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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/20011-8.txt b/20011-8.txt new file mode 100644 index 0000000..91d60fe --- /dev/null +++ b/20011-8.txt @@ -0,0 +1,17144 @@ +The Project Gutenberg EBook of Pequeñeces, by Luis Coloma + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Pequeñeces + +Author: Luis Coloma + +Release Date: December 3, 2006 [EBook #20011] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PEQUEÑECES *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + + + + + +Pequeñeces... + +por + +El P. Luis Coloma + +de la + +Compañia de Jesús + +SEXTA EDICIÓN + +Bilbao +ADMINISTRACIÓN DE «EL MENSAJERO DEL CORAZÓN DE JESÚS» +Calle de Ayala +1898 + +ES PROPIEDAD + +QUEDA HECHO EL DEPÓSITO QUE SEÑALA LA LEY + +BILBAO--Imp. de Corazón del Jesús, Muelle de Marzana, 7. + + + + +Al Lector[1] + +[Nota 1: Al publicarse por primer vez esta novela en _El Mensajero +de Corazón de Jesús_, púsole su autor este prólogo dirigido a los +lectores de dicha Revista, que por muchas y poderosas razones, nos ha +parecido conveniente reproducir integro en esta sexta edición. (Nota de +los editores.)] + + +Lector amigo: Si eres hombre corrido y poco asustadizo, conocedor de las +miserias humanas y amante de la verdad, aunque esta amargue, éntrate sin +miedo por las páginas de este libro; que no encontrarás en ellas nada +que te sea desconocido o se te haga molesto. Mas si eres alma pía y +asombradiza; si no has salido de esos limbos del entendimiento que +engendra, no tanto la inocencia del corazón como la falta de +experiencia; si la desnudez de la verdad te escandaliza o hiere tu amor +propio su rudeza, detente entonces y no pases adelante sin escuchar +primero lo que debo decirte. + +Porque témome mucho, lector amigo, que, de ser esto así y si no te +mueven mis razones, te espera más de un sobresalto entre las páginas de +este libro. Yo dejé correr en él la pluma con entera independencia, +rechazando con horror, al trazar mi pintura, esa teoría perversa que +ensancha el criterio de moralidad hasta desbordar las pasiones, +ocultando de manera más o menos solapada la pérfida idea de hacer pasar +por lícito todo lo que es agradable; mas confiésote de igual modo que, +si no con espanto, con grave fastidio al menos, y hasta con cierta _ira +literaria_, rechacé también aquel otro extremo contrario, propio de +algunas conciencias timoratas que se empeñan en ver un peligro en +dondequiera que aparece algo que deleita. Porque juzgo que, por sobra de +valor, yerran los primeros, en no ver abismos donde puede haber flores; +y tengo para mí que, por hartura de miedo, yerran también los segundos, +en no concebir una flor sin que oculte detrás un precipicio. Y andando, +andando, y partiendo los unos de un principio falso y los otros de una +verdad santa, llegan todos de la exageración al engaño, y pasan luego a +la demencia; pareciéndoles a aquellos que pueden servir de guía a la +juventud las crudezas de Zola, y creyendo estos que no conviene enseñar +a los niños el Credo y los Artículos de la Fe sin introducir algunas +prudentes modificaciones, de que yo pudiera citarle algún ridículo +ejemplo. Extraño fenómeno y singular aprieto para el escritor el de +estos dos extremos opuestos, hijos legítimos de la confusión de ideas en +todo orden de cosas que caracteriza nuestra época, y reconoce por +origen, entre otras mil causas, la orgullosa suficiencia propia, el +desprecio de la autoridad que legítimamente define, la falta de +profundidad y método en los estudios, el magisterio superficial, intruso +e interesado de los periódicos, y la funesta propensión a juzgar lo que +pasa en el corazón ajeno por lo que sucede en el propio. + +Cierto, ciertísimo, lector pío y discreto, que peca de inmoral y merece +toda censura el autor que encomia a los ladrones y recomienda sus hurtos +y los facilita; o el que protestando contra ellos y reconociendo su +inmoralidad, traza, sin embargo, con buenas intenciones y poquísima +prudencia, cuadros de peligrosa belleza, de tentación seductora, que +ejercen sobre el lector incauto, y aun sobre el que por tal no se tiene, +la atracción siniestra del abismo. Mas no por eso has de deducir de +aquí, lector pío siempre, y esta vez no discreto si tal deduces, que sea +igualmente inmoral el escritor que confiesa paladinamente que hay +ladrones, que da la voz de alerta contra ellos y los saca a la vergüenza +pública, pintándolos con todas aquellas sus negras tintas que sufre el +decoro y hacen al vicio antipático y odioso, y se ayuda así del mal para +hacer el bien, a la manera que la primavera se ayuda del estiércol para +fabricar la rosa. + +Y no me digas que se corre siempre el riesgo fatalísimo de abrir los +ojos a la inocencia; porque te diré entonces que si el tal autor supo +guardar ese _prudente decoro_ que indiqué antes, y esa inocencia de que +hablas es la verdadera inocencia del corazón, pura y santa, única que +todo lo ignora, así en teoría como en práctica, preciso será que pase +por aquellas páginas sin comprender lo que se dice entre líneas y coja +la rosa sin sospechar que existe el estiércol. Y si por ventura lo +sospecha y lo descubre, señal clara y evidente de que no estaban esos +ojos tan cerrados como tú creías, y no siendo ya inocencia pura del +corazón, sino mera ignorancia del entendimiento, le aprovechará por +ende, si no como medicina todavía, como preservativo, al menos, la +lección que encerró allí el autor en prudente logogrifo, y como +estiércol sucio y hediondo aprehenderá forzosamente lo que como tal se +le presenta. Y si se le convierte en ponzoña la triaca, culpa será suya +y no del médico, porque la malicia no estará entonces en el que escribe, +sino en la propia voluntad del que lee; que, como dijo un poeta antiguo: + + Del más hermoso clavel, + pompa del jardín ameno, + el áspid saca veneno, + la oficiosa abeja, miel. + +Con este criterio, lector amigo, escribí yo el libro que entre las manos +tienes, y lealmente te lo aviso para que lo arrojes a tiempo si mi modo +de pensar no te satisface. Y si por acaso te maravilla que siendo yo +quien soy me entre con tanta frescura por terrenos tan peligrosos, has +de tener en cuenta que, aunque _novelista_ parezco, soy sólo +_misionero_, y así como en otros tiempos subía un fraile sobre una mesa +en cualquier plaza pública y predicaba desde allí rudas verdades a los +distraídos que no iban al templo, hablándoles, para que bien lo +entendieran, su mismo grosero lenguaje, así también armo yo mi tinglado +en las páginas de una novela, y desde allí predico a los que de otro +modo no habían de escucharme, y les digo en su propia lengua verdades +claras y necesarias que no podrían jamás pronunciarse bajo las bóvedas +de un templo. + +Porque si tú, lector pío y candoroso, sentado a las márgenes de los +arroyos de leche y miel que fertilizan la Jerusalén celestial que +habitas, has creído que existe la noción del bien y del mal en todos +los corazones, con la misma claridad que tú la posees en tu +entendimiento iluminado por la gracia, estás en un error crasísimo. En +el mundo, y en cierta clase de mundo, sobre todo, el mal suele +desconocerse a sí mismo, por esa misma confusión de ideas que en todos +los órdenes reina. Cuando la relajación es general, sucede en una +sociedad lo que a bordo de un barco acontece: que como todo se mueve +igualmente, parece que nadie camina; preciso es que alguien se detenga +para que haya un punto fijo que marque el atropellamiento de los otros y +el rumbo peligroso de los que siguen caminando. + +Jamás harás conocer a un bizco su propio estrabismo, si no le pones +delante un espejo fiel que le retrate su torcida vista; porque el ojo de +la cara que sirve para ver y conocer a los demás no puede, sin un +milagro que equivalga a esta gracia que tú disfrutas, verse y conocerse +a sí mismo. Grande y caritativa obra, por tanto, será la del libro que +sirva de punto fijo para avisar a los del barco que se alejan de la +orilla; que sirva de espejo fiel al bizco desdichado, para que, +comenzando por conocer allí su vista extraviada, acabe por odiarla en sí +mismo. + +Y aquí tienes explicado de paso el porqué me detengo a veces en +pormenores harto nimios, que desdeñaría como artista y a que no +descendería como religioso. Porque el último parapeto del bizco que no +quiere mirar derecho es negar que entienda el que le reprende de +achaques de vista; por eso, cuando le pone delante el censor detalles +íntimos conocidos sólo de los del gremio, concédele al punto la ventaja +inmensa de la experiencia y se rinde a discreción, pensando que, si no +fue también bizco allá en sus tiempos aquel que le reprende, entre +muchos que bizquean debieron de apuntarle los dientes; y gran paso es ya +este dado en el corazón que quiere ganarse, porque le invita a la +confianza y le asegura la indulgencia, la idea de que aquel censor +inexorable estudió en su mismo libro y venció sus mismas flaquezas. + +Y si todas estas cosas me concedes, y me arguyes todavía que no cuadra a +la gravedad de _El Mensajero_ publicar historias tan profanas, pídote +que consideres una cosa, en que de seguro no habrás parado mientes. No +todos los suscriptores de _El Mensajero_ son como tú, piadosos y +espirituales: en sus listas, numerosísimas hasta un punto increíble +para lo que suelen ser estas cosas en España, figuran al lado de +místicas abadesas, señoras muy del mundo, y junto a congregantes de San +Luis, hombres despreocupados y hasta jóvenes alegres. Preciso es, pues, +que toda esta multitud heterogénea encuentre allí alimento que la nutra +y que le agrade, y la sana doctrina que paladea con delicia la abadesa +en la _Intención_ de cada mes, seria, profunda y devota, es manjar harto +sublime para el embotado paladar de aquellos otros que sólo podrán +tragar esa misma celestial doctrina, envuelta en una salsa lícitamente +profana. + +Dejen, pues, las almas pías ese rincón de _El Mensajero_ para esos +pobres hambrientos, a quienes hay que alimentar por sorpresa con la +santa doctrina de Cristo; que muy superior a la caridad que consiste en +dar es la que consiste en comprender y soportar las humanas flaquezas. +Esa es la que me hace a mí tomar la pluma y escribir para ellos, aun a +trueque de escuchar, como en cierta ocasión he oído, que rebaja el +carácter sacerdotal escribir cosas tan baladíes. ¡Como si la caridad se +rebajara alguna vez, por mucho que descienda!... + +Y con esto, lector amigo, te dejo en paz, y libre quedas para entrarte, +si te place, por las páginas de mi libro o dar media vuelta a la +derecha. Témome, sin embargo, y en tus ojillos devotos lo conozco, que +ansías ya por leerlo, y no lo dejarás hasta devorarlo letra a letra; +porque si mis razones no te han convencido, como deseo, es fácil que la +curiosidad te impulse contra lo que yo pretendo. + +Quédate, pues, con Dios, y Él te bendiga, que yo por mi parte + + Con estas cosas que digo + y las que paso en silencio, + a mis soledades voy, + de mis soledades vengo. + +Bilbao, 1 de enero de 1890. + + * * * * * + + + + +Libro Primero + + + + +--I-- + + Something is rotten in the state of Denmark. + (Hay algo en Dinamarca que huele a podrido.) + + Shakespeare, Hamlet. + + +Las dos torrecillas del colegio se levantaban agudas y airosas como +flechas disparadas contra el cielo azul, sereno y radiante, que suele +cobijar a Madrid en los primeros días de junio. La verdura del jardín +parecía una esmeralda caída en la arena, un oasis de bosquecillos de +lilas que ya se marchitaban y de azucenas que comenzaban a abrirse, +perdido en las áridas llanuras que por el lado del colegio rodean a la +corte de España. El agua saltaba en las fuentes y corría por los pilones +murmurando; oíanse alegres voces de niños en lo interior del edificio; +gorjeos de ruiseñores y jilgueros en los árboles, y más allá, pasada la +verja, ni niños, ni agua, ni flores, ni pájaros... Una llanura estéril, +un pueblo de barracas; y allá en el horizonte, lejos, lejos, Madrid, la +corte de España, asomando sus cúpulas y sus torres entre esa neblina que +pone más de relieve la limpidez de la atmósfera, esa especie de vaho que +se levanta de las grandes capitales, semejante a las emanaciones de una +hedionda charca. + +Terminaba aquel día el curso, había tenido ya lugar la distribución de +premios, y llegaba la hora de las despedidas. Cruzábanse por todas +partes enhorabuenas y adioses, encargos y recomendaciones; y padres, +madres, niños y criados, revueltos en confuso tropel, invadían todas las +dependencias del colegio, rebosando esa satisfacción purísima del +premio justamente alcanzado, del trabajo concluido, de la esperanza +cierta de descanso; esa ruidosa alegría que despierta en el escolar de +todas las edades la mágica palabra: _¡Vacaciones!_ + +El acto había estado brillantísimo; en el fondo del salón ocupaban un +estrado, ricamente dispuesto, los cien alumnos del colegio, con sus +uniformes azules y plata, agitados todos por la emoción, buscando con +los ojillos inquietos, arreboladas las mejillas y el corazón palpitante, +entre la muchedumbre que llenaba el local, al padre, a la madre, a los +hermanos que habían de ser testigos y partícipes del triunfo. Coronaba +el estrado un magnífico cuadro de la Dolorosa, _Nuestra Señora del +Recuerdo_, titular del colegio, y a su derecha presidía el acto el +cardenal arzobispo de Toledo, bajo riquísimo dosel, y el rector y +profesores del colegio sentados en tomo. Llenaban el resto del inmenso +salón los padres y madres de los niños, alternando la gran señora con la +modesta comercianta; el grande de España con el industrial acomodado; +alegres todos, satisfechos, mirándose entre sí y sonriendo amigos y +desconocidos, como si el sentimiento de la paternidad, igualmente +herido, acortase las distancias y estrechase las relaciones, +despertando en todas las almas idéntica felicidad, la misma dicha, igual +deseo de considerarse y abrazarse como hermanos. + +La orquesta dio principio al acto, tocando magistralmente la obertura de +_Semíramis_. El rector, anciano religioso, honra y gloria de la Orden a +que pertenecía, pronunció después un breve discurso, que no pudo +terminar. Al fijarse sus apagados ojos en aquel montón de cabecitas +rubias y negras, que atentamente le miraban, apiñadas y expresivas como +los angelitos de una gloria de Murillo, comenzó a balbucear, y las +lágrimas le cortaron la palabra. + +--¡No lloro porque os vais!--pudo decir, al cabo--. ¡Lloro porque muchos +no volverán nunca!... + +La nube de cabecitas comenzó a agitarse negativamente y un aplauso +espontáneo y bullicioso brotó de aquellas doscientas manitas, como una +protesta cariñosa que hizo sonreír al anciano en medio de sus lágrimas. + +El secretario del colegio comenzó a leer entonces los nombres de los +alumnos premiados: levantábanse estos ruborosos y aturdidos por el miedo +a la exhibición y la embriaguez del triunfo; iban a recibir la medalla y +el diploma de manos del arzobispo, entre los aplausos de los compañeros, +los sones de la música y los bravos del público, y volvían presurosos a +sus sitios, buscando con la vista en los ojos de sus padres y de sus +madres la mirada de inmenso cariño y orgullo legítimo, que era para +ellos complemento del triunfo. Un niño pequeñito de ocho años subió +gateando las gradas del estrado, púsose de puntillas para divisar a su +madre, viola a lo lejos y con la punta del diploma le envió un beso... +Chicos y grandes aplaudieron con entusiasmo: los unos, por ese instinto +de ángel que hace comprender al niño lo que es santo y bello; los otros, +por esa tierna simpatía que despierta en el corazón de todo padre o +madre cuanto tiende a revelar el puro amor de hijo. + +El acto parecía ya terminado: el arzobispo iba a dar la bendición y todo +el mundo se levantaba para recibirla de rodillas... Un niño blanco y +rubio, bello y candoroso como un ángel de Fra Angélico, se adelantó +entonces a la mitad del estrado: realzaba el encanto de su edad y su +inocencia, _ese no sé qué_ aristocrático y delicadamente fino que +atrae, subyuga y hasta enternece en los niños de grandes casas; y su +larga cabellera rubia, cortada por delante como la de un pajecillo del +siglo XV, le daba el aspecto de aquel príncipe Ricardo que pintó Millais +en su célebre cuadro _Los hijos de Eduardo_. + +Detuviéronse todos a su vista, quedando cada cual en su sitio en el más +profundo silencio. Volvió entonces el niño hacia el cuadro de la Virgen +sus grandes ojos azules, rebosando candor y pureza, y con vocecita de +ángel comenzó a decir[2]: + + Dulcísimo recuerdo de mi vida, + Bendice a los que vamos a partir... + ¡Oh Virgen del Recuerdo dolorida, + Recibe tú mi adiós de despedida, + Y acuérdate de mí!... + + ¡Lejos de aquestos tutelares muros, + Los compañeros de mi edad feliz, + No serán a tu amor jamás perjuros; + Se acordarán de ti! + +[Nota 2: Esta poesía es original del padre Alarcón, y fue leída en +una solemnidad semejante a la que aquí describimos.] + +Un aplauso general salió del grupo de los niños, como un grito de +entusiasta asentimiento. Los grandes no aplaudían; con el alma en los +ojos y las lágrimas en estos, escuchaban inmóviles. El niño se adelantó +dos pasos, y llevándose las manitas al pecho, prosiguió lentamente: + + Mas siento al alejarme una agonía, + Cual no la suele el corazón sentir.. + ¿En palabras de niño quién confía? + Temo... no sé qué temo, Madre mía, + Por ellos y por mí... + +Nadie respiraba; las lágrimas, al caer, no hacían ruido. El niño volvió +entonces al público los cándidos ojos, con esa mirada vaga de la +inocencia que parece investigar siempre algo ignorado, y prosiguió con +tristeza que conmovía y sencillez que llegaba al alma: + + Dicen que el mundo es un jardín ameno, + Y que áspides oculta ese jardín... + Que hay frutos dulces de mortal veneno, + Que el mar del mundo está de escollos lleno... + ¿Y por qué estará así? + + Dicen que por el oro y los honores, + Hombres sin fe, de corazón ruin, + Secan el manantial de sus amores + Y a su Dios y a su patria son traidores... + ¿Por qué serán así? + + Dicen que de esta vida los abrojos, + Quieren trocar en mundanal festín; + Que ellos, ellos motivan tus enojos, + Y que ese llanto de tus dulces ojos, + ¡Lo causan ellos, sí! + +Algunas mujeres enrojecieron, porque por la boquita del niño parecía +hablar la voz de muchas conciencias; varios hombres bajaron la cabeza, y +una voz enérgica, pero alterada, repitió a lo lejos:--¡Sí! ¡Sí!--. Era +un anciano general, abuelo de un alumno del colegio. El niño parecía +conmovido, como pueden estar los ángeles a la vista de las miserias +humanas; movió tristemente la cabecita, cruzó las manos y prosiguió con +la expresión de un querubín que mira a la tierra: + + Ellos, ¡ingratos!, de pesarte llenan... + ¿Seré yo también sordo a tu gemir? + ¡No! Yo no quiero frutos que envenenan, + No quiero goces que a mi Madre apenan, + ¡No quiero ser así! + + En los escollos de esta mar bravía + Yo no quiero sin gloria sucumbir; + Yo no quiero que llores por mí un día; + No quiero que me llores, Madre mía... + ¡No quiero ser así! + + Y mientras yo responda a tu reclamo, + Mientras me juzgue con tu amor feliz, + Y ardiendo en este afecto en que me inflamo, + Te diga muchas veces que te amo, + ¿Te olvidarás de mí? + + ¡Ah, no, dulce recuerdo de mi vida! + Siempre que luche en peligrosa lid, + Siempre que llore mi alma dolorida, + Al recordar mi adiós de despedida, + ¡Te acordarás de mí! + + Y en retorno de amor y fe sincera, + Jamás sin tu recuerdo he de vivir. + Tuya será mi lágrima postrera... + ¡Hasta que muera, Madre; hasta que muera + Me acordaré de ti! + + Tú en pago, Madre, cuando llegue el plazo + De alzar el vuelo al celestial confín, + Estrechándome a ti con dulce abrazo, + No me apartes jamás de tu regazo. + ¡No me apartes de ti! + +Calló el niño, y no resonó un aplauso; sólo estalló un sollozo, un +inmenso sollozo que pareció salir de mil pechos por una sola boca, +arrastrando los encontrados afectos de amor, ternura, vergüenza, +entusiasmo, piedad y arrepentimiento, que en aquellos corazones había +despertado la cándida vocecita del niño... A una señal del rector, +lanzáronse todos los que en el estrado estaban en brazos de sus padres, +estallando entonces una verdadera tempestad de besos, gritos, abrazos, +bendiciones, llantos de alegría y gemidos de gozo. Sólo el niño que +había declamado los versos quedó solitario en su asiento, sin padre ni +madre que le recibieran en sus brazos; la pobre criatura dirigió una +larga mirada al dichoso grupo, y con sus premios en la mano, salió +lentamente por una ancha galería en que comenzaban a amontonar ya los +criados los equipajes de los niños que se marchaban. Había en un extremo +un gran mundo con las iniciales F. L. en la tapa, y sobre él se sentó el +niño como esperando algo, con los premios al lado, la cabeza baja y la +gorrita en la mano, triste, silencioso, inmóvil. La alegre algazara del +salón llegaba a sus oídos, y poco a poco fuese levantado su pechito, +hinchóse su garganta y rompió a llorar amargamente, en silencio, sin +sollozos, sin suspiros, como lloran los que tienen en el corazón el +manantial de sus lágrimas. Los criados comenzaban ya a cargar los +equipajes, y los grupos de padres y niños se dirigían a la puerta con +alegre barullo, sin que nadie reparase en el niño solitario, a veces, un +compañero le daba al pasar una palmada cariñosa, o un profesor que +corría apresurado le enviaba una sonrisa, y el niño sonreía también +sorbiéndose las lágrimas. + +Una señora gorda, de aspecto bondadoso, hallóse en aquellas apreturas al +lado del niño, llevando de la mano a un chiquillo gordinflón que sólo +había obtenido un premio de gimnasia. Notó este las lágrimas de su +compañero, y tirando de las faldas a la señora, le dijo al oído: + +--Mamá... mamá... Luján está llorando. + +--¿Por qué lloras, hijo?--le preguntó la señora compadecida--. ¡Si has +declamado muy bien! ¿No has sacado premio? + +Púsose el niño muy encarnado y, levantando la cabeza con infantil +orgullo, contestó mostrando los que junto a sí tenía: + +--Cinco... y dos _excelencias_... + +--Digo... ¿Cinco premios y todavía lloras?... + +El niño no contestó; bajó la cabeza como avergonzado, y de nuevo +corrieron sus lágrimas. + +--Pero, ¿qué tienes, hijo?--insistió la señora--. ¿Estás malo?... ¿Por +qué lloras? + +Un inmenso desconsuelo, que desgarraba el alma en aquella carita de +ángel, se pintó en las facciones del niño; con los dientecillos +apretados y los ojos rebosando lágrimas y amarguras, contestó al cabo: + +--Porque estoy solo. Mi mamá no ha venido. ¡Nadie ha visto mis +premios!... + +La señora pareció comprender toda la profunda amargura que encerraba +aquel sencillo lamento. Saltáronsele las lágrimas, y mientras con una +mano acariciaba la rubia cabeza del niño, apretaba con la otra contra su +seno la de su hijo, como si temiese que pudiera faltarle alguna vez +aquel blando regazo. + +--¡Ángel de Dios!--decía al mismo tiempo--. ¡Pobrecito mío!... Tú mamá +no habrá podido venir; estará fuera, sin duda... ¿Cómo se llama?... + +--La condesa de Albornoz--respondió el niño. + +Una violenta expresión de ira se pintó en el rostro de la señora al oír +este nombre; volvióse bruscamente hacia una joven que la acompañaba, y +exclamó con más impetuosidad que prudencia: + +--Pero, ¿has visto?... ¡Si esto clama al cielo!... ¡Pícara madre! +¡Pícara madre!... Mientras este ángel llora, estará ella escandalizando +a Madrid como acostumbra. + +--¡Calla mujer!--replicó la otra, mirando con inquietud al niño... + +--Pero ¿quién ve con paciencia esto?... ¡Lástima de hijo para tal +madre!... Desde el fin del mundo hubiera venido yo por ver recibir al +mío su premio de gimnasia... ¡Anda con Dios, hijo! Eso indica que cuando +seas grande sabrás tirar de un carro... ¡Con tal que me seas bueno!... +¿No es verdad, Calixto, vida mía?... + +Y estampaba en las mofletudas mejillas de su hijo esos estrepitosos y +apretados besos de las madres, que parecen mordiscos del alma. + +El niño, enjugándose sus grandes ojos de un azul profundo, como el mar +visto de lejos, no se enteraba de nada. La señora volvió a decirle: + +--Vamos, hijo mío, no llores... Anda, Calixto, no seas pazguato, dile +algo a ese niño... ¿No ves que llora?... ¿Cómo te llamas, hijo? + +--Paquito Luján--respondió el niño. + +--Pues no llores, Paquito, que tu mamá te estará esperando en casa... +Mira, Calixto, dale una de las cajas de dulces que te he traído..., o +mejor será que le des las dos; yo te compraré otras. + +Y como viese que el niño rechazaba la linda cajita de la Mahonesa, que +no del todo satisfecho le alargaba Calixto, añadió: + +--Tómalas, hijo... Esta para ti, y la otra para tus hermanos... ¿No +tienes hermanitos?... + +--Tengo a Lilí. + +--Pues llévale una a Lilí. Y llévale también esto... y la buena señora +estampó en las mejillas del niño, llenas de lágrimas, otros dos sonoros +besos, que en vano pretendían suplir en ellas el calor que les faltaba +de los besos de su madre. Un lacayo con larga librea verde aceituna, +coronas condales en los botones y sombrero de copa con gran cucarda +rizada en la mano, se acercó entonces al grupo: + +--Cuando el señorito quiera, está esperando el coche--dijo +respetuosamente al niño. + +El pobre señorito se levantó de un salto, y abrazando con un movimiento +lleno de gracia al gimnasta Calixto, se dirigió a la puerta, sin querer +entregar al lacayo el envoltorio de sus premios. En la verja del jardín +le detuvo el padre rector, que allí estaba despidiendo a los niños; +besóle Paquito la mano, y abrazándole él cariñosamente, le habló breve +rato al oído. + +Púsose el niño muy encarnado, corrieron de nuevo sus lágrimas y con +verdadera efusión llevó por segunda vez a sus labios la mano del +religioso. + +Poco a poco fueron desfilando los carruajes, y cesaron al fin los gritos +de despedida. + +--¡Adiós!... ¡Adiós!...--repetía el anciano. + +Todavía aparecían algunas manitas saludando a lo lejos por las +ventanillas de los coches: + +--¡Adiós!... ¡Adiós!... + +Ocultáronse al fin todos en el último recodo del camino, y sólo quedó la +llanura árida, la polvorienta carretera, el pueblo de barracas, el +colegio solitario, silencioso como una jaula de jilgueros vacía, y a lo +lejos, acechando entre la bruma, Madrid, la gran charca. + +El pobre viejo dejó caer entonces los brazos abatidos, bajó tristemente +la cabeza, y entróse en la capilla murmurando: + + ¡Oh Virgen del Recuerdo dolorida! + ¿Se acordarán de ti? + + + + +--II-- + + +Era aquella misma tarde poca la animación y escasa la concurrencia en el +_fumoir_ de la duquesa de Bara. Casi tendida ésta en una +_chaise-longue_, quejábase de jaqueca, fumando un rico cigarro puro, +cuya reluciente anilla acusaba su auténtico abolengo: tenía sobre las +faldas, sin anudarlo, un delantillo de finísimo cuero y elegante corte, +para preservar de los riesgos de un incendio los encajes de su _matinée_ +de seda cruda, y sacudía de cuando en cuando la ceniza en un lindo barro +cocido, que representaba un grupo de amorcillos naciendo de cascarones +de huevo en el fondo de un nido. + +Pilar Balsano fumaba, haciendo figuras, otro cigarro no tan fuerte, pero +sí tan largo como el de la duquesa, y Carmen Tagle se desquijaraba +chupando un _entreacto_ que se mostraba algún tanto rebelde. + +--Está visto que no tira--dijo de pronto. + +Y para cobrar nuevas fuerzas se bebió poquito a poco, y con aire muy +distinguido, una tercera copita del whisky, bastante fuerte, que +juntamente con el té, los brioches y _sandwiches_, habían servido en +rico frasco de cristal de Bohemia. + +La señora de López Moreno, gorda y majestuosa como las talegas de su +marido, contraía sus gruesos labios para chupar un cigarrito de papel, y +reíase maternalmente al ver a su hija Lucy, recién salida del colegio, +dar pequeñas chupadas en el cigarro mismo de Angelito Castropardo. +Chupaba la niña y tosía haciendo monadas; chupaba Angelito para darle +magistral ejemplo, y tomaba a chupar y a toser la colegialita, +encontrando el juego muy divertido. Parecía complacerla mucho tener por +maestro un grande de España, y procuraba estudiar el chic de aquellas +ilustres damas, que como modelos de distinción le proponía su madre. +Todavía, sin embargo, encontraban en ellas sus ojos de colegiala cosas +harto extrañas. + +Disgustaban a la duquesa las risotadas de la banquera; pero pasaban de +dos millones las hipotecas que el cónyuge de esta tenía sobre los bienes +de aquella, y ante la perspectiva de una prórroga necesaria, era preciso +preparar el terreno con paciencia y amabilidades. + +Leopoldina Pastor, varonil solterona que pasaba ya de los cuarenta, +guapa y muy erudita, despachaba una buena ración de brioche _milanaise_, +disputando con don Casimiro Pantojas, antiguo director de Instrucción +Pública, académico de la Lengua y celebérrimo literato. Habíase +inaugurado aquella semana el tranvía del barrio de Salamanca, y +lamentábase el académico de que el vulgo de Madrid se empeñase en hacer +masculino el nuevo vehículo, contra el dictamen de algún colega suyo, +que por femenino lo tenía. + +La señorita de Pastor, ardiente defensora de los fueros gramaticales, +prometióle hacer por todas partes propaganda de _la tranvía_; pero +escapósele al bueno de don Casimiro que era el académico en cuestión don +Salustiano Olózaga, y Leopoldina varió al punto de dictamen, exclamando +muy enfadada: + +--¡Imposible que sea femenino!... Olózaga es un indecente amadeísta que +ha impuesto a Thiers el Toisón de oro; y eso no se lo perdona ninguna +alfonsina... ¡Pues no faltaba más!... ¡El tranvía se dice, y el tranvía +se dirá!... + +Y todos convinieron en poner pantalones al tranvía, incluso Fernando +Gallarta y Gorito Sardona, gomosos del Veloz; y el grave marqués de +Butrón, ministro plenipotenciario antes de la gloriosa, y gastrónomo +distinguido únicamente después de ella. Era el marqués en extremo +peludo, y la reina Isabel solía llamarle Robinsón Crusoe, porque, según +aseguraba, sólo con la cara de su ministro plenipotenciario podía +figurarse al famoso náufrago vestido de pieles en su isla desierta. Y en +honor de la verdad, aquellos destinos del orbe entero, que encerraba +Napoleón en el pliegue vertical de su frente, podían quedar entre las +cejas del marqués perfectamente arropados, como entre dos pellejos de +conejo. + +Frunció, pues, Butrón el formidable pliegue, y mirando la ceniza de su +cigarro, dijo solemnemente: + +--¡Olózaga!... El y sólo él sirve de puntal a esta situación que se +desmorona... Sin su habilidad y sus esfuerzos, tendríamos ya la +Restauración planteada hace medio año. + +Indignáronse mucho las damas, y Carmen Tagle exclamó lastimeramente: + +--¡Y tanta apoplejía vacante!... ¡Tanta pulmonía desperdiciada!... + +El marqués, que estaba realmente al tanto de los manejos de la política +reaccionaria, siguió perorando, y Carmen Tagle dejó de prestar atención +para ponerla a lo que pasaba a sus espaldas, detrás de un caballete de +terciopelo rojo, medio cubierto airosamente con una pieza de seda del +siglo XVI, sobre la cual se destacaba una linda acuarela de Worms. +Asomaban por entre las rojas patas del caballete las faldas de una dama +y las piernas de un caballero, y eran estos incógnitos María Valdivieso +y Paco Vélez, que sostenían allí hacía media hora una pelotera de dos +mil demonios. La colegialita Lucy alargaba también la oreja a ver si +pescaba algo, y pescó, en efecto, por dos o tres veces, el nombre de +Isabel Mazacán y el de cierto actual ministro, muy joven y muy guapo, +llamado García Gómez. A poco hizo otra pesca más gorda: habíasele +escapado a la dama un iracundo ¡Canalla! y al caballero una grosera +palabrota que hizo a Lucy pegar un respingo, poniéndose muy colorada, y +a Carmen Tagle exclamar entre dientes, con su proverbial frescura: + +--_Ô mon Dieu; quel gros mot_!... + +Y levantando la voz un poco, dijo volviendo el rostro hacia el +caballete: + +--Pero, María, ¿no vienes?... Mira que se está enfriando el té... + +Apareció entonces la Valdivieso por el laberinto de monerías y riquezas +artísticas que llenaba la pieza, y vino a sentarse junto a Carmen Tagle, +muy sofocada y echando por los ojos relámpagos de ira. Paco Vélez salió +por el otro lado del escondite con las manos en los bolsillos, coloradas +las orejas y mordiéndose los labios, y se detuvo a examinar, con aire de +inteligente, una bellísima lámpara de cobre repujado que sobre una +columna salomónica hacía pendant con el caballete. Lucy, que no conocía +a la Valdivieso, preguntó muy bajito a su maestro Castropardo, si aquel +otro señor era su marido. + +¡Su marido!... ¡Jesús, y qué risa tan grande y tan guasona le entró +entonces a Angelito Castropardo!... Pero ¿de dónde diablos había sacado +aquella criatura la peregrina idea de que fuese aquel un matrimonio?... + +--¡Como reñían de ese modo!...--dijo, muy apurada, Lucy. + +Castropardo sufrió otro acceso de hilaridad, y pudiendo apenas decir +entre su risa «¡Pues tiene sombra la pregunta!», fue a contar al oído de +la duquesa la ocurrencia de la colegiala. + +Pasóseles por alto a todos los demás este pequeño incidente, distraídos +con la negra pintura de la situación actual, que deliberadísimamente les +hacía el peludo diplomático; sabía muy bien que eran el brazo derecho de +los políticos de la Restauración las señoras de la grandeza, y tenía él +a su cargo enardecer y dirigir el celo de tan ilustres conspiradores. +Ellas, con sus alardes de españolismo y sus algaradas aristocráticas, +habían conseguido hacer el vacío en torno de don Amadeo de Saboya y la +reina María Victoria, acorralándolos en el palacio de la plaza de +Oriente, en medio de una corte de _cabos furrieles y tenderos +acomodados_, según la opinión de la duquesa de Bara; de _indecentillos_, +añadía Leopoldina Pastor, que no llegaba siquiera a indecentes. Las +damas acudían a la Fuente Castellana, tendidas en sus carretelas, con +clásicas mantillas de blonda y peinetas de teja, y la flor de lis, +emblema de la Restauración, brillaba en todos los tocados que se lucían +en teatros y saraos. Allí mismo y en aquel momento, la señora de López +Moreno llevaba una colosal, empedrada de brillantes; y con mejor gusto +para aquella hora y aquel traje, llevábanla también las otras damas, de +oro mate con esmaltes. Leopoldina Pastor lucía una de trapo del tamaño +de una zanahoria, colocada en lo más alto de su sombrero. + +Pavoroso era el cuadro que el marqués dibujaba... Aislado el pobre rey, +miraba sin cesar hacia la frontera, esperando la contestación a su +discurso del 3 de abril que aún no había obtenido respuesta el 21 de +junio. Sucedíanse las crisis ministeriales, frecuentes, periódicas, como +calenturas de terciana, hasta engendrar un ministerio llamado de Santa +Rita, por ser esta Santa abogada de imposibles. Sublevábanse en las +provincias tropas y paisanos; los tenderos se amotinaban en Madrid y +daban una pedrada al alcalde; y cinco días antes, el 18 de junio, un +populacho soez recorría las calles apedreando los cristales, y rompiendo +los faroles de la iluminación con que celebraban muchos el aniversario +del pontificado de Pío IX, mientras un gentío inmenso, de todos los +colores y matices, aplaudía en los jardines del Retiro _El Príncipe +Lila_, grotesca sátira en que designaban al monarca reinante con el +nombre de _Macarroni I_. Varios gomosos del Veloz-Club, de los cuales +era uno Paco Vélez, habían pagado a tres saboyanitos para que, +escondidos en un palco proscenio del teatro a que asistía don Amadeo, +interrumpiesen de repente la función, cantando al son de sus violines y +arpas el conocido estribillo: + + Cicirinella tenía un gallo + E tutta la notte montava a caballo, + Montava la notte bella + ¡Viva il gallo de Cicirinella! + +Divertía esto mucho a las damas, porque claro está que ello había de +allanar el camino de la Restauración porque ansiosas trabajaban; pero lo +temible, lo negro--y el marqués acentuaba los pavorosos tintes de su +rostro, enarcando las pieles de sus cejas--, era que los carlistas +comenzaban a removerse en el norte, y los republicanos en todas partes, +y hacíase difícil defender de tanta boca abierta la única y apetecida +tajada. + +--La Restauración es cosa hecha--concluyó _Robinsón_ con acento +profético--; pero sólo llegaremos a ella atravesando un charco de +sangre... ¡Preveo para España un _noventa y tres_ con todos sus +horrores!... + +Sobrecogiéronse las damas, y en voz queda, contenida, cual si viesen +asomar, como María Antonieta por las ventanas del Temple, la cabeza de +la Lamballe, clavada en una pica, comenzaron a hablar de la +guillotina... Morir las aterraba. ¿Qué sabían ellas lo que era morir? +Tan sólo lo comprendían en el Teatro Real, dejándose caer poco a poco en +la poltrona de Violeta Valery, cantando al compás de la orquesta y en +los brazos de Alfredo: _¡Addio d'il passato_! + +La duquesa dijo con voz desfallecida que ella había visto en Londres, en +la galería de madame Toussaud, la guillotina misma en que murió Luis +XVI. La señora de López Moreno se llevó la mano a su gordo pescuezo, +como si ya sintiese allí el filo de la fatal cuchilla. Leopoldina Pastor +no se asustaba: de morir ella, moriría como Carlota Corday, despachando +antes media docena de indecentes, como Marat. Carmen Tagle dio un +suspiro, sacó un poquito la lengua y preguntó si aquello dolería mucho. + +--Tan sólo se siente un ligero frescor--contestó a lo lejos una voz +cavernosa. + +Volviéronse todos asustados, creyendo encontrar la sombra de +Robespierre, que venía a comunicarles el dictamen de su experiencia. + +Tan sólo vieron a don Casimiro Panojas, sonriente, apretándose con una +mano el gaznate, rompiendo con la otra el rabo de un conejito de +porcelana de Sajonia que, entre mil costosas baratijas, adornaba una +mesa. Distraído siempre el buen señor, trituraba de continuo lo que +cogía al alcance de sus dedos de espárrago, y a estos destrozos sin +cuento de muebles y cachivaches debía el apodo de _el Ciclón Literario_. + +Riéronse todos; y la salida del académico, que no era otra sino el +informe de Guillotín a la Asamblea francesa sobre su terrible invento, +vino a aclarar algo la sombría atmósfera. Una racha viviente, un huracán +femenino que apareció en la puerta, acabó de despejarla del todo; entró +Isabel Mazacán, con su paso de Diana cazadora, alta la cabeza, altiva la +mirada; demasiado señoril para _cocotte_ demasiado desvergonzada para +gran dama. + +Besó a la duquesa, quitóse un guante, bebió dos sorbos de té... + +--Butrón, un cigarro--dijo, y con el aplomo de un veterano, de repente, +sin preámbulos, hizo estallar esta bomba: + +--Está nombrada la camarera mayor de Palacio. + +La sorpresa hizo saltar de sus asientos a damas y caballeros, y +desapareció como por ensalmo la jaqueca de la duquesa. + +--¿Quién es?... + +--Pero ¿quién podía ser?... + +Porque ¿quién podía ser, en efecto, si la gran habilidad de las señoras +alfonsinas había estado en desairar a la reina María Victoria, dejando +vacante el cargo de camarera mayor, que exige como requisito +indispensable la grandeza de España, y es de suyo tan alto y delicado +que no recibe, sino presta autoridad a la persona misma de la reina?... + +--¡Bah!--exclamó al cabo la duquesa--, alguna coronela de Alcolea... + +--Alguna burguesa distinguida--dijo Carmen Tagle. + +--Miss Zaeo, artista ecuestre--opinó Gorito Sardona. + +Y Paco Vélez, en crudo, sin repulgos, sin que ninguna dama se espantase, +ni ningún caballero le cruzara el rostro de una bofetada, añadió: + +--Paca la alta... _artiste anonyme_... + +Angelito Castropardo, en pie detrás de la gorda López Moreno, la +designaba con gesto picaresco, guiñando un ojo como si preguntase si era +ella; mas la Mazacán, con mucha pausa y sin que la voluminosa banquera +pudiese comprender por la expresión de su rostro qué decía, ni a quién +hablaba, le contestó, subrayando las palabras: + +--No es _gorda_ de España... Es _grande_ de España. + +Recrudecióse la sorpresa con asomos de indignación, y hasta el mesurado +diplomático contrajo sus pellejos de conejo, exclamando: + +--¡Imposible!... ¡Imposible!... + +--Será alguna grande de provincia... Alguna indecente que nosotros no +conocemos--dijo Leopoldina Pastor. + +--No, señor; es grande de la corte, y de la cepa... y me extraña no +encontrarla aquí... + +--¿Aquí?--gritó la duquesa irguiéndose amenazadora. + +Y revolvió los ojos en todas direcciones, como buscando debajo de alguna +mesa o en lo alto de algún _étagére_ a la nueva camarera. + +--Pero ¿quién es?... ¿Quién es?--gritaron todos. + +Isabel Mazacán dejaba escapar una sonrisita maliciosa, como quien +saborea un triunfo anticipado; presentó una copa a Paco Vélez para que +se la llenase de whisky, vacióla de un trago, y acabó al fin de soltar +la bomba. + +--Curra Albornoz--dijo. + +Lo enorme de la afirmación destruyó su efecto. Un «¡bah!» general de +incredulidad brotó de todos los labios, y la duquesa se hundió de nuevo +en las profundidades de su _chaise-longue_, exclamando: + +--¡Eso es una _canard_! + +--¡Sí, señor!... ¡Un camelo!--añadió Gorito muy indignado. + +Tocóle la vez de enfurecerse a Isabel Mazacán, y mientras el viejo +Butrón disimulaba un repentino sobresalto, como si juzgase aquel +nombramiento cosa de grave peligro, dijo ella muy contrariada por el +fiasco de su noticia: + +--Pues, señor, ¡me pasmo de su pasmo de ustedes!... ¿A qué viene ese +espanto?... ¿Acaso Curra ha tenido alguna vez vergüenza? + +--¡Eso es otra cosa!--replicó con fresquísima naturalidad la duquesa--. +Pero la enormidad que tú le atribuyes sería peor que una culpa; sería +una pifia...¡Camarera mayor de _la Cisterna_!... ¡Qué ridiculez!... + +--Mira que lo sé de buena tinta... + +--Vamos, mujer, dilo sin miedo, que ninguna de nosotras se ha de poner +colorada--exclamó María Valdivieso con la intención de un toro de ocho +años--. ¿Te lo ha dicho García Gómez?... + +La Mazacán titubeó un momento, y sin ruborizarse tampoco por las +comentadas intimidades que con el lindo ministro tenía, dijo al cabo: + +--García Gómez me lo ha dicho. + +--¡Pues aunque lo diga San García Gómez no lo creo!--replicó +impertérrita la duquesa--. Necesitaría yo verla en el coche de _la +Cisterna_ para comprender. + +--Ya lo irás comprendiendo, mujer, no te apures--la interrumpió Isabel +Mazacán con mucha sorna--. ¿Te acuerdas de que Currita estaba en París +cuando la abdicación de la reina? ¿Te acuerdas de que nadie se acordó de +invitarla a la ceremonia?... Bien se guardó ella de decirlo; pero su +marido, ese Villamelón, que tiene más de _melón_ que de _villa_, lo dejó +escapar una noche en casa de Camponegro... ¡Pues ahí tienes la madre +del cordero!... Ella no ha perdonado el desaire, y quiere ahora sacarse +la espina; porque, ¡pásmate, Beatriz, pásmate!... Ni aun siquiera le han +ofrecido el cargo; ¡ella, ella es quien lo ha solicitado!... + +Horrorizáronse todos, y la Mazacán continuó: + +--Verdad es que se hace pagar carillo, porque ha sacado seis mil duros +de sueldo, y... + +--¿Seis mil duros de sueldo?... ¡Qué barbaridad!... Pero si ningún +sueldo de Palacio pasó nunca de tres mil duros... + +--Pues para Curra pasa de seis mil, porque, además de ellos, se ha +sacado también... + +Aquí intercaló la amiga de García Gómez una risita de todos los diablos, +y añadió muy despacito: + +--...la Secretaría particular de don Amadeo, para ese Juanito Velarde, +que es ahora su consejero íntimo. + +--¿Velarde?--exclamó Pilar Balsano muy sorprendida--. ¡Yo nada sabía!... + +--¿Ahora te desayunas de eso?... ¡Vamos, Pilar, que estás siempre en +Belén con los pastores!... + +--Lo veía mucho con Villamelón, pero nada sospechaba... + +--¿Y querías mayor indicio?... En ese matrimonio modelo son comunes +hasta las afecciones; el consejero más íntimo de Currita es el amigo que +Villamelón pasea... En eso conozco yo quién está de turno. + +Riéronse todos, como siempre que la Mazacán empuñaba la tijera, y la +señora de López Moreno dijo muy satisfecha: + +--¡Qué Isabel esta!... ¡Con qué gracia crucifica a todo el mundo!... + +No sentó bien a la Mazacán aquel familiar _Isabel_, y como no tenía +sobre sus tierras hipoteca ninguna de la banquera, la contestó +recalcando mucho el nombre de pila de esta: + +--Por eso tengo la seguridad de que a nadie calumnio, mi señora doña +Ramona... + +La duquesa, que aún no se daba por convencida, quiso replicar algo; pero +el marqués, desasosegado y nervioso, impuso silencio, extendiendo una +mano que parecía tener, como las de Jacob, mitones de cabrito... + +--¡Basta, basta, señores!--dijo--. ¡Están ustedes jugando con fuego!... + +Y lanzando en torno una mirada escrutadora, que brillaba entre sus cejas +como el sol entre nubarrones, añadió: + +--Todos tenemos aquí los mismos intereses, y se puede hablar claro... De +ser cierto lo que Isabel dice, el tal nombramiento traerá cola... Lo de +la abdicación es exacto, pero fue un olvido; yo estaba allí también, y +me lo contó Pepe Cerneta, y la misma señora me lo repitió, lamentándose +de ello... Por eso, cuando noté que Currita se había resentido, escribí +yo mismo a la reina, aconsejándola que la desagraviara... + +--¡Pues muy mal hecho!... ¡Lástima de tiempo perdido!--le interrumpió +Isabel Mazacán con un mohín graciosísimo. + +--¡No, Isabel, no!... Que cuando un partido está en desgracia, su +política ha de ser siempre la de barrer para adentro... Por eso la +señora me contestó hace poco que la invitaría para la primera comunión +de nuestro príncipe en Roma... ¡Figúrense ustedes el compromiso que será +para mí si la señora da ese paso en falso!... ¡Jesús, Jesús, qué +disparate!... Pero, Isabel, cabeza de pájaro, ¿por qué no me dijiste eso +a mí solo?... + +--¡Pues me gusta la salida!... ¿Para que se lo guardara usted muy +tapadito?... + +--¡Pues claro está!, ¡para eso mismo!... Es menester que todo eso quede +entre nosotros, y hable yo cuanto antes con Currita... + +--Aquí la tendrá usted de un momento a otro. + +--¿Aquí?... + +--Aquí mismo... Quedé citada con ella para ir a la visita de los niños +de la Inclusa; ella es de la Junta de Damas. + +--¡Oh, sí!--exclamó Carmen Tagle en tono muy devoto--. Currita tiene a +esos pobrecitos niños un afecto tiernísimo... + +--Maternal--dijo Gorito en el mismo tono. + +--Verdaderamente maternal--repitieron varios muy compungidos; y todos se +echaron a reír, incluso la colegialita, con sencillez candorosísima, +mientras Butrón, muy apurado, repetía con el ademán de Neptuno +pacificando los mares: + +--¡Juicio, señores; juicio, por Dios!... Que nadie diga una palabra, ni +se den por entendidos con ella, hasta que yo le hable. + +--¡Ay, no, no; lo que es eso no!--exclamó la Mazacán muy desolada--. Por +nada del mundo renuncio yo al gustito de hacerla rabiar un rato... + +--¡Pero si eso no puede ser cierto!... ¡Si todo podrá arreglarse! + +--Pues mientras usted lo arregla, nosotras nos divertiremos... + +Butrón quiso invocar los fueros de su autoridad, pero ya era tarde... A +través de la puerta del _fumoir_ vieron todos adelantarse, por el salón +vecino, a una dama muy pequeñita, flaca, que caminaba con menudos pasos +sobre sus altos tacones, dando golpecitos en el suelo con el regatón del +largo palo de su sombrilla de encajes. Tenía el pelo rojo, el rostro +lleno de pecas, y sus pupilas grises eran tan claras que parecían +borrarse a cierta distancia, haciendo el extraño efecto de los muertos +ojos de una estatua. + +Al verla, Leopoldina Pastor corrió al soberbio piano de Erard, que +estaba en un ángulo, arrancó de un solo tirón la rica y antigua colcha +brocada que lo cubría, y se puso a tocar furiosamente el flamante himno +de doña María Victoria, una de las intemperancias filarmónicas en que +tan fecundo fue siempre el partido progresista. Gorito Sardona saltó +frente a la puerta, sobre un puff de badana japonesa, y cogiendo a guisa +de sombrero una de las bandejas del té, de cincelada plata antigua, se +descubrió ante la dama lentamente, tieso, sin mover la cabeza, +extendiendo el brazo hasta formar con el cuerpo ángulo recto, como solía +saludar por todas partes el rey don Amadeo. + +Currita se detuvo un momento en el dintel, sin perder su aire de niña +tímida, de ingenua colegiala; oyó el himno, vio a Gorito, abarcó la +situación con una sola y rápida ojeada... y dobló de repente el cuerpo +con distinción exquisita, para contestar al saludo amadeísta con otro +saludo de corte, profundo, pausado, a la derecha, a la izquierda, +poniendo en elegantísima caricatura la ceremoniosa reverencia usual de +la reina doña María Victoria. + + + + +--III-- + + +El 21 de junio de 1832, Fernando VII, arrastrando los pies más por la +gota que por los años, y María Cristina, en todo el apogeo de su lozanía +y su belleza, sacaban de pila en la colegiata e iglesia parroquial de la +Santísima Trinidad, del Real Sitio de San Ildefonso, a un niño que se +llamó Fernando, Cristián, Robustiano, Carlos, Luis Gonzaga, Alfonso de +la Santísima Trinidad, Anacleto, Vicente. + +Era hijo primogénito de los marqueses de Villamelón, grandes de España, +gentilhombre él de su majestad el rey, y dama de honor ella de su +majestad la reina. Fue la última criatura que apadrinó Fernando en este +valle de lágrimas; quince meses después bajó al sepulcro en el Real +Palacio de Madrid, cumpliéndose a la letra el símil de la botella de +cerveza con que el socarrón monarca comparaba a su pueblo. Él era el +corcho que saltaba, la revolución el espumoso líquido que se difundía +por todas partes. + +Aquella misma tarde quiso Fernando examinar de cerca a su ahijado, y en +su propia cámara, hundido él en su poltrona, puso al recién nacido sobre +sus rodillas, abrióle la boquita con un dedo, y metióle su nariz de pura +raza borbónica, como si quisiera examinarle la embocadura del esófago. +El caso era portentoso, y asustado Fernando al cerciorarse de ello, +retiró la nariz prontamente... El tierno Villamelón había venido al +mundo con toda la dentadura completa. + +Enrique IV nació con dos dientes, Mirabeau con dos muelas, y quien de +tal modo superaba al gran rey, y se sobreponía al famoso tribuno, +preciso era que diese también de sí grandes cosas. Villamelón padre +lloraba de gozo, y el conde de Alcudia, que allí se hallaba presente, le +aconsejó que emplease para la lactancia de su hijo las veintisiete vacas +y cuarenta cabras que servían de amas de cría al hipopótamo parvulito, +regalo de Abbás-Pachá, que se criaba en París, en el jardín de las +plantas. Mas Fernando VII opinó que le diesen de mamar chuletas, y lo +destetaran luego con aguardiente, y aquella misma noche envió a su +ahijado, como regalo de padrino, un gran trinchante de oro macizo, que +tenía esculpidas en el cabo las armas de España. + +La reina deseó también cerciorarse del prodigio, metiendo la punta de su +rosado dedo en la boca de Villameloncito, y don Tadeo Calomarde, que +llegó en aquel momento, quiso hacer la misma experiencia, +introduciéndole el suyo manchado de tinta. Mas el niño apretó entonces +fuertemente sus precoces herramientas, haciendo lanzar al ministro un +ligero chillido. + +--Se conoce que no es tonto--dijo Fernando VII. + +Rieron todos la agudeza del monarca, y la frase salió de la cámara +regia, cruzó por los salones, pasó por las antesalas, y al bajar las +escaleras comentábanla ya todos, muy admirados del talento de la +criatura, asegurando que a los tres días de nacida había recitado a su +augusto padrino el Padrenuestro, el Avemaría, parte de la letanía +lauretana y una fabulita de don Tomás Iriarte; aquella que empieza: + + Por entre unas matas + Seguido de perros, + No diré corría, + Volaba un conejo... + +El caso era prodigioso, y de entonces dató la fama de hombre de talento +que había de gozar el marqués futuro de Villamelón, hasta que los +repetidos esfuerzos de sus majaderías dieron con ella al traste. + +A los veinte años cumplidos, y puesto ya, por muerte de su padre, en +posesión de su título, entró en la Academia de Artillería, y el año de +59 marchó a la guerra de África, a bordo de la escuadra que mandaba el +general don Segundo Herrera. Ansioso de pisar suelo africano y teñir su +espada virgen en sangre agarena, saltó Villamelón a tierra, en el sitio +que llaman de Cabo Negro, con ánimos bastantes para atravesar todo +Marruecos y llegar a Túnez, donde un su abuelo había ganado la Grandeza +entrando en la Alcazaba con don Juan de Austria... Mas de repente +brotaron de entre las cerradas malezas que cubrían la rojiza playa como +el áspero vello de una fiera bestia, varios rifeños dispersos, que +recibieron a los exploradores con el fuego de sus espingardas... +Villamelón no titubeó un momento: olvidóse de Marruecos, renunció a +Túnez y renegó de aquel su abuelo que ganó la Grandeza en la Alcazaba, +para ganar él la chalupa a toda prisa y refugiarse en el último rincón +de su camarote de la _Blanca_, sin que volviese a subir sobre cubierta, +hasta regresar de nuevo a la Península con patente de enfermo. Los +rifeños le habían parecido muy feos en aquella corta entrevista, y tan +mal educados, que imposible se hacía a toda persona decente tener trato +alguno con ellos. + +Pidió entonces su retiro, y entró en Madrid triunfante, como Napoleón en +París de vuelta de la campaña de Egipto, precedido de la fama de sus +hazañas en el combate _terro-naval_ de Cabo Negro. El combate +_terro-naval_ corrió por toda la corte, ponderado por el héroe mismo, y +un día que daba la guardia en Palacio, como grande de España, y +mencionaba por centésima vez, durante la comida, el combate +_terro-naval_ de Cabo Negro, le dijo de pronto la reina: + +--Mira, Villamelón; varía alguna vez, y que no sea siempre +_terro-naval_... Siquiera por hoy, que sea _navo-terrestre_. + +Y bautizado por los regios labios _navo-terrestre_, quedó Villamelón +para todos los días de su vida. + +Era por aquel tiempo el marqués, sin ser derrochador, bastante +libertino; pero no con aquel aristocrático libertinaje de los Lauzun y +los Frousac, señoriles hasta en sus vicios, caballerescos hasta en la +infamia, que sacudían de sí todo lo vulgar y grosero, con la misma +elegante pulcritud con que sacudían el polvillo del perfumado tabaco de +sus chorreras de encaje. Su libertinaje era, por el contrario, aquel +otro libertinaje tan común en España entre los jóvenes de alta alcurnia: +mezcla extraña, tipo híbrido del manolo y del _sportmen_, del gitano y +del muscadin, que se diría nacido del antitético matrimonio de un torero +andaluz con una _soubrette_ parisiense. Harto al cabo de chulas y de +lorettes, de toros y de handicaps, de manzanilla y champagne, de callos +y de _foie-gras_, resolvió a los treinta años _dar fin_; esto es, +casarse... Mas para que Villamelón _diese fin_, preciso era que alguna +hija de Eva _diese principio_, puesto que por una de esas anomalías que +tienen su razón de ser en el torcido criterio de ciertas clases +sociales, se ha convenido en que el hombre piensa dar fin en aquel mismo +matrimonio en que juzga la mujer dar principio. + +El trabajo de la elección, _l'embarras du choix_, como él mismo decía, +no fue para Villamelón grande, porque en ningún orden de ideas era +descontentadizo. Creía en Dios como en una persona excelente con quien +se cumple de sobra, dejándole de cuando en cuando una tarjeta en el +cancel de una iglesia; el hombre era para él un tubo digestivo muy bien +dispuesto; la vida, una peregrinación, que, con la bolsa bien repleta y +el estómago bien lleno, podía hacerse cómodamente; y el matrimonio, la +fusión de dos rentas y la prolongación de una estirpe que había de +llevar su ilustre nombre, ni más ni menos que llevan el suyo los toros +de Veraguas o las yeguas de Mecklemburgo. + +Viose, pues, a Villamelón, el héroe del combate _navo-terrestre_ de Cabo +Negro, que tanto se había asustado con la desnudez relativa de los +rifeños, pedir sin repugnancia y obtener sin espanto la mano de una +ilustre salvaje completamente desnuda de alma; porque así como en +bosques y desiertos se encuentran salvajes que ofenden la decencia con +la desnudez de sus cuerpos, así también se encuentran en plazas y +salones otros salvajes vestidos por fuera, que insultan el pudor con la +desnudez interna de sus almas. Para ellos son del todo inútiles cuantas +prendas más o menos postizas usa la humanidad para encubrir sus vicios, +y lo mismo el santo rubor que la falsa hipocresía, el noble decoro que +la falaz preocupación, les provocan la carcajada de extrañeza que causó +a Cetewayo, destronado rey de los zulús, la camisa que le ofrecían sus +vencedores ingleses. + +Esta ilustre salvaje civilizada era la excelentísima señora doña +Francisca de Borja Solís y Gorbea, condesa de Albornoz, marquesa de +Catañalzor, dos veces grande de España por derecho propio, y marquesa de +Villamelón y de Paracuéllar, con otra Grandeza, por el héroe de la +batalla _navo-terrestre_ de Cabo Negro, su ilustre marido. + +Pero por una de esas excepciones que apartan en algo al individuo de las +reglas generales del tipo para constituir en el un carácter propio, +tenía la condesa un pudor especial, un extraño pudor que pudiera muy +bien llamarse el pudor de su marido. Porque lejos de ser este +matrimonio, como tantos otros de su clase, la pareja de perros que se +esfuerzan por andar tan apartados como permite la traílla harto elástica +que los une, veíaseles, por el contrario, siempre juntos en todas +partes, abrumando él a ella con cariñosas atenciones, correspondiente +ella a él con monadas de niña tímida, de candorosa colegiala cuyo +encantador enfantillage, sobrepuesto a su desvergonzado cinismo, traía a +la imaginación el extraño fantasma de un caribe bebiendo en delicadísima +copita de cristal de Bohemia, poquito a poco y sorbo a sorbito, +espumante sangre caliente; de un antropófago que con tenedor y cuchillo +de brillantísima plata se comiese con la mayor pulcritud posible un +beefsteak de carne humana. + +Villamelón, sin embargo, había realizado su ensueño; porque su esposa +prolongó su estirpe añadiéndole una niña y un niño, y la renta de él, +que, según su frase, daba para comer, se unió a la de ella, que daba a +su vez para cenar; para comer y cenar, se entiende, con todas las +opíparas reglas del arte, porque Villamelón honró siempre su precocidad +dentífrica y el trinchante de oro macizo, regalo de su augusto padrino, +siendo glotón a la vez que gastrónomo, _gourmand_ a la vez que +_gourmet_; un tonel sin fondo en cuanto a la cantidad de lo que bebía y +engullía, y un inteligente Brillat-Savarin en cuanto a la calidad y modo +de lo que engullía, sordo siempre a los clamores de la indigestión, que +de cuando en cuando se encargaba de predicar moral a su estómago. + +La esposa, por su parte, era también feliz; zambullida en su +desvergüenza, como los héroes griegos en la Estigia, habíase hecho como +ellos invulnerable, y con su audacia infinita y su cínica travesura +femenina, lograba el único fin de su vida, natural anhelo de su vanidad +inmensa: sobreponerse a todo el mundo, ser siempre la primera y lograr +que todas las lenguas le rindiesen vasallaje, ocupándose constantemente, +para bien o para mal, que eso poco importaba, de su persona y de sus +cosas. De ella hubiera podido decirse lo que de cierto personaje dijo un +escritor elegantísimo: «Si asiste a una boda, quisiera ser la novia; si +a un bautizo, el recién nacido, si a un entierro, el muerto». + +Y aunque nadie hubiera podido explicar la razón de ser de esta +supremacía de que gozaba Currita en la corte, sin embargo, con esa +vergonzosa condescendencia para el escandaloso que es a nuestro juicio +el pecado capital de la alta sociedad madrileña y el origen y fuente de +sus deformidades, todo el mundo, desde el caballero cumplido hasta el +tahúr elegante, desde la dama honrada hasta la hembra sin decoro, se +sujetaban a ella de modo más o menos directo, sin dejar por eso de +proclamar que en belleza la aventajaban todas, en alcurnia la igualaban +muchas, en riquezas la superaban bastantes, y sólo en audacia y +desvergüenza caminaba siempre la primera... ¿Sería, pues, esta la razón +de ser de aquella supremacía? ¿Sería que a fuerza de ver refinado el +vicio y respirar la atmósfera de escándalo llegan ciertas sociedades a +la aberración de aquellos pueblos bárbaros que prestan su homenaje más +profundo y su culto más entusiasta al ídolo más monstruoso?... + +Limitémonos a indicar el hecho sin tratar de analizarlo, y veamos lo que +hizo Currita aquella tarde en casa de la duquesa de Bara. + +Esta se había incorporado en su asiento, y Currita llegó hasta ella, +saludando a derecha e izquierda, al son del himno de doña María +Victoria, siempre con su cándida risita: + +--¡Gracias! ¡Gracias, amado pueblo! + +--_À tout seigneur, tout honneur_!--le dijo la duquesa devolviéndole sus +besos. + +Agrupáronse todos en torno a Currita, que se había sentado junto a la +duquesa, desairando una taza de té que le ofrecían; pidió en cambio una +copita de whisky, porque era de rigor en aquel tiempo, entre algunas +damas elegantes que pretendían formar el cogollito _de la crème_, fumar +y empinar de lo lindo, con mucha distinción y gracia. El respetable +Butrón le ofreció un cigarro. + +--¡Ay, no, no--dijo ella con su melodiosa vocecita--; eso es paja!... +Dame tú uno más fuerte, Gorito... + +Y mientras Gorito le daba un veguero, capaz de tumbar de espaldas a un +sargento de caballería, y lo encendía ella pulcramente con una prosaica +cerilla, le dijo la duquesa: + +--¡Pero vamos, mujer... cuenta, cuenta!... + +--¿Y qué he de contar yo--dijo ella entre dos chupadas--, si veo que lo +saben ustedes todo?... + +--¿Pero es cierto?--preguntó Butrón azorado. + +--¡Ciertísimo!--replicó con énfasis Currita. + +El peludo Butrón levantó ambas manos al cielo, la Mazacán paseó por la +horrorizada concurrencia una mirada de triunfo, y la duquesa, +irguiéndose iracunda, exclamó violentamente: + +--¿Y lo dices con esa frescura?... ¿Y tienes valor para venir a decirlo +aquí, en mi casa?... + +Currita pareció quedarse sorprendida, casi espantada, y paseando por +todo el auditorio sus claros ojos admirablemente azorados, dijo con el +tonillo lastimero de una niña a quien amenazan con azotes: + +--Pero entendámonos... ¿Qué es lo que ustedes saben?... + +--Que estás nombrada camarera mayor de _la Cisterna_--dijo Isabel +Mazacán con todos sus bríos. + +Currita pensó desmayarse. + +--¿Yo?--dijo con la ruborosa indignación de una virgen de cuya virtud se +duda--. ¿Y ustedes lo han creído?... + +--¡Nadie, nadie!--exclamó Butrón soltando el resoplido inmenso de un +gigante a quien quitan de sobre el pecho una montaña--Nadie ha dudado ni +por un momento de tu lealtad, hija mía querida, y cree que... + +--¡Jesús, señor, qué gentes!, ¡qué lenguas!, ¡qué modo de tergiversar +hasta lo más sencillo!--decía Currita con voz debilitada. + +Y enjugándose con su finísimo pañuelo una lágrima, que, falsa o +verdadera, apareció en sus ojos, dejaba ver al descuido la bellísima +flor de lis que traía en el pecho, y una magnífica pulsera de oro, en +que con sus gruesos brillantes se leía incrustada la cifra de Isabel II. + +--El caso no puede ser más sencillo--prosiguió con aquella suave +vocecita que jamás dejaba un mismo y pausado tono--. Ayer, en el +consejillo, trataron del nombramiento de camarera, porque la verdad es +que la posición de esa pobre Cisterna no puede ser más desairada... Pues +nada, hija, el ministro de Ultramar[3] tuvo la ocurrencia de proponer +que me hicieran a mí la oferta. + +[Nota 3: Advertimos desde luego al lector, que ni en este ni en +ninguno de los personajes que se presentan en los muchos episodios +históricos de esta novela desempeñando cargos oficiales, se ha querido +retratar ni aun siquiera aludir a los que realmente hubieran podido +ocupar aquellos cargos en la época a que nos referimos. Por más que +disten mucho ciertas personalidades de sernos simpáticas, nos inspiran a +lo menos compasión, y al fustigar sin piedad al vicio y al escándalo, +nos guardamos muy bien de ensañarnos con persona alguna determinada, a +que puede el arrepentimiento haber colocado ya al abrigo de toda +censura. Con más razón que Crévillon podemos decir: _Jamais aucune fiel +a empoisoné ma plume_.] + +--¡Indecente!--gritó Leopoldina Pastor--. ¿Y tu marido no le ha dado ya +una estocada? + +--Bien la merece; pero, después de todo, el pobre Fernandito es quien +tiene la culpa--continuó Currita con aire de pacientísima esposa--. Se +empeñó en que su amigo Juanito Velarde había de ser secretario +particular de don Amadeo, habló al ministro, este le ayudó, y +envalentonado con eso, se ha atrevido a tanto el señor ministro... Lo +que yo le decía a Fernandito: si le das el pie a esa gente, se tomarán +la mano... En fin, hija, el presidente del Consejo en persona estuvo a +hacerme la propuesta... ¡Por supuesto que yo no lo recibí; Fernandito se +entendió con él, y tuvieron una escena!... Yo, muerta de susto, porque +creí que lo iba a plantar en la calle y acabaría la cuestión a tiros... +En fin, se fue por donde había venido, con las orejas calientes; y sabe +Dios lo que en venganza dirán de mí ahora... Esto ha sido todo; por eso, +cuando al entrar oí el himno y vi el saludo de Gorito, creí que era una +broma que ustedes me daban... + +Butrón hizo una profunda señal de asentimiento, y la duquesa, ya +amansada del todo y queriendo remediar su anterior arranque, dijo +vivamente: + +--¿Pero podías creer otra cosa? + +Y cogiéndola la muñeca en que traía la pulsera de Isabel II, besóle la +mano con gran cariño, diciendo: + +--Si fueras tú camarera de _la Cisterna_ merecerías que se te volviese +un grillete esta pulsera. + +--¿No me la habías visto?--dijo con mucha naturalidad Currita--. Me la +regaló la reina el último día de mi santo. + +Mientras la de Albornoz hablaba, Isabel Mazacán, muy impaciente, +cuchicheaba al oído de Butrón, diciéndole: + +--¡Pero qué grandísima embustera!... ¡Pero qué modo de inventar +historias!... ¡Mentira, Butrón, mentira todo!... Si me dijo García Gómez +que justamente en el consejillo había dado cuenta el ministro de +Ultramar del deseo de ella, y entonces quedó acordado el nombramiento, +supuesta la aprobación de _la Cisterna_... Hoy, hoy por la mañana, es +cuando debe de haber ido el presidente del Consejo a notificárselo a +Currita. + +Y luego, no bien cesó de hablar ésta, se apresuró a decir en voz alta, +con marcado aire de triunfo: + +--¿Lo ven ustedes?... ¿Lo ven ustedes cómo era lo que yo decía?... Lo +mismo, lo mismo que está diciendo Curra fue lo que me contó a mí García +Gómez. + +Currita, que tenía sobradísimas razones para saber que García Gómez +debía de haber dicho cosas muy distintas, dio un par de chupaditas al +cigarro, que con tanto hablar ya se apagaba, y dijo a la Mazacán muy +despacito: + +--Pues mira; también tengo mi quejilla contra... _tu_ García Gómez... +Porque como ministro de Estado que es, entretiene sus ocios registrando +toda la correspondencia que viene de París... ¡Sí hija mía, sí; no lo +defiendas!... En el _gabinete negro_ se abre toda la correspondencia +antes de que llegue a su destino, y por eso pudo decir en el consejillo +que ayer vino para mí una carta de la reina, que debió probar al +Ministerio todo lo absurdo de sus pretensiones. + +Comprendieron todos, y Butrón el primero, a qué carta aludía Currita, y +exclamaron en coro general, que dejaba sobresalir bastante las sordas +notas de la envidia: + +--¿Te ha escrito la reina?... + +--Sí--replicó Currita--; me escribe invitándome para la primera comunión +del príncipe Alfonso en Roma... + +Y se quedó mirando de hito en hito a Isabel Mazacán, cuyas misteriosas +ganas de acompañar a la reina destronada en aquella expedición eran de +todos conocidas. Esta, que hacía largo tiempo que sentía furiosos +hormigueos en la lengua, se aprestó a soltar alguna de sus crudezas. +Pero Butrón, que no cabía en sí de gozo al ver que su pifia diplomática +quedaba orillada, se apresuró a detenerla, llevándosela al hueco de una +ventana, donde por algún tiempo dialogaron vivamente. + +Mientras tanto, Currita, con la vaga mirada fija en el espacio, como era +siempre su extraña costumbre mientras hablaba, no los perdía de vista, +trazando al sino tiempo su itinerario. A principios de julio pensaba +marchar con Fernandito a Bélgica, para pasar un mes escaso con Mariano +Osuna en su castillo de Beauraing; después no sabía a punto fijo dónde +iría a esperar el 15 de octubre, fecha en que estaba citada con la reina +en Marsella, para emprender el viaje a Roma: quizá fuera a Trouville... +El verano anterior lo había pasado allí en una _villa_ preciosa, frente +al Chalet Cordier, que era el de M. Thiers... Y por cierto que era +Thiers un vejete muy simpático y muy limpio, a pesar de ser republicano; +su mujer, una _bourgeoise_ así, así... vamos, bastante pasable. Pues ¿y +la cuñada mademoiselle Dosne, la ninfa Egeria del presidente?... Era +cosa graciosísima verla coser los botones de la bata de son _beau-frère_ +Adolphe... Parecía el ama de llaves de un notario acomodado. + +--¡Era una trinidad deliciosa! + +Y con su ingenuidad de colegiala, describió entonces Currita, con todos +sus pormenores, una picantísima caricatura de los esposos Thiers: una +indecencia verdusca publicada en Burdeos y recogida al punto por la +policía. + +--A mí me proporcionó un ejemplar el duque Decazes, y no pude resistir a +la tentación de enviársela por el correo, con una fajita, a mademoiselle +Dosne... ¡La cara que pondría!... ¡Ella que es tan pulcra, tan +comedida!... + +Y a renglón seguido, sin transición ninguna, Currita se enterneció +profundamente al pensar en el gozo inmenso que la esperaba en Roma, +besando la sandalia del Santísimo Padre Pío IX... ¡Qué figura tan +gigantesca la del Pontífice! ¡Qué anciano aquel tan venerable!... Y +todas las señoras comenzaron a ponderar su adhesión al santo Pío IX, +prontas a sacrificarle vida, hacienda, todo, todo menos el alma, por +tenerla ya de antiguo comprometida con el diablo... Carmen Tagle dijo +que le había mirado siempre como si fuese su abuelo; la señora de López +Moreno añadió muy conmovida que ella le enviaba todos los años una pipa +de doce arrobas del riquísimo moscatel de sus soleras jerezanas, y la +duquesa, verdaderamente indignada, trajo a la memoria los atropellos a +que cinco días antes se habían entregado las turbas, apedreando los +faroles de la iluminación con que celebraban los católicos el +aniversario del Pontificado del augusto anciano; sólo en el palacio de +Medinaceli rompieron veintidós faroles y treinta y siete cristales... ¡Y +mientras tanto, los ministros y las autoridades se solazaban en un +concierto instrumental celebrado en Palacio!... ¡Qué Gobierno aquel, y +qué populacho tan impío y tan asqueroso!... Siquiera ellas veneraban la +persona del Pontífice encendiendo faroles en honra suya, y limitábanse +tan sólo a apedrear a todas horas la moral divina del Dios a quien aquel +representaba. + +Esto no lo dijeron, por supuesto, aquellas señoras; pero lo pensó, sin +decirlo, don Casimiro Pantojas, que atentamente las escuchaba, después +de haber desorejado a toda una desdichada familia de conejitos de +porcelana y arrancado los rabos a una parejita de bulldogs, fabricados +en Bristol. + +Y en esto concluyó Isabel Mazacán su aparte con el marqués de Butrón, y +disculpándose con Currita de no acompañarla a la visita de la Inclusa, +por habérsele ya hecho tarde, se marchó al parecer algún tanto +disgustada. Currita decidió entonces volverse a su casa, y el marqués de +Butrón se despidió también en el acto. + +--¿Tiene usted coche, Butrón?--preguntó ella al diplomático. + +--No--respondió este presuroso, aprovechando la ocasión que tan pronto +se le ofrecía de hablar a solas con Currita. + +--Pues le llevaré a usted en mi berlina adonde quiera. + +--A la calle de Isabel la Católica... Tengo que hacer en la embajada +alemana. + +--Justamente me coge de paso. + +Currita bajó las escaleras apoyada en el brazo de Butrón, encontrando al +pie de su berlina, preciosa monería, verdadero juguete forrado de raso +azul con botones de terciopelo, que parecía el delicado estuche +destinado a guardar una joya. + +El diplomático no las tenía todas consigo: para él era evidente que +Isabel Mazacán no exageraba ni mentía al repetir las noticias del lindo +ministro García Gómez. Pero ¿cómo interpretar entonces la repentina +mudanza de Currita? La oportuna carta de la reina Isabel podía +explicarla por completo, porque el olvido de la abdicación quedaba con +ella satisfecho; y desagraviada Currita, pudo a tiempo renunciar a su +revancha. Tranquilo por esta parte Butrón, quiso, sin embargo, asegurar +más y más al partido la alianza preciosa de Currita; porque hay ciertas +políticas indecorosas y a la larga funestas, que, aun tendiendo a fines +honestos, no saben prescindir de individualidades asquerosas. _Barrer +para adentro_ era la política de Butrón, como si la basura sirviera en +alguna parte para otra cosa que para infestar el recinto que la +encierra. + +Fuese, pues, derecho al bulto, no bien el coche se puso en movimiento, y +apoyado en la autoridad de sus años, en la confianza del parentesco que +con Villamelón tenía y en su dignidad de jefe de la _brigada femenina_ +conspiradora, le pidió categóricas explicaciones del hecho... Mas +Currita, volviendo a abrir palmo y medio los claros ojos y muy espantada +y ofendida, y casi llorosa, se limitó a repetir la historia ya referida, +con nuevas afirmaciones y protestas... Suponer otra cosa era un insulto +verdadero. ¿Por quién se la tomaba a ella? ¿Pues no había dado toda su +vida pruebas del más leal afecto a la real familia?... Y aun cuando ella +fuese capaz de semejante infamia, ¿se la hubiera permitido acaso +Fernandito, cuya sangre había corrido en el combate _navo-terrestre_ de +Cabo Negro, al grito de Isabel II?... Justamente tenía él tal odio a la +intrusa casa de Saboya, que jamás ponía el sello de una carta sin +colocar al pobre don Amadeo con la cabeza para abajo. ¡Que lo había +dicho Isabel Mazacán, cuyas intimidades con el ministro revolucionario +debía hacerla a ella misma tan sospechosa!... ¿Pues no sabía todo el +mundo que la tal condesa de Mazacán era una intriganta, que andaba +detrás del viaje a Roma con la reina, para tapar a García Gómez ciertos +líos antiguos que debía de arreglar allí con un príncipe italiano?... + +Y tales cosas dijo Currita, y tales protestas hizo, y con tal acento las +pronunció, que el mismo Butrón con ser tan ducho, se quedó perplejo, y +entre las afirmaciones contrarias de aquellas dos condesas igualmente +tramposas, sólo sacó en claro una nueva confirmación de aquel principio +práctico que de toda la vida había profesado: la mujer aborrece a la +serpiente por celos y envidias del oficio. + +Mientras tanto, la berlina corría desempedrando las calles y doblando +las esquinas, con esas airosas vueltas que imprime a un fogoso tronco +la hábil mano de un cochero experto. A la mitad de la calle del Turco, y +dominando el ruidoso rodar del carruaje, llegó a oídos de la pareja un +extraño rumor lejano: esa especie de sordo mugido, amenazador, +imponente, que sólo es común al mar encrespado y a las muchedumbres +alborotadas... Currita y Butrón miráronse sorprendidos, y repararon +entonces en algunos transeúntes que venían presurosos de la calle de +Alcalá, y en el conserje de la Escuela de Ingenieros, que cerraba +apresuradamente la puerta de este edificio. Era esto harto común en +aquellos tiempos de alborotos continuos, y la berlina avanzó, sin +acortar su carrera, hasta la calle de Alcalá, para tomar luego por la +del Barquillo. + +Era esto, sin embargo, imposible; un largo y compacto cordón humano, +compuesto de una muchedumbre heterogénea y abigarrada, llenaba de un +cabo a otro la calle de Alcalá, cubriéndola en toda la gran extensión +que por ambos extremos abarcaba la vista. + +Era aquella una manifestación pacífica de la democracia, que con grandes +clamores y largos garrotes y extrañas banderas enarboladas se dirigía a +Palacio pidiendo la entrada en el ministerio de don Manuel Ruiz +Zorrilla. + +El cochero de Currita, Tom Sickles, enorme tipo del automedonte +británico, que pedía a voces el tricornio y la peluca empolvada, y se +había sentado en Londres en el pescante del duque de Edimburgo, y en +París en el de la princesa Matilde, dirigió los caballos corriendo a lo +largo de la manifestación, por ver si adelantaba la cabeza de esta y +podía entrar por la calle del Caballero de Gracia o por la de Peligros. +También era ya tarde, y viose precisado a detenerse frente al +Veloz-Club, entre el remolino que allí se iba amontonando, de lujosos +trenes que volvían de la Castellana y humildes simones que pretendían +inútilmente cruzar de un lado a otro. Butrón quiso volver atrás y salir +por cualquiera bocacalle a la Carrera de San Jerónimo. + +--¡Pero si esto es muy divertido!--decía Currita con infantil +alborozo--. ¡Qué delicia!... Mire usted, Butrón; mire usted qué +graciosos van todos con sus cintitas encarnadas... ¡Uy, aquel +jorobadito!... ¡Qué mono!... ¡Ah, pícaro!... ¡lleva una bandera en que +pide _reforma_!... ¡Pues claro está que la necesita!... ¡pobrecito!, +¡sobre todo por la espalda!... + +Otro carruaje se interpuso en aquel momento entre la muchedumbre y la +berlina, impidiendo la vista a Currita: en él iba el gobernador civil de +Madrid, muy rollizo y pomposo, que se dirigía a Palacio y veíase forzado +también a detenerse. + +--Ahí va ese mastodonte--dijo Butrón al oído de Currita--. En cuanto nos +vea juntos se figura que conspiramos. + +Estas sencillas palabras del diplomático parecieron despertar en Currita +una de esas ideas atrevidas que se conciben de repente, por más que +tarden en madurar años enteros. Asomóse a la portezuela como si desease +que el gobernador la viera, y sin contestar al respetuoso saludo que al +divisarla este le hizo, metióse bruscamente para dentro y se cubrió con +el pañuelo parte del rostro, como si quisiera entonces esconderse. + +--¡Qué mal huele la democracia!--decía para ocultar a Butrón aquellas +maniobras--. ¡Pero qué peste echan!... + +El coche del gobernador arrancó al fin trabajosamente a lo largo de la +calle, y desde aquel momento, nerviosa y agitada Currita, pareció +impacientarse mucho por aquella misma detención que poco antes la había +divertido tanto. Frente a frente de ella, un poco más hacia la Puerta +del Sol, asomaban por los balcones del Veloz-Club, bajo sus toldillos de +verano, aristocráticos racimos de cabezas de gomosos desocupados, que +miraban el democrático desfile con esa especie de medrosa curiosidad +burlona, a la vez que tímida, con que se contemplan desde lo alto de un +tendido los terribles retozos de una piara de ridículas bestias feroces; +parecíales imposible en aquel momento que la bestia pudiera alguna vez +alzar su zarpa hasta ellos. La vista de aquellos elegantes espectadores +acabó de impacientar a Currita, y de tal modo se enardeció ante ellos su +afán de exhibirse y singularizarse, que tiró del cordoncillo hasta +descoyuntar el dedo del cochero, y sacó la cabeza por la ventanilla +gritando: + +--_Go on, Tom, go on_! _Run Through_!... _Carry them off_!...[4] + +[Nota 4: ¡Adelante, Tom, adelante!... ¡Atraviesa!... +¡Arróllalos!...] + +Tom no se hizo repetir la orden: sacó el hercúleo pecho, tirando de las +riendas, con el esfuerzo de aquellos antiguos aurigas esculpidos por +Fidias en los frontones del Partenón, de pie sobre un carro, deteniendo +con una mano el galope de cuatro caballos. Piafaron los suyos, +encabritándose, castigóles él suavemente con la fusta, y aflojando de +repente las bridas, los lanzó con la velocidad y el empuje de una flecha +a través de la turba democrática, desapareciendo como un relámpago por +la calle de Peligros. + +Un alarido terrible de terror y de ira salió de la muchedumbre, que se +bamboleó a uno y otro lado del surco abierto por el coche; comenzó la +gente a correr asustada, los gomosos del Veloz-Club se metieron para +dentro, cerrando prontamente sus balcones, y el jorobado que pedía +_reforma_ estuvo a pique de sufrirla por completo entre los pies de los +caballos y las ruedas de la berlina. + +Mientras tanto, asombrado Butrón de aquel brusco arranque, y muerto de +susto ante audacia tan temeraria, echaba a toda prisa las cortinillas +para que no le viesen; y Currita, riendo como una loca, se asomaba por +el vidrio de la trasera para ver a los transeúntes refugiarse asustados +en los portales, y a los guardias públicos correr detrás de la berlina, +haciendo señas de que parasen. Mas Tom Sickles, arrebatada la cara de +remolacha, hacía terribles visajes, como si llevase los caballos +desbocados, mientras con suaves vibraciones de las riendas más y más los +azuzaba. En la calle de Isabel la Católica, Tom Sickles hizo otro +prodigio: coche y caballos quedaron parados en firme, de un golpe, ante +la embajada alemana. La señora estaba servida, mereciendo él la corona +triunfal de los Juegos Hípicos. + +Currita encontró enfilados a la puerta de su casa tres coches, +reconociendo al punto en uno de los cocheros la escarapela encarnada, +propia de los ministros. Apeóse entonces en las mismas caballerizas, y +por una escalera reservada para el uso de la servidumbre llegó a sus +habitaciones sin ser vista de nadie. Al ruido de la campanilla acudió +Kate, la doncella inglesa de la señora. + +--¿Quién está con el señor?--preguntó a esta. + +--El señor ministro de la Gobernación... El señor duque de Bringas y don +Juan Velarde juegan en el billar. + +--Dile a don Joselito que no recibo a nadie... Tengo mucha jaqueca. + +Kate pareció titubear un momento y se decidió al fin a decir +tímidamente: + +--¿Ni tampoco a don Juan Velarde?... + +--Tampoco: a nadie, a nadie... + +De nuevo volvió a insinuar Kate con mucha delicadeza: + +--El señorito volverá hoy del colegio... + +--¡Es verdad!... ¡Pobre Paquito!... + +--Y querrá ver a la señora... + +--No, no... que se entretenga con Lilí... Mañana lo veré... ¡Tengo una +jaqueca horrible! + + + + +--IV-- + + +Cuando Paquito Luján llegó a su casa comenzaba a oscurecer, y la +escalera y el vestíbulo estaban ya completamente iluminados: cuatro +grandes estatuas desnudas, de mármol blanco, alumbraban este y aquella, +elevando sus manos artísticos candelabros de bronce con seis mecheros. +Al pie de la escalera, un enorme oso de Noruega sentado gravemente sobre +sus patas de detrás, presentaba con las de delante una bandeja de plata +destinada a recibir las tarjetas de visita. Era este un capricho del +príncipe de Gales que había visto Currita en el palacio de Sandringham, +y apresurádose a copiar a costa de dinero. + +La aflicción del niño había desaparecido, con esa dichosa rapidez con +que se suceden en la infancia emociones a emociones. La impaciencia, la +natural impaciencia, mezcla de ternura de hijo y del deseo de ser +alabado, era la que le agitaba en aquel momento, ansioso de caer con sus +premios en los brazos de su padre, de su madre, de Lilí, su hermanita +del alma... Sentado en el testero del carruaje, con sus premios muy +agarrados, apoyaba los piececillos en el asiento de enfrente, haciendo +verdaderos esfuerzos para delante, que creía él ayudaban al coche a +rodar más rápidamente. + +Al entrar en Madrid hubo que perder cuatro minutos encendiendo los +faroles, y un poco más allá los empleados del resguardo detuvieron de +nuevo al coche para registrarlo todo de arriba a abajo... ¡Qué +desesperación! ¡Qué feos y qué tontos eran aquellos hombres! De seguro +que ninguno de ellos había tenido nunca padre ni madre, ni Lilí, ni +sacado en todos los días de su vida un solo premio... Cuando él fuera +grande había de ahorcar a todos los empleados del resguardo, colgándolos +como los chorizos que había visto una vez en la chimenea del capataz del +Encinar, allá en Extremadura... ¡Y todavía, al doblar la esquina de la +Universidad, se atravesó un coche, y después un carro de mudanzas y +luego un gran ómnibus, y hubo que perder otros tres minutos! Al entrar +al fin en la última calle, ya tenía el niño la mano en la llave de la +portezuela, dispuesto a abrirla, asomando al mismo tiempo la carita, +porque de seguro estarían esperándole en algún balcón su padre, su +madre, o Lilí, o quizá los tres juntos... Ya les enseñaría él desde allí +abajo los premios, y creerían que no era más que uno, y verían luego que +eran cinco y dos excelencias. ¡Qué risa entonces!... Pero los balcones +estaban todos cerrados, y no se veía en ellos alma viviente. El coche +entró al fin en la casa, haciendo retemblar los cristales de la gran +mampara, y se detuvo al pie de la anchurosa y alfombrada escalera... +También estaba esta vacía, y sólo vio el niño al pie de ella al grave +oso de Noruega, _Bruin_, como le llamaban en casa, abriendo su gran boca +armada de dientes enormes y presentándole la bandeja, como si le +invitara a depositar en ella sus premios. Mas no los soltó el niño, y +oprimiéndolos contra su pecho, subió a brincos la escalera, hasta llegar +al vestíbulo; cerróle allí el paso una extraña figura que se paseaba de +un lado a otro con las manos a la espalda. Era un enano feísimo, pero +perfectamente proporcionado: verdadero pigmeo, émulo de aquel famoso +Roby que presentaron en la mesa del rey de Sajonia dentro de un pastel +de venado. Tendría poco más de un metro de altura, y hallábase +correctamente vestido de etiqueta, frac y corbata blanca, calzón corto, +media de seda negra y zapato con hebilla. Llamábanle en la casa _don +Joselito_, y cobraba siete mil reales de sueldo, con la sola obligación +de anunciar las visitas y realzar con su estrafalaria figura la aureola +de elegante originalidad que rodeaba en todo a Currita. + +Inclinóse el enano respetuosamente ante el señorito, y con su vocecilla +chillona y algún tanto imperiosa, díjole que no podía ver a la señora, +por haberse acostado media hora antes con una espantosa jaqueca. Un +repentino vapor de lágrimas vino a empañar los hermosos ojos azules del +niño; volvió bruscamente la espalda al enano sin decir palabra y echó a +correr hacia las habitaciones de su padre. + +Allí estaba Villamelón, repantigado en una butaca, hablando +misteriosamente con el ministro de la Gobernación. Lanzóse el niño a su +padre, y echándole los brazos al cuello, le dio dos besos. + +--¡Hola, caballerito!--exclamó Villamelón--. ¿Ya de vuelta?... ¡Me +alegro!... + +Y como viese que con cierto rubor orgulloso le presentaba el niño sus +premios, añadió sin tomarlos: + +--¡Hola, hola, los premios!... ¡Pobre chiquitín!... ¡Muy bonitos!... +Bien, bien, me alegro... Ea, toma... toma, y dile a Germán que te lleve +esta noche al circo. + +Y entregándole al niño dos pesetas que había sacado del bolsillo del +chaleco, volvió a reanudar su misteriosa conversación con el señor +ministro. + +Quedóse el niño parado un momento, con los ojos abiertos; dio luego una +repentina media vuelta, girando sobre una pierna, y encarnado como la +grana, bamboleándose cual si estuviera ebrio, fue a arrimarse a una +mesita llena de caprichosas chucherías; había debajo una figura +japonesa, con la boca muy abierta, y por ella arrojó el niño, con mucho +disimulo, el regalo de su padre, las ¡dos pesetas!... Luego echó a +correr, saliendo disparado del saloncito; detúvose un momento en el +dintel, detrás de las cortinas, y agobiado, con los bracitos colgando y +caída la cabecita, siguió una galería que iba a parar a la Nursery[5], +al destierro, a la Siberia de los niños, que el desapegado egoísmo de la +condesa de Albornoz había importado para sus hijos de Inglaterra a su +casa. + +[Nota 5: Llámase en Inglaterra Nursery al departamento especial en +que viven los niños con sus criados completamente aislados del resto de +la familia.] + +Resonaba en el fondo de la galería un piano destemplado que parecía +balbucear, de mala gana, un monótono tema de los ejercicios de Hanon. +Esta música sonó, sin embargo, como un concierto celeste en los oídos +del niño; desapareció su abatimiento, renació su alegría y echó a correr +de nuevo hacia aquella estancia. + +--¡Lilí!... + +--¡Paquito!... + +Y un ángel, una bellísima muñeca de nueve años, saltó del asiento del +piano para caer en los brazos del niño, confundiéndose por un momento +con sus besos, sus gritos, su risa, su alegría, sus almas inocentes y +sus vidas inmaculadas, como se confundían los bucles de oro que +rodeaban, como una aureola de rayos de sol, las preciosas cabezas de +ambos. + +El niño se acordó al fin de sus premios. + +--¡Mira!... ¡Mira!... + +Lilí abrió mucho los ojos admirada, apretó los labios y echó atrás las +manitas; su crítica fue la crítica de las grandes admiraciones, la +crítica monosílaba. + +--¡Uy!--dijo. + +--¡Cinco!... ¡Son cinco y dos excelencias!... + +--¿Me darás uno, Paquito? + +--¡Tonta!... Eso no se da... Se pone en un marco... Pepito Vargas dice +que su mamá se los pone en un marco... + +--¿Grande..., grande?--dijo Lilí, indicando con sus manitas uno capaz de +encerrar al _Pasmo de Sicilia_. + +--Sí, grande, grande... Y mira: este es de Aritmética, y este... + +No pudo continuar el niño; una mano seca, pegada a un puño inmaculado, +salió por entre las cortinas, y después un brazo largo, y luego un +hombro puntiagudo, y más tarde un rostro encarnado, característico, +original, británico, como la cerveza de Bass o las galletas de +Huntley... + +--¡Mademoiselle!--dijo Lilí asustada. + +Y la mano seca, pegada al puño inmaculado, agarró a la niña por un brazo +y se la llevó para adentro, oyéndose una voz metálica, estridente, que +desgarraba el tímpano como un resorte que rechina. + +--_What's that, Miss_?... _You have to learn your piano lesson until +eight o'clock_...[6] + +[Nota 6: ¿Qué es esto, Miss?... Hay que estudiar la lección de piano +hasta las ocho.] + +Entonces huyó el niño de allí desolado; corrió ciego a la Nursery y se +arrojó de cabeza en su blanca camita, con la enconada amargura y la +sombría desesperación del suicida que se arroja, solo y sin esperanzas, +en un abismo oscuro, negro, profundo... El sueño, el sueño bendito, fiel +amigo de los niños, suave consolador de todos sus pesares, vino al fin a +acallar sus sollozos y contener sus lágrimas, adormeciéndole allí mismo, +sin variar de postura, vestido todavía y con sus premios en la mano... + +Y mientras tanto, Villamelón proseguía su misteriosa plática con el +ministro. Contaba por aquel entonces el marqués más de cuarenta años, y +los estragos de su juventud salíanle prematuramente al rostro. Colgábale +la nariz encarnada y algo granujienta, hundíansele las mejillas, dejando +salir los pómulos; arqueábasele ya el abdomen, y todo anunciaba en él +esa caricatura de la juventud en que consiste la vejez de muchos. Su +cuerpo había sido gallardo y conservaba aún restos de arrogancia; mas +su rostro ofrecía perfecta semejanza con el de aquel enano de Felipe IV, +titulado _El Primo_, que retrató Velázquez y copió Goya, grabándolo al +aguafuerte: tenía la misma nariz colgante, los mismos ojos tristes, el +mismo bigote retorcido, la misma frente extensa y pensadora, con la sola +diferencia de que Villamelón partía por medio su ya escasa cabellera con +una raya que, arrancando de la raíz del pelo, llegaba hasta el cogote, +formándole sobre las orejas dos pequeños cuernecitos. + +Y aquella frente elevada, de abultados parietales, que reclamaba para sí +el dicho de la zorra al busto: _Tu cabeza es hermosa, pero sin seso_, +tenía, en efecto, actitudes magníficas cuando, surcada por un pliegue +vertical, se inclinaba, como en aquel momento, al excelentísimo señor +don Juan Antonio Martínez, ministro de la Gobernación, y le decía con el +aire de Bismarck a Gortschakoff, al establecer entre ambos el equilibrio +europeo: + +--Desengáñese, usted, Martínez... La tesis del doctor Wood es absurda... +Nadie me probará que el pastel de ratas sea superior al de erizos y +ardillas... ¿Usted me entiende?... + +El excelentísimo Martínez hizo un gesto que no significaba si entendía o +dejaba de entender; desde que el pobre señor había pasado el puente +natural que lleva del banco azul a las grandes mesas de la corte, +caminaba de indigestión en indigestión, y sentía en el estómago la +nostalgia de aquellas nutritivas sopas de ajo, no digeridas del todo, +que habían hecho de él un tanto robusto hombre de Estado, y fueron su +cotidiano alimento en los tiempos en que rompía sus primeros calzones +entre los pilletes de cierta playa de las costas asturianas... ¡Santo +Dios, y qué dolores de tripas más atroces le había costado el _pâté +foie-gras_ del último viernes de Palacio! ¡Qué _coliquera_ más terrible +_le chou à la crème_ que sirvieron dos días antes en la embajada +francesa!... El excelentísimo Martínez creyóse por un momento +envenenado, y desde entonces fue para él artículo de fe aquel principio +de Addison: + +«Cuando veo las mesas a la moda cubiertas de todas las riquezas de las +cuatro partes del mundo, me imagino ver la gota, la hidropesía, la +fiebre, el letargo y la mayor parte de las enfermedades, ocultas en +emboscadas, debajo de cada servilleta.» + +--Usted lo ha de ver, Martínez--prosiguió Villamelón--; el jueves +próximo haré servir los dos pasteles sin decir lo que contienen, y +veremos por cuál se declaran las opiniones. ¿Me entiende usted, +Martínez?... Excuso decirle que cuento con su voto. + +Erizáronsele los cabellos al excelentísimo Martínez ante la perspectiva +de una indigestión de ratas... ¿Cómo podría curársela, si no era +tragándose un gato? + +--Y todo eso--prosiguió Villamelón con ligerísima sonrisa que denunciaba +traidoramente su convencimiento íntimo de la superioridad con que +manejaba el asunto no es más que la excentricidad inglesa, influyendo y +echando a perder su cocina... Y cuidado que yo soy imparcial, porque mi +cocina es la cocina eléctrica: lo mejor de lo mejor, venga de donde +viniere: este es mi lema. ¿Me entiende usted, Martínez?... Pero no hay +que darle vueltas, amigo mío, y por más que digan, en la cocina, como en +todo, Francia camina la primera. Esto no tiene vuelta de hoja, +Martínez... Los ingleses devoran, los alemanes zampan, los italianos +comen, los españoles se alimentan; pero sólo los franceses gozan, y ahí +está el quid, Martínez: en gozar, en gozar comiendo. ¿Me entiende usted? + +Martínez no entendía, y tomando por burla lo que sólo era cansada +muletilla de Villamelón, tanto _Martínez_ y tanto _¿me entiende?_, se +apresuró a responder algo amostazado: + +--¿En gozar?... ¡O en reventar, señor marqués, que no es lo mismo!... + +--¡No, no, no y mil veces no, Martínez! Eso es una de tantas +preocupaciones. ¿Me entiende usted? Cierto que el hombre es un ser +débil, insuficiente, que apenas puede soportar ocho comidas diarias; +pero la indigestión no proviene de comer mucho, sino de comer mal... +Déme usted un cocinero de primera fuerza, de raza, _d'élans_, y yo le +garantizo salud eterna... ¡Oh, bien lo entendía el príncipe Orloff con +su ojo tuerto y su brazo manco!... Yo le he visto en París elegir +cocinero en público concurso; acudieron diez a su palacio de la embajada +rusa: yo fui del jurado, y probamos, antes de fallar, ciento cuarenta +platos[7]. ¡Ah!, no, no, Martínez; no es el comer mucho, lo que trae la +indigestión... Mi santa madre lo decía: Tripa llena, alaba a Dios. + +[Nota 7: Histórico.] + +Y se quedó tan orondo con la cita, porque una de las genialidades de +Villamelón era la de nombrar de continuo a su madre, anteponiéndole +siempre el calificativo de santa, y poniendo en su boca aforismos tan +singulares, y de mal gusto a veces, como el que acababa de soltar. + +Entraron en esto el duque de Bringas y Juanito Velarde, que habían +terminado ya su partida de billar, y a poco anunció un criado que la +señora condesa no asistiría a la comida por haber tomado ya un +_consommé_ en sus habitaciones, y acostádose al punto con una fuerte +jaqueca. + +Esta noticia pareció afectar muy poco al caro esposo de la dama y al +duque de Bringas; al ministro de la Gobernación hízole, por el +contrario, malísimo efecto, dando a sospechar, por sus muestras de +disgusto, que algo que la ausencia de Currita chasqueaba por completo le +había traído allí y héchole aguantar con paciencia las majaderías +culinarias del héroe del combate _navo-terrestre_ de Cabo Negro; como +Butrón temía, el nombramiento de camarera mayor comenzaba a mover la +cola. Juanito Velarde pareció también muy contrariado, comió poco y +habló menos durante toda la comida. Villamelón hizo el gasto, como +siempre, blandiendo el trinchante de oro macizo, regalo de Fernando VII, +que usó durante toda su vida, y pasando por las tres distintas fases que +en aquella hora solemne se reflejaban en su persona: hondamente +preocupado al principio, como hombre que tiene entre manos el más grave +negocio; comunicativo, pero dogmático; afable, pero todavía circunspecto +a los medios, y alegre, bonachón, magnánimo y hasta tierno a los +postres, como si la corriente de satisfacción que le brotaba del +estómago le dotase de aquellas cualidades que no poseía en ayunas. Esta +era la hora de pedirle favores, seguro de alcanzarlos, y esta era la +hora también en que Villamelón, arrastrado por un resabio de educación +malísima que jamás pudieron quitarle ni su santa madre, ni su dulce +esposa, hacía bolitas de miga de pan con la punta de los dedos y las +disparaba a las narices de los comensales, con muestras del más cariñoso +agasajo y el más tierno regocijo. + +Mientras tanto, si algún diablo cojuelo hubiese levantado el techo del +_boudoir_ de la condesa de Albornoz, hubiérase descubierto una extraña +escena: hallábase este alumbrado por una gran lámpara, sostenida por un +negro desnudo, de tamaño natural, admirablemente tallado en ébano, y +Currita, sentada ante un pequeño _secrétaire_ muy bajo, parecía +completamente absorta en un singular estudio caligráfico, mientras +vagaba por sus labios una finísima sonrisa, semejante, no en lo +terrible, pero sí en la solapada y astuta, a la que puso el genio de +Liezen-Mayer en los labios de Isabel de Inglaterra, al representarla en +el acto de firmar la sentencia de muerte de su prima María Stuard. + +Con su elegante letra inglesa, fina y corrida, había escrito al frente +de un pliego: _¡Qué animal más hermoso es el hombre!_ Y con facilidad +maravillosa iba copiando, en distintos caracteres de letras, esta frase +tan extraña y tan equívoca, que parecía ser reflejo de esa idea íntima, +ese pensamiento oculto que jamás se formula y es, sin embargo, el +primero que se apresura a estampar todo hombre cuando algo que escribe y +algo en que se puede escribir le invitan a solas a trazar allí un +concepto. La inscripción se multiplicaba, unas veces en letras +rechonchas y apretadas; otras, en perfiles largos y finitos; algunas, en +caracteres diminutos, cual patitas de moscas entrelazadas que se +prolongasen en forma de cadeneta. En esta tarea empleó Currita media +hora larga, con el esfuerzo y la atención de un chiquillo aplicado que +copia una plana, o de un petardista prudente que ensaya el modo de +falsificar o desfigurar una letra. + +Diose al fin por satisfecha de sus ensayos, y con los renglones de +cadeneta y la letra de patitas de mosca, que no tenía con la suya +ordinaria el más remoto punto de contacto, púsose a escribir una carta, +en un pliego de papel sencillo, sin timbre ni inicial alguna. La carta +no fue larga, y en el sobre decía: + +EXCMO. SR. GOBERNADOR CIVIL +DE +_Madrid_ + +Faltábale todavía el sello, y púsoselo Currita sonriendo socarronamente, +y cuidando de colocar con la cabeza para abajo el busto del rey don +Amadeo. Afianzólo luego con dos o tres puñaditas de su cerrada mano, que +parecía complacerse en aplastar al pobre monarca, principio y fin de la +dinastía saboyana. + +Cualquiera hubiera creído con esto ya listo el negocio y que sólo +faltaba llamar a un criado para enviar la misteriosa carta al correo. No +lo juzgó así la ilustre condesa: entróse en la estancia vecina, que era +su alcoba, y volvió a salir al cabo de un buen cuarto de hora +completamente transformada. Habíase despojado de su elegante traje de +calle, y puéstose en su lugar una falda de lana negra modestísima y una +mantilla muy usada, cuyo sencillo velo le ocultaba parte del rostro; +traía en la mano una bujía encendida, puesta en una palmatoria de plata, +y en la otra una llave de gran tamaño. Cogió la carta y echó a andar: en +aquel momento un reloj lejano daba las once y media. + +Era el palacio de Villamelón uno de esos antiguos caserones, ya raros en +Madrid, con anchas galerías, espaciosas salas y cómodos departamentos, +rodeados por todas partes de pasillos y escaleras excusadas para el uso +de la servidumbre. Comunicábanse las habitaciones de Currita con las de +Villamelón por la alcoba, y por un cuarto contiguo al del baño, con un +largo pasadizo; terminaba este por un lado en el cuarto de Kate, la +doncella inglesa, y por otro en una estrecha escalerilla que iba a parar +a un jardín muy reducido. Cerrando, pues, la puerta de la alcoba, la que +había a la mitad del pasillo, y la que ponía en comunicación al +_boudoir_ con los dos salones de la entrada, quedaba el resto de las +habitaciones de Currita aislado por completo y en comunicación directa +con la calle: a ella daba salida una puertecita, abierta en la tapia del +jardín a espaldas del palacio, detrás de un pequeño invernadero. Allí se +dirigió Currita después de dejar la luz apagada al pie de la escalera +con tal desembarazo y tan gentil desenvoltura, que conocíase bien a las +claras no ser aquella la primera de sus nocturnas escapatorias. + +Era la noche oscura, y la solitaria plaza a que la puerta del jardín +daba salida perdíase a lo lejos entre solares en construcción, alumbrada +acá y allá por algunos faroles, cuyas luces parecían brillar en medio +de un nimbo de vapor amarillento. La puerta de una tienda de +ultramarinos dejaba escapar en la esquina próxima un cuadro de luz +vivísima, y veíase en el fondo al tendero, inmóvil ante el mostrador, +ajustando sus cuentas. A cuarenta pasos, debajo de un andamiaje, una +farola hacía resaltar las negras siluetas de un chulo de chaquetilla +corta y una chula de falda almidonada y pañuelo de seda a la cabeza, que +dialogaban vivamente. Aparecía lo demás oscuro y solitario, teniendo +todo ello un aspecto de inquietud, de vista panorámica, que completaba +allá muy lejos, desde un cuarto piso, el sonido de un mal piano, en que +unas manos aleves asesinaban la inmortal cavatina de Bellini _Casta diva +ché inargenti_... + +La condesa, la gran señora que tan raras veces bajaba de su carruaje, +como si se desdeñase de pisar con sus elegantes brodequins el polvo de +que estaba formada, se internó por aquellos oscuros vericuetos, y +atravesando varias callejas, solitarias en aquella hora, que parecían +serle muy conocidas, vino a desembocar en la plazuela de Santo Domingo. +La afluencia de gente era todavía grande en aquella encrucijada, tan +concurrida siempre, y Currita bajó la cuesta para ganar, al abrigo del +jardinillo, la Costanilla de los Ángeles. Atravesó rápidamente la calle +del Arenal, entró por la de las Fuentes, y dando un gran rodeo por +detrás del ministerio de la Gobernación, llegó al fin a la calle de +Carretas y depositó por su propia mano en el buzón de la casa de Correos +la carta misteriosa... Si aquella mujer era una criminal, era, sin duda, +de aquellos criminales avezados y prudentes que miran siempre en todo +cómplice un camino peligroso que va a parar en presidio. + +Entonces emprendió el camino de vuelta por las mismas calles por donde +había ido, sin tener más que un tropiezo. Un viejo, de aspecto decente, +se detuvo de pronto ante ella; sorprendida Currita, pegóse a la pared, y +el hombre hizo entonces ademán de darle una moneda de cinco céntimos, +una _perra chica_, como llamaban entonces y aún llaman hoy a esas piezas +pequeñas. Habíala tomado por una de esas pobres vergonzantes que a las +altas horas de la noche extienden en silencio su mano descarnada al +transeúnte que se retira solicitado por el descanso u hostigado por los +vicios. + +Así lo comprendió la condesa, y con gran impulso de risa tomó la moneda, +teniendo todavía valor para profanar en sus impuros labios aquella +hermosa deprecación, aquella santa respuesta que da la fe a su hermana +la caridad, por la humilde boca del pobre: + +--¡Dios se lo pague!... + +Cuando la condesa entró en su _boudoir_, presentaba este un aspecto +siniestro: la lámpara agonizaba en manos del negro, cuyos blancos +dientes de marfil incrustado resaltaban en la oscuridad, como la sonrisa +del genio del mal, complaciéndose en las tinieblas. + +Tres horas después resonaban gritos y lamentos al otro extremo de la +casa... Era Paquito Luján, que entumecido por el fresco de la madrugada +y aterrado por la oscuridad, despertaba allá en la Nursery, olvidado de +todos en aquel suntuoso palacio, morada del padre y la madre que le +habían dado el ser, y de diecisiete criados dedicados a su servicio. + + + + +--V-- + + +Rióse mucho al otro día la condesa de Albornoz al oír contar a su hijo +Paquito sus extrañas aventuras de la noche precedente: al verse solo, a +oscuras, vestido y acostado en una cama que no era la suya del colegio, +comenzó el niño a gritar lleno de angustia, sin que nadie contestase a +sus lamentos. Oíalos Miss Buteffull desde su cama y comprendió al punto +la causa: sin duda, nadie se había acordado en la casa de que el pobre +niño había vuelto del colegio; quizá se había puesto malo de pronto; +quizá habían entrado ladrones y lo estaban asesinando... Miss Buteffull, +compadecida, encendió la vela de su palmatoria. Un decoroso reparo la +detuvo de repente: el caso era grave... Tenía ella cuarenta y cinco +años, once el niño, la hora de la noche era avanzada. ¿Cómo entrar sola +en su cuarto?... Miss Buteffull apagó la palmatoria. + +Mientras tanto, los clamores desesperados del niño despertaban también a +la doncella de Lilí, Magdalena, que dormía allí cerca, y acudía esta +presurosa en su auxilio; tranquilizábalo con gran cariño, hacíale +acostar y permanecía sentada junto a su camita, hasta dejarlo dormido +nuevamente. + +Esta relación produjo en Currita una de las repentinas crisis de amor +materno que solían atacarla de cuando en cuando en sus días de +aburrimiento. Solía entonces pasar horas enteras en la Nursery jugando +con sus hijos: comíaselos a besos, llamábales sus _pichoncitos_, +hacíales traer costosos juguetes y golosinas de todos géneros; y +complaciéndose en poner en ridículo a Miss Buteffull y en decir pestes +de los padres del colegio, destruía en media hora todo lo bueno que, a +costa de mil trabajos, habían sembrado y podían sembrar en adelante +estos y aquella en los tiernos corazones de ambos niños; porque uno de +los grandes escollos en que tropiezan los esfuerzos de las personas +dedicadas a la educación, consiste en la imprudente y culpable ligereza +con que se complacen muchos padres en presentar ante sus hijos a +preceptores y maestros, no como amigos íntimos encargados de guiar sus +pasos, ni como seres benéficos que les dispensan el favor insigne de +formar sus corazones y alumbrar sus entendimientos, sino como tiranos +que les oprimen y mortifican, como carceleros cuya vigilancia hay que +burlar con ardides y tretas más o menos inocentes. Destrúyese así la +buena opinión necesaria a todo el que manda para ser respetado; la fe +humana precisa a todo el que enseña para ser creído, y sólo una cosa +existe, a nuestro juicio, que sea tan perjudicial a la educación como lo +es esta misma: la pugna que a veces descubre el niño entre la moral de +sus padres y la moral de sus maestros... Imposible es describir las +angustiosas perplejidades, las dolorosas dudas que, con harta triste +frecuencia, despiertan estas contradicciones en las almas de los niños: +vese en ellas la lucha del entendimiento con el corazón, demostrándole +aquel que es sana la doctrina del maestro, esforzándose este por +persuadirle que no puede ser mala la práctica contraria del padre o de +la madre que tanto aman, que no puede ser cierto lo que, por el solo +hecho de serlo, ha de dar irremisiblemente a aquellos seres tan amados +la patente de perversos... ¡Ah! Jamás olvidará el que escribe estas +líneas las angustias de un pobre niño, modelo de candor y de juicio, al +oír explicar cierta lección del Catecismo; quedóse el niño muy +pensativo, fuese luego poco a poco angustiando, hasta exclamar al fin +convulso, con el corazón encogido, los ojos llenos de lágrimas y +temblorosas las manitas: + +--¡Entonces... entonces... mi papá es muy malo, muy malo... y se va a ir +al infierno! + +Importábasele todo esto muy poco a Currita, y sus granizadas +intermitentes de besos, de mimos y de imprudencias borraban por completo +en el ánimo candoroso de Lilí los largos olvidos y la egoísta +indiferencia de su madre; mas no lograban lo mismo en el niño aquellas +sensiblerías tempestuosas. Había en el fondo de aquel tierno corazoncito +un rinconcillo oculto, en que la memoria iba depositando con implacable +fidelidad la lista de todos los agravios, como un grano de simiente +venenosa entre una vegetación salubre, como un tallo de cicuta que había +de hacer brotar en aquella selva virgen el sombrío rencor, el rencor +callado y paciente, árbol siniestro que produce a la larga los +envenenados frutos del odio. Todavía aquel corazón angelical perdonaba +fácilmente lo que reputaba por injuria; mas ya había dado un paso +adelante, ya le era imposible olvidarlo por completo. + +No era, sin embargo, el aburrimiento el que había traído aquella mañana +a la condesa de Albornoz a entretenerse con sus hijos: parecía, por el +contrario, preocupada, un poco inquieta, y notábase en ella esa +agitación nerviosa de todo el que espera algo que teme o le importa. +Lilí tuvo una idea felicísima: propuso a su madre que hiciese retratar a +Paquito con sus premios. Púsose el niño muy encarnado, y movió +negativamente la cabeza. + +--¡Pues es verdad!--exclamó Currita encantada--. Sí, sí, ahora mismo... +¡Verás qué bonito!... ¡A ver, Germán!... Avise usted al señor marqués +que vamos a subir a la _cabaña_ a que nos haga un retrato... + +Desprendióse el niño, al oír esto, de los brazos de Lilí, que, saltando +de alegría, le abrazaba, y exclamó con enérgica ira: + +--¡No!, ¡no!... ¡Papá, no!... + +--¿Pero por qué?--dijo sorprendida Currita, agarrándole por un brazo. + +Forcejeaba el niño por desasirse, muy colorado y conmovido, y con los +hermosos ojos llenos de lágrimas. + +--¿Pero por qué, por qué?--repetía Currita. + +--¡Me dijo que me fuera!... ¡Me dio dos pesetas!--gritó al fin el niño +con gran desconsuelo; y sollozando amargamente, escondió la preciosa +carita en el seno de su madre. + +¡Qué rayo de luz hubiera sido aquel lamento del niño para una de esas +madres santas y prudentes que estudian y dirigen hasta el más ligero +latido del corazón de sus hijos!... En él aparecía revelado un noble +pundonor, que iba ya camino del orgullo, y una precoz propensión a la +venganza, que espera oculta y paciente la hora de devolver desaire por +desaire y ofensa por ofensa. Mas Currita sólo vio en todo aquello un +capricho de niño voluntarioso, y entre caricias y reflexiones, halagos y +amenazas, intentó persuadir al niño a que se dejara hacer el retrato: +cedió este en la apariencia, y Currita subió con ambos niños de la mano +a la espléndida _cabaña_ en que tenía el marqués de Villamelón su taller +fotográfico. + +Porque el ocio, esa gran pesadumbre de los grandes, que en vez de +lágrimas tiene bostezos, había despertado en el ilustre prócer y +guerrero invicto la afición a la fotografía, no encontrando en él la +aptitud necesaria para el cultivo de otras artes más elevadas. Comer, +beber, dormir y retratar a todo bicho viviente que cruzaba ante la +magnífica lente de su cámara oscura eran las útiles tareas que llenaban +y aun hacían rebosar la vida de aquel ilustre prócer, a cuyos abuelos +cabía tanta parte en las gloriosas empresas de la antigua España. + +Acudió, pues, Villamelón presuroso, como siempre, a la menor indicación +de Currita, envuelto en su fresca bata escocesa, que apenas le pasaba +de la cintura; venía con él uno de esos magníficos perrazos de +Kamschatka, de un blanco amarillento, que arrastran en su país pesados +trineos, y había sido el paje continuo de Currita en una larga temporada +en que le pareció muy espiritual hacer grandes excursiones a caballo. + +Villamelón comenzó al punto a preparar la máquina con sus dedos +manchados de nitrato de plata, y Currita disponía mientras tanto el +artístico grupo en que habían de retratarse los niños. Colocóse en el +centro un gran sitial gótico, preciosa joya arqueológica y artística, y +hundidos en él ambos niños y estrechamente abrazados, habían de aparecer +examinando juntos el diploma de los premios, un exacto facsímile de una +bellísima miniatura del siglo XV; tendido a la larga ante ellos, _Tock_, +el perrazo amarillento, apoyaba el hocico en el rojo almohadón de +terciopelo en que descansaban los pies de los niños. + +--¡Delicioso!--exclamaba encantada Currita--. Mira, Fernandito, parece +un cuadro de Meissonnier. + +Los premios, sin embargo, no aparecían por ninguna parte, y Paquito se +encogía de hombros, asegurando ignorar dónde los había puesto. + +--¡Tonto!--gritó Lilí, dándole una palmada--, si los dejaste abajo... + +Y en menos de dos minutos fue por ellos y los trajo, mostrándose muy +sorprendida de que los vivos colores del diploma apareciesen desteñidos +en algunos sitios como por gotas de agua. El niño se puso muy encarnado +y no dijo una palabra: sus lágrimas de la noche anterior eran la causa +de aquellas manchas. + +En aquel momento anunció un criado a Currita que el señor ministro de la +Gobernación deseaba hablarla con urgencia. Volvióse ella bruscamente a +su marido, dejando caer el diploma que tenía en la mano, y él se +incorporó asustado, quedándole por la cabeza el paño negro con que se +cubría para enfocar la máquina; por debajo asomaban sus bigotes +retorcidos, su nariz colgante, sus ojos azorados en aquel momento, fijos +en Currita, con la medrosa expresión del escolar desaplicado cogido in +fraganti. + +La esposa dio dos pasos hacia el esposo, desmintiendo con los rayos, que +de sus claros ojos brotaban, la suave vocecita y el pausado tono con que +dijo: + +--¿Pues no comió ayer aquí ese _buey Apis_?... + +--Es un animal--replicó el marido; y para ocultar su turbación, +escondióse bajo el paño negro, poniéndose a enfocar de nuevo la máquina. + +--Óyeme, Fernandito, que te estoy hablando--añadió Currita con relamida +pausa. + +Incorporóse de nuevo Fernandito, cada vez más turbado, sin quitarse el +paño negro de la cabeza. + +--¿Dijo anoche algo el _buey Apis_ sobre el nombramiento? + +--Nada--balbuceó Villamelón. + +--¿Nada?... ¿Estás cierto?... + +Los labios de Villamelón temblaron como tiemblan los del chico que va a +soltar una mentira. + +Y pensándolo mejor, sin duda, recordó al cabo Fernandito que el ministro +de la Gobernación, el _buey Apis_, como por razón de su corpulencia le +llamaban, tan sólo le había dicho que el pastel de ratas debía de ser +muy indigesto. ¡Vaya usted a ver qué tontería! Pero en cambio manifestó +a Juanito Velarde que aquello no podía quedar así, que nadie se burlaba +impunemente del Gobierno y que estaba decidido a reclamar de Currita la +aceptación del nombramiento, apoyándose en una carta que--¡frase poco +ministerial!...--había de refregarle por los hocicos... + +--¿Una carta?--exclamó Currita realmente sorprendida--. ¿Pero de +quién?... + +--¡Mía!... ¡Mía!...--balbuceó Villamelón; y comprendiendo que con esto +soltaba el trueno gordo, pidió a la tierra que se lo tragase. Mas la +tierra no tuvo por conveniente darle gusto. Currita avanzó otros dos +menudos pasitos, y suavizando más y más su acento, mientras más y más se +encolerizaba, añadió: + +--¿Pero tú le has escrito, Fernandito?... + +Villamelón bajó la cabeza anonadado. + +--¿Pero no te dije que fueras a hablarle?... ¿Que en todo este negocio +no había que soltar por escrito una sola letra?... ¿Lo ves, +Fernandito?... + +Villamelón retrocedió un paso como quien espera un cachete, y Currita +adelantó otro, diciendo después de una pausa: + +--¿Y dijo que iba a... a... a presentarme esa carta? + +--Eso decía Velarde. + +--¿Estás seguro?... + +--Segurísimo. + +Villamelón dio otro paso atrás y Currita otro adelante, repitiendo con +tan suave voz que parecía una caricia: + +--¿Lo ves?... ¿Lo ves, Fernandito?... + +Y tirando de repente con rabioso arranque del paño negro, hundióle la +cabeza a su ilustre esposo en la especie de saco que aquel formaba; +volvió luego la espalda pausadamente, y sin perder su suavidad, salió de +la _cabaña_. + +Lilí se reía a carcajadas al ver a su padre forcejeando por sacar la +cabeza del saco negro, y corrió a Paquito para decirle al oído un +secreto muy grande, muy grande... + +--¡Pero qué tonto es papá!... + +Paquito no la escuchaba, sin embargo: durante toda esta escena había +sentado en el sitial gótico a _Tock_, el perrazo amarillento, que se +dejaba manejar con esa especie de cariñosa paciencia con que a los niños +soportan los perros. Colgóle después de su collar de hierro repujado las +cinco medallas de los premios, y colocándole en la cabeza el diploma en +forma de cucurucho, gritó a Lilí con extraño acento: + +--¡Anda, que lo retrate papá!... ¡A _Tock_ le doy yo todos mis +premios!... + +Mientras tanto, pasmábase el lacayo al oír que su señora le daba, al +pasar, la extraña orden de encender sin pérdida de tiempo la chimenea +del _boudoir_, era aquel día el 25 de junio y el calor comenzaba ya a +ser sofocante. Obedeció, sin embargo, con esa especie de impasibilidad +automática, propia de los criados de grandes casas, y cuando el +excelentísimo ministro de la Gobernación, don Juan Antonio Martínez, +_buey Apis_, por otro nombre, entró en el _boudoir_, ardía ya en la +chimenea un alegre fuego, y a su lado le esperaba Currita, tendida en +una chaise longue, envuelta en una bata de raso, perfectamente +enguatada, y arropados los pies con un plaid escocés finísimo: +descansaba su cabeza en una gran almohada con lazos color de rosa, y +tendiéndole al verle entrar su franca manecita, dijo con la débil voz de +un enfermo desahuciado: + +--¡Adiós, Martínez!... Sólo a usted hubiera yo recibido hoy. + +El _buey Apis_ dio un mugido, expresión fiel de la admiración, la +sorpresa y el sobresalto que al punto le embargaron, y comenzó a sudar a +la vista de la chimenea encendida. + +--¿Pero qué es esto, señora condesa?--exclamó desolado--. ¿Sigue la +jaqueca?... + +--Fatal... ¡Fatal estoy!--contestó Currita--. Creo que tengo +calentura... ¡y unos escalofríos!... + +Y la muy ladina estremecía el débil cuerpecillo, señalando al mismo +tiempo al ministro una pequeña _marquesita_ colocada junto al fuego y al +alcance de su mano: en ella se sentó el excelentísimo Martínez, +dispuesto a dejarse tostar en su mullido asiento como san Lorenzo en las +parrillas. + +--¡Lo siento... lo siento en el alma!--dijo. + +Y con sencillez verdaderamente progresista, añadió, recordando la +rústica farmacopea de su tierra nativa: + +--¿Por qué no se pone usted dos ruedas de patatas en las sienes?... Eso +alivia mucho. + +--¿Patatas?--exclamó Currita estremeciéndose de espanto. ¡Jesús, +Martínez, por Dios!... Prefiero la jaqueca. + +Martínez comprendió que había asomado la oreja lugareña bajo la piel del +ministro cortesano, y entró en materia, dejando a un lado compasivos +preámbulos y recetas caseras. + +--Siento entonces venir a aumentarle a usted la jaqueca; pero el negocio +es grave y urgente... + +La condesa acomodó la roja cabecita en su blanda almohada con lazos rosa +y fijó en el ministro sus claros ojos, que expresaban admirablemente la +extrañeza. Afianzóse Martínez las gafas de oro, torció la descomunal +cabeza, y amenazando a Currita con su gordo y porrón dedo, como hace el +dómine que echa al niño una reprimenda cariñosa, le dijo: + +--En Palacio están muy disgustados... + +Currita se encogió de hombros, haciendo un gracioso pucherito como quien +dice: ¿Y a mí qué me cuenta usted?... + +--Sí, señora--prosiguió el ministro--. Su majestad el rey, muy +ofendido... Su majestad la reina, sentidísima. + +Diole a Currita ganas de reír la pomposa hinchazón con que pronunciaba +el ministro demócrata aquellas sonoras palabras: Palacio..., +majestad..., rey..., reina, que parecían llenarle la ancha bocaza, y +preguntó con su suavidad acostumbrada: + +--¿Quién?... ¿_La Cisterna_?... + +Crecióse el ministro como un toro de Veragua al que plantan una pica. + +--No, señora--exclamó ofendido en su orgullo dinástico--; su majestad la +reina de España, doña María Victoria. + +--¡Ya!...--dijo Currita--. ¿Y qué tengo yo que ver con los sentimientos +de esa señora?... + +--¿Qué tiene usted que ver?...--exclamó el ministro, sofocado por el +calor de la chimenea y la calma zumbona de Currita--. ¿Pues le parece a +usted poco solicitar el cargo de camarera mayor, para desairarlo luego +después de concedido?... ¿Así se juega con una reina modelo de virtudes? +¡Pues sepa usted que el Gobierno está decidido a reclamar +enérgicamente!... + +Y el ministro, descompuesto, sudando la gota gorda, colorado como una +remolacha, y con ambos puños apoyados en las respectivas rodillas, +fijaba en Currita sus ojos de besugo, como si pretendiese tragársela de +un solo bocado. No le intimidaban, sin embargo, a ella los mugidos del +_buey Apis_; incorporóse un poquito, y muy extrañada y ofendida, y con +los claros ojos fijos siempre en el vacío, comenzó a decir con su suave +vocecita algún tanto apurada: + +--¡Pero Martínez, por Dios, no se descomponga así!... ¡Se pone usted tan +feo!... Preciso es que haya en eso alguna equivocación, algún _quid pro +quo_, para que un hombre de su talento de usted diga semejantes +desatinos... ¿Yo, camarera de _la Cister..._ quiero decir, de doña +Victoria?... ¿De dónde ha salido eso? + +--¡De usted misma, señora condesa, de usted misma!--gritó el ministro--. +¿Se atreverá usted a negar delante del ministro de Ultramar que ha +solicitado el cargo de camarera, con tal que diesen a Velarde la +Secretaría del rey, y a usted seis mil duros de sueldo?... + +--¡Pues ya lo creo que lo negaré!--contestó Currita con todo su +desparpajo. + +--¿Sí?... Pues veremos si su marido de usted lo niega igualmente, cuando +todos los periódicos de Madrid publiquen esta carta. + +Y el _buey Apis_ sacó una de su bolsillo, que puso extendida ante los +ojos de Currita, como si pretendiese cumplir su bestial amenaza de +refregársela por los hocicos. La condesa fue a echar mano al papel con +grande prisa, pero el ministro lo retiró al punto, diciendo brutalmente: + +--¡Ca!... Esta no la suelto yo ni un momento; pero ahora mismo la oirá +usted de cabo a rabo. + +Y poniéndose las gafas sobre la frente, porque era miope, comenzó a leer +la carta. En ella, el marqués de Villamelón, de acuerdo con su esposa, +pedía para esta, por medio del ministro de Ultramar, el puesto de +camarera mayor de la reina, con las dos condiciones indicadas antes por +Martínez: la Secretaría particular de don Amadeo para Juanito Velarde y +los seis mil duros de sueldo para la dama misma. La prueba no podía ser +más concluyente, y Currita pudo comprender toda la imprudencia de su +caro esposo al dejar escapar aquella prenda. No se apuró mucho, sin +embargo: mientras el ministro leía, habíase ido incorporando poco a +poco, haciendo mohínes de espanto y gestos de protesta, y de repente, +con la agilidad de una gata cazadora que se lanza sobre el incauto +ratoncillo, arrancó de manos del ministro la peligrosa carta y la arrojó +al fuego... El papel se enroscó un segundo entre las llamas, quedando al +momento convertido en cenizas. + +Atónito el ministro retrocedió bruscamente en la butaca, soltando una +palabrota: mas Currita, sin ofenderse por ella, ni asombrarse tampoco, +dejóse caer de nuevo en su almohada como si tal cosa, diciendo con su +cándida risita: + +--¡Vamos, vamos, Martínez!... Preciso será que se ponga usted dos +parches de patata... ¡Eso refresca mucho!... + + + + +--VI-- + + +Jamás había pasado el pacífico portero de Villamelón susto tan tremendo +como el que le tenía reservado el señor gobernador de Madrid para aquel +día memorable, 26 de junio... Eran las diez de la mañana, y Baltasar, +sin haberse vestido aún la larga librea azul, con anchas franjas en las +bocamangas y cuello, cubiertas de escudos heráldicos, limpiaba +cuidadosamente el polvo a las soberbias arcas florentinas, los enormes +sitiales antiguos y las armaduras de brillante acero que adornaban el +vestíbulo. Púsose después a peinar las largas lanas de Bruin, el oso de +Noruega, su mudo compañero; y en esta operación se hallaba, cuando un +tropel de gente sospechosa invadió de repente la casa, en actitud nada +tranquilizadora. Asustado Baltasar, cerró de golpe la gran mampara de +cristales; pero, a los repetidos porrazos que en ella dieron los que de +fuera entraban, cayeron rotos dos de los magníficos vidrios esmerilados +que ostentaban en medio la cifra y corona de Villamelón, y aterrado +entonces Baltasar, huyó escaleras arriba con el mandil remangado, +atropellando a su paso al diminuto _don Joselito_, que pacíficamente +frotaba con cáscara de limón las varillas metálicas que sujetaban la +mullida alfombra en cada peldaño de la escalera. El enano huyó también +dando gritos, y a poco la servidumbre entera del palacio corría por +todas partes azorada, abriendo y cerrando puertas, e infundiendo la +alarma por todo el vecindario. + +Mientras tanto, los invasores llegaban a una antecámara completamente +desierta, y el que parecía capitanearlos comenzó a golpear el suelo con +su bastón de borlas, citando a la condesa de Albornoz en nombre de la +justicia. Era este individuo el jefe de orden público, y venía en nombre +del gobernador a registrar el palacio de la condesa e incautarse de +todos sus papeles. Acompañábanle media docena de guardias municipales, +un alcalde de barrio y hasta diez o doce hombres de mala catadura, +provistos de grandes garrotes, que parecían por las trazas pertenecer a +la por aquel tiempo famosa _partida de la porra_. Guardáronse todas las +puertas, quedando franca para todo el mundo la entrada, prohibida para +todos la salida. + +Mientras tanto, dormía Villamelón el sueño del justo. Currita, por el +contrario, levantada contra su costumbre desde muy temprano, como si +algo esperase, notó al punto el alboroto; púsose muy pálida, y una +sonrisa de diablillo crispó por un momento sus delgados labios. +Temblando como una azorada, entró Kate, la doncella inglesa, a +participarle lo ocurrido; pareció entonces azorarse mucho la dama, como +si de nuevo la cogiese, y quiso a toda prisa avisar al marqués de Butrón +lo que acontecía. Las puertas estaban ya, sin embargo, guardadas y +prohibida la salida; púdose, a pesar de todo, hacer saltar la tapia del +jardín a un pinche de cocina, y este fue el encargado de llevar al +diplomático la embajada de la condesa. + +El despertar de Villamelón fue horrible: la imagen del terror había +quedado grabada de antiguo en su cerebro, bajo la forma de los salvajes +rifeños de África, y ellos, con sus espingardas, fueron los primeros +fantasmas que vio asomar en su imaginación en ese primer momento de +confusión de ideas que sigue al despertar de todo hombre. El +excelentísimo Martínez, el colosal _buey Apis_, vino al punto a +destacarse entre ellos, presentándole con una mano su imprudente carta, +echándole la otra al pescuezo para conducirle sin piedad al Saladero... +Villamelón pensó morir del susto, porque a su carta, y sólo a su carta, +como muy bien le había profetizado el día antes Currita, podía atribuir +la repentina llegada de la policía. Pronto, sin embargo, tomó su +partido: acurrucóse de nuevo en la cama y juzgó lo más prudente darse +allí mismo por muerto. ¿No era Currita quien le había metido en aquellos +berenjenales?... ¡Pues allá se las compusiera ella como buenamente +pudiese!... En vano le instaba la condesa, temblando de ira, para que se +levantase y saliera a recibir la caterva de polizontes: Villamelón +contestaba que estaba constipado, que estaba sudoroso y cogería de +seguro un pasmo a poco que le diese el aire. + +El tiempo urgía, y la intrépida Currita viose al fin precisada a salir +ella misma al encuentro de los invasores: no lo hubiera hecho con más +arrogancia la viuda de Padilla al presentarse a las tropas de Carlos V +en el alcázar de Toledo. Con altivo continente pidió al jefe de orden +público el mandato del gobernador, legalizado por el juez, único que, +según las leyes vigentes, podía autorizar aquel atropello: presentóse +respetuosamente el funcionario, y rasgólo ella en dos pedazos después de +leerlo. Hizo entonces una valiente protesta en que sacó a relucir sus +leales opiniones alfonsinas, y mandando a un viejo empleado en la +contaduría de la casa que guiase a sus habitaciones a aquellas gentes y +presenciara el registro, retiróse dignamente a la sala de billar, +seguida de sus doncellas como una reina de sus damas: allí hizo traer a +los dos niños, Lilí y Paquito, y abrazándolos tiernamente y sentándolos +en sus rodillas, parecía parodiar el triste grupo de la reina María +Antonieta, refugiándose con sus hijos en un rincón de las Tullerías, +invadidas por el populacho. Kate lloraba desconsolada; Miss Buteffull se +había puesto el sombrero y los guantes, como si esperase la orden de +marchar. + +No hacía Currita aquellos alardes artísticos sentimentales a humo de +pajas: la noticia había corrido en un segundo por los círculos políticos +y aristocráticos de la corte, extendiéndose después por casinos y cafés, +tiendas y plazuelas. El pueblo comenzó a agolparse con su estúpida +curiosidad a las puertas del palacio, y a poco una larga hilera de +coches ocupaba toda la calle, suspendían un momento su pausada marcha, +abríanse y cerrábanse con estrépito las portezuelas, y bajaban +encopetados señorones, aristocráticos gomosos y damas elegantes; venían +estas de trapillo, mirando a todas partes, entre asustadas y curiosas, y +abrazaban a Currita haciendo exclamaciones de sorpresa, de indignación, +de entusiasmo y de lástima. Esto era lo que esperaba la taimada condesa; +con su sonrisa de colegiala, apretaba a unos la mano en silencio, +repetía a otros la relación del atropello, y elevaba los ojos al cielo +con aire de víctima resignada que se inmola, abrazada a sus hijos, en +aras de la proscrita dinastía. ¿Qué sería de ellos? ¡Pobres hijos +suyos!... ¡Y Fernandito, tan afectado, tan nervioso, postrado en cama e +inspirando su salud serios cuidados! Quizá les esperaba el destierro, +quizá la cárcel, quizá... ¡Oh! Las damas se estremecían de furor y de +espanto, hablando todas a un tiempo, confortando a la víctima con sus +consejos y dándose todas al diablo allá en sus adentros, porque era a +Currita y no a ellas a quien había tocado la suerte de hacerse +sospechosa a la policía y llegar al apogeo de la celebridad de un solo +salto. + +Llegaron también varios periodistas a caza de noticias, lápiz en ristre +y reparos a la espalda, y fueron muy bien recibidos, dignándose la misma +Currita darles noticias del suceso. Pedro López, el cronista de los +salones elegantes, que acudía a comidas y saraos con los bolsillos del +frac forrados de hule para poderse llevar a mansalva dulces y +emparedados, estuvo admirable. Currita le tendió una mano, enternecida a +la vista de aquel fiel amigo que tantas veces había descrito los +primores de su falda, él se la estrechó en silencio, repitiendo por tres +veces: + +--¡Ominoso!... ¡ominoso!... ¡ominoso!... + +Y apartándose un buen trecho, púsose a garrapatear con ardor febril en +su cartera, no sin que todas las damas y muchos caballeros vinieran a +hacérsele presentes, mendigando una mención honorífica en aquella +crónica que había de ser al otro día la _great attraction_ de la corte. +La apoteosis de Currita prometía ser ruidosísima, y preciso era figurar +en ella, aunque sólo fuera de comparsa. + +Llegó Leopoldina Pastor, sofocadísima, con un devocionario enorme en la +mano: venía de Misa, porque estaba haciendo en San Pascual una novena +para impetrar del cielo una apoplejía fulminante para don Salustiano de +Olózaga. Irritóse mucho de que Currita no hubiese tirado por la ventana +al jefe de orden público; juró que no saldría de allí aquel indecente +sin oír antes de sus labios cuatro palabritas bien dichas, y alborotando +y accionando, y sacando la lengua a los agentes de orden público que +encontró al paso, fue a parar al comedor, porque eran ya las doce, +estaba en ayunas, tenía hambre y se hacía imposible salir de allí hasta +que terminara el registro. Muchas damas y caballeros la siguieron, +dispuestos a caer sobre las provisiones de Villamelón como una nube de +langostas, y el pasmo de todos fue entonces grande... Sorprendieron al +moribundo marqués en un rincón del comedor, apoyado en un trinchero de +roble, zampándose en pie y a toda prisa, y mirando a todas partes +azorado, una inmensa jícara de suculento chocolate, con una pirámide +colosal de dorados picatostes... Pasado el primer susto, y no escuchando +ya en la casa otro ruido extraordinario que el incesante ir y venir de +la gente que de la calle entraba, Villamelón sintió en toda su pujanza +el aguijón más terrible que podía hostigarle: ¡el aguijón del hambre! En +vano llamó una vez y otra vez que le trajesen como todos los días: + + Ancha bandeja con tazón chinesco, + Rebosando de hirviente chocolate. + +Los criados, diseminados por la casa, no acudían a su llamada, y +prefiriendo Villamelón los riesgos de otra muerte a la muerte de hambre, +decidió al cabo levantarse y escurrirse por pasadizos y corredores hasta +la misma cocina, en busca del cotidiano alimento: una vez en posesión de +él, refugióse en el rincón más cercano y allí comenzó a devorarlo. + +La llegada de los importunos huéspedes hízole levantar el campo, huyendo +hacia el interior con el chocolate en una mano y los picatostes en la +otra. Mas, con grandes risotadas le detuvo la señoril y hambrienta +turba, y alcanzándole Leopoldina Pastor por los cortos faldones de la +bata, le gritaba muerta de risa: + +--¿Pero dónde vas, Fernandito?... ¡No te vayas, hombre!... ¡Si para +sentir es menester comer!... ¡Si nosotros venimos a ayudarte!... + +Y desde el _maître d'hôtel_ hasta _don Joselito_, comenzaron a trabajar, +sin dar apenas abasto en servir a la emocionada concurrencia un _lunch_ +improvisado, un _pic-nic_ sustancioso. + + + + +--VII-- + + +Era el marqués de Butrón una de esas medianías que en los tiempos de +escasas notabilidades pasan por eminencias, debiendo sólo su altura a +las escasas proporciones de los hombres y cosas de su época. Hase dicho, +sin embargo, que no hay hombre grande para su ayuda de cámara, y no se +libraba el gran _Robinsón_ de esta ley general de las ilustres +celebridades. Consistía, pues, una de sus secretas flaquezas en teñirse +cuidadosamente la barba, blanca ya por completo, para ponerla al nivel +de su todavía abundante cabellera, que se conservaba negra como las alas +del cuervo. + +Disponíase, pues, el respetable diplomático en aquella mañana del 26 de +junio a esta operación importantísima, cuando le pasaron +precipitadamente el recado de Currita. El peludo señor perdió por +completo la cabeza, y temiéndolo todo de la bellaquería de la condesa, +que tenía él muy bien conocida, pidió a toda prisa un simón, y sin +acordarse para nada de que su barba sin teñir iba a revelar el hasta +entonces bien guardado secreto a las lenguas más hábiles en cortar sayos +que encerraba la corte, corrió al palacio de aquella equívoca oveja que +tanto le importaba conservar en el redil alfonsino. Los polizontes que +guardaban la puerta le dejaron pasar, según la consigna, mirándole con +esa especie de receloso respeto que a las gentes bajas de un partido +causan siempre los pájaros gordos del partido contrario. + +La noticia de su llegada causó sensación profundísima entre la turba de +amigos y amigas que invadía el palacio, y todos, hasta los que en el +comedor se hallaban, corrieron a su encuentro. Su presencia allí daba al +suceso una importancia y un colorido que había muy bien calculado +Currita al mandarle buscar con tanta urgencia. El gran _Robinsón_ +extendió ambos brazos al verla, exclamando: «¡Hija mía!», y la dama se +dejó caer en ellos con filial abandono, sollozando fuertemente y +mostrando a sus hijos, que se agarraban asustados a la falda de Miss +Buteffull, siempre tiesa e impasible. + +El coro general de damas comenzaba a emocionarse; pero acertó a reparar +Gorito Sardona en la desteñida barba del diplomático, y apresuróse a +comunicar el descubrimiento al oído de Carmen Tagle; echóse a reír ella, +díjolo a su vecina, esta al que tenía al lado, y a poco, una porción de +solapadas risitas hacían fracasar por completo la parte patética del +espectáculo. + +Butrón, sin embargo, no cayó en la cuenta, y con el majestuoso +continente que las circunstancias requerían, arrastró con suavidad a +Currita al próximo gabinete. Sudaba como un pato, y la camisa no le +llegaba al cuerpo, temiendo alguna nueva trapisonda de la ilustre +condesa, que viniera a desacreditar sus manejos diplomáticos. Azorado y +en voz baja, y mirando a todas partes, como si temiese ver aparecer a +los polizontes que invadían el palacio, le dijo: + +--Pero ¿qué es esto?... ¡Habla, hija mía!... + +Currita se dejó caer en un sofá, cubriéndose el rostro con el pañuelo. + +--¡Estoy perdida!--dijo. + +El respetable Butrón abrió la boca, como si fuera a tragarse un queso +entero. + +--¡Fernandito es un imbécil!--continuó Currita muy afligida. + +Butrón movió de arriba abajo la cabeza en señal de profundo +asentimiento. + +--Le ha engañado Martínez... Me ha comprometido atrozmente... Es +horrible, horrible... ¡Infame, Butrón, infame! + +--¡Habla bajo!--exclamaba el diplomático, sobresaltado--. Sosiégate, +hija mía, sosiégate... y cuenta para todo conmigo... Para todo, ¿lo +oyes?... para todo... + +Y con las dos peludas manos apretaba _Robinsón_ con efusión paternal la +mano de Currita. + +--Lo sé, Butrón, lo sé, y por eso acudí a usted al punto--dijo ella más +sosegada--. ¡Pero es horrible, horrible!... ¡Figúrese usted que todo lo +que decían de mi nombramiento de camarera es cierto!... + +--¿Cierto?--exclamó Butrón como si se le atragantase en el esófago el +queso que antes parecía tragarse. + +--Fernandito le escribió al ministro solicitando para mí el cargo... +¡sin decirme nada, Butrón!... ¡sin contar conmigo!... ¡Vamos, si es +horrible, horrible!... ¡Ay, qué marido!... Le aseguro a usted que si no +fuera por mis hijos entablaba el divorcio... + +Aquí derramó Currita algunas lágrimas en aras del honrado Himeneo, cuya +antorcha corría riesgo de apagarse, y continuó muy bajito: + +--Por eso, como yo no sabía nada, dije antes de ayer en casa de Beatriz +lo que creía, ¡claro está!, la verdad... Que el ministro vino a +ofrecerme el cargo, y yo me había negado a aceptarlo muy ofendida, +tomándolo por una majadería de esa gentuza... Figúrese usted mi sorpresa +cuando ayer se me entra por las puertas ese animal de Martínez, tan +ordinario, tan groserote, muy ofendido con mi negativa, gritando como un +energúmeno que nadie jugaba con el Gobierno, y amenazándome con una +carta de Fernandito, que iba a refregarme... ¡por los hocicos, Butrón, +por los hocicos!... + +Y aquí ahogó de nuevo el llanto la voz de Currita, prosiguiendo a poco +entre sollozos: + +--¡Qué ultraje, Butrón, qué vergüenza!... ¡Creí morirme de +sentimiento!... ¡Al padre de mis hijos debo esta ofensa!... Bien se lo +he dicho mil veces: tu condescendencia con esa gentuza nos va a perder, +Fernandito... + +--Pero ¿viste tú esa carta?--exclamó Robinsón estupefacto. + +--¡La vi, Butrón, la he leído!... ¡Qué vergüenza!... ¡Creí morirme!... +Decía el _buey Apis_ que el ministro iba a publicarla en los periódicos +si yo no aceptaba el cargo. ¡Lloré, supliqué, pidiéndosela en nombre de +mi honra, en nombre de mis hijos!... Todo en vano: o aceptaba yo el +cargo, o la carta se publicaba... Entonces le ofrecí dinero, y mi hombre +empezó a blandearse... Me pidió cinco mil duros; luego tres mil, +¡regateando, Butrón, regateando como un judío!... Por fin se cerró el +trato en los tres mil, y anoche, a la una, volvió a entregarme la carta +y recibir el pago... Porque, claro está, yo no tenía dinero bastante, +tampoco podía pedírselo a Fernandito, y he tenido que empeñar una +porción de joyas... + +Butrón escuchaba asombrado, tragándose, una a una, como un bolonio, toda +aquella sarta de mentiras, diestramente entrelazadas con algunas escasas +verdades; cruzó las manos con trágico ademán y exclamó con el aire de un +Catón escandalizado: + +--¡Eso es nauseabundo! + +--¡Pero si hay más, Butrón, si hay más!... ¡Si es infame!--prosiguió +Currita muy animada--. A la una me entregó anoche el _buey Apis_ la +carta... A las diez llega hoy, de repente, la policía a registrarme mis +papeles... ¡Negocio redondo que buscaba el gran canalla!... ¡Coger de +nuevo la carta y quedarse con mi dinero!... + +--Pero ¿la han cogido?--exclamó Butrón consternado. + +--¡Ca!... ¡Primero me quitan la vida!... Tuve tiempo de romperla y echar +los pedazos por el vertedero del baño. + +--¡Berr!--hizo Butrón como si le dieran náuseas; y con las manos +cruzadas a la espalda, actitud de las grandes perplejidades, y fruncido +el formidable guardapolvo de sus cejas, señal en él de graves +preocupaciones, comenzó a medir a grandes pasos la estancia. Currita le +miraba marchar con el rabillo del ojo, dando de cuando en cuanto +nerviosos suspiritos. + +Indudable era para Butrón que la dama era una tramposa; pero lo que +decía era en todo perfectamente verosímil y explicaba por completo la +extraña visita de la policía. ¿Qué había ido, si no, a buscar en aquella +casa?... Por otra parte, aquel repentino suceso aseguraba al partido la +alianza de aquella mujer que dominaba al Madrid elegante con el poderoso +imperio de la moda, y esto bastaba a las teorías del diplomático; +detúvose, pues, de repente ante ella y díjole solemnemente: + +--Es preciso hacer una manifestación ruidosísima, que levante el +espíritu y sirva de protesta a este atropello... + +Currita se encogió de hombros, disimulando bajo una perplejidad afectada +el rayo de vanidosa alegría que iluminó su semblante. + +--¡Pero, Butrón, por Dios!--dijo--, por mí no hay inconveniente; pero ya +ve usted que quien pierde aquí es Fernandito. + +--Mira, Curra, Fernandito no pierde nada, porque nada tiene que +perder... Tu marido es un imbécil Y eso lo sabe todo el mundo. + +--Es verdad--dijo con heroica conformidad Currita. + +--Además, yo te garantizo el secreto... El negocio es grave y puede +sacarse de él mucho partido. + +--Eso bien lo veo yo... Por eso no me opongo... Después de todo, lo +primero que hay que mirar es el bien de la causa... Yo todo se lo +sacrifico... Bien lo he probado siempre... ¡Bien lo estoy ahora +probando!... + +Y Currita se enterneció otra vez, emboscando entre sus nuevas lagrimitas +este ruego inocentísimo: + +--Lo único que pido es que escriba usted mismo a la señora la verdad de +lo que está pasando... ¡Le tengo un miedo a los enredos, a los chismes +de este Madrid!... ¡Esa Isabel Mazacán es tan chismosa... me tiene una +envidia!... + +Cuadróse Butrón delante de la dama y dijo golpeándose el pecho: + +--¡Confía en mí, Curra!... ¡Yo respondo! + +En aquel momento llamaron a la puerta: el registro había ya terminado y +el jefe de orden público pedía permiso a la señora condesa para +presentarle sus excusas. + +--¡Ay, no, no!--exclamó Currita--. Dígale usted que puedo muy bien +pasarme sin ellas. + +--Y añádale--dijo Butrón con toda la majestad olímpica que su misión +allí requería--que la señora condesa de Albornoz se reserva el derecho +de protestar en todos los terrenos de semejante atropello... Y dígale +también que toda la aristocracia española y todas las gentes sensatas y +honradas están a su lado para apoyarla y defender la causa santa que +ella representa en estos momentos... + +Esto dijo Butrón con arrogante tono, y acentuando mucho la palabra +_causa_, paseó después una larga mirada por la concurrencia, como quien +dice: «¿Habéis entendido?», y entróse por los grupos, dejando caer +palabras huecas que la curiosidad y la necedad rellenaron de grandes +cosas. + +--El negocio es grave--decía--. ¡Currita, admirable! ¡Una heroína!... +¡Mariana Pineda!... + +Entró entonces el viejo empleado en la contaduría, don Pablo Solera, que +había presenciado el registro: traía las orejas muy coloradas y un gran +papel en la mano, que presentó a la condesa... Rodeáronle todos llenos +de curiosidad, haciéndole mil preguntas, que el viejo se apresuró a +satisfacer aturdido, en parte, al verse ante tan ilustre concurrencia. + +El registro había sido escrupuloso en demasía y durado dos horas +enteras: el jefe del orden público había leído todas las cartas que +encontró a mano, sin perdonar pesquisa alguna, registrado todos los +papales, hojeado todos los libros y puesto aparte todo aquello en que +creyó encontrar miasmas conspiradores, para sujetarlo al examen del +gobernador de la provincia. El prudente viejo le exigió entonces un +recibo, firmado por el mismo jefe de orden público, en el cual habían de +consignarse todos los papeles que se llevaba, y este era el documento +que don Pablo presentaba a la condesa. + +--¿Hay algo importante?--preguntóle Butrón en voz baja, leyendo la +lista al mismo tiempo que Currita. + +--¡Pchs!... Nada--contestó esta. + +Mas sus ojos se fijaban con extrañeza en esta partida inventariada en la +larga lista: «Un paquete de veinticinco cartas, atado con una cinta de +color de rosa». + +El respetable Butrón tomó de nuevo la palabra. El peligro había pasado, +pero era necesario sacar todo el partido posible de aquella victoria: +hacíase indispensable meter mucho ruido, gran ruido, propagar el +escándalo por todas partes para despertar la indignación y excitar los +ánimos en contra del Gobierno y de la dinastía intrusa... Para ello, +todas las señoras acudirían aquella tarde a la Castellana con las +airosas mantillas españolas y las clásicas peinetas de teja, que eran ya +señal convenida de valiente protesta; y a la noche siguiente, él, Butrón +mismo, daría un gran baile en honra de Currita de puro carácter +político, al cual podían ya darse por convidados todos los presentes... +Las señoras lucirían todas, en la cabeza, la flor de lis, emblema de sus +esperanzas; los caballeros, un lazo blanco y azul en el ojal del frac, +colores propios y significativos de los desterrados Borbones. + +El entusiasmo fue entonces indescriptible; las damas rodearon el grupo +que Currita y Butrón formaban, empujándose unas a otras, charlando todas +a un tiempo, esgrimiendo los colosales abanicos que por aquel verano +estaban de moda con el poco elegante nombre de _Pericones_. + +--¡Bien! ¡Bravo!--gritó Gorito Sardona--. ¡El coro de los puñales!... +¡Butrón, a usted le toca bendecirlos! + +Y se puso a cantar el + + Giusta é la guerra, e in cuore + Mi parla un santo ardore, + +de Meyerbeer en los _Hugonotes_. Esto hizo reír mucho a todas aquellas +señoras, y unas en pos de otras comenzaron a retirarse, nerviosas, +entusiasmadas, confesándose mutuamente que era muy entretenido conspirar +danzando y luciendo trapos en la Castellana; que era más fácil de lo que +ellas creían derribar un trono a abanicazos. + +Mientras tanto, Villamelón, escurriéndose tras cortinas, puertas y +tapices, miraba desfilar la ilustre concurrencia sin osar presentarse +ante ella. Lo que más le incomodaba a él era que le hubiesen roto dos +cristales, allá abajo, en la mampara. + +Al verse a solas Currita, preguntó al viejo empleado, enseñándole la +lista: + +--Pero diga usted, don Pablo... ¿De quién eran esas veinticinco cartas? + +El viejo se encogió de hombros. + +--No sé--contestó--. El jefe de orden público leyó tres o cuatro y se +las guardó con una risita que me dio mala espina. + +--¿Pero dónde estaban? + +--En aquella arquita antigua que está en el gabinete de la señora +condesa... Es un cajoncito con secreto. + +--¿En el _secrétaire_ del _boudoir_?--dijo Currita aún más +sorprendida--. ¡Pero si allí no había nada!... A ver, venga usted +conmigo. + +Había, en efecto, en un rincón del _boudoir_, una preciosa _arquilla_, +obra acabadísima de marquetería italiana del siglo XVI, de ébano, +tallado con ricas incrustaciones de carey, plata, jaspes y bronces. +Currita abrió la gran tapa delantera, cuyas bisagras y cerrajas doradas +dejaban ver, a través de sus artísticos calados, un fondo de terciopelo +rojo, y entonces apareció el interior de aquel precioso mueble, +compuesto de bellísimos arquitos, de galerías en miniatura en que +encajaban infinidad de cajoncillos, ocultándose los unos a los otros, +con múltiples secretos. + +--Pero ¿dónde estaban esas cartas?--preguntó Currita impaciente, +abriendo uno a uno los lindos cajoncitos. + +--Aquí abajo--contestó don Pablo. + +Y apretando un resorte de bronce, hizo saltar otro cajoncito oculto, que +dejó escapar, al abrirse, un suave olor de violetas secas. Currita metió +dentro la mano y encontró en el fondo un ramo marchito de aquellas +fragantes flores; miró algún tiempo con cierta extrañeza, como quien +pretende recordar algo, y exclamó al fin, cayendo en la cuenta: + +--¡Ya! + +Y de repente, poniéndose muy seria con la enfurruñada cara de quien se +teme un chasco pesado, murmuró muy enfadada: + +--¡Pues tendría que ver!... ¡Estaría bonito!... + + + + +--VIII-- + + +Bueno estaba para bollos el horno del señor gobernador a las dos de la +tarde de aquel mismo día 26 de junio. La noticia de la visita de la +policía al palacio de Villamelón había llegado a las altas esferas del +Gobierno, causando en ellas sorpresa y disgusto: ignorábase allí la +causa de aquella violenta medida del gobernador, y esperábase todavía, +por otra parte, obligar a la Albornoz a aceptar el cargo de camarera, a +pesar de la escena cómico-dramática que entre ella y el excelentísimo +Martínez había tenido lugar la víspera. Porque, como el lector habrá ya +adivinado, no obstante los enredos de la tramposa señora, los +compromisos de esta con el Gobierno eran tan reales y positivos como +había asegurado dos días antes la condesa de Mazacán en casa de la +duquesa de Bara. + +Resentida profundamente Currita por lo que ella creyera desaire de la +abdicación, había decidido al punto pasarse con armas y bagajes al +enemigo, satisfaciendo de este modo sus femeniles deseos de venganza y +realizando al mismo tiempo su continuo anhelo de dar que hablar a todo +el mundo y ser siempre la primera de la primera línea. El nuevo monarca +era joven y guapo, y una vez teniéndole ella a su alcance en el puesto +de camarera, parecíale fácil amalgamar en poco tiempo, en sí misma, dos +personalidades históricas que le eran muy simpáticas: mademoiselle de La +Vallière y la princesa de los Ursinos. + +Costóle, sin embargo, algún trabajo reducir a Villamelón a secundar sus +planes, porque encastillado este en lo que llamaba su honor, empeñábase +en vivir y morir fiel a la dinastía caída. Supo al cabo Currita +convencerle, y cauta siempre, y sin dar ella la cara, encargóle a él +entablar las negociaciones con don Juan Antonio Martínez y el ministro +de Ultramar, personajes ambos que con traidora previsión había procurado +desde mucho tiempo antes atraer a su casa, importándosele un bledo los +aristocráticos aspavientos de sus ilustres amigas. Las condiciones +impuestas por la condesa eran un considerable aumento de sueldo para +ella y la Secretaría particular de don Amadeo para Juanito Velarde, +adorado amigo que a la sazón privaba. + +El encargo era fácil, dado el afán que de llenar aquel desairado cargo +con un grande de España existía en la corte y en el Gobierno. +Villamelón, sin embargo, cometió una pifia contra las terminantes +prescripciones de Currita. Habíale encargado esta que por ningún +concepto soltara prenda por escrito en el manejo de aquel negocio, y por +no faltar el majadero a una cita que con cierta viuda problemática +tenía, a la misma hora en que le citaba también el ministro, dejó +escapar aquella malhadada carta dirigida a este, que tan serias +complicaciones había de traer más tarde. + +Mientras tanto, la carta de la reina Isabel vino a desbaratar todo lo +hecho, y con su desfachatez sin igual, volvióse atrás Currita, dejando a +la corte y al Gobierno burlados, y en las astas del toro a su marido. No +satisfecha con esto, y para acallar los peligrosos rumores, que, +atizados por Isabel Mazacán, corrían de lo sucedido, imaginó denunciarse +a sí misma al gobernador, escribiéndole un anónimo en que con pruebas +patentes y señales manifiestas aseguraba que la condesa de Albornoz y +el marqués de Butrón urdían un complot vastísimo, existiendo en poder de +ellos papeles muy importantes para la causa alfonsina. El incauto +gobernador cayó en el garlito, y ya hemos visto la admirable profundidad +con que secundó los atrevidos planes de aquella ilustre bribona, cuyas +mezquinas intriguillas traían en conmoción a toda la corte. La visita de +la policía afianzaba para siempre la fama de su lealtad alfonsina, +dándole una importancia en el partido que la ponía por completo a +cubierto de las pretensiones de la corte amadeísta. Así lo comprendió el +excelentísimo señor don Juan Antonio Martínez, y hecho un basilisco fue +a pedir al gobernador cuenta de su torpeza; alborotóse este, y +guardándose muy bien de confesar que sólo en un anónimo cifraba él las +pruebas del complot de Currita, aseguró campanudamente que le constaba +la existencia de una vasta conspiración alfonsina, que el marqués de +Butrón la dirigía, y que la señora condesa de Albornoz era una +trapisondista de tomo y lomo. + +--¡Si me lo querrá usted decir a mí!--exclamó el _buey Apis_ resollando +por la herida. + +Y contó al gobernador, con todos sus pormenores, la historia del +nombramiento de camarera y la escena de la carta arrojada al fuego, que +había ya hecho desternillar de risa, en las narices mismas del ministro, +a todos sus compañeros de gabinete. Mordióse el gobernador los labios, +comenzando a sospechar que habían hecho un pan como unas hostias, y el +_pas trop de zéle_ de Talleyrand acudió a su mente como un reproche. +Detuvo, sin embargo, un momento su cólera y sus temores la entrada del +jefe de orden público, que venía a entregarle los papeles sorprendidos +en poder de Currita. + +Lanzóse el gobernador sobre ellos con todo el ardor de su picado amor +propio, y púsole su mala suerte ante los ojos, lo primero, un +plieguecillo de esquela, con el timbre de la condesa de Albornoz, y +escrito en él, con diversos caracteres de letra, este extraño letrero: +_¡Qué animal tan hermoso es el hombre!_ Examinaba atentamente el +gobernador el papelillo, creyendo encontrar alguna clave oculta o algún +santo y seña misterioso entre aquellos diversos caracteres de letras, +rechondas y apretadas unas, largas y finitas otras, diminutas cual +patitas de moscas entrelazadas que se prolongasen en forma de cadeneta, +las últimas. Estas despertaron en su mente un vivo recuerdo; buscó +apresuradamente el anónimo que encerraba la denuncia, cotejó ambas +letras, y el velo se rasgó entonces por completo. ¡Era la misma!... +Probado quedaba que la excelentísima señora condesa de Albornoz era una +trapisondista de tomo y lomo, y el excelentísimo señor gobernador de +Madrid un majadero de siete suelas. + +Su furor no tuvo entonces límite, y vino a aumentarlo el cazurro +Martínez, que con los carrillos hinchados y la boca llena de risa +reventaba por soltar la presa, y soltóla al fin, diciendo a modo de +fisga: + +--¡Abortó la conspiración!... ¡España puede ya dormir tranquila!... + +Su excelencia encontraba cierto maligno gustito en no ser la única +víctima de los enredos de aquella grandísima tuna que tan pesados +chascos estaba dando a los Epaminondas y Arístides de la España con +honra. El señor gobernador comenzó a echar sapos y culebras por la boca, +lo mismo que cualquier rufián de callejuelas, y volviendo y revolviendo +los papeles, vino a topar con el paquete de las veinticinco cartas. Su +gozo fue entonces inmenso: tenía ya asegurada la venganza. + +La noche anterior había hecho Currita un escrupuloso escrutinio en sus +papeles, quitando de en medio lo que podía comprometerla, y poniendo +bien a la vista lo que favorecía sus planes; excusado es decir que la +carta de la reina Isabel quedó en puesto tan visible, que presto pudo +dar con ella el jefe de orden público. Dos descuidos imperdonables tuvo, +sin embargo: quedósele traspapelado en la carta de escribir el +plieguecillo en que había hecho sus pruebas caligráficas y olvidóse por +completo de que en un cajoncito oculto de la arquilla antigua del +_boudoir_ existía, hacía más de tres años, un paquete de cartas. Eran +estas de cierto capitán de artillería, andaluz, de gran familia, +arrogantísima figura y poquísima vergüenza, que había antecedido a +Juanito Velarde en el puesto de confianza que a la sazón ocupaba este en +la casa. + +Triunfante el gobernador, preguntó a Martínez si le parecía conveniente +publicar aquellas cartas en los periódicos. + +--Pero, hombre, no sea usted mentecato--replicó el ministro--. ¿Cree +usted que hay alguien en Madrid que no sepa o suponga que esas cartas +existen o han existido?... + +--Pero entonces, ¿qué partido sacamos de ellas? + +--Uno muy sencillo... ¿No tiene usted que devolvérselas a la condesa? + +--¡Claro está!... Como que el jefe de orden público le ha dejado recibo. + +--Pues en vez de enviárselas usted a la mujer, se las envía al marido... +Es la única manera de practicar en este asunto la obra de misericordia +de enseñar al que no sabe. + +--¡Magnífico!--exclamó el gobernador, admirado de la maquiavélica +política de su excelencia. + +Y, sin pérdida de tiempo, púsose a escribir un atento B. L. M. al +marqués de Villamelón, presentándole mil excusas por el mal rato que le +había dado aquella mañana, anunciándole la devolución de los papeles +incautados y suplicándole cortésmente los repasase uno a uno y muy en +particular las veinticinco cartas del paquete, no fuera que por +casualidad se hubiese alguna de ellas traspapelado. + +En aquel momento, un portero entregó al señor gobernador una esquelita +perfumada, que parecía ser de una dama coqueta, y era del lindo ministro +García Gómez, el elegante de la situación, el _dandy_ de aquel gabinete +eminentemente progresista. Enterado por su amiga Isabel Mazacán de la +orden del día dada por el marqués de Butrón en la casa de Currita, +apresurábase a poner en conocimiento de la primera autoridad de la +provincia la manifestación de mantillas y peinetas que las damas de la +aristocracia preparaban para aquella tarde en la Fuente Castellana. El +gobernador comenzó a bufar de nuevo, amenazando entre enérgicas +interjecciones hacer con mantillas y peinetas lo que Esquilache hizo con +capas y sombreros. + +--¡Pero, hombre, no sea usted mentecato!--volvió a decir el ministro con +su risa de paleto--. Eso tiene muy fácil remedio. + +--¿Cuál? + +--Llame usted a Claudio Molinos. + +Llegó Claudio Molinos, bribón consumado, especie de baratero político +que en aquel tiempo alcanzó gran boga, y era, según la voz pública, el +galeoto del Gobierno en sus enjuagues de mala ley, y el reclutador y +generalísimo de la partida de la porra. Recibiéronle ambos personajes de +igual a igual, y con grandes extremos, y después de una corta +conferencia, tornó a salir Claudio Molinos muy apresurado. Martínez +salió también con gran pachorra, inclinada la cabezota, y las manos y el +bastón a la espalda, y quedóse el gobernador muy satisfecho, +restregándose las manos chiquitas y regordetas con alguna que otra uña +no limpia del todo. + +A las seis y media de aquella misma tarde no se veía un solo carruaje en +el Retiro ni en el Parque, y centenares de ellos, por el contrario, +atravesaban al trote largo el Paseo de Recoletos, atestado ya de gente, +y seguían en confuso remolino hacia la Fuente Castellana. Jamás Viena +corriendo hacia el Práter, Berlín hacia el Linden, París hacia el +Bosque, habían presentado espectáculo tan original y pintoresco como el +que ofrecía a la puesta del sol aquella inmensa avalancha de trenes +lujosísimos, la mayor parte descubiertos, atestados de mujeres de todos +tipos, de todas edades, con trajes de colores vivos, mantillas blancas o +negras, peinetas de teja y flores en la cabeza, en el pecho, en las +manos, en los asientos y portezuelas de los coches, en las frontaleras +de los caballos y en las libreas de los cocheros, confundiéndose, sin +atropellarse, en aquella baraúnda ordenadísima, carruajes, caballos, +jinetes, arneses, prendidos, libreas, cocheros con la fusta enarbolada, +lacayos con los brazos cruzados, retintines de bocados y crujidos de +látigos, efluvios de primavera y perfumes de tocador, olor a búcaro de +la tierra recién regada, y fragancia de lilas, azucenas y violetas; +envuelto todo como en una gasa en un polvillo fino y brillante, +iluminado todo con golpes de luz bellísimos por los reflejos del sol +poniente, que penetraba por entre las copas de los árboles, haciendo +brotar resplandores de incendio en la plata de los arneses, los botones +de las libreas y el herraje de los coches. + +Por las anchas aceras de la calle de Alcalá desembocaba también en +Recoletos muchedumbre compacta de gente de a pie, destacándose de trecho +en trecho grupos de mantillas más o menos bien llevadas, peinetas de +teja puestas en cabezas más o menos airosas. No correspondía, sin +embargo, la animación y la algazara al número y al lujo de aquella +muchedumbre; marchaban los paseantes con esa curiosidad más ávida +mientras más medrosa, que inspiraba siempre un espectáculo peligroso; +con esa curiosidad propia del cobarde que espera oír a cada momento el +estampido de un arma de fuego. Las damas de los coches, por su parte, +cruzaban entre sí saludos, señas y sonrisas, sin poder disimular un +involuntario azoramiento, semejante al del chico descarado que se +resuelve a hacer una travesura en las barbas mismas del maestro. + +De repente, a la altura de la Casa de la Moneda, paráronse los +paseantes, agrupándose bajo los árboles, y los coches moderaron su +carrera, llamándose a derecha e izquierda para dejar una calle en +medio... Por ella se adelantaba al trote largo un magnífico landó de +Binder, caídas a uno y otro lado las capotas de _chagrín_ finísimo, +arrastrado por dos soberbios bayos oscuros, dos steppers de grande +alzada y poderoso trote que la mano férrea de Tom Sickles manejaba tan +fácilmente como movía el viento los ramos de lilas y claveles que lucían +los nobles brutos en las brillantes frontaleras. Tendida en los +almohadones de raso, con aire distinguidísimo, paseaba la condesa de +Albornoz su desvergüenza, dando la derecha a su amiga y pariente la +marquesa de Valdivieso; vestían entre las dos primas los colores +nacionales: traje amarillo con mantilla negra la de Albornoz; rojo con +mantilla blanca la de Valdivieso, y grandes peinetas de carey una y +otra, con ramos de claveles blancos y encarnados en la cabeza y en el +pecho. Arremolinábase la gente al verlas pasar, las damas las saludaban +con los pañuelos desde los coches, arrojándoles flores muchas de ellas, +y una turba de gomosos a caballo trotaban a uno y otro estribo del +coche, a guisa de caballerizos. De esta manera triunfal hizo Currita su +entrada en la Castellana. + +Formaban ya allí los carruajes ordenada fila, y entonces pudo apreciar +el marqués de Butrón todo el numero y arrogancia de sus huestes +femeninas. Allí estaba él en un landó de colores oscuros, teniendo a su +derecha a la marquesa, respetable señora que llevaba uno de los nombres +más ilustres de España, y podía hacer gala de una de las reputaciones +más sin tacha de la corte. Más lejos iba Isabel Mazacán con Leopoldina +Pastor, en un milord preciosísimo; Pilar Balsano, la duquesa de Bara, +Carmen Tagle y otra infinidad de estrellas y constelaciones del gran +mundo, entre las que descollaba la señora de López Moreno con su hija +Lucy, vestida ella de azul con mantilla blanca y grandes rosas en la +cabeza, ocupando casi por completo una gran carretela con arreos a la +calesera, y cochero y lacayo con sombrero calañés, pantalón y chupa de +oscuro terciopelo. Todas ellas, mujeres problemáticas, y otras mil y mil +mujeres frívolas y superficiales en apariencia, pero honradas en el +fondo las más, sólidamente virtuosas y sensatas muchas de ellas, +saludaban al pasar a la ilustre bribona, inclinándose todas a su paso, +rindiéndole el homenaje de sus sonrisas y su envidia, haciéndose reas de +la perniciosa condescendencia con el vicio, llaga mortal de las grandes +sociedades, contribuyendo con su presencia y con su lujo, por necedad, +por debilidad o por malicia, al gran pecado del escándalo, al triunfo de +la más ruin bellaca que urdió jamás trapisondas en la corte. + +No duró mucho, sin embargo, la apoteosis... Nadie ha podido explicar +nunca cómo sucedió aquello: unos dicen que vino del Hipódromo; otros, +que del barrio de Salamanca; algunos, que de un hotelito que, emboscado +en un jardín, existe en la Castellana. Es lo cierto que, de repente, +apareció en la fila de coches un gran landó a la Daumontl con cuatro +caballos blancos; venían dentro dos mujerzuelas de vida airada, +abigarradamente vestidas de encarnado, con pomposas mantillas y enormes +peinetas, poniendo en asquerosa caricatura a las damas de la +aristocracia. En el asiento de enfrente, un rufián con sombrero de copa +un poco ladeado y largas patillas postizas, parecía parodiar a cierto +prócer famoso que en aquel tiempo hacía gran papel en las filas +alfonsinas[8]. + +[Nota 8: Histórico todo.] + +Aquello no fue un bofetón, fue una coz, una patada del excelentísimo +Martínez, que acababa de un golpe con las peinetas y mantillas, con más +facilidad que acabó Esquilache con los sombreros y las capas. Díjose +luego que, desde una ventana del hotelito escondido, había él +presenciado la escena, con las manos a la cabeza, sacudiendo la +cabezota, dejando oír su risita de cazurro, de paleto empingorotado. + +--¡Ju, ju, ju, ju!... + +Entonces hubo un momento de confusión grandísima, de alarma verdadera: +algunos hombres de a pie y de a caballo se lanzaron sobre el coche con +los bastones enarbolados, para hacerlo salir de la fila. Intervinieron +los guardias de orden público en favor de las mujerzuelas, y mientras +tanto, huyeron en un segundo los lujosos trenes, al galope, a la +desbandada, mordiéndose los hombres el bigote de despecho, escondiendo +las mujeres, llenas de vergüenza, los rostros azorados. + +Sólo quedó Currita incorporada en su coche, abriendo mucho los claros +ojos, abofeteando a todas aquellas mujeres honradas, cuya culpa +consistía en admitirla a ella en su trato, con estas candorosísimas +palabras, dichas para tranquilizar a su prima: + +--Pero mujer... ¿Qué ha sucedido?... ¿Por qué se van?... Que haya otras +dos más, ¿qué importa?... + + + + +--IX-- + + +Los periódicos ministeriales de la tarde guardaban un estudiado silencio +sobre la visita de la policía al palacio de Villamelón, como si +obedeciesen todos a una misma consigna. Los diarios oposicionistas, por +el contrario, soltaban, ocupándose del suceso, todos los registros de +sus respectivas trompeterías, prorrumpiendo en gemidos o gritos de +horror, según les soplaba el viento, a la elegía o al ditirambo... + +Ningunos gemidos, sin embargo, tan perfumados; ningunos gritos de horror +tan rítmicos, como los lanzados por la pluma del espiritual Pedro López +en el artículo _El primer paso_, que publicaba aquella tarde _La Flor de +Lis_. Indudable era que Pedro López había mascado raíz de lirio antes de +lanzar aquellos suspiros confitados, que había modulado sus gritos de +horror sobre aquellos trinos de Stagno: + + Voi parlate di patria + E patria piu non è. + +que había llorado sobre el rosado papel lágrimas de agua de Colonia; que +había, en fin, creído, al empuñar la pluma en sus manos lavadas con +_pâte agnel_, tremolar una bandera con un palo de sombrilla por asta y +un encaje de Bruselas por lienzo... ¡Oooh!... Cuando Pedro López posó +su turbada planta en el palacio de los marqueses, cuando vio profanadas +por groseros pies de sicarios de un poder bastardo y despótico aquellas +mullidas alfombras que tantas veces habían hollado en rítmicos +movimientos del baile las bellezas más valiosas de la corte, angustia +mortal oprimió su corazón, nube de sangre cegó sus ojos, y una palmada +de su propia mano vino a herir su frente sin que--¡pásmese el +lector!--notase Pedro López que sonaba a hueco... Sonóle a un ¡ay! +fatídico, a voz triste, lejana, misteriosa, crepuscular, que murmuraba a +lo lejos: ¡El primer paso!... ¡El primer paso dado hacia el noventa y +tres... el primer paso dado hacia el Terror!... ¡Oooh!... Allí había +visto Pedro López sumida en el más profundo desconsuelo, y vistiendo +elegante _saut du lit_, con falda _plissée_, de fular de seda y encajes +crema a la bella condesa de Albornoz, ideal como la Ofelia de +Shakespeare a orillas del lago, digna como la María Stuard de Schiller +en el castillo de Fotheringhay, sublime como la princesa Isabel, la +hermana de Luis XVI, que llamó la posteridad el _Ángel de la +guillotina_... ¡Aaaah! Allí había visto Pedro López y estrechado su mano +al hidalgo caballero, al pundonoroso marqués de Villamelón, postrado en +el lecho del dolor, cual león enfermo, derramando lágrimas de varonil +despecho por no poder desenvainar, en defensa de su noble hogar +allanado, la gloriosa espada de cien ilustres progenitores... ¡Oooh!... +Y en torno de aquellas dos nobles figuras realzadas aquel día por el +infortunio, elevadas por ruin despotismo de un gobierno sobre el +gloriosísimo pedestal de la picota de sus iras, Pedro López había visto +agruparse, más hermosas mientras más doloridas, y tan elegantes en su +sencillo negligé; de mañana como en sus soberbias _toilettes_ de otras +ocasiones, a las bellísimas duquesas de A., B. y C.; a las lindísimas +marquesas de D., E. y F.; a las encantadoras condesas de G., H. y L; a +las preciosas vizcondesas de J., K. y L.; a las monísimas baronesas de +M., N. y Ñ., y a las espirituales señoras y señoritas de O., P. y Q. +También el sexo feo estaba dignamente representado por el venerable +marqués de Butrón, espejo de caballeros, y por los duques, marqueses, +condes, vizcondes, barones y señores de tal o cual, y por otras muchas +personas notables que, en lo inmenso de su emoción, quizá dejaba Pedro +López involuntariamente de enumerar.. ¡Aaah! ¡El primer paso!... Todas +las frentes parecían inclinarse bajo el peso de un mismo pavoroso +pensamiento... Mas habló el ilustre marqués de Butrón, y al eco de su +mágica palabra irguiéronse las nobles cabezas y viéronse allí ilustres +vendeanos dispuestos a disputar palmo a palmo el terreno; garridas +Marfisas y Bradamantes, capaces de realizar con el brillo de sus ojos +las proezas de aquellas heroicas amazonas de las primeras cruzadas... + +Aquí ponía Pedro López cuatro líneas de puntitos suspensivos, y añadía +luego: + +«Nosotros oímos sus palabras, y un rayo de celeste esperanza se deslizó +en nuestro pecho». + +Más puntitos suspensivos. + +«El villano atentado del gobernador de Madrid ha sido el primer paso +dado hacia el Terror... Mas--¡renazca la esperanza!--ya + + ...El león de Castilla + Sacude la melena!!!» + +Y a renglón seguido: + +«Excusado es decir que la esplendidez proverbial de los marqueses de +Villamelón proporcionó a la ilustre concurrencia un exquisito lunch +improvisado, en que llamaran la atención de todos los delicados sorbetes +de naranja, servidos en la misma cáscara de la fruta, que no obstante lo +impropio de la hora, hizo el calor del día deliciosos. Felicitamos a los +marqueses de Villamelón por haber introducido esta elegante novedad, que +no tardará en ser imitada en las mesas y salones de la corte». + +Todas estas y otras majaderías por el estilo leía Currita con ávido +deleite, mirando con desdén, desde la altura de su triunfo, a Metternich +y a Pitt, a Cavour y a Bismarck. Parecía muy natural que la llamasen a +ella Ofelia, María Stuard y Ángel de la guillotina; reíase allá en sus +adentros de ver transformado a su marido en león enfermo y pundonoroso +caballero, y dejábalo correr todo junto, porque sabía muy bien que nadie +sube hoy al templo de la fama sin alas hechas de recortes de periódicos. +Vino entonces a colmar su satisfacción el director de cierta famosa +revista, que con grandes reverencias y aspavientos, y presentándole una +tarjeta en que el marqués de Butrón eficazmente le recomendaba, +manifestó su deseo de publicar en la revista el retrato de la heroica +condesa y algunos grabados de actualidad relativos al suceso que todo +Madrid discutía. Recibióle ella con esa amable condescendencia, propia +de las grandes señoras con cualquier pelafustán que las adula, y +concedióle su petición al punto, quedando convenido que la revista +publicaría el retrato de la condesa con el traje que había de lucir +aquella misma tarde en la manifestación de mantillas y peinetas de la +Castellana, y otros dos grabados conmemorativos, representando uno la +fachada del palacio en el acto de ser invadido por la policía, y otro el +momento en que salió Currita con varonil entereza al encuentro de los +invasores. + +--Convendría entonces--dijo el periodista--tener algunas fotografías del +local, que sirvan de pauta al artista para marcar bien los detalles. + +--Desde luego--replicó Currita muy complacida--. El señor marqués es muy +aficionado al arte, y tendrá gusto en proporcionárselas a usted él +mismo. + +Y sin pérdida de tiempo envió un recado a Fernandito, suplicándole +viniese en el acto al salón en que se hallaban. Pronto trajo un lacayo +la respuesta: el señor marqués había pedido a las cuatro la berlina y +aún no había vuelto a su casa. + +Fernandito corría, en efecto, en aquel momento, detrás de una duda +misteriosa que ansiaba resolver. Con grandísima zozobra había recibido +el B. L. M. del gobernador, y tranquilo ya, después de leerlo, púsose a +registrar cuidadosamente los papeles devueltos. Leyó la primera de las +veinticinco cartas sin comprenderla; en la segunda tropezóse con esta +frase, escrita de puño y letra del artillero: «En cuanto a tu marido, +bueno será que le suprimamos el _villa_ y le dejemos _melón_: está +probado que el pobre pertenece a la familia de las _cucurbitáceas_». + +Fernandito no leyó más: con la boca y los ojos muy abiertos quedóse +largo tiempo suspenso, hasta que, levantándose de repente y entrando en +su cuarto de vestir, cogió un bastón con puño de plata, una delgada caña +de bambú nudosa y flexible que cortaba el aire con silbidos de culebra +al esgrimirla con gran furia Villamelón, dirigiéndose presuroso y +descompuesto a las habitaciones de la espiritual Currita, de la vaporosa +Ofelia, de la sentimental María Stuard, a quien amenazaba, sin duda, en +vez del poético lago o del dramático tajo, un trancazo soberano, una +paliza descomunal. + +No quiso Dios, sin embargo, que acabase de manera tan prosaica criatura +tan ideal; a la mitad de una gran galería, adornada con plantas +exóticas, jaulas de pájaros y curiosidades de todos géneros, salió al +encuentro de Villamelón el gran perro de Kamschatka, meneando +cariñosamente la cola, y de repente, cual si resonasen en sus oídos +aquellos acentos de Otelo: + + ...a compir la vendetta + il ciel me invita, + +descargó en la cabeza del perro el trancazo descomunal que reservaba, +sin duda, para la poética Ofelia... Luego, como el borracho que, +engolosinado con la primera copa, no para ya hasta apurar la botella, +comenzó a menudear sobre los lomos del animal una granizada de golpes, +una lluvia de palos, como jamás se registró igual en los anales perrunos +de la helada península Kamschatka. Jadeante y sudoroso, volvió a su +cuarto, desnudóse apresuradamente y se metió en la cama. + + ¡Morro, ma vindicato + Si, doppo lei morro! + +Diez minutos después volvió a levantarse y pidió la berlina; fuese +derecho a Fornos, después al Casino, luego al Veloz, recibiendo por +todas partes enhorabuenas e interpelaciones acerca del suceso que todo +Madrid comentaba; hacía con grandes reserva y disimulo, al oído de +cuantos amigos prudentes se iba encontrando, cierta pregunta misteriosa. + +Encogíanse algunos de hombros; otros se echaban a reír; contestábanle +todos que no, y Villamelón seguía adelante con su enigmático empeño. +Encontróse, al cabo, en un apartado gabinete del Veloz, a un viejo con +grandes patillas canas y una cabellera blanca y espesísima, más digna de +coronar la frente del rey Lear que aquel rostro encarnado y granujiento +en que había dejado impresa su huella todos los vicios. Contrastaba su +indisputable aire de gran señor con su traje abandonado y hasta sucio, y +dábale todo ello el aspecto de un anciano monarca disfrazado de tendero. +Hallábase sentado ante una gran botella de ginebra, que despachaba poco +a poco en una inmensa copa de cristal, echando de cuando en cuando +algunos terrones de azúcar. Llamábase Pedro de Vivar, era segundón de +una gran casa, vivía del juego el tiempo que no estaba borracho y +hacíanle famoso en Madrid su cinismo y sus cuentos chocarreros, +conociéndole todo el mundo por el nombre de Diógenes. Era de esas +personas que han llegado a tener _cosas_, y una vez en posesión de esta +ejecutoria, pueden ya cometer a mansalva toda clase de desmanes sin otro +temor que el de ver a las gentes encogerse de hombros murmurando: + +--¡Cosas de Fulano! + +Sabíalo él muy bien y aprovechábase de ello para decir a todo el mundo +las mayores desvergüenzas con el acierto que le inspiraba siempre su +claro entendimiento y su mucha práctica del mundo. Era un sinapismo +ambulante, que dejaba siempre al pasar algunas ampollas levantadas. + +Acercósele, pues, el inocente Villamelón, preocupado por su idea, y +después de algunas palabras insignificantes que dieron tiempo a Diógenes +para vaciar por dos veces la copa, soltó al fin la pregunta misteriosa +mirando a todas partes con cuidado: + +--¡Hombre, Diógenes!... Tú que conoces a todo el mundo, ¿podrías decirme +quién es la familia de Cucurbitáceas? + +Miróle Diógenes un momento de hito en hito, pensando sin duda que más +presto se conoce la necedad o el talento de un hombre por sus preguntas +que por sus respuestas, y díjole al cabo: + +--¡Ya lo creo!... Ven acá... + +Y llevándole frente a un espejo, y cogiéndole con una mano por el +cogote, diole con la otra una gran palmada en la cabeza, añadiendo muy +serio: + +--Aquí tienes a la madre... + +Luego, gritóle desaforadamente al oído: + + No se envanezca de su ilustre raza + Quien debió ser melón y es calabaza!!!... + +Al otro día, los periódicos ministeriales de la mañana rompían al fin la +estudiada reserva que se habían impuesto, y uno de ellos, _La España con +Honra_, publicaba un pequeño suelto en que se veía la manaza de Martínez +levantando la punta del velo que encubría el suceso, con esa táctica +refinada de la malicia que, sin necesidad de nombrar, designa señalando +con el dedo. + +«Ayer--decía el periódico--ha sido objeto de grandes comentarios en +todos los círculos la visita de la policía al palacio de los señores +marqueses de Villamelón, previo auto del juez y orden del gobernador, +según prescriben las leyes vigentes. Por un lamentable descuido del +jefe del orden público fueron comprendidos entre los papeles políticos +incautados en las habitaciones de la señora marquesa algunas cartas +importantes de índole puramente doméstica. El señor gobernador devolvió +al punto caballerosamente estos papeles al señor marqués de Villamelón, +comprendiendo que en asuntos conyugales sólo al marido toca hacer +reclamaciones. Creemos, sin embargo, que el lance no tendrá +consecuencias de ningún género, dada la prudencia proverbial de las +personas interesadas.» + +Otro periódico ministerial, _El Puente de Alcolea_, completaba estas +noticias con el siguiente sueltecito, en que no asomaba ya la manaza, +sino la pataza del excelentísimo Martínez, descargando una coz digna de +la formidable pezuña del legítimo _buey Apis_: + +«Es completamente inexacto que el registro llevado a cabo por la policía +en el palacio del señor marqués de Villamelón no produjese resultado +alguno. El señor gobernador no erró la pista: tan sólo equivocó la +pieza, y en vez de saltar la liebre saltó un venado». + +Y más adelante añadía, describiendo el concurso de personajes ilustres +que habían acudido al palacio de Villamelón en aquellos momentos +críticos: + +«Con gran asombro de todos, llegó también presuroso el señor marqués de +Butrón, trayendo blanca por completo su poblada barba, negra de +ordinario, como las alas del cuervo. No es creíble que el sentimiento y +el sobresalto del señor marqués fuesen tan grandes que le hicieran +encanecer la barba de repente: creemos más bien que habría olvidado +aquella mañana los secretos de alquimia de su tocador, sin duda por no +tener presente la siguiente anécdota que le recomendamos: + +Cuentan de Carlos V que, visitando una vez cierto convento de Alemania, +vio un monje que tenía la barba negra y el pelo blanco por completo. +Preguntóle la causa de tan extraño fenómeno, y el monje contestó: + +--Señor... He trabajado más con la cabeza que con los dientes. + +Presentóse algunos meses después al César un embajador polaco que tenía +el cabello negro y la barba blanca. Recordó entonces Carlos la respuesta +del fraile y dijo a sus cortesanos: + +--He aquí un embajador que ha trabajado más con los dientes que con la +cabeza. + +Sea, pues, más cauto en lo sucesivo el ilustre diplomático, si no quiere +que se haga sobre su persona la reflexión que sobre el embajador polaco +hacía Carlos V». + +Villamelón y Currita leyeron cada uno por su parte todas estas noticias +y guardáronse muy bien de comunicarse mutuamente sus impresiones, +pareciéndole a ella más prudente hacerse la sueca y a él más fácil +hacerse el desentendido. El marqués, por su parte, había ya desahogado +su corazón en el perro amarillento de Kamschatka, y Currita se apresuró +a desahogarlo también en la fina amistad de Juanito Velarde, que acudió +muy alarmado a pedir categóricas explicaciones del hecho. La sola fecha +de las cartas bastó para tranquilizarle por completo, y este fiel amigo +tomó entonces a su cargo acortar las distancias y echar a la mar +pelillos, repitiendo al oído de uno y otro cónyuge la frase del pato de +la fábula: + +Paz, caballeros, paz. + +Firmáronse, pues, estas sin grandes repugnancias, y aquella noche +comieron los tres juntos en familia, para ir luego a casa del marqués de +Butrón, donde Currita quería presentar a su amigo y protegido Juanito +Velarde. + +Mientras tanto, las gacetillas de _La España con Honra_ y _El Puente de +Alcolea_ corrían por todo Madrid, entre las rechiflas, burlas y +sarcasmos de tirios y troyanos, capuletos y montescos. ¡Cosa singular! +Los que con más ahínco clavaban el diente y más satisfechos corrían de +un lado a otro comentando la noticia, eran los ellos y las ellas que la +tarde antes honraban a Currita en la Castellana como a una reina y se +aprestaban a honrarla del mismo modo aquella noche en el baile del +marqués de Butrón; que no parece sino que en ciertas sociedades quita la +envidia con una mano lo que la adulación da con la otra, sin comprender +que mientras más al desnudo deja la deformidad del ídolo que adora, más +indecoroso y repugnante aparece el culto que le tributa. + +A las once, el calor y la afluencia de gente hacían ya insoportable la +estancia e imposible el tránsito por los salones del marqués de Butrón: +hallábanse abiertas de par en par cuantas puertas y ventanas había en la +casa, y más que concurso de gentes, parecía aquello un confuso revoltijo +de joyas, plumas, flores, telas vistosísimas y mujeres medio desnudas, +entre las que se destacaban las manchas oscuras de los hombres, +revolviéndose entre ellas sofocados y sudorosos, como un enjambre de +gusanos negros que hubiera fermentado aquella compacta masa de mundo, +demonio y carne... En el gabinete más próximo al vestíbulo, el marqués y +la marquesa de Butrón recibían a sus convidados, viendo desfilar con la +misma amable sonrisa grandes nombres y grandes vergüenzas, inocencias +completas y malicias refinadas, honras sin tacha y reputaciones +escandalosas, barajadas y confundidas en aquella casa, sin disputa +alguna noble y honrada, por la impúdica y funesta tolerancia de las +grandes sociedades modernas. + +A las doce menos cuarto llegó la condesa de Albornoz, imponiendo a todo +el mundo su desvergüenza y su cinismo, haciendo fango en el mismo cieno, +según la enérgica expresión de un historiador antiguo. Venía apoyada en +el brazo de Juanito Velarde y caminaba a retaguardia su marido. El +marqués y la marquesa de Butrón salieron a su encuentro, y mientras +Fernandito les presentaba al adorado amigo, decía Currita con su +encantadora vocecita de niña tímida: + +--¡Es un pícaro, Butrón, un pícaro!... No diré yo que sea un converso, +pero es un catecúmeno que por primera vez se pone hoy nuestra enseña. + +Y con su abanico de plumas señalaba la fiel partidaria de los Borbones +el lacito azul y blanco que, una vez desechada la Secretaría particular +de don Amadeo, aparecía también en el frac de Juanito Velarde. Butrón +estrechó la mano de este, murmurando algunas frases corteses, y metiendo +Currita la cabeza entre ambos con el descoco más infantil del mundo, +dijo muy bajito, saltando casi de alegría, con la pueril vanagloria de +la niña que pescara en una fuente un pececillo encamado: + +--¡Conquista mía, Butrón, conquista mía!... Ya ve usted si me debe el +partido... + +Mientras tanto, la llegada de Currita había producido un murmullo +general y unísono en que se hermanaba la obscena chocarrería que con un +guiño truhanesco cambiaron entre sí los lacayos del vestíbulo, con las +pulcras y aceradas observaciones que se comunicaban al oído las damas +más relamidas que llenaban los salones. Nadie, sin embargo, dejó de +apretarse y estrujarse por estrechar la mano de la heroína del día y +alcanzar, aunque sólo fuera desde lejos, alguna de las sonrisas de sus +labios que a diestro y siniestro iba prodigando. + +Bailóse entonces, en honra suya, una especie de rigodón de honor, en que +tomaron parte las damas más ilustres y los caballeros más empingorotados +que se hallaban presentes. Butrón bailó con Currita, la marquesa con +Fernandito, Juanito Velarde, como presentado de la heroína, con la +duquesa de Astorga, una de las mujeres más sensatas y honradas que +figuraban en la corte. + +Creció la marejada al compás de aquel rigodón, comenzando a sublevarse +los pudores de todas las que se creían con derecho a tomar parte en +aquella honorífica cuadrilla. + +El calor arreciaba con la mayor afluencia de gente, y muchas señoras se +habían refugiado en un salón bajo que se prolongaba en un pequeño jardín +también atestado de gente y vistosamente iluminado con farolillos a la +veneciana. Varios lacayos con pelucas empolvadas y gran librea verde y +amarilla, colores de la casa, cruzaban por todas partes, ofreciendo a la +concurrencia, en grandes bandejas de plata, _sorbetes a la Albornoz_. +Eran los famosos helados de naranja, servidos en la mitad de la cáscara +de la fruta, artísticamente vaciada al efecto. Currita, impulsada por el +repostero de Butrón, llegaba a las columnas de Hércules de la celebridad +femenina. + +--¡Magnífico!--exclamó tomando uno la duquesa de Bara--. El pensamiento +es oportuno... Curra simbolizada por un sorbete... No se puede dar +imagen más completa de su frescura. ¿No es verdad, Diógenes?... + +Diógenes acudió, arrastrando los pies, y se dejó caer en una silla. + +--Estoy malo--dijo. + +--¿Qué tienes, hombre?... + +--¿Qué ha de tener?--dijo Carmen Tagle--. Lo que tienen las cepas: +oidium... + +Diógenes soltó una atrocidad, acompañada de la interjección favorita que +solía emplear entre señoras, sustituyendo a otras más enérgicas: +¡Polaina!... Había merendado aquella tarde en San Antonio una ensalada +de pepinos y se le habían indigestado algún tanto. Riéronse mucho las +damas, entonando el consabido estribillo:--¡Qué cosas tiene!--y Carmen +Tagle, para desagraviarle, le ofreció un sorbete diciendo: + +--Vamos, hombre... Tómate _un Curra Albornoz_ y te curas... No es más +indigesta la ensalada de pepinos que el suelto de _El Puente de +Alcolea_, y ahí la tienes a ella bailando tan fresca. + +--¡Sí, es mucha Curra esa!--dijo lastimeramente una señora vieja, +avellanada, pringosa, que asomaba entre rasos y blondas, como en su +papelillo calado un dulce de almíbar. + +--Yo nunca creí que tuviera valor para presentarse aquí esta +noche--observó otra. + +--¡Bah!... A eso y mucho más llega su desvergüenza. + +--¿Su desvergüenza?--preguntó Diógenes--. ¿Y por qué? + +--¿Por qué?... Capaz serás tú de defenderla. + +--¡Pues ya lo creo que la defiendo!... ¡Su desvergüenza!... La +desvergüenza de ustedes justifica la suya... Si vosotras la tenéis para +recibirla, ¿por qué no la ha de tener ella para presentarse?... + +--¡Vaya!--exclamó escandalizada la marquesa de Lebrija, presidenta +general de tres asociaciones piadosas--. Yo quisiera que me dijera usted +qué se hace entonces en Madrid con esa clase de personas... + +Miróla Diógenes de hito en hito, y con la procaz desvergüenza de su +lenguaje de taberna, con la inexorable lógica de su profundo buen +sentido, contestó al cabo: + +--¡Cerrarles a piedra y lodo la puerta, o no quejarse, señora mía!... +¡Polaina!... Si levanta usted la tapa del común, ¿con qué cara viene a +quejarse luego de que apeste?... + + + +--X-- + + +Se ha dicho que la hipocresía es un homenaje que el vicio rinde a la +virtud, y es igualmente cierto que la falsa idea del honor es un +acatamiento que los bribones hacen a los hombres de bien, esclavos del +honor verdadero. Este es un hijo humano de la moral divina del +Evangelio; aquel, una teoría convencional dictada por la moral +acomodaticia de los pícaros y los necios; aquel defiende, cual una +coraza de brillante acero, la pureza del alma y la rectitud de la +conciencia, y este pretende defender con la celada de Bayardo al gran +polichinela social, revestido de todas las miserias y todas las +ridiculeces humanas. + +De aquí que el honor, según estos, nunca pueda perderse, y se ofenda con +razón el embustero porque le digan que miente, y el ratero pida una +satisfacción al que le acusa de robo, y el presidiario que arrastra una +cadena pueda llevar al campo del honor al juez que se la ha impuesto. De +aquí también que la sangre que mancha la conciencia lave el honor hasta +dejarlo limpio, y sean llamados a resolver casos de honra hombres que +jamás conocieron la vergüenza: Eacos, Minos y Radamante, vacíos de +mollera o cargados de picardías, que sólo por deficiencias del Código no +llevan otra cadena que la que les sujeta el reloj en el chaleco. De aquí +también que la condesa de Albornoz tuviera así mismo su cachuco de +honor, y se lo hubiera herido profundamente el suelto de _La España con +Honra_. + +Hay personas que padecen una especie de estrabismo moral que les hace +ver lo flaco donde está lo gordo, y lo gordo donde sólo lo flaco existe. +Villamelón no vio otra cosa que le llegara al alma, en el registro de la +policía, sino el que le hubiesen roto dos cristales de la mampara, y dio +orden de que jamás se compusiesen, recordando que Wellington nunca +reemplazó los de su casa, rotos por el pueblo de Londres, un día que +este se olvidó de Waterloo; todo lo demás echábalo él en el montón de +las bagatelas enojosas, indignas de ocupar la atención de un hombre +serio, de las _pequeñeces_ de una sociedad corrompida y etiquetera, que +rotulaba con la manoseada frase de _cuestiones bizantinas_. + +Currita, por su parte, tampoco halló otro motivo de ofensa en lo que +acerca de su persona publicaban los periódicos, que aquella coletita de +_La España con Honra_: «Creemos, sin embargo, que el lance no tendría +consecuencias, dada la prudencia proverbial de las personas +interesadas». + +Tenía Currita puesta la celada de Bayardo sobre su fama de mujer a la +moda, y esto iba a pegarle en la cimera, a herir directamente su honor, +significando, como significa en sustancia, que era ella una Jimena sin +ningún Cid que la defendiese; atroz insulto, ofensa imperdonable hecha a +una dama que sobrepujaba en celebridad a cuantos toreros, cantantes, +saltimbanquis, pulgas industriosas y monos sabios habían hasta entonces +alcanzado fama en la corte. + +--¡Lo veremos!--dijo la fiera Albornoz, y nombró al punto paladín de su +causa a su buen amigo Juanito Velarde. + +Larga entrevista celebraron ambos a solas hasta bien entrada la noche, y +al despedirle Currita en la puerta del _boudoir_ díjole con suaves +mimitos: + +--Conque quedamos en que yo encargaré el almuerzo en Fornos... y habrá +_écrevisses à la Bordelaise_... + +Velarde hizo una mueca que parecía una sonrisa, y siguió adelante: +detúvose en la puerta del salón y volvió la cabeza. Hízole entonces ella +otra cariñosa señal de despedida, y él salió al fin lentamente, +preocupado, como si le arrancasen de allí a la fuerza. + +La noche estaba hermosísima, y Velarde siguió a pie por las extraviadas +calles que llevaban al palacio de Villamelón, tropezando a cada paso con +los humildes vecinos de las buhardillas y sotabancos, que tomaban el +fresco sentados en las aceras. Presto llegó a la Plaza de Oriente, dio +dos vueltas en torno del jardín circular y sentóse al cabo en un banco, +frente al palacio. + +Por la puerta del príncipe salía un chorro de luz vivísima, que cortaba +con un gran rectángulo las negras sombras del adoquinado; a su reflejo +distinguíanse los centinelas, armas al brazo, a la puerta de sus +garitas; gentes de medio pelo, soldados y criados de servicio, por ser +aquel día domingo, poblaban los jardines, ya sentados, ya paseando; +algunos grupos de chiquillos trasnochadores corrían de acá para allá con +gran algazara, riéndose porque se caían, riéndose porque se levantaban, +riendo siempre con esa alegría de la infancia, espontánea y +comunicativa, que recuerda la alegría de los pájaros cuando saludan al +alba. Una rueda de niñas gritaba al lado mismo de Velarde, cantando +acompasadamente: + + Luna, lunera, + Cascabelera, + Dame dos cuartos + Para pajuela... + +Él, extraño a todo, con ambos codos apoyados en los muslos, dibujaba +caprichosas figuras en la arena, con su elegante _roten_ con puño de +malaquita... Al amanecer del día siguiente debía de batirse con el +director de _La España con Honra_; así se lo había exigido Currita, +ávida siempre de ruido, confundiendo la voz de la celebridad con los +gritos del escándalo, creyendo que aquel desafío había de colocar la +única perla que faltaba a la corona merecida de su última escaramuza. En +vano le hizo presente Velarde el ridículo inmenso que atraería aquel +duelo sobre Villamelón, sobre ella, sobre él mismo; había ya Currita +tirado su programa, y su espíritu inquieto, arrastrado siempre por mil +objetos que le atraían sin satisfacerle, habíase fijado en aquel duelo +que ansiaba ver realizado con esa fuerza expansiva del vapor comprimido +que caracteriza los deseos en las almas de temple enérgico. + +¿Acaso tenía ella la culpa de que Villamelón fuese un Juan Lanas?... +¿Iba a dejar ella que un periodistilla cualquiera se riese de su +aislamiento?... ¿Sería capaz de abandonarla en aquel trance, él, su +único amigo, el hombre en que había puesto su amistad y su confianza?... +Y, por otra parte, la suerte de ambos estaba ligada y érales necesario, +desde luego, hablar gordo a aquella gentuza: a ella, para que +entendiesen de una vez para siempre que sabía hacerse respetar; a él, +porque era muy joven, comenzaba su carrera en el mundo, y ningún paso +más acertado, ningún exordio más oportuno que poner el pie en esta senda +erizada de peligros, descalabrando a un periodista; que no en balde se +ha dicho: + + En aquesta salvaje y fiera liza, + Lleva más razón quien más atiza. + +Además, ella no pedía ninguna catástrofe, ningún duelo a muerte; +contentábase con un poco de ruido, un duelo de mojiganga como tantos +otros: cruzar un par de tiros e irse después a almorzar en Fornos... +Ella se encargaba del almuerzo y haría poner, desde luego, _écrevisses à +la Bordelaise_, que era, en sus días de broma, el plato favorito del +buen Juanito Velarde. ¿Acaso podía darse atención mas exquisita? ¿Por +ventura había en todo aquello algo de particular?... + +--¡Nada, absolutamente nada!--pensaba el paladín trazando monigotes en +la arena; pero ante la perspectiva del duelo, ante la idea de cruzar un +par de tiros, parecíale oír ya el estampido de las armas de fuego; y a +este eco siniestro surgía en su mente el fantasma del crimen, primero; +el de la muerte, después; el del infierno, por último, donde no hay +reposo ni paz, ni descanso, ni esperanza, sino eterno llanto, eterno +crujir de dientes, eterna rabia. Velarde quiso reírse de esta idea que +había oído llamar tantas veces espantajo de niños y de viejas; mas la +risa volteriana no encajaba entonces en sus labios, y se reía, sí, se +reía, pero sintiendo al mismo tiempo en la raíz del pelo cierta especie +de molesto escalofrío. Porque aquel hombre no era un malvado: era un +pobre muchacho lleno de ilusiones a quien la vida del gran mundo se le +subía a la cabeza, como se sube un vino de mucho cuerpo en un estómago +acostumbrado sólo al agua. Al llegar de su provincia, trayendo por todo +patrimonio algo semejante a lo que el antiguo fuero de Vizcaya asignaba +a los segundones de casas nobles, un árbol, una teja y una armadura, +encontróse de repente en medio de aquel brillante mundo, cuyas puertas +le franqueaba su ilustre nombre, y parecióle entonces, como a Galo en +Roma, que detrás de aquella asamblea de dioses nada había ya. Quiso +entonces tomar en ella asiento por derecho propio, y la casualidad y su +bonita figura le depararon a Currita, Angélica a la sazón vacante, a +quien plugo darle en su casa el destino de Medoro. Diole esto gran +importancia a Velarde, y agarrado a las faldas de Currita y a los +faldones de Villamelón, fuese introduciendo en todos los salones de la +corte, mientras se preparaba a entrar con algún brillante destino en +aquel Palacio real que tenía delante, prefiriendo su vanidad y su +haraganería la vida aparatosa del palaciego a la vida activa del +político. Así se lo prometía Currita a todas horas, y así se lo había +prometido la noche antes el marqués de Butrón, el astuto viejo que +barría para dentro en los tiempos de desgracia, mientras no llegaba la +hora de barrer para fuera, que sería seguramente la hora del triunfo. + +Velarde dejó de mirar a la tierra para mirar al Palacio que tenía +delante, morada del monarca cuyo secretario particular había estado a +punto de ser... ¡Qué fastidio tener que esperar de nuevo tanto +tiempo!... Porque preciso era que se fuese _aquel_ y que viniese después +el otro, y mientras tanto, ¿quién sabe?... ¡Quizá alguno de aquellos +tiritos que iban a cruzarse vendría a hacer trizas el cántaro de la +lechera que Currita y Butrón le ayudaban a fabricar!... + +De repente vino a interrumpir sus reflexiones un vozarrón juvenil que +resonaba a su lado, modulando entre sus discordantes notas todas las +delicadezas del cariño y la ternura. + +--Pero ajonde usted, madre--decía--. ¡Si es que no coge usted náa!... + +Velarde volvió la cabeza y vio un aguaducho a su espalda: sentados a una +mesilla de hierro había un muchachote que parecía un obrero y una vieja +que era sin duda su madre. Un vaso de horchata helada de chufas estaba +en medio, y ambos metían dentro la cuchara, tragándose él con delicia +cuanto salía, mirándole ella con plácida sonrisa y mojando apenas su +cuchara, como si le dejase a él saborear a sus anchas la golosina y le +bastase a ella saborear la dicha inmensa de ser aquel un obsequio del +hijo de su alma. + +Velarde comprendió al punto todo lo que aquello significaba, el valor +inmenso de aquella dicha comprada por ocho cuartos, y una oleada de +afectos y sentimientos dormidos se levantó entonces de su corazón, +poniéndole de repente delante todo el pasado, con la amargura del bien +por nuestra culpa perdido, con la poesía que reviste en la mente de la +juventud todo recuerdo, con ese vago hormigueo de sombras queridas que +despiertan en la imaginación toda época lejana... En medio estaba su +madre, cuyo primogénito era, y en torno sus hermanos pequeñitos, +llorando todos, como los había dejado él tres años antes al darles el +último abrazo. Ella le había estrechado entonces contra su corazón con +delirio, con fuerza increíble, como si quisiese incrustarle a él en el +pecho todo lo que le amaba o quisiera incrustarse en el suyo propio +aquella imagen tan querida; su frente ya arrugada descansaba en su +hombro, y sus labios temblorosos le dijeron al oído: + +--¡Juan, hijo mío!... ¡Que seas buen cristiano y reces a la Virgen de +Regla!... ¡Que te acuerdes de tu padre, que murió como un santo!... ¡Te +lo digo, hijo, te lo digo; lo sé, lo sé, que no puede morir bien quien +no vive como cristiano!... + +Y luego, más tarde, allá por la madrugada, cuando preocupado él con su +viaje cerraba las maletas en su cuarto, oyó en el silencio de la noche +moverse la llave en la cerradura: salió al punto y encontró a su madre a +medio vestir, descalza, que venía cautelosamente de puntillas a mirar +por el ojo de la llave. + +--¿Qué es eso, mamá?... ¿Tiene usted algo? + +--No, hijo, nada; no tengo nada... ¡Es que quería verte otra vez, hijo +del alma!... ¡Es que te vas mañana!... + +Y volvió a decirle al oído, llorando, con la energía de la fe que ofrece +un remedio seguro, con la angustia del amor que se agarra a una +esperanza: + +--¡Que reces a la Virgen de Regla, Juan!... ¡Que seas siempre buen +cristiano, hijo del alma! + +Velarde sintió vergüenza de sí mismo, y la ola misteriosa subió, subió +del corazón a los ojos, hasta hacerle llorar, con la cabeza entre las +manos, llorar a lágrima viva, llorar también sollozando, con más +debilidad que una mujer, con más pavor que un niño... ¡Su madre sí que +le adoraba!... ¡No le aconsejaría ella cruzar un par de tiros, +ofendiendo a Dios; ponerse delante de una bala con riesgo de perder la +vida, con riesgo de perder el alma! ¡Y se habían pasado ya tres años sin +verla!... ¡Y estaba tan lejos la santa viejecita! ¡Y acababa él, ingrato +y perverso, de dejar pasar cerca de dos meses sin escribir una letra a +la pobre anciana!... + +Velarde sintió la necesidad de escribirle al punto, de vaciar en un +papel aquel cariño, aquella angustia, aquellas lágrimas que le +asfixiaban, y a grandes pasos tomó el camino de su casa, repasando lo +que había de decirle, hilvanando una carta llena de cariño, de +protestas, de esperanzas halagüeñas, de todo lo que a ella más le +gustara... ¡Celebraba ella tanto sus gracias! ¡Cuánto se había reído +veinte años atrás, cuando explicándole un día el catecismo, se espantaba +él de que fueran sólo tres los enemigos del alma! + +--¿Náa más?--decía muy asombrado, y la madre se reía, se reía... ¡Dios +mío! ¡De qué manera tan distinta se reía él veinte años después, en +medio de sus lágrimas!... ¡Ay! ¡Entonces tenía él seis años, y preciso +fue que pasaran otros veinte para hacerle comprender que eran sólo tres +en efecto, y que con ellos solos bastaba y sobraba!... + +A la mitad de la calle del Arenal comenzó a seguirle un muchacho, +empeñado en venderle un décimo de la lotería. + +--¡Mañana se juega!--gritaba. + +Velarde lo rechazó por dos veces impaciente, dándole la última vez un +palo; mas variando de pronto de opinión, volvió atrás y le compró, no +sólo el décimo, sino el billete entero. ¡Si aquel billete saliese +premiado, cuántas cosas había de hacer entonces!... Y pensando en ello y +haciendo combinaciones, llegó Velarde al final de la calle del Príncipe, +donde estaba situada su casa: pidió luz y se encerró en su cuarto. En un +cajón de su escritorio estaba en un cuadrito la estampa de la Virgen de +Regla que el día de su marcha le había regalado su madre; púsola en pie, +delante de sí, apoyada en el tintero, y comenzó a escribir, a escribir, +y se llevó dos horas escribiendo... Estaba contentísimo; sus negocios +marchaban muy bien, y la Restauración era cosa segura. La condesa de +Albornoz... + +¡Oh, no, no, no!... ¡Imposible que figurara aquel nombre en aquella +carta!... + +Borrólo, pues, con apretadas y menudas tachaduras, para que no pudiera +entenderse, y puso en su lugar el marqués de Butrón... El marqués de +Butrón le había asegurado que no tardaría un año, y prometido para +entonces un porvenir brillantísimo. Esta sería la ocasión de pensar en +el de los niños: Enrique y Pedro podrían venirse con él a Madrid, y +Luisito, el chiquitín, su niño querido, su ojito derecho, podría +quedarse allí hasta que se graduara de bachiller... Pero de esto ya +hablarían despacio, porque pensaba... ¡Ah!, pensaba... ¿No lo había ella +adivinado?... ¿El corazón no se lo había dicho? Pues pensaba ir a pasar +con ellos todo el mes de agosto y quedarse allí hasta el 8 de +septiembre, para hacer con toda la familia la novena de la Virgen de +Regla... Luego venían las preguntas sin fin, después los encargos sin +cuento, y, a lo último, el trueno gordo, lo que había de hacer estallar +de gozo y de consuelo el corazón de su pobre viejecita... El día 3 de +julio, aniversario de la muerte de su padre, iría a confesar y comulgar, +para solemnizar en lo posible aquella tristísima fecha. + +Y conforme lo iba escribiendo, así lo iba pensando el desdichado, +pidiéndole al mismo tiempo a la Virgen de Regla que le sacara en bien de +aquel par de tiritos que a la mañana siguiente habían de cruzarse... +Porque, claro está, que en aquello estaba ya su honor interesado: era +negocio resuelto, pecado cometido de que le era ya imposible excusarse. + +Echó entonces él mismo la carta en el correo, y a las dos se acostó sin +desnudarse del todo, para descansar hasta el alba. El cansancio de la +noche precedente, pasada en el baile del marqués de Butrón, le rindió +bien pronto y durmióse al fin pensando en su madre, que le llevaba de la +mano, como cuando era niño, al santuario de la Virgen de Regla, +encaramado sobre un peñasco, dominando el mar que se confunde en el +horizonte con el cielo, como si fuese imposible presentar dos imágenes +distintas del infinito, y vuelve después, soberbio siempre y constante, +a estrellarse contra las rocas de la costa, mugiendo como una +desesperación eterna e impotente... + +A las cuatro despertó Velarde despavorido, porque su criado le sacudía +bruscamente por un brazo: habían llegado dos señores en un coche, y se +espantaban y no podían creer que estuviese dormido todavía. Vistióse +apresuradamente, bajó azorado, aturdido, y entró con ellos en el coche; +y este comenzó a rodar, sin que él se diese cuenta de lo que hablaban, +ni de lo que le decían, ni del camino que tomaban, ni pudiera definir +otra cosa en su mente que un cartel de toros pegado en la esquina de la +casa de Alcañices y un guardia que, al pasar ellos, abría la verja del +Retiro, con grandes patillas blancas, iguales a las de Diógenes. ¿Por +qué tendría aquel hombre patillas y no bigote?... Esto le preocupó un +momento, y volvió a acordarse de ello cuando, una hora después, se +detenía el coche a la entrada de una inmensa alameda formada por árboles +frondosísimos, en que miles y miles de pájaros cantaban en todos los +tonos las maravillas de Dios... Había allí un hombrecillo con patillas +ralas y gafas de oro, tan pálido como él, tan azorado y tembloroso, con +otros dos señores muy serios. Parecióle a Velarde que hablaban entre sí, +y medían el terreno, y le daban a él una pistola y otra al hombrecillo, +y los ponían a los dos frente a frente. Sonó luego una palmada, después +un tiro... Velarde dio un salto atroz y un alarido horrible, y árboles, +montes, tierra y firmamento giraron bruscamente derrumbándose sobre él +para aplastarle: cególe después una nube de sangre, luego otra negra, y +después nada... nada más vio en la tierra... + +Sólo vería en lo alto a Jesucristo, vivo y terrible, que se adelantaba a +juzgarle, y detrás la eternidad, oscura, inmensa, implacable. + + + + +--XI-- + + +La noticia de la muerte de Velarde llegó a Madrid al punto, y la condesa +de Mazacán fue la primera que se presentó en casa de la Albornoz con la +intención dañadísima de darle la triste nueva. Inmutóse Currita +atrozmente, y por un momento pareció que el mundo entero se le venía +encima. + +--En Madrid ha hecho esto una impresión horrible--dijo la Mazacán +apretando el torniquete--; todo el mundo habla de su pobre madre: era él +su único amparo... + +Currita comprendió el terrible reproche que esta intencionada +observación encerraba, y sin tiempo para reflexionar, y convirtiendo en +ira contra los demás el propio remordimiento, achaque común de todos +los mezquinos, olvidóse de su suavidad y mansedumbre, y se revolvió +furiosa, como una gata arisca a que pisan el rabo; en la impetuosidad de +su ira, cometió la imprudencia de disculparse: + +--¿Y qué tengo yo que ver con eso?--gritó--. ¿Acaso le he dicho yo que +se bata? ¿Quién le mandó meterse en camisa de once varas?... También el +papel de don Quijote tiene sus quiebras, hija mía... + +--Y las suyas el de Dulcinea del Toboso, querida--replicó la Mazacán +comenzando a sulfurarse. + +--¡Ya lo creo que las tiene!... Sobre todo cuando se atraviesa lo que yo +me sé... + +--¿Y qué es ello?... + +--La envidia, hija, la envidia. + +--¿La envidia?... ¿De quién?... + +--Tuya, por ejemplo. + +La Mazacán saltó a su vez hecha una hiena, porque el tiro fue a dar en +el blanco. + +--¿Mía?...--gritó--¿Yo... envidia... de ti? ¿De la Villamelón? ¿De la +Vi... lla... me... lo... na? + +Y se reía con una carcajada en que iban envueltos todos los rencorcillos +mujeriles de tiempos atrás almacenados, mientras acentuaba las sílabas +de aquel Vi... lla... me... lo... na, que era, por una extraña manía, el +mayor insulto que podía hacérsele a Currita. + +Entonces comenzó entre la espiritual Ofelia y la Diana cazadora una +contienda digna de tener a Pedro López por cronista. Peleáronse como dos +rabaneras, lanzáronse a la cara verdades y calumnias, puñados de fango +amasado con agua de Colonia, con el desparpajo y el encono de dos +Marfisas o Bradamantes de cabo de barrio, dispuestas a agarrarse por el +moño y rodar por la mullida alfombra, lo mismo que ruedan las otras por +en medio del arroyo. La Mazacán había roto los guantes apretando los +puños y daba gritos con su hermosa voz de soprano. La otra, tiesa en su +asiento, erguida la cabecita como la de una víbora que se defiende, +escupía sus desvergüenzas sin moverse, sin mirar a ninguna parte, como +una figurilla de ira petrificada. + +En mitad de la contienda aludió Isabel Mazacán a las cartas del +artillero, y este recuerdo trajo otro a la memoria de Currita, que +pareció causarle grande sobresalto. Marchóse atropelladamente dejando a +su rival con el insulto en la boca y corrió en busca de Kate, su +doncella. Juanito Velarde debía de tener una porción de cartas suyas y +era preciso recogerlas sin pérdida de tiempo antes de que fuesen a parar +a otras manos y resultase algún compromiso como el de marras. Kate subió +apresuradamente a un coche, y una hora después entregaba todas las +cartas a su señora: entre ellas venía por equivocación el billete de la +lotería que la noche anterior compró Juanito Velarde al retirarse a su +casa. ¡Extraña burla de la suerte! Aquel billete estaba premiado con +15.000 duros, que, después de tirar muy despacio sus planes, se apresuró +a cobrar la condesa de Albornoz secretamente. + +Madrid entero comenzó a desfilar otra vez por casa de Currita, dándole +el pésame por aquella desgracia, con uno de esos cinismos de que ofrece +la corte frecuentes ejemplos... Ella estaba pasada de pena; había +sentido en el alma la muerte de aquel pobre muchacho, tan simpático, tan +cariñoso, apegado como un perro a Fernandito y a ella... El golpe había +sido atroz, y se encontraba mala de resultas; porque ella no sabía nada, +nada... ¡Claro está! Habíase guardado muy bien el pobrecillo de decirles +una palabra a Fernandito y a ella, comprendiendo que, por delicadeza le +impedirían, desde luego, semejante disparate... Porque, después de todo, +había sido aquella una impertinencia de bonísima intención; una de esas +pruebas de amistad que se prestan a interpretaciones a pesar de su +heroísmo, y llegan hasta a ofender el decoro... y por otra parte, traía +aquello una cola larga, larga, que les era muy gravosa... + +Aquí bajaba Currita la voz, y añadía en el mayor secreto al oído de los +charlatanes y charlatanas de profesión que más fama de ello gozaban en +la corte: + +--Figúrese usted que esa pobre gente no tiene fortuna y la madre queda +en la miseria... Yo no la conozco; pero claro está que es cuestión de +delicadeza... Por eso Fernandito y yo hemos tenido que hacer un +sacrificio, y ya están depositados en el Banco de España 15.000 duros +para que esa infeliz cobre la renta... + +Y así era, en efecto: Currita había depositado en el Banco de España los +15.000 duros ganados a la lotería por Velarde, y escrito luego una carta +a la madre de este, dándole el pésame por la _heroica muerte_ de su hijo +y lamentándose de aquel duelo a que su excesiva caballerosidad le había +arrastrado. Añadíale después, con un rodeo no exento de habilidad ni de +ficticia delicadeza, que siéndoles conocidas las circunstancias de su +posición a su marido y a ella, querían ambos demostrar la amistad íntima +que con el simpático Juanito les unía, ofreciéndole a ella una renta y +un capital que quedaban depositados en el Banco de España y cuyos +resguardos le enviaba adjuntos. + +Y una vez terminada esta carta, Currita se encogió de hombros y se quedó +tan fresca. + +Mientras tanto, nadie se cuidaba de preparar a aquella pobre madre para +el golpe atroz que la amagaba; y feliz ella con la carta de Juanito, +disponíase, con la exagerada previsión del cariño que se complace en +forjar necesidades que no existen, por el solo gusto de ponerles +remedio, a preparar las habitaciones de aquel hijo querido que, no +obstante su ingratitud y sus defectos, se le presentaba entonces como el +modelo más acabado de amor de hijos. Nada hay tan dispuesto a perdonar +como el corazón de una madre, ni nada tampoco como la ausencia para +borrar de la memoria los defectos de las personas queridas, y poner sólo +delante sus buenas prendas y los momentos de dicha debidos a su cariño. + +Entró, pues, en aquellas habitaciones cerradas tres años hacía, +santuario de su amor de madre que ella sola visitaba, y comenzó a +disponer lo que había de retirarse, lo que había de sustituirse y lo que +se había de añadir, para que nada faltara al huésped y encontrase allí +satisfechas las nuevas necesidades que hubiese adquirido en la corte. +Anunciáronle, entonces, la visita del párroco, y ella bajó algún tanto +extrañada, porque era la hora intempestiva por todos conceptos. El buen +señor había leído en los periódicos la terrible catástrofe, y corrió +desolado a casa de la infeliz madre para prepararla poco a poco, antes +que algún indiscreto le diera la noticia de un golpe. + +Con mil angustias y rodeos, y sin saber él mismo lo que se decía, +comenzó su triste tarea, viniendo a decirle al cabo que su hijo estaba +enfermo en Madrid y muy grave. + +La pobre mujer saltó de la silla blanca cual un papel, extrañada y casi +irritada como si fuese aquello una broma horrible que vinieran a darle. + +--¡Imposible!--gritó--. ¡Si me escribió ayer! ¡Si tengo yo aquí la +carta!... + +Y daba vueltas como loca por el cuarto buscándola, y la puso abierta +ante los ojos del cura, temblando como una azogada, con los ojos +desencajados, sintiendo horribles escalofríos que le comenzaban en la +nuca y le seguían por toda la espalda. + +--¿Lo ve usted? ¿Lo ve usted?...--decía--. Y viene por el mes de +agosto... hasta la Virgen de Regla... Y el día 3 se va a confesar... +¡No, no, imposible que se muera! ¡Hijo de mi alma!... + +Acudieron los tres chicos y las dos criadas, demudados todos, +presintiendo, al oír los gritos de su madre, después de la entrada del +cura, alguna espantosa catástrofe. Este le tomó la carta, y comprendió +por la fecha que la había escrito el desdichado algunas horas antes de +su muerte. + +--Por desgracia, mis noticias son posteriores--dijo--. Después de +escrito esto, le atacó una apoplejía fulminante, y está muy grave... muy +grave. + +--¡Jesús del alma!... ¡Virgen de Regla!--exclamó la madre; y clavando su +mano en el brazo del cura e hincándole los ojos en la cara, le preguntó +con los labios blancos: + +--¿Y se ha confesado?... ¿Sabe usted si se ha confesado? + +El cura no respondió, y ella volvió a repetir la pregunta, sacudiéndole +el brazo. + +--¡Su alma, señor cura, su alma sobre todo!--exclamaba con angustia que +hubiera roto un corazón de piedra. + +Preciso fue decirle que nada se sabía de aquello, y ella dominó de +repente su dolor, poniéndose a dar órdenes para marchar a Madrid aquel +mismo día, en aquel mismo momento; órdenes secas, lacónicas, +terminantes, crujidos de su dolor inmenso que aguijoneaba la +impaciencia... El correo pasaba a las cuatro, y necesitaban dos horas de +coche para llegar a la primera estación de la vía férrea. Enrique +vendría con ella; Pedro, a un gesto de su madre, corrió al parador a +encargar un coche; las criadas salieron a disponer las maletas; Luisito, +el chiquitín, comenzó a llorar; su madre le besó en la frente. + +--No llores--le dijo. + +Ella no derramaba una lágrima: asustado el cura, quería detenerla. + +--Pero si no alcanza usted el tren--le decía. + +--Se pone un especial. + +--Eso cuesta muy caro. + +--Tengo diez mil reales en casa... Y si no, se vende todo... Se pide +limosna. + +--Pero, señora, espere usted... + +--¿Y su alma, señor cura, y su alma?--gritaba ella con _los ojos_ muy +abiertos--. ¿Acaso esperará la muerte?... ¡Y estará allí solo..., solo, +el hijo de mi vida, sin su madre que le haga confesar, que le ayude a +bien morir si Dios le llama, que le cierre los ojos y le acueste en la +tierra!... + +Volvió Perico demudado, temblándole las manitas, queriendo sonreír y no +pudiendo... La voz le faltaba: no había llegado al parador. ¿A qué +correr tras la desdicha, si salía al encuentro la esperanza?... En el +camino habíale dicho Martín Romero que él tenía noticias que Juanito +estaba mejor, casi bien del todo... + +--¿Lo ve usted?... ¿Lo ve usted?--gritó la madre triunfante. + +Y tuvo una explosión de alegría formidable, rompiendo a reír +violentamente y entrecortando su risa con profundos sollozos sin +lágrimas. + +El cura se apresuró a desmentir aquella falsa nueva, hija de una +compasión estúpida, y preciso fue ya decirle de una vez que su hijo +había muerto... Pero el cura se detuvo allí espantado y no tuvo valor +para decirle cómo ni cuándo. + +Ella recibió el golpe encogiéndose, retrocediendo, oscilando, dejándose +caer en una silla, sin voz, sin pulso, sin alientos, sin lágrimas, +meneando la cabeza y agitando los labios como una idiota, llevándose +ambas manos al corazón, donde sentía algo que se le moría de pronto, +cierta cosa helada y terrible como debe de ser la muerte... + +El cura lloraba como un niño y procuraba consolarla: ella le escuchaba +con los ojos fijos y enjutos, como se escucha un viento que brama, sin +comprender lo que dicen sus mugidos que aterran, pero sabiendo bien que +traen consigo el rayo y la tormenta. Sus hijos se arrojaron en sus +brazos llorando, y al contacto de aquellas tres cabezas despertó su +corazón de madre, desgarrándole el pecho un sollozo inmenso, y +encontrando al fin su dolor una salida, un alivio, un consuelo: ¡las +lágrimas!... + +Todo el mundo en el pueblo respetó aquella pena sin medida, y nadie tuvo +valor para referirle los horribles detalles de la muerte de su hijo. Mas +a los tres días llegó la carta de Currita, y allí los encontró todos +juntos la mísera anciana. + +Su instinto de madre le hizo adivinar cuanto allí había, y sin proferir +una queja ni desplegar los labios lívidos por el dolor y la ira, hizo +pedazos los resguardos del Banco, los metió en un sobre con la carta que +los acompañaba y lo devolvió todo a la condesa sin añadir una sola +letra. + +Quedóse esta estupefacta al recibir aquella extraña respuesta, y se +encogió de hombros murmurando: + +--Será alguna vieja rara... ¡Vaya usted a ver: una cosa hecha con tanta +delicadeza! + +Y quedóse luego muy pensativa, porque no sabía qué hacerse con aquellos +15.000 duros que había pretendido regalar a su legítima dueña. Sus +escrúpulos de _Zapirón_ se resistían a embolsárselos del todo, y el +recto tribunal de su conciencia le aconsejó entonces emplearlos en +alguna obra benéfica. Ocurriósele dar un gran baile, una fiesta +ruidosísima y brillante, a beneficio de los niños de la Inclusa, pero +la estación estaba ya muy adelantada; todo el mundo había creído +asfixiarse pocas noches antes en el baile de Butrón, y ella debía +también emprender al fin de semana su viaje a Bélgica. Entonces tuvo una +idea felicísima: hacer con aquel dinero un espléndido donativo al papa +Pío IX, cuando fuera a visitarlo a Roma, a principios de otoño. +Entusiasmóle por completo este pensamiento, que acallaba sus escrúpulos +y satisfacía su vanidad, imaginándose ver ya en todos los periódicos de +Europa pomposos elogios tributados a la piadosa munificencia de la +excelentísima señora condesa de Albornoz. + +Aquella noche llegó María Valdivieso muy animada, cerca ya de las +nueve... Era preciso, indispensable y urgentísimo que Currita se viniese +con ella al Circo del Príncipe Alfonso... _Debutaba_ Miss Jesup, una +_diva_ monísima hija de un general yanqui. Había venido recomendada a +Pepa Alcocer y a otras varias de la Grandeza; Paco Vélez se lo había +dicho. + +--El lunes pasado, justamente el día que murió Velarde, cantó en casa de +Alcocer el rondó final de _Cereréntola_... ¡Chica! En mi vida he oído +cosa igual: va a tener un succés asombroso... Conque vístete y vámonos, +que no quiero perder el aria final del primer acto... ¡Chica! ¡Qué gran +verdad aquella!... Yo me la apropio. + +Y se puso a cantar con malísima voz y detestable oído el + + Sempre libera deggio + Transvolar di gioia in gioia + +de la _Traviata_, ópera a la sazón muy en boga y escogida por Miss Jesup +para presentarse por primera vez en la escena madrileña. + +--¡Ay, no, no!--dijo Currita muy displicente--. No tengo ganas de ópera. + +--Pero, mujer... ¿Te vas a enterrar en vida?... Tres días hace que no +sales. + +--Y además, ya tú ves, de luto... + +--¡Pero si llevas ya cinco días!... ¿A cuándo aguardas para dejarlo?... +No me lo hubiera yo puesto diez minutos por Juanito Velarde, porque por +más que tú digas, era muy soso, hija, muy sosito. + +--Entonces, me pondré esta noche medio luto... Justamente tengo un +vestido sin estrenar, blanco y negro; es bonito, pero no creo que pueda +servir para otra cosa. + +--Pues aprovecha la ocasión, tonta... Pero anda lista, que es muy tarde. + +Y ella misma se levantó para tirar de la campanilla y dar a Kate las +órdenes necesarias. + +Currita se vistió en breve tiempo, y mientras tanto dábale conversación +la Valdivieso, ponderándole la voz y la hermosura de Miss Jesup y lo +bien que había estado Stagno la noche anterior en _Un ballo in +maschera_, sobre todo en el aria final, cuando lo asesinaban. Paco Vélez +se lo había dicho. + +--Oye, y a propósito de muertos... ¿Te contestó ya la madre de Velarde? + +--Justamente hoy he tenido carta... Por cierto que debe de ser una vieja +rara... + +Kate se permitió interrumpir a las dos primas, preguntando si la señora +condesa llevaría guantes blancos o negros. + +--¿Qué te parece, María? + +--Los blancos irán bien... + +--Me parece que caerán mejor los negros. + +--Traiga usted un par de cada color y lo veremos. + +--Pues sí; debe de ser una vieja rara... Figúrate que se niega a recibir +la pensión. + +--¡Jesús, mujer, qué rareza! + +--Lo que oyes... Me escribe una carta muy agradecida, muy altisonante, +con su poquito de deberes morales y de Providencia divina, y concluye +diciendo que nada necesita y que todo le sobra. + +--Pues mejor para ti... Eso más te encuentras. + +--Sí, pero ya tú ves; yo tenía hecho ya por el pobre Juanito ese +sacrificio, y no porque la doctora de su madre se niegue me voy a volver +atrás... Por eso he pensado, cuando vaya a Roma por octubre, hacer el +donativo de esos 15.000 duros al Padre Santo, para que le conceda +indulgencias... + +María Valdivieso se quedó muy edificada, y las dos primas salieron, +cogiendo Currita, distraída con la conversación, un guante blanco y otro +negro. Echó de ver su error al ir a ponérselos, ya cerca del teatro, y +quiso volver a su casa para cambiarlos. Mas la Valdivieso, riendo como +una loca, le dijo: + +--Pero, mujer, no seas tonta, póntelos... Lo tomarán por una +originalidad, y mañana tienes ya la moda en planta. + +--¡Pues es verdad!--exclamó encantada Currita. + +Y así sucedió en efecto: a todos pareció muy chic aquel nuevo capricho, +y a la noche siguiente se veían por todas partes en el teatro trajes de +dos colores diversos con guantes de dos colores distintos. + +El _debut_ de Miss Jesup alcanzó una ovación ruidosísima, y sólo hubo +que lamentar un chistoso ridículo. Al final del último acto, cuando la +heroína acabada de expirar en la escena, y Alfredo, su padre y el doctor +entonaban el último terceto, una racha de viento colado pilló descuidada +a la _diva_ y le arrancó, después de difunta, un estrepitoso estornudo. + +Al día siguiente no se hablaba de otra cosa en Madrid que de la ovación +de la Jesup, de su importuno estornudo y de los guantes de Currita; +nadie se acordaba ya del nombramiento de camarera, ni de la muerte de +Velarde, ni del registro de la policía. + +Currita respiró ya tranquila, viendo cortada por completo, gracias a sus +manejos, la larga cola que había profetizado Butrón a su nombramiento de +camarera; su consecuencia política quedaba fuera de toda duda, +produciendo, entre otros resultados, tres _pequeñeces_ diversas: + +Una madre desolada. + +Un alma en el infierno. + +Y la moda de los guantes distintos. + +Mientras tanto, Villamelón preparaba con grande afán las fotografías de +donde habían de sacarse los grabados para la _Revista Ilustrada_; todo +lo demás habíalo echado en el cajón de las _cuestiones bizantinas_. + +Fin del libro primero + + + + +Libro II + + + + +--I-- + + +El tren expreso de Marsella a París traía cuatro horas de retraso, por +haberse roto un puente la noche antes entre Gallician y Saint-Gilles. +Los viajeros llegaron a las cuatro y media a la gran capital, apeándose +en la _gare de Lyon_, hambrientos y malhumorados. Un hombre de unos +treinta años saltó el primero de un _sleeping-car_, y atravesando el +andén antes que la multitud lo invadiese, llegó al carrefour con ese +aire seguro y exento de toda perplejidad que anuncia siempre al viajero +práctico en añagazas de aduanas, estaciones y caminos de hierro. + +Hizo una señal al primero de los muchos coches de alquiler que en +ordenada fila esperaban, y el cochero acudió presuroso, midiendo antes +con la vista, de pies a cabeza, la traza del viajero. Traía este por +todo equipaje una de esas _fundas_ inglesas arrolladas en correas, que +encierran tanto en tan poco trecho y bastan para guardar todo lo +necesario a cualquier _touriste_ inglés que se dispone a dar la vuelta +al mundo. + +El cochero pareció quedar satisfecho de su examen: entre las ricas +pieles que forraban el abrigo del viajero, había descubierto su vista +perspicaz lo que basta para constituir un gran personaje a los ojos del +vulgo parisiense: asomaba una cintita amarilla y blanca por el ojal de +su americana. ¡_Il était decoré_!... + +Al poner el pie en el estribo, limitóse a decir el viajero en francés +muy bien acentuado: + +--_Grand Hôtel_... _Boulevard des Capucins_... + +El coche arrancó dando tumbos como cualquier simón de nuestra España, y +el viajero no pareció experimentar esa sorpresa mezclada de admiración, +curiosidad y entusiasmo que embarga a todo el que llega a París, una, +dos, tres y hasta cuatro o cinco veces. + +Arrellanóse en los almohadones de raído paño azul del coche y sin +conceder siquiera una mirada al primer aliento de París, que comenzaba +ya a ensordecer y atronar sus oídos, arrancando de la gran plaza +irregular de la Bastilla, en que desembocan cuatro boulevards y diez +calles, púsose a pasar revista con gran cuidado a los papeles contenidos +en una bolsa de viaje, cuya correa le cruzaba el pecho de derecha a +izquierda. + +Ninguno de ellos faltaba: en la bolsa de la derecha había varias cartas +abiertas, algunos papeles sueltos y un pequeño atadito de billetes de +Banco; en la izquierda, un gran cartapacio, sellado con una corona real +sobre lacre rojo. En el sobre decía: + +A SU ALTEZA REAL, EL DUQUE DE AOSTA, +REY DE ESPAÑA. + +El viajero dio varias vueltas al cartapacio con cierta curiosidad +contenida, y aun llegó a mirar al trasluz con el intento de distinguir +algo de lo interiormente escrito a través del sobre. La satinada +superficie del rico papel de hilo no dejaba, sin embargo, traslucir su +secreto, y el viajero tuvo que contentarse con leer una y otra vez +aquellas letras gordas y corridas del sobrescrito, trazadas por una mano +más acostumbrada a firmar y anotar que a escribir extenso, y tan +orgullosamente italiana sin duda, que anteponía el triste ducado de +Aosta a la Corona real de España. + +El coche había cruzado, mientras tanto, el bulevar Beaumarchais y el de +Filles du Calvaire, y llegado al del Temple, sin que el viajero hubiera +dirigido una sola mirada a las magnificencias que va presentando París a +los ojos del que llega, a medida que se avanza hacia el bulevar des +Italiens y el de Capucins, centro vertiginoso de la gran Babilonia y +lupanar dorado y perfumado donde acuden a revolcarse, a costa de su oro, +el vicio y la locura de los cuatro ángulos de la tierra. Allí la calle +se convierte en plaza, la acera en calle; la multitud en torrente que se +precipita con cierto relativo silencio por entre dos paredes de cristal, +formadas por los escaparates inmensos de las tiendas atestadas de cuanto +puede dar de sí la industria humana para transformar lo superfluo en +necesario, lo elegante en fastuoso, lo precioso en maravilla, la vida en +fiebre de vanidades locas y concupiscencias monstruosas. + +El viajero, abismado en sus reflexiones en medio de aquella multitud +inmensa, cuyo rasgo característico es el de ofrecer siempre el aspecto +del ocioso que corre en pos del placer y no del que marcha en busca del +trabajo, había acabado por sacar una carterita de piel de Rusia y +puéstose a ajustar en ella enmarañadas cuentas. Al frente de una hoja +escribió _esperanzas_ y al frente de la otra _realidades_, y así, debajo +de aquello que sin duda esperaba, como debajo de aquello otro que al +parecer poseía, comenzó a amontonar guarismos que formaban números y +estos a su vez sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, que se +confundían en caos aritmético, y vinieron a producir al cabo en la +columna de las esperanzas, bajo una raya horizontal, esta cifra preñada +de misterios: _Doscientos mil duros y una cartera_. En la hoja de las +realidades, el resultado no necesitaba interpretación alguna; decía +simplemente: _Cero_. + +Y como si todavía hubiese podido deslizarse en aquella absoluta carencia +de realidades algún error ilusorio, el viajero, rascándose a veces un +momento con el extremo del lápiz la ancha y hermosa frente, prosiguió +trazando guarismos y haciendo cálculos, hasta tirar otra raya +horizontal, derecha, negra e inflexible como un destino adverso, por +debajo de la cual apareció esta vez algo menos que cero, una cantidad +negativa, una deuda formidable, que era, sin duda alguna, la única +realidad con que aquel hombre contaba en el mundo: + +_¡¡150.000 duros al 15 por 100!!..._ + +El viajero quedóse un momento mirando aquella cifra angustiosa, y +apretando el lápiz entre sus blancos dientes, hasta romperle la punta, +apartó al fin los ojos como asustado, para fijarlos en el golpe de vista +más admirable que puede ofrecer la inmensa Babilonia de París. + +El coche atravesaba entonces la Plaza de la Concordia, regada con la +sangre de María Antonieta y Luis XVI; al frente se extendía la calle +Real, cerrada en el fondo por la soberbia fachada de la Magdalena, +descansando sobre sus cincuenta y dos gigantescas columnas corintias; a +la espalda, el palacio Borbón, asomando por detrás del puente de la +Concordia, rodeado de jardines y de estatuas; a la izquierda, la avenida +de los Campos Elíseos, cerrada a enorme distancia por el Arco de la +Estrella; a la derecha, del lado de acá del río y entre los frondosos +jardines imperiales, lo que quedaba entonces de las Tullerías: algunos +muros calcinados por el incendio, un tremendo desengaño histórico, una +imagen de la majestad real, abofeteada, escupida y asesinada a +garrotazos por Rochefort y Luisa Michel; y en medio de la plaza, +levantándose entre las dos fuentes monumentales, como un gigante de +otras edades, el decano de París, el obelisco Lucsor, el amigo de los +faraones, el testigo de las épocas fabulosas que cuenta por meses las +centurias y se ríe, acordándose de sus momias egipcias, de aquel +hormiguero humano que a sus pies se agita, haciéndole repetir lo que +puso años antes un poeta en su lengua de granito: + + _Oh! dans cent ans, quels laids squelettes_ + _Fera ce peuple impie et fou,_ + _Qui se couche sans bandelettes_ + _Dans des cercueils qui ferme un clou!_ + +El viajero pasaba por toda la vista sin fijarse en nada, con esa +indiferencia con que se mira lo que hasta la saciedad nos es conocido. +Tan sólo al salir de la calle Real asomó curiosamente la cabeza, y sus +ojos buscaron a lo lejos la famosa terraza del _Petit-Club_, más +familiarmente _Baby_, que domina toda la Plaza de la Concordia y es +punto de reunión y observatorio predilecto de la _haute gomme_ +parisiense. + +El día estaba magnífico, y bajo un pabellón de dril, listado de blanco y +rojo, veíanse algunos socios del club fumando y conversando; en la +balaustrada de piedra que da a la plaza, dos o tres jóvenes echados de +bruces veían desfilar los carruajes que por la calle _de Boissy +d'Anglas_ se dirigían al Bosque. El viajero experimentó al ver el +pabellón del Círculo cierto impulso de alegría, y por un movimiento +espontáneo, que tenía mucho de pueril, quitóse el sombrero como para +saludarle a tan enorme distancia, con tanto respeto y entusiasmo, como +si a su sombra hubiera de encontrar _lo menos... 150.000 duros al 15 por +100_, que daban por suma total los varios sumandos de sus realidades. + +Sin duda, sabía muy bien que en el _Petit-Club_, en el inocente _Baby_, +se jugaba gordo. + +Al descubrirse el viajero, quedó por completo a la vista su fisonomía, +presentando un extraño prodigio... Hubiérase dicho que lord Byron en +persona, abandonando su tumba de Nottingham, atravesaba la plaza de la +Magdalena en un coche de alquiler, saludando el pabellón del _Baby_ cual +si fuera la bandera de Inglaterra. + +Tenía aquel hombre la misma hermosura varonil del gran poeta, la misma +bella cabeza airosamente puesta sobre un cuello nervudo, dispuesto +siempre a enderezarse con la altanera inflexión del desdén. Formaba su +rostro el mismo óvalo perfecto, con la barba un poco saliente, los ojos +pardos hermosísimos, el cabello castaño, encrespado en artísticos +remolinos naturales sobre una frente ancha y nobilísima, que parecía +hecha expresamente para ceñir los laureles de una corona. Crispaba sus +labios en ambas extremidades aquel pliegue oblicuo, huella de la +amargura, del desprecio, del escepticismo, del vicio cansado siempre y +no satisfecho nunca, que aparece tan al vivo en los buenos retratos de +Byron, como si por allí se deslizaran todavía aquellas abrumadoras +palabras de su _último lamento_: + + ¡Por todas partes, implacable y frío, + Fue detrás de mis pasos el hastío!... + +Dos cosas faltaban, sin embargo, al viajero para hacerle en todo +semejante al poeta gran señor: su pie izquierdo no cojeaba, ni brillaba +tampoco en su frente el rayo de genio que inspiró _Childe Harold_. Si +por un prodigio del cielo era Byron aquel hombre, había vuelto sin dudas +al mundo dejándose en Nottingham su genio y su cojera, y trayéndose tan +sólo la hermosura de sus veinticinco años y los vicios de toda su vida. +Aquel Byron no hubiese ido a la Grecia para liberarla, sino para +explotarla; en sus ojos no brillaba el ansia de lo ideal, sino el +reflejo de la sensualidad ansiosa de encontrar dinero. + +Todo en él era, sin embargo, elegante y aristocrático, y desde las +correas de piel de Rusia con hebillas y asa de plata que sujetaban su +exiguo equipaje, hasta la cartera de la misma piel en que había ajustado +sus cuentas de realidades y esperanzas, revelaban ese señoril lujo de +nimios detalles, propio de las personas nacidas y acostumbradas a vivir +siempre en medio de la opulencia. + +Una sola nota discordante resaltaba en su traje, un detalle cursi, +cursísimo, que sólo pudiera concebirse en algún peluquero afamado o en +algún cantante italiano de segundo orden: la cintita amarilla y blanca +que asomaba por el ojal de su americana de viaje. Mas esto probaba, por +el contrario, un profundo conocimiento de aquel terreno que pisaba, en +que cualquier cintajo honorífico aseguraba el respeto y las +consideraciones debidas a un personaje. Era una precaución prudentísima, +una especie de broquel con que se resguardaba el viajero de mil +impertinencias para todos molestas y para él tal vez peligrosas. + +El coche se detuvo al fin en el _Boulevard des Capucines_, ante el vasto +pórtico del _Grand Hôtel_. El nuevo lord Byron pagó con esplendidez al +cochero y subió ligeramente las gradas, topándose en la misma puerta con +un viejo alto, con grandes patillazas blancas, que se dirigía a la calle +arrastrando los pies. + +Volvióse el viajero rápidamente al verle, como para evitar su encuentro, +y entróse en el _bureau de réception_ para entregar su tarjeta. Mas el +viejo, aligerando el tardo paso y alcanzando al fin al fugitivo, le +gritó en castellano: + +--¡Jacobo! ¡Polaina! ¿Me huyes?... Señal de que traes dinero. + +--¡Diógenes!... ¿Tú aquí?--exclamó Jacobo, volviéndose muy sorprendido y +alborozado y estrechándole ambas manos con gran cariño. + +Mas Diógenes, sacudiendo la gran cabeza y dándole palmadas en la +espalda, dijo sentenciosamente: + + El hombre que nace pobre + Con el frío es comparado: + Todos le huyen el cuerpo, + No les suelte un resfriado. + +--¡Falso, falsísimo!--gritó Jacobo riendo--. Ni tú has nacido pobre, +ni... + +--No lo soy de nacimiento, pero lo soy por enfermedad. + +--Pues júntate conmigo: el constipado que tú me sueltes rechazará al que +yo te suelte a ti... Ya sabes, querido: _similia similibus curantur_. + +--¿Y qué has hecho entonces en Constantinopla, embajadorcillo?... Yo +creí que te traerías hasta las barbas del Sultán. + +Jacobo levantó a la altura de las narices de Diógenes su exiguo +equipaje, diciendo como Simónides: + +--_Omnes divitiae sunt mecum!_ + +--¡Honrado plenipotenciario!--exclamó Diógenes--. Quien no te conozca +que te compre: ya habrás dejado el botín en la estación, farsante... ¿De +dónde vienes ahora? + +--De Génova... Y tú ¿qué haces aquí? + +--Pasar la pena negra, chico... Anoche me desplumó una sota: cinco mil +francos se llevó de un golpe. + +--¿Pero es posible?... ¿Todavía dura la afición?... Yo creí que te +habías cortado la coleta. + +--Hasta que me entierren, chico, hasta que me entierren... Ya te darás +una vuelta por el _Petit-Club_; se juega gordo... Anoche ese guacamayo +de Ponoski hizo un copo de dos mil luises. + +--¿Está aquí Ponoski?... Con gusto le vería, pero me voy mañana. + +--¿Mañana?... ¿Y adónde demonios vas? + +--A Madrid. + +--¿A Madrid?... ¡Polaina!... ¿A que te peguen un balazo?... + +--¡Chico, chico!... ¿Se reparte por allí eso?... + +--¿Pues de dónde sales tú, embajadorcillo?... ¿No has visto los +partes?... Hoy por la mañana se ha largado Amadeo a Lisboa, diciendo: +«Ahí queda eso.» Y a estas horas Figuerillas y el lorito de don Emilio +estarán barriendo las calles de Madrid a cañonazos para instalar +decentemente la República... Te desbancaron, chico, te desbancaron... + +Quedóse Jacobo estupefacto al oír tales noticias, y cogiendo a Diógenes +por un brazo, exclamó muy inmutado, como si aquella inesperada +catástrofe política tuviera para él gran importancia: + +--¿Pero qué estás diciendo?... ¡Eso es imposible! + +--¡Polaina!... Ven acá y te lo dirá quien lo sabe. Ayer presentó el +italiano su renuncia a las Cortes, y una hora después estaba aceptada... +Hoy ha salido para Lisboa a las seis, y a estas horas estará ardiendo +Madrid por todos los cuatro costados... Más de veinte telegramas hay ya +en el _Grand Hôtel_ pidiendo cuartos. + +Y mientras esto decía Diógenes, muy acalorado, subía con Jacobo las +gradas que llevan del patio a la terraza del _Grand Hôtel_. + +Cualquiera hubiérase creído allí en un salón aristocrático de la corte +de España: oíase hablar por todas partes en castellano, con esa +vehemencia y esos gritos propios de los españoles cuando se exaltan, y +en grupos y corrillos acá y allá diseminados, veíanse damas y gomosos de +la aristocracia madrileña, hombres políticos del partido de Isabel II y +algunos de esos personajes innominados que suelen verse a todas horas y +en todas partes, sin que nadie pueda decir de ellos sino que son un tal +Sánchez o un tal Pérez. + +Todos discutían las noticias de España, haciendo pronósticos según las +fuerzas de su imaginación y la vehemencia de sus deseos, y mientras unos +creían ver ya al príncipe Alfonso en el trono abandonado por Aosta, +otros se figuraban la República arraigando al amparo de las masas +populares de Madrid, apoderándose del palacio vacío y de la corona +vacante. + +El miedo y la distancia ennegrecían todos los colores, y unos y otros +convenían en que Madrid debía de estar a aquellas horas convertido en un +charco inmenso de sangre. Esperábase, pues, con grande ansiedad la +llegada del correo, y con más impaciencia todavía la vuelta del tío +Frasquito, que había ido al pasaje Jouffroy en busca de noticias, y la +del general Pastor y Cánovas del Castillo, que habían sido llamados con +grande urgencia al palacio Basilewsky por la reina destronada. + +A la derecha de la última puerta del salón de lectura que se abre en la +terraza, hallábanse algunas señoras sentadas en bancos de hierro: entre +ellas estaban Currita Albornoz y la duquesa de Bara. Más lejos, de pie, +en medio de un grupo de hombres, peroraba Leopoldina Pastor con gran +vehemencia, optando por empuñar las armas y exponiendo su plan +estratégico. + +La cosa era sencillísima: bastaba con que la colonia madrileña residente +en París se presentase en la embajada española, cogiera por un brazo al +embajador y lo plantase en la calle, proclamando allí mismo por rey de +España al príncipe Alfonso. ¡Ya contestarían al punto del otro lado de +los Pirineos!... ¿Que chillaba el embajador? Pues se zambullía al +embajador en el Sena, que ya tenía el tal don Salustiano vientre +bastante para sobrenadar lo mismo que una boya... ¿Que Thiers se +enfadaba? Pues se cogía a Thiers por su copetito de pelos y se le +enviaba a cuidar de su casa, dejando en paz la del vecino, y ¡chitón, +chitito!... + +Reíanse los caballeros oyendo a Leopoldina, y ella les tiraba de los +botones del chaleco, llamándoles indecentes. ¡Ah, si tuviera ella +pantalones!... Y casi, casi, estaba por ponérselos como Miss Walker, la +médica del Serrallo de Túnez, que paseaba en aquellos días los +boulevards con calzones zuavos y chambergo. + +La llegada de Jacobo produjo mala impresión en todo el concurso: +ligábanle con la mayor parte de los presentes lazos de amistad y +parentesco, así por parte de su familia como por la de su mujer, que +llevaba un título ilustre entre la Grandeza. Mas, separado de esta diez +años antes, había hecho en París y en Italia lujosísima vida de soltero, +hasta que, perseguido por sus acreedores, vino a refugiarse de nuevo en +España el año 68, tomando parte activísima en la Revolución y +recorriendo, al lado de Prim, las provincias andaluzas, arengando a las +muchedumbres montado, como Lafayette, en un caballo blanco. Formó parte +de las Cortes Constituyentes del 69, y de repente, cuando el asesinato +de Prim, desapareció otra vez de Madrid, apareciendo a poco en +Constantinopla de ministro plenipotenciario. + +Extrañó, pues, a todos, verle aparecer en tan críticos momentos, +abandonando su alto puesto, y recibiéronle con el despreciativo recelo +que infunde siempre el enemigo derrotado que se pasa después de la +batalla al campo victorioso. + +Jacobo, sin embargo, aparentando no echar de ver la frialdad con que le +recibían, cercioróse por sí mismo de la verdad de las noticias de +Diógenes, sin dejar traslucir tampoco la inquietud que al pronto le +habían estas causado. Él lo ignoraba todo, o aparentaba ignorarlo; había +salido dos meses antes de Constantinopla para Turín, marchando luego a +Florencia y Génova, y hecho después un viaje delicioso a lo largo de la +corniche italiana, deteniéndose en Bordighera, en Niza y, últimamente, +en Mónaco cerca de una semana. + +Currita miraba atentamente desde su asiento al apuesto viajero, retrato +de lord Byron, su héroe favorito, tipo adorable de hombre, según ella, +cuyo magnífico busto desnudo, esculpido en mármol blanco, tenía en su +_boudoir_ siempre a la vista. Al pronto no le había conocido, porque +difícil era reconocer en aquel arrogante mozo al débil jovencillo Jacobo +Téllez-Ponce, casado doce años antes con la marquesa de Sabadell, prima +lejana de Currita; desde entonces no había vuelto a verle esta, y jamás +le hubiera reconocido si, corriendo a ella Leopoldina Pastor, no le +dijera: + +--¿Has visto a Jacobo Téllez?... Decían que se había casado en +Constantinopla con una turca monísima... ¿Qué traerá aquí ese indecente? + +La duquesa de Bara contestó una indecorosa paparrucha, mirándole con +desprecio; las señoras se echaron a reír, y Currita exclamó muy +admirada: + +--¿Pero es ese Jacobo?... ¡Dios mío! Si me estaba pareciendo desde aquí +Byron en persona, mi poeta querido... ¡Qué semejanza tan exacta!... + +Y sin esperar más explicaciones, levantóse vivamente para ir a su +encuentro; la duquesa de Bara la detuvo bruscamente por el vestido, y +ella, procurando desasirse, decía: + +--Pero, mujer, si es mi primo... La abuela de su mujer y la mía, primas +segundas... ¿Cómo voy yo a desairar a un pariente?... + +Este, atraído, sin duda, por el amor de la familia, acercábase en aquel +momento al grupo de las señoras; saludólas besando la mano a la duquesa +y a Currita, que eran sus más allegadas, y esta, con mil cariñosas +monerías, hízole sitio a su lado, en el banco de hierro. + +La conversación giró un momento sobre el viaje de Jacobo, hasta que vino +a interrumpirla la entrada del tío Frasquito, que volvía del pasaje +Jouffroy cargado de noticias. Todos corrieron a su encuentro, y Jacobo +el primero; mas antes, deteniéndole Currita por el brazo, con +familiaridad de prima cuarta de su esposa legítima, le dijo: + +--¿Nos veremos, Jacobo?... Quiero presentarte a Fernandito... Vivimos en +el segundo piso, número 120. + +La duquesa se inclinó al oído de Leopoldina, diciendo: + +--¿Oyes?... Quiere presentarlo a Fernandito. + +Leopoldina hizo una mueca y replicó: + +--Pues, entonces... ¿verde y con asa?... + +--¡Alcarraza!--concluyó la duquesa. + +Y las dos se echaron a reír con inocente regocijo. + + + + +--II-- + + +Engomado, teñido, peinado y reluciente a fuerza de cosméticos, y +bailando sobre las puntas de los pies, por no permitirle andar de otra +manera el calzado estrechísimo, que le torturaba, sin disimularlos del +todo, dos morrocotudos juanetes, entró con grande prisa en la terraza el +tío Frasquito, tío universal de toda la Grandeza de España, y de +aquellos sus adyacentes de nobles de segundo orden, ricachos de todos +cuños, notabilidades políticas y literarias, capigorrones de oficio, +aventureros atrevidos y personajes anónimos que forman el _todo Madrid_ +de la corte, el abigarrado _dessus du panier_ del gran mundo madrileño. + +Llamábale todo este mundo el _tío Frasquito_, porque el buen tono así lo +había decretado, y él aceptaba complacido el parentesco de todos +aquellos cuya sangre azul empalmaba realmente, siglo antes o siglo +después, con la suya preclarísima; a los demás, sin rechazar tampoco lo +apócrifo del parentesco, colocábalos con cierta protectora +condescendencia en la categoría de _sobrinos espurios_. + +En medio, pues, de esta familia universal se destacaba el tío Frasquito, +hacía medio siglo, viendo desfilar generaciones y generaciones, +legítimas o espurias, de sobrinos y sobrinas que nacían y crecían, se +casaban y multiplicaban, se morían y se pudrían, sin que, abroquelado él +tras el corsé apretadísimo que sujetaba las insolentes rebeldías de su +abdomen, hubiese pasado jamás de los treinta y tres años; los suyos, +semejantes a las semanas de Daniel, eran años de años, aunque más +complacientes que aquellas, se alargaban o encogían según demandaban las +circunstancias. Treinta y tres contaba cuando en el año cuarenta asistió +a la boda de la reina de Inglaterra, acompañando al enviado +extraordinario de la corte de España, y los mismos tenía cuando, en +1853, presenció la de su _sobrina_ Eugenia de Guzmán con el emperador +Napoleón III; casamiento desigual, _messa alianza_ humillante que +reprobó en absoluto el tío Frasquito, por no satisfacerle de todo la +prosapia de Bonaparte, y aunque nunca llegó a relegar al nuevo sobrino a +la categoría de los espurios, tampoco consintió en designarle de otro +modo que con el nombre de _mi sobrino el conde consorte de Teba_[9]. + +[Nota 9: Sabido es que la emperatriz Eugenia, antes de casarse, +llevaba por su ilustre familia el título de condesa de Teba.] + +Susurraba la leyenda que el tío Frasquito llevaba en su cuerpo treinta y +dos cosas postizas, entre las cuales se contaba una nalga de corcho. Es +lo cierto que, en el momento en que lo presentamos a nuestros lectores, +volviendo del pasaje Jouffroy para confirmar a sus compatriotas la +abdicación del duque de Aosta, la obesidad había trocado su talle de +palmera en puchero de Alcorcón, y el arte, la industria y hasta la +mecánica trabajaban de consumo y a porfía en la restauración diaria de +aquel Narciso trasnochado, en riesgo siempre de convertirse en acelga, +como en flor se convirtió el antiguo Narciso de la mitología griega. + +El tío Frasquito era soltero, rico, vivía ordenadamente, no tenía vicios +conocidos, ni tampoco deudas; era afable, cortés, servicial, +complaciente, tenía modales de doncella pudorosa y cadencias en la voz +de damisela presumida. Coleccionaba sellos diplomáticos, bordaba en +tapicería, tocaba desastrosamente la flauta y pronunciaba las _erres_ de +esa manera gutural y arrastrada, propia de los parisienses, que imitan +en España algunos afrancesados elegantes, y es defecto natural en otros +muchos, para quienes se inventó aquello de: «El perro de San Roque no +tiene rabo, porque Ramón Ramírez se lo ha robado». + +Diógenes le llamaba de ordinario _Francesca di Rimini_, a veces _señá +Frasquita_, y perseguíale y acosábale por estrados y salones, y hasta +entre las faldas de las damas, donde el afeminado prócer acostumbraba a +refugiarse, con intempestivos abrazos que le arrugaban y tiznaban la +inmaculada pechera; besos extemporáneos que obligaban a la pulcra +víctima a lavarse y frotarse con _cold cream_; pisotones disimulados que +le deslustraban el calzado y le reventaban los juanetes, o bestiales +apretones de manos que le descoyuntaban los dedos, poniendo en riesgo de +esparcirse por todas partes los treinta y dos componentes que asignaba a +su cuerpo la leyenda. + +Aquellos dos viejos, de caracteres y costumbres tan diversas, eran, sin +embargo, dos tipos rezagados de la misma sociedad, dos ejemplares +fósiles de aquellos próceres del pasado siglo, manolos viciosos y +cínicos unos, petimetres, insustanciales y afeminados otros, que +prepararon en España la ruina y el descrédito de la Grandeza. + +Entró, pues, el tío Frasquito en la terraza con ademanes de doncella +atribulada, y todos se agolparon en torno suyo, acosándolo a +preguntas... ¡Todo, todo quedaba por nuevos partes confirmado, y el +_sauve qui peut_ era en Madrid general!... + +Corroborábase la noticia de que don Amadeo había huido a Lisboa con su +familia, y el telégrafo transmitía los nombres de los individuos que +formaban el primer ministerio de la recién nacida República. + +--¡De la Rrrepública española!--exclamó el tío Frasquito quitándose el +sombrero con burlesca solemnidad. + +Y entre risas despreciativas y observaciones irónicas, comenzó a leer en +su elegante carterita, donde estaban apuntados los nombres de los nuevos +ministros[10]... ¡Pero qué nombres, Virgen Santísima! ¡Si aquello era +cosa de morirse de risa!... Figueras, Castelar, Pi y Margall, los dos +Salmerones, Nicolás y Paquito... Córdoba. + +[Nota 10: Suponemos que el lector comprenderá que los juicios sobre +personas determinadas que aparecen en boca de los personajes de esta +novela no son juicios del autor, sino reflejo de los que formaban en +aquella época la parte de la sociedad que dichos personajes +representaban. El autor, que tan sin escrúpulos de ningún género ataca +de frente al vicio y a la insolencia, se reserva siempre su juicio sobre +individuos determinados, y se halla muy distante de pretender herir +personalidad ninguna, por despreciable que le parezca.] + +--¡Córrrrdoba, señores, Córrrdoba!... ¡Ferrrnandito Córrrdoba, +rrrepublicano!... ¡Quién lo creyerra, cuando íbamos juntos a casa de la +Benavente, cuando Fernando VII lo envió a Portugal con su hermano Luis, +detrás del infante don Carlos y la princesa de Beyrra!... Porr supuesto, +que yo era entonces un niño, una verrdadera criaturra... + +El tío Frasquito no cayó en la cuenta de que, según aquellos datos, +debió de haber asistido seis años antes de su nacimiento a los saraos de +la duquesa de Benavente, y prosiguió enumerando a los ministros +restantes: ¡Echegaray, Beranger y Becerra!... ¡Santo Dios!... Si esto +era para España la coz del asno; y aquellos enanillos de gorro frigio, +encadenando al león de Castilla, recordaban aquella grandiosa imagen: + + _Ce grand peuple espagnol, aux membres enervés,_ + _Expire dans cet antre ou son sort le termine_, + _Triste comme un lion rongé par la vermine_! + +¡Y qué chistosamente cursis resultaban siempre aquellos demócratas!... +¿Pues no se les había ocurrido lo primero ir a darle una serenata al +interesantísimo don Emilio tocando la Marsellesa?... + + _¡Ah! ça ira, ça ira, ça ira..._ + _Celui que s'élève on l'abaissera._ + _Celui que s'abaisse on l'élèvera._ + _¡Ah! ça ira, ça ira, ça ira..._ + +--¡Qué delicia!--exclamó Currita--. ¿Y no les echó él un discursito? + +--¡Ya lo creo!... Desde el balcón, como cantaba la Nilson en Viena; y +luego obsequió a la concurrencia con carramelos y cigarritos... + +--¡Qué monada!... De seguro que este invierno tendrá recepciones. + +--¡Sí! Para los ciudadanos _sans culottes_. + +--¡Polaina!--exclamó Diógenes--. En cuanto cuelgue un jamón en la +puerta, tiene allí a Madrid entero, y tú, Curra, irás la primera. + +Azoróse el tío Frasquito al oír la voz de Diógenes, y temiendo algunos +de sus amagos de intempestivo cariño, fuese escurriendo con disimulo, +soltando casi a media voz su última noticia. Anunciaba también el +telégrafo que don Carlos había entrado en España por Zugarramurdi, y que +aprovechando sus parciales aquella confusión, aprestábanse a hacer un +supremo esfuerzo para apoderarse de la corte. + +Disgustó esto mucho a toda la concurrencia, por parecerle más temible el +carlismo que la República, y en aquel momento llegó a confortar los +ánimos un viejo alto, de aspecto marcial y largos y retorcidos bigotes +blancos: era el general Pastor, hermano de Leopoldina, que volvía del +palacio Basilewsky de conferenciar con la reina. + +Entró, pues, el general radiante y satisfecho cual si viese ya en +lontananza la cartera de la Guerra, y contestando con sonrisas y +palabras huecas a las mil preguntas que de todas partes le dirigían, +apresuróse a dar cuenta a la condesa de Albornoz y a la duquesa de Bara +de una embajada de su majestad la reina... Esta las designaba para +acompañarle al día siguiente, a la capilla expiatoria del bulevar +Haussman, donde debía celebrarse la Misa de aniversario, algún tanto +retrasada aquel año, del infortunado Luis XVI; el espectáculo prometía +ser curioso, porque los príncipes de Orleans, reconciliados con el conde +de Chambord, asistirían por primera vez, en público, a aquellas +simbólicas honras. + +Abrió entonces el saco de noticias el general Pastor, y dando a +entender, con cierta vanidad política, que callaba mucho más de lo que +decía, confirmó todo lo dicho por el _tío Frasquito_, añadiendo que la +proclamación de la República era un paso gigantesco dado hacia la +Restauración; que los desórdenes más terribles no tardarían en estallar +en España, y alarmadas las potencias europeas con los escarmientos de la +Commune en Francia, se apresurarían a intervenir en favor del príncipe +Alfonso. Notas secretas de algunos embajadores extranjeros habían +llegado ya al palacio Basilewsky, y Thiers mismo, temeroso de que el +zurriago de las monarquías coligadas le deparase a él algún latigazo, +negábase a reconocer la nueva República. + +Tan sólo míster Harrilin, embajador de los Estados Unidos en España, +habíase apresurado a reconocer el nuevo orden de cosas en nombre de su +Gobierno, presentándose en el palacio de la Presidencia con todo el +ceremonial de costumbres en tiempos de la monarquía, y asegurando en su +discurso, con la truhanesca formalidad de Jonathan en persona, que «los +Estados Unidos de América no podían menos de contemplar con emoción y +simpatía, convertido en República, el imperio de Fernando e Isabel». + +--¡Pues vaya con el indecente!--exclamó Leopoldina Pastor hecha una +furia--. Para esos yanquis farsantes, igual da Figueras que Fernando el +Católico, y lo mismo representa una corona que un gorro de algodón. +_Cotton is King_!... ¡Monísimo!... ¡Y pensar que hace tres semanas +bailábamos todas en su casa!... ¡Vamos! Si después de todo, resulta que +cuando se trata de divertirse perdemos todas la vergüenza. + +--_¡Tu dixisti!_--gritó Diógenes con grande ahínco. + +--Y lo repito--prosiguió Leopoldina--. Pero yo le aseguro a ese +indecente que ha de oír de mis labios cuatro palabritas bien dichas... +¡Oh, si yo lo tenía previsto! En el último baile que dio llevaba medias +azules de algodón... + +--Como que su suegro tiene en Boston una fábrica. + +--¡Qué delicia!--exclamó Currita--. Pues cuando den la _Jarretière_ al +yerno, ya puede el suegro regalarle la media. + +--De seguro que las habrá él anunciado en la Presidencia al terminar su +discurso, como aquel _preacher_ yanqui que terminó su sermón: «Ya os he +demostrado, mis buenos hermanos, que sólo por la virtud se gana el +cielo. Sólo me resta, para terminar, recomendaros la magnífica +sombrerería de Míster Francis Morton, 24, Catherine Street. Allí todos +los artículos son distinguidos y baratos.--_Net cash._--Que viene a ser +_No se fía_». + +El timbre eléctrico que anuncia _aux hommes d'équipes_ la llegada de +nuevos viajeros, comenzó a repicar en aquel instante, y, a poco, llegó +Gorito Sardona, muy conmovido, anunciando que la señora de López Moreno +se apeaba en aquel momento en el _Grand Hôtel_, que venía de Madrid, y +que a poco más la asesinan en el camino. + +--¡Trae una oreja colgando!--añadió tirándose de una suya. + +Horrorizóse la concurrencia, y todos salieron a su encuentro deseosos de +ver a la banquera desorejada. La duquesa, sin embargo, temiendo sin duda +que trasladase esta a sus orejas las famosas hipotecas que sobre sus +tierras tenía, quiso escurrirse por la sala de lectura, con tan mala +suerte, que fue a toparse en el patio mismo con la López Moreno, su hija +Lucy, dos doncellas, un criado, diecisiete baúles y número ilimitado de +cajas y sombrereras. La banquera llegaba pálida y abatida, y tenía, en +efecto, ensangrentado el lóbulo de la oreja izquierda. + +Al verse cogida la duquesa, salió al encuentro de la López Moreno, +exclamando muy cariñosa: + +--¡Pero, Ramona!... ¿Cómo no me ha avisado usted? + +--¿Avisar?--exclamó con espanto la López Moreno--. ¡Gracias que llego +con vida!... ¡Qué viaje, duquesa, qué viaje!... En el camino a poco más +me asesinan... ¡Nací ayer!... ¡Un milagro, un milagro! + +--¡Qué horror!--exclamó la duquesa. + +Y mirando en torno suyo, con la esperanza de que el prodigio divino no +hubiera alcanzado también al señor López Moreno, añadió: + +--Pero ¿dónde está su marido de usted?... ¿No viene?... + +La tierna esposa hizo otro gesto de espanto y contestó sin enternecerse +demasiado: + +--¡En Matapuerca está..., si es que vive!... + +--¿En Matapuerca?--exclamó Diógenes--. ¡No puede ser!... Será en +Matapuerco... + +--No, no; en Matapuerca--replicó la López Moreno sin comprender la pulla +del viejo. + +Y rodeada de todos los españoles, que atraídos por la curiosidad iban +poco a poco acudiendo, la voluminosa señora comenzó el relato de sus +infortunios... De aquella hecha se llevaba la trampa a la España entera; +la gente se escapaba de Madrid a bandadas, y no parecía sino que la +trompeta del Juicio Final había sonado en la corte. + +--¡Me alegro!--exclamó Diógenes--. A esa trompetita estoy yo +aguardando... ¡Qué cosas han de saberse cuando diga el ángel: cada peso +duro con su dueño, y cada hijo con su padre!... + +La duquesa le hizo callar de un abanicazo, y la López Moreno, llena de +satisfacción al verse objeto del interés de todos, continuó el relato +de su susto, un susto atroz, una barbaridad de susto... El tren traía +cuarenta y dos coches atestados de gente que iba a Biarritz, a San Juan +de Luz, a Bayona, a cualquiera parte, con tal de pasar la frontera. En +Vitoria añadieron otra máquina y entraron cuatro compañías del +Regimiento de Luchana. ¡Malo!... Por la noche todo fue bien, pero al +llegar a Alsasua, ¡Virgen Santísima!... ¡Los carlistas! Y de pronto, +¡prurrruumm! ¡Una descarga atroz!... + +--Pero, de repente, hija, de repente, sin avisar siquiera, sin decir +agua va: nada, nada, nada. ¡Prurrruumm! caiga el que caiga... La tropa, +¡claro está!, contesta ¡prurrruumm! otra descarga. Yo, muerta, Lucy, +muerta debajo del asiento, sin resollar siquiera, y ¡prurrruumm! arriba, +¡prurrruumm! abajo; hora y media de tiritos... De pronto, se abre la +ventanilla, entra una mano, me arranca una oreja y se va... + +--¡Qué atrocidad!--exclamaron todos. Y Gorito Sardona, con su guasona +formalidad, añadió: + +--¿Pensarían hacer una chuleta?... + +--No, señor--replicó la víctima algún tanto ofendida--. Lo que pensaron +fue llevarse un brillante de quinientos duros que traía en ella, y se lo +llevaron en efecto... Decían luego que fue un pillete de la estación, +pero a mí no me quita nadie de la cabeza que fue el cura Santa Cruz... +Como que esto era en mitad del túnel, a oscuras, y en la pared de +enfrente vi yo la sombra del sombrero de teja... + +--¡Qué barbaridad!... + +--¿Pero usted vio a los carlistas?... + +--¿Que si los vi?... Al salir del túnel, en un altito había un montón de +ellos, y en medio uno con entorchados, que era don Carlos... Lucy decía +que no, pero yo creo que sí. Uno chiquitillo, bizco, con barba rubia, +picado de viruelas, que nos hizo con el puño así... + +Y la señora de López Moreno enarbolaba el suyo robustísimo, con gesto +horrible de amenaza. + +--¡Pero si don Carlos es muy alto, moreno, con barba negra!... Yo le +conocí en Vevey... + +--Pues vendría disfrazado; no es tan difícil teñirse la barba de rubio. + +--Pero es imposible, teniendo dos metros de largo, encogerse hasta tener +la mitad. + +--Podrá ser que me equivoque, pero lo dudo--replicó la López Moreno, que +no renunciaba fácilmente a la honra de haber sido amenazada por un puño +real. + +El general Pastor oíalo todo complacidísimo, viendo en aquella +catástrofe los primeros truenos de la terrible tempestad que comenzaba a +desencadenarse en España. De aquel caos había de salir la Restauración, +y la política del partido dirigía, por lo tanto, todos sus esfuerzos a +excitar y mantener el desorden. Una palabra imprudente del general +reveló a los más avisados que estaba bien al tanto de aquellos manejos: +preguntó a la señora de López Moreno si, al salir ella de Madrid, no se +decía nada en la corte de levantamientos socialistas en Andalucía. + +--¿Y me lo dice usted a mí?--exclamó la banquera con enérgica ira--. +¿Pues no saben ustedes lo de Matapuerca?... + +--¡Ay, por Dios, señora!--la interrumpió Currita con toda su +aristocrática impertinencia--. ¿No podría ser Mata... cualquiera otra +cosa? + +--¡Pero si se llama Matapuerca!... Es una dehesa magnífica en la +_provincia_ de Extremadura, de más de tres mil aranzadas, con +veintisiete caseríos... En fin, un pequeño reino... Era de los frailes +Agustinos, y mi marido lo compró cuando lo de Mendizábal... + +Currita hizo un gesto de resignación pacientísima, y preguntó: + +--¿Y qué ha sucedido en el pequeño reino de Mata... esos animalitos?... + +--Pues nada, ¡una friolera!... Que en cuanto proclamaron la República, +invadió la dehesa una horda de aquellos bandidos, asesinaron al aperador +y a tres guardas, y se repartieron las tierras. López Moreno salió para +allá corriendo, y estoy inquietísima... No sé lo que va a hacer... + +--¿Pues qué ha de hacer?--exclamó Diógenes--. ¡Polaina! Lo que hicieron +los frailes Agustinos cuando su marido de usted y Mendizábal les +quitaron la dehesa... ¡Tener paciencia!... A cada puerco le llega su San +Martín, doña Ramona; figúrese usted si no le llegará también en +Matapuerca... Amigo, ¡los socialistas, los socialistas!... Esos han +aprendido lógica; ahí tiene usted los nuevos desamortizadores. + +La López Moreno iba a contestar muy picada, pero el general Pastor, +frotándose las manos de júbilo, la contuvo, diciendo: + +--Nos trae usted excelentes noticias, señora... La cosa marcha viento +en popa, mejor de lo que yo esperaba. + +--¡Pues me hace gracia!--exclamó la banquera estupefacta--. No diría +usted lo mismo si le hubiesen robado una dehesa y arrancado una oreja +con un brillante de quinientos duros... + +--Nada, doña Ramona, hay que resignarse por algún tiempo a ser reina +destronada de Matapuerca... La Restauración la restablecerá a usted muy +pronto en su trono... ¿Y sabe usted lo que estoy pensando?--añadió el +general como asaltado de una idea repentina--. Que la reina tendrá mucho +gusto en oír de usted misma esas noticias. ¿Tendría usted inconveniente +en venir a Palacio?... + +La banquera pensó ahogarse de satisfacción, y la duquesa, que se +apresuraba a pagarle con honras y relumbrones lo que no le pagaba en +dinero, exclamó vivamente: + +--¡Magnífica idea! Yo misma la llevaré... Mañana pido a la señora la +audiencia... + +--¡Pues ya lo creo que la reina tendrá mucho gusto en oírla!--observó +pausadamente Currita--. Doña Ramona narra muy bien y usa unas armonías +imitativas de muchísimo efecto... Cada vez que dice ¡prurrruumm! parece +materialmente que se huele a pólvora... ¡Qué delicia... oírle contar la +_dégringolade_ de Matapuerca! + +La señora de López Moreno no se enteraba de nada de esto, ocupada en dar +gracias, enternecida, al general y a la duquesa... El sueño dorado de +toda su vida, ser recibida en Palacio, iba a realizarse, y no le parecía +cara tamaña honra, al precio de una oreja desgarrada y una dehesa +perdida. + +El general, por su parte, seguía la política de Butrón, barrer para +dentro, y calculaba ya las copiosas sangrías que, en nombre de los +conspiradores, podría hacer su espada victoriosa en las repletas arcas +de los consortes López Moreno. + +Durante toda esta escena, Currita no había perdido de vista un momento a +Jacobo, que escuchaba atentamente sin darse prisa a subir a su cuarto a +lavarse y descansar. Al disolverse la reunión, porque la hora de comer +se aproximaba, echóle de menos Currita en la terraza; asomóse vivamente +a la sala de lectura, salió al patio y no le encontró por ninguna parte. + +Por la escalera de enfrente subía en aquel momento el tío Frasquito +dando el brazo a su sobrina espuria, la reina destronada de Matapuerca, +que se detenía en cada peldaño para ponderarle lo terrible de su susto, +lo soberbio de su dehesa, el dolor de su oreja, lo pavoroso de aquellas +descargas atronadoras... + +¡Prurrruumm! + + + + +--III-- + + +La oportunidad es en todas las cosas precursora del éxito, y el llegar a +tiempo ha levantado no pocas veces el pedestal de muchas celebridades y +ceñido los laureles a infinitos héroes. Cada carácter requiere, pues, +circunstancias especiales que le favorezcan, época adecuada que le +sirva de marco, _momento histórico_ oportuno que le permita +desarrollarse en toda su pujanza. Un Hércules en los tiempos +prehistóricos, un Cid en los tiempos caballerescos, serían un Quijote en +los tiempos de la partida doble y el tanto por ciento. Un Espartero y un +Mendizábal, por el contrario, hubieran sido en aquellas épocas remotas, +prestamista judío el uno, cuadrillero de la Santa Hermandad el otro. + +Jacobo Téllez creía haber tenido la desgracia de errar al nacer, en las +circunstancias de lugar y también en las de tiempo. Entre el oleaje +sangriento de la gran Revolución francesa, juzgaba él que hubiera sido, +por su talento, un Mirabeu; por su valor, un Lafayette; mas entre los +cenagosos remolinos de la Revolución española del 68, tan sólo fue, a +juicio de los que le conocieron, como político, un pobre demonio; como +caudillo, un gran mentecato. + +Aquellas dos grandes figuras de aristócratas renegados como él, le +sedujeron por completo; mas el peluquín del uno y la casaca del otro le +venían grandes, y al querer amalgamar en sí mismo aquellas dos +personalidades, rompiendo los lazos morales como el primero, y +seduciendo a las multitudes como el segundo, resultó tan sólo un bribón +infatuado. Así y todo, hizo papel, porque hay Arístides grandes y +Arístides chiquitos; Cincinatos de dos en libra, de tres al cuarto y de +ochavo la _jartáa_, que es como venden en Andalucía los higos chumbos. + +Este, pues, higo chumbo revolucionario no llegó desde la aristocrática +piña en que había nacido hasta la plebeya cuna en que vino a florecer, +ni por peripecias dramáticas, ni por trágicas revoluciones: llegó +naturalmente, con suavidad, como tras de la hinchazón viene el pus, y +tras el pus la gangrena. Llegó resbalando sin violencias por la +voluptuosa pendiente que lleva del placer al vicio, del vicio a la +aberración, de la aberración al tedio, al desencanto, al espantoso +vacío del corazón que produce vértigos en la cabeza y despeña al hombre +en todas las locuras y en todas las infamias, en busca de placeres +nuevos que despierten su sensualismo embotado, de impresiones +desconocidas que sacien la voracidad de sus concupiscencias estragadas. + +Nada hay más peligroso para el hombre que pasar en breve tiempo por +todas las ilusiones de una larga vida; y Jacobo, con ese afán de gozar +que caracteriza la sociedad presente, que teme dejar para mañana el +placer de que puede disfrutar hoy, que precipita las edades y pasa de la +infancia a la vejez decrépita, suprimiendo la juventud si es que por +juventud se entiende esa edad venturosa en que brotan del corazón nobles +impulsos y bullen en la mente generosas ideas, que constituyen más +tarde, después de solidificadas, los grandes caracteres; Jacobo, +decíamos, había recorrido aquella larga jornada en menos de treinta +años... + +A los quince, libre ya de ayos y maestros, era el _sietemesino_ más +galán que aspiraba a afeitarse, y dirigía cotillones en los grandes +salones de la corte; a los veinte, era un afortunado tenorio de mala +ley, que hacía gala en el Veloz Club de sus aventuras escandalosas; a +los veinticinco, era un perdido aristocrático, elegante, modelo, que no +retrocedía ante una estocada de mentirijillas, ni ante un steeplechase, +ni ante un copo de veinte mil duros, y derrochaba los millones de su +mujer con la misma facilidad con que la varilla encantada de un mágico +hace fluir del centro de la tierra tesoros escondidos y guardados por +gnomos y salamandras. + +A los treinta había visto, como Salomón, _cuncta quae flunt sub sole_, +pero no comprendía, como él, que todo fuese vanidad y aflicción de +espíritu, sino que lloraba como Alejandro, porque no había otro mundo de +goces que disfrutar; y seco su corazón, embotada su inteligencia por el +prematuro desarrollo de sus pasiones, arruinada su casa por locas +prodigalidades, era un fruto podrido que no había madurado nunca, un +hombre en la flor de la vida a quien faltaba el objeto de la vida, un +ruinoso despojo del placer y la impiedad, que no interrogaba como Hamlet +lo eterno, sino que se arrastraba por todos los rincones de lo terreno, +buscando un charco de placeres desconocidos en que zambullirse y +revolcarse y gozar... + +Entonces, por curiosidad, por diversión, por aburrimiento, por encontrar +en las tenebrosidades del misterio algo desconocido que se resolviese en +placer y en dinero, se hizo hombre político. Garibaldi le inició en las +logias de Milán, y Prim le introdujo en Inglaterra, en el complot que +grandes traidores urdían contra el trono de España... + +La Revolución triunfó, y a las agitadas emociones del conspirador +sucedieron en Jacobo las halagüeñas embriagueces del triunfo, las +cínicas rapacidades de pretor romano, las ruidosas apoteosis de arcos de +cartón y farolillos de papel a que le llevaban en hombros masas +estúpidas arrastradas por su verbosidad, multitudes frívolas, que, por +tener algo de mujer, prendábanse de su gallardía y gentileza y se +prometían llevarle a defender la soberanía popular en los escaños del +Congreso, a él, aristócrata orgulloso, tan sólo de nombre renegado, que +se reía de ellos llamándoles paletos, babiecas y burgueses mentecatos, y +corría, al separarse de estrechar sus manos, a lavarse y enjabonarse y +perfumarse, para echar lejos de sí aquel insoportable _hedor de la +canalla_... + +A poco abríase en su vida un paréntesis negro, tenebroso, ante el cual +la maledicencia misma se detuvo aterrada, temerosa de resbalar en un +charco de sangre... + +Un día, el 27 de diciembre, un trabucazo tendió en la calle del Turco a +la audacia más temeraria que dio impulso a la Revolución. El general +Prim había sido asesinado, y su amigo íntimo, su portaestandarte, el +marqués de Sabadell, indicado ya para la cartera de Fomento, desaparecía +súbitamente de la corte, a la misma hora en que corría la falsa nueva de +que las heridas del general no eran de muerte y se habían escapado de +sus labios terribles revelaciones. + +Prim murió, sin embargo, el día 30, llevándose a la tumba la clave del +misterio, y tres meses después publicaba la _Gaceta_ un real decreto +nombrando al marqués de Sabadell ministro plenipotenciario de la corte +de España en Constantinopla. «Me he convencido--escribía al presidente +del Consejo el nuevo embajador--que mis disposiciones naturales son para +la vida de Oriente, y pongo todas mis ilusiones en El Cairo, Bagdad, +Ispaham o Constantinopla.» + +El resultado de estas ilusiones no tardó en presentarse. + +Una mañana, la cadina Sarahí no se asomó a su adorada celosía para mirar +las azuladas montañas del Asia, y la puerta de su quiosco permaneció +cerrada. Susurrábase en el palacio que la noche antes había resonado un +lamento y vístose dos sombras que se perdían en el laberinto de +corredores oscuros, llevando una cosa negra... + +El centinela de la torre del mar de Mármara había escuchado sobre el +agua un golpe siniestro. + +A la mañana, al otro lado del Bósforo, apareció en la orilla opuesta el +cadáver de un eunuco estrangulado. Desde la embajada española, allá en +lo alto de Pera, veíase flotar sobre el límpido azul de las olas su +largo levitó oscuro, ceñido por el zurriago de cuero de hipopótamo, +insignia de su clase, que había servido de dogal. + +El embajador no pudo verlo; había salido aquella noche de Constantinopla +con tan grande urgencia, que sólo llevaba por equipaje una pequeña +maleta de mano... Y con esta pequeña maleta de mano hemos visto a Jacobo +llegar al _Grand Hôtel_, después de merodear dos meses por las logias +más tenebrosas y los garitos más elegantes de Italia. + +El ministro fugitivo de Constantinopla hallábase alojado en el cuarto +piso del hotel, en una habitación de doce francos diarios, harto +opulenta para quien sólo contaba en el mundo con tres millones de deuda +al 15 por 100, y sobrado mezquina para lo que juzgaba indispensable a su +decoro el excelentísimo señor don Jacobo Téllez-Ponce Melgarejo, marqués +consorte de Sabadell. + +A la luz de un candelabro de color que ardía en uno de los extremos de +la chimenea, devoraba Jacobo los periódicos españoles que relataban el +nuevo cambio político acaecido en España y los franceses que lo +comentaban haciendo pronósticos y formulando juicios, Frecuentes +exclamaciones y aun palabras groseras que se escapaban de sus labios +revelaban en él esa sorda cólera que despiertan en el ánimo violento las +grandes contrariedades. + +Arrojó al fin los periódicos y agitándose furioso un instante, y +apretando los puños llenos de rabia, quedóse largo tiempo pensativo, +hundido en la poltrona en que se hallaba sentado, contraída la boca, +frunciendo el entrecejo, fijos los ojos en el fuego de la chimenea, +cuyas movibles llamas prestaban a su rostro un resplandor rojizo. + +Hubiérase dicho que meditaba un crimen, y también que lo había +decidido, cuando, dando un fuerte puñetazo en el brazo de la poltrona, +se levantó de repente. El espejo que coronaba la chimenea reflejó +entonces su fisonomía descompuesta, y al verse allí retratado tuvo uno +de esos miedos solitarios, pueriles, que cortan de un solo golpe a la +audacia sus alas gigantescas. + +Miró en torno suyo: en la alcoba, forrada de papel oscuro, se movía +suavemente una cortina a impulsos del aire levantado por él mismo al +moverse. Arrojóse a ella vivamente y la descorrió de pronto, y riéndose +entonces de sus miedos infantiles, dirigióse a una gran cómoda de nogal +que había en el fondo. + +Sobre ella hallábase abierta y extendida la pequeña maleta, y en el +cajón superior, cerrado con llave que tenía él en su bolsillo, estaba la +cartera de viaje. Sacó el gran cartapacio que dentro venía, y púsolo +sobre un velador que había en el centro. + +Resonaron en esto pasos en el corredor de fuera, y Jacobo corrió +vivamente en puntillas a la puerta, escuchó un instante, y con el menor +ruido posible echó la llave por dentro. Escogió entonces, en un pequeño +_nécessaire_ de viaje, un instrumentito con mango de carey, una especie +de limita para las uñas, con hoja delgadísima y perfectamente afilada, y +púsose a caldearla con gran cuidado en la llama de la chimenea. + +Aún vaciló un momento, y miró a todas partes otra vez, y prestó oído +atento a los lejanos rumores del bulevar, bocanadas de locura y de +placer que escalaban las ventanas, y se decidió por último. + +Con ligereza suma introdujo la hojilla caldeada por debajo del lacre del +cartapacio, y haciéndola girar lentamente, desprendió el sello tan +entero y tan intacto, que de nuevo podía volverse a pegar sin rastro +alguno de fractura. Después púsolo con grande precaución en un extremo +del velador, sobre una hoja de papel blanco. + +Quedó abierto el misterioso cartapacio, y Jacobo, con avidez no exenta +de temor, púsose a registrarlo. Dentro venía una carta en italiano, no +muy larga, de la misma letra, gorda y corrida, del sobre, firmada por +Vittorio Emmanuele; venían también otros dos grandes sobres en blanco, +sellados con la insignia de la francmasonería, un compás y una escuadra, +cruzados en forma de rombo, sobre lacre verde. + +Mirólos Jacobo por todos lados, sin muestra alguna de sorpresa, y con la +misma habilidad y ligereza de antes, arrancó también los sellos de +ambos: el primero contenía un gran pliego, escrito de letra menuda, +marcados sus párrafos con números romanos en forma de artículos, y +anotados varios de ellos al margen, por la misma letra gorda de la carta +y el sobrescrito. + +Jacobo leyó todo ello con atención, mas sin sorpresa, y como si todo lo +que allí se trataba le fuera conocido; tan sólo al recorrer los últimos +artículos en que el nombre del marqués de Sabadell aparecía consignado, +una sonrisa truhanesca entreabrió sus labios mientras murmuraba: + +--¡Ah, pillo!... + +Llególe entonces el turno al último paquete, que era el más voluminoso: +abriólo con mucho tiento, por haberse pegado una esquinita del sobre, y +al punto salieron de él otros dos en blanco, y un tercero en que venía +escrito un nombre que hizo a Jacobo pegar un salto, murmurando una de +esas palabrotas groseras, familiares en momentos de cólera o sorpresa +aun a personas que presumen de cultas. + +Habíase quedado estupefacto; latíale el corazón, temblábanle las +rodillas, y revolvía aquellos papeles con el ansia temerosa, el gozoso +terror, si así es posible sentirlo, del débil hombrecillo que se +encontrara de repente entre las manos fabulosas riquezas de un gigante +formidable que no ha de dejárselas arrebatar. Por dos veces dirigió una +mirada furtiva a la puerta, como si temiera verla abrirse, a pesar de la +llave que la cerraba por dentro. + +Había allí un verdadero arsenal de cartas y papeles comprometedores, +importantísimos por los nombres que los firmaban, perfectamente +ordenados y clasificados en una especie de memoria adjunta, en que una +pluma muy hábil había estampado datos interesantes y preciosas +observaciones. Era aquello un tesoro de gran valor, una palanca +formidable que, bien manejada, podía dar al traste en breve tiempo con +gran parte de los políticos revolucionarios que pululaban en España. +Eran letras de cambio pagaderas a la vista, que cualquiera podía cobrar +en poder o en dinero. + +Todo lo devoró Jacobo línea a línea, letra a letra, pasando por todas +las emociones de la sorpresa: el pasmo, el rencor, la esperanza, el +recelo; hundiéndose ambas manos en su crespa cabellera y apretándose el +cráneo como para impedir que su atención se distrajese; oprimiendo +algunos de aquellos papeles entre sus dedos temblorosos, como si +quisiera indicar que eran suyos, que a él solo pertenecían, y nadie en +el mundo se los había de arrebatar; a veces, deteníase un instante, +cerraba los ojos y respiraba con fuerza, como si le faltase el +aliento... + +Cuando acabó de leer estaba pálido, y la vaga y temerosa mirada que +arrojó en torno expresaba la desconfianza, el temor que hace creer a +todo criminal, aun en medio de un desierto, que le miran y le acechan +ojos escrutadores. + +Levantóse entonces y comenzó a pasear, haciendo gestos de temor y de +alegría, piruetas de niño y de loco, parándose ante el espejo como si +quisiera interrogar a su propia imagen, deteniéndose ante el velador +para coger las gotas de esperma que se deslizaban a lo largo de las +bujías color de rosa, y estrujarlas entre los dedos haciendo bolitas con +ademán reflexivo, imponente, amenazador... + +De pronto pareció estorbarle la luz y las mató todas de un soplo; luego +abrió la ventana de par en par, y la muchedumbre, siempre compacta, de +París, lo desafiaba, precipitándose por el bulevar entre torrentes de +luz, sin detenerse un momento, sin descansar nunca, como un alma réproba +condenada por Dios a una fiesta eterna. + +Entre los remolinos de aquella muchedumbre y los mil cambiantes de luces +de todos colores y reflejos, que asemejaban el bulevar al fantástico +escenario de un baile de hadas, Jacobo sólo veía un pensamiento, un plan +cuyas primeras líneas se le torcían a cada instante, empujadas por ideas +opuestas, por inconvenientes inesperados, por temores fundadísimos que +le hacían titubear, gimiendo de dolor como un niño caprichoso a quien +quitan de las manos una golosina, rugiendo de rabia como un león +encadenado a quien arrancan de las garras su presa; que esto era para él +la idea de devolver aquellos documentos, de no quedarse con ellos +utilizándolos en provecho propio, y siendo actor principalísimo en vez +de mero instrumento... Mas ¿cómo responder entonces a la reclamación del +terrible propietario? ¿Cómo evitar la sospecha de aquel robo, hecha a un +ladrón sin duda, pero al fin y al cabo robo? ¿Cómo prevenir la venganza +terrible e inevitable que había de seguirse al descubrimiento?... + +Entre las mil mojigangas ridículas de que tantas veces se había reído en +las logias, destacábase entonces en su imaginación algo terrorífico, +algo amenazador, que tomaba forma sensible en aquella palabra misteriosa +que siempre había pronunciado riendo y recordaba ahora temblando: + +--_¡Neckan!_ ¡Venganza!... + +Preciso era obrar con prudencia y reflexionar, y pesar, y medir, y +decidir sin tardanza... + +Y, como si esperase hallar con el movimiento alguna de esas ideas que se +ocurren de repente al volver una esquina o brotan en medio del arroyo, +lanzóse a la calle después de encerrar en la cómoda todos los papeles, y +siguió por el bulevar des Capucins, y entró por el de la Magdalena, y +recorrió luego toda la calle Real, y entróse después por un laberinto de +calles desconocidas, para volver a las dos horas al hotel, rendido, +fatigado, sin haber pensado nada ni decidido nada tampoco... + +Porque era Jacobo de esos hombres audaces a la vez que irresolutos, en +quienes la reflexión, lejos de allanar el camino al entendimiento que +plantea y tirar de la brida a la apasionada voluntad que se desboca, +sólo consiguen enredar al primero en intrincadas imaginaciones, y +exasperar a la segunda hasta hacerla saltar al fin, de repente, de un +golpe, cuando menos lo requiere la oportunidad y lo aconseja la +prudencia. Caracteres por lo general fogosos, impacientes, que obran por +brotes más bien que por razonamientos, y tomando por realidades las +perspectivas de la imaginación, edifican sobre ellas fuertes castillos, +sin más cimientos que el aire. + +Por la escalera, agarrándose a la balaustrada, subía renqueando un +viejo, envuelto en un largo y amplio gabán de mackintosk, capaz de +preservar de todas las humedades a un explorador del Polo. + +Parecióle a Sabadell aquella estantigua el tío Frasquito en persona, y +comenzó a subir ligeramente con la idea de alcanzarlo. Mas el viejo, al +notar que le perseguían, zambulló el rostro en su gran cuello de pieles, +y ocultando con presteza en el bolsillo del gabán algo que en la mano +llevaba, entróse prontamente en el cuarto contiguo al de Jacobo. +Quedósele este mirando sorprendido y receloso, y dudando entonces de que +fuese el tío Frasquito, entró también en su aposento. + +En el fondo de este había una puertecita de escape que dividía en dos un +solo departamento, cerrado para ello con doble pasador por una y otra +parte. Acercóse a ella Jacobo de puntillas y púsose a escuchar +atentamente. Oyó entonces que echaba un fósforo el vecino y aseguraba la +puerta del corredor cerrando la llave por dentro... Oyó después +acercarse a la débil puertecilla unos ligeros pasos que no ahogaba del +todo la alfombra, y sintió un leve crujido en el pasador por la parte +opuesta... + +Azorado, Jacobo dio un paso atrás conteniendo casi el aliento, y +lanzando una mirada rápida a la cómoda que guardaba los papeles, sacó +del bolsillo del pantalón un revólver de seis tiros... El vecino le +espiaba, y en su acalorada fantasía vio ya el masón traidor los puñales +de todas las logias de Italia dispuestos a reclamarle el precioso +depósito. + +El pestillo crujió de nuevo mientras tanto; indudable era que el vecino +lo echaba o descorría, y como natural era suponerlo echado, podía muy +bien sospecharse que intentaban abrirlo. La puerta, charolada con gran +primor, no presentaba agujero ni resquicio alguno que permitiera la +vista. + +Los ligeros pasitos volvieron a resonar otra vez alejándose, y Jacobo +tornó a acercarse con el revólver montado y el oído atento. A poco sonó +una tos sospechosa; no era la pulcra, perfumada y cadenciosa tos del tío +Frasquito, sino una tos asmática, tos de viejo, que recordaba esos +crujidos peculiares que anuncian en las casas ruinosas el próximo +hundimiento. + +Otro ruido extraño vino a aumentar su zozobra: oyóse un ligero golpe +metálico, argentino, semejante al de la hoja de un puñal chocando con +precaución sobre una superficie cristalina o marmórea; después, a +intervalos y por largo rato, un ruido sordo de algo que frotaba con +rapidez y ligereza... + +Quizá el vecino afilaba el puñal, quizá lo estaba envenenando... + +Todo quedó en silencio un breve rato; oyéronse después los ligeros +pasitos en diversas direcciones; tornáronse a acercar a la puerta, +sintiéndose tras ella el roce del vecino sospechoso que espiaba, y más +tarde, al dar la una en el reloj del hotel, oyóse un golpe semejante al +de un cuerpo pesado que cae sobre un colchón de muelles; después un +¡Aaaaaah! prolongadísimo, un bostezo formidable, que vino a tranquilizar +a Jacobo. + +Nadie que va a matar se prepara bostezando. + +Tranquilo ya entonces, aunque siempre receloso, puso el revólver sobre +la mesa, y con el deleite del avaro que revuelve sus tesoros, engolfóse +de nuevo en la lectura y examen de los papeles. + +De repente saltó otra vez azorado en el asiento, echando mano al +revólver: en el cuarto vecino había resonado un salto violento, pasos +precipitados, varios golpes en la puerta, y al punto una voz cascada, +angustiosa, que gritaba en castellano:--¡Socorro!... ¡Socorro!... + +Después, con el intervalo de un lamento, volvió a escucharse en francés: + +--_Au secours_!... _Au secours_!... + + + + +--IV-- + + +De malísimo humor volvió aquella noche al _Grand Hôtel_ el tío +Frasquito: había aguantado dos horas el aristocrático aburrimiento del +Círculo de la Unión, _sancta sanctorum_ del _Faubourg Saint-Germain_ +masculino, en que tan escasos profanos logran entrada franca, y es, por +lo mismo, objeto codiciado por todos los vanidosos ilustres. Siempre la +gallina del vecino nos parece una pava, y bostezar en compañía de los +Montmorency y los Rohan no deja de tener cierto encanto, aun para los +que suelen unir sus bostezos a los de los Osunas y los Medinacelis. + +Solía quejarse el tío Frasquito con harta frecuencia de dolor de muelas, +y aprovechaba esta ocasión para desplegar toda la boca con gesto +doloroso, poniendo de manifiesto una magnífica dentadura, limpia, igual +y blanca, como las teclas de un piano que le había costado diez mil +francos en casa de Ernest, famoso dentista de Napoleón III. + +Lamentábase entonces de sufrir dolores tan acerbos con una dentadura +tan sana, y guardábase muy bien de añadir que radicaban estos en cierta +muela rezagada, única propia, existente allá en los confines de sus +encías, como una piedra miliaria en mitad de un desierto. + +La impresión del frío prodújole a la salida del Círculo una ligera +punzada en la muela fósil, y apretó el paso sobresaltado para llegar +pronto al hotel y tomar buchadas de elixir que le librasen de una noche +toledana. En mitad de la escalera miró a todas partes con grandes +precauciones, y no descubriendo alma viviente que sorprendiera su +secreto, sacóse prontamente la dentadura y envolvióla en el pañuelo: eso +le aliviaba mucho, y le desfiguraba tanto, que parecía entonces su +fisonomía una burlesca caricatura de sí misma. + +El tío Frasquito tenía su habitación en el piso cuarto, y al llegar al +segundo, notó con sobresalto que alguien le seguía por la escalera... +Apretó el paso azorado, y mirando por el rabillo del ojo, descubrió al +marqués de Sabadell que subía de dos en dos los escalones, para +alcanzarle sin duda. ¡Santo Dios, y qué apuro tan grande! + +Zambulló la cara hasta las cejas en el gran cuello de pieles, guardóse +prontamente en el bolsillo la dentadura y apretó a correr hasta llegar +sin resuello a la puerta del aposento. + +¡Perrrverrsa suerrte! + +Sabadell le seguía sin descanso, y deteníase al fin a la puerta del +cuarto vecino sin osar acercársele, pero mirándole de hito en hito, +extrañado, atento, receloso... + +--¡Se tragó la parrtida!--pensó el tío Frasquito--. Mañana sabe todo +Parrrís que no tengo dientes. + +Y afligido con esta idea, entróse atropelladamente en su cuarto, +encendió la luz y corrió a asegurar la puertecilla de comunicación por +la parte de dentro, temeroso de que el importuno vecino acechase sus +secretos. + +Este parecía, en efecto, abrigar intenciones perversas, porque el tío +Frasquito percibía claramente del otro lado del tabique ruidos extraños +que le desasosegaban, poniéndole nervioso; la puertecilla, sin embargo, +no tenía rendija alguna traidora que diera paso a una mirada, y esto lo +tranquilizó algún tanto. + +Tomó sus buchadas de elixir, desaparecióle por completo el dolor de +muelas y púsose a limpiar la dentadura, frotándola con un cepillo de +mango atornillado de plata, que producía al chocar contra el cristal o +el mármol del lavabo sonidos metálicos. + +Hecha esta operación, comenzó el tío Frasquito a desprenderse de sus +accesorios componentes para meterse en la cama; mas antes, en puntillas +y ya en mangas de camisa, hizo un tercer viaje de exploración a la +puertecilla sospechosa; el vecino parecía tranquilo y el tío Frasquito +emprendió el viaje de vuelta, dando largas y sigilosas zancadas, y +tarareando muy bajo, con pueril satisfacción, aquello de _Las Hijas de +Eva_: + + Tranquila está la venta, + No se oye ni un mosquito... + +Quitóse con grandes precauciones la perfumada peluca y calóse +prontamente un gorro de dormir de forma piramidal, terminado en una +borlita: un sencillo y majestuoso _casque à mèche_, de aquellos que +recomendaba Jerónimo Paturot a sus parroquianos por usarlos así monsieur +Víctor Hugo. Sabido es que el _bonnet de nuit_ es entre los franceses +una veneranda institución social que nivela todas las cabezas, como las +niveló en otro tiempo la cuchilla de la guillotina. Felipe Augusto y el +último de los albigentes aparecían tan iguales a la sombra del primero, +como Robespierre y Luis XVI aparecieron siglos después bajo el filo de +la segunda. + +Media hora larga tardó el tío Frasquito en desarmarse de todo, y cuando +envuelto en su largo camisón se dejó caer en la cama, Hubiérase dicho +que el tío Frasquito que se acostaba era la raíz cúbica del tío +Frasquito que, rellenado y compuesto, se exhibía por todas partes. + +A la luz de la palmatoria que sobre la mesilla de noche ardía púsose a +leer, según su costumbre, una novela del vizconde _d'Arlincourt_, para +conciliar el sueño. Gustábale el género romántico, y pasábansele a veces +las noches de claro en claro, cual si tuviese quince años, compadeciendo +los dolores de alguna Clarisa o participando de las ternezas de algún +Adolfo. La primera cabezada del sueño hízole dar con las narices en la +mesilla de noche, y el libro rodó por el suelo: inclinóse, sin embargo, +a recogerlo, porque el capítulo era interesante y quería terminarlo. + +A poco, un fuerte olor a trapo quemado llegó a sus narices, haciéndole +incorporarse con sobresalto, temiendo los riesgos de un incendio. Miró a +todas partes; nada se descubría por ningún lado que denunciase el voraz +elemento, y, sin embargo, el tufillo o trapo quemado seguía dándole en +las narices con progresiva persistencia. + +Asomó la cabeza fuera de las cortinas del lecho, miró bajo la almohada, +entre las mantas, en la fosforera de porcelana que sobre la mesilla +tenía... ¡Nada, nada! Quizá había caído alguna prenda de vestir en la +chimenea: algún calcetín, algún pañuelo... + +El tío Frasquito saltó fuera de la cama y corrió allí muy alarmado... +¡Tampoco!... El fuego ardía en la chimenea moderadamente, y la espesa +grille metálica que la cerraba no permitía el paso a ninguna brasa. + +--¡Cosa más singularr!... + +¿Sería quizá en el cuarto vecino, o en el corredor de entrada, o tal vez +en el bulevar, algún incendio formidable que hiciera penetrar a través +de las maderas sus inflamados miasmas? El tío Frasquito corrió primero a +la puerta de entrada, a la de comunicación luego, y a la ventana por +último, sin encontrar rastro alguno de incendio, con las narices +abiertas, olfateando siempre y percibiendo, mientras más se movía de una +parte a otra, el alarmante tufo más marcado. + +--Perrro, señorr, ¿qué se quema?... ¡Si esto parrrece cosa de +magia!--pensaba el tío Frasquito, en camisa, en mitad del aposento, con +los brazos cruzados, el cuello tendido, y dirigiendo a los cuatro +ángulos sus narices dilatadas y sus ojos muy abiertos. + +Parecióle entonces sentir un calorcillo alarmante en lo alto de la +cabeza, y miró al techo... ¡Nada tampoco!... Volvióse rápidamente, y un +grito de espanto se escapó de sus labios al verse frente a frente de un +espejo... En él se reflejaba su estrafalaria figura, cubierta por el +largo camisón y coronada por el gorro de dormir, en cuya punta brillaba +una rojiza llamita... ¡Cielo divino, allí estaba el incendio! + +El miedo no raciocina nunca, y el que sintió el tío Frasquito impidióle +comprender que la borlita del gorro se había inflamado en la palmatoria +al inclinarse para recoger en el suelo el malhadado libro... Perdió, +pues, del todo la cabeza el pobre viejo, lanzóse al timbre eléctrico, +corrió luego a la puerta pidiendo socorro, y aporreando después la de +Jacobo, gritó de nuevo: + +--_Au secours_!... _Au secours_!... + +Abrióse entonces violentamente la puertecilla y apareció en ella Jacobo, +revólver en mano... Imposible era reconocer al tío Frasquito en aquel +esperpento, y Jacobo no vino en la cuenta de quién era hasta que +tendiendo el fantasma hacia él los brazos abiertos, gritó angustiado: + +--¡Jacobo!... ¡Jacobo!... + +Este, sin comprender nada todavía, diole por primera providencia un gran +sopapo en la cabeza, y el gorro inflamado rodó por el suelo,--dejando al +descubierto una calavera monda y lironda, blanca y reluciente como un +melón invernizo. + +Fue todo aquello una grotesca escena de sainete, acaecida en un segundo, +y, sin embargo, aquella pequeña y ridícula trivialidad de la vida +decidió para siempre de la suerte de Jacobo... + +El criado de servicio en aquel departamento llamaba, atraído por el +timbre, a la puerta del cuarto; comprendió entonces el tío Frasquito lo +ridículo de la situación, y cada vez más angustiado, calóse prontamente +una gorra de pelo, envolvióse en un abrigo de pieles, púsose la +dentadura y refugióse en el aposento de Jacobo, diciéndole a este medio +lloroso y suplicante: + +--¡Contesta tú, Jacobito!... ¡Que no me vean!... + +Entonces, de repente, entre la espesa bruma de temores y perplejidades +que envolvía la mente de Jacobo como una cerrazón del océano, +paralizando su natural audacia, brotó un punto luminoso... El tío +Frasquito era rico, influyente, tenía entrada en todas partes, y aquella +ridícula aventura le ponía en su poder atado de pies y manos, dadas las +femeniles manías del presumido viejo. Las torcidas líneas de su plan +comenzaron al punto a enderezarse, y una idea germinó al fin en su +mente, vaga todavía e indecisa, pero visible ya, como el capullo del +gusano de seda a través de su sedosa borra. + +Despidió al criado, disculpando al tío Frasquito con una alarma +infundada, apagó el gorro, todavía inflamado, en la jofaina llena de +agua, abrió un poco la ventana para renovar el aire y volvió presuroso a +su cuarto, donde el tío Frasquito le aguardaba. + +Este, sosegado ya y tranquilo, hallábase arrellanado en la poltrona, al +calor del fuego; cuando entró Jacobo, examinaba atentamente, con aire de +aficionado, los tres sellos de lacre arrancados a los cartapacios por el +masón traidor y olvidados en su azoramiento encima de la mesa. + +Los papeles estaban a buen recaudo, encerrados bajo llave en la cómoda +del fondo. + +--¡Qué alboroto más necio!--exclamó el tío Frasquito al verle. + +Y queriendo atenuar lo ridículo de la escena, no dándole importancia +alguna, añadió en seguida: + +--¿Qué sellos son estos?... No los conozco... + +El tío Frasquito coleccionaba sellos diplomáticos, según ya dijimos, y +tenía un álbum de curiosos ejemplares que compraba a precios muy +subidos. Días antes había pagado doscientos francos por un sello antiguo +de cera de Yacoub Almanzor, que ostentaba en letras árabes esta hermosa +leyenda: «Que Dios juzgue a Yacoub, como Yacoub haya juzgado». + +--La corrrona esta es de Italia: corrrona rreal sobre la cruz de +Saboya--prosiguió el tío Frasquito--. Uno idéntico tengo de Víctor +Manuel, perrro estos otros no los conozco... + +Embarazado Jacobo al ver en manos del tío Frasquito aquella prueba +flagrante de su atentado, no contestaba, y el viejo, volviendo y +revolviendo en todas direcciones los dos sellos verdes, preguntaba sin +cesar: + +--¿De quién son?... ¿Te sirven? + +Jacobo, más y más embarazado, contestó por decir algo: + +--¿A que no lo aciertas?... + +--¡Toma!--exclamó de repente el tío Frasquito--. ¡Ya lo creo! El compás +y la escuadra y la rramita de acacia en medio... ¡Torrrpe de mí! ¡Si +esto huele a logia que trasciende!... + +Jacobo se echó a reír forzadamente, y el tío Frasquito, con el ardor de +un amateur que tropieza con una ganga, añadió entusiasmado: + +--Pues me los vas a darr, Jacobito... De estos no tengo ninguno, y son +curriosísimos... Supongo que no te servirán; a lo menos, uno me llevo... + +¡Cosa extraña y, sin embargo, harto común en caracteres como el de +Jacobo! Cuatro horas llevaba este batallando consigo mismo sin osar +decidirse, y de repente, en un momento, con cuatro palabras tan sólo, +quemó sus naves y decidió su suerte. + +--Llévate los tres, si quieres--dijo encogiéndose de hombros. + +_Alea jacta est_!... Una vez entregados los sellos, imposible era +colocarlos en su lugar y devolver los papeles, conservando copia de +ellos, como había sido su primera idea, y hacíase preciso correr los +riesgos de aquel audaz atentado, sin que hubiese ya lugar al +arrepentimiento. Aquel punto luminoso le deslumbraba sin duda, o el +capullo de su idea iba poco a poco aclarando la borra nebulosa en que +antes aparecía envuelto. + +El tío Frasquito no se hizo repetir la invitación: envolvió los sellos +con gran cuidado en el papel en que se hallaban puestos y guardóselos +prontamente en el bolsillo, como si temiese que Jacobo revocase la +dádiva. Este le miraba hacer con una extraña sonrisa, y cuando el +terrible papelito desapareció en el bolsillo del viejo, murmuró en +lengua turca: + +--_¡Olsum!_[11]... + +[Nota 11: Amén.] + +Y levantándose de pronto, propuso al tío Frasquito pedir un _bowl_ de +_punch_ bien caliente. Excusóse este, dando por pretexto lo avanzado de +la hora; mas Jacobo, con frases cariñosas y expresivas y cierto aire +melancólico que sentaba muy bien a su varonil hermosura, le instó a que +se quedase. ¿Iba a negarle aquel rato de expansión?... ¡Estaba tan +triste, tan abatido, tan solo en el mundo! + +Miróle el tío Frasquito extrañado, y la curiosidad, que es la fuerza de +resistencia más sufrida que se conoce, le clavó en el asiento... Quizá +iba a despejar la X misteriosa que se debatía aquella misma tarde en la +terraza del _Grand Hôtel_, la incógnita que representaba la presencia +intempestiva de Jacobo en París, abandonando su Embajada de +Constantinopla. El tío Frasquito recordaba haber aprendido en el Colegio +Imperial, allá cincuenta años antes, aquello de Horacio: «_Fecundi +calices quem non fecere disertum_?». Y el ponche fue aceptado con +disimulado entusiasmo. + +Horacio no se equivocó, en efecto: Jacobo comenzó inter pocula sus +confidencias, hablando lentamente, muy bajo, a retazos, como un hombre +agobiado de pena que destila gota a gota por los labios la amargura que +inunda su alma... Abrumábale el peso de un remordimiento, de una +espantosa catástrofe de que había sido él causa involuntaria, +obligándole a huir de Constantinopla con el corazón hecho pedazos y la +conciencia salpicada de sangre... + +El tío Frasquito pegó un brinco en el asiento, abriendo los ojos +tamaños, y Jacobo inclinó la cabeza entre las manos, mirando atentamente +su copa vacía y guardando silencio. + +--¡Hombrre, hombrre... eso es serio!--murmuró el viejo asustado; y como +viese que el otro prolongaba su silencio, tiróle de la lengua, diciendo: + +--Serría cuestión de faldas, sin duda... + +--O de pantalones, que para el caso viene a ser, en Turquía, lo +mismo--replicó Jacobo. + +Y de repente, de un tirón, con el violento esfuerzo de un hombre que +arroja lejos de sí un peso que le abruma, refirió con todos sus detalles +la terrible historia de la cadina Sarahí... El tío Frasquito escuchaba +con la boca abierta, encogiéndose, encogiéndose en la poltrona, +convencido de su pequeñez, a medida que lo novelesco y lo terrible +agigantaban en su imaginación la figura del héroe de aquella aventura +legendaria, de que era el primer confidente y esperaba ser futuro +cronista... Y a la idea de ser el primero en lanzar a los cuatro vientos +de la publicidad la trágica aventura, el tío Frasquito se alargaba, se +alargaba en la poltrona, hasta hombrearse con el héroe como la sombra se +hombrea con el cuerpo y el eco con la música, y Homero con Aquiles, y el +inmortal Virgilio con el divino Eneas. ¡Y pensar que era ya demasiado +tarde para correr de casa en casa aquella misma noche dando la +noticia!... + +Jacobo leía en la cara de babieca del tío Frasquito lo que allá para sus +adentros iba pensando, y no pudo contener una sonrisa de triunfo al ver +conseguido su primer intento. Al día siguiente, la historia de la cadina +correría por París entero, justificando gloriosamente su fuga de +Constantinopla, y rodeándole a él de la aureola de lo novelesco, de lo +absurdo, de lo imposible; pedestal el más alto sobre que suele colocar +sus ídolos de un día el público de papanatas ilustres, que anda a caza +de novedades y cuentos. + +Harto conocía Jacobo aquel público, y necesitaba y le bastaba un solo +día para sentar seguramente el pie en el nuevo terreno a que sus planes +le llevaban. Quiso, sin embargo, remachar el clavo, y levantándose sin +decir palabra, fuese a la maletilla abierta sobre la cómoda, revolvió un +poco y arrojó después sobre el velador, delante del tío Frasquito, un +pequeño objeto, diciendo: + +--¡Único recuerdo de mi idilio de Oriente!... + +Era una babucha, pero una babucha inverosímil por su tamaño, de raso +blanco, con puntera de filigrana de oro y lazos de pluma de cisne +sujetos con esmeraldas: una preciosidad artística, cortada sin duda +alguna a la medida del pie de un hada, y hecha, más bien que para +encerrar un pie humano, para guardar joyas y dijes sobre el tocador de +una dama. + +El tío Frasquito se quedó pasmado, viéndose otra vez chiquitito, +chiquitito como el _little man_ Carlos Statton, que podía bañarse en +aquella ponchera, y figurándose a Jacobo alto, alto como el Napoleón de +la columna de Vendôme, que mira a los hombres por la coronilla... + +Un deseo irresistible, tentador, nació entonces en su alma y se detuvo +en sus labios tímido y respetuoso. Hubiera dado su más preciada joya, su +dentadura misma de Ernest, por tener tan sólo veinticuatro horas aquella +presea de la cadina y pasearla por todos los salones y enseñarla a todos +los curiosos, desempeñando así un _bout de rôle_ en aquella novelesca +tragedia que había de ser al día siguiente tema obligado de todas las +conversaciones. París entero correría a postrarse ante aquel exótico +zapato y él sería entonces el sumo sacerdote que mostrase la reliquia a +la turba de noveleros. + +Y como si Jacobo leyese en su frente aquel deseo, y desde las alturas de +la columna de honor en que el viejo le colocaba se dignase realizarlo, +le dijo de pronto: + +--Tío Frasquito..., hazme un favor... + +--¿Qué?... + +--Guárdate eso... + +--¡Perrro, hombre!... + +--¡Sí, sí!... Llévatelo y que no lo vea más... Para mí es un recuerdo +triste, y para ti es un _bibelot_ curioso, que puedes colocar encima de +tu mesa... + +--Perrro, Jacobito, hijo..., no sé si debo... + +--Sí debes, hombre, sí debes... Ahí llevas la zapatilla de Ceneréntola; +el día en que encuentres una mujer que pueda calzársela, ese día me la +devuelves. + +--Pues entonces es mía parra siemprre--replicó el tío Frasquito +encantado--. No creo que fuerrra de Turquía se calcen las mujeres con +hojas de lirrrio. + +Despidióse al fin el tío Frasquito de Jacobo con las mayores muestras de +cariño, y no bien se vio a solas en su cuarto, comenzó a examinar la +babucha por todos lados, acabando por meter dentro las narices... +Retirólas, sin embargo, al punto, haciendo un gesto de disgusto: no +encontraba allí aquel suave perfume de Smirna, mezcla de áloe y de +incienso, que se figuraba él había de dejar dondequiera que se posase el +pie de una odalisca: lejos de eso, olía mal, muy mal--y el tío Frasquito +fruncía la boca y arrugaba las narices--; olía a una cosa rara, así como +mezcla de cuero sin adobar y engrudo medio podrido. + +Miró entonces a la suela, y estaba esta limpia, flamante, como si jamás +se hubiera puesto en contacto con el suelo, ni sufrido la presión de la +más ligera golondrina... ¡Hum!... ¿Si resultaría después de todo que el +tal Jacobito era un grandísimo embustero, que le había encajado una +sarta de mentiras?... + +Y pensando en esto, el tío Frasquito quedóse largo rato inmóvil, mirando +atentamente la suela del zapato, como si interrogase a la Esfinge... +Encogióse al fin de hombros: después de todo, aunque la reliquia +resultase apócrifa y tuviera que ver con la cadina lo que sus calzones +de él con los del gran Turco, nada se perdía en ello... _Se non è vero, +è bene trovato._ ¡Mayores _pamphlets_ había visto él correr por el +mundo!... + +De pronto se acordó de una cosa importantísima, y corrió a dar discretos +golpecitos en la puerta de Jacobo; este, con su truhanesca sonrisa +estereotipada sobre los labios, ocupábase en aquel momento en esconder +en el último rincón de la maleta la babucha compañera de la regalada al +tío Frasquito. La historia de la cadina era cierta, mas la babucha +habíala comprado él en el Gran Bazar, por mero capricho, a uno de esos +viejos turcos de rostro impasible, ojos de vidrio, enorme turbante y +caftán naranjado, que recuerdan todavía en la Constantinopla moderna los +tiempos de Bayaceto y Solimán el magnífico. El tío Frasquito asomó +tímidamente la cabeza, diciendo: + +--Jacobo, Jacobito..., dispensa... Me parrrece lo mejor que no digas +nada de aquello... + +--¿Y qué es aquello? + +--Pues hombre, aquello... Lo del gorrro, lo del incendio. + +--¡Ah, ya!, ni siquiera me acordaba. + +--¡Pues clarrro está! Es una tonterrría... Perrro ya tú ves; ¡la gente +es tan necia!... Se rríe de todo y lo pone a uno en rridículo... + +--Descuida, hombre, descuida... ¿A quién voy yo a contar semejantes +sandeces? + +--Pues, buenas noches, Jacobito... Dispensa... Si ocurre algo, pega en +el tabique... Yo tengo el sueño de un pájarrro; en eso parrrezco un +viejo... + +El tío Frasquito acostóse al fin muy satisfecho, pensando en mañana, y +al apagar la luz, esta vez con grandes precauciones, tuvo un escalofrío +de espanto... Parecióle que se arremolinaban las tinieblas en medio del +aposento y surgía de ellas mismas el eunuco estrangulado, con el dogal +al cuello, los ojos fuera de las órbitas, el paso lento, la mano +extendida, fría, yerta, que se alargaba, se alargaba hacia él... y le +tiraba de las narices. + +El tío Frasquito se tapó la cabeza con la sábana, apretó mucho los ojos +y por tres veces se santiguó muy de prisa. + + + + +--V-- + + +El certamen de belleza femenina, celebrado primero en Spa y luego en +Budapest, despertó en la condesa de Albornoz la felicísima idea de hacer +circular por toda Europa artística y civilizada la suya propia. +Verdaderamente, era para ella una desgracia llamarse Albornoz, porque de +ser su nombre menos ilustre, hubiera corrido a la capital del antiguo +reino de los Esteban y Vladimiros a disputar el premio de la hermosura a +Cornelia Szekely, la húngara laureada. + +No pudiendo, pues, ganarlo en persona, ideó ganarlo en efigie, +discurriendo para ello hacerse retratar por Bonnat y enviar la obra +maestra de exposición en exposición, para que, apoderándose de ella el +buril y la fotografía, no quedara rincón del mundo en que se ignorase +que la condesa de Albornoz tenía los ojos, según la frase de Diógenes, +pasados por agua. Así y todo, creíalos ella, allá en las morbosas +excitaciones de su amor propio, capaces de realizar el sueño de +Alejandro y de Napoleón: someter el universo. + +Esta idea trascendental deteníala en París desde el mes de noviembre, y +tres veces por semana dignábase _poser_, para bien de la humanidad, en +el estudio del gran artista. El retrato debía de estar concluido para la +próxima exposición de Viena, y costábale el caprichito la friolera de +cuarenta mil francos. Carillo era, sin duda, ¿pero para qué, si no, le +había dado Dios el dinero? + +Aquella mañana había enviado Currita un recado a Bonnat para que no la +aguardase, a causa de tener que acompañar a su majestad la reina a la +capilla expiatoria del bulevar Haussman. Las once habían dado ya en el +reloj del _Grand Hôtel_, y Kate, la doncella inglesa, prendía con dos +largas agujas de oro en la cabeza de Currita la riquísima mantilla +española de encajes con que se proponía la dama quitar la devoción a los +pocos que la tuviesen, en las honras fúnebres del infortunado Luis XVI. + +La duquesa de Bara habíale ya avisado con su doncella que le estaba +aguardando, para ir juntas al palacio Basilewsky, y Currita, nerviosa e +impaciente, preguntaba sin cesar a Kate si el señor marqués no había +vuelto. + +--No, señora--respondió la doncella. + +--Pero ¿a qué hora salió?... ¿Cómo ha madrugado tanto? + +--Si no ha salido... + +--¿Pues cómo es eso? + +--Porque desde anoche no ha vuelto. + +--¡Ya!--exclamó Currita. + +Y mirándose en el espejo, se arregló con sumo cuidado un rojo ricito que +con gran prudencia encubría sobre su frente una manchita de pecas. + +La duquesa de Bara, cansada de aguardar, llegó en busca de la perezosa. + +--¿Pero, Curra, qué haces?... ¡Mira que la reina estará aguardando!... + +--¡Vamos, vamos, Beatriz!... Parece que no conoces a la señora: las doce +nos darán sin salir de la cámara. + +Y observando que completaba también la _toilette_ de luto de la duquesa +una mantilla española, exclamó muy alborozada: + +--¡Mujer, hemos tenido la misma idea!... ¡Qué delicia!... Les _grands +esprits se rencontrent_... + +--Para representar a España, no se podía ir de otra manera... Lo que +siento es no haber pensado en el abanico... + +--Pues por lo mismo compré yo ayer uno... Míralo, no es feo... ¿Quieres +otro igual? Kate te lo traerá en un momento: lo compré en la _Compagnie +Lyormaise_, ahí, a la vuelta de la esquina. + +La duquesa, ante la perspectiva de un abanico gratis, sintió aminorarse +su prisa. Era un abanico muy bonito, de nácar quemado, muy oscuro, con +país de seda negra. Kate lo pagaría en la tienda, y ella se olvidaría, +de seguro, de pagarlo a Kate; porque en estas cosas de pagar era la +duquesa mujer muy distraída... Al salir Kate, avisó que el señor marqués +había vuelto. + +--Dispensa un momento, Beatriz--exclamó vivamente Currita--. Voy a decir +adiós a Fernandito. + +La duquesa hizo un gesto de complacencia íntima ante la ternura conyugal +de su amiga. + +--¡Qué par de tórtolos!--dijo--. Te aseguro que me das envidia. + +Y Currita, con patética entonación, contestó desde la puerta: + +--Verdaderamente que es un don del cielo no haber tenido en catorce años +de matrimonio un solo disgusto. + +Fernandito acababa de llegar, y a la verdad que no eran sus trazas de +haber estado rezando el rosario. Traía en pie el cuello del gabán, ajada +la camisa, un apabullo en el sombrero, rojos e hinchados los ojos, y +trascendíale el aliento a vino trasnochado. Quedóse muy sorprendido y +turbado a la vista de Currita, y con la forzada sonrisa del escolar que +encubre una picardihuela con una mentira, le dijo: + +--He estado a ver a los antropófagos... En el Jardín de las Plantas. + +Ella, con tiernísima solicitud, exclamó muy alarmada: + +--¡Jesús, Fernandito, me dan miedo esas cosas!... ¿Están sueltos?... +¿Muerden?... + +--¡Ca, no!... Si son unos negros cualquiera... ¡Más feos!... + +Y se abrochaba con disimulo el gabán, para ocultar a Currita que llegaba +su consideración a los antropófagos hasta el punto de visitarlos a las +diez de la mañana, de frac y corbata blanca. Ella, con su sencillez +columbina, no reparaba en esto, y se apresuró a preguntar con ingenuidad +adorable: + +--¿Hiciste mi encargo? + +--¿Qué encargo?... + +--¡Pues me gusta!... ¿No te dije que fueses a ver a Jacobo Téllez?... + +--¿A Jacobo Téllez?... ¿Y quién es Jacobo Téllez? + +--Pues, hombre, Jacobo Sabadell, el marido de mi prima Elvira. + +--¡Ah, ya!... Si yo creía que se llamaba Benito... + +En los claros ojos de Currita brilló un relámpago de ira, y a poco más +pierde su mansedumbre. + +--Y aunque se llamara Policarpo--exclamó--. ¿Es razón esa para no hacer +lo que te digo?... + +--Pues nada, hija, se me olvidó. ¿Qué hemos de hacerle? + +--¡Ir ahora mismo! ¿Te enteras?... Y convidarlo a almorzar... Mira que a +mi vuelta he de encontrarlo aquí contigo. + +--Bien, hija, descuida, así se hará... ¿Dices que se llama Benito? + +--¡Dale con Benito!... Se llama Jacobo, y es un muchacho +distinguidísimo, a quien quiero que consideres como mi primo que es. + +Currita disertó un momento sobre el amor de la familia y el imperioso +deber que tiene todo ciudadano de estrechar estos lazos venerandos, y +dejando ya convencido a Fernandito, marchó a reunirse con la duquesa. + +Al subir al carruaje ambas damas, apareció el tío Frasquito presuroso, +muy lozano, pulcro y resplandeciente, haciéndolas señas de que le +aguardasen. Subió con ellas al coche, sacó del bolsillo una curiosa +cajita de cartón y púsola sobre sus rodillas. Las damas le miraban +atónitas y él sonreía picaresco; levantó al fin la tapa con mucho +misterio, y entre perfumados papeles de seda apareció la babucha. + +Mientras tanto, Jacobo, sin salir de su aposento del Gran Hôtel, daba +vueltas a su proyecto. La claridad de juicio va en razón directa de la +conveniente distancia a que se contemplan los hechos, y al despertar +aquel día, libre ya de las perplejidades y angustias que atormentaban su +ánimo, pudo apreciar su situación con exactitud verdadera. + +Las líneas de su plan aparecieron entonces claras y firmes en todos sus +contornos, a la manera que después de una inundación y cuando las aguas +se retiran, aparece distintamente la altura de los collados y lo extenso +de los llanos y lo profundo de los valles. Encontróse entonces Jacobo +con que sus collados eran montañas, y sus llanos desiertos, y sus valles +abismos... + +Y lo peor del caso estaba en que el primer abismo que se abría a sus +pies y le era forzoso salvar, habíalo abierto él con sus propias manos +la noche antes, por jugarlo todo impremeditadamente a una sola carta, +olvidando que era su juego de cartas dobles y complicadas. Porque la +babucha comprada en el Gran Bazar y la necedad del tío Frasquito iban a +colocarle aquel mismo día en lo alto de la columna del escándalo, en la +gloriosa picota de la moda, que asentaba esta vez sus cimientos sobre +los cadáveres de dos seres degradados, muerto el uno con un dogal, +cosida la otra a puñaladas y arrojada en su saco de cuero, sin expirar +todavía, viva y palpitante, en lo profundo del mar de Mármara. + +Mas desde aquella columna, donde se podían dictar leyes al mundo del +fausto y del escándalo, sólo se lograba inspirar desprecio y repugnancia +invencible a ese otro mundo, no más pequeño, pero sí más desconocido, de +la honradez y la virtud, y justamente en aquel mundo callado y oculto +era donde se escondía la persona que a toda costa necesitaba él en +aquellas circunstancias... ¿Y quién ponía ya diques al viento? ¿Quién +sujetaba al tío Frasquito, que babucha en mano recorría ya las calles de +París en busca de un pedacito de celebridad, de un solo rayito de la +aureola del héroe?... + +Preciso era tirar por otro camino, y la casualidad trajo a Jacobo quién +había de indicárselo. Era este Diógenes, que acudía muy de mañana, +atraído por el dinero que se le figuraba traer el plenipotenciario, como +los buitres acuden al olor de la carne muerta. + +Diógenes no era como Sabadell, que jamás se apeaba de su papel de gran +señor, y lo mismo gastaba en boato y en caprichos en tiempo de las vacas +gordas que en tiempo de las flacas, con la sola diferencia de pagar en +los de aquellas y no pagar en los de estas. Diógenes, por el contrario, +vivía en una modesta _maison meublée_, y sentábase de diario a la +primera mesa que hallaba puesta, sin esperar a que le invitasen, por +cierta especie de derecho de cuchara que garantía su poquísima +vergüenza, por una tradición constante que la inveterada costumbre había +convertido en ley escrita en las pandectas de la capigorronería +madrileña. Cuando tenía dinero lo derrochaba espléndidamente, y cuando +no lo tenía, pedíalo prestado, con la intención jamás retractada de no +pagarlo nunca, según su axioma favorito: Cobra y no pagues, que somos +mortales. + +Aquella mañana habíase propuesto almorzar con Jacobo y llevárselo +después al _Petit-Club_ a tirar de la oreja a Jorge, con ánimo +deliberado de darle por el camino algún _sablazo_ bien dispuesto. + +Su sorpresa fue, pues, grande cuando Jacobo, con la austeridad de un san +Pablo primer ermitaño y la fortaleza de un san Antonio en el desierto, +se negó rotundamente a salir del hotel, diciendo que había jurado no +pisar el impuro suelo de París, que jamás tomaría en la mano una carta y +que no pareciéndole ya conveniente marchar a Madrid a causa del cambio +político, había decidido salir a la mañana siguiente para Biarritz, +donde pensaba intentar una reconciliación con--¡polaina!--¡con su +mujer!... + +Escuchábale Diógenes en silencio, mirándole de hito en hito, clavados en +sus ojos los suyos, abotagados por la borrachera continua. Cuando acabó +de hablar, díjole muy serio: + +--¡Vamos!... Tú dices lo del gitano del cuento: ¡Señó! Toos píen el pan +de cada día... Yo sólo pío que me pongan donde lo haiga, que ya yo me +arreglaré... + +--No te entiendo... + +--Pues vaya más claro... Tú dices: mi mujer ha ganado su pleito con la +Monterrubio y tiene una porción de miles de renta... Yo tengo el hambre +del hijo pródigo; pues me voy allá y me como el ternero... + +Alborotóse Jacobo al oír tan fielmente expresado parte al menos de su +pensamiento, y con aire de dignidad ofendida, exclamó: + +--Te aseguro... + +--¡Vamos, Jacobito!... ¡Si conoceré yo a los cojos en el modo de +andar!... + +--Te digo... + +--¡Si sabré yo el lino que cardo, Jacobito!... + +--Creo lo que quieras, pero yo... + +--¿Si querrán los pollos engañar a los recoveros?, pichón dorado... Mira +niño: ni tú tienes vergüenza, ni yo tampoco; pero para ser pillo, lo +primero que se necesita es talento, y cuando tú vas, ya estoy yo de +vuelta. ¿Estamos?... + +La dignidad sublevada de Jacobo pareció sosegarse mucho, y después de un +momento de silencio, preguntó: + +--Según eso, ¿te parece mi plan un disparate?... + +--¿Un disparate? Para ti, un negocio redondo; para ella, un robo a mano +armada. + +--¿Y crees que Elvira...? + +--¿Se dejará robar?... ¡Pues ya lo creo!... Lo que es por ella, en +cuanto le guiñes el ojo... Si te quiere, hombre; te quiere lo mismo que +el primer día en que la engañaste. ¡Mentira parece!... + +--Pues entonces... + +--Entonces, queda el rabo por desollar. + +--¿Y de quién es ese rabo?... + +--Amigo mío... del padre Cifuentes. + +--¡Ya!... Ya me lo habían dicho. + +--Pues no te engañaron. + +Quedóse Jacobo un momento pensativo, y rascándose después levemente la +cabeza, añadió con su truhanesca sonrisa: + +--Entonces... será preciso confesarse con el padre Cifuentes. + +Diógenes se puso muy serio. + +--Mira, Jacobo--le dijo--. ¿Me ves tú a mí?... Soy un truhán, un +borracho, un perdis, que todo lo que no sea matar, todo lo he hecho... +Pues para que veas: las cosas de Dios yo las respeto... Las respeto, +porque lo mamé. ¡Polaina! Lo mamé con la leche... No soy bueno porque no +quiero jorobarme siéndolo; pero al que se joroba y lo es, yo le venero; +que no porque merezca yo un presidio dejo de conocer que hay quien +merece la gloria; y no porque me revuelque en un lodazal dejo de ver que +hay estrellas en el cielo... + +Jacobo escuchaba estupefacto la extraña salida de Diógenes, que +pronunciaba su arenga babeando la ancha bocaza, dando golpes, ora en su +propio pecho, ora en la mesa. + +--¿Y a qué viene todo eso?--preguntó al fin Jacobo. + +--¿A qué?... A que dejes tranquila a tu mujer, porque sólo con pensar en +ella la manchas. + +--¡Pues me hace gracia!... ¡Valiente paladín le ha salido a la +Elvirita!... ¿Y dónde han hecho ustedes su compadrazgo? Supongo que no +será en el confesonario del padre Cifuentes. + +--No, por cierto... La veo y la he sabido apreciar en casa de María +Villasis, que es su amiga íntima. + +--¿Conque amiga íntima de tu íntima amiga la Villasis?... ¡Ahora lo +entiendo!... ¿Y qué hace esa perfecta viuda, como la llamaba la de Bara +en otro tiempo?... Supongo que te habrá sucedido con ella lo que sucede +con los perros chinos, que de puro feos hacen gracia... ¿Y mi mujer, +será, sin duda, vuestra confidente?... + +--¡Alto ahí, canalla, o te rompo el morro!--exclamó Diógenes poniendo su +formidable puño en las narices mismas de Jacobo--. ¿Qué es lo que buscas +tú? ¿Dinero?... Pues ahí tienes a la de Albornoz; una... pelona como tú, +que te dará lo que quieras... ¿Qué más te da, llamarte Jacobo que +monsieur Alphonse?... + +¡Oh!... Jacobo se incomodó esta vez de veras, porque jamás le habían +refregado por la cara una verdad tan áspera. Contúvose, sin embargo, +porque sabía cuán terribles eran las embestidas de Diógenes, y con +forzada sonrisa contestó: + +--Mira, Diógenes, la borrachera de ayer te dura todavía... ¿En qué +cabeza cabe sino en la tuya, de bala rasa, que fuera yo a venderme a mi +mujer por un puñado de duros?... + +--Amigo, cuando no dan más en la puja, hay que decir lo del otro gitano +del cuento... Se confesó de haber robado tres pesetas, y el cura le +dijo: «¿No te da vergüenza, infeliz, de condenarte por tres miserables +pesetas?...» «¿Y qué quería usted que _jiciese_, si no había más?...» + +Aquí interrumpió la disputa el marqués de Villamelón, que entraba +restaurado ya por completo de sus desperfectos de la mañana. Al verle +Diógenes, cogió prontamente un periódico y púsose a leer junto a la +chimenea, en el lado opuesto. + +El marqués fuese derecho a Jacobo, que ceremoniosamente se levantaba +para recibirle, y apretándole ambas manos, díjole con grande afecto: + +--Adiós, Benito, ¿cómo te va?... Tú siempre tan famoso... + +Y con protectora afabilidad diole dos cariñosas palmaditas en el hombro +izquierdo. + +--Dispensa que no viniera a verte ayer, Benito--prosiguió Villamelón, +sentándose--. Pero en este París, ¿me entiendes?, no hay tiempo para +nada... Curra te espera a almorzar. ¿Lo sabes?... A las dos: un poco +tarde quizá; pero hoy está de servicio con la reina. ¿Me entiendes? + +Ofendióse la altivez de Jacobo con los aires protectores del héroe del +combate _navo-terrestre_ de Cabo Negro, y quiso declinar fríamente la +honra del convite; mas Villamelón le atajó la palabra, diciendo: + +--¡Nada, nada, nada! ¿Me entiendes?... No admito excusas, Benito; y +Curra se ofendería de muerte. ¿Sabes?... Tiene debilidad por la familia, +y lo que es por ti, delira. Siempre está con Benito arriba, Benito +abajo... + +Diógenes gritó desde su asiento: + +--Pero, Villamelón..., quiero decir, ¡majadero!... ¡Si no se llama +Benito!... + +--¡Ay! Es verdad, que era... ¿Cómo era?... + +--Jacobo. + +--¡Eso es, Jacobo!... Pues dispensa, Jacobo; pero tengo una memoria +infelicísima, y lo peor es que cada día se me va debilitando... + +Quejábase con harta razón Fernandito de su falta de memoria, síntoma +fatal a veces de los reblandecimientos cerebrales. Mas Diógenes, que no +perdonaba ocasión de descargar su terrible mandoble, púsose a recitar +como si leyera en el periódico: + + Hablando de cierta historia, + A un necio se preguntó: + --¿Te acuerdas tú?--Y respondió: + --Esperen que haga memoria. + Mi Inés, viendo su idiotismo, + Dijo risueña al momento: + --Haz también entendimiento, + Que te costará lo mismo. + +Jacobo y Villamelón se miraron entre sí, miraron después a Diógenes, y +tornado a mirarse ambos, echáronse a reír, diciendo al cabo Fernandito: + +--¡Qué cosas tiene!... No hay más remedio que dejarlo o matarlo. ¿Sabes, +Benito?... + + + + +--VI-- + + +El tío Frasquito no podía ya con las piernas, y esforzábase en vano por +discurrir algo parecido a la hazaña de Churruca en Trafalgar, cuando +privado también de una de las suyas por una bala de cañón, siguió +mandando el combate desde el puente del navío metido en un tonel de +afrecho. + +¡Oh!... ¡Si aquello le hubiese sucedido a él veinte años antes, cuando +en un solo día hizo sesenta y nueve visitas para anunciar el primero +aquel famoso casamiento que alistaba en el número de sus sobrinos a +Luisito Bonaparte, el conde consorte de Teba! + +Y lo peor del caso era que cuando, a las cuatro de la tarde, volvió al +Gran Hôtel rendido y desalentado por no haber podido enseñar más que a +las dos terceras partes de la colonia española la babucha apócrifa de la +cadina, encontróse con que la trágica historia tenía una segunda parte, +interesantísima también, pero pía, devota, sentimental, romántica, en +que cabía a su persona no sólo el papel del cronista, sino el de agente +poderoso, de intercesor eficacísimo, de _ama de llaves de la +Providencia_, que hubiera dicho Diógenes, en el bello final de aquel +drama que comenzaba su acción en las barbas del Sultán e iba a +terminarse bajo el manteo del padre Cifuentes. Acordóse el tío Frasquito +de Matilde y Malek-Adhel, y se sintió enternecido; la emoción le produjo +un golpe de tos violentísimo, que fue necesario calmar con tres +caramelos de malvavisco. + +Porque Jacobo había acudido a él de nuevo en demanda de auxilio y +abiértole su corazón hasta lo más recóndito. Era singular lo que por él +pasaba, y en vano había intentado explicárselo. La noche antes daba +vueltas en el lecho, inquieto y desvelado, viendo desfilar en su +memoria los treinta y tres años de su vida cargados de placeres, de +aventuras, azares sin mañana, flores sin raíces, gozos sin recuerdo, +locuras sin felicidad que le causaban entonces en el ánimo la impresión +de repugnancia que causa al estómago ahíto e indigestado el recuerdo de +manjares sustanciosos. + +El tío Frasquito le escuchaba atento y boquiabierto, creyendo ver +apuntar en el corazón apasionado de Malek-Adhel aquellos alborotos +misteriosos que trocaron los de Rancés y Mañara... Mas de repente, +dejando Jacobo el tono sentimental de su perorata, preguntóle en prosa +llana dónde andaba a la sazón su mujer Elvira. + +El tío Frasquito hizo una mueca de disgusto, como si viera trocar a +Malek-Adhel el blanco turbante por el sombrero de copa alta, o le +hicieran saltar de una página de Madame Cottin a otra de la _Guía de +forasteros_. + +--¿Elvirrra?--contestó--. Pues no sé, perrro debe de estar en +Biarrriz... Ayerrr dijo la López Morrreno que la había visto. + +Quedóse Jacobo mudo y pensativo por un momento, y el tío Frasquito, +reventando de curiosidad, se apresuró a añadir muy atento y oficioso: + +--Perrro si quierrres noticias cierrtas, yo conozco a una persona que +puede dármelas. + +--¿Quién?... + +--El padre Cifuentes. + +--¡Hombre!... ¿Conoces tú al padre Cifuentes?... + +--¡Ya lo crreo! Si es mi sobrino: hermano de madrrre de la Vegallana... +Es hijo de Tonino Cifuentes, que fue subsecretario de Estado en tiempo +de Iztúrrriz, y entró en la Compañía, cuando... + +--¿Pero está también en Biarritz? + +--No: está aquí en Parrrís; en la rrue de Sévres... Desde el 68 no ha +estado en España sino de paso. + +Y con cierto delicado recelo, añadió tímidamente: + +--¿Quierrres que lo vea?... + +--No... Quiero verlo yo mismo. + +El tío Frasquito brincó otra vez emocionado, viendo ya a Malek-Adhel +fundando, como Rancés, una Trapa, o un hospital como don Miguel de +Mañara... ¡Todo, todo iba saliendo lo mismo, igual, idéntico que en la +_Favorita_!... Fernando, _la bella del Re_, fray Baltasar... Faltaba tan +sólo el convento, y ansioso él de poner la primera piedra, se apresuró a +decir: + +--Pues te llevarrré cuando quierrras. + +--Mañana mismo. + +--Conformes. + +Cauto, sin embargo, el tío Frasquito, y deseando prevenir en el ánimo +del novicio las deficiencias que pudiera tener en su papel de fray +Baltasar el padre Cifuentes, apresuróse a decirle que era este un +cuitadito, un infeliz sin pizca alguna de mundo, que hablaba _oportune +et importune_ del infierno, pintando unos diablos feotes y groseros que +en nada se parecían a los diablillos correctos, perfumados, elegantes, +que se figuraba el tío Frasquito de frac y corbata blanca, pelo rizado, +gardenia en el ojal, monóculo en el ojo izquierdo y un lazo de color de +fuego en la punta del rabo. + +--Porrque mirrra, la verrrdad--prosiguió con aire de íntima confianza--. +Yo soy muy católico, muy creyente, perrro lo que es el clerrro, deja +mucho que desearr en todas parrtes... No se encuentra un sacerrdote que +nos conozca bien, que sepa amoldarrse a nuestro modo de serr, al modo de +sentirr de las gentes de nuestrrro círrculo... El mismo padre Cifuentes, +el otro día, en el entierrro del general Tercena, me dio la tarrde, +hijo, me dio la tarrde... empeñado en convencerrme de que yo me había de +morrrirr también, y que era menester preparrrarrse y pensarr en lo +eterrno... En fin, hijo, me angustió, ¡me angustió de verrras!... Y +cuando lo de Pepita Abando, ¿tú no sabes?... Estuvo atrroz, atrroz, +crruelísimo... Una muchacha tan buena, tan elegante, tan carrritativa, +que nunca tuvo más pasión que Pablo Verrra, y todo Madrid lo sabía y lo +sancionaba, y hasta su mismo marrrido se hacia cargo... Pues nada, hijo, +el padrre Cifuentes no se lo hizo: se puso malo Pablitos, y Pepita, +¡clarrro está! atrropelló porr todo, y se instaló a su cabecerrra. +Avisarrron al padre Cifuentes, y este contestó que no podía entrarr en +aquella casa sin que Pepita salierrra prrimerro... ¡Figúrrrate tú qué +exigencia!... Ella se negó, porr supuesto, y Pablitos también, y porr +más vueltas que dierrron parrra convencerr al santo varrrón de que errra +una crueldad separrrarlos, y que todo el mundo le crriticarrría a ella +abandonarrlo en la última horrra, nada, nada, nada... Têtu, como un +arrragonés: se metió las manos en las mangas y dijo que no, que no y +que no, y lo dejó morrrirr como un perrro. Y eso que iban ya a pedirr la +bendición a Su Santidad y todo, todo... + +--Te advierto esto--prosiguió el tío Frasquito, empinando el +dedo--porrque si piensas consultarrle alguna... vocación o +confesarrte... + +--¿Confesarme yo?--exclamó muy ofendido Jacobo--. ¿De dónde sacas tú +eso? + +--Como decías que deseabas hablarle... + +--¿No es el padre Cifuentes el confesor y el director íntimo de mi +mujer?... + +--Sí, porr cierrto... + +--Pues lo que yo quiero exigir de él es que obligue a Elvira a acceder a +mis pretensiones. + +--¿Perrro cuáles son tus pretensiones, Jacobito?--preguntó el tío +Frasquito muy alarmado. + +--Una muy sencilla y muy cristiana... Reunirme con mi mujer y olvidar +todo lo pasado. + +--¡Aaah..., yaaa!--exclamó el tío Frasquito estupefacto y desolado, al +ver que la Trapa se quedaba sin fundar, y el hospital sin concluir, y el +novicio sin tomar el hábito. + +Y rabiosillo y enfurruñado de que la leyenda de Malek-Adhel tuviera el +ramplón desenlace de cualquiera comedia moratinesca, dejóse llevar de su +espíritu de chismografía hermafrodita, diciendo: + +--Perrro ¿has meditado bien tus pretensiones? + +--_Je parecen acaso imposibles_?... + +--Hombrre, imposibles no... ¿Perrro sabes tú la vida que Elvirrra hace? + +--Justamente iba a preguntártelo. + +El tío Frasquito hizo dos o tres visajes remilgados de ¡reviento si no +lo digo!, y contestó titubeando: + +--Hombrrre, te dirrré... La cosa es pública... perrro yo no sé si +debo... + +--¿Pues no has de deber, tío Frasquito?--exclamó Jacobo violento y +azorado--. Yo tengo el derecho de preguntar, y tú, si eres mi amigo, +tienes el deber de responderme. + +--¡Ya lo crreo que soy tu amigo, Jacobito! ¿Lo dudas?... Y lo fui de tu +padrre, y de tu abuelo... Quierrro decirr... a tu abuelo lo conocí +siendo yo una criaturrra... Perrro hay ciertas cosas... + +--¿Pero qué cosas?... ¡Dilas, hombre, dilas!... + +--Pues mirrra, Jacobo, la verdad... Tu mujerr ha dado mucho que hablarr +en todas partes... + +--¿De veras?... + +--Lo que oyes: siento mucho decírtelo, perrro es muy cierrrto... Está +_déclassée_, hijo, _déclassée_ por completo. Todo Madrid le ha dado de +lado, y sólo se trata con mi sobrina Villasis, ¡otra que tal!... Perrro +siquierrra esta es mujerr de arranque, y gasta y hace ruido... + +--¿Pero qué es lo que hace Elvira?... + +--¡Horrrorrrres, Jacobito, horrrorrrres!... Empieza porque desde que se +separrró de ti, no se la ha vuelto a verr en ninguna parrte: ni en un +teatro, ni en un baile, ni en la Castellana, ni siquierrra un domingo en +casa de Montijo... Dicen que está fanatizada... Carmen Tagle tuvo una +doncella que había estado en su casa ¡y contaba unas cosas!... Siempre +detrás de los criados, porrque hoy errra día de ayuno, y mañana de Misa, +y al otro día de vigilia... En fin, insufrible; ninguno le paraba... ¡Y +ella, unas rridiculeces!... Decían que dorrmía sobre una tarrrima, y +ayunaba a pan y agua, y a ejemplo de no sé qué varrrón piadoso, se +disciplinaba con un gato[12]. + +[Nota 12: En la vida de V. P. Eusebio Nieremberg se cuenta, que +solía disciplinarse con uno de esos instrumentos de garfios de hierro +llamados _gatos_, y sin duda a este _gato_ y a este varón ilustre, son a +los que alude el tío Frasquito.] + +--¡Qué atrocidad!... ¿Con un gato?... ¡Pero eso es imposible!... + +--Pues, hijo, así lo asegurrraban... no te puedes figurrarr lo que nos +rreímos una noche en casa de Carmen Tagle, discutiendo el asunto... +Algunos pensaban que el gato estarrría muerrto; lo que es así, también +yo me disciplinaba... Lo mismo podía hacerrse con un plumerrro... + +Jacobo pareció tranquilizarse por completo al oír los _horrrorrrres_ que +el tío Frasquito le relataba, y cortóle el hilo del discurso, diciendo: + +--¡Bah!... Si no es más que eso, de mi cuenta corre desfanatizarla. + +El tío Frasquito iba a replicar muy disgustado, pero Jacobo le atajó la +palabra, preguntándole: + +--¿Y cómo vive Elvira?... ¿Gasta mucho?... + +--¡Ca!... Si parrrece la viuda de un cesante... Está seca, desgavilada; +ella, que tenía un cuerpo tan airrroso, tan elegante... En fin, hijo, un +día la vi en casa de mi sobrina Villasis, y me parrreció hasta sucia... +Como si parrra serr santa se necesitarrra serr puerrca, cuando el aseo +es una virrtud que se ejerrcita con agua fresca y un estropajo... De la +casa no te digo nada, porrque no la he visto: tres veces estuve allí +porr currriosidad, y no me rrrecibió ninguna. Perrro vive en un +principal muy modestito, allá, junto a las Carbonerrras... + +--Eso no es extraño; la pobre debe andar mal de cuartos. + +--¡Ca!, no lo creas... ¿Perrro tú no sabes?... Si está rrica; como que +ganó el pleito con la Monterrrubio y debe de tenerr de quince a veinte +mil durrros de rrrenta. + +--¡Hombre!... ¡Lo siento!--exclamó Jacobo muy pesaroso. + +--¿De verrras? + +--Y tan de veras... Porque siendo ella más rica que yo, no faltarán +malas lenguas que atribuyan al interés mi vuelta a su lado... + +--¡Oh, no, no, Jacobito, porr Dios! ¡Porr Dios, Jacobito!... ¡Quien +piense eso..., no te conoce! + +--En fin, ya lo veremos... Lo que importa ahora es que yo me entienda +con el padre Cifuentes. + +--Pues si te parrrece, mañana irrremos. + +--Sin falta. + +El tío Frasquito, resignado con el giro clásico que tomaba la leyenda, +convino con Jacobo la hora en que habían de hacer al otro día la +trascendental visita, porque el arrepentido esposo quería marchar a +Biarritz cuanto antes. + +Despidiéronse al cabo protector y protegido, y aquel, para lanzar al +público sin pérdida de tiempo la noticia, corrió a ponerse, desde luego, +de punta en blanco para sus nocturnas correrías, y bajar de seguida a la +terraza del hotel, donde toda la colonia española esperaba, como +siempre, la llegada del correo. + +Pero ni la incertidumbre de nuevas desdichas en la madre patria, ni los +mil chismes que por la patria adoptiva corrían, lograron apartar la +conversación general de la novelesca historia de la cadina, cuya +apócrifa babucha habían contemplado todos, después de algunas prudentes +precauciones que, para la mise en scène, juzgo indispensable el tío +Frasquito. Porque temeroso este de que algún ánimo suspicaz pusiese en +duda lo auténtico de la presea, apresuróse antes de presentarla a la +veneración pública a frotar la suela sobre el pavimento, a fin de que +apareciese usada, y a desvirtuar con ricas esencias aquel importuno +hedor a zapato nuevo que la noche antes había despertado en sus narices +dudas tan peligrosas. + +La duquesa de Bara no había encontrado todavía ocasión oportuna de +hacer el análisis crítico de la solemnidad religioso--política a que +había asistido horas antes, y hasta la señora de López Moreno, reina +destronada de Matapuerca, habíase olvidado por un momento de la honra +insigne que al día siguiente la aguardaba. La duquesa le había anunciado +que su majestad la reina se dignaba recibirla, y a renglón seguido, como +quien no quiere la cosa, habíale pedido prórroga para el pago de +aquellos piquillos que hacía varios años le adeudaba. + +--¡Pues no faltaba más!... ¡Lo que usted quiera!--había contestado la +generosa acreedora. + +Y a renglón seguido también, y como quien no quiere la cosa, había +plantado esta estaquita matrimonial, con sonrisa indagatoria: + +--Lucy y Gonzalito (primogénito de la duquesa), encantados de verse +juntos... ¡Qué pareja tan mona hacen!... Hoy se han ido al +_Skating-Rink_, porque Gonzalo está enseñando a patinar a Lucy... + +La duquesa pescó al vuelo la indirecta, y contestó tan sólo con una +sonrisa que encubría este pensamiento: + +--¡Estás fresca!... ¡Cualquier día te cobras, endosándome a la niña por +nuera!... ¡Una duquesa de Bara, _née_ López Moreno! ¡Dios nos asista! + +Currita, por su parte, guardaba aquella tarde un solemne silencio, hijo +de una rabieta de dos mil demontres que le bailaba por dentro. Jacobo +había desairado su almuerzo con el frívolo pretexto de que necesitaba +descansar del viaje, y ella había descargado su ira sobre el indefenso +Villamelón, que sentado a su espalda, en actitud pensadora, se consolaba +de los rigores de su esposa pensando en las musarañas y distrayendo su +imaginación con vivos recuerdos de su visita a los antropófagos. + +Leopoldina Pastor alborotada por ciento, proponiéndose referir a Octavio +Feuillet la historia de la cadina para que escribiese un cuento +original, y lamentándose de que Jacobo Sabadell no apareciese por +ninguna parte, aguardándole todos tan impacientes para tributarle el +justo homenaje de admiración que su novelesca aventura les inspiraba, +tan distinto del frío recibimiento con que le habían acogido la víspera. + +Apareció entonces el tío Frasquito, vestido ya de gran gala, cargado de +perfumes y de noticias, que, como las burbujas al hervor del agua, +anunciaba en su rostro una significativa y prolongada sonrisa. La +inesperada resolución de Jacobo causó en el auditorio sensación +profunda, y cuando el tío Frasquito anunció que el héroe pensaba marchar +a Biarritz quizá al día siguiente, dos personas, Diógenes y Currita, no +pudieron contenerse... Levantóse el primero y fuese derecho al tío +Frasquito como si quisiera pegarle, y la segunda, sin que denunciase su +violenta ira más que una extraña vibración en su dulce vocecita, comenzó +a vomitar injurias y vituperios contra la marquesa de Sabadell, su muy +amada prima, con gran pasmo de Villamelón, que recordaba todavía el +sermoncito sobre el amor de la familia que había escuchado aquella +mañana. + +La grey femenil hizo coro a los vituperios de Currita, y todos +convinieron en que la marquesa de Sabadell era una intriganta, una beata +hipocritona, una mala esposa que, habiendo campado por su respeto diez +años entre curas y monaguillos, quería ahora oscurecer al pobre Jacobo +bajo la tutela del padre Cifuentes, y que era caso de conciencia y +obligación imprescindible de todo fiel cristiano arrancar a la pícara el +antifaz y advertir al cándido muchacho el lazo que le tendían. + +Diógenes, que, a mitad del camino pareció hacer de repente al tío +Frasquito gracia de la vida, arremetió briosamente contra la hueste +femenina, diciendo que era maldición de gitanos: «¡en lengua de hembras +te veas!»; que quien dijo mujer, dijo demonio, y que de tan mala ralea +era la casta, que todos, todos los bichos, hasta las chinches, +¡polaina!, eran mujeres... + +Riéronse mucho todas las presentes de la ocurrencia de Diógenes, y este, +más que por darles placer, por machacarles las liendres, contóles +entonces que Dios no había formado a nuestra madre Eva de la costilla de +Adán, sino del rabo de una mona[13]... Porque aunque este fue su primer +intento, y tenía ya la costilla en la mano para formar de ella a la que +había de ser causa de tantas desdichas, una mona que le miraba hacer +atentamente, arrebatóle de repente el hueso y echó a correr para +esconderlo en su madriguera. Quiso el Señor perseguirla y alcanzóla por +el rabo; mas tan fuerte tiró la mona, que el rabo se le arrancó, +quedándosele al Señor en la mano. Encogióse entonces de hombros y dijo: + +[Nota 13: Este cuento y el siguiente son antiquísimos cuentos +populares de Andalucía, recogidos por el autor e inventados por el +gracejo, profundo a veces, de los campesinos de aquella tierra. La +sencillez misma de su forma y lo manifiesto de su inocente al par que +picaresca intención, excluyen de ellos toda otra idea irreverente.] + +--Para lo que voy a hacer, lo mismo da... + +Y de aquel extraño utensilio formó a la madre del linaje humano. + +Alborotáronse las damas con el cuento de Diógenes y Currita, pesarosa de +haber dejado escapar en la explosión de ira algo que la convenía tener +muy guardado, apresuróse a seguir la broma, diciendo: + +--Pues mira, Diógenes, quizá tenga algo de verdad tu historia, porque a +mí me contaron con respecto a la formación del hombre otra muy parecida. +Dicen que Dios había criado ya a todos los animales; pero le faltaba +todavía crear al hombre; era ya muy tarde y estaba cansado. Entonces, +por ahorrarse tiempo y trabajo, cogió al primer animalillo que encontró +a mano y le dijo: + +--Mira, habla tú--y quedó formado el hombre. + +Y al decir Currita: «Habla tú», dio un golpecito con la punta de su +abanico en el hombro del marqués de Villamelón, su caro esposo. Este +interpretó la seña como una muestra de reconciliación, y sonrió +satisfecho, dulce y placentero, mientras Currita, inclinándose a su +oído, le dijo muy bajo: + +--Mira, Fernandito..., me parece natural que vayas a ver si ha +descansado Jacobo, y que le convides a comer.. Dile que le espero sin +falta, porque tengo que hablarle de cosas que le interesan. + +Anunciaron en aquel momento la llegada del correo y Diógenes aprovechó +la confusión natural que esto produjo para acercarse al tío Frasquito y +cogerle sin miramiento alguno por la abierta solapa de su rico gabán de +pieles, que dejaba al descubierto una pechera inmaculada, en cuyo centro +relucía, bajo la corbata blanca, una bellísima turquesa, celeste como el +cielo. + +Azoróse el tío Frasquito al verse solo y sin defensa en las garras de +Diógenes, y procuró encubrir sus temores, acogiéndole humilde, +sonriente, cariñoso, llamándole _Perriquito_, y ofreciéndole ricos +cigarros que él no fumaba nunca, pero llevaba siempre a prevención para +casos apurados. Mas Diógenes, fijando en él sus ojos abotagados por el +ron y la ginebra, con el maléfico influjo de la serpiente que magnetiza +al incauto pajarillo, le preguntó con muy malos modos después de un +imperioso «¡oye, Frasquita!», si era cierto que andaba en compadrazgo +con Jacobito. + +¡Él, con Jacobito!... ¡Jesús!... Pues si justamente era Jacobo una +persona que le estaba reventando desde su cuarto y que sin saber por qué +se le había indigestado... Verdad era que le había pedido una +recomendación para su sobrino el padre Cifuentes, y él--claro está--, +por salir del compromiso, le había ofrecido una tarjeta; ¿pero en qué +cabeza podía caber que fuera él a acompañarle, ni a mezclarse en asuntos +de familia, ni a meterse en _tripotages_ de mala ley con un loco +semejante?... + +Y mientras esto decía el tío Frasquito, iba poco a poco escurriendo +escurriendo su solapa de manos de Diógenes, hasta que, libre al fin, +abrochóse prontamente el gabán hasta la barba, para poner a cubierto su +nívea pechera de cualquier acometida de Diógenes. Este, dejándole hacer, +tornó a preguntarle: + +--¿Y cuándo se va Jacobo a Biarritz?... + +--Mañana por la noche... + +Y con ademán misterioso y tono de íntima confianza, añadió: + +--Porr supuesto, que Jacobo sólo va allí al olorrcillo de los millones +de la Monterrrubio, que disfruta hoy Elvirrra... ¿Y qué harrrá ella?... +Porque no cabe en cabeza humana que una muchacha tan buena, tan santita, +quierrra hacerr de nuevo ménage con ese Poncio Pilatos... + +Diógenes le volvió la espalda sin preguntarle nada más, y el tío +Frasquito, gozoso de verse libre al solo precio de hacer traición a su +amigo, corrió a noticiar a Currita que Diógenes tomaba partido por la +Sabadell, y a lamentarse con la de Bara de que la policía correccional +no pusiera coto, ni en España, ni en Francia, a los desafueros de aquel +cínico viejo. + +Este había salido de la terraza por el salón de lectura, y entrando en +un gabinete, cogió pluma y papel, y con letra inverosímil, púsose a +escribir esta carta: + +«Mi querida María...». + +Aquí se atascó Diógenes, y rascándose la nariz con el cabo de la pluma, +quedóse perplejo, hasta que añadió por fin al encabezamiento esta +reverente coleta: + +«...muy respetada: Mañana sale de aquí para esa el perillán de Jacobito +Sabadell, que lleva las de Caín, pues trata nada menos que de intentar +una reconciliación con su pobre mujer Elvira. Anda huido de +Constantinopla, donde ha hecho no sé qué atrocidades, y por lo visto ha +olido que Elvira tiene dinero y quiere ahorrarle el trabajo de +guardarlo. Mañana, antes de salir, tendrá una conferencia con el padre +Cifuentes, que _Francesca di Rimini_ le servirá de tercero...» + +Aquí notó Diógenes que la concordancia era vizcaína, y añadió: + +«...o de tercera. Te advierto todo esto por si puedes hacer algo por esa +pobrecita, que será capaz de entregarse atada de pies y manos al bribón +de su marido, si no hay alguien que la aconseje. Si sirvo yo para algo, +incluso para romperle un esternón a Jacobito...». + +De nuevo se detuvo Diógenes dudoso, por no saber a punto fijo si Jacobo +podía tener uno o más _esternones_, y dispuesto sin duda a romperle +cuantos tener pudiera, prosiguió al cabo: + +«...avísame y ahí me tienes. Yo sigo tan campante con mis sesenta y dos +a cuestas, caminito, caminito de esa cama del hospital que tantas veces +me has pronosticado. ¿Llegará en el sesenta y tres?». + +Y dando con esta pregunta por terminada la carta, firmóla como Antonio +Pérez las suyas a _milady_ Richs: + +«Perro desollado de vuestra señoría, _Diógenes._» + +«P. D.--Un beso a Monina.» + +Y aquí se detuvo otra vez perplejo, meneó lentamente la gran cabezota, y +su rostro granujiento tomó una expresión indefinible de ternura y de +tristeza. + +Aquella Monina, bellísima criatura de cuatro años, ídolo de su corazón +por un fenómeno semejante al que hace a los grandes perrazos encariñarse +con los niños, que le tiraba de las patillas y le hacía andar a cuatro +pies, guiándole ella por una oreja, había rechazado un día un beso de +sus aguardentosos labios, diciéndole con infantil repugnancia: + +--¡No..., que apesta!... + +Y Diógenes, el cínico Diógenes, que se burlaba de la opinión del mundo +entero y hacía gala de revolcarse en los más inmundos lodazales, sintió, +ante la repugnancia de aquel ángel, que una gran vergüenza invadía su +corazón y subía hasta su frente, tiñéndola de carmín, y asomaba a sus +ojos llenándolos de lágrimas... Por tres días enteros estuvo sin beber +una copa; al cuarto, rindióle el vicio otra vez; mas jamás volvió a +besar a la niña. + +Y entonces, a tan gran distancia del bello angelito, creyó faltar a su +propósito escribiendo en aquella postdata la palabra _beso_, y +borrándola con grandes tachaduras, puso en su lugar: «A Monina, que le +llevaré un muñeco que dice papá y mamá». Después escribió en el sobre: + +Mme. LA MARQUISE DE VILLASIS + +_Villa María._ + +_Biarritz._ + + + + +--VII-- + + +El capricho de una soberana hizo en poco tiempo de un villorio olvidado +uno de los centros más a la moda entre los semidioses que regulan sus +costumbres, su lujo, sus necesidades y hasta su conciencia, a veces, por +las extravagantes leyes de esta tirana caprichosa. + +La emperatriz Eugenia levantó en Biarritz la ville Eugénie, y Biarritz +quedó al nivel de Trouville, Dieppe y Etretat. Los españoles lo invaden +en verano, los ingleses en invierno y los rusos en otoño, como si por +turno quisieran disfrutar sus comodidades bastante problemáticas y sus +encantos harto discutibles. + +El lujo se apresuró a levantar allí villas y palacios; la especulación, +hoteles y casinos; sólo la piedad se quedó con las manos quietas. En +Biarritz apenas si existe una iglesia. + +En la carretera de Bayona hay hacia el lado del mar una villa deliciosa, +que se asienta en un reducido parque como una paloma en su nido de +verdura: extiéndese aquel a lo largo del camino, cerrado por una gran +verja de hierro, en cuya puerta campea en uno y otro lado este letrero: +Villa María. Da esta entrada a una gran calle, que sombreada por árboles +magníficos, describe tres caprichosas vueltas, salta un diminuto +riachuelo y lleva a una plazoleta semicircular, atestada de flores, +especie de _square_ delicioso, que sirve como de patio de honor a la +casa. + +Tres gradas de mármol blanco dan ingreso al piso bajo, destinado sólo a +recibimiento y adornado con esa pulcra sencillez que adopta todo lo +bello y destierra todo lo suntuoso, y constituye el buen gusto y la +elegancia en el decorado de un palacio de campo. En el fondo del +vestíbulo abríase la puerta del salón, y llegábase por este a un pequeño +gabinete, tapizado todo de cretona, con grandes flores cobrizas. Ocupaba +uno de sus frentes una chimenea de mármol blanco, y formaba el otro una +gran ventana de cristales, abierta de arriba abajo, que dejaba entrar el +sol a raudales y permitía ver la verdura del parque en primer término, +la arena de la playa más lejos y el azul del mar en lontananza. + +Las once habían dado ya en el reloj del torreoncito de la villa, y dos +señoras, sentadas a uno y otro lado de la chimenea, hablaban en el +gabinete. Una lloraba en silencio; la otra parecía consolarla. + +Representaba esta más de cuarenta años, y su falta absoluta de +pretensiones en nada disimulaba la sorda lima del tiempo. Un sencillo +peine de concha sujetaba su abundante cabellera, blanca casi por +completo, y su rica bata de paño labrado, con vueltas de terciopelo, +lejos de prestar realce alguno a su persona, parecía más bien recibir +ella misma del talle airoso y noble de la dama la severa elegancia de su +corte y de sus pliegues. + +Su rostro, algo moreno y nada correcto en sus rasgos, tenía, sin +embargo, esa móvil belleza que da la expresión y viene a ser, con +respecto a la fisonomía, lo que el colorido con respecto al dibujo: +belleza más bien moral que física, que se escapa siempre al pincel, y +constituía el principal encanto de aquella señora, dotada de cierta +viveza natural que no le quitaba señorío; cierta gracia espontánea y +cariñosa que, unida a un ligerísimo ceceo, acusaban su procedencia +andaluza. + +Era la otra mucho más joven, parecía abatida y estaba enferma; su rostro +descolorido formaba un óvalo perfecto, y llamaban en él la atención los +ojos, por lo dulces; la boca, por lo triste. Aquellos, grandes, azules, +de mirada vaga, un poco alta, como lo es en medio del dolor la mirada de +la esperanza; esta, pálida, caída por los extremos, con esa curvatura +que indica el sufrimiento habitual y es el primer signo que estampa la +agonía en los enfermos desahuciados y en los condenados a muerte. Traía +puesto un sombrero oscuro, sin velo, un largo abrigo de piel de nutria, +y escondía sus enguantadas manos en un manguito de la misma piel. + +Era esta señora la marquesa de Sabadell, y la otra, en cuya casa se +hallaba, era la de Villasis, su amiga íntima. + +El correo de aquella mañana había traído a las dos señoras noticias +importantes: la de Villasis había recibido la carta de Diógenes, y otra +larga y detallada del padre Cifuentes. La marquesa de Sabadell, por su +parte, encontróse al volver de misa con una carta, que hizo vibrar en un +instante cuantas fibras sensibles existían en su corazón: por un +momento creyó la infeliz mujer que iba a desmayarse. + +Diez años se le habían pasado sin ver la letra de Jacobo, y aun antes de +fijar los ojos en el sobre, ese algo certero y misterioso que en +circunstancias dadas agita el corazón y fija de repente el pensamiento +en un punto remoto y olvidado, le avisó de quién era la carta. + +Tambaleándose entró en su alcoba, bebió con mano trémula un sorbo de +agua y dejóse caer sin fuerzas en una butaca, mirando la carta que tenía +en las manos, sin osar abrirla. + +El pasado entero se le vino a la memoria de un golpe, como una de esas +grandes olas que revientan en la playa, borrando por completo la espuma +de otras menores. Sus breves días de ventura, cuando enamorada +perdidamente de su esposo y creyéndose de él correspondida, habíase +creído en posesión del falso objeto de la vida, que es la dicha, y se +había olvidado del objeto verdadero, que es Dios, se le pusieron +delante. + +Esta fue su única culpa, culpa de hijos ingratos en que incurre la +inmensa mayoría del linaje humano, que se olvida de Dios en la felicidad +y sólo le recuerda en el llanto, porque cuadra más a su condición +egoísta pedir remedios que agradecer bondades. ¡Harto lo conocía ella +entonces y harto lo estaba expiando!... + +Vinieron luego las pequeñas infidelidades y los pequeños desencantos, +sufridos sin reproche, perdonados sin restricción, que no lograron +derribar el ídolo de aquella alma enamorada, manso río sin borrascas, +arpa eolia en que hasta los mugidos del huracán se transformaban en +suspiros... Después vinieron las grandes ofensas, y a poco los terribles +descubrimientos de vicios enormes, que brotaban como setas monstruosas +bajo el aspecto de seductor de aquel esposo adorado; de inclinaciones +depravadas, pasiones indómitas, costumbres disolutas e innumerables +defectos, que nacían y vivían en su alma como en la carne podrida los +gusanos asquerosos. + +El ídolo hízose monstruoso, y la infeliz mujer quiso arrojarlo de su +corazón indignada, como se arroja lo que ofende, lo que mancha, lo que +deshonra; mas el alma íbasele detrás, llena de angustias y de vergüenza, +porque el ídolo seguía en pie, siempre reinando en ella, y no por ser +monstruoso dejaba de ser ídolo. + +Llegó al fin la ruina, y tras la ruina vino luego el abandono, los +largos días solitarios, esperando en vano una carta mil veces contestada +antes de ser escrita, aguardando siempre la demanda de un perdón ya de +antemano concedido, acostándose con la agonía de despertar... de +despertar al día siguiente para hallarse de nuevo sola, ¡sola!, en la +arena del combate y del dolor, preguntándose a sí misma como el +infortunado Delfín de Francia a su madre María Antonieta: ¿Hoy es +todavía ayer?... ¡Y el ayer era siempre hoy, el ídolo era ídolo +siempre!... + +Y en aquel momento, al revolver aquella carta, después de tantos años, +aquel turbio oleaje de penas abrumadoras, punzantes desdenes, ofensas +terribles, negras ingratitudes, lágrimas solitarias y despreciados +sacrificios, veía la infeliz levantarse en su corazón el amor a su +marido, vivo siempre, fuerte, avasallador, resistiendo al olvido, al +desdén, al insulto, al tiempo mismo y a la ausencia misma, viviendo sin +esperanzas que le mantuvieran y le dieran savia, y por eso, inmortal +como el alma. + +La pobre mujer tuvo miedo de sí misma, y un llanto amarguísimo brotó de +su corazón a raudales. Acordóse de su hijo, cuyo ángel de la guarda era +ella, encargada de defender sus intereses y su educación contra su padre +mismo, y temió que aquel amor apasionado fuera en su corazón el punto +flaco que la llevara a pactar con el enemigo, la planta viciosa que +arrebata a cuantas la rodean los jugos de la tierra, apropiándose ella +sola la savia que vivifica y da frescura y lozanía. + +Había en el fondo de la alcoba un tríptico precioso sobre un +reclinatorio sencillísimo, y en este se arrojó la marquesa, llorando a +mares, para leer a los pies de la Virgen la carta inesperada. + +Jacobo, sin preámbulos de ningún género, anunciaba a su mujer su próxima +llegada, para tratar con ella de asuntos importantes, cuyo arreglo le +había _aconsejado_ el padre Cifuentes, excelente persona que había +conocido en París, _llenando su corazón abatido de esperanza y de +consuelo_... + +La marquesa creyó haber leído mal aquel último párrafo de la breve +carta, y tornó una y otra vez a leerlo. La hipocresía era el único vicio +que jamás había observado en Jacobo, y, o aquella carta la rebosaba por +todas sus letras, o Dios había hecho en él uno de sus prodigios. +¿Confortado con esperanzas y consuelos del padre Cifuentes, aquel +corazón cuyo frío egoísmo le mantenía siempre fresco e insensible, como +un cadáver entre témpanos de nieve?... + +Absurdo era esto, pero era posible; era su oración cotidiana hacía doce +años, su plegaria más ardiente, su súplica más repetida, y ¡Dios era tan +bueno, tan grande, tan Padre!... + +Y aunque algo duro e inflexible se alzaba en el fondo de su corazón, +gritando que aquello era una farsa, una nueva vileza, la marquesa +ahogaba esta voz sin darse cuenta de ello, para dejar entrar allí un +rayo de sol que disipase las tinieblas de su triste abandono, para dejar +que la esperanza y el deseo levantasen juntos y a su placer un bello +castillo en el aire. + +Sin acordarse de desayunar siquiera, ni detenerse más tiempo que el +preciso para lavarse en el tocador los ojos llorosos, corrió Elvira a +casa de la marquesa de Villasis, haciéndose la ilusión de que iba a +buscar en el claro entendimiento y en el cariño acendrado de su amiga un +consejo prudente, y yendo en realidad en busca de algo que con la +autoridad de aquella pudiera robustecer y dar cuerpo a su esperanza... + +La Villasis sabía muy bien a qué atenerse, porque el padre Cifuentes le +daba en su carta cuenta detallada de su entrevista con Jacobo. Habíasele +presentado este disimulando, bajo su arrogante petulancia, el +encogimiento y la especie de miedo receloso que suelen infundir los +jesuitas a las personas mundanas que sólo les conocen por las mil +patrañas que en pro y en contra de ellos corren contadas o escritas. + +Mas al ver delante de sí aquel hombre pequeñito, insignificante en su +persona hasta la vulgaridad, llano en el decir hasta el desaliño, que +jamás sacaba las manos de las mangas, como no fuera para tomar rapé en +su tabaquera de cuerno, y ponía de manifiesto con deplorable frecuencia +un pañuelo de hierbas insolente de puro feo, a cuadros azules y +amarillos, con algunos vivitos verdes, trocóse su recelo en desprecio, y +con la desdeñosa frialdad que guarda el grande orgullo para el pequeño +que juzga empingorotado sobre una superioridad usurpada, manifestóle su +_deseo_ de reconciliarse con su mujer, olvidando todo lo pasado, y +expresóle su _voluntad_ de que fuera él mismo quien aconsejara a la +esposa abandonada acceder a sus pretensiones. + +Y entonces fue cuando Jacobo quedó convencido de que el padre Cifuentes +era un infeliz, un cuitadito sin pizca alguna de mundo, como el tío +Frasquito le había dicho antes. + +Las manos del jesuita se hundieron más y más en lo profundo de sus +mangas, y muy alborozado y satisfecho, opinó que nada había más conforme +a la moral cristiana que la paz de la familia y el perdón de las +injurias... Pero--y aquí apareció de nuevo la tabaquera de cuerno para +suministrar a los dedos del padre Cifuentes un polvo digno del gran +Federico--en cuanto a aconsejar él a la señora marquesa que accediese a +las pretensiones del señor marqués, había de tener en cuenta el señor +marques que la señora marquesa nada le había consultado, y que la +primera condición del consejo prudente es la de ser pedido... + +Jacobo abrió la boca para replicar, pero el pañuelo a cuadros azules y +amarillos, con algunos vivitos verdes, salió a relucir, y el padre +Cifuentes añadió que creía, tenía entendido, le parecía probable que la +señora marquesa de Sabadell estaba a punto de salir de Biarritz, y que +en el caso de no encontrarla, lo más prudente y oportuno para el señor +marqués sería dirigirse a la señora marquesa de Villasis, persona muy su +amiga, de grandes luces y mayores virtudes, para la cual se brindaba a +darle una carta suplicándole que las tomase ella en el asunto. + +El tío Frasquito, que con gran falta de delicadeza, hija de su deseo +vehementísimo de seguir las peripecias del drama, se había constituido +en testigo de la conferencia, metió entonces su cucharada, asegurando +que aquello estaba muy bien pensado, que su sobrino el padre Cifuentes +tenía razón hasta por encima del solideo, y que lo más derecho para su +sobrino Jacobo era dirigirse desde luego a su sobrina Villasis, porque +lo que esta no alcanzase de su sobrina Sabadell nadie en el mundo, +fuera o no sobrino suyo, podría alcanzarlo. + +Jacobo meditó un momento el plan que le proponían y pensando escribir, +desde luego, a su esposa, para detener su marcha con la noticia de su +ida, aceptó a todo evento la carta para la marquesa de Villasis y +despidióse del padre Cifuentes, llamándole don Gregorio. En todo el +transcurso de la plática había evitado con marcada afectación designarle +con el nombre de _Padre_, llamándole siempre señor Cifuentes. + +El señor Cifuentes acompañó hasta la puerta a la aristocrática pareja, +con sus manos siempre metidas en las mangas, y al verla desaparecer en +el coche, permitióse murmurar del sobrino de su tío y de su tío mismo, +diciendo para su sotana: + +--¡Exacta alegoría del mundo!... La necedad amparando al vicio. + +Y sin perder un momento, púsose a escribir a la marquesa de Villasis, +dándole un juicio sobre los planes de Jacobo, que coincidía por completo +con el dado ya por Diógenes, suplicándole que evitase a toda costa que +Elvira y su marido se viesen, a fin de que este no pudiera engañarla, y +encargándole también, con grandes instancias, que ahuyentara para +siempre con algún recurso de su femenil ingenio a aquel desdichado que +pretendía explotar a su infeliz mujer, con grave riesgo de su inocente +hijo. + +Guardóse muy bien la Villasis de comunicar a Elvira estas noticias, y +como el experto médico que debilita en varias dosis un brebaje demasiado +fuerte, trocándolo de veneno en medicina, dispúsose a desengañar a la +infeliz, poco a poco y por partes. Leyó, pues, atentamente la carta que +agitaba y temblorosa le presentaba Elvira, y devolviósela sin decir +palabra. Ella le interrogaba con los tristes ojos preñados de lágrimas; +la Villasis dijo entonces moviendo lentamente la cabeza: + +--Eres turco y no te creo... + +Elvira bajó anonadada la suya, porque le pareció que aquellas palabras +derrumbaban de un golpe el castillo que allá en el fondo de su corazón +levantaron antes la esperanza y el deseo. Dos grandes lágrimas se +desprendieron de sus ojos, mientras murmuraba tímidamente: + +--¡He rezado tanto!... ¡He llorado tanto!... + +--¡Es verdad!... ¡Pero ha mentido tanto!... ¡Ha rodado tanto!... + +--Dios puede hacer un milagro... + +--Y el hombre puede hacerlo inútil. + +--Yo espero que no... + +--Yo temo que sí. + +--¿Pero a ti quién te lo dice?... + +--¿Y a ti quién te lo asegura? + +El llanto de Elvira se trocó entonces en sollozos, y como si aquella +pena fuese nueva para ella, sintió en toda su plenitud la primera +necesidad de todos los débiles en la desgracia: buscar unos brazos +amigos en que arrojarse, un pecho leal en que esconder el rostro lleno +de lágrimas... + +La Villasis la recibió en los suyos, estrechándola contra su corazón, +besándola en la frente, hablándola al oído, con la voz suave y cariñosa +con que se habla a un niño enfermo o desolado. Ella, sollozando sin +cesar, repetía: + +--¿Y qué hago?... ¿Qué hago?... + +--Irte. + +--¿Pero adónde?... + +--A Lourdes... A esperar junto a la Virgen Santísima que pase la +tormenta. + +--Irá allí a buscarme... + +--No irá... Yo me encargo de detenerlo. + +--Pero, ¿y si fuera verdad, María?--tornó a decir Elvira, aferrándose a +su idea--. ¿Y si su arrepentimiento es cierto y se encuentra el pobre +con que le cierro la puerta?... + +--Entonces sabré yo conocerlo y te lo llevaré a Lourdes yo misma... +Iremos los tres a buscarte: él, yo y tu hijo. + +--¡Ay, Alfonsito!... ¡Pobre hijo de mi corazón!... ¿Y qué hago con él? +¿Me lo llevo?... + +--No, déjalo en el colegio. + +--¡Oh, no, no, eso no!--exclamó Elvira fuera de sí--. ¿Y si su padre va +a verlo y se lo lleva y me lo quita?... ¡Hijo de mi alma!... ¡Verme yo +sin él!... ¡Me muero entonces!... ¡Me muero! + +Y ante esta idea que la aterraba, la infeliz mujer, abrumada por el +dolor y debilidad por la inanición, sufrió un ligero desvanecimiento. +Hízola la marquesa tomar una taza de caldo y una copa de vino generoso, +y poco a poco logró al fin tranquilizarla. + +Entonces concertaron su plan: Elvira había de partir aquella misma noche +a Lourdes, acompañada de mademoiselle Carmagnac, señora muy respetable, +que había sido aya de la única hija de la marquesa de Villasis. Esta +dictó a Elvira una carta que había de entregar a Jacobo cuando se +presentara en casa de su esposa; decíale en ella que asuntos muy +urgentes le impedían esperarle en Biarritz, y que la marquesa de +Villasis quedaba con amplios poderes para tratar con él toda clase de +negocios, conformándose Elvira, desde luego, con lo que ambos +concertaran. + +A todo asentía la marquesa de Sabadell con esa especie de inercia moral +que enerva la voluntad cuando en cualquier negocio de la vida se apaga +la fe y muere la esperanza. Mas en las naturalezas heroicas crecen las +fuerzas en la misma proporción que crece el dolor del sacrificio, y sin +derramar una lágrima ni mostrarse ya acongojada ni afligida, ocupóse tan +sólo de sus preparativos de marcha. + +Las dos señoras almorzaron juntas en casa de la Sabadell, entregó esta a +su amiga algunos papeles importantes que la Villasis quería tener a +mano, por si en su conferencia con Jacobo le fueran necesarios, y +marcharon después ambas a Guichon, pequeña aldehuela situada entre +Bayona y Biarritz, donde los jesuitas expulsados de España por la +Revolución habían abierto el colegio en que Alfonsito Téllez se educaba. + +Despidióse Elvira de su hijo sin decir cuándo ni adónde iba, y el rector +del colegio, que conocía a fondo todas las pesadumbres de la dama, quedó +encargado de no permitir que el niño recibiese otra visita que la de la +marquesa de Villasis durante la corta ausencia de su madre. Dos horas +después despedíase aquella de Elvira en la estación de la Negresse, y +volvía triste y preocupada a la Villa María, dando al punto orden de no +recibir a nadie. + +Encerróse temprano en su gabinete y pasó gran parte de la noche +repasando y estudiando los papeles de Elvira, y escribiendo una especie +de documentos en forma de artículos numerados. Levantóse muy de mañana +al otro día, fuese a la capilla de Santa Eugenia, oyó dos misas y +comulgó devotamente; la prudencia de la mujer había tirado la noche +antes sus cálculos, y la fe de la cristiana iba a buscar entonces en el +Sacramento la gracia divina que necesitaba para vencer en la lucha. + +La mañana estaba magnífica y prometía uno de esos espléndidos días de +invierno en que los miembros se desentumecen, el alma se alegra y el +barómetro sube, como si quisiera descubrir a lo lejos la llegada de la +primavera. A las tres de la tarde hallábase abierto de par en par el +mirador de cristales del gabinete que ya conocemos, y el sol entraba a +raudales, llenándolo todo de luz, de colores y de reflejos. La marquesa +amaba el sol y el aire con la pasión con que los aman los pobres, y +odiaba ese misterioso y coquetuelo _petit jour_ en que se refugian las +beldades trasnochadas para ocultar los estragos del tiempo. Uníanse en +el jardín las carcajadas de Monina, que saltaba a la cuerda, con los +mugidos del mar, que azotaba a la costa, como si en aquella naturaleza +tan bella, tan en calma, tan espléndida, se armonizara lo inocente con +lo terrible, el mar y el niño, la extrema debilidad y la extrema +fiereza. + +La Villasis, apoyada en la ventana, seguía con la vista los juegos y +carreras de aquel bello ángel, que ocupaba y llenaba por completo su +corazón, con ser este tan grande. Era aquella niña su nieta, hija de su +única hija, muerta al darla a luz cinco años antes, y huérfana también +de padre. De repente, la marquesa cerró la ventana y sentóse junto a +ella, al lado del pequeño _secrétaire_ en que solía despachar su +correspondencia ordinaria. Había escuchado a lo lejos el ruido de un +coche que se deslizaba sobre las enarenadas calles del parque, y a poco, +un criado anunciaba en el gabinete al marqués de Sabadell. + +La marquesa se santiguó vivamente no bien desapareció el lacayo, fijó un +momento sus grandes y vivos ojos negros en un cuadro bellísimo de la +Virgen que había en el testero, y volvióse hacia la puerta, tan risueña, +tan señora y tan serena como cuando recibía en Madrid a sus amigos +íntimos. + + + + +--VIII-- + + +Para que el lector pueda comprender toda la importancia que tenía para +Jacobo aquella entrevista, preciso es ponerle en aquellos antecedentes +que el tiempo y la casualidad han suministrado hasta hoy, haciendo +alguna luz en las tinieblas que rodean a crímenes todavía impunes y a +intrigas no del todo desenredadas. + +Nadie ignora que la masonería quedó triunfante en España al estallar la +Revolución de 1868; pareció, sin embargo, con harta razón, a algunos +caciques de la secta que no estaba aún maduro el pueblo de España para +plantear la República, y resolvieron entronizar mientras tanto a un +monarca constitucional que fuera entre sus manos un mero instrumento. +Fue entonces elegido a este propósito el duque de Aosta, y encargáronse +de ofrecerle la corona, como delegados de la secta, el general Prim y +don Manuel Ruiz Zorrilla, nombrado más tarde Gran Oriente honorario del +Supremo Consejo de España. + +Estallaron con estas causas graves disidencias en el seno mismo de las +logias, que vinieron a dar por resultado el asesinato del general Prim, +mientras la comisión encargada de ofrecer oficialmente la corona de +España al duque de Aosta volvía de Florencia. + +Formaba parte de aquella comisión cierto personaje, hombre práctico y +prudente, cuya memoria nos guardaremos bien de deshonrar, suponiéndole, +sin dato alguno fidedigno que lo pruebe, afiliado a las sectas; es, sin +embargo, cierto que dicho personaje tomaba caluroso partido por la +política de una de aquellas fracciones, y llevaba consigo en aquel +viaje, con designio misterioso, papeles de gran importancia que +comprometían a muchos de los secuaces de la política contraria. + +La muerte sorprendió al personaje en Génova el 11 de diciembre, e +ignórase al presente por qué mano fueron a parar entonces aquellos +papeles a cierta logia de Milán, que los remitió más tarde a Víctor +Manuel como armas preciosas que podían muy bien afianzar en España el +trono siempre vacilante de su hijo, atando de pies y manos a ciertos +políticos venales, modelo en todas las épocas de deslealtad y de +imprudencia. + +Acertó entonces a llegar a Milán, fugitivo de Constantinopla, el marqués +de Sabadell, perdido y arruinado, y presentóse en aquella logia, donde +años antes le había iniciado Garibaldi. Acogiéronle los venerables como +a enviado del Gran Arquitecto, y presentáronle al punto a Víctor Manuel +como el hombre a propósito para llevar a España documentos e +instrucciones, e imprimir a la política de don Amadeo el rumbo deseado +en Italia. + +El refuerzo llegó, sin embargo, tarde y ya hemos visto cómo la caída del +duque de Aosta destruyó en París las cuentas galanas que no sin probable +fundamento tiraba Jacobo. Viose entonces de nuevo solo y arruinado, y la +necesidad, mala consejera siempre y móvil las más de las veces de +empresas descabelladas, sugirióle la idea de utilizar en provecho propio +el precioso depósito, y aquí comenzaron las complicaciones y los +peligros, los planes trazados y abortados. + +Era su idea madre poner sus preciosas armas al servicio de alfonsinos o +carlistas, según tuvieran estos o aquellos más o menos probabilidades de +triunfo, y para destruir por de pronto el mal efecto que en los primeros +había causado su repentina presencia en París, apresuróse a propalar por +medio del tío Frasquito la novelesca historia de la cadina, que tan +_gloriosamente_ justificaba su fuga de Constantinopla. + +Mas érale preciso al mismo tiempo y antes que nada hacer perder la pista +a los masones chasqueados, y a este propósito ideó Jacobo reconciliarse +con su mujer y oscurecerse a su lado por un año, durante el cual viviría +tranquilamente de las rentas de esta, garantizaría con ellas, en lo +posible, el pago de sus deudas y tantearía el terreno despacio y sin +ruido, hasta encontrar el mejor postor a los servicios que pensaba sacar +a pública subasta. + +Su reconciliación con Elvira era, por tanto, la clave del arco que había +fabricado, y tratábase de colocarla en aquella entrevista. Entró, pues, +en el gabinete, armado de toda su osadía, sereno, risueño y con aire de +amigo que prepara a otro con su presencia una sorpresa inesperada y +agradable. Al verle entrar la marquesa, tendióle la mano con grande +afecto, diciendo cariñosamente: + +--¡Adiós, Jacobo!... ¿Cómo te va?... Pero, ¡Dios mío! ¡Si por ti no pasa +el tiempo!... Te encuentro lo mismo, lo mismo que cuando nos vimos hace +cinco años en Bruselas. ¿Te acuerdas? + +Jacobo apretó cordialmente entre las suyas la mano que la dama le +tendía, y le contestó con no menor cariño y agasajo: + +--¡Ya lo creo que me acuerdo!... Los encuentros contigo no se olvidan +fácilmente... Pero tú sí que te has plantado en los veinticinco años: +siempre tan... + +--¡Jacobo, por Dios!... Que abofeteas a la verdad por decir una +galantería. ¿No me ves la cabeza?... ¡Blanca! + +--¡Ca!... Eso es refinamiento de coquetería; que te empolvas el pelo, +como las marquesas de la corte de Luis XV... + +--Ya voy teniendo algún punto de contacto con ellas...--exclamó riendo +la marquesa--. A lo menos, en lo añejo de la fecha. + +Jacobo habíase sentado mientras tanto en una silla, al otro lado del +pequeño secrétaire, que vino a quedar entre ambos; encontróse algún +tanto embarazado después de este primer saludo, y esperando que la +marquesa entrase la primera en el terreno en que uno y otro deseaban +encontrarse, púsose a hablar de la afluencia de hombres políticos de +todos colores que llegaban en aquellos días a Biarritz; parecía aquello +la costa a que la República de España fuese arrojando los restos del +naufragio de la monarquía saboyana. + +La marquesa dio entonces el primer paso, diciendo con intención +marcadísima: + +--Sí... Parece que Biarritz es el teatro escogido para las negociaciones +diplomáticas. + +Hízose Jacobo el sueco y contestó con tono doctoral de hombre político: + +--Dudosas se presentan... No creo que cuaje ninguna... + +--¿Ninguna?--preguntó riendo la marquesa--. ¿Ni tampoco las mías? + +--¡Ah, ya! ¡Eso es otra cosa!--replicó jovialmente Jacobo--. A la +diplomacia de las faldas no hay quien resista. Recuerdo haberle oído a +Castelar que el mundo es de las faldas y de las faldas: es decir, de las +enaguas y de las sotanas. + +--Pues téngaselo usted por dicho, señor de Bismarck... Porque supongo +sabrás que estoy nombrada plenipotenciaria... + +--Sí--replicó Jacobo--, ya me han entregado las credenciales. + +Y al decir esto, puso sobre la mesita del _secrétaire_ la carta que, +dictada por la Villasis misma, le había escrito Elvira la víspera. +Leyóla atentamente la marquesa, como si le fuera desconocida, y +devolviósela a Jacobo, diciendo: + +--Me parece que están en regla... Puede el señor Bismarck, cuando guste, +exponerme la marcha de su política. + +--Yo creo más correcto que el señor.. + +Jacobo se detuvo sonriendo, como si ignorase el nombre de su antagonista +diplomático, y la marquesa le apuntó muy formalmente: + +--Antonelli... Así no saldremos de faldas. + +--...que monseñor Antonelli exponga antes la suya... El mundo ha sido +siempre el decano del cuerpo diplomático. + +--Y por lo mismo debe de hablar el último; con que cayó usted en un +renuncio, señor de Bismarck... Pero no hay que apurarse por ello, que yo +expondré la mía con una sinceridad impropia del oficio... Mi política es +esta: «Padre nuestro que estás en los cielos... Hágase tu voluntad... +Perdónanos nuestras deudas, _como nosotros perdonamos a nuestros +deudores_... No nos dejes caer en _la tentación_... Líbranos de +_mal_...». + +La marquesa supo dar tal inflexión a algunas de estas palabras, que su +política fue perfectamente comprendida por Jacobo. Aquello de que los +deudores quedaban perdonados sentóle muy bien y le llenó de esperanza. + +--¡Política italiana!--dijo moviendo la cabeza--. Es la más hábil. + +--Italiana no, romana--replicó vivamente la marquesa--. ¡Es la más +santa!... + +Jacobo creyó llegado el momento de dejar este tono humorístico, tan +peculiar a los españoles hasta en los más graves asuntos, y se dispuso a +entrar en materia; colocó los guantes que se había quitado sobre la mesa +del _secrétaire_, y apoyando en ella ambos codos y dando vueltas al +magnífico brillante que en uno de sus meñiques tenía, comenzó a decir +mirando sus reflejos: + +--Mira, María... Me alegro de tratar contigo este asunto mejor que con +Elvira, porque eres una mujer de mundo y sabrás comprender mi situación +y ponerte en mi caso... Elvira es un ángel... con alas de cisne; tú eres +también un ángel, pero con alas de águila... + +La imagen resultaba bonita, y la marquesa agradeció el cumplido con una +ligera sonrisa. + +--Mi situación actual--prosiguió Jacobo--puede concretarse en esta +fórmula: «He corrido mucho y me he cansado pronto». Recuerdo haber leído +en Confucio... + +La marquesa no pudo contener la risa al oír el santo Padre que con tan +pedantesca formalidad alegaba Jacobo, y corrido este algún tanto, +preguntó contrariado: + +--¿Te ríes?... + +--No, hombre, no... Me río del autor, no de la cita... Veamos la +sentencia. + +--Y bien profunda que es--replicó Jacobo--: «Subía la montaña de +Tam-Sam, y el reino de Sú me pareció pequeño; seguí subiendo al monte +de Tai-Sam, más elevado aún, y el imperio me pareció pequeño». Así me ha +sucedido a mí: mientras más alto me han elevado los eventos de mi vida, +más despreciables me han parecido mis triunfos. + +--Pues verdaderamente que el señor Confucio no anduvo desacertado en la +parabolita--dijo la marquesa--. Pero al aplicarte tú el cuento, te las +calzas al revés, amigo mío... No debes de decir _subí_, sino _bajé_, +porque esos _triunfos_ de tu vida no te han ensalzado, sino rebajado +mucho... Por eso debiste decir: «Bajé al charco de Tam-Sam y la idea de +la virtud la perdí de vista, me hundí en la cisterna de Tai-Sam, mucho +más profunda, mucho más cenagosa, y las ideas del honor y del deber se +borraron del todo...» + +Esta brusca e inesperada arremetida desconcertó por completo a Jacobo, y +mordiéndose los labios, dijo amargamente: + +--¡Política romana, con todas sus intransigencias!... + +--¡Política _bismarckiana_! la tuya, con todas sus criminales, ¡nótalo +bien!, ¡sus criminales condescendencias!... + +Jacobo bajó en silencio la cabeza, pálido de ira, y se puso a estirar +sus guantes sobre la mesa; comprendió que ese tergiversado criterio +moral, que disfraza con pomposos nombres ruines defectos y vicios +enormes, se lo rechazaban allí por falso; que la _política romana_ +llamaba al pan pan y al vino vino, al vicio vicio, a la infamia infamia, +y a las _pequeñeces_ monstruosidades, y convencióse, por ende, de que +había errado el camino, tratando de justificar el pasado. Resolvióse, +pues, a cantar la palinodia por completo, y a echar mano al mismo tiempo +de lo que juzgaba él su artillería de reserva. + +La marquesa, por su parte, habíale acometido tan brusca y cruelmente +para ensanchar el campo en que quería examinarle, y no descubrir con una +confianza harto prematura y harto crédula el lazo que tendía ella al +farsante con su estrategia. + +--Tienes razón, María--dijo al cabo gravemente--. Pero no podrás menos +de concederme que algo indica y algo merece el amor propio que se +doblega hasta hacer esta confesión, y que no es caritativo ni cristiano +retirar a quien quiere salir del charco la mano que puede ayudarle... El +padre Cifuentes--añadió con triste sonrisa--, con ser más _romano_ que +tú, me ha concedido ambas cosas. + +--¿Qué te ha dicho el padre Cifuentes?... + +--Me dio para ti esta carta--contestó Jacobo entregándole una. + +Leyóla también la marquesa como si le fuera desconocida, y aparentando +darle un alcance que por ningún concepto tenía, dijo vivamente, con aire +de satisfacción grandísima: + +--Esto es ya otra cosa... El voto del padre Cifuentes es para mí +decisivo, y me tienes por completo de tu parte. Expónme ahora tus +deseos, claros y concretos. + +«¡Castelar tenía razón!... ¡Indudable era que las sotanas partían con +las faldas el imperio del mundo!...» Y mientras esto pensaba Jacobo, con +cierto rabioso despecho, que le hacía aún más antipático al padre +Cifuentes, púsose a trazar un plan encantador, un verdadero idilio +aristocrático, mitad campestre, mitad feudal, que fue exponiendo poco a +poco y por partes. + +Él no tenía deseos, ni podía concebir otros que los que Elvira tuviese: +él era el vencido, el perdonado, y no podía tener otras aspiraciones que +obedecer en todo y por todo, y resucitar aquel tiempo lejano en que tan +felices habían sido ambos, amándose tanto, tanto... Y aquí pareció +Jacobo muy conmovido, y dio muestras de su erudición, trayendo a la +memoria aquello de Dante: + + Nessun maggior dolore + Che ricordarsi del tempo felice + Nella miseria. + +y parafraseándolo con aquello otro del marqués de Santillana: + + La mayor cuita que aver + Puede ningún amador, + Es membrarse del placer + En el tiempo del dolor. + +La marquesa parecía encantada y también conmovida, y le instó a que, +dejando a un lado honrosas delicadezas, le manifestara el plan de vida +que sería su gusto entablar, supuesta, _como ya podía suponerse_, su +reconciliación con Elvira. + +Creyóse ya Jacobo con esto dueño del campo, y su vanidad inmensa le hizo +sentir la satisfacción de haber sabido engañar, antes que el goce de +haber logrado su objeto. Las mil frases bonitas que había leído y +conservado en la memoria para matizar con ellas su pintoresca elocuencia +acudieron en tropel a sus labios saliendo a borbotones. ¿Qué plan de +vida podía tener él, como no fuera pasar la suya entera adorando a +Elvira, con una pasión humilde, discreta, satisfecha con arder a lo +lejos, como en la última grada del altar el cirio de un pobre?... + +Allá en tierra de Granada tenía él un castillo antiguo, la torre de +Téllez-Ponce, con terrenos de labor y montes espesísimos, donde, +desengañado de la Revolución, había soñado muchas veces combatirla, +realizando el ideal del grande de España antiguo, apoyado en el arado y +en la espada, siendo a la vez señor y protector de la comarca, padre de +sus colonos, y al mismo tiempo su caudillo... ¿Querría Elvira ayudarle +en aquella obra, encerrándose con él en aquel retiro? + +¡Ah, si la Grandeza entera de España, comprendiendo al fin sus intereses +hiciera lo mismo, y dejando a los ricos improvisados y a los políticos +de pacotilla, el lujo con sus vicios, el poder con sus truhanerías, +fuese ella caritativa en los campos, mientras eran ellos usureros en la +corte, diese ella su mano al pobre campesino, mientras ellos le rechazan +con altanería, el pueblo, el verdadero pueblo comprendería al fin cuáles +eran sus amigos sinceros, y el lodo de la política podría fermentar en +la corte, producir revoluciones, lanzar sobre el país decretos +inmundos!... Mas toda aquella insolencia expiraría sin fuerzas sobre la +yerba de los campos, y la ola de cieno no mancharía jamás el dintel de +sus iglesias y castillos, defendidos por un baluarte de caseríos. + +La marquesa miraba y escuchaba a Jacobo con entusiasmo, con +admiración..., con admiración tan grande y profunda, como que algo +parecido a aquella hermosa perorata lo había leído ella en Veuillot +hacía varios años; como que allí mismo, en el _secrétaire_ que tenía +delante, hallábase guardada entre los papeles de Elvira la escritura de +venta de la torre de Téllez-Ponce, sacada a pública subasta por los +acreedores de Jacobo y comprada bajo cuerda por Elvira misma, para +salvar de los usureros aquel último recuerdo histórico de la familia a +que pertenecía su hijo. + +La bondadosa sonrisa de la marquesa no desapareció, y sin embargo, ante +farsa tan innoble, y entusiasmada y conmovida, apresuróse a asegurar a +Jacobo que no podía imaginar un plan más al gusto de Elvira, y que ella +lo aceptaba desde luego y lo refrendaba en su nombre. + +--¿No es verdad que mi idea es profunda?--exclamó Jacobo, cegado por la +vanidad de orador, que era la más grande y la más mimada de todas sus +vanidades. + +¡Ah, muchas y tristes experiencias le había costado concebirla y +desarrollarla!... Y lo que en aquel momento le hacía encontrarla más +oportuna, más cara a su entendimiento y más grata a su razón, era que +ella misma venía a orillar el único reparo que al intentar su +reconciliación con Elvira se le había puesto delante: reparo de +delicadeza, de hombre de pundonor que quiere ponerse a cubierto de las +hablillas del vulgo. + +Habíase enterado en París por el tío Frasquito de que Elvira había +ganado un pleito de interés, que era a la sazón muy rica, y esto estuvo +a punto de retraerle, porque el mundo era muy malévolo y mil lenguas +murmuradoras se apresurarían a decir que no eran el desengaño y el +arrepentimiento, sino el dinero de su mujer y la ruina propia los que le +impulsaban a dar aquel paso... Mas retirándose a Téllez-Ponce, podían +vivir con las rentas de aquella finca suya, de él propia, y conservar el +caudal de Elvira intacto, para patrimonio de su hijo. + +Aquella era la primera vez que en todo el transcurso de la conversación +nombraba Jacobo al niño, y hacíalo para asegurar una fraudulenta +impostura. La marquesa sintió que el corazón se le oprimía, oyéndole +hablar de aquel arrepentimiento en que no entraba la idea de Dios; de +aquel amor a su mujer en que no entraba la ternura hacia su hijo, y +dulcificando con un esfuerzo de su poderosa voluntad más y más su +sonrisa, y dando a su acento más marcado tinte de confianza y de cariño, +dijo moviendo desdeñosamente la cabeza: + +--¡Bah!... No pienses en eso... + +--Sí, María, sí; hay que pensar en ello, porque lo que se cuenta de los +hombres, sea o no cierto, ocupa de ordinario tanto lugar en sus vidas +como lo que realmente han hecho. ¡Bien lo sé yo por experiencia propia! + +--¡Obrar bien, que Dios es Dios!--dijo sentenciosamente la marquesa--. +¡Ese es mi lema! + +--Y el mío también... desde hace algún tiempo. Pero no hay que perder de +vista que si la virtud depende de nuestras propias acciones, la honra +depende de la opinión ajena. + +--Pues ya tienes en favor tuyo la de las gentes honradas... ¿Qué más +quieres?... + +--Nada, nada más quiero--replicó Jacobo--. Por eso, en cuanto el padre +Cifuentes me lo aconsejó, cesaron al punto mis dudas. + +--Y además de eso--añadió la marquesa con ingenuidad sencillísima--, tu +pensamiento ha coincidido con el mío... ¡Claro está!, un hombre decente +no podía pensar otra cosa; y por eso había yo previsto, para acallar tus +escrúpulos, un remedio facilísimo. + +--¿Cuál?--preguntó Jacobo algún tanto suspenso. + +La marquesa levantó la tapa del secrétaire, y sacando el documento +escrito por ella misma la noche antes, púsoselo a Jacobo ante los ojos, +diciendo con su sonrisa habitual, tan franca y tan simpática: + +--Con firmar este papel estamos ya del otro lado. + +Jacobo comenzó a leer el documentó con algún sobresalto, y a medida que +recorría sus renglones, contraíanse sus labios y tornábanse color de +grana sus orejas. La marquesa fijaba en él una mirada de compasión +profunda. Él, al terminar su lectura, arrojó el papel sobre la mesa, +murmurando: + +--¡Pero, María!... ¡Imposible!... ¡Imposible!... ¡Yo no firmo eso!... + +El documento era una renuncia completa y explícita a toda intervención y +a todo derecho que pudiera concederle la ley a la administración de los +bienes de su mujer y al usufructo del caudal de su hijo, tan +perfectamente detallada, meditada con tal prudencia, que la codicia y la +rapacidad de Jacobo quedaban atadas de pies y manos con sólo poner allí +la firma... + +Antonelli había vencido a Bismarck; el ángel, con alas de águila, había +cogido bajo el pie al demonio, con alas de murciélago. + +Jacobo, herido en su vanidad, derrotado en sus planes, revolvíase +furioso al verse cogido en sus propias redes, mientras la marquesa, muy +sorprendida y admirada, preguntábale sin perder un punto de su aparente +ingenuidad y su señoril aplomo: + +--¿Pero por qué no quieres firmar?... ¿Qué encuentras en ello de malo? + +--Porque..., porque..., porque firmar eso, es renunciar a mi dignidad de +marido. + +--¿A tu dignidad de marido?... ¿Pues no decías hace un momento que tan +sólo el reparo que este papel allana te había hecho vacilar al intentar +lo que intentas? + +--Es que ese papel rebaja mi dignidad... + +--Ese papel realza y asegura tu dignidad en la opinión pública... + +--Cuando se trata del honor hay que prescindir de la opinión... + +--¿Prescindir de la opinión?... ¿Pues no decías ahora mismo que lo que +se dice de los hombres, sea o no cierto, ocupa de ordinario tanto lugar +en su vida como lo que realmente han hecho? + +--Hay casos en que el testimonio de la propia conciencia es, para el +hombre de honor, suficiente: + +--¡Pero hombre... de honor!... ¡Si me decías hace un momento que, aunque +la virtud depende de nuestras propias acciones, la honra depende de la +opinión ajena!... + +Jacobo forcejeaba como el lobo cogido en la trampa para buscar una +salida, y no hallándola, exclamó al fin, rompiendo el freno de las +formas, último que suele romper el más inepto de los diplomáticos: + +--¡Política romana con todas sus hipócritas bajezas y sus intrigas de +sacristía!... + +--¡Cuidado con lo que dices, Jacobo!--exclamó enérgicamente la +marquesa--. ¡Mira que me autorizas a pensar que tu política +_bismarckiana_ ocultaba alguna vileza! + +--¡La tuya sí que oculta una intriga en que asoma la mano del padre +Cifuentes!... + +--¿La mano del padre Cifuentes?... ¡Pobre padre Cifuentes!... La +descubrirás tú, sin duda, desde aquella montaña de Tai-Sam a que subiste +hace poco... Yo, como vivo en terreno llano, no la descubro. + +Jacobo, golpeando con ambos guantes la tapa de la mesa, guardaba +silencio. La marquesa le preguntó al cabo, sin perder su serena calma: + +--¿Conque decididamente no firmas? + +--No firmo--replicó Jacobo con ira. + +--Pues conste que, si la reconciliación no se efectúa, tú tienes la +culpa; que tu mujer ha cedido cuanto es posible ceder, y tú..., tú +mismo, por una obcecación bien sospechosa, destruyes todo lo hecho. + +--Destruyo lo que tú o ese bendito Cifuentes habéis urdido; pero yo me +entenderé con Elvira... + +--Es que Elvira no vendrá a Biarritz. + +--Pues iré yo a buscarla. + +--¿A que no vas? + +--¡Pero, señor!--exclamó Jacobo exasperado--. ¿Son estas las gentes +timoratas?... ¿De dónde saca mi mujer esos aires de independencia?... +Nosotros no estamos separados legalmente y la ley me autoriza para +reclamar cuando quiera a mi mujer y a mi hijo. + +La marquesa se irguió entonces en su butaca, arrogante y amenazadora, +desplegando por vez primera sus poderosas alas de águila. Con el puño +cerrado dio un fuerte golpe sobre la mesa, diciendo al mismo tiempo: + +--¡Inténtalo!... ¡Atrévete!... ¡Inténtalo, y en el momento en que des el +primer paso, presenta ella ante esos tribunales una demanda de divorcio +que te hunde por completo!... + +El aspecto, la voz, el enérgico desprecio de aquel reto sobrecogieron a +Jacobo por un momento; recobrando, sin embargo, bien pronto su audacia, +replicó lleno de rabia: + +--¡Que la presente si quiere!... ¿Dónde tiene las pruebas?... + +--En su poder las tiene... Suficientes para alcanzar un divorcio: +bastantes para hacer poner el capuchón... a cualquiera que lo merezca... + +--¡María! + +--¡Jacobo!... ¿Te habías pensado tú que por el solo hecho de ser buena +había de ser tu mujer siempre mártir?... La paciencia tiene un límite +que marca a veces el decoro, y ¡ay de las zorras el día en que las +gallinas se cansen de ser gallinas!... + +La terrible indicación de la marquesa amedrentó a Jacobo en medio de su +aturdimiento y de su rabia; y quiso sondear si la existencia de aquellas +pruebas era una mera amenaza. + +--¡No se me asusta a mí con leones de paja!--exclamó irónicamente--. Mi +conciencia me dice que esas pruebas no existen, y no creo en ellas... + +--Pues a ver si tus ojos convencen a tu conciencia--replicó vivamente la +marquesa. + +Y abriendo de un tirón el cajoncillo del secrétaire, mostró a Jacobo, +desde lejos, un paquete de cuatro o cinco cartas, diciendo: + +--A fe que la letra de Rosa Peñarrón y la tuya propia son lo bastante +claras para que no necesiten en los tribunales de peritos que las +reconozcan. + +La sangre entera de Jacobo refluyó en su rostro, y por uno de esos +brutales impulsos con que, en el hombre de la naturaleza y no de la +civilización se manifiesta el instinto, hizo ademán de arrancárselas a +la dama. Mas esta, veloz como el rayo, abrió de un solo golpe la ventana +de cristales, y echando fuera el busto entero y la mano en que tenía las +cartas, gritó con gran fuerza: + +--¡Monina!... ¡Que te vas a caer!... No saltes más... Mademoiselle, +quite usted a la niña la cuerda... + +Y volviéndose después a Jacobo, un poco pálida, pero perfectamente +serena, añadió sin abandonar la ventana: + +--¡Creí que se mataba!... ¡Con estos diablos de niños no se gana para +sustos! + +Jacobo habíase quedado aplanado en su asiento, y tartamudeó entonces: + +--¿Tienes aquí a Monina?... + +--¿Pues no la había de tener?... ¿Quién me separa a mí de mi niña?... +¿Tú no la conoces?... ¿Quieres verla?... + +Y sin esperar respuesta, volvió a gritar desde la ventana: + +--¡Mademoiselle!... Traiga usted aquí a la niña... + +A poco entraba Monina seguida del aya, y corrió a echarse en el regazo +de su abuela, mirando a Jacobo con esa media sonrisa de los niños +mimados, acariciados por todo el mundo, que parece decir al extraño: +¿Pero no me dice usted que soy muy bonito?... + +Jacobo, aturdido por completo, no le decía nada, intentando en vano +adivinar por dónde habían llegado a manos de Elvira aquellas cartas, +pruebas irrefragables de uno de los episodios más vergonzosos y +comprometedores de su vida. + +La marquesa abrazaba a su nieta como hubiera abrazado al ángel de su +guardia, dando gracias a Dios desde lo íntimo de su pecho por haber dado +a Jacobo el golpe de gracia con una espada de hoja de lata. Porque +aquellos terribles papeles con que su presencia de espíritu y su +enérgica audacia habían anonadado al farsante, eran simplemente tres o +cuatro cartas de sus administradores que en el cajoncito del secrétaire +estaban guardadas. El hecho vergonzoso era cierto, mas las pruebas no +existían, y muerta la Peñarrón, único cómplice, dos años antes, +imposible era que Jacobo descubriese ya el engaño. + +El astuto Antonelli había atado para siempre a Bismarck con hilo de +araña. + +Jacobo, sin hacer una sola caricia a la niña, despidióse fríamente, y +Monina le miró marchar, chupándose, con altivez de dama ofendida, tres +dedos al mismo tiempo. + +Aturdido todavía y lleno de saña, entróse precipitadamente Jacobo en el +carruaje y dio orden al cochero de volver a Bayona, al Hotel de Saint +Etienne, donde se había apeado la víspera. Biarritz era demasiado +pequeño para permanecer oculto y evitar embarazosos encuentros con los +emigrados alfonsinos y carlistas que, desde mucho tiempo antes, poblaban +todos los contornos, y los hombres políticos y medrosos de todo jaez con +que la caída de don Amadeo y la proclamación de la República engrosaban +en aquellos mismos días el número de españoles dispersos. + +El desengaño había sido cruel, y tornábase de nuevo angustiosa la +situación de Jacobo al ver hundirse todas sus ilusiones, dejando tan +sólo en su ánimo zozobras y rencores terribles que encendían en su +corazón, contra la marquesa de Villasis y el padre Cifuentes, la rabia +implacable que siente el perverso contra todo aquel en quien se ve +forzado a reconocer el derecho de despreciarle. + +De las heridas que el derrotado plenipotenciario de Constantinopla +llevaba en el alma, ninguna escocía tanto a su vanidad, ninguna +irritaba tanto su soberbia como el que fueran sus vencedores una beata y +un fraile. + +En el paroxismo de su furor imaginábase estrangular algún día a la +taimada Villasis con el pañuelo a cuadros azules y amarillos del +hipócrita Cifuentes. + +Fin del libro segundo + + + + +Libro III + + + + +--I-- + + +Memorable fue aquella noche... Pedro López aseguró al día siguiente, +bajo su firma, en las columnas de _La Flor de Lis_, que el espíritu de +Meyerbeer había abandonado la mansión de las armonías para inspirar en +el Real el estreno de _Dinorah_. Algo impalpable y armónico que se +reflejaba en las voces de los cantantes y en los ecos de la orquesta lo +había visto él, Pedro López, descender del carro de Febo, que decora el +techo, y dinfundirse por la atmósfera embriagadora de la espléndida +sala... + +También Villamelón había visto algo; sentado de espaldas al escenario, +en el fondo del palco, apoyada la pensadora cabeza en el débil +tabiquillo y fijos los ojos en el techo, recibía de lleno el formidable +soplo de aquel feísimo Eolo que, por detrás del carro de Febo, parece +lanzar pulmonías y catarros sobre las calvas, vistas en proyección, de +los melómanos faltos de pelo. + +Currita, sentada en primer término, frente a Leopoldina Pastor, +hallábase arrobada por aquel sublime terceto de la compañía, final del +primer acto, cuando retumba el trueno a lo lejos entre los sordos +bramidos de los contrabajos y el suave murmullo de los violines, dulce, +delicado, bellísimo, que parece revelar el hálito tibio de la tormenta +que se acerca, el tenue susurrar de las hojas de los árboles que sacuden +ya las primeras ráfagas, el vago perfume de la tierra que anuncia la +cercana lluvia. + +_Che oscuro è il cieli_!... + +Y Currita, tan conmovida como Dinorah misma, que intenta en vano detener +a Bellak, la blanca cabra querida, miraba de reojo al palco del +Veloz-Club, donde charlando y riendo entre sí, asomaban Gorito Sardona, +Paco Vélez, Diógenes, Angelito Castropardo, y por detrás de todos, +descollando entre ellos por su gallarda apostura y su aire altanero, +Jacobo Sabadell, flechando los gemelos con descaradísima insistencia a +otro palco que Currita no podía ver porque estaba colocado justamente +encima del suyo. + +--¡Delicioso!--decía Currita más y más conmovida, porque la cabra se +escapaba en aquel momento. Dinorah corría en su busca, Höel arrastraba a +Corentino medio loco de terror y la orquesta se apagaba lentamente, +pianissimo, en un suave murmurio que dejaba sobresalir lejos, cada vez +más lejos, hasta convertirse en un eco apagado, misterioso, mágico, las +vibrantes notas de la campanilla de plata de Bellak, la cabra +blanca[14]. + +[Nota 14: El análisis técnico de esta ópera está tomado de un +artículo crítico del señor Peña y Goñi.] + +El telón cayó entonces, y el público permaneció un segundo mudo, +atónito, escuchando aún en aquel silencio que hubiera permitido oír la +caída de una hoja, embargado por esa especie de pavor suavísimo que +infunde en el alma el sentimiento de lo sublime. Una tempestad de bravos +y de aplausos estalló al fin en el teatro, y Villamelón salió entonces +de su arrobamiento, exclamando con aire de reconcentración profunda: + +--¡Lo dije!... El _vol-au-vent_ de codornices se me indigesta siempre... + +Currita, prescindiendo también de su emoción artística, inclinóse +vivamente al oído de Leopoldina, para preguntarle rabiosa y preocupada: + +--Pero, mujer... ¿A quién mirará tanto Jacobo en ese palco de arriba?... + +Leopoldina volvió lentamente la cabeza, con ese arte inimitable que +tienen las mujeres para ver sin mirar, y echó una rápida mirada al palco +del Veloz. + +La _garçonniere_ andaba revuelta, y Jacobo, de pie en el palco, flechaba +los gemelos con distinguidísima insolencia en la dirección marcada por +Currita, sin hacer caso de las chistosas observaciones que, a juzgar por +sus risas, parecían hacerle los compañeros. Diógenes, mirando también +hacia el mismo sitio, cogió a Jacobo por un brazo y echó al mismo +tiempo, con la mano izquierda, una gran bendición en el aire. Riéronse +los del palco estrepitosamente, y Leopoldina dijo muy seria: + +--¡Anda!... Ya los casó Diógenes... + +Currita, muy alterada, volvió a preguntar: + +--Pero ¿quién puede estar ahí?... + +Leopoldina, furiosa dilettante, que recorría siempre de gorra todos los +palcos del Real, tenía al dedillo los abonos de cada turno y los +abonados a cada localidad. Calculó un momento la dirección en que los +del Veloz miraban, y dijo al cabo: + +--No sé quién puede ser...; ese palco no está abonado. + +Fernandito, con las manos en los bolsillos del pantalón, daba pataditas +en el suelo, diciendo tímidamente: + +--Estoy fastidiado... ¿Sabes, Curra?... + +Curra nada sabía, ni parecía tampoco querer averiguarlo, y aconsejaba +mientras tanto a Leopoldina que fuera en aquel entreacto a visitar a +Carmen Tagle en su platea, desde donde podían perfectamente descubrirse +las incógnitas o incógnita del palco de arriba. Hízole a Leopoldina +poquísima gracia la propuesta, pero érale imposible rehusar aquel +pequeño servicio a la amiga generosa, en cuyo palco, coche y mesa, tenía +un lugar siempre dispuesto; porque era Leopoldina de esas personas de +clase inferior, entrometidas y gorronas, que sufren toda especie de +molestias y desaires a trueque de aparecer a los ojos del vulgo, +codeándose en todas partes con las primeras figuras de la moda y de la +Grandeza. La faja de su hermano y la Capitanía general de Madrid, que +desempeñó este algún tiempo, habíanle abierto las puertas del _beau +monde_, y allí se había encastillado ella y tomado carta de naturaleza. + +Villamelón, dando sus pataditas, repetía por centésima vez muy +angustiado: + +--¿Sabes, Curra?... Malo estoy. + +--Fernandito, ¡por Dios!... No me lo digas... + +--Indigestión... El _vol-au-vent_ de codornices. Lo tengo dicho: siempre +se me indigesta. ¿Me entiendes?... + +--¡Vaya por Dios, vida mía!... Mira, pasea un poquito y eso te vendrá +bien... Acompaña a Leopoldina y vuélvete pronto... + +Y cada vez más impaciente, advirtió a esta por lo bajo: + +--Que no se huela Carmen a lo que vas... Mira que las pesca al vuelo. + +Villamelón, haciendo figuras, se atrevió a decir: + +--Quizá en casa... + +--¿En casa?... Jesús, hijito mío, y ¿qué te vas a hacer allí solo?... ¿Y +si te da algo?... No, por Dios; ve con Leopoldina y vuélvete despacito. + +El duque de Bringas entró en el palco, y a poco llegó el tío Frasquito +acompañando a su sobrina Valdivieso, que rebosaba, como siempre, +entusiasmo y necedad, chismes y enredos. + +La Ortolani era un portento. ¡Qué _berceuse_ aquella: _Si carina, +carprettina_!... El tío Frasquito no estaba conforme: gustábale más la +romanza _L'incantator della montagna_, y estábala ensayando en la +flauta, sin cuidarse para nada del percance del rey Midas, que desde +mucho tiempo antes le tenía pronosticado Diógenes. El duque de Bringas +estaba muy enfadado porque no le llenaba la partitura; aquello no era +sino una ópera cómica francesa, convertida en ópera italiana; en cuanto +a la Ortolani, ¡pchs!... no vocalizaba mal, pero ¡estaba tan flaca!... + +--¡Como si tuviera que cantar con los mofletes!--exclamó María +Valdivieso con muy buen sentido. + +Y variando de conversación púsose a contar a Currita una historia muy +chistosa de la duquesa de Bara, que se hallaba un poco más abajo, en el +palco de los consortes López Moreno, restaurados ya en su trono de +Matapuerca. Lucy se casaba al fin con Gonzalito, conformándose la +duquesa a tragarla por nuera. Paco Vélez se lo había dicho. + +--¡Ya me lo figuraba yo!--exclamó Currita con maligna complacencia--. Si +quien habla mal de la pera, la bendice y se la lleva. + +--¡Exacto! Lo mismo dijo Paco Vélez... Ahí los tienes a los dos tan +amartelados en el palco, publicando las amonestaciones... ¡Dice Paco +Vélez que ha habido unas historias!... López Moreno sitió a Beatriz por +hambre, y entre el embargo y la boda no hubo más remedio que capitular. +Beatriz entrega el ducado, el otro perdona la deuda, y pata... Pero lo +más chistoso es que Lucy dota a Gonzalito en cuatro millones... + +--¡Qué delicia!... De modo que, en caso de viudez, Gonzalo quedará +siempre _prince douairier_, es decir, _douairier_ de Matapuerca. + +El duque y el tío Frasquito creyeron morirse de risa al oír la agudeza +de Currita, y la de Valdivieso añadió entre carcajadas: + +--¡Exacto! ¡Qué frase tan feliz!... Se la contaré a Paco Vélez... ¡_Le +prince douairier_ de Matapuerca!... Es menester que le dejemos el +nombre; justamente andan muy afanados ahora buscando el árbol +genealógico de Lucy... + +--Pues mira, mujer, yo se lo daré hecho... En la primera rama que pongan +al Mal Ladrón, y en la última a López Moreno ahorcado... + +--¡Pero, Curra, mujer, estás de vena esta noche!--exclamó muerta de risa +la Valdivieso--. Cuánto daría Beatriz porque el árbol de Lucy rematase +de ese modo... Dice Paco que López Moreno está riquísimo... + +Aquí se detuvo como espantada un momento, y mirando atentamente hacia la +sala, añadió con su intemperancia ordinaria: + +--Pero, mujer, ¿no has visto eso?... ¿No ves allí a Jacobo con la +Mazacán?... ¡Pero qué escándalo!... ¿Cómo permites tú eso?... + +¡Vaya si lo había visto Currita!... Como que el berrenchín que tenía por +dentro era la nerviosa musa que inspiraba aquella noche sus aceradas +agudezas, y desde que terminó el acto no había perdido de vista un +momento a Jacobo, viéndole comenzar su _toumée_ por los palcos de las +damas, que le recibían todas en palmas, mimándole y agasajándole con sus +más encantadoras sonrisas y sus más dulces palabras. Isabel Mazacán, +sobre todo, parecía querer comérselo, y por dos o tres veces, mientras +le tuvo en el palco lanzó al de Currita una mirada que parecía decirle: +¡Rabia de firme!... Él acogía todos aquellos homenajes con la exquisita +naturalidad, el desembarazo distinguidísimo del elegante de raza que se +reconoce de moda, del _leader_ del día cuyos saludos se mendigan, sus +frases se repiten, sus trajes se copian, sus toses y estornudos se +numeran y comentan. + +Jamás había otorgado Madrid un perdón tan generoso y tan amplio como el +que concedió al antiguo revolucionario al saber su novelesca aventura +de Constantinopla y al verle entrar de nuevo en el redil aristocrático, +a la sombra de Butrón y la Albornoz, arrepentido, pero con la cabeza +alta; no implorando protección, sino ofreciéndola a todo el mundo. + +Allá en los profundos rincones de los _boudoirs_ y en los secretos +conciliábulos políticos murmurábanse cosas extrañas. Decíase en estos +que Jacobo había prestado un gran servicio al partido restaurador, +echando a pique con ciertos misteriosos papelitos a tres personajes +intrigantes y tramposos que, ávidos siempre de poder y dinero, habían +querido en Biarritz, después de la caída de Amadeo, injerirse +traidoramente en la restauración del trono, que ellos mismos habían +contribuido a hundir cinco años antes. Fuera o no esto cierto, éralo, +sin embargo, que el respetable Butrón había aparecido de repente, +cubriendo a Jacobo con el manto protector de su confianza; que Currita +habíale proporcionado la desinteresada amistad de su caro esposo +Fernandito, y que así, en aquellos ocultos rincones de los _boudoirs_ +como en las amplias aceras de las plazas públicas, designábanse a los +tres personajes con los nombres de _el joven Telémaco, el prudente +Mentor y la invulnerable Calipso_, murmurándose al mismo tiempo que +Jacobo estaba arruinado, que el partido restaurador garantía su porvenir +asegurándole una cartera en pago de sus servicios, y Currita atendía a +su presente con una esplendidez que amenazaba dar al traste con la hasta +entonces bien cimentada fortuna de la opulenta casa de Villamelón. + +--Y es natural--había dicho una noche la duquesa de Bara--. Curra está +ya muy _fanée_, y Jacobo no es ningún Juanito Velarde que se mantenga +con un destinillo de veinte mil reales. + +Mientras tanto, Leopoldina Pastor entraba en la platea de Carmen Tagle, +y besándola en ambas mejillas, decíale al oído: + +--Vengo huida... + +--¡Mujer!... ¿Quién te persigue? + +--Curra... Esa Curra... que es atroz, hija, atroz... ¡No vuelvo a +presentarme en público con ella!... No me gustan evidencias; no quiero +escándalos... Por eso dije: aunque sólo sea este entreacto, me la quito +de encima y me voy con Carmen... + +--Gracias por la elección, querida... + +--Pues nada... Empeñada en saber quién estaba en el palco de arriba... Y +todo porque _el otro_ no hacía más que mirar para allá _poniendo varas_. + +Al decir esto, Leopoldina cogió a Carmen Tagle sus gemelos de nácar y +púsose a mirar hacia el palco que tanto inquietaba a Currita. Había en +él dos señoras: una, joven, sentada en primera fila, y otra, de edad ya +madura, casi oculta en el fondo... Parecía la primera una verdadera +niña, delicada, fantástica, una de esas espirituales gatitas rubias que +se crían a orillas del Sena y suelen tener, en efecto, todas las +solapadas mañas de la raza felina. Sentada de espaldas al escenario, +parecía no haber roto un plato en todos los días de su vida, y paseaba +la vista por la espléndida sala, sin fijarla en ninguna parte, con esa +indiferencia con que se mira una multitud del todo desconocida: más bien +que para ver, parecía estar allí para ser vista, y la exagerada +elegancia, algún tanto extravagante, de su traje de terciopelo negro con +camelias rojas indicaba claramente el plan preconcebido de atraer todas +las miradas. Su compañera, que podía muy bien ser su madre, era una +mujer muy flaca, de aspecto distinguido, con el pelo gris peinado a la +inglesa, un traje de terciopelo negro cerrado hasta arriba y un vistoso +aderezo de brillantes falsos. Ambas parecían extranjeras, y en toda la +noche no habían cruzado entre sí una sola palabra. + +Examinólas Leopoldina detenidamente, y dijo al cabo, meneando la cabeza: + +--Negro y encarnado... ¡Malo!... Los colores del diablo... ¿Y quiénes +son esas individuas?... + +Carmen Tagle se echó a reír encogiéndose de hombros, y Leopoldina volvió +a mirarlas, diciendo por debajo de los gemelos: + +--Pues te digo que con el terciopelo que gastó la madre en cubrirse +hasta las orejas podía haber subido un poquito el escote de la hija... +¡Vaya con la indecente!... Y la chica es monísima... ¿Cómo se llama?... + +--Si nadie la conoce... El martes se presentó en ese mismo palco vestida +de blanco con camelias rosa... Ayer estaba en la Castellana en un milord +muy bonito, con camelias blancas en el sombrero y en el pecho... Hoy, +terciopelo negro con camelias rojas... + +--Pues ya tenemos nombre que darle--exclamó Leopoldina riendo--: _La +dama de las camelias_. + +Y sobre estos varios motivos improvisaron las dos amigas una alegre +fantasía, hasta que Leopoldina volvió al palco de la Albornoz momentos +antes de comenzar el acto segundo. Currita la esperaba impaciente, y la +falaz exploradora apresuróse a decirle, con cierto maligno gustito, que +la incógnita en cuestión era una muchacha monísima, de todo el mundo +desconocida, a quien acababan de bautizar ellas, por tenerlo muy bien +merecido, con el significativo nombre de _La dama de las camelias_. + +--Por supuesto, que no se enteraría Carmen de que yo te enviaba--dijo +Currita muy pensativa; y Leopoldina, con el hociquito fruncido y los +ojitos entornados, como quien se ofende de la pregunta, contestó: + +--¡Mujer!... ¿En qué cabeza cabe?... ¿Acaso soy yo boba?... + +Comenzó el acto: Villamelón seguía indigestado; Currita, emberrenchinada +y con el rabillo del ojo alerta; Leopoldina, que era, en efecto, +aficionada e inteligente, sin perder una nota, y el tío Frasquito, que +allí se había quedado, muy satisfecho por hallarse al lado de +Leopoldina, una de las sobrinas espurias a que más predilección +mostraba, por su _allure_ varonil y decidida y sus excéntricas +genialidades. + +En el palco del Veloz habían quedado solos Diógenes y Jacobo; +despatarrado aquel frente al público, como si quisiera indicarle que +todo él junto no se le importaba un comino; mirando este sin cesar, como +un cadete, al palco de la dama de las camelias. En la escena, Dinorah, +la pobre loca, cantaba la bellísima aria que la inspira su propia sombra +proyectada en el suelo por la blanca luz de la luna, una de las más +felices inspiraciones de Meyerbeer, que interpretaba admirablemente la +entonces célebre Ortolani. + +Cambió la escena de pronto, y la cascada, el precipicio y el torrente +arrancaron un murmullo de admiración a los espectadores, que pocas veces +habían contemplado en aquel género una obra de arte tan acabada y tan +bella. Höel quiere obligar al gaitero Corentino a buscar el tesoro en el +fondo del precipicio; de nuevo el cielo se encapota, y entonces aparece +otra vez el terrible Meyerbeer, el genio de los _Hugonotes y Roberto el +diablo_, que sabe describir con las ocho notas del pentagrama toda la +rabia de los elementos y todos los furores del corazón. + +De improviso, rompe la orquesta bruscamente la cadencia, rugen los +contrabajos estrepitosamente, las flautas dejan oír agudos silbidos, el +metal, desencajado, truena con espantosa violencia, los timbales +redoblan convulsamente. Ya no parece aquello una tempestad, ni un +huracán, sino un cataclismo que amenaza desquiciar la tierra, y en aquel +momento, el supremo de la ópera, apareció por entre las cortinas de +terciopelo carmesí que cerraba el fondo del palco de Currita una cabeza +peluda y cetrina, que el tío Frasquito tomó por la del terrible +Adamastor, genio de las tempestades, y Fernandito por el bilioso +espectro de la indigestión, que evocaban ante él sus jugos gástricos +alterados. + +Era Butrón, el respetable Butrón, que entraba de puntillas, con el dedo +sobre los labios, haciendo gestos de que nadie se molestara, y yendo a +sentarse en la silla que, no obstante su susto y su entripado, se +apresuró a cederle Villamelón, al lado de Currita. + +La tempestad seguía rugiendo: Höel y Corentino gemían aterrados, y +Dinorah, la pobre loca, desencajada, con el cabello flotante y el rostro +iluminado por la luz de los relámpagos, desafiaba la furia de los +elementos, dominando con su voz pura y vibrante los roncos estampidos +del trueno y los estridentes alaridos del viento, que encubrieron +también estas breves palabras deslizadas por Butrón al oído de Currita: + +--Llegó la hora... ¡Concha está con nosotros!... + +Escapósele a aquella una leve exclamación de sorpresa, que el tío +Frasquito pescó al vuelo; mas un azulado relámpago iluminó en aquel +momento la escena; un inmenso diseño cromático, nacido en las alturas +de la orquesta y resuelto en las profundidades de los bajos en un rumor +apagado y fatídico, anunció la caída del rayo, y entre truenos y +relámpagos y sublimes convulsiones de los instrumentos de cuerda, +escapósele lo que Butrón añadía, pudiendo percibir tan sólo estas +palabras dichas por el diplomático con grande insistencia: + +--Mañana, a las cuatro, en casa... ¡Por Dios!, que no faltes, ni dejes +de avisar a Jacobo... + +La curiosidad hizo al tío Frasquito perder la cabeza, y por querer +fiscalizarlo todo a un tiempo, ni vio a Bellak, la cabra blanca, cruzar +como una flecha el rústico puentecillo, ni a Dinorah caer en el fondo +del barranco, ni a Höel precipitarse desesperado en su auxilio, ni a +Currita que ceñuda y apretando con inexplicable rabia las varillas del +abanico, decía a Butrón muy por lo bajo: + +--¿A Jacobo?... ¿Acaso le veré yo esta noche?... Ya ha correteado todos +los palcos y todavía no me ha dirigido un saludo. + +--¡Ah, ingrato!--susurró Butrón--Corro a traértelo. + +Y de nuevo se fue como había venido, de puntillas, sonriendo a todos, +haciendo muchos ademanes para que nadie se incomodara, y dejando al tío +Frasquito estupefacto... ¡Oh!, pues lo que es a él no se la pegaban... +¿Currita a las cuatro en casa de Butrón y avisando antes a Jacobo?... +Algo gordo sucedía cuando el prudente Mentor, el joven Telémaco y la +invulnerable Calipso se avistaban en secreto, con la extraña +circunstancia de acudir la dama a casa del caballero, y no los +caballeros al palacio de la dama, como parecían dictar las más +elementales leyes de la galantería. + +--¡Cosa más singularr!... + +Y mirando a Jacobo a lo lejos, aumentóse su curiosidad al ver que +aparecía Butrón por detrás de la cortina del palco del Veloz, hacíale +una seña y llevábaselo consigo, siguiéndoles a los dos, sin que ninguno +le llamase, el cínico Diógenes... Al terminar el acto, Butrón, +triunfante y satisfecho, entraba otra vez con Jacobo en el palco de +Currita, y empujándole hacia la dama con aire de papá bonachón que +satisface un capricho de la niña, cogió con una de las suyas las dos +manos que ella y él se estrechaban al saludarse, murmurando, con +sentenciosa indulgencia, aquellas palabras de Shakespeare: + +--_Old, old history_!... + +Hecho esto, el espejo de caballeros, según Pedro López, el integérrimo +diplomático, el sesudo político, el anciano venerable y fervoroso que +tenía ya un pie en el sepulcro, miró al reloj, enarcó las cejas y +despidióse apresuradamente. Eran ya las once, y estaba citado a las once +y cuarto con el cardenal arzobispo de Toledo: tratábase de un atentado +de la canalla gubernamental republicana contra la Iglesia y deseaba él +representar en aquel conflicto el papel de Constantino. + +Ensanchósele el corazón al tío Frasquito, creyendo llegada la hora de +averiguar algo, y aguzó las orejas y aprestó la lengua para sondear con +habilidad a Jacobo y a Currita. Mas, de repente, una mano aleve cogió el +mediato lazo de su corbata blanca, y dándole una rápida vuelta, vino a +ponérselo sobre la nuca. Volvióse indignado y sorprendido, y vio +inclinada sobre la suya la gran cabezota de Diógenes, que, sonriendo y +babeando, le decía amorosamente: + +--¡Francesca mía!... ¡Si soy yo, Paolo!... + +Verde de ira y amarillo de miedo púsose Francesca, cual si viese asomar +por detrás de Paolo la sombra siniestra de Gianciotto, y gruñó entre +dientes: + +--¡Qué cosas tienes!... De verras que erres pesado... + +Y despidiéndose atropelladamente por temor de alguna más grave demasía, +fuese a componer la corbata en el espejo del antepalco, dejando vacío su +asiento, que era lo que buscaba Diógenes. Ocupólo este entonces con la +mayor frescura y dando una gran palmada en el muslo a Villamelón, díjole +tal atrocidad, relativa a su entripado, que Jacobo y Leopoldina se +miraron espontáneamente, como quien dice: «¡Animal!». Currita, muy +enfadada, dijo:--¡Jesús, hombre, qué cosas tienes!... ¡Eres shoking, +shoking, de veras!--Y Fernandito, con resignada sonrisa, contestó: + +--El _vol-au-vent_ de codornices... Siempre se me indigesta. ¿Sabes? + +--¡Pues ya lo creo que lo sé, polaina!... Por eso tomo yo siempre +_vol-au-vent_ de sopa de ajo--replicó Diógenes. + +Y cediendo a su instinto natural de desvergonzada capigorronería, +añadió: + +--Oye... ¿Y quién me lleva a mí luego en su coche, tú o Jacobo? + +--Lo que es yo no te llevo--replicó vivamente este--. Me voy ahora +mismo. + +--Ni yo tampoco--añadió al punto Currita--Fernandito no se siente bien, +y no hemos de andar por ahí dando vueltas. + +--Pero, mujer, si te coge al paso... Me dejas en la calle de Alcalá, en +la chocolatería de doña Mariquita... Por nada del mundo pierdo yo mi +gran jícara con su par de _mojicones_... + +--Son sabrosos--opinó Villamelón. + +--¡Qué delicia!--dijo Currita--. Si te los dieran todas las noches en +los dientes no tendrías la lengua tan larga. + +--¡Polaina!... Si te los dieran a ti donde yo me sé, no darías motivos +para que te alcanzasen las lenguas. + +Currita se mordió los labios comprendiendo que era imposible la lucha +con aquel cafre, que parecía complacerse en poner de relieve, con sus +crudezas, las vergonzosas condescendencias del mundo, y Jacobo se +despidió afectuosamente al comenzar el acto con un ambiguo _hasta +luego_, que dejó a Currita muy complacida. A la mitad del acto cuando +Dinorah recobra la razón y quiere recordar la bellísima plegaria +_¡Sancta María!_ entre sublimes vacilaciones de la orquesta, que parecen +revelar los esfuerzos mentales de la pobre loca, envolvióse Currita en +su soberbio abrigo de terciopelo granate, forrado de pieles blancas, y +aceptando en señal de reconciliación el brazo de Diógenes, salió del +palco escoltada por Villamelón y Leopoldina, gozoso él por irse a dormir +su indigestión, furiosa ella por marcharse sin oír el coro final de la +romería. + +El _foyer_ estaba aún desierto, y los lacayos, zambullendo las +encarnadas narices en sus inmensos cuellos de pieles, comenzaban a +asomar ya, para avisar a los señores la llegada de los coches. +Antojósele entonces a Currita sentarse en un diván, para esperar la +salida de la gente. Angustióse Villamelón. + +--¡Pero, hija mía, por Dios!... ¡Si esto está helado, Curra!... + +Y se liaba a toda prisa al pescuezo un _gran foulard_ finísimo, y +levantábase el cuello del gabán a la altura de las orejas... + +--Te digo que vale más volver al palco, si... + +Un estornudo formidable le cortó la palabra y le acrecentó la angustia. + +--¿Lo ves?... ¿Lo ves?... Ya pillé un constipado... Fortuna tengo hoy... +¿Sabes?... ¡Ya tengo para una semana!... + +La gente comenzó a desfilar por delante de Leopoldina y la Albornoz, +que, dejando estornudar a Fernandito y sin perder de vista su negocio, +saludaban a diestro y siniestro a los innumerables conocidos que iban +pasando. De pronto, Leopoldina tiró suavemente del vestido a Currita, +diciéndole muy bajo: + +--Mírala... ¡Esa es!... + +No vio nada: dos fantasmas blancos pasaban por delante, arrastrando por +debajo de los amplios albornoces las largas colas de terciopelo negro, +dejando asomar la vieja por el abrigado capuchón una corva nariz caída y +afilada, luciendo tan sólo la joven unos ojazos azules, que creyó +Currita se fijaban en ella con provocativa insolencia. El blanco +albornoz de la incógnita pasó rozando el terciopelo granate del abrigo +de Currita, y una frase alemana, que esta pudo oír y no pudo entender: +«Ahí la tienes», pareció caer entonces de la nariz corva y afilada, y +ambos fantasmas desaparecieron entre el gentío precedidos de un _groom_ +monísimo que apenas contaría doce años. + +--Pero, hija, ¿arrancaremos al fin?--decía Villamelón mientras tanto--. +Diógenes, dale tú el brazo... ¡Buen constipado he pillado!... ¿Qué haces +tú cuando te constipas, Diógenes? + +--¿Yo?... Estornudar... + + + + +--II-- + + +El respetable Butrón daba puñetazos en los muebles y cruzaba a grandes +zancadas el aposento, llamando a su mujer, según su costumbre, unas +veces _Geno_, otras _Veva_, nunca por completo Genoveva y prodigándola +con todas sus letras los dicterios de imbécil, estúpida, vieja del +diablo, beata de Barrabás, que no sabiendo sino rezar el Pater noster, +quería darle lecciones a él, Pirro en el ingenio, Ulises en la +prudencia, Anteo en el ánimo, Alejandro en la magnanimidad y Escipión en +lo afortunado. + +Curiosas escenas íntimas del hogar doméstico, que parecerán +inverosímiles a los que sólo conocen la _parte oficial_ de los grandes +personajes, y que debieran esculpirse cual bajos relieves en los +pedestales que levantan el vulgo y la opinión a muchos de los prototipos +sociales que brillan en las academias y congresos, estrados y salones. + +La marquesa, la anciana señora de virtud intachable, de educación +exquisita, escuchaba aquel torrente de denuestos muda e inmóvil, con la +cabeza baja y las lágrimas en los ojos, semejante a la estatua de la +paciencia, contemplando sus propios sufrimientos. Por dos veces quiso +interrumpir a su marido, mostrándole una carta que en las manos tenía; +mas los gritos y denuestos del sesudo diplomático la atemorizaron y +aturdieron, y volvió a guardar silencio. Las escenas de Lauzun, +amenazando con el bastón a la duquesa de Montpensier, su esposa, y +gritándole: «¡Luisa de Borbón, quítame las botas!», no eran, sin duda, +desconocidas a la infeliz señora. + +Hallábanse ambos esposos en el despacho particular del diplomático, +vasta pieza decorada en otro tiempo con severa magnificencia, pero sobre +la cual habían pasado los años sembrando manchas y desconchones, sombras +y deterioros que la larga cesantía del magnate no había permitido hasta +entonces restaurar. Veíase en un extremo, tras un gran biombo de nueve +hojas de laca de Coromandel, descascarado por todas partes, una enorme +mesa cargada de papeles y rodeada de artísticos armarios, todos al +alcance de la mano, _sancta sanctorum_, donde sólo penetraban los +iniciados en los asuntos y manejos del diplomático. Al otro extremo, +frente a una alta vidriera que daba al jardín, y al lado de una chimenea +de mármol negro, había una gran mesa del siglo XVII, de nogal, cuadrada, +con ancha talla y hierros escarolados, y cómodas butacas y mullidas +poltronas, algún tanto desteñidas y un mucho destrozadas, dispuestas en +torno: allí recibía Butrón a los profanos a que les era lícito traspasar +el dintel de su despacho privado. Veíanse por todas partes, sobre las +mesas, en las dos chimeneas, por los armarios y colgados de las paredes, +retratos de reyes, príncipes y personajes ilustres, de fotografía unos, +magníficamente grabados en acero otros, con pomposas dedicatorias al +integérrimo diplomático, que pregonaban sus grandes relaciones y sus +altas influencias. Sobre un sofá de rica badana japonesa, hundido todo y +despellejado, había en lugar preferente, una gran fotografía del +príncipe Alfonso, con el uniforme de escolar del colegio de María +Teresa, y esta dedicatoria, escrita de puño y letra del futuro monarca: +«Al leal marqués de Butrón, modelo de caballeros. Recuerdo del 2 de +diciembre de 1870. Alfonso». Aquella fecha solemne era la del día en que +Butrón se avistó por primera vez, después de la Revolución, con los +augustos desterrados y juró a los pies del regio niño restaurarlo en el +trono de España o morir en la demanda. + +Más lejos, a uno y otro lado de una gran panoplia llena de orín y +descabalada, había dos hermosos grabados de Luis Felipe y la reina +Amalia, con sendas dedicatorias, y entre otra porción de notabilidades +regias, políticas y literarias, diseminadas por todas partes, un retrato +en litografía de Martínez de la Rosa, en los tiempos en que le llamaban +_Rosita la pastelera_, con este campechano letrero: A _Pepillo Butrón, +su dómine Paco_. + +Mas entre todos aquellos monumentos de altas estimaciones, era el más +curioso una hermosa fotografía de la reina de Inglaterra, colocada con +afectada naturalidad sobre la chimenea en un pequeño caballete de plata +oxidada, cuyas molduras tapaban, en parte, la honrosa dedicatoria. +Habíasela dado la majestad británica en Roma, con motivo de cierto +oportuno servicio, y deseando demostrarle la más exquisita deferencia, +puso en castellano el autógrafo. Mas su graciosa majestad no manejaba +sin duda con gran arte el habla de Cervantes, y siendo su intento +escribir según la construcción inglesa: Al _marqués de Butrón, +recuerdo_, olvidóse de poner la u, y resultó: Al _marqués de Butrón, +receurdo_, firmado y rubricado de puño y letra de su graciosa majestad +la soberana de los tres reinos unidos, emperatriz también de las Indias. + +El pasmo de Butrón fue grande al verse colocado reduplicativamente por +aquella importuna síncopa en la rama más desacreditada de la extensa +familia de los paquidermos, y apresuróse a colocar habilidosamente la +regia dádiva en una moldura que, sin ocultar por completo el honroso +letrero, encubriese el sangriento _lapsus calami_ de su majestad +británica. + +Ocurrían graves sucesos, y la pelotera que Butrón sostenía con su mujer +reconocía en ellos su origen. Pavía había dado el golpe de 3 de enero, +derrumbándose la república parvulita al eco de tres o cuatro tiros +disparados al aire en los pasillos del Congreso. El poder cayó de nuevo +en las garras de Serrano, y el desquiciamiento general, la indisciplina +del ejército, que peleaba sin fe ni esperanza en aquellas dos grandes +esclusas de Cartagena y el Norte, que se tragaban torrentes de sangre y +arroyos de dinero, indicaban a los pacientes alfonsinos, cruzados de +brazos, que se acercaba la hora de extender la mano para coger la breva, +madura ya por completo. La escena de Aristófanes, en su comedia _La +Paz_, cuando el pacífico Trigeo sube al Olimpo montado en un escarabajo, +se representaba entonces en España: el Olimpo estaba desierto y sólo +quedaban allí la Guerra y el Estrago, machacando en un mortero una +nación entera y sirviéndoles de mano un general ambicioso. + +Otro general de valor, de prudencia y de prestigio, encargóse entonces +de inclinar hacia los alfonsinos la rama de que pendía la fruta +apetecida y disputada. Fue este el general Concha, que aceptando el +mando del ejército del Norte, partió para Bilbao, dispuesto a +restablecer la disciplina, aniquilar a los carlistas y proclamar rey de +España al joven príncipe Alfonso. Era necesario, sin embargo, allegar +recursos para preparar el ejército, y las bolsas exprimidas, las +codicias alarmadas y los egoísmos latentes dificultaban mucho la +ejecución del proyecto. El ingenio del marqués de Butrón encargóse +entonces de hallar remedio, y al frente de su brigada femenina acometió +la empresa: imaginó, por de pronto, crear una asociación de señoras para +socorrer a los heridos del Norte, que, difundida por toda España, había +de allegar recursos de todos géneros para ser distribuidos +abundantemente en el ejército a nombre de las señoras alfonsinas, +preparando así los ánimos para secundar el movimiento[15]. + +[Nota 15: Varias fueron las asociaciones de señoras que se fundaron +en aquel tiempo con el fin de socorrer a los heridos del Norte, siendo +la que más benéficos resultados produjo la presidida por la ilustre y +virtuosa señora marquesa de Miraflores, cuyo nombre ha aparecido siempre +unido a todas las obras buenas y caritativas. Excusado nos parece +advertir al lector que la asociación que nosotros suponemos no tiene +nada que ver con ninguna de estas, y que, aunque tomada del natural +parte de su fisonomía, es, en su conjunto, pura invención nuestra.] + +El plan fue aprobado con entusiasmo por los prohombres del partido, y el +gran Robinsón sólo pensó entonces, con la enérgica actividad que le +caracterizaba, en organizar la Junta central de señoras en la corte. +Ocupóse, lo primero, en buscar la presidenta, piedra fundamental de todo +el edificio, y un nombre ilustre que había de llevarse tras de sí cuanto +grande, bueno y respetable encerraba la corte; acudió primero a su mente +la marquesa de Villasis... Mas las teorías conciliadoras del peludo +diplomático juzgaban necesario allegar otros elementos, y pensó entonces +en la condesa de Albornoz para el cargo de vicepresidenta. Esta atraería +al Madrid de rompe y rasga, que brilla y que bulle, pequeña, pero +venenosa levadura que corrompe la sociedad entera y la hace aparecer, al +imponerle sus leyes a sus vicios, escandalosa hasta un punto que no lo +es ciertamente; la otra atraería al Madrid honrado, sensato y devoto, no +tan escaso como muchos creen, y en torno de uno y otro bando se +agruparía al punto el Madrid verdaderamente inmenso, la gran falange +cortesana de gente más bien frívola que corrompida, más bien +insustancial que viciosa, que vive de reflejos y escandaliza o edifica, +según es escandaloso o edificante el astro que le comunica sus +resplandores. + +El plan era bellísimo. Mas ¿quién le ponía el cascabel al gato? ¿Quién +aliaba a la tiesa y austera Villasis con la amable y despreocupada +Currita, aunque se tratase de ir a conquistar juntas la Tierra Santa? +¿Quién doblegaba la vanidad inmensa de la Albornoz, hasta el punto de +hacerla aceptar cualquiera empresa que fuese un puesto secundario?... +El astuto Butrón resolvió tentar el vado, aproximando a las dos señoras, +y citólas en terreno neutral, su propia casa, sin advertir a ninguna la +presencia de la otra, con el pretexto de tratar reservadamente, en junta +de notables, un asunto de la mayor importancia para el partido. +Encargóse él de avisar a Currita la noche antes en el teatro, y, por +orden expresa suya, escribió su mujer a la Villasis, con quien la unía +una amistad antigua, cariñosa y sincera. La futura presidenta olióse +desde luego la partida, y un oportuno constipado atroz y empedernido +vino a impedirle salir fuera de casa; así se lo notificaba con grande +sentimiento y cariñosas frases a su buena amiga Genoveva en una elegante +esquelita cuadrada, en cuya esquina se leía, bajo la corona ducal propia +de los Grandes de España, su nombre de María. + +Esperábase la Butrón la llegada del constipado, díjole así a su marido +al mostrarle la carta, y entonces fue cuando el respetable diplomático +descargó su berrinche sobre la pobre dama, prodigándole los dicterios +que al comenzar este capítulo apuntamos. + +De repente, recobró su cortesana sonrisa, su continente señoril y +aparatoso: entraba la duquesa de Bara, otra de las citadas, antigua +amiga suya, aunque no de tan añeja fecha, de quien la maledicencia se +había ocupado muchos años atrás y se solía ocupar aún de cuando en +cuando. Era la duquesa mujer muy discreta, nada escrupulosa, conocía a +Madrid palmo a palmo y escuchábala Butrón como a un oráculo en todo lo +referente a guerra femenil de intriguillas y abanicazos. Al poco llegó +el general Pastor, próximo a partir también al Norte para secundar el +movimiento de Concha, y vino luego un don José Pulido, hombre listo y +travieso, pies y manos de Butrón y también su ninfa Egeria, que había +sido condiscípulo suyo en la Universidad y desempeñado muy buenos +puestos a la sombra del diplomático. Eran ya las tres, y a las cuatro +debían de llegar Jacobo Sabadell y la Albornoz y hubiera llegado +también la Villasis si su providencial constipado no se lo estorbase. El +prudente Butrón habíalos citado con una hora de intervalo, para poder +preparar en aquella antejunta de íntimos lo que en presencia de los +otros había de tratarse más tarde. + +Sentáronse todos al lado de la chimenea, en torno de la mesa cuadrada, y +el respetable Butrón expuso el caso. La duquesa de Bara no le dejó +acabar: juzgaba ella imposible hacer tragar a la Villasis la +vicepresidencia de Currita, como no fuera cogiéndola de sorpresa, +presentando de improviso la candidatura aprobada ya por unanimidad en la +junta magna de señoras que había de celebrarse; y aun así y todo, +desconfiaba mucho del éxito, porque era María Villasis una quijota +impertinente y ridícula, capaz de desairar a Madrid entero si se le +ponía entre ceja y ceja el hacerlo. + +--No se me olvidará nunca--dijo--lo que hizo con la pobre Rosa Peñarrón, +cuando aquel concierto famoso que organizó a beneficio de los inundados +de Valencia. Le envió Rosa tres billetes, y tuvo la desfachatez de +devolvérselos con el precio justo, unas quince o veinte pesetas, y +enviar luego a Valencia, por mano del arzobispo, una limosna de tres mil +duros... + +Butrón enarcó las formidables cejas, el general Pastor se atusó el largo +bigote y don José Pulido, más práctico y menos puntilloso, ensanchó la +barbilampiña cara, diciendo suavemente: + +--Con tal de que nos envíe a nosotros otro tanto, aunque sea por mano +del moro Muza... + +Ofendióse la duquesa, que acababa de vender su hijo y su ducado al +señor López Moreno, y con mucha dignidad contestó severamente: + +--¡Oh, no, no, Pulido!... Ni el decoro se vende, ni tiene precio, ni +necesitamos acá que venga la Villasis a damos lecciones... + +Y además, desconfiaba ella mucho de la actitud de esta e ignoraba hasta +qué punto podría contarse con ella para los trabajos de la +Restauración... Cierto que su amistad con la reina destronada había sido +siempre íntima, leal y consecuente, pero le constaba a ella de buena +tinta que Bravo Murillo tuvo la impertinencia de comunicar a la marquesa +la respuesta dada por el arzobispo de Valladolid a la consulta de si la +Restauración había de conservar o no la unidad católica, y esta no podía +ser más terminante: «No era lícito a ningún partido político prescindir +de ella». Que era esto una tontería, una chochez del arzobispo, +corriente. Pero era lo bastante para alarmar la conciencia de una +mojigata como la Villasis, y encontrar en ello un pretexto para tirar de +los cordones de la bolsa. + +La marquesa de Butrón bajó los ojos como distraída al oír hablar de la +unidad católica, y acentuóse aún más la sombra de tristeza que nublaba +siempre su rostro. El integérrimo diplomático y el señor Pulido cruzaron +entre sí una rápida mirada; indudable era que los dos compadres habían +hablado más de una vez del asunto en junta de íntimos, del lado de allá +del biombo. Butrón tomó la palabra, extendiendo la peluda mano: + +--Respondo de María Villasis--dijo enérgicamente--. Lo que tú dices es +cierto, Beatriz; pero la pifia de Bravo Murillo la enmendé yo mismo... +María acudió entonces a mí muy alarmada, pidiendo explicaciones +categóricas, y yo la prometí solemnemente que la Restauración +conservaría a todo trance la unidad católica como la joya más preciada +de las glorias de España. + +La duquesa se encogió de hombros, con muestras de grande impaciencia. + +--Pues no dice eso el manifiesto que se negó a firmar Bravo +Murillo--dijo. + +--Tampoco dice lo contrario. + +--Entonces... + +--Entonces queda en pie lo que yo he prometido... El porvenir no puede, +sin embargo, asegurarse, y quizá pudiera suceder que, contra nuestra +voluntad y nuestros deseos, nos viéramos forzados a respetar un hecho +consumado o a ceder ante una votación contraria hecha en Cortes... + +El señor Pulido hizo una profunda señal de asentimiento, bajando con +previsoria resignación los ojos, y la duquesa, haciendo alarde de la +perspicacia de su ingenio, exclamó ligeramente: + +--¡Entendido, entendido...; basta!... Queda, sin embargo, el otro +extremo por conciliar. ¿Crees tú que _la mona Jenny_ se contente con la +vicepresidencia? + +Asombróse Butrón de aquella extraña candidata cuadrumano que trataba de +ingerir la duquesa en la ilustre junta de damas, y exclamó muy +sorprendido: + +--¿_La mona Jenny_?... + +--Pues, hombre, Curra... La Villamelona. ¿No sabes?... Diógenes le ha +puesto ese nombre desde que le dio por fumar en pipa, en un narghilé +precioso que le regaló el embajador de Marruecos... Es una mona famosa +que hay en el jardín zoológico de Londres--yo la he visto--y fuma en +pipa con una gracia y unos mohínes que recuerdan a Curra por completo. + +--¡Vamos, vamos!--exclamó con bondad olímpica el diplomático--. No he +visto nada como Madrid para motes y chismecillos... Todos queriéndose +mucho, todos juntos noche y día, y todos arrancándose a tiras el pellejo +y poniéndose en ridículo en cuanto vuelven la espalda... + +--¡Miren el puritano, el caritativo!... _Ami de la vertu, plutôt que +vertueux_! Pues ya tenías tiempo de haberte ido acostumbrando. + +--Empezaré a acostumbrarme por la mona Jenny... La mona Jenny aceptará +la vicepresidencia. + +--¿Crees tú?... + +--Lo espero... Le tengo reservado otro papel de grande importancia que +le hará olvidar lo secundario de este. + +Entonces explanó Butrón su plan con todos sus pormenores... No se +trataba de una asociación de señoras exclusivamente alfonsinas, mil +veces lo había dicho y no se cansaría jamás de repetirlo. Era necesario +_barrer para adentro_, conciliar todas las voluntades, ahuyentar todos +los escrúpulos, ahondar en cualquier rincón en que pudiera encontrarse +un ochavo, escarbar en todo muladar en que pudiera hallarse un pelotón +de hilas sucias, agotar todos los recursos de fiestas, bailes, toros, +beneficios, francachelas y festivales, con que la caridad moderna ha +encontrado el secreto de enjugar las lágrimas, al mismo tiempo que +ensancha los corazones, refocila los estómagos y estira las piernas... +¡Socorrer a los heridos del Norte!... ¡Qué anzuelo tan a propósito para +pescar desde las carlistas más recalcitrantes hasta las liberales más +radicales!... Por eso había pensado él, para dar aquel barrido general y +definitivo, en un gran baile, una fiesta sonada y famosísima, de _ancha +base_, que debía dar _la mona Jenny_, Curra, convidando a todo el Madrid +explotable, desde la presidenta consorte del comité carlista, hasta la +ministra cesante, esposa dignísima del excelentísimo señor don Juan +Antonio Martínez... Y allí, al calorcillo del champagne, que ablanda los +corazones compasivos, bajo la influencia de las vanidades estimuladas +que excitan el deseo de figurar, tender la red de la caridad, echar el +anzuelo de los infelices heridos del Norte y pescar de una sola redada +entre las mallas de la asociación de señoras a todo el Madrid femenino +capaz de soltar la mosca... Celebraríase luego una junta general +preparatoria en casa de Butrón mismo, presidida por Genoveva, y en ella +había de presentarse y aprobarse por sorpresa la candidatura de una +junta directiva, preparada ya antes, en que entrasen todos los elementos +tan hábilmente combinados; que el partido restaurador tuviese mayoría y +pudiera Butrón, entre bastidores, manejar a la Junta y a la Asociación +entera con la misma facilidad con que se maneja el manubrio de un +organillo. La junta directiva era, pues, la clave del arco, el clou del +proyecto, y el respetable Butrón terminó su perorata suplicando a los +presentes se dignasen estudiarlo maduramente, presentando sus +candidaturas con arreglo a este croquis que tenía él apuntado en un +papelito: + +Una presidenta, beata de gran nombre. (Nadie como la Villasis.) + +Una vicepresidenta elegante, de rompe y rasga. (Ninguna como la +Albornoz.) + +Seis vocales: una carlista, bastante tonta; otra, radicala, de pocos +alcances; y cuatro alfonsinas, de la Grandeza, del cogollito, honradas, +por supuesto, listas y de arranque. + +Una secretaria literata. + +Una tesorera de alta banca. + +El general Pastor aplaudió entusiasmado la hábil estrategia del +diplomático; el señor Pulido bajó modestamente los ojos, como si le +tocara grande parte en la paternidad de la idea, y la duquesa, +encantada, comenzó a vomitar nombres propios, juicios críticos, +filiaciones y datos biográficos que probaban bien a las claras su +consumada pericia en el arte de averiguar vidas ajenas. Tontas +encontraba ella a porrillo; listas tampoco faltaban; lo que le parecía +difícil de hallar eran las honradas, y no porque no las hubiese a +montones, sino porque la duquesa no sabía encontrarlas, por aquello de +que nadie hay más exigente ni que se complazca tanto en verlo todo +manchado como quien vive zambullido en medio del fango. + +El respetable Butrón acogía aquellos homenajes con majestuosa sonrisa, y +temiendo ver entrar de un momento a otro a Currita, recomendó de nuevo a +los íntimos la mayor discreción, con respecto a esta; era necesario +ocultarle el plan de la junta y entusiasmarla con la idea del baile, +haciéndole creer que con ello ponía el partido en sus manos el éxito del +proyecto. Una vez entretenida con esto, fácil era hacerle tragar por +sorpresa, a su debido tiempo, lo secundario de la vicepresidencia. + +Llegó al fin Currita, _la mona Jenny_, con Jacobo Sabadell, el joven +Telémaco; había tardado un poquillo, pero tenía la culpa el tío +Frasquito... ¡Qué risa con el pobre posma! ¡Habíase olido, sin duda, que +algo se fraguaba, y presentándose a almorzar con una cara de pregunta, +con un aire de sospecha!... ¡Ella le había estado _tomando el pelo_ todo +el almuerzo, hasta que al fin, para quitárselo de encima, tuvo que +armarle una emboscada, un _guet-apens_ chistosísimo!... Díjole si quería +acompañarla a dar una vuelta por el Retiro con Miss Buteffull y con los +niños y le envió con estos al coche mientras ella se ponía el sombrero. +¡Pobre viejo!... En cuanto volvió la espalda, escapóse ella con Jacobo +por la escalera de la servidumbre, y en el coche de este habíanse venido +los dos solos, juntitos, como si fuesen un matrimonio. ¡Qué delicia!... + +Y besó con piedad filial a la marquesa, con amor fraterno a la de Bara, +estrechó la mano de Butrón con infantil afecto, y tuvo una cariñosa +sonrisa para el general Pastor y un saludito protector y monísimo para +el señor Pulido. + +Hízola sentar Butrón junto a sí, al lado de la marquesa; y ella, con los +claros ojos fijos en el gran duque Alejo, que, sombreado por una +telaraña, tenía delante, comenzó a lamentarse, con frases muy pulcras, +del entripado de Fernandito... Casi, casi había estado a punto de no +venir, por miedo de dejarlo solo; pero las noticias que le había dado +Butrón eran tan graves, tan lisonjeras, que acabó al fin por decidirse. + +--Si tú no hubieras venido, hubiéramos ido todos a tu casa--exclamó +Butrón con gran vehemencia--Como que sin ti no puede hacerse nada y en +tus manos está, en rigor de verdad, la suerte del partido. + +La vanidad hizo en el rostro de la Albornoz lo que jamás había +conseguido la vergüenza: sonrojarlo. + +--¡Jesús, Butrón, pobre de mí!--exclamó con su dulce vocecita--Pues si +está en mi mano, no tenga usted miedo de que la suelte. + +Butrón comenzó a exponer el proyecto, como si fuese desconocido de todos +los presentes, haciendo caso omiso de la junta y presentando con grande +habilidad la fiesta deseada, como el eje sobre que había de girar la +ejecución del proyecto, la restauración del trono, la felicidad de +España y la paz del mundo y el equilibrio europeo. Currita parecía +titubear, porque había mirado a Jacobo como si le consultase, y este +fruncía las cejas; la pícara era ducha y no era del todo fácil hacerle +tragar el anzuelo. El diplomático reforzó sus argumentos, y el general +Pastor, con militar franqueza, dijo resueltamente: + +--Condesa, más puede usted hacer en ese baile con su abanico que yo en +el Norte con mi espada. + +Y el señor Pulido, dando vueltas a sus pulgares, añadió con suavísima +sonrisa: + +--¡Oh, señora condesa!... Si usted quiere, con razón se llamará ese +baile _la dulce alianza_... + +La dama extendió ambas manitas con gesto de cómico espanto. + +--¡Ay, no, no, Pulido, por Dios!... ¡Si así se llama la confitería de la +Carrera de San Jerónimo! + +La duquesa salió entonces a la palestra, y con habilidad mujeril disparó +el más certero saetazo, sirviéndole de ballesta una mentira muy gorda. + +--Después de todo--dijo--, no hay que apurar mucho a Curra, porque si +ella no puede dar el baile, Isabel Mazacán se compromete a darlo... + +El tiro dio en el blanco, y Currita soltó al pronto la prenda. + +--¿Y por qué no he de poder yo?--dijo--. La cosa no puede ser más +fácil... Dentro de quince días es Carnaval. ¿Les parece a ustedes bien +un gran baile de trajes?... + +--¡Te cuesta un sentido!--murmuró Jacobo con tan mal humor como si +hubiera él de pagarlo. + +Mas la duquesa, que pescó al vuelo la frase y comprendió la económica +idea de monsieur Alphonse, impidió que llegase a oídos de Currita, +rompiendo a reír a carcajadas; todos la miraron con extrañeza... + +--¿De qué te ríes?... + +--Pues nada, mujer.. Estaba pensando en el traje que escogerá la señora +de Martínez para ir al baile... Como no sea el de Teresa Panza, la mujer +de Sancho... + + + + +--III-- + + +El trato continuo con Bonnat había despertado en París las aficiones +artísticas de Currita, y no contenta con el papel de Mecenas, quiso +cultivar ella misma el arte del divino Apeles. Visitó a Meissonnier, +convidó a comer a Carlos Durand, y pudiendo conseguir que Raimundo +Madrazo la diese algunas lecciones por pura galantería de cumplido +caballero, volvióse a Madrid, dejando a Rosa Bonheur tamañita y +royéndose los codos de envidia. + +Una vez en la corte, necesitó tener a su lado un genio complaciente, un +numen auxiliar que comunicase con sus pinceles vida y expresión a los +muertos y aplanados monigotes que brotaban de su paleta de artista. +Hallólo, al fin, en Celestino Reguera, famoso acuarelista de la Escuela +sevillana, de esos que prefieren lo correcto a lo grandioso y tienen en +más un paisaje de Watteau que una sibila de Miguel Ángel. El pincel de +Celestino entraba y salía por los lienzos de Currita con tanta +frecuencia y libertad, que al terminar esta sus cuadros podía repetir, +con harta razón, lo que dijo el monaguillo de marras: «Yo y el cura le +dimos los Sacramentos». + +Pero aun más que de su gloria artística, ocupóse Currita, a fuer de +mujer elegante, del marco que había de encerrarla, instalando en su casa +un estudio lujosísimo, digno de Fortuny o de Pradilla, Delaroche o +Makart. Era una vasta pieza con estudiadas luces de oriente y cenital, +atestada de preciosidades artísticas y arqueológicas, que sobre tapices +de Beauvais y los Gobelinos cubrían todas las paredes, atestaban todas +las mesas y apenas dejaban un sitio en que poner la planta sin encontrar +algo que admirar o algo en que tropezar. Bronces antiguos, raras +porcelanas, macetas de Pompeya con plantas tropicales, lámparas árabes, +persas y romanas, igual una de estas a la célebre di capo danno del +Museo Vaticano; bustos, cuadros, estatuas, yelmos, espadas, partesanas y +armaduras completas de varias épocas rodeaban cual páginas sueltas de la +historia de todos los tiempos el caballete de Currita, que, colocado en +luz conveniente, parecía recibir un reflejo de la luz del cielo, que el +grandísimo tuno de Celestino Reguera aseguraba ser el mismo, mismísimo +que derramaba en otro tiempo el grupo de las nueve musas sobre las +frentes de Rafael, Velázquez y el Ticiano. + +Daban la guarda a uno y otro lado de la puerta dos maniquíes vestidos de +reyes de armas del siglo XVI, con gigantescas adargas y dalmáticas +auténticas de terciopelo morado, bordadas de castillos y leones, y +frente por frente, en el otro extremo de la pieza, y en una especie de +ancha, alta y profunda hornacina, a que se subía por tres gradas de +mármol blanco, había un diván turco, cubierto el pavimento por legítima +alfombra de Persia y mullidos almohadones de raso y terciopelo, y +decorados el techo y las paredes con mosaicos romanos y de Pompeya, +bajos relieves egipcios y brillantes azulejos moriscos. Allí estaba el +narghilé, regalo de Sidi-Mohammed-Vargas, el embajador de Marruecos, y +sobre primorosas mesitas de Fez, que no levantaban dos palmos del suelo, +otras varias pipas en que Jacobo enseñaba a Currita a saborear el sueño +voluptuoso del _hatchis_, y había inspirado a Diógenes, para designar a +la hurí de aquel paraíso el gráfico nombre de la mona Jenny. + +Refugiado en un rincón, oculto como quien está allí de limosna, entre +una reducción de la estatua de Byron, presentada en Turín por Pozzi, y +una arca tallada del siglo VI, que decían haber pertenecido a Isabel la +Católica, había otro caballete pequeño; allí pintaba Paquito Luján, +callado siempre, taciturno, tímido y receloso, bajo la dirección también +de Celestino Reguera, que hallaba realmente en el niño las disposiciones +artísticas que faltaban a la madre. + +Gran discusión sosteníase en aquel templo de las artes, tres días +después de la junta de íntimos celebrada en casa del diplomático. +Currita, sentada ante una preciosa mesa redonda, cuya tapa era un ónix +mexicano, examinaba una gran porción de láminas y dibujos que le +presentaba Celestino Reguera, y pasábalos a su vez a Jacobo y a Tonito +Cepeda, vago elegantísimo, entendido en caballos como el hijo de Teseo, +amateur de todo lo que era arte, y digno por su exquisito gusto de que +la patria agradecida le votase una pensión en Cortes, como +representante en España del buen tono parisiense. Tonito Cepeda era más +que chic, más que _pschutt_: era _v'lan, tschock_. Mas el pobrecito +joven, incapacitado de poner precio a las innumerables consultas que de +todas partes le dirigían, andaba lleno de trampas y no tenía dónde +caerse muerto. + +Grave era la cuestión que Currita había sometido el día antes a sus +despabiladas luces, y digna de sujetarse al arbitraje de un areópago de +elegantes, como Domiciano sujetó en otro tiempo a las discusiones del +Senado la salsa en que había de guisarse un rodaballo. Una vez decidida +la dama a dar el baile de trajes, la gran fiesta de _ancha base_ en que +habían de bailar _pêle-mêle_ tirios y troyanos, rancios personajes que +figuraban en la _Guía_ y plebeyos burgueses empinados por la Revolución, +era necesario encontrar algo nuevo, algo sorprendente que fuera el clou +de la fiesta y dejase con la boca abierta a los pobrecillos profanos, a +los Martínez y comparsa, convidados espurios que hubiera dicho el tío +Frasquito, que cuidaría muy bien ella de barrer de sus salones en cuanto +la caritativa empresa de socorrer a los heridos del Norte hubiera dado +un buen tanteo a sus repletas bolsas. + +Las cuadrillas del minué y la pavana, las figuras de la zarabanda y la +chacona, estaban ya muy vistas y habían servido mil veces en +aristocráticos salones como protesta de acendrado españolismo contra el +intruso don Amadeo. Celestino Reguera propuso la idea de representar una +alegoría de España, en que parejas de damas y caballeros habían de lucir +los trajes característicos de las diversas provincias. El proyecto fue +desechado por Currita. + +--¡Jesús, Reguera!--dijo--¡Parecería eso un concurso de Geografía!... + +Tonito Cepeda miró desdeñosamente al pintorcillo y propuso uno de esos +espectáculos que constituyen jalones de la época en que se verifican: +imitar la peregrina idea de la Princesa de Segan, que había resucitado +en París las fábulas de Esopo dando un gran baile de trajes, en que +recibía ella vestida de pava real y acudieron todos los invitados +representando cada cual un animalito. Él, Tonito Cepeda, había llamado +mucho la atención con su traje elegantísimo de sapo verde. La idea no +era nueva, pero estuvo a pique de seducir a Currita; hubiérale gustado +mucho vestirse de gata blanca con botas color de rosa. + +Mas Jacobo, con la prudencia con que moderaba todos los gastos de +Currita desde que metía él la mano hasta el codo en sus arcas, desechó +terminantemente el proyecto, imponiendo más bien que presentando otro +más económico y también más nuevo... Dos cuadrillas imitando las piezas +de un juego de ajedrez, blancas y negras, y una partida jugada por ellas +mismas en forma de contradanza; Luis Fonseca, su compañero de embajada, +habíalas visto jugar así en Conchinchina cuando las fiestas en honor de +Phara-Norodon, rey de Cambodge. El proyecto fue aceptado con desdeñosa +condescendencia por parte de Tonito, con sumisión entera por la de +Currita, y Celestino Reguera quedó encargado de traer al día siguiente +dibujos para el traje de la dama que había de representar la reina +blanca, y un soberbio juego de ajedrez, trabajado admirablemente en el +Japón, cuyas grandes piezas de marfil podrían ser copiadas en los demás +trajes de la cuadrilla. + +Currita titubeaba en la elección de modelo, y Jacobo, con la autoridad +delegada que ejercía en aquella casa como amigo íntimo de Villamelón y +primo cuarto de la condesa, hízola decidirse al punto por uno +cualquiera, el más barato... Currita obedeció sin hacer ninguna +observación, sin replicar una palabra: conocíase a las claras que estaba +supeditada por completo a aquel hombre, que él era allí el amo, y todos +en la casa, desde Villamelón hasta Joselito, desde la Albornoz misma +hasta la última fregona, obedecían servilmente sus órdenes, adivinaban +sus deseos y amoldaban a sus caprichos sus gustos propios. Sólo dos +seres, los más débiles e indefensos, Paquito y Lilí, resistían a la +voluntad omnipotente del desvergonzado parásito, a quien el instinto de +ángel de ambos niños representaba siempre como un reptil bañado por los +rayos del sol, brillante a la vez que asqueroso. + +Un día, a poco de haberse injerido Jacobo en la amistad íntima del +matrimonio, pintaba Currita en su estudio un retrato que decía ser de +Byron, el poeta querido que en sus cuadros, bustos y estatuas tenía +representado por todas partes; pero que era en realidad la imagen de +Jacobo perfeccionada por Reguera, ceñida la frente de laurel y abierto +hasta la mitad del pecho el ancho cuello de su camisa escocesa a la +antigua. Los dos niños, embobados de pie a un lado y otro de su madre, +miraban en silencio correr el pincel de la dama, que con cierta +complacencia íntima daba los últimos toques al airoso y nervudo cuello +del Byron de contrabando. De pronto, Lilí, con esa expresión seria y +meditabunda que toman a veces los niños, dijo a su madre: + +--Mamá... ¿Tú por qué quieres tanto al tío Jacobo?... + +La condesa se volvió sorprendida, apoyada en el tiento, y hasta llegó a +inmutarse algo; mas reponiéndose al punto, dijo con mucho cariño: + +--¿Pues no le he de querer, hija?... Si es mi primo... tu tío... + +La niña movió la cabecita haciendo un mohín de duda. + +--¡Sí!--dijo--. Yo también quiero al primo Bautista y al primo Carlos... +Pero más que a ti y a Paquito, no..., no..., no...! + +Y se echó a llorar amargamente, con el corazón encogido, escondiendo la +preciosa carita en el seno de su madre, como si buscara allí lo que +encuentra la más pequeña golondrina en el fondo de su nido: el calor de +la ternura materna. Paquito nada había dicho; púsose muy encarnado, con +ese santo carmín con que el pudor instintivo tiñe las facciones de la +inocencia, y destrozando entre sus deditos, sin darse cuenta de ello, +una anforita romana, extraño lacrimatorio de vidrio que había sobre una +mesa, ocultó con varonil esfuerzo las gruesas lágrimas que le brotaban +de los ojos. + +En otra ocasión, algunos meses más tarde, acercábase el día del santo de +Currita, 10 de octubre, fiesta de san Francisco de Borja. Los dos niños +tramaban juntos una conspiración para dar una sorpresa a su madre. +Paquito, en quien comenzaban a revelarse sus notables disposiciones para +la pintura, especialmente de retratos, había pintado al pastel uno de su +padre, un Villamelón deforme, color de zanahoria, que parecía tener el +carrillo izquierdo hinchado, pero no por eso dejaba de tener con el +original un más que mediano parecido. Era lo más notable del retrato la +parte de la frente y la cabeza, en que el niño había copiado fielmente +la escasa cabellera de su padre, partida con una raya por en medio y +formándole sobre ambas orejas dos pequeños cuernecitos a lo Napoleón +III, que había alargado más de lo conveniente la impericia del artista. +Lilí, por su parte, había hecho con ayuda de Miss Buteffull, que estaba +en el secreto, un marco de piel de Rusia, con flores de realce; y +reuniendo ambos su trabajo, quedó completo el regalo; al pie de este, +escribió Miss Buteffull con su mejor letra inglesa: «A su querida mamá +en el día de su santo»; y lo firmaron ambos niños, _Lilí_, _Paquito_. + +¡Oh! La obra era magna, había costado mucho y preciso era que los +autores se cobrasen, presenciando por completo la alegre sorpresa de su +madre... Llegó el ansiado día, y ocultando Lilí bajo su capita de pieles +el magnífico regalo, entráronse ambos niños a hurtadillas en el estudio +de su madre: allí solía venir ella todos los días antes de almorzar, +bastante después de las doce, y era la ocasión más a propósito para +darle la sorpresa. En el caballete de Currita, sobre el cuadro mismo que +estaba pintando, colocó Paquito con sumo cuidado su obra maestra... +Luego, riéndose como ángeles del cielo, con la agitación de las grandes +expectaciones, con la candorosa confianza en el más santo de los +cariños, corrieron presurosos a ocultarse entre los innumerables +cachivaches, debajo de una papelera antigua de acero, ocultos por un +gran tapiz, que tenía unas figuras muy largas, muy secas, muy feas: las +tres Parcas... Veíase desde allí el caballete, destacándose en medio el +monigote, y los dos niños, muy agazapados, muy juntitos, apretándose el +uno contra el otro, contemplaban su obra. + +--¡Qué bien está!--decía Lilí. + +Pasó media hora; Lilí se impacientaba y estiraba las piernas. + +--No viene--decía. + +--¡Calla, tonta!... + +Sonó un ruido; Lilí dio un codazo a su hermano; susurróle al oído: + +--¡Ya viene!--Y se encogió mucho, mucho... + +Y venía, en efecto; pero no venía sola... Venía con ella el tío Jacobo, +hablando de cosas que ellos no entendían, ¡qué fastidio! Deudas que era +menester pagar, acreedores que querían cobrarse, una firma que era +necesario sorprender a Villamelón al pie de un pagaré por tres veces +protestado... Un préstamo, un mero préstamo pagadero al verificarse la +Restauración, cuando pudiera él cobrar lo que habían valido ciertos +misteriosos papelitos... + +Jacobo hablaba con voz desmayada, y animábale Currita, muy alegre, muy +satisfecha, diciendo a todo que sí, que no tuviera cuidado... De pronto +miró al caballete. + +--¿Qué es eso?... + +Los niños no respiraban y apretábanse mucho, muy pegaditos, muy +pegaditos... Sonó entonces una carcajada. + +--¿Has visto?... + +Otra risa de hombre, la del tío Jacobo, hizo coro a la primera, oyéndose +esta vez: + +--¡Valiente majadero!... + +Y volvieron a reírse los dos, el tío Jacobo y la madre, con una risa que +desconcertó por completo a los niños, porque no era la risa alegre, +tierna, agradecida, rebosando amor y ternura de madre que ellos +esperaban, sino una risa acre, burlona, desvergonzada, que les +recordaba, sin saber por qué, la que usan para insultarse las mujeres +malas de la calle... + +--¡Qué ocurrencia!... ¡Pobres criaturas!... ¡Y qué feísimo está el +babieca!... Mira, parece que tiene dolor de muelas. ¡Qué delicia!... + +--Y el chico le coronó de firme... + +--¡Pues es verdad!... + +Hubo entonces un infame cuchicheo de risas y palabras entrecortadas... +Algo cogieron de una mesa, algo pusieron en el retrato, y de nuevo +resonaron aquellas carcajadas que hacían daño. + +Los niños nada decían; habíanse apartado el uno del otro como si +temieran comunicarse sus impresiones, y estaban allí acurrucados, +quietos, muy calladitos..., muy calladitos... + +Un criado entró en el estudio anunciando que el almuerzo estaba servido, +y Jacobo y Currita se fueron a poco sin volver a ocuparse más del regalo +de los niños. + +Paquito salió el primero: tenía el aire de un chico que ha sentido en +una pesadilla un peso enorme, que no ve, ni palpa, ni comprende, pero +que le oprime y le anonada y le deja el pecho jadeante. Lilí salió +después y se le quedó mirando; los dos se acercaron al retrato. + +--¡Uy!--dijo Lilí desolada--¡Lo que le han puesto!... + +Una mano infame había trazado con carbón de diseñar, en los dos ricitos +del retrato, la prolongación más sarcástica, el insulto más villano. + +El niño se puso muy rojo, luego pálido, muy pálido. Cogió el retrato, +escondiólo bajo el gabán y fuese hacia la puerta sin decir palabra. Lilí +se puso a llorar; entonces volvió el niño y le dio un besito. + +--No llores, tonta... + +Él no lloraba; estaba muy serio, con las naricillas pálidas, la boca +seca, blancos los labios... Empinó el dedo y dijo mirando a la alfombra: + +--Y no digas nada a mademoiselle... ¿Sabes? Nada, nada... Yo me voy a mi +cuarto. + +Y se fue a su cuarto el inocente, y allí, en aquella soledad en que +nadie había de consolarlo, lloró a lágrima viva, lloró a raudales... +Porque sentía una pena profunda que le destrozaba el corazón sin +comprenderla, como destroza las entrañas sin dar la cara un cáncer +oculto; porque sentía una vergüenza, por decirlo así, anónima, que le +hacía ocultar el rostro bañado en lágrimas en la blanca almohadita... ¿Y +por qué, por qué sentía él aquella vergüenza, si era bueno y amaba a su +padre y a su madre, y adoraba a Lilí, y tenía siempre notas de +sobresaliente, y le rezaba a Dios todos los días, y también a la Virgen +Santísima que estaba allí delante, en un cuadro, con el Niño en los +brazos?... + +Se serenó un poco. ¡Oh! Qué feliz debió de ser aquel Niño divino con +poder llamar a aquella Madre tan pura: ¡Madre!... ¡Madre!... + +Muy pocos días después Currita retiró repentinamente a su hijo del +colegio de Nuestra Señora del Recuerdo. Contaba ya el niño doce años, y +el padre rector manifestó a su padre, un día de visita, que era menester +disponerle para recibir la primera Comunión. Currita no estaba delante, +y Villamelón se apresuró a aprobar la idea. Quería él, ante todo, que su +hijo fuese cristiano. + +--Y no crea usted, padre rector, esto me viene de casta. Mi mujer es +parienta de san Francisco de Borja y yo lo soy de santa Teresa, y por +los Benedetti, de san Francisco de Caracciolo... + +¡Ah! Los Villamelón habían sido siempre muy piadosos... Celebraban todos +los años una novena a san Roque, abogado de la peste, en Quintanar de +Oreja, donde tenían posesiones. El era patrono de la iglesia y tenía +facultad para nombrar al párroco.--¿Usted me entiende, padre rector?... + +El rector lo entendió muy bien, y confiando en san Francisco Caracciolo, +dio otro paso adelante; la fiesta de la primera Comunión había de +celebrarse el 19 de marzo, día de san José, y parecía natural, era muy +conveniente, sería muy edificante que él, padre del niño, y la señora +condesa, su madre, le acompañaran a la Sagrada Mesa. También aceptó +Villamelón. + +--¡Sí, señor, padre rector, comulgaré con mi hijo!... Mi santa madre lo +decía: conviene tener con Dios ciertas atenciones. ¿Usted me +entiende?... Y además, esas escenas de familia me conmueven; yo aspiro a +una familia patriarcal... Mi madre era una santa; mi mujer es un ángel +que se mira en mis ojos y no tiene voluntad propia: Currita, esto; +Curra, lo otro, eso hace. ¿Usted me entiende, padre rector?... + +El rector, que era escrupuloso, no se atrevió a decir que entendía por +miedo de soltar una mentirilla, y Villamelón prosiguió con el aire de un +monarca que se brinda a ser padrino de un pordiosero: + +--Pues nada, padre rector, comulgaremos los dos con el niño, y yo, no +crea usted, vendré de uniforme. + +El rector, que cazaba de largo y veía venir las cosas de lejos, +prevínole que sería conveniente vinieran ya los dos confesados al +colegio, porque los padres de allí andaban siempre faltos de tiempo y +quizá les fuera imposible despacharlos. + +--Corriente, padre rector, corriente... Yo tengo mi confesor fijo; nunca +me he confesado con otro... El padre Pareja, excelente sujeto. ¡Un +santo, padre rector, un santo! ¿Usted me entiende? + +El padre rector lo entendió tan bien, que estuvo a pique de soltar la +risa. El padre Pareja, confesor ordinario del señor marqués, había +muerto diez años antes. + +Villamelón volvió a su casa muy satisfecho y refirió a Currita el +compromiso que había contraído. Ella, con la rápida percepción de su +claro entendimiento, comprendió al punto todo lo grave del compromiso, y +una idea horrible, la del sacrilegio, cruzó por su mente cual un pájaro +siniestro... Mas se detuvo asustada ante ella, porque aun la mala mujer +española es rara vez impía; allá, en el fondo de su corazón, cree +siempre y teme, y menos aterra el sacrilegio a la falsa devota que a la +francamente escandalosa. Su fecunda imaginación ofrecióle al punto otro +expediente digno de la superiora de Port-Royal, la mística jansenista +Sofía Arnaud. + +--¿Pero qué estás diciendo, Fernandito?... ¿Comulgar un niño de doce +años?... ¡Qué barbaridad!... Eso es una irreverencia y yo no puedo +permitirlo. + +Villamelón abrió la boca espantado. + +--Pero, mujer, Curra, ¿sabes?... Si el padre rector dice que sí... + +--Pues yo digo que no. ¡Nadie comulga en Francia antes de los catorce +años... lo menos! + +--Pero como estamos en España... + +--Mira, Fernandito, vida mía; te he dicho que no hables en ninguna +parte... Eso no es cuestión de clima. ¿Te enteras?... De modo que mañana +vuelves al colegio y le dices a ese señor rector, de mi parte, que yo no +permito que Paquito comulgue sin estar convenientemente preparado... ¡He +dicho! + +En vano alegó el padre rector que el niño lo estaba de sobra, que aquel +rigorismo francés era un resto del jansenismo que las indicaciones de la +Iglesia y el celo del clero habían ya hecho desaparecer por completo, y +que era una maldad, un verdadero delito, privar por tanto tiempo a un +alma inocente del auxilio de un sacramento que obra ex opere operato... +Villamelón se encogía de hombros, no comprendiendo bien de qué _óperas_ +se trataba; los astutos escrúpulos de Currita no cedían, y sospechando +el padre rector la hipócrita hilaza, dijo terminantemente que, de seguir +el niño en el colegio, comulgaría el día de san José, sin el permiso de +sus padres. Indignóse con esto Currita, y para evitar la horrenda +profanación, apresuróse a retirar al niño. + +Entonces comenzó el inocente a fijar su candorosa atención en las +extrañas escenas que pasaban en su casa. Solo casi siempre el pobre niño +escapábase a las caballerizas, donde pasaba la mayor parte del día entre +lacayos y mozos de cuadra, escuchando conversaciones que al principio le +hacían enrojecer y acabaron por hacerle reír, a medida que se le iba +encalleciendo el pudor, especie de epidermis delicadísima que preserva +la pureza del alma. El enano don Joselito le divertía mucho, y a él +acudía con dudas misteriosas que el malvado pigmeo se apresuraba a +resolver, poniéndole de manifiesto secretos tan curiosos como los que +descubría a su discípulo el Diablo Cojuelo, el impuro y asqueroso +Asmodeo... + +El niño iba atando cabos. + +Vino entonces a la corte una famosa compañía dramática francesa, y +Currita mandó reservar el abono de un palco para que fuesen los niños +todas las noches al teatro. Hablaban aquellas criaturas un francés tan +chabacano, tan de provincia, que era preciso aprendiesen de viva voz el +puro acento parisiense. En aquella escuela de acento y de prosodia +siguió el niño atando cabos, y un día, después de una larga conversación +con don Joselito, en que el maldito enano tanteó todo lo que podía +esperar su codicia de aquel ánimo generoso si conseguía iniciarle de una +vez y guiarle más tarde por los laberintos del vicio, el niño ató el +último cabo... Desde entonces varió de carácter; había visto más de lo +que esperaba ver, y una gran vergüenza clara ya y distinta, y un odio +feroz, implacable y reconcentrado, nacieron a la vez en su corazón, +impidiéndole aquella levantar los ojos delante del último lacayo, +haciéndole este afilar en silencio el puñal de su rencor, para cuando él +fuera hombre, para cuando él mandara en su casa... + +Su padre le inspiraba desprecio, su madre despego, y sólo seguía +adorando a Lilí, único ángel que quedaba ya en la casa. En cuanto a +Jacobo, evitaba su presencia en lo posible, y más de una vez sorprendió +Currita, con verdadero miedo, en los ojos del niño una mirada de rencor +profundo, que relucía entre sus largas pestañas rubias como un acero al +salir de la vaina. Dedicóse entonces con ardor a la pintura, y pasaba +largas horas pintando en su caballete, teniendo a Lilí sentada a su +lado, cual si fuese el ángel de su guarda. Así los sorprendieron aquel +día los que para trazar el plan del baile de trajes entraban con +Currita, y los niños, resistiendo a la curiosidad, permanecieron en su +rincón callados e inmóviles. Mas cuando Celestino Reguera comenzó a +formar sobre el tablero maqueado las magníficas piezas del ajedrez, y se +puso Jacobo a explicar el pintoresco modo como habían de moverse al +jugar la partida las personas que las representaran, Lilí no pudo +resistir la tentación y aproximóse al grupo de puntillas, haciendo señas +silenciosas a su hermano para que viniese. ¡Era aquello tan bonito!... + +El niño se decidió al fin, y levantóse para mirar un momento, con la +paleta en una mano y el tiento en la otra. Había crecido mucho, iba ya a +cumplir trece años y prometía ser muy lindo de cara, y de cuerpo esbelto +a la vez que fornido. Acercóse al grupo, sonriendo a Lilí, y púsose a +mirar, empinándose un poco, por detrás de su madre y al lado mismo de +Jacobo. De repente, en el calor de su explicación, hizo este un brusco +movimiento con el brazo y pegó en la paleta del niño; desprendiósele +esta con fuerza de la mano, y fue a caer sobre la manga izquierda de +Jacobo, manchándosela toda de pintura. El muchacho retrocedió un paso, +poniéndose lívido. + +Volvióse Jacobo colérico, soltando impaciente una sucia palabrota, con +esa obscena grosería que se oculta con frecuencia bajo las pulidas +formas sociales de ciertos hombres y brota espontáneamente en cuanto la +excita la ira o la impulsa una confianza sin decoro. El chico, al oírla, +miró iracundo a su madre y a Jacobo, haciendo un gesto amenazador, en +que se veía palpitar el hombre bajo la frágil envoltura del niño. + +--¿Qué?--gritó Jacobo desafiándole--. Nadie te ha llamado aquí... ¡Vete! + +Inyectáronse en sangre los ojos del niño, y dio tan fuerte golpe con el +tiento, que lo rompió en dos pedazos. + +--¡No me da la gana!--gritó. + +Jacobo hizo ademán de lanzarse a él, mas Currita le detuvo asustada... +El niño, ronca la voz por la ira, breve y cortada como la de un +calenturiento, volvió a gritar: + +--¡No me da la gana!... ¡Vete de aquí!... ¡Aquí no mandas tú!... ¡Esta +no es tu casa!... + +Y se detuvo jadeante, sin voz, en medio de un silencio siniestro, +parecido al que reina en la tempestad entre ráfaga y ráfaga... Jacobo +habíase vuelto con los puños apretados, tartamudeando entre sus labios +blancos de ira: + +--Está pidiendo un cachete... + +No terminó la frase: con la fuerza y prontitud que caracterizan al león +en su ataque, con la sanguinaria avidez con que el cachorro de un tigre +se arroja sobre su primera presa, lanzóse el niño a Jacobo, clavándole +las uñas en la garganta, dándole cabezadas en el rostro, pateándole todo +el cuerpo con las robustas piernecillas, que parecían tener músculos de +acero. Sorprendido Jacobo, rechazó el brusco ataque, separando al niño +con un poderoso esfuerzo de sus nervudos brazos, y arrojólo lejos de sí, +cual si fuese un saco de arena, a cuatro pasos de distancia; su cabeza +fue a chocar contra un enorme jarrón japonés, de bronce antiguo, que +despidió un sonido metálico. + +Con los ojos dilatados de terror, púsose Lilí a su lado de un salto y +levantó entre sus manos la lívida cabecita. Celestino le cogió en sus +brazos y llevóselo apresuradamente fuera de la estancia. + +Quedó Lilí arrodillada en la alfombra, mostrando a su madre sus manitas +ensangrentadas, tartamudeando con la opaca vibración de un terror sin +medida: + +--¡Sangre!... Mamá... ¡Sangre!... + + + + +--IV-- + + +Pedro López creyó sucumbir de plétora de inspiración al dar cuenta en +_La Flor de Lis_ del gran baile de _ancha base_ celebrado el lunes de +Carnaval en casa de los excelentísimos señores marqueses de +Villamelón... Hay situaciones, hay espectáculos que el hombre comprende +y admira con su instinto, pero no puede describir ni comentar con su +talento; en tales casos, el poeta más grande, el escritor más maestro, +es el que exhala el grito más natural, la exclamación más vehemente... +Por eso juzgó Pedro López la mejor manera de describir el mágico baile +estampar al frente de una cuartilla un «¡¡¡Oh!!!» profundo, un verdadero +_do_ de pecho literario, y dejar todo lo demás en blanco. + +Más allá, por la madrugada, cuando retirado en la _serre_ tomaba +apresuradamente algunas notas, acercósele Butrón, rendido y satisfecho, +como el caudillo después de la victoria, y adelantando la torneada +pierna que el calzón corto y la media de seda negra ceñían por completo, +haciendo ondular con juvenil garbo la airosa capa veneciana, díjole con +entonación solemne, con misterio profundo, metiéndole la punta de la +nariz dentro de la oreja izquierda: + +--¡López!... ¡Mucho ojo!... Su _compte-rendu_ de usted nos asegura el +triunfo... Que toda esa gentecilla cursi vea su nombre en _La Flor de +Lis_, ensalzada por el _reporter_ elegante de los salones, y es nuestra +para siempre... ¡Fuera escrúpulos!... ¡La de Martínez, bellísima!... ¡La +García Gómez, encantadora!... Esta que viene aquí, un portento; la +Victoria Colonna, de este siglo... + +Y atento y obsequioso, corrió a estrechar la mano de la Victoria Colonna +del siglo XIX, una jamona muy madura, de metro y medio de largo y doce +arrobas de peso, vestida de Safo, con corona de mirtos en la cabeza, +lira de latón dorado en la mano, y en la chata nariz--¡Manes de Phaon, +estaos quedos!--¡gafas de oro!... + +Era la excelentísima señora doña Paulina Gómez de Rebollar de González +de Hermosilla, eminente literata, poetisa afamada, a quien Butrón había +echado el ojo para secretaria de la junta de señoras. + +La redada había sido, en efecto, completa y calificábala Butrón de +_pesca milagrosa_; el caritativo anzuelo de socorrer a los heridos del +Norte había prendido en todos los corazones, verificando la fusión +deseada, y el heterogéneo personal de la Asociación de señoras quedó +reclutado, faltando tan sólo organizarlo. Triunfante Butrón y +rejuvenecido, felicitaba a unos, animaba a otros, multiplicábase por +todas partes, tendiendo siempre la caña, y entre el calorcillo de la +cena y el humo de las satisfacciones, estuvo a pique de desquiciarse +aquella cabeza tan firme, hasta el punto de pasar por ella la idea de +invitar para el cotillón a la excelentísima señora doña Paulina Gómez de +Rebollar de González de Hermosilla. Un extraño rumor que comenzaba a +circular por los salones vino a detenerle al borde del abismo, más +profundo que el agitado mar, sepulcro de la Safo auténtica, al pie de la +roca de Léucades. + +Susurrábase que allá, en un apartado gabinete, había surgido un lance de +honor entre dos personajes de mucha cuenta. Azorado Butrón, corrió a +informarse por sí mismo, temeroso de que aquel incidente imprevisto +viniese a romper los lazos de unión con tanto trabajo anudados. Acercóse +a un grupo; en medio peroraba Gorito Sardona, vestido de peón de ajedrez +y muy enterado del caso; habíalo presenciado todo y era uno de los +contendientes el tío Frasquito. + +--¡Polaina!--exclamó Diógenes--. ¿Y a qué es el duelo?... ¿A tijera o a +aguja?... + +--Algo parecido anda de por medio--replicó Gorito. + +Y prosiguió diciendo, con grandes ponderaciones y mucho misterio, que el +otro contendiente era sir Roberto Beltz, capitán de guardias agregado a +la embajada inglesa, hombre muy posma, muy preguntón, muy aficionado a +investigar el porqué de todas las cosas, y metódico y ordenado hasta el +punto de reírse por la mañana de los chistes oídos la noche antes. + +Al oír hablar de sir Roberto Beltz, hizo Diógenes un gesto como si le +asaltara gran tentación de risa, y quedóse, sin embargo, muy serio +escuchando la narración del gomoso. De ella resultaba que el tío +Frasquito había observado con sorpresa al principio, con recelo luego y +con inquietud más tarde, que sir Roberto Beltz le seguía a todos los +lados sin perderle un momento de vista; atribuyólo, al pronto, a la +admiración que pudiera causarle su magnífico traje de gran mandarín, +capaz de despertar las envidias del _Mikado_, porque era el tío +Frasquito el feliz mortal que había tenido la honra insigne de figurar +como rey blanco, al lado de Currita, en la famosa partida de ajedrez +que acababa de representarse. Mas al terminar esta, encontróselo +repetidas veces entre los frecuentes apretones del baile, rozándolo +siempre con intención muy marcada y sacudiéndole en dos ocasiones. + +--¡Unos codazos--decía la víctima en su capítulo de +cargos--horrorrosos..., horrorrosos!... Ni más ni menos que si +pretendiese averriguarr si sonaba yo a hueco... + +Y algo más tarde, hallándose el venerable mandarín hablando con unas +señoras, un poco inclinado hacia adelante por estar ellas sentadas, +acercósele sir Roberto con mucho disimulo, oculto entre el gentío, y sin +provocación ninguna, sin objeto alguno justificado, ¡zas!, hundióle con +flema británica, hasta la cabeza, un alfiler en la nalga izquierda... + +--¡Majadero!--exclamó Diógenes--Si le dije que era la derecha... La +derecha es la de corcho. + +Y en medio del pasmo de todos y de sus risas después, explicó entonces +Diógenes el enigma... Mientras las cuadrillas del ajedrez bailaban, +hallábase sir Roberto Beltz al lado de Diógenes, mirando con grande +atención al tío Frasquito, que muy pomposo y satisfecho en su papel de +rey, movíase con pausa y majestad sobre el tapiz a cuadros rojos y +blancos que representaba el tablero. + +--¿Quién es ese _goven_?--preguntó a Diógenes. + +--¿_Goven_?... ¡Polaina!... Dos años me lleva a mí, y tengo sesenta y +tres; conque ajuste usted la cuenta. + +Estiróse la cara de pasmo perpetuo de sir Roberto, y Diógenes acrecentó +su asombro, añadiendo muy serio: + +--Ahí, donde lo ve usted, lleva en el cuerpo treinta y dos cosas +postizas. + +--¡Oh, señor de Diógenes! Usted estar un andaluz muy crecido... + +--¿Que no?... Pues vaya usted contando... + +Y comenzó a enumerar los componentes que suponía en el tío Frasquito la +leyenda, acabando por poner en el catálogo la nalga de corcho. Sir +Roberto, asombrado, creyendo encontrar un nuevo modelo de _hombre +clástico_ que colocar en el British Museum, quiso aplicar al hallazgo su +método experimental, y recibió, en cambio, un espontáneo abanicazo que, +en la irascibilidad de sus nervios excitada, le sacudió el tío Frasquito +con su abanico de mandarín en lo alto de la cabeza. + +La sangre no llegó, sin embargo, al río; intervino Currita muy indignada +contra las zafias bromas de Diógenes, y puso fin a la contienda +apoyándose en el brazo de sir Roberto Beltz, para dar una vuelta por la +_serre_, y encargando antes al tío Frasquito que convidase para el día +siguiente a comer con ella a todos los que habían tomado parte en las +dos cuadrillas, blanca y negra. Fernandito quería fotografiarlas en +ambos grupos y en sus respectivos trajes, para que publicasen luego un +gran grabado de ellas en _La Ilustración Española y Americana_. + +La comida fue divertidísima; Currita tuvo el capricho de mandar preparar +a su cocinero un _menú_; japonés, y todos se sentaron a la mesa con los +mismos trajes japoneses con que en diversos grupos y actitudes se habían +retratado en la cabaña de Fernandito. A los postres tuvo el tío +Frasquito una idea nueva y felicísima, una verdadera inspiración nacida +entre los vapores de su estómago agradecido, y acogida con entusiasmo +por todos los presentes. Ocurriósele, para eternizar la memoria de aquel +baile famoso, para grabar el recuerdo de aquellos trajes lujosísimos, +para no separar nunca de su reina aquella aristocrática cuadrilla +japonesa, reclutada por él mismo en los salones del Veloz-Club, +prolongar la mascarada, transformándola en una especie de guardia de +honor que sirviese y acompanase a Currita por todas partes, llevando +alguna particular contraseña que la diferenciase del resto de los +mortales. Currita aceptó encantada la idea, y señaló como distintivo de +la nueva orden de caballería una corbata azul, color de la famosa liga +de la condesa de Salisbury, para fundar la antigua y nobilísima orden de +la Jarretière. Brindóse la dama a regalar a todos la insignia de la +nueva orden y envióle a cada uno una preciosa corbata azul de rica seda +japonesa, sujeta por un alfiler formado por una gruesa perla, +procedentes todas de un magnífico collar que había pertenecido a su +madre. El tío Frasquito fue nombrado por aclamación gran maestre de los +ilustres caballeros, que tomaron el dictado de _Mosqueteros de Currita_. +La cáustica sátira madrileña, la más sangrienta quizá que hemos +conocido, hízoles bien pronto variar de nombre. Carmen Tagle, +profundamente resentida, porque habiendo representado ella a la reina +negra en la partida de ajedrez no se había formado ninguna guardia en +honra suya, comenzó a designar a la de su rival, por su origen japonés, +con el nombre de _Mikado_. + +--¡Ese, ese es el nombre propio!--gritó la Mazacán, entusiasmada al +oírlo--. Lo natural y lógico es que para guardar a _la mona Jenny_ se +cree un cuerpo de _micos_. + +Y desde aquel entonces quedó confirmado el cuerpo de mosqueteros con la +nueva denominación de _Micos de Currita_. + +También el tío Frasquito conquistó en aquella escaramuza otro +sobrenombre, que vino a aumentar ese largo catálogo de ellos que +prodigan la malignidad y la envidia con tan grande profusión, en la alta +sociedad madrileña. La duquesa de Bara habíale encontrado gran parecido, +vestido de mandarín, con un retrato publicado en _La Ilustración_, de +Pan-Hoei-Pan, célebre literata china, y _Pan-Hoei-Pan_ comenzó a +llamarle desde entonces la inmensa falange de sus sobrinos legítimos y +espurios. + +Jacobo, con la egoísta y rapaz avaricia con que moderaba todos los +gastos de Currita, y la despótica autoridad que sobre ella ejercía, +reprendióle agriamente aquel derroche de perlas, desperdiciadas en +regalar corbatas a sus _micos_. Ella, ciega por la más temible y la más +tupida de todas las vendas, y temerosa siempre de verse privada de las +luces y consejos de aquel hombre, que llenaba la escasa cavidad de su +corazón y satisfacía las inmensas proporciones de su vanidad, resolvió +entonces, para desagraviarlo, hacerle el 30 de abril, día de su +cumpleaños, un magnífico regalo. Iluminó, pues, con ayuda de Reguera, +una gran fotografía en que se hallaba representada ella misma con su +rico traje de reina japonesa, y encargó dibujos para un marco suntuoso +que habían de ejecutar, en oro, plata y pedrería, Marzo y Ansorena. Los +dibujos, sin embargo, no la satisfacían; el 30 de abril se acercaba, y +apremiada por lo breve del plazo, desesperaba ya de ver realizado su +proyecto. Propúsole entonces Celestino Reguera comprar un marco antiguo, +de plata cincelada, que procedente de cierta casa ducal muy conocida, +estaba de venta en la Exposición de arte retrospectivo. Currita se dio +una palmada en la frente. + +--¡Tonta de mí!--dijo--. Si no se necesita; si tengo yo aquí mismo, en +casa, al alcance de la mano, algo mejor y mas rico que cuanto pudieran +ofrecerme. + +Con la viveza de una niña que corre a satisfacer un soñado capricho, +atravesó Currita los vastos departamentos del palacio, en que +resplandecían por todas partes el lujo y la molicie; llegó a uno de sus +extremos, la de honor en otro tiempo, habitada entonces por la +servidumbre. En una especie de rotonda, adornada con antiguas pinturas +al fresco, ya del todo desteñida y borradas, abríase una gran puerta de +roble con herraje de bronce y bellos tableros de talla. En vano intentó +la condesa levantar con sus delicadas manecitas el enorme pestillo +cincelado: estaba la llave echada. Acercóse entonces a la salida de un +corredor que daba a la cocina y gritó muy impaciente: + +--¡Germán!... ¡Basilio!... ¿No hay nadie?... + +Acudió Germán muy presuroso y extrañado de encontrar a la señora condesa +por aquellos andurriales. + +--La llave de aquí--dijo ella. + +Germán se encogió de hombros. ¿Quién iba a saber dónde estaba aquella +llave? + +--¡Pues buscarla en seguida!--gritó Currita--. ¡Pregunte usted a don +Joselito, en la contaduría, en todas partes!... ¡Jesús! ¡Qué fastidio! + +Y daba pataditas en el suelo, llena de impaciencia, mientras Germán se +lanzaba presuroso por toda la casa en busca de la llave. Volvió, al fin, +después de un cuarto de hora trayendo una muy grande, llena de orín, con +un tarjetón de pergamino colgando, en que se leía: _Oratorio_. La llave +entró rechinando en la cerradura, y en vano forcejeó Germán para hacerla +dar vueltas; preciso fue sacarla de nuevo, untar las guardias con +aceite, e introduciendo un palo por el ojo, giró al cabo al sexto o +séptimo empuje. Otros dos o tres vigorosísimos que dio Germán con todo +su cuerpo sobre una de las hojas hicieron girar a esta lentamente, +dejando escapar una bocanada de viento húmedo: el interior estaba +oscuro. + +--Espere usted aquí--dijo Currita con cierto airecillo de miedo. + +Y adelantóse ella con las manos extendidas para no tropezar, cerrando +los ojos un momento para poder acostumbrarse a aquellas tinieblas. +Algunos reflejos de tenue luz entraban por dos altas y rasgadas ventanas +laterales, cubiertas ambas con grandes cortinones de rojo damasco, +desteñido y empolvado. Currita quiso descorrer uno de ellos, tirando +violentamente del cordón de seda que a lo largo de la pared bajaba desde +lo alto; mas la cortina rechinó sin descorrerse, y podrido sin duda el +cordón, rompióse por arriba, cayendo sobre Currita enroscado, cual si +fuese una larga y delgada serpiente. La dama dio un chillido, y una nube +de espeso polvo se desprendió al mismo tiempo, y dos murciélagos +salieron de entre los pliegues del brocado y comenzaron a revolotear de +una a otra parte. + +¡Germán!--gritó Currita muerta de miedo. + +Y disimulando, al verle entrar, su repentino azoramiento, añadió, +huyendo del malhadado cordón, cual si fuese en realidad una serpiente: + +--¡Jesús, hombre, qué torpeza!... Acabe usted y descorra esa cortina... + +Con gran trabajo y tirando de los dos cordones a la vez, con sumo +tiento, pudo Germán descorrer la contraria, y asustada por la luz, saltó +entonces del altar una gallina y echaron a correr dos o tres pollos +cacareando, entrándose por una puertecilla entreabierta que a la derecha +del retablo había. Currita miró a Germán estupefacta, y este, +conteniendo a duras penas una carcajada, que le pareció falta de respeto +a su ilustre dueña, contestó muy grave. + +--El cocinero encierra aquí a los que ha de matar para tenerlos más a +mano. + +--¿Pero por dónde los mete?... ¡Si estaba la puerta tan atrancada!... + +--Por la otra puertecilla de la sacristía que da junto a la cocina... + +--¡Ya!... + +Penetraba la luz por los sucios y empolvados cristales, escasa y como +avergonzada, mas era suficiente para iluminar aquel cuadro desolador de +impío abandono... Era el oratorio una preciosa capilla de alta bóveda +pintada al fresco, construida con grande gusto y riqueza a fines del +siglo XVII. Hallóse en tiempos tapizada de arriba abajo con ricos paños +de damasco encarnado, que caían entonces en sucios guiñapos a lo largo +de las paredes, llenas de manchas y desconchones, como el rostro de un +virolento; a trechos, veíanse encerrados en ricos marcos, ya podridos, +amarillentos pergaminos en que constaban las innumerables gracias y +privilegios concedidos por los sumos pontífices a los fundadores de la +capilla. La rica talla, algún tanto churrigueresca del retablo, +desaparecía bajo una espesa capa de polvo y de telarañas, y las varias +imágenes que ocupaban las hornacinas parecían tener esa palidez lívida +que indica en los hombres lo supremo del espanto. Sobre el altar veíanse +el ara rota, el tabernáculo hundido, y dos bellos ángeles, que a un lado +y otro sostenían antes lámparas de plata, levantaban entonces sus manos +vacías, crispadas, como anunciando la cólera del Señor... A los pies de +la capilla, sobre un confesonario destrozado y varios reclinatorios +rotos, hallábanse amontonados trastos viejos, muebles inservibles y el +armazón de un teatro en que había representado la condesa, tiempos +atrás, unos famosos _cuadros vivos_. Sobre las dos gradas que formaban +el presbiterio había, a la izquierda del retablo, una especie de armario +de cristales, embutido en la pared, donde se guardaban reliquias: allí +se dirigió Currita, mandando a Germán que abriese la puerta. En la parte +inferior había varios estuches medio abiertos que encerraban vasos +sagrados, y tirada en un rincón, arrugada y hecha un lío, una casulla de +terciopelo negro, con ricos bordados de oro, que presentaban en +primoroso realce las armas de la casa. Al verla Currita, acordóse +instantáneamente de la última misa celebrada en aquel recinto profanado: +había sido quince años antes, estando allí mismo de cuerpo presente la +vieja marquesa de Villamelón, madre de Fernandito: aún se veían a lo +lejos, entre los amontonados restos del teatro, las piezas del catafalco +que había sostenido su cuerpo. Currita sintió una especie de escalofrío +de miedo y miró instintivamente al sitio en que solía oír todos los días +misa la anciana marquesa. Allí estaba su sillón de terciopelo, hundido +todo y destrozado, y delante el reclinatorio, conservando aún sus +almohadones apolillados las huellas de sus rodillas y sus brazos. +Currita volvió bruscamente la espalda, como si temiese ver aparecer +allí, pálida y airada, la sombra de la vieja dama. + +Estaba la parte superior del armario forrada de terciopelo rojo, +bastante bien conservado, y sobre almohadillas del mismo terciopelo +hallábanse varios relicarios de plata, guardando huesos de santos; en un +rincón, de pie contra la pared, había un objeto de más de una tercia de +largo, envuelto en una funda de oscuro tafilete, roída toda de ratones, +y esto fue lo que cogió Currita, sosteniéndolo por su mucho peso con +ambas manos, y saliendo al punto de la capilla muy de prisa, azorada, +como si hubiese cometido un robo en lugar sagrado. + +A solas ya en su estudio, cuando abrió la destrozada funda, quedóse ella +misma admirada: era aquello una preciosidad artística de valor inmenso, +un marco de plata cincelada, obra admirable de orfebrería del siglo XVI, +que ostentaba cual noble ejecutoria, esculpido en el pedestal de una de +sus mil bellas figurillas, el nombre ilustre de Enrique de Arfe, autor +de la custodia de Córdoba y de la llamada Cruz antigua. Aquella +maravilla servía, sin embargo, de marco a un objeto harto extraño e +insignificante: sobre un fondo de raso blanco y cubierto por limpidísimo +cristal chafianado, veíase sencillamente un harapo, un pedazo de burdo y +raído sayal pardo. Por el reverso, cerraba el cuadro una gran chapa de +plata, sujeta por finas tuercas, que no sin grandes esfuerzos consiguió +destornillar Currita. Liados en blancos tafetanes, amarillos ya por el +tiempo, halló dentro dos papeles escritos con clarísima letra del siglo +XVI, que sin esfuerzo ninguno podían perfectamente descifrarse. En uno +decía: «Pedazo de la cogulla del venerable siervo de Dios fray Alonso de +Luján, muerto en olor de santidad en su convento de Talavera de la +Reina, a los 23 de enero de 1590». Y a renglón seguido, con la candorosa +arrogancia de los magnates de aquella época, firmaba sencillamente: +_Doña Catalina_. + +--¡Ya!--exclamó Currita muy admirada--. ¡Con que _esto_ era de +_aquel_!... + +Y sus ojos fueron a buscar, entre las mil preciosidades que adornaban el +estudio, una admirable cabeza, pintada por Pantoja, de un capuchino[16] +muerto, en cuyo rostro resplandecía esa serena calma que deja impresa la +muerte, como señal de predestinación, sobre la frente de los justos. +Era, en efecto, aquella cabeza venerable el retrato de fray Alonso de +Luján, hermano del cuarto marqués de Paracuéllar, y había sido +trasladado años atrás del oratorio a los salones de la casa, no como +objeto de piedad, sino como monumento de arte. + +[Nota 16: Esta cláusula está tomada literalmente del testamento +citado, sin otra variación que la de introducir en ella el nombre +supuesto de la Marquesa de Paracuéllar.] + +En el otro papel hallábase copiada esta cláusula del testamento de doña +Leonor Manrique de la Cerda, repartiendo entre sus parientes un hábito +de su primo hermano, el venerable padre fray Alonso de Luján, religioso +capuchino: «Mi señora, la duquesa del Infantado, escoja la pieza que le +pareciere, y otra se dé al conde de Salvatierra, y otra al conde de +Montijo, y otra a mi sobrina doña Catalina, marquesa de Paracuéllar, y +el cordón se dé al conde de Salinas, mi sobrino, que lo tenga y venere +como cordón y reliquia de un tan venerable y santo varón como yo lo he +tenido; y una cogulla que yo tengo del dicho padre fray Alonso mando +también a mi señora duquesa, y le suplico la dé cuando a su excelencia +le pareciere al conde del Cid, y la pieza que su excelencia escogiere, +la dé al duque de Béjar, de cuya casa era muy devoto el dicho padre fray +Alonso.» + +Currita estaba admirada... Mentira parecía que aquellas buenas gentes, +tan grandes señores, por otra parte, tan famosos en la historia muchos +de ellos, se repartiesen entre sí, como joyas preciosas, el burdo sayal +de un pobre fraile. ¡Lo que varían los tiempos!... La buena de doña +Catalina se había gastado un dineral en fabricar una joya para su +pedacito de cogulla, sin sospechar siquiera que había de ahorrarle a +ella el gastarlo en... + +Con una brusca sacudida echó fuera, sin tocarla, la reliquia, y puso +después en su lugar el retrato. Estaba perfectamente, y sólo con +recortarle un poco los bordes encajaría tan bien como si hubiese sido +hecho el marco a su medida. Currita calculaba complacidísima el efecto, +alejando de sí el retrato, y la mano con que le sostenía fue a tropezar +con el pedazo de cogulla del fraile; retiróla bruscamente, cual si +hubiese tocado una brasa ardiendo, y miró con miedo, con espanto casi, +la magnífica cabeza de Pantoja, que tan admirablemente expresaba sobre +el lienzo la imponente y serena calma de la muerte. Con los mismos +papeles que encerraban la auténtica y la cláusula testamentaria, cogió +la reliquia de fray Alonso, y sin tocarla, con un gesto que lo mismo +expresaba la repugnancia que el miedo, el asco que el respeto, arrojólo +todo en una preciosa cestilla destinada a recibir papeles para la +basura. Arrepintióse al punto; había oído ella que las cosas santas no +deben tirarse, sino quemarse, y volviólo a recoger todo de la misma +manera para no tocar la reliquia, y fue a echarla entonces en una +chimenea encendida que ardía en un ángulo. Otra vez lanzó, sin poderlo +remediar, una mirada a hurtadillas, con medroso recelo, a la pálida +cabeza del fraile muerto. + +Un fuerte olor acre y desagradable del paño que se quemaba extendióse al +punto por toda la estancia. En aquel momento entró Villamelón muy alegre +y satisfecho, que volvía de Chamartín de la Rosa, donde en su preciosa +quinta de Miracielos estaba ensayando con gran entusiasmo la incubación +artificial de los huevos de gallina. + +--¡Jesús, hija, qué mal olor!--exclamó deteniéndose a la entrada--. ¿Qué +has quemado?... Si _huele_ aquí a infierno... + +Currita se puso muy seria, muy enfadada, y hasta un poco pálida. + +--Mira, Fernandito, no digas tonterías... No me gustan bromas con las +cosas del otro mundo. + +Y como si fuese cosa de él, volvió a lanzar otra mirada furtiva y +medrosa a la imponente cabeza de fray Alonso. + +--Pero hija, Curra, ¿sabes?... Que abran esa ventana; si _huele aquí_ a +chamusquina, a cuerno quemado... + +--Pues nada, hombre; un pincel viejo que tiré en la chimenea... Vamos, +dejemos ya eso. ¿Has visto a Lilí?... + +Villamelón dio una gran palmada. + +--¡Mujer!... Se me olvidó... + +--¿Pues no te dije que fueras a verla?--gritó Currita muy colérica. + +--Pues, nada, hija, se me olvidó... ¿Qué vamos a hacerle?... + +--¡Jesús, qué hombre este!... Se acuerda de ver las gallinas y se olvida +de visitar a su hija... + +Porque el lector ignora aún que ninguno de los dos niños estaba ya en la +casa... Cuatro días después de la escena que en el anterior capítulo +queda referida, cayó Currita en la cuenta y convenció de ello a +Fernandito de que, no pudiendo dedicarse ella exclusivamente a la +educación de sus hijos como hubiera sido su deseo, era lo mejor enviar a +Lilí al colegio que tienen en Chamartín las religiosas del Sagrado +Corazón, y a Paquito al que por aquel tiempo tenían los jesuitas en +Guichón, del lado de allá de los Pirineos... Ni ella ni Jacobo habían +tenido en cuenta que en aquel mismo colegio se educaba Alfonsito +Téllez-Ponce, el hijito de este. + +Villamelón, muy contrito de su falta, prometió remediarla al día +siguiente, cuando fuese a Chamartín a inspeccionar los períodos de la +incubación artificial, que ocupaba en aquella época toda su atención y +todo su tiempo. Diógenes, al saber las nuevas aficiones del ilustre +prócer, había dicho:--No hay que extrañarse... Está clueco. + + + + +--V-- + + +La cola que formaban los coches frente al palacio del marqués de Butrón +cogía casi toda la calle de Hortaleza, atravesaba la red de San Luis e +iba a perderse en la de la Montera. Los carruajes avanzaban lentamente, +parábanse un momento, abríanse y cerrábanse con estrépito las +portezuelas, y corrían luego a estacionarse en la Plaza de Santa +Bárbara. Los transeúntes deteníanse extrañados y quedábanse muchos +contemplando aquella larga procesión de damas, rara en Madrid, a la +clara luz de las tres de la tarde. El Gobierno parecía alarmado: varios +agentes de orden público paseábanse por la acera de enfrente, a lo largo +del palacio, y algunos polizontes se mezclaban entre los curiosos o +trababan conversación con cocheros y lacayos, que charlaban entre sí +desde los pescantes, designándose, según la clásica costumbre, por los +ilustres nombres de sus amos. + +Las damas saltaban ligeramente de los coches, atravesaban el gran +portal, subían la escalera alfombrada y perdíanse, con aire de +conspiradoras, en aquel ancho salón del teatro, famoso en otro tiempo +por haber representado en él don Ventura de la Vega _El hombre de mundo_ +y dirigido Bretón de los Herreros en persona los ensayos de _El pelo de +la dehesa_. Reinaba en él una media luz prudentísima, un prematuro +crepúsculo que velaba con paternal indulgencia entre sus sombras +misteriosas los grandes deterioros del decorado, incapaces de resistir +con honra la descarada luz de las tres de la tarde. + +Desde fuera, parecía aquello el zumbido de una colmena colosal, en que +doscientas mujeres murmurasen al mismo tiempo entre el crujido de las +sedas, el ric-rac de los abanicos, las tosecillas afectadas que dan +tiempo a preparar una respuesta, las melifluas risitas que acompañan +siempre a la afectuosidad femenina, y los perfumes peculiares a +doscientos gustos diversos y doscientos tocadores distintos. A veces, +reinaba de repente uno de esos súbitos silencios que el pueblo andaluz +atribuye al involuntario respeto que infunde el invisible aleteo de un +ángel que pasa; era más bien algún diablillo que llegaba, alguna dama +famosa por cualquier concepto que traspasaba el dintel, obligando a la +crítica a replegarse sobre sí misma, para estudiar el blanco sobre que +había de disparar su metralla. + +Ningún hombre aparecía a la vista; en el fondo, tras la sencilla cortina +de rojo terciopelo, con las armas de Butrón bordadas en el centro, que +cerraba la emboscadura del teatro, adivinábase, sin embargo, algo +masculino, algún espíritu no santo que tosía y estornudaba como el resto +de los mortales, porque dos toses y un estornudo, habían llegado al oído +avizor de la señora de Barajas, que estaba allí cerca; tocó con el codo +a su hermana, diciéndole muy bajo: «Aquí hay duendes»; y la otra, sin +volver la cabeza, contestó muy seria: + +--Robinsón y su negro Domingo, que se habrán constipado en la isla +desierta. + +Así era, en efecto: el gran Robinsón y el señor Pulido hallábanse tras +el telón, observando por los dos imperceptibles agujeritos que servían +en otro tiempo para registrar la sala a los ilustres actores que habían +pisado aquella escena aristocrática. El respetable diplomático parecía +inquieto, y el señor Pulido iba y venía sigilosamente de uno a otro +agujero, apretando los labios y moviendo la cabeza, con muestras también +de alguna zozobra. + +La concurrencia era numerosa, escogida y a propósito para secundar los +planes del diplomático; mas notábase, sin embargo, un síntoma alarmante, +una peligrosa falta de disciplina en la mesnada aristocrática, las +alfonsinas de raza, pertenecientes, en su mayor parte, a familias de la +Grandeza. Habíanse sentado todas ellas hacia el lado izquierdo, formando +un grupo, y, cuchicheando y cambiando entre sí risitas y señas burlonas, +miraban entrar y amontonarse en el lado opuesto a las cursis radicalas, +con el aire de desdeñosa protección de la gran señora que permite a su +doncella sentarse a su presencia, a cuatro metros de distancia. Tan sólo +la duquesa de Bara, fiel a la consigna del caudillo, habíase apresurado +a sentarse entre las dos ministras cesantes: la de Martínez, mujer +sencillísima y modesta, que se hallaba allí como gallina en corral +ajeno, y la de García Gómez, cursi pretenciosa, que pretendía deslumbrar +a pájara tan larga como la duquesa con sus alardes de elegancia y de +buen tono. + +En vano iba de un lado a otro la marquesa de Butrón, intentando, con su +fino tacto y sus delicadas maneras, ahogar en germen aquellos puntillos +mujeriles, aquellas vanidades alborotadas que amenazaban dar al traste +con la suspirada fusión a duras penas obtenida en el baile de Currita; +tan sólo pudo conseguir su ímprobo trabajo colocar a la duquesa de +Astorga, mujer bondadosísima, al lado de la excelentísima señora doña +Paulina Gómez de Rebollar de González de Hermosilla, cuya colosal figura +se destacaba sobre un asiento muy alto, aislada entre tirios y troyanos, +silenciosa y pensativa, cual Safo meditando su suicidio en lo alto de la +peña de Léucades. + +Las carlistas, por su parte, pocas en número, pero en valor muy +aguerridas, formaban otro grupito sospechoso, teniendo al frente a una +viejecilla chiquitilla, flaca y nerviosa, de ojos vivísimos. Era la +baronesa de Bivot, ilustre catalana, que se removía sin cesar en el +asiento, esgrimiendo el abanico con el bélico ardor del veterano ansioso +de combate que huele la pólvora a lo lejos. Carmen Tagle la bautizó al +punto. + +--Allí está _Zumalacárregui_--dijo a su vecina--. Mírala, el cuerpo le +pide pendencia. + +El respetable Butrón se daba a todos los demonios temiendo una +catástrofe, y aplicaba el oído en vez del ojo al agujero, a ver si podía +pescar alguna palabrilla suelta que indicase el rumbo que tomaba la +tormenta. No se oía nada; un zumbido colosal de colmena en momentos de +mudanza, que le sacaba de quicio, poniéndole nervioso. + +--¡Pero que siendo tantas no haya una sola que calle!--exclamó hecho un +basilisco; y el señor Pulido, sin perder su pausa, con filosófica +profundidad, replicó muy bajito: + +--Las prefiero hablando, Pepe... Callar sería contra naturaleza. + +Y en aquel momento, como si quisieran probar aquellas amables criaturas +que llevar siempre la contra es el rasgo peculiar del sexo, callaron +todas de repente, siguiéndose un silencio profundo, un _calderón_ +prolongadísimo de cerca de un minuto, seguido, a su vez, de un allegro +alborotado, un crescendo inverosímil, rápido y vivace... Algo gordo +sucedía, y el respetable Butrón y el filosófico Pulido acudieron al +punto muy azorados a sus respectivos observatorios... Entraba la condesa +de Albornoz, con aquel paso de que habla Virgilio, que revela una reina +o una diosa, inclinando la cabeza con el aire de vanidad satisfecha de +aquel emperador romano que encogía la suya al pasar bajo los arcos de +triunfo, por miedo de tropezar en ellos con la frente; seguíala la +marquesa de Valdivieso, una de las cómodas amigas de fácil contener que +traía ella siempre a retortero para que la acompañasen como damas de +honor, sirviendo, según su frase, de marco a su elegancia. + +Cogióla Leopoldina Pastor por las faldas, al pasar por su lado, y quiso +obligarla a sentarse entre ella y Carmen Tagle... Era necesario +escarmentar a aquellas indecentes radicalas que estaban allí con la boca +abierta, _dándose pisto_, soñando quizá con la presidencia... + +--¡Míralas, qué retablo!... + +Deseando estaba que Genoveva tomase la palabra para tener ocasión de +decir a aquellas cursis cuatro palabritas bien dichas, ¡pero iba a estar +aquello muy frío!... A ella le hubiese gustado discutir a caballo, con +los hunos de Atila. Dióle Currita cariñosamente en el hombro con el +abanico, murmurando: _C'est drôle_; saludó con una monísima cabezadita +al amplio círculo de sus ilustres amigas y dejóse llevar suavemente por +la Butrón al lado opuesto, sentándose, al fin, junto a la duquesa de +Bara y las dos ministras. Apretóle cariñosamente la mano a la de +Martínez, diciéndole: «¡Querida mía!», y manifestó a la García Gómez su +desolación profunda por no haberse encontrado el día antes en casa +cuando estuvo esta a visitarla. + +--Coraje me dio al ver su tarjeta... Hubiera deseado que charlásemos un +rato... Quiero que seamos amigas... + +La García Gómez creyó reventar de dicha ante honra tan repentina, y +miraba a todas partes, tan oronda y satisfecha entre aquellas dos +grandes de España como la rata de la fábula en el queso de Holanda. +María Valdivieso, con prudencia inusitada en ella, mordíase los labios +para no soltar la risa. El venerable Butrón seguía desde su agujero toda +aquella pantomima, y murmuraba nervioso y exaltado: + +--¡Bien por Currita!... ¡Es lista esa _mona Jenny_, caramba!... ¡Con que +María Villasis haga lo mismo, triunfamos! + +El señor Pulido, profeta siempre de desdichas, se permitió dudarlo; su +olfato finísimo había adivinado un escollo en que el respetable Butrón +no paraba mientes. + +--Aquella trae ya cara de presidenta, Pepe--dijo. + +--¿Quién?... + +--La Currita, Pepe... ¡Te lo dije!... + +Así era, en efecto: tan penetrada estaba esta de su superioridad que ni +por un momento dudó de ser elegida, y pareciéndole que tras del baile +había de venir la presidencia, de manera tan lógica y fatal como tras de +la noche viene el día, había ya comunicado varias órdenes al tío +Frasquito, gran maestre de los micos de su guardia, y confiado a María +Valdivieso aquella misma tarde, en el camino, varios de los mil +regocijos caritativos que a beneficio de los heridos del Norte +proyectaba, y sobre todo, una _kermesse_ famosísima que había de +producir millones y millones. + +Púsose Butrón al oír a Pulido muy enfadado, levantando los brazos como +si quisiese coger las bambalinas. + +--¿Que trae cara de presidenta?... ¡Pues se quedará con la cara, +Pulido!... ¡No faltaba más! Una mujer sin crédito, sin pizca de +vergüenza... Me espantaba toda la gente de sacristía... ¿Qué diría el +arzobispo cuando fuera a pedirle la bendición para la obra?... María +Villasis es la única..., la única, Pulido. + +Nueva manifestación de duda de la ninfa Egeria, acompañada siempre del +vocativo de su Numa Pompilio, fórmula de la íntima y familiar amistad +que le unía con el personaje. + +--Lo dudo, Pepe... + +--¿También a esa la encuentras peros?... + +--La encuentro calabazas, Pepe... + +Butrón, muy incomodado, dio media vuelta diciendo que más bien serían +camuesas, y el señor Pulido, sin perder su paz, repitió muy bajito: + +--Digo calabazas, porque no vendrá, Pepe... + +--¿Que no vendrá?... + +--Es muy propensa a constipados... Acuérdate de la última junta, Pepe. + +--Que viene, hombre, que viene... Si se lo prometió ayer a Veva, que la +mandé yo expresamente. + +Y así era, en efecto: la marquesa de Butrón había estado la víspera en +casa de la Villasis a pedirle por todos los santos del cielo que no +dejara de asistir a la junta; la pobre señora parecía azorada, y +pedíaselo con tal ahínco, como si le fuera en ello la vida. La Villasis, +sin embargo, no se mostraba muy propicia, y echándose a reír, le dijo: + +--¿Pero qué falta hago yo, mujer?... La misma que los perros en misa... + +--No digas eso, María, porque ni tú misma lo crees--replicó la otra muy +apurada. + +--Pues mira, Genoveva, te seré franca... Si fuera cosa tuya..., tuya +exclusivamente, iría con el alma y con la vida... Pero tratándose de lo +que se trata..., vamos... que no me gusta ese _barrer para adentro_ de +tu marido, que la pone a una siempre en el riesgo de tropezarse con +basura... Y, francamente, no quiero ponerme en el caso de encontrarme +mano a mano con una... Curra Albornoz u otra de su ralea. + +--Tienes razón... ¿Pero qué se le va a hacer, si Madrid es un lodazal? + +--No, no es un lodazal; porque tú y yo y otras muchas somos Madrid y, +gracias a Dios, no somos lodazales... Di más bien que en Madrid _hay un +lodazal_, que puede perfectamente evitarse andando con la ropa un +poquito recogida... Pero, sin duda, es el maldito lodazal de agua de +colonia, y como huele bien, a pocos veo que les repugne zambullirse +dentro. + +--Pero mi casa no está en ese lodazal, María. + +--Lo sé; lo sé mejor que nadie, porque como nadie te conozco y te +quiero... Por eso yo no me niego a ir a tu casa, sino a la junta _que +tu marido hace celebrar en tu casa_. ¿Me entiendes? + +Y como si temiese que la otra encontrase la distinción harto metafísica, +apresuróse a torcer un poco el camino, añadiendo prontamente: + +--No creas, por eso, que me niego también a contribuir a los fines de la +asociación como una de tantas... Sé muy bien que lo de socorrer a los +heridos es una pantalla; que se trata de preparar al ejército... No +importa: yo también contribuiré a ello, pero sin disfrazarlo de obra +caritativa... Lo hago, porque he visto nacer al príncipe y le miro y le +quiero como cosa mía; y lo hago, sobre todo, porque se me ha prometido +solemnemente que el primer cuidado de la Restauración será restablecer +la unidad católica; que sin este requisito, nada, nada haría. + +La Villasis se detuvo un momento, y sin el menor alarde de esplendidez, +con la sencilla naturalidad de quien ofrece una cosa insignificante, +añadió en seguida: + +--Por eso, en cuanto quieras disponer de ellos, tengo a tu disposición +diez mil duros... Si más pudiera, más daría. + +La oferta de aquel cuantioso donativo no deslumbró a la de Butrón; +habíase turbado mucho mientras hablaba su amiga, y moviendo la cabeza +vivamente dijo: + +--Lo creo, porque naciste para ser rica y sabes serlo... ¡Pero tu +nombre, tu nombre vale más que los diez mil duros!... + +Y la otra, dándole palmaditas cariñosas y remedando su mismo tono +lastimero, añadió en son de burla: + +--Pues mi nombre, mi nombre es justamente lo que no doy... Díselo así a +tu marido. + +La de Butrón dejó caer ambas manos abatida y dijo con voz acongojada, +imperceptible casi: + +--¡Dios mío!... ¿Y cómo le digo yo eso?... + +Y de repente, dejando escapar un súbito sollozo, tapóse el rostro con el +pañuelo, y un llanto desconsolador brotó de sus ojos, revelando un +profundo abismo de amargura, un dolor hasta entonces callado y oculto. +Quedóse un momento suspensa la Villasis, atónita y afligida por el temor +de haber causado aquella honda pena. + +--¡Pero, Genoveva, por Dios!... ¿Te he ofendido?... + +La otra meneaba vivamente la cabeza, intentando decir entre sollozos: + +--No..., no..., no... Es que Pepe... + +--Pues bien, ¡no le digas nada!... ¿Quieres tú que vaya?... Pues iré, +iré de mil amores... ¿Cómo había yo de imaginarme que iba a causarte esa +pena? + +Y tan afligida como su amiga, estrechaba entre las dos suyas una de sus +manos, mientras la de Butrón, sin quitarse el pañuelo del rostro, cual +si la vergüenza, al par que las lágrimas, la ahogaran, tartamudeaba: + +--Pepe..., el pobre..., es tan violento... + +Esta última palabra fue para la marquesa de Villasis un rayo de luz que +le descifró el enigma: cruzó las manos con un gesto de ira, de sorpresa, +de lástima profundísima, de compasión sin medida... ¡Luego era verdad, +luego era cierto el chisme que varias veces había llegado hasta ella de +que el noble Butrón, el leal caballero, el correcto diplomático, +maltrataba con frecuencia a aquella esposa modelo, aquella ilustre +señora, aquella débil anciana que sollozaba allí, ocultando la vergüenza +de su marido en el fondo de su pecho, envuelta en su propia desdicha!... + +Un violento impulso de noble ira se levantó pujante en su corazón, y +hubiera querido arrancar del todo a la infeliz su secreto, no sólo para +remediar su dolor, sino también para vengarlo. Mas la noble anciana, +fiel a su decoro de esposa, guardó ese difícil silencio con que las +almas heroicas saben coronar una de las penas más vivas que existen en +la tierra: el sacrificio despreciado, el sacrificio inútil, y la +marquesa de Villasis no se atrevió a interrogarla; el primer cuidado de +la delicadeza, al consolar un dolor, es respetarlo, y nada hiere tanto +una pena como la curiosidad, sacrilegio, por decirlo así, de la +impertinencia. + +Un llanto callado, el más sublime de todos los llantos, el llanto de la +caridad, que cuando no remedia ni alivia consuela, llorando con el que +llora, brotó entonces de sus ojos, y tan sólo al asegurarle una y mil +veces que iría con sumo gusto al día siguiente a su casa, atrevióse a +añadir con uno de esos brotes del corazón en que aparece la amistad tan +santa y tan bella: + +--¿Quieres otra cosa, Genoveva?... ¿Te puedo servir en algo más? +¡Dímelo!... + +Otro quejido que revelaba el complemento de los grandes dolores, la +falta del último consuelo, la soledad del alma, se escapó entonces de +los labios de la anciana. + +--¡Sí, sí, de mucho!... ¿Pues no lo ves? ¡Para poder llorar delante de +alguien, para tener quien llore conmigo!... + +Y al despedirse, serena ya del todo y consolada en lo posible, dijo a la +Villasis con intención marcadísima: + +--Te advierto que yo sólo te he pedido que _vengas mañana a casa_... De +lo demás que pudiera sobrevenir nadie me hará responsable, y puedes +negarte sin miedo. + +Y añadió con tristísima sonrisa: + +--Si yo estuviera en tu caso, haría lo mismo. + + + + +--VI-- + + +La marquesa de Villasis tardaba; eran ya las tres y media y el +respetable Butrón sentía angustias de muerte, temiendo verse por segunda +vez chasqueado por la dama. Con el ojo pegado al agujerillo del telón +disimulaba su mal humor y sus temores, por no exponerse a las machaconas +observaciones del señor Pulido, mientras observando este por el otro +agujero, se afirmaba más y más en los suyos, ofreciendo ambos al que +entraba por el fondo del teatro un espectáculo original y extraño en +demasía. Hallábanse los agujeros bastante bajos por estar disimulados, +en el lado opuesto, entre el bordado del escudo, y hacíase preciso, para +observar por ellos, ponerse en cuclillas, posición harto molesta, muy +semejante, por no citar otras, a la que usan los salvajes de Ohio para +deliberar en el Consejo. Ovidio no refiere si el enamorado Píramo se +ponía en actitud tan cómica cuando buscaba en la muralla una hendidura +por donde contemplar a Tisbe; si así era, fortuna tuvo el galán en no +ser visto por la dama. + +De repente, sonaron hacia el fondo del teatro pasos importunos, que +hacían crujir las tablas del escenario; furioso Butrón volvióse agitando +las manos extendidas e interpelando en colérico _sotto voce_ al +imprudente, como al bueno de Kent el rey Lear: + +--¡Despacio, demonio, despacio!... + +Era el tío Frasquito, que llegaba atropellando la consigna de no +permitir la entrada en aquel recinto, apresurado y ansioso por ver lo +que pasaba en el congreso femenino, luciendo una corbata vistosísima, +prenda hermafrodita en que profundos observadores suelen encontrar, +reflejado con frecuencia, el carácter moral del individuo. La del tío +Frasquito era la corbata de gran maestre de los micos de Currita, de +seda azul japonesa, sujeta coquetamente con el alfiler de una sola +perla. Habíale encargado la Albornoz venir a buscarla a casa de Butrón, +para darle sin pérdida de tiempo sus primeras disposiciones de +presidenta. + +Hizo el recién venido al diplomático mudas señas de que no se molestase, +y renegando _Robinsón_ por lo bajo, volvió a su observatorio, encargando +disimuladamente al señor Pulido que saliese a repetir a los criados la +rigurosa consigna. Mas temeroso este de que le usurpara su puesto el +intruso, hízose el desentendido, dejando abierta la puerta a la mayor +calamidad que por ella pudiera entrarse. + +Mientras el tío Frasquito buscaba en vano otro agujero y decidíase, no +encontrándolo, a abrirlo él mismo disimuladamente con un cortaplumas, +una gran sombra apareció en el fondo de la escena, deslizándose muy +despacio, con el cuerpo agobiado, los pies arrastrados, la mano +extendida... Era Diógenes, el cínico Diógenes, que al ver a los tres +personajes pegados al telón, vueltos de espalda y puestos en cuclillas, +detúvose un momento, dejando escapar una risa silenciosa, risa de +chacal, risa de hiena, que de verla el tío Frasquito hubiera sentido +erizarse los pelos e su peluca. Cruzóse de brazos, movió de arriba abajo +la gran cabezota y desapareció sigilosamente por entre los bastidores, +metiéndose luego por debajo del escenario como un nihilista que se +zambulle en el centro de la tierra para fraguar siniestros proyectos... + +--¡La Villasis! ¡La Villasis!--susurró en aquel momento Butrón con aire +de triunfo; y pegó al punto el ojo al agujero, para no perder ningún +incidente de la escena que iba a seguirse. + +La marquesa entraba, en efecto, causando su presencia un movimiento +general de sorpresa, seguido de un murmullo prolongado que disipó las +angustias de Butrón, hizo sonreír triunfalmente a la de Bara y morderse +los labios a Currita, adivinando desde luego una rival, la más temible, +porque era la más detestada. En la conciencia de todas las señoras +presentes brotó al mismo tiempo la idea de que aquella era la llamada a +ser la presidenta, porque a todas se imponía la marquesa por diversos +conceptos: las sensatas y honradas admiraban en ella el tipo de la gran +señora de virtud y de prestigio, digna y afable, que, firme en sus +convicciones en medio de una sociedad frívola y corrompida, imponía +sobre todos, callando siempre, la poderosa crítica del buen ejemplo. Las +otras, más ligeras o menos honradas, veían, sin embargo, en ella la +mujer de talento, la dama de gran nombre, de riquezas inmensas, de +carácter firme e independiente, que sin prescindir jamás de las justas +conveniencias que exige un rango elevado, sabía sacudir toda imposición +que repugnase a su conciencia o a su decoro, constituyendo así lo que +admiran tanto las medianías rutinarias, que sólo saben copiar lo que +halaga la vanidad o seduce al instinto: un tipo original, genuinamente +noble, digno y honrado. + +Algunas, ignorando, como ignoraban todas, excepto la Butrón y la de +Bara, el modo cómo había de nombrarse la junta, dejaron escapar la idea +entre sus misteriosos cuchicheos, y la señora de Martínez, con ingenua +sinceridad, algún tanto lugareña, soltó esta frase, que hubiera +provocado en otra ocasión las crudas sátiras de la de Bara: + +--¡Esa sí que es una marquesa de veras!... + +María Valdivieso, con su falta de tacto acostumbrado, inclinóse hacia +Currita como para quitarle una pelusilla que desperfeccionaba el +complicado lazo de las bridas de su sombrero y le dijo muy bajo: + +--¿Eh?... ¿Qué tal?... Con esta prójima no contábamos... ¿Te +inquieta?... + +Irguióse la otra como una Juno a quien dijeran que la ninfilla más +patimondada del Olimpo iba a sentarse en su carro tirado por pavos +reales, y contestó desdeñosamente: + +--¿A mí?... Jamás me ha merecido ni un bostezo, que es el último de los +gestos despreciativos... + +También la marquesa de Villasis hacía sus observaciones. Tendió la +vista por la sala y pudo contemplar, desde luego, el Madrid heterogéneo +de siempre, en que la virtud y el vicio se mezclan en amigable +consorcio, representando la historia eterna de la manzana podrida que +comunica a las sanas su podredumbre y sus gusanos, sin tomar de ellas ni +el sabor exquisito, ni la fragancia saludable; la indecorosa y dañina +mescolanza de grandes nombres y grandes vergüenzas, honras sin tacha y +reputaciones escandalosas, revestidas todas con el mismo brillante +barniz de formas elegantísimas, barajadas y confundidas por el mismo +apetito ciego de placeres, por los mismos impulsos necios de vanidad, +por el mismo afán irresistible de sacudir el ocio, de distraer el tedio, +espantosa y continua tentación de los grandes y de los ricos, que les +arrastra a todas sus extravagancias y les lleva a todos sus extravíos. + +--¡Señor!--pensaba la dama--. ¡Qué grande obra sería la de deshacer esta +mescolanza que repugna, que envenena, que liberta el vicio de toda +sanción social que le marque la frente como con una señal de infamia, y +lo contenga, ya que no con el temor de Dios, con la vergüenza al menos y +con el respeto humano; que familiariza con el escándalo hasta a las +conciencias más rectas, y destruye la poderosa barrera de horror y de +extrañeza que debe separar al bueno del escandaloso, y comenzando por +hacer a este tolerable, acaba por hacerle pasar por imitable!... ¡Qué +grande obra haría quien con el mismo espíritu de caridad cristiana con +que se fundan asilos para huérfanos y casas de refugio para doncellas en +peligro, fundase _un salón_ para mujeres _honradas_ y hombres +_decentes_, en que sin riesgo alguno de mal ejemplo pudiese encontrar la +juventud las justas, legítimas y aun necesarias distracciones propias de +sus años; hallar sin desvergonzada levadura ese trato señoril y digno a +la vez que alegre y placentero, que afina y suaviza las inclinaciones +del hombre, fortalece y alecciona las de la mujer, y fomenta el trato +mutuo y el mutuo conocimiento de que brotan castas simpatías, germen de +puros y tranquilos amores, que sirven de base solidísima a matrimonios +felices y meditados, de que nacen luego familias cristianas y +ejemplares!... Y la caridad, la caridad derivada del cielo, única santa +y legítima, que todo lo ve con sus ojos de lince, que todo lo abarca con +su actividad insaciable, que todo lo precave con su perspicacia amorosa, +y no deja dolor sin alivio, ni pena sin consuelo, ni llaga sin remedio, +¿no se ha fijado nunca en esta úlcera ensangrentada?... ¿Acaso es más +digna de lástima la pobre labriega, la infeliz criada de servicio que el +abandono precipita en un lodazal de escaleras abajo y salva la caridad +en una casa de refugio, que la encopetada señorita, la rica heredera que +un abandono distinto, sólo en la forma, precipita del mismo modo en otro +lodazal de salones adentro?... ¡Y pensar que no es tan difícil el +remedio como a primera vista parece; que bastaría quizá que una mujer de +prestigio y de energía, cerrando los oídos a indecorosos respetos +humanos y a culpables condescendencias sociales, fundase, por el amor de +Dios, un _salón de refugio_, lanzando a los cuatro vientos de la alta +sociedad madrileña, por toda esquela de convite, esta estupenda noticia: +«La marquesa tal, o la duquesa cual, se queda todas las noches en casa, +para las señoras honradas y los caballeros decentes»!... + +Y cuando algo muy hondo, pero muy claro y distinto, le decía a la +Villasis en el fondo de su conciencia que ella podía y aun debía ser +aquella tal marquesa o aquella cual duquesa, vino a distraerla de sus +extrañas reflexiones la voz de Genoveva Butrón, que dando ya por reunido +el congreso femenil, comenzaba a exponer el objeto de aquella junta. + +La marquesa ateníase en sus palabras a la pauta trazada de antemano por +Butrón, evitando con habilidad suma los puntos escabrosos y las mentiras +gordísimas marcadas por el diplomático; hablaba muy despacio, con +sencillez exenta de toda pedantería y el aplomo y la seguridad que dan a +las personas nacidas y criadas en altas esferas el trato continuo de +gentes y la conciencia de su propia grandeza. Butrón, en cuclillas, +delante de su agujero, seguía con el alma en un hilo el discurso de su +mujer, extendiendo las manos y llevando el compás como un director de +orquesta que dirige una partitura, o como un magnetizador que desprende +de sí con extraños pases el misterioso fluido. Quedó bastante +satisfecho. + +La miseria en que yacían los infelices soldados heridos en la campaña +del Norte era grande y dolorosa, y debía precisamente despertar en el +corazón de todas las señoras españolas los sentimientos más +compasivos... Por eso habíase atrevido ella, la Butrón, a citar a todas +las presentes para pedirles, por amor de Dios y compasión hacia aquellos +infelices, que uniesen sus esfuerzos para socorrerlos, formando una +asociación de señoras que, propagada por todas las provincias, pudiera +allegar cuantiosos recursos para este objeto. + +A esto se redujo la primera parte del discurso de la marquesa, que fue +escuchado con religioso silencio. Hubo una pausa, en que las diversas +fracciones se miraron unas a otras, alerta todas, silenciosas, con la +solemne expectación de ejércitos enemigos que esperan para venir a las +manos el sonido de la primera descarga. + +La baronesa de Bivot, el bizarro _Zumalacárregui_, rompió el fuego la +primera con la certera puntería de la lógica más exacta. + +--El pensamiento no puede ser más caritativo ni más santo, y supongo que +merecerá la aprobación de todas estas señoras, como merece la mía--dijo, +echándose lentamente fresco con el abanico--. Pero debo hacer notar que +en la campaña del Norte hay dos ejércitos _españoles_... + +Y la pícara vieja acentuaba lo de _españoles_ con una ambigua risita +que hacía saltar a Butrón detrás de su agujero... + +--...Uno del Gobierno y otro carlista: en los dos hay heridos y en los +dos hay miseria... Supongo, por lo tanto, que esos recursos que se +alleguen se dividirán en dos partes iguales: una para los heridos del +Gobierno y otra para los carlistas... + +Silencio sepulcral en toda la sala y saltos nerviosos de Butrón, que +bufaba fuera de sí en su escondite. + +--¡El demonio de la vieja!... ¡Pues no faltaba más!... ¡En eso estaba yo +pensando! ¡En que con los fondos de mi asociación comprasen fusiles los +carlistas!... ¡Y la estúpida Veva se calla!... Contesta, Geno, demonio: +contesta que no, que se vaya si quiere, que no saca de aquí un ochavo... +¡La denuncio primero! + +Aturdida, la marquesa no contestaba, en efecto, porque ninguna respuesta +tenía aquella lógica observación, tan oportuna e inesperada. La +Villasis, compadecida de la angustia de su amiga, acudió al punto en su +auxilio. + +--La baronesa tiene mucha razón--dijo--; pero sin duda no se ha fijado +en un inconveniente insuperable... El Gobierno permitirá, sin duda, que +se repartan en el ejército toda clase de recursos; pero imposible es que +tolere el pase de dinero alguno para los carlistas... Por eso, la +asociación tendrá que limitarse a socorrer a los heridos del ejército, +dejando que secretamente acudan todas las que quieran al socorro de los +carlistas... + +Y dirigiéndose a la baronesa, añadió con significativa sonrisa: + +--Supongo, baronesa, que usted conocerá bien el camino; pero si alguna +no lo conoce, yo puedo indicarle un medio muy seguro por donde enviar +socorros a esos infelices, que no están menos necesitados, ni son menos +dignos... Yo tengo tirado ya mi plan: la mitad de lo que pueda dar lo +entregaré a Genoveva; la otra mitad la enviaré por este conducto de que +hablo a los carlistas... + +¡Bonito se puso Butrón! A las primeras palabras de la marquesa, respiró +con fuerza, murmurando: «No está mal el remedio». Mas cuando vio, por el +giro que daba la dama a su respuesta y por el plan que exponía, que no +era una estratagema la que usaba, sino un verdadero proyecto que podían +imitar otras muchas, saltó fuera de sí muy incomodado, gruñendo entre +sus bigotes puestos en punta: + +--¡Demonio..., demonio..., demonio!... Si el remedio es peor que la +enfermedad, si lo echa todo a rodar con eso... Se lleva la mitad, nos lo +quita, nos lo roba... + +El señor Pulido, con su flemática suavidad, díjole entonces: + +--Descuida, Pepe..., pocas darán si hay que dar en secreto... + +El valiente _Zumalacárregui_, parado en firme con la réplica no menos +lógica de la Villasis, replegó su guerrilla y parapetóse en el monte +Aventino, con una retirada digna de Jenofonte. + +La marquesa de Butrón aprovechó tan favorable coyuntura para reanudar su +discurso por la parte más espinosa... Era necesario nombrar una junta +directiva, y a este propósito iba a leer una candidatura formada con el +consejo de personas autorizadas, para sujetarla a la aprobación de +todas las señoras presentes. + +El golpe era atrevido y la imposición resultaba manifiesta; preciso era +suponer que nadie osaría oponerse a un plan propuesto en su propia casa +por dama tan respetable... El silencio era profundo y hubiérase podido +oír el inquieto pestañear de Butrón y de Pulido, pegados a sus agujeros; +los resoplidos que costaba al tío Frasquito mantenerse tieso en su +incómoda postura, y los amagos de risa de Diógenes, que, metido en la +concha del apuntador, frente al telón y de espaldas a la concurrencia, +ocultábase a todos, oyendo a unos y otros, y maquinando, sin duda, algún +plan endiablado que le hacía reírse a sus solas. + +La marquesa sacó un gran pliego y comenzó a leer esforzando la voz un +poco: + +--Presidenta: excelentísima señora marquesa, viuda de Villasis. + +Murmullo general de aprobación... Brusco movimiento de Currita y +repentina llamarada de ira, de rabia reconcentrada presta a desbordarse +en sus claras pupilas... Tras el telón, Butrón sonríe satisfecho y +Pulido suspira desahogado; el tío Frasquito, sorprendido y acongojado al +ver a su reina destronada, pierde el equilibrio y se agarra al telón, +poniendo en riesgo el que guardan sus compañeros: mudos ademanes y +miradas furibundas de estos le llaman al orden... En la concha, Diógenes +hace una mueca que quiere decir: «¡Estáis frescos!», y prosigue riéndose +solo... La marquesa de Butrón continúa leyendo: + +--Vicepresidenta: excelentísima señora condesa de Albornoz. + +Silencio profundo... Doscientos ojos escrutadores se fijan en la +elegida, e Isabel Mazacán le envía desde lejos un irónico saludito de +enhorabuena... Currita se muerde los labios y aparecen istrías +sanguinolentas en torno de sus pupilas; un pedacito de encaje del +pañuelo resbala por la seda de su falda y cae sobre la alfombra... Tras +el telón, Butrón se azora de nuevo; Pulido murmura: «¡Lo dije!», y el +tío Frasquito desiste de velarse el rostro con las manos por miedo de +perder de nuevo el equilibrio... Diógenes ha desaparecido de la +concha... La marquesa de Butrón prosigue: + +--Vocales: excelentísima señora duquesa de Astorga, excelentísima señora +condesa de Villarcayo... + +Movimiento de horror en las huestes de _Zumalacárregui_... + +Gesto de protesta del caudillo... La agraciada sonríe con una cara de +babieca que revela la razón por que figura en la lista... La marquesa de +Butrón continúa: + +--Excelentísima señora condesa de Minahonda. Excelentísima señora doña +Servanda Molinillos de Martínez. + +Modestísimo rubor en el rostro de la agraciada, que extiende las manos y +mueve la cabeza diciendo que no... La duquesa de Bara la anima +cariñosamente... La García Gómez detiene su indignación, hasta ver si +está ella incluida en la lista... Tras el telón, Butrón mira a Pulido, y +Pulido mira a Butrón, y ambos se ríen... El tío Frasquito, envuelto en +su dignidad, permanece en cuclillas... Diógenes aparece sobre el tablado +y busca algo junto a la pared, dentro de los bastidores del lado +izquierdo... La marquesa de Butrón prosigue... + +--Excelentísima señora condesa de Nacharnudo. Excelentísima señora +duquesa de Bara... + +Recóndito asombro de esta al verse incluida en el grupo en que por +exigencias de Butrón habían de figurar tan sólo mujeres honradas... La +marquesa hace una pausa, examina un momento al auditorio y prosigue +leyendo: + +--Secretaria: excelentísima señora doña Paulina Gómez de Rebollar de +González de Hermosilla... + +Fogosísimo brinco de Leopoldina Pastor, que esperaba la plaza, y +enérgico «¡Indecente!» que revolotea anónimo en el aire sin saber dónde +posarse... Carmen Tagle se desternilla de risa... La agraciada guarda +majestuoso silencio, compónese las gafas de oro y proyecta reparar en la +retórica de Marco Tulio la parte preceptiva de los documentos +oficiales... La duquesa de Astorga la felicita sin pizca alguna de +malicia... Tras el telón, Butrón espera, Pulido teme, el tío Frasquito +medita... Diógenes ha encontrado junto a la pared un cordelito que +parece bajar del techo y lo examina detenidamente... La marquesa de +Butrón concluye: + +--Tesorera: excelentísima señora doña Ramona Gómez de López Moreno... + +Amago de apoplejía en la interesada... La duquesa consuegra la saluda +desde lejos... Grandes cuchicheos que crecen, crecen cual ráfaga de +viento huracanado que comienza por silbar y acaba por rugir.. De +repente, crujido misterioso... Silencio profundo... Sorpresa general. + +Diógenes ha tirado del cordelito, el telón sube rapidísimo y aparecen +los tres Píramos en cuclillas, Butrón, Pulido y el tío Frasquito, ante +los ojos asombrados de aquel centenar de Tisbes... Cuadro final. + + + + +--VII-- + + +La asociación de señoras hizo fiasco y sólo dos meses más tarde pudo +Butrón, a costa de trabajo, organizar otra nueva, en forma muy distinta, +que no dejó de hacer, sobre todo en provincias, un agosto abundantísimo. +La marquesa de Villasis habíase negado rotundamente a aceptar la +presidencia; Currita rechazó la humillante oferta de un cargo +secundario, con muestras de gran resentimiento; las carlistas, muy +indignadas, tiraron por un lado, y las radicales, muy ofendidas, se +fueron por el otro, dejando vacante el canto épico a la caridad que +perpetraba en silencio la excelentísima señora doña Paulina Gómez de +Rebollar de González de Hermosilla, y vacío el gran bolsón Pompadour de +terciopelo rojo que la señora de López Moreno pensaba encargar a la +modista para recoger las colectas. El señor Pulido desplegó las tres +falanges de su dedo índice para decir, agitándolo de arriba abajo: «¡Lo +dije, lo dije!», y el sesudo diplomático, con la energía de la +constancia que no consiste en hacer siempre lo mismo, sino en dirigirse +siempre al mismo fin, tomó por otro camino para llegar a su objeto, +consolándose con que Napoleón cometió también faltas en la guerra de +Rusia, Ciro en la de los Scitas, César en África y Alejandro en la +India. + +Hubo al otro día en la casa de la Albornoz congreso de ofendidos, y la +altiva dama adoptó por suya la respuesta de Marat a Camilo Desmoulins y +Freron, cuando le proponían estos refundir el periódico de ellos, _La +Tribuna de los Patriotas_, en el suyo, _El Amigo del Pueblo_: «El +águila va siempre sola; los pavos forman manadas». Ella era el águila y +las demás señoras los pavos; Butrón era el pavero. + +La suerte de aquellos infelices heridos del Norte condolía, sin embargo, +a la sensible condesa, y resolvió hacer ella sola y por su cuenta propia +cuanto estuviese en su mano para aliviarla, entendiéndose directamente +con el general en jefe del ejército y con el bizarro general Pastor, +hermano de Leopoldina. Convocó a sus micos, reunió a sus íntimos y +trazóse un plan encantador de fiestas, bailes y regocijos a beneficio +todos de los heridos, entre los que había de llevarse la palma una +famosa _kermesse_ ideada por Currita, a imitación de la organizada en +París por _El Fígaro_, en el teatro de la ópera, a beneficio de los +inundados en Szegedin. Las actrices más famosas y las damas más +conspicuas, niveladas por el mismo sentimiento compasivo, habían hecho +en ella prodigios de caridad, sacrificando, en aras de los pobres, los +quilates más o menos subidos de sus respectivas vergüenzas. En dos horas +escasas había recaudado madame Judic más de cinco mil francos vendiendo +_marrons glaces_. ¿Qué no recaudaría Currita vendiendo por media hora, +aunque sólo fueran altramuces o garbanzos tostados? + +Faltaba, sin embargo, al proyecto el visto bueno de Jacobo, requisito +sin el cual no osaba la dama dar un paso en nada que hubiese de +aventurar dinero, y justamente Jacobo no pareció por allí en toda la +noche, ni vino tampoco a almorzar al día siguiente, según su costumbre +ordinaria. Alarmada Currita, envió un recado a casa del amigo ausente, +para informarse de la causa de su extraño eclipse; la respuesta del +lacayo fue terminante: + +--El señor marqués de Sabadell había salido de Madrid la noche antes. + +Currita se quedó helada... ¿Marcharse Jacobo sin decirle una palabra, +sin enviarle un recado, sin ponerle siquiera cuatro letras?... ¡Qué +puñalada para su corazón y, sobre todo, qué bofetón para su amor propio! +Porque ¿qué dirían las gentes cuando llegaran a traslucir el desprecio y +el desvío que aquello representaba?... + +Pasaba esta escena en el comedor, donde los dos esposos almorzaban en +compañía de María Valdivieso, Celestino Reguera y Gorito Sardona, cuya +flamante corbata azul indicaba ser aquel día el mico de guardia. Miraron +todos a Currita con grande extrañeza y aire de pregunta al saber la +marcha de Jacobo, y Villamelón, suspendiendo por un momento la actividad +febril con que manejaba el trinchante de oro macizo, regalo de Fernando +VII, dijo con voz lastimosa: + +--¡Jacobo anda mal y me da pena!... + +Y como si el dolor que inspiraban los males de su amigo sirviera para +facilitar sus funciones digestivas, embaulóse de un golpe una +_côtelette_ entera, que se le deshizo en la boca de puro blanda, cual si +fuese un merengue. + +--Pues, hijo--replicó María Valdivieso--, no sé que padezca del pecho... +Está gordo y robusto; Paco Vélez me lo decía ayer: va echando papada de +comerciante de ultramarinos. + +--Si no es eso, María, ¿sabes?--dijo Villamelón con la boca llena--. +Digo que anda mal, porque anda en malos pasos. ¿Me entiendes? + +Callaron todos, metiendo las narices en el plato, y los rabillos de cada +ojo fueron a fijarse en Currita, que desganada, sin duda, mondaba con +suma pulcritud y esmero un hermoso albaricoque. Villamelón, que luchaba +siempre en la mesa entre sus ganas de hablar y sus ganas de comer, +prosiguió con alguna impaciencia. + +--La francesita esa..., esa... ¿Cómo se llama? ¡Señor, por días pierdo +la memoria!... Tú, Gorito, ¿sabes?... ¿Cómo se llama, hombre?... La de +las camelias. + +Gorito abría mucho los ojos y estiraba la boca sin acordarse de nada, +nada... Su memoria se había quedado de repente limpia, rasa, cual una +hoja de papel blanco. María Valdivieso hizo a Currita un rápido guiño, +como dándole a entender que ella podría informarle de grandes cosas, y +Villamelón concluyó cada vez más impaciente: + +--Pues nada, no me acuerdo... Pero, en fin, esa..., esa es la que lo +está desplumando. + +Hízose el silencio aún más embarazoso y el geniecillo maléfico de la +hilaridad comenzó a revolotear en torno de los comensales, como si a +todos ocurriese que las plumas arrancadas a Jacobo salían del pellejo de +Villamelón. Currita, mondando siempre su albaricoque, aprovechó un +momento en que los criados se alejaban para decir a media voz con su +acento más suave: + +--Pero, Fernandito, vida mía, si tienes el don de la importunidad; si +pareces un reloj descompuesto... ¿A quién se le ocurre hablar de esas +cosas delante de los criados?... Sabe Dios lo que pensarán del pobre +Jacobo... + +Villamelón, con mucha dignidad, replicó al punto: + +--Mira, Curra, en la mesa no discuto... ¿Sabes?... Pero tienes +parcialidad por Jacobo y vas a llevarte un chasco muy grande, muy +grande... ¿Me entiendes, Curra?... Ese viajito repentino me da mala +espina: apuesto a que no va solo. + +Currita puso en el plato el albaricoque ya mondado, lavóse las puntitas +de los dedos en el enjuagador de rico cristal de Venecia que tenía +delante, y mirando las gotitas de agua que se desprendían de sus rosadas +uñitas, dijo ingenuamente: + +--¡Pues claro está!... Llevará algún ayuda de cámara... + +Sulfuróse Villamelón y miró a su mujer y luego a Gorito y después a +Reguera con cierta especie de colérica complacencia retratada en el +semblante, arrebatado y apoplético por los vapores que le subían del +repleto estómago... ¡Le exasperaba a veces aquella sencillez de Curra, +que jamás podía comprender la malicia de ciertas cosas!... + +Terminóse al fin el almuerzo y Currita salió del comedor del brazo de su +prima, llevando en la mano un platito de porcelana con migas de pan, +para dar de comer a los pececillos de colores que en una magnífica +pecera de cristal y bronce dorado adornaban una de las galerías... La +enamoraban a ella aquellos animalejos de colores tan brillantes, y la +pesca era, entre los placeres del _sport_, el que más emociones le +causaba. + + Regalaréte entonces + Mil varios pececillos + Que al verte, simplecillos, + De ti se harán prender. + +María Valdivieso oía estupefacta aquellas expansiones idílicas, cuando +esperaba ella que Currita se apresuraría a interrogarla con el mismo +furor y los mismos transportes con que Otelo interrogaba a Yago. El +chasco le pareció pesado, y exclamó muy despechada: + +--¡Vaya unas emociones que tiene la pesca!... No encuentro definición +más exacta que la que daba uno de la caña de pescar: «Un palo largo que +termina por un lado en un pez y por otro en un tonto». + +--Cuestión de gusto--replicó tranquilamente Currita. + +Y se puso a echar sus miguitas a los peces, hablándoles con el cariño y +el mimo de una madre que acaricia a sus hijuelos... + +--¡Hola, tragoncillos! ¿Hay apetito?... Vamos, haya paz, que para todos +hay... ¡Mira, mira, María, cómo abren el hociquito!... ¡Qué delicia! +¡Qué monada! + +--Pero esta mujer tiene sangre de chufa--pensaba la Valdivieso muy +enfadada--. ¿Sí?... Pues, aguarda, allá va... ¡Anda, fastídiate!... + +Y se puso a contarle, en apoyo de la tesis de Villamelón, horrores..., +horrores de Jacobo... Paco Vélez se lo había dicho todo la noche antes: +ella, ¡claro está!, por prudencia había callado tanto tiempo; pero ya +era hora de hablar, y a fuer de buena amiga debía desengañarla... + +--¡Pícaro! ¡Tragón!--dijo en aquel momento Currita--. ¡No le muerdas!... +¿Habráse visto?... ¿Para quién son esos sopirritones?... Para ti... +¿Para mí, esos sopirritines?... + +E incorporándose un poco, dijo mirando siempre a la pecera: + +--Hija, dispensa. ¿Dónde decías que vive esa francesa? + +--¡No, si no lo decía!--gritó la otra pasando del despecho a la furia--, +pero te lo digo ahora para que abras los ojos. Vive en la calle de +Rebollo, número 68, en un hotel. ¿Te enteras? En un hotel muy bonito, y +se llama... ¿Cómo se llama?... Pues, señor, no me acuerdo; ello era un +nombre así como de píldora. + +--Chismes, mujer, chismes de gente ociosa--replicó Currita sobando +tranquilamente sus migas. + +Y con ansia febril repasaba en su interior los nombres de todas las +píldoras conocidas y hacía esfuerzos inauditos para grabar en la memoria +la calle de Rebollo y el número 68. + +--¿Chismes?--exclamó fuera de sí la Valdivieso--. ¿Y también es chisme +lo del viaje... con el ayuda de cámara, por supuesto?... + +--¡Pues claro está que lo es!--exclamó Currita de repente, echando con +mucha cólera todas las migas en la pecera--. ¡Chisme, chisme, y de +malísima intención, María!... ¿Si lo sabré yo, caramba?... Sino que de +todas las cosas no se ha de dar un cuarto al pregonero... Tú eres mi +amiga y te lo digo en secreto: Jacobo ha ido a negocios del partido y +estará de vuelta muy pronto... ¡Ya ves cómo se escribe la historia!... + +--¡Ya!--exclamó María Valdivieso tragándose la bola. Y Currita respiró +al fin algo más desahogada, porque aquella mentira, que se apresuraría +la prima a propagar por todo Madrid, por habérsela dicho en secreto, +dejaría a los ojos de las gentes la herida de su amor propio +disimulada. + +A las tres pidió la señora condesa la berlina y dio al lacayo, como la +cosa más natural del mundo, las señas de Jacobo. Vivía este en la calle +de Alcalá, en un precioso cuarto de soltero, y constaba su servidumbre +de un ayuda de cámara, un jockey, una ama de llaves y un cocinero; en +las cuadras, situadas al final de la calle del Barquillo, tenía cuatro +caballos ingleses, tres de tiro y uno de silla, una berlina, un +_char-à-bancs_ y una victoria. La munificencia de los esposos Villamelón +sufragaba todos estos gastos, que había de pagar el fiel amigo cuando al +verificarse la Restauración pudiera sacar el jugo a la cartera, precio +de sus misteriosos papelitos... + +Currita subió ligeramente al entresuelo, vivienda de Jacobo, y por tres +veces tocó el timbre, sin que nadie contestara; abrióse al fin la puerta +y apareció el jockey sin librea, cuello ni corbata, brillantes los ojos, +arrebatadas las mejillas y oliendo a vino a dos metros de distancia. +Aturdido, al verse frente a frente de la dama, dio un paso atrás, +diciendo atropelladamente: + +--El señor marqués está fuera... + +Ya lo sé... Busco a Damián. + +No fue necesario llamarlo: por el extremo del pasillo asomaba este la +cabeza, y veíanse detrás el ama de llaves y el cocinero, todos +rubicundos y sofocados, como si viniera a sorprenderles la visita al +final de un opíparo banquete. Damián se adelantó muy sereno, cruzando +con el turbado jockey un guiño picaresco, un gesto de pillo redomado, +que vio muy bien la condesa, sintiendo, a pesar de su vergüenza, que se +le sublevaba allá por dentro lo poco de gran dama que quedaba en ella. + +--Pase vuestra excelencia, señora condesa--dijo. + +Y abrió muy presuroso de par en par las dos puertas del salón, +levantando la cortina de terciopelo para dar paso a la dama; atravesó +esta rápidamente la pieza, abrió por sí misma la puerta de un gabinete y +no se detuvo hasta llegar al despacho de Jacobo, como si todo aquello le +fuese muy conocido. Sentóse en un sillón y dijo: + +--¿Pero qué es esto, Damián?... ¿Cómo ha sido esa marcha tan +repentina?... Sólo pude ver al señor marqués un momento, y eso delante +de la gente... + +--Pues no sé--replicó Damián encogiéndose de hombros--. El señor marqués +se levantó ayer a la una y salió sin almorzar de casa... Volvió a eso de +las seis y mandó preparar las maletas. + +--¿Llevó mucho equipaje?... Me dijo que pensaba detenerse varios días. + +--Sí, señora; llevó un mundo y dos maletas. Yo mismo las hice. + +--¿Y fue por fin solo?... Me dijo que quizá tendría que acompañar a unas +señoras francesas... + +Quedóse Damián muy parado y tornó a encogerse de hombros. + +--Demetrio le acompañó a la estación... Yo me quedé en casa. + +--Llame usted a Demetrio... Me interesa saberlo. + +Llegó Demetrio medio borracho y tomó a mirar a Damián, disimulando una +sonrisa... Él no había visto nada entre tanto bullicio, pero en el coche +en que se acomodó el señor marqués había ya otros equipajes... + +--¡No iba en _sleeping_? + +--No, era un reservado. + +Currita se mordió los labios. + +--¿Y les ha dejado aquí sus señas? + +--No, señora. + +--Lo decía para que pudieran enviarle el correo... Amí me las ha dejado. + +--Si la señora condesa quiere enviárselo, yo le llevaré las cartas que +lleguen. + +--Sí, eso es lo más derecho y lo más pronto--dijo vivamente Currita. + +Y en aquel momento entróle deseo vehementísimo de ver toda la casa: era +muy bonita y estaba todo muy bien puesto: el salón, los dos gabinetes, +el despacho, la alcoba, el cuarto de baño, el tocador... Un cuadro le +llamó la atención en esta última pieza: representaba un ramo de +camelias, saliendo del centro el busto de una mujer rubia muellemente +reclinada en aquel lecho de flores, con mucho arte dispuesto... ¡Oh!, no +había duda, era la francesa anónima, la del nombre de píldora que tan +cruelmente se le estaba atragantando a ella. Detúvose a mirar el cuadro +con aire de inteligente. + +--¡Bonita idea!... La _fattura_ es correcta... ¿Quién es?... + +De nuevo se encogió Damián de hombros. + +--Es una francesa, huérfana de un general, que pinta esas cosas... El +señor marqués le compró hace tiempo ese cuadro... + +--¡Ah, sí!... Ya sé quién es: vive en la calle de Rebollo, número 68. +¿Cómo se llama?... + +--Se llama..., se llama... Pues no me acuerdo. Una cosa rara, así como +un nombre de jarabe... + +Currita moderó un movimiento de impaciencia, porque la cosa iba ya +picando en historia. La una decía que era nombre de píldora y el otro +que de jarabe, y sólo se sacaba en claro que era cosa de botica. + +Al pasar por el comedor salió a saludarla el ama de llaves, muy atenta y +obsequiosa, ensanchando cuanto pudo su robusta persona para taparle la +vista de la mesa en que se hallaban los restos de la francachela que, en +ausencia de su amo, celebraban aquellos granujas. Acudió el cocinero por +el otro lado, pillo de siete suelas con aire de bonachón y campechano, y +la invitó también a ver su cocina. Currita se puso muy encarnada... y no +se atrevió a rehusar. + +Apretando los puños de rabia y de despecho, entró la dama en su berlina +y dio orden al cochero de ir a casa del general Belluga... Aquella +taimada risita del jockey, aquel barullo inverosímil que le impedía ver +si su amo acompañaba a unas damas, dábanle malísima espina y preciso era +que ella apurase la verdad por sí misma. + +El coche del general estaba en la puerta, reclinado el lacayo contra el +quicio, tieso el cochero en el pescante con la fusta enarbolada. La +condesa encontró en la escalera, prestas a salir de paseo, a la generala +y a sus hijas, dos ángeles acabados de salir del colegio de York, en +Inglaterra, que comenzaban a perder en la atmósfera viciada de los +salones su perfume natural de candor y pureza, como pierden su sana +fragancia el romero y el tomillo encerrados en una caja de almizcle. +Llamábalas la condesa sus ahijaditas, porque en su famoso baile de +_ancha base_ habían sido presentadas bajo los auspicios de la dama por +primera vez en el mundo. + +Las señoras quisieron volver atrás, y Currita, sin oponerse mucho al +cumplido, consintió bien pronto en ello... ¡Oh!, traía ella las de Caín; +como que venía nada menos que a embargarle por la tarde a una de sus +ahijaditas; estaban atareadísimas ella y otras señoras, pidiendo por +todas partes hilas para los pobrecitos heridos y objetos de todo género +para la rifa, la _kermesse_, que prometía estar divertidísima. Habíanla +dejado a ella sola aquella tarde, y por eso venía a buscar una companera +agradable, un _ángel de la guarda_ que la ayudase a tender la caña. + +¿Qué corazón compasivo resiste a un anzuelo semejante?... + +Y besó en la mejilla a la mayor de las dos hermanas, Margarita, que +fijaba en ella sus ojazos de color de cielo, sonriendo con la inocencia +con que sonríe un niño a los varios juegos de luz que forma el reflejo +sobre las brillantes escamas de una serpiente. La generala aceptó en +seguida, creyéndose honradísima, y aquella señora ejemplar, aquella +madre cariñosa y cristiana que había educado a sus hijas en el santo +temor de Dios y en el cercado de la pureza, fió sin reparo alguno el más +bello de sus ángeles a aquella pícara redomada, aquella bribona +indecentísima... + +Salieron todas juntas delante la Albornoz, apoyada en el brazo de +Margarita; en mitad de la escalera volvióse aquella muy animada: + +--Como despacharemos tarde, me llevaré a comer a mi ahijada. ¿Me da +usted su permiso? + +--¡Pues no faltaba más, condesa! + +--¡Gracias, querida, gracias!... + +En el tarjetero de la berlina traía Currita un papelito en que se veían +apuntados gran número de nombres y de señas; hicieron dos visitas, a una +magistrada del Tribunal Supremo y a una brigadiera de artillería, +dignísimas señoras, a quienes, después de sacar los cuartos la olímpica +condesa, puso en ridículo con desvergonzado gracejo, haciendo +desternillar de risa a la inocente Margarita. Entonces dio al lacayo +unas señas que estaban apuntadas con lápiz, las últimas, de su letra +misma. + +--Calle de Rebollo, número 68... Hotel... + +--¿Quién vive allí?--preguntó Margarita. + +--Pues no sé... Es una francesa que pinta... Con tal que le saquemos +algún cuadrito... + +--¿Sabe usted que esto es muy divertido?... + +--¡Ya lo creo, divertidísimo!... Ver las caras tan cómicas de esa pobre +gente cuando se les pone al pecho el puñal de la caridad. ¡La bolsa... +o el ridículo!... Y entregan las pobrecillas la bolsa y se quedan +también con el ridículo. + +--¿Me traerá usted otra tarde, condesa?... + +--Sí, hija mía, con mil amores... Pero no me llames de usted, háblame de +tú, dime Curra... ¡Vamos, que no soy tan vieja!... + +Llegaron a la calle de Rebollo, número 68, y paró el coche ante el +hotel, especie de bombonera, más pretenciosa que artística, más bonita +que lujosa. Currita bajó la primera, nerviosa, un poco pálida, pero no +de vergüenza ni de miedo, sino de ira, de anhelo, de despecho... Por +fin, iba a entrar agarrada al manto de la caridad, haciendo hincapié en +las llagas de los heridos del Norte, en la guarida de la fiera, y a +cerciorarse por sí misma de si eran de la droga aquella, fuese píldora o +jarabe, los equipajes que había visto Demetrio en el coche reservado. +Por eso, y sólo por eso, había emprendido la bribona aquella ronda +caritativa, escogiendo por compañera aquella inocente niña, incapaz de +sondear la capa de cieno que estaba pisando. Un _groom_ monísimo, el que +había visto Currita en el Teatro Real la noche del estreno de _Dinorah_, +se hallaba a la puerta: preguntóle ella si las _señoras_ estaban en casa +y el chico contestó afirmativamente, haciendo entrar a las damas en un +saloncito de la planta baja. Currita pensaba: + +--De fijo que está de viaje y me encuentro cara a cara con la vieja... + +Un perrillo microscópico y feísimo salió de entre unas mantas al lado de +la chimenea y comenzó a ladrar, retirándose después gruñendo y +tiritando. Diole a Margarita miedo el feo animalejo. + +--¡Parece un diablillo malo!--decía. + +Estaba el salón medio a oscuras, los muebles sucios y revueltos, y +veíanse prendas de vestir sobre algunas sillas. En una mesa maqueada, de +trabajo muy lindo, había, entre varios juguetes de porcelana y un álbum +de retratos, una gran chocolatera de cobre, vieja y requemada, con su +molinillo de palo muy tieso, chorreando espeso líquido. La condesa +mostró a Margarita con la punta de la sombrilla el extraño _bibelot_, +diciendo muy bajo: + +--Caprichos de artista... + +Margarita rompió a reír, conteniéndose a duras penas, y la condesa, no +obstante su preocupación, viose forzada también a soltar la risa, +añadiendo a media voz: + +--Con tal que no nos mande a la _kermesse_ este utensilio... + +Sonó una puerta en el interior, luego otra más cerca, y el _groom_ +levantó la cortina: Currita respiró desahogada... Entraba la dama +duende, la incógnita de las camelias, con el aplomo y el descoco de una +_diva_ de café cantante que se presenta ante el público, fijando en él +una mirada de provocación más bien que de temor o de extrañeza. La +condesa no se aturdió tampoco; con la exquisita distinción de la gran +señora de raza, que tan en alto grado poseía, y el aplomo de la mujer de +mundo que encuentra reparos para todos los apuros, y salida para todos +los laberintos, y palabras para todas las situaciones, expuso a la dama +anónima el objeto de su visita. Ella se conmovió mucho... _Amaba a la +España muy fuerte, y estaban los carlistas unos brigantes muy atrevidos, +como Diego Corrientes y Gosé María._ + +Currita, al oírle chapurrear tan desastrosamente el castellano, hablóle +en francés y ella agradeció la atención con una amable sonrisa. Comenzó +entonces a hablar con gran soltura y elegancia, lamentando los estragos +de la guerra, ensalzando la misión de la mujer, ponderando la virtud de +la caridad con el fuego y el entusiasmo de Vicente de Paúl en persona. + +Currita le dijo sonriendo: + +--Veo que no me he engañado al apelar a sus sentimientos de usted, y +espero que nos enviará algún socorro para nuestros pobres heridos. + +--¡Oh!, sí, sí... + +--Cualquier cosa, lo que usted pueda... Algún _bibelot_ para la +_kermesse_. + +--¡Oh!, sí, sí... Enviaré algún objeto de arte... + +Margarita se mordió los labios para no soltar la risa: pensaba si sería +la chocolatera el objeto de arte prometido. Currita díjole entonces con +graciosa sonrisa: + +--Y si ese objeto de arte es obra de su genio de usted, será mucho más +agradecido. + +--¡Oh!... ¿Mi genio?--exclamó la otra muy sorprendida. + +--Sí, su genio he dicho... Ya sabe usted que esas cosas no pueden +ocultarse... Su paisana, madame Staël, lo dijo: donde hay genio, brilla. + +--¡Oh!... + +--El marqués de Sabadell--prosiguió Currita, dejando caer lentamente las +palabras--me enseñó aquel ramito de camelias que... _le envió usted_ +hace tiempo... ¡Es un _quadretto_ delicioso! Si manda usted a la +_kermesse_ una _pochade_ parecida, no habrá regalo que la iguale... + +La dama anónima sonreía, sonreía siempre, con los ojos bajos, como +abrumada por el peso de aquellas lisonjas que hacían vibrar las aletas +de su fina nariz con estremecimientos de rabia. Currita quiso darle el +golpe de gracia, y con aire de bondadosa protección dijole entonces: + +--¿Y tiene usted muchas discípulas?... + +Enderezóse la otra bruscamente, como si la idea de que trabajase para +vivir la ofendiera demasiado. + +--Me había dicho el marqués que daba usted lecciones de pintura. + +--¡Oh!, no, no. No soy profesora: discípula, pobre discípula. + +Y con su suave acento y sus modestos meneos disimulaba y contenía el +impulso feroz que hace a la gata rabiosa tirarse a los ojos del +contrario; diose al fin Currita por satisfecha y marchóse, dejando a su +parecer a la dama duende confundida y humillada. Al arrancar la berlina, +soltó al fin Margarita la risa, exclamando entre inocentes carcajadas: + +--¿Pero qué haría en el salón aquella chocolatera?... + +--¿Pues no te lo he dicho?--replicó la Albornoz haciendo coro a las +risas de la niña--. De seguro que la manda a la _kermesse_ como un +_bibelot_ nunca visto; verás cómo no me equivoco. + +Tres días después pudo Margarita convencerse de que su ilustre amiga y +madrina se equivocaba por completo... Pedro López había dicho, y +millares de lectores lo vieron en _La Flor de Lis_, que el ángel de la +caridad había sentado sus reales en el palacio de la celestial condesa +de Albornoz... Fuese o no esto cierto, éralo, sin embargo, que de los +cuatro ángulos de la Villa y Corte afluían al palacio preciosos regalos +para la _kermesse_, patrocinada por la dama, que iban quedando expuestos +al público con grande primor colocados en los varios salones; por las +noches, en uno de ellos espléndidamente iluminado y en torno de una +larga mesa cubierta por rico tapiz de tintas oscuras, agrupábase un +risueño enjambre de jóvenes doncellas y apuestos donceles--así los +llamaba Pedro López--que, barajados y confundidos, formando parejas, y +más pegaditos entre sí ellas y ellos de lo que la temperatura ordinaria +pedía de suyo, dedicábanse a la caritativa tarea de hacer hilas para los +infelices heridos del Norte. Currita, deseando despertar la emulación en +provecho de los pobrecitos heridos, distribuíalos de esta suerte, y era +verdaderamente un encanto, que arrasaba en lágrimas los ojos, ver +aquellas tiernas parejas de inocentes doncellitas de quince a veinte +años, y castos mancebitos de veinte, treinta y hasta cuarenta, sacando +hilas del mismo trapito, sosteniendo por lo bajo pláticas caritativas +que les animaban a la santa obra, todo, por supuesto, bajo la inspección +de la angelical condesa de Albornoz, que iba de un lado a otro +distribuyendo las parejas, repartiendo los trapitos, recogiendo en +bandejas de plata, ayudada de sus micos, la obra ya hecha; animando a +los perezosos con una sonrisa, enfervorizando a los tibios con una +palabra, prendiendo por todas partes el fuego de caridad que la abrasaba +a ella misma. Ni el báculo de san Francisco, ni el manto de santa +Teresa, ni el ceñidor de san Ignacio de Loyola hicieron nunca curas tan +milagrosas como las que habían de operar aquellas hilas, con tan pura +intención trabajadas, en las heridas, llagas y tolondrones de los +pobrecitos heridos del Norte. Aquello merecía ser visto, y Diógenes, +que lo vio una vez, manifestó en el Veloz-Club, ya muy entrada la noche, +lo que le habían parecido las parejas de operarios y lo que le había +recordado su directora y maestra... + +Los personajes más conspicuos de la corte pasaban por allí pagando su +tributo; y hasta don Casimiro Pantojas había hecho una noche sus +hilitas, sin más que un ligero percance, hijo de su cortedad de vista: +equivocó el trapo con el rico pañuelo de batista de la dama vecina, +olvidado encima de la mesa, y púsose muy afanado a sacar hilas de este, +haciendo dos pelotones finísimos. Alzó el grito la dama, porque tenía +para ella el pañuelo grandes recuerdos, y desolado don Casimiro al +reconocer su error, devolvióselo con un fleco en torno de cuatro dedos +de ancho. + +Dos figuras de primera magnitud habíanse, sin embargo, hecho notar por +su ausencia, y eran estas el marqués de Butrón y el tío Frasquito: +creíase que un pertinaz constipado tenía encerrado a este entre las +cuatro paredes de su casa, y no se ignoraba tampoco que las relaciones +del gran Robinsón con la ilustre dama habíanse enfriado algún tanto con +motivo de la vicepresidencia ofrecida y desairada. Sorpresa causó, pues, +aquella noche ver entrar al peludo diplomático en el caritativo taller +de las hilas y acercarse a la condesa con la más risueña de sus caras y +el más expresivo de sus gestos; ella dejó escapar al verle una ligera +exclamación de infantil alegría, y acrecentó el pasmo de todos +gritándole con sus mimitos más suaves: + +--¡Butrón... un trapito!... Nada, nada, aquí no se quieren ociosos... +Venga usted a sacar hilas conmigo... Allí, junto a mí, en mi mismo +trapo... + +Y dejando abandonada a su propio impulso la filantrópica tarea de +enardecer el fervor de sus operarios, retiróse a un rincón con el +diplomático, llevando en la mano un fino trapito cuadrado y una bandeja +de plata para colocar las hilas. Nada sabía aún Currita de Jacobo, y al +ver entrar al sabio Mentor, figurósele que este le traería noticias del +prófugo joven Telémaco. Butrón estaba, sin embargo, en la misma +ignorancia, y el mismo pensamiento y los mismos interesados deseos +traíanle en busca de la invulnerable Calipso. La repentina marcha de +Jacobo habíale alarmado, temiendo que ocultase tras de ella algún enredo +que perjudicase a sus trabajos políticos, y fingiéndose enterado de lo +que deseaba saber, proponíase arrancar con maña a la dama el hilo del +ovillo. + +Currita y Butrón se miraron un momento en el apartado rinconcito, como +invitándose a hablar mutuamente, y ella, viendo que el respetable +diplomático no daba luz ninguna, púsose muy afanada a sacar sus hilas, y +comenzó a confiarle sus pesares domésticos... Fernandito andaba muy mal +y le inspiraba su salud serios cuidados; su falta de memoria llegaba ya +al punto de habérsele olvidado días atrás que había comido, y armar una +pelotera terrible, queriendo por segunda vez sentarse a la mesa... +Sánchez Ocaña y Letamendi le habían reconocido, y ambos opinaban que era +aquello un principio de reblandecimiento cerebral que le llevaría +lentamente a la sepultura... + +Ella estaba acongojada: si fuese siquiera una enfermedad repentina, que +se lo llevara Dios en pocos días... vamos, sensible era siempre quedar +una mujer sola, con dos hijos que educar, sin tener a su lado hombre +alguno... ¡Pero verle padecer tanto tiempo, consumirse poco a poco, sin +esperanza ninguna!... + +--Y cada día más tonto, Butrón; crea usted que no exagero... Yo creí +que sería imposible serlo más; pues nada, todos los días progresa... + +El respetable Butrón dio un suspiro, y poniendo en el anzuelo el cebo de +un consuelito, tendió delicadamente la caña. + +--Siempre te quedará Jacobo, excelente amigo, que sabrá aconsejarte... +¿No te ha escrito?... + +Ella, arreglando con mucho primor su manojito de hilas, contestó +sencillamente: + +--Sí, ayer tuve carta... Por supuesto, que a usted también le habrá +escrito... + +--No, no he recibido carta ninguna, pero no me extraña... Al despedirse +me dijo que hasta no tener noticias seguras no me escribiría. ¿De dónde +te escribe ya?... + +Las hilas se enredaron y preciso fue inclinarse hacia la luz para buscar +el hilito, haciendo una pausa mientras tanto. + +--¿Querrá usted creer que no pone fecha ninguna?... Me dice, sin +embargo, que escribe en el _restaurant_ de la estación, esperando el +tren ascendente... Como el pobre es tan extremoso, quiso a toda prisa +sacarme de cuidados... + +--Sí, muy extremoso--replicó Butrón--, pero también muy atolondrado. ¿A +que no te pone señas ningunas?... + +--No, ningunas... + +--Pues ya tú ves, a mí tampoco me las ha dejado, y me precisa enviarle +ciertas instrucciones que después de su marcha he recibido... Por eso +venía a preguntarte esta noche si sabías tú dónde paraba. + +--Pues no lo sé, Butrón, y me tiene esto muy perpleja... Porque Damián +me ha traído varias cartas que le han llegado por el correo y no sé +dónde enviárselas... + +--¡Si falta en esa cabeza algún tornillo!... Preciso será esperar a que +escriba de nuevo, y te encargo mucho que en cuanto recibas sus señas me +las envíes de seguida. + +--Descuide usted, Butrón, pero le encargo también que no tarde en +mandármelas si las recibe usted primero. + +--¡Oh!--replicó Butrón con mucha galantería--. Imposible es que Jacobo +cometa semejante pifia... + +--¡Ay, no, no Butrón!--dijo Currita con melancólico acento--No crea +usted que me hago yo ilusiones algunas; sé muy bien que no hay rival tan +temible para una mujer como la sota de bastos o la esperanza de una +cartera... + +Y aquí se detuvieron los dos, convencidos por completo de haberse +engañado recíprocamente, creyendo ella, hecha una furia, que Jacobo, de +acuerdo con Butrón, había marchado a negocios del partido sin decirle +una palabra; juzgando él, hecho un basilisco, que Currita y Jacobo se +emancipaban de su tutela, constituyéndose en cantón independiente y +obrando por cuenta propia en los negocios políticos... Un suceso +repentino impidióles seguir explorando con la misma habilidad los +respectivos campos: entró un criado trayendo un gran estuche de +terciopelo granate muy oscuro, magnífico regalo para la _kermesse_, que +acababan de traer a aquella hora intempestiva con la idea deliberada, +sin duda, de que pudiera ser admirado al mismo tiempo por toda la +brillante concurrencia. Gorito Sardona, mico de guardia aquella noche, +tomó el estuche de manos del lacayo y púsolo sobre la mesa, llamando a +gritos a Currita. Acudió esta seguida del diplomático, y un ligero grito +que pareció arrancarle la admiración, y le arrancaban en realidad el +temor y la sorpresa, se escapó de sus labios a la vista del estuche... +Habíale recordado al punto otro enteramente semejante, con la sola +diferencia de que sobre el oscuro terciopelo de la tapa de aquel otro se +destacaba, bajo una corona de marqués, una caprichosa _S_ de oro mate, y +en este sólo se veía en aquel lugar un poco chafado el terciopelo... +Tres segundos permaneció, sin embargo, inmóvil, contemplando el estuche, +sin osar abrirlo; agrupábanse todos a su alrededor, oprimiéndola y +estrujándola contra la mesa, ansiosos de contemplar la maravilla, y no +hubo más remedio que apretar el resorte y levantar la tapa... + +Una exclamación general de asombro se escapó de todos los labios, +ahogando el sordo rugido de rabia y despecho que hinchó la garganta de +Currita... Sobre el blanco terciopelo que forraba el interior +destacábase, en toda su magnificencia, la obra maestra de Enrique de +Arfe, el marco antiguo de plata cincelada que había regalado ella a +Jacobo en aquel mismo estuche, con su propio retrato de reina +japonesa... Este había desaparecido, y veíase en su lugar otra extraña +fotografía: representaba una camelia de tamaño natural, y echada sobre +ella como sobre el alféizar de una ventana, aparecía el busto de una +mujer, de la dama duende que todos conocían, apoyada la mejilla +izquierda sobre ambas manos cruzadas, mirando al frente con provocativa +insolencia, sacando la lengua con gesto de pilluelo redomado a todo el +que mirase el retrato por cualquier lado que fuese; por debajo, leíase +escrito con muy buena letra inglesa: + +A LA EXCMA. SRA. CONDESA DE ALBORNOZ, +_Mademoiselle de Sirop._ + +Nadie dijo una palabra, nadie hizo un comentario... En el embarazoso +silencio que deja al descubierto las grandes vergüenzas, oyóse tan sólo +la suave vocecita de la Albornoz, que decía algún tanto temblorosa: + +--¿Mademoiselle de Sirop?... ¡Qué delicia!... ¿Si será prima del jarabe +Henry Mure que han recetado a Fernandito?... + + + + +--VIII-- + + +El despertar de Jacobo fue alegre: había ganado la noche antes, jugando +en el Casino hasta las cuatro de la mañana, más de cinco mil duros. Hay, +sin embargo, algo en el hombre que despierta antes que la razón y los +sentidos, y levanta la voz y grita y no calla ni aun en esos momentos de +duerme--vela en que flotan las ideas como cabos sueltos, sin que la +voluntad, dormida todavía, haya tenido tiempo de atarlas y enderezarlas +o torcerlas a su albedrío. Este algo se llama remordimiento, y él, con +su punzante aguijón, puso ante los ojos de Jacobo, antes que los cinco +mil duros ganados, las aterradas fisonomías de la mujer y de los hijos +del que los había perdido, padre de familia, jugador de oficio, marcado +con ese sello de desdicha común a los del gremio, que por ser desdicha +buscada no despierta en ellos mismos compasión, sino enojo. En las +ganancias del juego, ha dicho uno, hay siempre algo parecido al robo, +porque con razón puede decirse que se toma lo ajeno contra la voluntad +de su dueño; y si bien es cierto que se gana este dinero ajeno +exponiendo el propio, también lo es que los ladrones en cuadrilla +exponen sus vidas en las encrucijadas de los caminos, y la vida, aunque +sea de un facineroso, vale más que el dinero. + +Volvióse Jacobo del otro lado, ahogando estas reflexiones con su +voluntad ya despierta, y tiró de la campanilla, murmurando entre +dientes: + + Amar a nuestro prójimo + Nos manda la doctrina, + Y al prójimo en la guerra + Le dan contra una esquina. + +Entró Damián, trayendo, como todos los días, el correo y los periódicos, +que puso al alcance de la mano de Jacobo sobre la mesa de noche. Abrió +luego las persianas, descorrió las cortinas y entróse en el cuarto de +vestir para preparar el agua caliente y la ropa del señorito. Habían +dado ya las doce y media. + +Era Jacobo muy perezoso y costábale gran trabajo arrancarse del lecho; +dio en él varias vueltas, estirándose y revolviéndose con esa dejadez +del que no tiene cuidados, ni le esperan obligaciones, ni encuentra para +saludar al nuevo día otra fórmula, otra oración, otro brote de +sentimiento que un prolongado bostezo. Decidióse al fin a sacar una +mano, y tomó de sobre la mesilla de noche las varias cartas; eran estas +cuatro o cinco, y llamóle la atención, desde luego, una grande y +cuadrada que traía el sello del Congreso, porque parecióle notar el +tacto que venía en el interior, además del papel, un pequeño objeto +redondo. Diole vueltas por todos lados examinando el sobre, con esa +necia perplejidad que al recibir una carta de letra desconocida nos +impulsa a conjeturar y adivinar lo que con sólo romper el sello podemos +saber de cierto. Hízolo así al cabo, rasgando el sobre por completo, y a +la duda sucedió entonces en él la sorpresa y el azoramiento; encontróse +con un pliego en blanco, de papel muy recio, doblado por la mitad en dos +partes: en la superior destacábase, cuidadosamente pegado con goma, un +gran sello de lacre verde, del diámetro de medio duro... Al pronto no +distinguió bien Jacobo lo que era aquello; llegaba la luz muy +debilitada, filtrándose por los visillos del balcón y la gran cortina de +tul bordado, en una sola pieza, que arrancando de los lambrequines de +damasco amarillo llegaba hasta el suelo barriendo la alfombra. Con +grande ansiedad incorporóse bruscamente, inclinando el cuerpo fuera del +lecho para buscar la luz, y pudo distinguir entonces en todos sus +detalles la empresa del sello: era la escuadra y el compás cruzados en +forma de rombo y la rama de acacia, emblema de los masones. + +Una sospecha terrible, una idea aterradora con visos ya de evidencia +cruzó al punto por su mente cual un pájaro siniestro. Arrojóse de un +salto fuera del lecho y corrió al balcón para examinar con mejor luz +todavía la extraña carta y el misterioso sello. No había duda: si no era +el mismo, era igual a uno de los que había arrancado él en París, en el +_Grand Hôtel_, de los cartapacios que en la logia de Milán le habían +entregado... ¿Qué significaba, pues, aquello?... ¿Era una broma? ¿Un +aviso? ¿Una amenaza? + +Con los ojos muy abiertos quedóse mirando a la calle, como si buscase +allí la solución a sus dudas, la respuesta a sus temores... Frente por +frente de la suya estaba la gran casa del marqués de Riera, cerrada +hacía tantos años, con ese aspecto de secreto, ese aire de misterio que +parecen tomar los edificios abandonados por largo tiempo, haciendo +fantasear a la imaginación detrás de sus muros recuerdos de crímenes y +sombras de aparecidos. El día estaba triste; uno de esos días de lluvia +menuda y continua en que sólo se ven en el suelo cieno y lodazales y en +el cielo nubes pardas, inmóviles, pegajosas, que parecen lamer las +torres y las cúpulas, cual la viscosa baba de un monstruo inmenso. Los +transeúntes cruzaban por la acera muy de prisa, armados de paraguas e +impermeables, chapalateando sobre el fango, que salpicaba las sayas +remangadas de las mujeres, los pantalones recogidos o las altas botas de +los hombres. Un capitán de lanceros, muy gordo y rubicundo, bajaba de la +Puerta del Sol, pisando muy fuerte, con las espuelas y las polainas +manchadas de cieno, calada la corta capota azul con vueltas blancas. +Antejósele a Jacobo que aquel militar era de la clase de tropa que iría +al ministerio de la Guerra y siguióle con la vista muy atentamente... +Mas el militar dobló la esquina de la casa de Riera, dando un resbalón, +y desapareció por la calle del Turco... ¡La calle del Turco!... ¡Ah! ¡La +calle del Turco!... Allí se había cometido cuatro años atrás un +asesinato, _otro_ asesinato, en la persona de un hombre famoso, de un +amigo que le había hecho a él grandes favores, favores de lobo a lobo, +pero al fin y al cabo siempre favores... También entonces habíase +vislumbrado en _aquello_ la mano de los masones, y él, ¡oh!, él sabía +bien a qué atenerse... Por eso tuvo que huir a toda prisa impulsado por +el destino, pícaro destino, que le arrebataba a Constantinopla a +resbalar en otro charco de sangre y a emprender otra fuga a Italia, a +Francia, a España más tarde. + +Jacobo sintió mucho frío, un frío muy grande y muy natural, porque +estaba medio desnudo, y que parecíale a él le penetraba las carnes y le +llegaba hasta los huesos y le pasaba el alma de parte a parte, con una +sensación glacial y desagradable que se le figuraba semejante a la hoja +de un puñal al hundirse en su pecho. Volvióse a la cama buscando el +calor de las mantas, y acurrucóse entre ellas, escondiendo el rostro en +las almohadas para pensar, para reflexionar, para meditar, para no mirar +al hueco del balcón, donde le parecía ver al general Prim y a la cadina +Saharí, y al eunuco estrangulado, dándose las manos, haciéndole +cortesías, como hacen los actores cuando salen a la escena a recibir la +ovación al final de un drama. ¡Y él, que se había despertado tan alegre, +imaginando el medio de ocultar a sus acreedores los cinco mil duros +ganados! + +Damián asomó discretamente la cabeza, preguntando si el señor marqués no +iba a levantarse, porque el agua caliente se enfriaba. + +--Allá voy..., allá voy--respondió Jacobo. + +Y mientras se calzaba las pantuflas y se envolvía en una bata de abrigo +muy bien enguatada, iba discurriendo que el modo seguro de averiguar de +cierto lo que sobre el particular hubiera, era preguntar al tío +Frasquito lo que había hecho de aquellos tres sellos que en el _Grand +Hôtel_ le había regalado. Quedóse con esto más tranquilo, casi sereno +del todo: indudablemente era que se reducía aquello a una necia broma... +Cierto que habíale sucedido a él en aquel negocio espinosísimo lo que +acontece a todos los caracteres fogosos; que una vez dado el primer +empuje, caen luego en la mayor apatía, abandonando los planes con tanta +rapidez fraguados y con tanto calor emprendidos. Mas tampoco era +verosímil que al cabo de año y medio de silencio absoluto, de completo +olvido, salieran los masones reclamando los papeles e iniciando su +petición con la ridícula bromita--muy en carácter, por cierto--de +enviarle un sellito... Y además, ¡qué demonio!, a él le habían entregado +unos papeles para el rey Amadeo, y el rey Amadeo se había ido. ¿Iba a +correr de ceca en meca en busca del rey cesante?... ¿Y con qué derecho +le pedía cuentas la masonería española, perteneciendo él a la italiana? +Porque la carta era de Madrid mismo, puesto que el sello del Congreso la +franqueaba... Nada, nada, fuera temores, que el derecho era suyo. ¡Qué +demonio! A quien Dios se la dio, san Pedro se la bendiga; y el que está +más cerca de la cabra, ese la mama... + +Púsose Damián a afeitarle como todos los días, y al sentir sobre la +garganta el frío del acero, no pudo contener un estremecimiento de +espanto... Un ligero golpecito, un leve movimiento, y correría la +sangre, y vendría la muerte, y se acabaría la vida allí mismo, sin +auxilio, sin remedio, pasando de la agonía a la sombra pavorosa de eso +que llaman eterno, corriendo por Madrid la noticia del _crimen de la +calle de Alcalá_, como había corrido cuatro años antes la del crimen +impune y misterioso de la calle del Turco... Y aquel ligero golpecito, +aquel leve movimiento, podía determinarlo en la mano de Damián, otro +ligerito golpecito del oro de los masones. Porque ¿que sabía él lo que +era Damián?... Un pícaro probablemente, un bribón como todos, puesto +que, a juzgar por lo que de sí mismo sentía él, sólo pueden admitirse +dos clases de hombres: los ahorcados y los que merecen serlo. + +Rióse al cabo de sus locas imaginaciones, y vestido ya del todo, pidió +un sombrero, unos guantes, un paraguas... + +--¿El señor marqués almorzará en casa?... + +--No. + +--El cochero espera la orden... + +--Que se vaya, que vuelva a las cuatro. + +Y se dirigió a la puerta, para retroceder al momento... ¡Qué tontería! +Quizá en alguna de aquellas otras cartas que había olvidado en su +azoramiento vendría algún dato, alguna explicación de la estúpida broma +del sellito. Abriólas una a una, y una a una las fue arrojando con furia +sobre la gran piel de oso blanco, colocada al lado del lecho... Nada, +nada: una invitación para un baile, una carta de Ángel Castropardo +preguntando si le acompañaría a cenar aquella noche con las bufas de +Arderíus después del teatro, una diatriba de un acreedor exasperado que +le amenazaba con el embargo... + +Seguía cayendo aquella lluvia menuda, lenta, constante, que cala hasta +los huesos y los enfría, como cala hasta el corazón y lo hiela un +pensamiento triste y monótono que no se puede desechar. En las Cuatro +Calles, frente a las ruinas _seculares_ de la calle de Sevilla, +coronadas ya, como las de Itálica, por el amarillo jaramago, tomó Jacobo +un simón para evitar la afluencia, eterna en aquel sitio, de gentes que +van y vienen, formando en las aceras cordones interminables de hombres, +de mujeres, de niños, cobijados todos aquel día bajo sus paraguas, que +remedaban, yendo y viniendo y cruzándose, una larga procesión, una +contradanza fantástica de hongos fenomenales. Diez minutos después +apeábase a la puerta del tío Frasquito. + +Peinado, teñido y reluciente de puro limpio, sentábase este a la mesa +para almorzar en su lindo comedor perfectamente caldeado por magnífica +chimenea de mármol negro atestada de leña. Con el ansia cariñosa con que +recibe todo el que tiene gana de charlar a cualquiera que puede servir +de auditorio, recibió el viejo a Jacobo, mandando al punto poner otro +cubierto en la mesa... Necesitaba él desahogarse, porque el berrenchín, +el bochorno que había pasado el día anterior aún no le había salido del +cuerpo. Las cosas de Diógenes iban llegando a un extremo, que si hubiera +en Madrid autoridades, si hubiera en España un Gobierno, se castigaría +lo menos, lo menos con cadena perpetua... ¡Oh! ¡Lo del día anterior +merecía por primera providencia que le cortasen la mano derecha! +¡Burlarse de ese modo de todas las señoras de Madrid, congregadas para +un asunto piadoso! Poner en evidencia, en ridículo, en berlina, a +tres... a dos personas respetables; porque el tal Pulidete era un +_parvenu_, un cursi, un cualquier cosa, que se lo tenía todo muy bien +merecido... Mentira parecíale que Pepe Butrón, un hombre de tanto +talento, se hubiese _tirado una plancha_ semejante, y sin duda fue el +Pulidete quien le dio el mal consejo. ¡Proponer a María Villasis para +presidenta!... ¡Si eso no se le ocurre ni al que asó la manteca!... Y +claro está, sucedió lo que tenía que suceder: que la muy mojigata dio +con todo al traste, pero con un atrevimiento, con una insolencia, +aludiendo claramente a la pobre Curra, diciendo con una risita de mil +demonios que su modestia le impedía ser ella presidenta donde había una +vicepresidenta tan digna... Y la pobre Curra calló, calló por prudencia; +pero bien se le conoció que quedaba sentidísima... + +Hizo aquí una pausa, tragóse un buen bocado, preparó otro muy grande y +dijo mientras tanto: + +--Perro ¿no comes, hombre?... ¡Si no has tomado más que las ostrras!... + +--No tengo ganas... + +--Ni yo tampoco... Porr supuesto, que lo mejorr que ha podido sucederr +es lo que ha sucedido; porrque si mi sobrina Villasis llega a serr +presidenta, quedaban rreducidas las obrras de la Asociación a novenas y +triduos de rrogativas, y a limosnitas rrecogidas porr las socias a la +puerrta de las iglesias... Y ni aun esto siquierra, porque yo mismo la +he oído decirr, yo, yo mismo--y el tío Frasquito, con ademán imponente, +se tiraba de una oreja--, que es un escándalo, una profanación poneer +rreclamos de niñas bonitas a la puerrta de las iglesias. ¡Vaya usted a +verr qué modo de entenderr las cosas!... Perro, en fin, los pobrecitos +herridos no se quedarrán sin socorrro, y lo que la perrfecta viuda les +quita porr un lado, se lo proporrcionarrá porr otro la pícarra +Samarritana. Porque Curra, con ese corrazonazo que tiene, ¡claro está!, +¡lo ha tomado con un calorr, con un empeño!... ¡y lo que es la +kerrmesse, ha de darr mucho dinerro!... Anoche, como no estuviste allí, +no podrías enterrarte, pero se trata ahorra de buscarr el sitio; unos +dicen que en la platerría de Martínez, otros que en el Rreal. ¿Qué te +parrece?... + +Jacobo, aburrido de aquella charla insustancial y mujeriega, estuvo por +decir que le parecía mejor la punta de un cuerno, y el tío Frasquito, +viendo que no contestaba, se apresuró a añadir: + +--Yo creo que en el Rreal... En la Óperra se hizo la de Parrís, cuando +los inundados de Szegedin, y estuvo brillantísima... Perro, francamente, +le temo a Diógenes, que se colocarrá allí, de seguro... le temo, le +temo; te digo que le temo. Porrque, ¿qué se hace uno, si ni aun queda el +rrecurrso de desafiarrlo?... + +--¿Que no?--replicó Jacobo riendo, a pesar suyo--. Desafíalo tú, y +córtale las orejas. + +--¡Oh! ¡Lo que es por mí no quedarría!--exclamó lleno de ardor bélico el +tío Frasquito--. ¡Pero si es imposible! ¿Sabes lo que pasó con Paco la +Granda... otro animal como él?... Pues le hizo Diógenes una barrabasada, +y Paco le mandó sus padrinos. Diógenes dijo que sí, que se batirría, +perro como le tocaba la elección de armas, exigió que el duelo fuerra a +cañonazos, ¡figúrrate tú!... Paco le envió a decirr entonces que donde +quierra que le encontrase le darría de bofetadas; Diógenes contestó que +se le acerrcarra si podía... Y se le acerrcó, en efecto. ¿Perro parra +qué, Jacobo, parra qué?... Parra que el animal de Diógenes, como es tan +grandote, le diese un estacazo que le rrompió dos costillas... ¡Dos +costillas!... No creas que exagerro: ¡dos costillas! + +Y el tío Frasquito, rebosando indignación, palpábase con el reverso de +la mano el sitio en que, naturales o postizas, debía de tener las suyas. + +Jacobo nada decía, y comenzando el viejo a notar su preocupación, +indicóle bonitamente que el almuerzo terminaba y le estaba ya +estorbando. + +--Pues creo que pondremos al fin la kerrmesse en el Rreal--dijo--. +Ahorra mismo voy a casa de Curra, parra que decidamos... ¿Cómo no has +almorrzado tú allí hoy?... + +Jacobo arrojó la servilleta hecha un lío encima de la mesa y dijo +gravemente mirando al tío Frasquito: + +--Porque necesitaba hablarte. + +--¡Ya!--exclamó el viejo. + +Y abrió palmo y medio de boca y púsose muy azorado, porque desde aquella +noche fatal en que descubrió Jacobo en el _Grand Hôtel_ el secreto de su +peluca y de sus dientes mirábale y temíale con ese temeroso recelo que +inspira siempre la persona que puede perder nuestra reputación o nuestra +fortuna con sólo dar suelta un poquito a la lengua. No le deseaba la +muerte, pero hubiérale visto con gusto descender a la tumba, con tal que +se llevase a ella el secreto. Jacobo preguntó: + +--¿Te acuerdas de aquella noche en que se te quemó el gorro de dormir en +el _Grand Hôtel_?... + +Alborotóse el tío Frasquito pensando ¡ciertos son los toros!, e inmutado +y nervioso y lleno de sobresalto, comenzó a mirar a los criados, +diciendo por lo bajo: + +--¡Calla, hombre, calla!... En el _boudoir_ tomarremos el café y allí +nadie vendrrá a incomodarrnos. + +Porque el tío Frasquito tenía también su _boudoir_, un verdadero +_boudoir_ de dama elegante, atestado de todas esas chucherías que llaman +los franceses _bibelots_ y han venido a sustituir en los palacios +modernos a las antiguas obras de arte. No faltaban allí, sin embargo, +estas, y era la más notable el retrato de un caballero, tipo de +arrogancia y varonil hermosura, pintado por Van Dyck en Inglaterra, al +mismo tiempo que aquel otro famoso de Carlos I, imagen admirable en que +se refleja, junto al orgullo del monarca, una especie de adivinación de +su trágica desventura. Era aquel personaje el quinto duque de Aldama, +embajador en Londres de Felipe IV, y era el tío Frasquito hijo tercero +del vigésimo duque del mismo nombre. Al pie del retrato había colgadas +una daga y una espada de gavilanes, de exquisita labor y gran precio, +que habían pertenecido al personaje. Frente por frente, en muy buena luz +colocado, había un pulido bastidor de caoba, en que el tío Frasquito, +nieto en el siglo XIX del prócer del siglo XVII, bordaba en tapicería +unas preciosas babuchas. + +Sirvieron el café; Jacobo habíase dejado caer negligentemente en una +butaca, con la pierna derecha echada por encima del brazo de esta, y +puéstose a fumar el exquisito cigarro puro que le ofreció el tío +Frasquito. Este sacó con mucho misterio una preciosa tabaquera de oro +guarnecida de brillantes, con el retrato de la reina María Luisa en la +tapa, y tomó un polvo de rapé haciendo mohínes picarescos. + +--Es mi vicio--decía--, nadie lo sabe; un secreto... _Péché caché, est +tout à fait pardonné_. + +Y estornudó por tres veces, haciendo figuras y monadas con que creía +apartar de la mente de Jacobo la maldita idea del gorro quemado: mas +este, no bien salieron los criados, después de servir el legítimo ron de +Jamaica, tomó a preguntar: + +--¿Te acuerdas de aquella noche?... + +El tío Frasquito contestó un ¡sí! tímido y vergonzoso, cual si le +recordase la pregunta algún crimen nefando. + +Jacobo volvió a preguntar: + +--¿Y te acuerdas de unos sellos de lacre, dos verdes y uno rojo, que te +regalé aquella noche? + +--Sí--replicó el tío Frasquito más animado. + +--¿Qué has hecho de ellos?... + +--En mi álbum los tengo... ¿Quierres verrlos? + +--Enséñamelos. + +El tío Frasquito, libre ya de temores, volvióse vivamente y arrastró +hacia Jacobo un precioso caballete, sobre el cual descansaba un gran +infolio, una especie de libro de coro, cuyas lujosas tapas eran una obra +de arte, un mosaico acabadísimo, hecho sobre piel de zapa, con +peregrinos dibujos y colores muy vivos, formando el todo un conjunto +digno de competir con las más lujosas encuadernaciones antiguas que se +admiran en la biblioteca del Vaticano; cerraba el libro un gran broche +de acero calado, representando las armas de los Aldamas, rematadas por +la corona ducal del jefe de la casa. + +--No hay otra colección igual, es la primera de Europa--decía el tío +Frasquito abriendo el libro sobre el caballete con el ardor de un +amateur que luce sus aficiones. + +Y se puso a repasar el índice, porque estaba el libro dividido en varias +partes: sellos reales, nacionales, particulares y misceláneas. El tío +Frasquito buscaba en la miscelánea, y dio al fin con ellos, en la página +117. _Sellos masónicos. Marqués de Sabadell._ Porque tenía la atención +el coleccionista de apuntar siempre, junto al donativo, el nombre del +donante. + +Apareció al fin la página 117... y el tío Frasquito miró a Jacobo +estupefacto, y Jacobo al tío Frasquito horriblemente pálido. Las +numerosas casillas de la hoja aparecían cubiertas de sellos, excepto dos +de ellas que estaban en blanco; en ambas decía arriba: _Masónico_, y +abajo: _Marqués de Sabadell_. Los sellos habían desaparecido, y +notábanse sobre la fina vitela las asperezas de la goma con que habían +estado sujetos. Jacobo, con voz ahogada y gesto de medrosa ansia, dijo +entonces: + +--El otro... el rojo... ¿Dónde está?... + +Asustado el tío Frasquito al notar la emoción de Jacobo, no acertaba a +decir palabra, temiéndose algo gordo, y comenzó a buscar +precipitadamente entre los sellos reales, murmurando aturdido: + +--De Víctorr Manuel erra, me acuerrdo muy bien... Estarrá entre los +soberranos de Italia; con un duque de Parrma y un Ferrnando de Nápoles +lo puse... Porrque la Italia una, no me pasa; vamos, que no me pasa... + +Y apareció al fin, después de mucho revolver, la página 98, llena de +sellos reales, y entre uno del último duque de Parma reinante y otro de +Fernando de Nápoles, hallaron otra casilla en blanco. Arriba decía: _Rey +de Cerdeña_; debajo: _Marqués de Sabadell_. + +Dio entonces Jacobo una puñada en el brazo de la butaca, diciendo con +voz sorda: + +--¡Me has perdido!... + +--¡Ay, Jesús, Jacobito!... ¡Porr Dios, dímelo!... ¿Qué pasa?--exclamó el +tío Frasquito muerto de susto. + +--¡Me has perdido!... ¡Me has perdido!--repetía Jacobo. + +Y bajo la impresión del temor y el aturdimiento, confió con su +impremeditación ordinaria al necio viejo, si no la parte más culpable, +la más peligrosa, al menos, de la aventura de los masones. El tío +Frasquito, muerto de miedo, creyendo ver brotar puñales masónicos a +través de la mullida alfombra, comenzó a dar vueltas desatinado, +tropezando por todas partes como corneja puesta de repente a la luz del +sol. + +--¡Ay, ay, ay, Santa Marría, qué berrenjenal! Porr supuesto, Jacobito, +que tú te acordarrás muy bien de que yo no querría tornarr los sellos. +¿Te acuerrdas?... Tú me los diste y yo no los querría tornarr.. Porr +complacerrte, porr darrte gusto los tomé y me arrepiento; que yo no los +necesitaba, ni quierro nada de esos señores. ¿Te enterras?... Y conmigo +no cuentes, porrque yo lo digo todo clarrito, clarrito, y me lavo las +manos. + +Detúvose de pronto y diose una gran palmada en la frente, como quien ata +de improviso un cabo importante. ¡Tú, tú, tú!... Aumentóse su terror, y +fuele preciso sentarse. + +--¡Ahorra lo entiendo todo! Ahorra me lo explico y lo veo clarro... +¡Santa Marría, lo que me está pasando!... + +--¿Qué?--dijo Jacobo con ansia. + +La emoción de este parecía haber pasado al tío Frasquito, y conociendo +el pobre viejo su debilidad, decidióse a buscar apoyo en el más +fuerte... Cogió por un brazo a Jacobo y llevólo sigilosamente a su +alcoba, nido risueño, tapizado con seda de Persia celeste, cubierto el +pavimento con pieles blancas, con una cama de palo de rosa muy baja, muy +aérea, vago conjunto de encajes, holandas y sedas celestes, semejante a +una crespa ola del mar coronada de espumas blancas. Había allí un mueble +precioso, también de palo de rosa, con cerradura de plata, donde el tío +Frasquito guardaba los papeles importantes; abrió un cajoncito y sacó un +paquete de cartas. + +¡Lo que le estaba pasando hacía más de tres meses!... Si aquello era +para volver loco al más pintado; primero le incomodó, diole después +rabia, y al presente, ahora, en aquel momento le espantaba; ¡vamos, que +le espantaba, que le ponía los pelos de punta!... + +--Un día, me acuerrdo muy bien, el 9 de diciembre, rrecibí porr el +correo una carrta de San Peterrsburrgo... + +Y el tío Frasquito sacaba la primera del paquete, cuyo sello tenía, en +efecto, la efigie del zar Alejandro II. + +--De San Peterrsburrgo... La abrí extrañado y me encontré con esto... + +Y abría, a la vez que hablaba, la carta, poniendo ante los ojos atónitos +de Jacobo un pliego en blanco, en cuyo centro se leía escrita esta sola +palabra: + +=¡MENTECATO!= + +Un gran flujo de risa brotó por encima de todos los terrores de Jacobo, +y soltó el trapo a reír con todas sus fuerzas. Mas el tío Frasquito, muy +desolado, prosiguió diciendo: + +--¿Te rríes?... ¡Aguarrda, aguarrda!... Yo decía cavilando toda la +noche: ¿Mentecato en San Peterrsburrgo? Y me devanaba los sesos y se me +espantaba el sueño sin acerrtarr... Al otro día otra carrtita... ¿Perro +de dónde crees?... ¡De Chinchón, Jacobo, de Chinchón!... La abro, y el +mismo lema: ¡Mentecato! Al día siguiente, carrta de Fuente Obejuna, +provincia de Córrdoba, y lo mismo... En fin, hijo, desde entonces todos +los días, sin faltarr ninguno, una carrtita de letra diverrsa, de parrte +distinta, las más rremotas en todas las partes del globo, de Francia, de +Inglaterra, de Alcorrcón, de Alemania, de Chinchilla, de Calcuta. ¡Ya tú +ves! De Calcuta, de Constantinopla, de Terrrones, Jacobito, de +Terrrones, pueblecillo de tres casas, en la provincia de Salamanca; y +siempre con el mismo lema: ¡Mentecato!... Un día, el 20 de enero, san +Sebastián márrtir, ¡me acuerdo muy bien!, estaba más tranquilo; llegó el +correo y no trajo carrta ninguna... Porr la tarrde abro ahí--y abrió la +mesilla de noche--y allí... dentro me encuentro una carrta; la abro... +¡Mentecato!... Dime tú si eso no es para volverrse loco; si no encierra +un misterio terrible, que tu carrtita del sello me va ahorra +explicando... + +Jacobo iba también comprendiendo, y desde luego pensó que nadie que no +fuera Diógenes era capaz, ni en Madrid ni en todo el mundo, de dar una +broma tan constante a aquel pobre majadero, para lo cual se necesitaba +paciencia a toda prueba, relaciones muy extensas y medios de +comunicación difíciles y complicados. Con verdadero asombro, preguntóle +entonces: + +--¿Pero de veras no te ha faltado ningún día? + +--¡Ninguno!... A veces, cuando la carrta venía de muy lejos, sobre todo, +estaba dos o tres días sin rrecibirrla; perro luego llegaban juntas... +¡Si te digo que ni un día me ha faltado! Mírralas, cuéntalas--añadió con +acento de desolación profunda, desparramándolas todas sobre la mesa--y +verrás cómo salen a carrta porr día... Desde el 9 de diciembre hasta el +15 de marrzo, que somos hoy, van noventa y siete días, porrque febrerro +trrae veintiocho. Pues nada, ahí tienes noventa y nueve ¡Mentecatos!... +Aquí está el de hoy. + +Y sacó del bolsillo otra carta de Chiclana, provincia de Cádiz, en la +cual se leía también la palabra sibilítica, el misterioso conjunto: +¡Mentecato! + +La situación de Jacobo no era para reír mucho, y apagóse bien pronto el +arranque de hilaridad que le había producido aquella burla pacientísima +que no podía ser de otro que de Diógenes. + +Arrepintióse al mismo tiempo, al ver los medrosos aspavientos del tío +Frasquito, de haberle confiado en parte su secreto, y resolvió asegurar +su silencio haciéndole creer que le alcanzaba a él también la inminencia +del peligro. Detenidamente examinó las cartas, conteniendo, a pesar de +los pesares, nuevos accesos de risa, y dijo al cabo con aire de +convicción profunda: + +--¡Evidentemente que esto viene de los masones!... A mí me sentencian +por lo que hice y a ti te avisan que eres un mentecato por haberme +encubierto... + +--¡Perro si eso no es verrdad!--gritó el tío Frasquito muy apurado--. Si +yo no te he encubierrto, si tomé los sellos porrque tú me los diste... + +--Lo cual quiere decir--prosiguió Jacobo sin hacerle caso--, que si a mí +me _apiolan_ al volver de una esquina, a ti te dan una paliza en cuanto +te cojan a mano. + +Pegósele al tío Frasquito la lengua al paladar y exclamó medio llorando: + +--¡Darré parte al goberrnadorr de Madrid!... ¡Le hablarré a Paco +Serrrano!... + +--Lo cual sería meterte tú mismo en la boca del lobo, porque lobos de la +misma camada son uno y otro... Mira, tío Frasquito, aquí no hay más que +una salida... En primer lugar, echarse un nudo a la lengua, y que ni tu +sombra trasluzca lo que pasa... + +--Lo que es eso, corre de mi cuenta. + +--¡Bueno!... En segundo lugar, tener dispuesta la bolsa; porque, amigo +mío, con _mosca_ a la mano se va lejos, y entre masones y no masones por +dinero baila el perro. + +El tío Frasquito hizo un gesto de resignación del paciente a quien +sentencian a sacarse una muela, y Jacobo continuó: + +--En tercer lugar, irse con pies de plomo, siguiendo la pista... Así es, +que vamos a cuentas... ¿Quién sospechas tú que haya podido robar esos +sellos?... + +El tío Frasquito comenzó a hacer sobrehumanos esfuerzos para coordinar +sus recuerdos... Seguro, segurísimo estaba de que quince días antes +estaban allí los tres sellos; habíale enseñado despacio todo el álbum a +otro amateur, el barón de Buenos Aires, y no notó hueco alguno... A los +pocos días vino un individuo desconocido, recomendado por su camisero, +que quería venderle con mucho empeño tres ejemplares curiosos: entonces +hojeó otra vez el álbum... Después no le había tocado. + +--¿Quién era ese individuo? + +--Pues no sé... Un pobre diablo con carta de hambre, cualquierr cosa... + +--¡Ahí está el hilo del ovillo!--exclamó con grande interés Jacobo--. +¿Le dejaste solo? ¿Tocó el álbum?... + +--No..., no... ¡Ay, sí, sí, sí, Jacobito!... Ahorra me acuerrdo que sí, +que vino Vicentito Astorrga y le rrecibí en el salón porrque no vierra +semejante estaferrmo, y estuvo solo más de diez minutos... lo menos, lo +menos. + +--¡Aquí tenemos ya la púa del trompo!... Vamos ahora mismo a casa del +camisero. + +A la puerta esperaba enganchada la berlina de tío Frasquito, y en ella +subieron ambos, dirigiéndose a casa del camisero, honrado comerciante de +la calle de Carretas... Tampoco conocía este al incógnito; sabía tan +sólo que era un comisionista italiano, amigo de otro francés que tenía +negocios con la casa, en el ramo de perfumería... Al oír la nacionalidad +del desconocido, llegó a su colmo la inquietud de Jacobo, porque +parecióle ya evidente que se entendían en aquel asunto las logias de +Italia y de España. Indicó, pues, al tío Frasquito que no era necesario +averiguar más, y regresaron preocupados y silenciosos a casa de este. +Despertóse por el camino la fogosa actividad de Jacobo a la vista del +peligro, y en aquel breve trayecto trazó un plan atrevido, único a su +juicio que podía remediar los yerros pasados y detener las consecuencias +de su imprudente apatía. Aquella misma noche, sin despedirse de nadie, +sin dar a persona alguna razón de su marcha, ni dejar sospechar siquiera +el fin de su viaje, saldría para Italia, avistaríase en Caprera con +Garibaldi, que le había iniciado en otro tiempo en las logias de Milán, +y ante él trataría de justificar el secuestro de aquellos documentos, +inventando un embuste, una historia, un enredo cualquiera, que viniese a +sacarle de una vez de aquella situación falsa y angustiosa. Dinero tenía +de sobra con los cinco mil duros ganados la noche antes, y la mina del +tío Frasquito podía también muy fácilmente explotarse. Manifestó, pues, +al atribulado viejo, al llegar a casa de este, parte de su plan, y +concluyó diciendo que, puesto que el riesgo era de ambos, justo era +también que ambos pagasen los gastos, y que era necesario le aprontase +en aquel momento dos mil duros en billetes de banco; el viaje duraría +dos semanas, y a su vuelta ajustarían cuentas, partiendo como hermanos +los gastos que la empresa ocasionara. + +Alborotóse el tío Frasquito, juzgando que le salían los tres sellos +harto caros, y vencido al fin por las razones, vaticinios y amenazas de +Jacobo, aprontó el dinero que le estafaban y despidió al compadre +haciendo pucheros. Acrecentáronse sus temores al verse solo, sintióse +malo y se metió en la cama, dando orden rigurosa de no recibir a nadie. +A la mañana siguiente trajéronle el correo; venía una carta de Segura, +pueblecillo célebre por sus quesos, escondido en el rincón más áspero de +las montañas de Guipúzcoa; en ella decía: ¡Mentecato! + +Subióle dos grados la fiebre, y mandó llamar al cura de la parroquia: se +quería confesar. + +Fin de libro tercero + + + + +Libro IV + + + + +--I-- + + +El miguelete que cobra el portazgo en lo alto de la cuesta de los Meagas +aseguró formalmente a José Ignacio Bernaechea que jamás había cruzado de +San Sebastián a Zumárraga un coche más elegante, ni unos caballos más +hermosos, ni unas gentes más locas. Aún se oía a lo lejos, allá por la +cuesta abajo, el estridente sonido de su cometa, que resonaba entre +aquellas altas montañas de una manera extraña, profana, como pudiera +resonar una risotada en un templo, una chanza en una oración, el himno +de una bacante entre las solemnes y pausadas notas de un canto +gregoriano. Porque aquella naturaleza seria y salvaje, aquellos valles +profundos cortados por riachuelos, salpicados de caseríos sumergidos en +un mar de verdura, a que las distintas luces y los distintos matices +parecen prestar flujos y reflujos fecundados por el trabajo, +santificados por iglesias, siempre verdes, siempre bellos, siempre +pavorosamente melancólicos, como lo es en la imaginación del campesino +vasco la idea misteriosa de las Maitagarris, tienen algo de la +silenciosa majestad de un templo, de la serena tristeza de los paisajes +de otoño, que parecen llorar y sonreír al mismo tiempo; de la suave +melancolía que inunda el alma al caer de la tarde, cuando la campana de +la iglesia hace resonar el toque del _Ángelus_ y se despide el día +murmurando al oído del hombre aquella palabra mil veces repetida, sin +pensar jamás en su alcance infinito: ¡Adiós!... + +La bajada era peligrosa por lo inclinado de la pendiente y lo rápido de +las vueltas, y los seis caballos del tiro hincaban con fuerza los cascos +delanteros, inclinaban hasta los pechos las airosas cabezas, henchían +con ahínco los poderosos ijares y aparecía el sudor bajo los brillantes +arneses en forma de espuma blanca. Rechinaba sin cesar el torno, bajando +o subiendo la plancha, y en la banqueta más alta del elegante +_mail-coach_ chillaba Leopoldina Pastor como una desesperada, gritando +que aquellos indecentes caballos iban a despeñarla por la montaña +abajo... Sentado a su lado, el tío Frasquito, con un finísimo pañuelo +prendido en su sombrero de paja para preservar de los ardores del sol la +blancura de su cutis, miraba con gesto de susto lo profundo del +precipicio y agarrábase a cada vaivén del coche a los hierros del +asiento, gritando angustiado: + +--¡Currra, porr Dios, cuidado!... ¡Cuidado, Currra! + +En la primera de las banquetas de detrás, María Valdivieso, Paco Vélez y +Gorito Sardona reían a carcajadas, disputándose el honor de soplar con +alientos de buzo en la sonora corneta, avisando a los pacíficos aldeanos +y a los mensurados bueyes, a las modestas _cestas_ de camino y a las +chillonas carretas cargadas de helechos, que se quitasen de en medio, +que se echasen a un lado y se tirasen todos de cabeza por cualquier +barranco, porque el _mail-coach_, con seis caballos, de la excelentísima +señora condesa de Albornoz, necesitaba libre toda la carretera de +Guipúzcoa. En la última banqueta de detrás, tendido cual una masa +inerte, iba un hombre cubierto con un _waterproof_ de señora, que los +rayos del sol recalentaban: bamboleábase con grave riesgo de caer a los +movimientos del coche y roncaba con esa especie de ruido asmático, +propio de los borrachos viejos cuando duermen la mona. + +En los asientos del centro, entre varias fiambreras, cajas y piezas de +una pequeña tienda de campaña desarmada, iban Kate, la doncella inglesa +de la condesa de Albornoz; Fritz, su lacayo prusiano, y Tom Sickles, su +famoso cochero, que sin perder su flema inglesa miraba de cuando en +cuando con inquietud las evoluciones no del todo diestras que imprimía +al fogoso tiro la débil manecita de su ilustre dueña. Porque la condesa +de Albornoz en persona era quien venía guiando los briosos brutos desde +Biarritz, de donde había salido el convoy la víspera, prefiriendo +aquella molesta caminata por la carretera al cómodo trayecto del camino +de hierro, por uno de esos caprichos, de esas excentricidades que forman +las leyes de la moda y constituyen las reglas del buen tono, basadas las +más de las veces en aquella razón tan filosófica y profunda: + + Cuando pitos, flautas; + Cuando flautas, pitos. + +Sentado a su lado, en el pescante, iba el marqués de Sabadell, afable y +cariñoso, defendiendo de los rayos del sol el rostro de la dama con una +gran sombrilla de grueso tafetán encarnado, y atento siempre a remediar +con su vigoroso puño cualquier descuido que en su ardua tarea de guiar +el coche pudiera tener el aristocrático cochero. Pronto se le ofreció +ocasión oportuna: a una vuelta del carruaje enredóse la sombrilla en las +ramas de un roble, y despedida aquella con violencia, vino a caer sobre +uno de los caballos; espantóse el animal, reculando bruscamente; +retrocedió el coche a su empuje, osciló un momento y quedó inmóvil, +inclinado, hundiéndose, hundiéndose suavemente... Un grito de espanto +escapóse de los labios de todos, y una vieja que cruzaba guiando un +borriquillo gritó, extendiendo los enjutos brazos, con esa energía de la +fe en los momentos de angustia: + +--¡Aita San Ignazio..., salbazazu!.[17] + +[Nota 17: ¡Padre san Ignacio..., sálvalos!] + +El peligro era inminente; hallábase una de las ruedas traseras fuera del +camino, sostenida sobre el precipicio tan sólo por el tronco de un roble +inclinado, cuyas raíces se sentían crujir y ceder a cada momento, +arrancando grandes pelotones de tierra... Un instante perdido, un solo +movimiento de cualquiera de los espantados brutos, y coche, caballos y +viajeros rodarían por el alto repecho de la cuesta, haciéndose trizas. +Jacobo no se aturdió, ni Tom Sickles tampoco; empuñó el primero las +riendas sin hacer ningún movimiento y saltó el segundo fuera del coche, +abalanzándose a la rueda opuesta a la hundida, y tirando hacia el centro +del camino con todas sus fuerzas; la vieja casera acudió en su ayuda, +tirando con sus descarnados brazos, que parecían tener el aguante de dos +poderosos cables. Saltó Fritz detrás de Tom y fue a sujetar por el +diestro al caballo espantado, que era el de la izquierda del primer +tronco. El terror había enmudecido a todos, dejándolos inmóviles, sin +osar rebullirse por miedo de apresurar la catástrofe; el hombre del +_waterproof_ seguía roncando. + +A un grito de Tom Sickles fustigó Jacobo los caballos bárbaramente, +azuzólos Fritz dando voces y el coche arrancó al fin crujiendo, +bamboleándose un momento hacia el precipicio, dando, al entrar en la +carretera, un vaivén violentísimo, que despidió al hombre dormido desde +lo alto de su banqueta en mitad del camino, donde cayó inerte y pesado +cual una piedra de diez arrobas, mientras el coche desaparecía entre una +gran polvareda por el declive de la cuesta y seguía corriendo hasta +llegar frente de Oiquina, donde pudo al fin Jacobo detener el tiro a la +sombra de unas higueras, cubierto de polvo, sudoroso, jadeante... Ya era +tiempo: el roble, descuajado por completo, cayó a lo largo del violento +repecho del camino, quedando suspendido sobre el precipicio por algunas +raíces. Tom Sickles, sin cuidarse del hombre tendido en tierra, miraba +correr el coche, apretando los puños y dirigiendo en inglés tremendas +imprecaciones, no a los caballos, sino a su ilustre señora y dueña. + +Mientras tanto, Fritz y la casera acudían al caído en el momento en que, +desembarazándose este del _waterproof_ que le envolvía y sentándose en +el suelo, dejaba ver la granujienta faz de Diógenes, azorada, reflejando +todavía la colosal borrachera que se había tomado la víspera, mirando a +todas partes con aire de extrañeza, sin acertar a explicarse cómo, +habiéndose dormido en lo alto de una banqueta del _mail-coach_, +despertaba sentado en el suelo en mitad de un camino. Los dolores de sus +huesos vinieron a revelárselo, y agarrándose a Fritz, trató de +levantarse, murmurando: + +--¡Polaina!... Si parece que me han dado una paliza... Comenzó a andar, +sin embargo, sin sentir grave molestia, con el sombrero en la mano, +cubierto de polvo, arrastrando por detrás el _waterproof_, que llevaba +terciado al hombro izquierdo. Los del coche habían recobrado el habla al +verse fuera de peligro y chillaban todos al mismo tiempo, comentando el +suceso, sin acordarse ninguno de dar gracias a Dios, que les había +arrancado de las garras de la muerte con un verdadero prodigio; tan sólo +Kate, la doncella inglesa, encogida en un rincón, blanca cual un papel +todavía, con las manos cruzadas, cerrados los ojos, inclinada la cabeza, +parecía rezar entre dientes... Echaron entonces de menos a Diógenes y +viéronle venir a lo lejos, seguido de Tom Sickles y el prusiano, que +traía la sombrilla encarnada causa del percance. El buen humor acabó de +disiparles el susto, y recibieron todos al caído con grandes carcajadas, +excepto Leopoldina Pastor, que dominando las risas con su poderosa voz +de contralto, gritaba furiosa: + +--¡Pues mira el indecente cómo trae mi _waterproof_ arrastrando!... +¡Diógenes, hijito!... ¡Recoge ese impermeable!... ¿No ves que me lo +estás poniendo hecho un asco?... + +Oyóla muy bien Diógenes, y liándose al cuerpo el _waterproof_, con el +garbo del torero que se ciñe la capa para hacer con la cuadrilla el +saludo al presidente, quiso hacer una pirueta; un ligero vahído se la +cortó, sin embargo. Al pasar junto al balneario de Cestona acometióle +otro ligero desvanecimiento, y Leopoldina Pastor, que unía siempre algún +rasgo de locura a los impulsos de su corazón, realmente bueno y +compasivo, empeñóse en hacerle beber un par de vasitos de aquellas +famosas aguas medicinales. Contestóle Diógenes una de sus indecentes +paparruchas, que rieron todos en coro, y detúvose, en efecto, en el +balneario para beber una enorme copa de ginebra, que tomó, según su +costumbre, echando antes en el fondo un par de terrones de azúcar. +Volvióle el alcohol la salud y la alegría, y desde Cestona hasta +Azpeitia charló sin cesar, comentando, con grandes risas de todos, su +tremendo batacazo. + +--¡Polaina, señá Frasquita!... Si te lo llegas a dar tú, ¿eh, +comadre?... Te desbaratas en treinta y dos partes, lo mismo, lo mismo +que un rompecabezas... + +¡Saltar así a los sesenta y cinco años!... ¡Polaina!... Pero se acordaba +él de otro salto aún más mortal todavía: el que dio cierto _barbián_ +amigo suyo, desde el almuerzo de un lunes a la comida de un jueves, sin +tropezar siquiera en un garbanzo. + +Al trote largo atravesaron las calles de Azpeitia sin hacer caso de los +bandos del alcalde y las multas impuestas; y con riesgo de atropellar a +cada paso a los pobres alpargateros que trabajaban en los umbrales de +las tiendas y a los chiquillos que por todas partes pululaban, entraron +al fin en el trozo de carretera que lleva en línea recta al prado de +Loyola... En el fondo, sombreado por la alta cumbre del Izarraiz, +destacábase la majestuosa mole del Real Colegio y Santuario trazados por +Fontana, rico joyel construido por una reina para engarzar la casa de un +santo. En mitad del prado levantábase sobre un pedestal, resguardado por +una verja, la estatua de san Ignacio de Loyola, hijo y patrono de +Guipúzcoa, alzando la mano como para bendecir aquella comarca en que se +meció su cuna y en que parece proyectarse aún la sombra benéfica de su +figura gigantesca. + +Formando ángulo recto con el Real Colegio de Loyola, hay otro edificio +construido en la misma época, que llaman _la Hospedería_; allí suelen +albergarse los viajeros que acuden a visitar el santuario, y allí +pensaba Currita partir la jornada, deteniéndose a comer, descansando un +par de horas y prosiguiendo su camino hasta Zumárraga, para alcanzar el +tren expreso para Madrid, que pasaba a las cinco y media. + +El día estaba magnífico, aunque algún tanto caluroso, como suelen serlo +en Guipúzcoa los últimos de septiembre; y bajo el espacioso cobertizo +que forman los ocho arcos que dan entrada a _la Hospedería_, mandó la +condesa de Albornoz disponer la mesa. Extendíase al frente el prado, +verde, risueño, lleno de luz y de alegría, con una fuentecilla alegre y +bullidora que por cuatro caños murmuraba; a la izquierda, alzábase la +majestuosa mole del Colegio, adelantando el soberbio pórtico de su +iglesia como adelantaría un soldado de Cristo el fuerte brazo mostrando +un crucifijo, elevando la grandiosa cúpula como elevaría al cielo la +frente, buscando allí la fortaleza, el impulso, la luz. A la derecha, +abríase el valle de Azpeitia, cruzado por el Urola, alegre también y +risueño, ligando al pueblo con el Santuario como con un lazo de flores, +pareciendo su alegría, sobre el tinte melancólico de todo el paisaje, un +ramo de rosas sobre la tumba de un justo, una dulce sonrisa sobre el +austero rostro de un trapense; el alto Izarraiz, verde en la falda como +la vida en su primavera, áspero y ceniciento en la cumbre como la vejez +ya desengañada, cerraba bruscamente el fondo, y en medio de todo +aquello, elevada sobre la tierra, inalterable entre lo alegre y lo +triste, indiferente entre lo pobre y lo rico, elevábase la estatua de +san Ignacio, la imagen de la santidad, serena siempre, igual, tranquila, +orando y bendiciendo. + +Sonó una campana en el interior del Colegio, y a poco contemplaron los +viajeros un espectáculo común en aquel lugar, pero nuevo y extraño para +ellos. Por la escalinata que da entrada a la portería salían los +novicios a paseo, de tres en tres, con el rosario al ceñidor, el +continente modesto, los ojos bajos; tomaban todos hacia la carretera, +serenos y alegres, descubríanse al pasar ante la estatua de su fundador, +con el cariñoso respeto con que se saluda a un padre, y repartíanse +luego en distintas direcciones, por diversos caminos y senderos. Dos o +tres ternas de novicios pequeñitos encantaron a Leopoldina; con la +servilleta en la mano levantóse de la mesa y salió fuera de los arcos +para verlos mejor, diciendo entusiasmada: + +--¡Mira, mira... qué indecentillos más monos! ¡Si parecen curitas de +barro! ¡Qué chiquitos! ¡Qué preciosos!... + +--Pues cómprales dulces--respondió Jacobo despechado. + +--¡Ya lo creo que se los compraría si quisieran tomarlos!... ¡Si dan +ganas de coger un par de ellos y ponerlos en una rinconera, como si +fuesen juguetes!... + +--No están malos juguetitos los tales nenes--dijo Jacobo con ira +reconcentrada--. La primera pifia que ha dado la Restauración ha sido +abrir la puerta a esta canalla... ¡Dejar que se forme ahí una almáciga +de intrigantes, una _pépinière_ de hipócritas revolucionarios!... + +Entablóse entonces una discusión acalorada sobre los jesuitas, en que +salieron a relucir autorizados textos de Eugenio Sue, en su novela _El +Judío Errante_, quedando al cabo decidido que, terminada la comida y +mientras los caballos descansaban, irían todos a visitar la tenebrosa +madriguera... Diógenes, que hasta entonces nada había dicho, aseguró +terminantemente que él no iba, porque no acostumbraba poner los pies +donde tenían derecho a ponerle en la calle, y si aquellos señores +obraban en razón, era eso lo que debían hacer con las parejas de mocitos +y mocitas que amenazaban invadirles la casa. Echáronse todos encima con +grande furia y él comenzó a soltar a diestro y siniestro enormes +desvergüenzas, mientras Currita, con altivez de reina ofendida, llamaba +a Fritz el lacayo y dábale orden de ir al punto a Loyola para anunciar +al superior que la señora condesa de Albornoz iría de dos y media a tres +a visitar la casa y el Santuario. + +Hablaba Diógenes pálido y agitado, con el tono iracundo que solía usar +cuando hablaba de veras, y levantándose de repente de la mesa, entróse +por un cobertizo que iba a parar en las cuadras; viéronle, a poco, salir +lívido más bien que pálido y dejarse caer como sin fuerzas en un banco +de hierro que bajo los arcos estaba: con grandes ansias y sudores había +arrojado en un rincón de la cuadra lo poco que había comido. +Acercáronsele entonces Gorito y Leopoldina, temerosos de que el batacazo +de por la mañana comenzara a tener consecuencias, y esta, con verdadero +interés, le dijo: + +--Mira, Diógenes, tú estás malo y es necesario que te vea el médico. + +--¿El médico?--balbuceó Diógenes con los ojos extraviados--. En mi vida +llamé a ninguno... La alopatía es un cañón Armstrong, y la hemopatía la +carabina de Ambrosio: con que vete a freír monas con tus médicos y +medicinas, que yo me curo solo... + +--Pues llamaremos entonces al albéitar--repuso Gorito. + +--Eso es otra cosa: estos tienen más ciencia, porque curan al paciente +sin sacarle palabra alguna... Pero tampoco es necesario, porque yo me +curo a mí mismo. + +Y pidiendo una botella de ginebra, comenzó a beber copa tras copa, +echando, en vez de dos, tres y hasta cuatro terrones de azúcar. +Mientras tanto, María Valdivieso hacía una escena sentimental a Paco +Vélez, porque lejos de ocuparse de ella, durante el riesgo de la mañana, +había pensado tan sólo en salvarse a sí mismo; Jacobo y el tío Frasquito +habíanse entrado en _la Hospedería_ sin decir adónde iban, y Currita, +llevada de sus gustos idílicos, entreteníase en echar migas de pan a un +altanero gallo que merodeaba por el prado, seguido de algunas sumisas +gallinas. Acercóse entonces un hombre de aspecto modesto que traía una +carta en la mano, y preguntóle sin ceremonia si la señora condesa de +Albornoz era ella misma; la altiva dama dignóse tan sólo responder con +una ligera inclinación de cabeza, y el hombre le entregó entonces la +carta, entrándose al punto en Loyola, de donde había salido, por la +escalinata de la portería. Currita leyó extrañada estas solas líneas: + +«Si la señora condesa de Albornoz viene a Loyola a confesar sus pecados +y a pedir a Dios perdón de sus extravíos, no tiene que fijar hora ni +tiempo, porque todos son igualmente oportunos... Pero si viene sólo a +hacer a esta Santa Casa testigo del escándalo de su vida, se la suplica +encarecidamente evite el disgusto de tener que cerrarle la puerta a su +afectísimo en Cristo y humilde servidor, PEDRO FERNÁNDEZ, S. J.» + +Quedó Currita atónita con la carta en la mano, mirando atentamente al +gallo, que con una pata en alto, torcida la cabeza y fijo en ella el ojo +inflamado, parecía ofrecerle caballerosamente, en caso de guerra, el +auxilio de sus espolones. + +La dama volvió a leer la carta y comprendió entonces una sola cosa; pero +una cosa para ella inverosímil, que vino a despertar en su ánimo el +movimiento de ira, de sorpresa, de rabia desesperada que causa al potro +bravío el primer espolazo que desgarra sus ijares, el primer serretazo +que le hace detener su voluntariosa carrera, anunciándole que hay +alguien que puede, y quiere, y debe sujetarle y humillarle... +¡Comprendió que por primera vez en su vida le cerraban una puerta, y que +era el que se la cerraba un hombre desconocido, un pobre fraile, un +Pedro Fernández!... ¡La fuentecilla que corría allí al lado murmurando +llegó a los oídos de Currita como el eco de la sarcástica carcajada que +había de soltar el mundo al verla vencida por Pedro Fernández!... + +Resonó en aquel momento a su espalda la voz de Jacobo, y apresuróse a +esconder prontamente en el bolsillo de su falda la malhadada carta. +Jacobo reunía a su grey, porque iban ya a dar las dos y media, y a poco +que se detuvieran en la visita a Loyola podrían llegar a Zumárraga +demasiado tarde. Currita salió a su encuentro, andando lentamente, +diciendo con mucha displicencia: + +--¿Sabes que me encuentro mala... y sería lo mejor dejarlo?... + +Creyéronla todos, porque aparecía su rostro pálido y alterado, y +decidióse entonces salir al punto para Zumárraga y descansar allí en la +fonda una hora larga, antes de que el tren llegase. La ginebra había +repuesto a Diógenes por completo, y púsose a ayudar a Tom Sickles y al +prusiano a enganchar el tiro, cantando con aguardentosa voz de cualquier +mozo de cuadra una tonada antigua que llamaban _El Mayoral_: + + Vamos, caballeros, + Vamos a marchá + ¡Al coche, al coche! + ¡Basta de pará! + + Vamos ligerito, + Vamos a partí. + Empués los calores + Nos van a freí... + +Jacobo y Currita ocuparon el pescante, tomando aquel esta vez las +riendas, y colocáronse los demás en el mismo orden en que habían venido. +Al pasar ante la estatua de san Ignacio, quitóse Diógenes el sombrero, +como había visto hacer antes a los novicios, y repitió en voz muy alta, +con el acento de un cariñoso saludo, aquella hermosa frase que inspiran +a los caseros de Guipúzcoa su piedad, su sencillez y su amor al santo, +gloria de sus montañas: + +--_Aita_ San Ignazio... _agur_![18] + +[Nota 18: ¡Padre San Ignacio... adiós!] + +Luego, sin hacer caso de los furiosos aspavientos de Currita, que le +amenazaba con plantarle en medio del camino si no guardaba silencio, +comenzó a cantar de nuevo las estrofas de _El Mayoral_: + + ¡Cuidado ese bache! + ¡Bájate, zagal!... + Si voy, salerosa, + Te voy a matá... + +Volaba el _mail-coach_ por la carretera, dejando atrás los baños de San +Juan, el caserío de Juin-Torrea emboscado en sus jardines, el convento +de Santa Cruz encaramado en su monte, el palacio ruinoso de la Florida +en que Juan Jacobo Rousseau en persona presidió más de un conciliábulo +de enciclopedistas. Atravesaron al paso, más sosegados que por la +mañana, las calles de Azcoitia, y entraron de nuevo en la carretera, +flanqueada siempre por el río, hundiéndose a poco en la cañada +estrechísima y bravía que forman dos altas montañas, cubiertas de +bosques sombríos que trepan cual escuadrones de árboles que quisieran +escalarlas, para desgarrar en su cumbre el seno de las nubes, azuladas a +veces, vaporosas como la flotante túnica de una poética maitagari; +cenicientas otras, flotantes también, pero tétricas como el sudario que +cubre las rígidas formas de un muerto. Era aquella naturaleza agreste y +sombría, y hacíanla pavorosa los muchos saltos de agua que se despeñaban +de los riscos, el continuo lamentar de la corriente del río detenida por +las peñas y la falta de sol que ocultaban ya en aquella hora las dos +altas montañas. + +Currita, sentada en el pescante, sombría como la naturaleza y no como +ella en calma, daba vueltas en su memoria a la carta de Loyola. Sentía +una especie de irritación sorda que no acertaba a comprender quién se la +inspiraba, porque, por un extraño fenómeno que no sabía ella misma +explicar, aquel Pedro Fernández, autor de la carta, causante de la +ofensa, tan sólo acudía a su mente en un lugar secundario, +presentándosele, más bien que como representante, como instrumento de un +ser más poderoso que parecía imponerse a la orgullosa dama, obligándola +a confundirse, y a humillarse, y a callar... + +Un poco más lejos, al volver una punta, vio parados en la vertiente +misma de la montaña a tres de los novicios pequeñitos que habían +entusiasmado a Leopoldina. No estaban solos; había con ellos una vieja +decrépita, cubierta la cabeza con la blanca toca de las caseras +vascongadas, esforzándose por cargar en sus hombros, ayudada de los +novicios, un pesado haz de leña que había puesto en el suelo para tomar +alientos un instante y descansar. Inútil fue su empeño: a los diez o +doce pasos rindióla la fatiga, y el haz de leña, superior a sus fuerzas, +cayó de nuevo en tierra: la mujer se echó a llorar. Los novicios +hablaron entre sí un momento, y uno de ellos, el más fuerte, cargóse +entonces el haz a la espalda y comenzó a trepar por la áspera pendiente, +hacia un caserío ruinoso que se divisaba en la cumbre, pequeño y +escondido cual un nido de pájaros. + +Leopoldina comenzó a alborotar, conmovida a su manera, gritando que +aquellos indecentillos eran unos ángeles del cielo, unos santos +chiquititos a quienes era necesario venerar, y que en cuanto llegara a +la corte había de enviarles a cada uno un par de medias negras, hechas +por sus propias manos, con el estambre más fino que pudiera hallarse... +Riéronse todos; Currita callaba, sin embargo, sintiendo un extraño +enternecimiento que la humillaba y que se apresuraba por lo mismo a +combatir, oponiendo a su benéfico influjo el parapeto del orgullo, del +inquebrantable orgullo, que viene a ser en el alma como la fortaleza del +mal... Aquellos tres novicios, aquellos tres Pedros Fernández en +embrión, humillándose por _caridad_ a una mendiga, hiciéronle comprender +que aquel otro Pedro Fernández habría podido imponérsele por _deber_ a +ella, orgullosa Grande de España, y una luz súbita, semejante a la de un +relámpago que ilumina a la vez que aterra, hízole ver claramente lo que +antes sospechaba: que aquella carta, que aquella ofensa no venía de un +desconocido, de un pobre fraile, de un Pedro Fernández; porque aquella +puerta primera que se le cerraba en la vida, no era la puerta de Loyola, +era la puerta de Dios... + +Sintió frío y pidió a Kate un ligero abrigo en que se envolvió pensativa +siempre y silenciosa... Seguía aquella luz alumbrando en su alma, y a su +reflejo parecióle contemplarse a sí misma por fuera de sí misma, como +debía de contemplarla el desconocido Pedro Fernández, sentada en aquel +pescante al lado de Jacobo... Instintivamente miró a este, y por primera +vez en la vida parecióle lo que no le había parecido nunca: le pareció +un cómplice. + +Rodaba ya el coche por las calles de Villarreal, atravesó el puente que +separa a esta villa de Zumárraga y se detuvo frente a la estación, entre +varias diligencias y coches desenganchados, a la puerta de una conocida +fonda, cuyo extenso comedor se abre a la plaza misma, en la planta baja. +Apeáronse todos; las damas pidieron un cuarto para arreglarse un poco; +los caballeros tiraron cada cual por su lado; Tom Sickles y el prusiano +recogieron el _mail-coach_ y los caballos en una cochera próxima, para +conducirlos a Madrid en el correo del día siguiente: faltaba para la +llegada del tren una hora larga. + +El tío Frasquito, cepillado ya, limpio y resplandeciente, con sus +finísimos guantes de piel de Suecia en una mano y un ligero cabás de +Leopoldina Pastor en la otra, entró en el comedor y pidió un refresco de +grosella... No llegó a tomarlo: una muchacha de las del servicio +apareció dando gritos, sin poder articular, haciendo gestos desesperados +de que la siguiese... En un pasadizo cerca de la cocina, frente a una +puerta entreabierta, estaba Diógenes, tendido boca arriba, con los +brazos en cruz, doblada una pierna, revestido el semblante de una +palidez cadavérica, sobre la que se destacaba sus rojas manchas +granujientas, amoratadas entonces, casi negras: parecía muerto. + +El tío Frasquito dio un chillido y echó a correr, llamando a voces a +Jacobo y a Gorito; acudieron todos los de la fonda y llegó también +Jacobo, mirando el reloj con gesto de grande enfado. + +--¡Hasta para morirse es importuno!--dijo al verse frente a Diógenes. + +Llevábanle ya dos robustos mocetones, hijos del dueño de la fonda, y +pusiéronle en la cama de un cuarto del primer piso. Llegó el médico a +toda prisa, llamado poco antes, y al saber la caída de por la mañana y +después de reconocerle, hizo un siniestro pronóstico: aquello era un +ataque cerebral, efecto de la caída, y si volvía en sí del primero, no +tardaría en sucumbir al segundo. + +Las damas, muy sobrecogidas, no se atrevían a salir del cuarto y mucho +menos a ver al enfermo. María Valdivieso, con profunda compasión, +preguntó si se había puesto muy feo. Leopoldina, con pesar no fingido, +gimoteaba ruidosamente. De pronto, dijo: + +--¿Si traerá el pobrecito dinero?... + +Acercóse mientras tanto el fondista a Jacobo y pidióle órdenes; mas +este, encogiéndose de hombros con estudiada indiferencia, díjole que ni +él ni ninguno de sus compañeros tenían nada que ver con aquel hombre; +que era un amigo, un mero conocido que en Biarritz se les había colocado +en el coche sin que nadie le llamara, y que ni podía responder de él, ni +mucho menos dar órdenes. La hora del tren se aproximaba, y decididos +todos a partir, después de una ligera discusión en que triunfó el más +cruel egoísmo, pusiéronse en marcha. Leopoldina, muy desasosegada, +suplicó entonces a Currita que dejase por lo menos al cuidado de aquel +infeliz a Fritz, su lacayo prusiano. Currita le contestó: + +--Si quiere quedarse esta noche, no tengo inconveniente... Será una mala +noche que pase a su cuenta... Pero lo que es mañana tendrá que marcharse +en el correo: Tom no puede ir solo a Madrid con los seis caballos. + +Fuese entonces Leopoldina al fondista y díjole con grande ahínco: + +--Yo no sé si ese pobrecito traerá dinero... Si no lo trae, todo cuanto +pueda necesitar me lo pone usted en cuenta... Soy hermana del general +Pastor, y mis señas son estas. + +Y se las dio apuntadas con mucho primor en una tarjeta: acercóse también +el tío Frasquito y suplicóle encarecidamente que, no bien muriese aquel +infeliz, se lo avisase al punto por telégrafo; diole entonces su nombre +y señas, y el importe del telegrama: una peseta. + +A las nueve de la noche pareció el enfermo experimentar gran fatiga, y +asustado el dueño de la fonda, mandó llamar al cura párroco para que le +administrase los santos óleos. Pasó, sin embargo, la crisis, y ya cerca +de las doce abrió Diógenes los ojos, y vio delante de sí al fondista, un +hombre gordo, alto, completamente afeitado, sin corbata, calada la +boina, y el chaquetón largo, tipo característico del guipuzcoano de +pueblo acomodado. Tardó algún tiempo el enfermo en coordinar sus ideas, +y diose al fin cuenta de algo de lo que le estaba pasando: un +pensamiento, para él muy pavoroso, acudió el primero a su mente... Con +voz quebrantada, agonizante, que dejaba, sin embargo, traslucir todas +las agonías del terror, las inflexiones de la súplica, las ansias de la +incertidumbre, dijo muy bajo: + +--¿Me llevarán al hospital?... + +Miróle el fondista extrañado, con ira casi, y contestó con toda la +brusca hombría de bien del genuino guipuzcoano: + +--¡Quite usted, caballero, allá!... ¿Usar eso en Guipúzcoa?... +¡Nunca!... + +Diógenes dio un suspiro de descanso y se echó a llorar. + + + + +--II-- + + +Diógenes no se dio cuenta de haber recibido la extremaunción, y +tranquilo en parte por la respuesta del fondista comenzaron a abrirse +paso otros pensamientos entre las espesas nieblas que envolvían su +mente... Mas un sopor pesadísimo, un letargo profundo, que tenía ya +dejos de la muerte, avasallaba a veces todo su ser y esparcía acá y allá +aquellas ideas que se afanaba por coordinar, apareciendo estas entonces +como imperceptibles puntos luminosos flotando en una inmensa bruma, +alejándose lentamente, apagándose poco a poco todos ellos hasta quedar +uno solo, que ora se le presentaba desconsolador como la candela de la +agonía, ora triste como el cirio que arde ante un muerto, ora terrible +como un resplandor de las llamas del infierno: ¡era la idea de morir, +acompañada y rodeada de la incertidumbre de lo eterno!... + +Crecía a veces el letargo y apagaba también aquella luz pavorosa, pero +al fin y al cabo luz, y al verse a oscuras Diógenes, al sentirse caer en +aquel sueño que le parecía el último, en aquella sombra negra en que se +perdía la mirada y en aquel silencio siniestro en que se perdía la voz, +clavaba las uñas en las sábanas y las hacía jirones, como si se agarrase +desesperadamente al borde de la fosa en que le hubieran de enterrar.. y +despertaba, despertaba no bien había pegado los ojos, como si algún +importuno le empujara de improviso, con pesadillas horribles en que los +más ligeros ruidos tomaban proporciones colosales, pareciéndole el rumor +del tren el de una catarata de bronce fundido que se despeñase en sus +orejas; el de los cascabeles de un coche, redobles de mil tambores +golpeando en sus propios tímpanos; el chirrido peculiar de las carretas +vascongadas, el _soñua_ que avisa al casero vasco en las revueltas del +camino, un ruido del infierno que por diabólico prodigio se encarnase +en una sierra candente y le dividiera la masa de los sesos mitad por +mitad... Así pasó la noche; un poco antes del alba desapareció el sopor, +huyó el letargo con sus pesadillas, y un sueño tranquilo le adormeció +entre sus brazos más de dos horas. Un ruido acompasado que hacía mal a +su cabeza y resonaba como un eco amigo en su corazón despertóle +entonces: era la campana de la iglesia que tocaba a Misa. + +Diógenes abrió los ojos y le pareció encontrarse mucho mejor; +incorporóse un poco y creyó hallarse bien del todo: su cabeza estaba +despejada, sus miembros débiles, pero ágiles; hasta le pareció sentir un +poco de hambre, hasta le ocurrió pedir para desayunarse una gran copa de +ginebra con su par de terrones de azúcar. Miró en torno suyo: +chisporroteaba una lamparilla sobre la mesa; una mujer de edad madura +roncaba desapaciblemente al pie de la cama, en un gran butacón, y por +las rendijas de las dos ventanas, cerradas ambas, entraban discretos +rayos de luz, cual si el nuevo día se adelantase de puntillas y +sonriendo a dar la enhorabuena al enfermo. Sentóse este en la cama +alegremente sorprendido, y recobrando con la vida su humor chancero, +tiróle a la mujer lo primero que halló a mano, una almohada, soltando un +gran grito, un ¡polaina! formidable que la hizo saltar en el sillón +despavorida, murmurando algunas palabras en vascuence. + +Mandóle entonces abrir de par en par las dobles puertas de ambas +ventanas, y la luz entró a torrentes y el aire fresco a raudales, +juguetón como un niño, acariciando los blancos cabellos del enfermo, +trayéndole, como un nietecillo cariñoso sus presentes, el olor a búcaro +de la tierra cubierta de rocío, el sano perfume de las montañas, el +alegre trinar de los pájaros, el solemne acento de la campana de la +iglesia, que parecía repetir en su oído como una amorosa voz de lo alto: +¡Ven! ¡Ven!... ¡Qué necios temores los suyos! ¡Qué espantos tan +ridículos los de la noche! ¡Morir! ¿Quién piensa en morir cuando nace el +día, y sube el sol por el azul de un cielo tan bello, y se divisan a lo +lejos las montañas verdes, floridas, doradas por resplandores tan +alegres y risueños?... + +Entró a poco el médico, acompañado del fondista, y Diógenes los recibió +chanceándose con el primero, dirigiendo al segundo cariñosos gruñidos, +expresivas miradas de sus ojos inyectados en sangre, que no carecían de +ternura e iban a demostrar la gratitud que le inspiraba su caritativa +conducta. Mas el médico, registrándole cuidadosamente, haciéndole un +sinfín de preguntas a que Diógenes contestaba entre mohíno y risueño, +levantólo los párpados que encubrían a medias dos pupilas dilatadas y +sanguinolentas, faltas de convergencia, y meneó la cabeza +siniestramente... El primer ataque había pasado, pero ya estaban allí +los síntomas del segundo, y era imposible que aquella naturaleza, +alcoholizada por completo, pudiera resistir a su tremendo empuje. Cruzó +entonces con el fondista algunas palabras en vascuence, que escuchaba +Diógenes mirando a uno y otro lleno de inquietud, y de repente, sin +paliativos ni preámbulos, díjole con rudeza campesina que la muerte se +aproximaba sin remedio y érale necesario aprovechar aquellos momentos +lúcidos que el mal le concedía, para arreglar sus negocios con los +hombres y saldar sus cuentas con Dios. + +El golpe fue cruel, porque al oírle, Diógenes sintió que le arrancaban +de allá, muy hondo, algo que era la esperanza de la vida, la más +arraigada de todas las esperanzas, por ser la última, que no se arranca +nunca sin llevarse detrás lágrimas de los ojos y sangre del corazón... +Cególe un movimiento feroz de ira, porque nada hay más ilógico que el +terror, y pareciéndole aquello un robo descarado que venía a hacerle, +revolvióse furioso contra el médico como si fuera él quien pretendiera +hacerle el hurto, y arrojóle a la cara cuantas injurias y obscenidades +encontraron en la sentina de su alma la cólera y el horror... Asustados +y sorprendidos el médico y el fondista, retiráronse al punto, dejando a +Diógenes solo, revolcándose furioso, comprendiendo por la postración y +la angustia que le embargaron al punto tras su arrebato, que el médico +no exageraba ni mentía, que la muerte se aproximaba, en efecto, y que +era forzoso condenarse o capitular.. + +Créese, con razón, que nada hay tan horrible como sondear la conciencia +de un pecador endurecido en el trance de la muerte; supónense tras aquel +rostro lívido y desencajado luchas aterradoras que sostienen el imperio +del mal y la moción del bien, fantasmas pavorosos que se levantan en la +conciencia, combates encarnizados que traban en torno de aquella alma +empedernida el ángel del arrepentimiento y el demonio de la +impenitencia. Horrible es esto; pero hay allí lucha, y donde hay lucha +hay siempre una esperanza, una probabilidad de vencer... Por eso +sobrepuja a este horror aquel otro horror que suele encontrarse tras +aquellas pupilas vidriosas, aterradoras en esos momentos, cual la puerta +siniestra ante la cual se sintió Dante desfallecer y vacilar: el +marasmo, la quietud horrible de un alma que se hunde poco a poco en lo +eterno, dándose cuenta de ello, pero sin que crucen por su mente más que +ideas triviales, bagatelas con que procura distraerse y divertirse, +ocultándose a sí propia el abismo, hasta que la muerte descarga de +súbito la guadaña, y despierta de improviso aherrojada ya en lo profundo +del infierno. ¡Letargo letal, pendiente horrible que, sin un prodigio de +la divina gracia, va a parar derecha a la condenación eterna!... + +Este fue el estado de Diógenes al quedarse solo, y rabioso y fatigado se +dejó caer en las almohadas, volviéndose de cara a la pared. El +pensamiento del infierno cruzó el primero su mente, mas se distrajo en +seguida mirando el feísimo papel verduzco que tapizaba las paredes, +cruzado de arriba abajo por guirnaldas de flores, entre las cuales se +entrelazaban largas ristras de micos que subían hasta el techo en +actitudes grotescas, dándose todos las manos: pareciéronle diablillos +aquellos feos animalejos y púsose a contarlos uno a uno, haciendo para +seguirlos esfuerzos increíbles con la vista, y contando en todo lo que +con ella abarcaba más de quinientos veinte... + +La mujer que había velado durante la noche estaba allí, sentada en un +rincón, haciendo calceta; llamáronla desde fuera un momento y Diógenes +pensó entonces que también a él le llamaban a dar cuenta, y encontró al +punto la respuesta en uno de sus mil cuentos chocarreros que le puso +delante la memoria. + +Confesábase un gitano, ladrón empedernido y díjole el cura:--¿Qué +harías, infeliz, si el Juez Supremo te llamara ahora al juicio?--¿Pues +qué había de jacer?... ¡No dir!... + +--¡No ir!... ¡No ir!...--repetía Diógenes, y púsose a combinar al punto +un fantástico viaje de huida, en que se le figuraba subir al coche que +acababa de parar en la puerta, cuyos sonoros cascabeles llegaban a su +oído taladrándole la cabeza, y correr a escape a San Sebastián, y +embarcarse allí para el fin del mundo, huyendo como Caín de aquel juez +que le perseguía, dando vueltas por la tierra, vueltas y más vueltas, +que vinieron por fin a marearle, produciéndole bascas terribles, entre +las que creyó ver asomar ya la guadaña de la muerte... ¡La muerte! Aquel +maldito despertador que estaba sobre la mesa se la recordaba de +continuo, pareciéndole que al compás de su siniestro tic-tac regulaba su +paso, rapidísimo como nunca, y lleno de ira mandó a la mujer que lo +parase; mas entendió esta que quería verlo para enterarse sin duda de la +hora que apuntaba, y apresuróse a llevárselo... Diógenes, arrancándoselo +de la mano con un arrebato feroz de rabia, estrellólo contra la pared de +enfrente, haciéndolo trizas. + +Mientras tanto, enviábale el cielo un auxilio inesperado en aquel mismo +coche en que su desasosegada imaginación fantaseaba huir del Juez +Supremo; en él volvía de Zaldívar, cuyas aguas medicinales tomaba todos +los años, la marquesa de Villasis, con su nieta Monina, el aya de esta, +una doncella, un mayordomo viejo que la acompañaba en todos sus viajes y +un criado antiguo que venía en el pescante; era su idea alcanzar el +sudexpreso que pasa por Zumárraga a las dos y media y estar en Madrid +aquella noche misma. Trabó al punto conversación el fondista con don +Federico, el mayordomo, y preocupado con la estancia de Diógenes en la +fonda, contóle su percance y sus apuros. Sorprendido el viejo, +apresuróse a dar a la marquesa aquella nueva que tanto había de +interesarla, y esta, profundamente conmovida, quiso al punto ver al +moribundo; reflexionando, sin embargo, un momento, y deseosa de ir sobre +seguro, hizo llamar al fondista para conocer antes, en todos sus +detalles, aquella triste aventura, cuyo fúnebre desenlace estaba ya a la +vista. Mas no bien supo que el médico no garantía la vida del enfermo +más allá de la medianoche, creyó saber bastante, y dio al punto a don +Federico la orden de suspender el viaje y pedir cuartos para todos allí +mismo, en la fonda. Entróse en seguida en el despacho mismo del fondista +y escribió rápidamente al superior de Loyola, pidiéndole que enviase un +padre a toda prisa para auxiliar a un moribundo, cuyo nombre y condición +le manifestaba en la carta. Un propio a caballo partió a galope a llevar +esta, y una hora después estaba ya entregada. + +La marquesa pensó entonces en ver al enfermo; mas antes, temerosa de que +su presencia repentina pudiera causarle alguna emoción violenta, pidió +al fondista que fuese a anunciarle poco a poco su llegada. Subieron +ambos hasta la misma puerta que se abría a un corredor, y el fondista +asomó tímidamente la cabeza. Diógenes, muy postrado, con la repugnante +cabezota hundida en las almohadas, tendidos ambos brazos sobre la +colcha, y arrollando entre las manos las sábanas sin notarlo, comenzaba +a sentir de nuevo aquel horrible sopor, aquel letargo siniestro que le +había atormentado la noche antes... Adelantóse el fondista unos pasos, +dejando la puerta entreabierta, y díjole en voz alta: + +--Señor..., señor... Aquí tiene visita... + +Torció Diógenes un poco la cabeza y balbuceó con ira: + +--¿Visita?... ¿Quién?... ¿El enterrador?... ¡Polaina!... ¡Que +aguarde!... + +--Es una señora... + +--¿Una señora?... ¡Polaina! + +Y soltó una atrocidad, una indecencia que aturdió por completo al +fondista e hizo enrojecer a la marquesa detrás de la puerta, con ese +santo rubor que realza tantas veces a los fuertes y castos ángeles de la +caridad que sirven en los hospitales, sin asustarles por eso, ni +hacerles huir de la cabecera de ciertos enfermos. El fondista, muy +turbado, quiso terminar de un golpe, diciendo: + +--Es la señora marquesa de Villasis. + +Diógenes dio una gran voz, un grito doloroso, como si acabara de +pronunciar una blasfemia; quiso arrojarse de la cama, incorporarse +siquiera, y le faltaron las fuerzas, cayendo pesadamente, levantando los +brazos, agitando las manos, lanzando bramidos ininteligibles, extraños +balbuceos que parecían retratar la emoción de una fiera agonizando en +su caverna. La marquesa se adelantó entonces, y sin asco ni temor apretó +entre las dos suyas aquellas manos sudorosas. + +--¡María!... ¡María!...--exclamaba Diógenes. + +--¿Qué es eso, Perico?... ¿Qué es eso, hombre?--decía ella dulcemente, +inclinando su rostro lleno de lágrimas sobre el desencajado del viejo. + +--¡Me muero, María!... ¡Me muero!... Te saliste con la tuya... No es en +el hospital, pero es de caridad... En la fonda. + +--¿Y qué importa?... Más cerca del cielo está la cama de un hospital que +la de un palacio. + +Diógenes calló sollozando, y la marquesa fue a dar otro paso adelante; +mas el moribundo, sin dejar de sollozar, preguntó entonces: + +--¿Y Monina? + +--Abajo está... ¿Quieres verla?... + +--¡Sí..., sí quiero!... ¡Angelito!... Le daré un beso..., ¿verdad?... +¿Me dejas?... ¡Será el último, María!... ¡Le besaré el zapatito..., nada +más que el zapatito!... ¡Anda, por Dios te lo pido, déjame!... Si no le +dará asco... + +La marquesa, conmovida hasta lo sumo, pareció tener entonces una +inspiración repentina: desprendió sus manos de las de Diógenes, que se +las sujetaba fuertemente, y dijo: + +--Espera un poco... Voy a traértela... + +Fuera ya de la estancia enjugóse precipitadamente las lágrimas para no +asustar a Monina, y sentando a esta en sus rodillas, púsose a explicarle +muy bajo y con gran vehemencia algo que debía de ser importante... +Escuchábala la niña con los ojos muy abiertos, con ese aire de atención +profunda que revela a veces en los niños un instinto superior a sus años +para adivinar lo peligroso o lo terrible; cuando cesó de hablar su +abuela, dijo que sí con la cabeza... Besóla esta en la frente con amor +inmenso y volvió a repetirle con gran cuidado lo que antes le había +dicho, recalcando mucho algunas frases; Monina, sin decir palabra, +volvió a decir que sí con la cabeza. Tomóla entonces la dama de la mano +y entró con ella en el cuarto de Diógenes; púsola sobre la cama sin +decir palabra, y salió de la estancia, cerrando la puerta. + +¿Qué sucedió entonces?... ¿Comprendió realmente aquel ángel de seis años +el encargo de su abuela? ¿Habló por su inocente boca el ángel de la +guarda de Diógenes?... Es lo cierto que la niña, sin asustarse de +aquella horrible cabeza desgreñada, en que se pintaba ya la agonía de la +muerte, sin mostrar repugnancia al asqueroso vaho que exhalaba el sudor +del enfermo, hundió sus rosadas manitas en las blancas patillas del +viejo, y tirando de ellas a medida que hablaba, según su antigua +costumbre, díjole muy bajo, poniendo sobre el oído de él su roja +boquita: + +--Teno biscochos de Mendaro y te daré uno... Y no me traíste la muñeca +que dicía papá y mamá; pero mamá abuela me compró un niño llorón grande, +grande... Y dice mamá abuela que te vas a morí, y si quieres confesá... +y yo rezaré por ti cuando rece por mi papá y por mi mamá y por el +abuelito, que están en el cielo... Y yo iré también... ¿Tú quieres i?... +¡Pues confiesa!... + +Y Monina, cumplida su misión, diole un beso en la frente, escurrióse de +la cama y echó a correr hacia la puerta. Diógenes lanzó tal sollozo, que +pareció romperse su pecho, como si le estallara el corazón dentro; +crujió la cama a los violentos impulsos de su cuerpo, y agitando los +brazos en alto, balbuceaba con la lengua cada vez más torpe: + +--¡Quiero!... ¡Quiero!... ¡Quiero confesar!... ¡María..., María!... +¿Oyes lo que dice la niña?... ¡Quiero confesar!... ¿Pero con quién..., +con quién?... ¿Quién me confiesa a mí, Dios mío?... ¿Dónde hay espuerta +tan sucia que reciba mis pecados?... ¡Soy un infame, un perverso!... ¡Me +pesa, Dios mío, me pesa!... + +Y con ambos puños cerrados se daba terribles golpes en el pecho, que +retumbaban en todo el aposento y le hacían toser horriblemente, y le +produjeron a poco un ligero vómito de sangre... Monina, falta ya de +valor al verse al lado de allá de la puerta, agarrábase, con los labios +blancos, a las faldas de su aya, preguntando muy bajito: + +--¿Se ha morido ya?... + +Mientras tanto, procuraba la marquesa sosegar a Diógenes, diciéndole que +había mandado a toda prisa a Loyola por un padre jesuita, que debía de +llegar de un momento a otro. Diógenes exclamó: + +--Con ellos me eduqué... Pero no lo digo nunca... ¡Los deshonro!... + +Aquella emoción violentísima parecía haber despejado las facultades del +enfermo, mas su físico resentíase de ella y veíasele perder fuerzas por +momentos. La marquesa pidió un crucifijo, y poniéndoselo delante, díjole +que hiciera ante él examen de conciencia, en tanto que llegaba el +padre; tomólo Diógenes con ambas manos y besólo devotamente, mas dejólo +caer a poco sobre la colcha, llorando desconsolado. + +--¡Si no sé, María!... ¡Si no me acuerdo!... + +--No te apures, hombre, yo te enseñaré en un momento... + +Y púsose con gran cariño a explicarle el modo de hacer examen de +conciencia, escuchándola Diógenes atentamente, mirando a veces el +crucifijo. Cuando la marquesa cesó de hablar, díjola él con sencillez de +niño: + +--Se me va a escapar algo... Lo mejor será que te lo diga a ti todo..., +y tú se lo dices luego al padre..., y entre los dos ven si falta algo... + +--¡No, hombre, si no es preciso!--replicó la marquesa sin poder contener +una sonrisa--. Piensa tú ahora, y luego el padre te ayudará. + +Largo rato permaneció Diógenes silencioso, sosteniendo con ambas manos +el crucifijo, fijos en él los ojos. A veces levantaba su pecho el +temblor de un sollozo, y lágrimas abundantes corrían por sus mejillas; +besaba entonces los pies del Cristo, entornaba los párpados y parecía +rezar... La marquesa habíase sentado a los pies de la cama, en el gran +butacón, y rezaba el rosario. Sonaron los cascabeles de un coche, y la +dama hizo un movimiento para levantarse. + +Diógenes abrió los ojos muy azorado. + +--María... ¿Te vas?... + +--No..., iba a ver si llegaba el padre. + +--¿Pero no te irás?... + +--No, hombre, descuida; no me voy... + +--¿Estarás aquí hasta que muera?... + +--Hasta que mueras estaré--replicó ella dulcemente. + +Diógenes cerró los ojos, sosegado y tranquilo, como el niño que se +duerme a la vista de su madre... Al cabo de un gran rato, dijo: + +--María..., no me acuerdo del Credo... ¿Cómo era aquello?... «Subió a +los cielos y está sentado...» ¿Dónde está sentado?... + +--«A la diestra de Dios Padre»--dijo sonriendo la marquesa. + +--«Todopoderoso»--prosiguió Diógenes; y terminó lentamente y en alta voz +el símbolo de la fe, besando luego con grande afecto el crucifijo. + +Entreabrióse a poco la puerta y asomó la cabeza del fondista, diciendo +que dos padres de Loyola habían llegado. La marquesa quiso levantarse +para salir a su encuentro; mas Diógenes, con gran sobresalto, apresuróse +a decir: + +--¡María..., no te vayas! Que entren ellos... ¿Para qué has de ir tú?... + +Abrióse entonces la puerta para dar paso a una extraña figura que +sorprendió a la marquesa e hizo a Diógenes echarse atrás en la almohada, +al verla adelantarse hacia él extendiendo los brazos: hubiérase dicho +que la muerte en persona, cubierta con la sotana de un jesuita, se +presentaba en el aposento. Era un viejo alto y descarnado, hasta el +punto de traslucirse todos sus huesos; traía una vieja sotana ceñida a +la cintura por un orillo de que pendía un rosario, y escapábanse de su +gran becoquín largos mechones blancos. Andaba lentamente, tambaleándose, +con las manos extendidas como si temiese tropezar, porque estaba medio +ciego, y así llegó sin ver a la marquesa hasta el lecho de Diógenes, y +allí comenzó a palpar hasta tropezar con una mano de este; entonces, con +sonrisa de niño que contrastaba con sus cabellos blancos, con voz +cascada pero dulce, que el asma atroz que padecía tornaba un poco +premiosa, dijo muy bajo: + +--¡Perico..., Periquito..., hijo mío! Soy yo... ¿No me conoces? + +Asombrado Diógenes, miraba aquella extraña aparición sin acertar a decir +palabra, e interrogaba con la vista, ora a la marquesa, ora a otro padre +más joven que tras el viejo había entrado; este añadió: + +--Soy el padre Mateu..., tu inspector del Colegio de Nobles... ¿Te +acuerdas?... + +--¡Sí!... ¡Sí me acuerdo!--exclamó Diógenes con una gran voz, +estrechando entre las suyas, sin soltar el crucifijo, aquella mano +helada de esqueleto, que llevó con gran vehemencia a sus labios. + +El viejo, con su serena sonrisa de niño, volvió el rostro hacia su +compañero, diciendo con satisfacción íntima: + +--¡Se acuerda..., se acuerda!... ¡Bien lo decía yo!... ¡Sí, por cierto! + +--¡Sí que me acuerdo!--repetía Diógenes con grande ahínco--. Usted fue +muy bueno para mí, y me quería, ¡oh, sí!, me quería mucho..., y me +enseñó a rezar el _Bendita sea tu pureza_, y luego las tres Ave +Marías... que decía usted alcanzaban de la Virgen misericordia... + +--¡Y lo digo, Perico, lo digo!--repuso gravemente el viejo--. La +alcanzan, sí, por cierto... Y en ti mismo lo ves ahora..., porque tú las +habrás rezado... + +--¡Sí, padre, sí..., siempre, siempre! Y se las enseñé a Monina... Ni +una noche las dejé, aunque hubiese... + +El viejo le atajó con gran viveza la palabra: + +--¿Lo ves?... ¿Lo ves cómo la Virgen Nuestra Señora te concedió la +misericordia?... Yo se lo pedía, se lo pedía--y sin dejar de sonreír +cruzaba las manos y las levantaba, mirando al cielo con expresión +beatífica--, porque me dijo Miguelito Tacón hace algún tiempo, cuando lo +vi en Cuba de capitán general, el año treinta y cinco, que andabas..., +vamos..., un poco alegre... ¡Y mira qué buena fue nuestra Madre!... +¡Porque lo viese yo, me ha conservado ochenta y seis años, Perico, +ochenta y seis años!... Sí, por cierto... + +Diógenes, cada vez más postrado, lloraba en silencio; el viejo, buscando +a tientas la mano del enfermo, añadió apretándosela con todas sus +escasas fuerzas: + +--Porque tú querrás que yo lo vea... ¿No es verdad, Perico?... Querrás +confesarte... + +--¡Sí, padre..., sí quiero! ¡Con usted... Ahora mismo!--exclamó Diógenes +tendiendo los brazos hacia él, como un niño que llama a su madre. + +Y el otro viejo, sin dejar de sonreír, pero rompiendo también a llorar, +se arrojó en ellos murmurando: + +--¡Ochenta y seis años!... ¡Ochenta y seis años esperándote!... + +Mientras tanto, la marquesa de Villasis y el otro padre habíanse salido +del cuarto, y aquel explicaba a la dama la historia del viejo. El padre +Mateu había conocido a Diógenes muy pequeñito, en el Colegio de Nobles, +y enterado de que se hallaba moribundo en Zumárraga, pidió permiso al +superior para ir a auxiliarle; negóselo este, temeroso de que en su edad +avanzadísima le costara aquella obra de caridad la propia vida, mas el +anciano instóle con tanto afán, suplicóle con tal ahínco, asegurándole +con convicción tan profunda que Dios le había conservado ochenta y seis +años sólo para aquello, que el superior no pudo menos de darle gusto. + +A través de la puerta cerrada oíanse a veces los sollozos de Diógenes, y +escuchábanse otras los gritos de horror que él mismo se inspiraba a sí +mismo, seguidos del llanto de la contrición, desolado, abundante, pero +dulce y sin amargura, como lo es el de todo dolor que se apoya en la fe +y en la esperanza. Sonó al cabo de una hora una campanilla dentro del +cuarto, y la marquesa y el otro jesuita se apresuraron a entrar... El +padre Mateu estaba sentado a la cabecera del lecho, extenuado y +jadeante, como si en aquella hora escasa hubiera perdido el corto resto +de fuerzas que le quedaban. Dos hilos de lágrimas que iban a perderse en +sus blancas patillas brotaban de los ojos de Diógenes; con una leve +señal llamó a la marquesa, y díjole al oído con sencilla expresión de +gozo inefable: + +--Dice el padre Mateu... que Dios me ha perdonado... + +Y luego, con el profundo desprecio del pecador que se considera a sí +mismo, con la cristiana humildad del hombre que se ve a dos pasos de +convertirse en tierra, añadió muy bajo, como si fuera su voz un débil +quejido, queriendo y no pudiendo levantar una mano para golpearse el +pecho: + +--¡A mí!... ¡A mí! + +Hizo entonces el otro jesuita que el padre Mateu se volviese a Loyola +antes que cerrase la noche, acompañándole don Federico en el coche que +esperaba, y los dos ancianos, los dos moribundos, separáronse sin pesar, +como dos amigos que en el dintel de un palacio en que han de entrar por +puertas distintas se estrechan la mano diciéndose: ¡Hasta luego!... + +Pensóse entonces en traer el santo Viático al enfermo, y este acogió la +noticia entornando los ojos con humildad profunda, diciendo siempre: + +--¡A mí!... ¡A mí!... + +De allí a poco viole la marquesa agitarse mucho, gemir profundamente, +revolver los ojos azorados; acercóse a él... Habíasele olvidado un +pecado muy gordo, muy gordo..., y antes que tuviera tiempo la dama de +llamar al padre, decíale ya él con gran trabajo: + +--Yo..., por divertirme..., por fastidiarle..., escribía todos los días +una carta a Frasquito... diciéndole: ¡Mentecato!... ¡Cuatro meses le +escribí!... Cuando Jacobo volvió de Italia, dejé de hacerlo... Me lo +pidió él: decía que le interesaba... Tú le pedirás perdón a Frasquito... +¡Me pesa! ¡Me pesa!... + +Llegó el Viático, y recibiólo el enfermo con muchas lágrimas y cierta +especie de pavor afectuoso y humilde, que le hacía repetir de continuo: + +--¡A mí!... ¡A mí!... + +Entonces pidió la extremaunción, y dijéronle que ya la había recibido la +víspera; mas él, con gran sencillez, quiso recibirla de nuevo. + +--Si no me enteré--decía--. Que me la den otra vez; así iré más limpio. + +A las siete hallábase aún bastante entero, y dando una gran voz de +repente, llamó a Monina... La marquesa hizo traer a la niña y púsola, +como por la mañana, frente a él, encima del lecho; la inocente criatura +agarrábase asustada al cuello de su abuela y miraba al enfermo con los +ojos muy abiertos, sorprendida y silenciosa, sin atreverse a llorar. El +moribundo quiso levantar una mano y no pudo; miró a la niña con ternura +inmensa, y haciendo un penoso esfuerzo, dijo: + +--Yo te enseñaré... _Bendita sea tu pureza_... Dilo. + +Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas y su pechito comenzó a +estremecerse como el de un pájaro asustado; su abuela le dijo al oído: + +--Dilo, hija mía... Si lo sabes tú, dilo... + +La niña cruzó las manitas y comenzó su oración, repitiéndola Diógenes en +voz baja, muy lenta, con cierta especie de solemnidad augusta que +recordaba las notas de un órgano acompañando el canto de un ángel: + + Bendita sea tu pureza + Y eternamente lo sea, + Pues todo un Dios se recrea + En tu graciosa belleza. + A ti, celestial Princesa, + Virgen sagrada María, + Yo te ofrezco en este día + Alma, vida y corazón. + Mírame con compasión... + +Apagóse aquí la voz de Diógenes, y oyóse tan sólo la temblorosa vocecita +de Monina, que por un infeliz error o por una inspiración del cielo, +equivocaba el último verso: + + ¡No _le_ dejes, Madre mía! + +Diógenes ya no la oía: comenzaba entonces el estertor, y su angustioso +resuello interrumpíase a veces por más de un minuto. Lleváronse a la +niña; la marquesa y el jesuita se arrodillaron y comenzaron a rezar la +recomendación del alma; a las once menos cuarto, sin ningún +estremecimiento, sin verdadera agonía, sin soltar de las manos el +crucifijo, abrió un poco la boca y expiró. + +A la otra mañana, cuando después de la solemne misa de _réquiem_ que +hizo celebrar la marquesa en Zumárraga, volvió el jesuita a Loyola, oyó +que las campanas de la iglesia tocaban también a muerto... Había +fallecido aquella noche el padre Mateu; encontráronle al amanecer ya +frío, tendido en su lecho. Tenía en las manos el rosario y vagaba aún en +sus labios su pura sonrisa de niño; sobre su frente, amarilla como el +marfil antiguo, un nimbo de cabellos blancos realzaba el tipo más +peregrino de belleza moral que puede fingirse el hombre: la inocencia +con la cabeza blanca...[19] + +[Nota 19: La muerte de este santo anciano, acaecida al mismo tiempo +que la de la persona que auxiliaba, es un hecho rigurosamente +histórico.] + + + + +--III-- + + +Muchos y graves sucesos habían tenido lugar desde que al terminar el +libro anterior dejamos a Jacobo camino de Italia, hasta que hemos vuelto +a encontrarle en la carretera de Guipúzcoa, guiando, al lado de Currita, +el _mail-coach_ con seis caballos. Y fue el primero la aparición de un +extraño fenómeno a las puertas de Madrid, que vino a causar al marqués +de Villamelón un pavor tan grande, como no lo causó nunca Catilina a las +puertas de Roma, ni Mahomet II a las de Constantinopla, ni Isabel la +Católica a las de Granada, ni Guillermo I a las de París. ¡La +trichina!... + +Aquello era un dolor y un horror; tener que renunciar con severidad +israelítica al jamón extremeño, rosado y aromático, y al salchichón de +Génova, matizado como un mosaico, o exponerse a tragar el endiablado +microbio que el atribulado Fernandito seguía con la imaginación en todas +sus transformaciones, viéndole alargarse, alargarse hasta convertirse en +tenia, y engordar, engordar luego hasta trocarse a costa de los jugos de +su estómago en una serpiente boa, igual a las que había visto tragarse +gallinas y conejos y aun cabritos, con la facilidad con que se tragaba +él, una tras otras, un barrilito entero de aceitunas sevillanas. + +Sucedía esto a los ocho o diez días de la repentina marcha de Jacobo, y +entre aflicciones de espíritu, quebrantamientos de estómago y apreturas +de entendimiento, recibió Villamelón una cariñosa carta de este tierno +amigo, en que, con previsión amorosísima y delicadeza exquisita, le +enviaba una receta infalible contra la trichina, recogida de los labios +mismos de los hermanos Tramponetti, fabricantes de embutidos en la +salchichonesca Génova. La receta era bien sencilla: bastaba pasar tres +veces por el hervor de agua ordinaria las carnes de cerdo y los +utensilios en que hubieran estas de cocinarse. Fernandito, creyéndose en +posesión de un talismán precioso, corrió a dar la noticia a su cara +esposa Currita, dispuesto a pasar por agua todos los jamones de su +despensa, todas las cacerolas de su cocina y todos los pinches de ella, +con el cocinero a la cabeza. ¿Y por qué no?... Días antes relataba un +periódico que el emperador de Birmania había mandado enterrar vivas a +setecientas personas para aplacar los espíritus diabólicos que habían +esparcido por sus Estados la viruela negra. ¿Por qué no había él de +hervir a un cocinero y tres pinches para librar de la trichina a su +persona y a la de sus deudos y amigos? + +Currita recibió la noticia con frialdad aterradora y negóse rotundamente +a hacer uso de la receta, con cierta especie de rencorosa terquedad, +impropia del caso; también ella había recibido aquel día carta cariñosa +de Jacobo, fechada asimismo en Milán, hablándole vagamente de grandes +peligros y grandes negocios, y prometiéndole, con la fatua seguridad de +quien presume ser esperado con ansia, el gozo imponderable de su próximo +regreso y la explicación satisfactoria de su repentina marcha. + +--¡Excelente amigo!--exclamaba Villamelón--. Ahora mismo voy a +contestarle dándole las gracias... + +Currita abrió la boca con un gesto de ira como para decirle algo, y +dominándose repentinamente, la volvió a cerrar, diciendo a poco con su +suavidad acostumbrada: + +--Pues mira... mándame la carta y le pondré yo cuatro letras; así me +ahorro de escribirle largo... + +Media hora después presentábale un lacayo en una bandeja de plata la +carta de Fernandito, y la dama, después de leerla, hízola mil pedazos +con extraños gestos de rabia... Otras dos cartas de Jacobo habían +llegado en aquel mismo día a la corte: una larga y enfática para el +marqués de Butrón, llena de mentiras y enredos, que sin engañar del todo +al presuntuoso diplomático, hiciéronle comprender que lejos de +emanciparse el joven Telémaco de su tutela, la necesitaba más que nunca, +y podía, por tanto, seguir explotándole en sus trabajos políticos. Había +leído en La Bruyère, y hecho suya, aquella sentencia muy común entre +políticos y no políticos, que despojaba él del tinte de finísima ironía +con que su autor la escribe: «Aun los Grandes y ministros mejor +intencionados necesitan tener a su lado bribones; su uso es muy delicado +y se necesita saber manejarlos, pero hay ocasiones en que no pueden ser +suplidos por otros. Honor, virtud, conciencia, cualidades siempre +respetables y a menudo inútiles. ¿Qué queréis a veces que se haga con un +hombre de bien?». + +Era la otra carta, larga también, para el tío Frasquito, escrita con +grandes visos de misterio, asegurándole haber conjurado el peligro a +fuerza de astucia y de dinero, y prometiéndole la completa extirpación +del misterioso «¡Mentecato!» en cuanto llegara él a Madrid y pudiera +comunicar a las logias las órdenes que de Italia llevaba. Firmaba esta +carta con un nombre supuesto, no ponía en ella fecha ninguna, y +encargábale mucho quemarla después de leída y aventar luego las cenizas. +Hízolo así el tío Frasquito, lleno de miedo, y creyendo ya poder +aventurarse a salir con algunas precauciones, presentóse aquella noche +en casa de Currita, en el taller de las hilas, tosiendo lastimosamente y +ofreciendo a todas las damas caramelitos de rosa, único remedio para la +_horrible_ tos que le había dejado el pertinaz _catarro_. + +Currita no contestó a Jacobo, y extrañado este, tornó a escribirle, sin +obtener tampoco respuesta. Alarmóse entonces el futuro ministro y +escribió a Butrón pidiéndole categóricas explicaciones de aquel +obstinado silencio que le hacía sospechar en la dama algún +resentimiento, peligroso siempre y funesto en aquellas circunstancias, +en que la amistad íntima y la repleta caja de los consortes Villamelón +le eran de todo punto indispensables. + +Con mensurado tono y severidad paterna contestó entonces _el sabio +Mentor_ al _joven Telémaco_, enterándole del regalo hecho por +mademoiselle de Sirop a la _kermesse_, del justo enojo de Currita al +recibir aquel ultraje, que revelaba la traición del amigo íntimo a quien +tantos beneficios había prodigado, y de la ferocidad con que las lenguas +murmuradoras se habían echado sobre la aventura, comentándola y riéndola +a mandíbula batiente. El _sesudo Mentor_ terminaba con protectora +solicitud y paternal indulgencia: «Tu ligereza ha sido grande; pero +inventa una disculpa, apresúrate a venir y trataremos de arreglarlo». + +Jacobo no se hizo repetir el aviso, y cinco días después _el joven +Telémaco_ y _el sabio Mentor_ se presentaban en el _boudoir_ es decir, +abordaban a las playas de la isla de Ogigia, retiro encantador de _la +invulnerable Calipso_... La escena debió de ser conmovedora; mas ninguna +ninfa hizo traición a la diosa, revelando lo que oyó o pudo ver en la +misteriosa gruta, e ignórase al presente cómo llegaron los tres +personajes a la perfecta avenencia que todo Madrid pudo observar desde +entonces entre ellos. Corrió, sin embargo, a los pocos días por los +periódicos la noticia de que el marqués de Sabadell había acusado de +ladrona ante los tribunales a cierta aventurera francesa llamada +mademoiselle de Sirop; súpose más tarde que esta había desaparecido, y +murmuróse, por último, muy sotto voce, que el mismo marqués, su acusador +público, la tenía escondida en su casa: nadie pudo comprobar, sin +embargo, la exactitud de este hecho inexplicable. + +Las cosas quedaron, pues, como estaban un mes antes y tan sólo Jacobo +pudo notar en Currita, con harto despecho suyo, esa extraña anomalía de +la mujer, que consiste en mostrarse servilmente sumisa con el hombre que +la oprime y ferozmente tirana con el que se le somete: rasgo a la verdad +poco noble, que hace común san Ignacio de Loyola en su famoso libro de +los _Ejercicios_ al mismísimo demonio, con estas textuales palabras: «El +enemigo se hace como mujer, en ser flaco por fuerza y fuerte de +grado...». Mientras en sus relaciones íntimas con la dama se mostró +Jacobo duro y despótico, imponiéndole en todo su voluntad como dueño, +hallóla siempre dócil y sumisa, pronta a sacrificarse por él y a +prestarle todos los homenajes, con la humildad del pobre que al quemar +ante el ídolo su incienso no espera ni pide otra recompensa que la +satisfacción de verlo aceptado. Mas cuando, por las circunstancias que +quedan referidas, tuvo Jacobo que humillarse a ella y mostrársele +rendido y avasallado, crecióse Currita al punto, y sin disminuirle en +nada su íntima confianza, ni cercenarle tampoco los continuos y siempre +indecorosos beneficios que le prodigaba, comenzó a dejarle sentir su +yugo, a hacerle comprender que ella era allí la dueña absoluta, y a +saciar su vanidad, primer elemento que en todos los actos de su vida y +todos los sentimientos de su corazón entraba, presentándole a los ojos +del mundo, vencido, sujeto y atado, como un hermoso rey prisionero, a +las ruedas de su carro. + +Por lo demás, nunca supo nadie lo que había hecho Jacobo en Italia; +guardóse él muy bien de decirlo, y con muchas y variadas mentiras +explicó a todo el mundo los motivos de su ausencia, quedando esta nueva +aventura envuelta en las nubes vagas e indecisas que habrá notado +siempre el lector, así en las cosas como en el carácter de este +histórico personaje. + +Era, sin embargo, cierto que había visitado en Caprera a Garibaldi, y +confiádole una peregrina historia que explicaba por completo la +desaparición de los papeles, sin culpa de nadie, por supuesto. Mas el +viejo mamarracho, sin guardar siquiera memoria de aquello, encogióse de +hombros al oírle, y seducido por la labia de Jacobo, ofrecióle +cordialmente cartas comendaticias para los venerables de Milán y de +España que le pusieran a cubierto de todo recelo. Aceptólas Jacobo +gozosísimo, creyendo ya con esto conjurado el peligro, y gastóse +alegremente en excursiones por Italia todo su dinero, dejándose en la +ruleta de Mónaco hasta el último céntimo del que había sacado al tío +Frasquito. Las noticias del _sabio Mentor_ hiciéronle apresurar su +vuelta a España, y engolfándose de nuevo a su regreso en su antigua vida +ordinaria de crápula elegante y vagancia aristocrática, interrumpida a +veces por solemnes intervalos políticos, quedáronsele en la gaveta las +cartas de Garibaldi, pasósele el susto que le había llevado a Italia, y +en su impresión natural de niño revoltoso, no volvió a acordarse de los +masones, juzgando que también ellos le tendrían olvidado. + +Mientras tanto, los trabajos alfonsinos tocaban a su término, y Jacobo, +creyendo haber pagado a buen precio con la entrega de sus papeles el +logro de sus ambiciones, importunaba de continuo a Butrón y hacíase +presente a todas horas en el centro de hombres políticos que dirigían +los trabajos del partido, en demanda de una cartera que jamás se le +había prometido en serio, pero que se le había hecho vislumbrar a lo +lejos como precio de su hurto, en los tiempos en que era la consigna +barrer para adentro. Mas había llegado ya la hora de barrer para fuera, +y el taimado Butrón levantaba con disimulo la escoba para sacudir _al +joven Telémaco_ el primer escobazo, sin echar de ver que otra escoba más +poderosa se levantaba también a su espalda con la idea deliberada de +ejecutar con él la misma maniobra. La estrategia de unos y otros era +graciosa: comenzaban ya a organizarse las combinaciones ministeriales, y +en todas ellas hacíase el papel, delante de Butrón y delante de Jacobo, +de reservarles a uno y otro las ansiadas carteras; mas volvía la espalda +el _joven Telémaco_, y decían todos _al prudente Mentor_, y este era el +primero en afirmarlo, que era una temeridad, un descrédito para el +partido dar entrada en el futuro gabinete a un botarate, un loco sin +decoro como Sabadell, y que la cartera que este esperaba había de darse +al señor Fernández Gallego, hombre probo, orador famoso, capaz de +desatascar un carro, cuanto más a un Gobierno, con sólo hacer oír en las +orejas del tiro los rotundos períodos de su enérgica palabra. + +Así quedaba convenido; mas tocábale la vez al respetable Butrón de +volver la espalda y decíanse todos entonces que era una necesidad, una +pifia, desperdiciar una cartera en aquel pobre hombre, político +mujeriego, que debía de contentarse, a lo más, con una plenipotenciaria, +pudiendo emplearse aquella, si no con honra, a lo menos con provecho, en +el señor don Eusebio Díaz de la Laguna, pajarraco gordo en tiempo de +Amadeo, que, como acontece en todas las restauraciones, habíase pasado +con armas y bagajes al bando alfonsino en cuanto vislumbró en él la +aurora del triunfo, ejecutando una de esas maniobras que en la farisaica +jerga de los hombres gubernamentales se llaman _cambios políticos_, +debiendo de llamarse charranadas o vilezas. Su entrada en el ministerio +había de ser un poderoso puntal que aparcase las tendencias tolerantes y +olvidadizas de la política restauradora. + +Al olfato finísimo del señor Pulido habían llegado todos estos apartes, +y apresuróse a notificarlos al amigo Pepe, temeroso de perder la +deslumbradora proyección que sobre su persona y parentela arrojaría la +poltrona ministerial de este. Entróse, pues, una mañana en casa del +respetable Butrón, nervioso y descompuesto, y con las falanges de su +dedo índice ya desplegadas y la frase sacramental--¡lo dije!--, colgando +de los labios, traspasó el misterioso biombo de nueve hojas que servía +de reducto con el despacho a los secretos del diplomático. Allí estaba +este, sumido en profundas meditaciones ante unos papeles que debían +encerrar altos secretos de Estado, de los cuales apartó los ojos tan +sólo un segundo para mirar al recién venido, murmurando con aire +distraído: + +--¡Hola, Pulidito!... + +Mas Pulidito, alargando el inexorable dedo indicador, cual si fuesen sus +falanges elásticas, y agitándolo de arriba abajo con la fatal oscilación +de un péndulo acompasado, exclamó con temeroso acento: + +--¿Lo ves, Pepe?... ¿Lo ves?... ¡Lo dije!... ¡Lo dije!... + +--¿Qué?--replicó Butrón con el aire resignado de quien se prepara a +recibir un importuno chubasco. + +--¿Qué?--replicó el señor Pulido en el mismo tono--. Pues nada... ¡que +te birlan la cartera, Pepe, que te la birlan!... + +Y al compás de las oscilaciones de su dedo, comunicó el diplomático sus +noticias alarmantes... El respetable Butrón no se conmovió ni pizca. +¿Acaso era él bobo?... Al tanto estaba de todos aquellos manejos; pero +callaba, callaba y hacía la vista gorda, porque tenía la seguridad--y +su vanidad inmensa se la daba, en efecto--de que el futuro gabinete no +podría prescindir de su persona y sus servicios... En cuanto a Sabadell, +era otra cuestión: habíase forjado ilusiones absurdas, que en el futuro +orden de cosas era imposible realizar. Sabadell era un loco, un +mentecato que había prestado por carambola algunos servicios al partido, +pero que no era de la madera de que la Restauración había de hacer sus +ministros; hubiera podido serlo con un Prim o con un Serrano, pero nunca +con un Cánovas del Castillo y con un Butrón... + +Detúvose aquí el diplomático con solemne pausa, y añadió +sentenciosamente: + +--Todo árbol es madera, pero el pino no es caoba... En mi opinión, ni +Sabadell puede ser ministro, ni yo puedo dejar de serlo. + +El dedo del señor Pulido comenzó a subir y bajar con riesgo manifiesto +de descoyuntarse, cual si marcaran sus oscilaciones los grados de +impaciencia de su dueño. + +--¿Y crees tú, Pepe, que el señor Cánovas del Castillo será de tu misma +opinión?... + +Miróle el diplomático con aire de lástima y díjole al cabo: + +--Mira, Pulidito, hijo mío, creo que no soy del todo imbécil... Cánovas +no da un paso sin contar antes conmigo. + +--¿Y ha contado contigo para proponer la candidatura del señor Díaz de +la Laguna?... + +Pasmóse interiormente el gran _Robinsón_, porque ignoraba por completo +que semejante candidatura se hubiera presentado; mas pareciéndole +contrario a su decoro manifestar ignorancia, y cediendo a su hinchada +vanidad, que le llevaba siempre a disfrazarlo todo con solemnes mentiras +y enigmáticos conceptos, a fin de mantener en alza su crédito político, +replicó imperturbable. + +--Ha contado. + +--Entonces... + +--Entonces, puedo asegurarte que el señor Laguna quedará siempre rana +del pasado charco. + +Y dando una gran palmada con su mano de Esaú, extendida sobre los +papeles que tenía delante, dijo solemnemente, con cierto aire de reserva +dignísima que indicó al señor Pulido que tras el biombo de la mesa +estaba el biombo de las cejas del diplomático, custodiando dentro de su +frente arcanos misteriosos que a él no le era dado penetrar: + +--Mira, Pulidito, dejemos ya eso... Los secretos míos puedo confiarlos a +un amigo; los ajenos, jamás... Para tu tranquilidad y tu gobierno, te +diré, sin embargo, dos cosas... Primera, que anoche estuvo Antonio +Cánovas conferenciando conmigo en esa misma silla en que estás sentado, +hasta las cuatro de la mañana... + +Hizo el respetable Butrón un alto, para dejar saborear al señor Pulido +la gordísima mentira, y prosiguió diciendo: + +--Segunda..., que al despedirse Cánovas, me entregó este proyecto de +tratado secreto con Alemania--y golpeaba los papeles que tenía +delante--, y necesito para estudiarlo... tiempo y soledad... + +Quedóse tamañito el señor Pulido ante el perfil de perro dogo de +Bismarck que las palabras del diplomático evocaban sobre la mesa, y +comprendiendo que se le recordaba con aquel elegante giro que el +undécimo mandamiento de la ley de Dios es no estorbar, despidióse esta +vez con el dedo índice muy plegadito, medrosico y esperanzado, mas no +sin echar antes una ojeada furtiva al proyecto de tratado secreto con +Alemania, que la extendida mano del diplomático parecía proteger contra +todo amago de curiosidad. Algo atisbó, sin embargo, que vino a +despertarle la sospecha de que el tal proyecto de tratado secreto no era +precisamente con el Gobierno alemán, sino con la repostería de Lhardy, +poderosa potencia gastronómica de la Carrera de San Jerónimo: entre los +peludos dedos del diplomático asomaba por una esquinita la viñeta de las +cuentas del célebre Emilio. + +Mas no era el señor Pulido hombre que, una vez puesto en la pista, +retrocediese ante ningún peligro ni reparo; fuese, pues, derecho a casa +de Lhardy y preguntóle si el señor marqués de Butrón tenía en su +repostería alguna cuenta pendiente. Emilio, creyendo sin duda que aquel +señor vendría a pagárselas, díjole que tenía cuatro, de las cuales era +la más antigua la del buffet de un baile dado tres años antes en honra +de Currita, y que el día anterior se las había remitido todas juntas por +centésima vez, sin haber logrado aún cobrar ninguna. Enderezóse entonces +el dedo del señor Pulido con la fuerza de una catapulta, y atónito +Emilio, oyóle exclamar dos veces: + +--¡Lo dije!... ¡Lo dije!... + + + + +--IV-- + + +Amaneció por fin el día 29 de diciembre de 1874, y a las once y +cincuenta y seis minutos de la mañana, el ministro de la Guerra, Serrano +Bedoya, saltaba violentamente de la cama, como había de saltar +veinticuatro horas más tarde, violentamente también, de la poltrona +ministerial... Anunciábale un telegrama del gobernador militar de +Sagunto que el general Martínez Campos había proclamado rey de España al +príncipe Alfonso, en las Ventas de Puzol, al frente de la brigada Dabán. +Alborotóse el Gobierno, reunióse al punto Consejo extraordinario en el +ministerio de la Guerra y tomóse por primera providencia la de echar el +guante al señor Cánovas del Castillo y a otros muchos personajes de +cuenta, entre los que se contaban el señor Pulido, _el joven Telémaco y +el respetable Mentor_. Encerráronles por de pronto en el Saladero, con +la sana intención de enviarles más tarde, una vez sofocada la intentona, +a tomar camino de Filipinas los saludables aires de mar. La cortesanía +del gobernador de Madrid, señor Moreno Benítez, proporcionóles horas +después mejor alojamiento en el Gobierno civil; mas fuese pérfida +intriga de los amigos o cruel ensañamiento de los contrarios, es lo +cierto que los tres compadres, Jacobo, Butrón y Pulido, quedaron presos +en el Saladero, pasando entre temores y sobresaltos todo el día 29 y +también el 30, hasta que en la madrugada de este, muy cerca ya del alba, +abriéronse ante ellos las puertas de su prisión, para cerrarse ante sus +ojos la puerta de sus esperanzas... A las nueve y cuarto de aquella +misma noche, hundido para siempre el Gobierno de la Revolución, había +quedado investido de todos los poderes el capitán general de Madrid, don +Fernando Primo de Rivera, y puestos al punto en libertad los prohombres +alfonsinos detenidos en el Gobierno civil, apresurándose a nombrar un +ministerio-regencia, del cual formaban parte el Gallego y el Laguna, +quedando excluidos, por supuesto, _el joven Telémaco y el respetable +Mentor_[20]. + +[Nota 20: Formaban este primer gabinete alfonsino, bajo la +presidencia de don Antonio Cánovas del Castillo, los señores Castro, +Cárdenas, Jovellar, Salaverría, marqués de Molins, Romero Robledo, Ayala +y marqués de Orovio. Excusado nos parece advertir que, al fingir +nosotros un señor Gallego y un señor Laguna formando parte de este +Ministerio, no aludimos para nada a ninguno de los señores que en +realidad lo formaron. Y ya que de alusiones hablamos, bueno será hacer +constar, una vez más, que yerran por completo los que han creído ver en +algunos personajes de la presente novela retratos de personas harto +conocidas, que sin duda lo fueron muy poco de los que tal juzgan, cuando +encuentran semejanza entre unos y otros. Nuestros personajes no son +retratos de individuos determinados, sino tipos de caracteres sociales; +y si puede halagar la vanidad del artista que resulten sus creaciones +tan reales que no pueda concebírselas sin un modelo vivo, debe de +repugnar ala delicadeza y aun a la conciencia del escritor honrado al +convertir por este medio un libro escrito con altos fines morales en un +intencionado libelo.] + +Quedóse este anonadado, púsose Jacobo furioso, y el señor Pulido, sin +fuerzas para enarbolar el dedo indicador, sin alientos para +murmurar--¡lo dije!--, enmudeció como Casandra a la vista de Troya +destruida y Grecia triunfante. Butrón bufaba, Pulido gemía, Jacobo +echaba ajos, y entre peroratas enérgicas, amargos reproches, violentas +reclamaciones y planes de campaña propuestos para derrocar aquel +Gobierno que les había estafado, pasáronse algunos días, hasta que +desembarazado algún tanto el ministerio-regencia con la llegada del +joven monarca, pudo al fin dar vuelta a la llave de la despensa, y +enarbolando la rama de sustanciosos dátiles, que ha venido a sustituir a +la de olivo, antiguo símbolo de la paz, comenzó a distribuir puestos, +honores y destinos entre sus diversos paniaguados, tocándole a Butrón +una plenipotenciaría de primer orden. Hízose de rogar este cuanto sufría +por una parte la prudencia y exigía por otra el decoro, y teniendo en +cuenta sin duda que a buena hambre no hay pan duro, que a falta de pan +buenas son tortas y que más vale pájaro en mano que buitre volando, +marchó al fin resignado y majestuoso a representar en tierra extranjera +la persona de Alfonso XII. Hubo también una dirección de segundo orden +para el señor Pulido, y ofrecióse a Jacobo otra plenipotenciaría igual a +la aceptada por Butrón. Mas _el joven Telémaco_ era hombre capaz en sus +rencores de comprender y practicar aquella venganza de los chinos, que +consiste en ahorcarse a la puerta de su adversario para atraer sobre él +la cólera celeste y el odio de los ciudadanos; lleno, pues, de saña, +rechazó con altivez la oferta, y creyendo alcanzar por sus propias +fuerzas lo que de grado no le habían querido dar, alistóse de nuevo +entre sus antiguos amigos los revolucionarios aún no resellados, que +capitaneaba a la sazón el excelentísimo Martínez y prometían formar una +oposición formidable el día en que se decidieran a reconocer la +monarquía de Alfonso XII. Recibiéronle ellos como a un Hércules bajado +del cielo para emprender de nuevo a su lado los doce trabajos sobre la +tierra, y en el momento en que le encontramos volviendo de Biarritz al +lado de Currita, traía ya lograda, con ayuda de esta fiel amiga, la +senaduría vitalicia, altísima tribuna desde donde pretendía escalar, al +lado del excelentísimo Martínez, el Olimpo ministerial, una vez +efectuada la temida y esperada maniobra que con gran sigilo preparaba el +taimado _buey Apis_. + +A poco presentaba Madrid su animado aspecto de invierno, y dos sucesos +trascendentales ocupaban la atención de los políticos y los elegantes: +la apertura de las Cortes y el casamiento del monarca. Prometía la +primera campañas parlamentarias nunca vistas; hacía esperar el segundo +diversiones y regocijos jamás disfrutados, y unas y otros discutíanse y +aun preparábanse en los salones de Currita, centro por aquel tiempo de +los más importantes hombres políticos de la futura oposición dinástica, +a la vez que de lo más _gommeux_, lo más _poisseux_ de la alta sociedad +madrileña. Sus _après dîners_ de los viernes llegaron a tener fama, y +con igual facilidad se concertaba en ellos un gabinete que se +desconcertaba un matrimonio, se ganaba un diputado para la oposición que +se perdía una muchacha para siempre, minada al amparo bienhechor de la +dama, por esa galantería de algunos salones, que llama un autor, nada +asustadizo por cierto, _trabajo de zapa que el vicio emplea para minar +la virtud_. Pedro López comparaba en _La Flor de Lis_ el salón de +Currita con aquellas famosas tertulias que comenzaron en el hotel +Rambouillet y acabaron con madame Staël, Recamier, Tallien y Girardin; y +ciertamente que si no se encontraba en aquel como en estas la culta y +amena conversación y la urbanidad más exquisita de antaño, que ha venido +a ser hoy entre damas y caballeros como atributo exclusivo de las +pelucas empolvadas y las chorreras de encaje, encontrábase de igual modo +aquel principio disolvente de toda moral, que consiste en tolerar y +autorizar el escándalo. + +Viose entonces claro como nunca la funesta influencia que ejerce en una +sociedad entera una de esas reinas de la moda que comienzan escotando +los trajes y acaban escotando las costumbres; que empiezan imponiendo el +yugo de sus elegantes extravagancias y terminan imponiendo el de sus +desvergonzados vicios; que familiarizan con el escándalo y lo hacen +tolerable y de buen tono hasta a los ojos de las personas virtuosas, que +llegan a contemplar sin extrañeza, sin rubor y sin protesta, +espectáculos como el que ofrecía Currita haciendo los honores de su casa +con distinción elegantísima, en compañía del marqués de Sabadell, +mientras sus hijos yacían olvidados, cada cual en un colegio, y +Villamelón, reblandecido ya casi por completo, jugaba al bésigue o al +tresillo con las celebridades del momento, o tentaba la paciencia de sus +tertulianos encerrado, como en un círculo vicioso, en sus ordinarios +tópicos de conversación: el combate _terro-naval_ de Cabo Negro, los +prodigios de su cocinero, los adelantos de su fotografía, las ventajas +de la incubación artificial de los huevos de gallina, o las extrañas +peripecias del doctor Tanner y el italiano Succi, que, con gran pasmo +suyo, parecían haber resuelto el problema, para él horripilante e +incomprensible, de vivir sin comer. + +Un nuevo escándalo, iniciado y meditado en casa de Currita y llevado a +efecto a la sombra de esta, y quizá, quizá bajo su protección misma, +vino a probar a las personas sensatas que tan peligrosa es la proximidad +del vicio, que aun sin estar de él contaminado, se respira en su +atmósfera cierta ponzoña que trastorna y extravía, y hace al cabo +resbalar y caer... Margarita Belluga, una de las jóvenes que al pisar +por primera vez los salones del gran mundo había llamado más la atención +por su candor y su pureza, desapareció un día súbitamente de casa de +sus padres, para aparecer a poco en Italia, _magna parens artium_, y +refugio insondable de pillos de todas las naciones, casada con Celestino +Reguera, el pintorzuelo cómplice de Currita en sus atentados pictóricos, +que había conservado siempre la dama a su lado, para alumbrar su corte +con los resplandores de un genio, a la manera que Filipo mantenía en la +suya a Aristóteles, y Augusto a Virgilio, y Carlos V a Garcilaso, y Luis +XIV a Molière. + +Comenzaron entonces las lamentaciones y las extrañezas, los comentarios +y los sobresaltos, y la murmuración no fue ya el ruido de una ola al +reventar en la playa, sino que cundió y se hizo formidable, y resultaron +todos los imponentes estrépitos del mar batiendo las costas... Mas a +pesar de que todo el mundo vio claro el viento que había desatado +aquella tormenta y los polvos de que salían aquellos lodos, tan sólo dos +de las muchas madres honradas que acudían a los saraos de Currita +dejaron de llevar allí a sus hijas; tan sólo uno de los muchos maridos +con decoro que a ellos concurrían retrajo a su mujer de aquella casa +funesta a que se hacía necesario acudir, porque... porque... se pasaban +allí ratos deliciosos, era la dama quien fijaba en sus salones las leyes +del buen tono, y el ser admitido en su casa era un brevet de elegancia y +de notoriedad. + +Mas un día corrió por Madrid una noticia estupenda, que se escuchó al +principio como un absurdo inventado por algún ocioso del Veloz; +concediósele más tarde la verosimilitud que hubiera merecido la de que +Sagasta cantaba misa o el Gran Turco se había hecho monje bernardo, y +extendióse al fin como un hecho inverosímil, pero cierto, absurdo, pero +verdadero, desde los salones hasta las antesalas, y desde los pasillos +del Congreso hasta los de los teatros, llenando a todo el mundo elegante +de asombro, de extrañeza y de curiosidad. La imaginación siempre +exaltada de los madrileños aderezó el hecho con interpretaciones y +comentarios, y unos vieron en él un manejo político, otros una rivalidad +femenina, algunos una señal de reconciliación entre el mundo devoto y el +profano, y varios, los que se decían más enterados y eran más hábiles en +aquello de ajustarle las cuentas al prójimo, vieron, por el contrario, +una emboscada peligrosa que la más inflexible de las beatas tendía a la +más tolerante de las pecadoras; un reto del calendario piadoso a la +mitología pagana; un combate singular entre la marquesa de Villasis, que +arrojaba el guante, y la condesa de Albornoz, que se apresuraría sin +duda a recogerlo. + +Porque era el caso que habían circulado por ciertas casas privilegiadas +de la alta sociedad madrileña unas lindas tarjetas litografiadas, en que +la marquesa de Villasis anunciaba a sus numerosos amigos que abría las +puertas de sus salones, y fijaba como día de recepción--¡aquí estaba el +busilis!--el mismo fijado por Currita: ¡los viernes!... La noticia llegó +a casa de esta un miércoles por la noche, estando presente tan sólo la +duquesa de Bara, Carmen Tagle, Leopoldina Pastor y la Valdivieso; +algunos señores mayores jugaban al tresillo, y en la sala de billar +oíanse a lo lejos los secos golpes de las bolas y los tacos. Currita +recogió, en efecto, el guante, y puesta en guardia al punto, manifestó +su asombro con ingenua sencillez de cándida tortolilla. + +--¿De veras?... ¡Cuánto me alegro!... Supongo que habrá convidado a las +novicias del Sagrado Corazón... + +Riéronse todos a carcajadas, y ella, muy extrañada de aquellas risas, +prosiguió diciendo: + +--Pues no lo digo de burlas... Creed que lo decía sin ningún +_arrière-pensée_... Como María es tan piadosa y suele darle a todo un +tinte devoto... + +--¡Pues claro está!--replicó muy seria la de Bara--. Por eso ha +convidado también a los congregantes de San Luis. + +--Y por lo menos exigirá a los presentados la cédula del cumplimiento +pascual. + +--Y el certificado de buenas costumbres del cura párroco... + +--¡Qué delicia!... ¿Y abrirán el baile rezando el rosario?... + +--Como que tocará el cuarteto de la capilla real, y se cantarán en los +intermedios los Gozos de san José. + +--¡Ya lo creo!... La Villasis sabe hacer bien las cosas, y de seguro que +ha pedido al arzobispo indulgencia plenaria para todos sus tertulianos. + +--Pero, en suma--dijo al fin Currita, deteniendo aquella granizada de +burlas--, ¿qué es lo que se propone esa pobre María?... + +Aquí miró a todas partes con gran misterio el que había traído la +noticia, y las cinco señoras alargaron las cabezas y abrieron las orejas +con curiosidad intensísima. + +--Pues dice..., dice... que se propone recibir a... mujeres honradas... + +Un ¡ya! general, preñado de extrañas e intencionadas inflexiones, se +escapó de todos los labios, y la Albornoz, abriendo cándidamente los +ojos, dijo con su suave vocecita: + +--Pues a mí no me han convidado hasta el presente... + +Las señoras soltaron el trapo a reír, y dijeron todas al mismo tiempo: + +--Ni a mí... + +--Ni a mí... + +--Ni a mí... + +Leopoldina Pastor no dijo nada; púsose muy encendida, y dando una brusca +media vuelta, sentóse al piano y comenzó a tocar furiosamente la antigua +canción del _¡Trágala!_... + +Anocheció por fin el viernes, llegó la hora de comer, y tan sólo trece, +de los veinte personajes convidados, se sentaron aquella noche a la mesa +de los consortes Villamelón. El número era funesto, y la duquesa de +Bara, que supuso al punto la causa de tan repentina baja, dijo muy +quedito a su sobrino el duque de Bringas: + +--Mal número... ¿Si será esta la _última cena_? + +--Con tal que no te toque a ti el papel de Judas. + +--¡Oh, no, no!... Yo le soy fiel a Curra. + +--¿Pero por qué han desertado los otros? + +--Pues nada, hijo, que ha habido conjunción de pucheros y el de María +Villasis triunfa. + +--Será más delicado. + +--¡Pchs!... Bizcochitos de monja y tocino de cielo... Prefiero el de +Curra: es más sustancioso. + +--¿Pues cuál es?... + +--_Olla podrida_. + +Y con tales ganas comenzaron a reír la tía y el sobrino, que casi +vinieron a echar por las narices el _consommé à la Régence_, servido en +magnífica vajilla de plata, con que los ilustres comensales comenzaron a +apaciguar sus respectivos apetitos... Con estos augurios funestos dio +principio la comida, lenta y desanimada; Villamelón, con gravedad +señoril y solemne aspecto, embaulaba en silencio, sin ocuparse gran cosa +de la embajadora de Alemania y la duquesa de Bara, que tenía a derecha e +izquierda, consultando a cada paso el _menú_, impreso con vivos colores +en apergaminada vitela, al estilo de los antiguos misales de la Edad +Media, y no satisfecho con esto, preguntando de cuando en cuando con +sigilo prudentísimo al criado que le servía: + +--¿He comido de todo?... + +Frente por frente estaba Currita, teniendo a su derecha al embajador de +Alemania, y a su izquierda al excelentísimo señor don Juan Antonio +Martínez, _buey Apis_ por otro nombre, que olvidando con loable +magnanimidad antiguos rencorcillos, era a la sazón íntimo de la dama, +como sustituto del respetable Butrón en el cargo de _Mentor_ del _joven +Telémaco_. Prodigábale Currita atenciones delicadísimas y hablábale a +veces en voz baja, con muestras de íntima confianza: en una de estas, +mostróle rápidamente con ademán misterioso un pequeño objeto que había +sobre la mesa. Entre los mil primores y monerías que la adornaban, +veíanse ante el cubierto de cada caballero pequeños _bouquets_ de +violetas para el ojal del frac, puestos en diminutos vasitos de cristal, +ligeros y diáfanos cual si fuesen de aire petrificado, y teniendo todos +en el centro una pequeña flor de lis, lindísima maravilla natural, +criada a fuerza de cuidados en las estufas de Currita. Con significativa +sonrisa mostróle la dama al _buey Apis_ el _bouquet_ que tenía delante, +y este, sonriendo también, dijo entre dientes, sin que ella protestase: + +--El diablo son las mujeres... + +Entre estos dos grupos principales que ocupaban ambas cabeceras +sentábanse el resto de los convidados: la señora de López Moreno, que +redondeaba a la sazón su inmensa fortuna prestando al veinte por ciento; +la marquesa de Valdivieso, que no atestiguaba ya sus sentencias con la +autoridad de Paco Vélez, sino con la de Fermín Doblado; la condesa de +Balzano, divorciada de su marido y en pleito con sus hijos; el duque de +Bringas, declarado pródigo por los tribunales a instancias de su esposa; +don Casimiro Pantojas, buscando siempre el _paulot postfuturum_ de algún +verbo griego; dos diputados novatos, cándidos provincianos todavía, a +que la ilustre condesa, de acuerdo con el excelentísimo Martínez, tendía +el anzuelo de sus banquetes para pescarlos en la oposición futura; el +espiritual Pedro López, que pagaba su cubierto todos los viernes con +algunas columnas de _La Flor de Lis_ de prosa _gelatinesca_, y el +marqués de Sabadell, que al notar las siete bajas habidas en el número +de convidados, dirigía a Currita miradas impacientes, que hacían en la +comprimida cólera de esta el efecto que el viento hace en el fuego, y +parecían demostrar en ambos el pesar de ver frustrado en parte algún +plan que proyectaban. + +El berrenchín de Currita igualaba, en efecto, a su inquietud, porque +justamente pertenecían sus convidados prófugos a aquella parte sana y +virtuosa de la sociedad madrileña que se complacía ella en atraer a su +casa para acallar con el ejemplo de estos los escrúpulos de algunos +otros, a la manera que en ciertos garitos de industrias prohibidas +colocan en el portal la muestra de alguna otra industria inocente, que +desorienta a la policía y sirve de cebo a los incautos. Faltaban, pues, +aquella noche los duques de Astorga, que con gran acierto habían sido +elegidos por el nuevo monarca para formar parte de la alta servidumbre +de la joven reina; los condes de Orduña, nobles figuras del antiguo +bando carlista, fiel siempre a la desgracia, y la marquesa de Lebrija, +cuyo prurito de socorrer y presidir asociaciones pías habíale +conquistado justamente la doble fama de caritativa y de vanidosa. +Faltaba también el tío Frasquito, que, con gran indignación de Currita, +no se había tomado el trabajo de disculpar su ausencia; y faltaba +Leopoldina Pastor, que la había disculpado tan sólo con una lacónica +esquelita, diciendo que un indecente orzuelo le había aparecido en un +ojo, poniendola de humor malísimo. La ausencia de estos dos últimos +hería, más que ninguna otra, el amor propio de Currita, porque eran él y +ella de esos pájaros que se retiran a tiempo del árbol que pierde su +sombra y tienden el vuelo hacia el que comienza a verdear. + +Azoraba todo esto a Currita, pareciéndole indicio cierto de conjura +sospechosa, y al mismo tiempo que procuraba sostener y animar la +desmayada conversación de sus comensales, prestaba oído atento a lo que +por fuera del comedor pasaba... Sucedía de ordinario los viernes que, +aun antes de terminarse la comida, poblaban ya los salones gran número +de tertulianos que se apoderaban de las mesas de tresillo y de billar y +formaban grupos y corrillos llenos de la alborotada animación, que +duraba siempre hasta muy entrada la madrugada... Nada se oía aquella +noche, y cada vez más inquieta Currita procuraba alargar la comida, +agotando todos los recursos de su ingenio e intercalando entre plato y +plato historietas que equivalían a las más picantes salsas, con el fin +de dar tiempo a la llegada de la gente y evitar que los comensales +recibiesen la mala impresión de encontrar los salones desiertos. Fuele +ya imposible alargar por más tiempo la ímproba tarea y puso al cabo fin +a la comedia con una escena misteriosa, seguida de un golpe teatral +hábilmente dispuesto... Su diminuto piececito tocó ligeramente por +debajo de la mesa la pezuña del _buey Apis_, y ambos cruzaron con Jacobo +una rápida mirada de inteligencia que parecía significar: ¡Alerta! +Entonces, tomando Currita el _bouquet_ que tenía Martínez delante, tuvo +la exquisita galantería de ponérselo ella misma en el ojal, repitiendo +la acostumbrada frase de las floristas parisienses: + +--_Monsieur_... _Fleurissez votre boutonnière_... + +Mas Jacobo, con jovialidad perfectamente afectada, detúvola en mitad del +camino, diciendo desde su sitio: + +--¡Cuidado, Martínez, cuidado!... Que le tienden a usted un lazo... + +--¿Un lazo?--exclamó Currita, retirando vivamente el ramito. + +--Sí, señor, un lazo--afirmó Jacobo riendo--. ¿Pues no ve usted que +lleva el _bouquet_ una flor de lis?... + +--¡Ay, Jesús!--replicó Currita escandalizada--. Entonces ¡protesto, +protesto!... Yo persuado a quien puedo, pero no sorprendo a nadie... +¿Quiere usted que se la ponga, Martínez?... ¿Sí o no?... + +--¡Jú, jú, jú, jú!--mugió _el buey Apis_, haciendo con la cabeza ademán +afirmativo. + +--¿La acepta usted entonces?--preguntó Currita. + +--La acepto. + +--¿Con todas sus consecuencias?... + +--Con todas sus consecuencias--repitió _el buey Apis_. + +Y paseó por todos los presentes una mirada orgullosa, casi fiera, que no +carecía de la tosca grandeza de un Mario, a la vez plebeyo y formidable, +que se dejase acariciar por afeminados patricios... Un aplauso general +acogió la declaración del antiguo revolucionario, y Villamelón, muy +conmovido, propuso un brindis en honor del rey Alfonso XII. Apuráronse +las copas, y Fernandito, tomando entonces la que había servido a +Martínez, dijo solemnemente: + +--Esta copa tendrá con los años gran valor histórico. ¿Me entiende +usted, Martínez?... Permítame que la guarde... Quiero legarla a mis +hijos. + +Y con su recuerdo histórico muy empuñado fue a ofrecer el brazo a la +embajadora de Alemania, para pasar al saloncito azul, donde se +acostumbraba a servir el café en aquellos días de gala... Allí acabaron +los triunfos: el salón estaba vacío, y por sus puertas abiertas veíase a +la izquierda el otro salón amarillo, y a la derecha, el gran salón de +baile, que sólo se abría e iluminaba los viernes, ambos desiertos. En el +primero, divisábanse a lo lejos, en un apartado rincón, cuatro señores +muy graves, muy tiesos, jugando al tresillo; en el segundo, reverberaban +las luces en el brillante parquet de finísimas maderas enceradas y en +los colosales espejos, dando a todo aquel recinto el aspecto fantástico +y temeroso, en medio de su magnificencia, de aquellos palacios +encantados que se describen en los cuentos de hadas. El fiasco era +completo, y aturdida Currita miró espontáneamente hacia el magnífico +reloj de bronce dorado que había allí cerca, sobre una chimenea: ¡eran +ya las diez y cuarto!... + +Vio entonces a su espalda, en el mismo salón azul, una dama muy apuesta +y elegante dormida en una butaca: tenía en la mano un número de un +periódico de modas, caído negligentemente sobre la falda, y dábale de +lleno en el rostro la tibia luz de una gran lámpara colocada en un +trípode, cuyos reflejos recogía amplia pantalla de seda de suaves +matices... Era Isabel Mazacán, la pérfida Mazacán, reconciliada dos +meses antes con Currita y dispuesta a pelearse otras mil veces con ella +en cuanto el tiempo y la ocasión se presentasen. Ninguna tan propicia +como la presente, y fingiéndose dormida en aquella soledad, abrió +poquito a poco los ojos con tan cómico espanto, con tan chistoso +sobresalto, que todos los presentes soltaron la risa... + +--Jesús, hija, dispensa..., pero al verme tan sola me quedé dormida. + +Parecióle la broma a Currita de malísimo gusto y contestó muy picada: + +--¡Qué delicia!... ¿Y soñarías sin duda con los angelitos?... + +--Algo había de eso, porque soñaba contigo... + +Guardóse muy bien Currita de pedirle la interpretación del sueño, mas la +Valdivieso, con su importunidad acostumbrada, dijo muy gozosa: + +--¡Vaya una coincidencia!... ¿Y qué soñabas?... + +--Pues nada, hija... Que también se había ido a casa de la Villasis la +_pobre Curra_. + +Y la grandísima tuna de la Mazacán pronunciaba aquel _pobre Curra_ con +un aire de lástima, con un acento de chunga, que la compadecida se +revolvió furiosa, diciendo con su inocente risita: + +--Pues mira, mujer..., ni dormida ni despierta se me hubiera ocurrido de +ti semejante cosa. + +--¿Y por qué? + +--Pues por dos razones... La segunda, porque tú no querrías ir... + +--Y la primera, porque María Villasis no querría que yo fuese--dijo la +Mazacán echándose a reír con todo su desparpajo. + +--Justo--replicó Currita--. Lo mismo, lo mismo que don Simplicio +Bobadilla Majaderano y Cabeza de Buey: «Puesto que Leonor renuncia a mi +mano, renuncio a la mano de Leonor...». + +La Mazacán iba a contestar, pero entraron en aquel momento Carmen Tagle, +Paco Vélez y Gorito Sardona, todos muy compungidos, diciendo que venían +del Real, pero que no había allí nadie, nadie... Al pronto creyeron +ellos que Monsieur tout le monde estaría en casa de Curra, porque ¡claro +está! como era viernes... Pero supieron luego que el _grand complet_ era +aquella noche, ¡quién lo creyera!, en casa de la Villasis; y por eso, +ellos, muy indignados, habían venido a protestar, porque no les parecía +decente acostarse en aquella ocasión sin dar las buenas noches a la +_pobre Curra_. + +Escapóse la _pobre Curra_ como pudo de aquellas muestras de compasión +que le atacaban los nervios y dirigióse muy de prisa a la sala de +billar, donde Jacobo, los dos diputados y el excelentísimo Martínez +conferenciaban a solas. Felicitaron todos a la dama por lo hábilmente +que había dispuesto y representado la comedia del _bouquet_, llamada a +tener gran resonancia. Al día siguiente, _La Flor de Lis_ daría cuenta +de ella, preparando de este modo el terreno para la declaración solemne +que a los pocos días pensaba hacer en el Senado el excelentísimo +Martínez... Mas todavía juzgaba este necesario, antes de dar aquel +último paso, atar bien otro cabo importante: parecíale prudente tentar +antes el vado en Palacio. + +Currita ofreció al punto sus servicios; ella era dama de honor desde los +tiempos de Isabel II, y al casarse el monarca, dos meses antes, habíase +visto obligada la nueva reina a enviarle también su cruz de dama... +Martínez meneó la gran cabezota; no era esto precisamente lo que él iba +buscando, porque el explorador a que había echado el ojo, para que como +heraldo suyo entrase en Palacio, era Jacobo; podía este como Grande de +España... + +La baronesa viuda de Platavieja le cortó la frase, entrando en la sala +seguida de sus seis hijas, amables retoños que en unión de la madre +formaban en cantidad y calidad la suma de los pecados capitales, nombre +por el cual se las conocía en la corte... Madre e hijas venían también +presurosas e indignadas a protestar delante de la _pobre Curra_, y la +señora baronesa aseguro _coram populo_ que lo que había hecho la +Villasis aquella noche era ni más ni menos que un timo... + +--¡Un verdadero timo!--repitieron en coro las amables señoritas de +Platavieja, rodeando al punto como enjambre de mariposas a los dos +diputados, jóvenes y solteros, con la idea sin duda de pegarles alguno. + +Imposible fue ya continuar la plática ante aquellos testigos, y la noche +corrió lenta y aburrida, sin más incidentes. María Valdivieso, que +andaba de monos con su prima, procuraba bostezar con fingido disimulo +siempre que la miraba esta; la embajadora de Alemania cantó con notable +falta de gracia una _balada_, que calificó la duquesa de _ladrido_, y a +las doce y cuarto, cuando Pedro López, después de tomar el té y encerrar +en sus bolsillos provisión de _sandwiches_ suficiente para toda la +semana, comenzó a hacer el recuento para la crónica de salones que +publicaba _La Flor de Lis_ todos los sábados, sus ojos atónitos pudieron +tan sólo contar bajo los artesonados techos el número exiguo de catorce +señoras: siete pertenecían a la familia de los pecados capitales y las +otras siete podían repartirse entre la de los enemigos del alma: mundo, +demonio y carne. + +La marquesa de Villasis triunfaba en toda línea, y las _ciento veinte_ +mujeres honradas que reunió aquella noche en su casa y siguió reuniendo +todos los viernes vinieron a probar a los pesimistas lo que había dicho +ella misma a la marquesa de Butrón en época no lejana: + +--Madrid no es un lodazal... + +Cierto que hay en él _algo que huele a podrido_ y esparce por todas +partes su mal olor, a la manera que las emanaciones de una pequeña +charca se extienden e inficcionan toda una hermosa campiña y tiñen la +vegetación salubre con los mismos desconsoladores tintes de la enferma. +Mas este algo podrido, esta charca hedionda, desbordada siempre por la +desvergüenza propia y la cobardía ajena, mezclándose con el agua pura y +comunicándole en apariencia sus impurezas, habíala ella estancado en +casa de la Albornoz; y al quedar deslindados los campos, la lógica de +los números metió la mano inexorable _dessus du panier_ del gran mundo y +sacó tan sólo catorce mujeres perdidas, por ciento veinte mujeres +honradas. + +Un periódico regañón hizo, sin embargo, de las damas de aquel tiempo +otra subdivisión distinta: + +Bastantes buenas. + +Pocas malas. + +Muchas que, siendo de las primeras, se parecen a las segundas. + + + + +--V-- + + +La noticia cayó como una bomba, y aunque muchos quisieron negarla frente +a frente de la evidencia misma, estrellábanse sus negaciones contra un +documento oficial, legítimo y auténtico, que había circulado el día +anterior por todas las casas de la Grandeza. Era un oficio de la +mayordomía mayor de su majestad, en que el jefe superior de Palacio +decía letra por letra y punto por punto a todos los Grandes de +España...: «Excelentísimo señor: Su majestad el rey don Alfonso XII (q. +D. g.) se ha servido señalar la hora de las dos de la tarde del día 7 de +febrero para la ceremonia de cubrirse ante su Real presencia los señores +Grandes de España que al margen se expresan, etc., etc.». Y entre +aquellos nombres al margen expresados, por riguroso orden de antigüedad +inscritos, recordando todos ellos la grandeza de los caracteres, la +firmeza de las virtudes, la nobleza de los pensamientos y el valor de +las hazañas de que está llena nuestra historia, leíase con todas sus +letras, puesto el segundo, el del excelentísimo señor don Jacobo +Téllez-Ponce Melgarejo, marqués de Sabadell. + +El caso era curioso, y los aficionados a investigar la razón íntima de +los actos del prójimo, los inteligentes en escudriñar los puntos oscuros +de los más sencillos eventos de las vidas ajenas, los más hábiles +peritos en el arte sutilísimo de atar cabos con cabos, encontraron al +punto empalmes subterráneos entre el oficio del jefe superior y el +suelto que había publicado _La Flor de Lis_ algunos días antes. Según +esta, susurrábase que cierto personaje de gran importancia, retirado +algún tiempo de la política, volvía de nuevo a la arena del combate, +seguido de _numerosa mesnada_ y enarbolando en su robusta mano, con +honrada independencia, la bandera de Alfonso XII. + +Una dama angelical, conocidísima en los altos círculos por su ingenio, +su elegancia y su belleza, habíale arrancado, en un banquete, una +confesión explícita, aunque no pública, de sus nuevas simpatías +dinásticas... Un ramo de violetas había sido la ocasión, y un ángel fue +el instrumento. ¡Feliz el atleta que entra en la nueva senda bajo tan +poéticos auspicios!... + +El suelto delataba por lo cursi la pluma de Pedro López, y el resto de +la charada fue descifrada sin mas que una leve duda... En buena hora que +Martínez fuese el atleta; ¿pero cómo diablos podía ser Currita el ángel +de la adivina?... Uno descifró el enigma. + +--De manera muy sencilla... También Lucifer lo fue. + +Quedaron todos convencidos, y el Ministerio de Instrucción Pública, +confiado a las lenguas murmuradoras, comenzó a analizar con +investigadora atención el hecho de que se trataba... + +Desde luego, saltó a la vista de todos una particularidad, por decirlo +así, de índole doméstica: Jacobo era tan sólo marqués consorte, y +veníanle sus derechos a la Grandeza exclusivamente por su mujer, de la +cual estaba separado hacía doce años... Discutióse el punto, y quedó +convenido, por unanimidad, que el hacer uso de este derecho era, por +parte de Jacobo, una verdadera indecencia. + +Una vez fallado este punto, pasóse a considerar los hilos diplomáticos +que unían la charada de _La Flor de Lis_ con el oficio del jefe superior +de Palacio... + +Jacobo habíase afiliado después de la Restauración en la _mesnada_ +revolucionaria capitaneada por el atleta Martínez, que tan sólo había +reconocido hasta el presente al nuevo monarca en un banquete privado y +bajo el símbolo de un ramo de violetas presentado por un ángel no +inscrito en las jerarquías celestiales... El hecho, pues, de presentarse +el marqués consorte en Palacio indicaba a las claras que _el buey Apis_, +su jefe, daba otro paso adelante, enviando un fiel explorador a la +fértil tierra de Mesopotamia... + +El hecho resultaba evidente, y quedó también convenido que el caso, sin +dejar de ser una indecencia, era al mismo tiempo un acto político: cosas +ambas que, según dictamen de peritos, podían aunarse y darse las manos +en amigable consorcio, como se las habían dado ya el atleta, el ángel y +el ramo de violetas... + +Otro tercer problema apareció al punto sobre el tapete, como +consecuencia legítima del primero y secuela irremisible del segundo... +¿Quién sería el padrino que presentase al héroe en la corte?... ¿Quién +tendría valor suficiente para apadrinar una indecencia y correr los +futuros contingentes de un avance político?... + +Era tradicional costumbre entre los Grandes que habían de cubrirse +convidar, para ser apadrinados en la ceremonia, a aquel otro Grande ya +cubierto que de cerca o de lejos fuese el jefe de la familia; y éralo de +la de Sabadell el anciano duque de Ordaz, prototipo de honradez y de +nobleza... + +Los olfatos más diestros en aquello de seguir la pista a un enredo +pusiéronse al punto en movimiento, y a poco quedó averiguado que Jacobo +había tenido la desfachatez de convidar al viejo duque, y el noble +anciano el decoro de negarle la demanda. La incógnita quedó, pues, +sumida en el pozo del misterio, sin que lograsen sacarla a flote los +retorcidos hilos de la conjetura; una esquelita litografiada, que vino, +siguiendo paso a paso al oficio de Palacio, encargóse dos días después +de tirar de la manta. Los curiosos batieron palmas: + + ¡Albricias, albricias! + Padrino tenemos... + +En la esquela decía: «El marqués de Villamelón y de Paracuéllar, conde +de Albornoz y de Calatañazor, suplica a vuestra excelencia se sirva +asistir a la ceremonia de cubrirse de Grande de España el excelentísimo +señor don Jacobo Téllez-Ponce Melgarejo, marqués de Sabadell, de quien +es padrino, para cuyo acto se ha servido su majestad señalar el día 7 de +febrero de 1878, a las dos de la tarde, en su Real Cuarto». + +El éxito sobrepujó a la expectación, y añadióse al caso, nemine +discrepante, otro tercer carácter... Sin duda era una indecencia, de +cierto era un acto político y de seguro prometía ser un sainete +chistosísimo. + +El día amaneció nublado, era el viento muy frío, y gruesos copos de +nieve comenzaron a caer, entrada ya la tarde, cual espesa lluvia de +jazmines. Un gran landó desembocó entonces como un rayo por la derecha +del Real, describió un rápido semicírculo en torno de la plaza de +Oriente y se detuvo frente a Palacio, en la puerta del Príncipe, de +repente, en firme, con una de esas paradas maestras con que sólo la +férrea mano de Tom Sickles sabía sujetar un tronco sin destrozarlo. Su +cara de remolacha aparecía, en efecto, en lo alto del pescante, +zambullida en enorme cuello de pieles, y su cabeza cuadrada quedó al +descubierto cuando, saltando Fritz del asiento como empujado por un +resorte, abrió la portezuela, tieso, acompasado y expedito, como +verdadero lacayo elegante y correcto. + +Asomóse entonces por la portezuela un sombrero de tres picos con plumas +blancas erizadas, y luego un zapato de charol con hebilla de oro, y una +pantorrilla bien rellena, calzada con media de seda blanca. Sonó después +dentro del coche un ¡Berr! formidable, vehemente y angustioso, como el +del que se arroja a un estanque de agua helada, y apareció al fin, +uniendo aquellas extremidades, un magnífico abrigo de pieles de marta +que envolvía al marqués de Villamelón, vestido de gran uniforme. Hubo un +momento de pausa, en que Fernandito daba pataditas en el suelo, diciendo +con gran impaciencia:--¡Vamos!... + +Apareció entonces la formidable cabeza del _buey Apis_, y a poco, el +excelentísimo Martínez de cuerpo entero estaba a su lado, envuelto en +su levitón y con su inseparable garrote en la mano. Otra pequeñita, +oculta bajo un guante oscuro, asomó entonces por la portezuela, posóse +en la de Villamelón, y sin tocar casi en el estribo, viose saltar en +tierra la elegante figura de la marquesa de Valdivieso. + +Hubo una nueva pausa, hubo nuevas pataditas de Fernandito, repitiendo +¡vamos!, y apareció entonces, muy despacito, la roja cabecita de la +Albornoz, engarzada en un sombrerito negro; recorrió con rápida mirada +los varios coches detenidos a uno y otro lado de la puerta de Palacio, y +bajó después lentamente, mirando siempre en torno suyo y diciendo al +cabo muy disgustada: + +--¡Pues no ha venido todavía!... + +--¡Si no tiene formalidad ninguna!--replicó Villamelón muy impaciente--. +Apuesto a que llega tarde. ¿Sabes? + +Y como si el reloj de Palacio quisiera aumentar su zozobra, dio en aquel +momento la una y tres cuartos. Villamelón ofreció el brazo a la +Valdivieso para subir la gran escalera, y Currita subió detrás apoyada +en el del _buey Apis_. Por el ramal opuesto subía al mismo tiempo un +viejo gordo, con la barba blanca muy recortada, hablando vivamente con +otro viejo flaquito, muy atildado y pulcro; el gordo vestía sencilla +levita abrochada, y el flaco, uniforme de teniente general con sus +accesorios de gala. + +Al verles Currita, apretó vivamente el brazo del _buey Apis_, diciéndole +muy por lo bajo: + +--Mire usted quién va allí, Martínez... Gallego, el ministro de Gracia +y Justicia... En cuanto le vea a usted se asusta... ¡Anda!..., ya nos +mira... ¡Qué delicia!... De fijo que esta noche se declara en el +gabinete la crisis... + +La presencia del _buey Apis_ produjo, en efecto, honda impresión en el +viejo gordo, designado por Currita como ministro de Gracia y Justicia; +detúvose un instante sorprendido, llamó la atención de su compañero y +dialogaron breve rato, él como extrañado y suspenso, el otro como +asombrado de su extrañeza. + +La cosa íbase formalizando; desde la caída de Amadeo no había entrado +Martínez en Palacio, y su presencia allí en aquel momento, aunque fuera +sólo como curioso, prestaba al acto de Jacobo una sanción pública que +acrecía su importancia. El excelentísimo Martínez, mirando de reojo al +ministro, manifestó deseos de conocerle; Currita no le dejó acabar. + +--Pues nada más fácil... Ahora mismo; ya verá usted... + +Y contestando con un gracioso saludo al profundo que ya en lo alto de la +escalera le hacían los dos viejos, dijo de pronto: + +--¡Gallego!... Un momento... Tengo que pedirle a usted un favor... +Necesito una cruz sencillita..., una encomienda de Isabel la Católica o +de Carlos III, cualquier cosa... Se casa un chico de mi apoderado de +Granada y quisiera hacerle ese regalito... Es un poquillo vanidoso y le +gusta colgarse dijes... Con que le mandaré a usted una notita... ¿Eh, +Gallego?... + +Y luego, de repente, como cayendo en la cuenta: + +--¡Ay, por Dios, dispénseme!... ¿No conocía usted a Martínez?... +Martínez..., el señor Fernández Gallego, ministro de Gracia y +Justicia... Mi buen amigo, don Juan Antonio Martínez... + +Saludáronse ambos personajes con grandes cortesías, y Currita, con el +airecillo de princesa de los Ursinos, propio de las mujeres cuando +juegan en público a las muñecas con los hombres políticos, comenzó a +caminar entre ellos hacia la puerta de la Saleta. Allí la esperaba +Villamelón, nervioso, azorado, impaciente, mirando sin cesar hacia la +entrada de la escalera... + +--Pero, Curra, por Dios, te quedas parada por todas partes. ¿Sabes?... +¿Y Jacobo no ha venido?... De fijo que llega tarde... Tú busca un buen +sitio y llévate a Martínez. ¿Me entiendes, Curra?... Con esa calma, ni +vas a oír a Jacobo, ni me verás a mí tampoco... ¡Anda!... ¡Las dos ya en +Palacio!... ¡Se acabó! Me deja plantado; ahora sí que llega tarde... + +Y tarde y apresurado llegaba, en efecto, Jacobo en aquel momento por el +extremo de la galería, airosamente terciada la capa blanca de +santiaguista con que encubría su pintoresco uniforme de maestrante de +Sevilla. + +Villamelón no le dejó respirar; apenas si pudo cruzar una cariñosa +sonrisa con la dama, un apretón de manos con Martínez, y el impaciente +padrino, tirando de él a la rastra, llevóselo por la puerta de la +Saleta. Esperaban allí los Grandes que habían de cubrirse y los que +habían de apadrinarles, formando un brillante conjunto de vistosos y +variados uniformes, entre los que se destacaban las negras manchas de +alguno que otro frac de severo e irreprochable corte. + +Mientras tanto, disponíase en la antecámara la aristocrática ceremonia, +instituida en rigor de verdad por el emperador Carlos V, cuando limitó +el privilegio de cubrirse ante el rey, común antes a todos los títulos, +a doce Grandes de España, que se llamaron desde entonces _Grandes de +primera clase_, y fueron los duques de Medinasidonia, Alburquerque, +Infantado, Alba, Frías, Medina de Rioseco, Escalona, Benavente, Nájera, +Arcos, Medinaceli y el marqués de Astorga. + +De entonces acá apenas ha variado esta ceremonia, que acostumbra a +celebrarse, como la mayor parte de los actos de etiqueta, en la +antecámara de los reyes. + +Forma esta pieza un vasto cuadro, de severa magnificencia, cuyo techo, +pintado por Maella, representa una alegoría capaz de infundir pavor a +todos los grandes personajes que por allí pasan, destinados a figurar en +la historia: la Verdad, descubierta por el Tiempo. Entrando por la +puerta de la Saleta ábrense a la derecha dos balcones que dan a la plaza +de la Armería, a la izquierda dos puertas que llevan a los aposentos +interiores, y al frente una mampara que comunica con la cámara. + +Hállase tapizada toda la pieza de rica tela azul muy oscura, con grandes +flores de lis, y las iniciales _A_ y _B_ entrelazadas y realzadas en +terciopelo; cuatro grandes retratos de Carlos IV y María Luisa, Fernando +VII y la reina Amalia III ocupan los huecos correspondientes a uno y +otro lado de las puertas de la cámara y la Saleta. Alrededor de los +muros hay banquetas de la misma tapicería que cubre a estos, y cinco +soberbias consolas de mármol y bronce sosteniendo candelabros y bustos +de Isabel II y Francisco de Asís, Felipe V y Fernando VI. + +Entre los dos balcones, sobre una de estas consolas y frente a una +chimenea de mármol jaspeado que corona un colosal espejo, vese otro gran +busto de Carlos III, cubierta por el manto real la armadura, ricamente +cincelada. + +Hallábanse abiertas todas las puertas de la antecámara, excepto la de la +Saleta, y apiñábanse detrás de las cortinas las familias y amigos de los +Grandes, deseosos de contemplar el señoril espectáculo. Ante la puerta +de la cámara veíase una mesa cubierta por rico paño de terciopelo +granate, y un gran sitial destinado al rey. + +A las dos en punto entró este por la puerta de la cámara, seguido del +mayordomo mayor, el Grande de servicio, los ayudantes y todos los +Grandes ya cubiertos; vestía el rey uniforme de capitán general y traía +el tricornio en la mano. Sentóse y cubrióse, y los Grandes se cubrieron +y quedaron en pie a uno y otro lado de la Saleta. + +Iba a comenzar la ceremonia. + +El secretario de la Real Estampilla, destinado a dar fe del acto, abrió +entonces la gran puerta de caoba maciza y dijo, anunciando: + +--Señor..., el marqués de Benhacel. + +Era este el Grande que, como más antiguo, debía de cubrirse primero; +entró entonces un joven dando la mano derecha a un anciano y la +izquierda al mayordomo de semana que estaba de servicio. Vestía el joven +el uniforme de gala de capitán de artillería, y el viejo, decrépito y +encorvado, el de almirante de la Armada, con todo el pecho lleno de +cruces: era el duque de Algar, abuelo y padrino en aquella ocasión del +joven marqués que iba a cubrirse. Traía el viejo el tricornio puesto, y +traía su ros en la mano el joven, dejando al descubierto una cabeza +enérgica y muy española, un poco tostado el rostro por el sol, con ojos +negros vivísimos, que parecían retratar el temple de acero de una raza +de valientes. + +Su entrada fue magnífica, y un murmullo de respetuosa simpatía acogió a +la ilustre pareja, que apareció en la puerta, apoyada en la juventud la +vejez, como una esperanza evocando un recuerdo, como una alegoría de la +experiencia conduciendo de la mano al valor, a depositar una espada sin +mancilla en las gradas del trono. + +En el dintel mismo de la puerta hicieron ambos la primera reverencia de +corte, en el centro del salón la segunda, y frente a frente ya del rey +la última; saludaron después a los Grandes colocados a derecha e +izquierda, y estos contestaron al punto quitándose los sombreros. + +El viejo duque y el mayordomo hiciéronse entonces un paso atrás y quedó +solo el Grande novicio en mitad de la sala. El rey, haciendo un saludo +militar, dijo: + +--Marqués de Benhacel, cubríos y hablad. + +Cubrióse en el acto el marqués, y dirigiéndose al rey, pronunció un +breve discurso, en que, según la costumbre, trazó a grandes rasgos la +gloriosa historia de su familia, que comenzaba en aquel Fortún de +Torres, que peleó con Alfonso el Sabio y murió en el Alcázar de Jerez, +agarrando con los dientes la bandera de su rey, por no poderla ya +sujetar ni defender con sus dos manos mutiladas... + +La voz del artillero, tímida y entrecortada al principio, fuese poco a +poco vigorizando, cual si aquellos hechos gloriosos encontraran en su +corazón eco suficiente para imitarlos, y cuando llegó a describir un +episodio de Trafalgar, que llamó último timbre de su familia, su acento +vibraba con esas misteriosas inflexiones del sentimiento que parecen +elevar al orador a una esfera más alta, prestándole no sólo facultad +para persuadir y fuerzas para conmover, sino hasta derecho para +mandar... + +Gravina agonizaba en la cámara, y el navío _Príncipe de Asturias_ volvía +a Cádiz desmantelado, al mando de un hombre que entró en el combate con +tres hijos y volvía a su hogar con uno solo, el más joven, guardia +marina de pocos años. La tempestad arreció al promediar la noche y fue +necesario picar un palo, que quiso la desgracia quedase sujeto por un +cable a la cofa, haciéndole escorar con riesgo cierto de hundirse; tres +gavieros subieron uno tras otro a cortar el cable, y a los tres los +arrebató la borrasca y los sepultaron las olas. + +Entonces, aquel hombre de hierro, que vio a la diezmada tripulación +temblar ante la horrible obediencia, volvióse a su hijo, único que le +quedaba, ídolo de su corazón y esperanza última de una gran familia, y +díjole tan sólo: + +--Señor guardia marina... A usted le toca. + +El niño, con el hacha entre los dientes, trepó hasta la cofa, y porque +la Virgen María le ayudó, cortó el cable... + +Y en medio de ese profundo silencio que ata las lenguas y humedece los +ojos, cuando lo sublime embarga el corazón y levanta el pecho con el +temblor de un sollozo, volvióse Benhacel lentamente al viejo duque y +añadió, mostrándolo: + +--Aquel guardia marina niño era mi abuelo; el héroe era su padre. El +mío--prosiguió con una voz en que se notaban dejos del llanto--sirvió +también a su rey en la Armada real hasta el año 68...; en el mes de +septiembre se arrancó los entorchados y rompió su espada... Yo, señor, +desenvainé la mía por primera vez en la batalla de Alcolea, y fiel a las +tradiciones de mi raza, vengo a ofreceros hoy como Grande la que ya os +di como soldado... + +Y al llevar, diciendo esto, la mano derecha a la empuñadura de la +espada, vieron todos que le faltaban en aquella los dos dedos de en +medio. Un casco de granada se los arrancó en Alcolea. + +Benhacel calló, y en medio del homenaje más grande que pueden prestar la +admiración y el respeto, el silencio, descubrióse, hincó una rodilla en +tierra y besó la mano del rey; saludó después a los Grandes de uno y +otro lado, y acompañado de su abuelo, fuese a colocar entre ellos. El +viejo lloraba como un niño; uno le dijo: + +--¡Llora el almirante, y no lloró el guardia marina!... + +Por desdicha, no acabó aquí la ceremonia; el secretario de la Real +Estampilla abría de nuevo la puerta de la Saleta y tomaba a anunciar: + +--Señor..., el marqués de Sabadell. + +El sainete comenzaba, y apareció entonces Villamelón, solemne, +imponente, erguida la cabeza, tieso el torso ya algo panzudo, trayendo +de la mano a Jacobo, que ofrecía el tipo de hombre más hermoso, elegante +y señoril que pudiera imaginarse. Ajustaba su airoso talle la casaca +encarnada de los maestrantes de Sevilla, con sardinetas y charreteras de +plata, y cruzaba su pecho, de un lado a otro, una de esas grandes bandas +que se crean para premiar el mérito y fomentar la virtud, y se usan para +satisfacer vanidades o adornar buenos mozos; el calzón de punto blanco +ceñía la bien formada pierna, y la alta y charolada bota y el tricornio +con finísimo penacho blanco completaban aquel pintoresco traje. + +Cumplido el ceremonial, Villamelón abandonó la mano de su ahijado y +quedóse atrás, en actitud señoril, pero estudiada, contemplando estático +las grandes narices de Carlos III, que tenía frente a frente, mirando de +cuando en cuando con el rabillo del ojo a uno y otro lado, y diciendo +para sus adentros: + +--Mucho me miran... Debo de estar hermoso. + +Quedó Jacobo solo en medio de la antecámara un poco cortado; mas al +sentirse blanco de una atención, que harto comprendió él no serle +benévola, crecióse su orgullo y despertó su natural audacia, y lanzó en +torno una mirada que quiso hacer altiva y fue sólo insolente, quiso +hacer serena y fue solo provocativa. + +Los curiosos se apiñaban tras las cortinas, y Currita, en primera fila, +devoraba a Jacobo con la vista; Martínez, a su lado, estrujado casi +contra el quicio mismo de la puerta, no podía verle, mas prestaba oído +atento, lleno de ansiedad, mordiendo con la cabezota baja el puño de su +garrote. + +Tras la mampara de la cámara, a espaldas mismas del rey, sentíase el +crujir de algunos trajes de seda; díjose después que desde allí había +presenciado la reina la ceremonia. + +Los Grandes alargaban las cabezas, ansiosos de oír a Jacobo... Acababan +de ver retratado, cual en un espejo, en el discurso de Benhacel, lo que +debe de ser un Grande, lo que significa aquel lema de la antigua +hidalguía: _nobleza obliga_, que no exige ciertamente que cada título +de Castilla sea un genio, ni cada Grande de España un héroe, ni cada +apellido ilustre un santo; porque ni el genio se hereda, ni la +inteligencia se vincula, ni el heroísmo es un pergamino, ni la santidad +un mayorazgo. Pero que exige e impone, con la fuerza imperiosa de un +deber de conciencia, la obligación de considerar en la Grandeza una +_carga_ a la vez que un _honor_; de servir de ejemplo en los +pensamientos, en las palabras, en las acciones y en las costumbres; de +sostener la dignidad de las glorias que representa; de echar, como +Breno, el peso de la espada o el peso de la inteligencia en la balanza +en que oscilan la ruina y el esplendor de las naciones; de sentir algo +más que voluptuosidades; de querer algo más que placeres; de saber +defender un trono cuando se hunde, como en España el 68; de saber morir +como un rey cuando le degüellan, como en Francia el 93. + +Y entonces, reciente aún aquella impresión nobilísima que elevaba las +inteligencias y movía los corazones, iban a ver en Jacobo lo que es esa +misma grandeza cuando refleja en un charco los rayos de su gloria, +cuando el vicio la deslustra y la bajeza la empuerca, y el olvido de la +propia dignidad la pone al servicio de un Martínez, que apoya en ella la +pataza para encaramarse en lo alto y darle después, una vez arriba, +desde la cumbre de su insolencia, la más ignominiosa de todas las coces: +la coz del asno... + +Jacobo hablaba bien, y era la más mimada de todas sus vanidades la +vanidad de su elocuencia; mas no osó, sin embargo, confiar su discurso a +la memoria, y limitóse a leerlo, temeroso de pasar por alto alguno de +los habilidosos rodeos con que procuraba sortear los grandes escollos +que por todas partes le cerraban el paso. + +Hízolo, en efecto, con notable maestría, en que creyeron descubrir +algunos las macizas huellas del _buey Apis_, y cuando cesó de hablar, +las miradas significativas de todos se cruzaron de uno a otro lado... + +El hecho era cierto: Martínez y su mesnada cantaban la palinodia, y el +Grande de España consorte era el encargado de hacer llevar el reverente +clamor a los oídos del monarca. + +Alarmáronse los parciales del Gobierno, y el señor Fernández Gallego, +que entre los curiosos andaba agazapado, frunció el acento circunflejo +que sobre la nariz tenía, a la vista de aquella nube de bárbaros +hambrientos que salían de los bosques talados de la Revolución y +amenazaban invadir las fértiles llanuras del presupuesto, que ellos +solos cultivaban. ¿Cuál sería la actitud del monarca? + +Esto se preguntaban todos los ojos y esto excitó todas las curiosidades, +mientras los doce Grandes que aún quedaban por cubrir leían sus +discursos y terminaba la ceremonia. + +Levantóse al fin el rey, y con la cabeza descubierta dio una vuelta a la +antecámara, hablando y saludando a todos los Grandes. + +Nadie chistaba; había llegado el momento de conocer si el memorial de +Martínez era acogido o rechazado, si era necesario pactar con los +invasores o perseguirlos, como a perro que huye, con maza al son de +almireces y cencerros, hasta los confines de sus bosques desiertos. + +Hubo un mal síntoma: el rey pasó ante Villamelón sin hablarle, +haciéndole tan sólo un leve saludo; detúvose después un gran rato con el +viejo duque de Algar y su nieto, y llegó al fin a Jacobo, que se hallaba +de pie en pos de estos. Hubiérase podido escuchar en la antecámara el +vuelo de una mosca, percibir el rumor de la huella más callada, del paso +mismo de la muerte. + +Paróse el rey ante Jacobo y le miró sonriendo con cierta chusca malicia. + +--¿Qué tal, Sabadell?... ¿Y su amigo de usted, Martínez?... Me han dicho +que le gustan mucho las violetas... Dígale usted que en la Casa de Campo +las hay muy tempranas... Por allí iré yo el jueves, a las cuatro... + +Y sin añadir una palabra más volvióle la espalda. + +Harto había dicho, sin embargo, y un resoplido inmenso resonó entonces +tras la cortina de la izquierda, como el aliento de un pechazo +comprimido que al fin se desahoga: era _el buey Apis_, el excelentísimo +Martínez, que hubiera soltado en aquel momento un relincho, como en sus +expansiones de alegría los mozos de su tierra, y estrujando entre sus +brutales brazos, como un Hércules que abrazara a un insecto, a su +ilustre aliada Currita. + +Ella, sin poder disimular tampoco el vivo gozo del triunfo, díjole +imprevisoriamente: + +--Martínez... Encargue usted el uniforme. + +Y una vocecita burlona, que jamás se pudo averiguar de dónde había +salido, contestó a su espalda: + +--Con que vuelva del revés el de don Amadeo, sale del paso sin gastos... + +Quedaba aún la parte más pintoresca de la ceremonia, que había de ser +para Jacobo la apoteosis del triunfo. Retirado el rey a sus +habitaciones, salieron de la antecámara por orden de antigüedad los +Grandes recién cubiertos, para ser presentados al Cuerpo de +Alabarderos. + +Hallábanse estos formados a uno y otro lado de la doble escalera, y los +Grandes, llevando a la derecha a sus padrinos, debían de bajar por un +ramal y tornar a subir por el otro, al son del golpe de las alabardas, +que les hacían el saludo de honor. + +Los curiosos llenaban el frente de la galería y la parte baja de la +soberbia escalera, cuya bóveda, pintada por Giaquinto, representaba a la +España ofreciendo a la Religión sus virtudes y trofeos. + +Cuando Jacobo puso de nuevo el pie en la galería, y salieron a su +encuentro Currita y otros amigos, ansiosos de darle la enhorabuena, el +orgullo satisfecho reflejaba en su semblante una especie de vértigo, y +hubiera gritado como el Nabucodonosor de la ópera: + +_¡Io non Ré, so Dio!..._ + +Buscó con la vista a Martínez y viole a diez pasos de distancia, con la +cabezota ladeada, apoyado en su garrote, y su risa de paleto sobre los +labios, recibiendo también sus homenajes. + +Un grupo de palaciegos le rodeaba, oprimiéndose y estrujándose por +estrechar su velluda manaza entre las suyas finas y enguantadas, al +compás de previsoras lisonjas. El general que acompañaba antes al +ministro de Gracia y Justicia invitábale muy finamente a una cacería en +sus tierras de Pardillo; era Grande de España, y llamábanle en Palacio +el _cuclillo indicador_, por ser siempre el primero en adivinar la mata +por donde había de saltar un ministro. + +Nevaba furiosamente, y angustiado Fernandito, daba prisa por marcharse. +Currita convidó a comer a Martínez y a Jacobo, y ambos aceptaron; mas +este quiso llegar antes a su casa para quitarse el uniforme. + +En la bandeja destinada en la antesala a recibir las tarjetas y las +cartas, vio un gran oficio entrelargo y lo recogió al paso, mientras le +quitaba Damián la blanca capa de santiaguista, con la roja cruz en el +lado izquierdo. Molestábale mucho una de las altas botas del uniforme, y +sin esperar a Damián, quiso quitársela él mismo, en cuanto entró en la +alcoba; no pudo, sin embargo, conseguirlo del todo y quedóse con ella a +medio descalzar, sentado en una butaca, esperando al ayuda de cámara. +Tardaba este, e impaciente Jacobo, abrió mientras tanto el oficio. + +Sobre un pliego de papel blanco vio destacarse ante su vista el sello +rojo que había cerrado en otro tiempo el sobre exterior de los +documentos masónicos. + +Miróle un momento aterrado. Parecíale una gota de sangre. + + + + +--VI-- + + +Era al día siguiente domingo de Carnaval, y Madrid amaneció con el suelo +emporcachado y el cielo radiante, como una meretriz coronada de flores y +sentada en un charco; un fuerte viento del Norte había barrido las nubes +y helado por los rincones los restos de nieve que habían logrado +sustraerse a las pesquisas de la escoba municipal. + +El frío era grande y ayudaba a la pereza a mantener agazapados entre +las calientes ropas del lecho aun a los más madrugadores. Damián oyó las +ocho en su cama y volvióse del otro lado, esperando que el señor marqués +no necesitaría de sus servicios, según su costumbre, hasta muy entrada +la mañana; un violento campanillazo vino, sin embargo, a hacerle saltar +despavorido... + +El señor marqués llamaba, y llamaba tan de prisa, que aun antes de que +Damián lograse medio vestirse sonaron otros dos fuertes repiquetes, en +cuyo timbre creyó reconocer el ayuda de cámara todas las intemperancias +del mal humor que se desborda y de la impaciencia que estalla. + +Arreglándose con los dedos la negra y rizada cabellera, abrió +violentamente la puerta del despacho, para llegar por allí más pronto a +la alcoba y quedóse parado en el dintel, tieso como un huso, cuadrado +como un quinto y estupefacto cual si hubiese visto levantarse el sol en +mitad de la noche. + +El señor marqués, vestido ya por completo de mañana, hallábase sentado +junto a su mesa de escribir, con una carta cerrada en la mano. + +--¿El señor marqués ha llamado?... + +--No he llamado... he repicado trescientas veces--exclamó Jacobo con +ira; y dominándose al punto, alargó a Damián la carta, diciendo sin +mirarle: + +--Esta carta a su destino... La llevas tú mismo al momento... Si no +viviese allí ese... señor, que bien pudiera ser, preguntas al portero +dónde se ha mudado y allí la llevas... ¿Te enteras?... + +Hizo Damián una muda reverencia, y salió leyendo el sobrescrito de la +carta, que era el siguiente: «Señor don Francisco Javier Pérez Cueto. +Calle de X**, número 10, tercero, derecha». + +Encogióse Damián de hombros, por parecerle el tal Pérez Cueto algún +pobre diablo que no merecía se molestase él en llevarle una carta, y +Jacobo quedó solo, preguntándose qué se hace un hombre en esta vida +levantado desde las ocho de la mañana. + +La campana de la vecina iglesia de San José comenzó a tocar en aquel +momento, como si quisiera contestarle que ir a misa, y Jacobo recordó +entonces que hacía catorce años, desde el primero de su matrimonio, que +no había oído ninguna. + +Sintió entonces cierta tristeza, cierto malestar que le aquejaba, a +pesar de sus satisfacciones de la víspera, desde el momento en que los +masones habían repetido por segunda vez aquella ridícula _broma del +sellito_, que ahora como entonces había venido a asustarle primero, a +irritarle después y a despertar, por último, su fogosa e irreflexible +actividad de un momento, a la vista de aquel peligro misterioso que +hubiera debido conjurar ya dos veces, sin haberlo hecho ninguna. +Lamentábase entonces de su imprudente apatía, y prometiéndose +remediarla, confesábase allá en el fondo de su corazón + + Que propio del cobarde es + Llorar la ocasión perdida. + +No la juzgaba él, sin embargo, pasada del todo, puesto que tenía en su +poder las cartas de Garibaldi que explicaban su conducta y garantían su +persona. Cierto que habían perdido ya estas cartas mucho de su fuerza, +por haber muerto en aquel intervalo el viejo revolucionario y por su +demora propia en entregarlas, mas no le faltarían a él mentiras +complicadas y habilidosos enredos para explicarlo todo a su gusto, y +además, su posición había de variar muy pronto, adquiriendo grande +importancia. + +Opinión de todos fundadísima era que _el buey Apis_ estaba abocado a ser +presidente del Consejo en cuanto viniera a tierra aquel gabinete que ya +se tambaleaba, y entonces--¡oh, entonces!--sería él seguramente +ministro, y desde las alturas del banco azul, teniendo él la sartén por +el mango, podía ya reírse impunemente, así de las burlas como de las +amenazas de los masones. + +Aquella noche, mientras desvelado daba vueltas en el lecho sin poder +desechar su inquietud, no obstante sus razonamientos, decidió, sin +embargo, no esperar esta vez para tomar un partido, al tercer acto de la +estúpida comedia, a la llegada del tercer sellito... + +Venían dirigidas las cartas de Garibaldi a un Hº. Neptuno, gran +personaje en las logias, que, despojado del tridente, la corona de algas +y los simbólicos tres puntos, quedaba reducido en la vida ordinaria a un +don Francisco Javier Pérez Cueto, fabricante de almidón en uno de los +arrabales de la corte, entidad perfectamente desconocida para todo el +mundo, tras de la cual, según opinión de algunos, ocultábase cierto +personaje famoso que vivió y murió haciendo ruido. + +Jacobo no lo ignoraba y había tenido ocasión de comprenderlo en sus +tiempos de amistad íntima con el conde de Reus. A este, pues, Pérez +Cueto, escribió Jacobo una carta en que con frases muy corteses, a la +vez que apremiantes, pedíale una entrevista para tratar de un asunto de +grande importancia; observaba en ella todo el ceremonial masónico y +firmaba con su antiguo nombre de guerra, Hº. Byron, basado en su +prodigiosa semejanza con el lord poeta... + +Media hora larga debía de emplear Damián en ir y volver de casa de Pérez +Cueto, y púsose Jacobo mientras tanto a formar en un papelito con las +cartas de Garibaldi delante, una especie de croquis de las mentiras y +enredos con que había de probar su inocencia al Hº. Neptuno. + +Sorprendióle la llegada de Damián en esta operación todavía, e +interrogóle al punto con la vista: el señor Pérez Cueto estaba en casa, +y la carta le había sido entregada. Jacobo respiró desahogado, como si +viera ya con esto finalizado el negocio, y no ocurriéndosele otra cosa +que hacer desde aquella hora hasta la del almuerzo, parecióle lo mejor +meterse de nuevo en la cama; decididamente era una aberración +incomprensible la de aquellas, gentes que se levantan antes de las doce +del día. + +--Si viene alguna carta--dijo a Damián--me despiertas en seguida... Sí +no, entra a las dos en punto... + +Y como ninguna carta vino, entró Damián en la alcoba a las dos en punto, +encontrando al señor marqués profundamente dormido. Levantóse este de +muy mal humor, vistióse muy despacio con su elegancia acostumbrada, +almorzó parcamente y sin apetito, y marchóse luego al Veloz, dejando a +Damián la orden de llevarle allí al momento cualquiera carta o recado +que para él llegase. + +En el Veloz disipóse de repente su humor negrísimo y comenzó a reír y +divertirse como un muchacho; Gorito Sardona y Paco Vélez, asomados a un +balcón, tiraban a los transeúntes un _saquillo_, y púsose Jacobo a +ayudarles; era el saquillo un lindo canastito, adornado con cintas y +cascabeles, y atado con un cordón de seda lo bastante corto para que no +llegase a dar en los sombreros de los transeúntes. + +Lanzábanlo con grande fuerza sobre las damas que pasaban, y asustadas +ellas con el ruido, encogíanse prontamente, levantando la cabeza; +entonces, si eran jóvenes y bonitas, arrojábanles una lluvia de dulces y +flores; si eran viejas o feas, sacábanles la lengua con la mayor +insolencia. + +El juego, aunque poco digno de un futuro ministro, parecióle a Jacobo +muy divertido y mandó encargar al punto para el día siguiente, en la +Mahonesa, un par de arrobas de confetti, especie de bombones rellenos de +harina con que se apedrean las máscaras en el _corso_ de Roma. + +Al oscurecer, abandonó Jacobo el balcón para dirigirse a casa de +Currita, donde estaba citado con _el buey Apis_ desde la víspera; cierto +senador famoso, disgustado recientemente con el Gobierno, había +solicitado de Martínez, por medio de la dama, una entrevista, y ella +apresuróse a ofrecerles, como terreno neutral, su propia mesa; ambos +debían, por lo tanto, comer aquella noche en casa de la Albornoz con +este objeto, y Jacobo, el niño mimado del nuevo partido, no podía faltar +tampoco en aquella ocasión al lado de su jefe. + +El futuro ministro subió por la calle de Alcalá, atravesó la Puerta del +Sol y entró por la calle del Carmen; frente a la iglesia de este nombre +había parada una grotesca estudiantina, vestida de amarillo y encarnado, +tocando desentonadamente el vals de _La Gran Duquesa_. + +Un hombre muy alto, encaramado sobre unos zancos que le ponían al nivel +de los segundos pisos, recogía propinas de los balcones, tocando el +clarinete y haciendo piruetas; la multitud reía en torno, contemplando +las contorsiones del volatinero, y algunos grotescos mascarones +chapaleteaban sobre el fango, dando vueltas vertiginosas al compás del +vals canallesco. + +Las sombras del crepúsculo prestaban un tinte oscuro y asqueroso a aquel +cuadro de arrabal, en que parecía revolcarse sobre el cieno de las +calles el cieno de las almas. + +Jacobo procuraba abrirse paso a través del gentío, arrimándose a la +escalerilla de la iglesia; mas detúvose de pronto sorprendido y ocultóse +al punto como asustado, detrás de unos mascarones, cubiertos con +pingajientas colchas de zaraza atadas por la cabeza, que saltaban +delante de él medio borrachos. + +Al lado mismo de Jacobo, y en su dirección misma, marchaban dos hombres, +al parecer extranjeros, agarrados del brazo para no separarse el uno del +otro entre los remolinos de la gente. Llevaba el más viejo una bufanda +encarnada que le cubría la camisa, un sombrero calabrés algo mugriento y +un arete de oro en la oreja izquierda; el más joven era bajo, rechoncho +y sin pelo de barba en la rolliza cara. + +Quedóse atrás Sabadell, mirándoles muy espantado, como si quisiera +reconocerles... + +No había duda: era el más viejo un italiano llamado Cassanello, que +había conocido él en las logias de Milán y vuelto a ver aquel mismo año +en Caprera, en casa de Garibaldi. + +Los dos hombres se volvieron de repente por no poder atravesar el +gentío, y asustado Jacobo cubrióse al punto el rostro con el pañuelo +cual si se limpiase las narices, y subiendo muy de prisa la escalerilla +del Carmen, entróse en el templo... + +Al pronto no vio nada, sino una gran oscuridad cortada en el fondo por +un foco de luz brillantísimo, en cuyo centro estaba expuesto en la +custodia el Santísimo Sacramento. Distinguíase al pie del altar una gran +masa negra, y salía de ella a intervalos un suave clamor, lento y +pausado, que parecía contestar a otra voz más enérgica y acentuada: + +--Ora pro nobis!... + +Detúvose el fugitivo un momento, turbado, con cierto pavor respetuoso, +semejante al del profano que se encontrara de repente en el fondo de las +catacumbas, en medio de los divinos oficios; a lo lejos, oíanse en la +calle el vals de _La Gran Duquesa_ y los gritos de la canalla... Dio +entonces dos pasos a tientas, extendiendo el brazo para salir por la +puerta de enfrente a la calle de la Montera, y tropezó con un +confesonario arrimado a la pared de la derecha; abrióse al punto la +puertecilla baja de delante y apareció una mano muy blanca pegada a una +manga negra. Jacobo retrocedió un paso sorprendido, y la puertecilla se +volvió a cerrar, y tornó a desaparecer la mano, oyéndose una voz pausada +que decía en el fondo de aquellas tinieblas: + +--Dispense usted... Creí que venía a confesarse... + +Sublevóse el impío orgullo de Jacobo ante aquellas sencillas palabras y +contestó brutalmente: + +--Eso se queda para las viejas... + +La voz, sin perder su serena pausa, dijo entonces desde las tinieblas: + +--_Vocavi et renuistis_... + +--_Vocavi et renuistis_?--preguntóse Jacobo sin comprender el +significado de la terrible frase. + +Y abriendo violentamente la puerta una gran bocanada de aire ensordeció +sus oídos con el vals de _La Gran Duquesa_, apagando por completo el +dulce silbo del cielo, el piadoso clamor de la misericordia: + +--Ora pro nobis!... + +Por calles extraviadas y volviendo siempre la cara atrás, cual si le +persiguiesen, llegó a casa de la Albornoz muy agitado. El encuentro de +aquel hombre en aquellas circunstancias habíale inspirado un terror muy +parecido al que sintió meses antes, al ver vacíos en el álbum del tío +Frasquito los huecos ocupados en otro tiempo por los tres sellos. ¿Qué +vendría a buscar aquel pajarraco en la corte? ¿Tendría que ver algo su +venida con el asunto de los masones? ¿Habría acaso en todo aquello algo +más que una estúpida broma? + +Encantadora estaba Currita aquella noche con sus rojos pelitos peinados +a la griega y una extraña _toilette_ un poco abigarrada, muy propia del +caprichoso tiempo de carnestolendas. No había ido por la tarde al paseo +del Prado; incomodábala mucho aquel eterno dar vueltas de los días de +Carnaval, expuesta siempre a oír las desvergüenzas que escupen la +envidia y la insolencia tras el anónimo de una careta... ¡Cuántas había +escuchado ella antes de salir escarmentada! Quedóse, pues, en su casita, +como mujer de provecho, cuidando de Fernandito, que andaba desmazalado, +y ya entrada la noche, llegó primero el excelentísimo Martínez y a poco +el senador del reino don Vicente Cascante. + +Jacobo no había venido todavía, y disgustada Currita por creer que toda +palabra del _buey Apis_ pronunciada a espaldas de aquel amigo querido +era un fraude que a este se hacía, salió impaciente en su busca. Solía +Jacobo algunas veces entrar en el _boudoir_ o en las habitaciones de +Fernandito como persona de la más familiar confianza, y no parecer en el +salón hasta el momento mismo de la comida. Al atravesar una antesala, +encontróse Currita un lacayo, que le presentó una carta en una bandeja +de plata. + +--Para el señor marqués de Sabadell--dijo. + +Tomóla al punto Currita, con grande prisa, y miró el sobre; era su letra +una de esas letras inglesas de mujer, de rasgos firmes y corridos, y por +debajo del nombre de Jacobo, decía: _Urgentísima_. + +--¿Quién ha traído esto?--preguntó. + +--Damián la ha traído... El señor marqués ha estado todo el día +esperando esa carta, y dejó dicho que en cuanto viniera se la llevaran +al Veloz... Damián fue allí y el señor marqués había ya salido; tomó +entonces un coche y la trajo aquí corriendo. + +Currita quedóse un instante muy pensativa y dijo al cabo: + +--¿Y el señor marqués no ha venido? + +--No ha venido todavía. + +--Está bien; yo se la entregaré cuando venga. + +Y con la carta en la mano entróse en el _boudoir_, arrugando el +entrecejo, la boca fruncida y torvos los claros ojitos... A la luz de la +gran lámpara sostenida por el negro de ébano tomó a registrar la carta +por todos lados; era el sobre de rico papel muy recio, no tenía timbre, +sello ni inicial alguna, y venía ligeramente pegado con la misma goma de +los bordes. + +Currita introdujo un fino cuchillo de marfil por debajo, y el recio +papel, sin doblarse ni romperse, se despegó fácilmente. Venía dentro una +de esas tarjetas cuadradas en que suelen escribir sus esquelas las damas +elegantes, cortada de intento la esquina superior izquierda, en que sin +duda debió de haber algún timbre o algún nombre. En breves renglones +decía: «La cita que me pide me compromete mucho; pero cedo a los +sentimientos que me inspira, y le espero esta noche, de doce a una, en +la calle de X**, número 4, principal, derecha. Silencio y discreción. No +diga al portero mi nombre: pregunte por la señora de Rosales.--N.» + +--¡Qué delicia!--murmuró Currita; y mordiéndose los labios hasta hacerse +sangre, volvió a leer por dos veces la carta, sentándose antes en una +butaca. + +Quedóse luego, pensativa breve rato, sin que denunciase su alteración +más que un imperceptible temblorcito en la mano que sostenía la carta, +una ligera crispatura en los labios, un torvo reflejo en la vista, fija +siempre en la alfombra. No era ya su mirada la de la ninfa Calipso, +orgullosa, placentera, rebosando vanidad satisfecha y gratas +satisfacciones; era la mirada celosa, furibunda y salvaje, de la Medea +que describe Séneca, terrible e imponente en medio de su sombría calma. + +Sin perder un punto de la suya, escribió Currita en un plieguecillo de +papel timbrado las señas que venían en la carta; volvió a leerla por +cuarta vez y la metió de nuevo en el sobre, tornando a pegar este con +una poca de goma. Mantúvola un momento al calor de la chimenea, para dar +tiempo a que se secase por completo, y arrejóla luego sobre su lindo +escritorio. Entonces llamó a Kate. + +--¿El señor marqués de Sabadell ha venido? + +--Ahora mismo acaba de entrar y está en el salón de los señores. + +--Ahí encima debe haber una carta... Que se la entreguen en seguida. + +Tomóla Kate de sobre la mesa y se dirigió a la puerta; mas la señora, +siempre taimada y astuta, y sin dejar ver a nadie el juego de sus +cartas, dijole con voz muy displicente y quejumbrosa: + +--Mira, hija, prepárame antes una dosis de antipirina... ¡Me está +barruntando una jaqueca! + +Volvió Kate a poco, revolviendo en una copa, con preciosa cucharilla, la +medicina pedida. + +--¿Han entregado la carta?--preguntó Currita. + +--Como dijo la señora condesa que trajesen antes la antipirina... + +--Pues anda, mujer... ¡Si dice en el sobre urgente!... + +No bien salió Kate, arrojó Currita en la chimenea la medicina y +dirigióse muy de prisa al salón azul, donde acababa de entrar Jacobo. +Quería ver ella de cerca la impresión que causaba a este la lectura de +la carta; un momento después presentábasela un criado en una bandeja de +plata. + +Abalanzóse a ella Jacobo con grandes ansias, y sin mirar apenas el +sobre, rasgólo en dos pedazos... Currita le devoraba con la vista, mas +no pudo notar en su rostro señal de gozo ni satisfacción alguna; observó +tan sólo una gran ansiedad mientras leía, y luego una honda preocupación +que le duró toda la comida. A veces, charlaba largo rato, sin cesar un +punto, con cierta excitación nerviosa que prestaba brillantez a su +conversación y alarmaba a Currita; otras, enmudecía de repente y +quedábase pensativo y preocupado, sin prestar apenas atención a lo que +en torno de él se hablaba. + +Hallábase muy perplejo; había comprendido desde luego que aquella +extraña carta era la respuesta del Hº. Neptuno, porque a nadie sino a +este había pedido él cita alguna; mas extrañábale, por lo mismo, la +singular manera de su redacción y el empeño manifiesto que en ella se +notaba de encubrir todo lo que pudiera denunciar su carácter masónico y +hacerla tan sólo como una cita galante y misteriosa, según la había +juzgado ya, engañándose por completo, la misma Currita. + +Despertóle esto la fundada sospecha de si la carta ocultaría algún lazo, +y de nuevo renacieron sus temores; mas recordó luego las mojigangas +ridículas y los aparatosos misterios de que suelen rodearse siempre los +masones, y esforzóse por creer lo que más halagaba sus deseos y +ahuyentaba sus recelos: que en todo aquello había tan sólo una broma +impertinente y ridícula que había que apurar hasta el cabo, y que la +carta de Pérez Cueto era el chasco de Carnaval que debía coronarla. De +repente, en uno de aquellos momentos de preocupación que la lucha de +estas ideas le causaba, dijo a don Casimiro Pantojas, que se hallaba a +su lado: + +--Diga usted, Pantojas... ¿Qué significa _vocavi et renuistis_?... + +Miróle el bueno de don Casimiro muy asombrado, y satisfecho de poder +lucir su erudición, contestóle al punto: + +--Significa literalmente _te llamé y me rechazaste_... y son las +palabras de Isaías, si mal no recuerdo, que dirige el Señor a los +pecadores empedernidos que resisten a su misericordia. + +Echóse Jacobo a reír, y Currita le preguntó con malicia: + +--¿Piensas hacer en el Senado alguna homilía sobre ese texto? + +--No pienso yo hacerla, sino que me la han hecho a mí esta +tarde--contestó Jacobo. + +Y añadiéndole ridículos pormenores, contó la escena del confesonario en +la iglesia del Carmen, guardándose muy bien de decir el verdadero motivo +de su entrada en el templo: según él, habíale sido imposible el tránsito +por la calle del Carmen, y atravesó por la iglesia para salir a la de la +Montera. Riéronse todos mucho de la ocurrencia del cura, y el señor don +Vicente Cascante, senador del reino, dijo con prosopopeya e hinchazón +sentenciosa. + +--Pero noten ustedes cómo en medio de lo ridículo del caso resalta +siempre la soberbia y la insolencia del clero... ¡Siempre disponiendo de +los rayos celestes, como si Dios les hubiera dado a ellos la llave!... +Eso es insufrible, y cien veces lo he dicho y lo repetiré otras ciento: +la dureza y la intransigencia del clero es lo que está carcomiendo la +Iglesia de España. + +Y el señor don Vicente Cascante, senador del reino, para enardecer el +celo de la casa de Dios, que se lo comía, comióse él una pechugita de +perdiz con gesto de pesar profundo. + +A las once de la noche, el palacio de Villamelón parecía, por extraño +caso, la morada de la quietud y del silencio: la señora condesa se había +retirado muy temprano a sus habitaciones, a causa de una fuerte jaqueca +que le molestaba desde la tarde; el señor marqués habíase acostado +también, aquejado de fuertes mareos, y la numerosa servidumbre, libre de +toda traba y segura de no ser echada de menos, habíase esparcido acá y +allá, por los numerosos centros de diversión que ofrecen en Madrid las +noches de Carnaval a las gentes de todas raleas. + +No dormía, sin embargo, todo el mundo en la casa; a las once y media +abrióse con gran sigilo la puertecilla del jardín pegada por dentro al +invernadero, y salió a la calle cautelosamente un bulto negro, que cerró +por fuera y se alejó rápidamente, guardándose la llave. + +Era una mujer enmascarada, que, a pesar de sus altos tacones y de la +especie de gran florón de anchas cintas negras que llevaba en lo alto de +la cabeza para aumentar su estatura, aparecía muy pequeña: llevaba sobre +un vestido corto de seda negra un amplio dominó de igual color, y +abrigábase el cuello, espaldas y brazos, con una rica talma de pieles +grises. + +La incógnita cruzó rápidamente varias callejas sin muestras de miedo +alguno y entró por la calle Ancha de San Bernardo en la plazuela de +Santo Domingo. Detúvose un momento en la esquina y miró a todas partes; +la concurrencia era allí todavía numerosa de máscaras que se dirigían a +los bailes, transeúntes que iban de un lado a otro y carruajes que +cruzaban. Hacia la calle de Tudescos había tres simones parados, +dormitando sus cocheros en los pescantes: dirigióse la incógnita al de +enmedio, abrió ella misma la portezuela y mandó al cochero, que +despertaba sobresaltado, parar en el paseo de Recoletos, a la entrada de +la calle de X**: era esta calle una de las varias que van a parar +perpendicularmente en la de Serrano. + +Apeóse la incógnita en el sitio indicado, y ordenando esta vez al +cochero que aguardase, entró por la calle X**, mirando a una y otra +acera, como si inspeccionase el terreno. Es esta calle muy corta, y +formábanla en aquel tiempo, por la acera de la izquierda, la gran verja +del jardín que rodea a un hotel de Recoletos, un solar lleno de +escombros y la esquina de una casa de la calle de Serrano, en la cual se +abría una puertecilla, al parecer condenada; a la derecha, extendíase +primero la fachada lateral de cierto edificio público; seguía luego un +hotel suntuoso, y terminaba la acera con otro solar en construcción y la +esquina de otra casa de la calle de Serrano, en que no había puerta +ninguna. + +La incógnita, en que el lector habrá ya reconocido sin duda a la +intrépida Currita, pareció muy perpleja: indudable era que en la calle +X** no existía el número 4, puesto que no había otra casa que el +suntuoso hotel, y en este vivía precisamente--¡qué coincidencia!--, la +Mazacán en persona... + +¿Vendría quizá equivocado el número de la casa y sería aquella buena +alhaja la autora de la carta?... Parecióle esto a Currita improbable, y +un hecho positivo la sacó de dudas: abrióse de repente la gran mampara +de cristales que cerraba en el hotel el fondo del vestíbulo y apareció +un coche que vino a detenerse al pie de la escalera; ni el cochero ni el +lacayo traían librea, ni veíanse tampoco en el coche armas, iniciales o +corona; al ejercitado olfato de Currita olióle todo aquello, desde +luego, a principios de aventura. + +Bajaron a poco dos damas, vestidas de chulas, con riquísimos mantones de +Manila, pañuelos de seda en la cabeza y antifaces de terciopelo color de +rosa; en la estrepitosa carcajada que soltó una al entrar en el coche +reconoció Currita a Leopoldina Pastor, y en su alta estatura y el aire +de dueña con que dio al lacayo la orden, adivinó al punto en la otra a +su mortal enemiga, la Mazacán misma. Arrancó el coche y Currita respiró +desahogada: indudable era que las dos amigas se marchaban al Real a +correr alguna _juerga_... + +Volvióse entonces la dama a su coche, decidida a esperar allí +pacientemente, y recatándose lo posible, acomodóse lo mejor que pudo en +el fondo, sin dejar de mirar por la ventanilla a lo largo de la calle. +Extendíase esta frente a ella, solitaria por completo, subiendo en suave +declive hasta la de Serrano, y veíanse cruzar a través, con cierto +aspecto fantástico, como por el cristal de una linterna mágica, +transeúntes que el frío hacía marchar apresurados, coches que llevaban +máscaras a los bailes, y de cuando en cuando, los tranvías que subían y +bajaban con sordo ruido, pareciendo a lo lejos monstruosos faroles +ambulantes. Sólo dos reverberos de gas alumbraban la calle; el portero +del hotel había entornado la puerta, y el cuarto menguante de la luna +derramaba su suave claridad, permitiendo distinguir claramente los +objetos. + +Un reloj lejano dio las doce y cuarto, y a poco bajó pausadamente de la +calle de Serrano un hombre muy alto, con gran levitón y sombrero de +copa, trayendo ambas manos cruzadas a la espalda; parecía un loco +desocupado que fuera a tomar el fresco de la medianoche en Recoletos, o +un genio que meditara una obra maestra, o un desesperado que fuera a +escoger el árbol más a propósito para ahorcarse a la luz de la luna, o +el lugar más solitario para descerrajarse un tiro en mitad del pecho. + +Currita le miró con ese sentimiento de terror que inspira a las altas +horas de la noche todo lo que suponemos extraño o misterioso, y +escondióse más en el fondo del coche. En la esquina misma de Recoletos +cruzóse el hombre del levitón con otro que venía apresuradamente de +aquel mismo sitio; asomóse Currita al vidrio trasero y el corazón le +latió con fuerza... + +Era Jacobo, gallardamente embozado en una capa andaluza con vueltas +rojas, y cubierta la cabeza con un sombrero hongo de color claro; torció +la esquina sin fijarse en el coche y comenzó a subir por la calle ya más +despacio, examinando las casas atentamente. La misma perplejidad que +asaltó a Currita asaltóle a él también al notar que faltaba el número 4; +la dama, ahogándose de ira, veíale marchar con la mano puesta en la +llave de la portezuela, como si acechase el instante de salirle al +encuentro. + +Jacobo, cansado al fin de dar vueltas, acabando de creer que el asunto +todo de los masones era una farsa y la carta de Pérez Cueto un chasco de +Carnaval que debía completarla, decidióse a llamar como última prueba a +la puertecilla condenada, única que, fuera aparte de la del hotel, había +en la calle; los golpes retumbaron en el silencio, y un eco muy extraño, +que asustó a Currita, los reprodujo a lo lejos. + +Nadie contestaba, e impaciente Jacobo llamó hasta tres veces, cada vez +con más fuerza; dio entonces una gran patada en el suelo y, siguiendo +adelante, dobló la esquina de la calle de Serrano. + +Este fue el momento escogido por Currita para lanzarse del coche y +correr tras de Jacobo, temerosa de que la puerta de la casa estuviese +por el otro lado y se le escapara dentro. Jacobo, sin embargo, no había +pensado en esto, o no había podido lograrlo. Encontróle Currita parado +en la acera, examinando atentamente la fachada de la casa; era esta de +modesta apariencia y estaba ya la puerta cerrada; en la planta baja +hallábanse establecidas las oficinas de una agencia funeraria. + +Encontráronse los dos amigos frente a frente, y no obstante el disfraz +de la dama, reconocióla al punto Jacobo; con más sorpresa que disgusto, +salió entonces a su encuentro: + +--¡Criatura!... ¿Qué haces aquí? ¿A qué has venido?... + +Ella, agitada por mil sentimientos encontrados, entre los que sobresalía +la ira, contestó con amarga burla: + +--Pues nada... Venía a indicarte dónde está el número 4. + +--¿Pero quién te ha dicho eso?--exclamó el otro asombrado--. Vamos, tú +has creído otra cosa... + +Y cogiéndola del brazo dobló con ella de nuevo la esquina de la calle de +Serrano; entonces, ciega de ira la dama, parada en la acera, cual si la +rabia la hubiese allí enclavado, comenzó a arrojar por la boca todos los +sentimientos de su corazón mezclados y confundidos, pero bajo la forma +siempre del insulto, a la manera que lanza un volcán todas las materias +contenidas en su seno, formando un solo cuerpo, un solo torrente de lava +que tala y destruye por dondequiera que pasa... Esforzábase en vano +Jacobo por probarle su inocencia; ella no le dejaba hablar, y con sus +flacas manecitas habíale deshecho el embozo, levantando hasta el rostro +de él las uñas, como si quisiera arrancarle los ojos. + +Jacobo, irritado también por la burla de Pérez Cueto, acosado por los +reproches de Currita y temeroso de perder la amistad, para él +indispensable, de esta, viose al fin forzado a confesarle toda la +verdad, con el fin de aplacarla... + +Consiguiólo al punto; al oír la dama el nombre de masones, apagóse en el +acto su ira y llenóse en cambio de un espanto casi pueril, extraño en un +carácter de tan enérgico temple. + +--¡Vámonos, vámonos!--decía--. Por Dios te lo pido, Jacobo; no te quedes +aquí. ¡Vámonos! + +Y con acento de verdadero terror, mirando a todas partes espantada, +repetía muy bajo: + +--¡Excomulgados! ¿Sabes? ¡Están excomulgados!... + +Jacobo, creyendo con razón que el terror es contagioso, porque sentía él +comunicársele el que a la dama le agitaba, procuró, sin embargo, +sosegarla. + +--Pero no seas tonta, mujer, no seas chiquilla... Vámonos si quieres, +pero sosiégate. ¿No estoy yo contigo?... ¿Has venido sola?... + +--Sí. + +--¿Pero a pie?... ¡Qué locura! + +--No..., tengo ahí un simón... + +--Pues te acompañaré en él a tu casa, y me llevará después a la mía. + +--¿Traes armas?--dijo ella muy bajo. + +--Sí, un revólver. + +Siguieron ambos hacia Recoletos, mirando ella a todas partes muy +azorada, procurando él rechazar con la idea de que era un chasco de +Carnaval la carta de Pérez Cueto la inquietud que a pesar suyo le +causaba el extraño terror de Currita. + +Al volver la esquina, miráronse ambos en silencio, cual si el exceso de +su espanto les paralizara las lenguas... El coche había desaparecido, y +ni por una ni por otra parte del paseo se divisaba a lo lejos. + +--¿Le habías ya pagado?--preguntó Jacobo estupefacto. + +Y ella, pegándose a él con el temblor de un calenturiento, contestóle +muy bajo: + +--No..., no le había pagado. + +El caso era extraño, y Jacobo sintió renacer con mayor fuerza todas sus +inquietudes; imposible era que el cochero se hubiese marchado sin +cobrar, si alguien no le hubiera obligado o persuadido a marcharse; tuvo +entonces un momento de angustiosa perplejidad, de verdadero miedo, que +pasó por su ánimo naturalmente valiente, estremeciéndolo como a un +cuerpo robusto un soplo helado. + +--Vámonos andando--dijo. + +Y ambos echaron a andar agarrados del brazo, sin pronunciar una palabra, +atravesando diagonalmente el paseo para ganar la acera opuesta, por +parecerles quizá menos solitaria. Currita marchaba muy de prisa, sin +mirar a ningún lado, fijos siempre los ojos en las luces de los +faroles, que le parecían la salvación y la vida, sintiendo a la vez +deseos y terror insuperables de volver atrás la cara. Al poner el pie en +la acera, respiró Currita algo más desahogada y atrevióse a mirar a un +lado y otro; todo parecía solitario, y tan sólo por la calle del +Almirante vio a un hombre que marchaba a lo lejos, con las manos en los +bolsillos, silbando la marcha de Pan y Toros. Al pasar por San Pascual +santiguóse Currita muy de prisa, y Jacobo, oprimiéndola el brazo +cariñosamente, dijo en son de burla: + +--¡Tonta!... + +Llegaban al ministerio de la Guerra, y allí Currita se tranquilizó más +todavía, porque comenzaba a poblarse aquella soledad que la aterraba. Un +coche subía por la calle de Alcalá y entraba por el paseo del Prado; en +el jardín del ministerio brillaba el fusil de un centinela, y algunas +voces de hombres que venían cantando escuchábanse muy de cerca, por el +lado de allá de la verja. + +Forma la esquina del ministerio un pabellón aislado, de un solo piso, +con cuatro fachadas y tres ventanas en cada una. Dos hombres +decentemente vestidos, pero dando gritos y risotadas de borrachos, +volvieron la esquina del pabellón y emparejaron con Currita y con Jacobo +ante la tercera ventana; el más alto pegóse a la acera, y el más bajo +llamóse a la corriente, dejándoles pasar por en medio... Hubo entonces +una terrible escena de un segundo: Currita sintió que un brutal empellón +le arrancaba violentamente del lado de Jacobo; que otra mano vigorosa +tiraba del embozo de este, que caía al suelo al pie de la ventana, y +algo líquido y caliente brotaba como de un surtidor, chorreándole las +ropas y las manos. El terror diole alas para huir por la calle de +Alcalá, sin una idea en la mente para definir lo que pasaba, sin un +acento en la garganta para lanzar un grito... Uno, lastimero y +agonizante, llegó a sus oídos, y otra voz vigorosa y angustiada hendió +siniestramente los aires en el silencio de la noche: + +--¡Cabo de guardia!... ¡Un hombre muerto!... + +Sonó luego por tres veces la voz de ¡alto!, y de seguida, uno tras de +otro, como dos gritos de protesta y de amenaza, se oyeron dos tiros. + +Currita, desfallecida y sin alientos, se agarraba ya a la verja de la +iglesia de San José; pensó volver atrás, pensó seguir corriendo, pensó +gritar pidiendo socorro, pensó morirse allí mismo... Oyó entonces los +pitos de los serenos, sintió abrirse algunas ventanas, vio correr por la +acera de enfrente un hombre encapuchado, con el chuzo en ristre y el +farol en lo alto. + +El instinto, más bien que la reflexión, hízole comprender entonces el +riesgo que corría ella misma y huyó de nuevo por la calle del Caballero +de Gracia, sin detenerse un momento, sin resollar siquiera, sin ver nada +ni oír nada, ni pensar nada tampoco, hasta que, jadeante y sin saber +cómo, se encontró en su _boudoir_, rígidos los miembros, huraña la +vista, fuera de las órbitas los ojos, teniendo delante el negro de +ébano, que levantaba en lo alto la lámpara encendida como para alumbrar +en su entendimiento el horrible cuadro y que le mostraba con temerosa +inmovilidad los blancos dientes en su sonrisa siniestra, eterna como la +mueca del condenado. + +A la luz de aquella lámpara miróse las manos, que sentía húmedas y +pegajosas, y vióselas teñidas de sangre... Un horror inmenso invadió +entonces su cuerpo y anegó su alma, y una idea taladró al fin su mente, +como un clavo ardiendo al empuje de un mazo: la de su hija Lilí, +arrodillada en el estudio, mostrándole sus manitas manchadas también con +la sangre de su hermano, repitiendo con la opaca vibración de un terror +sin medida: + +--¡Sangre!... Mamá... ¡Sangre!... + + + + +--VII-- + + +Una hora larga tardó la justicia en acudir para reconocer y levantar el +cadáver; hallábase este atravesado en la acera, tendido sobre el lado +derecho, descansando la cabeza contra el zócalo del pabellón del +ministerio de la Guerra, debajo de la segunda ventana. Tenía en la sien +derecha una fuerte contusión, producida sin duda por el golpe dado al +caer, y en el lado izquierdo del cuello una tremenda puñalada que le +dividía por la mitad la arteria carótida. Un gran torrente de sangre, +que de allí había brotado empapaba su ropa y humedecía la tierra. En la +esquina misma de Recoletos y la calle de Alcalá veíase sobre la acera +una rica talma de pieles de castor, manchada también de sangre; hasta +que llegó el juez nadie se atrevió a tocarla. + +Pronto quedó identificado el cadáver: encontráronle en el bolsillo la +esquela recibida aquella misma tarde, dando la falsa cita, las dos +cartas de Garibaldi al Hº. Neptuno y varias tarjetas en que constaba el +nombre del marqués de Sabadell. Era este nombre harto conocido, y al +horror natural que inspira todo crimen unióse entonces en los presentes +ese espanto mezclado de sorpresa con que ve el vulgo derrumbarse una +fortuna en el abismo de una desgracia, caer a un poderoso desde los +almohadones de su coche sobre la mesa destinada en un hospital a hacer a +los cadáveres la autopsia. La noticia corrió de un extremo a otro de la +corte, sin hacer derramar una lágrima, pero despertando por todas partes +la admiración, el espanto y, sobre todo, la curiosidad; la curiosidad +ansiosa y hasta, por decirlo así, rabiosa de conocer los pormenores de +aquel drama misterioso, más interesante que los lúgubres episodios de +Ana Radcliffe y las dramáticas aventuras de Clara Harlowe. Varios socios +del Veloz corrieron al hospital a ver el cadáver, y en la esquina del +ministerio de la Guerra viose todo el día un gran cerco de gente +contemplando con cierta curiosidad pavorosa el pie de aquella ventana en +que parecía vagar aún la sombra siniestra del crimen. Por la tarde, +cuando la mayor afluencia de máscaras y de gente acudía al Prado y a +Recoletos, nadie osaba pisar aquel sitio regado de sangre, y llamábanse +todos a la acera opuesta, lanzando a la segunda ventana una mirada larga +y medrosa. + +Los periódicos publicaron extensos suplementos que se vendían a gritos +por las calles, y entonces comenzaron a conocerse y comentarse algunos +pormenores del crimen. Constaba entre ellos la declaración del centinela +del ministerio de la Guerra; según este, vio pasar a la una de la +madrugada, a través de la verja de Recoletos, a un hombre y una mujer +que venían muy de prisa de la Castellana. Marchaban agarrados del brazo, +embozado él en una capa andaluza con vueltas rojas, cubierta ella el +rostro con un antifaz negro y envuelta en un abrigo de pieles grises; +vio también al mismo tiempo, a través de la verja de la calle Alcalá, +venir por aquel lado dos hombres gritando y cantando, cual si estuviesen +borrachos; cruzáronse ambas parejas delante del pabellón, por la fachada +que da a Recoletos, y allí los perdió el centinela de vista; mas oyó a +poco en el silencio de la noche el rumor de un cuerpo que cae a tierra y +uno de esos gritos de agonía que jamás se olvidan ni se confunden; vio +huir desesperadamente por la calle de Alcalá a la mujer enmascarada y +vio correr a los dos hombres, borrachos antes y bien firmes entonces, +uno hacia la Castellana y otro hacia la Plaza de Toros. Tropezó este +último en la fuente de la Cibeles y oyóse el ruido del agua cual si +hubiese caído dentro; levantóse, sin embargo, al punto, y su veloz +carrera púsole bien pronto al abrigo de las tinieblas. El centinela, +imposibilitado por la consigna y por la verja para abandonar el puesto, +abalanzóse a los hierros de esta y vio al hombre de la capa tendido en +la acera; gritó entonces al cabo de guardia, dio a los fugitivos por +tres veces la voz de ¡alto!, y con el fin de despertar la alarma, +disparó el fusil por dos veces. Llegaron a poco tres serenos y un +oficial y dos soldados del ministerio, y por la puertecilla pegada al +pabellón salieron a la calle: el hombre de la capa estaba ya muerto. + +Desprendíase de todo esto que había una _ella_ de por medio, y la +curiosidad, excitada hasta la rabia, sobre todo en los altos círculos, +venía a estrellarse contra el secreto de la sumaria. Súpose que en la +mañana siguiente a la noche del crimen fue preso Damián, el ayuda de +cámara de la víctima, y llamado a declarar aquella misma tarde un don +Francisco Javier Pérez Cueto, fabricante de almidón en uno de los +arrabales de la corte... Desde entonces, ningún signo exterior dio a +conocer que las investigaciones judiciales adelantasen un solo paso, y +comenzóse a murmurar, con cierta estupefacción temerosa, que andaba en +todo aquello la mano de los masones; que los asesinos de Sabadell +quedarían desconocidos e impunes como los de su amigo el general Prim, y +que el crimen de Recoletos sería siempre un arcano misterioso, como lo +fue el de la calle del Turco. Mas de repente, cuando esta voz tomaba +cuerpo y comenzaba a excitar en los ánimos el terror que infunde todo +poder oculto y la indignación que inspira toda cobarde añazaga, +levantóse otra voz contraria, que nadie supo nunca de dónde salía ni +quién la atizaba, y que se extendió, sin embargo, por todas partes, con +grandes visos de certeza, a la manera que esparce un pozo subterráneo +por todos lados sus húmedas filtraciones... Díjose que en el fondo de +todo aquello había tan sólo una intriga galante, que existía en el +Juzgado un billetito concediendo una cita y que obraba también en poder +del juez una prenda acusadora, perteneciente a la _promovedora del +crimen_: una talma de pieles de castor, marcada por la parte de dentro +con una etiqueta negra, en que con letras rojas decía: Worth.--Rue de la +Paix. _París_. + +Dos periódicos que, a juicio de muchos, pertenecían a la secta de los +masones, publicaron violentos artículos contra los tribunales de España, +que recluyen al pobre como un criminal y le barren de las calles como +una inmundicia, y se cruzan de brazos y cierran los ojos ante el +poderoso que oculta sus crímenes bajo una armadura de oro, contra la +cual se hace pedazos la espada de la justicia. + + Porque un pobre mancebo + Hurtó un solo huevo, + Al sol bambonea, + Y otro se pasea + Con cien mil delitos. + Cuando pitos, flautas; + Cuando flautas, pitos. + +El atrevimiento era tan grande, la audacia tan increíble, que extraviada +la opinión por completo con estas pérfidas insinuaciones, señaló +entonces con el dedo a la condesa de Albornoz y comenzó a mirarse el +dintel de su palacio con el mismo horror con que se había mirado tres +días antes la esquina del ministerio de la Guerra. + +¡Singulares extravíos de la conciencia pública, que Dios permite a veces +en su infinita justicia para castigar con una calumnia el delito +verdadero que había quedado impune! + +Nadie en Madrid pidió cuentas a Currita de la sangre de Velarde, +derramada a la vista de todos por culpa suya, y ahora le arrojaban al +rostro la de Sabadell, de la cual se hallaba inocente y hubiera ella +rescatado con gusto a costa de cualquier sacrificio... Porque el dolor +de la dama fue en realidad grande, aunque no expansivo ni alborotado; +uno de esos dolores, por decirlo así, secos, propios de las almas +enérgicas, que se repliegan sobre sí mismos en el fondo del corazón como +para no perder su energía, a la manera que el gladiador herido encuentra +fuerzas en su misma agonía para encoger el cuerpo y doblar los músculos, +e intentar un último y más formidable avance... Aquella débil mujercilla +encerraba en su endeble cuerpo una de esas almas enérgicas que se crecen +a la vista del peligro y lo desafían, y no necesitan en el dolor apoyo +ni cómplices en el crimen; bastábase ella misma a sí misma, y sacudiendo +los terrores que la habían invadido la víspera, con el vigoroso empuje +del toro que arroja lejos de sí los rejones que le lastiman y embarazan, +aprestóse a la defensa, decidida a arrostrar a pie quieto y con firmeza +todas las consecuencias de aquella horrible noche. + +Mas necesitaba antes que nada reflexionar, trazarse un plan, preparar su +respuesta y ordenar sus preguntas; y aprovechando la ocasión de hallarse +en cama Fernandito, postrado por uno de esos ataques de imbecilidad que +traen consigo los reblandecimientos cerebrales, tomóse todo el día del +lunes y dio la orden terminante de no recibir a nadie. Creía ella tener +que habérselas de seguida con las visitas importunas, las preguntas +indiscretas, las impertinentes lástimas y las molestas compasiones que +la habían asediado cuando la muerte de Velarde, catástrofe también +espantosa, que sin saber explicarse el porqué parecíale en estos +momentos más terrible que le pareció en aquellos primeros instantes. +Mas, con gran sorpresa suya, pasó todo el día del lunes, y pasó también +el martes, y llegó y pasó asimismo el miércoles, sin que ningún coche +parase a la puerta, ni atravesase una sola visita las antesalas, ni +recibiera el oso del vestíbulo en su bandeja ninguna tarjeta, ni llegara +tampoco el menor recado, la más insignificante misiva de atención, de +interés o de consuelo... Aterróla entonces aquella soledad, que no sabía +explicarse, porque ignoraba que la opinión había atravesado en el dintel +de su puerta el cadáver de Jacobo; mas cuando llegaron a su noticia las +voces que corrían y supo que una pérfida y misteriosa mano explotaba el +funesto hallazgo de la capa de pieles, para hacer recaer sobre ella las +sospechas del crimen, tuvo en su soledad vértigos de ira, +estremecimientos de fiera acorralada, y decidió desafiar frente a frente +a la calumnia con un golpe de enérgica audacia. + +La casualidad presentóle bien pronto ocasión propicia; el viernes muy +bien de mañana trajéronle el aviso de que le tocaba al día siguiente +hacer su guardia como dama de honor en Palacio. Enviábale este aviso, +según la costumbre, la dama que había hecho la guardia el día antes, y +era esta una buena mujer, sencilla y piadosísima, que, desechando como +terribles calumnias las voces que corrían, apresuróse a cumplir con su +deber avisando a Currita y dejando al arbitrio de la dama el acudir o no +acudir a la cita de Palacio. + +Por primera vez después de la espantosa catástrofe sonrió Currita, con +aquella sonrisa de diablillo, señal en ella de alguna idea feliz que +pasaba por su mente. Tocábale la guardia el sábado, y según la +tradicional costumbre, habían de asistir los reyes a la Salve de Atocha; +la novedad atraía todavía gran concurso de gentes a conocer y contemplar +a la joven reina, y presentándose Currita a su lado, en el primer +puesto, parecióle que había de detener desde allí los tiros de la +calumnia. Conocía ella bien el mundo que frecuentaba, que forma sus +juicios y regula sus actos por los del poderoso que mira en lo alto, y +creyó con razón que le bastaría presentarse una vez en público al lado +de la reina y a raíz del suceso, para que todos acallasen sus escrúpulos +y se apresurasen a conservarla en el puesto de honor que había ocupado +siempre en la corte. + +Sin llamar a Kate, saltó Currita de la cama antes de las nueve y fue a +abrir ella misma una ventana para enterarse del estado del tiempo: el +sol brillaba despejado, no se descubría una nube en el cielo y prometía +la mañana una tarde deliciosa. Currita sintió un movimiento de gozo +vivísimo que le pareció el presentimiento del triunfo; los carruajes de +la corte saldrían, por el buen tiempo, descubiertos, y sin duda irían +después de la Salve a dar una vuelta por la Castellana, donde todo el +mundo elegante tendría ocasión de verla y contemplarla en su honorífico +puesto... Algo la espantaba, sin embargo: la idea de que iba a serle +forzoso pasar por aquel mismo trayecto que había recorrido con Jacobo la +noche funesta, por aquella misma iglesia ante la cual pronunció su +última palabra, por aquella esquina en que le había visto caer lanzando +un gemido de agonía... Mas ¿qué iba a hacer ella? ¿Enterrarse en vida a +los cuarenta y cinco años? ¿Dejar por escrúpulos sentimentales que le +arrebatase una calumnia el prestigio, la soberanía suprema, el cetro de +la elegancia y el buen tono que, a pesar de mil vergüenzas verdaderas, +había conservado en su mano hasta entonces?... + +Rióse ella misma de sí misma al notar la febril impaciencia con que +esperaba la hora de ir a Palacio, porque ni la señora de López Moreno +había sentido mayores ansias ni más vehementes deseos el día de su +famosa presentación en el hotel Basilewsky. Con esmero redoblado y +gusto exquisito escogió una _toilette_ elegantísima, con ese estudio de +los pequeños detalles que se observa en los grandes genios y acredita en +ellos el conocimiento práctico del terreno que pisan. Púsose un +riquísimo vestido de terciopelo azul muy oscuro, guarnecido de piel de +chinchilla, con sombrero y abrigo de lo mismo; dos perlas negras en las +orejas y un trébol en el pecho, formado por otras tres perlas, blanca la +una, negra la otra y rosa la tercera. En el hombro izquierdo, sujetas +con un lazo encarnado, llevaba las dos cruces de dama de honor: cruz de +esmalte rojo, la antigua de la reina Isabel, y una _M_ de brillantes y +rubíes, la de la nueva reina Mercedes. Después, mientras le traía Kate +el rico pañuelo de encajes y los guantes de piel de Suecia, buscó ella +en una cajita un relicario de plata que contenía un _lignum crucis_; +besólo con gran piedad, oprimiólo un instante contra su pecho, cerrando +los ojos e inclinando la cabeza como si pidiese algo al cielo con grande +ahínco, y guardóselo después en el bolsillo, como se hubiera guardado un +amuleto que tuviese virtud para alejar cualquier daño o peligro. + +Al subir la escalera de Palacio latióle el corazón y tembláronle las +piernas, porque vio a dos lacayos que cuchicheaban entre sí, mirándola a +ella. Mas cuando el alabardero de guardia a la puerta de la Saleta dio +el golpe de alabarda que anuncia la llegada de un Grande de España, +crecióse el orgullo de Currita, despertó de nuevo su energía, y armada +de toda su audacia atravesó la antecámara y penetró en la cámara misma, +dispuesta a comenzar la batalla, creyendo encontrar allí a la camarera +mayor o al gentilhombre de servicio, o quizá a todos juntos. La cámara, +sin embargo, estaba desierta y Currita sintió el desahogo de un momento +del enfermo que ve detenerse un instante la temida operación por haberse +retrasado el médico. Sentóse en una banqueta frente a la mampara que +lleva a las habitaciones regias, a fin de esperar que la reina la +llamase o alguien saliese; mas la excitación nerviosa no la dejaba +sosegar un momento, y levantóse al punto para asomarse a uno de los +balcones y mirar a la plaza de la Armería; púsose luego a arreglarse los +ricitos de la frente ante uno de los magníficos espejos y reparó +entonces en el soberbio retrato de Alfonso XII, pintado por Casado, que +habían colocado allí la víspera y se destacaba sobre la rica tapicería +de seda granate con grandes flores amarillas, con todo el esplendor de +una obra maestra. + +Pasó un cuarto de hora, que le pareció a ella un cuarto de siglo, y en +pie siempre ante el retrato, sintió abrirse a su espalda la mampara de +las habitaciones de la reina; volvióse vivamente y vio que la mampara se +volvía a cerrar y quedaba medio abierta, como si el que fuera a salir se +hubiese detenido de repente. Oyó entonces, sin que pudiera distinguir +las palabras, una voz suave de mujer que parecía acongojada, como si +suplicase algo, y otra de hombre, fuerte y colérica, que exclamaba +enérgicamente: + +--¡No, no..., ahora mismo! + +Inmutóse Currita atrozmente y metióse la mano en el bolsillo, como si +buscara el _lignum crucis_; abrióse entonces la mampara y apareció el +mayordomo mayor, también muy inmutado... La dama, fingiendo siempre +hallarse absorta en la contemplación del retrato, volvió ligeramente la +cabeza y saludó con la mano al personaje, diciendo con vocecita a su +pesar temblorosa y angustiada: + +--¡Magnífico retrato! Yo no lo había visto. ¿Cuándo lo han puesto?... + +Mas el mayordomo, sin contestar a la pregunta y con el esfuerzo de quien +cumple un deber penosísimo, díjole balbuceando: + +--Su majestad la reina la dispensa del servicio..., y me encarga le +manifieste su deseo de que devuelva la cruz de dama... + +Currita dio una rápida media vuelta, apretando los puños y echando atrás +la cabeza cual si fuera a embestir al mayordomo, fijando en él la mirada +de sus claros ojos, enormemente abiertos, que reflejaban toda la ira del +que recibe un salivazo en el rostro, todo el espanto del que ve +derrumbarse una última esperanza, toda la solapada e impotente amenaza +que encierra el terror del débil, aniquilado por una mano más fuerte... + +Luego, como si despertase en ella de repente la altiva ricahembra al +ignominioso contacto de una bofetada, arrancóse ambas cruces del pecho y +las arrojó en el suelo... + + + + +--VIII-- + + +Aquel golpe terrible no anonadó a Currita, ni le infundió tampoco el +extraño sentimiento, mezcla de pavor y de ira, que al recibir en Loyola +un bofetón semejante la había obligado a confundirse, y a humillarse, y +a callar... Detrás de la mano de Pedro Fernández había visto entonces la +mano de Dios, que le impedía profanar con el escándalo de su vida su +santa casa, y detrás del bofetón del mayordomo de Palacio tan sólo veía +la mano del rey, que no era para ella una idea, sino un hombre, contra +el cual se podía luchar y al cual se le podía también vencer. + +Mas harto comprendió desde el primer instante, con la rápida percepción +de su claro entendimiento y su mucha práctica de mundo, que en vano +emplearía todas las astucias de su ingenio, todos los atrevimientos de +su audacia y todos los recursos de su dinero en atraerse de nuevo a sus +amigos y a formar en torno suyo aquella brillante corte que era la +médula de su vida, porque era también la de su vanidad. Nada arrastra +tanto como el ejemplo de un príncipe, capaz por sí solo de salvar o +perder a una sociedad entera, y la severa repulsa dada a Currita en +Palacio, justa en medio de su severidad, que si de algo pecaba era sólo +de tardía, había de arrastrar sin duda a Madrid entero, derrumbando a la +ilustre dama desde la altura de su gloria, con todo el estrépito de los +grandes escándalos, con todo el ensañamiento con que del árbol caído se +apresuran todos a sacar leña. + +Por eso, sin darse ella por vencida ni cejar un punto en su tenaz +empeño, y fortaleciendo siempre con el despecho y la rabia y hasta el +dolor mismo su terquedad de mujer voluntariosa, siempre mimada, optó +desde luego por el camino de los hábiles políticos y los diestros +estratégicos y los conocedores prácticos del mundo y del corazón humano: +una prudente retirada que sosegara los ánimos y diese tiempo a que las +memorias olvidaran, cesasen las prevenciones, se cansaran las lenguas, y +los escándalos nuevos hicieran olvidar y aun perdonar los escándalos +pasados. + +¡Había visto ella tanto de eso!... La ocasión, por otra parte, no podía +ser más oportuna: Fernandito había llegado al estado de imbecilidad +completa que traen consigo los reblandecimientos cerebrales, y preciso +era llevarlo a París a que alguna notabilidad médica intentase el +verdadero milagro de despertar un chispazo de inteligencia en aquel +meollo huero, que jamás había dado luz alguna. + +El viaje fue, pues, decidido, y dos días antes dirigióse Currita al +colegio de Chamartín de la Rosa, para sacar a Lilí... La niña había +cumplido ya doce años, y más bien que una criatura que comenzaba a +vivir, parecía un ángel que iba a volar. Había en sus grandes ojos +azules algo que recordaba el cielo, algo a la vez triste y sereno, +candoroso y profundo, que comunicaba a todo su ser cierto poderoso y +triste encanto, semejante al que infunde en el alma la inocente sonrisa +de un niño huérfano. + +Acogióla la madre con sus más suaves mimitos y díjole al oído, +abrazándola, que le traía una noticia muy buena, muy alegre, muy +grande... + +--¿A que no la aciertas?... + +La niña, con los grandes ojos llenos de lágrimas y teñidas las mejillas +del carmín más puro, dijo prontamente: + +--¿Que mi papá está mejor? ¿Que se ha confesado?... + +Quedóse Currita desconcertada, como le sucedía siempre con las salidas +intempestivas de aquella criatura. ¿Quién había de creer que iba a +acordarse de su padre y a pensar en si le habían o no administrado aquel +sacramento que le hacía tanta falta?... Echóse a reír muy maravillada. +¡Ca!, si no era eso... era mejor todavía; era una cosa referente a ella +misma, lo que mejor le podía suceder, lo que sin duda estaba ella +esperando... + +Y de nuevo tornó a maravillarse, porque la sangre entera de Lilí afluyó +entonces a su rostro, un temblor nervioso agitó sus manitas, y levantó +los ojos hacia su madre, rebosando anhelo comprimido, esperanza +dulcísima de oír lo que era sin duda su más ferviente deseo. Su boquita +de ángel se entreabrió un momento para dejar escapar su secreto, como +deja escapar una flor su fragancia, y de nuevo tornó a bajar los ojos, +poniéndose más y más encarnada, y guardando silencio, con una cándida +sonrisa dibujada sobre los labios. + +--Pero, tontita, ¿no lo adivinas?... Es que se acabó ya el colegio, que +te vas a venir conmigo. + +¡Quién lo había de creer!... Al oír esto la niña, apagóse en sus labios +la sonrisa, como una luz que mata de repente una ráfaga de viento; cruzó +las manos angustiada, miró a su madre con espanto y se echó a llorar a +lágrima viva, con el corazón encogido... + +--Pero ¡vaya por Dios, vida mía!--exclamó Currita estupefacta--. ¿A qué +viene ese llanto? ¿Es que no quieres venir? + +Lilí, enjugándose con ambas manitas los ojos, repetía sollozando: + +--Aquí me quieren todos... todos... Las Madres y las niñas... + +--Pero, hija mía, ¿acaso en tu casa no te quieren?--exclamó Currita, +poniéndose muy seria; y la niña, titubeando un momento, contestó con +candorosa sencillez, cuyo alcance no supo medir sin duda: + +--Ahora no está allí Paquito... + +Currita sintió un movimiento de ira, que se transformó al punto en dolor +profundo, en dolor vivísimo que jamás había sentido, allá en el fondo de +sus entrañas de madre... Sus ojos se llenaron de lágrimas, atrajo hacia +sí a la niña, separóle del rostro ambas manos, y besándola en la frente, +díjole con mucho cariño: + +--Pero lo recogeremos al paso, tonta, y nos iremos a París todos juntos. + +La niña meneó la cabeza, apartándose del regazo de su madre, y +procurando dominar su aflicción, como si se aprestase a una batalla, +dijo resueltamente: + +--Y, además... yo no puedo irme de aquí. No, no puedo. + +--Pero ¿por qué?... Si eres ya una mujer y aquí están sólo las niñas... + +--Y las mujeres también... + +--¡Pero, hija, por Dios! ¿Dónde están esas mujeres?... + +--Las Madres son mujeres. + +--Pero ¿tú quieres ser monja?--exclamó Currita abriendo mucho los ojos; +y la niña, cerrando los suyos y moviendo enérgicamente la cabeza, +contestó con firmeza: + +--¡Sí!... + +--¡Yaaa!... Muy bien; ahora lo entiendo--dijo Currita muy despacito con +su tono de voz más suave--. Y las Madres, como te quieren tanto las +pobrecitas, te habrán metido esa idea en la cabeza... + +--¡No, no, señora!... Las Madres no me han dicho nada. + +--Pues entonces habrá sido el confesor, el padre Cifuentes. + +--Tampoco... + +--¿Pues quién te lo ha dicho?... + +--Paquito. + +--¿Paquito?... ¡Vaya un apóstol!... ¿Y por qué no se mete él fraile?... + +--Eso le escribí yo... Y le envié la _Vida de san Estanislao_ y una +estampita de san Luis de Gonzaga... Pero me contestó que él era muy +desgraciado y tenía que hacer en el mundo una cosa muy grande, muy +grande... Yo no sé lo que será... + +Currita comenzó a sospecharlo y se puso muy pálida; la escena terrible +de su estudio, cuando el niño se había arrojado sobre Jacobo como una +fiera sedienta de sangre, acudió a su memoria con gran viveza, +estremeciéndola de espanto, infundiéndole esa especie de terror +retrospectivo que causa un peligro pasado, despertando en su alma el +aguijón de un remordimiento, avivando en su corazón el dolor de una +herida chorreando aún sangre... ¡Oh! ¡Ya no tenía que hacer el pobre +niño aquella cosa _muy grande, muy grande_, porque otra mano más +culpable le había tomado la delantera en la esquina de Recoletos!... + +Lilí, sin imaginar siquiera en su sencillez de ángel el efecto que en su +madre podían causar sus palabras, continuó diciendo: + +--Me decía que fuese siempre muy buena y no saliera nunca del colegio y +rezara mucho por él, y por usted y por mi papá; porque la ira de Dios +iba a descargar sobre nuestra casa... Yo lloré mucho, mucho, y ofrecí +entonces ser monja, y se lo dije a la madre Larín y al padre Cifuentes. + +--¿Y qué te dijeron?--preguntó Currita con los labios blancos. + +--La madre se echó a llorar.. + +--¿Y el padre?... + +--Se echó a reír y me consoló mucho, y me dijo que no ofreciese nada sin +que él me avisase. + +Currita se quedó muy pensativa y permaneció largo rato en silencio, +mirando a la niña; de pronto, dijo: + +--¿Pero el padre Cifuentes te querrá mucho?... + +--¡Oh, sí!... Es muy bueno; me quiere mucho. + +Calló otra vez, seria y meditabunda; porque en medio de aquel rudo +oleaje de afectos con que la gracia de Dios combatía su alma para +sacarla a flote, santos unos como el amor de madre, saludables otros +como el remordimiento, apareció muy honda y comenzó a subir, a subir, +hasta flotar en la superficie y sobrenadar en lo alto y llenarlo todo y +dominarlo todo, la idea fija, su ángel malo, el pensamiento constante +que llevaba clavado en la frente, como un dolor neurálgico, de +satisfacer su vanidad y vengar su despecho, recobrando de nuevo su +antigua posición y su brillante corte de mujer elegante. Había visto de +repente un camino desconocido, un sendero tortuoso que allí llegaba +dando rodeos, y ya no oyó más, ya no se ocupó de otra cosa. Cinco +minutos largos permaneció callada, inmóvil, tirando al parecer sus +planes. Lilí, con las manitas cruzadas sobre las rodillas y la cabeza +baja, la miraba de cuando en cuando a través de sus largas pestañas, +extrañada de aquel singular silencio. + +Rompiólo Currita al cabo; aquella pichoncita suya monísima y preciosa la +había enternecido... Pero todo aquello era muy serio, muy grave, y +hacíase preciso pensarlo despacio, muy despacio, y no decidirlo así de +repente, en un segundo... Por de pronto, dejaría a la niña en el colegio +y detendría ella su viaje para hablar con el padre Cifuentes. + +Lilí, al oír esto, saltó espontáneamente de la silla y se arrojó al +cuello de su madre, cubriéndole el rostro de besos, llorando y riendo al +mismo tiempo, como se mezclan la lluvia y el sol en un chubasco de mayo. +Ella se enterneció un poquito y derramó tres lagrimitas. + +--Conque nada, pichona mía, mucho juicio, y pide a Dios que a todos nos +ilumine... Y ahora, vidita mía, dile a la madre Larín que quiero +hablarle un momento... ¿Eh, pichona?... Cosa de un segundo, avísala tú, +vidita... + +Llegó la madre Larín muy alarmada, temiéndose alguna trapisonda, y +Currita, con patético ademán, se arrojó llorando en sus brazos... Era +aquel día el más grande de su vida; por fin le concedía Dios lo que con +tanto ahínco le había pedido siempre: ¡tener una hija religiosa!... +Cierto que le pasaba aquello el alma de parte a parte, que quizá le +costaría la vida separarse de aquel pobre angelito; pero lo que sentía +ella era no tener siete hijos como santa María Magdalena de Pazzis, para +ofrecérselos a Dios uno a uno. ¡Estaba el mundo tan malo!... + +La madre Larín, muy escandalizada al ver a santa María Magdalena de +Pazzis hecha de repente madre de tan dilatada familia, se apresuró a +protestar con mucho respeto: + +--Santa Sinforosa querrá decir, sin duda, la señora condesa. + +--¿Fue santa Sinforosa?... ¡Pues yo creí que había sido la otra! ¡Como +leo todos los días el Año Cristiano, armo a veces unos galimatías!... Y +dígame, madre Larín, ¿cree usted que perseverará mi hija, que su +vocación será verdadera? + +La madre enarcó las cejas, y con mucha humildad, dijo: + +--La niña es formalita, y a lo que yo pueda colegir, así lo espero... +Pero siempre será mejor que el padre espiritual informe a usted de todo +esto. + +--¿Y quién es? + +--El padre Cifuentes. + +--¿El padre Cifuentes?... ¿De veras?... ¡Cuánto me alegro!... Si es un +santo, un hombre de tanto saber y prudencia... + +--¡Ya lo creo!... Consúltelo usted y verá... + +--Pero si no lo conozco... ¡Ay, madre Larín!... ¿Quisiera usted +escribirle una cartita... _deux mots_, recomendándome?... Dígale usted +cuáles son mis deseos, lo que yo quiero a mis hijos, la sencillez con +que procedo siempre... Así me escuchará con benevolencia... Usted me +conoce bien, madre Larín... ¡Soy tan desgraciada!... ¡Se tiene de mí un +concepto tan falso!... + +Y Currita, persuadida ella misma de lo que decía, cual suele suceder a +los embusteros de oficio, extendía las manos y abría mucho los claros +ojitos, como para que la madre Larín la estudiase por dentro, +concluyendo por echarse a llorar amargamente, cubriéndose el rostro con +el pañuelo. La madre, muy compadecida, y creyendo que aquella oveja +extraviada llamaba de nuevo al aprisco, procuraba consolarla y +prometíale escribir aquella misma noche al padre Cifuentes, anunciándole +su visita. + +--¡Se lo agradecería a usted en el alma, madre Larín; no lo olvidaré en +toda mi vida!--gimió Currita--. Porque no crea usted que en el asunto de +mi pobre Lilí faltarán dificultades... Fernandito es muy bueno; pero al +cabo, como hombre que es, no tiene la piedad de nosotras las mujeres, y +verá la cosa de manera muy distinta. + +Y ya en la puerta, despidiéndose cariñosamente de la buena madre, volvió +a repetirle: + +--¡Que no se olvide usted de lo esencial!... Que comprenda el padre la +buena fe con que procedo en todo, lo rectas que son mis intenciones... + +Y de pronto, volviéndose atrás desde la puerta, como si de repente +recordase algo... + +--¡Ay, madre Larín, se me olvidaba!... No sé si lo encargué a Lilí, +porque con este notición se me fue el santo al cielo... Me han dicho que +están ustedes haciendo un monumento nuevo para el Jueves Santo, y quiero +que sea a mi costa... Deseo mucho dejar a ustedes ese recuerdo; que Lilí +haga ese pequeño obsequio al colegio... + +--Gracias, gracias, señora condesa... + +--¿Gracias?... ¡Ay, madre Larín, qué mundo, qué mundo!... ¡Ojalá y sólo +se gastara el dinero en cosas semejantes!... + +Entró en la berlina... Verdaderamente que aquella idea debía de venir +del cielo, porque era Lilí, un ángel del Señor, quien se le había +inspirado. Lo raro era que no se le hubiera ocurrido a ella antes, +porque en aquella carta de Loyola, en aquella famosa carta de Pedro +Fernández, que se sabía ella de memoria, estaba perfectamente encerrada +en su primera parte... «Si la señora condesa de Albornoz viene a Loyola +a confesar sus pecados y pedir a Dios perdón de sus extravíos, no tiene +que fijar hora ni tiempo, porque todos son igualmente oportunos...» + +Y glosando allá en su imaginación el parrafejo, discurría de este +modo... Si la señora condesa de Albornoz va a Loyola, es decir, al padre +Cifuentes, y confiesa sus pecados y pide a Dios perdón de sus extravíos, +o lo que es lo mismo, embauca a aquel varón respetable, diciéndole lo +que le parezca y callándose lo que juzgue conveniente para ponerle de su +parte... a la sombra de su respetabilidad, agarrada a su manteo, entrará +en el gremio de las beatas aristocráticas y se abrirá paso, rosario en +mano, por el atajo de la piedad, hasta el alto puesto de que la calumnia +y la ingratitud la han arrojado. + +Porque no era necesario para ello llegar hasta el sacrilegio, que tanto +la había aterrado siempre y la seguía aterrando; dispuesta estaba ella a +lo que creía únicamente necesario para confesarse bien: acusarse de +todos sus pecados y enumerar todos sus extravíos... ¿Qué le importaba a +ella que el padre Cifuentes supiese lo que hasta en los mismos +periódicos se había publicado y había leído ella sin sonrojarse?... ¡Si +hubiera algún sacrificio que hacer, si hubiera algo que cortar, sería +entonces otra cosa; pero la muerte, el puñal de un asesino, se había +encargado de sacrificar, se había encargado de romper; y ya no le +quedaba a ella nada, nada, sino aquella herida en el corazón y aquel +despecho en el alma!... Y ante aquellas dos ideas que la exasperaban, +Jacobo muerto y ella caída de su pedestal, sentía hervir su sangre de +dolor y de ira, y parecíale lo primero el crimen más nefando que se +había cometido en el universo, y juzgaba lo segundo el acto de tiranía +más atroz que pudiera atribuirse a Nerón, a Tiberio o a Busiris. + +Con cierto miedecillo, muy natural y fundado, fue a ver al padre +Cifuentes, porque tenía el padre fama de marrullero; mas su voluntad, +repentina como el capricho de una mujer, era robusta como la resolución +de un hombre, y tranquilizábala en parte la íntima conciencia que tenía +ella de que pocos la aventajaban en astucias y marrullería. Con +habilidad suma dio principio al desarrollo de su plan, comenzando por +exponer la vocación de Lilí, anhelo de su corazón, esperanza dulcísima +de su alma, que estaba ella dispuesta a apoyar con todas sus fuerzas, +aunque hubiera que luchar con las serias dificultades que había de poner +Fernandito; hábil estaquita esta última que plantaba desde luego la +taimada, para agarrarse a ella más tarde y destruir, cuando hubiera +logrado su objeto, los santos planes de la niña. Escuchábala el jesuita +impasible con las manos metidas en las mangas, clavando en ella de +cuando en cuando la mirada de sus ojos, aguda como la punta de una +lanceta, que hacía a Currita ladear los suyos, ora bajándolos, ora +paseándolos por las paredes del cuarto. Cuando la dama dejó de hablar, +sacó el padre Cifuentes a relucir la tabaquera de cuerno, con su heraldo +obligado, el pañuelo a cuadros azules y verdes, y con la mayor +naturalidad del mundo dijo resueltamente: + +--Su hija de usted no tiene vocación, señora condesa. + +Quedóse Currita estupefacta y desconcertada, y tartamudeó moviendo la +cabecita: + +--Pues ella me había dicho... Yo creía... + +--Creyó usted mal, señora condesa... Esa niña es un ángel, de +entendimiento muy claro, de corazón muy grande y muy recto, y está +aterrada por las cartas de su hermano, que... ¡pasan el alma, señora +condesa, pasan el alma! + +Y las dos lancetas que tenía en los ojos el padre Cifuentes pasaban de +parte a parte la frente de Currita, cual si fueran a clavarse en el +fondo de su pensamiento. + +--Por eso--prosiguió lentamente el jesuita--quería esa pobre niña +ofrecer el sacrificio de sí misma, para asegurar la salvación de los +demás, para expiar culpas ajenas por las cuales se aflige, como se +afligen los ángeles del cielo: llorándolas, pero sin ponérselas a nadie +en cuenta... Y note usted lo que digo, señora condesa: _sin ponérselas +a nadie en cuenta_. + +La señora condesa bajó los ojos muy modestita, como haciéndose la +desentendida de si era a ella o no a quien le tocaba pagar aquella +cuenta, y el padre continuó: + +--Pero como usted comprenderá, este sacrificio de precio incalculable, +cuya idea le fomentaré yo por lo que en sí tiene de útil y meritorio y +porque bastará quizá el ofrecerlo para alcanzar de Dios lo que el pobre +ángel pide, no es una vocación religiosa: es sólo un ofrecimiento que en +su aflicción y en su generosidad hace la niña, y mientras Dios no lo +acepte, no existe la verdadera vocación, y yo, por mi parte, ni puedo +aconsejarla ni autorizarla tampoco hasta entonces. + +«Pues estamos en el principio de la conversación»--pensó Currita, sin +comprender del todo aquellas místicas sutilezas; y dando vueltas entre +sus manos a un precioso devocionario que había traído de intento para +demostrar su piedad al padre, dijo modestamente: + +--¿Y qué cree usted entonces que debe de hacerse?... + +--Dejar obrar a la gracia de Dios, que quizá le conceda como premio la +vocación que aún no tiene, y mientras tanto, no sacarla del colegio. + +--¿No cree usted entonces que le convenga volver a su casa?... + +El padre Cifuentes abrió la tabaquera, y con la impasibilidad del hombre +que golpea en los oídos de un sordo, con la sencillez con que hubiera +dicho que hacía calor o estaba lloviendo, dijo tranquilamente: + +--No, señora... Los ejemplos que vería en ella no conseguirían quizá +corromperla, pero de seguro lograrían matarla... + +Currita no protestó contra aquel reproche tremendo; no se avergonzó ni +se indignó tampoco. Asióse, por el contrario, para llegar a su objeto, a +la punta de aquella maza que la aplastaba, y dijo lastimeramente: + +--¡Ay, sí, sí, padre, es verdad!... ¡Si usted supiera lo que pasa en mi +casa! ¡Si usted conociera la situación en que me encuentro! + +Y adoptando el cálculo más hábil del disimulo, el de apropiarse de la +ingenuidad y disfrazarse con la sencillez y la franqueza, refirió con +toda verdad al padre Cifuentes el escándalo de su vida, la trágica +muerte de Jacobo, la calumnia difundida por aquellos enemigos +invisibles, la imposibilidad en que estaba de acusarlos a ellos y +defenderse ella misma ante los tribunales, y la necesidad que tenía de +_alguien respetable_, de alguna _persona autorizada_ por su santidad y +su prestigio que sacase la cara por ella, perdonándole las faltas +verdaderas y defendiéndola de los _falsos crímenes_, concediéndole su +protección y su amistad, y rehabilitándola por este solo hecho a los +ojos del mundo... Y no pedía esto por ella misma, que nada merecía y así +lo confesaba; pedíalo por caridad de Dios, por lástima, por compasión +hacia sus propios hijos... + +Calló Currita, y con la cabeza baja y las manos cruzadas y entornados +ojitos, esperó muy devotica el sermón formidable, la peluca tremenda que +creía ella iba a venir tras de aquello, seguida de alguna violenta +exhortación a la confesión y la penitencia, con algunos toquecitos de +llamas del infierno; y luego, más tarde de lo que ella deseaba y con +tanto anhelo iba buscando, un generoso ofrecimiento, noble, sincero y +amplio... Mas el padre Cifuentes, que había escuchado sin pestañear todo +aquel cúmulo de vergüenzas y de horrores, que no había hecho el menor +gesto de asombro, de disgusto, de compasión ni de protesta, sacó la +tabaquera de cuerno, tomó un polvo y dijo lacónicamente: + +--Haga usted los Ejercicios... + +--¿Los Ejercicios?--preguntó ella muy sorprendida. + +--Sí, los Ejercicios de san Ignacio digo... Ayer los han empezado en el +Sagrado Corazón, en la calle del Caballero de Gracia... Todavía tiene +usted tiempo; empiece esta misma tarde. + +--Yo..., bueno..., desde luego...--dijo Currita titubeando--. Pero según +tengo entendido, sólo se entra allí con papeleta y yo no la tengo. + +--Pues yo la recomendaré a usted a la superiora y le hablaré a la +marquesa de Villasis, que es presidenta del consejo... + +Currita sintió tal movimiento de gozo, que estuvo a pique de venderse... +¡Por fin triunfaba, y a pesar de su impasibilidad y no obstante sus +marrullerías, hacía tragar al bendito padre todo el anzuelo!... Entre la +marquesa de Villasis, la dama de mejor nombre de la corte, y el padre +Cifuentes, el sacerdote de más prestigio, haría ella su entrada triunfal +en el gremio de beatas aristocráticas, y una vez dentro, no bien tomase +ella terreno, ya sabría reconquistar, palmo a palmo, los aplausos y las +adulaciones, y colocarse de nuevo en el antiguo puesto perdido. + +Vistióse sencillamente, siempre con aquel prolijo cuidado de los +detalles pequeños que desprecian los talentos vulgares y tienen en mucho +los privilegiados y prácticos: una modesta falda de seda negra, un +abriguito de terciopelo con pieles y la mantilla recogida por completo +sobre los hombros, chiffonné, con mucha gracia, cubriendo las blondas +del velo parte del rostro, pero dejando ver perfectamente los rojos +pelitos, contraseña suya característica, que cuidó muy bien de dejar a +la vista con cálculo prudentísimo, para que en caso de oscuridad o de +duda pudieran todos reconocerla. + +A las cinco comenzaba el santo Ejercicio, y a las cinco y siete minutos +calculó ella muy bien su entrada, para que fuese de todos vista. Apeóse +del coche y entró en el zaguán, creyendo encontrar allí alguna religiosa +o algún portero a quien preguntar por la marquesa de Villasis o por el +padre Cifuentes; mas sólo vio delante una empinada escalera dividida +por en medio con un barandal de hierro que hacía veces de pasamanos. En +lo alto, dos señoras cuchicheaban entre sí muy quedito, e +interrumpiéndose bruscamente al ver subir a Currita, desaparecieron al +punto, sin que la dama pudiera reconocerlas. Encontróse entonces frente +a la puerta de la capilla, que estaba de par en par abierta; era esta +entrelarga, ancha y extensa, con una gran puerta en el fondo que daba al +interior del colegio y otra lateral para el servicio de la gente. En el +testero hallábase el altar, parcamente adornado, con algunas luces que +ardían a derecha e izquierda del tabernáculo. + +Arriba, en la parte más alta, había una hermosa efigie del Sagrado +Corazón, y caía desde sus pies hasta abajo un gran paño de brocado +recamado de terciopelo rojo, con estas palabras bordadas: _Venite ad me +omnes_. A uno y otro lado de la gran puerta del fondo estaban las sillas +de coro de las religiosas, y sentadas en ellas las señoras del consejo: +la marquesa de Villasis ocupaba la esquina derecha, teniendo a su lado a +la duquesa de Astorga. + +Currita vio desde la puerta el extremo de un banco desocupado y ante él +se arrodilló, haciendo uno de esos garabatitos con que creen ciertas +damas santiguarse, cruzando las manitas sobre el respaldo, inclinando la +cabeza con mucha devoción y poniéndose a registrar con el rabillo del +ojo todo cuanto había y pasaba dentro de la capilla... ¡Prodigio +maravilloso de la perspicacia y fuerza comunicativa de la grey +femenina!... Cuatro minutos después, no quedaba en el extenso recinto +una sola alma más o menos pía que no hubiera atisbado la entrada de +Currita, sin que fuese necesario para ello más que alguno que otro suave +cuchicheo, alguna que otra disimulada seña, alguno que otro libro devoto +o rosario bendito que rodaba por el suelo, para dar ocasión a la dama +que lo recogía de lanzar una rápida mirada con el mayor disimulo. Allí +estaba ella, con mucha devoción, aguantando a pie quieto las miradas y +suponiendo los comentarios internos que acompañaban a estas; la condesa +de Murguía, señora muy severa, que había comido muchos viernes en casa +de Currita y disfrutado no pocas veces de su palco en el teatro, +hallábase a su lado... Alarmóla esta proximidad, volvió la cara +angustiada, y apretando cuanto pudo a las otras señoras que ocupaban el +banco, apresuróse a dejar entre ella y la escandalosa un gran espacio +vacío. Currita, sin perder su devoción, sintió ganas de tirarle del +pelo. + +Entró a poco una señora con dos niñas, al parecer sus hijas, y una de +estas, la más pequeña, fuese a arrodillar junto a Currita en el hueco +vacío; mas la madre, advertida sin duda por otra señora que le habló por +lo bajo, levantóse prontamente, tocó en el hombro a la niña y apártola +de allí. Currita no sintió esta vez ira, sintió una sensación penosa, +amarga, desconocida para ella, que se le figuró semejante al desconsuelo +de verse sola y desamparada por un ser querido; aquella niña le había +recordado a Lilí. + +Entraban nuevas señoras, llenábase la capilla de bote en bote y +apiñábanse las rezagadas contra las que habían llegado antes, sin que +ninguna quisiera ocupar el sitio vacío al lado de Currita. Ella sintió +crecer aquel desconsuelo que la oprimía y la angustiaba y le producía +una irritación sorda, una amarga iracundia, que la llevaba a escarbar +llena de saña en el basurero de su vida, buscando y enumerando las +vergüenzas públicas, las inmundicias de todos conocidas, que le había +tolerado, consentido y hasta aplaudido como amables _pequeñeces_ aquel +mismo Madrid que ahora le volvía la espalda, para arrojárselas a la +cara, gritándole con muy buena lógica: «¿Acaso soy ahora peor que lo fui +antes?... ¿Por ventura hace más fuerza en ti una calumnia anónima, +levantada por pérfidos asesinos, que ese montón de lodo con que a todas +horas te he salpicado el rostro?...». + +¡Oh!, ¡qué mundo, qué mundo aquel tan injusto y tan asqueroso! ¡Con +cuánta razón se resistía a entrar en él Lilí, aquel ángel del Señor tan +puro y tan bello!... Y a este recuerdo, con la rapidez con que se muda +la decoración en una comedia de magia, sustituyó en su mente la imagen +de la niña al Madrid injusto y asqueroso que provocaba sus iras, y +quedaron frente a frente, embargando todo su entendimiento, la +celestial figura de Lilí, derramando luz vivísima del cielo, y el montón +de lodo repugnante y hediondo, la charca sucia y cenagosa que acababa de +formar ella con tanta saña, haciendo examen general de toda su vida... +Currita creyó ver una cloaca a la pura y rosada luz del alba, creyó ver +el infierno a la luz del paraíso y se sintió confundida y se juzgó +condenada; porque aquel montón de lodo era ella misma y aquel resplandor +de Lilí era la luz de Dios, único criterio de moral, independiente de +míseras condescendencias sociales, a que deben de ajustarse los actos +humanos. Un último movimiento de soberbia la agitó, sin embargo. + +--¡Soy una infame, es cierto!... Pero que no me condenen los hombres, +¡que me condene Dios!... + +Y al levantar la vista rabiosa y desesperada, como para lanzar en torno +una mirada de orgulloso desafío, divisó al frente la imagen de +Jesucristo, del Juez único que su soberbia vencida aceptaba, mostrándole +su corazón herido, diciéndole en aquel letrero que tenía por debajo: +Venite ad me omnes. Un crujido misterioso lastimó entonces su pecho, y +repitió muy quedo: + +--_Omnes_!... ¡Todos, todos!... + +Habíase mientras tanto rezado el rosario, y un jesuita subía en aquel +momento al púlpito, para exponer la meditación que correspondía, según +el orden establecido en los Ejercicios de san Ignacio. Era sobre el +Juicio Final, y dividióla en tres partes: la confusión de los hipócritas +al ver patentes sus pecados ocultos; la suprema vergüenza de los +escandalosos al ver objeto de la execración universal los pecados +públicos de que habían hecho gala, y la justificación de la Providencia, +la manifestación clara de los misteriosos caminos ordenados por Dios +para bien siempre del hombre; la sapientísima urdimbre, puesta al +descubierto, de grandes hechos y pequeños acontecimientos, de penas y +alegrías, derrotas y triunfos, llamamientos y amenazas, premios y +castigos, que han de probar en la vida de cada criatura, mirada de +frente a la luz de aquel tremendo día, la paternal providencia de Dios +para cada hombre, la conjunción perfecta sobre cada uno de ellos de sus +dos atributos, el más temible y el más deseable: la misericordia y la +justicia. + +El jesuita hablaba llanamente, expresando con sencilla claridad aquellas +tremendas verdades y trazando a veces pavorosos cuadros que herían la +imaginación, estremecían los corazones y preparaban los ánimos para el +eco futuro de aquellas temerosas palabras: _Ossa arida, audite verbum +Domini_!... Reinaba un hondo silencio, muy semejante al silencio del +pavor; y el jesuita, torciendo un poco el rumbo a sus palabras, dejó ver +de repente la bondad infinita de Dios, la más consoladora de todas sus +grandezas, su inmensa misericordia, brindando siempre al pecador con su +perdón tan sin límites y tan amplio, que desaparecen en él, cual si +fueran átomos, los más enormes pecados. + +--Imaginaos--dijo--un hombre llegado al último extremo del crimen; +cargadle a vuestro pensamiento con todas las acciones afrentosas que +fuera posible imaginar; vedle dormir tranquilo en medio de su vergüenza, +como si se viera al abrigo de la muerte, como si no tuviera ya +remordimientos ni tuviera conciencia... Mas un día, lo mismo que en el +sueño de Nabucodonosor una piedra desprendida de la montaña hizo pedazos +al coloso con pies de barro, así también un átomo arrancado a la +misericordia de Dios por los ruegos de algún justo derribará sin causa +alguna aparente ese coloso del mal y formará en sus entrañas +desesperadas una lágrima, que subirá hasta el corazón y pasará por los +caminos que Dios ha hecho para llegar a sus ojos marchitos, y brotará +por ellos, y rodará al fin por sus mejillas... ¡Esa lágrima le ha +revelado la verdad y conquistado el perdón y devuelto la paz!... + +Y como si aquella lágrima bendita, alcanzada por la oración de un justo, +se formase en aquel momento en algunas entrañas y subiese hasta un +corazón y brotase por unos ojos, con explosión de dolor formidable, +rompió el hondo silencio un sollozo que resonó por todos los ámbitos de +la capilla, haciendo al jesuita enmudecer un instante, y mirarse +pálidas y sobrecogidas a cuantas vieron a la condesa de Albornoz +desplomarse sobre el reclinatorio, aniquilada como el grano de mijo que +machaca la piedra de molino, mordiéndose las manos para contener, como +con esfuerzo sobrehumano contuvo, los gritos, los sollozos, los alaridos +de dolor que parecían hervirle en el pecho, sin llegar a reventarle por +los labios. + +Terminó el sermón, y siguióse luego, y terminó también aquel canto +suavísimo, patético grito del pecador arrepentido: _¡Perdón, oh Dios +mío!_ Y la numerosa concurrencia desfiló por delante de Currita, sin que +levantase ella la cabeza ni hiciera un movimiento, como si la vergüenza +de su vida entera la tuviese allí sujeta, clavada, ante las miradas +curiosas, compasivas y aun burlonas de sus antiguas rivales. + +Quedó la capilla solitaria, y una religiosa lega, que se deslizaba como +una sombra, apagó las luces una a una, sin que la condesa de Albornoz se +moviese de su sitio ni diese muestras de vida. Unos brazos la rodearon +al fin en aquella soledad de que sólo Dios era testigo, y una voz muy +conmovida le dijo muy bajo: + +--Curra, hija mía... Abajo tengo mi coche... ¿Quieres que te lleve?... + +Ella levantó la cabeza y fijó en la que así hablaba una mirada hosca, +medrosa, que no parecía tener conciencia de la realidad y reflejaba como +en dos vidrios profundos todos los asombros y todas las agonías... +Reconoció al fin a la marquesa de Villasis, y el rostro de la pecadora, +rojo de vergüenza por primera vez en su vida, ocultóse en el casto pecho +de la mujer fuerte, balbuceando entre sollozos: + +--¡Sí, sí!... Adonde no me vea nadie... A Chamartín con mi hija... + +La niña no se sorprendió al verla... Había ofrecido aquella tarde, por +aviso del padre Cifuentes, el sacrificio de su vida, y esperaba confiada +y serena, como esperan las lágrimas del pecador los ángeles de la +guarda... + + + + +--IX-- + + +Se ha dicho que más cavila un pobre que cien abogados, y hay quien +cavila más que cien pobres y cien abogados juntos: cualquier muchacho +haragán que se ve con un libro delante, clavado en un banco. En este +caso se hallaba aquel día, en el estudio del colegio de Guichon, +Alfonsito Téllez-Ponce, alias _Tapón_, piel del diablo, corazón de +ángel, enredador como él solo, ídolo y tentación perpetua de sus +compañeros, encanto y purgatorio eterno de sus maestros. + +Sus propósitos no podían, sin embargo, ser aquella mañana mejores, ni +sus intenciones más rectas: celebrábase al día siguiente el santo del +padre rector con una jira de campo famosísima, allá en la playa de +Biarritz, y el mísero Tapón, condenado por tres o cuatro sentencias a +recluimiento perpetuo, proponíase, con un día entero de observancia +completa, alcanzar el indulto general de sus condenas y el +sobreseimiento de las diez o doce causas que, por diversos atentados, +conatos e infracciones de la ley, se le seguían ante el tribunal del +padre prefecto. + +Levantóse, pues, de un salto al primer toque de la campana, lavóse sin +derramar una gota de agua, y sin otro percance que el meter un pie en el +orinal y hacerlo añicos, sin intención deliberada, por supuesto, púsose +en formación muy derechito, entró en la capilla y oyó misa lo mismo que +un san Luis Gonzaga. + +Bueno iba aquello; mas al salir del sagrado recinto, diole un brinco el +diablo en el cuerpo, y sin poderlo remediar tiró al compañero que +marchaba delante en las ordenadas filas del pañal de la camisa, que +impúdicamente le asomaba por debajo de la blusa. En la sala de estudio +rezó el _Actiones nostras_ con devoción suma, sacudió un papirotazo a su +vecino de la derecha, arrastrado por la fuerza de la costumbre, tiró al +suelo los libros del de la izquierda, por una necesidad casi de su +temperamento, y abrió la tapa de su cajón con mucha formalidad. + +Iba a ponerse a estudiar, y no de cualquier manera ni cualquier cosa; +sus estudios de retórica habían ya terminado el año último, y acababa de +asistir a la toma de Troya y a la fundación de Roma; había bebido con +Horacio en las cascadas del Tíber, admirado a las abejas con Virgilio, +salvado a la República con Cicerón y alborotado en las plazas de Grecia +con Demóstenes. Tocábale aquel año dedicarse a la sublime ciencia del +cálculo, y había obtenido ya, por orden de su profesor, la medida del +campanario del pueblo, con un error aproximado de dos kilómetros; aquel +día proponíase nada menos que determinar el radio de una esfera, y sacó +con toda diligencia el libro de texto, la caja de compases y el blanco +papel inmaculado en que había de desarrollarse el importante cálculo. + +El padre Bonnet, inspector en el estudio, mirábale desde lo alto de la +tribuna, asombrado de tanta laboriosidad, creyendo tener ante los ojos +la conversión de san Agustín o el trueque de Saulo en Pablo. + +Con un rápido movimiento del compás trazó Tapón una esfera limpia y +correcta, con la luna en su plenilunio. ¡Magnífico!... Redonda era como +el mundo... Parecía una carita... ¡Justo!..., una carita... Igual, +idéntica a la de madame Dous, la tendera que vendía pelotas en los +portales de Bayona. ¡Qué casualidad!... Tapón marcó con mucha habilidad +dos puntos para tomar los radios con que había de trazar dos arcos que +se cortasen, y se afirmó en su creencia... Aquellos dos puntitos +parecían, sin duda alguna, los ojos de madame Dous, redondos, pequeños, +abiertos como con un punzón... El parecido era exacto: tan sólo le +faltaba el moñito en lo alto de la cabeza, y para que nada le faltase, +pintó Tapón a la esfera un moñito en la parte superior; dibujóle luego +unas narices en el punto en que debieron encontrarse los dos malogrados +arcos, púsole por debajo una boca bigotuda, añadióle después dos orejas +con pendientes, y en menos de un cuarto de hora encontró la cara de +madame Dous, en vez de encontrar el radio de la esfera. + +Satisfecho de su hallazgo, mostrólo a sus dos vecinos; una mano aleve +avanzó entonces por detrás y arrancóle de las suyas la obra maestra. +¡Santo Dios!... Volvióse Tapón asustado y encontróse frente a frente con +el padre Bonnet. ¡Bonita ocasión para presentarle su petición de +indulto!... + +--¿Así prepara usted la clase, señor de... Tapón?--dijo el ministro de +la justicia con voz formidable. + +Y el señor de Tapón, sobrecogido, pero con mucha dignidad, aseguró, +puesta la mano sobre el pecho, que había sido una distracción, que lo +había hecho sin poderlo remediar... + +--Pues sin poderlo remediar se quedará usted hoy sin postres..., y +mañana, por supuesto, sin campo... + +Tapón se echó a llorar acongojado, empujó por la izquierda el libro de +texto, alejó de sí por la derecha la caja de compases, y apoyando la +cabeza en ambas manos, quedóse absorto, a través de sus lágrimas, en la +contemplación del tintero de peltre que tenía delante. Una mosca paseaba +por sus bordes, alargando de cuando en cuando la sutil trompilla, +haciendo vibrar, al cruzarlas con las patas traseras, las pardas y +transparentes alas. Parecía la mosca meditabunda, y ocurriósele a Tapón +cazarla, para alivio de sus penas; mojóse con saliva los extremos del +pulgar y el índice, y alargó la mano suavemente: la incauta mosca saltó +del tintero a la mano traicionera, dio una carrerita y acercóse al fatal +lazo. Tapón apretó entonces los dedos y pillóla por las patas... La +mosca protestaba muy indignada, batiendo las alas con cierto zumbido +lastimoso. + + Presa en estrecho lazo + La codorniz sencilla + Daba quejas al viento, + Ya tarde arrepentida. + +Tapón, inexorable, resolvió convertirla en ministro de sus venganzas; +cogió un fino papel de seda, escribió en él: «¡Muera el padre Bonnet!», +y retorciéndole muy bien una puntita, clavólo por detrás a la +prisionera. Abrió luego la mano y la mosca echó a volar, arrastrando la +larga cola, a modo de ave del paraíso. + +El gozo de Tapón fue imponderable: había realizado la teoría de las +_palomas mensajeras_. Puso manos a la obra, y en menos de diez minutos +revoloteaban por el estudio más de una docena de moscas, llevando de una +a otra parte el grito subversivo de «¡Muera el padre Bonnet!». La +sedición prendió al punto por el amplio recinto, encontrando por todas +partes imitadores y aun reformistas; uno puso en rojos papelitos «¡Viva +la libertad!», otro se adelantó a poner «¡Abajo los jesuitas!», y un +tercero, hijo de un emigrado, destrozó una caja de bombones para +estampar en ligero papel azul el grito retrógrado de «¡Viva Carlos +VII!»... + +Aquello fue una manifestación general de simpatías personales e ideales +políticos, y no hubo uno solo entre aquellos hombres de estado, capaces +de regir el país de Liliput, que no manifestase sus opiniones por medio +de las nuevas palomas mensajeras. Tan sólo Paco Luján, inclinado sobre +su pupitre, aunque sin ocuparse mucho del libro que tenía delante, +limitábase a seguir a veces con la vista el vuelo de las palomas +mensajeras, sonriendo benévolamente, pero sin tomar parte en el +clandestino entretenimiento. A su espalda, un muchacho mayorcito, de +frente estrecha, tipo malayo y rastrera expresión de envidia, que había +tenido con él varias reyertas y sufrido más de una vez el empuje de sus +poderosos puños, escribía con mucho disimulo en un trozo de papel de +fumar un largo letrero; púsolo después, según el sistema Tapón, a una +mosca muy gorda, y mirando antes a todas partes con recelo, arrojóla a +hurtadillas por encima de la cabeza de Paco; mantúvose la mosca un +momento en el aire, y arrastrada por el peso del espurio rabo, posóse al +fin en la espalda del chico que tenía Luján delante. Rióse este al +verla, y extendiendo la mano prontamente, cogióla por el papel; la mosca +echó a volar dejando su molesto apéndice en manos del niño, y la pobre +criatura, alborozada con la presa, púsose a leer el contenido de la +misiva... Mas su gozo desapareció de repente, tornándose lívido al +descifrarla, dando una media vuelta en el asiento cual si le hubiesen +aplicado un hierro candente, fijando una mirada de odio feroz, de rabia +pronta a desbordarse en el inofensivo Tapón, que muy alborozado, lanzaba +al aire en aquel momento su decimosexto clamor de «¡Muera el padre +Bonnet!». A espaldas de ambos seguía el malayo con maligna curiosidad +aquella muda escena, que tenía a la vez mucho de infantil y de terrible. + +Paco Luján volvió lentamente la cabeza hasta esconderla entre ambas +manos como anonadado; clavóse en ella los agarrotados dedos temblando de +rabia, y dos lágrimas, dos lágrimas de esas que rara vez se derraman a +los quince años, brotaron de sus ojos y surcaron sus mejillas; la ira +las secó al punto, como seca una gota de agua el simúm del desierto... +Había leído en aquel papel una grosera chocarrería en que se mezclaban +el nombre de su madre y encubiertamente el de Jacobo, firmada por el +hijo de aquel hombre odiado, el mismo Alfonsito Téllez, el inofensivo +Tapón, el _diablillo de olor de rosa_ como le llamaba el rector del +colegio, para expresar al mismo tiempo su sencillez de ángel y su +travesura de diablo. ¡Qué golpe aquel tan inesperado y tan horrendo! + +El niño, avezado a callar por el largo y silencioso sufrir de su corta +vida, calló una vez más devorando su rencor y sus lágrimas, y una hora +después, cuando la campana llamaba a los alumnos a clase, Paco Luján no +dio señales de haberla oído y siguió clavado en el banco, con la cabeza +entre las manos, sin más muestras de vida que los frecuentes +estremecimientos nerviosos que recorrían todo su cuerpo. Creyóle dormido +el padre Bonnet y separóle las manos del rostro: vio entonces su frente +arrebatada, sus ojos brillantes extraviados, y palpó sus manos +ardorosas. + +--¿Qué es eso, hijo?... ¿Estás malo?... ¿Tienes calentura?... + +--No..., no..., no tengo nada--replicó el niño con forzada sonrisa. + +Y arrancándose bruscamente de las manos del padre, echó a correr hacia +la clase. + +Jamás hubo despertar tan alegre como el que tuvieron al otro día los +colegiales de Guichon; tenía aquello algo del despertar de los pájaros +cuando en una mañana de mayo se lanzan del nido, al primer rayo de la +aurora, y estalla su alegría, ruidosa, alborotada, comunicativa, +derramándose por entre el follaje de los árboles como una cascada de +alegres trinos, que llega hasta el fondo del alma y la conmueve, la +arrastra y despierta en ella paz, gozo, consuelo y plácida gratitud +hacia Dios. La alegre charanga del colegio sustituyó aquel día a las +severas campanadas que arrancaban de ordinario a los alumnos de la +profunda quietud del sueño de la infancia, para arrojarlos en los +pequeños azares, inmensos para ellos, de la vida de estudiantes; cien +vivas atronadores al padre rector se unieron al punto a los acordes de +la música, y la alegría desbordada, la vida bulliciosa que rebosaba en +aquellos cuerpecitos, inundó de repente dormitorios, pasillos y el +colegio entero, yendo a estrellarse a las puertas de la capilla por una +de esas rápidas mutaciones, increíbles en los niños, que prueban el +poder inmenso de la disciplina y la fuerza irresistible que en toda +multitud ejerce la autoridad que sabe hacerse amar y respetar. Reinó +allí un silencio profundo, oyóse misa con devota compostura y tomóse +luego un pareo desayuno; hubo entonces un momento de expectación +general, de angustiosa perplejidad... + +Apareció el padre prefecto, el temido ejecutor de las solemnes +justicias, y mandó salir de las filas a Tapón y a otros seis +sentenciados. Pintóse la consternación en todas las caritas, y mientras +pálidos y constrictos se alineaban los reos a la izquierda, notóse en la +multitud ese desasosiego que precede siempre en ellas a las resoluciones +heroicas o desesperadas. Un chiquillo regordete salió al cabo de las +filas, colorado como un tomate, y acercándose al padre rector, que en +aquel momento llegaba, díjole con heroica magnanimidad: + +--Que vayan al campo esos... Yo me quedo; sí, señor, yo me quedo por +ellos. + +Una exclamación de entusiasmo acogió la abnegación del héroe, y el +rector, extendiendo la mano con ademán imponente, dijo muy grave: + +--Usted, señor abogado de causas perdidas, se irá al campo ahora +mismo... y esos siete señores se quitarán al momento de mi vista... + +Aquí tornó el rector a alzar la mano, como si fuese a descargar el rayo +vengador de la justicia, y concluyó con tremenda severidad: + +--...yéndose al campo también. + +La severidad del rector se deshizo entonces en una alegre carcajada, y +una gritería inmensa acogió la proclamación del indulto, mientras las +gorras subían por lo alto en alas del entusiasmo, y los reos perdonados +y el intercesor generoso eran llevados en triunfo con cariñosa +fraternidad. + +Pusiéronse todos en marcha, a través de aquellos campos floridos, +aquellas verdes praderas, bosques espesos y preciosas casitas rodeadas +de jardines, que adornan todo el camino desde Guichon hasta el mar. +Extendíase este por detrás de Biarritz, estrellándose contra las rocas +con furor inmenso, amenazador e imponente, bajo aquel límpido azul y con +aquel sosegado tiempo, como un gesto de terrible cólera en el rostro de +una serena divinidad. + +Más allá de la playa de los vascos, en una alta y escondida explanada +que forman las rocas no lejos de cierta _villa_ deliciosa, hizo alto la +alegre turba, dispuesta a sentar allí sus reales para comer y sestear. +La comida era sustanciosa y el apetito excelente, y sentados en el suelo +en grupos de diez o doce, comenzaron los chicos aquel festín delicioso, +a que las brisas del mar prestaban su frescura, los rayos del sol sus +resplandores y la alegría de la infancia su graciosa locuacidad. Los +inspectores les vigilaban yendo de un lado a otro, tomando parte en sus +conversaciones, fomentando sus bromas y sus risas, y evitando con su +presencia los excesos, sin disminuir con ella la alegría y la expansión. +En una de sus rondas tropezóse el padre Bonnet con Paco Luján, sentado a +la turca en uno de los grupos más numerosos; parecióle el niño +preocupado y taciturno, y observó ante él su plato vacío, y puesta sobre +la servilleta su parte de pan intacta. Uno de sus compañeros denunciólo +al punto, gritando: + +--Padre... Luján no come... + +Volvióse él rápidamente, y con forzada jovialidad contestó: + +--¿Que no como?... ¡Vaya si como!... ¡Mira!... + +Y bebióse de un trago, sin resollar siquiera, un vaso lleno de vino +hasta los bordes; mostróse desde entonces alegre, hablador y chancero, y +levantándose de repente, comenzó a dar vueltas de un lado a otro, como +si buscase algo. Había ya terminado la comida, llegaba a lo sumo la +alegría, y los chiquillos, dispersos por todos los lados, comenzaban a +organizar diversas partidas de juego; en lo alto de una roca, montado a +caballo sobre uno de sus salientes, hallábase Tapón muy afanado, en +mangas de camisa, armando con una caña abandonada y un largo bramante un +aparato de pesca. Acercósele Luján por detrás, y poniéndole una mano +sobre el hombro, díjole con voz extraña: + +--¡Tapón... ven acá!... + +Levantó este los ojos, y a la vista de aquel pálido rostro y aquel torvo +ceño, inmutóse mucho; soltó al punto la caña, tercióse al hombro en +silencio la chaqueta y levantóse dócilmente: + +--Anda delante--dijo Paco. + +Arrancaba de allí un senderito abierto en la misma roca, que entre picos +y grandes peñascos llegaba hasta la playa baja que azotaban las olas, y +por allí comenzaron a bajar los niños, silenciosos ambos, sorprendido y +azorado Alfonso, pálido el otro y torva la mirada, arrastrados los dos, +sin saberlo, por la desventura más digna de lástima que existe en la +tierra: la que acarrean al inocente los delitos del culpado. + +Cuando llegaron a lo más hondo de la playa, donde los peñascos se +erguían solitarios, y el ruido del mar ensordecía y espantaba, y ya no +se escuchaba la algazara de los niños ni se descubría rastro alguno de +hombres, volvióse Tapón lleno de zozobra y miró a su compañero +tímidamente; mas este, empujándole hacia adelante, le dijo: + +--¡Anda!... ¿Tienes miedo?... + +Terminaba el senderito que seguían en una reducida explanada, rodeada +por todas partes de rocas, que la pleamar cubría por completo y +salpicaban entonces las olas con blancos espumarajos, dejando al +retirarse, en el declive, una pequeña hondonada, una especie de pozo +lleno de agua que cubriría a ambos niños hasta la cintura. Pegóse Tapón +a la roca más lejana, que le cortaba la salida, volviéndose de nuevo muy +pálido y asustado, y con el ansia mortal de la zozobra, con la +desfallecida voz del miedo, dijo muy bajo: + +--¿Qué quieres? + +Y el otro, dando entonces rienda suelta a la rabia que le ahogaba, al +rencor contra el padre de aquel inocente, fuera ya de su alcance, que +por tantos años había fomentado en el fondo del pecho, con la paciencia +con que se afila la hoja de un cuchillo, gritó con voz terrible, +sacudiéndole con una mano por un brazo, poniéndole el puño cerrado de la +otra junto al rostro mismo: + +--¿Qué quiero?... ¡Matarte es lo que quiero!... Romperte el alma... +Tirarte al agua; que uno de los dos no vuelva al colegio... + +Y sacando el bolsillo el funesto papel arrancado a la mosca el día +antes, púsolo ante los ojos de Tapón, dilatados por el espanto, y tornó +a gritarle lívido de ira: + +--¿Conoces esto?... + +El niño fijó un momento los ojos en aquel papel desconocido a que la +mano que lo sostenía comunicaba temblores de rabia, y el pudor de su +alma inocente tuvo fuerzas para colorear en sus mejillas por un momento +la azulada palidez del espanto. Movió la cabecita y cerró los ojos, +apartándolos. + +--Eso es malo--dijo--, es pecado... + +--¿Pecado y tú lo has escrito?--bramó el otro en el paroxismo de la +rabia. + +Y de una terrible bofetada arrojóle al suelo cuan largo era y lanzóse +luego sobre él, dando roncos gritos de furor, vomitando contra el padre +y la madre y el niño mismo horrendos insultos, que parecían hincharle la +garganta como si no hubiera en ella espacio bastante para arrojarlos, +dándole puñadas, pateándole todo el cuerpo, mesándole los cabellos y +sacudiéndole la cabeza contra las rocas, hasta que, rendido y jadeante, +viose de improviso las manos manchadas de sangre... Entonces dio un paso +atrás, pálido y descompuesto, y sucedióle al punto, en un segundo, lo +que sucede a todos los corazones generosos cuando pasa en ellos el +vértigo horrible de la venganza y ven ya a su víctima indefensa y +aniquilada, tendida a sus pies: una gran piedad hacia aquel pobre niño, +en quien había querido él, sin conseguirlo del todo, acumular el odio +inmenso que profesaba a su padre, invadió su pecho y despertó su razón, +y con voz queda, enternecida casi, alargóle su propio pañuelo, diciendo: + +--Tapón..., tienes sangre... + +El niño procuraba incorporarse exhalando ayes lastimeros, repitiendo +siempre con acento de verdad profunda. «¡Yo no he sido!... ¡Yo no he +sido!» Y con desgarradora expresión de pena, como si le dolieran más en +el alma que sus heridas le dolían en el cuerpo los insultos que había +oído contra su padre y su madre, repetía lastimeramente: + +--Mi padre ha muerto... Yo no lo conocí... Pero mi mamá es una santa, +santa... ¿Sabes tú?... ¡Santa!... + +Paco Luján sintió que el corazón entero se le derretía en lágrimas, y +acudió a sostener al niño, que parecía próximo a desfallecer; tenía una +herida en la frente y manaba de ella sangre en abundancia, que corría +por su rostro y teñía ya su camisa. Ayudóle a levantar, sosteniéndole +por debajo de los brazos, y arrastróle suavemente, para lavarle la +herida, hacia el pozo que la marea baja dejaba al descubierto, colocado +al pie de una roca, en la orilla misma del mar. El niño se dejaba +conducir con entera confianza, apoyando la lívida cabecita, blanca cual +un jazmín cortado a la mañana, en el hombro de Paco. Notó entonces este +que había olvidado el pañuelo allá arriba, en el sitio del combate, y +volvió corriendo en su busca; el niño, mientras tanto, desasosegado y +sin tino, sintiendo tras aquella conmoción tan ruda la natural congoja +del vómito, inclinóse demasiado sobre la roca y cayó rodando hasta el +mar... Una ola inmensa que reventaba en aquel momento en la playa asióle +con sus mil garras de espuma, y en su tremenda resaca arrebatólo hacia +dentro. + +Luján lanzó un alarido horrible, incomprensible en el aparato eufónico +de un niño, y se quedó con el pelo erizado y los brazos rígidos y +extendidos hacia aquella ola inmensa que barría del mundo a un inocente, +cumpliendo una tremenda justicia de Dios. + +Su estupor horrendo duró sólo un minuto... Sabía él nadar... y lo +sacaría, sí, lo sacaría, aunque tuviera que bajar a lo profundo, aunque +tuviera que hacerse trizas la cabeza contra los escollos del fondo, y +luchar allí a brazo partido con el terror y la muerte... Y se arrancaba +las ropas, y las tiraba a su paso, y trepaba por las peñas lanzando +gritos, dejando en ellas, sin sentirlo, pedazos de la piel de sus +piernas desnudas, de su pecho jadeante y comprimido por la espantosa +presión del horror... + +Llegó a la roca más alta, la más saliente e inclinada hacia el abismo, y +agarrado a la punta, rasgándose el pecho contra las asperezas de la +peña, tendió los ojos fuera de las órbitas por aquella extensión +inmensa, buscando una señal, un punto negro, un ligero estremecimiento +en la superficie del agua... ¡Nada!... ¡Nada más que aquellas olas tan +azules y tan bellas a pesar de catástrofe tan horrenda, aquel cielo tan +puro y tan radiante a pesar de horror tan profundo! + +--¡Jesucristo!... ¡Virgen Santísima!... ¡Que salga, que aparezca!... +¡Madre de los afligidos..., te doy mi vida en cambio!... ¡Si yo no le +odio, si le quiero, si le amo..., si amo a su padre mismo!... ¡Señor mío +Jesucristo, perdón.., me pesa!... Si él era bueno..., la mala era mi +madre..., ella..., ella... + +Se levantó rígido, tieso como un muerto, pareciendo que se alargaba su +estatura hasta crecer la mitad... Allí..., allí..., allá lejos, a veinte +brazas de aquella roca se agitaba el agua un poco, se formaba un +remolino, aparecía un punto negro... Sí, sí, no había duda... +¡Jesucristo!... ¡Una manita crispada que se alza pidiendo socorro!... + +Y como una exhalación describió un arco en el aire y se hundió en el +mar la otra víctima, lanzando un grito de piedad que halló su memoria en +lo más profundo de los recuerdos de su infancia y puso la Reina de los +ángeles en sus labios, como una prenda de perdón, en aquella hora +suprema: + +¡Virgen del Recuerdo dolorida! + +¿Te acordarás de mí? + +Viósele nadar veinte brazas con la enérgica desesperación de la agonía, +hundirse una vez, aparecer otra, tornar otra vez a hundirse; salir a +flote de nuevo, no una, sino dos cabecitas, pegadas, juntas, rubia la +una, negra la otra, y sumergirse otra vez las dos formando un ligero +vórtice, unas suaves espumas, borrosas, imperceptibles, en aquel mar +inmenso, ¡limitado, roto tan sólo en el lejano horizonte por una velita +blanca que se divisaba a lo lejos... + +Al día siguiente, unos pescadores de Guetary encontraron atravesados en +una roca los cadáveres de los niños, abrazados estrechamente aun después +de la muerte... En las ansias y rudo combate de aquella agonía tremenda, +el escapulario de uno había pasado también al cuello del otro, y +descansaba, como una contraseña del cielo, sobre los pechos de ambos. + +Jamás se supo a cuál había pertenecido en vida la santa enseña: era el +escapulario de la Virgen del Recuerdo... + +Fin del libro cuarto + + + + +Epílogo + + +La campana del santuario de Loyola había tocado ya el último toque de +misa y el hermano portero luchaba a brazo partido, en la misma puerta, +con una de esas beatas pegajosas, ávidas siempre de santa curiosidad, +propaladoras incansables de nuevas místicas, que creen asegurar el +triunfo de la Iglesia y la extirpación de las herejías propagando entre +fieles e infieles que el padre _A_ estornudó dos veces seguidas, o que +al padre _B_ se le descosió la borlita del solideo. + +Una señora enlutada salió entonces de la vecina hospedería, atravesó +lentamente el prado y subió las escaleras que llevan al santuario. Era +una mujer alta, joven aún, que parecía agobiada por el peso de una de +esas inmensas desventuras que inclinan el cuerpo a la tierra, como +buscando en ella el consuelo y la paz. El negro crespón que sombreaba su +frente, sin ocultarla del todo, dejaba ver unos ojos rojos en que ya no +había lágrimas y un rostro marchito, óvalo perfecto en que se veía, por +decirlo así, incrustada una conmovedora expresión de dolor eterno. + +Al pasar ante el hermano, saludóla este con muestras de gran respeto, y +la beata, ansiosa siempre de noticias, preguntóle su nombre. + +--La marquesa de Sabadell--contestó el hermano. + +La beata dejó escapar una exclamación de asombro, y con cierta compasiva +admiración siguió a la dama con la vista, hasta verla desaparecer por la +gótica puerta del antiguo solar de Loyola. + +Un cochecillo desvencijado, tirado por dos flacos rocines del país, +entró al mismo tiempo por el puente de Catalangua, atravesó velozmente +el prado y vino a detenerse al pie de la escalinata. Apeóse otra señora, +también enlutada, muy flaca, muy pequeñita, ocultando, como la otra, +entre los negros crespones un rostro consumido y lleno de pecas y unos +cabellos rojos mezclados de blanco. Nadie la conocía en el país: habíase +establecido aquel verano en un caserío muy bien acondicionado, cerca de +los baños de San Juan, y veíasela a menudo desde el camino pasear por la +huerta acompañando a un caballero muy gordo, al parecer idiota, que +lanzaba gritos extraños y tristes risotadas, y no se movía de un carrito +de que tiraba a veces un borriquillo pequeño, otras un criado, algunas, +con bastante frecuencia, la misma señora. Los caseros de las cercanías +llamábanla _Gorriya_, esto es, «la roja». + +Al hermano portero no le era, sin embargo, desconocida la dama, y +saludóla también a su paso con mucha atención y deferencia. La beata, +con redoblada curiosidad, tornó a preguntar asimismo el nombre de esta. + +--La condesa de Albornoz--replicó secamente el portero. + +Penetró esta también en la santa casa y subió al famoso santuario, lleno +en aquel momento de fieles de todas clases, mezclados y confudidos el +señor y el labriego, la dama y la casera, con ese aire de confianza, esa +perfecta igualdad que muchos pregonan y sólo se comprende y se practica +en el santo templo de Dios. La Albornoz pasó rozando con su traje el +traje de su infeliz prima y fue a arrodillarse, sin reparar en ella, a +cuatro pasos de distancia. + +No sucedió lo mismo a la marquesa de Sabadell: viola muy bien esta, la +conoció al punto, y el temblor de sus manos, el gesto espontáneo de +horror con que apartó la vista, el ansia cruel con que se levantó su +pecho, sin que pudieran exprimir sus vaivenes una sola lágrima, como si +se hubiese agotado ya en aquel corazón el manantial de ellas, revelaron +claramente la impresión horrible que le hacía la presencia de aquella +mujer funesta, que encontraba por primera vez después de tantas +desgracias. + +Comenzó la misa ante la imagen de san Ignacio, del lado de allá de la +reja; la de Albornoz, flaca y macilenta, paseó a poco la vista por todas +partes, buscando algún sitio en que sentarse, y no hallándolo, hízolo +humildemente en el suelo, sobre las frías losas; un anciano, pobre +mendigo de Azpeitia, levantóse al punto del extremo de un banco y quiso +cederle su puesto; mas ella, agradeciéndoselo con cariñosa sonrisa, no +aceptó. + +Llegó al fin la hora de la comunión; el sacerdote abrió el tabernáculo, +volvióse al pueblo y bendijo a pobres y ricos, grandes y pequeños, +inocentes y arrepentidos, verdugos y víctimas... Todas las cabezas se +inclinaron, dobláronse todas las rodillas en el más profundo silencio... + +--_¡Ecce Agnus Dei; ecce qui tollit peccata mundi!..._ + +Varios hombres y mujeres se adelantaron y fueron a arrodillarse ante el +comulgatorio; entre ellos iban la marquesa de Sabadell y la condesa de +Albornoz, las dos rivales, el verdugo y la víctima, la mujer inocente y +la cínica escandalosa. + +Pasó largo rato; terminóse aquella misa y salió después otra, y poco a +poco fueron desapareciendo los fieles, quedando al fin sola la Albornoz, +arrodillada delante, sin poderse sostener apenas, caída la cabeza, +cruzadas las manos, imagen viva de la humildad aniquilada ante la +misericordia. Detrás estaba la marquesa de Sabadell, arrodillada a larga +distancia, sintiendo por primera vez, después de la muerte de su hijo, +el consuelo inefable de las lágrimas. + +De repente hizo Currita un penoso esfuerzo para levantarse, y la otra se +levantó también prontamente, y salió de la capilla, deteniéndose al lado +de allá de la puerta, junto a la pila del agua bendita... Allí la +encontró la Albornoz, y dio un paso atrás al verla, pálida cual un +espectro. + +Mas ella, dando otro paso adelante, hizo un solo movimiento, una mera +_pequeñez_, de esas que asombran a los hombres y regocijan a los +ángeles: metió la mano en la pila del agua bendita y se la ofreció con +la punta de los dedos... + +Fin + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Pequeñeces, by Luis Coloma + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PEQUEÑECES *** + +***** This file should be named 20011-8.txt or 20011-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/0/0/1/20011/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Luis Coloma. + </title> + <style type="text/css"> +/*<![CDATA[ XML blockout */ +<!-- + p { margin-top: .75em; + text-align: justify; + margin-bottom: .75em; + text-indent: 2%; + } + p.n { text-indent: 0%;} + h1,h2,h3 { + text-align: center; + clear: both; + } + hr { width: 33%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + margin-left: auto; + margin-right: auto; + clear: both; + } + table {margin-left: auto; margin-right: auto;} + body{margin-left: 10%; + margin-right: 10%; + background:#fdfdfd; + color:black; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + a:link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:visited {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:hover {background-color: #ffffff; color: red; text-decoration:underline; } + .pagenum { /* uncomment the next line for invisible page numbers */ + /* visibility: hidden; */ + position: absolute; + left: 92%; + font-size: smaller; + text-align: right; + color: gray; + background-color: #ffffff; + } /* page numbers */ + .center {text-align: center;} + .smcap {font-variant: small-caps;} + .footnotes {border: dashed 1px;} + .footnote {margin-left: 10%; margin-right: 10%; font-size: 0.9em;} + .footnote .label {position: absolute; right: 84%; text-align: right;} + .fnanchor {vertical-align: super; font-size: .5em; text-decoration: none;} + .poem {margin-left: 25%; margin-right:10%; text-align: left;} + .poem .stanza {margin: 1em 0em 1em 0em;} + .poem span.i0 {display: block; margin-left: 0em; padding-left: 3em; text-indent: -3em;} + // --> + /* XML end ]]>*/ + </style> + </head> +<body> + + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of Pequeñeces, by Luis Coloma + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Pequeñeces + +Author: Luis Coloma + +Release Date: December 3, 2006 [EBook #20011] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PEQUEÑECES *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + + +</pre> + +<hr style="width: 65%;" /> + +<p><span class='pagenum' style="left: 85%;"><a name="Page_1" id="Page_1">[Página 1]</a></span></p> + +<h1 style="font-size: 300%;">Pequeñeces...</h1> + +<p class="center">por</p> + +<h2>El P. Luis Coloma</h2> + +<p class="center">de la</p> + +<p class="center">Compañia de Jesús</p> + +<h3>SEXTA EDICION</h3> + +<p class="center">Bilbao<br /> +<span class="smcap">Administración de «El Mensajero del corazón de Jesús»</span> +Calle de Ayala<br /> +1898</p> + +<p class="center">ES PROPIEDAD<br /> +<span class="smcap">queda hecho el depósito que señala la ley</span></p> + +<p class="center">BILBAO—Imp. del Corazón de Jesús, Muelle de Marzana, 7. +</p> + +<hr style="width: 65%;" /> +<p><a name="toc" id="toc"></a></p> +<table summary="toc" cellspacing="0" cellpadding="0"> +<tr><td> +<a href="#Libro_Primero"><b>Libro Primero</b></a><br /><br /> + +<a href="#Imdash"><b>—I—,</b></a> +<a href="#IImdash"><b>—II—,</b></a> +<a href="#IIImdash"><b>—III—,</b></a> +<a href="#IVmdash"><b>—IV—,</b></a> +<a href="#Vmdash"><b>—V—,</b></a> +<a href="#VImdash"><b>—VI—,</b></a> +<a href="#VIImdash"><b>—VII—,</b></a> +<a href="#VIIImdash"><b>—VIII—,</b></a> +<a href="#IXmdash"><b>—IX—,</b></a> +<a href="#Xmdash"><b>—X—,</b></a> +<a href="#XImdash"><b>—XI—</b></a><br /><br /> + +<a href="#Libro_II"><b>Libro II</b></a><br /><br /> + +<a href="#Ibmdash"><b>—I—,</b></a> +<a href="#IIbmdash"><b>—II—,</b></a> +<a href="#IIIbmdash"><b>—III—,</b></a> +<a href="#IVbmdash"><b>—IV—,</b></a> +<a href="#Vbmdash"><b>—V—,</b></a> +<a href="#VIbmdash"><b>—VI—,</b></a> +<a href="#VIIbmdash"><b>—VII—,</b></a> + + +<a href="#VIIImdash"><b>—VIII—</b></a><br /><br /> + +<a href="#Libro_III"><b>Libro III</b></a><br /><br /> +<a href="#Icmdash"><b>—I—,</b></a> +<a href="#IIcmdash"><b>—II—,</b></a> +<a href="#IIIcmdash"><b>—III—,</b></a> +<a href="#IVcmdash"><b>—IV—,</b></a> +<a href="#Vcmdash"><b>—V—,</b></a> +<a href="#VIcmdash"><b>—VI—,</b></a> +<a href="#VIIcmdash"><b>—VII—,</b></a> +<a href="#VIIIcmdash"><b>—VIII—</b></a><br /><br /> + +<a href="#Libro_IV"><b>Libro IV</b></a><br /><br /> +<a href="#Idmdash"><b>—I—,</b></a> +<a href="#IIdmdash"><b>—II—,</b></a> +<a href="#IIIdmdash"><b>—III—,</b></a> +<a href="#IVdmdash"><b>—IV—,</b></a> +<a href="#Vdmdash"><b>—V—,</b></a> +<a href="#VIdmdash"><b>—VI—,</b></a> +<a href="#VIIdmdash"><b>—VII—,</b></a> +<a href="#VIIIdmdash"><b>—VIII—,</b></a> +<a href="#IXdmdash"><b>—IX—</b></a><br /><br /> + +<a href="#ep"><b>Epílogo</b></a> +</td></tr> +</table> +<hr style="width: 65%;" /> + +<h2>Al Lector<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a></h2> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_2" id="Page_2">[2]</a></span></p> + +<p>Lector amigo: Si eres hombre corrido y poco asustadizo, conocedor de las +miserias humanas y amante de la verdad, aunque esta amargue, éntrate sin +miedo por las páginas de este libro; que no encontrarás en ellas nada +que te sea desconocido o se te haga molesto. Mas si eres alma pía y +asombradiza; si no has salido de esos limbos del entendimiento que +engendra, no tanto la inocencia del corazón como la falta de +experiencia; si la desnudez de la verdad te escandaliza o hiere tu amor +propio su rudeza, detente entonces y no pases adelante sin escuchar +primero lo que debo decirte.</p> + +<p>Porque témome mucho, lector amigo, que, de ser esto así y si no te +mueven mis razones, te espera más de un sobresalto entre las páginas de +este libro. Yo dejé correr en él la pluma con entera independencia, +rechazando con horror, al trazar mi pintura, esa teoría perversa que +ensancha el criterio de moralidad hasta desbordar las pasiones, +ocultando de manera más o menos solapada la pérfida idea de hacer pasar +por lícito todo lo que es agradable; mas confiésote de igual modo que, +si no con espanto, con grave fastidio al menos, y hasta con cierta<span class='pagenum'><a name="Page_3" id="Page_3">[3]</a></span> <i>ira +literaria</i>, rechacé también aquel otro extremo contrario, propio de +algunas conciencias timoratas que se empeñan en ver un peligro en +dondequiera que aparece algo que deleita. Porque juzgo que, por sobra de +valor, yerran los primeros, en no ver abismos donde puede haber flores; +y tengo para mí que, por hartura de miedo, yerran también los segundos, +en no concebir una flor sin que oculte detrás un precipicio. Y andando, +andando, y partiendo los unos de un principio falso y los otros de una +verdad santa, llegan todos de la exageración al engaño, y pasan luego a +la demencia; pareciéndoles a aquellos que pueden servir de guía a la +juventud las crudezas de Zola, y creyendo estos que no conviene enseñar +a los niños el Credo y los Artículos de la Fe sin introducir algunas +prudentes modificaciones, de que yo pudiera citarle algún ridículo +ejemplo. Extraño fenómeno y singular aprieto para el escritor el de +estos dos extremos opuestos, hijos legítimos de la confusión de ideas en +todo orden de cosas que caracteriza nuestra época, y reconoce por +origen, entre otras mil causas, la orgullosa suficiencia propia, el +desprecio de la autoridad que legítimamente define, la falta de +profundidad y método en los estudios, el magisterio superficial, intruso +e interesado de los periódicos, y la funesta propensión a juzgar lo que +<span class='pagenum'><a name="Page_4" id="Page_4">[4]</a></span>pasa en el corazón ajeno por lo que sucede en el propio.</p> + +<p>Cierto, ciertísimo, lector pío y discreto, que peca de inmoral y merece +toda censura el autor que encomia a los ladrones y recomienda sus hurtos +y los facilita; o el que protestando contra ellos y reconociendo su +inmoralidad, traza, sin embargo, con buenas intenciones y poquísima +prudencia, cuadros de peligrosa belleza, de tentación seductora, que +ejercen sobre el lector incauto, y aun sobre el que por tal no se tiene, +la atracción siniestra del abismo. Mas no por eso has de deducir de +aquí, lector pío siempre, y esta vez no discreto si tal deduces, que sea +igualmente inmoral el escritor que confiesa paladinamente que hay +ladrones, que da la voz de alerta contra ellos y los saca a la vergüenza +pública, pintándolos con todas aquellas sus negras tintas que sufre el +decoro y hacen al vicio antipático y odioso, y se ayuda así del mal para +hacer el bien, a la manera que la primavera se ayuda del estiércol para +fabricar la rosa.</p> + +<p>Y no me digas que se corre siempre el riesgo fatalísimo de abrir los +ojos a la inocencia; porque te diré entonces que si el tal autor supo +<span class='pagenum'><a name="Page_5" id="Page_5">[5]</a></span>guardar ese <i>prudente decoro</i> que indiqué antes, y esa inocencia de que +hablas es la verdadera inocencia del corazón, pura y santa, única que +todo lo ignora, así en teoría como en práctica, preciso será que pase +por aquellas páginas sin comprender lo que se dice entre líneas y coja +la rosa sin sospechar que existe el estiércol. Y si por ventura lo +sospecha y lo descubre, señal clara y evidente de que no estaban esos +ojos tan cerrados como tú creías, y no siendo ya inocencia pura del +corazón, sino mera ignorancia del entendimiento, le aprovechará por +ende, si no como medicina todavía, como preservativo, al menos, la +lección que encerró allí el autor en prudente logogrifo, y como +estiércol sucio y hediondo aprehenderá forzosamente lo que como tal se +le presenta. Y si se le convierte en ponzoña la triaca, culpa será suya +y no del médico, porque la malicia no estará entonces en el que escribe, +sino en la propia voluntad del que lee; que, como dijo un poeta antiguo:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Del más hermoso clavel,<br /></span> +<span class="i0">pompa del jardín ameno,<br /></span> +<span class="i0">el áspid saca veneno,<br /></span> +<span class="i0">la oficiosa abeja, miel.<br /></span> +<span class='pagenum'><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span></div></div> + +<p>Con este criterio, lector amigo, escribí yo el libro que entre las manos +tienes, y lealmente te lo aviso para que lo arrojes a tiempo si mi modo +de pensar no te satisface. Y si por acaso te maravilla que siendo yo +quien soy me entre con tanta frescura por terrenos tan peligrosos, has +de tener en cuenta que, aunque <i>novelista</i> parezco, soy sólo +<i>misionero</i>, y así como en otros tiempos subía un fraile sobre una mesa +en cualquier plaza pública y predicaba desde allí rudas verdades a los +distraídos que no iban al templo, hablándoles, para que bien lo +entendieran, su mismo grosero lenguaje, así también armo yo mi tinglado +en las páginas de una novela, y desde allí predico a los que de otro +modo no habían de escucharme, y les digo en su propia lengua verdades +claras y necesarias que no podrían jamás pronunciarse bajo las bóvedas +de un templo.</p> + +<p>Porque si tú, lector pío y candoroso, sentado a las márgenes de los +arroyos de leche y miel que fertilizan la Jerusalén celestial que +<span class='pagenum'><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span>habitas, has creído que existe la noción del bien y del mal en todos +los corazones, con la misma claridad que tú la posees en tu +entendimiento iluminado por la gracia, estás en un error crasísimo. En +el mundo, y en cierta clase de mundo, sobre todo, el mal suele +desconocerse a sí mismo, por esa misma confusión de ideas que en todos +los órdenes reina. Cuando la relajación es general, sucede en una +sociedad lo que a bordo de un barco acontece: que como todo se mueve +igualmente, parece que nadie camina; preciso es que alguien se detenga +para que haya un punto fijo que marque el atropellamiento de los otros y +el rumbo peligroso de los que siguen caminando.</p> + +<p>Jamás harás conocer a un bizco su propio estrabismo, si no le pones +delante un espejo fiel que le retrate su torcida vista; porque el ojo de +la cara que sirve para ver y conocer a los demás no puede, sin un +milagro que equivalga a esta gracia que tú disfrutas, verse y conocerse +a sí mismo. Grande y caritativa obra, por tanto, será la del libro que +sirva de punto fijo para avisar a los del barco que se alejan de la +orilla; que sirva de espejo fiel al bizco desdichado, para que, +comenzando por conocer allí su vista extraviada, acabe por odiarla en sí +<span class='pagenum'><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span>mismo.</p> + +<p>Y aquí tienes explicado de paso el porqué me detengo a veces en +pormenores harto nimios, que desdeñaría como artista y a que no +descendería como religioso. Porque el último parapeto del bizco que no +quiere mirar derecho es negar que entienda el que le reprende de +achaques de vista; por eso, cuando le pone delante el censor detalles +íntimos conocidos sólo de los del gremio, concédele al punto la ventaja +inmensa de la experiencia y se rinde a discreción, pensando que, si no +fue también bizco allá en sus tiempos aquel que le reprende, entre +muchos que bizquean debieron de apuntarle los dientes; y gran paso es ya +este dado en el corazón que quiere ganarse, porque le invita a la +confianza y le asegura la indulgencia, la idea de que aquel censor +inexorable estudió en su mismo libro y venció sus mismas flaquezas.</p> + +<p>Y si todas estas cosas me concedes, y me arguyes todavía que no cuadra a +la gravedad de <i>El Mensajero</i> publicar historias tan profanas, pídote +que consideres una cosa, en que de seguro no habrás parado mientes. No +todos los suscriptores de <i>El Mensajero</i> son como tú, piadosos y +<span class='pagenum'><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span>espirituales: en sus listas, numerosísimas hasta un punto increíble +para lo que suelen ser estas cosas en España, figuran al lado de +místicas abadesas, señoras muy del mundo, y junto a congregantes de San +Luis, hombres despreocupados y hasta jóvenes alegres. Preciso es, pues, +que toda esta multitud heterogénea encuentre allí alimento que la nutra +y que le agrade, y la sana doctrina que paladea con delicia la abadesa +en la <i>Intención</i> de cada mes, seria, profunda y devota, es manjar harto +sublime para el embotado paladar de aquellos otros que sólo podrán +tragar esa misma celestial doctrina, envuelta en una salsa lícitamente +profana.</p> + +<p>Dejen, pues, las almas pías ese rincón de <i>El Mensajero</i> para esos +pobres hambrientos, a quienes hay que alimentar por sorpresa con la +santa doctrina de Cristo; que muy superior a la caridad que consiste en +dar es la que consiste en comprender y soportar las humanas flaquezas. +Esa es la que me hace a mí tomar la pluma y escribir para ellos, aun a +trueque de escuchar, como en cierta ocasión he oído, que rebaja el +carácter sacerdotal escribir cosas tan baladíes. ¡Como si la caridad se +<span class='pagenum'><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span>rebajara alguna vez, por mucho que descienda!...</p> + +<p>Y con esto, lector amigo, te dejo en paz, y libre quedas para entrarte, +si te place, por las páginas de mi libro o dar media vuelta a la +derecha. Témome, sin embargo, y en tus ojillos devotos lo conozco, que +ansías ya por leerlo, y no lo dejarás hasta devorarlo letra a letra; +porque si mis razones no te han convencido, como deseo, es fácil que la +curiosidad te impulse contra lo que yo pretendo.</p> + +<p>Quédate, pues, con Dios, y Él te bendiga, que yo por mi parte</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Con estas cosas que digo<br /></span> +<span class="i0">y las que paso en silencio,<br /></span> +<span class="i0">a mis soledades voy,<br /></span> +<span class="i0">de mis soledades vengo.<br /></span> +</div></div> + +<p>Bilbao, 1 de enero de 1890.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span></p> + +<hr style='width: 45%;' /> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Libro_Primero" id="Libro_Primero"></a>Libro Primero</h2> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Imdash" id="Imdash"></a><a href="#toc">—I—</a></h2> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Something is rotten in the state of Denmark.<br /></span> +<span class="i0">(Hay algo en Dinamarca que huele a podrido.)<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">Shakespeare, Hamlet.<br /></span> +</div></div> + + +<p>Las dos torrecillas del colegio se levantaban agudas y airosas como +<span class='pagenum'><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span>flechas disparadas contra el cielo azul, sereno y radiante, que suele +cobijar a Madrid en los primeros días de junio. La verdura del jardín +parecía una esmeralda caída en la arena, un oasis de bosquecillos de +lilas que ya se marchitaban y de azucenas que comenzaban a abrirse, +perdido en las áridas llanuras que por el lado del colegio rodean a la +corte de España. El agua saltaba en las fuentes y corría por los pilones +murmurando; oíanse alegres voces de niños en lo interior del edificio; +gorjeos de ruiseñores y jilgueros en los árboles, y más allá, pasada la +verja, ni niños, ni agua, ni flores, ni pájaros... Una llanura estéril, +un pueblo de barracas; y allá en el horizonte, lejos, lejos, Madrid, la +corte de España, asomando sus cúpulas y sus torres entre esa neblina que +pone más de relieve la limpidez de la atmósfera, esa especie de vaho que +se levanta de las grandes capitales, semejante a las emanaciones de una +hedionda charca.</p> + +<p>Terminaba aquel día el curso, había tenido ya lugar la distribución de +premios, y llegaba la hora de las despedidas. Cruzábanse por todas +partes enhorabuenas y adioses, encargos y recomendaciones; y padres, +madres, niños y criados, revueltos en confuso tropel, invadían todas las +<span class='pagenum'><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span>dependencias del colegio, rebosando esa satisfacción purísima del +premio justamente alcanzado, del trabajo concluido, de la esperanza +cierta de descanso; esa ruidosa alegría que despierta en el escolar de +todas las edades la mágica palabra: <i>¡Vacaciones!</i></p> + +<p>El acto había estado brillantísimo; en el fondo del salón ocupaban un +estrado, ricamente dispuesto, los cien alumnos del colegio, con sus +uniformes azules y plata, agitados todos por la emoción, buscando con +los ojillos inquietos, arreboladas las mejillas y el corazón palpitante, +entre la muchedumbre que llenaba el local, al padre, a la madre, a los +hermanos que habían de ser testigos y partícipes del triunfo. Coronaba +el estrado un magnífico cuadro de la Dolorosa, <i>Nuestra Señora del +Recuerdo</i>, titular del colegio, y a su derecha presidía el acto el +cardenal arzobispo de Toledo, bajo riquísimo dosel, y el rector y +profesores del colegio sentados en tomo. Llenaban el resto del inmenso +salón los padres y madres de los niños, alternando la gran señora con la +modesta comercianta; el grande de España con el industrial acomodado; +alegres todos, satisfechos, mirándose entre sí y sonriendo amigos y +desconocidos, como si el sentimiento de la paternidad, igualmente +<span class='pagenum'><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span>herido, acortase las distancias y estrechase las relaciones, +despertando en todas las almas idéntica felicidad, la misma dicha, igual +deseo de considerarse y abrazarse como hermanos.</p> + +<p>La orquesta dio principio al acto, tocando magistralmente la obertura de +<i>Semíramis</i>. El rector, anciano religioso, honra y gloria de la Orden a +que pertenecía, pronunció después un breve discurso, que no pudo +terminar. Al fijarse sus apagados ojos en aquel montón de cabecitas +rubias y negras, que atentamente le miraban, apiñadas y expresivas como +los angelitos de una gloria de Murillo, comenzó a balbucear, y las +lágrimas le cortaron la palabra.</p> + +<p>—¡No lloro porque os vais!—pudo decir, al cabo—. ¡Lloro porque muchos +no volverán nunca!...</p> + +<p>La nube de cabecitas comenzó a agitarse negativamente y un aplauso +espontáneo y bullicioso brotó de aquellas doscientas manitas, como una +protesta cariñosa que hizo sonreír al anciano en medio de sus lágrimas.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p><p>El secretario del colegio comenzó a leer entonces los nombres de los +alumnos premiados: levantábanse estos ruborosos y aturdidos por el miedo +a la exhibición y la embriaguez del triunfo; iban a recibir la medalla y +el diploma de manos del arzobispo, entre los aplausos de los compañeros, +los sones de la música y los bravos del público, y volvían presurosos a +sus sitios, buscando con la vista en los ojos de sus padres y de sus +madres la mirada de inmenso cariño y orgullo legítimo, que era para +ellos complemento del triunfo. Un niño pequeñito de ocho años subió +gateando las gradas del estrado, púsose de puntillas para divisar a su +madre, viola a lo lejos y con la punta del diploma le envió un beso... +Chicos y grandes aplaudieron con entusiasmo: los unos, por ese instinto +de ángel que hace comprender al niño lo que es santo y bello; los otros, +por esa tierna simpatía que despierta en el corazón de todo padre o +madre cuanto tiende a revelar el puro amor de hijo.</p> + +<p>El acto parecía ya terminado: el arzobispo iba a dar la bendición y todo +el mundo se levantaba para recibirla de rodillas... Un niño blanco y +rubio, bello y candoroso como un ángel de Fra Angélico, se adelantó +entonces a la mitad del estrado: realzaba el encanto de su edad y su +<span class='pagenum'><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>inocencia, <i>ese no sé qué</i> aristocrático y delicadamente fino que +atrae, subyuga y hasta enternece en los niños de grandes casas; y su +larga cabellera rubia, cortada por delante como la de un pajecillo del +siglo XV, le daba el aspecto de aquel príncipe Ricardo que pintó Millais +en su célebre cuadro <i>Los hijos de Eduardo</i>.</p> + +<p>Detuviéronse todos a su vista, quedando cada cual en su sitio en el más +profundo silencio. Volvió entonces el niño hacia el cuadro de la Virgen +sus grandes ojos azules, rebosando candor y pureza, y con vocecita de +ángel comenzó a decir<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a>:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Dulcísimo recuerdo de mi vida,<br /></span> +<span class="i0">Bendice a los que vamos a partir...<br /></span> +<span class="i0">¡Oh Virgen del Recuerdo dolorida,<br /></span> +<span class="i0">Recibe tú mi adiós de despedida,<br /></span> +<span class="i0">Y acuérdate de mí!...<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">¡Lejos de aquestos tutelares muros,<br /></span> +<span class='pagenum'><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span><span class="i0">Los compañeros de mi edad feliz,<br /></span> +<span class="i0">No serán a tu amor jamás perjuros;<br /></span> +<span class="i0">Se acordarán de ti!<br /></span> +</div></div> + +<p>Un aplauso general salió del grupo de los niños, como un grito de +entusiasta asentimiento. Los grandes no aplaudían; con el alma en los +ojos y las lágrimas en estos, escuchaban inmóviles. El niño se adelantó +dos pasos, y llevándose las manitas al pecho, prosiguió lentamente:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Mas siento al alejarme una agonía,<br /></span> +<span class="i0">Cual no la suele el corazón sentir..<br /></span> +<span class="i0">¿En palabras de niño quién confía?<br /></span> +<span class="i0">Temo... no sé qué temo, Madre mía,<br /></span> +<span class="i0">Por ellos y por mí...<br /></span> +</div></div> + +<p>Nadie respiraba; las lágrimas, al caer, no hacían ruido. El niño volvió +<span class='pagenum'><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span>entonces al público los cándidos ojos, con esa mirada vaga de la +inocencia que parece investigar siempre algo ignorado, y prosiguió con +tristeza que conmovía y sencillez que llegaba al alma:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Dicen que el mundo es un jardín ameno,<br /></span> +<span class="i0">Y que áspides oculta ese jardín...<br /></span> +<span class="i0">Que hay frutos dulces de mortal veneno,<br /></span> +<span class="i0">Que el mar del mundo está de escollos lleno...<br /></span> +<span class="i0">¿Y por qué estará así?<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">Dicen que por el oro y los honores,<br /></span> +<span class="i0">Hombres sin fe, de corazón ruin,<br /></span> +<span class="i0">Secan el manantial de sus amores<br /></span> +<span class="i0">Y a su Dios y a su patria son traidores...<br /></span> +<span class="i0">¿Por qué serán así?<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">Dicen que de esta vida los abrojos,<br /></span> +<span class="i0">Quieren trocar en mundanal festín;<br /></span> +<span class='pagenum'><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span><span class="i0">Que ellos, ellos motivan tus enojos,<br /></span> +<span class="i0">Y que ese llanto de tus dulces ojos,<br /></span> +<span class="i0">¡Lo causan ellos, sí!<br /></span> +</div></div> + +<p>Algunas mujeres enrojecieron, porque por la boquita del niño parecía +hablar la voz de muchas conciencias; varios hombres bajaron la cabeza, y +una voz enérgica, pero alterada, repitió a lo lejos:—¡Sí! ¡Sí!—. Era +un anciano general, abuelo de un alumno del colegio. El niño parecía +conmovido, como pueden estar los ángeles a la vista de las miserias +humanas; movió tristemente la cabecita, cruzó las manos y prosiguió con +la expresión de un querubín que mira a la tierra:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Ellos, ¡ingratos!, de pesarte llenan...<br /></span> +<span class="i0">¿Seré yo también sordo a tu gemir?<br /></span> +<span class="i0">¡No! Yo no quiero frutos que envenenan,<br /></span> +<span class="i0">No quiero goces que a mi Madre apenan,<br /></span> +<span class='pagenum'><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span><span class="i0">¡No quiero ser así!<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">En los escollos de esta mar bravía<br /></span> +<span class="i0">Yo no quiero sin gloria sucumbir;<br /></span> +<span class="i0">Yo no quiero que llores por mí un día;<br /></span> +<span class="i0">No quiero que me llores, Madre mía...<br /></span> +<span class="i0">¡No quiero ser así!<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">Y mientras yo responda a tu reclamo,<br /></span> +<span class="i0">Mientras me juzgue con tu amor feliz,<br /></span> +<span class="i0">Y ardiendo en este afecto en que me inflamo,<br /></span> +<span class="i0">Te diga muchas veces que te amo,<br /></span> +<span class="i0">¿Te olvidarás de mí?<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">¡Ah, no, dulce recuerdo de mi vida!<br /></span> +<span class="i0">Siempre que luche en peligrosa lid,<br /></span> +<span class="i0">Siempre que llore mi alma dolorida,<br /></span> +<span class="i0">Al recordar mi adiós de despedida,<br /></span> +<span class="i0">¡Te acordarás de mí!<br /></span> +<span class='pagenum'><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span></div><div class="stanza"> +<span class="i0">Y en retorno de amor y fe sincera,<br /></span> +<span class="i0">Jamás sin tu recuerdo he de vivir.<br /></span> +<span class="i0">Tuya será mi lágrima postrera...<br /></span> +<span class="i0">¡Hasta que muera, Madre; hasta que muera<br /></span> +<span class="i0">Me acordaré de ti!<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">Tú en pago, Madre, cuando llegue el plazo<br /></span> +<span class="i0">De alzar el vuelo al celestial confín,<br /></span> +<span class="i0">Estrechándome a ti con dulce abrazo,<br /></span> +<span class="i0">No me apartes jamás de tu regazo.<br /></span> +<span class="i0">¡No me apartes de ti!<br /></span> +</div></div> + +<p>Calló el niño, y no resonó un aplauso; sólo estalló un sollozo, un +inmenso sollozo que pareció salir de mil pechos por una sola boca, +arrastrando los encontrados afectos de amor, ternura, vergüenza, +entusiasmo, piedad y arrepentimiento, que en aquellos corazones había +despertado la cándida vocecita del niño... A una señal del rector, +<span class='pagenum'><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span>lanzáronse todos los que en el estrado estaban en brazos de sus padres, +estallando entonces una verdadera tempestad de besos, gritos, abrazos, +bendiciones, llantos de alegría y gemidos de gozo. Sólo el niño que +había declamado los versos quedó solitario en su asiento, sin padre ni +madre que le recibieran en sus brazos; la pobre criatura dirigió una +larga mirada al dichoso grupo, y con sus premios en la mano, salió +lentamente por una ancha galería en que comenzaban a amontonar ya los +criados los equipajes de los niños que se marchaban. Había en un extremo +un gran mundo con las iniciales F. L. en la tapa, y sobre él se sentó el +niño como esperando algo, con los premios al lado, la cabeza baja y la +gorrita en la mano, triste, silencioso, inmóvil. La alegre algazara del +salón llegaba a sus oídos, y poco a poco fuese levantado su pechito, +hinchóse su garganta y rompió a llorar amargamente, en silencio, sin +sollozos, sin suspiros, como lloran los que tienen en el corazón el +manantial de sus lágrimas. Los criados comenzaban ya a cargar los +equipajes, y los grupos de padres y niños se dirigían a la puerta con +alegre barullo, sin que nadie reparase en el niño solitario, a veces, un +compañero le daba al pasar una palmada cariñosa, o un profesor que +corría apresurado le enviaba una sonrisa, y el niño sonreía también +<span class='pagenum'><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span>sorbiéndose las lágrimas.</p> + +<p>Una señora gorda, de aspecto bondadoso, hallóse en aquellas apreturas al +lado del niño, llevando de la mano a un chiquillo gordinflón que sólo +había obtenido un premio de gimnasia. Notó este las lágrimas de su +compañero, y tirando de las faldas a la señora, le dijo al oído:</p> + +<p>—Mamá... mamá... Luján está llorando.</p> + +<p>—¿Por qué lloras, hijo?—le preguntó la señora compadecida—. ¡Si has +declamado muy bien! ¿No has sacado premio?</p> + +<p>Púsose el niño muy encarnado y, levantando la cabeza con infantil +orgullo, contestó mostrando los que junto a sí tenía:</p> + +<p>—Cinco... y dos <i>excelencias</i>...</p> + +<p>—Digo... ¿Cinco premios y todavía lloras?...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p><p>El niño no contestó; bajó la cabeza como avergonzado, y de nuevo +corrieron sus lágrimas.</p> + +<p>—Pero, ¿qué tienes, hijo?—insistió la señora—. ¿Estás malo?... ¿Por +qué lloras?</p> + +<p>Un inmenso desconsuelo, que desgarraba el alma en aquella carita de +ángel, se pintó en las facciones del niño; con los dientecillos +apretados y los ojos rebosando lágrimas y amarguras, contestó al cabo:</p> + +<p>—Porque estoy solo. Mi mamá no ha venido. ¡Nadie ha visto mis +premios!...</p> + +<p>La señora pareció comprender toda la profunda amargura que encerraba +aquel sencillo lamento. Saltáronsele las lágrimas, y mientras con una +mano acariciaba la rubia cabeza del niño, apretaba con la otra contra su +seno la de su hijo, como si temiese que pudiera faltarle alguna vez +aquel blando regazo.</p> + +<p>—¡Ángel de Dios!—decía al mismo tiempo—. ¡Pobrecito mío!... Tú mamá +no habrá podido venir; estará fuera, sin duda... ¿Cómo se llama?...</p> + +<p>—La condesa de Albornoz—respondió el niño.</p> + +<p>Una violenta expresión de ira se pintó en el rostro de la señora al oír +este nombre; volvióse bruscamente hacia una joven que la acompañaba, y +exclamó con más impetuosidad que prudencia:</p> + +<p>—Pero, ¿has visto?... ¡Si esto clama al cielo!... ¡Pícara madre! +¡Pícara madre!... Mientras este ángel llora, estará ella escandalizando +a Madrid como acostumbra.</p> + +<p>—¡Calla mujer!—replicó la otra, mirando con inquietud al niño...</p> + +<p>—Pero ¿quién ve con paciencia esto?... ¡Lástima de hijo para tal +madre!... Desde el fin del mundo hubiera venido yo por ver recibir al +mío su premio de gimnasia... ¡Anda con Dios, hijo! Eso indica que cuando +seas grande sabrás tirar de un carro... ¡Con tal que me seas bueno!... +<span class='pagenum'><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span>¿No es verdad, Calixto, vida mía?...</p> + +<p>Y estampaba en las mofletudas mejillas de su hijo esos estrepitosos y +apretados besos de las madres, que parecen mordiscos del alma.</p> + +<p>El niño, enjugándose sus grandes ojos de un azul profundo, como el mar +visto de lejos, no se enteraba de nada. La señora volvió a decirle:</p> + +<p>—Vamos, hijo mío, no llores... Anda, Calixto, no seas pazguato, dile +algo a ese niño... ¿No ves que llora?... ¿Cómo te llamas, hijo?</p> + +<p>—Paquito Luján—respondió el niño.</p> + +<p>—Pues no llores, Paquito, que tu mamá te estará esperando en casa... +Mira, Calixto, dale una de las cajas de dulces que te he traído..., o +mejor será que le des las dos; yo te compraré otras.</p> + +<p>Y como viese que el niño rechazaba la linda cajita de la Mahonesa, que +no del todo satisfecho le alargaba Calixto, añadió:</p> + +<p>—Tómalas, hijo... Esta para ti, y la otra para tus hermanos... ¿No +tienes hermanitos?...</p> + +<p>—Tengo a Lilí.</p> + +<p>—Pues llévale una a Lilí. Y llévale también esto... y la buena señora +estampó en las mejillas del niño, llenas de lágrimas, otros dos sonoros +besos, que en vano pretendían suplir en ellas el calor que les faltaba +de los besos de su madre. Un lacayo con larga librea verde aceituna, +coronas condales en los botones y sombrero de copa con gran cucarda +<span class='pagenum'><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span>rizada en la mano, se acercó entonces al grupo:</p> + +<p>—Cuando el señorito quiera, está esperando el coche—dijo +respetuosamente al niño.</p> + +<p>El pobre señorito se levantó de un salto, y abrazando con un movimiento +lleno de gracia al gimnasta Calixto, se dirigió a la puerta, sin querer +entregar al lacayo el envoltorio de sus premios. En la verja del jardín +le detuvo el padre rector, que allí estaba despidiendo a los niños; +besóle Paquito la mano, y abrazándole él cariñosamente, le habló breve +rato al oído.</p> + +<p>Púsose el niño muy encarnado, corrieron de nuevo sus lágrimas y con +verdadera efusión llevó por segunda vez a sus labios la mano del +religioso.</p> + +<p>Poco a poco fueron desfilando los carruajes, y cesaron al fin los gritos +de despedida.</p> + +<p>—¡Adiós!... ¡Adiós!...—repetía el anciano.</p> + +<p>Todavía aparecían algunas manitas saludando a lo lejos por las +ventanillas de los coches:</p> + +<p>—¡Adiós!... ¡Adiós!...</p> + +<p>Ocultáronse al fin todos en el último recodo del camino, y sólo quedó la +llanura árida, la polvorienta carretera, el pueblo de barracas, el +colegio solitario, silencioso como una jaula de jilgueros vacía, y a lo +lejos, acechando entre la bruma, Madrid, la gran charca.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span></p><p>El pobre viejo dejó caer entonces los brazos abatidos, bajó tristemente +la cabeza, y entróse en la capilla murmurando:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">¡Oh Virgen del Recuerdo dolorida!<br /></span> +<span class="i0">¿Se acordarán de ti?<br /></span> +</div></div> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IImdash" id="IImdash"></a><a href="#toc">—II—</a></h2> + + +<p>Era aquella misma tarde poca la animación y escasa la concurrencia en el +<i>fumoir</i> de la duquesa de Bara. Casi tendida ésta en una +<i>chaise-longue</i>, quejábase de jaqueca, fumando un rico cigarro puro, +cuya reluciente anilla acusaba su auténtico abolengo: tenía sobre las +faldas, sin anudarlo, un delantillo de finísimo cuero y elegante corte, +para preservar de los riesgos de un incendio los encajes de su <i>matinée</i> +de seda cruda, y sacudía de cuando en cuando la ceniza en un lindo barro +cocido, que representaba un grupo de amorcillos naciendo de cascarones +de huevo en el fondo de un nido.</p> + +<p>Pilar Balsano fumaba, haciendo figuras, otro cigarro no tan fuerte, pero +sí tan largo como el de la duquesa, y Carmen Tagle se desquijaraba +chupando un <i>entreacto</i> que se mostraba algún tanto rebelde.</p> + +<p>—Está visto que no tira—dijo de pronto.</p> + +<p>Y para cobrar nuevas fuerzas se bebió poquito a poco, y con aire muy +<span class='pagenum'><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span>distinguido, una tercera copita del whisky, bastante fuerte, que +juntamente con el té, los brioches y <i>sandwiches</i>, habían servido en +rico frasco de cristal de Bohemia.</p> + +<p>La señora de López Moreno, gorda y majestuosa como las talegas de su +marido, contraía sus gruesos labios para chupar un cigarrito de papel, y +reíase maternalmente al ver a su hija Lucy, recién salida del colegio, +dar pequeñas chupadas en el cigarro mismo de Angelito Castropardo. +Chupaba la niña y tosía haciendo monadas; chupaba Angelito para darle +magistral ejemplo, y tomaba a chupar y a toser la colegialita, +encontrando el juego muy divertido. Parecía complacerla mucho tener por +maestro un grande de España, y procuraba estudiar el chic de aquellas +ilustres damas, que como modelos de distinción le proponía su madre. +Todavía, sin embargo, encontraban en ellas sus ojos de colegiala cosas +harto extrañas.</p> + +<p>Disgustaban a la duquesa las risotadas de la banquera; pero pasaban de +dos millones las hipotecas que el cónyuge de esta tenía sobre los bienes +de aquella, y ante la perspectiva de una prórroga necesaria, era preciso +preparar el terreno con paciencia y amabilidades.</p> + +<p>Leopoldina Pastor, varonil solterona que pasaba ya de los cuarenta, +guapa y muy erudita, despachaba una buena ración de brioche <i>milanaise</i>, +disputando con don Casimiro Pantojas, antiguo director de Instrucción +Pública, académico de la Lengua y celebérrimo literato. Habíase +inaugurado aquella semana el tranvía del barrio de Salamanca, y +lamentábase el académico de que el vulgo de Madrid se empeñase en hacer +masculino el nuevo vehículo, contra el dictamen de algún colega suyo, +que por femenino lo tenía.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span></p><p>La señorita de Pastor, ardiente defensora de los fueros gramaticales, +prometióle hacer por todas partes propaganda de <i>la tranvía</i>; pero +escapósele al bueno de don Casimiro que era el académico en cuestión don +Salustiano Olózaga, y Leopoldina varió al punto de dictamen, exclamando +muy enfadada:</p> + +<p>—¡Imposible que sea femenino!... Olózaga es un indecente amadeísta que +ha impuesto a Thiers el Toisón de oro; y eso no se lo perdona ninguna +alfonsina... ¡Pues no faltaba más!... ¡El tranvía se dice, y el tranvía +se dirá!...</p> + +<p>Y todos convinieron en poner pantalones al tranvía, incluso Fernando +Gallarta y Gorito Sardona, gomosos del Veloz; y el grave marqués de +Butrón, ministro plenipotenciario antes de la gloriosa, y gastrónomo +distinguido únicamente después de ella. Era el marqués en extremo +peludo, y la reina Isabel solía llamarle Robinsón Crusoe, porque, según +aseguraba, sólo con la cara de su ministro plenipotenciario podía +figurarse al famoso náufrago vestido de pieles en su isla desierta. Y en +honor de la verdad, aquellos destinos del orbe entero, que encerraba +Napoleón en el pliegue vertical de su frente, podían quedar entre las +cejas del marqués perfectamente arropados, como entre dos pellejos de +conejo.</p> + +<p>Frunció, pues, Butrón el formidable pliegue, y mirando la ceniza de su +cigarro, dijo solemnemente:</p> + +<p>—¡Olózaga!... El y sólo él sirve de puntal a esta situación que se +desmorona... Sin su habilidad y sus esfuerzos, tendríamos ya la +Restauración planteada hace medio año.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span></p><p>Indignáronse mucho las damas, y Carmen Tagle exclamó lastimeramente:</p> + +<p>—¡Y tanta apoplejía vacante!... ¡Tanta pulmonía desperdiciada!...</p> + +<p>El marqués, que estaba realmente al tanto de los manejos de la política +reaccionaria, siguió perorando, y Carmen Tagle dejó de prestar atención +para ponerla a lo que pasaba a sus espaldas, detrás de un caballete de +terciopelo rojo, medio cubierto airosamente con una pieza de seda del +siglo XVI, sobre la cual se destacaba una linda acuarela de Worms. +Asomaban por entre las rojas patas del caballete las faldas de una dama +y las piernas de un caballero, y eran estos incógnitos María Valdivieso +y Paco Vélez, que sostenían allí hacía media hora una pelotera de dos +mil demonios. La colegialita Lucy alargaba también la oreja a ver si +pescaba algo, y pescó, en efecto, por dos o tres veces, el nombre de +Isabel Mazacán y el de cierto actual ministro, muy joven y muy guapo, +llamado García Gómez. A poco hizo otra pesca más gorda: habíasele +escapado a la dama un iracundo ¡Canalla! y al caballero una grosera +palabrota que hizo a Lucy pegar un respingo, poniéndose muy colorada, y +a Carmen Tagle exclamar entre dientes, con su proverbial frescura:</p> + +<p>—<i>Ô mon Dieu; quel gros mot</i>!...</p> + +<p>Y levantando la voz un poco, dijo volviendo el rostro hacia el +caballete:</p> + +<p>—Pero, María, ¿no vienes?... Mira que se está enfriando el té...</p> + +<p>Apareció entonces la Valdivieso por el laberinto de monerías y riquezas +artísticas que llenaba la pieza, y vino a sentarse junto a Carmen Tagle, +muy sofocada y echando por los ojos relámpagos de ira. Paco Vélez salió +por el otro lado del escondite con las manos en los bolsillos, coloradas +las orejas y mordiéndose los labios, y se detuvo a examinar, con aire de +<span class='pagenum'><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span>inteligente, una bellísima lámpara de cobre repujado que sobre una +columna salomónica hacía pendant con el caballete. Lucy, que no conocía +a la Valdivieso, preguntó muy bajito a su maestro Castropardo, si aquel +otro señor era su marido.</p> + +<p>¡Su marido!... ¡Jesús, y qué risa tan grande y tan guasona le entró +entonces a Angelito Castropardo!... Pero ¿de dónde diablos había sacado +aquella criatura la peregrina idea de que fuese aquel un matrimonio?...</p> + +<p>—¡Como reñían de ese modo!...—dijo, muy apurada, Lucy.</p> + +<p>Castropardo sufrió otro acceso de hilaridad, y pudiendo apenas decir +entre su risa «¡Pues tiene sombra la pregunta!», fue a contar al oído de +la duquesa la ocurrencia de la colegiala.</p> + +<p>Pasóseles por alto a todos los demás este pequeño incidente, distraídos +con la negra pintura de la situación actual, que deliberadísimamente les +hacía el peludo diplomático; sabía muy bien que eran el brazo derecho de +los políticos de la Restauración las señoras de la grandeza, y tenía él +a su cargo enardecer y dirigir el celo de tan ilustres conspiradores. +Ellas, con sus alardes de españolismo y sus algaradas aristocráticas, +habían conseguido hacer el vacío en torno de don Amadeo de Saboya y la +reina María Victoria, acorralándolos en el palacio de la plaza de +Oriente, en medio de una corte de <i>cabos furrieles y tenderos +acomodados</i>, según la opinión de la duquesa de Bara; de <i>indecentillos</i>, +añadía Leopoldina Pastor, que no llegaba siquiera a indecentes. Las +damas acudían a la Fuente Castellana, tendidas en sus carretelas, con +clásicas mantillas de blonda y peinetas de teja, y la flor de lis, +emblema de la Restauración, brillaba en todos los tocados que se lucían +en teatros y saraos. Allí mismo y en aquel momento, la señora de López +Moreno llevaba una colosal, empedrada de brillantes; y con mejor gusto +<span class='pagenum'><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span>para aquella hora y aquel traje, llevábanla también las otras damas, de +oro mate con esmaltes. Leopoldina Pastor lucía una de trapo del tamaño +de una zanahoria, colocada en lo más alto de su sombrero.</p> + +<p>Pavoroso era el cuadro que el marqués dibujaba... Aislado el pobre rey, +miraba sin cesar hacia la frontera, esperando la contestación a su +discurso del 3 de abril que aún no había obtenido respuesta el 21 de +junio. Sucedíanse las crisis ministeriales, frecuentes, periódicas, como +calenturas de terciana, hasta engendrar un ministerio llamado de Santa +Rita, por ser esta Santa abogada de imposibles. Sublevábanse en las +provincias tropas y paisanos; los tenderos se amotinaban en Madrid y +daban una pedrada al alcalde; y cinco días antes, el 18 de junio, un +populacho soez recorría las calles apedreando los cristales, y rompiendo +los faroles de la iluminación con que celebraban muchos el aniversario +del pontificado de Pío IX, mientras un gentío inmenso, de todos los +colores y matices, aplaudía en los jardines del Retiro <i>El Príncipe +Lila</i>, grotesca sátira en que designaban al monarca reinante con el +nombre de <i>Macarroni I</i>. Varios gomosos del Veloz-Club, de los cuales +era uno Paco Vélez, habían pagado a tres saboyanitos para que, +escondidos en un palco proscenio del teatro a que asistía don Amadeo, +interrumpiesen de repente la función, cantando al son de sus violines y +arpas el conocido estribillo:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Cicirinella tenía un gallo<br /></span> +<span class="i0">E tutta la notte montava a caballo,<br /></span> +<span class="i0">Montava la notte bella<br /></span> +<span class="i0">¡Viva il gallo de Cicirinella!<br /></span> +</div></div> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p><p>Divertía esto mucho a las damas, porque claro está que ello había de +allanar el camino de la Restauración porque ansiosas trabajaban; pero lo +temible, lo negro—y el marqués acentuaba los pavorosos tintes de su +rostro, enarcando las pieles de sus cejas—, era que los carlistas +comenzaban a removerse en el norte, y los republicanos en todas partes, +y hacíase difícil defender de tanta boca abierta la única y apetecida +tajada.</p> + +<p>—La Restauración es cosa hecha—concluyó <i>Robinsón</i> con acento +profético—; pero sólo llegaremos a ella atravesando un charco de +sangre... ¡Preveo para España un <i>noventa y tres</i> con todos sus +horrores!...</p> + +<p>Sobrecogiéronse las damas, y en voz queda, contenida, cual si viesen +asomar, como María Antonieta por las ventanas del Temple, la cabeza de +la Lamballe, clavada en una pica, comenzaron a hablar de la +guillotina... Morir las aterraba. ¿Qué sabían ellas lo que era morir? +Tan sólo lo comprendían en el Teatro Real, dejándose caer poco a poco en +la poltrona de Violeta Valery, cantando al compás de la orquesta y en +los brazos de Alfredo: <i>¡Addio d'il passato</i>!</p> + +<p>La duquesa dijo con voz desfallecida que ella había visto en Londres, en +la galería de madame Toussaud, la guillotina misma en que murió Luis +XVI. La señora de López Moreno se llevó la mano a su gordo pescuezo, +como si ya sintiese allí el filo de la fatal cuchilla. Leopoldina Pastor +no se asustaba: de morir ella, moriría como Carlota Corday, despachando +antes media docena de indecentes, como Marat. Carmen Tagle dio un +suspiro, sacó un poquito la lengua y preguntó si aquello dolería mucho.</p> + +<p>—Tan sólo se siente un ligero frescor—contestó a lo lejos una voz +<span class='pagenum'><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span>cavernosa.</p> + +<p>Volviéronse todos asustados, creyendo encontrar la sombra de +Robespierre, que venía a comunicarles el dictamen de su experiencia.</p> + +<p>Tan sólo vieron a don Casimiro Panojas, sonriente, apretándose con una +mano el gaznate, rompiendo con la otra el rabo de un conejito de +porcelana de Sajonia que, entre mil costosas baratijas, adornaba una +mesa. Distraído siempre el buen señor, trituraba de continuo lo que +cogía al alcance de sus dedos de espárrago, y a estos destrozos sin +cuento de muebles y cachivaches debía el apodo de <i>el Ciclón Literario</i>.</p> + +<p>Riéronse todos; y la salida del académico, que no era otra sino el +informe de Guillotín a la Asamblea francesa sobre su terrible invento, +vino a aclarar algo la sombría atmósfera. Una racha viviente, un huracán +femenino que apareció en la puerta, acabó de despejarla del todo; entró +Isabel Mazacán, con su paso de Diana cazadora, alta la cabeza, altiva la +mirada; demasiado señoril para <i>cocotte</i> demasiado desvergonzada para +gran dama.</p> + +<p>Besó a la duquesa, quitóse un guante, bebió dos sorbos de té...</p> + +<p>—Butrón, un cigarro—dijo, y con el aplomo de un veterano, de repente, +sin preámbulos, hizo estallar esta bomba:</p> + +<p>—Está nombrada la camarera mayor de Palacio.</p> + +<p>La sorpresa hizo saltar de sus asientos a damas y caballeros, y +desapareció como por ensalmo la jaqueca de la duquesa.</p> + +<p>—¿Quién es?...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span></p><p>—Pero ¿quién podía ser?...</p> + +<p>Porque ¿quién podía ser, en efecto, si la gran habilidad de las señoras +alfonsinas había estado en desairar a la reina María Victoria, dejando +vacante el cargo de camarera mayor, que exige como requisito +indispensable la grandeza de España, y es de suyo tan alto y delicado +que no recibe, sino presta autoridad a la persona misma de la reina?...</p> + +<p>—¡Bah!—exclamó al cabo la duquesa—, alguna coronela de Alcolea...</p> + +<p>—Alguna burguesa distinguida—dijo Carmen Tagle.</p> + +<p>—Miss Zaeo, artista ecuestre—opinó Gorito Sardona.</p> + +<p>Y Paco Vélez, en crudo, sin repulgos, sin que ninguna dama se espantase, +ni ningún caballero le cruzara el rostro de una bofetada, añadió:</p> + +<p>—Paca la alta... <i>artiste anonyme</i>...</p> + +<p>Angelito Castropardo, en pie detrás de la gorda López Moreno, la +designaba con gesto picaresco, guiñando un ojo como si preguntase si era +ella; mas la Mazacán, con mucha pausa y sin que la voluminosa banquera +pudiese comprender por la expresión de su rostro qué decía, ni a quién +hablaba, le contestó, subrayando las palabras:</p> + +<p>—No es <i>gorda</i> de España... Es <i>grande</i> de España.</p> + +<p>Recrudecióse la sorpresa con asomos de indignación, y hasta el mesurado +diplomático contrajo sus pellejos de conejo, exclamando:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p><p>—¡Imposible!... ¡Imposible!...</p> + +<p>—Será alguna grande de provincia... Alguna indecente que nosotros no +conocemos—dijo Leopoldina Pastor.</p> + +<p>—No, señor; es grande de la corte, y de la cepa... y me extraña no +encontrarla aquí...</p> + +<p>—¿Aquí?—gritó la duquesa irguiéndose amenazadora.</p> + +<p>Y revolvió los ojos en todas direcciones, como buscando debajo de alguna +mesa o en lo alto de algún <i>étagére</i> a la nueva camarera.</p> + +<p>—Pero ¿quién es?... ¿Quién es?—gritaron todos.</p> + +<p>Isabel Mazacán dejaba escapar una sonrisita maliciosa, como quien +saborea un triunfo anticipado; presentó una copa a Paco Vélez para que +se la llenase de whisky, vacióla de un trago, y acabó al fin de soltar +la bomba.</p> + +<p>—Curra Albornoz—dijo.</p> + +<p>Lo enorme de la afirmación destruyó su efecto. Un «¡bah!» general de +incredulidad brotó de todos los labios, y la duquesa se hundió de nuevo +en las profundidades de su <i>chaise-longue</i>, exclamando:</p> + +<p>—¡Eso es una <i>canard</i>!</p> + +<p>—¡Sí, señor!... ¡Un camelo!—añadió Gorito muy indignado.</p> + +<p>Tocóle la vez de enfurecerse a Isabel Mazacán, y mientras el viejo +<span class='pagenum'><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span>Butrón disimulaba un repentino sobresalto, como si juzgase aquel +nombramiento cosa de grave peligro, dijo ella muy contrariada por el +fiasco de su noticia:</p> + +<p>—Pues, señor, ¡me pasmo de su pasmo de ustedes!... ¿A qué viene ese +espanto?... ¿Acaso Curra ha tenido alguna vez vergüenza?</p> + +<p>—¡Eso es otra cosa!—replicó con fresquísima naturalidad la duquesa—. +Pero la enormidad que tú le atribuyes sería peor que una culpa; sería +una pifia...¡Camarera mayor de <i>la Cisterna</i>!... ¡Qué ridiculez!...</p> + +<p>—Mira que lo sé de buena tinta...</p> + +<p>—Vamos, mujer, dilo sin miedo, que ninguna de nosotras se ha de poner +colorada—exclamó María Valdivieso con la intención de un toro de ocho +años—. ¿Te lo ha dicho García Gómez?...</p> + +<p>La Mazacán titubeó un momento, y sin ruborizarse tampoco por las +comentadas intimidades que con el lindo ministro tenía, dijo al cabo:</p> + +<p>—García Gómez me lo ha dicho.</p> + +<p>—¡Pues aunque lo diga San García Gómez no lo creo!—replicó +impertérrita la duquesa—. Necesitaría yo verla en el coche de <i>la +Cisterna</i> para comprender.</p> + +<p>—Ya lo irás comprendiendo, mujer, no te apures—la interrumpió Isabel +Mazacán con mucha sorna—. ¿Te acuerdas de que Currita estaba en París +cuando la abdicación de la reina? ¿Te acuerdas de que nadie se acordó de +invitarla a la ceremonia?... Bien se guardó ella de decirlo; pero su +marido, ese Villamelón, que tiene más de <i>melón</i> que de <i>villa</i>, lo dejó +<span class='pagenum'><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span>escapar una noche en casa de Camponegro... ¡Pues ahí tienes la madre +del cordero!... Ella no ha perdonado el desaire, y quiere ahora sacarse +la espina; porque, ¡pásmate, Beatriz, pásmate!... Ni aun siquiera le han +ofrecido el cargo; ¡ella, ella es quien lo ha solicitado!...</p> + +<p>Horrorizáronse todos, y la Mazacán continuó:</p> + +<p>—Verdad es que se hace pagar carillo, porque ha sacado seis mil duros +de sueldo, y...</p> + +<p>—¿Seis mil duros de sueldo?... ¡Qué barbaridad!... Pero si ningún +sueldo de Palacio pasó nunca de tres mil duros...</p> + +<p>—Pues para Curra pasa de seis mil, porque, además de ellos, se ha +sacado también...</p> + +<p>Aquí intercaló la amiga de García Gómez una risita de todos los diablos, +y añadió muy despacito:</p> + +<p>—...la Secretaría particular de don Amadeo, para ese Juanito Velarde, +que es ahora su consejero íntimo.</p> + +<p>—¿Velarde?—exclamó Pilar Balsano muy sorprendida—. ¡Yo nada sabía!...</p> + +<p>—¿Ahora te desayunas de eso?... ¡Vamos, Pilar, que estás siempre en +Belén con los pastores!...</p> + +<p>—Lo veía mucho con Villamelón, pero nada sospechaba...</p> + +<p>—¿Y querías mayor indicio?... En ese matrimonio modelo son comunes +hasta las afecciones; el consejero más íntimo de Currita es el amigo que +<span class='pagenum'><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>Villamelón pasea... En eso conozco yo quién está de turno.</p> + +<p>Riéronse todos, como siempre que la Mazacán empuñaba la tijera, y la +señora de López Moreno dijo muy satisfecha:</p> + +<p>—¡Qué Isabel esta!... ¡Con qué gracia crucifica a todo el mundo!...</p> + +<p>No sentó bien a la Mazacán aquel familiar <i>Isabel</i>, y como no tenía +sobre sus tierras hipoteca ninguna de la banquera, la contestó +recalcando mucho el nombre de pila de esta:</p> + +<p>—Por eso tengo la seguridad de que a nadie calumnio, mi señora doña +Ramona...</p> + +<p>La duquesa, que aún no se daba por convencida, quiso replicar algo; pero +el marqués, desasosegado y nervioso, impuso silencio, extendiendo una +mano que parecía tener, como las de Jacob, mitones de cabrito...</p> + +<p>—¡Basta, basta, señores!—dijo—. ¡Están ustedes jugando con fuego!...</p> + +<p>Y lanzando en torno una mirada escrutadora, que brillaba entre sus cejas +como el sol entre nubarrones, añadió:</p> + +<p>—Todos tenemos aquí los mismos intereses, y se puede hablar claro... De +ser cierto lo que Isabel dice, el tal nombramiento traerá cola... Lo de +la abdicación es exacto, pero fue un olvido; yo estaba allí también, y +me lo contó Pepe Cerneta, y la misma señora me lo repitió, lamentándose +de ello... Por eso, cuando noté que Currita se había resentido, escribí +yo mismo a la reina, aconsejándola que la desagraviara...</p> + +<p>—¡Pues muy mal hecho!... ¡Lástima de tiempo perdido!—le interrumpió +<span class='pagenum'><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span>Isabel Mazacán con un mohín graciosísimo.</p> + +<p>—¡No, Isabel, no!... Que cuando un partido está en desgracia, su +política ha de ser siempre la de barrer para adentro... Por eso la +señora me contestó hace poco que la invitaría para la primera comunión +de nuestro príncipe en Roma... ¡Figúrense ustedes el compromiso que será +para mí si la señora da ese paso en falso!... ¡Jesús, Jesús, qué +disparate!... Pero, Isabel, cabeza de pájaro, ¿por qué no me dijiste eso +a mí solo?...</p> + +<p>—¡Pues me gusta la salida!... ¿Para que se lo guardara usted muy +tapadito?...</p> + +<p>—¡Pues claro está!, ¡para eso mismo!... Es menester que todo eso quede +entre nosotros, y hable yo cuanto antes con Currita...</p> + +<p>—Aquí la tendrá usted de un momento a otro.</p> + +<p>—¿Aquí?...</p> + +<p>—Aquí mismo... Quedé citada con ella para ir a la visita de los niños +de la Inclusa; ella es de la Junta de Damas.</p> + +<p>—¡Oh, sí!—exclamó Carmen Tagle en tono muy devoto—. Currita tiene a +esos pobrecitos niños un afecto tiernísimo...</p> + +<p>—Maternal—dijo Gorito en el mismo tono.</p> + +<p>—Verdaderamente maternal—repitieron varios muy compungidos; y todos se +echaron a reír, incluso la colegialita, con sencillez candorosísima, +<span class='pagenum'><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span>mientras Butrón, muy apurado, repetía con el ademán de Neptuno +pacificando los mares:</p> + +<p>—¡Juicio, señores; juicio, por Dios!... Que nadie diga una palabra, ni +se den por entendidos con ella, hasta que yo le hable.</p> + +<p>—¡Ay, no, no; lo que es eso no!—exclamó la Mazacán muy desolada—. Por +nada del mundo renuncio yo al gustito de hacerla rabiar un rato...</p> + +<p>—¡Pero si eso no puede ser cierto!... ¡Si todo podrá arreglarse!</p> + +<p>—Pues mientras usted lo arregla, nosotras nos divertiremos...</p> + +<p>Butrón quiso invocar los fueros de su autoridad, pero ya era tarde... A +través de la puerta del <i>fumoir</i> vieron todos adelantarse, por el salón +vecino, a una dama muy pequeñita, flaca, que caminaba con menudos pasos +sobre sus altos tacones, dando golpecitos en el suelo con el regatón del +largo palo de su sombrilla de encajes. Tenía el pelo rojo, el rostro +lleno de pecas, y sus pupilas grises eran tan claras que parecían +borrarse a cierta distancia, haciendo el extraño efecto de los muertos +ojos de una estatua.</p> + +<p>Al verla, Leopoldina Pastor corrió al soberbio piano de Erard, que +estaba en un ángulo, arrancó de un solo tirón la rica y antigua colcha +brocada que lo cubría, y se puso a tocar furiosamente el flamante himno +de doña María Victoria, una de las intemperancias filarmónicas en que +tan fecundo fue siempre el partido progresista. Gorito Sardona saltó +frente a la puerta, sobre un puff de badana japonesa, y cogiendo a guisa +de sombrero una de las bandejas del té, de cincelada plata antigua, se +descubrió ante la dama lentamente, tieso, sin mover la cabeza, +extendiendo el brazo hasta formar con el cuerpo ángulo recto, como solía +<span class='pagenum'><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span>saludar por todas partes el rey don Amadeo.</p> + +<p>Currita se detuvo un momento en el dintel, sin perder su aire de niña +tímida, de ingenua colegiala; oyó el himno, vio a Gorito, abarcó la +situación con una sola y rápida ojeada... y dobló de repente el cuerpo +con distinción exquisita, para contestar al saludo amadeísta con otro +saludo de corte, profundo, pausado, a la derecha, a la izquierda, +poniendo en elegantísima caricatura la ceremoniosa reverencia usual de +la reina doña María Victoria.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IIImdash" id="IIImdash"></a><a href="#toc">—III—</a></h2> + + +<p>El 21 de junio de 1832, Fernando VII, arrastrando los pies más por la +gota que por los años, y María Cristina, en todo el apogeo de su lozanía +y su belleza, sacaban de pila en la colegiata e iglesia parroquial de la +Santísima Trinidad, del Real Sitio de San Ildefonso, a un niño que se +llamó Fernando, Cristián, Robustiano, Carlos, Luisga, Alfonso de +la Santísima Trinidad, Anacleto, Vicente.</p> + +<p>Era hijo primogénito de los marqueses de Villamelón, grandes de España, +gentilhombre él de su majestad el rey, y dama de honor ella de su +majestad la reina. Fue la última criatura que apadrinó Fernando en este +valle de lágrimas; quince meses después bajó al sepulcro en el Real +Palacio de Madrid, cumpliéndose a la letra el símil de la botella de +cerveza con que el socarrón monarca comparaba a su pueblo. Él era el +corcho que saltaba, la revolución el espumoso líquido que se difundía +<span class='pagenum'><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>por todas partes.</p> + +<p>Aquella misma tarde quiso Fernando examinar de cerca a su ahijado, y en +su propia cámara, hundido él en su poltrona, puso al recién nacido sobre +sus rodillas, abrióle la boquita con un dedo, y metióle su nariz de pura +raza borbónica, como si quisiera examinarle la embocadura del esófago. +El caso era portentoso, y asustado Fernando al cerciorarse de ello, +retiró la nariz prontamente... El tierno Villamelón había venido al +mundo con toda la dentadura completa.</p> + +<p>Enrique IV nació con dos dientes, Mirabeau con dos muelas, y quien de +tal modo superaba al gran rey, y se sobreponía al famoso tribuno, +preciso era que diese también de sí grandes cosas. Villamelón padre +lloraba de gozo, y el conde de Alcudia, que allí se hallaba presente, le +aconsejó que emplease para la lactancia de su hijo las veintisiete vacas +y cuarenta cabras que servían de amas de cría al hipopótamo parvulito, +regalo de Abbás-Pachá, que se criaba en París, en el jardín de las +plantas. Mas Fernando VII opinó que le diesen de mamar chuletas, y lo +destetaran luego con aguardiente, y aquella misma noche envió a su +ahijado, como regalo de padrino, un gran trinchante de oro macizo, que +tenía esculpidas en el cabo las armas de España.</p> + +<p>La reina deseó también cerciorarse del prodigio, metiendo la punta de su +rosado dedo en la boca de Villameloncito, y don Tadeo Calomarde, que +llegó en aquel momento, quiso hacer la misma experiencia, +introduciéndole el suyo manchado de tinta. Mas el niño apretó entonces +fuertemente sus precoces herramientas, haciendo lanzar al ministro un +ligero chillido.</p> + +<p>—Se conoce que no es tonto—dijo Fernando VII.</p> + +<p>Rieron todos la agudeza del monarca, y la frase salió de la cámara +<span class='pagenum'><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span>regia, cruzó por los salones, pasó por las antesalas, y al bajar las +escaleras comentábanla ya todos, muy admirados del talento de la +criatura, asegurando que a los tres días de nacida había recitado a su +augusto padrino el Padrenuestro, el Avemaría, parte de la letanía +lauretana y una fabulita de don Tomás Iriarte; aquella que empieza:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Por entre unas matas<br /></span> +<span class="i0">Seguido de perros,<br /></span> +<span class="i0">No diré corría,<br /></span> +<span class="i0">Volaba un conejo...<br /></span> +</div></div> + +<p>El caso era prodigioso, y de entonces dató la fama de hombre de talento +que había de gozar el marqués futuro de Villamelón, hasta que los +repetidos esfuerzos de sus majaderías dieron con ella al traste.</p> + +<p>A los veinte años cumplidos, y puesto ya, por muerte de su padre, en +posesión de su título, entró en la Academia de Artillería, y el año de +59 marchó a la guerra de África, a bordo de la escuadra que mandaba el +general don Segundo Herrera. Ansioso de pisar suelo africano y teñir su +espada virgen en sangre agarena, saltó Villamelón a tierra, en el sitio +que llaman de Cabo Negro, con ánimos bastantes para atravesar todo +Marruecos y llegar a Túnez, donde un su abuelo había ganado la Grandeza +entrando en la Alcazaba con don Juan de Austria... Mas de repente +brotaron de entre las cerradas malezas que cubrían la rojiza playa como +el áspero vello de una fiera bestia, varios rifeños dispersos, que +recibieron a los exploradores con el fuego de sus espingardas... +Villamelón no titubeó un momento: olvidóse de Marruecos, renunció a +Túnez y renegó de aquel su abuelo que ganó la Grandeza en la Alcazaba, +<span class='pagenum'><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span>para ganar él la chalupa a toda prisa y refugiarse en el último rincón +de su camarote de la <i>Blanca</i>, sin que volviese a subir sobre cubierta, +hasta regresar de nuevo a la Península con patente de enfermo. Los +rifeños le habían parecido muy feos en aquella corta entrevista, y tan +mal educados, que imposible se hacía a toda persona decente tener trato +alguno con ellos.</p> + +<p>Pidió entonces su retiro, y entró en Madrid triunfante, como Napoleón en +París de vuelta de la campaña de Egipto, precedido de la fama de sus +hazañas en el combate <i>terro-naval</i> de Cabo Negro. El combate +<i>terro-naval</i> corrió por toda la corte, ponderado por el héroe mismo, y +un día que daba la guardia en Palacio, como grande de España, y +mencionaba por centésima vez, durante la comida, el combate +<i>terro-naval</i> de Cabo Negro, le dijo de pronto la reina:</p> + +<p>—Mira, Villamelón; varía alguna vez, y que no sea siempre +<i>terro-naval</i>... Siquiera por hoy, que sea <i>navo-terrestre</i>.</p> + +<p>Y bautizado por los regios labios <i>navo-terrestre</i>, quedó Villamelón +para todos los días de su vida.</p> + +<p>Era por aquel tiempo el marqués, sin ser derrochador, bastante +libertino; pero no con aquel aristocrático libertinaje de los Lauzun y +los Frousac, señoriles hasta en sus vicios, caballerescos hasta en la +infamia, que sacudían de sí todo lo vulgar y grosero, con la misma +elegante pulcritud con que sacudían el polvillo del perfumado tabaco de +sus chorreras de encaje. Su libertinaje era, por el contrario, aquel +otro libertinaje tan común en España entre los jóvenes de alta alcurnia: +mezcla extraña, tipo híbrido del manolo y del <i>sportmen</i>, del gitano y +del muscadin, que se diría nacido del antitético matrimonio de un torero +andaluz con una <i>soubrette</i> parisiense. Harto al cabo de chulas y de +<span class='pagenum'><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span>lorettes, de toros y de handicaps, de manzanilla y champagne, de callos +y de <i>foie-gras</i>, resolvió a los treinta años <i>dar fin</i>; esto es, +casarse... Mas para que Villamelón <i>diese fin</i>, preciso era que alguna +hija de Eva <i>diese principio</i>, puesto que por una de esas anomalías que +tienen su razón de ser en el torcido criterio de ciertas clases +sociales, se ha convenido en que el hombre piensa dar fin en aquel mismo +matrimonio en que juzga la mujer dar principio.</p> + +<p>El trabajo de la elección, <i>l'embarras du choix</i>, como él mismo decía, +no fue para Villamelón grande, porque en ningún orden de ideas era +descontentadizo. Creía en Dios como en una persona excelente con quien +se cumple de sobra, dejándole de cuando en cuando una tarjeta en el +cancel de una iglesia; el hombre era para él un tubo digestivo muy bien +dispuesto; la vida, una peregrinación, que, con la bolsa bien repleta y +el estómago bien lleno, podía hacerse cómodamente; y el matrimonio, la +fusión de dos rentas y la prolongación de una estirpe que había de +llevar su ilustre nombre, ni más ni menos que llevan el suyo los toros +de Veraguas o las yeguas de Mecklemburgo.</p> + +<p>Viose, pues, a Villamelón, el héroe del combate <i>navo-terrestre</i> de Cabo +Negro, que tanto se había asustado con la desnudez relativa de los +rifeños, pedir sin repugnancia y obtener sin espanto la mano de una +ilustre salvaje completamente desnuda de alma; porque así como en +bosques y desiertos se encuentran salvajes que ofenden la decencia con +la desnudez de sus cuerpos, así también se encuentran en plazas y +salones otros salvajes vestidos por fuera, que insultan el pudor con la +desnudez interna de sus almas. Para ellos son del todo inútiles cuantas +prendas más o menos postizas usa la humanidad para encubrir sus vicios, +y lo mismo el santo rubor que la falsa hipocresía, el noble decoro que +la falaz preocupación, les provocan la carcajada de extrañeza que causó +a Cetewayo, destronado rey de los zulús, la camisa que le ofrecían sus +<span class='pagenum'><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span>vencedores ingleses.</p> + +<p>Esta ilustre salvaje civilizada era la excelentísima señora doña +Francisca de Borja Solís y Gorbea, condesa de Albornoz, marquesa de +Catañalzor, dos veces grande de España por derecho propio, y marquesa de +Villamelón y de Paracuéllar, con otra Grandeza, por el héroe de la +batalla <i>navo-terrestre</i> de Cabo Negro, su ilustre marido.</p> + +<p>Pero por una de esas excepciones que apartan en algo al individuo de las +reglas generales del tipo para constituir en el un carácter propio, +tenía la condesa un pudor especial, un extraño pudor que pudiera muy +bien llamarse el pudor de su marido. Porque lejos de ser este +matrimonio, como tantos otros de su clase, la pareja de perros que se +esfuerzan por andar tan apartados como permite la traílla harto elástica +que los une, veíaseles, por el contrario, siempre juntos en todas +partes, abrumando él a ella con cariñosas atenciones, correspondiente +ella a él con monadas de niña tímida, de candorosa colegiala cuyo +encantador enfantillage, sobrepuesto a su desvergonzado cinismo, traía a +la imaginación el extraño fantasma de un caribe bebiendo en delicadísima +copita de cristal de Bohemia, poquito a poco y sorbo a sorbito, +espumante sangre caliente; de un antropófago que con tenedor y cuchillo +de brillantísima plata se comiese con la mayor pulcritud posible un +beefsteak de carne humana.</p> + +<p>Villamelón, sin embargo, había realizado su ensueño; porque su esposa +prolongó su estirpe añadiéndole una niña y un niño, y la renta de él, +que, según su frase, daba para comer, se unió a la de ella, que daba a +su vez para cenar; para comer y cenar, se entiende, con todas las +opíparas reglas del arte, porque Villamelón honró siempre su precocidad +dentífrica y el trinchante de oro macizo, regalo de su augusto padrino, +siendo glotón a la vez que gastrónomo, <i>gourmand</i> a la vez que +<i>gourmet</i>; un <span class='pagenum'><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span>tonel sin fondo en cuanto a la cantidad de lo que bebía y +engullía, y un inteligente Brillat-Savarin en cuanto a la calidad y modo +de lo que engullía, sordo siempre a los clamores de la indigestión, que +de cuando en cuando se encargaba de predicar moral a su estómago.</p> + +<p>La esposa, por su parte, era también feliz; zambullida en su +desvergüenza, como los héroes griegos en la Estigia, habíase hecho como +ellos invulnerable, y con su audacia infinita y su cínica travesura +femenina, lograba el único fin de su vida, natural anhelo de su vanidad +inmensa: sobreponerse a todo el mundo, ser siempre la primera y lograr +que todas las lenguas le rindiesen vasallaje, ocupándose constantemente, +para bien o para mal, que eso poco importaba, de su persona y de sus +cosas. De ella hubiera podido decirse lo que de cierto personaje dijo un +escritor elegantísimo: «Si asiste a una boda, quisiera ser la novia; si +a un bautizo, el recién nacido, si a un entierro, el muerto».</p> + +<p>Y aunque nadie hubiera podido explicar la razón de ser de esta +supremacía de que gozaba Currita en la corte, sin embargo, con esa +vergonzosa condescendencia para el escandaloso que es a nuestro juicio +el pecado capital de la alta sociedad madrileña y el origen y fuente de +sus deformidades, todo el mundo, desde el caballero cumplido hasta el +tahúr elegante, desde la dama honrada hasta la hembra sin decoro, se +sujetaban a ella de modo más o menos directo, sin dejar por eso de +proclamar que en belleza la aventajaban todas, en alcurnia la igualaban +muchas, en riquezas la superaban bastantes, y sólo en audacia y +desvergüenza caminaba siempre la primera... ¿Sería, pues, esta la razón +de ser de aquella supremacía? ¿Sería que a fuerza de ver refinado el +vicio y respirar la atmósfera de escándalo llegan ciertas sociedades a +la aberración de aquellos pueblos bárbaros que prestan su homenaje más +<span class='pagenum'><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span>profundo y su culto más entusiasta al ídolo más monstruoso?...</p> + +<p>Limitémonos a indicar el hecho sin tratar de analizarlo, y veamos lo que +hizo Currita aquella tarde en casa de la duquesa de Bara.</p> + +<p>Esta se había incorporado en su asiento, y Currita llegó hasta ella, +saludando a derecha e izquierda, al son del himno de doña María +Victoria, siempre con su cándida risita:</p> + +<p>—¡Gracias! ¡Gracias, amado pueblo!</p> + +<p>—<i>À tout seigneur, tout honneur</i>!—le dijo la duquesa devolviéndole sus +besos.</p> + +<p>Agrupáronse todos en torno a Currita, que se había sentado junto a la +duquesa, desairando una taza de té que le ofrecían; pidió en cambio una +copita de whisky, porque era de rigor en aquel tiempo, entre algunas +damas elegantes que pretendían formar el cogollito <i>de la crème</i>, fumar +y empinar de lo lindo, con mucha distinción y gracia. El respetable +Butrón le ofreció un cigarro.</p> + +<p>—¡Ay, no, no—dijo ella con su melodiosa vocecita—; eso es paja!... +Dame tú uno más fuerte, Gorito...</p> + +<p>Y mientras Gorito le daba un veguero, capaz de tumbar de espaldas a un +sargento de caballería, y lo encendía ella pulcramente con una prosaica +cerilla, le dijo la duquesa:</p> + +<p>—¡Pero vamos, mujer... cuenta, cuenta!...</p> + +<p>—¿Y qué he de contar yo—dijo ella entre dos chupadas—, si veo que lo +<span class='pagenum'><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>saben ustedes todo?...</p> + +<p>—¿Pero es cierto?—preguntó Butrón azorado.</p> + +<p>—¡Ciertísimo!—replicó con énfasis Currita.</p> + +<p>El peludo Butrón levantó ambas manos al cielo, la Mazacán paseó por la +horrorizada concurrencia una mirada de triunfo, y la duquesa, +irguiéndose iracunda, exclamó violentamente:</p> + +<p>—¿Y lo dices con esa frescura?... ¿Y tienes valor para venir a decirlo +aquí, en mi casa?...</p> + +<p>Currita pareció quedarse sorprendida, casi espantada, y paseando por +todo el auditorio sus claros ojos admirablemente azorados, dijo con el +tonillo lastimero de una niña a quien amenazan con azotes:</p> + +<p>—Pero entendámonos... ¿Qué es lo que ustedes saben?...</p> + +<p>—Que estás nombrada camarera mayor de <i>la Cisterna</i>—dijo Isabel +Mazacán con todos sus bríos.</p> + +<p>Currita pensó desmayarse.</p> + +<p>—¿Yo?—dijo con la ruborosa indignación de una virgen de cuya virtud se +duda—. ¿Y ustedes lo han creído?...</p> + +<p>—¡Nadie, nadie!—exclamó Butrón soltando el resoplido inmenso de un +gigante a quien quitan de sobre el pecho una montaña—Nadie ha dudado ni +por un momento de tu lealtad, hija mía querida, y cree que...</p> + +<p>—¡Jesús, señor, qué gentes!, ¡qué lenguas!, ¡qué modo de tergiversar +<span class='pagenum'><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span>hasta lo más sencillo!—decía Currita con voz debilitada.</p> + +<p>Y enjugándose con su finísimo pañuelo una lágrima, que, falsa o +verdadera, apareció en sus ojos, dejaba ver al descuido la bellísima +flor de lis que traía en el pecho, y una magnífica pulsera de oro, en +que con sus gruesos brillantes se leía incrustada la cifra de Isabel II.</p> + +<p>—El caso no puede ser más sencillo—prosiguió con aquella suave +vocecita que jamás dejaba un mismo y pausado tono—. Ayer, en el +consejillo, trataron del nombramiento de camarera, porque la verdad es +que la posición de esa pobre Cisterna no puede ser más desairada... Pues +nada, hija, el ministro de Ultramar<a name="FNanchor_3_3" id="FNanchor_3_3"></a><a href="#Footnote_3_3" class="fnanchor">[3]</a> tuvo la ocurrencia de proponer +que me hicieran a mí la oferta.</p> + +<p>—¡Indecente!—gritó Leopoldina Pastor—. ¿Y tu marido no le ha dado ya +una estocada?</p> + +<p>—Bien la merece; pero, después de todo, el pobre Fernandito es quien +tiene la culpa—continuó Currita con aire de pacientísima esposa—. Se +empeñó en que su amigo Juanito Velarde había de ser secretario +particular de don Amadeo, habló al ministro, este le ayudó, y +envalentonado con eso, se ha atrevido a tanto el señor ministro... Lo +que yo le decía a Fernandito: si le das el pie a esa gente, se tomarán +la mano... En fin, hija, el presidente del Consejo en persona estuvo a +hacerme la propuesta... ¡Por supuesto que yo no lo recibí; Fernandito se +entendió con él, y tuvieron una escena!... Yo, muerta de susto, porque +creí que lo iba a plantar en la calle y acabaría la cuestión a tiros... +En fin, se fue por donde había venido, con las orejas calientes; y sabe +Dios lo que en venganza dirán de mí ahora... Esto ha sido todo; por eso, +cuando al entrar oí el himno y vi el saludo de Gorito, creí que era una +<span class='pagenum'><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>broma que ustedes me daban...</p> + +<p>Butrón hizo una profunda señal de asentimiento, y la duquesa, ya +amansada del todo y queriendo remediar su anterior arranque, dijo +vivamente:</p> + +<p>—¿Pero podías creer otra cosa?</p> + +<p>Y cogiéndola la muñeca en que traía la pulsera de Isabel II, besóle la +mano con gran cariño, diciendo:</p> + +<p>—Si fueras tú camarera de <i>la Cisterna</i> merecerías que se te volviese +un grillete esta pulsera.</p> + +<p>—¿No me la habías visto?—dijo con mucha naturalidad Currita—. Me la +regaló la reina el último día de mi santo.</p> + +<p>Mientras la de Albornoz hablaba, Isabel Mazacán, muy impaciente, +cuchicheaba al oído de Butrón, diciéndole:</p> + +<p>—¡Pero qué grandísima embustera!... ¡Pero qué modo de inventar +historias!... ¡Mentira, Butrón, mentira todo!... Si me dijo García Gómez +que justamente en el consejillo había dado cuenta el ministro de +Ultramar del deseo de ella, y entonces quedó acordado el nombramiento, +supuesta la aprobación de <i>la Cisterna</i>... Hoy, hoy por la mañana, es +cuando debe de haber ido el presidente del Consejo a notificárselo a +Currita.</p> + +<p>Y luego, no bien cesó de hablar ésta, se apresuró a decir en voz alta, +con marcado aire de triunfo:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p><p>—¿Lo ven ustedes?... ¿Lo ven ustedes cómo era lo que yo decía?... Lo +mismo, lo mismo que está diciendo Curra fue lo que me contó a mí García +Gómez.</p> + +<p>Currita, que tenía sobradísimas razones para saber que García Gómez +debía de haber dicho cosas muy distintas, dio un par de chupaditas al +cigarro, que con tanto hablar ya se apagaba, y dijo a la Mazacán muy +despacito:</p> + +<p>—Pues mira; también tengo mi quejilla contra... <i>tu</i> García Gómez... +Porque como ministro de Estado que es, entretiene sus ocios registrando +toda la correspondencia que viene de París... ¡Sí hija mía, sí; no lo +defiendas!... En el <i>gabinete negro</i> se abre toda la correspondencia +antes de que llegue a su destino, y por eso pudo decir en el consejillo +que ayer vino para mí una carta de la reina, que debió probar al +Ministerio todo lo absurdo de sus pretensiones.</p> + +<p>Comprendieron todos, y Butrón el primero, a qué carta aludía Currita, y +exclamaron en coro general, que dejaba sobresalir bastante las sordas +notas de la envidia:</p> + +<p>—¿Te ha escrito la reina?...</p> + +<p>—Sí—replicó Currita—; me escribe invitándome para la primera comunión +del príncipe Alfonso en Roma...</p> + +<p>Y se quedó mirando de hito en hito a Isabel Mazacán, cuyas misteriosas +ganas de acompañar a la reina destronada en aquella expedición eran de +todos conocidas. Esta, que hacía largo tiempo que sentía furiosos +hormigueos en la lengua, se aprestó a soltar alguna de sus crudezas. +Pero Butrón, que no cabía en sí de gozo al ver que su pifia diplomática +<span class='pagenum'><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>quedaba orillada, se apresuró a detenerla, llevándosela al hueco de una +ventana, donde por algún tiempo dialogaron vivamente.</p> + +<p>Mientras tanto, Currita, con la vaga mirada fija en el espacio, como era +siempre su extraña costumbre mientras hablaba, no los perdía de vista, +trazando al sino tiempo su itinerario. A principios de julio pensaba +marchar con Fernandito a Bélgica, para pasar un mes escaso con Mariano +Osuna en su castillo de Beauraing; después no sabía a punto fijo dónde +iría a esperar el 15 de octubre, fecha en que estaba citada con la reina +en Marsella, para emprender el viaje a Roma: quizá fuera a Trouville... +El verano anterior lo había pasado allí en una <i>villa</i> preciosa, frente +al Chalet Cordier, que era el de M. Thiers... Y por cierto que era +Thiers un vejete muy simpático y muy limpio, a pesar de ser republicano; +su mujer, una <i>bourgeoise</i> así, así... vamos, bastante pasable. Pues ¿y +la cuñada mademoiselle Dosne, la ninfa Egeria del presidente?... Era +cosa graciosísima verla coser los botones de la bata de son <i>beau-frère</i> +Adolphe... Parecía el ama de llaves de un notario acomodado.</p> + +<p>—¡Era una trinidad deliciosa!</p> + +<p>Y con su ingenuidad de colegiala, describió entonces Currita, con todos +sus pormenores, una picantísima caricatura de los esposos Thiers: una +indecencia verdusca publicada en Burdeos y recogida al punto por la +policía.</p> + +<p>—A mí me proporcionó un ejemplar el duque Decazes, y no pude resistir a +la tentación de enviársela por el correo, con una fajita, a mademoiselle +Dosne... ¡La cara que pondría!... ¡Ella que es tan pulcra, tan +comedida!...</p> + +<p>Y a renglón seguido, sin transición ninguna, Currita se enterneció +<span class='pagenum'><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span>profundamente al pensar en el gozo inmenso que la esperaba en Roma, +besando la sandalia del Santísimo Padre Pío IX... ¡Qué figura tan +gigantesca la del Pontífice! ¡Qué anciano aquel tan venerable!... Y +todas las señoras comenzaron a ponderar su adhesión al santo Pío IX, +prontas a sacrificarle vida, hacienda, todo, todo menos el alma, por +tenerla ya de antiguo comprometida con el diablo... Carmen Tagle dijo +que le había mirado siempre como si fuese su abuelo; la señora de López +Moreno añadió muy conmovida que ella le enviaba todos los años una pipa +de doce arrobas del riquísimo moscatel de sus soleras jerezanas, y la +duquesa, verdaderamente indignada, trajo a la memoria los atropellos a +que cinco días antes se habían entregado las turbas, apedreando los +faroles de la iluminación con que celebraban los católicos el +aniversario del Pontificado del augusto anciano; sólo en el palacio de +Medinaceli rompieron veintidós faroles y treinta y siete cristales... ¡Y +mientras tanto, los ministros y las autoridades se solazaban en un +concierto instrumental celebrado en Palacio!... ¡Qué Gobierno aquel, y +qué populacho tan impío y tan asqueroso!... Siquiera ellas veneraban la +persona del Pontífice encendiendo faroles en honra suya, y limitábanse +tan sólo a apedrear a todas horas la moral divina del Dios a quien aquel +representaba.</p> + +<p>Esto no lo dijeron, por supuesto, aquellas señoras; pero lo pensó, sin +decirlo, don Casimiro Pantojas, que atentamente las escuchaba, después +de haber desorejado a toda una desdichada familia de conejitos de +porcelana y arrancado los rabos a una parejita de bulldogs, fabricados +en Bristol.</p> + +<p>Y en esto concluyó Isabel Mazacán su aparte con el marqués de Butrón, y +disculpándose con Currita de no acompañarla a la visita de la Inclusa, +por habérsele ya hecho tarde, se marchó al parecer algún tanto +disgustada. Currita decidió entonces volverse a su casa, y el marqués de +<span class='pagenum'><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span>Butrón se despidió también en el acto.</p> + +<p>—¿Tiene usted coche, Butrón?—preguntó ella al diplomático.</p> + +<p>—No—respondió este presuroso, aprovechando la ocasión que tan pronto +se le ofrecía de hablar a solas con Currita.</p> + +<p>—Pues le llevaré a usted en mi berlina adonde quiera.</p> + +<p>—A la calle de Isabel la Católica... Tengo que hacer en la embajada +alemana.</p> + +<p>—Justamente me coge de paso.</p> + +<p>Currita bajó las escaleras apoyada en el brazo de Butrón, encontrando al +pie de su berlina, preciosa monería, verdadero juguete forrado de raso +azul con botones de terciopelo, que parecía el delicado estuche +destinado a guardar una joya.</p> + +<p>El diplomático no las tenía todas consigo: para él era evidente que +Isabel Mazacán no exageraba ni mentía al repetir las noticias del lindo +ministro García Gómez. Pero ¿cómo interpretar entonces la repentina +mudanza de Currita? La oportuna carta de la reina Isabel podía +explicarla por completo, porque el olvido de la abdicación quedaba con +ella satisfecho; y desagraviada Currita, pudo a tiempo renunciar a su +revancha. Tranquilo por esta parte Butrón, quiso, sin embargo, asegurar +más y más al partido la alianza preciosa de Currita; porque hay ciertas +políticas indecorosas y a la larga funestas, que, aun tendiendo a fines +honestos, no saben prescindir de individualidades asquerosas. <i>Barrer +para adentro</i> era la política de Butrón, como si la basura sirviera en +<span class='pagenum'><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span>alguna parte para otra cosa que para infestar el recinto que la +encierra.</p> + +<p>Fuese, pues, derecho al bulto, no bien el coche se puso en movimiento, y +apoyado en la autoridad de sus años, en la confianza del parentesco que +con Villamelón tenía y en su dignidad de jefe de la <i>brigada femenina</i> +conspiradora, le pidió categóricas explicaciones del hecho... Mas +Currita, volviendo a abrir palmo y medio los claros ojos y muy espantada +y ofendida, y casi llorosa, se limitó a repetir la historia ya referida, +con nuevas afirmaciones y protestas... Suponer otra cosa era un insulto +verdadero. ¿Por quién se la tomaba a ella? ¿Pues no había dado toda su +vida pruebas del más leal afecto a la real familia?... Y aun cuando ella +fuese capaz de semejante infamia, ¿se la hubiera permitido acaso +Fernandito, cuya sangre había corrido en el combate <i>navo-terrestre</i> de +Cabo Negro, al grito de Isabel II?... Justamente tenía él tal odio a la +intrusa casa de Saboya, que jamás ponía el sello de una carta sin +colocar al pobre don Amadeo con la cabeza para abajo. ¡Que lo había +dicho Isabel Mazacán, cuyas intimidades con el ministro revolucionario +debía hacerla a ella misma tan sospechosa!... ¿Pues no sabía todo el +mundo que la tal condesa de Mazacán era una intriganta, que andaba +detrás del viaje a Roma con la reina, para tapar a García Gómez ciertos +líos antiguos que debía de arreglar allí con un príncipe italiano?...</p> + +<p>Y tales cosas dijo Currita, y tales protestas hizo, y con tal acento las +pronunció, que el mismo Butrón con ser tan ducho, se quedó perplejo, y +entre las afirmaciones contrarias de aquellas dos condesas igualmente +tramposas, sólo sacó en claro una nueva confirmación de aquel principio +práctico que de toda la vida había profesado: la mujer aborrece a la +serpiente por celos y envidias del oficio.</p> + +<p>Mientras tanto, la berlina corría desempedrando las calles y doblando +<span class='pagenum'><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>las esquinas, con esas airosas vueltas que imprime a un fogoso tronco +la hábil mano de un cochero experto. A la mitad de la calle del Turco, y +dominando el ruidoso rodar del carruaje, llegó a oídos de la pareja un +extraño rumor lejano: esa especie de sordo mugido, amenazador, +imponente, que sólo es común al mar encrespado y a las muchedumbres +alborotadas... Currita y Butrón miráronse sorprendidos, y repararon +entonces en algunos transeúntes que venían presurosos de la calle de +Alcalá, y en el conserje de la Escuela de Ingenieros, que cerraba +apresuradamente la puerta de este edificio. Era esto harto común en +aquellos tiempos de alborotos continuos, y la berlina avanzó, sin +acortar su carrera, hasta la calle de Alcalá, para tomar luego por la +del Barquillo.</p> + +<p>Era esto, sin embargo, imposible; un largo y compacto cordón humano, +compuesto de una muchedumbre heterogénea y abigarrada, llenaba de un +cabo a otro la calle de Alcalá, cubriéndola en toda la gran extensión +que por ambos extremos abarcaba la vista.</p> + +<p>Era aquella una manifestación pacífica de la democracia, que con grandes +clamores y largos garrotes y extrañas banderas enarboladas se dirigía a +Palacio pidiendo la entrada en el ministerio de don Manuel Ruiz +Zorrilla.</p> + +<p>El cochero de Currita, Tom Sickles, enorme tipo del automedonte +británico, que pedía a voces el tricornio y la peluca empolvada, y se +había sentado en Londres en el pescante del duque de Edimburgo, y en +París en el de la princesa Matilde, dirigió los caballos corriendo a lo +largo de la manifestación, por ver si adelantaba la cabeza de esta y +podía entrar por la calle del Caballero de Gracia o por la de Peligros. +También era ya tarde, y viose precisado a detenerse frente al +Veloz-Club, entre el remolino que allí se iba amontonando, de lujosos +<span class='pagenum'><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>trenes que volvían de la Castellana y humildes simones que pretendían +inútilmente cruzar de un lado a otro. Butrón quiso volver atrás y salir +por cualquiera bocacalle a la Carrera de San Jerónimo.</p> + +<p>—¡Pero si esto es muy divertido!—decía Currita con infantil +alborozo—. ¡Qué delicia!... Mire usted, Butrón; mire usted qué +graciosos van todos con sus cintitas encarnadas... ¡Uy, aquel +jorobadito!... ¡Qué mono!... ¡Ah, pícaro!... ¡lleva una bandera en que +pide <i>reforma</i>!... ¡Pues claro está que la necesita!... ¡pobrecito!, +¡sobre todo por la espalda!...</p> + +<p>Otro carruaje se interpuso en aquel momento entre la muchedumbre y la +berlina, impidiendo la vista a Currita: en él iba el gobernador civil de +Madrid, muy rollizo y pomposo, que se dirigía a Palacio y veíase forzado +también a detenerse.</p> + +<p>—Ahí va ese mastodonte—dijo Butrón al oído de Currita—. En cuanto nos +vea juntos se figura que conspiramos.</p> + +<p>Estas sencillas palabras del diplomático parecieron despertar en Currita +una de esas ideas atrevidas que se conciben de repente, por más que +tarden en madurar años enteros. Asomóse a la portezuela como si desease +que el gobernador la viera, y sin contestar al respetuoso saludo que al +divisarla este le hizo, metióse bruscamente para dentro y se cubrió con +el pañuelo parte del rostro, como si quisiera entonces esconderse.</p> + +<p>—¡Qué mal huele la democracia!—decía para ocultar a Butrón aquellas +maniobras—. ¡Pero qué peste echan!...</p> + +<p>El coche del gobernador arrancó al fin trabajosamente a lo largo de la +calle, y desde aquel momento, nerviosa y agitada Currita, pareció +<span class='pagenum'><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span>impacientarse mucho por aquella misma detención que poco antes la había +divertido tanto. Frente a frente de ella, un poco más hacia la Puerta +del Sol, asomaban por los balcones del Veloz-Club, bajo sus toldillos de +verano, aristocráticos racimos de cabezas de gomosos desocupados, que +miraban el democrático desfile con esa especie de medrosa curiosidad +burlona, a la vez que tímida, con que se contemplan desde lo alto de un +tendido los terribles retozos de una piara de ridículas bestias feroces; +parecíales imposible en aquel momento que la bestia pudiera alguna vez +alzar su zarpa hasta ellos. La vista de aquellos elegantes espectadores +acabó de impacientar a Currita, y de tal modo se enardeció ante ellos su +afán de exhibirse y singularizarse, que tiró del cordoncillo hasta +descoyuntar el dedo del cochero, y sacó la cabeza por la ventanilla +gritando:</p> + +<p>—<i>Go on, Tom, go on</i>! <i>Run Through</i>!... <i>Carry them off</i>!...<a name="FNanchor_4_4" id="FNanchor_4_4"></a><a href="#Footnote_4_4" class="fnanchor">[4]</a></p> + +<p>Tom no se hizo repetir la orden: sacó el hercúleo pecho, tirando de las +riendas, con el esfuerzo de aquellos antiguos aurigas esculpidos por +Fidias en los frontones del Partenón, de pie sobre un carro, deteniendo +con una mano el galope de cuatro caballos. Piafaron los suyos, +encabritándose, castigóles él suavemente con la fusta, y aflojando de +repente las bridas, los lanzó con la velocidad y el empuje de una flecha +a través de la turba democrática, desapareciendo como un relámpago por +la calle de Peligros.</p> + +<p>Un alarido terrible de terror y de ira salió de la muchedumbre, que se +bamboleó a uno y otro lado del surco abierto por el coche; comenzó la +gente a correr asustada, los gomosos del Veloz-Club se metieron para +dentro, cerrando prontamente sus balcones, y el jorobado que pedía +<i>reforma</i> estuvo a pique de sufrirla por completo entre los pies de los +<span class='pagenum'><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span>caballos y las ruedas de la berlina.</p> + +<p>Mientras tanto, asombrado Butrón de aquel brusco arranque, y muerto de +susto ante audacia tan temeraria, echaba a toda prisa las cortinillas +para que no le viesen; y Currita, riendo como una loca, se asomaba por +el vidrio de la trasera para ver a los transeúntes refugiarse asustados +en los portales, y a los guardias públicos correr detrás de la berlina, +haciendo señas de que parasen. Mas Tom Sickles, arrebatada la cara de +remolacha, hacía terribles visajes, como si llevase los caballos +desbocados, mientras con suaves vibraciones de las riendas más y más los +azuzaba. En la calle de Isabel la Católica, Tom Sickles hizo otro +prodigio: coche y caballos quedaron parados en firme, de un golpe, ante +la embajada alemana. La señora estaba servida, mereciendo él la corona +triunfal de los Juegos Hípicos.</p> + +<p>Currita encontró enfilados a la puerta de su casa tres coches, +reconociendo al punto en uno de los cocheros la escarapela encarnada, +propia de los ministros. Apeóse entonces en las mismas caballerizas, y +por una escalera reservada para el uso de la servidumbre llegó a sus +habitaciones sin ser vista de nadie. Al ruido de la campanilla acudió +Kate, la doncella inglesa de la señora.</p> + +<p>—¿Quién está con el señor?—preguntó a esta.</p> + +<p>—El señor ministro de la Gobernación... El señor duque de Bringas y don +Juan Velarde juegan en el billar.</p> + +<p>—Dile a don Joselito que no recibo a nadie... Tengo mucha jaqueca.</p> + +<p>Kate pareció titubear un momento y se decidió al fin a decir +<span class='pagenum'><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span>tímidamente:</p> + +<p>—¿Ni tampoco a don Juan Velarde?...</p> + +<p>—Tampoco: a nadie, a nadie...</p> + +<p>De nuevo volvió a insinuar Kate con mucha delicadeza:</p> + +<p>—El señorito volverá hoy del colegio...</p> + +<p>—¡Es verdad!... ¡Pobre Paquito!...</p> + +<p>—Y querrá ver a la señora...</p> + +<p>—No, no... que se entretenga con Lilí... Mañana lo veré... ¡Tengo una +jaqueca horrible!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IVmdash" id="IVmdash"></a><a href="#toc">—IV—</a></h2> + + +<p>Cuando Paquito Luján llegó a su casa comenzaba a oscurecer, y la +escalera y el vestíbulo estaban ya completamente iluminados: cuatro +grandes estatuas desnudas, de mármol blanco, alumbraban este y aquella, +elevando sus manos artísticos candelabros de bronce con seis mecheros. +Al pie de la escalera, un enorme oso de Noruega sentado gravemente sobre +sus patas de detrás, presentaba con las de delante una bandeja de plata +destinada a recibir las tarjetas de visita. Era este un capricho del +príncipe de Gales que había visto Currita en el palacio de Sandringham, +<span class='pagenum'><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>y apresurádose a copiar a costa de dinero.</p> + +<p>La aflicción del niño había desaparecido, con esa dichosa rapidez con +que se suceden en la infancia emociones a emociones. La impaciencia, la +natural impaciencia, mezcla de ternura de hijo y del deseo de ser +alabado, era la que le agitaba en aquel momento, ansioso de caer con sus +premios en los brazos de su padre, de su madre, de Lilí, su hermanita +del alma... Sentado en el testero del carruaje, con sus premios muy +agarrados, apoyaba los piececillos en el asiento de enfrente, haciendo +verdaderos esfuerzos para delante, que creía él ayudaban al coche a +rodar más rápidamente.</p> + +<p>Al entrar en Madrid hubo que perder cuatro minutos encendiendo los +faroles, y un poco más allá los empleados del resguardo detuvieron de +nuevo al coche para registrarlo todo de arriba a abajo... ¡Qué +desesperación! ¡Qué feos y qué tontos eran aquellos hombres! De seguro +que ninguno de ellos había tenido nunca padre ni madre, ni Lilí, ni +sacado en todos los días de su vida un solo premio... Cuando él fuera +grande había de ahorcar a todos los empleados del resguardo, colgándolos +como los chorizos que había visto una vez en la chimenea del capataz del +Encinar, allá en Extremadura... ¡Y todavía, al doblar la esquina de la +Universidad, se atravesó un coche, y después un carro de mudanzas y +luego un gran ómnibus, y hubo que perder otros tres minutos! Al entrar +al fin en la última calle, ya tenía el niño la mano en la llave de la +portezuela, dispuesto a abrirla, asomando al mismo tiempo la carita, +porque de seguro estarían esperándole en algún balcón su padre, su +madre, o Lilí, o quizá los tres juntos... Ya les enseñaría él desde allí +abajo los premios, y creerían que no era más que uno, y verían luego que +eran cinco y dos excelencias. ¡Qué risa entonces!... Pero los balcones +estaban todos cerrados, y no se veía en ellos alma viviente. El coche +entró al fin en la casa, haciendo retemblar los cristales de la gran +<span class='pagenum'><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span>mampara, y se detuvo al pie de la anchurosa y alfombrada escalera... +También estaba esta vacía, y sólo vio el niño al pie de ella al grave +oso de Noruega, <i>Bruin</i>, como le llamaban en casa, abriendo su gran boca +armada de dientes enormes y presentándole la bandeja, como si le +invitara a depositar en ella sus premios. Mas no los soltó el niño, y +oprimiéndolos contra su pecho, subió a brincos la escalera, hasta llegar +al vestíbulo; cerróle allí el paso una extraña figura que se paseaba de +un lado a otro con las manos a la espalda. Era un enano feísimo, pero +perfectamente proporcionado: verdadero pigmeo, émulo de aquel famoso +Roby que presentaron en la mesa del rey de Sajonia dentro de un pastel +de venado. Tendría poco más de un metro de altura, y hallábase +correctamente vestido de etiqueta, frac y corbata blanca, calzón corto, +media de seda negra y zapato con hebilla. Llamábanle en la casa <i>don +Joselito</i>, y cobraba siete mil reales de sueldo, con la sola obligación +de anunciar las visitas y realzar con su estrafalaria figura la aureola +de elegante originalidad que rodeaba en todo a Currita.</p> + +<p>Inclinóse el enano respetuosamente ante el señorito, y con su vocecilla +chillona y algún tanto imperiosa, díjole que no podía ver a la señora, +por haberse acostado media hora antes con una espantosa jaqueca. Un +repentino vapor de lágrimas vino a empañar los hermosos ojos azules del +niño; volvió bruscamente la espalda al enano sin decir palabra y echó a +correr hacia las habitaciones de su padre.</p> + +<p>Allí estaba Villamelón, repantigado en una butaca, hablando +misteriosamente con el ministro de la Gobernación. Lanzóse el niño a su +padre, y echándole los brazos al cuello, le dio dos besos.</p> + +<p>—¡Hola, caballerito!—exclamó Villamelón—. ¿Ya de vuelta?... ¡Me +alegro!...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span></p><p>Y como viese que con cierto rubor orgulloso le presentaba el niño sus +premios, añadió sin tomarlos:</p> + +<p>—¡Hola, hola, los premios!... ¡Pobre chiquitín!... ¡Muy bonitos!... +Bien, bien, me alegro... Ea, toma... toma, y dile a Germán que te lleve +esta noche al circo.</p> + +<p>Y entregándole al niño dos pesetas que había sacado del bolsillo del +chaleco, volvió a reanudar su misteriosa conversación con el señor +ministro.</p> + +<p>Quedóse el niño parado un momento, con los ojos abiertos; dio luego una +repentina media vuelta, girando sobre una pierna, y encarnado como la +grana, bamboleándose cual si estuviera ebrio, fue a arrimarse a una +mesita llena de caprichosas chucherías; había debajo una figura +japonesa, con la boca muy abierta, y por ella arrojó el niño, con mucho +disimulo, el regalo de su padre, las ¡dos pesetas!... Luego echó a +correr, saliendo disparado del saloncito; detúvose un momento en el +dintel, detrás de las cortinas, y agobiado, con los bracitos colgando y +caída la cabecita, siguió una galería que iba a parar a la Nursery<a name="FNanchor_5_5" id="FNanchor_5_5"></a><a href="#Footnote_5_5" class="fnanchor">[5]</a>, +al destierro, a la Siberia de los niños, que el desapegado egoísmo de la +condesa de Albornoz había importado para sus hijos de Inglaterra a su +casa.</p> + +<p>Resonaba en el fondo de la galería un piano destemplado que parecía +balbucear, de mala gana, un monótono tema de los ejercicios de Hanon. +Esta música sonó, sin embargo, como un concierto celeste en los oídos +del niño; desapareció su abatimiento, renació su alegría y echó a correr +de nuevo hacia aquella estancia.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span></p><p>—¡Lilí!...</p> + +<p>—¡Paquito!...</p> + +<p>Y un ángel, una bellísima muñeca de nueve años, saltó del asiento del +piano para caer en los brazos del niño, confundiéndose por un momento +con sus besos, sus gritos, su risa, su alegría, sus almas inocentes y +sus vidas inmaculadas, como se confundían los bucles de oro que +rodeaban, como una aureola de rayos de sol, las preciosas cabezas de +ambos.</p> + +<p>El niño se acordó al fin de sus premios.</p> + +<p>—¡Mira!... ¡Mira!...</p> + +<p>Lilí abrió mucho los ojos admirada, apretó los labios y echó atrás las +manitas; su crítica fue la crítica de las grandes admiraciones, la +crítica monosílaba.</p> + +<p>—¡Uy!—dijo.</p> + +<p>—¡Cinco!... ¡Son cinco y dos excelencias!...</p> + +<p>—¿Me darás uno, Paquito?</p> + +<p>—¡Tonta!... Eso no se da... Se pone en un marco... Pepito Vargas dice +que su mamá se los pone en un marco...</p> + +<p>—¿Grande..., grande?—dijo Lilí, indicando con sus manitas uno capaz de +encerrar al <i>Pasmo de Sicilia</i>.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span></p><p>—Sí, grande, grande... Y mira: este es de Aritmética, y este...</p> + +<p>No pudo continuar el niño; una mano seca, pegada a un puño inmaculado, +salió por entre las cortinas, y después un brazo largo, y luego un +hombro puntiagudo, y más tarde un rostro encarnado, característico, +original, británico, como la cerveza de Bass o las galletas de +Huntley...</p> + +<p>—¡Mademoiselle!—dijo Lilí asustada.</p> + +<p>Y la mano seca, pegada al puño inmaculado, agarró a la niña por un brazo +y se la llevó para adentro, oyéndose una voz metálica, estridente, que +desgarraba el tímpano como un resorte que rechina.</p> + +<p>—<i>What's that, Miss</i>?... <i>You have to learn your piano lesson until +eight o'clock</i>...<a name="FNanchor_6_6" id="FNanchor_6_6"></a><a href="#Footnote_6_6" class="fnanchor">[6]</a></p> + +<p>Entonces huyó el niño de allí desolado; corrió ciego a la Nursery y se +arrojó de cabeza en su blanca camita, con la enconada amargura y la +sombría desesperación del suicida que se arroja, solo y sin esperanzas, +en un abismo oscuro, negro, profundo... El sueño, el sueño bendito, fiel +amigo de los niños, suave consolador de todos sus pesares, vino al fin a +acallar sus sollozos y contener sus lágrimas, adormeciéndole allí mismo, +sin variar de postura, vestido todavía y con sus premios en la mano...</p> + +<p>Y mientras tanto, Villamelón proseguía su misteriosa plática con el +ministro. Contaba por aquel entonces el marqués más de cuarenta años, y +los estragos de su juventud salíanle prematuramente al rostro. Colgábale +la nariz encarnada y algo granujienta, hundíansele las mejillas, dejando +salir los pómulos; arqueábasele ya el abdomen, y todo anunciaba en él +esa caricatura de la juventud en que consiste la vejez de muchos. Su +<span class='pagenum'><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span>cuerpo había sido gallardo y conservaba aún restos de arrogancia; mas +su rostro ofrecía perfecta semejanza con el de aquel enano de Felipe IV, +titulado <i>El Primo</i>, que retrató Velázquez y copió Goya, grabándolo al +aguafuerte: tenía la misma nariz colgante, los mismos ojos tristes, el +mismo bigote retorcido, la misma frente extensa y pensadora, con la sola +diferencia de que Villamelón partía por medio su ya escasa cabellera con +una raya que, arrancando de la raíz del pelo, llegaba hasta el cogote, +formándole sobre las orejas dos pequeños cuernecitos.</p> + +<p>Y aquella frente elevada, de abultados parietales, que reclamaba para sí +el dicho de la zorra al busto: <i>Tu cabeza es hermosa, pero sin seso</i>, +tenía, en efecto, actitudes magníficas cuando, surcada por un pliegue +vertical, se inclinaba, como en aquel momento, al excelentísimo señor +don Juan Antonio Martínez, ministro de la Gobernación, y le decía con el +aire de Bismarck a Gortschakoff, al establecer entre ambos el equilibrio +europeo:</p> + +<p>—Desengáñese, usted, Martínez... La tesis del doctor Wood es absurda... +Nadie me probará que el pastel de ratas sea superior al de erizos y +ardillas... ¿Usted me entiende?...</p> + +<p>El excelentísimo Martínez hizo un gesto que no significaba si entendía o +dejaba de entender; desde que el pobre señor había pasado el puente +natural que lleva del banco azul a las grandes mesas de la corte, +caminaba de indigestión en indigestión, y sentía en el estómago la +nostalgia de aquellas nutritivas sopas de ajo, no digeridas del todo, +que habían hecho de él un tanto robusto hombre de Estado, y fueron su +cotidiano alimento en los tiempos en que rompía sus primeros calzones +entre los pilletes de cierta playa de las costas asturianas... ¡Santo +Dios, y qué dolores de tripas más atroces le había costado el <i>pâté +foie-gras</i> del último viernes de Palacio! ¡Qué <i>coliquera</i> más terrible +<span class='pagenum'><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span><i>le chou à la crème</i> que sirvieron dos días antes en la embajada +francesa!... El excelentísimo Martínez creyóse por un momento +envenenado, y desde entonces fue para él artículo de fe aquel principio +de Addison:</p> + +<p>«Cuando veo las mesas a la moda cubiertas de todas las riquezas de las +cuatro partes del mundo, me imagino ver la gota, la hidropesía, la +fiebre, el letargo y la mayor parte de las enfermedades, ocultas en +emboscadas, debajo de cada servilleta.»</p> + +<p>—Usted lo ha de ver, Martínez—prosiguió Villamelón—; el jueves +próximo haré servir los dos pasteles sin decir lo que contienen, y +veremos por cuál se declaran las opiniones. ¿Me entiende usted, +Martínez?... Excuso decirle que cuento con su voto.</p> + +<p>Erizáronsele los cabellos al excelentísimo Martínez ante la perspectiva +de una indigestión de ratas... ¿Cómo podría curársela, si no era +tragándose un gato?</p> + +<p>—Y todo eso—prosiguió Villamelón con ligerísima sonrisa que denunciaba +traidoramente su convencimiento íntimo de la superioridad con que +manejaba el asunto no es más que la excentricidad inglesa, influyendo y +echando a perder su cocina... Y cuidado que yo soy imparcial, porque mi +cocina es la cocina eléctrica: lo mejor de lo mejor, venga de donde +viniere: este es mi lema. ¿Me entiende usted, Martínez?... Pero no hay +que darle vueltas, amigo mío, y por más que digan, en la cocina, como en +todo, Francia camina la primera. Esto no tiene vuelta de hoja, +Martínez... Los ingleses devoran, los alemanes zampan, los italianos +comen, los españoles se alimentan; pero sólo los franceses gozan, y ahí +está el quid, Martínez: en gozar, en gozar comiendo. ¿Me entiende usted?</p> + +<p>Martínez no entendía, y tomando por burla lo que sólo era cansada +<span class='pagenum'><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>muletilla de Villamelón, tanto <i>Martínez</i> y tanto <i>¿me entiende?</i>, se +apresuró a responder algo amostazado:</p> + +<p>—¿En gozar?... ¡O en reventar, señor marqués, que no es lo mismo!...</p> + +<p>—¡No, no, no y mil veces no, Martínez! Eso es una de tantas +preocupaciones. ¿Me entiende usted? Cierto que el hombre es un ser +débil, insuficiente, que apenas puede soportar ocho comidas diarias; +pero la indigestión no proviene de comer mucho, sino de comer mal... +Déme usted un cocinero de primera fuerza, de raza, <i>d'élans</i>, y yo le +garantizo salud eterna... ¡Oh, bien lo entendía el príncipe Orloff con +su ojo tuerto y su brazo manco!... Yo le he visto en París elegir +cocinero en público concurso; acudieron diez a su palacio de la embajada +rusa: yo fui del jurado, y probamos, antes de fallar, ciento cuarenta +platos<a name="FNanchor_7_7" id="FNanchor_7_7"></a><a href="#Footnote_7_7" class="fnanchor">[7]</a>. ¡Ah!, no, no, Martínez; no es el comer mucho, lo que trae la +indigestión... Mi santa madre lo decía: Tripa llena, alaba a Dios.</p> + +<p>Y se quedó tan orondo con la cita, porque una de las genialidades de +Villamelón era la de nombrar de continuo a su madre, anteponiéndole +siempre el calificativo de santa, y poniendo en su boca aforismos tan +singulares, y de mal gusto a veces, como el que acababa de soltar.</p> + +<p>Entraron en esto el duque de Bringas y Juanito Velarde, que habían +terminado ya su partida de billar, y a poco anunció un criado que la +señora condesa no asistiría a la comida por haber tomado ya un +<i>consommé</i> en sus habitaciones, y acostádose al punto con una fuerte +jaqueca.</p> + +<p>Esta noticia pareció afectar muy poco al caro esposo de la dama y al +duque de Bringas; al ministro de la Gobernación hízole, por el +contrario, malísimo efecto, dando a sospechar, por sus muestras de +disgusto, que algo que la ausencia de Currita chasqueaba por completo le +<span class='pagenum'><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span>había traído allí y héchole aguantar con paciencia las majaderías +culinarias del héroe del combate <i>navo-terrestre</i> de Cabo Negro; como +Butrón temía, el nombramiento de camarera mayor comenzaba a mover la +cola. Juanito Velarde pareció también muy contrariado, comió poco y +habló menos durante toda la comida. Villamelón hizo el gasto, como +siempre, blandiendo el trinchante de oro macizo, regalo de Fernando VII, +que usó durante toda su vida, y pasando por las tres distintas fases que +en aquella hora solemne se reflejaban en su persona: hondamente +preocupado al principio, como hombre que tiene entre manos el más grave +negocio; comunicativo, pero dogmático; afable, pero todavía circunspecto +a los medios, y alegre, bonachón, magnánimo y hasta tierno a los +postres, como si la corriente de satisfacción que le brotaba del +estómago le dotase de aquellas cualidades que no poseía en ayunas. Esta +era la hora de pedirle favores, seguro de alcanzarlos, y esta era la +hora también en que Villamelón, arrastrado por un resabio de educación +malísima que jamás pudieron quitarle ni su santa madre, ni su dulce +esposa, hacía bolitas de miga de pan con la punta de los dedos y las +disparaba a las narices de los comensales, con muestras del más cariñoso +agasajo y el más tierno regocijo.</p> + +<p>Mientras tanto, si algún diablo cojuelo hubiese levantado el techo del +<i>boudoir</i> de la condesa de Albornoz, hubiérase descubierto una extraña +escena: hallábase este alumbrado por una gran lámpara, sostenida por un +negro desnudo, de tamaño natural, admirablemente tallado en ébano, y +Currita, sentada ante un pequeño <i>secrétaire</i> muy bajo, parecía +completamente absorta en un singular estudio caligráfico, mientras +vagaba por sus labios una finísima sonrisa, semejante, no en lo +terrible, pero sí en la solapada y astuta, a la que puso el genio de +Liezen-Mayer en los labios de Isabel de Inglaterra, al representarla en +<span class='pagenum'><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span>el acto de firmar la sentencia de muerte de su prima María Stuard.</p> + +<p>Con su elegante letra inglesa, fina y corrida, había escrito al frente +de un pliego: <i>¡Qué animal más hermoso es el hombre!</i> Y con facilidad +maravillosa iba copiando, en distintos caracteres de letras, esta frase +tan extraña y tan equívoca, que parecía ser reflejo de esa idea íntima, +ese pensamiento oculto que jamás se formula y es, sin embargo, el +primero que se apresura a estampar todo hombre cuando algo que escribe y +algo en que se puede escribir le invitan a solas a trazar allí un +concepto. La inscripción se multiplicaba, unas veces en letras +rechonchas y apretadas; otras, en perfiles largos y finitos; algunas, en +caracteres diminutos, cual patitas de moscas entrelazadas que se +prolongasen en forma de cadeneta. En esta tarea empleó Currita media +hora larga, con el esfuerzo y la atención de un chiquillo aplicado que +copia una plana, o de un petardista prudente que ensaya el modo de +falsificar o desfigurar una letra.</p> + +<p>Diose al fin por satisfecha de sus ensayos, y con los renglones de +cadeneta y la letra de patitas de mosca, que no tenía con la suya +ordinaria el más remoto punto de contacto, púsose a escribir una carta, +en un pliego de papel sencillo, sin timbre ni inicial alguna. La carta +no fue larga, y en el sobre decía:</p> + +<p class="center">EXCMO. SR. GOBERNADOR CIVIL +DE +<i>Madrid</i></p> +<p> +Faltábale todavía el sello, y púsoselo Currita sonriendo socarronamente, +y cuidando de colocar con la cabeza para abajo el busto del rey don +Amadeo. Afianzólo luego con dos o tres puñaditas de su cerrada mano, que +parecía complacerse en aplastar al pobre monarca, principio y fin de la +<span class='pagenum'><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span>dinastía saboyana.</p> + +<p>Cualquiera hubiera creído con esto ya listo el negocio y que sólo +faltaba llamar a un criado para enviar la misteriosa carta al correo. No +lo juzgó así la ilustre condesa: entróse en la estancia vecina, que era +su alcoba, y volvió a salir al cabo de un buen cuarto de hora +completamente transformada. Habíase despojado de su elegante traje de +calle, y puéstose en su lugar una falda de lana negra modestísima y una +mantilla muy usada, cuyo sencillo velo le ocultaba parte del rostro; +traía en la mano una bujía encendida, puesta en una palmatoria de plata, +y en la otra una llave de gran tamaño. Cogió la carta y echó a andar: en +aquel momento un reloj lejano daba las once y media.</p> + +<p>Era el palacio de Villamelón uno de esos antiguos caserones, ya raros en +Madrid, con anchas galerías, espaciosas salas y cómodos departamentos, +rodeados por todas partes de pasillos y escaleras excusadas para el uso +de la servidumbre. Comunicábanse las habitaciones de Currita con las de +Villamelón por la alcoba, y por un cuarto contiguo al del baño, con un +largo pasadizo; terminaba este por un lado en el cuarto de Kate, la +doncella inglesa, y por otro en una estrecha escalerilla que iba a parar +a un jardín muy reducido. Cerrando, pues, la puerta de la alcoba, la que +había a la mitad del pasillo, y la que ponía en comunicación al +<i>boudoir</i> con los dos salones de la entrada, quedaba el resto de las +habitaciones de Currita aislado por completo y en comunicación directa +con la calle: a ella daba salida una puertecita, abierta en la tapia del +jardín a espaldas del palacio, detrás de un pequeño invernadero. Allí se +dirigió Currita después de dejar la luz apagada al pie de la escalera +con tal desembarazo y tan gentil desenvoltura, que conocíase bien a las +claras no ser aquella la primera de sus nocturnas escapatorias.</p> + +<p>Era la noche oscura, y la solitaria plaza a que la puerta del jardín +daba salida perdíase a lo lejos entre solares en construcción, alumbrada +<span class='pagenum'><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span>acá y allá por algunos faroles, cuyas luces parecían brillar en medio +de un nimbo de vapor amarillento. La puerta de una tienda de +ultramarinos dejaba escapar en la esquina próxima un cuadro de luz +vivísima, y veíase en el fondo al tendero, inmóvil ante el mostrador, +ajustando sus cuentas. A cuarenta pasos, debajo de un andamiaje, una +farola hacía resaltar las negras siluetas de un chulo de chaquetilla +corta y una chula de falda almidonada y pañuelo de seda a la cabeza, que +dialogaban vivamente. Aparecía lo demás oscuro y solitario, teniendo +todo ello un aspecto de inquietud, de vista panorámica, que completaba +allá muy lejos, desde un cuarto piso, el sonido de un mal piano, en que +unas manos aleves asesinaban la inmortal cavatina de Bellini <i>Casta diva +ché inargenti</i>...</p> + +<p>La condesa, la gran señora que tan raras veces bajaba de su carruaje, +como si se desdeñase de pisar con sus elegantes brodequins el polvo de +que estaba formada, se internó por aquellos oscuros vericuetos, y +atravesando varias callejas, solitarias en aquella hora, que parecían +serle muy conocidas, vino a desembocar en la plazuela de Santo Domingo. +La afluencia de gente era todavía grande en aquella encrucijada, tan +concurrida siempre, y Currita bajó la cuesta para ganar, al abrigo del +jardinillo, la Costanilla de los Ángeles. Atravesó rápidamente la calle +del Arenal, entró por la de las Fuentes, y dando un gran rodeo por +detrás del ministerio de la Gobernación, llegó al fin a la calle de +Carretas y depositó por su propia mano en el buzón de la casa de Correos +la carta misteriosa... Si aquella mujer era una criminal, era, sin duda, +de aquellos criminales avezados y prudentes que miran siempre en todo +cómplice un camino peligroso que va a parar en presidio.</p> + +<p>Entonces emprendió el camino de vuelta por las mismas calles por donde +había ido, sin tener más que un tropiezo. Un viejo, de aspecto decente, +se detuvo de pronto ante ella; sorprendida Currita, pegóse a la pared, y +<span class='pagenum'><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span>el hombre hizo entonces ademán de darle una moneda de cinco céntimos, +una <i>perra chica</i>, como llamaban entonces y aún llaman hoy a esas piezas +pequeñas. Habíala tomado por una de esas pobres vergonzantes que a las +altas horas de la noche extienden en silencio su mano descarnada al +transeúnte que se retira solicitado por el descanso u hostigado por los +vicios.</p> + +<p>Así lo comprendió la condesa, y con gran impulso de risa tomó la moneda, +teniendo todavía valor para profanar en sus impuros labios aquella +hermosa deprecación, aquella santa respuesta que da la fe a su hermana +la caridad, por la humilde boca del pobre:</p> + +<p>—¡Dios se lo pague!...</p> + +<p>Cuando la condesa entró en su <i>boudoir</i>, presentaba este un aspecto +siniestro: la lámpara agonizaba en manos del negro, cuyos blancos +dientes de marfil incrustado resaltaban en la oscuridad, como la sonrisa +del genio del mal, complaciéndose en las tinieblas.</p> + +<p>Tres horas después resonaban gritos y lamentos al otro extremo de la +casa... Era Paquito Luján, que entumecido por el fresco de la madrugada +y aterrado por la oscuridad, despertaba allá en la Nursery, olvidado de +todos en aquel suntuoso palacio, morada del padre y la madre que le +habían dado el ser, y de diecisiete criados dedicados a su servicio.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Vmdash" id="Vmdash"></a><a href="#toc">—V—</a></h2> +<p><span class='pagenum'><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span></p> + +<p>Rióse mucho al otro día la condesa de Albornoz al oír contar a su hijo +Paquito sus extrañas aventuras de la noche precedente: al verse solo, a +oscuras, vestido y acostado en una cama que no era la suya del colegio, +comenzó el niño a gritar lleno de angustia, sin que nadie contestase a +sus lamentos. Oíalos Miss Buteffull desde su cama y comprendió al punto +la causa: sin duda, nadie se había acordado en la casa de que el pobre +niño había vuelto del colegio; quizá se había puesto malo de pronto; +quizá habían entrado ladrones y lo estaban asesinando... Miss Buteffull, +compadecida, encendió la vela de su palmatoria. Un decoroso reparo la +detuvo de repente: el caso era grave... Tenía ella cuarenta y cinco +años, once el niño, la hora de la noche era avanzada. ¿Cómo entrar sola +en su cuarto?... Miss Buteffull apagó la palmatoria.</p> + +<p>Mientras tanto, los clamores desesperados del niño despertaban también a +la doncella de Lilí, Magdalena, que dormía allí cerca, y acudía esta +presurosa en su auxilio; tranquilizábalo con gran cariño, hacíale +acostar y permanecía sentada junto a su camita, hasta dejarlo dormido +nuevamente.</p> + +<p>Esta relación produjo en Currita una de las repentinas crisis de amor +materno que solían atacarla de cuando en cuando en sus días de +aburrimiento. Solía entonces pasar horas enteras en la Nursery jugando +con sus hijos: comíaselos a besos, llamábales sus <i>pichoncitos</i>, +hacíales traer costosos juguetes y golosinas de todos géneros; y +complaciéndose en poner en ridículo a Miss Buteffull y en decir pestes +de los padres del colegio, destruía en media hora todo lo bueno que, a +costa de mil trabajos, habían sembrado y podían sembrar en adelante +estos y aquella en los tiernos corazones de ambos niños; porque uno de +los grandes escollos en que tropiezan los esfuerzos de las personas +dedicadas a la educación, consiste en la imprudente y culpable ligereza +<span class='pagenum'><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span>con que se complacen muchos padres en presentar ante sus hijos a +preceptores y maestros, no como amigos íntimos encargados de guiar sus +pasos, ni como seres benéficos que les dispensan el favor insigne de +formar sus corazones y alumbrar sus entendimientos, sino como tiranos +que les oprimen y mortifican, como carceleros cuya vigilancia hay que +burlar con ardides y tretas más o menos inocentes. Destrúyese así la +buena opinión necesaria a todo el que manda para ser respetado; la fe +humana precisa a todo el que enseña para ser creído, y sólo una cosa +existe, a nuestro juicio, que sea tan perjudicial a la educación como lo +es esta misma: la pugna que a veces descubre el niño entre la moral de +sus padres y la moral de sus maestros... Imposible es describir las +angustiosas perplejidades, las dolorosas dudas que, con harta triste +frecuencia, despiertan estas contradicciones en las almas de los niños: +vese en ellas la lucha del entendimiento con el corazón, demostrándole +aquel que es sana la doctrina del maestro, esforzándose este por +persuadirle que no puede ser mala la práctica contraria del padre o de +la madre que tanto aman, que no puede ser cierto lo que, por el solo +hecho de serlo, ha de dar irremisiblemente a aquellos seres tan amados +la patente de perversos... ¡Ah! Jamás olvidará el que escribe estas +líneas las angustias de un pobre niño, modelo de candor y de juicio, al +oír explicar cierta lección del Catecismo; quedóse el niño muy +pensativo, fuese luego poco a poco angustiando, hasta exclamar al fin +convulso, con el corazón encogido, los ojos llenos de lágrimas y +temblorosas las manitas:</p> + +<p>—¡Entonces... entonces... mi papá es muy malo, muy malo... y se va a ir +al infierno!</p> + +<p>Importábasele todo esto muy poco a Currita, y sus granizadas +intermitentes de besos, de mimos y de imprudencias borraban por completo +en el ánimo candoroso de Lilí los largos olvidos y la egoísta +<span class='pagenum'><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span>indiferencia de su madre; mas no lograban lo mismo en el niño aquellas +sensiblerías tempestuosas. Había en el fondo de aquel tierno corazoncito +un rinconcillo oculto, en que la memoria iba depositando con implacable +fidelidad la lista de todos los agravios, como un grano de simiente +venenosa entre una vegetación salubre, como un tallo de cicuta que había +de hacer brotar en aquella selva virgen el sombrío rencor, el rencor +callado y paciente, árbol siniestro que produce a la larga los +envenenados frutos del odio. Todavía aquel corazón angelical perdonaba +fácilmente lo que reputaba por injuria; mas ya había dado un paso +adelante, ya le era imposible olvidarlo por completo.</p> + +<p>No era, sin embargo, el aburrimiento el que había traído aquella mañana +a la condesa de Albornoz a entretenerse con sus hijos: parecía, por el +contrario, preocupada, un poco inquieta, y notábase en ella esa +agitación nerviosa de todo el que espera algo que teme o le importa. +Lilí tuvo una idea felicísima: propuso a su madre que hiciese retratar a +Paquito con sus premios. Púsose el niño muy encarnado, y movió +negativamente la cabeza.</p> + +<p>—¡Pues es verdad!—exclamó Currita encantada—. Sí, sí, ahora mismo... +¡Verás qué bonito!... ¡A ver, Germán!... Avise usted al señor marqués +que vamos a subir a la <i>cabaña</i> a que nos haga un retrato...</p> + +<p>Desprendióse el niño, al oír esto, de los brazos de Lilí, que, saltando +de alegría, le abrazaba, y exclamó con enérgica ira:</p> + +<p>—¡No!, ¡no!... ¡Papá, no!...</p> + +<p>—¿Pero por qué?—dijo sorprendida Currita, agarrándole por un brazo.</p> + +<p>Forcejeaba el niño por desasirse, muy colorado y conmovido, y con los +<span class='pagenum'><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span>hermosos ojos llenos de lágrimas.</p> + +<p>—¿Pero por qué, por qué?—repetía Currita.</p> + +<p>—¡Me dijo que me fuera!... ¡Me dio dos pesetas!—gritó al fin el niño +con gran desconsuelo; y sollozando amargamente, escondió la preciosa +carita en el seno de su madre.</p> + +<p>¡Qué rayo de luz hubiera sido aquel lamento del niño para una de esas +madres santas y prudentes que estudian y dirigen hasta el más ligero +latido del corazón de sus hijos!... En él aparecía revelado un noble +pundonor, que iba ya camino del orgullo, y una precoz propensión a la +venganza, que espera oculta y paciente la hora de devolver desaire por +desaire y ofensa por ofensa. Mas Currita sólo vio en todo aquello un +capricho de niño voluntarioso, y entre caricias y reflexiones, halagos y +amenazas, intentó persuadir al niño a que se dejara hacer el retrato: +cedió este en la apariencia, y Currita subió con ambos niños de la mano +a la espléndida <i>cabaña</i> en que tenía el marqués de Villamelón su taller +fotográfico.</p> + +<p>Porque el ocio, esa gran pesadumbre de los grandes, que en vez de +lágrimas tiene bostezos, había despertado en el ilustre prócer y +guerrero invicto la afición a la fotografía, no encontrando en él la +aptitud necesaria para el cultivo de otras artes más elevadas. Comer, +beber, dormir y retratar a todo bicho viviente que cruzaba ante la +magnífica lente de su cámara oscura eran las útiles tareas que llenaban +y aun hacían rebosar la vida de aquel ilustre prócer, a cuyos abuelos +cabía tanta parte en las gloriosas empresas de la antigua España.</p> + +<p>Acudió, pues, Villamelón presuroso, como siempre, a la menor indicación +<span class='pagenum'><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span>de Currita, envuelto en su fresca bata escocesa, que apenas le pasaba +de la cintura; venía con él uno de esos magníficos perrazos de +Kamschatka, de un blanco amarillento, que arrastran en su país pesados +trineos, y había sido el paje continuo de Currita en una larga temporada +en que le pareció muy espiritual hacer grandes excursiones a caballo.</p> + +<p>Villamelón comenzó al punto a preparar la máquina con sus dedos +manchados de nitrato de plata, y Currita disponía mientras tanto el +artístico grupo en que habían de retratarse los niños. Colocóse en el +centro un gran sitial gótico, preciosa joya arqueológica y artística, y +hundidos en él ambos niños y estrechamente abrazados, habían de aparecer +examinando juntos el diploma de los premios, un exacto facsímile de una +bellísima miniatura del siglo XV; tendido a la larga ante ellos, <i>Tock</i>, +el perrazo amarillento, apoyaba el hocico en el rojo almohadón de +terciopelo en que descansaban los pies de los niños.</p> + +<p>—¡Delicioso!—exclamaba encantada Currita—. Mira, Fernandito, parece +un cuadro de Meissonnier.</p> + +<p>Los premios, sin embargo, no aparecían por ninguna parte, y Paquito se +encogía de hombros, asegurando ignorar dónde los había puesto.</p> + +<p>—¡Tonto!—gritó Lilí, dándole una palmada—, si los dejaste abajo...</p> + +<p>Y en menos de dos minutos fue por ellos y los trajo, mostrándose muy +sorprendida de que los vivos colores del diploma apareciesen desteñidos +en algunos sitios como por gotas de agua. El niño se puso muy encarnado +y no dijo una palabra: sus lágrimas de la noche anterior eran la causa +de aquellas manchas.</p> + +<p>En aquel momento anunció un criado a Currita que el señor ministro de la +<span class='pagenum'><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span>Gobernación deseaba hablarla con urgencia. Volvióse ella bruscamente a +su marido, dejando caer el diploma que tenía en la mano, y él se +incorporó asustado, quedándole por la cabeza el paño negro con que se +cubría para enfocar la máquina; por debajo asomaban sus bigotes +retorcidos, su nariz colgante, sus ojos azorados en aquel momento, fijos +en Currita, con la medrosa expresión del escolar desaplicado cogido in +fraganti.</p> + +<p>La esposa dio dos pasos hacia el esposo, desmintiendo con los rayos, que +de sus claros ojos brotaban, la suave vocecita y el pausado tono con que +dijo:</p> + +<p>—¿Pues no comió ayer aquí ese <i>buey Apis</i>?...</p> + +<p>—Es un animal—replicó el marido; y para ocultar su turbación, +escondióse bajo el paño negro, poniéndose a enfocar de nuevo la máquina.</p> + +<p>—Óyeme, Fernandito, que te estoy hablando—añadió Currita con relamida +pausa.</p> + +<p>Incorporóse de nuevo Fernandito, cada vez más turbado, sin quitarse el +paño negro de la cabeza.</p> + +<p>—¿Dijo anoche algo el <i>buey Apis</i> sobre el nombramiento?</p> + +<p>—Nada—balbuceó Villamelón.</p> + +<p>—¿Nada?... ¿Estás cierto?...</p> + +<p>Los labios de Villamelón temblaron como tiemblan los del chico que va a +<span class='pagenum'><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span>soltar una mentira.</p> + +<p>Y pensándolo mejor, sin duda, recordó al cabo Fernandito que el ministro +de la Gobernación, el <i>buey Apis</i>, como por razón de su corpulencia le +llamaban, tan sólo le había dicho que el pastel de ratas debía de ser +muy indigesto. ¡Vaya usted a ver qué tontería! Pero en cambio manifestó +a Juanito Velarde que aquello no podía quedar así, que nadie se burlaba +impunemente del Gobierno y que estaba decidido a reclamar de Currita la +aceptación del nombramiento, apoyándose en una carta que—¡frase poco +ministerial!...—había de refregarle por los hocicos...</p> + +<p>—¿Una carta?—exclamó Currita realmente sorprendida—. ¿Pero de +quién?...</p> + +<p>—¡Mía!... ¡Mía!...—balbuceó Villamelón; y comprendiendo que con esto +soltaba el trueno gordo, pidió a la tierra que se lo tragase. Mas la +tierra no tuvo por conveniente darle gusto. Currita avanzó otros dos +menudos pasitos, y suavizando más y más su acento, mientras más y más se +encolerizaba, añadió:</p> + +<p>—¿Pero tú le has escrito, Fernandito?...</p> + +<p>Villamelón bajó la cabeza anonadado.</p> + +<p>—¿Pero no te dije que fueras a hablarle?... ¿Que en todo este negocio +no había que soltar por escrito una sola letra?... ¿Lo ves, +Fernandito?...</p> + +<p>Villamelón retrocedió un paso como quien espera un cachete, y Currita +adelantó otro, diciendo después de una pausa:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span></p><p>—¿Y dijo que iba a... a... a presentarme esa carta?</p> + +<p>—Eso decía Velarde.</p> + +<p>—¿Estás seguro?...</p> + +<p>—Segurísimo.</p> + +<p>Villamelón dio otro paso atrás y Currita otro adelante, repitiendo con +tan suave voz que parecía una caricia:</p> + +<p>—¿Lo ves?... ¿Lo ves, Fernandito?...</p> + +<p>Y tirando de repente con rabioso arranque del paño negro, hundióle la +cabeza a su ilustre esposo en la especie de saco que aquel formaba; +volvió luego la espalda pausadamente, y sin perder su suavidad, salió de +la <i>cabaña</i>.</p> + +<p>Lilí se reía a carcajadas al ver a su padre forcejeando por sacar la +cabeza del saco negro, y corrió a Paquito para decirle al oído un +secreto muy grande, muy grande...</p> + +<p>—¡Pero qué tonto es papá!...</p> + +<p>Paquito no la escuchaba, sin embargo: durante toda esta escena había +sentado en el sitial gótico a <i>Tock</i>, el perrazo amarillento, que se +dejaba manejar con esa especie de cariñosa paciencia con que a los niños +soportan los perros. Colgóle después de su collar de hierro repujado las +cinco medallas de los premios, y colocándole en la cabeza el diploma en +forma de cucurucho, gritó a Lilí con extraño acento:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span></p><p>—¡Anda, que lo retrate papá!... ¡A <i>Tock</i> le doy yo todos mis +premios!...</p> + +<p>Mientras tanto, pasmábase el lacayo al oír que su señora le daba, al +pasar, la extraña orden de encender sin pérdida de tiempo la chimenea +del <i>boudoir</i>, era aquel día el 25 de junio y el calor comenzaba ya a +ser sofocante. Obedeció, sin embargo, con esa especie de impasibilidad +automática, propia de los criados de grandes casas, y cuando el +excelentísimo ministro de la Gobernación, don Juan Antonio Martínez, +<i>buey Apis</i>, por otro nombre, entró en el <i>boudoir</i>, ardía ya en la +chimenea un alegre fuego, y a su lado le esperaba Currita, tendida en +una chaise longue, envuelta en una bata de raso, perfectamente +enguatada, y arropados los pies con un plaid escocés finísimo: +descansaba su cabeza en una gran almohada con lazos color de rosa, y +tendiéndole al verle entrar su franca manecita, dijo con la débil voz de +un enfermo desahuciado:</p> + +<p>—¡Adiós, Martínez!... Sólo a usted hubiera yo recibido hoy.</p> + +<p>El <i>buey Apis</i> dio un mugido, expresión fiel de la admiración, la +sorpresa y el sobresalto que al punto le embargaron, y comenzó a sudar a +la vista de la chimenea encendida.</p> + +<p>—¿Pero qué es esto, señora condesa?—exclamó desolado—. ¿Sigue la +jaqueca?...</p> + +<p>—Fatal... ¡Fatal estoy!—contestó Currita—. Creo que tengo +calentura... ¡y unos escalofríos!...</p> + +<p>Y la muy ladina estremecía el débil cuerpecillo, señalando al mismo +tiempo al ministro una pequeña <i>marquesita</i> colocada junto al fuego y al +<span class='pagenum'><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span>alcance de su mano: en ella se sentó el excelentísimo Martínez, +dispuesto a dejarse tostar en su mullido asiento como san Lorenzo en las +parrillas.</p> + +<p>—¡Lo siento... lo siento en el alma!—dijo.</p> + +<p>Y con sencillez verdaderamente progresista, añadió, recordando la +rústica farmacopea de su tierra nativa:</p> + +<p>—¿Por qué no se pone usted dos ruedas de patatas en las sienes?... Eso +alivia mucho.</p> + +<p>—¿Patatas?—exclamó Currita estremeciéndose de espanto. ¡Jesús, +Martínez, por Dios!... Prefiero la jaqueca.</p> + +<p>Martínez comprendió que había asomado la oreja lugareña bajo la piel del +ministro cortesano, y entró en materia, dejando a un lado compasivos +preámbulos y recetas caseras.</p> + +<p>—Siento entonces venir a aumentarle a usted la jaqueca; pero el negocio +es grave y urgente...</p> + +<p>La condesa acomodó la roja cabecita en su blanda almohada con lazos rosa +y fijó en el ministro sus claros ojos, que expresaban admirablemente la +extrañeza. Afianzóse Martínez las gafas de oro, torció la descomunal +cabeza, y amenazando a Currita con su gordo y porrón dedo, como hace el +dómine que echa al niño una reprimenda cariñosa, le dijo:</p> + +<p>—En Palacio están muy disgustados...</p> + +<p>Currita se encogió de hombros, haciendo un gracioso pucherito como quien +<span class='pagenum'><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span>dice: ¿Y a mí qué me cuenta usted?...</p> + +<p>—Sí, señora—prosiguió el ministro—. Su majestad el rey, muy +ofendido... Su majestad la reina, sentidísima.</p> + +<p>Diole a Currita ganas de reír la pomposa hinchazón con que pronunciaba +el ministro demócrata aquellas sonoras palabras: Palacio..., +majestad..., rey..., reina, que parecían llenarle la ancha bocaza, y +preguntó con su suavidad acostumbrada:</p> + +<p>—¿Quién?... ¿<i>La Cisterna</i>?...</p> + +<p>Crecióse el ministro como un toro de Veragua al que plantan una pica.</p> + +<p>—No, señora—exclamó ofendido en su orgullo dinástico—; su majestad la +reina de España, doña María Victoria.</p> + +<p>—¡Ya!...—dijo Currita—. ¿Y qué tengo yo que ver con los sentimientos +de esa señora?...</p> + +<p>—¿Qué tiene usted que ver?...—exclamó el ministro, sofocado por el +calor de la chimenea y la calma zumbona de Currita—. ¿Pues le parece a +usted poco solicitar el cargo de camarera mayor, para desairarlo luego +después de concedido?... ¿Así se juega con una reina modelo de virtudes? +¡Pues sepa usted que el Gobierno está decidido a reclamar +enérgicamente!...</p> + +<p>Y el ministro, descompuesto, sudando la gota gorda, colorado como una +remolacha, y con ambos puños apoyados en las respectivas rodillas, +fijaba en Currita sus ojos de besugo, como si pretendiese tragársela de +un solo bocado. No le intimidaban, sin embargo, a ella los mugidos del +<span class='pagenum'><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span><i>buey Apis</i>; incorporóse un poquito, y muy extrañada y ofendida, y con +los claros ojos fijos siempre en el vacío, comenzó a decir con su suave +vocecita algún tanto apurada:</p> + +<p>—¡Pero Martínez, por Dios, no se descomponga así!... ¡Se pone usted tan +feo!... Preciso es que haya en eso alguna equivocación, algún <i>quid pro +quo</i>, para que un hombre de su talento de usted diga semejantes +desatinos... ¿Yo, camarera de <i>la Cister...</i> quiero decir, de doña +Victoria?... ¿De dónde ha salido eso?</p> + +<p>—¡De usted misma, señora condesa, de usted misma!—gritó el ministro—. +¿Se atreverá usted a negar delante del ministro de Ultramar que ha +solicitado el cargo de camarera, con tal que diesen a Velarde la +Secretaría del rey, y a usted seis mil duros de sueldo?...</p> + +<p>—¡Pues ya lo creo que lo negaré!—contestó Currita con todo su +desparpajo.</p> + +<p>—¿Sí?... Pues veremos si su marido de usted lo niega igualmente, cuando +todos los periódicos de Madrid publiquen esta carta.</p> + +<p>Y el <i>buey Apis</i> sacó una de su bolsillo, que puso extendida ante los +ojos de Currita, como si pretendiese cumplir su bestial amenaza de +refregársela por los hocicos. La condesa fue a echar mano al papel con +grande prisa, pero el ministro lo retiró al punto, diciendo brutalmente:</p> + +<p>—¡Ca!... Esta no la suelto yo ni un momento; pero ahora mismo la oirá +usted de cabo a rabo.</p> + +<p>Y poniéndose las gafas sobre la frente, porque era miope, comenzó a leer +<span class='pagenum'><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span>la carta. En ella, el marqués de Villamelón, de acuerdo con su esposa, +pedía para esta, por medio del ministro de Ultramar, el puesto de +camarera mayor de la reina, con las dos condiciones indicadas antes por +Martínez: la Secretaría particular de don Amadeo para Juanito Velarde y +los seis mil duros de sueldo para la dama misma. La prueba no podía ser +más concluyente, y Currita pudo comprender toda la imprudencia de su +caro esposo al dejar escapar aquella prenda. No se apuró mucho, sin +embargo: mientras el ministro leía, habíase ido incorporando poco a +poco, haciendo mohínes de espanto y gestos de protesta, y de repente, +con la agilidad de una gata cazadora que se lanza sobre el incauto +ratoncillo, arrancó de manos del ministro la peligrosa carta y la arrojó +al fuego... El papel se enroscó un segundo entre las llamas, quedando al +momento convertido en cenizas.</p> + +<p>Atónito el ministro retrocedió bruscamente en la butaca, soltando una +palabrota: mas Currita, sin ofenderse por ella, ni asombrarse tampoco, +dejóse caer de nuevo en su almohada como si tal cosa, diciendo con su +cándida risita:</p> + +<p>—¡Vamos, vamos, Martínez!... Preciso será que se ponga usted dos +parches de patata... ¡Eso refresca mucho!...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VImdash" id="VImdash"></a><a href="#toc">—VI—</a></h2> + + +<p>Jamás había pasado el pacífico portero de Villamelón susto tan tremendo +como el que le tenía reservado el señor gobernador de Madrid para aquel +día memorable, 26 de junio... Eran las diez de la mañana, y Baltasar, +<span class='pagenum'><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>sin haberse vestido aún la larga librea azul, con anchas franjas en las +bocamangas y cuello, cubiertas de escudos heráldicos, limpiaba +cuidadosamente el polvo a las soberbias arcas florentinas, los enormes +sitiales antiguos y las armaduras de brillante acero que adornaban el +vestíbulo. Púsose después a peinar las largas lanas de Bruin, el oso de +Noruega, su mudo compañero; y en esta operación se hallaba, cuando un +tropel de gente sospechosa invadió de repente la casa, en actitud nada +tranquilizadora. Asustado Baltasar, cerró de golpe la gran mampara de +cristales; pero, a los repetidos porrazos que en ella dieron los que de +fuera entraban, cayeron rotos dos de los magníficos vidrios esmerilados +que ostentaban en medio la cifra y corona de Villamelón, y aterrado +entonces Baltasar, huyó escaleras arriba con el mandil remangado, +atropellando a su paso al diminuto <i>don Joselito</i>, que pacíficamente +frotaba con cáscara de limón las varillas metálicas que sujetaban la +mullida alfombra en cada peldaño de la escalera. El enano huyó también +dando gritos, y a poco la servidumbre entera del palacio corría por +todas partes azorada, abriendo y cerrando puertas, e infundiendo la +alarma por todo el vecindario.</p> + +<p>Mientras tanto, los invasores llegaban a una antecámara completamente +desierta, y el que parecía capitanearlos comenzó a golpear el suelo con +su bastón de borlas, citando a la condesa de Albornoz en nombre de la +justicia. Era este individuo el jefe de orden público, y venía en nombre +del gobernador a registrar el palacio de la condesa e incautarse de +todos sus papeles. Acompañábanle media docena de guardias municipales, +un alcalde de barrio y hasta diez o doce hombres de mala catadura, +provistos de grandes garrotes, que parecían por las trazas pertenecer a +la por aquel tiempo famosa <i>partida de la porra</i>. Guardáronse todas las +puertas, quedando franca para todo el mundo la entrada, prohibida para +todos la salida.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span></p><p>Mientras tanto, dormía Villamelón el sueño del justo. Currita, por el +contrario, levantada contra su costumbre desde muy temprano, como si +algo esperase, notó al punto el alboroto; púsose muy pálida, y una +sonrisa de diablillo crispó por un momento sus delgados labios. +Temblando como una azorada, entró Kate, la doncella inglesa, a +participarle lo ocurrido; pareció entonces azorarse mucho la dama, como +si de nuevo la cogiese, y quiso a toda prisa avisar al marqués de Butrón +lo que acontecía. Las puertas estaban ya, sin embargo, guardadas y +prohibida la salida; púdose, a pesar de todo, hacer saltar la tapia del +jardín a un pinche de cocina, y este fue el encargado de llevar al +diplomático la embajada de la condesa.</p> + +<p>El despertar de Villamelón fue horrible: la imagen del terror había +quedado grabada de antiguo en su cerebro, bajo la forma de los salvajes +rifeños de África, y ellos, con sus espingardas, fueron los primeros +fantasmas que vio asomar en su imaginación en ese primer momento de +confusión de ideas que sigue al despertar de todo hombre. El +excelentísimo Martínez, el colosal <i>buey Apis</i>, vino al punto a +destacarse entre ellos, presentándole con una mano su imprudente carta, +echándole la otra al pescuezo para conducirle sin piedad al Saladero... +Villamelón pensó morir del susto, porque a su carta, y sólo a su carta, +como muy bien le había profetizado el día antes Currita, podía atribuir +la repentina llegada de la policía. Pronto, sin embargo, tomó su +partido: acurrucóse de nuevo en la cama y juzgó lo más prudente darse +allí mismo por muerto. ¿No era Currita quien le había metido en aquellos +berenjenales?... ¡Pues allá se las compusiera ella como buenamente +pudiese!... En vano le instaba la condesa, temblando de ira, para que se +levantase y saliera a recibir la caterva de polizontes: Villamelón +contestaba que estaba constipado, que estaba sudoroso y cogería de +seguro un pasmo a poco que le diese el aire.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span></p><p>El tiempo urgía, y la intrépida Currita viose al fin precisada a salir +ella misma al encuentro de los invasores: no lo hubiera hecho con más +arrogancia la viuda de Padilla al presentarse a las tropas de Carlos V +en el alcázar de Toledo. Con altivo continente pidió al jefe de orden +público el mandato del gobernador, legalizado por el juez, único que, +según las leyes vigentes, podía autorizar aquel atropello: presentóse +respetuosamente el funcionario, y rasgólo ella en dos pedazos después de +leerlo. Hizo entonces una valiente protesta en que sacó a relucir sus +leales opiniones alfonsinas, y mandando a un viejo empleado en la +contaduría de la casa que guiase a sus habitaciones a aquellas gentes y +presenciara el registro, retiróse dignamente a la sala de billar, +seguida de sus doncellas como una reina de sus damas: allí hizo traer a +los dos niños, Lilí y Paquito, y abrazándolos tiernamente y sentándolos +en sus rodillas, parecía parodiar el triste grupo de la reina María +Antonieta, refugiándose con sus hijos en un rincón de las Tullerías, +invadidas por el populacho. Kate lloraba desconsolada; Miss Buteffull se +había puesto el sombrero y los guantes, como si esperase la orden de +marchar.</p> + +<p>No hacía Currita aquellos alardes artísticos sentimentales a humo de +pajas: la noticia había corrido en un segundo por los círculos políticos +y aristocráticos de la corte, extendiéndose después por casinos y cafés, +tiendas y plazuelas. El pueblo comenzó a agolparse con su estúpida +curiosidad a las puertas del palacio, y a poco una larga hilera de +coches ocupaba toda la calle, suspendían un momento su pausada marcha, +abríanse y cerrábanse con estrépito las portezuelas, y bajaban +encopetados señorones, aristocráticos gomosos y damas elegantes; venían +estas de trapillo, mirando a todas partes, entre asustadas y curiosas, y +abrazaban a Currita haciendo exclamaciones de sorpresa, de indignación, +de entusiasmo y de lástima. Esto era lo que esperaba la taimada condesa; +<span class='pagenum'><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span>con su sonrisa de colegiala, apretaba a unos la mano en silencio, +repetía a otros la relación del atropello, y elevaba los ojos al cielo +con aire de víctima resignada que se inmola, abrazada a sus hijos, en +aras de la proscrita dinastía. ¿Qué sería de ellos? ¡Pobres hijos +suyos!... ¡Y Fernandito, tan afectado, tan nervioso, postrado en cama e +inspirando su salud serios cuidados! Quizá les esperaba el destierro, +quizá la cárcel, quizá... ¡Oh! Las damas se estremecían de furor y de +espanto, hablando todas a un tiempo, confortando a la víctima con sus +consejos y dándose todas al diablo allá en sus adentros, porque era a +Currita y no a ellas a quien había tocado la suerte de hacerse +sospechosa a la policía y llegar al apogeo de la celebridad de un solo +salto.</p> + +<p>Llegaron también varios periodistas a caza de noticias, lápiz en ristre +y reparos a la espalda, y fueron muy bien recibidos, dignándose la misma +Currita darles noticias del suceso. Pedro López, el cronista de los +salones elegantes, que acudía a comidas y saraos con los bolsillos del +frac forrados de hule para poderse llevar a mansalva dulces y +emparedados, estuvo admirable. Currita le tendió una mano, enternecida a +la vista de aquel fiel amigo que tantas veces había descrito los +primores de su falda, él se la estrechó en silencio, repitiendo por tres +veces:</p> + +<p>—¡Ominoso!... ¡ominoso!... ¡ominoso!...</p> + +<p>Y apartándose un buen trecho, púsose a garrapatear con ardor febril en +su cartera, no sin que todas las damas y muchos caballeros vinieran a +hacérsele presentes, mendigando una mención honorífica en aquella +crónica que había de ser al otro día la <i>great attraction</i> de la corte. +La apoteosis de Currita prometía ser ruidosísima, y preciso era figurar +en <span class='pagenum'><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span>ella, aunque sólo fuera de comparsa.</p> + +<p>Llegó Leopoldina Pastor, sofocadísima, con un devocionario enorme en la +mano: venía de Misa, porque estaba haciendo en San Pascual una novena +para impetrar del cielo una apoplejía fulminante para don Salustiano de +Olózaga. Irritóse mucho de que Currita no hubiese tirado por la ventana +al jefe de orden público; juró que no saldría de allí aquel indecente +sin oír antes de sus labios cuatro palabritas bien dichas, y alborotando +y accionando, y sacando la lengua a los agentes de orden público que +encontró al paso, fue a parar al comedor, porque eran ya las doce, +estaba en ayunas, tenía hambre y se hacía imposible salir de allí hasta +que terminara el registro. Muchas damas y caballeros la siguieron, +dispuestos a caer sobre las provisiones de Villamelón como una nube de +langostas, y el pasmo de todos fue entonces grande... Sorprendieron al +moribundo marqués en un rincón del comedor, apoyado en un trinchero de +roble, zampándose en pie y a toda prisa, y mirando a todas partes +azorado, una inmensa jícara de suculento chocolate, con una pirámide +colosal de dorados picatostes... Pasado el primer susto, y no escuchando +ya en la casa otro ruido extraordinario que el incesante ir y venir de +la gente que de la calle entraba, Villamelón sintió en toda su pujanza +el aguijón más terrible que podía hostigarle: ¡el aguijón del hambre! En +vano llamó una vez y otra vez que le trajesen como todos los días:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Ancha bandeja con tazón chinesco,<br /></span> +<span class="i0">Rebosando de hirviente chocolate.<br /></span> +</div></div> + +<p>Los criados, diseminados por la casa, no acudían a su llamada, y +prefiriendo Villamelón los riesgos de otra muerte a la muerte de hambre, +decidió al cabo levantarse y escurrirse por pasadizos y corredores hasta +la misma cocina, en busca del cotidiano alimento: una vez en posesión de +<span class='pagenum'><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>él, refugióse en el rincón más cercano y allí comenzó a devorarlo.</p> + +<p>La llegada de los importunos huéspedes hízole levantar el campo, huyendo +hacia el interior con el chocolate en una mano y los picatostes en la +otra. Mas, con grandes risotadas le detuvo la señoril y hambrienta +turba, y alcanzándole Leopoldina Pastor por los cortos faldones de la +bata, le gritaba muerta de risa:</p> + +<p>—¿Pero dónde vas, Fernandito?... ¡No te vayas, hombre!... ¡Si para +sentir es menester comer!... ¡Si nosotros venimos a ayudarte!...</p> + +<p>Y desde el <i>maître d'hôtel</i> hasta <i>don Joselito</i>, comenzaron a trabajar, +sin dar apenas abasto en servir a la emocionada concurrencia un <i>lunch</i> +improvisado, un <i>pic-nic</i> sustancioso.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIImdash" id="VIImdash"></a><a href="#toc">—VII—</a></h2> + + +<p>Era el marqués de Butrón una de esas medianías que en los tiempos de +escasas notabilidades pasan por eminencias, debiendo sólo su altura a +las escasas proporciones de los hombres y cosas de su época. Hase dicho, +sin embargo, que no hay hombre grande para su ayuda de cámara, y no se +libraba el gran <i>Robinsón</i> de esta ley general de las ilustres +celebridades. Consistía, pues, una de sus secretas flaquezas en teñirse +cuidadosamente la barba, blanca ya por completo, para ponerla al nivel +de su todavía abundante cabellera, que se conservaba negra como las alas +del cuervo.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p><p>Disponíase, pues, el respetable diplomático en aquella mañana del 26 de +junio a esta operación importantísima, cuando le pasaron +precipitadamente el recado de Currita. El peludo señor perdió por +completo la cabeza, y temiéndolo todo de la bellaquería de la condesa, +que tenía él muy bien conocida, pidió a toda prisa un simón, y sin +acordarse para nada de que su barba sin teñir iba a revelar el hasta +entonces bien guardado secreto a las lenguas más hábiles en cortar sayos +que encerraba la corte, corrió al palacio de aquella equívoca oveja que +tanto le importaba conservar en el redil alfonsino. Los polizontes que +guardaban la puerta le dejaron pasar, según la consigna, mirándole con +esa especie de receloso respeto que a las gentes bajas de un partido +causan siempre los pájaros gordos del partido contrario.</p> + +<p>La noticia de su llegada causó sensación profundísima entre la turba de +amigos y amigas que invadía el palacio, y todos, hasta los que en el +comedor se hallaban, corrieron a su encuentro. Su presencia allí daba al +suceso una importancia y un colorido que había muy bien calculado +Currita al mandarle buscar con tanta urgencia. El gran <i>Robinsón</i> +extendió ambos brazos al verla, exclamando: «¡Hija mía!», y la dama se +dejó caer en ellos con filial abandono, sollozando fuertemente y +mostrando a sus hijos, que se agarraban asustados a la falda de Miss +Buteffull, siempre tiesa e impasible.</p> + +<p>El coro general de damas comenzaba a emocionarse; pero acertó a reparar +Gorito Sardona en la desteñida barba del diplomático, y apresuróse a +comunicar el descubrimiento al oído de Carmen Tagle; echóse a reír ella, +díjolo a su vecina, esta al que tenía al lado, y a poco, una porción de +solapadas risitas hacían fracasar por completo la parte patética del +espectáculo.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span></p><p>Butrón, sin embargo, no cayó en la cuenta, y con el majestuoso +continente que las circunstancias requerían, arrastró con suavidad a +Currita al próximo gabinete. Sudaba como un pato, y la camisa no le +llegaba al cuerpo, temiendo alguna nueva trapisonda de la ilustre +condesa, que viniera a desacreditar sus manejos diplomáticos. Azorado y +en voz baja, y mirando a todas partes, como si temiese ver aparecer a +los polizontes que invadían el palacio, le dijo:</p> + +<p>—Pero ¿qué es esto?... ¡Habla, hija mía!...</p> + +<p>Currita se dejó caer en un sofá, cubriéndose el rostro con el pañuelo.</p> + +<p>—¡Estoy perdida!—dijo.</p> + +<p>El respetable Butrón abrió la boca, como si fuera a tragarse un queso +entero.</p> + +<p>—¡Fernandito es un imbécil!—continuó Currita muy afligida.</p> + +<p>Butrón movió de arriba abajo la cabeza en señal de profundo +asentimiento.</p> + +<p>—Le ha engañado Martínez... Me ha comprometido atrozmente... Es +horrible, horrible... ¡Infame, Butrón, infame!</p> + +<p>—¡Habla bajo!—exclamaba el diplomático, sobresaltado—. Sosiégate, +hija mía, sosiégate... y cuenta para todo conmigo... Para todo, ¿lo +oyes?... para todo...</p> + +<p>Y con las dos peludas manos apretaba <i>Robinsón</i> con efusión paternal la +<span class='pagenum'><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>mano de Currita.</p> + +<p>—Lo sé, Butrón, lo sé, y por eso acudí a usted al punto—dijo ella más +sosegada—. ¡Pero es horrible, horrible!... ¡Figúrese usted que todo lo +que decían de mi nombramiento de camarera es cierto!...</p> + +<p>—¿Cierto?—exclamó Butrón como si se le atragantase en el esófago el +queso que antes parecía tragarse.</p> + +<p>—Fernandito le escribió al ministro solicitando para mí el cargo... +¡sin decirme nada, Butrón!... ¡sin contar conmigo!... ¡Vamos, si es +horrible, horrible!... ¡Ay, qué marido!... Le aseguro a usted que si no +fuera por mis hijos entablaba el divorcio...</p> + +<p>Aquí derramó Currita algunas lágrimas en aras del honrado Himeneo, cuya +antorcha corría riesgo de apagarse, y continuó muy bajito:</p> + +<p>—Por eso, como yo no sabía nada, dije antes de ayer en casa de Beatriz +lo que creía, ¡claro está!, la verdad... Que el ministro vino a +ofrecerme el cargo, y yo me había negado a aceptarlo muy ofendida, +tomándolo por una majadería de esa gentuza... Figúrese usted mi sorpresa +cuando ayer se me entra por las puertas ese animal de Martínez, tan +ordinario, tan groserote, muy ofendido con mi negativa, gritando como un +energúmeno que nadie jugaba con el Gobierno, y amenazándome con una +carta de Fernandito, que iba a refregarme... ¡por los hocicos, Butrón, +por los hocicos!...</p> + +<p>Y aquí ahogó de nuevo el llanto la voz de Currita, prosiguiendo a poco +entre sollozos:</p> + +<p>—¡Qué ultraje, Butrón, qué vergüenza!... ¡Creí morirme de +sentimiento!... ¡Al padre de mis hijos debo esta ofensa!... Bien se lo +<span class='pagenum'><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span>he dicho mil veces: tu condescendencia con esa gentuza nos va a perder, +Fernandito...</p> + +<p>—Pero ¿viste tú esa carta?—exclamó Robinsón estupefacto.</p> + +<p>—¡La vi, Butrón, la he leído!... ¡Qué vergüenza!... ¡Creí morirme!... +Decía el <i>buey Apis</i> que el ministro iba a publicarla en los periódicos +si yo no aceptaba el cargo. ¡Lloré, supliqué, pidiéndosela en nombre de +mi honra, en nombre de mis hijos!... Todo en vano: o aceptaba yo el +cargo, o la carta se publicaba... Entonces le ofrecí dinero, y mi hombre +empezó a blandearse... Me pidió cinco mil duros; luego tres mil, +¡regateando, Butrón, regateando como un judío!... Por fin se cerró el +trato en los tres mil, y anoche, a la una, volvió a entregarme la carta +y recibir el pago... Porque, claro está, yo no tenía dinero bastante, +tampoco podía pedírselo a Fernandito, y he tenido que empeñar una +porción de joyas...</p> + +<p>Butrón escuchaba asombrado, tragándose, una a una, como un bolonio, toda +aquella sarta de mentiras, diestramente entrelazadas con algunas escasas +verdades; cruzó las manos con trágico ademán y exclamó con el aire de un +Catón escandalizado:</p> + +<p>—¡Eso es nauseabundo!</p> + +<p>—¡Pero si hay más, Butrón, si hay más!... ¡Si es infame!—prosiguió +Currita muy animada—. A la una me entregó anoche el <i>buey Apis</i> la +carta... A las diez llega hoy, de repente, la policía a registrarme mis +papeles... ¡Negocio redondo que buscaba el gran canalla!... ¡Coger de +nuevo la carta y quedarse con mi dinero!...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p><p>—Pero ¿la han cogido?—exclamó Butrón consternado.</p> + +<p>—¡Ca!... ¡Primero me quitan la vida!... Tuve tiempo de romperla y echar +los pedazos por el vertedero del baño.</p> + +<p>—¡Berr!—hizo Butrón como si le dieran náuseas; y con las manos +cruzadas a la espalda, actitud de las grandes perplejidades, y fruncido +el formidable guardapolvo de sus cejas, señal en él de graves +preocupaciones, comenzó a medir a grandes pasos la estancia. Currita le +miraba marchar con el rabillo del ojo, dando de cuando en cuanto +nerviosos suspiritos.</p> + +<p>Indudable era para Butrón que la dama era una tramposa; pero lo que +decía era en todo perfectamente verosímil y explicaba por completo la +extraña visita de la policía. ¿Qué había ido, si no, a buscar en aquella +casa?... Por otra parte, aquel repentino suceso aseguraba al partido la +alianza de aquella mujer que dominaba al Madrid elegante con el poderoso +imperio de la moda, y esto bastaba a las teorías del diplomático; +detúvose, pues, de repente ante ella y díjole solemnemente:</p> + +<p>—Es preciso hacer una manifestación ruidosísima, que levante el +espíritu y sirva de protesta a este atropello...</p> + +<p>Currita se encogió de hombros, disimulando bajo una perplejidad afectada +el rayo de vanidosa alegría que iluminó su semblante.</p> + +<p>—¡Pero, Butrón, por Dios!—dijo—, por mí no hay inconveniente; pero ya +ve usted que quien pierde aquí es Fernandito.</p> + +<p>—Mira, Curra, Fernandito no pierde nada, porque nada tiene que +<span class='pagenum'><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span>perder... Tu marido es un imbécil Y eso lo sabe todo el mundo.</p> + +<p>—Es verdad—dijo con heroica conformidad Currita.</p> + +<p>—Además, yo te garantizo el secreto... El negocio es grave y puede +sacarse de él mucho partido.</p> + +<p>—Eso bien lo veo yo... Por eso no me opongo... Después de todo, lo +primero que hay que mirar es el bien de la causa... Yo todo se lo +sacrifico... Bien lo he probado siempre... ¡Bien lo estoy ahora +probando!...</p> + +<p>Y Currita se enterneció otra vez, emboscando entre sus nuevas lagrimitas +este ruego inocentísimo:</p> + +<p>—Lo único que pido es que escriba usted mismo a la señora la verdad de +lo que está pasando... ¡Le tengo un miedo a los enredos, a los chismes +de este Madrid!... ¡Esa Isabel Mazacán es tan chismosa... me tiene una +envidia!...</p> + +<p>Cuadróse Butrón delante de la dama y dijo golpeándose el pecho:</p> + +<p>—¡Confía en mí, Curra!... ¡Yo respondo!</p> + +<p>En aquel momento llamaron a la puerta: el registro había ya terminado y +el jefe de orden público pedía permiso a la señora condesa para +presentarle sus excusas.</p> + +<p>—¡Ay, no, no!—exclamó Currita—. Dígale usted que puedo muy bien +pasarme sin ellas.</p> + +<p>—Y añádale—dijo Butrón con toda la majestad olímpica que su misión +<span class='pagenum'><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span>allí requería—que la señora condesa de Albornoz se reserva el derecho +de protestar en todos los terrenos de semejante atropello... Y dígale +también que toda la aristocracia española y todas las gentes sensatas y +honradas están a su lado para apoyarla y defender la causa santa que +ella representa en estos momentos...</p> + +<p>Esto dijo Butrón con arrogante tono, y acentuando mucho la palabra +<i>causa</i>, paseó después una larga mirada por la concurrencia, como quien +dice: «¿Habéis entendido?», y entróse por los grupos, dejando caer +palabras huecas que la curiosidad y la necedad rellenaron de grandes +cosas.</p> + +<p>—El negocio es grave—decía—. ¡Currita, admirable! ¡Una heroína!... +¡Mariana Pineda!...</p> + +<p>Entró entonces el viejo empleado en la contaduría, don Pablo Solera, que +había presenciado el registro: traía las orejas muy coloradas y un gran +papel en la mano, que presentó a la condesa... Rodeáronle todos llenos +de curiosidad, haciéndole mil preguntas, que el viejo se apresuró a +satisfacer aturdido, en parte, al verse ante tan ilustre concurrencia.</p> + +<p>El registro había sido escrupuloso en demasía y durado dos horas +enteras: el jefe del orden público había leído todas las cartas que +encontró a mano, sin perdonar pesquisa alguna, registrado todos los +papales, hojeado todos los libros y puesto aparte todo aquello en que +creyó encontrar miasmas conspiradores, para sujetarlo al examen del +gobernador de la provincia. El prudente viejo le exigió entonces un +recibo, firmado por el mismo jefe de orden público, en el cual habían de +consignarse todos los papeles que se llevaba, y este era el documento +que don Pablo presentaba a la condesa.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span></p><p>—¿Hay algo importante?—preguntóle Butrón en voz baja, leyendo la +lista al mismo tiempo que Currita.</p> + +<p>—¡Pchs!... Nada—contestó esta.</p> + +<p>Mas sus ojos se fijaban con extrañeza en esta partida inventariada en la +larga lista: «Un paquete de veinticinco cartas, atado con una cinta de +color de rosa».</p> + +<p>El respetable Butrón tomó de nuevo la palabra. El peligro había pasado, +pero era necesario sacar todo el partido posible de aquella victoria: +hacíase indispensable meter mucho ruido, gran ruido, propagar el +escándalo por todas partes para despertar la indignación y excitar los +ánimos en contra del Gobierno y de la dinastía intrusa... Para ello, +todas las señoras acudirían aquella tarde a la Castellana con las +airosas mantillas españolas y las clásicas peinetas de teja, que eran ya +señal convenida de valiente protesta; y a la noche siguiente, él, Butrón +mismo, daría un gran baile en honra de Currita de puro carácter +político, al cual podían ya darse por convidados todos los presentes... +Las señoras lucirían todas, en la cabeza, la flor de lis, emblema de sus +esperanzas; los caballeros, un lazo blanco y azul en el ojal del frac, +colores propios y significativos de los desterrados Borbones.</p> + +<p>El entusiasmo fue entonces indescriptible; las damas rodearon el grupo +que Currita y Butrón formaban, empujándose unas a otras, charlando todas +a un tiempo, esgrimiendo los colosales abanicos que por aquel verano +estaban de moda con el poco elegante nombre de <i>Pericones</i>.</p> + +<p>—¡Bien! ¡Bravo!—gritó Gorito Sardona—. ¡El coro de los puñales!... +<span class='pagenum'><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span>¡Butrón, a usted le toca bendecirlos!</p> + +<p>Y se puso a cantar el</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Giusta é la guerra, e in cuore<br /></span> +<span class="i0">Mi parla un santo ardore,<br /></span> +</div></div> + +<p>de Meyerbeer en los <i>Hugonotes</i>. Esto hizo reír mucho a todas aquellas +señoras, y unas en pos de otras comenzaron a retirarse, nerviosas, +entusiasmadas, confesándose mutuamente que era muy entretenido conspirar +danzando y luciendo trapos en la Castellana; que era más fácil de lo que +ellas creían derribar un trono a abanicazos.</p> + +<p>Mientras tanto, Villamelón, escurriéndose tras cortinas, puertas y +tapices, miraba desfilar la ilustre concurrencia sin osar presentarse +ante ella. Lo que más le incomodaba a él era que le hubiesen roto dos +cristales, allá abajo, en la mampara.</p> + +<p>Al verse a solas Currita, preguntó al viejo empleado, enseñándole la +lista:</p> + +<p>—Pero diga usted, don Pablo... ¿De quién eran esas veinticinco cartas?</p> + +<p>El viejo se encogió de hombros.</p> + +<p>—No sé—contestó—. El jefe de orden público leyó tres o cuatro y se +las guardó con una risita que me dio mala espina.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span></p><p>—¿Pero dónde estaban?</p> + +<p>—En aquella arquita antigua que está en el gabinete de la señora +condesa... Es un cajoncito con secreto.</p> + +<p>—¿En el <i>secrétaire</i> del <i>boudoir</i>?—dijo Currita aún más +sorprendida—. ¡Pero si allí no había nada!... A ver, venga usted +conmigo.</p> + +<p>Había, en efecto, en un rincón del <i>boudoir</i>, una preciosa <i>arquilla</i>, +obra acabadísima de marquetería italiana del siglo XVI, de ébano, +tallado con ricas incrustaciones de carey, plata, jaspes y bronces. +Currita abrió la gran tapa delantera, cuyas bisagras y cerrajas doradas +dejaban ver, a través de sus artísticos calados, un fondo de terciopelo +rojo, y entonces apareció el interior de aquel precioso mueble, +compuesto de bellísimos arquitos, de galerías en miniatura en que +encajaban infinidad de cajoncillos, ocultándose los unos a los otros, +con múltiples secretos.</p> + +<p>—Pero ¿dónde estaban esas cartas?—preguntó Currita impaciente, +abriendo uno a uno los lindos cajoncitos.</p> + +<p>—Aquí abajo—contestó don Pablo.</p> + +<p>Y apretando un resorte de bronce, hizo saltar otro cajoncito oculto, que +dejó escapar, al abrirse, un suave olor de violetas secas. Currita metió +dentro la mano y encontró en el fondo un ramo marchito de aquellas +fragantes flores; miró algún tiempo con cierta extrañeza, como quien +pretende recordar algo, y exclamó al fin, cayendo en la cuenta:</p> + +<p>—¡Ya!</p> + +<p>Y de repente, poniéndose muy seria con la enfurruñada cara de quien se +<span class='pagenum'><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span>teme un chasco pesado, murmuró muy enfadada:</p> + +<p>—¡Pues tendría que ver!... ¡Estaría bonito!...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIIImdash" id="VIIImdash"></a><a href="#toc">—VIII—</a></h2> + + +<p>Bueno estaba para bollos el horno del señor gobernador a las dos de la +tarde de aquel mismo día 26 de junio. La noticia de la visita de la +policía al palacio de Villamelón había llegado a las altas esferas del +Gobierno, causando en ellas sorpresa y disgusto: ignorábase allí la +causa de aquella violenta medida del gobernador, y esperábase todavía, +por otra parte, obligar a la Albornoz a aceptar el cargo de camarera, a +pesar de la escena cómico-dramática que entre ella y el excelentísimo +Martínez había tenido lugar la víspera. Porque, como el lector habrá ya +adivinado, no obstante los enredos de la tramposa señora, los +compromisos de esta con el Gobierno eran tan reales y positivos como +había asegurado dos días antes la condesa de Mazacán en casa de la +duquesa de Bara.</p> + +<p>Resentida profundamente Currita por lo que ella creyera desaire de la +abdicación, había decidido al punto pasarse con armas y bagajes al +enemigo, satisfaciendo de este modo sus femeniles deseos de venganza y +realizando al mismo tiempo su continuo anhelo de dar que hablar a todo +el mundo y ser siempre la primera de la primera línea. El nuevo monarca +era joven y guapo, y una vez teniéndole ella a su alcance en el puesto +de camarera, parecíale fácil amalgamar en poco tiempo, en sí misma, dos +personalidades históricas que le eran muy simpáticas: mademoiselle de La +<span class='pagenum'><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span>Vallière y la princesa de los Ursinos.</p> + +<p>Costóle, sin embargo, algún trabajo reducir a Villamelón a secundar sus +planes, porque encastillado este en lo que llamaba su honor, empeñábase +en vivir y morir fiel a la dinastía caída. Supo al cabo Currita +convencerle, y cauta siempre, y sin dar ella la cara, encargóle a él +entablar las negociaciones con don Juan Antonio Martínez y el ministro +de Ultramar, personajes ambos que con traidora previsión había procurado +desde mucho tiempo antes atraer a su casa, importándosele un bledo los +aristocráticos aspavientos de sus ilustres amigas. Las condiciones +impuestas por la condesa eran un considerable aumento de sueldo para +ella y la Secretaría particular de don Amadeo para Juanito Velarde, +adorado amigo que a la sazón privaba.</p> + +<p>El encargo era fácil, dado el afán que de llenar aquel desairado cargo +con un grande de España existía en la corte y en el Gobierno. +Villamelón, sin embargo, cometió una pifia contra las terminantes +prescripciones de Currita. Habíale encargado esta que por ningún +concepto soltara prenda por escrito en el manejo de aquel negocio, y por +no faltar el majadero a una cita que con cierta viuda problemática +tenía, a la misma hora en que le citaba también el ministro, dejó +escapar aquella malhadada carta dirigida a este, que tan serias +complicaciones había de traer más tarde.</p> + +<p>Mientras tanto, la carta de la reina Isabel vino a desbaratar todo lo +hecho, y con su desfachatez sin igual, volvióse atrás Currita, dejando a +la corte y al Gobierno burlados, y en las astas del toro a su marido. No +satisfecha con esto, y para acallar los peligrosos rumores, que, +atizados por Isabel Mazacán, corrían de lo sucedido, imaginó denunciarse +a sí misma al gobernador, escribiéndole un anónimo en que con pruebas +<span class='pagenum'><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span>patentes y señales manifiestas aseguraba que la condesa de Albornoz y +el marqués de Butrón urdían un complot vastísimo, existiendo en poder de +ellos papeles muy importantes para la causa alfonsina. El incauto +gobernador cayó en el garlito, y ya hemos visto la admirable profundidad +con que secundó los atrevidos planes de aquella ilustre bribona, cuyas +mezquinas intriguillas traían en conmoción a toda la corte. La visita de +la policía afianzaba para siempre la fama de su lealtad alfonsina, +dándole una importancia en el partido que la ponía por completo a +cubierto de las pretensiones de la corte amadeísta. Así lo comprendió el +excelentísimo señor don Juan Antonio Martínez, y hecho un basilisco fue +a pedir al gobernador cuenta de su torpeza; alborotóse este, y +guardándose muy bien de confesar que sólo en un anónimo cifraba él las +pruebas del complot de Currita, aseguró campanudamente que le constaba +la existencia de una vasta conspiración alfonsina, que el marqués de +Butrón la dirigía, y que la señora condesa de Albornoz era una +trapisondista de tomo y lomo.</p> + +<p>—¡Si me lo querrá usted decir a mí!—exclamó el <i>buey Apis</i> resollando +por la herida.</p> + +<p>Y contó al gobernador, con todos sus pormenores, la historia del +nombramiento de camarera y la escena de la carta arrojada al fuego, que +había ya hecho desternillar de risa, en las narices mismas del ministro, +a todos sus compañeros de gabinete. Mordióse el gobernador los labios, +comenzando a sospechar que habían hecho un pan como unas hostias, y el +<i>pas trop de zéle</i> de Talleyrand acudió a su mente como un reproche. +Detuvo, sin embargo, un momento su cólera y sus temores la entrada del +jefe de orden público, que venía a entregarle los papeles sorprendidos +en poder de Currita.</p> + +<p>Lanzóse el gobernador sobre ellos con todo el ardor de su picado amor +<span class='pagenum'><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>propio, y púsole su mala suerte ante los ojos, lo primero, un +plieguecillo de esquela, con el timbre de la condesa de Albornoz, y +escrito en él, con diversos caracteres de letra, este extraño letrero: +<i>¡Qué animal tan hermoso es el hombre!</i> Examinaba atentamente el +gobernador el papelillo, creyendo encontrar alguna clave oculta o algún +santo y seña misterioso entre aquellos diversos caracteres de letras, +rechondas y apretadas unas, largas y finitas otras, diminutas cual +patitas de moscas entrelazadas que se prolongasen en forma de cadeneta, +las últimas. Estas despertaron en su mente un vivo recuerdo; buscó +apresuradamente el anónimo que encerraba la denuncia, cotejó ambas +letras, y el velo se rasgó entonces por completo. ¡Era la misma!... +Probado quedaba que la excelentísima señora condesa de Albornoz era una +trapisondista de tomo y lomo, y el excelentísimo señor gobernador de +Madrid un majadero de siete suelas.</p> + +<p>Su furor no tuvo entonces límite, y vino a aumentarlo el cazurro +Martínez, que con los carrillos hinchados y la boca llena de risa +reventaba por soltar la presa, y soltóla al fin, diciendo a modo de +fisga:</p> + +<p>—¡Abortó la conspiración!... ¡España puede ya dormir tranquila!...</p> + +<p>Su excelencia encontraba cierto maligno gustito en no ser la única +víctima de los enredos de aquella grandísima tuna que tan pesados +chascos estaba dando a los Epaminondas y Arístides de la España con +honra. El señor gobernador comenzó a echar sapos y culebras por la boca, +lo mismo que cualquier rufián de callejuelas, y volviendo y revolviendo +los papeles, vino a topar con el paquete de las veinticinco cartas. Su +gozo fue entonces inmenso: tenía ya asegurada la venganza.</p> + +<p>La noche anterior había hecho Currita un escrupuloso escrutinio en sus +<span class='pagenum'><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>papeles, quitando de en medio lo que podía comprometerla, y poniendo +bien a la vista lo que favorecía sus planes; excusado es decir que la +carta de la reina Isabel quedó en puesto tan visible, que presto pudo +dar con ella el jefe de orden público. Dos descuidos imperdonables tuvo, +sin embargo: quedósele traspapelado en la carta de escribir el +plieguecillo en que había hecho sus pruebas caligráficas y olvidóse por +completo de que en un cajoncito oculto de la arquilla antigua del +<i>boudoir</i> existía, hacía más de tres años, un paquete de cartas. Eran +estas de cierto capitán de artillería, andaluz, de gran familia, +arrogantísima figura y poquísima vergüenza, que había antecedido a +Juanito Velarde en el puesto de confianza que a la sazón ocupaba este en +la casa.</p> + +<p>Triunfante el gobernador, preguntó a Martínez si le parecía conveniente +publicar aquellas cartas en los periódicos.</p> + +<p>—Pero, hombre, no sea usted mentecato—replicó el ministro—. ¿Cree +usted que hay alguien en Madrid que no sepa o suponga que esas cartas +existen o han existido?...</p> + +<p>—Pero entonces, ¿qué partido sacamos de ellas?</p> + +<p>—Uno muy sencillo... ¿No tiene usted que devolvérselas a la condesa?</p> + +<p>—¡Claro está!... Como que el jefe de orden público le ha dejado recibo.</p> + +<p>—Pues en vez de enviárselas usted a la mujer, se las envía al marido... +Es la única manera de practicar en este asunto la obra de misericordia +de enseñar al que no sabe.</p> + +<p>—¡Magnífico!—exclamó el gobernador, admirado de la maquiavélica +<span class='pagenum'><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span>política de su excelencia.</p> + +<p>Y, sin pérdida de tiempo, púsose a escribir un atento B. L. M. al +marqués de Villamelón, presentándole mil excusas por el mal rato que le +había dado aquella mañana, anunciándole la devolución de los papeles +incautados y suplicándole cortésmente los repasase uno a uno y muy en +particular las veinticinco cartas del paquete, no fuera que por +casualidad se hubiese alguna de ellas traspapelado.</p> + +<p>En aquel momento, un portero entregó al señor gobernador una esquelita +perfumada, que parecía ser de una dama coqueta, y era del lindo ministro +García Gómez, el elegante de la situación, el <i>dandy</i> de aquel gabinete +eminentemente progresista. Enterado por su amiga Isabel Mazacán de la +orden del día dada por el marqués de Butrón en la casa de Currita, +apresurábase a poner en conocimiento de la primera autoridad de la +provincia la manifestación de mantillas y peinetas que las damas de la +aristocracia preparaban para aquella tarde en la Fuente Castellana. El +gobernador comenzó a bufar de nuevo, amenazando entre enérgicas +interjecciones hacer con mantillas y peinetas lo que Esquilache hizo con +capas y sombreros.</p> + +<p>—¡Pero, hombre, no sea usted mentecato!—volvió a decir el ministro con +su risa de paleto—. Eso tiene muy fácil remedio.</p> + +<p>—¿Cuál?</p> + +<p>—Llame usted a Claudio Molinos.</p> + +<p>Llegó Claudio Molinos, bribón consumado, especie de baratero político +que en aquel tiempo alcanzó gran boga, y era, según la voz pública, el +<span class='pagenum'><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span>galeoto del Gobierno en sus enjuagues de mala ley, y el reclutador y +generalísimo de la partida de la porra. Recibiéronle ambos personajes de +igual a igual, y con grandes extremos, y después de una corta +conferencia, tornó a salir Claudio Molinos muy apresurado. Martínez +salió también con gran pachorra, inclinada la cabezota, y las manos y el +bastón a la espalda, y quedóse el gobernador muy satisfecho, +restregándose las manos chiquitas y regordetas con alguna que otra uña +no limpia del todo.</p> + +<p>A las seis y media de aquella misma tarde no se veía un solo carruaje en +el Retiro ni en el Parque, y centenares de ellos, por el contrario, +atravesaban al trote largo el Paseo de Recoletos, atestado ya de gente, +y seguían en confuso remolino hacia la Fuente Castellana. Jamás Viena +corriendo hacia el Práter, Berlín hacia el Linden, París hacia el +Bosque, habían presentado espectáculo tan original y pintoresco como el +que ofrecía a la puesta del sol aquella inmensa avalancha de trenes +lujosísimos, la mayor parte descubiertos, atestados de mujeres de todos +tipos, de todas edades, con trajes de colores vivos, mantillas blancas o +negras, peinetas de teja y flores en la cabeza, en el pecho, en las +manos, en los asientos y portezuelas de los coches, en las frontaleras +de los caballos y en las libreas de los cocheros, confundiéndose, sin +atropellarse, en aquella baraúnda ordenadísima, carruajes, caballos, +jinetes, arneses, prendidos, libreas, cocheros con la fusta enarbolada, +lacayos con los brazos cruzados, retintines de bocados y crujidos de +látigos, efluvios de primavera y perfumes de tocador, olor a búcaro de +la tierra recién regada, y fragancia de lilas, azucenas y violetas; +envuelto todo como en una gasa en un polvillo fino y brillante, +iluminado todo con golpes de luz bellísimos por los reflejos del sol +poniente, que penetraba por entre las copas de los árboles, haciendo +brotar resplandores de incendio en la plata de los arneses, los botones +<span class='pagenum'><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span>de las libreas y el herraje de los coches.</p> + +<p>Por las anchas aceras de la calle de Alcalá desembocaba también en +Recoletos muchedumbre compacta de gente de a pie, destacándose de trecho +en trecho grupos de mantillas más o menos bien llevadas, peinetas de +teja puestas en cabezas más o menos airosas. No correspondía, sin +embargo, la animación y la algazara al número y al lujo de aquella +muchedumbre; marchaban los paseantes con esa curiosidad más ávida +mientras más medrosa, que inspiraba siempre un espectáculo peligroso; +con esa curiosidad propia del cobarde que espera oír a cada momento el +estampido de un arma de fuego. Las damas de los coches, por su parte, +cruzaban entre sí saludos, señas y sonrisas, sin poder disimular un +involuntario azoramiento, semejante al del chico descarado que se +resuelve a hacer una travesura en las barbas mismas del maestro.</p> + +<p>De repente, a la altura de la Casa de la Moneda, paráronse los +paseantes, agrupándose bajo los árboles, y los coches moderaron su +carrera, llamándose a derecha e izquierda para dejar una calle en +medio... Por ella se adelantaba al trote largo un magnífico landó de +Binder, caídas a uno y otro lado las capotas de <i>chagrín</i> finísimo, +arrastrado por dos soberbios bayos oscuros, dos steppers de grande +alzada y poderoso trote que la mano férrea de Tom Sickles manejaba tan +fácilmente como movía el viento los ramos de lilas y claveles que lucían +los nobles brutos en las brillantes frontaleras. Tendida en los +almohadones de raso, con aire distinguidísimo, paseaba la condesa de +Albornoz su desvergüenza, dando la derecha a su amiga y pariente la +marquesa de Valdivieso; vestían entre las dos primas los colores +nacionales: traje amarillo con mantilla negra la de Albornoz; rojo con +mantilla blanca la de Valdivieso, y grandes peinetas de carey una y +otra, con ramos de claveles blancos y encarnados en la cabeza y en el +pecho. Arremolinábase la gente al verlas pasar, las damas las saludaban +con los pañuelos desde los coches, arrojándoles flores muchas de ellas, +<span class='pagenum'><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span>y una turba de gomosos a caballo trotaban a uno y otro estribo del +coche, a guisa de caballerizos. De esta manera triunfal hizo Currita su +entrada en la Castellana.</p> + +<p>Formaban ya allí los carruajes ordenada fila, y entonces pudo apreciar +el marqués de Butrón todo el numero y arrogancia de sus huestes +femeninas. Allí estaba él en un landó de colores oscuros, teniendo a su +derecha a la marquesa, respetable señora que llevaba uno de los nombres +más ilustres de España, y podía hacer gala de una de las reputaciones +más sin tacha de la corte. Más lejos iba Isabel Mazacán con Leopoldina +Pastor, en un milord preciosísimo; Pilar Balsano, la duquesa de Bara, +Carmen Tagle y otra infinidad de estrellas y constelaciones del gran +mundo, entre las que descollaba la señora de López Moreno con su hija +Lucy, vestida ella de azul con mantilla blanca y grandes rosas en la +cabeza, ocupando casi por completo una gran carretela con arreos a la +calesera, y cochero y lacayo con sombrero calañés, pantalón y chupa de +oscuro terciopelo. Todas ellas, mujeres problemáticas, y otras mil y mil +mujeres frívolas y superficiales en apariencia, pero honradas en el +fondo las más, sólidamente virtuosas y sensatas muchas de ellas, +saludaban al pasar a la ilustre bribona, inclinándose todas a su paso, +rindiéndole el homenaje de sus sonrisas y su envidia, haciéndose reas de +la perniciosa condescendencia con el vicio, llaga mortal de las grandes +sociedades, contribuyendo con su presencia y con su lujo, por necedad, +por debilidad o por malicia, al gran pecado del escándalo, al triunfo de +la más ruin bellaca que urdió jamás trapisondas en la corte.</p> + +<p>No duró mucho, sin embargo, la apoteosis... Nadie ha podido explicar +nunca cómo sucedió aquello: unos dicen que vino del Hipódromo; otros, +que del barrio de Salamanca; algunos, que de un hotelito que, emboscado +en un jardín, existe en la Castellana. Es lo cierto que, de repente, +apareció en la fila de coches un gran landó a la Daumontl con cuatro +<span class='pagenum'><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span>caballos blancos; venían dentro dos mujerzuelas de vida airada, +abigarradamente vestidas de encarnado, con pomposas mantillas y enormes +peinetas, poniendo en asquerosa caricatura a las damas de la +aristocracia. En el asiento de enfrente, un rufián con sombrero de copa +un poco ladeado y largas patillas postizas, parecía parodiar a cierto +prócer famoso que en aquel tiempo hacía gran papel en las filas +alfonsinas<a name="FNanchor_8_8" id="FNanchor_8_8"></a><a href="#Footnote_8_8" class="fnanchor">[8]</a>.</p> + +<p>Aquello no fue un bofetón, fue una coz, una patada del excelentísimo +Martínez, que acababa de un golpe con las peinetas y mantillas, con más +facilidad que acabó Esquilache con los sombreros y las capas. Díjose +luego que, desde una ventana del hotelito escondido, había él +presenciado la escena, con las manos a la cabeza, sacudiendo la +cabezota, dejando oír su risita de cazurro, de paleto empingorotado.</p> + +<p>—¡Ju, ju, ju, ju!...</p> + +<p>Entonces hubo un momento de confusión grandísima, de alarma verdadera: +algunos hombres de a pie y de a caballo se lanzaron sobre el coche con +los bastones enarbolados, para hacerlo salir de la fila. Intervinieron +los guardias de orden público en favor de las mujerzuelas, y mientras +tanto, huyeron en un segundo los lujosos trenes, al galope, a la +desbandada, mordiéndose los hombres el bigote de despecho, escondiendo +las mujeres, llenas de vergüenza, los rostros azorados.</p> + +<p>Sólo quedó Currita incorporada en su coche, abriendo mucho los claros +ojos, abofeteando a todas aquellas mujeres honradas, cuya culpa +consistía en admitirla a ella en su trato, con estas candorosísimas +palabras, dichas para tranquilizar a su prima:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span></p><p>—Pero mujer... ¿Qué ha sucedido?... ¿Por qué se van?... Que haya otras +dos más, ¿qué importa?...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IXmdash" id="IXmdash"></a><a href="#toc">—IX—</a></h2> + + +<p>Los periódicos ministeriales de la tarde guardaban un estudiado silencio +sobre la visita de la policía al palacio de Villamelón, como si +obedeciesen todos a una misma consigna. Los diarios oposicionistas, por +el contrario, soltaban, ocupándose del suceso, todos los registros de +sus respectivas trompeterías, prorrumpiendo en gemidos o gritos de +horror, según les soplaba el viento, a la elegía o al ditirambo...</p> + +<p>Ningunos gemidos, sin embargo, tan perfumados; ningunos gritos de horror +tan rítmicos, como los lanzados por la pluma del espiritual Pedro López +en el artículo <i>El primer paso</i>, que publicaba aquella tarde <i>La Flor de +Lis</i>. Indudable era que Pedro López había mascado raíz de lirio antes de +lanzar aquellos suspiros confitados, que había modulado sus gritos de +horror sobre aquellos trinos de Stagno:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Voi parlate di patria<br /></span> +<span class="i0">E patria piu non è.<br /></span> +</div></div> + +<p>que había llorado sobre el rosado papel lágrimas de agua de Colonia; que +había, en fin, creído, al empuñar la pluma en sus manos lavadas con +<i>pâte agnel</i>, tremolar una bandera con un palo de sombrilla por asta y +un <span class='pagenum'><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span>encaje de Bruselas por lienzo... ¡Oooh!... Cuando Pedro López posó +su turbada planta en el palacio de los marqueses, cuando vio profanadas +por groseros pies de sicarios de un poder bastardo y despótico aquellas +mullidas alfombras que tantas veces habían hollado en rítmicos +movimientos del baile las bellezas más valiosas de la corte, angustia +mortal oprimió su corazón, nube de sangre cegó sus ojos, y una palmada +de su propia mano vino a herir su frente sin que—¡pásmese el +lector!—notase Pedro López que sonaba a hueco... Sonóle a un ¡ay! +fatídico, a voz triste, lejana, misteriosa, crepuscular, que murmuraba a +lo lejos: ¡El primer paso!... ¡El primer paso dado hacia el noventa y +tres... el primer paso dado hacia el Terror!... ¡Oooh!... Allí había +visto Pedro López sumida en el más profundo desconsuelo, y vistiendo +elegante <i>saut du lit</i>, con falda <i>plissée</i>, de fular de seda y encajes +crema a la bella condesa de Albornoz, ideal como la Ofelia de +Shakespeare a orillas del lago, digna como la María Stuard de Schiller +en el castillo de Fotheringhay, sublime como la princesa Isabel, la +hermana de Luis XVI, que llamó la posteridad el <i>Ángel de la +guillotina</i>... ¡Aaaah! Allí había visto Pedro López y estrechado su mano +al hidalgo caballero, al pundonoroso marqués de Villamelón, postrado en +el lecho del dolor, cual león enfermo, derramando lágrimas de varonil +despecho por no poder desenvainar, en defensa de su noble hogar +allanado, la gloriosa espada de cien ilustres progenitores... ¡Oooh!... +Y en torno de aquellas dos nobles figuras realzadas aquel día por el +infortunio, elevadas por ruin despotismo de un gobierno sobre el +gloriosísimo pedestal de la picota de sus iras, Pedro López había visto +agruparse, más hermosas mientras más doloridas, y tan elegantes en su +sencillo negligé; de mañana como en sus soberbias <i>toilettes</i> de otras +ocasiones, a las bellísimas duquesas de A., B. y C.; a las lindísimas +marquesas de D., E. y F.; a las encantadoras condesas de G., H. y L; a +las preciosas vizcondesas de J., K. y L.; a las monísimas baronesas de +M., N. y Ñ., y a las espirituales señoras y señoritas de O., P. y Q. +<span class='pagenum'><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span>También el sexo feo estaba dignamente representado por el venerable +marqués de Butrón, espejo de caballeros, y por los duques, marqueses, +condes, vizcondes, barones y señores de tal o cual, y por otras muchas +personas notables que, en lo inmenso de su emoción, quizá dejaba Pedro +López involuntariamente de enumerar.. ¡Aaah! ¡El primer paso!... Todas +las frentes parecían inclinarse bajo el peso de un mismo pavoroso +pensamiento... Mas habló el ilustre marqués de Butrón, y al eco de su +mágica palabra irguiéronse las nobles cabezas y viéronse allí ilustres +vendeanos dispuestos a disputar palmo a palmo el terreno; garridas +Marfisas y Bradamantes, capaces de realizar con el brillo de sus ojos +las proezas de aquellas heroicas amazonas de las primeras cruzadas...</p> + +<p>Aquí ponía Pedro López cuatro líneas de puntitos suspensivos, y añadía +luego:</p> + +<p>«Nosotros oímos sus palabras, y un rayo de celeste esperanza se deslizó +en nuestro pecho».</p> + +<p>Más puntitos suspensivos.</p> + +<p>«El villano atentado del gobernador de Madrid ha sido el primer paso +dado hacia el Terror... Mas—¡renazca la esperanza!—ya</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">...El león de Castilla<br /></span> +<span class="i0">Sacude la melena!!!»<br /></span> +</div></div> + +<p>Y a renglón seguido:</p> + +<p>«Excusado es decir que la esplendidez proverbial de los marqueses de +<span class='pagenum'><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span>Villamelón proporcionó a la ilustre concurrencia un exquisito lunch +improvisado, en que llamaran la atención de todos los delicados sorbetes +de naranja, servidos en la misma cáscara de la fruta, que no obstante lo +impropio de la hora, hizo el calor del día deliciosos. Felicitamos a los +marqueses de Villamelón por haber introducido esta elegante novedad, que +no tardará en ser imitada en las mesas y salones de la corte».</p> + +<p>Todas estas y otras majaderías por el estilo leía Currita con ávido +deleite, mirando con desdén, desde la altura de su triunfo, a Metternich +y a Pitt, a Cavour y a Bismarck. Parecía muy natural que la llamasen a +ella Ofelia, María Stuard y Ángel de la guillotina; reíase allá en sus +adentros de ver transformado a su marido en león enfermo y pundonoroso +caballero, y dejábalo correr todo junto, porque sabía muy bien que nadie +sube hoy al templo de la fama sin alas hechas de recortes de periódicos. +Vino entonces a colmar su satisfacción el director de cierta famosa +revista, que con grandes reverencias y aspavientos, y presentándole una +tarjeta en que el marqués de Butrón eficazmente le recomendaba, +manifestó su deseo de publicar en la revista el retrato de la heroica +condesa y algunos grabados de actualidad relativos al suceso que todo +Madrid discutía. Recibióle ella con esa amable condescendencia, propia +de las grandes señoras con cualquier pelafustán que las adula, y +concedióle su petición al punto, quedando convenido que la revista +publicaría el retrato de la condesa con el traje que había de lucir +aquella misma tarde en la manifestación de mantillas y peinetas de la +Castellana, y otros dos grabados conmemorativos, representando uno la +fachada del palacio en el acto de ser invadido por la policía, y otro el +momento en que salió Currita con varonil entereza al encuentro de los +invasores.</p> + +<p>—Convendría entonces—dijo el periodista—tener algunas fotografías del +<span class='pagenum'><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span>local, que sirvan de pauta al artista para marcar bien los detalles.</p> + +<p>—Desde luego—replicó Currita muy complacida—. El señor marqués es muy +aficionado al arte, y tendrá gusto en proporcionárselas a usted él +mismo.</p> + +<p>Y sin pérdida de tiempo envió un recado a Fernandito, suplicándole +viniese en el acto al salón en que se hallaban. Pronto trajo un lacayo +la respuesta: el señor marqués había pedido a las cuatro la berlina y +aún no había vuelto a su casa.</p> + +<p>Fernandito corría, en efecto, en aquel momento, detrás de una duda +misteriosa que ansiaba resolver. Con grandísima zozobra había recibido +el B. L. M. del gobernador, y tranquilo ya, después de leerlo, púsose a +registrar cuidadosamente los papeles devueltos. Leyó la primera de las +veinticinco cartas sin comprenderla; en la segunda tropezóse con esta +frase, escrita de puño y letra del artillero: «En cuanto a tu marido, +bueno será que le suprimamos el <i>villa</i> y le dejemos <i>melón</i>: está +probado que el pobre pertenece a la familia de las <i>cucurbitáceas</i>».</p> + +<p>Fernandito no leyó más: con la boca y los ojos muy abiertos quedóse +largo tiempo suspenso, hasta que, levantándose de repente y entrando en +su cuarto de vestir, cogió un bastón con puño de plata, una delgada caña +de bambú nudosa y flexible que cortaba el aire con silbidos de culebra +al esgrimirla con gran furia Villamelón, dirigiéndose presuroso y +descompuesto a las habitaciones de la espiritual Currita, de la vaporosa +Ofelia, de la sentimental María Stuard, a quien amenazaba, sin duda, en +vez del poético lago o del dramático tajo, un trancazo soberano, una +paliza descomunal.</p> + +<p>No quiso Dios, sin embargo, que acabase de manera tan prosaica criatura +<span class='pagenum'><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>tan ideal; a la mitad de una gran galería, adornada con plantas +exóticas, jaulas de pájaros y curiosidades de todos géneros, salió al +encuentro de Villamelón el gran perro de Kamschatka, meneando +cariñosamente la cola, y de repente, cual si resonasen en sus oídos +aquellos acentos de Otelo:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">...a compir la vendetta<br /></span> +<span class="i0">il ciel me invita,<br /></span> +</div></div> + +<p>descargó en la cabeza del perro el trancazo descomunal que reservaba, +sin duda, para la poética Ofelia... Luego, como el borracho que, +engolosinado con la primera copa, no para ya hasta apurar la botella, +comenzó a menudear sobre los lomos del animal una granizada de golpes, +una lluvia de palos, como jamás se registró igual en los anales perrunos +de la helada península Kamschatka. Jadeante y sudoroso, volvió a su +cuarto, desnudóse apresuradamente y se metió en la cama.</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">¡Morro, ma vindicato<br /></span> +<span class="i0">Si, doppo lei morro!<br /></span> +</div></div> + +<p>Diez minutos después volvió a levantarse y pidió la berlina; fuese +derecho a Fornos, después al Casino, luego al Veloz, recibiendo por +todas partes enhorabuenas e interpelaciones acerca del suceso que todo +Madrid comentaba; hacía con grandes reserva y disimulo, al oído de +cuantos amigos prudentes se iba encontrando, cierta pregunta misteriosa.</p> + +<p>Encogíanse algunos de hombros; otros se echaban a reír; contestábanle +<span class='pagenum'><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>todos que no, y Villamelón seguía adelante con su enigmático empeño. +Encontróse, al cabo, en un apartado gabinete del Veloz, a un viejo con +grandes patillas canas y una cabellera blanca y espesísima, más digna de +coronar la frente del rey Lear que aquel rostro encarnado y granujiento +en que había dejado impresa su huella todos los vicios. Contrastaba su +indisputable aire de gran señor con su traje abandonado y hasta sucio, y +dábale todo ello el aspecto de un anciano monarca disfrazado de tendero. +Hallábase sentado ante una gran botella de ginebra, que despachaba poco +a poco en una inmensa copa de cristal, echando de cuando en cuando +algunos terrones de azúcar. Llamábase Pedro de Vivar, era segundón de +una gran casa, vivía del juego el tiempo que no estaba borracho y +hacíanle famoso en Madrid su cinismo y sus cuentos chocarreros, +conociéndole todo el mundo por el nombre de Diógenes. Era de esas +personas que han llegado a tener <i>cosas</i>, y una vez en posesión de esta +ejecutoria, pueden ya cometer a mansalva toda clase de desmanes sin otro +temor que el de ver a las gentes encogerse de hombros murmurando:</p> + +<p>—¡Cosas de Fulano!</p> + +<p>Sabíalo él muy bien y aprovechábase de ello para decir a todo el mundo +las mayores desvergüenzas con el acierto que le inspiraba siempre su +claro entendimiento y su mucha práctica del mundo. Era un sinapismo +ambulante, que dejaba siempre al pasar algunas ampollas levantadas.</p> + +<p>Acercósele, pues, el inocente Villamelón, preocupado por su idea, y +después de algunas palabras insignificantes que dieron tiempo a Diógenes +para vaciar por dos veces la copa, soltó al fin la pregunta misteriosa +mirando a todas partes con cuidado:</p> + +<p>—¡Hombre, Diógenes!... Tú que conoces a todo el mundo, ¿podrías decirme +<span class='pagenum'><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span>quién es la familia de Cucurbitáceas?</p> + +<p>Miróle Diógenes un momento de hito en hito, pensando sin duda que más +presto se conoce la necedad o el talento de un hombre por sus preguntas +que por sus respuestas, y díjole al cabo:</p> + +<p>—¡Ya lo creo!... Ven acá...</p> + +<p>Y llevándole frente a un espejo, y cogiéndole con una mano por el +cogote, diole con la otra una gran palmada en la cabeza, añadiendo muy +serio:</p> + +<p>—Aquí tienes a la madre...</p> + +<p>Luego, gritóle desaforadamente al oído:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">No se envanezca de su ilustre raza<br /></span> +<span class="i0">Quien debió ser melón y es calabaza!!!...<br /></span> +</div></div> + +<p>Al otro día, los periódicos ministeriales de la mañana rompían al fin la +estudiada reserva que se habían impuesto, y uno de ellos, <i>La España con +Honra</i>, publicaba un pequeño suelto en que se veía la manaza de Martínez +levantando la punta del velo que encubría el suceso, con esa táctica +refinada de la malicia que, sin necesidad de nombrar, designa señalando +con el dedo.</p> + +<p>«Ayer—decía el periódico—ha sido objeto de grandes comentarios en +todos los círculos la visita de la policía al palacio de los señores +marqueses de Villamelón, previo auto del juez y orden del gobernador, +<span class='pagenum'><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span>según prescriben las leyes vigentes. Por un lamentable descuido del +jefe del orden público fueron comprendidos entre los papeles políticos +incautados en las habitaciones de la señora marquesa algunas cartas +importantes de índole puramente doméstica. El señor gobernador devolvió +al punto caballerosamente estos papeles al señor marqués de Villamelón, +comprendiendo que en asuntos conyugales sólo al marido toca hacer +reclamaciones. Creemos, sin embargo, que el lance no tendrá +consecuencias de ningún género, dada la prudencia proverbial de las +personas interesadas.»</p> + +<p>Otro periódico ministerial, <i>El Puente de Alcolea</i>, completaba estas +noticias con el siguiente sueltecito, en que no asomaba ya la manaza, +sino la pataza del excelentísimo Martínez, descargando una coz digna de +la formidable pezuña del legítimo <i>buey Apis</i>:</p> + +<p>«Es completamente inexacto que el registro llevado a cabo por la policía +en el palacio del señor marqués de Villamelón no produjese resultado +alguno. El señor gobernador no erró la pista: tan sólo equivocó la +pieza, y en vez de saltar la liebre saltó un venado».</p> + +<p>Y más adelante añadía, describiendo el concurso de personajes ilustres +que habían acudido al palacio de Villamelón en aquellos momentos +críticos:</p> + +<p>«Con gran asombro de todos, llegó también presuroso el señor marqués de +Butrón, trayendo blanca por completo su poblada barba, negra de +ordinario, como las alas del cuervo. No es creíble que el sentimiento y +el sobresalto del señor marqués fuesen tan grandes que le hicieran +encanecer la barba de repente: creemos más bien que habría olvidado +aquella mañana los secretos de alquimia de su tocador, sin duda por no +<span class='pagenum'><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span>tener presente la siguiente anécdota que le recomendamos:</p> + +<p>Cuentan de Carlos V que, visitando una vez cierto convento de Alemania, +vio un monje que tenía la barba negra y el pelo blanco por completo. +Preguntóle la causa de tan extraño fenómeno, y el monje contestó:</p> + +<p>—Señor... He trabajado más con la cabeza que con los dientes.</p> + +<p>Presentóse algunos meses después al César un embajador polaco que tenía +el cabello negro y la barba blanca. Recordó entonces Carlos la respuesta +del fraile y dijo a sus cortesanos:</p> + +<p>—He aquí un embajador que ha trabajado más con los dientes que con la +cabeza.</p> + +<p>Sea, pues, más cauto en lo sucesivo el ilustre diplomático, si no quiere +que se haga sobre su persona la reflexión que sobre el embajador polaco +hacía Carlos V».</p> + +<p>Villamelón y Currita leyeron cada uno por su parte todas estas noticias +y guardáronse muy bien de comunicarse mutuamente sus impresiones, +pareciéndole a ella más prudente hacerse la sueca y a él más fácil +hacerse el desentendido. El marqués, por su parte, había ya desahogado +su corazón en el perro amarillento de Kamschatka, y Currita se apresuró +a desahogarlo también en la fina amistad de Juanito Velarde, que acudió +muy alarmado a pedir categóricas explicaciones del hecho. La sola fecha +de las cartas bastó para tranquilizarle por completo, y este fiel amigo +tomó entonces a su cargo acortar las distancias y echar a la mar +pelillos, repitiendo al oído de uno y otro cónyuge la frase del pato de +la fábula:</p> + +<p class="center">Paz, caballeros, paz. +</p> +<p><span class='pagenum'><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span> +Firmáronse, pues, estas sin grandes repugnancias, y aquella noche +comieron los tres juntos en familia, para ir luego a casa del marqués de +Butrón, donde Currita quería presentar a su amigo y protegido Juanito +Velarde.</p> + +<p>Mientras tanto, las gacetillas de <i>La España con Honra</i> y <i>El Puente de +Alcolea</i> corrían por todo Madrid, entre las rechiflas, burlas y +sarcasmos de tirios y troyanos, capuletos y montescos. ¡Cosa singular! +Los que con más ahínco clavaban el diente y más satisfechos corrían de +un lado a otro comentando la noticia, eran los ellos y las ellas que la +tarde antes honraban a Currita en la Castellana como a una reina y se +aprestaban a honrarla del mismo modo aquella noche en el baile del +marqués de Butrón; que no parece sino que en ciertas sociedades quita la +envidia con una mano lo que la adulación da con la otra, sin comprender +que mientras más al desnudo deja la deformidad del ídolo que adora, más +indecoroso y repugnante aparece el culto que le tributa.</p> + +<p>A las once, el calor y la afluencia de gente hacían ya insoportable la +estancia e imposible el tránsito por los salones del marqués de Butrón: +hallábanse abiertas de par en par cuantas puertas y ventanas había en la +casa, y más que concurso de gentes, parecía aquello un confuso revoltijo +de joyas, plumas, flores, telas vistosísimas y mujeres medio desnudas, +entre las que se destacaban las manchas oscuras de los hombres, +revolviéndose entre ellas sofocados y sudorosos, como un enjambre de +gusanos negros que hubiera fermentado aquella compacta masa de mundo, +demonio y carne... En el gabinete más próximo al vestíbulo, el marqués y +la marquesa de Butrón recibían a sus convidados, viendo desfilar con la +misma amable sonrisa grandes nombres y grandes vergüenzas, inocencias +completas y malicias refinadas, honras sin tacha y reputaciones +escandalosas, barajadas y confundidas en aquella casa, sin disputa +<span class='pagenum'><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span>alguna noble y honrada, por la impúdica y funesta tolerancia de las +grandes sociedades modernas.</p> + +<p>A las doce menos cuarto llegó la condesa de Albornoz, imponiendo a todo +el mundo su desvergüenza y su cinismo, haciendo fango en el mismo cieno, +según la enérgica expresión de un historiador antiguo. Venía apoyada en +el brazo de Juanito Velarde y caminaba a retaguardia su marido. El +marqués y la marquesa de Butrón salieron a su encuentro, y mientras +Fernandito les presentaba al adorado amigo, decía Currita con su +encantadora vocecita de niña tímida:</p> + +<p>—¡Es un pícaro, Butrón, un pícaro!... No diré yo que sea un converso, +pero es un catecúmeno que por primera vez se pone hoy nuestra enseña.</p> + +<p>Y con su abanico de plumas señalaba la fiel partidaria de los Borbones +el lacito azul y blanco que, una vez desechada la Secretaría particular +de don Amadeo, aparecía también en el frac de Juanito Velarde. Butrón +estrechó la mano de este, murmurando algunas frases corteses, y metiendo +Currita la cabeza entre ambos con el descoco más infantil del mundo, +dijo muy bajito, saltando casi de alegría, con la pueril vanagloria de +la niña que pescara en una fuente un pececillo encamado:</p> + +<p>—¡Conquista mía, Butrón, conquista mía!... Ya ve usted si me debe el +partido...</p> + +<p>Mientras tanto, la llegada de Currita había producido un murmullo +general y unísono en que se hermanaba la obscena chocarrería que con un +guiño truhanesco cambiaron entre sí los lacayos del vestíbulo, con las +pulcras y aceradas observaciones que se comunicaban al oído las damas +más relamidas que llenaban los salones. Nadie, sin embargo, dejó de +<span class='pagenum'><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span>apretarse y estrujarse por estrechar la mano de la heroína del día y +alcanzar, aunque sólo fuera desde lejos, alguna de las sonrisas de sus +labios que a diestro y siniestro iba prodigando.</p> + +<p>Bailóse entonces, en honra suya, una especie de rigodón de honor, en que +tomaron parte las damas más ilustres y los caballeros más empingorotados +que se hallaban presentes. Butrón bailó con Currita, la marquesa con +Fernandito, Juanito Velarde, como presentado de la heroína, con la +duquesa de Astorga, una de las mujeres más sensatas y honradas que +figuraban en la corte.</p> + +<p>Creció la marejada al compás de aquel rigodón, comenzando a sublevarse +los pudores de todas las que se creían con derecho a tomar parte en +aquella honorífica cuadrilla.</p> + +<p>El calor arreciaba con la mayor afluencia de gente, y muchas señoras se +habían refugiado en un salón bajo que se prolongaba en un pequeño jardín +también atestado de gente y vistosamente iluminado con farolillos a la +veneciana. Varios lacayos con pelucas empolvadas y gran librea verde y +amarilla, colores de la casa, cruzaban por todas partes, ofreciendo a la +concurrencia, en grandes bandejas de plata, <i>sorbetes a la Albornoz</i>. +Eran los famosos helados de naranja, servidos en la mitad de la cáscara +de la fruta, artísticamente vaciada al efecto. Currita, impulsada por el +repostero de Butrón, llegaba a las columnas de Hércules de la celebridad +femenina.</p> + +<p>—¡Magnífico!—exclamó tomando uno la duquesa de Bara—. El pensamiento +es oportuno... Curra simbolizada por un sorbete... No se puede dar +imagen más completa de su frescura. ¿No es verdad, Diógenes?...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p><p>Diógenes acudió, arrastrando los pies, y se dejó caer en una silla.</p> + +<p>—Estoy malo—dijo.</p> + +<p>—¿Qué tienes, hombre?...</p> + +<p>—¿Qué ha de tener?—dijo Carmen Tagle—. Lo que tienen las cepas: +oidium...</p> + +<p>Diógenes soltó una atrocidad, acompañada de la interjección favorita que +solía emplear entre señoras, sustituyendo a otras más enérgicas: +¡Polaina!... Había merendado aquella tarde en San Antonio una ensalada +de pepinos y se le habían indigestado algún tanto. Riéronse mucho las +damas, entonando el consabido estribillo:—¡Qué cosas tiene!—y Carmen +Tagle, para desagraviarle, le ofreció un sorbete diciendo:</p> + +<p>—Vamos, hombre... Tómate <i>un Curra Albornoz</i> y te curas... No es más +indigesta la ensalada de pepinos que el suelto de <i>El Puente de +Alcolea</i>, y ahí la tienes a ella bailando tan fresca.</p> + +<p>—¡Sí, es mucha Curra esa!—dijo lastimeramente una señora vieja, +avellanada, pringosa, que asomaba entre rasos y blondas, como en su +papelillo calado un dulce de almíbar.</p> + +<p>—Yo nunca creí que tuviera valor para presentarse aquí esta +noche—observó otra.</p> + +<p>—¡Bah!... A eso y mucho más llega su desvergüenza.</p> + +<p>—¿Su desvergüenza?—preguntó Diógenes—. ¿Y por qué?</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span></p><p>—¿Por qué?... Capaz serás tú de defenderla.</p> + +<p>—¡Pues ya lo creo que la defiendo!... ¡Su desvergüenza!... La +desvergüenza de ustedes justifica la suya... Si vosotras la tenéis para +recibirla, ¿por qué no la ha de tener ella para presentarse?...</p> + +<p>—¡Vaya!—exclamó escandalizada la marquesa de Lebrija, presidenta +general de tres asociaciones piadosas—. Yo quisiera que me dijera usted +qué se hace entonces en Madrid con esa clase de personas...</p> + +<p>Miróla Diógenes de hito en hito, y con la procaz desvergüenza de su +lenguaje de taberna, con la inexorable lógica de su profundo buen +sentido, contestó al cabo:</p> + +<p>—¡Cerrarles a piedra y lodo la puerta, o no quejarse, señora mía!... +¡Polaina!... Si levanta usted la tapa del común, ¿con qué cara viene a +quejarse luego de que apeste?...</p> + + + +<h2><a name="Xmdash" id="Xmdash"></a><a href="#toc">—X—</a></h2> + +<p>Se ha dicho que la hipocresía es un homenaje que el vicio rinde a la +virtud, y es igualmente cierto que la falsa idea del honor es un +acatamiento que los bribones hacen a los hombres de bien, esclavos del +honor verdadero. Este es un hijo humano de la moral divina del +Evangelio; aquel, una teoría convencional dictada por la moral +acomodaticia de los pícaros y los necios; aquel defiende, cual una +coraza de brillante acero, la pureza del alma y la rectitud de la +conciencia, y este pretende defender con la celada de Bayardo al gran +polichinela social, revestido de todas las miserias y todas las +<span class='pagenum'><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span>ridiculeces humanas.</p> + +<p>De aquí que el honor, según estos, nunca pueda perderse, y se ofenda con +razón el embustero porque le digan que miente, y el ratero pida una +satisfacción al que le acusa de robo, y el presidiario que arrastra una +cadena pueda llevar al campo del honor al juez que se la ha impuesto. De +aquí también que la sangre que mancha la conciencia lave el honor hasta +dejarlo limpio, y sean llamados a resolver casos de honra hombres que +jamás conocieron la vergüenza: Eacos, Minos y Radamante, vacíos de +mollera o cargados de picardías, que sólo por deficiencias del Código no +llevan otra cadena que la que les sujeta el reloj en el chaleco. De aquí +también que la condesa de Albornoz tuviera así mismo su cachuco de +honor, y se lo hubiera herido profundamente el suelto de <i>La España con +Honra</i>.</p> + +<p>Hay personas que padecen una especie de estrabismo moral que les hace +ver lo flaco donde está lo gordo, y lo gordo donde sólo lo flaco existe. +Villamelón no vio otra cosa que le llegara al alma, en el registro de la +policía, sino el que le hubiesen roto dos cristales de la mampara, y dio +orden de que jamás se compusiesen, recordando que Wellington nunca +reemplazó los de su casa, rotos por el pueblo de Londres, un día que +este se olvidó de Waterloo; todo lo demás echábalo él en el montón de +las bagatelas enojosas, indignas de ocupar la atención de un hombre +serio, de las <i>pequeñeces</i> de una sociedad corrompida y etiquetera, que +rotulaba con la manoseada frase de <i>cuestiones bizantinas</i>.</p> + +<p>Currita, por su parte, tampoco halló otro motivo de ofensa en lo que +acerca de su persona publicaban los periódicos, que aquella coletita de +<i>La España con Honra</i>: «Creemos, sin embargo, que el lance no tendría +consecuencias, dada la prudencia proverbial de las personas +<span class='pagenum'><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span>interesadas».</p> + +<p>Tenía Currita puesta la celada de Bayardo sobre su fama de mujer a la +moda, y esto iba a pegarle en la cimera, a herir directamente su honor, +significando, como significa en sustancia, que era ella una Jimena sin +ningún Cid que la defendiese; atroz insulto, ofensa imperdonable hecha a +una dama que sobrepujaba en celebridad a cuantos toreros, cantantes, +saltimbanquis, pulgas industriosas y monos sabios habían hasta entonces +alcanzado fama en la corte.</p> + +<p>—¡Lo veremos!—dijo la fiera Albornoz, y nombró al punto paladín de su +causa a su buen amigo Juanito Velarde.</p> + +<p>Larga entrevista celebraron ambos a solas hasta bien entrada la noche, y +al despedirle Currita en la puerta del <i>boudoir</i> díjole con suaves +mimitos:</p> + +<p>—Conque quedamos en que yo encargaré el almuerzo en Fornos... y habrá +<i>écrevisses à la Bordelaise</i>...</p> + +<p>Velarde hizo una mueca que parecía una sonrisa, y siguió adelante: +detúvose en la puerta del salón y volvió la cabeza. Hízole entonces ella +otra cariñosa señal de despedida, y él salió al fin lentamente, +preocupado, como si le arrancasen de allí a la fuerza.</p> + +<p>La noche estaba hermosísima, y Velarde siguió a pie por las extraviadas +calles que llevaban al palacio de Villamelón, tropezando a cada paso con +los humildes vecinos de las buhardillas y sotabancos, que tomaban el +fresco sentados en las aceras. Presto llegó a la Plaza de Oriente, dio +dos vueltas en torno del jardín circular y sentóse al cabo en un banco, +<span class='pagenum'><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span>frente al palacio.</p> + +<p>Por la puerta del príncipe salía un chorro de luz vivísima, que cortaba +con un gran rectángulo las negras sombras del adoquinado; a su reflejo +distinguíanse los centinelas, armas al brazo, a la puerta de sus +garitas; gentes de medio pelo, soldados y criados de servicio, por ser +aquel día domingo, poblaban los jardines, ya sentados, ya paseando; +algunos grupos de chiquillos trasnochadores corrían de acá para allá con +gran algazara, riéndose porque se caían, riéndose porque se levantaban, +riendo siempre con esa alegría de la infancia, espontánea y +comunicativa, que recuerda la alegría de los pájaros cuando saludan al +alba. Una rueda de niñas gritaba al lado mismo de Velarde, cantando +acompasadamente:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Luna, lunera,<br /></span> +<span class="i0">Cascabelera,<br /></span> +<span class="i0">Dame dos cuartos<br /></span> +<span class="i0">Para pajuela...<br /></span> +</div></div> + +<p>Él, extraño a todo, con ambos codos apoyados en los muslos, dibujaba +caprichosas figuras en la arena, con su elegante <i>roten</i> con puño de +malaquita... Al amanecer del día siguiente debía de batirse con el +director de <i>La España con Honra</i>; así se lo había exigido Currita, +ávida siempre de ruido, confundiendo la voz de la celebridad con los +gritos del escándalo, creyendo que aquel desafío había de colocar la +única perla que faltaba a la corona merecida de su última escaramuza. En +vano le hizo presente Velarde el ridículo inmenso que atraería aquel +duelo sobre Villamelón, sobre ella, sobre él mismo; había ya Currita +tirado su programa, y su espíritu inquieto, arrastrado siempre por mil +objetos que le atraían sin satisfacerle, habíase fijado en aquel duelo +<span class='pagenum'><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span>que ansiaba ver realizado con esa fuerza expansiva del vapor comprimido +que caracteriza los deseos en las almas de temple enérgico.</p> + +<p>¿Acaso tenía ella la culpa de que Villamelón fuese un Juan Lanas?... +¿Iba a dejar ella que un periodistilla cualquiera se riese de su +aislamiento?... ¿Sería capaz de abandonarla en aquel trance, él, su +único amigo, el hombre en que había puesto su amistad y su confianza?... +Y, por otra parte, la suerte de ambos estaba ligada y érales necesario, +desde luego, hablar gordo a aquella gentuza: a ella, para que +entendiesen de una vez para siempre que sabía hacerse respetar; a él, +porque era muy joven, comenzaba su carrera en el mundo, y ningún paso +más acertado, ningún exordio más oportuno que poner el pie en esta senda +erizada de peligros, descalabrando a un periodista; que no en balde se +ha dicho:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">En aquesta salvaje y fiera liza,<br /></span> +<span class="i0">Lleva más razón quien más atiza.<br /></span> +</div></div> + +<p>Además, ella no pedía ninguna catástrofe, ningún duelo a muerte; +contentábase con un poco de ruido, un duelo de mojiganga como tantos +otros: cruzar un par de tiros e irse después a almorzar en Fornos... +Ella se encargaba del almuerzo y haría poner, desde luego, <i>écrevisses à +la Bordelaise</i>, que era, en sus días de broma, el plato favorito del +buen Juanito Velarde. ¿Acaso podía darse atención mas exquisita? ¿Por +ventura había en todo aquello algo de particular?...</p> + +<p>—¡Nada, absolutamente nada!—pensaba el paladín trazando monigotes en +la arena; pero ante la perspectiva del duelo, ante la idea de cruzar un +par de tiros, parecíale oír ya el estampido de las armas de fuego; y a +<span class='pagenum'><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span>este eco siniestro surgía en su mente el fantasma del crimen, primero; +el de la muerte, después; el del infierno, por último, donde no hay +reposo ni paz, ni descanso, ni esperanza, sino eterno llanto, eterno +crujir de dientes, eterna rabia. Velarde quiso reírse de esta idea que +había oído llamar tantas veces espantajo de niños y de viejas; mas la +risa volteriana no encajaba entonces en sus labios, y se reía, sí, se +reía, pero sintiendo al mismo tiempo en la raíz del pelo cierta especie +de molesto escalofrío. Porque aquel hombre no era un malvado: era un +pobre muchacho lleno de ilusiones a quien la vida del gran mundo se le +subía a la cabeza, como se sube un vino de mucho cuerpo en un estómago +acostumbrado sólo al agua. Al llegar de su provincia, trayendo por todo +patrimonio algo semejante a lo que el antiguo fuero de Vizcaya asignaba +a los segundones de casas nobles, un árbol, una teja y una armadura, +encontróse de repente en medio de aquel brillante mundo, cuyas puertas +le franqueaba su ilustre nombre, y parecióle entonces, como a Galo en +Roma, que detrás de aquella asamblea de dioses nada había ya. Quiso +entonces tomar en ella asiento por derecho propio, y la casualidad y su +bonita figura le depararon a Currita, Angélica a la sazón vacante, a +quien plugo darle en su casa el destino de Medoro. Diole esto gran +importancia a Velarde, y agarrado a las faldas de Currita y a los +faldones de Villamelón, fuese introduciendo en todos los salones de la +corte, mientras se preparaba a entrar con algún brillante destino en +aquel Palacio real que tenía delante, prefiriendo su vanidad y su +haraganería la vida aparatosa del palaciego a la vida activa del +político. Así se lo prometía Currita a todas horas, y así se lo había +prometido la noche antes el marqués de Butrón, el astuto viejo que +barría para dentro en los tiempos de desgracia, mientras no llegaba la +hora de barrer para fuera, que sería seguramente la hora del triunfo.</p> + +<p>Velarde dejó de mirar a la tierra para mirar al Palacio que tenía +<span class='pagenum'><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span>delante, morada del monarca cuyo secretario particular había estado a +punto de ser... ¡Qué fastidio tener que esperar de nuevo tanto +tiempo!... Porque preciso era que se fuese <i>aquel</i> y que viniese después +el otro, y mientras tanto, ¿quién sabe?... ¡Quizá alguno de aquellos +tiritos que iban a cruzarse vendría a hacer trizas el cántaro de la +lechera que Currita y Butrón le ayudaban a fabricar!...</p> + +<p>De repente vino a interrumpir sus reflexiones un vozarrón juvenil que +resonaba a su lado, modulando entre sus discordantes notas todas las +delicadezas del cariño y la ternura.</p> + +<p>—Pero ajonde usted, madre—decía—. ¡Si es que no coge usted náa!...</p> + +<p>Velarde volvió la cabeza y vio un aguaducho a su espalda: sentados a una +mesilla de hierro había un muchachote que parecía un obrero y una vieja +que era sin duda su madre. Un vaso de horchata helada de chufas estaba +en medio, y ambos metían dentro la cuchara, tragándose él con delicia +cuanto salía, mirándole ella con plácida sonrisa y mojando apenas su +cuchara, como si le dejase a él saborear a sus anchas la golosina y le +bastase a ella saborear la dicha inmensa de ser aquel un obsequio del +hijo de su alma.</p> + +<p>Velarde comprendió al punto todo lo que aquello significaba, el valor +inmenso de aquella dicha comprada por ocho cuartos, y una oleada de +afectos y sentimientos dormidos se levantó entonces de su corazón, +poniéndole de repente delante todo el pasado, con la amargura del bien +por nuestra culpa perdido, con la poesía que reviste en la mente de la +juventud todo recuerdo, con ese vago hormigueo de sombras queridas que +despiertan en la imaginación toda época lejana... En medio estaba su +madre, cuyo primogénito era, y en torno sus hermanos pequeñitos, +llorando todos, como los había dejado él tres años antes al darles el +<span class='pagenum'><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span>último abrazo. Ella le había estrechado entonces contra su corazón con +delirio, con fuerza increíble, como si quisiese incrustarle a él en el +pecho todo lo que le amaba o quisiera incrustarse en el suyo propio +aquella imagen tan querida; su frente ya arrugada descansaba en su +hombro, y sus labios temblorosos le dijeron al oído:</p> + +<p>—¡Juan, hijo mío!... ¡Que seas buen cristiano y reces a la Virgen de +Regla!... ¡Que te acuerdes de tu padre, que murió como un santo!... ¡Te +lo digo, hijo, te lo digo; lo sé, lo sé, que no puede morir bien quien +no vive como cristiano!...</p> + +<p>Y luego, más tarde, allá por la madrugada, cuando preocupado él con su +viaje cerraba las maletas en su cuarto, oyó en el silencio de la noche +moverse la llave en la cerradura: salió al punto y encontró a su madre a +medio vestir, descalza, que venía cautelosamente de puntillas a mirar +por el ojo de la llave.</p> + +<p>—¿Qué es eso, mamá?... ¿Tiene usted algo?</p> + +<p>—No, hijo, nada; no tengo nada... ¡Es que quería verte otra vez, hijo +del alma!... ¡Es que te vas mañana!...</p> + +<p>Y volvió a decirle al oído, llorando, con la energía de la fe que ofrece +un remedio seguro, con la angustia del amor que se agarra a una +esperanza:</p> + +<p>—¡Que reces a la Virgen de Regla, Juan!... ¡Que seas siempre buen +cristiano, hijo del alma!</p> + +<p>Velarde sintió vergüenza de sí mismo, y la ola misteriosa subió, subió +del corazón a los ojos, hasta hacerle llorar, con la cabeza entre las +<span class='pagenum'><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>manos, llorar a lágrima viva, llorar también sollozando, con más +debilidad que una mujer, con más pavor que un niño... ¡Su madre sí que +le adoraba!... ¡No le aconsejaría ella cruzar un par de tiros, +ofendiendo a Dios; ponerse delante de una bala con riesgo de perder la +vida, con riesgo de perder el alma! ¡Y se habían pasado ya tres años sin +verla!... ¡Y estaba tan lejos la santa viejecita! ¡Y acababa él, ingrato +y perverso, de dejar pasar cerca de dos meses sin escribir una letra a +la pobre anciana!...</p> + +<p>Velarde sintió la necesidad de escribirle al punto, de vaciar en un +papel aquel cariño, aquella angustia, aquellas lágrimas que le +asfixiaban, y a grandes pasos tomó el camino de su casa, repasando lo +que había de decirle, hilvanando una carta llena de cariño, de +protestas, de esperanzas halagüeñas, de todo lo que a ella más le +gustara... ¡Celebraba ella tanto sus gracias! ¡Cuánto se había reído +veinte años atrás, cuando explicándole un día el catecismo, se espantaba +él de que fueran sólo tres los enemigos del alma!</p> + +<p>—¿Náa más?—decía muy asombrado, y la madre se reía, se reía... ¡Dios +mío! ¡De qué manera tan distinta se reía él veinte años después, en +medio de sus lágrimas!... ¡Ay! ¡Entonces tenía él seis años, y preciso +fue que pasaran otros veinte para hacerle comprender que eran sólo tres +en efecto, y que con ellos solos bastaba y sobraba!...</p> + +<p>A la mitad de la calle del Arenal comenzó a seguirle un muchacho, +empeñado en venderle un décimo de la lotería.</p> + +<p>—¡Mañana se juega!—gritaba.</p> + +<p>Velarde lo rechazó por dos veces impaciente, dándole la última vez un +<span class='pagenum'><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span>palo; mas variando de pronto de opinión, volvió atrás y le compró, no +sólo el décimo, sino el billete entero. ¡Si aquel billete saliese +premiado, cuántas cosas había de hacer entonces!... Y pensando en ello y +haciendo combinaciones, llegó Velarde al final de la calle del Príncipe, +donde estaba situada su casa: pidió luz y se encerró en su cuarto. En un +cajón de su escritorio estaba en un cuadrito la estampa de la Virgen de +Regla que el día de su marcha le había regalado su madre; púsola en pie, +delante de sí, apoyada en el tintero, y comenzó a escribir, a escribir, +y se llevó dos horas escribiendo... Estaba contentísimo; sus negocios +marchaban muy bien, y la Restauración era cosa segura. La condesa de +Albornoz...</p> + +<p>¡Oh, no, no, no!... ¡Imposible que figurara aquel nombre en aquella +carta!...</p> + +<p>Borrólo, pues, con apretadas y menudas tachaduras, para que no pudiera +entenderse, y puso en su lugar el marqués de Butrón... El marqués de +Butrón le había asegurado que no tardaría un año, y prometido para +entonces un porvenir brillantísimo. Esta sería la ocasión de pensar en +el de los niños: Enrique y Pedro podrían venirse con él a Madrid, y +Luisito, el chiquitín, su niño querido, su ojito derecho, podría +quedarse allí hasta que se graduara de bachiller... Pero de esto ya +hablarían despacio, porque pensaba... ¡Ah!, pensaba... ¿No lo había ella +adivinado?... ¿El corazón no se lo había dicho? Pues pensaba ir a pasar +con ellos todo el mes de agosto y quedarse allí hasta el 8 de +septiembre, para hacer con toda la familia la novena de la Virgen de +Regla... Luego venían las preguntas sin fin, después los encargos sin +cuento, y, a lo último, el trueno gordo, lo que había de hacer estallar +de gozo y de consuelo el corazón de su pobre viejecita... El día 3 de +julio, aniversario de la muerte de su padre, iría a confesar y comulgar, +<span class='pagenum'><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span>para solemnizar en lo posible aquella tristísima fecha.</p> + +<p>Y conforme lo iba escribiendo, así lo iba pensando el desdichado, +pidiéndole al mismo tiempo a la Virgen de Regla que le sacara en bien de +aquel par de tiritos que a la mañana siguiente habían de cruzarse... +Porque, claro está, que en aquello estaba ya su honor interesado: era +negocio resuelto, pecado cometido de que le era ya imposible excusarse.</p> + +<p>Echó entonces él mismo la carta en el correo, y a las dos se acostó sin +desnudarse del todo, para descansar hasta el alba. El cansancio de la +noche precedente, pasada en el baile del marqués de Butrón, le rindió +bien pronto y durmióse al fin pensando en su madre, que le llevaba de la +mano, como cuando era niño, al santuario de la Virgen de Regla, +encaramado sobre un peñasco, dominando el mar que se confunde en el +horizonte con el cielo, como si fuese imposible presentar dos imágenes +distintas del infinito, y vuelve después, soberbio siempre y constante, +a estrellarse contra las rocas de la costa, mugiendo como una +desesperación eterna e impotente...</p> + +<p>A las cuatro despertó Velarde despavorido, porque su criado le sacudía +bruscamente por un brazo: habían llegado dos señores en un coche, y se +espantaban y no podían creer que estuviese dormido todavía. Vistióse +apresuradamente, bajó azorado, aturdido, y entró con ellos en el coche; +y este comenzó a rodar, sin que él se diese cuenta de lo que hablaban, +ni de lo que le decían, ni del camino que tomaban, ni pudiera definir +otra cosa en su mente que un cartel de toros pegado en la esquina de la +casa de Alcañices y un guardia que, al pasar ellos, abría la verja del +Retiro, con grandes patillas blancas, iguales a las de Diógenes. ¿Por +qué tendría aquel hombre patillas y no bigote?... Esto le preocupó un +momento, y volvió a acordarse de ello cuando, una hora después, se +detenía el coche a la entrada de una inmensa alameda formada por árboles +frondosísimos, en que miles y miles de pájaros cantaban en todos los +<span class='pagenum'><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span>tonos las maravillas de Dios... Había allí un hombrecillo con patillas +ralas y gafas de oro, tan pálido como él, tan azorado y tembloroso, con +otros dos señores muy serios. Parecióle a Velarde que hablaban entre sí, +y medían el terreno, y le daban a él una pistola y otra al hombrecillo, +y los ponían a los dos frente a frente. Sonó luego una palmada, después +un tiro... Velarde dio un salto atroz y un alarido horrible, y árboles, +montes, tierra y firmamento giraron bruscamente derrumbándose sobre él +para aplastarle: cególe después una nube de sangre, luego otra negra, y +después nada... nada más vio en la tierra...</p> + +<p>Sólo vería en lo alto a Jesucristo, vivo y terrible, que se adelantaba a +juzgarle, y detrás la eternidad, oscura, inmensa, implacable.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XImdash" id="XImdash"></a><a href="#toc">—XI—</a></h2> + + +<p>La noticia de la muerte de Velarde llegó a Madrid al punto, y la condesa +de Mazacán fue la primera que se presentó en casa de la Albornoz con la +intención dañadísima de darle la triste nueva. Inmutóse Currita +atrozmente, y por un momento pareció que el mundo entero se le venía +encima.</p> + +<p>—En Madrid ha hecho esto una impresión horrible—dijo la Mazacán +apretando el torniquete—; todo el mundo habla de su pobre madre: era él +su único amparo...</p> + +<p>Currita comprendió el terrible reproche que esta intencionada +observación encerraba, y sin tiempo para reflexionar, y convirtiendo en +<span class='pagenum'><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span>ira contra los demás el propio remordimiento, achaque común de todos +los mezquinos, olvidóse de su suavidad y mansedumbre, y se revolvió +furiosa, como una gata arisca a que pisan el rabo; en la impetuosidad de +su ira, cometió la imprudencia de disculparse:</p> + +<p>—¿Y qué tengo yo que ver con eso?—gritó—. ¿Acaso le he dicho yo que +se bata? ¿Quién le mandó meterse en camisa de once varas?... También el +papel de don Quijote tiene sus quiebras, hija mía...</p> + +<p>—Y las suyas el de Dulcinea del Toboso, querida—replicó la Mazacán +comenzando a sulfurarse.</p> + +<p>—¡Ya lo creo que las tiene!... Sobre todo cuando se atraviesa lo que yo +me sé...</p> + +<p>—¿Y qué es ello?...</p> + +<p>—La envidia, hija, la envidia.</p> + +<p>—¿La envidia?... ¿De quién?...</p> + +<p>—Tuya, por ejemplo.</p> + +<p>La Mazacán saltó a su vez hecha una hiena, porque el tiro fue a dar en +el blanco.</p> + +<p>—¿Mía?...—gritó—¿Yo... envidia... de ti? ¿De la Villamelón? ¿De la +Vi... lla... me... lo... na?</p> + +<p>Y se reía con una carcajada en que iban envueltos todos los rencorcillos +<span class='pagenum'><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span>mujeriles de tiempos atrás almacenados, mientras acentuaba las sílabas +de aquel Vi... lla... me... lo... na, que era, por una extraña manía, el +mayor insulto que podía hacérsele a Currita.</p> + +<p>Entonces comenzó entre la espiritual Ofelia y la Diana cazadora una +contienda digna de tener a Pedro López por cronista. Peleáronse como dos +rabaneras, lanzáronse a la cara verdades y calumnias, puñados de fango +amasado con agua de Colonia, con el desparpajo y el encono de dos +Marfisas o Bradamantes de cabo de barrio, dispuestas a agarrarse por el +moño y rodar por la mullida alfombra, lo mismo que ruedan las otras por +en medio del arroyo. La Mazacán había roto los guantes apretando los +puños y daba gritos con su hermosa voz de soprano. La otra, tiesa en su +asiento, erguida la cabecita como la de una víbora que se defiende, +escupía sus desvergüenzas sin moverse, sin mirar a ninguna parte, como +una figurilla de ira petrificada.</p> + +<p>En mitad de la contienda aludió Isabel Mazacán a las cartas del +artillero, y este recuerdo trajo otro a la memoria de Currita, que +pareció causarle grande sobresalto. Marchóse atropelladamente dejando a +su rival con el insulto en la boca y corrió en busca de Kate, su +doncella. Juanito Velarde debía de tener una porción de cartas suyas y +era preciso recogerlas sin pérdida de tiempo antes de que fuesen a parar +a otras manos y resultase algún compromiso como el de marras. Kate subió +apresuradamente a un coche, y una hora después entregaba todas las +cartas a su señora: entre ellas venía por equivocación el billete de la +lotería que la noche anterior compró Juanito Velarde al retirarse a su +casa. ¡Extraña burla de la suerte! Aquel billete estaba premiado con +15.000 duros, que, después de tirar muy despacio sus planes, se apresuró +a cobrar la condesa de Albornoz secretamente.</p> + +<p>Madrid entero comenzó a desfilar otra vez por casa de Currita, dándole +<span class='pagenum'><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span>el pésame por aquella desgracia, con uno de esos cinismos de que ofrece +la corte frecuentes ejemplos... Ella estaba pasada de pena; había +sentido en el alma la muerte de aquel pobre muchacho, tan simpático, tan +cariñoso, apegado como un perro a Fernandito y a ella... El golpe había +sido atroz, y se encontraba mala de resultas; porque ella no sabía nada, +nada... ¡Claro está! Habíase guardado muy bien el pobrecillo de decirles +una palabra a Fernandito y a ella, comprendiendo que, por delicadeza le +impedirían, desde luego, semejante disparate... Porque, después de todo, +había sido aquella una impertinencia de bonísima intención; una de esas +pruebas de amistad que se prestan a interpretaciones a pesar de su +heroísmo, y llegan hasta a ofender el decoro... y por otra parte, traía +aquello una cola larga, larga, que les era muy gravosa...</p> + +<p>Aquí bajaba Currita la voz, y añadía en el mayor secreto al oído de los +charlatanes y charlatanas de profesión que más fama de ello gozaban en +la corte:</p> + +<p>—Figúrese usted que esa pobre gente no tiene fortuna y la madre queda +en la miseria... Yo no la conozco; pero claro está que es cuestión de +delicadeza... Por eso Fernandito y yo hemos tenido que hacer un +sacrificio, y ya están depositados en el Banco de España 15.000 duros +para que esa infeliz cobre la renta...</p> + +<p>Y así era, en efecto: Currita había depositado en el Banco de España los +15.000 duros ganados a la lotería por Velarde, y escrito luego una carta +a la madre de este, dándole el pésame por la <i>heroica muerte</i> de su hijo +y lamentándose de aquel duelo a que su excesiva caballerosidad le había +arrastrado. Añadíale después, con un rodeo no exento de habilidad ni de +ficticia delicadeza, que siéndoles conocidas las circunstancias de su +posición a su marido y a ella, querían ambos demostrar la amistad íntima +que con el simpático Juanito les unía, ofreciéndole a ella una renta y +<span class='pagenum'><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span>un capital que quedaban depositados en el Banco de España y cuyos +resguardos le enviaba adjuntos.</p> + +<p>Y una vez terminada esta carta, Currita se encogió de hombros y se quedó +tan fresca.</p> + +<p>Mientras tanto, nadie se cuidaba de preparar a aquella pobre madre para +el golpe atroz que la amagaba; y feliz ella con la carta de Juanito, +disponíase, con la exagerada previsión del cariño que se complace en +forjar necesidades que no existen, por el solo gusto de ponerles +remedio, a preparar las habitaciones de aquel hijo querido que, no +obstante su ingratitud y sus defectos, se le presentaba entonces como el +modelo más acabado de amor de hijos. Nada hay tan dispuesto a perdonar +como el corazón de una madre, ni nada tampoco como la ausencia para +borrar de la memoria los defectos de las personas queridas, y poner sólo +delante sus buenas prendas y los momentos de dicha debidos a su cariño.</p> + +<p>Entró, pues, en aquellas habitaciones cerradas tres años hacía, +santuario de su amor de madre que ella sola visitaba, y comenzó a +disponer lo que había de retirarse, lo que había de sustituirse y lo que +se había de añadir, para que nada faltara al huésped y encontrase allí +satisfechas las nuevas necesidades que hubiese adquirido en la corte. +Anunciáronle, entonces, la visita del párroco, y ella bajó algún tanto +extrañada, porque era la hora intempestiva por todos conceptos. El buen +señor había leído en los periódicos la terrible catástrofe, y corrió +desolado a casa de la infeliz madre para prepararla poco a poco, antes +que algún indiscreto le diera la noticia de un golpe.</p> + +<p>Con mil angustias y rodeos, y sin saber él mismo lo que se decía, +comenzó su triste tarea, viniendo a decirle al cabo que su hijo estaba +<span class='pagenum'><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span>enfermo en Madrid y muy grave.</p> + +<p>La pobre mujer saltó de la silla blanca cual un papel, extrañada y casi +irritada como si fuese aquello una broma horrible que vinieran a darle.</p> + +<p>—¡Imposible!—gritó—. ¡Si me escribió ayer! ¡Si tengo yo aquí la +carta!...</p> + +<p>Y daba vueltas como loca por el cuarto buscándola, y la puso abierta +ante los ojos del cura, temblando como una azogada, con los ojos +desencajados, sintiendo horribles escalofríos que le comenzaban en la +nuca y le seguían por toda la espalda.</p> + +<p>—¿Lo ve usted? ¿Lo ve usted?...—decía—. Y viene por el mes de +agosto... hasta la Virgen de Regla... Y el día 3 se va a confesar... +¡No, no, imposible que se muera! ¡Hijo de mi alma!...</p> + +<p>Acudieron los tres chicos y las dos criadas, demudados todos, +presintiendo, al oír los gritos de su madre, después de la entrada del +cura, alguna espantosa catástrofe. Este le tomó la carta, y comprendió +por la fecha que la había escrito el desdichado algunas horas antes de +su muerte.</p> + +<p>—Por desgracia, mis noticias son posteriores—dijo—. Después de +escrito esto, le atacó una apoplejía fulminante, y está muy grave... muy +grave.</p> + +<p>—¡Jesús del alma!... ¡Virgen de Regla!—exclamó la madre; y clavando su +mano en el brazo del cura e hincándole los ojos en la cara, le preguntó +con los labios blancos:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p><p>—¿Y se ha confesado?... ¿Sabe usted si se ha confesado?</p> + +<p>El cura no respondió, y ella volvió a repetir la pregunta, sacudiéndole +el brazo.</p> + +<p>—¡Su alma, señor cura, su alma sobre todo!—exclamaba con angustia que +hubiera roto un corazón de piedra.</p> + +<p>Preciso fue decirle que nada se sabía de aquello, y ella dominó de +repente su dolor, poniéndose a dar órdenes para marchar a Madrid aquel +mismo día, en aquel mismo momento; órdenes secas, lacónicas, +terminantes, crujidos de su dolor inmenso que aguijoneaba la +impaciencia... El correo pasaba a las cuatro, y necesitaban dos horas de +coche para llegar a la primera estación de la vía férrea. Enrique +vendría con ella; Pedro, a un gesto de su madre, corrió al parador a +encargar un coche; las criadas salieron a disponer las maletas; Luisito, +el chiquitín, comenzó a llorar; su madre le besó en la frente.</p> + +<p>—No llores—le dijo.</p> + +<p>Ella no derramaba una lágrima: asustado el cura, quería detenerla.</p> + +<p>—Pero si no alcanza usted el tren—le decía.</p> + +<p>—Se pone un especial.</p> + +<p>—Eso cuesta muy caro.</p> + +<p>—Tengo diez mil reales en casa... Y si no, se vende todo... Se pide +limosna.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p><p>—Pero, señora, espere usted...</p> + +<p>—¿Y su alma, señor cura, y su alma?—gritaba ella con <i>los ojos</i> muy +abiertos—. ¿Acaso esperará la muerte?... ¡Y estará allí solo..., solo, +el hijo de mi vida, sin su madre que le haga confesar, que le ayude a +bien morir si Dios le llama, que le cierre los ojos y le acueste en la +tierra!...</p> + +<p>Volvió Perico demudado, temblándole las manitas, queriendo sonreír y no +pudiendo... La voz le faltaba: no había llegado al parador. ¿A qué +correr tras la desdicha, si salía al encuentro la esperanza?... En el +camino habíale dicho Martín Romero que él tenía noticias que Juanito +estaba mejor, casi bien del todo...</p> + +<p>—¿Lo ve usted?... ¿Lo ve usted?—gritó la madre triunfante.</p> + +<p>Y tuvo una explosión de alegría formidable, rompiendo a reír +violentamente y entrecortando su risa con profundos sollozos sin +lágrimas.</p> + +<p>El cura se apresuró a desmentir aquella falsa nueva, hija de una +compasión estúpida, y preciso fue ya decirle de una vez que su hijo +había muerto... Pero el cura se detuvo allí espantado y no tuvo valor +para decirle cómo ni cuándo.</p> + +<p>Ella recibió el golpe encogiéndose, retrocediendo, oscilando, dejándose +caer en una silla, sin voz, sin pulso, sin alientos, sin lágrimas, +meneando la cabeza y agitando los labios como una idiota, llevándose +ambas manos al corazón, donde sentía algo que se le moría de pronto, +cierta cosa helada y terrible como debe de ser la muerte...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span></p><p>El cura lloraba como un niño y procuraba consolarla: ella le escuchaba +con los ojos fijos y enjutos, como se escucha un viento que brama, sin +comprender lo que dicen sus mugidos que aterran, pero sabiendo bien que +traen consigo el rayo y la tormenta. Sus hijos se arrojaron en sus +brazos llorando, y al contacto de aquellas tres cabezas despertó su +corazón de madre, desgarrándole el pecho un sollozo inmenso, y +encontrando al fin su dolor una salida, un alivio, un consuelo: ¡las +lágrimas!...</p> + +<p>Todo el mundo en el pueblo respetó aquella pena sin medida, y nadie tuvo +valor para referirle los horribles detalles de la muerte de su hijo. Mas +a los tres días llegó la carta de Currita, y allí los encontró todos +juntos la mísera anciana.</p> + +<p>Su instinto de madre le hizo adivinar cuanto allí había, y sin proferir +una queja ni desplegar los labios lívidos por el dolor y la ira, hizo +pedazos los resguardos del Banco, los metió en un sobre con la carta que +los acompañaba y lo devolvió todo a la condesa sin añadir una sola +letra.</p> + +<p>Quedóse esta estupefacta al recibir aquella extraña respuesta, y se +encogió de hombros murmurando:</p> + +<p>—Será alguna vieja rara... ¡Vaya usted a ver: una cosa hecha con tanta +delicadeza!</p> + +<p>Y quedóse luego muy pensativa, porque no sabía qué hacerse con aquellos +15.000 duros que había pretendido regalar a su legítima dueña. Sus +escrúpulos de <i>Zapirón</i> se resistían a embolsárselos del todo, y el +recto tribunal de su conciencia le aconsejó entonces emplearlos en +alguna obra benéfica. Ocurriósele dar un gran baile, una fiesta +<span class='pagenum'><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span>ruidosísima y brillante, a beneficio de los niños de la Inclusa, pero +la estación estaba ya muy adelantada; todo el mundo había creído +asfixiarse pocas noches antes en el baile de Butrón, y ella debía +también emprender al fin de semana su viaje a Bélgica. Entonces tuvo una +idea felicísima: hacer con aquel dinero un espléndido donativo al papa +Pío IX, cuando fuera a visitarlo a Roma, a principios de otoño. +Entusiasmóle por completo este pensamiento, que acallaba sus escrúpulos +y satisfacía su vanidad, imaginándose ver ya en todos los periódicos de +Europa pomposos elogios tributados a la piadosa munificencia de la +excelentísima señora condesa de Albornoz.</p> + +<p>Aquella noche llegó María Valdivieso muy animada, cerca ya de las +nueve... Era preciso, indispensable y urgentísimo que Currita se viniese +con ella al Circo del Príncipe Alfonso... <i>Debutaba</i> Miss Jesup, una +<i>diva</i> monísima hija de un general yanqui. Había venido recomendada a +Pepa Alcocer y a otras varias de la Grandeza; Paco Vélez se lo había +dicho.</p> + +<p>—El lunes pasado, justamente el día que murió Velarde, cantó en casa de +Alcocer el rondó final de <i>Cereréntola</i>... ¡Chica! En mi vida he oído +cosa igual: va a tener un succés asombroso... Conque vístete y vámonos, +que no quiero perder el aria final del primer acto... ¡Chica! ¡Qué gran +verdad aquella!... Yo me la apropio.</p> + +<p>Y se puso a cantar con malísima voz y detestable oído el</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Sempre libera deggio<br /></span> +<span class="i0">Transvolar di gioia in gioia<br /></span> +<span class='pagenum'><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span></div></div> + +<p>de la <i>Traviata</i>, ópera a la sazón muy en boga y escogida por Miss Jesup +para presentarse por primera vez en la escena madrileña.</p> + +<p>—¡Ay, no, no!—dijo Currita muy displicente—. No tengo ganas de ópera.</p> + +<p>—Pero, mujer... ¿Te vas a enterrar en vida?... Tres días hace que no +sales.</p> + +<p>—Y además, ya tú ves, de luto...</p> + +<p>—¡Pero si llevas ya cinco días!... ¿A cuándo aguardas para dejarlo?... +No me lo hubiera yo puesto diez minutos por Juanito Velarde, porque por +más que tú digas, era muy soso, hija, muy sosito.</p> + +<p>—Entonces, me pondré esta noche medio luto... Justamente tengo un +vestido sin estrenar, blanco y negro; es bonito, pero no creo que pueda +servir para otra cosa.</p> + +<p>—Pues aprovecha la ocasión, tonta... Pero anda lista, que es muy tarde.</p> + +<p>Y ella misma se levantó para tirar de la campanilla y dar a Kate las +órdenes necesarias.</p> + +<p>Currita se vistió en breve tiempo, y mientras tanto dábale conversación +la Valdivieso, ponderándole la voz y la hermosura de Miss Jesup y lo +bien que había estado Stagno la noche anterior en <i>Un ballo in +maschera</i>, sobre todo en el aria final, cuando lo asesinaban. Paco Vélez +se lo había dicho.</p> + +<p>—Oye, y a propósito de muertos... ¿Te contestó ya la madre de Velarde?<span class='pagenum'><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span></p> + +<p>—Justamente hoy he tenido carta... Por cierto que debe de ser una vieja +rara...</p> + +<p>Kate se permitió interrumpir a las dos primas, preguntando si la señora +condesa llevaría guantes blancos o negros.</p> + +<p>—¿Qué te parece, María?</p> + +<p>—Los blancos irán bien...</p> + +<p>—Me parece que caerán mejor los negros.</p> + +<p>—Traiga usted un par de cada color y lo veremos.</p> + +<p>—Pues sí; debe de ser una vieja rara... Figúrate que se niega a recibir +la pensión.</p> + +<p>—¡Jesús, mujer, qué rareza!</p> + +<p>—Lo que oyes... Me escribe una carta muy agradecida, muy altisonante, +con su poquito de deberes morales y de Providencia divina, y concluye +diciendo que nada necesita y que todo le sobra.</p> + +<p>—Pues mejor para ti... Eso más te encuentras.</p> + +<p>—Sí, pero ya tú ves; yo tenía hecho ya por el pobre Juanito ese +sacrificio, y no porque la doctora de su madre se niegue me voy a volver +atrás... Por eso he pensado, cuando vaya a Roma por octubre, hacer el +donativo de esos 15.000 duros al Padre Santo, para que le conceda +<span class='pagenum'><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>indulgencias...</p> + +<p>María Valdivieso se quedó muy edificada, y las dos primas salieron, +cogiendo Currita, distraída con la conversación, un guante blanco y otro +negro. Echó de ver su error al ir a ponérselos, ya cerca del teatro, y +quiso volver a su casa para cambiarlos. Mas la Valdivieso, riendo como +una loca, le dijo:</p> + +<p>—Pero, mujer, no seas tonta, póntelos... Lo tomarán por una +originalidad, y mañana tienes ya la moda en planta.</p> + +<p>—¡Pues es verdad!—exclamó encantada Currita.</p> + +<p>Y así sucedió en efecto: a todos pareció muy chic aquel nuevo capricho, +y a la noche siguiente se veían por todas partes en el teatro trajes de +dos colores diversos con guantes de dos colores distintos.</p> + +<p>El <i>debut</i> de Miss Jesup alcanzó una ovación ruidosísima, y sólo hubo +que lamentar un chistoso ridículo. Al final del último acto, cuando la +heroína acabada de expirar en la escena, y Alfredo, su padre y el doctor +entonaban el último terceto, una racha de viento colado pilló descuidada +a la <i>diva</i> y le arrancó, después de difunta, un estrepitoso estornudo.</p> + +<p>Al día siguiente no se hablaba de otra cosa en Madrid que de la ovación +de la Jesup, de su importuno estornudo y de los guantes de Currita; +nadie se acordaba ya del nombramiento de camarera, ni de la muerte de +Velarde, ni del registro de la policía.</p> + +<p>Currita respiró ya tranquila, viendo cortada por completo, gracias a sus +manejos, la larga cola que había profetizado Butrón a su nombramiento de +camarera; su consecuencia política quedaba fuera de toda duda, +<span class='pagenum'><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span>produciendo, entre otros resultados, tres <i>pequeñeces</i> diversas:</p> + +<p>Una madre desolada.</p> + +<p>Un alma en el infierno.</p> + +<p>Y la moda de los guantes distintos.</p> + +<p>Mientras tanto, Villamelón preparaba con grande afán las fotografías de +donde habían de sacarse los grabados para la <i>Revista Ilustrada</i>; todo +lo demás habíalo echado en el cajón de las <i>cuestiones bizantinas</i>.</p> + +<p class="center">Fin del libro primero +</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Libro_II" id="Libro_II"></a>Libro II</h2> + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Ibmdash" id="Ibmdash"></a><a href="#toc">—I—</a></h2> + + +<p>El tren expreso de Marsella a París traía cuatro horas de retraso, por +haberse roto un puente la noche antes entre Gallician y Saint-Gilles. +Los viajeros llegaron a las cuatro y media a la gran capital, apeándose +en la <i>gare de Lyon</i>, hambrientos y malhumorados. Un hombre de unos +treinta años saltó el primero de un <i>sleeping-car</i>, y atravesando el +andén antes que la multitud lo invadiese, llegó al carrefour con ese +aire seguro y exento de toda perplejidad que anuncia siempre al viajero +<span class='pagenum'><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span>práctico en añagazas de aduanas, estaciones y caminos de hierro.</p> + +<p>Hizo una señal al primero de los muchos coches de alquiler que en +ordenada fila esperaban, y el cochero acudió presuroso, midiendo antes +con la vista, de pies a cabeza, la traza del viajero. Traía este por +todo equipaje una de esas <i>fundas</i> inglesas arrolladas en correas, que +encierran tanto en tan poco trecho y bastan para guardar todo lo +necesario a cualquier <i>touriste</i> inglés que se dispone a dar la vuelta +al mundo.</p> + +<p>El cochero pareció quedar satisfecho de su examen: entre las ricas +pieles que forraban el abrigo del viajero, había descubierto su vista +perspicaz lo que basta para constituir un gran personaje a los ojos del +vulgo parisiense: asomaba una cintita amarilla y blanca por el ojal de +su americana. ¡<i>Il était decoré</i>!...</p> + +<p>Al poner el pie en el estribo, limitóse a decir el viajero en francés +muy bien acentuado:</p> + +<p>—<i>Grand Hôtel</i>... <i>Boulevard des Capucins</i>...</p> + +<p>El coche arrancó dando tumbos como cualquier simón de nuestra España, y +el viajero no pareció experimentar esa sorpresa mezclada de admiración, +curiosidad y entusiasmo que embarga a todo el que llega a París, una, +dos, tres y hasta cuatro o cinco veces.</p> + +<p>Arrellanóse en los almohadones de raído paño azul del coche y sin +conceder siquiera una mirada al primer aliento de París, que comenzaba +ya a ensordecer y atronar sus oídos, arrancando de la gran plaza +irregular de la Bastilla, en que desembocan cuatro boulevards y diez +calles, púsose a pasar revista con gran cuidado a los papeles contenidos +en una bolsa de viaje, cuya correa le cruzaba el pecho de derecha a +<span class='pagenum'><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span>izquierda.</p> + +<p>Ninguno de ellos faltaba: en la bolsa de la derecha había varias cartas +abiertas, algunos papeles sueltos y un pequeño atadito de billetes de +Banco; en la izquierda, un gran cartapacio, sellado con una corona real +sobre lacre rojo. En el sobre decía:</p> + +<p class="center">A SU ALTEZA REAL, EL DUQUE DE AOSTA, +REY DE ESPAÑA. + +El viajero dio varias vueltas al cartapacio con cierta curiosidad +contenida, y aun llegó a mirar al trasluz con el intento de distinguir +algo de lo interiormente escrito a través del sobre. La satinada +superficie del rico papel de hilo no dejaba, sin embargo, traslucir su +secreto, y el viajero tuvo que contentarse con leer una y otra vez +aquellas letras gordas y corridas del sobrescrito, trazadas por una mano +más acostumbrada a firmar y anotar que a escribir extenso, y tan +orgullosamente italiana sin duda, que anteponía el triste ducado de +Aosta a la Corona real de España.</p> + +<p>El coche había cruzado, mientras tanto, el bulevar Beaumarchais y el de +Filles du Calvaire, y llegado al del Temple, sin que el viajero hubiera +dirigido una sola mirada a las magnificencias que va presentando París a +los ojos del que llega, a medida que se avanza hacia el bulevar des +Italiens y el de Capucins, centro vertiginoso de la gran Babilonia y +lupanar dorado y perfumado donde acuden a revolcarse, a costa de su oro, +el vicio y la locura de los cuatro ángulos de la tierra. Allí la calle +se convierte en plaza, la acera en calle; la multitud en torrente que se +precipita con cierto relativo silencio por entre dos paredes de cristal, +formadas por los escaparates inmensos de las tiendas atestadas de cuanto +puede dar de sí la industria humana para transformar lo superfluo en +necesario, lo elegante en fastuoso, lo precioso en maravilla, la vida en +<span class='pagenum'><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>fiebre de vanidades locas y concupiscencias monstruosas.</p> + +<p>El viajero, abismado en sus reflexiones en medio de aquella multitud +inmensa, cuyo rasgo característico es el de ofrecer siempre el aspecto +del ocioso que corre en pos del placer y no del que marcha en busca del +trabajo, había acabado por sacar una carterita de piel de Rusia y +puéstose a ajustar en ella enmarañadas cuentas. Al frente de una hoja +escribió <i>esperanzas</i> y al frente de la otra <i>realidades</i>, y así, debajo +de aquello que sin duda esperaba, como debajo de aquello otro que al +parecer poseía, comenzó a amontonar guarismos que formaban números y +estos a su vez sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, que se +confundían en caos aritmético, y vinieron a producir al cabo en la +columna de las esperanzas, bajo una raya horizontal, esta cifra preñada +de misterios: <i>Doscientos mil duros y una cartera</i>. En la hoja de las +realidades, el resultado no necesitaba interpretación alguna; decía +simplemente: <i>Cero</i>.</p> + +<p>Y como si todavía hubiese podido deslizarse en aquella absoluta carencia +de realidades algún error ilusorio, el viajero, rascándose a veces un +momento con el extremo del lápiz la ancha y hermosa frente, prosiguió +trazando guarismos y haciendo cálculos, hasta tirar otra raya +horizontal, derecha, negra e inflexible como un destino adverso, por +debajo de la cual apareció esta vez algo menos que cero, una cantidad +negativa, una deuda formidable, que era, sin duda alguna, la única +realidad con que aquel hombre contaba en el mundo:</p> + +<p class="center"><i>¡¡150.000 duros al 15 por 100!!...</i></p> + +<p>El viajero quedóse un momento mirando aquella cifra angustiosa, y +apretando el lápiz entre sus blancos dientes, hasta romperle la punta, +apartó al fin los ojos como asustado, para fijarlos en el golpe de vista +<span class='pagenum'><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span>más admirable que puede ofrecer la inmensa Babilonia de París.</p> + +<p>El coche atravesaba entonces la Plaza de la Concordia, regada con la +sangre de María Antonieta y Luis XVI; al frente se extendía la calle +Real, cerrada en el fondo por la soberbia fachada de la Magdalena, +descansando sobre sus cincuenta y dos gigantescas columnas corintias; a +la espalda, el palacio Borbón, asomando por detrás del puente de la +Concordia, rodeado de jardines y de estatuas; a la izquierda, la avenida +de los Campos Elíseos, cerrada a enorme distancia por el Arco de la +Estrella; a la derecha, del lado de acá del río y entre los frondosos +jardines imperiales, lo que quedaba entonces de las Tullerías: algunos +muros calcinados por el incendio, un tremendo desengaño histórico, una +imagen de la majestad real, abofeteada, escupida y asesinada a +garrotazos por Rochefort y Luisa Michel; y en medio de la plaza, +levantándose entre las dos fuentes monumentales, como un gigante de +otras edades, el decano de París, el obelisco Lucsor, el amigo de los +faraones, el testigo de las épocas fabulosas que cuenta por meses las +centurias y se ríe, acordándose de sus momias egipcias, de aquel +hormiguero humano que a sus pies se agita, haciéndole repetir lo que +puso años antes un poeta en su lengua de granito:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0"><i>Oh! dans cent ans, quels laids squelettes</i><br /></span> +<span class="i0"><i>Fera ce peuple impie et fou,</i><br /></span> +<span class="i0"><i>Qui se couche sans bandelettes</i><br /></span> +<span class="i0"><i>Dans des cercueils qui ferme un clou!</i><br /></span> +</div></div> + +<p>El viajero pasaba por toda la vista sin fijarse en nada, con esa +indiferencia con que se mira lo que hasta la saciedad nos es conocido. +<span class='pagenum'><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span>Tan sólo al salir de la calle Real asomó curiosamente la cabeza, y sus +ojos buscaron a lo lejos la famosa terraza del <i>Petit-Club</i>, más +familiarmente <i>Baby</i>, que domina toda la Plaza de la Concordia y es +punto de reunión y observatorio predilecto de la <i>haute gomme</i> +parisiense.</p> + +<p>El día estaba magnífico, y bajo un pabellón de dril, listado de blanco y +rojo, veíanse algunos socios del club fumando y conversando; en la +balaustrada de piedra que da a la plaza, dos o tres jóvenes echados de +bruces veían desfilar los carruajes que por la calle <i>de Boissy +d'Anglas</i> se dirigían al Bosque. El viajero experimentó al ver el +pabellón del Círculo cierto impulso de alegría, y por un movimiento +espontáneo, que tenía mucho de pueril, quitóse el sombrero como para +saludarle a tan enorme distancia, con tanto respeto y entusiasmo, como +si a su sombra hubiera de encontrar <i>lo menos... 150.000 duros al 15 por +100</i>, que daban por suma total los varios sumandos de sus realidades.</p> + +<p>Sin duda, sabía muy bien que en el <i>Petit-Club</i>, en el inocente <i>Baby</i>, +se jugaba gordo.</p> + +<p>Al descubrirse el viajero, quedó por completo a la vista su fisonomía, +presentando un extraño prodigio... Hubiérase dicho que lord Byron en +persona, abandonando su tumba de Nottingham, atravesaba la plaza de la +Magdalena en un coche de alquiler, saludando el pabellón del <i>Baby</i> cual +si fuera la bandera de Inglaterra.</p> + +<p>Tenía aquel hombre la misma hermosura varonil del gran poeta, la misma +bella cabeza airosamente puesta sobre un cuello nervudo, dispuesto +siempre a enderezarse con la altanera inflexión del desdén. Formaba su +rostro el mismo óvalo perfecto, con la barba un poco saliente, los ojos +pardos hermosísimos, el cabello castaño, encrespado en artísticos +remolinos naturales sobre una frente ancha y nobilísima, que parecía +<span class='pagenum'><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span>hecha expresamente para ceñir los laureles de una corona. Crispaba sus +labios en ambas extremidades aquel pliegue oblicuo, huella de la +amargura, del desprecio, del escepticismo, del vicio cansado siempre y +no satisfecho nunca, que aparece tan al vivo en los buenos retratos de +Byron, como si por allí se deslizaran todavía aquellas abrumadoras +palabras de su <i>último lamento</i>:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">¡Por todas partes, implacable y frío,<br /></span> +<span class="i0">Fue detrás de mis pasos el hastío!...<br /></span> +</div></div> + +<p>Dos cosas faltaban, sin embargo, al viajero para hacerle en todo +semejante al poeta gran señor: su pie izquierdo no cojeaba, ni brillaba +tampoco en su frente el rayo de genio que inspiró <i>Childe Harold</i>. Si +por un prodigio del cielo era Byron aquel hombre, había vuelto sin dudas +al mundo dejándose en Nottingham su genio y su cojera, y trayéndose tan +sólo la hermosura de sus veinticinco años y los vicios de toda su vida. +Aquel Byron no hubiese ido a la Grecia para liberarla, sino para +explotarla; en sus ojos no brillaba el ansia de lo ideal, sino el +reflejo de la sensualidad ansiosa de encontrar dinero.</p> + +<p>Todo en él era, sin embargo, elegante y aristocrático, y desde las +correas de piel de Rusia con hebillas y asa de plata que sujetaban su +exiguo equipaje, hasta la cartera de la misma piel en que había ajustado +sus cuentas de realidades y esperanzas, revelaban ese señoril lujo de +nimios detalles, propio de las personas nacidas y acostumbradas a vivir +siempre en medio de la opulencia.</p> + +<p>Una sola nota discordante resaltaba en su traje, un detalle cursi, +cursísimo, que sólo pudiera concebirse en algún peluquero afamado o en +<span class='pagenum'><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span>algún cantante italiano de segundo orden: la cintita amarilla y blanca +que asomaba por el ojal de su americana de viaje. Mas esto probaba, por +el contrario, un profundo conocimiento de aquel terreno que pisaba, en +que cualquier cintajo honorífico aseguraba el respeto y las +consideraciones debidas a un personaje. Era una precaución prudentísima, +una especie de broquel con que se resguardaba el viajero de mil +impertinencias para todos molestas y para él tal vez peligrosas.</p> + +<p>El coche se detuvo al fin en el <i>Boulevard des Capucines</i>, ante el vasto +pórtico del <i>Grand Hôtel</i>. El nuevo lord Byron pagó con esplendidez al +cochero y subió ligeramente las gradas, topándose en la misma puerta con +un viejo alto, con grandes patillazas blancas, que se dirigía a la calle +arrastrando los pies.</p> + +<p>Volvióse el viajero rápidamente al verle, como para evitar su encuentro, +y entróse en el <i>bureau de réception</i> para entregar su tarjeta. Mas el +viejo, aligerando el tardo paso y alcanzando al fin al fugitivo, le +gritó en castellano:</p> + +<p>—¡Jacobo! ¡Polaina! ¿Me huyes?... Señal de que traes dinero.</p> + +<p>—¡Diógenes!... ¿Tú aquí?—exclamó Jacobo, volviéndose muy sorprendido y +alborozado y estrechándole ambas manos con gran cariño.</p> + +<p>Mas Diógenes, sacudiendo la gran cabeza y dándole palmadas en la +espalda, dijo sentenciosamente:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">El hombre que nace pobre<br /></span> +<span class="i0">Con el frío es comparado:<br /></span> +<span class="i0">Todos le huyen el cuerpo,<br /></span> +<span class='pagenum'><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span><span class="i0">No les suelte un resfriado.<br /></span> +</div></div> + +<p>—¡Falso, falsísimo!—gritó Jacobo riendo—. Ni tú has nacido pobre, +ni...</p> + +<p>—No lo soy de nacimiento, pero lo soy por enfermedad.</p> + +<p>—Pues júntate conmigo: el constipado que tú me sueltes rechazará al que +yo te suelte a ti... Ya sabes, querido: <i>similia similibus curantur</i>.</p> + +<p>—¿Y qué has hecho entonces en Constantinopla, embajadorcillo?... Yo +creí que te traerías hasta las barbas del Sultán.</p> + +<p>Jacobo levantó a la altura de las narices de Diógenes su exiguo +equipaje, diciendo como Simónides:</p> + +<p>—<i>Omnes divitiae sunt mecum!</i></p> + +<p>—¡Honrado plenipotenciario!—exclamó Diógenes—. Quien no te conozca +que te compre: ya habrás dejado el botín en la estación, farsante... ¿De +dónde vienes ahora?</p> + +<p>—De Génova... Y tú ¿qué haces aquí?</p> + +<p>—Pasar la pena negra, chico... Anoche me desplumó una sota: cinco mil +francos se llevó de un golpe.</p> + +<p>—¿Pero es posible?... ¿Todavía dura la afición?... Yo creí que te +<span class='pagenum'><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>habías cortado la coleta.</p> + +<p>—Hasta que me entierren, chico, hasta que me entierren... Ya te darás +una vuelta por el <i>Petit-Club</i>; se juega gordo... Anoche ese guacamayo +de Ponoski hizo un copo de dos mil luises.</p> + +<p>—¿Está aquí Ponoski?... Con gusto le vería, pero me voy mañana.</p> + +<p>—¿Mañana?... ¿Y adónde demonios vas?</p> + +<p>—A Madrid.</p> + +<p>—¿A Madrid?... ¡Polaina!... ¿A que te peguen un balazo?...</p> + +<p>—¡Chico, chico!... ¿Se reparte por allí eso?...</p> + +<p>—¿Pues de dónde sales tú, embajadorcillo?... ¿No has visto los +partes?... Hoy por la mañana se ha largado Amadeo a Lisboa, diciendo: +«Ahí queda eso.» Y a estas horas Figuerillas y el lorito de don Emilio +estarán barriendo las calles de Madrid a cañonazos para instalar +decentemente la República... Te desbancaron, chico, te desbancaron...</p> + +<p>Quedóse Jacobo estupefacto al oír tales noticias, y cogiendo a Diógenes +por un brazo, exclamó muy inmutado, como si aquella inesperada +catástrofe política tuviera para él gran importancia:</p> + +<p>—¿Pero qué estás diciendo?... ¡Eso es imposible!</p> + +<p>—¡Polaina!... Ven acá y te lo dirá quien lo sabe. Ayer presentó el +italiano su renuncia a las Cortes, y una hora después estaba aceptada... +Hoy ha salido para Lisboa a las seis, y a estas horas estará ardiendo +Madrid por todos los cuatro costados... Más de veinte telegramas hay ya +<span class='pagenum'><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span>en el <i>Grand Hôtel</i> pidiendo cuartos.</p> + +<p>Y mientras esto decía Diógenes, muy acalorado, subía con Jacobo las +gradas que llevan del patio a la terraza del <i>Grand Hôtel</i>.</p> + +<p>Cualquiera hubiérase creído allí en un salón aristocrático de la corte +de España: oíase hablar por todas partes en castellano, con esa +vehemencia y esos gritos propios de los españoles cuando se exaltan, y +en grupos y corrillos acá y allá diseminados, veíanse damas y gomosos de +la aristocracia madrileña, hombres políticos del partido de Isabel II y +algunos de esos personajes innominados que suelen verse a todas horas y +en todas partes, sin que nadie pueda decir de ellos sino que son un tal +Sánchez o un tal Pérez.</p> + +<p>Todos discutían las noticias de España, haciendo pronósticos según las +fuerzas de su imaginación y la vehemencia de sus deseos, y mientras unos +creían ver ya al príncipe Alfonso en el trono abandonado por Aosta, +otros se figuraban la República arraigando al amparo de las masas +populares de Madrid, apoderándose del palacio vacío y de la corona +vacante.</p> + +<p>El miedo y la distancia ennegrecían todos los colores, y unos y otros +convenían en que Madrid debía de estar a aquellas horas convertido en un +charco inmenso de sangre. Esperábase, pues, con grande ansiedad la +llegada del correo, y con más impaciencia todavía la vuelta del tío +Frasquito, que había ido al pasaje Jouffroy en busca de noticias, y la +del general Pastor y Cánovas del Castillo, que habían sido llamados con +grande urgencia al palacio Basilewsky por la reina destronada.</p> + +<p>A la derecha de la última puerta del salón de lectura que se abre en la +terraza, hallábanse algunas señoras sentadas en bancos de hierro: entre +<span class='pagenum'><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span>ellas estaban Currita Albornoz y la duquesa de Bara. Más lejos, de pie, +en medio de un grupo de hombres, peroraba Leopoldina Pastor con gran +vehemencia, optando por empuñar las armas y exponiendo su plan +estratégico.</p> + +<p>La cosa era sencillísima: bastaba con que la colonia madrileña residente +en París se presentase en la embajada española, cogiera por un brazo al +embajador y lo plantase en la calle, proclamando allí mismo por rey de +España al príncipe Alfonso. ¡Ya contestarían al punto del otro lado de +los Pirineos!... ¿Que chillaba el embajador? Pues se zambullía al +embajador en el Sena, que ya tenía el tal don Salustiano vientre +bastante para sobrenadar lo mismo que una boya... ¿Que Thiers se +enfadaba? Pues se cogía a Thiers por su copetito de pelos y se le +enviaba a cuidar de su casa, dejando en paz la del vecino, y ¡chitón, +chitito!...</p> + +<p>Reíanse los caballeros oyendo a Leopoldina, y ella les tiraba de los +botones del chaleco, llamándoles indecentes. ¡Ah, si tuviera ella +pantalones!... Y casi, casi, estaba por ponérselos como Miss Walker, la +médica del Serrallo de Túnez, que paseaba en aquellos días los +boulevards con calzones zuavos y chambergo.</p> + +<p>La llegada de Jacobo produjo mala impresión en todo el concurso: +ligábanle con la mayor parte de los presentes lazos de amistad y +parentesco, así por parte de su familia como por la de su mujer, que +llevaba un título ilustre entre la Grandeza. Mas, separado de esta diez +años antes, había hecho en París y en Italia lujosísima vida de soltero, +hasta que, perseguido por sus acreedores, vino a refugiarse de nuevo en +España el año 68, tomando parte activísima en la Revolución y +recorriendo, al lado de Prim, las provincias andaluzas, arengando a las +muchedumbres montado, como Lafayette, en un caballo blanco. Formó parte +<span class='pagenum'><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>de las Cortes Constituyentes del 69, y de repente, cuando el asesinato +de Prim, desapareció otra vez de Madrid, apareciendo a poco en +Constantinopla de ministro plenipotenciario.</p> + +<p>Extrañó, pues, a todos, verle aparecer en tan críticos momentos, +abandonando su alto puesto, y recibiéronle con el despreciativo recelo +que infunde siempre el enemigo derrotado que se pasa después de la +batalla al campo victorioso.</p> + +<p>Jacobo, sin embargo, aparentando no echar de ver la frialdad con que le +recibían, cercioróse por sí mismo de la verdad de las noticias de +Diógenes, sin dejar traslucir tampoco la inquietud que al pronto le +habían estas causado. Él lo ignoraba todo, o aparentaba ignorarlo; había +salido dos meses antes de Constantinopla para Turín, marchando luego a +Florencia y Génova, y hecho después un viaje delicioso a lo largo de la +corniche italiana, deteniéndose en Bordighera, en Niza y, últimamente, +en Mónaco cerca de una semana.</p> + +<p>Currita miraba atentamente desde su asiento al apuesto viajero, retrato +de lord Byron, su héroe favorito, tipo adorable de hombre, según ella, +cuyo magnífico busto desnudo, esculpido en mármol blanco, tenía en su +<i>boudoir</i> siempre a la vista. Al pronto no le había conocido, porque +difícil era reconocer en aquel arrogante mozo al débil jovencillo Jacobo +Téllez-Ponce, casado doce años antes con la marquesa de Sabadell, prima +lejana de Currita; desde entonces no había vuelto a verle esta, y jamás +le hubiera reconocido si, corriendo a ella Leopoldina Pastor, no le +dijera:</p> + +<p>—¿Has visto a Jacobo Téllez?... Decían que se había casado en +Constantinopla con una turca monísima... ¿Qué traerá aquí ese indecente?<span class='pagenum'><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span></p> + +<p>La duquesa de Bara contestó una indecorosa paparrucha, mirándole con +desprecio; las señoras se echaron a reír, y Currita exclamó muy +admirada:</p> + +<p>—¿Pero es ese Jacobo?... ¡Dios mío! Si me estaba pareciendo desde aquí +Byron en persona, mi poeta querido... ¡Qué semejanza tan exacta!...</p> + +<p>Y sin esperar más explicaciones, levantóse vivamente para ir a su +encuentro; la duquesa de Bara la detuvo bruscamente por el vestido, y +ella, procurando desasirse, decía:</p> + +<p>—Pero, mujer, si es mi primo... La abuela de su mujer y la mía, primas +segundas... ¿Cómo voy yo a desairar a un pariente?...</p> + +<p>Este, atraído, sin duda, por el amor de la familia, acercábase en aquel +momento al grupo de las señoras; saludólas besando la mano a la duquesa +y a Currita, que eran sus más allegadas, y esta, con mil cariñosas +monerías, hízole sitio a su lado, en el banco de hierro.</p> + +<p>La conversación giró un momento sobre el viaje de Jacobo, hasta que vino +a interrumpirla la entrada del tío Frasquito, que volvía del pasaje +Jouffroy cargado de noticias. Todos corrieron a su encuentro, y Jacobo +el primero; mas antes, deteniéndole Currita por el brazo, con +familiaridad de prima cuarta de su esposa legítima, le dijo:</p> + +<p>—¿Nos veremos, Jacobo?... Quiero presentarte a Fernandito... Vivimos en +el segundo piso, número 120.</p> + +<p>La duquesa se inclinó al oído de Leopoldina, diciendo:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span></p><p>—¿Oyes?... Quiere presentarlo a Fernandito.</p> + +<p>Leopoldina hizo una mueca y replicó:</p> + +<p>—Pues, entonces... ¿verde y con asa?...</p> + +<p>—¡Alcarraza!—concluyó la duquesa.</p> + +<p>Y las dos se echaron a reír con inocente regocijo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IIbmdash" id="IIbmdash"></a><a href="#toc">—II—</a></h2> + + +<p>Engomado, teñido, peinado y reluciente a fuerza de cosméticos, y +bailando sobre las puntas de los pies, por no permitirle andar de otra +manera el calzado estrechísimo, que le torturaba, sin disimularlos del +todo, dos morrocotudos juanetes, entró con grande prisa en la terraza el +tío Frasquito, tío universal de toda la Grandeza de España, y de +aquellos sus adyacentes de nobles de segundo orden, ricachos de todos +cuños, notabilidades políticas y literarias, capigorrones de oficio, +aventureros atrevidos y personajes anónimos que forman el <i>todo Madrid</i> +de la corte, el abigarrado <i>dessus du panier</i> del gran mundo madrileño.</p> + +<p>Llamábale todo este mundo el <i>tío Frasquito</i>, porque el buen tono así lo +había decretado, y él aceptaba complacido el parentesco de todos +aquellos cuya sangre azul empalmaba realmente, siglo antes o siglo +después, con la suya preclarísima; a los demás, sin rechazar tampoco lo +apócrifo del parentesco, colocábalos con cierta protectora +<span class='pagenum'><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span>condescendencia en la categoría de <i>sobrinos espurios</i>.</p> + +<p>En medio, pues, de esta familia universal se destacaba el tío Frasquito, +hacía medio siglo, viendo desfilar generaciones y generaciones, +legítimas o espurias, de sobrinos y sobrinas que nacían y crecían, se +casaban y multiplicaban, se morían y se pudrían, sin que, abroquelado él +tras el corsé apretadísimo que sujetaba las insolentes rebeldías de su +abdomen, hubiese pasado jamás de los treinta y tres años; los suyos, +semejantes a las semanas de Daniel, eran años de años, aunque más +complacientes que aquellas, se alargaban o encogían según demandaban las +circunstancias. Treinta y tres contaba cuando en el año cuarenta asistió +a la boda de la reina de Inglaterra, acompañando al enviado +extraordinario de la corte de España, y los mismos tenía cuando, en +1853, presenció la de su <i>sobrina</i> Eugenia de Guzmán con el emperador +Napoleón III; casamiento desigual, <i>messa alianza</i> humillante que +reprobó en absoluto el tío Frasquito, por no satisfacerle de todo la +prosapia de Bonaparte, y aunque nunca llegó a relegar al nuevo sobrino a +la categoría de los espurios, tampoco consintió en designarle de otro +modo que con el nombre de <i>mi sobrino el conde consorte de Teba</i><a name="FNanchor_9_9" id="FNanchor_9_9"></a><a href="#Footnote_9_9" class="fnanchor">[9]</a>.</p> + +<p>Susurraba la leyenda que el tío Frasquito llevaba en su cuerpo treinta y +dos cosas postizas, entre las cuales se contaba una nalga de corcho. Es +lo cierto que, en el momento en que lo presentamos a nuestros lectores, +volviendo del pasaje Jouffroy para confirmar a sus compatriotas la +abdicación del duque de Aosta, la obesidad había trocado su talle de +palmera en puchero de Alcorcón, y el arte, la industria y hasta la +mecánica trabajaban de consumo y a porfía en la restauración diaria de +aquel Narciso trasnochado, en riesgo siempre de convertirse en acelga, +como en flor se convirtió el antiguo Narciso de la mitología griega.</p> + +<p>El tío Frasquito era soltero, rico, vivía ordenadamente, no tenía vicios +<span class='pagenum'><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span>conocidos, ni tampoco deudas; era afable, cortés, servicial, +complaciente, tenía modales de doncella pudorosa y cadencias en la voz +de damisela presumida. Coleccionaba sellos diplomáticos, bordaba en +tapicería, tocaba desastrosamente la flauta y pronunciaba las <i>erres</i> de +esa manera gutural y arrastrada, propia de los parisienses, que imitan +en España algunos afrancesados elegantes, y es defecto natural en otros +muchos, para quienes se inventó aquello de: «El perro de San Roque no +tiene rabo, porque Ramón Ramírez se lo ha robado».</p> + +<p>Diógenes le llamaba de ordinario <i>Francesca di Rimini</i>, a veces <i>señá +Frasquita</i>, y perseguíale y acosábale por estrados y salones, y hasta +entre las faldas de las damas, donde el afeminado prócer acostumbraba a +refugiarse, con intempestivos abrazos que le arrugaban y tiznaban la +inmaculada pechera; besos extemporáneos que obligaban a la pulcra +víctima a lavarse y frotarse con <i>cold cream</i>; pisotones disimulados que +le deslustraban el calzado y le reventaban los juanetes, o bestiales +apretones de manos que le descoyuntaban los dedos, poniendo en riesgo de +esparcirse por todas partes los treinta y dos componentes que asignaba a +su cuerpo la leyenda.</p> + +<p>Aquellos dos viejos, de caracteres y costumbres tan diversas, eran, sin +embargo, dos tipos rezagados de la misma sociedad, dos ejemplares +fósiles de aquellos próceres del pasado siglo, manolos viciosos y +cínicos unos, petimetres, insustanciales y afeminados otros, que +prepararon en España la ruina y el descrédito de la Grandeza.</p> + +<p>Entró, pues, el tío Frasquito en la terraza con ademanes de doncella +atribulada, y todos se agolparon en torno suyo, acosándolo a +preguntas... ¡Todo, todo quedaba por nuevos partes confirmado, y el +<span class='pagenum'><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span><i>sauve qui peut</i> era en Madrid general!...</p> + +<p>Corroborábase la noticia de que don Amadeo había huido a Lisboa con su +familia, y el telégrafo transmitía los nombres de los individuos que +formaban el primer ministerio de la recién nacida República.</p> + +<p>—¡De la Rrrepública española!—exclamó el tío Frasquito quitándose el +sombrero con burlesca solemnidad.</p> + +<p>Y entre risas despreciativas y observaciones irónicas, comenzó a leer en +su elegante carterita, donde estaban apuntados los nombres de los nuevos +ministros<a name="FNanchor_10_10" id="FNanchor_10_10"></a><a href="#Footnote_10_10" class="fnanchor">[10]</a>... ¡Pero qué nombres, Virgen Santísima! ¡Si aquello era +cosa de morirse de risa!... Figueras, Castelar, Pi y Margall, los dos +Salmerones, Nicolás y Paquito... Córdoba.</p> + +<p>—¡Córrrrdoba, señores, Córrrdoba!... ¡Ferrrnandito Córrrdoba, +rrrepublicano!... ¡Quién lo creyerra, cuando íbamos juntos a casa de la +Benavente, cuando Fernando VII lo envió a Portugal con su hermano Luis, +detrás del infante don Carlos y la princesa de Beyrra!... Porr supuesto, +que yo era entonces un niño, una verrdadera criaturra...</p> + +<p>El tío Frasquito no cayó en la cuenta de que, según aquellos datos, +debió de haber asistido seis años antes de su nacimiento a los saraos de +la duquesa de Benavente, y prosiguió enumerando a los ministros +restantes: ¡Echegaray, Beranger y Becerra!... ¡Santo Dios!... Si esto +era para España la coz del asno; y aquellos enanillos de gorro frigio, +encadenando al león de Castilla, recordaban aquella grandiosa imagen:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0"><i>Ce grand peuple espagnol, aux membres enervés,</i><br /></span> +<span class="i0"><i>Expire dans cet antre ou son sort le termine</i>,<br /></span> +<span class="i0"><i>Triste comme un lion rongé par la vermine</i>!<br /></span> +<span class='pagenum'><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></div></div> + +<p>¡Y qué chistosamente cursis resultaban siempre aquellos demócratas!... +¿Pues no se les había ocurrido lo primero ir a darle una serenata al +interesantísimo don Emilio tocando la Marsellesa?...</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0"><i>¡Ah! ça ira, ça ira, ça ira...</i><br /></span> +<span class="i0"><i>Celui que s'élève on l'abaissera.</i><br /></span> +<span class="i0"><i>Celui que s'abaisse on l'élèvera.</i><br /></span> +<span class="i0"><i>¡Ah! ça ira, ça ira, ça ira...</i><br /></span> +</div></div> + +<p>—¡Qué delicia!—exclamó Currita—. ¿Y no les echó él un discursito?</p> + +<p>—¡Ya lo creo!... Desde el balcón, como cantaba la Nilson en Viena; y +luego obsequió a la concurrencia con carramelos y cigarritos...</p> + +<p>—¡Qué monada!... De seguro que este invierno tendrá recepciones.</p> + +<p>—¡Sí! Para los ciudadanos <i>sans culottes</i>.</p> + +<p>—¡Polaina!—exclamó Diógenes—. En cuanto cuelgue un jamón en la +puerta, tiene allí a Madrid entero, y tú, Curra, irás la primera.</p> + +<p>Azoróse el tío Frasquito al oír la voz de Diógenes, y temiendo algunos +de sus amagos de intempestivo cariño, fuese escurriendo con disimulo, +soltando casi a media voz su última noticia. Anunciaba también el +telégrafo que don Carlos había entrado en España por Zugarramurdi, y que +aprovechando sus parciales aquella confusión, aprestábanse a hacer un +<span class='pagenum'><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span>supremo esfuerzo para apoderarse de la corte.</p> + +<p>Disgustó esto mucho a toda la concurrencia, por parecerle más temible el +carlismo que la República, y en aquel momento llegó a confortar los +ánimos un viejo alto, de aspecto marcial y largos y retorcidos bigotes +blancos: era el general Pastor, hermano de Leopoldina, que volvía del +palacio Basilewsky de conferenciar con la reina.</p> + +<p>Entró, pues, el general radiante y satisfecho cual si viese ya en +lontananza la cartera de la Guerra, y contestando con sonrisas y +palabras huecas a las mil preguntas que de todas partes le dirigían, +apresuróse a dar cuenta a la condesa de Albornoz y a la duquesa de Bara +de una embajada de su majestad la reina... Esta las designaba para +acompañarle al día siguiente, a la capilla expiatoria del bulevar +Haussman, donde debía celebrarse la Misa de aniversario, algún tanto +retrasada aquel año, del infortunado Luis XVI; el espectáculo prometía +ser curioso, porque los príncipes de Orleans, reconciliados con el conde +de Chambord, asistirían por primera vez, en público, a aquellas +simbólicas honras.</p> + +<p>Abrió entonces el saco de noticias el general Pastor, y dando a +entender, con cierta vanidad política, que callaba mucho más de lo que +decía, confirmó todo lo dicho por el <i>tío Frasquito</i>, añadiendo que la +proclamación de la República era un paso gigantesco dado hacia la +Restauración; que los desórdenes más terribles no tardarían en estallar +en España, y alarmadas las potencias europeas con los escarmientos de la +Commune en Francia, se apresurarían a intervenir en favor del príncipe +Alfonso. Notas secretas de algunos embajadores extranjeros habían +llegado ya al palacio Basilewsky, y Thiers mismo, temeroso de que el +zurriago de las monarquías coligadas le deparase a él algún latigazo, +<span class='pagenum'><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span>negábase a reconocer la nueva República.</p> + +<p>Tan sólo míster Harrilin, embajador de los Estados Unidos en España, +habíase apresurado a reconocer el nuevo orden de cosas en nombre de su +Gobierno, presentándose en el palacio de la Presidencia con todo el +ceremonial de costumbres en tiempos de la monarquía, y asegurando en su +discurso, con la truhanesca formalidad de Jonathan en persona, que «los +Estados Unidos de América no podían menos de contemplar con emoción y +simpatía, convertido en República, el imperio de Fernando e Isabel».</p> + +<p>—¡Pues vaya con el indecente!—exclamó Leopoldina Pastor hecha una +furia—. Para esos yanquis farsantes, igual da Figueras que Fernando el +Católico, y lo mismo representa una corona que un gorro de algodón. +<i>Cotton is King</i>!... ¡Monísimo!... ¡Y pensar que hace tres semanas +bailábamos todas en su casa!... ¡Vamos! Si después de todo, resulta que +cuando se trata de divertirse perdemos todas la vergüenza.</p> + +<p>—<i>¡Tu dixisti!</i>—gritó Diógenes con grande ahínco.</p> + +<p>—Y lo repito—prosiguió Leopoldina—. Pero yo le aseguro a ese +indecente que ha de oír de mis labios cuatro palabritas bien dichas... +¡Oh, si yo lo tenía previsto! En el último baile que dio llevaba medias +azules de algodón...</p> + +<p>—Como que su suegro tiene en Boston una fábrica.</p> + +<p>—¡Qué delicia!—exclamó Currita—. Pues cuando den la <i>Jarretière</i> al +yerno, ya puede el suegro regalarle la media.</p> + +<p>—De seguro que las habrá él anunciado en la Presidencia al terminar su +discurso, como aquel <i>preacher</i> yanqui que terminó su sermón: «Ya os he +<span class='pagenum'><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span>demostrado, mis buenos hermanos, que sólo por la virtud se gana el +cielo. Sólo me resta, para terminar, recomendaros la magnífica +sombrerería de Míster Francis Morton, 24, Catherine Street. Allí todos +los artículos son distinguidos y baratos.—<i>Net cash.</i>—Que viene a ser +<i>No se fía</i>».</p> + +<p>El timbre eléctrico que anuncia <i>aux hommes d'équipes</i> la llegada de +nuevos viajeros, comenzó a repicar en aquel instante, y, a poco, llegó +Gorito Sardona, muy conmovido, anunciando que la señora de López Moreno +se apeaba en aquel momento en el <i>Grand Hôtel</i>, que venía de Madrid, y +que a poco más la asesinan en el camino.</p> + +<p>—¡Trae una oreja colgando!—añadió tirándose de una suya.</p> + +<p>Horrorizóse la concurrencia, y todos salieron a su encuentro deseosos de +ver a la banquera desorejada. La duquesa, sin embargo, temiendo sin duda +que trasladase esta a sus orejas las famosas hipotecas que sobre sus +tierras tenía, quiso escurrirse por la sala de lectura, con tan mala +suerte, que fue a toparse en el patio mismo con la López Moreno, su hija +Lucy, dos doncellas, un criado, diecisiete baúles y número ilimitado de +cajas y sombrereras. La banquera llegaba pálida y abatida, y tenía, en +efecto, ensangrentado el lóbulo de la oreja izquierda.</p> + +<p>Al verse cogida la duquesa, salió al encuentro de la López Moreno, +exclamando muy cariñosa:</p> + +<p>—¡Pero, Ramona!... ¿Cómo no me ha avisado usted?</p> + +<p>—¿Avisar?—exclamó con espanto la López Moreno—. ¡Gracias que llego +con vida!... ¡Qué viaje, duquesa, qué viaje!... En el camino a poco más +<span class='pagenum'><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>me asesinan... ¡Nací ayer!... ¡Un milagro, un milagro!</p> + +<p>—¡Qué horror!—exclamó la duquesa.</p> + +<p>Y mirando en torno suyo, con la esperanza de que el prodigio divino no +hubiera alcanzado también al señor López Moreno, añadió:</p> + +<p>—Pero ¿dónde está su marido de usted?... ¿No viene?...</p> + +<p>La tierna esposa hizo otro gesto de espanto y contestó sin enternecerse +demasiado:</p> + +<p>—¡En Matapuerca está..., si es que vive!...</p> + +<p>—¿En Matapuerca?—exclamó Diógenes—. ¡No puede ser!... Será en +Matapuerco...</p> + +<p>—No, no; en Matapuerca—replicó la López Moreno sin comprender la pulla +del viejo.</p> + +<p>Y rodeada de todos los españoles, que atraídos por la curiosidad iban +poco a poco acudiendo, la voluminosa señora comenzó el relato de sus +infortunios... De aquella hecha se llevaba la trampa a la España entera; +la gente se escapaba de Madrid a bandadas, y no parecía sino que la +trompeta del Juicio Final había sonado en la corte.</p> + +<p>—¡Me alegro!—exclamó Diógenes—. A esa trompetita estoy yo +aguardando... ¡Qué cosas han de saberse cuando diga el ángel: cada peso +duro con su dueño, y cada hijo con su padre!...</p> + +<p>La duquesa le hizo callar de un abanicazo, y la López Moreno, llena de +<span class='pagenum'><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span>satisfacción al verse objeto del interés de todos, continuó el relato +de su susto, un susto atroz, una barbaridad de susto... El tren traía +cuarenta y dos coches atestados de gente que iba a Biarritz, a San Juan +de Luz, a Bayona, a cualquiera parte, con tal de pasar la frontera. En +Vitoria añadieron otra máquina y entraron cuatro compañías del +Regimiento de Luchana. ¡Malo!... Por la noche todo fue bien, pero al +llegar a Alsasua, ¡Virgen Santísima!... ¡Los carlistas! Y de pronto, +¡prurrruumm! ¡Una descarga atroz!...</p> + +<p>—Pero, de repente, hija, de repente, sin avisar siquiera, sin decir +agua va: nada, nada, nada. ¡Prurrruumm! caiga el que caiga... La tropa, +¡claro está!, contesta ¡prurrruumm! otra descarga. Yo, muerta, Lucy, +muerta debajo del asiento, sin resollar siquiera, y ¡prurrruumm! arriba, +¡prurrruumm! abajo; hora y media de tiritos... De pronto, se abre la +ventanilla, entra una mano, me arranca una oreja y se va...</p> + +<p>—¡Qué atrocidad!—exclamaron todos. Y Gorito Sardona, con su guasona +formalidad, añadió:</p> + +<p>—¿Pensarían hacer una chuleta?...</p> + +<p>—No, señor—replicó la víctima algún tanto ofendida—. Lo que pensaron +fue llevarse un brillante de quinientos duros que traía en ella, y se lo +llevaron en efecto... Decían luego que fue un pillete de la estación, +pero a mí no me quita nadie de la cabeza que fue el cura Santa Cruz... +Como que esto era en mitad del túnel, a oscuras, y en la pared de +enfrente vi yo la sombra del sombrero de teja...</p> + +<p>—¡Qué barbaridad!...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span></p><p>—¿Pero usted vio a los carlistas?...</p> + +<p>—¿Que si los vi?... Al salir del túnel, en un altito había un montón de +ellos, y en medio uno con entorchados, que era don Carlos... Lucy decía +que no, pero yo creo que sí. Uno chiquitillo, bizco, con barba rubia, +picado de viruelas, que nos hizo con el puño así...</p> + +<p>Y la señora de López Moreno enarbolaba el suyo robustísimo, con gesto +horrible de amenaza.</p> + +<p>—¡Pero si don Carlos es muy alto, moreno, con barba negra!... Yo le +conocí en Vevey...</p> + +<p>—Pues vendría disfrazado; no es tan difícil teñirse la barba de rubio.</p> + +<p>—Pero es imposible, teniendo dos metros de largo, encogerse hasta tener +la mitad.</p> + +<p>—Podrá ser que me equivoque, pero lo dudo—replicó la López Moreno, que +no renunciaba fácilmente a la honra de haber sido amenazada por un puño +real.</p> + +<p>El general Pastor oíalo todo complacidísimo, viendo en aquella +catástrofe los primeros truenos de la terrible tempestad que comenzaba a +desencadenarse en España. De aquel caos había de salir la Restauración, +y la política del partido dirigía, por lo tanto, todos sus esfuerzos a +excitar y mantener el desorden. Una palabra imprudente del general +reveló a los más avisados que estaba bien al tanto de aquellos manejos: +preguntó a la señora de López Moreno si, al salir ella de Madrid, no se +decía nada en la corte de levantamientos socialistas en Andalucía.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span></p><p>—¿Y me lo dice usted a mí?—exclamó la banquera con enérgica ira—. +¿Pues no saben ustedes lo de Matapuerca?...</p> + +<p>—¡Ay, por Dios, señora!—la interrumpió Currita con toda su +aristocrática impertinencia—. ¿No podría ser Mata... cualquiera otra +cosa?</p> + +<p>—¡Pero si se llama Matapuerca!... Es una dehesa magnífica en la +<i>provincia</i> de Extremadura, de más de tres mil aranzadas, con +veintisiete caseríos... En fin, un pequeño reino... Era de los frailes +Agustinos, y mi marido lo compró cuando lo de Mendizábal...</p> + +<p>Currita hizo un gesto de resignación pacientísima, y preguntó:</p> + +<p>—¿Y qué ha sucedido en el pequeño reino de Mata... esos animalitos?...</p> + +<p>—Pues nada, ¡una friolera!... Que en cuanto proclamaron la República, +invadió la dehesa una horda de aquellos bandidos, asesinaron al aperador +y a tres guardas, y se repartieron las tierras. López Moreno salió para +allá corriendo, y estoy inquietísima... No sé lo que va a hacer...</p> + +<p>—¿Pues qué ha de hacer?—exclamó Diógenes—. ¡Polaina! Lo que hicieron +los frailes Agustinos cuando su marido de usted y Mendizábal les +quitaron la dehesa... ¡Tener paciencia!... A cada puerco le llega su San +Martín, doña Ramona; figúrese usted si no le llegará también en +Matapuerca... Amigo, ¡los socialistas, los socialistas!... Esos han +aprendido lógica; ahí tiene usted los nuevos desamortizadores.</p> + +<p>La López Moreno iba a contestar muy picada, pero el general Pastor, +frotándose las manos de júbilo, la contuvo, diciendo:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></p><p>—Nos trae usted excelentes noticias, señora... La cosa marcha viento +en popa, mejor de lo que yo esperaba.</p> + +<p>—¡Pues me hace gracia!—exclamó la banquera estupefacta—. No diría +usted lo mismo si le hubiesen robado una dehesa y arrancado una oreja +con un brillante de quinientos duros...</p> + +<p>—Nada, doña Ramona, hay que resignarse por algún tiempo a ser reina +destronada de Matapuerca... La Restauración la restablecerá a usted muy +pronto en su trono... ¿Y sabe usted lo que estoy pensando?—añadió el +general como asaltado de una idea repentina—. Que la reina tendrá mucho +gusto en oír de usted misma esas noticias. ¿Tendría usted inconveniente +en venir a Palacio?...</p> + +<p>La banquera pensó ahogarse de satisfacción, y la duquesa, que se +apresuraba a pagarle con honras y relumbrones lo que no le pagaba en +dinero, exclamó vivamente:</p> + +<p>—¡Magnífica idea! Yo misma la llevaré... Mañana pido a la señora la +audiencia...</p> + +<p>—¡Pues ya lo creo que la reina tendrá mucho gusto en oírla!—observó +pausadamente Currita—. Doña Ramona narra muy bien y usa unas armonías +imitativas de muchísimo efecto... Cada vez que dice ¡prurrruumm! parece +materialmente que se huele a pólvora... ¡Qué delicia... oírle contar la +<i>dégringolade</i> de Matapuerca!</p> + +<p>La señora de López Moreno no se enteraba de nada de esto, ocupada en dar +gracias, enternecida, al general y a la duquesa... El sueño dorado de +toda su vida, ser recibida en Palacio, iba a realizarse, y no le parecía +cara tamaña honra, al precio de una oreja desgarrada y una dehesa +<span class='pagenum'><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span>perdida.</p> + +<p>El general, por su parte, seguía la política de Butrón, barrer para +dentro, y calculaba ya las copiosas sangrías que, en nombre de los +conspiradores, podría hacer su espada victoriosa en las repletas arcas +de los consortes López Moreno.</p> + +<p>Durante toda esta escena, Currita no había perdido de vista un momento a +Jacobo, que escuchaba atentamente sin darse prisa a subir a su cuarto a +lavarse y descansar. Al disolverse la reunión, porque la hora de comer +se aproximaba, echóle de menos Currita en la terraza; asomóse vivamente +a la sala de lectura, salió al patio y no le encontró por ninguna parte.</p> + +<p>Por la escalera de enfrente subía en aquel momento el tío Frasquito +dando el brazo a su sobrina espuria, la reina destronada de Matapuerca, +que se detenía en cada peldaño para ponderarle lo terrible de su susto, +lo soberbio de su dehesa, el dolor de su oreja, lo pavoroso de aquellas +descargas atronadoras...</p> + +<p>¡Prurrruumm!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IIIbmdash" id="IIIbmdash"></a><a href="#toc">—III—</a></h2> + + +<p>La oportunidad es en todas las cosas precursora del éxito, y el llegar a +tiempo ha levantado no pocas veces el pedestal de muchas celebridades y +ceñido los laureles a infinitos héroes. Cada carácter requiere, pues, +<span class='pagenum'><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span>circunstancias especiales que le favorezcan, época adecuada que le +sirva de marco, <i>momento histórico</i> oportuno que le permita +desarrollarse en toda su pujanza. Un Hércules en los tiempos +prehistóricos, un Cid en los tiempos caballerescos, serían un Quijote en +los tiempos de la partida doble y el tanto por ciento. Un Espartero y un +Mendizábal, por el contrario, hubieran sido en aquellas épocas remotas, +prestamista judío el uno, cuadrillero de la Santa Hermandad el otro.</p> + +<p>Jacobo Téllez creía haber tenido la desgracia de errar al nacer, en las +circunstancias de lugar y también en las de tiempo. Entre el oleaje +sangriento de la gran Revolución francesa, juzgaba él que hubiera sido, +por su talento, un Mirabeu; por su valor, un Lafayette; mas entre los +cenagosos remolinos de la Revolución española del 68, tan sólo fue, a +juicio de los que le conocieron, como político, un pobre demonio; como +caudillo, un gran mentecato.</p> + +<p>Aquellas dos grandes figuras de aristócratas renegados como él, le +sedujeron por completo; mas el peluquín del uno y la casaca del otro le +venían grandes, y al querer amalgamar en sí mismo aquellas dos +personalidades, rompiendo los lazos morales como el primero, y +seduciendo a las multitudes como el segundo, resultó tan sólo un bribón +infatuado. Así y todo, hizo papel, porque hay Arístides grandes y +Arístides chiquitos; Cincinatos de dos en libra, de tres al cuarto y de +ochavo la <i>jartáa</i>, que es como venden en Andalucía los higos chumbos.</p> + +<p>Este, pues, higo chumbo revolucionario no llegó desde la aristocrática +piña en que había nacido hasta la plebeya cuna en que vino a florecer, +ni por peripecias dramáticas, ni por trágicas revoluciones: llegó +naturalmente, con suavidad, como tras de la hinchazón viene el pus, y +tras el pus la gangrena. Llegó resbalando sin violencias por la +voluptuosa pendiente que lleva del placer al vicio, del vicio a la +<span class='pagenum'><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>aberración, de la aberración al tedio, al desencanto, al espantoso +vacío del corazón que produce vértigos en la cabeza y despeña al hombre +en todas las locuras y en todas las infamias, en busca de placeres +nuevos que despierten su sensualismo embotado, de impresiones +desconocidas que sacien la voracidad de sus concupiscencias estragadas.</p> + +<p>Nada hay más peligroso para el hombre que pasar en breve tiempo por +todas las ilusiones de una larga vida; y Jacobo, con ese afán de gozar +que caracteriza la sociedad presente, que teme dejar para mañana el +placer de que puede disfrutar hoy, que precipita las edades y pasa de la +infancia a la vejez decrépita, suprimiendo la juventud si es que por +juventud se entiende esa edad venturosa en que brotan del corazón nobles +impulsos y bullen en la mente generosas ideas, que constituyen más +tarde, después de solidificadas, los grandes caracteres; Jacobo, +decíamos, había recorrido aquella larga jornada en menos de treinta +años...</p> + +<p>A los quince, libre ya de ayos y maestros, era el <i>sietemesino</i> más +galán que aspiraba a afeitarse, y dirigía cotillones en los grandes +salones de la corte; a los veinte, era un afortunado tenorio de mala +ley, que hacía gala en el Veloz Club de sus aventuras escandalosas; a +los veinticinco, era un perdido aristocrático, elegante, modelo, que no +retrocedía ante una estocada de mentirijillas, ni ante un steeplechase, +ni ante un copo de veinte mil duros, y derrochaba los millones de su +mujer con la misma facilidad con que la varilla encantada de un mágico +hace fluir del centro de la tierra tesoros escondidos y guardados por +gnomos y salamandras.</p> + +<p>A los treinta había visto, como Salomón, <i>cuncta quae flunt sub sole</i>, +pero no comprendía, como él, que todo fuese vanidad y aflicción de +espíritu, sino que lloraba como Alejandro, porque no había otro mundo de +<span class='pagenum'><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span>goces que disfrutar; y seco su corazón, embotada su inteligencia por el +prematuro desarrollo de sus pasiones, arruinada su casa por locas +prodigalidades, era un fruto podrido que no había madurado nunca, un +hombre en la flor de la vida a quien faltaba el objeto de la vida, un +ruinoso despojo del placer y la impiedad, que no interrogaba como Hamlet +lo eterno, sino que se arrastraba por todos los rincones de lo terreno, +buscando un charco de placeres desconocidos en que zambullirse y +revolcarse y gozar...</p> + +<p>Entonces, por curiosidad, por diversión, por aburrimiento, por encontrar +en las tenebrosidades del misterio algo desconocido que se resolviese en +placer y en dinero, se hizo hombre político. Garibaldi le inició en las +logias de Milán, y Prim le introdujo en Inglaterra, en el complot que +grandes traidores urdían contra el trono de España...</p> + +<p>La Revolución triunfó, y a las agitadas emociones del conspirador +sucedieron en Jacobo las halagüeñas embriagueces del triunfo, las +cínicas rapacidades de pretor romano, las ruidosas apoteosis de arcos de +cartón y farolillos de papel a que le llevaban en hombros masas +estúpidas arrastradas por su verbosidad, multitudes frívolas, que, por +tener algo de mujer, prendábanse de su gallardía y gentileza y se +prometían llevarle a defender la soberanía popular en los escaños del +Congreso, a él, aristócrata orgulloso, tan sólo de nombre renegado, que +se reía de ellos llamándoles paletos, babiecas y burgueses mentecatos, y +corría, al separarse de estrechar sus manos, a lavarse y enjabonarse y +perfumarse, para echar lejos de sí aquel insoportable <i>hedor de la +canalla</i>...</p> + +<p>A poco abríase en su vida un paréntesis negro, tenebroso, ante el cual +la maledicencia misma se detuvo aterrada, temerosa de resbalar en un +<span class='pagenum'><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span>charco de sangre...</p> + +<p>Un día, el 27 de diciembre, un trabucazo tendió en la calle del Turco a +la audacia más temeraria que dio impulso a la Revolución. El general +Prim había sido asesinado, y su amigo íntimo, su portaestandarte, el +marqués de Sabadell, indicado ya para la cartera de Fomento, desaparecía +súbitamente de la corte, a la misma hora en que corría la falsa nueva de +que las heridas del general no eran de muerte y se habían escapado de +sus labios terribles revelaciones.</p> + +<p>Prim murió, sin embargo, el día 30, llevándose a la tumba la clave del +misterio, y tres meses después publicaba la <i>Gaceta</i> un real decreto +nombrando al marqués de Sabadell ministro plenipotenciario de la corte +de España en Constantinopla. «Me he convencido—escribía al presidente +del Consejo el nuevo embajador—que mis disposiciones naturales son para +la vida de Oriente, y pongo todas mis ilusiones en El Cairo, Bagdad, +Ispaham o Constantinopla.»</p> + +<p>El resultado de estas ilusiones no tardó en presentarse.</p> + +<p>Una mañana, la cadina Sarahí no se asomó a su adorada celosía para mirar +las azuladas montañas del Asia, y la puerta de su quiosco permaneció +cerrada. Susurrábase en el palacio que la noche antes había resonado un +lamento y vístose dos sombras que se perdían en el laberinto de +corredores oscuros, llevando una cosa negra...</p> + +<p>El centinela de la torre del mar de Mármara había escuchado sobre el +agua un golpe siniestro.</p> + +<p>A la mañana, al otro lado del Bósforo, apareció en la orilla opuesta el +cadáver de un eunuco estrangulado. Desde la embajada española, allá en +<span class='pagenum'><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span>lo alto de Pera, veíase flotar sobre el límpido azul de las olas su +largo levitó oscuro, ceñido por el zurriago de cuero de hipopótamo, +insignia de su clase, que había servido de dogal.</p> + +<p>El embajador no pudo verlo; había salido aquella noche de Constantinopla +con tan grande urgencia, que sólo llevaba por equipaje una pequeña +maleta de mano... Y con esta pequeña maleta de mano hemos visto a Jacobo +llegar al <i>Grand Hôtel</i>, después de merodear dos meses por las logias +más tenebrosas y los garitos más elegantes de Italia.</p> + +<p>El ministro fugitivo de Constantinopla hallábase alojado en el cuarto +piso del hotel, en una habitación de doce francos diarios, harto +opulenta para quien sólo contaba en el mundo con tres millones de deuda +al 15 por 100, y sobrado mezquina para lo que juzgaba indispensable a su +decoro el excelentísimo señor don Jacobo Téllez-Ponce Melgarejo, marqués +consorte de Sabadell.</p> + +<p>A la luz de un candelabro de color que ardía en uno de los extremos de +la chimenea, devoraba Jacobo los periódicos españoles que relataban el +nuevo cambio político acaecido en España y los franceses que lo +comentaban haciendo pronósticos y formulando juicios, Frecuentes +exclamaciones y aun palabras groseras que se escapaban de sus labios +revelaban en él esa sorda cólera que despiertan en el ánimo violento las +grandes contrariedades.</p> + +<p>Arrojó al fin los periódicos y agitándose furioso un instante, y +apretando los puños llenos de rabia, quedóse largo tiempo pensativo, +hundido en la poltrona en que se hallaba sentado, contraída la boca, +frunciendo el entrecejo, fijos los ojos en el fuego de la chimenea, +cuyas movibles llamas prestaban a su rostro un resplandor rojizo.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span></p><p>Hubiérase dicho que meditaba un crimen, y también que lo había +decidido, cuando, dando un fuerte puñetazo en el brazo de la poltrona, +se levantó de repente. El espejo que coronaba la chimenea reflejó +entonces su fisonomía descompuesta, y al verse allí retratado tuvo uno +de esos miedos solitarios, pueriles, que cortan de un solo golpe a la +audacia sus alas gigantescas.</p> + +<p>Miró en torno suyo: en la alcoba, forrada de papel oscuro, se movía +suavemente una cortina a impulsos del aire levantado por él mismo al +moverse. Arrojóse a ella vivamente y la descorrió de pronto, y riéndose +entonces de sus miedos infantiles, dirigióse a una gran cómoda de nogal +que había en el fondo.</p> + +<p>Sobre ella hallábase abierta y extendida la pequeña maleta, y en el +cajón superior, cerrado con llave que tenía él en su bolsillo, estaba la +cartera de viaje. Sacó el gran cartapacio que dentro venía, y púsolo +sobre un velador que había en el centro.</p> + +<p>Resonaron en esto pasos en el corredor de fuera, y Jacobo corrió +vivamente en puntillas a la puerta, escuchó un instante, y con el menor +ruido posible echó la llave por dentro. Escogió entonces, en un pequeño +<i>nécessaire</i> de viaje, un instrumentito con mango de carey, una especie +de limita para las uñas, con hoja delgadísima y perfectamente afilada, y +púsose a caldearla con gran cuidado en la llama de la chimenea.</p> + +<p>Aún vaciló un momento, y miró a todas partes otra vez, y prestó oído +atento a los lejanos rumores del bulevar, bocanadas de locura y de +placer que escalaban las ventanas, y se decidió por último.</p> + +<p>Con ligereza suma introdujo la hojilla caldeada por debajo del lacre del +cartapacio, y haciéndola girar lentamente, desprendió el sello tan +<span class='pagenum'><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span>entero y tan intacto, que de nuevo podía volverse a pegar sin rastro +alguno de fractura. Después púsolo con grande precaución en un extremo +del velador, sobre una hoja de papel blanco.</p> + +<p>Quedó abierto el misterioso cartapacio, y Jacobo, con avidez no exenta +de temor, púsose a registrarlo. Dentro venía una carta en italiano, no +muy larga, de la misma letra, gorda y corrida, del sobre, firmada por +Vittorio Emmanuele; venían también otros dos grandes sobres en blanco, +sellados con la insignia de la francmasonería, un compás y una escuadra, +cruzados en forma de rombo, sobre lacre verde.</p> + +<p>Mirólos Jacobo por todos lados, sin muestra alguna de sorpresa, y con la +misma habilidad y ligereza de antes, arrancó también los sellos de +ambos: el primero contenía un gran pliego, escrito de letra menuda, +marcados sus párrafos con números romanos en forma de artículos, y +anotados varios de ellos al margen, por la misma letra gorda de la carta +y el sobrescrito.</p> + +<p>Jacobo leyó todo ello con atención, mas sin sorpresa, y como si todo lo +que allí se trataba le fuera conocido; tan sólo al recorrer los últimos +artículos en que el nombre del marqués de Sabadell aparecía consignado, +una sonrisa truhanesca entreabrió sus labios mientras murmuraba:</p> + +<p>—¡Ah, pillo!...</p> + +<p>Llególe entonces el turno al último paquete, que era el más voluminoso: +abriólo con mucho tiento, por haberse pegado una esquinita del sobre, y +al punto salieron de él otros dos en blanco, y un tercero en que venía +escrito un nombre que hizo a Jacobo pegar un salto, murmurando una de +esas palabrotas groseras, familiares en momentos de cólera o sorpresa +<span class='pagenum'><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>aun a personas que presumen de cultas.</p> + +<p>Habíase quedado estupefacto; latíale el corazón, temblábanle las +rodillas, y revolvía aquellos papeles con el ansia temerosa, el gozoso +terror, si así es posible sentirlo, del débil hombrecillo que se +encontrara de repente entre las manos fabulosas riquezas de un gigante +formidable que no ha de dejárselas arrebatar. Por dos veces dirigió una +mirada furtiva a la puerta, como si temiera verla abrirse, a pesar de la +llave que la cerraba por dentro.</p> + +<p>Había allí un verdadero arsenal de cartas y papeles comprometedores, +importantísimos por los nombres que los firmaban, perfectamente +ordenados y clasificados en una especie de memoria adjunta, en que una +pluma muy hábil había estampado datos interesantes y preciosas +observaciones. Era aquello un tesoro de gran valor, una palanca +formidable que, bien manejada, podía dar al traste en breve tiempo con +gran parte de los políticos revolucionarios que pululaban en España. +Eran letras de cambio pagaderas a la vista, que cualquiera podía cobrar +en poder o en dinero.</p> + +<p>Todo lo devoró Jacobo línea a línea, letra a letra, pasando por todas +las emociones de la sorpresa: el pasmo, el rencor, la esperanza, el +recelo; hundiéndose ambas manos en su crespa cabellera y apretándose el +cráneo como para impedir que su atención se distrajese; oprimiendo +algunos de aquellos papeles entre sus dedos temblorosos, como si +quisiera indicar que eran suyos, que a él solo pertenecían, y nadie en +el mundo se los había de arrebatar; a veces, deteníase un instante, +cerraba los ojos y respiraba con fuerza, como si le faltase el +aliento...</p> + +<p>Cuando acabó de leer estaba pálido, y la vaga y temerosa mirada que +<span class='pagenum'><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span>arrojó en torno expresaba la desconfianza, el temor que hace creer a +todo criminal, aun en medio de un desierto, que le miran y le acechan +ojos escrutadores.</p> + +<p>Levantóse entonces y comenzó a pasear, haciendo gestos de temor y de +alegría, piruetas de niño y de loco, parándose ante el espejo como si +quisiera interrogar a su propia imagen, deteniéndose ante el velador +para coger las gotas de esperma que se deslizaban a lo largo de las +bujías color de rosa, y estrujarlas entre los dedos haciendo bolitas con +ademán reflexivo, imponente, amenazador...</p> + +<p>De pronto pareció estorbarle la luz y las mató todas de un soplo; luego +abrió la ventana de par en par, y la muchedumbre, siempre compacta, de +París, lo desafiaba, precipitándose por el bulevar entre torrentes de +luz, sin detenerse un momento, sin descansar nunca, como un alma réproba +condenada por Dios a una fiesta eterna.</p> + +<p>Entre los remolinos de aquella muchedumbre y los mil cambiantes de luces +de todos colores y reflejos, que asemejaban el bulevar al fantástico +escenario de un baile de hadas, Jacobo sólo veía un pensamiento, un plan +cuyas primeras líneas se le torcían a cada instante, empujadas por ideas +opuestas, por inconvenientes inesperados, por temores fundadísimos que +le hacían titubear, gimiendo de dolor como un niño caprichoso a quien +quitan de las manos una golosina, rugiendo de rabia como un león +encadenado a quien arrancan de las garras su presa; que esto era para él +la idea de devolver aquellos documentos, de no quedarse con ellos +utilizándolos en provecho propio, y siendo actor principalísimo en vez +de mero instrumento... Mas ¿cómo responder entonces a la reclamación del +terrible propietario? ¿Cómo evitar la sospecha de aquel robo, hecha a un +ladrón sin duda, pero al fin y al cabo robo? ¿Cómo prevenir la venganza +<span class='pagenum'><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span>terrible e inevitable que había de seguirse al descubrimiento?...</p> + +<p>Entre las mil mojigangas ridículas de que tantas veces se había reído en +las logias, destacábase entonces en su imaginación algo terrorífico, +algo amenazador, que tomaba forma sensible en aquella palabra misteriosa +que siempre había pronunciado riendo y recordaba ahora temblando:</p> + +<p>—<i>¡Neckan!</i> ¡Venganza!...</p> + +<p>Preciso era obrar con prudencia y reflexionar, y pesar, y medir, y +decidir sin tardanza...</p> + +<p>Y, como si esperase hallar con el movimiento alguna de esas ideas que se +ocurren de repente al volver una esquina o brotan en medio del arroyo, +lanzóse a la calle después de encerrar en la cómoda todos los papeles, y +siguió por el bulevar des Capucins, y entró por el de la Magdalena, y +recorrió luego toda la calle Real, y entróse después por un laberinto de +calles desconocidas, para volver a las dos horas al hotel, rendido, +fatigado, sin haber pensado nada ni decidido nada tampoco...</p> + +<p>Porque era Jacobo de esos hombres audaces a la vez que irresolutos, en +quienes la reflexión, lejos de allanar el camino al entendimiento que +plantea y tirar de la brida a la apasionada voluntad que se desboca, +sólo consiguen enredar al primero en intrincadas imaginaciones, y +exasperar a la segunda hasta hacerla saltar al fin, de repente, de un +golpe, cuando menos lo requiere la oportunidad y lo aconseja la +prudencia. Caracteres por lo general fogosos, impacientes, que obran por +brotes más bien que por razonamientos, y tomando por realidades las +perspectivas de la imaginación, edifican sobre ellas fuertes castillos, +sin más cimientos que el aire.</p> + +<p>Por la escalera, agarrándose a la balaustrada, subía renqueando un +<span class='pagenum'><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span>viejo, envuelto en un largo y amplio gabán de mackintosk, capaz de +preservar de todas las humedades a un explorador del Polo.</p> + +<p>Parecióle a Sabadell aquella estantigua el tío Frasquito en persona, y +comenzó a subir ligeramente con la idea de alcanzarlo. Mas el viejo, al +notar que le perseguían, zambulló el rostro en su gran cuello de pieles, +y ocultando con presteza en el bolsillo del gabán algo que en la mano +llevaba, entróse prontamente en el cuarto contiguo al de Jacobo. +Quedósele este mirando sorprendido y receloso, y dudando entonces de que +fuese el tío Frasquito, entró también en su aposento.</p> + +<p>En el fondo de este había una puertecita de escape que dividía en dos un +solo departamento, cerrado para ello con doble pasador por una y otra +parte. Acercóse a ella Jacobo de puntillas y púsose a escuchar +atentamente. Oyó entonces que echaba un fósforo el vecino y aseguraba la +puerta del corredor cerrando la llave por dentro... Oyó después +acercarse a la débil puertecilla unos ligeros pasos que no ahogaba del +todo la alfombra, y sintió un leve crujido en el pasador por la parte +opuesta...</p> + +<p>Azorado, Jacobo dio un paso atrás conteniendo casi el aliento, y +lanzando una mirada rápida a la cómoda que guardaba los papeles, sacó +del bolsillo del pantalón un revólver de seis tiros... El vecino le +espiaba, y en su acalorada fantasía vio ya el masón traidor los puñales +de todas las logias de Italia dispuestos a reclamarle el precioso +depósito.</p> + +<p>El pestillo crujió de nuevo mientras tanto; indudable era que el vecino +lo echaba o descorría, y como natural era suponerlo echado, podía muy +bien sospecharse que intentaban abrirlo. La puerta, charolada con gran +primor, no presentaba agujero ni resquicio alguno que permitiera la +<span class='pagenum'><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span>vista.</p> + +<p>Los ligeros pasitos volvieron a resonar otra vez alejándose, y Jacobo +tornó a acercarse con el revólver montado y el oído atento. A poco sonó +una tos sospechosa; no era la pulcra, perfumada y cadenciosa tos del tío +Frasquito, sino una tos asmática, tos de viejo, que recordaba esos +crujidos peculiares que anuncian en las casas ruinosas el próximo +hundimiento.</p> + +<p>Otro ruido extraño vino a aumentar su zozobra: oyóse un ligero golpe +metálico, argentino, semejante al de la hoja de un puñal chocando con +precaución sobre una superficie cristalina o marmórea; después, a +intervalos y por largo rato, un ruido sordo de algo que frotaba con +rapidez y ligereza...</p> + +<p>Quizá el vecino afilaba el puñal, quizá lo estaba envenenando...</p> + +<p>Todo quedó en silencio un breve rato; oyéronse después los ligeros +pasitos en diversas direcciones; tornáronse a acercar a la puerta, +sintiéndose tras ella el roce del vecino sospechoso que espiaba, y más +tarde, al dar la una en el reloj del hotel, oyóse un golpe semejante al +de un cuerpo pesado que cae sobre un colchón de muelles; después un +¡Aaaaaah! prolongadísimo, un bostezo formidable, que vino a tranquilizar +a Jacobo.</p> + +<p>Nadie que va a matar se prepara bostezando.</p> + +<p>Tranquilo ya entonces, aunque siempre receloso, puso el revólver sobre +la mesa, y con el deleite del avaro que revuelve sus tesoros, engolfóse +<span class='pagenum'><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span>de nuevo en la lectura y examen de los papeles.</p> + +<p>De repente saltó otra vez azorado en el asiento, echando mano al +revólver: en el cuarto vecino había resonado un salto violento, pasos +precipitados, varios golpes en la puerta, y al punto una voz cascada, +angustiosa, que gritaba en castellano:—¡Socorro!... ¡Socorro!...</p> + +<p>Después, con el intervalo de un lamento, volvió a escucharse en francés:</p> + +<p>—<i>Au secours</i>!... <i>Au secours</i>!...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IVbmdash" id="IVbmdash"></a><a href="#toc">—IV—</a></h2> + + +<p>De malísimo humor volvió aquella noche al <i>Grand Hôtel</i> el tío +Frasquito: había aguantado dos horas el aristocrático aburrimiento del +Círculo de la Unión, <i>sancta sanctorum</i> del <i>Faubourg Saint-Germain</i> +masculino, en que tan escasos profanos logran entrada franca, y es, por +lo mismo, objeto codiciado por todos los vanidosos ilustres. Siempre la +gallina del vecino nos parece una pava, y bostezar en compañía de los +Montmorency y los Rohan no deja de tener cierto encanto, aun para los +que suelen unir sus bostezos a los de los Osunas y los Medinacelis.</p> + +<p>Solía quejarse el tío Frasquito con harta frecuencia de dolor de muelas, +y aprovechaba esta ocasión para desplegar toda la boca con gesto +doloroso, poniendo de manifiesto una magnífica dentadura, limpia, igual +y blanca, como las teclas de un piano que le había costado diez mil +francos en casa de Ernest, famoso dentista de Napoleón III.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span></p><p>Lamentábase entonces de sufrir dolores tan acerbos con una dentadura +tan sana, y guardábase muy bien de añadir que radicaban estos en cierta +muela rezagada, única propia, existente allá en los confines de sus +encías, como una piedra miliaria en mitad de un desierto.</p> + +<p>La impresión del frío prodújole a la salida del Círculo una ligera +punzada en la muela fósil, y apretó el paso sobresaltado para llegar +pronto al hotel y tomar buchadas de elixir que le librasen de una noche +toledana. En mitad de la escalera miró a todas partes con grandes +precauciones, y no descubriendo alma viviente que sorprendiera su +secreto, sacóse prontamente la dentadura y envolvióla en el pañuelo: eso +le aliviaba mucho, y le desfiguraba tanto, que parecía entonces su +fisonomía una burlesca caricatura de sí misma.</p> + +<p>El tío Frasquito tenía su habitación en el piso cuarto, y al llegar al +segundo, notó con sobresalto que alguien le seguía por la escalera... +Apretó el paso azorado, y mirando por el rabillo del ojo, descubrió al +marqués de Sabadell que subía de dos en dos los escalones, para +alcanzarle sin duda. ¡Santo Dios, y qué apuro tan grande!</p> + +<p>Zambulló la cara hasta las cejas en el gran cuello de pieles, guardóse +prontamente en el bolsillo la dentadura y apretó a correr hasta llegar +sin resuello a la puerta del aposento.</p> + +<p>¡Perrrverrsa suerrte!</p> + +<p>Sabadell le seguía sin descanso, y deteníase al fin a la puerta del +cuarto vecino sin osar acercársele, pero mirándole de hito en hito, +extrañado, atento, receloso...</p> + +<p>—¡Se tragó la parrtida!—pensó el tío Frasquito—. Mañana sabe todo +<span class='pagenum'><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span>Parrrís que no tengo dientes.</p> + +<p>Y afligido con esta idea, entróse atropelladamente en su cuarto, +encendió la luz y corrió a asegurar la puertecilla de comunicación por +la parte de dentro, temeroso de que el importuno vecino acechase sus +secretos.</p> + +<p>Este parecía, en efecto, abrigar intenciones perversas, porque el tío +Frasquito percibía claramente del otro lado del tabique ruidos extraños +que le desasosegaban, poniéndole nervioso; la puertecilla, sin embargo, +no tenía rendija alguna traidora que diera paso a una mirada, y esto lo +tranquilizó algún tanto.</p> + +<p>Tomó sus buchadas de elixir, desaparecióle por completo el dolor de +muelas y púsose a limpiar la dentadura, frotándola con un cepillo de +mango atornillado de plata, que producía al chocar contra el cristal o +el mármol del lavabo sonidos metálicos.</p> + +<p>Hecha esta operación, comenzó el tío Frasquito a desprenderse de sus +accesorios componentes para meterse en la cama; mas antes, en puntillas +y ya en mangas de camisa, hizo un tercer viaje de exploración a la +puertecilla sospechosa; el vecino parecía tranquilo y el tío Frasquito +emprendió el viaje de vuelta, dando largas y sigilosas zancadas, y +tarareando muy bajo, con pueril satisfacción, aquello de <i>Las Hijas de +Eva</i>:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Tranquila está la venta,<br /></span> +<span class="i0">No se oye ni un mosquito...<br /></span> +</div></div> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span></p><p>Quitóse con grandes precauciones la perfumada peluca y calóse +prontamente un gorro de dormir de forma piramidal, terminado en una +borlita: un sencillo y majestuoso <i>casque à mèche</i>, de aquellos que +recomendaba Jerónimo Paturot a sus parroquianos por usarlos así monsieur +Víctor Hugo. Sabido es que el <i>bonnet de nuit</i> es entre los franceses +una veneranda institución social que nivela todas las cabezas, como las +niveló en otro tiempo la cuchilla de la guillotina. Felipe Augusto y el +último de los albigentes aparecían tan iguales a la sombra del primero, +como Robespierre y Luis XVI aparecieron siglos después bajo el filo de +la segunda.</p> + +<p>Media hora larga tardó el tío Frasquito en desarmarse de todo, y cuando +envuelto en su largo camisón se dejó caer en la cama, Hubiérase dicho +que el tío Frasquito que se acostaba era la raíz cúbica del tío +Frasquito que, rellenado y compuesto, se exhibía por todas partes.</p> + +<p>A la luz de la palmatoria que sobre la mesilla de noche ardía púsose a +leer, según su costumbre, una novela del vizconde <i>d'Arlincourt</i>, para +conciliar el sueño. Gustábale el género romántico, y pasábansele a veces +las noches de claro en claro, cual si tuviese quince años, compadeciendo +los dolores de alguna Clarisa o participando de las ternezas de algún +Adolfo. La primera cabezada del sueño hízole dar con las narices en la +mesilla de noche, y el libro rodó por el suelo: inclinóse, sin embargo, +a recogerlo, porque el capítulo era interesante y quería terminarlo.</p> + +<p>A poco, un fuerte olor a trapo quemado llegó a sus narices, haciéndole +incorporarse con sobresalto, temiendo los riesgos de un incendio. Miró a +todas partes; nada se descubría por ningún lado que denunciase el voraz +elemento, y, sin embargo, el tufillo o trapo quemado seguía dándole en +<span class='pagenum'><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span>las narices con progresiva persistencia.</p> + +<p>Asomó la cabeza fuera de las cortinas del lecho, miró bajo la almohada, +entre las mantas, en la fosforera de porcelana que sobre la mesilla +tenía... ¡Nada, nada! Quizá había caído alguna prenda de vestir en la +chimenea: algún calcetín, algún pañuelo...</p> + +<p>El tío Frasquito saltó fuera de la cama y corrió allí muy alarmado... +¡Tampoco!... El fuego ardía en la chimenea moderadamente, y la espesa +grille metálica que la cerraba no permitía el paso a ninguna brasa.</p> + +<p>—¡Cosa más singularr!...</p> + +<p>¿Sería quizá en el cuarto vecino, o en el corredor de entrada, o tal vez +en el bulevar, algún incendio formidable que hiciera penetrar a través +de las maderas sus inflamados miasmas? El tío Frasquito corrió primero a +la puerta de entrada, a la de comunicación luego, y a la ventana por +último, sin encontrar rastro alguno de incendio, con las narices +abiertas, olfateando siempre y percibiendo, mientras más se movía de una +parte a otra, el alarmante tufo más marcado.</p> + +<p>—Perrro, señorr, ¿qué se quema?... ¡Si esto parrrece cosa de +magia!—pensaba el tío Frasquito, en camisa, en mitad del aposento, con +los brazos cruzados, el cuello tendido, y dirigiendo a los cuatro +ángulos sus narices dilatadas y sus ojos muy abiertos.</p> + +<p>Parecióle entonces sentir un calorcillo alarmante en lo alto de la +cabeza, y miró al techo... ¡Nada tampoco!... Volvióse rápidamente, y un +grito de espanto se escapó de sus labios al verse frente a frente de un +espejo... En él se reflejaba su estrafalaria figura, cubierta por el +largo camisón y coronada por el gorro de dormir, en cuya punta brillaba +<span class='pagenum'><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span>una rojiza llamita... ¡Cielo divino, allí estaba el incendio!</p> + +<p>El miedo no raciocina nunca, y el que sintió el tío Frasquito impidióle +comprender que la borlita del gorro se había inflamado en la palmatoria +al inclinarse para recoger en el suelo el malhadado libro... Perdió, +pues, del todo la cabeza el pobre viejo, lanzóse al timbre eléctrico, +corrió luego a la puerta pidiendo socorro, y aporreando después la de +Jacobo, gritó de nuevo:</p> + +<p>—<i>Au secours</i>!... <i>Au secours</i>!...</p> + +<p>Abrióse entonces violentamente la puertecilla y apareció en ella Jacobo, +revólver en mano... Imposible era reconocer al tío Frasquito en aquel +esperpento, y Jacobo no vino en la cuenta de quién era hasta que +tendiendo el fantasma hacia él los brazos abiertos, gritó angustiado:</p> + +<p>—¡Jacobo!... ¡Jacobo!...</p> + +<p>Este, sin comprender nada todavía, diole por primera providencia un gran +sopapo en la cabeza, y el gorro inflamado rodó por el suelo,—dejando al +descubierto una calavera monda y lironda, blanca y reluciente como un +melón invernizo.</p> + +<p>Fue todo aquello una grotesca escena de sainete, acaecida en un segundo, +y, sin embargo, aquella pequeña y ridícula trivialidad de la vida +decidió para siempre de la suerte de Jacobo...</p> + +<p>El criado de servicio en aquel departamento llamaba, atraído por el +timbre, a la puerta del cuarto; comprendió entonces el tío Frasquito lo +ridículo de la situación, y cada vez más angustiado, calóse prontamente +una gorra de pelo, envolvióse en un abrigo de pieles, púsose la +dentadura y refugióse en el aposento de Jacobo, diciéndole a este medio +<span class='pagenum'><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>lloroso y suplicante:</p> + +<p>—¡Contesta tú, Jacobito!... ¡Que no me vean!...</p> + +<p>Entonces, de repente, entre la espesa bruma de temores y perplejidades +que envolvía la mente de Jacobo como una cerrazón del océano, +paralizando su natural audacia, brotó un punto luminoso... El tío +Frasquito era rico, influyente, tenía entrada en todas partes, y aquella +ridícula aventura le ponía en su poder atado de pies y manos, dadas las +femeniles manías del presumido viejo. Las torcidas líneas de su plan +comenzaron al punto a enderezarse, y una idea germinó al fin en su +mente, vaga todavía e indecisa, pero visible ya, como el capullo del +gusano de seda a través de su sedosa borra.</p> + +<p>Despidió al criado, disculpando al tío Frasquito con una alarma +infundada, apagó el gorro, todavía inflamado, en la jofaina llena de +agua, abrió un poco la ventana para renovar el aire y volvió presuroso a +su cuarto, donde el tío Frasquito le aguardaba.</p> + +<p>Este, sosegado ya y tranquilo, hallábase arrellanado en la poltrona, al +calor del fuego; cuando entró Jacobo, examinaba atentamente, con aire de +aficionado, los tres sellos de lacre arrancados a los cartapacios por el +masón traidor y olvidados en su azoramiento encima de la mesa.</p> + +<p>Los papeles estaban a buen recaudo, encerrados bajo llave en la cómoda +del fondo.</p> + +<p>—¡Qué alboroto más necio!—exclamó el tío Frasquito al verle.</p> + +<p>Y queriendo atenuar lo ridículo de la escena, no dándole importancia +<span class='pagenum'><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span>alguna, añadió en seguida:</p> + +<p>—¿Qué sellos son estos?... No los conozco...</p> + +<p>El tío Frasquito coleccionaba sellos diplomáticos, según ya dijimos, y +tenía un álbum de curiosos ejemplares que compraba a precios muy +subidos. Días antes había pagado doscientos francos por un sello antiguo +de cera de Yacoub Almanzor, que ostentaba en letras árabes esta hermosa +leyenda: «Que Dios juzgue a Yacoub, como Yacoub haya juzgado».</p> + +<p>—La corrrona esta es de Italia: corrrona rreal sobre la cruz de +Saboya—prosiguió el tío Frasquito—. Uno idéntico tengo de Víctor +Manuel, perrro estos otros no los conozco...</p> + +<p>Embarazado Jacobo al ver en manos del tío Frasquito aquella prueba +flagrante de su atentado, no contestaba, y el viejo, volviendo y +revolviendo en todas direcciones los dos sellos verdes, preguntaba sin +cesar:</p> + +<p>—¿De quién son?... ¿Te sirven?</p> + +<p>Jacobo, más y más embarazado, contestó por decir algo:</p> + +<p>—¿A que no lo aciertas?...</p> + +<p>—¡Toma!—exclamó de repente el tío Frasquito—. ¡Ya lo creo! El compás +y la escuadra y la rramita de acacia en medio... ¡Torrrpe de mí! ¡Si +esto huele a logia que trasciende!...</p> + +<p>Jacobo se echó a reír forzadamente, y el tío Frasquito, con el ardor de +<span class='pagenum'><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span>un amateur que tropieza con una ganga, añadió entusiasmado:</p> + +<p>—Pues me los vas a darr, Jacobito... De estos no tengo ninguno, y son +curriosísimos... Supongo que no te servirán; a lo menos, uno me llevo...</p> + +<p>¡Cosa extraña y, sin embargo, harto común en caracteres como el de +Jacobo! Cuatro horas llevaba este batallando consigo mismo sin osar +decidirse, y de repente, en un momento, con cuatro palabras tan sólo, +quemó sus naves y decidió su suerte.</p> + +<p>—Llévate los tres, si quieres—dijo encogiéndose de hombros.</p> + +<p><i>Alea jacta est</i>!... Una vez entregados los sellos, imposible era +colocarlos en su lugar y devolver los papeles, conservando copia de +ellos, como había sido su primera idea, y hacíase preciso correr los +riesgos de aquel audaz atentado, sin que hubiese ya lugar al +arrepentimiento. Aquel punto luminoso le deslumbraba sin duda, o el +capullo de su idea iba poco a poco aclarando la borra nebulosa en que +antes aparecía envuelto.</p> + +<p>El tío Frasquito no se hizo repetir la invitación: envolvió los sellos +con gran cuidado en el papel en que se hallaban puestos y guardóselos +prontamente en el bolsillo, como si temiese que Jacobo revocase la +dádiva. Este le miraba hacer con una extraña sonrisa, y cuando el +terrible papelito desapareció en el bolsillo del viejo, murmuró en +lengua turca:</p> + +<p>—<i>¡Olsum!</i><a name="FNanchor_11_11" id="FNanchor_11_11"></a><a href="#Footnote_11_11" class="fnanchor">[11]</a>...</p> + +<p>Y levantándose de pronto, propuso al tío Frasquito pedir un <i>bowl</i> de +<i>punch</i> bien caliente. Excusóse este, dando por pretexto lo avanzado de +la hora; mas Jacobo, con frases cariñosas y expresivas y cierto aire +<span class='pagenum'><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span>melancólico que sentaba muy bien a su varonil hermosura, le instó a que +se quedase. ¿Iba a negarle aquel rato de expansión?... ¡Estaba tan +triste, tan abatido, tan solo en el mundo!</p> + +<p>Miróle el tío Frasquito extrañado, y la curiosidad, que es la fuerza de +resistencia más sufrida que se conoce, le clavó en el asiento... Quizá +iba a despejar la X misteriosa que se debatía aquella misma tarde en la +terraza del <i>Grand Hôtel</i>, la incógnita que representaba la presencia +intempestiva de Jacobo en París, abandonando su Embajada de +Constantinopla. El tío Frasquito recordaba haber aprendido en el Colegio +Imperial, allá cincuenta años antes, aquello de Horacio: «<i>Fecundi +calices quem non fecere disertum</i>?». Y el ponche fue aceptado con +disimulado entusiasmo.</p> + +<p>Horacio no se equivocó, en efecto: Jacobo comenzó inter pocula sus +confidencias, hablando lentamente, muy bajo, a retazos, como un hombre +agobiado de pena que destila gota a gota por los labios la amargura que +inunda su alma... Abrumábale el peso de un remordimiento, de una +espantosa catástrofe de que había sido él causa involuntaria, +obligándole a huir de Constantinopla con el corazón hecho pedazos y la +conciencia salpicada de sangre...</p> + +<p>El tío Frasquito pegó un brinco en el asiento, abriendo los ojos +tamaños, y Jacobo inclinó la cabeza entre las manos, mirando atentamente +su copa vacía y guardando silencio.</p> + +<p>—¡Hombrre, hombrre... eso es serio!—murmuró el viejo asustado; y como +viese que el otro prolongaba su silencio, tiróle de la lengua, diciendo:</p> + +<p>—Serría cuestión de faldas, sin duda...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span></p><p>—O de pantalones, que para el caso viene a ser, en Turquía, lo +mismo—replicó Jacobo.</p> + +<p>Y de repente, de un tirón, con el violento esfuerzo de un hombre que +arroja lejos de sí un peso que le abruma, refirió con todos sus detalles +la terrible historia de la cadina Sarahí... El tío Frasquito escuchaba +con la boca abierta, encogiéndose, encogiéndose en la poltrona, +convencido de su pequeñez, a medida que lo novelesco y lo terrible +agigantaban en su imaginación la figura del héroe de aquella aventura +legendaria, de que era el primer confidente y esperaba ser futuro +cronista... Y a la idea de ser el primero en lanzar a los cuatro vientos +de la publicidad la trágica aventura, el tío Frasquito se alargaba, se +alargaba en la poltrona, hasta hombrearse con el héroe como la sombra se +hombrea con el cuerpo y el eco con la música, y Homero con Aquiles, y el +inmortal Virgilio con el divino Eneas. ¡Y pensar que era ya demasiado +tarde para correr de casa en casa aquella misma noche dando la +noticia!...</p> + +<p>Jacobo leía en la cara de babieca del tío Frasquito lo que allá para sus +adentros iba pensando, y no pudo contener una sonrisa de triunfo al ver +conseguido su primer intento. Al día siguiente, la historia de la cadina +correría por París entero, justificando gloriosamente su fuga de +Constantinopla, y rodeándole a él de la aureola de lo novelesco, de lo +absurdo, de lo imposible; pedestal el más alto sobre que suele colocar +sus ídolos de un día el público de papanatas ilustres, que anda a caza +de novedades y cuentos.</p> + +<p>Harto conocía Jacobo aquel público, y necesitaba y le bastaba un solo +día para sentar seguramente el pie en el nuevo terreno a que sus planes +le llevaban. Quiso, sin embargo, remachar el clavo, y levantándose sin +decir palabra, fuese a la maletilla abierta sobre la cómoda, revolvió un +<span class='pagenum'><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span>poco y arrojó después sobre el velador, delante del tío Frasquito, un +pequeño objeto, diciendo:</p> + +<p>—¡Único recuerdo de mi idilio de Oriente!...</p> + +<p>Era una babucha, pero una babucha inverosímil por su tamaño, de raso +blanco, con puntera de filigrana de oro y lazos de pluma de cisne +sujetos con esmeraldas: una preciosidad artística, cortada sin duda +alguna a la medida del pie de un hada, y hecha, más bien que para +encerrar un pie humano, para guardar joyas y dijes sobre el tocador de +una dama.</p> + +<p>El tío Frasquito se quedó pasmado, viéndose otra vez chiquitito, +chiquitito como el <i>little man</i> Carlos Statton, que podía bañarse en +aquella ponchera, y figurándose a Jacobo alto, alto como el Napoleón de +la columna de Vendôme, que mira a los hombres por la coronilla...</p> + +<p>Un deseo irresistible, tentador, nació entonces en su alma y se detuvo +en sus labios tímido y respetuoso. Hubiera dado su más preciada joya, su +dentadura misma de Ernest, por tener tan sólo veinticuatro horas aquella +presea de la cadina y pasearla por todos los salones y enseñarla a todos +los curiosos, desempeñando así un <i>bout de rôle</i> en aquella novelesca +tragedia que había de ser al día siguiente tema obligado de todas las +conversaciones. París entero correría a postrarse ante aquel exótico +zapato y él sería entonces el sumo sacerdote que mostrase la reliquia a +la turba de noveleros.</p> + +<p>Y como si Jacobo leyese en su frente aquel deseo, y desde las alturas de +la columna de honor en que el viejo le colocaba se dignase realizarlo, +<span class='pagenum'><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span>le dijo de pronto:</p> + +<p>—Tío Frasquito..., hazme un favor...</p> + +<p>—¿Qué?...</p> + +<p>—Guárdate eso...</p> + +<p>—¡Perrro, hombre!...</p> + +<p>—¡Sí, sí!... Llévatelo y que no lo vea más... Para mí es un recuerdo +triste, y para ti es un <i>bibelot</i> curioso, que puedes colocar encima de +tu mesa...</p> + +<p>—Perrro, Jacobito, hijo..., no sé si debo...</p> + +<p>—Sí debes, hombre, sí debes... Ahí llevas la zapatilla de Ceneréntola; +el día en que encuentres una mujer que pueda calzársela, ese día me la +devuelves.</p> + +<p>—Pues entonces es mía parra siemprre—replicó el tío Frasquito +encantado—. No creo que fuerrra de Turquía se calcen las mujeres con +hojas de lirrrio.</p> + +<p>Despidióse al fin el tío Frasquito de Jacobo con las mayores muestras de +cariño, y no bien se vio a solas en su cuarto, comenzó a examinar la +babucha por todos lados, acabando por meter dentro las narices... +Retirólas, sin embargo, al punto, haciendo un gesto de disgusto: no +encontraba allí aquel suave perfume de Smirna, mezcla de áloe y de +incienso, que se figuraba él había de dejar dondequiera que se posase el +pie de una odalisca: lejos de eso, olía mal, muy mal—y el tío Frasquito +fruncía la boca y arrugaba las narices—; olía a una cosa rara, así como +<span class='pagenum'><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span>mezcla de cuero sin adobar y engrudo medio podrido.</p> + +<p>Miró entonces a la suela, y estaba esta limpia, flamante, como si jamás +se hubiera puesto en contacto con el suelo, ni sufrido la presión de la +más ligera golondrina... ¡Hum!... ¿Si resultaría después de todo que el +tal Jacobito era un grandísimo embustero, que le había encajado una +sarta de mentiras?...</p> + +<p>Y pensando en esto, el tío Frasquito quedóse largo rato inmóvil, mirando +atentamente la suela del zapato, como si interrogase a la Esfinge... +Encogióse al fin de hombros: después de todo, aunque la reliquia +resultase apócrifa y tuviera que ver con la cadina lo que sus calzones +de él con los del gran Turco, nada se perdía en ello... <i>Se non è vero, +è bene trovato.</i> ¡Mayores <i>pamphlets</i> había visto él correr por el +mundo!...</p> + +<p>De pronto se acordó de una cosa importantísima, y corrió a dar discretos +golpecitos en la puerta de Jacobo; este, con su truhanesca sonrisa +estereotipada sobre los labios, ocupábase en aquel momento en esconder +en el último rincón de la maleta la babucha compañera de la regalada al +tío Frasquito. La historia de la cadina era cierta, mas la babucha +habíala comprado él en el Gran Bazar, por mero capricho, a uno de esos +viejos turcos de rostro impasible, ojos de vidrio, enorme turbante y +caftán naranjado, que recuerdan todavía en la Constantinopla moderna los +tiempos de Bayaceto y Solimán el magnífico. El tío Frasquito asomó +tímidamente la cabeza, diciendo:</p> + +<p>—Jacobo, Jacobito..., dispensa... Me parrrece lo mejor que no digas +nada de aquello...</p> + +<p>—¿Y qué es aquello?</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span></p><p>—Pues hombre, aquello... Lo del gorrro, lo del incendio.</p> + +<p>—¡Ah, ya!, ni siquiera me acordaba.</p> + +<p>—¡Pues clarrro está! Es una tonterrría... Perrro ya tú ves; ¡la gente +es tan necia!... Se rríe de todo y lo pone a uno en rridículo...</p> + +<p>—Descuida, hombre, descuida... ¿A quién voy yo a contar semejantes +sandeces?</p> + +<p>—Pues, buenas noches, Jacobito... Dispensa... Si ocurre algo, pega en +el tabique... Yo tengo el sueño de un pájarrro; en eso parrrezco un +viejo...</p> + +<p>El tío Frasquito acostóse al fin muy satisfecho, pensando en mañana, y +al apagar la luz, esta vez con grandes precauciones, tuvo un escalofrío +de espanto... Parecióle que se arremolinaban las tinieblas en medio del +aposento y surgía de ellas mismas el eunuco estrangulado, con el dogal +al cuello, los ojos fuera de las órbitas, el paso lento, la mano +extendida, fría, yerta, que se alargaba, se alargaba hacia él... y le +tiraba de las narices.</p> + +<p>El tío Frasquito se tapó la cabeza con la sábana, apretó mucho los ojos +y por tres veces se santiguó muy de prisa.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /><p><span class='pagenum'><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span></p> +<h2><a name="Vbmdash" id="Vbmdash"></a><a href="#toc">—V—</a></h2> + + +<p>El certamen de belleza femenina, celebrado primero en Spa y luego en +Budapest, despertó en la condesa de Albornoz la felicísima idea de hacer +circular por toda Europa artística y civilizada la suya propia. +Verdaderamente, era para ella una desgracia llamarse Albornoz, porque de +ser su nombre menos ilustre, hubiera corrido a la capital del antiguo +reino de los Esteban y Vladimiros a disputar el premio de la hermosura a +Cornelia Szekely, la húngara laureada.</p> + +<p>No pudiendo, pues, ganarlo en persona, ideó ganarlo en efigie, +discurriendo para ello hacerse retratar por Bonnat y enviar la obra +maestra de exposición en exposición, para que, apoderándose de ella el +buril y la fotografía, no quedara rincón del mundo en que se ignorase +que la condesa de Albornoz tenía los ojos, según la frase de Diógenes, +pasados por agua. Así y todo, creíalos ella, allá en las morbosas +excitaciones de su amor propio, capaces de realizar el sueño de +Alejandro y de Napoleón: someter el universo.</p> + +<p>Esta idea trascendental deteníala en París desde el mes de noviembre, y +tres veces por semana dignábase <i>poser</i>, para bien de la humanidad, en +el estudio del gran artista. El retrato debía de estar concluido para la +próxima exposición de Viena, y costábale el caprichito la friolera de +cuarenta mil francos. Carillo era, sin duda, ¿pero para qué, si no, le +había dado Dios el dinero?</p> + +<p>Aquella mañana había enviado Currita un recado a Bonnat para que no la +aguardase, a causa de tener que acompañar a su majestad la reina a la +capilla expiatoria del bulevar Haussman. Las once habían dado ya en el +reloj del <i>Grand Hôtel</i>, y Kate, la doncella inglesa, prendía con dos +largas agujas de oro en la cabeza de Currita la riquísima mantilla +española de encajes con que se proponía la dama quitar la devoción a los +<span class='pagenum'><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span>pocos que la tuviesen, en las honras fúnebres del infortunado Luis XVI.</p> + +<p>La duquesa de Bara habíale ya avisado con su doncella que le estaba +aguardando, para ir juntas al palacio Basilewsky, y Currita, nerviosa e +impaciente, preguntaba sin cesar a Kate si el señor marqués no había +vuelto.</p> + +<p>—No, señora—respondió la doncella.</p> + +<p>—Pero ¿a qué hora salió?... ¿Cómo ha madrugado tanto?</p> + +<p>—Si no ha salido...</p> + +<p>—¿Pues cómo es eso?</p> + +<p>—Porque desde anoche no ha vuelto.</p> + +<p>—¡Ya!—exclamó Currita.</p> + +<p>Y mirándose en el espejo, se arregló con sumo cuidado un rojo ricito que +con gran prudencia encubría sobre su frente una manchita de pecas.</p> + +<p>La duquesa de Bara, cansada de aguardar, llegó en busca de la perezosa.</p> + +<p>—¿Pero, Curra, qué haces?... ¡Mira que la reina estará aguardando!...</p> + +<p>—¡Vamos, vamos, Beatriz!... Parece que no conoces a la señora: las doce +nos darán sin salir de la cámara.</p> + +<p>Y observando que completaba también la <i>toilette</i> de luto de la duquesa +<span class='pagenum'><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span>una mantilla española, exclamó muy alborozada:</p> + +<p>—¡Mujer, hemos tenido la misma idea!... ¡Qué delicia!... Les <i>grands +esprits se rencontrent</i>...</p> + +<p>—Para representar a España, no se podía ir de otra manera... Lo que +siento es no haber pensado en el abanico...</p> + +<p>—Pues por lo mismo compré yo ayer uno... Míralo, no es feo... ¿Quieres +otro igual? Kate te lo traerá en un momento: lo compré en la <i>Compagnie +Lyormaise</i>, ahí, a la vuelta de la esquina.</p> + +<p>La duquesa, ante la perspectiva de un abanico gratis, sintió aminorarse +su prisa. Era un abanico muy bonito, de nácar quemado, muy oscuro, con +país de seda negra. Kate lo pagaría en la tienda, y ella se olvidaría, +de seguro, de pagarlo a Kate; porque en estas cosas de pagar era la +duquesa mujer muy distraída... Al salir Kate, avisó que el señor marqués +había vuelto.</p> + +<p>—Dispensa un momento, Beatriz—exclamó vivamente Currita—. Voy a decir +adiós a Fernandito.</p> + +<p>La duquesa hizo un gesto de complacencia íntima ante la ternura conyugal +de su amiga.</p> + +<p>—¡Qué par de tórtolos!—dijo—. Te aseguro que me das envidia.</p> + +<p>Y Currita, con patética entonación, contestó desde la puerta:</p> + +<p>—Verdaderamente que es un don del cielo no haber tenido en catorce años +de matrimonio un solo disgusto.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span></p><p>Fernandito acababa de llegar, y a la verdad que no eran sus trazas de +haber estado rezando el rosario. Traía en pie el cuello del gabán, ajada +la camisa, un apabullo en el sombrero, rojos e hinchados los ojos, y +trascendíale el aliento a vino trasnochado. Quedóse muy sorprendido y +turbado a la vista de Currita, y con la forzada sonrisa del escolar que +encubre una picardihuela con una mentira, le dijo:</p> + +<p>—He estado a ver a los antropófagos... En el Jardín de las Plantas.</p> + +<p>Ella, con tiernísima solicitud, exclamó muy alarmada:</p> + +<p>—¡Jesús, Fernandito, me dan miedo esas cosas!... ¿Están sueltos?... +¿Muerden?...</p> + +<p>—¡Ca, no!... Si son unos negros cualquiera... ¡Más feos!...</p> + +<p>Y se abrochaba con disimulo el gabán, para ocultar a Currita que llegaba +su consideración a los antropófagos hasta el punto de visitarlos a las +diez de la mañana, de frac y corbata blanca. Ella, con su sencillez +columbina, no reparaba en esto, y se apresuró a preguntar con ingenuidad +adorable:</p> + +<p>—¿Hiciste mi encargo?</p> + +<p>—¿Qué encargo?...</p> + +<p>—¡Pues me gusta!... ¿No te dije que fueses a ver a Jacobo Téllez?...</p> + +<p>—¿A Jacobo Téllez?... ¿Y quién es Jacobo Téllez?</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span></p><p>—Pues, hombre, Jacobo Sabadell, el marido de mi prima Elvira.</p> + +<p>—¡Ah, ya!... Si yo creía que se llamaba Benito...</p> + +<p>En los claros ojos de Currita brilló un relámpago de ira, y a poco más +pierde su mansedumbre.</p> + +<p>—Y aunque se llamara Policarpo—exclamó—. ¿Es razón esa para no hacer +lo que te digo?...</p> + +<p>—Pues nada, hija, se me olvidó. ¿Qué hemos de hacerle?</p> + +<p>—¡Ir ahora mismo! ¿Te enteras?... Y convidarlo a almorzar... Mira que a +mi vuelta he de encontrarlo aquí contigo.</p> + +<p>—Bien, hija, descuida, así se hará... ¿Dices que se llama Benito?</p> + +<p>—¡Dale con Benito!... Se llama Jacobo, y es un muchacho +distinguidísimo, a quien quiero que consideres como mi primo que es.</p> + +<p>Currita disertó un momento sobre el amor de la familia y el imperioso +deber que tiene todo ciudadano de estrechar estos lazos venerandos, y +dejando ya convencido a Fernandito, marchó a reunirse con la duquesa.</p> + +<p>Al subir al carruaje ambas damas, apareció el tío Frasquito presuroso, +muy lozano, pulcro y resplandeciente, haciéndolas señas de que le +aguardasen. Subió con ellas al coche, sacó del bolsillo una curiosa +cajita de cartón y púsola sobre sus rodillas. Las damas le miraban +atónitas y él sonreía picaresco; levantó al fin la tapa con mucho +misterio, y entre perfumados papeles de seda apareció la babucha.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span></p><p>Mientras tanto, Jacobo, sin salir de su aposento del Gran Hôtel, daba +vueltas a su proyecto. La claridad de juicio va en razón directa de la +conveniente distancia a que se contemplan los hechos, y al despertar +aquel día, libre ya de las perplejidades y angustias que atormentaban su +ánimo, pudo apreciar su situación con exactitud verdadera.</p> + +<p>Las líneas de su plan aparecieron entonces claras y firmes en todos sus +contornos, a la manera que después de una inundación y cuando las aguas +se retiran, aparece distintamente la altura de los collados y lo extenso +de los llanos y lo profundo de los valles. Encontróse entonces Jacobo +con que sus collados eran montañas, y sus llanos desiertos, y sus valles +abismos...</p> + +<p>Y lo peor del caso estaba en que el primer abismo que se abría a sus +pies y le era forzoso salvar, habíalo abierto él con sus propias manos +la noche antes, por jugarlo todo impremeditadamente a una sola carta, +olvidando que era su juego de cartas dobles y complicadas. Porque la +babucha comprada en el Gran Bazar y la necedad del tío Frasquito iban a +colocarle aquel mismo día en lo alto de la columna del escándalo, en la +gloriosa picota de la moda, que asentaba esta vez sus cimientos sobre +los cadáveres de dos seres degradados, muerto el uno con un dogal, +cosida la otra a puñaladas y arrojada en su saco de cuero, sin expirar +todavía, viva y palpitante, en lo profundo del mar de Mármara.</p> + +<p>Mas desde aquella columna, donde se podían dictar leyes al mundo del +fausto y del escándalo, sólo se lograba inspirar desprecio y repugnancia +invencible a ese otro mundo, no más pequeño, pero sí más desconocido, de +la honradez y la virtud, y justamente en aquel mundo callado y oculto +era donde se escondía la persona que a toda costa necesitaba él en +aquellas circunstancias... ¿Y quién ponía ya diques al viento? ¿Quién +sujetaba al tío Frasquito, que babucha en mano recorría ya las calles de +<span class='pagenum'><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span>París en busca de un pedacito de celebridad, de un solo rayito de la +aureola del héroe?...</p> + +<p>Preciso era tirar por otro camino, y la casualidad trajo a Jacobo quién +había de indicárselo. Era este Diógenes, que acudía muy de mañana, +atraído por el dinero que se le figuraba traer el plenipotenciario, como +los buitres acuden al olor de la carne muerta.</p> + +<p>Diógenes no era como Sabadell, que jamás se apeaba de su papel de gran +señor, y lo mismo gastaba en boato y en caprichos en tiempo de las vacas +gordas que en tiempo de las flacas, con la sola diferencia de pagar en +los de aquellas y no pagar en los de estas. Diógenes, por el contrario, +vivía en una modesta <i>maison meublée</i>, y sentábase de diario a la +primera mesa que hallaba puesta, sin esperar a que le invitasen, por +cierta especie de derecho de cuchara que garantía su poquísima +vergüenza, por una tradición constante que la inveterada costumbre había +convertido en ley escrita en las pandectas de la capigorronería +madrileña. Cuando tenía dinero lo derrochaba espléndidamente, y cuando +no lo tenía, pedíalo prestado, con la intención jamás retractada de no +pagarlo nunca, según su axioma favorito: Cobra y no pagues, que somos +mortales.</p> + +<p>Aquella mañana habíase propuesto almorzar con Jacobo y llevárselo +después al <i>Petit-Club</i> a tirar de la oreja a Jorge, con ánimo +deliberado de darle por el camino algún <i>sablazo</i> bien dispuesto.</p> + +<p>Su sorpresa fue, pues, grande cuando Jacobo, con la austeridad de un san +Pablo primer ermitaño y la fortaleza de un san Antonio en el desierto, +se negó rotundamente a salir del hotel, diciendo que había jurado no +pisar el impuro suelo de París, que jamás tomaría en la mano una carta y +que no pareciéndole ya conveniente marchar a Madrid a causa del cambio +político, había decidido salir a la mañana siguiente para Biarritz, +<span class='pagenum'><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span>donde pensaba intentar una reconciliación con—¡polaina!—¡con su +mujer!...</p> + +<p>Escuchábale Diógenes en silencio, mirándole de hito en hito, clavados en +sus ojos los suyos, abotagados por la borrachera continua. Cuando acabó +de hablar, díjole muy serio:</p> + +<p>—¡Vamos!... Tú dices lo del gitano del cuento: ¡Señó! Toos píen el pan +de cada día... Yo sólo pío que me pongan donde lo haiga, que ya yo me +arreglaré...</p> + +<p>—No te entiendo...</p> + +<p>—Pues vaya más claro... Tú dices: mi mujer ha ganado su pleito con la +Monterrubio y tiene una porción de miles de renta... Yo tengo el hambre +del hijo pródigo; pues me voy allá y me como el ternero...</p> + +<p>Alborotóse Jacobo al oír tan fielmente expresado parte al menos de su +pensamiento, y con aire de dignidad ofendida, exclamó:</p> + +<p>—Te aseguro...</p> + +<p>—¡Vamos, Jacobito!... ¡Si conoceré yo a los cojos en el modo de +andar!...</p> + +<p>—Te digo...</p> + +<p>—¡Si sabré yo el lino que cardo, Jacobito!...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span></p><p>—Creo lo que quieras, pero yo...</p> + +<p>—¿Si querrán los pollos engañar a los recoveros?, pichón dorado... Mira +niño: ni tú tienes vergüenza, ni yo tampoco; pero para ser pillo, lo +primero que se necesita es talento, y cuando tú vas, ya estoy yo de +vuelta. ¿Estamos?...</p> + +<p>La dignidad sublevada de Jacobo pareció sosegarse mucho, y después de un +momento de silencio, preguntó:</p> + +<p>—Según eso, ¿te parece mi plan un disparate?...</p> + +<p>—¿Un disparate? Para ti, un negocio redondo; para ella, un robo a mano +armada.</p> + +<p>—¿Y crees que Elvira...?</p> + +<p>—¿Se dejará robar?... ¡Pues ya lo creo!... Lo que es por ella, en +cuanto le guiñes el ojo... Si te quiere, hombre; te quiere lo mismo que +el primer día en que la engañaste. ¡Mentira parece!...</p> + +<p>—Pues entonces...</p> + +<p>—Entonces, queda el rabo por desollar.</p> + +<p>—¿Y de quién es ese rabo?...</p> + +<p>—Amigo mío... del padre Cifuentes.</p> + +<p>—¡Ya!... Ya me lo habían dicho.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span></p><p>—Pues no te engañaron.</p> + +<p>Quedóse Jacobo un momento pensativo, y rascándose después levemente la +cabeza, añadió con su truhanesca sonrisa:</p> + +<p>—Entonces... será preciso confesarse con el padre Cifuentes.</p> + +<p>Diógenes se puso muy serio.</p> + +<p>—Mira, Jacobo—le dijo—. ¿Me ves tú a mí?... Soy un truhán, un +borracho, un perdis, que todo lo que no sea matar, todo lo he hecho... +Pues para que veas: las cosas de Dios yo las respeto... Las respeto, +porque lo mamé. ¡Polaina! Lo mamé con la leche... No soy bueno porque no +quiero jorobarme siéndolo; pero al que se joroba y lo es, yo le venero; +que no porque merezca yo un presidio dejo de conocer que hay quien +merece la gloria; y no porque me revuelque en un lodazal dejo de ver que +hay estrellas en el cielo...</p> + +<p>Jacobo escuchaba estupefacto la extraña salida de Diógenes, que +pronunciaba su arenga babeando la ancha bocaza, dando golpes, ora en su +propio pecho, ora en la mesa.</p> + +<p>—¿Y a qué viene todo eso?—preguntó al fin Jacobo.</p> + +<p>—¿A qué?... A que dejes tranquila a tu mujer, porque sólo con pensar en +ella la manchas.</p> + +<p>—¡Pues me hace gracia!... ¡Valiente paladín le ha salido a la +Elvirita!... ¿Y dónde han hecho ustedes su compadrazgo? Supongo que no +será en el confesonario del padre Cifuentes.</p> + +<p>—No, por cierto... La veo y la he sabido apreciar en casa de María +<span class='pagenum'><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span>Villasis, que es su amiga íntima.</p> + +<p>—¿Conque amiga íntima de tu íntima amiga la Villasis?... ¡Ahora lo +entiendo!... ¿Y qué hace esa perfecta viuda, como la llamaba la de Bara +en otro tiempo?... Supongo que te habrá sucedido con ella lo que sucede +con los perros chinos, que de puro feos hacen gracia... ¿Y mi mujer, +será, sin duda, vuestra confidente?...</p> + +<p>—¡Alto ahí, canalla, o te rompo el morro!—exclamó Diógenes poniendo su +formidable puño en las narices mismas de Jacobo—. ¿Qué es lo que buscas +tú? ¿Dinero?... Pues ahí tienes a la de Albornoz; una... pelona como tú, +que te dará lo que quieras... ¿Qué más te da, llamarte Jacobo que +monsieur Alphonse?...</p> + +<p>¡Oh!... Jacobo se incomodó esta vez de veras, porque jamás le habían +refregado por la cara una verdad tan áspera. Contúvose, sin embargo, +porque sabía cuán terribles eran las embestidas de Diógenes, y con +forzada sonrisa contestó:</p> + +<p>—Mira, Diógenes, la borrachera de ayer te dura todavía... ¿En qué +cabeza cabe sino en la tuya, de bala rasa, que fuera yo a venderme a mi +mujer por un puñado de duros?...</p> + +<p>—Amigo, cuando no dan más en la puja, hay que decir lo del otro gitano +del cuento... Se confesó de haber robado tres pesetas, y el cura le +dijo: «¿No te da vergüenza, infeliz, de condenarte por tres miserables +pesetas?...» «¿Y qué quería usted que <i>jiciese</i>, si no había más?...»</p> + +<p>Aquí interrumpió la disputa el marqués de Villamelón, que entraba +restaurado ya por completo de sus desperfectos de la mañana. Al verle +Diógenes, cogió prontamente un periódico y púsose a leer junto a la +<span class='pagenum'><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span>chimenea, en el lado opuesto.</p> + +<p>El marqués fuese derecho a Jacobo, que ceremoniosamente se levantaba +para recibirle, y apretándole ambas manos, díjole con grande afecto:</p> + +<p>—Adiós, Benito, ¿cómo te va?... Tú siempre tan famoso...</p> + +<p>Y con protectora afabilidad diole dos cariñosas palmaditas en el hombro +izquierdo.</p> + +<p>—Dispensa que no viniera a verte ayer, Benito—prosiguió Villamelón, +sentándose—. Pero en este París, ¿me entiendes?, no hay tiempo para +nada... Curra te espera a almorzar. ¿Lo sabes?... A las dos: un poco +tarde quizá; pero hoy está de servicio con la reina. ¿Me entiendes?</p> + +<p>Ofendióse la altivez de Jacobo con los aires protectores del héroe del +combate <i>navo-terrestre</i> de Cabo Negro, y quiso declinar fríamente la +honra del convite; mas Villamelón le atajó la palabra, diciendo:</p> + +<p>—¡Nada, nada, nada! ¿Me entiendes?... No admito excusas, Benito; y +Curra se ofendería de muerte. ¿Sabes?... Tiene debilidad por la familia, +y lo que es por ti, delira. Siempre está con Benito arriba, Benito +abajo...</p> + +<p>Diógenes gritó desde su asiento:</p> + +<p>—Pero, Villamelón..., quiero decir, ¡majadero!... ¡Si no se llama +Benito!...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p><p>—¡Ay! Es verdad, que era... ¿Cómo era?...</p> + +<p>—Jacobo.</p> + +<p>—¡Eso es, Jacobo!... Pues dispensa, Jacobo; pero tengo una memoria +infelicísima, y lo peor es que cada día se me va debilitando...</p> + +<p>Quejábase con harta razón Fernandito de su falta de memoria, síntoma +fatal a veces de los reblandecimientos cerebrales. Mas Diógenes, que no +perdonaba ocasión de descargar su terrible mandoble, púsose a recitar +como si leyera en el periódico:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Hablando de cierta historia,<br /></span> +<span class="i0">A un necio se preguntó:<br /></span> +<span class="i0">—¿Te acuerdas tú?—Y respondió:<br /></span> +<span class="i0">—Esperen que haga memoria.<br /></span> +<span class="i0">Mi Inés, viendo su idiotismo,<br /></span> +<span class="i0">Dijo risueña al momento:<br /></span> +<span class="i0">—Haz también entendimiento,<br /></span> +<span class="i0">Que te costará lo mismo.<br /></span> +</div></div> + +<p>Jacobo y Villamelón se miraron entre sí, miraron después a Diógenes, y +tornado a mirarse ambos, echáronse a reír, diciendo al cabo Fernandito:</p> + +<p>—¡Qué cosas tiene!... No hay más remedio que dejarlo o matarlo. ¿Sabes, +Benito?...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /><p><span class='pagenum'><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span></p> +<h2><a name="VIbmdash" id="VIbmdash"></a><a href="#toc">—VI—</a></h2> + + +<p>El tío Frasquito no podía ya con las piernas, y esforzábase en vano por +discurrir algo parecido a la hazaña de Churruca en Trafalgar, cuando +privado también de una de las suyas por una bala de cañón, siguió +mandando el combate desde el puente del navío metido en un tonel de +afrecho.</p> + +<p>¡Oh!... ¡Si aquello le hubiese sucedido a él veinte años antes, cuando +en un solo día hizo sesenta y nueve visitas para anunciar el primero +aquel famoso casamiento que alistaba en el número de sus sobrinos a +Luisito Bonaparte, el conde consorte de Teba!</p> + +<p>Y lo peor del caso era que cuando, a las cuatro de la tarde, volvió al +Gran Hôtel rendido y desalentado por no haber podido enseñar más que a +las dos terceras partes de la colonia española la babucha apócrifa de la +cadina, encontróse con que la trágica historia tenía una segunda parte, +interesantísima también, pero pía, devota, sentimental, romántica, en +que cabía a su persona no sólo el papel del cronista, sino el de agente +poderoso, de intercesor eficacísimo, de <i>ama de llaves de la +Providencia</i>, que hubiera dicho Diógenes, en el bello final de aquel +drama que comenzaba su acción en las barbas del Sultán e iba a +terminarse bajo el manteo del padre Cifuentes. Acordóse el tío Frasquito +de Matilde y Malek-Adhel, y se sintió enternecido; la emoción le produjo +un golpe de tos violentísimo, que fue necesario calmar con tres +caramelos de malvavisco.</p> + +<p>Porque Jacobo había acudido a él de nuevo en demanda de auxilio y +abiértole su corazón hasta lo más recóndito. Era singular lo que por él +pasaba, y en vano había intentado explicárselo. La noche antes daba +<span class='pagenum'><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span>vueltas en el lecho, inquieto y desvelado, viendo desfilar en su +memoria los treinta y tres años de su vida cargados de placeres, de +aventuras, azares sin mañana, flores sin raíces, gozos sin recuerdo, +locuras sin felicidad que le causaban entonces en el ánimo la impresión +de repugnancia que causa al estómago ahíto e indigestado el recuerdo de +manjares sustanciosos.</p> + +<p>El tío Frasquito le escuchaba atento y boquiabierto, creyendo ver +apuntar en el corazón apasionado de Malek-Adhel aquellos alborotos +misteriosos que trocaron los de Rancés y Mañara... Mas de repente, +dejando Jacobo el tono sentimental de su perorata, preguntóle en prosa +llana dónde andaba a la sazón su mujer Elvira.</p> + +<p>El tío Frasquito hizo una mueca de disgusto, como si viera trocar a +Malek-Adhel el blanco turbante por el sombrero de copa alta, o le +hicieran saltar de una página de Madame Cottin a otra de la <i>Guía de +forasteros</i>.</p> + +<p>—¿Elvirrra?—contestó—. Pues no sé, perrro debe de estar en +Biarrriz... Ayerrr dijo la López Morrreno que la había visto.</p> + +<p>Quedóse Jacobo mudo y pensativo por un momento, y el tío Frasquito, +reventando de curiosidad, se apresuró a añadir muy atento y oficioso:</p> + +<p>—Perrro si quierrres noticias cierrtas, yo conozco a una persona que +puede dármelas.</p> + +<p>—¿Quién?...</p> + +<p>—El padre Cifuentes.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span></p><p>—¡Hombre!... ¿Conoces tú al padre Cifuentes?...</p> + +<p>—¡Ya lo crreo! Si es mi sobrino: hermano de madrrre de la Vegallana... +Es hijo de Tonino Cifuentes, que fue subsecretario de Estado en tiempo +de Iztúrrriz, y entró en la Compañía, cuando...</p> + +<p>—¿Pero está también en Biarritz?</p> + +<p>—No: está aquí en Parrrís; en la rrue de Sévres... Desde el 68 no ha +estado en España sino de paso.</p> + +<p>Y con cierto delicado recelo, añadió tímidamente:</p> + +<p>—¿Quierrres que lo vea?...</p> + +<p>—No... Quiero verlo yo mismo.</p> + +<p>El tío Frasquito brincó otra vez emocionado, viendo ya a Malek-Adhel +fundando, como Rancés, una Trapa, o un hospital como don Miguel de +Mañara... ¡Todo, todo iba saliendo lo mismo, igual, idéntico que en la +<i>Favorita</i>!... Fernando, <i>la bella del Re</i>, fray Baltasar... Faltaba tan +sólo el convento, y ansioso él de poner la primera piedra, se apresuró a +decir:</p> + +<p>—Pues te llevarrré cuando quierrras.</p> + +<p>—Mañana mismo.</p> + +<p>—Conformes.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span></p><p>Cauto, sin embargo, el tío Frasquito, y deseando prevenir en el ánimo +del novicio las deficiencias que pudiera tener en su papel de fray +Baltasar el padre Cifuentes, apresuróse a decirle que era este un +cuitadito, un infeliz sin pizca alguna de mundo, que hablaba <i>oportune +et importune</i> del infierno, pintando unos diablos feotes y groseros que +en nada se parecían a los diablillos correctos, perfumados, elegantes, +que se figuraba el tío Frasquito de frac y corbata blanca, pelo rizado, +gardenia en el ojal, monóculo en el ojo izquierdo y un lazo de color de +fuego en la punta del rabo.</p> + +<p>—Porrque mirrra, la verrrdad—prosiguió con aire de íntima confianza—. +Yo soy muy católico, muy creyente, perrro lo que es el clerrro, deja +mucho que desearr en todas parrtes... No se encuentra un sacerrdote que +nos conozca bien, que sepa amoldarrse a nuestro modo de serr, al modo de +sentirr de las gentes de nuestrrro círrculo... El mismo padre Cifuentes, +el otro día, en el entierrro del general Tercena, me dio la tarrde, +hijo, me dio la tarrde... empeñado en convencerrme de que yo me había de +morrrirr también, y que era menester preparrrarrse y pensarr en lo +eterrno... En fin, hijo, me angustió, ¡me angustió de verrras!... Y +cuando lo de Pepita Abando, ¿tú no sabes?... Estuvo atrroz, atrroz, +crruelísimo... Una muchacha tan buena, tan elegante, tan carrritativa, +que nunca tuvo más pasión que Pablo Verrra, y todo Madrid lo sabía y lo +sancionaba, y hasta su mismo marrrido se hacia cargo... Pues nada, hijo, +el padrre Cifuentes no se lo hizo: se puso malo Pablitos, y Pepita, +¡clarrro está! atrropelló porr todo, y se instaló a su cabecerrra. +Avisarrron al padre Cifuentes, y este contestó que no podía entrarr en +aquella casa sin que Pepita salierrra prrimerro... ¡Figúrrrate tú qué +exigencia!... Ella se negó, porr supuesto, y Pablitos también, y porr +más vueltas que dierrron parrra convencerr al santo varrrón de que errra +una crueldad separrrarlos, y que todo el mundo le crriticarrría a ella +abandonarrlo en la última horrra, nada, nada, nada... Têtu, como un +<span class='pagenum'><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span>arrragonés: se metió las manos en las mangas y dijo que no, que no y +que no, y lo dejó morrrirr como un perrro. Y eso que iban ya a pedirr la +bendición a Su Santidad y todo, todo...</p> + +<p>—Te advierto esto—prosiguió el tío Frasquito, empinando el +dedo—porrque si piensas consultarrle alguna... vocación o +confesarrte...</p> + +<p>—¿Confesarme yo?—exclamó muy ofendido Jacobo—. ¿De dónde sacas tú +eso?</p> + +<p>—Como decías que deseabas hablarle...</p> + +<p>—¿No es el padre Cifuentes el confesor y el director íntimo de mi +mujer?...</p> + +<p>—Sí, porr cierrto...</p> + +<p>—Pues lo que yo quiero exigir de él es que obligue a Elvira a acceder a +mis pretensiones.</p> + +<p>—¿Perrro cuáles son tus pretensiones, Jacobito?—preguntó el tío +Frasquito muy alarmado.</p> + +<p>—Una muy sencilla y muy cristiana... Reunirme con mi mujer y olvidar +todo lo pasado.</p> + +<p>—¡Aaah..., yaaa!—exclamó el tío Frasquito estupefacto y desolado, al +ver que la Trapa se quedaba sin fundar, y el hospital sin concluir, y el +novicio sin tomar el hábito.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span></p><p>Y rabiosillo y enfurruñado de que la leyenda de Malek-Adhel tuviera el +ramplón desenlace de cualquiera comedia moratinesca, dejóse llevar de su +espíritu de chismografía hermafrodita, diciendo:</p> + +<p>—Perrro ¿has meditado bien tus pretensiones?</p> + +<p>—<i>Je parecen acaso imposibles</i>?...</p> + +<p>—Hombrre, imposibles no... ¿Perrro sabes tú la vida que Elvirrra hace?</p> + +<p>—Justamente iba a preguntártelo.</p> + +<p>El tío Frasquito hizo dos o tres visajes remilgados de ¡reviento si no +lo digo!, y contestó titubeando:</p> + +<p>—Hombrrre, te dirrré... La cosa es pública... perrro yo no sé si +debo...</p> + +<p>—¿Pues no has de deber, tío Frasquito?—exclamó Jacobo violento y +azorado—. Yo tengo el derecho de preguntar, y tú, si eres mi amigo, +tienes el deber de responderme.</p> + +<p>—¡Ya lo crreo que soy tu amigo, Jacobito! ¿Lo dudas?... Y lo fui de tu +padrre, y de tu abuelo... Quierrro decirr... a tu abuelo lo conocí +siendo yo una criaturrra... Perrro hay ciertas cosas...</p> + +<p>—¿Pero qué cosas?... ¡Dilas, hombre, dilas!...</p> + +<p>—Pues mirrra, Jacobo, la verdad... Tu mujerr ha dado mucho que hablarr +en todas partes...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span></p><p>—¿De veras?...</p> + +<p>—Lo que oyes: siento mucho decírtelo, perrro es muy cierrrto... Está +<i>déclassée</i>, hijo, <i>déclassée</i> por completo. Todo Madrid le ha dado de +lado, y sólo se trata con mi sobrina Villasis, ¡otra que tal!... Perrro +siquierrra esta es mujerr de arranque, y gasta y hace ruido...</p> + +<p>—¿Pero qué es lo que hace Elvira?...</p> + +<p>—¡Horrrorrrres, Jacobito, horrrorrrres!... Empieza porque desde que se +separrró de ti, no se la ha vuelto a verr en ninguna parrte: ni en un +teatro, ni en un baile, ni en la Castellana, ni siquierrra un domingo en +casa de Montijo... Dicen que está fanatizada... Carmen Tagle tuvo una +doncella que había estado en su casa ¡y contaba unas cosas!... Siempre +detrás de los criados, porrque hoy errra día de ayuno, y mañana de Misa, +y al otro día de vigilia... En fin, insufrible; ninguno le paraba... ¡Y +ella, unas rridiculeces!... Decían que dorrmía sobre una tarrrima, y +ayunaba a pan y agua, y a ejemplo de no sé qué varrrón piadoso, se +disciplinaba con un gato<a name="FNanchor_12_12" id="FNanchor_12_12"></a><a href="#Footnote_12_12" class="fnanchor">[12]</a>.</p> + +<p>—¡Qué atrocidad!... ¿Con un gato?... ¡Pero eso es imposible!...</p> + +<p>—Pues, hijo, así lo asegurrraban... no te puedes figurrarr lo que nos +rreímos una noche en casa de Carmen Tagle, discutiendo el asunto... +Algunos pensaban que el gato estarrría muerrto; lo que es así, también +yo me disciplinaba... Lo mismo podía hacerrse con un plumerrro...</p> + +<p>Jacobo pareció tranquilizarse por completo al oír los <i>horrrorrrres</i> que +el tío Frasquito le relataba, y cortóle el hilo del discurso, diciendo:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span></p><p>—¡Bah!... Si no es más que eso, de mi cuenta corre desfanatizarla.</p> + +<p>El tío Frasquito iba a replicar muy disgustado, pero Jacobo le atajó la +palabra, preguntándole:</p> + +<p>—¿Y cómo vive Elvira?... ¿Gasta mucho?...</p> + +<p>—¡Ca!... Si parrrece la viuda de un cesante... Está seca, desgavilada; +ella, que tenía un cuerpo tan airrroso, tan elegante... En fin, hijo, un +día la vi en casa de mi sobrina Villasis, y me parrreció hasta sucia... +Como si parrra serr santa se necesitarrra serr puerrca, cuando el aseo +es una virrtud que se ejerrcita con agua fresca y un estropajo... De la +casa no te digo nada, porrque no la he visto: tres veces estuve allí +porr currriosidad, y no me rrrecibió ninguna. Perrro vive en un +principal muy modestito, allá, junto a las Carbonerrras...</p> + +<p>—Eso no es extraño; la pobre debe andar mal de cuartos.</p> + +<p>—¡Ca!, no lo creas... ¿Perrro tú no sabes?... Si está rrica; como que +ganó el pleito con la Monterrrubio y debe de tenerr de quince a veinte +mil durrros de rrrenta.</p> + +<p>—¡Hombre!... ¡Lo siento!—exclamó Jacobo muy pesaroso.</p> + +<p>—¿De verrras?</p> + +<p>—Y tan de veras... Porque siendo ella más rica que yo, no faltarán +malas lenguas que atribuyan al interés mi vuelta a su lado...</p> + +<p>—¡Oh, no, no, Jacobito, porr Dios! ¡Porr Dios, Jacobito!... ¡Quien +<span class='pagenum'><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span>piense eso..., no te conoce!</p> + +<p>—En fin, ya lo veremos... Lo que importa ahora es que yo me entienda +con el padre Cifuentes.</p> + +<p>—Pues si te parrrece, mañana irrremos.</p> + +<p>—Sin falta.</p> + +<p>El tío Frasquito, resignado con el giro clásico que tomaba la leyenda, +convino con Jacobo la hora en que habían de hacer al otro día la +trascendental visita, porque el arrepentido esposo quería marchar a +Biarritz cuanto antes.</p> + +<p>Despidiéronse al cabo protector y protegido, y aquel, para lanzar al +público sin pérdida de tiempo la noticia, corrió a ponerse, desde luego, +de punta en blanco para sus nocturnas correrías, y bajar de seguida a la +terraza del hotel, donde toda la colonia española esperaba, como +siempre, la llegada del correo.</p> + +<p>Pero ni la incertidumbre de nuevas desdichas en la madre patria, ni los +mil chismes que por la patria adoptiva corrían, lograron apartar la +conversación general de la novelesca historia de la cadina, cuya +apócrifa babucha habían contemplado todos, después de algunas prudentes +precauciones que, para la mise en scène, juzgo indispensable el tío +Frasquito. Porque temeroso este de que algún ánimo suspicaz pusiese en +duda lo auténtico de la presea, apresuróse antes de presentarla a la +veneración pública a frotar la suela sobre el pavimento, a fin de que +apareciese usada, y a desvirtuar con ricas esencias aquel importuno +hedor a zapato nuevo que la noche antes había despertado en sus narices +dudas tan peligrosas.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span></p><p>La duquesa de Bara no había encontrado todavía ocasión oportuna de +hacer el análisis crítico de la solemnidad religioso—política a que +había asistido horas antes, y hasta la señora de López Moreno, reina +destronada de Matapuerca, habíase olvidado por un momento de la honra +insigne que al día siguiente la aguardaba. La duquesa le había anunciado +que su majestad la reina se dignaba recibirla, y a renglón seguido, como +quien no quiere la cosa, habíale pedido prórroga para el pago de +aquellos piquillos que hacía varios años le adeudaba.</p> + +<p>—¡Pues no faltaba más!... ¡Lo que usted quiera!—había contestado la +generosa acreedora.</p> + +<p>Y a renglón seguido también, y como quien no quiere la cosa, había +plantado esta estaquita matrimonial, con sonrisa indagatoria:</p> + +<p>—Lucy y Gonzalito (primogénito de la duquesa), encantados de verse +juntos... ¡Qué pareja tan mona hacen!... Hoy se han ido al +<i>Skating-Rink</i>, porque Gonzalo está enseñando a patinar a Lucy...</p> + +<p>La duquesa pescó al vuelo la indirecta, y contestó tan sólo con una +sonrisa que encubría este pensamiento:</p> + +<p>—¡Estás fresca!... ¡Cualquier día te cobras, endosándome a la niña por +nuera!... ¡Una duquesa de Bara, <i>née</i> López Moreno! ¡Dios nos asista!</p> + +<p>Currita, por su parte, guardaba aquella tarde un solemne silencio, hijo +de una rabieta de dos mil demontres que le bailaba por dentro. Jacobo +había desairado su almuerzo con el frívolo pretexto de que necesitaba +descansar del viaje, y ella había descargado su ira sobre el indefenso +Villamelón, que sentado a su espalda, en actitud pensadora, se consolaba +de los rigores de su esposa pensando en las musarañas y distrayendo su +<span class='pagenum'><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span>imaginación con vivos recuerdos de su visita a los antropófagos.</p> + +<p>Leopoldina Pastor alborotada por ciento, proponiéndose referir a Octavio +Feuillet la historia de la cadina para que escribiese un cuento +original, y lamentándose de que Jacobo Sabadell no apareciese por +ninguna parte, aguardándole todos tan impacientes para tributarle el +justo homenaje de admiración que su novelesca aventura les inspiraba, +tan distinto del frío recibimiento con que le habían acogido la víspera.</p> + +<p>Apareció entonces el tío Frasquito, vestido ya de gran gala, cargado de +perfumes y de noticias, que, como las burbujas al hervor del agua, +anunciaba en su rostro una significativa y prolongada sonrisa. La +inesperada resolución de Jacobo causó en el auditorio sensación +profunda, y cuando el tío Frasquito anunció que el héroe pensaba marchar +a Biarritz quizá al día siguiente, dos personas, Diógenes y Currita, no +pudieron contenerse... Levantóse el primero y fuese derecho al tío +Frasquito como si quisiera pegarle, y la segunda, sin que denunciase su +violenta ira más que una extraña vibración en su dulce vocecita, comenzó +a vomitar injurias y vituperios contra la marquesa de Sabadell, su muy +amada prima, con gran pasmo de Villamelón, que recordaba todavía el +sermoncito sobre el amor de la familia que había escuchado aquella +mañana.</p> + +<p>La grey femenil hizo coro a los vituperios de Currita, y todos +convinieron en que la marquesa de Sabadell era una intriganta, una beata +hipocritona, una mala esposa que, habiendo campado por su respeto diez +años entre curas y monaguillos, quería ahora oscurecer al pobre Jacobo +bajo la tutela del padre Cifuentes, y que era caso de conciencia y +obligación imprescindible de todo fiel cristiano arrancar a la pícara el +<span class='pagenum'><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span>antifaz y advertir al cándido muchacho el lazo que le tendían.</p> + +<p>Diógenes, que, a mitad del camino pareció hacer de repente al tío +Frasquito gracia de la vida, arremetió briosamente contra la hueste +femenina, diciendo que era maldición de gitanos: «¡en lengua de hembras +te veas!»; que quien dijo mujer, dijo demonio, y que de tan mala ralea +era la casta, que todos, todos los bichos, hasta las chinches, +¡polaina!, eran mujeres...</p> + +<p>Riéronse mucho todas las presentes de la ocurrencia de Diógenes, y este, +más que por darles placer, por machacarles las liendres, contóles +entonces que Dios no había formado a nuestra madre Eva de la costilla de +Adán, sino del rabo de una mona<a name="FNanchor_13_13" id="FNanchor_13_13"></a><a href="#Footnote_13_13" class="fnanchor">[13]</a>... Porque aunque este fue su primer +intento, y tenía ya la costilla en la mano para formar de ella a la que +había de ser causa de tantas desdichas, una mona que le miraba hacer +atentamente, arrebatóle de repente el hueso y echó a correr para +esconderlo en su madriguera. Quiso el Señor perseguirla y alcanzóla por +el rabo; mas tan fuerte tiró la mona, que el rabo se le arrancó, +quedándosele al Señor en la mano. Encogióse entonces de hombros y dijo:</p> + +<p>—Para lo que voy a hacer, lo mismo da...</p> + +<p>Y de aquel extraño utensilio formó a la madre del linaje humano.</p> + +<p>Alborotáronse las damas con el cuento de Diógenes y Currita, pesarosa de +haber dejado escapar en la explosión de ira algo que la convenía tener +muy guardado, apresuróse a seguir la broma, diciendo:</p> + +<p>—Pues mira, Diógenes, quizá tenga algo de verdad tu historia, porque a +mí me contaron con respecto a la formación del hombre otra muy parecida. +Dicen que Dios había criado ya a todos los animales; pero le faltaba +todavía crear al hombre; era ya muy tarde y estaba cansado. Entonces, +<span class='pagenum'><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span>por ahorrarse tiempo y trabajo, cogió al primer animalillo que encontró +a mano y le dijo:</p> + +<p>—Mira, habla tú—y quedó formado el hombre.</p> + +<p>Y al decir Currita: «Habla tú», dio un golpecito con la punta de su +abanico en el hombro del marqués de Villamelón, su caro esposo. Este +interpretó la seña como una muestra de reconciliación, y sonrió +satisfecho, dulce y placentero, mientras Currita, inclinándose a su +oído, le dijo muy bajo:</p> + +<p>—Mira, Fernandito..., me parece natural que vayas a ver si ha +descansado Jacobo, y que le convides a comer.. Dile que le espero sin +falta, porque tengo que hablarle de cosas que le interesan.</p> + +<p>Anunciaron en aquel momento la llegada del correo y Diógenes aprovechó +la confusión natural que esto produjo para acercarse al tío Frasquito y +cogerle sin miramiento alguno por la abierta solapa de su rico gabán de +pieles, que dejaba al descubierto una pechera inmaculada, en cuyo centro +relucía, bajo la corbata blanca, una bellísima turquesa, celeste como el +cielo.</p> + +<p>Azoróse el tío Frasquito al verse solo y sin defensa en las garras de +Diógenes, y procuró encubrir sus temores, acogiéndole humilde, +sonriente, cariñoso, llamándole <i>Perriquito</i>, y ofreciéndole ricos +cigarros que él no fumaba nunca, pero llevaba siempre a prevención para +casos apurados. Mas Diógenes, fijando en él sus ojos abotagados por el +ron y la ginebra, con el maléfico influjo de la serpiente que magnetiza +al incauto pajarillo, le preguntó con muy malos modos después de un +imperioso «¡oye, Frasquita!», si era cierto que andaba en compadrazgo +<span class='pagenum'><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span>con Jacobito.</p> + +<p>¡Él, con Jacobito!... ¡Jesús!... Pues si justamente era Jacobo una +persona que le estaba reventando desde su cuarto y que sin saber por qué +se le había indigestado... Verdad era que le había pedido una +recomendación para su sobrino el padre Cifuentes, y él—claro está—, +por salir del compromiso, le había ofrecido una tarjeta; ¿pero en qué +cabeza podía caber que fuera él a acompañarle, ni a mezclarse en asuntos +de familia, ni a meterse en <i>tripotages</i> de mala ley con un loco +semejante?...</p> + +<p>Y mientras esto decía el tío Frasquito, iba poco a poco escurriendo +escurriendo su solapa de manos de Diógenes, hasta que, libre al fin, +abrochóse prontamente el gabán hasta la barba, para poner a cubierto su +nívea pechera de cualquier acometida de Diógenes. Este, dejándole hacer, +tornó a preguntarle:</p> + +<p>—¿Y cuándo se va Jacobo a Biarritz?...</p> + +<p>—Mañana por la noche...</p> + +<p>Y con ademán misterioso y tono de íntima confianza, añadió:</p> + +<p>—Porr supuesto, que Jacobo sólo va allí al olorrcillo de los millones +de la Monterrrubio, que disfruta hoy Elvirrra... ¿Y qué harrrá ella?... +Porque no cabe en cabeza humana que una muchacha tan buena, tan santita, +quierrra hacerr de nuevo ménage con ese Poncio Pilatos...</p> + +<p>Diógenes le volvió la espalda sin preguntarle nada más, y el tío +Frasquito, gozoso de verse libre al solo precio de hacer traición a su +amigo, corrió a noticiar a Currita que Diógenes tomaba partido por la +Sabadell, y a lamentarse con la de Bara de que la policía correccional +<span class='pagenum'><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span>no pusiera coto, ni en España, ni en Francia, a los desafueros de aquel +cínico viejo.</p> + +<p>Este había salido de la terraza por el salón de lectura, y entrando en +un gabinete, cogió pluma y papel, y con letra inverosímil, púsose a +escribir esta carta:</p> + +<p>«Mi querida María...».</p> + +<p>Aquí se atascó Diógenes, y rascándose la nariz con el cabo de la pluma, +quedóse perplejo, hasta que añadió por fin al encabezamiento esta +reverente coleta:</p> + +<p>«...muy respetada: Mañana sale de aquí para esa el perillán de Jacobito +Sabadell, que lleva las de Caín, pues trata nada menos que de intentar +una reconciliación con su pobre mujer Elvira. Anda huido de +Constantinopla, donde ha hecho no sé qué atrocidades, y por lo visto ha +olido que Elvira tiene dinero y quiere ahorrarle el trabajo de +guardarlo. Mañana, antes de salir, tendrá una conferencia con el padre +Cifuentes, que <i>Francesca di Rimini</i> le servirá de tercero...»</p> + +<p>Aquí notó Diógenes que la concordancia era vizcaína, y añadió:</p> + +<p>«...o de tercera. Te advierto todo esto por si puedes hacer algo por esa +pobrecita, que será capaz de entregarse atada de pies y manos al bribón +de su marido, si no hay alguien que la aconseje. Si sirvo yo para algo, +incluso para romperle un esternón a Jacobito...».</p> + +<p>De nuevo se detuvo Diógenes dudoso, por no saber a punto fijo si Jacobo +podía tener uno o más <i>esternones</i>, y dispuesto sin duda a romperle +<span class='pagenum'><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span>cuantos tener pudiera, prosiguió al cabo:</p> + +<p>«...avísame y ahí me tienes. Yo sigo tan campante con mis sesenta y dos +a cuestas, caminito, caminito de esa cama del hospital que tantas veces +me has pronosticado. ¿Llegará en el sesenta y tres?».</p> + +<p>Y dando con esta pregunta por terminada la carta, firmóla como Antonio +Pérez las suyas a <i>milady</i> Richs:</p> + +<p>«Perro desollado de vuestra señoría, <i>Diógenes.</i>»</p> + +<p>«P. D.—Un beso a Monina.»</p> + +<p>Y aquí se detuvo otra vez perplejo, meneó lentamente la gran cabezota, y +su rostro granujiento tomó una expresión indefinible de ternura y de +tristeza.</p> + +<p>Aquella Monina, bellísima criatura de cuatro años, ídolo de su corazón +por un fenómeno semejante al que hace a los grandes perrazos encariñarse +con los niños, que le tiraba de las patillas y le hacía andar a cuatro +pies, guiándole ella por una oreja, había rechazado un día un beso de +sus aguardentosos labios, diciéndole con infantil repugnancia:</p> + +<p>—¡No..., que apesta!...</p> + +<p>Y Diógenes, el cínico Diógenes, que se burlaba de la opinión del mundo +entero y hacía gala de revolcarse en los más inmundos lodazales, sintió, +ante la repugnancia de aquel ángel, que una gran vergüenza invadía su +corazón y subía hasta su frente, tiñéndola de carmín, y asomaba a sus +ojos llenándolos de lágrimas... Por tres días enteros estuvo sin beber +una copa; al cuarto, rindióle el vicio otra vez; mas jamás volvió a +<span class='pagenum'><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span>besar a la niña.</p> + +<p>Y entonces, a tan gran distancia del bello angelito, creyó faltar a su +propósito escribiendo en aquella postdata la palabra <i>beso</i>, y +borrándola con grandes tachaduras, puso en su lugar: «A Monina, que le +llevaré un muñeco que dice papá y mamá». Después escribió en el sobre:</p> + +<p class="center">M<sup>me.</sup> LA MARQUISE DE VILLASIS<br /> +<i>Villa María.</i><br /> +<i>Biarritz.</i> +</p> + + +<h2><a name="VIIbmdash" id="VIIbmdash"></a><a href="#toc">—VII—</a></h2> + +<p>El capricho de una soberana hizo en poco tiempo de un villorio olvidado +uno de los centros más a la moda entre los semidioses que regulan sus +costumbres, su lujo, sus necesidades y hasta su conciencia, a veces, por +las extravagantes leyes de esta tirana caprichosa.</p> + +<p>La emperatriz Eugenia levantó en Biarritz la ville Eugénie, y Biarritz +quedó al nivel de Trouville, Dieppe y Etretat. Los españoles lo invaden +en verano, los ingleses en invierno y los rusos en otoño, como si por +turno quisieran disfrutar sus comodidades bastante problemáticas y sus +encantos harto discutibles.</p> + +<p>El lujo se apresuró a levantar allí villas y palacios; la especulación, +<span class='pagenum'><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span>hoteles y casinos; sólo la piedad se quedó con las manos quietas. En +Biarritz apenas si existe una iglesia.</p> + +<p>En la carretera de Bayona hay hacia el lado del mar una villa deliciosa, +que se asienta en un reducido parque como una paloma en su nido de +verdura: extiéndese aquel a lo largo del camino, cerrado por una gran +verja de hierro, en cuya puerta campea en uno y otro lado este letrero: +Villa María. Da esta entrada a una gran calle, que sombreada por árboles +magníficos, describe tres caprichosas vueltas, salta un diminuto +riachuelo y lleva a una plazoleta semicircular, atestada de flores, +especie de <i>square</i> delicioso, que sirve como de patio de honor a la +casa.</p> + +<p>Tres gradas de mármol blanco dan ingreso al piso bajo, destinado sólo a +recibimiento y adornado con esa pulcra sencillez que adopta todo lo +bello y destierra todo lo suntuoso, y constituye el buen gusto y la +elegancia en el decorado de un palacio de campo. En el fondo del +vestíbulo abríase la puerta del salón, y llegábase por este a un pequeño +gabinete, tapizado todo de cretona, con grandes flores cobrizas. Ocupaba +uno de sus frentes una chimenea de mármol blanco, y formaba el otro una +gran ventana de cristales, abierta de arriba abajo, que dejaba entrar el +sol a raudales y permitía ver la verdura del parque en primer término, +la arena de la playa más lejos y el azul del mar en lontananza.</p> + +<p>Las once habían dado ya en el reloj del torreoncito de la villa, y dos +señoras, sentadas a uno y otro lado de la chimenea, hablaban en el +gabinete. Una lloraba en silencio; la otra parecía consolarla.</p> + +<p>Representaba esta más de cuarenta años, y su falta absoluta de +pretensiones en nada disimulaba la sorda lima del tiempo. Un sencillo +peine de concha sujetaba su abundante cabellera, blanca casi por +completo, y su rica bata de paño labrado, con vueltas de terciopelo, +<span class='pagenum'><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span>lejos de prestar realce alguno a su persona, parecía más bien recibir +ella misma del talle airoso y noble de la dama la severa elegancia de su +corte y de sus pliegues.</p> + +<p>Su rostro, algo moreno y nada correcto en sus rasgos, tenía, sin +embargo, esa móvil belleza que da la expresión y viene a ser, con +respecto a la fisonomía, lo que el colorido con respecto al dibujo: +belleza más bien moral que física, que se escapa siempre al pincel, y +constituía el principal encanto de aquella señora, dotada de cierta +viveza natural que no le quitaba señorío; cierta gracia espontánea y +cariñosa que, unida a un ligerísimo ceceo, acusaban su procedencia +andaluza.</p> + +<p>Era la otra mucho más joven, parecía abatida y estaba enferma; su rostro +descolorido formaba un óvalo perfecto, y llamaban en él la atención los +ojos, por lo dulces; la boca, por lo triste. Aquellos, grandes, azules, +de mirada vaga, un poco alta, como lo es en medio del dolor la mirada de +la esperanza; esta, pálida, caída por los extremos, con esa curvatura +que indica el sufrimiento habitual y es el primer signo que estampa la +agonía en los enfermos desahuciados y en los condenados a muerte. Traía +puesto un sombrero oscuro, sin velo, un largo abrigo de piel de nutria, +y escondía sus enguantadas manos en un manguito de la misma piel.</p> + +<p>Era esta señora la marquesa de Sabadell, y la otra, en cuya casa se +hallaba, era la de Villasis, su amiga íntima.</p> + +<p>El correo de aquella mañana había traído a las dos señoras noticias +importantes: la de Villasis había recibido la carta de Diógenes, y otra +larga y detallada del padre Cifuentes. La marquesa de Sabadell, por su +parte, encontróse al volver de misa con una carta, que hizo vibrar en un +<span class='pagenum'><a name="Page_241" id="Page_241">[241]</a></span>instante cuantas fibras sensibles existían en su corazón: por un +momento creyó la infeliz mujer que iba a desmayarse.</p> + +<p>Diez años se le habían pasado sin ver la letra de Jacobo, y aun antes de +fijar los ojos en el sobre, ese algo certero y misterioso que en +circunstancias dadas agita el corazón y fija de repente el pensamiento +en un punto remoto y olvidado, le avisó de quién era la carta.</p> + +<p>Tambaleándose entró en su alcoba, bebió con mano trémula un sorbo de +agua y dejóse caer sin fuerzas en una butaca, mirando la carta que tenía +en las manos, sin osar abrirla.</p> + +<p>El pasado entero se le vino a la memoria de un golpe, como una de esas +grandes olas que revientan en la playa, borrando por completo la espuma +de otras menores. Sus breves días de ventura, cuando enamorada +perdidamente de su esposo y creyéndose de él correspondida, habíase +creído en posesión del falso objeto de la vida, que es la dicha, y se +había olvidado del objeto verdadero, que es Dios, se le pusieron +delante.</p> + +<p>Esta fue su única culpa, culpa de hijos ingratos en que incurre la +inmensa mayoría del linaje humano, que se olvida de Dios en la felicidad +y sólo le recuerda en el llanto, porque cuadra más a su condición +egoísta pedir remedios que agradecer bondades. ¡Harto lo conocía ella +entonces y harto lo estaba expiando!...</p> + +<p>Vinieron luego las pequeñas infidelidades y los pequeños desencantos, +sufridos sin reproche, perdonados sin restricción, que no lograron +derribar el ídolo de aquella alma enamorada, manso río sin borrascas, +arpa eolia en que hasta los mugidos del huracán se transformaban en +suspiros... Después vinieron las grandes ofensas, y a poco los terribles +<span class='pagenum'><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span>descubrimientos de vicios enormes, que brotaban como setas monstruosas +bajo el aspecto de seductor de aquel esposo adorado; de inclinaciones +depravadas, pasiones indómitas, costumbres disolutas e innumerables +defectos, que nacían y vivían en su alma como en la carne podrida los +gusanos asquerosos.</p> + +<p>El ídolo hízose monstruoso, y la infeliz mujer quiso arrojarlo de su +corazón indignada, como se arroja lo que ofende, lo que mancha, lo que +deshonra; mas el alma íbasele detrás, llena de angustias y de vergüenza, +porque el ídolo seguía en pie, siempre reinando en ella, y no por ser +monstruoso dejaba de ser ídolo.</p> + +<p>Llegó al fin la ruina, y tras la ruina vino luego el abandono, los +largos días solitarios, esperando en vano una carta mil veces contestada +antes de ser escrita, aguardando siempre la demanda de un perdón ya de +antemano concedido, acostándose con la agonía de despertar... de +despertar al día siguiente para hallarse de nuevo sola, ¡sola!, en la +arena del combate y del dolor, preguntándose a sí misma como el +infortunado Delfín de Francia a su madre María Antonieta: ¿Hoy es +todavía ayer?... ¡Y el ayer era siempre hoy, el ídolo era ídolo +siempre!...</p> + +<p>Y en aquel momento, al revolver aquella carta, después de tantos años, +aquel turbio oleaje de penas abrumadoras, punzantes desdenes, ofensas +terribles, negras ingratitudes, lágrimas solitarias y despreciados +sacrificios, veía la infeliz levantarse en su corazón el amor a su +marido, vivo siempre, fuerte, avasallador, resistiendo al olvido, al +desdén, al insulto, al tiempo mismo y a la ausencia misma, viviendo sin +esperanzas que le mantuvieran y le dieran savia, y por eso, inmortal +como el alma.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span></p><p>La pobre mujer tuvo miedo de sí misma, y un llanto amarguísimo brotó de +su corazón a raudales. Acordóse de su hijo, cuyo ángel de la guarda era +ella, encargada de defender sus intereses y su educación contra su padre +mismo, y temió que aquel amor apasionado fuera en su corazón el punto +flaco que la llevara a pactar con el enemigo, la planta viciosa que +arrebata a cuantas la rodean los jugos de la tierra, apropiándose ella +sola la savia que vivifica y da frescura y lozanía.</p> + +<p>Había en el fondo de la alcoba un tríptico precioso sobre un +reclinatorio sencillísimo, y en este se arrojó la marquesa, llorando a +mares, para leer a los pies de la Virgen la carta inesperada.</p> + +<p>Jacobo, sin preámbulos de ningún género, anunciaba a su mujer su próxima +llegada, para tratar con ella de asuntos importantes, cuyo arreglo le +había <i>aconsejado</i> el padre Cifuentes, excelente persona que había +conocido en París, <i>llenando su corazón abatido de esperanza y de +consuelo</i>...</p> + +<p>La marquesa creyó haber leído mal aquel último párrafo de la breve +carta, y tornó una y otra vez a leerlo. La hipocresía era el único vicio +que jamás había observado en Jacobo, y, o aquella carta la rebosaba por +todas sus letras, o Dios había hecho en él uno de sus prodigios. +¿Confortado con esperanzas y consuelos del padre Cifuentes, aquel +corazón cuyo frío egoísmo le mantenía siempre fresco e insensible, como +un cadáver entre témpanos de nieve?...</p> + +<p>Absurdo era esto, pero era posible; era su oración cotidiana hacía doce +años, su plegaria más ardiente, su súplica más repetida, y ¡Dios era tan +bueno, tan grande, tan Padre!...</p> + +<p>Y aunque algo duro e inflexible se alzaba en el fondo de su corazón, +<span class='pagenum'><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span>gritando que aquello era una farsa, una nueva vileza, la marquesa +ahogaba esta voz sin darse cuenta de ello, para dejar entrar allí un +rayo de sol que disipase las tinieblas de su triste abandono, para dejar +que la esperanza y el deseo levantasen juntos y a su placer un bello +castillo en el aire.</p> + +<p>Sin acordarse de desayunar siquiera, ni detenerse más tiempo que el +preciso para lavarse en el tocador los ojos llorosos, corrió Elvira a +casa de la marquesa de Villasis, haciéndose la ilusión de que iba a +buscar en el claro entendimiento y en el cariño acendrado de su amiga un +consejo prudente, y yendo en realidad en busca de algo que con la +autoridad de aquella pudiera robustecer y dar cuerpo a su esperanza...</p> + +<p>La Villasis sabía muy bien a qué atenerse, porque el padre Cifuentes le +daba en su carta cuenta detallada de su entrevista con Jacobo. Habíasele +presentado este disimulando, bajo su arrogante petulancia, el +encogimiento y la especie de miedo receloso que suelen infundir los +jesuitas a las personas mundanas que sólo les conocen por las mil +patrañas que en pro y en contra de ellos corren contadas o escritas.</p> + +<p>Mas al ver delante de sí aquel hombre pequeñito, insignificante en su +persona hasta la vulgaridad, llano en el decir hasta el desaliño, que +jamás sacaba las manos de las mangas, como no fuera para tomar rapé en +su tabaquera de cuerno, y ponía de manifiesto con deplorable frecuencia +un pañuelo de hierbas insolente de puro feo, a cuadros azules y +amarillos, con algunos vivitos verdes, trocóse su recelo en desprecio, y +con la desdeñosa frialdad que guarda el grande orgullo para el pequeño +que juzga empingorotado sobre una superioridad usurpada, manifestóle su +<i>deseo</i> de reconciliarse con su mujer, olvidando todo lo pasado, y +expresóle su <i>voluntad</i> de que fuera él mismo quien aconsejara a la +<span class='pagenum'><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span>esposa abandonada acceder a sus pretensiones.</p> + +<p>Y entonces fue cuando Jacobo quedó convencido de que el padre Cifuentes +era un infeliz, un cuitadito sin pizca alguna de mundo, como el tío +Frasquito le había dicho antes.</p> + +<p>Las manos del jesuita se hundieron más y más en lo profundo de sus +mangas, y muy alborozado y satisfecho, opinó que nada había más conforme +a la moral cristiana que la paz de la familia y el perdón de las +injurias... Pero—y aquí apareció de nuevo la tabaquera de cuerno para +suministrar a los dedos del padre Cifuentes un polvo digno del gran +Federico—en cuanto a aconsejar él a la señora marquesa que accediese a +las pretensiones del señor marqués, había de tener en cuenta el señor +marques que la señora marquesa nada le había consultado, y que la +primera condición del consejo prudente es la de ser pedido...</p> + +<p>Jacobo abrió la boca para replicar, pero el pañuelo a cuadros azules y +amarillos, con algunos vivitos verdes, salió a relucir, y el padre +Cifuentes añadió que creía, tenía entendido, le parecía probable que la +señora marquesa de Sabadell estaba a punto de salir de Biarritz, y que +en el caso de no encontrarla, lo más prudente y oportuno para el señor +marqués sería dirigirse a la señora marquesa de Villasis, persona muy su +amiga, de grandes luces y mayores virtudes, para la cual se brindaba a +darle una carta suplicándole que las tomase ella en el asunto.</p> + +<p>El tío Frasquito, que con gran falta de delicadeza, hija de su deseo +vehementísimo de seguir las peripecias del drama, se había constituido +en testigo de la conferencia, metió entonces su cucharada, asegurando +que aquello estaba muy bien pensado, que su sobrino el padre Cifuentes +tenía razón hasta por encima del solideo, y que lo más derecho para su +sobrino Jacobo era dirigirse desde luego a su sobrina Villasis, porque +<span class='pagenum'><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span>lo que esta no alcanzase de su sobrina Sabadell nadie en el mundo, +fuera o no sobrino suyo, podría alcanzarlo.</p> + +<p>Jacobo meditó un momento el plan que le proponían y pensando escribir, +desde luego, a su esposa, para detener su marcha con la noticia de su +ida, aceptó a todo evento la carta para la marquesa de Villasis y +despidióse del padre Cifuentes, llamándole don Gregorio. En todo el +transcurso de la plática había evitado con marcada afectación designarle +con el nombre de <i>Padre</i>, llamándole siempre señor Cifuentes.</p> + +<p>El señor Cifuentes acompañó hasta la puerta a la aristocrática pareja, +con sus manos siempre metidas en las mangas, y al verla desaparecer en +el coche, permitióse murmurar del sobrino de su tío y de su tío mismo, +diciendo para su sotana:</p> + +<p>—¡Exacta alegoría del mundo!... La necedad amparando al vicio.</p> + +<p>Y sin perder un momento, púsose a escribir a la marquesa de Villasis, +dándole un juicio sobre los planes de Jacobo, que coincidía por completo +con el dado ya por Diógenes, suplicándole que evitase a toda costa que +Elvira y su marido se viesen, a fin de que este no pudiera engañarla, y +encargándole también, con grandes instancias, que ahuyentara para +siempre con algún recurso de su femenil ingenio a aquel desdichado que +pretendía explotar a su infeliz mujer, con grave riesgo de su inocente +hijo.</p> + +<p>Guardóse muy bien la Villasis de comunicar a Elvira estas noticias, y +como el experto médico que debilita en varias dosis un brebaje demasiado +fuerte, trocándolo de veneno en medicina, dispúsose a desengañar a la +infeliz, poco a poco y por partes. Leyó, pues, atentamente la carta que +agitaba y temblorosa le presentaba Elvira, y devolviósela sin decir +<span class='pagenum'><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span>palabra. Ella le interrogaba con los tristes ojos preñados de lágrimas; +la Villasis dijo entonces moviendo lentamente la cabeza:</p> + +<p>—Eres turco y no te creo...</p> + +<p>Elvira bajó anonadada la suya, porque le pareció que aquellas palabras +derrumbaban de un golpe el castillo que allá en el fondo de su corazón +levantaron antes la esperanza y el deseo. Dos grandes lágrimas se +desprendieron de sus ojos, mientras murmuraba tímidamente:</p> + +<p>—¡He rezado tanto!... ¡He llorado tanto!...</p> + +<p>—¡Es verdad!... ¡Pero ha mentido tanto!... ¡Ha rodado tanto!...</p> + +<p>—Dios puede hacer un milagro...</p> + +<p>—Y el hombre puede hacerlo inútil.</p> + +<p>—Yo espero que no...</p> + +<p>—Yo temo que sí.</p> + +<p>—¿Pero a ti quién te lo dice?...</p> + +<p>—¿Y a ti quién te lo asegura?</p> + +<p>El llanto de Elvira se trocó entonces en sollozos, y como si aquella +pena fuese nueva para ella, sintió en toda su plenitud la primera +necesidad de todos los débiles en la desgracia: buscar unos brazos +amigos en que arrojarse, un pecho leal en que esconder el rostro lleno +<span class='pagenum'><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span>de lágrimas...</p> + +<p>La Villasis la recibió en los suyos, estrechándola contra su corazón, +besándola en la frente, hablándola al oído, con la voz suave y cariñosa +con que se habla a un niño enfermo o desolado. Ella, sollozando sin +cesar, repetía:</p> + +<p>—¿Y qué hago?... ¿Qué hago?...</p> + +<p>—Irte.</p> + +<p>—¿Pero adónde?...</p> + +<p>—A Lourdes... A esperar junto a la Virgen Santísima que pase la +tormenta.</p> + +<p>—Irá allí a buscarme...</p> + +<p>—No irá... Yo me encargo de detenerlo.</p> + +<p>—Pero, ¿y si fuera verdad, María?—tornó a decir Elvira, aferrándose a +su idea—. ¿Y si su arrepentimiento es cierto y se encuentra el pobre +con que le cierro la puerta?...</p> + +<p>—Entonces sabré yo conocerlo y te lo llevaré a Lourdes yo misma... +Iremos los tres a buscarte: él, yo y tu hijo.</p> + +<p>—¡Ay, Alfonsito!... ¡Pobre hijo de mi corazón!... ¿Y qué hago con él? +¿Me lo llevo?...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span></p><p>—No, déjalo en el colegio.</p> + +<p>—¡Oh, no, no, eso no!—exclamó Elvira fuera de sí—. ¿Y si su padre va +a verlo y se lo lleva y me lo quita?... ¡Hijo de mi alma!... ¡Verme yo +sin él!... ¡Me muero entonces!... ¡Me muero!</p> + +<p>Y ante esta idea que la aterraba, la infeliz mujer, abrumada por el +dolor y debilidad por la inanición, sufrió un ligero desvanecimiento. +Hízola la marquesa tomar una taza de caldo y una copa de vino generoso, +y poco a poco logró al fin tranquilizarla.</p> + +<p>Entonces concertaron su plan: Elvira había de partir aquella misma noche +a Lourdes, acompañada de mademoiselle Carmagnac, señora muy respetable, +que había sido aya de la única hija de la marquesa de Villasis. Esta +dictó a Elvira una carta que había de entregar a Jacobo cuando se +presentara en casa de su esposa; decíale en ella que asuntos muy +urgentes le impedían esperarle en Biarritz, y que la marquesa de +Villasis quedaba con amplios poderes para tratar con él toda clase de +negocios, conformándose Elvira, desde luego, con lo que ambos +concertaran.</p> + +<p>A todo asentía la marquesa de Sabadell con esa especie de inercia moral +que enerva la voluntad cuando en cualquier negocio de la vida se apaga +la fe y muere la esperanza. Mas en las naturalezas heroicas crecen las +fuerzas en la misma proporción que crece el dolor del sacrificio, y sin +derramar una lágrima ni mostrarse ya acongojada ni afligida, ocupóse tan +sólo de sus preparativos de marcha.</p> + +<p>Las dos señoras almorzaron juntas en casa de la Sabadell, entregó esta a +su amiga algunos papeles importantes que la Villasis quería tener a +mano, por si en su conferencia con Jacobo le fueran necesarios, y +marcharon después ambas a Guichon, pequeña aldehuela situada entre +<span class='pagenum'><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span>Bayona y Biarritz, donde los jesuitas expulsados de España por la +Revolución habían abierto el colegio en que Alfonsito Téllez se educaba.</p> + +<p>Despidióse Elvira de su hijo sin decir cuándo ni adónde iba, y el rector +del colegio, que conocía a fondo todas las pesadumbres de la dama, quedó +encargado de no permitir que el niño recibiese otra visita que la de la +marquesa de Villasis durante la corta ausencia de su madre. Dos horas +después despedíase aquella de Elvira en la estación de la Negresse, y +volvía triste y preocupada a la Villa María, dando al punto orden de no +recibir a nadie.</p> + +<p>Encerróse temprano en su gabinete y pasó gran parte de la noche +repasando y estudiando los papeles de Elvira, y escribiendo una especie +de documentos en forma de artículos numerados. Levantóse muy de mañana +al otro día, fuese a la capilla de Santa Eugenia, oyó dos misas y +comulgó devotamente; la prudencia de la mujer había tirado la noche +antes sus cálculos, y la fe de la cristiana iba a buscar entonces en el +Sacramento la gracia divina que necesitaba para vencer en la lucha.</p> + +<p>La mañana estaba magnífica y prometía uno de esos espléndidos días de +invierno en que los miembros se desentumecen, el alma se alegra y el +barómetro sube, como si quisiera descubrir a lo lejos la llegada de la +primavera. A las tres de la tarde hallábase abierto de par en par el +mirador de cristales del gabinete que ya conocemos, y el sol entraba a +raudales, llenándolo todo de luz, de colores y de reflejos. La marquesa +amaba el sol y el aire con la pasión con que los aman los pobres, y +odiaba ese misterioso y coquetuelo <i>petit jour</i> en que se refugian las +beldades trasnochadas para ocultar los estragos del tiempo. Uníanse en +el jardín las carcajadas de Monina, que saltaba a la cuerda, con los +mugidos del mar, que azotaba a la costa, como si en aquella naturaleza +tan bella, tan en calma, tan espléndida, se armonizara lo inocente con +<span class='pagenum'><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span>lo terrible, el mar y el niño, la extrema debilidad y la extrema +fiereza.</p> + +<p>La Villasis, apoyada en la ventana, seguía con la vista los juegos y +carreras de aquel bello ángel, que ocupaba y llenaba por completo su +corazón, con ser este tan grande. Era aquella niña su nieta, hija de su +única hija, muerta al darla a luz cinco años antes, y huérfana también +de padre. De repente, la marquesa cerró la ventana y sentóse junto a +ella, al lado del pequeño <i>secrétaire</i> en que solía despachar su +correspondencia ordinaria. Había escuchado a lo lejos el ruido de un +coche que se deslizaba sobre las enarenadas calles del parque, y a poco, +un criado anunciaba en el gabinete al marqués de Sabadell.</p> + +<p>La marquesa se santiguó vivamente no bien desapareció el lacayo, fijó un +momento sus grandes y vivos ojos negros en un cuadro bellísimo de la +Virgen que había en el testero, y volvióse hacia la puerta, tan risueña, +tan señora y tan serena como cuando recibía en Madrid a sus amigos +íntimos.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIIIbmdash" id="VIIIbmdash"></a><a href="#toc">—VIII—</a></h2> + + +<p>Para que el lector pueda comprender toda la importancia que tenía para +Jacobo aquella entrevista, preciso es ponerle en aquellos antecedentes +que el tiempo y la casualidad han suministrado hasta hoy, haciendo +alguna luz en las tinieblas que rodean a crímenes todavía impunes y a +<span class='pagenum'><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span>intrigas no del todo desenredadas.</p> + +<p>Nadie ignora que la masonería quedó triunfante en España al estallar la +Revolución de 1868; pareció, sin embargo, con harta razón, a algunos +caciques de la secta que no estaba aún maduro el pueblo de España para +plantear la República, y resolvieron entronizar mientras tanto a un +monarca constitucional que fuera entre sus manos un mero instrumento. +Fue entonces elegido a este propósito el duque de Aosta, y encargáronse +de ofrecerle la corona, como delegados de la secta, el general Prim y +don Manuel Ruiz Zorrilla, nombrado más tarde Gran Oriente honorario del +Supremo Consejo de España.</p> + +<p>Estallaron con estas causas graves disidencias en el seno mismo de las +logias, que vinieron a dar por resultado el asesinato del general Prim, +mientras la comisión encargada de ofrecer oficialmente la corona de +España al duque de Aosta volvía de Florencia.</p> + +<p>Formaba parte de aquella comisión cierto personaje, hombre práctico y +prudente, cuya memoria nos guardaremos bien de deshonrar, suponiéndole, +sin dato alguno fidedigno que lo pruebe, afiliado a las sectas; es, sin +embargo, cierto que dicho personaje tomaba caluroso partido por la +política de una de aquellas fracciones, y llevaba consigo en aquel +viaje, con designio misterioso, papeles de gran importancia que +comprometían a muchos de los secuaces de la política contraria.</p> + +<p>La muerte sorprendió al personaje en Génova el 11 de diciembre, e +ignórase al presente por qué mano fueron a parar entonces aquellos +papeles a cierta logia de Milán, que los remitió más tarde a Víctor +Manuel como armas preciosas que podían muy bien afianzar en España el +trono siempre vacilante de su hijo, atando de pies y manos a ciertos +políticos venales, modelo en todas las épocas de deslealtad y de +<span class='pagenum'><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span>imprudencia.</p> + +<p>Acertó entonces a llegar a Milán, fugitivo de Constantinopla, el marqués +de Sabadell, perdido y arruinado, y presentóse en aquella logia, donde +años antes le había iniciado Garibaldi. Acogiéronle los venerables como +a enviado del Gran Arquitecto, y presentáronle al punto a Víctor Manuel +como el hombre a propósito para llevar a España documentos e +instrucciones, e imprimir a la política de don Amadeo el rumbo deseado +en Italia.</p> + +<p>El refuerzo llegó, sin embargo, tarde y ya hemos visto cómo la caída del +duque de Aosta destruyó en París las cuentas galanas que no sin probable +fundamento tiraba Jacobo. Viose entonces de nuevo solo y arruinado, y la +necesidad, mala consejera siempre y móvil las más de las veces de +empresas descabelladas, sugirióle la idea de utilizar en provecho propio +el precioso depósito, y aquí comenzaron las complicaciones y los +peligros, los planes trazados y abortados.</p> + +<p>Era su idea madre poner sus preciosas armas al servicio de alfonsinos o +carlistas, según tuvieran estos o aquellos más o menos probabilidades de +triunfo, y para destruir por de pronto el mal efecto que en los primeros +había causado su repentina presencia en París, apresuróse a propalar por +medio del tío Frasquito la novelesca historia de la cadina, que tan +<i>gloriosamente</i> justificaba su fuga de Constantinopla.</p> + +<p>Mas érale preciso al mismo tiempo y antes que nada hacer perder la pista +a los masones chasqueados, y a este propósito ideó Jacobo reconciliarse +con su mujer y oscurecerse a su lado por un año, durante el cual viviría +tranquilamente de las rentas de esta, garantizaría con ellas, en lo +posible, el pago de sus deudas y tantearía el terreno despacio y sin +ruido, hasta encontrar el mejor postor a los servicios que pensaba sacar +<span class='pagenum'><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span>a pública subasta.</p> + +<p>Su reconciliación con Elvira era, por tanto, la clave del arco que había +fabricado, y tratábase de colocarla en aquella entrevista. Entró, pues, +en el gabinete, armado de toda su osadía, sereno, risueño y con aire de +amigo que prepara a otro con su presencia una sorpresa inesperada y +agradable. Al verle entrar la marquesa, tendióle la mano con grande +afecto, diciendo cariñosamente:</p> + +<p>—¡Adiós, Jacobo!... ¿Cómo te va?... Pero, ¡Dios mío! ¡Si por ti no pasa +el tiempo!... Te encuentro lo mismo, lo mismo que cuando nos vimos hace +cinco años en Bruselas. ¿Te acuerdas?</p> + +<p>Jacobo apretó cordialmente entre las suyas la mano que la dama le +tendía, y le contestó con no menor cariño y agasajo:</p> + +<p>—¡Ya lo creo que me acuerdo!... Los encuentros contigo no se olvidan +fácilmente... Pero tú sí que te has plantado en los veinticinco años: +siempre tan...</p> + +<p>—¡Jacobo, por Dios!... Que abofeteas a la verdad por decir una +galantería. ¿No me ves la cabeza?... ¡Blanca!</p> + +<p>—¡Ca!... Eso es refinamiento de coquetería; que te empolvas el pelo, +como las marquesas de la corte de Luis XV...</p> + +<p>—Ya voy teniendo algún punto de contacto con ellas...—exclamó riendo +la marquesa—. A lo menos, en lo añejo de la fecha.</p> + +<p>Jacobo habíase sentado mientras tanto en una silla, al otro lado del +pequeño secrétaire, que vino a quedar entre ambos; encontróse algún +tanto embarazado después de este primer saludo, y esperando que la +<span class='pagenum'><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span>marquesa entrase la primera en el terreno en que uno y otro deseaban +encontrarse, púsose a hablar de la afluencia de hombres políticos de +todos colores que llegaban en aquellos días a Biarritz; parecía aquello +la costa a que la República de España fuese arrojando los restos del +naufragio de la monarquía saboyana.</p> + +<p>La marquesa dio entonces el primer paso, diciendo con intención +marcadísima:</p> + +<p>—Sí... Parece que Biarritz es el teatro escogido para las negociaciones +diplomáticas.</p> + +<p>Hízose Jacobo el sueco y contestó con tono doctoral de hombre político:</p> + +<p>—Dudosas se presentan... No creo que cuaje ninguna...</p> + +<p>—¿Ninguna?—preguntó riendo la marquesa—. ¿Ni tampoco las mías?</p> + +<p>—¡Ah, ya! ¡Eso es otra cosa!—replicó jovialmente Jacobo—. A la +diplomacia de las faldas no hay quien resista. Recuerdo haberle oído a +Castelar que el mundo es de las faldas y de las faldas: es decir, de las +enaguas y de las sotanas.</p> + +<p>—Pues téngaselo usted por dicho, señor de Bismarck... Porque supongo +sabrás que estoy nombrada plenipotenciaria...</p> + +<p>—Sí—replicó Jacobo—, ya me han entregado las credenciales.</p> + +<p>Y al decir esto, puso sobre la mesita del <i>secrétaire</i> la carta que, +dictada por la Villasis misma, le había escrito Elvira la víspera. +<span class='pagenum'><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span>Leyóla atentamente la marquesa, como si le fuera desconocida, y +devolviósela a Jacobo, diciendo:</p> + +<p>—Me parece que están en regla... Puede el señor Bismarck, cuando guste, +exponerme la marcha de su política.</p> + +<p>—Yo creo más correcto que el señor..</p> + +<p>Jacobo se detuvo sonriendo, como si ignorase el nombre de su antagonista +diplomático, y la marquesa le apuntó muy formalmente:</p> + +<p>—Antonelli... Así no saldremos de faldas.</p> + +<p>—...que monseñor Antonelli exponga antes la suya... El mundo ha sido +siempre el decano del cuerpo diplomático.</p> + +<p>—Y por lo mismo debe de hablar el último; con que cayó usted en un +renuncio, señor de Bismarck... Pero no hay que apurarse por ello, que yo +expondré la mía con una sinceridad impropia del oficio... Mi política es +esta: «Padre nuestro que estás en los cielos... Hágase tu voluntad... +Perdónanos nuestras deudas, <i>como nosotros perdonamos a nuestros +deudores</i>... No nos dejes caer en <i>la tentación</i>... Líbranos de +<i>mal</i>...».</p> + +<p>La marquesa supo dar tal inflexión a algunas de estas palabras, que su +política fue perfectamente comprendida por Jacobo. Aquello de que los +deudores quedaban perdonados sentóle muy bien y le llenó de esperanza.</p> + +<p>—¡Política italiana!—dijo moviendo la cabeza—. Es la más hábil.</p> + +<p>—Italiana no, romana—replicó vivamente la marquesa—. ¡Es la más +<span class='pagenum'><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span>santa!...</p> + +<p>Jacobo creyó llegado el momento de dejar este tono humorístico, tan +peculiar a los españoles hasta en los más graves asuntos, y se dispuso a +entrar en materia; colocó los guantes que se había quitado sobre la mesa +del <i>secrétaire</i>, y apoyando en ella ambos codos y dando vueltas al +magnífico brillante que en uno de sus meñiques tenía, comenzó a decir +mirando sus reflejos:</p> + +<p>—Mira, María... Me alegro de tratar contigo este asunto mejor que con +Elvira, porque eres una mujer de mundo y sabrás comprender mi situación +y ponerte en mi caso... Elvira es un ángel... con alas de cisne; tú eres +también un ángel, pero con alas de águila...</p> + +<p>La imagen resultaba bonita, y la marquesa agradeció el cumplido con una +ligera sonrisa.</p> + +<p>—Mi situación actual—prosiguió Jacobo—puede concretarse en esta +fórmula: «He corrido mucho y me he cansado pronto». Recuerdo haber leído +en Confucio...</p> + +<p>La marquesa no pudo contener la risa al oír el santo Padre que con tan +pedantesca formalidad alegaba Jacobo, y corrido este algún tanto, +preguntó contrariado:</p> + +<p>—¿Te ríes?...</p> + +<p>—No, hombre, no... Me río del autor, no de la cita... Veamos la +sentencia.</p> + +<p>—Y bien profunda que es—replicó Jacobo—: «Subía la montaña de +<span class='pagenum'><a name="Page_258" id="Page_258">[258]</a></span>Tam-Sam, y el reino de Sú me pareció pequeño; seguí subiendo al monte +de Tai-Sam, más elevado aún, y el imperio me pareció pequeño». Así me ha +sucedido a mí: mientras más alto me han elevado los eventos de mi vida, +más despreciables me han parecido mis triunfos.</p> + +<p>—Pues verdaderamente que el señor Confucio no anduvo desacertado en la +parabolita—dijo la marquesa—. Pero al aplicarte tú el cuento, te las +calzas al revés, amigo mío... No debes de decir <i>subí</i>, sino <i>bajé</i>, +porque esos <i>triunfos</i> de tu vida no te han ensalzado, sino rebajado +mucho... Por eso debiste decir: «Bajé al charco de Tam-Sam y la idea de +la virtud la perdí de vista, me hundí en la cisterna de Tai-Sam, mucho +más profunda, mucho más cenagosa, y las ideas del honor y del deber se +borraron del todo...»</p> + +<p>Esta brusca e inesperada arremetida desconcertó por completo a Jacobo, y +mordiéndose los labios, dijo amargamente:</p> + +<p>—¡Política romana, con todas sus intransigencias!...</p> + +<p>—¡Política <i>bismarckiana</i>! la tuya, con todas sus criminales, ¡nótalo +bien!, ¡sus criminales condescendencias!...</p> + +<p>Jacobo bajó en silencio la cabeza, pálido de ira, y se puso a estirar +sus guantes sobre la mesa; comprendió que ese tergiversado criterio +moral, que disfraza con pomposos nombres ruines defectos y vicios +enormes, se lo rechazaban allí por falso; que la <i>política romana</i> +llamaba al pan pan y al vino vino, al vicio vicio, a la infamia infamia, +y a las <i>pequeñeces</i> monstruosidades, y convencióse, por ende, de que +había errado el camino, tratando de justificar el pasado. Resolvióse, +pues, a cantar la palinodia por completo, y a echar mano al mismo tiempo +<span class='pagenum'><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span>de lo que juzgaba él su artillería de reserva.</p> + +<p>La marquesa, por su parte, habíale acometido tan brusca y cruelmente +para ensanchar el campo en que quería examinarle, y no descubrir con una +confianza harto prematura y harto crédula el lazo que tendía ella al +farsante con su estrategia.</p> + +<p>—Tienes razón, María—dijo al cabo gravemente—. Pero no podrás menos +de concederme que algo indica y algo merece el amor propio que se +doblega hasta hacer esta confesión, y que no es caritativo ni cristiano +retirar a quien quiere salir del charco la mano que puede ayudarle... El +padre Cifuentes—añadió con triste sonrisa—, con ser más <i>romano</i> que +tú, me ha concedido ambas cosas.</p> + +<p>—¿Qué te ha dicho el padre Cifuentes?...</p> + +<p>—Me dio para ti esta carta—contestó Jacobo entregándole una.</p> + +<p>Leyóla también la marquesa como si le fuera desconocida, y aparentando +darle un alcance que por ningún concepto tenía, dijo vivamente, con aire +de satisfacción grandísima:</p> + +<p>—Esto es ya otra cosa... El voto del padre Cifuentes es para mí +decisivo, y me tienes por completo de tu parte. Expónme ahora tus +deseos, claros y concretos.</p> + +<p>«¡Castelar tenía razón!... ¡Indudable era que las sotanas partían con +las faldas el imperio del mundo!...» Y mientras esto pensaba Jacobo, con +cierto rabioso despecho, que le hacía aún más antipático al padre +Cifuentes, púsose a trazar un plan encantador, un verdadero idilio +aristocrático, mitad campestre, mitad feudal, que fue exponiendo poco a +<span class='pagenum'><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span>poco y por partes.</p> + +<p>Él no tenía deseos, ni podía concebir otros que los que Elvira tuviese: +él era el vencido, el perdonado, y no podía tener otras aspiraciones que +obedecer en todo y por todo, y resucitar aquel tiempo lejano en que tan +felices habían sido ambos, amándose tanto, tanto... Y aquí pareció +Jacobo muy conmovido, y dio muestras de su erudición, trayendo a la +memoria aquello de Dante:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Nessun maggior dolore<br /></span> +<span class="i0">Che ricordarsi del tempo felice<br /></span> +<span class="i0">Nella miseria.<br /></span> +</div></div> + +<p>y parafraseándolo con aquello otro del marqués de Santillana:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">La mayor cuita que aver<br /></span> +<span class="i0">Puede ningún amador,<br /></span> +<span class="i0">Es membrarse del placer<br /></span> +<span class="i0">En el tiempo del dolor.<br /></span> +</div></div> + +<p>La marquesa parecía encantada y también conmovida, y le instó a que, +dejando a un lado honrosas delicadezas, le manifestara el plan de vida +que sería su gusto entablar, supuesta, <i>como ya podía suponerse</i>, su +reconciliación con Elvira.</p> + +<p>Creyóse ya Jacobo con esto dueño del campo, y su vanidad inmensa le hizo +sentir la satisfacción de haber sabido engañar, antes que el goce de +<span class='pagenum'><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span>haber logrado su objeto. Las mil frases bonitas que había leído y +conservado en la memoria para matizar con ellas su pintoresca elocuencia +acudieron en tropel a sus labios saliendo a borbotones. ¿Qué plan de +vida podía tener él, como no fuera pasar la suya entera adorando a +Elvira, con una pasión humilde, discreta, satisfecha con arder a lo +lejos, como en la última grada del altar el cirio de un pobre?...</p> + +<p>Allá en tierra de Granada tenía él un castillo antiguo, la torre de +Téllez-Ponce, con terrenos de labor y montes espesísimos, donde, +desengañado de la Revolución, había soñado muchas veces combatirla, +realizando el ideal del grande de España antiguo, apoyado en el arado y +en la espada, siendo a la vez señor y protector de la comarca, padre de +sus colonos, y al mismo tiempo su caudillo... ¿Querría Elvira ayudarle +en aquella obra, encerrándose con él en aquel retiro?</p> + +<p>¡Ah, si la Grandeza entera de España, comprendiendo al fin sus intereses +hiciera lo mismo, y dejando a los ricos improvisados y a los políticos +de pacotilla, el lujo con sus vicios, el poder con sus truhanerías, +fuese ella caritativa en los campos, mientras eran ellos usureros en la +corte, diese ella su mano al pobre campesino, mientras ellos le rechazan +con altanería, el pueblo, el verdadero pueblo comprendería al fin cuáles +eran sus amigos sinceros, y el lodo de la política podría fermentar en +la corte, producir revoluciones, lanzar sobre el país decretos +inmundos!... Mas toda aquella insolencia expiraría sin fuerzas sobre la +yerba de los campos, y la ola de cieno no mancharía jamás el dintel de +sus iglesias y castillos, defendidos por un baluarte de caseríos.</p> + +<p>La marquesa miraba y escuchaba a Jacobo con entusiasmo, con +admiración..., con admiración tan grande y profunda, como que algo +parecido a aquella hermosa perorata lo había leído ella en Veuillot +hacía varios años; como que allí mismo, en el <i>secrétaire</i> que tenía +<span class='pagenum'><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span>delante, hallábase guardada entre los papeles de Elvira la escritura de +venta de la torre de Téllez-Ponce, sacada a pública subasta por los +acreedores de Jacobo y comprada bajo cuerda por Elvira misma, para +salvar de los usureros aquel último recuerdo histórico de la familia a +que pertenecía su hijo.</p> + +<p>La bondadosa sonrisa de la marquesa no desapareció, y sin embargo, ante +farsa tan innoble, y entusiasmada y conmovida, apresuróse a asegurar a +Jacobo que no podía imaginar un plan más al gusto de Elvira, y que ella +lo aceptaba desde luego y lo refrendaba en su nombre.</p> + +<p>—¿No es verdad que mi idea es profunda?—exclamó Jacobo, cegado por la +vanidad de orador, que era la más grande y la más mimada de todas sus +vanidades.</p> + +<p>¡Ah, muchas y tristes experiencias le había costado concebirla y +desarrollarla!... Y lo que en aquel momento le hacía encontrarla más +oportuna, más cara a su entendimiento y más grata a su razón, era que +ella misma venía a orillar el único reparo que al intentar su +reconciliación con Elvira se le había puesto delante: reparo de +delicadeza, de hombre de pundonor que quiere ponerse a cubierto de las +hablillas del vulgo.</p> + +<p>Habíase enterado en París por el tío Frasquito de que Elvira había +ganado un pleito de interés, que era a la sazón muy rica, y esto estuvo +a punto de retraerle, porque el mundo era muy malévolo y mil lenguas +murmuradoras se apresurarían a decir que no eran el desengaño y el +arrepentimiento, sino el dinero de su mujer y la ruina propia los que le +impulsaban a dar aquel paso... Mas retirándose a Téllez-Ponce, podían +vivir con las rentas de aquella finca suya, de él propia, y conservar el +<span class='pagenum'><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span>caudal de Elvira intacto, para patrimonio de su hijo.</p> + +<p>Aquella era la primera vez que en todo el transcurso de la conversación +nombraba Jacobo al niño, y hacíalo para asegurar una fraudulenta +impostura. La marquesa sintió que el corazón se le oprimía, oyéndole +hablar de aquel arrepentimiento en que no entraba la idea de Dios; de +aquel amor a su mujer en que no entraba la ternura hacia su hijo, y +dulcificando con un esfuerzo de su poderosa voluntad más y más su +sonrisa, y dando a su acento más marcado tinte de confianza y de cariño, +dijo moviendo desdeñosamente la cabeza:</p> + +<p>—¡Bah!... No pienses en eso...</p> + +<p>—Sí, María, sí; hay que pensar en ello, porque lo que se cuenta de los +hombres, sea o no cierto, ocupa de ordinario tanto lugar en sus vidas +como lo que realmente han hecho. ¡Bien lo sé yo por experiencia propia!</p> + +<p>—¡Obrar bien, que Dios es Dios!—dijo sentenciosamente la marquesa—. +¡Ese es mi lema!</p> + +<p>—Y el mío también... desde hace algún tiempo. Pero no hay que perder de +vista que si la virtud depende de nuestras propias acciones, la honra +depende de la opinión ajena.</p> + +<p>—Pues ya tienes en favor tuyo la de las gentes honradas... ¿Qué más +quieres?...</p> + +<p>—Nada, nada más quiero—replicó Jacobo—. Por eso, en cuanto el padre +Cifuentes me lo aconsejó, cesaron al punto mis dudas.</p> + +<p>—Y además de eso—añadió la marquesa con ingenuidad sencillísima—, tu +<span class='pagenum'><a name="Page_264" id="Page_264">[264]</a></span>pensamiento ha coincidido con el mío... ¡Claro está!, un hombre decente +no podía pensar otra cosa; y por eso había yo previsto, para acallar tus +escrúpulos, un remedio facilísimo.</p> + +<p>—¿Cuál?—preguntó Jacobo algún tanto suspenso.</p> + +<p>La marquesa levantó la tapa del secrétaire, y sacando el documento +escrito por ella misma la noche antes, púsoselo a Jacobo ante los ojos, +diciendo con su sonrisa habitual, tan franca y tan simpática:</p> + +<p>—Con firmar este papel estamos ya del otro lado.</p> + +<p>Jacobo comenzó a leer el documentó con algún sobresalto, y a medida que +recorría sus renglones, contraíanse sus labios y tornábanse color de +grana sus orejas. La marquesa fijaba en él una mirada de compasión +profunda. Él, al terminar su lectura, arrojó el papel sobre la mesa, +murmurando:</p> + +<p>—¡Pero, María!... ¡Imposible!... ¡Imposible!... ¡Yo no firmo eso!...</p> + +<p>El documento era una renuncia completa y explícita a toda intervención y +a todo derecho que pudiera concederle la ley a la administración de los +bienes de su mujer y al usufructo del caudal de su hijo, tan +perfectamente detallada, meditada con tal prudencia, que la codicia y la +rapacidad de Jacobo quedaban atadas de pies y manos con sólo poner allí +la firma...</p> + +<p>Antonelli había vencido a Bismarck; el ángel, con alas de águila, había +cogido bajo el pie al demonio, con alas de murciélago.</p> + +<p>Jacobo, herido en su vanidad, derrotado en sus planes, revolvíase +<span class='pagenum'><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span>furioso al verse cogido en sus propias redes, mientras la marquesa, muy +sorprendida y admirada, preguntábale sin perder un punto de su aparente +ingenuidad y su señoril aplomo:</p> + +<p>—¿Pero por qué no quieres firmar?... ¿Qué encuentras en ello de malo?</p> + +<p>—Porque..., porque..., porque firmar eso, es renunciar a mi dignidad de +marido.</p> + +<p>—¿A tu dignidad de marido?... ¿Pues no decías hace un momento que tan +sólo el reparo que este papel allana te había hecho vacilar al intentar +lo que intentas?</p> + +<p>—Es que ese papel rebaja mi dignidad...</p> + +<p>—Ese papel realza y asegura tu dignidad en la opinión pública...</p> + +<p>—Cuando se trata del honor hay que prescindir de la opinión...</p> + +<p>—¿Prescindir de la opinión?... ¿Pues no decías ahora mismo que lo que +se dice de los hombres, sea o no cierto, ocupa de ordinario tanto lugar +en su vida como lo que realmente han hecho?</p> + +<p>—Hay casos en que el testimonio de la propia conciencia es, para el +hombre de honor, suficiente:</p> + +<p>—¡Pero hombre... de honor!... ¡Si me decías hace un momento que, aunque +la virtud depende de nuestras propias acciones, la honra depende de la +opinión ajena!...</p> + +<p>Jacobo forcejeaba como el lobo cogido en la trampa para buscar una +<span class='pagenum'><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span>salida, y no hallándola, exclamó al fin, rompiendo el freno de las +formas, último que suele romper el más inepto de los diplomáticos:</p> + +<p>—¡Política romana con todas sus hipócritas bajezas y sus intrigas de +sacristía!...</p> + +<p>—¡Cuidado con lo que dices, Jacobo!—exclamó enérgicamente la +marquesa—. ¡Mira que me autorizas a pensar que tu política +<i>bismarckiana</i> ocultaba alguna vileza!</p> + +<p>—¡La tuya sí que oculta una intriga en que asoma la mano del padre +Cifuentes!...</p> + +<p>—¿La mano del padre Cifuentes?... ¡Pobre padre Cifuentes!... La +descubrirás tú, sin duda, desde aquella montaña de Tai-Sam a que subiste +hace poco... Yo, como vivo en terreno llano, no la descubro.</p> + +<p>Jacobo, golpeando con ambos guantes la tapa de la mesa, guardaba +silencio. La marquesa le preguntó al cabo, sin perder su serena calma:</p> + +<p>—¿Conque decididamente no firmas?</p> + +<p>—No firmo—replicó Jacobo con ira.</p> + +<p>—Pues conste que, si la reconciliación no se efectúa, tú tienes la +culpa; que tu mujer ha cedido cuanto es posible ceder, y tú..., tú +mismo, por una obcecación bien sospechosa, destruyes todo lo hecho.</p> + +<p>—Destruyo lo que tú o ese bendito Cifuentes habéis urdido; pero yo me +entenderé con Elvira...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_267" id="Page_267">[267]</a></span></p><p>—Es que Elvira no vendrá a Biarritz.</p> + +<p>—Pues iré yo a buscarla.</p> + +<p>—¿A que no vas?</p> + +<p>—¡Pero, señor!—exclamó Jacobo exasperado—. ¿Son estas las gentes +timoratas?... ¿De dónde saca mi mujer esos aires de independencia?... +Nosotros no estamos separados legalmente y la ley me autoriza para +reclamar cuando quiera a mi mujer y a mi hijo.</p> + +<p>La marquesa se irguió entonces en su butaca, arrogante y amenazadora, +desplegando por vez primera sus poderosas alas de águila. Con el puño +cerrado dio un fuerte golpe sobre la mesa, diciendo al mismo tiempo:</p> + +<p>—¡Inténtalo!... ¡Atrévete!... ¡Inténtalo, y en el momento en que des el +primer paso, presenta ella ante esos tribunales una demanda de divorcio +que te hunde por completo!...</p> + +<p>El aspecto, la voz, el enérgico desprecio de aquel reto sobrecogieron a +Jacobo por un momento; recobrando, sin embargo, bien pronto su audacia, +replicó lleno de rabia:</p> + +<p>—¡Que la presente si quiere!... ¿Dónde tiene las pruebas?...</p> + +<p>—En su poder las tiene... Suficientes para alcanzar un divorcio: +bastantes para hacer poner el capuchón... a cualquiera que lo merezca...</p> + +<p>—¡María!</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_268" id="Page_268">[268]</a></span></p><p>—¡Jacobo!... ¿Te habías pensado tú que por el solo hecho de ser buena +había de ser tu mujer siempre mártir?... La paciencia tiene un límite +que marca a veces el decoro, y ¡ay de las zorras el día en que las +gallinas se cansen de ser gallinas!...</p> + +<p>La terrible indicación de la marquesa amedrentó a Jacobo en medio de su +aturdimiento y de su rabia; y quiso sondear si la existencia de aquellas +pruebas era una mera amenaza.</p> + +<p>—¡No se me asusta a mí con leones de paja!—exclamó irónicamente—. Mi +conciencia me dice que esas pruebas no existen, y no creo en ellas...</p> + +<p>—Pues a ver si tus ojos convencen a tu conciencia—replicó vivamente la +marquesa.</p> + +<p>Y abriendo de un tirón el cajoncillo del secrétaire, mostró a Jacobo, +desde lejos, un paquete de cuatro o cinco cartas, diciendo:</p> + +<p>—A fe que la letra de Rosa Peñarrón y la tuya propia son lo bastante +claras para que no necesiten en los tribunales de peritos que las +reconozcan.</p> + +<p>La sangre entera de Jacobo refluyó en su rostro, y por uno de esos +brutales impulsos con que, en el hombre de la naturaleza y no de la +civilización se manifiesta el instinto, hizo ademán de arrancárselas a +la dama. Mas esta, veloz como el rayo, abrió de un solo golpe la ventana +de cristales, y echando fuera el busto entero y la mano en que tenía las +cartas, gritó con gran fuerza:</p> + +<p>—¡Monina!... ¡Que te vas a caer!... No saltes más... Mademoiselle, +<span class='pagenum'><a name="Page_269" id="Page_269">[269]</a></span>quite usted a la niña la cuerda...</p> + +<p>Y volviéndose después a Jacobo, un poco pálida, pero perfectamente +serena, añadió sin abandonar la ventana:</p> + +<p>—¡Creí que se mataba!... ¡Con estos diablos de niños no se gana para +sustos!</p> + +<p>Jacobo habíase quedado aplanado en su asiento, y tartamudeó entonces:</p> + +<p>—¿Tienes aquí a Monina?...</p> + +<p>—¿Pues no la había de tener?... ¿Quién me separa a mí de mi niña?... +¿Tú no la conoces?... ¿Quieres verla?...</p> + +<p>Y sin esperar respuesta, volvió a gritar desde la ventana:</p> + +<p>—¡Mademoiselle!... Traiga usted aquí a la niña...</p> + +<p>A poco entraba Monina seguida del aya, y corrió a echarse en el regazo +de su abuela, mirando a Jacobo con esa media sonrisa de los niños +mimados, acariciados por todo el mundo, que parece decir al extraño: +¿Pero no me dice usted que soy muy bonito?...</p> + +<p>Jacobo, aturdido por completo, no le decía nada, intentando en vano +adivinar por dónde habían llegado a manos de Elvira aquellas cartas, +pruebas irrefragables de uno de los episodios más vergonzosos y +comprometedores de su vida.</p> + +<p>La marquesa abrazaba a su nieta como hubiera abrazado al ángel de su +guardia, dando gracias a Dios desde lo íntimo de su pecho por haber dado +a Jacobo el golpe de gracia con una espada de hoja de lata. Porque +<span class='pagenum'><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span>aquellos terribles papeles con que su presencia de espíritu y su +enérgica audacia habían anonadado al farsante, eran simplemente tres o +cuatro cartas de sus administradores que en el cajoncito del secrétaire +estaban guardadas. El hecho vergonzoso era cierto, mas las pruebas no +existían, y muerta la Peñarrón, único cómplice, dos años antes, +imposible era que Jacobo descubriese ya el engaño.</p> + +<p>El astuto Antonelli había atado para siempre a Bismarck con hilo de +araña.</p> + +<p>Jacobo, sin hacer una sola caricia a la niña, despidióse fríamente, y +Monina le miró marchar, chupándose, con altivez de dama ofendida, tres +dedos al mismo tiempo.</p> + +<p>Aturdido todavía y lleno de saña, entróse precipitadamente Jacobo en el +carruaje y dio orden al cochero de volver a Bayona, al Hotel de Saint +Etienne, donde se había apeado la víspera. Biarritz era demasiado +pequeño para permanecer oculto y evitar embarazosos encuentros con los +emigrados alfonsinos y carlistas que, desde mucho tiempo antes, poblaban +todos los contornos, y los hombres políticos y medrosos de todo jaez con +que la caída de don Amadeo y la proclamación de la República engrosaban +en aquellos mismos días el número de españoles dispersos.</p> + +<p>El desengaño había sido cruel, y tornábase de nuevo angustiosa la +situación de Jacobo al ver hundirse todas sus ilusiones, dejando tan +sólo en su ánimo zozobras y rencores terribles que encendían en su +corazón, contra la marquesa de Villasis y el padre Cifuentes, la rabia +implacable que siente el perverso contra todo aquel en quien se ve +forzado a reconocer el derecho de despreciarle.</p> + +<p>De las heridas que el derrotado plenipotenciario de Constantinopla +<span class='pagenum'><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span>llevaba en el alma, ninguna escocía tanto a su vanidad, ninguna +irritaba tanto su soberbia como el que fueran sus vencedores una beata y +un fraile.</p> + +<p>En el paroxismo de su furor imaginábase estrangular algún día a la +taimada Villasis con el pañuelo a cuadros azules y amarillos del +hipócrita Cifuentes.</p> + +<p class="center">Fin del libro segundo +</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Libro_III" id="Libro_III"></a>Libro III</h2> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Icmdash" id="Icmdash"></a><a href="#toc">—I—</a></h2> + + +<p>Memorable fue aquella noche... Pedro López aseguró al día siguiente, +bajo su firma, en las columnas de <i>La Flor de Lis</i>, que el espíritu de +Meyerbeer había abandonado la mansión de las armonías para inspirar en +el Real el estreno de <i>Dinorah</i>. Algo impalpable y armónico que se +reflejaba en las voces de los cantantes y en los ecos de la orquesta lo +había visto él, Pedro López, descender del carro de Febo, que decora el +techo, y dinfundirse por la atmósfera embriagadora de la espléndida +sala...</p> + +<p>También Villamelón había visto algo; sentado de espaldas al escenario, +en el fondo del palco, apoyada la pensadora cabeza en el débil +<span class='pagenum'><a name="Page_272" id="Page_272">[272]</a></span>tabiquillo y fijos los ojos en el techo, recibía de lleno el formidable +soplo de aquel feísimo Eolo que, por detrás del carro de Febo, parece +lanzar pulmonías y catarros sobre las calvas, vistas en proyección, de +los melómanos faltos de pelo.</p> + +<p>Currita, sentada en primer término, frente a Leopoldina Pastor, +hallábase arrobada por aquel sublime terceto de la compañía, final del +primer acto, cuando retumba el trueno a lo lejos entre los sordos +bramidos de los contrabajos y el suave murmullo de los violines, dulce, +delicado, bellísimo, que parece revelar el hálito tibio de la tormenta +que se acerca, el tenue susurrar de las hojas de los árboles que sacuden +ya las primeras ráfagas, el vago perfume de la tierra que anuncia la +cercana lluvia.</p> + +<p><i>Che oscuro è il cieli</i>!...</p> + +<p>Y Currita, tan conmovida como Dinorah misma, que intenta en vano detener +a Bellak, la blanca cabra querida, miraba de reojo al palco del +Veloz-Club, donde charlando y riendo entre sí, asomaban Gorito Sardona, +Paco Vélez, Diógenes, Angelito Castropardo, y por detrás de todos, +descollando entre ellos por su gallarda apostura y su aire altanero, +Jacobo Sabadell, flechando los gemelos con descaradísima insistencia a +otro palco que Currita no podía ver porque estaba colocado justamente +encima del suyo.</p> + +<p>—¡Delicioso!—decía Currita más y más conmovida, porque la cabra se +escapaba en aquel momento. Dinorah corría en su busca, Höel arrastraba a +Corentino medio loco de terror y la orquesta se apagaba lentamente, +pianissimo, en un suave murmurio que dejaba sobresalir lejos, cada vez +más lejos, hasta convertirse en un eco apagado, misterioso, mágico, las +vibrantes notas de la campanilla de plata de Bellak, la cabra +blanca<a name="FNanchor_14_14" id="FNanchor_14_14"></a><a href="#Footnote_14_14" class="fnanchor">[14]</a>.</p> +<p><span class='pagenum'><a name="Page_273" id="Page_273">[273]</a></span></p> +<p>El telón cayó entonces, y el público permaneció un segundo mudo, +atónito, escuchando aún en aquel silencio que hubiera permitido oír la +caída de una hoja, embargado por esa especie de pavor suavísimo que +infunde en el alma el sentimiento de lo sublime. Una tempestad de bravos +y de aplausos estalló al fin en el teatro, y Villamelón salió entonces +de su arrobamiento, exclamando con aire de reconcentración profunda:</p> + +<p>—¡Lo dije!... El <i>vol-au-vent</i> de codornices se me indigesta siempre...</p> + +<p>Currita, prescindiendo también de su emoción artística, inclinóse +vivamente al oído de Leopoldina, para preguntarle rabiosa y preocupada:</p> + +<p>—Pero, mujer... ¿A quién mirará tanto Jacobo en ese palco de arriba?...</p> + +<p>Leopoldina volvió lentamente la cabeza, con ese arte inimitable que +tienen las mujeres para ver sin mirar, y echó una rápida mirada al palco +del Veloz.</p> + +<p>La <i>garçonniere</i> andaba revuelta, y Jacobo, de pie en el palco, flechaba +los gemelos con distinguidísima insolencia en la dirección marcada por +Currita, sin hacer caso de las chistosas observaciones que, a juzgar por +sus risas, parecían hacerle los compañeros. Diógenes, mirando también +hacia el mismo sitio, cogió a Jacobo por un brazo y echó al mismo +tiempo, con la mano izquierda, una gran bendición en el aire. Riéronse +los del palco estrepitosamente, y Leopoldina dijo muy seria:</p> + +<p>—¡Anda!... Ya los casó Diógenes...</p> + +<p>Currita, muy alterada, volvió a preguntar:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_274" id="Page_274">[274]</a></span></p><p>—Pero ¿quién puede estar ahí?...</p> + +<p>Leopoldina, furiosa dilettante, que recorría siempre de gorra todos los +palcos del Real, tenía al dedillo los abonos de cada turno y los +abonados a cada localidad. Calculó un momento la dirección en que los +del Veloz miraban, y dijo al cabo:</p> + +<p>—No sé quién puede ser...; ese palco no está abonado.</p> + +<p>Fernandito, con las manos en los bolsillos del pantalón, daba pataditas +en el suelo, diciendo tímidamente:</p> + +<p>—Estoy fastidiado... ¿Sabes, Curra?...</p> + +<p>Curra nada sabía, ni parecía tampoco querer averiguarlo, y aconsejaba +mientras tanto a Leopoldina que fuera en aquel entreacto a visitar a +Carmen Tagle en su platea, desde donde podían perfectamente descubrirse +las incógnitas o incógnita del palco de arriba. Hízole a Leopoldina +poquísima gracia la propuesta, pero érale imposible rehusar aquel +pequeño servicio a la amiga generosa, en cuyo palco, coche y mesa, tenía +un lugar siempre dispuesto; porque era Leopoldina de esas personas de +clase inferior, entrometidas y gorronas, que sufren toda especie de +molestias y desaires a trueque de aparecer a los ojos del vulgo, +codeándose en todas partes con las primeras figuras de la moda y de la +Grandeza. La faja de su hermano y la Capitanía general de Madrid, que +desempeñó este algún tiempo, habíanle abierto las puertas del <i>beau +monde</i>, y allí se había encastillado ella y tomado carta de naturaleza.</p> + +<p>Villamelón, dando sus pataditas, repetía por centésima vez muy +angustiado:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_275" id="Page_275">[275]</a></span></p><p>—¿Sabes, Curra?... Malo estoy.</p> + +<p>—Fernandito, ¡por Dios!... No me lo digas...</p> + +<p>—Indigestión... El <i>vol-au-vent</i> de codornices. Lo tengo dicho: siempre +se me indigesta. ¿Me entiendes?...</p> + +<p>—¡Vaya por Dios, vida mía!... Mira, pasea un poquito y eso te vendrá +bien... Acompaña a Leopoldina y vuélvete pronto...</p> + +<p>Y cada vez más impaciente, advirtió a esta por lo bajo:</p> + +<p>—Que no se huela Carmen a lo que vas... Mira que las pesca al vuelo.</p> + +<p>Villamelón, haciendo figuras, se atrevió a decir:</p> + +<p>—Quizá en casa...</p> + +<p>—¿En casa?... Jesús, hijito mío, y ¿qué te vas a hacer allí solo?... ¿Y +si te da algo?... No, por Dios; ve con Leopoldina y vuélvete despacito.</p> + +<p>El duque de Bringas entró en el palco, y a poco llegó el tío Frasquito +acompañando a su sobrina Valdivieso, que rebosaba, como siempre, +entusiasmo y necedad, chismes y enredos.</p> + +<p>La Ortolani era un portento. ¡Qué <i>berceuse</i> aquella: <i>Si carina, +carprettina</i>!... El tío Frasquito no estaba conforme: gustábale más la +romanza <i>L'incantator della montagna</i>, y estábala ensayando en la +flauta, sin cuidarse para nada del percance del rey Midas, que desde +mucho tiempo antes le tenía pronosticado Diógenes. El duque de Bringas +estaba <span class='pagenum'><a name="Page_276" id="Page_276">[276]</a></span>muy enfadado porque no le llenaba la partitura; aquello no era +sino una ópera cómica francesa, convertida en ópera italiana; en cuanto +a la Ortolani, ¡pchs!... no vocalizaba mal, pero ¡estaba tan flaca!...</p> + +<p>—¡Como si tuviera que cantar con los mofletes!—exclamó María +Valdivieso con muy buen sentido.</p> + +<p>Y variando de conversación púsose a contar a Currita una historia muy +chistosa de la duquesa de Bara, que se hallaba un poco más abajo, en el +palco de los consortes López Moreno, restaurados ya en su trono de +Matapuerca. Lucy se casaba al fin con Gonzalito, conformándose la +duquesa a tragarla por nuera. Paco Vélez se lo había dicho.</p> + +<p>—¡Ya me lo figuraba yo!—exclamó Currita con maligna complacencia—. Si +quien habla mal de la pera, la bendice y se la lleva.</p> + +<p>—¡Exacto! Lo mismo dijo Paco Vélez... Ahí los tienes a los dos tan +amartelados en el palco, publicando las amonestaciones... ¡Dice Paco +Vélez que ha habido unas historias!... López Moreno sitió a Beatriz por +hambre, y entre el embargo y la boda no hubo más remedio que capitular. +Beatriz entrega el ducado, el otro perdona la deuda, y pata... Pero lo +más chistoso es que Lucy dota a Gonzalito en cuatro millones...</p> + +<p>—¡Qué delicia!... De modo que, en caso de viudez, Gonzalo quedará +siempre <i>prince douairier</i>, es decir, <i>douairier</i> de Matapuerca.</p> + +<p>El duque y el tío Frasquito creyeron morirse de risa al oír la agudeza +de Currita, y la de Valdivieso añadió entre carcajadas:</p> + +<p>—¡Exacto! ¡Qué frase tan feliz!... Se la contaré a Paco Vélez... ¡<i>Le +prince douairier</i> de Matapuerca!... Es menester que le dejemos el +nombre; <span class='pagenum'><a name="Page_277" id="Page_277">[277]</a></span>justamente andan muy afanados ahora buscando el árbol +genealógico de Lucy...</p> + +<p>—Pues mira, mujer, yo se lo daré hecho... En la primera rama que pongan +al Mal Ladrón, y en la última a López Moreno ahorcado...</p> + +<p>—¡Pero, Curra, mujer, estás de vena esta noche!—exclamó muerta de risa +la Valdivieso—. Cuánto daría Beatriz porque el árbol de Lucy rematase +de ese modo... Dice Paco que López Moreno está riquísimo...</p> + +<p>Aquí se detuvo como espantada un momento, y mirando atentamente hacia la +sala, añadió con su intemperancia ordinaria:</p> + +<p>—Pero, mujer, ¿no has visto eso?... ¿No ves allí a Jacobo con la +Mazacán?... ¡Pero qué escándalo!... ¿Cómo permites tú eso?...</p> + +<p>¡Vaya si lo había visto Currita!... Como que el berrenchín que tenía por +dentro era la nerviosa musa que inspiraba aquella noche sus aceradas +agudezas, y desde que terminó el acto no había perdido de vista un +momento a Jacobo, viéndole comenzar su <i>toumée</i> por los palcos de las +damas, que le recibían todas en palmas, mimándole y agasajándole con sus +más encantadoras sonrisas y sus más dulces palabras. Isabel Mazacán, +sobre todo, parecía querer comérselo, y por dos o tres veces, mientras +le tuvo en el palco lanzó al de Currita una mirada que parecía decirle: +¡Rabia de firme!... Él acogía todos aquellos homenajes con la exquisita +naturalidad, el desembarazo distinguidísimo del elegante de raza que se +reconoce de moda, del <i>leader</i> del día cuyos saludos se mendigan, sus +frases se repiten, sus trajes se copian, sus toses y estornudos se +numeran y comentan.</p> + +<p>Jamás había otorgado Madrid un perdón tan generoso y tan amplio como el +<span class='pagenum'><a name="Page_278" id="Page_278">[278]</a></span>que concedió al antiguo revolucionario al saber su novelesca aventura +de Constantinopla y al verle entrar de nuevo en el redil aristocrático, +a la sombra de Butrón y la Albornoz, arrepentido, pero con la cabeza +alta; no implorando protección, sino ofreciéndola a todo el mundo.</p> + +<p>Allá en los profundos rincones de los <i>boudoirs</i> y en los secretos +conciliábulos políticos murmurábanse cosas extrañas. Decíase en estos +que Jacobo había prestado un gran servicio al partido restaurador, +echando a pique con ciertos misteriosos papelitos a tres personajes +intrigantes y tramposos que, ávidos siempre de poder y dinero, habían +querido en Biarritz, después de la caída de Amadeo, injerirse +traidoramente en la restauración del trono, que ellos mismos habían +contribuido a hundir cinco años antes. Fuera o no esto cierto, éralo, +sin embargo, que el respetable Butrón había aparecido de repente, +cubriendo a Jacobo con el manto protector de su confianza; que Currita +habíale proporcionado la desinteresada amistad de su caro esposo +Fernandito, y que así, en aquellos ocultos rincones de los <i>boudoirs</i> +como en las amplias aceras de las plazas públicas, designábanse a los +tres personajes con los nombres de <i>el joven Telémaco, el prudente +Mentor y la invulnerable Calipso</i>, murmurándose al mismo tiempo que +Jacobo estaba arruinado, que el partido restaurador garantía su porvenir +asegurándole una cartera en pago de sus servicios, y Currita atendía a +su presente con una esplendidez que amenazaba dar al traste con la hasta +entonces bien cimentada fortuna de la opulenta casa de Villamelón.</p> + +<p>—Y es natural—había dicho una noche la duquesa de Bara—. Curra está +ya muy <i>fanée</i>, y Jacobo no es ningún Juanito Velarde que se mantenga +con un destinillo de veinte mil reales.</p> + +<p>Mientras tanto, Leopoldina Pastor entraba en la platea de Carmen Tagle, +<span class='pagenum'><a name="Page_279" id="Page_279">[279]</a></span>y besándola en ambas mejillas, decíale al oído:</p> + +<p>—Vengo huida...</p> + +<p>—¡Mujer!... ¿Quién te persigue?</p> + +<p>—Curra... Esa Curra... que es atroz, hija, atroz... ¡No vuelvo a +presentarme en público con ella!... No me gustan evidencias; no quiero +escándalos... Por eso dije: aunque sólo sea este entreacto, me la quito +de encima y me voy con Carmen...</p> + +<p>—Gracias por la elección, querida...</p> + +<p>—Pues nada... Empeñada en saber quién estaba en el palco de arriba... Y +todo porque <i>el otro</i> no hacía más que mirar para allá <i>poniendo varas</i>.</p> + +<p>Al decir esto, Leopoldina cogió a Carmen Tagle sus gemelos de nácar y +púsose a mirar hacia el palco que tanto inquietaba a Currita. Había en +él dos señoras: una, joven, sentada en primera fila, y otra, de edad ya +madura, casi oculta en el fondo... Parecía la primera una verdadera +niña, delicada, fantástica, una de esas espirituales gatitas rubias que +se crían a orillas del Sena y suelen tener, en efecto, todas las +solapadas mañas de la raza felina. Sentada de espaldas al escenario, +parecía no haber roto un plato en todos los días de su vida, y paseaba +la vista por la espléndida sala, sin fijarla en ninguna parte, con esa +indiferencia con que se mira una multitud del todo desconocida: más bien +que para ver, parecía estar allí para ser vista, y la exagerada +elegancia, algún tanto extravagante, de su traje de terciopelo negro con +camelias rojas indicaba claramente el plan preconcebido de atraer todas +las miradas. Su compañera, que podía muy bien ser su madre, era una +mujer muy flaca, de aspecto distinguido, con el pelo gris peinado a la +<span class='pagenum'><a name="Page_280" id="Page_280">[280]</a></span>inglesa, un traje de terciopelo negro cerrado hasta arriba y un vistoso +aderezo de brillantes falsos. Ambas parecían extranjeras, y en toda la +noche no habían cruzado entre sí una sola palabra.</p> + +<p>Examinólas Leopoldina detenidamente, y dijo al cabo, meneando la cabeza:</p> + +<p>—Negro y encarnado... ¡Malo!... Los colores del diablo... ¿Y quiénes +son esas individuas?...</p> + +<p>Carmen Tagle se echó a reír encogiéndose de hombros, y Leopoldina volvió +a mirarlas, diciendo por debajo de los gemelos:</p> + +<p>—Pues te digo que con el terciopelo que gastó la madre en cubrirse +hasta las orejas podía haber subido un poquito el escote de la hija... +¡Vaya con la indecente!... Y la chica es monísima... ¿Cómo se llama?...</p> + +<p>—Si nadie la conoce... El martes se presentó en ese mismo palco vestida +de blanco con camelias rosa... Ayer estaba en la Castellana en un milord +muy bonito, con camelias blancas en el sombrero y en el pecho... Hoy, +terciopelo negro con camelias rojas...</p> + +<p>—Pues ya tenemos nombre que darle—exclamó Leopoldina riendo—: <i>La +dama de las camelias</i>.</p> + +<p>Y sobre estos varios motivos improvisaron las dos amigas una alegre +fantasía, hasta que Leopoldina volvió al palco de la Albornoz momentos +antes de comenzar el acto segundo. Currita la esperaba impaciente, y la +falaz exploradora apresuróse a decirle, con cierto maligno gustito, que +la incógnita en cuestión era una muchacha monísima, de todo el mundo +desconocida, a quien acababan de bautizar ellas, por tenerlo muy bien +<span class='pagenum'><a name="Page_281" id="Page_281">[281]</a></span>merecido, con el significativo nombre de <i>La dama de las camelias</i>.</p> + +<p>—Por supuesto, que no se enteraría Carmen de que yo te enviaba—dijo +Currita muy pensativa; y Leopoldina, con el hociquito fruncido y los +ojitos entornados, como quien se ofende de la pregunta, contestó:</p> + +<p>—¡Mujer!... ¿En qué cabeza cabe?... ¿Acaso soy yo boba?...</p> + +<p>Comenzó el acto: Villamelón seguía indigestado; Currita, emberrenchinada +y con el rabillo del ojo alerta; Leopoldina, que era, en efecto, +aficionada e inteligente, sin perder una nota, y el tío Frasquito, que +allí se había quedado, muy satisfecho por hallarse al lado de +Leopoldina, una de las sobrinas espurias a que más predilección +mostraba, por su <i>allure</i> varonil y decidida y sus excéntricas +genialidades.</p> + +<p>En el palco del Veloz habían quedado solos Diógenes y Jacobo; +despatarrado aquel frente al público, como si quisiera indicarle que +todo él junto no se le importaba un comino; mirando este sin cesar, como +un cadete, al palco de la dama de las camelias. En la escena, Dinorah, +la pobre loca, cantaba la bellísima aria que la inspira su propia sombra +proyectada en el suelo por la blanca luz de la luna, una de las más +felices inspiraciones de Meyerbeer, que interpretaba admirablemente la +entonces célebre Ortolani.</p> + +<p>Cambió la escena de pronto, y la cascada, el precipicio y el torrente +arrancaron un murmullo de admiración a los espectadores, que pocas veces +habían contemplado en aquel género una obra de arte tan acabada y tan +bella. Höel quiere obligar al gaitero Corentino a buscar el tesoro en el +fondo del precipicio; de nuevo el cielo se encapota, y entonces aparece +otra vez el terrible Meyerbeer, el genio de los <i>Hugonotes y Roberto el +diablo</i>, que sabe describir con las ocho notas del pentagrama toda la +<span class='pagenum'><a name="Page_282" id="Page_282">[282]</a></span>rabia de los elementos y todos los furores del corazón.</p> + +<p>De improviso, rompe la orquesta bruscamente la cadencia, rugen los +contrabajos estrepitosamente, las flautas dejan oír agudos silbidos, el +metal, desencajado, truena con espantosa violencia, los timbales +redoblan convulsamente. Ya no parece aquello una tempestad, ni un +huracán, sino un cataclismo que amenaza desquiciar la tierra, y en aquel +momento, el supremo de la ópera, apareció por entre las cortinas de +terciopelo carmesí que cerraba el fondo del palco de Currita una cabeza +peluda y cetrina, que el tío Frasquito tomó por la del terrible +Adamastor, genio de las tempestades, y Fernandito por el bilioso +espectro de la indigestión, que evocaban ante él sus jugos gástricos +alterados.</p> + +<p>Era Butrón, el respetable Butrón, que entraba de puntillas, con el dedo +sobre los labios, haciendo gestos de que nadie se molestara, y yendo a +sentarse en la silla que, no obstante su susto y su entripado, se +apresuró a cederle Villamelón, al lado de Currita.</p> + +<p>La tempestad seguía rugiendo: Höel y Corentino gemían aterrados, y +Dinorah, la pobre loca, desencajada, con el cabello flotante y el rostro +iluminado por la luz de los relámpagos, desafiaba la furia de los +elementos, dominando con su voz pura y vibrante los roncos estampidos +del trueno y los estridentes alaridos del viento, que encubrieron +también estas breves palabras deslizadas por Butrón al oído de Currita:</p> + +<p>—Llegó la hora... ¡Concha está con nosotros!...</p> + +<p>Escapósele a aquella una leve exclamación de sorpresa, que el tío +Frasquito pescó al vuelo; mas un azulado relámpago iluminó en aquel +<span class='pagenum'><a name="Page_283" id="Page_283">[283]</a></span>momento la escena; un inmenso diseño cromático, nacido en las alturas +de la orquesta y resuelto en las profundidades de los bajos en un rumor +apagado y fatídico, anunció la caída del rayo, y entre truenos y +relámpagos y sublimes convulsiones de los instrumentos de cuerda, +escapósele lo que Butrón añadía, pudiendo percibir tan sólo estas +palabras dichas por el diplomático con grande insistencia:</p> + +<p>—Mañana, a las cuatro, en casa... ¡Por Dios!, que no faltes, ni dejes +de avisar a Jacobo...</p> + +<p>La curiosidad hizo al tío Frasquito perder la cabeza, y por querer +fiscalizarlo todo a un tiempo, ni vio a Bellak, la cabra blanca, cruzar +como una flecha el rústico puentecillo, ni a Dinorah caer en el fondo +del barranco, ni a Höel precipitarse desesperado en su auxilio, ni a +Currita que ceñuda y apretando con inexplicable rabia las varillas del +abanico, decía a Butrón muy por lo bajo:</p> + +<p>—¿A Jacobo?... ¿Acaso le veré yo esta noche?... Ya ha correteado todos +los palcos y todavía no me ha dirigido un saludo.</p> + +<p>—¡Ah, ingrato!—susurró Butrón—Corro a traértelo.</p> + +<p>Y de nuevo se fue como había venido, de puntillas, sonriendo a todos, +haciendo muchos ademanes para que nadie se incomodara, y dejando al tío +Frasquito estupefacto... ¡Oh!, pues lo que es a él no se la pegaban... +¿Currita a las cuatro en casa de Butrón y avisando antes a Jacobo?... +Algo gordo sucedía cuando el prudente Mentor, el joven Telémaco y la +invulnerable Calipso se avistaban en secreto, con la extraña +circunstancia de acudir la dama a casa del caballero, y no los +caballeros al palacio de la dama, como parecían dictar las más +<span class='pagenum'><a name="Page_284" id="Page_284">[284]</a></span>elementales leyes de la galantería.</p> + +<p>—¡Cosa más singularr!...</p> + +<p>Y mirando a Jacobo a lo lejos, aumentóse su curiosidad al ver que +aparecía Butrón por detrás de la cortina del palco del Veloz, hacíale +una seña y llevábaselo consigo, siguiéndoles a los dos, sin que ninguno +le llamase, el cínico Diógenes... Al terminar el acto, Butrón, +triunfante y satisfecho, entraba otra vez con Jacobo en el palco de +Currita, y empujándole hacia la dama con aire de papá bonachón que +satisface un capricho de la niña, cogió con una de las suyas las dos +manos que ella y él se estrechaban al saludarse, murmurando, con +sentenciosa indulgencia, aquellas palabras de Shakespeare:</p> + +<p>—<i>Old, old history</i>!...</p> + +<p>Hecho esto, el espejo de caballeros, según Pedro López, el integérrimo +diplomático, el sesudo político, el anciano venerable y fervoroso que +tenía ya un pie en el sepulcro, miró al reloj, enarcó las cejas y +despidióse apresuradamente. Eran ya las once, y estaba citado a las once +y cuarto con el cardenal arzobispo de Toledo: tratábase de un atentado +de la canalla gubernamental republicana contra la Iglesia y deseaba él +representar en aquel conflicto el papel de Constantino.</p> + +<p>Ensanchósele el corazón al tío Frasquito, creyendo llegada la hora de +averiguar algo, y aguzó las orejas y aprestó la lengua para sondear con +habilidad a Jacobo y a Currita. Mas, de repente, una mano aleve cogió el +mediato lazo de su corbata blanca, y dándole una rápida vuelta, vino a +ponérselo sobre la nuca. Volvióse indignado y sorprendido, y vio +inclinada sobre la suya la gran cabezota de Diógenes, que, sonriendo y +babeando, le decía amorosamente:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_285" id="Page_285">[285]</a></span></p><p>—¡Francesca mía!... ¡Si soy yo, Paolo!...</p> + +<p>Verde de ira y amarillo de miedo púsose Francesca, cual si viese asomar +por detrás de Paolo la sombra siniestra de Gianciotto, y gruñó entre +dientes:</p> + +<p>—¡Qué cosas tienes!... De verras que erres pesado...</p> + +<p>Y despidiéndose atropelladamente por temor de alguna más grave demasía, +fuese a componer la corbata en el espejo del antepalco, dejando vacío su +asiento, que era lo que buscaba Diógenes. Ocupólo este entonces con la +mayor frescura y dando una gran palmada en el muslo a Villamelón, díjole +tal atrocidad, relativa a su entripado, que Jacobo y Leopoldina se +miraron espontáneamente, como quien dice: «¡Animal!». Currita, muy +enfadada, dijo:—¡Jesús, hombre, qué cosas tienes!... ¡Eres shoking, +shoking, de veras!—Y Fernandito, con resignada sonrisa, contestó:</p> + +<p>—El <i>vol-au-vent</i> de codornices... Siempre se me indigesta. ¿Sabes?</p> + +<p>—¡Pues ya lo creo que lo sé, polaina!... Por eso tomo yo siempre +<i>vol-au-vent</i> de sopa de ajo—replicó Diógenes.</p> + +<p>Y cediendo a su instinto natural de desvergonzada capigorronería, +añadió:</p> + +<p>—Oye... ¿Y quién me lleva a mí luego en su coche, tú o Jacobo?</p> + +<p>—Lo que es yo no te llevo—replicó vivamente este—. Me voy ahora +mismo.</p> + +<p>—Ni yo tampoco—añadió al punto Currita—Fernandito no se siente bien, +<span class='pagenum'><a name="Page_286" id="Page_286">[286]</a></span>y no hemos de andar por ahí dando vueltas.</p> + +<p>—Pero, mujer, si te coge al paso... Me dejas en la calle de Alcalá, en +la chocolatería de doña Mariquita... Por nada del mundo pierdo yo mi +gran jícara con su par de <i>mojicones</i>...</p> + +<p>—Son sabrosos—opinó Villamelón.</p> + +<p>—¡Qué delicia!—dijo Currita—. Si te los dieran todas las noches en +los dientes no tendrías la lengua tan larga.</p> + +<p>—¡Polaina!... Si te los dieran a ti donde yo me sé, no darías motivos +para que te alcanzasen las lenguas.</p> + +<p>Currita se mordió los labios comprendiendo que era imposible la lucha +con aquel cafre, que parecía complacerse en poner de relieve, con sus +crudezas, las vergonzosas condescendencias del mundo, y Jacobo se +despidió afectuosamente al comenzar el acto con un ambiguo <i>hasta +luego</i>, que dejó a Currita muy complacida. A la mitad del acto cuando +Dinorah recobra la razón y quiere recordar la bellísima plegaria +<i>¡Sancta María!</i> entre sublimes vacilaciones de la orquesta, que parecen +revelar los esfuerzos mentales de la pobre loca, envolvióse Currita en +su soberbio abrigo de terciopelo granate, forrado de pieles blancas, y +aceptando en señal de reconciliación el brazo de Diógenes, salió del +palco escoltada por Villamelón y Leopoldina, gozoso él por irse a dormir +su indigestión, furiosa ella por marcharse sin oír el coro final de la +romería.</p> + +<p>El <i>foyer</i> estaba aún desierto, y los lacayos, zambullendo las +encarnadas narices en sus inmensos cuellos de pieles, comenzaban a +asomar ya, para <span class='pagenum'><a name="Page_287" id="Page_287">[287]</a></span>avisar a los señores la llegada de los coches. +Antojósele entonces a Currita sentarse en un diván, para esperar la +salida de la gente. Angustióse Villamelón.</p> + +<p>—¡Pero, hija mía, por Dios!... ¡Si esto está helado, Curra!...</p> + +<p>Y se liaba a toda prisa al pescuezo un <i>gran foulard</i> finísimo, y +levantábase el cuello del gabán a la altura de las orejas...</p> + +<p>—Te digo que vale más volver al palco, si...</p> + +<p>Un estornudo formidable le cortó la palabra y le acrecentó la angustia.</p> + +<p>—¿Lo ves?... ¿Lo ves?... Ya pillé un constipado... Fortuna tengo hoy... +¿Sabes?... ¡Ya tengo para una semana!...</p> + +<p>La gente comenzó a desfilar por delante de Leopoldina y la Albornoz, +que, dejando estornudar a Fernandito y sin perder de vista su negocio, +saludaban a diestro y siniestro a los innumerables conocidos que iban +pasando. De pronto, Leopoldina tiró suavemente del vestido a Currita, +diciéndole muy bajo:</p> + +<p>—Mírala... ¡Esa es!...</p> + +<p>No vio nada: dos fantasmas blancos pasaban por delante, arrastrando por +debajo de los amplios albornoces las largas colas de terciopelo negro, +dejando asomar la vieja por el abrigado capuchón una corva nariz caída y +afilada, luciendo tan sólo la joven unos ojazos azules, que creyó +Currita se fijaban en ella con provocativa insolencia. El blanco +albornoz de la incógnita pasó rozando el terciopelo granate del abrigo +de Currita, y una frase alemana, que esta pudo oír y no pudo entender: +<span class='pagenum'><a name="Page_288" id="Page_288">[288]</a></span>«Ahí la tienes», pareció caer entonces de la nariz corva y afilada, y +ambos fantasmas desaparecieron entre el gentío precedidos de un <i>groom</i> +monísimo que apenas contaría doce años.</p> + +<p>—Pero, hija, ¿arrancaremos al fin?—decía Villamelón mientras tanto—. +Diógenes, dale tú el brazo... ¡Buen constipado he pillado!... ¿Qué haces +tú cuando te constipas, Diógenes?</p> + +<p>—¿Yo?... Estornudar...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IIcmdash" id="IIcmdash"></a><a href="#toc">—II—</a></h2> + + +<p>El respetable Butrón daba puñetazos en los muebles y cruzaba a grandes +zancadas el aposento, llamando a su mujer, según su costumbre, unas +veces <i>Geno</i>, otras <i>Veva</i>, nunca por completo Genoveva y prodigándola +con todas sus letras los dicterios de imbécil, estúpida, vieja del +diablo, beata de Barrabás, que no sabiendo sino rezar el Pater noster, +quería darle lecciones a él, Pirro en el ingenio, Ulises en la +prudencia, Anteo en el ánimo, Alejandro en la magnanimidad y Escipión en +lo afortunado.</p> + +<p>Curiosas escenas íntimas del hogar doméstico, que parecerán +inverosímiles a los que sólo conocen la <i>parte oficial</i> de los grandes +personajes, y que debieran esculpirse cual bajos relieves en los +pedestales que levantan el vulgo y la opinión a muchos de los prototipos +sociales que brillan en las academias y congresos, estrados y salones.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_289" id="Page_289">[289]</a></span></p><p>La marquesa, la anciana señora de virtud intachable, de educación +exquisita, escuchaba aquel torrente de denuestos muda e inmóvil, con la +cabeza baja y las lágrimas en los ojos, semejante a la estatua de la +paciencia, contemplando sus propios sufrimientos. Por dos veces quiso +interrumpir a su marido, mostrándole una carta que en las manos tenía; +mas los gritos y denuestos del sesudo diplomático la atemorizaron y +aturdieron, y volvió a guardar silencio. Las escenas de Lauzun, +amenazando con el bastón a la duquesa de Montpensier, su esposa, y +gritándole: «¡Luisa de Borbón, quítame las botas!», no eran, sin duda, +desconocidas a la infeliz señora.</p> + +<p>Hallábanse ambos esposos en el despacho particular del diplomático, +vasta pieza decorada en otro tiempo con severa magnificencia, pero sobre +la cual habían pasado los años sembrando manchas y desconchones, sombras +y deterioros que la larga cesantía del magnate no había permitido hasta +entonces restaurar. Veíase en un extremo, tras un gran biombo de nueve +hojas de laca de Coromandel, descascarado por todas partes, una enorme +mesa cargada de papeles y rodeada de artísticos armarios, todos al +alcance de la mano, <i>sancta sanctorum</i>, donde sólo penetraban los +iniciados en los asuntos y manejos del diplomático. Al otro extremo, +frente a una alta vidriera que daba al jardín, y al lado de una chimenea +de mármol negro, había una gran mesa del siglo XVII, de nogal, cuadrada, +con ancha talla y hierros escarolados, y cómodas butacas y mullidas +poltronas, algún tanto desteñidas y un mucho destrozadas, dispuestas en +torno: allí recibía Butrón a los profanos a que les era lícito traspasar +el dintel de su despacho privado. Veíanse por todas partes, sobre las +mesas, en las dos chimeneas, por los armarios y colgados de las paredes, +retratos de reyes, príncipes y personajes ilustres, de fotografía unos, +magníficamente grabados en acero otros, con pomposas dedicatorias al +integérrimo diplomático, que pregonaban sus grandes relaciones y sus +altas influencias. Sobre un sofá de rica badana japonesa, hundido todo y +<span class='pagenum'><a name="Page_290" id="Page_290">[290]</a></span>despellejado, había en lugar preferente, una gran fotografía del +príncipe Alfonso, con el uniforme de escolar del colegio de María +Teresa, y esta dedicatoria, escrita de puño y letra del futuro monarca: +«Al leal marqués de Butrón, modelo de caballeros. Recuerdo del 2 de +diciembre de 1870. Alfonso». Aquella fecha solemne era la del día en que +Butrón se avistó por primera vez, después de la Revolución, con los +augustos desterrados y juró a los pies del regio niño restaurarlo en el +trono de España o morir en la demanda.</p> + +<p>Más lejos, a uno y otro lado de una gran panoplia llena de orín y +descabalada, había dos hermosos grabados de Luis Felipe y la reina +Amalia, con sendas dedicatorias, y entre otra porción de notabilidades +regias, políticas y literarias, diseminadas por todas partes, un retrato +en litografía de Martínez de la Rosa, en los tiempos en que le llamaban +<i>Rosita la pastelera</i>, con este campechano letrero: A <i>Pepillo Butrón, +su dómine Paco</i>.</p> + +<p>Mas entre todos aquellos monumentos de altas estimaciones, era el más +curioso una hermosa fotografía de la reina de Inglaterra, colocada con +afectada naturalidad sobre la chimenea en un pequeño caballete de plata +oxidada, cuyas molduras tapaban, en parte, la honrosa dedicatoria. +Habíasela dado la majestad británica en Roma, con motivo de cierto +oportuno servicio, y deseando demostrarle la más exquisita deferencia, +puso en castellano el autógrafo. Mas su graciosa majestad no manejaba +sin duda con gran arte el habla de Cervantes, y siendo su intento +escribir según la construcción inglesa: Al <i>marqués de Butrón, +recuerdo</i>, olvidóse de poner la u, y resultó: Al <i>marqués de Butrón, +receurdo</i>, firmado y rubricado de puño y letra de su graciosa majestad +la soberana de los tres reinos unidos, emperatriz también de las Indias.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_291" id="Page_291">[291]</a></span></p><p>El pasmo de Butrón fue grande al verse colocado reduplicativamente por +aquella importuna síncopa en la rama más desacreditada de la extensa +familia de los paquidermos, y apresuróse a colocar habilidosamente la +regia dádiva en una moldura que, sin ocultar por completo el honroso +letrero, encubriese el sangriento <i>lapsus calami</i> de su majestad +británica.</p> + +<p>Ocurrían graves sucesos, y la pelotera que Butrón sostenía con su mujer +reconocía en ellos su origen. Pavía había dado el golpe de 3 de enero, +derrumbándose la república parvulita al eco de tres o cuatro tiros +disparados al aire en los pasillos del Congreso. El poder cayó de nuevo +en las garras de Serrano, y el desquiciamiento general, la indisciplina +del ejército, que peleaba sin fe ni esperanza en aquellas dos grandes +esclusas de Cartagena y el Norte, que se tragaban torrentes de sangre y +arroyos de dinero, indicaban a los pacientes alfonsinos, cruzados de +brazos, que se acercaba la hora de extender la mano para coger la breva, +madura ya por completo. La escena de Aristófanes, en su comedia <i>La +Paz</i>, cuando el pacífico Trigeo sube al Olimpo montado en un escarabajo, +se representaba entonces en España: el Olimpo estaba desierto y sólo +quedaban allí la Guerra y el Estrago, machacando en un mortero una +nación entera y sirviéndoles de mano un general ambicioso.</p> + +<p>Otro general de valor, de prudencia y de prestigio, encargóse entonces +de inclinar hacia los alfonsinos la rama de que pendía la fruta +apetecida y disputada. Fue este el general Concha, que aceptando el +mando del ejército del Norte, partió para Bilbao, dispuesto a +restablecer la disciplina, aniquilar a los carlistas y proclamar rey de +España al joven príncipe Alfonso. Era necesario, sin embargo, allegar +recursos para preparar el ejército, y las bolsas exprimidas, las +codicias alarmadas y los egoísmos latentes dificultaban mucho la +ejecución del proyecto. El ingenio del marqués de Butrón encargóse +<span class='pagenum'><a name="Page_292" id="Page_292">[292]</a></span>entonces de hallar remedio, y al frente de su brigada femenina acometió +la empresa: imaginó, por de pronto, crear una asociación de señoras para +socorrer a los heridos del Norte, que, difundida por toda España, había +de allegar recursos de todos géneros para ser distribuidos +abundantemente en el ejército a nombre de las señoras alfonsinas, +preparando así los ánimos para secundar el movimiento<a name="FNanchor_15_15" id="FNanchor_15_15"></a><a href="#Footnote_15_15" class="fnanchor">[15]</a>.</p> + +<p>El plan fue aprobado con entusiasmo por los prohombres del partido, y el +gran Robinsón sólo pensó entonces, con la enérgica actividad que le +caracterizaba, en organizar la Junta central de señoras en la corte. +Ocupóse, lo primero, en buscar la presidenta, piedra fundamental de todo +el edificio, y un nombre ilustre que había de llevarse tras de sí cuanto +grande, bueno y respetable encerraba la corte; acudió primero a su mente +la marquesa de Villasis... Mas las teorías conciliadoras del peludo +diplomático juzgaban necesario allegar otros elementos, y pensó entonces +en la condesa de Albornoz para el cargo de vicepresidenta. Esta atraería +al Madrid de rompe y rasga, que brilla y que bulle, pequeña, pero +venenosa levadura que corrompe la sociedad entera y la hace aparecer, al +imponerle sus leyes a sus vicios, escandalosa hasta un punto que no lo +es ciertamente; la otra atraería al Madrid honrado, sensato y devoto, no +tan escaso como muchos creen, y en torno de uno y otro bando se +agruparía al punto el Madrid verdaderamente inmenso, la gran falange +cortesana de gente más bien frívola que corrompida, más bien +insustancial que viciosa, que vive de reflejos y escandaliza o edifica, +según es escandaloso o edificante el astro que le comunica sus +resplandores.</p> + +<p>El plan era bellísimo. Mas ¿quién le ponía el cascabel al gato? ¿Quién +aliaba a la tiesa y austera Villasis con la amable y despreocupada +Currita, aunque se tratase de ir a conquistar juntas la Tierra Santa? +¿Quién doblegaba la vanidad inmensa de la Albornoz, hasta el punto de +<span class='pagenum'><a name="Page_293" id="Page_293">[293]</a></span>hacerla aceptar cualquiera empresa que fuese un puesto secundario?... +El astuto Butrón resolvió tentar el vado, aproximando a las dos señoras, +y citólas en terreno neutral, su propia casa, sin advertir a ninguna la +presencia de la otra, con el pretexto de tratar reservadamente, en junta +de notables, un asunto de la mayor importancia para el partido. +Encargóse él de avisar a Currita la noche antes en el teatro, y, por +orden expresa suya, escribió su mujer a la Villasis, con quien la unía +una amistad antigua, cariñosa y sincera. La futura presidenta olióse +desde luego la partida, y un oportuno constipado atroz y empedernido +vino a impedirle salir fuera de casa; así se lo notificaba con grande +sentimiento y cariñosas frases a su buena amiga Genoveva en una elegante +esquelita cuadrada, en cuya esquina se leía, bajo la corona ducal propia +de los Grandes de España, su nombre de María.</p> + +<p>Esperábase la Butrón la llegada del constipado, díjole así a su marido +al mostrarle la carta, y entonces fue cuando el respetable diplomático +descargó su berrinche sobre la pobre dama, prodigándole los dicterios +que al comenzar este capítulo apuntamos.</p> + +<p>De repente, recobró su cortesana sonrisa, su continente señoril y +aparatoso: entraba la duquesa de Bara, otra de las citadas, antigua +amiga suya, aunque no de tan añeja fecha, de quien la maledicencia se +había ocupado muchos años atrás y se solía ocupar aún de cuando en +cuando. Era la duquesa mujer muy discreta, nada escrupulosa, conocía a +Madrid palmo a palmo y escuchábala Butrón como a un oráculo en todo lo +referente a guerra femenil de intriguillas y abanicazos. Al poco llegó +el general Pastor, próximo a partir también al Norte para secundar el +movimiento de Concha, y vino luego un don José Pulido, hombre listo y +travieso, pies y manos de Butrón y también su ninfa Egeria, que había +sido condiscípulo suyo en la Universidad y desempeñado muy buenos +puestos a la sombra del diplomático. Eran ya las tres, y a las cuatro +<span class='pagenum'><a name="Page_294" id="Page_294">[294]</a></span>debían de llegar Jacobo Sabadell y la Albornoz y hubiera llegado +también la Villasis si su providencial constipado no se lo estorbase. El +prudente Butrón habíalos citado con una hora de intervalo, para poder +preparar en aquella antejunta de íntimos lo que en presencia de los +otros había de tratarse más tarde.</p> + +<p>Sentáronse todos al lado de la chimenea, en torno de la mesa cuadrada, y +el respetable Butrón expuso el caso. La duquesa de Bara no le dejó +acabar: juzgaba ella imposible hacer tragar a la Villasis la +vicepresidencia de Currita, como no fuera cogiéndola de sorpresa, +presentando de improviso la candidatura aprobada ya por unanimidad en la +junta magna de señoras que había de celebrarse; y aun así y todo, +desconfiaba mucho del éxito, porque era María Villasis una quijota +impertinente y ridícula, capaz de desairar a Madrid entero si se le +ponía entre ceja y ceja el hacerlo.</p> + +<p>—No se me olvidará nunca—dijo—lo que hizo con la pobre Rosa Peñarrón, +cuando aquel concierto famoso que organizó a beneficio de los inundados +de Valencia. Le envió Rosa tres billetes, y tuvo la desfachatez de +devolvérselos con el precio justo, unas quince o veinte pesetas, y +enviar luego a Valencia, por mano del arzobispo, una limosna de tres mil +duros...</p> + +<p>Butrón enarcó las formidables cejas, el general Pastor se atusó el largo +bigote y don José Pulido, más práctico y menos puntilloso, ensanchó la +barbilampiña cara, diciendo suavemente:</p> + +<p>—Con tal de que nos envíe a nosotros otro tanto, aunque sea por mano +del moro Muza...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_295" id="Page_295">[295]</a></span></p><p>Ofendióse la duquesa, que acababa de vender su hijo y su ducado al +señor López Moreno, y con mucha dignidad contestó severamente:</p> + +<p>—¡Oh, no, no, Pulido!... Ni el decoro se vende, ni tiene precio, ni +necesitamos acá que venga la Villasis a damos lecciones...</p> + +<p>Y además, desconfiaba ella mucho de la actitud de esta e ignoraba hasta +qué punto podría contarse con ella para los trabajos de la +Restauración... Cierto que su amistad con la reina destronada había sido +siempre íntima, leal y consecuente, pero le constaba a ella de buena +tinta que Bravo Murillo tuvo la impertinencia de comunicar a la marquesa +la respuesta dada por el arzobispo de Valladolid a la consulta de si la +Restauración había de conservar o no la unidad católica, y esta no podía +ser más terminante: «No era lícito a ningún partido político prescindir +de ella». Que era esto una tontería, una chochez del arzobispo, +corriente. Pero era lo bastante para alarmar la conciencia de una +mojigata como la Villasis, y encontrar en ello un pretexto para tirar de +los cordones de la bolsa.</p> + +<p>La marquesa de Butrón bajó los ojos como distraída al oír hablar de la +unidad católica, y acentuóse aún más la sombra de tristeza que nublaba +siempre su rostro. El integérrimo diplomático y el señor Pulido cruzaron +entre sí una rápida mirada; indudable era que los dos compadres habían +hablado más de una vez del asunto en junta de íntimos, del lado de allá +del biombo. Butrón tomó la palabra, extendiendo la peluda mano:</p> + +<p>—Respondo de María Villasis—dijo enérgicamente—. Lo que tú dices es +cierto, Beatriz; pero la pifia de Bravo Murillo la enmendé yo mismo... +María acudió entonces a mí muy alarmada, pidiendo explicaciones +categóricas, y yo la prometí solemnemente que la Restauración +conservaría a todo trance la unidad católica como la joya más preciada +<span class='pagenum'><a name="Page_296" id="Page_296">[296]</a></span>de las glorias de España.</p> + +<p>La duquesa se encogió de hombros, con muestras de grande impaciencia.</p> + +<p>—Pues no dice eso el manifiesto que se negó a firmar Bravo +Murillo—dijo.</p> + +<p>—Tampoco dice lo contrario.</p> + +<p>—Entonces...</p> + +<p>—Entonces queda en pie lo que yo he prometido... El porvenir no puede, +sin embargo, asegurarse, y quizá pudiera suceder que, contra nuestra +voluntad y nuestros deseos, nos viéramos forzados a respetar un hecho +consumado o a ceder ante una votación contraria hecha en Cortes...</p> + +<p>El señor Pulido hizo una profunda señal de asentimiento, bajando con +previsoria resignación los ojos, y la duquesa, haciendo alarde de la +perspicacia de su ingenio, exclamó ligeramente:</p> + +<p>—¡Entendido, entendido...; basta!... Queda, sin embargo, el otro +extremo por conciliar. ¿Crees tú que <i>la mona Jenny</i> se contente con la +vicepresidencia?</p> + +<p>Asombróse Butrón de aquella extraña candidata cuadrumano que trataba de +ingerir la duquesa en la ilustre junta de damas, y exclamó muy +sorprendido:</p> + +<p>—¿<i>La mona Jenny</i>?...</p> + +<p>—Pues, hombre, Curra... La Villamelona. ¿No sabes?... Diógenes le ha +<span class='pagenum'><a name="Page_297" id="Page_297">[297]</a></span>puesto ese nombre desde que le dio por fumar en pipa, en un narghilé +precioso que le regaló el embajador de Marruecos... Es una mona famosa +que hay en el jardín zoológico de Londres—yo la he visto—y fuma en +pipa con una gracia y unos mohínes que recuerdan a Curra por completo.</p> + +<p>—¡Vamos, vamos!—exclamó con bondad olímpica el diplomático—. No he +visto nada como Madrid para motes y chismecillos... Todos queriéndose +mucho, todos juntos noche y día, y todos arrancándose a tiras el pellejo +y poniéndose en ridículo en cuanto vuelven la espalda...</p> + +<p>—¡Miren el puritano, el caritativo!... <i>Ami de la vertu, plutôt que +vertueux</i>! Pues ya tenías tiempo de haberte ido acostumbrando.</p> + +<p>—Empezaré a acostumbrarme por la mona Jenny... La mona Jenny aceptará +la vicepresidencia.</p> + +<p>—¿Crees tú?...</p> + +<p>—Lo espero... Le tengo reservado otro papel de grande importancia que +le hará olvidar lo secundario de este.</p> + +<p>Entonces explanó Butrón su plan con todos sus pormenores... No se +trataba de una asociación de señoras exclusivamente alfonsinas, mil +veces lo había dicho y no se cansaría jamás de repetirlo. Era necesario +<i>barrer para adentro</i>, conciliar todas las voluntades, ahuyentar todos +los escrúpulos, ahondar en cualquier rincón en que pudiera encontrarse +un ochavo, escarbar en todo muladar en que pudiera hallarse un pelotón +de hilas sucias, agotar todos los recursos de fiestas, bailes, toros, +beneficios, francachelas y festivales, con que la caridad moderna ha +encontrado el secreto de enjugar las lágrimas, al mismo tiempo que +ensancha los corazones, refocila los estómagos y estira las piernas... +<span class='pagenum'><a name="Page_298" id="Page_298">[298]</a></span>¡Socorrer a los heridos del Norte!... ¡Qué anzuelo tan a propósito para +pescar desde las carlistas más recalcitrantes hasta las liberales más +radicales!... Por eso había pensado él, para dar aquel barrido general y +definitivo, en un gran baile, una fiesta sonada y famosísima, de <i>ancha +base</i>, que debía dar <i>la mona Jenny</i>, Curra, convidando a todo el Madrid +explotable, desde la presidenta consorte del comité carlista, hasta la +ministra cesante, esposa dignísima del excelentísimo señor don Juan +Antonio Martínez... Y allí, al calorcillo del champagne, que ablanda los +corazones compasivos, bajo la influencia de las vanidades estimuladas +que excitan el deseo de figurar, tender la red de la caridad, echar el +anzuelo de los infelices heridos del Norte y pescar de una sola redada +entre las mallas de la asociación de señoras a todo el Madrid femenino +capaz de soltar la mosca... Celebraríase luego una junta general +preparatoria en casa de Butrón mismo, presidida por Genoveva, y en ella +había de presentarse y aprobarse por sorpresa la candidatura de una +junta directiva, preparada ya antes, en que entrasen todos los elementos +tan hábilmente combinados; que el partido restaurador tuviese mayoría y +pudiera Butrón, entre bastidores, manejar a la Junta y a la Asociación +entera con la misma facilidad con que se maneja el manubrio de un +organillo. La junta directiva era, pues, la clave del arco, el clou del +proyecto, y el respetable Butrón terminó su perorata suplicando a los +presentes se dignasen estudiarlo maduramente, presentando sus +candidaturas con arreglo a este croquis que tenía él apuntado en un +papelito:</p> + +<p>Una presidenta, beata de gran nombre. (Nadie como la Villasis.)</p> + +<p>Una vicepresidenta elegante, de rompe y rasga. (Ninguna como la +Albornoz.)</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_299" id="Page_299">[299]</a></span></p><p>Seis vocales: una carlista, bastante tonta; otra, radicala, de pocos +alcances; y cuatro alfonsinas, de la Grandeza, del cogollito, honradas, +por supuesto, listas y de arranque.</p> + +<p>Una secretaria literata.</p> + +<p>Una tesorera de alta banca.</p> + +<p>El general Pastor aplaudió entusiasmado la hábil estrategia del +diplomático; el señor Pulido bajó modestamente los ojos, como si le +tocara grande parte en la paternidad de la idea, y la duquesa, +encantada, comenzó a vomitar nombres propios, juicios críticos, +filiaciones y datos biográficos que probaban bien a las claras su +consumada pericia en el arte de averiguar vidas ajenas. Tontas +encontraba ella a porrillo; listas tampoco faltaban; lo que le parecía +difícil de hallar eran las honradas, y no porque no las hubiese a +montones, sino porque la duquesa no sabía encontrarlas, por aquello de +que nadie hay más exigente ni que se complazca tanto en verlo todo +manchado como quien vive zambullido en medio del fango.</p> + +<p>El respetable Butrón acogía aquellos homenajes con majestuosa sonrisa, y +temiendo ver entrar de un momento a otro a Currita, recomendó de nuevo a +los íntimos la mayor discreción, con respecto a esta; era necesario +ocultarle el plan de la junta y entusiasmarla con la idea del baile, +haciéndole creer que con ello ponía el partido en sus manos el éxito del +proyecto. Una vez entretenida con esto, fácil era hacerle tragar por +sorpresa, a su debido tiempo, lo secundario de la vicepresidencia.</p> + +<p>Llegó al fin Currita, <i>la mona Jenny</i>, con Jacobo Sabadell, el joven +Telémaco; había tardado un poquillo, pero tenía la culpa el tío +Frasquito... ¡Qué risa con el pobre posma! ¡Habíase olido, sin duda, que +<span class='pagenum'><a name="Page_300" id="Page_300">[300]</a></span>algo se fraguaba, y presentándose a almorzar con una cara de pregunta, +con un aire de sospecha!... ¡Ella le había estado <i>tomando el pelo</i> todo +el almuerzo, hasta que al fin, para quitárselo de encima, tuvo que +armarle una emboscada, un <i>guet-apens</i> chistosísimo!... Díjole si quería +acompañarla a dar una vuelta por el Retiro con Miss Buteffull y con los +niños y le envió con estos al coche mientras ella se ponía el sombrero. +¡Pobre viejo!... En cuanto volvió la espalda, escapóse ella con Jacobo +por la escalera de la servidumbre, y en el coche de este habíanse venido +los dos solos, juntitos, como si fuesen un matrimonio. ¡Qué delicia!...</p> + +<p>Y besó con piedad filial a la marquesa, con amor fraterno a la de Bara, +estrechó la mano de Butrón con infantil afecto, y tuvo una cariñosa +sonrisa para el general Pastor y un saludito protector y monísimo para +el señor Pulido.</p> + +<p>Hízola sentar Butrón junto a sí, al lado de la marquesa; y ella, con los +claros ojos fijos en el gran duque Alejo, que, sombreado por una +telaraña, tenía delante, comenzó a lamentarse, con frases muy pulcras, +del entripado de Fernandito... Casi, casi había estado a punto de no +venir, por miedo de dejarlo solo; pero las noticias que le había dado +Butrón eran tan graves, tan lisonjeras, que acabó al fin por decidirse.</p> + +<p>—Si tú no hubieras venido, hubiéramos ido todos a tu casa—exclamó +Butrón con gran vehemencia—Como que sin ti no puede hacerse nada y en +tus manos está, en rigor de verdad, la suerte del partido.</p> + +<p>La vanidad hizo en el rostro de la Albornoz lo que jamás había +conseguido la vergüenza: sonrojarlo.</p> + +<p>—¡Jesús, Butrón, pobre de mí!—exclamó con su dulce vocecita—Pues si +<span class='pagenum'><a name="Page_301" id="Page_301">[301]</a></span>está en mi mano, no tenga usted miedo de que la suelte.</p> + +<p>Butrón comenzó a exponer el proyecto, como si fuese desconocido de todos +los presentes, haciendo caso omiso de la junta y presentando con grande +habilidad la fiesta deseada, como el eje sobre que había de girar la +ejecución del proyecto, la restauración del trono, la felicidad de +España y la paz del mundo y el equilibrio europeo. Currita parecía +titubear, porque había mirado a Jacobo como si le consultase, y este +fruncía las cejas; la pícara era ducha y no era del todo fácil hacerle +tragar el anzuelo. El diplomático reforzó sus argumentos, y el general +Pastor, con militar franqueza, dijo resueltamente:</p> + +<p>—Condesa, más puede usted hacer en ese baile con su abanico que yo en +el Norte con mi espada.</p> + +<p>Y el señor Pulido, dando vueltas a sus pulgares, añadió con suavísima +sonrisa:</p> + +<p>—¡Oh, señora condesa!... Si usted quiere, con razón se llamará ese +baile <i>la dulce alianza</i>...</p> + +<p>La dama extendió ambas manitas con gesto de cómico espanto.</p> + +<p>—¡Ay, no, no, Pulido, por Dios!... ¡Si así se llama la confitería de la +Carrera de San Jerónimo!</p> + +<p>La duquesa salió entonces a la palestra, y con habilidad mujeril disparó +el más certero saetazo, sirviéndole de ballesta una mentira muy gorda.</p> + +<p>—Después de todo—dijo—, no hay que apurar mucho a Curra, porque si +ella no puede dar el baile, Isabel Mazacán se compromete a darlo...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_302" id="Page_302">[302]</a></span></p><p>El tiro dio en el blanco, y Currita soltó al pronto la prenda.</p> + +<p>—¿Y por qué no he de poder yo?—dijo—. La cosa no puede ser más +fácil... Dentro de quince días es Carnaval. ¿Les parece a ustedes bien +un gran baile de trajes?...</p> + +<p>—¡Te cuesta un sentido!—murmuró Jacobo con tan mal humor como si +hubiera él de pagarlo.</p> + +<p>Mas la duquesa, que pescó al vuelo la frase y comprendió la económica +idea de monsieur Alphonse, impidió que llegase a oídos de Currita, +rompiendo a reír a carcajadas; todos la miraron con extrañeza...</p> + +<p>—¿De qué te ríes?...</p> + +<p>—Pues nada, mujer.. Estaba pensando en el traje que escogerá la señora +de Martínez para ir al baile... Como no sea el de Teresa Panza, la mujer +de Sancho...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IIIcmdash" id="IIIcmdash"></a><a href="#toc">—III—</a></h2> + + +<p>El trato continuo con Bonnat había despertado en París las aficiones +artísticas de Currita, y no contenta con el papel de Mecenas, quiso +cultivar ella misma el arte del divino Apeles. Visitó a Meissonnier, +convidó a comer a Carlos Durand, y pudiendo conseguir que Raimundo +Madrazo la diese algunas lecciones por pura galantería de cumplido +<span class='pagenum'><a name="Page_303" id="Page_303">[303]</a></span>caballero, volvióse a Madrid, dejando a Rosa Bonheur tamañita y +royéndose los codos de envidia.</p> + +<p>Una vez en la corte, necesitó tener a su lado un genio complaciente, un +numen auxiliar que comunicase con sus pinceles vida y expresión a los +muertos y aplanados monigotes que brotaban de su paleta de artista. +Hallólo, al fin, en Celestino Reguera, famoso acuarelista de la Escuela +sevillana, de esos que prefieren lo correcto a lo grandioso y tienen en +más un paisaje de Watteau que una sibila de Miguel Ángel. El pincel de +Celestino entraba y salía por los lienzos de Currita con tanta +frecuencia y libertad, que al terminar esta sus cuadros podía repetir, +con harta razón, lo que dijo el monaguillo de marras: «Yo y el cura le +dimos los Sacramentos».</p> + +<p>Pero aun más que de su gloria artística, ocupóse Currita, a fuer de +mujer elegante, del marco que había de encerrarla, instalando en su casa +un estudio lujosísimo, digno de Fortuny o de Pradilla, Delaroche o +Makart. Era una vasta pieza con estudiadas luces de oriente y cenital, +atestada de preciosidades artísticas y arqueológicas, que sobre tapices +de Beauvais y los Gobelinos cubrían todas las paredes, atestaban todas +las mesas y apenas dejaban un sitio en que poner la planta sin encontrar +algo que admirar o algo en que tropezar. Bronces antiguos, raras +porcelanas, macetas de Pompeya con plantas tropicales, lámparas árabes, +persas y romanas, igual una de estas a la célebre di capo danno del +Museo Vaticano; bustos, cuadros, estatuas, yelmos, espadas, partesanas y +armaduras completas de varias épocas rodeaban cual páginas sueltas de la +historia de todos los tiempos el caballete de Currita, que, colocado en +luz conveniente, parecía recibir un reflejo de la luz del cielo, que el +grandísimo tuno de Celestino Reguera aseguraba ser el mismo, mismísimo +que derramaba en otro tiempo el grupo de las nueve musas sobre las +<span class='pagenum'><a name="Page_304" id="Page_304">[304]</a></span>frentes de Rafael, Velázquez y el Ticiano.</p> + +<p>Daban la guarda a uno y otro lado de la puerta dos maniquíes vestidos de +reyes de armas del siglo XVI, con gigantescas adargas y dalmáticas +auténticas de terciopelo morado, bordadas de castillos y leones, y +frente por frente, en el otro extremo de la pieza, y en una especie de +ancha, alta y profunda hornacina, a que se subía por tres gradas de +mármol blanco, había un diván turco, cubierto el pavimento por legítima +alfombra de Persia y mullidos almohadones de raso y terciopelo, y +decorados el techo y las paredes con mosaicos romanos y de Pompeya, +bajos relieves egipcios y brillantes azulejos moriscos. Allí estaba el +narghilé, regalo de Sidi-Mohammed-Vargas, el embajador de Marruecos, y +sobre primorosas mesitas de Fez, que no levantaban dos palmos del suelo, +otras varias pipas en que Jacobo enseñaba a Currita a saborear el sueño +voluptuoso del <i>hatchis</i>, y había inspirado a Diógenes, para designar a +la hurí de aquel paraíso el gráfico nombre de la mona Jenny.</p> + +<p>Refugiado en un rincón, oculto como quien está allí de limosna, entre +una reducción de la estatua de Byron, presentada en Turín por Pozzi, y +una arca tallada del siglo VI, que decían haber pertenecido a Isabel la +Católica, había otro caballete pequeño; allí pintaba Paquito Luján, +callado siempre, taciturno, tímido y receloso, bajo la dirección también +de Celestino Reguera, que hallaba realmente en el niño las disposiciones +artísticas que faltaban a la madre.</p> + +<p>Gran discusión sosteníase en aquel templo de las artes, tres días +después de la junta de íntimos celebrada en casa del diplomático. +Currita, sentada ante una preciosa mesa redonda, cuya tapa era un ónix +mexicano, examinaba una gran porción de láminas y dibujos que le +presentaba Celestino Reguera, y pasábalos a su vez a Jacobo y a Tonito +Cepeda, vago elegantísimo, entendido en caballos como el hijo de Teseo, +amateur de todo lo que era arte, y digno por su exquisito gusto de que +<span class='pagenum'><a name="Page_305" id="Page_305">[305]</a></span>la patria agradecida le votase una pensión en Cortes, como +representante en España del buen tono parisiense. Tonito Cepeda era más +que chic, más que <i>pschutt</i>: era <i>v'lan, tschock</i>. Mas el pobrecito +joven, incapacitado de poner precio a las innumerables consultas que de +todas partes le dirigían, andaba lleno de trampas y no tenía dónde +caerse muerto.</p> + +<p>Grave era la cuestión que Currita había sometido el día antes a sus +despabiladas luces, y digna de sujetarse al arbitraje de un areópago de +elegantes, como Domiciano sujetó en otro tiempo a las discusiones del +Senado la salsa en que había de guisarse un rodaballo. Una vez decidida +la dama a dar el baile de trajes, la gran fiesta de <i>ancha base</i> en que +habían de bailar <i>pêle-mêle</i> tirios y troyanos, rancios personajes que +figuraban en la <i>Guía</i> y plebeyos burgueses empinados por la Revolución, +era necesario encontrar algo nuevo, algo sorprendente que fuera el clou +de la fiesta y dejase con la boca abierta a los pobrecillos profanos, a +los Martínez y comparsa, convidados espurios que hubiera dicho el tío +Frasquito, que cuidaría muy bien ella de barrer de sus salones en cuanto +la caritativa empresa de socorrer a los heridos del Norte hubiera dado +un buen tanteo a sus repletas bolsas.</p> + +<p>Las cuadrillas del minué y la pavana, las figuras de la zarabanda y la +chacona, estaban ya muy vistas y habían servido mil veces en +aristocráticos salones como protesta de acendrado españolismo contra el +intruso don Amadeo. Celestino Reguera propuso la idea de representar una +alegoría de España, en que parejas de damas y caballeros habían de lucir +los trajes característicos de las diversas provincias. El proyecto fue +desechado por Currita.</p> + +<p>—¡Jesús, Reguera!—dijo—¡Parecería eso un concurso de Geografía!...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_306" id="Page_306">[306]</a></span></p><p>Tonito Cepeda miró desdeñosamente al pintorcillo y propuso uno de esos +espectáculos que constituyen jalones de la época en que se verifican: +imitar la peregrina idea de la Princesa de Segan, que había resucitado +en París las fábulas de Esopo dando un gran baile de trajes, en que +recibía ella vestida de pava real y acudieron todos los invitados +representando cada cual un animalito. Él, Tonito Cepeda, había llamado +mucho la atención con su traje elegantísimo de sapo verde. La idea no +era nueva, pero estuvo a pique de seducir a Currita; hubiérale gustado +mucho vestirse de gata blanca con botas color de rosa.</p> + +<p>Mas Jacobo, con la prudencia con que moderaba todos los gastos de +Currita desde que metía él la mano hasta el codo en sus arcas, desechó +terminantemente el proyecto, imponiendo más bien que presentando otro +más económico y también más nuevo... Dos cuadrillas imitando las piezas +de un juego de ajedrez, blancas y negras, y una partida jugada por ellas +mismas en forma de contradanza; Luis Fonseca, su compañero de embajada, +habíalas visto jugar así en Conchinchina cuando las fiestas en honor de +Phara-Norodon, rey de Cambodge. El proyecto fue aceptado con desdeñosa +condescendencia por parte de Tonito, con sumisión entera por la de +Currita, y Celestino Reguera quedó encargado de traer al día siguiente +dibujos para el traje de la dama que había de representar la reina +blanca, y un soberbio juego de ajedrez, trabajado admirablemente en el +Japón, cuyas grandes piezas de marfil podrían ser copiadas en los demás +trajes de la cuadrilla.</p> + +<p>Currita titubeaba en la elección de modelo, y Jacobo, con la autoridad +delegada que ejercía en aquella casa como amigo íntimo de Villamelón y +primo cuarto de la condesa, hízola decidirse al punto por uno +cualquiera, el más barato... Currita obedeció sin hacer ninguna +observación, sin replicar una palabra: conocíase a las claras que estaba +<span class='pagenum'><a name="Page_307" id="Page_307">[307]</a></span>supeditada por completo a aquel hombre, que él era allí el amo, y todos +en la casa, desde Villamelón hasta Joselito, desde la Albornoz misma +hasta la última fregona, obedecían servilmente sus órdenes, adivinaban +sus deseos y amoldaban a sus caprichos sus gustos propios. Sólo dos +seres, los más débiles e indefensos, Paquito y Lilí, resistían a la +voluntad omnipotente del desvergonzado parásito, a quien el instinto de +ángel de ambos niños representaba siempre como un reptil bañado por los +rayos del sol, brillante a la vez que asqueroso.</p> + +<p>Un día, a poco de haberse injerido Jacobo en la amistad íntima del +matrimonio, pintaba Currita en su estudio un retrato que decía ser de +Byron, el poeta querido que en sus cuadros, bustos y estatuas tenía +representado por todas partes; pero que era en realidad la imagen de +Jacobo perfeccionada por Reguera, ceñida la frente de laurel y abierto +hasta la mitad del pecho el ancho cuello de su camisa escocesa a la +antigua. Los dos niños, embobados de pie a un lado y otro de su madre, +miraban en silencio correr el pincel de la dama, que con cierta +complacencia íntima daba los últimos toques al airoso y nervudo cuello +del Byron de contrabando. De pronto, Lilí, con esa expresión seria y +meditabunda que toman a veces los niños, dijo a su madre:</p> + +<p>—Mamá... ¿Tú por qué quieres tanto al tío Jacobo?...</p> + +<p>La condesa se volvió sorprendida, apoyada en el tiento, y hasta llegó a +inmutarse algo; mas reponiéndose al punto, dijo con mucho cariño:</p> + +<p>—¿Pues no le he de querer, hija?... Si es mi primo... tu tío...</p> + +<p>La niña movió la cabecita haciendo un mohín de duda.</p> + +<p>—¡Sí!—dijo—. Yo también quiero al primo Bautista y al primo Carlos... +<span class='pagenum'><a name="Page_308" id="Page_308">[308]</a></span>Pero más que a ti y a Paquito, no..., no..., no...!</p> + +<p>Y se echó a llorar amargamente, con el corazón encogido, escondiendo la +preciosa carita en el seno de su madre, como si buscara allí lo que +encuentra la más pequeña golondrina en el fondo de su nido: el calor de +la ternura materna. Paquito nada había dicho; púsose muy encarnado, con +ese santo carmín con que el pudor instintivo tiñe las facciones de la +inocencia, y destrozando entre sus deditos, sin darse cuenta de ello, +una anforita romana, extraño lacrimatorio de vidrio que había sobre una +mesa, ocultó con varonil esfuerzo las gruesas lágrimas que le brotaban +de los ojos.</p> + +<p>En otra ocasión, algunos meses más tarde, acercábase el día del santo de +Currita, 10 de octubre, fiesta de san Francisco de Borja. Los dos niños +tramaban juntos una conspiración para dar una sorpresa a su madre. +Paquito, en quien comenzaban a revelarse sus notables disposiciones para +la pintura, especialmente de retratos, había pintado al pastel uno de su +padre, un Villamelón deforme, color de zanahoria, que parecía tener el +carrillo izquierdo hinchado, pero no por eso dejaba de tener con el +original un más que mediano parecido. Era lo más notable del retrato la +parte de la frente y la cabeza, en que el niño había copiado fielmente +la escasa cabellera de su padre, partida con una raya por en medio y +formándole sobre ambas orejas dos pequeños cuernecitos a lo Napoleón +III, que había alargado más de lo conveniente la impericia del artista. +Lilí, por su parte, había hecho con ayuda de Miss Buteffull, que estaba +en el secreto, un marco de piel de Rusia, con flores de realce; y +reuniendo ambos su trabajo, quedó completo el regalo; al pie de este, +escribió Miss Buteffull con su mejor letra inglesa: «A su querida mamá +en el día de su santo»; y lo firmaron ambos niños, <i>Lilí</i>, <i>Paquito</i>.</p> + +<p>¡Oh! La obra era magna, había costado mucho y preciso era que los +<span class='pagenum'><a name="Page_309" id="Page_309">[309]</a></span>autores se cobrasen, presenciando por completo la alegre sorpresa de su +madre... Llegó el ansiado día, y ocultando Lilí bajo su capita de pieles +el magnífico regalo, entráronse ambos niños a hurtadillas en el estudio +de su madre: allí solía venir ella todos los días antes de almorzar, +bastante después de las doce, y era la ocasión más a propósito para +darle la sorpresa. En el caballete de Currita, sobre el cuadro mismo que +estaba pintando, colocó Paquito con sumo cuidado su obra maestra... +Luego, riéndose como ángeles del cielo, con la agitación de las grandes +expectaciones, con la candorosa confianza en el más santo de los +cariños, corrieron presurosos a ocultarse entre los innumerables +cachivaches, debajo de una papelera antigua de acero, ocultos por un +gran tapiz, que tenía unas figuras muy largas, muy secas, muy feas: las +tres Parcas... Veíase desde allí el caballete, destacándose en medio el +monigote, y los dos niños, muy agazapados, muy juntitos, apretándose el +uno contra el otro, contemplaban su obra.</p> + +<p>—¡Qué bien está!—decía Lilí.</p> + +<p>Pasó media hora; Lilí se impacientaba y estiraba las piernas.</p> + +<p>—No viene—decía.</p> + +<p>—¡Calla, tonta!...</p> + +<p>Sonó un ruido; Lilí dio un codazo a su hermano; susurróle al oído:</p> + +<p>—¡Ya viene!—Y se encogió mucho, mucho...</p> + +<p>Y venía, en efecto; pero no venía sola... Venía con ella el tío Jacobo, +hablando de cosas que ellos no entendían, ¡qué fastidio! Deudas que era +menester pagar, acreedores que querían cobrarse, una firma que era +<span class='pagenum'><a name="Page_310" id="Page_310">[310]</a></span>necesario sorprender a Villamelón al pie de un pagaré por tres veces +protestado... Un préstamo, un mero préstamo pagadero al verificarse la +Restauración, cuando pudiera él cobrar lo que habían valido ciertos +misteriosos papelitos...</p> + +<p>Jacobo hablaba con voz desmayada, y animábale Currita, muy alegre, muy +satisfecha, diciendo a todo que sí, que no tuviera cuidado... De pronto +miró al caballete.</p> + +<p>—¿Qué es eso?...</p> + +<p>Los niños no respiraban y apretábanse mucho, muy pegaditos, muy +pegaditos... Sonó entonces una carcajada.</p> + +<p>—¿Has visto?...</p> + +<p>Otra risa de hombre, la del tío Jacobo, hizo coro a la primera, oyéndose +esta vez:</p> + +<p>—¡Valiente majadero!...</p> + +<p>Y volvieron a reírse los dos, el tío Jacobo y la madre, con una risa que +desconcertó por completo a los niños, porque no era la risa alegre, +tierna, agradecida, rebosando amor y ternura de madre que ellos +esperaban, sino una risa acre, burlona, desvergonzada, que les +recordaba, sin saber por qué, la que usan para insultarse las mujeres +malas de la calle...</p> + +<p>—¡Qué ocurrencia!... ¡Pobres criaturas!... ¡Y qué feísimo está el +<span class='pagenum'><a name="Page_311" id="Page_311">[311]</a></span>babieca!... Mira, parece que tiene dolor de muelas. ¡Qué delicia!...</p> + +<p>—Y el chico le coronó de firme...</p> + +<p>—¡Pues es verdad!...</p> + +<p>Hubo entonces un infame cuchicheo de risas y palabras entrecortadas... +Algo cogieron de una mesa, algo pusieron en el retrato, y de nuevo +resonaron aquellas carcajadas que hacían daño.</p> + +<p>Los niños nada decían; habíanse apartado el uno del otro como si +temieran comunicarse sus impresiones, y estaban allí acurrucados, +quietos, muy calladitos..., muy calladitos...</p> + +<p>Un criado entró en el estudio anunciando que el almuerzo estaba servido, +y Jacobo y Currita se fueron a poco sin volver a ocuparse más del regalo +de los niños.</p> + +<p>Paquito salió el primero: tenía el aire de un chico que ha sentido en +una pesadilla un peso enorme, que no ve, ni palpa, ni comprende, pero +que le oprime y le anonada y le deja el pecho jadeante. Lilí salió +después y se le quedó mirando; los dos se acercaron al retrato.</p> + +<p>—¡Uy!—dijo Lilí desolada—¡Lo que le han puesto!...</p> + +<p>Una mano infame había trazado con carbón de diseñar, en los dos ricitos +del retrato, la prolongación más sarcástica, el insulto más villano.</p> + +<p>El niño se puso muy rojo, luego pálido, muy pálido. Cogió el retrato, +escondiólo bajo el gabán y fuese hacia la puerta sin decir palabra. Lilí +se puso a llorar; entonces volvió el niño y le dio un besito.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_312" id="Page_312">[312]</a></span></p><p>—No llores, tonta...</p> + +<p>Él no lloraba; estaba muy serio, con las naricillas pálidas, la boca +seca, blancos los labios... Empinó el dedo y dijo mirando a la alfombra:</p> + +<p>—Y no digas nada a mademoiselle... ¿Sabes? Nada, nada... Yo me voy a mi +cuarto.</p> + +<p>Y se fue a su cuarto el inocente, y allí, en aquella soledad en que +nadie había de consolarlo, lloró a lágrima viva, lloró a raudales... +Porque sentía una pena profunda que le destrozaba el corazón sin +comprenderla, como destroza las entrañas sin dar la cara un cáncer +oculto; porque sentía una vergüenza, por decirlo así, anónima, que le +hacía ocultar el rostro bañado en lágrimas en la blanca almohadita... ¿Y +por qué, por qué sentía él aquella vergüenza, si era bueno y amaba a su +padre y a su madre, y adoraba a Lilí, y tenía siempre notas de +sobresaliente, y le rezaba a Dios todos los días, y también a la Virgen +Santísima que estaba allí delante, en un cuadro, con el Niño en los +brazos?...</p> + +<p>Se serenó un poco. ¡Oh! Qué feliz debió de ser aquel Niño divino con +poder llamar a aquella Madre tan pura: ¡Madre!... ¡Madre!...</p> + +<p>Muy pocos días después Currita retiró repentinamente a su hijo del +colegio de Nuestra Señora del Recuerdo. Contaba ya el niño doce años, y +el padre rector manifestó a su padre, un día de visita, que era menester +disponerle para recibir la primera Comunión. Currita no estaba delante, +y Villamelón se apresuró a aprobar la idea. Quería él, ante todo, que su +hijo fuese cristiano.</p> + +<p>—Y no crea usted, padre rector, esto me viene de casta. Mi mujer es +<span class='pagenum'><a name="Page_313" id="Page_313">[313]</a></span>parienta de san Francisco de Borja y yo lo soy de santa Teresa, y por +los Benedetti, de san Francisco de Caracciolo...</p> + +<p>¡Ah! Los Villamelón habían sido siempre muy piadosos... Celebraban todos +los años una novena a san Roque, abogado de la peste, en Quintanar de +Oreja, donde tenían posesiones. El era patrono de la iglesia y tenía +facultad para nombrar al párroco.—¿Usted me entiende, padre rector?...</p> + +<p>El rector lo entendió muy bien, y confiando en san Francisco Caracciolo, +dio otro paso adelante; la fiesta de la primera Comunión había de +celebrarse el 19 de marzo, día de san José, y parecía natural, era muy +conveniente, sería muy edificante que él, padre del niño, y la señora +condesa, su madre, le acompañaran a la Sagrada Mesa. También aceptó +Villamelón.</p> + +<p>—¡Sí, señor, padre rector, comulgaré con mi hijo!... Mi santa madre lo +decía: conviene tener con Dios ciertas atenciones. ¿Usted me +entiende?... Y además, esas escenas de familia me conmueven; yo aspiro a +una familia patriarcal... Mi madre era una santa; mi mujer es un ángel +que se mira en mis ojos y no tiene voluntad propia: Currita, esto; +Curra, lo otro, eso hace. ¿Usted me entiende, padre rector?...</p> + +<p>El rector, que era escrupuloso, no se atrevió a decir que entendía por +miedo de soltar una mentirilla, y Villamelón prosiguió con el aire de un +monarca que se brinda a ser padrino de un pordiosero:</p> + +<p>—Pues nada, padre rector, comulgaremos los dos con el niño, y yo, no +crea usted, vendré de uniforme.</p> + +<p>El rector, que cazaba de largo y veía venir las cosas de lejos, +prevínole que sería conveniente vinieran ya los dos confesados al +<span class='pagenum'><a name="Page_314" id="Page_314">[314]</a></span>colegio, porque los padres de allí andaban siempre faltos de tiempo y +quizá les fuera imposible despacharlos.</p> + +<p>—Corriente, padre rector, corriente... Yo tengo mi confesor fijo; nunca +me he confesado con otro... El padre Pareja, excelente sujeto. ¡Un +santo, padre rector, un santo! ¿Usted me entiende?</p> + +<p>El padre rector lo entendió tan bien, que estuvo a pique de soltar la +risa. El padre Pareja, confesor ordinario del señor marqués, había +muerto diez años antes.</p> + +<p>Villamelón volvió a su casa muy satisfecho y refirió a Currita el +compromiso que había contraído. Ella, con la rápida percepción de su +claro entendimiento, comprendió al punto todo lo grave del compromiso, y +una idea horrible, la del sacrilegio, cruzó por su mente cual un pájaro +siniestro... Mas se detuvo asustada ante ella, porque aun la mala mujer +española es rara vez impía; allá, en el fondo de su corazón, cree +siempre y teme, y menos aterra el sacrilegio a la falsa devota que a la +francamente escandalosa. Su fecunda imaginación ofrecióle al punto otro +expediente digno de la superiora de Port-Royal, la mística jansenista +Sofía Arnaud.</p> + +<p>—¿Pero qué estás diciendo, Fernandito?... ¿Comulgar un niño de doce +años?... ¡Qué barbaridad!... Eso es una irreverencia y yo no puedo +permitirlo.</p> + +<p>Villamelón abrió la boca espantado.</p> + +<p>—Pero, mujer, Curra, ¿sabes?... Si el padre rector dice que sí...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_315" id="Page_315">[315]</a></span></p><p>—Pues yo digo que no. ¡Nadie comulga en Francia antes de los catorce +años... lo menos!</p> + +<p>—Pero como estamos en España...</p> + +<p>—Mira, Fernandito, vida mía; te he dicho que no hables en ninguna +parte... Eso no es cuestión de clima. ¿Te enteras?... De modo que mañana +vuelves al colegio y le dices a ese señor rector, de mi parte, que yo no +permito que Paquito comulgue sin estar convenientemente preparado... ¡He +dicho!</p> + +<p>En vano alegó el padre rector que el niño lo estaba de sobra, que aquel +rigorismo francés era un resto del jansenismo que las indicaciones de la +Iglesia y el celo del clero habían ya hecho desaparecer por completo, y +que era una maldad, un verdadero delito, privar por tanto tiempo a un +alma inocente del auxilio de un sacramento que obra ex opere operato... +Villamelón se encogía de hombros, no comprendiendo bien de qué <i>óperas</i> +se trataba; los astutos escrúpulos de Currita no cedían, y sospechando +el padre rector la hipócrita hilaza, dijo terminantemente que, de seguir +el niño en el colegio, comulgaría el día de san José, sin el permiso de +sus padres. Indignóse con esto Currita, y para evitar la horrenda +profanación, apresuróse a retirar al niño.</p> + +<p>Entonces comenzó el inocente a fijar su candorosa atención en las +extrañas escenas que pasaban en su casa. Solo casi siempre el pobre niño +escapábase a las caballerizas, donde pasaba la mayor parte del día entre +lacayos y mozos de cuadra, escuchando conversaciones que al principio le +hacían enrojecer y acabaron por hacerle reír, a medida que se le iba +encalleciendo el pudor, especie de epidermis delicadísima que preserva +la pureza del alma. El enano don Joselito le divertía mucho, y a él +acudía con dudas misteriosas que el malvado pigmeo se apresuraba a +<span class='pagenum'><a name="Page_316" id="Page_316">[316]</a></span>resolver, poniéndole de manifiesto secretos tan curiosos como los que +descubría a su discípulo el Diablo Cojuelo, el impuro y asqueroso +Asmodeo...</p> + +<p>El niño iba atando cabos.</p> + +<p>Vino entonces a la corte una famosa compañía dramática francesa, y +Currita mandó reservar el abono de un palco para que fuesen los niños +todas las noches al teatro. Hablaban aquellas criaturas un francés tan +chabacano, tan de provincia, que era preciso aprendiesen de viva voz el +puro acento parisiense. En aquella escuela de acento y de prosodia +siguió el niño atando cabos, y un día, después de una larga conversación +con don Joselito, en que el maldito enano tanteó todo lo que podía +esperar su codicia de aquel ánimo generoso si conseguía iniciarle de una +vez y guiarle más tarde por los laberintos del vicio, el niño ató el +último cabo... Desde entonces varió de carácter; había visto más de lo +que esperaba ver, y una gran vergüenza clara ya y distinta, y un odio +feroz, implacable y reconcentrado, nacieron a la vez en su corazón, +impidiéndole aquella levantar los ojos delante del último lacayo, +haciéndole este afilar en silencio el puñal de su rencor, para cuando él +fuera hombre, para cuando él mandara en su casa...</p> + +<p>Su padre le inspiraba desprecio, su madre despego, y sólo seguía +adorando a Lilí, único ángel que quedaba ya en la casa. En cuanto a +Jacobo, evitaba su presencia en lo posible, y más de una vez sorprendió +Currita, con verdadero miedo, en los ojos del niño una mirada de rencor +profundo, que relucía entre sus largas pestañas rubias como un acero al +salir de la vaina. Dedicóse entonces con ardor a la pintura, y pasaba +largas horas pintando en su caballete, teniendo a Lilí sentada a su +lado, cual si fuese el ángel de su guarda. Así los sorprendieron aquel +día los que para trazar el plan del baile de trajes entraban con +<span class='pagenum'><a name="Page_317" id="Page_317">[317]</a></span>Currita, y los niños, resistiendo a la curiosidad, permanecieron en su +rincón callados e inmóviles. Mas cuando Celestino Reguera comenzó a +formar sobre el tablero maqueado las magníficas piezas del ajedrez, y se +puso Jacobo a explicar el pintoresco modo como habían de moverse al +jugar la partida las personas que las representaran, Lilí no pudo +resistir la tentación y aproximóse al grupo de puntillas, haciendo señas +silenciosas a su hermano para que viniese. ¡Era aquello tan bonito!...</p> + +<p>El niño se decidió al fin, y levantóse para mirar un momento, con la +paleta en una mano y el tiento en la otra. Había crecido mucho, iba ya a +cumplir trece años y prometía ser muy lindo de cara, y de cuerpo esbelto +a la vez que fornido. Acercóse al grupo, sonriendo a Lilí, y púsose a +mirar, empinándose un poco, por detrás de su madre y al lado mismo de +Jacobo. De repente, en el calor de su explicación, hizo este un brusco +movimiento con el brazo y pegó en la paleta del niño; desprendiósele +esta con fuerza de la mano, y fue a caer sobre la manga izquierda de +Jacobo, manchándosela toda de pintura. El muchacho retrocedió un paso, +poniéndose lívido.</p> + +<p>Volvióse Jacobo colérico, soltando impaciente una sucia palabrota, con +esa obscena grosería que se oculta con frecuencia bajo las pulidas +formas sociales de ciertos hombres y brota espontáneamente en cuanto la +excita la ira o la impulsa una confianza sin decoro. El chico, al oírla, +miró iracundo a su madre y a Jacobo, haciendo un gesto amenazador, en +que se veía palpitar el hombre bajo la frágil envoltura del niño.</p> + +<p>—¿Qué?—gritó Jacobo desafiándole—. Nadie te ha llamado aquí... ¡Vete!</p> + +<p>Inyectáronse en sangre los ojos del niño, y dio tan fuerte golpe con el +tiento, que lo rompió en dos pedazos.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_318" id="Page_318">[318]</a></span></p><p>—¡No me da la gana!—gritó.</p> + +<p>Jacobo hizo ademán de lanzarse a él, mas Currita le detuvo asustada... +El niño, ronca la voz por la ira, breve y cortada como la de un +calenturiento, volvió a gritar:</p> + +<p>—¡No me da la gana!... ¡Vete de aquí!... ¡Aquí no mandas tú!... ¡Esta +no es tu casa!...</p> + +<p>Y se detuvo jadeante, sin voz, en medio de un silencio siniestro, +parecido al que reina en la tempestad entre ráfaga y ráfaga... Jacobo +habíase vuelto con los puños apretados, tartamudeando entre sus labios +blancos de ira:</p> + +<p>—Está pidiendo un cachete...</p> + +<p>No terminó la frase: con la fuerza y prontitud que caracterizan al león +en su ataque, con la sanguinaria avidez con que el cachorro de un tigre +se arroja sobre su primera presa, lanzóse el niño a Jacobo, clavándole +las uñas en la garganta, dándole cabezadas en el rostro, pateándole todo +el cuerpo con las robustas piernecillas, que parecían tener músculos de +acero. Sorprendido Jacobo, rechazó el brusco ataque, separando al niño +con un poderoso esfuerzo de sus nervudos brazos, y arrojólo lejos de sí, +cual si fuese un saco de arena, a cuatro pasos de distancia; su cabeza +fue a chocar contra un enorme jarrón japonés, de bronce antiguo, que +despidió un sonido metálico.</p> + +<p>Con los ojos dilatados de terror, púsose Lilí a su lado de un salto y +levantó entre sus manos la lívida cabecita. Celestino le cogió en sus +<span class='pagenum'><a name="Page_319" id="Page_319">[319]</a></span>brazos y llevóselo apresuradamente fuera de la estancia.</p> + +<p>Quedó Lilí arrodillada en la alfombra, mostrando a su madre sus manitas +ensangrentadas, tartamudeando con la opaca vibración de un terror sin +medida:</p> + +<p>—¡Sangre!... Mamá... ¡Sangre!...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IVcmdash" id="IVcmdash"></a><a href="#toc">—IV—</a></h2> + + +<p>Pedro López creyó sucumbir de plétora de inspiración al dar cuenta en +<i>La Flor de Lis</i> del gran baile de <i>ancha base</i> celebrado el lunes de +Carnaval en casa de los excelentísimos señores marqueses de +Villamelón... Hay situaciones, hay espectáculos que el hombre comprende +y admira con su instinto, pero no puede describir ni comentar con su +talento; en tales casos, el poeta más grande, el escritor más maestro, +es el que exhala el grito más natural, la exclamación más vehemente... +Por eso juzgó Pedro López la mejor manera de describir el mágico baile +estampar al frente de una cuartilla un «¡¡¡Oh!!!» profundo, un verdadero +<i>do</i> de pecho literario, y dejar todo lo demás en blanco.</p> + +<p>Más allá, por la madrugada, cuando retirado en la <i>serre</i> tomaba +apresuradamente algunas notas, acercósele Butrón, rendido y satisfecho, +como el caudillo después de la victoria, y adelantando la torneada +pierna que el calzón corto y la media de seda negra ceñían por completo, +haciendo ondular con juvenil garbo la airosa capa veneciana, díjole con +entonación solemne, con misterio profundo, metiéndole la punta de la +<span class='pagenum'><a name="Page_320" id="Page_320">[320]</a></span>nariz dentro de la oreja izquierda:</p> + +<p>—¡López!... ¡Mucho ojo!... Su <i>compte-rendu</i> de usted nos asegura el +triunfo... Que toda esa gentecilla cursi vea su nombre en <i>La Flor de +Lis</i>, ensalzada por el <i>reporter</i> elegante de los salones, y es nuestra +para siempre... ¡Fuera escrúpulos!... ¡La de Martínez, bellísima!... ¡La +García Gómez, encantadora!... Esta que viene aquí, un portento; la +Victoria Colonna, de este siglo...</p> + +<p>Y atento y obsequioso, corrió a estrechar la mano de la Victoria Colonna +del siglo XIX, una jamona muy madura, de metro y medio de largo y doce +arrobas de peso, vestida de Safo, con corona de mirtos en la cabeza, +lira de latón dorado en la mano, y en la chata nariz—¡Manes de Phaon, +estaos quedos!—¡gafas de oro!...</p> + +<p>Era la excelentísima señora doña Paulina Gómez de Rebollar de González +de Hermosilla, eminente literata, poetisa afamada, a quien Butrón había +echado el ojo para secretaria de la junta de señoras.</p> + +<p>La redada había sido, en efecto, completa y calificábala Butrón de +<i>pesca milagrosa</i>; el caritativo anzuelo de socorrer a los heridos del +Norte había prendido en todos los corazones, verificando la fusión +deseada, y el heterogéneo personal de la Asociación de señoras quedó +reclutado, faltando tan sólo organizarlo. Triunfante Butrón y +rejuvenecido, felicitaba a unos, animaba a otros, multiplicábase por +todas partes, tendiendo siempre la caña, y entre el calorcillo de la +cena y el humo de las satisfacciones, estuvo a pique de desquiciarse +aquella cabeza tan firme, hasta el punto de pasar por ella la idea de +invitar para el cotillón a la excelentísima señora doña Paulina Gómez de +Rebollar de González de Hermosilla. Un extraño rumor que comenzaba a +circular por los salones vino a detenerle al borde del abismo, más +profundo que el agitado mar, sepulcro de la Safo auténtica, al pie de la +<span class='pagenum'><a name="Page_321" id="Page_321">[321]</a></span>roca de Léucades.</p> + +<p>Susurrábase que allá, en un apartado gabinete, había surgido un lance de +honor entre dos personajes de mucha cuenta. Azorado Butrón, corrió a +informarse por sí mismo, temeroso de que aquel incidente imprevisto +viniese a romper los lazos de unión con tanto trabajo anudados. Acercóse +a un grupo; en medio peroraba Gorito Sardona, vestido de peón de ajedrez +y muy enterado del caso; habíalo presenciado todo y era uno de los +contendientes el tío Frasquito.</p> + +<p>—¡Polaina!—exclamó Diógenes—. ¿Y a qué es el duelo?... ¿A tijera o a +aguja?...</p> + +<p>—Algo parecido anda de por medio—replicó Gorito.</p> + +<p>Y prosiguió diciendo, con grandes ponderaciones y mucho misterio, que el +otro contendiente era sir Roberto Beltz, capitán de guardias agregado a +la embajada inglesa, hombre muy posma, muy preguntón, muy aficionado a +investigar el porqué de todas las cosas, y metódico y ordenado hasta el +punto de reírse por la mañana de los chistes oídos la noche antes.</p> + +<p>Al oír hablar de sir Roberto Beltz, hizo Diógenes un gesto como si le +asaltara gran tentación de risa, y quedóse, sin embargo, muy serio +escuchando la narración del gomoso. De ella resultaba que el tío +Frasquito había observado con sorpresa al principio, con recelo luego y +con inquietud más tarde, que sir Roberto Beltz le seguía a todos los +lados sin perderle un momento de vista; atribuyólo, al pronto, a la +admiración que pudiera causarle su magnífico traje de gran mandarín, +capaz de despertar las envidias del <i>Mikado</i>, porque era el tío +Frasquito el feliz mortal que había tenido la honra insigne de figurar +como rey <span class='pagenum'><a name="Page_322" id="Page_322">[322]</a></span>blanco, al lado de Currita, en la famosa partida de ajedrez +que acababa de representarse. Mas al terminar esta, encontróselo +repetidas veces entre los frecuentes apretones del baile, rozándolo +siempre con intención muy marcada y sacudiéndole en dos ocasiones.</p> + +<p>—¡Unos codazos—decía la víctima en su capítulo de +cargos—horrorrosos..., horrorrosos!... Ni más ni menos que si +pretendiese averriguarr si sonaba yo a hueco...</p> + +<p>Y algo más tarde, hallándose el venerable mandarín hablando con unas +señoras, un poco inclinado hacia adelante por estar ellas sentadas, +acercósele sir Roberto con mucho disimulo, oculto entre el gentío, y sin +provocación ninguna, sin objeto alguno justificado, ¡zas!, hundióle con +flema británica, hasta la cabeza, un alfiler en la nalga izquierda...</p> + +<p>—¡Majadero!—exclamó Diógenes—Si le dije que era la derecha... La +derecha es la de corcho.</p> + +<p>Y en medio del pasmo de todos y de sus risas después, explicó entonces +Diógenes el enigma... Mientras las cuadrillas del ajedrez bailaban, +hallábase sir Roberto Beltz al lado de Diógenes, mirando con grande +atención al tío Frasquito, que muy pomposo y satisfecho en su papel de +rey, movíase con pausa y majestad sobre el tapiz a cuadros rojos y +blancos que representaba el tablero.</p> + +<p>—¿Quién es ese <i>goven</i>?—preguntó a Diógenes.</p> + +<p>—¿<i>Goven</i>?... ¡Polaina!... Dos años me lleva a mí, y tengo sesenta y +tres; conque ajuste usted la cuenta.</p> + +<p>Estiróse la cara de pasmo perpetuo de sir Roberto, y Diógenes acrecentó +<span class='pagenum'><a name="Page_323" id="Page_323">[323]</a></span>su asombro, añadiendo muy serio:</p> + +<p>—Ahí, donde lo ve usted, lleva en el cuerpo treinta y dos cosas +postizas.</p> + +<p>—¡Oh, señor de Diógenes! Usted estar un andaluz muy crecido...</p> + +<p>—¿Que no?... Pues vaya usted contando...</p> + +<p>Y comenzó a enumerar los componentes que suponía en el tío Frasquito la +leyenda, acabando por poner en el catálogo la nalga de corcho. Sir +Roberto, asombrado, creyendo encontrar un nuevo modelo de <i>hombre +clástico</i> que colocar en el British Museum, quiso aplicar al hallazgo su +método experimental, y recibió, en cambio, un espontáneo abanicazo que, +en la irascibilidad de sus nervios excitada, le sacudió el tío Frasquito +con su abanico de mandarín en lo alto de la cabeza.</p> + +<p>La sangre no llegó, sin embargo, al río; intervino Currita muy indignada +contra las zafias bromas de Diógenes, y puso fin a la contienda +apoyándose en el brazo de sir Roberto Beltz, para dar una vuelta por la +<i>serre</i>, y encargando antes al tío Frasquito que convidase para el día +siguiente a comer con ella a todos los que habían tomado parte en las +dos cuadrillas, blanca y negra. Fernandito quería fotografiarlas en +ambos grupos y en sus respectivos trajes, para que publicasen luego un +gran grabado de ellas en <i>La Ilustración Española y Americana</i>.</p> + +<p>La comida fue divertidísima; Currita tuvo el capricho de mandar preparar +a su cocinero un <i>menú</i>; japonés, y todos se sentaron a la mesa con los +mismos trajes japoneses con que en diversos grupos y actitudes se habían +retratado en la cabaña de Fernandito. A los postres tuvo el tío +Frasquito una idea nueva y felicísima, una verdadera inspiración nacida +<span class='pagenum'><a name="Page_324" id="Page_324">[324]</a></span>entre los vapores de su estómago agradecido, y acogida con entusiasmo +por todos los presentes. Ocurriósele, para eternizar la memoria de aquel +baile famoso, para grabar el recuerdo de aquellos trajes lujosísimos, +para no separar nunca de su reina aquella aristocrática cuadrilla +japonesa, reclutada por él mismo en los salones del Veloz-Club, +prolongar la mascarada, transformándola en una especie de guardia de +honor que sirviese y acompanase a Currita por todas partes, llevando +alguna particular contraseña que la diferenciase del resto de los +mortales. Currita aceptó encantada la idea, y señaló como distintivo de +la nueva orden de caballería una corbata azul, color de la famosa liga +de la condesa de Salisbury, para fundar la antigua y nobilísima orden de +la Jarretière. Brindóse la dama a regalar a todos la insignia de la +nueva orden y envióle a cada uno una preciosa corbata azul de rica seda +japonesa, sujeta por un alfiler formado por una gruesa perla, +procedentes todas de un magnífico collar que había pertenecido a su +madre. El tío Frasquito fue nombrado por aclamación gran maestre de los +ilustres caballeros, que tomaron el dictado de <i>Mosqueteros de Currita</i>. +La cáustica sátira madrileña, la más sangrienta quizá que hemos +conocido, hízoles bien pronto variar de nombre. Carmen Tagle, +profundamente resentida, porque habiendo representado ella a la reina +negra en la partida de ajedrez no se había formado ninguna guardia en +honra suya, comenzó a designar a la de su rival, por su origen japonés, +con el nombre de <i>Mikado</i>.</p> + +<p>—¡Ese, ese es el nombre propio!—gritó la Mazacán, entusiasmada al +oírlo—. Lo natural y lógico es que para guardar a <i>la mona Jenny</i> se +cree un cuerpo de <i>micos</i>.</p> + +<p>Y desde aquel entonces quedó confirmado el cuerpo de mosqueteros con la +nueva denominación de <i>Micos de Currita</i>.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_325" id="Page_325">[325]</a></span></p><p>También el tío Frasquito conquistó en aquella escaramuza otro +sobrenombre, que vino a aumentar ese largo catálogo de ellos que +prodigan la malignidad y la envidia con tan grande profusión, en la alta +sociedad madrileña. La duquesa de Bara habíale encontrado gran parecido, +vestido de mandarín, con un retrato publicado en <i>La Ilustración</i>, de +Pan-Hoei-Pan, célebre literata china, y <i>Pan-Hoei-Pan</i> comenzó a +llamarle desde entonces la inmensa falange de sus sobrinos legítimos y +espurios.</p> + +<p>Jacobo, con la egoísta y rapaz avaricia con que moderaba todos los +gastos de Currita, y la despótica autoridad que sobre ella ejercía, +reprendióle agriamente aquel derroche de perlas, desperdiciadas en +regalar corbatas a sus <i>micos</i>. Ella, ciega por la más temible y la más +tupida de todas las vendas, y temerosa siempre de verse privada de las +luces y consejos de aquel hombre, que llenaba la escasa cavidad de su +corazón y satisfacía las inmensas proporciones de su vanidad, resolvió +entonces, para desagraviarlo, hacerle el 30 de abril, día de su +cumpleaños, un magnífico regalo. Iluminó, pues, con ayuda de Reguera, +una gran fotografía en que se hallaba representada ella misma con su +rico traje de reina japonesa, y encargó dibujos para un marco suntuoso +que habían de ejecutar, en oro, plata y pedrería, Marzo y Ansorena. Los +dibujos, sin embargo, no la satisfacían; el 30 de abril se acercaba, y +apremiada por lo breve del plazo, desesperaba ya de ver realizado su +proyecto. Propúsole entonces Celestino Reguera comprar un marco antiguo, +de plata cincelada, que procedente de cierta casa ducal muy conocida, +estaba de venta en la Exposición de arte retrospectivo. Currita se dio +una palmada en la frente.</p> + +<p>—¡Tonta de mí!—dijo—. Si no se necesita; si tengo yo aquí mismo, en +casa, al alcance de la mano, algo mejor y mas rico que cuanto pudieran +<span class='pagenum'><a name="Page_326" id="Page_326">[326]</a></span>ofrecerme.</p> + +<p>Con la viveza de una niña que corre a satisfacer un soñado capricho, +atravesó Currita los vastos departamentos del palacio, en que +resplandecían por todas partes el lujo y la molicie; llegó a uno de sus +extremos, la de honor en otro tiempo, habitada entonces por la +servidumbre. En una especie de rotonda, adornada con antiguas pinturas +al fresco, ya del todo desteñida y borradas, abríase una gran puerta de +roble con herraje de bronce y bellos tableros de talla. En vano intentó +la condesa levantar con sus delicadas manecitas el enorme pestillo +cincelado: estaba la llave echada. Acercóse entonces a la salida de un +corredor que daba a la cocina y gritó muy impaciente:</p> + +<p>—¡Germán!... ¡Basilio!... ¿No hay nadie?...</p> + +<p>Acudió Germán muy presuroso y extrañado de encontrar a la señora condesa +por aquellos andurriales.</p> + +<p>—La llave de aquí—dijo ella.</p> + +<p>Germán se encogió de hombros. ¿Quién iba a saber dónde estaba aquella +llave?</p> + +<p>—¡Pues buscarla en seguida!—gritó Currita—. ¡Pregunte usted a don +Joselito, en la contaduría, en todas partes!... ¡Jesús! ¡Qué fastidio!</p> + +<p>Y daba pataditas en el suelo, llena de impaciencia, mientras Germán se +lanzaba presuroso por toda la casa en busca de la llave. Volvió, al fin, +después de un cuarto de hora trayendo una muy grande, llena de orín, con +un tarjetón de pergamino colgando, en que se leía: <i>Oratorio</i>. La llave +entró rechinando en la cerradura, y en vano forcejeó Germán para hacerla +<span class='pagenum'><a name="Page_327" id="Page_327">[327]</a></span>dar vueltas; preciso fue sacarla de nuevo, untar las guardias con +aceite, e introduciendo un palo por el ojo, giró al cabo al sexto o +séptimo empuje. Otros dos o tres vigorosísimos que dio Germán con todo +su cuerpo sobre una de las hojas hicieron girar a esta lentamente, +dejando escapar una bocanada de viento húmedo: el interior estaba +oscuro.</p> + +<p>—Espere usted aquí—dijo Currita con cierto airecillo de miedo.</p> + +<p>Y adelantóse ella con las manos extendidas para no tropezar, cerrando +los ojos un momento para poder acostumbrarse a aquellas tinieblas. +Algunos reflejos de tenue luz entraban por dos altas y rasgadas ventanas +laterales, cubiertas ambas con grandes cortinones de rojo damasco, +desteñido y empolvado. Currita quiso descorrer uno de ellos, tirando +violentamente del cordón de seda que a lo largo de la pared bajaba desde +lo alto; mas la cortina rechinó sin descorrerse, y podrido sin duda el +cordón, rompióse por arriba, cayendo sobre Currita enroscado, cual si +fuese una larga y delgada serpiente. La dama dio un chillido, y una nube +de espeso polvo se desprendió al mismo tiempo, y dos murciélagos +salieron de entre los pliegues del brocado y comenzaron a revolotear de +una a otra parte.</p> + +<p>¡Germán!—gritó Currita muerta de miedo.</p> + +<p>Y disimulando, al verle entrar, su repentino azoramiento, añadió, +huyendo del malhadado cordón, cual si fuese en realidad una serpiente:</p> + +<p>—¡Jesús, hombre, qué torpeza!... Acabe usted y descorra esa cortina...</p> + +<p>Con gran trabajo y tirando de los dos cordones a la vez, con sumo +tiento, pudo Germán descorrer la contraria, y asustada por la luz, saltó +<span class='pagenum'><a name="Page_328" id="Page_328">[328]</a></span>entonces del altar una gallina y echaron a correr dos o tres pollos +cacareando, entrándose por una puertecilla entreabierta que a la derecha +del retablo había. Currita miró a Germán estupefacta, y este, +conteniendo a duras penas una carcajada, que le pareció falta de respeto +a su ilustre dueña, contestó muy grave.</p> + +<p>—El cocinero encierra aquí a los que ha de matar para tenerlos más a +mano.</p> + +<p>—¿Pero por dónde los mete?... ¡Si estaba la puerta tan atrancada!...</p> + +<p>—Por la otra puertecilla de la sacristía que da junto a la cocina...</p> + +<p>—¡Ya!...</p> + +<p>Penetraba la luz por los sucios y empolvados cristales, escasa y como +avergonzada, mas era suficiente para iluminar aquel cuadro desolador de +impío abandono... Era el oratorio una preciosa capilla de alta bóveda +pintada al fresco, construida con grande gusto y riqueza a fines del +siglo XVII. Hallóse en tiempos tapizada de arriba abajo con ricos paños +de damasco encarnado, que caían entonces en sucios guiñapos a lo largo +de las paredes, llenas de manchas y desconchones, como el rostro de un +virolento; a trechos, veíanse encerrados en ricos marcos, ya podridos, +amarillentos pergaminos en que constaban las innumerables gracias y +privilegios concedidos por los sumos pontífices a los fundadores de la +capilla. La rica talla, algún tanto churrigueresca del retablo, +desaparecía bajo una espesa capa de polvo y de telarañas, y las varias +imágenes que ocupaban las hornacinas parecían tener esa palidez lívida +que indica en los hombres lo supremo del espanto. Sobre el altar veíanse +el ara rota, el tabernáculo hundido, y dos bellos ángeles, que a un lado +y otro sostenían antes lámparas de plata, levantaban entonces sus manos +<span class='pagenum'><a name="Page_329" id="Page_329">[329]</a></span>vacías, crispadas, como anunciando la cólera del Señor... A los pies de +la capilla, sobre un confesonario destrozado y varios reclinatorios +rotos, hallábanse amontonados trastos viejos, muebles inservibles y el +armazón de un teatro en que había representado la condesa, tiempos +atrás, unos famosos <i>cuadros vivos</i>. Sobre las dos gradas que formaban +el presbiterio había, a la izquierda del retablo, una especie de armario +de cristales, embutido en la pared, donde se guardaban reliquias: allí +se dirigió Currita, mandando a Germán que abriese la puerta. En la parte +inferior había varios estuches medio abiertos que encerraban vasos +sagrados, y tirada en un rincón, arrugada y hecha un lío, una casulla de +terciopelo negro, con ricos bordados de oro, que presentaban en +primoroso realce las armas de la casa. Al verla Currita, acordóse +instantáneamente de la última misa celebrada en aquel recinto profanado: +había sido quince años antes, estando allí mismo de cuerpo presente la +vieja marquesa de Villamelón, madre de Fernandito: aún se veían a lo +lejos, entre los amontonados restos del teatro, las piezas del catafalco +que había sostenido su cuerpo. Currita sintió una especie de escalofrío +de miedo y miró instintivamente al sitio en que solía oír todos los días +misa la anciana marquesa. Allí estaba su sillón de terciopelo, hundido +todo y destrozado, y delante el reclinatorio, conservando aún sus +almohadones apolillados las huellas de sus rodillas y sus brazos. +Currita volvió bruscamente la espalda, como si temiese ver aparecer +allí, pálida y airada, la sombra de la vieja dama.</p> + +<p>Estaba la parte superior del armario forrada de terciopelo rojo, +bastante bien conservado, y sobre almohadillas del mismo terciopelo +hallábanse varios relicarios de plata, guardando huesos de santos; en un +rincón, de pie contra la pared, había un objeto de más de una tercia de +largo, envuelto en una funda de oscuro tafilete, roída toda de ratones, +y esto fue lo que cogió Currita, sosteniéndolo por su mucho peso con +<span class='pagenum'><a name="Page_330" id="Page_330">[330]</a></span>ambas manos, y saliendo al punto de la capilla muy de prisa, azorada, +como si hubiese cometido un robo en lugar sagrado.</p> + +<p>A solas ya en su estudio, cuando abrió la destrozada funda, quedóse ella +misma admirada: era aquello una preciosidad artística de valor inmenso, +un marco de plata cincelada, obra admirable de orfebrería del siglo XVI, +que ostentaba cual noble ejecutoria, esculpido en el pedestal de una de +sus mil bellas figurillas, el nombre ilustre de Enrique de Arfe, autor +de la custodia de Córdoba y de la llamada Cruz antigua. Aquella +maravilla servía, sin embargo, de marco a un objeto harto extraño e +insignificante: sobre un fondo de raso blanco y cubierto por limpidísimo +cristal chafianado, veíase sencillamente un harapo, un pedazo de burdo y +raído sayal pardo. Por el reverso, cerraba el cuadro una gran chapa de +plata, sujeta por finas tuercas, que no sin grandes esfuerzos consiguió +destornillar Currita. Liados en blancos tafetanes, amarillos ya por el +tiempo, halló dentro dos papeles escritos con clarísima letra del siglo +XVI, que sin esfuerzo ninguno podían perfectamente descifrarse. En uno +decía: «Pedazo de la cogulla del venerable siervo de Dios fray Alonso de +Luján, muerto en olor de santidad en su convento de Talavera de la +Reina, a los 23 de enero de 1590». Y a renglón seguido, con la candorosa +arrogancia de los magnates de aquella época, firmaba sencillamente: +<i>Doña Catalina</i>.</p> + +<p>—¡Ya!—exclamó Currita muy admirada—. ¡Con que <i>esto</i> era de +<i>aquel</i>!...</p> + +<p>Y sus ojos fueron a buscar, entre las mil preciosidades que adornaban el +estudio, una admirable cabeza, pintada por Pantoja, de un capuchino<a name="FNanchor_16_16" id="FNanchor_16_16"></a><a href="#Footnote_16_16" class="fnanchor">[16]</a> +muerto, en cuyo rostro resplandecía esa serena calma que deja impresa la +muerte, como señal de predestinación, sobre la frente de los justos. +Era, en efecto, aquella cabeza venerable el retrato de fray Alonso de +<span class='pagenum'><a name="Page_331" id="Page_331">[331]</a></span>Luján, hermano del cuarto marqués de Paracuéllar, y había sido +trasladado años atrás del oratorio a los salones de la casa, no como +objeto de piedad, sino como monumento de arte.</p> + +<p>En el otro papel hallábase copiada esta cláusula del testamento de doña +Leonor Manrique de la Cerda, repartiendo entre sus parientes un hábito +de su primo hermano, el venerable padre fray Alonso de Luján, religioso +capuchino: «Mi señora, la duquesa del Infantado, escoja la pieza que le +pareciere, y otra se dé al conde de Salvatierra, y otra al conde de +Montijo, y otra a mi sobrina doña Catalina, marquesa de Paracuéllar, y +el cordón se dé al conde de Salinas, mi sobrino, que lo tenga y venere +como cordón y reliquia de un tan venerable y santo varón como yo lo he +tenido; y una cogulla que yo tengo del dicho padre fray Alonso mando +también a mi señora duquesa, y le suplico la dé cuando a su excelencia +le pareciere al conde del Cid, y la pieza que su excelencia escogiere, +la dé al duque de Béjar, de cuya casa era muy devoto el dicho padre fray +Alonso.»</p> + +<p>Currita estaba admirada... Mentira parecía que aquellas buenas gentes, +tan grandes señores, por otra parte, tan famosos en la historia muchos +de ellos, se repartiesen entre sí, como joyas preciosas, el burdo sayal +de un pobre fraile. ¡Lo que varían los tiempos!... La buena de doña +Catalina se había gastado un dineral en fabricar una joya para su +pedacito de cogulla, sin sospechar siquiera que había de ahorrarle a +ella el gastarlo en...</p> + +<p>Con una brusca sacudida echó fuera, sin tocarla, la reliquia, y puso +después en su lugar el retrato. Estaba perfectamente, y sólo con +recortarle un poco los bordes encajaría tan bien como si hubiese sido +hecho el marco a su medida. Currita calculaba complacidísima el efecto, +alejando de sí el retrato, y la mano con que le sostenía fue a tropezar +<span class='pagenum'><a name="Page_332" id="Page_332">[332]</a></span>con el pedazo de cogulla del fraile; retiróla bruscamente, cual si +hubiese tocado una brasa ardiendo, y miró con miedo, con espanto casi, +la magnífica cabeza de Pantoja, que tan admirablemente expresaba sobre +el lienzo la imponente y serena calma de la muerte. Con los mismos +papeles que encerraban la auténtica y la cláusula testamentaria, cogió +la reliquia de fray Alonso, y sin tocarla, con un gesto que lo mismo +expresaba la repugnancia que el miedo, el asco que el respeto, arrojólo +todo en una preciosa cestilla destinada a recibir papeles para la +basura. Arrepintióse al punto; había oído ella que las cosas santas no +deben tirarse, sino quemarse, y volviólo a recoger todo de la misma +manera para no tocar la reliquia, y fue a echarla entonces en una +chimenea encendida que ardía en un ángulo. Otra vez lanzó, sin poderlo +remediar, una mirada a hurtadillas, con medroso recelo, a la pálida +cabeza del fraile muerto.</p> + +<p>Un fuerte olor acre y desagradable del paño que se quemaba extendióse al +punto por toda la estancia. En aquel momento entró Villamelón muy alegre +y satisfecho, que volvía de Chamartín de la Rosa, donde en su preciosa +quinta de Miracielos estaba ensayando con gran entusiasmo la incubación +artificial de los huevos de gallina.</p> + +<p>—¡Jesús, hija, qué mal olor!—exclamó deteniéndose a la entrada—. ¿Qué +has quemado?... Si <i>huele</i> aquí a infierno...</p> + +<p>Currita se puso muy seria, muy enfadada, y hasta un poco pálida.</p> + +<p>—Mira, Fernandito, no digas tonterías... No me gustan bromas con las +cosas del otro mundo.</p> + +<p>Y como si fuese cosa de él, volvió a lanzar otra mirada furtiva y +<span class='pagenum'><a name="Page_333" id="Page_333">[333]</a></span>medrosa a la imponente cabeza de fray Alonso.</p> + +<p>—Pero hija, Curra, ¿sabes?... Que abran esa ventana; si <i>huele aquí</i> a +chamusquina, a cuerno quemado...</p> + +<p>—Pues nada, hombre; un pincel viejo que tiré en la chimenea... Vamos, +dejemos ya eso. ¿Has visto a Lilí?...</p> + +<p>Villamelón dio una gran palmada.</p> + +<p>—¡Mujer!... Se me olvidó...</p> + +<p>—¿Pues no te dije que fueras a verla?—gritó Currita muy colérica.</p> + +<p>—Pues, nada, hija, se me olvidó... ¿Qué vamos a hacerle?...</p> + +<p>—¡Jesús, qué hombre este!... Se acuerda de ver las gallinas y se olvida +de visitar a su hija...</p> + +<p>Porque el lector ignora aún que ninguno de los dos niños estaba ya en la +casa... Cuatro días después de la escena que en el anterior capítulo +queda referida, cayó Currita en la cuenta y convenció de ello a +Fernandito de que, no pudiendo dedicarse ella exclusivamente a la +educación de sus hijos como hubiera sido su deseo, era lo mejor enviar a +Lilí al colegio que tienen en Chamartín las religiosas del Sagrado +Corazón, y a Paquito al que por aquel tiempo tenían los jesuitas en +Guichón, del lado de allá de los Pirineos... Ni ella ni Jacobo habían +tenido en cuenta que en aquel mismo colegio se educaba Alfonsito +Téllez-Ponce, el hijito de este.</p> + +<p>Villamelón, muy contrito de su falta, prometió remediarla al día +<span class='pagenum'><a name="Page_334" id="Page_334">[334]</a></span>siguiente, cuando fuese a Chamartín a inspeccionar los períodos de la +incubación artificial, que ocupaba en aquella época toda su atención y +todo su tiempo. Diógenes, al saber las nuevas aficiones del ilustre +prócer, había dicho:—No hay que extrañarse... Está clueco.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Vcmdash" id="Vcmdash"></a><a href="#toc">—V—</a></h2> + + +<p>La cola que formaban los coches frente al palacio del marqués de Butrón +cogía casi toda la calle de Hortaleza, atravesaba la red de San Luis e +iba a perderse en la de la Montera. Los carruajes avanzaban lentamente, +parábanse un momento, abríanse y cerrábanse con estrépito las +portezuelas, y corrían luego a estacionarse en la Plaza de Santa +Bárbara. Los transeúntes deteníanse extrañados y quedábanse muchos +contemplando aquella larga procesión de damas, rara en Madrid, a la +clara luz de las tres de la tarde. El Gobierno parecía alarmado: varios +agentes de orden público paseábanse por la acera de enfrente, a lo largo +del palacio, y algunos polizontes se mezclaban entre los curiosos o +trababan conversación con cocheros y lacayos, que charlaban entre sí +desde los pescantes, designándose, según la clásica costumbre, por los +ilustres nombres de sus amos.</p> + +<p>Las damas saltaban ligeramente de los coches, atravesaban el gran +portal, subían la escalera alfombrada y perdíanse, con aire de +conspiradoras, en aquel ancho salón del teatro, famoso en otro tiempo +por haber representado en él don Ventura de la Vega <i>El hombre de mundo</i> +y dirigido Bretón de los Herreros en persona los ensayos de <i>El pelo de +la dehesa</i>. Reinaba en él una media luz prudentísima, un prematuro +<span class='pagenum'><a name="Page_335" id="Page_335">[335]</a></span>crepúsculo que velaba con paternal indulgencia entre sus sombras +misteriosas los grandes deterioros del decorado, incapaces de resistir +con honra la descarada luz de las tres de la tarde.</p> + +<p>Desde fuera, parecía aquello el zumbido de una colmena colosal, en que +doscientas mujeres murmurasen al mismo tiempo entre el crujido de las +sedas, el ric-rac de los abanicos, las tosecillas afectadas que dan +tiempo a preparar una respuesta, las melifluas risitas que acompañan +siempre a la afectuosidad femenina, y los perfumes peculiares a +doscientos gustos diversos y doscientos tocadores distintos. A veces, +reinaba de repente uno de esos súbitos silencios que el pueblo andaluz +atribuye al involuntario respeto que infunde el invisible aleteo de un +ángel que pasa; era más bien algún diablillo que llegaba, alguna dama +famosa por cualquier concepto que traspasaba el dintel, obligando a la +crítica a replegarse sobre sí misma, para estudiar el blanco sobre que +había de disparar su metralla.</p> + +<p>Ningún hombre aparecía a la vista; en el fondo, tras la sencilla cortina +de rojo terciopelo, con las armas de Butrón bordadas en el centro, que +cerraba la emboscadura del teatro, adivinábase, sin embargo, algo +masculino, algún espíritu no santo que tosía y estornudaba como el resto +de los mortales, porque dos toses y un estornudo, habían llegado al oído +avizor de la señora de Barajas, que estaba allí cerca; tocó con el codo +a su hermana, diciéndole muy bajo: «Aquí hay duendes»; y la otra, sin +volver la cabeza, contestó muy seria:</p> + +<p>—Robinsón y su negro Domingo, que se habrán constipado en la isla +desierta.</p> + +<p>Así era, en efecto: el gran Robinsón y el señor Pulido hallábanse tras +el telón, observando por los dos imperceptibles agujeritos que servían +<span class='pagenum'><a name="Page_336" id="Page_336">[336]</a></span>en otro tiempo para registrar la sala a los ilustres actores que habían +pisado aquella escena aristocrática. El respetable diplomático parecía +inquieto, y el señor Pulido iba y venía sigilosamente de uno a otro +agujero, apretando los labios y moviendo la cabeza, con muestras también +de alguna zozobra.</p> + +<p>La concurrencia era numerosa, escogida y a propósito para secundar los +planes del diplomático; mas notábase, sin embargo, un síntoma alarmante, +una peligrosa falta de disciplina en la mesnada aristocrática, las +alfonsinas de raza, pertenecientes, en su mayor parte, a familias de la +Grandeza. Habíanse sentado todas ellas hacia el lado izquierdo, formando +un grupo, y, cuchicheando y cambiando entre sí risitas y señas burlonas, +miraban entrar y amontonarse en el lado opuesto a las cursis radicalas, +con el aire de desdeñosa protección de la gran señora que permite a su +doncella sentarse a su presencia, a cuatro metros de distancia. Tan sólo +la duquesa de Bara, fiel a la consigna del caudillo, habíase apresurado +a sentarse entre las dos ministras cesantes: la de Martínez, mujer +sencillísima y modesta, que se hallaba allí como gallina en corral +ajeno, y la de García Gómez, cursi pretenciosa, que pretendía deslumbrar +a pájara tan larga como la duquesa con sus alardes de elegancia y de +buen tono.</p> + +<p>En vano iba de un lado a otro la marquesa de Butrón, intentando, con su +fino tacto y sus delicadas maneras, ahogar en germen aquellos puntillos +mujeriles, aquellas vanidades alborotadas que amenazaban dar al traste +con la suspirada fusión a duras penas obtenida en el baile de Currita; +tan sólo pudo conseguir su ímprobo trabajo colocar a la duquesa de +Astorga, mujer bondadosísima, al lado de la excelentísima señora doña +Paulina Gómez de Rebollar de González de Hermosilla, cuya colosal figura +se destacaba sobre un asiento muy alto, aislada entre tirios y troyanos, +silenciosa y pensativa, cual Safo meditando su suicidio en lo alto de la +<span class='pagenum'><a name="Page_337" id="Page_337">[337]</a></span>peña de Léucades.</p> + +<p>Las carlistas, por su parte, pocas en número, pero en valor muy +aguerridas, formaban otro grupito sospechoso, teniendo al frente a una +viejecilla chiquitilla, flaca y nerviosa, de ojos vivísimos. Era la +baronesa de Bivot, ilustre catalana, que se removía sin cesar en el +asiento, esgrimiendo el abanico con el bélico ardor del veterano ansioso +de combate que huele la pólvora a lo lejos. Carmen Tagle la bautizó al +punto.</p> + +<p>—Allí está <i>Zumalacárregui</i>—dijo a su vecina—. Mírala, el cuerpo le +pide pendencia.</p> + +<p>El respetable Butrón se daba a todos los demonios temiendo una +catástrofe, y aplicaba el oído en vez del ojo al agujero, a ver si podía +pescar alguna palabrilla suelta que indicase el rumbo que tomaba la +tormenta. No se oía nada; un zumbido colosal de colmena en momentos de +mudanza, que le sacaba de quicio, poniéndole nervioso.</p> + +<p>—¡Pero que siendo tantas no haya una sola que calle!—exclamó hecho un +basilisco; y el señor Pulido, sin perder su pausa, con filosófica +profundidad, replicó muy bajito:</p> + +<p>—Las prefiero hablando, Pepe... Callar sería contra naturaleza.</p> + +<p>Y en aquel momento, como si quisieran probar aquellas amables criaturas +que llevar siempre la contra es el rasgo peculiar del sexo, callaron +todas de repente, siguiéndose un silencio profundo, un <i>calderón</i> +prolongadísimo de cerca de un minuto, seguido, a su vez, de un allegro +alborotado, un crescendo inverosímil, rápido y vivace... Algo gordo +<span class='pagenum'><a name="Page_338" id="Page_338">[338]</a></span>sucedía, y el respetable Butrón y el filosófico Pulido acudieron al +punto muy azorados a sus respectivos observatorios... Entraba la condesa +de Albornoz, con aquel paso de que habla Virgilio, que revela una reina +o una diosa, inclinando la cabeza con el aire de vanidad satisfecha de +aquel emperador romano que encogía la suya al pasar bajo los arcos de +triunfo, por miedo de tropezar en ellos con la frente; seguíala la +marquesa de Valdivieso, una de las cómodas amigas de fácil contener que +traía ella siempre a retortero para que la acompañasen como damas de +honor, sirviendo, según su frase, de marco a su elegancia.</p> + +<p>Cogióla Leopoldina Pastor por las faldas, al pasar por su lado, y quiso +obligarla a sentarse entre ella y Carmen Tagle... Era necesario +escarmentar a aquellas indecentes radicalas que estaban allí con la boca +abierta, <i>dándose pisto</i>, soñando quizá con la presidencia...</p> + +<p>—¡Míralas, qué retablo!...</p> + +<p>Deseando estaba que Genoveva tomase la palabra para tener ocasión de +decir a aquellas cursis cuatro palabritas bien dichas, ¡pero iba a estar +aquello muy frío!... A ella le hubiese gustado discutir a caballo, con +los hunos de Atila. Dióle Currita cariñosamente en el hombro con el +abanico, murmurando: <i>C'est drôle</i>; saludó con una monísima cabezadita +al amplio círculo de sus ilustres amigas y dejóse llevar suavemente por +la Butrón al lado opuesto, sentándose, al fin, junto a la duquesa de +Bara y las dos ministras. Apretóle cariñosamente la mano a la de +Martínez, diciéndole: «¡Querida mía!», y manifestó a la García Gómez su +desolación profunda por no haberse encontrado el día antes en casa +cuando estuvo esta a visitarla.</p> + +<p>—Coraje me dio al ver su tarjeta... Hubiera deseado que charlásemos un +<span class='pagenum'><a name="Page_339" id="Page_339">[339]</a></span>rato... Quiero que seamos amigas...</p> + +<p>La García Gómez creyó reventar de dicha ante honra tan repentina, y +miraba a todas partes, tan oronda y satisfecha entre aquellas dos +grandes de España como la rata de la fábula en el queso de Holanda. +María Valdivieso, con prudencia inusitada en ella, mordíase los labios +para no soltar la risa. El venerable Butrón seguía desde su agujero toda +aquella pantomima, y murmuraba nervioso y exaltado:</p> + +<p>—¡Bien por Currita!... ¡Es lista esa <i>mona Jenny</i>, caramba!... ¡Con que +María Villasis haga lo mismo, triunfamos!</p> + +<p>El señor Pulido, profeta siempre de desdichas, se permitió dudarlo; su +olfato finísimo había adivinado un escollo en que el respetable Butrón +no paraba mientes.</p> + +<p>—Aquella trae ya cara de presidenta, Pepe—dijo.</p> + +<p>—¿Quién?...</p> + +<p>—La Currita, Pepe... ¡Te lo dije!...</p> + +<p>Así era, en efecto: tan penetrada estaba esta de su superioridad que ni +por un momento dudó de ser elegida, y pareciéndole que tras del baile +había de venir la presidencia, de manera tan lógica y fatal como tras de +la noche viene el día, había ya comunicado varias órdenes al tío +Frasquito, gran maestre de los micos de su guardia, y confiado a María +Valdivieso aquella misma tarde, en el camino, varios de los mil +regocijos caritativos que a beneficio de los heridos del Norte +proyectaba, y sobre todo, una <i>kermesse</i> famosísima que había de +producir millones y millones.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_340" id="Page_340">[340]</a></span></p><p>Púsose Butrón al oír a Pulido muy enfadado, levantando los brazos como +si quisiese coger las bambalinas.</p> + +<p>—¿Que trae cara de presidenta?... ¡Pues se quedará con la cara, +Pulido!... ¡No faltaba más! Una mujer sin crédito, sin pizca de +vergüenza... Me espantaba toda la gente de sacristía... ¿Qué diría el +arzobispo cuando fuera a pedirle la bendición para la obra?... María +Villasis es la única..., la única, Pulido.</p> + +<p>Nueva manifestación de duda de la ninfa Egeria, acompañada siempre del +vocativo de su Numa Pompilio, fórmula de la íntima y familiar amistad +que le unía con el personaje.</p> + +<p>—Lo dudo, Pepe...</p> + +<p>—¿También a esa la encuentras peros?...</p> + +<p>—La encuentro calabazas, Pepe...</p> + +<p>Butrón, muy incomodado, dio media vuelta diciendo que más bien serían +camuesas, y el señor Pulido, sin perder su paz, repitió muy bajito:</p> + +<p>—Digo calabazas, porque no vendrá, Pepe...</p> + +<p>—¿Que no vendrá?...</p> + +<p>—Es muy propensa a constipados... Acuérdate de la última junta, Pepe.</p> + +<p>—Que viene, hombre, que viene... Si se lo prometió ayer a Veva, que la +mandé yo expresamente.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_341" id="Page_341">[341]</a></span></p><p>Y así era, en efecto: la marquesa de Butrón había estado la víspera en +casa de la Villasis a pedirle por todos los santos del cielo que no +dejara de asistir a la junta; la pobre señora parecía azorada, y +pedíaselo con tal ahínco, como si le fuera en ello la vida. La Villasis, +sin embargo, no se mostraba muy propicia, y echándose a reír, le dijo:</p> + +<p>—¿Pero qué falta hago yo, mujer?... La misma que los perros en misa...</p> + +<p>—No digas eso, María, porque ni tú misma lo crees—replicó la otra muy +apurada.</p> + +<p>—Pues mira, Genoveva, te seré franca... Si fuera cosa tuya..., tuya +exclusivamente, iría con el alma y con la vida... Pero tratándose de lo +que se trata..., vamos... que no me gusta ese <i>barrer para adentro</i> de +tu marido, que la pone a una siempre en el riesgo de tropezarse con +basura... Y, francamente, no quiero ponerme en el caso de encontrarme +mano a mano con una... Curra Albornoz u otra de su ralea.</p> + +<p>—Tienes razón... ¿Pero qué se le va a hacer, si Madrid es un lodazal?</p> + +<p>—No, no es un lodazal; porque tú y yo y otras muchas somos Madrid y, +gracias a Dios, no somos lodazales... Di más bien que en Madrid <i>hay un +lodazal</i>, que puede perfectamente evitarse andando con la ropa un +poquito recogida... Pero, sin duda, es el maldito lodazal de agua de +colonia, y como huele bien, a pocos veo que les repugne zambullirse +dentro.</p> + +<p>—Pero mi casa no está en ese lodazal, María.</p> + +<p>—Lo sé; lo sé mejor que nadie, porque como nadie te conozco y te +<span class='pagenum'><a name="Page_342" id="Page_342">[342]</a></span>quiero... Por eso yo no me niego a ir a tu casa, sino a la junta <i>que +tu marido hace celebrar en tu casa</i>. ¿Me entiendes?</p> + +<p>Y como si temiese que la otra encontrase la distinción harto metafísica, +apresuróse a torcer un poco el camino, añadiendo prontamente:</p> + +<p>—No creas, por eso, que me niego también a contribuir a los fines de la +asociación como una de tantas... Sé muy bien que lo de socorrer a los +heridos es una pantalla; que se trata de preparar al ejército... No +importa: yo también contribuiré a ello, pero sin disfrazarlo de obra +caritativa... Lo hago, porque he visto nacer al príncipe y le miro y le +quiero como cosa mía; y lo hago, sobre todo, porque se me ha prometido +solemnemente que el primer cuidado de la Restauración será restablecer +la unidad católica; que sin este requisito, nada, nada haría.</p> + +<p>La Villasis se detuvo un momento, y sin el menor alarde de esplendidez, +con la sencilla naturalidad de quien ofrece una cosa insignificante, +añadió en seguida:</p> + +<p>—Por eso, en cuanto quieras disponer de ellos, tengo a tu disposición +diez mil duros... Si más pudiera, más daría.</p> + +<p>La oferta de aquel cuantioso donativo no deslumbró a la de Butrón; +habíase turbado mucho mientras hablaba su amiga, y moviendo la cabeza +vivamente dijo:</p> + +<p>—Lo creo, porque naciste para ser rica y sabes serlo... ¡Pero tu +nombre, tu nombre vale más que los diez mil duros!...</p> + +<p>Y la otra, dándole palmaditas cariñosas y remedando su mismo tono +<span class='pagenum'><a name="Page_343" id="Page_343">[343]</a></span>lastimero, añadió en son de burla:</p> + +<p>—Pues mi nombre, mi nombre es justamente lo que no doy... Díselo así a +tu marido.</p> + +<p>La de Butrón dejó caer ambas manos abatida y dijo con voz acongojada, +imperceptible casi:</p> + +<p>—¡Dios mío!... ¿Y cómo le digo yo eso?...</p> + +<p>Y de repente, dejando escapar un súbito sollozo, tapóse el rostro con el +pañuelo, y un llanto desconsolador brotó de sus ojos, revelando un +profundo abismo de amargura, un dolor hasta entonces callado y oculto. +Quedóse un momento suspensa la Villasis, atónita y afligida por el temor +de haber causado aquella honda pena.</p> + +<p>—¡Pero, Genoveva, por Dios!... ¿Te he ofendido?...</p> + +<p>La otra meneaba vivamente la cabeza, intentando decir entre sollozos:</p> + +<p>—No..., no..., no... Es que Pepe...</p> + +<p>—Pues bien, ¡no le digas nada!... ¿Quieres tú que vaya?... Pues iré, +iré de mil amores... ¿Cómo había yo de imaginarme que iba a causarte esa +pena?</p> + +<p>Y tan afligida como su amiga, estrechaba entre las dos suyas una de sus +manos, mientras la de Butrón, sin quitarse el pañuelo del rostro, cual +si la vergüenza, al par que las lágrimas, la ahogaran, tartamudeaba:</p> + +<p>—Pepe..., el pobre..., es tan violento...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_344" id="Page_344">[344]</a></span></p><p>Esta última palabra fue para la marquesa de Villasis un rayo de luz que +le descifró el enigma: cruzó las manos con un gesto de ira, de sorpresa, +de lástima profundísima, de compasión sin medida... ¡Luego era verdad, +luego era cierto el chisme que varias veces había llegado hasta ella de +que el noble Butrón, el leal caballero, el correcto diplomático, +maltrataba con frecuencia a aquella esposa modelo, aquella ilustre +señora, aquella débil anciana que sollozaba allí, ocultando la vergüenza +de su marido en el fondo de su pecho, envuelta en su propia desdicha!...</p> + +<p>Un violento impulso de noble ira se levantó pujante en su corazón, y +hubiera querido arrancar del todo a la infeliz su secreto, no sólo para +remediar su dolor, sino también para vengarlo. Mas la noble anciana, +fiel a su decoro de esposa, guardó ese difícil silencio con que las +almas heroicas saben coronar una de las penas más vivas que existen en +la tierra: el sacrificio despreciado, el sacrificio inútil, y la +marquesa de Villasis no se atrevió a interrogarla; el primer cuidado de +la delicadeza, al consolar un dolor, es respetarlo, y nada hiere tanto +una pena como la curiosidad, sacrilegio, por decirlo así, de la +impertinencia.</p> + +<p>Un llanto callado, el más sublime de todos los llantos, el llanto de la +caridad, que cuando no remedia ni alivia consuela, llorando con el que +llora, brotó entonces de sus ojos, y tan sólo al asegurarle una y mil +veces que iría con sumo gusto al día siguiente a su casa, atrevióse a +añadir con uno de esos brotes del corazón en que aparece la amistad tan +santa y tan bella:</p> + +<p>—¿Quieres otra cosa, Genoveva?... ¿Te puedo servir en algo más? +¡Dímelo!...</p> + +<p>Otro quejido que revelaba el complemento de los grandes dolores, la +<span class='pagenum'><a name="Page_345" id="Page_345">[345]</a></span>falta del último consuelo, la soledad del alma, se escapó entonces de +los labios de la anciana.</p> + +<p>—¡Sí, sí, de mucho!... ¿Pues no lo ves? ¡Para poder llorar delante de +alguien, para tener quien llore conmigo!...</p> + +<p>Y al despedirse, serena ya del todo y consolada en lo posible, dijo a la +Villasis con intención marcadísima:</p> + +<p>—Te advierto que yo sólo te he pedido que <i>vengas mañana a casa</i>... De +lo demás que pudiera sobrevenir nadie me hará responsable, y puedes +negarte sin miedo.</p> + +<p>Y añadió con tristísima sonrisa:</p> + +<p>—Si yo estuviera en tu caso, haría lo mismo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIcmdash" id="VIcmdash"></a><a href="#toc">—VI—</a></h2> + + +<p>La marquesa de Villasis tardaba; eran ya las tres y media y el +respetable Butrón sentía angustias de muerte, temiendo verse por segunda +vez chasqueado por la dama. Con el ojo pegado al agujerillo del telón +disimulaba su mal humor y sus temores, por no exponerse a las machaconas +observaciones del señor Pulido, mientras observando este por el otro +agujero, se afirmaba más y más en los suyos, ofreciendo ambos al que +entraba por el fondo del teatro un espectáculo original y extraño en +<span class='pagenum'><a name="Page_346" id="Page_346">[346]</a></span>demasía. Hallábanse los agujeros bastante bajos por estar disimulados, +en el lado opuesto, entre el bordado del escudo, y hacíase preciso, para +observar por ellos, ponerse en cuclillas, posición harto molesta, muy +semejante, por no citar otras, a la que usan los salvajes de Ohio para +deliberar en el Consejo. Ovidio no refiere si el enamorado Píramo se +ponía en actitud tan cómica cuando buscaba en la muralla una hendidura +por donde contemplar a Tisbe; si así era, fortuna tuvo el galán en no +ser visto por la dama.</p> + +<p>De repente, sonaron hacia el fondo del teatro pasos importunos, que +hacían crujir las tablas del escenario; furioso Butrón volvióse agitando +las manos extendidas e interpelando en colérico <i>sotto voce</i> al +imprudente, como al bueno de Kent el rey Lear:</p> + +<p>—¡Despacio, demonio, despacio!...</p> + +<p>Era el tío Frasquito, que llegaba atropellando la consigna de no +permitir la entrada en aquel recinto, apresurado y ansioso por ver lo +que pasaba en el congreso femenino, luciendo una corbata vistosísima, +prenda hermafrodita en que profundos observadores suelen encontrar, +reflejado con frecuencia, el carácter moral del individuo. La del tío +Frasquito era la corbata de gran maestre de los micos de Currita, de +seda azul japonesa, sujeta coquetamente con el alfiler de una sola +perla. Habíale encargado la Albornoz venir a buscarla a casa de Butrón, +para darle sin pérdida de tiempo sus primeras disposiciones de +presidenta.</p> + +<p>Hizo el recién venido al diplomático mudas señas de que no se molestase, +y renegando <i>Robinsón</i> por lo bajo, volvió a su observatorio, encargando +disimuladamente al señor Pulido que saliese a repetir a los criados la +rigurosa consigna. Mas temeroso este de que le usurpara su puesto el +<span class='pagenum'><a name="Page_347" id="Page_347">[347]</a></span>intruso, hízose el desentendido, dejando abierta la puerta a la mayor +calamidad que por ella pudiera entrarse.</p> + +<p>Mientras el tío Frasquito buscaba en vano otro agujero y decidíase, no +encontrándolo, a abrirlo él mismo disimuladamente con un cortaplumas, +una gran sombra apareció en el fondo de la escena, deslizándose muy +despacio, con el cuerpo agobiado, los pies arrastrados, la mano +extendida... Era Diógenes, el cínico Diógenes, que al ver a los tres +personajes pegados al telón, vueltos de espalda y puestos en cuclillas, +detúvose un momento, dejando escapar una risa silenciosa, risa de +chacal, risa de hiena, que de verla el tío Frasquito hubiera sentido +erizarse los pelos e su peluca. Cruzóse de brazos, movió de arriba abajo +la gran cabezota y desapareció sigilosamente por entre los bastidores, +metiéndose luego por debajo del escenario como un nihilista que se +zambulle en el centro de la tierra para fraguar siniestros proyectos...</p> + +<p>—¡La Villasis! ¡La Villasis!—susurró en aquel momento Butrón con aire +de triunfo; y pegó al punto el ojo al agujero, para no perder ningún +incidente de la escena que iba a seguirse.</p> + +<p>La marquesa entraba, en efecto, causando su presencia un movimiento +general de sorpresa, seguido de un murmullo prolongado que disipó las +angustias de Butrón, hizo sonreír triunfalmente a la de Bara y morderse +los labios a Currita, adivinando desde luego una rival, la más temible, +porque era la más detestada. En la conciencia de todas las señoras +presentes brotó al mismo tiempo la idea de que aquella era la llamada a +ser la presidenta, porque a todas se imponía la marquesa por diversos +conceptos: las sensatas y honradas admiraban en ella el tipo de la gran +señora de virtud y de prestigio, digna y afable, que, firme en sus +convicciones en medio de una sociedad frívola y corrompida, imponía +sobre todos, callando siempre, la poderosa crítica del buen ejemplo. Las +<span class='pagenum'><a name="Page_348" id="Page_348">[348]</a></span>otras, más ligeras o menos honradas, veían, sin embargo, en ella la +mujer de talento, la dama de gran nombre, de riquezas inmensas, de +carácter firme e independiente, que sin prescindir jamás de las justas +conveniencias que exige un rango elevado, sabía sacudir toda imposición +que repugnase a su conciencia o a su decoro, constituyendo así lo que +admiran tanto las medianías rutinarias, que sólo saben copiar lo que +halaga la vanidad o seduce al instinto: un tipo original, genuinamente +noble, digno y honrado.</p> + +<p>Algunas, ignorando, como ignoraban todas, excepto la Butrón y la de +Bara, el modo cómo había de nombrarse la junta, dejaron escapar la idea +entre sus misteriosos cuchicheos, y la señora de Martínez, con ingenua +sinceridad, algún tanto lugareña, soltó esta frase, que hubiera +provocado en otra ocasión las crudas sátiras de la de Bara:</p> + +<p>—¡Esa sí que es una marquesa de veras!...</p> + +<p>María Valdivieso, con su falta de tacto acostumbrado, inclinóse hacia +Currita como para quitarle una pelusilla que desperfeccionaba el +complicado lazo de las bridas de su sombrero y le dijo muy bajo:</p> + +<p>—¿Eh?... ¿Qué tal?... Con esta prójima no contábamos... ¿Te +inquieta?...</p> + +<p>Irguióse la otra como una Juno a quien dijeran que la ninfilla más +patimondada del Olimpo iba a sentarse en su carro tirado por pavos +reales, y contestó desdeñosamente:</p> + +<p>—¿A mí?... Jamás me ha merecido ni un bostezo, que es el último de los +gestos despreciativos...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_349" id="Page_349">[349]</a></span></p><p>También la marquesa de Villasis hacía sus observaciones. Tendió la +vista por la sala y pudo contemplar, desde luego, el Madrid heterogéneo +de siempre, en que la virtud y el vicio se mezclan en amigable +consorcio, representando la historia eterna de la manzana podrida que +comunica a las sanas su podredumbre y sus gusanos, sin tomar de ellas ni +el sabor exquisito, ni la fragancia saludable; la indecorosa y dañina +mescolanza de grandes nombres y grandes vergüenzas, honras sin tacha y +reputaciones escandalosas, revestidas todas con el mismo brillante +barniz de formas elegantísimas, barajadas y confundidas por el mismo +apetito ciego de placeres, por los mismos impulsos necios de vanidad, +por el mismo afán irresistible de sacudir el ocio, de distraer el tedio, +espantosa y continua tentación de los grandes y de los ricos, que les +arrastra a todas sus extravagancias y les lleva a todos sus extravíos.</p> + +<p>—¡Señor!—pensaba la dama—. ¡Qué grande obra sería la de deshacer esta +mescolanza que repugna, que envenena, que liberta el vicio de toda +sanción social que le marque la frente como con una señal de infamia, y +lo contenga, ya que no con el temor de Dios, con la vergüenza al menos y +con el respeto humano; que familiariza con el escándalo hasta a las +conciencias más rectas, y destruye la poderosa barrera de horror y de +extrañeza que debe separar al bueno del escandaloso, y comenzando por +hacer a este tolerable, acaba por hacerle pasar por imitable!... ¡Qué +grande obra haría quien con el mismo espíritu de caridad cristiana con +que se fundan asilos para huérfanos y casas de refugio para doncellas en +peligro, fundase <i>un salón</i> para mujeres <i>honradas</i> y hombres +<i>decentes</i>, en que sin riesgo alguno de mal ejemplo pudiese encontrar la +juventud las justas, legítimas y aun necesarias distracciones propias de +sus años; hallar sin desvergonzada levadura ese trato señoril y digno a +la vez que alegre y placentero, que afina y suaviza las inclinaciones +del hombre, fortalece y alecciona las de la mujer, y fomenta el trato +<span class='pagenum'><a name="Page_350" id="Page_350">[350]</a></span>mutuo y el mutuo conocimiento de que brotan castas simpatías, germen de +puros y tranquilos amores, que sirven de base solidísima a matrimonios +felices y meditados, de que nacen luego familias cristianas y +ejemplares!... Y la caridad, la caridad derivada del cielo, única santa +y legítima, que todo lo ve con sus ojos de lince, que todo lo abarca con +su actividad insaciable, que todo lo precave con su perspicacia amorosa, +y no deja dolor sin alivio, ni pena sin consuelo, ni llaga sin remedio, +¿no se ha fijado nunca en esta úlcera ensangrentada?... ¿Acaso es más +digna de lástima la pobre labriega, la infeliz criada de servicio que el +abandono precipita en un lodazal de escaleras abajo y salva la caridad +en una casa de refugio, que la encopetada señorita, la rica heredera que +un abandono distinto, sólo en la forma, precipita del mismo modo en otro +lodazal de salones adentro?... ¡Y pensar que no es tan difícil el +remedio como a primera vista parece; que bastaría quizá que una mujer de +prestigio y de energía, cerrando los oídos a indecorosos respetos +humanos y a culpables condescendencias sociales, fundase, por el amor de +Dios, un <i>salón de refugio</i>, lanzando a los cuatro vientos de la alta +sociedad madrileña, por toda esquela de convite, esta estupenda noticia: +«La marquesa tal, o la duquesa cual, se queda todas las noches en casa, +para las señoras honradas y los caballeros decentes»!...</p> + +<p>Y cuando algo muy hondo, pero muy claro y distinto, le decía a la +Villasis en el fondo de su conciencia que ella podía y aun debía ser +aquella tal marquesa o aquella cual duquesa, vino a distraerla de sus +extrañas reflexiones la voz de Genoveva Butrón, que dando ya por reunido +el congreso femenil, comenzaba a exponer el objeto de aquella junta.</p> + +<p>La marquesa ateníase en sus palabras a la pauta trazada de antemano por +Butrón, evitando con habilidad suma los puntos escabrosos y las mentiras +gordísimas marcadas por el diplomático; hablaba muy despacio, con +sencillez exenta de toda pedantería y el aplomo y la seguridad que dan a +<span class='pagenum'><a name="Page_351" id="Page_351">[351]</a></span>las personas nacidas y criadas en altas esferas el trato continuo de +gentes y la conciencia de su propia grandeza. Butrón, en cuclillas, +delante de su agujero, seguía con el alma en un hilo el discurso de su +mujer, extendiendo las manos y llevando el compás como un director de +orquesta que dirige una partitura, o como un magnetizador que desprende +de sí con extraños pases el misterioso fluido. Quedó bastante +satisfecho.</p> + +<p>La miseria en que yacían los infelices soldados heridos en la campaña +del Norte era grande y dolorosa, y debía precisamente despertar en el +corazón de todas las señoras españolas los sentimientos más +compasivos... Por eso habíase atrevido ella, la Butrón, a citar a todas +las presentes para pedirles, por amor de Dios y compasión hacia aquellos +infelices, que uniesen sus esfuerzos para socorrerlos, formando una +asociación de señoras que, propagada por todas las provincias, pudiera +allegar cuantiosos recursos para este objeto.</p> + +<p>A esto se redujo la primera parte del discurso de la marquesa, que fue +escuchado con religioso silencio. Hubo una pausa, en que las diversas +fracciones se miraron unas a otras, alerta todas, silenciosas, con la +solemne expectación de ejércitos enemigos que esperan para venir a las +manos el sonido de la primera descarga.</p> + +<p>La baronesa de Bivot, el bizarro <i>Zumalacárregui</i>, rompió el fuego la +primera con la certera puntería de la lógica más exacta.</p> + +<p>—El pensamiento no puede ser más caritativo ni más santo, y supongo que +merecerá la aprobación de todas estas señoras, como merece la mía—dijo, +echándose lentamente fresco con el abanico—. Pero debo hacer notar que +en la campaña del Norte hay dos ejércitos <i>españoles</i>...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_352" id="Page_352">[352]</a></span></p><p>Y la pícara vieja acentuaba lo de <i>españoles</i> con una ambigua risita +que hacía saltar a Butrón detrás de su agujero...</p> + +<p>—...Uno del Gobierno y otro carlista: en los dos hay heridos y en los +dos hay miseria... Supongo, por lo tanto, que esos recursos que se +alleguen se dividirán en dos partes iguales: una para los heridos del +Gobierno y otra para los carlistas...</p> + +<p>Silencio sepulcral en toda la sala y saltos nerviosos de Butrón, que +bufaba fuera de sí en su escondite.</p> + +<p>—¡El demonio de la vieja!... ¡Pues no faltaba más!... ¡En eso estaba yo +pensando! ¡En que con los fondos de mi asociación comprasen fusiles los +carlistas!... ¡Y la estúpida Veva se calla!... Contesta, Geno, demonio: +contesta que no, que se vaya si quiere, que no saca de aquí un ochavo... +¡La denuncio primero!</p> + +<p>Aturdida, la marquesa no contestaba, en efecto, porque ninguna respuesta +tenía aquella lógica observación, tan oportuna e inesperada. La +Villasis, compadecida de la angustia de su amiga, acudió al punto en su +auxilio.</p> + +<p>—La baronesa tiene mucha razón—dijo—; pero sin duda no se ha fijado +en un inconveniente insuperable... El Gobierno permitirá, sin duda, que +se repartan en el ejército toda clase de recursos; pero imposible es que +tolere el pase de dinero alguno para los carlistas... Por eso, la +asociación tendrá que limitarse a socorrer a los heridos del ejército, +dejando que secretamente acudan todas las que quieran al socorro de los +carlistas...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_353" id="Page_353">[353]</a></span></p><p>Y dirigiéndose a la baronesa, añadió con significativa sonrisa:</p> + +<p>—Supongo, baronesa, que usted conocerá bien el camino; pero si alguna +no lo conoce, yo puedo indicarle un medio muy seguro por donde enviar +socorros a esos infelices, que no están menos necesitados, ni son menos +dignos... Yo tengo tirado ya mi plan: la mitad de lo que pueda dar lo +entregaré a Genoveva; la otra mitad la enviaré por este conducto de que +hablo a los carlistas...</p> + +<p>¡Bonito se puso Butrón! A las primeras palabras de la marquesa, respiró +con fuerza, murmurando: «No está mal el remedio». Mas cuando vio, por el +giro que daba la dama a su respuesta y por el plan que exponía, que no +era una estratagema la que usaba, sino un verdadero proyecto que podían +imitar otras muchas, saltó fuera de sí muy incomodado, gruñendo entre +sus bigotes puestos en punta:</p> + +<p>—¡Demonio..., demonio..., demonio!... Si el remedio es peor que la +enfermedad, si lo echa todo a rodar con eso... Se lleva la mitad, nos lo +quita, nos lo roba...</p> + +<p>El señor Pulido, con su flemática suavidad, díjole entonces:</p> + +<p>—Descuida, Pepe..., pocas darán si hay que dar en secreto...</p> + +<p>El valiente <i>Zumalacárregui</i>, parado en firme con la réplica no menos +lógica de la Villasis, replegó su guerrilla y parapetóse en el monte +Aventino, con una retirada digna de Jenofonte.</p> + +<p>La marquesa de Butrón aprovechó tan favorable coyuntura para reanudar su +discurso por la parte más espinosa... Era necesario nombrar una junta +directiva, y a este propósito iba a leer una candidatura formada con el +<span class='pagenum'><a name="Page_354" id="Page_354">[354]</a></span>consejo de personas autorizadas, para sujetarla a la aprobación de +todas las señoras presentes.</p> + +<p>El golpe era atrevido y la imposición resultaba manifiesta; preciso era +suponer que nadie osaría oponerse a un plan propuesto en su propia casa +por dama tan respetable... El silencio era profundo y hubiérase podido +oír el inquieto pestañear de Butrón y de Pulido, pegados a sus agujeros; +los resoplidos que costaba al tío Frasquito mantenerse tieso en su +incómoda postura, y los amagos de risa de Diógenes, que, metido en la +concha del apuntador, frente al telón y de espaldas a la concurrencia, +ocultábase a todos, oyendo a unos y otros, y maquinando, sin duda, algún +plan endiablado que le hacía reírse a sus solas.</p> + +<p>La marquesa sacó un gran pliego y comenzó a leer esforzando la voz un +poco:</p> + +<p>—Presidenta: excelentísima señora marquesa, viuda de Villasis.</p> + +<p>Murmullo general de aprobación... Brusco movimiento de Currita y +repentina llamarada de ira, de rabia reconcentrada presta a desbordarse +en sus claras pupilas... Tras el telón, Butrón sonríe satisfecho y +Pulido suspira desahogado; el tío Frasquito, sorprendido y acongojado al +ver a su reina destronada, pierde el equilibrio y se agarra al telón, +poniendo en riesgo el que guardan sus compañeros: mudos ademanes y +miradas furibundas de estos le llaman al orden... En la concha, Diógenes +hace una mueca que quiere decir: «¡Estáis frescos!», y prosigue riéndose +solo... La marquesa de Butrón continúa leyendo:</p> + +<p>—Vicepresidenta: excelentísima señora condesa de Albornoz.</p> + +<p>Silencio profundo... Doscientos ojos escrutadores se fijan en la +<span class='pagenum'><a name="Page_355" id="Page_355">[355]</a></span>elegida, e Isabel Mazacán le envía desde lejos un irónico saludito de +enhorabuena... Currita se muerde los labios y aparecen istrías +sanguinolentas en torno de sus pupilas; un pedacito de encaje del +pañuelo resbala por la seda de su falda y cae sobre la alfombra... Tras +el telón, Butrón se azora de nuevo; Pulido murmura: «¡Lo dije!», y el +tío Frasquito desiste de velarse el rostro con las manos por miedo de +perder de nuevo el equilibrio... Diógenes ha desaparecido de la +concha... La marquesa de Butrón prosigue:</p> + +<p>—Vocales: excelentísima señora duquesa de Astorga, excelentísima señora +condesa de Villarcayo...</p> + +<p>Movimiento de horror en las huestes de <i>Zumalacárregui</i>...</p> + +<p>Gesto de protesta del caudillo... La agraciada sonríe con una cara de +babieca que revela la razón por que figura en la lista... La marquesa de +Butrón continúa:</p> + +<p>—Excelentísima señora condesa de Minahonda. Excelentísima señora doña +Servanda Molinillos de Martínez.</p> + +<p>Modestísimo rubor en el rostro de la agraciada, que extiende las manos y +mueve la cabeza diciendo que no... La duquesa de Bara la anima +cariñosamente... La García Gómez detiene su indignación, hasta ver si +está ella incluida en la lista... Tras el telón, Butrón mira a Pulido, y +Pulido mira a Butrón, y ambos se ríen... El tío Frasquito, envuelto en +su dignidad, permanece en cuclillas... Diógenes aparece sobre el tablado +y busca algo junto a la pared, dentro de los bastidores del lado +izquierdo... La marquesa de Butrón prosigue...</p> + +<p>—Excelentísima señora condesa de Nacharnudo. Excelentísima señora +<span class='pagenum'><a name="Page_356" id="Page_356">[356]</a></span>duquesa de Bara...</p> + +<p>Recóndito asombro de esta al verse incluida en el grupo en que por +exigencias de Butrón habían de figurar tan sólo mujeres honradas... La +marquesa hace una pausa, examina un momento al auditorio y prosigue +leyendo:</p> + +<p>—Secretaria: excelentísima señora doña Paulina Gómez de Rebollar de +González de Hermosilla...</p> + +<p>Fogosísimo brinco de Leopoldina Pastor, que esperaba la plaza, y +enérgico «¡Indecente!» que revolotea anónimo en el aire sin saber dónde +posarse... Carmen Tagle se desternilla de risa... La agraciada guarda +majestuoso silencio, compónese las gafas de oro y proyecta reparar en la +retórica de Marco Tulio la parte preceptiva de los documentos +oficiales... La duquesa de Astorga la felicita sin pizca alguna de +malicia... Tras el telón, Butrón espera, Pulido teme, el tío Frasquito +medita... Diógenes ha encontrado junto a la pared un cordelito que +parece bajar del techo y lo examina detenidamente... La marquesa de +Butrón concluye:</p> + +<p>—Tesorera: excelentísima señora doña Ramona Gómez de López Moreno...</p> + +<p>Amago de apoplejía en la interesada... La duquesa consuegra la saluda +desde lejos... Grandes cuchicheos que crecen, crecen cual ráfaga de +viento huracanado que comienza por silbar y acaba por rugir.. De +repente, crujido misterioso... Silencio profundo... Sorpresa general.</p> + +<p>Diógenes ha tirado del cordelito, el telón sube rapidísimo y aparecen +los tres Píramos en cuclillas, Butrón, Pulido y el tío Frasquito, ante +<span class='pagenum'><a name="Page_357" id="Page_357">[357]</a></span>los ojos asombrados de aquel centenar de Tisbes... Cuadro final.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIIcmdash" id="VIIcmdash"></a><a href="#toc">—VII—</a></h2> + + +<p>La asociación de señoras hizo fiasco y sólo dos meses más tarde pudo +Butrón, a costa de trabajo, organizar otra nueva, en forma muy distinta, +que no dejó de hacer, sobre todo en provincias, un agosto abundantísimo. +La marquesa de Villasis habíase negado rotundamente a aceptar la +presidencia; Currita rechazó la humillante oferta de un cargo +secundario, con muestras de gran resentimiento; las carlistas, muy +indignadas, tiraron por un lado, y las radicales, muy ofendidas, se +fueron por el otro, dejando vacante el canto épico a la caridad que +perpetraba en silencio la excelentísima señora doña Paulina Gómez de +Rebollar de González de Hermosilla, y vacío el gran bolsón Pompadour de +terciopelo rojo que la señora de López Moreno pensaba encargar a la +modista para recoger las colectas. El señor Pulido desplegó las tres +falanges de su dedo índice para decir, agitándolo de arriba abajo: «¡Lo +dije, lo dije!», y el sesudo diplomático, con la energía de la +constancia que no consiste en hacer siempre lo mismo, sino en dirigirse +siempre al mismo fin, tomó por otro camino para llegar a su objeto, +consolándose con que Napoleón cometió también faltas en la guerra de +Rusia, Ciro en la de los Scitas, César en África y Alejandro en la +India.</p> + +<p>Hubo al otro día en la casa de la Albornoz congreso de ofendidos, y la +altiva dama adoptó por suya la respuesta de Marat a Camilo Desmoulins y +Freron, cuando le proponían estos refundir el periódico de ellos, <i>La +<span class='pagenum'><a name="Page_358" id="Page_358">[358]</a></span>Tribuna de los Patriotas</i>, en el suyo, <i>El Amigo del Pueblo</i>: «El +águila va siempre sola; los pavos forman manadas». Ella era el águila y +las demás señoras los pavos; Butrón era el pavero.</p> + +<p>La suerte de aquellos infelices heridos del Norte condolía, sin embargo, +a la sensible condesa, y resolvió hacer ella sola y por su cuenta propia +cuanto estuviese en su mano para aliviarla, entendiéndose directamente +con el general en jefe del ejército y con el bizarro general Pastor, +hermano de Leopoldina. Convocó a sus micos, reunió a sus íntimos y +trazóse un plan encantador de fiestas, bailes y regocijos a beneficio +todos de los heridos, entre los que había de llevarse la palma una +famosa <i>kermesse</i> ideada por Currita, a imitación de la organizada en +París por <i>El Fígaro</i>, en el teatro de la ópera, a beneficio de los +inundados en Szegedin. Las actrices más famosas y las damas más +conspicuas, niveladas por el mismo sentimiento compasivo, habían hecho +en ella prodigios de caridad, sacrificando, en aras de los pobres, los +quilates más o menos subidos de sus respectivas vergüenzas. En dos horas +escasas había recaudado madame Judic más de cinco mil francos vendiendo +<i>marrons glaces</i>. ¿Qué no recaudaría Currita vendiendo por media hora, +aunque sólo fueran altramuces o garbanzos tostados?</p> + +<p>Faltaba, sin embargo, al proyecto el visto bueno de Jacobo, requisito +sin el cual no osaba la dama dar un paso en nada que hubiese de +aventurar dinero, y justamente Jacobo no pareció por allí en toda la +noche, ni vino tampoco a almorzar al día siguiente, según su costumbre +ordinaria. Alarmada Currita, envió un recado a casa del amigo ausente, +para informarse de la causa de su extraño eclipse; la respuesta del +lacayo fue terminante:</p> + +<p>—El señor marqués de Sabadell había salido de Madrid la noche antes.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_359" id="Page_359">[359]</a></span></p><p>Currita se quedó helada... ¿Marcharse Jacobo sin decirle una palabra, +sin enviarle un recado, sin ponerle siquiera cuatro letras?... ¡Qué +puñalada para su corazón y, sobre todo, qué bofetón para su amor propio! +Porque ¿qué dirían las gentes cuando llegaran a traslucir el desprecio y +el desvío que aquello representaba?...</p> + +<p>Pasaba esta escena en el comedor, donde los dos esposos almorzaban en +compañía de María Valdivieso, Celestino Reguera y Gorito Sardona, cuya +flamante corbata azul indicaba ser aquel día el mico de guardia. Miraron +todos a Currita con grande extrañeza y aire de pregunta al saber la +marcha de Jacobo, y Villamelón, suspendiendo por un momento la actividad +febril con que manejaba el trinchante de oro macizo, regalo de Fernando +VII, dijo con voz lastimosa:</p> + +<p>—¡Jacobo anda mal y me da pena!...</p> + +<p>Y como si el dolor que inspiraban los males de su amigo sirviera para +facilitar sus funciones digestivas, embaulóse de un golpe una +<i>côtelette</i> entera, que se le deshizo en la boca de puro blanda, cual si +fuese un merengue.</p> + +<p>—Pues, hijo—replicó María Valdivieso—, no sé que padezca del pecho... +Está gordo y robusto; Paco Vélez me lo decía ayer: va echando papada de +comerciante de ultramarinos.</p> + +<p>—Si no es eso, María, ¿sabes?—dijo Villamelón con la boca llena—. +Digo que anda mal, porque anda en malos pasos. ¿Me entiendes?</p> + +<p>Callaron todos, metiendo las narices en el plato, y los rabillos de cada +ojo fueron a fijarse en Currita, que desganada, sin duda, mondaba con +suma pulcritud y esmero un hermoso albaricoque. Villamelón, que luchaba +<span class='pagenum'><a name="Page_360" id="Page_360">[360]</a></span>siempre en la mesa entre sus ganas de hablar y sus ganas de comer, +prosiguió con alguna impaciencia.</p> + +<p>—La francesita esa..., esa... ¿Cómo se llama? ¡Señor, por días pierdo +la memoria!... Tú, Gorito, ¿sabes?... ¿Cómo se llama, hombre?... La de +las camelias.</p> + +<p>Gorito abría mucho los ojos y estiraba la boca sin acordarse de nada, +nada... Su memoria se había quedado de repente limpia, rasa, cual una +hoja de papel blanco. María Valdivieso hizo a Currita un rápido guiño, +como dándole a entender que ella podría informarle de grandes cosas, y +Villamelón concluyó cada vez más impaciente:</p> + +<p>—Pues nada, no me acuerdo... Pero, en fin, esa..., esa es la que lo +está desplumando.</p> + +<p>Hízose el silencio aún más embarazoso y el geniecillo maléfico de la +hilaridad comenzó a revolotear en torno de los comensales, como si a +todos ocurriese que las plumas arrancadas a Jacobo salían del pellejo de +Villamelón. Currita, mondando siempre su albaricoque, aprovechó un +momento en que los criados se alejaban para decir a media voz con su +acento más suave:</p> + +<p>—Pero, Fernandito, vida mía, si tienes el don de la importunidad; si +pareces un reloj descompuesto... ¿A quién se le ocurre hablar de esas +cosas delante de los criados?... Sabe Dios lo que pensarán del pobre +Jacobo...</p> + +<p>Villamelón, con mucha dignidad, replicó al punto:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_361" id="Page_361">[361]</a></span></p><p>—Mira, Curra, en la mesa no discuto... ¿Sabes?... Pero tienes +parcialidad por Jacobo y vas a llevarte un chasco muy grande, muy +grande... ¿Me entiendes, Curra?... Ese viajito repentino me da mala +espina: apuesto a que no va solo.</p> + +<p>Currita puso en el plato el albaricoque ya mondado, lavóse las puntitas +de los dedos en el enjuagador de rico cristal de Venecia que tenía +delante, y mirando las gotitas de agua que se desprendían de sus rosadas +uñitas, dijo ingenuamente:</p> + +<p>—¡Pues claro está!... Llevará algún ayuda de cámara...</p> + +<p>Sulfuróse Villamelón y miró a su mujer y luego a Gorito y después a +Reguera con cierta especie de colérica complacencia retratada en el +semblante, arrebatado y apoplético por los vapores que le subían del +repleto estómago... ¡Le exasperaba a veces aquella sencillez de Curra, +que jamás podía comprender la malicia de ciertas cosas!...</p> + +<p>Terminóse al fin el almuerzo y Currita salió del comedor del brazo de su +prima, llevando en la mano un platito de porcelana con migas de pan, +para dar de comer a los pececillos de colores que en una magnífica +pecera de cristal y bronce dorado adornaban una de las galerías... La +enamoraban a ella aquellos animalejos de colores tan brillantes, y la +pesca era, entre los placeres del <i>sport</i>, el que más emociones le +causaba.</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Regalaréte entonces<br /></span> +<span class="i0">Mil varios pececillos<br /></span> +<span class="i0">Que al verte, simplecillos,<br /></span> +<span class="i0">De ti se harán prender.<br /></span> +<span class='pagenum'><a name="Page_362" id="Page_362">[362]</a></span></div></div> + +<p>María Valdivieso oía estupefacta aquellas expansiones idílicas, cuando +esperaba ella que Currita se apresuraría a interrogarla con el mismo +furor y los mismos transportes con que Otelo interrogaba a Yago. El +chasco le pareció pesado, y exclamó muy despechada:</p> + +<p>—¡Vaya unas emociones que tiene la pesca!... No encuentro definición +más exacta que la que daba uno de la caña de pescar: «Un palo largo que +termina por un lado en un pez y por otro en un tonto».</p> + +<p>—Cuestión de gusto—replicó tranquilamente Currita.</p> + +<p>Y se puso a echar sus miguitas a los peces, hablándoles con el cariño y +el mimo de una madre que acaricia a sus hijuelos...</p> + +<p>—¡Hola, tragoncillos! ¿Hay apetito?... Vamos, haya paz, que para todos +hay... ¡Mira, mira, María, cómo abren el hociquito!... ¡Qué delicia! +¡Qué monada!</p> + +<p>—Pero esta mujer tiene sangre de chufa—pensaba la Valdivieso muy +enfadada—. ¿Sí?... Pues, aguarda, allá va... ¡Anda, fastídiate!...</p> + +<p>Y se puso a contarle, en apoyo de la tesis de Villamelón, horrores..., +horrores de Jacobo... Paco Vélez se lo había dicho todo la noche antes: +ella, ¡claro está!, por prudencia había callado tanto tiempo; pero ya +era hora de hablar, y a fuer de buena amiga debía desengañarla...</p> + +<p>—¡Pícaro! ¡Tragón!—dijo en aquel momento Currita—. ¡No le muerdas!... +¿Habráse visto?... ¿Para quién son esos sopirritones?... Para ti... +<span class='pagenum'><a name="Page_363" id="Page_363">[363]</a></span>¿Para mí, esos sopirritines?...</p> + +<p>E incorporándose un poco, dijo mirando siempre a la pecera:</p> + +<p>—Hija, dispensa. ¿Dónde decías que vive esa francesa?</p> + +<p>—¡No, si no lo decía!—gritó la otra pasando del despecho a la furia—, +pero te lo digo ahora para que abras los ojos. Vive en la calle de +Rebollo, número 68, en un hotel. ¿Te enteras? En un hotel muy bonito, y +se llama... ¿Cómo se llama?... Pues, señor, no me acuerdo; ello era un +nombre así como de píldora.</p> + +<p>—Chismes, mujer, chismes de gente ociosa—replicó Currita sobando +tranquilamente sus migas.</p> + +<p>Y con ansia febril repasaba en su interior los nombres de todas las +píldoras conocidas y hacía esfuerzos inauditos para grabar en la memoria +la calle de Rebollo y el número 68.</p> + +<p>—¿Chismes?—exclamó fuera de sí la Valdivieso—. ¿Y también es chisme +lo del viaje... con el ayuda de cámara, por supuesto?...</p> + +<p>—¡Pues claro está que lo es!—exclamó Currita de repente, echando con +mucha cólera todas las migas en la pecera—. ¡Chisme, chisme, y de +malísima intención, María!... ¿Si lo sabré yo, caramba?... Sino que de +todas las cosas no se ha de dar un cuarto al pregonero... Tú eres mi +amiga y te lo digo en secreto: Jacobo ha ido a negocios del partido y +estará de vuelta muy pronto... ¡Ya ves cómo se escribe la historia!...</p> + +<p>—¡Ya!—exclamó María Valdivieso tragándose la bola. Y Currita respiró +al fin algo más desahogada, porque aquella mentira, que se apresuraría +la prima a propagar por todo Madrid, por habérsela dicho en secreto, +<span class='pagenum'><a name="Page_364" id="Page_364">[364]</a></span>dejaría a los ojos de las gentes la herida de su amor propio +disimulada.</p> + +<p>A las tres pidió la señora condesa la berlina y dio al lacayo, como la +cosa más natural del mundo, las señas de Jacobo. Vivía este en la calle +de Alcalá, en un precioso cuarto de soltero, y constaba su servidumbre +de un ayuda de cámara, un jockey, una ama de llaves y un cocinero; en +las cuadras, situadas al final de la calle del Barquillo, tenía cuatro +caballos ingleses, tres de tiro y uno de silla, una berlina, un +<i>char-à-bancs</i> y una victoria. La munificencia de los esposos Villamelón +sufragaba todos estos gastos, que había de pagar el fiel amigo cuando al +verificarse la Restauración pudiera sacar el jugo a la cartera, precio +de sus misteriosos papelitos...</p> + +<p>Currita subió ligeramente al entresuelo, vivienda de Jacobo, y por tres +veces tocó el timbre, sin que nadie contestara; abrióse al fin la puerta +y apareció el jockey sin librea, cuello ni corbata, brillantes los ojos, +arrebatadas las mejillas y oliendo a vino a dos metros de distancia. +Aturdido, al verse frente a frente de la dama, dio un paso atrás, +diciendo atropelladamente:</p> + +<p>—El señor marqués está fuera...</p> + +<p>Ya lo sé... Busco a Damián.</p> + +<p>No fue necesario llamarlo: por el extremo del pasillo asomaba este la +cabeza, y veíanse detrás el ama de llaves y el cocinero, todos +rubicundos y sofocados, como si viniera a sorprenderles la visita al +final de un opíparo banquete. Damián se adelantó muy sereno, cruzando +con el turbado jockey un guiño picaresco, un gesto de pillo redomado, +que vio muy bien la condesa, sintiendo, a pesar de su vergüenza, que se +<span class='pagenum'><a name="Page_365" id="Page_365">[365]</a></span>le sublevaba allá por dentro lo poco de gran dama que quedaba en ella.</p> + +<p>—Pase vuestra excelencia, señora condesa—dijo.</p> + +<p>Y abrió muy presuroso de par en par las dos puertas del salón, +levantando la cortina de terciopelo para dar paso a la dama; atravesó +esta rápidamente la pieza, abrió por sí misma la puerta de un gabinete y +no se detuvo hasta llegar al despacho de Jacobo, como si todo aquello le +fuese muy conocido. Sentóse en un sillón y dijo:</p> + +<p>—¿Pero qué es esto, Damián?... ¿Cómo ha sido esa marcha tan +repentina?... Sólo pude ver al señor marqués un momento, y eso delante +de la gente...</p> + +<p>—Pues no sé—replicó Damián encogiéndose de hombros—. El señor marqués +se levantó ayer a la una y salió sin almorzar de casa... Volvió a eso de +las seis y mandó preparar las maletas.</p> + +<p>—¿Llevó mucho equipaje?... Me dijo que pensaba detenerse varios días.</p> + +<p>—Sí, señora; llevó un mundo y dos maletas. Yo mismo las hice.</p> + +<p>—¿Y fue por fin solo?... Me dijo que quizá tendría que acompañar a unas +señoras francesas...</p> + +<p>Quedóse Damián muy parado y tornó a encogerse de hombros.</p> + +<p>—Demetrio le acompañó a la estación... Yo me quedé en casa.</p> + +<p>—Llame usted a Demetrio... Me interesa saberlo.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_366" id="Page_366">[366]</a></span></p><p>Llegó Demetrio medio borracho y tomó a mirar a Damián, disimulando una +sonrisa... Él no había visto nada entre tanto bullicio, pero en el coche +en que se acomodó el señor marqués había ya otros equipajes...</p> + +<p>—¡No iba en <i>sleeping</i>?</p> + +<p>—No, era un reservado.</p> + +<p>Currita se mordió los labios.</p> + +<p>—¿Y les ha dejado aquí sus señas?</p> + +<p>—No, señora.</p> + +<p>—Lo decía para que pudieran enviarle el correo... Amí me las ha dejado.</p> + +<p>—Si la señora condesa quiere enviárselo, yo le llevaré las cartas que +lleguen.</p> + +<p>—Sí, eso es lo más derecho y lo más pronto—dijo vivamente Currita.</p> + +<p>Y en aquel momento entróle deseo vehementísimo de ver toda la casa: era +muy bonita y estaba todo muy bien puesto: el salón, los dos gabinetes, +el despacho, la alcoba, el cuarto de baño, el tocador... Un cuadro le +llamó la atención en esta última pieza: representaba un ramo de +camelias, saliendo del centro el busto de una mujer rubia muellemente +reclinada en aquel lecho de flores, con mucho arte dispuesto... ¡Oh!, no +había duda, era la francesa anónima, la del nombre de píldora que tan +cruelmente se le estaba atragantando a ella. Detúvose a mirar el cuadro +con aire de inteligente.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_367" id="Page_367">[367]</a></span></p><p>—¡Bonita idea!... La <i>fattura</i> es correcta... ¿Quién es?...</p> + +<p>De nuevo se encogió Damián de hombros.</p> + +<p>—Es una francesa, huérfana de un general, que pinta esas cosas... El +señor marqués le compró hace tiempo ese cuadro...</p> + +<p>—¡Ah, sí!... Ya sé quién es: vive en la calle de Rebollo, número 68. +¿Cómo se llama?...</p> + +<p>—Se llama..., se llama... Pues no me acuerdo. Una cosa rara, así como +un nombre de jarabe...</p> + +<p>Currita moderó un movimiento de impaciencia, porque la cosa iba ya +picando en historia. La una decía que era nombre de píldora y el otro +que de jarabe, y sólo se sacaba en claro que era cosa de botica.</p> + +<p>Al pasar por el comedor salió a saludarla el ama de llaves, muy atenta y +obsequiosa, ensanchando cuanto pudo su robusta persona para taparle la +vista de la mesa en que se hallaban los restos de la francachela que, en +ausencia de su amo, celebraban aquellos granujas. Acudió el cocinero por +el otro lado, pillo de siete suelas con aire de bonachón y campechano, y +la invitó también a ver su cocina. Currita se puso muy encarnada... y no +se atrevió a rehusar.</p> + +<p>Apretando los puños de rabia y de despecho, entró la dama en su berlina +y dio orden al cochero de ir a casa del general Belluga... Aquella +taimada risita del jockey, aquel barullo inverosímil que le impedía ver +si su amo acompañaba a unas damas, dábanle malísima espina y preciso era +que ella apurase la verdad por sí misma.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_368" id="Page_368">[368]</a></span></p><p>El coche del general estaba en la puerta, reclinado el lacayo contra el +quicio, tieso el cochero en el pescante con la fusta enarbolada. La +condesa encontró en la escalera, prestas a salir de paseo, a la generala +y a sus hijas, dos ángeles acabados de salir del colegio de York, en +Inglaterra, que comenzaban a perder en la atmósfera viciada de los +salones su perfume natural de candor y pureza, como pierden su sana +fragancia el romero y el tomillo encerrados en una caja de almizcle. +Llamábalas la condesa sus ahijaditas, porque en su famoso baile de +<i>ancha base</i> habían sido presentadas bajo los auspicios de la dama por +primera vez en el mundo.</p> + +<p>Las señoras quisieron volver atrás, y Currita, sin oponerse mucho al +cumplido, consintió bien pronto en ello... ¡Oh!, traía ella las de Caín; +como que venía nada menos que a embargarle por la tarde a una de sus +ahijaditas; estaban atareadísimas ella y otras señoras, pidiendo por +todas partes hilas para los pobrecitos heridos y objetos de todo género +para la rifa, la <i>kermesse</i>, que prometía estar divertidísima. Habíanla +dejado a ella sola aquella tarde, y por eso venía a buscar una companera +agradable, un <i>ángel de la guarda</i> que la ayudase a tender la caña.</p> + +<p>¿Qué corazón compasivo resiste a un anzuelo semejante?...</p> + +<p>Y besó en la mejilla a la mayor de las dos hermanas, Margarita, que +fijaba en ella sus ojazos de color de cielo, sonriendo con la inocencia +con que sonríe un niño a los varios juegos de luz que forma el reflejo +sobre las brillantes escamas de una serpiente. La generala aceptó en +seguida, creyéndose honradísima, y aquella señora ejemplar, aquella +madre cariñosa y cristiana que había educado a sus hijas en el santo +temor de Dios y en el cercado de la pureza, fió sin reparo alguno el más +bello de sus ángeles a aquella pícara redomada, aquella bribona +<span class='pagenum'><a name="Page_369" id="Page_369">[369]</a></span>indecentísima...</p> + +<p>Salieron todas juntas delante la Albornoz, apoyada en el brazo de +Margarita; en mitad de la escalera volvióse aquella muy animada:</p> + +<p>—Como despacharemos tarde, me llevaré a comer a mi ahijada. ¿Me da +usted su permiso?</p> + +<p>—¡Pues no faltaba más, condesa!</p> + +<p>—¡Gracias, querida, gracias!...</p> + +<p>En el tarjetero de la berlina traía Currita un papelito en que se veían +apuntados gran número de nombres y de señas; hicieron dos visitas, a una +magistrada del Tribunal Supremo y a una brigadiera de artillería, +dignísimas señoras, a quienes, después de sacar los cuartos la olímpica +condesa, puso en ridículo con desvergonzado gracejo, haciendo +desternillar de risa a la inocente Margarita. Entonces dio al lacayo +unas señas que estaban apuntadas con lápiz, las últimas, de su letra +misma.</p> + +<p>—Calle de Rebollo, número 68... Hotel...</p> + +<p>—¿Quién vive allí?—preguntó Margarita.</p> + +<p>—Pues no sé... Es una francesa que pinta... Con tal que le saquemos +algún cuadrito...</p> + +<p>—¿Sabe usted que esto es muy divertido?...</p> + +<p>—¡Ya lo creo, divertidísimo!... Ver las caras tan cómicas de esa pobre +<span class='pagenum'><a name="Page_370" id="Page_370">[370]</a></span>gente cuando se les pone al pecho el puñal de la caridad. ¡La bolsa... +o el ridículo!... Y entregan las pobrecillas la bolsa y se quedan +también con el ridículo.</p> + +<p>—¿Me traerá usted otra tarde, condesa?...</p> + +<p>—Sí, hija mía, con mil amores... Pero no me llames de usted, háblame de +tú, dime Curra... ¡Vamos, que no soy tan vieja!...</p> + +<p>Llegaron a la calle de Rebollo, número 68, y paró el coche ante el +hotel, especie de bombonera, más pretenciosa que artística, más bonita +que lujosa. Currita bajó la primera, nerviosa, un poco pálida, pero no +de vergüenza ni de miedo, sino de ira, de anhelo, de despecho... Por +fin, iba a entrar agarrada al manto de la caridad, haciendo hincapié en +las llagas de los heridos del Norte, en la guarida de la fiera, y a +cerciorarse por sí misma de si eran de la droga aquella, fuese píldora o +jarabe, los equipajes que había visto Demetrio en el coche reservado. +Por eso, y sólo por eso, había emprendido la bribona aquella ronda +caritativa, escogiendo por compañera aquella inocente niña, incapaz de +sondear la capa de cieno que estaba pisando. Un <i>groom</i> monísimo, el que +había visto Currita en el Teatro Real la noche del estreno de <i>Dinorah</i>, +se hallaba a la puerta: preguntóle ella si las <i>señoras</i> estaban en casa +y el chico contestó afirmativamente, haciendo entrar a las damas en un +saloncito de la planta baja. Currita pensaba:</p> + +<p>—De fijo que está de viaje y me encuentro cara a cara con la vieja...</p> + +<p>Un perrillo microscópico y feísimo salió de entre unas mantas al lado de +la chimenea y comenzó a ladrar, retirándose después gruñendo y +tiritando. Diole a Margarita miedo el feo animalejo.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_371" id="Page_371">[371]</a></span></p><p>—¡Parece un diablillo malo!—decía.</p> + +<p>Estaba el salón medio a oscuras, los muebles sucios y revueltos, y +veíanse prendas de vestir sobre algunas sillas. En una mesa maqueada, de +trabajo muy lindo, había, entre varios juguetes de porcelana y un álbum +de retratos, una gran chocolatera de cobre, vieja y requemada, con su +molinillo de palo muy tieso, chorreando espeso líquido. La condesa +mostró a Margarita con la punta de la sombrilla el extraño <i>bibelot</i>, +diciendo muy bajo:</p> + +<p>—Caprichos de artista...</p> + +<p>Margarita rompió a reír, conteniéndose a duras penas, y la condesa, no +obstante su preocupación, viose forzada también a soltar la risa, +añadiendo a media voz:</p> + +<p>—Con tal que no nos mande a la <i>kermesse</i> este utensilio...</p> + +<p>Sonó una puerta en el interior, luego otra más cerca, y el <i>groom</i> +levantó la cortina: Currita respiró desahogada... Entraba la dama +duende, la incógnita de las camelias, con el aplomo y el descoco de una +<i>diva</i> de café cantante que se presenta ante el público, fijando en él +una mirada de provocación más bien que de temor o de extrañeza. La +condesa no se aturdió tampoco; con la exquisita distinción de la gran +señora de raza, que tan en alto grado poseía, y el aplomo de la mujer de +mundo que encuentra reparos para todos los apuros, y salida para todos +los laberintos, y palabras para todas las situaciones, expuso a la dama +anónima el objeto de su visita. Ella se conmovió mucho... <i>Amaba a la +España muy fuerte, y estaban los carlistas unos brigantes muy atrevidos, +como Diego Corrientes y Gosé María.</i></p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_372" id="Page_372">[372]</a></span></p><p>Currita, al oírle chapurrear tan desastrosamente el castellano, hablóle +en francés y ella agradeció la atención con una amable sonrisa. Comenzó +entonces a hablar con gran soltura y elegancia, lamentando los estragos +de la guerra, ensalzando la misión de la mujer, ponderando la virtud de +la caridad con el fuego y el entusiasmo de Vicente de Paúl en persona.</p> + +<p>Currita le dijo sonriendo:</p> + +<p>—Veo que no me he engañado al apelar a sus sentimientos de usted, y +espero que nos enviará algún socorro para nuestros pobres heridos.</p> + +<p>—¡Oh!, sí, sí...</p> + +<p>—Cualquier cosa, lo que usted pueda... Algún <i>bibelot</i> para la +<i>kermesse</i>.</p> + +<p>—¡Oh!, sí, sí... Enviaré algún objeto de arte...</p> + +<p>Margarita se mordió los labios para no soltar la risa: pensaba si sería +la chocolatera el objeto de arte prometido. Currita díjole entonces con +graciosa sonrisa:</p> + +<p>—Y si ese objeto de arte es obra de su genio de usted, será mucho más +agradecido.</p> + +<p>—¡Oh!... ¿Mi genio?—exclamó la otra muy sorprendida.</p> + +<p>—Sí, su genio he dicho... Ya sabe usted que esas cosas no pueden +ocultarse... Su paisana, madame Staël, lo dijo: donde hay genio, brilla.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_373" id="Page_373">[373]</a></span></p><p>—¡Oh!...</p> + +<p>—El marqués de Sabadell—prosiguió Currita, dejando caer lentamente las +palabras—me enseñó aquel ramito de camelias que... <i>le envió usted</i> +hace tiempo... ¡Es un <i>quadretto</i> delicioso! Si manda usted a la +<i>kermesse</i> una <i>pochade</i> parecida, no habrá regalo que la iguale...</p> + +<p>La dama anónima sonreía, sonreía siempre, con los ojos bajos, como +abrumada por el peso de aquellas lisonjas que hacían vibrar las aletas +de su fina nariz con estremecimientos de rabia. Currita quiso darle el +golpe de gracia, y con aire de bondadosa protección dijole entonces:</p> + +<p>—¿Y tiene usted muchas discípulas?...</p> + +<p>Enderezóse la otra bruscamente, como si la idea de que trabajase para +vivir la ofendiera demasiado.</p> + +<p>—Me había dicho el marqués que daba usted lecciones de pintura.</p> + +<p>—¡Oh!, no, no. No soy profesora: discípula, pobre discípula.</p> + +<p>Y con su suave acento y sus modestos meneos disimulaba y contenía el +impulso feroz que hace a la gata rabiosa tirarse a los ojos del +contrario; diose al fin Currita por satisfecha y marchóse, dejando a su +parecer a la dama duende confundida y humillada. Al arrancar la berlina, +soltó al fin Margarita la risa, exclamando entre inocentes carcajadas:</p> + +<p>—¿Pero qué haría en el salón aquella chocolatera?...</p> + +<p>—¿Pues no te lo he dicho?—replicó la Albornoz haciendo coro a las +risas de la niña—. De seguro que la manda a la <i>kermesse</i> como un +<span class='pagenum'><a name="Page_374" id="Page_374">[374]</a></span><i>bibelot</i> nunca visto; verás cómo no me equivoco.</p> + +<p>Tres días después pudo Margarita convencerse de que su ilustre amiga y +madrina se equivocaba por completo... Pedro López había dicho, y +millares de lectores lo vieron en <i>La Flor de Lis</i>, que el ángel de la +caridad había sentado sus reales en el palacio de la celestial condesa +de Albornoz... Fuese o no esto cierto, éralo, sin embargo, que de los +cuatro ángulos de la Villa y Corte afluían al palacio preciosos regalos +para la <i>kermesse</i>, patrocinada por la dama, que iban quedando expuestos +al público con grande primor colocados en los varios salones; por las +noches, en uno de ellos espléndidamente iluminado y en torno de una +larga mesa cubierta por rico tapiz de tintas oscuras, agrupábase un +risueño enjambre de jóvenes doncellas y apuestos donceles—así los +llamaba Pedro López—que, barajados y confundidos, formando parejas, y +más pegaditos entre sí ellas y ellos de lo que la temperatura ordinaria +pedía de suyo, dedicábanse a la caritativa tarea de hacer hilas para los +infelices heridos del Norte. Currita, deseando despertar la emulación en +provecho de los pobrecitos heridos, distribuíalos de esta suerte, y era +verdaderamente un encanto, que arrasaba en lágrimas los ojos, ver +aquellas tiernas parejas de inocentes doncellitas de quince a veinte +años, y castos mancebitos de veinte, treinta y hasta cuarenta, sacando +hilas del mismo trapito, sosteniendo por lo bajo pláticas caritativas +que les animaban a la santa obra, todo, por supuesto, bajo la inspección +de la angelical condesa de Albornoz, que iba de un lado a otro +distribuyendo las parejas, repartiendo los trapitos, recogiendo en +bandejas de plata, ayudada de sus micos, la obra ya hecha; animando a +los perezosos con una sonrisa, enfervorizando a los tibios con una +palabra, prendiendo por todas partes el fuego de caridad que la abrasaba +a ella misma. Ni el báculo de san Francisco, ni el manto de santa +Teresa, ni el ceñidor de san Ignacio de Loyola hicieron nunca curas tan +milagrosas como las que habían de operar aquellas hilas, con tan pura +intención trabajadas, en las heridas, llagas y tolondrones de los +<span class='pagenum'><a name="Page_375" id="Page_375">[375]</a></span>pobrecitos heridos del Norte. Aquello merecía ser visto, y Diógenes, +que lo vio una vez, manifestó en el Veloz-Club, ya muy entrada la noche, +lo que le habían parecido las parejas de operarios y lo que le había +recordado su directora y maestra...</p> + +<p>Los personajes más conspicuos de la corte pasaban por allí pagando su +tributo; y hasta don Casimiro Pantojas había hecho una noche sus +hilitas, sin más que un ligero percance, hijo de su cortedad de vista: +equivocó el trapo con el rico pañuelo de batista de la dama vecina, +olvidado encima de la mesa, y púsose muy afanado a sacar hilas de este, +haciendo dos pelotones finísimos. Alzó el grito la dama, porque tenía +para ella el pañuelo grandes recuerdos, y desolado don Casimiro al +reconocer su error, devolvióselo con un fleco en torno de cuatro dedos +de ancho.</p> + +<p>Dos figuras de primera magnitud habíanse, sin embargo, hecho notar por +su ausencia, y eran estas el marqués de Butrón y el tío Frasquito: +creíase que un pertinaz constipado tenía encerrado a este entre las +cuatro paredes de su casa, y no se ignoraba tampoco que las relaciones +del gran Robinsón con la ilustre dama habíanse enfriado algún tanto con +motivo de la vicepresidencia ofrecida y desairada. Sorpresa causó, pues, +aquella noche ver entrar al peludo diplomático en el caritativo taller +de las hilas y acercarse a la condesa con la más risueña de sus caras y +el más expresivo de sus gestos; ella dejó escapar al verle una ligera +exclamación de infantil alegría, y acrecentó el pasmo de todos +gritándole con sus mimitos más suaves:</p> + +<p>—¡Butrón... un trapito!... Nada, nada, aquí no se quieren ociosos... +Venga usted a sacar hilas conmigo... Allí, junto a mí, en mi mismo +trapo...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_376" id="Page_376">[376]</a></span></p><p>Y dejando abandonada a su propio impulso la filantrópica tarea de +enardecer el fervor de sus operarios, retiróse a un rincón con el +diplomático, llevando en la mano un fino trapito cuadrado y una bandeja +de plata para colocar las hilas. Nada sabía aún Currita de Jacobo, y al +ver entrar al sabio Mentor, figurósele que este le traería noticias del +prófugo joven Telémaco. Butrón estaba, sin embargo, en la misma +ignorancia, y el mismo pensamiento y los mismos interesados deseos +traíanle en busca de la invulnerable Calipso. La repentina marcha de +Jacobo habíale alarmado, temiendo que ocultase tras de ella algún enredo +que perjudicase a sus trabajos políticos, y fingiéndose enterado de lo +que deseaba saber, proponíase arrancar con maña a la dama el hilo del +ovillo.</p> + +<p>Currita y Butrón se miraron un momento en el apartado rinconcito, como +invitándose a hablar mutuamente, y ella, viendo que el respetable +diplomático no daba luz ninguna, púsose muy afanada a sacar sus hilas, y +comenzó a confiarle sus pesares domésticos... Fernandito andaba muy mal +y le inspiraba su salud serios cuidados; su falta de memoria llegaba ya +al punto de habérsele olvidado días atrás que había comido, y armar una +pelotera terrible, queriendo por segunda vez sentarse a la mesa... +Sánchez Ocaña y Letamendi le habían reconocido, y ambos opinaban que era +aquello un principio de reblandecimiento cerebral que le llevaría +lentamente a la sepultura...</p> + +<p>Ella estaba acongojada: si fuese siquiera una enfermedad repentina, que +se lo llevara Dios en pocos días... vamos, sensible era siempre quedar +una mujer sola, con dos hijos que educar, sin tener a su lado hombre +alguno... ¡Pero verle padecer tanto tiempo, consumirse poco a poco, sin +esperanza ninguna!...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_377" id="Page_377">[377]</a></span></p><p>—Y cada día más tonto, Butrón; crea usted que no exagero... Yo creí +que sería imposible serlo más; pues nada, todos los días progresa...</p> + +<p>El respetable Butrón dio un suspiro, y poniendo en el anzuelo el cebo de +un consuelito, tendió delicadamente la caña.</p> + +<p>—Siempre te quedará Jacobo, excelente amigo, que sabrá aconsejarte... +¿No te ha escrito?...</p> + +<p>Ella, arreglando con mucho primor su manojito de hilas, contestó +sencillamente:</p> + +<p>—Sí, ayer tuve carta... Por supuesto, que a usted también le habrá +escrito...</p> + +<p>—No, no he recibido carta ninguna, pero no me extraña... Al despedirse +me dijo que hasta no tener noticias seguras no me escribiría. ¿De dónde +te escribe ya?...</p> + +<p>Las hilas se enredaron y preciso fue inclinarse hacia la luz para buscar +el hilito, haciendo una pausa mientras tanto.</p> + +<p>—¿Querrá usted creer que no pone fecha ninguna?... Me dice, sin +embargo, que escribe en el <i>restaurant</i> de la estación, esperando el +tren ascendente... Como el pobre es tan extremoso, quiso a toda prisa +sacarme de cuidados...</p> + +<p>—Sí, muy extremoso—replicó Butrón—, pero también muy atolondrado. ¿A +que no te pone señas ningunas?...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_378" id="Page_378">[378]</a></span></p><p>—No, ningunas...</p> + +<p>—Pues ya tú ves, a mí tampoco me las ha dejado, y me precisa enviarle +ciertas instrucciones que después de su marcha he recibido... Por eso +venía a preguntarte esta noche si sabías tú dónde paraba.</p> + +<p>—Pues no lo sé, Butrón, y me tiene esto muy perpleja... Porque Damián +me ha traído varias cartas que le han llegado por el correo y no sé +dónde enviárselas...</p> + +<p>—¡Si falta en esa cabeza algún tornillo!... Preciso será esperar a que +escriba de nuevo, y te encargo mucho que en cuanto recibas sus señas me +las envíes de seguida.</p> + +<p>—Descuide usted, Butrón, pero le encargo también que no tarde en +mandármelas si las recibe usted primero.</p> + +<p>—¡Oh!—replicó Butrón con mucha galantería—. Imposible es que Jacobo +cometa semejante pifia...</p> + +<p>—¡Ay, no, no Butrón!—dijo Currita con melancólico acento—No crea +usted que me hago yo ilusiones algunas; sé muy bien que no hay rival tan +temible para una mujer como la sota de bastos o la esperanza de una +cartera...</p> + +<p>Y aquí se detuvieron los dos, convencidos por completo de haberse +engañado recíprocamente, creyendo ella, hecha una furia, que Jacobo, de +acuerdo con Butrón, había marchado a negocios del partido sin decirle +una palabra; juzgando él, hecho un basilisco, que Currita y Jacobo se +emancipaban de su tutela, constituyéndose en cantón independiente y +obrando por cuenta propia en los negocios políticos... Un suceso +repentino impidióles seguir explorando con la misma habilidad los +<span class='pagenum'><a name="Page_379" id="Page_379">[379]</a></span>respectivos campos: entró un criado trayendo un gran estuche de +terciopelo granate muy oscuro, magnífico regalo para la <i>kermesse</i>, que +acababan de traer a aquella hora intempestiva con la idea deliberada, +sin duda, de que pudiera ser admirado al mismo tiempo por toda la +brillante concurrencia. Gorito Sardona, mico de guardia aquella noche, +tomó el estuche de manos del lacayo y púsolo sobre la mesa, llamando a +gritos a Currita. Acudió esta seguida del diplomático, y un ligero grito +que pareció arrancarle la admiración, y le arrancaban en realidad el +temor y la sorpresa, se escapó de sus labios a la vista del estuche... +Habíale recordado al punto otro enteramente semejante, con la sola +diferencia de que sobre el oscuro terciopelo de la tapa de aquel otro se +destacaba, bajo una corona de marqués, una caprichosa <i>S</i> de oro mate, y +en este sólo se veía en aquel lugar un poco chafado el terciopelo... +Tres segundos permaneció, sin embargo, inmóvil, contemplando el estuche, +sin osar abrirlo; agrupábanse todos a su alrededor, oprimiéndola y +estrujándola contra la mesa, ansiosos de contemplar la maravilla, y no +hubo más remedio que apretar el resorte y levantar la tapa...</p> + +<p>Una exclamación general de asombro se escapó de todos los labios, +ahogando el sordo rugido de rabia y despecho que hinchó la garganta de +Currita... Sobre el blanco terciopelo que forraba el interior +destacábase, en toda su magnificencia, la obra maestra de Enrique de +Arfe, el marco antiguo de plata cincelada que había regalado ella a +Jacobo en aquel mismo estuche, con su propio retrato de reina +japonesa... Este había desaparecido, y veíase en su lugar otra extraña +fotografía: representaba una camelia de tamaño natural, y echada sobre +ella como sobre el alféizar de una ventana, aparecía el busto de una +mujer, de la dama duende que todos conocían, apoyada la mejilla +izquierda sobre ambas manos cruzadas, mirando al frente con provocativa +insolencia, sacando la lengua con gesto de pilluelo redomado a todo el +que mirase el retrato por cualquier lado que fuese; por debajo, leíase +<span class='pagenum'><a name="Page_380" id="Page_380">[380]</a></span>escrito con muy buena letra inglesa:</p> + +<p class="center">A LA EXCMA. SRA. CONDESA DE ALBORNOZ, +<i>Mademoiselle de Sirop.</i> + +Nadie dijo una palabra, nadie hizo un comentario... En el embarazoso +silencio que deja al descubierto las grandes vergüenzas, oyóse tan sólo +la suave vocecita de la Albornoz, que decía algún tanto temblorosa:</p> + +<p>—¿Mademoiselle de Sirop?... ¡Qué delicia!... ¿Si será prima del jarabe +Henry Mure que han recetado a Fernandito?...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIIIcmdash" id="VIIIcmdash"></a><a href="#toc">—VIII—</a></h2> + + +<p>El despertar de Jacobo fue alegre: había ganado la noche antes, jugando +en el Casino hasta las cuatro de la mañana, más de cinco mil duros. Hay, +sin embargo, algo en el hombre que despierta antes que la razón y los +sentidos, y levanta la voz y grita y no calla ni aun en esos momentos de +duerme—vela en que flotan las ideas como cabos sueltos, sin que la +voluntad, dormida todavía, haya tenido tiempo de atarlas y enderezarlas +o torcerlas a su albedrío. Este algo se llama remordimiento, y él, con +su punzante aguijón, puso ante los ojos de Jacobo, antes que los cinco +mil duros ganados, las aterradas fisonomías de la mujer y de los hijos +del que los había perdido, padre de familia, jugador de oficio, marcado +con ese sello de desdicha común a los del gremio, que por ser desdicha +buscada no despierta en ellos mismos compasión, sino enojo. En las +ganancias del juego, ha dicho uno, hay siempre algo parecido al robo, +<span class='pagenum'><a name="Page_381" id="Page_381">[381]</a></span>porque con razón puede decirse que se toma lo ajeno contra la voluntad +de su dueño; y si bien es cierto que se gana este dinero ajeno +exponiendo el propio, también lo es que los ladrones en cuadrilla +exponen sus vidas en las encrucijadas de los caminos, y la vida, aunque +sea de un facineroso, vale más que el dinero.</p> + +<p>Volvióse Jacobo del otro lado, ahogando estas reflexiones con su +voluntad ya despierta, y tiró de la campanilla, murmurando entre +dientes:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Amar a nuestro prójimo<br /></span> +<span class="i0">Nos manda la doctrina,<br /></span> +<span class="i0">Y al prójimo en la guerra<br /></span> +<span class="i0">Le dan contra una esquina.<br /></span> +</div></div> + +<p>Entró Damián, trayendo, como todos los días, el correo y los periódicos, +que puso al alcance de la mano de Jacobo sobre la mesa de noche. Abrió +luego las persianas, descorrió las cortinas y entróse en el cuarto de +vestir para preparar el agua caliente y la ropa del señorito. Habían +dado ya las doce y media.</p> + +<p>Era Jacobo muy perezoso y costábale gran trabajo arrancarse del lecho; +dio en él varias vueltas, estirándose y revolviéndose con esa dejadez +del que no tiene cuidados, ni le esperan obligaciones, ni encuentra para +saludar al nuevo día otra fórmula, otra oración, otro brote de +sentimiento que un prolongado bostezo. Decidióse al fin a sacar una +mano, y tomó de sobre la mesilla de noche las varias cartas; eran estas +cuatro o cinco, y llamóle la atención, desde luego, una grande y +cuadrada que traía el sello del Congreso, porque parecióle notar el +<span class='pagenum'><a name="Page_382" id="Page_382">[382]</a></span>tacto que venía en el interior, además del papel, un pequeño objeto +redondo. Diole vueltas por todos lados examinando el sobre, con esa +necia perplejidad que al recibir una carta de letra desconocida nos +impulsa a conjeturar y adivinar lo que con sólo romper el sello podemos +saber de cierto. Hízolo así al cabo, rasgando el sobre por completo, y a +la duda sucedió entonces en él la sorpresa y el azoramiento; encontróse +con un pliego en blanco, de papel muy recio, doblado por la mitad en dos +partes: en la superior destacábase, cuidadosamente pegado con goma, un +gran sello de lacre verde, del diámetro de medio duro... Al pronto no +distinguió bien Jacobo lo que era aquello; llegaba la luz muy +debilitada, filtrándose por los visillos del balcón y la gran cortina de +tul bordado, en una sola pieza, que arrancando de los lambrequines de +damasco amarillo llegaba hasta el suelo barriendo la alfombra. Con +grande ansiedad incorporóse bruscamente, inclinando el cuerpo fuera del +lecho para buscar la luz, y pudo distinguir entonces en todos sus +detalles la empresa del sello: era la escuadra y el compás cruzados en +forma de rombo y la rama de acacia, emblema de los masones.</p> + +<p>Una sospecha terrible, una idea aterradora con visos ya de evidencia +cruzó al punto por su mente cual un pájaro siniestro. Arrojóse de un +salto fuera del lecho y corrió al balcón para examinar con mejor luz +todavía la extraña carta y el misterioso sello. No había duda: si no era +el mismo, era igual a uno de los que había arrancado él en París, en el +<i>Grand Hôtel</i>, de los cartapacios que en la logia de Milán le habían +entregado... ¿Qué significaba, pues, aquello?... ¿Era una broma? ¿Un +aviso? ¿Una amenaza?</p> + +<p>Con los ojos muy abiertos quedóse mirando a la calle, como si buscase +allí la solución a sus dudas, la respuesta a sus temores... Frente por +frente de la suya estaba la gran casa del marqués de Riera, cerrada +hacía tantos años, con ese aspecto de secreto, ese aire de misterio que +<span class='pagenum'><a name="Page_383" id="Page_383">[383]</a></span>parecen tomar los edificios abandonados por largo tiempo, haciendo +fantasear a la imaginación detrás de sus muros recuerdos de crímenes y +sombras de aparecidos. El día estaba triste; uno de esos días de lluvia +menuda y continua en que sólo se ven en el suelo cieno y lodazales y en +el cielo nubes pardas, inmóviles, pegajosas, que parecen lamer las +torres y las cúpulas, cual la viscosa baba de un monstruo inmenso. Los +transeúntes cruzaban por la acera muy de prisa, armados de paraguas e +impermeables, chapalateando sobre el fango, que salpicaba las sayas +remangadas de las mujeres, los pantalones recogidos o las altas botas de +los hombres. Un capitán de lanceros, muy gordo y rubicundo, bajaba de la +Puerta del Sol, pisando muy fuerte, con las espuelas y las polainas +manchadas de cieno, calada la corta capota azul con vueltas blancas. +Antejósele a Jacobo que aquel militar era de la clase de tropa que iría +al ministerio de la Guerra y siguióle con la vista muy atentamente... +Mas el militar dobló la esquina de la casa de Riera, dando un resbalón, +y desapareció por la calle del Turco... ¡La calle del Turco!... ¡Ah! ¡La +calle del Turco!... Allí se había cometido cuatro años atrás un +asesinato, <i>otro</i> asesinato, en la persona de un hombre famoso, de un +amigo que le había hecho a él grandes favores, favores de lobo a lobo, +pero al fin y al cabo siempre favores... También entonces habíase +vislumbrado en <i>aquello</i> la mano de los masones, y él, ¡oh!, él sabía +bien a qué atenerse... Por eso tuvo que huir a toda prisa impulsado por +el destino, pícaro destino, que le arrebataba a Constantinopla a +resbalar en otro charco de sangre y a emprender otra fuga a Italia, a +Francia, a España más tarde.</p> + +<p>Jacobo sintió mucho frío, un frío muy grande y muy natural, porque +estaba medio desnudo, y que parecíale a él le penetraba las carnes y le +llegaba hasta los huesos y le pasaba el alma de parte a parte, con una +sensación glacial y desagradable que se le figuraba semejante a la hoja +de un puñal al hundirse en su pecho. Volvióse a la cama buscando el +<span class='pagenum'><a name="Page_384" id="Page_384">[384]</a></span>calor de las mantas, y acurrucóse entre ellas, escondiendo el rostro en +las almohadas para pensar, para reflexionar, para meditar, para no mirar +al hueco del balcón, donde le parecía ver al general Prim y a la cadina +Saharí, y al eunuco estrangulado, dándose las manos, haciéndole +cortesías, como hacen los actores cuando salen a la escena a recibir la +ovación al final de un drama. ¡Y él, que se había despertado tan alegre, +imaginando el medio de ocultar a sus acreedores los cinco mil duros +ganados!</p> + +<p>Damián asomó discretamente la cabeza, preguntando si el señor marqués no +iba a levantarse, porque el agua caliente se enfriaba.</p> + +<p>—Allá voy..., allá voy—respondió Jacobo.</p> + +<p>Y mientras se calzaba las pantuflas y se envolvía en una bata de abrigo +muy bien enguatada, iba discurriendo que el modo seguro de averiguar de +cierto lo que sobre el particular hubiera, era preguntar al tío +Frasquito lo que había hecho de aquellos tres sellos que en el <i>Grand +Hôtel</i> le había regalado. Quedóse con esto más tranquilo, casi sereno +del todo: indudablemente era que se reducía aquello a una necia broma... +Cierto que habíale sucedido a él en aquel negocio espinosísimo lo que +acontece a todos los caracteres fogosos; que una vez dado el primer +empuje, caen luego en la mayor apatía, abandonando los planes con tanta +rapidez fraguados y con tanto calor emprendidos. Mas tampoco era +verosímil que al cabo de año y medio de silencio absoluto, de completo +olvido, salieran los masones reclamando los papeles e iniciando su +petición con la ridícula bromita—muy en carácter, por cierto—de +enviarle un sellito... Y además, ¡qué demonio!, a él le habían entregado +unos papeles para el rey Amadeo, y el rey Amadeo se había ido. ¿Iba a +correr de ceca en meca en busca del rey cesante?... ¿Y con qué derecho +<span class='pagenum'><a name="Page_385" id="Page_385">[385]</a></span>le pedía cuentas la masonería española, perteneciendo él a la italiana? +Porque la carta era de Madrid mismo, puesto que el sello del Congreso la +franqueaba... Nada, nada, fuera temores, que el derecho era suyo. ¡Qué +demonio! A quien Dios se la dio, san Pedro se la bendiga; y el que está +más cerca de la cabra, ese la mama...</p> + +<p>Púsose Damián a afeitarle como todos los días, y al sentir sobre la +garganta el frío del acero, no pudo contener un estremecimiento de +espanto... Un ligero golpecito, un leve movimiento, y correría la +sangre, y vendría la muerte, y se acabaría la vida allí mismo, sin +auxilio, sin remedio, pasando de la agonía a la sombra pavorosa de eso +que llaman eterno, corriendo por Madrid la noticia del <i>crimen de la +calle de Alcalá</i>, como había corrido cuatro años antes la del crimen +impune y misterioso de la calle del Turco... Y aquel ligero golpecito, +aquel leve movimiento, podía determinarlo en la mano de Damián, otro +ligerito golpecito del oro de los masones. Porque ¿que sabía él lo que +era Damián?... Un pícaro probablemente, un bribón como todos, puesto +que, a juzgar por lo que de sí mismo sentía él, sólo pueden admitirse +dos clases de hombres: los ahorcados y los que merecen serlo.</p> + +<p>Rióse al cabo de sus locas imaginaciones, y vestido ya del todo, pidió +un sombrero, unos guantes, un paraguas...</p> + +<p>—¿El señor marqués almorzará en casa?...</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—El cochero espera la orden...</p> + +<p>—Que se vaya, que vuelva a las cuatro.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_386" id="Page_386">[386]</a></span></p><p>Y se dirigió a la puerta, para retroceder al momento... ¡Qué tontería! +Quizá en alguna de aquellas otras cartas que había olvidado en su +azoramiento vendría algún dato, alguna explicación de la estúpida broma +del sellito. Abriólas una a una, y una a una las fue arrojando con furia +sobre la gran piel de oso blanco, colocada al lado del lecho... Nada, +nada: una invitación para un baile, una carta de Ángel Castropardo +preguntando si le acompañaría a cenar aquella noche con las bufas de +Arderíus después del teatro, una diatriba de un acreedor exasperado que +le amenazaba con el embargo...</p> + +<p>Seguía cayendo aquella lluvia menuda, lenta, constante, que cala hasta +los huesos y los enfría, como cala hasta el corazón y lo hiela un +pensamiento triste y monótono que no se puede desechar. En las Cuatro +Calles, frente a las ruinas <i>seculares</i> de la calle de Sevilla, +coronadas ya, como las de Itálica, por el amarillo jaramago, tomó Jacobo +un simón para evitar la afluencia, eterna en aquel sitio, de gentes que +van y vienen, formando en las aceras cordones interminables de hombres, +de mujeres, de niños, cobijados todos aquel día bajo sus paraguas, que +remedaban, yendo y viniendo y cruzándose, una larga procesión, una +contradanza fantástica de hongos fenomenales. Diez minutos después +apeábase a la puerta del tío Frasquito.</p> + +<p>Peinado, teñido y reluciente de puro limpio, sentábase este a la mesa +para almorzar en su lindo comedor perfectamente caldeado por magnífica +chimenea de mármol negro atestada de leña. Con el ansia cariñosa con que +recibe todo el que tiene gana de charlar a cualquiera que puede servir +de auditorio, recibió el viejo a Jacobo, mandando al punto poner otro +cubierto en la mesa... Necesitaba él desahogarse, porque el berrenchín, +el bochorno que había pasado el día anterior aún no le había salido del +cuerpo. Las cosas de Diógenes iban llegando a un extremo, que si hubiera +en Madrid autoridades, si hubiera en España un Gobierno, se castigaría +<span class='pagenum'><a name="Page_387" id="Page_387">[387]</a></span>lo menos, lo menos con cadena perpetua... ¡Oh! ¡Lo del día anterior +merecía por primera providencia que le cortasen la mano derecha! +¡Burlarse de ese modo de todas las señoras de Madrid, congregadas para +un asunto piadoso! Poner en evidencia, en ridículo, en berlina, a +tres... a dos personas respetables; porque el tal Pulidete era un +<i>parvenu</i>, un cursi, un cualquier cosa, que se lo tenía todo muy bien +merecido... Mentira parecíale que Pepe Butrón, un hombre de tanto +talento, se hubiese <i>tirado una plancha</i> semejante, y sin duda fue el +Pulidete quien le dio el mal consejo. ¡Proponer a María Villasis para +presidenta!... ¡Si eso no se le ocurre ni al que asó la manteca!... Y +claro está, sucedió lo que tenía que suceder: que la muy mojigata dio +con todo al traste, pero con un atrevimiento, con una insolencia, +aludiendo claramente a la pobre Curra, diciendo con una risita de mil +demonios que su modestia le impedía ser ella presidenta donde había una +vicepresidenta tan digna... Y la pobre Curra calló, calló por prudencia; +pero bien se le conoció que quedaba sentidísima...</p> + +<p>Hizo aquí una pausa, tragóse un buen bocado, preparó otro muy grande y +dijo mientras tanto:</p> + +<p>—Perro ¿no comes, hombre?... ¡Si no has tomado más que las ostrras!...</p> + +<p>—No tengo ganas...</p> + +<p>—Ni yo tampoco... Porr supuesto, que lo mejorr que ha podido sucederr +es lo que ha sucedido; porrque si mi sobrina Villasis llega a serr +presidenta, quedaban rreducidas las obrras de la Asociación a novenas y +triduos de rrogativas, y a limosnitas rrecogidas porr las socias a la +puerrta de las iglesias... Y ni aun esto siquierra, porque yo mismo la +he oído decirr, yo, yo mismo—y el tío Frasquito, con ademán imponente, +se tiraba de una oreja—, que es un escándalo, una profanación poneer +<span class='pagenum'><a name="Page_388" id="Page_388">[388]</a></span>rreclamos de niñas bonitas a la puerrta de las iglesias. ¡Vaya usted a +verr qué modo de entenderr las cosas!... Perro, en fin, los pobrecitos +herridos no se quedarrán sin socorrro, y lo que la perrfecta viuda les +quita porr un lado, se lo proporrcionarrá porr otro la pícarra +Samarritana. Porque Curra, con ese corrazonazo que tiene, ¡claro está!, +¡lo ha tomado con un calorr, con un empeño!... ¡y lo que es la +kerrmesse, ha de darr mucho dinerro!... Anoche, como no estuviste allí, +no podrías enterrarte, pero se trata ahorra de buscarr el sitio; unos +dicen que en la platerría de Martínez, otros que en el Rreal. ¿Qué te +parrece?...</p> + +<p>Jacobo, aburrido de aquella charla insustancial y mujeriega, estuvo por +decir que le parecía mejor la punta de un cuerno, y el tío Frasquito, +viendo que no contestaba, se apresuró a añadir:</p> + +<p>—Yo creo que en el Rreal... En la Óperra se hizo la de Parrís, cuando +los inundados de Szegedin, y estuvo brillantísima... Perro, francamente, +le temo a Diógenes, que se colocarrá allí, de seguro... le temo, le +temo; te digo que le temo. Porrque, ¿qué se hace uno, si ni aun queda el +rrecurrso de desafiarrlo?...</p> + +<p>—¿Que no?—replicó Jacobo riendo, a pesar suyo—. Desafíalo tú, y +córtale las orejas.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Lo que es por mí no quedarría!—exclamó lleno de ardor bélico el +tío Frasquito—. ¡Pero si es imposible! ¿Sabes lo que pasó con Paco la +Granda... otro animal como él?... Pues le hizo Diógenes una barrabasada, +y Paco le mandó sus padrinos. Diógenes dijo que sí, que se batirría, +perro como le tocaba la elección de armas, exigió que el duelo fuerra a +cañonazos, ¡figúrrate tú!... Paco le envió a decirr entonces que donde +<span class='pagenum'><a name="Page_389" id="Page_389">[389]</a></span>quierra que le encontrase le darría de bofetadas; Diógenes contestó que +se le acerrcarra si podía... Y se le acerrcó, en efecto. ¿Perro parra +qué, Jacobo, parra qué?... Parra que el animal de Diógenes, como es tan +grandote, le diese un estacazo que le rrompió dos costillas... ¡Dos +costillas!... No creas que exagerro: ¡dos costillas!</p> + +<p>Y el tío Frasquito, rebosando indignación, palpábase con el reverso de +la mano el sitio en que, naturales o postizas, debía de tener las suyas.</p> + +<p>Jacobo nada decía, y comenzando el viejo a notar su preocupación, +indicóle bonitamente que el almuerzo terminaba y le estaba ya +estorbando.</p> + +<p>—Pues creo que pondremos al fin la kerrmesse en el Rreal—dijo—. +Ahorra mismo voy a casa de Curra, parra que decidamos... ¿Cómo no has +almorrzado tú allí hoy?...</p> + +<p>Jacobo arrojó la servilleta hecha un lío encima de la mesa y dijo +gravemente mirando al tío Frasquito:</p> + +<p>—Porque necesitaba hablarte.</p> + +<p>—¡Ya!—exclamó el viejo.</p> + +<p>Y abrió palmo y medio de boca y púsose muy azorado, porque desde aquella +noche fatal en que descubrió Jacobo en el <i>Grand Hôtel</i> el secreto de su +peluca y de sus dientes mirábale y temíale con ese temeroso recelo que +inspira siempre la persona que puede perder nuestra reputación o nuestra +fortuna con sólo dar suelta un poquito a la lengua. No le deseaba la +muerte, pero hubiérale visto con gusto descender a la tumba, con tal que +<span class='pagenum'><a name="Page_390" id="Page_390">[390]</a></span>se llevase a ella el secreto. Jacobo preguntó:</p> + +<p>—¿Te acuerdas de aquella noche en que se te quemó el gorro de dormir en +el <i>Grand Hôtel</i>?...</p> + +<p>Alborotóse el tío Frasquito pensando ¡ciertos son los toros!, e inmutado +y nervioso y lleno de sobresalto, comenzó a mirar a los criados, +diciendo por lo bajo:</p> + +<p>—¡Calla, hombre, calla!... En el <i>boudoir</i> tomarremos el café y allí +nadie vendrrá a incomodarrnos.</p> + +<p>Porque el tío Frasquito tenía también su <i>boudoir</i>, un verdadero +<i>boudoir</i> de dama elegante, atestado de todas esas chucherías que llaman +los franceses <i>bibelots</i> y han venido a sustituir en los palacios +modernos a las antiguas obras de arte. No faltaban allí, sin embargo, +estas, y era la más notable el retrato de un caballero, tipo de +arrogancia y varonil hermosura, pintado por Van Dyck en Inglaterra, al +mismo tiempo que aquel otro famoso de Carlos I, imagen admirable en que +se refleja, junto al orgullo del monarca, una especie de adivinación de +su trágica desventura. Era aquel personaje el quinto duque de Aldama, +embajador en Londres de Felipe IV, y era el tío Frasquito hijo tercero +del vigésimo duque del mismo nombre. Al pie del retrato había colgadas +una daga y una espada de gavilanes, de exquisita labor y gran precio, +que habían pertenecido al personaje. Frente por frente, en muy buena luz +colocado, había un pulido bastidor de caoba, en que el tío Frasquito, +nieto en el siglo XIX del prócer del siglo XVII, bordaba en tapicería +unas preciosas babuchas.</p> + +<p>Sirvieron el café; Jacobo habíase dejado caer negligentemente en una +butaca, con la pierna derecha echada por encima del brazo de esta, y +puéstose a fumar el exquisito cigarro puro que le ofreció el tío +<span class='pagenum'><a name="Page_391" id="Page_391">[391]</a></span>Frasquito. Este sacó con mucho misterio una preciosa tabaquera de oro +guarnecida de brillantes, con el retrato de la reina María Luisa en la +tapa, y tomó un polvo de rapé haciendo mohínes picarescos.</p> + +<p>—Es mi vicio—decía—, nadie lo sabe; un secreto... <i>Péché caché, est +tout à fait pardonné</i>.</p> + +<p>Y estornudó por tres veces, haciendo figuras y monadas con que creía +apartar de la mente de Jacobo la maldita idea del gorro quemado: mas +este, no bien salieron los criados, después de servir el legítimo ron de +Jamaica, tomó a preguntar:</p> + +<p>—¿Te acuerdas de aquella noche?...</p> + +<p>El tío Frasquito contestó un ¡sí! tímido y vergonzoso, cual si le +recordase la pregunta algún crimen nefando.</p> + +<p>Jacobo volvió a preguntar:</p> + +<p>—¿Y te acuerdas de unos sellos de lacre, dos verdes y uno rojo, que te +regalé aquella noche?</p> + +<p>—Sí—replicó el tío Frasquito más animado.</p> + +<p>—¿Qué has hecho de ellos?...</p> + +<p>—En mi álbum los tengo... ¿Quierres verrlos?</p> + +<p>—Enséñamelos.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_392" id="Page_392">[392]</a></span></p><p>El tío Frasquito, libre ya de temores, volvióse vivamente y arrastró +hacia Jacobo un precioso caballete, sobre el cual descansaba un gran +infolio, una especie de libro de coro, cuyas lujosas tapas eran una obra +de arte, un mosaico acabadísimo, hecho sobre piel de zapa, con +peregrinos dibujos y colores muy vivos, formando el todo un conjunto +digno de competir con las más lujosas encuadernaciones antiguas que se +admiran en la biblioteca del Vaticano; cerraba el libro un gran broche +de acero calado, representando las armas de los Aldamas, rematadas por +la corona ducal del jefe de la casa.</p> + +<p>—No hay otra colección igual, es la primera de Europa—decía el tío +Frasquito abriendo el libro sobre el caballete con el ardor de un +amateur que luce sus aficiones.</p> + +<p>Y se puso a repasar el índice, porque estaba el libro dividido en varias +partes: sellos reales, nacionales, particulares y misceláneas. El tío +Frasquito buscaba en la miscelánea, y dio al fin con ellos, en la página +117. <i>Sellos masónicos. Marqués de Sabadell.</i> Porque tenía la atención +el coleccionista de apuntar siempre, junto al donativo, el nombre del +donante.</p> + +<p>Apareció al fin la página 117... y el tío Frasquito miró a Jacobo +estupefacto, y Jacobo al tío Frasquito horriblemente pálido. Las +numerosas casillas de la hoja aparecían cubiertas de sellos, excepto dos +de ellas que estaban en blanco; en ambas decía arriba: <i>Masónico</i>, y +abajo: <i>Marqués de Sabadell</i>. Los sellos habían desaparecido, y +notábanse sobre la fina vitela las asperezas de la goma con que habían +estado sujetos. Jacobo, con voz ahogada y gesto de medrosa ansia, dijo +entonces:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_393" id="Page_393">[393]</a></span></p><p>—El otro... el rojo... ¿Dónde está?...</p> + +<p>Asustado el tío Frasquito al notar la emoción de Jacobo, no acertaba a +decir palabra, temiéndose algo gordo, y comenzó a buscar +precipitadamente entre los sellos reales, murmurando aturdido:</p> + +<p>—De Víctorr Manuel erra, me acuerrdo muy bien... Estarrá entre los +soberranos de Italia; con un duque de Parrma y un Ferrnando de Nápoles +lo puse... Porrque la Italia una, no me pasa; vamos, que no me pasa...</p> + +<p>Y apareció al fin, después de mucho revolver, la página 98, llena de +sellos reales, y entre uno del último duque de Parma reinante y otro de +Fernando de Nápoles, hallaron otra casilla en blanco. Arriba decía: <i>Rey +de Cerdeña</i>; debajo: <i>Marqués de Sabadell</i>.</p> + +<p>Dio entonces Jacobo una puñada en el brazo de la butaca, diciendo con +voz sorda:</p> + +<p>—¡Me has perdido!...</p> + +<p>—¡Ay, Jesús, Jacobito!... ¡Porr Dios, dímelo!... ¿Qué pasa?—exclamó el +tío Frasquito muerto de susto.</p> + +<p>—¡Me has perdido!... ¡Me has perdido!—repetía Jacobo.</p> + +<p>Y bajo la impresión del temor y el aturdimiento, confió con su +impremeditación ordinaria al necio viejo, si no la parte más culpable, +la más peligrosa, al menos, de la aventura de los masones. El tío +Frasquito, muerto de miedo, creyendo ver brotar puñales masónicos a +través de la mullida alfombra, comenzó a dar vueltas desatinado, +tropezando por todas partes como corneja puesta de repente a la luz del +<span class='pagenum'><a name="Page_394" id="Page_394">[394]</a></span>sol.</p> + +<p>—¡Ay, ay, ay, Santa Marría, qué berrenjenal! Porr supuesto, Jacobito, +que tú te acordarrás muy bien de que yo no querría tornarr los sellos. +¿Te acuerrdas?... Tú me los diste y yo no los querría tornarr.. Porr +complacerrte, porr darrte gusto los tomé y me arrepiento; que yo no los +necesitaba, ni quierro nada de esos señores. ¿Te enterras?... Y conmigo +no cuentes, porrque yo lo digo todo clarrito, clarrito, y me lavo las +manos.</p> + +<p>Detúvose de pronto y diose una gran palmada en la frente, como quien ata +de improviso un cabo importante. ¡Tú, tú, tú!... Aumentóse su terror, y +fuele preciso sentarse.</p> + +<p>—¡Ahorra lo entiendo todo! Ahorra me lo explico y lo veo clarro... +¡Santa Marría, lo que me está pasando!...</p> + +<p>—¿Qué?—dijo Jacobo con ansia.</p> + +<p>La emoción de este parecía haber pasado al tío Frasquito, y conociendo +el pobre viejo su debilidad, decidióse a buscar apoyo en el más +fuerte... Cogió por un brazo a Jacobo y llevólo sigilosamente a su +alcoba, nido risueño, tapizado con seda de Persia celeste, cubierto el +pavimento con pieles blancas, con una cama de palo de rosa muy baja, muy +aérea, vago conjunto de encajes, holandas y sedas celestes, semejante a +una crespa ola del mar coronada de espumas blancas. Había allí un mueble +precioso, también de palo de rosa, con cerradura de plata, donde el tío +Frasquito guardaba los papeles importantes; abrió un cajoncito y sacó un +paquete de cartas.</p> + +<p>¡Lo que le estaba pasando hacía más de tres meses!... Si aquello era +para volver loco al más pintado; primero le incomodó, diole después +<span class='pagenum'><a name="Page_395" id="Page_395">[395]</a></span>rabia, y al presente, ahora, en aquel momento le espantaba; ¡vamos, que +le espantaba, que le ponía los pelos de punta!...</p> + +<p>—Un día, me acuerrdo muy bien, el 9 de diciembre, rrecibí porr el +correo una carrta de San Peterrsburrgo...</p> + +<p>Y el tío Frasquito sacaba la primera del paquete, cuyo sello tenía, en +efecto, la efigie del zar Alejandro II.</p> + +<p>—De San Peterrsburrgo... La abrí extrañado y me encontré con esto...</p> + +<p>Y abría, a la vez que hablaba, la carta, poniendo ante los ojos atónitos +de Jacobo un pliego en blanco, en cuyo centro se leía escrita esta sola +palabra:</p> + +<p class="center"><b>¡MENTECATO!</b> + +Un gran flujo de risa brotó por encima de todos los terrores de Jacobo, +y soltó el trapo a reír con todas sus fuerzas. Mas el tío Frasquito, muy +desolado, prosiguió diciendo:</p> + +<p>—¿Te rríes?... ¡Aguarrda, aguarrda!... Yo decía cavilando toda la +noche: ¿Mentecato en San Peterrsburrgo? Y me devanaba los sesos y se me +espantaba el sueño sin acerrtarr... Al otro día otra carrtita... ¿Perro +de dónde crees?... ¡De Chinchón, Jacobo, de Chinchón!... La abro, y el +mismo lema: ¡Mentecato! Al día siguiente, carrta de Fuente Obejuna, +provincia de Córrdoba, y lo mismo... En fin, hijo, desde entonces todos +los días, sin faltarr ninguno, una carrtita de letra diverrsa, de parrte +distinta, las más rremotas en todas las partes del globo, de Francia, de +Inglaterra, de Alcorrcón, de Alemania, de Chinchilla, de Calcuta. ¡Ya tú +<span class='pagenum'><a name="Page_396" id="Page_396">[396]</a></span>ves! De Calcuta, de Constantinopla, de Terrrones, Jacobito, de +Terrrones, pueblecillo de tres casas, en la provincia de Salamanca; y +siempre con el mismo lema: ¡Mentecato!... Un día, el 20 de enero, san +Sebastián márrtir, ¡me acuerdo muy bien!, estaba más tranquilo; llegó el +correo y no trajo carrta ninguna... Porr la tarrde abro ahí—y abrió la +mesilla de noche—y allí... dentro me encuentro una carrta; la abro... +¡Mentecato!... Dime tú si eso no es para volverrse loco; si no encierra +un misterio terrible, que tu carrtita del sello me va ahorra +explicando...</p> + +<p>Jacobo iba también comprendiendo, y desde luego pensó que nadie que no +fuera Diógenes era capaz, ni en Madrid ni en todo el mundo, de dar una +broma tan constante a aquel pobre majadero, para lo cual se necesitaba +paciencia a toda prueba, relaciones muy extensas y medios de +comunicación difíciles y complicados. Con verdadero asombro, preguntóle +entonces:</p> + +<p>—¿Pero de veras no te ha faltado ningún día?</p> + +<p>—¡Ninguno!... A veces, cuando la carrta venía de muy lejos, sobre todo, +estaba dos o tres días sin rrecibirrla; perro luego llegaban juntas... +¡Si te digo que ni un día me ha faltado! Mírralas, cuéntalas—añadió con +acento de desolación profunda, desparramándolas todas sobre la mesa—y +verrás cómo salen a carrta porr día... Desde el 9 de diciembre hasta el +15 de marrzo, que somos hoy, van noventa y siete días, porrque febrerro +trrae veintiocho. Pues nada, ahí tienes noventa y nueve ¡Mentecatos!... +Aquí está el de hoy.</p> + +<p>Y sacó del bolsillo otra carta de Chiclana, provincia de Cádiz, en la +cual se leía también la palabra sibilítica, el misterioso conjunto: +<span class='pagenum'><a name="Page_397" id="Page_397">[397]</a></span>¡Mentecato!</p> + +<p>La situación de Jacobo no era para reír mucho, y apagóse bien pronto el +arranque de hilaridad que le había producido aquella burla pacientísima +que no podía ser de otro que de Diógenes.</p> + +<p>Arrepintióse al mismo tiempo, al ver los medrosos aspavientos del tío +Frasquito, de haberle confiado en parte su secreto, y resolvió asegurar +su silencio haciéndole creer que le alcanzaba a él también la inminencia +del peligro. Detenidamente examinó las cartas, conteniendo, a pesar de +los pesares, nuevos accesos de risa, y dijo al cabo con aire de +convicción profunda:</p> + +<p>—¡Evidentemente que esto viene de los masones!... A mí me sentencian +por lo que hice y a ti te avisan que eres un mentecato por haberme +encubierto...</p> + +<p>—¡Perro si eso no es verrdad!—gritó el tío Frasquito muy apurado—. Si +yo no te he encubierrto, si tomé los sellos porrque tú me los diste...</p> + +<p>—Lo cual quiere decir—prosiguió Jacobo sin hacerle caso—, que si a mí +me <i>apiolan</i> al volver de una esquina, a ti te dan una paliza en cuanto +te cojan a mano.</p> + +<p>Pegósele al tío Frasquito la lengua al paladar y exclamó medio llorando:</p> + +<p>—¡Darré parte al goberrnadorr de Madrid!... ¡Le hablarré a Paco +Serrrano!...</p> + +<p>—Lo cual sería meterte tú mismo en la boca del lobo, porque lobos de la +misma camada son uno y otro... Mira, tío Frasquito, aquí no hay más que +una salida... En primer lugar, echarse un nudo a la lengua, y que ni tu +<span class='pagenum'><a name="Page_398" id="Page_398">[398]</a></span>sombra trasluzca lo que pasa...</p> + +<p>—Lo que es eso, corre de mi cuenta.</p> + +<p>—¡Bueno!... En segundo lugar, tener dispuesta la bolsa; porque, amigo +mío, con <i>mosca</i> a la mano se va lejos, y entre masones y no masones por +dinero baila el perro.</p> + +<p>El tío Frasquito hizo un gesto de resignación del paciente a quien +sentencian a sacarse una muela, y Jacobo continuó:</p> + +<p>—En tercer lugar, irse con pies de plomo, siguiendo la pista... Así es, +que vamos a cuentas... ¿Quién sospechas tú que haya podido robar esos +sellos?...</p> + +<p>El tío Frasquito comenzó a hacer sobrehumanos esfuerzos para coordinar +sus recuerdos... Seguro, segurísimo estaba de que quince días antes +estaban allí los tres sellos; habíale enseñado despacio todo el álbum a +otro amateur, el barón de Buenos Aires, y no notó hueco alguno... A los +pocos días vino un individuo desconocido, recomendado por su camisero, +que quería venderle con mucho empeño tres ejemplares curiosos: entonces +hojeó otra vez el álbum... Después no le había tocado.</p> + +<p>—¿Quién era ese individuo?</p> + +<p>—Pues no sé... Un pobre diablo con carta de hambre, cualquierr cosa...</p> + +<p>—¡Ahí está el hilo del ovillo!—exclamó con grande interés Jacobo—. +¿Le dejaste solo? ¿Tocó el álbum?...</p> + +<p>—No..., no... ¡Ay, sí, sí, sí, Jacobito!... Ahorra me acuerrdo que sí, +<span class='pagenum'><a name="Page_399" id="Page_399">[399]</a></span>que vino Vicentito Astorrga y le rrecibí en el salón porrque no vierra +semejante estaferrmo, y estuvo solo más de diez minutos... lo menos, lo +menos.</p> + +<p>—¡Aquí tenemos ya la púa del trompo!... Vamos ahora mismo a casa del +camisero.</p> + +<p>A la puerta esperaba enganchada la berlina de tío Frasquito, y en ella +subieron ambos, dirigiéndose a casa del camisero, honrado comerciante de +la calle de Carretas... Tampoco conocía este al incógnito; sabía tan +sólo que era un comisionista italiano, amigo de otro francés que tenía +negocios con la casa, en el ramo de perfumería... Al oír la nacionalidad +del desconocido, llegó a su colmo la inquietud de Jacobo, porque +parecióle ya evidente que se entendían en aquel asunto las logias de +Italia y de España. Indicó, pues, al tío Frasquito que no era necesario +averiguar más, y regresaron preocupados y silenciosos a casa de este. +Despertóse por el camino la fogosa actividad de Jacobo a la vista del +peligro, y en aquel breve trayecto trazó un plan atrevido, único a su +juicio que podía remediar los yerros pasados y detener las consecuencias +de su imprudente apatía. Aquella misma noche, sin despedirse de nadie, +sin dar a persona alguna razón de su marcha, ni dejar sospechar siquiera +el fin de su viaje, saldría para Italia, avistaríase en Caprera con +Garibaldi, que le había iniciado en otro tiempo en las logias de Milán, +y ante él trataría de justificar el secuestro de aquellos documentos, +inventando un embuste, una historia, un enredo cualquiera, que viniese a +sacarle de una vez de aquella situación falsa y angustiosa. Dinero tenía +de sobra con los cinco mil duros ganados la noche antes, y la mina del +tío Frasquito podía también muy fácilmente explotarse. Manifestó, pues, +al atribulado viejo, al llegar a casa de este, parte de su plan, y +concluyó diciendo que, puesto que el riesgo era de ambos, justo era +<span class='pagenum'><a name="Page_400" id="Page_400">[400]</a></span>también que ambos pagasen los gastos, y que era necesario le aprontase +en aquel momento dos mil duros en billetes de banco; el viaje duraría +dos semanas, y a su vuelta ajustarían cuentas, partiendo como hermanos +los gastos que la empresa ocasionara.</p> + +<p>Alborotóse el tío Frasquito, juzgando que le salían los tres sellos +harto caros, y vencido al fin por las razones, vaticinios y amenazas de +Jacobo, aprontó el dinero que le estafaban y despidió al compadre +haciendo pucheros. Acrecentáronse sus temores al verse solo, sintióse +malo y se metió en la cama, dando orden rigurosa de no recibir a nadie. +A la mañana siguiente trajéronle el correo; venía una carta de Segura, +pueblecillo célebre por sus quesos, escondido en el rincón más áspero de +las montañas de Guipúzcoa; en ella decía: ¡Mentecato!</p> + +<p>Subióle dos grados la fiebre, y mandó llamar al cura de la parroquia: se +quería confesar.</p> + +<p class="center">Fin del libro tercero +</p> + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Libro_IV" id="Libro_IV"></a>Libro IV</h2> + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Idmdash" id="Idmdash"></a><a href="#toc">—I—</a></h2> + + +<p>El miguelete que cobra el portazgo en lo alto de la cuesta de los Meagas +aseguró formalmente a José Ignacio Bernaechea que jamás había cruzado de +San Sebastián a Zumárraga un coche más elegante, ni unos caballos más +<span class='pagenum'><a name="Page_401" id="Page_401">[401]</a></span>hermosos, ni unas gentes más locas. Aún se oía a lo lejos, allá por la +cuesta abajo, el estridente sonido de su cometa, que resonaba entre +aquellas altas montañas de una manera extraña, profana, como pudiera +resonar una risotada en un templo, una chanza en una oración, el himno +de una bacante entre las solemnes y pausadas notas de un canto +gregoriano. Porque aquella naturaleza seria y salvaje, aquellos valles +profundos cortados por riachuelos, salpicados de caseríos sumergidos en +un mar de verdura, a que las distintas luces y los distintos matices +parecen prestar flujos y reflujos fecundados por el trabajo, +santificados por iglesias, siempre verdes, siempre bellos, siempre +pavorosamente melancólicos, como lo es en la imaginación del campesino +vasco la idea misteriosa de las Maitagarris, tienen algo de la +silenciosa majestad de un templo, de la serena tristeza de los paisajes +de otoño, que parecen llorar y sonreír al mismo tiempo; de la suave +melancolía que inunda el alma al caer de la tarde, cuando la campana de +la iglesia hace resonar el toque del <i>Ángelus</i> y se despide el día +murmurando al oído del hombre aquella palabra mil veces repetida, sin +pensar jamás en su alcance infinito: ¡Adiós!...</p> + +<p>La bajada era peligrosa por lo inclinado de la pendiente y lo rápido de +las vueltas, y los seis caballos del tiro hincaban con fuerza los cascos +delanteros, inclinaban hasta los pechos las airosas cabezas, henchían +con ahínco los poderosos ijares y aparecía el sudor bajo los brillantes +arneses en forma de espuma blanca. Rechinaba sin cesar el torno, bajando +o subiendo la plancha, y en la banqueta más alta del elegante +<i>mail-coach</i> chillaba Leopoldina Pastor como una desesperada, gritando +que aquellos indecentes caballos iban a despeñarla por la montaña +abajo... Sentado a su lado, el tío Frasquito, con un finísimo pañuelo +prendido en su sombrero de paja para preservar de los ardores del sol la +blancura de su cutis, miraba con gesto de susto lo profundo del +precipicio y agarrábase a cada vaivén del coche a los hierros del +<span class='pagenum'><a name="Page_402" id="Page_402">[402]</a></span>asiento, gritando angustiado:</p> + +<p>—¡Currra, porr Dios, cuidado!... ¡Cuidado, Currra!</p> + +<p>En la primera de las banquetas de detrás, María Valdivieso, Paco Vélez y +Gorito Sardona reían a carcajadas, disputándose el honor de soplar con +alientos de buzo en la sonora corneta, avisando a los pacíficos aldeanos +y a los mensurados bueyes, a las modestas <i>cestas</i> de camino y a las +chillonas carretas cargadas de helechos, que se quitasen de en medio, +que se echasen a un lado y se tirasen todos de cabeza por cualquier +barranco, porque el <i>mail-coach</i>, con seis caballos, de la excelentísima +señora condesa de Albornoz, necesitaba libre toda la carretera de +Guipúzcoa. En la última banqueta de detrás, tendido cual una masa +inerte, iba un hombre cubierto con un <i>waterproof</i> de señora, que los +rayos del sol recalentaban: bamboleábase con grave riesgo de caer a los +movimientos del coche y roncaba con esa especie de ruido asmático, +propio de los borrachos viejos cuando duermen la mona.</p> + +<p>En los asientos del centro, entre varias fiambreras, cajas y piezas de +una pequeña tienda de campaña desarmada, iban Kate, la doncella inglesa +de la condesa de Albornoz; Fritz, su lacayo prusiano, y Tom Sickles, su +famoso cochero, que sin perder su flema inglesa miraba de cuando en +cuando con inquietud las evoluciones no del todo diestras que imprimía +al fogoso tiro la débil manecita de su ilustre dueña. Porque la condesa +de Albornoz en persona era quien venía guiando los briosos brutos desde +Biarritz, de donde había salido el convoy la víspera, prefiriendo +aquella molesta caminata por la carretera al cómodo trayecto del camino +de hierro, por uno de esos caprichos, de esas excentricidades que forman +las leyes de la moda y constituyen las reglas del buen tono, basadas las +más de las veces en aquella razón tan filosófica y profunda:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_403" id="Page_403">[403]</a></span></p><div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Cuando pitos, flautas;<br /></span> +<span class="i0">Cuando flautas, pitos.<br /></span> +</div></div> + +<p>Sentado a su lado, en el pescante, iba el marqués de Sabadell, afable y +cariñoso, defendiendo de los rayos del sol el rostro de la dama con una +gran sombrilla de grueso tafetán encarnado, y atento siempre a remediar +con su vigoroso puño cualquier descuido que en su ardua tarea de guiar +el coche pudiera tener el aristocrático cochero. Pronto se le ofreció +ocasión oportuna: a una vuelta del carruaje enredóse la sombrilla en las +ramas de un roble, y despedida aquella con violencia, vino a caer sobre +uno de los caballos; espantóse el animal, reculando bruscamente; +retrocedió el coche a su empuje, osciló un momento y quedó inmóvil, +inclinado, hundiéndose, hundiéndose suavemente... Un grito de espanto +escapóse de los labios de todos, y una vieja que cruzaba guiando un +borriquillo gritó, extendiendo los enjutos brazos, con esa energía de la +fe en los momentos de angustia:</p> + +<p class="center">—¡Aita San Ignazio..., salbazazu!.<a name="FNanchor_17_17" id="FNanchor_17_17"></a><a href="#Footnote_17_17" class="fnanchor">[17]</a></p> + +<p>El peligro era inminente; hallábase una de las ruedas traseras fuera del +camino, sostenida sobre el precipicio tan sólo por el tronco de un roble +inclinado, cuyas raíces se sentían crujir y ceder a cada momento, +arrancando grandes pelotones de tierra... Un instante perdido, un solo +movimiento de cualquiera de los espantados brutos, y coche, caballos y +viajeros rodarían por el alto repecho de la cuesta, haciéndose trizas. +Jacobo no se aturdió, ni Tom Sickles tampoco; empuñó el primero las +riendas sin hacer ningún movimiento y saltó el segundo fuera del coche, +abalanzándose a la rueda opuesta a la hundida, y tirando hacia el centro +<span class='pagenum'><a name="Page_404" id="Page_404">[404]</a></span>del camino con todas sus fuerzas; la vieja casera acudió en su ayuda, +tirando con sus descarnados brazos, que parecían tener el aguante de dos +poderosos cables. Saltó Fritz detrás de Tom y fue a sujetar por el +diestro al caballo espantado, que era el de la izquierda del primer +tronco. El terror había enmudecido a todos, dejándolos inmóviles, sin +osar rebullirse por miedo de apresurar la catástrofe; el hombre del +<i>waterproof</i> seguía roncando.</p> + +<p>A un grito de Tom Sickles fustigó Jacobo los caballos bárbaramente, +azuzólos Fritz dando voces y el coche arrancó al fin crujiendo, +bamboleándose un momento hacia el precipicio, dando, al entrar en la +carretera, un vaivén violentísimo, que despidió al hombre dormido desde +lo alto de su banqueta en mitad del camino, donde cayó inerte y pesado +cual una piedra de diez arrobas, mientras el coche desaparecía entre una +gran polvareda por el declive de la cuesta y seguía corriendo hasta +llegar frente de Oiquina, donde pudo al fin Jacobo detener el tiro a la +sombra de unas higueras, cubierto de polvo, sudoroso, jadeante... Ya era +tiempo: el roble, descuajado por completo, cayó a lo largo del violento +repecho del camino, quedando suspendido sobre el precipicio por algunas +raíces. Tom Sickles, sin cuidarse del hombre tendido en tierra, miraba +correr el coche, apretando los puños y dirigiendo en inglés tremendas +imprecaciones, no a los caballos, sino a su ilustre señora y dueña.</p> + +<p>Mientras tanto, Fritz y la casera acudían al caído en el momento en que, +desembarazándose este del <i>waterproof</i> que le envolvía y sentándose en +el suelo, dejaba ver la granujienta faz de Diógenes, azorada, reflejando +todavía la colosal borrachera que se había tomado la víspera, mirando a +todas partes con aire de extrañeza, sin acertar a explicarse cómo, +habiéndose dormido en lo alto de una banqueta del <i>mail-coach</i>, +despertaba sentado en el suelo en mitad de un camino. Los dolores de sus +huesos vinieron a revelárselo, y agarrándose a Fritz, trató de +<span class='pagenum'><a name="Page_405" id="Page_405">[405]</a></span>levantarse, murmurando:</p> + +<p>—¡Polaina!... Si parece que me han dado una paliza... Comenzó a andar, +sin embargo, sin sentir grave molestia, con el sombrero en la mano, +cubierto de polvo, arrastrando por detrás el <i>waterproof</i>, que llevaba +terciado al hombro izquierdo. Los del coche habían recobrado el habla al +verse fuera de peligro y chillaban todos al mismo tiempo, comentando el +suceso, sin acordarse ninguno de dar gracias a Dios, que les había +arrancado de las garras de la muerte con un verdadero prodigio; tan sólo +Kate, la doncella inglesa, encogida en un rincón, blanca cual un papel +todavía, con las manos cruzadas, cerrados los ojos, inclinada la cabeza, +parecía rezar entre dientes... Echaron entonces de menos a Diógenes y +viéronle venir a lo lejos, seguido de Tom Sickles y el prusiano, que +traía la sombrilla encarnada causa del percance. El buen humor acabó de +disiparles el susto, y recibieron todos al caído con grandes carcajadas, +excepto Leopoldina Pastor, que dominando las risas con su poderosa voz +de contralto, gritaba furiosa:</p> + +<p>—¡Pues mira el indecente cómo trae mi <i>waterproof</i> arrastrando!... +¡Diógenes, hijito!... ¡Recoge ese impermeable!... ¿No ves que me lo +estás poniendo hecho un asco?...</p> + +<p>Oyóla muy bien Diógenes, y liándose al cuerpo el <i>waterproof</i>, con el +garbo del torero que se ciñe la capa para hacer con la cuadrilla el +saludo al presidente, quiso hacer una pirueta; un ligero vahído se la +cortó, sin embargo. Al pasar junto al balneario de Cestona acometióle +otro ligero desvanecimiento, y Leopoldina Pastor, que unía siempre algún +rasgo de locura a los impulsos de su corazón, realmente bueno y +compasivo, empeñóse en hacerle beber un par de vasitos de aquellas +famosas aguas medicinales. Contestóle Diógenes una de sus indecentes +paparruchas, que rieron todos en coro, y detúvose, en efecto, en el +<span class='pagenum'><a name="Page_406" id="Page_406">[406]</a></span>balneario para beber una enorme copa de ginebra, que tomó, según su +costumbre, echando antes en el fondo un par de terrones de azúcar. +Volvióle el alcohol la salud y la alegría, y desde Cestona hasta +Azpeitia charló sin cesar, comentando, con grandes risas de todos, su +tremendo batacazo.</p> + +<p>—¡Polaina, señá Frasquita!... Si te lo llegas a dar tú, ¿eh, +comadre?... Te desbaratas en treinta y dos partes, lo mismo, lo mismo +que un rompecabezas...</p> + +<p>¡Saltar así a los sesenta y cinco años!... ¡Polaina!... Pero se acordaba +él de otro salto aún más mortal todavía: el que dio cierto <i>barbián</i> +amigo suyo, desde el almuerzo de un lunes a la comida de un jueves, sin +tropezar siquiera en un garbanzo.</p> + +<p>Al trote largo atravesaron las calles de Azpeitia sin hacer caso de los +bandos del alcalde y las multas impuestas; y con riesgo de atropellar a +cada paso a los pobres alpargateros que trabajaban en los umbrales de +las tiendas y a los chiquillos que por todas partes pululaban, entraron +al fin en el trozo de carretera que lleva en línea recta al prado de +Loyola... En el fondo, sombreado por la alta cumbre del Izarraiz, +destacábase la majestuosa mole del Real Colegio y Santuario trazados por +Fontana, rico joyel construido por una reina para engarzar la casa de un +santo. En mitad del prado levantábase sobre un pedestal, resguardado por +una verja, la estatua de san Ignacio de Loyola, hijo y patrono de +Guipúzcoa, alzando la mano como para bendecir aquella comarca en que se +meció su cuna y en que parece proyectarse aún la sombra benéfica de su +figura gigantesca.</p> + +<p>Formando ángulo recto con el Real Colegio de Loyola, hay otro edificio +construido en la misma época, que llaman <i>la Hospedería</i>; allí suelen +<span class='pagenum'><a name="Page_407" id="Page_407">[407]</a></span>albergarse los viajeros que acuden a visitar el santuario, y allí +pensaba Currita partir la jornada, deteniéndose a comer, descansando un +par de horas y prosiguiendo su camino hasta Zumárraga, para alcanzar el +tren expreso para Madrid, que pasaba a las cinco y media.</p> + +<p>El día estaba magnífico, aunque algún tanto caluroso, como suelen serlo +en Guipúzcoa los últimos de septiembre; y bajo el espacioso cobertizo +que forman los ocho arcos que dan entrada a <i>la Hospedería</i>, mandó la +condesa de Albornoz disponer la mesa. Extendíase al frente el prado, +verde, risueño, lleno de luz y de alegría, con una fuentecilla alegre y +bullidora que por cuatro caños murmuraba; a la izquierda, alzábase la +majestuosa mole del Colegio, adelantando el soberbio pórtico de su +iglesia como adelantaría un soldado de Cristo el fuerte brazo mostrando +un crucifijo, elevando la grandiosa cúpula como elevaría al cielo la +frente, buscando allí la fortaleza, el impulso, la luz. A la derecha, +abríase el valle de Azpeitia, cruzado por el Urola, alegre también y +risueño, ligando al pueblo con el Santuario como con un lazo de flores, +pareciendo su alegría, sobre el tinte melancólico de todo el paisaje, un +ramo de rosas sobre la tumba de un justo, una dulce sonrisa sobre el +austero rostro de un trapense; el alto Izarraiz, verde en la falda como +la vida en su primavera, áspero y ceniciento en la cumbre como la vejez +ya desengañada, cerraba bruscamente el fondo, y en medio de todo +aquello, elevada sobre la tierra, inalterable entre lo alegre y lo +triste, indiferente entre lo pobre y lo rico, elevábase la estatua de +san Ignacio, la imagen de la santidad, serena siempre, igual, tranquila, +orando y bendiciendo.</p> + +<p>Sonó una campana en el interior del Colegio, y a poco contemplaron los +viajeros un espectáculo común en aquel lugar, pero nuevo y extraño para +ellos. Por la escalinata que da entrada a la portería salían los +<span class='pagenum'><a name="Page_408" id="Page_408">[408]</a></span>novicios a paseo, de tres en tres, con el rosario al ceñidor, el +continente modesto, los ojos bajos; tomaban todos hacia la carretera, +serenos y alegres, descubríanse al pasar ante la estatua de su fundador, +con el cariñoso respeto con que se saluda a un padre, y repartíanse +luego en distintas direcciones, por diversos caminos y senderos. Dos o +tres ternas de novicios pequeñitos encantaron a Leopoldina; con la +servilleta en la mano levantóse de la mesa y salió fuera de los arcos +para verlos mejor, diciendo entusiasmada:</p> + +<p>—¡Mira, mira... qué indecentillos más monos! ¡Si parecen curitas de +barro! ¡Qué chiquitos! ¡Qué preciosos!...</p> + +<p>—Pues cómprales dulces—respondió Jacobo despechado.</p> + +<p>—¡Ya lo creo que se los compraría si quisieran tomarlos!... ¡Si dan +ganas de coger un par de ellos y ponerlos en una rinconera, como si +fuesen juguetes!...</p> + +<p>—No están malos juguetitos los tales nenes—dijo Jacobo con ira +reconcentrada—. La primera pifia que ha dado la Restauración ha sido +abrir la puerta a esta canalla... ¡Dejar que se forme ahí una almáciga +de intrigantes, una <i>pépinière</i> de hipócritas revolucionarios!...</p> + +<p>Entablóse entonces una discusión acalorada sobre los jesuitas, en que +salieron a relucir autorizados textos de Eugenio Sue, en su novela <i>El +Judío Errante</i>, quedando al cabo decidido que, terminada la comida y +mientras los caballos descansaban, irían todos a visitar la tenebrosa +madriguera... Diógenes, que hasta entonces nada había dicho, aseguró +terminantemente que él no iba, porque no acostumbraba poner los pies +donde tenían derecho a ponerle en la calle, y si aquellos señores +obraban en razón, era eso lo que debían hacer con las parejas de mocitos +<span class='pagenum'><a name="Page_409" id="Page_409">[409]</a></span>y mocitas que amenazaban invadirles la casa. Echáronse todos encima con +grande furia y él comenzó a soltar a diestro y siniestro enormes +desvergüenzas, mientras Currita, con altivez de reina ofendida, llamaba +a Fritz el lacayo y dábale orden de ir al punto a Loyola para anunciar +al superior que la señora condesa de Albornoz iría de dos y media a tres +a visitar la casa y el Santuario.</p> + +<p>Hablaba Diógenes pálido y agitado, con el tono iracundo que solía usar +cuando hablaba de veras, y levantándose de repente de la mesa, entróse +por un cobertizo que iba a parar en las cuadras; viéronle, a poco, salir +lívido más bien que pálido y dejarse caer como sin fuerzas en un banco +de hierro que bajo los arcos estaba: con grandes ansias y sudores había +arrojado en un rincón de la cuadra lo poco que había comido. +Acercáronsele entonces Gorito y Leopoldina, temerosos de que el batacazo +de por la mañana comenzara a tener consecuencias, y esta, con verdadero +interés, le dijo:</p> + +<p>—Mira, Diógenes, tú estás malo y es necesario que te vea el médico.</p> + +<p>—¿El médico?—balbuceó Diógenes con los ojos extraviados—. En mi vida +llamé a ninguno... La alopatía es un cañón Armstrong, y la hemopatía la +carabina de Ambrosio: con que vete a freír monas con tus médicos y +medicinas, que yo me curo solo...</p> + +<p>—Pues llamaremos entonces al albéitar—repuso Gorito.</p> + +<p>—Eso es otra cosa: estos tienen más ciencia, porque curan al paciente +sin sacarle palabra alguna... Pero tampoco es necesario, porque yo me +curo a mí mismo.</p> + +<p>Y pidiendo una botella de ginebra, comenzó a beber copa tras copa, +<span class='pagenum'><a name="Page_410" id="Page_410">[410]</a></span>echando, en vez de dos, tres y hasta cuatro terrones de azúcar. +Mientras tanto, María Valdivieso hacía una escena sentimental a Paco +Vélez, porque lejos de ocuparse de ella, durante el riesgo de la mañana, +había pensado tan sólo en salvarse a sí mismo; Jacobo y el tío Frasquito +habíanse entrado en <i>la Hospedería</i> sin decir adónde iban, y Currita, +llevada de sus gustos idílicos, entreteníase en echar migas de pan a un +altanero gallo que merodeaba por el prado, seguido de algunas sumisas +gallinas. Acercóse entonces un hombre de aspecto modesto que traía una +carta en la mano, y preguntóle sin ceremonia si la señora condesa de +Albornoz era ella misma; la altiva dama dignóse tan sólo responder con +una ligera inclinación de cabeza, y el hombre le entregó entonces la +carta, entrándose al punto en Loyola, de donde había salido, por la +escalinata de la portería. Currita leyó extrañada estas solas líneas:</p> + +<p>«Si la señora condesa de Albornoz viene a Loyola a confesar sus pecados +y a pedir a Dios perdón de sus extravíos, no tiene que fijar hora ni +tiempo, porque todos son igualmente oportunos... Pero si viene sólo a +hacer a esta Santa Casa testigo del escándalo de su vida, se la suplica +encarecidamente evite el disgusto de tener que cerrarle la puerta a su +afectísimo en Cristo y humilde servidor, <span class="smcap">Pedro Fernández</span>, S. J.»</p> + +<p>Quedó Currita atónita con la carta en la mano, mirando atentamente al +gallo, que con una pata en alto, torcida la cabeza y fijo en ella el ojo +inflamado, parecía ofrecerle caballerosamente, en caso de guerra, el +auxilio de sus espolones.</p> + +<p>La dama volvió a leer la carta y comprendió entonces una sola cosa; pero +una cosa para ella inverosímil, que vino a despertar en su ánimo el +movimiento de ira, de sorpresa, de rabia desesperada que causa al potro +bravío el primer espolazo que desgarra sus ijares, el primer serretazo +que le hace detener su voluntariosa carrera, anunciándole que hay +<span class='pagenum'><a name="Page_411" id="Page_411">[411]</a></span>alguien que puede, y quiere, y debe sujetarle y humillarle... +¡Comprendió que por primera vez en su vida le cerraban una puerta, y que +era el que se la cerraba un hombre desconocido, un pobre fraile, un +Pedro Fernández!... ¡La fuentecilla que corría allí al lado murmurando +llegó a los oídos de Currita como el eco de la sarcástica carcajada que +había de soltar el mundo al verla vencida por Pedro Fernández!...</p> + +<p>Resonó en aquel momento a su espalda la voz de Jacobo, y apresuróse a +esconder prontamente en el bolsillo de su falda la malhadada carta. +Jacobo reunía a su grey, porque iban ya a dar las dos y media, y a poco +que se detuvieran en la visita a Loyola podrían llegar a Zumárraga +demasiado tarde. Currita salió a su encuentro, andando lentamente, +diciendo con mucha displicencia:</p> + +<p>—¿Sabes que me encuentro mala... y sería lo mejor dejarlo?...</p> + +<p>Creyéronla todos, porque aparecía su rostro pálido y alterado, y +decidióse entonces salir al punto para Zumárraga y descansar allí en la +fonda una hora larga, antes de que el tren llegase. La ginebra había +repuesto a Diógenes por completo, y púsose a ayudar a Tom Sickles y al +prusiano a enganchar el tiro, cantando con aguardentosa voz de cualquier +mozo de cuadra una tonada antigua que llamaban <i>El Mayoral</i>:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Vamos, caballeros,<br /></span> +<span class="i0">Vamos a marchá<br /></span> +<span class="i0">¡Al coche, al coche!<br /></span> +<span class="i0">¡Basta de pará!<br /></span> +</div><div class="stanza"> +<span class="i0">Vamos ligerito,<br /></span> +<span class="i0">Vamos a partí.<br /></span> +<span class='pagenum'><a name="Page_412" id="Page_412">[412]</a></span><span class="i0">Empués los calores<br /></span> +<span class="i0">Nos van a freí...<br /></span> +</div></div> + +<p>Jacobo y Currita ocuparon el pescante, tomando aquel esta vez las +riendas, y colocáronse los demás en el mismo orden en que habían venido. +Al pasar ante la estatua de san Ignacio, quitóse Diógenes el sombrero, +como había visto hacer antes a los novicios, y repitió en voz muy alta, +con el acento de un cariñoso saludo, aquella hermosa frase que inspiran +a los caseros de Guipúzcoa su piedad, su sencillez y su amor al santo, +gloria de sus montañas:</p> + +<p>—<i>Aita</i> San Ignazio... <i>agur</i>!<a name="FNanchor_18_18" id="FNanchor_18_18"></a><a href="#Footnote_18_18" class="fnanchor">[18]</a></p> + +<p>Luego, sin hacer caso de los furiosos aspavientos de Currita, que le +amenazaba con plantarle en medio del camino si no guardaba silencio, +comenzó a cantar de nuevo las estrofas de <i>El Mayoral</i>:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">¡Cuidado ese bache!<br /></span> +<span class="i0">¡Bájate, zagal!...<br /></span> +<span class="i0">Si voy, salerosa,<br /></span> +<span class="i0">Te voy a matá...<br /></span> +</div></div> + +<p>Volaba el <i>mail-coach</i> por la carretera, dejando atrás los baños de San +Juan, el caserío de Juin-Torrea emboscado en sus jardines, el convento +de Santa Cruz encaramado en su monte, el palacio ruinoso de la Florida +en que Juan Jacobo Rousseau en persona presidió más de un conciliábulo +de enciclopedistas. Atravesaron al paso, más sosegados que por la +mañana, las calles de Azcoitia, y entraron de nuevo en la carretera, +<span class='pagenum'><a name="Page_413" id="Page_413">[413]</a></span>flanqueada siempre por el río, hundiéndose a poco en la cañada +estrechísima y bravía que forman dos altas montañas, cubiertas de +bosques sombríos que trepan cual escuadrones de árboles que quisieran +escalarlas, para desgarrar en su cumbre el seno de las nubes, azuladas a +veces, vaporosas como la flotante túnica de una poética maitagari; +cenicientas otras, flotantes también, pero tétricas como el sudario que +cubre las rígidas formas de un muerto. Era aquella naturaleza agreste y +sombría, y hacíanla pavorosa los muchos saltos de agua que se despeñaban +de los riscos, el continuo lamentar de la corriente del río detenida por +las peñas y la falta de sol que ocultaban ya en aquella hora las dos +altas montañas.</p> + +<p>Currita, sentada en el pescante, sombría como la naturaleza y no como +ella en calma, daba vueltas en su memoria a la carta de Loyola. Sentía +una especie de irritación sorda que no acertaba a comprender quién se la +inspiraba, porque, por un extraño fenómeno que no sabía ella misma +explicar, aquel Pedro Fernández, autor de la carta, causante de la +ofensa, tan sólo acudía a su mente en un lugar secundario, +presentándosele, más bien que como representante, como instrumento de un +ser más poderoso que parecía imponerse a la orgullosa dama, obligándola +a confundirse, y a humillarse, y a callar...</p> + +<p>Un poco más lejos, al volver una punta, vio parados en la vertiente +misma de la montaña a tres de los novicios pequeñitos que habían +entusiasmado a Leopoldina. No estaban solos; había con ellos una vieja +decrépita, cubierta la cabeza con la blanca toca de las caseras +vascongadas, esforzándose por cargar en sus hombros, ayudada de los +novicios, un pesado haz de leña que había puesto en el suelo para tomar +alientos un instante y descansar. Inútil fue su empeño: a los diez o +doce pasos rindióla la fatiga, y el haz de leña, superior a sus fuerzas, +cayó de nuevo en tierra: la mujer se echó a llorar. Los novicios +<span class='pagenum'><a name="Page_414" id="Page_414">[414]</a></span>hablaron entre sí un momento, y uno de ellos, el más fuerte, cargóse +entonces el haz a la espalda y comenzó a trepar por la áspera pendiente, +hacia un caserío ruinoso que se divisaba en la cumbre, pequeño y +escondido cual un nido de pájaros.</p> + +<p>Leopoldina comenzó a alborotar, conmovida a su manera, gritando que +aquellos indecentillos eran unos ángeles del cielo, unos santos +chiquititos a quienes era necesario venerar, y que en cuanto llegara a +la corte había de enviarles a cada uno un par de medias negras, hechas +por sus propias manos, con el estambre más fino que pudiera hallarse... +Riéronse todos; Currita callaba, sin embargo, sintiendo un extraño +enternecimiento que la humillaba y que se apresuraba por lo mismo a +combatir, oponiendo a su benéfico influjo el parapeto del orgullo, del +inquebrantable orgullo, que viene a ser en el alma como la fortaleza del +mal... Aquellos tres novicios, aquellos tres Pedros Fernández en +embrión, humillándose por <i>caridad</i> a una mendiga, hiciéronle comprender +que aquel otro Pedro Fernández habría podido imponérsele por <i>deber</i> a +ella, orgullosa Grande de España, y una luz súbita, semejante a la de un +relámpago que ilumina a la vez que aterra, hízole ver claramente lo que +antes sospechaba: que aquella carta, que aquella ofensa no venía de un +desconocido, de un pobre fraile, de un Pedro Fernández; porque aquella +puerta primera que se le cerraba en la vida, no era la puerta de Loyola, +era la puerta de Dios...</p> + +<p>Sintió frío y pidió a Kate un ligero abrigo en que se envolvió pensativa +siempre y silenciosa... Seguía aquella luz alumbrando en su alma, y a su +reflejo parecióle contemplarse a sí misma por fuera de sí misma, como +debía de contemplarla el desconocido Pedro Fernández, sentada en aquel +pescante al lado de Jacobo... Instintivamente miró a este, y por primera +vez en la vida parecióle lo que no le había parecido nunca: le pareció +<span class='pagenum'><a name="Page_415" id="Page_415">[415]</a></span>un cómplice.</p> + +<p>Rodaba ya el coche por las calles de Villarreal, atravesó el puente que +separa a esta villa de Zumárraga y se detuvo frente a la estación, entre +varias diligencias y coches desenganchados, a la puerta de una conocida +fonda, cuyo extenso comedor se abre a la plaza misma, en la planta baja. +Apeáronse todos; las damas pidieron un cuarto para arreglarse un poco; +los caballeros tiraron cada cual por su lado; Tom Sickles y el prusiano +recogieron el <i>mail-coach</i> y los caballos en una cochera próxima, para +conducirlos a Madrid en el correo del día siguiente: faltaba para la +llegada del tren una hora larga.</p> + +<p>El tío Frasquito, cepillado ya, limpio y resplandeciente, con sus +finísimos guantes de piel de Suecia en una mano y un ligero cabás de +Leopoldina Pastor en la otra, entró en el comedor y pidió un refresco de +grosella... No llegó a tomarlo: una muchacha de las del servicio +apareció dando gritos, sin poder articular, haciendo gestos desesperados +de que la siguiese... En un pasadizo cerca de la cocina, frente a una +puerta entreabierta, estaba Diógenes, tendido boca arriba, con los +brazos en cruz, doblada una pierna, revestido el semblante de una +palidez cadavérica, sobre la que se destacaba sus rojas manchas +granujientas, amoratadas entonces, casi negras: parecía muerto.</p> + +<p>El tío Frasquito dio un chillido y echó a correr, llamando a voces a +Jacobo y a Gorito; acudieron todos los de la fonda y llegó también +Jacobo, mirando el reloj con gesto de grande enfado.</p> + +<p>—¡Hasta para morirse es importuno!—dijo al verse frente a Diógenes.</p> + +<p>Llevábanle ya dos robustos mocetones, hijos del dueño de la fonda, y +pusiéronle en la cama de un cuarto del primer piso. Llegó el médico a +<span class='pagenum'><a name="Page_416" id="Page_416">[416]</a></span>toda prisa, llamado poco antes, y al saber la caída de por la mañana y +después de reconocerle, hizo un siniestro pronóstico: aquello era un +ataque cerebral, efecto de la caída, y si volvía en sí del primero, no +tardaría en sucumbir al segundo.</p> + +<p>Las damas, muy sobrecogidas, no se atrevían a salir del cuarto y mucho +menos a ver al enfermo. María Valdivieso, con profunda compasión, +preguntó si se había puesto muy feo. Leopoldina, con pesar no fingido, +gimoteaba ruidosamente. De pronto, dijo:</p> + +<p>—¿Si traerá el pobrecito dinero?...</p> + +<p>Acercóse mientras tanto el fondista a Jacobo y pidióle órdenes; mas +este, encogiéndose de hombros con estudiada indiferencia, díjole que ni +él ni ninguno de sus compañeros tenían nada que ver con aquel hombre; +que era un amigo, un mero conocido que en Biarritz se les había colocado +en el coche sin que nadie le llamara, y que ni podía responder de él, ni +mucho menos dar órdenes. La hora del tren se aproximaba, y decididos +todos a partir, después de una ligera discusión en que triunfó el más +cruel egoísmo, pusiéronse en marcha. Leopoldina, muy desasosegada, +suplicó entonces a Currita que dejase por lo menos al cuidado de aquel +infeliz a Fritz, su lacayo prusiano. Currita le contestó:</p> + +<p>—Si quiere quedarse esta noche, no tengo inconveniente... Será una mala +noche que pase a su cuenta... Pero lo que es mañana tendrá que marcharse +en el correo: Tom no puede ir solo a Madrid con los seis caballos.</p> + +<p>Fuese entonces Leopoldina al fondista y díjole con grande ahínco:</p> + +<p>—Yo no sé si ese pobrecito traerá dinero... Si no lo trae, todo cuanto +pueda necesitar me lo pone usted en cuenta... Soy hermana del general +<span class='pagenum'><a name="Page_417" id="Page_417">[417]</a></span>Pastor, y mis señas son estas.</p> + +<p>Y se las dio apuntadas con mucho primor en una tarjeta: acercóse también +el tío Frasquito y suplicóle encarecidamente que, no bien muriese aquel +infeliz, se lo avisase al punto por telégrafo; diole entonces su nombre +y señas, y el importe del telegrama: una peseta.</p> + +<p>A las nueve de la noche pareció el enfermo experimentar gran fatiga, y +asustado el dueño de la fonda, mandó llamar al cura párroco para que le +administrase los santos óleos. Pasó, sin embargo, la crisis, y ya cerca +de las doce abrió Diógenes los ojos, y vio delante de sí al fondista, un +hombre gordo, alto, completamente afeitado, sin corbata, calada la +boina, y el chaquetón largo, tipo característico del guipuzcoano de +pueblo acomodado. Tardó algún tiempo el enfermo en coordinar sus ideas, +y diose al fin cuenta de algo de lo que le estaba pasando: un +pensamiento, para él muy pavoroso, acudió el primero a su mente... Con +voz quebrantada, agonizante, que dejaba, sin embargo, traslucir todas +las agonías del terror, las inflexiones de la súplica, las ansias de la +incertidumbre, dijo muy bajo:</p> + +<p>—¿Me llevarán al hospital?...</p> + +<p>Miróle el fondista extrañado, con ira casi, y contestó con toda la +brusca hombría de bien del genuino guipuzcoano:</p> + +<p>—¡Quite usted, caballero, allá!... ¿Usar eso en Guipúzcoa?... +¡Nunca!...</p> + +<p>Diógenes dio un suspiro de descanso y se echó a llorar.</p> +<p><span class='pagenum'><a name="Page_418" id="Page_418">[418]</a></span></p> + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IIdmdash" id="IIdmdash"></a><a href="#toc">—II—</a></h2> + + +<p>Diógenes no se dio cuenta de haber recibido la extremaunción, y +tranquilo en parte por la respuesta del fondista comenzaron a abrirse +paso otros pensamientos entre las espesas nieblas que envolvían su +mente... Mas un sopor pesadísimo, un letargo profundo, que tenía ya +dejos de la muerte, avasallaba a veces todo su ser y esparcía acá y allá +aquellas ideas que se afanaba por coordinar, apareciendo estas entonces +como imperceptibles puntos luminosos flotando en una inmensa bruma, +alejándose lentamente, apagándose poco a poco todos ellos hasta quedar +uno solo, que ora se le presentaba desconsolador como la candela de la +agonía, ora triste como el cirio que arde ante un muerto, ora terrible +como un resplandor de las llamas del infierno: ¡era la idea de morir, +acompañada y rodeada de la incertidumbre de lo eterno!...</p> + +<p>Crecía a veces el letargo y apagaba también aquella luz pavorosa, pero +al fin y al cabo luz, y al verse a oscuras Diógenes, al sentirse caer en +aquel sueño que le parecía el último, en aquella sombra negra en que se +perdía la mirada y en aquel silencio siniestro en que se perdía la voz, +clavaba las uñas en las sábanas y las hacía jirones, como si se agarrase +desesperadamente al borde de la fosa en que le hubieran de enterrar.. y +despertaba, despertaba no bien había pegado los ojos, como si algún +importuno le empujara de improviso, con pesadillas horribles en que los +más ligeros ruidos tomaban proporciones colosales, pareciéndole el rumor +del tren el de una catarata de bronce fundido que se despeñase en sus +orejas; el de los cascabeles de un coche, redobles de mil tambores +golpeando en sus propios tímpanos; el chirrido peculiar de las carretas +vascongadas, el <i>soñua</i> que avisa al casero vasco en las revueltas del +<span class='pagenum'><a name="Page_419" id="Page_419">[419]</a></span>camino, un ruido del infierno que por diabólico prodigio se encarnase +en una sierra candente y le dividiera la masa de los sesos mitad por +mitad... Así pasó la noche; un poco antes del alba desapareció el sopor, +huyó el letargo con sus pesadillas, y un sueño tranquilo le adormeció +entre sus brazos más de dos horas. Un ruido acompasado que hacía mal a +su cabeza y resonaba como un eco amigo en su corazón despertóle +entonces: era la campana de la iglesia que tocaba a Misa.</p> + +<p>Diógenes abrió los ojos y le pareció encontrarse mucho mejor; +incorporóse un poco y creyó hallarse bien del todo: su cabeza estaba +despejada, sus miembros débiles, pero ágiles; hasta le pareció sentir un +poco de hambre, hasta le ocurrió pedir para desayunarse una gran copa de +ginebra con su par de terrones de azúcar. Miró en torno suyo: +chisporroteaba una lamparilla sobre la mesa; una mujer de edad madura +roncaba desapaciblemente al pie de la cama, en un gran butacón, y por +las rendijas de las dos ventanas, cerradas ambas, entraban discretos +rayos de luz, cual si el nuevo día se adelantase de puntillas y +sonriendo a dar la enhorabuena al enfermo. Sentóse este en la cama +alegremente sorprendido, y recobrando con la vida su humor chancero, +tiróle a la mujer lo primero que halló a mano, una almohada, soltando un +gran grito, un ¡polaina! formidable que la hizo saltar en el sillón +despavorida, murmurando algunas palabras en vascuence.</p> + +<p>Mandóle entonces abrir de par en par las dobles puertas de ambas +ventanas, y la luz entró a torrentes y el aire fresco a raudales, +juguetón como un niño, acariciando los blancos cabellos del enfermo, +trayéndole, como un nietecillo cariñoso sus presentes, el olor a búcaro +de la tierra cubierta de rocío, el sano perfume de las montañas, el +alegre trinar de los pájaros, el solemne acento de la campana de la +iglesia, que parecía repetir en su oído como una amorosa voz de lo alto: +<span class='pagenum'><a name="Page_420" id="Page_420">[420]</a></span>¡Ven! ¡Ven!... ¡Qué necios temores los suyos! ¡Qué espantos tan +ridículos los de la noche! ¡Morir! ¿Quién piensa en morir cuando nace el +día, y sube el sol por el azul de un cielo tan bello, y se divisan a lo +lejos las montañas verdes, floridas, doradas por resplandores tan +alegres y risueños?...</p> + +<p>Entró a poco el médico, acompañado del fondista, y Diógenes los recibió +chanceándose con el primero, dirigiendo al segundo cariñosos gruñidos, +expresivas miradas de sus ojos inyectados en sangre, que no carecían de +ternura e iban a demostrar la gratitud que le inspiraba su caritativa +conducta. Mas el médico, registrándole cuidadosamente, haciéndole un +sinfín de preguntas a que Diógenes contestaba entre mohíno y risueño, +levantólo los párpados que encubrían a medias dos pupilas dilatadas y +sanguinolentas, faltas de convergencia, y meneó la cabeza +siniestramente... El primer ataque había pasado, pero ya estaban allí +los síntomas del segundo, y era imposible que aquella naturaleza, +alcoholizada por completo, pudiera resistir a su tremendo empuje. Cruzó +entonces con el fondista algunas palabras en vascuence, que escuchaba +Diógenes mirando a uno y otro lleno de inquietud, y de repente, sin +paliativos ni preámbulos, díjole con rudeza campesina que la muerte se +aproximaba sin remedio y érale necesario aprovechar aquellos momentos +lúcidos que el mal le concedía, para arreglar sus negocios con los +hombres y saldar sus cuentas con Dios.</p> + +<p>El golpe fue cruel, porque al oírle, Diógenes sintió que le arrancaban +de allá, muy hondo, algo que era la esperanza de la vida, la más +arraigada de todas las esperanzas, por ser la última, que no se arranca +nunca sin llevarse detrás lágrimas de los ojos y sangre del corazón... +Cególe un movimiento feroz de ira, porque nada hay más ilógico que el +terror, y pareciéndole aquello un robo descarado que venía a hacerle, +revolvióse furioso contra el médico como si fuera él quien pretendiera +<span class='pagenum'><a name="Page_421" id="Page_421">[421]</a></span>hacerle el hurto, y arrojóle a la cara cuantas injurias y obscenidades +encontraron en la sentina de su alma la cólera y el horror... Asustados +y sorprendidos el médico y el fondista, retiráronse al punto, dejando a +Diógenes solo, revolcándose furioso, comprendiendo por la postración y +la angustia que le embargaron al punto tras su arrebato, que el médico +no exageraba ni mentía, que la muerte se aproximaba, en efecto, y que +era forzoso condenarse o capitular..</p> + +<p>Créese, con razón, que nada hay tan horrible como sondear la conciencia +de un pecador endurecido en el trance de la muerte; supónense tras aquel +rostro lívido y desencajado luchas aterradoras que sostienen el imperio +del mal y la moción del bien, fantasmas pavorosos que se levantan en la +conciencia, combates encarnizados que traban en torno de aquella alma +empedernida el ángel del arrepentimiento y el demonio de la +impenitencia. Horrible es esto; pero hay allí lucha, y donde hay lucha +hay siempre una esperanza, una probabilidad de vencer... Por eso +sobrepuja a este horror aquel otro horror que suele encontrarse tras +aquellas pupilas vidriosas, aterradoras en esos momentos, cual la puerta +siniestra ante la cual se sintió Dante desfallecer y vacilar: el +marasmo, la quietud horrible de un alma que se hunde poco a poco en lo +eterno, dándose cuenta de ello, pero sin que crucen por su mente más que +ideas triviales, bagatelas con que procura distraerse y divertirse, +ocultándose a sí propia el abismo, hasta que la muerte descarga de +súbito la guadaña, y despierta de improviso aherrojada ya en lo profundo +del infierno. ¡Letargo letal, pendiente horrible que, sin un prodigio de +la divina gracia, va a parar derecha a la condenación eterna!...</p> + +<p>Este fue el estado de Diógenes al quedarse solo, y rabioso y fatigado se +dejó caer en las almohadas, volviéndose de cara a la pared. El +pensamiento del infierno cruzó el primero su mente, mas se distrajo en +seguida mirando el feísimo papel verduzco que tapizaba las paredes, +<span class='pagenum'><a name="Page_422" id="Page_422">[422]</a></span>cruzado de arriba abajo por guirnaldas de flores, entre las cuales se +entrelazaban largas ristras de micos que subían hasta el techo en +actitudes grotescas, dándose todos las manos: pareciéronle diablillos +aquellos feos animalejos y púsose a contarlos uno a uno, haciendo para +seguirlos esfuerzos increíbles con la vista, y contando en todo lo que +con ella abarcaba más de quinientos veinte...</p> + +<p>La mujer que había velado durante la noche estaba allí, sentada en un +rincón, haciendo calceta; llamáronla desde fuera un momento y Diógenes +pensó entonces que también a él le llamaban a dar cuenta, y encontró al +punto la respuesta en uno de sus mil cuentos chocarreros que le puso +delante la memoria.</p> + +<p>Confesábase un gitano, ladrón empedernido y díjole el cura:—¿Qué +harías, infeliz, si el Juez Supremo te llamara ahora al juicio?—¿Pues +qué había de jacer?... ¡No dir!...</p> + +<p>—¡No ir!... ¡No ir!...—repetía Diógenes, y púsose a combinar al punto +un fantástico viaje de huida, en que se le figuraba subir al coche que +acababa de parar en la puerta, cuyos sonoros cascabeles llegaban a su +oído taladrándole la cabeza, y correr a escape a San Sebastián, y +embarcarse allí para el fin del mundo, huyendo como Caín de aquel juez +que le perseguía, dando vueltas por la tierra, vueltas y más vueltas, +que vinieron por fin a marearle, produciéndole bascas terribles, entre +las que creyó ver asomar ya la guadaña de la muerte... ¡La muerte! Aquel +maldito despertador que estaba sobre la mesa se la recordaba de +continuo, pareciéndole que al compás de su siniestro tic-tac regulaba su +paso, rapidísimo como nunca, y lleno de ira mandó a la mujer que lo +parase; mas entendió esta que quería verlo para enterarse sin duda de la +hora que apuntaba, y apresuróse a llevárselo... Diógenes, arrancándoselo +de la mano con un arrebato feroz de rabia, estrellólo contra la pared de +<span class='pagenum'><a name="Page_423" id="Page_423">[423]</a></span>enfrente, haciéndolo trizas.</p> + +<p>Mientras tanto, enviábale el cielo un auxilio inesperado en aquel mismo +coche en que su desasosegada imaginación fantaseaba huir del Juez +Supremo; en él volvía de Zaldívar, cuyas aguas medicinales tomaba todos +los años, la marquesa de Villasis, con su nieta Monina, el aya de esta, +una doncella, un mayordomo viejo que la acompañaba en todos sus viajes y +un criado antiguo que venía en el pescante; era su idea alcanzar el +sudexpreso que pasa por Zumárraga a las dos y media y estar en Madrid +aquella noche misma. Trabó al punto conversación el fondista con don +Federico, el mayordomo, y preocupado con la estancia de Diógenes en la +fonda, contóle su percance y sus apuros. Sorprendido el viejo, +apresuróse a dar a la marquesa aquella nueva que tanto había de +interesarla, y esta, profundamente conmovida, quiso al punto ver al +moribundo; reflexionando, sin embargo, un momento, y deseosa de ir sobre +seguro, hizo llamar al fondista para conocer antes, en todos sus +detalles, aquella triste aventura, cuyo fúnebre desenlace estaba ya a la +vista. Mas no bien supo que el médico no garantía la vida del enfermo +más allá de la medianoche, creyó saber bastante, y dio al punto a don +Federico la orden de suspender el viaje y pedir cuartos para todos allí +mismo, en la fonda. Entróse en seguida en el despacho mismo del fondista +y escribió rápidamente al superior de Loyola, pidiéndole que enviase un +padre a toda prisa para auxiliar a un moribundo, cuyo nombre y condición +le manifestaba en la carta. Un propio a caballo partió a galope a llevar +esta, y una hora después estaba ya entregada.</p> + +<p>La marquesa pensó entonces en ver al enfermo; mas antes, temerosa de que +su presencia repentina pudiera causarle alguna emoción violenta, pidió +al fondista que fuese a anunciarle poco a poco su llegada. Subieron +ambos hasta la misma puerta que se abría a un corredor, y el fondista +<span class='pagenum'><a name="Page_424" id="Page_424">[424]</a></span>asomó tímidamente la cabeza. Diógenes, muy postrado, con la repugnante +cabezota hundida en las almohadas, tendidos ambos brazos sobre la +colcha, y arrollando entre las manos las sábanas sin notarlo, comenzaba +a sentir de nuevo aquel horrible sopor, aquel letargo siniestro que le +había atormentado la noche antes... Adelantóse el fondista unos pasos, +dejando la puerta entreabierta, y díjole en voz alta:</p> + +<p>—Señor..., señor... Aquí tiene visita...</p> + +<p>Torció Diógenes un poco la cabeza y balbuceó con ira:</p> + +<p>—¿Visita?... ¿Quién?... ¿El enterrador?... ¡Polaina!... ¡Que +aguarde!...</p> + +<p>—Es una señora...</p> + +<p>—¿Una señora?... ¡Polaina!</p> + +<p>Y soltó una atrocidad, una indecencia que aturdió por completo al +fondista e hizo enrojecer a la marquesa detrás de la puerta, con ese +santo rubor que realza tantas veces a los fuertes y castos ángeles de la +caridad que sirven en los hospitales, sin asustarles por eso, ni +hacerles huir de la cabecera de ciertos enfermos. El fondista, muy +turbado, quiso terminar de un golpe, diciendo:</p> + +<p>—Es la señora marquesa de Villasis.</p> + +<p>Diógenes dio una gran voz, un grito doloroso, como si acabara de +pronunciar una blasfemia; quiso arrojarse de la cama, incorporarse +siquiera, y le faltaron las fuerzas, cayendo pesadamente, levantando los +brazos, agitando las manos, lanzando bramidos ininteligibles, extraños +<span class='pagenum'><a name="Page_425" id="Page_425">[425]</a></span>balbuceos que parecían retratar la emoción de una fiera agonizando en +su caverna. La marquesa se adelantó entonces, y sin asco ni temor apretó +entre las dos suyas aquellas manos sudorosas.</p> + +<p>—¡María!... ¡María!...—exclamaba Diógenes.</p> + +<p>—¿Qué es eso, Perico?... ¿Qué es eso, hombre?—decía ella dulcemente, +inclinando su rostro lleno de lágrimas sobre el desencajado del viejo.</p> + +<p>—¡Me muero, María!... ¡Me muero!... Te saliste con la tuya... No es en +el hospital, pero es de caridad... En la fonda.</p> + +<p>—¿Y qué importa?... Más cerca del cielo está la cama de un hospital que +la de un palacio.</p> + +<p>Diógenes calló sollozando, y la marquesa fue a dar otro paso adelante; +mas el moribundo, sin dejar de sollozar, preguntó entonces:</p> + +<p>—¿Y Monina?</p> + +<p>—Abajo está... ¿Quieres verla?...</p> + +<p>—¡Sí..., sí quiero!... ¡Angelito!... Le daré un beso..., ¿verdad?... +¿Me dejas?... ¡Será el último, María!... ¡Le besaré el zapatito..., nada +más que el zapatito!... ¡Anda, por Dios te lo pido, déjame!... Si no le +dará asco...</p> + +<p>La marquesa, conmovida hasta lo sumo, pareció tener entonces una +inspiración repentina: desprendió sus manos de las de Diógenes, que se +las sujetaba fuertemente, y dijo:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_426" id="Page_426">[426]</a></span></p><p>—Espera un poco... Voy a traértela...</p> + +<p>Fuera ya de la estancia enjugóse precipitadamente las lágrimas para no +asustar a Monina, y sentando a esta en sus rodillas, púsose a explicarle +muy bajo y con gran vehemencia algo que debía de ser importante... +Escuchábala la niña con los ojos muy abiertos, con ese aire de atención +profunda que revela a veces en los niños un instinto superior a sus años +para adivinar lo peligroso o lo terrible; cuando cesó de hablar su +abuela, dijo que sí con la cabeza... Besóla esta en la frente con amor +inmenso y volvió a repetirle con gran cuidado lo que antes le había +dicho, recalcando mucho algunas frases; Monina, sin decir palabra, +volvió a decir que sí con la cabeza. Tomóla entonces la dama de la mano +y entró con ella en el cuarto de Diógenes; púsola sobre la cama sin +decir palabra, y salió de la estancia, cerrando la puerta.</p> + +<p>¿Qué sucedió entonces?... ¿Comprendió realmente aquel ángel de seis años +el encargo de su abuela? ¿Habló por su inocente boca el ángel de la +guarda de Diógenes?... Es lo cierto que la niña, sin asustarse de +aquella horrible cabeza desgreñada, en que se pintaba ya la agonía de la +muerte, sin mostrar repugnancia al asqueroso vaho que exhalaba el sudor +del enfermo, hundió sus rosadas manitas en las blancas patillas del +viejo, y tirando de ellas a medida que hablaba, según su antigua +costumbre, díjole muy bajo, poniendo sobre el oído de él su roja +boquita:</p> + +<p>—Teno biscochos de Mendaro y te daré uno... Y no me traíste la muñeca +que dicía papá y mamá; pero mamá abuela me compró un niño llorón grande, +grande... Y dice mamá abuela que te vas a morí, y si quieres confesá... +y yo rezaré por ti cuando rece por mi papá y por mi mamá y por el +abuelito, que están en el cielo... Y yo iré también... ¿Tú quieres i?... +<span class='pagenum'><a name="Page_427" id="Page_427">[427]</a></span>¡Pues confiesa!...</p> + +<p>Y Monina, cumplida su misión, diole un beso en la frente, escurrióse de +la cama y echó a correr hacia la puerta. Diógenes lanzó tal sollozo, que +pareció romperse su pecho, como si le estallara el corazón dentro; +crujió la cama a los violentos impulsos de su cuerpo, y agitando los +brazos en alto, balbuceaba con la lengua cada vez más torpe:</p> + +<p>—¡Quiero!... ¡Quiero!... ¡Quiero confesar!... ¡María..., María!... +¿Oyes lo que dice la niña?... ¡Quiero confesar!... ¿Pero con quién..., +con quién?... ¿Quién me confiesa a mí, Dios mío?... ¿Dónde hay espuerta +tan sucia que reciba mis pecados?... ¡Soy un infame, un perverso!... ¡Me +pesa, Dios mío, me pesa!...</p> + +<p>Y con ambos puños cerrados se daba terribles golpes en el pecho, que +retumbaban en todo el aposento y le hacían toser horriblemente, y le +produjeron a poco un ligero vómito de sangre... Monina, falta ya de +valor al verse al lado de allá de la puerta, agarrábase, con los labios +blancos, a las faldas de su aya, preguntando muy bajito:</p> + +<p>—¿Se ha morido ya?...</p> + +<p>Mientras tanto, procuraba la marquesa sosegar a Diógenes, diciéndole que +había mandado a toda prisa a Loyola por un padre jesuita, que debía de +llegar de un momento a otro. Diógenes exclamó:</p> + +<p>—Con ellos me eduqué... Pero no lo digo nunca... ¡Los deshonro!...</p> + +<p>Aquella emoción violentísima parecía haber despejado las facultades del +enfermo, mas su físico resentíase de ella y veíasele perder fuerzas por +momentos. La marquesa pidió un crucifijo, y poniéndoselo delante, díjole +<span class='pagenum'><a name="Page_428" id="Page_428">[428]</a></span>que hiciera ante él examen de conciencia, en tanto que llegaba el +padre; tomólo Diógenes con ambas manos y besólo devotamente, mas dejólo +caer a poco sobre la colcha, llorando desconsolado.</p> + +<p>—¡Si no sé, María!... ¡Si no me acuerdo!...</p> + +<p>—No te apures, hombre, yo te enseñaré en un momento...</p> + +<p>Y púsose con gran cariño a explicarle el modo de hacer examen de +conciencia, escuchándola Diógenes atentamente, mirando a veces el +crucifijo. Cuando la marquesa cesó de hablar, díjola él con sencillez de +niño:</p> + +<p>—Se me va a escapar algo... Lo mejor será que te lo diga a ti todo..., +y tú se lo dices luego al padre..., y entre los dos ven si falta algo...</p> + +<p>—¡No, hombre, si no es preciso!—replicó la marquesa sin poder contener +una sonrisa—. Piensa tú ahora, y luego el padre te ayudará.</p> + +<p>Largo rato permaneció Diógenes silencioso, sosteniendo con ambas manos +el crucifijo, fijos en él los ojos. A veces levantaba su pecho el +temblor de un sollozo, y lágrimas abundantes corrían por sus mejillas; +besaba entonces los pies del Cristo, entornaba los párpados y parecía +rezar... La marquesa habíase sentado a los pies de la cama, en el gran +butacón, y rezaba el rosario. Sonaron los cascabeles de un coche, y la +dama hizo un movimiento para levantarse.</p> + +<p>Diógenes abrió los ojos muy azorado.</p> + +<p>—María... ¿Te vas?...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_429" id="Page_429">[429]</a></span></p><p>—No..., iba a ver si llegaba el padre.</p> + +<p>—¿Pero no te irás?...</p> + +<p>—No, hombre, descuida; no me voy...</p> + +<p>—¿Estarás aquí hasta que muera?...</p> + +<p>—Hasta que mueras estaré—replicó ella dulcemente.</p> + +<p>Diógenes cerró los ojos, sosegado y tranquilo, como el niño que se +duerme a la vista de su madre... Al cabo de un gran rato, dijo:</p> + +<p>—María..., no me acuerdo del Credo... ¿Cómo era aquello?... «Subió a +los cielos y está sentado...» ¿Dónde está sentado?...</p> + +<p>—«A la diestra de Dios Padre»—dijo sonriendo la marquesa.</p> + +<p>—«Todopoderoso»—prosiguió Diógenes; y terminó lentamente y en alta voz +el símbolo de la fe, besando luego con grande afecto el crucifijo.</p> + +<p>Entreabrióse a poco la puerta y asomó la cabeza del fondista, diciendo +que dos padres de Loyola habían llegado. La marquesa quiso levantarse +para salir a su encuentro; mas Diógenes, con gran sobresalto, apresuróse +a decir:</p> + +<p>—¡María..., no te vayas! Que entren ellos... ¿Para qué has de ir tú?...</p> + +<p>Abrióse entonces la puerta para dar paso a una extraña figura que +sorprendió a la marquesa e hizo a Diógenes echarse atrás en la almohada, +al verla adelantarse hacia él extendiendo los brazos: hubiérase dicho +<span class='pagenum'><a name="Page_430" id="Page_430">[430]</a></span>que la muerte en persona, cubierta con la sotana de un jesuita, se +presentaba en el aposento. Era un viejo alto y descarnado, hasta el +punto de traslucirse todos sus huesos; traía una vieja sotana ceñida a +la cintura por un orillo de que pendía un rosario, y escapábanse de su +gran becoquín largos mechones blancos. Andaba lentamente, tambaleándose, +con las manos extendidas como si temiese tropezar, porque estaba medio +ciego, y así llegó sin ver a la marquesa hasta el lecho de Diógenes, y +allí comenzó a palpar hasta tropezar con una mano de este; entonces, con +sonrisa de niño que contrastaba con sus cabellos blancos, con voz +cascada pero dulce, que el asma atroz que padecía tornaba un poco +premiosa, dijo muy bajo:</p> + +<p>—¡Perico..., Periquito..., hijo mío! Soy yo... ¿No me conoces?</p> + +<p>Asombrado Diógenes, miraba aquella extraña aparición sin acertar a decir +palabra, e interrogaba con la vista, ora a la marquesa, ora a otro padre +más joven que tras el viejo había entrado; este añadió:</p> + +<p>—Soy el padre Mateu..., tu inspector del Colegio de Nobles... ¿Te +acuerdas?...</p> + +<p>—¡Sí!... ¡Sí me acuerdo!—exclamó Diógenes con una gran voz, +estrechando entre las suyas, sin soltar el crucifijo, aquella mano +helada de esqueleto, que llevó con gran vehemencia a sus labios.</p> + +<p>El viejo, con su serena sonrisa de niño, volvió el rostro hacia su +compañero, diciendo con satisfacción íntima:</p> + +<p>—¡Se acuerda..., se acuerda!... ¡Bien lo decía yo!... ¡Sí, por cierto!</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_431" id="Page_431">[431]</a></span></p><p>—¡Sí que me acuerdo!—repetía Diógenes con grande ahínco—. Usted fue +muy bueno para mí, y me quería, ¡oh, sí!, me quería mucho..., y me +enseñó a rezar el <i>Bendita sea tu pureza</i>, y luego las tres Ave +Marías... que decía usted alcanzaban de la Virgen misericordia...</p> + +<p>—¡Y lo digo, Perico, lo digo!—repuso gravemente el viejo—. La +alcanzan, sí, por cierto... Y en ti mismo lo ves ahora..., porque tú las +habrás rezado...</p> + +<p>—¡Sí, padre, sí..., siempre, siempre! Y se las enseñé a Monina... Ni +una noche las dejé, aunque hubiese...</p> + +<p>El viejo le atajó con gran viveza la palabra:</p> + +<p>—¿Lo ves?... ¿Lo ves cómo la Virgen Nuestra Señora te concedió la +misericordia?... Yo se lo pedía, se lo pedía—y sin dejar de sonreír +cruzaba las manos y las levantaba, mirando al cielo con expresión +beatífica—, porque me dijo Miguelito Tacón hace algún tiempo, cuando lo +vi en Cuba de capitán general, el año treinta y cinco, que andabas..., +vamos..., un poco alegre... ¡Y mira qué buena fue nuestra Madre!... +¡Porque lo viese yo, me ha conservado ochenta y seis años, Perico, +ochenta y seis años!... Sí, por cierto...</p> + +<p>Diógenes, cada vez más postrado, lloraba en silencio; el viejo, buscando +a tientas la mano del enfermo, añadió apretándosela con todas sus +escasas fuerzas:</p> + +<p>—Porque tú querrás que yo lo vea... ¿No es verdad, Perico?... Querrás +confesarte...</p> + +<p>—¡Sí, padre..., sí quiero! ¡Con usted... Ahora mismo!—exclamó Diógenes +<span class='pagenum'><a name="Page_432" id="Page_432">[432]</a></span>tendiendo los brazos hacia él, como un niño que llama a su madre.</p> + +<p>Y el otro viejo, sin dejar de sonreír, pero rompiendo también a llorar, +se arrojó en ellos murmurando:</p> + +<p>—¡Ochenta y seis años!... ¡Ochenta y seis años esperándote!...</p> + +<p>Mientras tanto, la marquesa de Villasis y el otro padre habíanse salido +del cuarto, y aquel explicaba a la dama la historia del viejo. El padre +Mateu había conocido a Diógenes muy pequeñito, en el Colegio de Nobles, +y enterado de que se hallaba moribundo en Zumárraga, pidió permiso al +superior para ir a auxiliarle; negóselo este, temeroso de que en su edad +avanzadísima le costara aquella obra de caridad la propia vida, mas el +anciano instóle con tanto afán, suplicóle con tal ahínco, asegurándole +con convicción tan profunda que Dios le había conservado ochenta y seis +años sólo para aquello, que el superior no pudo menos de darle gusto.</p> + +<p>A través de la puerta cerrada oíanse a veces los sollozos de Diógenes, y +escuchábanse otras los gritos de horror que él mismo se inspiraba a sí +mismo, seguidos del llanto de la contrición, desolado, abundante, pero +dulce y sin amargura, como lo es el de todo dolor que se apoya en la fe +y en la esperanza. Sonó al cabo de una hora una campanilla dentro del +cuarto, y la marquesa y el otro jesuita se apresuraron a entrar... El +padre Mateu estaba sentado a la cabecera del lecho, extenuado y +jadeante, como si en aquella hora escasa hubiera perdido el corto resto +de fuerzas que le quedaban. Dos hilos de lágrimas que iban a perderse en +sus blancas patillas brotaban de los ojos de Diógenes; con una leve +señal llamó a la marquesa, y díjole al oído con sencilla expresión de +gozo inefable:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_433" id="Page_433">[433]</a></span></p><p>—Dice el padre Mateu... que Dios me ha perdonado...</p> + +<p>Y luego, con el profundo desprecio del pecador que se considera a sí +mismo, con la cristiana humildad del hombre que se ve a dos pasos de +convertirse en tierra, añadió muy bajo, como si fuera su voz un débil +quejido, queriendo y no pudiendo levantar una mano para golpearse el +pecho:</p> + +<p>—¡A mí!... ¡A mí!</p> + +<p>Hizo entonces el otro jesuita que el padre Mateu se volviese a Loyola +antes que cerrase la noche, acompañándole don Federico en el coche que +esperaba, y los dos ancianos, los dos moribundos, separáronse sin pesar, +como dos amigos que en el dintel de un palacio en que han de entrar por +puertas distintas se estrechan la mano diciéndose: ¡Hasta luego!...</p> + +<p>Pensóse entonces en traer el santo Viático al enfermo, y este acogió la +noticia entornando los ojos con humildad profunda, diciendo siempre:</p> + +<p>—¡A mí!... ¡A mí!...</p> + +<p>De allí a poco viole la marquesa agitarse mucho, gemir profundamente, +revolver los ojos azorados; acercóse a él... Habíasele olvidado un +pecado muy gordo, muy gordo..., y antes que tuviera tiempo la dama de +llamar al padre, decíale ya él con gran trabajo:</p> + +<p>—Yo..., por divertirme..., por fastidiarle..., escribía todos los días +una carta a Frasquito... diciéndole: ¡Mentecato!... ¡Cuatro meses le +escribí!... Cuando Jacobo volvió de Italia, dejé de hacerlo... Me lo +pidió él: decía que le interesaba... Tú le pedirás perdón a Frasquito... +¡Me pesa! ¡Me pesa!...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_434" id="Page_434">[434]</a></span></p><p>Llegó el Viático, y recibiólo el enfermo con muchas lágrimas y cierta +especie de pavor afectuoso y humilde, que le hacía repetir de continuo:</p> + +<p>—¡A mí!... ¡A mí!...</p> + +<p>Entonces pidió la extremaunción, y dijéronle que ya la había recibido la +víspera; mas él, con gran sencillez, quiso recibirla de nuevo.</p> + +<p>—Si no me enteré—decía—. Que me la den otra vez; así iré más limpio.</p> + +<p>A las siete hallábase aún bastante entero, y dando una gran voz de +repente, llamó a Monina... La marquesa hizo traer a la niña y púsola, +como por la mañana, frente a él, encima del lecho; la inocente criatura +agarrábase asustada al cuello de su abuela y miraba al enfermo con los +ojos muy abiertos, sorprendida y silenciosa, sin atreverse a llorar. El +moribundo quiso levantar una mano y no pudo; miró a la niña con ternura +inmensa, y haciendo un penoso esfuerzo, dijo:</p> + +<p>—Yo te enseñaré... <i>Bendita sea tu pureza</i>... Dilo.</p> + +<p>Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas y su pechito comenzó a +estremecerse como el de un pájaro asustado; su abuela le dijo al oído:</p> + +<p>—Dilo, hija mía... Si lo sabes tú, dilo...</p> + +<p>La niña cruzó las manitas y comenzó su oración, repitiéndola Diógenes en +voz baja, muy lenta, con cierta especie de solemnidad augusta que +recordaba las notas de un órgano acompañando el canto de un ángel:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class='pagenum'><a name="Page_435" id="Page_435">[435]</a></span><span class="i0">Bendita sea tu pureza<br /></span> +<span class="i0">Y eternamente lo sea,<br /></span> +<span class="i0">Pues todo un Dios se recrea<br /></span> +<span class="i0">En tu graciosa belleza.<br /></span> +<span class="i0">A ti, celestial Princesa,<br /></span> +<span class="i0">Virgen sagrada María,<br /></span> +<span class="i0">Yo te ofrezco en este día<br /></span> +<span class="i0">Alma, vida y corazón.<br /></span> +<span class="i0">Mírame con compasión...<br /></span> +</div></div> + +<p>Apagóse aquí la voz de Diógenes, y oyóse tan sólo la temblorosa vocecita +de Monina, que por un infeliz error o por una inspiración del cielo, +equivocaba el último verso:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">¡No <i>le</i> dejes, Madre mía!<br /></span> +</div></div> + +<p>Diógenes ya no la oía: comenzaba entonces el estertor, y su angustioso +resuello interrumpíase a veces por más de un minuto. Lleváronse a la +niña; la marquesa y el jesuita se arrodillaron y comenzaron a rezar la +recomendación del alma; a las once menos cuarto, sin ningún +estremecimiento, sin verdadera agonía, sin soltar de las manos el +crucifijo, abrió un poco la boca y expiró.</p> + +<p>A la otra mañana, cuando después de la solemne misa de <i>réquiem</i> que +hizo celebrar la marquesa en Zumárraga, volvió el jesuita a Loyola, oyó +que las campanas de la iglesia tocaban también a muerto... Había +fallecido aquella noche el padre Mateu; encontráronle al amanecer ya +frío, tendido en su lecho. Tenía en las manos el rosario y vagaba aún en +<span class='pagenum'><a name="Page_436" id="Page_436">[436]</a></span>sus labios su pura sonrisa de niño; sobre su frente, amarilla como el +marfil antiguo, un nimbo de cabellos blancos realzaba el tipo más +peregrino de belleza moral que puede fingirse el hombre: la inocencia +con la cabeza blanca...<a name="FNanchor_19_19" id="FNanchor_19_19"></a><a href="#Footnote_19_19" class="fnanchor">[19]</a></p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IIIdmdash" id="IIIdmdash"></a><a href="#toc">—III—</a></h2> + + +<p>Muchos y graves sucesos habían tenido lugar desde que al terminar el +libro anterior dejamos a Jacobo camino de Italia, hasta que hemos vuelto +a encontrarle en la carretera de Guipúzcoa, guiando, al lado de Currita, +el <i>mail-coach</i> con seis caballos. Y fue el primero la aparición de un +extraño fenómeno a las puertas de Madrid, que vino a causar al marqués +de Villamelón un pavor tan grande, como no lo causó nunca Catilina a las +puertas de Roma, ni Mahomet II a las de Constantinopla, ni Isabel la +Católica a las de Granada, ni Guillermo I a las de París. ¡La +trichina!...</p> + +<p>Aquello era un dolor y un horror; tener que renunciar con severidad +israelítica al jamón extremeño, rosado y aromático, y al salchichón de +Génova, matizado como un mosaico, o exponerse a tragar el endiablado +microbio que el atribulado Fernandito seguía con la imaginación en todas +sus transformaciones, viéndole alargarse, alargarse hasta convertirse en +tenia, y engordar, engordar luego hasta trocarse a costa de los jugos de +su estómago en una serpiente boa, igual a las que había visto tragarse +gallinas y conejos y aun cabritos, con la facilidad con que se tragaba +él, una tras otras, un barrilito entero de aceitunas sevillanas.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_437" id="Page_437">[437]</a></span></p><p>Sucedía esto a los ocho o diez días de la repentina marcha de Jacobo, y +entre aflicciones de espíritu, quebrantamientos de estómago y apreturas +de entendimiento, recibió Villamelón una cariñosa carta de este tierno +amigo, en que, con previsión amorosísima y delicadeza exquisita, le +enviaba una receta infalible contra la trichina, recogida de los labios +mismos de los hermanos Tramponetti, fabricantes de embutidos en la +salchichonesca Génova. La receta era bien sencilla: bastaba pasar tres +veces por el hervor de agua ordinaria las carnes de cerdo y los +utensilios en que hubieran estas de cocinarse. Fernandito, creyéndose en +posesión de un talismán precioso, corrió a dar la noticia a su cara +esposa Currita, dispuesto a pasar por agua todos los jamones de su +despensa, todas las cacerolas de su cocina y todos los pinches de ella, +con el cocinero a la cabeza. ¿Y por qué no?... Días antes relataba un +periódico que el emperador de Birmania había mandado enterrar vivas a +setecientas personas para aplacar los espíritus diabólicos que habían +esparcido por sus Estados la viruela negra. ¿Por qué no había él de +hervir a un cocinero y tres pinches para librar de la trichina a su +persona y a la de sus deudos y amigos?</p> + +<p>Currita recibió la noticia con frialdad aterradora y negóse rotundamente +a hacer uso de la receta, con cierta especie de rencorosa terquedad, +impropia del caso; también ella había recibido aquel día carta cariñosa +de Jacobo, fechada asimismo en Milán, hablándole vagamente de grandes +peligros y grandes negocios, y prometiéndole, con la fatua seguridad de +quien presume ser esperado con ansia, el gozo imponderable de su próximo +regreso y la explicación satisfactoria de su repentina marcha.</p> + +<p>—¡Excelente amigo!—exclamaba Villamelón—. Ahora mismo voy a +contestarle dándole las gracias...</p> + +<p>Currita abrió la boca con un gesto de ira como para decirle algo, y +<span class='pagenum'><a name="Page_438" id="Page_438">[438]</a></span>dominándose repentinamente, la volvió a cerrar, diciendo a poco con su +suavidad acostumbrada:</p> + +<p>—Pues mira... mándame la carta y le pondré yo cuatro letras; así me +ahorro de escribirle largo...</p> + +<p>Media hora después presentábale un lacayo en una bandeja de plata la +carta de Fernandito, y la dama, después de leerla, hízola mil pedazos +con extraños gestos de rabia... Otras dos cartas de Jacobo habían +llegado en aquel mismo día a la corte: una larga y enfática para el +marqués de Butrón, llena de mentiras y enredos, que sin engañar del todo +al presuntuoso diplomático, hiciéronle comprender que lejos de +emanciparse el joven Telémaco de su tutela, la necesitaba más que nunca, +y podía, por tanto, seguir explotándole en sus trabajos políticos. Había +leído en La Bruyère, y hecho suya, aquella sentencia muy común entre +políticos y no políticos, que despojaba él del tinte de finísima ironía +con que su autor la escribe: «Aun los Grandes y ministros mejor +intencionados necesitan tener a su lado bribones; su uso es muy delicado +y se necesita saber manejarlos, pero hay ocasiones en que no pueden ser +suplidos por otros. Honor, virtud, conciencia, cualidades siempre +respetables y a menudo inútiles. ¿Qué queréis a veces que se haga con un +hombre de bien?».</p> + +<p>Era la otra carta, larga también, para el tío Frasquito, escrita con +grandes visos de misterio, asegurándole haber conjurado el peligro a +fuerza de astucia y de dinero, y prometiéndole la completa extirpación +del misterioso «¡Mentecato!» en cuanto llegara él a Madrid y pudiera +comunicar a las logias las órdenes que de Italia llevaba. Firmaba esta +carta con un nombre supuesto, no ponía en ella fecha ninguna, y +encargábale mucho quemarla después de leída y aventar luego las cenizas. +<span class='pagenum'><a name="Page_439" id="Page_439">[439]</a></span>Hízolo así el tío Frasquito, lleno de miedo, y creyendo ya poder +aventurarse a salir con algunas precauciones, presentóse aquella noche +en casa de Currita, en el taller de las hilas, tosiendo lastimosamente y +ofreciendo a todas las damas caramelitos de rosa, único remedio para la +<i>horrible</i> tos que le había dejado el pertinaz <i>catarro</i>.</p> + +<p>Currita no contestó a Jacobo, y extrañado este, tornó a escribirle, sin +obtener tampoco respuesta. Alarmóse entonces el futuro ministro y +escribió a Butrón pidiéndole categóricas explicaciones de aquel +obstinado silencio que le hacía sospechar en la dama algún +resentimiento, peligroso siempre y funesto en aquellas circunstancias, +en que la amistad íntima y la repleta caja de los consortes Villamelón +le eran de todo punto indispensables.</p> + +<p>Con mensurado tono y severidad paterna contestó entonces <i>el sabio +Mentor</i> al <i>joven Telémaco</i>, enterándole del regalo hecho por +mademoiselle de Sirop a la <i>kermesse</i>, del justo enojo de Currita al +recibir aquel ultraje, que revelaba la traición del amigo íntimo a quien +tantos beneficios había prodigado, y de la ferocidad con que las lenguas +murmuradoras se habían echado sobre la aventura, comentándola y riéndola +a mandíbula batiente. El <i>sesudo Mentor</i> terminaba con protectora +solicitud y paternal indulgencia: «Tu ligereza ha sido grande; pero +inventa una disculpa, apresúrate a venir y trataremos de arreglarlo».</p> + +<p>Jacobo no se hizo repetir el aviso, y cinco días después <i>el joven +Telémaco</i> y <i>el sabio Mentor</i> se presentaban en el <i>boudoir</i> es decir, +abordaban a las playas de la isla de Ogigia, retiro encantador de <i>la +invulnerable Calipso</i>... La escena debió de ser conmovedora; mas ninguna +ninfa hizo traición a la diosa, revelando lo que oyó o pudo ver en la +misteriosa gruta, e ignórase al presente cómo llegaron los tres +personajes a la perfecta avenencia que todo Madrid pudo observar desde +<span class='pagenum'><a name="Page_440" id="Page_440">[440]</a></span>entonces entre ellos. Corrió, sin embargo, a los pocos días por los +periódicos la noticia de que el marqués de Sabadell había acusado de +ladrona ante los tribunales a cierta aventurera francesa llamada +mademoiselle de Sirop; súpose más tarde que esta había desaparecido, y +murmuróse, por último, muy sotto voce, que el mismo marqués, su acusador +público, la tenía escondida en su casa: nadie pudo comprobar, sin +embargo, la exactitud de este hecho inexplicable.</p> + +<p>Las cosas quedaron, pues, como estaban un mes antes y tan sólo Jacobo +pudo notar en Currita, con harto despecho suyo, esa extraña anomalía de +la mujer, que consiste en mostrarse servilmente sumisa con el hombre que +la oprime y ferozmente tirana con el que se le somete: rasgo a la verdad +poco noble, que hace común san Ignacio de Loyola en su famoso libro de +los <i>Ejercicios</i> al mismísimo demonio, con estas textuales palabras: «El +enemigo se hace como mujer, en ser flaco por fuerza y fuerte de +grado...». Mientras en sus relaciones íntimas con la dama se mostró +Jacobo duro y despótico, imponiéndole en todo su voluntad como dueño, +hallóla siempre dócil y sumisa, pronta a sacrificarse por él y a +prestarle todos los homenajes, con la humildad del pobre que al quemar +ante el ídolo su incienso no espera ni pide otra recompensa que la +satisfacción de verlo aceptado. Mas cuando, por las circunstancias que +quedan referidas, tuvo Jacobo que humillarse a ella y mostrársele +rendido y avasallado, crecióse Currita al punto, y sin disminuirle en +nada su íntima confianza, ni cercenarle tampoco los continuos y siempre +indecorosos beneficios que le prodigaba, comenzó a dejarle sentir su +yugo, a hacerle comprender que ella era allí la dueña absoluta, y a +saciar su vanidad, primer elemento que en todos los actos de su vida y +todos los sentimientos de su corazón entraba, presentándole a los ojos +del mundo, vencido, sujeto y atado, como un hermoso rey prisionero, a +las ruedas de su carro.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_441" id="Page_441">[441]</a></span></p><p>Por lo demás, nunca supo nadie lo que había hecho Jacobo en Italia; +guardóse él muy bien de decirlo, y con muchas y variadas mentiras +explicó a todo el mundo los motivos de su ausencia, quedando esta nueva +aventura envuelta en las nubes vagas e indecisas que habrá notado +siempre el lector, así en las cosas como en el carácter de este +histórico personaje.</p> + +<p>Era, sin embargo, cierto que había visitado en Caprera a Garibaldi, y +confiádole una peregrina historia que explicaba por completo la +desaparición de los papeles, sin culpa de nadie, por supuesto. Mas el +viejo mamarracho, sin guardar siquiera memoria de aquello, encogióse de +hombros al oírle, y seducido por la labia de Jacobo, ofrecióle +cordialmente cartas comendaticias para los venerables de Milán y de +España que le pusieran a cubierto de todo recelo. Aceptólas Jacobo +gozosísimo, creyendo ya con esto conjurado el peligro, y gastóse +alegremente en excursiones por Italia todo su dinero, dejándose en la +ruleta de Mónaco hasta el último céntimo del que había sacado al tío +Frasquito. Las noticias del <i>sabio Mentor</i> hiciéronle apresurar su +vuelta a España, y engolfándose de nuevo a su regreso en su antigua vida +ordinaria de crápula elegante y vagancia aristocrática, interrumpida a +veces por solemnes intervalos políticos, quedáronsele en la gaveta las +cartas de Garibaldi, pasósele el susto que le había llevado a Italia, y +en su impresión natural de niño revoltoso, no volvió a acordarse de los +masones, juzgando que también ellos le tendrían olvidado.</p> + +<p>Mientras tanto, los trabajos alfonsinos tocaban a su término, y Jacobo, +creyendo haber pagado a buen precio con la entrega de sus papeles el +logro de sus ambiciones, importunaba de continuo a Butrón y hacíase +presente a todas horas en el centro de hombres políticos que dirigían +los trabajos del partido, en demanda de una cartera que jamás se le +había prometido en serio, pero que se le había hecho vislumbrar a lo +<span class='pagenum'><a name="Page_442" id="Page_442">[442]</a></span>lejos como precio de su hurto, en los tiempos en que era la consigna +barrer para adentro. Mas había llegado ya la hora de barrer para fuera, +y el taimado Butrón levantaba con disimulo la escoba para sacudir <i>al +joven Telémaco</i> el primer escobazo, sin echar de ver que otra escoba más +poderosa se levantaba también a su espalda con la idea deliberada de +ejecutar con él la misma maniobra. La estrategia de unos y otros era +graciosa: comenzaban ya a organizarse las combinaciones ministeriales, y +en todas ellas hacíase el papel, delante de Butrón y delante de Jacobo, +de reservarles a uno y otro las ansiadas carteras; mas volvía la espalda +el <i>joven Telémaco</i>, y decían todos <i>al prudente Mentor</i>, y este era el +primero en afirmarlo, que era una temeridad, un descrédito para el +partido dar entrada en el futuro gabinete a un botarate, un loco sin +decoro como Sabadell, y que la cartera que este esperaba había de darse +al señor Fernández Gallego, hombre probo, orador famoso, capaz de +desatascar un carro, cuanto más a un Gobierno, con sólo hacer oír en las +orejas del tiro los rotundos períodos de su enérgica palabra.</p> + +<p>Así quedaba convenido; mas tocábale la vez al respetable Butrón de +volver la espalda y decíanse todos entonces que era una necesidad, una +pifia, desperdiciar una cartera en aquel pobre hombre, político +mujeriego, que debía de contentarse, a lo más, con una plenipotenciaria, +pudiendo emplearse aquella, si no con honra, a lo menos con provecho, en +el señor don Eusebio Díaz de la Laguna, pajarraco gordo en tiempo de +Amadeo, que, como acontece en todas las restauraciones, habíase pasado +con armas y bagajes al bando alfonsino en cuanto vislumbró en él la +aurora del triunfo, ejecutando una de esas maniobras que en la farisaica +jerga de los hombres gubernamentales se llaman <i>cambios políticos</i>, +debiendo de llamarse charranadas o vilezas. Su entrada en el ministerio +había de ser un poderoso puntal que aparcase las tendencias tolerantes y +<span class='pagenum'><a name="Page_443" id="Page_443">[443]</a></span>olvidadizas de la política restauradora.</p> + +<p>Al olfato finísimo del señor Pulido habían llegado todos estos apartes, +y apresuróse a notificarlos al amigo Pepe, temeroso de perder la +deslumbradora proyección que sobre su persona y parentela arrojaría la +poltrona ministerial de este. Entróse, pues, una mañana en casa del +respetable Butrón, nervioso y descompuesto, y con las falanges de su +dedo índice ya desplegadas y la frase sacramental—¡lo dije!—, colgando +de los labios, traspasó el misterioso biombo de nueve hojas que servía +de reducto con el despacho a los secretos del diplomático. Allí estaba +este, sumido en profundas meditaciones ante unos papeles que debían +encerrar altos secretos de Estado, de los cuales apartó los ojos tan +sólo un segundo para mirar al recién venido, murmurando con aire +distraído:</p> + +<p>—¡Hola, Pulidito!...</p> + +<p>Mas Pulidito, alargando el inexorable dedo indicador, cual si fuesen sus +falanges elásticas, y agitándolo de arriba abajo con la fatal oscilación +de un péndulo acompasado, exclamó con temeroso acento:</p> + +<p>—¿Lo ves, Pepe?... ¿Lo ves?... ¡Lo dije!... ¡Lo dije!...</p> + +<p>—¿Qué?—replicó Butrón con el aire resignado de quien se prepara a +recibir un importuno chubasco.</p> + +<p>—¿Qué?—replicó el señor Pulido en el mismo tono—. Pues nada... ¡que +te birlan la cartera, Pepe, que te la birlan!...</p> + +<p>Y al compás de las oscilaciones de su dedo, comunicó el diplomático sus +noticias alarmantes... El respetable Butrón no se conmovió ni pizca. +¿Acaso era él bobo?... Al tanto estaba de todos aquellos manejos; pero +<span class='pagenum'><a name="Page_444" id="Page_444">[444]</a></span>callaba, callaba y hacía la vista gorda, porque tenía la seguridad—y +su vanidad inmensa se la daba, en efecto—de que el futuro gabinete no +podría prescindir de su persona y sus servicios... En cuanto a Sabadell, +era otra cuestión: habíase forjado ilusiones absurdas, que en el futuro +orden de cosas era imposible realizar. Sabadell era un loco, un +mentecato que había prestado por carambola algunos servicios al partido, +pero que no era de la madera de que la Restauración había de hacer sus +ministros; hubiera podido serlo con un Prim o con un Serrano, pero nunca +con un Cánovas del Castillo y con un Butrón...</p> + +<p>Detúvose aquí el diplomático con solemne pausa, y añadió +sentenciosamente:</p> + +<p>—Todo árbol es madera, pero el pino no es caoba... En mi opinión, ni +Sabadell puede ser ministro, ni yo puedo dejar de serlo.</p> + +<p>El dedo del señor Pulido comenzó a subir y bajar con riesgo manifiesto +de descoyuntarse, cual si marcaran sus oscilaciones los grados de +impaciencia de su dueño.</p> + +<p>—¿Y crees tú, Pepe, que el señor Cánovas del Castillo será de tu misma +opinión?...</p> + +<p>Miróle el diplomático con aire de lástima y díjole al cabo:</p> + +<p>—Mira, Pulidito, hijo mío, creo que no soy del todo imbécil... Cánovas +no da un paso sin contar antes conmigo.</p> + +<p>—¿Y ha contado contigo para proponer la candidatura del señor Díaz de +la Laguna?...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_445" id="Page_445">[445]</a></span></p><p>Pasmóse interiormente el gran <i>Robinsón</i>, porque ignoraba por completo +que semejante candidatura se hubiera presentado; mas pareciéndole +contrario a su decoro manifestar ignorancia, y cediendo a su hinchada +vanidad, que le llevaba siempre a disfrazarlo todo con solemnes mentiras +y enigmáticos conceptos, a fin de mantener en alza su crédito político, +replicó imperturbable.</p> + +<p>—Ha contado.</p> + +<p>—Entonces...</p> + +<p>—Entonces, puedo asegurarte que el señor Laguna quedará siempre rana +del pasado charco.</p> + +<p>Y dando una gran palmada con su mano de Esaú, extendida sobre los +papeles que tenía delante, dijo solemnemente, con cierto aire de reserva +dignísima que indicó al señor Pulido que tras el biombo de la mesa +estaba el biombo de las cejas del diplomático, custodiando dentro de su +frente arcanos misteriosos que a él no le era dado penetrar:</p> + +<p>—Mira, Pulidito, dejemos ya eso... Los secretos míos puedo confiarlos a +un amigo; los ajenos, jamás... Para tu tranquilidad y tu gobierno, te +diré, sin embargo, dos cosas... Primera, que anoche estuvo Antonio +Cánovas conferenciando conmigo en esa misma silla en que estás sentado, +hasta las cuatro de la mañana...</p> + +<p>Hizo el respetable Butrón un alto, para dejar saborear al señor Pulido +la gordísima mentira, y prosiguió diciendo:</p> + +<p>—Segunda..., que al despedirse Cánovas, me entregó este proyecto de +tratado secreto con Alemania—y golpeaba los papeles que tenía +<span class='pagenum'><a name="Page_446" id="Page_446">[446]</a></span>delante—, y necesito para estudiarlo... tiempo y soledad...</p> + +<p>Quedóse tamañito el señor Pulido ante el perfil de perro dogo de +Bismarck que las palabras del diplomático evocaban sobre la mesa, y +comprendiendo que se le recordaba con aquel elegante giro que el +undécimo mandamiento de la ley de Dios es no estorbar, despidióse esta +vez con el dedo índice muy plegadito, medrosico y esperanzado, mas no +sin echar antes una ojeada furtiva al proyecto de tratado secreto con +Alemania, que la extendida mano del diplomático parecía proteger contra +todo amago de curiosidad. Algo atisbó, sin embargo, que vino a +despertarle la sospecha de que el tal proyecto de tratado secreto no era +precisamente con el Gobierno alemán, sino con la repostería de Lhardy, +poderosa potencia gastronómica de la Carrera de San Jerónimo: entre los +peludos dedos del diplomático asomaba por una esquinita la viñeta de las +cuentas del célebre Emilio.</p> + +<p>Mas no era el señor Pulido hombre que, una vez puesto en la pista, +retrocediese ante ningún peligro ni reparo; fuese, pues, derecho a casa +de Lhardy y preguntóle si el señor marqués de Butrón tenía en su +repostería alguna cuenta pendiente. Emilio, creyendo sin duda que aquel +señor vendría a pagárselas, díjole que tenía cuatro, de las cuales era +la más antigua la del buffet de un baile dado tres años antes en honra +de Currita, y que el día anterior se las había remitido todas juntas por +centésima vez, sin haber logrado aún cobrar ninguna. Enderezóse entonces +el dedo del señor Pulido con la fuerza de una catapulta, y atónito +Emilio, oyóle exclamar dos veces:</p> + +<p>—¡Lo dije!... ¡Lo dije!...</p> +<p><span class='pagenum'><a name="Page_447" id="Page_447">[447]</a></span></p> + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IVdmdash" id="IVdmdash"></a><a href="#toc">—IV—</a></h2> + + +<p>Amaneció por fin el día 29 de diciembre de 1874, y a las once y +cincuenta y seis minutos de la mañana, el ministro de la Guerra, Serrano +Bedoya, saltaba violentamente de la cama, como había de saltar +veinticuatro horas más tarde, violentamente también, de la poltrona +ministerial... Anunciábale un telegrama del gobernador militar de +Sagunto que el general Martínez Campos había proclamado rey de España al +príncipe Alfonso, en las Ventas de Puzol, al frente de la brigada Dabán. +Alborotóse el Gobierno, reunióse al punto Consejo extraordinario en el +ministerio de la Guerra y tomóse por primera providencia la de echar el +guante al señor Cánovas del Castillo y a otros muchos personajes de +cuenta, entre los que se contaban el señor Pulido, <i>el joven Telémaco y +el respetable Mentor</i>. Encerráronles por de pronto en el Saladero, con +la sana intención de enviarles más tarde, una vez sofocada la intentona, +a tomar camino de Filipinas los saludables aires de mar. La cortesanía +del gobernador de Madrid, señor Moreno Benítez, proporcionóles horas +después mejor alojamiento en el Gobierno civil; mas fuese pérfida +intriga de los amigos o cruel ensañamiento de los contrarios, es lo +cierto que los tres compadres, Jacobo, Butrón y Pulido, quedaron presos +en el Saladero, pasando entre temores y sobresaltos todo el día 29 y +también el 30, hasta que en la madrugada de este, muy cerca ya del alba, +abriéronse ante ellos las puertas de su prisión, para cerrarse ante sus +ojos la puerta de sus esperanzas... A las nueve y cuarto de aquella +misma noche, hundido para siempre el Gobierno de la Revolución, había +quedado investido de todos los poderes el capitán general de Madrid, don +Fernando Primo de Rivera, y puestos al punto en libertad los prohombres +alfonsinos detenidos en el Gobierno civil, apresurándose a nombrar un +<span class='pagenum'><a name="Page_448" id="Page_448">[448]</a></span>ministerio-regencia, del cual formaban parte el Gallego y el Laguna, +quedando excluidos, por supuesto, <i>el joven Telémaco y el respetable +Mentor</i><a name="FNanchor_20_20" id="FNanchor_20_20"></a><a href="#Footnote_20_20" class="fnanchor">[20]</a>.</p> + +<p>Quedóse este anonadado, púsose Jacobo furioso, y el señor Pulido, sin +fuerzas para enarbolar el dedo indicador, sin alientos para +murmurar—¡lo dije!—, enmudeció como Casandra a la vista de Troya +destruida y Grecia triunfante. Butrón bufaba, Pulido gemía, Jacobo +echaba ajos, y entre peroratas enérgicas, amargos reproches, violentas +reclamaciones y planes de campaña propuestos para derrocar aquel +Gobierno que les había estafado, pasáronse algunos días, hasta que +desembarazado algún tanto el ministerio-regencia con la llegada del +joven monarca, pudo al fin dar vuelta a la llave de la despensa, y +enarbolando la rama de sustanciosos dátiles, que ha venido a sustituir a +la de olivo, antiguo símbolo de la paz, comenzó a distribuir puestos, +honores y destinos entre sus diversos paniaguados, tocándole a Butrón +una plenipotenciaría de primer orden. Hízose de rogar este cuanto sufría +por una parte la prudencia y exigía por otra el decoro, y teniendo en +cuenta sin duda que a buena hambre no hay pan duro, que a falta de pan +buenas son tortas y que más vale pájaro en mano que buitre volando, +marchó al fin resignado y majestuoso a representar en tierra extranjera +la persona de Alfonso XII. Hubo también una dirección de segundo orden +para el señor Pulido, y ofrecióse a Jacobo otra plenipotenciaría igual a +la aceptada por Butrón. Mas <i>el joven Telémaco</i> era hombre capaz en sus +rencores de comprender y practicar aquella venganza de los chinos, que +consiste en ahorcarse a la puerta de su adversario para atraer sobre él +la cólera celeste y el odio de los ciudadanos; lleno, pues, de saña, +rechazó con altivez la oferta, y creyendo alcanzar por sus propias +fuerzas lo que de grado no le habían querido dar, alistóse de nuevo +entre sus antiguos amigos los revolucionarios aún no resellados, que +capitaneaba a la sazón el excelentísimo Martínez y prometían formar una +<span class='pagenum'><a name="Page_449" id="Page_449">[449]</a></span>oposición formidable el día en que se decidieran a reconocer la +monarquía de Alfonso XII. Recibiéronle ellos como a un Hércules bajado +del cielo para emprender de nuevo a su lado los doce trabajos sobre la +tierra, y en el momento en que le encontramos volviendo de Biarritz al +lado de Currita, traía ya lograda, con ayuda de esta fiel amiga, la +senaduría vitalicia, altísima tribuna desde donde pretendía escalar, al +lado del excelentísimo Martínez, el Olimpo ministerial, una vez +efectuada la temida y esperada maniobra que con gran sigilo preparaba el +taimado <i>buey Apis</i>.</p> + +<p>A poco presentaba Madrid su animado aspecto de invierno, y dos sucesos +trascendentales ocupaban la atención de los políticos y los elegantes: +la apertura de las Cortes y el casamiento del monarca. Prometía la +primera campañas parlamentarias nunca vistas; hacía esperar el segundo +diversiones y regocijos jamás disfrutados, y unas y otros discutíanse y +aun preparábanse en los salones de Currita, centro por aquel tiempo de +los más importantes hombres políticos de la futura oposición dinástica, +a la vez que de lo más <i>gommeux</i>, lo más <i>poisseux</i> de la alta sociedad +madrileña. Sus <i>après dîners</i> de los viernes llegaron a tener fama, y +con igual facilidad se concertaba en ellos un gabinete que se +desconcertaba un matrimonio, se ganaba un diputado para la oposición que +se perdía una muchacha para siempre, minada al amparo bienhechor de la +dama, por esa galantería de algunos salones, que llama un autor, nada +asustadizo por cierto, <i>trabajo de zapa que el vicio emplea para minar +la virtud</i>. Pedro López comparaba en <i>La Flor de Lis</i> el salón de +Currita con aquellas famosas tertulias que comenzaron en el hotel +Rambouillet y acabaron con madame Staël, Recamier, Tallien y Girardin; y +ciertamente que si no se encontraba en aquel como en estas la culta y +amena conversación y la urbanidad más exquisita de antaño, que ha venido +a ser hoy entre damas y caballeros como atributo exclusivo de las +pelucas empolvadas y las chorreras de encaje, encontrábase de igual modo +aquel <span class='pagenum'><a name="Page_450" id="Page_450">[450]</a></span>principio disolvente de toda moral, que consiste en tolerar y +autorizar el escándalo.</p> + +<p>Viose entonces claro como nunca la funesta influencia que ejerce en una +sociedad entera una de esas reinas de la moda que comienzan escotando +los trajes y acaban escotando las costumbres; que empiezan imponiendo el +yugo de sus elegantes extravagancias y terminan imponiendo el de sus +desvergonzados vicios; que familiarizan con el escándalo y lo hacen +tolerable y de buen tono hasta a los ojos de las personas virtuosas, que +llegan a contemplar sin extrañeza, sin rubor y sin protesta, +espectáculos como el que ofrecía Currita haciendo los honores de su casa +con distinción elegantísima, en compañía del marqués de Sabadell, +mientras sus hijos yacían olvidados, cada cual en un colegio, y +Villamelón, reblandecido ya casi por completo, jugaba al bésigue o al +tresillo con las celebridades del momento, o tentaba la paciencia de sus +tertulianos encerrado, como en un círculo vicioso, en sus ordinarios +tópicos de conversación: el combate <i>terro-naval</i> de Cabo Negro, los +prodigios de su cocinero, los adelantos de su fotografía, las ventajas +de la incubación artificial de los huevos de gallina, o las extrañas +peripecias del doctor Tanner y el italiano Succi, que, con gran pasmo +suyo, parecían haber resuelto el problema, para él horripilante e +incomprensible, de vivir sin comer.</p> + +<p>Un nuevo escándalo, iniciado y meditado en casa de Currita y llevado a +efecto a la sombra de esta, y quizá, quizá bajo su protección misma, +vino a probar a las personas sensatas que tan peligrosa es la proximidad +del vicio, que aun sin estar de él contaminado, se respira en su +atmósfera cierta ponzoña que trastorna y extravía, y hace al cabo +resbalar y caer... Margarita Belluga, una de las jóvenes que al pisar +por primera vez los salones del gran mundo había llamado más la atención +<span class='pagenum'><a name="Page_451" id="Page_451">[451]</a></span>por su candor y su pureza, desapareció un día súbitamente de casa de +sus padres, para aparecer a poco en Italia, <i>magna parens artium</i>, y +refugio insondable de pillos de todas las naciones, casada con Celestino +Reguera, el pintorzuelo cómplice de Currita en sus atentados pictóricos, +que había conservado siempre la dama a su lado, para alumbrar su corte +con los resplandores de un genio, a la manera que Filipo mantenía en la +suya a Aristóteles, y Augusto a Virgilio, y Carlos V a Garcilaso, y Luis +XIV a Molière.</p> + +<p>Comenzaron entonces las lamentaciones y las extrañezas, los comentarios +y los sobresaltos, y la murmuración no fue ya el ruido de una ola al +reventar en la playa, sino que cundió y se hizo formidable, y resultaron +todos los imponentes estrépitos del mar batiendo las costas... Mas a +pesar de que todo el mundo vio claro el viento que había desatado +aquella tormenta y los polvos de que salían aquellos lodos, tan sólo dos +de las muchas madres honradas que acudían a los saraos de Currita +dejaron de llevar allí a sus hijas; tan sólo uno de los muchos maridos +con decoro que a ellos concurrían retrajo a su mujer de aquella casa +funesta a que se hacía necesario acudir, porque... porque... se pasaban +allí ratos deliciosos, era la dama quien fijaba en sus salones las leyes +del buen tono, y el ser admitido en su casa era un brevet de elegancia y +de notoriedad.</p> + +<p>Mas un día corrió por Madrid una noticia estupenda, que se escuchó al +principio como un absurdo inventado por algún ocioso del Veloz; +concediósele más tarde la verosimilitud que hubiera merecido la de que +Sagasta cantaba misa o el Gran Turco se había hecho monje bernardo, y +extendióse al fin como un hecho inverosímil, pero cierto, absurdo, pero +verdadero, desde los salones hasta las antesalas, y desde los pasillos +del Congreso hasta los de los teatros, llenando a todo el mundo elegante +de asombro, de extrañeza y de curiosidad. La imaginación siempre +<span class='pagenum'><a name="Page_452" id="Page_452">[452]</a></span>exaltada de los madrileños aderezó el hecho con interpretaciones y +comentarios, y unos vieron en él un manejo político, otros una rivalidad +femenina, algunos una señal de reconciliación entre el mundo devoto y el +profano, y varios, los que se decían más enterados y eran más hábiles en +aquello de ajustarle las cuentas al prójimo, vieron, por el contrario, +una emboscada peligrosa que la más inflexible de las beatas tendía a la +más tolerante de las pecadoras; un reto del calendario piadoso a la +mitología pagana; un combate singular entre la marquesa de Villasis, que +arrojaba el guante, y la condesa de Albornoz, que se apresuraría sin +duda a recogerlo.</p> + +<p>Porque era el caso que habían circulado por ciertas casas privilegiadas +de la alta sociedad madrileña unas lindas tarjetas litografiadas, en que +la marquesa de Villasis anunciaba a sus numerosos amigos que abría las +puertas de sus salones, y fijaba como día de recepción—¡aquí estaba el +busilis!—el mismo fijado por Currita: ¡los viernes!... La noticia llegó +a casa de esta un miércoles por la noche, estando presente tan sólo la +duquesa de Bara, Carmen Tagle, Leopoldina Pastor y la Valdivieso; +algunos señores mayores jugaban al tresillo, y en la sala de billar +oíanse a lo lejos los secos golpes de las bolas y los tacos. Currita +recogió, en efecto, el guante, y puesta en guardia al punto, manifestó +su asombro con ingenua sencillez de cándida tortolilla.</p> + +<p>—¿De veras?... ¡Cuánto me alegro!... Supongo que habrá convidado a las +novicias del Sagrado Corazón...</p> + +<p>Riéronse todos a carcajadas, y ella, muy extrañada de aquellas risas, +prosiguió diciendo:</p> + +<p>—Pues no lo digo de burlas... Creed que lo decía sin ningún +<i>arrière-pensée</i>... Como María es tan piadosa y suele darle a todo un +<span class='pagenum'><a name="Page_453" id="Page_453">[453]</a></span>tinte devoto...</p> + +<p>—¡Pues claro está!—replicó muy seria la de Bara—. Por eso ha +convidado también a los congregantes de San Luis.</p> + +<p>—Y por lo menos exigirá a los presentados la cédula del cumplimiento +pascual.</p> + +<p>—Y el certificado de buenas costumbres del cura párroco...</p> + +<p>—¡Qué delicia!... ¿Y abrirán el baile rezando el rosario?...</p> + +<p>—Como que tocará el cuarteto de la capilla real, y se cantarán en los +intermedios los Gozos de san José.</p> + +<p>—¡Ya lo creo!... La Villasis sabe hacer bien las cosas, y de seguro que +ha pedido al arzobispo indulgencia plenaria para todos sus tertulianos.</p> + +<p>—Pero, en suma—dijo al fin Currita, deteniendo aquella granizada de +burlas—, ¿qué es lo que se propone esa pobre María?...</p> + +<p>Aquí miró a todas partes con gran misterio el que había traído la +noticia, y las cinco señoras alargaron las cabezas y abrieron las orejas +con curiosidad intensísima.</p> + +<p>—Pues dice..., dice... que se propone recibir a... mujeres honradas...</p> + +<p>Un ¡ya! general, preñado de extrañas e intencionadas inflexiones, se +escapó de todos los labios, y la Albornoz, abriendo cándidamente los +ojos, dijo con su suave vocecita:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_454" id="Page_454">[454]</a></span></p><p>—Pues a mí no me han convidado hasta el presente...</p> + +<p>Las señoras soltaron el trapo a reír, y dijeron todas al mismo tiempo:</p> + +<p>—Ni a mí...</p> + +<p>—Ni a mí...</p> + +<p>—Ni a mí...</p> + +<p>Leopoldina Pastor no dijo nada; púsose muy encendida, y dando una brusca +media vuelta, sentóse al piano y comenzó a tocar furiosamente la antigua +canción del <i>¡Trágala!</i>...</p> + +<p>Anocheció por fin el viernes, llegó la hora de comer, y tan sólo trece, +de los veinte personajes convidados, se sentaron aquella noche a la mesa +de los consortes Villamelón. El número era funesto, y la duquesa de +Bara, que supuso al punto la causa de tan repentina baja, dijo muy +quedito a su sobrino el duque de Bringas:</p> + +<p>—Mal número... ¿Si será esta la <i>última cena</i>?</p> + +<p>—Con tal que no te toque a ti el papel de Judas.</p> + +<p>—¡Oh, no, no!... Yo le soy fiel a Curra.</p> + +<p>—¿Pero por qué han desertado los otros?</p> + +<p>—Pues nada, hijo, que ha habido conjunción de pucheros y el de María +<span class='pagenum'><a name="Page_455" id="Page_455">[455]</a></span>Villasis triunfa.</p> + +<p>—Será más delicado.</p> + +<p>—¡Pchs!... Bizcochitos de monja y tocino de cielo... Prefiero el de +Curra: es más sustancioso.</p> + +<p>—¿Pues cuál es?...</p> + +<p>—<i>Olla podrida</i>.</p> + +<p>Y con tales ganas comenzaron a reír la tía y el sobrino, que casi +vinieron a echar por las narices el <i>consommé à la Régence</i>, servido en +magnífica vajilla de plata, con que los ilustres comensales comenzaron a +apaciguar sus respectivos apetitos... Con estos augurios funestos dio +principio la comida, lenta y desanimada; Villamelón, con gravedad +señoril y solemne aspecto, embaulaba en silencio, sin ocuparse gran cosa +de la embajadora de Alemania y la duquesa de Bara, que tenía a derecha e +izquierda, consultando a cada paso el <i>menú</i>, impreso con vivos colores +en apergaminada vitela, al estilo de los antiguos misales de la Edad +Media, y no satisfecho con esto, preguntando de cuando en cuando con +sigilo prudentísimo al criado que le servía:</p> + +<p>—¿He comido de todo?...</p> + +<p>Frente por frente estaba Currita, teniendo a su derecha al embajador de +Alemania, y a su izquierda al excelentísimo señor don Juan Antonio +Martínez, <i>buey Apis</i> por otro nombre, que olvidando con loable +magnanimidad antiguos rencorcillos, era a la sazón íntimo de la dama, +como sustituto del respetable Butrón en el cargo de <i>Mentor</i> del <i>joven +Telémaco</i>. Prodigábale Currita atenciones delicadísimas y hablábale a +veces en voz baja, con muestras de íntima confianza: en una de estas, +<span class='pagenum'><a name="Page_456" id="Page_456">[456]</a></span>mostróle rápidamente con ademán misterioso un pequeño objeto que había +sobre la mesa. Entre los mil primores y monerías que la adornaban, +veíanse ante el cubierto de cada caballero pequeños <i>bouquets</i> de +violetas para el ojal del frac, puestos en diminutos vasitos de cristal, +ligeros y diáfanos cual si fuesen de aire petrificado, y teniendo todos +en el centro una pequeña flor de lis, lindísima maravilla natural, +criada a fuerza de cuidados en las estufas de Currita. Con significativa +sonrisa mostróle la dama al <i>buey Apis</i> el <i>bouquet</i> que tenía delante, +y este, sonriendo también, dijo entre dientes, sin que ella protestase:</p> + +<p>—El diablo son las mujeres...</p> + +<p>Entre estos dos grupos principales que ocupaban ambas cabeceras +sentábanse el resto de los convidados: la señora de López Moreno, que +redondeaba a la sazón su inmensa fortuna prestando al veinte por ciento; +la marquesa de Valdivieso, que no atestiguaba ya sus sentencias con la +autoridad de Paco Vélez, sino con la de Fermín Doblado; la condesa de +Balzano, divorciada de su marido y en pleito con sus hijos; el duque de +Bringas, declarado pródigo por los tribunales a instancias de su esposa; +don Casimiro Pantojas, buscando siempre el <i>paulot postfuturum</i> de algún +verbo griego; dos diputados novatos, cándidos provincianos todavía, a +que la ilustre condesa, de acuerdo con el excelentísimo Martínez, tendía +el anzuelo de sus banquetes para pescarlos en la oposición futura; el +espiritual Pedro López, que pagaba su cubierto todos los viernes con +algunas columnas de <i>La Flor de Lis</i> de prosa <i>gelatinesca</i>, y el +marqués de Sabadell, que al notar las siete bajas habidas en el número +de convidados, dirigía a Currita miradas impacientes, que hacían en la +comprimida cólera de esta el efecto que el viento hace en el fuego, y +parecían demostrar en ambos el pesar de ver frustrado en parte algún +plan que proyectaban.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_457" id="Page_457">[457]</a></span></p><p>El berrenchín de Currita igualaba, en efecto, a su inquietud, porque +justamente pertenecían sus convidados prófugos a aquella parte sana y +virtuosa de la sociedad madrileña que se complacía ella en atraer a su +casa para acallar con el ejemplo de estos los escrúpulos de algunos +otros, a la manera que en ciertos garitos de industrias prohibidas +colocan en el portal la muestra de alguna otra industria inocente, que +desorienta a la policía y sirve de cebo a los incautos. Faltaban, pues, +aquella noche los duques de Astorga, que con gran acierto habían sido +elegidos por el nuevo monarca para formar parte de la alta servidumbre +de la joven reina; los condes de Orduña, nobles figuras del antiguo +bando carlista, fiel siempre a la desgracia, y la marquesa de Lebrija, +cuyo prurito de socorrer y presidir asociaciones pías habíale +conquistado justamente la doble fama de caritativa y de vanidosa. +Faltaba también el tío Frasquito, que, con gran indignación de Currita, +no se había tomado el trabajo de disculpar su ausencia; y faltaba +Leopoldina Pastor, que la había disculpado tan sólo con una lacónica +esquelita, diciendo que un indecente orzuelo le había aparecido en un +ojo, poniendola de humor malísimo. La ausencia de estos dos últimos +hería, más que ninguna otra, el amor propio de Currita, porque eran él y +ella de esos pájaros que se retiran a tiempo del árbol que pierde su +sombra y tienden el vuelo hacia el que comienza a verdear.</p> + +<p>Azoraba todo esto a Currita, pareciéndole indicio cierto de conjura +sospechosa, y al mismo tiempo que procuraba sostener y animar la +desmayada conversación de sus comensales, prestaba oído atento a lo que +por fuera del comedor pasaba... Sucedía de ordinario los viernes que, +aun antes de terminarse la comida, poblaban ya los salones gran número +de tertulianos que se apoderaban de las mesas de tresillo y de billar y +formaban grupos y corrillos llenos de la alborotada animación, que +duraba siempre hasta muy entrada la madrugada... Nada se oía aquella +noche, y cada vez más inquieta Currita procuraba alargar la comida, +<span class='pagenum'><a name="Page_458" id="Page_458">[458]</a></span>agotando todos los recursos de su ingenio e intercalando entre plato y +plato historietas que equivalían a las más picantes salsas, con el fin +de dar tiempo a la llegada de la gente y evitar que los comensales +recibiesen la mala impresión de encontrar los salones desiertos. Fuele +ya imposible alargar por más tiempo la ímproba tarea y puso al cabo fin +a la comedia con una escena misteriosa, seguida de un golpe teatral +hábilmente dispuesto... Su diminuto piececito tocó ligeramente por +debajo de la mesa la pezuña del <i>buey Apis</i>, y ambos cruzaron con Jacobo +una rápida mirada de inteligencia que parecía significar: ¡Alerta! +Entonces, tomando Currita el <i>bouquet</i> que tenía Martínez delante, tuvo +la exquisita galantería de ponérselo ella misma en el ojal, repitiendo +la acostumbrada frase de las floristas parisienses:</p> + +<p>—<i>Monsieur</i>... <i>Fleurissez votre boutonnière</i>...</p> + +<p>Mas Jacobo, con jovialidad perfectamente afectada, detúvola en mitad del +camino, diciendo desde su sitio:</p> + +<p>—¡Cuidado, Martínez, cuidado!... Que le tienden a usted un lazo...</p> + +<p>—¿Un lazo?—exclamó Currita, retirando vivamente el ramito.</p> + +<p>—Sí, señor, un lazo—afirmó Jacobo riendo—. ¿Pues no ve usted que +lleva el <i>bouquet</i> una flor de lis?...</p> + +<p>—¡Ay, Jesús!—replicó Currita escandalizada—. Entonces ¡protesto, +protesto!... Yo persuado a quien puedo, pero no sorprendo a nadie... +¿Quiere usted que se la ponga, Martínez?... ¿Sí o no?...</p> + +<p>—¡Jú, jú, jú, jú!—mugió <i>el buey Apis</i>, haciendo con la cabeza ademán +<span class='pagenum'><a name="Page_459" id="Page_459">[459]</a></span>afirmativo.</p> + +<p>—¿La acepta usted entonces?—preguntó Currita.</p> + +<p>—La acepto.</p> + +<p>—¿Con todas sus consecuencias?...</p> + +<p>—Con todas sus consecuencias—repitió <i>el buey Apis</i>.</p> + +<p>Y paseó por todos los presentes una mirada orgullosa, casi fiera, que no +carecía de la tosca grandeza de un Mario, a la vez plebeyo y formidable, +que se dejase acariciar por afeminados patricios... Un aplauso general +acogió la declaración del antiguo revolucionario, y Villamelón, muy +conmovido, propuso un brindis en honor del rey Alfonso XII. Apuráronse +las copas, y Fernandito, tomando entonces la que había servido a +Martínez, dijo solemnemente:</p> + +<p>—Esta copa tendrá con los años gran valor histórico. ¿Me entiende +usted, Martínez?... Permítame que la guarde... Quiero legarla a mis +hijos.</p> + +<p>Y con su recuerdo histórico muy empuñado fue a ofrecer el brazo a la +embajadora de Alemania, para pasar al saloncito azul, donde se +acostumbraba a servir el café en aquellos días de gala... Allí acabaron +los triunfos: el salón estaba vacío, y por sus puertas abiertas veíase a +la izquierda el otro salón amarillo, y a la derecha, el gran salón de +baile, que sólo se abría e iluminaba los viernes, ambos desiertos. En el +primero, divisábanse a lo lejos, en un apartado rincón, cuatro señores +muy graves, muy tiesos, jugando al tresillo; en el segundo, reverberaban +las luces en el brillante parquet de finísimas maderas enceradas y en +<span class='pagenum'><a name="Page_460" id="Page_460">[460]</a></span>los colosales espejos, dando a todo aquel recinto el aspecto fantástico +y temeroso, en medio de su magnificencia, de aquellos palacios +encantados que se describen en los cuentos de hadas. El fiasco era +completo, y aturdida Currita miró espontáneamente hacia el magnífico +reloj de bronce dorado que había allí cerca, sobre una chimenea: ¡eran +ya las diez y cuarto!...</p> + +<p>Vio entonces a su espalda, en el mismo salón azul, una dama muy apuesta +y elegante dormida en una butaca: tenía en la mano un número de un +periódico de modas, caído negligentemente sobre la falda, y dábale de +lleno en el rostro la tibia luz de una gran lámpara colocada en un +trípode, cuyos reflejos recogía amplia pantalla de seda de suaves +matices... Era Isabel Mazacán, la pérfida Mazacán, reconciliada dos +meses antes con Currita y dispuesta a pelearse otras mil veces con ella +en cuanto el tiempo y la ocasión se presentasen. Ninguna tan propicia +como la presente, y fingiéndose dormida en aquella soledad, abrió +poquito a poco los ojos con tan cómico espanto, con tan chistoso +sobresalto, que todos los presentes soltaron la risa...</p> + +<p>—Jesús, hija, dispensa..., pero al verme tan sola me quedé dormida.</p> + +<p>Parecióle la broma a Currita de malísimo gusto y contestó muy picada:</p> + +<p>—¡Qué delicia!... ¿Y soñarías sin duda con los angelitos?...</p> + +<p>—Algo había de eso, porque soñaba contigo...</p> + +<p>Guardóse muy bien Currita de pedirle la interpretación del sueño, mas la +Valdivieso, con su importunidad acostumbrada, dijo muy gozosa:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_461" id="Page_461">[461]</a></span></p><p>—¡Vaya una coincidencia!... ¿Y qué soñabas?...</p> + +<p>—Pues nada, hija... Que también se había ido a casa de la Villasis la +<i>pobre Curra</i>.</p> + +<p>Y la grandísima tuna de la Mazacán pronunciaba aquel <i>pobre Curra</i> con +un aire de lástima, con un acento de chunga, que la compadecida se +revolvió furiosa, diciendo con su inocente risita:</p> + +<p>—Pues mira, mujer..., ni dormida ni despierta se me hubiera ocurrido de +ti semejante cosa.</p> + +<p>—¿Y por qué?</p> + +<p>—Pues por dos razones... La segunda, porque tú no querrías ir...</p> + +<p>—Y la primera, porque María Villasis no querría que yo fuese—dijo la +Mazacán echándose a reír con todo su desparpajo.</p> + +<p>—Justo—replicó Currita—. Lo mismo, lo mismo que don Simplicio +Bobadilla Majaderano y Cabeza de Buey: «Puesto que Leonor renuncia a mi +mano, renuncio a la mano de Leonor...».</p> + +<p>La Mazacán iba a contestar, pero entraron en aquel momento Carmen Tagle, +Paco Vélez y Gorito Sardona, todos muy compungidos, diciendo que venían +del Real, pero que no había allí nadie, nadie... Al pronto creyeron +ellos que Monsieur tout le monde estaría en casa de Curra, porque ¡claro +está! como era viernes... Pero supieron luego que el <i>grand complet</i> era +aquella noche, ¡quién lo creyera!, en casa de la Villasis; y por eso, +ellos, muy indignados, habían venido a protestar, porque no les parecía +decente acostarse en aquella ocasión sin dar las buenas noches a la +<span class='pagenum'><a name="Page_462" id="Page_462">[462]</a></span><i>pobre Curra</i>.</p> + +<p>Escapóse la <i>pobre Curra</i> como pudo de aquellas muestras de compasión +que le atacaban los nervios y dirigióse muy de prisa a la sala de +billar, donde Jacobo, los dos diputados y el excelentísimo Martínez +conferenciaban a solas. Felicitaron todos a la dama por lo hábilmente +que había dispuesto y representado la comedia del <i>bouquet</i>, llamada a +tener gran resonancia. Al día siguiente, <i>La Flor de Lis</i> daría cuenta +de ella, preparando de este modo el terreno para la declaración solemne +que a los pocos días pensaba hacer en el Senado el excelentísimo +Martínez... Mas todavía juzgaba este necesario, antes de dar aquel +último paso, atar bien otro cabo importante: parecíale prudente tentar +antes el vado en Palacio.</p> + +<p>Currita ofreció al punto sus servicios; ella era dama de honor desde los +tiempos de Isabel II, y al casarse el monarca, dos meses antes, habíase +visto obligada la nueva reina a enviarle también su cruz de dama... +Martínez meneó la gran cabezota; no era esto precisamente lo que él iba +buscando, porque el explorador a que había echado el ojo, para que como +heraldo suyo entrase en Palacio, era Jacobo; podía este como Grande de +España...</p> + +<p>La baronesa viuda de Platavieja le cortó la frase, entrando en la sala +seguida de sus seis hijas, amables retoños que en unión de la madre +formaban en cantidad y calidad la suma de los pecados capitales, nombre +por el cual se las conocía en la corte... Madre e hijas venían también +presurosas e indignadas a protestar delante de la <i>pobre Curra</i>, y la +señora baronesa aseguro <i>coram populo</i> que lo que había hecho la +Villasis aquella noche era ni más ni menos que un timo...</p> + +<p>—¡Un verdadero timo!—repitieron en coro las amables señoritas de +<span class='pagenum'><a name="Page_463" id="Page_463">[463]</a></span>Platavieja, rodeando al punto como enjambre de mariposas a los dos +diputados, jóvenes y solteros, con la idea sin duda de pegarles alguno.</p> + +<p>Imposible fue ya continuar la plática ante aquellos testigos, y la noche +corrió lenta y aburrida, sin más incidentes. María Valdivieso, que +andaba de monos con su prima, procuraba bostezar con fingido disimulo +siempre que la miraba esta; la embajadora de Alemania cantó con notable +falta de gracia una <i>balada</i>, que calificó la duquesa de <i>ladrido</i>, y a +las doce y cuarto, cuando Pedro López, después de tomar el té y encerrar +en sus bolsillos provisión de <i>sandwiches</i> suficiente para toda la +semana, comenzó a hacer el recuento para la crónica de salones que +publicaba <i>La Flor de Lis</i> todos los sábados, sus ojos atónitos pudieron +tan sólo contar bajo los artesonados techos el número exiguo de catorce +señoras: siete pertenecían a la familia de los pecados capitales y las +otras siete podían repartirse entre la de los enemigos del alma: mundo, +demonio y carne.</p> + +<p>La marquesa de Villasis triunfaba en toda línea, y las <i>ciento veinte</i> +mujeres honradas que reunió aquella noche en su casa y siguió reuniendo +todos los viernes vinieron a probar a los pesimistas lo que había dicho +ella misma a la marquesa de Butrón en época no lejana:</p> + +<p>—Madrid no es un lodazal...</p> + +<p>Cierto que hay en él <i>algo que huele a podrido</i> y esparce por todas +partes su mal olor, a la manera que las emanaciones de una pequeña +charca se extienden e inficcionan toda una hermosa campiña y tiñen la +vegetación salubre con los mismos desconsoladores tintes de la enferma. +Mas este algo podrido, esta charca hedionda, desbordada siempre por la +desvergüenza propia y la cobardía ajena, mezclándose con el agua pura y +comunicándole en apariencia sus impurezas, habíala ella estancado en +<span class='pagenum'><a name="Page_464" id="Page_464">[464]</a></span>casa de la Albornoz; y al quedar deslindados los campos, la lógica de +los números metió la mano inexorable <i>dessus du panier</i> del gran mundo y +sacó tan sólo catorce mujeres perdidas, por ciento veinte mujeres +honradas.</p> + +<p>Un periódico regañón hizo, sin embargo, de las damas de aquel tiempo +otra subdivisión distinta:</p> + +<p>Bastantes buenas.</p> + +<p>Pocas malas.</p> + +<p>Muchas que, siendo de las primeras, se parecen a las segundas.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Vdmdash" id="Vdmdash"></a><a href="#toc">—V—</a></h2> + + +<p>La noticia cayó como una bomba, y aunque muchos quisieron negarla frente +a frente de la evidencia misma, estrellábanse sus negaciones contra un +documento oficial, legítimo y auténtico, que había circulado el día +anterior por todas las casas de la Grandeza. Era un oficio de la +mayordomía mayor de su majestad, en que el jefe superior de Palacio +decía letra por letra y punto por punto a todos los Grandes de +España...: «Excelentísimo señor: Su majestad el rey don Alfonso XII (q. +D. g.) se ha servido señalar la hora de las dos de la tarde del día 7 de +febrero para la ceremonia de cubrirse ante su Real presencia los señores +Grandes de España que al margen se expresan, etc., etc.». Y entre +aquellos nombres al margen expresados, por riguroso orden de antigüedad +<span class='pagenum'><a name="Page_465" id="Page_465">[465]</a></span>inscritos, recordando todos ellos la grandeza de los caracteres, la +firmeza de las virtudes, la nobleza de los pensamientos y el valor de +las hazañas de que está llena nuestra historia, leíase con todas sus +letras, puesto el segundo, el del excelentísimo señor don Jacobo +Téllez-Ponce Melgarejo, marqués de Sabadell.</p> + +<p>El caso era curioso, y los aficionados a investigar la razón íntima de +los actos del prójimo, los inteligentes en escudriñar los puntos oscuros +de los más sencillos eventos de las vidas ajenas, los más hábiles +peritos en el arte sutilísimo de atar cabos con cabos, encontraron al +punto empalmes subterráneos entre el oficio del jefe superior y el +suelto que había publicado <i>La Flor de Lis</i> algunos días antes. Según +esta, susurrábase que cierto personaje de gran importancia, retirado +algún tiempo de la política, volvía de nuevo a la arena del combate, +seguido de <i>numerosa mesnada</i> y enarbolando en su robusta mano, con +honrada independencia, la bandera de Alfonso XII.</p> + +<p>Una dama angelical, conocidísima en los altos círculos por su ingenio, +su elegancia y su belleza, habíale arrancado, en un banquete, una +confesión explícita, aunque no pública, de sus nuevas simpatías +dinásticas... Un ramo de violetas había sido la ocasión, y un ángel fue +el instrumento. ¡Feliz el atleta que entra en la nueva senda bajo tan +poéticos auspicios!...</p> + +<p>El suelto delataba por lo cursi la pluma de Pedro López, y el resto de +la charada fue descifrada sin mas que una leve duda... En buena hora que +Martínez fuese el atleta; ¿pero cómo diablos podía ser Currita el ángel +de la adivina?... Uno descifró el enigma.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_466" id="Page_466">[466]</a></span></p><p>—De manera muy sencilla... También Lucifer lo fue.</p> + +<p>Quedaron todos convencidos, y el Ministerio de Instrucción Pública, +confiado a las lenguas murmuradoras, comenzó a analizar con +investigadora atención el hecho de que se trataba...</p> + +<p>Desde luego, saltó a la vista de todos una particularidad, por decirlo +así, de índole doméstica: Jacobo era tan sólo marqués consorte, y +veníanle sus derechos a la Grandeza exclusivamente por su mujer, de la +cual estaba separado hacía doce años... Discutióse el punto, y quedó +convenido, por unanimidad, que el hacer uso de este derecho era, por +parte de Jacobo, una verdadera indecencia.</p> + +<p>Una vez fallado este punto, pasóse a considerar los hilos diplomáticos +que unían la charada de <i>La Flor de Lis</i> con el oficio del jefe superior +de Palacio...</p> + +<p>Jacobo habíase afiliado después de la Restauración en la <i>mesnada</i> +revolucionaria capitaneada por el atleta Martínez, que tan sólo había +reconocido hasta el presente al nuevo monarca en un banquete privado y +bajo el símbolo de un ramo de violetas presentado por un ángel no +inscrito en las jerarquías celestiales... El hecho, pues, de presentarse +el marqués consorte en Palacio indicaba a las claras que <i>el buey Apis</i>, +su jefe, daba otro paso adelante, enviando un fiel explorador a la +fértil tierra de Mesopotamia...</p> + +<p>El hecho resultaba evidente, y quedó también convenido que el caso, sin +dejar de ser una indecencia, era al mismo tiempo un acto político: cosas +ambas que, según dictamen de peritos, podían aunarse y darse las manos +en amigable consorcio, como se las habían dado ya el atleta, el ángel y +el ramo de violetas...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_467" id="Page_467">[467]</a></span></p><p>Otro tercer problema apareció al punto sobre el tapete, como +consecuencia legítima del primero y secuela irremisible del segundo... +¿Quién sería el padrino que presentase al héroe en la corte?... ¿Quién +tendría valor suficiente para apadrinar una indecencia y correr los +futuros contingentes de un avance político?...</p> + +<p>Era tradicional costumbre entre los Grandes que habían de cubrirse +convidar, para ser apadrinados en la ceremonia, a aquel otro Grande ya +cubierto que de cerca o de lejos fuese el jefe de la familia; y éralo de +la de Sabadell el anciano duque de Ordaz, prototipo de honradez y de +nobleza...</p> + +<p>Los olfatos más diestros en aquello de seguir la pista a un enredo +pusiéronse al punto en movimiento, y a poco quedó averiguado que Jacobo +había tenido la desfachatez de convidar al viejo duque, y el noble +anciano el decoro de negarle la demanda. La incógnita quedó, pues, +sumida en el pozo del misterio, sin que lograsen sacarla a flote los +retorcidos hilos de la conjetura; una esquelita litografiada, que vino, +siguiendo paso a paso al oficio de Palacio, encargóse dos días después +de tirar de la manta. Los curiosos batieron palmas:</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">¡Albricias, albricias!<br /></span> +<span class="i0">Padrino tenemos...<br /></span> +</div></div> + +<p>En la esquela decía: «El marqués de Villamelón y de Paracuéllar, conde +de Albornoz y de Calatañazor, suplica a vuestra excelencia se sirva +asistir a la ceremonia de cubrirse de Grande de España el excelentísimo +señor don Jacobo Téllez-Ponce Melgarejo, marqués de Sabadell, de quien +es padrino, para cuyo acto se ha servido su majestad señalar el día 7 de +<span class='pagenum'><a name="Page_468" id="Page_468">[468]</a></span>febrero de 1878, a las dos de la tarde, en su Real Cuarto».</p> + +<p>El éxito sobrepujó a la expectación, y añadióse al caso, nemine +discrepante, otro tercer carácter... Sin duda era una indecencia, de +cierto era un acto político y de seguro prometía ser un sainete +chistosísimo.</p> + +<p>El día amaneció nublado, era el viento muy frío, y gruesos copos de +nieve comenzaron a caer, entrada ya la tarde, cual espesa lluvia de +jazmines. Un gran landó desembocó entonces como un rayo por la derecha +del Real, describió un rápido semicírculo en torno de la plaza de +Oriente y se detuvo frente a Palacio, en la puerta del Príncipe, de +repente, en firme, con una de esas paradas maestras con que sólo la +férrea mano de Tom Sickles sabía sujetar un tronco sin destrozarlo. Su +cara de remolacha aparecía, en efecto, en lo alto del pescante, +zambullida en enorme cuello de pieles, y su cabeza cuadrada quedó al +descubierto cuando, saltando Fritz del asiento como empujado por un +resorte, abrió la portezuela, tieso, acompasado y expedito, como +verdadero lacayo elegante y correcto.</p> + +<p>Asomóse entonces por la portezuela un sombrero de tres picos con plumas +blancas erizadas, y luego un zapato de charol con hebilla de oro, y una +pantorrilla bien rellena, calzada con media de seda blanca. Sonó después +dentro del coche un ¡Berr! formidable, vehemente y angustioso, como el +del que se arroja a un estanque de agua helada, y apareció al fin, +uniendo aquellas extremidades, un magnífico abrigo de pieles de marta +que envolvía al marqués de Villamelón, vestido de gran uniforme. Hubo un +momento de pausa, en que Fernandito daba pataditas en el suelo, diciendo +con gran impaciencia:—¡Vamos!...</p> + +<p>Apareció entonces la formidable cabeza del <i>buey Apis</i>, y a poco, el +<span class='pagenum'><a name="Page_469" id="Page_469">[469]</a></span>excelentísimo Martínez de cuerpo entero estaba a su lado, envuelto en +su levitón y con su inseparable garrote en la mano. Otra pequeñita, +oculta bajo un guante oscuro, asomó entonces por la portezuela, posóse +en la de Villamelón, y sin tocar casi en el estribo, viose saltar en +tierra la elegante figura de la marquesa de Valdivieso.</p> + +<p>Hubo una nueva pausa, hubo nuevas pataditas de Fernandito, repitiendo +¡vamos!, y apareció entonces, muy despacito, la roja cabecita de la +Albornoz, engarzada en un sombrerito negro; recorrió con rápida mirada +los varios coches detenidos a uno y otro lado de la puerta de Palacio, y +bajó después lentamente, mirando siempre en torno suyo y diciendo al +cabo muy disgustada:</p> + +<p>—¡Pues no ha venido todavía!...</p> + +<p>—¡Si no tiene formalidad ninguna!—replicó Villamelón muy impaciente—. +Apuesto a que llega tarde. ¿Sabes?</p> + +<p>Y como si el reloj de Palacio quisiera aumentar su zozobra, dio en aquel +momento la una y tres cuartos. Villamelón ofreció el brazo a la +Valdivieso para subir la gran escalera, y Currita subió detrás apoyada +en el del <i>buey Apis</i>. Por el ramal opuesto subía al mismo tiempo un +viejo gordo, con la barba blanca muy recortada, hablando vivamente con +otro viejo flaquito, muy atildado y pulcro; el gordo vestía sencilla +levita abrochada, y el flaco, uniforme de teniente general con sus +accesorios de gala.</p> + +<p>Al verles Currita, apretó vivamente el brazo del <i>buey Apis</i>, diciéndole +muy por lo bajo:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_470" id="Page_470">[470]</a></span></p><p>—Mire usted quién va allí, Martínez... Gallego, el ministro de Gracia +y Justicia... En cuanto le vea a usted se asusta... ¡Anda!..., ya nos +mira... ¡Qué delicia!... De fijo que esta noche se declara en el +gabinete la crisis...</p> + +<p>La presencia del <i>buey Apis</i> produjo, en efecto, honda impresión en el +viejo gordo, designado por Currita como ministro de Gracia y Justicia; +detúvose un instante sorprendido, llamó la atención de su compañero y +dialogaron breve rato, él como extrañado y suspenso, el otro como +asombrado de su extrañeza.</p> + +<p>La cosa íbase formalizando; desde la caída de Amadeo no había entrado +Martínez en Palacio, y su presencia allí en aquel momento, aunque fuera +sólo como curioso, prestaba al acto de Jacobo una sanción pública que +acrecía su importancia. El excelentísimo Martínez, mirando de reojo al +ministro, manifestó deseos de conocerle; Currita no le dejó acabar.</p> + +<p>—Pues nada más fácil... Ahora mismo; ya verá usted...</p> + +<p>Y contestando con un gracioso saludo al profundo que ya en lo alto de la +escalera le hacían los dos viejos, dijo de pronto:</p> + +<p>—¡Gallego!... Un momento... Tengo que pedirle a usted un favor... +Necesito una cruz sencillita..., una encomienda de Isabel la Católica o +de Carlos III, cualquier cosa... Se casa un chico de mi apoderado de +Granada y quisiera hacerle ese regalito... Es un poquillo vanidoso y le +gusta colgarse dijes... Con que le mandaré a usted una notita... ¿Eh, +Gallego?...</p> + +<p>Y luego, de repente, como cayendo en la cuenta:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_471" id="Page_471">[471]</a></span></p><p>—¡Ay, por Dios, dispénseme!... ¿No conocía usted a Martínez?... +Martínez..., el señor Fernández Gallego, ministro de Gracia y +Justicia... Mi buen amigo, don Juan Antonio Martínez...</p> + +<p>Saludáronse ambos personajes con grandes cortesías, y Currita, con el +airecillo de princesa de los Ursinos, propio de las mujeres cuando +juegan en público a las muñecas con los hombres políticos, comenzó a +caminar entre ellos hacia la puerta de la Saleta. Allí la esperaba +Villamelón, nervioso, azorado, impaciente, mirando sin cesar hacia la +entrada de la escalera...</p> + +<p>—Pero, Curra, por Dios, te quedas parada por todas partes. ¿Sabes?... +¿Y Jacobo no ha venido?... De fijo que llega tarde... Tú busca un buen +sitio y llévate a Martínez. ¿Me entiendes, Curra?... Con esa calma, ni +vas a oír a Jacobo, ni me verás a mí tampoco... ¡Anda!... ¡Las dos ya en +Palacio!... ¡Se acabó! Me deja plantado; ahora sí que llega tarde...</p> + +<p>Y tarde y apresurado llegaba, en efecto, Jacobo en aquel momento por el +extremo de la galería, airosamente terciada la capa blanca de +santiaguista con que encubría su pintoresco uniforme de maestrante de +Sevilla.</p> + +<p>Villamelón no le dejó respirar; apenas si pudo cruzar una cariñosa +sonrisa con la dama, un apretón de manos con Martínez, y el impaciente +padrino, tirando de él a la rastra, llevóselo por la puerta de la +Saleta. Esperaban allí los Grandes que habían de cubrirse y los que +habían de apadrinarles, formando un brillante conjunto de vistosos y +variados uniformes, entre los que se destacaban las negras manchas de +alguno que otro frac de severo e irreprochable corte.</p> + +<p>Mientras tanto, disponíase en la antecámara la aristocrática ceremonia, +<span class='pagenum'><a name="Page_472" id="Page_472">[472]</a></span>instituida en rigor de verdad por el emperador Carlos V, cuando limitó +el privilegio de cubrirse ante el rey, común antes a todos los títulos, +a doce Grandes de España, que se llamaron desde entonces <i>Grandes de +primera clase</i>, y fueron los duques de Medinasidonia, Alburquerque, +Infantado, Alba, Frías, Medina de Rioseco, Escalona, Benavente, Nájera, +Arcos, Medinaceli y el marqués de Astorga.</p> + +<p>De entonces acá apenas ha variado esta ceremonia, que acostumbra a +celebrarse, como la mayor parte de los actos de etiqueta, en la +antecámara de los reyes.</p> + +<p>Forma esta pieza un vasto cuadro, de severa magnificencia, cuyo techo, +pintado por Maella, representa una alegoría capaz de infundir pavor a +todos los grandes personajes que por allí pasan, destinados a figurar en +la historia: la Verdad, descubierta por el Tiempo. Entrando por la +puerta de la Saleta ábrense a la derecha dos balcones que dan a la plaza +de la Armería, a la izquierda dos puertas que llevan a los aposentos +interiores, y al frente una mampara que comunica con la cámara.</p> + +<p>Hállase tapizada toda la pieza de rica tela azul muy oscura, con grandes +flores de lis, y las iniciales <i>A</i> y <i>B</i> entrelazadas y realzadas en +terciopelo; cuatro grandes retratos de Carlos IV y María Luisa, Fernando +VII y la reina Amalia III ocupan los huecos correspondientes a uno y +otro lado de las puertas de la cámara y la Saleta. Alrededor de los +muros hay banquetas de la misma tapicería que cubre a estos, y cinco +soberbias consolas de mármol y bronce sosteniendo candelabros y bustos +de Isabel II y Francisco de Asís, Felipe V y Fernando VI.</p> + +<p>Entre los dos balcones, sobre una de estas consolas y frente a una +chimenea de mármol jaspeado que corona un colosal espejo, vese otro gran +busto de Carlos III, cubierta por el manto real la armadura, ricamente +<span class='pagenum'><a name="Page_473" id="Page_473">[473]</a></span>cincelada.</p> + +<p>Hallábanse abiertas todas las puertas de la antecámara, excepto la de la +Saleta, y apiñábanse detrás de las cortinas las familias y amigos de los +Grandes, deseosos de contemplar el señoril espectáculo. Ante la puerta +de la cámara veíase una mesa cubierta por rico paño de terciopelo +granate, y un gran sitial destinado al rey.</p> + +<p>A las dos en punto entró este por la puerta de la cámara, seguido del +mayordomo mayor, el Grande de servicio, los ayudantes y todos los +Grandes ya cubiertos; vestía el rey uniforme de capitán general y traía +el tricornio en la mano. Sentóse y cubrióse, y los Grandes se cubrieron +y quedaron en pie a uno y otro lado de la Saleta.</p> + +<p>Iba a comenzar la ceremonia.</p> + +<p>El secretario de la Real Estampilla, destinado a dar fe del acto, abrió +entonces la gran puerta de caoba maciza y dijo, anunciando:</p> + +<p>—Señor..., el marqués de Benhacel.</p> + +<p>Era este el Grande que, como más antiguo, debía de cubrirse primero; +entró entonces un joven dando la mano derecha a un anciano y la +izquierda al mayordomo de semana que estaba de servicio. Vestía el joven +el uniforme de gala de capitán de artillería, y el viejo, decrépito y +encorvado, el de almirante de la Armada, con todo el pecho lleno de +cruces: era el duque de Algar, abuelo y padrino en aquella ocasión del +joven marqués que iba a cubrirse. Traía el viejo el tricornio puesto, y +traía su ros en la mano el joven, dejando al descubierto una cabeza +enérgica y muy española, un poco tostado el rostro por el sol, con ojos +<span class='pagenum'><a name="Page_474" id="Page_474">[474]</a></span>negros vivísimos, que parecían retratar el temple de acero de una raza +de valientes.</p> + +<p>Su entrada fue magnífica, y un murmullo de respetuosa simpatía acogió a +la ilustre pareja, que apareció en la puerta, apoyada en la juventud la +vejez, como una esperanza evocando un recuerdo, como una alegoría de la +experiencia conduciendo de la mano al valor, a depositar una espada sin +mancilla en las gradas del trono.</p> + +<p>En el dintel mismo de la puerta hicieron ambos la primera reverencia de +corte, en el centro del salón la segunda, y frente a frente ya del rey +la última; saludaron después a los Grandes colocados a derecha e +izquierda, y estos contestaron al punto quitándose los sombreros.</p> + +<p>El viejo duque y el mayordomo hiciéronse entonces un paso atrás y quedó +solo el Grande novicio en mitad de la sala. El rey, haciendo un saludo +militar, dijo:</p> + +<p>—Marqués de Benhacel, cubríos y hablad.</p> + +<p>Cubrióse en el acto el marqués, y dirigiéndose al rey, pronunció un +breve discurso, en que, según la costumbre, trazó a grandes rasgos la +gloriosa historia de su familia, que comenzaba en aquel Fortún de +Torres, que peleó con Alfonso el Sabio y murió en el Alcázar de Jerez, +agarrando con los dientes la bandera de su rey, por no poderla ya +sujetar ni defender con sus dos manos mutiladas...</p> + +<p>La voz del artillero, tímida y entrecortada al principio, fuese poco a +poco vigorizando, cual si aquellos hechos gloriosos encontraran en su +corazón eco suficiente para imitarlos, y cuando llegó a describir un +episodio de Trafalgar, que llamó último timbre de su familia, su acento +<span class='pagenum'><a name="Page_475" id="Page_475">[475]</a></span>vibraba con esas misteriosas inflexiones del sentimiento que parecen +elevar al orador a una esfera más alta, prestándole no sólo facultad +para persuadir y fuerzas para conmover, sino hasta derecho para +mandar...</p> + +<p>Gravina agonizaba en la cámara, y el navío <i>Príncipe de Asturias</i> volvía +a Cádiz desmantelado, al mando de un hombre que entró en el combate con +tres hijos y volvía a su hogar con uno solo, el más joven, guardia +marina de pocos años. La tempestad arreció al promediar la noche y fue +necesario picar un palo, que quiso la desgracia quedase sujeto por un +cable a la cofa, haciéndole escorar con riesgo cierto de hundirse; tres +gavieros subieron uno tras otro a cortar el cable, y a los tres los +arrebató la borrasca y los sepultaron las olas.</p> + +<p>Entonces, aquel hombre de hierro, que vio a la diezmada tripulación +temblar ante la horrible obediencia, volvióse a su hijo, único que le +quedaba, ídolo de su corazón y esperanza última de una gran familia, y +díjole tan sólo:</p> + +<p>—Señor guardia marina... A usted le toca.</p> + +<p>El niño, con el hacha entre los dientes, trepó hasta la cofa, y porque +la Virgen María le ayudó, cortó el cable...</p> + +<p>Y en medio de ese profundo silencio que ata las lenguas y humedece los +ojos, cuando lo sublime embarga el corazón y levanta el pecho con el +temblor de un sollozo, volvióse Benhacel lentamente al viejo duque y +añadió, mostrándolo:</p> + +<p>—Aquel guardia marina niño era mi abuelo; el héroe era su padre. El +mío—prosiguió con una voz en que se notaban dejos del llanto—sirvió +<span class='pagenum'><a name="Page_476" id="Page_476">[476]</a></span>también a su rey en la Armada real hasta el año 68...; en el mes de +septiembre se arrancó los entorchados y rompió su espada... Yo, señor, +desenvainé la mía por primera vez en la batalla de Alcolea, y fiel a las +tradiciones de mi raza, vengo a ofreceros hoy como Grande la que ya os +di como soldado...</p> + +<p>Y al llevar, diciendo esto, la mano derecha a la empuñadura de la +espada, vieron todos que le faltaban en aquella los dos dedos de en +medio. Un casco de granada se los arrancó en Alcolea.</p> + +<p>Benhacel calló, y en medio del homenaje más grande que pueden prestar la +admiración y el respeto, el silencio, descubrióse, hincó una rodilla en +tierra y besó la mano del rey; saludó después a los Grandes de uno y +otro lado, y acompañado de su abuelo, fuese a colocar entre ellos. El +viejo lloraba como un niño; uno le dijo:</p> + +<p>—¡Llora el almirante, y no lloró el guardia marina!...</p> + +<p>Por desdicha, no acabó aquí la ceremonia; el secretario de la Real +Estampilla abría de nuevo la puerta de la Saleta y tomaba a anunciar:</p> + +<p>—Señor..., el marqués de Sabadell.</p> + +<p>El sainete comenzaba, y apareció entonces Villamelón, solemne, +imponente, erguida la cabeza, tieso el torso ya algo panzudo, trayendo +de la mano a Jacobo, que ofrecía el tipo de hombre más hermoso, elegante +y señoril que pudiera imaginarse. Ajustaba su airoso talle la casaca +encarnada de los maestrantes de Sevilla, con sardinetas y charreteras de +plata, y cruzaba su pecho, de un lado a otro, una de esas grandes bandas +que se crean para premiar el mérito y fomentar la virtud, y se usan para +satisfacer vanidades o adornar buenos mozos; el calzón de punto blanco +<span class='pagenum'><a name="Page_477" id="Page_477">[477]</a></span>ceñía la bien formada pierna, y la alta y charolada bota y el tricornio +con finísimo penacho blanco completaban aquel pintoresco traje.</p> + +<p>Cumplido el ceremonial, Villamelón abandonó la mano de su ahijado y +quedóse atrás, en actitud señoril, pero estudiada, contemplando estático +las grandes narices de Carlos III, que tenía frente a frente, mirando de +cuando en cuando con el rabillo del ojo a uno y otro lado, y diciendo +para sus adentros:</p> + +<p>—Mucho me miran... Debo de estar hermoso.</p> + +<p>Quedó Jacobo solo en medio de la antecámara un poco cortado; mas al +sentirse blanco de una atención, que harto comprendió él no serle +benévola, crecióse su orgullo y despertó su natural audacia, y lanzó en +torno una mirada que quiso hacer altiva y fue sólo insolente, quiso +hacer serena y fue solo provocativa.</p> + +<p>Los curiosos se apiñaban tras las cortinas, y Currita, en primera fila, +devoraba a Jacobo con la vista; Martínez, a su lado, estrujado casi +contra el quicio mismo de la puerta, no podía verle, mas prestaba oído +atento, lleno de ansiedad, mordiendo con la cabezota baja el puño de su +garrote.</p> + +<p>Tras la mampara de la cámara, a espaldas mismas del rey, sentíase el +crujir de algunos trajes de seda; díjose después que desde allí había +presenciado la reina la ceremonia.</p> + +<p>Los Grandes alargaban las cabezas, ansiosos de oír a Jacobo... Acababan +de ver retratado, cual en un espejo, en el discurso de Benhacel, lo que +debe de ser un Grande, lo que significa aquel lema de la antigua +<span class='pagenum'><a name="Page_478" id="Page_478">[478]</a></span>hidalguía: <i>nobleza obliga</i>, que no exige ciertamente que cada título +de Castilla sea un genio, ni cada Grande de España un héroe, ni cada +apellido ilustre un santo; porque ni el genio se hereda, ni la +inteligencia se vincula, ni el heroísmo es un pergamino, ni la santidad +un mayorazgo. Pero que exige e impone, con la fuerza imperiosa de un +deber de conciencia, la obligación de considerar en la Grandeza una +<i>carga</i> a la vez que un <i>honor</i>; de servir de ejemplo en los +pensamientos, en las palabras, en las acciones y en las costumbres; de +sostener la dignidad de las glorias que representa; de echar, como +Breno, el peso de la espada o el peso de la inteligencia en la balanza +en que oscilan la ruina y el esplendor de las naciones; de sentir algo +más que voluptuosidades; de querer algo más que placeres; de saber +defender un trono cuando se hunde, como en España el 68; de saber morir +como un rey cuando le degüellan, como en Francia el 93.</p> + +<p>Y entonces, reciente aún aquella impresión nobilísima que elevaba las +inteligencias y movía los corazones, iban a ver en Jacobo lo que es esa +misma grandeza cuando refleja en un charco los rayos de su gloria, +cuando el vicio la deslustra y la bajeza la empuerca, y el olvido de la +propia dignidad la pone al servicio de un Martínez, que apoya en ella la +pataza para encaramarse en lo alto y darle después, una vez arriba, +desde la cumbre de su insolencia, la más ignominiosa de todas las coces: +la coz del asno...</p> + +<p>Jacobo hablaba bien, y era la más mimada de todas sus vanidades la +vanidad de su elocuencia; mas no osó, sin embargo, confiar su discurso a +la memoria, y limitóse a leerlo, temeroso de pasar por alto alguno de +los habilidosos rodeos con que procuraba sortear los grandes escollos +que por todas partes le cerraban el paso.</p> + +<p>Hízolo, en efecto, con notable maestría, en que creyeron descubrir +<span class='pagenum'><a name="Page_479" id="Page_479">[479]</a></span>algunos las macizas huellas del <i>buey Apis</i>, y cuando cesó de hablar, +las miradas significativas de todos se cruzaron de uno a otro lado...</p> + +<p>El hecho era cierto: Martínez y su mesnada cantaban la palinodia, y el +Grande de España consorte era el encargado de hacer llevar el reverente +clamor a los oídos del monarca.</p> + +<p>Alarmáronse los parciales del Gobierno, y el señor Fernández Gallego, +que entre los curiosos andaba agazapado, frunció el acento circunflejo +que sobre la nariz tenía, a la vista de aquella nube de bárbaros +hambrientos que salían de los bosques talados de la Revolución y +amenazaban invadir las fértiles llanuras del presupuesto, que ellos +solos cultivaban. ¿Cuál sería la actitud del monarca?</p> + +<p>Esto se preguntaban todos los ojos y esto excitó todas las curiosidades, +mientras los doce Grandes que aún quedaban por cubrir leían sus +discursos y terminaba la ceremonia.</p> + +<p>Levantóse al fin el rey, y con la cabeza descubierta dio una vuelta a la +antecámara, hablando y saludando a todos los Grandes.</p> + +<p>Nadie chistaba; había llegado el momento de conocer si el memorial de +Martínez era acogido o rechazado, si era necesario pactar con los +invasores o perseguirlos, como a perro que huye, con maza al son de +almireces y cencerros, hasta los confines de sus bosques desiertos.</p> + +<p>Hubo un mal síntoma: el rey pasó ante Villamelón sin hablarle, +haciéndole tan sólo un leve saludo; detúvose después un gran rato con el +viejo duque de Algar y su nieto, y llegó al fin a Jacobo, que se hallaba +de pie en pos de estos. Hubiérase podido escuchar en la antecámara el +vuelo de una mosca, percibir el rumor de la huella más callada, del paso +<span class='pagenum'><a name="Page_480" id="Page_480">[480]</a></span>mismo de la muerte.</p> + +<p>Paróse el rey ante Jacobo y le miró sonriendo con cierta chusca malicia.</p> + +<p>—¿Qué tal, Sabadell?... ¿Y su amigo de usted, Martínez?... Me han dicho +que le gustan mucho las violetas... Dígale usted que en la Casa de Campo +las hay muy tempranas... Por allí iré yo el jueves, a las cuatro...</p> + +<p>Y sin añadir una palabra más volvióle la espalda.</p> + +<p>Harto había dicho, sin embargo, y un resoplido inmenso resonó entonces +tras la cortina de la izquierda, como el aliento de un pechazo +comprimido que al fin se desahoga: era <i>el buey Apis</i>, el excelentísimo +Martínez, que hubiera soltado en aquel momento un relincho, como en sus +expansiones de alegría los mozos de su tierra, y estrujando entre sus +brutales brazos, como un Hércules que abrazara a un insecto, a su +ilustre aliada Currita.</p> + +<p>Ella, sin poder disimular tampoco el vivo gozo del triunfo, díjole +imprevisoriamente:</p> + +<p>—Martínez... Encargue usted el uniforme.</p> + +<p>Y una vocecita burlona, que jamás se pudo averiguar de dónde había +salido, contestó a su espalda:</p> + +<p>—Con que vuelva del revés el de don Amadeo, sale del paso sin gastos...</p> + +<p>Quedaba aún la parte más pintoresca de la ceremonia, que había de ser +para Jacobo la apoteosis del triunfo. Retirado el rey a sus +habitaciones, salieron de la antecámara por orden de antigüedad los +<span class='pagenum'><a name="Page_481" id="Page_481">[481]</a></span>Grandes recién cubiertos, para ser presentados al Cuerpo de +Alabarderos.</p> + +<p>Hallábanse estos formados a uno y otro lado de la doble escalera, y los +Grandes, llevando a la derecha a sus padrinos, debían de bajar por un +ramal y tornar a subir por el otro, al son del golpe de las alabardas, +que les hacían el saludo de honor.</p> + +<p>Los curiosos llenaban el frente de la galería y la parte baja de la +soberbia escalera, cuya bóveda, pintada por Giaquinto, representaba a la +España ofreciendo a la Religión sus virtudes y trofeos.</p> + +<p>Cuando Jacobo puso de nuevo el pie en la galería, y salieron a su +encuentro Currita y otros amigos, ansiosos de darle la enhorabuena, el +orgullo satisfecho reflejaba en su semblante una especie de vértigo, y +hubiera gritado como el Nabucodonosor de la ópera:</p> + +<p class="center"><i>¡Io non Ré, so Dio!...</i> + +Buscó con la vista a Martínez y viole a diez pasos de distancia, con la +cabezota ladeada, apoyado en su garrote, y su risa de paleto sobre los +labios, recibiendo también sus homenajes.</p> + +<p>Un grupo de palaciegos le rodeaba, oprimiéndose y estrujándose por +estrechar su velluda manaza entre las suyas finas y enguantadas, al +compás de previsoras lisonjas. El general que acompañaba antes al +ministro de Gracia y Justicia invitábale muy finamente a una cacería en +sus tierras de Pardillo; era Grande de España, y llamábanle en Palacio +el <i>cuclillo indicador</i>, por ser siempre el primero en adivinar la mata +por donde había de saltar un ministro.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_482" id="Page_482">[482]</a></span></p><p>Nevaba furiosamente, y angustiado Fernandito, daba prisa por marcharse. +Currita convidó a comer a Martínez y a Jacobo, y ambos aceptaron; mas +este quiso llegar antes a su casa para quitarse el uniforme.</p> + +<p>En la bandeja destinada en la antesala a recibir las tarjetas y las +cartas, vio un gran oficio entrelargo y lo recogió al paso, mientras le +quitaba Damián la blanca capa de santiaguista, con la roja cruz en el +lado izquierdo. Molestábale mucho una de las altas botas del uniforme, y +sin esperar a Damián, quiso quitársela él mismo, en cuanto entró en la +alcoba; no pudo, sin embargo, conseguirlo del todo y quedóse con ella a +medio descalzar, sentado en una butaca, esperando al ayuda de cámara. +Tardaba este, e impaciente Jacobo, abrió mientras tanto el oficio.</p> + +<p>Sobre un pliego de papel blanco vio destacarse ante su vista el sello +rojo que había cerrado en otro tiempo el sobre exterior de los +documentos masónicos.</p> + +<p>Miróle un momento aterrado. Parecíale una gota de sangre.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIdmdash" id="VIdmdash"></a><a href="#toc">—VI—</a></h2> + + +<p>Era al día siguiente domingo de Carnaval, y Madrid amaneció con el suelo +emporcachado y el cielo radiante, como una meretriz coronada de flores y +sentada en un charco; un fuerte viento del Norte había barrido las nubes +y helado por los rincones los restos de nieve que habían logrado +sustraerse a las pesquisas de la escoba municipal.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_483" id="Page_483">[483]</a></span></p><p>El frío era grande y ayudaba a la pereza a mantener agazapados entre +las calientes ropas del lecho aun a los más madrugadores. Damián oyó las +ocho en su cama y volvióse del otro lado, esperando que el señor marqués +no necesitaría de sus servicios, según su costumbre, hasta muy entrada +la mañana; un violento campanillazo vino, sin embargo, a hacerle saltar +despavorido...</p> + +<p>El señor marqués llamaba, y llamaba tan de prisa, que aun antes de que +Damián lograse medio vestirse sonaron otros dos fuertes repiquetes, en +cuyo timbre creyó reconocer el ayuda de cámara todas las intemperancias +del mal humor que se desborda y de la impaciencia que estalla.</p> + +<p>Arreglándose con los dedos la negra y rizada cabellera, abrió +violentamente la puerta del despacho, para llegar por allí más pronto a +la alcoba y quedóse parado en el dintel, tieso como un huso, cuadrado +como un quinto y estupefacto cual si hubiese visto levantarse el sol en +mitad de la noche.</p> + +<p>El señor marqués, vestido ya por completo de mañana, hallábase sentado +junto a su mesa de escribir, con una carta cerrada en la mano.</p> + +<p>—¿El señor marqués ha llamado?...</p> + +<p>—No he llamado... he repicado trescientas veces—exclamó Jacobo con +ira; y dominándose al punto, alargó a Damián la carta, diciendo sin +mirarle:</p> + +<p>—Esta carta a su destino... La llevas tú mismo al momento... Si no +viviese allí ese... señor, que bien pudiera ser, preguntas al portero +dónde se ha mudado y allí la llevas... ¿Te enteras?...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_484" id="Page_484">[484]</a></span></p><p>Hizo Damián una muda reverencia, y salió leyendo el sobrescrito de la +carta, que era el siguiente: «Señor don Francisco Javier Pérez Cueto. +Calle de X**, número 10, tercero, derecha».</p> + +<p>Encogióse Damián de hombros, por parecerle el tal Pérez Cueto algún +pobre diablo que no merecía se molestase él en llevarle una carta, y +Jacobo quedó solo, preguntándose qué se hace un hombre en esta vida +levantado desde las ocho de la mañana.</p> + +<p>La campana de la vecina iglesia de San José comenzó a tocar en aquel +momento, como si quisiera contestarle que ir a misa, y Jacobo recordó +entonces que hacía catorce años, desde el primero de su matrimonio, que +no había oído ninguna.</p> + +<p>Sintió entonces cierta tristeza, cierto malestar que le aquejaba, a +pesar de sus satisfacciones de la víspera, desde el momento en que los +masones habían repetido por segunda vez aquella ridícula <i>broma del +sellito</i>, que ahora como entonces había venido a asustarle primero, a +irritarle después y a despertar, por último, su fogosa e irreflexible +actividad de un momento, a la vista de aquel peligro misterioso que +hubiera debido conjurar ya dos veces, sin haberlo hecho ninguna. +Lamentábase entonces de su imprudente apatía, y prometiéndose +remediarla, confesábase allá en el fondo de su corazón</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Que propio del cobarde es<br /></span> +<span class="i0">Llorar la ocasión perdida.<br /></span> +</div></div> + +<p>No la juzgaba él, sin embargo, pasada del todo, puesto que tenía en su +poder las cartas de Garibaldi que explicaban su conducta y garantían su +<span class='pagenum'><a name="Page_485" id="Page_485">[485]</a></span>persona. Cierto que habían perdido ya estas cartas mucho de su fuerza, +por haber muerto en aquel intervalo el viejo revolucionario y por su +demora propia en entregarlas, mas no le faltarían a él mentiras +complicadas y habilidosos enredos para explicarlo todo a su gusto, y +además, su posición había de variar muy pronto, adquiriendo grande +importancia.</p> + +<p>Opinión de todos fundadísima era que <i>el buey Apis</i> estaba abocado a ser +presidente del Consejo en cuanto viniera a tierra aquel gabinete que ya +se tambaleaba, y entonces—¡oh, entonces!—sería él seguramente +ministro, y desde las alturas del banco azul, teniendo él la sartén por +el mango, podía ya reírse impunemente, así de las burlas como de las +amenazas de los masones.</p> + +<p>Aquella noche, mientras desvelado daba vueltas en el lecho sin poder +desechar su inquietud, no obstante sus razonamientos, decidió, sin +embargo, no esperar esta vez para tomar un partido, al tercer acto de la +estúpida comedia, a la llegada del tercer sellito...</p> + +<p>Venían dirigidas las cartas de Garibaldi a un Hº. Neptuno, gran +personaje en las logias, que, despojado del tridente, la corona de algas +y los simbólicos tres puntos, quedaba reducido en la vida ordinaria a un +don Francisco Javier Pérez Cueto, fabricante de almidón en uno de los +arrabales de la corte, entidad perfectamente desconocida para todo el +mundo, tras de la cual, según opinión de algunos, ocultábase cierto +personaje famoso que vivió y murió haciendo ruido.</p> + +<p>Jacobo no lo ignoraba y había tenido ocasión de comprenderlo en sus +tiempos de amistad íntima con el conde de Reus. A este, pues, Pérez +Cueto, escribió Jacobo una carta en que con frases muy corteses, a la +<span class='pagenum'><a name="Page_486" id="Page_486">[486]</a></span>vez que apremiantes, pedíale una entrevista para tratar de un asunto de +grande importancia; observaba en ella todo el ceremonial masónico y +firmaba con su antiguo nombre de guerra, Hº. Byron, basado en su +prodigiosa semejanza con el lord poeta...</p> + +<p>Media hora larga debía de emplear Damián en ir y volver de casa de Pérez +Cueto, y púsose Jacobo mientras tanto a formar en un papelito con las +cartas de Garibaldi delante, una especie de croquis de las mentiras y +enredos con que había de probar su inocencia al Hº. Neptuno.</p> + +<p>Sorprendióle la llegada de Damián en esta operación todavía, e +interrogóle al punto con la vista: el señor Pérez Cueto estaba en casa, +y la carta le había sido entregada. Jacobo respiró desahogado, como si +viera ya con esto finalizado el negocio, y no ocurriéndosele otra cosa +que hacer desde aquella hora hasta la del almuerzo, parecióle lo mejor +meterse de nuevo en la cama; decididamente era una aberración +incomprensible la de aquellas, gentes que se levantan antes de las doce +del día.</p> + +<p>—Si viene alguna carta—dijo a Damián—me despiertas en seguida... Sí +no, entra a las dos en punto...</p> + +<p>Y como ninguna carta vino, entró Damián en la alcoba a las dos en punto, +encontrando al señor marqués profundamente dormido. Levantóse este de +muy mal humor, vistióse muy despacio con su elegancia acostumbrada, +almorzó parcamente y sin apetito, y marchóse luego al Veloz, dejando a +Damián la orden de llevarle allí al momento cualquiera carta o recado +que para él llegase.</p> + +<p>En el Veloz disipóse de repente su humor negrísimo y comenzó a reír y +divertirse como un muchacho; Gorito Sardona y Paco Vélez, asomados a un +<span class='pagenum'><a name="Page_487" id="Page_487">[487]</a></span>balcón, tiraban a los transeúntes un <i>saquillo</i>, y púsose Jacobo a +ayudarles; era el saquillo un lindo canastito, adornado con cintas y +cascabeles, y atado con un cordón de seda lo bastante corto para que no +llegase a dar en los sombreros de los transeúntes.</p> + +<p>Lanzábanlo con grande fuerza sobre las damas que pasaban, y asustadas +ellas con el ruido, encogíanse prontamente, levantando la cabeza; +entonces, si eran jóvenes y bonitas, arrojábanles una lluvia de dulces y +flores; si eran viejas o feas, sacábanles la lengua con la mayor +insolencia.</p> + +<p>El juego, aunque poco digno de un futuro ministro, parecióle a Jacobo +muy divertido y mandó encargar al punto para el día siguiente, en la +Mahonesa, un par de arrobas de confetti, especie de bombones rellenos de +harina con que se apedrean las máscaras en el <i>corso</i> de Roma.</p> + +<p>Al oscurecer, abandonó Jacobo el balcón para dirigirse a casa de +Currita, donde estaba citado con <i>el buey Apis</i> desde la víspera; cierto +senador famoso, disgustado recientemente con el Gobierno, había +solicitado de Martínez, por medio de la dama, una entrevista, y ella +apresuróse a ofrecerles, como terreno neutral, su propia mesa; ambos +debían, por lo tanto, comer aquella noche en casa de la Albornoz con +este objeto, y Jacobo, el niño mimado del nuevo partido, no podía faltar +tampoco en aquella ocasión al lado de su jefe.</p> + +<p>El futuro ministro subió por la calle de Alcalá, atravesó la Puerta del +Sol y entró por la calle del Carmen; frente a la iglesia de este nombre +había parada una grotesca estudiantina, vestida de amarillo y encarnado, +tocando desentonadamente el vals de <i>La Gran Duquesa</i>.</p> + +<p>Un hombre muy alto, encaramado sobre unos zancos que le ponían al nivel +<span class='pagenum'><a name="Page_488" id="Page_488">[488]</a></span>de los segundos pisos, recogía propinas de los balcones, tocando el +clarinete y haciendo piruetas; la multitud reía en torno, contemplando +las contorsiones del volatinero, y algunos grotescos mascarones +chapaleteaban sobre el fango, dando vueltas vertiginosas al compás del +vals canallesco.</p> + +<p>Las sombras del crepúsculo prestaban un tinte oscuro y asqueroso a aquel +cuadro de arrabal, en que parecía revolcarse sobre el cieno de las +calles el cieno de las almas.</p> + +<p>Jacobo procuraba abrirse paso a través del gentío, arrimándose a la +escalerilla de la iglesia; mas detúvose de pronto sorprendido y ocultóse +al punto como asustado, detrás de unos mascarones, cubiertos con +pingajientas colchas de zaraza atadas por la cabeza, que saltaban +delante de él medio borrachos.</p> + +<p>Al lado mismo de Jacobo, y en su dirección misma, marchaban dos hombres, +al parecer extranjeros, agarrados del brazo para no separarse el uno del +otro entre los remolinos de la gente. Llevaba el más viejo una bufanda +encarnada que le cubría la camisa, un sombrero calabrés algo mugriento y +un arete de oro en la oreja izquierda; el más joven era bajo, rechoncho +y sin pelo de barba en la rolliza cara.</p> + +<p>Quedóse atrás Sabadell, mirándoles muy espantado, como si quisiera +reconocerles...</p> + +<p>No había duda: era el más viejo un italiano llamado Cassanello, que +había conocido él en las logias de Milán y vuelto a ver aquel mismo año +en Caprera, en casa de Garibaldi.</p> + +<p>Los dos hombres se volvieron de repente por no poder atravesar el +<span class='pagenum'><a name="Page_489" id="Page_489">[489]</a></span>gentío, y asustado Jacobo cubrióse al punto el rostro con el pañuelo +cual si se limpiase las narices, y subiendo muy de prisa la escalerilla +del Carmen, entróse en el templo...</p> + +<p>Al pronto no vio nada, sino una gran oscuridad cortada en el fondo por +un foco de luz brillantísimo, en cuyo centro estaba expuesto en la +custodia el Santísimo Sacramento. Distinguíase al pie del altar una gran +masa negra, y salía de ella a intervalos un suave clamor, lento y +pausado, que parecía contestar a otra voz más enérgica y acentuada:</p> + +<p>—Ora pro nobis!...</p> + +<p>Detúvose el fugitivo un momento, turbado, con cierto pavor respetuoso, +semejante al del profano que se encontrara de repente en el fondo de las +catacumbas, en medio de los divinos oficios; a lo lejos, oíanse en la +calle el vals de <i>La Gran Duquesa</i> y los gritos de la canalla... Dio +entonces dos pasos a tientas, extendiendo el brazo para salir por la +puerta de enfrente a la calle de la Montera, y tropezó con un +confesonario arrimado a la pared de la derecha; abrióse al punto la +puertecilla baja de delante y apareció una mano muy blanca pegada a una +manga negra. Jacobo retrocedió un paso sorprendido, y la puertecilla se +volvió a cerrar, y tornó a desaparecer la mano, oyéndose una voz pausada +que decía en el fondo de aquellas tinieblas:</p> + +<p>—Dispense usted... Creí que venía a confesarse...</p> + +<p>Sublevóse el impío orgullo de Jacobo ante aquellas sencillas palabras y +contestó brutalmente:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_490" id="Page_490">[490]</a></span></p><p>—Eso se queda para las viejas...</p> + +<p>La voz, sin perder su serena pausa, dijo entonces desde las tinieblas:</p> + +<p>—<i>Vocavi et renuistis</i>...</p> + +<p>—<i>Vocavi et renuistis</i>?—preguntóse Jacobo sin comprender el +significado de la terrible frase.</p> + +<p>Y abriendo violentamente la puerta una gran bocanada de aire ensordeció +sus oídos con el vals de <i>La Gran Duquesa</i>, apagando por completo el +dulce silbo del cielo, el piadoso clamor de la misericordia:</p> + +<p>—Ora pro nobis!...</p> + +<p>Por calles extraviadas y volviendo siempre la cara atrás, cual si le +persiguiesen, llegó a casa de la Albornoz muy agitado. El encuentro de +aquel hombre en aquellas circunstancias habíale inspirado un terror muy +parecido al que sintió meses antes, al ver vacíos en el álbum del tío +Frasquito los huecos ocupados en otro tiempo por los tres sellos. ¿Qué +vendría a buscar aquel pajarraco en la corte? ¿Tendría que ver algo su +venida con el asunto de los masones? ¿Habría acaso en todo aquello algo +más que una estúpida broma?</p> + +<p>Encantadora estaba Currita aquella noche con sus rojos pelitos peinados +a la griega y una extraña <i>toilette</i> un poco abigarrada, muy propia del +caprichoso tiempo de carnestolendas. No había ido por la tarde al paseo +del Prado; incomodábala mucho aquel eterno dar vueltas de los días de +Carnaval, expuesta siempre a oír las desvergüenzas que escupen la +envidia y la insolencia tras el anónimo de una careta... ¡Cuántas había +escuchado ella antes de salir escarmentada! Quedóse, pues, en su casita, +como mujer de provecho, cuidando de Fernandito, que andaba desmazalado, +<span class='pagenum'><a name="Page_491" id="Page_491">[491]</a></span>y ya entrada la noche, llegó primero el excelentísimo Martínez y a poco +el senador del reino don Vicente Cascante.</p> + +<p>Jacobo no había venido todavía, y disgustada Currita por creer que toda +palabra del <i>buey Apis</i> pronunciada a espaldas de aquel amigo querido +era un fraude que a este se hacía, salió impaciente en su busca. Solía +Jacobo algunas veces entrar en el <i>boudoir</i> o en las habitaciones de +Fernandito como persona de la más familiar confianza, y no parecer en el +salón hasta el momento mismo de la comida. Al atravesar una antesala, +encontróse Currita un lacayo, que le presentó una carta en una bandeja +de plata.</p> + +<p>—Para el señor marqués de Sabadell—dijo.</p> + +<p>Tomóla al punto Currita, con grande prisa, y miró el sobre; era su letra +una de esas letras inglesas de mujer, de rasgos firmes y corridos, y por +debajo del nombre de Jacobo, decía: <i>Urgentísima</i>.</p> + +<p>—¿Quién ha traído esto?—preguntó.</p> + +<p>—Damián la ha traído... El señor marqués ha estado todo el día +esperando esa carta, y dejó dicho que en cuanto viniera se la llevaran +al Veloz... Damián fue allí y el señor marqués había ya salido; tomó +entonces un coche y la trajo aquí corriendo.</p> + +<p>Currita quedóse un instante muy pensativa y dijo al cabo:</p> + +<p>—¿Y el señor marqués no ha venido?</p> + +<p>—No ha venido todavía.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_492" id="Page_492">[492]</a></span></p><p>—Está bien; yo se la entregaré cuando venga.</p> + +<p>Y con la carta en la mano entróse en el <i>boudoir</i>, arrugando el +entrecejo, la boca fruncida y torvos los claros ojitos... A la luz de la +gran lámpara sostenida por el negro de ébano tomó a registrar la carta +por todos lados; era el sobre de rico papel muy recio, no tenía timbre, +sello ni inicial alguna, y venía ligeramente pegado con la misma goma de +los bordes.</p> + +<p>Currita introdujo un fino cuchillo de marfil por debajo, y el recio +papel, sin doblarse ni romperse, se despegó fácilmente. Venía dentro una +de esas tarjetas cuadradas en que suelen escribir sus esquelas las damas +elegantes, cortada de intento la esquina superior izquierda, en que sin +duda debió de haber algún timbre o algún nombre. En breves renglones +decía: «La cita que me pide me compromete mucho; pero cedo a los +sentimientos que me inspira, y le espero esta noche, de doce a una, en +la calle de X**, número 4, principal, derecha. Silencio y discreción. No +diga al portero mi nombre: pregunte por la señora de Rosales.—N.»</p> + +<p>—¡Qué delicia!—murmuró Currita; y mordiéndose los labios hasta hacerse +sangre, volvió a leer por dos veces la carta, sentándose antes en una +butaca.</p> + +<p>Quedóse luego, pensativa breve rato, sin que denunciase su alteración +más que un imperceptible temblorcito en la mano que sostenía la carta, +una ligera crispatura en los labios, un torvo reflejo en la vista, fija +siempre en la alfombra. No era ya su mirada la de la ninfa Calipso, +orgullosa, placentera, rebosando vanidad satisfecha y gratas +satisfacciones; era la mirada celosa, furibunda y salvaje, de la Medea +que describe Séneca, terrible e imponente en medio de su sombría calma.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_493" id="Page_493">[493]</a></span></p><p>Sin perder un punto de la suya, escribió Currita en un plieguecillo de +papel timbrado las señas que venían en la carta; volvió a leerla por +cuarta vez y la metió de nuevo en el sobre, tornando a pegar este con +una poca de goma. Mantúvola un momento al calor de la chimenea, para dar +tiempo a que se secase por completo, y arrejóla luego sobre su lindo +escritorio. Entonces llamó a Kate.</p> + +<p>—¿El señor marqués de Sabadell ha venido?</p> + +<p>—Ahora mismo acaba de entrar y está en el salón de los señores.</p> + +<p>—Ahí encima debe haber una carta... Que se la entreguen en seguida.</p> + +<p>Tomóla Kate de sobre la mesa y se dirigió a la puerta; mas la señora, +siempre taimada y astuta, y sin dejar ver a nadie el juego de sus +cartas, dijole con voz muy displicente y quejumbrosa:</p> + +<p>—Mira, hija, prepárame antes una dosis de antipirina... ¡Me está +barruntando una jaqueca!</p> + +<p>Volvió Kate a poco, revolviendo en una copa, con preciosa cucharilla, la +medicina pedida.</p> + +<p>—¿Han entregado la carta?—preguntó Currita.</p> + +<p>—Como dijo la señora condesa que trajesen antes la antipirina...</p> + +<p>—Pues anda, mujer... ¡Si dice en el sobre urgente!...</p> + +<p>No bien salió Kate, arrojó Currita en la chimenea la medicina y +<span class='pagenum'><a name="Page_494" id="Page_494">[494]</a></span>dirigióse muy de prisa al salón azul, donde acababa de entrar Jacobo. +Quería ver ella de cerca la impresión que causaba a este la lectura de +la carta; un momento después presentábasela un criado en una bandeja de +plata.</p> + +<p>Abalanzóse a ella Jacobo con grandes ansias, y sin mirar apenas el +sobre, rasgólo en dos pedazos... Currita le devoraba con la vista, mas +no pudo notar en su rostro señal de gozo ni satisfacción alguna; observó +tan sólo una gran ansiedad mientras leía, y luego una honda preocupación +que le duró toda la comida. A veces, charlaba largo rato, sin cesar un +punto, con cierta excitación nerviosa que prestaba brillantez a su +conversación y alarmaba a Currita; otras, enmudecía de repente y +quedábase pensativo y preocupado, sin prestar apenas atención a lo que +en torno de él se hablaba.</p> + +<p>Hallábase muy perplejo; había comprendido desde luego que aquella +extraña carta era la respuesta del Hº. Neptuno, porque a nadie sino a +este había pedido él cita alguna; mas extrañábale, por lo mismo, la +singular manera de su redacción y el empeño manifiesto que en ella se +notaba de encubrir todo lo que pudiera denunciar su carácter masónico y +hacerla tan sólo como una cita galante y misteriosa, según la había +juzgado ya, engañándose por completo, la misma Currita.</p> + +<p>Despertóle esto la fundada sospecha de si la carta ocultaría algún lazo, +y de nuevo renacieron sus temores; mas recordó luego las mojigangas +ridículas y los aparatosos misterios de que suelen rodearse siempre los +masones, y esforzóse por creer lo que más halagaba sus deseos y +ahuyentaba sus recelos: que en todo aquello había tan sólo una broma +impertinente y ridícula que había que apurar hasta el cabo, y que la +carta de Pérez Cueto era el chasco de Carnaval que debía coronarla. De +repente, en uno de aquellos momentos de preocupación que la lucha de +<span class='pagenum'><a name="Page_495" id="Page_495">[495]</a></span>estas ideas le causaba, dijo a don Casimiro Pantojas, que se hallaba a +su lado:</p> + +<p>—Diga usted, Pantojas... ¿Qué significa <i>vocavi et renuistis</i>?...</p> + +<p>Miróle el bueno de don Casimiro muy asombrado, y satisfecho de poder +lucir su erudición, contestóle al punto:</p> + +<p>—Significa literalmente <i>te llamé y me rechazaste</i>... y son las +palabras de Isaías, si mal no recuerdo, que dirige el Señor a los +pecadores empedernidos que resisten a su misericordia.</p> + +<p>Echóse Jacobo a reír, y Currita le preguntó con malicia:</p> + +<p>—¿Piensas hacer en el Senado alguna homilía sobre ese texto?</p> + +<p>—No pienso yo hacerla, sino que me la han hecho a mí esta +tarde—contestó Jacobo.</p> + +<p>Y añadiéndole ridículos pormenores, contó la escena del confesonario en +la iglesia del Carmen, guardándose muy bien de decir el verdadero motivo +de su entrada en el templo: según él, habíale sido imposible el tránsito +por la calle del Carmen, y atravesó por la iglesia para salir a la de la +Montera. Riéronse todos mucho de la ocurrencia del cura, y el señor don +Vicente Cascante, senador del reino, dijo con prosopopeya e hinchazón +sentenciosa.</p> + +<p>—Pero noten ustedes cómo en medio de lo ridículo del caso resalta +siempre la soberbia y la insolencia del clero... ¡Siempre disponiendo de +los rayos celestes, como si Dios les hubiera dado a ellos la llave!... +Eso es insufrible, y cien veces lo he dicho y lo repetiré otras ciento: +<span class='pagenum'><a name="Page_496" id="Page_496">[496]</a></span>la dureza y la intransigencia del clero es lo que está carcomiendo la +Iglesia de España.</p> + +<p>Y el señor don Vicente Cascante, senador del reino, para enardecer el +celo de la casa de Dios, que se lo comía, comióse él una pechugita de +perdiz con gesto de pesar profundo.</p> + +<p>A las once de la noche, el palacio de Villamelón parecía, por extraño +caso, la morada de la quietud y del silencio: la señora condesa se había +retirado muy temprano a sus habitaciones, a causa de una fuerte jaqueca +que le molestaba desde la tarde; el señor marqués habíase acostado +también, aquejado de fuertes mareos, y la numerosa servidumbre, libre de +toda traba y segura de no ser echada de menos, habíase esparcido acá y +allá, por los numerosos centros de diversión que ofrecen en Madrid las +noches de Carnaval a las gentes de todas raleas.</p> + +<p>No dormía, sin embargo, todo el mundo en la casa; a las once y media +abrióse con gran sigilo la puertecilla del jardín pegada por dentro al +invernadero, y salió a la calle cautelosamente un bulto negro, que cerró +por fuera y se alejó rápidamente, guardándose la llave.</p> + +<p>Era una mujer enmascarada, que, a pesar de sus altos tacones y de la +especie de gran florón de anchas cintas negras que llevaba en lo alto de +la cabeza para aumentar su estatura, aparecía muy pequeña: llevaba sobre +un vestido corto de seda negra un amplio dominó de igual color, y +abrigábase el cuello, espaldas y brazos, con una rica talma de pieles +grises.</p> + +<p>La incógnita cruzó rápidamente varias callejas sin muestras de miedo +alguno y entró por la calle Ancha de San Bernardo en la plazuela de +Santo Domingo. Detúvose un momento en la esquina y miró a todas partes; +<span class='pagenum'><a name="Page_497" id="Page_497">[497]</a></span>la concurrencia era allí todavía numerosa de máscaras que se dirigían a +los bailes, transeúntes que iban de un lado a otro y carruajes que +cruzaban. Hacia la calle de Tudescos había tres simones parados, +dormitando sus cocheros en los pescantes: dirigióse la incógnita al de +enmedio, abrió ella misma la portezuela y mandó al cochero, que +despertaba sobresaltado, parar en el paseo de Recoletos, a la entrada de +la calle de X**: era esta calle una de las varias que van a parar +perpendicularmente en la de Serrano.</p> + +<p>Apeóse la incógnita en el sitio indicado, y ordenando esta vez al +cochero que aguardase, entró por la calle X**, mirando a una y otra +acera, como si inspeccionase el terreno. Es esta calle muy corta, y +formábanla en aquel tiempo, por la acera de la izquierda, la gran verja +del jardín que rodea a un hotel de Recoletos, un solar lleno de +escombros y la esquina de una casa de la calle de Serrano, en la cual se +abría una puertecilla, al parecer condenada; a la derecha, extendíase +primero la fachada lateral de cierto edificio público; seguía luego un +hotel suntuoso, y terminaba la acera con otro solar en construcción y la +esquina de otra casa de la calle de Serrano, en que no había puerta +ninguna.</p> + +<p>La incógnita, en que el lector habrá ya reconocido sin duda a la +intrépida Currita, pareció muy perpleja: indudable era que en la calle +X** no existía el número 4, puesto que no había otra casa que el +suntuoso hotel, y en este vivía precisamente—¡qué coincidencia!—, la +Mazacán en persona...</p> + +<p>¿Vendría quizá equivocado el número de la casa y sería aquella buena +alhaja la autora de la carta?... Parecióle esto a Currita improbable, y +un hecho positivo la sacó de dudas: abrióse de repente la gran mampara +<span class='pagenum'><a name="Page_498" id="Page_498">[498]</a></span>de cristales que cerraba en el hotel el fondo del vestíbulo y apareció +un coche que vino a detenerse al pie de la escalera; ni el cochero ni el +lacayo traían librea, ni veíanse tampoco en el coche armas, iniciales o +corona; al ejercitado olfato de Currita olióle todo aquello, desde +luego, a principios de aventura.</p> + +<p>Bajaron a poco dos damas, vestidas de chulas, con riquísimos mantones de +Manila, pañuelos de seda en la cabeza y antifaces de terciopelo color de +rosa; en la estrepitosa carcajada que soltó una al entrar en el coche +reconoció Currita a Leopoldina Pastor, y en su alta estatura y el aire +de dueña con que dio al lacayo la orden, adivinó al punto en la otra a +su mortal enemiga, la Mazacán misma. Arrancó el coche y Currita respiró +desahogada: indudable era que las dos amigas se marchaban al Real a +correr alguna <i>juerga</i>...</p> + +<p>Volvióse entonces la dama a su coche, decidida a esperar allí +pacientemente, y recatándose lo posible, acomodóse lo mejor que pudo en +el fondo, sin dejar de mirar por la ventanilla a lo largo de la calle. +Extendíase esta frente a ella, solitaria por completo, subiendo en suave +declive hasta la de Serrano, y veíanse cruzar a través, con cierto +aspecto fantástico, como por el cristal de una linterna mágica, +transeúntes que el frío hacía marchar apresurados, coches que llevaban +máscaras a los bailes, y de cuando en cuando, los tranvías que subían y +bajaban con sordo ruido, pareciendo a lo lejos monstruosos faroles +ambulantes. Sólo dos reverberos de gas alumbraban la calle; el portero +del hotel había entornado la puerta, y el cuarto menguante de la luna +derramaba su suave claridad, permitiendo distinguir claramente los +objetos.</p> + +<p>Un reloj lejano dio las doce y cuarto, y a poco bajó pausadamente de la +calle de Serrano un hombre muy alto, con gran levitón y sombrero de +<span class='pagenum'><a name="Page_499" id="Page_499">[499]</a></span>copa, trayendo ambas manos cruzadas a la espalda; parecía un loco +desocupado que fuera a tomar el fresco de la medianoche en Recoletos, o +un genio que meditara una obra maestra, o un desesperado que fuera a +escoger el árbol más a propósito para ahorcarse a la luz de la luna, o +el lugar más solitario para descerrajarse un tiro en mitad del pecho.</p> + +<p>Currita le miró con ese sentimiento de terror que inspira a las altas +horas de la noche todo lo que suponemos extraño o misterioso, y +escondióse más en el fondo del coche. En la esquina misma de Recoletos +cruzóse el hombre del levitón con otro que venía apresuradamente de +aquel mismo sitio; asomóse Currita al vidrio trasero y el corazón le +latió con fuerza...</p> + +<p>Era Jacobo, gallardamente embozado en una capa andaluza con vueltas +rojas, y cubierta la cabeza con un sombrero hongo de color claro; torció +la esquina sin fijarse en el coche y comenzó a subir por la calle ya más +despacio, examinando las casas atentamente. La misma perplejidad que +asaltó a Currita asaltóle a él también al notar que faltaba el número 4; +la dama, ahogándose de ira, veíale marchar con la mano puesta en la +llave de la portezuela, como si acechase el instante de salirle al +encuentro.</p> + +<p>Jacobo, cansado al fin de dar vueltas, acabando de creer que el asunto +todo de los masones era una farsa y la carta de Pérez Cueto un chasco de +Carnaval que debía completarla, decidióse a llamar como última prueba a +la puertecilla condenada, única que, fuera aparte de la del hotel, había +en la calle; los golpes retumbaron en el silencio, y un eco muy extraño, +que asustó a Currita, los reprodujo a lo lejos.</p> + +<p>Nadie contestaba, e impaciente Jacobo llamó hasta tres veces, cada vez +con más fuerza; dio entonces una gran patada en el suelo y, siguiendo +adelante, dobló la esquina de la calle de Serrano.</p> + +<p>Este fue el momento escogido por Currita para lanzarse del coche y +correr tras de Jacobo, temerosa de que la puerta de la casa estuviese +por el otro lado y se le escapara dentro. Jacobo, sin embargo, no había +pensado en esto, o no había podido lograrlo. Encontróle Currita parado +en la acera, examinando atentamente la fachada de la casa; era esta de +modesta apariencia y estaba ya la puerta cerrada; en la planta baja +hallábanse establecidas las oficinas de una agencia funeraria.</p> + +<p>Encontráronse los dos amigos frente a frente, y no obstante el disfraz +de la dama, reconocióla al punto Jacobo; con más sorpresa que disgusto, +salió entonces a su encuentro:</p> + +<p>—¡Criatura!... ¿Qué haces aquí? ¿A qué has venido?...</p> + +<p>Ella, agitada por mil sentimientos encontrados, entre los que sobresalía +la ira, contestó con amarga burla:</p> + +<p>—Pues nada... Venía a indicarte dónde está el número 4.</p> + +<p>—¿Pero quién te ha dicho eso?—exclamó el otro asombrado—. Vamos, tú +has creído otra cosa...</p> + +<p>Y cogiéndola del brazo dobló con ella de nuevo la esquina de la calle de +Serrano; entonces, ciega de ira la dama, parada en la acera, cual si la +rabia la hubiese allí enclavado, comenzó a arrojar por la boca todos los +sentimientos de su corazón mezclados y confundidos, pero bajo la forma +siempre del insulto, a la manera que lanza un volcán todas las materias +contenidas en su seno, formando un solo cuerpo, un solo torrente de lava +que tala y destruye por dondequiera que pasa... Esforzábase en vano +<span class='pagenum'><a name="Page_501" id="Page_501">[501]</a></span>Jacobo por probarle su inocencia; ella no le dejaba hablar, y con sus +flacas manecitas habíale deshecho el embozo, levantando hasta el rostro +de él las uñas, como si quisiera arrancarle los ojos.</p> + +<p>Jacobo, irritado también por la burla de Pérez Cueto, acosado por los +reproches de Currita y temeroso de perder la amistad, para él +indispensable, de esta, viose al fin forzado a confesarle toda la +verdad, con el fin de aplacarla...</p> + +<p>Consiguiólo al punto; al oír la dama el nombre de masones, apagóse en el +acto su ira y llenóse en cambio de un espanto casi pueril, extraño en un +carácter de tan enérgico temple.</p> + +<p>—¡Vámonos, vámonos!—decía—. Por Dios te lo pido, Jacobo; no te quedes +aquí. ¡Vámonos!</p> + +<p>Y con acento de verdadero terror, mirando a todas partes espantada, +repetía muy bajo:</p> + +<p>—¡Excomulgados! ¿Sabes? ¡Están excomulgados!...</p> + +<p>Jacobo, creyendo con razón que el terror es contagioso, porque sentía él +comunicársele el que a la dama le agitaba, procuró, sin embargo, +sosegarla.</p> + +<p>—Pero no seas tonta, mujer, no seas chiquilla... Vámonos si quieres, +pero sosiégate. ¿No estoy yo contigo?... ¿Has venido sola?...</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¿Pero a pie?... ¡Qué locura!</p> + +<p>—No..., tengo ahí un simón...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_502" id="Page_502">[502]</a></span></p><p>—Pues te acompañaré en él a tu casa, y me llevará después a la mía.</p> + +<p>—¿Traes armas?—dijo ella muy bajo.</p> + +<p>—Sí, un revólver.</p> + +<p>Siguieron ambos hacia Recoletos, mirando ella a todas partes muy +azorada, procurando él rechazar con la idea de que era un chasco de +Carnaval la carta de Pérez Cueto la inquietud que a pesar suyo le +causaba el extraño terror de Currita.</p> + +<p>Al volver la esquina, miráronse ambos en silencio, cual si el exceso de +su espanto les paralizara las lenguas... El coche había desaparecido, y +ni por una ni por otra parte del paseo se divisaba a lo lejos.</p> + +<p>—¿Le habías ya pagado?—preguntó Jacobo estupefacto.</p> + +<p>Y ella, pegándose a él con el temblor de un calenturiento, contestóle +muy bajo:</p> + +<p>—No..., no le había pagado.</p> + +<p>El caso era extraño, y Jacobo sintió renacer con mayor fuerza todas sus +inquietudes; imposible era que el cochero se hubiese marchado sin +cobrar, si alguien no le hubiera obligado o persuadido a marcharse; tuvo +entonces un momento de angustiosa perplejidad, de verdadero miedo, que +pasó por su ánimo naturalmente valiente, estremeciéndolo como a un +cuerpo robusto un soplo helado.</p> + +<p>—Vámonos andando—dijo.</p> + +<p>Y ambos echaron a andar agarrados del brazo, sin pronunciar una palabra, +atravesando diagonalmente el paseo para ganar la acera opuesta, por +parecerles quizá menos solitaria. Currita marchaba muy de prisa, sin +<span class='pagenum'><a name="Page_503" id="Page_503">[503]</a></span>mirar a ningún lado, fijos siempre los ojos en las luces de los +faroles, que le parecían la salvación y la vida, sintiendo a la vez +deseos y terror insuperables de volver atrás la cara. Al poner el pie en +la acera, respiró Currita algo más desahogada y atrevióse a mirar a un +lado y otro; todo parecía solitario, y tan sólo por la calle del +Almirante vio a un hombre que marchaba a lo lejos, con las manos en los +bolsillos, silbando la marcha de Pan y Toros. Al pasar por San Pascual +santiguóse Currita muy de prisa, y Jacobo, oprimiéndola el brazo +cariñosamente, dijo en son de burla:</p> + +<p>—¡Tonta!...</p> + +<p>Llegaban al ministerio de la Guerra, y allí Currita se tranquilizó más +todavía, porque comenzaba a poblarse aquella soledad que la aterraba. Un +coche subía por la calle de Alcalá y entraba por el paseo del Prado; en +el jardín del ministerio brillaba el fusil de un centinela, y algunas +voces de hombres que venían cantando escuchábanse muy de cerca, por el +lado de allá de la verja.</p> + +<p>Forma la esquina del ministerio un pabellón aislado, de un solo piso, +con cuatro fachadas y tres ventanas en cada una. Dos hombres +decentemente vestidos, pero dando gritos y risotadas de borrachos, +volvieron la esquina del pabellón y emparejaron con Currita y con Jacobo +ante la tercera ventana; el más alto pegóse a la acera, y el más bajo +llamóse a la corriente, dejándoles pasar por en medio... Hubo entonces +una terrible escena de un segundo: Currita sintió que un brutal empellón +le arrancaba violentamente del lado de Jacobo; que otra mano vigorosa +tiraba del embozo de este, que caía al suelo al pie de la ventana, y +algo líquido y caliente brotaba como de un surtidor, chorreándole las +ropas y las manos. El terror diole alas para huir por la calle de +Alcalá, sin una idea en la mente para definir lo que pasaba, sin un +acento en la garganta para lanzar un grito... Uno, lastimero y +agonizante, llegó a sus oídos, y otra voz vigorosa y angustiada hendió +siniestramente los aires en el silencio de la noche:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_504" id="Page_504">[504]</a></span></p><p>—¡Cabo de guardia!... ¡Un hombre muerto!...</p> + +<p>Sonó luego por tres veces la voz de ¡alto!, y de seguida, uno tras de +otro, como dos gritos de protesta y de amenaza, se oyeron dos tiros.</p> + +<p>Currita, desfallecida y sin alientos, se agarraba ya a la verja de la +iglesia de San José; pensó volver atrás, pensó seguir corriendo, pensó +gritar pidiendo socorro, pensó morirse allí mismo... Oyó entonces los +pitos de los serenos, sintió abrirse algunas ventanas, vio correr por la +acera de enfrente un hombre encapuchado, con el chuzo en ristre y el +farol en lo alto.</p> + +<p>El instinto, más bien que la reflexión, hízole comprender entonces el +riesgo que corría ella misma y huyó de nuevo por la calle del Caballero +de Gracia, sin detenerse un momento, sin resollar siquiera, sin ver nada +ni oír nada, ni pensar nada tampoco, hasta que, jadeante y sin saber +cómo, se encontró en su <i>boudoir</i>, rígidos los miembros, huraña la +vista, fuera de las órbitas los ojos, teniendo delante el negro de +ébano, que levantaba en lo alto la lámpara encendida como para alumbrar +en su entendimiento el horrible cuadro y que le mostraba con temerosa +inmovilidad los blancos dientes en su sonrisa siniestra, eterna como la +mueca del condenado.</p> + +<p>A la luz de aquella lámpara miróse las manos, que sentía húmedas y +pegajosas, y vióselas teñidas de sangre... Un horror inmenso invadió +entonces su cuerpo y anegó su alma, y una idea taladró al fin su mente, +como un clavo ardiendo al empuje de un mazo: la de su hija Lilí, +arrodillada en el estudio, mostrándole sus manitas manchadas también con +la sangre de su hermano, repitiendo con la opaca vibración de un terror +sin medida:</p> + +<p>—¡Sangre!... Mamá... ¡Sangre!...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_505" id="Page_505">[505]</a></span></p> + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIIdmdash" id="VIIdmdash"></a><a href="#toc">—VII—</a></h2> + + +<p>Una hora larga tardó la justicia en acudir para reconocer y levantar el +cadáver; hallábase este atravesado en la acera, tendido sobre el lado +derecho, descansando la cabeza contra el zócalo del pabellón del +ministerio de la Guerra, debajo de la segunda ventana. Tenía en la sien +derecha una fuerte contusión, producida sin duda por el golpe dado al +caer, y en el lado izquierdo del cuello una tremenda puñalada que le +dividía por la mitad la arteria carótida. Un gran torrente de sangre, +que de allí había brotado empapaba su ropa y humedecía la tierra. En la +esquina misma de Recoletos y la calle de Alcalá veíase sobre la acera +una rica talma de pieles de castor, manchada también de sangre; hasta +que llegó el juez nadie se atrevió a tocarla.</p> + +<p>Pronto quedó identificado el cadáver: encontráronle en el bolsillo la +esquela recibida aquella misma tarde, dando la falsa cita, las dos +cartas de Garibaldi al Hº. Neptuno y varias tarjetas en que constaba el +nombre del marqués de Sabadell. Era este nombre harto conocido, y al +horror natural que inspira todo crimen unióse entonces en los presentes +ese espanto mezclado de sorpresa con que ve el vulgo derrumbarse una +fortuna en el abismo de una desgracia, caer a un poderoso desde los +almohadones de su coche sobre la mesa destinada en un hospital a hacer a +los cadáveres la autopsia. La noticia corrió de un extremo a otro de la +corte, sin hacer derramar una lágrima, pero despertando por todas partes +la admiración, el espanto y, sobre todo, la curiosidad; la curiosidad +ansiosa y hasta, por decirlo así, rabiosa de conocer los pormenores de +aquel drama misterioso, más interesante que los lúgubres episodios de +Ana Radcliffe y las dramáticas aventuras de Clara Harlowe. Varios socios +del Veloz corrieron al hospital a ver el cadáver, y en la esquina del +ministerio de la Guerra viose todo el día un gran cerco de gente +contemplando con cierta curiosidad pavorosa el pie de aquella ventana en +que parecía vagar aún la sombra siniestra del crimen. Por la tarde, +<span class='pagenum'><a name="Page_506" id="Page_506">[506]</a></span>cuando la mayor afluencia de máscaras y de gente acudía al Prado y a +Recoletos, nadie osaba pisar aquel sitio regado de sangre, y llamábanse +todos a la acera opuesta, lanzando a la segunda ventana una mirada larga +y medrosa.</p> + +<p>Los periódicos publicaron extensos suplementos que se vendían a gritos +por las calles, y entonces comenzaron a conocerse y comentarse algunos +pormenores del crimen. Constaba entre ellos la declaración del centinela +del ministerio de la Guerra; según este, vio pasar a la una de la +madrugada, a través de la verja de Recoletos, a un hombre y una mujer +que venían muy de prisa de la Castellana. Marchaban agarrados del brazo, +embozado él en una capa andaluza con vueltas rojas, cubierta ella el +rostro con un antifaz negro y envuelta en un abrigo de pieles grises; +vio también al mismo tiempo, a través de la verja de la calle Alcalá, +venir por aquel lado dos hombres gritando y cantando, cual si estuviesen +borrachos; cruzáronse ambas parejas delante del pabellón, por la fachada +que da a Recoletos, y allí los perdió el centinela de vista; mas oyó a +poco en el silencio de la noche el rumor de un cuerpo que cae a tierra y +uno de esos gritos de agonía que jamás se olvidan ni se confunden; vio +huir desesperadamente por la calle de Alcalá a la mujer enmascarada y +vio correr a los dos hombres, borrachos antes y bien firmes entonces, +uno hacia la Castellana y otro hacia la Plaza de Toros. Tropezó este +último en la fuente de la Cibeles y oyóse el ruido del agua cual si +hubiese caído dentro; levantóse, sin embargo, al punto, y su veloz +carrera púsole bien pronto al abrigo de las tinieblas. El centinela, +imposibilitado por la consigna y por la verja para abandonar el puesto, +abalanzóse a los hierros de esta y vio al hombre de la capa tendido en +la acera; gritó entonces al cabo de guardia, dio a los fugitivos por +tres veces la voz de ¡alto!, y con el fin de despertar la alarma, +disparó el fusil por dos veces. Llegaron a poco tres serenos y un +oficial y dos soldados del ministerio, y por la puertecilla pegada al +pabellón salieron a la calle: el hombre de la capa estaba ya muerto.</p> + +<p>Desprendíase de todo esto que había una <i>ella</i> de por medio, y la +<span class='pagenum'><a name="Page_507" id="Page_507">[507]</a></span>curiosidad, excitada hasta la rabia, sobre todo en los altos círculos, +venía a estrellarse contra el secreto de la sumaria. Súpose que en la +mañana siguiente a la noche del crimen fue preso Damián, el ayuda de +cámara de la víctima, y llamado a declarar aquella misma tarde un don +Francisco Javier Pérez Cueto, fabricante de almidón en uno de los +arrabales de la corte... Desde entonces, ningún signo exterior dio a +conocer que las investigaciones judiciales adelantasen un solo paso, y +comenzóse a murmurar, con cierta estupefacción temerosa, que andaba en +todo aquello la mano de los masones; que los asesinos de Sabadell +quedarían desconocidos e impunes como los de su amigo el general Prim, y +que el crimen de Recoletos sería siempre un arcano misterioso, como lo +fue el de la calle del Turco. Mas de repente, cuando esta voz tomaba +cuerpo y comenzaba a excitar en los ánimos el terror que infunde todo +poder oculto y la indignación que inspira toda cobarde añazaga, +levantóse otra voz contraria, que nadie supo nunca de dónde salía ni +quién la atizaba, y que se extendió, sin embargo, por todas partes, con +grandes visos de certeza, a la manera que esparce un pozo subterráneo +por todos lados sus húmedas filtraciones... Díjose que en el fondo de +todo aquello había tan sólo una intriga galante, que existía en el +Juzgado un billetito concediendo una cita y que obraba también en poder +del juez una prenda acusadora, perteneciente a la <i>promovedora del +crimen</i>: una talma de pieles de castor, marcada por la parte de dentro +con una etiqueta negra, en que con letras rojas decía: Worth.—Rue de la +Paix. <i>París</i>.</p> + +<p>Dos periódicos que, a juicio de muchos, pertenecían a la secta de los +masones, publicaron violentos artículos contra los tribunales de España, +que recluyen al pobre como un criminal y le barren de las calles como +una inmundicia, y se cruzan de brazos y cierran los ojos ante el +poderoso que oculta sus crímenes bajo una armadura de oro, contra la +cual se hace pedazos la espada de la justicia.</p> + +<div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Porque un pobre mancebo<br /></span> +<span class='pagenum'><a name="Page_508" id="Page_508">[508]</a></span><span class="i0">Hurtó un solo huevo,<br /></span> +<span class="i0">Al sol bambonea,<br /></span> +<span class="i0">Y otro se pasea<br /></span> +<span class="i0">Con cien mil delitos.<br /></span> +<span class="i0">Cuando pitos, flautas;<br /></span> +<span class="i0">Cuando flautas, pitos.<br /></span> +</div></div> + +<p>El atrevimiento era tan grande, la audacia tan increíble, que extraviada +la opinión por completo con estas pérfidas insinuaciones, señaló +entonces con el dedo a la condesa de Albornoz y comenzó a mirarse el +dintel de su palacio con el mismo horror con que se había mirado tres +días antes la esquina del ministerio de la Guerra.</p> + +<p>¡Singulares extravíos de la conciencia pública, que Dios permite a veces +en su infinita justicia para castigar con una calumnia el delito +verdadero que había quedado impune!</p> + +<p>Nadie en Madrid pidió cuentas a Currita de la sangre de Velarde, +derramada a la vista de todos por culpa suya, y ahora le arrojaban al +rostro la de Sabadell, de la cual se hallaba inocente y hubiera ella +rescatado con gusto a costa de cualquier sacrificio... Porque el dolor +de la dama fue en realidad grande, aunque no expansivo ni alborotado; +uno de esos dolores, por decirlo así, secos, propios de las almas +enérgicas, que se repliegan sobre sí mismos en el fondo del corazón como +para no perder su energía, a la manera que el gladiador herido encuentra +fuerzas en su misma agonía para encoger el cuerpo y doblar los músculos, +e intentar un último y más formidable avance... Aquella débil mujercilla +encerraba en su endeble cuerpo una de esas almas enérgicas que se crecen +a la vista del peligro y lo desafían, y no necesitan en el dolor apoyo +ni cómplices en el crimen; bastábase ella misma a sí misma, y sacudiendo +los terrores que la habían invadido la víspera, con el vigoroso empuje +del toro que arroja lejos de sí los rejones que le lastiman y embarazan, +aprestóse a la defensa, decidida a arrostrar a pie quieto y con firmeza +<span class='pagenum'><a name="Page_509" id="Page_509">[509]</a></span>todas las consecuencias de aquella horrible noche.</p> + +<p>Mas necesitaba antes que nada reflexionar, trazarse un plan, preparar su +respuesta y ordenar sus preguntas; y aprovechando la ocasión de hallarse +en cama Fernandito, postrado por uno de esos ataques de imbecilidad que +traen consigo los reblandecimientos cerebrales, tomóse todo el día del +lunes y dio la orden terminante de no recibir a nadie. Creía ella tener +que habérselas de seguida con las visitas importunas, las preguntas +indiscretas, las impertinentes lástimas y las molestas compasiones que +la habían asediado cuando la muerte de Velarde, catástrofe también +espantosa, que sin saber explicarse el porqué parecíale en estos +momentos más terrible que le pareció en aquellos primeros instantes. +Mas, con gran sorpresa suya, pasó todo el día del lunes, y pasó también +el martes, y llegó y pasó asimismo el miércoles, sin que ningún coche +parase a la puerta, ni atravesase una sola visita las antesalas, ni +recibiera el oso del vestíbulo en su bandeja ninguna tarjeta, ni llegara +tampoco el menor recado, la más insignificante misiva de atención, de +interés o de consuelo... Aterróla entonces aquella soledad, que no sabía +explicarse, porque ignoraba que la opinión había atravesado en el dintel +de su puerta el cadáver de Jacobo; mas cuando llegaron a su noticia las +voces que corrían y supo que una pérfida y misteriosa mano explotaba el +funesto hallazgo de la capa de pieles, para hacer recaer sobre ella las +sospechas del crimen, tuvo en su soledad vértigos de ira, +estremecimientos de fiera acorralada, y decidió desafiar frente a frente +a la calumnia con un golpe de enérgica audacia.</p> + +<p>La casualidad presentóle bien pronto ocasión propicia; el viernes muy +bien de mañana trajéronle el aviso de que le tocaba al día siguiente +hacer su guardia como dama de honor en Palacio. Enviábale este aviso, +según la costumbre, la dama que había hecho la guardia el día antes, y +era esta una buena mujer, sencilla y piadosísima, que, desechando como +terribles calumnias las voces que corrían, apresuróse a cumplir con su +deber avisando a Currita y dejando al arbitrio de la dama el acudir o no +acudir a la cita de Palacio.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_510" id="Page_510">[510]</a></span></p><p>Por primera vez después de la espantosa catástrofe sonrió Currita, con +aquella sonrisa de diablillo, señal en ella de alguna idea feliz que +pasaba por su mente. Tocábale la guardia el sábado, y según la +tradicional costumbre, habían de asistir los reyes a la Salve de Atocha; +la novedad atraía todavía gran concurso de gentes a conocer y contemplar +a la joven reina, y presentándose Currita a su lado, en el primer +puesto, parecióle que había de detener desde allí los tiros de la +calumnia. Conocía ella bien el mundo que frecuentaba, que forma sus +juicios y regula sus actos por los del poderoso que mira en lo alto, y +creyó con razón que le bastaría presentarse una vez en público al lado +de la reina y a raíz del suceso, para que todos acallasen sus escrúpulos +y se apresurasen a conservarla en el puesto de honor que había ocupado +siempre en la corte.</p> + +<p>Sin llamar a Kate, saltó Currita de la cama antes de las nueve y fue a +abrir ella misma una ventana para enterarse del estado del tiempo: el +sol brillaba despejado, no se descubría una nube en el cielo y prometía +la mañana una tarde deliciosa. Currita sintió un movimiento de gozo +vivísimo que le pareció el presentimiento del triunfo; los carruajes de +la corte saldrían, por el buen tiempo, descubiertos, y sin duda irían +después de la Salve a dar una vuelta por la Castellana, donde todo el +mundo elegante tendría ocasión de verla y contemplarla en su honorífico +puesto... Algo la espantaba, sin embargo: la idea de que iba a serle +forzoso pasar por aquel mismo trayecto que había recorrido con Jacobo la +noche funesta, por aquella misma iglesia ante la cual pronunció su +última palabra, por aquella esquina en que le había visto caer lanzando +un gemido de agonía... Mas ¿qué iba a hacer ella? ¿Enterrarse en vida a +los cuarenta y cinco años? ¿Dejar por escrúpulos sentimentales que le +arrebatase una calumnia el prestigio, la soberanía suprema, el cetro de +la elegancia y el buen tono que, a pesar de mil vergüenzas verdaderas, +había conservado en su mano hasta entonces?...</p> + +<p>Rióse ella misma de sí misma al notar la febril impaciencia con que +esperaba la hora de ir a Palacio, porque ni la señora de López Moreno +había sentido mayores ansias ni más vehementes deseos el día de su +<span class='pagenum'><a name="Page_511" id="Page_511">[511]</a></span>famosa presentación en el hotel Basilewsky. Con esmero redoblado y +gusto exquisito escogió una <i>toilette</i> elegantísima, con ese estudio de +los pequeños detalles que se observa en los grandes genios y acredita en +ellos el conocimiento práctico del terreno que pisan. Púsose un +riquísimo vestido de terciopelo azul muy oscuro, guarnecido de piel de +chinchilla, con sombrero y abrigo de lo mismo; dos perlas negras en las +orejas y un trébol en el pecho, formado por otras tres perlas, blanca la +una, negra la otra y rosa la tercera. En el hombro izquierdo, sujetas +con un lazo encarnado, llevaba las dos cruces de dama de honor: cruz de +esmalte rojo, la antigua de la reina Isabel, y una <i>M</i> de brillantes y +rubíes, la de la nueva reina Mercedes. Después, mientras le traía Kate +el rico pañuelo de encajes y los guantes de piel de Suecia, buscó ella +en una cajita un relicario de plata que contenía un <i>lignum crucis</i>; +besólo con gran piedad, oprimiólo un instante contra su pecho, cerrando +los ojos e inclinando la cabeza como si pidiese algo al cielo con grande +ahínco, y guardóselo después en el bolsillo, como se hubiera guardado un +amuleto que tuviese virtud para alejar cualquier daño o peligro.</p> + +<p>Al subir la escalera de Palacio latióle el corazón y tembláronle las +piernas, porque vio a dos lacayos que cuchicheaban entre sí, mirándola a +ella. Mas cuando el alabardero de guardia a la puerta de la Saleta dio +el golpe de alabarda que anuncia la llegada de un Grande de España, +crecióse el orgullo de Currita, despertó de nuevo su energía, y armada +de toda su audacia atravesó la antecámara y penetró en la cámara misma, +dispuesta a comenzar la batalla, creyendo encontrar allí a la camarera +mayor o al gentilhombre de servicio, o quizá a todos juntos. La cámara, +sin embargo, estaba desierta y Currita sintió el desahogo de un momento +del enfermo que ve detenerse un instante la temida operación por haberse +retrasado el médico. Sentóse en una banqueta frente a la mampara que +lleva a las habitaciones regias, a fin de esperar que la reina la +llamase o alguien saliese; mas la excitación nerviosa no la dejaba +sosegar un momento, y levantóse al punto para asomarse a uno de los +balcones y mirar a la plaza de la Armería; púsose luego a arreglarse los +ricitos de la frente ante uno de los magníficos espejos y reparó +<span class='pagenum'><a name="Page_512" id="Page_512">[512]</a></span>entonces en el soberbio retrato de Alfonso XII, pintado por Casado, que +habían colocado allí la víspera y se destacaba sobre la rica tapicería +de seda granate con grandes flores amarillas, con todo el esplendor de +una obra maestra.</p> + +<p>Pasó un cuarto de hora, que le pareció a ella un cuarto de siglo, y en +pie siempre ante el retrato, sintió abrirse a su espalda la mampara de +las habitaciones de la reina; volvióse vivamente y vio que la mampara se +volvía a cerrar y quedaba medio abierta, como si el que fuera a salir se +hubiese detenido de repente. Oyó entonces, sin que pudiera distinguir +las palabras, una voz suave de mujer que parecía acongojada, como si +suplicase algo, y otra de hombre, fuerte y colérica, que exclamaba +enérgicamente:</p> + +<p>—¡No, no..., ahora mismo!</p> + +<p>Inmutóse Currita atrozmente y metióse la mano en el bolsillo, como si +buscara el <i>lignum crucis</i>; abrióse entonces la mampara y apareció el +mayordomo mayor, también muy inmutado... La dama, fingiendo siempre +hallarse absorta en la contemplación del retrato, volvió ligeramente la +cabeza y saludó con la mano al personaje, diciendo con vocecita a su +pesar temblorosa y angustiada:</p> + +<p>—¡Magnífico retrato! Yo no lo había visto. ¿Cuándo lo han puesto?...</p> + +<p>Mas el mayordomo, sin contestar a la pregunta y con el esfuerzo de quien +cumple un deber penosísimo, díjole balbuceando:</p> + +<p>—Su majestad la reina la dispensa del servicio..., y me encarga le +manifieste su deseo de que devuelva la cruz de dama...</p> + +<p>Currita dio una rápida media vuelta, apretando los puños y echando atrás +la cabeza cual si fuera a embestir al mayordomo, fijando en él la mirada +de sus claros ojos, enormemente abiertos, que reflejaban toda la ira del +<span class='pagenum'><a name="Page_513" id="Page_513">[513]</a></span>que recibe un salivazo en el rostro, todo el espanto del que ve +derrumbarse una última esperanza, toda la solapada e impotente amenaza +que encierra el terror del débil, aniquilado por una mano más fuerte...</p> + +<p>Luego, como si despertase en ella de repente la altiva ricahembra al +ignominioso contacto de una bofetada, arrancóse ambas cruces del pecho y +las arrojó en el suelo...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIIIdmdash" id="VIIIdmdash"></a><a href="#toc">—VIII—</a></h2> + + +<p>Aquel golpe terrible no anonadó a Currita, ni le infundió tampoco el +extraño sentimiento, mezcla de pavor y de ira, que al recibir en Loyola +un bofetón semejante la había obligado a confundirse, y a humillarse, y +a callar... Detrás de la mano de Pedro Fernández había visto entonces la +mano de Dios, que le impedía profanar con el escándalo de su vida su +santa casa, y detrás del bofetón del mayordomo de Palacio tan sólo veía +la mano del rey, que no era para ella una idea, sino un hombre, contra +el cual se podía luchar y al cual se le podía también vencer.</p> + +<p>Mas harto comprendió desde el primer instante, con la rápida percepción +de su claro entendimiento y su mucha práctica de mundo, que en vano +emplearía todas las astucias de su ingenio, todos los atrevimientos de +su audacia y todos los recursos de su dinero en atraerse de nuevo a sus +amigos y a formar en torno suyo aquella brillante corte que era la +médula de su vida, porque era también la de su vanidad. Nada arrastra +tanto como el ejemplo de un príncipe, capaz por sí solo de salvar o +perder a una sociedad entera, y la severa repulsa dada a Currita en +Palacio, justa en medio de su severidad, que si de algo pecaba era sólo +de tardía, había de arrastrar sin duda a Madrid entero, derrumbando a la +ilustre dama desde la altura de su gloria, con todo el estrépito de los +grandes escándalos, con todo el ensañamiento con que del árbol caído se +<span class='pagenum'><a name="Page_514" id="Page_514">[514]</a></span>apresuran todos a sacar leña.</p> + +<p>Por eso, sin darse ella por vencida ni cejar un punto en su tenaz +empeño, y fortaleciendo siempre con el despecho y la rabia y hasta el +dolor mismo su terquedad de mujer voluntariosa, siempre mimada, optó +desde luego por el camino de los hábiles políticos y los diestros +estratégicos y los conocedores prácticos del mundo y del corazón humano: +una prudente retirada que sosegara los ánimos y diese tiempo a que las +memorias olvidaran, cesasen las prevenciones, se cansaran las lenguas, y +los escándalos nuevos hicieran olvidar y aun perdonar los escándalos +pasados.</p> + +<p>¡Había visto ella tanto de eso!... La ocasión, por otra parte, no podía +ser más oportuna: Fernandito había llegado al estado de imbecilidad +completa que traen consigo los reblandecimientos cerebrales, y preciso +era llevarlo a París a que alguna notabilidad médica intentase el +verdadero milagro de despertar un chispazo de inteligencia en aquel +meollo huero, que jamás había dado luz alguna.</p> + +<p>El viaje fue, pues, decidido, y dos días antes dirigióse Currita al +colegio de Chamartín de la Rosa, para sacar a Lilí... La niña había +cumplido ya doce años, y más bien que una criatura que comenzaba a +vivir, parecía un ángel que iba a volar. Había en sus grandes ojos +azules algo que recordaba el cielo, algo a la vez triste y sereno, +candoroso y profundo, que comunicaba a todo su ser cierto poderoso y +triste encanto, semejante al que infunde en el alma la inocente sonrisa +de un niño huérfano.</p> + +<p>Acogióla la madre con sus más suaves mimitos y díjole al oído, +abrazándola, que le traía una noticia muy buena, muy alegre, muy +grande...</p> + +<p>—¿A que no la aciertas?...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_515" id="Page_515">[515]</a></span></p><p>La niña, con los grandes ojos llenos de lágrimas y teñidas las mejillas +del carmín más puro, dijo prontamente:</p> + +<p>—¿Que mi papá está mejor? ¿Que se ha confesado?...</p> + +<p>Quedóse Currita desconcertada, como le sucedía siempre con las salidas +intempestivas de aquella criatura. ¿Quién había de creer que iba a +acordarse de su padre y a pensar en si le habían o no administrado aquel +sacramento que le hacía tanta falta?... Echóse a reír muy maravillada. +¡Ca!, si no era eso... era mejor todavía; era una cosa referente a ella +misma, lo que mejor le podía suceder, lo que sin duda estaba ella +esperando...</p> + +<p>Y de nuevo tornó a maravillarse, porque la sangre entera de Lilí afluyó +entonces a su rostro, un temblor nervioso agitó sus manitas, y levantó +los ojos hacia su madre, rebosando anhelo comprimido, esperanza +dulcísima de oír lo que era sin duda su más ferviente deseo. Su boquita +de ángel se entreabrió un momento para dejar escapar su secreto, como +deja escapar una flor su fragancia, y de nuevo tornó a bajar los ojos, +poniéndose más y más encarnada, y guardando silencio, con una cándida +sonrisa dibujada sobre los labios.</p> + +<p>—Pero, tontita, ¿no lo adivinas?... Es que se acabó ya el colegio, que +te vas a venir conmigo.</p> + +<p>¡Quién lo había de creer!... Al oír esto la niña, apagóse en sus labios +la sonrisa, como una luz que mata de repente una ráfaga de viento; cruzó +las manos angustiada, miró a su madre con espanto y se echó a llorar a +lágrima viva, con el corazón encogido...</p> + +<p>—Pero ¡vaya por Dios, vida mía!—exclamó Currita estupefacta—. ¿A qué +viene ese llanto? ¿Es que no quieres venir?</p> + +<p>Lilí, enjugándose con ambas manitas los ojos, repetía sollozando:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_516" id="Page_516">[516]</a></span></p><p>—Aquí me quieren todos... todos... Las Madres y las niñas...</p> + +<p>—Pero, hija mía, ¿acaso en tu casa no te quieren?—exclamó Currita, +poniéndose muy seria; y la niña, titubeando un momento, contestó con +candorosa sencillez, cuyo alcance no supo medir sin duda:</p> + +<p>—Ahora no está allí Paquito...</p> + +<p>Currita sintió un movimiento de ira, que se transformó al punto en dolor +profundo, en dolor vivísimo que jamás había sentido, allá en el fondo de +sus entrañas de madre... Sus ojos se llenaron de lágrimas, atrajo hacia +sí a la niña, separóle del rostro ambas manos, y besándola en la frente, +díjole con mucho cariño:</p> + +<p>—Pero lo recogeremos al paso, tonta, y nos iremos a París todos juntos.</p> + +<p>La niña meneó la cabeza, apartándose del regazo de su madre, y +procurando dominar su aflicción, como si se aprestase a una batalla, +dijo resueltamente:</p> + +<p>—Y, además... yo no puedo irme de aquí. No, no puedo.</p> + +<p>—Pero ¿por qué?... Si eres ya una mujer y aquí están sólo las niñas...</p> + +<p>—Y las mujeres también...</p> + +<p>—¡Pero, hija, por Dios! ¿Dónde están esas mujeres?...</p> + +<p>—Las Madres son mujeres.</p> + +<p>—Pero ¿tú quieres ser monja?—exclamó Currita abriendo mucho los ojos; +y la niña, cerrando los suyos y moviendo enérgicamente la cabeza, +contestó con firmeza:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_517" id="Page_517">[517]</a></span></p><p>—¡Sí!...</p> + +<p>—¡Yaaa!... Muy bien; ahora lo entiendo—dijo Currita muy despacito con +su tono de voz más suave—. Y las Madres, como te quieren tanto las +pobrecitas, te habrán metido esa idea en la cabeza...</p> + +<p>—¡No, no, señora!... Las Madres no me han dicho nada.</p> + +<p>—Pues entonces habrá sido el confesor, el padre Cifuentes.</p> + +<p>—Tampoco...</p> + +<p>—¿Pues quién te lo ha dicho?...</p> + +<p>—Paquito.</p> + +<p>—¿Paquito?... ¡Vaya un apóstol!... ¿Y por qué no se mete él fraile?...</p> + +<p>—Eso le escribí yo... Y le envié la <i>Vida de san Estanislao</i> y una +estampita de san Luis de Gonzaga... Pero me contestó que él era muy +desgraciado y tenía que hacer en el mundo una cosa muy grande, muy +grande... Yo no sé lo que será...</p> + +<p>Currita comenzó a sospecharlo y se puso muy pálida; la escena terrible +de su estudio, cuando el niño se había arrojado sobre Jacobo como una +fiera sedienta de sangre, acudió a su memoria con gran viveza, +estremeciéndola de espanto, infundiéndole esa especie de terror +retrospectivo que causa un peligro pasado, despertando en su alma el +aguijón de un remordimiento, avivando en su corazón el dolor de una +herida chorreando aún sangre... ¡Oh! ¡Ya no tenía que hacer el pobre +niño aquella cosa <i>muy grande, muy grande</i>, porque otra mano más +culpable le había tomado la delantera en la esquina de Recoletos!...</p> + +<p>Lilí, sin imaginar siquiera en su sencillez de ángel el efecto que en su +<span class='pagenum'><a name="Page_518" id="Page_518">[518]</a></span>madre podían causar sus palabras, continuó diciendo:</p> + +<p>—Me decía que fuese siempre muy buena y no saliera nunca del colegio y +rezara mucho por él, y por usted y por mi papá; porque la ira de Dios +iba a descargar sobre nuestra casa... Yo lloré mucho, mucho, y ofrecí +entonces ser monja, y se lo dije a la madre Larín y al padre Cifuentes.</p> + +<p>—¿Y qué te dijeron?—preguntó Currita con los labios blancos.</p> + +<p>—La madre se echó a llorar..</p> + +<p>—¿Y el padre?...</p> + +<p>—Se echó a reír y me consoló mucho, y me dijo que no ofreciese nada sin +que él me avisase.</p> + +<p>Currita se quedó muy pensativa y permaneció largo rato en silencio, +mirando a la niña; de pronto, dijo:</p> + +<p>—¿Pero el padre Cifuentes te querrá mucho?...</p> + +<p>—¡Oh, sí!... Es muy bueno; me quiere mucho.</p> + +<p>Calló otra vez, seria y meditabunda; porque en medio de aquel rudo +oleaje de afectos con que la gracia de Dios combatía su alma para +sacarla a flote, santos unos como el amor de madre, saludables otros +como el remordimiento, apareció muy honda y comenzó a subir, a subir, +hasta flotar en la superficie y sobrenadar en lo alto y llenarlo todo y +dominarlo todo, la idea fija, su ángel malo, el pensamiento constante +que llevaba clavado en la frente, como un dolor neurálgico, de +satisfacer su vanidad y vengar su despecho, recobrando de nuevo su +antigua posición y su brillante corte de mujer elegante. Había visto de +repente un camino desconocido, un sendero tortuoso que allí llegaba +dando rodeos, y ya no oyó más, ya no se ocupó de otra cosa. Cinco +minutos largos permaneció callada, inmóvil, tirando al parecer sus +<span class='pagenum'><a name="Page_519" id="Page_519">[519]</a></span>planes. Lilí, con las manitas cruzadas sobre las rodillas y la cabeza +baja, la miraba de cuando en cuando a través de sus largas pestañas, +extrañada de aquel singular silencio.</p> + +<p>Rompiólo Currita al cabo; aquella pichoncita suya monísima y preciosa la +había enternecido... Pero todo aquello era muy serio, muy grave, y +hacíase preciso pensarlo despacio, muy despacio, y no decidirlo así de +repente, en un segundo... Por de pronto, dejaría a la niña en el colegio +y detendría ella su viaje para hablar con el padre Cifuentes.</p> + +<p>Lilí, al oír esto, saltó espontáneamente de la silla y se arrojó al +cuello de su madre, cubriéndole el rostro de besos, llorando y riendo al +mismo tiempo, como se mezclan la lluvia y el sol en un chubasco de mayo. +Ella se enterneció un poquito y derramó tres lagrimitas.</p> + +<p>—Conque nada, pichona mía, mucho juicio, y pide a Dios que a todos nos +ilumine... Y ahora, vidita mía, dile a la madre Larín que quiero +hablarle un momento... ¿Eh, pichona?... Cosa de un segundo, avísala tú, +vidita...</p> + +<p>Llegó la madre Larín muy alarmada, temiéndose alguna trapisonda, y +Currita, con patético ademán, se arrojó llorando en sus brazos... Era +aquel día el más grande de su vida; por fin le concedía Dios lo que con +tanto ahínco le había pedido siempre: ¡tener una hija religiosa!... +Cierto que le pasaba aquello el alma de parte a parte, que quizá le +costaría la vida separarse de aquel pobre angelito; pero lo que sentía +ella era no tener siete hijos como santa María Magdalena de Pazzis, para +ofrecérselos a Dios uno a uno. ¡Estaba el mundo tan malo!...</p> + +<p>La madre Larín, muy escandalizada al ver a santa María Magdalena de +Pazzis hecha de repente madre de tan dilatada familia, se apresuró a +protestar con mucho respeto:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_520" id="Page_520">[520]</a></span></p><p>—Santa Sinforosa querrá decir, sin duda, la señora condesa.</p> + +<p>—¿Fue santa Sinforosa?... ¡Pues yo creí que había sido la otra! ¡Como +leo todos los días el Año Cristiano, armo a veces unos galimatías!... Y +dígame, madre Larín, ¿cree usted que perseverará mi hija, que su +vocación será verdadera?</p> + +<p>La madre enarcó las cejas, y con mucha humildad, dijo:</p> + +<p>—La niña es formalita, y a lo que yo pueda colegir, así lo espero... +Pero siempre será mejor que el padre espiritual informe a usted de todo +esto.</p> + +<p>—¿Y quién es?</p> + +<p>—El padre Cifuentes.</p> + +<p>—¿El padre Cifuentes?... ¿De veras?... ¡Cuánto me alegro!... Si es un +santo, un hombre de tanto saber y prudencia...</p> + +<p>—¡Ya lo creo!... Consúltelo usted y verá...</p> + +<p>—Pero si no lo conozco... ¡Ay, madre Larín!... ¿Quisiera usted +escribirle una cartita... <i>deux mots</i>, recomendándome?... Dígale usted +cuáles son mis deseos, lo que yo quiero a mis hijos, la sencillez con +que procedo siempre... Así me escuchará con benevolencia... Usted me +conoce bien, madre Larín... ¡Soy tan desgraciada!... ¡Se tiene de mí un +concepto tan falso!...</p> + +<p>Y Currita, persuadida ella misma de lo que decía, cual suele suceder a +los embusteros de oficio, extendía las manos y abría mucho los claros +ojitos, como para que la madre Larín la estudiase por dentro, +concluyendo por echarse a llorar amargamente, cubriéndose el rostro con +el pañuelo. La madre, muy compadecida, y creyendo que aquella oveja +extraviada llamaba de nuevo al aprisco, procuraba consolarla y +prometíale escribir aquella misma noche al padre Cifuentes, anunciándole +<span class='pagenum'><a name="Page_521" id="Page_521">[521]</a></span>su visita.</p> + +<p>—¡Se lo agradecería a usted en el alma, madre Larín; no lo olvidaré en +toda mi vida!—gimió Currita—. Porque no crea usted que en el asunto de +mi pobre Lilí faltarán dificultades... Fernandito es muy bueno; pero al +cabo, como hombre que es, no tiene la piedad de nosotras las mujeres, y +verá la cosa de manera muy distinta.</p> + +<p>Y ya en la puerta, despidiéndose cariñosamente de la buena madre, volvió +a repetirle:</p> + +<p>—¡Que no se olvide usted de lo esencial!... Que comprenda el padre la +buena fe con que procedo en todo, lo rectas que son mis intenciones...</p> + +<p>Y de pronto, volviéndose atrás desde la puerta, como si de repente +recordase algo...</p> + +<p>—¡Ay, madre Larín, se me olvidaba!... No sé si lo encargué a Lilí, +porque con este notición se me fue el santo al cielo... Me han dicho que +están ustedes haciendo un monumento nuevo para el Jueves Santo, y quiero +que sea a mi costa... Deseo mucho dejar a ustedes ese recuerdo; que Lilí +haga ese pequeño obsequio al colegio...</p> + +<p>—Gracias, gracias, señora condesa...</p> + +<p>—¿Gracias?... ¡Ay, madre Larín, qué mundo, qué mundo!... ¡Ojalá y sólo +se gastara el dinero en cosas semejantes!...</p> + +<p>Entró en la berlina... Verdaderamente que aquella idea debía de venir +del cielo, porque era Lilí, un ángel del Señor, quien se le había +inspirado. Lo raro era que no se le hubiera ocurrido a ella antes, +porque en aquella carta de Loyola, en aquella famosa carta de Pedro +Fernández, que se sabía ella de memoria, estaba perfectamente encerrada +en su primera parte... «Si la señora condesa de Albornoz viene a Loyola +<span class='pagenum'><a name="Page_522" id="Page_522">[522]</a></span>a confesar sus pecados y pedir a Dios perdón de sus extravíos, no tiene +que fijar hora ni tiempo, porque todos son igualmente oportunos...»</p> + +<p>Y glosando allá en su imaginación el parrafejo, discurría de este +modo... Si la señora condesa de Albornoz va a Loyola, es decir, al padre +Cifuentes, y confiesa sus pecados y pide a Dios perdón de sus extravíos, +o lo que es lo mismo, embauca a aquel varón respetable, diciéndole lo +que le parezca y callándose lo que juzgue conveniente para ponerle de su +parte... a la sombra de su respetabilidad, agarrada a su manteo, entrará +en el gremio de las beatas aristocráticas y se abrirá paso, rosario en +mano, por el atajo de la piedad, hasta el alto puesto de que la calumnia +y la ingratitud la han arrojado.</p> + +<p>Porque no era necesario para ello llegar hasta el sacrilegio, que tanto +la había aterrado siempre y la seguía aterrando; dispuesta estaba ella a +lo que creía únicamente necesario para confesarse bien: acusarse de +todos sus pecados y enumerar todos sus extravíos... ¿Qué le importaba a +ella que el padre Cifuentes supiese lo que hasta en los mismos +periódicos se había publicado y había leído ella sin sonrojarse?... ¡Si +hubiera algún sacrificio que hacer, si hubiera algo que cortar, sería +entonces otra cosa; pero la muerte, el puñal de un asesino, se había +encargado de sacrificar, se había encargado de romper; y ya no le +quedaba a ella nada, nada, sino aquella herida en el corazón y aquel +despecho en el alma!... Y ante aquellas dos ideas que la exasperaban, +Jacobo muerto y ella caída de su pedestal, sentía hervir su sangre de +dolor y de ira, y parecíale lo primero el crimen más nefando que se +había cometido en el universo, y juzgaba lo segundo el acto de tiranía +más atroz que pudiera atribuirse a Nerón, a Tiberio o a Busiris.</p> + +<p>Con cierto miedecillo, muy natural y fundado, fue a ver al padre +Cifuentes, porque tenía el padre fama de marrullero; mas su voluntad, +repentina como el capricho de una mujer, era robusta como la resolución +de un hombre, y tranquilizábala en parte la íntima conciencia que tenía +ella de que pocos la aventajaban en astucias y marrullería. Con +<span class='pagenum'><a name="Page_523" id="Page_523">[523]</a></span>habilidad suma dio principio al desarrollo de su plan, comenzando por +exponer la vocación de Lilí, anhelo de su corazón, esperanza dulcísima +de su alma, que estaba ella dispuesta a apoyar con todas sus fuerzas, +aunque hubiera que luchar con las serias dificultades que había de poner +Fernandito; hábil estaquita esta última que plantaba desde luego la +taimada, para agarrarse a ella más tarde y destruir, cuando hubiera +logrado su objeto, los santos planes de la niña. Escuchábala el jesuita +impasible con las manos metidas en las mangas, clavando en ella de +cuando en cuando la mirada de sus ojos, aguda como la punta de una +lanceta, que hacía a Currita ladear los suyos, ora bajándolos, ora +paseándolos por las paredes del cuarto. Cuando la dama dejó de hablar, +sacó el padre Cifuentes a relucir la tabaquera de cuerno, con su heraldo +obligado, el pañuelo a cuadros azules y verdes, y con la mayor +naturalidad del mundo dijo resueltamente:</p> + +<p>—Su hija de usted no tiene vocación, señora condesa.</p> + +<p>Quedóse Currita estupefacta y desconcertada, y tartamudeó moviendo la +cabecita:</p> + +<p>—Pues ella me había dicho... Yo creía...</p> + +<p>—Creyó usted mal, señora condesa... Esa niña es un ángel, de +entendimiento muy claro, de corazón muy grande y muy recto, y está +aterrada por las cartas de su hermano, que... ¡pasan el alma, señora +condesa, pasan el alma!</p> + +<p>Y las dos lancetas que tenía en los ojos el padre Cifuentes pasaban de +parte a parte la frente de Currita, cual si fueran a clavarse en el +fondo de su pensamiento.</p> + +<p>—Por eso—prosiguió lentamente el jesuita—quería esa pobre niña +ofrecer el sacrificio de sí misma, para asegurar la salvación de los +demás, para expiar culpas ajenas por las cuales se aflige, como se +afligen los ángeles del cielo: llorándolas, pero sin ponérselas a nadie +<span class='pagenum'><a name="Page_524" id="Page_524">[524]</a></span>en cuenta... Y note usted lo que digo, señora condesa: <i>sin ponérselas +a nadie en cuenta</i>.</p> + +<p>La señora condesa bajó los ojos muy modestita, como haciéndose la +desentendida de si era a ella o no a quien le tocaba pagar aquella +cuenta, y el padre continuó:</p> + +<p>—Pero como usted comprenderá, este sacrificio de precio incalculable, +cuya idea le fomentaré yo por lo que en sí tiene de útil y meritorio y +porque bastará quizá el ofrecerlo para alcanzar de Dios lo que el pobre +ángel pide, no es una vocación religiosa: es sólo un ofrecimiento que en +su aflicción y en su generosidad hace la niña, y mientras Dios no lo +acepte, no existe la verdadera vocación, y yo, por mi parte, ni puedo +aconsejarla ni autorizarla tampoco hasta entonces.</p> + +<p>«Pues estamos en el principio de la conversación»—pensó Currita, sin +comprender del todo aquellas místicas sutilezas; y dando vueltas entre +sus manos a un precioso devocionario que había traído de intento para +demostrar su piedad al padre, dijo modestamente:</p> + +<p>—¿Y qué cree usted entonces que debe de hacerse?...</p> + +<p>—Dejar obrar a la gracia de Dios, que quizá le conceda como premio la +vocación que aún no tiene, y mientras tanto, no sacarla del colegio.</p> + +<p>—¿No cree usted entonces que le convenga volver a su casa?...</p> + +<p>El padre Cifuentes abrió la tabaquera, y con la impasibilidad del hombre +que golpea en los oídos de un sordo, con la sencillez con que hubiera +dicho que hacía calor o estaba lloviendo, dijo tranquilamente:</p> + +<p>—No, señora... Los ejemplos que vería en ella no conseguirían quizá +corromperla, pero de seguro lograrían matarla...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_525" id="Page_525">[525]</a></span></p><p>Currita no protestó contra aquel reproche tremendo; no se avergonzó ni +se indignó tampoco. Asióse, por el contrario, para llegar a su objeto, a +la punta de aquella maza que la aplastaba, y dijo lastimeramente:</p> + +<p>—¡Ay, sí, sí, padre, es verdad!... ¡Si usted supiera lo que pasa en mi +casa! ¡Si usted conociera la situación en que me encuentro!</p> + +<p>Y adoptando el cálculo más hábil del disimulo, el de apropiarse de la +ingenuidad y disfrazarse con la sencillez y la franqueza, refirió con +toda verdad al padre Cifuentes el escándalo de su vida, la trágica +muerte de Jacobo, la calumnia difundida por aquellos enemigos +invisibles, la imposibilidad en que estaba de acusarlos a ellos y +defenderse ella misma ante los tribunales, y la necesidad que tenía de +<i>alguien respetable</i>, de alguna <i>persona autorizada</i> por su santidad y +su prestigio que sacase la cara por ella, perdonándole las faltas +verdaderas y defendiéndola de los <i>falsos crímenes</i>, concediéndole su +protección y su amistad, y rehabilitándola por este solo hecho a los +ojos del mundo... Y no pedía esto por ella misma, que nada merecía y así +lo confesaba; pedíalo por caridad de Dios, por lástima, por compasión +hacia sus propios hijos...</p> + +<p>Calló Currita, y con la cabeza baja y las manos cruzadas y entornados +ojitos, esperó muy devotica el sermón formidable, la peluca tremenda que +creía ella iba a venir tras de aquello, seguida de alguna violenta +exhortación a la confesión y la penitencia, con algunos toquecitos de +llamas del infierno; y luego, más tarde de lo que ella deseaba y con +tanto anhelo iba buscando, un generoso ofrecimiento, noble, sincero y +amplio... Mas el padre Cifuentes, que había escuchado sin pestañear todo +aquel cúmulo de vergüenzas y de horrores, que no había hecho el menor +gesto de asombro, de disgusto, de compasión ni de protesta, sacó la +tabaquera de cuerno, tomó un polvo y dijo lacónicamente:</p> + +<p>—Haga usted los Ejercicios...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_526" id="Page_526">[526]</a></span></p><p>—¿Los Ejercicios?—preguntó ella muy sorprendida.</p> + +<p>—Sí, los Ejercicios de san Ignacio digo... Ayer los han empezado en el +Sagrado Corazón, en la calle del Caballero de Gracia... Todavía tiene +usted tiempo; empiece esta misma tarde.</p> + +<p>—Yo..., bueno..., desde luego...—dijo Currita titubeando—. Pero según +tengo entendido, sólo se entra allí con papeleta y yo no la tengo.</p> + +<p>—Pues yo la recomendaré a usted a la superiora y le hablaré a la +marquesa de Villasis, que es presidenta del consejo...</p> + +<p>Currita sintió tal movimiento de gozo, que estuvo a pique de venderse... +¡Por fin triunfaba, y a pesar de su impasibilidad y no obstante sus +marrullerías, hacía tragar al bendito padre todo el anzuelo!... Entre la +marquesa de Villasis, la dama de mejor nombre de la corte, y el padre +Cifuentes, el sacerdote de más prestigio, haría ella su entrada triunfal +en el gremio de beatas aristocráticas, y una vez dentro, no bien tomase +ella terreno, ya sabría reconquistar, palmo a palmo, los aplausos y las +adulaciones, y colocarse de nuevo en el antiguo puesto perdido.</p> + +<p>Vistióse sencillamente, siempre con aquel prolijo cuidado de los +detalles pequeños que desprecian los talentos vulgares y tienen en mucho +los privilegiados y prácticos: una modesta falda de seda negra, un +abriguito de terciopelo con pieles y la mantilla recogida por completo +sobre los hombros, chiffonné, con mucha gracia, cubriendo las blondas +del velo parte del rostro, pero dejando ver perfectamente los rojos +pelitos, contraseña suya característica, que cuidó muy bien de dejar a +la vista con cálculo prudentísimo, para que en caso de oscuridad o de +duda pudieran todos reconocerla.</p> + +<p>A las cinco comenzaba el santo Ejercicio, y a las cinco y siete minutos +calculó ella muy bien su entrada, para que fuese de todos vista. Apeóse +del coche y entró en el zaguán, creyendo encontrar allí alguna religiosa +o algún portero a quien preguntar por la marquesa de Villasis o por el +<span class='pagenum'><a name="Page_527" id="Page_527">[527]</a></span>padre Cifuentes; mas sólo vio delante una empinada escalera dividida +por en medio con un barandal de hierro que hacía veces de pasamanos. En +lo alto, dos señoras cuchicheaban entre sí muy quedito, e +interrumpiéndose bruscamente al ver subir a Currita, desaparecieron al +punto, sin que la dama pudiera reconocerlas. Encontróse entonces frente +a la puerta de la capilla, que estaba de par en par abierta; era esta +entrelarga, ancha y extensa, con una gran puerta en el fondo que daba al +interior del colegio y otra lateral para el servicio de la gente. En el +testero hallábase el altar, parcamente adornado, con algunas luces que +ardían a derecha e izquierda del tabernáculo.</p> + +<p>Arriba, en la parte más alta, había una hermosa efigie del Sagrado +Corazón, y caía desde sus pies hasta abajo un gran paño de brocado +recamado de terciopelo rojo, con estas palabras bordadas: <i>Venite ad me +omnes</i>. A uno y otro lado de la gran puerta del fondo estaban las sillas +de coro de las religiosas, y sentadas en ellas las señoras del consejo: +la marquesa de Villasis ocupaba la esquina derecha, teniendo a su lado a +la duquesa de Astorga.</p> + +<p>Currita vio desde la puerta el extremo de un banco desocupado y ante él +se arrodilló, haciendo uno de esos garabatitos con que creen ciertas +damas santiguarse, cruzando las manitas sobre el respaldo, inclinando la +cabeza con mucha devoción y poniéndose a registrar con el rabillo del +ojo todo cuanto había y pasaba dentro de la capilla... ¡Prodigio +maravilloso de la perspicacia y fuerza comunicativa de la grey +femenina!... Cuatro minutos después, no quedaba en el extenso recinto +una sola alma más o menos pía que no hubiera atisbado la entrada de +Currita, sin que fuese necesario para ello más que alguno que otro suave +cuchicheo, alguna que otra disimulada seña, alguno que otro libro devoto +o rosario bendito que rodaba por el suelo, para dar ocasión a la dama +que lo recogía de lanzar una rápida mirada con el mayor disimulo. Allí +estaba ella, con mucha devoción, aguantando a pie quieto las miradas y +suponiendo los comentarios internos que acompañaban a estas; la condesa +de Murguía, señora muy severa, que había comido muchos viernes en casa +<span class='pagenum'><a name="Page_528" id="Page_528">[528]</a></span>de Currita y disfrutado no pocas veces de su palco en el teatro, +hallábase a su lado... Alarmóla esta proximidad, volvió la cara +angustiada, y apretando cuanto pudo a las otras señoras que ocupaban el +banco, apresuróse a dejar entre ella y la escandalosa un gran espacio +vacío. Currita, sin perder su devoción, sintió ganas de tirarle del +pelo.</p> + +<p>Entró a poco una señora con dos niñas, al parecer sus hijas, y una de +estas, la más pequeña, fuese a arrodillar junto a Currita en el hueco +vacío; mas la madre, advertida sin duda por otra señora que le habló por +lo bajo, levantóse prontamente, tocó en el hombro a la niña y apártola +de allí. Currita no sintió esta vez ira, sintió una sensación penosa, +amarga, desconocida para ella, que se le figuró semejante al desconsuelo +de verse sola y desamparada por un ser querido; aquella niña le había +recordado a Lilí.</p> + +<p>Entraban nuevas señoras, llenábase la capilla de bote en bote y +apiñábanse las rezagadas contra las que habían llegado antes, sin que +ninguna quisiera ocupar el sitio vacío al lado de Currita. Ella sintió +crecer aquel desconsuelo que la oprimía y la angustiaba y le producía +una irritación sorda, una amarga iracundia, que la llevaba a escarbar +llena de saña en el basurero de su vida, buscando y enumerando las +vergüenzas públicas, las inmundicias de todos conocidas, que le había +tolerado, consentido y hasta aplaudido como amables <i>pequeñeces</i> aquel +mismo Madrid que ahora le volvía la espalda, para arrojárselas a la +cara, gritándole con muy buena lógica: «¿Acaso soy ahora peor que lo fui +antes?... ¿Por ventura hace más fuerza en ti una calumnia anónima, +levantada por pérfidos asesinos, que ese montón de lodo con que a todas +horas te he salpicado el rostro?...».</p> + +<p>¡Oh!, ¡qué mundo, qué mundo aquel tan injusto y tan asqueroso! ¡Con +cuánta razón se resistía a entrar en él Lilí, aquel ángel del Señor tan +puro y tan bello!... Y a este recuerdo, con la rapidez con que se muda +la decoración en una comedia de magia, sustituyó en su mente la imagen +de la niña al Madrid injusto y asqueroso que provocaba sus iras, y +<span class='pagenum'><a name="Page_529" id="Page_529">[529]</a></span>quedaron frente a frente, embargando todo su entendimiento, la +celestial figura de Lilí, derramando luz vivísima del cielo, y el montón +de lodo repugnante y hediondo, la charca sucia y cenagosa que acababa de +formar ella con tanta saña, haciendo examen general de toda su vida... +Currita creyó ver una cloaca a la pura y rosada luz del alba, creyó ver +el infierno a la luz del paraíso y se sintió confundida y se juzgó +condenada; porque aquel montón de lodo era ella misma y aquel resplandor +de Lilí era la luz de Dios, único criterio de moral, independiente de +míseras condescendencias sociales, a que deben de ajustarse los actos +humanos. Un último movimiento de soberbia la agitó, sin embargo.</p> + +<p>—¡Soy una infame, es cierto!... Pero que no me condenen los hombres, +¡que me condene Dios!...</p> + +<p>Y al levantar la vista rabiosa y desesperada, como para lanzar en torno +una mirada de orgulloso desafío, divisó al frente la imagen de +Jesucristo, del Juez único que su soberbia vencida aceptaba, mostrándole +su corazón herido, diciéndole en aquel letrero que tenía por debajo: +Venite ad me omnes. Un crujido misterioso lastimó entonces su pecho, y +repitió muy quedo:</p> + +<p>—<i>Omnes</i>!... ¡Todos, todos!...</p> + +<p>Habíase mientras tanto rezado el rosario, y un jesuita subía en aquel +momento al púlpito, para exponer la meditación que correspondía, según +el orden establecido en los Ejercicios de san Ignacio. Era sobre el +Juicio Final, y dividióla en tres partes: la confusión de los hipócritas +al ver patentes sus pecados ocultos; la suprema vergüenza de los +escandalosos al ver objeto de la execración universal los pecados +públicos de que habían hecho gala, y la justificación de la Providencia, +la manifestación clara de los misteriosos caminos ordenados por Dios +para bien siempre del hombre; la sapientísima urdimbre, puesta al +descubierto, de grandes hechos y pequeños acontecimientos, de penas y +alegrías, derrotas y triunfos, llamamientos y amenazas, premios y +<span class='pagenum'><a name="Page_530" id="Page_530">[530]</a></span>castigos, que han de probar en la vida de cada criatura, mirada de +frente a la luz de aquel tremendo día, la paternal providencia de Dios +para cada hombre, la conjunción perfecta sobre cada uno de ellos de sus +dos atributos, el más temible y el más deseable: la misericordia y la +justicia.</p> + +<p>El jesuita hablaba llanamente, expresando con sencilla claridad aquellas +tremendas verdades y trazando a veces pavorosos cuadros que herían la +imaginación, estremecían los corazones y preparaban los ánimos para el +eco futuro de aquellas temerosas palabras: <i>Ossa arida, audite verbum +Domini</i>!... Reinaba un hondo silencio, muy semejante al silencio del +pavor; y el jesuita, torciendo un poco el rumbo a sus palabras, dejó ver +de repente la bondad infinita de Dios, la más consoladora de todas sus +grandezas, su inmensa misericordia, brindando siempre al pecador con su +perdón tan sin límites y tan amplio, que desaparecen en él, cual si +fueran átomos, los más enormes pecados.</p> + +<p>—Imaginaos—dijo—un hombre llegado al último extremo del crimen; +cargadle a vuestro pensamiento con todas las acciones afrentosas que +fuera posible imaginar; vedle dormir tranquilo en medio de su vergüenza, +como si se viera al abrigo de la muerte, como si no tuviera ya +remordimientos ni tuviera conciencia... Mas un día, lo mismo que en el +sueño de Nabucodonosor una piedra desprendida de la montaña hizo pedazos +al coloso con pies de barro, así también un átomo arrancado a la +misericordia de Dios por los ruegos de algún justo derribará sin causa +alguna aparente ese coloso del mal y formará en sus entrañas +desesperadas una lágrima, que subirá hasta el corazón y pasará por los +caminos que Dios ha hecho para llegar a sus ojos marchitos, y brotará +por ellos, y rodará al fin por sus mejillas... ¡Esa lágrima le ha +revelado la verdad y conquistado el perdón y devuelto la paz!...</p> + +<p>Y como si aquella lágrima bendita, alcanzada por la oración de un justo, +se formase en aquel momento en algunas entrañas y subiese hasta un +corazón y brotase por unos ojos, con explosión de dolor formidable, +rompió el hondo silencio un sollozo que resonó por todos los ámbitos de +<span class='pagenum'><a name="Page_531" id="Page_531">[531]</a></span>la capilla, haciendo al jesuita enmudecer un instante, y mirarse +pálidas y sobrecogidas a cuantas vieron a la condesa de Albornoz +desplomarse sobre el reclinatorio, aniquilada como el grano de mijo que +machaca la piedra de molino, mordiéndose las manos para contener, como +con esfuerzo sobrehumano contuvo, los gritos, los sollozos, los alaridos +de dolor que parecían hervirle en el pecho, sin llegar a reventarle por +los labios.</p> + +<p>Terminó el sermón, y siguióse luego, y terminó también aquel canto +suavísimo, patético grito del pecador arrepentido: <i>¡Perdón, oh Dios +mío!</i> Y la numerosa concurrencia desfiló por delante de Currita, sin que +levantase ella la cabeza ni hiciera un movimiento, como si la vergüenza +de su vida entera la tuviese allí sujeta, clavada, ante las miradas +curiosas, compasivas y aun burlonas de sus antiguas rivales.</p> + +<p>Quedó la capilla solitaria, y una religiosa lega, que se deslizaba como +una sombra, apagó las luces una a una, sin que la condesa de Albornoz se +moviese de su sitio ni diese muestras de vida. Unos brazos la rodearon +al fin en aquella soledad de que sólo Dios era testigo, y una voz muy +conmovida le dijo muy bajo:</p> + +<p>—Curra, hija mía... Abajo tengo mi coche... ¿Quieres que te lleve?...</p> + +<p>Ella levantó la cabeza y fijó en la que así hablaba una mirada hosca, +medrosa, que no parecía tener conciencia de la realidad y reflejaba como +en dos vidrios profundos todos los asombros y todas las agonías... +Reconoció al fin a la marquesa de Villasis, y el rostro de la pecadora, +rojo de vergüenza por primera vez en su vida, ocultóse en el casto pecho +de la mujer fuerte, balbuceando entre sollozos:</p> + +<p>—¡Sí, sí!... Adonde no me vea nadie... A Chamartín con mi hija...</p> + +<p>La niña no se sorprendió al verla... Había ofrecido aquella tarde, por +aviso del padre Cifuentes, el sacrificio de su vida, y esperaba confiada +y serena, como esperan las lágrimas del pecador los ángeles de la +<span class='pagenum'><a name="Page_532" id="Page_532">[532]</a></span>guarda...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IXdmdash" id="IXdmdash"></a><a href="#toc">—IX—</a></h2> + + +<p>Se ha dicho que más cavila un pobre que cien abogados, y hay quien +cavila más que cien pobres y cien abogados juntos: cualquier muchacho +haragán que se ve con un libro delante, clavado en un banco. En este +caso se hallaba aquel día, en el estudio del colegio de Guichon, +Alfonsito Téllez-Ponce, alias <i>Tapón</i>, piel del diablo, corazón de +ángel, enredador como él solo, ídolo y tentación perpetua de sus +compañeros, encanto y purgatorio eterno de sus maestros.</p> + +<p>Sus propósitos no podían, sin embargo, ser aquella mañana mejores, ni +sus intenciones más rectas: celebrábase al día siguiente el santo del +padre rector con una jira de campo famosísima, allá en la playa de +Biarritz, y el mísero Tapón, condenado por tres o cuatro sentencias a +recluimiento perpetuo, proponíase, con un día entero de observancia +completa, alcanzar el indulto general de sus condenas y el +sobreseimiento de las diez o doce causas que, por diversos atentados, +conatos e infracciones de la ley, se le seguían ante el tribunal del +padre prefecto.</p> + +<p>Levantóse, pues, de un salto al primer toque de la campana, lavóse sin +derramar una gota de agua, y sin otro percance que el meter un pie en el +orinal y hacerlo añicos, sin intención deliberada, por supuesto, púsose +en formación muy derechito, entró en la capilla y oyó misa lo mismo que +un san Luis Gonzaga.</p> + +<p>Bueno iba aquello; mas al salir del sagrado recinto, diole un brinco el +diablo en el cuerpo, y sin poderlo remediar tiró al compañero que +<span class='pagenum'><a name="Page_533" id="Page_533">[533]</a></span>marchaba delante en las ordenadas filas del pañal de la camisa, que +impúdicamente le asomaba por debajo de la blusa. En la sala de estudio +rezó el <i>Actiones nostras</i> con devoción suma, sacudió un papirotazo a su +vecino de la derecha, arrastrado por la fuerza de la costumbre, tiró al +suelo los libros del de la izquierda, por una necesidad casi de su +temperamento, y abrió la tapa de su cajón con mucha formalidad.</p> + +<p>Iba a ponerse a estudiar, y no de cualquier manera ni cualquier cosa; +sus estudios de retórica habían ya terminado el año último, y acababa de +asistir a la toma de Troya y a la fundación de Roma; había bebido con +Horacio en las cascadas del Tíber, admirado a las abejas con Virgilio, +salvado a la República con Cicerón y alborotado en las plazas de Grecia +con Demóstenes. Tocábale aquel año dedicarse a la sublime ciencia del +cálculo, y había obtenido ya, por orden de su profesor, la medida del +campanario del pueblo, con un error aproximado de dos kilómetros; aquel +día proponíase nada menos que determinar el radio de una esfera, y sacó +con toda diligencia el libro de texto, la caja de compases y el blanco +papel inmaculado en que había de desarrollarse el importante cálculo.</p> + +<p>El padre Bonnet, inspector en el estudio, mirábale desde lo alto de la +tribuna, asombrado de tanta laboriosidad, creyendo tener ante los ojos +la conversión de san Agustín o el trueque de Saulo en Pablo.</p> + +<p>Con un rápido movimiento del compás trazó Tapón una esfera limpia y +correcta, con la luna en su plenilunio. ¡Magnífico!... Redonda era como +el mundo... Parecía una carita... ¡Justo!..., una carita... Igual, +idéntica a la de madame Dous, la tendera que vendía pelotas en los +portales de Bayona. ¡Qué casualidad!... Tapón marcó con mucha habilidad +dos puntos para tomar los radios con que había de trazar dos arcos que +se cortasen, y se afirmó en su creencia... Aquellos dos puntitos +parecían, sin duda alguna, los ojos de madame Dous, redondos, pequeños, +abiertos como con un punzón... El parecido era exacto: tan sólo le +faltaba el moñito en lo alto de la cabeza, y para que nada le faltase, +pintó Tapón a la esfera un moñito en la parte superior; dibujóle luego +unas narices en el punto en que debieron encontrarse los dos malogrados +<span class='pagenum'><a name="Page_534" id="Page_534">[534]</a></span>arcos, púsole por debajo una boca bigotuda, añadióle después dos orejas +con pendientes, y en menos de un cuarto de hora encontró la cara de +madame Dous, en vez de encontrar el radio de la esfera.</p> + +<p>Satisfecho de su hallazgo, mostrólo a sus dos vecinos; una mano aleve +avanzó entonces por detrás y arrancóle de las suyas la obra maestra. +¡Santo Dios!... Volvióse Tapón asustado y encontróse frente a frente con +el padre Bonnet. ¡Bonita ocasión para presentarle su petición de +indulto!...</p> + +<p>—¿Así prepara usted la clase, señor de... Tapón?—dijo el ministro de +la justicia con voz formidable.</p> + +<p>Y el señor de Tapón, sobrecogido, pero con mucha dignidad, aseguró, +puesta la mano sobre el pecho, que había sido una distracción, que lo +había hecho sin poderlo remediar...</p> + +<p>—Pues sin poderlo remediar se quedará usted hoy sin postres..., y +mañana, por supuesto, sin campo...</p> + +<p>Tapón se echó a llorar acongojado, empujó por la izquierda el libro de +texto, alejó de sí por la derecha la caja de compases, y apoyando la +cabeza en ambas manos, quedóse absorto, a través de sus lágrimas, en la +contemplación del tintero de peltre que tenía delante. Una mosca paseaba +por sus bordes, alargando de cuando en cuando la sutil trompilla, +haciendo vibrar, al cruzarlas con las patas traseras, las pardas y +transparentes alas. Parecía la mosca meditabunda, y ocurriósele a Tapón +cazarla, para alivio de sus penas; mojóse con saliva los extremos del +pulgar y el índice, y alargó la mano suavemente: la incauta mosca saltó +del tintero a la mano traicionera, dio una carrerita y acercóse al fatal +lazo. Tapón apretó entonces los dedos y pillóla por las patas... La +mosca protestaba muy indignada, batiendo las alas con cierto zumbido +lastimoso.</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_535" id="Page_535">[535]</a></span></p><div class="poem"><div class="stanza"> +<span class="i0">Presa en estrecho lazo<br /></span> +<span class="i0">La codorniz sencilla<br /></span> +<span class="i0">Daba quejas al viento,<br /></span> +<span class="i0">Ya tarde arrepentida.<br /></span> +</div></div> + +<p>Tapón, inexorable, resolvió convertirla en ministro de sus venganzas; +cogió un fino papel de seda, escribió en él: «¡Muera el padre Bonnet!», +y retorciéndole muy bien una puntita, clavólo por detrás a la +prisionera. Abrió luego la mano y la mosca echó a volar, arrastrando la +larga cola, a modo de ave del paraíso.</p> + +<p>El gozo de Tapón fue imponderable: había realizado la teoría de las +<i>palomas mensajeras</i>. Puso manos a la obra, y en menos de diez minutos +revoloteaban por el estudio más de una docena de moscas, llevando de una +a otra parte el grito subversivo de «¡Muera el padre Bonnet!». La +sedición prendió al punto por el amplio recinto, encontrando por todas +partes imitadores y aun reformistas; uno puso en rojos papelitos «¡Viva +la libertad!», otro se adelantó a poner «¡Abajo los jesuitas!», y un +tercero, hijo de un emigrado, destrozó una caja de bombones para +estampar en ligero papel azul el grito retrógrado de «¡Viva Carlos +VII!»...</p> + +<p>Aquello fue una manifestación general de simpatías personales e ideales +políticos, y no hubo uno solo entre aquellos hombres de estado, capaces +de regir el país de Liliput, que no manifestase sus opiniones por medio +de las nuevas palomas mensajeras. Tan sólo Paco Luján, inclinado sobre +su pupitre, aunque sin ocuparse mucho del libro que tenía delante, +limitábase a seguir a veces con la vista el vuelo de las palomas +mensajeras, sonriendo benévolamente, pero sin tomar parte en el +clandestino entretenimiento. A su espalda, un muchacho mayorcito, de +frente estrecha, tipo malayo y rastrera expresión de envidia, que había +tenido con él varias reyertas y sufrido más de una vez el empuje de sus +poderosos puños, escribía con mucho disimulo en un trozo de papel de +<span class='pagenum'><a name="Page_536" id="Page_536">[536]</a></span>fumar un largo letrero; púsolo después, según el sistema Tapón, a una +mosca muy gorda, y mirando antes a todas partes con recelo, arrojóla a +hurtadillas por encima de la cabeza de Paco; mantúvose la mosca un +momento en el aire, y arrastrada por el peso del espurio rabo, posóse al +fin en la espalda del chico que tenía Luján delante. Rióse este al +verla, y extendiendo la mano prontamente, cogióla por el papel; la mosca +echó a volar dejando su molesto apéndice en manos del niño, y la pobre +criatura, alborozada con la presa, púsose a leer el contenido de la +misiva... Mas su gozo desapareció de repente, tornándose lívido al +descifrarla, dando una media vuelta en el asiento cual si le hubiesen +aplicado un hierro candente, fijando una mirada de odio feroz, de rabia +pronta a desbordarse en el inofensivo Tapón, que muy alborozado, lanzaba +al aire en aquel momento su decimosexto clamor de «¡Muera el padre +Bonnet!». A espaldas de ambos seguía el malayo con maligna curiosidad +aquella muda escena, que tenía a la vez mucho de infantil y de terrible.</p> + +<p>Paco Luján volvió lentamente la cabeza hasta esconderla entre ambas +manos como anonadado; clavóse en ella los agarrotados dedos temblando de +rabia, y dos lágrimas, dos lágrimas de esas que rara vez se derraman a +los quince años, brotaron de sus ojos y surcaron sus mejillas; la ira +las secó al punto, como seca una gota de agua el simúm del desierto... +Había leído en aquel papel una grosera chocarrería en que se mezclaban +el nombre de su madre y encubiertamente el de Jacobo, firmada por el +hijo de aquel hombre odiado, el mismo Alfonsito Téllez, el inofensivo +Tapón, el <i>diablillo de olor de rosa</i> como le llamaba el rector del +colegio, para expresar al mismo tiempo su sencillez de ángel y su +travesura de diablo. ¡Qué golpe aquel tan inesperado y tan horrendo!</p> + +<p>El niño, avezado a callar por el largo y silencioso sufrir de su corta +vida, calló una vez más devorando su rencor y sus lágrimas, y una hora +después, cuando la campana llamaba a los alumnos a clase, Paco Luján no +dio señales de haberla oído y siguió clavado en el banco, con la cabeza +entre las manos, sin más muestras de vida que los frecuentes +estremecimientos nerviosos que recorrían todo su cuerpo. Creyóle dormido +<span class='pagenum'><a name="Page_537" id="Page_537">[537]</a></span>el padre Bonnet y separóle las manos del rostro: vio entonces su frente +arrebatada, sus ojos brillantes extraviados, y palpó sus manos +ardorosas.</p> + +<p>—¿Qué es eso, hijo?... ¿Estás malo?... ¿Tienes calentura?...</p> + +<p>—No..., no..., no tengo nada—replicó el niño con forzada sonrisa.</p> + +<p>Y arrancándose bruscamente de las manos del padre, echó a correr hacia +la clase.</p> + +<p>Jamás hubo despertar tan alegre como el que tuvieron al otro día los +colegiales de Guichon; tenía aquello algo del despertar de los pájaros +cuando en una mañana de mayo se lanzan del nido, al primer rayo de la +aurora, y estalla su alegría, ruidosa, alborotada, comunicativa, +derramándose por entre el follaje de los árboles como una cascada de +alegres trinos, que llega hasta el fondo del alma y la conmueve, la +arrastra y despierta en ella paz, gozo, consuelo y plácida gratitud +hacia Dios. La alegre charanga del colegio sustituyó aquel día a las +severas campanadas que arrancaban de ordinario a los alumnos de la +profunda quietud del sueño de la infancia, para arrojarlos en los +pequeños azares, inmensos para ellos, de la vida de estudiantes; cien +vivas atronadores al padre rector se unieron al punto a los acordes de +la música, y la alegría desbordada, la vida bulliciosa que rebosaba en +aquellos cuerpecitos, inundó de repente dormitorios, pasillos y el +colegio entero, yendo a estrellarse a las puertas de la capilla por una +de esas rápidas mutaciones, increíbles en los niños, que prueban el +poder inmenso de la disciplina y la fuerza irresistible que en toda +multitud ejerce la autoridad que sabe hacerse amar y respetar. Reinó +allí un silencio profundo, oyóse misa con devota compostura y tomóse +luego un pareo desayuno; hubo entonces un momento de expectación +general, de angustiosa perplejidad...</p> + +<p>Apareció el padre prefecto, el temido ejecutor de las solemnes +<span class='pagenum'><a name="Page_538" id="Page_538">[538]</a></span>justicias, y mandó salir de las filas a Tapón y a otros seis +sentenciados. Pintóse la consternación en todas las caritas, y mientras +pálidos y constrictos se alineaban los reos a la izquierda, notóse en la +multitud ese desasosiego que precede siempre en ellas a las resoluciones +heroicas o desesperadas. Un chiquillo regordete salió al cabo de las +filas, colorado como un tomate, y acercándose al padre rector, que en +aquel momento llegaba, díjole con heroica magnanimidad:</p> + +<p>—Que vayan al campo esos... Yo me quedo; sí, señor, yo me quedo por +ellos.</p> + +<p>Una exclamación de entusiasmo acogió la abnegación del héroe, y el +rector, extendiendo la mano con ademán imponente, dijo muy grave:</p> + +<p>—Usted, señor abogado de causas perdidas, se irá al campo ahora +mismo... y esos siete señores se quitarán al momento de mi vista...</p> + +<p>Aquí tornó el rector a alzar la mano, como si fuese a descargar el rayo +vengador de la justicia, y concluyó con tremenda severidad:</p> + +<p>—...yéndose al campo también.</p> + +<p>La severidad del rector se deshizo entonces en una alegre carcajada, y +una gritería inmensa acogió la proclamación del indulto, mientras las +gorras subían por lo alto en alas del entusiasmo, y los reos perdonados +y el intercesor generoso eran llevados en triunfo con cariñosa +fraternidad.</p> + +<p>Pusiéronse todos en marcha, a través de aquellos campos floridos, +aquellas verdes praderas, bosques espesos y preciosas casitas rodeadas +de jardines, que adornan todo el camino desde Guichon hasta el mar. +Extendíase este por detrás de Biarritz, estrellándose contra las rocas +con furor inmenso, amenazador e imponente, bajo aquel límpido azul y con +aquel sosegado tiempo, como un gesto de terrible cólera en el rostro de +<span class='pagenum'><a name="Page_539" id="Page_539">[539]</a></span>una serena divinidad.</p> + +<p>Más allá de la playa de los vascos, en una alta y escondida explanada +que forman las rocas no lejos de cierta <i>villa</i> deliciosa, hizo alto la +alegre turba, dispuesta a sentar allí sus reales para comer y sestear. +La comida era sustanciosa y el apetito excelente, y sentados en el suelo +en grupos de diez o doce, comenzaron los chicos aquel festín delicioso, +a que las brisas del mar prestaban su frescura, los rayos del sol sus +resplandores y la alegría de la infancia su graciosa locuacidad. Los +inspectores les vigilaban yendo de un lado a otro, tomando parte en sus +conversaciones, fomentando sus bromas y sus risas, y evitando con su +presencia los excesos, sin disminuir con ella la alegría y la expansión. +En una de sus rondas tropezóse el padre Bonnet con Paco Luján, sentado a +la turca en uno de los grupos más numerosos; parecióle el niño +preocupado y taciturno, y observó ante él su plato vacío, y puesta sobre +la servilleta su parte de pan intacta. Uno de sus compañeros denunciólo +al punto, gritando:</p> + +<p>—Padre... Luján no come...</p> + +<p>Volvióse él rápidamente, y con forzada jovialidad contestó:</p> + +<p>—¿Que no como?... ¡Vaya si como!... ¡Mira!...</p> + +<p>Y bebióse de un trago, sin resollar siquiera, un vaso lleno de vino +hasta los bordes; mostróse desde entonces alegre, hablador y chancero, y +levantándose de repente, comenzó a dar vueltas de un lado a otro, como +si buscase algo. Había ya terminado la comida, llegaba a lo sumo la +alegría, y los chiquillos, dispersos por todos los lados, comenzaban a +organizar diversas partidas de juego; en lo alto de una roca, montado a +caballo sobre uno de sus salientes, hallábase Tapón muy afanado, en +mangas de camisa, armando con una caña abandonada y un largo bramante un +aparato de pesca. Acercósele Luján por detrás, y poniéndole una mano +sobre el hombro, díjole con voz extraña:</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_540" id="Page_540">[540]</a></span></p><p>—¡Tapón... ven acá!...</p> + +<p>Levantó este los ojos, y a la vista de aquel pálido rostro y aquel torvo +ceño, inmutóse mucho; soltó al punto la caña, tercióse al hombro en +silencio la chaqueta y levantóse dócilmente:</p> + +<p>—Anda delante—dijo Paco.</p> + +<p>Arrancaba de allí un senderito abierto en la misma roca, que entre picos +y grandes peñascos llegaba hasta la playa baja que azotaban las olas, y +por allí comenzaron a bajar los niños, silenciosos ambos, sorprendido y +azorado Alfonso, pálido el otro y torva la mirada, arrastrados los dos, +sin saberlo, por la desventura más digna de lástima que existe en la +tierra: la que acarrean al inocente los delitos del culpado.</p> + +<p>Cuando llegaron a lo más hondo de la playa, donde los peñascos se +erguían solitarios, y el ruido del mar ensordecía y espantaba, y ya no +se escuchaba la algazara de los niños ni se descubría rastro alguno de +hombres, volvióse Tapón lleno de zozobra y miró a su compañero +tímidamente; mas este, empujándole hacia adelante, le dijo:</p> + +<p>—¡Anda!... ¿Tienes miedo?...</p> + +<p>Terminaba el senderito que seguían en una reducida explanada, rodeada +por todas partes de rocas, que la pleamar cubría por completo y +salpicaban entonces las olas con blancos espumarajos, dejando al +retirarse, en el declive, una pequeña hondonada, una especie de pozo +lleno de agua que cubriría a ambos niños hasta la cintura. Pegóse Tapón +a la roca más lejana, que le cortaba la salida, volviéndose de nuevo muy +pálido y asustado, y con el ansia mortal de la zozobra, con la +desfallecida voz del miedo, dijo muy bajo:</p> + +<p>—¿Qué quieres?</p> + +<p>Y el otro, dando entonces rienda suelta a la rabia que le ahogaba, al +<span class='pagenum'><a name="Page_541" id="Page_541">[541]</a></span>rencor contra el padre de aquel inocente, fuera ya de su alcance, que +por tantos años había fomentado en el fondo del pecho, con la paciencia +con que se afila la hoja de un cuchillo, gritó con voz terrible, +sacudiéndole con una mano por un brazo, poniéndole el puño cerrado de la +otra junto al rostro mismo:</p> + +<p>—¿Qué quiero?... ¡Matarte es lo que quiero!... Romperte el alma... +Tirarte al agua; que uno de los dos no vuelva al colegio...</p> + +<p>Y sacando el bolsillo el funesto papel arrancado a la mosca el día +antes, púsolo ante los ojos de Tapón, dilatados por el espanto, y tornó +a gritarle lívido de ira:</p> + +<p>—¿Conoces esto?...</p> + +<p>El niño fijó un momento los ojos en aquel papel desconocido a que la +mano que lo sostenía comunicaba temblores de rabia, y el pudor de su +alma inocente tuvo fuerzas para colorear en sus mejillas por un momento +la azulada palidez del espanto. Movió la cabecita y cerró los ojos, +apartándolos.</p> + +<p>—Eso es malo—dijo—, es pecado...</p> + +<p>—¿Pecado y tú lo has escrito?—bramó el otro en el paroxismo de la +rabia.</p> + +<p>Y de una terrible bofetada arrojóle al suelo cuan largo era y lanzóse +luego sobre él, dando roncos gritos de furor, vomitando contra el padre +y la madre y el niño mismo horrendos insultos, que parecían hincharle la +garganta como si no hubiera en ella espacio bastante para arrojarlos, +dándole puñadas, pateándole todo el cuerpo, mesándole los cabellos y +sacudiéndole la cabeza contra las rocas, hasta que, rendido y jadeante, +viose de improviso las manos manchadas de sangre... Entonces dio un paso +atrás, pálido y descompuesto, y sucedióle al punto, en un segundo, lo +<span class='pagenum'><a name="Page_542" id="Page_542">[542]</a></span>que sucede a todos los corazones generosos cuando pasa en ellos el +vértigo horrible de la venganza y ven ya a su víctima indefensa y +aniquilada, tendida a sus pies: una gran piedad hacia aquel pobre niño, +en quien había querido él, sin conseguirlo del todo, acumular el odio +inmenso que profesaba a su padre, invadió su pecho y despertó su razón, +y con voz queda, enternecida casi, alargóle su propio pañuelo, diciendo:</p> + +<p>—Tapón..., tienes sangre...</p> + +<p>El niño procuraba incorporarse exhalando ayes lastimeros, repitiendo +siempre con acento de verdad profunda. «¡Yo no he sido!... ¡Yo no he +sido!» Y con desgarradora expresión de pena, como si le dolieran más en +el alma que sus heridas le dolían en el cuerpo los insultos que había +oído contra su padre y su madre, repetía lastimeramente:</p> + +<p>—Mi padre ha muerto... Yo no lo conocí... Pero mi mamá es una santa, +santa... ¿Sabes tú?... ¡Santa!...</p> + +<p>Paco Luján sintió que el corazón entero se le derretía en lágrimas, y +acudió a sostener al niño, que parecía próximo a desfallecer; tenía una +herida en la frente y manaba de ella sangre en abundancia, que corría +por su rostro y teñía ya su camisa. Ayudóle a levantar, sosteniéndole +por debajo de los brazos, y arrastróle suavemente, para lavarle la +herida, hacia el pozo que la marea baja dejaba al descubierto, colocado +al pie de una roca, en la orilla misma del mar. El niño se dejaba +conducir con entera confianza, apoyando la lívida cabecita, blanca cual +un jazmín cortado a la mañana, en el hombro de Paco. Notó entonces este +que había olvidado el pañuelo allá arriba, en el sitio del combate, y +volvió corriendo en su busca; el niño, mientras tanto, desasosegado y +sin tino, sintiendo tras aquella conmoción tan ruda la natural congoja +del vómito, inclinóse demasiado sobre la roca y cayó rodando hasta el +mar... Una ola inmensa que reventaba en aquel momento en la playa asióle +con sus mil garras de espuma, y en su tremenda resaca arrebatólo hacia +<span class='pagenum'><a name="Page_543" id="Page_543">[543]</a></span>dentro.</p> + +<p>Luján lanzó un alarido horrible, incomprensible en el aparato eufónico +de un niño, y se quedó con el pelo erizado y los brazos rígidos y +extendidos hacia aquella ola inmensa que barría del mundo a un inocente, +cumpliendo una tremenda justicia de Dios.</p> + +<p>Su estupor horrendo duró sólo un minuto... Sabía él nadar... y lo +sacaría, sí, lo sacaría, aunque tuviera que bajar a lo profundo, aunque +tuviera que hacerse trizas la cabeza contra los escollos del fondo, y +luchar allí a brazo partido con el terror y la muerte... Y se arrancaba +las ropas, y las tiraba a su paso, y trepaba por las peñas lanzando +gritos, dejando en ellas, sin sentirlo, pedazos de la piel de sus +piernas desnudas, de su pecho jadeante y comprimido por la espantosa +presión del horror...</p> + +<p>Llegó a la roca más alta, la más saliente e inclinada hacia el abismo, y +agarrado a la punta, rasgándose el pecho contra las asperezas de la +peña, tendió los ojos fuera de las órbitas por aquella extensión +inmensa, buscando una señal, un punto negro, un ligero estremecimiento +en la superficie del agua... ¡Nada!... ¡Nada más que aquellas olas tan +azules y tan bellas a pesar de catástrofe tan horrenda, aquel cielo tan +puro y tan radiante a pesar de horror tan profundo!</p> + +<p>—¡Jesucristo!... ¡Virgen Santísima!... ¡Que salga, que aparezca!... +¡Madre de los afligidos..., te doy mi vida en cambio!... ¡Si yo no le +odio, si le quiero, si le amo..., si amo a su padre mismo!... ¡Señor mío +Jesucristo, perdón.., me pesa!... Si él era bueno..., la mala era mi +madre..., ella..., ella...</p> + +<p>Se levantó rígido, tieso como un muerto, pareciendo que se alargaba su +estatura hasta crecer la mitad... Allí..., allí..., allá lejos, a veinte +brazas de aquella roca se agitaba el agua un poco, se formaba un +remolino, aparecía un punto negro... Sí, sí, no había duda... +¡Jesucristo!... ¡Una manita crispada que se alza pidiendo socorro!...</p> + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_544" id="Page_544">[544]</a></span></p><p>Y como una exhalación describió un arco en el aire y se hundió en el +mar la otra víctima, lanzando un grito de piedad que halló su memoria en +lo más profundo de los recuerdos de su infancia y puso la Reina de los +ángeles en sus labios, como una prenda de perdón, en aquella hora +suprema:</p> + +<p>¡Virgen del Recuerdo dolorida!</p> + +<p>¿Te acordarás de mí?</p> + +<p>Viósele nadar veinte brazas con la enérgica desesperación de la agonía, +hundirse una vez, aparecer otra, tornar otra vez a hundirse; salir a +flote de nuevo, no una, sino dos cabecitas, pegadas, juntas, rubia la +una, negra la otra, y sumergirse otra vez las dos formando un ligero +vórtice, unas suaves espumas, borrosas, imperceptibles, en aquel mar +inmenso, ¡limitado, roto tan sólo en el lejano horizonte por una velita +blanca que se divisaba a lo lejos...</p> + +<p>Al día siguiente, unos pescadores de Guetary encontraron atravesados en +una roca los cadáveres de los niños, abrazados estrechamente aun después +de la muerte... En las ansias y rudo combate de aquella agonía tremenda, +el escapulario de uno había pasado también al cuello del otro, y +descansaba, como una contraseña del cielo, sobre los pechos de ambos.</p> + +<p>Jamás se supo a cuál había pertenecido en vida la santa enseña: era el +escapulario de la Virgen del Recuerdo...</p> + +<p class="center">Fin del libro cuarto +</p> + +<hr style="width: 65%;" /> + + +<p><span class='pagenum'><a name="Page_545" id="Page_545">[545]</a></span></p> + +<h2><a name="ep" id="ep"></a><a href="#toc">Epílogo</a></h2> + +<hr style="width: 65%;" /> + +<p>La campana del santuario de Loyola había tocado ya el último toque de +misa y el hermano portero luchaba a brazo partido, en la misma puerta, +con una de esas beatas pegajosas, ávidas siempre de santa curiosidad, +propaladoras incansables de nuevas místicas, que creen asegurar el +triunfo de la Iglesia y la extirpación de las herejías propagando entre +fieles e infieles que el padre <i>A</i> estornudó dos veces seguidas, o que +al padre <i>B</i> se le descosió la borlita del solideo.</p> + +<p>Una señora enlutada salió entonces de la vecina hospedería, atravesó +lentamente el prado y subió las escaleras que llevan al santuario. Era +una mujer alta, joven aún, que parecía agobiada por el peso de una de +esas inmensas desventuras que inclinan el cuerpo a la tierra, como +buscando en ella el consuelo y la paz. El negro crespón que sombreaba su +frente, sin ocultarla del todo, dejaba ver unos ojos rojos en que ya no +había lágrimas y un rostro marchito, óvalo perfecto en que se veía, por +decirlo así, incrustada una conmovedora expresión de dolor eterno.</p> + +<p>Al pasar ante el hermano, saludóla este con muestras de gran respeto, y +la beata, ansiosa siempre de noticias, preguntóle su nombre.</p> + +<p>—La marquesa de Sabadell—contestó el hermano.</p> + +<p>La beata dejó escapar una exclamación de asombro, y con cierta compasiva +admiración siguió a la dama con la vista, hasta verla desaparecer por la +gótica puerta del antiguo solar de Loyola.</p> + +<p>Un cochecillo desvencijado, tirado por dos flacos rocines del país, +entró al mismo tiempo por el puente de Catalangua, atravesó velozmente +el prado y vino a detenerse al pie de la escalinata. Apeóse otra señora, +también enlutada, muy flaca, muy pequeñita, ocultando, como la otra, +entre los negros crespones un rostro consumido y lleno de pecas y unos +cabellos rojos mezclados de blanco. Nadie la conocía en el país: habíase +establecido aquel verano en un caserío muy bien acondicionado, cerca de +los baños de San Juan, y veíasela a menudo desde el camino pasear por la +<span class='pagenum'><a name="Page_546" id="Page_546">[546]</a></span>huerta acompañando a un caballero muy gordo, al parecer idiota, que +lanzaba gritos extraños y tristes risotadas, y no se movía de un carrito +de que tiraba a veces un borriquillo pequeño, otras un criado, algunas, +con bastante frecuencia, la misma señora. Los caseros de las cercanías +llamábanla <i>Gorriya</i>, esto es, «la roja».</p> + +<p>Al hermano portero no le era, sin embargo, desconocida la dama, y +saludóla también a su paso con mucha atención y deferencia. La beata, +con redoblada curiosidad, tornó a preguntar asimismo el nombre de esta.</p> + +<p>—La condesa de Albornoz—replicó secamente el portero.</p> + +<p>Penetró esta también en la santa casa y subió al famoso santuario, lleno +en aquel momento de fieles de todas clases, mezclados y confudidos el +señor y el labriego, la dama y la casera, con ese aire de confianza, esa +perfecta igualdad que muchos pregonan y sólo se comprende y se practica +en el santo templo de Dios. La Albornoz pasó rozando con su traje el +traje de su infeliz prima y fue a arrodillarse, sin reparar en ella, a +cuatro pasos de distancia.</p> + +<p>No sucedió lo mismo a la marquesa de Sabadell: viola muy bien esta, la +conoció al punto, y el temblor de sus manos, el gesto espontáneo de +horror con que apartó la vista, el ansia cruel con que se levantó su +pecho, sin que pudieran exprimir sus vaivenes una sola lágrima, como si +se hubiese agotado ya en aquel corazón el manantial de ellas, revelaron +claramente la impresión horrible que le hacía la presencia de aquella +mujer funesta, que encontraba por primera vez después de tantas +desgracias.</p> + +<p>Comenzó la misa ante la imagen de san Ignacio, del lado de allá de la +reja; la de Albornoz, flaca y macilenta, paseó a poco la vista por todas +partes, buscando algún sitio en que sentarse, y no hallándolo, hízolo +humildemente en el suelo, sobre las frías losas; un anciano, pobre +mendigo de Azpeitia, levantóse al punto del extremo de un banco y quiso +<span class='pagenum'><a name="Page_547" id="Page_547">[547]</a></span>cederle su puesto; mas ella, agradeciéndoselo con cariñosa sonrisa, no +aceptó.</p> + +<p>Llegó al fin la hora de la comunión; el sacerdote abrió el tabernáculo, +volvióse al pueblo y bendijo a pobres y ricos, grandes y pequeños, +inocentes y arrepentidos, verdugos y víctimas... Todas las cabezas se +inclinaron, dobláronse todas las rodillas en el más profundo silencio...</p> + +<p>—<i>¡Ecce Agnus Dei; ecce qui tollit peccata mundi!...</i></p> + +<p>Varios hombres y mujeres se adelantaron y fueron a arrodillarse ante el +comulgatorio; entre ellos iban la marquesa de Sabadell y la condesa de +Albornoz, las dos rivales, el verdugo y la víctima, la mujer inocente y +la cínica escandalosa.</p> + +<p>Pasó largo rato; terminóse aquella misa y salió después otra, y poco a +poco fueron desapareciendo los fieles, quedando al fin sola la Albornoz, +arrodillada delante, sin poderse sostener apenas, caída la cabeza, +cruzadas las manos, imagen viva de la humildad aniquilada ante la +misericordia. Detrás estaba la marquesa de Sabadell, arrodillada a larga +distancia, sintiendo por primera vez, después de la muerte de su hijo, +el consuelo inefable de las lágrimas.</p> + +<p>De repente hizo Currita un penoso esfuerzo para levantarse, y la otra se +levantó también prontamente, y salió de la capilla, deteniéndose al lado +de allá de la puerta, junto a la pila del agua bendita... Allí la +encontró la Albornoz, y dio un paso atrás al verla, pálida cual un +espectro.</p> + +<p>Mas ella, dando otro paso adelante, hizo un solo movimiento, una mera +<i>pequeñez</i>, de esas que asombran a los hombres y regocijan a los +ángeles: metió la mano en la pila del agua bendita y se la ofreció con +la punta de los dedos...</p> + +<p class="center">Fin</p> +<hr style="width: 65%;" /> + +<div class="footnotes"> +<p class="center">Notas:</p> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1"><span class="label">[1]</span></a> Al publicarse por primer vez esta novela en <i>El Mensajero +de Corazón de Jesús</i>, púsole su autor este prólogo dirigido a los +lectores de dicha Revista, que por muchas y poderosas razones, nos ha +parecido conveniente reproducir integro en esta sexta edición. (Nota de +los editores.)</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a href="#FNanchor_2_2"><span class="label">[2]</span></a> Esta poesía es original del padre Alarcón, y fue leída en +una solemnidad semejante a la que aquí describimos.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_3_3" id="Footnote_3_3"></a><a href="#FNanchor_3_3"><span class="label">[3]</span></a> Advertimos desde luego al lector, que ni en este ni en +ninguno de los personajes que se presentan en los muchos episodios +históricos de esta novela desempeñando cargos oficiales, se ha querido +retratar ni aun siquiera aludir a los que realmente hubieran podido +ocupar aquellos cargos en la época a que nos referimos. Por más que +disten mucho ciertas personalidades de sernos simpáticas, nos inspiran a +lo menos compasión, y al fustigar sin piedad al vicio y al escándalo, +nos guardamos muy bien de ensañarnos con persona alguna determinada, a +que puede el arrepentimiento haber colocado ya al abrigo de toda +censura. Con más razón que Crévillon podemos decir: <i>Jamais aucune fiel +a empoisoné ma plume</i>.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_4_4" id="Footnote_4_4"></a><a href="#FNanchor_4_4"><span class="label">[4]</span></a> ¡Adelante, Tom, adelante!... ¡Atraviesa!... +¡Arróllalos!...</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_5_5" id="Footnote_5_5"></a><a href="#FNanchor_5_5"><span class="label">[5]</span></a> Llámase en Inglaterra Nursery al departamento especial en +que viven los niños con sus criados completamente aislados del resto de +la familia.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_6_6" id="Footnote_6_6"></a><a href="#FNanchor_6_6"><span class="label">[6]</span></a> ¿Qué es esto, Miss?... Hay que estudiar la lección de piano +hasta las ocho.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_7_7" id="Footnote_7_7"></a><a href="#FNanchor_7_7"><span class="label">[7]</span></a> Histórico.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_8_8" id="Footnote_8_8"></a><a href="#FNanchor_8_8"><span class="label">[8]</span></a> Histórico todo.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_9_9" id="Footnote_9_9"></a><a href="#FNanchor_9_9"><span class="label">[9]</span></a> Sabido es que la emperatriz Eugenia, antes de casarse, +llevaba por su ilustre familia el título de condesa de Teba.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_10_10" id="Footnote_10_10"></a><a href="#FNanchor_10_10"><span class="label">[10]</span></a> Suponemos que el lector comprenderá que los juicios sobre +personas determinadas que aparecen en boca de los personajes de esta +novela no son juicios del autor, sino reflejo de los que formaban en +aquella época la parte de la sociedad que dichos personajes +representaban. El autor, que tan sin escrúpulos de ningún género ataca +de frente al vicio y a la insolencia, se reserva siempre su juicio sobre +individuos determinados, y se halla muy distante de pretender herir +personalidad ninguna, por despreciable que le parezca.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_11_11" id="Footnote_11_11"></a><a href="#FNanchor_11_11"><span class="label">[11]</span></a> Amén.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_12_12" id="Footnote_12_12"></a><a href="#FNanchor_12_12"><span class="label">[12]</span></a> En la vida de V. P. Eusebio Nieremberg se cuenta, que +solía disciplinarse con uno de esos instrumentos de garfios de hierro +llamados <i>gatos</i>, y sin duda a este <i>gato</i> y a este varón ilustre, son a +los que alude el tío Frasquito.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_13_13" id="Footnote_13_13"></a><a href="#FNanchor_13_13"><span class="label">[13]</span></a> Este cuento y el siguiente son antiquísimos cuentos +populares de Andalucía, recogidos por el autor e inventados por el +gracejo, profundo a veces, de los campesinos de aquella tierra. La +sencillez misma de su forma y lo manifiesto de su inocente al par que +picaresca intención, excluyen de ellos toda otra idea irreverente.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_14_14" id="Footnote_14_14"></a><a href="#FNanchor_14_14"><span class="label">[14]</span></a> El análisis técnico de esta ópera está tomado de un +artículo crítico del señor Peña y Goñi.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_15_15" id="Footnote_15_15"></a><a href="#FNanchor_15_15"><span class="label">[15]</span></a> Varias fueron las asociaciones de señoras que se fundaron +en aquel tiempo con el fin de socorrer a los heridos del Norte, siendo +la que más benéficos resultados produjo la presidida por la ilustre y +virtuosa señora marquesa de Miraflores, cuyo nombre ha aparecido siempre +unido a todas las obras buenas y caritativas. Excusado nos parece +advertir al lector que la asociación que nosotros suponemos no tiene +nada que ver con ninguna de estas, y que, aunque tomada del natural +parte de su fisonomía, es, en su conjunto, pura invención nuestra.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_16_16" id="Footnote_16_16"></a><a href="#FNanchor_16_16"><span class="label">[16]</span></a> Esta cláusula está tomada literalmente del testamento +citado, sin otra variación que la de introducir en ella el nombre +supuesto de la Marquesa de Paracuéllar.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_17_17" id="Footnote_17_17"></a><a href="#FNanchor_17_17"><span class="label">[17]</span></a> ¡Padre san Ignacio..., sálvalos!</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_18_18" id="Footnote_18_18"></a><a href="#FNanchor_18_18"><span class="label">[18]</span></a> ¡Padre San Ignacio... adiós!</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_19_19" id="Footnote_19_19"></a><a href="#FNanchor_19_19"><span class="label">[19]</span></a> La muerte de este santo anciano, acaecida al mismo tiempo +que la de la persona que auxiliaba, es un hecho rigurosamente +histórico.</p></div> + +<div class="footnote"><p class="n"><a name="Footnote_20_20" id="Footnote_20_20"></a><a href="#FNanchor_20_20"><span class="label">[20]</span></a> Formaban este primer gabinete alfonsino, bajo la +presidencia de don Antonio Cánovas del Castillo, los señores Castro, +Cárdenas, Jovellar, Salaverría, marqués de Molins, Romero Robledo, Ayala +y marqués de Orovio. Excusado nos parece advertir que, al fingir +nosotros un señor Gallego y un señor Laguna formando parte de este +Ministerio, no aludimos para nada a ninguno de los señores que en +realidad lo formaron. Y ya que de alusiones hablamos, bueno será hacer +constar, una vez más, que yerran por completo los que han creído ver en +algunos personajes de la presente novela retratos de personas harto +conocidas, que sin duda lo fueron muy poco de los que tal juzgan, cuando +encuentran semejanza entre unos y otros. Nuestros personajes no son +retratos de individuos determinados, sino tipos de caracteres sociales; +y si puede halagar la vanidad del artista que resulten sus creaciones +tan reales que no pueda concebírselas sin un modelo vivo, debe de +repugnar ala delicadeza y aun a la conciencia del escritor honrado al +convertir por este medio un libro escrito con altos fines morales en un +intencionado libelo.</p></div></div> +<hr style="width: 65%;" /> + + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Pequeñeces, by Luis Coloma + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PEQUEÑECES *** + +***** This file should be named 20011-h.htm or 20011-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/0/0/1/20011/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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