; un poco. &iexcl;Oh! Qu&eacute; feliz debi&oacute; de ser aquel Ni&ntilde;o divino con
+poder llamar a aquella Madre tan pura: &iexcl;Madre!... &iexcl;Madre!...</p>
+
+<p>Muy pocos d&iacute;as despu&eacute;s Currita retir&oacute; repentinamente a su hijo del
+colegio de Nuestra Se&ntilde;ora del Recuerdo. Contaba ya el ni&ntilde;o doce a&ntilde;os, y
+el padre rector manifest&oacute; a su padre, un d&iacute;a de visita, que era menester
+disponerle para recibir la primera Comuni&oacute;n. Currita no estaba delante,
+y Villamel&oacute;n se apresur&oacute; a aprobar la idea. Quer&iacute;a &eacute;l, ante todo, que su
+hijo fuese cristiano.</p>
+
+<p>&mdash;Y no crea usted, padre rector, esto me viene de casta. Mi mujer es
+<span class='pagenum'><a name="Page_313" id="Page_313">[313]</a></span>parienta de san Francisco de Borja y yo lo soy de santa Teresa, y por
+los Benedetti, de san Francisco de Caracciolo...</p>
+
+<p>&iexcl;Ah! Los Villamel&oacute;n hab&iacute;an sido siempre muy piadosos... Celebraban todos
+los a&ntilde;os una novena a san Roque, abogado de la peste, en Quintanar de
+Oreja, donde ten&iacute;an posesiones. El era patrono de la iglesia y ten&iacute;a
+facultad para nombrar al p&aacute;rroco.&mdash;&iquest;Usted me entiende, padre rector?...</p>
+
+<p>El rector lo entendi&oacute; muy bien, y confiando en san Francisco Caracciolo,
+dio otro paso adelante; la fiesta de la primera Comuni&oacute;n hab&iacute;a de
+celebrarse el 19 de marzo, d&iacute;a de san Jos&eacute;, y parec&iacute;a natural, era muy
+conveniente, ser&iacute;a muy edificante que &eacute;l, padre del ni&ntilde;o, y la se&ntilde;ora
+condesa, su madre, le acompa&ntilde;aran a la Sagrada Mesa. Tambi&eacute;n acept&oacute;
+Villamel&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, se&ntilde;or, padre rector, comulgar&eacute; con mi hijo!... Mi santa madre lo
+dec&iacute;a: conviene tener con Dios ciertas atenciones. &iquest;Usted me
+entiende?... Y adem&aacute;s, esas escenas de familia me conmueven; yo aspiro a
+una familia patriarcal... Mi madre era una santa; mi mujer es un &aacute;ngel
+que se mira en mis ojos y no tiene voluntad propia: Currita, esto;
+Curra, lo otro, eso hace. &iquest;Usted me entiende, padre rector?...</p>
+
+<p>El rector, que era escrupuloso, no se atrevi&oacute; a decir que entend&iacute;a por
+miedo de soltar una mentirilla, y Villamel&oacute;n prosigui&oacute; con el aire de un
+monarca que se brinda a ser padrino de un pordiosero:</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, padre rector, comulgaremos los dos con el ni&ntilde;o, y yo, no
+crea usted, vendr&eacute; de uniforme.</p>
+
+<p>El rector, que cazaba de largo y ve&iacute;a venir las cosas de lejos,
+prev&iacute;nole que ser&iacute;a conveniente vinieran ya los dos confesados al
+<span class='pagenum'><a name="Page_314" id="Page_314">[314]</a></span>colegio, porque los padres de all&iacute; andaban siempre faltos de tiempo y
+quiz&aacute; les fuera imposible despacharlos.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente, padre rector, corriente... Yo tengo mi confesor fijo; nunca
+me he confesado con otro... El padre Pareja, excelente sujeto. &iexcl;Un
+santo, padre rector, un santo! &iquest;Usted me entiende?</p>
+
+<p>El padre rector lo entendi&oacute; tan bien, que estuvo a pique de soltar la
+risa. El padre Pareja, confesor ordinario del se&ntilde;or marqu&eacute;s, hab&iacute;a
+muerto diez a&ntilde;os antes.</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n volvi&oacute; a su casa muy satisfecho y refiri&oacute; a Currita el
+compromiso que hab&iacute;a contra&iacute;do. Ella, con la r&aacute;pida percepci&oacute;n de su
+claro entendimiento, comprendi&oacute; al punto todo lo grave del compromiso, y
+una idea horrible, la del sacrilegio, cruz&oacute; por su mente cual un p&aacute;jaro
+siniestro... Mas se detuvo asustada ante ella, porque aun la mala mujer
+espa&ntilde;ola es rara vez imp&iacute;a; all&aacute;, en el fondo de su coraz&oacute;n, cree
+siempre y teme, y menos aterra el sacrilegio a la falsa devota que a la
+francamente escandalosa. Su fecunda imaginaci&oacute;n ofreci&oacute;le al punto otro
+expediente digno de la superiora de Port-Royal, la m&iacute;stica jansenista
+Sof&iacute;a Arnaud.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; est&aacute;s diciendo, Fernandito?... &iquest;Comulgar un ni&ntilde;o de doce
+a&ntilde;os?... &iexcl;Qu&eacute; barbaridad!... Eso es una irreverencia y yo no puedo
+permitirlo.</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n abri&oacute; la boca espantado.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer, Curra, &iquest;sabes?... Si el padre rector dice que s&iacute;...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_315" id="Page_315">[315]</a></span></p><p>&mdash;Pues yo digo que no. &iexcl;Nadie comulga en Francia antes de los catorce
+a&ntilde;os... lo menos!</p>
+
+<p>&mdash;Pero como estamos en Espa&ntilde;a...</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Fernandito, vida m&iacute;a; te he dicho que no hables en ninguna
+parte... Eso no es cuesti&oacute;n de clima. &iquest;Te enteras?... De modo que ma&ntilde;ana
+vuelves al colegio y le dices a ese se&ntilde;or rector, de mi parte, que yo no
+permito que Paquito comulgue sin estar convenientemente preparado... &iexcl;He
+dicho!</p>
+
+<p>En vano aleg&oacute; el padre rector que el ni&ntilde;o lo estaba de sobra, que aquel
+rigorismo franc&eacute;s era un resto del jansenismo que las indicaciones de la
+Iglesia y el celo del clero hab&iacute;an ya hecho desaparecer por completo, y
+que era una maldad, un verdadero delito, privar por tanto tiempo a un
+alma inocente del auxilio de un sacramento que obra ex opere operato...
+Villamel&oacute;n se encog&iacute;a de hombros, no comprendiendo bien de qu&eacute; <i>&oacute;peras</i>
+se trataba; los astutos escr&uacute;pulos de Currita no ced&iacute;an, y sospechando
+el padre rector la hip&oacute;crita hilaza, dijo terminantemente que, de seguir
+el ni&ntilde;o en el colegio, comulgar&iacute;a el d&iacute;a de san Jos&eacute;, sin el permiso de
+sus padres. Indign&oacute;se con esto Currita, y para evitar la horrenda
+profanaci&oacute;n, apresur&oacute;se a retirar al ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>Entonces comenz&oacute; el inocente a fijar su candorosa atenci&oacute;n en las
+extra&ntilde;as escenas que pasaban en su casa. Solo casi siempre el pobre ni&ntilde;o
+escap&aacute;base a las caballerizas, donde pasaba la mayor parte del d&iacute;a entre
+lacayos y mozos de cuadra, escuchando conversaciones que al principio le
+hac&iacute;an enrojecer y acabaron por hacerle re&iacute;r, a medida que se le iba
+encalleciendo el pudor, especie de epidermis delicad&iacute;sima que preserva
+la pureza del alma. El enano don Joselito le divert&iacute;a mucho, y a &eacute;l
+acud&iacute;a con dudas misteriosas que el malvado pigmeo se apresuraba a
+<span class='pagenum'><a name="Page_316" id="Page_316">[316]</a></span>resolver, poni&eacute;ndole de manifiesto secretos tan curiosos como los que
+descubr&iacute;a a su disc&iacute;pulo el Diablo Cojuelo, el impuro y asqueroso
+Asmodeo...</p>
+
+<p>El ni&ntilde;o iba atando cabos.</p>
+
+<p>Vino entonces a la corte una famosa compa&ntilde;&iacute;a dram&aacute;tica francesa, y
+Currita mand&oacute; reservar el abono de un palco para que fuesen los ni&ntilde;os
+todas las noches al teatro. Hablaban aquellas criaturas un franc&eacute;s tan
+chabacano, tan de provincia, que era preciso aprendiesen de viva voz el
+puro acento parisiense. En aquella escuela de acento y de prosodia
+sigui&oacute; el ni&ntilde;o atando cabos, y un d&iacute;a, despu&eacute;s de una larga conversaci&oacute;n
+con don Joselito, en que el maldito enano tante&oacute; todo lo que pod&iacute;a
+esperar su codicia de aquel &aacute;nimo generoso si consegu&iacute;a iniciarle de una
+vez y guiarle m&aacute;s tarde por los laberintos del vicio, el ni&ntilde;o at&oacute; el
+&uacute;ltimo cabo... Desde entonces vari&oacute; de car&aacute;cter; hab&iacute;a visto m&aacute;s de lo
+que esperaba ver, y una gran verg&uuml;enza clara ya y distinta, y un odio
+feroz, implacable y reconcentrado, nacieron a la vez en su coraz&oacute;n,
+impidi&eacute;ndole aquella levantar los ojos delante del &uacute;ltimo lacayo,
+haci&eacute;ndole este afilar en silencio el pu&ntilde;al de su rencor, para cuando &eacute;l
+fuera hombre, para cuando &eacute;l mandara en su casa...</p>
+
+<p>Su padre le inspiraba desprecio, su madre despego, y s&oacute;lo segu&iacute;a
+adorando a Lil&iacute;, &uacute;nico &aacute;ngel que quedaba ya en la casa. En cuanto a
+Jacobo, evitaba su presencia en lo posible, y m&aacute;s de una vez sorprendi&oacute;
+Currita, con verdadero miedo, en los ojos del ni&ntilde;o una mirada de rencor
+profundo, que reluc&iacute;a entre sus largas pesta&ntilde;as rubias como un acero al
+salir de la vaina. Dedic&oacute;se entonces con ardor a la pintura, y pasaba
+largas horas pintando en su caballete, teniendo a Lil&iacute; sentada a su
+lado, cual si fuese el &aacute;ngel de su guarda. As&iacute; los sorprendieron aquel
+d&iacute;a los que para trazar el plan del baile de trajes entraban con
+<span class='pagenum'><a name="Page_317" id="Page_317">[317]</a></span>Currita, y los ni&ntilde;os, resistiendo a la curiosidad, permanecieron en su
+rinc&oacute;n callados e inm&oacute;viles. Mas cuando Celestino Reguera comenz&oacute; a
+formar sobre el tablero maqueado las magn&iacute;ficas piezas del ajedrez, y se
+puso Jacobo a explicar el pintoresco modo como hab&iacute;an de moverse al
+jugar la partida las personas que las representaran, Lil&iacute; no pudo
+resistir la tentaci&oacute;n y aproxim&oacute;se al grupo de puntillas, haciendo se&ntilde;as
+silenciosas a su hermano para que viniese. &iexcl;Era aquello tan bonito!...</p>
+
+<p>El ni&ntilde;o se decidi&oacute; al fin, y levant&oacute;se para mirar un momento, con la
+paleta en una mano y el tiento en la otra. Hab&iacute;a crecido mucho, iba ya a
+cumplir trece a&ntilde;os y promet&iacute;a ser muy lindo de cara, y de cuerpo esbelto
+a la vez que fornido. Acerc&oacute;se al grupo, sonriendo a Lil&iacute;, y p&uacute;sose a
+mirar, empin&aacute;ndose un poco, por detr&aacute;s de su madre y al lado mismo de
+Jacobo. De repente, en el calor de su explicaci&oacute;n, hizo este un brusco
+movimiento con el brazo y peg&oacute; en la paleta del ni&ntilde;o; desprendi&oacute;sele
+esta con fuerza de la mano, y fue a caer sobre la manga izquierda de
+Jacobo, manch&aacute;ndosela toda de pintura. El muchacho retrocedi&oacute; un paso,
+poni&eacute;ndose l&iacute;vido.</p>
+
+<p>Volvi&oacute;se Jacobo col&eacute;rico, soltando impaciente una sucia palabrota, con
+esa obscena groser&iacute;a que se oculta con frecuencia bajo las pulidas
+formas sociales de ciertos hombres y brota espont&aacute;neamente en cuanto la
+excita la ira o la impulsa una confianza sin decoro. El chico, al o&iacute;rla,
+mir&oacute; iracundo a su madre y a Jacobo, haciendo un gesto amenazador, en
+que se ve&iacute;a palpitar el hombre bajo la fr&aacute;gil envoltura del ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;grit&oacute; Jacobo desafi&aacute;ndole&mdash;. Nadie te ha llamado aqu&iacute;... &iexcl;Vete!</p>
+
+<p>Inyect&aacute;ronse en sangre los ojos del ni&ntilde;o, y dio tan fuerte golpe con el
+tiento, que lo rompi&oacute; en dos pedazos.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_318" id="Page_318">[318]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;No me da la gana!&mdash;grit&oacute;.</p>
+
+<p>Jacobo hizo adem&aacute;n de lanzarse a &eacute;l, mas Currita le detuvo asustada...
+El ni&ntilde;o, ronca la voz por la ira, breve y cortada como la de un
+calenturiento, volvi&oacute; a gritar:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No me da la gana!... &iexcl;Vete de aqu&iacute;!... &iexcl;Aqu&iacute; no mandas t&uacute;!... &iexcl;Esta
+no es tu casa!...</p>
+
+<p>Y se detuvo jadeante, sin voz, en medio de un silencio siniestro,
+parecido al que reina en la tempestad entre r&aacute;faga y r&aacute;faga... Jacobo
+hab&iacute;ase vuelto con los pu&ntilde;os apretados, tartamudeando entre sus labios
+blancos de ira:</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; pidiendo un cachete...</p>
+
+<p>No termin&oacute; la frase: con la fuerza y prontitud que caracterizan al le&oacute;n
+en su ataque, con la sanguinaria avidez con que el cachorro de un tigre
+se arroja sobre su primera presa, lanz&oacute;se el ni&ntilde;o a Jacobo, clav&aacute;ndole
+las u&ntilde;as en la garganta, d&aacute;ndole cabezadas en el rostro, pate&aacute;ndole todo
+el cuerpo con las robustas piernecillas, que parec&iacute;an tener m&uacute;sculos de
+acero. Sorprendido Jacobo, rechaz&oacute; el brusco ataque, separando al ni&ntilde;o
+con un poderoso esfuerzo de sus nervudos brazos, y arroj&oacute;lo lejos de s&iacute;,
+cual si fuese un saco de arena, a cuatro pasos de distancia; su cabeza
+fue a chocar contra un enorme jarr&oacute;n japon&eacute;s, de bronce antiguo, que
+despidi&oacute; un sonido met&aacute;lico.</p>
+
+<p>Con los ojos dilatados de terror, p&uacute;sose Lil&iacute; a su lado de un salto y
+levant&oacute; entre sus manos la l&iacute;vida cabecita. Celestino le cogi&oacute; en sus
+<span class='pagenum'><a name="Page_319" id="Page_319">[319]</a></span>brazos y llev&oacute;selo apresuradamente fuera de la estancia.</p>
+
+<p>Qued&oacute; Lil&iacute; arrodillada en la alfombra, mostrando a su madre sus manitas
+ensangrentadas, tartamudeando con la opaca vibraci&oacute;n de un terror sin
+medida:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sangre!... Mam&aacute;... &iexcl;Sangre!...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IVcmdash" id="IVcmdash"></a><a href="#toc">&mdash;IV&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Pedro L&oacute;pez crey&oacute; sucumbir de pl&eacute;tora de inspiraci&oacute;n al dar cuenta en
+<i>La Flor de Lis</i> del gran baile de <i>ancha base</i> celebrado el lunes de
+Carnaval en casa de los excelent&iacute;simos se&ntilde;ores marqueses de
+Villamel&oacute;n... Hay situaciones, hay espect&aacute;culos que el hombre comprende
+y admira con su instinto, pero no puede describir ni comentar con su
+talento; en tales casos, el poeta m&aacute;s grande, el escritor m&aacute;s maestro,
+es el que exhala el grito m&aacute;s natural, la exclamaci&oacute;n m&aacute;s vehemente...
+Por eso juzg&oacute; Pedro L&oacute;pez la mejor manera de describir el m&aacute;gico baile
+estampar al frente de una cuartilla un &laquo;&iexcl;&iexcl;&iexcl;Oh!!!&raquo; profundo, un verdadero
+<i>do</i> de pecho literario, y dejar todo lo dem&aacute;s en blanco.</p>
+
+<p>M&aacute;s all&aacute;, por la madrugada, cuando retirado en la <i>serre</i> tomaba
+apresuradamente algunas notas, acerc&oacute;sele Butr&oacute;n, rendido y satisfecho,
+como el caudillo despu&eacute;s de la victoria, y adelantando la torneada
+pierna que el calz&oacute;n corto y la media de seda negra ce&ntilde;&iacute;an por completo,
+haciendo ondular con juvenil garbo la airosa capa veneciana, d&iacute;jole con
+entonaci&oacute;n solemne, con misterio profundo, meti&eacute;ndole la punta de la
+<span class='pagenum'><a name="Page_320" id="Page_320">[320]</a></span>nariz dentro de la oreja izquierda:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;L&oacute;pez!... &iexcl;Mucho ojo!... Su <i>compte-rendu</i> de usted nos asegura el
+triunfo... Que toda esa gentecilla cursi vea su nombre en <i>La Flor de
+Lis</i>, ensalzada por el <i>reporter</i> elegante de los salones, y es nuestra
+para siempre... &iexcl;Fuera escr&uacute;pulos!... &iexcl;La de Mart&iacute;nez, bell&iacute;sima!... &iexcl;La
+Garc&iacute;a G&oacute;mez, encantadora!... Esta que viene aqu&iacute;, un portento; la
+Victoria Colonna, de este siglo...</p>
+
+<p>Y atento y obsequioso, corri&oacute; a estrechar la mano de la Victoria Colonna
+del siglo XIX, una jamona muy madura, de metro y medio de largo y doce
+arrobas de peso, vestida de Safo, con corona de mirtos en la cabeza,
+lira de lat&oacute;n dorado en la mano, y en la chata nariz&mdash;&iexcl;Manes de Phaon,
+estaos quedos!&mdash;&iexcl;gafas de oro!...</p>
+
+<p>Era la excelent&iacute;sima se&ntilde;ora do&ntilde;a Paulina G&oacute;mez de Rebollar de Gonz&aacute;lez
+de Hermosilla, eminente literata, poetisa afamada, a quien Butr&oacute;n hab&iacute;a
+echado el ojo para secretaria de la junta de se&ntilde;oras.</p>
+
+<p>La redada hab&iacute;a sido, en efecto, completa y calific&aacute;bala Butr&oacute;n de
+<i>pesca milagrosa</i>; el caritativo anzuelo de socorrer a los heridos del
+Norte hab&iacute;a prendido en todos los corazones, verificando la fusi&oacute;n
+deseada, y el heterog&eacute;neo personal de la Asociaci&oacute;n de se&ntilde;oras qued&oacute;
+reclutado, faltando tan s&oacute;lo organizarlo. Triunfante Butr&oacute;n y
+rejuvenecido, felicitaba a unos, animaba a otros, multiplic&aacute;base por
+todas partes, tendiendo siempre la ca&ntilde;a, y entre el calorcillo de la
+cena y el humo de las satisfacciones, estuvo a pique de desquiciarse
+aquella cabeza tan firme, hasta el punto de pasar por ella la idea de
+invitar para el cotill&oacute;n a la excelent&iacute;sima se&ntilde;ora do&ntilde;a Paulina G&oacute;mez de
+Rebollar de Gonz&aacute;lez de Hermosilla. Un extra&ntilde;o rumor que comenzaba a
+circular por los salones vino a detenerle al borde del abismo, m&aacute;s
+profundo que el agitado mar, sepulcro de la Safo aut&eacute;ntica, al pie de la
+<span class='pagenum'><a name="Page_321" id="Page_321">[321]</a></span>roca de L&eacute;ucades.</p>
+
+<p>Susurr&aacute;base que all&aacute;, en un apartado gabinete, hab&iacute;a surgido un lance de
+honor entre dos personajes de mucha cuenta. Azorado Butr&oacute;n, corri&oacute; a
+informarse por s&iacute; mismo, temeroso de que aquel incidente imprevisto
+viniese a romper los lazos de uni&oacute;n con tanto trabajo anudados. Acerc&oacute;se
+a un grupo; en medio peroraba Gorito Sardona, vestido de pe&oacute;n de ajedrez
+y muy enterado del caso; hab&iacute;alo presenciado todo y era uno de los
+contendientes el t&iacute;o Frasquito.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Polaina!&mdash;exclam&oacute; Di&oacute;genes&mdash;. &iquest;Y a qu&eacute; es el duelo?... &iquest;A tijera o a
+aguja?...</p>
+
+<p>&mdash;Algo parecido anda de por medio&mdash;replic&oacute; Gorito.</p>
+
+<p>Y prosigui&oacute; diciendo, con grandes ponderaciones y mucho misterio, que el
+otro contendiente era sir Roberto Beltz, capit&aacute;n de guardias agregado a
+la embajada inglesa, hombre muy posma, muy pregunt&oacute;n, muy aficionado a
+investigar el porqu&eacute; de todas las cosas, y met&oacute;dico y ordenado hasta el
+punto de re&iacute;rse por la ma&ntilde;ana de los chistes o&iacute;dos la noche antes.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r hablar de sir Roberto Beltz, hizo Di&oacute;genes un gesto como si le
+asaltara gran tentaci&oacute;n de risa, y qued&oacute;se, sin embargo, muy serio
+escuchando la narraci&oacute;n del gomoso. De ella resultaba que el t&iacute;o
+Frasquito hab&iacute;a observado con sorpresa al principio, con recelo luego y
+con inquietud m&aacute;s tarde, que sir Roberto Beltz le segu&iacute;a a todos los
+lados sin perderle un momento de vista; atribuy&oacute;lo, al pronto, a la
+admiraci&oacute;n que pudiera causarle su magn&iacute;fico traje de gran mandar&iacute;n,
+capaz de despertar las envidias del <i>Mikado</i>, porque era el t&iacute;o
+Frasquito el feliz mortal que hab&iacute;a tenido la honra insigne de figurar
+como rey <span class='pagenum'><a name="Page_322" id="Page_322">[322]</a></span>blanco, al lado de Currita, en la famosa partida de ajedrez
+que acababa de representarse. Mas al terminar esta, encontr&oacute;selo
+repetidas veces entre los frecuentes apretones del baile, roz&aacute;ndolo
+siempre con intenci&oacute;n muy marcada y sacudi&eacute;ndole en dos ocasiones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Unos codazos&mdash;dec&iacute;a la v&iacute;ctima en su cap&iacute;tulo de
+cargos&mdash;horrorrosos..., horrorrosos!... Ni m&aacute;s ni menos que si
+pretendiese averriguarr si sonaba yo a hueco...</p>
+
+<p>Y algo m&aacute;s tarde, hall&aacute;ndose el venerable mandar&iacute;n hablando con unas
+se&ntilde;oras, un poco inclinado hacia adelante por estar ellas sentadas,
+acerc&oacute;sele sir Roberto con mucho disimulo, oculto entre el gent&iacute;o, y sin
+provocaci&oacute;n ninguna, sin objeto alguno justificado, &iexcl;zas!, hundi&oacute;le con
+flema brit&aacute;nica, hasta la cabeza, un alfiler en la nalga izquierda...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Majadero!&mdash;exclam&oacute; Di&oacute;genes&mdash;Si le dije que era la derecha... La
+derecha es la de corcho.</p>
+
+<p>Y en medio del pasmo de todos y de sus risas despu&eacute;s, explic&oacute; entonces
+Di&oacute;genes el enigma... Mientras las cuadrillas del ajedrez bailaban,
+hall&aacute;base sir Roberto Beltz al lado de Di&oacute;genes, mirando con grande
+atenci&oacute;n al t&iacute;o Frasquito, que muy pomposo y satisfecho en su papel de
+rey, mov&iacute;ase con pausa y majestad sobre el tapiz a cuadros rojos y
+blancos que representaba el tablero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n es ese <i>goven</i>?&mdash;pregunt&oacute; a Di&oacute;genes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;<i>Goven</i>?... &iexcl;Polaina!... Dos a&ntilde;os me lleva a m&iacute;, y tengo sesenta y
+tres; conque ajuste usted la cuenta.</p>
+
+<p>Estir&oacute;se la cara de pasmo perpetuo de sir Roberto, y Di&oacute;genes acrecent&oacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_323" id="Page_323">[323]</a></span>su asombro, a&ntilde;adiendo muy serio:</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute;, donde lo ve usted, lleva en el cuerpo treinta y dos cosas
+postizas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, se&ntilde;or de Di&oacute;genes! Usted estar un andaluz muy crecido...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que no?... Pues vaya usted contando...</p>
+
+<p>Y comenz&oacute; a enumerar los componentes que supon&iacute;a en el t&iacute;o Frasquito la
+leyenda, acabando por poner en el cat&aacute;logo la nalga de corcho. Sir
+Roberto, asombrado, creyendo encontrar un nuevo modelo de <i>hombre
+cl&aacute;stico</i> que colocar en el British Museum, quiso aplicar al hallazgo su
+m&eacute;todo experimental, y recibi&oacute;, en cambio, un espont&aacute;neo abanicazo que,
+en la irascibilidad de sus nervios excitada, le sacudi&oacute; el t&iacute;o Frasquito
+con su abanico de mandar&iacute;n en lo alto de la cabeza.</p>
+
+<p>La sangre no lleg&oacute;, sin embargo, al r&iacute;o; intervino Currita muy indignada
+contra las zafias bromas de Di&oacute;genes, y puso fin a la contienda
+apoy&aacute;ndose en el brazo de sir Roberto Beltz, para dar una vuelta por la
+<i>serre</i>, y encargando antes al t&iacute;o Frasquito que convidase para el d&iacute;a
+siguiente a comer con ella a todos los que hab&iacute;an tomado parte en las
+dos cuadrillas, blanca y negra. Fernandito quer&iacute;a fotografiarlas en
+ambos grupos y en sus respectivos trajes, para que publicasen luego un
+gran grabado de ellas en <i>La Ilustraci&oacute;n Espa&ntilde;ola y Americana</i>.</p>
+
+<p>La comida fue divertid&iacute;sima; Currita tuvo el capricho de mandar preparar
+a su cocinero un <i>men&uacute;</i>; japon&eacute;s, y todos se sentaron a la mesa con los
+mismos trajes japoneses con que en diversos grupos y actitudes se hab&iacute;an
+retratado en la caba&ntilde;a de Fernandito. A los postres tuvo el t&iacute;o
+Frasquito una idea nueva y felic&iacute;sima, una verdadera inspiraci&oacute;n nacida
+<span class='pagenum'><a name="Page_324" id="Page_324">[324]</a></span>entre los vapores de su est&oacute;mago agradecido, y acogida con entusiasmo
+por todos los presentes. Ocurri&oacute;sele, para eternizar la memoria de aquel
+baile famoso, para grabar el recuerdo de aquellos trajes lujos&iacute;simos,
+para no separar nunca de su reina aquella aristocr&aacute;tica cuadrilla
+japonesa, reclutada por &eacute;l mismo en los salones del Veloz-Club,
+prolongar la mascarada, transform&aacute;ndola en una especie de guardia de
+honor que sirviese y acompanase a Currita por todas partes, llevando
+alguna particular contrase&ntilde;a que la diferenciase del resto de los
+mortales. Currita acept&oacute; encantada la idea, y se&ntilde;al&oacute; como distintivo de
+la nueva orden de caballer&iacute;a una corbata azul, color de la famosa liga
+de la condesa de Salisbury, para fundar la antigua y nobil&iacute;sima orden de
+la Jarreti&egrave;re. Brind&oacute;se la dama a regalar a todos la insignia de la
+nueva orden y envi&oacute;le a cada uno una preciosa corbata azul de rica seda
+japonesa, sujeta por un alfiler formado por una gruesa perla,
+procedentes todas de un magn&iacute;fico collar que hab&iacute;a pertenecido a su
+madre. El t&iacute;o Frasquito fue nombrado por aclamaci&oacute;n gran maestre de los
+ilustres caballeros, que tomaron el dictado de <i>Mosqueteros de Currita</i>.
+La c&aacute;ustica s&aacute;tira madrile&ntilde;a, la m&aacute;s sangrienta quiz&aacute; que hemos
+conocido, h&iacute;zoles bien pronto variar de nombre. Carmen Tagle,
+profundamente resentida, porque habiendo representado ella a la reina
+negra en la partida de ajedrez no se hab&iacute;a formado ninguna guardia en
+honra suya, comenz&oacute; a designar a la de su rival, por su origen japon&eacute;s,
+con el nombre de <i>Mikado</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ese, ese es el nombre propio!&mdash;grit&oacute; la Mazac&aacute;n, entusiasmada al
+o&iacute;rlo&mdash;. Lo natural y l&oacute;gico es que para guardar a <i>la mona Jenny</i> se
+cree un cuerpo de <i>micos</i>.</p>
+
+<p>Y desde aquel entonces qued&oacute; confirmado el cuerpo de mosqueteros con la
+nueva denominaci&oacute;n de <i>Micos de Currita</i>.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_325" id="Page_325">[325]</a></span></p><p>Tambi&eacute;n el t&iacute;o Frasquito conquist&oacute; en aquella escaramuza otro
+sobrenombre, que vino a aumentar ese largo cat&aacute;logo de ellos que
+prodigan la malignidad y la envidia con tan grande profusi&oacute;n, en la alta
+sociedad madrile&ntilde;a. La duquesa de Bara hab&iacute;ale encontrado gran parecido,
+vestido de mandar&iacute;n, con un retrato publicado en <i>La Ilustraci&oacute;n</i>, de
+Pan-Hoei-Pan, c&eacute;lebre literata china, y <i>Pan-Hoei-Pan</i> comenz&oacute; a
+llamarle desde entonces la inmensa falange de sus sobrinos leg&iacute;timos y
+espurios.</p>
+
+<p>Jacobo, con la ego&iacute;sta y rapaz avaricia con que moderaba todos los
+gastos de Currita, y la desp&oacute;tica autoridad que sobre ella ejerc&iacute;a,
+reprendi&oacute;le agriamente aquel derroche de perlas, desperdiciadas en
+regalar corbatas a sus <i>micos</i>. Ella, ciega por la m&aacute;s temible y la m&aacute;s
+tupida de todas las vendas, y temerosa siempre de verse privada de las
+luces y consejos de aquel hombre, que llenaba la escasa cavidad de su
+coraz&oacute;n y satisfac&iacute;a las inmensas proporciones de su vanidad, resolvi&oacute;
+entonces, para desagraviarlo, hacerle el 30 de abril, d&iacute;a de su
+cumplea&ntilde;os, un magn&iacute;fico regalo. Ilumin&oacute;, pues, con ayuda de Reguera,
+una gran fotograf&iacute;a en que se hallaba representada ella misma con su
+rico traje de reina japonesa, y encarg&oacute; dibujos para un marco suntuoso
+que hab&iacute;an de ejecutar, en oro, plata y pedrer&iacute;a, Marzo y Ansorena. Los
+dibujos, sin embargo, no la satisfac&iacute;an; el 30 de abril se acercaba, y
+apremiada por lo breve del plazo, desesperaba ya de ver realizado su
+proyecto. Prop&uacute;sole entonces Celestino Reguera comprar un marco antiguo,
+de plata cincelada, que procedente de cierta casa ducal muy conocida,
+estaba de venta en la Exposici&oacute;n de arte retrospectivo. Currita se dio
+una palmada en la frente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tonta de m&iacute;!&mdash;dijo&mdash;. Si no se necesita; si tengo yo aqu&iacute; mismo, en
+casa, al alcance de la mano, algo mejor y mas rico que cuanto pudieran
+<span class='pagenum'><a name="Page_326" id="Page_326">[326]</a></span>ofrecerme.</p>
+
+<p>Con la viveza de una ni&ntilde;a que corre a satisfacer un so&ntilde;ado capricho,
+atraves&oacute; Currita los vastos departamentos del palacio, en que
+resplandec&iacute;an por todas partes el lujo y la molicie; lleg&oacute; a uno de sus
+extremos, la de honor en otro tiempo, habitada entonces por la
+servidumbre. En una especie de rotonda, adornada con antiguas pinturas
+al fresco, ya del todo deste&ntilde;ida y borradas, abr&iacute;ase una gran puerta de
+roble con herraje de bronce y bellos tableros de talla. En vano intent&oacute;
+la condesa levantar con sus delicadas manecitas el enorme pestillo
+cincelado: estaba la llave echada. Acerc&oacute;se entonces a la salida de un
+corredor que daba a la cocina y grit&oacute; muy impaciente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Germ&aacute;n!... &iexcl;Basilio!... &iquest;No hay nadie?...</p>
+
+<p>Acudi&oacute; Germ&aacute;n muy presuroso y extra&ntilde;ado de encontrar a la se&ntilde;ora condesa
+por aquellos andurriales.</p>
+
+<p>&mdash;La llave de aqu&iacute;&mdash;dijo ella.</p>
+
+<p>Germ&aacute;n se encogi&oacute; de hombros. &iquest;Qui&eacute;n iba a saber d&oacute;nde estaba aquella
+llave?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues buscarla en seguida!&mdash;grit&oacute; Currita&mdash;. &iexcl;Pregunte usted a don
+Joselito, en la contadur&iacute;a, en todas partes!... &iexcl;Jes&uacute;s! &iexcl;Qu&eacute; fastidio!</p>
+
+<p>Y daba pataditas en el suelo, llena de impaciencia, mientras Germ&aacute;n se
+lanzaba presuroso por toda la casa en busca de la llave. Volvi&oacute;, al fin,
+despu&eacute;s de un cuarto de hora trayendo una muy grande, llena de or&iacute;n, con
+un tarjet&oacute;n de pergamino colgando, en que se le&iacute;a: <i>Oratorio</i>. La llave
+entr&oacute; rechinando en la cerradura, y en vano forceje&oacute; Germ&aacute;n para hacerla
+<span class='pagenum'><a name="Page_327" id="Page_327">[327]</a></span>dar vueltas; preciso fue sacarla de nuevo, untar las guardias con
+aceite, e introduciendo un palo por el ojo, gir&oacute; al cabo al sexto o
+s&eacute;ptimo empuje. Otros dos o tres vigoros&iacute;simos que dio Germ&aacute;n con todo
+su cuerpo sobre una de las hojas hicieron girar a esta lentamente,
+dejando escapar una bocanada de viento h&uacute;medo: el interior estaba
+oscuro.</p>
+
+<p>&mdash;Espere usted aqu&iacute;&mdash;dijo Currita con cierto airecillo de miedo.</p>
+
+<p>Y adelant&oacute;se ella con las manos extendidas para no tropezar, cerrando
+los ojos un momento para poder acostumbrarse a aquellas tinieblas.
+Algunos reflejos de tenue luz entraban por dos altas y rasgadas ventanas
+laterales, cubiertas ambas con grandes cortinones de rojo damasco,
+deste&ntilde;ido y empolvado. Currita quiso descorrer uno de ellos, tirando
+violentamente del cord&oacute;n de seda que a lo largo de la pared bajaba desde
+lo alto; mas la cortina rechin&oacute; sin descorrerse, y podrido sin duda el
+cord&oacute;n, rompi&oacute;se por arriba, cayendo sobre Currita enroscado, cual si
+fuese una larga y delgada serpiente. La dama dio un chillido, y una nube
+de espeso polvo se desprendi&oacute; al mismo tiempo, y dos murci&eacute;lagos
+salieron de entre los pliegues del brocado y comenzaron a revolotear de
+una a otra parte.</p>
+
+<p>&iexcl;Germ&aacute;n!&mdash;grit&oacute; Currita muerta de miedo.</p>
+
+<p>Y disimulando, al verle entrar, su repentino azoramiento, a&ntilde;adi&oacute;,
+huyendo del malhadado cord&oacute;n, cual si fuese en realidad una serpiente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, hombre, qu&eacute; torpeza!... Acabe usted y descorra esa cortina...</p>
+
+<p>Con gran trabajo y tirando de los dos cordones a la vez, con sumo
+tiento, pudo Germ&aacute;n descorrer la contraria, y asustada por la luz, salt&oacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_328" id="Page_328">[328]</a></span>entonces del altar una gallina y echaron a correr dos o tres pollos
+cacareando, entr&aacute;ndose por una puertecilla entreabierta que a la derecha
+del retablo hab&iacute;a. Currita mir&oacute; a Germ&aacute;n estupefacta, y este,
+conteniendo a duras penas una carcajada, que le pareci&oacute; falta de respeto
+a su ilustre due&ntilde;a, contest&oacute; muy grave.</p>
+
+<p>&mdash;El cocinero encierra aqu&iacute; a los que ha de matar para tenerlos m&aacute;s a
+mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero por d&oacute;nde los mete?... &iexcl;Si estaba la puerta tan atrancada!...</p>
+
+<p>&mdash;Por la otra puertecilla de la sacrist&iacute;a que da junto a la cocina...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya!...</p>
+
+<p>Penetraba la luz por los sucios y empolvados cristales, escasa y como
+avergonzada, mas era suficiente para iluminar aquel cuadro desolador de
+imp&iacute;o abandono... Era el oratorio una preciosa capilla de alta b&oacute;veda
+pintada al fresco, construida con grande gusto y riqueza a fines del
+siglo XVII. Hall&oacute;se en tiempos tapizada de arriba abajo con ricos pa&ntilde;os
+de damasco encarnado, que ca&iacute;an entonces en sucios gui&ntilde;apos a lo largo
+de las paredes, llenas de manchas y desconchones, como el rostro de un
+virolento; a trechos, ve&iacute;anse encerrados en ricos marcos, ya podridos,
+amarillentos pergaminos en que constaban las innumerables gracias y
+privilegios concedidos por los sumos pont&iacute;fices a los fundadores de la
+capilla. La rica talla, alg&uacute;n tanto churrigueresca del retablo,
+desaparec&iacute;a bajo una espesa capa de polvo y de telara&ntilde;as, y las varias
+im&aacute;genes que ocupaban las hornacinas parec&iacute;an tener esa palidez l&iacute;vida
+que indica en los hombres lo supremo del espanto. Sobre el altar ve&iacute;anse
+el ara rota, el tabern&aacute;culo hundido, y dos bellos &aacute;ngeles, que a un lado
+y otro sosten&iacute;an antes l&aacute;mparas de plata, levantaban entonces sus manos
+<span class='pagenum'><a name="Page_329" id="Page_329">[329]</a></span>vac&iacute;as, crispadas, como anunciando la c&oacute;lera del Se&ntilde;or... A los pies de
+la capilla, sobre un confesonario destrozado y varios reclinatorios
+rotos, hall&aacute;banse amontonados trastos viejos, muebles inservibles y el
+armaz&oacute;n de un teatro en que hab&iacute;a representado la condesa, tiempos
+atr&aacute;s, unos famosos <i>cuadros vivos</i>. Sobre las dos gradas que formaban
+el presbiterio hab&iacute;a, a la izquierda del retablo, una especie de armario
+de cristales, embutido en la pared, donde se guardaban reliquias: all&iacute;
+se dirigi&oacute; Currita, mandando a Germ&aacute;n que abriese la puerta. En la parte
+inferior hab&iacute;a varios estuches medio abiertos que encerraban vasos
+sagrados, y tirada en un rinc&oacute;n, arrugada y hecha un l&iacute;o, una casulla de
+terciopelo negro, con ricos bordados de oro, que presentaban en
+primoroso realce las armas de la casa. Al verla Currita, acord&oacute;se
+instant&aacute;neamente de la &uacute;ltima misa celebrada en aquel recinto profanado:
+hab&iacute;a sido quince a&ntilde;os antes, estando all&iacute; mismo de cuerpo presente la
+vieja marquesa de Villamel&oacute;n, madre de Fernandito: a&uacute;n se ve&iacute;an a lo
+lejos, entre los amontonados restos del teatro, las piezas del catafalco
+que hab&iacute;a sostenido su cuerpo. Currita sinti&oacute; una especie de escalofr&iacute;o
+de miedo y mir&oacute; instintivamente al sitio en que sol&iacute;a o&iacute;r todos los d&iacute;as
+misa la anciana marquesa. All&iacute; estaba su sill&oacute;n de terciopelo, hundido
+todo y destrozado, y delante el reclinatorio, conservando a&uacute;n sus
+almohadones apolillados las huellas de sus rodillas y sus brazos.
+Currita volvi&oacute; bruscamente la espalda, como si temiese ver aparecer
+all&iacute;, p&aacute;lida y airada, la sombra de la vieja dama.</p>
+
+<p>Estaba la parte superior del armario forrada de terciopelo rojo,
+bastante bien conservado, y sobre almohadillas del mismo terciopelo
+hall&aacute;banse varios relicarios de plata, guardando huesos de santos; en un
+rinc&oacute;n, de pie contra la pared, hab&iacute;a un objeto de m&aacute;s de una tercia de
+largo, envuelto en una funda de oscuro tafilete, ro&iacute;da toda de ratones,
+y esto fue lo que cogi&oacute; Currita, sosteni&eacute;ndolo por su mucho peso con
+<span class='pagenum'><a name="Page_330" id="Page_330">[330]</a></span>ambas manos, y saliendo al punto de la capilla muy de prisa, azorada,
+como si hubiese cometido un robo en lugar sagrado.</p>
+
+<p>A solas ya en su estudio, cuando abri&oacute; la destrozada funda, qued&oacute;se ella
+misma admirada: era aquello una preciosidad art&iacute;stica de valor inmenso,
+un marco de plata cincelada, obra admirable de orfebrer&iacute;a del siglo XVI,
+que ostentaba cual noble ejecutoria, esculpido en el pedestal de una de
+sus mil bellas figurillas, el nombre ilustre de Enrique de Arfe, autor
+de la custodia de C&oacute;rdoba y de la llamada Cruz antigua. Aquella
+maravilla serv&iacute;a, sin embargo, de marco a un objeto harto extra&ntilde;o e
+insignificante: sobre un fondo de raso blanco y cubierto por limpid&iacute;simo
+cristal chafianado, ve&iacute;ase sencillamente un harapo, un pedazo de burdo y
+ra&iacute;do sayal pardo. Por el reverso, cerraba el cuadro una gran chapa de
+plata, sujeta por finas tuercas, que no sin grandes esfuerzos consigui&oacute;
+destornillar Currita. Liados en blancos tafetanes, amarillos ya por el
+tiempo, hall&oacute; dentro dos papeles escritos con clar&iacute;sima letra del siglo
+XVI, que sin esfuerzo ninguno pod&iacute;an perfectamente descifrarse. En uno
+dec&iacute;a: &laquo;Pedazo de la cogulla del venerable siervo de Dios fray Alonso de
+Luj&aacute;n, muerto en olor de santidad en su convento de Talavera de la
+Reina, a los 23 de enero de 1590&raquo;. Y a rengl&oacute;n seguido, con la candorosa
+arrogancia de los magnates de aquella &eacute;poca, firmaba sencillamente:
+<i>Do&ntilde;a Catalina</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya!&mdash;exclam&oacute; Currita muy admirada&mdash;. &iexcl;Con que <i>esto</i> era de
+<i>aquel</i>!...</p>
+
+<p>Y sus ojos fueron a buscar, entre las mil preciosidades que adornaban el
+estudio, una admirable cabeza, pintada por Pantoja, de un capuchino<a name="FNanchor_16_16" id="FNanchor_16_16"></a><a href="#Footnote_16_16" class="fnanchor">[16]</a>
+muerto, en cuyo rostro resplandec&iacute;a esa serena calma que deja impresa la
+muerte, como se&ntilde;al de predestinaci&oacute;n, sobre la frente de los justos.
+Era, en efecto, aquella cabeza venerable el retrato de fray Alonso de
+<span class='pagenum'><a name="Page_331" id="Page_331">[331]</a></span>Luj&aacute;n, hermano del cuarto marqu&eacute;s de Paracu&eacute;llar, y hab&iacute;a sido
+trasladado a&ntilde;os atr&aacute;s del oratorio a los salones de la casa, no como
+objeto de piedad, sino como monumento de arte.</p>
+
+<p>En el otro papel hall&aacute;base copiada esta cl&aacute;usula del testamento de do&ntilde;a
+Leonor Manrique de la Cerda, repartiendo entre sus parientes un h&aacute;bito
+de su primo hermano, el venerable padre fray Alonso de Luj&aacute;n, religioso
+capuchino: &laquo;Mi se&ntilde;ora, la duquesa del Infantado, escoja la pieza que le
+pareciere, y otra se d&eacute; al conde de Salvatierra, y otra al conde de
+Montijo, y otra a mi sobrina do&ntilde;a Catalina, marquesa de Paracu&eacute;llar, y
+el cord&oacute;n se d&eacute; al conde de Salinas, mi sobrino, que lo tenga y venere
+como cord&oacute;n y reliquia de un tan venerable y santo var&oacute;n como yo lo he
+tenido; y una cogulla que yo tengo del dicho padre fray Alonso mando
+tambi&eacute;n a mi se&ntilde;ora duquesa, y le suplico la d&eacute; cuando a su excelencia
+le pareciere al conde del Cid, y la pieza que su excelencia escogiere,
+la d&eacute; al duque de B&eacute;jar, de cuya casa era muy devoto el dicho padre fray
+Alonso.&raquo;</p>
+
+<p>Currita estaba admirada... Mentira parec&iacute;a que aquellas buenas gentes,
+tan grandes se&ntilde;ores, por otra parte, tan famosos en la historia muchos
+de ellos, se repartiesen entre s&iacute;, como joyas preciosas, el burdo sayal
+de un pobre fraile. &iexcl;Lo que var&iacute;an los tiempos!... La buena de do&ntilde;a
+Catalina se hab&iacute;a gastado un dineral en fabricar una joya para su
+pedacito de cogulla, sin sospechar siquiera que hab&iacute;a de ahorrarle a
+ella el gastarlo en...</p>
+
+<p>Con una brusca sacudida ech&oacute; fuera, sin tocarla, la reliquia, y puso
+despu&eacute;s en su lugar el retrato. Estaba perfectamente, y s&oacute;lo con
+recortarle un poco los bordes encajar&iacute;a tan bien como si hubiese sido
+hecho el marco a su medida. Currita calculaba complacid&iacute;sima el efecto,
+alejando de s&iacute; el retrato, y la mano con que le sosten&iacute;a fue a tropezar
+<span class='pagenum'><a name="Page_332" id="Page_332">[332]</a></span>con el pedazo de cogulla del fraile; retir&oacute;la bruscamente, cual si
+hubiese tocado una brasa ardiendo, y mir&oacute; con miedo, con espanto casi,
+la magn&iacute;fica cabeza de Pantoja, que tan admirablemente expresaba sobre
+el lienzo la imponente y serena calma de la muerte. Con los mismos
+papeles que encerraban la aut&eacute;ntica y la cl&aacute;usula testamentaria, cogi&oacute;
+la reliquia de fray Alonso, y sin tocarla, con un gesto que lo mismo
+expresaba la repugnancia que el miedo, el asco que el respeto, arroj&oacute;lo
+todo en una preciosa cestilla destinada a recibir papeles para la
+basura. Arrepinti&oacute;se al punto; hab&iacute;a o&iacute;do ella que las cosas santas no
+deben tirarse, sino quemarse, y volvi&oacute;lo a recoger todo de la misma
+manera para no tocar la reliquia, y fue a echarla entonces en una
+chimenea encendida que ard&iacute;a en un &aacute;ngulo. Otra vez lanz&oacute;, sin poderlo
+remediar, una mirada a hurtadillas, con medroso recelo, a la p&aacute;lida
+cabeza del fraile muerto.</p>
+
+<p>Un fuerte olor acre y desagradable del pa&ntilde;o que se quemaba extendi&oacute;se al
+punto por toda la estancia. En aquel momento entr&oacute; Villamel&oacute;n muy alegre
+y satisfecho, que volv&iacute;a de Chamart&iacute;n de la Rosa, donde en su preciosa
+quinta de Miracielos estaba ensayando con gran entusiasmo la incubaci&oacute;n
+artificial de los huevos de gallina.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, hija, qu&eacute; mal olor!&mdash;exclam&oacute; deteni&eacute;ndose a la entrada&mdash;. &iquest;Qu&eacute;
+has quemado?... Si <i>huele</i> aqu&iacute; a infierno...</p>
+
+<p>Currita se puso muy seria, muy enfadada, y hasta un poco p&aacute;lida.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Fernandito, no digas tonter&iacute;as... No me gustan bromas con las
+cosas del otro mundo.</p>
+
+<p>Y como si fuese cosa de &eacute;l, volvi&oacute; a lanzar otra mirada furtiva y
+<span class='pagenum'><a name="Page_333" id="Page_333">[333]</a></span>medrosa a la imponente cabeza de fray Alonso.</p>
+
+<p>&mdash;Pero hija, Curra, &iquest;sabes?... Que abran esa ventana; si <i>huele aqu&iacute;</i> a
+chamusquina, a cuerno quemado...</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, hombre; un pincel viejo que tir&eacute; en la chimenea... Vamos,
+dejemos ya eso. &iquest;Has visto a Lil&iacute;?...</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n dio una gran palmada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mujer!... Se me olvid&oacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no te dije que fueras a verla?&mdash;grit&oacute; Currita muy col&eacute;rica.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, nada, hija, se me olvid&oacute;... &iquest;Qu&eacute; vamos a hacerle?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; hombre este!... Se acuerda de ver las gallinas y se olvida
+de visitar a su hija...</p>
+
+<p>Porque el lector ignora a&uacute;n que ninguno de los dos ni&ntilde;os estaba ya en la
+casa... Cuatro d&iacute;as despu&eacute;s de la escena que en el anterior cap&iacute;tulo
+queda referida, cay&oacute; Currita en la cuenta y convenci&oacute; de ello a
+Fernandito de que, no pudiendo dedicarse ella exclusivamente a la
+educaci&oacute;n de sus hijos como hubiera sido su deseo, era lo mejor enviar a
+Lil&iacute; al colegio que tienen en Chamart&iacute;n las religiosas del Sagrado
+Coraz&oacute;n, y a Paquito al que por aquel tiempo ten&iacute;an los jesuitas en
+Guich&oacute;n, del lado de all&aacute; de los Pirineos... Ni ella ni Jacobo hab&iacute;an
+tenido en cuenta que en aquel mismo colegio se educaba Alfonsito
+T&eacute;llez-Ponce, el hijito de este.</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n, muy contrito de su falta, prometi&oacute; remediarla al d&iacute;a
+<span class='pagenum'><a name="Page_334" id="Page_334">[334]</a></span>siguiente, cuando fuese a Chamart&iacute;n a inspeccionar los per&iacute;odos de la
+incubaci&oacute;n artificial, que ocupaba en aquella &eacute;poca toda su atenci&oacute;n y
+todo su tiempo. Di&oacute;genes, al saber las nuevas aficiones del ilustre
+pr&oacute;cer, hab&iacute;a dicho:&mdash;No hay que extra&ntilde;arse... Est&aacute; clueco.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Vcmdash" id="Vcmdash"></a><a href="#toc">&mdash;V&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>La cola que formaban los coches frente al palacio del marqu&eacute;s de Butr&oacute;n
+cog&iacute;a casi toda la calle de Hortaleza, atravesaba la red de San Luis e
+iba a perderse en la de la Montera. Los carruajes avanzaban lentamente,
+par&aacute;banse un momento, abr&iacute;anse y cerr&aacute;banse con estr&eacute;pito las
+portezuelas, y corr&iacute;an luego a estacionarse en la Plaza de Santa
+B&aacute;rbara. Los transe&uacute;ntes deten&iacute;anse extra&ntilde;ados y qued&aacute;banse muchos
+contemplando aquella larga procesi&oacute;n de damas, rara en Madrid, a la
+clara luz de las tres de la tarde. El Gobierno parec&iacute;a alarmado: varios
+agentes de orden p&uacute;blico pase&aacute;banse por la acera de enfrente, a lo largo
+del palacio, y algunos polizontes se mezclaban entre los curiosos o
+trababan conversaci&oacute;n con cocheros y lacayos, que charlaban entre s&iacute;
+desde los pescantes, design&aacute;ndose, seg&uacute;n la cl&aacute;sica costumbre, por los
+ilustres nombres de sus amos.</p>
+
+<p>Las damas saltaban ligeramente de los coches, atravesaban el gran
+portal, sub&iacute;an la escalera alfombrada y perd&iacute;anse, con aire de
+conspiradoras, en aquel ancho sal&oacute;n del teatro, famoso en otro tiempo
+por haber representado en &eacute;l don Ventura de la Vega <i>El hombre de mundo</i>
+y dirigido Bret&oacute;n de los Herreros en persona los ensayos de <i>El pelo de
+la dehesa</i>. Reinaba en &eacute;l una media luz prudent&iacute;sima, un prematuro
+<span class='pagenum'><a name="Page_335" id="Page_335">[335]</a></span>crep&uacute;sculo que velaba con paternal indulgencia entre sus sombras
+misteriosas los grandes deterioros del decorado, incapaces de resistir
+con honra la descarada luz de las tres de la tarde.</p>
+
+<p>Desde fuera, parec&iacute;a aquello el zumbido de una colmena colosal, en que
+doscientas mujeres murmurasen al mismo tiempo entre el crujido de las
+sedas, el ric-rac de los abanicos, las tosecillas afectadas que dan
+tiempo a preparar una respuesta, las melifluas risitas que acompa&ntilde;an
+siempre a la afectuosidad femenina, y los perfumes peculiares a
+doscientos gustos diversos y doscientos tocadores distintos. A veces,
+reinaba de repente uno de esos s&uacute;bitos silencios que el pueblo andaluz
+atribuye al involuntario respeto que infunde el invisible aleteo de un
+&aacute;ngel que pasa; era m&aacute;s bien alg&uacute;n diablillo que llegaba, alguna dama
+famosa por cualquier concepto que traspasaba el dintel, obligando a la
+cr&iacute;tica a replegarse sobre s&iacute; misma, para estudiar el blanco sobre que
+hab&iacute;a de disparar su metralla.</p>
+
+<p>Ning&uacute;n hombre aparec&iacute;a a la vista; en el fondo, tras la sencilla cortina
+de rojo terciopelo, con las armas de Butr&oacute;n bordadas en el centro, que
+cerraba la emboscadura del teatro, adivin&aacute;base, sin embargo, algo
+masculino, alg&uacute;n esp&iacute;ritu no santo que tos&iacute;a y estornudaba como el resto
+de los mortales, porque dos toses y un estornudo, hab&iacute;an llegado al o&iacute;do
+avizor de la se&ntilde;ora de Barajas, que estaba all&iacute; cerca; toc&oacute; con el codo
+a su hermana, dici&eacute;ndole muy bajo: &laquo;Aqu&iacute; hay duendes&raquo;; y la otra, sin
+volver la cabeza, contest&oacute; muy seria:</p>
+
+<p>&mdash;Robins&oacute;n y su negro Domingo, que se habr&aacute;n constipado en la isla
+desierta.</p>
+
+<p>As&iacute; era, en efecto: el gran Robins&oacute;n y el se&ntilde;or Pulido hall&aacute;banse tras
+el tel&oacute;n, observando por los dos imperceptibles agujeritos que serv&iacute;an
+<span class='pagenum'><a name="Page_336" id="Page_336">[336]</a></span>en otro tiempo para registrar la sala a los ilustres actores que hab&iacute;an
+pisado aquella escena aristocr&aacute;tica. El respetable diplom&aacute;tico parec&iacute;a
+inquieto, y el se&ntilde;or Pulido iba y ven&iacute;a sigilosamente de uno a otro
+agujero, apretando los labios y moviendo la cabeza, con muestras tambi&eacute;n
+de alguna zozobra.</p>
+
+<p>La concurrencia era numerosa, escogida y a prop&oacute;sito para secundar los
+planes del diplom&aacute;tico; mas not&aacute;base, sin embargo, un s&iacute;ntoma alarmante,
+una peligrosa falta de disciplina en la mesnada aristocr&aacute;tica, las
+alfonsinas de raza, pertenecientes, en su mayor parte, a familias de la
+Grandeza. Hab&iacute;anse sentado todas ellas hacia el lado izquierdo, formando
+un grupo, y, cuchicheando y cambiando entre s&iacute; risitas y se&ntilde;as burlonas,
+miraban entrar y amontonarse en el lado opuesto a las cursis radicalas,
+con el aire de desde&ntilde;osa protecci&oacute;n de la gran se&ntilde;ora que permite a su
+doncella sentarse a su presencia, a cuatro metros de distancia. Tan s&oacute;lo
+la duquesa de Bara, fiel a la consigna del caudillo, hab&iacute;ase apresurado
+a sentarse entre las dos ministras cesantes: la de Mart&iacute;nez, mujer
+sencill&iacute;sima y modesta, que se hallaba all&iacute; como gallina en corral
+ajeno, y la de Garc&iacute;a G&oacute;mez, cursi pretenciosa, que pretend&iacute;a deslumbrar
+a p&aacute;jara tan larga como la duquesa con sus alardes de elegancia y de
+buen tono.</p>
+
+<p>En vano iba de un lado a otro la marquesa de Butr&oacute;n, intentando, con su
+fino tacto y sus delicadas maneras, ahogar en germen aquellos puntillos
+mujeriles, aquellas vanidades alborotadas que amenazaban dar al traste
+con la suspirada fusi&oacute;n a duras penas obtenida en el baile de Currita;
+tan s&oacute;lo pudo conseguir su &iacute;mprobo trabajo colocar a la duquesa de
+Astorga, mujer bondados&iacute;sima, al lado de la excelent&iacute;sima se&ntilde;ora do&ntilde;a
+Paulina G&oacute;mez de Rebollar de Gonz&aacute;lez de Hermosilla, cuya colosal figura
+se destacaba sobre un asiento muy alto, aislada entre tirios y troyanos,
+silenciosa y pensativa, cual Safo meditando su suicidio en lo alto de la
+<span class='pagenum'><a name="Page_337" id="Page_337">[337]</a></span>pe&ntilde;a de L&eacute;ucades.</p>
+
+<p>Las carlistas, por su parte, pocas en n&uacute;mero, pero en valor muy
+aguerridas, formaban otro grupito sospechoso, teniendo al frente a una
+viejecilla chiquitilla, flaca y nerviosa, de ojos viv&iacute;simos. Era la
+baronesa de Bivot, ilustre catalana, que se remov&iacute;a sin cesar en el
+asiento, esgrimiendo el abanico con el b&eacute;lico ardor del veterano ansioso
+de combate que huele la p&oacute;lvora a lo lejos. Carmen Tagle la bautiz&oacute; al
+punto.</p>
+
+<p>&mdash;All&iacute; est&aacute; <i>Zumalac&aacute;rregui</i>&mdash;dijo a su vecina&mdash;. M&iacute;rala, el cuerpo le
+pide pendencia.</p>
+
+<p>El respetable Butr&oacute;n se daba a todos los demonios temiendo una
+cat&aacute;strofe, y aplicaba el o&iacute;do en vez del ojo al agujero, a ver si pod&iacute;a
+pescar alguna palabrilla suelta que indicase el rumbo que tomaba la
+tormenta. No se o&iacute;a nada; un zumbido colosal de colmena en momentos de
+mudanza, que le sacaba de quicio, poni&eacute;ndole nervioso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero que siendo tantas no haya una sola que calle!&mdash;exclam&oacute; hecho un
+basilisco; y el se&ntilde;or Pulido, sin perder su pausa, con filos&oacute;fica
+profundidad, replic&oacute; muy bajito:</p>
+
+<p>&mdash;Las prefiero hablando, Pepe... Callar ser&iacute;a contra naturaleza.</p>
+
+<p>Y en aquel momento, como si quisieran probar aquellas amables criaturas
+que llevar siempre la contra es el rasgo peculiar del sexo, callaron
+todas de repente, sigui&eacute;ndose un silencio profundo, un <i>calder&oacute;n</i>
+prolongad&iacute;simo de cerca de un minuto, seguido, a su vez, de un allegro
+alborotado, un crescendo inveros&iacute;mil, r&aacute;pido y vivace... Algo gordo
+<span class='pagenum'><a name="Page_338" id="Page_338">[338]</a></span>suced&iacute;a, y el respetable Butr&oacute;n y el filos&oacute;fico Pulido acudieron al
+punto muy azorados a sus respectivos observatorios... Entraba la condesa
+de Albornoz, con aquel paso de que habla Virgilio, que revela una reina
+o una diosa, inclinando la cabeza con el aire de vanidad satisfecha de
+aquel emperador romano que encog&iacute;a la suya al pasar bajo los arcos de
+triunfo, por miedo de tropezar en ellos con la frente; segu&iacute;ala la
+marquesa de Valdivieso, una de las c&oacute;modas amigas de f&aacute;cil contener que
+tra&iacute;a ella siempre a retortero para que la acompa&ntilde;asen como damas de
+honor, sirviendo, seg&uacute;n su frase, de marco a su elegancia.</p>
+
+<p>Cogi&oacute;la Leopoldina Pastor por las faldas, al pasar por su lado, y quiso
+obligarla a sentarse entre ella y Carmen Tagle... Era necesario
+escarmentar a aquellas indecentes radicalas que estaban all&iacute; con la boca
+abierta, <i>d&aacute;ndose pisto</i>, so&ntilde;ando quiz&aacute; con la presidencia...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;M&iacute;ralas, qu&eacute; retablo!...</p>
+
+<p>Deseando estaba que Genoveva tomase la palabra para tener ocasi&oacute;n de
+decir a aquellas cursis cuatro palabritas bien dichas, &iexcl;pero iba a estar
+aquello muy fr&iacute;o!... A ella le hubiese gustado discutir a caballo, con
+los hunos de Atila. Di&oacute;le Currita cari&ntilde;osamente en el hombro con el
+abanico, murmurando: <i>C'est dr&ocirc;le</i>; salud&oacute; con una mon&iacute;sima cabezadita
+al amplio c&iacute;rculo de sus ilustres amigas y dej&oacute;se llevar suavemente por
+la Butr&oacute;n al lado opuesto, sent&aacute;ndose, al fin, junto a la duquesa de
+Bara y las dos ministras. Apret&oacute;le cari&ntilde;osamente la mano a la de
+Mart&iacute;nez, dici&eacute;ndole: &laquo;&iexcl;Querida m&iacute;a!&raquo;, y manifest&oacute; a la Garc&iacute;a G&oacute;mez su
+desolaci&oacute;n profunda por no haberse encontrado el d&iacute;a antes en casa
+cuando estuvo esta a visitarla.</p>
+
+<p>&mdash;Coraje me dio al ver su tarjeta... Hubiera deseado que charl&aacute;semos un
+<span class='pagenum'><a name="Page_339" id="Page_339">[339]</a></span>rato... Quiero que seamos amigas...</p>
+
+<p>La Garc&iacute;a G&oacute;mez crey&oacute; reventar de dicha ante honra tan repentina, y
+miraba a todas partes, tan oronda y satisfecha entre aquellas dos
+grandes de Espa&ntilde;a como la rata de la f&aacute;bula en el queso de Holanda.
+Mar&iacute;a Valdivieso, con prudencia inusitada en ella, mord&iacute;ase los labios
+para no soltar la risa. El venerable Butr&oacute;n segu&iacute;a desde su agujero toda
+aquella pantomima, y murmuraba nervioso y exaltado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bien por Currita!... &iexcl;Es lista esa <i>mona Jenny</i>, caramba!... &iexcl;Con que
+Mar&iacute;a Villasis haga lo mismo, triunfamos!</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Pulido, profeta siempre de desdichas, se permiti&oacute; dudarlo; su
+olfato fin&iacute;simo hab&iacute;a adivinado un escollo en que el respetable Butr&oacute;n
+no paraba mientes.</p>
+
+<p>&mdash;Aquella trae ya cara de presidenta, Pepe&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n?...</p>
+
+<p>&mdash;La Currita, Pepe... &iexcl;Te lo dije!...</p>
+
+<p>As&iacute; era, en efecto: tan penetrada estaba esta de su superioridad que ni
+por un momento dud&oacute; de ser elegida, y pareci&eacute;ndole que tras del baile
+hab&iacute;a de venir la presidencia, de manera tan l&oacute;gica y fatal como tras de
+la noche viene el d&iacute;a, hab&iacute;a ya comunicado varias &oacute;rdenes al t&iacute;o
+Frasquito, gran maestre de los micos de su guardia, y confiado a Mar&iacute;a
+Valdivieso aquella misma tarde, en el camino, varios de los mil
+regocijos caritativos que a beneficio de los heridos del Norte
+proyectaba, y sobre todo, una <i>kermesse</i> famos&iacute;sima que hab&iacute;a de
+producir millones y millones.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_340" id="Page_340">[340]</a></span></p><p>P&uacute;sose Butr&oacute;n al o&iacute;r a Pulido muy enfadado, levantando los brazos como
+si quisiese coger las bambalinas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que trae cara de presidenta?... &iexcl;Pues se quedar&aacute; con la cara,
+Pulido!... &iexcl;No faltaba m&aacute;s! Una mujer sin cr&eacute;dito, sin pizca de
+verg&uuml;enza... Me espantaba toda la gente de sacrist&iacute;a... &iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a el
+arzobispo cuando fuera a pedirle la bendici&oacute;n para la obra?... Mar&iacute;a
+Villasis es la &uacute;nica..., la &uacute;nica, Pulido.</p>
+
+<p>Nueva manifestaci&oacute;n de duda de la ninfa Egeria, acompa&ntilde;ada siempre del
+vocativo de su Numa Pompilio, f&oacute;rmula de la &iacute;ntima y familiar amistad
+que le un&iacute;a con el personaje.</p>
+
+<p>&mdash;Lo dudo, Pepe...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tambi&eacute;n a esa la encuentras peros?...</p>
+
+<p>&mdash;La encuentro calabazas, Pepe...</p>
+
+<p>Butr&oacute;n, muy incomodado, dio media vuelta diciendo que m&aacute;s bien ser&iacute;an
+camuesas, y el se&ntilde;or Pulido, sin perder su paz, repiti&oacute; muy bajito:</p>
+
+<p>&mdash;Digo calabazas, porque no vendr&aacute;, Pepe...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que no vendr&aacute;?...</p>
+
+<p>&mdash;Es muy propensa a constipados... Acu&eacute;rdate de la &uacute;ltima junta, Pepe.</p>
+
+<p>&mdash;Que viene, hombre, que viene... Si se lo prometi&oacute; ayer a Veva, que la
+mand&eacute; yo expresamente.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_341" id="Page_341">[341]</a></span></p><p>Y as&iacute; era, en efecto: la marquesa de Butr&oacute;n hab&iacute;a estado la v&iacute;spera en
+casa de la Villasis a pedirle por todos los santos del cielo que no
+dejara de asistir a la junta; la pobre se&ntilde;ora parec&iacute;a azorada, y
+ped&iacute;aselo con tal ah&iacute;nco, como si le fuera en ello la vida. La Villasis,
+sin embargo, no se mostraba muy propicia, y ech&aacute;ndose a re&iacute;r, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; falta hago yo, mujer?... La misma que los perros en misa...</p>
+
+<p>&mdash;No digas eso, Mar&iacute;a, porque ni t&uacute; misma lo crees&mdash;replic&oacute; la otra muy
+apurada.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, Genoveva, te ser&eacute; franca... Si fuera cosa tuya..., tuya
+exclusivamente, ir&iacute;a con el alma y con la vida... Pero trat&aacute;ndose de lo
+que se trata..., vamos... que no me gusta ese <i>barrer para adentro</i> de
+tu marido, que la pone a una siempre en el riesgo de tropezarse con
+basura... Y, francamente, no quiero ponerme en el caso de encontrarme
+mano a mano con una... Curra Albornoz u otra de su ralea.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n... &iquest;Pero qu&eacute; se le va a hacer, si Madrid es un lodazal?</p>
+
+<p>&mdash;No, no es un lodazal; porque t&uacute; y yo y otras muchas somos Madrid y,
+gracias a Dios, no somos lodazales... Di m&aacute;s bien que en Madrid <i>hay un
+lodazal</i>, que puede perfectamente evitarse andando con la ropa un
+poquito recogida... Pero, sin duda, es el maldito lodazal de agua de
+colonia, y como huele bien, a pocos veo que les repugne zambullirse
+dentro.</p>
+
+<p>&mdash;Pero mi casa no est&aacute; en ese lodazal, Mar&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Lo s&eacute;; lo s&eacute; mejor que nadie, porque como nadie te conozco y te
+<span class='pagenum'><a name="Page_342" id="Page_342">[342]</a></span>quiero... Por eso yo no me niego a ir a tu casa, sino a la junta <i>que
+tu marido hace celebrar en tu casa</i>. &iquest;Me entiendes?</p>
+
+<p>Y como si temiese que la otra encontrase la distinci&oacute;n harto metaf&iacute;sica,
+apresur&oacute;se a torcer un poco el camino, a&ntilde;adiendo prontamente:</p>
+
+<p>&mdash;No creas, por eso, que me niego tambi&eacute;n a contribuir a los fines de la
+asociaci&oacute;n como una de tantas... S&eacute; muy bien que lo de socorrer a los
+heridos es una pantalla; que se trata de preparar al ej&eacute;rcito... No
+importa: yo tambi&eacute;n contribuir&eacute; a ello, pero sin disfrazarlo de obra
+caritativa... Lo hago, porque he visto nacer al pr&iacute;ncipe y le miro y le
+quiero como cosa m&iacute;a; y lo hago, sobre todo, porque se me ha prometido
+solemnemente que el primer cuidado de la Restauraci&oacute;n ser&aacute; restablecer
+la unidad cat&oacute;lica; que sin este requisito, nada, nada har&iacute;a.</p>
+
+<p>La Villasis se detuvo un momento, y sin el menor alarde de esplendidez,
+con la sencilla naturalidad de quien ofrece una cosa insignificante,
+a&ntilde;adi&oacute; en seguida:</p>
+
+<p>&mdash;Por eso, en cuanto quieras disponer de ellos, tengo a tu disposici&oacute;n
+diez mil duros... Si m&aacute;s pudiera, m&aacute;s dar&iacute;a.</p>
+
+<p>La oferta de aquel cuantioso donativo no deslumbr&oacute; a la de Butr&oacute;n;
+hab&iacute;ase turbado mucho mientras hablaba su amiga, y moviendo la cabeza
+vivamente dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo, porque naciste para ser rica y sabes serlo... &iexcl;Pero tu
+nombre, tu nombre vale m&aacute;s que los diez mil duros!...</p>
+
+<p>Y la otra, d&aacute;ndole palmaditas cari&ntilde;osas y remedando su mismo tono
+<span class='pagenum'><a name="Page_343" id="Page_343">[343]</a></span>lastimero, a&ntilde;adi&oacute; en son de burla:</p>
+
+<p>&mdash;Pues mi nombre, mi nombre es justamente lo que no doy... D&iacute;selo as&iacute; a
+tu marido.</p>
+
+<p>La de Butr&oacute;n dej&oacute; caer ambas manos abatida y dijo con voz acongojada,
+imperceptible casi:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o!... &iquest;Y c&oacute;mo le digo yo eso?...</p>
+
+<p>Y de repente, dejando escapar un s&uacute;bito sollozo, tap&oacute;se el rostro con el
+pa&ntilde;uelo, y un llanto desconsolador brot&oacute; de sus ojos, revelando un
+profundo abismo de amargura, un dolor hasta entonces callado y oculto.
+Qued&oacute;se un momento suspensa la Villasis, at&oacute;nita y afligida por el temor
+de haber causado aquella honda pena.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, Genoveva, por Dios!... &iquest;Te he ofendido?...</p>
+
+<p>La otra meneaba vivamente la cabeza, intentando decir entre sollozos:</p>
+
+<p>&mdash;No..., no..., no... Es que Pepe...</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, &iexcl;no le digas nada!... &iquest;Quieres t&uacute; que vaya?... Pues ir&eacute;,
+ir&eacute; de mil amores... &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;a yo de imaginarme que iba a causarte esa
+pena?</p>
+
+<p>Y tan afligida como su amiga, estrechaba entre las dos suyas una de sus
+manos, mientras la de Butr&oacute;n, sin quitarse el pa&ntilde;uelo del rostro, cual
+si la verg&uuml;enza, al par que las l&aacute;grimas, la ahogaran, tartamudeaba:</p>
+
+<p>&mdash;Pepe..., el pobre..., es tan violento...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_344" id="Page_344">[344]</a></span></p><p>Esta &uacute;ltima palabra fue para la marquesa de Villasis un rayo de luz que
+le descifr&oacute; el enigma: cruz&oacute; las manos con un gesto de ira, de sorpresa,
+de l&aacute;stima profund&iacute;sima, de compasi&oacute;n sin medida... &iexcl;Luego era verdad,
+luego era cierto el chisme que varias veces hab&iacute;a llegado hasta ella de
+que el noble Butr&oacute;n, el leal caballero, el correcto diplom&aacute;tico,
+maltrataba con frecuencia a aquella esposa modelo, aquella ilustre
+se&ntilde;ora, aquella d&eacute;bil anciana que sollozaba all&iacute;, ocultando la verg&uuml;enza
+de su marido en el fondo de su pecho, envuelta en su propia desdicha!...</p>
+
+<p>Un violento impulso de noble ira se levant&oacute; pujante en su coraz&oacute;n, y
+hubiera querido arrancar del todo a la infeliz su secreto, no s&oacute;lo para
+remediar su dolor, sino tambi&eacute;n para vengarlo. Mas la noble anciana,
+fiel a su decoro de esposa, guard&oacute; ese dif&iacute;cil silencio con que las
+almas heroicas saben coronar una de las penas m&aacute;s vivas que existen en
+la tierra: el sacrificio despreciado, el sacrificio in&uacute;til, y la
+marquesa de Villasis no se atrevi&oacute; a interrogarla; el primer cuidado de
+la delicadeza, al consolar un dolor, es respetarlo, y nada hiere tanto
+una pena como la curiosidad, sacrilegio, por decirlo as&iacute;, de la
+impertinencia.</p>
+
+<p>Un llanto callado, el m&aacute;s sublime de todos los llantos, el llanto de la
+caridad, que cuando no remedia ni alivia consuela, llorando con el que
+llora, brot&oacute; entonces de sus ojos, y tan s&oacute;lo al asegurarle una y mil
+veces que ir&iacute;a con sumo gusto al d&iacute;a siguiente a su casa, atrevi&oacute;se a
+a&ntilde;adir con uno de esos brotes del coraz&oacute;n en que aparece la amistad tan
+santa y tan bella:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres otra cosa, Genoveva?... &iquest;Te puedo servir en algo m&aacute;s?
+&iexcl;D&iacute;melo!...</p>
+
+<p>Otro quejido que revelaba el complemento de los grandes dolores, la
+<span class='pagenum'><a name="Page_345" id="Page_345">[345]</a></span>falta del &uacute;ltimo consuelo, la soledad del alma, se escap&oacute; entonces de
+los labios de la anciana.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, s&iacute;, de mucho!... &iquest;Pues no lo ves? &iexcl;Para poder llorar delante de
+alguien, para tener quien llore conmigo!...</p>
+
+<p>Y al despedirse, serena ya del todo y consolada en lo posible, dijo a la
+Villasis con intenci&oacute;n marcad&iacute;sima:</p>
+
+<p>&mdash;Te advierto que yo s&oacute;lo te he pedido que <i>vengas ma&ntilde;ana a casa</i>... De
+lo dem&aacute;s que pudiera sobrevenir nadie me har&aacute; responsable, y puedes
+negarte sin miedo.</p>
+
+<p>Y a&ntilde;adi&oacute; con trist&iacute;sima sonrisa:</p>
+
+<p>&mdash;Si yo estuviera en tu caso, har&iacute;a lo mismo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIcmdash" id="VIcmdash"></a><a href="#toc">&mdash;VI&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>La marquesa de Villasis tardaba; eran ya las tres y media y el
+respetable Butr&oacute;n sent&iacute;a angustias de muerte, temiendo verse por segunda
+vez chasqueado por la dama. Con el ojo pegado al agujerillo del tel&oacute;n
+disimulaba su mal humor y sus temores, por no exponerse a las machaconas
+observaciones del se&ntilde;or Pulido, mientras observando este por el otro
+agujero, se afirmaba m&aacute;s y m&aacute;s en los suyos, ofreciendo ambos al que
+entraba por el fondo del teatro un espect&aacute;culo original y extra&ntilde;o en
+<span class='pagenum'><a name="Page_346" id="Page_346">[346]</a></span>demas&iacute;a. Hall&aacute;banse los agujeros bastante bajos por estar disimulados,
+en el lado opuesto, entre el bordado del escudo, y hac&iacute;ase preciso, para
+observar por ellos, ponerse en cuclillas, posici&oacute;n harto molesta, muy
+semejante, por no citar otras, a la que usan los salvajes de Ohio para
+deliberar en el Consejo. Ovidio no refiere si el enamorado P&iacute;ramo se
+pon&iacute;a en actitud tan c&oacute;mica cuando buscaba en la muralla una hendidura
+por donde contemplar a Tisbe; si as&iacute; era, fortuna tuvo el gal&aacute;n en no
+ser visto por la dama.</p>
+
+<p>De repente, sonaron hacia el fondo del teatro pasos importunos, que
+hac&iacute;an crujir las tablas del escenario; furioso Butr&oacute;n volvi&oacute;se agitando
+las manos extendidas e interpelando en col&eacute;rico <i>sotto voce</i> al
+imprudente, como al bueno de Kent el rey Lear:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Despacio, demonio, despacio!...</p>
+
+<p>Era el t&iacute;o Frasquito, que llegaba atropellando la consigna de no
+permitir la entrada en aquel recinto, apresurado y ansioso por ver lo
+que pasaba en el congreso femenino, luciendo una corbata vistos&iacute;sima,
+prenda hermafrodita en que profundos observadores suelen encontrar,
+reflejado con frecuencia, el car&aacute;cter moral del individuo. La del t&iacute;o
+Frasquito era la corbata de gran maestre de los micos de Currita, de
+seda azul japonesa, sujeta coquetamente con el alfiler de una sola
+perla. Hab&iacute;ale encargado la Albornoz venir a buscarla a casa de Butr&oacute;n,
+para darle sin p&eacute;rdida de tiempo sus primeras disposiciones de
+presidenta.</p>
+
+<p>Hizo el reci&eacute;n venido al diplom&aacute;tico mudas se&ntilde;as de que no se molestase,
+y renegando <i>Robins&oacute;n</i> por lo bajo, volvi&oacute; a su observatorio, encargando
+disimuladamente al se&ntilde;or Pulido que saliese a repetir a los criados la
+rigurosa consigna. Mas temeroso este de que le usurpara su puesto el
+<span class='pagenum'><a name="Page_347" id="Page_347">[347]</a></span>intruso, h&iacute;zose el desentendido, dejando abierta la puerta a la mayor
+calamidad que por ella pudiera entrarse.</p>
+
+<p>Mientras el t&iacute;o Frasquito buscaba en vano otro agujero y decid&iacute;ase, no
+encontr&aacute;ndolo, a abrirlo &eacute;l mismo disimuladamente con un cortaplumas,
+una gran sombra apareci&oacute; en el fondo de la escena, desliz&aacute;ndose muy
+despacio, con el cuerpo agobiado, los pies arrastrados, la mano
+extendida... Era Di&oacute;genes, el c&iacute;nico Di&oacute;genes, que al ver a los tres
+personajes pegados al tel&oacute;n, vueltos de espalda y puestos en cuclillas,
+det&uacute;vose un momento, dejando escapar una risa silenciosa, risa de
+chacal, risa de hiena, que de verla el t&iacute;o Frasquito hubiera sentido
+erizarse los pelos e su peluca. Cruz&oacute;se de brazos, movi&oacute; de arriba abajo
+la gran cabezota y desapareci&oacute; sigilosamente por entre los bastidores,
+meti&eacute;ndose luego por debajo del escenario como un nihilista que se
+zambulle en el centro de la tierra para fraguar siniestros proyectos...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La Villasis! &iexcl;La Villasis!&mdash;susurr&oacute; en aquel momento Butr&oacute;n con aire
+de triunfo; y peg&oacute; al punto el ojo al agujero, para no perder ning&uacute;n
+incidente de la escena que iba a seguirse.</p>
+
+<p>La marquesa entraba, en efecto, causando su presencia un movimiento
+general de sorpresa, seguido de un murmullo prolongado que disip&oacute; las
+angustias de Butr&oacute;n, hizo sonre&iacute;r triunfalmente a la de Bara y morderse
+los labios a Currita, adivinando desde luego una rival, la m&aacute;s temible,
+porque era la m&aacute;s detestada. En la conciencia de todas las se&ntilde;oras
+presentes brot&oacute; al mismo tiempo la idea de que aquella era la llamada a
+ser la presidenta, porque a todas se impon&iacute;a la marquesa por diversos
+conceptos: las sensatas y honradas admiraban en ella el tipo de la gran
+se&ntilde;ora de virtud y de prestigio, digna y afable, que, firme en sus
+convicciones en medio de una sociedad fr&iacute;vola y corrompida, impon&iacute;a
+sobre todos, callando siempre, la poderosa cr&iacute;tica del buen ejemplo. Las
+<span class='pagenum'><a name="Page_348" id="Page_348">[348]</a></span>otras, m&aacute;s ligeras o menos honradas, ve&iacute;an, sin embargo, en ella la
+mujer de talento, la dama de gran nombre, de riquezas inmensas, de
+car&aacute;cter firme e independiente, que sin prescindir jam&aacute;s de las justas
+conveniencias que exige un rango elevado, sab&iacute;a sacudir toda imposici&oacute;n
+que repugnase a su conciencia o a su decoro, constituyendo as&iacute; lo que
+admiran tanto las median&iacute;as rutinarias, que s&oacute;lo saben copiar lo que
+halaga la vanidad o seduce al instinto: un tipo original, genuinamente
+noble, digno y honrado.</p>
+
+<p>Algunas, ignorando, como ignoraban todas, excepto la Butr&oacute;n y la de
+Bara, el modo c&oacute;mo hab&iacute;a de nombrarse la junta, dejaron escapar la idea
+entre sus misteriosos cuchicheos, y la se&ntilde;ora de Mart&iacute;nez, con ingenua
+sinceridad, alg&uacute;n tanto lugare&ntilde;a, solt&oacute; esta frase, que hubiera
+provocado en otra ocasi&oacute;n las crudas s&aacute;tiras de la de Bara:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Esa s&iacute; que es una marquesa de veras!...</p>
+
+<p>Mar&iacute;a Valdivieso, con su falta de tacto acostumbrado, inclin&oacute;se hacia
+Currita como para quitarle una pelusilla que desperfeccionaba el
+complicado lazo de las bridas de su sombrero y le dijo muy bajo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eh?... &iquest;Qu&eacute; tal?... Con esta pr&oacute;jima no cont&aacute;bamos... &iquest;Te
+inquieta?...</p>
+
+<p>Irgui&oacute;se la otra como una Juno a quien dijeran que la ninfilla m&aacute;s
+patimondada del Olimpo iba a sentarse en su carro tirado por pavos
+reales, y contest&oacute; desde&ntilde;osamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A m&iacute;?... Jam&aacute;s me ha merecido ni un bostezo, que es el &uacute;ltimo de los
+gestos despreciativos...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_349" id="Page_349">[349]</a></span></p><p>Tambi&eacute;n la marquesa de Villasis hac&iacute;a sus observaciones. Tendi&oacute; la
+vista por la sala y pudo contemplar, desde luego, el Madrid heterog&eacute;neo
+de siempre, en que la virtud y el vicio se mezclan en amigable
+consorcio, representando la historia eterna de la manzana podrida que
+comunica a las sanas su podredumbre y sus gusanos, sin tomar de ellas ni
+el sabor exquisito, ni la fragancia saludable; la indecorosa y da&ntilde;ina
+mescolanza de grandes nombres y grandes verg&uuml;enzas, honras sin tacha y
+reputaciones escandalosas, revestidas todas con el mismo brillante
+barniz de formas elegant&iacute;simas, barajadas y confundidas por el mismo
+apetito ciego de placeres, por los mismos impulsos necios de vanidad,
+por el mismo af&aacute;n irresistible de sacudir el ocio, de distraer el tedio,
+espantosa y continua tentaci&oacute;n de los grandes y de los ricos, que les
+arrastra a todas sus extravagancias y les lleva a todos sus extrav&iacute;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or!&mdash;pensaba la dama&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; grande obra ser&iacute;a la de deshacer esta
+mescolanza que repugna, que envenena, que liberta el vicio de toda
+sanci&oacute;n social que le marque la frente como con una se&ntilde;al de infamia, y
+lo contenga, ya que no con el temor de Dios, con la verg&uuml;enza al menos y
+con el respeto humano; que familiariza con el esc&aacute;ndalo hasta a las
+conciencias m&aacute;s rectas, y destruye la poderosa barrera de horror y de
+extra&ntilde;eza que debe separar al bueno del escandaloso, y comenzando por
+hacer a este tolerable, acaba por hacerle pasar por imitable!... &iexcl;Qu&eacute;
+grande obra har&iacute;a quien con el mismo esp&iacute;ritu de caridad cristiana con
+que se fundan asilos para hu&eacute;rfanos y casas de refugio para doncellas en
+peligro, fundase <i>un sal&oacute;n</i> para mujeres <i>honradas</i> y hombres
+<i>decentes</i>, en que sin riesgo alguno de mal ejemplo pudiese encontrar la
+juventud las justas, leg&iacute;timas y aun necesarias distracciones propias de
+sus a&ntilde;os; hallar sin desvergonzada levadura ese trato se&ntilde;oril y digno a
+la vez que alegre y placentero, que afina y suaviza las inclinaciones
+del hombre, fortalece y alecciona las de la mujer, y fomenta el trato
+<span class='pagenum'><a name="Page_350" id="Page_350">[350]</a></span>mutuo y el mutuo conocimiento de que brotan castas simpat&iacute;as, germen de
+puros y tranquilos amores, que sirven de base solid&iacute;sima a matrimonios
+felices y meditados, de que nacen luego familias cristianas y
+ejemplares!... Y la caridad, la caridad derivada del cielo, &uacute;nica santa
+y leg&iacute;tima, que todo lo ve con sus ojos de lince, que todo lo abarca con
+su actividad insaciable, que todo lo precave con su perspicacia amorosa,
+y no deja dolor sin alivio, ni pena sin consuelo, ni llaga sin remedio,
+&iquest;no se ha fijado nunca en esta &uacute;lcera ensangrentada?... &iquest;Acaso es m&aacute;s
+digna de l&aacute;stima la pobre labriega, la infeliz criada de servicio que el
+abandono precipita en un lodazal de escaleras abajo y salva la caridad
+en una casa de refugio, que la encopetada se&ntilde;orita, la rica heredera que
+un abandono distinto, s&oacute;lo en la forma, precipita del mismo modo en otro
+lodazal de salones adentro?... &iexcl;Y pensar que no es tan dif&iacute;cil el
+remedio como a primera vista parece; que bastar&iacute;a quiz&aacute; que una mujer de
+prestigio y de energ&iacute;a, cerrando los o&iacute;dos a indecorosos respetos
+humanos y a culpables condescendencias sociales, fundase, por el amor de
+Dios, un <i>sal&oacute;n de refugio</i>, lanzando a los cuatro vientos de la alta
+sociedad madrile&ntilde;a, por toda esquela de convite, esta estupenda noticia:
+&laquo;La marquesa tal, o la duquesa cual, se queda todas las noches en casa,
+para las se&ntilde;oras honradas y los caballeros decentes&raquo;!...</p>
+
+<p>Y cuando algo muy hondo, pero muy claro y distinto, le dec&iacute;a a la
+Villasis en el fondo de su conciencia que ella pod&iacute;a y aun deb&iacute;a ser
+aquella tal marquesa o aquella cual duquesa, vino a distraerla de sus
+extra&ntilde;as reflexiones la voz de Genoveva Butr&oacute;n, que dando ya por reunido
+el congreso femenil, comenzaba a exponer el objeto de aquella junta.</p>
+
+<p>La marquesa aten&iacute;ase en sus palabras a la pauta trazada de antemano por
+Butr&oacute;n, evitando con habilidad suma los puntos escabrosos y las mentiras
+gord&iacute;simas marcadas por el diplom&aacute;tico; hablaba muy despacio, con
+sencillez exenta de toda pedanter&iacute;a y el aplomo y la seguridad que dan a
+<span class='pagenum'><a name="Page_351" id="Page_351">[351]</a></span>las personas nacidas y criadas en altas esferas el trato continuo de
+gentes y la conciencia de su propia grandeza. Butr&oacute;n, en cuclillas,
+delante de su agujero, segu&iacute;a con el alma en un hilo el discurso de su
+mujer, extendiendo las manos y llevando el comp&aacute;s como un director de
+orquesta que dirige una partitura, o como un magnetizador que desprende
+de s&iacute; con extra&ntilde;os pases el misterioso fluido. Qued&oacute; bastante
+satisfecho.</p>
+
+<p>La miseria en que yac&iacute;an los infelices soldados heridos en la campa&ntilde;a
+del Norte era grande y dolorosa, y deb&iacute;a precisamente despertar en el
+coraz&oacute;n de todas las se&ntilde;oras espa&ntilde;olas los sentimientos m&aacute;s
+compasivos... Por eso hab&iacute;ase atrevido ella, la Butr&oacute;n, a citar a todas
+las presentes para pedirles, por amor de Dios y compasi&oacute;n hacia aquellos
+infelices, que uniesen sus esfuerzos para socorrerlos, formando una
+asociaci&oacute;n de se&ntilde;oras que, propagada por todas las provincias, pudiera
+allegar cuantiosos recursos para este objeto.</p>
+
+<p>A esto se redujo la primera parte del discurso de la marquesa, que fue
+escuchado con religioso silencio. Hubo una pausa, en que las diversas
+fracciones se miraron unas a otras, alerta todas, silenciosas, con la
+solemne expectaci&oacute;n de ej&eacute;rcitos enemigos que esperan para venir a las
+manos el sonido de la primera descarga.</p>
+
+<p>La baronesa de Bivot, el bizarro <i>Zumalac&aacute;rregui</i>, rompi&oacute; el fuego la
+primera con la certera punter&iacute;a de la l&oacute;gica m&aacute;s exacta.</p>
+
+<p>&mdash;El pensamiento no puede ser m&aacute;s caritativo ni m&aacute;s santo, y supongo que
+merecer&aacute; la aprobaci&oacute;n de todas estas se&ntilde;oras, como merece la m&iacute;a&mdash;dijo,
+ech&aacute;ndose lentamente fresco con el abanico&mdash;. Pero debo hacer notar que
+en la campa&ntilde;a del Norte hay dos ej&eacute;rcitos <i>espa&ntilde;oles</i>...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_352" id="Page_352">[352]</a></span></p><p>Y la p&iacute;cara vieja acentuaba lo de <i>espa&ntilde;oles</i> con una ambigua risita
+que hac&iacute;a saltar a Butr&oacute;n detr&aacute;s de su agujero...</p>
+
+<p>&mdash;...Uno del Gobierno y otro carlista: en los dos hay heridos y en los
+dos hay miseria... Supongo, por lo tanto, que esos recursos que se
+alleguen se dividir&aacute;n en dos partes iguales: una para los heridos del
+Gobierno y otra para los carlistas...</p>
+
+<p>Silencio sepulcral en toda la sala y saltos nerviosos de Butr&oacute;n, que
+bufaba fuera de s&iacute; en su escondite.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El demonio de la vieja!... &iexcl;Pues no faltaba m&aacute;s!... &iexcl;En eso estaba yo
+pensando! &iexcl;En que con los fondos de mi asociaci&oacute;n comprasen fusiles los
+carlistas!... &iexcl;Y la est&uacute;pida Veva se calla!... Contesta, Geno, demonio:
+contesta que no, que se vaya si quiere, que no saca de aqu&iacute; un ochavo...
+&iexcl;La denuncio primero!</p>
+
+<p>Aturdida, la marquesa no contestaba, en efecto, porque ninguna respuesta
+ten&iacute;a aquella l&oacute;gica observaci&oacute;n, tan oportuna e inesperada. La
+Villasis, compadecida de la angustia de su amiga, acudi&oacute; al punto en su
+auxilio.</p>
+
+<p>&mdash;La baronesa tiene mucha raz&oacute;n&mdash;dijo&mdash;; pero sin duda no se ha fijado
+en un inconveniente insuperable... El Gobierno permitir&aacute;, sin duda, que
+se repartan en el ej&eacute;rcito toda clase de recursos; pero imposible es que
+tolere el pase de dinero alguno para los carlistas... Por eso, la
+asociaci&oacute;n tendr&aacute; que limitarse a socorrer a los heridos del ej&eacute;rcito,
+dejando que secretamente acudan todas las que quieran al socorro de los
+carlistas...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_353" id="Page_353">[353]</a></span></p><p>Y dirigi&eacute;ndose a la baronesa, a&ntilde;adi&oacute; con significativa sonrisa:</p>
+
+<p>&mdash;Supongo, baronesa, que usted conocer&aacute; bien el camino; pero si alguna
+no lo conoce, yo puedo indicarle un medio muy seguro por donde enviar
+socorros a esos infelices, que no est&aacute;n menos necesitados, ni son menos
+dignos... Yo tengo tirado ya mi plan: la mitad de lo que pueda dar lo
+entregar&eacute; a Genoveva; la otra mitad la enviar&eacute; por este conducto de que
+hablo a los carlistas...</p>
+
+<p>&iexcl;Bonito se puso Butr&oacute;n! A las primeras palabras de la marquesa, respir&oacute;
+con fuerza, murmurando: &laquo;No est&aacute; mal el remedio&raquo;. Mas cuando vio, por el
+giro que daba la dama a su respuesta y por el plan que expon&iacute;a, que no
+era una estratagema la que usaba, sino un verdadero proyecto que pod&iacute;an
+imitar otras muchas, salt&oacute; fuera de s&iacute; muy incomodado, gru&ntilde;endo entre
+sus bigotes puestos en punta:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Demonio..., demonio..., demonio!... Si el remedio es peor que la
+enfermedad, si lo echa todo a rodar con eso... Se lleva la mitad, nos lo
+quita, nos lo roba...</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Pulido, con su flem&aacute;tica suavidad, d&iacute;jole entonces:</p>
+
+<p>&mdash;Descuida, Pepe..., pocas dar&aacute;n si hay que dar en secreto...</p>
+
+<p>El valiente <i>Zumalac&aacute;rregui</i>, parado en firme con la r&eacute;plica no menos
+l&oacute;gica de la Villasis, repleg&oacute; su guerrilla y parapet&oacute;se en el monte
+Aventino, con una retirada digna de Jenofonte.</p>
+
+<p>La marquesa de Butr&oacute;n aprovech&oacute; tan favorable coyuntura para reanudar su
+discurso por la parte m&aacute;s espinosa... Era necesario nombrar una junta
+directiva, y a este prop&oacute;sito iba a leer una candidatura formada con el
+<span class='pagenum'><a name="Page_354" id="Page_354">[354]</a></span>consejo de personas autorizadas, para sujetarla a la aprobaci&oacute;n de
+todas las se&ntilde;oras presentes.</p>
+
+<p>El golpe era atrevido y la imposici&oacute;n resultaba manifiesta; preciso era
+suponer que nadie osar&iacute;a oponerse a un plan propuesto en su propia casa
+por dama tan respetable... El silencio era profundo y hubi&eacute;rase podido
+o&iacute;r el inquieto pesta&ntilde;ear de Butr&oacute;n y de Pulido, pegados a sus agujeros;
+los resoplidos que costaba al t&iacute;o Frasquito mantenerse tieso en su
+inc&oacute;moda postura, y los amagos de risa de Di&oacute;genes, que, metido en la
+concha del apuntador, frente al tel&oacute;n y de espaldas a la concurrencia,
+ocult&aacute;base a todos, oyendo a unos y otros, y maquinando, sin duda, alg&uacute;n
+plan endiablado que le hac&iacute;a re&iacute;rse a sus solas.</p>
+
+<p>La marquesa sac&oacute; un gran pliego y comenz&oacute; a leer esforzando la voz un
+poco:</p>
+
+<p>&mdash;Presidenta: excelent&iacute;sima se&ntilde;ora marquesa, viuda de Villasis.</p>
+
+<p>Murmullo general de aprobaci&oacute;n... Brusco movimiento de Currita y
+repentina llamarada de ira, de rabia reconcentrada presta a desbordarse
+en sus claras pupilas... Tras el tel&oacute;n, Butr&oacute;n sonr&iacute;e satisfecho y
+Pulido suspira desahogado; el t&iacute;o Frasquito, sorprendido y acongojado al
+ver a su reina destronada, pierde el equilibrio y se agarra al tel&oacute;n,
+poniendo en riesgo el que guardan sus compa&ntilde;eros: mudos ademanes y
+miradas furibundas de estos le llaman al orden... En la concha, Di&oacute;genes
+hace una mueca que quiere decir: &laquo;&iexcl;Est&aacute;is frescos!&raquo;, y prosigue ri&eacute;ndose
+solo... La marquesa de Butr&oacute;n contin&uacute;a leyendo:</p>
+
+<p>&mdash;Vicepresidenta: excelent&iacute;sima se&ntilde;ora condesa de Albornoz.</p>
+
+<p>Silencio profundo... Doscientos ojos escrutadores se fijan en la
+<span class='pagenum'><a name="Page_355" id="Page_355">[355]</a></span>elegida, e Isabel Mazac&aacute;n le env&iacute;a desde lejos un ir&oacute;nico saludito de
+enhorabuena... Currita se muerde los labios y aparecen istr&iacute;as
+sanguinolentas en torno de sus pupilas; un pedacito de encaje del
+pa&ntilde;uelo resbala por la seda de su falda y cae sobre la alfombra... Tras
+el tel&oacute;n, Butr&oacute;n se azora de nuevo; Pulido murmura: &laquo;&iexcl;Lo dije!&raquo;, y el
+t&iacute;o Frasquito desiste de velarse el rostro con las manos por miedo de
+perder de nuevo el equilibrio... Di&oacute;genes ha desaparecido de la
+concha... La marquesa de Butr&oacute;n prosigue:</p>
+
+<p>&mdash;Vocales: excelent&iacute;sima se&ntilde;ora duquesa de Astorga, excelent&iacute;sima se&ntilde;ora
+condesa de Villarcayo...</p>
+
+<p>Movimiento de horror en las huestes de <i>Zumalac&aacute;rregui</i>...</p>
+
+<p>Gesto de protesta del caudillo... La agraciada sonr&iacute;e con una cara de
+babieca que revela la raz&oacute;n por que figura en la lista... La marquesa de
+Butr&oacute;n contin&uacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Excelent&iacute;sima se&ntilde;ora condesa de Minahonda. Excelent&iacute;sima se&ntilde;ora do&ntilde;a
+Servanda Molinillos de Mart&iacute;nez.</p>
+
+<p>Modest&iacute;simo rubor en el rostro de la agraciada, que extiende las manos y
+mueve la cabeza diciendo que no... La duquesa de Bara la anima
+cari&ntilde;osamente... La Garc&iacute;a G&oacute;mez detiene su indignaci&oacute;n, hasta ver si
+est&aacute; ella incluida en la lista... Tras el tel&oacute;n, Butr&oacute;n mira a Pulido, y
+Pulido mira a Butr&oacute;n, y ambos se r&iacute;en... El t&iacute;o Frasquito, envuelto en
+su dignidad, permanece en cuclillas... Di&oacute;genes aparece sobre el tablado
+y busca algo junto a la pared, dentro de los bastidores del lado
+izquierdo... La marquesa de Butr&oacute;n prosigue...</p>
+
+<p>&mdash;Excelent&iacute;sima se&ntilde;ora condesa de Nacharnudo. Excelent&iacute;sima se&ntilde;ora
+<span class='pagenum'><a name="Page_356" id="Page_356">[356]</a></span>duquesa de Bara...</p>
+
+<p>Rec&oacute;ndito asombro de esta al verse incluida en el grupo en que por
+exigencias de Butr&oacute;n hab&iacute;an de figurar tan s&oacute;lo mujeres honradas... La
+marquesa hace una pausa, examina un momento al auditorio y prosigue
+leyendo:</p>
+
+<p>&mdash;Secretaria: excelent&iacute;sima se&ntilde;ora do&ntilde;a Paulina G&oacute;mez de Rebollar de
+Gonz&aacute;lez de Hermosilla...</p>
+
+<p>Fogos&iacute;simo brinco de Leopoldina Pastor, que esperaba la plaza, y
+en&eacute;rgico &laquo;&iexcl;Indecente!&raquo; que revolotea an&oacute;nimo en el aire sin saber d&oacute;nde
+posarse... Carmen Tagle se desternilla de risa... La agraciada guarda
+majestuoso silencio, comp&oacute;nese las gafas de oro y proyecta reparar en la
+ret&oacute;rica de Marco Tulio la parte preceptiva de los documentos
+oficiales... La duquesa de Astorga la felicita sin pizca alguna de
+malicia... Tras el tel&oacute;n, Butr&oacute;n espera, Pulido teme, el t&iacute;o Frasquito
+medita... Di&oacute;genes ha encontrado junto a la pared un cordelito que
+parece bajar del techo y lo examina detenidamente... La marquesa de
+Butr&oacute;n concluye:</p>
+
+<p>&mdash;Tesorera: excelent&iacute;sima se&ntilde;ora do&ntilde;a Ramona G&oacute;mez de L&oacute;pez Moreno...</p>
+
+<p>Amago de apoplej&iacute;a en la interesada... La duquesa consuegra la saluda
+desde lejos... Grandes cuchicheos que crecen, crecen cual r&aacute;faga de
+viento huracanado que comienza por silbar y acaba por rugir.. De
+repente, crujido misterioso... Silencio profundo... Sorpresa general.</p>
+
+<p>Di&oacute;genes ha tirado del cordelito, el tel&oacute;n sube rapid&iacute;simo y aparecen
+los tres P&iacute;ramos en cuclillas, Butr&oacute;n, Pulido y el t&iacute;o Frasquito, ante
+<span class='pagenum'><a name="Page_357" id="Page_357">[357]</a></span>los ojos asombrados de aquel centenar de Tisbes... Cuadro final.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIIcmdash" id="VIIcmdash"></a><a href="#toc">&mdash;VII&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>La asociaci&oacute;n de se&ntilde;oras hizo fiasco y s&oacute;lo dos meses m&aacute;s tarde pudo
+Butr&oacute;n, a costa de trabajo, organizar otra nueva, en forma muy distinta,
+que no dej&oacute; de hacer, sobre todo en provincias, un agosto abundant&iacute;simo.
+La marquesa de Villasis hab&iacute;ase negado rotundamente a aceptar la
+presidencia; Currita rechaz&oacute; la humillante oferta de un cargo
+secundario, con muestras de gran resentimiento; las carlistas, muy
+indignadas, tiraron por un lado, y las radicales, muy ofendidas, se
+fueron por el otro, dejando vacante el canto &eacute;pico a la caridad que
+perpetraba en silencio la excelent&iacute;sima se&ntilde;ora do&ntilde;a Paulina G&oacute;mez de
+Rebollar de Gonz&aacute;lez de Hermosilla, y vac&iacute;o el gran bols&oacute;n Pompadour de
+terciopelo rojo que la se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno pensaba encargar a la
+modista para recoger las colectas. El se&ntilde;or Pulido despleg&oacute; las tres
+falanges de su dedo &iacute;ndice para decir, agit&aacute;ndolo de arriba abajo: &laquo;&iexcl;Lo
+dije, lo dije!&raquo;, y el sesudo diplom&aacute;tico, con la energ&iacute;a de la
+constancia que no consiste en hacer siempre lo mismo, sino en dirigirse
+siempre al mismo fin, tom&oacute; por otro camino para llegar a su objeto,
+consol&aacute;ndose con que Napole&oacute;n cometi&oacute; tambi&eacute;n faltas en la guerra de
+Rusia, Ciro en la de los Scitas, C&eacute;sar en &Aacute;frica y Alejandro en la
+India.</p>
+
+<p>Hubo al otro d&iacute;a en la casa de la Albornoz congreso de ofendidos, y la
+altiva dama adopt&oacute; por suya la respuesta de Marat a Camilo Desmoulins y
+Freron, cuando le propon&iacute;an estos refundir el peri&oacute;dico de ellos, <i>La
+<span class='pagenum'><a name="Page_358" id="Page_358">[358]</a></span>Tribuna de los Patriotas</i>, en el suyo, <i>El Amigo del Pueblo</i>: &laquo;El
+&aacute;guila va siempre sola; los pavos forman manadas&raquo;. Ella era el &aacute;guila y
+las dem&aacute;s se&ntilde;oras los pavos; Butr&oacute;n era el pavero.</p>
+
+<p>La suerte de aquellos infelices heridos del Norte condol&iacute;a, sin embargo,
+a la sensible condesa, y resolvi&oacute; hacer ella sola y por su cuenta propia
+cuanto estuviese en su mano para aliviarla, entendi&eacute;ndose directamente
+con el general en jefe del ej&eacute;rcito y con el bizarro general Pastor,
+hermano de Leopoldina. Convoc&oacute; a sus micos, reuni&oacute; a sus &iacute;ntimos y
+traz&oacute;se un plan encantador de fiestas, bailes y regocijos a beneficio
+todos de los heridos, entre los que hab&iacute;a de llevarse la palma una
+famosa <i>kermesse</i> ideada por Currita, a imitaci&oacute;n de la organizada en
+Par&iacute;s por <i>El F&iacute;garo</i>, en el teatro de la &oacute;pera, a beneficio de los
+inundados en Szegedin. Las actrices m&aacute;s famosas y las damas m&aacute;s
+conspicuas, niveladas por el mismo sentimiento compasivo, hab&iacute;an hecho
+en ella prodigios de caridad, sacrificando, en aras de los pobres, los
+quilates m&aacute;s o menos subidos de sus respectivas verg&uuml;enzas. En dos horas
+escasas hab&iacute;a recaudado madame Judic m&aacute;s de cinco mil francos vendiendo
+<i>marrons glaces</i>. &iquest;Qu&eacute; no recaudar&iacute;a Currita vendiendo por media hora,
+aunque s&oacute;lo fueran altramuces o garbanzos tostados?</p>
+
+<p>Faltaba, sin embargo, al proyecto el visto bueno de Jacobo, requisito
+sin el cual no osaba la dama dar un paso en nada que hubiese de
+aventurar dinero, y justamente Jacobo no pareci&oacute; por all&iacute; en toda la
+noche, ni vino tampoco a almorzar al d&iacute;a siguiente, seg&uacute;n su costumbre
+ordinaria. Alarmada Currita, envi&oacute; un recado a casa del amigo ausente,
+para informarse de la causa de su extra&ntilde;o eclipse; la respuesta del
+lacayo fue terminante:</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or marqu&eacute;s de Sabadell hab&iacute;a salido de Madrid la noche antes.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_359" id="Page_359">[359]</a></span></p><p>Currita se qued&oacute; helada... &iquest;Marcharse Jacobo sin decirle una palabra,
+sin enviarle un recado, sin ponerle siquiera cuatro letras?... &iexcl;Qu&eacute;
+pu&ntilde;alada para su coraz&oacute;n y, sobre todo, qu&eacute; bofet&oacute;n para su amor propio!
+Porque &iquest;qu&eacute; dir&iacute;an las gentes cuando llegaran a traslucir el desprecio y
+el desv&iacute;o que aquello representaba?...</p>
+
+<p>Pasaba esta escena en el comedor, donde los dos esposos almorzaban en
+compa&ntilde;&iacute;a de Mar&iacute;a Valdivieso, Celestino Reguera y Gorito Sardona, cuya
+flamante corbata azul indicaba ser aquel d&iacute;a el mico de guardia. Miraron
+todos a Currita con grande extra&ntilde;eza y aire de pregunta al saber la
+marcha de Jacobo, y Villamel&oacute;n, suspendiendo por un momento la actividad
+febril con que manejaba el trinchante de oro macizo, regalo de Fernando
+VII, dijo con voz lastimosa:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jacobo anda mal y me da pena!...</p>
+
+<p>Y como si el dolor que inspiraban los males de su amigo sirviera para
+facilitar sus funciones digestivas, embaul&oacute;se de un golpe una
+<i>c&ocirc;telette</i> entera, que se le deshizo en la boca de puro blanda, cual si
+fuese un merengue.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hijo&mdash;replic&oacute; Mar&iacute;a Valdivieso&mdash;, no s&eacute; que padezca del pecho...
+Est&aacute; gordo y robusto; Paco V&eacute;lez me lo dec&iacute;a ayer: va echando papada de
+comerciante de ultramarinos.</p>
+
+<p>&mdash;Si no es eso, Mar&iacute;a, &iquest;sabes?&mdash;dijo Villamel&oacute;n con la boca llena&mdash;.
+Digo que anda mal, porque anda en malos pasos. &iquest;Me entiendes?</p>
+
+<p>Callaron todos, metiendo las narices en el plato, y los rabillos de cada
+ojo fueron a fijarse en Currita, que desganada, sin duda, mondaba con
+suma pulcritud y esmero un hermoso albaricoque. Villamel&oacute;n, que luchaba
+<span class='pagenum'><a name="Page_360" id="Page_360">[360]</a></span>siempre en la mesa entre sus ganas de hablar y sus ganas de comer,
+prosigui&oacute; con alguna impaciencia.</p>
+
+<p>&mdash;La francesita esa..., esa... &iquest;C&oacute;mo se llama? &iexcl;Se&ntilde;or, por d&iacute;as pierdo
+la memoria!... T&uacute;, Gorito, &iquest;sabes?... &iquest;C&oacute;mo se llama, hombre?... La de
+las camelias.</p>
+
+<p>Gorito abr&iacute;a mucho los ojos y estiraba la boca sin acordarse de nada,
+nada... Su memoria se hab&iacute;a quedado de repente limpia, rasa, cual una
+hoja de papel blanco. Mar&iacute;a Valdivieso hizo a Currita un r&aacute;pido gui&ntilde;o,
+como d&aacute;ndole a entender que ella podr&iacute;a informarle de grandes cosas, y
+Villamel&oacute;n concluy&oacute; cada vez m&aacute;s impaciente:</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, no me acuerdo... Pero, en fin, esa..., esa es la que lo
+est&aacute; desplumando.</p>
+
+<p>H&iacute;zose el silencio a&uacute;n m&aacute;s embarazoso y el geniecillo mal&eacute;fico de la
+hilaridad comenz&oacute; a revolotear en torno de los comensales, como si a
+todos ocurriese que las plumas arrancadas a Jacobo sal&iacute;an del pellejo de
+Villamel&oacute;n. Currita, mondando siempre su albaricoque, aprovech&oacute; un
+momento en que los criados se alejaban para decir a media voz con su
+acento m&aacute;s suave:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Fernandito, vida m&iacute;a, si tienes el don de la importunidad; si
+pareces un reloj descompuesto... &iquest;A qui&eacute;n se le ocurre hablar de esas
+cosas delante de los criados?... Sabe Dios lo que pensar&aacute;n del pobre
+Jacobo...</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n, con mucha dignidad, replic&oacute; al punto:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_361" id="Page_361">[361]</a></span></p><p>&mdash;Mira, Curra, en la mesa no discuto... &iquest;Sabes?... Pero tienes
+parcialidad por Jacobo y vas a llevarte un chasco muy grande, muy
+grande... &iquest;Me entiendes, Curra?... Ese viajito repentino me da mala
+espina: apuesto a que no va solo.</p>
+
+<p>Currita puso en el plato el albaricoque ya mondado, lav&oacute;se las puntitas
+de los dedos en el enjuagador de rico cristal de Venecia que ten&iacute;a
+delante, y mirando las gotitas de agua que se desprend&iacute;an de sus rosadas
+u&ntilde;itas, dijo ingenuamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues claro est&aacute;!... Llevar&aacute; alg&uacute;n ayuda de c&aacute;mara...</p>
+
+<p>Sulfur&oacute;se Villamel&oacute;n y mir&oacute; a su mujer y luego a Gorito y despu&eacute;s a
+Reguera con cierta especie de col&eacute;rica complacencia retratada en el
+semblante, arrebatado y apopl&eacute;tico por los vapores que le sub&iacute;an del
+repleto est&oacute;mago... &iexcl;Le exasperaba a veces aquella sencillez de Curra,
+que jam&aacute;s pod&iacute;a comprender la malicia de ciertas cosas!...</p>
+
+<p>Termin&oacute;se al fin el almuerzo y Currita sali&oacute; del comedor del brazo de su
+prima, llevando en la mano un platito de porcelana con migas de pan,
+para dar de comer a los pececillos de colores que en una magn&iacute;fica
+pecera de cristal y bronce dorado adornaban una de las galer&iacute;as... La
+enamoraban a ella aquellos animalejos de colores tan brillantes, y la
+pesca era, entre los placeres del <i>sport</i>, el que m&aacute;s emociones le
+causaba.</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Regalar&eacute;te entonces<br /></span>
+<span class="i0">Mil varios pececillos<br /></span>
+<span class="i0">Que al verte, simplecillos,<br /></span>
+<span class="i0">De ti se har&aacute;n prender.<br /></span>
+<span class='pagenum'><a name="Page_362" id="Page_362">[362]</a></span></div></div>
+
+<p>Mar&iacute;a Valdivieso o&iacute;a estupefacta aquellas expansiones id&iacute;licas, cuando
+esperaba ella que Currita se apresurar&iacute;a a interrogarla con el mismo
+furor y los mismos transportes con que Otelo interrogaba a Yago. El
+chasco le pareci&oacute; pesado, y exclam&oacute; muy despechada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya unas emociones que tiene la pesca!... No encuentro definici&oacute;n
+m&aacute;s exacta que la que daba uno de la ca&ntilde;a de pescar: &laquo;Un palo largo que
+termina por un lado en un pez y por otro en un tonto&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Cuesti&oacute;n de gusto&mdash;replic&oacute; tranquilamente Currita.</p>
+
+<p>Y se puso a echar sus miguitas a los peces, habl&aacute;ndoles con el cari&ntilde;o y
+el mimo de una madre que acaricia a sus hijuelos...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola, tragoncillos! &iquest;Hay apetito?... Vamos, haya paz, que para todos
+hay... &iexcl;Mira, mira, Mar&iacute;a, c&oacute;mo abren el hociquito!... &iexcl;Qu&eacute; delicia!
+&iexcl;Qu&eacute; monada!</p>
+
+<p>&mdash;Pero esta mujer tiene sangre de chufa&mdash;pensaba la Valdivieso muy
+enfadada&mdash;. &iquest;S&iacute;?... Pues, aguarda, all&aacute; va... &iexcl;Anda, fast&iacute;diate!...</p>
+
+<p>Y se puso a contarle, en apoyo de la tesis de Villamel&oacute;n, horrores...,
+horrores de Jacobo... Paco V&eacute;lez se lo hab&iacute;a dicho todo la noche antes:
+ella, &iexcl;claro est&aacute;!, por prudencia hab&iacute;a callado tanto tiempo; pero ya
+era hora de hablar, y a fuer de buena amiga deb&iacute;a desenga&ntilde;arla...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;P&iacute;caro! &iexcl;Trag&oacute;n!&mdash;dijo en aquel momento Currita&mdash;. &iexcl;No le muerdas!...
+&iquest;Habr&aacute;se visto?... &iquest;Para qui&eacute;n son esos sopirritones?... Para ti...
+<span class='pagenum'><a name="Page_363" id="Page_363">[363]</a></span>&iquest;Para m&iacute;, esos sopirritines?...</p>
+
+<p>E incorpor&aacute;ndose un poco, dijo mirando siempre a la pecera:</p>
+
+<p>&mdash;Hija, dispensa. &iquest;D&oacute;nde dec&iacute;as que vive esa francesa?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, si no lo dec&iacute;a!&mdash;grit&oacute; la otra pasando del despecho a la furia&mdash;,
+pero te lo digo ahora para que abras los ojos. Vive en la calle de
+Rebollo, n&uacute;mero 68, en un hotel. &iquest;Te enteras? En un hotel muy bonito, y
+se llama... &iquest;C&oacute;mo se llama?... Pues, se&ntilde;or, no me acuerdo; ello era un
+nombre as&iacute; como de p&iacute;ldora.</p>
+
+<p>&mdash;Chismes, mujer, chismes de gente ociosa&mdash;replic&oacute; Currita sobando
+tranquilamente sus migas.</p>
+
+<p>Y con ansia febril repasaba en su interior los nombres de todas las
+p&iacute;ldoras conocidas y hac&iacute;a esfuerzos inauditos para grabar en la memoria
+la calle de Rebollo y el n&uacute;mero 68.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Chismes?&mdash;exclam&oacute; fuera de s&iacute; la Valdivieso&mdash;. &iquest;Y tambi&eacute;n es chisme
+lo del viaje... con el ayuda de c&aacute;mara, por supuesto?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues claro est&aacute; que lo es!&mdash;exclam&oacute; Currita de repente, echando con
+mucha c&oacute;lera todas las migas en la pecera&mdash;. &iexcl;Chisme, chisme, y de
+mal&iacute;sima intenci&oacute;n, Mar&iacute;a!... &iquest;Si lo sabr&eacute; yo, caramba?... Sino que de
+todas las cosas no se ha de dar un cuarto al pregonero... T&uacute; eres mi
+amiga y te lo digo en secreto: Jacobo ha ido a negocios del partido y
+estar&aacute; de vuelta muy pronto... &iexcl;Ya ves c&oacute;mo se escribe la historia!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya!&mdash;exclam&oacute; Mar&iacute;a Valdivieso trag&aacute;ndose la bola. Y Currita respir&oacute;
+al fin algo m&aacute;s desahogada, porque aquella mentira, que se apresurar&iacute;a
+la prima a propagar por todo Madrid, por hab&eacute;rsela dicho en secreto,
+<span class='pagenum'><a name="Page_364" id="Page_364">[364]</a></span>dejar&iacute;a a los ojos de las gentes la herida de su amor propio
+disimulada.</p>
+
+<p>A las tres pidi&oacute; la se&ntilde;ora condesa la berlina y dio al lacayo, como la
+cosa m&aacute;s natural del mundo, las se&ntilde;as de Jacobo. Viv&iacute;a este en la calle
+de Alcal&aacute;, en un precioso cuarto de soltero, y constaba su servidumbre
+de un ayuda de c&aacute;mara, un jockey, una ama de llaves y un cocinero; en
+las cuadras, situadas al final de la calle del Barquillo, ten&iacute;a cuatro
+caballos ingleses, tres de tiro y uno de silla, una berlina, un
+<i>char-&agrave;-bancs</i> y una victoria. La munificencia de los esposos Villamel&oacute;n
+sufragaba todos estos gastos, que hab&iacute;a de pagar el fiel amigo cuando al
+verificarse la Restauraci&oacute;n pudiera sacar el jugo a la cartera, precio
+de sus misteriosos papelitos...</p>
+
+<p>Currita subi&oacute; ligeramente al entresuelo, vivienda de Jacobo, y por tres
+veces toc&oacute; el timbre, sin que nadie contestara; abri&oacute;se al fin la puerta
+y apareci&oacute; el jockey sin librea, cuello ni corbata, brillantes los ojos,
+arrebatadas las mejillas y oliendo a vino a dos metros de distancia.
+Aturdido, al verse frente a frente de la dama, dio un paso atr&aacute;s,
+diciendo atropelladamente:</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or marqu&eacute;s est&aacute; fuera...</p>
+
+<p>Ya lo s&eacute;... Busco a Dami&aacute;n.</p>
+
+<p>No fue necesario llamarlo: por el extremo del pasillo asomaba este la
+cabeza, y ve&iacute;anse detr&aacute;s el ama de llaves y el cocinero, todos
+rubicundos y sofocados, como si viniera a sorprenderles la visita al
+final de un op&iacute;paro banquete. Dami&aacute;n se adelant&oacute; muy sereno, cruzando
+con el turbado jockey un gui&ntilde;o picaresco, un gesto de pillo redomado,
+que vio muy bien la condesa, sintiendo, a pesar de su verg&uuml;enza, que se
+<span class='pagenum'><a name="Page_365" id="Page_365">[365]</a></span>le sublevaba all&aacute; por dentro lo poco de gran dama que quedaba en ella.</p>
+
+<p>&mdash;Pase vuestra excelencia, se&ntilde;ora condesa&mdash;dijo.</p>
+
+<p>Y abri&oacute; muy presuroso de par en par las dos puertas del sal&oacute;n,
+levantando la cortina de terciopelo para dar paso a la dama; atraves&oacute;
+esta r&aacute;pidamente la pieza, abri&oacute; por s&iacute; misma la puerta de un gabinete y
+no se detuvo hasta llegar al despacho de Jacobo, como si todo aquello le
+fuese muy conocido. Sent&oacute;se en un sill&oacute;n y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; es esto, Dami&aacute;n?... &iquest;C&oacute;mo ha sido esa marcha tan
+repentina?... S&oacute;lo pude ver al se&ntilde;or marqu&eacute;s un momento, y eso delante
+de la gente...</p>
+
+<p>&mdash;Pues no s&eacute;&mdash;replic&oacute; Dami&aacute;n encogi&eacute;ndose de hombros&mdash;. El se&ntilde;or marqu&eacute;s
+se levant&oacute; ayer a la una y sali&oacute; sin almorzar de casa... Volvi&oacute; a eso de
+las seis y mand&oacute; preparar las maletas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Llev&oacute; mucho equipaje?... Me dijo que pensaba detenerse varios d&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora; llev&oacute; un mundo y dos maletas. Yo mismo las hice.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y fue por fin solo?... Me dijo que quiz&aacute; tendr&iacute;a que acompa&ntilde;ar a unas
+se&ntilde;oras francesas...</p>
+
+<p>Qued&oacute;se Dami&aacute;n muy parado y torn&oacute; a encogerse de hombros.</p>
+
+<p>&mdash;Demetrio le acompa&ntilde;&oacute; a la estaci&oacute;n... Yo me qued&eacute; en casa.</p>
+
+<p>&mdash;Llame usted a Demetrio... Me interesa saberlo.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_366" id="Page_366">[366]</a></span></p><p>Lleg&oacute; Demetrio medio borracho y tom&oacute; a mirar a Dami&aacute;n, disimulando una
+sonrisa... &Eacute;l no hab&iacute;a visto nada entre tanto bullicio, pero en el coche
+en que se acomod&oacute; el se&ntilde;or marqu&eacute;s hab&iacute;a ya otros equipajes...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No iba en <i>sleeping</i>?</p>
+
+<p>&mdash;No, era un reservado.</p>
+
+<p>Currita se mordi&oacute; los labios.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y les ha dejado aqu&iacute; sus se&ntilde;as?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;Lo dec&iacute;a para que pudieran enviarle el correo... Am&iacute; me las ha dejado.</p>
+
+<p>&mdash;Si la se&ntilde;ora condesa quiere envi&aacute;rselo, yo le llevar&eacute; las cartas que
+lleguen.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, eso es lo m&aacute;s derecho y lo m&aacute;s pronto&mdash;dijo vivamente Currita.</p>
+
+<p>Y en aquel momento entr&oacute;le deseo vehement&iacute;simo de ver toda la casa: era
+muy bonita y estaba todo muy bien puesto: el sal&oacute;n, los dos gabinetes,
+el despacho, la alcoba, el cuarto de ba&ntilde;o, el tocador... Un cuadro le
+llam&oacute; la atenci&oacute;n en esta &uacute;ltima pieza: representaba un ramo de
+camelias, saliendo del centro el busto de una mujer rubia muellemente
+reclinada en aquel lecho de flores, con mucho arte dispuesto... &iexcl;Oh!, no
+hab&iacute;a duda, era la francesa an&oacute;nima, la del nombre de p&iacute;ldora que tan
+cruelmente se le estaba atragantando a ella. Det&uacute;vose a mirar el cuadro
+con aire de inteligente.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_367" id="Page_367">[367]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Bonita idea!... La <i>fattura</i> es correcta... &iquest;Qui&eacute;n es?...</p>
+
+<p>De nuevo se encogi&oacute; Dami&aacute;n de hombros.</p>
+
+<p>&mdash;Es una francesa, hu&eacute;rfana de un general, que pinta esas cosas... El
+se&ntilde;or marqu&eacute;s le compr&oacute; hace tiempo ese cuadro...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, s&iacute;!... Ya s&eacute; qui&eacute;n es: vive en la calle de Rebollo, n&uacute;mero 68.
+&iquest;C&oacute;mo se llama?...</p>
+
+<p>&mdash;Se llama..., se llama... Pues no me acuerdo. Una cosa rara, as&iacute; como
+un nombre de jarabe...</p>
+
+<p>Currita moder&oacute; un movimiento de impaciencia, porque la cosa iba ya
+picando en historia. La una dec&iacute;a que era nombre de p&iacute;ldora y el otro
+que de jarabe, y s&oacute;lo se sacaba en claro que era cosa de botica.</p>
+
+<p>Al pasar por el comedor sali&oacute; a saludarla el ama de llaves, muy atenta y
+obsequiosa, ensanchando cuanto pudo su robusta persona para taparle la
+vista de la mesa en que se hallaban los restos de la francachela que, en
+ausencia de su amo, celebraban aquellos granujas. Acudi&oacute; el cocinero por
+el otro lado, pillo de siete suelas con aire de bonach&oacute;n y campechano, y
+la invit&oacute; tambi&eacute;n a ver su cocina. Currita se puso muy encarnada... y no
+se atrevi&oacute; a rehusar.</p>
+
+<p>Apretando los pu&ntilde;os de rabia y de despecho, entr&oacute; la dama en su berlina
+y dio orden al cochero de ir a casa del general Belluga... Aquella
+taimada risita del jockey, aquel barullo inveros&iacute;mil que le imped&iacute;a ver
+si su amo acompa&ntilde;aba a unas damas, d&aacute;banle mal&iacute;sima espina y preciso era
+que ella apurase la verdad por s&iacute; misma.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_368" id="Page_368">[368]</a></span></p><p>El coche del general estaba en la puerta, reclinado el lacayo contra el
+quicio, tieso el cochero en el pescante con la fusta enarbolada. La
+condesa encontr&oacute; en la escalera, prestas a salir de paseo, a la generala
+y a sus hijas, dos &aacute;ngeles acabados de salir del colegio de York, en
+Inglaterra, que comenzaban a perder en la atm&oacute;sfera viciada de los
+salones su perfume natural de candor y pureza, como pierden su sana
+fragancia el romero y el tomillo encerrados en una caja de almizcle.
+Llam&aacute;balas la condesa sus ahijaditas, porque en su famoso baile de
+<i>ancha base</i> hab&iacute;an sido presentadas bajo los auspicios de la dama por
+primera vez en el mundo.</p>
+
+<p>Las se&ntilde;oras quisieron volver atr&aacute;s, y Currita, sin oponerse mucho al
+cumplido, consinti&oacute; bien pronto en ello... &iexcl;Oh!, tra&iacute;a ella las de Ca&iacute;n;
+como que ven&iacute;a nada menos que a embargarle por la tarde a una de sus
+ahijaditas; estaban ataread&iacute;simas ella y otras se&ntilde;oras, pidiendo por
+todas partes hilas para los pobrecitos heridos y objetos de todo g&eacute;nero
+para la rifa, la <i>kermesse</i>, que promet&iacute;a estar divertid&iacute;sima. Hab&iacute;anla
+dejado a ella sola aquella tarde, y por eso ven&iacute;a a buscar una companera
+agradable, un <i>&aacute;ngel de la guarda</i> que la ayudase a tender la ca&ntilde;a.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; coraz&oacute;n compasivo resiste a un anzuelo semejante?...</p>
+
+<p>Y bes&oacute; en la mejilla a la mayor de las dos hermanas, Margarita, que
+fijaba en ella sus ojazos de color de cielo, sonriendo con la inocencia
+con que sonr&iacute;e un ni&ntilde;o a los varios juegos de luz que forma el reflejo
+sobre las brillantes escamas de una serpiente. La generala acept&oacute; en
+seguida, crey&eacute;ndose honrad&iacute;sima, y aquella se&ntilde;ora ejemplar, aquella
+madre cari&ntilde;osa y cristiana que hab&iacute;a educado a sus hijas en el santo
+temor de Dios y en el cercado de la pureza, fi&oacute; sin reparo alguno el m&aacute;s
+bello de sus &aacute;ngeles a aquella p&iacute;cara redomada, aquella bribona
+<span class='pagenum'><a name="Page_369" id="Page_369">[369]</a></span>indecent&iacute;sima...</p>
+
+<p>Salieron todas juntas delante la Albornoz, apoyada en el brazo de
+Margarita; en mitad de la escalera volvi&oacute;se aquella muy animada:</p>
+
+<p>&mdash;Como despacharemos tarde, me llevar&eacute; a comer a mi ahijada. &iquest;Me da
+usted su permiso?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues no faltaba m&aacute;s, condesa!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gracias, querida, gracias!...</p>
+
+<p>En el tarjetero de la berlina tra&iacute;a Currita un papelito en que se ve&iacute;an
+apuntados gran n&uacute;mero de nombres y de se&ntilde;as; hicieron dos visitas, a una
+magistrada del Tribunal Supremo y a una brigadiera de artiller&iacute;a,
+dign&iacute;simas se&ntilde;oras, a quienes, despu&eacute;s de sacar los cuartos la ol&iacute;mpica
+condesa, puso en rid&iacute;culo con desvergonzado gracejo, haciendo
+desternillar de risa a la inocente Margarita. Entonces dio al lacayo
+unas se&ntilde;as que estaban apuntadas con l&aacute;piz, las &uacute;ltimas, de su letra
+misma.</p>
+
+<p>&mdash;Calle de Rebollo, n&uacute;mero 68... Hotel...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n vive all&iacute;?&mdash;pregunt&oacute; Margarita.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no s&eacute;... Es una francesa que pinta... Con tal que le saquemos
+alg&uacute;n cuadrito...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabe usted que esto es muy divertido?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo creo, divertid&iacute;simo!... Ver las caras tan c&oacute;micas de esa pobre
+<span class='pagenum'><a name="Page_370" id="Page_370">[370]</a></span>gente cuando se les pone al pecho el pu&ntilde;al de la caridad. &iexcl;La bolsa...
+o el rid&iacute;culo!... Y entregan las pobrecillas la bolsa y se quedan
+tambi&eacute;n con el rid&iacute;culo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me traer&aacute; usted otra tarde, condesa?...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hija m&iacute;a, con mil amores... Pero no me llames de usted, h&aacute;blame de
+t&uacute;, dime Curra... &iexcl;Vamos, que no soy tan vieja!...</p>
+
+<p>Llegaron a la calle de Rebollo, n&uacute;mero 68, y par&oacute; el coche ante el
+hotel, especie de bombonera, m&aacute;s pretenciosa que art&iacute;stica, m&aacute;s bonita
+que lujosa. Currita baj&oacute; la primera, nerviosa, un poco p&aacute;lida, pero no
+de verg&uuml;enza ni de miedo, sino de ira, de anhelo, de despecho... Por
+fin, iba a entrar agarrada al manto de la caridad, haciendo hincapi&eacute; en
+las llagas de los heridos del Norte, en la guarida de la fiera, y a
+cerciorarse por s&iacute; misma de si eran de la droga aquella, fuese p&iacute;ldora o
+jarabe, los equipajes que hab&iacute;a visto Demetrio en el coche reservado.
+Por eso, y s&oacute;lo por eso, hab&iacute;a emprendido la bribona aquella ronda
+caritativa, escogiendo por compa&ntilde;era aquella inocente ni&ntilde;a, incapaz de
+sondear la capa de cieno que estaba pisando. Un <i>groom</i> mon&iacute;simo, el que
+hab&iacute;a visto Currita en el Teatro Real la noche del estreno de <i>Dinorah</i>,
+se hallaba a la puerta: pregunt&oacute;le ella si las <i>se&ntilde;oras</i> estaban en casa
+y el chico contest&oacute; afirmativamente, haciendo entrar a las damas en un
+saloncito de la planta baja. Currita pensaba:</p>
+
+<p>&mdash;De fijo que est&aacute; de viaje y me encuentro cara a cara con la vieja...</p>
+
+<p>Un perrillo microsc&oacute;pico y fe&iacute;simo sali&oacute; de entre unas mantas al lado de
+la chimenea y comenz&oacute; a ladrar, retir&aacute;ndose despu&eacute;s gru&ntilde;endo y
+tiritando. Diole a Margarita miedo el feo animalejo.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_371" id="Page_371">[371]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Parece un diablillo malo!&mdash;dec&iacute;a.</p>
+
+<p>Estaba el sal&oacute;n medio a oscuras, los muebles sucios y revueltos, y
+ve&iacute;anse prendas de vestir sobre algunas sillas. En una mesa maqueada, de
+trabajo muy lindo, hab&iacute;a, entre varios juguetes de porcelana y un &aacute;lbum
+de retratos, una gran chocolatera de cobre, vieja y requemada, con su
+molinillo de palo muy tieso, chorreando espeso l&iacute;quido. La condesa
+mostr&oacute; a Margarita con la punta de la sombrilla el extra&ntilde;o <i>bibelot</i>,
+diciendo muy bajo:</p>
+
+<p>&mdash;Caprichos de artista...</p>
+
+<p>Margarita rompi&oacute; a re&iacute;r, conteni&eacute;ndose a duras penas, y la condesa, no
+obstante su preocupaci&oacute;n, viose forzada tambi&eacute;n a soltar la risa,
+a&ntilde;adiendo a media voz:</p>
+
+<p>&mdash;Con tal que no nos mande a la <i>kermesse</i> este utensilio...</p>
+
+<p>Son&oacute; una puerta en el interior, luego otra m&aacute;s cerca, y el <i>groom</i>
+levant&oacute; la cortina: Currita respir&oacute; desahogada... Entraba la dama
+duende, la inc&oacute;gnita de las camelias, con el aplomo y el descoco de una
+<i>diva</i> de caf&eacute; cantante que se presenta ante el p&uacute;blico, fijando en &eacute;l
+una mirada de provocaci&oacute;n m&aacute;s bien que de temor o de extra&ntilde;eza. La
+condesa no se aturdi&oacute; tampoco; con la exquisita distinci&oacute;n de la gran
+se&ntilde;ora de raza, que tan en alto grado pose&iacute;a, y el aplomo de la mujer de
+mundo que encuentra reparos para todos los apuros, y salida para todos
+los laberintos, y palabras para todas las situaciones, expuso a la dama
+an&oacute;nima el objeto de su visita. Ella se conmovi&oacute; mucho... <i>Amaba a la
+Espa&ntilde;a muy fuerte, y estaban los carlistas unos brigantes muy atrevidos,
+como Diego Corrientes y Gos&eacute; Mar&iacute;a.</i></p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_372" id="Page_372">[372]</a></span></p><p>Currita, al o&iacute;rle chapurrear tan desastrosamente el castellano, habl&oacute;le
+en franc&eacute;s y ella agradeci&oacute; la atenci&oacute;n con una amable sonrisa. Comenz&oacute;
+entonces a hablar con gran soltura y elegancia, lamentando los estragos
+de la guerra, ensalzando la misi&oacute;n de la mujer, ponderando la virtud de
+la caridad con el fuego y el entusiasmo de Vicente de Pa&uacute;l en persona.</p>
+
+<p>Currita le dijo sonriendo:</p>
+
+<p>&mdash;Veo que no me he enga&ntilde;ado al apelar a sus sentimientos de usted, y
+espero que nos enviar&aacute; alg&uacute;n socorro para nuestros pobres heridos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, s&iacute;, s&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Cualquier cosa, lo que usted pueda... Alg&uacute;n <i>bibelot</i> para la
+<i>kermesse</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, s&iacute;, s&iacute;... Enviar&eacute; alg&uacute;n objeto de arte...</p>
+
+<p>Margarita se mordi&oacute; los labios para no soltar la risa: pensaba si ser&iacute;a
+la chocolatera el objeto de arte prometido. Currita d&iacute;jole entonces con
+graciosa sonrisa:</p>
+
+<p>&mdash;Y si ese objeto de arte es obra de su genio de usted, ser&aacute; mucho m&aacute;s
+agradecido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!... &iquest;Mi genio?&mdash;exclam&oacute; la otra muy sorprendida.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, su genio he dicho... Ya sabe usted que esas cosas no pueden
+ocultarse... Su paisana, madame Sta&euml;l, lo dijo: donde hay genio, brilla.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_373" id="Page_373">[373]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Oh!...</p>
+
+<p>&mdash;El marqu&eacute;s de Sabadell&mdash;prosigui&oacute; Currita, dejando caer lentamente las
+palabras&mdash;me ense&ntilde;&oacute; aquel ramito de camelias que... <i>le envi&oacute; usted</i>
+hace tiempo... &iexcl;Es un <i>quadretto</i> delicioso! Si manda usted a la
+<i>kermesse</i> una <i>pochade</i> parecida, no habr&aacute; regalo que la iguale...</p>
+
+<p>La dama an&oacute;nima sonre&iacute;a, sonre&iacute;a siempre, con los ojos bajos, como
+abrumada por el peso de aquellas lisonjas que hac&iacute;an vibrar las aletas
+de su fina nariz con estremecimientos de rabia. Currita quiso darle el
+golpe de gracia, y con aire de bondadosa protecci&oacute;n dijole entonces:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y tiene usted muchas disc&iacute;pulas?...</p>
+
+<p>Enderez&oacute;se la otra bruscamente, como si la idea de que trabajase para
+vivir la ofendiera demasiado.</p>
+
+<p>&mdash;Me hab&iacute;a dicho el marqu&eacute;s que daba usted lecciones de pintura.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, no, no. No soy profesora: disc&iacute;pula, pobre disc&iacute;pula.</p>
+
+<p>Y con su suave acento y sus modestos meneos disimulaba y conten&iacute;a el
+impulso feroz que hace a la gata rabiosa tirarse a los ojos del
+contrario; diose al fin Currita por satisfecha y march&oacute;se, dejando a su
+parecer a la dama duende confundida y humillada. Al arrancar la berlina,
+solt&oacute; al fin Margarita la risa, exclamando entre inocentes carcajadas:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; har&iacute;a en el sal&oacute;n aquella chocolatera?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no te lo he dicho?&mdash;replic&oacute; la Albornoz haciendo coro a las
+risas de la ni&ntilde;a&mdash;. De seguro que la manda a la <i>kermesse</i> como un
+<span class='pagenum'><a name="Page_374" id="Page_374">[374]</a></span><i>bibelot</i> nunca visto; ver&aacute;s c&oacute;mo no me equivoco.</p>
+
+<p>Tres d&iacute;as despu&eacute;s pudo Margarita convencerse de que su ilustre amiga y
+madrina se equivocaba por completo... Pedro L&oacute;pez hab&iacute;a dicho, y
+millares de lectores lo vieron en <i>La Flor de Lis</i>, que el &aacute;ngel de la
+caridad hab&iacute;a sentado sus reales en el palacio de la celestial condesa
+de Albornoz... Fuese o no esto cierto, &eacute;ralo, sin embargo, que de los
+cuatro &aacute;ngulos de la Villa y Corte aflu&iacute;an al palacio preciosos regalos
+para la <i>kermesse</i>, patrocinada por la dama, que iban quedando expuestos
+al p&uacute;blico con grande primor colocados en los varios salones; por las
+noches, en uno de ellos espl&eacute;ndidamente iluminado y en torno de una
+larga mesa cubierta por rico tapiz de tintas oscuras, agrup&aacute;base un
+risue&ntilde;o enjambre de j&oacute;venes doncellas y apuestos donceles&mdash;as&iacute; los
+llamaba Pedro L&oacute;pez&mdash;que, barajados y confundidos, formando parejas, y
+m&aacute;s pegaditos entre s&iacute; ellas y ellos de lo que la temperatura ordinaria
+ped&iacute;a de suyo, dedic&aacute;banse a la caritativa tarea de hacer hilas para los
+infelices heridos del Norte. Currita, deseando despertar la emulaci&oacute;n en
+provecho de los pobrecitos heridos, distribu&iacute;alos de esta suerte, y era
+verdaderamente un encanto, que arrasaba en l&aacute;grimas los ojos, ver
+aquellas tiernas parejas de inocentes doncellitas de quince a veinte
+a&ntilde;os, y castos mancebitos de veinte, treinta y hasta cuarenta, sacando
+hilas del mismo trapito, sosteniendo por lo bajo pl&aacute;ticas caritativas
+que les animaban a la santa obra, todo, por supuesto, bajo la inspecci&oacute;n
+de la angelical condesa de Albornoz, que iba de un lado a otro
+distribuyendo las parejas, repartiendo los trapitos, recogiendo en
+bandejas de plata, ayudada de sus micos, la obra ya hecha; animando a
+los perezosos con una sonrisa, enfervorizando a los tibios con una
+palabra, prendiendo por todas partes el fuego de caridad que la abrasaba
+a ella misma. Ni el b&aacute;culo de san Francisco, ni el manto de santa
+Teresa, ni el ce&ntilde;idor de san Ignacio de Loyola hicieron nunca curas tan
+milagrosas como las que hab&iacute;an de operar aquellas hilas, con tan pura
+intenci&oacute;n trabajadas, en las heridas, llagas y tolondrones de los
+<span class='pagenum'><a name="Page_375" id="Page_375">[375]</a></span>pobrecitos heridos del Norte. Aquello merec&iacute;a ser visto, y Di&oacute;genes,
+que lo vio una vez, manifest&oacute; en el Veloz-Club, ya muy entrada la noche,
+lo que le hab&iacute;an parecido las parejas de operarios y lo que le hab&iacute;a
+recordado su directora y maestra...</p>
+
+<p>Los personajes m&aacute;s conspicuos de la corte pasaban por all&iacute; pagando su
+tributo; y hasta don Casimiro Pantojas hab&iacute;a hecho una noche sus
+hilitas, sin m&aacute;s que un ligero percance, hijo de su cortedad de vista:
+equivoc&oacute; el trapo con el rico pa&ntilde;uelo de batista de la dama vecina,
+olvidado encima de la mesa, y p&uacute;sose muy afanado a sacar hilas de este,
+haciendo dos pelotones fin&iacute;simos. Alz&oacute; el grito la dama, porque ten&iacute;a
+para ella el pa&ntilde;uelo grandes recuerdos, y desolado don Casimiro al
+reconocer su error, devolvi&oacute;selo con un fleco en torno de cuatro dedos
+de ancho.</p>
+
+<p>Dos figuras de primera magnitud hab&iacute;anse, sin embargo, hecho notar por
+su ausencia, y eran estas el marqu&eacute;s de Butr&oacute;n y el t&iacute;o Frasquito:
+cre&iacute;ase que un pertinaz constipado ten&iacute;a encerrado a este entre las
+cuatro paredes de su casa, y no se ignoraba tampoco que las relaciones
+del gran Robins&oacute;n con la ilustre dama hab&iacute;anse enfriado alg&uacute;n tanto con
+motivo de la vicepresidencia ofrecida y desairada. Sorpresa caus&oacute;, pues,
+aquella noche ver entrar al peludo diplom&aacute;tico en el caritativo taller
+de las hilas y acercarse a la condesa con la m&aacute;s risue&ntilde;a de sus caras y
+el m&aacute;s expresivo de sus gestos; ella dej&oacute; escapar al verle una ligera
+exclamaci&oacute;n de infantil alegr&iacute;a, y acrecent&oacute; el pasmo de todos
+grit&aacute;ndole con sus mimitos m&aacute;s suaves:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Butr&oacute;n... un trapito!... Nada, nada, aqu&iacute; no se quieren ociosos...
+Venga usted a sacar hilas conmigo... All&iacute;, junto a m&iacute;, en mi mismo
+trapo...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_376" id="Page_376">[376]</a></span></p><p>Y dejando abandonada a su propio impulso la filantr&oacute;pica tarea de
+enardecer el fervor de sus operarios, retir&oacute;se a un rinc&oacute;n con el
+diplom&aacute;tico, llevando en la mano un fino trapito cuadrado y una bandeja
+de plata para colocar las hilas. Nada sab&iacute;a a&uacute;n Currita de Jacobo, y al
+ver entrar al sabio Mentor, figur&oacute;sele que este le traer&iacute;a noticias del
+pr&oacute;fugo joven Tel&eacute;maco. Butr&oacute;n estaba, sin embargo, en la misma
+ignorancia, y el mismo pensamiento y los mismos interesados deseos
+tra&iacute;anle en busca de la invulnerable Calipso. La repentina marcha de
+Jacobo hab&iacute;ale alarmado, temiendo que ocultase tras de ella alg&uacute;n enredo
+que perjudicase a sus trabajos pol&iacute;ticos, y fingi&eacute;ndose enterado de lo
+que deseaba saber, propon&iacute;ase arrancar con ma&ntilde;a a la dama el hilo del
+ovillo.</p>
+
+<p>Currita y Butr&oacute;n se miraron un momento en el apartado rinconcito, como
+invit&aacute;ndose a hablar mutuamente, y ella, viendo que el respetable
+diplom&aacute;tico no daba luz ninguna, p&uacute;sose muy afanada a sacar sus hilas, y
+comenz&oacute; a confiarle sus pesares dom&eacute;sticos... Fernandito andaba muy mal
+y le inspiraba su salud serios cuidados; su falta de memoria llegaba ya
+al punto de hab&eacute;rsele olvidado d&iacute;as atr&aacute;s que hab&iacute;a comido, y armar una
+pelotera terrible, queriendo por segunda vez sentarse a la mesa...
+S&aacute;nchez Oca&ntilde;a y Letamendi le hab&iacute;an reconocido, y ambos opinaban que era
+aquello un principio de reblandecimiento cerebral que le llevar&iacute;a
+lentamente a la sepultura...</p>
+
+<p>Ella estaba acongojada: si fuese siquiera una enfermedad repentina, que
+se lo llevara Dios en pocos d&iacute;as... vamos, sensible era siempre quedar
+una mujer sola, con dos hijos que educar, sin tener a su lado hombre
+alguno... &iexcl;Pero verle padecer tanto tiempo, consumirse poco a poco, sin
+esperanza ninguna!...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_377" id="Page_377">[377]</a></span></p><p>&mdash;Y cada d&iacute;a m&aacute;s tonto, Butr&oacute;n; crea usted que no exagero... Yo cre&iacute;
+que ser&iacute;a imposible serlo m&aacute;s; pues nada, todos los d&iacute;as progresa...</p>
+
+<p>El respetable Butr&oacute;n dio un suspiro, y poniendo en el anzuelo el cebo de
+un consuelito, tendi&oacute; delicadamente la ca&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Siempre te quedar&aacute; Jacobo, excelente amigo, que sabr&aacute; aconsejarte...
+&iquest;No te ha escrito?...</p>
+
+<p>Ella, arreglando con mucho primor su manojito de hilas, contest&oacute;
+sencillamente:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ayer tuve carta... Por supuesto, que a usted tambi&eacute;n le habr&aacute;
+escrito...</p>
+
+<p>&mdash;No, no he recibido carta ninguna, pero no me extra&ntilde;a... Al despedirse
+me dijo que hasta no tener noticias seguras no me escribir&iacute;a. &iquest;De d&oacute;nde
+te escribe ya?...</p>
+
+<p>Las hilas se enredaron y preciso fue inclinarse hacia la luz para buscar
+el hilito, haciendo una pausa mientras tanto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Querr&aacute; usted creer que no pone fecha ninguna?... Me dice, sin
+embargo, que escribe en el <i>restaurant</i> de la estaci&oacute;n, esperando el
+tren ascendente... Como el pobre es tan extremoso, quiso a toda prisa
+sacarme de cuidados...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, muy extremoso&mdash;replic&oacute; Butr&oacute;n&mdash;, pero tambi&eacute;n muy atolondrado. &iquest;A
+que no te pone se&ntilde;as ningunas?...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_378" id="Page_378">[378]</a></span></p><p>&mdash;No, ningunas...</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya t&uacute; ves, a m&iacute; tampoco me las ha dejado, y me precisa enviarle
+ciertas instrucciones que despu&eacute;s de su marcha he recibido... Por eso
+ven&iacute;a a preguntarte esta noche si sab&iacute;as t&uacute; d&oacute;nde paraba.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no lo s&eacute;, Butr&oacute;n, y me tiene esto muy perpleja... Porque Dami&aacute;n
+me ha tra&iacute;do varias cartas que le han llegado por el correo y no s&eacute;
+d&oacute;nde envi&aacute;rselas...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si falta en esa cabeza alg&uacute;n tornillo!... Preciso ser&aacute; esperar a que
+escriba de nuevo, y te encargo mucho que en cuanto recibas sus se&ntilde;as me
+las env&iacute;es de seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Descuide usted, Butr&oacute;n, pero le encargo tambi&eacute;n que no tarde en
+mand&aacute;rmelas si las recibe usted primero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!&mdash;replic&oacute; Butr&oacute;n con mucha galanter&iacute;a&mdash;. Imposible es que Jacobo
+cometa semejante pifia...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, no, no Butr&oacute;n!&mdash;dijo Currita con melanc&oacute;lico acento&mdash;No crea
+usted que me hago yo ilusiones algunas; s&eacute; muy bien que no hay rival tan
+temible para una mujer como la sota de bastos o la esperanza de una
+cartera...</p>
+
+<p>Y aqu&iacute; se detuvieron los dos, convencidos por completo de haberse
+enga&ntilde;ado rec&iacute;procamente, creyendo ella, hecha una furia, que Jacobo, de
+acuerdo con Butr&oacute;n, hab&iacute;a marchado a negocios del partido sin decirle
+una palabra; juzgando &eacute;l, hecho un basilisco, que Currita y Jacobo se
+emancipaban de su tutela, constituy&eacute;ndose en cant&oacute;n independiente y
+obrando por cuenta propia en los negocios pol&iacute;ticos... Un suceso
+repentino impidi&oacute;les seguir explorando con la misma habilidad los
+<span class='pagenum'><a name="Page_379" id="Page_379">[379]</a></span>respectivos campos: entr&oacute; un criado trayendo un gran estuche de
+terciopelo granate muy oscuro, magn&iacute;fico regalo para la <i>kermesse</i>, que
+acababan de traer a aquella hora intempestiva con la idea deliberada,
+sin duda, de que pudiera ser admirado al mismo tiempo por toda la
+brillante concurrencia. Gorito Sardona, mico de guardia aquella noche,
+tom&oacute; el estuche de manos del lacayo y p&uacute;solo sobre la mesa, llamando a
+gritos a Currita. Acudi&oacute; esta seguida del diplom&aacute;tico, y un ligero grito
+que pareci&oacute; arrancarle la admiraci&oacute;n, y le arrancaban en realidad el
+temor y la sorpresa, se escap&oacute; de sus labios a la vista del estuche...
+Hab&iacute;ale recordado al punto otro enteramente semejante, con la sola
+diferencia de que sobre el oscuro terciopelo de la tapa de aquel otro se
+destacaba, bajo una corona de marqu&eacute;s, una caprichosa <i>S</i> de oro mate, y
+en este s&oacute;lo se ve&iacute;a en aquel lugar un poco chafado el terciopelo...
+Tres segundos permaneci&oacute;, sin embargo, inm&oacute;vil, contemplando el estuche,
+sin osar abrirlo; agrup&aacute;banse todos a su alrededor, oprimi&eacute;ndola y
+estruj&aacute;ndola contra la mesa, ansiosos de contemplar la maravilla, y no
+hubo m&aacute;s remedio que apretar el resorte y levantar la tapa...</p>
+
+<p>Una exclamaci&oacute;n general de asombro se escap&oacute; de todos los labios,
+ahogando el sordo rugido de rabia y despecho que hinch&oacute; la garganta de
+Currita... Sobre el blanco terciopelo que forraba el interior
+destac&aacute;base, en toda su magnificencia, la obra maestra de Enrique de
+Arfe, el marco antiguo de plata cincelada que hab&iacute;a regalado ella a
+Jacobo en aquel mismo estuche, con su propio retrato de reina
+japonesa... Este hab&iacute;a desaparecido, y ve&iacute;ase en su lugar otra extra&ntilde;a
+fotograf&iacute;a: representaba una camelia de tama&ntilde;o natural, y echada sobre
+ella como sobre el alf&eacute;izar de una ventana, aparec&iacute;a el busto de una
+mujer, de la dama duende que todos conoc&iacute;an, apoyada la mejilla
+izquierda sobre ambas manos cruzadas, mirando al frente con provocativa
+insolencia, sacando la lengua con gesto de pilluelo redomado a todo el
+que mirase el retrato por cualquier lado que fuese; por debajo, le&iacute;ase
+<span class='pagenum'><a name="Page_380" id="Page_380">[380]</a></span>escrito con muy buena letra inglesa:</p>
+
+<p class="center">A LA EXCMA. SRA. CONDESA DE ALBORNOZ,
+<i>Mademoiselle de Sirop.</i>
+
+Nadie dijo una palabra, nadie hizo un comentario... En el embarazoso
+silencio que deja al descubierto las grandes verg&uuml;enzas, oy&oacute;se tan s&oacute;lo
+la suave vocecita de la Albornoz, que dec&iacute;a alg&uacute;n tanto temblorosa:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Mademoiselle de Sirop?... &iexcl;Qu&eacute; delicia!... &iquest;Si ser&aacute; prima del jarabe
+Henry Mure que han recetado a Fernandito?...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIIIcmdash" id="VIIIcmdash"></a><a href="#toc">&mdash;VIII&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>El despertar de Jacobo fue alegre: hab&iacute;a ganado la noche antes, jugando
+en el Casino hasta las cuatro de la ma&ntilde;ana, m&aacute;s de cinco mil duros. Hay,
+sin embargo, algo en el hombre que despierta antes que la raz&oacute;n y los
+sentidos, y levanta la voz y grita y no calla ni aun en esos momentos de
+duerme&mdash;vela en que flotan las ideas como cabos sueltos, sin que la
+voluntad, dormida todav&iacute;a, haya tenido tiempo de atarlas y enderezarlas
+o torcerlas a su albedr&iacute;o. Este algo se llama remordimiento, y &eacute;l, con
+su punzante aguij&oacute;n, puso ante los ojos de Jacobo, antes que los cinco
+mil duros ganados, las aterradas fisonom&iacute;as de la mujer y de los hijos
+del que los hab&iacute;a perdido, padre de familia, jugador de oficio, marcado
+con ese sello de desdicha com&uacute;n a los del gremio, que por ser desdicha
+buscada no despierta en ellos mismos compasi&oacute;n, sino enojo. En las
+ganancias del juego, ha dicho uno, hay siempre algo parecido al robo,
+<span class='pagenum'><a name="Page_381" id="Page_381">[381]</a></span>porque con raz&oacute;n puede decirse que se toma lo ajeno contra la voluntad
+de su due&ntilde;o; y si bien es cierto que se gana este dinero ajeno
+exponiendo el propio, tambi&eacute;n lo es que los ladrones en cuadrilla
+exponen sus vidas en las encrucijadas de los caminos, y la vida, aunque
+sea de un facineroso, vale m&aacute;s que el dinero.</p>
+
+<p>Volvi&oacute;se Jacobo del otro lado, ahogando estas reflexiones con su
+voluntad ya despierta, y tir&oacute; de la campanilla, murmurando entre
+dientes:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Amar a nuestro pr&oacute;jimo<br /></span>
+<span class="i0">Nos manda la doctrina,<br /></span>
+<span class="i0">Y al pr&oacute;jimo en la guerra<br /></span>
+<span class="i0">Le dan contra una esquina.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Entr&oacute; Dami&aacute;n, trayendo, como todos los d&iacute;as, el correo y los peri&oacute;dicos,
+que puso al alcance de la mano de Jacobo sobre la mesa de noche. Abri&oacute;
+luego las persianas, descorri&oacute; las cortinas y entr&oacute;se en el cuarto de
+vestir para preparar el agua caliente y la ropa del se&ntilde;orito. Hab&iacute;an
+dado ya las doce y media.</p>
+
+<p>Era Jacobo muy perezoso y cost&aacute;bale gran trabajo arrancarse del lecho;
+dio en &eacute;l varias vueltas, estir&aacute;ndose y revolvi&eacute;ndose con esa dejadez
+del que no tiene cuidados, ni le esperan obligaciones, ni encuentra para
+saludar al nuevo d&iacute;a otra f&oacute;rmula, otra oraci&oacute;n, otro brote de
+sentimiento que un prolongado bostezo. Decidi&oacute;se al fin a sacar una
+mano, y tom&oacute; de sobre la mesilla de noche las varias cartas; eran estas
+cuatro o cinco, y llam&oacute;le la atenci&oacute;n, desde luego, una grande y
+cuadrada que tra&iacute;a el sello del Congreso, porque pareci&oacute;le notar el
+<span class='pagenum'><a name="Page_382" id="Page_382">[382]</a></span>tacto que ven&iacute;a en el interior, adem&aacute;s del papel, un peque&ntilde;o objeto
+redondo. Diole vueltas por todos lados examinando el sobre, con esa
+necia perplejidad que al recibir una carta de letra desconocida nos
+impulsa a conjeturar y adivinar lo que con s&oacute;lo romper el sello podemos
+saber de cierto. H&iacute;zolo as&iacute; al cabo, rasgando el sobre por completo, y a
+la duda sucedi&oacute; entonces en &eacute;l la sorpresa y el azoramiento; encontr&oacute;se
+con un pliego en blanco, de papel muy recio, doblado por la mitad en dos
+partes: en la superior destac&aacute;base, cuidadosamente pegado con goma, un
+gran sello de lacre verde, del di&aacute;metro de medio duro... Al pronto no
+distingui&oacute; bien Jacobo lo que era aquello; llegaba la luz muy
+debilitada, filtr&aacute;ndose por los visillos del balc&oacute;n y la gran cortina de
+tul bordado, en una sola pieza, que arrancando de los lambrequines de
+damasco amarillo llegaba hasta el suelo barriendo la alfombra. Con
+grande ansiedad incorpor&oacute;se bruscamente, inclinando el cuerpo fuera del
+lecho para buscar la luz, y pudo distinguir entonces en todos sus
+detalles la empresa del sello: era la escuadra y el comp&aacute;s cruzados en
+forma de rombo y la rama de acacia, emblema de los masones.</p>
+
+<p>Una sospecha terrible, una idea aterradora con visos ya de evidencia
+cruz&oacute; al punto por su mente cual un p&aacute;jaro siniestro. Arroj&oacute;se de un
+salto fuera del lecho y corri&oacute; al balc&oacute;n para examinar con mejor luz
+todav&iacute;a la extra&ntilde;a carta y el misterioso sello. No hab&iacute;a duda: si no era
+el mismo, era igual a uno de los que hab&iacute;a arrancado &eacute;l en Par&iacute;s, en el
+<i>Grand H&ocirc;tel</i>, de los cartapacios que en la logia de Mil&aacute;n le hab&iacute;an
+entregado... &iquest;Qu&eacute; significaba, pues, aquello?... &iquest;Era una broma? &iquest;Un
+aviso? &iquest;Una amenaza?</p>
+
+<p>Con los ojos muy abiertos qued&oacute;se mirando a la calle, como si buscase
+all&iacute; la soluci&oacute;n a sus dudas, la respuesta a sus temores... Frente por
+frente de la suya estaba la gran casa del marqu&eacute;s de Riera, cerrada
+hac&iacute;a tantos a&ntilde;os, con ese aspecto de secreto, ese aire de misterio que
+<span class='pagenum'><a name="Page_383" id="Page_383">[383]</a></span>parecen tomar los edificios abandonados por largo tiempo, haciendo
+fantasear a la imaginaci&oacute;n detr&aacute;s de sus muros recuerdos de cr&iacute;menes y
+sombras de aparecidos. El d&iacute;a estaba triste; uno de esos d&iacute;as de lluvia
+menuda y continua en que s&oacute;lo se ven en el suelo cieno y lodazales y en
+el cielo nubes pardas, inm&oacute;viles, pegajosas, que parecen lamer las
+torres y las c&uacute;pulas, cual la viscosa baba de un monstruo inmenso. Los
+transe&uacute;ntes cruzaban por la acera muy de prisa, armados de paraguas e
+impermeables, chapalateando sobre el fango, que salpicaba las sayas
+remangadas de las mujeres, los pantalones recogidos o las altas botas de
+los hombres. Un capit&aacute;n de lanceros, muy gordo y rubicundo, bajaba de la
+Puerta del Sol, pisando muy fuerte, con las espuelas y las polainas
+manchadas de cieno, calada la corta capota azul con vueltas blancas.
+Antej&oacute;sele a Jacobo que aquel militar era de la clase de tropa que ir&iacute;a
+al ministerio de la Guerra y sigui&oacute;le con la vista muy atentamente...
+Mas el militar dobl&oacute; la esquina de la casa de Riera, dando un resbal&oacute;n,
+y desapareci&oacute; por la calle del Turco... &iexcl;La calle del Turco!... &iexcl;Ah! &iexcl;La
+calle del Turco!... All&iacute; se hab&iacute;a cometido cuatro a&ntilde;os atr&aacute;s un
+asesinato, <i>otro</i> asesinato, en la persona de un hombre famoso, de un
+amigo que le hab&iacute;a hecho a &eacute;l grandes favores, favores de lobo a lobo,
+pero al fin y al cabo siempre favores... Tambi&eacute;n entonces hab&iacute;ase
+vislumbrado en <i>aquello</i> la mano de los masones, y &eacute;l, &iexcl;oh!, &eacute;l sab&iacute;a
+bien a qu&eacute; atenerse... Por eso tuvo que huir a toda prisa impulsado por
+el destino, p&iacute;caro destino, que le arrebataba a Constantinopla a
+resbalar en otro charco de sangre y a emprender otra fuga a Italia, a
+Francia, a Espa&ntilde;a m&aacute;s tarde.</p>
+
+<p>Jacobo sinti&oacute; mucho fr&iacute;o, un fr&iacute;o muy grande y muy natural, porque
+estaba medio desnudo, y que parec&iacute;ale a &eacute;l le penetraba las carnes y le
+llegaba hasta los huesos y le pasaba el alma de parte a parte, con una
+sensaci&oacute;n glacial y desagradable que se le figuraba semejante a la hoja
+de un pu&ntilde;al al hundirse en su pecho. Volvi&oacute;se a la cama buscando el
+<span class='pagenum'><a name="Page_384" id="Page_384">[384]</a></span>calor de las mantas, y acurruc&oacute;se entre ellas, escondiendo el rostro en
+las almohadas para pensar, para reflexionar, para meditar, para no mirar
+al hueco del balc&oacute;n, donde le parec&iacute;a ver al general Prim y a la cadina
+Sahar&iacute;, y al eunuco estrangulado, d&aacute;ndose las manos, haci&eacute;ndole
+cortes&iacute;as, como hacen los actores cuando salen a la escena a recibir la
+ovaci&oacute;n al final de un drama. &iexcl;Y &eacute;l, que se hab&iacute;a despertado tan alegre,
+imaginando el medio de ocultar a sus acreedores los cinco mil duros
+ganados!</p>
+
+<p>Dami&aacute;n asom&oacute; discretamente la cabeza, preguntando si el se&ntilde;or marqu&eacute;s no
+iba a levantarse, porque el agua caliente se enfriaba.</p>
+
+<p>&mdash;All&aacute; voy..., all&aacute; voy&mdash;respondi&oacute; Jacobo.</p>
+
+<p>Y mientras se calzaba las pantuflas y se envolv&iacute;a en una bata de abrigo
+muy bien enguatada, iba discurriendo que el modo seguro de averiguar de
+cierto lo que sobre el particular hubiera, era preguntar al t&iacute;o
+Frasquito lo que hab&iacute;a hecho de aquellos tres sellos que en el <i>Grand
+H&ocirc;tel</i> le hab&iacute;a regalado. Qued&oacute;se con esto m&aacute;s tranquilo, casi sereno
+del todo: indudablemente era que se reduc&iacute;a aquello a una necia broma...
+Cierto que hab&iacute;ale sucedido a &eacute;l en aquel negocio espinos&iacute;simo lo que
+acontece a todos los caracteres fogosos; que una vez dado el primer
+empuje, caen luego en la mayor apat&iacute;a, abandonando los planes con tanta
+rapidez fraguados y con tanto calor emprendidos. Mas tampoco era
+veros&iacute;mil que al cabo de a&ntilde;o y medio de silencio absoluto, de completo
+olvido, salieran los masones reclamando los papeles e iniciando su
+petici&oacute;n con la rid&iacute;cula bromita&mdash;muy en car&aacute;cter, por cierto&mdash;de
+enviarle un sellito... Y adem&aacute;s, &iexcl;qu&eacute; demonio!, a &eacute;l le hab&iacute;an entregado
+unos papeles para el rey Amadeo, y el rey Amadeo se hab&iacute;a ido. &iquest;Iba a
+correr de ceca en meca en busca del rey cesante?... &iquest;Y con qu&eacute; derecho
+<span class='pagenum'><a name="Page_385" id="Page_385">[385]</a></span>le ped&iacute;a cuentas la masoner&iacute;a espa&ntilde;ola, perteneciendo &eacute;l a la italiana?
+Porque la carta era de Madrid mismo, puesto que el sello del Congreso la
+franqueaba... Nada, nada, fuera temores, que el derecho era suyo. &iexcl;Qu&eacute;
+demonio! A quien Dios se la dio, san Pedro se la bendiga; y el que est&aacute;
+m&aacute;s cerca de la cabra, ese la mama...</p>
+
+<p>P&uacute;sose Dami&aacute;n a afeitarle como todos los d&iacute;as, y al sentir sobre la
+garganta el fr&iacute;o del acero, no pudo contener un estremecimiento de
+espanto... Un ligero golpecito, un leve movimiento, y correr&iacute;a la
+sangre, y vendr&iacute;a la muerte, y se acabar&iacute;a la vida all&iacute; mismo, sin
+auxilio, sin remedio, pasando de la agon&iacute;a a la sombra pavorosa de eso
+que llaman eterno, corriendo por Madrid la noticia del <i>crimen de la
+calle de Alcal&aacute;</i>, como hab&iacute;a corrido cuatro a&ntilde;os antes la del crimen
+impune y misterioso de la calle del Turco... Y aquel ligero golpecito,
+aquel leve movimiento, pod&iacute;a determinarlo en la mano de Dami&aacute;n, otro
+ligerito golpecito del oro de los masones. Porque &iquest;que sab&iacute;a &eacute;l lo que
+era Dami&aacute;n?... Un p&iacute;caro probablemente, un brib&oacute;n como todos, puesto
+que, a juzgar por lo que de s&iacute; mismo sent&iacute;a &eacute;l, s&oacute;lo pueden admitirse
+dos clases de hombres: los ahorcados y los que merecen serlo.</p>
+
+<p>Ri&oacute;se al cabo de sus locas imaginaciones, y vestido ya del todo, pidi&oacute;
+un sombrero, unos guantes, un paraguas...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El se&ntilde;or marqu&eacute;s almorzar&aacute; en casa?...</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>&mdash;El cochero espera la orden...</p>
+
+<p>&mdash;Que se vaya, que vuelva a las cuatro.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_386" id="Page_386">[386]</a></span></p><p>Y se dirigi&oacute; a la puerta, para retroceder al momento... &iexcl;Qu&eacute; tonter&iacute;a!
+Quiz&aacute; en alguna de aquellas otras cartas que hab&iacute;a olvidado en su
+azoramiento vendr&iacute;a alg&uacute;n dato, alguna explicaci&oacute;n de la est&uacute;pida broma
+del sellito. Abri&oacute;las una a una, y una a una las fue arrojando con furia
+sobre la gran piel de oso blanco, colocada al lado del lecho... Nada,
+nada: una invitaci&oacute;n para un baile, una carta de &Aacute;ngel Castropardo
+preguntando si le acompa&ntilde;ar&iacute;a a cenar aquella noche con las bufas de
+Arder&iacute;us despu&eacute;s del teatro, una diatriba de un acreedor exasperado que
+le amenazaba con el embargo...</p>
+
+<p>Segu&iacute;a cayendo aquella lluvia menuda, lenta, constante, que cala hasta
+los huesos y los enfr&iacute;a, como cala hasta el coraz&oacute;n y lo hiela un
+pensamiento triste y mon&oacute;tono que no se puede desechar. En las Cuatro
+Calles, frente a las ruinas <i>seculares</i> de la calle de Sevilla,
+coronadas ya, como las de It&aacute;lica, por el amarillo jaramago, tom&oacute; Jacobo
+un sim&oacute;n para evitar la afluencia, eterna en aquel sitio, de gentes que
+van y vienen, formando en las aceras cordones interminables de hombres,
+de mujeres, de ni&ntilde;os, cobijados todos aquel d&iacute;a bajo sus paraguas, que
+remedaban, yendo y viniendo y cruz&aacute;ndose, una larga procesi&oacute;n, una
+contradanza fant&aacute;stica de hongos fenomenales. Diez minutos despu&eacute;s
+ape&aacute;base a la puerta del t&iacute;o Frasquito.</p>
+
+<p>Peinado, te&ntilde;ido y reluciente de puro limpio, sent&aacute;base este a la mesa
+para almorzar en su lindo comedor perfectamente caldeado por magn&iacute;fica
+chimenea de m&aacute;rmol negro atestada de le&ntilde;a. Con el ansia cari&ntilde;osa con que
+recibe todo el que tiene gana de charlar a cualquiera que puede servir
+de auditorio, recibi&oacute; el viejo a Jacobo, mandando al punto poner otro
+cubierto en la mesa... Necesitaba &eacute;l desahogarse, porque el berrench&iacute;n,
+el bochorno que hab&iacute;a pasado el d&iacute;a anterior a&uacute;n no le hab&iacute;a salido del
+cuerpo. Las cosas de Di&oacute;genes iban llegando a un extremo, que si hubiera
+en Madrid autoridades, si hubiera en Espa&ntilde;a un Gobierno, se castigar&iacute;a
+<span class='pagenum'><a name="Page_387" id="Page_387">[387]</a></span>lo menos, lo menos con cadena perpetua... &iexcl;Oh! &iexcl;Lo del d&iacute;a anterior
+merec&iacute;a por primera providencia que le cortasen la mano derecha!
+&iexcl;Burlarse de ese modo de todas las se&ntilde;oras de Madrid, congregadas para
+un asunto piadoso! Poner en evidencia, en rid&iacute;culo, en berlina, a
+tres... a dos personas respetables; porque el tal Pulidete era un
+<i>parvenu</i>, un cursi, un cualquier cosa, que se lo ten&iacute;a todo muy bien
+merecido... Mentira parec&iacute;ale que Pepe Butr&oacute;n, un hombre de tanto
+talento, se hubiese <i>tirado una plancha</i> semejante, y sin duda fue el
+Pulidete quien le dio el mal consejo. &iexcl;Proponer a Mar&iacute;a Villasis para
+presidenta!... &iexcl;Si eso no se le ocurre ni al que as&oacute; la manteca!... Y
+claro est&aacute;, sucedi&oacute; lo que ten&iacute;a que suceder: que la muy mojigata dio
+con todo al traste, pero con un atrevimiento, con una insolencia,
+aludiendo claramente a la pobre Curra, diciendo con una risita de mil
+demonios que su modestia le imped&iacute;a ser ella presidenta donde hab&iacute;a una
+vicepresidenta tan digna... Y la pobre Curra call&oacute;, call&oacute; por prudencia;
+pero bien se le conoci&oacute; que quedaba sentid&iacute;sima...</p>
+
+<p>Hizo aqu&iacute; una pausa, trag&oacute;se un buen bocado, prepar&oacute; otro muy grande y
+dijo mientras tanto:</p>
+
+<p>&mdash;Perro &iquest;no comes, hombre?... &iexcl;Si no has tomado m&aacute;s que las ostrras!...</p>
+
+<p>&mdash;No tengo ganas...</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo tampoco... Porr supuesto, que lo mejorr que ha podido sucederr
+es lo que ha sucedido; porrque si mi sobrina Villasis llega a serr
+presidenta, quedaban rreducidas las obrras de la Asociaci&oacute;n a novenas y
+triduos de rrogativas, y a limosnitas rrecogidas porr las socias a la
+puerrta de las iglesias... Y ni aun esto siquierra, porque yo mismo la
+he o&iacute;do decirr, yo, yo mismo&mdash;y el t&iacute;o Frasquito, con adem&aacute;n imponente,
+se tiraba de una oreja&mdash;, que es un esc&aacute;ndalo, una profanaci&oacute;n poneer
+<span class='pagenum'><a name="Page_388" id="Page_388">[388]</a></span>rreclamos de ni&ntilde;as bonitas a la puerrta de las iglesias. &iexcl;Vaya usted a
+verr qu&eacute; modo de entenderr las cosas!... Perro, en fin, los pobrecitos
+herridos no se quedarr&aacute;n sin socorrro, y lo que la perrfecta viuda les
+quita porr un lado, se lo proporrcionarr&aacute; porr otro la p&iacute;carra
+Samarritana. Porque Curra, con ese corrazonazo que tiene, &iexcl;claro est&aacute;!,
+&iexcl;lo ha tomado con un calorr, con un empe&ntilde;o!... &iexcl;y lo que es la
+kerrmesse, ha de darr mucho dinerro!... Anoche, como no estuviste all&iacute;,
+no podr&iacute;as enterrarte, pero se trata ahorra de buscarr el sitio; unos
+dicen que en la platerr&iacute;a de Mart&iacute;nez, otros que en el Rreal. &iquest;Qu&eacute; te
+parrece?...</p>
+
+<p>Jacobo, aburrido de aquella charla insustancial y mujeriega, estuvo por
+decir que le parec&iacute;a mejor la punta de un cuerno, y el t&iacute;o Frasquito,
+viendo que no contestaba, se apresur&oacute; a a&ntilde;adir:</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo que en el Rreal... En la &Oacute;perra se hizo la de Parr&iacute;s, cuando
+los inundados de Szegedin, y estuvo brillant&iacute;sima... Perro, francamente,
+le temo a Di&oacute;genes, que se colocarr&aacute; all&iacute;, de seguro... le temo, le
+temo; te digo que le temo. Porrque, &iquest;qu&eacute; se hace uno, si ni aun queda el
+rrecurrso de desafiarrlo?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que no?&mdash;replic&oacute; Jacobo riendo, a pesar suyo&mdash;. Desaf&iacute;alo t&uacute;, y
+c&oacute;rtale las orejas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;Lo que es por m&iacute; no quedarr&iacute;a!&mdash;exclam&oacute; lleno de ardor b&eacute;lico el
+t&iacute;o Frasquito&mdash;. &iexcl;Pero si es imposible! &iquest;Sabes lo que pas&oacute; con Paco la
+Granda... otro animal como &eacute;l?... Pues le hizo Di&oacute;genes una barrabasada,
+y Paco le mand&oacute; sus padrinos. Di&oacute;genes dijo que s&iacute;, que se batirr&iacute;a,
+perro como le tocaba la elecci&oacute;n de armas, exigi&oacute; que el duelo fuerra a
+ca&ntilde;onazos, &iexcl;fig&uacute;rrate t&uacute;!... Paco le envi&oacute; a decirr entonces que donde
+<span class='pagenum'><a name="Page_389" id="Page_389">[389]</a></span>quierra que le encontrase le darr&iacute;a de bofetadas; Di&oacute;genes contest&oacute; que
+se le acerrcarra si pod&iacute;a... Y se le acerrc&oacute;, en efecto. &iquest;Perro parra
+qu&eacute;, Jacobo, parra qu&eacute;?... Parra que el animal de Di&oacute;genes, como es tan
+grandote, le diese un estacazo que le rrompi&oacute; dos costillas... &iexcl;Dos
+costillas!... No creas que exagerro: &iexcl;dos costillas!</p>
+
+<p>Y el t&iacute;o Frasquito, rebosando indignaci&oacute;n, palp&aacute;base con el reverso de
+la mano el sitio en que, naturales o postizas, deb&iacute;a de tener las suyas.</p>
+
+<p>Jacobo nada dec&iacute;a, y comenzando el viejo a notar su preocupaci&oacute;n,
+indic&oacute;le bonitamente que el almuerzo terminaba y le estaba ya
+estorbando.</p>
+
+<p>&mdash;Pues creo que pondremos al fin la kerrmesse en el Rreal&mdash;dijo&mdash;.
+Ahorra mismo voy a casa de Curra, parra que decidamos... &iquest;C&oacute;mo no has
+almorrzado t&uacute; all&iacute; hoy?...</p>
+
+<p>Jacobo arroj&oacute; la servilleta hecha un l&iacute;o encima de la mesa y dijo
+gravemente mirando al t&iacute;o Frasquito:</p>
+
+<p>&mdash;Porque necesitaba hablarte.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya!&mdash;exclam&oacute; el viejo.</p>
+
+<p>Y abri&oacute; palmo y medio de boca y p&uacute;sose muy azorado, porque desde aquella
+noche fatal en que descubri&oacute; Jacobo en el <i>Grand H&ocirc;tel</i> el secreto de su
+peluca y de sus dientes mir&aacute;bale y tem&iacute;ale con ese temeroso recelo que
+inspira siempre la persona que puede perder nuestra reputaci&oacute;n o nuestra
+fortuna con s&oacute;lo dar suelta un poquito a la lengua. No le deseaba la
+muerte, pero hubi&eacute;rale visto con gusto descender a la tumba, con tal que
+<span class='pagenum'><a name="Page_390" id="Page_390">[390]</a></span>se llevase a ella el secreto. Jacobo pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te acuerdas de aquella noche en que se te quem&oacute; el gorro de dormir en
+el <i>Grand H&ocirc;tel</i>?...</p>
+
+<p>Alborot&oacute;se el t&iacute;o Frasquito pensando &iexcl;ciertos son los toros!, e inmutado
+y nervioso y lleno de sobresalto, comenz&oacute; a mirar a los criados,
+diciendo por lo bajo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calla, hombre, calla!... En el <i>boudoir</i> tomarremos el caf&eacute; y all&iacute;
+nadie vendrr&aacute; a incomodarrnos.</p>
+
+<p>Porque el t&iacute;o Frasquito ten&iacute;a tambi&eacute;n su <i>boudoir</i>, un verdadero
+<i>boudoir</i> de dama elegante, atestado de todas esas chucher&iacute;as que llaman
+los franceses <i>bibelots</i> y han venido a sustituir en los palacios
+modernos a las antiguas obras de arte. No faltaban all&iacute;, sin embargo,
+estas, y era la m&aacute;s notable el retrato de un caballero, tipo de
+arrogancia y varonil hermosura, pintado por Van Dyck en Inglaterra, al
+mismo tiempo que aquel otro famoso de Carlos I, imagen admirable en que
+se refleja, junto al orgullo del monarca, una especie de adivinaci&oacute;n de
+su tr&aacute;gica desventura. Era aquel personaje el quinto duque de Aldama,
+embajador en Londres de Felipe IV, y era el t&iacute;o Frasquito hijo tercero
+del vig&eacute;simo duque del mismo nombre. Al pie del retrato hab&iacute;a colgadas
+una daga y una espada de gavilanes, de exquisita labor y gran precio,
+que hab&iacute;an pertenecido al personaje. Frente por frente, en muy buena luz
+colocado, hab&iacute;a un pulido bastidor de caoba, en que el t&iacute;o Frasquito,
+nieto en el siglo XIX del pr&oacute;cer del siglo XVII, bordaba en tapicer&iacute;a
+unas preciosas babuchas.</p>
+
+<p>Sirvieron el caf&eacute;; Jacobo hab&iacute;ase dejado caer negligentemente en una
+butaca, con la pierna derecha echada por encima del brazo de esta, y
+pu&eacute;stose a fumar el exquisito cigarro puro que le ofreci&oacute; el t&iacute;o
+<span class='pagenum'><a name="Page_391" id="Page_391">[391]</a></span>Frasquito. Este sac&oacute; con mucho misterio una preciosa tabaquera de oro
+guarnecida de brillantes, con el retrato de la reina Mar&iacute;a Luisa en la
+tapa, y tom&oacute; un polvo de rap&eacute; haciendo moh&iacute;nes picarescos.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi vicio&mdash;dec&iacute;a&mdash;, nadie lo sabe; un secreto... <i>P&eacute;ch&eacute; cach&eacute;, est
+tout &agrave; fait pardonn&eacute;</i>.</p>
+
+<p>Y estornud&oacute; por tres veces, haciendo figuras y monadas con que cre&iacute;a
+apartar de la mente de Jacobo la maldita idea del gorro quemado: mas
+este, no bien salieron los criados, despu&eacute;s de servir el leg&iacute;timo ron de
+Jamaica, tom&oacute; a preguntar:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te acuerdas de aquella noche?...</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito contest&oacute; un &iexcl;s&iacute;! t&iacute;mido y vergonzoso, cual si le
+recordase la pregunta alg&uacute;n crimen nefando.</p>
+
+<p>Jacobo volvi&oacute; a preguntar:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y te acuerdas de unos sellos de lacre, dos verdes y uno rojo, que te
+regal&eacute; aquella noche?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;replic&oacute; el t&iacute;o Frasquito m&aacute;s animado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; has hecho de ellos?...</p>
+
+<p>&mdash;En mi &aacute;lbum los tengo... &iquest;Quierres verrlos?</p>
+
+<p>&mdash;Ens&eacute;&ntilde;amelos.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_392" id="Page_392">[392]</a></span></p><p>El t&iacute;o Frasquito, libre ya de temores, volvi&oacute;se vivamente y arrastr&oacute;
+hacia Jacobo un precioso caballete, sobre el cual descansaba un gran
+infolio, una especie de libro de coro, cuyas lujosas tapas eran una obra
+de arte, un mosaico acabad&iacute;simo, hecho sobre piel de zapa, con
+peregrinos dibujos y colores muy vivos, formando el todo un conjunto
+digno de competir con las m&aacute;s lujosas encuadernaciones antiguas que se
+admiran en la biblioteca del Vaticano; cerraba el libro un gran broche
+de acero calado, representando las armas de los Aldamas, rematadas por
+la corona ducal del jefe de la casa.</p>
+
+<p>&mdash;No hay otra colecci&oacute;n igual, es la primera de Europa&mdash;dec&iacute;a el t&iacute;o
+Frasquito abriendo el libro sobre el caballete con el ardor de un
+amateur que luce sus aficiones.</p>
+
+<p>Y se puso a repasar el &iacute;ndice, porque estaba el libro dividido en varias
+partes: sellos reales, nacionales, particulares y miscel&aacute;neas. El t&iacute;o
+Frasquito buscaba en la miscel&aacute;nea, y dio al fin con ellos, en la p&aacute;gina
+117. <i>Sellos mas&oacute;nicos. Marqu&eacute;s de Sabadell.</i> Porque ten&iacute;a la atenci&oacute;n
+el coleccionista de apuntar siempre, junto al donativo, el nombre del
+donante.</p>
+
+<p>Apareci&oacute; al fin la p&aacute;gina 117... y el t&iacute;o Frasquito mir&oacute; a Jacobo
+estupefacto, y Jacobo al t&iacute;o Frasquito horriblemente p&aacute;lido. Las
+numerosas casillas de la hoja aparec&iacute;an cubiertas de sellos, excepto dos
+de ellas que estaban en blanco; en ambas dec&iacute;a arriba: <i>Mas&oacute;nico</i>, y
+abajo: <i>Marqu&eacute;s de Sabadell</i>. Los sellos hab&iacute;an desaparecido, y
+not&aacute;banse sobre la fina vitela las asperezas de la goma con que hab&iacute;an
+estado sujetos. Jacobo, con voz ahogada y gesto de medrosa ansia, dijo
+entonces:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_393" id="Page_393">[393]</a></span></p><p>&mdash;El otro... el rojo... &iquest;D&oacute;nde est&aacute;?...</p>
+
+<p>Asustado el t&iacute;o Frasquito al notar la emoci&oacute;n de Jacobo, no acertaba a
+decir palabra, temi&eacute;ndose algo gordo, y comenz&oacute; a buscar
+precipitadamente entre los sellos reales, murmurando aturdido:</p>
+
+<p>&mdash;De V&iacute;ctorr Manuel erra, me acuerrdo muy bien... Estarr&aacute; entre los
+soberranos de Italia; con un duque de Parrma y un Ferrnando de N&aacute;poles
+lo puse... Porrque la Italia una, no me pasa; vamos, que no me pasa...</p>
+
+<p>Y apareci&oacute; al fin, despu&eacute;s de mucho revolver, la p&aacute;gina 98, llena de
+sellos reales, y entre uno del &uacute;ltimo duque de Parma reinante y otro de
+Fernando de N&aacute;poles, hallaron otra casilla en blanco. Arriba dec&iacute;a: <i>Rey
+de Cerde&ntilde;a</i>; debajo: <i>Marqu&eacute;s de Sabadell</i>.</p>
+
+<p>Dio entonces Jacobo una pu&ntilde;ada en el brazo de la butaca, diciendo con
+voz sorda:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me has perdido!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Jes&uacute;s, Jacobito!... &iexcl;Porr Dios, d&iacute;melo!... &iquest;Qu&eacute; pasa?&mdash;exclam&oacute; el
+t&iacute;o Frasquito muerto de susto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me has perdido!... &iexcl;Me has perdido!&mdash;repet&iacute;a Jacobo.</p>
+
+<p>Y bajo la impresi&oacute;n del temor y el aturdimiento, confi&oacute; con su
+impremeditaci&oacute;n ordinaria al necio viejo, si no la parte m&aacute;s culpable,
+la m&aacute;s peligrosa, al menos, de la aventura de los masones. El t&iacute;o
+Frasquito, muerto de miedo, creyendo ver brotar pu&ntilde;ales mas&oacute;nicos a
+trav&eacute;s de la mullida alfombra, comenz&oacute; a dar vueltas desatinado,
+tropezando por todas partes como corneja puesta de repente a la luz del
+<span class='pagenum'><a name="Page_394" id="Page_394">[394]</a></span>sol.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, ay, ay, Santa Marr&iacute;a, qu&eacute; berrenjenal! Porr supuesto, Jacobito,
+que t&uacute; te acordarr&aacute;s muy bien de que yo no querr&iacute;a tornarr los sellos.
+&iquest;Te acuerrdas?... T&uacute; me los diste y yo no los querr&iacute;a tornarr.. Porr
+complacerrte, porr darrte gusto los tom&eacute; y me arrepiento; que yo no los
+necesitaba, ni quierro nada de esos se&ntilde;ores. &iquest;Te enterras?... Y conmigo
+no cuentes, porrque yo lo digo todo clarrito, clarrito, y me lavo las
+manos.</p>
+
+<p>Det&uacute;vose de pronto y diose una gran palmada en la frente, como quien ata
+de improviso un cabo importante. &iexcl;T&uacute;, t&uacute;, t&uacute;!... Aument&oacute;se su terror, y
+fuele preciso sentarse.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ahorra lo entiendo todo! Ahorra me lo explico y lo veo clarro...
+&iexcl;Santa Marr&iacute;a, lo que me est&aacute; pasando!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;dijo Jacobo con ansia.</p>
+
+<p>La emoci&oacute;n de este parec&iacute;a haber pasado al t&iacute;o Frasquito, y conociendo
+el pobre viejo su debilidad, decidi&oacute;se a buscar apoyo en el m&aacute;s
+fuerte... Cogi&oacute; por un brazo a Jacobo y llev&oacute;lo sigilosamente a su
+alcoba, nido risue&ntilde;o, tapizado con seda de Persia celeste, cubierto el
+pavimento con pieles blancas, con una cama de palo de rosa muy baja, muy
+a&eacute;rea, vago conjunto de encajes, holandas y sedas celestes, semejante a
+una crespa ola del mar coronada de espumas blancas. Hab&iacute;a all&iacute; un mueble
+precioso, tambi&eacute;n de palo de rosa, con cerradura de plata, donde el t&iacute;o
+Frasquito guardaba los papeles importantes; abri&oacute; un cajoncito y sac&oacute; un
+paquete de cartas.</p>
+
+<p>&iexcl;Lo que le estaba pasando hac&iacute;a m&aacute;s de tres meses!... Si aquello era
+para volver loco al m&aacute;s pintado; primero le incomod&oacute;, diole despu&eacute;s
+<span class='pagenum'><a name="Page_395" id="Page_395">[395]</a></span>rabia, y al presente, ahora, en aquel momento le espantaba; &iexcl;vamos, que
+le espantaba, que le pon&iacute;a los pelos de punta!...</p>
+
+<p>&mdash;Un d&iacute;a, me acuerrdo muy bien, el 9 de diciembre, rrecib&iacute; porr el
+correo una carrta de San Peterrsburrgo...</p>
+
+<p>Y el t&iacute;o Frasquito sacaba la primera del paquete, cuyo sello ten&iacute;a, en
+efecto, la efigie del zar Alejandro II.</p>
+
+<p>&mdash;De San Peterrsburrgo... La abr&iacute; extra&ntilde;ado y me encontr&eacute; con esto...</p>
+
+<p>Y abr&iacute;a, a la vez que hablaba, la carta, poniendo ante los ojos at&oacute;nitos
+de Jacobo un pliego en blanco, en cuyo centro se le&iacute;a escrita esta sola
+palabra:</p>
+
+<p class="center"><b>&iexcl;MENTECATO!</b>
+
+Un gran flujo de risa brot&oacute; por encima de todos los terrores de Jacobo,
+y solt&oacute; el trapo a re&iacute;r con todas sus fuerzas. Mas el t&iacute;o Frasquito, muy
+desolado, prosigui&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te rr&iacute;es?... &iexcl;Aguarrda, aguarrda!... Yo dec&iacute;a cavilando toda la
+noche: &iquest;Mentecato en San Peterrsburrgo? Y me devanaba los sesos y se me
+espantaba el sue&ntilde;o sin acerrtarr... Al otro d&iacute;a otra carrtita... &iquest;Perro
+de d&oacute;nde crees?... &iexcl;De Chinch&oacute;n, Jacobo, de Chinch&oacute;n!... La abro, y el
+mismo lema: &iexcl;Mentecato! Al d&iacute;a siguiente, carrta de Fuente Obejuna,
+provincia de C&oacute;rrdoba, y lo mismo... En fin, hijo, desde entonces todos
+los d&iacute;as, sin faltarr ninguno, una carrtita de letra diverrsa, de parrte
+distinta, las m&aacute;s rremotas en todas las partes del globo, de Francia, de
+Inglaterra, de Alcorrc&oacute;n, de Alemania, de Chinchilla, de Calcuta. &iexcl;Ya t&uacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_396" id="Page_396">[396]</a></span>ves! De Calcuta, de Constantinopla, de Terrrones, Jacobito, de
+Terrrones, pueblecillo de tres casas, en la provincia de Salamanca; y
+siempre con el mismo lema: &iexcl;Mentecato!... Un d&iacute;a, el 20 de enero, san
+Sebasti&aacute;n m&aacute;rrtir, &iexcl;me acuerdo muy bien!, estaba m&aacute;s tranquilo; lleg&oacute; el
+correo y no trajo carrta ninguna... Porr la tarrde abro ah&iacute;&mdash;y abri&oacute; la
+mesilla de noche&mdash;y all&iacute;... dentro me encuentro una carrta; la abro...
+&iexcl;Mentecato!... Dime t&uacute; si eso no es para volverrse loco; si no encierra
+un misterio terrible, que tu carrtita del sello me va ahorra
+explicando...</p>
+
+<p>Jacobo iba tambi&eacute;n comprendiendo, y desde luego pens&oacute; que nadie que no
+fuera Di&oacute;genes era capaz, ni en Madrid ni en todo el mundo, de dar una
+broma tan constante a aquel pobre majadero, para lo cual se necesitaba
+paciencia a toda prueba, relaciones muy extensas y medios de
+comunicaci&oacute;n dif&iacute;ciles y complicados. Con verdadero asombro, pregunt&oacute;le
+entonces:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero de veras no te ha faltado ning&uacute;n d&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ninguno!... A veces, cuando la carrta ven&iacute;a de muy lejos, sobre todo,
+estaba dos o tres d&iacute;as sin rrecibirrla; perro luego llegaban juntas...
+&iexcl;Si te digo que ni un d&iacute;a me ha faltado! M&iacute;rralas, cu&eacute;ntalas&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con
+acento de desolaci&oacute;n profunda, desparram&aacute;ndolas todas sobre la mesa&mdash;y
+verr&aacute;s c&oacute;mo salen a carrta porr d&iacute;a... Desde el 9 de diciembre hasta el
+15 de marrzo, que somos hoy, van noventa y siete d&iacute;as, porrque febrerro
+trrae veintiocho. Pues nada, ah&iacute; tienes noventa y nueve &iexcl;Mentecatos!...
+Aqu&iacute; est&aacute; el de hoy.</p>
+
+<p>Y sac&oacute; del bolsillo otra carta de Chiclana, provincia de C&aacute;diz, en la
+cual se le&iacute;a tambi&eacute;n la palabra sibil&iacute;tica, el misterioso conjunto:
+<span class='pagenum'><a name="Page_397" id="Page_397">[397]</a></span>&iexcl;Mentecato!</p>
+
+<p>La situaci&oacute;n de Jacobo no era para re&iacute;r mucho, y apag&oacute;se bien pronto el
+arranque de hilaridad que le hab&iacute;a producido aquella burla pacient&iacute;sima
+que no pod&iacute;a ser de otro que de Di&oacute;genes.</p>
+
+<p>Arrepinti&oacute;se al mismo tiempo, al ver los medrosos aspavientos del t&iacute;o
+Frasquito, de haberle confiado en parte su secreto, y resolvi&oacute; asegurar
+su silencio haci&eacute;ndole creer que le alcanzaba a &eacute;l tambi&eacute;n la inminencia
+del peligro. Detenidamente examin&oacute; las cartas, conteniendo, a pesar de
+los pesares, nuevos accesos de risa, y dijo al cabo con aire de
+convicci&oacute;n profunda:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Evidentemente que esto viene de los masones!... A m&iacute; me sentencian
+por lo que hice y a ti te avisan que eres un mentecato por haberme
+encubierto...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Perro si eso no es verrdad!&mdash;grit&oacute; el t&iacute;o Frasquito muy apurado&mdash;. Si
+yo no te he encubierrto, si tom&eacute; los sellos porrque t&uacute; me los diste...</p>
+
+<p>&mdash;Lo cual quiere decir&mdash;prosigui&oacute; Jacobo sin hacerle caso&mdash;, que si a m&iacute;
+me <i>apiolan</i> al volver de una esquina, a ti te dan una paliza en cuanto
+te cojan a mano.</p>
+
+<p>Peg&oacute;sele al t&iacute;o Frasquito la lengua al paladar y exclam&oacute; medio llorando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Darr&eacute; parte al goberrnadorr de Madrid!... &iexcl;Le hablarr&eacute; a Paco
+Serrrano!...</p>
+
+<p>&mdash;Lo cual ser&iacute;a meterte t&uacute; mismo en la boca del lobo, porque lobos de la
+misma camada son uno y otro... Mira, t&iacute;o Frasquito, aqu&iacute; no hay m&aacute;s que
+una salida... En primer lugar, echarse un nudo a la lengua, y que ni tu
+<span class='pagenum'><a name="Page_398" id="Page_398">[398]</a></span>sombra trasluzca lo que pasa...</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es eso, corre de mi cuenta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bueno!... En segundo lugar, tener dispuesta la bolsa; porque, amigo
+m&iacute;o, con <i>mosca</i> a la mano se va lejos, y entre masones y no masones por
+dinero baila el perro.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito hizo un gesto de resignaci&oacute;n del paciente a quien
+sentencian a sacarse una muela, y Jacobo continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;En tercer lugar, irse con pies de plomo, siguiendo la pista... As&iacute; es,
+que vamos a cuentas... &iquest;Qui&eacute;n sospechas t&uacute; que haya podido robar esos
+sellos?...</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito comenz&oacute; a hacer sobrehumanos esfuerzos para coordinar
+sus recuerdos... Seguro, segur&iacute;simo estaba de que quince d&iacute;as antes
+estaban all&iacute; los tres sellos; hab&iacute;ale ense&ntilde;ado despacio todo el &aacute;lbum a
+otro amateur, el bar&oacute;n de Buenos Aires, y no not&oacute; hueco alguno... A los
+pocos d&iacute;as vino un individuo desconocido, recomendado por su camisero,
+que quer&iacute;a venderle con mucho empe&ntilde;o tres ejemplares curiosos: entonces
+hoje&oacute; otra vez el &aacute;lbum... Despu&eacute;s no le hab&iacute;a tocado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n era ese individuo?</p>
+
+<p>&mdash;Pues no s&eacute;... Un pobre diablo con carta de hambre, cualquierr cosa...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah&iacute; est&aacute; el hilo del ovillo!&mdash;exclam&oacute; con grande inter&eacute;s Jacobo&mdash;.
+&iquest;Le dejaste solo? &iquest;Toc&oacute; el &aacute;lbum?...</p>
+
+<p>&mdash;No..., no... &iexcl;Ay, s&iacute;, s&iacute;, s&iacute;, Jacobito!... Ahorra me acuerrdo que s&iacute;,
+<span class='pagenum'><a name="Page_399" id="Page_399">[399]</a></span>que vino Vicentito Astorrga y le rrecib&iacute; en el sal&oacute;n porrque no vierra
+semejante estaferrmo, y estuvo solo m&aacute;s de diez minutos... lo menos, lo
+menos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Aqu&iacute; tenemos ya la p&uacute;a del trompo!... Vamos ahora mismo a casa del
+camisero.</p>
+
+<p>A la puerta esperaba enganchada la berlina de t&iacute;o Frasquito, y en ella
+subieron ambos, dirigi&eacute;ndose a casa del camisero, honrado comerciante de
+la calle de Carretas... Tampoco conoc&iacute;a este al inc&oacute;gnito; sab&iacute;a tan
+s&oacute;lo que era un comisionista italiano, amigo de otro franc&eacute;s que ten&iacute;a
+negocios con la casa, en el ramo de perfumer&iacute;a... Al o&iacute;r la nacionalidad
+del desconocido, lleg&oacute; a su colmo la inquietud de Jacobo, porque
+pareci&oacute;le ya evidente que se entend&iacute;an en aquel asunto las logias de
+Italia y de Espa&ntilde;a. Indic&oacute;, pues, al t&iacute;o Frasquito que no era necesario
+averiguar m&aacute;s, y regresaron preocupados y silenciosos a casa de este.
+Despert&oacute;se por el camino la fogosa actividad de Jacobo a la vista del
+peligro, y en aquel breve trayecto traz&oacute; un plan atrevido, &uacute;nico a su
+juicio que pod&iacute;a remediar los yerros pasados y detener las consecuencias
+de su imprudente apat&iacute;a. Aquella misma noche, sin despedirse de nadie,
+sin dar a persona alguna raz&oacute;n de su marcha, ni dejar sospechar siquiera
+el fin de su viaje, saldr&iacute;a para Italia, avistar&iacute;ase en Caprera con
+Garibaldi, que le hab&iacute;a iniciado en otro tiempo en las logias de Mil&aacute;n,
+y ante &eacute;l tratar&iacute;a de justificar el secuestro de aquellos documentos,
+inventando un embuste, una historia, un enredo cualquiera, que viniese a
+sacarle de una vez de aquella situaci&oacute;n falsa y angustiosa. Dinero ten&iacute;a
+de sobra con los cinco mil duros ganados la noche antes, y la mina del
+t&iacute;o Frasquito pod&iacute;a tambi&eacute;n muy f&aacute;cilmente explotarse. Manifest&oacute;, pues,
+al atribulado viejo, al llegar a casa de este, parte de su plan, y
+concluy&oacute; diciendo que, puesto que el riesgo era de ambos, justo era
+<span class='pagenum'><a name="Page_400" id="Page_400">[400]</a></span>tambi&eacute;n que ambos pagasen los gastos, y que era necesario le aprontase
+en aquel momento dos mil duros en billetes de banco; el viaje durar&iacute;a
+dos semanas, y a su vuelta ajustar&iacute;an cuentas, partiendo como hermanos
+los gastos que la empresa ocasionara.</p>
+
+<p>Alborot&oacute;se el t&iacute;o Frasquito, juzgando que le sal&iacute;an los tres sellos
+harto caros, y vencido al fin por las razones, vaticinios y amenazas de
+Jacobo, apront&oacute; el dinero que le estafaban y despidi&oacute; al compadre
+haciendo pucheros. Acrecent&aacute;ronse sus temores al verse solo, sinti&oacute;se
+malo y se meti&oacute; en la cama, dando orden rigurosa de no recibir a nadie.
+A la ma&ntilde;ana siguiente traj&eacute;ronle el correo; ven&iacute;a una carta de Segura,
+pueblecillo c&eacute;lebre por sus quesos, escondido en el rinc&oacute;n m&aacute;s &aacute;spero de
+las monta&ntilde;as de Guip&uacute;zcoa; en ella dec&iacute;a: &iexcl;Mentecato!</p>
+
+<p>Subi&oacute;le dos grados la fiebre, y mand&oacute; llamar al cura de la parroquia: se
+quer&iacute;a confesar.</p>
+
+<p class="center">Fin del libro tercero
+</p>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Libro_IV" id="Libro_IV"></a>Libro IV</h2>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Idmdash" id="Idmdash"></a><a href="#toc">&mdash;I&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>El miguelete que cobra el portazgo en lo alto de la cuesta de los Meagas
+asegur&oacute; formalmente a Jos&eacute; Ignacio Bernaechea que jam&aacute;s hab&iacute;a cruzado de
+San Sebasti&aacute;n a Zum&aacute;rraga un coche m&aacute;s elegante, ni unos caballos m&aacute;s
+<span class='pagenum'><a name="Page_401" id="Page_401">[401]</a></span>hermosos, ni unas gentes m&aacute;s locas. A&uacute;n se o&iacute;a a lo lejos, all&aacute; por la
+cuesta abajo, el estridente sonido de su cometa, que resonaba entre
+aquellas altas monta&ntilde;as de una manera extra&ntilde;a, profana, como pudiera
+resonar una risotada en un templo, una chanza en una oraci&oacute;n, el himno
+de una bacante entre las solemnes y pausadas notas de un canto
+gregoriano. Porque aquella naturaleza seria y salvaje, aquellos valles
+profundos cortados por riachuelos, salpicados de caser&iacute;os sumergidos en
+un mar de verdura, a que las distintas luces y los distintos matices
+parecen prestar flujos y reflujos fecundados por el trabajo,
+santificados por iglesias, siempre verdes, siempre bellos, siempre
+pavorosamente melanc&oacute;licos, como lo es en la imaginaci&oacute;n del campesino
+vasco la idea misteriosa de las Maitagarris, tienen algo de la
+silenciosa majestad de un templo, de la serena tristeza de los paisajes
+de oto&ntilde;o, que parecen llorar y sonre&iacute;r al mismo tiempo; de la suave
+melancol&iacute;a que inunda el alma al caer de la tarde, cuando la campana de
+la iglesia hace resonar el toque del <i>&Aacute;ngelus</i> y se despide el d&iacute;a
+murmurando al o&iacute;do del hombre aquella palabra mil veces repetida, sin
+pensar jam&aacute;s en su alcance infinito: &iexcl;Adi&oacute;s!...</p>
+
+<p>La bajada era peligrosa por lo inclinado de la pendiente y lo r&aacute;pido de
+las vueltas, y los seis caballos del tiro hincaban con fuerza los cascos
+delanteros, inclinaban hasta los pechos las airosas cabezas, hench&iacute;an
+con ah&iacute;nco los poderosos ijares y aparec&iacute;a el sudor bajo los brillantes
+arneses en forma de espuma blanca. Rechinaba sin cesar el torno, bajando
+o subiendo la plancha, y en la banqueta m&aacute;s alta del elegante
+<i>mail-coach</i> chillaba Leopoldina Pastor como una desesperada, gritando
+que aquellos indecentes caballos iban a despe&ntilde;arla por la monta&ntilde;a
+abajo... Sentado a su lado, el t&iacute;o Frasquito, con un fin&iacute;simo pa&ntilde;uelo
+prendido en su sombrero de paja para preservar de los ardores del sol la
+blancura de su cutis, miraba con gesto de susto lo profundo del
+precipicio y agarr&aacute;base a cada vaiv&eacute;n del coche a los hierros del
+<span class='pagenum'><a name="Page_402" id="Page_402">[402]</a></span>asiento, gritando angustiado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Currra, porr Dios, cuidado!... &iexcl;Cuidado, Currra!</p>
+
+<p>En la primera de las banquetas de detr&aacute;s, Mar&iacute;a Valdivieso, Paco V&eacute;lez y
+Gorito Sardona re&iacute;an a carcajadas, disput&aacute;ndose el honor de soplar con
+alientos de buzo en la sonora corneta, avisando a los pac&iacute;ficos aldeanos
+y a los mensurados bueyes, a las modestas <i>cestas</i> de camino y a las
+chillonas carretas cargadas de helechos, que se quitasen de en medio,
+que se echasen a un lado y se tirasen todos de cabeza por cualquier
+barranco, porque el <i>mail-coach</i>, con seis caballos, de la excelent&iacute;sima
+se&ntilde;ora condesa de Albornoz, necesitaba libre toda la carretera de
+Guip&uacute;zcoa. En la &uacute;ltima banqueta de detr&aacute;s, tendido cual una masa
+inerte, iba un hombre cubierto con un <i>waterproof</i> de se&ntilde;ora, que los
+rayos del sol recalentaban: bambole&aacute;base con grave riesgo de caer a los
+movimientos del coche y roncaba con esa especie de ruido asm&aacute;tico,
+propio de los borrachos viejos cuando duermen la mona.</p>
+
+<p>En los asientos del centro, entre varias fiambreras, cajas y piezas de
+una peque&ntilde;a tienda de campa&ntilde;a desarmada, iban Kate, la doncella inglesa
+de la condesa de Albornoz; Fritz, su lacayo prusiano, y Tom Sickles, su
+famoso cochero, que sin perder su flema inglesa miraba de cuando en
+cuando con inquietud las evoluciones no del todo diestras que imprim&iacute;a
+al fogoso tiro la d&eacute;bil manecita de su ilustre due&ntilde;a. Porque la condesa
+de Albornoz en persona era quien ven&iacute;a guiando los briosos brutos desde
+Biarritz, de donde hab&iacute;a salido el convoy la v&iacute;spera, prefiriendo
+aquella molesta caminata por la carretera al c&oacute;modo trayecto del camino
+de hierro, por uno de esos caprichos, de esas excentricidades que forman
+las leyes de la moda y constituyen las reglas del buen tono, basadas las
+m&aacute;s de las veces en aquella raz&oacute;n tan filos&oacute;fica y profunda:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_403" id="Page_403">[403]</a></span></p><div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Cuando pitos, flautas;<br /></span>
+<span class="i0">Cuando flautas, pitos.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Sentado a su lado, en el pescante, iba el marqu&eacute;s de Sabadell, afable y
+cari&ntilde;oso, defendiendo de los rayos del sol el rostro de la dama con una
+gran sombrilla de grueso tafet&aacute;n encarnado, y atento siempre a remediar
+con su vigoroso pu&ntilde;o cualquier descuido que en su ardua tarea de guiar
+el coche pudiera tener el aristocr&aacute;tico cochero. Pronto se le ofreci&oacute;
+ocasi&oacute;n oportuna: a una vuelta del carruaje enred&oacute;se la sombrilla en las
+ramas de un roble, y despedida aquella con violencia, vino a caer sobre
+uno de los caballos; espant&oacute;se el animal, reculando bruscamente;
+retrocedi&oacute; el coche a su empuje, oscil&oacute; un momento y qued&oacute; inm&oacute;vil,
+inclinado, hundi&eacute;ndose, hundi&eacute;ndose suavemente... Un grito de espanto
+escap&oacute;se de los labios de todos, y una vieja que cruzaba guiando un
+borriquillo grit&oacute;, extendiendo los enjutos brazos, con esa energ&iacute;a de la
+fe en los momentos de angustia:</p>
+
+<p class="center">&mdash;&iexcl;Aita San Ignazio..., salbazazu!.<a name="FNanchor_17_17" id="FNanchor_17_17"></a><a href="#Footnote_17_17" class="fnanchor">[17]</a></p>
+
+<p>El peligro era inminente; hall&aacute;base una de las ruedas traseras fuera del
+camino, sostenida sobre el precipicio tan s&oacute;lo por el tronco de un roble
+inclinado, cuyas ra&iacute;ces se sent&iacute;an crujir y ceder a cada momento,
+arrancando grandes pelotones de tierra... Un instante perdido, un solo
+movimiento de cualquiera de los espantados brutos, y coche, caballos y
+viajeros rodar&iacute;an por el alto repecho de la cuesta, haci&eacute;ndose trizas.
+Jacobo no se aturdi&oacute;, ni Tom Sickles tampoco; empu&ntilde;&oacute; el primero las
+riendas sin hacer ning&uacute;n movimiento y salt&oacute; el segundo fuera del coche,
+abalanz&aacute;ndose a la rueda opuesta a la hundida, y tirando hacia el centro
+<span class='pagenum'><a name="Page_404" id="Page_404">[404]</a></span>del camino con todas sus fuerzas; la vieja casera acudi&oacute; en su ayuda,
+tirando con sus descarnados brazos, que parec&iacute;an tener el aguante de dos
+poderosos cables. Salt&oacute; Fritz detr&aacute;s de Tom y fue a sujetar por el
+diestro al caballo espantado, que era el de la izquierda del primer
+tronco. El terror hab&iacute;a enmudecido a todos, dej&aacute;ndolos inm&oacute;viles, sin
+osar rebullirse por miedo de apresurar la cat&aacute;strofe; el hombre del
+<i>waterproof</i> segu&iacute;a roncando.</p>
+
+<p>A un grito de Tom Sickles fustig&oacute; Jacobo los caballos b&aacute;rbaramente,
+azuz&oacute;los Fritz dando voces y el coche arranc&oacute; al fin crujiendo,
+bambole&aacute;ndose un momento hacia el precipicio, dando, al entrar en la
+carretera, un vaiv&eacute;n violent&iacute;simo, que despidi&oacute; al hombre dormido desde
+lo alto de su banqueta en mitad del camino, donde cay&oacute; inerte y pesado
+cual una piedra de diez arrobas, mientras el coche desaparec&iacute;a entre una
+gran polvareda por el declive de la cuesta y segu&iacute;a corriendo hasta
+llegar frente de Oiquina, donde pudo al fin Jacobo detener el tiro a la
+sombra de unas higueras, cubierto de polvo, sudoroso, jadeante... Ya era
+tiempo: el roble, descuajado por completo, cay&oacute; a lo largo del violento
+repecho del camino, quedando suspendido sobre el precipicio por algunas
+ra&iacute;ces. Tom Sickles, sin cuidarse del hombre tendido en tierra, miraba
+correr el coche, apretando los pu&ntilde;os y dirigiendo en ingl&eacute;s tremendas
+imprecaciones, no a los caballos, sino a su ilustre se&ntilde;ora y due&ntilde;a.</p>
+
+<p>Mientras tanto, Fritz y la casera acud&iacute;an al ca&iacute;do en el momento en que,
+desembaraz&aacute;ndose este del <i>waterproof</i> que le envolv&iacute;a y sent&aacute;ndose en
+el suelo, dejaba ver la granujienta faz de Di&oacute;genes, azorada, reflejando
+todav&iacute;a la colosal borrachera que se hab&iacute;a tomado la v&iacute;spera, mirando a
+todas partes con aire de extra&ntilde;eza, sin acertar a explicarse c&oacute;mo,
+habi&eacute;ndose dormido en lo alto de una banqueta del <i>mail-coach</i>,
+despertaba sentado en el suelo en mitad de un camino. Los dolores de sus
+huesos vinieron a revel&aacute;rselo, y agarr&aacute;ndose a Fritz, trat&oacute; de
+<span class='pagenum'><a name="Page_405" id="Page_405">[405]</a></span>levantarse, murmurando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Polaina!... Si parece que me han dado una paliza... Comenz&oacute; a andar,
+sin embargo, sin sentir grave molestia, con el sombrero en la mano,
+cubierto de polvo, arrastrando por detr&aacute;s el <i>waterproof</i>, que llevaba
+terciado al hombro izquierdo. Los del coche hab&iacute;an recobrado el habla al
+verse fuera de peligro y chillaban todos al mismo tiempo, comentando el
+suceso, sin acordarse ninguno de dar gracias a Dios, que les hab&iacute;a
+arrancado de las garras de la muerte con un verdadero prodigio; tan s&oacute;lo
+Kate, la doncella inglesa, encogida en un rinc&oacute;n, blanca cual un papel
+todav&iacute;a, con las manos cruzadas, cerrados los ojos, inclinada la cabeza,
+parec&iacute;a rezar entre dientes... Echaron entonces de menos a Di&oacute;genes y
+vi&eacute;ronle venir a lo lejos, seguido de Tom Sickles y el prusiano, que
+tra&iacute;a la sombrilla encarnada causa del percance. El buen humor acab&oacute; de
+disiparles el susto, y recibieron todos al ca&iacute;do con grandes carcajadas,
+excepto Leopoldina Pastor, que dominando las risas con su poderosa voz
+de contralto, gritaba furiosa:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues mira el indecente c&oacute;mo trae mi <i>waterproof</i> arrastrando!...
+&iexcl;Di&oacute;genes, hijito!... &iexcl;Recoge ese impermeable!... &iquest;No ves que me lo
+est&aacute;s poniendo hecho un asco?...</p>
+
+<p>Oy&oacute;la muy bien Di&oacute;genes, y li&aacute;ndose al cuerpo el <i>waterproof</i>, con el
+garbo del torero que se ci&ntilde;e la capa para hacer con la cuadrilla el
+saludo al presidente, quiso hacer una pirueta; un ligero vah&iacute;do se la
+cort&oacute;, sin embargo. Al pasar junto al balneario de Cestona acometi&oacute;le
+otro ligero desvanecimiento, y Leopoldina Pastor, que un&iacute;a siempre alg&uacute;n
+rasgo de locura a los impulsos de su coraz&oacute;n, realmente bueno y
+compasivo, empe&ntilde;&oacute;se en hacerle beber un par de vasitos de aquellas
+famosas aguas medicinales. Contest&oacute;le Di&oacute;genes una de sus indecentes
+paparruchas, que rieron todos en coro, y det&uacute;vose, en efecto, en el
+<span class='pagenum'><a name="Page_406" id="Page_406">[406]</a></span>balneario para beber una enorme copa de ginebra, que tom&oacute;, seg&uacute;n su
+costumbre, echando antes en el fondo un par de terrones de az&uacute;car.
+Volvi&oacute;le el alcohol la salud y la alegr&iacute;a, y desde Cestona hasta
+Azpeitia charl&oacute; sin cesar, comentando, con grandes risas de todos, su
+tremendo batacazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Polaina, se&ntilde;&aacute; Frasquita!... Si te lo llegas a dar t&uacute;, &iquest;eh,
+comadre?... Te desbaratas en treinta y dos partes, lo mismo, lo mismo
+que un rompecabezas...</p>
+
+<p>&iexcl;Saltar as&iacute; a los sesenta y cinco a&ntilde;os!... &iexcl;Polaina!... Pero se acordaba
+&eacute;l de otro salto a&uacute;n m&aacute;s mortal todav&iacute;a: el que dio cierto <i>barbi&aacute;n</i>
+amigo suyo, desde el almuerzo de un lunes a la comida de un jueves, sin
+tropezar siquiera en un garbanzo.</p>
+
+<p>Al trote largo atravesaron las calles de Azpeitia sin hacer caso de los
+bandos del alcalde y las multas impuestas; y con riesgo de atropellar a
+cada paso a los pobres alpargateros que trabajaban en los umbrales de
+las tiendas y a los chiquillos que por todas partes pululaban, entraron
+al fin en el trozo de carretera que lleva en l&iacute;nea recta al prado de
+Loyola... En el fondo, sombreado por la alta cumbre del Izarraiz,
+destac&aacute;base la majestuosa mole del Real Colegio y Santuario trazados por
+Fontana, rico joyel construido por una reina para engarzar la casa de un
+santo. En mitad del prado levant&aacute;base sobre un pedestal, resguardado por
+una verja, la estatua de san Ignacio de Loyola, hijo y patrono de
+Guip&uacute;zcoa, alzando la mano como para bendecir aquella comarca en que se
+meci&oacute; su cuna y en que parece proyectarse a&uacute;n la sombra ben&eacute;fica de su
+figura gigantesca.</p>
+
+<p>Formando &aacute;ngulo recto con el Real Colegio de Loyola, hay otro edificio
+construido en la misma &eacute;poca, que llaman <i>la Hospeder&iacute;a</i>; all&iacute; suelen
+<span class='pagenum'><a name="Page_407" id="Page_407">[407]</a></span>albergarse los viajeros que acuden a visitar el santuario, y all&iacute;
+pensaba Currita partir la jornada, deteni&eacute;ndose a comer, descansando un
+par de horas y prosiguiendo su camino hasta Zum&aacute;rraga, para alcanzar el
+tren expreso para Madrid, que pasaba a las cinco y media.</p>
+
+<p>El d&iacute;a estaba magn&iacute;fico, aunque alg&uacute;n tanto caluroso, como suelen serlo
+en Guip&uacute;zcoa los &uacute;ltimos de septiembre; y bajo el espacioso cobertizo
+que forman los ocho arcos que dan entrada a <i>la Hospeder&iacute;a</i>, mand&oacute; la
+condesa de Albornoz disponer la mesa. Extend&iacute;ase al frente el prado,
+verde, risue&ntilde;o, lleno de luz y de alegr&iacute;a, con una fuentecilla alegre y
+bullidora que por cuatro ca&ntilde;os murmuraba; a la izquierda, alz&aacute;base la
+majestuosa mole del Colegio, adelantando el soberbio p&oacute;rtico de su
+iglesia como adelantar&iacute;a un soldado de Cristo el fuerte brazo mostrando
+un crucifijo, elevando la grandiosa c&uacute;pula como elevar&iacute;a al cielo la
+frente, buscando all&iacute; la fortaleza, el impulso, la luz. A la derecha,
+abr&iacute;ase el valle de Azpeitia, cruzado por el Urola, alegre tambi&eacute;n y
+risue&ntilde;o, ligando al pueblo con el Santuario como con un lazo de flores,
+pareciendo su alegr&iacute;a, sobre el tinte melanc&oacute;lico de todo el paisaje, un
+ramo de rosas sobre la tumba de un justo, una dulce sonrisa sobre el
+austero rostro de un trapense; el alto Izarraiz, verde en la falda como
+la vida en su primavera, &aacute;spero y ceniciento en la cumbre como la vejez
+ya desenga&ntilde;ada, cerraba bruscamente el fondo, y en medio de todo
+aquello, elevada sobre la tierra, inalterable entre lo alegre y lo
+triste, indiferente entre lo pobre y lo rico, elev&aacute;base la estatua de
+san Ignacio, la imagen de la santidad, serena siempre, igual, tranquila,
+orando y bendiciendo.</p>
+
+<p>Son&oacute; una campana en el interior del Colegio, y a poco contemplaron los
+viajeros un espect&aacute;culo com&uacute;n en aquel lugar, pero nuevo y extra&ntilde;o para
+ellos. Por la escalinata que da entrada a la porter&iacute;a sal&iacute;an los
+<span class='pagenum'><a name="Page_408" id="Page_408">[408]</a></span>novicios a paseo, de tres en tres, con el rosario al ce&ntilde;idor, el
+continente modesto, los ojos bajos; tomaban todos hacia la carretera,
+serenos y alegres, descubr&iacute;anse al pasar ante la estatua de su fundador,
+con el cari&ntilde;oso respeto con que se saluda a un padre, y repart&iacute;anse
+luego en distintas direcciones, por diversos caminos y senderos. Dos o
+tres ternas de novicios peque&ntilde;itos encantaron a Leopoldina; con la
+servilleta en la mano levant&oacute;se de la mesa y sali&oacute; fuera de los arcos
+para verlos mejor, diciendo entusiasmada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mira, mira... qu&eacute; indecentillos m&aacute;s monos! &iexcl;Si parecen curitas de
+barro! &iexcl;Qu&eacute; chiquitos! &iexcl;Qu&eacute; preciosos!...</p>
+
+<p>&mdash;Pues c&oacute;mprales dulces&mdash;respondi&oacute; Jacobo despechado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo creo que se los comprar&iacute;a si quisieran tomarlos!... &iexcl;Si dan
+ganas de coger un par de ellos y ponerlos en una rinconera, como si
+fuesen juguetes!...</p>
+
+<p>&mdash;No est&aacute;n malos juguetitos los tales nenes&mdash;dijo Jacobo con ira
+reconcentrada&mdash;. La primera pifia que ha dado la Restauraci&oacute;n ha sido
+abrir la puerta a esta canalla... &iexcl;Dejar que se forme ah&iacute; una alm&aacute;ciga
+de intrigantes, una <i>p&eacute;pini&egrave;re</i> de hip&oacute;critas revolucionarios!...</p>
+
+<p>Entabl&oacute;se entonces una discusi&oacute;n acalorada sobre los jesuitas, en que
+salieron a relucir autorizados textos de Eugenio Sue, en su novela <i>El
+Jud&iacute;o Errante</i>, quedando al cabo decidido que, terminada la comida y
+mientras los caballos descansaban, ir&iacute;an todos a visitar la tenebrosa
+madriguera... Di&oacute;genes, que hasta entonces nada hab&iacute;a dicho, asegur&oacute;
+terminantemente que &eacute;l no iba, porque no acostumbraba poner los pies
+donde ten&iacute;an derecho a ponerle en la calle, y si aquellos se&ntilde;ores
+obraban en raz&oacute;n, era eso lo que deb&iacute;an hacer con las parejas de mocitos
+<span class='pagenum'><a name="Page_409" id="Page_409">[409]</a></span>y mocitas que amenazaban invadirles la casa. Ech&aacute;ronse todos encima con
+grande furia y &eacute;l comenz&oacute; a soltar a diestro y siniestro enormes
+desverg&uuml;enzas, mientras Currita, con altivez de reina ofendida, llamaba
+a Fritz el lacayo y d&aacute;bale orden de ir al punto a Loyola para anunciar
+al superior que la se&ntilde;ora condesa de Albornoz ir&iacute;a de dos y media a tres
+a visitar la casa y el Santuario.</p>
+
+<p>Hablaba Di&oacute;genes p&aacute;lido y agitado, con el tono iracundo que sol&iacute;a usar
+cuando hablaba de veras, y levant&aacute;ndose de repente de la mesa, entr&oacute;se
+por un cobertizo que iba a parar en las cuadras; vi&eacute;ronle, a poco, salir
+l&iacute;vido m&aacute;s bien que p&aacute;lido y dejarse caer como sin fuerzas en un banco
+de hierro que bajo los arcos estaba: con grandes ansias y sudores hab&iacute;a
+arrojado en un rinc&oacute;n de la cuadra lo poco que hab&iacute;a comido.
+Acerc&aacute;ronsele entonces Gorito y Leopoldina, temerosos de que el batacazo
+de por la ma&ntilde;ana comenzara a tener consecuencias, y esta, con verdadero
+inter&eacute;s, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Di&oacute;genes, t&uacute; est&aacute;s malo y es necesario que te vea el m&eacute;dico.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El m&eacute;dico?&mdash;balbuce&oacute; Di&oacute;genes con los ojos extraviados&mdash;. En mi vida
+llam&eacute; a ninguno... La alopat&iacute;a es un ca&ntilde;&oacute;n Armstrong, y la hemopat&iacute;a la
+carabina de Ambrosio: con que vete a fre&iacute;r monas con tus m&eacute;dicos y
+medicinas, que yo me curo solo...</p>
+
+<p>&mdash;Pues llamaremos entonces al alb&eacute;itar&mdash;repuso Gorito.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es otra cosa: estos tienen m&aacute;s ciencia, porque curan al paciente
+sin sacarle palabra alguna... Pero tampoco es necesario, porque yo me
+curo a m&iacute; mismo.</p>
+
+<p>Y pidiendo una botella de ginebra, comenz&oacute; a beber copa tras copa,
+<span class='pagenum'><a name="Page_410" id="Page_410">[410]</a></span>echando, en vez de dos, tres y hasta cuatro terrones de az&uacute;car.
+Mientras tanto, Mar&iacute;a Valdivieso hac&iacute;a una escena sentimental a Paco
+V&eacute;lez, porque lejos de ocuparse de ella, durante el riesgo de la ma&ntilde;ana,
+hab&iacute;a pensado tan s&oacute;lo en salvarse a s&iacute; mismo; Jacobo y el t&iacute;o Frasquito
+hab&iacute;anse entrado en <i>la Hospeder&iacute;a</i> sin decir ad&oacute;nde iban, y Currita,
+llevada de sus gustos id&iacute;licos, entreten&iacute;ase en echar migas de pan a un
+altanero gallo que merodeaba por el prado, seguido de algunas sumisas
+gallinas. Acerc&oacute;se entonces un hombre de aspecto modesto que tra&iacute;a una
+carta en la mano, y pregunt&oacute;le sin ceremonia si la se&ntilde;ora condesa de
+Albornoz era ella misma; la altiva dama dign&oacute;se tan s&oacute;lo responder con
+una ligera inclinaci&oacute;n de cabeza, y el hombre le entreg&oacute; entonces la
+carta, entr&aacute;ndose al punto en Loyola, de donde hab&iacute;a salido, por la
+escalinata de la porter&iacute;a. Currita ley&oacute; extra&ntilde;ada estas solas l&iacute;neas:</p>
+
+<p>&laquo;Si la se&ntilde;ora condesa de Albornoz viene a Loyola a confesar sus pecados
+y a pedir a Dios perd&oacute;n de sus extrav&iacute;os, no tiene que fijar hora ni
+tiempo, porque todos son igualmente oportunos... Pero si viene s&oacute;lo a
+hacer a esta Santa Casa testigo del esc&aacute;ndalo de su vida, se la suplica
+encarecidamente evite el disgusto de tener que cerrarle la puerta a su
+afect&iacute;simo en Cristo y humilde servidor, <span class="smcap">Pedro Fern&aacute;ndez</span>, S. J.&raquo;</p>
+
+<p>Qued&oacute; Currita at&oacute;nita con la carta en la mano, mirando atentamente al
+gallo, que con una pata en alto, torcida la cabeza y fijo en ella el ojo
+inflamado, parec&iacute;a ofrecerle caballerosamente, en caso de guerra, el
+auxilio de sus espolones.</p>
+
+<p>La dama volvi&oacute; a leer la carta y comprendi&oacute; entonces una sola cosa; pero
+una cosa para ella inveros&iacute;mil, que vino a despertar en su &aacute;nimo el
+movimiento de ira, de sorpresa, de rabia desesperada que causa al potro
+brav&iacute;o el primer espolazo que desgarra sus ijares, el primer serretazo
+que le hace detener su voluntariosa carrera, anunci&aacute;ndole que hay
+<span class='pagenum'><a name="Page_411" id="Page_411">[411]</a></span>alguien que puede, y quiere, y debe sujetarle y humillarle...
+&iexcl;Comprendi&oacute; que por primera vez en su vida le cerraban una puerta, y que
+era el que se la cerraba un hombre desconocido, un pobre fraile, un
+Pedro Fern&aacute;ndez!... &iexcl;La fuentecilla que corr&iacute;a all&iacute; al lado murmurando
+lleg&oacute; a los o&iacute;dos de Currita como el eco de la sarc&aacute;stica carcajada que
+hab&iacute;a de soltar el mundo al verla vencida por Pedro Fern&aacute;ndez!...</p>
+
+<p>Reson&oacute; en aquel momento a su espalda la voz de Jacobo, y apresur&oacute;se a
+esconder prontamente en el bolsillo de su falda la malhadada carta.
+Jacobo reun&iacute;a a su grey, porque iban ya a dar las dos y media, y a poco
+que se detuvieran en la visita a Loyola podr&iacute;an llegar a Zum&aacute;rraga
+demasiado tarde. Currita sali&oacute; a su encuentro, andando lentamente,
+diciendo con mucha displicencia:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes que me encuentro mala... y ser&iacute;a lo mejor dejarlo?...</p>
+
+<p>Crey&eacute;ronla todos, porque aparec&iacute;a su rostro p&aacute;lido y alterado, y
+decidi&oacute;se entonces salir al punto para Zum&aacute;rraga y descansar all&iacute; en la
+fonda una hora larga, antes de que el tren llegase. La ginebra hab&iacute;a
+repuesto a Di&oacute;genes por completo, y p&uacute;sose a ayudar a Tom Sickles y al
+prusiano a enganchar el tiro, cantando con aguardentosa voz de cualquier
+mozo de cuadra una tonada antigua que llamaban <i>El Mayoral</i>:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Vamos, caballeros,<br /></span>
+<span class="i0">Vamos a march&aacute;<br /></span>
+<span class="i0">&iexcl;Al coche, al coche!<br /></span>
+<span class="i0">&iexcl;Basta de par&aacute;!<br /></span>
+</div><div class="stanza">
+<span class="i0">Vamos ligerito,<br /></span>
+<span class="i0">Vamos a part&iacute;.<br /></span>
+<span class='pagenum'><a name="Page_412" id="Page_412">[412]</a></span><span class="i0">Empu&eacute;s los calores<br /></span>
+<span class="i0">Nos van a fre&iacute;...<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Jacobo y Currita ocuparon el pescante, tomando aquel esta vez las
+riendas, y coloc&aacute;ronse los dem&aacute;s en el mismo orden en que hab&iacute;an venido.
+Al pasar ante la estatua de san Ignacio, quit&oacute;se Di&oacute;genes el sombrero,
+como hab&iacute;a visto hacer antes a los novicios, y repiti&oacute; en voz muy alta,
+con el acento de un cari&ntilde;oso saludo, aquella hermosa frase que inspiran
+a los caseros de Guip&uacute;zcoa su piedad, su sencillez y su amor al santo,
+gloria de sus monta&ntilde;as:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Aita</i> San Ignazio... <i>agur</i>!<a name="FNanchor_18_18" id="FNanchor_18_18"></a><a href="#Footnote_18_18" class="fnanchor">[18]</a></p>
+
+<p>Luego, sin hacer caso de los furiosos aspavientos de Currita, que le
+amenazaba con plantarle en medio del camino si no guardaba silencio,
+comenz&oacute; a cantar de nuevo las estrofas de <i>El Mayoral</i>:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">&iexcl;Cuidado ese bache!<br /></span>
+<span class="i0">&iexcl;B&aacute;jate, zagal!...<br /></span>
+<span class="i0">Si voy, salerosa,<br /></span>
+<span class="i0">Te voy a mat&aacute;...<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Volaba el <i>mail-coach</i> por la carretera, dejando atr&aacute;s los ba&ntilde;os de San
+Juan, el caser&iacute;o de Juin-Torrea emboscado en sus jardines, el convento
+de Santa Cruz encaramado en su monte, el palacio ruinoso de la Florida
+en que Juan Jacobo Rousseau en persona presidi&oacute; m&aacute;s de un concili&aacute;bulo
+de enciclopedistas. Atravesaron al paso, m&aacute;s sosegados que por la
+ma&ntilde;ana, las calles de Azcoitia, y entraron de nuevo en la carretera,
+<span class='pagenum'><a name="Page_413" id="Page_413">[413]</a></span>flanqueada siempre por el r&iacute;o, hundi&eacute;ndose a poco en la ca&ntilde;ada
+estrech&iacute;sima y brav&iacute;a que forman dos altas monta&ntilde;as, cubiertas de
+bosques sombr&iacute;os que trepan cual escuadrones de &aacute;rboles que quisieran
+escalarlas, para desgarrar en su cumbre el seno de las nubes, azuladas a
+veces, vaporosas como la flotante t&uacute;nica de una po&eacute;tica maitagari;
+cenicientas otras, flotantes tambi&eacute;n, pero t&eacute;tricas como el sudario que
+cubre las r&iacute;gidas formas de un muerto. Era aquella naturaleza agreste y
+sombr&iacute;a, y hac&iacute;anla pavorosa los muchos saltos de agua que se despe&ntilde;aban
+de los riscos, el continuo lamentar de la corriente del r&iacute;o detenida por
+las pe&ntilde;as y la falta de sol que ocultaban ya en aquella hora las dos
+altas monta&ntilde;as.</p>
+
+<p>Currita, sentada en el pescante, sombr&iacute;a como la naturaleza y no como
+ella en calma, daba vueltas en su memoria a la carta de Loyola. Sent&iacute;a
+una especie de irritaci&oacute;n sorda que no acertaba a comprender qui&eacute;n se la
+inspiraba, porque, por un extra&ntilde;o fen&oacute;meno que no sab&iacute;a ella misma
+explicar, aquel Pedro Fern&aacute;ndez, autor de la carta, causante de la
+ofensa, tan s&oacute;lo acud&iacute;a a su mente en un lugar secundario,
+present&aacute;ndosele, m&aacute;s bien que como representante, como instrumento de un
+ser m&aacute;s poderoso que parec&iacute;a imponerse a la orgullosa dama, oblig&aacute;ndola
+a confundirse, y a humillarse, y a callar...</p>
+
+<p>Un poco m&aacute;s lejos, al volver una punta, vio parados en la vertiente
+misma de la monta&ntilde;a a tres de los novicios peque&ntilde;itos que hab&iacute;an
+entusiasmado a Leopoldina. No estaban solos; hab&iacute;a con ellos una vieja
+decr&eacute;pita, cubierta la cabeza con la blanca toca de las caseras
+vascongadas, esforz&aacute;ndose por cargar en sus hombros, ayudada de los
+novicios, un pesado haz de le&ntilde;a que hab&iacute;a puesto en el suelo para tomar
+alientos un instante y descansar. In&uacute;til fue su empe&ntilde;o: a los diez o
+doce pasos rindi&oacute;la la fatiga, y el haz de le&ntilde;a, superior a sus fuerzas,
+cay&oacute; de nuevo en tierra: la mujer se ech&oacute; a llorar. Los novicios
+<span class='pagenum'><a name="Page_414" id="Page_414">[414]</a></span>hablaron entre s&iacute; un momento, y uno de ellos, el m&aacute;s fuerte, carg&oacute;se
+entonces el haz a la espalda y comenz&oacute; a trepar por la &aacute;spera pendiente,
+hacia un caser&iacute;o ruinoso que se divisaba en la cumbre, peque&ntilde;o y
+escondido cual un nido de p&aacute;jaros.</p>
+
+<p>Leopoldina comenz&oacute; a alborotar, conmovida a su manera, gritando que
+aquellos indecentillos eran unos &aacute;ngeles del cielo, unos santos
+chiquititos a quienes era necesario venerar, y que en cuanto llegara a
+la corte hab&iacute;a de enviarles a cada uno un par de medias negras, hechas
+por sus propias manos, con el estambre m&aacute;s fino que pudiera hallarse...
+Ri&eacute;ronse todos; Currita callaba, sin embargo, sintiendo un extra&ntilde;o
+enternecimiento que la humillaba y que se apresuraba por lo mismo a
+combatir, oponiendo a su ben&eacute;fico influjo el parapeto del orgullo, del
+inquebrantable orgullo, que viene a ser en el alma como la fortaleza del
+mal... Aquellos tres novicios, aquellos tres Pedros Fern&aacute;ndez en
+embri&oacute;n, humill&aacute;ndose por <i>caridad</i> a una mendiga, hici&eacute;ronle comprender
+que aquel otro Pedro Fern&aacute;ndez habr&iacute;a podido impon&eacute;rsele por <i>deber</i> a
+ella, orgullosa Grande de Espa&ntilde;a, y una luz s&uacute;bita, semejante a la de un
+rel&aacute;mpago que ilumina a la vez que aterra, h&iacute;zole ver claramente lo que
+antes sospechaba: que aquella carta, que aquella ofensa no ven&iacute;a de un
+desconocido, de un pobre fraile, de un Pedro Fern&aacute;ndez; porque aquella
+puerta primera que se le cerraba en la vida, no era la puerta de Loyola,
+era la puerta de Dios...</p>
+
+<p>Sinti&oacute; fr&iacute;o y pidi&oacute; a Kate un ligero abrigo en que se envolvi&oacute; pensativa
+siempre y silenciosa... Segu&iacute;a aquella luz alumbrando en su alma, y a su
+reflejo pareci&oacute;le contemplarse a s&iacute; misma por fuera de s&iacute; misma, como
+deb&iacute;a de contemplarla el desconocido Pedro Fern&aacute;ndez, sentada en aquel
+pescante al lado de Jacobo... Instintivamente mir&oacute; a este, y por primera
+vez en la vida pareci&oacute;le lo que no le hab&iacute;a parecido nunca: le pareci&oacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_415" id="Page_415">[415]</a></span>un c&oacute;mplice.</p>
+
+<p>Rodaba ya el coche por las calles de Villarreal, atraves&oacute; el puente que
+separa a esta villa de Zum&aacute;rraga y se detuvo frente a la estaci&oacute;n, entre
+varias diligencias y coches desenganchados, a la puerta de una conocida
+fonda, cuyo extenso comedor se abre a la plaza misma, en la planta baja.
+Ape&aacute;ronse todos; las damas pidieron un cuarto para arreglarse un poco;
+los caballeros tiraron cada cual por su lado; Tom Sickles y el prusiano
+recogieron el <i>mail-coach</i> y los caballos en una cochera pr&oacute;xima, para
+conducirlos a Madrid en el correo del d&iacute;a siguiente: faltaba para la
+llegada del tren una hora larga.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito, cepillado ya, limpio y resplandeciente, con sus
+fin&iacute;simos guantes de piel de Suecia en una mano y un ligero cab&aacute;s de
+Leopoldina Pastor en la otra, entr&oacute; en el comedor y pidi&oacute; un refresco de
+grosella... No lleg&oacute; a tomarlo: una muchacha de las del servicio
+apareci&oacute; dando gritos, sin poder articular, haciendo gestos desesperados
+de que la siguiese... En un pasadizo cerca de la cocina, frente a una
+puerta entreabierta, estaba Di&oacute;genes, tendido boca arriba, con los
+brazos en cruz, doblada una pierna, revestido el semblante de una
+palidez cadav&eacute;rica, sobre la que se destacaba sus rojas manchas
+granujientas, amoratadas entonces, casi negras: parec&iacute;a muerto.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Frasquito dio un chillido y ech&oacute; a correr, llamando a voces a
+Jacobo y a Gorito; acudieron todos los de la fonda y lleg&oacute; tambi&eacute;n
+Jacobo, mirando el reloj con gesto de grande enfado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hasta para morirse es importuno!&mdash;dijo al verse frente a Di&oacute;genes.</p>
+
+<p>Llev&aacute;banle ya dos robustos mocetones, hijos del due&ntilde;o de la fonda, y
+pusi&eacute;ronle en la cama de un cuarto del primer piso. Lleg&oacute; el m&eacute;dico a
+<span class='pagenum'><a name="Page_416" id="Page_416">[416]</a></span>toda prisa, llamado poco antes, y al saber la ca&iacute;da de por la ma&ntilde;ana y
+despu&eacute;s de reconocerle, hizo un siniestro pron&oacute;stico: aquello era un
+ataque cerebral, efecto de la ca&iacute;da, y si volv&iacute;a en s&iacute; del primero, no
+tardar&iacute;a en sucumbir al segundo.</p>
+
+<p>Las damas, muy sobrecogidas, no se atrev&iacute;an a salir del cuarto y mucho
+menos a ver al enfermo. Mar&iacute;a Valdivieso, con profunda compasi&oacute;n,
+pregunt&oacute; si se hab&iacute;a puesto muy feo. Leopoldina, con pesar no fingido,
+gimoteaba ruidosamente. De pronto, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Si traer&aacute; el pobrecito dinero?...</p>
+
+<p>Acerc&oacute;se mientras tanto el fondista a Jacobo y pidi&oacute;le &oacute;rdenes; mas
+este, encogi&eacute;ndose de hombros con estudiada indiferencia, d&iacute;jole que ni
+&eacute;l ni ninguno de sus compa&ntilde;eros ten&iacute;an nada que ver con aquel hombre;
+que era un amigo, un mero conocido que en Biarritz se les hab&iacute;a colocado
+en el coche sin que nadie le llamara, y que ni pod&iacute;a responder de &eacute;l, ni
+mucho menos dar &oacute;rdenes. La hora del tren se aproximaba, y decididos
+todos a partir, despu&eacute;s de una ligera discusi&oacute;n en que triunf&oacute; el m&aacute;s
+cruel ego&iacute;smo, pusi&eacute;ronse en marcha. Leopoldina, muy desasosegada,
+suplic&oacute; entonces a Currita que dejase por lo menos al cuidado de aquel
+infeliz a Fritz, su lacayo prusiano. Currita le contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Si quiere quedarse esta noche, no tengo inconveniente... Ser&aacute; una mala
+noche que pase a su cuenta... Pero lo que es ma&ntilde;ana tendr&aacute; que marcharse
+en el correo: Tom no puede ir solo a Madrid con los seis caballos.</p>
+
+<p>Fuese entonces Leopoldina al fondista y d&iacute;jole con grande ah&iacute;nco:</p>
+
+<p>&mdash;Yo no s&eacute; si ese pobrecito traer&aacute; dinero... Si no lo trae, todo cuanto
+pueda necesitar me lo pone usted en cuenta... Soy hermana del general
+<span class='pagenum'><a name="Page_417" id="Page_417">[417]</a></span>Pastor, y mis se&ntilde;as son estas.</p>
+
+<p>Y se las dio apuntadas con mucho primor en una tarjeta: acerc&oacute;se tambi&eacute;n
+el t&iacute;o Frasquito y suplic&oacute;le encarecidamente que, no bien muriese aquel
+infeliz, se lo avisase al punto por tel&eacute;grafo; diole entonces su nombre
+y se&ntilde;as, y el importe del telegrama: una peseta.</p>
+
+<p>A las nueve de la noche pareci&oacute; el enfermo experimentar gran fatiga, y
+asustado el due&ntilde;o de la fonda, mand&oacute; llamar al cura p&aacute;rroco para que le
+administrase los santos &oacute;leos. Pas&oacute;, sin embargo, la crisis, y ya cerca
+de las doce abri&oacute; Di&oacute;genes los ojos, y vio delante de s&iacute; al fondista, un
+hombre gordo, alto, completamente afeitado, sin corbata, calada la
+boina, y el chaquet&oacute;n largo, tipo caracter&iacute;stico del guipuzcoano de
+pueblo acomodado. Tard&oacute; alg&uacute;n tiempo el enfermo en coordinar sus ideas,
+y diose al fin cuenta de algo de lo que le estaba pasando: un
+pensamiento, para &eacute;l muy pavoroso, acudi&oacute; el primero a su mente... Con
+voz quebrantada, agonizante, que dejaba, sin embargo, traslucir todas
+las agon&iacute;as del terror, las inflexiones de la s&uacute;plica, las ansias de la
+incertidumbre, dijo muy bajo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me llevar&aacute;n al hospital?...</p>
+
+<p>Mir&oacute;le el fondista extra&ntilde;ado, con ira casi, y contest&oacute; con toda la
+brusca hombr&iacute;a de bien del genuino guipuzcoano:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quite usted, caballero, all&aacute;!... &iquest;Usar eso en Guip&uacute;zcoa?...
+&iexcl;Nunca!...</p>
+
+<p>Di&oacute;genes dio un suspiro de descanso y se ech&oacute; a llorar.</p>
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_418" id="Page_418">[418]</a></span></p>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IIdmdash" id="IIdmdash"></a><a href="#toc">&mdash;II&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Di&oacute;genes no se dio cuenta de haber recibido la extremaunci&oacute;n, y
+tranquilo en parte por la respuesta del fondista comenzaron a abrirse
+paso otros pensamientos entre las espesas nieblas que envolv&iacute;an su
+mente... Mas un sopor pesad&iacute;simo, un letargo profundo, que ten&iacute;a ya
+dejos de la muerte, avasallaba a veces todo su ser y esparc&iacute;a ac&aacute; y all&aacute;
+aquellas ideas que se afanaba por coordinar, apareciendo estas entonces
+como imperceptibles puntos luminosos flotando en una inmensa bruma,
+alej&aacute;ndose lentamente, apag&aacute;ndose poco a poco todos ellos hasta quedar
+uno solo, que ora se le presentaba desconsolador como la candela de la
+agon&iacute;a, ora triste como el cirio que arde ante un muerto, ora terrible
+como un resplandor de las llamas del infierno: &iexcl;era la idea de morir,
+acompa&ntilde;ada y rodeada de la incertidumbre de lo eterno!...</p>
+
+<p>Crec&iacute;a a veces el letargo y apagaba tambi&eacute;n aquella luz pavorosa, pero
+al fin y al cabo luz, y al verse a oscuras Di&oacute;genes, al sentirse caer en
+aquel sue&ntilde;o que le parec&iacute;a el &uacute;ltimo, en aquella sombra negra en que se
+perd&iacute;a la mirada y en aquel silencio siniestro en que se perd&iacute;a la voz,
+clavaba las u&ntilde;as en las s&aacute;banas y las hac&iacute;a jirones, como si se agarrase
+desesperadamente al borde de la fosa en que le hubieran de enterrar.. y
+despertaba, despertaba no bien hab&iacute;a pegado los ojos, como si alg&uacute;n
+importuno le empujara de improviso, con pesadillas horribles en que los
+m&aacute;s ligeros ruidos tomaban proporciones colosales, pareci&eacute;ndole el rumor
+del tren el de una catarata de bronce fundido que se despe&ntilde;ase en sus
+orejas; el de los cascabeles de un coche, redobles de mil tambores
+golpeando en sus propios t&iacute;mpanos; el chirrido peculiar de las carretas
+vascongadas, el <i>so&ntilde;ua</i> que avisa al casero vasco en las revueltas del
+<span class='pagenum'><a name="Page_419" id="Page_419">[419]</a></span>camino, un ruido del infierno que por diab&oacute;lico prodigio se encarnase
+en una sierra candente y le dividiera la masa de los sesos mitad por
+mitad... As&iacute; pas&oacute; la noche; un poco antes del alba desapareci&oacute; el sopor,
+huy&oacute; el letargo con sus pesadillas, y un sue&ntilde;o tranquilo le adormeci&oacute;
+entre sus brazos m&aacute;s de dos horas. Un ruido acompasado que hac&iacute;a mal a
+su cabeza y resonaba como un eco amigo en su coraz&oacute;n despert&oacute;le
+entonces: era la campana de la iglesia que tocaba a Misa.</p>
+
+<p>Di&oacute;genes abri&oacute; los ojos y le pareci&oacute; encontrarse mucho mejor;
+incorpor&oacute;se un poco y crey&oacute; hallarse bien del todo: su cabeza estaba
+despejada, sus miembros d&eacute;biles, pero &aacute;giles; hasta le pareci&oacute; sentir un
+poco de hambre, hasta le ocurri&oacute; pedir para desayunarse una gran copa de
+ginebra con su par de terrones de az&uacute;car. Mir&oacute; en torno suyo:
+chisporroteaba una lamparilla sobre la mesa; una mujer de edad madura
+roncaba desapaciblemente al pie de la cama, en un gran butac&oacute;n, y por
+las rendijas de las dos ventanas, cerradas ambas, entraban discretos
+rayos de luz, cual si el nuevo d&iacute;a se adelantase de puntillas y
+sonriendo a dar la enhorabuena al enfermo. Sent&oacute;se este en la cama
+alegremente sorprendido, y recobrando con la vida su humor chancero,
+tir&oacute;le a la mujer lo primero que hall&oacute; a mano, una almohada, soltando un
+gran grito, un &iexcl;polaina! formidable que la hizo saltar en el sill&oacute;n
+despavorida, murmurando algunas palabras en vascuence.</p>
+
+<p>Mand&oacute;le entonces abrir de par en par las dobles puertas de ambas
+ventanas, y la luz entr&oacute; a torrentes y el aire fresco a raudales,
+juguet&oacute;n como un ni&ntilde;o, acariciando los blancos cabellos del enfermo,
+tray&eacute;ndole, como un nietecillo cari&ntilde;oso sus presentes, el olor a b&uacute;caro
+de la tierra cubierta de roc&iacute;o, el sano perfume de las monta&ntilde;as, el
+alegre trinar de los p&aacute;jaros, el solemne acento de la campana de la
+iglesia, que parec&iacute;a repetir en su o&iacute;do como una amorosa voz de lo alto:
+<span class='pagenum'><a name="Page_420" id="Page_420">[420]</a></span>&iexcl;Ven! &iexcl;Ven!... &iexcl;Qu&eacute; necios temores los suyos! &iexcl;Qu&eacute; espantos tan
+rid&iacute;culos los de la noche! &iexcl;Morir! &iquest;Qui&eacute;n piensa en morir cuando nace el
+d&iacute;a, y sube el sol por el azul de un cielo tan bello, y se divisan a lo
+lejos las monta&ntilde;as verdes, floridas, doradas por resplandores tan
+alegres y risue&ntilde;os?...</p>
+
+<p>Entr&oacute; a poco el m&eacute;dico, acompa&ntilde;ado del fondista, y Di&oacute;genes los recibi&oacute;
+chance&aacute;ndose con el primero, dirigiendo al segundo cari&ntilde;osos gru&ntilde;idos,
+expresivas miradas de sus ojos inyectados en sangre, que no carec&iacute;an de
+ternura e iban a demostrar la gratitud que le inspiraba su caritativa
+conducta. Mas el m&eacute;dico, registr&aacute;ndole cuidadosamente, haci&eacute;ndole un
+sinf&iacute;n de preguntas a que Di&oacute;genes contestaba entre moh&iacute;no y risue&ntilde;o,
+levant&oacute;lo los p&aacute;rpados que encubr&iacute;an a medias dos pupilas dilatadas y
+sanguinolentas, faltas de convergencia, y mene&oacute; la cabeza
+siniestramente... El primer ataque hab&iacute;a pasado, pero ya estaban all&iacute;
+los s&iacute;ntomas del segundo, y era imposible que aquella naturaleza,
+alcoholizada por completo, pudiera resistir a su tremendo empuje. Cruz&oacute;
+entonces con el fondista algunas palabras en vascuence, que escuchaba
+Di&oacute;genes mirando a uno y otro lleno de inquietud, y de repente, sin
+paliativos ni pre&aacute;mbulos, d&iacute;jole con rudeza campesina que la muerte se
+aproximaba sin remedio y &eacute;rale necesario aprovechar aquellos momentos
+l&uacute;cidos que el mal le conced&iacute;a, para arreglar sus negocios con los
+hombres y saldar sus cuentas con Dios.</p>
+
+<p>El golpe fue cruel, porque al o&iacute;rle, Di&oacute;genes sinti&oacute; que le arrancaban
+de all&aacute;, muy hondo, algo que era la esperanza de la vida, la m&aacute;s
+arraigada de todas las esperanzas, por ser la &uacute;ltima, que no se arranca
+nunca sin llevarse detr&aacute;s l&aacute;grimas de los ojos y sangre del coraz&oacute;n...
+Ceg&oacute;le un movimiento feroz de ira, porque nada hay m&aacute;s il&oacute;gico que el
+terror, y pareci&eacute;ndole aquello un robo descarado que ven&iacute;a a hacerle,
+revolvi&oacute;se furioso contra el m&eacute;dico como si fuera &eacute;l quien pretendiera
+<span class='pagenum'><a name="Page_421" id="Page_421">[421]</a></span>hacerle el hurto, y arroj&oacute;le a la cara cuantas injurias y obscenidades
+encontraron en la sentina de su alma la c&oacute;lera y el horror... Asustados
+y sorprendidos el m&eacute;dico y el fondista, retir&aacute;ronse al punto, dejando a
+Di&oacute;genes solo, revolc&aacute;ndose furioso, comprendiendo por la postraci&oacute;n y
+la angustia que le embargaron al punto tras su arrebato, que el m&eacute;dico
+no exageraba ni ment&iacute;a, que la muerte se aproximaba, en efecto, y que
+era forzoso condenarse o capitular..</p>
+
+<p>Cr&eacute;ese, con raz&oacute;n, que nada hay tan horrible como sondear la conciencia
+de un pecador endurecido en el trance de la muerte; sup&oacute;nense tras aquel
+rostro l&iacute;vido y desencajado luchas aterradoras que sostienen el imperio
+del mal y la moci&oacute;n del bien, fantasmas pavorosos que se levantan en la
+conciencia, combates encarnizados que traban en torno de aquella alma
+empedernida el &aacute;ngel del arrepentimiento y el demonio de la
+impenitencia. Horrible es esto; pero hay all&iacute; lucha, y donde hay lucha
+hay siempre una esperanza, una probabilidad de vencer... Por eso
+sobrepuja a este horror aquel otro horror que suele encontrarse tras
+aquellas pupilas vidriosas, aterradoras en esos momentos, cual la puerta
+siniestra ante la cual se sinti&oacute; Dante desfallecer y vacilar: el
+marasmo, la quietud horrible de un alma que se hunde poco a poco en lo
+eterno, d&aacute;ndose cuenta de ello, pero sin que crucen por su mente m&aacute;s que
+ideas triviales, bagatelas con que procura distraerse y divertirse,
+ocult&aacute;ndose a s&iacute; propia el abismo, hasta que la muerte descarga de
+s&uacute;bito la guada&ntilde;a, y despierta de improviso aherrojada ya en lo profundo
+del infierno. &iexcl;Letargo letal, pendiente horrible que, sin un prodigio de
+la divina gracia, va a parar derecha a la condenaci&oacute;n eterna!...</p>
+
+<p>Este fue el estado de Di&oacute;genes al quedarse solo, y rabioso y fatigado se
+dej&oacute; caer en las almohadas, volvi&eacute;ndose de cara a la pared. El
+pensamiento del infierno cruz&oacute; el primero su mente, mas se distrajo en
+seguida mirando el fe&iacute;simo papel verduzco que tapizaba las paredes,
+<span class='pagenum'><a name="Page_422" id="Page_422">[422]</a></span>cruzado de arriba abajo por guirnaldas de flores, entre las cuales se
+entrelazaban largas ristras de micos que sub&iacute;an hasta el techo en
+actitudes grotescas, d&aacute;ndose todos las manos: pareci&eacute;ronle diablillos
+aquellos feos animalejos y p&uacute;sose a contarlos uno a uno, haciendo para
+seguirlos esfuerzos incre&iacute;bles con la vista, y contando en todo lo que
+con ella abarcaba m&aacute;s de quinientos veinte...</p>
+
+<p>La mujer que hab&iacute;a velado durante la noche estaba all&iacute;, sentada en un
+rinc&oacute;n, haciendo calceta; llam&aacute;ronla desde fuera un momento y Di&oacute;genes
+pens&oacute; entonces que tambi&eacute;n a &eacute;l le llamaban a dar cuenta, y encontr&oacute; al
+punto la respuesta en uno de sus mil cuentos chocarreros que le puso
+delante la memoria.</p>
+
+<p>Confes&aacute;base un gitano, ladr&oacute;n empedernido y d&iacute;jole el cura:&mdash;&iquest;Qu&eacute;
+har&iacute;as, infeliz, si el Juez Supremo te llamara ahora al juicio?&mdash;&iquest;Pues
+qu&eacute; hab&iacute;a de jacer?... &iexcl;No dir!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No ir!... &iexcl;No ir!...&mdash;repet&iacute;a Di&oacute;genes, y p&uacute;sose a combinar al punto
+un fant&aacute;stico viaje de huida, en que se le figuraba subir al coche que
+acababa de parar en la puerta, cuyos sonoros cascabeles llegaban a su
+o&iacute;do taladr&aacute;ndole la cabeza, y correr a escape a San Sebasti&aacute;n, y
+embarcarse all&iacute; para el fin del mundo, huyendo como Ca&iacute;n de aquel juez
+que le persegu&iacute;a, dando vueltas por la tierra, vueltas y m&aacute;s vueltas,
+que vinieron por fin a marearle, produci&eacute;ndole bascas terribles, entre
+las que crey&oacute; ver asomar ya la guada&ntilde;a de la muerte... &iexcl;La muerte! Aquel
+maldito despertador que estaba sobre la mesa se la recordaba de
+continuo, pareci&eacute;ndole que al comp&aacute;s de su siniestro tic-tac regulaba su
+paso, rapid&iacute;simo como nunca, y lleno de ira mand&oacute; a la mujer que lo
+parase; mas entendi&oacute; esta que quer&iacute;a verlo para enterarse sin duda de la
+hora que apuntaba, y apresur&oacute;se a llev&aacute;rselo... Di&oacute;genes, arranc&aacute;ndoselo
+de la mano con un arrebato feroz de rabia, estrell&oacute;lo contra la pared de
+<span class='pagenum'><a name="Page_423" id="Page_423">[423]</a></span>enfrente, haci&eacute;ndolo trizas.</p>
+
+<p>Mientras tanto, envi&aacute;bale el cielo un auxilio inesperado en aquel mismo
+coche en que su desasosegada imaginaci&oacute;n fantaseaba huir del Juez
+Supremo; en &eacute;l volv&iacute;a de Zald&iacute;var, cuyas aguas medicinales tomaba todos
+los a&ntilde;os, la marquesa de Villasis, con su nieta Monina, el aya de esta,
+una doncella, un mayordomo viejo que la acompa&ntilde;aba en todos sus viajes y
+un criado antiguo que ven&iacute;a en el pescante; era su idea alcanzar el
+sudexpreso que pasa por Zum&aacute;rraga a las dos y media y estar en Madrid
+aquella noche misma. Trab&oacute; al punto conversaci&oacute;n el fondista con don
+Federico, el mayordomo, y preocupado con la estancia de Di&oacute;genes en la
+fonda, cont&oacute;le su percance y sus apuros. Sorprendido el viejo,
+apresur&oacute;se a dar a la marquesa aquella nueva que tanto hab&iacute;a de
+interesarla, y esta, profundamente conmovida, quiso al punto ver al
+moribundo; reflexionando, sin embargo, un momento, y deseosa de ir sobre
+seguro, hizo llamar al fondista para conocer antes, en todos sus
+detalles, aquella triste aventura, cuyo f&uacute;nebre desenlace estaba ya a la
+vista. Mas no bien supo que el m&eacute;dico no garant&iacute;a la vida del enfermo
+m&aacute;s all&aacute; de la medianoche, crey&oacute; saber bastante, y dio al punto a don
+Federico la orden de suspender el viaje y pedir cuartos para todos all&iacute;
+mismo, en la fonda. Entr&oacute;se en seguida en el despacho mismo del fondista
+y escribi&oacute; r&aacute;pidamente al superior de Loyola, pidi&eacute;ndole que enviase un
+padre a toda prisa para auxiliar a un moribundo, cuyo nombre y condici&oacute;n
+le manifestaba en la carta. Un propio a caballo parti&oacute; a galope a llevar
+esta, y una hora despu&eacute;s estaba ya entregada.</p>
+
+<p>La marquesa pens&oacute; entonces en ver al enfermo; mas antes, temerosa de que
+su presencia repentina pudiera causarle alguna emoci&oacute;n violenta, pidi&oacute;
+al fondista que fuese a anunciarle poco a poco su llegada. Subieron
+ambos hasta la misma puerta que se abr&iacute;a a un corredor, y el fondista
+<span class='pagenum'><a name="Page_424" id="Page_424">[424]</a></span>asom&oacute; t&iacute;midamente la cabeza. Di&oacute;genes, muy postrado, con la repugnante
+cabezota hundida en las almohadas, tendidos ambos brazos sobre la
+colcha, y arrollando entre las manos las s&aacute;banas sin notarlo, comenzaba
+a sentir de nuevo aquel horrible sopor, aquel letargo siniestro que le
+hab&iacute;a atormentado la noche antes... Adelant&oacute;se el fondista unos pasos,
+dejando la puerta entreabierta, y d&iacute;jole en voz alta:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or..., se&ntilde;or... Aqu&iacute; tiene visita...</p>
+
+<p>Torci&oacute; Di&oacute;genes un poco la cabeza y balbuce&oacute; con ira:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Visita?... &iquest;Qui&eacute;n?... &iquest;El enterrador?... &iexcl;Polaina!... &iexcl;Que
+aguarde!...</p>
+
+<p>&mdash;Es una se&ntilde;ora...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Una se&ntilde;ora?... &iexcl;Polaina!</p>
+
+<p>Y solt&oacute; una atrocidad, una indecencia que aturdi&oacute; por completo al
+fondista e hizo enrojecer a la marquesa detr&aacute;s de la puerta, con ese
+santo rubor que realza tantas veces a los fuertes y castos &aacute;ngeles de la
+caridad que sirven en los hospitales, sin asustarles por eso, ni
+hacerles huir de la cabecera de ciertos enfermos. El fondista, muy
+turbado, quiso terminar de un golpe, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Es la se&ntilde;ora marquesa de Villasis.</p>
+
+<p>Di&oacute;genes dio una gran voz, un grito doloroso, como si acabara de
+pronunciar una blasfemia; quiso arrojarse de la cama, incorporarse
+siquiera, y le faltaron las fuerzas, cayendo pesadamente, levantando los
+brazos, agitando las manos, lanzando bramidos ininteligibles, extra&ntilde;os
+<span class='pagenum'><a name="Page_425" id="Page_425">[425]</a></span>balbuceos que parec&iacute;an retratar la emoci&oacute;n de una fiera agonizando en
+su caverna. La marquesa se adelant&oacute; entonces, y sin asco ni temor apret&oacute;
+entre las dos suyas aquellas manos sudorosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mar&iacute;a!... &iexcl;Mar&iacute;a!...&mdash;exclamaba Di&oacute;genes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso, Perico?... &iquest;Qu&eacute; es eso, hombre?&mdash;dec&iacute;a ella dulcemente,
+inclinando su rostro lleno de l&aacute;grimas sobre el desencajado del viejo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me muero, Mar&iacute;a!... &iexcl;Me muero!... Te saliste con la tuya... No es en
+el hospital, pero es de caridad... En la fonda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; importa?... M&aacute;s cerca del cielo est&aacute; la cama de un hospital que
+la de un palacio.</p>
+
+<p>Di&oacute;genes call&oacute; sollozando, y la marquesa fue a dar otro paso adelante;
+mas el moribundo, sin dejar de sollozar, pregunt&oacute; entonces:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y Monina?</p>
+
+<p>&mdash;Abajo est&aacute;... &iquest;Quieres verla?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;..., s&iacute; quiero!... &iexcl;Angelito!... Le dar&eacute; un beso..., &iquest;verdad?...
+&iquest;Me dejas?... &iexcl;Ser&aacute; el &uacute;ltimo, Mar&iacute;a!... &iexcl;Le besar&eacute; el zapatito..., nada
+m&aacute;s que el zapatito!... &iexcl;Anda, por Dios te lo pido, d&eacute;jame!... Si no le
+dar&aacute; asco...</p>
+
+<p>La marquesa, conmovida hasta lo sumo, pareci&oacute; tener entonces una
+inspiraci&oacute;n repentina: desprendi&oacute; sus manos de las de Di&oacute;genes, que se
+las sujetaba fuertemente, y dijo:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_426" id="Page_426">[426]</a></span></p><p>&mdash;Espera un poco... Voy a tra&eacute;rtela...</p>
+
+<p>Fuera ya de la estancia enjug&oacute;se precipitadamente las l&aacute;grimas para no
+asustar a Monina, y sentando a esta en sus rodillas, p&uacute;sose a explicarle
+muy bajo y con gran vehemencia algo que deb&iacute;a de ser importante...
+Escuch&aacute;bala la ni&ntilde;a con los ojos muy abiertos, con ese aire de atenci&oacute;n
+profunda que revela a veces en los ni&ntilde;os un instinto superior a sus a&ntilde;os
+para adivinar lo peligroso o lo terrible; cuando ces&oacute; de hablar su
+abuela, dijo que s&iacute; con la cabeza... Bes&oacute;la esta en la frente con amor
+inmenso y volvi&oacute; a repetirle con gran cuidado lo que antes le hab&iacute;a
+dicho, recalcando mucho algunas frases; Monina, sin decir palabra,
+volvi&oacute; a decir que s&iacute; con la cabeza. Tom&oacute;la entonces la dama de la mano
+y entr&oacute; con ella en el cuarto de Di&oacute;genes; p&uacute;sola sobre la cama sin
+decir palabra, y sali&oacute; de la estancia, cerrando la puerta.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; entonces?... &iquest;Comprendi&oacute; realmente aquel &aacute;ngel de seis a&ntilde;os
+el encargo de su abuela? &iquest;Habl&oacute; por su inocente boca el &aacute;ngel de la
+guarda de Di&oacute;genes?... Es lo cierto que la ni&ntilde;a, sin asustarse de
+aquella horrible cabeza desgre&ntilde;ada, en que se pintaba ya la agon&iacute;a de la
+muerte, sin mostrar repugnancia al asqueroso vaho que exhalaba el sudor
+del enfermo, hundi&oacute; sus rosadas manitas en las blancas patillas del
+viejo, y tirando de ellas a medida que hablaba, seg&uacute;n su antigua
+costumbre, d&iacute;jole muy bajo, poniendo sobre el o&iacute;do de &eacute;l su roja
+boquita:</p>
+
+<p>&mdash;Teno biscochos de Mendaro y te dar&eacute; uno... Y no me tra&iacute;ste la mu&ntilde;eca
+que dic&iacute;a pap&aacute; y mam&aacute;; pero mam&aacute; abuela me compr&oacute; un ni&ntilde;o llor&oacute;n grande,
+grande... Y dice mam&aacute; abuela que te vas a mor&iacute;, y si quieres confes&aacute;...
+y yo rezar&eacute; por ti cuando rece por mi pap&aacute; y por mi mam&aacute; y por el
+abuelito, que est&aacute;n en el cielo... Y yo ir&eacute; tambi&eacute;n... &iquest;T&uacute; quieres i?...
+<span class='pagenum'><a name="Page_427" id="Page_427">[427]</a></span>&iexcl;Pues confiesa!...</p>
+
+<p>Y Monina, cumplida su misi&oacute;n, diole un beso en la frente, escurri&oacute;se de
+la cama y ech&oacute; a correr hacia la puerta. Di&oacute;genes lanz&oacute; tal sollozo, que
+pareci&oacute; romperse su pecho, como si le estallara el coraz&oacute;n dentro;
+cruji&oacute; la cama a los violentos impulsos de su cuerpo, y agitando los
+brazos en alto, balbuceaba con la lengua cada vez m&aacute;s torpe:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quiero!... &iexcl;Quiero!... &iexcl;Quiero confesar!... &iexcl;Mar&iacute;a..., Mar&iacute;a!...
+&iquest;Oyes lo que dice la ni&ntilde;a?... &iexcl;Quiero confesar!... &iquest;Pero con qui&eacute;n...,
+con qui&eacute;n?... &iquest;Qui&eacute;n me confiesa a m&iacute;, Dios m&iacute;o?... &iquest;D&oacute;nde hay espuerta
+tan sucia que reciba mis pecados?... &iexcl;Soy un infame, un perverso!... &iexcl;Me
+pesa, Dios m&iacute;o, me pesa!...</p>
+
+<p>Y con ambos pu&ntilde;os cerrados se daba terribles golpes en el pecho, que
+retumbaban en todo el aposento y le hac&iacute;an toser horriblemente, y le
+produjeron a poco un ligero v&oacute;mito de sangre... Monina, falta ya de
+valor al verse al lado de all&aacute; de la puerta, agarr&aacute;base, con los labios
+blancos, a las faldas de su aya, preguntando muy bajito:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se ha morido ya?...</p>
+
+<p>Mientras tanto, procuraba la marquesa sosegar a Di&oacute;genes, dici&eacute;ndole que
+hab&iacute;a mandado a toda prisa a Loyola por un padre jesuita, que deb&iacute;a de
+llegar de un momento a otro. Di&oacute;genes exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Con ellos me eduqu&eacute;... Pero no lo digo nunca... &iexcl;Los deshonro!...</p>
+
+<p>Aquella emoci&oacute;n violent&iacute;sima parec&iacute;a haber despejado las facultades del
+enfermo, mas su f&iacute;sico resent&iacute;ase de ella y ve&iacute;asele perder fuerzas por
+momentos. La marquesa pidi&oacute; un crucifijo, y poni&eacute;ndoselo delante, d&iacute;jole
+<span class='pagenum'><a name="Page_428" id="Page_428">[428]</a></span>que hiciera ante &eacute;l examen de conciencia, en tanto que llegaba el
+padre; tom&oacute;lo Di&oacute;genes con ambas manos y bes&oacute;lo devotamente, mas dej&oacute;lo
+caer a poco sobre la colcha, llorando desconsolado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si no s&eacute;, Mar&iacute;a!... &iexcl;Si no me acuerdo!...</p>
+
+<p>&mdash;No te apures, hombre, yo te ense&ntilde;ar&eacute; en un momento...</p>
+
+<p>Y p&uacute;sose con gran cari&ntilde;o a explicarle el modo de hacer examen de
+conciencia, escuch&aacute;ndola Di&oacute;genes atentamente, mirando a veces el
+crucifijo. Cuando la marquesa ces&oacute; de hablar, d&iacute;jola &eacute;l con sencillez de
+ni&ntilde;o:</p>
+
+<p>&mdash;Se me va a escapar algo... Lo mejor ser&aacute; que te lo diga a ti todo...,
+y t&uacute; se lo dices luego al padre..., y entre los dos ven si falta algo...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, hombre, si no es preciso!&mdash;replic&oacute; la marquesa sin poder contener
+una sonrisa&mdash;. Piensa t&uacute; ahora, y luego el padre te ayudar&aacute;.</p>
+
+<p>Largo rato permaneci&oacute; Di&oacute;genes silencioso, sosteniendo con ambas manos
+el crucifijo, fijos en &eacute;l los ojos. A veces levantaba su pecho el
+temblor de un sollozo, y l&aacute;grimas abundantes corr&iacute;an por sus mejillas;
+besaba entonces los pies del Cristo, entornaba los p&aacute;rpados y parec&iacute;a
+rezar... La marquesa hab&iacute;ase sentado a los pies de la cama, en el gran
+butac&oacute;n, y rezaba el rosario. Sonaron los cascabeles de un coche, y la
+dama hizo un movimiento para levantarse.</p>
+
+<p>Di&oacute;genes abri&oacute; los ojos muy azorado.</p>
+
+<p>&mdash;Mar&iacute;a... &iquest;Te vas?...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_429" id="Page_429">[429]</a></span></p><p>&mdash;No..., iba a ver si llegaba el padre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no te ir&aacute;s?...</p>
+
+<p>&mdash;No, hombre, descuida; no me voy...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Estar&aacute;s aqu&iacute; hasta que muera?...</p>
+
+<p>&mdash;Hasta que mueras estar&eacute;&mdash;replic&oacute; ella dulcemente.</p>
+
+<p>Di&oacute;genes cerr&oacute; los ojos, sosegado y tranquilo, como el ni&ntilde;o que se
+duerme a la vista de su madre... Al cabo de un gran rato, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mar&iacute;a..., no me acuerdo del Credo... &iquest;C&oacute;mo era aquello?... &laquo;Subi&oacute; a
+los cielos y est&aacute; sentado...&raquo; &iquest;D&oacute;nde est&aacute; sentado?...</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;A la diestra de Dios Padre&raquo;&mdash;dijo sonriendo la marquesa.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Todopoderoso&raquo;&mdash;prosigui&oacute; Di&oacute;genes; y termin&oacute; lentamente y en alta voz
+el s&iacute;mbolo de la fe, besando luego con grande afecto el crucifijo.</p>
+
+<p>Entreabri&oacute;se a poco la puerta y asom&oacute; la cabeza del fondista, diciendo
+que dos padres de Loyola hab&iacute;an llegado. La marquesa quiso levantarse
+para salir a su encuentro; mas Di&oacute;genes, con gran sobresalto, apresur&oacute;se
+a decir:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mar&iacute;a..., no te vayas! Que entren ellos... &iquest;Para qu&eacute; has de ir t&uacute;?...</p>
+
+<p>Abri&oacute;se entonces la puerta para dar paso a una extra&ntilde;a figura que
+sorprendi&oacute; a la marquesa e hizo a Di&oacute;genes echarse atr&aacute;s en la almohada,
+al verla adelantarse hacia &eacute;l extendiendo los brazos: hubi&eacute;rase dicho
+<span class='pagenum'><a name="Page_430" id="Page_430">[430]</a></span>que la muerte en persona, cubierta con la sotana de un jesuita, se
+presentaba en el aposento. Era un viejo alto y descarnado, hasta el
+punto de traslucirse todos sus huesos; tra&iacute;a una vieja sotana ce&ntilde;ida a
+la cintura por un orillo de que pend&iacute;a un rosario, y escap&aacute;banse de su
+gran becoqu&iacute;n largos mechones blancos. Andaba lentamente, tambale&aacute;ndose,
+con las manos extendidas como si temiese tropezar, porque estaba medio
+ciego, y as&iacute; lleg&oacute; sin ver a la marquesa hasta el lecho de Di&oacute;genes, y
+all&iacute; comenz&oacute; a palpar hasta tropezar con una mano de este; entonces, con
+sonrisa de ni&ntilde;o que contrastaba con sus cabellos blancos, con voz
+cascada pero dulce, que el asma atroz que padec&iacute;a tornaba un poco
+premiosa, dijo muy bajo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Perico..., Periquito..., hijo m&iacute;o! Soy yo... &iquest;No me conoces?</p>
+
+<p>Asombrado Di&oacute;genes, miraba aquella extra&ntilde;a aparici&oacute;n sin acertar a decir
+palabra, e interrogaba con la vista, ora a la marquesa, ora a otro padre
+m&aacute;s joven que tras el viejo hab&iacute;a entrado; este a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Soy el padre Mateu..., tu inspector del Colegio de Nobles... &iquest;Te
+acuerdas?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;!... &iexcl;S&iacute; me acuerdo!&mdash;exclam&oacute; Di&oacute;genes con una gran voz,
+estrechando entre las suyas, sin soltar el crucifijo, aquella mano
+helada de esqueleto, que llev&oacute; con gran vehemencia a sus labios.</p>
+
+<p>El viejo, con su serena sonrisa de ni&ntilde;o, volvi&oacute; el rostro hacia su
+compa&ntilde;ero, diciendo con satisfacci&oacute;n &iacute;ntima:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se acuerda..., se acuerda!... &iexcl;Bien lo dec&iacute;a yo!... &iexcl;S&iacute;, por cierto!</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_431" id="Page_431">[431]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;S&iacute; que me acuerdo!&mdash;repet&iacute;a Di&oacute;genes con grande ah&iacute;nco&mdash;. Usted fue
+muy bueno para m&iacute;, y me quer&iacute;a, &iexcl;oh, s&iacute;!, me quer&iacute;a mucho..., y me
+ense&ntilde;&oacute; a rezar el <i>Bendita sea tu pureza</i>, y luego las tres Ave
+Mar&iacute;as... que dec&iacute;a usted alcanzaban de la Virgen misericordia...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y lo digo, Perico, lo digo!&mdash;repuso gravemente el viejo&mdash;. La
+alcanzan, s&iacute;, por cierto... Y en ti mismo lo ves ahora..., porque t&uacute; las
+habr&aacute;s rezado...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, padre, s&iacute;..., siempre, siempre! Y se las ense&ntilde;&eacute; a Monina... Ni
+una noche las dej&eacute;, aunque hubiese...</p>
+
+<p>El viejo le ataj&oacute; con gran viveza la palabra:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo ves?... &iquest;Lo ves c&oacute;mo la Virgen Nuestra Se&ntilde;ora te concedi&oacute; la
+misericordia?... Yo se lo ped&iacute;a, se lo ped&iacute;a&mdash;y sin dejar de sonre&iacute;r
+cruzaba las manos y las levantaba, mirando al cielo con expresi&oacute;n
+beat&iacute;fica&mdash;, porque me dijo Miguelito Tac&oacute;n hace alg&uacute;n tiempo, cuando lo
+vi en Cuba de capit&aacute;n general, el a&ntilde;o treinta y cinco, que andabas...,
+vamos..., un poco alegre... &iexcl;Y mira qu&eacute; buena fue nuestra Madre!...
+&iexcl;Porque lo viese yo, me ha conservado ochenta y seis a&ntilde;os, Perico,
+ochenta y seis a&ntilde;os!... S&iacute;, por cierto...</p>
+
+<p>Di&oacute;genes, cada vez m&aacute;s postrado, lloraba en silencio; el viejo, buscando
+a tientas la mano del enfermo, a&ntilde;adi&oacute; apret&aacute;ndosela con todas sus
+escasas fuerzas:</p>
+
+<p>&mdash;Porque t&uacute; querr&aacute;s que yo lo vea... &iquest;No es verdad, Perico?... Querr&aacute;s
+confesarte...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, padre..., s&iacute; quiero! &iexcl;Con usted... Ahora mismo!&mdash;exclam&oacute; Di&oacute;genes
+<span class='pagenum'><a name="Page_432" id="Page_432">[432]</a></span>tendiendo los brazos hacia &eacute;l, como un ni&ntilde;o que llama a su madre.</p>
+
+<p>Y el otro viejo, sin dejar de sonre&iacute;r, pero rompiendo tambi&eacute;n a llorar,
+se arroj&oacute; en ellos murmurando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ochenta y seis a&ntilde;os!... &iexcl;Ochenta y seis a&ntilde;os esper&aacute;ndote!...</p>
+
+<p>Mientras tanto, la marquesa de Villasis y el otro padre hab&iacute;anse salido
+del cuarto, y aquel explicaba a la dama la historia del viejo. El padre
+Mateu hab&iacute;a conocido a Di&oacute;genes muy peque&ntilde;ito, en el Colegio de Nobles,
+y enterado de que se hallaba moribundo en Zum&aacute;rraga, pidi&oacute; permiso al
+superior para ir a auxiliarle; neg&oacute;selo este, temeroso de que en su edad
+avanzad&iacute;sima le costara aquella obra de caridad la propia vida, mas el
+anciano inst&oacute;le con tanto af&aacute;n, suplic&oacute;le con tal ah&iacute;nco, asegur&aacute;ndole
+con convicci&oacute;n tan profunda que Dios le hab&iacute;a conservado ochenta y seis
+a&ntilde;os s&oacute;lo para aquello, que el superior no pudo menos de darle gusto.</p>
+
+<p>A trav&eacute;s de la puerta cerrada o&iacute;anse a veces los sollozos de Di&oacute;genes, y
+escuch&aacute;banse otras los gritos de horror que &eacute;l mismo se inspiraba a s&iacute;
+mismo, seguidos del llanto de la contrici&oacute;n, desolado, abundante, pero
+dulce y sin amargura, como lo es el de todo dolor que se apoya en la fe
+y en la esperanza. Son&oacute; al cabo de una hora una campanilla dentro del
+cuarto, y la marquesa y el otro jesuita se apresuraron a entrar... El
+padre Mateu estaba sentado a la cabecera del lecho, extenuado y
+jadeante, como si en aquella hora escasa hubiera perdido el corto resto
+de fuerzas que le quedaban. Dos hilos de l&aacute;grimas que iban a perderse en
+sus blancas patillas brotaban de los ojos de Di&oacute;genes; con una leve
+se&ntilde;al llam&oacute; a la marquesa, y d&iacute;jole al o&iacute;do con sencilla expresi&oacute;n de
+gozo inefable:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_433" id="Page_433">[433]</a></span></p><p>&mdash;Dice el padre Mateu... que Dios me ha perdonado...</p>
+
+<p>Y luego, con el profundo desprecio del pecador que se considera a s&iacute;
+mismo, con la cristiana humildad del hombre que se ve a dos pasos de
+convertirse en tierra, a&ntilde;adi&oacute; muy bajo, como si fuera su voz un d&eacute;bil
+quejido, queriendo y no pudiendo levantar una mano para golpearse el
+pecho:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A m&iacute;!... &iexcl;A m&iacute;!</p>
+
+<p>Hizo entonces el otro jesuita que el padre Mateu se volviese a Loyola
+antes que cerrase la noche, acompa&ntilde;&aacute;ndole don Federico en el coche que
+esperaba, y los dos ancianos, los dos moribundos, separ&aacute;ronse sin pesar,
+como dos amigos que en el dintel de un palacio en que han de entrar por
+puertas distintas se estrechan la mano dici&eacute;ndose: &iexcl;Hasta luego!...</p>
+
+<p>Pens&oacute;se entonces en traer el santo Vi&aacute;tico al enfermo, y este acogi&oacute; la
+noticia entornando los ojos con humildad profunda, diciendo siempre:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A m&iacute;!... &iexcl;A m&iacute;!...</p>
+
+<p>De all&iacute; a poco viole la marquesa agitarse mucho, gemir profundamente,
+revolver los ojos azorados; acerc&oacute;se a &eacute;l... Hab&iacute;asele olvidado un
+pecado muy gordo, muy gordo..., y antes que tuviera tiempo la dama de
+llamar al padre, dec&iacute;ale ya &eacute;l con gran trabajo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo..., por divertirme..., por fastidiarle..., escrib&iacute;a todos los d&iacute;as
+una carta a Frasquito... dici&eacute;ndole: &iexcl;Mentecato!... &iexcl;Cuatro meses le
+escrib&iacute;!... Cuando Jacobo volvi&oacute; de Italia, dej&eacute; de hacerlo... Me lo
+pidi&oacute; &eacute;l: dec&iacute;a que le interesaba... T&uacute; le pedir&aacute;s perd&oacute;n a Frasquito...
+&iexcl;Me pesa! &iexcl;Me pesa!...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_434" id="Page_434">[434]</a></span></p><p>Lleg&oacute; el Vi&aacute;tico, y recibi&oacute;lo el enfermo con muchas l&aacute;grimas y cierta
+especie de pavor afectuoso y humilde, que le hac&iacute;a repetir de continuo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A m&iacute;!... &iexcl;A m&iacute;!...</p>
+
+<p>Entonces pidi&oacute; la extremaunci&oacute;n, y dij&eacute;ronle que ya la hab&iacute;a recibido la
+v&iacute;spera; mas &eacute;l, con gran sencillez, quiso recibirla de nuevo.</p>
+
+<p>&mdash;Si no me enter&eacute;&mdash;dec&iacute;a&mdash;. Que me la den otra vez; as&iacute; ir&eacute; m&aacute;s limpio.</p>
+
+<p>A las siete hall&aacute;base a&uacute;n bastante entero, y dando una gran voz de
+repente, llam&oacute; a Monina... La marquesa hizo traer a la ni&ntilde;a y p&uacute;sola,
+como por la ma&ntilde;ana, frente a &eacute;l, encima del lecho; la inocente criatura
+agarr&aacute;base asustada al cuello de su abuela y miraba al enfermo con los
+ojos muy abiertos, sorprendida y silenciosa, sin atreverse a llorar. El
+moribundo quiso levantar una mano y no pudo; mir&oacute; a la ni&ntilde;a con ternura
+inmensa, y haciendo un penoso esfuerzo, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo te ense&ntilde;ar&eacute;... <i>Bendita sea tu pureza</i>... Dilo.</p>
+
+<p>Los ojos de la ni&ntilde;a se llenaron de l&aacute;grimas y su pechito comenz&oacute; a
+estremecerse como el de un p&aacute;jaro asustado; su abuela le dijo al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;Dilo, hija m&iacute;a... Si lo sabes t&uacute;, dilo...</p>
+
+<p>La ni&ntilde;a cruz&oacute; las manitas y comenz&oacute; su oraci&oacute;n, repiti&eacute;ndola Di&oacute;genes en
+voz baja, muy lenta, con cierta especie de solemnidad augusta que
+recordaba las notas de un &oacute;rgano acompa&ntilde;ando el canto de un &aacute;ngel:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class='pagenum'><a name="Page_435" id="Page_435">[435]</a></span><span class="i0">Bendita sea tu pureza<br /></span>
+<span class="i0">Y eternamente lo sea,<br /></span>
+<span class="i0">Pues todo un Dios se recrea<br /></span>
+<span class="i0">En tu graciosa belleza.<br /></span>
+<span class="i0">A ti, celestial Princesa,<br /></span>
+<span class="i0">Virgen sagrada Mar&iacute;a,<br /></span>
+<span class="i0">Yo te ofrezco en este d&iacute;a<br /></span>
+<span class="i0">Alma, vida y coraz&oacute;n.<br /></span>
+<span class="i0">M&iacute;rame con compasi&oacute;n...<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Apag&oacute;se aqu&iacute; la voz de Di&oacute;genes, y oy&oacute;se tan s&oacute;lo la temblorosa vocecita
+de Monina, que por un infeliz error o por una inspiraci&oacute;n del cielo,
+equivocaba el &uacute;ltimo verso:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">&iexcl;No <i>le</i> dejes, Madre m&iacute;a!<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Di&oacute;genes ya no la o&iacute;a: comenzaba entonces el estertor, y su angustioso
+resuello interrump&iacute;ase a veces por m&aacute;s de un minuto. Llev&aacute;ronse a la
+ni&ntilde;a; la marquesa y el jesuita se arrodillaron y comenzaron a rezar la
+recomendaci&oacute;n del alma; a las once menos cuarto, sin ning&uacute;n
+estremecimiento, sin verdadera agon&iacute;a, sin soltar de las manos el
+crucifijo, abri&oacute; un poco la boca y expir&oacute;.</p>
+
+<p>A la otra ma&ntilde;ana, cuando despu&eacute;s de la solemne misa de <i>r&eacute;quiem</i> que
+hizo celebrar la marquesa en Zum&aacute;rraga, volvi&oacute; el jesuita a Loyola, oy&oacute;
+que las campanas de la iglesia tocaban tambi&eacute;n a muerto... Hab&iacute;a
+fallecido aquella noche el padre Mateu; encontr&aacute;ronle al amanecer ya
+fr&iacute;o, tendido en su lecho. Ten&iacute;a en las manos el rosario y vagaba a&uacute;n en
+<span class='pagenum'><a name="Page_436" id="Page_436">[436]</a></span>sus labios su pura sonrisa de ni&ntilde;o; sobre su frente, amarilla como el
+marfil antiguo, un nimbo de cabellos blancos realzaba el tipo m&aacute;s
+peregrino de belleza moral que puede fingirse el hombre: la inocencia
+con la cabeza blanca...<a name="FNanchor_19_19" id="FNanchor_19_19"></a><a href="#Footnote_19_19" class="fnanchor">[19]</a></p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IIIdmdash" id="IIIdmdash"></a><a href="#toc">&mdash;III&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Muchos y graves sucesos hab&iacute;an tenido lugar desde que al terminar el
+libro anterior dejamos a Jacobo camino de Italia, hasta que hemos vuelto
+a encontrarle en la carretera de Guip&uacute;zcoa, guiando, al lado de Currita,
+el <i>mail-coach</i> con seis caballos. Y fue el primero la aparici&oacute;n de un
+extra&ntilde;o fen&oacute;meno a las puertas de Madrid, que vino a causar al marqu&eacute;s
+de Villamel&oacute;n un pavor tan grande, como no lo caus&oacute; nunca Catilina a las
+puertas de Roma, ni Mahomet II a las de Constantinopla, ni Isabel la
+Cat&oacute;lica a las de Granada, ni Guillermo I a las de Par&iacute;s. &iexcl;La
+trichina!...</p>
+
+<p>Aquello era un dolor y un horror; tener que renunciar con severidad
+israel&iacute;tica al jam&oacute;n extreme&ntilde;o, rosado y arom&aacute;tico, y al salchich&oacute;n de
+G&eacute;nova, matizado como un mosaico, o exponerse a tragar el endiablado
+microbio que el atribulado Fernandito segu&iacute;a con la imaginaci&oacute;n en todas
+sus transformaciones, vi&eacute;ndole alargarse, alargarse hasta convertirse en
+tenia, y engordar, engordar luego hasta trocarse a costa de los jugos de
+su est&oacute;mago en una serpiente boa, igual a las que hab&iacute;a visto tragarse
+gallinas y conejos y aun cabritos, con la facilidad con que se tragaba
+&eacute;l, una tras otras, un barrilito entero de aceitunas sevillanas.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_437" id="Page_437">[437]</a></span></p><p>Suced&iacute;a esto a los ocho o diez d&iacute;as de la repentina marcha de Jacobo, y
+entre aflicciones de esp&iacute;ritu, quebrantamientos de est&oacute;mago y apreturas
+de entendimiento, recibi&oacute; Villamel&oacute;n una cari&ntilde;osa carta de este tierno
+amigo, en que, con previsi&oacute;n amoros&iacute;sima y delicadeza exquisita, le
+enviaba una receta infalible contra la trichina, recogida de los labios
+mismos de los hermanos Tramponetti, fabricantes de embutidos en la
+salchichonesca G&eacute;nova. La receta era bien sencilla: bastaba pasar tres
+veces por el hervor de agua ordinaria las carnes de cerdo y los
+utensilios en que hubieran estas de cocinarse. Fernandito, crey&eacute;ndose en
+posesi&oacute;n de un talism&aacute;n precioso, corri&oacute; a dar la noticia a su cara
+esposa Currita, dispuesto a pasar por agua todos los jamones de su
+despensa, todas las cacerolas de su cocina y todos los pinches de ella,
+con el cocinero a la cabeza. &iquest;Y por qu&eacute; no?... D&iacute;as antes relataba un
+peri&oacute;dico que el emperador de Birmania hab&iacute;a mandado enterrar vivas a
+setecientas personas para aplacar los esp&iacute;ritus diab&oacute;licos que hab&iacute;an
+esparcido por sus Estados la viruela negra. &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;a &eacute;l de
+hervir a un cocinero y tres pinches para librar de la trichina a su
+persona y a la de sus deudos y amigos?</p>
+
+<p>Currita recibi&oacute; la noticia con frialdad aterradora y neg&oacute;se rotundamente
+a hacer uso de la receta, con cierta especie de rencorosa terquedad,
+impropia del caso; tambi&eacute;n ella hab&iacute;a recibido aquel d&iacute;a carta cari&ntilde;osa
+de Jacobo, fechada asimismo en Mil&aacute;n, habl&aacute;ndole vagamente de grandes
+peligros y grandes negocios, y prometi&eacute;ndole, con la fatua seguridad de
+quien presume ser esperado con ansia, el gozo imponderable de su pr&oacute;ximo
+regreso y la explicaci&oacute;n satisfactoria de su repentina marcha.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Excelente amigo!&mdash;exclamaba Villamel&oacute;n&mdash;. Ahora mismo voy a
+contestarle d&aacute;ndole las gracias...</p>
+
+<p>Currita abri&oacute; la boca con un gesto de ira como para decirle algo, y
+<span class='pagenum'><a name="Page_438" id="Page_438">[438]</a></span>domin&aacute;ndose repentinamente, la volvi&oacute; a cerrar, diciendo a poco con su
+suavidad acostumbrada:</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira... m&aacute;ndame la carta y le pondr&eacute; yo cuatro letras; as&iacute; me
+ahorro de escribirle largo...</p>
+
+<p>Media hora despu&eacute;s present&aacute;bale un lacayo en una bandeja de plata la
+carta de Fernandito, y la dama, despu&eacute;s de leerla, h&iacute;zola mil pedazos
+con extra&ntilde;os gestos de rabia... Otras dos cartas de Jacobo hab&iacute;an
+llegado en aquel mismo d&iacute;a a la corte: una larga y enf&aacute;tica para el
+marqu&eacute;s de Butr&oacute;n, llena de mentiras y enredos, que sin enga&ntilde;ar del todo
+al presuntuoso diplom&aacute;tico, hici&eacute;ronle comprender que lejos de
+emanciparse el joven Tel&eacute;maco de su tutela, la necesitaba m&aacute;s que nunca,
+y pod&iacute;a, por tanto, seguir explot&aacute;ndole en sus trabajos pol&iacute;ticos. Hab&iacute;a
+le&iacute;do en La Bruy&egrave;re, y hecho suya, aquella sentencia muy com&uacute;n entre
+pol&iacute;ticos y no pol&iacute;ticos, que despojaba &eacute;l del tinte de fin&iacute;sima iron&iacute;a
+con que su autor la escribe: &laquo;Aun los Grandes y ministros mejor
+intencionados necesitan tener a su lado bribones; su uso es muy delicado
+y se necesita saber manejarlos, pero hay ocasiones en que no pueden ser
+suplidos por otros. Honor, virtud, conciencia, cualidades siempre
+respetables y a menudo in&uacute;tiles. &iquest;Qu&eacute; quer&eacute;is a veces que se haga con un
+hombre de bien?&raquo;.</p>
+
+<p>Era la otra carta, larga tambi&eacute;n, para el t&iacute;o Frasquito, escrita con
+grandes visos de misterio, asegur&aacute;ndole haber conjurado el peligro a
+fuerza de astucia y de dinero, y prometi&eacute;ndole la completa extirpaci&oacute;n
+del misterioso &laquo;&iexcl;Mentecato!&raquo; en cuanto llegara &eacute;l a Madrid y pudiera
+comunicar a las logias las &oacute;rdenes que de Italia llevaba. Firmaba esta
+carta con un nombre supuesto, no pon&iacute;a en ella fecha ninguna, y
+encarg&aacute;bale mucho quemarla despu&eacute;s de le&iacute;da y aventar luego las cenizas.
+<span class='pagenum'><a name="Page_439" id="Page_439">[439]</a></span>H&iacute;zolo as&iacute; el t&iacute;o Frasquito, lleno de miedo, y creyendo ya poder
+aventurarse a salir con algunas precauciones, present&oacute;se aquella noche
+en casa de Currita, en el taller de las hilas, tosiendo lastimosamente y
+ofreciendo a todas las damas caramelitos de rosa, &uacute;nico remedio para la
+<i>horrible</i> tos que le hab&iacute;a dejado el pertinaz <i>catarro</i>.</p>
+
+<p>Currita no contest&oacute; a Jacobo, y extra&ntilde;ado este, torn&oacute; a escribirle, sin
+obtener tampoco respuesta. Alarm&oacute;se entonces el futuro ministro y
+escribi&oacute; a Butr&oacute;n pidi&eacute;ndole categ&oacute;ricas explicaciones de aquel
+obstinado silencio que le hac&iacute;a sospechar en la dama alg&uacute;n
+resentimiento, peligroso siempre y funesto en aquellas circunstancias,
+en que la amistad &iacute;ntima y la repleta caja de los consortes Villamel&oacute;n
+le eran de todo punto indispensables.</p>
+
+<p>Con mensurado tono y severidad paterna contest&oacute; entonces <i>el sabio
+Mentor</i> al <i>joven Tel&eacute;maco</i>, enter&aacute;ndole del regalo hecho por
+mademoiselle de Sirop a la <i>kermesse</i>, del justo enojo de Currita al
+recibir aquel ultraje, que revelaba la traici&oacute;n del amigo &iacute;ntimo a quien
+tantos beneficios hab&iacute;a prodigado, y de la ferocidad con que las lenguas
+murmuradoras se hab&iacute;an echado sobre la aventura, coment&aacute;ndola y ri&eacute;ndola
+a mand&iacute;bula batiente. El <i>sesudo Mentor</i> terminaba con protectora
+solicitud y paternal indulgencia: &laquo;Tu ligereza ha sido grande; pero
+inventa una disculpa, apres&uacute;rate a venir y trataremos de arreglarlo&raquo;.</p>
+
+<p>Jacobo no se hizo repetir el aviso, y cinco d&iacute;as despu&eacute;s <i>el joven
+Tel&eacute;maco</i> y <i>el sabio Mentor</i> se presentaban en el <i>boudoir</i> es decir,
+abordaban a las playas de la isla de Ogigia, retiro encantador de <i>la
+invulnerable Calipso</i>... La escena debi&oacute; de ser conmovedora; mas ninguna
+ninfa hizo traici&oacute;n a la diosa, revelando lo que oy&oacute; o pudo ver en la
+misteriosa gruta, e ign&oacute;rase al presente c&oacute;mo llegaron los tres
+personajes a la perfecta avenencia que todo Madrid pudo observar desde
+<span class='pagenum'><a name="Page_440" id="Page_440">[440]</a></span>entonces entre ellos. Corri&oacute;, sin embargo, a los pocos d&iacute;as por los
+peri&oacute;dicos la noticia de que el marqu&eacute;s de Sabadell hab&iacute;a acusado de
+ladrona ante los tribunales a cierta aventurera francesa llamada
+mademoiselle de Sirop; s&uacute;pose m&aacute;s tarde que esta hab&iacute;a desaparecido, y
+murmur&oacute;se, por &uacute;ltimo, muy sotto voce, que el mismo marqu&eacute;s, su acusador
+p&uacute;blico, la ten&iacute;a escondida en su casa: nadie pudo comprobar, sin
+embargo, la exactitud de este hecho inexplicable.</p>
+
+<p>Las cosas quedaron, pues, como estaban un mes antes y tan s&oacute;lo Jacobo
+pudo notar en Currita, con harto despecho suyo, esa extra&ntilde;a anomal&iacute;a de
+la mujer, que consiste en mostrarse servilmente sumisa con el hombre que
+la oprime y ferozmente tirana con el que se le somete: rasgo a la verdad
+poco noble, que hace com&uacute;n san Ignacio de Loyola en su famoso libro de
+los <i>Ejercicios</i> al mism&iacute;simo demonio, con estas textuales palabras: &laquo;El
+enemigo se hace como mujer, en ser flaco por fuerza y fuerte de
+grado...&raquo;. Mientras en sus relaciones &iacute;ntimas con la dama se mostr&oacute;
+Jacobo duro y desp&oacute;tico, imponi&eacute;ndole en todo su voluntad como due&ntilde;o,
+hall&oacute;la siempre d&oacute;cil y sumisa, pronta a sacrificarse por &eacute;l y a
+prestarle todos los homenajes, con la humildad del pobre que al quemar
+ante el &iacute;dolo su incienso no espera ni pide otra recompensa que la
+satisfacci&oacute;n de verlo aceptado. Mas cuando, por las circunstancias que
+quedan referidas, tuvo Jacobo que humillarse a ella y mostr&aacute;rsele
+rendido y avasallado, creci&oacute;se Currita al punto, y sin disminuirle en
+nada su &iacute;ntima confianza, ni cercenarle tampoco los continuos y siempre
+indecorosos beneficios que le prodigaba, comenz&oacute; a dejarle sentir su
+yugo, a hacerle comprender que ella era all&iacute; la due&ntilde;a absoluta, y a
+saciar su vanidad, primer elemento que en todos los actos de su vida y
+todos los sentimientos de su coraz&oacute;n entraba, present&aacute;ndole a los ojos
+del mundo, vencido, sujeto y atado, como un hermoso rey prisionero, a
+las ruedas de su carro.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_441" id="Page_441">[441]</a></span></p><p>Por lo dem&aacute;s, nunca supo nadie lo que hab&iacute;a hecho Jacobo en Italia;
+guard&oacute;se &eacute;l muy bien de decirlo, y con muchas y variadas mentiras
+explic&oacute; a todo el mundo los motivos de su ausencia, quedando esta nueva
+aventura envuelta en las nubes vagas e indecisas que habr&aacute; notado
+siempre el lector, as&iacute; en las cosas como en el car&aacute;cter de este
+hist&oacute;rico personaje.</p>
+
+<p>Era, sin embargo, cierto que hab&iacute;a visitado en Caprera a Garibaldi, y
+confi&aacute;dole una peregrina historia que explicaba por completo la
+desaparici&oacute;n de los papeles, sin culpa de nadie, por supuesto. Mas el
+viejo mamarracho, sin guardar siquiera memoria de aquello, encogi&oacute;se de
+hombros al o&iacute;rle, y seducido por la labia de Jacobo, ofreci&oacute;le
+cordialmente cartas comendaticias para los venerables de Mil&aacute;n y de
+Espa&ntilde;a que le pusieran a cubierto de todo recelo. Acept&oacute;las Jacobo
+gozos&iacute;simo, creyendo ya con esto conjurado el peligro, y gast&oacute;se
+alegremente en excursiones por Italia todo su dinero, dej&aacute;ndose en la
+ruleta de M&oacute;naco hasta el &uacute;ltimo c&eacute;ntimo del que hab&iacute;a sacado al t&iacute;o
+Frasquito. Las noticias del <i>sabio Mentor</i> hici&eacute;ronle apresurar su
+vuelta a Espa&ntilde;a, y engolf&aacute;ndose de nuevo a su regreso en su antigua vida
+ordinaria de cr&aacute;pula elegante y vagancia aristocr&aacute;tica, interrumpida a
+veces por solemnes intervalos pol&iacute;ticos, qued&aacute;ronsele en la gaveta las
+cartas de Garibaldi, pas&oacute;sele el susto que le hab&iacute;a llevado a Italia, y
+en su impresi&oacute;n natural de ni&ntilde;o revoltoso, no volvi&oacute; a acordarse de los
+masones, juzgando que tambi&eacute;n ellos le tendr&iacute;an olvidado.</p>
+
+<p>Mientras tanto, los trabajos alfonsinos tocaban a su t&eacute;rmino, y Jacobo,
+creyendo haber pagado a buen precio con la entrega de sus papeles el
+logro de sus ambiciones, importunaba de continuo a Butr&oacute;n y hac&iacute;ase
+presente a todas horas en el centro de hombres pol&iacute;ticos que dirig&iacute;an
+los trabajos del partido, en demanda de una cartera que jam&aacute;s se le
+hab&iacute;a prometido en serio, pero que se le hab&iacute;a hecho vislumbrar a lo
+<span class='pagenum'><a name="Page_442" id="Page_442">[442]</a></span>lejos como precio de su hurto, en los tiempos en que era la consigna
+barrer para adentro. Mas hab&iacute;a llegado ya la hora de barrer para fuera,
+y el taimado Butr&oacute;n levantaba con disimulo la escoba para sacudir <i>al
+joven Tel&eacute;maco</i> el primer escobazo, sin echar de ver que otra escoba m&aacute;s
+poderosa se levantaba tambi&eacute;n a su espalda con la idea deliberada de
+ejecutar con &eacute;l la misma maniobra. La estrategia de unos y otros era
+graciosa: comenzaban ya a organizarse las combinaciones ministeriales, y
+en todas ellas hac&iacute;ase el papel, delante de Butr&oacute;n y delante de Jacobo,
+de reservarles a uno y otro las ansiadas carteras; mas volv&iacute;a la espalda
+el <i>joven Tel&eacute;maco</i>, y dec&iacute;an todos <i>al prudente Mentor</i>, y este era el
+primero en afirmarlo, que era una temeridad, un descr&eacute;dito para el
+partido dar entrada en el futuro gabinete a un botarate, un loco sin
+decoro como Sabadell, y que la cartera que este esperaba hab&iacute;a de darse
+al se&ntilde;or Fern&aacute;ndez Gallego, hombre probo, orador famoso, capaz de
+desatascar un carro, cuanto m&aacute;s a un Gobierno, con s&oacute;lo hacer o&iacute;r en las
+orejas del tiro los rotundos per&iacute;odos de su en&eacute;rgica palabra.</p>
+
+<p>As&iacute; quedaba convenido; mas toc&aacute;bale la vez al respetable Butr&oacute;n de
+volver la espalda y dec&iacute;anse todos entonces que era una necesidad, una
+pifia, desperdiciar una cartera en aquel pobre hombre, pol&iacute;tico
+mujeriego, que deb&iacute;a de contentarse, a lo m&aacute;s, con una plenipotenciaria,
+pudiendo emplearse aquella, si no con honra, a lo menos con provecho, en
+el se&ntilde;or don Eusebio D&iacute;az de la Laguna, pajarraco gordo en tiempo de
+Amadeo, que, como acontece en todas las restauraciones, hab&iacute;ase pasado
+con armas y bagajes al bando alfonsino en cuanto vislumbr&oacute; en &eacute;l la
+aurora del triunfo, ejecutando una de esas maniobras que en la farisaica
+jerga de los hombres gubernamentales se llaman <i>cambios pol&iacute;ticos</i>,
+debiendo de llamarse charranadas o vilezas. Su entrada en el ministerio
+hab&iacute;a de ser un poderoso puntal que aparcase las tendencias tolerantes y
+<span class='pagenum'><a name="Page_443" id="Page_443">[443]</a></span>olvidadizas de la pol&iacute;tica restauradora.</p>
+
+<p>Al olfato fin&iacute;simo del se&ntilde;or Pulido hab&iacute;an llegado todos estos apartes,
+y apresur&oacute;se a notificarlos al amigo Pepe, temeroso de perder la
+deslumbradora proyecci&oacute;n que sobre su persona y parentela arrojar&iacute;a la
+poltrona ministerial de este. Entr&oacute;se, pues, una ma&ntilde;ana en casa del
+respetable Butr&oacute;n, nervioso y descompuesto, y con las falanges de su
+dedo &iacute;ndice ya desplegadas y la frase sacramental&mdash;&iexcl;lo dije!&mdash;, colgando
+de los labios, traspas&oacute; el misterioso biombo de nueve hojas que serv&iacute;a
+de reducto con el despacho a los secretos del diplom&aacute;tico. All&iacute; estaba
+este, sumido en profundas meditaciones ante unos papeles que deb&iacute;an
+encerrar altos secretos de Estado, de los cuales apart&oacute; los ojos tan
+s&oacute;lo un segundo para mirar al reci&eacute;n venido, murmurando con aire
+distra&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola, Pulidito!...</p>
+
+<p>Mas Pulidito, alargando el inexorable dedo indicador, cual si fuesen sus
+falanges el&aacute;sticas, y agit&aacute;ndolo de arriba abajo con la fatal oscilaci&oacute;n
+de un p&eacute;ndulo acompasado, exclam&oacute; con temeroso acento:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo ves, Pepe?... &iquest;Lo ves?... &iexcl;Lo dije!... &iexcl;Lo dije!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;replic&oacute; Butr&oacute;n con el aire resignado de quien se prepara a
+recibir un importuno chubasco.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?&mdash;replic&oacute; el se&ntilde;or Pulido en el mismo tono&mdash;. Pues nada... &iexcl;que
+te birlan la cartera, Pepe, que te la birlan!...</p>
+
+<p>Y al comp&aacute;s de las oscilaciones de su dedo, comunic&oacute; el diplom&aacute;tico sus
+noticias alarmantes... El respetable Butr&oacute;n no se conmovi&oacute; ni pizca.
+&iquest;Acaso era &eacute;l bobo?... Al tanto estaba de todos aquellos manejos; pero
+<span class='pagenum'><a name="Page_444" id="Page_444">[444]</a></span>callaba, callaba y hac&iacute;a la vista gorda, porque ten&iacute;a la seguridad&mdash;y
+su vanidad inmensa se la daba, en efecto&mdash;de que el futuro gabinete no
+podr&iacute;a prescindir de su persona y sus servicios... En cuanto a Sabadell,
+era otra cuesti&oacute;n: hab&iacute;ase forjado ilusiones absurdas, que en el futuro
+orden de cosas era imposible realizar. Sabadell era un loco, un
+mentecato que hab&iacute;a prestado por carambola algunos servicios al partido,
+pero que no era de la madera de que la Restauraci&oacute;n hab&iacute;a de hacer sus
+ministros; hubiera podido serlo con un Prim o con un Serrano, pero nunca
+con un C&aacute;novas del Castillo y con un Butr&oacute;n...</p>
+
+<p>Det&uacute;vose aqu&iacute; el diplom&aacute;tico con solemne pausa, y a&ntilde;adi&oacute;
+sentenciosamente:</p>
+
+<p>&mdash;Todo &aacute;rbol es madera, pero el pino no es caoba... En mi opini&oacute;n, ni
+Sabadell puede ser ministro, ni yo puedo dejar de serlo.</p>
+
+<p>El dedo del se&ntilde;or Pulido comenz&oacute; a subir y bajar con riesgo manifiesto
+de descoyuntarse, cual si marcaran sus oscilaciones los grados de
+impaciencia de su due&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y crees t&uacute;, Pepe, que el se&ntilde;or C&aacute;novas del Castillo ser&aacute; de tu misma
+opini&oacute;n?...</p>
+
+<p>Mir&oacute;le el diplom&aacute;tico con aire de l&aacute;stima y d&iacute;jole al cabo:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Pulidito, hijo m&iacute;o, creo que no soy del todo imb&eacute;cil... C&aacute;novas
+no da un paso sin contar antes conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ha contado contigo para proponer la candidatura del se&ntilde;or D&iacute;az de
+la Laguna?...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_445" id="Page_445">[445]</a></span></p><p>Pasm&oacute;se interiormente el gran <i>Robins&oacute;n</i>, porque ignoraba por completo
+que semejante candidatura se hubiera presentado; mas pareci&eacute;ndole
+contrario a su decoro manifestar ignorancia, y cediendo a su hinchada
+vanidad, que le llevaba siempre a disfrazarlo todo con solemnes mentiras
+y enigm&aacute;ticos conceptos, a fin de mantener en alza su cr&eacute;dito pol&iacute;tico,
+replic&oacute; imperturbable.</p>
+
+<p>&mdash;Ha contado.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, puedo asegurarte que el se&ntilde;or Laguna quedar&aacute; siempre rana
+del pasado charco.</p>
+
+<p>Y dando una gran palmada con su mano de Esa&uacute;, extendida sobre los
+papeles que ten&iacute;a delante, dijo solemnemente, con cierto aire de reserva
+dign&iacute;sima que indic&oacute; al se&ntilde;or Pulido que tras el biombo de la mesa
+estaba el biombo de las cejas del diplom&aacute;tico, custodiando dentro de su
+frente arcanos misteriosos que a &eacute;l no le era dado penetrar:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Pulidito, dejemos ya eso... Los secretos m&iacute;os puedo confiarlos a
+un amigo; los ajenos, jam&aacute;s... Para tu tranquilidad y tu gobierno, te
+dir&eacute;, sin embargo, dos cosas... Primera, que anoche estuvo Antonio
+C&aacute;novas conferenciando conmigo en esa misma silla en que est&aacute;s sentado,
+hasta las cuatro de la ma&ntilde;ana...</p>
+
+<p>Hizo el respetable Butr&oacute;n un alto, para dejar saborear al se&ntilde;or Pulido
+la gord&iacute;sima mentira, y prosigui&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Segunda..., que al despedirse C&aacute;novas, me entreg&oacute; este proyecto de
+tratado secreto con Alemania&mdash;y golpeaba los papeles que ten&iacute;a
+<span class='pagenum'><a name="Page_446" id="Page_446">[446]</a></span>delante&mdash;, y necesito para estudiarlo... tiempo y soledad...</p>
+
+<p>Qued&oacute;se tama&ntilde;ito el se&ntilde;or Pulido ante el perfil de perro dogo de
+Bismarck que las palabras del diplom&aacute;tico evocaban sobre la mesa, y
+comprendiendo que se le recordaba con aquel elegante giro que el
+und&eacute;cimo mandamiento de la ley de Dios es no estorbar, despidi&oacute;se esta
+vez con el dedo &iacute;ndice muy plegadito, medrosico y esperanzado, mas no
+sin echar antes una ojeada furtiva al proyecto de tratado secreto con
+Alemania, que la extendida mano del diplom&aacute;tico parec&iacute;a proteger contra
+todo amago de curiosidad. Algo atisb&oacute;, sin embargo, que vino a
+despertarle la sospecha de que el tal proyecto de tratado secreto no era
+precisamente con el Gobierno alem&aacute;n, sino con la reposter&iacute;a de Lhardy,
+poderosa potencia gastron&oacute;mica de la Carrera de San Jer&oacute;nimo: entre los
+peludos dedos del diplom&aacute;tico asomaba por una esquinita la vi&ntilde;eta de las
+cuentas del c&eacute;lebre Emilio.</p>
+
+<p>Mas no era el se&ntilde;or Pulido hombre que, una vez puesto en la pista,
+retrocediese ante ning&uacute;n peligro ni reparo; fuese, pues, derecho a casa
+de Lhardy y pregunt&oacute;le si el se&ntilde;or marqu&eacute;s de Butr&oacute;n ten&iacute;a en su
+reposter&iacute;a alguna cuenta pendiente. Emilio, creyendo sin duda que aquel
+se&ntilde;or vendr&iacute;a a pag&aacute;rselas, d&iacute;jole que ten&iacute;a cuatro, de las cuales era
+la m&aacute;s antigua la del buffet de un baile dado tres a&ntilde;os antes en honra
+de Currita, y que el d&iacute;a anterior se las hab&iacute;a remitido todas juntas por
+cent&eacute;sima vez, sin haber logrado a&uacute;n cobrar ninguna. Enderez&oacute;se entonces
+el dedo del se&ntilde;or Pulido con la fuerza de una catapulta, y at&oacute;nito
+Emilio, oy&oacute;le exclamar dos veces:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo dije!... &iexcl;Lo dije!...</p>
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_447" id="Page_447">[447]</a></span></p>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IVdmdash" id="IVdmdash"></a><a href="#toc">&mdash;IV&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Amaneci&oacute; por fin el d&iacute;a 29 de diciembre de 1874, y a las once y
+cincuenta y seis minutos de la ma&ntilde;ana, el ministro de la Guerra, Serrano
+Bedoya, saltaba violentamente de la cama, como hab&iacute;a de saltar
+veinticuatro horas m&aacute;s tarde, violentamente tambi&eacute;n, de la poltrona
+ministerial... Anunci&aacute;bale un telegrama del gobernador militar de
+Sagunto que el general Mart&iacute;nez Campos hab&iacute;a proclamado rey de Espa&ntilde;a al
+pr&iacute;ncipe Alfonso, en las Ventas de Puzol, al frente de la brigada Dab&aacute;n.
+Alborot&oacute;se el Gobierno, reuni&oacute;se al punto Consejo extraordinario en el
+ministerio de la Guerra y tom&oacute;se por primera providencia la de echar el
+guante al se&ntilde;or C&aacute;novas del Castillo y a otros muchos personajes de
+cuenta, entre los que se contaban el se&ntilde;or Pulido, <i>el joven Tel&eacute;maco y
+el respetable Mentor</i>. Encerr&aacute;ronles por de pronto en el Saladero, con
+la sana intenci&oacute;n de enviarles m&aacute;s tarde, una vez sofocada la intentona,
+a tomar camino de Filipinas los saludables aires de mar. La cortesan&iacute;a
+del gobernador de Madrid, se&ntilde;or Moreno Ben&iacute;tez, proporcion&oacute;les horas
+despu&eacute;s mejor alojamiento en el Gobierno civil; mas fuese p&eacute;rfida
+intriga de los amigos o cruel ensa&ntilde;amiento de los contrarios, es lo
+cierto que los tres compadres, Jacobo, Butr&oacute;n y Pulido, quedaron presos
+en el Saladero, pasando entre temores y sobresaltos todo el d&iacute;a 29 y
+tambi&eacute;n el 30, hasta que en la madrugada de este, muy cerca ya del alba,
+abri&eacute;ronse ante ellos las puertas de su prisi&oacute;n, para cerrarse ante sus
+ojos la puerta de sus esperanzas... A las nueve y cuarto de aquella
+misma noche, hundido para siempre el Gobierno de la Revoluci&oacute;n, hab&iacute;a
+quedado investido de todos los poderes el capit&aacute;n general de Madrid, don
+Fernando Primo de Rivera, y puestos al punto en libertad los prohombres
+alfonsinos detenidos en el Gobierno civil, apresur&aacute;ndose a nombrar un
+<span class='pagenum'><a name="Page_448" id="Page_448">[448]</a></span>ministerio-regencia, del cual formaban parte el Gallego y el Laguna,
+quedando excluidos, por supuesto, <i>el joven Tel&eacute;maco y el respetable
+Mentor</i><a name="FNanchor_20_20" id="FNanchor_20_20"></a><a href="#Footnote_20_20" class="fnanchor">[20]</a>.</p>
+
+<p>Qued&oacute;se este anonadado, p&uacute;sose Jacobo furioso, y el se&ntilde;or Pulido, sin
+fuerzas para enarbolar el dedo indicador, sin alientos para
+murmurar&mdash;&iexcl;lo dije!&mdash;, enmudeci&oacute; como Casandra a la vista de Troya
+destruida y Grecia triunfante. Butr&oacute;n bufaba, Pulido gem&iacute;a, Jacobo
+echaba ajos, y entre peroratas en&eacute;rgicas, amargos reproches, violentas
+reclamaciones y planes de campa&ntilde;a propuestos para derrocar aquel
+Gobierno que les hab&iacute;a estafado, pas&aacute;ronse algunos d&iacute;as, hasta que
+desembarazado alg&uacute;n tanto el ministerio-regencia con la llegada del
+joven monarca, pudo al fin dar vuelta a la llave de la despensa, y
+enarbolando la rama de sustanciosos d&aacute;tiles, que ha venido a sustituir a
+la de olivo, antiguo s&iacute;mbolo de la paz, comenz&oacute; a distribuir puestos,
+honores y destinos entre sus diversos paniaguados, toc&aacute;ndole a Butr&oacute;n
+una plenipotenciar&iacute;a de primer orden. H&iacute;zose de rogar este cuanto sufr&iacute;a
+por una parte la prudencia y exig&iacute;a por otra el decoro, y teniendo en
+cuenta sin duda que a buena hambre no hay pan duro, que a falta de pan
+buenas son tortas y que m&aacute;s vale p&aacute;jaro en mano que buitre volando,
+march&oacute; al fin resignado y majestuoso a representar en tierra extranjera
+la persona de Alfonso XII. Hubo tambi&eacute;n una direcci&oacute;n de segundo orden
+para el se&ntilde;or Pulido, y ofreci&oacute;se a Jacobo otra plenipotenciar&iacute;a igual a
+la aceptada por Butr&oacute;n. Mas <i>el joven Tel&eacute;maco</i> era hombre capaz en sus
+rencores de comprender y practicar aquella venganza de los chinos, que
+consiste en ahorcarse a la puerta de su adversario para atraer sobre &eacute;l
+la c&oacute;lera celeste y el odio de los ciudadanos; lleno, pues, de sa&ntilde;a,
+rechaz&oacute; con altivez la oferta, y creyendo alcanzar por sus propias
+fuerzas lo que de grado no le hab&iacute;an querido dar, alist&oacute;se de nuevo
+entre sus antiguos amigos los revolucionarios a&uacute;n no resellados, que
+capitaneaba a la saz&oacute;n el excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez y promet&iacute;an formar una
+<span class='pagenum'><a name="Page_449" id="Page_449">[449]</a></span>oposici&oacute;n formidable el d&iacute;a en que se decidieran a reconocer la
+monarqu&iacute;a de Alfonso XII. Recibi&eacute;ronle ellos como a un H&eacute;rcules bajado
+del cielo para emprender de nuevo a su lado los doce trabajos sobre la
+tierra, y en el momento en que le encontramos volviendo de Biarritz al
+lado de Currita, tra&iacute;a ya lograda, con ayuda de esta fiel amiga, la
+senadur&iacute;a vitalicia, alt&iacute;sima tribuna desde donde pretend&iacute;a escalar, al
+lado del excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez, el Olimpo ministerial, una vez
+efectuada la temida y esperada maniobra que con gran sigilo preparaba el
+taimado <i>buey Apis</i>.</p>
+
+<p>A poco presentaba Madrid su animado aspecto de invierno, y dos sucesos
+trascendentales ocupaban la atenci&oacute;n de los pol&iacute;ticos y los elegantes:
+la apertura de las Cortes y el casamiento del monarca. Promet&iacute;a la
+primera campa&ntilde;as parlamentarias nunca vistas; hac&iacute;a esperar el segundo
+diversiones y regocijos jam&aacute;s disfrutados, y unas y otros discut&iacute;anse y
+aun prepar&aacute;banse en los salones de Currita, centro por aquel tiempo de
+los m&aacute;s importantes hombres pol&iacute;ticos de la futura oposici&oacute;n din&aacute;stica,
+a la vez que de lo m&aacute;s <i>gommeux</i>, lo m&aacute;s <i>poisseux</i> de la alta sociedad
+madrile&ntilde;a. Sus <i>apr&egrave;s d&icirc;ners</i> de los viernes llegaron a tener fama, y
+con igual facilidad se concertaba en ellos un gabinete que se
+desconcertaba un matrimonio, se ganaba un diputado para la oposici&oacute;n que
+se perd&iacute;a una muchacha para siempre, minada al amparo bienhechor de la
+dama, por esa galanter&iacute;a de algunos salones, que llama un autor, nada
+asustadizo por cierto, <i>trabajo de zapa que el vicio emplea para minar
+la virtud</i>. Pedro L&oacute;pez comparaba en <i>La Flor de Lis</i> el sal&oacute;n de
+Currita con aquellas famosas tertulias que comenzaron en el hotel
+Rambouillet y acabaron con madame Sta&euml;l, Recamier, Tallien y Girardin; y
+ciertamente que si no se encontraba en aquel como en estas la culta y
+amena conversaci&oacute;n y la urbanidad m&aacute;s exquisita de anta&ntilde;o, que ha venido
+a ser hoy entre damas y caballeros como atributo exclusivo de las
+pelucas empolvadas y las chorreras de encaje, encontr&aacute;base de igual modo
+aquel <span class='pagenum'><a name="Page_450" id="Page_450">[450]</a></span>principio disolvente de toda moral, que consiste en tolerar y
+autorizar el esc&aacute;ndalo.</p>
+
+<p>Viose entonces claro como nunca la funesta influencia que ejerce en una
+sociedad entera una de esas reinas de la moda que comienzan escotando
+los trajes y acaban escotando las costumbres; que empiezan imponiendo el
+yugo de sus elegantes extravagancias y terminan imponiendo el de sus
+desvergonzados vicios; que familiarizan con el esc&aacute;ndalo y lo hacen
+tolerable y de buen tono hasta a los ojos de las personas virtuosas, que
+llegan a contemplar sin extra&ntilde;eza, sin rubor y sin protesta,
+espect&aacute;culos como el que ofrec&iacute;a Currita haciendo los honores de su casa
+con distinci&oacute;n elegant&iacute;sima, en compa&ntilde;&iacute;a del marqu&eacute;s de Sabadell,
+mientras sus hijos yac&iacute;an olvidados, cada cual en un colegio, y
+Villamel&oacute;n, reblandecido ya casi por completo, jugaba al b&eacute;sigue o al
+tresillo con las celebridades del momento, o tentaba la paciencia de sus
+tertulianos encerrado, como en un c&iacute;rculo vicioso, en sus ordinarios
+t&oacute;picos de conversaci&oacute;n: el combate <i>terro-naval</i> de Cabo Negro, los
+prodigios de su cocinero, los adelantos de su fotograf&iacute;a, las ventajas
+de la incubaci&oacute;n artificial de los huevos de gallina, o las extra&ntilde;as
+peripecias del doctor Tanner y el italiano Succi, que, con gran pasmo
+suyo, parec&iacute;an haber resuelto el problema, para &eacute;l horripilante e
+incomprensible, de vivir sin comer.</p>
+
+<p>Un nuevo esc&aacute;ndalo, iniciado y meditado en casa de Currita y llevado a
+efecto a la sombra de esta, y quiz&aacute;, quiz&aacute; bajo su protecci&oacute;n misma,
+vino a probar a las personas sensatas que tan peligrosa es la proximidad
+del vicio, que aun sin estar de &eacute;l contaminado, se respira en su
+atm&oacute;sfera cierta ponzo&ntilde;a que trastorna y extrav&iacute;a, y hace al cabo
+resbalar y caer... Margarita Belluga, una de las j&oacute;venes que al pisar
+por primera vez los salones del gran mundo hab&iacute;a llamado m&aacute;s la atenci&oacute;n
+<span class='pagenum'><a name="Page_451" id="Page_451">[451]</a></span>por su candor y su pureza, desapareci&oacute; un d&iacute;a s&uacute;bitamente de casa de
+sus padres, para aparecer a poco en Italia, <i>magna parens artium</i>, y
+refugio insondable de pillos de todas las naciones, casada con Celestino
+Reguera, el pintorzuelo c&oacute;mplice de Currita en sus atentados pict&oacute;ricos,
+que hab&iacute;a conservado siempre la dama a su lado, para alumbrar su corte
+con los resplandores de un genio, a la manera que Filipo manten&iacute;a en la
+suya a Arist&oacute;teles, y Augusto a Virgilio, y Carlos V a Garcilaso, y Luis
+XIV a Moli&egrave;re.</p>
+
+<p>Comenzaron entonces las lamentaciones y las extra&ntilde;ezas, los comentarios
+y los sobresaltos, y la murmuraci&oacute;n no fue ya el ruido de una ola al
+reventar en la playa, sino que cundi&oacute; y se hizo formidable, y resultaron
+todos los imponentes estr&eacute;pitos del mar batiendo las costas... Mas a
+pesar de que todo el mundo vio claro el viento que hab&iacute;a desatado
+aquella tormenta y los polvos de que sal&iacute;an aquellos lodos, tan s&oacute;lo dos
+de las muchas madres honradas que acud&iacute;an a los saraos de Currita
+dejaron de llevar all&iacute; a sus hijas; tan s&oacute;lo uno de los muchos maridos
+con decoro que a ellos concurr&iacute;an retrajo a su mujer de aquella casa
+funesta a que se hac&iacute;a necesario acudir, porque... porque... se pasaban
+all&iacute; ratos deliciosos, era la dama quien fijaba en sus salones las leyes
+del buen tono, y el ser admitido en su casa era un brevet de elegancia y
+de notoriedad.</p>
+
+<p>Mas un d&iacute;a corri&oacute; por Madrid una noticia estupenda, que se escuch&oacute; al
+principio como un absurdo inventado por alg&uacute;n ocioso del Veloz;
+concedi&oacute;sele m&aacute;s tarde la verosimilitud que hubiera merecido la de que
+Sagasta cantaba misa o el Gran Turco se hab&iacute;a hecho monje bernardo, y
+extendi&oacute;se al fin como un hecho inveros&iacute;mil, pero cierto, absurdo, pero
+verdadero, desde los salones hasta las antesalas, y desde los pasillos
+del Congreso hasta los de los teatros, llenando a todo el mundo elegante
+de asombro, de extra&ntilde;eza y de curiosidad. La imaginaci&oacute;n siempre
+<span class='pagenum'><a name="Page_452" id="Page_452">[452]</a></span>exaltada de los madrile&ntilde;os aderez&oacute; el hecho con interpretaciones y
+comentarios, y unos vieron en &eacute;l un manejo pol&iacute;tico, otros una rivalidad
+femenina, algunos una se&ntilde;al de reconciliaci&oacute;n entre el mundo devoto y el
+profano, y varios, los que se dec&iacute;an m&aacute;s enterados y eran m&aacute;s h&aacute;biles en
+aquello de ajustarle las cuentas al pr&oacute;jimo, vieron, por el contrario,
+una emboscada peligrosa que la m&aacute;s inflexible de las beatas tend&iacute;a a la
+m&aacute;s tolerante de las pecadoras; un reto del calendario piadoso a la
+mitolog&iacute;a pagana; un combate singular entre la marquesa de Villasis, que
+arrojaba el guante, y la condesa de Albornoz, que se apresurar&iacute;a sin
+duda a recogerlo.</p>
+
+<p>Porque era el caso que hab&iacute;an circulado por ciertas casas privilegiadas
+de la alta sociedad madrile&ntilde;a unas lindas tarjetas litografiadas, en que
+la marquesa de Villasis anunciaba a sus numerosos amigos que abr&iacute;a las
+puertas de sus salones, y fijaba como d&iacute;a de recepci&oacute;n&mdash;&iexcl;aqu&iacute; estaba el
+busilis!&mdash;el mismo fijado por Currita: &iexcl;los viernes!... La noticia lleg&oacute;
+a casa de esta un mi&eacute;rcoles por la noche, estando presente tan s&oacute;lo la
+duquesa de Bara, Carmen Tagle, Leopoldina Pastor y la Valdivieso;
+algunos se&ntilde;ores mayores jugaban al tresillo, y en la sala de billar
+o&iacute;anse a lo lejos los secos golpes de las bolas y los tacos. Currita
+recogi&oacute;, en efecto, el guante, y puesta en guardia al punto, manifest&oacute;
+su asombro con ingenua sencillez de c&aacute;ndida tortolilla.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De veras?... &iexcl;Cu&aacute;nto me alegro!... Supongo que habr&aacute; convidado a las
+novicias del Sagrado Coraz&oacute;n...</p>
+
+<p>Ri&eacute;ronse todos a carcajadas, y ella, muy extra&ntilde;ada de aquellas risas,
+prosigui&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Pues no lo digo de burlas... Creed que lo dec&iacute;a sin ning&uacute;n
+<i>arri&egrave;re-pens&eacute;e</i>... Como Mar&iacute;a es tan piadosa y suele darle a todo un
+<span class='pagenum'><a name="Page_453" id="Page_453">[453]</a></span>tinte devoto...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues claro est&aacute;!&mdash;replic&oacute; muy seria la de Bara&mdash;. Por eso ha
+convidado tambi&eacute;n a los congregantes de San Luis.</p>
+
+<p>&mdash;Y por lo menos exigir&aacute; a los presentados la c&eacute;dula del cumplimiento
+pascual.</p>
+
+<p>&mdash;Y el certificado de buenas costumbres del cura p&aacute;rroco...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; delicia!... &iquest;Y abrir&aacute;n el baile rezando el rosario?...</p>
+
+<p>&mdash;Como que tocar&aacute; el cuarteto de la capilla real, y se cantar&aacute;n en los
+intermedios los Gozos de san Jos&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo creo!... La Villasis sabe hacer bien las cosas, y de seguro que
+ha pedido al arzobispo indulgencia plenaria para todos sus tertulianos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, en suma&mdash;dijo al fin Currita, deteniendo aquella granizada de
+burlas&mdash;, &iquest;qu&eacute; es lo que se propone esa pobre Mar&iacute;a?...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; mir&oacute; a todas partes con gran misterio el que hab&iacute;a tra&iacute;do la
+noticia, y las cinco se&ntilde;oras alargaron las cabezas y abrieron las orejas
+con curiosidad intens&iacute;sima.</p>
+
+<p>&mdash;Pues dice..., dice... que se propone recibir a... mujeres honradas...</p>
+
+<p>Un &iexcl;ya! general, pre&ntilde;ado de extra&ntilde;as e intencionadas inflexiones, se
+escap&oacute; de todos los labios, y la Albornoz, abriendo c&aacute;ndidamente los
+ojos, dijo con su suave vocecita:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_454" id="Page_454">[454]</a></span></p><p>&mdash;Pues a m&iacute; no me han convidado hasta el presente...</p>
+
+<p>Las se&ntilde;oras soltaron el trapo a re&iacute;r, y dijeron todas al mismo tiempo:</p>
+
+<p>&mdash;Ni a m&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Ni a m&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Ni a m&iacute;...</p>
+
+<p>Leopoldina Pastor no dijo nada; p&uacute;sose muy encendida, y dando una brusca
+media vuelta, sent&oacute;se al piano y comenz&oacute; a tocar furiosamente la antigua
+canci&oacute;n del <i>&iexcl;Tr&aacute;gala!</i>...</p>
+
+<p>Anocheci&oacute; por fin el viernes, lleg&oacute; la hora de comer, y tan s&oacute;lo trece,
+de los veinte personajes convidados, se sentaron aquella noche a la mesa
+de los consortes Villamel&oacute;n. El n&uacute;mero era funesto, y la duquesa de
+Bara, que supuso al punto la causa de tan repentina baja, dijo muy
+quedito a su sobrino el duque de Bringas:</p>
+
+<p>&mdash;Mal n&uacute;mero... &iquest;Si ser&aacute; esta la <i>&uacute;ltima cena</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Con tal que no te toque a ti el papel de Judas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, no, no!... Yo le soy fiel a Curra.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero por qu&eacute; han desertado los otros?</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, hijo, que ha habido conjunci&oacute;n de pucheros y el de Mar&iacute;a
+<span class='pagenum'><a name="Page_455" id="Page_455">[455]</a></span>Villasis triunfa.</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; m&aacute;s delicado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pchs!... Bizcochitos de monja y tocino de cielo... Prefiero el de
+Curra: es m&aacute;s sustancioso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues cu&aacute;l es?...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Olla podrida</i>.</p>
+
+<p>Y con tales ganas comenzaron a re&iacute;r la t&iacute;a y el sobrino, que casi
+vinieron a echar por las narices el <i>consomm&eacute; &agrave; la R&eacute;gence</i>, servido en
+magn&iacute;fica vajilla de plata, con que los ilustres comensales comenzaron a
+apaciguar sus respectivos apetitos... Con estos augurios funestos dio
+principio la comida, lenta y desanimada; Villamel&oacute;n, con gravedad
+se&ntilde;oril y solemne aspecto, embaulaba en silencio, sin ocuparse gran cosa
+de la embajadora de Alemania y la duquesa de Bara, que ten&iacute;a a derecha e
+izquierda, consultando a cada paso el <i>men&uacute;</i>, impreso con vivos colores
+en apergaminada vitela, al estilo de los antiguos misales de la Edad
+Media, y no satisfecho con esto, preguntando de cuando en cuando con
+sigilo prudent&iacute;simo al criado que le serv&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;He comido de todo?...</p>
+
+<p>Frente por frente estaba Currita, teniendo a su derecha al embajador de
+Alemania, y a su izquierda al excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Juan Antonio
+Mart&iacute;nez, <i>buey Apis</i> por otro nombre, que olvidando con loable
+magnanimidad antiguos rencorcillos, era a la saz&oacute;n &iacute;ntimo de la dama,
+como sustituto del respetable Butr&oacute;n en el cargo de <i>Mentor</i> del <i>joven
+Tel&eacute;maco</i>. Prodig&aacute;bale Currita atenciones delicad&iacute;simas y habl&aacute;bale a
+veces en voz baja, con muestras de &iacute;ntima confianza: en una de estas,
+<span class='pagenum'><a name="Page_456" id="Page_456">[456]</a></span>mostr&oacute;le r&aacute;pidamente con adem&aacute;n misterioso un peque&ntilde;o objeto que hab&iacute;a
+sobre la mesa. Entre los mil primores y moner&iacute;as que la adornaban,
+ve&iacute;anse ante el cubierto de cada caballero peque&ntilde;os <i>bouquets</i> de
+violetas para el ojal del frac, puestos en diminutos vasitos de cristal,
+ligeros y di&aacute;fanos cual si fuesen de aire petrificado, y teniendo todos
+en el centro una peque&ntilde;a flor de lis, lind&iacute;sima maravilla natural,
+criada a fuerza de cuidados en las estufas de Currita. Con significativa
+sonrisa mostr&oacute;le la dama al <i>buey Apis</i> el <i>bouquet</i> que ten&iacute;a delante,
+y este, sonriendo tambi&eacute;n, dijo entre dientes, sin que ella protestase:</p>
+
+<p>&mdash;El diablo son las mujeres...</p>
+
+<p>Entre estos dos grupos principales que ocupaban ambas cabeceras
+sent&aacute;banse el resto de los convidados: la se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno, que
+redondeaba a la saz&oacute;n su inmensa fortuna prestando al veinte por ciento;
+la marquesa de Valdivieso, que no atestiguaba ya sus sentencias con la
+autoridad de Paco V&eacute;lez, sino con la de Ferm&iacute;n Doblado; la condesa de
+Balzano, divorciada de su marido y en pleito con sus hijos; el duque de
+Bringas, declarado pr&oacute;digo por los tribunales a instancias de su esposa;
+don Casimiro Pantojas, buscando siempre el <i>paulot postfuturum</i> de alg&uacute;n
+verbo griego; dos diputados novatos, c&aacute;ndidos provincianos todav&iacute;a, a
+que la ilustre condesa, de acuerdo con el excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez, tend&iacute;a
+el anzuelo de sus banquetes para pescarlos en la oposici&oacute;n futura; el
+espiritual Pedro L&oacute;pez, que pagaba su cubierto todos los viernes con
+algunas columnas de <i>La Flor de Lis</i> de prosa <i>gelatinesca</i>, y el
+marqu&eacute;s de Sabadell, que al notar las siete bajas habidas en el n&uacute;mero
+de convidados, dirig&iacute;a a Currita miradas impacientes, que hac&iacute;an en la
+comprimida c&oacute;lera de esta el efecto que el viento hace en el fuego, y
+parec&iacute;an demostrar en ambos el pesar de ver frustrado en parte alg&uacute;n
+plan que proyectaban.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_457" id="Page_457">[457]</a></span></p><p>El berrench&iacute;n de Currita igualaba, en efecto, a su inquietud, porque
+justamente pertenec&iacute;an sus convidados pr&oacute;fugos a aquella parte sana y
+virtuosa de la sociedad madrile&ntilde;a que se complac&iacute;a ella en atraer a su
+casa para acallar con el ejemplo de estos los escr&uacute;pulos de algunos
+otros, a la manera que en ciertos garitos de industrias prohibidas
+colocan en el portal la muestra de alguna otra industria inocente, que
+desorienta a la polic&iacute;a y sirve de cebo a los incautos. Faltaban, pues,
+aquella noche los duques de Astorga, que con gran acierto hab&iacute;an sido
+elegidos por el nuevo monarca para formar parte de la alta servidumbre
+de la joven reina; los condes de Ordu&ntilde;a, nobles figuras del antiguo
+bando carlista, fiel siempre a la desgracia, y la marquesa de Lebrija,
+cuyo prurito de socorrer y presidir asociaciones p&iacute;as hab&iacute;ale
+conquistado justamente la doble fama de caritativa y de vanidosa.
+Faltaba tambi&eacute;n el t&iacute;o Frasquito, que, con gran indignaci&oacute;n de Currita,
+no se hab&iacute;a tomado el trabajo de disculpar su ausencia; y faltaba
+Leopoldina Pastor, que la hab&iacute;a disculpado tan s&oacute;lo con una lac&oacute;nica
+esquelita, diciendo que un indecente orzuelo le hab&iacute;a aparecido en un
+ojo, poniendola de humor mal&iacute;simo. La ausencia de estos dos &uacute;ltimos
+her&iacute;a, m&aacute;s que ninguna otra, el amor propio de Currita, porque eran &eacute;l y
+ella de esos p&aacute;jaros que se retiran a tiempo del &aacute;rbol que pierde su
+sombra y tienden el vuelo hacia el que comienza a verdear.</p>
+
+<p>Azoraba todo esto a Currita, pareci&eacute;ndole indicio cierto de conjura
+sospechosa, y al mismo tiempo que procuraba sostener y animar la
+desmayada conversaci&oacute;n de sus comensales, prestaba o&iacute;do atento a lo que
+por fuera del comedor pasaba... Suced&iacute;a de ordinario los viernes que,
+aun antes de terminarse la comida, poblaban ya los salones gran n&uacute;mero
+de tertulianos que se apoderaban de las mesas de tresillo y de billar y
+formaban grupos y corrillos llenos de la alborotada animaci&oacute;n, que
+duraba siempre hasta muy entrada la madrugada... Nada se o&iacute;a aquella
+noche, y cada vez m&aacute;s inquieta Currita procuraba alargar la comida,
+<span class='pagenum'><a name="Page_458" id="Page_458">[458]</a></span>agotando todos los recursos de su ingenio e intercalando entre plato y
+plato historietas que equival&iacute;an a las m&aacute;s picantes salsas, con el fin
+de dar tiempo a la llegada de la gente y evitar que los comensales
+recibiesen la mala impresi&oacute;n de encontrar los salones desiertos. Fuele
+ya imposible alargar por m&aacute;s tiempo la &iacute;mproba tarea y puso al cabo fin
+a la comedia con una escena misteriosa, seguida de un golpe teatral
+h&aacute;bilmente dispuesto... Su diminuto piececito toc&oacute; ligeramente por
+debajo de la mesa la pezu&ntilde;a del <i>buey Apis</i>, y ambos cruzaron con Jacobo
+una r&aacute;pida mirada de inteligencia que parec&iacute;a significar: &iexcl;Alerta!
+Entonces, tomando Currita el <i>bouquet</i> que ten&iacute;a Mart&iacute;nez delante, tuvo
+la exquisita galanter&iacute;a de pon&eacute;rselo ella misma en el ojal, repitiendo
+la acostumbrada frase de las floristas parisienses:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Monsieur</i>... <i>Fleurissez votre boutonni&egrave;re</i>...</p>
+
+<p>Mas Jacobo, con jovialidad perfectamente afectada, det&uacute;vola en mitad del
+camino, diciendo desde su sitio:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cuidado, Mart&iacute;nez, cuidado!... Que le tienden a usted un lazo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un lazo?&mdash;exclam&oacute; Currita, retirando vivamente el ramito.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or, un lazo&mdash;afirm&oacute; Jacobo riendo&mdash;. &iquest;Pues no ve usted que
+lleva el <i>bouquet</i> una flor de lis?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Jes&uacute;s!&mdash;replic&oacute; Currita escandalizada&mdash;. Entonces &iexcl;protesto,
+protesto!... Yo persuado a quien puedo, pero no sorprendo a nadie...
+&iquest;Quiere usted que se la ponga, Mart&iacute;nez?... &iquest;S&iacute; o no?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;J&uacute;, j&uacute;, j&uacute;, j&uacute;!&mdash;mugi&oacute; <i>el buey Apis</i>, haciendo con la cabeza adem&aacute;n
+<span class='pagenum'><a name="Page_459" id="Page_459">[459]</a></span>afirmativo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La acepta usted entonces?&mdash;pregunt&oacute; Currita.</p>
+
+<p>&mdash;La acepto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con todas sus consecuencias?...</p>
+
+<p>&mdash;Con todas sus consecuencias&mdash;repiti&oacute; <i>el buey Apis</i>.</p>
+
+<p>Y pase&oacute; por todos los presentes una mirada orgullosa, casi fiera, que no
+carec&iacute;a de la tosca grandeza de un Mario, a la vez plebeyo y formidable,
+que se dejase acariciar por afeminados patricios... Un aplauso general
+acogi&oacute; la declaraci&oacute;n del antiguo revolucionario, y Villamel&oacute;n, muy
+conmovido, propuso un brindis en honor del rey Alfonso XII. Apur&aacute;ronse
+las copas, y Fernandito, tomando entonces la que hab&iacute;a servido a
+Mart&iacute;nez, dijo solemnemente:</p>
+
+<p>&mdash;Esta copa tendr&aacute; con los a&ntilde;os gran valor hist&oacute;rico. &iquest;Me entiende
+usted, Mart&iacute;nez?... Perm&iacute;tame que la guarde... Quiero legarla a mis
+hijos.</p>
+
+<p>Y con su recuerdo hist&oacute;rico muy empu&ntilde;ado fue a ofrecer el brazo a la
+embajadora de Alemania, para pasar al saloncito azul, donde se
+acostumbraba a servir el caf&eacute; en aquellos d&iacute;as de gala... All&iacute; acabaron
+los triunfos: el sal&oacute;n estaba vac&iacute;o, y por sus puertas abiertas ve&iacute;ase a
+la izquierda el otro sal&oacute;n amarillo, y a la derecha, el gran sal&oacute;n de
+baile, que s&oacute;lo se abr&iacute;a e iluminaba los viernes, ambos desiertos. En el
+primero, divis&aacute;banse a lo lejos, en un apartado rinc&oacute;n, cuatro se&ntilde;ores
+muy graves, muy tiesos, jugando al tresillo; en el segundo, reverberaban
+las luces en el brillante parquet de fin&iacute;simas maderas enceradas y en
+<span class='pagenum'><a name="Page_460" id="Page_460">[460]</a></span>los colosales espejos, dando a todo aquel recinto el aspecto fant&aacute;stico
+y temeroso, en medio de su magnificencia, de aquellos palacios
+encantados que se describen en los cuentos de hadas. El fiasco era
+completo, y aturdida Currita mir&oacute; espont&aacute;neamente hacia el magn&iacute;fico
+reloj de bronce dorado que hab&iacute;a all&iacute; cerca, sobre una chimenea: &iexcl;eran
+ya las diez y cuarto!...</p>
+
+<p>Vio entonces a su espalda, en el mismo sal&oacute;n azul, una dama muy apuesta
+y elegante dormida en una butaca: ten&iacute;a en la mano un n&uacute;mero de un
+peri&oacute;dico de modas, ca&iacute;do negligentemente sobre la falda, y d&aacute;bale de
+lleno en el rostro la tibia luz de una gran l&aacute;mpara colocada en un
+tr&iacute;pode, cuyos reflejos recog&iacute;a amplia pantalla de seda de suaves
+matices... Era Isabel Mazac&aacute;n, la p&eacute;rfida Mazac&aacute;n, reconciliada dos
+meses antes con Currita y dispuesta a pelearse otras mil veces con ella
+en cuanto el tiempo y la ocasi&oacute;n se presentasen. Ninguna tan propicia
+como la presente, y fingi&eacute;ndose dormida en aquella soledad, abri&oacute;
+poquito a poco los ojos con tan c&oacute;mico espanto, con tan chistoso
+sobresalto, que todos los presentes soltaron la risa...</p>
+
+<p>&mdash;Jes&uacute;s, hija, dispensa..., pero al verme tan sola me qued&eacute; dormida.</p>
+
+<p>Pareci&oacute;le la broma a Currita de mal&iacute;simo gusto y contest&oacute; muy picada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; delicia!... &iquest;Y so&ntilde;ar&iacute;as sin duda con los angelitos?...</p>
+
+<p>&mdash;Algo hab&iacute;a de eso, porque so&ntilde;aba contigo...</p>
+
+<p>Guard&oacute;se muy bien Currita de pedirle la interpretaci&oacute;n del sue&ntilde;o, mas la
+Valdivieso, con su importunidad acostumbrada, dijo muy gozosa:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_461" id="Page_461">[461]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Vaya una coincidencia!... &iquest;Y qu&eacute; so&ntilde;abas?...</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, hija... Que tambi&eacute;n se hab&iacute;a ido a casa de la Villasis la
+<i>pobre Curra</i>.</p>
+
+<p>Y la grand&iacute;sima tuna de la Mazac&aacute;n pronunciaba aquel <i>pobre Curra</i> con
+un aire de l&aacute;stima, con un acento de chunga, que la compadecida se
+revolvi&oacute; furiosa, diciendo con su inocente risita:</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, mujer..., ni dormida ni despierta se me hubiera ocurrido de
+ti semejante cosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Pues por dos razones... La segunda, porque t&uacute; no querr&iacute;as ir...</p>
+
+<p>&mdash;Y la primera, porque Mar&iacute;a Villasis no querr&iacute;a que yo fuese&mdash;dijo la
+Mazac&aacute;n ech&aacute;ndose a re&iacute;r con todo su desparpajo.</p>
+
+<p>&mdash;Justo&mdash;replic&oacute; Currita&mdash;. Lo mismo, lo mismo que don Simplicio
+Bobadilla Majaderano y Cabeza de Buey: &laquo;Puesto que Leonor renuncia a mi
+mano, renuncio a la mano de Leonor...&raquo;.</p>
+
+<p>La Mazac&aacute;n iba a contestar, pero entraron en aquel momento Carmen Tagle,
+Paco V&eacute;lez y Gorito Sardona, todos muy compungidos, diciendo que ven&iacute;an
+del Real, pero que no hab&iacute;a all&iacute; nadie, nadie... Al pronto creyeron
+ellos que Monsieur tout le monde estar&iacute;a en casa de Curra, porque &iexcl;claro
+est&aacute;! como era viernes... Pero supieron luego que el <i>grand complet</i> era
+aquella noche, &iexcl;qui&eacute;n lo creyera!, en casa de la Villasis; y por eso,
+ellos, muy indignados, hab&iacute;an venido a protestar, porque no les parec&iacute;a
+decente acostarse en aquella ocasi&oacute;n sin dar las buenas noches a la
+<span class='pagenum'><a name="Page_462" id="Page_462">[462]</a></span><i>pobre Curra</i>.</p>
+
+<p>Escap&oacute;se la <i>pobre Curra</i> como pudo de aquellas muestras de compasi&oacute;n
+que le atacaban los nervios y dirigi&oacute;se muy de prisa a la sala de
+billar, donde Jacobo, los dos diputados y el excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez
+conferenciaban a solas. Felicitaron todos a la dama por lo h&aacute;bilmente
+que hab&iacute;a dispuesto y representado la comedia del <i>bouquet</i>, llamada a
+tener gran resonancia. Al d&iacute;a siguiente, <i>La Flor de Lis</i> dar&iacute;a cuenta
+de ella, preparando de este modo el terreno para la declaraci&oacute;n solemne
+que a los pocos d&iacute;as pensaba hacer en el Senado el excelent&iacute;simo
+Mart&iacute;nez... Mas todav&iacute;a juzgaba este necesario, antes de dar aquel
+&uacute;ltimo paso, atar bien otro cabo importante: parec&iacute;ale prudente tentar
+antes el vado en Palacio.</p>
+
+<p>Currita ofreci&oacute; al punto sus servicios; ella era dama de honor desde los
+tiempos de Isabel II, y al casarse el monarca, dos meses antes, hab&iacute;ase
+visto obligada la nueva reina a enviarle tambi&eacute;n su cruz de dama...
+Mart&iacute;nez mene&oacute; la gran cabezota; no era esto precisamente lo que &eacute;l iba
+buscando, porque el explorador a que hab&iacute;a echado el ojo, para que como
+heraldo suyo entrase en Palacio, era Jacobo; pod&iacute;a este como Grande de
+Espa&ntilde;a...</p>
+
+<p>La baronesa viuda de Platavieja le cort&oacute; la frase, entrando en la sala
+seguida de sus seis hijas, amables reto&ntilde;os que en uni&oacute;n de la madre
+formaban en cantidad y calidad la suma de los pecados capitales, nombre
+por el cual se las conoc&iacute;a en la corte... Madre e hijas ven&iacute;an tambi&eacute;n
+presurosas e indignadas a protestar delante de la <i>pobre Curra</i>, y la
+se&ntilde;ora baronesa aseguro <i>coram populo</i> que lo que hab&iacute;a hecho la
+Villasis aquella noche era ni m&aacute;s ni menos que un timo...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un verdadero timo!&mdash;repitieron en coro las amables se&ntilde;oritas de
+<span class='pagenum'><a name="Page_463" id="Page_463">[463]</a></span>Platavieja, rodeando al punto como enjambre de mariposas a los dos
+diputados, j&oacute;venes y solteros, con la idea sin duda de pegarles alguno.</p>
+
+<p>Imposible fue ya continuar la pl&aacute;tica ante aquellos testigos, y la noche
+corri&oacute; lenta y aburrida, sin m&aacute;s incidentes. Mar&iacute;a Valdivieso, que
+andaba de monos con su prima, procuraba bostezar con fingido disimulo
+siempre que la miraba esta; la embajadora de Alemania cant&oacute; con notable
+falta de gracia una <i>balada</i>, que calific&oacute; la duquesa de <i>ladrido</i>, y a
+las doce y cuarto, cuando Pedro L&oacute;pez, despu&eacute;s de tomar el t&eacute; y encerrar
+en sus bolsillos provisi&oacute;n de <i>sandwiches</i> suficiente para toda la
+semana, comenz&oacute; a hacer el recuento para la cr&oacute;nica de salones que
+publicaba <i>La Flor de Lis</i> todos los s&aacute;bados, sus ojos at&oacute;nitos pudieron
+tan s&oacute;lo contar bajo los artesonados techos el n&uacute;mero exiguo de catorce
+se&ntilde;oras: siete pertenec&iacute;an a la familia de los pecados capitales y las
+otras siete pod&iacute;an repartirse entre la de los enemigos del alma: mundo,
+demonio y carne.</p>
+
+<p>La marquesa de Villasis triunfaba en toda l&iacute;nea, y las <i>ciento veinte</i>
+mujeres honradas que reuni&oacute; aquella noche en su casa y sigui&oacute; reuniendo
+todos los viernes vinieron a probar a los pesimistas lo que hab&iacute;a dicho
+ella misma a la marquesa de Butr&oacute;n en &eacute;poca no lejana:</p>
+
+<p>&mdash;Madrid no es un lodazal...</p>
+
+<p>Cierto que hay en &eacute;l <i>algo que huele a podrido</i> y esparce por todas
+partes su mal olor, a la manera que las emanaciones de una peque&ntilde;a
+charca se extienden e inficcionan toda una hermosa campi&ntilde;a y ti&ntilde;en la
+vegetaci&oacute;n salubre con los mismos desconsoladores tintes de la enferma.
+Mas este algo podrido, esta charca hedionda, desbordada siempre por la
+desverg&uuml;enza propia y la cobard&iacute;a ajena, mezcl&aacute;ndose con el agua pura y
+comunic&aacute;ndole en apariencia sus impurezas, hab&iacute;ala ella estancado en
+<span class='pagenum'><a name="Page_464" id="Page_464">[464]</a></span>casa de la Albornoz; y al quedar deslindados los campos, la l&oacute;gica de
+los n&uacute;meros meti&oacute; la mano inexorable <i>dessus du panier</i> del gran mundo y
+sac&oacute; tan s&oacute;lo catorce mujeres perdidas, por ciento veinte mujeres
+honradas.</p>
+
+<p>Un peri&oacute;dico rega&ntilde;&oacute;n hizo, sin embargo, de las damas de aquel tiempo
+otra subdivisi&oacute;n distinta:</p>
+
+<p>Bastantes buenas.</p>
+
+<p>Pocas malas.</p>
+
+<p>Muchas que, siendo de las primeras, se parecen a las segundas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Vdmdash" id="Vdmdash"></a><a href="#toc">&mdash;V&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>La noticia cay&oacute; como una bomba, y aunque muchos quisieron negarla frente
+a frente de la evidencia misma, estrell&aacute;banse sus negaciones contra un
+documento oficial, leg&iacute;timo y aut&eacute;ntico, que hab&iacute;a circulado el d&iacute;a
+anterior por todas las casas de la Grandeza. Era un oficio de la
+mayordom&iacute;a mayor de su majestad, en que el jefe superior de Palacio
+dec&iacute;a letra por letra y punto por punto a todos los Grandes de
+Espa&ntilde;a...: &laquo;Excelent&iacute;simo se&ntilde;or: Su majestad el rey don Alfonso XII (q.
+D. g.) se ha servido se&ntilde;alar la hora de las dos de la tarde del d&iacute;a 7 de
+febrero para la ceremonia de cubrirse ante su Real presencia los se&ntilde;ores
+Grandes de Espa&ntilde;a que al margen se expresan, etc., etc.&raquo;. Y entre
+aquellos nombres al margen expresados, por riguroso orden de antig&uuml;edad
+<span class='pagenum'><a name="Page_465" id="Page_465">[465]</a></span>inscritos, recordando todos ellos la grandeza de los caracteres, la
+firmeza de las virtudes, la nobleza de los pensamientos y el valor de
+las haza&ntilde;as de que est&aacute; llena nuestra historia, le&iacute;ase con todas sus
+letras, puesto el segundo, el del excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Jacobo
+T&eacute;llez-Ponce Melgarejo, marqu&eacute;s de Sabadell.</p>
+
+<p>El caso era curioso, y los aficionados a investigar la raz&oacute;n &iacute;ntima de
+los actos del pr&oacute;jimo, los inteligentes en escudri&ntilde;ar los puntos oscuros
+de los m&aacute;s sencillos eventos de las vidas ajenas, los m&aacute;s h&aacute;biles
+peritos en el arte sutil&iacute;simo de atar cabos con cabos, encontraron al
+punto empalmes subterr&aacute;neos entre el oficio del jefe superior y el
+suelto que hab&iacute;a publicado <i>La Flor de Lis</i> algunos d&iacute;as antes. Seg&uacute;n
+esta, susurr&aacute;base que cierto personaje de gran importancia, retirado
+alg&uacute;n tiempo de la pol&iacute;tica, volv&iacute;a de nuevo a la arena del combate,
+seguido de <i>numerosa mesnada</i> y enarbolando en su robusta mano, con
+honrada independencia, la bandera de Alfonso XII.</p>
+
+<p>Una dama angelical, conocid&iacute;sima en los altos c&iacute;rculos por su ingenio,
+su elegancia y su belleza, hab&iacute;ale arrancado, en un banquete, una
+confesi&oacute;n expl&iacute;cita, aunque no p&uacute;blica, de sus nuevas simpat&iacute;as
+din&aacute;sticas... Un ramo de violetas hab&iacute;a sido la ocasi&oacute;n, y un &aacute;ngel fue
+el instrumento. &iexcl;Feliz el atleta que entra en la nueva senda bajo tan
+po&eacute;ticos auspicios!...</p>
+
+<p>El suelto delataba por lo cursi la pluma de Pedro L&oacute;pez, y el resto de
+la charada fue descifrada sin mas que una leve duda... En buena hora que
+Mart&iacute;nez fuese el atleta; &iquest;pero c&oacute;mo diablos pod&iacute;a ser Currita el &aacute;ngel
+de la adivina?... Uno descifr&oacute; el enigma.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_466" id="Page_466">[466]</a></span></p><p>&mdash;De manera muy sencilla... Tambi&eacute;n Lucifer lo fue.</p>
+
+<p>Quedaron todos convencidos, y el Ministerio de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica,
+confiado a las lenguas murmuradoras, comenz&oacute; a analizar con
+investigadora atenci&oacute;n el hecho de que se trataba...</p>
+
+<p>Desde luego, salt&oacute; a la vista de todos una particularidad, por decirlo
+as&iacute;, de &iacute;ndole dom&eacute;stica: Jacobo era tan s&oacute;lo marqu&eacute;s consorte, y
+ven&iacute;anle sus derechos a la Grandeza exclusivamente por su mujer, de la
+cual estaba separado hac&iacute;a doce a&ntilde;os... Discuti&oacute;se el punto, y qued&oacute;
+convenido, por unanimidad, que el hacer uso de este derecho era, por
+parte de Jacobo, una verdadera indecencia.</p>
+
+<p>Una vez fallado este punto, pas&oacute;se a considerar los hilos diplom&aacute;ticos
+que un&iacute;an la charada de <i>La Flor de Lis</i> con el oficio del jefe superior
+de Palacio...</p>
+
+<p>Jacobo hab&iacute;ase afiliado despu&eacute;s de la Restauraci&oacute;n en la <i>mesnada</i>
+revolucionaria capitaneada por el atleta Mart&iacute;nez, que tan s&oacute;lo hab&iacute;a
+reconocido hasta el presente al nuevo monarca en un banquete privado y
+bajo el s&iacute;mbolo de un ramo de violetas presentado por un &aacute;ngel no
+inscrito en las jerarqu&iacute;as celestiales... El hecho, pues, de presentarse
+el marqu&eacute;s consorte en Palacio indicaba a las claras que <i>el buey Apis</i>,
+su jefe, daba otro paso adelante, enviando un fiel explorador a la
+f&eacute;rtil tierra de Mesopotamia...</p>
+
+<p>El hecho resultaba evidente, y qued&oacute; tambi&eacute;n convenido que el caso, sin
+dejar de ser una indecencia, era al mismo tiempo un acto pol&iacute;tico: cosas
+ambas que, seg&uacute;n dictamen de peritos, pod&iacute;an aunarse y darse las manos
+en amigable consorcio, como se las hab&iacute;an dado ya el atleta, el &aacute;ngel y
+el ramo de violetas...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_467" id="Page_467">[467]</a></span></p><p>Otro tercer problema apareci&oacute; al punto sobre el tapete, como
+consecuencia leg&iacute;tima del primero y secuela irremisible del segundo...
+&iquest;Qui&eacute;n ser&iacute;a el padrino que presentase al h&eacute;roe en la corte?... &iquest;Qui&eacute;n
+tendr&iacute;a valor suficiente para apadrinar una indecencia y correr los
+futuros contingentes de un avance pol&iacute;tico?...</p>
+
+<p>Era tradicional costumbre entre los Grandes que hab&iacute;an de cubrirse
+convidar, para ser apadrinados en la ceremonia, a aquel otro Grande ya
+cubierto que de cerca o de lejos fuese el jefe de la familia; y &eacute;ralo de
+la de Sabadell el anciano duque de Ordaz, prototipo de honradez y de
+nobleza...</p>
+
+<p>Los olfatos m&aacute;s diestros en aquello de seguir la pista a un enredo
+pusi&eacute;ronse al punto en movimiento, y a poco qued&oacute; averiguado que Jacobo
+hab&iacute;a tenido la desfachatez de convidar al viejo duque, y el noble
+anciano el decoro de negarle la demanda. La inc&oacute;gnita qued&oacute;, pues,
+sumida en el pozo del misterio, sin que lograsen sacarla a flote los
+retorcidos hilos de la conjetura; una esquelita litografiada, que vino,
+siguiendo paso a paso al oficio de Palacio, encarg&oacute;se dos d&iacute;as despu&eacute;s
+de tirar de la manta. Los curiosos batieron palmas:</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">&iexcl;Albricias, albricias!<br /></span>
+<span class="i0">Padrino tenemos...<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>En la esquela dec&iacute;a: &laquo;El marqu&eacute;s de Villamel&oacute;n y de Paracu&eacute;llar, conde
+de Albornoz y de Calata&ntilde;azor, suplica a vuestra excelencia se sirva
+asistir a la ceremonia de cubrirse de Grande de Espa&ntilde;a el excelent&iacute;simo
+se&ntilde;or don Jacobo T&eacute;llez-Ponce Melgarejo, marqu&eacute;s de Sabadell, de quien
+es padrino, para cuyo acto se ha servido su majestad se&ntilde;alar el d&iacute;a 7 de
+<span class='pagenum'><a name="Page_468" id="Page_468">[468]</a></span>febrero de 1878, a las dos de la tarde, en su Real Cuarto&raquo;.</p>
+
+<p>El &eacute;xito sobrepuj&oacute; a la expectaci&oacute;n, y a&ntilde;adi&oacute;se al caso, nemine
+discrepante, otro tercer car&aacute;cter... Sin duda era una indecencia, de
+cierto era un acto pol&iacute;tico y de seguro promet&iacute;a ser un sainete
+chistos&iacute;simo.</p>
+
+<p>El d&iacute;a amaneci&oacute; nublado, era el viento muy fr&iacute;o, y gruesos copos de
+nieve comenzaron a caer, entrada ya la tarde, cual espesa lluvia de
+jazmines. Un gran land&oacute; desemboc&oacute; entonces como un rayo por la derecha
+del Real, describi&oacute; un r&aacute;pido semic&iacute;rculo en torno de la plaza de
+Oriente y se detuvo frente a Palacio, en la puerta del Pr&iacute;ncipe, de
+repente, en firme, con una de esas paradas maestras con que s&oacute;lo la
+f&eacute;rrea mano de Tom Sickles sab&iacute;a sujetar un tronco sin destrozarlo. Su
+cara de remolacha aparec&iacute;a, en efecto, en lo alto del pescante,
+zambullida en enorme cuello de pieles, y su cabeza cuadrada qued&oacute; al
+descubierto cuando, saltando Fritz del asiento como empujado por un
+resorte, abri&oacute; la portezuela, tieso, acompasado y expedito, como
+verdadero lacayo elegante y correcto.</p>
+
+<p>Asom&oacute;se entonces por la portezuela un sombrero de tres picos con plumas
+blancas erizadas, y luego un zapato de charol con hebilla de oro, y una
+pantorrilla bien rellena, calzada con media de seda blanca. Son&oacute; despu&eacute;s
+dentro del coche un &iexcl;Berr! formidable, vehemente y angustioso, como el
+del que se arroja a un estanque de agua helada, y apareci&oacute; al fin,
+uniendo aquellas extremidades, un magn&iacute;fico abrigo de pieles de marta
+que envolv&iacute;a al marqu&eacute;s de Villamel&oacute;n, vestido de gran uniforme. Hubo un
+momento de pausa, en que Fernandito daba pataditas en el suelo, diciendo
+con gran impaciencia:&mdash;&iexcl;Vamos!...</p>
+
+<p>Apareci&oacute; entonces la formidable cabeza del <i>buey Apis</i>, y a poco, el
+<span class='pagenum'><a name="Page_469" id="Page_469">[469]</a></span>excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez de cuerpo entero estaba a su lado, envuelto en
+su levit&oacute;n y con su inseparable garrote en la mano. Otra peque&ntilde;ita,
+oculta bajo un guante oscuro, asom&oacute; entonces por la portezuela, pos&oacute;se
+en la de Villamel&oacute;n, y sin tocar casi en el estribo, viose saltar en
+tierra la elegante figura de la marquesa de Valdivieso.</p>
+
+<p>Hubo una nueva pausa, hubo nuevas pataditas de Fernandito, repitiendo
+&iexcl;vamos!, y apareci&oacute; entonces, muy despacito, la roja cabecita de la
+Albornoz, engarzada en un sombrerito negro; recorri&oacute; con r&aacute;pida mirada
+los varios coches detenidos a uno y otro lado de la puerta de Palacio, y
+baj&oacute; despu&eacute;s lentamente, mirando siempre en torno suyo y diciendo al
+cabo muy disgustada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues no ha venido todav&iacute;a!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si no tiene formalidad ninguna!&mdash;replic&oacute; Villamel&oacute;n muy impaciente&mdash;.
+Apuesto a que llega tarde. &iquest;Sabes?</p>
+
+<p>Y como si el reloj de Palacio quisiera aumentar su zozobra, dio en aquel
+momento la una y tres cuartos. Villamel&oacute;n ofreci&oacute; el brazo a la
+Valdivieso para subir la gran escalera, y Currita subi&oacute; detr&aacute;s apoyada
+en el del <i>buey Apis</i>. Por el ramal opuesto sub&iacute;a al mismo tiempo un
+viejo gordo, con la barba blanca muy recortada, hablando vivamente con
+otro viejo flaquito, muy atildado y pulcro; el gordo vest&iacute;a sencilla
+levita abrochada, y el flaco, uniforme de teniente general con sus
+accesorios de gala.</p>
+
+<p>Al verles Currita, apret&oacute; vivamente el brazo del <i>buey Apis</i>, dici&eacute;ndole
+muy por lo bajo:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_470" id="Page_470">[470]</a></span></p><p>&mdash;Mire usted qui&eacute;n va all&iacute;, Mart&iacute;nez... Gallego, el ministro de Gracia
+y Justicia... En cuanto le vea a usted se asusta... &iexcl;Anda!..., ya nos
+mira... &iexcl;Qu&eacute; delicia!... De fijo que esta noche se declara en el
+gabinete la crisis...</p>
+
+<p>La presencia del <i>buey Apis</i> produjo, en efecto, honda impresi&oacute;n en el
+viejo gordo, designado por Currita como ministro de Gracia y Justicia;
+det&uacute;vose un instante sorprendido, llam&oacute; la atenci&oacute;n de su compa&ntilde;ero y
+dialogaron breve rato, &eacute;l como extra&ntilde;ado y suspenso, el otro como
+asombrado de su extra&ntilde;eza.</p>
+
+<p>La cosa &iacute;base formalizando; desde la ca&iacute;da de Amadeo no hab&iacute;a entrado
+Mart&iacute;nez en Palacio, y su presencia all&iacute; en aquel momento, aunque fuera
+s&oacute;lo como curioso, prestaba al acto de Jacobo una sanci&oacute;n p&uacute;blica que
+acrec&iacute;a su importancia. El excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez, mirando de reojo al
+ministro, manifest&oacute; deseos de conocerle; Currita no le dej&oacute; acabar.</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada m&aacute;s f&aacute;cil... Ahora mismo; ya ver&aacute; usted...</p>
+
+<p>Y contestando con un gracioso saludo al profundo que ya en lo alto de la
+escalera le hac&iacute;an los dos viejos, dijo de pronto:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gallego!... Un momento... Tengo que pedirle a usted un favor...
+Necesito una cruz sencillita..., una encomienda de Isabel la Cat&oacute;lica o
+de Carlos III, cualquier cosa... Se casa un chico de mi apoderado de
+Granada y quisiera hacerle ese regalito... Es un poquillo vanidoso y le
+gusta colgarse dijes... Con que le mandar&eacute; a usted una notita... &iquest;Eh,
+Gallego?...</p>
+
+<p>Y luego, de repente, como cayendo en la cuenta:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_471" id="Page_471">[471]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Ay, por Dios, disp&eacute;nseme!... &iquest;No conoc&iacute;a usted a Mart&iacute;nez?...
+Mart&iacute;nez..., el se&ntilde;or Fern&aacute;ndez Gallego, ministro de Gracia y
+Justicia... Mi buen amigo, don Juan Antonio Mart&iacute;nez...</p>
+
+<p>Salud&aacute;ronse ambos personajes con grandes cortes&iacute;as, y Currita, con el
+airecillo de princesa de los Ursinos, propio de las mujeres cuando
+juegan en p&uacute;blico a las mu&ntilde;ecas con los hombres pol&iacute;ticos, comenz&oacute; a
+caminar entre ellos hacia la puerta de la Saleta. All&iacute; la esperaba
+Villamel&oacute;n, nervioso, azorado, impaciente, mirando sin cesar hacia la
+entrada de la escalera...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Curra, por Dios, te quedas parada por todas partes. &iquest;Sabes?...
+&iquest;Y Jacobo no ha venido?... De fijo que llega tarde... T&uacute; busca un buen
+sitio y ll&eacute;vate a Mart&iacute;nez. &iquest;Me entiendes, Curra?... Con esa calma, ni
+vas a o&iacute;r a Jacobo, ni me ver&aacute;s a m&iacute; tampoco... &iexcl;Anda!... &iexcl;Las dos ya en
+Palacio!... &iexcl;Se acab&oacute;! Me deja plantado; ahora s&iacute; que llega tarde...</p>
+
+<p>Y tarde y apresurado llegaba, en efecto, Jacobo en aquel momento por el
+extremo de la galer&iacute;a, airosamente terciada la capa blanca de
+santiaguista con que encubr&iacute;a su pintoresco uniforme de maestrante de
+Sevilla.</p>
+
+<p>Villamel&oacute;n no le dej&oacute; respirar; apenas si pudo cruzar una cari&ntilde;osa
+sonrisa con la dama, un apret&oacute;n de manos con Mart&iacute;nez, y el impaciente
+padrino, tirando de &eacute;l a la rastra, llev&oacute;selo por la puerta de la
+Saleta. Esperaban all&iacute; los Grandes que hab&iacute;an de cubrirse y los que
+hab&iacute;an de apadrinarles, formando un brillante conjunto de vistosos y
+variados uniformes, entre los que se destacaban las negras manchas de
+alguno que otro frac de severo e irreprochable corte.</p>
+
+<p>Mientras tanto, dispon&iacute;ase en la antec&aacute;mara la aristocr&aacute;tica ceremonia,
+<span class='pagenum'><a name="Page_472" id="Page_472">[472]</a></span>instituida en rigor de verdad por el emperador Carlos V, cuando limit&oacute;
+el privilegio de cubrirse ante el rey, com&uacute;n antes a todos los t&iacute;tulos,
+a doce Grandes de Espa&ntilde;a, que se llamaron desde entonces <i>Grandes de
+primera clase</i>, y fueron los duques de Medinasidonia, Alburquerque,
+Infantado, Alba, Fr&iacute;as, Medina de Rioseco, Escalona, Benavente, N&aacute;jera,
+Arcos, Medinaceli y el marqu&eacute;s de Astorga.</p>
+
+<p>De entonces ac&aacute; apenas ha variado esta ceremonia, que acostumbra a
+celebrarse, como la mayor parte de los actos de etiqueta, en la
+antec&aacute;mara de los reyes.</p>
+
+<p>Forma esta pieza un vasto cuadro, de severa magnificencia, cuyo techo,
+pintado por Maella, representa una alegor&iacute;a capaz de infundir pavor a
+todos los grandes personajes que por all&iacute; pasan, destinados a figurar en
+la historia: la Verdad, descubierta por el Tiempo. Entrando por la
+puerta de la Saleta &aacute;brense a la derecha dos balcones que dan a la plaza
+de la Armer&iacute;a, a la izquierda dos puertas que llevan a los aposentos
+interiores, y al frente una mampara que comunica con la c&aacute;mara.</p>
+
+<p>H&aacute;llase tapizada toda la pieza de rica tela azul muy oscura, con grandes
+flores de lis, y las iniciales <i>A</i> y <i>B</i> entrelazadas y realzadas en
+terciopelo; cuatro grandes retratos de Carlos IV y Mar&iacute;a Luisa, Fernando
+VII y la reina Amalia III ocupan los huecos correspondientes a uno y
+otro lado de las puertas de la c&aacute;mara y la Saleta. Alrededor de los
+muros hay banquetas de la misma tapicer&iacute;a que cubre a estos, y cinco
+soberbias consolas de m&aacute;rmol y bronce sosteniendo candelabros y bustos
+de Isabel II y Francisco de As&iacute;s, Felipe V y Fernando VI.</p>
+
+<p>Entre los dos balcones, sobre una de estas consolas y frente a una
+chimenea de m&aacute;rmol jaspeado que corona un colosal espejo, vese otro gran
+busto de Carlos III, cubierta por el manto real la armadura, ricamente
+<span class='pagenum'><a name="Page_473" id="Page_473">[473]</a></span>cincelada.</p>
+
+<p>Hall&aacute;banse abiertas todas las puertas de la antec&aacute;mara, excepto la de la
+Saleta, y api&ntilde;&aacute;banse detr&aacute;s de las cortinas las familias y amigos de los
+Grandes, deseosos de contemplar el se&ntilde;oril espect&aacute;culo. Ante la puerta
+de la c&aacute;mara ve&iacute;ase una mesa cubierta por rico pa&ntilde;o de terciopelo
+granate, y un gran sitial destinado al rey.</p>
+
+<p>A las dos en punto entr&oacute; este por la puerta de la c&aacute;mara, seguido del
+mayordomo mayor, el Grande de servicio, los ayudantes y todos los
+Grandes ya cubiertos; vest&iacute;a el rey uniforme de capit&aacute;n general y tra&iacute;a
+el tricornio en la mano. Sent&oacute;se y cubri&oacute;se, y los Grandes se cubrieron
+y quedaron en pie a uno y otro lado de la Saleta.</p>
+
+<p>Iba a comenzar la ceremonia.</p>
+
+<p>El secretario de la Real Estampilla, destinado a dar fe del acto, abri&oacute;
+entonces la gran puerta de caoba maciza y dijo, anunciando:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or..., el marqu&eacute;s de Benhacel.</p>
+
+<p>Era este el Grande que, como m&aacute;s antiguo, deb&iacute;a de cubrirse primero;
+entr&oacute; entonces un joven dando la mano derecha a un anciano y la
+izquierda al mayordomo de semana que estaba de servicio. Vest&iacute;a el joven
+el uniforme de gala de capit&aacute;n de artiller&iacute;a, y el viejo, decr&eacute;pito y
+encorvado, el de almirante de la Armada, con todo el pecho lleno de
+cruces: era el duque de Algar, abuelo y padrino en aquella ocasi&oacute;n del
+joven marqu&eacute;s que iba a cubrirse. Tra&iacute;a el viejo el tricornio puesto, y
+tra&iacute;a su ros en la mano el joven, dejando al descubierto una cabeza
+en&eacute;rgica y muy espa&ntilde;ola, un poco tostado el rostro por el sol, con ojos
+<span class='pagenum'><a name="Page_474" id="Page_474">[474]</a></span>negros viv&iacute;simos, que parec&iacute;an retratar el temple de acero de una raza
+de valientes.</p>
+
+<p>Su entrada fue magn&iacute;fica, y un murmullo de respetuosa simpat&iacute;a acogi&oacute; a
+la ilustre pareja, que apareci&oacute; en la puerta, apoyada en la juventud la
+vejez, como una esperanza evocando un recuerdo, como una alegor&iacute;a de la
+experiencia conduciendo de la mano al valor, a depositar una espada sin
+mancilla en las gradas del trono.</p>
+
+<p>En el dintel mismo de la puerta hicieron ambos la primera reverencia de
+corte, en el centro del sal&oacute;n la segunda, y frente a frente ya del rey
+la &uacute;ltima; saludaron despu&eacute;s a los Grandes colocados a derecha e
+izquierda, y estos contestaron al punto quit&aacute;ndose los sombreros.</p>
+
+<p>El viejo duque y el mayordomo hici&eacute;ronse entonces un paso atr&aacute;s y qued&oacute;
+solo el Grande novicio en mitad de la sala. El rey, haciendo un saludo
+militar, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Marqu&eacute;s de Benhacel, cubr&iacute;os y hablad.</p>
+
+<p>Cubri&oacute;se en el acto el marqu&eacute;s, y dirigi&eacute;ndose al rey, pronunci&oacute; un
+breve discurso, en que, seg&uacute;n la costumbre, traz&oacute; a grandes rasgos la
+gloriosa historia de su familia, que comenzaba en aquel Fort&uacute;n de
+Torres, que pele&oacute; con Alfonso el Sabio y muri&oacute; en el Alc&aacute;zar de Jerez,
+agarrando con los dientes la bandera de su rey, por no poderla ya
+sujetar ni defender con sus dos manos mutiladas...</p>
+
+<p>La voz del artillero, t&iacute;mida y entrecortada al principio, fuese poco a
+poco vigorizando, cual si aquellos hechos gloriosos encontraran en su
+coraz&oacute;n eco suficiente para imitarlos, y cuando lleg&oacute; a describir un
+episodio de Trafalgar, que llam&oacute; &uacute;ltimo timbre de su familia, su acento
+<span class='pagenum'><a name="Page_475" id="Page_475">[475]</a></span>vibraba con esas misteriosas inflexiones del sentimiento que parecen
+elevar al orador a una esfera m&aacute;s alta, prest&aacute;ndole no s&oacute;lo facultad
+para persuadir y fuerzas para conmover, sino hasta derecho para
+mandar...</p>
+
+<p>Gravina agonizaba en la c&aacute;mara, y el nav&iacute;o <i>Pr&iacute;ncipe de Asturias</i> volv&iacute;a
+a C&aacute;diz desmantelado, al mando de un hombre que entr&oacute; en el combate con
+tres hijos y volv&iacute;a a su hogar con uno solo, el m&aacute;s joven, guardia
+marina de pocos a&ntilde;os. La tempestad arreci&oacute; al promediar la noche y fue
+necesario picar un palo, que quiso la desgracia quedase sujeto por un
+cable a la cofa, haci&eacute;ndole escorar con riesgo cierto de hundirse; tres
+gavieros subieron uno tras otro a cortar el cable, y a los tres los
+arrebat&oacute; la borrasca y los sepultaron las olas.</p>
+
+<p>Entonces, aquel hombre de hierro, que vio a la diezmada tripulaci&oacute;n
+temblar ante la horrible obediencia, volvi&oacute;se a su hijo, &uacute;nico que le
+quedaba, &iacute;dolo de su coraz&oacute;n y esperanza &uacute;ltima de una gran familia, y
+d&iacute;jole tan s&oacute;lo:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or guardia marina... A usted le toca.</p>
+
+<p>El ni&ntilde;o, con el hacha entre los dientes, trep&oacute; hasta la cofa, y porque
+la Virgen Mar&iacute;a le ayud&oacute;, cort&oacute; el cable...</p>
+
+<p>Y en medio de ese profundo silencio que ata las lenguas y humedece los
+ojos, cuando lo sublime embarga el coraz&oacute;n y levanta el pecho con el
+temblor de un sollozo, volvi&oacute;se Benhacel lentamente al viejo duque y
+a&ntilde;adi&oacute;, mostr&aacute;ndolo:</p>
+
+<p>&mdash;Aquel guardia marina ni&ntilde;o era mi abuelo; el h&eacute;roe era su padre. El
+m&iacute;o&mdash;prosigui&oacute; con una voz en que se notaban dejos del llanto&mdash;sirvi&oacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_476" id="Page_476">[476]</a></span>tambi&eacute;n a su rey en la Armada real hasta el a&ntilde;o 68...; en el mes de
+septiembre se arranc&oacute; los entorchados y rompi&oacute; su espada... Yo, se&ntilde;or,
+desenvain&eacute; la m&iacute;a por primera vez en la batalla de Alcolea, y fiel a las
+tradiciones de mi raza, vengo a ofreceros hoy como Grande la que ya os
+di como soldado...</p>
+
+<p>Y al llevar, diciendo esto, la mano derecha a la empu&ntilde;adura de la
+espada, vieron todos que le faltaban en aquella los dos dedos de en
+medio. Un casco de granada se los arranc&oacute; en Alcolea.</p>
+
+<p>Benhacel call&oacute;, y en medio del homenaje m&aacute;s grande que pueden prestar la
+admiraci&oacute;n y el respeto, el silencio, descubri&oacute;se, hinc&oacute; una rodilla en
+tierra y bes&oacute; la mano del rey; salud&oacute; despu&eacute;s a los Grandes de uno y
+otro lado, y acompa&ntilde;ado de su abuelo, fuese a colocar entre ellos. El
+viejo lloraba como un ni&ntilde;o; uno le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Llora el almirante, y no llor&oacute; el guardia marina!...</p>
+
+<p>Por desdicha, no acab&oacute; aqu&iacute; la ceremonia; el secretario de la Real
+Estampilla abr&iacute;a de nuevo la puerta de la Saleta y tomaba a anunciar:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or..., el marqu&eacute;s de Sabadell.</p>
+
+<p>El sainete comenzaba, y apareci&oacute; entonces Villamel&oacute;n, solemne,
+imponente, erguida la cabeza, tieso el torso ya algo panzudo, trayendo
+de la mano a Jacobo, que ofrec&iacute;a el tipo de hombre m&aacute;s hermoso, elegante
+y se&ntilde;oril que pudiera imaginarse. Ajustaba su airoso talle la casaca
+encarnada de los maestrantes de Sevilla, con sardinetas y charreteras de
+plata, y cruzaba su pecho, de un lado a otro, una de esas grandes bandas
+que se crean para premiar el m&eacute;rito y fomentar la virtud, y se usan para
+satisfacer vanidades o adornar buenos mozos; el calz&oacute;n de punto blanco
+<span class='pagenum'><a name="Page_477" id="Page_477">[477]</a></span>ce&ntilde;&iacute;a la bien formada pierna, y la alta y charolada bota y el tricornio
+con fin&iacute;simo penacho blanco completaban aquel pintoresco traje.</p>
+
+<p>Cumplido el ceremonial, Villamel&oacute;n abandon&oacute; la mano de su ahijado y
+qued&oacute;se atr&aacute;s, en actitud se&ntilde;oril, pero estudiada, contemplando est&aacute;tico
+las grandes narices de Carlos III, que ten&iacute;a frente a frente, mirando de
+cuando en cuando con el rabillo del ojo a uno y otro lado, y diciendo
+para sus adentros:</p>
+
+<p>&mdash;Mucho me miran... Debo de estar hermoso.</p>
+
+<p>Qued&oacute; Jacobo solo en medio de la antec&aacute;mara un poco cortado; mas al
+sentirse blanco de una atenci&oacute;n, que harto comprendi&oacute; &eacute;l no serle
+ben&eacute;vola, creci&oacute;se su orgullo y despert&oacute; su natural audacia, y lanz&oacute; en
+torno una mirada que quiso hacer altiva y fue s&oacute;lo insolente, quiso
+hacer serena y fue solo provocativa.</p>
+
+<p>Los curiosos se api&ntilde;aban tras las cortinas, y Currita, en primera fila,
+devoraba a Jacobo con la vista; Mart&iacute;nez, a su lado, estrujado casi
+contra el quicio mismo de la puerta, no pod&iacute;a verle, mas prestaba o&iacute;do
+atento, lleno de ansiedad, mordiendo con la cabezota baja el pu&ntilde;o de su
+garrote.</p>
+
+<p>Tras la mampara de la c&aacute;mara, a espaldas mismas del rey, sent&iacute;ase el
+crujir de algunos trajes de seda; d&iacute;jose despu&eacute;s que desde all&iacute; hab&iacute;a
+presenciado la reina la ceremonia.</p>
+
+<p>Los Grandes alargaban las cabezas, ansiosos de o&iacute;r a Jacobo... Acababan
+de ver retratado, cual en un espejo, en el discurso de Benhacel, lo que
+debe de ser un Grande, lo que significa aquel lema de la antigua
+<span class='pagenum'><a name="Page_478" id="Page_478">[478]</a></span>hidalgu&iacute;a: <i>nobleza obliga</i>, que no exige ciertamente que cada t&iacute;tulo
+de Castilla sea un genio, ni cada Grande de Espa&ntilde;a un h&eacute;roe, ni cada
+apellido ilustre un santo; porque ni el genio se hereda, ni la
+inteligencia se vincula, ni el hero&iacute;smo es un pergamino, ni la santidad
+un mayorazgo. Pero que exige e impone, con la fuerza imperiosa de un
+deber de conciencia, la obligaci&oacute;n de considerar en la Grandeza una
+<i>carga</i> a la vez que un <i>honor</i>; de servir de ejemplo en los
+pensamientos, en las palabras, en las acciones y en las costumbres; de
+sostener la dignidad de las glorias que representa; de echar, como
+Breno, el peso de la espada o el peso de la inteligencia en la balanza
+en que oscilan la ruina y el esplendor de las naciones; de sentir algo
+m&aacute;s que voluptuosidades; de querer algo m&aacute;s que placeres; de saber
+defender un trono cuando se hunde, como en Espa&ntilde;a el 68; de saber morir
+como un rey cuando le deg&uuml;ellan, como en Francia el 93.</p>
+
+<p>Y entonces, reciente a&uacute;n aquella impresi&oacute;n nobil&iacute;sima que elevaba las
+inteligencias y mov&iacute;a los corazones, iban a ver en Jacobo lo que es esa
+misma grandeza cuando refleja en un charco los rayos de su gloria,
+cuando el vicio la deslustra y la bajeza la empuerca, y el olvido de la
+propia dignidad la pone al servicio de un Mart&iacute;nez, que apoya en ella la
+pataza para encaramarse en lo alto y darle despu&eacute;s, una vez arriba,
+desde la cumbre de su insolencia, la m&aacute;s ignominiosa de todas las coces:
+la coz del asno...</p>
+
+<p>Jacobo hablaba bien, y era la m&aacute;s mimada de todas sus vanidades la
+vanidad de su elocuencia; mas no os&oacute;, sin embargo, confiar su discurso a
+la memoria, y limit&oacute;se a leerlo, temeroso de pasar por alto alguno de
+los habilidosos rodeos con que procuraba sortear los grandes escollos
+que por todas partes le cerraban el paso.</p>
+
+<p>H&iacute;zolo, en efecto, con notable maestr&iacute;a, en que creyeron descubrir
+<span class='pagenum'><a name="Page_479" id="Page_479">[479]</a></span>algunos las macizas huellas del <i>buey Apis</i>, y cuando ces&oacute; de hablar,
+las miradas significativas de todos se cruzaron de uno a otro lado...</p>
+
+<p>El hecho era cierto: Mart&iacute;nez y su mesnada cantaban la palinodia, y el
+Grande de Espa&ntilde;a consorte era el encargado de hacer llevar el reverente
+clamor a los o&iacute;dos del monarca.</p>
+
+<p>Alarm&aacute;ronse los parciales del Gobierno, y el se&ntilde;or Fern&aacute;ndez Gallego,
+que entre los curiosos andaba agazapado, frunci&oacute; el acento circunflejo
+que sobre la nariz ten&iacute;a, a la vista de aquella nube de b&aacute;rbaros
+hambrientos que sal&iacute;an de los bosques talados de la Revoluci&oacute;n y
+amenazaban invadir las f&eacute;rtiles llanuras del presupuesto, que ellos
+solos cultivaban. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a la actitud del monarca?</p>
+
+<p>Esto se preguntaban todos los ojos y esto excit&oacute; todas las curiosidades,
+mientras los doce Grandes que a&uacute;n quedaban por cubrir le&iacute;an sus
+discursos y terminaba la ceremonia.</p>
+
+<p>Levant&oacute;se al fin el rey, y con la cabeza descubierta dio una vuelta a la
+antec&aacute;mara, hablando y saludando a todos los Grandes.</p>
+
+<p>Nadie chistaba; hab&iacute;a llegado el momento de conocer si el memorial de
+Mart&iacute;nez era acogido o rechazado, si era necesario pactar con los
+invasores o perseguirlos, como a perro que huye, con maza al son de
+almireces y cencerros, hasta los confines de sus bosques desiertos.</p>
+
+<p>Hubo un mal s&iacute;ntoma: el rey pas&oacute; ante Villamel&oacute;n sin hablarle,
+haci&eacute;ndole tan s&oacute;lo un leve saludo; det&uacute;vose despu&eacute;s un gran rato con el
+viejo duque de Algar y su nieto, y lleg&oacute; al fin a Jacobo, que se hallaba
+de pie en pos de estos. Hubi&eacute;rase podido escuchar en la antec&aacute;mara el
+vuelo de una mosca, percibir el rumor de la huella m&aacute;s callada, del paso
+<span class='pagenum'><a name="Page_480" id="Page_480">[480]</a></span>mismo de la muerte.</p>
+
+<p>Par&oacute;se el rey ante Jacobo y le mir&oacute; sonriendo con cierta chusca malicia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal, Sabadell?... &iquest;Y su amigo de usted, Mart&iacute;nez?... Me han dicho
+que le gustan mucho las violetas... D&iacute;gale usted que en la Casa de Campo
+las hay muy tempranas... Por all&iacute; ir&eacute; yo el jueves, a las cuatro...</p>
+
+<p>Y sin a&ntilde;adir una palabra m&aacute;s volvi&oacute;le la espalda.</p>
+
+<p>Harto hab&iacute;a dicho, sin embargo, y un resoplido inmenso reson&oacute; entonces
+tras la cortina de la izquierda, como el aliento de un pechazo
+comprimido que al fin se desahoga: era <i>el buey Apis</i>, el excelent&iacute;simo
+Mart&iacute;nez, que hubiera soltado en aquel momento un relincho, como en sus
+expansiones de alegr&iacute;a los mozos de su tierra, y estrujando entre sus
+brutales brazos, como un H&eacute;rcules que abrazara a un insecto, a su
+ilustre aliada Currita.</p>
+
+<p>Ella, sin poder disimular tampoco el vivo gozo del triunfo, d&iacute;jole
+imprevisoriamente:</p>
+
+<p>&mdash;Mart&iacute;nez... Encargue usted el uniforme.</p>
+
+<p>Y una vocecita burlona, que jam&aacute;s se pudo averiguar de d&oacute;nde hab&iacute;a
+salido, contest&oacute; a su espalda:</p>
+
+<p>&mdash;Con que vuelva del rev&eacute;s el de don Amadeo, sale del paso sin gastos...</p>
+
+<p>Quedaba a&uacute;n la parte m&aacute;s pintoresca de la ceremonia, que hab&iacute;a de ser
+para Jacobo la apoteosis del triunfo. Retirado el rey a sus
+habitaciones, salieron de la antec&aacute;mara por orden de antig&uuml;edad los
+<span class='pagenum'><a name="Page_481" id="Page_481">[481]</a></span>Grandes reci&eacute;n cubiertos, para ser presentados al Cuerpo de
+Alabarderos.</p>
+
+<p>Hall&aacute;banse estos formados a uno y otro lado de la doble escalera, y los
+Grandes, llevando a la derecha a sus padrinos, deb&iacute;an de bajar por un
+ramal y tornar a subir por el otro, al son del golpe de las alabardas,
+que les hac&iacute;an el saludo de honor.</p>
+
+<p>Los curiosos llenaban el frente de la galer&iacute;a y la parte baja de la
+soberbia escalera, cuya b&oacute;veda, pintada por Giaquinto, representaba a la
+Espa&ntilde;a ofreciendo a la Religi&oacute;n sus virtudes y trofeos.</p>
+
+<p>Cuando Jacobo puso de nuevo el pie en la galer&iacute;a, y salieron a su
+encuentro Currita y otros amigos, ansiosos de darle la enhorabuena, el
+orgullo satisfecho reflejaba en su semblante una especie de v&eacute;rtigo, y
+hubiera gritado como el Nabucodonosor de la &oacute;pera:</p>
+
+<p class="center"><i>&iexcl;Io non R&eacute;, so Dio!...</i>
+
+Busc&oacute; con la vista a Mart&iacute;nez y viole a diez pasos de distancia, con la
+cabezota ladeada, apoyado en su garrote, y su risa de paleto sobre los
+labios, recibiendo tambi&eacute;n sus homenajes.</p>
+
+<p>Un grupo de palaciegos le rodeaba, oprimi&eacute;ndose y estruj&aacute;ndose por
+estrechar su velluda manaza entre las suyas finas y enguantadas, al
+comp&aacute;s de previsoras lisonjas. El general que acompa&ntilde;aba antes al
+ministro de Gracia y Justicia invit&aacute;bale muy finamente a una cacer&iacute;a en
+sus tierras de Pardillo; era Grande de Espa&ntilde;a, y llam&aacute;banle en Palacio
+el <i>cuclillo indicador</i>, por ser siempre el primero en adivinar la mata
+por donde hab&iacute;a de saltar un ministro.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_482" id="Page_482">[482]</a></span></p><p>Nevaba furiosamente, y angustiado Fernandito, daba prisa por marcharse.
+Currita convid&oacute; a comer a Mart&iacute;nez y a Jacobo, y ambos aceptaron; mas
+este quiso llegar antes a su casa para quitarse el uniforme.</p>
+
+<p>En la bandeja destinada en la antesala a recibir las tarjetas y las
+cartas, vio un gran oficio entrelargo y lo recogi&oacute; al paso, mientras le
+quitaba Dami&aacute;n la blanca capa de santiaguista, con la roja cruz en el
+lado izquierdo. Molest&aacute;bale mucho una de las altas botas del uniforme, y
+sin esperar a Dami&aacute;n, quiso quit&aacute;rsela &eacute;l mismo, en cuanto entr&oacute; en la
+alcoba; no pudo, sin embargo, conseguirlo del todo y qued&oacute;se con ella a
+medio descalzar, sentado en una butaca, esperando al ayuda de c&aacute;mara.
+Tardaba este, e impaciente Jacobo, abri&oacute; mientras tanto el oficio.</p>
+
+<p>Sobre un pliego de papel blanco vio destacarse ante su vista el sello
+rojo que hab&iacute;a cerrado en otro tiempo el sobre exterior de los
+documentos mas&oacute;nicos.</p>
+
+<p>Mir&oacute;le un momento aterrado. Parec&iacute;ale una gota de sangre.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIdmdash" id="VIdmdash"></a><a href="#toc">&mdash;VI&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Era al d&iacute;a siguiente domingo de Carnaval, y Madrid amaneci&oacute; con el suelo
+emporcachado y el cielo radiante, como una meretriz coronada de flores y
+sentada en un charco; un fuerte viento del Norte hab&iacute;a barrido las nubes
+y helado por los rincones los restos de nieve que hab&iacute;an logrado
+sustraerse a las pesquisas de la escoba municipal.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_483" id="Page_483">[483]</a></span></p><p>El fr&iacute;o era grande y ayudaba a la pereza a mantener agazapados entre
+las calientes ropas del lecho aun a los m&aacute;s madrugadores. Dami&aacute;n oy&oacute; las
+ocho en su cama y volvi&oacute;se del otro lado, esperando que el se&ntilde;or marqu&eacute;s
+no necesitar&iacute;a de sus servicios, seg&uacute;n su costumbre, hasta muy entrada
+la ma&ntilde;ana; un violento campanillazo vino, sin embargo, a hacerle saltar
+despavorido...</p>
+
+<p>El se&ntilde;or marqu&eacute;s llamaba, y llamaba tan de prisa, que aun antes de que
+Dami&aacute;n lograse medio vestirse sonaron otros dos fuertes repiquetes, en
+cuyo timbre crey&oacute; reconocer el ayuda de c&aacute;mara todas las intemperancias
+del mal humor que se desborda y de la impaciencia que estalla.</p>
+
+<p>Arregl&aacute;ndose con los dedos la negra y rizada cabellera, abri&oacute;
+violentamente la puerta del despacho, para llegar por all&iacute; m&aacute;s pronto a
+la alcoba y qued&oacute;se parado en el dintel, tieso como un huso, cuadrado
+como un quinto y estupefacto cual si hubiese visto levantarse el sol en
+mitad de la noche.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or marqu&eacute;s, vestido ya por completo de ma&ntilde;ana, hall&aacute;base sentado
+junto a su mesa de escribir, con una carta cerrada en la mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El se&ntilde;or marqu&eacute;s ha llamado?...</p>
+
+<p>&mdash;No he llamado... he repicado trescientas veces&mdash;exclam&oacute; Jacobo con
+ira; y domin&aacute;ndose al punto, alarg&oacute; a Dami&aacute;n la carta, diciendo sin
+mirarle:</p>
+
+<p>&mdash;Esta carta a su destino... La llevas t&uacute; mismo al momento... Si no
+viviese all&iacute; ese... se&ntilde;or, que bien pudiera ser, preguntas al portero
+d&oacute;nde se ha mudado y all&iacute; la llevas... &iquest;Te enteras?...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_484" id="Page_484">[484]</a></span></p><p>Hizo Dami&aacute;n una muda reverencia, y sali&oacute; leyendo el sobrescrito de la
+carta, que era el siguiente: &laquo;Se&ntilde;or don Francisco Javier P&eacute;rez Cueto.
+Calle de X**, n&uacute;mero 10, tercero, derecha&raquo;.</p>
+
+<p>Encogi&oacute;se Dami&aacute;n de hombros, por parecerle el tal P&eacute;rez Cueto alg&uacute;n
+pobre diablo que no merec&iacute;a se molestase &eacute;l en llevarle una carta, y
+Jacobo qued&oacute; solo, pregunt&aacute;ndose qu&eacute; se hace un hombre en esta vida
+levantado desde las ocho de la ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>La campana de la vecina iglesia de San Jos&eacute; comenz&oacute; a tocar en aquel
+momento, como si quisiera contestarle que ir a misa, y Jacobo record&oacute;
+entonces que hac&iacute;a catorce a&ntilde;os, desde el primero de su matrimonio, que
+no hab&iacute;a o&iacute;do ninguna.</p>
+
+<p>Sinti&oacute; entonces cierta tristeza, cierto malestar que le aquejaba, a
+pesar de sus satisfacciones de la v&iacute;spera, desde el momento en que los
+masones hab&iacute;an repetido por segunda vez aquella rid&iacute;cula <i>broma del
+sellito</i>, que ahora como entonces hab&iacute;a venido a asustarle primero, a
+irritarle despu&eacute;s y a despertar, por &uacute;ltimo, su fogosa e irreflexible
+actividad de un momento, a la vista de aquel peligro misterioso que
+hubiera debido conjurar ya dos veces, sin haberlo hecho ninguna.
+Lament&aacute;base entonces de su imprudente apat&iacute;a, y prometi&eacute;ndose
+remediarla, confes&aacute;base all&aacute; en el fondo de su coraz&oacute;n</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Que propio del cobarde es<br /></span>
+<span class="i0">Llorar la ocasi&oacute;n perdida.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>No la juzgaba &eacute;l, sin embargo, pasada del todo, puesto que ten&iacute;a en su
+poder las cartas de Garibaldi que explicaban su conducta y garant&iacute;an su
+<span class='pagenum'><a name="Page_485" id="Page_485">[485]</a></span>persona. Cierto que hab&iacute;an perdido ya estas cartas mucho de su fuerza,
+por haber muerto en aquel intervalo el viejo revolucionario y por su
+demora propia en entregarlas, mas no le faltar&iacute;an a &eacute;l mentiras
+complicadas y habilidosos enredos para explicarlo todo a su gusto, y
+adem&aacute;s, su posici&oacute;n hab&iacute;a de variar muy pronto, adquiriendo grande
+importancia.</p>
+
+<p>Opini&oacute;n de todos fundad&iacute;sima era que <i>el buey Apis</i> estaba abocado a ser
+presidente del Consejo en cuanto viniera a tierra aquel gabinete que ya
+se tambaleaba, y entonces&mdash;&iexcl;oh, entonces!&mdash;ser&iacute;a &eacute;l seguramente
+ministro, y desde las alturas del banco azul, teniendo &eacute;l la sart&eacute;n por
+el mango, pod&iacute;a ya re&iacute;rse impunemente, as&iacute; de las burlas como de las
+amenazas de los masones.</p>
+
+<p>Aquella noche, mientras desvelado daba vueltas en el lecho sin poder
+desechar su inquietud, no obstante sus razonamientos, decidi&oacute;, sin
+embargo, no esperar esta vez para tomar un partido, al tercer acto de la
+est&uacute;pida comedia, a la llegada del tercer sellito...</p>
+
+<p>Ven&iacute;an dirigidas las cartas de Garibaldi a un H&ordm;. Neptuno, gran
+personaje en las logias, que, despojado del tridente, la corona de algas
+y los simb&oacute;licos tres puntos, quedaba reducido en la vida ordinaria a un
+don Francisco Javier P&eacute;rez Cueto, fabricante de almid&oacute;n en uno de los
+arrabales de la corte, entidad perfectamente desconocida para todo el
+mundo, tras de la cual, seg&uacute;n opini&oacute;n de algunos, ocult&aacute;base cierto
+personaje famoso que vivi&oacute; y muri&oacute; haciendo ruido.</p>
+
+<p>Jacobo no lo ignoraba y hab&iacute;a tenido ocasi&oacute;n de comprenderlo en sus
+tiempos de amistad &iacute;ntima con el conde de Reus. A este, pues, P&eacute;rez
+Cueto, escribi&oacute; Jacobo una carta en que con frases muy corteses, a la
+<span class='pagenum'><a name="Page_486" id="Page_486">[486]</a></span>vez que apremiantes, ped&iacute;ale una entrevista para tratar de un asunto de
+grande importancia; observaba en ella todo el ceremonial mas&oacute;nico y
+firmaba con su antiguo nombre de guerra, H&ordm;. Byron, basado en su
+prodigiosa semejanza con el lord poeta...</p>
+
+<p>Media hora larga deb&iacute;a de emplear Dami&aacute;n en ir y volver de casa de P&eacute;rez
+Cueto, y p&uacute;sose Jacobo mientras tanto a formar en un papelito con las
+cartas de Garibaldi delante, una especie de croquis de las mentiras y
+enredos con que hab&iacute;a de probar su inocencia al H&ordm;. Neptuno.</p>
+
+<p>Sorprendi&oacute;le la llegada de Dami&aacute;n en esta operaci&oacute;n todav&iacute;a, e
+interrog&oacute;le al punto con la vista: el se&ntilde;or P&eacute;rez Cueto estaba en casa,
+y la carta le hab&iacute;a sido entregada. Jacobo respir&oacute; desahogado, como si
+viera ya con esto finalizado el negocio, y no ocurri&eacute;ndosele otra cosa
+que hacer desde aquella hora hasta la del almuerzo, pareci&oacute;le lo mejor
+meterse de nuevo en la cama; decididamente era una aberraci&oacute;n
+incomprensible la de aquellas, gentes que se levantan antes de las doce
+del d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Si viene alguna carta&mdash;dijo a Dami&aacute;n&mdash;me despiertas en seguida... S&iacute;
+no, entra a las dos en punto...</p>
+
+<p>Y como ninguna carta vino, entr&oacute; Dami&aacute;n en la alcoba a las dos en punto,
+encontrando al se&ntilde;or marqu&eacute;s profundamente dormido. Levant&oacute;se este de
+muy mal humor, visti&oacute;se muy despacio con su elegancia acostumbrada,
+almorz&oacute; parcamente y sin apetito, y march&oacute;se luego al Veloz, dejando a
+Dami&aacute;n la orden de llevarle all&iacute; al momento cualquiera carta o recado
+que para &eacute;l llegase.</p>
+
+<p>En el Veloz disip&oacute;se de repente su humor negr&iacute;simo y comenz&oacute; a re&iacute;r y
+divertirse como un muchacho; Gorito Sardona y Paco V&eacute;lez, asomados a un
+<span class='pagenum'><a name="Page_487" id="Page_487">[487]</a></span>balc&oacute;n, tiraban a los transe&uacute;ntes un <i>saquillo</i>, y p&uacute;sose Jacobo a
+ayudarles; era el saquillo un lindo canastito, adornado con cintas y
+cascabeles, y atado con un cord&oacute;n de seda lo bastante corto para que no
+llegase a dar en los sombreros de los transe&uacute;ntes.</p>
+
+<p>Lanz&aacute;banlo con grande fuerza sobre las damas que pasaban, y asustadas
+ellas con el ruido, encog&iacute;anse prontamente, levantando la cabeza;
+entonces, si eran j&oacute;venes y bonitas, arroj&aacute;banles una lluvia de dulces y
+flores; si eran viejas o feas, sac&aacute;banles la lengua con la mayor
+insolencia.</p>
+
+<p>El juego, aunque poco digno de un futuro ministro, pareci&oacute;le a Jacobo
+muy divertido y mand&oacute; encargar al punto para el d&iacute;a siguiente, en la
+Mahonesa, un par de arrobas de confetti, especie de bombones rellenos de
+harina con que se apedrean las m&aacute;scaras en el <i>corso</i> de Roma.</p>
+
+<p>Al oscurecer, abandon&oacute; Jacobo el balc&oacute;n para dirigirse a casa de
+Currita, donde estaba citado con <i>el buey Apis</i> desde la v&iacute;spera; cierto
+senador famoso, disgustado recientemente con el Gobierno, hab&iacute;a
+solicitado de Mart&iacute;nez, por medio de la dama, una entrevista, y ella
+apresur&oacute;se a ofrecerles, como terreno neutral, su propia mesa; ambos
+deb&iacute;an, por lo tanto, comer aquella noche en casa de la Albornoz con
+este objeto, y Jacobo, el ni&ntilde;o mimado del nuevo partido, no pod&iacute;a faltar
+tampoco en aquella ocasi&oacute;n al lado de su jefe.</p>
+
+<p>El futuro ministro subi&oacute; por la calle de Alcal&aacute;, atraves&oacute; la Puerta del
+Sol y entr&oacute; por la calle del Carmen; frente a la iglesia de este nombre
+hab&iacute;a parada una grotesca estudiantina, vestida de amarillo y encarnado,
+tocando desentonadamente el vals de <i>La Gran Duquesa</i>.</p>
+
+<p>Un hombre muy alto, encaramado sobre unos zancos que le pon&iacute;an al nivel
+<span class='pagenum'><a name="Page_488" id="Page_488">[488]</a></span>de los segundos pisos, recog&iacute;a propinas de los balcones, tocando el
+clarinete y haciendo piruetas; la multitud re&iacute;a en torno, contemplando
+las contorsiones del volatinero, y algunos grotescos mascarones
+chapaleteaban sobre el fango, dando vueltas vertiginosas al comp&aacute;s del
+vals canallesco.</p>
+
+<p>Las sombras del crep&uacute;sculo prestaban un tinte oscuro y asqueroso a aquel
+cuadro de arrabal, en que parec&iacute;a revolcarse sobre el cieno de las
+calles el cieno de las almas.</p>
+
+<p>Jacobo procuraba abrirse paso a trav&eacute;s del gent&iacute;o, arrim&aacute;ndose a la
+escalerilla de la iglesia; mas det&uacute;vose de pronto sorprendido y ocult&oacute;se
+al punto como asustado, detr&aacute;s de unos mascarones, cubiertos con
+pingajientas colchas de zaraza atadas por la cabeza, que saltaban
+delante de &eacute;l medio borrachos.</p>
+
+<p>Al lado mismo de Jacobo, y en su direcci&oacute;n misma, marchaban dos hombres,
+al parecer extranjeros, agarrados del brazo para no separarse el uno del
+otro entre los remolinos de la gente. Llevaba el m&aacute;s viejo una bufanda
+encarnada que le cubr&iacute;a la camisa, un sombrero calabr&eacute;s algo mugriento y
+un arete de oro en la oreja izquierda; el m&aacute;s joven era bajo, rechoncho
+y sin pelo de barba en la rolliza cara.</p>
+
+<p>Qued&oacute;se atr&aacute;s Sabadell, mir&aacute;ndoles muy espantado, como si quisiera
+reconocerles...</p>
+
+<p>No hab&iacute;a duda: era el m&aacute;s viejo un italiano llamado Cassanello, que
+hab&iacute;a conocido &eacute;l en las logias de Mil&aacute;n y vuelto a ver aquel mismo a&ntilde;o
+en Caprera, en casa de Garibaldi.</p>
+
+<p>Los dos hombres se volvieron de repente por no poder atravesar el
+<span class='pagenum'><a name="Page_489" id="Page_489">[489]</a></span>gent&iacute;o, y asustado Jacobo cubri&oacute;se al punto el rostro con el pa&ntilde;uelo
+cual si se limpiase las narices, y subiendo muy de prisa la escalerilla
+del Carmen, entr&oacute;se en el templo...</p>
+
+<p>Al pronto no vio nada, sino una gran oscuridad cortada en el fondo por
+un foco de luz brillant&iacute;simo, en cuyo centro estaba expuesto en la
+custodia el Sant&iacute;simo Sacramento. Distingu&iacute;ase al pie del altar una gran
+masa negra, y sal&iacute;a de ella a intervalos un suave clamor, lento y
+pausado, que parec&iacute;a contestar a otra voz m&aacute;s en&eacute;rgica y acentuada:</p>
+
+<p>&mdash;Ora pro nobis!...</p>
+
+<p>Det&uacute;vose el fugitivo un momento, turbado, con cierto pavor respetuoso,
+semejante al del profano que se encontrara de repente en el fondo de las
+catacumbas, en medio de los divinos oficios; a lo lejos, o&iacute;anse en la
+calle el vals de <i>La Gran Duquesa</i> y los gritos de la canalla... Dio
+entonces dos pasos a tientas, extendiendo el brazo para salir por la
+puerta de enfrente a la calle de la Montera, y tropez&oacute; con un
+confesonario arrimado a la pared de la derecha; abri&oacute;se al punto la
+puertecilla baja de delante y apareci&oacute; una mano muy blanca pegada a una
+manga negra. Jacobo retrocedi&oacute; un paso sorprendido, y la puertecilla se
+volvi&oacute; a cerrar, y torn&oacute; a desaparecer la mano, oy&eacute;ndose una voz pausada
+que dec&iacute;a en el fondo de aquellas tinieblas:</p>
+
+<p>&mdash;Dispense usted... Cre&iacute; que ven&iacute;a a confesarse...</p>
+
+<p>Sublev&oacute;se el imp&iacute;o orgullo de Jacobo ante aquellas sencillas palabras y
+contest&oacute; brutalmente:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_490" id="Page_490">[490]</a></span></p><p>&mdash;Eso se queda para las viejas...</p>
+
+<p>La voz, sin perder su serena pausa, dijo entonces desde las tinieblas:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Vocavi et renuistis</i>...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Vocavi et renuistis</i>?&mdash;pregunt&oacute;se Jacobo sin comprender el
+significado de la terrible frase.</p>
+
+<p>Y abriendo violentamente la puerta una gran bocanada de aire ensordeci&oacute;
+sus o&iacute;dos con el vals de <i>La Gran Duquesa</i>, apagando por completo el
+dulce silbo del cielo, el piadoso clamor de la misericordia:</p>
+
+<p>&mdash;Ora pro nobis!...</p>
+
+<p>Por calles extraviadas y volviendo siempre la cara atr&aacute;s, cual si le
+persiguiesen, lleg&oacute; a casa de la Albornoz muy agitado. El encuentro de
+aquel hombre en aquellas circunstancias hab&iacute;ale inspirado un terror muy
+parecido al que sinti&oacute; meses antes, al ver vac&iacute;os en el &aacute;lbum del t&iacute;o
+Frasquito los huecos ocupados en otro tiempo por los tres sellos. &iquest;Qu&eacute;
+vendr&iacute;a a buscar aquel pajarraco en la corte? &iquest;Tendr&iacute;a que ver algo su
+venida con el asunto de los masones? &iquest;Habr&iacute;a acaso en todo aquello algo
+m&aacute;s que una est&uacute;pida broma?</p>
+
+<p>Encantadora estaba Currita aquella noche con sus rojos pelitos peinados
+a la griega y una extra&ntilde;a <i>toilette</i> un poco abigarrada, muy propia del
+caprichoso tiempo de carnestolendas. No hab&iacute;a ido por la tarde al paseo
+del Prado; incomod&aacute;bala mucho aquel eterno dar vueltas de los d&iacute;as de
+Carnaval, expuesta siempre a o&iacute;r las desverg&uuml;enzas que escupen la
+envidia y la insolencia tras el an&oacute;nimo de una careta... &iexcl;Cu&aacute;ntas hab&iacute;a
+escuchado ella antes de salir escarmentada! Qued&oacute;se, pues, en su casita,
+como mujer de provecho, cuidando de Fernandito, que andaba desmazalado,
+<span class='pagenum'><a name="Page_491" id="Page_491">[491]</a></span>y ya entrada la noche, lleg&oacute; primero el excelent&iacute;simo Mart&iacute;nez y a poco
+el senador del reino don Vicente Cascante.</p>
+
+<p>Jacobo no hab&iacute;a venido todav&iacute;a, y disgustada Currita por creer que toda
+palabra del <i>buey Apis</i> pronunciada a espaldas de aquel amigo querido
+era un fraude que a este se hac&iacute;a, sali&oacute; impaciente en su busca. Sol&iacute;a
+Jacobo algunas veces entrar en el <i>boudoir</i> o en las habitaciones de
+Fernandito como persona de la m&aacute;s familiar confianza, y no parecer en el
+sal&oacute;n hasta el momento mismo de la comida. Al atravesar una antesala,
+encontr&oacute;se Currita un lacayo, que le present&oacute; una carta en una bandeja
+de plata.</p>
+
+<p>&mdash;Para el se&ntilde;or marqu&eacute;s de Sabadell&mdash;dijo.</p>
+
+<p>Tom&oacute;la al punto Currita, con grande prisa, y mir&oacute; el sobre; era su letra
+una de esas letras inglesas de mujer, de rasgos firmes y corridos, y por
+debajo del nombre de Jacobo, dec&iacute;a: <i>Urgent&iacute;sima</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n ha tra&iacute;do esto?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Dami&aacute;n la ha tra&iacute;do... El se&ntilde;or marqu&eacute;s ha estado todo el d&iacute;a
+esperando esa carta, y dej&oacute; dicho que en cuanto viniera se la llevaran
+al Veloz... Dami&aacute;n fue all&iacute; y el se&ntilde;or marqu&eacute;s hab&iacute;a ya salido; tom&oacute;
+entonces un coche y la trajo aqu&iacute; corriendo.</p>
+
+<p>Currita qued&oacute;se un instante muy pensativa y dijo al cabo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el se&ntilde;or marqu&eacute;s no ha venido?</p>
+
+<p>&mdash;No ha venido todav&iacute;a.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_492" id="Page_492">[492]</a></span></p><p>&mdash;Est&aacute; bien; yo se la entregar&eacute; cuando venga.</p>
+
+<p>Y con la carta en la mano entr&oacute;se en el <i>boudoir</i>, arrugando el
+entrecejo, la boca fruncida y torvos los claros ojitos... A la luz de la
+gran l&aacute;mpara sostenida por el negro de &eacute;bano tom&oacute; a registrar la carta
+por todos lados; era el sobre de rico papel muy recio, no ten&iacute;a timbre,
+sello ni inicial alguna, y ven&iacute;a ligeramente pegado con la misma goma de
+los bordes.</p>
+
+<p>Currita introdujo un fino cuchillo de marfil por debajo, y el recio
+papel, sin doblarse ni romperse, se despeg&oacute; f&aacute;cilmente. Ven&iacute;a dentro una
+de esas tarjetas cuadradas en que suelen escribir sus esquelas las damas
+elegantes, cortada de intento la esquina superior izquierda, en que sin
+duda debi&oacute; de haber alg&uacute;n timbre o alg&uacute;n nombre. En breves renglones
+dec&iacute;a: &laquo;La cita que me pide me compromete mucho; pero cedo a los
+sentimientos que me inspira, y le espero esta noche, de doce a una, en
+la calle de X**, n&uacute;mero 4, principal, derecha. Silencio y discreci&oacute;n. No
+diga al portero mi nombre: pregunte por la se&ntilde;ora de Rosales.&mdash;N.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; delicia!&mdash;murmur&oacute; Currita; y mordi&eacute;ndose los labios hasta hacerse
+sangre, volvi&oacute; a leer por dos veces la carta, sent&aacute;ndose antes en una
+butaca.</p>
+
+<p>Qued&oacute;se luego, pensativa breve rato, sin que denunciase su alteraci&oacute;n
+m&aacute;s que un imperceptible temblorcito en la mano que sosten&iacute;a la carta,
+una ligera crispatura en los labios, un torvo reflejo en la vista, fija
+siempre en la alfombra. No era ya su mirada la de la ninfa Calipso,
+orgullosa, placentera, rebosando vanidad satisfecha y gratas
+satisfacciones; era la mirada celosa, furibunda y salvaje, de la Medea
+que describe S&eacute;neca, terrible e imponente en medio de su sombr&iacute;a calma.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_493" id="Page_493">[493]</a></span></p><p>Sin perder un punto de la suya, escribi&oacute; Currita en un plieguecillo de
+papel timbrado las se&ntilde;as que ven&iacute;an en la carta; volvi&oacute; a leerla por
+cuarta vez y la meti&oacute; de nuevo en el sobre, tornando a pegar este con
+una poca de goma. Mant&uacute;vola un momento al calor de la chimenea, para dar
+tiempo a que se secase por completo, y arrej&oacute;la luego sobre su lindo
+escritorio. Entonces llam&oacute; a Kate.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El se&ntilde;or marqu&eacute;s de Sabadell ha venido?</p>
+
+<p>&mdash;Ahora mismo acaba de entrar y est&aacute; en el sal&oacute;n de los se&ntilde;ores.</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute; encima debe haber una carta... Que se la entreguen en seguida.</p>
+
+<p>Tom&oacute;la Kate de sobre la mesa y se dirigi&oacute; a la puerta; mas la se&ntilde;ora,
+siempre taimada y astuta, y sin dejar ver a nadie el juego de sus
+cartas, dijole con voz muy displicente y quejumbrosa:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, hija, prep&aacute;rame antes una dosis de antipirina... &iexcl;Me est&aacute;
+barruntando una jaqueca!</p>
+
+<p>Volvi&oacute; Kate a poco, revolviendo en una copa, con preciosa cucharilla, la
+medicina pedida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Han entregado la carta?&mdash;pregunt&oacute; Currita.</p>
+
+<p>&mdash;Como dijo la se&ntilde;ora condesa que trajesen antes la antipirina...</p>
+
+<p>&mdash;Pues anda, mujer... &iexcl;Si dice en el sobre urgente!...</p>
+
+<p>No bien sali&oacute; Kate, arroj&oacute; Currita en la chimenea la medicina y
+<span class='pagenum'><a name="Page_494" id="Page_494">[494]</a></span>dirigi&oacute;se muy de prisa al sal&oacute;n azul, donde acababa de entrar Jacobo.
+Quer&iacute;a ver ella de cerca la impresi&oacute;n que causaba a este la lectura de
+la carta; un momento despu&eacute;s present&aacute;basela un criado en una bandeja de
+plata.</p>
+
+<p>Abalanz&oacute;se a ella Jacobo con grandes ansias, y sin mirar apenas el
+sobre, rasg&oacute;lo en dos pedazos... Currita le devoraba con la vista, mas
+no pudo notar en su rostro se&ntilde;al de gozo ni satisfacci&oacute;n alguna; observ&oacute;
+tan s&oacute;lo una gran ansiedad mientras le&iacute;a, y luego una honda preocupaci&oacute;n
+que le dur&oacute; toda la comida. A veces, charlaba largo rato, sin cesar un
+punto, con cierta excitaci&oacute;n nerviosa que prestaba brillantez a su
+conversaci&oacute;n y alarmaba a Currita; otras, enmudec&iacute;a de repente y
+qued&aacute;base pensativo y preocupado, sin prestar apenas atenci&oacute;n a lo que
+en torno de &eacute;l se hablaba.</p>
+
+<p>Hall&aacute;base muy perplejo; hab&iacute;a comprendido desde luego que aquella
+extra&ntilde;a carta era la respuesta del H&ordm;. Neptuno, porque a nadie sino a
+este hab&iacute;a pedido &eacute;l cita alguna; mas extra&ntilde;&aacute;bale, por lo mismo, la
+singular manera de su redacci&oacute;n y el empe&ntilde;o manifiesto que en ella se
+notaba de encubrir todo lo que pudiera denunciar su car&aacute;cter mas&oacute;nico y
+hacerla tan s&oacute;lo como una cita galante y misteriosa, seg&uacute;n la hab&iacute;a
+juzgado ya, enga&ntilde;&aacute;ndose por completo, la misma Currita.</p>
+
+<p>Despert&oacute;le esto la fundada sospecha de si la carta ocultar&iacute;a alg&uacute;n lazo,
+y de nuevo renacieron sus temores; mas record&oacute; luego las mojigangas
+rid&iacute;culas y los aparatosos misterios de que suelen rodearse siempre los
+masones, y esforz&oacute;se por creer lo que m&aacute;s halagaba sus deseos y
+ahuyentaba sus recelos: que en todo aquello hab&iacute;a tan s&oacute;lo una broma
+impertinente y rid&iacute;cula que hab&iacute;a que apurar hasta el cabo, y que la
+carta de P&eacute;rez Cueto era el chasco de Carnaval que deb&iacute;a coronarla. De
+repente, en uno de aquellos momentos de preocupaci&oacute;n que la lucha de
+<span class='pagenum'><a name="Page_495" id="Page_495">[495]</a></span>estas ideas le causaba, dijo a don Casimiro Pantojas, que se hallaba a
+su lado:</p>
+
+<p>&mdash;Diga usted, Pantojas... &iquest;Qu&eacute; significa <i>vocavi et renuistis</i>?...</p>
+
+<p>Mir&oacute;le el bueno de don Casimiro muy asombrado, y satisfecho de poder
+lucir su erudici&oacute;n, contest&oacute;le al punto:</p>
+
+<p>&mdash;Significa literalmente <i>te llam&eacute; y me rechazaste</i>... y son las
+palabras de Isa&iacute;as, si mal no recuerdo, que dirige el Se&ntilde;or a los
+pecadores empedernidos que resisten a su misericordia.</p>
+
+<p>Ech&oacute;se Jacobo a re&iacute;r, y Currita le pregunt&oacute; con malicia:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Piensas hacer en el Senado alguna homil&iacute;a sobre ese texto?</p>
+
+<p>&mdash;No pienso yo hacerla, sino que me la han hecho a m&iacute; esta
+tarde&mdash;contest&oacute; Jacobo.</p>
+
+<p>Y a&ntilde;adi&eacute;ndole rid&iacute;culos pormenores, cont&oacute; la escena del confesonario en
+la iglesia del Carmen, guard&aacute;ndose muy bien de decir el verdadero motivo
+de su entrada en el templo: seg&uacute;n &eacute;l, hab&iacute;ale sido imposible el tr&aacute;nsito
+por la calle del Carmen, y atraves&oacute; por la iglesia para salir a la de la
+Montera. Ri&eacute;ronse todos mucho de la ocurrencia del cura, y el se&ntilde;or don
+Vicente Cascante, senador del reino, dijo con prosopopeya e hinchaz&oacute;n
+sentenciosa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero noten ustedes c&oacute;mo en medio de lo rid&iacute;culo del caso resalta
+siempre la soberbia y la insolencia del clero... &iexcl;Siempre disponiendo de
+los rayos celestes, como si Dios les hubiera dado a ellos la llave!...
+Eso es insufrible, y cien veces lo he dicho y lo repetir&eacute; otras ciento:
+<span class='pagenum'><a name="Page_496" id="Page_496">[496]</a></span>la dureza y la intransigencia del clero es lo que est&aacute; carcomiendo la
+Iglesia de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>Y el se&ntilde;or don Vicente Cascante, senador del reino, para enardecer el
+celo de la casa de Dios, que se lo com&iacute;a, comi&oacute;se &eacute;l una pechugita de
+perdiz con gesto de pesar profundo.</p>
+
+<p>A las once de la noche, el palacio de Villamel&oacute;n parec&iacute;a, por extra&ntilde;o
+caso, la morada de la quietud y del silencio: la se&ntilde;ora condesa se hab&iacute;a
+retirado muy temprano a sus habitaciones, a causa de una fuerte jaqueca
+que le molestaba desde la tarde; el se&ntilde;or marqu&eacute;s hab&iacute;ase acostado
+tambi&eacute;n, aquejado de fuertes mareos, y la numerosa servidumbre, libre de
+toda traba y segura de no ser echada de menos, hab&iacute;ase esparcido ac&aacute; y
+all&aacute;, por los numerosos centros de diversi&oacute;n que ofrecen en Madrid las
+noches de Carnaval a las gentes de todas raleas.</p>
+
+<p>No dorm&iacute;a, sin embargo, todo el mundo en la casa; a las once y media
+abri&oacute;se con gran sigilo la puertecilla del jard&iacute;n pegada por dentro al
+invernadero, y sali&oacute; a la calle cautelosamente un bulto negro, que cerr&oacute;
+por fuera y se alej&oacute; r&aacute;pidamente, guard&aacute;ndose la llave.</p>
+
+<p>Era una mujer enmascarada, que, a pesar de sus altos tacones y de la
+especie de gran flor&oacute;n de anchas cintas negras que llevaba en lo alto de
+la cabeza para aumentar su estatura, aparec&iacute;a muy peque&ntilde;a: llevaba sobre
+un vestido corto de seda negra un amplio domin&oacute; de igual color, y
+abrig&aacute;base el cuello, espaldas y brazos, con una rica talma de pieles
+grises.</p>
+
+<p>La inc&oacute;gnita cruz&oacute; r&aacute;pidamente varias callejas sin muestras de miedo
+alguno y entr&oacute; por la calle Ancha de San Bernardo en la plazuela de
+Santo Domingo. Det&uacute;vose un momento en la esquina y mir&oacute; a todas partes;
+<span class='pagenum'><a name="Page_497" id="Page_497">[497]</a></span>la concurrencia era all&iacute; todav&iacute;a numerosa de m&aacute;scaras que se dirig&iacute;an a
+los bailes, transe&uacute;ntes que iban de un lado a otro y carruajes que
+cruzaban. Hacia la calle de Tudescos hab&iacute;a tres simones parados,
+dormitando sus cocheros en los pescantes: dirigi&oacute;se la inc&oacute;gnita al de
+enmedio, abri&oacute; ella misma la portezuela y mand&oacute; al cochero, que
+despertaba sobresaltado, parar en el paseo de Recoletos, a la entrada de
+la calle de X**: era esta calle una de las varias que van a parar
+perpendicularmente en la de Serrano.</p>
+
+<p>Ape&oacute;se la inc&oacute;gnita en el sitio indicado, y ordenando esta vez al
+cochero que aguardase, entr&oacute; por la calle X**, mirando a una y otra
+acera, como si inspeccionase el terreno. Es esta calle muy corta, y
+form&aacute;banla en aquel tiempo, por la acera de la izquierda, la gran verja
+del jard&iacute;n que rodea a un hotel de Recoletos, un solar lleno de
+escombros y la esquina de una casa de la calle de Serrano, en la cual se
+abr&iacute;a una puertecilla, al parecer condenada; a la derecha, extend&iacute;ase
+primero la fachada lateral de cierto edificio p&uacute;blico; segu&iacute;a luego un
+hotel suntuoso, y terminaba la acera con otro solar en construcci&oacute;n y la
+esquina de otra casa de la calle de Serrano, en que no hab&iacute;a puerta
+ninguna.</p>
+
+<p>La inc&oacute;gnita, en que el lector habr&aacute; ya reconocido sin duda a la
+intr&eacute;pida Currita, pareci&oacute; muy perpleja: indudable era que en la calle
+X** no exist&iacute;a el n&uacute;mero 4, puesto que no hab&iacute;a otra casa que el
+suntuoso hotel, y en este viv&iacute;a precisamente&mdash;&iexcl;qu&eacute; coincidencia!&mdash;, la
+Mazac&aacute;n en persona...</p>
+
+<p>&iquest;Vendr&iacute;a quiz&aacute; equivocado el n&uacute;mero de la casa y ser&iacute;a aquella buena
+alhaja la autora de la carta?... Pareci&oacute;le esto a Currita improbable, y
+un hecho positivo la sac&oacute; de dudas: abri&oacute;se de repente la gran mampara
+<span class='pagenum'><a name="Page_498" id="Page_498">[498]</a></span>de cristales que cerraba en el hotel el fondo del vest&iacute;bulo y apareci&oacute;
+un coche que vino a detenerse al pie de la escalera; ni el cochero ni el
+lacayo tra&iacute;an librea, ni ve&iacute;anse tampoco en el coche armas, iniciales o
+corona; al ejercitado olfato de Currita oli&oacute;le todo aquello, desde
+luego, a principios de aventura.</p>
+
+<p>Bajaron a poco dos damas, vestidas de chulas, con riqu&iacute;simos mantones de
+Manila, pa&ntilde;uelos de seda en la cabeza y antifaces de terciopelo color de
+rosa; en la estrepitosa carcajada que solt&oacute; una al entrar en el coche
+reconoci&oacute; Currita a Leopoldina Pastor, y en su alta estatura y el aire
+de due&ntilde;a con que dio al lacayo la orden, adivin&oacute; al punto en la otra a
+su mortal enemiga, la Mazac&aacute;n misma. Arranc&oacute; el coche y Currita respir&oacute;
+desahogada: indudable era que las dos amigas se marchaban al Real a
+correr alguna <i>juerga</i>...</p>
+
+<p>Volvi&oacute;se entonces la dama a su coche, decidida a esperar all&iacute;
+pacientemente, y recat&aacute;ndose lo posible, acomod&oacute;se lo mejor que pudo en
+el fondo, sin dejar de mirar por la ventanilla a lo largo de la calle.
+Extend&iacute;ase esta frente a ella, solitaria por completo, subiendo en suave
+declive hasta la de Serrano, y ve&iacute;anse cruzar a trav&eacute;s, con cierto
+aspecto fant&aacute;stico, como por el cristal de una linterna m&aacute;gica,
+transe&uacute;ntes que el fr&iacute;o hac&iacute;a marchar apresurados, coches que llevaban
+m&aacute;scaras a los bailes, y de cuando en cuando, los tranv&iacute;as que sub&iacute;an y
+bajaban con sordo ruido, pareciendo a lo lejos monstruosos faroles
+ambulantes. S&oacute;lo dos reverberos de gas alumbraban la calle; el portero
+del hotel hab&iacute;a entornado la puerta, y el cuarto menguante de la luna
+derramaba su suave claridad, permitiendo distinguir claramente los
+objetos.</p>
+
+<p>Un reloj lejano dio las doce y cuarto, y a poco baj&oacute; pausadamente de la
+calle de Serrano un hombre muy alto, con gran levit&oacute;n y sombrero de
+<span class='pagenum'><a name="Page_499" id="Page_499">[499]</a></span>copa, trayendo ambas manos cruzadas a la espalda; parec&iacute;a un loco
+desocupado que fuera a tomar el fresco de la medianoche en Recoletos, o
+un genio que meditara una obra maestra, o un desesperado que fuera a
+escoger el &aacute;rbol m&aacute;s a prop&oacute;sito para ahorcarse a la luz de la luna, o
+el lugar m&aacute;s solitario para descerrajarse un tiro en mitad del pecho.</p>
+
+<p>Currita le mir&oacute; con ese sentimiento de terror que inspira a las altas
+horas de la noche todo lo que suponemos extra&ntilde;o o misterioso, y
+escondi&oacute;se m&aacute;s en el fondo del coche. En la esquina misma de Recoletos
+cruz&oacute;se el hombre del levit&oacute;n con otro que ven&iacute;a apresuradamente de
+aquel mismo sitio; asom&oacute;se Currita al vidrio trasero y el coraz&oacute;n le
+lati&oacute; con fuerza...</p>
+
+<p>Era Jacobo, gallardamente embozado en una capa andaluza con vueltas
+rojas, y cubierta la cabeza con un sombrero hongo de color claro; torci&oacute;
+la esquina sin fijarse en el coche y comenz&oacute; a subir por la calle ya m&aacute;s
+despacio, examinando las casas atentamente. La misma perplejidad que
+asalt&oacute; a Currita asalt&oacute;le a &eacute;l tambi&eacute;n al notar que faltaba el n&uacute;mero 4;
+la dama, ahog&aacute;ndose de ira, ve&iacute;ale marchar con la mano puesta en la
+llave de la portezuela, como si acechase el instante de salirle al
+encuentro.</p>
+
+<p>Jacobo, cansado al fin de dar vueltas, acabando de creer que el asunto
+todo de los masones era una farsa y la carta de P&eacute;rez Cueto un chasco de
+Carnaval que deb&iacute;a completarla, decidi&oacute;se a llamar como &uacute;ltima prueba a
+la puertecilla condenada, &uacute;nica que, fuera aparte de la del hotel, hab&iacute;a
+en la calle; los golpes retumbaron en el silencio, y un eco muy extra&ntilde;o,
+que asust&oacute; a Currita, los reprodujo a lo lejos.</p>
+
+<p>Nadie contestaba, e impaciente Jacobo llam&oacute; hasta tres veces, cada vez
+con m&aacute;s fuerza; dio entonces una gran patada en el suelo y, siguiendo
+adelante, dobl&oacute; la esquina de la calle de Serrano.</p>
+
+<p>Este fue el momento escogido por Currita para lanzarse del coche y
+correr tras de Jacobo, temerosa de que la puerta de la casa estuviese
+por el otro lado y se le escapara dentro. Jacobo, sin embargo, no hab&iacute;a
+pensado en esto, o no hab&iacute;a podido lograrlo. Encontr&oacute;le Currita parado
+en la acera, examinando atentamente la fachada de la casa; era esta de
+modesta apariencia y estaba ya la puerta cerrada; en la planta baja
+hall&aacute;banse establecidas las oficinas de una agencia funeraria.</p>
+
+<p>Encontr&aacute;ronse los dos amigos frente a frente, y no obstante el disfraz
+de la dama, reconoci&oacute;la al punto Jacobo; con m&aacute;s sorpresa que disgusto,
+sali&oacute; entonces a su encuentro:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Criatura!... &iquest;Qu&eacute; haces aqu&iacute;? &iquest;A qu&eacute; has venido?...</p>
+
+<p>Ella, agitada por mil sentimientos encontrados, entre los que sobresal&iacute;a
+la ira, contest&oacute; con amarga burla:</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada... Ven&iacute;a a indicarte d&oacute;nde est&aacute; el n&uacute;mero 4.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qui&eacute;n te ha dicho eso?&mdash;exclam&oacute; el otro asombrado&mdash;. Vamos, t&uacute;
+has cre&iacute;do otra cosa...</p>
+
+<p>Y cogi&eacute;ndola del brazo dobl&oacute; con ella de nuevo la esquina de la calle de
+Serrano; entonces, ciega de ira la dama, parada en la acera, cual si la
+rabia la hubiese all&iacute; enclavado, comenz&oacute; a arrojar por la boca todos los
+sentimientos de su coraz&oacute;n mezclados y confundidos, pero bajo la forma
+siempre del insulto, a la manera que lanza un volc&aacute;n todas las materias
+contenidas en su seno, formando un solo cuerpo, un solo torrente de lava
+que tala y destruye por dondequiera que pasa... Esforz&aacute;base en vano
+<span class='pagenum'><a name="Page_501" id="Page_501">[501]</a></span>Jacobo por probarle su inocencia; ella no le dejaba hablar, y con sus
+flacas manecitas hab&iacute;ale deshecho el embozo, levantando hasta el rostro
+de &eacute;l las u&ntilde;as, como si quisiera arrancarle los ojos.</p>
+
+<p>Jacobo, irritado tambi&eacute;n por la burla de P&eacute;rez Cueto, acosado por los
+reproches de Currita y temeroso de perder la amistad, para &eacute;l
+indispensable, de esta, viose al fin forzado a confesarle toda la
+verdad, con el fin de aplacarla...</p>
+
+<p>Consigui&oacute;lo al punto; al o&iacute;r la dama el nombre de masones, apag&oacute;se en el
+acto su ira y llen&oacute;se en cambio de un espanto casi pueril, extra&ntilde;o en un
+car&aacute;cter de tan en&eacute;rgico temple.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;V&aacute;monos, v&aacute;monos!&mdash;dec&iacute;a&mdash;. Por Dios te lo pido, Jacobo; no te quedes
+aqu&iacute;. &iexcl;V&aacute;monos!</p>
+
+<p>Y con acento de verdadero terror, mirando a todas partes espantada,
+repet&iacute;a muy bajo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Excomulgados! &iquest;Sabes? &iexcl;Est&aacute;n excomulgados!...</p>
+
+<p>Jacobo, creyendo con raz&oacute;n que el terror es contagioso, porque sent&iacute;a &eacute;l
+comunic&aacute;rsele el que a la dama le agitaba, procur&oacute;, sin embargo,
+sosegarla.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no seas tonta, mujer, no seas chiquilla... V&aacute;monos si quieres,
+pero sosi&eacute;gate. &iquest;No estoy yo contigo?... &iquest;Has venido sola?...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero a pie?... &iexcl;Qu&eacute; locura!</p>
+
+<p>&mdash;No..., tengo ah&iacute; un sim&oacute;n...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_502" id="Page_502">[502]</a></span></p><p>&mdash;Pues te acompa&ntilde;ar&eacute; en &eacute;l a tu casa, y me llevar&aacute; despu&eacute;s a la m&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Traes armas?&mdash;dijo ella muy bajo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, un rev&oacute;lver.</p>
+
+<p>Siguieron ambos hacia Recoletos, mirando ella a todas partes muy
+azorada, procurando &eacute;l rechazar con la idea de que era un chasco de
+Carnaval la carta de P&eacute;rez Cueto la inquietud que a pesar suyo le
+causaba el extra&ntilde;o terror de Currita.</p>
+
+<p>Al volver la esquina, mir&aacute;ronse ambos en silencio, cual si el exceso de
+su espanto les paralizara las lenguas... El coche hab&iacute;a desaparecido, y
+ni por una ni por otra parte del paseo se divisaba a lo lejos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Le hab&iacute;as ya pagado?&mdash;pregunt&oacute; Jacobo estupefacto.</p>
+
+<p>Y ella, peg&aacute;ndose a &eacute;l con el temblor de un calenturiento, contest&oacute;le
+muy bajo:</p>
+
+<p>&mdash;No..., no le hab&iacute;a pagado.</p>
+
+<p>El caso era extra&ntilde;o, y Jacobo sinti&oacute; renacer con mayor fuerza todas sus
+inquietudes; imposible era que el cochero se hubiese marchado sin
+cobrar, si alguien no le hubiera obligado o persuadido a marcharse; tuvo
+entonces un momento de angustiosa perplejidad, de verdadero miedo, que
+pas&oacute; por su &aacute;nimo naturalmente valiente, estremeci&eacute;ndolo como a un
+cuerpo robusto un soplo helado.</p>
+
+<p>&mdash;V&aacute;monos andando&mdash;dijo.</p>
+
+<p>Y ambos echaron a andar agarrados del brazo, sin pronunciar una palabra,
+atravesando diagonalmente el paseo para ganar la acera opuesta, por
+parecerles quiz&aacute; menos solitaria. Currita marchaba muy de prisa, sin
+<span class='pagenum'><a name="Page_503" id="Page_503">[503]</a></span>mirar a ning&uacute;n lado, fijos siempre los ojos en las luces de los
+faroles, que le parec&iacute;an la salvaci&oacute;n y la vida, sintiendo a la vez
+deseos y terror insuperables de volver atr&aacute;s la cara. Al poner el pie en
+la acera, respir&oacute; Currita algo m&aacute;s desahogada y atrevi&oacute;se a mirar a un
+lado y otro; todo parec&iacute;a solitario, y tan s&oacute;lo por la calle del
+Almirante vio a un hombre que marchaba a lo lejos, con las manos en los
+bolsillos, silbando la marcha de Pan y Toros. Al pasar por San Pascual
+santigu&oacute;se Currita muy de prisa, y Jacobo, oprimi&eacute;ndola el brazo
+cari&ntilde;osamente, dijo en son de burla:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tonta!...</p>
+
+<p>Llegaban al ministerio de la Guerra, y all&iacute; Currita se tranquiliz&oacute; m&aacute;s
+todav&iacute;a, porque comenzaba a poblarse aquella soledad que la aterraba. Un
+coche sub&iacute;a por la calle de Alcal&aacute; y entraba por el paseo del Prado; en
+el jard&iacute;n del ministerio brillaba el fusil de un centinela, y algunas
+voces de hombres que ven&iacute;an cantando escuch&aacute;banse muy de cerca, por el
+lado de all&aacute; de la verja.</p>
+
+<p>Forma la esquina del ministerio un pabell&oacute;n aislado, de un solo piso,
+con cuatro fachadas y tres ventanas en cada una. Dos hombres
+decentemente vestidos, pero dando gritos y risotadas de borrachos,
+volvieron la esquina del pabell&oacute;n y emparejaron con Currita y con Jacobo
+ante la tercera ventana; el m&aacute;s alto peg&oacute;se a la acera, y el m&aacute;s bajo
+llam&oacute;se a la corriente, dej&aacute;ndoles pasar por en medio... Hubo entonces
+una terrible escena de un segundo: Currita sinti&oacute; que un brutal empell&oacute;n
+le arrancaba violentamente del lado de Jacobo; que otra mano vigorosa
+tiraba del embozo de este, que ca&iacute;a al suelo al pie de la ventana, y
+algo l&iacute;quido y caliente brotaba como de un surtidor, chorre&aacute;ndole las
+ropas y las manos. El terror diole alas para huir por la calle de
+Alcal&aacute;, sin una idea en la mente para definir lo que pasaba, sin un
+acento en la garganta para lanzar un grito... Uno, lastimero y
+agonizante, lleg&oacute; a sus o&iacute;dos, y otra voz vigorosa y angustiada hendi&oacute;
+siniestramente los aires en el silencio de la noche:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_504" id="Page_504">[504]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Cabo de guardia!... &iexcl;Un hombre muerto!...</p>
+
+<p>Son&oacute; luego por tres veces la voz de &iexcl;alto!, y de seguida, uno tras de
+otro, como dos gritos de protesta y de amenaza, se oyeron dos tiros.</p>
+
+<p>Currita, desfallecida y sin alientos, se agarraba ya a la verja de la
+iglesia de San Jos&eacute;; pens&oacute; volver atr&aacute;s, pens&oacute; seguir corriendo, pens&oacute;
+gritar pidiendo socorro, pens&oacute; morirse all&iacute; mismo... Oy&oacute; entonces los
+pitos de los serenos, sinti&oacute; abrirse algunas ventanas, vio correr por la
+acera de enfrente un hombre encapuchado, con el chuzo en ristre y el
+farol en lo alto.</p>
+
+<p>El instinto, m&aacute;s bien que la reflexi&oacute;n, h&iacute;zole comprender entonces el
+riesgo que corr&iacute;a ella misma y huy&oacute; de nuevo por la calle del Caballero
+de Gracia, sin detenerse un momento, sin resollar siquiera, sin ver nada
+ni o&iacute;r nada, ni pensar nada tampoco, hasta que, jadeante y sin saber
+c&oacute;mo, se encontr&oacute; en su <i>boudoir</i>, r&iacute;gidos los miembros, hura&ntilde;a la
+vista, fuera de las &oacute;rbitas los ojos, teniendo delante el negro de
+&eacute;bano, que levantaba en lo alto la l&aacute;mpara encendida como para alumbrar
+en su entendimiento el horrible cuadro y que le mostraba con temerosa
+inmovilidad los blancos dientes en su sonrisa siniestra, eterna como la
+mueca del condenado.</p>
+
+<p>A la luz de aquella l&aacute;mpara mir&oacute;se las manos, que sent&iacute;a h&uacute;medas y
+pegajosas, y vi&oacute;selas te&ntilde;idas de sangre... Un horror inmenso invadi&oacute;
+entonces su cuerpo y aneg&oacute; su alma, y una idea taladr&oacute; al fin su mente,
+como un clavo ardiendo al empuje de un mazo: la de su hija Lil&iacute;,
+arrodillada en el estudio, mostr&aacute;ndole sus manitas manchadas tambi&eacute;n con
+la sangre de su hermano, repitiendo con la opaca vibraci&oacute;n de un terror
+sin medida:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sangre!... Mam&aacute;... &iexcl;Sangre!...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_505" id="Page_505">[505]</a></span></p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIIdmdash" id="VIIdmdash"></a><a href="#toc">&mdash;VII&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Una hora larga tard&oacute; la justicia en acudir para reconocer y levantar el
+cad&aacute;ver; hall&aacute;base este atravesado en la acera, tendido sobre el lado
+derecho, descansando la cabeza contra el z&oacute;calo del pabell&oacute;n del
+ministerio de la Guerra, debajo de la segunda ventana. Ten&iacute;a en la sien
+derecha una fuerte contusi&oacute;n, producida sin duda por el golpe dado al
+caer, y en el lado izquierdo del cuello una tremenda pu&ntilde;alada que le
+divid&iacute;a por la mitad la arteria car&oacute;tida. Un gran torrente de sangre,
+que de all&iacute; hab&iacute;a brotado empapaba su ropa y humedec&iacute;a la tierra. En la
+esquina misma de Recoletos y la calle de Alcal&aacute; ve&iacute;ase sobre la acera
+una rica talma de pieles de castor, manchada tambi&eacute;n de sangre; hasta
+que lleg&oacute; el juez nadie se atrevi&oacute; a tocarla.</p>
+
+<p>Pronto qued&oacute; identificado el cad&aacute;ver: encontr&aacute;ronle en el bolsillo la
+esquela recibida aquella misma tarde, dando la falsa cita, las dos
+cartas de Garibaldi al H&ordm;. Neptuno y varias tarjetas en que constaba el
+nombre del marqu&eacute;s de Sabadell. Era este nombre harto conocido, y al
+horror natural que inspira todo crimen uni&oacute;se entonces en los presentes
+ese espanto mezclado de sorpresa con que ve el vulgo derrumbarse una
+fortuna en el abismo de una desgracia, caer a un poderoso desde los
+almohadones de su coche sobre la mesa destinada en un hospital a hacer a
+los cad&aacute;veres la autopsia. La noticia corri&oacute; de un extremo a otro de la
+corte, sin hacer derramar una l&aacute;grima, pero despertando por todas partes
+la admiraci&oacute;n, el espanto y, sobre todo, la curiosidad; la curiosidad
+ansiosa y hasta, por decirlo as&iacute;, rabiosa de conocer los pormenores de
+aquel drama misterioso, m&aacute;s interesante que los l&uacute;gubres episodios de
+Ana Radcliffe y las dram&aacute;ticas aventuras de Clara Harlowe. Varios socios
+del Veloz corrieron al hospital a ver el cad&aacute;ver, y en la esquina del
+ministerio de la Guerra viose todo el d&iacute;a un gran cerco de gente
+contemplando con cierta curiosidad pavorosa el pie de aquella ventana en
+que parec&iacute;a vagar a&uacute;n la sombra siniestra del crimen. Por la tarde,
+<span class='pagenum'><a name="Page_506" id="Page_506">[506]</a></span>cuando la mayor afluencia de m&aacute;scaras y de gente acud&iacute;a al Prado y a
+Recoletos, nadie osaba pisar aquel sitio regado de sangre, y llam&aacute;banse
+todos a la acera opuesta, lanzando a la segunda ventana una mirada larga
+y medrosa.</p>
+
+<p>Los peri&oacute;dicos publicaron extensos suplementos que se vend&iacute;an a gritos
+por las calles, y entonces comenzaron a conocerse y comentarse algunos
+pormenores del crimen. Constaba entre ellos la declaraci&oacute;n del centinela
+del ministerio de la Guerra; seg&uacute;n este, vio pasar a la una de la
+madrugada, a trav&eacute;s de la verja de Recoletos, a un hombre y una mujer
+que ven&iacute;an muy de prisa de la Castellana. Marchaban agarrados del brazo,
+embozado &eacute;l en una capa andaluza con vueltas rojas, cubierta ella el
+rostro con un antifaz negro y envuelta en un abrigo de pieles grises;
+vio tambi&eacute;n al mismo tiempo, a trav&eacute;s de la verja de la calle Alcal&aacute;,
+venir por aquel lado dos hombres gritando y cantando, cual si estuviesen
+borrachos; cruz&aacute;ronse ambas parejas delante del pabell&oacute;n, por la fachada
+que da a Recoletos, y all&iacute; los perdi&oacute; el centinela de vista; mas oy&oacute; a
+poco en el silencio de la noche el rumor de un cuerpo que cae a tierra y
+uno de esos gritos de agon&iacute;a que jam&aacute;s se olvidan ni se confunden; vio
+huir desesperadamente por la calle de Alcal&aacute; a la mujer enmascarada y
+vio correr a los dos hombres, borrachos antes y bien firmes entonces,
+uno hacia la Castellana y otro hacia la Plaza de Toros. Tropez&oacute; este
+&uacute;ltimo en la fuente de la Cibeles y oy&oacute;se el ruido del agua cual si
+hubiese ca&iacute;do dentro; levant&oacute;se, sin embargo, al punto, y su veloz
+carrera p&uacute;sole bien pronto al abrigo de las tinieblas. El centinela,
+imposibilitado por la consigna y por la verja para abandonar el puesto,
+abalanz&oacute;se a los hierros de esta y vio al hombre de la capa tendido en
+la acera; grit&oacute; entonces al cabo de guardia, dio a los fugitivos por
+tres veces la voz de &iexcl;alto!, y con el fin de despertar la alarma,
+dispar&oacute; el fusil por dos veces. Llegaron a poco tres serenos y un
+oficial y dos soldados del ministerio, y por la puertecilla pegada al
+pabell&oacute;n salieron a la calle: el hombre de la capa estaba ya muerto.</p>
+
+<p>Desprend&iacute;ase de todo esto que hab&iacute;a una <i>ella</i> de por medio, y la
+<span class='pagenum'><a name="Page_507" id="Page_507">[507]</a></span>curiosidad, excitada hasta la rabia, sobre todo en los altos c&iacute;rculos,
+ven&iacute;a a estrellarse contra el secreto de la sumaria. S&uacute;pose que en la
+ma&ntilde;ana siguiente a la noche del crimen fue preso Dami&aacute;n, el ayuda de
+c&aacute;mara de la v&iacute;ctima, y llamado a declarar aquella misma tarde un don
+Francisco Javier P&eacute;rez Cueto, fabricante de almid&oacute;n en uno de los
+arrabales de la corte... Desde entonces, ning&uacute;n signo exterior dio a
+conocer que las investigaciones judiciales adelantasen un solo paso, y
+comenz&oacute;se a murmurar, con cierta estupefacci&oacute;n temerosa, que andaba en
+todo aquello la mano de los masones; que los asesinos de Sabadell
+quedar&iacute;an desconocidos e impunes como los de su amigo el general Prim, y
+que el crimen de Recoletos ser&iacute;a siempre un arcano misterioso, como lo
+fue el de la calle del Turco. Mas de repente, cuando esta voz tomaba
+cuerpo y comenzaba a excitar en los &aacute;nimos el terror que infunde todo
+poder oculto y la indignaci&oacute;n que inspira toda cobarde a&ntilde;azaga,
+levant&oacute;se otra voz contraria, que nadie supo nunca de d&oacute;nde sal&iacute;a ni
+qui&eacute;n la atizaba, y que se extendi&oacute;, sin embargo, por todas partes, con
+grandes visos de certeza, a la manera que esparce un pozo subterr&aacute;neo
+por todos lados sus h&uacute;medas filtraciones... D&iacute;jose que en el fondo de
+todo aquello hab&iacute;a tan s&oacute;lo una intriga galante, que exist&iacute;a en el
+Juzgado un billetito concediendo una cita y que obraba tambi&eacute;n en poder
+del juez una prenda acusadora, perteneciente a la <i>promovedora del
+crimen</i>: una talma de pieles de castor, marcada por la parte de dentro
+con una etiqueta negra, en que con letras rojas dec&iacute;a: Worth.&mdash;Rue de la
+Paix. <i>Par&iacute;s</i>.</p>
+
+<p>Dos peri&oacute;dicos que, a juicio de muchos, pertenec&iacute;an a la secta de los
+masones, publicaron violentos art&iacute;culos contra los tribunales de Espa&ntilde;a,
+que recluyen al pobre como un criminal y le barren de las calles como
+una inmundicia, y se cruzan de brazos y cierran los ojos ante el
+poderoso que oculta sus cr&iacute;menes bajo una armadura de oro, contra la
+cual se hace pedazos la espada de la justicia.</p>
+
+<div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Porque un pobre mancebo<br /></span>
+<span class='pagenum'><a name="Page_508" id="Page_508">[508]</a></span><span class="i0">Hurt&oacute; un solo huevo,<br /></span>
+<span class="i0">Al sol bambonea,<br /></span>
+<span class="i0">Y otro se pasea<br /></span>
+<span class="i0">Con cien mil delitos.<br /></span>
+<span class="i0">Cuando pitos, flautas;<br /></span>
+<span class="i0">Cuando flautas, pitos.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>El atrevimiento era tan grande, la audacia tan incre&iacute;ble, que extraviada
+la opini&oacute;n por completo con estas p&eacute;rfidas insinuaciones, se&ntilde;al&oacute;
+entonces con el dedo a la condesa de Albornoz y comenz&oacute; a mirarse el
+dintel de su palacio con el mismo horror con que se hab&iacute;a mirado tres
+d&iacute;as antes la esquina del ministerio de la Guerra.</p>
+
+<p>&iexcl;Singulares extrav&iacute;os de la conciencia p&uacute;blica, que Dios permite a veces
+en su infinita justicia para castigar con una calumnia el delito
+verdadero que hab&iacute;a quedado impune!</p>
+
+<p>Nadie en Madrid pidi&oacute; cuentas a Currita de la sangre de Velarde,
+derramada a la vista de todos por culpa suya, y ahora le arrojaban al
+rostro la de Sabadell, de la cual se hallaba inocente y hubiera ella
+rescatado con gusto a costa de cualquier sacrificio... Porque el dolor
+de la dama fue en realidad grande, aunque no expansivo ni alborotado;
+uno de esos dolores, por decirlo as&iacute;, secos, propios de las almas
+en&eacute;rgicas, que se repliegan sobre s&iacute; mismos en el fondo del coraz&oacute;n como
+para no perder su energ&iacute;a, a la manera que el gladiador herido encuentra
+fuerzas en su misma agon&iacute;a para encoger el cuerpo y doblar los m&uacute;sculos,
+e intentar un &uacute;ltimo y m&aacute;s formidable avance... Aquella d&eacute;bil mujercilla
+encerraba en su endeble cuerpo una de esas almas en&eacute;rgicas que se crecen
+a la vista del peligro y lo desaf&iacute;an, y no necesitan en el dolor apoyo
+ni c&oacute;mplices en el crimen; bast&aacute;base ella misma a s&iacute; misma, y sacudiendo
+los terrores que la hab&iacute;an invadido la v&iacute;spera, con el vigoroso empuje
+del toro que arroja lejos de s&iacute; los rejones que le lastiman y embarazan,
+aprest&oacute;se a la defensa, decidida a arrostrar a pie quieto y con firmeza
+<span class='pagenum'><a name="Page_509" id="Page_509">[509]</a></span>todas las consecuencias de aquella horrible noche.</p>
+
+<p>Mas necesitaba antes que nada reflexionar, trazarse un plan, preparar su
+respuesta y ordenar sus preguntas; y aprovechando la ocasi&oacute;n de hallarse
+en cama Fernandito, postrado por uno de esos ataques de imbecilidad que
+traen consigo los reblandecimientos cerebrales, tom&oacute;se todo el d&iacute;a del
+lunes y dio la orden terminante de no recibir a nadie. Cre&iacute;a ella tener
+que hab&eacute;rselas de seguida con las visitas importunas, las preguntas
+indiscretas, las impertinentes l&aacute;stimas y las molestas compasiones que
+la hab&iacute;an asediado cuando la muerte de Velarde, cat&aacute;strofe tambi&eacute;n
+espantosa, que sin saber explicarse el porqu&eacute; parec&iacute;ale en estos
+momentos m&aacute;s terrible que le pareci&oacute; en aquellos primeros instantes.
+Mas, con gran sorpresa suya, pas&oacute; todo el d&iacute;a del lunes, y pas&oacute; tambi&eacute;n
+el martes, y lleg&oacute; y pas&oacute; asimismo el mi&eacute;rcoles, sin que ning&uacute;n coche
+parase a la puerta, ni atravesase una sola visita las antesalas, ni
+recibiera el oso del vest&iacute;bulo en su bandeja ninguna tarjeta, ni llegara
+tampoco el menor recado, la m&aacute;s insignificante misiva de atenci&oacute;n, de
+inter&eacute;s o de consuelo... Aterr&oacute;la entonces aquella soledad, que no sab&iacute;a
+explicarse, porque ignoraba que la opini&oacute;n hab&iacute;a atravesado en el dintel
+de su puerta el cad&aacute;ver de Jacobo; mas cuando llegaron a su noticia las
+voces que corr&iacute;an y supo que una p&eacute;rfida y misteriosa mano explotaba el
+funesto hallazgo de la capa de pieles, para hacer recaer sobre ella las
+sospechas del crimen, tuvo en su soledad v&eacute;rtigos de ira,
+estremecimientos de fiera acorralada, y decidi&oacute; desafiar frente a frente
+a la calumnia con un golpe de en&eacute;rgica audacia.</p>
+
+<p>La casualidad present&oacute;le bien pronto ocasi&oacute;n propicia; el viernes muy
+bien de ma&ntilde;ana traj&eacute;ronle el aviso de que le tocaba al d&iacute;a siguiente
+hacer su guardia como dama de honor en Palacio. Envi&aacute;bale este aviso,
+seg&uacute;n la costumbre, la dama que hab&iacute;a hecho la guardia el d&iacute;a antes, y
+era esta una buena mujer, sencilla y piados&iacute;sima, que, desechando como
+terribles calumnias las voces que corr&iacute;an, apresur&oacute;se a cumplir con su
+deber avisando a Currita y dejando al arbitrio de la dama el acudir o no
+acudir a la cita de Palacio.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_510" id="Page_510">[510]</a></span></p><p>Por primera vez despu&eacute;s de la espantosa cat&aacute;strofe sonri&oacute; Currita, con
+aquella sonrisa de diablillo, se&ntilde;al en ella de alguna idea feliz que
+pasaba por su mente. Toc&aacute;bale la guardia el s&aacute;bado, y seg&uacute;n la
+tradicional costumbre, hab&iacute;an de asistir los reyes a la Salve de Atocha;
+la novedad atra&iacute;a todav&iacute;a gran concurso de gentes a conocer y contemplar
+a la joven reina, y present&aacute;ndose Currita a su lado, en el primer
+puesto, pareci&oacute;le que hab&iacute;a de detener desde all&iacute; los tiros de la
+calumnia. Conoc&iacute;a ella bien el mundo que frecuentaba, que forma sus
+juicios y regula sus actos por los del poderoso que mira en lo alto, y
+crey&oacute; con raz&oacute;n que le bastar&iacute;a presentarse una vez en p&uacute;blico al lado
+de la reina y a ra&iacute;z del suceso, para que todos acallasen sus escr&uacute;pulos
+y se apresurasen a conservarla en el puesto de honor que hab&iacute;a ocupado
+siempre en la corte.</p>
+
+<p>Sin llamar a Kate, salt&oacute; Currita de la cama antes de las nueve y fue a
+abrir ella misma una ventana para enterarse del estado del tiempo: el
+sol brillaba despejado, no se descubr&iacute;a una nube en el cielo y promet&iacute;a
+la ma&ntilde;ana una tarde deliciosa. Currita sinti&oacute; un movimiento de gozo
+viv&iacute;simo que le pareci&oacute; el presentimiento del triunfo; los carruajes de
+la corte saldr&iacute;an, por el buen tiempo, descubiertos, y sin duda ir&iacute;an
+despu&eacute;s de la Salve a dar una vuelta por la Castellana, donde todo el
+mundo elegante tendr&iacute;a ocasi&oacute;n de verla y contemplarla en su honor&iacute;fico
+puesto... Algo la espantaba, sin embargo: la idea de que iba a serle
+forzoso pasar por aquel mismo trayecto que hab&iacute;a recorrido con Jacobo la
+noche funesta, por aquella misma iglesia ante la cual pronunci&oacute; su
+&uacute;ltima palabra, por aquella esquina en que le hab&iacute;a visto caer lanzando
+un gemido de agon&iacute;a... Mas &iquest;qu&eacute; iba a hacer ella? &iquest;Enterrarse en vida a
+los cuarenta y cinco a&ntilde;os? &iquest;Dejar por escr&uacute;pulos sentimentales que le
+arrebatase una calumnia el prestigio, la soberan&iacute;a suprema, el cetro de
+la elegancia y el buen tono que, a pesar de mil verg&uuml;enzas verdaderas,
+hab&iacute;a conservado en su mano hasta entonces?...</p>
+
+<p>Ri&oacute;se ella misma de s&iacute; misma al notar la febril impaciencia con que
+esperaba la hora de ir a Palacio, porque ni la se&ntilde;ora de L&oacute;pez Moreno
+hab&iacute;a sentido mayores ansias ni m&aacute;s vehementes deseos el d&iacute;a de su
+<span class='pagenum'><a name="Page_511" id="Page_511">[511]</a></span>famosa presentaci&oacute;n en el hotel Basilewsky. Con esmero redoblado y
+gusto exquisito escogi&oacute; una <i>toilette</i> elegant&iacute;sima, con ese estudio de
+los peque&ntilde;os detalles que se observa en los grandes genios y acredita en
+ellos el conocimiento pr&aacute;ctico del terreno que pisan. P&uacute;sose un
+riqu&iacute;simo vestido de terciopelo azul muy oscuro, guarnecido de piel de
+chinchilla, con sombrero y abrigo de lo mismo; dos perlas negras en las
+orejas y un tr&eacute;bol en el pecho, formado por otras tres perlas, blanca la
+una, negra la otra y rosa la tercera. En el hombro izquierdo, sujetas
+con un lazo encarnado, llevaba las dos cruces de dama de honor: cruz de
+esmalte rojo, la antigua de la reina Isabel, y una <i>M</i> de brillantes y
+rub&iacute;es, la de la nueva reina Mercedes. Despu&eacute;s, mientras le tra&iacute;a Kate
+el rico pa&ntilde;uelo de encajes y los guantes de piel de Suecia, busc&oacute; ella
+en una cajita un relicario de plata que conten&iacute;a un <i>lignum crucis</i>;
+bes&oacute;lo con gran piedad, oprimi&oacute;lo un instante contra su pecho, cerrando
+los ojos e inclinando la cabeza como si pidiese algo al cielo con grande
+ah&iacute;nco, y guard&oacute;selo despu&eacute;s en el bolsillo, como se hubiera guardado un
+amuleto que tuviese virtud para alejar cualquier da&ntilde;o o peligro.</p>
+
+<p>Al subir la escalera de Palacio lati&oacute;le el coraz&oacute;n y tembl&aacute;ronle las
+piernas, porque vio a dos lacayos que cuchicheaban entre s&iacute;, mir&aacute;ndola a
+ella. Mas cuando el alabardero de guardia a la puerta de la Saleta dio
+el golpe de alabarda que anuncia la llegada de un Grande de Espa&ntilde;a,
+creci&oacute;se el orgullo de Currita, despert&oacute; de nuevo su energ&iacute;a, y armada
+de toda su audacia atraves&oacute; la antec&aacute;mara y penetr&oacute; en la c&aacute;mara misma,
+dispuesta a comenzar la batalla, creyendo encontrar all&iacute; a la camarera
+mayor o al gentilhombre de servicio, o quiz&aacute; a todos juntos. La c&aacute;mara,
+sin embargo, estaba desierta y Currita sinti&oacute; el desahogo de un momento
+del enfermo que ve detenerse un instante la temida operaci&oacute;n por haberse
+retrasado el m&eacute;dico. Sent&oacute;se en una banqueta frente a la mampara que
+lleva a las habitaciones regias, a fin de esperar que la reina la
+llamase o alguien saliese; mas la excitaci&oacute;n nerviosa no la dejaba
+sosegar un momento, y levant&oacute;se al punto para asomarse a uno de los
+balcones y mirar a la plaza de la Armer&iacute;a; p&uacute;sose luego a arreglarse los
+ricitos de la frente ante uno de los magn&iacute;ficos espejos y repar&oacute;
+<span class='pagenum'><a name="Page_512" id="Page_512">[512]</a></span>entonces en el soberbio retrato de Alfonso XII, pintado por Casado, que
+hab&iacute;an colocado all&iacute; la v&iacute;spera y se destacaba sobre la rica tapicer&iacute;a
+de seda granate con grandes flores amarillas, con todo el esplendor de
+una obra maestra.</p>
+
+<p>Pas&oacute; un cuarto de hora, que le pareci&oacute; a ella un cuarto de siglo, y en
+pie siempre ante el retrato, sinti&oacute; abrirse a su espalda la mampara de
+las habitaciones de la reina; volvi&oacute;se vivamente y vio que la mampara se
+volv&iacute;a a cerrar y quedaba medio abierta, como si el que fuera a salir se
+hubiese detenido de repente. Oy&oacute; entonces, sin que pudiera distinguir
+las palabras, una voz suave de mujer que parec&iacute;a acongojada, como si
+suplicase algo, y otra de hombre, fuerte y col&eacute;rica, que exclamaba
+en&eacute;rgicamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, no..., ahora mismo!</p>
+
+<p>Inmut&oacute;se Currita atrozmente y meti&oacute;se la mano en el bolsillo, como si
+buscara el <i>lignum crucis</i>; abri&oacute;se entonces la mampara y apareci&oacute; el
+mayordomo mayor, tambi&eacute;n muy inmutado... La dama, fingiendo siempre
+hallarse absorta en la contemplaci&oacute;n del retrato, volvi&oacute; ligeramente la
+cabeza y salud&oacute; con la mano al personaje, diciendo con vocecita a su
+pesar temblorosa y angustiada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Magn&iacute;fico retrato! Yo no lo hab&iacute;a visto. &iquest;Cu&aacute;ndo lo han puesto?...</p>
+
+<p>Mas el mayordomo, sin contestar a la pregunta y con el esfuerzo de quien
+cumple un deber penos&iacute;simo, d&iacute;jole balbuceando:</p>
+
+<p>&mdash;Su majestad la reina la dispensa del servicio..., y me encarga le
+manifieste su deseo de que devuelva la cruz de dama...</p>
+
+<p>Currita dio una r&aacute;pida media vuelta, apretando los pu&ntilde;os y echando atr&aacute;s
+la cabeza cual si fuera a embestir al mayordomo, fijando en &eacute;l la mirada
+de sus claros ojos, enormemente abiertos, que reflejaban toda la ira del
+<span class='pagenum'><a name="Page_513" id="Page_513">[513]</a></span>que recibe un salivazo en el rostro, todo el espanto del que ve
+derrumbarse una &uacute;ltima esperanza, toda la solapada e impotente amenaza
+que encierra el terror del d&eacute;bil, aniquilado por una mano m&aacute;s fuerte...</p>
+
+<p>Luego, como si despertase en ella de repente la altiva ricahembra al
+ignominioso contacto de una bofetada, arranc&oacute;se ambas cruces del pecho y
+las arroj&oacute; en el suelo...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIIIdmdash" id="VIIIdmdash"></a><a href="#toc">&mdash;VIII&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Aquel golpe terrible no anonad&oacute; a Currita, ni le infundi&oacute; tampoco el
+extra&ntilde;o sentimiento, mezcla de pavor y de ira, que al recibir en Loyola
+un bofet&oacute;n semejante la hab&iacute;a obligado a confundirse, y a humillarse, y
+a callar... Detr&aacute;s de la mano de Pedro Fern&aacute;ndez hab&iacute;a visto entonces la
+mano de Dios, que le imped&iacute;a profanar con el esc&aacute;ndalo de su vida su
+santa casa, y detr&aacute;s del bofet&oacute;n del mayordomo de Palacio tan s&oacute;lo ve&iacute;a
+la mano del rey, que no era para ella una idea, sino un hombre, contra
+el cual se pod&iacute;a luchar y al cual se le pod&iacute;a tambi&eacute;n vencer.</p>
+
+<p>Mas harto comprendi&oacute; desde el primer instante, con la r&aacute;pida percepci&oacute;n
+de su claro entendimiento y su mucha pr&aacute;ctica de mundo, que en vano
+emplear&iacute;a todas las astucias de su ingenio, todos los atrevimientos de
+su audacia y todos los recursos de su dinero en atraerse de nuevo a sus
+amigos y a formar en torno suyo aquella brillante corte que era la
+m&eacute;dula de su vida, porque era tambi&eacute;n la de su vanidad. Nada arrastra
+tanto como el ejemplo de un pr&iacute;ncipe, capaz por s&iacute; solo de salvar o
+perder a una sociedad entera, y la severa repulsa dada a Currita en
+Palacio, justa en medio de su severidad, que si de algo pecaba era s&oacute;lo
+de tard&iacute;a, hab&iacute;a de arrastrar sin duda a Madrid entero, derrumbando a la
+ilustre dama desde la altura de su gloria, con todo el estr&eacute;pito de los
+grandes esc&aacute;ndalos, con todo el ensa&ntilde;amiento con que del &aacute;rbol ca&iacute;do se
+<span class='pagenum'><a name="Page_514" id="Page_514">[514]</a></span>apresuran todos a sacar le&ntilde;a.</p>
+
+<p>Por eso, sin darse ella por vencida ni cejar un punto en su tenaz
+empe&ntilde;o, y fortaleciendo siempre con el despecho y la rabia y hasta el
+dolor mismo su terquedad de mujer voluntariosa, siempre mimada, opt&oacute;
+desde luego por el camino de los h&aacute;biles pol&iacute;ticos y los diestros
+estrat&eacute;gicos y los conocedores pr&aacute;cticos del mundo y del coraz&oacute;n humano:
+una prudente retirada que sosegara los &aacute;nimos y diese tiempo a que las
+memorias olvidaran, cesasen las prevenciones, se cansaran las lenguas, y
+los esc&aacute;ndalos nuevos hicieran olvidar y aun perdonar los esc&aacute;ndalos
+pasados.</p>
+
+<p>&iexcl;Hab&iacute;a visto ella tanto de eso!... La ocasi&oacute;n, por otra parte, no pod&iacute;a
+ser m&aacute;s oportuna: Fernandito hab&iacute;a llegado al estado de imbecilidad
+completa que traen consigo los reblandecimientos cerebrales, y preciso
+era llevarlo a Par&iacute;s a que alguna notabilidad m&eacute;dica intentase el
+verdadero milagro de despertar un chispazo de inteligencia en aquel
+meollo huero, que jam&aacute;s hab&iacute;a dado luz alguna.</p>
+
+<p>El viaje fue, pues, decidido, y dos d&iacute;as antes dirigi&oacute;se Currita al
+colegio de Chamart&iacute;n de la Rosa, para sacar a Lil&iacute;... La ni&ntilde;a hab&iacute;a
+cumplido ya doce a&ntilde;os, y m&aacute;s bien que una criatura que comenzaba a
+vivir, parec&iacute;a un &aacute;ngel que iba a volar. Hab&iacute;a en sus grandes ojos
+azules algo que recordaba el cielo, algo a la vez triste y sereno,
+candoroso y profundo, que comunicaba a todo su ser cierto poderoso y
+triste encanto, semejante al que infunde en el alma la inocente sonrisa
+de un ni&ntilde;o hu&eacute;rfano.</p>
+
+<p>Acogi&oacute;la la madre con sus m&aacute;s suaves mimitos y d&iacute;jole al o&iacute;do,
+abraz&aacute;ndola, que le tra&iacute;a una noticia muy buena, muy alegre, muy
+grande...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que no la aciertas?...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_515" id="Page_515">[515]</a></span></p><p>La ni&ntilde;a, con los grandes ojos llenos de l&aacute;grimas y te&ntilde;idas las mejillas
+del carm&iacute;n m&aacute;s puro, dijo prontamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que mi pap&aacute; est&aacute; mejor? &iquest;Que se ha confesado?...</p>
+
+<p>Qued&oacute;se Currita desconcertada, como le suced&iacute;a siempre con las salidas
+intempestivas de aquella criatura. &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a de creer que iba a
+acordarse de su padre y a pensar en si le hab&iacute;an o no administrado aquel
+sacramento que le hac&iacute;a tanta falta?... Ech&oacute;se a re&iacute;r muy maravillada.
+&iexcl;Ca!, si no era eso... era mejor todav&iacute;a; era una cosa referente a ella
+misma, lo que mejor le pod&iacute;a suceder, lo que sin duda estaba ella
+esperando...</p>
+
+<p>Y de nuevo torn&oacute; a maravillarse, porque la sangre entera de Lil&iacute; afluy&oacute;
+entonces a su rostro, un temblor nervioso agit&oacute; sus manitas, y levant&oacute;
+los ojos hacia su madre, rebosando anhelo comprimido, esperanza
+dulc&iacute;sima de o&iacute;r lo que era sin duda su m&aacute;s ferviente deseo. Su boquita
+de &aacute;ngel se entreabri&oacute; un momento para dejar escapar su secreto, como
+deja escapar una flor su fragancia, y de nuevo torn&oacute; a bajar los ojos,
+poni&eacute;ndose m&aacute;s y m&aacute;s encarnada, y guardando silencio, con una c&aacute;ndida
+sonrisa dibujada sobre los labios.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, tontita, &iquest;no lo adivinas?... Es que se acab&oacute; ya el colegio, que
+te vas a venir conmigo.</p>
+
+<p>&iexcl;Qui&eacute;n lo hab&iacute;a de creer!... Al o&iacute;r esto la ni&ntilde;a, apag&oacute;se en sus labios
+la sonrisa, como una luz que mata de repente una r&aacute;faga de viento; cruz&oacute;
+las manos angustiada, mir&oacute; a su madre con espanto y se ech&oacute; a llorar a
+l&aacute;grima viva, con el coraz&oacute;n encogido...</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iexcl;vaya por Dios, vida m&iacute;a!&mdash;exclam&oacute; Currita estupefacta&mdash;. &iquest;A qu&eacute;
+viene ese llanto? &iquest;Es que no quieres venir?</p>
+
+<p>Lil&iacute;, enjug&aacute;ndose con ambas manitas los ojos, repet&iacute;a sollozando:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_516" id="Page_516">[516]</a></span></p><p>&mdash;Aqu&iacute; me quieren todos... todos... Las Madres y las ni&ntilde;as...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija m&iacute;a, &iquest;acaso en tu casa no te quieren?&mdash;exclam&oacute; Currita,
+poni&eacute;ndose muy seria; y la ni&ntilde;a, titubeando un momento, contest&oacute; con
+candorosa sencillez, cuyo alcance no supo medir sin duda:</p>
+
+<p>&mdash;Ahora no est&aacute; all&iacute; Paquito...</p>
+
+<p>Currita sinti&oacute; un movimiento de ira, que se transform&oacute; al punto en dolor
+profundo, en dolor viv&iacute;simo que jam&aacute;s hab&iacute;a sentido, all&aacute; en el fondo de
+sus entra&ntilde;as de madre... Sus ojos se llenaron de l&aacute;grimas, atrajo hacia
+s&iacute; a la ni&ntilde;a, separ&oacute;le del rostro ambas manos, y bes&aacute;ndola en la frente,
+d&iacute;jole con mucho cari&ntilde;o:</p>
+
+<p>&mdash;Pero lo recogeremos al paso, tonta, y nos iremos a Par&iacute;s todos juntos.</p>
+
+<p>La ni&ntilde;a mene&oacute; la cabeza, apart&aacute;ndose del regazo de su madre, y
+procurando dominar su aflicci&oacute;n, como si se aprestase a una batalla,
+dijo resueltamente:</p>
+
+<p>&mdash;Y, adem&aacute;s... yo no puedo irme de aqu&iacute;. No, no puedo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;por qu&eacute;?... Si eres ya una mujer y aqu&iacute; est&aacute;n s&oacute;lo las ni&ntilde;as...</p>
+
+<p>&mdash;Y las mujeres tambi&eacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, hija, por Dios! &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n esas mujeres?...</p>
+
+<p>&mdash;Las Madres son mujeres.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;t&uacute; quieres ser monja?&mdash;exclam&oacute; Currita abriendo mucho los ojos;
+y la ni&ntilde;a, cerrando los suyos y moviendo en&eacute;rgicamente la cabeza,
+contest&oacute; con firmeza:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_517" id="Page_517">[517]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;S&iacute;!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yaaa!... Muy bien; ahora lo entiendo&mdash;dijo Currita muy despacito con
+su tono de voz m&aacute;s suave&mdash;. Y las Madres, como te quieren tanto las
+pobrecitas, te habr&aacute;n metido esa idea en la cabeza...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, no, se&ntilde;ora!... Las Madres no me han dicho nada.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces habr&aacute; sido el confesor, el padre Cifuentes.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qui&eacute;n te lo ha dicho?...</p>
+
+<p>&mdash;Paquito.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Paquito?... &iexcl;Vaya un ap&oacute;stol!... &iquest;Y por qu&eacute; no se mete &eacute;l fraile?...</p>
+
+<p>&mdash;Eso le escrib&iacute; yo... Y le envi&eacute; la <i>Vida de san Estanislao</i> y una
+estampita de san Luis de Gonzaga... Pero me contest&oacute; que &eacute;l era muy
+desgraciado y ten&iacute;a que hacer en el mundo una cosa muy grande, muy
+grande... Yo no s&eacute; lo que ser&aacute;...</p>
+
+<p>Currita comenz&oacute; a sospecharlo y se puso muy p&aacute;lida; la escena terrible
+de su estudio, cuando el ni&ntilde;o se hab&iacute;a arrojado sobre Jacobo como una
+fiera sedienta de sangre, acudi&oacute; a su memoria con gran viveza,
+estremeci&eacute;ndola de espanto, infundi&eacute;ndole esa especie de terror
+retrospectivo que causa un peligro pasado, despertando en su alma el
+aguij&oacute;n de un remordimiento, avivando en su coraz&oacute;n el dolor de una
+herida chorreando a&uacute;n sangre... &iexcl;Oh! &iexcl;Ya no ten&iacute;a que hacer el pobre
+ni&ntilde;o aquella cosa <i>muy grande, muy grande</i>, porque otra mano m&aacute;s
+culpable le hab&iacute;a tomado la delantera en la esquina de Recoletos!...</p>
+
+<p>Lil&iacute;, sin imaginar siquiera en su sencillez de &aacute;ngel el efecto que en su
+<span class='pagenum'><a name="Page_518" id="Page_518">[518]</a></span>madre pod&iacute;an causar sus palabras, continu&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Me dec&iacute;a que fuese siempre muy buena y no saliera nunca del colegio y
+rezara mucho por &eacute;l, y por usted y por mi pap&aacute;; porque la ira de Dios
+iba a descargar sobre nuestra casa... Yo llor&eacute; mucho, mucho, y ofrec&iacute;
+entonces ser monja, y se lo dije a la madre Lar&iacute;n y al padre Cifuentes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; te dijeron?&mdash;pregunt&oacute; Currita con los labios blancos.</p>
+
+<p>&mdash;La madre se ech&oacute; a llorar..</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el padre?...</p>
+
+<p>&mdash;Se ech&oacute; a re&iacute;r y me consol&oacute; mucho, y me dijo que no ofreciese nada sin
+que &eacute;l me avisase.</p>
+
+<p>Currita se qued&oacute; muy pensativa y permaneci&oacute; largo rato en silencio,
+mirando a la ni&ntilde;a; de pronto, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero el padre Cifuentes te querr&aacute; mucho?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, s&iacute;!... Es muy bueno; me quiere mucho.</p>
+
+<p>Call&oacute; otra vez, seria y meditabunda; porque en medio de aquel rudo
+oleaje de afectos con que la gracia de Dios combat&iacute;a su alma para
+sacarla a flote, santos unos como el amor de madre, saludables otros
+como el remordimiento, apareci&oacute; muy honda y comenz&oacute; a subir, a subir,
+hasta flotar en la superficie y sobrenadar en lo alto y llenarlo todo y
+dominarlo todo, la idea fija, su &aacute;ngel malo, el pensamiento constante
+que llevaba clavado en la frente, como un dolor neur&aacute;lgico, de
+satisfacer su vanidad y vengar su despecho, recobrando de nuevo su
+antigua posici&oacute;n y su brillante corte de mujer elegante. Hab&iacute;a visto de
+repente un camino desconocido, un sendero tortuoso que all&iacute; llegaba
+dando rodeos, y ya no oy&oacute; m&aacute;s, ya no se ocup&oacute; de otra cosa. Cinco
+minutos largos permaneci&oacute; callada, inm&oacute;vil, tirando al parecer sus
+<span class='pagenum'><a name="Page_519" id="Page_519">[519]</a></span>planes. Lil&iacute;, con las manitas cruzadas sobre las rodillas y la cabeza
+baja, la miraba de cuando en cuando a trav&eacute;s de sus largas pesta&ntilde;as,
+extra&ntilde;ada de aquel singular silencio.</p>
+
+<p>Rompi&oacute;lo Currita al cabo; aquella pichoncita suya mon&iacute;sima y preciosa la
+hab&iacute;a enternecido... Pero todo aquello era muy serio, muy grave, y
+hac&iacute;ase preciso pensarlo despacio, muy despacio, y no decidirlo as&iacute; de
+repente, en un segundo... Por de pronto, dejar&iacute;a a la ni&ntilde;a en el colegio
+y detendr&iacute;a ella su viaje para hablar con el padre Cifuentes.</p>
+
+<p>Lil&iacute;, al o&iacute;r esto, salt&oacute; espont&aacute;neamente de la silla y se arroj&oacute; al
+cuello de su madre, cubri&eacute;ndole el rostro de besos, llorando y riendo al
+mismo tiempo, como se mezclan la lluvia y el sol en un chubasco de mayo.
+Ella se enterneci&oacute; un poquito y derram&oacute; tres lagrimitas.</p>
+
+<p>&mdash;Conque nada, pichona m&iacute;a, mucho juicio, y pide a Dios que a todos nos
+ilumine... Y ahora, vidita m&iacute;a, dile a la madre Lar&iacute;n que quiero
+hablarle un momento... &iquest;Eh, pichona?... Cosa de un segundo, av&iacute;sala t&uacute;,
+vidita...</p>
+
+<p>Lleg&oacute; la madre Lar&iacute;n muy alarmada, temi&eacute;ndose alguna trapisonda, y
+Currita, con pat&eacute;tico adem&aacute;n, se arroj&oacute; llorando en sus brazos... Era
+aquel d&iacute;a el m&aacute;s grande de su vida; por fin le conced&iacute;a Dios lo que con
+tanto ah&iacute;nco le hab&iacute;a pedido siempre: &iexcl;tener una hija religiosa!...
+Cierto que le pasaba aquello el alma de parte a parte, que quiz&aacute; le
+costar&iacute;a la vida separarse de aquel pobre angelito; pero lo que sent&iacute;a
+ella era no tener siete hijos como santa Mar&iacute;a Magdalena de Pazzis, para
+ofrec&eacute;rselos a Dios uno a uno. &iexcl;Estaba el mundo tan malo!...</p>
+
+<p>La madre Lar&iacute;n, muy escandalizada al ver a santa Mar&iacute;a Magdalena de
+Pazzis hecha de repente madre de tan dilatada familia, se apresur&oacute; a
+protestar con mucho respeto:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_520" id="Page_520">[520]</a></span></p><p>&mdash;Santa Sinforosa querr&aacute; decir, sin duda, la se&ntilde;ora condesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Fue santa Sinforosa?... &iexcl;Pues yo cre&iacute; que hab&iacute;a sido la otra! &iexcl;Como
+leo todos los d&iacute;as el A&ntilde;o Cristiano, armo a veces unos galimat&iacute;as!... Y
+d&iacute;game, madre Lar&iacute;n, &iquest;cree usted que perseverar&aacute; mi hija, que su
+vocaci&oacute;n ser&aacute; verdadera?</p>
+
+<p>La madre enarc&oacute; las cejas, y con mucha humildad, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;La ni&ntilde;a es formalita, y a lo que yo pueda colegir, as&iacute; lo espero...
+Pero siempre ser&aacute; mejor que el padre espiritual informe a usted de todo
+esto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n es?</p>
+
+<p>&mdash;El padre Cifuentes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El padre Cifuentes?... &iquest;De veras?... &iexcl;Cu&aacute;nto me alegro!... Si es un
+santo, un hombre de tanto saber y prudencia...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo creo!... Cons&uacute;ltelo usted y ver&aacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Pero si no lo conozco... &iexcl;Ay, madre Lar&iacute;n!... &iquest;Quisiera usted
+escribirle una cartita... <i>deux mots</i>, recomend&aacute;ndome?... D&iacute;gale usted
+cu&aacute;les son mis deseos, lo que yo quiero a mis hijos, la sencillez con
+que procedo siempre... As&iacute; me escuchar&aacute; con benevolencia... Usted me
+conoce bien, madre Lar&iacute;n... &iexcl;Soy tan desgraciada!... &iexcl;Se tiene de m&iacute; un
+concepto tan falso!...</p>
+
+<p>Y Currita, persuadida ella misma de lo que dec&iacute;a, cual suele suceder a
+los embusteros de oficio, extend&iacute;a las manos y abr&iacute;a mucho los claros
+ojitos, como para que la madre Lar&iacute;n la estudiase por dentro,
+concluyendo por echarse a llorar amargamente, cubri&eacute;ndose el rostro con
+el pa&ntilde;uelo. La madre, muy compadecida, y creyendo que aquella oveja
+extraviada llamaba de nuevo al aprisco, procuraba consolarla y
+promet&iacute;ale escribir aquella misma noche al padre Cifuentes, anunci&aacute;ndole
+<span class='pagenum'><a name="Page_521" id="Page_521">[521]</a></span>su visita.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se lo agradecer&iacute;a a usted en el alma, madre Lar&iacute;n; no lo olvidar&eacute; en
+toda mi vida!&mdash;gimi&oacute; Currita&mdash;. Porque no crea usted que en el asunto de
+mi pobre Lil&iacute; faltar&aacute;n dificultades... Fernandito es muy bueno; pero al
+cabo, como hombre que es, no tiene la piedad de nosotras las mujeres, y
+ver&aacute; la cosa de manera muy distinta.</p>
+
+<p>Y ya en la puerta, despidi&eacute;ndose cari&ntilde;osamente de la buena madre, volvi&oacute;
+a repetirle:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que no se olvide usted de lo esencial!... Que comprenda el padre la
+buena fe con que procedo en todo, lo rectas que son mis intenciones...</p>
+
+<p>Y de pronto, volvi&eacute;ndose atr&aacute;s desde la puerta, como si de repente
+recordase algo...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, madre Lar&iacute;n, se me olvidaba!... No s&eacute; si lo encargu&eacute; a Lil&iacute;,
+porque con este notici&oacute;n se me fue el santo al cielo... Me han dicho que
+est&aacute;n ustedes haciendo un monumento nuevo para el Jueves Santo, y quiero
+que sea a mi costa... Deseo mucho dejar a ustedes ese recuerdo; que Lil&iacute;
+haga ese peque&ntilde;o obsequio al colegio...</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, gracias, se&ntilde;ora condesa...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Gracias?... &iexcl;Ay, madre Lar&iacute;n, qu&eacute; mundo, qu&eacute; mundo!... &iexcl;Ojal&aacute; y s&oacute;lo
+se gastara el dinero en cosas semejantes!...</p>
+
+<p>Entr&oacute; en la berlina... Verdaderamente que aquella idea deb&iacute;a de venir
+del cielo, porque era Lil&iacute;, un &aacute;ngel del Se&ntilde;or, quien se le hab&iacute;a
+inspirado. Lo raro era que no se le hubiera ocurrido a ella antes,
+porque en aquella carta de Loyola, en aquella famosa carta de Pedro
+Fern&aacute;ndez, que se sab&iacute;a ella de memoria, estaba perfectamente encerrada
+en su primera parte... &laquo;Si la se&ntilde;ora condesa de Albornoz viene a Loyola
+<span class='pagenum'><a name="Page_522" id="Page_522">[522]</a></span>a confesar sus pecados y pedir a Dios perd&oacute;n de sus extrav&iacute;os, no tiene
+que fijar hora ni tiempo, porque todos son igualmente oportunos...&raquo;</p>
+
+<p>Y glosando all&aacute; en su imaginaci&oacute;n el parrafejo, discurr&iacute;a de este
+modo... Si la se&ntilde;ora condesa de Albornoz va a Loyola, es decir, al padre
+Cifuentes, y confiesa sus pecados y pide a Dios perd&oacute;n de sus extrav&iacute;os,
+o lo que es lo mismo, embauca a aquel var&oacute;n respetable, dici&eacute;ndole lo
+que le parezca y call&aacute;ndose lo que juzgue conveniente para ponerle de su
+parte... a la sombra de su respetabilidad, agarrada a su manteo, entrar&aacute;
+en el gremio de las beatas aristocr&aacute;ticas y se abrir&aacute; paso, rosario en
+mano, por el atajo de la piedad, hasta el alto puesto de que la calumnia
+y la ingratitud la han arrojado.</p>
+
+<p>Porque no era necesario para ello llegar hasta el sacrilegio, que tanto
+la hab&iacute;a aterrado siempre y la segu&iacute;a aterrando; dispuesta estaba ella a
+lo que cre&iacute;a &uacute;nicamente necesario para confesarse bien: acusarse de
+todos sus pecados y enumerar todos sus extrav&iacute;os... &iquest;Qu&eacute; le importaba a
+ella que el padre Cifuentes supiese lo que hasta en los mismos
+peri&oacute;dicos se hab&iacute;a publicado y hab&iacute;a le&iacute;do ella sin sonrojarse?... &iexcl;Si
+hubiera alg&uacute;n sacrificio que hacer, si hubiera algo que cortar, ser&iacute;a
+entonces otra cosa; pero la muerte, el pu&ntilde;al de un asesino, se hab&iacute;a
+encargado de sacrificar, se hab&iacute;a encargado de romper; y ya no le
+quedaba a ella nada, nada, sino aquella herida en el coraz&oacute;n y aquel
+despecho en el alma!... Y ante aquellas dos ideas que la exasperaban,
+Jacobo muerto y ella ca&iacute;da de su pedestal, sent&iacute;a hervir su sangre de
+dolor y de ira, y parec&iacute;ale lo primero el crimen m&aacute;s nefando que se
+hab&iacute;a cometido en el universo, y juzgaba lo segundo el acto de tiran&iacute;a
+m&aacute;s atroz que pudiera atribuirse a Ner&oacute;n, a Tiberio o a Busiris.</p>
+
+<p>Con cierto miedecillo, muy natural y fundado, fue a ver al padre
+Cifuentes, porque ten&iacute;a el padre fama de marrullero; mas su voluntad,
+repentina como el capricho de una mujer, era robusta como la resoluci&oacute;n
+de un hombre, y tranquiliz&aacute;bala en parte la &iacute;ntima conciencia que ten&iacute;a
+ella de que pocos la aventajaban en astucias y marruller&iacute;a. Con
+<span class='pagenum'><a name="Page_523" id="Page_523">[523]</a></span>habilidad suma dio principio al desarrollo de su plan, comenzando por
+exponer la vocaci&oacute;n de Lil&iacute;, anhelo de su coraz&oacute;n, esperanza dulc&iacute;sima
+de su alma, que estaba ella dispuesta a apoyar con todas sus fuerzas,
+aunque hubiera que luchar con las serias dificultades que hab&iacute;a de poner
+Fernandito; h&aacute;bil estaquita esta &uacute;ltima que plantaba desde luego la
+taimada, para agarrarse a ella m&aacute;s tarde y destruir, cuando hubiera
+logrado su objeto, los santos planes de la ni&ntilde;a. Escuch&aacute;bala el jesuita
+impasible con las manos metidas en las mangas, clavando en ella de
+cuando en cuando la mirada de sus ojos, aguda como la punta de una
+lanceta, que hac&iacute;a a Currita ladear los suyos, ora baj&aacute;ndolos, ora
+pase&aacute;ndolos por las paredes del cuarto. Cuando la dama dej&oacute; de hablar,
+sac&oacute; el padre Cifuentes a relucir la tabaquera de cuerno, con su heraldo
+obligado, el pa&ntilde;uelo a cuadros azules y verdes, y con la mayor
+naturalidad del mundo dijo resueltamente:</p>
+
+<p>&mdash;Su hija de usted no tiene vocaci&oacute;n, se&ntilde;ora condesa.</p>
+
+<p>Qued&oacute;se Currita estupefacta y desconcertada, y tartamude&oacute; moviendo la
+cabecita:</p>
+
+<p>&mdash;Pues ella me hab&iacute;a dicho... Yo cre&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;Crey&oacute; usted mal, se&ntilde;ora condesa... Esa ni&ntilde;a es un &aacute;ngel, de
+entendimiento muy claro, de coraz&oacute;n muy grande y muy recto, y est&aacute;
+aterrada por las cartas de su hermano, que... &iexcl;pasan el alma, se&ntilde;ora
+condesa, pasan el alma!</p>
+
+<p>Y las dos lancetas que ten&iacute;a en los ojos el padre Cifuentes pasaban de
+parte a parte la frente de Currita, cual si fueran a clavarse en el
+fondo de su pensamiento.</p>
+
+<p>&mdash;Por eso&mdash;prosigui&oacute; lentamente el jesuita&mdash;quer&iacute;a esa pobre ni&ntilde;a
+ofrecer el sacrificio de s&iacute; misma, para asegurar la salvaci&oacute;n de los
+dem&aacute;s, para expiar culpas ajenas por las cuales se aflige, como se
+afligen los &aacute;ngeles del cielo: llor&aacute;ndolas, pero sin pon&eacute;rselas a nadie
+<span class='pagenum'><a name="Page_524" id="Page_524">[524]</a></span>en cuenta... Y note usted lo que digo, se&ntilde;ora condesa: <i>sin pon&eacute;rselas
+a nadie en cuenta</i>.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora condesa baj&oacute; los ojos muy modestita, como haci&eacute;ndose la
+desentendida de si era a ella o no a quien le tocaba pagar aquella
+cuenta, y el padre continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Pero como usted comprender&aacute;, este sacrificio de precio incalculable,
+cuya idea le fomentar&eacute; yo por lo que en s&iacute; tiene de &uacute;til y meritorio y
+porque bastar&aacute; quiz&aacute; el ofrecerlo para alcanzar de Dios lo que el pobre
+&aacute;ngel pide, no es una vocaci&oacute;n religiosa: es s&oacute;lo un ofrecimiento que en
+su aflicci&oacute;n y en su generosidad hace la ni&ntilde;a, y mientras Dios no lo
+acepte, no existe la verdadera vocaci&oacute;n, y yo, por mi parte, ni puedo
+aconsejarla ni autorizarla tampoco hasta entonces.</p>
+
+<p>&laquo;Pues estamos en el principio de la conversaci&oacute;n&raquo;&mdash;pens&oacute; Currita, sin
+comprender del todo aquellas m&iacute;sticas sutilezas; y dando vueltas entre
+sus manos a un precioso devocionario que hab&iacute;a tra&iacute;do de intento para
+demostrar su piedad al padre, dijo modestamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; cree usted entonces que debe de hacerse?...</p>
+
+<p>&mdash;Dejar obrar a la gracia de Dios, que quiz&aacute; le conceda como premio la
+vocaci&oacute;n que a&uacute;n no tiene, y mientras tanto, no sacarla del colegio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No cree usted entonces que le convenga volver a su casa?...</p>
+
+<p>El padre Cifuentes abri&oacute; la tabaquera, y con la impasibilidad del hombre
+que golpea en los o&iacute;dos de un sordo, con la sencillez con que hubiera
+dicho que hac&iacute;a calor o estaba lloviendo, dijo tranquilamente:</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora... Los ejemplos que ver&iacute;a en ella no conseguir&iacute;an quiz&aacute;
+corromperla, pero de seguro lograr&iacute;an matarla...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_525" id="Page_525">[525]</a></span></p><p>Currita no protest&oacute; contra aquel reproche tremendo; no se avergonz&oacute; ni
+se indign&oacute; tampoco. Asi&oacute;se, por el contrario, para llegar a su objeto, a
+la punta de aquella maza que la aplastaba, y dijo lastimeramente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, s&iacute;, s&iacute;, padre, es verdad!... &iexcl;Si usted supiera lo que pasa en mi
+casa! &iexcl;Si usted conociera la situaci&oacute;n en que me encuentro!</p>
+
+<p>Y adoptando el c&aacute;lculo m&aacute;s h&aacute;bil del disimulo, el de apropiarse de la
+ingenuidad y disfrazarse con la sencillez y la franqueza, refiri&oacute; con
+toda verdad al padre Cifuentes el esc&aacute;ndalo de su vida, la tr&aacute;gica
+muerte de Jacobo, la calumnia difundida por aquellos enemigos
+invisibles, la imposibilidad en que estaba de acusarlos a ellos y
+defenderse ella misma ante los tribunales, y la necesidad que ten&iacute;a de
+<i>alguien respetable</i>, de alguna <i>persona autorizada</i> por su santidad y
+su prestigio que sacase la cara por ella, perdon&aacute;ndole las faltas
+verdaderas y defendi&eacute;ndola de los <i>falsos cr&iacute;menes</i>, concedi&eacute;ndole su
+protecci&oacute;n y su amistad, y rehabilit&aacute;ndola por este solo hecho a los
+ojos del mundo... Y no ped&iacute;a esto por ella misma, que nada merec&iacute;a y as&iacute;
+lo confesaba; ped&iacute;alo por caridad de Dios, por l&aacute;stima, por compasi&oacute;n
+hacia sus propios hijos...</p>
+
+<p>Call&oacute; Currita, y con la cabeza baja y las manos cruzadas y entornados
+ojitos, esper&oacute; muy devotica el serm&oacute;n formidable, la peluca tremenda que
+cre&iacute;a ella iba a venir tras de aquello, seguida de alguna violenta
+exhortaci&oacute;n a la confesi&oacute;n y la penitencia, con algunos toquecitos de
+llamas del infierno; y luego, m&aacute;s tarde de lo que ella deseaba y con
+tanto anhelo iba buscando, un generoso ofrecimiento, noble, sincero y
+amplio... Mas el padre Cifuentes, que hab&iacute;a escuchado sin pesta&ntilde;ear todo
+aquel c&uacute;mulo de verg&uuml;enzas y de horrores, que no hab&iacute;a hecho el menor
+gesto de asombro, de disgusto, de compasi&oacute;n ni de protesta, sac&oacute; la
+tabaquera de cuerno, tom&oacute; un polvo y dijo lac&oacute;nicamente:</p>
+
+<p>&mdash;Haga usted los Ejercicios...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_526" id="Page_526">[526]</a></span></p><p>&mdash;&iquest;Los Ejercicios?&mdash;pregunt&oacute; ella muy sorprendida.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, los Ejercicios de san Ignacio digo... Ayer los han empezado en el
+Sagrado Coraz&oacute;n, en la calle del Caballero de Gracia... Todav&iacute;a tiene
+usted tiempo; empiece esta misma tarde.</p>
+
+<p>&mdash;Yo..., bueno..., desde luego...&mdash;dijo Currita titubeando&mdash;. Pero seg&uacute;n
+tengo entendido, s&oacute;lo se entra all&iacute; con papeleta y yo no la tengo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo la recomendar&eacute; a usted a la superiora y le hablar&eacute; a la
+marquesa de Villasis, que es presidenta del consejo...</p>
+
+<p>Currita sinti&oacute; tal movimiento de gozo, que estuvo a pique de venderse...
+&iexcl;Por fin triunfaba, y a pesar de su impasibilidad y no obstante sus
+marruller&iacute;as, hac&iacute;a tragar al bendito padre todo el anzuelo!... Entre la
+marquesa de Villasis, la dama de mejor nombre de la corte, y el padre
+Cifuentes, el sacerdote de m&aacute;s prestigio, har&iacute;a ella su entrada triunfal
+en el gremio de beatas aristocr&aacute;ticas, y una vez dentro, no bien tomase
+ella terreno, ya sabr&iacute;a reconquistar, palmo a palmo, los aplausos y las
+adulaciones, y colocarse de nuevo en el antiguo puesto perdido.</p>
+
+<p>Visti&oacute;se sencillamente, siempre con aquel prolijo cuidado de los
+detalles peque&ntilde;os que desprecian los talentos vulgares y tienen en mucho
+los privilegiados y pr&aacute;cticos: una modesta falda de seda negra, un
+abriguito de terciopelo con pieles y la mantilla recogida por completo
+sobre los hombros, chiffonn&eacute;, con mucha gracia, cubriendo las blondas
+del velo parte del rostro, pero dejando ver perfectamente los rojos
+pelitos, contrase&ntilde;a suya caracter&iacute;stica, que cuid&oacute; muy bien de dejar a
+la vista con c&aacute;lculo prudent&iacute;simo, para que en caso de oscuridad o de
+duda pudieran todos reconocerla.</p>
+
+<p>A las cinco comenzaba el santo Ejercicio, y a las cinco y siete minutos
+calcul&oacute; ella muy bien su entrada, para que fuese de todos vista. Ape&oacute;se
+del coche y entr&oacute; en el zagu&aacute;n, creyendo encontrar all&iacute; alguna religiosa
+o alg&uacute;n portero a quien preguntar por la marquesa de Villasis o por el
+<span class='pagenum'><a name="Page_527" id="Page_527">[527]</a></span>padre Cifuentes; mas s&oacute;lo vio delante una empinada escalera dividida
+por en medio con un barandal de hierro que hac&iacute;a veces de pasamanos. En
+lo alto, dos se&ntilde;oras cuchicheaban entre s&iacute; muy quedito, e
+interrumpi&eacute;ndose bruscamente al ver subir a Currita, desaparecieron al
+punto, sin que la dama pudiera reconocerlas. Encontr&oacute;se entonces frente
+a la puerta de la capilla, que estaba de par en par abierta; era esta
+entrelarga, ancha y extensa, con una gran puerta en el fondo que daba al
+interior del colegio y otra lateral para el servicio de la gente. En el
+testero hall&aacute;base el altar, parcamente adornado, con algunas luces que
+ard&iacute;an a derecha e izquierda del tabern&aacute;culo.</p>
+
+<p>Arriba, en la parte m&aacute;s alta, hab&iacute;a una hermosa efigie del Sagrado
+Coraz&oacute;n, y ca&iacute;a desde sus pies hasta abajo un gran pa&ntilde;o de brocado
+recamado de terciopelo rojo, con estas palabras bordadas: <i>Venite ad me
+omnes</i>. A uno y otro lado de la gran puerta del fondo estaban las sillas
+de coro de las religiosas, y sentadas en ellas las se&ntilde;oras del consejo:
+la marquesa de Villasis ocupaba la esquina derecha, teniendo a su lado a
+la duquesa de Astorga.</p>
+
+<p>Currita vio desde la puerta el extremo de un banco desocupado y ante &eacute;l
+se arrodill&oacute;, haciendo uno de esos garabatitos con que creen ciertas
+damas santiguarse, cruzando las manitas sobre el respaldo, inclinando la
+cabeza con mucha devoci&oacute;n y poni&eacute;ndose a registrar con el rabillo del
+ojo todo cuanto hab&iacute;a y pasaba dentro de la capilla... &iexcl;Prodigio
+maravilloso de la perspicacia y fuerza comunicativa de la grey
+femenina!... Cuatro minutos despu&eacute;s, no quedaba en el extenso recinto
+una sola alma m&aacute;s o menos p&iacute;a que no hubiera atisbado la entrada de
+Currita, sin que fuese necesario para ello m&aacute;s que alguno que otro suave
+cuchicheo, alguna que otra disimulada se&ntilde;a, alguno que otro libro devoto
+o rosario bendito que rodaba por el suelo, para dar ocasi&oacute;n a la dama
+que lo recog&iacute;a de lanzar una r&aacute;pida mirada con el mayor disimulo. All&iacute;
+estaba ella, con mucha devoci&oacute;n, aguantando a pie quieto las miradas y
+suponiendo los comentarios internos que acompa&ntilde;aban a estas; la condesa
+de Murgu&iacute;a, se&ntilde;ora muy severa, que hab&iacute;a comido muchos viernes en casa
+<span class='pagenum'><a name="Page_528" id="Page_528">[528]</a></span>de Currita y disfrutado no pocas veces de su palco en el teatro,
+hall&aacute;base a su lado... Alarm&oacute;la esta proximidad, volvi&oacute; la cara
+angustiada, y apretando cuanto pudo a las otras se&ntilde;oras que ocupaban el
+banco, apresur&oacute;se a dejar entre ella y la escandalosa un gran espacio
+vac&iacute;o. Currita, sin perder su devoci&oacute;n, sinti&oacute; ganas de tirarle del
+pelo.</p>
+
+<p>Entr&oacute; a poco una se&ntilde;ora con dos ni&ntilde;as, al parecer sus hijas, y una de
+estas, la m&aacute;s peque&ntilde;a, fuese a arrodillar junto a Currita en el hueco
+vac&iacute;o; mas la madre, advertida sin duda por otra se&ntilde;ora que le habl&oacute; por
+lo bajo, levant&oacute;se prontamente, toc&oacute; en el hombro a la ni&ntilde;a y ap&aacute;rtola
+de all&iacute;. Currita no sinti&oacute; esta vez ira, sinti&oacute; una sensaci&oacute;n penosa,
+amarga, desconocida para ella, que se le figur&oacute; semejante al desconsuelo
+de verse sola y desamparada por un ser querido; aquella ni&ntilde;a le hab&iacute;a
+recordado a Lil&iacute;.</p>
+
+<p>Entraban nuevas se&ntilde;oras, llen&aacute;base la capilla de bote en bote y
+api&ntilde;&aacute;banse las rezagadas contra las que hab&iacute;an llegado antes, sin que
+ninguna quisiera ocupar el sitio vac&iacute;o al lado de Currita. Ella sinti&oacute;
+crecer aquel desconsuelo que la oprim&iacute;a y la angustiaba y le produc&iacute;a
+una irritaci&oacute;n sorda, una amarga iracundia, que la llevaba a escarbar
+llena de sa&ntilde;a en el basurero de su vida, buscando y enumerando las
+verg&uuml;enzas p&uacute;blicas, las inmundicias de todos conocidas, que le hab&iacute;a
+tolerado, consentido y hasta aplaudido como amables <i>peque&ntilde;eces</i> aquel
+mismo Madrid que ahora le volv&iacute;a la espalda, para arroj&aacute;rselas a la
+cara, grit&aacute;ndole con muy buena l&oacute;gica: &laquo;&iquest;Acaso soy ahora peor que lo fui
+antes?... &iquest;Por ventura hace m&aacute;s fuerza en ti una calumnia an&oacute;nima,
+levantada por p&eacute;rfidos asesinos, que ese mont&oacute;n de lodo con que a todas
+horas te he salpicado el rostro?...&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh!, &iexcl;qu&eacute; mundo, qu&eacute; mundo aquel tan injusto y tan asqueroso! &iexcl;Con
+cu&aacute;nta raz&oacute;n se resist&iacute;a a entrar en &eacute;l Lil&iacute;, aquel &aacute;ngel del Se&ntilde;or tan
+puro y tan bello!... Y a este recuerdo, con la rapidez con que se muda
+la decoraci&oacute;n en una comedia de magia, sustituy&oacute; en su mente la imagen
+de la ni&ntilde;a al Madrid injusto y asqueroso que provocaba sus iras, y
+<span class='pagenum'><a name="Page_529" id="Page_529">[529]</a></span>quedaron frente a frente, embargando todo su entendimiento, la
+celestial figura de Lil&iacute;, derramando luz viv&iacute;sima del cielo, y el mont&oacute;n
+de lodo repugnante y hediondo, la charca sucia y cenagosa que acababa de
+formar ella con tanta sa&ntilde;a, haciendo examen general de toda su vida...
+Currita crey&oacute; ver una cloaca a la pura y rosada luz del alba, crey&oacute; ver
+el infierno a la luz del para&iacute;so y se sinti&oacute; confundida y se juzg&oacute;
+condenada; porque aquel mont&oacute;n de lodo era ella misma y aquel resplandor
+de Lil&iacute; era la luz de Dios, &uacute;nico criterio de moral, independiente de
+m&iacute;seras condescendencias sociales, a que deben de ajustarse los actos
+humanos. Un &uacute;ltimo movimiento de soberbia la agit&oacute;, sin embargo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Soy una infame, es cierto!... Pero que no me condenen los hombres,
+&iexcl;que me condene Dios!...</p>
+
+<p>Y al levantar la vista rabiosa y desesperada, como para lanzar en torno
+una mirada de orgulloso desaf&iacute;o, divis&oacute; al frente la imagen de
+Jesucristo, del Juez &uacute;nico que su soberbia vencida aceptaba, mostr&aacute;ndole
+su coraz&oacute;n herido, dici&eacute;ndole en aquel letrero que ten&iacute;a por debajo:
+Venite ad me omnes. Un crujido misterioso lastim&oacute; entonces su pecho, y
+repiti&oacute; muy quedo:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Omnes</i>!... &iexcl;Todos, todos!...</p>
+
+<p>Hab&iacute;ase mientras tanto rezado el rosario, y un jesuita sub&iacute;a en aquel
+momento al p&uacute;lpito, para exponer la meditaci&oacute;n que correspond&iacute;a, seg&uacute;n
+el orden establecido en los Ejercicios de san Ignacio. Era sobre el
+Juicio Final, y dividi&oacute;la en tres partes: la confusi&oacute;n de los hip&oacute;critas
+al ver patentes sus pecados ocultos; la suprema verg&uuml;enza de los
+escandalosos al ver objeto de la execraci&oacute;n universal los pecados
+p&uacute;blicos de que hab&iacute;an hecho gala, y la justificaci&oacute;n de la Providencia,
+la manifestaci&oacute;n clara de los misteriosos caminos ordenados por Dios
+para bien siempre del hombre; la sapient&iacute;sima urdimbre, puesta al
+descubierto, de grandes hechos y peque&ntilde;os acontecimientos, de penas y
+alegr&iacute;as, derrotas y triunfos, llamamientos y amenazas, premios y
+<span class='pagenum'><a name="Page_530" id="Page_530">[530]</a></span>castigos, que han de probar en la vida de cada criatura, mirada de
+frente a la luz de aquel tremendo d&iacute;a, la paternal providencia de Dios
+para cada hombre, la conjunci&oacute;n perfecta sobre cada uno de ellos de sus
+dos atributos, el m&aacute;s temible y el m&aacute;s deseable: la misericordia y la
+justicia.</p>
+
+<p>El jesuita hablaba llanamente, expresando con sencilla claridad aquellas
+tremendas verdades y trazando a veces pavorosos cuadros que her&iacute;an la
+imaginaci&oacute;n, estremec&iacute;an los corazones y preparaban los &aacute;nimos para el
+eco futuro de aquellas temerosas palabras: <i>Ossa arida, audite verbum
+Domini</i>!... Reinaba un hondo silencio, muy semejante al silencio del
+pavor; y el jesuita, torciendo un poco el rumbo a sus palabras, dej&oacute; ver
+de repente la bondad infinita de Dios, la m&aacute;s consoladora de todas sus
+grandezas, su inmensa misericordia, brindando siempre al pecador con su
+perd&oacute;n tan sin l&iacute;mites y tan amplio, que desaparecen en &eacute;l, cual si
+fueran &aacute;tomos, los m&aacute;s enormes pecados.</p>
+
+<p>&mdash;Imaginaos&mdash;dijo&mdash;un hombre llegado al &uacute;ltimo extremo del crimen;
+cargadle a vuestro pensamiento con todas las acciones afrentosas que
+fuera posible imaginar; vedle dormir tranquilo en medio de su verg&uuml;enza,
+como si se viera al abrigo de la muerte, como si no tuviera ya
+remordimientos ni tuviera conciencia... Mas un d&iacute;a, lo mismo que en el
+sue&ntilde;o de Nabucodonosor una piedra desprendida de la monta&ntilde;a hizo pedazos
+al coloso con pies de barro, as&iacute; tambi&eacute;n un &aacute;tomo arrancado a la
+misericordia de Dios por los ruegos de alg&uacute;n justo derribar&aacute; sin causa
+alguna aparente ese coloso del mal y formar&aacute; en sus entra&ntilde;as
+desesperadas una l&aacute;grima, que subir&aacute; hasta el coraz&oacute;n y pasar&aacute; por los
+caminos que Dios ha hecho para llegar a sus ojos marchitos, y brotar&aacute;
+por ellos, y rodar&aacute; al fin por sus mejillas... &iexcl;Esa l&aacute;grima le ha
+revelado la verdad y conquistado el perd&oacute;n y devuelto la paz!...</p>
+
+<p>Y como si aquella l&aacute;grima bendita, alcanzada por la oraci&oacute;n de un justo,
+se formase en aquel momento en algunas entra&ntilde;as y subiese hasta un
+coraz&oacute;n y brotase por unos ojos, con explosi&oacute;n de dolor formidable,
+rompi&oacute; el hondo silencio un sollozo que reson&oacute; por todos los &aacute;mbitos de
+<span class='pagenum'><a name="Page_531" id="Page_531">[531]</a></span>la capilla, haciendo al jesuita enmudecer un instante, y mirarse
+p&aacute;lidas y sobrecogidas a cuantas vieron a la condesa de Albornoz
+desplomarse sobre el reclinatorio, aniquilada como el grano de mijo que
+machaca la piedra de molino, mordi&eacute;ndose las manos para contener, como
+con esfuerzo sobrehumano contuvo, los gritos, los sollozos, los alaridos
+de dolor que parec&iacute;an hervirle en el pecho, sin llegar a reventarle por
+los labios.</p>
+
+<p>Termin&oacute; el serm&oacute;n, y sigui&oacute;se luego, y termin&oacute; tambi&eacute;n aquel canto
+suav&iacute;simo, pat&eacute;tico grito del pecador arrepentido: <i>&iexcl;Perd&oacute;n, oh Dios
+m&iacute;o!</i> Y la numerosa concurrencia desfil&oacute; por delante de Currita, sin que
+levantase ella la cabeza ni hiciera un movimiento, como si la verg&uuml;enza
+de su vida entera la tuviese all&iacute; sujeta, clavada, ante las miradas
+curiosas, compasivas y aun burlonas de sus antiguas rivales.</p>
+
+<p>Qued&oacute; la capilla solitaria, y una religiosa lega, que se deslizaba como
+una sombra, apag&oacute; las luces una a una, sin que la condesa de Albornoz se
+moviese de su sitio ni diese muestras de vida. Unos brazos la rodearon
+al fin en aquella soledad de que s&oacute;lo Dios era testigo, y una voz muy
+conmovida le dijo muy bajo:</p>
+
+<p>&mdash;Curra, hija m&iacute;a... Abajo tengo mi coche... &iquest;Quieres que te lleve?...</p>
+
+<p>Ella levant&oacute; la cabeza y fij&oacute; en la que as&iacute; hablaba una mirada hosca,
+medrosa, que no parec&iacute;a tener conciencia de la realidad y reflejaba como
+en dos vidrios profundos todos los asombros y todas las agon&iacute;as...
+Reconoci&oacute; al fin a la marquesa de Villasis, y el rostro de la pecadora,
+rojo de verg&uuml;enza por primera vez en su vida, ocult&oacute;se en el casto pecho
+de la mujer fuerte, balbuceando entre sollozos:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, s&iacute;!... Adonde no me vea nadie... A Chamart&iacute;n con mi hija...</p>
+
+<p>La ni&ntilde;a no se sorprendi&oacute; al verla... Hab&iacute;a ofrecido aquella tarde, por
+aviso del padre Cifuentes, el sacrificio de su vida, y esperaba confiada
+y serena, como esperan las l&aacute;grimas del pecador los &aacute;ngeles de la
+<span class='pagenum'><a name="Page_532" id="Page_532">[532]</a></span>guarda...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IXdmdash" id="IXdmdash"></a><a href="#toc">&mdash;IX&mdash;</a></h2>
+
+
+<p>Se ha dicho que m&aacute;s cavila un pobre que cien abogados, y hay quien
+cavila m&aacute;s que cien pobres y cien abogados juntos: cualquier muchacho
+harag&aacute;n que se ve con un libro delante, clavado en un banco. En este
+caso se hallaba aquel d&iacute;a, en el estudio del colegio de Guichon,
+Alfonsito T&eacute;llez-Ponce, alias <i>Tap&oacute;n</i>, piel del diablo, coraz&oacute;n de
+&aacute;ngel, enredador como &eacute;l solo, &iacute;dolo y tentaci&oacute;n perpetua de sus
+compa&ntilde;eros, encanto y purgatorio eterno de sus maestros.</p>
+
+<p>Sus prop&oacute;sitos no pod&iacute;an, sin embargo, ser aquella ma&ntilde;ana mejores, ni
+sus intenciones m&aacute;s rectas: celebr&aacute;base al d&iacute;a siguiente el santo del
+padre rector con una jira de campo famos&iacute;sima, all&aacute; en la playa de
+Biarritz, y el m&iacute;sero Tap&oacute;n, condenado por tres o cuatro sentencias a
+recluimiento perpetuo, propon&iacute;ase, con un d&iacute;a entero de observancia
+completa, alcanzar el indulto general de sus condenas y el
+sobreseimiento de las diez o doce causas que, por diversos atentados,
+conatos e infracciones de la ley, se le segu&iacute;an ante el tribunal del
+padre prefecto.</p>
+
+<p>Levant&oacute;se, pues, de un salto al primer toque de la campana, lav&oacute;se sin
+derramar una gota de agua, y sin otro percance que el meter un pie en el
+orinal y hacerlo a&ntilde;icos, sin intenci&oacute;n deliberada, por supuesto, p&uacute;sose
+en formaci&oacute;n muy derechito, entr&oacute; en la capilla y oy&oacute; misa lo mismo que
+un san Luis Gonzaga.</p>
+
+<p>Bueno iba aquello; mas al salir del sagrado recinto, diole un brinco el
+diablo en el cuerpo, y sin poderlo remediar tir&oacute; al compa&ntilde;ero que
+<span class='pagenum'><a name="Page_533" id="Page_533">[533]</a></span>marchaba delante en las ordenadas filas del pa&ntilde;al de la camisa, que
+imp&uacute;dicamente le asomaba por debajo de la blusa. En la sala de estudio
+rez&oacute; el <i>Actiones nostras</i> con devoci&oacute;n suma, sacudi&oacute; un papirotazo a su
+vecino de la derecha, arrastrado por la fuerza de la costumbre, tir&oacute; al
+suelo los libros del de la izquierda, por una necesidad casi de su
+temperamento, y abri&oacute; la tapa de su caj&oacute;n con mucha formalidad.</p>
+
+<p>Iba a ponerse a estudiar, y no de cualquier manera ni cualquier cosa;
+sus estudios de ret&oacute;rica hab&iacute;an ya terminado el a&ntilde;o &uacute;ltimo, y acababa de
+asistir a la toma de Troya y a la fundaci&oacute;n de Roma; hab&iacute;a bebido con
+Horacio en las cascadas del T&iacute;ber, admirado a las abejas con Virgilio,
+salvado a la Rep&uacute;blica con Cicer&oacute;n y alborotado en las plazas de Grecia
+con Dem&oacute;stenes. Toc&aacute;bale aquel a&ntilde;o dedicarse a la sublime ciencia del
+c&aacute;lculo, y hab&iacute;a obtenido ya, por orden de su profesor, la medida del
+campanario del pueblo, con un error aproximado de dos kil&oacute;metros; aquel
+d&iacute;a propon&iacute;ase nada menos que determinar el radio de una esfera, y sac&oacute;
+con toda diligencia el libro de texto, la caja de compases y el blanco
+papel inmaculado en que hab&iacute;a de desarrollarse el importante c&aacute;lculo.</p>
+
+<p>El padre Bonnet, inspector en el estudio, mir&aacute;bale desde lo alto de la
+tribuna, asombrado de tanta laboriosidad, creyendo tener ante los ojos
+la conversi&oacute;n de san Agust&iacute;n o el trueque de Saulo en Pablo.</p>
+
+<p>Con un r&aacute;pido movimiento del comp&aacute;s traz&oacute; Tap&oacute;n una esfera limpia y
+correcta, con la luna en su plenilunio. &iexcl;Magn&iacute;fico!... Redonda era como
+el mundo... Parec&iacute;a una carita... &iexcl;Justo!..., una carita... Igual,
+id&eacute;ntica a la de madame Dous, la tendera que vend&iacute;a pelotas en los
+portales de Bayona. &iexcl;Qu&eacute; casualidad!... Tap&oacute;n marc&oacute; con mucha habilidad
+dos puntos para tomar los radios con que hab&iacute;a de trazar dos arcos que
+se cortasen, y se afirm&oacute; en su creencia... Aquellos dos puntitos
+parec&iacute;an, sin duda alguna, los ojos de madame Dous, redondos, peque&ntilde;os,
+abiertos como con un punz&oacute;n... El parecido era exacto: tan s&oacute;lo le
+faltaba el mo&ntilde;ito en lo alto de la cabeza, y para que nada le faltase,
+pint&oacute; Tap&oacute;n a la esfera un mo&ntilde;ito en la parte superior; dibuj&oacute;le luego
+unas narices en el punto en que debieron encontrarse los dos malogrados
+<span class='pagenum'><a name="Page_534" id="Page_534">[534]</a></span>arcos, p&uacute;sole por debajo una boca bigotuda, a&ntilde;adi&oacute;le despu&eacute;s dos orejas
+con pendientes, y en menos de un cuarto de hora encontr&oacute; la cara de
+madame Dous, en vez de encontrar el radio de la esfera.</p>
+
+<p>Satisfecho de su hallazgo, mostr&oacute;lo a sus dos vecinos; una mano aleve
+avanz&oacute; entonces por detr&aacute;s y arranc&oacute;le de las suyas la obra maestra.
+&iexcl;Santo Dios!... Volvi&oacute;se Tap&oacute;n asustado y encontr&oacute;se frente a frente con
+el padre Bonnet. &iexcl;Bonita ocasi&oacute;n para presentarle su petici&oacute;n de
+indulto!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;As&iacute; prepara usted la clase, se&ntilde;or de... Tap&oacute;n?&mdash;dijo el ministro de
+la justicia con voz formidable.</p>
+
+<p>Y el se&ntilde;or de Tap&oacute;n, sobrecogido, pero con mucha dignidad, asegur&oacute;,
+puesta la mano sobre el pecho, que hab&iacute;a sido una distracci&oacute;n, que lo
+hab&iacute;a hecho sin poderlo remediar...</p>
+
+<p>&mdash;Pues sin poderlo remediar se quedar&aacute; usted hoy sin postres..., y
+ma&ntilde;ana, por supuesto, sin campo...</p>
+
+<p>Tap&oacute;n se ech&oacute; a llorar acongojado, empuj&oacute; por la izquierda el libro de
+texto, alej&oacute; de s&iacute; por la derecha la caja de compases, y apoyando la
+cabeza en ambas manos, qued&oacute;se absorto, a trav&eacute;s de sus l&aacute;grimas, en la
+contemplaci&oacute;n del tintero de peltre que ten&iacute;a delante. Una mosca paseaba
+por sus bordes, alargando de cuando en cuando la sutil trompilla,
+haciendo vibrar, al cruzarlas con las patas traseras, las pardas y
+transparentes alas. Parec&iacute;a la mosca meditabunda, y ocurri&oacute;sele a Tap&oacute;n
+cazarla, para alivio de sus penas; moj&oacute;se con saliva los extremos del
+pulgar y el &iacute;ndice, y alarg&oacute; la mano suavemente: la incauta mosca salt&oacute;
+del tintero a la mano traicionera, dio una carrerita y acerc&oacute;se al fatal
+lazo. Tap&oacute;n apret&oacute; entonces los dedos y pill&oacute;la por las patas... La
+mosca protestaba muy indignada, batiendo las alas con cierto zumbido
+lastimoso.</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_535" id="Page_535">[535]</a></span></p><div class="poem"><div class="stanza">
+<span class="i0">Presa en estrecho lazo<br /></span>
+<span class="i0">La codorniz sencilla<br /></span>
+<span class="i0">Daba quejas al viento,<br /></span>
+<span class="i0">Ya tarde arrepentida.<br /></span>
+</div></div>
+
+<p>Tap&oacute;n, inexorable, resolvi&oacute; convertirla en ministro de sus venganzas;
+cogi&oacute; un fino papel de seda, escribi&oacute; en &eacute;l: &laquo;&iexcl;Muera el padre Bonnet!&raquo;,
+y retorci&eacute;ndole muy bien una puntita, clav&oacute;lo por detr&aacute;s a la
+prisionera. Abri&oacute; luego la mano y la mosca ech&oacute; a volar, arrastrando la
+larga cola, a modo de ave del para&iacute;so.</p>
+
+<p>El gozo de Tap&oacute;n fue imponderable: hab&iacute;a realizado la teor&iacute;a de las
+<i>palomas mensajeras</i>. Puso manos a la obra, y en menos de diez minutos
+revoloteaban por el estudio m&aacute;s de una docena de moscas, llevando de una
+a otra parte el grito subversivo de &laquo;&iexcl;Muera el padre Bonnet!&raquo;. La
+sedici&oacute;n prendi&oacute; al punto por el amplio recinto, encontrando por todas
+partes imitadores y aun reformistas; uno puso en rojos papelitos &laquo;&iexcl;Viva
+la libertad!&raquo;, otro se adelant&oacute; a poner &laquo;&iexcl;Abajo los jesuitas!&raquo;, y un
+tercero, hijo de un emigrado, destroz&oacute; una caja de bombones para
+estampar en ligero papel azul el grito retr&oacute;grado de &laquo;&iexcl;Viva Carlos
+VII!&raquo;...</p>
+
+<p>Aquello fue una manifestaci&oacute;n general de simpat&iacute;as personales e ideales
+pol&iacute;ticos, y no hubo uno solo entre aquellos hombres de estado, capaces
+de regir el pa&iacute;s de Liliput, que no manifestase sus opiniones por medio
+de las nuevas palomas mensajeras. Tan s&oacute;lo Paco Luj&aacute;n, inclinado sobre
+su pupitre, aunque sin ocuparse mucho del libro que ten&iacute;a delante,
+limit&aacute;base a seguir a veces con la vista el vuelo de las palomas
+mensajeras, sonriendo ben&eacute;volamente, pero sin tomar parte en el
+clandestino entretenimiento. A su espalda, un muchacho mayorcito, de
+frente estrecha, tipo malayo y rastrera expresi&oacute;n de envidia, que hab&iacute;a
+tenido con &eacute;l varias reyertas y sufrido m&aacute;s de una vez el empuje de sus
+poderosos pu&ntilde;os, escrib&iacute;a con mucho disimulo en un trozo de papel de
+<span class='pagenum'><a name="Page_536" id="Page_536">[536]</a></span>fumar un largo letrero; p&uacute;solo despu&eacute;s, seg&uacute;n el sistema Tap&oacute;n, a una
+mosca muy gorda, y mirando antes a todas partes con recelo, arroj&oacute;la a
+hurtadillas por encima de la cabeza de Paco; mant&uacute;vose la mosca un
+momento en el aire, y arrastrada por el peso del espurio rabo, pos&oacute;se al
+fin en la espalda del chico que ten&iacute;a Luj&aacute;n delante. Ri&oacute;se este al
+verla, y extendiendo la mano prontamente, cogi&oacute;la por el papel; la mosca
+ech&oacute; a volar dejando su molesto ap&eacute;ndice en manos del ni&ntilde;o, y la pobre
+criatura, alborozada con la presa, p&uacute;sose a leer el contenido de la
+misiva... Mas su gozo desapareci&oacute; de repente, torn&aacute;ndose l&iacute;vido al
+descifrarla, dando una media vuelta en el asiento cual si le hubiesen
+aplicado un hierro candente, fijando una mirada de odio feroz, de rabia
+pronta a desbordarse en el inofensivo Tap&oacute;n, que muy alborozado, lanzaba
+al aire en aquel momento su decimosexto clamor de &laquo;&iexcl;Muera el padre
+Bonnet!&raquo;. A espaldas de ambos segu&iacute;a el malayo con maligna curiosidad
+aquella muda escena, que ten&iacute;a a la vez mucho de infantil y de terrible.</p>
+
+<p>Paco Luj&aacute;n volvi&oacute; lentamente la cabeza hasta esconderla entre ambas
+manos como anonadado; clav&oacute;se en ella los agarrotados dedos temblando de
+rabia, y dos l&aacute;grimas, dos l&aacute;grimas de esas que rara vez se derraman a
+los quince a&ntilde;os, brotaron de sus ojos y surcaron sus mejillas; la ira
+las sec&oacute; al punto, como seca una gota de agua el sim&uacute;m del desierto...
+Hab&iacute;a le&iacute;do en aquel papel una grosera chocarrer&iacute;a en que se mezclaban
+el nombre de su madre y encubiertamente el de Jacobo, firmada por el
+hijo de aquel hombre odiado, el mismo Alfonsito T&eacute;llez, el inofensivo
+Tap&oacute;n, el <i>diablillo de olor de rosa</i> como le llamaba el rector del
+colegio, para expresar al mismo tiempo su sencillez de &aacute;ngel y su
+travesura de diablo. &iexcl;Qu&eacute; golpe aquel tan inesperado y tan horrendo!</p>
+
+<p>El ni&ntilde;o, avezado a callar por el largo y silencioso sufrir de su corta
+vida, call&oacute; una vez m&aacute;s devorando su rencor y sus l&aacute;grimas, y una hora
+despu&eacute;s, cuando la campana llamaba a los alumnos a clase, Paco Luj&aacute;n no
+dio se&ntilde;ales de haberla o&iacute;do y sigui&oacute; clavado en el banco, con la cabeza
+entre las manos, sin m&aacute;s muestras de vida que los frecuentes
+estremecimientos nerviosos que recorr&iacute;an todo su cuerpo. Crey&oacute;le dormido
+<span class='pagenum'><a name="Page_537" id="Page_537">[537]</a></span>el padre Bonnet y separ&oacute;le las manos del rostro: vio entonces su frente
+arrebatada, sus ojos brillantes extraviados, y palp&oacute; sus manos
+ardorosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso, hijo?... &iquest;Est&aacute;s malo?... &iquest;Tienes calentura?...</p>
+
+<p>&mdash;No..., no..., no tengo nada&mdash;replic&oacute; el ni&ntilde;o con forzada sonrisa.</p>
+
+<p>Y arranc&aacute;ndose bruscamente de las manos del padre, ech&oacute; a correr hacia
+la clase.</p>
+
+<p>Jam&aacute;s hubo despertar tan alegre como el que tuvieron al otro d&iacute;a los
+colegiales de Guichon; ten&iacute;a aquello algo del despertar de los p&aacute;jaros
+cuando en una ma&ntilde;ana de mayo se lanzan del nido, al primer rayo de la
+aurora, y estalla su alegr&iacute;a, ruidosa, alborotada, comunicativa,
+derram&aacute;ndose por entre el follaje de los &aacute;rboles como una cascada de
+alegres trinos, que llega hasta el fondo del alma y la conmueve, la
+arrastra y despierta en ella paz, gozo, consuelo y pl&aacute;cida gratitud
+hacia Dios. La alegre charanga del colegio sustituy&oacute; aquel d&iacute;a a las
+severas campanadas que arrancaban de ordinario a los alumnos de la
+profunda quietud del sue&ntilde;o de la infancia, para arrojarlos en los
+peque&ntilde;os azares, inmensos para ellos, de la vida de estudiantes; cien
+vivas atronadores al padre rector se unieron al punto a los acordes de
+la m&uacute;sica, y la alegr&iacute;a desbordada, la vida bulliciosa que rebosaba en
+aquellos cuerpecitos, inund&oacute; de repente dormitorios, pasillos y el
+colegio entero, yendo a estrellarse a las puertas de la capilla por una
+de esas r&aacute;pidas mutaciones, incre&iacute;bles en los ni&ntilde;os, que prueban el
+poder inmenso de la disciplina y la fuerza irresistible que en toda
+multitud ejerce la autoridad que sabe hacerse amar y respetar. Rein&oacute;
+all&iacute; un silencio profundo, oy&oacute;se misa con devota compostura y tom&oacute;se
+luego un pareo desayuno; hubo entonces un momento de expectaci&oacute;n
+general, de angustiosa perplejidad...</p>
+
+<p>Apareci&oacute; el padre prefecto, el temido ejecutor de las solemnes
+<span class='pagenum'><a name="Page_538" id="Page_538">[538]</a></span>justicias, y mand&oacute; salir de las filas a Tap&oacute;n y a otros seis
+sentenciados. Pint&oacute;se la consternaci&oacute;n en todas las caritas, y mientras
+p&aacute;lidos y constrictos se alineaban los reos a la izquierda, not&oacute;se en la
+multitud ese desasosiego que precede siempre en ellas a las resoluciones
+heroicas o desesperadas. Un chiquillo regordete sali&oacute; al cabo de las
+filas, colorado como un tomate, y acerc&aacute;ndose al padre rector, que en
+aquel momento llegaba, d&iacute;jole con heroica magnanimidad:</p>
+
+<p>&mdash;Que vayan al campo esos... Yo me quedo; s&iacute;, se&ntilde;or, yo me quedo por
+ellos.</p>
+
+<p>Una exclamaci&oacute;n de entusiasmo acogi&oacute; la abnegaci&oacute;n del h&eacute;roe, y el
+rector, extendiendo la mano con adem&aacute;n imponente, dijo muy grave:</p>
+
+<p>&mdash;Usted, se&ntilde;or abogado de causas perdidas, se ir&aacute; al campo ahora
+mismo... y esos siete se&ntilde;ores se quitar&aacute;n al momento de mi vista...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; torn&oacute; el rector a alzar la mano, como si fuese a descargar el rayo
+vengador de la justicia, y concluy&oacute; con tremenda severidad:</p>
+
+<p>&mdash;...y&eacute;ndose al campo tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>La severidad del rector se deshizo entonces en una alegre carcajada, y
+una griter&iacute;a inmensa acogi&oacute; la proclamaci&oacute;n del indulto, mientras las
+gorras sub&iacute;an por lo alto en alas del entusiasmo, y los reos perdonados
+y el intercesor generoso eran llevados en triunfo con cari&ntilde;osa
+fraternidad.</p>
+
+<p>Pusi&eacute;ronse todos en marcha, a trav&eacute;s de aquellos campos floridos,
+aquellas verdes praderas, bosques espesos y preciosas casitas rodeadas
+de jardines, que adornan todo el camino desde Guichon hasta el mar.
+Extend&iacute;ase este por detr&aacute;s de Biarritz, estrell&aacute;ndose contra las rocas
+con furor inmenso, amenazador e imponente, bajo aquel l&iacute;mpido azul y con
+aquel sosegado tiempo, como un gesto de terrible c&oacute;lera en el rostro de
+<span class='pagenum'><a name="Page_539" id="Page_539">[539]</a></span>una serena divinidad.</p>
+
+<p>M&aacute;s all&aacute; de la playa de los vascos, en una alta y escondida explanada
+que forman las rocas no lejos de cierta <i>villa</i> deliciosa, hizo alto la
+alegre turba, dispuesta a sentar all&iacute; sus reales para comer y sestear.
+La comida era sustanciosa y el apetito excelente, y sentados en el suelo
+en grupos de diez o doce, comenzaron los chicos aquel fest&iacute;n delicioso,
+a que las brisas del mar prestaban su frescura, los rayos del sol sus
+resplandores y la alegr&iacute;a de la infancia su graciosa locuacidad. Los
+inspectores les vigilaban yendo de un lado a otro, tomando parte en sus
+conversaciones, fomentando sus bromas y sus risas, y evitando con su
+presencia los excesos, sin disminuir con ella la alegr&iacute;a y la expansi&oacute;n.
+En una de sus rondas tropez&oacute;se el padre Bonnet con Paco Luj&aacute;n, sentado a
+la turca en uno de los grupos m&aacute;s numerosos; pareci&oacute;le el ni&ntilde;o
+preocupado y taciturno, y observ&oacute; ante &eacute;l su plato vac&iacute;o, y puesta sobre
+la servilleta su parte de pan intacta. Uno de sus compa&ntilde;eros denunci&oacute;lo
+al punto, gritando:</p>
+
+<p>&mdash;Padre... Luj&aacute;n no come...</p>
+
+<p>Volvi&oacute;se &eacute;l r&aacute;pidamente, y con forzada jovialidad contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que no como?... &iexcl;Vaya si como!... &iexcl;Mira!...</p>
+
+<p>Y bebi&oacute;se de un trago, sin resollar siquiera, un vaso lleno de vino
+hasta los bordes; mostr&oacute;se desde entonces alegre, hablador y chancero, y
+levant&aacute;ndose de repente, comenz&oacute; a dar vueltas de un lado a otro, como
+si buscase algo. Hab&iacute;a ya terminado la comida, llegaba a lo sumo la
+alegr&iacute;a, y los chiquillos, dispersos por todos los lados, comenzaban a
+organizar diversas partidas de juego; en lo alto de una roca, montado a
+caballo sobre uno de sus salientes, hall&aacute;base Tap&oacute;n muy afanado, en
+mangas de camisa, armando con una ca&ntilde;a abandonada y un largo bramante un
+aparato de pesca. Acerc&oacute;sele Luj&aacute;n por detr&aacute;s, y poni&eacute;ndole una mano
+sobre el hombro, d&iacute;jole con voz extra&ntilde;a:</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_540" id="Page_540">[540]</a></span></p><p>&mdash;&iexcl;Tap&oacute;n... ven ac&aacute;!...</p>
+
+<p>Levant&oacute; este los ojos, y a la vista de aquel p&aacute;lido rostro y aquel torvo
+ce&ntilde;o, inmut&oacute;se mucho; solt&oacute; al punto la ca&ntilde;a, terci&oacute;se al hombro en
+silencio la chaqueta y levant&oacute;se d&oacute;cilmente:</p>
+
+<p>&mdash;Anda delante&mdash;dijo Paco.</p>
+
+<p>Arrancaba de all&iacute; un senderito abierto en la misma roca, que entre picos
+y grandes pe&ntilde;ascos llegaba hasta la playa baja que azotaban las olas, y
+por all&iacute; comenzaron a bajar los ni&ntilde;os, silenciosos ambos, sorprendido y
+azorado Alfonso, p&aacute;lido el otro y torva la mirada, arrastrados los dos,
+sin saberlo, por la desventura m&aacute;s digna de l&aacute;stima que existe en la
+tierra: la que acarrean al inocente los delitos del culpado.</p>
+
+<p>Cuando llegaron a lo m&aacute;s hondo de la playa, donde los pe&ntilde;ascos se
+ergu&iacute;an solitarios, y el ruido del mar ensordec&iacute;a y espantaba, y ya no
+se escuchaba la algazara de los ni&ntilde;os ni se descubr&iacute;a rastro alguno de
+hombres, volvi&oacute;se Tap&oacute;n lleno de zozobra y mir&oacute; a su compa&ntilde;ero
+t&iacute;midamente; mas este, empuj&aacute;ndole hacia adelante, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Anda!... &iquest;Tienes miedo?...</p>
+
+<p>Terminaba el senderito que segu&iacute;an en una reducida explanada, rodeada
+por todas partes de rocas, que la pleamar cubr&iacute;a por completo y
+salpicaban entonces las olas con blancos espumarajos, dejando al
+retirarse, en el declive, una peque&ntilde;a hondonada, una especie de pozo
+lleno de agua que cubrir&iacute;a a ambos ni&ntilde;os hasta la cintura. Peg&oacute;se Tap&oacute;n
+a la roca m&aacute;s lejana, que le cortaba la salida, volvi&eacute;ndose de nuevo muy
+p&aacute;lido y asustado, y con el ansia mortal de la zozobra, con la
+desfallecida voz del miedo, dijo muy bajo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres?</p>
+
+<p>Y el otro, dando entonces rienda suelta a la rabia que le ahogaba, al
+<span class='pagenum'><a name="Page_541" id="Page_541">[541]</a></span>rencor contra el padre de aquel inocente, fuera ya de su alcance, que
+por tantos a&ntilde;os hab&iacute;a fomentado en el fondo del pecho, con la paciencia
+con que se afila la hoja de un cuchillo, grit&oacute; con voz terrible,
+sacudi&eacute;ndole con una mano por un brazo, poni&eacute;ndole el pu&ntilde;o cerrado de la
+otra junto al rostro mismo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quiero?... &iexcl;Matarte es lo que quiero!... Romperte el alma...
+Tirarte al agua; que uno de los dos no vuelva al colegio...</p>
+
+<p>Y sacando el bolsillo el funesto papel arrancado a la mosca el d&iacute;a
+antes, p&uacute;solo ante los ojos de Tap&oacute;n, dilatados por el espanto, y torn&oacute;
+a gritarle l&iacute;vido de ira:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Conoces esto?...</p>
+
+<p>El ni&ntilde;o fij&oacute; un momento los ojos en aquel papel desconocido a que la
+mano que lo sosten&iacute;a comunicaba temblores de rabia, y el pudor de su
+alma inocente tuvo fuerzas para colorear en sus mejillas por un momento
+la azulada palidez del espanto. Movi&oacute; la cabecita y cerr&oacute; los ojos,
+apart&aacute;ndolos.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es malo&mdash;dijo&mdash;, es pecado...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pecado y t&uacute; lo has escrito?&mdash;bram&oacute; el otro en el paroxismo de la
+rabia.</p>
+
+<p>Y de una terrible bofetada arroj&oacute;le al suelo cuan largo era y lanz&oacute;se
+luego sobre &eacute;l, dando roncos gritos de furor, vomitando contra el padre
+y la madre y el ni&ntilde;o mismo horrendos insultos, que parec&iacute;an hincharle la
+garganta como si no hubiera en ella espacio bastante para arrojarlos,
+d&aacute;ndole pu&ntilde;adas, pate&aacute;ndole todo el cuerpo, mes&aacute;ndole los cabellos y
+sacudi&eacute;ndole la cabeza contra las rocas, hasta que, rendido y jadeante,
+viose de improviso las manos manchadas de sangre... Entonces dio un paso
+atr&aacute;s, p&aacute;lido y descompuesto, y sucedi&oacute;le al punto, en un segundo, lo
+<span class='pagenum'><a name="Page_542" id="Page_542">[542]</a></span>que sucede a todos los corazones generosos cuando pasa en ellos el
+v&eacute;rtigo horrible de la venganza y ven ya a su v&iacute;ctima indefensa y
+aniquilada, tendida a sus pies: una gran piedad hacia aquel pobre ni&ntilde;o,
+en quien hab&iacute;a querido &eacute;l, sin conseguirlo del todo, acumular el odio
+inmenso que profesaba a su padre, invadi&oacute; su pecho y despert&oacute; su raz&oacute;n,
+y con voz queda, enternecida casi, alarg&oacute;le su propio pa&ntilde;uelo, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Tap&oacute;n..., tienes sangre...</p>
+
+<p>El ni&ntilde;o procuraba incorporarse exhalando ayes lastimeros, repitiendo
+siempre con acento de verdad profunda. &laquo;&iexcl;Yo no he sido!... &iexcl;Yo no he
+sido!&raquo; Y con desgarradora expresi&oacute;n de pena, como si le dolieran m&aacute;s en
+el alma que sus heridas le dol&iacute;an en el cuerpo los insultos que hab&iacute;a
+o&iacute;do contra su padre y su madre, repet&iacute;a lastimeramente:</p>
+
+<p>&mdash;Mi padre ha muerto... Yo no lo conoc&iacute;... Pero mi mam&aacute; es una santa,
+santa... &iquest;Sabes t&uacute;?... &iexcl;Santa!...</p>
+
+<p>Paco Luj&aacute;n sinti&oacute; que el coraz&oacute;n entero se le derret&iacute;a en l&aacute;grimas, y
+acudi&oacute; a sostener al ni&ntilde;o, que parec&iacute;a pr&oacute;ximo a desfallecer; ten&iacute;a una
+herida en la frente y manaba de ella sangre en abundancia, que corr&iacute;a
+por su rostro y te&ntilde;&iacute;a ya su camisa. Ayud&oacute;le a levantar, sosteni&eacute;ndole
+por debajo de los brazos, y arrastr&oacute;le suavemente, para lavarle la
+herida, hacia el pozo que la marea baja dejaba al descubierto, colocado
+al pie de una roca, en la orilla misma del mar. El ni&ntilde;o se dejaba
+conducir con entera confianza, apoyando la l&iacute;vida cabecita, blanca cual
+un jazm&iacute;n cortado a la ma&ntilde;ana, en el hombro de Paco. Not&oacute; entonces este
+que hab&iacute;a olvidado el pa&ntilde;uelo all&aacute; arriba, en el sitio del combate, y
+volvi&oacute; corriendo en su busca; el ni&ntilde;o, mientras tanto, desasosegado y
+sin tino, sintiendo tras aquella conmoci&oacute;n tan ruda la natural congoja
+del v&oacute;mito, inclin&oacute;se demasiado sobre la roca y cay&oacute; rodando hasta el
+mar... Una ola inmensa que reventaba en aquel momento en la playa asi&oacute;le
+con sus mil garras de espuma, y en su tremenda resaca arrebat&oacute;lo hacia
+<span class='pagenum'><a name="Page_543" id="Page_543">[543]</a></span>dentro.</p>
+
+<p>Luj&aacute;n lanz&oacute; un alarido horrible, incomprensible en el aparato euf&oacute;nico
+de un ni&ntilde;o, y se qued&oacute; con el pelo erizado y los brazos r&iacute;gidos y
+extendidos hacia aquella ola inmensa que barr&iacute;a del mundo a un inocente,
+cumpliendo una tremenda justicia de Dios.</p>
+
+<p>Su estupor horrendo dur&oacute; s&oacute;lo un minuto... Sab&iacute;a &eacute;l nadar... y lo
+sacar&iacute;a, s&iacute;, lo sacar&iacute;a, aunque tuviera que bajar a lo profundo, aunque
+tuviera que hacerse trizas la cabeza contra los escollos del fondo, y
+luchar all&iacute; a brazo partido con el terror y la muerte... Y se arrancaba
+las ropas, y las tiraba a su paso, y trepaba por las pe&ntilde;as lanzando
+gritos, dejando en ellas, sin sentirlo, pedazos de la piel de sus
+piernas desnudas, de su pecho jadeante y comprimido por la espantosa
+presi&oacute;n del horror...</p>
+
+<p>Lleg&oacute; a la roca m&aacute;s alta, la m&aacute;s saliente e inclinada hacia el abismo, y
+agarrado a la punta, rasg&aacute;ndose el pecho contra las asperezas de la
+pe&ntilde;a, tendi&oacute; los ojos fuera de las &oacute;rbitas por aquella extensi&oacute;n
+inmensa, buscando una se&ntilde;al, un punto negro, un ligero estremecimiento
+en la superficie del agua... &iexcl;Nada!... &iexcl;Nada m&aacute;s que aquellas olas tan
+azules y tan bellas a pesar de cat&aacute;strofe tan horrenda, aquel cielo tan
+puro y tan radiante a pesar de horror tan profundo!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jesucristo!... &iexcl;Virgen Sant&iacute;sima!... &iexcl;Que salga, que aparezca!...
+&iexcl;Madre de los afligidos..., te doy mi vida en cambio!... &iexcl;Si yo no le
+odio, si le quiero, si le amo..., si amo a su padre mismo!... &iexcl;Se&ntilde;or m&iacute;o
+Jesucristo, perd&oacute;n.., me pesa!... Si &eacute;l era bueno..., la mala era mi
+madre..., ella..., ella...</p>
+
+<p>Se levant&oacute; r&iacute;gido, tieso como un muerto, pareciendo que se alargaba su
+estatura hasta crecer la mitad... All&iacute;..., all&iacute;..., all&aacute; lejos, a veinte
+brazas de aquella roca se agitaba el agua un poco, se formaba un
+remolino, aparec&iacute;a un punto negro... S&iacute;, s&iacute;, no hab&iacute;a duda...
+&iexcl;Jesucristo!... &iexcl;Una manita crispada que se alza pidiendo socorro!...</p>
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_544" id="Page_544">[544]</a></span></p><p>Y como una exhalaci&oacute;n describi&oacute; un arco en el aire y se hundi&oacute; en el
+mar la otra v&iacute;ctima, lanzando un grito de piedad que hall&oacute; su memoria en
+lo m&aacute;s profundo de los recuerdos de su infancia y puso la Reina de los
+&aacute;ngeles en sus labios, como una prenda de perd&oacute;n, en aquella hora
+suprema:</p>
+
+<p>&iexcl;Virgen del Recuerdo dolorida!</p>
+
+<p>&iquest;Te acordar&aacute;s de m&iacute;?</p>
+
+<p>Vi&oacute;sele nadar veinte brazas con la en&eacute;rgica desesperaci&oacute;n de la agon&iacute;a,
+hundirse una vez, aparecer otra, tornar otra vez a hundirse; salir a
+flote de nuevo, no una, sino dos cabecitas, pegadas, juntas, rubia la
+una, negra la otra, y sumergirse otra vez las dos formando un ligero
+v&oacute;rtice, unas suaves espumas, borrosas, imperceptibles, en aquel mar
+inmenso, &iexcl;limitado, roto tan s&oacute;lo en el lejano horizonte por una velita
+blanca que se divisaba a lo lejos...</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, unos pescadores de Guetary encontraron atravesados en
+una roca los cad&aacute;veres de los ni&ntilde;os, abrazados estrechamente aun despu&eacute;s
+de la muerte... En las ansias y rudo combate de aquella agon&iacute;a tremenda,
+el escapulario de uno hab&iacute;a pasado tambi&eacute;n al cuello del otro, y
+descansaba, como una contrase&ntilde;a del cielo, sobre los pechos de ambos.</p>
+
+<p>Jam&aacute;s se supo a cu&aacute;l hab&iacute;a pertenecido en vida la santa ense&ntilde;a: era el
+escapulario de la Virgen del Recuerdo...</p>
+
+<p class="center">Fin del libro cuarto
+</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+
+
+<p><span class='pagenum'><a name="Page_545" id="Page_545">[545]</a></span></p>
+
+<h2><a name="ep" id="ep"></a><a href="#toc">Ep&iacute;logo</a></h2>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+
+<p>La campana del santuario de Loyola hab&iacute;a tocado ya el &uacute;ltimo toque de
+misa y el hermano portero luchaba a brazo partido, en la misma puerta,
+con una de esas beatas pegajosas, &aacute;vidas siempre de santa curiosidad,
+propaladoras incansables de nuevas m&iacute;sticas, que creen asegurar el
+triunfo de la Iglesia y la extirpaci&oacute;n de las herej&iacute;as propagando entre
+fieles e infieles que el padre <i>A</i> estornud&oacute; dos veces seguidas, o que
+al padre <i>B</i> se le descosi&oacute; la borlita del solideo.</p>
+
+<p>Una se&ntilde;ora enlutada sali&oacute; entonces de la vecina hospeder&iacute;a, atraves&oacute;
+lentamente el prado y subi&oacute; las escaleras que llevan al santuario. Era
+una mujer alta, joven a&uacute;n, que parec&iacute;a agobiada por el peso de una de
+esas inmensas desventuras que inclinan el cuerpo a la tierra, como
+buscando en ella el consuelo y la paz. El negro cresp&oacute;n que sombreaba su
+frente, sin ocultarla del todo, dejaba ver unos ojos rojos en que ya no
+hab&iacute;a l&aacute;grimas y un rostro marchito, &oacute;valo perfecto en que se ve&iacute;a, por
+decirlo as&iacute;, incrustada una conmovedora expresi&oacute;n de dolor eterno.</p>
+
+<p>Al pasar ante el hermano, salud&oacute;la este con muestras de gran respeto, y
+la beata, ansiosa siempre de noticias, pregunt&oacute;le su nombre.</p>
+
+<p>&mdash;La marquesa de Sabadell&mdash;contest&oacute; el hermano.</p>
+
+<p>La beata dej&oacute; escapar una exclamaci&oacute;n de asombro, y con cierta compasiva
+admiraci&oacute;n sigui&oacute; a la dama con la vista, hasta verla desaparecer por la
+g&oacute;tica puerta del antiguo solar de Loyola.</p>
+
+<p>Un cochecillo desvencijado, tirado por dos flacos rocines del pa&iacute;s,
+entr&oacute; al mismo tiempo por el puente de Catalangua, atraves&oacute; velozmente
+el prado y vino a detenerse al pie de la escalinata. Ape&oacute;se otra se&ntilde;ora,
+tambi&eacute;n enlutada, muy flaca, muy peque&ntilde;ita, ocultando, como la otra,
+entre los negros crespones un rostro consumido y lleno de pecas y unos
+cabellos rojos mezclados de blanco. Nadie la conoc&iacute;a en el pa&iacute;s: hab&iacute;ase
+establecido aquel verano en un caser&iacute;o muy bien acondicionado, cerca de
+los ba&ntilde;os de San Juan, y ve&iacute;asela a menudo desde el camino pasear por la
+<span class='pagenum'><a name="Page_546" id="Page_546">[546]</a></span>huerta acompa&ntilde;ando a un caballero muy gordo, al parecer idiota, que
+lanzaba gritos extra&ntilde;os y tristes risotadas, y no se mov&iacute;a de un carrito
+de que tiraba a veces un borriquillo peque&ntilde;o, otras un criado, algunas,
+con bastante frecuencia, la misma se&ntilde;ora. Los caseros de las cercan&iacute;as
+llam&aacute;banla <i>Gorriya</i>, esto es, &laquo;la roja&raquo;.</p>
+
+<p>Al hermano portero no le era, sin embargo, desconocida la dama, y
+salud&oacute;la tambi&eacute;n a su paso con mucha atenci&oacute;n y deferencia. La beata,
+con redoblada curiosidad, torn&oacute; a preguntar asimismo el nombre de esta.</p>
+
+<p>&mdash;La condesa de Albornoz&mdash;replic&oacute; secamente el portero.</p>
+
+<p>Penetr&oacute; esta tambi&eacute;n en la santa casa y subi&oacute; al famoso santuario, lleno
+en aquel momento de fieles de todas clases, mezclados y confudidos el
+se&ntilde;or y el labriego, la dama y la casera, con ese aire de confianza, esa
+perfecta igualdad que muchos pregonan y s&oacute;lo se comprende y se practica
+en el santo templo de Dios. La Albornoz pas&oacute; rozando con su traje el
+traje de su infeliz prima y fue a arrodillarse, sin reparar en ella, a
+cuatro pasos de distancia.</p>
+
+<p>No sucedi&oacute; lo mismo a la marquesa de Sabadell: viola muy bien esta, la
+conoci&oacute; al punto, y el temblor de sus manos, el gesto espont&aacute;neo de
+horror con que apart&oacute; la vista, el ansia cruel con que se levant&oacute; su
+pecho, sin que pudieran exprimir sus vaivenes una sola l&aacute;grima, como si
+se hubiese agotado ya en aquel coraz&oacute;n el manantial de ellas, revelaron
+claramente la impresi&oacute;n horrible que le hac&iacute;a la presencia de aquella
+mujer funesta, que encontraba por primera vez despu&eacute;s de tantas
+desgracias.</p>
+
+<p>Comenz&oacute; la misa ante la imagen de san Ignacio, del lado de all&aacute; de la
+reja; la de Albornoz, flaca y macilenta, pase&oacute; a poco la vista por todas
+partes, buscando alg&uacute;n sitio en que sentarse, y no hall&aacute;ndolo, h&iacute;zolo
+humildemente en el suelo, sobre las fr&iacute;as losas; un anciano, pobre
+mendigo de Azpeitia, levant&oacute;se al punto del extremo de un banco y quiso
+<span class='pagenum'><a name="Page_547" id="Page_547">[547]</a></span>cederle su puesto; mas ella, agradeci&eacute;ndoselo con cari&ntilde;osa sonrisa, no
+acept&oacute;.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; al fin la hora de la comuni&oacute;n; el sacerdote abri&oacute; el tabern&aacute;culo,
+volvi&oacute;se al pueblo y bendijo a pobres y ricos, grandes y peque&ntilde;os,
+inocentes y arrepentidos, verdugos y v&iacute;ctimas... Todas las cabezas se
+inclinaron, dobl&aacute;ronse todas las rodillas en el m&aacute;s profundo silencio...</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;Ecce Agnus Dei; ecce qui tollit peccata mundi!...</i></p>
+
+<p>Varios hombres y mujeres se adelantaron y fueron a arrodillarse ante el
+comulgatorio; entre ellos iban la marquesa de Sabadell y la condesa de
+Albornoz, las dos rivales, el verdugo y la v&iacute;ctima, la mujer inocente y
+la c&iacute;nica escandalosa.</p>
+
+<p>Pas&oacute; largo rato; termin&oacute;se aquella misa y sali&oacute; despu&eacute;s otra, y poco a
+poco fueron desapareciendo los fieles, quedando al fin sola la Albornoz,
+arrodillada delante, sin poderse sostener apenas, ca&iacute;da la cabeza,
+cruzadas las manos, imagen viva de la humildad aniquilada ante la
+misericordia. Detr&aacute;s estaba la marquesa de Sabadell, arrodillada a larga
+distancia, sintiendo por primera vez, despu&eacute;s de la muerte de su hijo,
+el consuelo inefable de las l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>De repente hizo Currita un penoso esfuerzo para levantarse, y la otra se
+levant&oacute; tambi&eacute;n prontamente, y sali&oacute; de la capilla, deteni&eacute;ndose al lado
+de all&aacute; de la puerta, junto a la pila del agua bendita... All&iacute; la
+encontr&oacute; la Albornoz, y dio un paso atr&aacute;s al verla, p&aacute;lida cual un
+espectro.</p>
+
+<p>Mas ella, dando otro paso adelante, hizo un solo movimiento, una mera
+<i>peque&ntilde;ez</i>, de esas que asombran a los hombres y regocijan a los
+&aacute;ngeles: meti&oacute; la mano en la pila del agua bendita y se la ofreci&oacute; con
+la punta de los dedos...</p>
+
+<p class="center">Fin</p>
+<hr style="width: 65%;" />
+
+<div class="footnotes">
+<p class="center">Notas:</p>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1"><span class="label">[1]</span></a> Al publicarse por primer vez esta novela en <i>El Mensajero
+de Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s</i>, p&uacute;sole su autor este pr&oacute;logo dirigido a los
+lectores de dicha Revista, que por muchas y poderosas razones, nos ha
+parecido conveniente reproducir integro en esta sexta edici&oacute;n. (Nota de
+los editores.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a href="#FNanchor_2_2"><span class="label">[2]</span></a> Esta poes&iacute;a es original del padre Alarc&oacute;n, y fue le&iacute;da en
+una solemnidad semejante a la que aqu&iacute; describimos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_3_3" id="Footnote_3_3"></a><a href="#FNanchor_3_3"><span class="label">[3]</span></a> Advertimos desde luego al lector, que ni en este ni en
+ninguno de los personajes que se presentan en los muchos episodios
+hist&oacute;ricos de esta novela desempe&ntilde;ando cargos oficiales, se ha querido
+retratar ni aun siquiera aludir a los que realmente hubieran podido
+ocupar aquellos cargos en la &eacute;poca a que nos referimos. Por m&aacute;s que
+disten mucho ciertas personalidades de sernos simp&aacute;ticas, nos inspiran a
+lo menos compasi&oacute;n, y al fustigar sin piedad al vicio y al esc&aacute;ndalo,
+nos guardamos muy bien de ensa&ntilde;arnos con persona alguna determinada, a
+que puede el arrepentimiento haber colocado ya al abrigo de toda
+censura. Con m&aacute;s raz&oacute;n que Cr&eacute;villon podemos decir: <i>Jamais aucune fiel
+a empoison&eacute; ma plume</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_4_4" id="Footnote_4_4"></a><a href="#FNanchor_4_4"><span class="label">[4]</span></a> &iexcl;Adelante, Tom, adelante!... &iexcl;Atraviesa!...
+&iexcl;Arr&oacute;llalos!...</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_5_5" id="Footnote_5_5"></a><a href="#FNanchor_5_5"><span class="label">[5]</span></a> Ll&aacute;mase en Inglaterra Nursery al departamento especial en
+que viven los ni&ntilde;os con sus criados completamente aislados del resto de
+la familia.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_6_6" id="Footnote_6_6"></a><a href="#FNanchor_6_6"><span class="label">[6]</span></a> &iquest;Qu&eacute; es esto, Miss?... Hay que estudiar la lecci&oacute;n de piano
+hasta las ocho.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_7_7" id="Footnote_7_7"></a><a href="#FNanchor_7_7"><span class="label">[7]</span></a> Hist&oacute;rico.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_8_8" id="Footnote_8_8"></a><a href="#FNanchor_8_8"><span class="label">[8]</span></a> Hist&oacute;rico todo.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_9_9" id="Footnote_9_9"></a><a href="#FNanchor_9_9"><span class="label">[9]</span></a> Sabido es que la emperatriz Eugenia, antes de casarse,
+llevaba por su ilustre familia el t&iacute;tulo de condesa de Teba.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_10_10" id="Footnote_10_10"></a><a href="#FNanchor_10_10"><span class="label">[10]</span></a> Suponemos que el lector comprender&aacute; que los juicios sobre
+personas determinadas que aparecen en boca de los personajes de esta
+novela no son juicios del autor, sino reflejo de los que formaban en
+aquella &eacute;poca la parte de la sociedad que dichos personajes
+representaban. El autor, que tan sin escr&uacute;pulos de ning&uacute;n g&eacute;nero ataca
+de frente al vicio y a la insolencia, se reserva siempre su juicio sobre
+individuos determinados, y se halla muy distante de pretender herir
+personalidad ninguna, por despreciable que le parezca.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_11_11" id="Footnote_11_11"></a><a href="#FNanchor_11_11"><span class="label">[11]</span></a> Am&eacute;n.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_12_12" id="Footnote_12_12"></a><a href="#FNanchor_12_12"><span class="label">[12]</span></a> En la vida de V. P. Eusebio Nieremberg se cuenta, que
+sol&iacute;a disciplinarse con uno de esos instrumentos de garfios de hierro
+llamados <i>gatos</i>, y sin duda a este <i>gato</i> y a este var&oacute;n ilustre, son a
+los que alude el t&iacute;o Frasquito.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_13_13" id="Footnote_13_13"></a><a href="#FNanchor_13_13"><span class="label">[13]</span></a> Este cuento y el siguiente son antiqu&iacute;simos cuentos
+populares de Andaluc&iacute;a, recogidos por el autor e inventados por el
+gracejo, profundo a veces, de los campesinos de aquella tierra. La
+sencillez misma de su forma y lo manifiesto de su inocente al par que
+picaresca intenci&oacute;n, excluyen de ellos toda otra idea irreverente.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_14_14" id="Footnote_14_14"></a><a href="#FNanchor_14_14"><span class="label">[14]</span></a> El an&aacute;lisis t&eacute;cnico de esta &oacute;pera est&aacute; tomado de un
+art&iacute;culo cr&iacute;tico del se&ntilde;or Pe&ntilde;a y Go&ntilde;i.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_15_15" id="Footnote_15_15"></a><a href="#FNanchor_15_15"><span class="label">[15]</span></a> Varias fueron las asociaciones de se&ntilde;oras que se fundaron
+en aquel tiempo con el fin de socorrer a los heridos del Norte, siendo
+la que m&aacute;s ben&eacute;ficos resultados produjo la presidida por la ilustre y
+virtuosa se&ntilde;ora marquesa de Miraflores, cuyo nombre ha aparecido siempre
+unido a todas las obras buenas y caritativas. Excusado nos parece
+advertir al lector que la asociaci&oacute;n que nosotros suponemos no tiene
+nada que ver con ninguna de estas, y que, aunque tomada del natural
+parte de su fisonom&iacute;a, es, en su conjunto, pura invenci&oacute;n nuestra.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_16_16" id="Footnote_16_16"></a><a href="#FNanchor_16_16"><span class="label">[16]</span></a> Esta cl&aacute;usula est&aacute; tomada literalmente del testamento
+citado, sin otra variaci&oacute;n que la de introducir en ella el nombre
+supuesto de la Marquesa de Paracu&eacute;llar.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_17_17" id="Footnote_17_17"></a><a href="#FNanchor_17_17"><span class="label">[17]</span></a> &iexcl;Padre san Ignacio..., s&aacute;lvalos!</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_18_18" id="Footnote_18_18"></a><a href="#FNanchor_18_18"><span class="label">[18]</span></a> &iexcl;Padre San Ignacio... adi&oacute;s!</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_19_19" id="Footnote_19_19"></a><a href="#FNanchor_19_19"><span class="label">[19]</span></a> La muerte de este santo anciano, acaecida al mismo tiempo
+que la de la persona que auxiliaba, es un hecho rigurosamente
+hist&oacute;rico.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_20_20" id="Footnote_20_20"></a><a href="#FNanchor_20_20"><span class="label">[20]</span></a> Formaban este primer gabinete alfonsino, bajo la
+presidencia de don Antonio C&aacute;novas del Castillo, los se&ntilde;ores Castro,
+C&aacute;rdenas, Jovellar, Salaverr&iacute;a, marqu&eacute;s de Molins, Romero Robledo, Ayala
+y marqu&eacute;s de Orovio. Excusado nos parece advertir que, al fingir
+nosotros un se&ntilde;or Gallego y un se&ntilde;or Laguna formando parte de este
+Ministerio, no aludimos para nada a ninguno de los se&ntilde;ores que en
+realidad lo formaron. Y ya que de alusiones hablamos, bueno ser&aacute; hacer
+constar, una vez m&aacute;s, que yerran por completo los que han cre&iacute;do ver en
+algunos personajes de la presente novela retratos de personas harto
+conocidas, que sin duda lo fueron muy poco de los que tal juzgan, cuando
+encuentran semejanza entre unos y otros. Nuestros personajes no son
+retratos de individuos determinados, sino tipos de caracteres sociales;
+y si puede halagar la vanidad del artista que resulten sus creaciones
+tan reales que no pueda conceb&iacute;rselas sin un modelo vivo, debe de
+repugnar ala delicadeza y aun a la conciencia del escritor honrado al
+convertir por este medio un libro escrito con altos fines morales en un
+intencionado libelo.</p></div></div>
+<hr style="width: 65%;" />
+
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+<pre>
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+End of the Project Gutenberg EBook of Pequeñeces, by Luis Coloma
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PEQUEÑECES ***
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+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
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+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
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+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
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+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
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+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
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+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
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+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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